{"id":26261,"date":"2016-02-05T17:43:48","date_gmt":"2016-02-05T22:43:48","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/ordenacion-sagrada-de-una-mujer-declaracion-inter-insignores-sobre-la-cuestion-de-la-admision-de-las-mujeres-al-sacerdocio-ministerial\/"},"modified":"2016-02-05T17:43:48","modified_gmt":"2016-02-05T22:43:48","slug":"ordenacion-sagrada-de-una-mujer-declaracion-inter-insignores-sobre-la-cuestion-de-la-admision-de-las-mujeres-al-sacerdocio-ministerial","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/ordenacion-sagrada-de-una-mujer-declaracion-inter-insignores-sobre-la-cuestion-de-la-admision-de-las-mujeres-al-sacerdocio-ministerial\/","title":{"rendered":"ORDENACION SAGRADA DE UNA MUJER: DECLARACION INTER INSIGNORES SOBRE LA CUESTION DE LA ADMISION DE LAS MUJERES AL SACERDOCIO MINISTERIAL"},"content":{"rendered":"<p><p style=\"text-align: justify;\">El problema de la participaci\u00f3n de la mujer en el sacerdocio ministerial ha cobrado en estos \u00faltimos a\u00f1os una creciente actualidad. A ello ha contribuido la sensibilidad que hoy se tiene por la igualdad de derechos entre el hombre y la mujer, el que algunas Iglesias cristianas de la Reforma protestante hayan permitido el acceso de la mujer al oficio de pastores y el hecho de que en el Nuevo Testamento no se encuentre una expl\u00edcita prohibici\u00f3n de que la mujer pueda acceder al sacerdocio ministerial.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por otro lado, el concilio Vaticano II ha subrayado con fuerza la fundamental igualdad entre todos los miembros del Pueblo de Dios y, al mismo tiempo, ha insistido en una idea tan fecunda y tan entra\u00f1able como es la del sacerdocio universal de los fieles.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Algunos pretenden deducir de estos datos que el hecho indiscutible de que Cristo, los ap\u00f3stoles y la Iglesia posterior no hayan permitido la ordenaci\u00f3n sacerdotal de la mujer es tan s\u00f3lo un estado de hecho, debido a las condiciones socioculturales en las que Cristo y la Iglesia primitiva se mov\u00edan. Pero, al no haber en el Nuevo Testamento ninguna prohibici\u00f3n expresa en contrario, nada impedir\u00eda que las mujeres pudieran, en adelante, ser ordenadas de sacerdotes.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por eso, la Sagrada Congregaci\u00f3n para la Doctrina de la Fe estudi\u00f3 con detenimiento el asunto, por encargo expreso de Pablo VI. El resultado fue una reafirmaci\u00f3n clara de la pr\u00e1ctica y de los fundamentos doctrinales de esta pr\u00e1ctica en la Iglesia cat\u00f3lica.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">SUMARIO\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Declaraci\u00f3n estudia, primero, la constante tradici\u00f3n de la Iglesia y el modo de actuar de Cristo v de los ap\u00f3stoles (I-III); valora despu\u00e9s este hecho teol\u00f3gicamente (IV) y lo ilumina con la analog\u00eda de la fe, tanto a la luz del misterio de Cristo (V) como del misterio de la Iglesia (VI).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">INTRODUCCION: PUESTO QUE CORRESPONDE A LA MUJER EN LA SOCIEDAD MODERNA Y EN LA IGLESIA<br \/>\n1. Entre los rasgos m\u00e1s caracter\u00edsticos de nuestra \u00e9poca, el papa Juan XXIII indicaba, en su enc\u00edclica Pacem in terris, del d\u00eda 11 de abril de 1963, \u00abel hecho de que las mujeres est\u00e1n entrando en la vida p\u00fablica, quiz\u00e1 m\u00e1s de prisa en los pueblos que profesan la fe cristiana, y m\u00e1s lentamente, pero tambi\u00e9n a gran escala, en los pa\u00edses de civilizaci\u00f3n y tradiciones distintas\u00bb1. Del mismo modo, el concilio Vaticano II, en la constituci\u00f3n pastoral Gaudium et spes, al enumerar las formas de discriminaci\u00f3n que afectan a los derechos fundamentales de la persona, y que deben ser superadas y eliminadas por ser contrarias al plan de Dios, indica, en primer lugar, la discriminaci\u00f3n por raz\u00f3n del sexo2. La igualdad de las personas que de ah\u00ed se desprende tiende a la construcci\u00f3n de un mundo no completamente uniforme, sino arm\u00f3nico y unido, contando con que hombres y mujeres aporten sus propias dotes y su dinamismo, como expon\u00eda recientemente el papa Pablo VI3.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2. En la misma vida de la Iglesia, como lo demuestra la historia, ha habido mujeres que han actuado con decisiva eficacia, llevando a cabo obras notables. Baste pensar en las fundadoras de las grandes familias religiosas, como Santa Clara o Santa Teresa de Avila. Por otra parte, la misma santa abulense y Santa Catalina de Siena han dejado obras escritas de tan rico cont\u00e9nido espiritual, que el papa Pablo VI las ha inscrito entre los doctores de la Iglesia. Ni tampoco se pueden echar en olvido las numerosas mujeres consagradas al Se\u00f1or en el ejercicio de la caridad o en las misiones, ni el influjo profundo de las esposas cristianas dentro de sus familias y en la transmisi\u00f3n de la fe a sus hijos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3. Pero nuestro tiempo presenta mayores exigencias: \u00abComo en nuestros d\u00edas las mujeres toman parte cada vez m\u00e1s activa en toda la vida social, es sumamente importante que aumente tambi\u00e9n su participaci\u00f3n en los distintos campos de apostolado dentro de la Iglesia\u00bb4. Esta consigna del concilio Vaticano II ha dado origen a una evoluci\u00f3n que est\u00e1 en marcha: por m\u00e1s que, l\u00f3gicamente, tales experiencias necesitan madurar. No obstante, seg\u00fan observaba oportunamente el papa Pablo VI5, son ya muy numerosas las comunidades cristianas que se est\u00e1n beneficiando del compromiso apost\u00f3lico de las mujeres. Algunas de estas mujeres son llamadas a participar en los organismos de reflexi\u00f3n pastoral, tanto a nivel diocesano como parroquial; la misma Sede Apost\u00f3lica ha dado entrada a mujeres en algunos de sus organismos de trabajo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">4. Por su parte, algunas comunidades cristianas nacidas de la Reforma del siglo XVI o en tiempo posterior han admitido desde hace algunos a\u00f1os a las mujeres en el cargo de pastor, equipar\u00e1ndolas a los hombres; esta iniciativa ha provocado, por parte de los miembros de esas comunidades o grupos similares, peticiones y escritos encaminados a generalizar dicha admisi\u00f3n, aunque no han faltado tampoco reacciones en sentido contrario. Todo esto constituye, pues, un problema ecum\u00e9nico, acerca del cual la Iglesia cat\u00f3lica debe manifestar su pensamiento, tanto m\u00e1s cuanto que algunos sectores de opini\u00f3n se han preguntado si ella misma no deber\u00eda modificar su disciplina y admitir a las mujeres a la ordenaci\u00f3n sacerdotal. Algunos te\u00f3logos cat\u00f3licos han llegado a plantear p\u00fablicamente la cuesti\u00f3n y han dado lugar a investigaciones, no s\u00f3lo en el campo de la historia patr\u00edstica y de la historia de la Iglesia, sino tambi\u00e9n en el campo de la historia de las instituciones y de las costumbres de la sociolog\u00eda y de la psicolog\u00eda. Los diversos argumentos susceptibles de esclarecer tan importante problema han sido sometidos a un examen cr\u00edtico. Y como se trata de un tema debatido sobre el que la teolog\u00eda cl\u00e1sica no detuvo demasiado su atenci\u00f3n, la discusi\u00f3n actual corre el riesgo de pasar por alto elementos esenciales.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">5. Por estos motivos, obedeciendo al mandato recibido del Santo Padre Y haci\u00e9ndose eco de la declaraci\u00f3n que \u00e9l mismo ha hecho en su carta del 30 de noviembre de 19756, la Congregaci\u00f3n para la Doctrina de la Fe se siente en el deber de recordar que la Iglesia, por fidelidad al ejemplo de su Se\u00f1or, no se considera autorizada a admitir a las mujeres a la ordenaci\u00f3n sacerdotal, cree oportuno, en el momento presente, explicar esta postura de la Iglesia, que posiblemente sea dolorosa, pero cuyo valor positivo aparecer\u00e1 a la larga, dado que podr\u00eda ayudar a profundizar m\u00e1s la misi\u00f3n respectiva del hombre y de la mujer.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">1. LA TRADICION<br \/>\n6. La Iglesia no ha admitido nunca que las mujeres pudiesen recibir v\u00e1lidamente la ordenaci\u00f3n sacerdotal o episcopal. Algunas sectas her\u00e9ticas de los primeros siglos, sobre todo gn\u00f3sticas, quisieron hacer ejercitar el ministerio sacerdotal a las mujeres. Tal innovaci\u00f3n fue inmediatamente se\u00f1alada y condenada por los Padres, que la consideraron inaceptable por parte de la Iglesia7. Es cierto que se encuentra en sus escritos el innegable influjo de prejuicios contra la mujer, los cuales, sin embargo -hay que decirlo-, no han influido en su acci\u00f3n pastoral, y menos todav\u00eda en su direcci\u00f3n espiritcual. Pero, por encima de estas consideraciones inspiradas por el esp\u00edritu del momento, se indica -sobre todo en los documentos can\u00f3nicos de la tradici\u00f3n antioquena y egipcia- el mot\u00edvyo esencial de ello: que la Iglesia, al llamar \u00fanicamente a los hombres para la ordenaci\u00f3n y para el ministerio propamente sacerdotal, quiere permanecer fiel al tipo de ministerio sacerdotal deseado por el Se\u00f1or Jesucristo y mantenido cuidadosamente por los ap\u00f3stoles8.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">7. La misma convicci\u00f3n anima a la teolog\u00eda medieval9, incluso cuando los doctores escol\u00e1sticos, en su intento de aclarar racionalmente los datos de la fe, dan en este punto, con frecuencia, argumentos que el pensamiento moderno dificilmente admitir\u00eda o hasta justamente rechazar\u00eda. Desde entonces puede decirse que la cuesti\u00f3n no ha sido suscitada hasta hoy, ya que tal pr\u00e1ctica gozaba de la condici\u00f3n de posesi\u00f3n pac\u00edfica y universal.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">8. La tradici\u00f3n de la Iglesia respecto de este punto ha sido, pues, tan firme a lo largo de los siglos, que el magisterio no ha sentido necesidad de intervenir para proclamar un principio que no era discutido o para defender una ley que no era controvertida. Pero cada vez que esta tradici\u00f3n ten\u00eda ocasi\u00f3n de manifestarse, testimoniaba la voluntad de la Iglesia de conformarse con el modelo que el Se\u00f1or le ha dejado.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">9. La misma tradici\u00f3n ha sido fielmente salvaguardada por las Iglesias orientales. Su unanimidad acerca de este punto es tanto m\u00e1s de notar cuanto que en muchas otras ocasiones su disciplina admite una gran diversidad: y, en nuestros d\u00edas, estas mismas Iglesias reh\u00fasan asociarse a las solicitudes encaminadas a obtener el acceso de las mujeres a la ordenaci\u00f3n sacerdotal.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2. LA ACTITUD DE CRISTO<br \/>\n10. Jesucristo no llam\u00f3 a ninguna mujer a formar parte de los Doce. Al actuar as\u00ed, no lo hizo para acomodarse a las costumbres de su tiempo, ya que su actitud respecto a las mujeres contrasta singularmente con la de su ambiente y marca una ruptura voluntaria y valiente.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">11. As\u00ed, pues, con gran sorpresa de sus propios disc\u00edpulos. El conversa p\u00fablicamente con la samaritana10, no tiene en cuenta el estado de impureza de la hemorro\u00edsa11 -permite que una pecadora se le acerque en casa de Sim\u00f3n el fariseo12, perdona a la mujer ad\u00faltera v a la vez manifiesta que no se debe ser m\u00e1s severo con las faltas de una mujer que con las del hombre13. Jes\u00fas no duda en alejarse de la ley de Mois\u00e9s para afirmar la igualdad en los derechos y en los deberes, por parte del hombre y de la mujer, en lo que se refiere a los v\u00ednculos del matrimonio14.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">12. Durante su ministerio itinerante, Jes\u00fas se hace acompa\u00f1ar no s\u00f3lo por los Doce, sino tambi\u00e9n por un grupo de mujeres: \u00abMar\u00eda, llamada Magdalena, de la cual hab\u00edan salido siete demonios: Juana, mujer de Cusa, administrador de Herodes; Susana y otras varias, que le serv\u00edan de sus bienes\u00bb15. Al contrario de la mentalidad jud\u00eda, que no conced\u00eda gran valor al testimonio de las mujeres, como lo demuestra el derecho jud\u00edo, son \u00e9stas las primeras en tener el priv\u00edlegio de ver a\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cristo resucitado y son ellas las encargadas por Jes\u00fas de llevar el primer mensaje pascual, incluso a los Once16, para prepararlos a ser testigos oficiales de la resurrecci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">13. Es verdad que estas constataciones no ofrecen una evidencia inmediata. No habr\u00eda que extra\u00f1arse, pues los problemas que suscita la Palabra de Dios sobrepasan la evidencia. Para comprender el sentido \u00faltimo de la misi\u00f3n de Jes\u00fas, as\u00ed como el de la Escritura, no basta la ex\u00e9gesis simplemente hist\u00f3rica de los textos; sino que hay que reconocer que hay aqu\u00ed un conjunto de indicios convergentes que subrayan el hecho notable de que.Jes\u00fas no ha confiado a mujeres la misi\u00f3n de los Doce17. Su misma Madre, asociada tan \u00edntimamente a su misterio, y cuyo papel sin par es puesto de relieve por los evangelios de Lucas y de Juan, no ha sido investida del ministerio apost\u00f3lico, lo cual inducir\u00eda a los Padres a presentarla como el ejemplo de la voluntad de Cristo en tal campo: \u00abAunque la bienaventurada Virgen Mar\u00eda superaba en dignidad y excelencia a todos los ap\u00f3stoles, repite a principios del siglo XIII Inocencio III, no ha sido a Ella, sino a ellos, a quienes el Se\u00f1or ha confiado las llaves del reino de los cielos\u00bb18.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3. LA PRACTICA DE LOS APOSTOLES<br \/>\n14. La comunidad apost\u00f3lica ha sido fiel a la actitud de Jes\u00fas. Dentro del peque\u00f1o grupo de los que se reunen en el cen\u00e1culo despu\u00e9s de la ascensi\u00f3n, Mar\u00eda ocupa un puesto privilegiado19: sin embargo, no es Ella la llamada a entrar en el colegio de los Doce, en el momento de la elecci\u00f3n que desembocar\u00e1 en la elecci\u00f3n de Mat\u00edas: los presentados son dos discipulos que los evangelios no mencionan.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">15. El d\u00eda de Pentecost\u00e9s, el Esp\u00edritu Santo desciende sobre todos, hombres y mujeres20; sin embargo, el anuncio del cumplimiento de las profec\u00edas en la persona de Jes\u00fas es hecho por .\u00abPedro y los Once\u00bb21.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">16. Cuando \u00e9stos y Pablo salen de los l\u00edmites del mundo jud\u00edo, la predicaci\u00f3n del Evangelio y la vida cristiana en la civilizaci\u00f3n grecorromana les llevan a romper, a veces con dolor, con las pr\u00e1cticas mosaicas. Habr\u00edan podido pensar, si no hubieran estado persuadidos de su deber de ser fieles al Se\u00f1or en ese punto, en conferir la ordenaci\u00f3n sacerdotal a mujeres. En el mundo hel\u00e9nico diversos cultos a divinidades paganas estaban confiados a sacerdotisas. En efecto, los griegos no compart\u00edan las concepciones de los jud\u00edos. Y aunque ciertos fil\u00f3sofos hubieran sostenido la inferioridad de la mujer, los historiadores anotan la existencia de un movimiento de promoci\u00f3n femenina durante el per\u00edodo imperial. De hecho, comprobamos a trav\u00e9s de los Hechos de los Ap\u00f3stoles y de las cartas de San Pablo que algunas mujeres trabajan con el Ap\u00f3stol en favor del Evangelio22. El indica con complacencia sus nombres en los saludos finales de las cartas; algunas de ellas ejercen con frecuencia un influjo importante en las conversiones: Priscila, Lidia y otras, sobre todo Priscila, quien llev\u00f3 a cabo el perfeccionamiento de la formaci\u00f3n de Apolo23. Estos hechos ponen de manifiesto en la Iglesia apost\u00f3lica una considerable evoluci\u00f3n respecto de las costumbres del juda\u00edsmo. Sin embargo, en ning\u00fan momento se ha tratado de conferir la ordenaci\u00f3n a estas mujeres.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">17. En las Cartas paulinas, exegetas de autoridad han notado una diferencia, entre dos f\u00f3rmulas del Ap\u00f3stol: \u00e9l escribe indistintamente \u00abmis cooperadores\u00bb24 a prop\u00f3sito de los hombres y mujeres que lo ayudaban, de un modo o de otro, en su apostolado; sin embargo, \u00e9l reserva el t\u00edtulo de \u00abcooperadores de Dios\u00bb25 para Apolo, Timoteo y para s\u00ed mismo, Pablo, llamados as\u00ed porque ellos est\u00e1n directamente consagrados al ministerio apost\u00f3lico, a la predicaci\u00f3n de la Palabra de Dios. A pesar de su papel tan importante en el momento de la resurrecci\u00f3n, la colaboraci\u00f3n de las mujeres no llega, para San Pablo, hasta el ejercicio del anuncio oficial y p\u00fablico del mensaje, que queda en la l\u00ednea exclusiva de la misi\u00f3n apost\u00f3lica.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">4. VALOR PERMANENTE DE LA ACTITUD DE JES\u00daS Y DE LOS APOSTOLES<br \/>\n18. \u00bfPodr\u00eda hoy la Iglesia apartarse de esta actitud de Jes\u00fas y de los ap\u00f3stoles, considerada por toda la tradici\u00f3n, hasta el momento actual, como normativa? En favor de una respuesta positiva a esta pregunta han sido presentados diversos argumentos que conviene examinar.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">19. Se ha dicho especialmente que la toma de posici\u00f3n de Jes\u00fas y de los ap\u00f3stoles se explica por el influjo de su ambiente y de su tiempo. Si Jes\u00fas -se dice- no ha confiado a las mujeres, ni siquiera a su Madre, un ministerio que las asimila a los Doce, es porque las circunstancias hist\u00f3ricas no se lo permit\u00edan. Sin embargo, nadie ha probado, y es, sin duda. imposible probar, que esta actitud se inspira solamente en motivos socioculturales. El examen de los evangelios demuestra, por el contrario, como hemos visto, que Jes\u00fas ha roto con los prejuicios de su tiempo, contraviniendo frecuentemente las discriminaciones practicadas para con las mujeres. No se puede, pues, sostener que, al no llamar a las mujeres para entrar en el grupo apost\u00f3lico, Jes\u00fas se haya dejado guiar por simples razones de oportunidad. A mayor raz\u00f3n, este clima sociocultural no ha condicionado a los ap\u00f3stoles en un ambiente griego, en el que esas mismas discriminaciones no exist\u00edan.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">20. Otra objeci\u00f3n viene del car\u00e1cter caduco que se cree descubrir hoy en algunas de las prescripciones de San Pablo referentes a las mujeres, y de las dificultades que suscitan a este respecto ciertos aspectos de su doctrina. Pero hay que notar que esas prescripciones, probablemente inspiradas en las costumbres del tiempo, no se refieren sino a pr\u00e1cticas de orden disciplinar de poca importancia, como, por ejemplo, a la obligaci\u00f3n por parte de la mujer de llevar un velo en la cabeza26; tales exigencias ya no tienen valor normativo. No obstante, la prohibici\u00f3n impuesta por el Ap\u00f3stol a las mujeres de \u00abhablar\u00bb en la asamblea27 es de otro tipo. Los exegetas, sin embargo, precisan as\u00ed el sentido de la prohibici\u00f3n: Pablo no se opone absolutamente al derecho, que reconoce, por lo dem\u00e1s, a las mujeres, de profetizar en la asamblea28: la prohibici\u00f3n se refiere \u00fanicamente a la funci\u00f3n oficial de ense\u00f1ar en la asamblea. Para San Pablo esta prohibici\u00f3n est\u00e1 ligada al plan divino de la creaci\u00f3n29; dificilmente podr\u00eda verse ah\u00ed la expresi\u00f3n de un dato cultural. No hay que olvidar, por lo dem\u00e1s, que debemos a San Pablo uno de los textos m\u00e1s vigorosos del Nuevo Testamento acerca de la igualdad fundamental entre el hombre y la mujer como hijos de Dios en Cristo30. No hay, pues, motivo para acusarle de prejuicios hostiles para con las mujeres, cuando se constata la confianza que les testimonia y. la colaboraci\u00f3n que les pide en su apostolado.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">21. Adem\u00e1s de estas objeciones, sacadas de la historia de los tiempos apost\u00f3licos, los sostenedores de la legitimidad de una evoluci\u00f3n en este terreno sacan argumentos de la pr\u00e1ctica de la Iglesia en la disciplina de los sacramentos. Se ha podido observar, sobre todo en nuestra \u00e9poca, c\u00f3mo la Iglesia tiene conciencia de poseer respecto de los sacramentos, aunque instituidos por Cristo, cierto poder de intervenci\u00f3n. Ella lo ha usado a lo largo de los siglos para precisar el signo y las condiciones de administraci\u00f3n: las recientes decisiones de los papas P\u00edo XII y Pablo VI son una prueba31. No obstante, hay que subrayar que ese poder es real, pero limitado. Como lo recordaba P\u00edo XII: \u00abEn la Iglesia ha existido siempre este poder, es decir, que en la administraci\u00f3n de los sacramentos, salvaguardada la sustancia de los mismos, ella pueda establecer o modificar todo lo que cree ser m\u00e1s conveniente o \u00fatil para aquellos que los reciben o para el respeto hacia los mismos sacramentos, seg\u00fan las diversas circunstancias de tiempos y lugares\u00bb32. Esta era ya la ense\u00f1anza del concilio de Trento, que declaraba: \u00abLa Iglesia ha tenido siempre el poder, en la administraci\u00f3n de los sacramentos, de prescribir o modificar todo aquello que conviene m\u00e1s, seg\u00fan las diversas \u00e9pocas o pa\u00edses, para la utilidad de los fieles o el respeto debido a los sacramentos, con tal que sea salvaguardada la sustancia de los mismos\u00bb33.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">22. Por otra parte, no hay que olvidar que los signos sacramentales no son convencionales; y aunque es cierto que son, en ciertos aspectos, signos naturales, dado que responden al simbolismo profundo de los gestos y de las cosas, ellos son m\u00e1s que eso: est\u00e1n destinados principalmente a introducir al hombre de cada \u00e9poca en el acontecimiento por excelencia de la historia de la salvaci\u00f3n y, a hacerle comprender, mediante la gran riqueza de la pedagog\u00eda y del simbolismo de la Biblia, cu\u00e1l es la gracia que ellos significan y producen. As\u00ed, por ejemplo, el sacramento de la Eucarist\u00eda no es solamente una comida fraterna, sino tambi\u00e9n un memorial que hace presente y actualiza el sacrificio de Cristo y su ofrenda por la Iglesia: el sacerdocio ministerial no es un simple servicio pastoral, sino que asegura la continuidad de las funciones confiadas por Cristo a los Doce y de los respectivos poderes. La adaptaci\u00f3n a las civilizaciones y a las \u00e9pocas no puede, pues, abolir, en los puntos esenciales, la referencia sacramental a los acontecimientos fundacionales del cristianismo y al mismo Cristo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">23. En \u00faltimo an\u00e1lisis, es la Iglesia la que, a trav\u00e9s de la voz de su magisterio. asegura en campos tan variados el discernimiento acerca de lo que puede cambiar y de lo que debe quedar inmutable. Cuando ella cree no poder aceptar ciertos cambios, es porque se siente vinculada por la conducta de Cristo: su actitud, a pesar de las apariencias, no es la del arca\u00edsmo, sino la de la fidelidad: ella no puede comprenderse verdaderamente m\u00e1s qu\u00e9 bajo esta luz. La Iglesia se pronuncia, en virtud de la promesa del Se\u00f1or y de la presencia del Esp\u00edritu Santo, con miras a proclamar mejor el misterio de Cristo, de salvaguardarlo y de manifestar \u00edntegramente la riqueza del mismo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">24. Esta pr\u00e1ctica de la Iglesia reviste, pues, un car\u00e1cter normativo: en el hecho de no conferir m\u00e1s que a hombres la ordenaci\u00f3n sacerdotal hay una tradici\u00f3n constante en el tiempo, universal en Oriente y en Occidente, vigilante en reprimir inmediatamente los abusos: esta norma, que se apoya en el ejemplo de Cristo, es seguida porque se la considera conforme con el plan de Dios para su Iglesia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">5. EL SACERDOCIO MINISTERIAL, A LA LUZ DEL MISTERIO DE CRISTO<br \/>\n25. Despu\u00e9s de haber recordado la norma de la Iglesia y sus fundamentos, es \u00fatil y oportuno tratar de aclarar dicha norma, mostrando la profunda conveniencia que la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica descubre entre la naturaleza propia del sacramento del orden, con su referencia espec\u00edfica al misterio de Cristo, y el hecho de que s\u00f3lo hombres hayan sido llamados a recibir la ordenaci\u00f3n sacerdotal. No se trata de ofrecer una argumentaci\u00f3n demostrativa, sino de esclarecer esta doctrina por la analog\u00eda de la fe.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">26. La ense\u00f1anza constante de la Iglesia, renovada y especificada por el concilio Vaticano II, recordada asimismo por el s\u00ednodo de los obispos de 1971 y por esta Congregaci\u00f3n para la Doctrina de la Fe en la declaraci\u00f3n del 21 de junio de 1973, proclama que el obispo o el sacerdote, en el ejercicio de su ministerio, no act\u00faa en nombre propio in persona propria: representa a Cristo que obra a trav\u00e9s de \u00e9l: \u00abEl sacerdote tiene verdaderamente el puesto de Cristo\u00bb, escrib\u00eda ya San Cipriano34. Este valor de representaci\u00f3n de Cristo es lo que San Pablo consideraba como caracter\u00edstico de su funci\u00f3n apost\u00f3lica35. Esta representaci\u00f3n de Cristo alcanza su m\u00e1s alta expresi\u00f3n y un modo muy particular en la celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00eda, que es la fuente y el centro de unidad de la Iglesia, banquete-sacrificio en el que el pueblo de Dios se asocia al sacrificio de Cristo; el sacerdote, el \u00fanico que tiene el poder de llevarlo a cabo, act\u00faa entonces no s\u00f3lo en virtud de la eficacia que le confiere Cristo, sino in persona Christi36 haciendo las veces de Cristo, hasta el punto de ser su imagen misma cuando pronuncia las palabras de la consagraci\u00f3n37.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">27. El sacerdocio cristiano es, por tanto, de naturaleza sacramental: el sacerdote es un signo, cuya eficacia sobrenatural proviene de la ordenaci\u00f3n recibida; pero es tambi\u00e9n un signo que debe ser perceptible38 y que los cristianos han de poder captar f\u00e1cilmente. En efecto, la econom\u00eda sacramental est\u00e1 fundada sobre signos naturales, sobre s\u00edmbolos inscritos en la psicolog\u00eda humana: \u00abLos signos sacramentales -dice Santo Tom\u00e1s- representan lo que significan por su semejanza natural\u00bb39. La misma ley vale cuando se trata de personas: cuando hay que expresar sacramentalmente el papel de Cristo en la Eucarist\u00eda, no habr\u00eda esa \u00absemejanza natural\u00bb que debe existir entre Cristo y su ministro si el papel de Cristo no fuera asumido por un hombre; en caso contrario, dif\u00edcilmente se ver\u00eda en el ministro la imagen de Cristo. Porque Cristo mismo fue y sigue siendo un hombre.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">28. Ciertamente, Cristo es el primog\u00e9nito de toda la Humanidad, mujeres y hombres: la unidad que El restableci\u00f3 despu\u00e9s del pecado es tal, que \u00abno hay ya jud\u00edo o griego, no hay var\u00f3n o hembra, porque todos sois uno en Cristo Jes\u00fas\u00bb40. Sin embargo, la encarnaci\u00f3n del Verbo se hizo seg\u00fan el sexo masculino: se trata de una cuesti\u00f3n de hecho; pero este hecho, lejos de implicar una pretendida superioridad natural del hombre sobre la mujer, es inseparable de la econom\u00eda de la salvaci\u00f3n; en efecto, est\u00e1 en armon\u00eda con el conjunto del plan de Dios, tal como Dios mismo lo ha revelado, y cuyo centro es el misterio de la Alianza.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">29. Porque la salvaci\u00f3n ofrecida por Dios a los hombres, la uni\u00f3n con El a la que ellos son llamados, en una palabra, la Alianza, reviste ya en el Antiguo Testamento, como se ve en los profetas, la forma privilegiada de un misterio nupcial: el pueblo elegido se convierte para Dios en una esposa ardientemente amada; la tradici\u00f3n, tanto jud\u00eda como cristiana, ha descubierto la profundidad de esta intimidad de amor leyendo y volviendo a leer el Cantar de los Cantares; el Esposo divino permanecer\u00e1 fiel incluso cuando la Esposa traicione su amor, cuando Israel sea infiel a Dios41. Cuando llega \u00abla plenitud de los tiempos\u00bb, el Verbo, Hijo de Dios, se encarna para inaugurar y sellar la Alianza nueva y eterna en su sangre, que ser\u00e1 derramada por la muchedumbre para la remisi\u00f3n de los pecados: su muerte reunir\u00e1 a los hijos de Dios que se hallaban dispersos; de su costado abierto nace la Iglesia, como Eva naci\u00f3 del costado de Ad\u00e1n. Entonces se realiza plena y definitivamente el misterio nupcial, enunciado y cantado en el Antiguo Testamento: Cristo es el Esposo; la Iglesia es su Esposa, a la que El ama porque la ha comprado con su sangre, la ha hecho hermosa y santa y, en adelante, es inseparable. de El. Este tema nupcial, que se precisa luego en las cartas de San Pablo42 y en los escritos de San Juan43, se encuentra tambi\u00e9n en los evangelios sin\u00f3pticos: mientras el esposo est\u00e1 con ellos, sus amigos no deben ayunar44: el reino de los cielos es semejante a un rey que celebr\u00f3 la boda de su hijo45. Mediante este lenguaje de la Escritura. entretejido de s\u00edmbolos, que expresa y alcanza al hombre y a la mujer en su identidad profunda, se nos ha revelado el misterio de Dios y. de Cristo; misterio, de suyo, insondable.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">30. Por ello mismo no se puede pasar por alto el hecho de que Cristo es un hombre. Y, por tanto, a menos de desconocer la importancia de este simbolismo para la econom\u00eda de la Revelaci\u00f3n, hay, que admitir que, en las acciones que exigen el car\u00e1cter de la ordenaci\u00f3n y donde se representa a Cristo mismo, autor de la Alianza, esposo y jefe de la Iglesia, ejerciendo su ministerio de salvaci\u00f3n -lo cual sucede en la forma m\u00e1s alta en la Eucarist\u00eda-, su papel lo debe realizar (\u00e9ste es el sentido obvio de la palabra \u00abpersona\u00bb) un hombre: lo cual no revela en \u00e9l ninguna superioridad personal en\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">orden de los valores, sino solamente una diversidad de hecho en el plano de las funciones y del servicio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">31. Podr\u00eda decirse que, puesto que Cristo se halla actualmente en condici\u00f3n celeste, ser\u00eda indiferente que sea representado por un hombre o por una mujer, ya que \u00aben la resurrecci\u00f3n ni se casar\u00e1n ni se dar\u00e1n en casamiento\u00bb46. Sin embargo, este texto no significa que la distinci\u00f3n entre hombre y mujer, dado que determina la identidad propia de la persona, sea suprimida en la glorificaci\u00f3n: lo que vale para nosotros vale tambi\u00e9n para Cristo. No es necesario recordar que en los seres humanos la diferencia sexual desempe\u00f1a un papel importante, m\u00e1s profundo que, por ejemplo, el de las diferencias \u00e9tnicas; en efecto, \u00e9stas no afectan a la persona humana de manera tan \u00edntima como la diferencia de sexo, que se ordena directamente a la comuni\u00f3n entre las personas y a la generaci\u00f3n; y que es, seg\u00fan la Revelaci\u00f3n, el efecto de una voluntad primordial de Dios: \u00abLos cre\u00f3 macho y hembra\u00bb47.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">32. Sin embargo -se dir\u00e1 todav\u00eda-, el sacerdote, sobre todo cuando preside las funciones lit\u00fargicas y sacramentales, representa a la Iglesia, obra en nombre de ella, \u00abcon intenci\u00f3n de hacer lo que ella hace\u00bb. En este sentido, los te\u00f3logos de la Edad Media dec\u00edan que el ministro obra tambi\u00e9n in persona Ecclesiae, es decir, en nombre de toda la Iglesia y para representarla. En efecto, sea cual fuere la participaci\u00f3n de los fieles en una acci\u00f3n lit\u00fargica. es cierto que tal acci\u00f3n es celebrada por el sacerdote en nombre de toda la Iglesia; \u00e9l ruega por todos y en la misa ofrece el sacrificio de toda la Iglesia: en la nueva Pascua, es la Iglesia la que inmola a Cristo sacramentalmente por medio del sacerdote48. Dado, pues, que el sacerdote representa tambi\u00e9n a la Iglesia, \u00bfno ser\u00eda posible pensar que esta representaci\u00f3n puede ser asegurada por una mujer, seg\u00fan el simbolismo antes expuesto? Es verdad que el sacerdote representa a la Iglesia, que es el cuerpo de Cristo. Pero si lo hace es precisamente porque representa, ante todo, a Cristo mismo; que es la Cabeza Pastor de la Iglesia, seg\u00fan f\u00f3rmula del concilio Vaticano II49 que precisa y completa la expresi\u00f3n in persona Christi. En calidad de tal, el sacerdote preside la asamblea cristiana y celebra el sacrificio eucar\u00edstico. \u00abque toda la Iglesia ofrece y en el que ella entera se ofrece a s\u00ed misma\u00bb50.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">33. Si se tiene en cuenta el valor de estas reflexiones, se comprender\u00e1 mejor el v\u00e1lido fundamento en el que se basa la pr\u00e1ctica de la Iglesia; y se podr\u00e1 concluir que las controversias suscitadas en nuestros d\u00edas acerca de la ordenaci\u00f3n de la mujer son para todos los cristianos una acuciante invitaci\u00f3n a profundizar m\u00e1s en el sentido del episcopado y del presbiterado, a descubrir de nuevo el lugar original del sacerdote dentro de la comunidad de los bautizados, de la que \u00e9l es ciertamente parte, pero de la que se distingue, ya que en las acciones que exigen el car\u00e1cter de la ordenaci\u00f3n \u00e9l es para la comunidad -con toda la eficacia que el sacramento comporta- la imagen, el s\u00edmbolo del mismo Cristo, que llama, perdona y realiza el sacrificio de la Alianza.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">6. EL SACERDOCIO MINISTERIAL EN EL MISTERIO DE LA IGLESIA<br \/>\n34. Quiz\u00e1 sea oportuno recordar que los problemas de eclesiolog\u00eda y de teolog\u00eda sacramental -sobre todo cuando tocan el sacerdocio, como en el caso presente- no pueden ser resueltos m\u00e1s que a la luz de la Revelaci\u00f3n. Las ciencias humanas, por preciosa que pueda ser la aportaci\u00f3n que ofrecen en este campo, no bastan, ya que ellas no pueden captar las realidades de la fe: el contenido propiamente sobrenatural de \u00e9stas escapa a la competencia de las mismas ciencias.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">35. Por ello hay que poner de relieve que la Iglesia es una sociedad diferente de las otras sociedades, original en su naturaleza y estructuras. La funci\u00f3n pastoral al interior de la Iglesia est\u00e1 normalmente vinculada al sacramento del orden: ella no es simplemente un gobierno comparable a las formas de autoridad que se dan en los Estados. Esta no es otorgada por la espont\u00e1nea elecci\u00f3n de los hombres. Incluso cuando tal autoridad comporta una designaci\u00f3n por la v\u00eda de elecci\u00f3n, es la imposici\u00f3n de las manos y la oraci\u00f3n de los sucesores de los ap\u00f3stoles la que garantiza la elecci\u00f3n de Dios; y es el Esp\u00edritu Santo, recibido en la ordenaci\u00f3n, el que hace participar en el gobierno del Supremo Pastor, Cristo51. Es una funci\u00f3n de servicio y. de amor: \u00abSi me amas. apacienta mis ovejas\u00bb52.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">36. Por este motivo no se ve c\u00f3mo es posible proponer el acceso de las mujeres al sacerdocio, en vista de la igualdad de los derechos de la persona humana, igualdad que vale tambi\u00e9n para los cristianos. A tal fin se utiliza, a veces, el texto antes citado de la carta a los G\u00e1latas53, seg\u00fan el cual en Cristo no hay distinci\u00f3n entre hombre y mujer. Pero este texto no se refiere en absoluto a los ministerios: \u00e9l afirma solamente la vocaci\u00f3n universal a la filiaci\u00f3n divina, que es la misma para todos. Por otra parte, y por encima de todo, ser\u00eda desconocer completamente la naturaleza del sacerdocio ministerial considerarlo como un derecho: el bautismo no confiere ning\u00fan t\u00edtulo personal al ministerio p\u00fablico en la Iglesia. El sacerdocio no es conferido como un honor o ventaja para quien lo recibe. sino como un servicio a Dios y a la Iglesia; es objeto de una vocaci\u00f3n espec\u00edfica, totalmente gratuita: \u00abno me hab\u00e9is elegido vosotros a m\u00ed, sino que yo os eleg\u00ed a vosotros&#8230;\u00bb54\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">37. Se dice a veces, o se escribe en libros y revistas, que hay mujeres que sienten vocaci\u00f3n sacerdotal. Tal atracci\u00f3n, por muy noble y comprensible que sea, no constituye todav\u00eda una vocaci\u00f3n. En efecto, \u00e9sta no puede ser reducida a un simple atractivo personal, que puede ser meramente subjetivo. Dado que el sacerdocio es un ministerio particular confiado al cuidado y control de la Iglesia, es indispensable la autentificaci\u00f3n por parte de la Iglesia. Tal autentificaci\u00f3n forma parte constitutiva de la vocaci\u00f3n: Cristo ha elegido \u00aba los que quiso\u00bb55. Por el contrario, todos los bautizados tienen una vocaci\u00f3n universal al ejercicio del sacerdocio real mediante el ofrecimiento de su vida por Dios y el testimonio de alabanza al Se\u00f1or.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">38. Las mujeres que manifiestan el deseo de acceder al sacerdocio ministerial est\u00e1n, ciertamente, inspiradas por la voluntad de servir a Cristo y a la Iglesia. Y no es sorprendente que en un momento en que las mujeres toman conciencia de las discriminaciones de las que han sido objeto, algunas de ellas deseen el sacerdocio ministerial. Sin embargo, no hay que olvidar que el sacerdocio no forma parte de los derechos de la persona, sino que depende del misterio de Cristo y de la Iglesia. El sacerdocio no puede convertirse en t\u00e9rmino de una promoci\u00f3n social. Ning\u00fan progreso puramente humano de la sociedad o de la persona puede de por s\u00ed abrir el acceso al mismo: se trata de cosas distintas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">39. Lo que hemos de hacer es meditar mejor acerca de la verdadera naturaleza de esta igualdad de los bautizados, que es una de las grandes afirmaciones del cristianismo: igualdad no significa identidad dentro de la Iglesia. que es un cuerpo diferenciado en el que cada uno tiene su funci\u00f3n; los papeles son diversos y no deben ser confundidos. no dan pie a superioridad de unos sobre otros ni ofrecen pretexto para la envidia: el \u00fanico carisma superior que debe ser apetecido es la caridad56. Los m\u00e1s grandes en el reino de los cielos no son los ministros, sino los santos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">40. La Iglesia hace votos para que las mujeres cristianas tomen plena conciencia de la grandeza de su misi\u00f3n: su papel es capital hoy en d\u00eda, tanto para la renovaci\u00f3n y humanizaci\u00f3n de la sociedad como para descubrir de nuevo, por parte de los creyentes, el verdadero rostro de la Iglesia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la audiencia concedida el 15 de octubre de 1976 al infrascrito prefecto de la Sagrada Congregaci\u00f3n para la Doctrina de la Fe, el papa Pablo VI aprob\u00f3 esta declaraci\u00f3n, la confirm\u00f3 y orden\u00f3 que se publicara.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dado en Roma, en la sede de la Congregaci\u00f3n para la Doctrina de la Fe, el 15 de octubre de 1976, fiesta de Santa Teresa de Jes\u00fas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">FRANCO, cardenal SEPER, Prefecto.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">JERONIMO HAMER, O.P., Arzobispo titular de Lorium, Secretario.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">1\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">AAS 55 (1963) 267-268.<br \/>\n2\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cf. CONCILIO VATICANO II, Const. Gaudium et spes n.29: AAS 58 (1966) 1048-1049.<br \/>\n3\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cf. PABLO VI, Aloc. a los miembros de la \u00abComisi\u00f3n de estudio sobre la funci\u00f3n de la mujer en la sociedad y en la Iglesia\u00bb y a los miembros del \u00abComit\u00e9 para el A\u00f1o internacional de la mujer\u00bb: AAS 67 (1975) 265.<br \/>\n4\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Conc. Vaticano II, Decr. Apostolicam actuositatem n.9: AAS 58 (1966) 846.<br \/>\n5\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cf. PABLO VI, Aloc. a los miembros de la \u00abComisi\u00f3n de estudio sobre la funci\u00f3n de la mujer en la sociedad y en la Iglesia\u00bb y a los miembros del \u00abComit\u00e9 para el A\u00f1o internacional de la mujer\u00bb: AAS 67 (1975) 266.<br \/>\n6\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cf. AAS 68 (1976) 599-601.<br \/>\n7\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">S.IRENEO, Adversus haereses 1 13,2: PG 7,580-581; TERTULIANO, De praescrip. haerel. 41,5: CCL 1,221; Firmiliano de Cesarea en SAN CIPRIANO, Epist. 75: CSEL 3,817-818; ORIGENFS, Fragmento in 1 Cor. 74: Journal of Theological Studies 10 (1909) 41-42; SAN EPIFANIO. Panarum 49,2-3; 78,23; 79,2-4: GGS II 31,243-244; III 37,477-479.<br \/>\n8\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Didascalia Apostolorum, ed. Connolly, c15 p.133.142; Constitutiones Apostolicae 3 c.6 n.l-2; c.9 n.3-4, ed. F. X. Funk, p.191-201; SAN JUAN CRISOSTOMO, De sacerdotio 2,2: PG 48,633.<br \/>\n9\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">SAN BUENAVENTURA, In IV Sent. dist. 25 a.2 c.1, ed. Quaracchi, t.4 p.649; RICARDO DE MEDIAVILLA, In IV Sent. dist. 25 a.4 n.1 (Venecia 1499) fol.177r; JUAN DUNS SCOTO. In IV Sent. dist. 25. en Opus Oxoniense. ed. Vives, t.19 p.140; Reportata parisiensia t.24 p.369-371; DURANDO DE SAINT-POURCAIN, In IV Sent. dist. 25 c.2 (Venecia 1571) fol.364v.<br \/>\n10\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cf. Jn 4,27.<br \/>\n11\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cf. Mt 9.20-22.<br \/>\n12\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cf. Lc 7.37ss.<br \/>\n13\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cf Jn 8.11.<br \/>\n14\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cf. Mc 10,2-11; Mt 19,3-9.<br \/>\n15\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lc 8.2-3.<br \/>\n16\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cf. Mt 28,7-10; Lc 24,9-10; Jn 20,11-18.<br \/>\n17\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se ha querido explicar tambi\u00e9n este hecho por una intenci\u00f3n simb\u00f3lica de Jes\u00fas: los Doce deb\u00edan representar a los jefes de las doce tribus de Israel (cf. Mi 19.28; Lc 22,30). Pero en estos textos se trata solamente de su participaci\u00f3n en el juicio escatol\u00f3gico. El sentido esencial de la elecci\u00f3n de los Doce hay que buscarlo, m\u00e1s bien. en la totalidad de su misi\u00f3n (cf. Mc 3.14): ellos deben representar a Jes\u00fas ante el pueblo y continuar su obra.<br \/>\n18\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">INOCENCIO III, Epist. ( 11 dic. 1210) a los obispos de Palencia y Burgos, insertada en el Corpus Iuris decr.15 t\u00edt.38: De pamitentia c.10: Nova. ed. Friedberg, t.2, col.886-887; cf. Glossa in Decretalia I t\u00edt.33 e.12; Dialecta r. Iurisdictioni. Cf. Sum. theol. III q.27 a.5 ad 3: PSEUDO ALBERTO MAGNO, Mariale 1.42, ed. Borgnet, 37,81.<br \/>\n19\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cf. Hech 1,14.<br \/>\n20\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cf Hech 2,1: 1,14.<br \/>\n21\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hech 2, 14.<br \/>\n22\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cf. Rom 16.3-12; Flp 4,3.<br \/>\n23\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cf. Hech 18.26; cf. Rom 16,1.<br \/>\n24\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Rom 16,3; Flp 4,2-3.<br \/>\n25\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">1 Cor 3.9: cf. 1 Tes 3,2.<br \/>\n26\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cf. 1 Cor 11,2-16.<br \/>\n27\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cf. 1 Cor 14,34-35; 1 Tim 2,12.<br \/>\n28\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cf. 1 Cor 11,5.<br \/>\n29\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cf. 1 Cor 11,17: G\u00e9n 2,18-24.<br \/>\n30\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cf G\u00e1l 3,28.<br \/>\n31\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">PIO XII, Const. apost. Sacramentum ordinis: AAS 40 (1948) 5-7: PABLO VI, Const. apost. Divinae consortium naturae: AAS 63 (1971) 657-664; Const. apost. Sacram unttionem: AAS 65 (1973) 5-9.<br \/>\n32\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">P\u00edo XII Const. apost. Sacramentum ordinis: AAS 40 (1948) 5.<br \/>\n33\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">CONCILIO DE TRENTO, ses.21 c.2 DS. Enchiridion Symbolorum n.1728.<br \/>\n34\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">SAN CIPRIANO, Epist. 63,14: PL 4,397, ed. Hartel, t.3 p.713.<br \/>\n35\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cf. 2 Cor 5,20; G\u00e1l 4.14.<br \/>\n36\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Conc. VATICANO II, Const. Sacrosanctum concilium n.33: \u00ab.\u201e el sacerdote que preside la asamblea representando a Cristo\u00bb: Const. dogm. Lumen gentium n.10: \u00abEl sacerdocio ministerial, por la potestad sagrada de que goza, forma y dirige el pueblo sacerdotal, hace el sacrificio eucar\u00edstico en la persona de Cristo y lo ofrece en nombre de todo el pueblo a Dios..\u00bb; n.28: \u00abEn virtud del sacramento del orden, a imagen de Cristo, sumo y eterno sacerdote, &#8230; ejercen su oficio sagrado sobre todo en el culto o asamblea eucar\u00edstica, donde, obrando en nombre de Cristo&#8230;\u00bb; decr. Presbyterorum ordinis n.2: \u00ab&#8230; los presb\u00edteros, por la unci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, quedan sellados con un car\u00e1cter particular y as\u00ed se configuran con Cristo, de suerte que pueden obrar como en persona de Cristo cabeza\u00bb; n.13: \u00abComo ministros sagrados, se\u00f1aladamente en el sacrificio de la misa, los sacerdotes representan a Cristo&#8230;\u00bb. Cf. SINODO DE LOS OBISPOS 1971, De sacerdocio ministeriali I 4: SAGRADA CONGREGACION PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Declaratio circa catholicam doctrinam de Ecclesia n.6.<br \/>\n37\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">SANTO TOMAS, Sum. theol. II-I q.83 a.l ad 3: \u00abAsi como la celebraci\u00f3n de este sacramento es imagen representativa de la cruz de Cristo (ibid.. ad 2), por la misma raz\u00f3n el sacerdote representa a Cristo y consagra en su nombre con su virtud\u00bb.<br \/>\n38\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">In IV Sent. dist.25 n.2 a.1 q.&#8217; 1.&#8217; ad corp.: \u00abDado que el sacramento es un signo, en aquello que se lleva a efecto por el mismo sacramento se requiere no s\u00f3lo la res, sino tambi\u00e9n la -significaci\u00f3n de la. res\u00bb. (precisamente para rechazar la ordenaci\u00f3n de las mujeres).<br \/>\n39\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">In IV Sent. dist. c.2 a.2 q. 1. ad 4.<br \/>\n40\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">G\u00e1l 3,28.<br \/>\n41\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cf. Os 1.3; Jer 2.<br \/>\n42\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cf. 2 Cor 11,2; Ef 5.22-23.<br \/>\n43\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cf Jn 3,29; Ap 19,7.9.<br \/>\n44\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cf. Mc 2,19.<br \/>\n45\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cf. Mc 22,1-14.<br \/>\n46\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mt 22,30.<br \/>\n47\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">G\u00e9n 1.27.<br \/>\n48\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cf. Conc. TRIDENTINO ses.22 c.l: DS 1741.<br \/>\n49\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Conc. VATICANO II, Const. dogm. Lumen gentium n.28: \u00abEjerciendo en la medida de su autoridad el oficio de Cristo. Pastor y Cabeza&#8230;\u00bb; decr. Presbiterorum ordinis n.2: \u00abDe suerte que puedan obrar como en persona de Cristo Cabeza\u00bb: n.6: \u00abEl oficio de Cristo, Cabeza Pastor&#8230;\u00bb; cf. Pio XII, Enc. Mediator Dei: \u00abEl ministro del altar representa a Cristo como que ofrece -en nombre de todos sus miembros; AAS 39 (1947) 556; SINODO DE LOS OBISPOS 1971. De sacerdocio ministeriali I n.4: \u00abHace presente a Cristo, Cabeza de la comunidad&#8230;\u00bb.<br \/>\n50\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">PAULO VI, Enc. Mysterium fidei: AAS 57 (1965) 761.<br \/>\n51\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cf. Hech -20.28.<br \/>\n52\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cf. Jn 21.15-17.<br \/>\n53\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Gal 3-.28.<br \/>\n54\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Jn 15, 16; cf. Heb 5,4.<br \/>\n55\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mc 3.13.<br \/>\n56\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cf. 1 Cor 12-13.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\nFuente: Biblioteca electr\u00f3nica cristiana.\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El problema de la participaci\u00f3n de la mujer en el sacerdocio ministerial ha cobrado en estos \u00faltimos a\u00f1os una creciente actualidad. A ello ha contribuido la sensibilidad que hoy se tiene por la igualdad de derechos entre el hombre y la mujer, el que algunas Iglesias cristianas de la Reforma protestante hayan permitido el acceso &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/ordenacion-sagrada-de-una-mujer-declaracion-inter-insignores-sobre-la-cuestion-de-la-admision-de-las-mujeres-al-sacerdocio-ministerial\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abORDENACION SAGRADA DE UNA MUJER: DECLARACION INTER INSIGNORES SOBRE LA CUESTION DE LA ADMISION DE LAS MUJERES AL SACERDOCIO MINISTERIAL\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-26261","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/26261","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=26261"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/26261\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=26261"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=26261"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=26261"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}