{"id":26218,"date":"2016-02-05T17:42:06","date_gmt":"2016-02-05T22:42:06","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cisma-occidente\/"},"modified":"2016-02-05T17:42:06","modified_gmt":"2016-02-05T22:42:06","slug":"cisma-occidente","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cisma-occidente\/","title":{"rendered":"CISMA OCCIDENTE"},"content":{"rendered":"<p><p style=\"text-align: justify;\">Este cisma de los siglos XIV y XV difiere en todos los aspectos del Cisma de Oriente. El \u00faltimo fue una verdadera revuelta contra la suprema autoridad de la Iglesia, fomentada por la ambici\u00f3n de los patriarcas de Constantinopla, favorecida por los emperadores griegos y apoyada por el clero y el pueblo de Bizancio, y ha durado diez siglos. El Cisma de Occidente fue un malentendido temporal, aunque oblig\u00f3 a la Iglesia a buscar durante cuarenta a\u00f1os a su verdadera cabeza; fue alimentado por la pol\u00edtica y las pasiones y fue terminado por el ensamble de los concilios de Pisa y Constanza. Esta divisi\u00f3n religiosa, infinitamente menos seria que la otra, ser\u00e1 examinada en su origen, su desarrollo, los medios empleados para terminarla y su final en 1417 mediante la elecci\u00f3n un\u00e1nime de un Papa. Desde el punto de vista legal y apolog\u00e9tico, \u00bfqu\u00e9 pensaron de \u00e9l los primeros doctores? \u00bfCu\u00e1l es la opini\u00f3n razonada de los modernos te\u00f3logos y canonistas? \u00bfEl verdadero Papa se encontraba en Avi\u00f1\u00f3n o en Roma?\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(1)  El Papa Gregorio XI hab\u00eda dejado Avi\u00f1\u00f3n para volver a Italia y hab\u00eda reestablecido la sede pontifical en la Ciudad Eterna, donde muri\u00f3 el 27 de Marzo de 1378. De inmediato la atenci\u00f3n fue dirigida a la elecci\u00f3n de su sucesor. La cuesti\u00f3n era de lo mas serio. Cardenales, sacerdotes, nobles y romanos en general estaban interesados en ella, porque de la elecci\u00f3n a ser hecha por el c\u00f3nclave depend\u00eda la residencia del futuro Papa en Avi\u00f1\u00f3n o en Roma. Desde el comienzo del siglo los pont\u00edfices hab\u00edan fijado su residencia m\u00e1s all\u00e1 de los Alpes; los habitantes de Roma cuyos intereses y reclamaciones hab\u00edan sido largo tiempo ignorados, quer\u00edan un Papa romano o al menos italiano. El nombre de Bartolomeo Pignano, Arzobispo de Bari, se mencion\u00f3 desde el principio. Este prelado hab\u00eda sido Vice-Canciller de la Iglesia Romana y era considerado enemigo del vicio, la simon\u00eda y el boato. Su moralidad era ejemplar y su integridad, r\u00edgida. Fue considerado por todos como elegible. Los diecis\u00e9is cardenales presentes en Roma se reunieron en c\u00f3nclave el 7 de Abril y al d\u00eda siguiente escogieron a Prignano. Durante la elecci\u00f3n, los disturbios reinaron en la ciudad. El pueblo de Roma y los alrededores, turbulento y f\u00e1cilmente excitable, hab\u00eda, bajo el influjo de las circunstancias, declarado ruidosamente sus preferencias y antipat\u00edas y trat\u00f3 de influir en la decisi\u00f3n de los cardenales. \u00bfFueron estos hechos, lamentables en s\u00ed mismos, suficientes para robar a los miembros del c\u00f3nclave la necesaria independencia mental y hacer in-v\u00e1lida la elecci\u00f3n? Esta es la pregunta que ha sido hecha desde el fin del siglo catorce. De esta soluci\u00f3n depende nuestra opini\u00f3n de la legitimidad de los Papas de Roma y Avi\u00f1\u00f3n. Parece cierto que los cardenales tomaron todos los medios posibles para obviar todas las dudas posibles. En la noche del mismo d\u00eda de la elecci\u00f3n, trece de ellos procedieron a una nueva elecci\u00f3n, con la intenci\u00f3n de seleccionar a un Papa leg\u00edtimo, y de nuevo escogieron al Arzobispo de Bari. Durante los d\u00edas siguientes todos los miembros del Sacro Colegio ofrecieron su respetuoso homenaje al nuevo Papa, qui\u00e9n hab\u00eda tomado el nombre de Urbano VI y le solicitaron innumerables favores. Lo entronizaron, primero en el Palacio Vaticano y m\u00e1s tarde en San Juan de Letr\u00e1n; finalmente el 18 de Abril lo coronaron solemnemente en San Pedro. Al d\u00eda siguiente el Sacro Colegio dio notificaci\u00f3n oficial del ascenso de Urbano a los seis cardenales franceses en Avi\u00f1\u00f3n; \u00e9stos lo reconocieron y se congratularon de la elecci\u00f3n realizada por sus colegas. Los cardenales romanos entonces escribieron a ka cabeza del Imperio y a los dem\u00e1s soberanos cat\u00f3licos. El Cardenal Robert de Geneva (Ginebra), el futuro Clemente VII de Avi\u00f1\u00f3n, escribi\u00f3 en el mismo tenor a su pariente el Rey de Francia y al Conde de Flandes. Pedro de Luna de Arag\u00f3n, el futuro Benedicto XIII, igual-mente escribi\u00f3 a varios obispos de Espa\u00f1a.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hasta aqu\u00ed, por tanto, no hab\u00eda una sola objeci\u00f3n o insatisfacci\u00f3n con la elecci\u00f3n de Bartolomeo Prignano, ninguna protesta, ning\u00fan titubeo y ning\u00fan temor respecto el futuro. Desafortunadamente el Papa Urbano no se dio cuenta de las esperanzas que su elecci\u00f3n hab\u00eda hecho surgir. Se mostr\u00f3 caprichoso, altanero, desconfiado y a veces col\u00e9rico en sus relaciones con los cardenales que lo hab\u00edan elegido. Brusquedad demasiado obvia y reprobables extravagancias parecieron mostrar que su inesperada elecci\u00f3n hab\u00eda alterado su car\u00e1cter. Sta.Catalina de Siena, con valor sobrenatural, no vacil\u00f3 en hacerle varias observaciones bien fundamentadas a este respecto, ni dud\u00f3 cuando tuvo que culpar a los cardenales en su revuelta contra el Papa que ellos mismos hab\u00edan elegido. Algunos historiadores declaran que Urbano abiertamente atac\u00f3 las fallas, reales o supuestas, de los miembros del Sagrado Colegio y que en\u00e9rgicamente se neg\u00f3 a reestablecer la sede pontifical en Avi\u00f1\u00f3n. Por consiguiente, agregan, la creciente oposici\u00f3n. Sin embargo, ninguna de esas desagradables disensiones que surgieron luego de la elecci\u00f3n podr\u00edan l\u00f3gicamente reducir la validez de la elecci\u00f3n hecha en Abril 8. Los cardenales eligieron a Prignano, no porque fueron mal influidos por el miedo, aunque naturalmente estaban algo temerosos de las desgracias que pudieran surgir del retraso. Urbano fue Papa antes de sus errores; a\u00fan era Papa despu\u00e9s de sus errores. Las pasiones de Enrique IV o los vicios de Luis XV no impidieron a estos monarcas ser y seguir siendo verdaderos descendientes de San Luis y leg\u00edtimos reyes de Francia. Desgraciadamente, \u00e9ste no fue, en 1378, el razonamiento de los cardenales romanos. Su disgusto continu\u00f3 increment\u00e1ndose. Bajo el pretexto de escapar al insalubre calor de Roma, en Mayo se retiraron a Anagni y en Julio a Fondi, bajo la protecci\u00f3n de la Reina Juana de N\u00e1poles y doscientos lanceros gascones de Bernardon de la Salle. Entonces iniciaron una silenciosa campa\u00f1a contra su elecci\u00f3n de Abril y prepararon las mentes de los hombres para una segunda elecci\u00f3n. El 20 de Septiembre, trece miembros del Sacro Colegio precipitaron las cosas al entrar a un c\u00f3nclave en Fondi y escogiendo Papa a Robert de Geneva, qui\u00e9n tom\u00f3 el nombre de Clemente VII. Unos meses despu\u00e9s el nuevo pont\u00edfice forzado a salir del reino de N\u00e1poles fij\u00f3 su residencia en Avi\u00f1\u00f3n; el cisma estaba completo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Clemente VII estaba emparentado o aliado con las principales casas reales de Europa; era influyente, intelectual y h\u00e1bil en pol\u00edtica. La Cristiandad r\u00e1pidamente se dividi\u00f3 en dos partidos casi iguales. En todos lados los fieles enfrentaban el preocupante problema: \u00bfd\u00f3nde estaba el verdadero Papa? Los santos mismos se vieron divididos: Sta.Catalina de Siena, Sta.Catalina de Suecia, el Bto.Pedro de Arag\u00f3n, la Bta.Ursulina de Parma, Felipe de Alencon y Gerard de Groote estaban de lado de Urbano; San Vicente Ferrer, el Bto.Pedro de Luxemburgo y Sta.Colette pertenecieron al bando de Clemente. Los m\u00e1s famosos doctores de la ley fueron consultados y la mayor\u00eda se decidieron por Roma. Los te\u00f3logos estuvieron divididos. Los alemanes como Enrique de Hesse o Langstein (Epistola concilii pacis) y Conrado de Glenhausen (Ep.brevis; Ep.  Concordioe) se inclinaron hacia Urbano; Pierre d\u2019Ailly, su amigo Felipe de Maizieres, sus alumnos Jean Gerson y Nicol\u00e1s de Clemanges y con ellos toda la Escuela de Par\u00eds, defendieron los intereses de Clemente. El conflicto de pasiones rivales y la novedad de la situaci\u00f3n hicieron dif\u00edcil el entendimiento e imposible la unanimidad. Como regla general los eruditos adoptaron la opini\u00f3n de su pa\u00eds. Las potencias tambi\u00e9n tomaron sus bandos. La mayor\u00eda de los estados italianos y alemanes, Inglaterra y Flandes apoyaron al Papa de Roma. Por otra parte Francia, Espa\u00f1a, Escocia y todas las naciones en la \u00f3rbita francesa se pusieron del lado del Papa de Avi\u00f1\u00f3n. Sin embargo, Carlos V hab\u00eda primero sugerido oficialmente a los cardenales en Anagni la convocatoria de un concilio general, pero no fue o\u00eddo. Desafortunadamente los Papas rivales lanzaron excomunicaciones rec\u00edprocas; crearon numerosos cardenales para compensar las defecciones y los enviaron por la Cristian-dad a defender su causa, difundir su influencia y ganar adeptos. Mientras estas graves y ardientes discusiones se iban difundiendo al extranjero, Bonifacio IX hab\u00eda sucedido a Urbano VI en Roma y Benedicto XIII hab\u00eda sido electo Papa a la muerte de Clemente en Avi\u00f1\u00f3n. \u201cHay dos capitanes en el barco, quienes est\u00e1n combatiendo y contradici\u00e9ndose entre s\u00ed\u201d, dijo Jean Petit en el Concilio de Par\u00eds (1406). Varias asambleas eclesi\u00e1sticas se reunieron en Francia y otros lugares sin un resultado definitivo. El mal continu\u00f3 sin remedio ni tregua. El rey de Francia y sus t\u00edos comenzaron a cansarse de apoyar un Papa como Benedicto, quien actuaba \u00fanicamente de acuerdo a su humor y que causaba el fracaso de todo plan de uni\u00f3n. Adem\u00e1s, sus exacciones y la severidad fiscal de sus agentes agobiaron grandemente a obispos, abades y clero menor en Francia. Carlos VI liber\u00f3 a su pueblo de la obediencia a Benedicto (1398) y prohibi\u00f3 a sus s\u00fabditos, bajo severos castigos, someterse a este Papa. Cada bula o carta del Papa era enviada al rey; no se tomar\u00edan en cuenta los privilegios otorgados por el Papa; en el futuro, toda dispensa deber\u00eda ser solicitada de los ordinarios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esto por tanto era un cisma dentro de un cisma, una ley de separaci\u00f3n. El Canciller de Francia, qui\u00e9n ya era virrey durante la enfermedad de Carlos VI, por tanto lleg\u00f3 a ser incluso vice-Papa. No sin complicidad del poder p\u00fablico, Geoffrey Boucicaut, hermano del ilustre mariscal, puso sitio a Avi\u00f1\u00f3n y un bloqueo m\u00e1s o menos estricto priv\u00f3 al pont\u00edfice de toda comunicaci\u00f3n con aquellos que le permanec\u00edan fieles. Cuando se reestableci\u00f3 la libertad en 1403 Benedicto no lleg\u00f3 a ser m\u00e1s conciliador, menos obstinado o terco. Otro s\u00ednodo privado, que fue convocado en Par\u00eds en 1406, se reuni\u00f3 s\u00f3lo con \u00e9xito parcial. Inocente VII ya hab\u00eda sucedido a Bonifacio en Roma y, despu\u00e9s de un reinado de dos a\u00f1os, fue reemplazado por Gregorio XII. Este \u00faltimo, aunque de car\u00e1cter moderado, parece no haberse dado cuenta de las esperanzas que la Cristiandad, inmensamente preocupada de estas interminables divisiones, hab\u00eda colocado en \u00e9l. El concilio que convoc\u00f3 en Pisa agreg\u00f3 un tercer reclamante al trono papal en lugar de dos (1409). Luego de muchas conferencias, proyectos, discusiones (a menudo violentas), intervenciones de los poderes civiles, cat\u00e1strofes de todo tipo, el Concilio de Constanza (1414) depuso al sospechoso Juan XXIII, recibi\u00f3 la abdicaci\u00f3n del t\u00edmido y cort\u00e9s Gregorio XII y finalmente despidi\u00f3 al obstinado Benedicto XIII. El 11 de Noviembre de 1417, la asamblea eligi\u00f3 a Odo Colonna, qui\u00e9n tom\u00f3 el nombre de Mart\u00edn V. As\u00ed termin\u00f3 el Gran Cisma de Occidente.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(2) De este breve resumen ser\u00e1 f\u00e1cil concluir que este cisma en nada se parece al de Oriente, que fue algo \u00fanico y que ha permanecido as\u00ed en la historia. No fue propiamente un cisma, siendo en realidad un lamentable malentendido respecto a una cuesti\u00f3n de hecho, una complicaci\u00f3n hist\u00f3rica que dur\u00f3 cuarenta a\u00f1os. En Occidente no hubo una revuelta contra la autoridad papal en general, ning\u00fan desprecio del poder soberano del cu\u00e1l San Pedro era representante. La fe en la necesaria unidad nunca vacil\u00f3 en lo m\u00e1s m\u00ednimo; nadie dese\u00f3 voluntariamente separarse de la cabeza de la Iglesia. ahora esta intenci\u00f3n sola es la marca caracter\u00edstica del esp\u00edritu cism\u00e1tico (Summa, II-II, Q.xxxix, a. 1). Al contrario, todo mundo deseaba la unidad, materialmente eclipsada y temporal-mente comprometida, deber\u00eda r\u00e1pidamente brillar con nuevo esplendor. Los te\u00f3logos, canonistas, pr\u00edncipes y fieles del siglo catorce sent\u00edan tan intensamente y manten\u00edan tan vigorosamente que este car\u00e1cter de unidad era esencial a la verdadera Iglesia de Jesucristo, que en Constanza la solicitud de unidad tom\u00f3 precedencia sobre la de reforma. El beneficio de la unidad nunca hab\u00eda sido adecuadamente apreciada hasta que hab\u00eda sido perdida, hasta que la Iglesia hab\u00eda llegado a ser bic\u00e9fala o tric\u00e9fala y parec\u00eda no haber cabeza precisamente aporque hab\u00eda demasiadas. en realidad la \u00fanica marca de la verdadera Iglesia consiste sobre todo en la unidad bajo una sola cabeza, el guardi\u00e1n divinamente nombrado de la unidad de la fe y la adoraci\u00f3n. Ahora en la pr\u00e1ctica no hab\u00eda ning\u00fan error voluntario respecto a la necesidad de este rasgo de la verdadera Iglesia, mucho menos hab\u00eda una revuelta culpable contra la cabeza conocida. Hab\u00eda simplemente ignorancia, y entre la mayor\u00eda una invencible ignorancia respecto a la persona del verdadero Papa, respeto a qui\u00e9n era en ese tiempo el depositario visible de las promesas de la Cabeza invisible. \u00bfC\u00f3mo pod\u00eda de verdad ser despejada esta ignorancia? Los \u00fanicos testigos de los hechos, los autores de la doble elecci\u00f3n, fueron las mismas personas. Los cardenales de 1378 mantuvieron opiniones sucesivas. Hab\u00edan testificado por Urbano, el primer Papa electo el 8 de Abril, y por Clemente en Avi\u00f1\u00f3n el 20 de Septiembre. \u00bfQui\u00e9nes deb\u00edan ser cre\u00eddos, los miembros del Sacro Colegio escogiendo y escribiendo en Abril, o los mismos cardenales hablando y actuando contradictoriamente en Septiembre? Fondi fue el punto de partida para la divisi\u00f3n; all\u00ed igualmente deber\u00edan buscarse los graves errores y las formidables responsabilidades.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Obispos, pr\u00edncipes, te\u00f3logos y canonistas estaban en un estado de perplejidad del cual no pod\u00edan salir a consecuencia del conflictivo, no-desinteresado y tal vez insincero testimonio de los cardenales. De all\u00ed en adelante \u00bfc\u00f3mo los fieles iban a despejar la incertidumbre y formar una opini\u00f3n moralmente segura? Los fieles recurrieron a sus l\u00edderes naturales, y \u00e9stos, no sabiendo exactamente qu\u00e9 apoyar, siguieron sus intereses o pasiones y se adhirieron a probabilidades. Fue un terrible y angustioso problema que dur\u00f3 cuarenta a\u00f1os y atorment\u00f3 a dos generaciones de cristianos; un cisma en el curso del cu\u00e1l no hubo intenci\u00f3n cism\u00e1tica, salvo algunas personas exaltadas que deber\u00edan haber antepuesto los intereses de la Iglesia a todo lo dem\u00e1s. Tambi\u00e9n deber\u00eda hacerse excepci\u00f3n de algunos doctores del per\u00edodo cuyas extraordinarias opiniones muestran lo que fue el desorden general de las mentes durante el cisma (N.Valois, I, 351; IV, 501). Aparte de estas excepciones nadie tuvo la intenci\u00f3n de dividir la tela incons\u00fatil [de la Iglesia], nadie formalmente dese\u00f3 el cisma; los involucrados fueron ignorantes o mal guiados, pero no culpables. De parte de la gran mayor\u00eda del clero y del pueblo debe alegarse la buena fe que excluye todos los errores y la casi imposibilidad para el fiel sencillo de descubrir la verdad. Esta es la conclusi\u00f3n lograda por un estudio de los hechos y documentos contempor\u00e1neos. Tanto el rey Carlos V, el conde de Flandes, el duque de Breta\u00f1a y Jean Gerson, el gran canciller de la universidad, compiten entre s\u00ed en declararlo. D\u2019Ailly, entonces obispo de Cambrai, en sus s\u00ednodos diocesanos se hizo eco de estos sentimientos moderados y conciliatorios. En 1409 dijo a los genoveses: \u201cNo conozco cism\u00e1ticos, salvo aquellos que tercamente se niegan a conocer la verdad, o quienes despu\u00e9s de descubrirla se niegan a rendirse a ella o aquellos que aun formalmente declaran que no quieren seguir el movimiento hacia la uni\u00f3n\u201d. Cisma y herej\u00eda como los pecados y los vicios, agrega en 1412, s\u00f3lo pueden resultar de la terca oposici\u00f3n o a la unidad de la Iglesia, o a un art\u00edculo de fe. Esta es la doctrina pura del Doctor Ang\u00e9lico (cf. Tshackert, \u201cPeter von Ailli\u201d, ap\u00e9ndice 32, 33).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(3) Los m\u00e1s modernos doctores sostienen las mismas ideas. Bastar\u00e1 citar a Canon J.Didiot, de\u00e1n de la facultad de Lille: \u201cSi despu\u00e9s de la elecci\u00f3n de un Papa y antes de su muerte o renuncia tiene lugar una nueva elecci\u00f3n, \u00e9sta es nula y cism\u00e1tica; y el as\u00ed electo no est\u00e1 en la Sucesi\u00f3n Apost\u00f3lica. Esto fue visto al comienzo de lo que, de alguna manera incorrecta, es llamado el Gran Cisma de Occidente, que desde un punto de vista teol\u00f3gico fue cisma s\u00f3lo en apariencia. Si dos elecciones tienen lugar simult\u00e1neamente o con muy corto intervalo, una de acuerdo a las leyes previa-mente aprobadas y la otra contraria a ellas, la apostolicidad pertenece al Papa legalmente escogido y no al otro, y aunque haya dudas, discusiones y crueles discusiones sobre este punto, como en el tiempo del denominado Cisma de Occidente, no es menos cierto, no es menos real que la apostolicidad existe objetivamente en el verdadero Papa. \u00bfQu\u00e9 importa, en esta relaci\u00f3n objetiva, que no sea evidente a todos y no sea reconocida en forma un\u00e1nime aun largo tiempo despu\u00e9s? Si un tesoro me ha sido legado, perno no s\u00e9 si est\u00e1 en el cofre A o en joyero B. \u00bfSoy por ello menos poseedor del tesoro?\u201d. Despu\u00e9s el te\u00f3logo nos deja o\u00edr al canonista. Lo siguiente son las palabras de Bouix, tan competente en todas estas cuestiones. Hablando de los sucesos de este triste per\u00edodo, dice: \u201cEsta disensi\u00f3n fue llamada cisma, aunque incorrectamente. Nadie se retir\u00f3 del verdadero pont\u00edfice romano considerado como tal, pero cada uno obedeci\u00f3 a aquel que consideraba verdadero Papa. Se sometieron a \u00e9l, no en forma absoluta, sino a condici\u00f3n de que fuera el verdadero Papa. Aunque hubo varias obediencias, sin embargo, no hubo un cisma propiamente dicho\u201d (De Papa, I, 461).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(4) Para los contempor\u00e1neos, como se ha mostrado suficientemente, fue un problema casi insoluble. \u00bfSon nuestras luces m\u00e1s plenas y brillantes que las suyas? Despu\u00e9s de seis siglos somos capaces de juzgar m\u00e1s desinteresada e imparcialmente, y aparentemente el momento es oportuno para formar una decisi\u00f3n, si no definitiva, al menos mejor informada y m\u00e1s justa. En nuestra opini\u00f3n, el asunto avanz\u00f3 r\u00e1pidamente a fines del siglo XIX. El cardenal Hergenrother, Bliemetzrieder, He fele, Hinschius, Kraus, Bruck, Funk y el erudito Pastor en Alemania, Manion, Chenon, de Beaucourt y Denifle en Francia, Kirsch en Suiza, Palma, mucho despu\u00e9s Rinaldi, en Italia, Albers en los Pa\u00edses Bajos (para mencionar s\u00f3lo a los m\u00e1s competentes o ilustres), se han abiertamente declarado a favor de los Papas de Roma. Noel Valois, quien pretende tener autoridad en el asunto, al principio consider\u00f3 como dudosos a los Papas rivales y crey\u00f3 \u201cque la soluci\u00f3n de este gran problema estaba m\u00e1s all\u00e1 de la historia\u201d (I, 8). Seis a\u00f1os m\u00e1s tarde \u00e9l concluy\u00f3 su autorizado estudio y revis\u00f3 los hechos relativos en cuatro grandes vol\u00famenes. La siguiente es su conclusi\u00f3n final, mucho m\u00e1s expl\u00edcita y decidida que su anterior juicio: \u201cUna tradici\u00f3n ha sido establecida a favor de los Papas de Roma, que la investigaci\u00f3n hist\u00f3rica tiende a confirmar\u201d. Este libro en s\u00ed mismo (IV, 503), aunque el autor vacila en decidir, \u00bftrae nuevos argumentos en apoyo de la tesis romana, la cual en opini\u00f3n de algunos cr\u00edticos son bastante convincentes? Un argumento final y bastante reciente viene de Roma. En 1904 la \u201cGerarchia Cattolica\u201d, basando sus argumentos en la fecha del Liber Pontificalis, compil\u00f3 una nueva y corregida lista de soberanos pont\u00edfices. Diez nombres han desaparecido de esta lista de Papas leg\u00edtimos, ni los Papas de Avi\u00f1\u00f3n ni los de Pisa son incluidos en el verdadero linaje de San Pedro. Si esta omisi\u00f3n deliberada no es una prueba positiva, al menos es un supuesto muy fuerte a favor de la legitimidad de los Papas romanos Urba no VI, Bonifacio IX, Inocente VII y Gregorio XII. Adicionalmente, los nombres de los Papas de Avi\u00f1\u00f3n, Clemente VII y Benedicto XIII, fueron tomados por Papas posteriores (durante los siglos diecis\u00e9is y dieciocho) que fueron leg\u00edtimos. Aunque ya hemos hecho muchas citas, habiendo tenido que recurrir a testimonios antiguos y contempor\u00e1neos, de los siglos XIV y XV as\u00ed como del siglo XIX e incluso del siglo XX, transcribiremos dos textos tomados prestados de escritores que con respecto a la Iglesia est\u00e1n en polos opuestos. El primero es Gregorovius, a quien nadie supondr\u00eda con exagerado respeto por el Papado. Concerniente a las divisiones cism\u00e1ticas del per\u00edodo escribe: \u201cUn reino temporal habr\u00eda sucumbido por ello; pero la organizaci\u00f3n del reino espiritual era tan maravillosa, el ideal del Papado tan indestructible, que \u00e9ste, el m\u00e1s serio de los cismas, sirvi\u00f3 solamente para demostrar su indivisibilidad\u201d (Gesch.der Stadt Rom im Mittelalter, VI, 620). Desde un punto de vista completamente diferente de Maistre sostiene la misma apreciaci\u00f3n: \u201cEsta aflicci\u00f3n de los contempor\u00e1neos es para nosotros un tesoro hist\u00f3rico. Sirve para probar cu\u00e1n inamovible es el trono de San Pedro. \u00bfCu\u00e1l organizaci\u00f3n humana habr\u00eda resistido esta prueba?\u201d (Du Pape, IV, conclusi\u00f3n).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">LOUIS SALEMBIER<br \/>\nTranscrito por Judy Levandoski<br \/>\nTraducido por Eduardo Torres\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Este cisma de los siglos XIV y XV difiere en todos los aspectos del Cisma de Oriente. El \u00faltimo fue una verdadera revuelta contra la suprema autoridad de la Iglesia, fomentada por la ambici\u00f3n de los patriarcas de Constantinopla, favorecida por los emperadores griegos y apoyada por el clero y el pueblo de Bizancio, y &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cisma-occidente\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abCISMA OCCIDENTE\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-26218","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/26218","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=26218"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/26218\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=26218"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=26218"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=26218"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}