{"id":26298,"date":"2016-02-05T17:45:19","date_gmt":"2016-02-05T22:45:19","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/pablo-san-la-doctrina-de-la-justificacion-de-la-fe-a-las-obras\/"},"modified":"2016-02-05T17:45:19","modified_gmt":"2016-02-05T22:45:19","slug":"pablo-san-la-doctrina-de-la-justificacion-de-la-fe-a-las-obras","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/pablo-san-la-doctrina-de-la-justificacion-de-la-fe-a-las-obras\/","title":{"rendered":"PABLO, SAN : LA DOCTRINA DE LA JUSTIFICACION. DE LA FE A LAS OBRAS"},"content":{"rendered":"<p><p style=\"text-align: justify;\">Mi\u00e9rcoles 26 de noviembre de 2008\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La doctrina de la justificaci\u00f3n: De la fe a las obras\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Queridos hermanos y hermanas:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la catequesis del mi\u00e9rcoles pasado habl\u00e9 de la cuesti\u00f3n de c\u00f3mo el hombre llega a ser justo ante Dios. Siguiendo a san Pablo, hemos visto que el hombre no es capaz de ser \u00abjusto\u00bb con sus propias acciones, sino que realmente s\u00f3lo puede llegar a ser \u00abjusto\u00bb ante Dios porque Dios le confiere su \u00abjusticia\u00bb uni\u00e9ndolo a Cristo, su Hijo. Y esta uni\u00f3n con Cristo, el hombre la obtiene  mediante la fe. En este sentido, san  Pablo nos dice:  no son nuestras obras, sino la fe la que nos hace \u00abjustos\u00bb.<br \/>\nSin embargo, esta fe no es un pensamiento, una opini\u00f3n o una idea. Esta fe es comuni\u00f3n con Cristo, que el Se\u00f1or nos concede y por eso se convierte en vida, en conformidad con \u00e9l. O, con otras palabras, la fe, si es verdadera, si es real, se convierte en amor, se convierte en caridad, se expresa en la caridad. Una fe sin caridad, sin este fruto, no ser\u00eda verdadera fe. Ser\u00eda fe muerta.<br \/>\nPor tanto, en la \u00faltima catequesis encontramos dos niveles:  el de la irrelevancia de nuestras acciones, de nuestras obras para alcanzar la salvaci\u00f3n, y el de la \u00abjustificaci\u00f3n\u00bb mediante la fe que produce el fruto del Esp\u00edritu. Confundir estos dos niveles ha causado, en el transcurso de los siglos, no pocos malentendidos en la cristiandad. En este contexto es importante que san Pablo, en la misma carta a los G\u00e1latas, por una parte, ponga el acento de forma radical en la gratuidad de la justificaci\u00f3n no por nuestras obras, pero que, al mismo tiempo, subraye tambi\u00e9n la relaci\u00f3n entre la fe y la caridad, entre la fe y las obras:  \u00abEn Cristo Jes\u00fas ni la circuncisi\u00f3n ni la incircuncisi\u00f3n tienen valor, sino solamente la fe que act\u00faa por la caridad\u00bb (Ga 5, 6). En consecuencia, por una parte, est\u00e1n las \u00abobras de la carne\u00bb que son \u00abfornicaci\u00f3n, impureza, libertinaje, idolatr\u00eda&#8230;\u00bb (cf. Ga 5, 19-21):  todas obras contrarias a la fe; y, por otra, est\u00e1 la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, que alimenta la vida cristiana suscitando \u00abamor, alegr\u00eda, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de s\u00ed\u00bb (Ga 5, 22-23):  estos son los  frutos  del Esp\u00edritu que brotan de la fe.<br \/>\nAl inicio de esta lista de virtudes se cita al agap\u00e9, el amor; y, en la conclusi\u00f3n, el dominio de s\u00ed. En realidad, el Esp\u00edritu, que es el Amor del Padre y del Hijo, derrama su primer don, el agap\u00e9,en nuestros corazones (cf. Rm 5, 5); y el agap\u00e9, el amor, para expresarse en plenitud exige el dominio de s\u00ed. Sobre el amor del Padre y del Hijo, que nos alcanza y transforma profundamente nuestra existencia, trat\u00e9 tambi\u00e9n en mi primera enc\u00edclica:  Deus caritas est. Los creyentes saben que en el amor mutuo se encarna el amor de Dios y de Cristo, por medio del Esp\u00edritu.<br \/>\nVolvamos a la carta a los G\u00e1latas. Aqu\u00ed san Pablo dice que los creyentes, soport\u00e1ndose mutuamente, cumplen el mandamiento del amor (cf. Ga 6, 2). Justificados por el don de la fe en Cristo, estamos llamados a vivir amando a Cristo en el pr\u00f3jimo, porque seg\u00fan este criterio seremos juzgados al final de nuestra existencia. En realidad, san Pablo no hace sino repetir lo que hab\u00eda dicho Jes\u00fas mismo y que nos record\u00f3 el Evangelio del domingo pasado, en la par\u00e1bola del Juicio final.<br \/>\nEn la primera carta a los Corintios, san Pablo hace un c\u00e9lebre elogio del amor. Es el llamado \u00abhimno a la caridad\u00bb:  \u00abAunque hablara las lenguas de los hombre y de los \u00e1ngeles, si no tengo caridad, soy como bronce que suena o c\u00edmbalo que reti\u00f1e. (&#8230;) La caridad es paciente, es servicial; la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engr\u00ede; es decorosa; no busca su inter\u00e9s&#8230;\u00bb (1 Co 13, 1. 4-5). El amor cristiano es muy exigente porque brota del amor total de Cristo por nosotros:  el amor  que  nos  reclama, nos acoge, nos abraza, nos sostiene, hasta atormentarnos, porque nos obliga a no vivir ya para nosotros mismos, encerrados en nuestro ego\u00edsmo, sino para \u00abAquel que ha muerto y resucitado por nosotros\u00bb (cf. 2 Co 5, 15). El amor de Cristo nos hace ser en \u00e9l la criatura nueva (cf. 2 Co 5, 17) que entra a formar parte de su Cuerpo m\u00edstico, que es la Iglesia.<br \/>\nDesde esta perspectiva, la centralidad de la justificaci\u00f3n sin las obras, objeto primario de la predicaci\u00f3n de san Pablo, no est\u00e1 en contradicci\u00f3n con la fe que act\u00faa en el amor; al contrario, exige que nuestra misma fe se exprese en una vida seg\u00fan el Esp\u00edritu. A menudo se ha visto una contraposici\u00f3n infundada entre la teolog\u00eda de san Pablo y la de Santiago, que, en su carta escribe:  \u00abDel mismo modo que el cuerpo sin esp\u00edritu est\u00e1 muerto, as\u00ed tambi\u00e9n la fe sin obras est\u00e1 muerta\u00bb (St 2, 26). En realidad, mientras que san Pablo se preocupa ante todo en demostrar que la fe en Cristo es necesaria y suficiente, Santiago pone el acento en las relaciones de consecuencia entre la fe y las obras (cf. St 2, 2-4).<br \/>\nAs\u00ed pues, tanto para san Pablo como para Santiago, la fe que act\u00faa en el amor atestigua el don gratuito de la justificaci\u00f3n en Cristo. La salvaci\u00f3n, recibida en Cristo, debe ser conservada y testimoniada \u00abcon respeto y temor. De hecho, es Dios quien obra en vosotros el querer y el obrar como bien le parece. Hacedlo todo sin murmuraciones ni discusiones (&#8230;), presentando la palabra de vida\u00bb, dir\u00e1 tambi\u00e9n san Pablo a los cristianos de Filipos (cf. Flp 2, 12-14. 16).<br \/>\nCon frecuencia tendemos a caer en los mismos malentendidos que caracterizaban a la comunidad de Corinto:  aquellos cristianos pensaban que, habiendo sido justificados gratuitamente en Cristo por la fe, \u00abtodo les era l\u00edcito\u00bb. Y pensaban, y a menudo parece que lo piensan tambi\u00e9n los cristianos de hoy, que es l\u00edcito crear divisiones en la Iglesia, Cuerpo de Cristo, celebrar la Eucarist\u00eda sin interesarse por los hermanos m\u00e1s necesitados, aspirar a los carismas mejores sin darse cuenta de que somos miembros unos de otros, etc.<br \/>\nLas consecuencias de una fe que no se encarna en el amor son desastrosas, porque se reduce al arbitrio y al subjetivismo m\u00e1s nocivo para nosotros y para los hermanos. Al contrario, siguiendo a san Pablo, debemos tomar nueva conciencia de que, precisamente porque hemos sido justificados en Cristo, no nos pertenecemos ya a nosotros mismos, sino que nos hemos convertido en templo del Esp\u00edritu y por eso estamos llamados a glorificar a Dios en nuestro cuerpo con toda nuestra existencia (cf. 1 Co 6, 19). Ser\u00eda un desprecio del inestimable valor de la justificaci\u00f3n si, habiendo sido comprados al caro precio de la sangre de Cristo, no lo glorific\u00e1ramos con nuestro cuerpo.<br \/>\nEn realidad, este es precisamente nuestro culto \u00abrazonable\u00bb y al mismo tiempo \u00abespiritual\u00bb, por el que san Pablo nos exhorta a \u00abofrecer nuestro cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios\u00bb (cf. Rm 12, 1). \u00bfA qu\u00e9 se reducir\u00eda una liturgia que se dirigiera s\u00f3lo al Se\u00f1or y que no se convirtiera, al mismo tiempo, en servicio a los hermanos, una fe que no se expresara en la caridad? Y el Ap\u00f3stol pone a menudo a sus comunidades frente al Juicio final, con ocasi\u00f3n del cual todos \u00abseremos puestos  al  descubierto ante el tribunal de Cristo, para que cada cual reciba conforme a lo que hizo en su vida mortal, el bien o el mal\u00bb (2 Co 5, 10; cf. tambi\u00e9n Rm 2, 16). Y este pensamiento debe iluminarnos en nuestra vida de cada d\u00eda.<br \/>\nSi la \u00e9tica que san Pablo propone a los creyentes no degenera en formas de moralismo y se muestra actual para nosotros, es porque cada vez vuelve a partir de la relaci\u00f3n personal y comunitaria con Cristo, para hacerse realidad en la vida seg\u00fan el Esp\u00edritu. Esto es esencial:  la \u00e9tica cristiana no nace de un sistema de mandamientos, sino que es consecuencia de nuestra amistad con Cristo. Esta amistad influye en la vida:  si es verdadera, se encarna y se realiza en el amor al pr\u00f3jimo.<br \/>\nPor eso, cualquier decaimiento \u00e9tico no se limita a la esfera individual, sino que al mismo tiempo es una devaluaci\u00f3n de la fe personal y comunitaria:  de ella deriva y sobre ella influye de forma determinante. As\u00ed pues, dej\u00e9monos alcanzar por la reconciliaci\u00f3n, que Dios nos ha dado en Cristo, por el amor \u00abloco\u00bb de Dios por nosotros:  nada ni nadie nos podr\u00e1 separar nunca de su amor (cf. Rm 8, 39). En esta certeza vivimos. Y esta certeza nos da la fuerza para vivir concretamente la fe que obra en el amor.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Benedicto XVI\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Agregado por Jos\u00e9 G\u00e1lvez Kr\u00fcger\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mi\u00e9rcoles 26 de noviembre de 2008 La doctrina de la justificaci\u00f3n: De la fe a las obras Queridos hermanos y hermanas: En la catequesis del mi\u00e9rcoles pasado habl\u00e9 de la cuesti\u00f3n de c\u00f3mo el hombre llega a ser justo ante Dios. Siguiendo a san Pablo, hemos visto que el hombre no es capaz de ser &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/pablo-san-la-doctrina-de-la-justificacion-de-la-fe-a-las-obras\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abPABLO, SAN : LA DOCTRINA DE LA JUSTIFICACION. 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