{"id":25840,"date":"2016-02-05T17:28:14","date_gmt":"2016-02-05T22:28:14","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/magisterio-vivo-y-tradicion\/"},"modified":"2016-02-05T17:28:14","modified_gmt":"2016-02-05T22:28:14","slug":"magisterio-vivo-y-tradicion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/magisterio-vivo-y-tradicion\/","title":{"rendered":"MAGISTERIO VIVO Y TRADICION"},"content":{"rendered":"<p><p style=\"text-align: justify;\">La palabra tradici\u00f3n (el griego paradosis, en sentido eclesi\u00e1stico, que es el \u00fanico en el que se utiliza aqu\u00ed, a veces se refiere a la cosa (doctrina, narraci\u00f3n o costumbre) transmitida de una generaci\u00f3n a la otra, otras veces al \u00f3rgano o modo de transmisi\u00f3n (kerigma ekklesiastikon, predicatio ecclesiastica). En el primer sentido, por ejemplo, es una vieja tradici\u00f3n que Jesucristo naci\u00f3 un 25 de diciembre, en el segundo sentido la tradici\u00f3n relata que en el camino al Calvario una piadosa mujer enjug\u00f3 el rostro de Jes\u00fas. En lenguaje teol\u00f3gico, que en muchas circunstancias se ha vuelto com\u00fan, hay a\u00fan m\u00e1s precisi\u00f3n, y esto en muchas direcciones. Al principio s\u00f3lo se trataba de tradiciones que se adjudicaban un origen divino, pero subsecuentemente emergieron cuestiones de tradici\u00f3n oral, como algo distinto de la tradici\u00f3n escrita, en el sentido de que una doctrina o instituci\u00f3n no depende directamente de la Sagrada Escritura como fuente sino de la ense\u00f1anza oral de Cristo o de los ap\u00f3stoles. Finalmente, en lo que toca al \u00f3rgano de la tradici\u00f3n, debe ser uno oficial, un magisterium o autoridad docente.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En ese aspecto hay varios puntos controvertidos entre los cat\u00f3licos y las diversas ramas del protestantismo. \u00bfToda la verdad revelada est\u00e1 consignada en la Sagrada Escritura? \u00bfPuede o debe admitirse que Cristo dio a sus ap\u00f3stoles instrucciones divinas para que las transmitieran a su Iglesia? \u00bfDebe admitirse que ellos las recibieron de los mismos labios de Jes\u00fas o de la inspiraci\u00f3n o la revelaci\u00f3n, y que luego las transmitieron a la Iglesia sin que est\u00e9n incluidas en las escrituras inspiradas? \u00bfDebe admitirse que Cristo, en virtud de la autoridad divina, instituy\u00f3 su iglesia como el \u00f3rgano oficial y aut\u00e9ntico de transmisi\u00f3n y explicaci\u00f3n de la revelaci\u00f3n hecha a los hombres? El principio protestante es: la Biblia y solamente la Biblia. Seg\u00fan ellos, la Biblia es la \u00fanica fuente teol\u00f3gica; no hay otra verdad revelada fuera de la que se contiene en la Biblia. Para ellos, la Biblia es la sola regla de fe y es s\u00f3lo a trav\u00e9s de ella que deben resolverse todos los problemas de fe. Ella es la \u00fanica autoridad que obliga. En el otro extremo los cat\u00f3licos sostienen que puede haber, o de hecho hay y debe haber necesariamente, algunas verdades reveladas aparte de aquellas que aparecen en la Biblia. Sostienen que Jesucristo ha establecido de hecho y- para adecuar los medios al fin- que \u00c9l debi\u00f3 establecer un \u00f3rgano vivo tanto para transmitir la Escritura y la revelaci\u00f3n escrita como para poner la verdad revelada al alcance de todos y en todas partes. Tales son en ese sentido los dos puntos principales de controversia entre los cat\u00f3licos y los as\u00ed llamados protestantes ortodoxos (diferentes de los protestantes liberales que no admiten ni la revelaci\u00f3n sobrenatural ni la autoridad de la Biblia). Las otras diferencias se conectan con esos dos puntos o se siguen de ellos, del mismo modo que las diferencias entre las diferentes sectas protestantes: se alejan o acercan a la posici\u00f3n cat\u00f3lica seg\u00fan que sean m\u00e1s o menos fieles al principio protestante.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No existe la misma diferencia fundamental entre los cat\u00f3licos y las sectas cristianas orientales, ya que ambas partes admiten la instituci\u00f3n divina y la autoridad divina de la Iglesia, con un sentido m\u00e1s o menos vivo y expl\u00edcito de su infalibilidad e indefectibilidad, y de sus otras prerrogativas de ense\u00f1anza. Pero hay diferencias respecto a los sujetos de la autoridad, a la unidad org\u00e1nica del cuerpo docente, a la infalibilidad del Papa, y a la existencia y naturaleza del desarrollo dogm\u00e1tico en la transmisi\u00f3n de la verdad revelada. Sin embargo, la teolog\u00eda de la tradici\u00f3n no consiste solamente en controversias y discusiones con adversarios. Todo cat\u00f3lico que desee dar raz\u00f3n exacta de su fe y de los principios que profesa se hace frecuentemente preguntas semejantes. \u00bfCu\u00e1l es exactamente la relaci\u00f3n entre la tradici\u00f3n oral y las verdades reveladas de la Biblia; entre el magisterio vivo y las escrituras inspiradas? \u00bfEs posible que nuevas verdades entren a la corriente de la tradici\u00f3n, y qu\u00e9 papel juega el magisterio en relaci\u00f3n con las revelaciones que Dios pueda hacer a\u00fan? \u00bfC\u00f3mo se organiza el magisterio oficial y en qu\u00e9 se basa para reconocer una tradici\u00f3n divina o una verdad revelada? \u00bfCu\u00e1l es su verdadero papel respecto a la tradici\u00f3n? \u00bfCu\u00e1ndo y d\u00f3nde se preserva y transmite la verdad revelada? \u00bfQu\u00e9 le acontece al dep\u00f3sito de la tradici\u00f3n durante su transmisi\u00f3n a trav\u00e9s de las \u00e9pocas? Estas y otras preguntas semejantes se tratan en otras partes de la ENCICLOPEDIA CAT\u00d3LICA, pero debemos separar y agrupar todas las que hacen referencia a la tradici\u00f3n y al magisterio vivo en cuanto que \u00e9ste es el \u00f3rgano de preservaci\u00f3n y transmisi\u00f3n de la tradici\u00f3n y de la verdad revelada.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">He aqu\u00ed los puntos que hemos de tratar:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La existencia de una tradici\u00f3n divina que no est\u00e1 contenida en la Sagrada Escritura, y la instituci\u00f3n divina del magisterio vivo para defender y transmitir la verdad revelada y la prerrogativa de ese magisterio.<br \/>\nLa relaci\u00f3n de la Escritura con el magisterio vivo, y de \u00e9ste con la Escritura.<br \/>\nEl modo correcto de la existencia de la verdad revelada en la mente de la Iglesia y de la manera de reconocer esa verdad.<br \/>\nLa organizaci\u00f3n y el ejercicio del magisterio vivo, su papel preciso en la defensa y transmisi\u00f3n de la verdad revelada; sus l\u00edmites y modos de acci\u00f3n.<br \/>\nLa identidad de la verdad revelada en la multitud de f\u00f3rmulas, sistematizaci\u00f3n y desarrollo dogm\u00e1tico; la identidad de la fe en la Iglesia y a trav\u00e9s de las variaciones de la teolog\u00eda.<br \/>\nUn tratamiento completo de esas cuestiones requerir\u00eda un desarrollo muy largo; aqu\u00ed s\u00f3lo se puede dar una breve descripci\u00f3n. El lector deber\u00e1 referirse a trabajos especializados para una explicaci\u00f3n m\u00e1s completa (En especial al cap\u00edtulo segundo de la 1\u00aa. Parte del Nuevo Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica y al documento Dei Verbum, del Concilio Vaticano II. N.T.).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">I. Tradiciones divinas no contenidas en la Escritura. Instituci\u00f3n del magisterio vivo. Sus prerrogativas\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los ataques de Lutero contra la Iglesia se refirieron al principio solamente a detalles doctrinales, pero la misma autoridad de la Iglesia se involucr\u00f3 en la disputa, como qued\u00f3 pronto evidente a ambas partes. Ello hizo que la controversia se prolongara por muchos a\u00f1os, terminando por dirigirse a puntos particulares de la ense\u00f1anza tradicional m\u00e1s que a la autoridad para ense\u00f1ar, y las armas principales fueron los textos b\u00edblicos. El Concilio de Trento, aunque implicaba en sus decisiones y anatemas la autoridad del magisterio vivo (que los mismos protestantes no osaban negar expl\u00edcitamente), mientras citaba la tradici\u00f3n eclesi\u00e1stica y el sentido de la Iglesia para la determinaci\u00f3n del canon o para la interpretaci\u00f3n de algunos pasajes de la Sagrada Escritura, mientras establec\u00eda una regla para interpretar los asuntos b\u00edblicos, nunca se pronunci\u00f3 expl\u00edcitamente en lo relativo a la autoridad docente. Se content\u00f3 con decir que la verdad revelada se encuentra en los libros sagrados y en tradici\u00f3n no escrita que viene de Dios a trav\u00e9s de los ap\u00f3stoles; esas eran las fuentes en las que se habr\u00eda de fundar. Como es evidente, el Concilio sosten\u00eda que hay tradiciones divinas que no est\u00e1n contenidas en la Sagrada Escritura, revelaciones hechas a los ap\u00f3stoles ya sea oralmente por Jesucristo, ya por inspiraci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo y transmitida por los ap\u00f3stoles a la Iglesia. La Sagrada Escritura no es por tanto la \u00fanica fuente teol\u00f3gica de la revelaci\u00f3n hecha por Dios a su Iglesia. Junto a la Escritura est\u00e1 la tradici\u00f3n; junto a la revelaci\u00f3n escrita hay una revelaci\u00f3n oral. En este contexto, es imposible quedar satisfecho con s\u00f3lo la Biblia para solucionar todas las cuestiones dogm\u00e1ticas. Ello constituy\u00f3 el primer campo de controversia entre los te\u00f3logos cat\u00f3licos y los reformistas. La designaci\u00f3n de la tradici\u00f3n divina no escrita no siempre fue hecha con la claridad deseada, especialmente en los primeros tiempos. Sin embargo los apologistas cat\u00f3licos pronto probaron a los protestantes que para ser l\u00f3gicos y consistentes deb\u00edan admitir como reveladas las tradiciones no escritas. Si no fuera as\u00ed \u00bfporqu\u00e9 descansan en domingo y no en s\u00e1bado? \u00bfC\u00f3mo pueden considerar v\u00e1lido el bautismo de ni\u00f1os, o el bautismo por infusi\u00f3n? \u00bfC\u00f3mo pueden ellos admitir los juramentos si Cristo nos recomend\u00f3 que no jur\u00e1ramos para nada? Los cu\u00e1queros son m\u00e1s l\u00f3gicos pues rechazan cualquier juramento. Igual los anabaptistas, pues bautizan de nuevo a los adultos, o los sabatistas pues descansan en s\u00e1bado. Pero ninguno es tan consistente que no est\u00e9 abierto al criticismo en alg\u00fan punto. \u00bfD\u00f3nde dice en la Biblia que la Biblia es la \u00fanica fuente de fe? Si vamos m\u00e1s lejos, los apologistas cat\u00f3licos mostraron a sus oponentes que no podr\u00edan tener un canon aut\u00e9ntico de la misma Biblia, a la que ellos se refieren como \u00fanica fuente, ni garant\u00eda suficiente, sin una autoridad distinta de la Biblia. Calvino esquiv\u00f3 la cr\u00edtica mencionando un cierto sabor por el que la palabra divina se manifiesta, en forma parecida a como el paladar reconoce la miel. De hecho esa fue la \u00fanica laguna: Calvino afirm\u00f3 que ninguna autoridad humana pod\u00eda ser aceptada en ese asunto. Claro que ello constituye un criterio muy subjetivo y demanda precauci\u00f3n. Los protestantes no quisieron adherirse a \u00e9l. Finalmente, una vez rechazada la tradici\u00f3n divina recibida de los ap\u00f3stoles por la Iglesia infalible, ellos decidieron apoyar su fe \u00fanicamente en la Biblia en cuanto autoridad humana, lo cual era claramente insuficiente dadas las circunstancias, ya que abr\u00eda toda clase de dudas y preparaba el camino para el racionalismo b\u00edblico. De hecho nunca habr\u00e1 suficiente garant\u00eda para el canon de las escrituras, ni para su inspiraci\u00f3n total, ni para su infalibilidad, si no se le busca en un testimonio divino que, al no estar amplia y claramente contenido en los libros sagrados, ni siendo f\u00e1cilmente discernible en el escrutinio de los acad\u00e9micos, que son s\u00f3lo acad\u00e9micos, no llega a nosotros con la misma garant\u00eda que aportar\u00eda si fuese transmitido por una autoridad asistida divinamente cual es, seg\u00fan los cat\u00f3licos, la autoridad del magisterio vivo de la Iglesia. Tal es la forma como los cat\u00f3licos demuestran a los protestantes que debe existir una tradici\u00f3n divina no contenida en la Sagrada Escritura. Igualmente les demuestran que es imposible no tener una autoridad docente, un magisterio vivo con autoridad de origen divino para solucionar controversias que surjan entre ellos y de las que frecuentemente la Biblia es la causa. La experiencia ha probado que cada hombre encuentra en la Biblia lo que desea encontrar, como lo dijo uno de los primeros reformistas: \u00abHic liber est in quo quaerit sua dogmata quisque, invenit et pariter dogmata quisque sua.\u00bb Una persona encuentra la presencia divina, otro una simple presencia simb\u00f3lica, otro una cierta forma de presencia eficaz. El ejercicio de la libre interpretaci\u00f3n en lo concerniente a los textos b\u00edblicos conduce a disputas interminables, a la anarqu\u00eda doctrinal y, finalmente, a la negaci\u00f3n de todo dogma. De acuerdo a la intenci\u00f3n divina, tales disputas, anarqu\u00eda doctrinal y negaci\u00f3n no deben existir. De ah\u00ed la necesidad de una autoridad competente que resuelva las controversias e interprete la Biblia. Afirmar que la Biblia es perfectamente clara y suficiente para todos fue indudablemente una expresi\u00f3n de desesperaci\u00f3n, contraria a la experiencia y el sentido com\u00fan. Los cat\u00f3licos la refutaron sin dificultad y su posici\u00f3n qued\u00f3 m\u00e1s que justificada cuando los protestantes se empezaron a involucrar con los poderes civiles y a rechazar la autoridad doctrinal del magisterio eclesi\u00e1stico para recaer en la de los pr\u00edncipes. M\u00e1s a\u00fan, bastaba ver la Biblia, leerla sin prejuicios, para notar que la econom\u00eda de la predicaci\u00f3n cristiana era una de ense\u00f1anza oral. Cristo predic\u00f3, no escribi\u00f3. En su predicaci\u00f3n \u00c9l hacia menci\u00f3n de la Biblia, pero no se conformaba con su mera lectura; la explicaba y la interpretaba, la utiliz\u00f3 en su ense\u00f1anza, pero no la sustituy\u00f3 con su ense\u00f1anza. Existe el ejemplo del misterioso viajero que explic\u00f3 a los disc\u00edpulos de Emmaus lo que hac\u00eda referencia a si mismo en las Escrituras para convencerlos de que el Cristo deb\u00eda sufrir para entrar en su gloria. Y tal como \u00c9l predic\u00f3, as\u00ed envi\u00f3 a sus ap\u00f3stoles a predicar. No los envi\u00f3 a escribir sino a ense\u00f1ar, y fue a trav\u00e9s de la predicaci\u00f3n y la ense\u00f1anza oral que ellos instruyeron a las naciones para traerlas a la fe. Fue algo incidental el que algunos de ellos hayan escrito por inspiraci\u00f3n divina. No escribieron por simple af\u00e1n de escribir, sino para complementar su ense\u00f1anza oral cuando no pod\u00edan explicarla o clarificarla personalmente, o resolver problemas pr\u00e1cticos. San Pablo, el ap\u00f3stol que m\u00e1s escribi\u00f3, nunca pens\u00f3 en escribir todo, ni en substituir su ense\u00f1anza oral con sus escritos. Por \u00faltimo, los mismos textos que nos muestran a Cristo instituyendo su Iglesia y a los ap\u00f3stoles fundando comunidades y extendiendo la doctrina de Cristo al mundo nos describen una Iglesia dotada de autoridad para ense\u00f1ar; los mismos ap\u00f3stoles afirman tener esa autoridad, y con ella env\u00edan a otros del mismo modo come ellos hab\u00edan sido enviados por Cristo, y como Cristo hab\u00eda sido enviado por Dios, siempre con el poder de ense\u00f1ar la doctrina y de gobernar la Iglesia y bautizar. Quien creyera en ellos se salvar\u00eda; quien los rechazara se condenar\u00eda. San Pablo nos dice que es la Iglesia viva y no la escritura lo que constituye el pilar y el terreno firme de la verdad. De los textos y de los hechos se puede inferir la naturaleza exacta de la realidad. Ning\u00fan libro, as\u00ed sea inspirado y divino, existe para explicarse a si mismo. Si es obscuro (y cualquier persona sin prejuicios sabe que hay oscuridades en la Biblia) debe ser interpretado. Y aunque fuese claro, no por ello tiene garant\u00eda de ser inspirado por la divinidad, ni de su autenticidad, ni de su valor. Alguien debe ponerlo al alcance de la gente, y el creyente no encontrar\u00e1 en \u00e9l el objeto de su fe hasta que no haya hecho un acto de fe en la autoridad intermedia entre la Palabra de Dios y su lectura. Ahora bien, si se trata de comparar autoridades, \u00bfno es m\u00e1s confiable la de la Iglesia que la de cualquier advenedizo? Los protestantes liberales como M. Auguste Sabatier han sido los primeros en reconocer que el sistema cat\u00f3lico, con su maravillosa organizaci\u00f3n del magisterio vivo, manifiesta una autoridad mayor que la del sistema protestante que s\u00f3lo descansa en la autoridad de un libro.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los textos ponen de manifiesto las prerrogativas de esta autoridad docente, que tambi\u00e9n est\u00e1n impl\u00edcitas en la misma instituci\u00f3n. Seg\u00fan la carta de san Pablo a Timoteo, la Iglesia es el pilar y la base de la verdad; los ap\u00f3stoles y, consecuentemente, sus sucesores, tienen el derecho de imponer su doctrina. Quienes la rechazan ser\u00e1n condenados. Quienquiera que la rechace ha naufragado en la fe. La autoridad es, por tanto, infalible. Y tal infalibilidad est\u00e1 garantizada impl\u00edcita pero directamente en la promesa del Salvador: \u00abMiren, estoy con ustedes todos los d\u00edas hasta la consumaci\u00f3n de los siglos\u00bb. En breve, la Iglesia contin\u00faa la misi\u00f3n de Cristo de ense\u00f1ar, as\u00ed como la misi\u00f3n de santificar. Su poder es la misma que \u00c9l recibi\u00f3 de su padre, y as\u00ed como \u00c9l vino lleno tanto de gracia como de verdad, la Iglesia es una instituci\u00f3n de verdad y de gracia. Su doctrina debe ser extendida por todo el mundo a pesar de tantas dificultades. El cumplimiento de esa misi\u00f3n ha requerido de milagros, de modo que Cristo dio a sus ap\u00f3stoles la fuerza milagrosa que garantizaba su ense\u00f1anza. De mismo modo que \u00c9l confirmaba sus palabras con sus obras, as\u00ed desea \u00c9l que los disc\u00edpulos apoyen su doctrina con motivos excepcionales de credibilidad. Sus milagros eran los sellos divinos de su misi\u00f3n y la de sus ap\u00f3stoles. El sello divino siempre se ha estampado sobre la autoridad de magisterio. No hace falta que cada misionero haga milagros, la Iglesia misma es un milagro viviente que lleva en su frente el testimonio excepcional de que Dios est\u00e1 con ella.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">II. La relaci\u00f3n de la Escritura con el magisterio vivo y del magisterio vivo con la Escritura\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta relaci\u00f3n es igual a la que existe entre el Evangelio y la predicaci\u00f3n apost\u00f3lica. Cristo utiliz\u00f3 la Biblia; la cit\u00f3 como una autoridad irrefutable; la explic\u00f3 y la interpret\u00f3. Y cuando ella iluminaba su propia doctrina y misi\u00f3n, nos dej\u00f3 una clave para su interpretaci\u00f3n. Lo mismo hicieron los ap\u00f3stoles cuando hablaban con los jud\u00edos. Ambas partes ten\u00edan acceso a la Sagrada Escritura a trav\u00e9s de un texto admitido por todos. Ambos reconoc\u00edan en las Escrituras la autoridad divina, la verdadera palabra de Dios. Los fieles segu\u00edan este mismo procedimiento en sus estudios y discusiones. Pero siempre fue necesario comenzar por presentar la Biblia y garantizar su autoridad cuando se trataba de hablar con los no creyentes. La doctrina cristiana referente a la Biblia ten\u00eda que ser explicada, y demostrada la garant\u00eda de esa doctrina, inclusive a los creyentes. La Biblia ha sido encomendada al cuidado del magisterio vivo. Corresponde a la Iglesia guardar la Biblia, presentarla a los fieles en ediciones autorizadas y traducciones precisas. Es misi\u00f3n de la Iglesia dar a conocer la naturaleza y el valor del libro sagrado a trav\u00e9s de declarar que est\u00e1 cierta de su inspiraci\u00f3n e infalibilidad. Ella debe proveer la clave de su entendimiento explicando c\u00f3mo y porqu\u00e9 fue inspirada la Biblia; en qu\u00e9 forma contiene la revelaci\u00f3n. Igualmente, explicar que el objeto propio de la revelaci\u00f3n no es una simple instrucci\u00f3n humana, sino una doctrina religiosa y moral orientada hacia nuestro destino sobrenatural y los medios para alcanzarlo; en qu\u00e9 forma se pueden encontrar bajo la corteza de la letra, significados, figuras y profec\u00edas t\u00edpicas que hacen del Antiguo Testamento una preparaci\u00f3n y anuncio del Mes\u00edas y de la nueva alianza. En consecuencia, le corresponde a la Iglesia determinar el canon aut\u00e9ntico y especificar las reglas y condiciones para la interpretaci\u00f3n; de determinar, en caso de duda, el sentido exacto de alg\u00fan libro o texto. Cuando sea necesario, debe salvaguardar incluso el valor hist\u00f3rico, prof\u00e9tico o apolog\u00e9tico de alg\u00fan texto o pasaje. En ciertas cuestiones referentes a autenticidad, cronolog\u00eda, ex\u00e9gesis y traducci\u00f3n debe tambi\u00e9n pronunciarse por el rechazo de opiniones que comprometan la autoridad de alg\u00fan libro o la veracidad de su doctrina, o por sostener alg\u00fan cuerpo de doctrina contenido en un texto dado. Sobre todo ha sido siempre propio de la Iglesia hacer circular el Libro Sagrado acu\u00f1ando su doctrina, adapt\u00e1ndola y explic\u00e1ndola, ofreci\u00e9ndola a los fieles como alimento de sus almas, complementando brevemente el libro mismo, utiliz\u00e1ndolo y ense\u00f1ando a otros a utilizarlo. Esa ser\u00eda la deuda que la Escritura tiene con el magisterio vivo. Aunque m\u00e1s debe el magisterio vivo a la Escritura, pues en ella encuentra la palabra de Dios, reci\u00e9n pronunciada- por as\u00ed decirlo-, seg\u00fan fue expresada por el autor inspirado bajo designio divino. Mientras que la tradici\u00f3n oral, aunque fielmente transmite la verdad revelada con asistencia divina, sin embargo la transmite solamente en f\u00f3rmulas humanas. En cierta medida, en forma que trasciende cualquier duda, la Escritura nos da una expresi\u00f3n humana de la verdad que presenta, dado que es elaborada por medio del cerebro humano actuando humanamente, pero, tambi\u00e9n en cierta medida, nos presenta una expresi\u00f3n divina ya que ese desarrollo humano tiene lugar bajo la acci\u00f3n de Dios. As\u00ed que, guardadas las debidas proporciones, se puede decir de la palabra inspirada lo que Cristo dijo de la suya propia: \u00abEs esp\u00edritu y vida\u00bb. En forma divergente de la interpretaci\u00f3n protestante, que a veces llega a deificar la Biblia, nosotros tambi\u00e9n admitimos que Dios nos habla a trav\u00e9s de la Biblia m\u00e1s directamente que a trav\u00e9s de la ense\u00f1anza oral. Esta \u00faltima, sin embargo, siempre fiel a las recomendaciones que Pablo hizo a su disc\u00edpulo Timoteo, nunca deja de fundamentarse en las fuentes b\u00edblicas para su instrucci\u00f3n y sacar de ah\u00ed la doctrina divina, una doctrina segura, siempre joven; una perenne expresi\u00f3n de esa doctrina, m\u00e1s adecuada que cualquier otra a pesar de la inevitable inadecuaci\u00f3n de las f\u00f3rmulas humanas a la realidad divina. En las manos de los maestros, la Sagrada Escritura puede convertirse en arma poderosa para la defensa y ataque contra la herej\u00eda. Cuando aparece una controversia, siempre se recurre primero a la Biblia. Con frecuencia, cuando se encuentran textos decisivos, los maestros los manejan h\u00e1bilmente y de tal modo que ponen de manifiesto su fuerza irresistible. Si no se encuentra texto alguno con la claridad necesaria, no se abandona sin embargo el recurso a la Sagrada Escritura. Guiado por el sentido claro de la verdad viva y luminosa que lleva en si mismo, por su semejanza con la fe a la que defiende contra el error bajo la asistencia divina, el magisterio vivo se esfuerza, explica, arguye y, ocasionalmente, matiza para hacer valer textos que, carentes por si mismos de un valor absoluto e independiente, adquieren una fuerza ad hominem, o valor, gracias a la autoridad del int\u00e9rprete aut\u00e9ntico. El pensamiento de \u00e9ste, a su vez, aunque en si mismo puede no estar contenido en la Escritura, s\u00ed queda claramente definido en su manejo de la Escritura, por su contacto con ella.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es claro que no se trata aqu\u00ed de alg\u00fan significado que no est\u00e9 en la Escritura pero al que el magisterio quiera hacer ver como si estuviera en la Escritura. Algunos escritores, individualmente, s\u00ed han hecho eso, porque como individuos s\u00ed son falibles. Pero nunca ha sido ese el caso del magisterio aut\u00e9ntico. Se trata sencillamente del beneficio que el magisterio saca de la Escritura ya para alcanzar una m\u00e1s clara conciencia de su propio pensamiento, ya para formularlo en t\u00e9rminos solemnes, ya para rechazar triunfalmente una opini\u00f3n a favor del error o la herej\u00eda. La Iglesia es infalible en lo tocante a la interpretaci\u00f3n b\u00edblica propiamente dicha en el sentido de que si por decisi\u00f3n del Papa o del concilio, o en su ense\u00f1anza, ella afirma que un cierto pasaje de la Escritura tiene determinado sentido, ese sentido debe verse como el verdadero respecto a dicho pasaje. La Iglesia afirma que el poder de la infalibilidad de interpretaci\u00f3n s\u00f3lo le compete en asuntos de moral o de doctrina, o sea, cuando la verdad moral o religiosa est\u00e1 en peligro directamente, si el texto o pasaje pertenece al orden moral o religioso, o indirectamente, si al atribuir un significado a un texto o libro la veracidad de la Biblia, su valor moral o, el dogma que en \u00e9l se inspira, su infalibilidad, est\u00e1n amenazadas. Sin adentrarse m\u00e1s en los m\u00faltiples servicios que la Biblia presta al magisterio vivo, se debe mencionar, empero, el que presta en el orden apolog\u00e9tico. De hecho, la Escritura por su valor hist\u00f3rico, indisputable e indiscutido en muchos aspectos, provee al apologista con argumentos irrefutables para apoyar la religi\u00f3n sobrenatural. Por ejemplo, contiene milagros cuya realidad es tan cierta para el historiador como puede ser cualquiera otro dato hist\u00f3rico reconocido. Esto se aplica verdaderamente y quiz\u00e1s con mayor raz\u00f3n, de los argumentos sacados de las profec\u00edas. Pues las Escrituras, tanto en el antiguo como en el nuevo testamentos, contienen profec\u00edas cuyo cumplimiento nosotros observamos en Cristo y sus ap\u00f3stoles o en el desarrollo posterior de la Iglesia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En vista de todo lo anterior se entiende f\u00e1cilmente porqu\u00e9 la Iglesia, desde tiempos de San Pablo, ha venido recomendando a sus ministros el estudio de las Sagradas Escrituras y ha estado celosamente atenta a su transmisi\u00f3n integral, su traducci\u00f3n exacta y su fiel interpretaci\u00f3n. Si ocasionalmente la Iglesia se ha mostrado restrictiva en el uso de la Escritura, o en su difusi\u00f3n, es tambi\u00e9n debido a un f\u00e1cilmente comprensible amor y estima de la Biblia. El libro sagrado no debe ser tomado como objeto de simple curiosidad, de interminable debate o de abuso de cualquier clase. En breve, ya que la Iglesia finalmente prueba ser la mejor salvaguarda de la raz\u00f3n humana en contra de sus propios excesos, as\u00ed mismo se muestra, con el aval de protestantes sinceros, como la mejor defensora de la Biblia en contra de un biblicismo desenfrenado o de un criticismo ilimitado.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">III. El modo propio de existencia de la verdad revelada seg\u00fan la mente de la Iglesia y la forma de reconocer esta verdad\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hay un principio com\u00fan de la ense\u00f1anza cristiana (aprendido del mismo San Pablo) que dice que la verdad tradicional fue confiada a la Iglesia como un dep\u00f3sito que ella debe guardar y transmitir fielmente, tal como lo recibi\u00f3, sin quitar ni a\u00f1adir cosa alguna. Este principio expresa muy bien uno de los aspectos de la tradici\u00f3n y una de las tareas principales del magisterio vivo. Pero la idea del dep\u00f3sito no nos debe hacer perder de vista la manera en la que la verdad tradicional vive y es transmitida en la Iglesia. El dep\u00f3sito no es una cosa inanimada que pueda pasar de mano en mano. Tampoco es, hablando apropiadamente, un conjunto de doctrinas e instituciones consignadas en libros u otros monumentos. Los libros y los monumentos son medios, \u00f3rganos de transmisi\u00f3n, pero no son, estrictamente hablando, la tradici\u00f3n misma. Para mejor entender esto se debe representar como una corriente de vida y verdad que mana de Dios, a trav\u00e9s de Cristo y de los ap\u00f3stoles, hasta el \u00faltimo de los fieles que repite el credo y aprende el catecismo. Este concepto de tradici\u00f3n no es siempre tan claro a la primera vista. Empero, se debe llegar a \u00e9l si se quiere formar una idea clara de ella. Podemos intentar explic\u00e1rnosla del siguiente modo: todos somos conscientes de un conjunto de ideas u opiniones que viven en nuestra mente y que forman parte de la vida de nuestra mente. A veces encuentran su expresi\u00f3n correcta; a veces nos encontramos sin una forma adecuada de expresarlas a nosotros mismos o a los dem\u00e1s. Toda idea busca siempre su expresi\u00f3n, a veces actuando sobre nosotros y llev\u00e1ndonos a acciones de las que apenas somos conscientes reflexivamente. Algo semejante se podr\u00eda decir de las ideas u opiniones que parecen vivir y provocar sentimientos sociales en la gente, en las familias o en cualquier otro grupo para formar ah\u00ed el esp\u00edritu del d\u00eda, de la familia, de un pueblo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este sentimiento com\u00fan equivale, en cierto sentido, a la suma de los sentimientos individuales y sin embargo tenemos la clara impresi\u00f3n de que se trata de algo muy distinto al sentimiento individual tomado individualmente. Es algo sabido por la experiencia que hay un sentimiento com\u00fan, algo parecido a un esp\u00edritu com\u00fan, y que ese esp\u00edritu com\u00fan es el albergue de ciertas ideas y opiniones que son, ni duda cabe, compartidas por todo hombre, pero que adoptan una expresi\u00f3n peculiar en cada persona en cuanto son ideas y opiniones de todos. La existencia de la tradici\u00f3n en la Iglesia debe verse como algo que vive en el esp\u00edritu y en el coraz\u00f3n, y que de ah\u00ed se traduce en actos, expresados en palabras o escritos pero que no manifiestan el sentimiento individual de cada fiel sino el com\u00fan de la Iglesia; el sentimiento de los fieles. O sea, de todos aquellos que viven la vida de la Iglesia y est\u00e1n en comuni\u00f3n de pensamiento entre si y con ella. La idea viva es la idea de todos, es la idea de los individuos pero no en cuanto son individuos sino en cuanto son parte del mismo cuerpo social. Esto constituye la peculiaridad del sentimiento de la Iglesia: que est\u00e1 toda bajo la acci\u00f3n de la gracia. De ello se sigue que dicho sentimiento no es sujeto, a diferencia del de los dem\u00e1s grupos humanos, a error, descuido o tendencias culpables. El Esp\u00edritu de Dios, que vive siempre en su Iglesia, sostiene ese sentimiento de verdad revelada que permanece en ella.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cualquier tipo de documento (escrito, monumento) puede ser, en manos de los expertos, as\u00ed como de los fieles, un medio de encontrar o reconocer la verdad revelada a la Iglesia bajo la direcci\u00f3n de sus pastores. Entre el magisterio vivo de la Iglesia y los documentos escritos hay una relaci\u00f3n semejante a la que se da, proporcionalmente hablando, entre la Escritura y el magisterio vivo. En ellos se encuentra el pensamiento tradicional expresado de acuerdo a los diferentes ambientes y circunstancias, que no son ya expresados en lenguaje inspirado como en el caso de las Escrituras, sino en uno puramente humano, sujeto consecuentemente a las imprecisiones y defectos del pensamiento humano. No obstante, entre m\u00e1s se acerca el documento a la expresi\u00f3n exacta del pensamiento vivo de la Iglesia, m\u00e1s posee el valor y la autoridad que pertenecen a ese pensamiento, pues se convierten en mejor expresi\u00f3n de la tradici\u00f3n. A menudo f\u00f3rmulas antiguas han entrado al flujo de la tradici\u00f3n y se han convertido en f\u00f3rmulas oficiales de la Iglesia. De ah\u00ed se entiende que el magisterio vivo escruta el pasado tanto en busca de autoridades que favorezcan el pensamiento presente para defenderlo en contra de ataques o mutilaciones, tanto en busca de luz bajo la cual caminar sin distracci\u00f3n en el verdadero camino. El pensamiento de la Iglesia es esencialmente tradicional, y el magisterio vivo, al tomar conocimiento de antiguas f\u00f3rmulas de ese pensamiento, re\u00fane para si su fuerza y se prepara para dar a la verdad inmutable una expresi\u00f3n nueva que estar\u00e1 en armon\u00eda con las circunstancias del d\u00eda actual y dentro del alcance de la mente contempor\u00e1nea. La verdad revelada ha encontrado f\u00f3rmulas definitivas desde los primeros tiempos. En esos casos el magisterio s\u00f3lo tiene que preservarlas, explicarlas y ponerlas en circulaci\u00f3n. A veces los intentos por expresar la verdad revelada han sido fallidos. Ha sucedido incluso que al intentar expresar la verdad revelada en t\u00e9rminos de alguna filosof\u00eda, o de fundirla con alguna corriente del pensamiento actual, se ha distorsionado tanto que es dif\u00edcil reconocerla o est\u00e1 tan entremezclada con el error que es dif\u00edcil separarla. Cuando la Iglesia estudia los antiguos monumentos de su fe ella manda al pasado el reflejo de su pensamiento vivo y presente, y por simpat\u00eda de la verdad de hoy con la de ayer la Iglesia puede reconocer entre las obscuridades e imprecisiones de las f\u00f3rmulas antiguas las partes de la verdad tradicional, aunque est\u00e9n mezcladas de error. Tambi\u00e9n es la Iglesia (en la doctrina religiosa y moral) la mejor int\u00e9rprete de documentos. Ella reconoce como por instinto lo que pertenece a su pensamiento vivo y lo distingue de los elementos for\u00e1neos que se le hayan podido pegar en el curso de los siglos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El magisterio vivo, por tanto, hace uso extenso de documentos del pasado, pero lo hace interpretando y juzgando, contento de encontrar en ellos su pensamiento actual. De la misma manera, cuando es necesario, lo hace distinguiendo su pensamiento actual de lo que s\u00f3lo en apariencia es tradicional. Es siempre la verdad revelada, viva en la mente de la Iglesia o, si se prefiere, el pensamiento actual de la Iglesia en continuidad con su pensamiento tradicional, lo que constituye el criterio final seg\u00fan el cual el magisterio vivo adopta como verdadero o rechaza como falso las f\u00f3rmulas frecuentemente obscuras y confusas que aparecen en los documentos del pasado. As\u00ed se explican tanto su respeto por los escritos de los Padres de la Iglesia como su total independencia de los mismos; los juzga m\u00e1s que permite ser juzgada por ellos. Harnack ha dicho que la Iglesia est\u00e1 acostumbrada a ocultar su evoluci\u00f3n y borrar mientras pueda las diferencias entre sus pensamientos presente y pasado a base de condenar como her\u00e9ticos a los m\u00e1s fieles testigos de lo que en un tiempo fue ortodoxo. Por no entender lo que es la tradici\u00f3n, el pensamiento siempre vivo de la Iglesia, ese autor cree que la Iglesia aborrece su propio pasado cuando lo que hace es simplemente distinguir entre lo que era una verdad tradicional en el pasado y lo que era mezcla humana en esa verdad; la opini\u00f3n personal de un autor que se presentaba en vez del pensamiento general de la comunidad cristiana. En cuanto a documentos oficiales, la expresi\u00f3n del magisterio infalible de la Iglesia encarnado en las decisiones de los concilios o en los juicios solemnes de los papas, la Iglesia nunca contradice lo que ya ha decidido una vez. Ella est\u00e1 vinculada con su pasado porque en \u00e9l est\u00e1 fundada la totalidad de si misma, no solamente alguna parte falible de su pensamiento. De ah\u00ed que ella a\u00fan encuentre su doctrina y reglas de fe en esos venerables monumentos. Las f\u00f3rmulas pueden haberse hecho viejas, pero la verdad que expresan constituye siempre su pensamiento actual.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">IV. La organizaci\u00f3n y el ejercicio del magisterio vivo. Su papel espec\u00edfico en la defensa y transmisi\u00f3n de la verdad revelada: Sus l\u00edmites y modos de acci\u00f3n\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un estudio m\u00e1s puntual del magisterio vivo nos permitir\u00e1 comprender mejor el espl\u00e9ndido organismo creado por Dios, y gradualmente desarrollado, para que pudiera preservar, transmitir, y hacer del alcance de todos la verdad revelada, perennemente igual, pero adaptada a los cambios temporales, de circunstancias y medios. Hablando con propiedad, este magisterio constituye una autoridad docente pues no s\u00f3lo presenta la verdad, sino que tiene derecho a imponerla, dado que su poder es el mismo que Dios dio a Cristo y Cristo a la Iglesia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta autoridad es llamada la Iglesia docente. La Iglesia docente esta esencialmente compuesta del cuerpo episcopal, que contin\u00faa aqu\u00ed en la tierra el trabajo del Colegio Apost\u00f3lico. Ciertamente fue en forma de colegio, o cuerpo social, que Cristo agrup\u00f3 a sus ap\u00f3stoles, as\u00ed como es un cuerpo social por el que el episcopado ejerce su misi\u00f3n de ense\u00f1ar. La infalibilidad doctrinal se le ha garantizado al cuerpo episcopal y a la cabeza de ese cuerpo, del mismo modo como fue garantizado a los ap\u00f3stoles, con la diferencia, sin embargo, entre los ap\u00f3stoles y los obispos, que cada ap\u00f3stol era personalmente infalible (en virtud de su misi\u00f3n extraordinaria como fundador y de la plenitud del Esp\u00edritu Santo recibido en Pentecost\u00e9s por los Doce y luego comunicado a San Pablo), mientras que s\u00f3lo el cuerpo de los obispos es infalible, no as\u00ed cada obispo en particular, excepto en la medida en que cada uno ense\u00f1e en comuni\u00f3n y concierto con todo el cuerpo episcopal. A la cabeza del cuerpo episcopal est\u00e1 la suprema autoridad del pont\u00edfice romano, sucesor de San Pedro en el primado tal como es su sucesor en su sede. Como autoridad suprema del cuerpo docente, que es infalible, el papa tambi\u00e9n es infalible. El cuerpo episcopal es infalible, pero s\u00f3lo en uni\u00f3n con su cabeza, de la cual no se puede separar porque equivaldr\u00eda a separarse del fundamento sobre el cual est\u00e1 construida la Iglesia. La autoridad del papa puede ejercitarse sin la cooperaci\u00f3n de los obispos, incluso en decisiones infalibles a las cuales obispos y fieles deben prestar la misma obediencia. Se puede ejercitar la autoridad episcopal de dos formas: ya ense\u00f1ando individualmente al reba\u00f1o que se le confi\u00f3 a cada obispo, ya ense\u00f1ando los obispos reunidos en concilio para formar doctrina o decretos disciplinarios. Cuando todos los obispos del mundo cat\u00f3lico (esta totalidad debe entenderse moralmente; basta que toda la Iglesia est\u00e9 representada) se re\u00fanen en concilio, \u00e9ste se llama ecum\u00e9nico. Los decretos doctrinales de un concilio ecum\u00e9nico, una vez que son aprobados por el papa, son infalibles del mismo modo que lo son las definiciones ex cathedra del soberano pont\u00edfice. Aunque los obispos individualmente no son infalibles, su ense\u00f1anza participa de la infalibilidad de la Iglesia en la medida en que ense\u00f1en en concierto y en uni\u00f3n con el cuerpo episcopal, o sea, cuando no expresan opiniones personales sino el pensamiento aut\u00e9ntico de la Iglesia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Junto al soberano pont\u00edfice est\u00e1n las congregaciones romanas, muchas de las cuales est\u00e1n involucradas especialmente con cuestiones doctrinales. Algunas de ellas, tales como la Congregaci\u00f3n del \u00cdndice (creada en 1571 por el papa Pio V y abolida en 1917 por Benedicto XV; sus funciones son desempe\u00f1adas actualmente por la Congregaci\u00f3n para la Doctrina de la Fe, creada por Paulo VI en 1967. N.T.), no lo est\u00e1n tanto m\u00e1s que desde el punto de vista disciplinario, prohibiendo la lectura de ciertos libros considerados peligrosos a la fe o la moral, o por la doctrina misma que contienen, al menos por la forma en que la expresan o por su necedad. Otras congregaciones, la de la Inquisici\u00f3n (la primera en ser creada, en 1542, por Paulo III, yr posteriormente substituida por otras; sus funciones, o aquellas que siguen vigentes, son desempe\u00f1adas por la Congregaci\u00f3n para la Doctrina de la Fe. N.T.), por ejemplo, tienen una mayor autoridad doctrinal. Tal autoridad nunca es infalible. S\u00ed es, sin embargo, vinculante y exige obediencia religiosa, interna y externa. Mas la obediencia interior no versa sobre la absoluta verdad o falsedad de la doctrina contenida en un decreto. S\u00f3lo puede versar sobre la seguridad o peligro de cierta ense\u00f1anza u opini\u00f3n, dado que el decreto generalmente toma en cuenta solamente la calificaci\u00f3n moral de una doctrina. Para asistirlos en su tarea doctrinal los obispos tienen a todos los que ense\u00f1an por su autoridad y bajo su vigilancia: p\u00e1rrocos y vicarios, profesores en escuelas eclesi\u00e1sticas, en una palabra, todos los que ense\u00f1an y explican la doctrina cristiana.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La ense\u00f1anza teol\u00f3gica en cualquiera de sus formas (en seminarios, universidades, etc.) provee un apoyo valioso a la autoridad docente y a todos los que ense\u00f1an bajo esa autoridad. A trav\u00e9s del estudio de la teolog\u00eda sus maestros han adquirido la sabidur\u00eda necesaria para asistir a la autoridad en el discernimiento de la verdad o falsedad acerca de asuntos doctrinales; de ah\u00ed han sacado lo que ellos pueden ofrecer. Los te\u00f3logos en cuanto tales no forman parte de la Iglesia docente, pero en cuanto expositores profesionales de la verdad revelada que ellos estudian sistem\u00e1ticamente la pueden resumir, sistematizar e iluminar con las luces de la filosof\u00eda, de la historia, etc. Son, por as\u00ed decirlo, los consejeros naturales de la autoridad docente, para proveerle la informaci\u00f3n y datos necesarios. Ellos son quienes preparan, a veces en forma muy directa a trav\u00e9s de sus reportes, sus consultas escritas, sus proyectos o schemata, y sus redacciones preparatorias, los documentos oficiales que finalmente la autoridad docente desarrolla y publica con autoridad. Por otro lado, su trabajo cient\u00edfico es \u00fatil p ara la instrucci\u00f3n de quienes han de expandir y popularizar la doctrina, ponerla en circulaci\u00f3n y adaptarla a todos a trav\u00e9s de palabras y escritos de todo tipo. Queda as\u00ed evidente la maravillosa unidad alcanzada en la ense\u00f1anza eclesial y c\u00f3mo la misma verdad, desde lo m\u00e1s alto, desciende por mil canales diferentes y llega finalmente con la misma inmaculada pureza hasta los m\u00e1s humildes e ignorantes.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este variad\u00edsimo trabajo de exposici\u00f3n cient\u00edfica y de popularizaci\u00f3n y propaganda est\u00e1 tambi\u00e9n apoyado por las incontables formas de ense\u00f1anza religiosa entre las que el catecismo (cuya \u00faltima versi\u00f3n universal es el \u00abCatecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica\u00bb, elaborado a partir de la publicaci\u00f3n de la Constituci\u00f3n Apost\u00f3lica \u00abFidei depositum\u00bb del Papa Juan Pablo II, en 1992. N.T.) tiene un car\u00e1cter de seguridad doctrinal, aprobado por la autoridad docente y buscando \u00fanicamente dejar claras y precisas las ense\u00f1anzas comunes en la Iglesia. De ese modo, el ni\u00f1o que aprende el catecismo puede, previendo que se le informe de ello, reconocer que la doctrina que se le presenta no es la opini\u00f3n personal del catequista voluntario ni del sacerdote que se lo transmiten a \u00e9l. El catecismo es igual en todas las parroquias de una di\u00f3cesis, a pesar de que puede haber peque\u00f1as diferencias de detalles sin trascendencia en el catecismo que ense\u00f1an todas las di\u00f3cesis de un pa\u00eds. Las diferencias entre los catecismos de varios pa\u00edses son tan leves que pasan desapercibidas. Es genuinamente la mente de la Iglesia recibida de Dios o Cristo y transmitida por los ap\u00f3stoles a la sociedad cristiana que, de tal manera, llega incluso a los peque\u00f1os en voz de los catequistas o a los no cristianos en boca del misionero. Esta difusi\u00f3n de la misma verdad a lo ancho del mundo, y esta unidad de la misma fe a trav\u00e9s de todos los pa\u00edses es una maravilla que, por si misma, fuerza al reconocimiento de que Dios est\u00e1 con su Iglesia. Ya desde su \u00e9poca San Ireneo admiraba esa realidad y la expresaba con admiraci\u00f3n en un lenguaje tan brillante y po\u00e9tico como pocas veces se encuentra en la obra del venerable obispo de Lyon. La causa externa y visible de esa difusi\u00f3n y unidad es la maravillosa organizaci\u00f3n del magisterio vivo. Este magisterio no fue instituido para recibir nuevas verdades sino para guardar, transmitir, propagar y preservar la verdad revelada de cualquier mezcla de error, y para hacerla prevalecer. El magisterio no puede ser considerado como algo externo a la comunidad de los fieles. Quienes ense\u00f1an no pueden ni deben ense\u00f1ar sino aquello que ellos mismos aprendieron. Quienes tienen el oficio de maestros han sido escogidos de entre los fieles y antes que nada se les exige que ellos crean lo que ellos ense\u00f1an a los dem\u00e1s. M\u00e1s a\u00fan, los maestros \u00fanicamente proponen a la fe de los creyentes aquellas verdades de las que estos \u00faltimos ya han hecho profesi\u00f3n de fe m\u00e1s o menos expl\u00edcita. A veces por medio del escrutinio del sentimiento com\u00fan de la Iglesia, a veces escudri\u00f1ando los monumentos del pasado, los maestros y te\u00f3logos descubren que tal o cual doctrina, quiz\u00e1s disputada, pertenece sin embargo al dep\u00f3sito de la tradici\u00f3n. En ocasiones los fieles pueden incluso estar inconscientes de que creen en algo pero, si est\u00e1n en uni\u00f3n de pensamiento con la Iglesia, creen impl\u00edcitamente aquello que no saben expresar expl\u00edcitamente como objeto de su fe. As\u00ed pas\u00f3, por ejemplo, en el caso del dogma de la Inmaculada Concepci\u00f3n antes de que fuera incluida en la fe expl\u00edcita de la Iglesia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hay una uni\u00f3n \u00edntima de fe y coraz\u00f3n entre la Iglesia docente y los fieles. La autoridad docente no pierde nada de sus derechos. \u00c9stos est\u00e1n limitados solamente desde arriba por las mismas condiciones del mandato por el que ellos fueron recibidos. Pero el ejercicio de esa autoridad es, por mucho, m\u00e1s cierto y f\u00e1cil cuando los fieles, por decirlo as\u00ed, confirman con su adhesi\u00f3n las decisiones de esa autoridad. Una definici\u00f3n dogm\u00e1tica apenas hace m\u00e1s que sancionar la fe que ya existe en la comunidad cristiana. Los maestros en la Iglesia y los profesores de teolog\u00eda, los m\u00e1s aptos para entender, adaptar y preservar la verdad revelada contra ataques y errores, naturalmente convocan todos los recursos que la ciencia humana ofrece. Las ciencias que tienen un lugar especial en el arsenal del magisterio docente son la filosof\u00eda, la historia, los lenguajes y la filolog\u00eda en todas sus formas. En particular, la filosof\u00eda necesariamente interviene para ayudar en la sistematizaci\u00f3n de la teolog\u00eda y para comprender la verdad revelada, para mejor sintetizar los datos tradicionales y para mejor explicar las ideas dogm\u00e1ticas. En la Edad Media se form\u00f3 una fruct\u00edfera alianza entre la filosof\u00eda escol\u00e1stica y la teolog\u00eda. A veces pasa, sin embargo, que la filosof\u00eda y las otras ciencias parecen estar en contradicci\u00f3n con la teolog\u00eda, la ciencia de la verdad revelada. El conflicto, empero, nunca es invencible, puesto que lo verdadero no se puede oponer a lo verdadero, ni la verdad humana de la filosof\u00eda, ni el conocimiento humano, a la verdad sobrenatural de la teolog\u00eda. Pero el hecho permanece de que las hip\u00f3tesis cient\u00edficas, la ciencia que se busca a si misma, y la filosof\u00eda que se desarrolla a si misma a veces parecen estar en oposici\u00f3n a la verdad revelada (L\u00e9ase la enc\u00edclica \u00abFides et ratio\u00bb de S.S. Juan Pablo II, N.T.). En esos casos la Iglesia tiene, para preservar la verdad tradicional, el derecho de condenar las aseveraciones, opiniones e hip\u00f3tesis que aunque no constituyan rechazos directos, pueden sin embargo amenazarla o exponer a algunas almas a su p\u00e9rdida. La autoridad debe ser prudente en tales condenas y es bien sabido que son raras las ocasiones en que no se hayan hecho con la debida justificaci\u00f3n, pero su derecho a intervenir es indiscutible para todo aquel que admita la instituci\u00f3n divina del magisterio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Existen, en medio de todos los hechos puramente profanos, las opiniones y las verdades reveladas, hechos y opiniones mixtos que, por su propia naturaleza, pertenecen al orden humano pero que est\u00e1n en contacto \u00edntimo y cercana conexi\u00f3n con la verdad sobrenatural. Tales hechos son llamados dogm\u00e1ticos y tales opiniones son llamadas teol\u00f3gicas. La autoridad docente, precisamente en virtud de su propia misi\u00f3n, tiene jurisdicci\u00f3n sobre esos hechos y opiniones. Es una verdad positiva, si no es que revelada, que los hechos dogm\u00e1ticos y las opiniones teol\u00f3gicas pueden ser, del mismo modo que las verdades dogm\u00e1ticas, objetos de decisiones infalibles. La Iglesia no es menos infalible al sostener que las cinco famosas proposiciones est\u00e1n en el jansenismo que al condenarlas como her\u00e9ticas. Se debe distinguir entre la tradici\u00f3n dogm\u00e1tica o verdad revelada, las tradiciones piadosas, las costumbres lit\u00fargicas y las narraciones de manifestaciones o revelaciones sobrenaturales que circulan en el mundo de la piedad cristiana. Cuando la Iglesia interviene para definirse en esos asuntos nunca es para canonizarlos, si se puede decir as\u00ed, ni para otorgarles una autoridad de fe. Simplemente intenta preservarlos de cualquier ataque temerario a base de afirmar que no contienen nada contrario a la fe o la moral, y de reconocer en ellos suficiente valor humano como para que la piedad se alimente de ello libremente y sin peligro.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">V. La identidad de la verdad revelada a trav\u00e9s de la variedad de f\u00f3rmulas, sistematizaciones y desarrollo dogm\u00e1tico; la identidad de la fe en la Iglesia a trav\u00e9s de las variaciones de la teolog\u00eda\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Son bien conocidas las palabras de Sally Prud&#8217;homme: \u00ab\u00bfC\u00f3mo se explica que algo tan complicado (la &#8216;Summa&#8217; de Santo Tom\u00e1s) haya emergido de algo tan sencillo (el Evangelio)?\u00bb. De hecho cuando leemos un tratado teol\u00f3gico o la profesi\u00f3n de fe y el juramento antimodernista impuesto por P\u00edo X, a primera vista parecen diferentes de las Sagradas Escrituras o del Credo de los Ap\u00f3stoles. Sin embargo, un estudio m\u00e1s a fondo nos revela que las diferencias no son irreconciliables. A pesar de las apariencias la \u00abSumma\u00bb y el juramento antimodernista est\u00e1n vinculados naturalmente con la Escritura y la fe de los primeros cristianos. Si se quiere captar plenamente la identidad de la verdad revelada seg\u00fan era profesada en los primeros siglos con lo que nosotros ahora confesamos es necesario estudiar a fondo el proceso de la expresi\u00f3n dogm\u00e1tica a trav\u00e9s de la historia completa del dogma y de la teolog\u00eda. B\u00e1stenos por ahora un ligero esbozo de sus caracter\u00edsticas y rasgos generales. Lo que se nos muestra en la Escritura o en la revelaci\u00f3n evang\u00e9lica como una realidad viviente (la persona divina de Jesucristo) ha sido formulado en t\u00e9rminos abstractos (una persona, dos naturalezas) o en f\u00f3rmulas concretas (mi Padre y yo somos uno); pasamos constantemente de lo visto o recibido impl\u00edcitamente a lo razonado o reflexionado expl\u00edcitamente; analizamos datos complejos, comparamos separadamente sus elementos, construimos un sistema a partir de las verdades dispersas; a base de analog\u00edas de fe y a la luz de la raz\u00f3n clarificamos puntos que estaban obscuros y los fundimos en una totalidad en la que a veces es dif\u00edcil distinguir los datos de la revelaci\u00f3n divina y los del conocimiento humano. En pocas palabras, todo ese proceso conduce a un trabajo de transposici\u00f3n, an\u00e1lisis, s\u00edntesis, deducci\u00f3n e inducci\u00f3n, y de la conformaci\u00f3n de la materia revelada a trav\u00e9s de la teolog\u00eda. Durante ese proceso han cambiado las f\u00f3rmulas, las realidades divinas se han matizado de los colores del pensamiento humano, las verdades reveladas se han entremezclado con las de la ciencia y la filosof\u00eda, pero la verdad divina se ha conservado id\u00e9ntica a trav\u00e9s de la variedad de f\u00f3rmulas, sistemas, y expresiones dogm\u00e1ticas. Es lo mismo pero visto de diferentes \u00e1ngulos y, hasta cierto punto, con diferentes ojos. Pero es la misma verdad la que fue presentada originalmente a los primeros cristianos y la que se nos presenta hoy a nosotros.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A esa identidad de la verdad revelada corresponde tambi\u00e9n la identidad de la fe. Nosotros creemos lo mismo que los primeros cristianos; lo que nosotros creemos hoy fue tambi\u00e9n cre\u00eddo por ellos en forma m\u00e1s o menos expl\u00edcita, m\u00e1s o menos consciente. Del mismo modo como ha permanecido id\u00e9ntico el dep\u00f3sito de la fe tambi\u00e9n permanece id\u00e9ntica su posesi\u00f3n por la fe viva. Ninguno de los fieles tiene siempre el mismo grado de conciencia expl\u00edcita de lo que cree, pero su fe impl\u00edcita contiene todo aquello que confesamos expl\u00edcitamente en la profesi\u00f3n de fe. Siempre se han profesado en la Iglesia, de palabra o de obra, algunas verdades que podemos llamar fundamentales. Otras, que pueden ser llamadas secundarias, pueden haber permanecido impl\u00edcitas por largo tiempo, o envueltas, en lo tocante al detalle, en una verdad general en la que la fe no las distingue a primera vista. En cuanto a las verdades del primer tipo, pudo haber incluso tiempos en que hab\u00eda cierta falta de certeza, o en los que se daba pie a controversias e incluso a herej\u00edas. Pero la mente de la Iglesia, el sentido cat\u00f3lico, no ha dudado en lo que ha sido esencial. Nunca se ha dado en el mundo cristiano una obscuridad como la que los herejes nos reprochan. Los que ten\u00edan ojos para verlo lo vieron. Nunca se han dado disputas entre los fieles en cuanto a esos puntos. Las que se han dado, y sin duda han sido agudas, se han referido a fallas en la comprensi\u00f3n o en detalles de la expresi\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En lo tocante a verdades tales como el dogma de la Inmaculada Concepci\u00f3n, definitivamente s\u00ed se han dado faltas de certeza y controversia respecto a la naturaleza misma de los temas en cuesti\u00f3n. La verdad revelada estaba indudablemente en el dep\u00f3sito de la verdad de la Iglesia, pero no hab\u00eda sido formulada en t\u00e9rminos expl\u00edcitos, ni siquiera en t\u00e9rminos claramente equivalentes, sino envuelta en una verdad m\u00e1s general (la de la santidad total de Mar\u00eda), cuya f\u00f3rmula pudo haber sido entendida en una forma m\u00e1s o menos absoluta (exenci\u00f3n de todo pecado actual, exenci\u00f3n incluso del pecado original). Por otra parte, esta verdad (la exenci\u00f3n de Mar\u00eda del pecado original) pudo verse como opuesta a otras verdades ciertas (la universalidad del pecado original, la redenci\u00f3n universal de Cristo). Se puede comprender f\u00e1cilmente que en algunas circunstancias, cuando la cuesti\u00f3n se plantea por primera vez en forma expl\u00edcita, algunos fieles hayan dudado. Es tambi\u00e9n natural que los te\u00f3logos hayan mostrado mayores dudas que los dem\u00e1s fieles. Mucho m\u00e1s preparados para detectar la aparente oposici\u00f3n entre la nueva opini\u00f3n y la verdad antigua, ellos leg\u00edtimamente resistieron, mientras esperaban una luz mayor, lo que en ese momento percib\u00edan como prisa irreflexiva o piedad menos iluminada. As\u00ed lo hicieron San Anselmo, Santo Tom\u00e1s y San Buenaventura en el caso de la Inmaculada Concepci\u00f3n. Pero la idea que viv\u00eda en la mente de la Iglesia acerca de Mar\u00eda implicaba tanto la exenci\u00f3n de todo pecado, incluso del pecado original. Los fieles a los que las preocupaciones teol\u00f3gicas no les imped\u00edan sostener esa idea en toda su pureza, basados en la intuici\u00f3n del coraz\u00f3n que a veces est\u00e1 m\u00e1s dispuesto e iluminado que la misma raz\u00f3n y el pensamiento razonado, rechazaba toda limitaci\u00f3n y no soportaba, seg\u00fan la expresi\u00f3n de San Agust\u00edn, que se discutiera en forma alguna la posibilidad de pecado en Mar\u00eda. Poco a poco el sentimiento de los fieles venci\u00f3. Claro que ello no se debi\u00f3, como alguno ha insinuado, a la debilidad de los te\u00f3logos incapaces de luchar contra un sentimiento ciego, sino porque sus percepciones, aceleradas por los fieles y por su propio instinto de fe, pudieron sondear cada vez m\u00e1s el sentimiento de los fieles y examinar con m\u00e1s cuidado la nueva opini\u00f3n para asegurarse que, lejos de ir en contra de dogma alguno, armonizaba maravillosamente con otras verdades reveladas y correspond\u00eda integralmente a la analog\u00eda de la fe y de la sana raz\u00f3n. Por \u00faltimo, luego de escudri\u00f1ar con cuidado renovado el dep\u00f3sito de la revelaci\u00f3n, descubrieron la opini\u00f3n piadosa, escondida hasta ese momento en una f\u00f3rmula m\u00e1s general, y no contentos con declararla verdadera, la declararon revelada. De ese modo, luego de largas discusiones, a la fe impl\u00edcita en la verdad revelada sucedi\u00f3 la fe expl\u00edcita en esa misma verdad, pero brillando ya a la vista de todos. No hab\u00eda m\u00e1s datos, pero bajo el impulso de la gracia y con el sentimiento y esfuerzo de la teolog\u00eda se logr\u00f3 una visi\u00f3n m\u00e1s distinta y clara respecto a lo que los datos antiguos conten\u00edan. Cuando la Iglesia defini\u00f3 la Inmaculada Concepci\u00f3n lo que hizo fue definir como parte de la fe expl\u00edcita de los fieles lo que ya estaba impl\u00edcitamente contenido en esa fe. Y lo mismo se aplica a todos los casos semejantes, excepto en lo concerniente a detalles accidentales de las circunstancias. Al reconocer una nueva verdad la Iglesia reconoce que ella ya pose\u00eda esa verdad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">S\u00ed existe en la Iglesia, claro, progreso en el dogma y en la teolog\u00eda; progreso de la misma fe hasta cierto punto. Pero ese progreso no consiste en una adici\u00f3n de informaci\u00f3n fresca o en un cambio de ideas. Lo que se cree es lo que siempre se ha cre\u00eddo, pero a trav\u00e9s del tiempo se entiende en forma m\u00e1s generalizada y se expl\u00edcita en forma m\u00e1s clara. De ese modo, gracias al magisterio vivo y a la predicaci\u00f3n eclesi\u00e1stica, gracias al sentido vivo de la verdad que reside en la Iglesia, a la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo que simult\u00e1neamente dirige a los maestros y a los fieles, la verdad tradicional vive y se desarrolla en la Iglesia, siempre inmutable, al mismo tiempo nueva y antigua. Antigua porque los primeros cristianos ya la contemplaban en cierta medida; nueva porque nosotros la vemos con nuestros ojos y en armon\u00eda con nuestras ideas presentes. Tal es la noci\u00f3n de la tradici\u00f3n en el doble sentido de la palabra. Es la verdad divina que nos llega a trav\u00e9s de la mente de la Iglesia y es tambi\u00e9n la preservaci\u00f3n y la transmisi\u00f3n de esta verdad divina hecha por el \u00f3rgano del magisterio vivo, por la predicaci\u00f3n de la Iglesia y por la profesi\u00f3n de fe que todos los cristianos hacemos en nuestra vida.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">JEAN BAINVEL<br \/>\nTranscrito por Tomas Hancil<br \/>\nTraducido por Javier Algara Coss\u00edo\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La palabra tradici\u00f3n (el griego paradosis, en sentido eclesi\u00e1stico, que es el \u00fanico en el que se utiliza aqu\u00ed, a veces se refiere a la cosa (doctrina, narraci\u00f3n o costumbre) transmitida de una generaci\u00f3n a la otra, otras veces al \u00f3rgano o modo de transmisi\u00f3n (kerigma ekklesiastikon, predicatio ecclesiastica). 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