{"id":25804,"date":"2016-02-05T17:26:57","date_gmt":"2016-02-05T22:26:57","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/lumen-gentium-la-bienaventurada-virgen-maria-madre-de-dios-en-el-misterio-de-cristo-y-de-la-iglesia\/"},"modified":"2016-02-05T17:26:57","modified_gmt":"2016-02-05T22:26:57","slug":"lumen-gentium-la-bienaventurada-virgen-maria-madre-de-dios-en-el-misterio-de-cristo-y-de-la-iglesia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/lumen-gentium-la-bienaventurada-virgen-maria-madre-de-dios-en-el-misterio-de-cristo-y-de-la-iglesia\/","title":{"rendered":"LUMEN GENTIUM: LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARIA, MADRE DE DIOS, EN EL MISTERIO DE CRISTO Y DE LA IGLESIA"},"content":{"rendered":"<p>\n  Virgen con el Ni\u00f1o. Siglo XV. Museo Victoria &amp; Albert, Londres. Fotograf\u00eda de Juan Dejo Bendez\u00fa S.J.<br \/>\n  Virgen con el Ni\u00f1o risue\u00f1o. Siglo XV. Fotograf\u00eda de Juan Dejo Bendez\u00fa S.J.    Virgen con el Ni\u00f1o. Carlo Crivelli. Fotograf\u00eda de Juan Dejo Bendez\u00fa S.J.          <\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">CAPITULO VIII<br \/>\nLA BIENAVENTURADA VIRGEN MARIA, MADRE DE DIOS,<br \/>\nEN EL MISTERIO DE CRISTO Y DE LA IGLESIA\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">I. \u00abPROEMIO\u00bb\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">52. LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARIA EN EL MISTERIO DE CRISTO\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El benign\u00edsimo y sapient\u00edsimo Dios, queriendo llevar a t\u00e9rmino la redenci\u00f3n del mundo, \u00abcuando lleg\u00f3 el fin de los tiempos, envi\u00f3 a su Hijo hecho de Mujer&#8230; para que recibi\u00e9semos la adopci\u00f3n de hijos\u00bb (G\u00e1l., 4, 4-5). \u00abEl cual por nosotros, los hombres, y por nuestra salvaci\u00f3n descendi\u00f3 de los cielos, y se encarn\u00f3 por obra del Esp\u00edritu Santo de Mar\u00eda Virgen\u00bb[172]. Este misterio divino de salvaci\u00f3n se nos revela y contin\u00faa en la Iglesia, a la que el Se\u00f1or constituy\u00f3 como su Cuerpo y en ella los fieles, unidos a Cristo, su Cabeza, en comuni\u00f3n con todos sus Santos, deben tambi\u00e9n venerar la memoria \u00aben primer lugar, de la gloriosa siempre Virgen Mar\u00eda, Madre de nuestro Dios y Se\u00f1or Jesucristo\u00bb[173].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">53. LA BIENAVENTURADA VIRGEN Y LA IGLESIA\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En efecto, la Virgen Mar\u00eda, que seg\u00fan el anuncio del \u00e1ngel recibi\u00f3 al Verbo de Dios en su coraz\u00f3n y en su cuerpo y trajo la Vida al mundo, es reconocida y honrada como verdadera Madre de Dios Redentor. Redimida de un modo eminente, en atenci\u00f3n a los futuros m\u00e9ritos de su Hijo y a El unida con estrecho e indisoluble v\u00ednculo, est\u00e1 enriquecida con la suma prerrogativa y dignidad de ser la Madre de Dios Hijo y, por tanto, la hija predilecta del Padre y el sagrario del Esp\u00edritu Santo; con un don de gracia tan eximia, antecede, con mucho, a todas las criaturas celestiales y terrenas. Al mismo tiempo est\u00e1 unida en la estirpe de Ad\u00e1n con todos los hombres que necesitan ser salvados; m\u00e1s a\u00fan: es verdaderamente madre de los miembros (de Cristo)&#8230; por haber cooperado con su amor a que naciesen en la Iglesia los fieles, que son miembros de aquella Cabeza\u00bb[174]. Por eso tambi\u00e9n es saludada como miembro sobreeminente y del todo singular de la Iglesia, su prototipo y modelo eminent\u00edsimos en la fe y caridad y a quien la Iglesia Cat\u00f3lica, ense\u00f1ada por el Esp\u00edritu Santo, honra con filial afecto de piedad como a Madre amant\u00edsima.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">54. INTENCION DEL CONCILIO\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por eso, el Sacrosanto S\u00ednodo, al exponer la doctrina de la Iglesia, en la cual el Divino Redentor realiza la salvaci\u00f3n, quiere explicar cuidadosamente tanto la funci\u00f3n de la Bienaventurada Virgen Mar\u00eda en el misterio del Verbo Encarnado y del Cuerpo M\u00edstico, como los deberes de los hombres redimidos hacia la Madre de Dios, Madre de Cristo y Madre de los hombres, en especial de los fieles, sin que tenga la intenci\u00f3n de proponer una completa doctrina de Mar\u00eda, ni tampoco dirimir las cuestiones no aclaradas totalmente por el estudio de los te\u00f3logos. Conservan, pues, su derecho las sentencias que se proponen libremente en las escuelas cat\u00f3licas sobre Aquella que en la Santa Iglesia ocupa despu\u00e9s de Cristo, el lugar m\u00e1s alto y el m\u00e1s cercano a nosotros[175].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">II. OFICIO DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN<br \/>\nEN LA ECONOMIA DE LA SALVACION\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">55. LA MADRE DEL MESIAS EN EL ANTIGUO TESTAMENTO\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Sagrada Escritura del Antiguo y del Nuevo Testamento y la venerable Tradici\u00f3n, muestran en forma cada vez m\u00e1s clara el oficio de la Madre del Salvador en la econom\u00eda de la salvaci\u00f3n y, por as\u00ed decirlo, lo muestran ante los ojos. Los libros del Antiguo Testamento describen la historia de la salvaci\u00f3n, en la cual se prepara, paso a paso, el advenimiento de Cristo al mundo. Estos primeros documentos, tal como son le\u00eddos en la Iglesia y son entendidos a la luz de una ulterior y m\u00e1s plena revelaci\u00f3n, cada vez con mayor claridad iluminan la figura de la mujer Madre del Redentor. Ella misma, es esbozada bajo esta luz profeticamente en la promesa de victoria sobre la serpiente, dada a nuestros primeros padres, ca\u00eddos en pecado (cf. G\u00e9n., 3, 15). As\u00ed tambi\u00e9n, ella es la Virgen que concebir\u00e1 y dar\u00e1 a luz un Hijo cuyo nombre ser\u00e1 Emanuel (Cf. Is., 7, 14; Miq., 5, 2-3; Mt., 1, 22-23). Ella misma sobresale entre los humildes y pobres del Se\u00f1or, que de El con confianza esperan y reciben la salvaci\u00f3n. En fin, con ella, excelsa Hija de Si\u00f3n, tras larga espera de la promesa, se cumple la plenitud de los tiempos y se inaugura la nueva Econom\u00eda, cuando el Hijo de Dios asumi\u00f3 de ella la naturaleza humana para librar al hombre del pecado mediante los misterios de su carne.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">56. MARIA EN LA ANUNCIACION\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Padre de las misericordias quiso que precediera a la encarnaci\u00f3n la aceptaci\u00f3n de parte de la madre predestinada, para que as\u00ed como la mujer contribuy\u00f3 a la muerte, as\u00ed tambi\u00e9n contribuyera a la vida. Lo cual vale en forma eminente de la Madre de Jes\u00fas, que dio al mundo la Vida misma que renueva todas las cosas, y que fue enriquecida por Dios con dones correspondientes a tan gran oficio. Por eso no es extra\u00f1o que entre los Santos Padres fuera com\u00fan llamar a la Madre de Dios la toda santa e inmune de toda mancha de pecado y como plasmada por el Esp\u00edritu Santo y hecha una nueva criatura[176]. Enriquecida desde el primer instante de su concepci\u00f3n con esplendores de santidad del todo singular, la Virgen Nazarena es saludada por el \u00e1ngel por mandato de Dios como \u00abllena de gracia\u00bb (cf. Lc., 1, 28), y ella responde al enviado celestial: \u00abHe aqu\u00ed la esclava del Se\u00f1or, h\u00e1gase en m\u00ed seg\u00fan tu palabra\u00bb (Lc., 1, 38). As\u00ed Mar\u00eda, hija de Ad\u00e1n, aceptando la palabra divina, fue hecha Madre de Jes\u00fas y abrazando la voluntad salv\u00edfica de Dios, con generoso coraz\u00f3n y sin el impedimento de pecado alguno, se consagr\u00f3 totalmente a s\u00ed misma, cual esclava del Se\u00f1or, a la Persona y a la obra de su Hijo, sirviendo bajo El y con El, por la gracia de Dios omnipotente, al misterio de la Redenci\u00f3n. Con raz\u00f3n, pues, los Santos Padres consideran a Mar\u00eda, no como un mero instrumento pasivo en las manos de Dios, sino como cooperadora a la salvaci\u00f3n humana por la libre fe y obediencia. Porque ella, como dice San Ireneo, \u00abobedeciendo fue causa de su salvaci\u00f3n propia y de la de todo el g\u00e9nero humano\u00bb[177]. Por eso no pocos Padres antiguos en su predicaci\u00f3n, gustosamente afirman con \u00e9l: \u00abEl nudo de la desobediencia de Eva fue desatado por la obediencia de Mar\u00eda: lo que at\u00f3 la virgen Eva por la incredulidad, la Virgen Mar\u00eda lo desat\u00f3 por la fe\u00bb[178]; y compar\u00e1ndola con Eva, llaman a Mar\u00eda \u00abMadre de los vivientes\u00bb[179], y afirman con mucha frecuencia: \u00abla muerte vino por Eva, por Mar\u00eda la vida\u00bb[180].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">57. LA BIENAVENTURADA VIRGEN Y EL NI\u00d1O JESUS\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La uni\u00f3n de la Madre con el Hijo en la obra de la salvaci\u00f3n se manifiesta desde el momento de la concepci\u00f3n virginal de Cristo hasta su muerte; en primer t\u00e9rmino, cuando Mar\u00eda se dirige presurosa a visitar a Isabel, es saludada por ella como bienaventurada a causa de su fe en la salvaci\u00f3n prometida y el precursor salt\u00f3 de gozo (cf. Lc., 1, 41-43) en el seno de su madre; y en la Natividad, cuando la Madre de Dios, llena de alegr\u00eda muestra a los pastores y a los Magos a su Hijo primog\u00e9nito, que lejos de disminuir consagr\u00f3 su integridad virginal[181]. Y cuando, ofrecido el rescate de los pobres, lo present\u00f3 al Se\u00f1or, oy\u00f3 al mismo tiempo a Sime\u00f3n que anunciaba que el Hijo ser\u00eda signo de contradicci\u00f3n y que una espada atravesar\u00eda el alma de la Madre, para que se manifestasen los pensamientos de muchos corazones (cf. Lc., 2, 34-35). Al Ni\u00f1o Jes\u00fas perdido y buscado con dolor, sus padres lo hallaron en el templo, ocupado en las cosas que pertenec\u00edan a su Padre, y no entendieron su respuesta. Pero su Madre conservaba en su coraz\u00f3n, medit\u00e1ndolas, todas estas cosas (cf. Lc., 2, 41-51).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">58. LA BIENAVENTURADA VIRGEN EN EL MINISTERIO PUBLICO DE JESUS\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la vida p\u00fablica de Jes\u00fas, su Madre aparece significativamente: ya al principio durante las bodas de Can\u00e1 de Galilea, movida a misericordia, consigui\u00f3 por su intercesi\u00f3n el comienzo de los milagros de Jes\u00fas Mes\u00edas (cf. Jn., 2, 1-11). En el decurso de la predicaci\u00f3n de su Hijo acogi\u00f3 las palabras con las que (cf. Lc., 2, 19 y 51), elevando el Reino de Dios sobre los motivos y v\u00ednculos de la carne y de la sangre, proclam\u00f3 bienaventurados a los que o\u00edan y observaban la palabra de Dios, como ella lo hac\u00eda fielmente (cf. Mc., 3, 35 par.; Lc., 11, 27-28). As\u00ed tambi\u00e9n la Bienaventurada Virgen avanz\u00f3 en la peregrinaci\u00f3n de la fe y mantuvo fielmente la uni\u00f3n con su Hijo hasta la Cruz, en donde, no sin designio divino, se mantuvo de pie (cf. Jn., 19, 25), sufri\u00f3 profundamente con su Unig\u00e9nito y se asoci\u00f3 con coraz\u00f3n maternal a su sacrificio, consintiendo con amor en la inmolaci\u00f3n de la v\u00edctima concebida por Ella misma, y finalmente, fue dada como Madre al disc\u00edpulo por el mismo Cristo Jes\u00fas moribundo en la Cruz, con estas palabras: \u00ab[exclamdown]Mujer, he ah\u00ed a tu hijo!\u00bb (cf. Jn., 19, 26-27)[182].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">59. LA BIENAVENTURADA VIRGEN DESPUES DE LA ASCENSION\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Queriendo Dios no manifestar solemnemente el sacramento de la salvaci\u00f3n humana antes de derramar el Esp\u00edritu prometido por Cristo, vemos a los Ap\u00f3stoles antes del d\u00eda de Pentecost\u00e9s \u00abperseverar un\u00e1nimemente en la oraci\u00f3n, con las mujeres y Mar\u00eda, la Madre de Jes\u00fas, y los hermanos de El\u00bb (Hech., 1, 14), y a Mar\u00eda implorando con sus ruegos el don del Esp\u00edritu Santo, el cual ya la hab\u00eda cubierto con su sombra en la Anunciaci\u00f3n. Finalmente, la Virgen Inmaculada, preservada inmune de toda mancha de culpa original[183], terminado el curso de su vida terrena, en alma y en cuerpo fue asunta a la gloria celestial[184] y enaltecida por el Se\u00f1or como Reina del Universo, para que se asemejara m\u00e1s plenamente a su Hijo, Se\u00f1or de los que dominan (Apoc., 19, 16) y vencedor del pecado y de la muerte[185].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">III. LA BIENAVENTURADA VIRGEN<br \/>\nY LA IGLESIA\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">60. MARIA, ESCLAVA DEL SE\u00d1OR, EN LA OBRA DE LA REDENCION Y DE LA SANTIFICACION\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Uno solo es nuestro Mediador seg\u00fan la palabra del Ap\u00f3stol: \u00abPorque uno es Dios y uno el Mediador de Dios y de los hombres, un hombre, Cristo Jes\u00fas, que se entreg\u00f3 a S\u00ed mismo como precio de rescate por todos\u00bb (I Tim., 2, 5-6). Pero la funci\u00f3n maternal de Mar\u00eda hacia los hombres de ninguna manera oscurece ni disminuye esta \u00fanica mediaci\u00f3n de Cristo, sino m\u00e1s bien muestra su eficacia. Porque todo el influjo salv\u00edfico de la Bienaventurada Virgen en favor de los hombres, no nace de ninguna necesidad, sino del divino benepl\u00e1cito y brota de la superabundancia de los m\u00e9ritos de Cristo, se apoya en su mediaci\u00f3n, de ella depende totalmente y de la misma saca toda su eficacia, y lejos de impedirla, fomenta la uni\u00f3n inmediata de los creyentes con Cristo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">61. MATERNIDAD ESPIRITUAL\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Bienaventurada Virgen, predestinada desde toda la eternidad como Madre de Dios junto con la Encarnaci\u00f3n del Verbo divino por designio de la Divina Providencia, fue en la tierra la ben\u00e9fica Madre del Divino Redentor y en forma singular la generosa colaboradora entre todas las criaturas y la humilde esclava del Se\u00f1or.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Concibiendo a Cristo, engendr\u00e1ndolo, aliment\u00e1ndolo, present\u00e1ndolo en el templo al Padre, padeciendo con su Hijo mientras El mor\u00eda en la Cruz, cooper\u00f3 en forma del todo singular, por la obediencia, la fe, la esperanza y la encendida caridad, en la restauraci\u00f3n de la vida sobrenatural de las almas. Por tal motivo es nuestra Madre en el orden de la gracia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">62. MEDIADORA\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y esta maternidad de Mar\u00eda perdura si cesar en la econom\u00eda de la gracia, desde el momento en que prest\u00f3 fiel asentimiento en la Anunciaci\u00f3n, y lo mantuvo sin vacilaci\u00f3n al pie de la Cruz, hasta la consumaci\u00f3n perfecta de todos los elegidos. Pues una vez asunta a los cielos, no dej\u00f3 su oficio salvador, sino que contin\u00faa alcanz\u00e1ndonos por su m\u00faltiple intercesi\u00f3n los dones de la eterna salvaci\u00f3n[186]. Por su amor materno cuida de los hermanos de su Hijo que peregrinan y se debaten entre peligros y angustias y luchan contra el pecado hasta que sean llevados a la patria feliz. Por eso, la Bienaventurada Virgen en la Iglesia es invocada con los t\u00edtulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora[187]. Lo cual, sin embargo, se entiende de manera que nada quite ni agregue a la dignidad y eficacia de Cristo, \u00fanico Mediador[188].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Porque ninguna criatura puede compararse jam\u00e1s con el Verbo Encarnado, nuestro Redentor; pero as\u00ed como del sacerdocio de Cristo participan de varias maneras, tanto los ministros como el pueblo fiel, y as\u00ed como la \u00fanica bondad de Dios se difunde realmente en formas distintas en las criaturas, as\u00ed tambi\u00e9n la \u00fanica mediaci\u00f3n del Redentor no excluye, sino que suscita en sus criaturas una m\u00faltiple cooperaci\u00f3n que participa de la fuente \u00fanica.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Iglesia no duda en atribuir a Mar\u00eda un tal oficio subordinado, lo experimenta continuamente y lo recomienda al amor de los fieles, para que, apoyados en esta protecci\u00f3n maternal, se unan m\u00e1s \u00edntimamente al Mediador y Salvador.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">63. MARIA, COMO VIRGEN Y MADRE, TIPO DE LA IGLESIA\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Bienaventurada Virgen, por el don y el oficio de la maternidad divina, con que est\u00e1 unida al Hijo Redentor, y por sus singulares gracias y dones, est\u00e1 unida tambi\u00e9n \u00edntimamente a la Iglesia. La Madre de Dios es tipo de la Iglesia, como ya ense\u00f1aba San Ambrosio; a saber: en el orden de la fe, de la caridad y de la perfecta uni\u00f3n con Cristo[189]. Porque en el misterio de la Iglesia, que con raz\u00f3n tambi\u00e9n es llamada madre y virgen, la Bienaventurada Virgen Mar\u00eda la precedi\u00f3, mostrando en forma eminente y singular el modelo de la virgen y de la madre[190]; pues creyendo y obedeciendo engendr\u00f3 en la tierra al mismo Hijo del Padre, y esto sin conocer var\u00f3n, por obra del Esp\u00edritu Santo, como una nueva Eva, prestando fe sin sombra de duda, no a la antigua serpiente, sino al mensaje de Dios. Dio a luz al Hijo, a quien Dios constituy\u00f3 como primog\u00e9nito entre muchos hermanos (Rom., 8, 29); a saber: los fieles, a cuya generaci\u00f3n y educaci\u00f3n coopera con materno amor.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">64. FECUNDIDAD DE LA VIRGEN Y DE LA IGLESIA\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ahora bien: la Iglesia, contemplando su arcana santidad e imitando su caridad, y cumpliendo fielmente la voluntad del Padre, tambi\u00e9n ella es madre, por la palabra de Dios fielmente recibida; en efecto, por la predicaci\u00f3n y el bautismo engendra para la vida nueva e inmortal a los hijos concebidos por el Esp\u00edritu Santo y nacidos de Dios. Y tambi\u00e9n ella es virgen que custodia pura e \u00edntegramente la fidelidad prometida al Esposo e imitando a la Madre de su Se\u00f1or, por la virtud del Esp\u00edritu Santo, conserva virginalmente la fe \u00edntegra, la s\u00f3lida esperanza, la sincera caridad[191].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">65. VIRTUDES DE MARIA QUE HAN DE SER IMITADAS POR LA IGLESIA\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mientras que la Iglesia en la Beat\u00edsima Virgen ya lleg\u00f3 a la perfecci\u00f3n, por la que se presenta sin mancha ni arruga, (cf. Ef., 5, 27), los fieles, en cambio, a\u00fan se esfuerzan en crecer en la santidad venciendo el pecado: y por eso levantan sus ojos hacia Mar\u00eda, que brilla ante toda la comunidad de los elegidos como modelo de virtudes. La Iglesia, reflexionando piadosamente sobre ella y contempl\u00e1ndola a la luz del Verbo hecho hombre, llena de veneraci\u00f3n entra m\u00e1s profundamente en el alt\u00edsimo misterio de la Encarnaci\u00f3n y se asemeja m\u00e1s y m\u00e1s a su Esposo. Porque Mar\u00eda, que habiendo participado \u00edntimamente en la historia de la Salvaci\u00f3n, en cierta manera une en s\u00ed y refleja las m\u00e1s grandes verdades de la fe, al ser predicada y honrada, atrae a los creyentes hacia su Hijo, hacia su sacrificio y hacia el amor del Padre. La Iglesia, a su vez, buscando la gloria de Cristo, se hace m\u00e1s semejante a su excelso Modelo, progresando continuamente en la fe, la esperanza y la caridad, buscando y siguiendo en todas las cosas la divina voluntad. Por lo cual, tambi\u00e9n en su obra apost\u00f3lica con raz\u00f3n la Iglesia mira hacia aquella que engendr\u00f3 a Cristo, concebido por el Esp\u00edritu Santo y nacido de la Virgen precisamente, para que por la Iglesia nazca y crezca tambi\u00e9n en los corazones de los fieles. La Virgen en su vida fue ejemplo de aquel afecto materno, con el que es necesario est\u00e9n animados todos los que en la misi\u00f3n apost\u00f3lica de la Iglesia cooperan para regenerar a los hombres.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">IV. CULTO DE LA BIENAVENTURADAVIRGEN EN LA IGLESIA\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">66. NATURALEZA Y FUNDAMENTO DEL CULTO\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mar\u00eda, que por la gracia de Dios, despu\u00e9s de su Hijo, fue exaltada por encima de todos los \u00e1ngeles y los hombres, en cuanto que es la Sant\u00edsima Madre de Dios, que tom\u00f3 parte en los misterios de Cristo, con raz\u00f3n es honrada con especial culto por la Iglesia. Y, en efecto, desde los tiempos m\u00e1s antiguos la Bienaventurada Virgen es honrada con el t\u00edtulo de \u00abMadre de Dios\u00bb, a cuyo amparo los fieles en todos sus peligros y necesidades acuden con sus s\u00faplicas[192]. Especialmente desde el Concilio de Efeso, el culto del pueblo de Dios hacia Mar\u00eda creci\u00f3 admirablemente en la veneraci\u00f3n y el amor, en la invocaci\u00f3n e imitaci\u00f3n, seg\u00fan las palabras prof\u00e9ticas de ella misma: \u00abMe llamar\u00e1n bienaventurada todas las generaciones, porque hizo en m\u00ed cosas grandes el Poderoso\u00bb (Lc., 1, 48). Este culto, tal como existi\u00f3 siempre en la Iglesia aunque es del todo singular, difiere esencialmente del culto de adoraci\u00f3n, que se da al Verbo Encarnado lo mismo que al Padre y al Esp\u00edritu Santo, y lo promueve poderosamente. Pues las diversas formas de la piedad hacia la Madre de Dios, que la Iglesia ha aprobado dentro de los l\u00edmites de la doctrina sana y ortodoxa, seg\u00fan las condiciones de los tiempos y lugares y seg\u00fan la \u00edndole y modo de ser de los fieles, hacen que mientras se honra a la Madre, el Hijo, en quien fueron creadas todas las cosas (cf. Col., 1, 15-16) y en quien \u00abtuvo a bien el Padre que morase toda la plenitud\u00bb (Col., 1, 19), sea debidamente conocido, amado, glorificado y sean cumplidos sus mandamientos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">67. ESPIRITU DE LA PREDICACION Y DEL CULTO\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Sacrosanto S\u00ednodo ense\u00f1a deliberadamente esta doctrina cat\u00f3lica y exhorta al mismo tiempo a todos los hijos de la Iglesia a que cultiven generosamente el culto, sobre todo lit\u00fargico, hacia la Bienaventurada Virgen, como tambi\u00e9n estimen mucho las pr\u00e1cticas y ejercicios de piedad hacia Ella, recomendados en el curso de los siglos por el Magisterio, y que observen religiosamente aquellas cosas que en los tiempos pasados fueron decretadas acerca del culto de las im\u00e1genes de Cristo, de la Bienaventurada Virgen y de los santos[193]. Asimismo exhorta encarecidamente a los te\u00f3logos y a los predicadores de la divina palabra que se abstengan con cuidado tanto de toda falsa exageraci\u00f3n como tambi\u00e9n de una excesiva estrechez de esp\u00edritu, al considerar la singular dignidad de la Madre de Dios[194]. Cultivando el estudio de la Sagrada Escritura, de los Santos Padres y doctores y de las liturgias de la Iglesia, bajo la direcci\u00f3n del Magisterio, ilustren rectamente los dones y privilegios de la Bienaventurada Virgen, que siempre est\u00e1n referidos a Cristo, origen de toda verdad, santidad y piedad. Aparten con diligencia todo aquello que, sea de palabra, sea de obra, pueda inducir a error a los hermanos separados o a cualesquiera otros acerca de la verdadera doctrina de la Iglesia. Recuerden, por su parte, los fieles que la verdadera devoci\u00f3n no consiste ni en un afecto est\u00e9ril y transitorio, ni en vana credulidad, sino que procede de la fe verdadera, que nos lleva a reconocer la excelencia de la Madre de Dios y nos excita a un amor filial hacia nuestra Madre y a la imitaci\u00f3n de sus virtudes.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">V. MARIA, SIGNO DE ESPERANZA<br \/>\nCIERTA Y CONSUELO PARA EL<br \/>\nPUEBLO DE DIOS PEREGRINANTE\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">68. Entre tanto, la Madre de Jes\u00fas, de la misma manera que ya glorificada en los cielos en cuerpo y alma, es la imagen y principio de la Iglesia que ha de ser consumada en el futuro siglo, as\u00ed en esta tierra, hasta que llegue el d\u00eda del Se\u00f1or (cf. 2 Pe., 3, 10), brilla ante el pueblo de Dios peregrinante, como signo de esperanza segura y de consuelo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">69. Ofrece gran gozo y consuelo a este Sacrosanto S\u00ednodo el hecho de que tampoco falten entre los hermanos separados quienes tributan debido honor a la Madre del Se\u00f1or y Salvador, especialmente entre los Orientales, que van a una con nosotros por su impulso fervoroso y \u00e1nimo devoto en el culto de la siempre Virgen Madre de Dios[195]. Ofrezcan todos los fieles s\u00faplicas insistentes a la Madre de Dios y Madre de los hombres, para que Ella, que estuvo presente a las primeras oraciones de la Iglesia, ensalzada ahora en el cielo sobre todos los bienaventurados y los \u00e1ngeles, en la comuni\u00f3n de todos los santos, interceda tambi\u00e9n ante su Hijo para que las familias de todos los pueblos, tanto los que se honran con el nombre cristiano, como los que a\u00fan ignoran al Salvador, sean felizmente congregados con paz y concordia en un solo Pueblo de Dios, para gloria de la Sant\u00edsima e individua Trinidad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todas y cada una de las cosas establecidas en esta Constituci\u00f3n dogm\u00e1tica fueron del agrado de los Padres. Y Nos, con la potestad Apost\u00f3lica conferida por Cristo, juntamente con los Venerables Padres, en el Esp\u00edritu Santo, las aprobamos, decretamos y establecemos y mandamos que, decretadas sinodalmente, sean promulgados para gloria de Dios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Roma, en San Pedro, d\u00eda 21 de Noviembre de 1964.<br \/>\nYo PAULO, Obispo de la Iglesia Cat\u00f3lica<br \/>\nSiguen las firmas de los Padres\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">DE LAS ACTAS DEL SACROSANTO CONCILIO ECUMENICO VATICANO II<br \/>\nNOTIFICACIONES<br \/>\nHECHAS POR EL EXCMO. SECRETARIO GENERAL DEL S. CONCILIO EN LA CONGREGACION GENERAL 103,<br \/>\nEL DIA 16 DE NOV. DE 1964\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se ha preguntado cu\u00e1l deba ser la calificaci\u00f3n teol\u00f3gica de la doctrina expuesta en el Esquema sobre la Iglesia que se somete a votaci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Comisi\u00f3n doctrinal ha respondido a la pregunta, al examinar los Modos que se refieren al cap\u00edtulo tercero del Esquema sobre la Iglesia, con estas palabras:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abComo consta de por s\u00ed, el texto del Concilio se ha de interpretar siempre seg\u00fan las reglas generales conocidas por todos\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con esta ocasi\u00f3n la Comisi\u00f3n Doctrinal remite a su Declaraci\u00f3n del 6 de marzo de 1964, cuyo texto transcribimos:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abTeniendo en cuenta el uso conciliar y el fin pastoral del presente Concilio, este Santo S\u00ednodo define como doctrina que debe ser tenida por la Iglesia solamente aquellas cosas de fe y costumbres que \u00e9l haya declarado manifiestamente como tales.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las dem\u00e1s cosas que propone el S. S\u00ednodo, puesto que son doctrina del Supremo Magisterio de la Iglesia, deben ser aceptadas y abrazadas por todos y cada uno de los fieles seg\u00fan la mente del mismo S. S\u00ednodo, la cual se conoce, bien sea por la materia tratada, bien por el tenor de la expresi\u00f3n, seg\u00fan las normas de interpretaci\u00f3n teol\u00f3gica\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se comunica adem\u00e1s a los Padres por mandato de la Autoridad Superior una nota explicativa previa de los Modos sobre el cap\u00edtulo tercero del Esquema sobre la Iglesia. La doctrina en este cap\u00edtulo, se debe entender seg\u00fan la mente y los t\u00e9rminos de esta nota.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">NOTA EXPLICATIVA PREVIA\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abLa Comisi\u00f3n ha decidido poner al frente de la discusi\u00f3n de los Modos las siguientes observaciones generales:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">1a. El Colegio no se entiende en un sentido estrictamente jur\u00eddico, es decir, de una asamblea de iguales que confieran su propio poder a quien los preside, sino de una asamblea estable, cuya estructura y autoridad deben deducirse de la Revelaci\u00f3n. Por este motivo, en la respuesta al Modo 12 se dice expl\u00edcitamente de los Doce que el Se\u00f1or los constituy\u00f3 \u00aba modo de colegio, es decir, de grupo estable\u00bb. Cf. tambi\u00e9n Modo 53, c. c. Por la misma raz\u00f3n se aplican tambi\u00e9n con frecuencia al Colegio de los Obispos las palabras \u00abOrden\u00bb o \u00abCuerpo\u00bb. El paralelismo entre Pedro y los dem\u00e1s Ap\u00f3stoles, por una parte, y el Sumo Pont\u00edfice y los Obispos, por otra, no implica la transmisi\u00f3n de la potestad extraordinaria de los Ap\u00f3stoles a sus sucesores, ni, como es evidente, la igualdad entre la Cabeza y los miembros del Colegio, sino solamente proporcionalidad entre la primera relaci\u00f3n (Pedro-Ap\u00f3stoles) y la segunda (Papa-Obispos). Por lo que la Comisi\u00f3n determin\u00f3 escribir en el n. 22 no del \u00abmismo\u00bb sino por \u00absemejante\u00bb modo. Cf. Modo, 57.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2a. El car\u00e1cter de miembro del Colegio se adquiere por la consagraci\u00f3n episcopal y por la comuni\u00f3n jer\u00e1rquica con la Cabeza y los miembros del Colegio. Cf., n. 22 *** 1 al fin.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la consagraci\u00f3n se da una participaci\u00f3n ontol\u00f3gica de los oficios sagrados, como consta, sin duda alguna, por la Tradici\u00f3n, aun la lit\u00fargica. Intencionadamente se emplea la palabra \u00aboficios\u00bb y no la palabra \u00abpotestades\u00bb, porque esta \u00faltima podr\u00eda entenderse de la potestad expedita para el ejercicio. Para que se tenga tal potestad expedita, debe a\u00f1adirse determinaci\u00f3n jur\u00eddica o can\u00f3nica por la autoridad jer\u00e1rquica. Esta determinaci\u00f3n de la potestad puede consistir en la concesi\u00f3n de un oficio particular o en la asignaci\u00f3n de s\u00fabditos, y se confiere de acuerdo con las normas aprobadas por la suprema autoridad. Esta norma ulterior est\u00e1 requerida por la propia naturaleza de la cosa, ya que se trata de oficios que deben ejercerse por muchos sujetos, que cooperan jer\u00e1rquicamente por voluntad de Cristo. Es evidente que esta \u00abcomuni\u00f3n\u00bb en la vida de la Iglesia fue aplicada, seg\u00fan las circunstancias de cada \u00e9poca, antes que quedase como codificada en el derecho.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por eso, de forma expl\u00edcita se afirma que se requiere la comuni\u00f3n jer\u00e1rquica con la Cabeza y miembros de la Iglesia. La comuni\u00f3n es una noci\u00f3n que fue tenida en gran honor en la Iglesia antigua (como hoy tambi\u00e9n sucede sobre todo en el Oriente). Su sentido no es un vago afecto, sino una realidad org\u00e1nica, que exige forma jur\u00eddica y al mismo tiempo est\u00e1 animada por la caridad. Por lo que la Comisi\u00f3n determin\u00f3, casi con un\u00e1nime consentimiento, que hab\u00eda de escribirse \u00aben la jer\u00e1rquica comuni\u00f3n\u00bb. Cf. Mod., 40, y tambi\u00e9n lo que se dice de la misi\u00f3n can\u00f3nica, n. 24, p\u00e1g. 67, l\u00edneas 17-24.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los documentos de los Sumos Pont\u00edfices contempor\u00e1neos sobre la jurisdicci\u00f3n de los Obispos deben interpretarse en el sentido de esta necesaria determinaci\u00f3n de potestades.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3a. Del Colegio, que no se da sin su Cabeza, se dice: \u00abQue es sujeto tambi\u00e9n de la suprema y plena potestad sobre la Iglesia universal\u00bb. Necesariamente hay que admitir esta afirmaci\u00f3n para no poder en peligro la plenitud de potestad del Romano Pont\u00edfice. Porque el Colegio comprende siempre y de forma necesaria su propia Cabeza, la cual conserva en el seno del Colegio \u00edntegramente su funci\u00f3n de Vicario de Cristo y Pastor de la Iglesia universal. En otras palabras, la distinci\u00f3n no se da entre el Romano Pont\u00edfice y los Obispos colectivamente considerados, sino entre el Romano Pont\u00edfice separadamente y el Romano Pont\u00edfice junto con los Obispos. Por ser el Sumo Pont\u00edfice la Cabeza del Colegio, \u00e9l por s\u00ed solo puede realizar ciertos actos que de ning\u00fan modo competen a los Obispos; por ejemplo, convocar y dirigir al Colegio, aprobar las normas de acci\u00f3n, etc. Cf. Mod., 81. Pertenece al juicio del Sumo Pont\u00edfice, a quien est\u00e1 confiado el cuidado de todo el reba\u00f1o de Cristo, determinar, seg\u00fan las necesidades de la Iglesia, que var\u00edan con el decurso del tiempo, el modo que convenga tener en la realizaci\u00f3n de dicho cuidado, ya sea un modo personal o un modo colegial. El Romano Pont\u00edfice, en el ordenar, promover, aprobar el ejercicio colegial, mirando al bien de la Iglesia, procede seg\u00fan su propia discreci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">4a. El Sumo Pont\u00edfice, como Pastor Supremo de la Iglesia, puede ejercer libremente su potestad en todo tiempo, como lo exige su propio ministerio. El Colegio, sin embargo, aunque existe siempre, no por ello act\u00faa en forma permanente con una acci\u00f3n estrictamente colegial, como consta por la Tradici\u00f3n de la Iglesia. Con otras palabras, no siempre se halla \u00aben plenitud de ejercicio\u00bb; m\u00e1s a\u00fan, s\u00f3lo act\u00faa a intervalos con actividad estrictamente colegial, y s\u00f3lo \u00abcon el consentimiento de su Cabeza\u00bb. Se dice \u00abcon el consentimiento de su Cabeza\u00bb para que no se piense en una dependencia de alg\u00fan extra\u00f1o, por as\u00ed decirlo; el t\u00e9rmino \u00abconsentimiento\u00bb evoca, por el contrario, la comuni\u00f3n entre la Cabeza y los miembros, e implica la necesidad del acto que compete propiamente a la Cabeza. Esto se afirma expl\u00edcitamente, y se explica all\u00ed al fin. La f\u00f3rmula negativa \u00abs\u00f3lo\u00bb comprende todos los casos, por lo que es evidente que las normas aprobadas por la suprema Autoridad deben observarse siempre. Cf. Mod. 84.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En todo ello aparece claro que se trata de la uni\u00f3n de los Obispos con su Cabeza y nunca de la acci\u00f3n de los Obispos independientemente del Papa. En este caso, al faltar la acci\u00f3n de la Cabeza, los Obispos no pueden actuar como Colegio, como lo prueba la misma noci\u00f3n de \u00abColegio\u00bb. Esta comuni\u00f3n jer\u00e1rquica de todos los Obispos con el Sumo Pont\u00edfice est\u00e1 reconocida solemnemente sin duda alguna en la Tradici\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">N.B. Sin la comuni\u00f3n jer\u00e1rquica no puede ejercerse el oficio sacramental-ontol\u00f3gico, el cual debe distinguirse del aspecto can\u00f3nico-jur\u00eddico. La Comisi\u00f3n juzg\u00f3, sin embargo, que no deb\u00eda entrar en las cuestiones de licitud y validez, las cuales quedan a la discusi\u00f3n de los te\u00f3logos, especialmente en lo que toca a la potestad que de hecho se ejerce entre los Orientales separados y sobre cuya explicaci\u00f3n existen varias sentencias\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">PERICLES FELICI<br \/>\nArzobispo tit. de Samosata<br \/>\nSecretario General<br \/>\ndel S. Concilio Ecum\u00e9nico Vaticano II\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">NOTAS\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[1] Cf. S. Cipriano, Epist. 64, 4; PL 3, 1.017. CSEL (Hartel) III B. p. 720 S. Hilario Pict., In Mt., 23, 6: PL 9, 1.047. S. Agust\u00edn, passim. S. Cirilo Alej., Glaph. in Gen. 2, 10: PG 69, 110 A.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[2] Cf. S. Gregorio M., Hom. in Evang., 19, 1: PL 76 1.154 B. S. Agust\u00edn, Serm., 341, 9, 11: PL 39, 1.499 s. S. Juan Damasceno, Adv. Iconocl., 11: PG 96, 1.357.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[3] Cf. S. Ireneo, Adv. Haer., III, 24, 1; PG 7, 966. Harvey, 2, 131: ed. Sagnard. Sources Chr., p. 398.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[4] S. Cipriano, De Orat. Dom., 23: PL 4, 553. Hartel, III A. p. 285. S. Agust\u00edn, Serm., 71, 20, 53: PL 38, 463 s. S. Juan Damasceno, Adv. Iconocl., 12: PG 96, 1.358 D.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[5] Cf. Or\u00edgenes. In Mt., 16, 21: PG 13, 1.443 C: Tertuliano Adv. Mar., 3, 7: PL 2, 357 C: CSEL 47, 3, p. 386. Cf. Sacramentarium Gregorianum: PL 76, 160 B. Vel. C. Mohlberg, Liber Sacramentorum romanae ecclesiae. Roma, 1960, p. 111 XC: \u00abDeus qui ex omni coaptatione sanctorum aeternum tibi condis habitaculum&#8230;\u00bb. Himno Urbis Ierusalem beata en el Breviario mon\u00e1stico, y Caelestis urbs Ierusalem en el Breviario Romano.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[6] Cf. Sto. Tom\u00e1s, Summa Theol., III, q. 62, a. 5, ad 1.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[7] Cf. P\u00edo XII, Litt. Encycl. Mystici Corporis, 29 jun. 1943: AAS 35 (1943), p. 208.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[8] Cf. Le\u00f3n XIII, Epist. Encycl. Divinum illud, 9 mayo 1897: AAS 29 (1896-1807), p. 650. P\u00edo XII, Litt. Encycl. Mystici Corporis, l. c., pp. 219-220. Denz., 2.288 (3807), S. Agust\u00edn, Serm., 268, 2: PL 38, 1.232, y en otros sitios. S. Cris\u00f3stomo, In Eph. Hom., 9, 3: PG 62, 72. D\u00eddimo Alej., Trin., 2, 1: PG 39, 449 s. Sto. Tom\u00e1s, In Col., 1, 18, lect. 5; ed. Marietti, II, n\u00famero 46: \u00abAs\u00ed como se constituye un solo cuerpo por la unidad del alma, as\u00ed la Iglesia por la unidad del Esp\u00edritu&#8230;\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[9] Le\u00f3n XIII, Litt. Encycl. Sapientiae christianae, 10 jun. 1890: ASS 22 (1889-90), p. 392. Id. Epist. Encycl. Satis cognitum, 29 jun. 1896: ASS 28 (1895-96), pp. 710 y 724 ss P\u00edo XII, Litt. Encycl. Mystici Corporis, l. c., pp. 199-200.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[10] Cf. P\u00edo XII. Litt. Encycl. Mystici Corporis, l. c., p\u00e1gina 221 ss. Id. Litt. Encycl. Humani generis, 12 agos. 1950: AAS 42 (1950), p. 571.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[11] Le\u00f3n XIII, Epist. Encycl. Satis cognitum, l. c. p. 713.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[12] Cf. Symbolum Apostolicum: Denz., 6-9 (10-13): Symb. Nic. &#8211; Const.: Denz., 86 (41): coll. Prof. fidei Trid.: Denz., 994 et 999 (1862 et 1868).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[13] Se llama \u00abSanta (cat\u00f3lica apost\u00f3lica) Romana Iglesia\u00bb: en Prof. fidei Trid., 1, c., et Conc. Vat. I. Ses. III. Const. dogm. de fide cath.: Denz., 1782 (3001).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[14] S. Agust\u00edn, Civ. Dei., XVIII, 51, 2: PL 41, 614.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[15] Cf. S. Cipriano, Epist., 69, 6: PL 3, 1.142 B. Hartel, 3 B, p. 754; \u00abSacramento inseparable de unidad\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[16] Cf. P\u00edo XII, Aloc. Magnificate Dominum, 2 nov. 1954: AAS 46 (1954), p. 669. Litt. Encycl. Mediator Dei, 20 nov. 1947: AAS 39 (1947), p. 555.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[17] Cf. P\u00edo XI, Litt. Encycl. Miserentissimus Redemptor, 8 mayo 1928: AAS 20 (1928), pp. 171 s. Pio XII, Aloc. Vous nous avez, 22 sept. 1956: AAS 48 (1956), p. 714.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[18] Cf. Sto. Tom\u00e1s, Summa Theol., III, q. 63, a. 2.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[19] Cf. Cirilo de Jer., Catech., 17, de Spiritu Sancto, II, 35-37: PG 33, 1009-1012. Nic Cabasilas, De vita in Christo, libro III, \u00abde utilitate chrismatis\u00bb. PG 150, 569-580. Sto. Tom\u00e1s, Summa Theol., III, q. 65, a. 3 et q. 72, a. 1 et 5.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[20] Cf. P\u00edo XII, Litt. Encycl. Mediator Dei, 20 nov. 1947: AAS 39 (1947), sobre todo, pp. 552s.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[21] 1 Cor., 7, 7: \u00abCada uno recibe del Se\u00f1or su propio don: uno de una manera y otro de otra\u00bb. Cf. S. Agust\u00edn, De Dono Persev., 14, 37: PL 45, 1.015 siguientes: \u00abNo s\u00f3lo la continencia es un don de Dios, sino tambi\u00e9n la castidad de los casados\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[22] Cf. S. Agust\u00edn. De Praed. Sanct., 14, 27: PL 44, 980.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[23] Cf. Juan Cris\u00f3stomo, In Io., Hom., 65, 1: PG 59, 361.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[24] Cf. S. Ireneo, Adv. Haer., III, 16, 6, III, 22, 1-3: PG 7, 925 C, 926 A et 958 A. Harvey, 2, 87 et 120-123. Sagnard. Ed. Sources Chr\u00e9t., pp. 290-202 et 372 ss.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[25] Cf. S. Ignacio, M., Ad Rom., Praef.: Ed. Funk, I p\u00e1gina 252.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[26] Cf. S. Agust\u00edn, Bapt. c. Donat., V. 28, 39: PL 43, 197: \u00abEs claro que cuando a prop\u00f3sito de la Iglesia se habla de \u00abdentro\u00bb y \u00abfuera\u00bb esto se refiere no al cuerpo sino al coraz\u00f3n\u00bb. Cf. ib., III, 19, 26: col. 152; V. 18, 24: col. 189: In Io. Tr. 61, 2: PL 35, 1800, y con frecuencia en otras partes.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[27] Cf. Lc., 12, 48: \u00abA todo aquel a quien se le dio mucho, mucho se le pedir\u00e1\u00bb. Cf. tambi\u00e9n Mt., 5, 19-20: 7, 21-22; 25, 41-46; Sant., 2, 14.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[28] Cf. Le\u00f3n XIII, Epist. Apost., Praeclara gratulationis, 20 jun. 1894: ASS 26 (1893-94), p. 707.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[29] Cf. Le\u00f3n XIII, Epist. Encycl. Satis cognitum, 29 jun. 1896: ASS 28 (1895-1896), p. 738. Epist. Encycl. Caritatis studium, 25 jul. 1898: ASS 31 (1898-1899), p. 11. P\u00edo XII Mensaje radiof. Nell&#8217;alba, 24 dic. 1941: AAS 34 (1942), p. 21.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[30] Cf. P\u00edo XI, Litt. Encycl. Rerum Orientalium, 8 sept. 1928: AAS 20 (1928), p. 287. P\u00edo XII, Litt. Encycl. Orientalis Ecclesiae, 9 abr. 1944: AAS 36 (1944), p. 137.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[31] Cf. Instr. S. S. C. S. Oficio, 20 dic. 1949: AAS 42 (1950), p. 142.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[32] Cf. Sto. Tom\u00e1s, Summa Theol., III, q. 8, a. 3, ad 1.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[33] Cf. Epist., S. S. C. S. Oficio al Arzobispo de Boston: Denz., 3.869-72.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[34] Cf. Eusebio de Cesar., Praeparatio Evangelica, 1, 1: PG 21, 28 AB.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[35] Cf. Benedicto XV, Epist. Apost. Maximum illud: AAS 11 (1919), p. 440, sobre todo, pp. 451 ss. P\u00edo XI, Encycl. Rerum Ecclesiae: AAS 18 (1926), pp. 68-69: P\u00edo XII, Litt. Encycl. Fidei Donum, 21 abr. 1957: AAS 49 (1957), pp. 236-237.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[36] Cf. Didach\u00e9, 14; ed. Funk, I, p. 32. S. Justino Dial., 41: PG 6, 564. S. Ireneo, Adv. Haer., IV, 17, 5: PG 7, 1.023. Harvey, 2, pp. 199 s. Conc. Trid. Ses. 22, cap. I. Denz. 939 (1742).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[37] Cf. Conc. Vat. I. Ses. IV. Const. Dogm. Pastor aeternus: Denz., 1821 (3.050 s.).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[38] Cf. Conc. Flor., Decretum pro Graecis: Denz., 694 (1.307), et Con. Vat. I, Const. Dogm. Pastor aeternus: Denz., 1826 (3.059).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[39] Cf. Liber sacramentorum. S. Gregorio. Praefacio in Cathedra S. Petri, in natali S. Mathiae et S. Thomae: PL 78, 50, 51 et 152 S. Hiliario, In Ps., 67, 10: PL 9, 450; CSEL, 22, p\u00e1gina 286. S. Jer\u00f3nimo, Adv. Iovin, 1, 26: PL 23, 247 A. S. Agust\u00edn, In Ps., 86, 4: PL 37, 1.103. S. Gregorio, M., Mor. in Iob., XXVIII V: PL 76, 455-456. Primasio, Comm. in Apoc., V: PL 68. 924 C. Pascasio, In Mt., L. VIII, cap\u00edtulo 16: PL 120, 561 C. Cf. Le\u00f3n XIII, Epist. Et sane, 17 dic. 1888: AAS 21 (1888), p. 321.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[40] Cf. Hech., 6, 2-6; 11, 30; 13, 1; 14, 23; 20, 17; I Tes., 5, 12-13; Filp., 1, 1.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[41] Cf. Hech., 20, 25-27; 2 Tim., 4, 6 s., coll. c. 1 Tim., 5, 22; 2 Tim., 2, 2. Tit. 1, 5; S. Clem. Rom., Ad Cor., 44, 3; edici\u00f3n Funk, I, p. 156.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[42] S. Clem. Rom., Ad Cor., 44, 2; ed. Funk, I, pp. 154 s.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[43] Cf. Tertul., Praescr. Haer., 32: PL 2, 52 s. S. Ignacio, M., passim.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[44] Cf. Tertul., Praescr. Haer., 32: PL 2, 53.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[45] Cf. S. Ireneo, Adv. Haer., III, 3, 1: PG 7, 848 A; Harvey, 2, 8; Sagnard, p. 100 s.: \u00abmanifestatam\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[46] Cf. S. Ireneo, Adv. Haer., III, 2, 2: PG 7, 847; Harvey, 2, 7; Sagnard, p. 100: \u00abcustoditur\u00bb; cf. ib. IV, 26, 2; col. 1.053; Harvey, 2, 236, adem\u00e1s IV, 33, 8; col. 1.077; Harvey, 2, 262.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[47] S. Ign. M., Philad., Praef.; ed. Funk, I, p. 264.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[48] S. Ign. M., Philad., 1, 1; Magn., 6, 1; ed. Funk, I, p\u00e1ginas 264 et 234.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[49] S. Clem. Rom., l. c., 42, 3-4; 44, 3-4; 57, 1-2; Ed. Funk, I, 152, 156, 172. S. Ign., M., Philad., 2; Smyrn., 8; Mag., 3; Trall., 7; ed. Funk, I. pp. 266, 282, 232, 246 s., ec.; S. Justino, Apocalypsis, 1, 65; PG 6, 428; S. Cipriano, Epist., passim.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[50] Cf. Le\u00f3n XIII, Epist. Encycl. Satis cognitun, 29 jun. 1896: ASS 28 (1895-96), p. 732.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[51] Cf. Conc. Trid., Sess. 23, Decr. de sacr. Ordinis, cap\u00edtulo 4; Denz, 960 (1768); Conc. Vat. I. Sess. 4, Const. Dogm., 1, De Ecclesia Christi, cap. 3; Denz., 1828 (3.061). P\u00edo XII, Litt. Encycl. Mystici Corporis, 29 jun. 1943: AAS 35 (1943), p\u00e1ginas 209 et 212. Cod. Iur. Can., C. 329, ***1.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[52] Cf. Le\u00f3n XIII, Epist. Et sane, 17 dic. 1888: AAS 21 (1888), pp. 321 s.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[53] S. Le\u00f3n, M., Serm., 5, 3: PL 54, 154.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[54] Conc. Trid., Sess. 23, cap. 3, cita las palabras de 2 Tim., 1, 6-7, para demostrar que el Orden es verdadero sacramento: Denz., 959 (1766).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[55] In Trad. Apost., 3, ed. Botte, Sources Chr., pp. 27-30. Al Obispo se le atribuye \u00abel primado del sacerdocio\u00bb Cf. Sacramentarium Leonianum, ed. C. Mohlberg, Sacramentarium Veronense, Romae, 1955, p. 119: \u00abad summi sacerdotii ministerium&#8230; Comple in sacerdotibus tuis mysterii summam\u00bb&#8230; Lo mismo, Liber Sacramentorum Romanae Ecclesiae, Romae, 1960, pp. 121-122: \u00abTribuas eis. Domine, cathedram episcopalem ad regendam Ecclesiam tuam et plebem universam\u00bb. Cf. PL 78, 224.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[56] Trad. Apost., 2, ed. Botte, p. 27.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[57] Conc. Trid., Sess. 23, cap. 4, ense\u00f1a que el sacramento del Orden imprime car\u00e1cter indeleble: Denz., 960 (1767). Cf. Juan XXIII, Aloc. Iubilate Deo, 8 mayo 1960: AAS 52 (1960), p. 4; Paulo VI, Homil\u00eda en Bas. Vaticana, 20 octubre 1963: AAS 55 (1963), p. 1.014.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[58] S. Cipriano, Epist., 63, 14: PL 4, 386; Hartel, III B, p. 713: \u00abSacerdos vice Christi vere fungitur\u00bb. Juan Cris\u00f3stomo, In II Tim., Hom., 2, 4: PG 62, 612: Sacerdos est \u00absymbolon\u00bb Christi. S. Ambrosio, In Ps., 38, 25-26: PL 14, 1.051-52; CSEL, 64, 203-204. Ambrosiaster, In I Tim., 5, 19: PL 17, 479 C et In Eph., 4, 11-12; col. 387 C. Theodoro Mops., Hom. Catech., XV, 21 et 24; ed. Tonneau, pp. 497 et 503. Hesychius Hieros., In Lev., L. 2, 9, 23: PG 93, 894 B.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[59] Cf. Eusebio, Hist. Eccl., V, 24, 10: GCS II, 1, p. 495; edici\u00f3n Bardy. Sources Chr., II, p. 69. Dionisio seg\u00fan Eusebio, ib. VII, 5, 2: GCS II, 2, p. 638 s.; Bardy, II, pp. 168 s.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[60] Cf. sobre los antiguos Concilios, Eusebio, Hist. Eccl., V, 23-24: GCS II, 1, pp. 488 ss.; Bardy, II, pp. 66 ss. et passim. Conc. Niceno. Can., 5; Conc. Oec. Decr., p. 7.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[61] Tertuliano, De Ieiunio, 13: PL 2, 972 B; CSEL 20, p\u00e1gina 292, lin. 13-16.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[62] S. Cipriano, Epist., 56, 3; Hartel, III B, p. 649; Bayard, p. 154.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[63] Cf. Relaci\u00f3n oficial Zinelli, en el Conc. Vat. I: Mansi, 52, 1.109 C.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[64] Cf. Conc. Vat. I. Esquema Const. dogm. II, de Ecclesia Christi, c. 4: Mansi, 53, 310. Cf. relaci\u00f3n Kleutgen sobre el Esquema reformado: Mansi, 53, 321 B-322 B y la declaraci\u00f3n Zinelli: Mansi, 52, 1.110 A. cfr. tambi\u00e9n S. Le\u00f3n M., Serm., 4, 3: PL 54, 151 A.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[65] Cf. Cod. Iur. Can., can. 277.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[66] Cf. Conc. Vat. I. Const. Dogm. Pastor aeternus: Denz., 1821 (3.050 s.).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[67] Cf. S. Cipriano, Epist., 66, 8: Hartel, III, 2 p. 733: \u00abEl Obispo en la Iglesia y la Iglesia en el Obispo\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[68] Cf. S. Cipriano, Epist., 55, 24: Hartel, p. 642, lin. 13: \u00abUna Iglesia en todo el mundo constituida por muchos miembros\u00bb. Epist., 36, 4: Hartel, p. 575, lin. 20-21.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[69] Cf. P\u00edo XII, Litt. Encycl. Fidei Donum, 21 abr. 1957: AAS 49 (1957), p. 237.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[70] Cf. S. Hilario Pict., In Ps., 14, 3: PL 9, 206: CSEL, 22, p\u00e1gina 86. S. Gregorio M., Moral, IV, 7, 12: PL 75, 643 C. Ps. Basilio, In Is., 15, 296: PG 30, 637 C.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[71] S. Celestino, Epist. 18, 1-2, ad Conc. Efeso: PL 50, 505 AB; Schwartz, Acta Conc. Oec., I, 1, 1, p. 22. Cf. Benedicto XV. Epist. Apost. Maximum illud: AAS 11 (1919), p\u00e1gina 440. P\u00edo XI, Litt. Encycl. Rerum Ecclesiae, 28 febr. 1926: AAS 18 (1963), p. 69, P\u00edo XII, Litt. Encycl. Fidei Donum, I, c.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[72] Le\u00f3n XIII, Litt. Encycl. Grande munus, 30 sept. 1880: AAS 13 (1880), p. 154. Cf. Cod. ur. Can., c. 1.327; c. 1.350 *** 2.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[73] Acerca de los derechos de las Sedes patriarcales, cf. Conc. Niceno, can. 6 de Alejandr\u00eda y Antioqu\u00eda, y can. 7 de Jerusal\u00e9n: Conc. Oec. Decr., p. 8 Conc. Later: IV, a\u00f1o 1215. Constit. V: De dignitate Patriarcharum: ibid., p. 212, Conc. Ferr. Flor.: ibid. p. 504.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[74] Cf. Cod. Iuris pro Eccl. Orient., can. 216-314: sobre los Patriarcas, can. 324-339: sobre los Arzobispos mayores, can. 362-391: sobre otros dignatarios: especialmente el can. 238, *** 3; 216; 240; 251; 255: sobre los Obispos que deben ser nombrados por los Patriarcas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[75] Cf. Conc. Trid., Decr. de reform., Ses. V, c. 2, n. 9 et Ses. XXIV, can. 4; Conc. Oec., Decr., pp. 645 et 739.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[76] Cf. Conc. Vat. I. Const. dogm. Dei Filius, 3, Denz. 1712 (3.011). Cr. nota a\u00f1adida al Esquema I de Eccl. (tomada de S. Rob. Bellarm.): Mansi, 51, 579 C: adem\u00e1s el Esquema reformado Const. II de Ecclesia Christi, con el comentario de Kleutgen: Mansi, 53, 313 AB, P\u00edo IX Epist. Tuas libenter: Denz., 1638 (2.879).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[77] Cf. Cod. Iur. Can., c. 1.322-1.323.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[78] Cf. Conc. Vat. I. Const. dogm. Pastor Aeternus: Denz., 1839 (3.074).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[79] Cf. explicaci\u00f3n Gasser in Conc. Vat. I: Mansi, 52, 1.213 AC.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[80] Gasser, ib.: Mansi, 1214 A.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[81] Gasser, ib.: Mansi, 1215 CD, 1216-1217 A.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[82] Gasser, ib.: Mansi, 1213.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[83] Conc. Vat. I. Const. dogm. Pastor Aeternus, 4: Denz. 1836 (3.070).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[84] Oraci\u00f3n de la consagraci\u00f3n episcopal en rito bizantino: Euchologion to mega Roma, 1873, p. 139.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[85] Cf. S. Ignacio, M., Smyrn., 8, 1; ed. Funk, I, p. 282.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[86] Cf. Hech. 8, 1; 14, 22-23; 20, 17, et passim.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[87] Oraci\u00f3n moz\u00e1rabe: PL 96, 759 B.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[88] Cf. S. Ignacio, M., Smyrn., 8, 1; ed. Funk, I, p. 282.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[89] Sto. Tom\u00e1s, Summa Theol., III, q. 73, a. 3.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[90] Cf. S. Agust\u00edn. C. Faustum, 12, 20; PL 42, 265: Serm., 57, 7: PL 38, 389, etc.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[91] S. Le\u00f3n M., Serm., 63, 7: PL 54, 357 D.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[92] Traditio Apostolica de Hip\u00f3lito 2-3; ed. Botte, pp. 26-30.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[93] V\u00e9ase el texto del examen al principio de la consagraci\u00f3n episcopal y la oraci\u00f3n al final de la Misa de consagraci\u00f3n despu\u00e9s del Te Deum.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[94] Benedicto XIV. Br. Romana Ecclesia, 5 oct. 1752, *** 1: Bullarium Benedicti XIV, t. IV, Romae, 1758. 21: \u00abEl Obispo representa la persona de Cristo, y desempe\u00f1a su oficio\u00bb P\u00edo XII Litt. Encycl. Mystici Corporis, l. c., p. 21 \u00abcada uno apacienta y gobierna en nombre de Cristo el reba\u00f1o a \u00e9l encomendado\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[95] Le\u00f3n XIII. Epist. Encycl. Satis cognitum, 29 jun. 1896: AAS 28 (1895-96), p. 732. Idem Epist. Officio sanctissimo, 22 dic. 1887: AAS 29 (1887), p. 264. P\u00edo IX. Carta Apost. a los Obispos de Alemania, 12 marzo 1875 y Aloc. Consist. 15 marzo 1875: Denz., 3112-3117 solamente en la nueva edici\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[96] Conc. Vat. I, Const. dogm. Pastor aeternus, 3; Denz., 1828 (3.061). Cf. Relaci\u00f3n Zinelli: Mansi, 52, 1114 D.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[97] Cf. S. Ignacio, M., Ad Ephes., 6, 1: ed. Funk, I, p\u00e1gina 218; y el Martyrium Polycarpi, 12, 2: lb, p. 328.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[98] Cf. S. Ignacio, M., Ad Ephes., 5, 1: ed. Funk, 1, p. 216.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[99] Cf. Conc. Trid., Ses. 23, De sacr. Ordinis, cap. 2: Denz., 958 (1765), y can. 6: Denz., 966 (1776).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[100] Cf. Inocencio, I. Epist. ad Decentum: PL 20, 554 A: Mansi, 3, 1029: Denz., 98 (215): \u00abLos presb\u00edteros, aunque son sacerdotes de segundo grado (respecto a los di\u00e1conos), no tienen sin embargo la plenitud del pontificado\u00bb. S. Cipriano, Epist., 61, 3: ed. Hartel, p. 696.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[101] Cf. Conc. Trid., 1, c., Denz., 956-968 (1763-1778), y especialmente el can. 7: Denz., 967 (1777). P\u00edo XII, Const. Apost. Sacramentum Ordinis: Denz., 2301 (3.857-61).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[102] Cf. Inocencio, I, 1, c., c. S. Gregorio Naz., Apol., II, 22: PG 35, 432 B. Ps. Dionisio, Eccl. Hier., 1, 2: PG 3, 372 D.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[103] Cf. Conc. Trid., Ses. 22; Denz., 940 (1743). P\u00edo XII, Litt. Encycl. Mediator Dei, 20 nov. 1947: AAS 39 (1947), p. 553. Denz., 2300 (3.850).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[104] Cf. Conc. Trid., Ses. 22: Denz., 938 (1.739-40). Concilio Vaticano II, Const. De Sacra Liturgia, n. 7 y n. 47.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[105] Cf. P\u00edo XII. Litt. Encycl. Mediator Dei, l. c. en el n. 67.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[106] Cf. S. Cipriano, Epist., 11, 3: PL 4, 242 B: Hartel, II 2, p. 497.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[107] Ordo consecrationis sacerdotalis, en la imposici\u00f3n de los ornamentos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[108] Ordo consecrationis sacerdotalis, en el prefacio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[109] Cf. S. Ignacio, M., Philad, 4: ed. Funk, I, p. 266 S. Cornelio, I en S. Cipriano, Epist., 48, 2: Hartel, III, 2. p. 610.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[110] Constitutiones Ecclesiae aegyptiacae, III, 2: ed. Funk, Didascalia, II, p. 103. Statuta Eccl. Ant., 37-41: Mansi, 3, 954.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[111] S. Policarpo, Ad Phil., 5, 2: ed. Funk, I, p. 300: Se dice de Cristo \u00abque se ha hecho servidor, di\u00e1cono, de todos\u00bb. Cf. S. Clemente Rom., Ad. Cor., 15, 1: ib., p. 32 S. Ignacio, M., Trall., 2, 3: ib., p. 242. Constitutiones Apostolorum, 8. 28, 4: Funk. Didascalia, I, p. 530.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[112] S. Agust\u00edn, Serm., 340, 1: PL 38, 1483.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[113] Cf. P\u00edo XI, Litt. Encycl. Quadragesimo anno, 15 mayo 1931: AAS 23 (1931), p. 221 s. P\u00edo XII, Aloc. De quelle consolation, 14 oct. 1951: AAS 43 (1951), p. 790 s.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[114] Cf. P\u00edo XII. Aloc. Six ans se sont \u00e9coul\u00e9s, 5 oct. 1957: AAS 49 (1957), p. 927. Acerca del \u00abmandato\u00bb y misi\u00f3n can\u00f3nica, cf. Decreto De Apostolada laicorum, cap. IV, n. 16, con las notas 12 y 15.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[115] Del Prefacio de la fiesta de Cristo Rey.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[116] Cf. Le\u00f3n XIII, Epist. Encycl. Immortale Dei, 1 nov. 1885, AAS 18 (1885), p. 166 ss. Idem. Litt. Encycl. Sapientiae christianae, 10 enero 1890: ASS 22 (1889-90), p. 397 ss. P\u00edo XII. Aloc. Alla vostra filiale, 23 marzo 1958: AAS 50 (1958), p. 220: \u00abel leg\u00edtimo sano laicismo del Estado\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[117] Cod. Iur. Can., can. 682.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[118] Cf. P\u00edo XII, Aloc. De quelle consolation, 1, c., p. 789: \u00abEn las batallas decisivas, es muchas veces del frente, de donde salen las m\u00e1s felices iniciativas&#8230;\u00bb. Idem, Aloc. L&#8217;importance de la prese catholique, 17 febr. 1950: AAS 42 (1950), p\u00e1gina 256.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[119] Cf. I Tes., 5, 19 et 1 Jn., 4, 1.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[120] Epist. ad Diognetum, 6: ed. Funk, I, p. 400. Cf. S. Juan Cris\u00f3stomo, In Mt. Hom., 46 (47), 2: PG 58, 478, sobre la levadura en la masa.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[121] Misal Romano, Gloria in excelsis. Cf. Lc., 1, 35; Mc., 1, 24; Lc., 4, 34; Jn., 6, 69 (ho hagios tou Theou); Hech. 3, 14; 4, 27 y 30; Heb., 7, 26; I Jn., 2, 20; Apoc., 3, 7.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[122] Cf. Or\u00edgenes, comm. Rom., 7, 7: PG 14, 1.122 B. Ps. &#8211; Macario, De Oratione, 11: PG 34, 861 AB. Sto. Tom\u00e1s, Summa Theol., II-II, q. 184, a. 3.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[123] Cf. S. Agust\u00edn, Retract., II, 18: PL 32, 637 s. P\u00edo XII, Litt. Encycl. Mystici Corporis, 29 jun. 1943: AAS 35 (1943), p. 225.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[124] Cf. P\u00edo XI, Litt. Encycl. Rerum omnium, 26 enero 1923: AAS 15 (1923), p. 50 y pp. 59-60. Litt. Encycl. Casti Connubii, 31 dic. 1930: AAS 22 (1930), p. 548. P\u00edo XII, Const. Apost. Provida Mater, 2 febr. 1947; AAS 39 (1947), p. 117, Aloc. Annus sacer, 8 dic. 1950: AAS 43 (1951), pp. 27-28. Aloc. Nel darvi, 1 jul. 1956: AAS 48 (1956), p. 574 s.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[125] Cf. Sto. Tom\u00e1s, Summa Theol., II-II, q. 184, a. 5 et 6. De perf. vitae spir., c. 18 Or\u00edgenes, In Is. Hom., 6, 1: PG 13, 239.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[126] Cf. S. Ignacio M., Magn., 13, 1: ed. Funk, I. p. 240.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[127] Cf. S. P\u00edo X, Exhort., Haerent animo, 4 agos. 1908: AAS 41 (1908), p. 560 s. Cod. Iur Can., can. 124. P\u00edo XI. Litt. Encycl. Ad catholici sacerdotii, 20 dic. 1935: AAS 28 (1936), p. 22s.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[128] Ordo consecrationis Sacerdotalis, en la Exhortaci\u00f3n inicial.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[129] Cf. S. Ignacio M., Trall., 2, 3: ed. Funk, I, p. 244.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[130] Cf. P\u00edo XII, Aloc. Sous la maternelle protection, 9 dic. 1957: AAS 50 (1958), p. 36.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[131] P\u00edo XI, Litt. Encycl. Casti Connubii, 31 dic. 1930: AAS 22 (1930), p. 548 s. Cf. S. Juan Cris\u00f3stomo, In Ephes. Hom., 20, 2: PG 62, 136 ss.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[132] Cf. S. Agust\u00edn, Enchir., 121, 32: PL 40, 288. Sto. Tom\u00e1s, Summa Theol., II-II, q. 184, a. 1. P\u00edo XII, Exhort. Apost. Menti nostrae, 23 sept. 1950: AAS 42 (1950), p. 660.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[133] Sobre los Consejos en general, cf. Or\u00edgenes. Comm. Rom., X. 14: PG 14, 1.275 B. S. Agust\u00edn, De S. Virginitate, 15, 15: PL 40, 403. Sto. Tom\u00e1s, Summa Theol., I-II, q. 100, a. 2 C (al fin); II-II, q. 44, a. 4, ad 3.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[134] Sobre la excelencia de la sagrada virginidad, cf. Tertuliano, Exhort. Cast. 10: PL 2, 925 C. S. Cipriano, Hab. Virg., 3 et 22: PL 4, 443 B et 461 A. s. S. Atanasio, De Virg.: PG 28, 252 ss. S. Juan Cris\u00f3stomo, De Virg. G PG 48, 533 ss.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[135] Los testimonios principales de la S. Escritura y de los Padres acerca de la pobreza espiritual y la obediencia se recogen en las p\u00e1ginas 152-153 de la Relaci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[136] Acerca de la pr\u00e1ctica efectiva de los consejos que no se imponen a todos, Cfr. S. Juan Cris\u00f3stomo In Mt. Hom., 7, 7: PG 57, 8 s. S. Ambrosio, De Viduis, 4, 23: PL 16, 241 s.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[137] Cf. Rosweyde, Vitae Patrum, Amberes, 1628, Apophtegmata Patrum: PG 65. Paladio, Historia Lausiaca: PG 34, 991 ss.: ed. C. Butier, Cambridge, 1898 (1904). P\u00edo XI, Const. Apost. Umbratilem, 8 jul. 1924: AAS 16 (1924), pp. 386-387. P\u00edo XII, Aloc. Nous sommes heureux, 11 abr. 1958: AAS 50 (1958), p. 283.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[138] Paulo VI, Aloc. Magno gaudio, 23 mayo 1964: AAS 56 (1964), p. 566.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[139] Cf. Cod. Der. Can., c. 487 y 488. 4o. P\u00edo XII. Aloc. Annus sacer, 8 dic. 1950: AAS 43 (1951), p. 27 s. P\u00edo XII. Const. Apost. Provida Mater, 2 febr. 1947: AAS 39 (1947), p\u00e1ginas 120 ss.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[140] Paulo VI, 1, c., p. 567.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[141] Cf. Sto. Tom\u00e1s, Summa Theol., II-II, q. 184, a 3 y q. 188. a. 2. S. Buenaventura, Opusc. XI. Apologia Pauperum, c. 3, 3: ed. Obras, Quaracchi, t. 8, 1898, p. 245 a.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[142] Cf. Conc. Vat. I. Esquema De Ecclesia Christi, cap. XV, et Anot., 48: Mansi, 51, 549 s. et 619 s. Le\u00f3n XII, Epist. Au milieu des consolations, 23 dic. 1900: AAS 33 (1900-01), p\u00e1gina 361. P\u00edo XII. Const. Apost. Provida Mater, 1, c., p\u00e1ginas 114 s.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[143] Cf. Le\u00f3n XIII, Const. Romanos Pont\u00edfices, 8 mayo 1881: AAS 13 (1880-81), p. 483. P\u00edo XII, Aloc. Annus sacer, 8 dic. 1950: AAS 43 (1951), pp. 28 s.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[144] Cf. P\u00edo XII, Aloc. Annus sacer, 1, c., p. 28. P\u00edo XII, Const. Apost. Sedes Sapientiae, 21 mayo 1956: AAS 48 (1956), p\u00e1g. 355. Paulo VI, 1. c., pp. 570-571.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[145] Cf. P\u00edo XII, Litt. Encycl., Mystici Corporis, 29 jun. 1943: AAS 35 (1943), pp. 214 s.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[146] Cf. P\u00edo XII, Aloc. Annus sacer, 1, c., p. 30. Aloc. Sous la maternelle protection, 9 dic. 1957: AAS 50 (1958), p\u00e1ginas 39 s.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[147] Conc. de Florencia. Decretum pro Graecis: Denz., 693 (1305).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[148] Adem\u00e1s de los documentos m\u00e1s antiguos que prohiben cualquier forma de evocaci\u00f3n de los esp\u00edritus ya desde Alejandro IV (27 septiembre 1258), cf. Encycl. S. S. C. S. Oficio, De magnetismi abusu, 4 agos. 1856: AAS (1865), pp. 177-178. Denz., 1653-1654 (2823-2825); respuesta S. S. C. S. Oficio, 23 abr. 1917: AAS 9 (1917), p. 268. Denz., 2182 (3642).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[149] V\u00e9ase una exposici\u00f3n sint\u00e9tica de esta doctrina paulina en: P\u00edo XII, Litt. Encycl. Mystici Corporis: AAS 35 (1943), p\u00e1gina 200 y passim.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[150] Cf., i. a., S. Agust\u00edn, Enarr. in Ps., 85, 24: PL 37, 1099. S. Jer\u00f3nimo, Liber contra Vigilantium, 6: PL 23, 344. Sto. Tom\u00e1s, In 4m Sent., d 45, q. 3, a. 2. S. Buenaventura, In 4m Sent., d. 45, a. 3. q. 2, etc.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[151] Cf. P\u00edo XII, Litt. Encycl. Mystici Corporis: AAS 35 (1943), p. 245.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[152] Cf. Much\u00edsimas inscripciones en las Catacumbas romanas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[153] Cf. Gelasio I, Decretal De libris recipiendis, 3: PL 59, 160. Denz., 165 (353).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[154] Cf. S. Metodio, Symposion, VII, 3: GCS (Bonwetsch), p. 74.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[155] Cf. Benedicto XV, Decretum approbationis virtutum in Causa beatificationis et canonizationis Servi Dei Ioannis Nepomuceni Neumann: AAS 14 (1922), p. 23; muchas alocuciones de P\u00edo XII sobre los Santos: Inviti all&#8217;eroismo. Discorsi&#8230; t. I-III Roma 1941-1942, passim; P\u00edo XII, Discorsi e Radiomessaggi, t. 10, 1949, pp. 37-43.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[156] Cf. P\u00edo XII, Litt. Encycl. Mediator Dei: AAS 39 (1947), p. 581.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[157] Cf. Heb., 13, 7; Eccli., 44-50; Hebr., 11, 3-40. Cf. tambi\u00e9n P\u00edo XII. Litt. Encycl. Mediator Dei: AAS 39 (1947), pp. 582-583.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[158] Cf. Conc. Vaticano I, Const. De fide catholica, cap. 3. Denz., 1794 (3013).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[159] Cf. P\u00edo XII, Litt. Encycl. Mystici Corporis: AAS 35 (1943), p. 216.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[160] En cuanto a la gratitud para con los Santos, cf. E. Diehl, Inscriptiones latinae christianae veteres, I. Berlin, 1925, nn. 2008, 2382 y passim.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[161] Conc. Tridentino Ses. 25. De invocatione&#8230; Sanctorum: Denz, 984 (1821).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[162] Brevario Romano. Invitatorium in festo Sanctorum Omnium.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[163] Cf. v. g., II Tes., 1, 10.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[164] Conc. Vaticano II, Const. De Sacra Liturgia, cap. 5, n\u00famero 104.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[165] Canon de la Misa Romana.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[166] Conc. Niceno II, Act. VII: Denz., 302 (600).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[167] Conc. Florentino, Decretum pro Graecis: Denz., 693 (1304).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[168] Conc. Tridentino, Ses. 25, De invocatione, veneratione et reliquiis Sanctorum et sacris imaginibus: Denz. 984-988 (1821-1824); Ses. 25, Decretum de Purgatorio: Denz., 983 (1820); Ses. can. 30: Denz., 840 (1580).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[169] Del Prefacio, concedido a algunas di\u00f3cesis.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[170] Cf. S. Pedro Canisio, Catechismus Maior seu Summa Doctrinae christianae, cap. III (ed. crit. F. Streicher), Pars I, pp. 15-16, n. 44 y pp. 100-101, n. 49.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[171] Cf. Conc. Vaticano II, Const. De Sacra Liturgia, cap\u00edtulo I, n. 8.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[172] Credo en la Misa Romana: S\u00edmbolo Constantinopolitano: Mansi, 3, 566. Cf. Conc. de Efeso, ib. 4, 1130 (adem\u00e1s ib., 2, 665 et 4, 1071); Conc. de Calcedonia, ib. 7, 111-116; Conc. Constantinopolitano II, ib. 9, 375-396.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[173] Canon de la Misa Romana.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[174] S. August\u00edn, De S. Virginitate, 6: PL 40, 399.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[175] Cf. Paulo Pp. VI, Allocutio in Concilio, die 4 dic. 1963: AAS 56 (1964), p. 37.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[176] Cf. S. Germ\u00e1n Const., Hom. in Annunt. Deiparae: PG 98, 328 A; In Dorm., 2: col. 357. Anastasio Antioq., Serm., 2. de Annunt., 2: PG 89, 1377 AB; Serm., 3, 2: col. 1388 Andr\u00e9s Cret., Can. in B. V. Nat., 4: PG 97, 1321 B. In B. V. Nat., 1: col. 812 A. Hom. in dorm., 1: col. 1.068 C. S. Sofronio, Or. 2 in Annunt., 18: PG 87 (3), 3237 BD.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[177] S. Ireneo, Ad. Haer., III, 22, 4: PG 7, 959 A; Harvey, 2, 123.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[178] S. Ireneo, ibidem; Harvey, 2, 124.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[179] S. Epifanio, Haer., 78, 18: PG 42, 728 CD-729 AB.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[180] S. Jer\u00f3nimo, Epist., 22, 21: PL 22, 408. Cf. S. Agust\u00edn, Serm., 51, 2, 3: PL 38, 335; Serm., 232, 2: col. 1.108. S. Cirilo de Jer., Catech., 12, 15: PG 33, 741 AB. S. Juan Cris\u00f3stomo, In Ps., 44, 7: PG 55, 193. S. Juan Damasceno, Hom., 2 in dorm., B. M. V., 3: PG 96, 728.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[181] Cf. Conc. Lateranense, del a\u00f1o 649, Can. 3: Mansi, 10, 1.151. S. Le\u00f3n M., Epist. ad Flav.: PL 54, 759, Conc. Calcedonense: Mansi, 7, 462 S. Ambrosio, De instit. virg.: PL 16, 320.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[182] Cf. P\u00edo XII, Litt. Encycl. Mystici Corporis, 29 jun. 1943: AAS 35 (1943), pp. 247-248.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[183] Cf. P\u00edo IX, Bulla Ineffabilis, 8 dic. 1854: Acta Pii IX, 1, I, p. 616; Denz., 1641 (2803).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[184] Cf. P\u00edo XII, Const. Apost. Munificentissimus, 1 nov. 1950: AAS 42 (1950); Denz., (3903). Cf. Juan Damasceno, Enc. in dorm. Dei genitricis. Hom., 2 et 3: PG 96, 722-762, en especial col. 728 B. S. Germ\u00e1n Constantinop., In S. Dei gen. dorm. Serm., 1: PG 98 (3), 340-348; Serm., 3: col. 362. S. Modesto de Jerusal\u00e9n, In dorm. SS. Deiparae: PG 86 (2); 3277-3311.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[185] Cf. P\u00edo XII, Litt. Encycl. Ad coeli Reginam, 11 oct. 1954: AAS 46 (1954), pp. 633-636; Denz., 3.913 s. Cf. S. Andr\u00e9s Cret., Hom. 3 in dorm. SS. Deiparae: PG 97, 1090-1109, S. Juan Damasceno, De fide orth., IV, 14: PG 03, 1153-1168.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[186] Cf. Kleutgen, texto corregido De mysterio Verbi incarnati, cap. IV: Mansi, 53, 290. Cf. S. Andr\u00e9s Cret., In nat. Mariae, sermo 4: PG 97. 865 A. S. Germ\u00e1n Constantinop., In ann. Deiparae: PG 98, 322 BC. In dorm. Deiparae, III: col. 362 D. S. Juan Damasceno, In dorm. B. V. Mariae, 1: PG 96, 712 BC-713 A.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[187] Cf. Le\u00f3n XIII, Litt. Encycl. Adiutricem populi, 5 sept. 1895: AAS 15 (1895-96), p. 303. S. P\u00edo X, Litt. Encycl. Ad diem illum, 2 febr. 1904: Acta, I, p. 154; Denz., 1978 a (3370). P\u00edo XI, Litt. Encycl. Miserentissimus, 8 mayo 1928: AAS 20 (1928), p. 178. P\u00edo XII, Nuntius Radioph., 13 mayo 1946: AAS 38 (1964), p. 266.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[188] S. Ambrosio, Epist., 63: PL 16, 1218.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[189] S. Ambrosio, Expos. Lc., II, 7: PL 15, 1555.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[190] Cf. Ps. &#8211; Pedro Dam., Serm. 63: PL 144, 861 AB. Godofredo de S. V\u00edctor, In nat. B. M., Ms. Par\u00eds, Mazarine, 1002 fol. 109 r. Gerhohus Reich. De gloria et honore Filii hominis, 10: PL 194, 1105 AB.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[191] S. Ambrosio, l. c. et Expos. Lc. X, 24-25: PL 15, 1810. S. Agust\u00edn, In Io. Tr., 13, 12: PL 35, 1499. Cf. Serm. 191, 2, 3: PL 38, 1010, etc. Cf. tambi\u00e9n Ven. Beda, In Lc. Expos. I, cap. 2: PL 92, 330. Isaac de Stella, Serm. 31: PL 194, 1863 A.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[192] \u00abSub tuum praesidium\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[193] Conc. de Nicea II, a\u00f1o 187: Mansi, 13, 378-179; Denz., 302 (600-601). Conc. Trident., Ses. 25; Mansi, 33, 171-172.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[194] Cf. P\u00edo XII, Nuntius radioph., 24 oct. 1954: AAS 46 (1954), p. 679. Litt. Encycl. Ad coeli Reginam. 11 oct. 1954: AAS 46 (1954), p. 637.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[195] Cf. P\u00edo XI, Litt. Encycl. Ecclesiam Dei, 12 nov. 1923: AAS 15 (1923), p. 581. P\u00edo XII, Litt. Encycl. Fulgens corona, 8 sept. 1953: AAS 45 (1953), pp. 590-591.\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Virgen con el Ni\u00f1o. Siglo XV. Museo Victoria &amp; Albert, Londres. Fotograf\u00eda de Juan Dejo Bendez\u00fa S.J. Virgen con el Ni\u00f1o risue\u00f1o. Siglo XV. Fotograf\u00eda de Juan Dejo Bendez\u00fa S.J. Virgen con el Ni\u00f1o. Carlo Crivelli. Fotograf\u00eda de Juan Dejo Bendez\u00fa S.J. CAPITULO VIII LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARIA, MADRE DE DIOS, EN EL MISTERIO DE &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/lumen-gentium-la-bienaventurada-virgen-maria-madre-de-dios-en-el-misterio-de-cristo-y-de-la-iglesia\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abLUMEN GENTIUM: LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARIA, MADRE DE DIOS, EN EL MISTERIO DE CRISTO Y DE LA IGLESIA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-25804","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/25804","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=25804"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/25804\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=25804"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=25804"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=25804"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}