{"id":26288,"date":"2016-02-05T17:44:53","date_gmt":"2016-02-05T22:44:53","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/san-pablo\/"},"modified":"2016-02-05T17:44:53","modified_gmt":"2016-02-05T22:44:53","slug":"san-pablo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/san-pablo\/","title":{"rendered":"SAN PABLO"},"content":{"rendered":"<p><h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 Cuestiones Preliminares\n<ul>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-2\">1.1 Los Hechos Ap\u00f3crifos de San Pablo<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-3\">1.2 Cronolog\u00eda<\/li>\n<\/ul>\n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-4\">2 Vida y Obras de San Pablo\n<ul>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-5\">2.1 Su Nacimiento y su Educaci\u00f3n<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-6\">2.2 Su Conversi\u00f3n y Primeras Empresas<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-7\">2.3 Sus Trabajos Apost\u00f3licos\n<ul>\n<li class=\"toclevel-3 tocsection-8\">2.3.1 Primera misi\u00f3n (Hechos, xiii, 1-xiv, 27)<\/li>\n<li class=\"toclevel-3 tocsection-9\">2.3.2 Segunda misi\u00f3n (Hechos, xv, 36-xviii, 22)<\/li>\n<li class=\"toclevel-3 tocsection-10\">2.3.3 Tercera misi\u00f3n (Hechos, xviii, 23-xxi, 26)<\/li>\n<\/ul>\n<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-11\">2.4 La cautividad (Hechos 21, 27-28. 31)<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-12\">2.5 Los \u00faltimos a\u00f1os<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-13\">2.6 Retrato F\u00edsico y Moral de San Pablo<\/li>\n<\/ul>\n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-14\">3 Teolog\u00eda de San Pablo\n<ul>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-15\">3.1 Pablo y Cristo<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-16\">3.2 La idea de base de la teolog\u00eda de San Pablo<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-17\">3.3 La humanidad sin Cristo<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-18\">3.4 La persona del Redentor\n<ul>\n<li class=\"toclevel-3 tocsection-19\">3.4.1 Cristo en su preexistencia<\/li>\n<li class=\"toclevel-3 tocsection-20\">3.4.2 Jesucristo como hombre<\/li>\n<\/ul>\n<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-21\">3.5 La redenci\u00f3n objetiva en tanto obra de Cristo<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-22\">3.6 La redenci\u00f3n subjetiva<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-23\">3.7 Doctrina moral<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-24\">3.8 Escatolog\u00eda<\/li>\n<\/ul>\n<\/li>\n<\/ul>\n<h2>Cuestiones Preliminares<\/h2>\n<h3>Los Hechos Ap\u00f3crifos de San Pablo<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">El profesor Schmidt public\u00f3 una fotocopia, una transcripci\u00f3n, una traducci\u00f3n alemana, y un comentario de un papiro copto compuesto por 2000 fragmentos que \u00e9l clasific\u00f3, yuxtapuso y descifr\u00f3 a costa de una ardua labor. (\u00abActa Pauli aus der Heidelberger koptischen Papyrushandschrift Nr. 1\u00bb, Leipzig, 1904, y \u00abZusatze\u00bb etc., Leipzig, 1905). La mayor parte de los cr\u00edticos tanto cat\u00f3licos (Duchesne, Bardenhewer, Ehrhard etc.) como protestantes (Zahn, Harnack, Corssen etc.), creen que los fragmentos constituyen los verdaderos \u201cHechos de San Pablo\u201d si bien el texto publicado por Schmidt, con numerosas lagunas, no representa sino una peque\u00f1a parte del trabajo original. Este descubrimiento modific\u00f3 las ideas, generalmente aceptadas, sobre los or\u00edgenes, el contenido y el valor de estos Hechos ap\u00f3crifos, y legitima adem\u00e1s la conclusi\u00f3n de que las tres antiguas redacciones que han llegado hasta nosotros formaban parte integrante de la \u00abActa Pauli\u00bb o, m\u00e1s exactamente, \u00abActa Pauli et Theclae\u00bb, de la que la mejor edici\u00f3n es la de Lipsius, (\u00abActa Apostolorum apocrypha\u00bb, Leipzig, 1891, 235-72), un \u00abMartyrium Pauli\u00bb conservado en griego con un fragmento que tambi\u00e9n existe en lat\u00edn (op.. cit., 104-17), y una carta de los Corintios a Pablo con su correspondiente respuesta, cuya versi\u00f3n armenia ha sido conservada (cf. Zahn, \u00abGesch. des neutest. Kanons\u00bb, II, 592-611), y el texto latino descubierto por Berger en 1891 (d. Harnack, \u00abDie apokryphen Briefe des Paulus an die Laodicener und Korinther\u00bb, Bonn, 1905). Con gran sagacidad, Zahn previ\u00f3 este resultado con respecto a estos dos \u00faltimos documentos y, la manera con la que San Jer\u00f3nimo habla de los periodoi Pauli et Theclae (De viris ill., vii) podr\u00eda permitir la misma conjetura con respecto al primero.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otra consecuencia del descubrimiento de Schmidt&#8217;s es no menos interesante. Lipsius sostuvo y, hasta ahora fue la opini\u00f3n m\u00e1s extendida, que junto a los Hechos can\u00f3nicos hubieran existido previamente otros \u201cHechos de San Pablo\u201d gn\u00f3sticos, bien que ahora todo tiende a probar que esto \u00faltimos nunca existieron. De hecho, Or\u00edgenes cita como autoridad los \u201cHechos de San Pablo\u201d dos veces (\u00abIn Joann.\u00bb, XX, 12; \u00abDe princip.\u00bb, II, i, 3); Eusebio (Hist. Eccl., III, iii, 5; XXV, 4) los coloca entre los libros dudosos, al igual que el \u00abPastor\u201d de Hermas, el \u201cApocalipsis de Pedro\u201d, la Ep\u00edstola de Bernab\u00e9 y la Didach\u00e9.  La esticometr\u00eda del \u00abCodex Claromontanus\u00bb (fotografiada en Vigouroux, \u00abDict. de la Bible\u00bb, II, 147) lo coloca despu\u00e9s de los libros can\u00f3nicos. Tertuliano y San Jer\u00f3nimo, bien que poniendo de relieve el car\u00e1cter legendario de estos escritos, no ponen en duda su ortodoxia. El prop\u00f3sito preciso de la correspondencia de San Pablo con los corintios (que forma parte de los \u201cHechos\u201d) fue el oponerse a los gn\u00f3sticos Sim\u00f3n y Cleobio. Pero no hay raz\u00f3n para admitir la existencia de unos \u201cHechos\u201d her\u00e9ticos que hubieran sido perdidos despu\u00e9s sin esperanza, puesto que todos los detalles dados por los autores antiguos se encuentran verificados en los \u201cHechos\u201d que han llegado hasta nosotros o por lo menos coinciden bastante bien con ellos. He aqu\u00ed una posible explicaci\u00f3n del malentendido: Los maniqueos y los priscilianos hicieron circular una colecci\u00f3n de cinco \u201cHechos\u201d ap\u00f3crifos de los que cuatro se encontraban viciados de herej\u00eda mientras que el quinto correspond\u00eda precisamente con los \u201cHechos de San Pablo\u201d. Los \u00abActa Pauli\u00bb debieron su mala fama de heterodoxia a su asociaci\u00f3n con los otros cuatro como atestiguan autores m\u00e1s recientes tales como Filastro (De haeres., 88) y Focio (Cod., 114). Tertuliano (De baptismo, 17) y San Jer\u00f3nimo (De vir. ill., vii) denuncia el car\u00e1cter fabuloso de los \u201cHechos\u201d ap\u00f3crifos de San Pablo; este juicio severo se confirma ampliamente examinando los fragmentos publicados por Schmidt. Se trata de un trabajo en el que lo improbable rivaliza con lo absurdo. El autor, que conoc\u00eda bien los Hechos can\u00f3nicos de los Ap\u00f3stoles, coloca la acci\u00f3n en los sitios que realmente visit\u00f3 San Pablo (Antioqu\u00eda, Iconio, Mira, Perge, Sid\u00f3n, Tiro, Efeso, Corinto, Filipo, Roma), pero, por otro lado, da rienda libre a su fantas\u00eda. Su cronolog\u00eda es totalmente imposible. De las sesenta y seis personas mencionadas pocas son conocidas y, las que se conocen, se comportan de una manera totalmente irreconciliable con las afirmaciones de la Hechos can\u00f3nicos. En dos palabras, si los Hechos can\u00f3nicos son verdaderos, los ap\u00f3crifos son falsos. Ello no implica que todos los detalles de los mismos lo sean, pero para afirmar que tengan fundamento hist\u00f3rico se necesita una autoridad independiente del texto.\n<\/p>\n<h3>Cronolog\u00eda<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si, de acuerdo con una opini\u00f3n casi un\u00e1nime, admitimos que los Hechos XV y Gal., ii, 1-10, se refieren al mismo hecho, se ver\u00e1 que transcurre un intervalo de diecisiete a\u00f1os incompletos (o al menos de diecis\u00e9is) entre la conversi\u00f3n de San Pablo y el Concilio Apost\u00f3lico, pues que Pablo visit\u00f3 Jerusal\u00e9n tres a\u00f1os despu\u00e9s de su conversi\u00f3n. (Gal., i, 18) y volvi\u00f3 despu\u00e9s de catorce a\u00f1os para la reuni\u00f3n tenida seg\u00fan las observancias legales (Gal., ii, 1: \u00abEpeita dia dekatessaron eton\u00bb). Es verdad que algunos autores incluyen los tres a\u00f1os previos a la visita en el total de catorce, pero esta explicaci\u00f3n parece forzada. Por otro lado, doce o trece a\u00f1os pasaron entre el Concilio Apost\u00f3lico Por otra parte, pasaron  doce o trece a\u00f1os despu\u00e9s de Concilio Apost\u00f3lico hasta el fin de la cautividad, dado que la cautividad dur\u00f3 casi cinco a\u00f1os (m\u00e1s dos en Ces\u00e1rea, Hechos, xxiv, 27, seis meses de viaje incluyendo la parada de Malta, dos a\u00f1os en Roma, Hechos, xxviii, 30); la tercera misi\u00f3n dur\u00f3 no menos de cuatro a\u00f1os y medio (de los que tres pasaron en Efeso, Hechos, xx, 31, y uno entre la salida de Efeso y la llegada a Jerusal\u00e9n, I Cor., xvi, 8; Hechos, xx, 16, y seis meses como m\u00ednimo para el viaje a la tierra de los G\u00e1latas, Hechos, xviii, 23); Mientras que la tercera misi\u00f3n dur\u00f3 algo m\u00e1s de tres a\u00f1os (dieciocho meses en Corinto, Hechos, xviii, 11, y el resto para la evangelizaci\u00f3n de Galacia, Macedonia y Atenas, Hechos, xv, 36-xvii, 34). As\u00ed es que desde su conversi\u00f3n hasta el final de la primera cautividad tenemos un total de veintinueve a\u00f1os. As\u00ed pues, su pudi\u00e9ramos encontrar un punto de sincronismo entre un hecho de la vida de San Pablo y un acontecimiento cualquiera de la historia profana fechada, nos ser\u00eda sencill\u00edsimo reconstruir completamente la cronolog\u00eda paulina.. Desgraciadamente, este deseo no ha sido nunca realizado con seguridad, a pesar de los muchos intentos hechos por los expertos, especialmente en los tiempos recientes. No est\u00e1n desprovistos de inter\u00e9s algunos intentos fallidos, porque el descubrimiento de una inscripci\u00f3n o de una moneda podr\u00eda un d\u00eda transformar una fecha aproximada en un punto absolutamente cierto. Podr\u00eda tratarse de los contactos de Pablo con Sergius Paulus, proc\u00f3nsul de Chipre, al rededor del a\u00f1o 46 (Hechos, xiii, 7), el encuentro en Corinto con Aquila y Priscila, que hab\u00eda sido expulsada de Roma hacia el 51 (Hechos, xviii, 2), el encuentro con Galio, proc\u00f3nsul de Acaya, hacia el 53 (Hechos, xviii, 12), el discurso de Pablo ante el gobernador F\u00e9lix y su mujer Drusila hacia el 58 (Hechos, xxiv, 24). Todos estos acontecimientos coinciden con la cronolog\u00eda general del ap\u00f3stol en cuanto se trata de fechas aproximadas, pero no dan resultados de precisi\u00f3n. Sin embargo, tres sincronismos parecen fundamentar una base firme:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(1) La ocupaci\u00f3n de Damasco por el enarca del rey Aretas y la huida del ap\u00f3stol  tres a\u00f1os despu\u00e9s de su conversi\u00f3n. (II Cor., xi, 32-33; Hechos, ix, 23-26).\u2014 Existen monedas damascenas con la efigie de Tiberio del a\u00f1o 34 que prueban que en aquel tiempo la ciudad pertenec\u00eda a los romanos. Es imposible pensar que Aretas la hubiera recibido como un regalo de Tiberio, dado que este \u00faltimo, especialmente en sus \u00faltimos d\u00edas, fue hostil al rey de los nabatenses al que Vitellius, gobernador de Siria, se le orden\u00f3 atacar (Joseph., \u00abAnt.\u00bb, XVIII, v, 13); tampoco Aretas podr\u00eda haberla conquistado \u00e9l mismo por la fuerza dado que, aparte lo inveros\u00edmil de una agresi\u00f3n directa contra los romanos, la expedici\u00f3n de Vitellius no fue dirigida en primer lugar contra Damasco sino contra Petra. No fue pues descabellado imaginar por un momento que Cal\u00edgula la hubiera cedido en el momento de su accesi\u00f3n, dado como era a tales caprichos. (10 de marzo del 37). De hecho, no se sabe nada sobre las monedas imperiales de Damasco con fechas entre Cal\u00edgula y Claudio. De acuerdo con esta hip\u00f3tesis, la conversi\u00f3n de San Pablo no habr\u00eda sido anterior al a\u00f1o 34, ni tampoco su fuga de Damasco, ni su primera visita a Jerusal\u00e9n habr\u00edan sido anteriores al a\u00f1o 37.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(2) La muerte de Agripa, la hambruna en Judea, la misi\u00f3n de Pablo y Bernab\u00e9 en Jerusal\u00e9n para llevar all\u00e1 las limosnas de la iglesia de Antioqu\u00eda (Hechos, xi, 27\u2014xii, 25).\u2014 Agripa muri\u00f3 poco despu\u00e9s de pascua (Hechos, xii, 3, 19), cuando estaba celebrando en Ces\u00e1rea las solemnes festividades en honor de Claudio por su reciente retorno de Breta\u00f1a en el tercer a\u00f1o de su reino, que hab\u00eda empezado en el 41 (Josefo, \u00abAnt.\u00bb, XIX, vii, 2). Estos hechos combinados nos llevan al a\u00f1o 44, a\u00f1o en el que precisamente Orosio (Hist., vii, 6) sit\u00faa la hambruna que desol\u00f3 Judea. Josefo la sit\u00faa algo despu\u00e9s, bajo el procurador Tiberio Alejandro (alrededor del 46), pero es bien conocido que el entero reinado de Claudio estuvo caracterizado por las malas cosechas. (Suet., \u00abClaudius\u00bb, 18) y que una hambruna general era precedida normalmente por un periodo de escasez. Tambi\u00e9n es posible que el alivio de la escasez predicha por Agabus (Hechos, xi, 28, 29) precediera a la aparici\u00f3n del azote o coincidiera con sus primeros s\u00edntomas. Por otro lado, la simultaneidad de la muerte de Herodes y la misi\u00f3n de Pablo no puede ser sino aproximado, dado que los dos hechos est\u00e1n estrechamente relacionados en los Hechos, la narraci\u00f3n de la muerte de Agripa podr\u00eda ser un mero episodio para proyectar alguna luz sobre la situaci\u00f3n de la Iglesia en Jerusal\u00e9n en el momento de la llegada de los delegados de Antioqu\u00eda. En cualquier caso, el a\u00f1o 45 parece el m\u00e1s satisfactorio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(3) La substituci\u00f3n de F\u00e9lix por Festo dos a\u00f1os despu\u00e9s de la detenci\u00f3n de Pablo (Hechos, xxiv, 27).\u2014 Hasta hace poco, los cronologistas fijaban de com\u00fan acuerdo esta fecha tan importante en el a\u00f1o 60-61. Harnack, 0. Holtzmann, y McGiffert sugirieron avanzar esta fecha tres o cuatro a\u00f1os por las siguientes razones: (1) En su \u00abChronicon\u00bb, Eusebio sit\u00faa la llegada de Festo en el segundo a\u00f1o de Ner\u00f3n (octubre del 55-octubre del 56, o si, como se ha dicho, Eusebio hizo empezar los reinados de los emperadores en Septiembre despu\u00e9s de su accesi\u00f3n, septiembre del 56-septiembre del 57). Mas no debemos olvidar que las cr\u00f3nicas estaban siempre obligadas a dar fechas exactas por lo que estaban forzadas a conjeturarlas y quiz\u00e1 Eusebio, por falta de informaci\u00f3n precisa, dividi\u00f3 en dos partes iguales la duraci\u00f3n de los dos mandatos de F\u00e9lix y Festo. (2) Josefo afirma (Ant., XX, viii, 9) que, como F\u00e9lix hab\u00eda sido llamado a Roma y hab\u00eda sido acusado por los jud\u00edos ante Ner\u00f3n, tuvo que asegurar su salvaci\u00f3n solamente a causa de su hermano Pallas que entonces gozaba de su favor. Pero, de acuerdo con T\u00e1cito (Annal., XIII, xiv-xv), Pallas fue destituido un poco antes del cuarenta aniversario de Brit\u00e1nico, es decir en enero del 55. Estas dos afirmaciones son contradictorias, dado que Pallas fue destituido tres meses despu\u00e9s de la accesi\u00f3n al trono de Ner\u00f3n (13 de octubre del 54) El no podr\u00eda haber asistido a la cumbre de su poder cuando su hermano F\u00e9lix, reclamado en Palestina al mando de Ner\u00f3n hacia Pentecost\u00e9s, lleg\u00f3 a Roma. Pallas conserv\u00f3 su poder y su influencia despu\u00e9s de su destituci\u00f3n dado que su gesti\u00f3n no fue objeto de pesquisas y, as\u00ed, fue capaz de asistir a su hermano hasta el a\u00f1o 62, cuando Ner\u00f3n lo envenen\u00f3 para apoderarse de sus posesiones.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los partidarios de una fecha posterior aducen las razones siguientes: (1) Dos a\u00f1os antes de que F\u00e9lix fuera llamado a Roma, Pablo le record\u00f3 que hab\u00eda sido durante muchos a\u00f1os juez de la naci\u00f3n jud\u00eda (Hechos, xxiv, 10-27). Esta expresi\u00f3n no puede querer decir menos de seis o siete a\u00f1os y como, de acuerdo con Josefo y T\u00e1cito, F\u00e9lix fue nombrado procurador de Judea en el 52, el principio de la cautividad deber\u00eda caer en el 58 o en el 59. Es verdad que el argumento pierde su fuerza si se admite con algunos cr\u00edticos que F\u00e9lix antes de ser procurador hab\u00eda tenido un puesto de subordinado en Palestina. (2) Josefo (Ant., XX, viii, 5-8) sit\u00faa bajo Ner\u00f3n todo lo que pertenece al gobierno de F\u00e9lix y, aunque la larga serie de acontecimientos no implica muchos a\u00f1os, es evidente que Josefo consider\u00f3 el gobierno de F\u00e9lix como algo coincidente con la mayor parte de los a\u00f1os de Ner\u00f3n, que empez\u00f3 el 13 de Octubre del 54. Al fijar as\u00ed las fechas clave de en la vida de Pablo, todas la fichas conocidas con certeza o con probabilidad coinciden: Conversi\u00f3n, en el 35; primera visita a  Jerusal\u00e9n en el  37; estancia en Tarso en el 37-43; apostolado en Antioqu\u00eda en el 43-44; segunda visita a Jerusal\u00e9n en el 44 o en el 45; primera misi\u00f3n en el 45-49; Tercera visita a Jerusal\u00e9n en el 49 o en el 50; segunda misi\u00f3n en el 50-53; cartas I y II a los tesalonicenses en el 52; cuarta visita a Jerusal\u00e9n en el 53; tercera misi\u00f3n en el 53-57; cartas I y II a los corintios y a los g\u00e1latas en el 56; a los romanos en el 57; quinta visita a Jerusal\u00e9n, arresto en el 57; llegada de Festo, salida para Roma en el 59; cautivo en Roma en el 60-62; cartas a Filem\u00f3n, a los colosenses, a los efesios, a los filipenses en el 61; segundo periodo de actividad en el 62-66; carta I a Timoteo; a Tito, segundo arresto en el 66; carta II a Timoteo, martirio en el 67. (Verse Turner, \u00abChronology of the N. T.\u00bb in Hastings, \u00abDict. of the Bible\u00bb H\u00f6nicke, \u00abD Chronologie des Lebens des Ap. Paulus\u00bb, Leipzig, 1903.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<h2>Vida y Obras de San Pablo<\/h2>\n<h3>Su Nacimiento y su Educaci\u00f3n<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">De San Pablo mismo sabemos que naci\u00f3 en Tarso, en Cilicia (Hechos, xxi, 39), de un padre que era ciudadano romano (Hechos, xxii, 26-28; cf. xvi, 37), en el seno de una familia en la que la piedad era hereditaria (II Tim., i, 3) y muy ligada a las tradiciones y observancias fariseas (Fil., iii, 5-6). San Jer\u00f3nimo nos dice, no se sabe con qu\u00e9 razones, que sus padres eran nativos de Gischala, una peque\u00f1a ciudad de Galilea y que lo llevaron a Tarso cuando Gischala fue tomada por los romanos (\u00abDe vir. ill.\u00bb, v; \u00abIn epist. ad Fil.\u00bb, 23). Este \u00faltimo detalle es ciertamente un anacronismo mas los or\u00edgenes galileos de la familia no son en absoluto improbables. Dado que pertenec\u00eda a la tribu de Benjam\u00edn, se le dio el nombre de Sa\u00fal (o Saulo) que era com\u00fan en esta tribu en memoria del primer rey de los jud\u00edos. (Fil., iii, 5). En tanto que ciudadano romano tambi\u00e9n llevaba el nombre latino de Pablo (Paulo). Para los jud\u00edos de aquel tiempo era bastante usual tener dos nombres, uno hebreo y otro latino o griego entre los que exist\u00eda a menudo una cierta consonancia y que yuxtapon\u00edan en el modo usado por San Lucas (Hechos, xiii, 9: Saulos ho kai Paulos). V\u00e9ase en este punto Deissmann, \u00abBible Studies\u00bb (Edinburgh, 1903, 313-17.) Fue natural que, al inaugurar su apostolado entre los gentiles, Pablo usara su nombre romano, especialmente porque el nombre de Saulo ten\u00eda un significado vergonzoso en griego. Puesto que todo jud\u00edo que se respetase hab\u00eda de ense\u00f1ar a su hijo un oficio, el joven Saulo aprendi\u00f3 a hacer tiendas de lona (Hechos, xviii, 3) o m\u00e1s bien a hacer la lona de las tiendas (cf. Lewin, \u00abLife of St. Paul\u00bb, I, London, 1874, 8-9). Era a\u00fan muy joven cuando fue enviado a Jerusal\u00e9n para recibir una buena educaci\u00f3n en la escuela de Gamaliel (Hechos, xxii, 3). Parte de su familia resid\u00eda quiz\u00e1 en la ciudad santa puesto que m\u00e1s tarde se har\u00eda menci\u00f3n de una hermana cuyo hijo le salvar\u00eda la vida (Hechos, xxiii, 16). A partir de este momento resulta imposible seguir su pista hasta que tom\u00f3 parte en el martirio de San Esteban (Hechos, vii, 58-60; xxii, 20). En ese momento se le califica de \u201cjoven\u201d (neanias), pero esta era una apelaci\u00f3n el\u00e1stica que bien pod\u00eda aplicarse a cualquiera entre veinte y cuarenta a\u00f1os.\n<\/p>\n<h3>Su Conversi\u00f3n y Primeras Empresas<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Leemos en los hechos de los ap\u00f3stoles tres relatos de la conversi\u00f3n de San Pablo. (ix, 1-19; xxii, 3-21; xxvi, 9-23) que presentan ligeras diferencias que no son dif\u00edciles de armonizar y que no afectan para nada la base del relato, perfectamente id\u00e9ntica en substancia. Verse J. Massie, \u00abThe Conversion of St. Paul\u00bb en \u00abThe Expositor\u00bb, 3\u00aa serie, X, 1889, 241-62. Sabatier de acuerdo con los cr\u00edticos m\u00e1s independientes ha dicho (L&#8217;Apotre Paul, 1896, 42): \u201cEstas diferencias no pueden en absoluto alterar el hecho, el objeto narrado es extremadamente remoto no tratan ni siquiera de las circunstancias que rodearon el milagro sino con las impresiones subjetivas que los compa\u00f1eros de San Pablo recibieron en esas circunstancias\u2026\u201d Utilizar esas diferencias para negar el car\u00e1cter hist\u00f3rico del hecho es hacer violencia al texto adoptando una actitud arbitraria. Todos los esfuerzos hechos para explicar la conversi\u00f3n de San Pablo sin recurrir al milagro han fracasado. Las explicaciones natural\u00edsticas se reducen a dos: o San Pablo crey\u00f3 verdaderamente ver a Cristo mientras sufr\u00eda una alucinaci\u00f3n o crey\u00f3 verlo solo a trav\u00e9s de una visi\u00f3n espiritual que la tradici\u00f3n, recogida en los Hechos de los Ap\u00f3stoles, convirti\u00f3 luego en visi\u00f3n material. Renan lo explica todo por una alucinaci\u00f3n debida a la enfermedad, y acaecida a causa de una combinaci\u00f3n de causas morales como la duda, el remordimiento, el temor, y algunas causas f\u00edsicas como la oftalm\u00eda, la fatiga, la fiebre, la transici\u00f3n r\u00e1pida del desierto t\u00f3rrido a los jardines frescos de Damasco, quiz\u00e1 en medio de una tormenta repentina acompa\u00f1ada de rayos y rel\u00e1mpagos. Esta combinaci\u00f3n m\u00faltiple habr\u00eda producido, seg\u00fan Renan, una conmoci\u00f3n cerebral con fase de delirio que San Pablo tom\u00f3 de buena fe como la aparici\u00f3n de Cristo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los otros partidarios de la explicaci\u00f3n natural evitan la palabra alucinaci\u00f3n pero caen, pronto o tarde, en la explicaci\u00f3n de Renan la cual hacen m\u00e1s complicada. Por ejemplo Holsten, para el que la visi\u00f3n de Cristo es simplemente la conclusi\u00f3n de una serie de silogismos por los que Pablo se persuadi\u00f3 a s\u00ed mismo de que Cristo hab\u00eda verdaderamente resucitado. Tambi\u00e9n Pfleiderer, para el que la imaginaci\u00f3n juega un papel m\u00e1s importante: \u00abUn temperamento nervioso, excitable; un alma violentamente agitada por las m\u00e1s terribles dudas; una fantas\u00eda de lo m\u00e1s v\u00edvido, llena de las terribles escenas de persecuci\u00f3n por un lado, y por el otro con la imagen ideal del Cristo celeste; la proximidad de Damasco que implicaba la urgencia de la decisi\u00f3n, la intransigencia que lleva a la soledad, el calor cegador y doloros\u00edsimo del desierto. De hecho, todo esto combinado, produjo un estado de \u00e9xtasis en los que el alma cree ver las im\u00e1genes y los conceptos que violentamente la agitan como si fueran fen\u00f3menos del mundo externo\u00bb (Lectures on the influence of the Apostle Paul on the development of Christianity, 1897, 43). Hemos citado a Pfleiderer palabra por palabra porque su explicaci\u00f3n \u201csicol\u00f3gica\u201d se considera la mejor que se haya desarrollado nunca. Y sin embargo, se ve f\u00e1cilmente que es insuficiente e incluso en total contradicci\u00f3n con el documento escrito de los Hechos en tanto que testimonio expreso de San Pablo mismo. (1) Pablo est\u00e1 seguro de haber \u00abvisto a\u00bb Cristo como los otros ap\u00f3stoles lo hicieron (I Cor., ix, 1); \u00e9l mismo declara que Cristo se le \u201capareci\u00f3\u201d (I Cor., xv, 8) como a Pedro, Santiago o a los doce despu\u00e9s de su resurrecci\u00f3n. (2) \u00c9l sabe bien que su conversi\u00f3n no es el fruto de ning\u00fan razonamiento humano, sino de un cambio imprevisto, repentino y radical debido a la gracia omnipotente (Gal., i, 12-15; I Cor., xv, 10). (3) Es falso atribuirle dudas, perplejidades o remordimientos antes de su conversi\u00f3n. Pablo fue detenido por Cristo cuando su furia alcanzaba el m\u00e1ximo furor (Hechos, ix, 1-2); persegu\u00eda a la Iglesia \u201ccon celo\u201d (Fil., iii, 6), y fue acreedor de la gracia porque actu\u00f3 con \u00abignorancia en su creencia de buena fe\u00bb (I Tim., i, 13). Todas la explicaciones sicol\u00f3gicas o no, carecen de valor ante estas afirmaciones, puesto que todos suponen que la causa de su conversi\u00f3n fue su fe en Cristo mientras que, seg\u00fan los testimonios concordantes de los Hechos y las Ep\u00edstolas, fue la visi\u00f3n de Cristo la que motiv\u00f3 su fe.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s de su conversi\u00f3n, de su bautismo y de su cura milagrosa Pablo empez\u00f3 a predicar a los jud\u00edos (Hechos, ix, 19-20). Despu\u00e9s se retir\u00f3 a Arabia, probablemente a la regi\u00f3n al sur de Damasco. (Gal., i 17), indudablemente menos a predicar que a meditar las escrituras. A su vuelta a Damasco, las intrigas de los jud\u00edos le obligaron a huir de noche (II Cor., xi, 32-33; Hechos, ix, 23-25). Fue a Jerusal\u00e9n a ver a Pedro (Gal., i, 18), pero se qued\u00f3 solamente quince d\u00edas porque las celadas de los griegos amenazaban su vida. A continuaci\u00f3n pas\u00f3 a Tarso y all\u00e1 se le pierde de vista durante seis a\u00f1os (Hechos, ix, 29-30; Gal., i, 21). Bernab\u00e9 fue en busca suya y lo trajo a Antioqu\u00eda donde trabajaron juntos durante un a\u00f1o con un apostolado fruct\u00edfero. (Hechos, xi, 25-26). Tambi\u00e9n juntos fueron enviados a Jerusal\u00e9n a llevar las limosnas para los hermanos de all\u00e1 con ocasi\u00f3n de la hambruna predicha por Agabus (Hechos, xi, 27-30). No parecen haber encontrado a los ap\u00f3stoles all\u00ed esta vez ya que se encontraban dispersos a causa de l persecuci\u00f3n de Herodes.\n<\/p>\n<h3>Sus Trabajos Apost\u00f3licos<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este periodo de doce a\u00f1os (45-57) fue el m\u00e1s activo y fruct\u00edfero de su vida. Comprende tres grandes expediciones apost\u00f3licas de las que Antioqu\u00eda fue siempre el punto de partida y que, invariablemente, terminaron por una visita a Jerusal\u00e9n.\n<\/p>\n<p>Primera misi\u00f3n (Hechos, xiii, 1-xiv, 27)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Enviado por el Esp\u00edritu para la evangelizaci\u00f3n de los gentiles, Bernab\u00e9 y Saulo embarcaron con destino a Chipre, predicaron en la sinagoga de Salamina, cruzaron la isla de este a oeste siguiendo sin duda la costa sur y llegaron a Pafos, residencia del proc\u00f3nsul Sergio Paulo, donde tuvo lugar un cambio repentino. Despu\u00e9s de la conversi\u00f3n del proc\u00f3nsul romano, Saulo, repentinamente convertido en Pablo, es citado por San Lucas antes de Bernab\u00e9 y asume ostensiblemente la direcci\u00f3n de la misi\u00f3n que hasta entonces hab\u00eda ejercido Bernab\u00e9. Los resultados de este cambio son r\u00e1pidamente evidentes. Pablo comprende que, al depender Chipre de Siria y Cilicia, la isla entera se convertir\u00eda cuando las dos provincias romanas abrazaran la fe de Cristo. Escogi\u00f3 entonces el Asia Menor como campo de su apostolado y se embarc\u00f3 en Perge de Panfilia, once kil\u00f3metros por encima del puerto de Cestro. Fue entonces cuando Juan Marcos, primo de Bernab\u00e9, desanimado quiz\u00e1s por los ambiciosos proyectos del ap\u00f3stol, abandon\u00f3 la expedici\u00f3n y volvi\u00f3 a Jerusal\u00e9n, mientras que Pablo y Bernab\u00e9 trabajaban solos entre las arduas monta\u00f1as de Pisidia, infestadas de bandidos y atravesaron profundos precipicios. Su destino era la colonia romana de Antioqu\u00eda, situada a siete d\u00edas de viaje desde Perge. Aqu\u00ed, Pablo habl\u00f3 del destino divino de Israel y del providencial env\u00edo del Mes\u00edas, un discurso que San Lucas reproduce en substancia como ejemplo de una predicaci\u00f3n en la sinagoga. (Hechos, xiii, 16-41). La estancia de los dos misioneros en Antioqu\u00eda fue lo suficientemente larga como para que la palabra del Se\u00f1or fuera conocida a trav\u00e9s de todo el pa\u00eds. (Hechos, xiii, 49). Cuando los jud\u00edos consiguieron con sus intrigas un decreto de destierro, continuaron hacia Iconium, distante tres o cuatro d\u00edas de viaje, donde encontraron la misma persecuci\u00f3n por parte de los jud\u00edos y la misma acogida por parte de los gentiles. La hostilidad de los jud\u00edos los forz\u00f3 a buscar refugio en la colonia romana de Listra, distante como unos veinticinco kil\u00f3metros. Aqu\u00ed, los jud\u00edos de Antioqu\u00eda y de Iconium dejaron celadas para Pablo y, habi\u00e9ndolo apedreado lo dejaron por muerto, mientras que \u00e9l logr\u00f3 una vez m\u00e1s escapar buscando esta vez refugio en Derbe, situada alrededor de sesenta kil\u00f3metros de la provincia de Galacia. Despu\u00e9s de completar su circuito, los misioneros volvieron sobre sus pasos para visitar a los nuevos cristianos, ordenaron algunos sacerdotes en cada una de las iglesias fundadas por ellos y al fin volvieron a Perge, donde se detuvieron a predicar de nuevo el Evangelio, mientras que esperaban quiz\u00e1 la oportunidad de embarcar para Atalia, un puerto a dieciocho kil\u00f3metros de all\u00e1. Al volver a Antioqu\u00eda de Siria, despu\u00e9s de una ausencia que hab\u00eda durado tres a\u00f1os, fueron recibidos con muestras de gozo y de acci\u00f3n de gracias pues que Dios les hab\u00eda abierto las puertas de la fe al mundo de los gentiles.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El problema del estatuto de los gentiles en la Iglesia se hizo entonces sentir en toda su agudeza. Algunos judeocristianos que ven\u00edan de Jerusal\u00e9n reclamaron el que los gentiles fueran sometidos a la circuncisi\u00f3n y tratados como los jud\u00edos trataban a los pros\u00e9litos. Contra esta opini\u00f3n, Pablo y Bernab\u00e9 protestaron y se decidi\u00f3 convocar una reuni\u00f3n en Jerusal\u00e9n para resolver el asunto En esta asamblea, Pablo y Bernab\u00e9 representaron a la comunidad de Antioqu\u00eda. Pedro defendi\u00f3 la libertad de los gentiles, Santiago insisti\u00f3 en lo contrario, pidiendo al mismo tiempo que se abstuvieran de algunas de las cosas que m\u00e1s horrorizaban a los Jud\u00edos. Al fin se decidi\u00f3 que los gentiles estaban exentos de la ley de Mois\u00e9s primeramente. En segundo lugar, que los de Siria y Cilicia deber\u00edan abstenerse de lo sacrificado a los \u00eddolos, de la sangre, de los animales estrangulados y de la fornicaci\u00f3n. En tercer lugar, que su decisi\u00f3n no era promulgada en virtud de la ley de Mois\u00e9s sino que era dada en nombre del Esp\u00edritu Santo, lo que significaba el triunfo de las ideas de San Pablo.  La restricci\u00f3n impuesta a los gentiles convertidos procedentes de Siria y Cilicia no se aplicaba a sus iglesias y Tito, su compa\u00f1ero, no fue apremiado a circuncidarse, a pesar de las protestas de los judaizantes (Gal., ii, 3-4). Se asume aqu\u00ed que Gal., ii, y Hechos, xv, relatan el mismo hecho puesto que, de un lado, los actores son los mismos Pablo y Bernab\u00e9, y por el otro Pedro y Santiago; la discusi\u00f3n es la misma, la cuesti\u00f3n de la circuncisi\u00f3n de los gentiles; la escena id\u00e9ntica Antioqu\u00eda y Jerusal\u00e9n; y la fecha id\u00e9ntica: Alrededor del 50 d.d.J.C.; y el resultado uno solo: la victoria de Pablo sobre los judaizantes. Sin embargo, la decisi\u00f3n no fue adelante sin dificultades. El asunto no concern\u00eda solamente los gentiles y, mientras que se les exoneraba de la ley de Mois\u00e9s, se declaraba al mismo tiempo que hubiera sido m\u00e1s meritorio y m\u00e1s perfecto para ellos el observarla, puesto que el decreto parece haber complacido a los pros\u00e9litos jud\u00edos de la segunda generaci\u00f3n. Adem\u00e1s, los judeocristianos, que no hab\u00edan sido incluidos en el veredicto, pod\u00edan seguir consider\u00e1ndose como ligados por la observancia de la ley. Este fue el origen de la disputa que surgi\u00f3 inmediatamente despu\u00e9s en Antioqu\u00eda entre Pedro y Pablo. Este \u00faltimo ense\u00f1\u00f3 abiertamente que la ley hab\u00eda sido abolida para los jud\u00edos mismos. Pedro no pensaba de otro modo, pero consider\u00f3 oportuno evitar la ofensa a los judaizantes e impedirles que comer con los gentiles que no observaban las prescripciones de la ley. As\u00ed, influenci\u00f3 moralmente a los gentiles a vivir como los jud\u00edos lo hac\u00edan, Pablo hizo ver que esta restricci\u00f3n mental y este oportunismo preparaban el camino de futuros malentendidos y conflictos, y que, incluso, ten\u00eda entonces, tendr\u00eda nefastas consecuencias. Su forma de relatar estos incidentes no deja la menor duda de que Pedro fue persuadido por sus argumentos. (Gal., ii, 11-20).\n<\/p>\n<p>Segunda misi\u00f3n (Hechos, xv, 36-xviii, 22)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El principio de la segunda misi\u00f3n se caracteriz\u00f3 por una discusi\u00f3n a prop\u00f3sito de Marcos, que Pablo rechaz\u00f3 como compa\u00f1ero de viaje. As\u00ed pues, Bernab\u00e9 parti\u00f3 con Marcos el de Chipre y Pablo escogi\u00f3 a Silas o Silvano, un ciudadano romano como \u00e9l y miembro influyente de la Iglesia de Jerusal\u00e9n, y parti\u00f3 para Antioqu\u00eda a fin de llevar el decreto del consejo apost\u00f3lico. Los dos misioneros fueron primero de Antioqu\u00eda a Tarso, con un alto en el camino para promulgar el decreto del primer Concilio de Jerusal\u00e9n, y luego fueron de Tarso a Derbe a trav\u00e9s de las puertas de Cilicia, de los desfiladeros de Tarso y de las llanuras de Licaonia. La visita de las iglesias fundadas en la primera misi\u00f3n se realiz\u00f3 sin incidentes si no es a prop\u00f3sito de la elecci\u00f3n de Timoteo, que los ap\u00f3stoles en Lisistra persuadieron para que se circuncidara para mejor llegar a las colonias de jud\u00edos, numerosos en estas plazas. Fue probablemente en Antioqu\u00eda de Pisidia, aunque los Hechos no mencionan tal lugar, donde el itinerario de la misi\u00f3n fue cambiado por intervenci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo. Pablo pens\u00f3 en entrar en la provincia de Asia por el valle del Meandro, lo que le permitir\u00eda un solo d\u00eda de viaje, y sin embargo, pasaron a trav\u00e9s de Frigia y Galacia pues el Esp\u00edritu les prohibi\u00f3 predicar la palabra de Dios en Asia. (Hechos, xvi, 6). Estas palabras (ten phrygian kai Galatiken choran) pueden interpretarse de forma diversa, dependiendo de si se quiere decir G\u00e1latas del norte o del sur (v\u00e9ase GALATAS). Sea como sea, los misioneros hubieron de viajar hacia el norte en la regi\u00f3n de Galacia llamada as\u00ed en propiedad y cuya capital era Pesinonte, y la \u00fanica cuesti\u00f3n pendiente es si predicaron o no en ella. No pensaron en hacerlo aunque sabemos que la evangelizaci\u00f3n de los G\u00e1latas fue debida a un accidente, el de la enfermedad de San Pablo (Gal., iv, 13); lo que va muy bien si se trata de los g\u00e1latas del norte. En cualquier caso, los misioneros despu\u00e9s de alcanzar la Misia Superior (kata Mysian), intentaron llegar a la rica provincia de Bitinia, que se extend\u00eda ante ellos pero el Esp\u00edritu Santo se lo impidi\u00f3 (Hechos, xvi, 7). As\u00ed es que atravesaron Misia sin pararse a predicar (parelthontes) y llegaron a Alejandr\u00eda de Tr\u00f3ade, donde la voluntad de Dios les fue revelada por la visi\u00f3n de un macedonio que los llamaba pidiendo auxilio para su pa\u00eds.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pablo continu\u00f3 a utilizar sobre suelo europeo los m\u00e9todos de predicaci\u00f3n que hab\u00eda utilizado desde el principio. Hasta donde fue posible, concentr\u00f3 sus esfuerzos en metr\u00f3polis desde las que la fe se extender\u00eda hacia ciudades de segundo rango y, finalmente a las \u00e1reas rurales. All\u00ed donde encontraba una sinagoga, empezaba por predicar en ella a los jud\u00edos y pros\u00e9litos que estaban de acuerdo en escucharle. Cuando la ruptura con los jud\u00edos era irreparable, lo que ocurr\u00eda m\u00e1s pronto o m\u00e1s tarde, fundaba una nueva iglesia con sus ne\u00f3fitos en tanto que n\u00facleo. Permanec\u00eda entonces en la misma ciudad a no ser que una persecuci\u00f3n se declarase, normalmente a causa de las intrigas de los jud\u00edos. Exist\u00edan, sin embargo, algunas variantes del plan. En Filipo, donde no hab\u00eda sinagoga, la primera predicaci\u00f3n tuvo lugar en un puesto llamado el proseuche lo que los gentiles tomaron como motivo de persecuci\u00f3n. Pablo y Silas, acusados de alterar el orden p\u00fablico, recibieron palos, fueron arrojados en prisi\u00f3n y finalmente exilados. Pero en Tesal\u00f3nica, y Berea, donde se refugiaron despu\u00e9s de lo de Filipo,  las cosas se desarrollaron seg\u00fan el plan previsto. El apostolado de Atenas fue absolutamente excepcional. Aqu\u00ed no se planteaba el problema de los jud\u00edos o de la sinagoga, y Pablo, en contra de su costumbre, estaba solo. (I Thess., iii,1 ). Desarroll\u00f3 de cara al are\u00f3pago una especie de discurso del que se conserva un resumen en los Hechos. (xvii, 23-31) como un modelo en su g\u00e9nero. Parece haber dejado la ciudad de grado, sin haber sido forzado a ello por la persecuci\u00f3n. La misi\u00f3n de Corinto, por otro lado, puede ser considerada como t\u00edpica. Pablo predic\u00f3 en la sinagoga todos los s\u00e1bados y cuando la oposici\u00f3n violenta de los jud\u00edos le neg\u00f3 la entrada, se retir\u00f3 a una casa pr\u00f3xima, propiedad de un pros\u00e9lito llamado Tito Justo. De esta forma prolong\u00f3 su apostolado por dieciocho meses mientras los jud\u00edos atentaron contra \u00e9l en vano; fue capaz de resistir gracias al a actitud, por lo menos imparcial si no favorable, del proc\u00f3nsul Galio. Finalmente, decidi\u00f3 irse a Jerusal\u00e9n de acuerdo con un voto hecho quiz\u00e1 en un momento de peligro. Desde Jerusal\u00e9n, de acuerdo con su costumbre, volvi\u00f3 a Antioqu\u00eda. Las dos ep\u00edstolas a los tesalonicenses se escribieron durante los primeros meses de la estad\u00eda en Corinto. V\u00e9ase TESALONICENSES.\n<\/p>\n<p>Tercera misi\u00f3n (Hechos, xviii, 23-xxi, 26)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El destino del tercer viaje de Pablo fue evidentemente Efeso, donde Aquila y Priscila lo esperaban. El hab\u00eda prometido a los efesios volver a evangelizarlos si tal era la voluntad de Dios (Hechos, xviii, 19-21) y el Esp\u00edritu Santo no se opuso m\u00e1s a su entrada en Asia As\u00ed es que, despu\u00e9s de una breve visita a Antioqu\u00eda se fue a trav\u00e9s de Galacia y de Frigia. (Hechos, xviii, 23) y pasando a trav\u00e9s de las regiones del \u201cAsia Central\u201d lleg\u00f3 hasta Efeso (XIX, 1). Su manera de proceder permaneci\u00f3 intacta. Para ganarse la vida y no ser una carga para los fieles, teji\u00f3 todos los d\u00edas durante muchas horas muchas tiendas, lo que no le impidi\u00f3 el predicar el Evangelio. Como de costumbre, empez\u00f3 en la sinagoga donde tuvo \u00e9xito durante los primeros meses. Despu\u00e9s ense\u00f1\u00f3 diariamente en un aula puesta a su disposici\u00f3n por un cierto Tirano \u201cdesde la hora quinta a la d\u00e9cima\u201d (de las once de la ma\u00f1ana a las cuatro de la tarde) de acuerdo con la interesante tradici\u00f3n del \u00abCodex Bezaar\u00bb (Hechos, xix,9). As\u00ed vivi\u00f3 por dos a\u00f1os de tal forma que todos los habitantes de Asia, jud\u00edos y griegos, oyeron la palabra de Dios. (Hechos, XIX, 20).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por supuesto que hubo pruebas que sufrir y obst\u00e1culos que superar. Algunos de esos obst\u00e1culos surgieron de la envidia de los jud\u00edos, que intentaron in\u00fatilmente imitar los exorcismos de Pablo, otros vinieron de la superstici\u00f3n de los paganos, particularmente acentuada en Efeso. Sin embargo, triunf\u00f3 de una manera tan clara que los libros de superstici\u00f3n que fueron quemados ten\u00edan un valor de 50,000 monedas de plata. (una moneda correspond\u00eda aproximadamente a un d\u00eda de trabajo). Esta vez, la persecuci\u00f3n fue debida a los gentiles y fue por motivos interesados. Los progresos del cristianismo arruinaron la venta de las peque\u00f1as reproducciones del templo de Diana y las de la diosa misma, estatuillas muy compradas por los peregrinos, con lo que un cierto Demetrio, en cabeza de los orfebres, areng\u00f3 a la plebe contra San Pablo. San Lucas describi\u00f3 con realismo y emoci\u00f3n la escena, transpuesta luego al el teatro. (Hechos, xix, 23-40). El ap\u00f3stol tuvo que rendirse a la tormenta. Despu\u00e9s de una estancia de dos a\u00f1os y medio, quiz\u00e1 m\u00e1s, en Efeso (Hechos, xx, 31: trietian), parti\u00f3 para Macedonia y de all\u00ed para Corinto, donde pas\u00f3 el invierno. Su intenci\u00f3n fue la de seguir en primavera para Jerusal\u00e9n, sin duda para Pascua, pero al saber que los jud\u00edos hab\u00edan planeado atentar contra su vida, no les dio la oportunidad de hacerlo al viajar por mar, volvi\u00e9ndose por Macedonia. Muchos disc\u00edpulos, divididos en dos grupos, lo acompa\u00f1aron o lo esperaron en Tr\u00f3ade. Entre otros, se encontraban Sopater de Berea, Aristarco y Segundo of Tesal\u00f3nica, Gayo de Derbe, Timoteo, Tichico y Tr\u00f3fimo de Asia, y finalmente Lucas, el historiador de los Hechos, que nos da todos los detalles del viaje: Filipo, Tr\u00f3ade, Aso, Mitilene, J\u00edos, Samos, Mileto, Cos, Rodas, P\u00e1tara, Tiro, Tolemaida, Ces\u00e1rea y Jerusal\u00e9n. Podr\u00edamos citar a\u00fan tres hechos notables: en Tr\u00f3ade Pablo resucit\u00f3 al joven Eutiquio que se hab\u00eda ca\u00eddo de la ventana de un tercer piso mientras que Pablo predicaba tarde por la noche. En Mileto pronunci\u00f3 un discurso emotivo que arranc\u00f3 las l\u00e1grimas a los ancianos de Efeso. (Hechos, xx, 18-38). En Ces\u00e1rea el Esp\u00edritu Santo predijo por la boca de Agabo que ser\u00eda arrestado, lo que no le disuadi\u00f3 de ir a Jerusal\u00e9n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuatro de las m\u00e1s grandes ep\u00edstolas de San Pablo fueron escritas durante esta tercera misi\u00f3n: la primera a los corintios desde Efeso, alrededor de la Pascua antes de su salida de la ciudad; la segunda a los corintios desde Macedonia durante el verano o el oto\u00f1o del mismo a\u00f1o; a los romanos desde Corinto en la primavera siguiente; la fecha de la ep\u00edstola a los g\u00e1latas es objeto de controversia. De la muchas cuestiones a prop\u00f3sito de la ocasi\u00f3n o del lenguaje de las cartas o de la situaci\u00f3n de los destinatarios de las mismas, v\u00e9ase Epistolas a los CORINTIOS; GALATAS, ROMANOS.\n<\/p>\n<h3>La cautividad (Hechos 21, 27-28. 31)<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando los jud\u00edos acusaron en falso a Pablo de haber introducido a los gentiles en el templo, el populacho maltrat\u00f3 a Pablo, y, cubierto de cadenas, el tribuno Lisias lo ech\u00f3 a la c\u00e1rcel de la fortaleza Antonia. Cuando \u00e9ste supo que los jud\u00edos hab\u00edan conspirado para matar al prisionero, lo envi\u00f3 bajo fuerte escolta a Ces\u00e1rea, que era la residencia del procurador F\u00e9lix. Pablo no tuvo dificultad para poner en claro las contradicciones de los que lo acusaban pero, al negarse a comprar su libertad, F\u00e9lix lo mantuvo encadenado durante dos a\u00f1os e incluso lo arroj\u00f3 a la c\u00e1rcel para dar gusto a los jud\u00edos en espera de la llegada de su sucesor el procurador Festo. El nuevo gobernador quiso enviar al prisionero a Jerusal\u00e9n para que fuese juzgado en presencia de sus acusadores, pero Pablo, que conoc\u00eda perfectamente las argucias de sus enemigos, apel\u00f3 al C\u00e9sar. En consecuencia, esta causa pod\u00eda s\u00f3lo ser despachada en Roma. Este periodo de cautividad se caracteriza por cinco discursos del Ap\u00f3stol: El primero fue pronunciado en hebreo en las escaleras de la fortaleza Antonia ante una multitud amenazante; Pablo relat\u00f3 su vocaci\u00f3n y su conversi\u00f3n al apostolado, pero fue interrumpido por los gritos hostiles de la gente (Hechos, xxii, 1-22). En el segundo, al d\u00eda siguiente ante el Sanedr\u00edn reunido bajo la presidencia de Lisias, el ap\u00f3stol enred\u00f3 h\u00e1bilmente a los fariseos contra los saduceos con lo que no se pudo llevar adelante ninguna acusaci\u00f3n. El tercero fue la respuesta al acusador T\u00e9rtulo en presencia del gobernador F\u00e9lix; en ella hizo ver que los hechos hab\u00edan sido manipulados probando, as\u00ed, su inocencia. (Hechos xxiv, 10-21). El cuarto discurso es una simple explicaci\u00f3n resumida de la fe cristiana ante el gobernador F\u00e9lix y su mujer Drusila (Hechos, xxiv, 24-25). El quinto, pronunciado ante el gobernador Festo, el rey Agripa y su mujer Berenice, repite de nuevo la historia de la conversi\u00f3n y qued\u00f3 sin terminar debido a las interrupciones sarc\u00e1sticas del gobernador y la actitud molesta del rey (Hechos, xxvi).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El viaje del prisionero Pablo de Ces\u00e1rea a Roma fue descrito por San Lucas con una viveza de colores y una precisi\u00f3n que no dejan nada que desear. Pueden verse los comentarios de Smith, \u00abVoyage and Shipwreck of St. Paul\u00bb (1866); Ramsay, \u00abSt. Paul the Traveller and Roman Citizen\u00bb (London, 1908). El centuri\u00f3n Julio hab\u00eda enviado a Pablo y a otros prisioneros en un nav\u00edo mercante en el que Lucas y Aristarco pudieron sacar pasaje. Dado que la estaci\u00f3n se encontraba avanzada, el viaje fue lento y dif\u00edcil. Costearon Siria, Cilicia y Panfilia. En Mira de Licia los prisioneros fueron transferidos a un bajel dirigido a Italia, pero unos vientos contrarios persistentes los empujaron hacia un puerto de Chipre llamado Buenpuerto, alcanzado incluso con mucha dificultad y Pablo aconsej\u00f3 invernar all\u00ed, pero su opini\u00f3n fue rechazada y el barco deriv\u00f3 sin rumbo fijo durante catorce d\u00edas terminando en las costas de Malta. Durante los tres meses siguientes, la navegaci\u00f3n fue considerada demasiado peligrosa, con lo que no se movieron del lugar, mas con los primeros d\u00edas de la primavera, se apresuraron a reanudar el viaje. Pablo debi\u00f3 llegar a Roma alg\u00fan d\u00eda de marzo. \u00abQued\u00f3 dos a\u00f1os completos en una vivienda alquilada . . . predicando el Reino de Dios y la fe en Jesucristo con toda confianza, sin prohibici\u00f3n\u00bb (Hechos, xxviii, 30-31). Y, con estas palabras, concluyen los Hechos de los Ap\u00f3stoles.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No hay duda de que San Pablo termin\u00f3 su juicio absuelto; ya que (1) el informe del gobernador Festo, as\u00ed como el del centuri\u00f3n, fueron favorables; y que (2) los jud\u00edos parecen haber abandonado la acusaci\u00f3n puesto que sus correligionarios no parecen haber estado informados (Hechos, xxviii, 21); y que (3) el rumbo tomado por el procedimiento judicial le dej\u00f3 algunos periodos de libertad, de los que habl\u00f3 como cosa cierta (Fil., i, 25; ii, 24; Philem., 22); y que (4) las cartas pastorales (en el supuesto que sean aut\u00e9nticas) implican un periodo de actividad de Pablo subsiguiente a su cautividad. Y se llega a la misma conclusi\u00f3n en la hip\u00f3tesis seg\u00fan la cual no son aut\u00e9nticas, dado que todas ellas coinciden en que el autor conoc\u00eda bien la vida del ap\u00f3stol. Un\u00e1nimemente se acepta que las \u201cep\u00edstolas de la cautividad\u201d se enviaron desde Roma. Algunos autores han intentado probar que San Pablo las escribi\u00f3 durante su detenci\u00f3n en Ces\u00e1rea, pero pocos autores los han seguido. La ep\u00edstola a los colosenses, a los efesios y a Filem\u00f3n se enviaron juntas y utilizando el mismo mensajero: T\u00edchico. Es controvertido si la ep\u00edstola a los filipenses fue anterior o posterior a estas \u00faltimas y la cuesti\u00f3n no ha sido nunca resuelta con argumentos incontrovertibles (ver Epistolas a FILIPENSES, EFESIOS, COLOSENSES, FILEMON.\n<\/p>\n<h3>Los \u00faltimos a\u00f1os<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dado que este periodo carece de la documentaci\u00f3n de los Hechos, est\u00e1 envuelto en la m\u00e1s completa obscuridad; nuestras \u00fanicas fuentes son algunas tradiciones dispersas y las citas dispersas de las ep\u00edstolas. Pablo dese\u00f3 pasar por Espa\u00f1a desde mucho tiempo antes (Rom., xv, 24, 28) y no hay pruebas de que cambiase su plan. Hacia el fin de su cautiverio, cuando anuncia su llegada a Filem\u00f3n (22) y a los filipenses (ii, 23-24), no parece considerar esta visita como inminente, dado que promete a los filipenses enviarles un mensajero en cuanto conozca la conclusi\u00f3n de su juicio y, por consiguiente, \u00e9l preparaba otro viaje antes de su vuelta a oriente. Sin necesidad de citar los testimonios de San Cirilo de Jerusal\u00e9n, San Epifanio, San Jer\u00f3nimo, San Cris\u00f3stomo y Teodoreto diremos finalmente que el testimonio de San Clemente de Roma, bien conocido, el testimonio del \u00abCanon Muratorio\u00bb, y el \u00abActa Pauli\u00bb hacen m\u00e1s que probable el viaje de San Pablo a Espa\u00f1a. En cualquier caso, no pudo quedarse all\u00e1 por mucho tiempo, dada su prisa por visitar las iglesias del este. Pudo sin embargo haber vuelto a Espa\u00f1a a trav\u00e9s de la Galia, como algunos padres pensaron, y no a Galacia, a la que Crescencio fue enviado m\u00e1s tarde. (II Tim., iv, 10). Es veros\u00edmil que, despu\u00e9s, cumpliera su promesa de visitar a su amigo Filem\u00f3n y que, en tal ocasi\u00f3n, visitara las iglesias del valle de Licaonia, Laodicea, Colosos, y Hierapolis.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A partir de este momento el itinerario se vuelve sumamente incierto aunque los hechos siguientes parecen estar indicados en las ep\u00edstolas pastorales: Pablo se qued\u00f3 en Creta el tiempo preciso para fundar nuevas iglesias, cuyo cuidado y organizaci\u00f3n dej\u00f3 en manos de su colega Tito (Tit., i, 5). Fue despu\u00e9s a Efeso y rog\u00f3 a Timoteo, que estaba ya all\u00ed, que permaneciera all\u00e1 hasta su vuelta mientras \u00e9l se dirig\u00eda a Macedonia (I Tim., i,3). En esta ocasi\u00f3n visit\u00f3, como hab\u00eda prometido, a los filipenses (Fil., ii, 24), y, naturalmente, tambi\u00e9n pas\u00f3 a ver a los tesalonicenses. La carta a Tito y la primera ep\u00edstola a Timoteo deben datar de este periodo; parece que se escribieron al mismo tiempo aproximadamente, poco despu\u00e9s de haber dejado Efeso. La cuesti\u00f3n es el saber si se enviaron desde Macedonia o desde Corinto, como parece m\u00e1s probable. El Ap\u00f3stol instruye a Tito para que se re\u00fana con \u00e9l en Nic\u00f3polis de Epiro donde piensa pasar el verano (Titus, iii, 12). En la primavera siguiente debe haber efectuado su plan de vuelta a Asia (I Tim, iii, 14-15). Aqu\u00ed ocurri\u00f3 el obscuro episodio de su arresto, que probablemente tuvo lugar en Tr\u00f3ade; ello explicar\u00eda el porqu\u00e9 hab\u00eda dejado a Carpo unas ropas y unos libros que necesit\u00f3 despu\u00e9s (II Tim., iv, 13). De all\u00ed fue a Efeso, capital de la provincia de Asia, donde lo abandonaron todos aquellos que \u00e9l pensaba le habr\u00edan sido fieles (II Tim., i, 15). Enviado a Roma para ser juzgado, dej\u00f3 a Tr\u00f3fimo enfermo en Mileto y a Erasto, otro de sus compa\u00f1eros, que permanecieron en Corinto por razones nunca aclaradas (II Tim., iv, 20). Cuando Pablo escribi\u00f3 su segunda ep\u00edstola a Timoteo desde Roma, cre\u00eda que toda esperanza humana estaba perdida (iv, 6).; en ella pide a su disc\u00edpulo que venga a verle lo m\u00e1s r\u00e1pidamente posible, dado que est\u00e1 solo con Lucas. No sabemos si Timoteo fue capaz de ir a Roma antes de la muerte del Ap\u00f3stol.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una antigua tradici\u00f3n hace posible establecer los puntos siguientes: (1) Pablo sufri\u00f3 el martirio cerca de Roma en la plaza llamada Aquae Salviae (hoy Piazza Tre Fontane), un poco al oeste de la Via Ostia, a cerca de tres kil\u00f3metros de la espl\u00e9ndida bas\u00edlica de San Pablo Extra Muros, lugar donde fue enterrado. (2) El martirio tuvo lugar hacia el fin del reinado de Ner\u00f3n, en el duod\u00e9cimo a\u00f1o (San Epifanio), en el decimotercero (Eutalio), o en el decimocuarto (San Jer\u00f3nimo). (3) De acuerdo con la opini\u00f3n m\u00e1s com\u00fan, Pablo sufri\u00f3 el martirio el mismo d\u00eda del mismo a\u00f1o que Pedro; algunos padres latinos disputan si fue el mismo d\u00eda pero no del mismo a\u00f1o; el testigo m\u00e1s anciano, San Dionisio el Corintio, dice solamente kata ton auton kairon, lo que puede ser traducido por \u201cal mismo tiempo\u201d o \u201caproximadamente al mismo tiempo\u201d. (4) Durante tiempo inmemorial, la solemnidad de los ap\u00f3stoles Pedro y Pablo se celebra el 29 de Junio, que es el aniversario, sea de la muerte, sea del traslado de sus reliquias. El Papa iba antiguamente con sus acompa\u00f1antes a San Pablo Extra Muros despu\u00e9s de haber celebrado en San Pedro, aunque la distancia entre las dos bas\u00edlicas (cerca de ocho quil\u00f3metros) hac\u00eda dicha ceremonia demasiado agotadora, particularmente en este momento del a\u00f1o. As\u00ed surgi\u00f3 la costumbre de transferir al d\u00eda siguiente (30 de junio) la conmemoraci\u00f3n de San Pablo. La fiesta de la conversi\u00f3n de San Pablo (25 de enero) tiene un origen comparativamente reciente. Hay razones de creer que este d\u00eda fue celebrado para marcar el traslado de las reliquias de San Pablo a Roma, puesto que as\u00ed aparece en el Martirologio Hieronimiano. Esta fiesta es desconocida en la iglesia griega (Dowden, \u00abThe Church Year and Kalendar\u00bb, Cambridge, 1910, 69; cf. Duchesne, \u00abOrigines du culte chr\u00e9tien\u00bb, Paris, 1898, 265-72; McClure, \u00abChristian Worship\u00bb, London, 1903, 277-81).\n<\/p>\n<h3>Retrato F\u00edsico y Moral de San Pablo<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">De Eusebio sabemos (Hist. Eccl, VII, 18) que, incluso en su tiempo, hab\u00eda representaciones de Cristo con los ap\u00f3stoles Pedro y Pablo. La apariencia de San Pablo  se conserv\u00f3 en tres monumentos antiguos: (1) Un d\u00edptico que del primer siglo (Lewin, \u00abThe Life and Epistles of St. Paul\u00bb, 1874, frontispiece of Vol. I and Vol. II, 210). (2)  Un amplio medall\u00f3n encontrado en el cementerio de Domitila y que representa a los ap\u00f3stoles Pedro y Pablo (Op. cit., II, 411). (3) Un plato de cristal en el Museo Brit\u00e1nico con los mismos ap\u00f3stoles (Farrara, \u00abLife and Work of St. Paul\u00bb, 1891, 896). Tambi\u00e9n tenemos dos descripciones concordantes en los \u201cHechos de Pablo y Telea\u201d del seudo Luciano de Fil\u00f3patris de Malalas (Chronogr., x), y en Nic\u00e9foro (Hist. Eccl, III, 37). Pablo era bajo de estatura; El seudo Cris\u00f3stomo lo llama el hombre de los tres codos (anthropos tripechys); ten\u00eda las espaldas anchas, algo calvo, de nariz ligeramente aquilina, cejas corridas, barba gruesa y gris, complexi\u00f3n armoniosa y maneras agradables y afables. Sufr\u00eda de una enfermedad que es dif\u00edcil de diagnosticar (cf. Menzies, \u00abSt. Paul&#8217;s Infirmity\u00bb en el Expository Times\u00bb, July and Sept., 1904), pero a pesar de esta enfermedad dolorosa y humillante (II Cor., xii, 7-9; Gal., iv, 13-14) y a pesar de que su presencia no era imponente (II Cor., x, 10), Pablo posey\u00f3 sin duda una resistencia f\u00edsica fuera de lo com\u00fan que s\u00f3lo ella pudo soportar sus trabajos sobrehumanos (II Cor., xi, 23-29). El seudo Cris\u00f3stomo \u00abIn princip. ap\u00f3stol. Petrum et Paulum\u00bb (in P. G., LIX, 494-95), piensa que muri\u00f3 a la edad de sesenta y ocho a\u00f1os despu\u00e9s de haber servido al se\u00f1or treinta y cinco.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El retrato moral es algo m\u00e1s dif\u00edcil de esbozar, tan lleno est\u00e1 de contrastes. Se encontrar\u00e1n sus elementos en Lewin, op. cit., II, xi, 410-35 (Paul&#8217;s Person and Character); en Farrar, Op, cit., Appendix, Excursus I; y especialmente en Newman, \u00abSermons preached on Various Occasions\u00bb, vii, viii.\n<\/p>\n<h2>Teolog\u00eda de San Pablo<\/h2>\n<h3>Pablo y Cristo<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">La presente cuesti\u00f3n pas\u00f3 por dos fases distintas. Si se sigue a la escuela de T\u00fcbingen, el ap\u00f3stol ten\u00eda s\u00f3lo un conocimiento vago de la vida y la obra del Cristo hist\u00f3rico e incluso desde\u00f1aba tal conocimiento como inferior e in\u00fatil. Su \u00fanica raz\u00f3n es el texto siguiente mal interpretado: \u00abEt si cognovimus secundum carnem Christum, sed nunc jam novimus\u00bb (II Cor., v, 16). La contraposici\u00f3n que se observa en este texto no es la del Cristo hist\u00f3rico y el Cristo glorificado, sino la del Mes\u00edas tal y como los jud\u00edos incr\u00e9dulos se lo representaban, (y quiz\u00e1 como algunos judaizantes lo predicaban) y el Mes\u00edas tal y como se le manifest\u00f3 en su muerte y resurrecci\u00f3n, y tal como \u00e9l lo confes\u00f3 despu\u00e9s de su conversi\u00f3n. No es ni admisible ni probable que Pablo se desinteresase de la vida para predicar a Cristo, al que amaba apasionadamente, que le sosten\u00eda para la imitaci\u00f3n de los ne\u00f3fitos, y cuyo Esp\u00edritu se jactaba de tener. No puede creerse que no interrogara sobre esta cuesti\u00f3n a los testigos presenciales que eran Barnab\u00e9, Silas, o los futuros historiadores de Cristo, Marcos y Lucas, con quienes estuvo tanto tiempo asociado. Un examen cuidadoso de este asunto nos hace llegar a las tres siguientes conclusiones, hoy generalmente aceptadas: (1) Hay en San Pablo m\u00e1s alusiones a la vida y a las ense\u00f1anzas de Cristo de lo que podr\u00eda suponerse a primera vista, y el hecho de que sean alusiones sin \u00e9nfasis demuestra que el Ap\u00f3stol sab\u00eda de este asunto m\u00e1s de lo que dec\u00eda y de lo que pudiera decir. (2) Estas alusiones son m\u00e1s frecuentes en San Pablo que en los evangelios. (3) Desde los tiempos apost\u00f3licos hubo una catequesis, que se refer\u00eda, entre otras cosas, a la vida y ense\u00f1anzas de Cristo y que todos los ne\u00f3fitos ten\u00edan que poseer, de tal modo que no era necesario referirse a estos asuntos sino ocasionalmente y de paso.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La segunda fase de la cuesti\u00f3n est\u00e1 estrechamente conectada con la primera. Los mismos te\u00f3logos que predican que Pablo era indiferente a la vida y a las ense\u00f1anzas previas de Cristo, exageran deliberadamente su originalidad e influencia. Seg\u00fan ellos, Pablo fue el creador de la teolog\u00eda, el fundador de la Iglesia, el predicador del ascetismo, el defensor de los sacramentos y del sistema eclesi\u00e1stico, el adversario de la religi\u00f3n del amor y de la libertad que Cristo vino a anunciarnos. Si para honorarlo, Pablo fue llamado el segundo fundador del cristianismo, este cristianismo debi\u00f3 de ser al menos parcialmente opuesto al primitivo. As\u00ed, se hace responsable a Pablo de todas las antipat\u00edas del pensamiento moderno hacia el cristianismo primitivo. En gran medida reside aqu\u00ed el movimiento que podr\u00edamos llamar \u201cretorno a Cristo\u201d, de cuyas divagaciones somos ahora testigos. En realidad, la raz\u00f3n principal del llamado \u201cretorno a Cristo\u201d es escapar de San Pablo, a la ra\u00edz del dogma y te\u00f3logo de la fe. El grito \u00abZuruck zu Jesu\u00bb (vuelta a Jes\u00fas) que reson\u00f3 en Alemania por treinta a\u00f1os, est\u00e1 inspirado por una intenci\u00f3n posterior, \u00abLos von Paulus\u00bb (dejemos a Pablo). El problema es el siguiente: \u00bfFue la relaci\u00f3n de Pablo hacia Cristo la de un disc\u00edpulo hacia su maestro? O \u00bffue Pablo un autodidacto absolutamente independiente del evangelio de Jes\u00fas y de la predicaci\u00f3n de los doce? Uno tiene que admitir que los trabajos publicados no proyectan demasiada luz sobre el tema. Sin embargo, las discusiones habidas no dejaron de ser \u00fatiles, dado que han puesto de relieve que la mayor parte de las doctrinas t\u00edpicamente paulinas como la justificaci\u00f3n por la fe, la muerte redentora de Cristo o la universalidad de la salvaci\u00f3n, est\u00e1n de acuerdo con los primeros escritos de los dem\u00e1s ap\u00f3stoles en los que ellas se basan. Julicher en particular ha subrayado que la cristolog\u00eda de San Pablo, m\u00e1s exaltado que sus compa\u00f1eros de apostolado, nunca fue objeto de controversia y que \u00e9l mismo no fue nunca consciente de singularidad alguna en estos asuntos comparado con los otros heraldos del evangelio. Cf. Morgan, \u00abBack to Christ\u00bb in \u00abDict. of Christ and the Gospels\u00bb, I, 61-67; Sanday, \u00abPaul\u00bb, loc. cit., II, 886-92; Feine, \u00abJesus Christus und Paulus\u00bb (1902); Goguel, \u00abL&#8217;ap\u00f4tre Paul et J\u00e9sus-Christ\u00bb (Paris, 1904); Julicher, \u00abPaulus und Jesus\u00bb (1907).\n<\/p>\n<h3>La idea de base de la teolog\u00eda de San Pablo<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Algunos autores modernos consideran que la teodicea es la base, el centro y la c\u00faspide de la teolog\u00eda paulina. \u00abLa doctrina del ap\u00f3stol es, en realidad, teoc\u00e9ntrica y no antropoc\u00e9ntrica. Lo que solemos llamar \u2018metaf\u00edsica\u2019 sustenta para Pablo el hecho inmediato y soberano; Dios, como \u00e9l lo concibe, es todo en todos tanto para su raz\u00f3n como para su coraz\u00f3n\u00bb (Findlay en Hastings, \u00abDict. of the Bible\u00bb, III, 718). Stevens empieza su exposici\u00f3n sobre la \u201cteolog\u00eda paulina\u201d con un cap\u00edtulo intitulado \u201cla doctrina de Dios\u201d. Sabatier (L&#8217;apotre Paul, 1896, 297) considera tambi\u00e9n que \u00abla \u00faltima palabra de la teolog\u00eda paulina es \u2018Dios todo en todos\u2019\u201d, y hace la idea misma de Dios lo que corona el edificio teol\u00f3gico de Pablo. Pero estos autores no reflejaron que la idea de Dios ocupa tan amplio espacio en la ense\u00f1anza del ap\u00f3stol, cuyo pensamiento, profundamente religioso como el de todos sus compatriotas, no es caracter\u00edstico ni se distingue del de sus compa\u00f1eros de apostolado y ni siquiera del de sus contempor\u00e1neos jud\u00edos. Muchos te\u00f3logos protestantes modernos, especialmente entre los que siguen m\u00e1s o menos la escuela de T\u00fcbingen, mantienen que la doctrina de Pablo es \u201cantropoc\u00e9ntrica\u201d, que ella empieza por su concepci\u00f3n de la incapacidad humana para cumplir la ley de Dios sin la ayuda de la gracia, hasta tal punto que, siendo el esclavo del pecado, debe luchar contra la carne. Mas si bien esto fuera la g\u00e9nesis de la idea de Pablo, es extra\u00f1o que la enunciara solamente en un \u00fanico cap\u00edtulo a los romanos (Rom., vii), si esto a\u00fan con un sentido controvertido, de tal manera que si este cap\u00edtulo no hubiera sido escrito o se hubiera perdido, no tendr\u00edamos medio alguno para recuperar la clave de su ense\u00f1anza. Sin embargo, los m\u00e1s de los te\u00f3logos acuerdan hoy d\u00eda que la doctrina de S. Pablo es cristoc\u00e9ntrica, que es la base de su soteriolog\u00eda, no desde un punto de vista subjetivo de acuerdo con los antiguos prejuicios del protestantismo que hicieron de la justificaci\u00f3n por la fe la quintaesencia del paulinismo, sino desde un punto de vista objetivo, abarcando en una amplia s\u00edntesis la persona y figura del redentor. Esto puede ser demostrado emp\u00edricamente afirmando que todos y cada uno de los detalles en san Pablo convergen hacia Jesucristo, y ello de tal modo que, haciendo abstracci\u00f3n de Jesucristo, su ense\u00f1anza se vuelve totalmente incomprensible, tanto en conjunto como en detalle. Lo mismo se demuestra observando que lo que Pablo llama su evangelio consiste en la salvaci\u00f3n de todos los hombres por Cristo y en Cristo. He ah\u00ed el punto de partida del siguiente an\u00e1lisis:\n<\/p>\n<h3>La humanidad sin Cristo<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los primeros tres cap\u00edtulos de la ep\u00edstola a los romanos muestran nuestra naturaleza humana bajo el imperio del pecado. Ni los gentiles ni los jud\u00edos pudieron contener el alud del mal. La ley mosaica fue una barrera f\u00fatil porque prescribi\u00f3 el bien sin dar fuerzas para su cumplimiento. El ap\u00f3stol llega al a siguiente conclusi\u00f3n poco entusiasta: \u00abNo hay diferencia (entre jud\u00edos y gentiles) puesto que todos pecaron y todos necesitan la gloria de Dios\u00bb (Rom., iii, 22-23). Procede luego a mostrarnos la causa hist\u00f3rica de este mal: \u00abA causa de un hombre entr\u00f3 el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte; as\u00ed que la muerte pas\u00f3 a todos los hombres puesto que todos en \u00e9l pecaron\u00bb (Rom., v, 12). Este hombre es Ad\u00e1n evidentemente, que trajo el pecado trajo al mundo, y no s\u00f3lo un pecado personal, sino un pecado predominante que dej\u00f3 en todo los hombres la semilla de la muerte: \u00abTodos pecaron cuando Ad\u00e1n pec\u00f3; todos pecaron en y con su pecado\u00bb (Stevens, \u00abPauline Theology\u00bb, 129). Queda, sin embargo, por ver como el pecado original que es nuestra heredad, se manifiesta externamente y se convierte en la fuente de nuestros pecados actuales. Nos lo ense\u00f1a Pablo en el cap\u00edtulo s\u00e9ptimo, donde describe la lucha entre la ley, asistida por la raz\u00f3n, y la naturaleza humana debilitada en la carne y la tendencia al mal, representa la naturaleza como inevitablemente vencida: \u00abDado que me deleito en la ley de Dios seg\u00fan el hombre interior: pero hay otra ley en mis miembros que lucha contra la ley del esp\u00edritu y me hace cautivo en el pecado\u00bb (Rom., vii, 22-23). Esto no quiere decir que el organismo, el substrato material, sea pecado en s\u00ed mismo como algunos te\u00f3logos de la escuela de T\u00fcbingen lo han dicho, puesto que la carne de Cristo, en todo semejante a nosotros, estuvo exenta del pecado, y el ap\u00f3stol nos desea que nuestros cuerpos, destinado a la resurrecci\u00f3n, queden libres de toda mancha. La relaci\u00f3n entre el pecado y la carne no es ni inherente ni necesaria; es accidental, determinada por un hecho hist\u00f3rico y capaz de desaparecer por la actuaci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, siendo sin embargo cierto, que no est\u00e1 en nuestra mano el poder superarlo sin ayuda, lo que implica la necesidad del Salvador.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y sin embargo, Dios no abandona al hombre pecador. \u00c9l contin\u00faa a manifestarse en el mundo visible (Rom., i, 19-20), por la luz de la conciencia (Rom. ii, 14-15) para, finalmente, manifestarse a trav\u00e9s de su providencia, siempre activa, paternal y benevolente (Hechos, xiv, 16; xvii, 26). M\u00e1s a\u00fan, en su infinita misericordia, \u00c9l \u00absalvar\u00e1 a todos los hombres y los har\u00e1 llegar al conocimiento de la verdad\u00bb (I Tim., ii, 4). Esta voluntad es necesariamente subsiguiente al pecado original, pues que concierne al hombre tal y como es en la actualidad. Seg\u00fan su bondadoso deseo, Dios conduce paso a paso al hombre hacia la salvaci\u00f3n. A los patriarcas, particularmente a Abrah\u00e1n, hizo una promesa libre y generosa, confirmada por el juramento (Rom., iv, 13-20; Gal., iii, 15-18), que anticipaba el evangelio. A Mois\u00e9s dio su ley, cuya observaci\u00f3n deber\u00eda haber sido medio de salvaci\u00f3n (Rom., vii, 10; x, 5), la cual, a\u00fan violada como lo fue en realidad, result\u00f3 ser una gu\u00eda que condujo a Cristo (Gal., iii, 24) y el instrumento de la misericordia en sus manos. La ley fue un mero interludio hasta que la humanidad estuvo preparada para la revelaci\u00f3n (Gal., iii, 19; Rom., v, 20), originando as\u00ed la intervenci\u00f3n divina. (Rom., iv, 15). All\u00e1 donde abund\u00f3 el mal surgi\u00f3 el bien y \u00abla escritura concluy\u00f3 bajo el pecado, mientras que la promesa, por la fe en Jesucristo, pudo ser dada a los que creen\u00bb (Gal., iii, 22). Todo esto se cumpli\u00f3 \u00abal final de los tiempos\u00bb (Gal., iv, 4; Eph., i, 10), esto es, en el momento dispuesto por Dios para la ejecuci\u00f3n de sus designios misericordiosos, cuando la impotencia del hombre pudiera manifestarse plenamente. Entonces, \u00abDios envi\u00f3 a su hijo nacido de mujer bajo la ley, para que pudiera redimir al hombre que estaba bajo la ley, para que pudiera recibir la adopci\u00f3n filial\u00bb (Gal., Iv, 4).\n<\/p>\n<h3>La persona del Redentor<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Casi todas las referencias a la persona de Jesucristo llevan, directa o indirectamente aparejado, el papel de salvador. La cristolog\u00eda paulina es siempre soteriol\u00f3gica. A pesar de lo amplio de estos esquemas, ellos nos muestran la fiel imagen de Cristo en su preexistencia, en su existencia hist\u00f3rica y en su vida gloriosa (v\u00e9ase F. Prat, \u00abTh\u00e9ologie de Saint Paul\u00bb).\n<\/p>\n<p>Cristo en su preexistencia<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(a) Cristo pertenece a un orden superior a lo creado (Eph., i, 21);\u00c9l es el creador y el mantenedor del mundo (Col., i, 16-17); Todo es por \u00c9l, en \u00c9l, y para \u00c9l (Col., i, 16). (b) Cristo es la imagen del Padre invisible (II Cor., iv, 4; Col., i, 15); \u00c9l es el hijo de Dios, pero, a diferencia de los otros hijos, lo es de un modo incomunicable; \u00c9l es el hijo, el hijo mismo, el bienamado y lo ha sido siempre (II Cor., i, 19; Rom., viii, 3, 32; Col., i, 13; Eph., i, 6; Etc.). (c) Cristo es el objeto de las doxolog\u00edas reservadas s\u00f3lo a Dios (II Tim., iv, 18; Rom., xvi, 27); Se le reza como se le reza al Padre (II Cor., xii, 8-9; Rom., x, 12; I Cor., i, 2); Los dones que se le piden pueden ser s\u00f3lo concedidos por Dios, particularmente la gracia y la salvaci\u00f3n (Rom., i, 7; xvi, 20; I Cor., i,3; xvi, 23; Etc.) ante \u00c9l se dobla toda rodilla en el cielo, en la tierra y en el abismo (Fil., ii, 10), puesto que toda cerviz se inclina en adoraci\u00f3n de su Alt\u00edsima Majestad. (d) Cristo posee en s\u00ed todos los atributos divinos; es eterno, pues que es el \u00abprimer nacido de toda criatura\u00bb y existe antes de todas los tiempos (Col., i, 15, 17); es inmutable, puesto que existe \u00aben forma de Dios\u00bb (Fil., ii, 6); es omnipotente, puesto que tiene poder para hacer surgir todo de la nada (Col., i, 16); Es inmenso, dado que llena todas las cosas con su plenitud (Eph., iv, 10; Col., ii, 10); Es infinito, puesto que \u00abla plenitud divina opera en \u00c9l\u00bb (Col.ii, 9). Todo ello es la caracter\u00edstica especial de Dios que le pertenece por derecho; su sede en el juicio es la de Cristo (Rom., xiv, 10; II Cor., v, 10); El evangelio de Dios es el de Cristo (Rom., i, 1, 9; xv, 16, 19, etc.); La iglesia de Dios es la de Cristo (I Cor., i, 2 and Rom., xvi 16 sqq.); el reino de Dios es el de Cristo (Eph., v, 5), el Esp\u00edritu de Dios es el de Cristo (Rom., viii, 9 sqq). (e) Cristo es el Se\u00f1or (I Cor., viii, 6); Se le identifica con el Jahv\u00e9 del viejo testamento (I Cor., x, 4, 9; Rom., x, 13; cf. I Cor., ii, 16; ix, 21); \u00c9l es el Dios que \u201cadquiri\u00f3 su iglesia con su propia sangre\u00bb (Hechos, xx, 28); es nuestro \u00abDios y salvador Jesucristo\u00bb (Tit., ii, 13); es el Dios \u00abde todas las cosas\u00bb (Rom., ix, 5), representa en su infinita transcendencia la suma y sustancia de todo lo creado.\n<\/p>\n<p>Jesucristo como hombre<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pablo esboza el otro aspecto de la figura de Cristo con mano no menos firme. Jesucristo es el segundo Ad\u00e1n (Rom., v, 14; I Cor., xv, 45-49); \u00abel mediador entre Dios y los hombres\u00bb (I Tim., ii, 5), y, en tanto que tal, es necesariamente un hombre (anthropos Christos Iesous). De tal forma que desciende de los patriarcas (Rom., ix, 5; Gal., iii, 16), es \u00abde la estirpe de David seg\u00fan la carne)\u00bb (Rom., i, 3), \u00abnacido de mujer\u00bb (Gal., iv, 4), como todos los hombres; y finalmente, es conocido como hombre en su apariencia, similar a la de todos los hombres (Fil., ii, 7), aparte del pecado, que no conoci\u00f3 ni pudo conocer (II Cor., v, 21). Cuando San Pablo dice que \u00abDios envi\u00f3 a su Hijo bajo la apariencia de la carne pecadora\u00bb (Rom., viii, 3), no quiere decir que niega la realidad de la carne de Cristo, sino que niega \u00fanicamente su aspecto pecador.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En ning\u00fan sitio explica el Ap\u00f3stol como se realiza en Cristo la uni\u00f3n de las naturalezas divina y humana, le basta con afirmar que Aquel que pose\u00eda \u00abla naturaleza de Dios&#8217; tom\u00f3 \u00abla naturaleza del siervo\u00bb (Fil., ii, 6-7), o con afirmar la encarnaci\u00f3n con la siguiente f\u00f3rmula sucinta: \u00abDado que en \u00c9l se realiza la plenitud de la Divinidad corporalmente\u00bb (Col., ii, 9). Lo que podemos ver claramente es que Cristo es una sola persona a la que se atribuyen, a menudo en una \u00fanica sentencia, las cualidades propias de la naturaleza humana y las de la naturaleza divina, como la preexistencia, la existencia hist\u00f3rica y la vida gloriosa (Col., i, 15-19; Fil., ii, 5-11; Etc.). La explicaci\u00f3n teol\u00f3gica de este misterio ha dado lugar a innumerables errores. Por ejemplo la negaci\u00f3n de una de las naturalezas, sea la humana (docetismo), sea la divina (arrianismo), o bien las dos naturalezas se consideraron unidas de una forma accidental, dando lugar a dos personas (nestorianismo), o las dos naturalezas se consideraron dos aspectos de una sola (monofisismo), o bien, con el pretexto de unirlas, se mutilaba una de ellas, sea la humana (apolinarianismo), o la divina, dando lugar a la extra\u00f1a herej\u00eda moderna conocida bajo el nombre de Kenosis.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta \u00faltima requiere una breve explicaci\u00f3n, puesto que est\u00e1 basada en el dicho de san Pablo: \u00abSiendo de forma divina\u2026 se despoj\u00f3 a s\u00ed mismo (ekenosen eauton, de donde kenosis) tomando la forma de un siervo\u00bb (Fil., ii, 6-7). Contrariamente a la opini\u00f3n com\u00fan, Lutero aplic\u00f3 estas palabras, no al Verbo, sino a Cristo, esto es, el Verbo encarnado. Adem\u00e1s \u00e9l comprendi\u00f3 la communicatio idiomatus como una posesi\u00f3n real por cada una de las dos naturalezas de los atributos de la otra. Seg\u00fan este punto de vista, la naturaleza humana de Cristo habr\u00eda pose\u00eddo los divinos atributos de la ubicuidad, de la omnisciencia y de omnipotencia. Entre los te\u00f3logos luteranos hay dos sistemas: uno afirma que la naturaleza humana de Cristo se despoj\u00f3 voluntariamente de sus atributos (kenosis), y el otro que estos mismos atributos fueron velados durante su existencia mortal (krypsis). Modernamente, la doctrina de la Kenosis, siempre restringida estrictamente a la teolog\u00eda luterana, ha cambiado completamente de opini\u00f3n. A partir de la idea filos\u00f3fica de que la \u201cpersonalidad\u201d se identifica con la \u201cconsciencia\u201d, se mantiene que all\u00e1 donde hay una \u00fanica persona, hay una \u00fanica consciencia; pero pues que la consciencia de Cristo era \u00edntegramente humana, la consciencia divina hab\u00eda necesariamente dejado de existir o por lo menos de actuar en \u00c9l. Seg\u00fan Tomas, te\u00f3rico del sistema, El hijo de Dios fue despojado, no despu\u00e9s de la encarnaci\u00f3n como afirm\u00f3 Lutero, por el hecho mismo de la encarnaci\u00f3n, y lo que hizo posible la uni\u00f3n del Logos con la humanidad fue la facultad de la divinidad de poderse limitar a s\u00ed misma en ser y en actividad. Los otros partidarios del sistema se expresan de una forma an\u00e1loga. Gess, por ejemplo, dice que en Jesucristo el ego divino se transmut\u00f3 en el ego humano. Cuando se objeta que Dios es inmutable, que no puede dejar de ser, ni limitarse, ni transformarse, ellos replican que este razonamiento no es m\u00e1s que una hip\u00f3tesis metaf\u00edsica, un concepto sin realidad. (Para ver varias formas de Kenosis cons\u00faltese Bruce, \u00abThe Humiliation of Christ\u00bb, p. 136.)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todos esto sistemas no son sino variantes del Monofisismo. Siguen considerando inconscientemente que en Cristo no hay sino una naturaleza como para una \u00fanica persona. Seg\u00fan la doctrina cat\u00f3lica por el contrario, la uni\u00f3n de las dos naturaleza sin una persona \u00fanica no cambia la naturaleza divina y no implica ning\u00fan cambio f\u00edsico en la naturaleza humana de Cristo. Sin duda Cristo es el Hijo y tiene moralmente derecho, incluso como hombre, a los bienes de su padre, como la inmediata visi\u00f3n de Dios, la felicidad eterna y el estado de gloria. Se encuentra luego despojado temporalmente de una parte de estos bienes para que pueda cumplir su misi\u00f3n en tanto que redentor. Abajamiento y la aniquilaci\u00f3n de los que nos habla San Pablo, cosa totalmente diferente de la Kenosis m\u00e1s arriba descrita.\n<\/p>\n<h3>La redenci\u00f3n objetiva en tanto obra de Cristo<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hemos visto como el hombre ca\u00eddo es incapaz de levantarse de nuevo sin ayuda, Dios en su misericordia envi\u00f3 su Hijo para salvarlo. Que Jesucristo nos salv\u00f3 en la cruz es una doctrina de San Pablo a menudo repetida, que \u201cfuimos justificados por su sangre\u201d y que \u201cfuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo\u00bb (Rom., v, 9-10). \u00bfQu\u00e9 da a la sangre de Cristo, a su muerte, a su cruz esta fuerza salvadora? Pablo no responde nunca a esta pregunta directamente, pero nos ense\u00f1a el drama del Calvario bajo tres aspectos, que hay peligro en separa y que se comprenden mejor compar\u00e1ndolos entre s\u00ed: (a) por un lado la muerte de Cristo es un sacrificio, como los de la antigua ley, para expiar el pecado y para hacerse a Dios propicio. Cf. Sanday y Headlam, \u00abRomans\u00bb, 91-94, \u00abLa muerte de Cristo en tanto que sacrificio\u00bb. \u00abEs imposible en este pasaje (Rom., iii, 25) desembarazarse de la siguiente doble idea: (1) del sacrificio; (2) del sacrificio expiatorio . . . Independientemente de este pasaje, no es dif\u00edcil probar que estas dos ideas de sacrificio y de propiciaci\u00f3n son la ra\u00edz misma de la ense\u00f1anza, no s\u00f3lo de San Pablo, sino de todo el nuevo testamento en general. \u00abEl doble peligro de esta idea es primeramente el querer aplicar al sacrificio de Cristo todos los modos de acci\u00f3n, reales o supuestos, de los sacrificios imperfectos de la antigua ley y, por otro lado, el suponer que Dios se apiada por una especie de efecto m\u00e1gico, en virtud de este sacrificio donde, por el contrario, fue \u00c9l quien tom\u00f3 la iniciativa de la misericordia instituyendo el sacrificio del Calvario y dot\u00e1ndolo de un valor expiatorio\u201d. (b) Por otro lado, la muerte de Cristo representa la redenci\u00f3n, el pago del rescate que da como resultado la liberaci\u00f3n del hombre de su servitud anterior (I Cor., vi, 20; vii, 23 [times egorasthete]; Gal., iii, 13; iv, 5 [ina tous hypo nomon exagorase]; Rom., iii, 24; I Cor., i, 30; Eph., i, 7, 14; Col., i, 14 [apolytrosis]; I Tim., ii, 6 [antilytron]; etc.) Esta idea, correcta en principio, puede ser inconvenientemente exagerada o aislada. Llev\u00e1ndola m\u00e1s all\u00e1 del sentido con el que fue escrita, algunos padres avanzaron la extra\u00f1a sugesti\u00f3n de que Cristo pag\u00f3 al demonio, que nos ten\u00eda sujetos, el necesario rescate. Otro error es considerar la muerte de Cristo como un valor en s\u00ed mismo, independientemente del Cristo que la ofreci\u00f3 a Dios por la remisi\u00f3n de nuestros pecados.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(c) Tambi\u00e9n a menudo, Cristo parece sufrir en nuestro lugar, como castigo por nuestros pecados. Parece sufrir una muerte f\u00edsica para salvarnos de la muerte moral del pecado y preservarnos de la muerte eterna. Esta idea de una substituci\u00f3n result\u00f3 talmente llamativa a los te\u00f3logos luteranos, que admitieron una equivalencia cuantitativa entre el sufrimiento de Cristo y el castigo merecido por nuestras faltas. Llegaron incluso a mantener que Jes\u00fas sufri\u00f3 el castigo de perder la visi\u00f3n divina y sufrir la maldici\u00f3n del Padre. Todo esto no es m\u00e1s que extravagancias que no hicieron sino arrojar descr\u00e9dito sobre la teor\u00eda de la substituci\u00f3n. Se ha dicho con acierto, que la transferencia del castigo de una persona a otra es una injusticia y una contradicci\u00f3n, dado que el castigo es inseparable de la falta y que un castigo inmerecido no es ya m\u00e1s un castigo. Por otro lado, San Pablo no dice nunca que Cristo muri\u00f3 en nuestro lugar (anti), sino s\u00f3lo que muri\u00f3 por nosotros (hyper) a causa de nuestros pecados.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En realidad, los tres puntos considerados m\u00e1s arriba no son sino tres aspectos de la redenci\u00f3n que, lejos de excluirse los unos a los otros, se armonizan y se combinan, modificando si es necesario todos los otros aspectos del problema. En el texto siguiente, San Pablo re\u00fane estos diferentes aspectos con algunos otros. Somos \u00abjustificados gratuitamente por su gracia por la redenci\u00f3n en Cristo Jes\u00fas, a quien Dios puso como sacrificio de propiciaci\u00f3n, mediante la fe en su sangre, para la manifestaci\u00f3n de su justicia por la remisi\u00f3n de los pecados pasados, en la paciencia de Dios para manifestar su justicia en el tiempo presente; para probar que es justo y que justifica a todo el que cree en Cristo Jes\u00fas\u00bb (Rom., iii, 24-26). Se designan aqu\u00ed las partes de Dios, de Cristo y del hombre: (1) Dios toma la iniciativa; \u00c9l ofrece a su Hijo; \u00c9l va a manifestar su justicia, pero le inclina a ello su misericordia. Es, pues, incorrecto o m\u00e1s o menos inadecuado decir que Dios estaba ofendido con la raza humana y que se apacigu\u00f3 solamente a causa de la muerte de su Hijo. (2) Cristo es nuestra redenci\u00f3n (apolytrosis), es el instrumento de la expiaci\u00f3n y de la propiciaci\u00f3n (ilasterion), y lo es a causa de su sacrificio (en to autou aimati), el cual no se parece en nada al sacrificio de animales irracionales; deriva su valor de Cristo, que lo ofreci\u00f3 por nosotros a su Padre en la obediencia y el amor (Fil., ii, 8; Gal., ii, 20). (3) el hombre no es un elemento meramente pasivo en el drama de la salvaci\u00f3n; \u00e9l debe entender la lecci\u00f3n ense\u00f1ada por Dios y apropiarse por la fe del fruto de la redenci\u00f3n.\n<\/p>\n<h3>La redenci\u00f3n subjetiva<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Habiendo ya muerto y resucitado Cristo, la redenci\u00f3n se ha completado en principio y por ley para toda la raza humana. Todo hombre puede hacerla suya de hecho por la fe y el bautismo, que, uni\u00e9ndolo a Cristo, le hace part\u00edcipe de la vida divina. La fe, seg\u00fan San Pablo, se compone de varios elementos: sumisi\u00f3n del intelecto a la palabra de Dios; abandono del creyente a su salvador que promete asistencia; acto de obediencia por el que el hombre acepta la voluntad divina. Tal acto posee un valor moral puesto que \u201cda gloria a Dios\u201d (Rom., iv, 20) en la medida en la que reconoce su propia impotencia. Es por esta raz\u00f3n por la que \u00abAbraham crey\u00f3 a Dios y le fue reputado por justicia\u00bb (Rom., iv, 3; Gal., iii, 6). Los hijos de Abraham, del mismo modo, \u00abjustificados por la fe sin el auxilio de la ley\u00bb (Rom., iii, 28; cf. Gal., ii, 16). Se sigue pues: (1) Que la justicia la otorga Dios en consideraci\u00f3n de la fe. (2) Que, sin embargo, la fe no es equivalente a la justicia dado que el hombre es justificado por la gracia (Rom., iv, 6). (3) Que la justicia otorgada gratuitamente al hombre deviene su propiedad y le es en adelante inherente. Antes los protestantes afirmaban que la justicia de Cristo nos es imputada aunque actualmente reconocen que el argumento va contra la escritura y carece de la garant\u00eda paulina; pero algunos, se atienen a basar la justificaci\u00f3n en un buen trabajo (ergon), niegan el valor moral de la fe y predican que la justificaci\u00f3n no es sino un juicio formal de Dios, que no altera absolutamente nada la justificaci\u00f3n del pecador. Tal teor\u00eda es insostenible; pues: (1) incluso admitiendo que \u201cjustificar\u201d signifique \u201cdeclarar justo\u201d, es absurdo suponer que Dios declara justo a alguien que no lo es a\u00fan o que no se vuelve justo por la declaraci\u00f3n misma. (2) La justificaci\u00f3n es inseparable de la santificaci\u00f3n, dado que esta \u00faltima es \u00abla justificaci\u00f3n de la vida\u00bb (Rom., v, 18) y que cada \u00abjusto vive por la fe\u00bb (Rom., i, 17; Gal., iii, 11). (3) Por la fe y el bautismo muere el \u201chombre viejo\u201d, lo que es imposible sin empezar a vivir como hombre nuevo que \u201cde acuerdo con Dios es creado en la justicia y en la santidad\u201d (Rom., vi, 3-5; Eph., iv, 24; I Cor., i, 30; vi, 11). Podemos, pues, establecer una distinci\u00f3n de definici\u00f3n entre los conceptos de justificaci\u00f3n y santificaci\u00f3n, pro no podemos separar las dos cosas ni considerarlas como cosas separadas.\n<\/p>\n<h3>Doctrina moral<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">El hecho de que conecte la moral con la redenci\u00f3n subjetiva, o justificaci\u00f3n, es una caracter\u00edstica notable del pensamiento paulino. Resulta particularmente chocante el cap\u00edtulo vi, de la carta a los romanos. En le bautismo \u00abel hombre viejo es crucificado con Cristo para que el cuerpo de pecado sea destruido con el fin de que no sirvamos ya m\u00e1s al pecado\u00bb (Rom., vi, 6). Nuestra incorporaci\u00f3n al cuerpo m\u00edstico de Cristo no es solamente una transformaci\u00f3n y una metamorfosis, sino una acci\u00f3n real, el nacimiento de un nuevo ser, sujeto a nuevas leyes y, por consiguiente, a nuevos deberes. Para comprender la importancia de nuestras obligaciones basta vernos a nosotros mismos como cristianos y hacer realidad las nuevas relaciones que resultan de este nacimiento sobrenatural: la filiaci\u00f3n a Dios padre, la consagraci\u00f3n al Esp\u00edritu Santo, la identidad m\u00edstica con nuestro salvador Jesucristo y la hermandad con los otros miembros de Cristo. Pero esto no es todo. Pablo dice a los ne\u00f3fitos: \u00abGracias sean dadas a Dios porque, siendo siervos del pecado, hab\u00e9is obedecido de coraz\u00f3n a la doctrina en la que hab\u00e9is sido liberados . . . . Pero ahora, siendo libres del pecado, habi\u00e9ndoos convertido en los siervos de Dios, ten\u00e9is el fruto de la santificaci\u00f3n, y en la vida eterna\u00bb (Rom., vi, 17, 22). Por el acto de fe y el bautismo su sello, el cristiano se hace libremente siervo de Dios y soldado de Cristo. La voluntad de Dios, que \u00e9l acepta de antemano en la medida en que se manifiesta, se convierte, de ah\u00ed en adelante, en su c\u00f3digo de conducta. As\u00ed es que el c\u00f3digo moral de San Pablo descansa por un lado en la voluntad positiva de Dios dada a conocer por Cristo, promulgada por los ap\u00f3stoles, y aceptada virtualmente por los ne\u00f3fitos en su primer acto de fe, y por otro lado en la regeneraci\u00f3n por el bautismo y en la nueva relaci\u00f3n que \u00e9l produce. Todos los mandamientos y recomendaciones de Pablo son una mera aplicaci\u00f3n de estos principios.\n<\/p>\n<h3>Escatolog\u00eda<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">(1) La descripci\u00f3n gr\u00e1fica de la parus\u00eda paulina (I Thess., iv, 16-17; II Thess., i, 7-10) contiene casi exactamente los mismos puntos esenciales del gran discurso escatol\u00f3gico de Cristo (Matt, xxiv; Mark, xiii, Luke, xxi). Una caracter\u00edstica com\u00fan de estos pasajes es la proximidad aparente de la parus\u00eda. Pablo no afirma que la venida del Salvador est\u00e9 pr\u00f3xima. En cada una de las cinco ep\u00edstolas en las que expresa el deseo y la esperanza de ser testigo presencial de la venida de Cristo, considera al mismo tiempo la probabilidad de la hip\u00f3tesis contraria, demostrando as\u00ed que carece de certeza y de revelaci\u00f3n expl\u00edcita en este punto Sabe s\u00f3lo que el d\u00eda de la venida del Se\u00f1or ser\u00e1 inesperado, como llega un ladr\u00f3n (I Thess.v, 2-3), as\u00ed es que aconseja a los ne\u00f3fitos el estar listos sin descuidar los deberes de estado (II Thess., iii, 6-12). Aunque la llegada de Cristo sea s\u00fabita, estar\u00e1 precedida por tres signos: apostas\u00eda general (II Thess., ii, 3), aparici\u00f3n del Anticristo (ii, 3-12), y conversi\u00f3n de los jud\u00edos (Rom., xi, 26). Una circunstancia particular de la predicaci\u00f3n de San Pablo es que el justo que viva en la segunda venida de Cristo pasar\u00e1 a la inmortalidad gloriosa sin morir [I Thess., iv, 17; I Cor., xv, 51 (Greek text); II Cor., v, 2-5].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(2) Debido a las dudas de los corintios, Pablo trata de la resurrecci\u00f3n de Cristo con alg\u00fan detalle. No ignora la resurrecci\u00f3n de los pecadores, que afirm\u00f3 ante el Gobernador F\u00e9lix (Hechos, xxiv, 15), pero no habla de ella en sus ep\u00edstolas. Cuando dice que \u00ablos muertos que est\u00e1n en Cristo surgir\u00e1n primero\u00bb (proton, I Thess., iv, 16, Greek) su \u201cprimero\u201d no se refiere a otra resurrecci\u00f3n sino a la gloriosa transformaci\u00f3n de los vivos. Del mismo modo, la \u201ciniquidad\u201d de la que habla (tou telos, I Cor., xv, 24) no es el fin de la resurrecci\u00f3n, sino del mundo presente y del nuevo orden de cosas. Todos los argumentos presentados con respecto a la resurrecci\u00f3n se pueden reducir a tres: la uni\u00f3n m\u00edstica del cristiano con Cristo, la presencia en nosotros del Esp\u00edritu y la convicci\u00f3n interior y la fe sobrenatural de los ap\u00f3stoles. Es evidente que estos argumentos tratan solamente de la resurrecci\u00f3n gloriosa de los justos. En dos palabras, la resurrecci\u00f3n de los r\u00e9probos no entraba en su horizonte teol\u00f3gico. \u00bfCu\u00e1l es la condici\u00f3n de las almas de los justos entre la muerte y la resurrecci\u00f3n? Gozar de la presencia de Cristo (II Cor., v., 8); su heredad es envidiable (Fil., i, 23); de donde se deduce que es imposible que sean sin vida, sin actividad, sin conciencia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(3) El juicio, seg\u00fan san Pablo, y seg\u00fan los sin\u00f3pticos, est\u00e1 relacionado estrechamente con la  parus\u00eda y la resurrecci\u00f3n. Son los tres actos del mismo drama que constituyen la ley del Se\u00f1or (I Cor., i, 8; II Cor., i, 14; Fil., i, 6, 10; ii, 16). \u00abDado que todos debemos comparecer ante el juicio de Cristo, que todos debemos recibir de acuerdo con nuestros hechos sean ellos buenos o malos\u00bb (II Cor., v, 10).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De este texto se deducen dos conclusiones:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(1) El juicio ser\u00e1 universal, ni los justos ni los r\u00e9probos lo eludir\u00e1n (Rom., xiv, 10-12), ni siquiera los \u00e1ngeles (I Cor., vi, 3); todos los que comparezcan deber\u00e1n dar cuenta de la utilizaci\u00f3n de su libertad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(2) El juicio ser\u00e1 seg\u00fan las obras: esta es una verdad reiteradamente expuesta por San Pablo hablando de los pecadores (II Cor., xi, 15), de los justos (II Tim., iv, 14), y de todos los hombres en general (Rom., ii, 6-9). Muchos protestantes se maravillan y defienden que esta doctrina de San Pablo no es sino el resto de su educaci\u00f3n rab\u00ednica (Pfleiderer), o que no pudo armonizarla con la doctrina de la justificaci\u00f3n gratuita (Reuss), o que el premio ser\u00e1 proporcional a las acciones, como la cosecha lo es con relaci\u00f3n a la siembra, pero no debido a las acciones (Weiss). Estos autores pierden de vista el hecho de que San Pablo considera dos justificaciones, la primera, necesariamente gratuita dado que el hombre era incapaz de merecerla (Rom., iii, 28; Gal., ii, 16), y la segunda, de acuerdo con sus obras (Rom., ii, 6: kata ta erga), dado que el hombre, una vez ornado con la divina gracia es capaz de m\u00e9rito como de dem\u00e9rito. Se sigue que la recompensa celestial es \u00abuna corona de justicia que el Se\u00f1or, juez justo, otorgar\u00e1\u00bb (II Tim., iv, 8) a aquellos que la hayan ganado leg\u00edtimamente.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En dos palabras, la escatolog\u00eda de S. Pablo no es tan distintiva como se la ha hecho siempre aparecer. Quiz\u00e1 su caracter\u00edstica m\u00e1s original sea la continuidad entre el presente y el futuro del justo, entre la gracia y la gloria, entre la salvaci\u00f3n incipiente y la salvaci\u00f3n consumada. Un gran n\u00famero de t\u00e9rminos: redenci\u00f3n, salvaci\u00f3n, justificaci\u00f3n, reino, gloria y, especialmente, vida, son comunes a los dos estados o, m\u00e1s bien, a las dos fases de la misma existencia unidas por la caridad \u201cque perdurar\u00e1 siempre\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">F. PRAT<br \/>\nTranscrito por Donald J. Boon<br \/>\nTraducido por J. Moreno-D\u00e1vila\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Selecci\u00f3n de im\u00e1genes: Jos\u00e9 G\u00e1lvez Kr\u00fcger\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Grabados<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">1) San Pablo [1] Biblioteca Valvasoriana.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2) San Pablo:  [2]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3) San Pablo:  [3] Nicolas Poussin, peintre classique du XVIIe si\u00e8cle\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Contenido 1 Cuestiones Preliminares 1.1 Los Hechos Ap\u00f3crifos de San Pablo 1.2 Cronolog\u00eda 2 Vida y Obras de San Pablo 2.1 Su Nacimiento y su Educaci\u00f3n 2.2 Su Conversi\u00f3n y Primeras Empresas 2.3 Sus Trabajos Apost\u00f3licos 2.3.1 Primera misi\u00f3n (Hechos, xiii, 1-xiv, 27) 2.3.2 Segunda misi\u00f3n (Hechos, xv, 36-xviii, 22) 2.3.3 Tercera misi\u00f3n (Hechos, xviii, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/san-pablo\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abSAN PABLO\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-26288","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/26288","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=26288"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/26288\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=26288"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=26288"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=26288"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}