{"id":25959,"date":"2016-02-05T17:32:42","date_gmt":"2016-02-05T22:32:42","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/martires-ugandeses-de-la-pureza\/"},"modified":"2016-02-05T17:32:42","modified_gmt":"2016-02-05T22:32:42","slug":"martires-ugandeses-de-la-pureza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/martires-ugandeses-de-la-pureza\/","title":{"rendered":"MARTIRES UGANDESES DE LA PUREZA"},"content":{"rendered":"<p>\n        El Rey\u00bbQui\u00e9n fue el que primero introdujo en Africa la fe cristiana se disputa a\u00fan; pero consta que ya antes de la misma edad apost\u00f3lica floreci\u00f3 all\u00ed la religi\u00f3n, y Tertuliano nos describe de tal manera la vida pura que los cristianos africanos llevaban, que conmueve el \u00e1nimo de sus lectores. Y en verdad que aquella regi\u00f3n a ninguna parec\u00eda ceder en varones ilustres y en abundancia de m\u00e1rtires. Entre \u00e9stos agrada conmemorar los m\u00e1rtires scilitanos, que en Cartago, siendo proc\u00f3nsul Publio Vigellio Saturnino, derramaron su sangre por Cristo, de las preguntas escritas para el juicio, que hoy felizmente se conservan, se deduce con qu\u00e9 constancia, con qu\u00e9 generosa sencillez de \u00e1nimo respondieron al proc\u00f3nsul y profesaron su fe. Justo es tambi\u00e9n recordar los Potamios, Perpetuas, Felicidades, Ciprianos y \u00abmuchos hermanos m\u00e1rtires\u00bb que las Actas enumeran de manera general, aparte de los m\u00e1rtires aticenses, conocidos tambi\u00e9n con el nombre de \u00abmasas c\u00e1ndidas\u00bb, o porque fueron quemados con cal viva, como narra Aurelio Prudencio en su himno XIII, o por el fulgor de su causa, como parece opinar Agust\u00edn. Pero poco despu\u00e9s, primero los herejes, despu\u00e9s los v\u00e1ndalos, por \u00faltimo los mahometanos, de tal manera devastaron y asolaron el \u00c1frica cristiana que la que tantos \u00ednclitos h\u00e9roes ofreciera a Cristo, la que se gloriaba de m\u00e1s de trescientas sedes episcopales y hab\u00eda congregado tantos concilios para defender la fe y la disciplina, ella, perdido el sentido cristiano, se viera privada gradualmente de casi toda su humanidad y volviera a la barbarie.\u00bb<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed comienza Benedicto XV las letras apost\u00f3licas de beatificaci\u00f3n de los siervos de Dios Carlos Lwanga, Matt\u00edas Murumba y sus compa\u00f1eros, m\u00e1s conocidos con el nombre de los M\u00e1rtires de Uganda.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En efecto, ya hacia fines del siglo XIX, cuando las glorias del Africa cristiana hab\u00edan pasado a una remota perspectiva hist\u00f3rica, mientras los exploradores iban penetrando en los misterios del continente negro, los misioneros emulaban, y en no pocas ocasiones superaban, sus trabajos y sus esfuerzos. Entre ellos destacaba un insigne hijo de Bayona, el cardenal Lavigerie, a quien correspondi\u00f3 la gloria de restituir la gloriosa sede de Cartago. El fue quien, con el deseo de promover eficazmente el apostolado misional en Africa, instituy\u00f3 los \u00abmisioneros de Africa\u00bb, m\u00e1s conocidos con el nombre de Padres blancos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ya en los principios del apostolado, los Padres blancos se encargaron de la regi\u00f3n de Uganda, como parte del Vicariato del Nilo superior, el a\u00f1o 1878. Consiguieron entrar en la regi\u00f3n, y hasta obtener no pocos ne\u00f3fitos. Establecida una estaci\u00f3n misional, la de Santa Mar\u00eda de Rubaga, acudieron a ella por centenares los negros, y hubo momentos en que pod\u00eda esperarse una r\u00e1pida cristianizaci\u00f3n de toda aquella regi\u00f3n. El mismo rey, llamado Mtesa, al principio les favoreci\u00f3, aunque luego, por temor a que la nueva religi\u00f3n fuera obst\u00e1culo para el floreciente comercio de esclavos que \u00e9l manten\u00eda, oblig\u00f3 a los misioneros a alejarse. Pero, muerto el rey Mtesa, le sucedi\u00f3 su hijo Muanga, amigo de los cristianos, con lo que volvieron a renacer las esperanzas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A\u00fan m\u00e1s: con ocasi\u00f3n de una conjuraci\u00f3n que fue descubierta, el nuevo rey decidi\u00f3 rodearse de cristianos, y as\u00ed gran parte de su corte estuvo compuesta por j\u00f3venes bautizados, con alguno de los cuales hab\u00eda llegado el rey a establecer aut\u00e9ntica amistad. Pronto, sin embargo, aquel panorama iba a verse enteramente turbado.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se interpuso, de una parte, la pol\u00edtica. El primer ministro, que hab\u00eda tenido cierta intervenci\u00f3n en la conjura descubierta y no pod\u00eda perdonar a los cristianos su lealtad, empez\u00f3 a tramar su destrucci\u00f3n. Acab\u00f3 de exasperarle la noticia de que el rey pensaba nombrar para su cargo a Jos\u00e9 M\u00f1asa, un cristiano. Pero acaso sus maniobras hubieran fracasado si no hubiese intervenido otra causa: la lujuria. Por influjo de las costumbres mahometanas el rey, que hasta entonces hab\u00eda llevado una vida pura, cay\u00f3 en la lujuria en su forma m\u00e1s abyecta y opuesta a la naturaleza. Y se encontr\u00f3 con que los j\u00f3venes que formaban parte de su corte y eran cristianos opon\u00edan una negativa rotunda a sus infames solicitaciones. Lo que debiera haber servido en honor de la religi\u00f3n fue utilizado como pretexto para la persecuci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nada faltaba al esquema cl\u00e1sico. Como motor, las pasiones. La codicia, excitada por el temor a perder el comercio de esclavos. La ambici\u00f3n de los pol\u00edticos, temerosos de verse al margen del poder. La lujuria, en su forma m\u00e1s baja y repugnante. Nada iba a faltar tampoco para ese mismo esquema cl\u00e1sico en el desarrollo. Las escenas que hab\u00edamos le\u00eddo en los primeros tiempos del cristianismo las vamos a encontrar reproducidas, en algunas ocasiones casi a la letra, en 1886, en el coraz\u00f3n del continente africano.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En efecto, el rey, irritado por aquella resistencia que encontraba, decret\u00f3 la persecuci\u00f3n contra \u00abtodos los que hicieren oraci\u00f3n\u00bb, que \u00e9sta fue la preciosa definici\u00f3n de los cristianos que se dio en el decreto persecutorio. E inmediatamente se desataron las furias de los paganos contra aquella cristiandad naciente. Cu\u00e1ntos fueron los que perecieron no lo sabemos, ni ser\u00e1 f\u00e1cil que se sepa nunca, habiendo ocurrido aquellos martirios en sitios donde la escritura era desconocida pr\u00e1cticamente y donde, por tanto, no pod\u00edan perpetuarse los hechos ocurridos. Dios quiso, sin embargo, que conoci\u00e9ramos siquiera el martirio de algunos africanos que, por ocupar puestos m\u00e1s relevantes, dieron su vida en condiciones que permitieron luego averiguar lo sucedido. Tales son los m\u00e1rtires que Benedicto XV beatific\u00f3 solemnemente el 6 de junio de 1920.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pueden dividirse en dos grupos, de los que hablaremos sucesivamente. El primero est\u00e1 constituido por unos cuantos j\u00f3venes, cuyas edades fluct\u00faan entre los trece y los veintis\u00e9is a\u00f1os. A \u00faltima hora se les agreg\u00f3 un compa\u00f1ero de treinta a\u00f1os. Todos ellos tienen como nota com\u00fan el formar parte de la corte y estar viviendo como pajes en el palacio del rey. Todos fueron martirizados un mismo d\u00eda, y casi todos con un mismo martirio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Puede tenerse como principal a Carlos Lwanga. Ten\u00eda veinti\u00fan a\u00f1os el d\u00eda de su martirio y pod\u00eda considerarse como el favorito del rey, que hab\u00eda contado con \u00e9l siempre para sus encargos m\u00e1s delicados. Siempre, hasta el d\u00eda en que el rey se atrevi\u00f3 a pedirle lo que \u00e9l no pod\u00eda en manera alguna darle. Entonces fue arrojado al calabozo, y all\u00ed vinieron muy pronto a acompa\u00f1arle sus compa\u00f1eros de martirio. Entre ellos Mbaga Tuzind\u00e9, hijo de Mkadjanga, el principal y el m\u00e1s cruel de los verdugos. Era catec\u00fameno cuando empez\u00f3 la persecuci\u00f3n, y el mismo Carlos Lwanga le bautiz\u00f3 poco antes de ser condenado a muerte. Con \u00e9l sucedi\u00f3 una escena que ya hab\u00edan conocido los cristianos en las actas de las Santas Perpetua y Felicidad: su padre se present\u00f3 en el calabozo para pedirle una y otra vez que abjurase la religi\u00f3n cat\u00f3lica, o que, al menos, dejase que le escondieran y que prometiera no volver a orar. A lo que el adolescente, pues no hab\u00eda cumplido todav\u00eda diecis\u00e9is a\u00f1os, respondi\u00f3, con la firmeza que tantas veces hemos contemplado en los m\u00e1rtires cristianos, diciendo que prefer\u00eda perderlo todo antes que abjurar. El padre tuvo que limitarse a utilizar su cargo para obtener para su hijo un triste privilegio: encarg\u00f3 a uno de los verdugos que estaban a sus \u00f3rdenes que, cuando ya estuviera su hijo junto a la pira, le diera un golpe en la cabeza para que perdiera el sentido y as\u00ed fuese quemado sin sufrir tanto.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No es posible dar, ni siquiera en s\u00edntesis, las biograf\u00edas de los trece m\u00e1rtires que forman este primer grupo. Dos de ellos, Mgagga y Gyavira, de diecis\u00e9is y diecisiete a\u00f1os, fueron bautizados en la misma c\u00e1rcel por Carlos Lwanga. Otro, Santiago Buzabaliao, intent\u00f3 repetidas veces la conversi\u00f3n del mismo rey, con quien le hab\u00eda unido buena amistad antes de su elevaci\u00f3n al trono. Los dem\u00e1s, j\u00f3venes todos, resistieron imp\u00e1vidos todas las amenazas. Pero entre ellos destaca la figura angelical y encantadora de Kizito, ni\u00f1o a\u00fan de trece a\u00f1os, que fue, sin embargo, el que dio la nota de m\u00e1xima valent\u00eda. El levant\u00f3 el \u00e1nimo de los que desfallec\u00edan. El fue tambi\u00e9n el que, camino del pat\u00edbulo, invit\u00f3 a todos a cogerse de las manos, de tal manera que llevaran unos a otros, si alguno decayera en su \u00e1nimo. El fue, en fin, el que con mayor fuerza rechaz\u00f3 proposiciones libidinosas del rey.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nota curiosa constituye la presencia en el grupo de Mukasa Kiriwanu. Formaba parte del grupo de los pajes de la corte, pero a\u00fan no estaba bautizado. Cuando sus compa\u00f1eros sal\u00edan hacia el lugar del suplicio, uno de los verdugos le pregunt\u00f3 si era cristiano. El contest\u00f3 que s\u00ed y se uni\u00f3 a los condenados. Y as\u00ed, sin haber recibido el bautismo de agua, sino \u00fanicamente el de sangre, ascendi\u00f3 a los altares.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es hermoso tambi\u00e9n el caso de Lucas Banabakintu. No pertenec\u00eda a la servidumbre regia, sino a la de un gran se\u00f1or. Hab\u00eda recibido hac\u00eda cuatro a\u00f1os el bautismo y la confirmaci\u00f3n, y, cuando despu\u00e9s recibi\u00f3 la primera comuni\u00f3n, se distingui\u00f3 por su extraordinaria pureza de vida y su fervor en las cosas santas. Al estallar la persecuci\u00f3n le hubiera sido f\u00e1cil evitar ser apresado. Con gran fortaleza de \u00e1nimo se present\u00f3, sin embargo, a su due\u00f1o, y \u00e9ste le entreg\u00f3 a los soldados del rey. As\u00ed, a pesar de que su edad era superior a la de sus compa\u00f1eros (ten\u00eda treinta a\u00f1os), mereci\u00f3 padecer el martirio con ellos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Amaneci\u00f3 el d\u00eda 3 de junio de 1886. Agrupados todos los m\u00e1rtires, salieron del calabozo camino de una colina llamada Namugongo. No todos, sin embargo, llegaron a ella. Algunos, que no pudieron andar con la suficiente presteza, fueron alanceados por el camino. Los que quedaban llegaron, por fin, al lugar del suplicio. Les ataron de pies y manos; les envolvieron en una red hecha de ca\u00f1as y les pusieron en pie sobre unos haces de le\u00f1a, para que sus cuerpos se fueran consumiendo lentamente. Y entonces se produjo la maravilla que colm\u00f3 de admiraci\u00f3n a los verdugos, que jam\u00e1s hab\u00edan visto cosa parecida: empez\u00f3 a arder la le\u00f1a y comenzaron las llamas a lamer los pies de los m\u00e1rtires; quedaron \u00e9stos envueltos en una nube de humo. Y, en lugar de salir de ella gemidos o maldiciones, salieron \u00fanicamente murmullos de oraci\u00f3n y c\u00e1nticos de victoria. Exhort\u00e1ndose unos a otros estuvieron firmes sobre el fuego, hasta que, por fin, sus voces se fueron extinguiendo. Grex immolatorum tener, tierna grey de los inmolados, les llama Benedicto XV, aplic\u00e1ndoles la frase que la Sagrada Liturgia dedica a los santos inocentes.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pasemos al segundo grupo de m\u00e1rtires, formado por nueve de ellos. En realidad, sin embargo, muy bien pudieran agregarse cinco al grupo anterior, pues, aunque no fueron martirizados el mismo d\u00eda ni de la misma forma, pertenec\u00edan tambi\u00e9n, como los anteriores, a la corte, estaban unidos con ellos por lazos de \u00edntima amistad, eran j\u00f3venes de la misma edad, y s\u00f3lo circunstancias fortuitas hicieron que no fuesen atormentados el mismo d\u00eda 3 de junio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Junto a ellos nos encontramos con otros m\u00e1rtires, que tambi\u00e9n repiten, por su parte, las m\u00e1s hermosas p\u00e1ginas de los primeros tiempos del cristianismo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Recordemos en primer lugar a Mat\u00edas Kalemba Murumba. Era ya un hombre hecho, pues ten\u00eda cincuenta a\u00f1os y ejerc\u00eda la profesi\u00f3n de juez. Hab\u00eda sido primero mahometano y despu\u00e9s protestante, para terminar recibiendo el bautismo en la Iglesia cat\u00f3lica el 28 de mayo de 1882. Entonces, temiendo las dificultades de su profesi\u00f3n, la dej\u00f3, y se dedic\u00f3 con alma y vida a la propagaci\u00f3n de la religi\u00f3n, no s\u00f3lo mediante la educaci\u00f3n cristian\u00edsima de sus propios hijos, sino tambi\u00e9n con una labor de ardiente proselitismo. Llamado a la presencia del primer ministro, confes\u00f3 abiertamente la fe y fue condenado a morir con muerte horrible. Sus verdugos le llevaron a un lugar inculto y desierto, temiendo que la piedad de los espectadores pudiera poner obst\u00e1culos a la ejecuci\u00f3n de la tremenda sentencia. All\u00ed fue Mat\u00edas, con sus verdugos, alegre y contento. Empezaron por cortarle las manos y los pies. Despu\u00e9s le arrancaron trozos de carne de la espalda, que asaron ante sus propios ojos. Finalmente, le vendaron con cuidado las heridas, para prolongar su martirio, y le dejaron abandonado en aquel lugar desierto. Tres d\u00edas despu\u00e9s unos esclavos que estaban cortando ca\u00f1as oyeron la voz de Mat\u00edas, que les ped\u00eda un poco de agua. Pero, al verle desfigurado, mutilado, temieron al rey y se horrorizaron de tal manera que huyeron dej\u00e1ndole abandonado. Solo por completo, expir\u00f3 al poco tiempo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tiene tambi\u00e9n un corte evang\u00e9lico el martirio de Andr\u00e9s Kagwa, pues nos recuerda la escena del de San Juan Bautista. Unido con \u00edntima amistad al rey, hab\u00eda dado muestras de una gran caridad con ocasi\u00f3n de la peste que hab\u00eda invadido a la regi\u00f3n. Fueron muchos los enfermos a los que, despu\u00e9s de haberles atendido con caridad ardiente, bautiz\u00f3 y enterr\u00f3 despu\u00e9s con sus propias manos. En su apostolado lleg\u00f3 a intentar catequizar a los hijos del primer ministro. Este jur\u00f3 su ruina, hasta el punto de prometerse que no habr\u00eda de cenar aquel d\u00eda sin que al verdugo le trajera a la mesa la mano cortada de Andr\u00e9s. As\u00ed se hizo aquel 26 de mayo en que el m\u00e1rtir, a sus treinta a\u00f1os de edad, vol\u00f3 a los gozos del cielo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El mismo primer ministro consigui\u00f3 tambi\u00e9n que el rey le entregase a Juan Mar\u00eda lamari, conocido con el sobrenombre de Muzei, es decir, el anciano. Hombre de gran prestigio, lleno de prudencia, misericordioso con los pobres, daba su dinero y su actividad para conseguir la redenci\u00f3n de los cautivos, a los que catequizaba. Cuando vio que eran perseguidos los cristianos rehus\u00f3 huir. Antes al contrario, se present\u00f3 con toda naturalidad ante el rey. Este le envi\u00f3 al primer ministro. Algo sospechaba el m\u00e1rtir, pero, como dicen las letras de beatificaci\u00f3n, \u00abpens\u00e9 que era absurdo temer por algo que tuviera relaci\u00f3n con la causa de la religi\u00f3n\u00bb. Y, en efecto, al presentarse al primer ministro, \u00e9ste orden\u00f3 que le arrojaran a un estanque que ten\u00eda en su finca. All\u00ed pereci\u00f3 ahogado.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Terminemos la relaci\u00f3n, que puede parecer mon\u00f3tona, pero que, sin embargo, es glorios\u00edsima, con la primera de las v\u00edctimas: Jos\u00e9 Mkasa Balikuddemb\u00e9. Hab\u00eda servido ya al rey Mtesa como ayuda de c\u00e1mara. Su hijo Muanga, al llegar al trono, le conserv\u00f3 junto a s\u00ed y le puso al frente de la casa regia. El m\u00e1rtir se dedic\u00f3 a un apostolado activ\u00edsimo entre los j\u00f3venes que formaban parte de la corte. Todo iba bien, y el rey le ten\u00eda en gran consideraci\u00f3n y afecto, hasta que Juan Mar\u00eda hubo de oponerse a las obscenas pretensiones del rey. Entonces cambi\u00f3 todo. Fue condenado a muerte. Y llevado a un lugar llamado Mengo, donde fue decapitado. Antes, sin embargo, de que la sentencia se ejecutara Juan Mar\u00eda declar\u00f3 p\u00fablicamente que perdonaba de todo coraz\u00f3n al rey y que encargaba a sus verdugos que le pidieran, por favor, en su nombre que hiciese penitencia cuanto antes.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tal es la historia de los M\u00e1rtires de Uganda. Otros muchos martirios hubo en aquella misma persecuci\u00f3n, de los que, como hemos dicho, no conservamos memoria pormenorizada. Lo que ciertamente sabemos es que al poco tiempo cambiaba por completo la situaci\u00f3n. Los perseguidores mor\u00edan con muertes miserables. Y, en cambio, las multitudes acud\u00edan en masa a los misioneros solicitando el bautismo. Hoy las tierras de Uganda se han transformado en una de las m\u00e1s florecientes cristiandades. Establecida la jerarqu\u00eda eclesi\u00e1stica con un arzobispado y seis di\u00f3cesis sufrag\u00e1neas, florece el clero ind\u00edgena, y alguno de los obispos puestos al frente de las di\u00f3cesis es descendiente directo de los Beatos M\u00e1rtires. Los cat\u00f3licos de aquella regi\u00f3n se cuentan por muchos millares y ha vuelto a cumplirse la frase de Tertuliano. Como en los primeros tiempos del cristianismo, la sangre de los m\u00e1rtires ha sido semilla de cristianos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Su causa de beatificaci\u00f3n fue introducida por San P\u00edo X el 15 de agosto de 1912. Declarado que constaba el martirio el 10 de marzo de 1920, el 6 de junio del mismo a\u00f1o eran solemnemente beatificados por Benedicto XV. Su fiesta se celebra en todas las casas de Padres blancos, y en todos las circunscripciones encomendadas a su Congregaci\u00f3n. Ojal\u00e1 veamos pronto la canonizaci\u00f3n de este grupo de m\u00e1rtires, de tal manera que pueda extenderse a la Iglesia universal el culto a estos negros que, casi en nuestros d\u00edas, renovaron las haza\u00f1as que con tanta devoci\u00f3n le\u00edamos en las actas de los m\u00e1rtires de los primeros tiempos del cristianismo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Fuente: El A\u00f1o Cristiano (II), 3 de junio. Biblioteca de Autores Cristianpos. Madrid,MCMLIX.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Selecci\u00f3n de texto y enlaces: Jos\u00e9 G\u00e1lvez Kr\u00fcger\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Enlaces relacionados<\/b>\n<\/p>\n<ul>\n<li> Uganda en pluma y c\u00e1mara [1]<\/li>\n<\/ul>\n<ul>\n<li> La Iglesia en Uganda: Un cargo de los misioneros de la misi\u00f3n de Uganda de 1913 [2]<\/li>\n<\/ul>\n<ul>\n<li> Pol\u00edtica de la misi\u00f3n en Uganda [3]<\/li>\n<\/ul>\n<ul>\n<li> Ecclesia Anglicana: \u00bfQu\u00e9 representa? [4]<\/li>\n<\/ul>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El Rey\u00bbQui\u00e9n fue el que primero introdujo en Africa la fe cristiana se disputa a\u00fan; pero consta que ya antes de la misma edad apost\u00f3lica floreci\u00f3 all\u00ed la religi\u00f3n, y Tertuliano nos describe de tal manera la vida pura que los cristianos africanos llevaban, que conmueve el \u00e1nimo de sus lectores. 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