{"id":26299,"date":"2016-02-05T17:45:21","date_gmt":"2016-02-05T22:45:21","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/pablo-san-la-parusia-en-la-predicacion-de-san-pablo\/"},"modified":"2016-02-05T17:45:21","modified_gmt":"2016-02-05T22:45:21","slug":"pablo-san-la-parusia-en-la-predicacion-de-san-pablo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/pablo-san-la-parusia-en-la-predicacion-de-san-pablo\/","title":{"rendered":"PABLO, SAN: LA PARUSIA EN LA PREDICACION DE SAN PABLO"},"content":{"rendered":"<p><p style=\"text-align: justify;\">Mi\u00e9rcoles 12 de noviembre de 2008\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La parus\u00eda en la predicaci\u00f3n de san Pablo\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Queridos hermanos y hermanas:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El tema de la Resurrecci\u00f3n, sobre el que hablamos la semana pasada, abre una nueva perspectiva, la de la espera de la vuelta del Se\u00f1or y, por ello, nos lleva a reflexionar sobre la relaci\u00f3n entre el tiempo presente, tiempo de la Iglesia y del reino de Cristo, y el futuro (\u00e9schaton) que nos espera, cuando Cristo entregar\u00e1 el Reino al Padre (cf.1 Co 15, 24). Todo discurso cristiano sobre las realidades \u00faltimas, llamado escatolog\u00eda, parte siempre del acontecimiento de la Resurrecci\u00f3n: en este acontecimiento las realidades \u00faltimas ya han comenzado y, en cierto sentido, ya est\u00e1n presentes.<br \/>\nProbablemente en el a\u00f1o 52 san Pablo escribi\u00f3 la primera de sus cartas, la primera carta a los Tesalonicenses, donde habla de esta vuelta de Jes\u00fas, llamada parus\u00eda, adviento, nueva, definitiva y manifiesta presencia (cf. 1 Ts 4, 13-18). A los Tesalonicenses, que tienen sus dudas y problemas, el Ap\u00f3stol escribe as\u00ed: \u00abSi creemos que Jes\u00fas muri\u00f3 y que resucit\u00f3, de la misma manera Dios llevar\u00e1 consigo a quienes murieron en Jes\u00fas\u00bb (1 Ts 4, 14). Y contin\u00faa: \u00abLos que murieron en Cristo resucitar\u00e1n en primer lugar. Despu\u00e9s nosotros, los que vivamos, los que quedemos, seremos arrebatados en nubes, junto con ellos, al encuentro del Se\u00f1or en los aires, y as\u00ed estaremos siempre con el Se\u00f1or\u00bb (1 Ts 4, 16-17). San Pablo describe la parus\u00eda de Cristo con acentos muy vivos y con im\u00e1genes simb\u00f3licas, pero que transmiten un mensaje sencillo y profundo: al final estaremos siempre con el Se\u00f1or. Este es, m\u00e1s all\u00e1 de las im\u00e1genes, el mensaje esencial: nuestro futuro es \u00abestar con el Se\u00f1or\u00bb; en cuanto creyentes, en nuestra vida ya estamos con el Se\u00f1or; nuestro futuro, la vida eterna, ya ha comenzado.<br \/>\nEn la segunda carta a los Tesalonicenses, san Pablo cambia la perspectiva; habla de acontecimientos negativos, que deber\u00e1n suceder antes del final y conclusivo. No hay que dejarse enga\u00f1ar \u2014dice\u2014 como si el d\u00eda del Se\u00f1or fuera verdaderamente inminente, seg\u00fan un c\u00e1lculo cronol\u00f3gico: \u00abPor lo que respecta a la venida de nuestro Se\u00f1or Jesucristo y a nuestra reuni\u00f3n con \u00e9l, os rogamos, hermanos, que no os dej\u00e9is alterar tan f\u00e1cilmente en vuestros \u00e1nimos, ni os alarm\u00e9is por alguna manifestaci\u00f3n del Esp\u00edritu, por algunas palabras o por alguna carta presentada como nuestra, que os haga suponer que est\u00e1 inminente el d\u00eda del Se\u00f1or. Que nadie os enga\u00f1e de ninguna manera\u00bb (2 Ts 2, 1-3). La continuaci\u00f3n de este texto anuncia que antes de la venida del Se\u00f1or tiene que llegar la apostas\u00eda y se revelar\u00e1 un no bien identificado \u00abhombre imp\u00edo\u00bb, el \u00abhijo de la perdici\u00f3n\u00bb (2 Ts 2, 3), que la tradici\u00f3n llamar\u00e1 despu\u00e9s el Anticristo.<br \/>\nPero la intenci\u00f3n de esta carta de san Pablo es ante todo pr\u00e1ctica; escribe: \u00abCuando est\u00e1bamos entre vosotros os mand\u00e1bamos esto: si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma. Porque nos hemos enterado de que hay entre vosotros algunos que viven desordenadamente, sin trabajar nada, pero meti\u00e9ndose en todo. A esos les mandamos y les exhortamos en el Se\u00f1or Jesucristo a que trabajen con sosiego para comer su propio pan\u00bb (2 Ts 3, 10-12). En otras palabras, la espera de la parus\u00eda de Jes\u00fas no dispensa del trabajo en este mundo; al contrario, crea responsabilidad ante el Juez divino sobre nuestro obrar en este mundo. Precisamente as\u00ed crece nuestra responsabilidad de trabajar en y para este mundo. Veremos lo mismo el domingo pr\u00f3ximo en el pasaje evang\u00e9lico de los talentos, donde el Se\u00f1or nos dice que ha confiado talentos a todos y el Juez nos pedir\u00e1 cuentas de ellos diciendo: \u00bfHab\u00e9is dado fruto? Por tanto la espera de su venida implica responsabilidad con respecto a este mundo.<br \/>\nEn la carta a los Filipenses, en otro contexto y con aspectos nuevos, aparece esa misma verdad y el mismo nexo entre parus\u00eda \u2014vuelta del Juez-Salvador\u2014 y nuestro compromiso en la vida. San Pablo est\u00e1 en la c\u00e1rcel esperando la sentencia, que puede ser de condena a muerte. En esta situaci\u00f3n piensa en su futuro \u00abestar con el Se\u00f1or\u00bb, pero piensa tambi\u00e9n en la comunidad de Filipos, que necesita a su padre, san Pablo, y escribe: \u00abPara m\u00ed la vida es Cristo, y la muerte, una ganancia. Pero si el vivir en la carne significa para m\u00ed trabajo fecundo, no s\u00e9 qu\u00e9 escoger. Me siento apremiado por las dos partes: por una parte, deseo partir y estar con Cristo, lo cual, ciertamente, es con mucho lo mejor; mas, por otra parte, quedarme en la carne es m\u00e1s necesario para vosotros. Y, persuadido de esto, s\u00e9 que me quedar\u00e9 y permanecer\u00e9 con todos vosotros para progreso y gozo de vuestra fe, a fin de que teng\u00e1is por mi causa un nuevo motivo de orgullo en Cristo Jes\u00fas, cuando yo vuelva a estar entre vosotros\u00bb (Flp 1, 21-26).<br \/>\nSan Pablo no tiene miedo a la muerte; al contrario: de hecho, la muerte indica el completo estar con Cristo. Pero san Pablo participa tambi\u00e9n de los sentimientos de Cristo, el cual no vivi\u00f3 para s\u00ed mismo, sino para nosotros. Vivir para los dem\u00e1s se convierte en el programa de su vida y por ello muestra su perfecta disponibilidad a la voluntad de Dios, a lo que Dios decida. Sobre todo, est\u00e1 disponible, tambi\u00e9n en el futuro, a vivir en esta tierra para los dem\u00e1s, a vivir para Cristo, a vivir para su presencia viva y as\u00ed para la renovaci\u00f3n del mundo. Vemos que este estar con Cristo crea a san Pablo una gran libertad interior: libertad ante la amenaza de la muerte, pero tambi\u00e9n libertad ante todas las tareas y los sufrimientos de la vida. Est\u00e1 sencillamente disponible para Dios y es realmente libre.<br \/>\nY ahora, despu\u00e9s de haber examinado los diversos aspectos de la espera de la parus\u00eda de Cristo, pasamos a preguntarnos: \u00bfCu\u00e1les son las actitudes fundamentales del cristiano ante las realidades \u00faltimas: la muerte, el fin del mundo? La primera actitud es la certeza de que Jes\u00fas ha resucitado, est\u00e1 con el Padre y, por eso, est\u00e1 con nosotros para siempre. Y nadie es m\u00e1s fuerte que Cristo, porque est\u00e1 con el Padre, est\u00e1 con nosotros. Por eso estamos seguros y no tenemos miedo. Este era un efecto esencial de la predicaci\u00f3n cristiana. El miedo a los esp\u00edritus, a los dioses, era muy com\u00fan en todo el mundo antiguo. Tambi\u00e9n hoy los misioneros, junto con tantos elementos buenos de las religiones naturales, se encuentran con el miedo a los esp\u00edritus, a los poderes nefastos que nos amenazan. Cristo vive, ha vencido a la muerte y ha vencido a todos estos poderes. Con esta certeza, con esta libertad, con esta alegr\u00eda vivimos. Este es el primer aspecto de nuestro vivir con respecto al futuro.<br \/>\nEn segundo lugar, la certeza de que Cristo est\u00e1 conmigo, de que en Cristo el mundo futuro ya ha comenzado, tambi\u00e9n da certeza de la esperanza. El futuro no es una oscuridad en la que nadie se orienta. No es as\u00ed. Sin Cristo, tambi\u00e9n hoy el futuro es oscuro para el mundo, hay mucho miedo al futuro. El cristiano sabe que la luz de Cristo es m\u00e1s fuerte y por eso vive en una esperanza que no es vaga, en una esperanza que da certeza y valor para afrontar el futuro.<br \/>\nPor \u00faltimo, la tercera actitud. El Juez que vuelve \u2014es Juez y Salvador a la vez\u2014 nos ha confiado la tarea de vivir en este mundo seg\u00fan su modo de vivir. Nos ha entregado sus talentos. Por eso nuestra tercera actitud es: responsabilidad con respecto al mundo, a los hermanos, ante Cristo y, al mismo tiempo, tambi\u00e9n certeza de su misericordia. Ambas cosas son importantes. No vivimos como si el bien y el mal fueran iguales, porque Dios s\u00f3lo puede ser misericordioso. Esto ser\u00eda un enga\u00f1o. En realidad, vivimos en una gran responsabilidad. Tenemos los talentos, tenemos que trabajar para que este mundo se abra a Cristo, para que se renueve. Pero incluso trabajando y sabiendo en nuestra responsabilidad que Dios es verdadero juez, tambi\u00e9n estamos seguros de que este juez es bueno, conocemos su rostro, el rostro de Cristo resucitado, de Cristo crucificado por nosotros. Por eso podemos estar seguros de su bondad y seguir adelante con gran valor.<br \/>\nUn dato ulterior de la ense\u00f1anza paulina sobre la escatolog\u00eda es el de la universalidad de la llamada a la fe, que re\u00fane a los jud\u00edos y a los gentiles, es decir, a los paganos, como signo y anticipaci\u00f3n de la realidad futura, por lo que podemos decir que ya estamos sentados en el cielo con Jesucristo, pero para mostrar en los siglos futuros la riqueza de la gracia (cf. Ef 2, 6 s): el despu\u00e9s se convierte en un antes para hacer evidente el estado de realizaci\u00f3n incipiente en que vivimos. Esto hace tolerables los sufrimientos del momento presente, que no son comparables a la gloria futura (cf. Rm 8, 18). Se camina en la fe y no en la visi\u00f3n, y aunque ser\u00eda preferible salir del destierro del cuerpo y estar con el Se\u00f1or, lo que cuenta en definitiva, habitando en el cuerpo o saliendo de \u00e9l, es ser agradables a Dios (cf. 2 Co 5, 7-9).<br \/>\nFinalmente, un \u00faltimo punto que quiz\u00e1s parezca un poco dif\u00edcil para nosotros. En la conclusi\u00f3n de su primera carta a los Corintios, san Pablo repite y pone tambi\u00e9n en labios de los Corintios una oraci\u00f3n surgida en las primeras comunidades cristianas del \u00e1rea de Palestina: Maran\u00e0, th\u00e0! que literalmente significa \u00abSe\u00f1or nuestro, \u00a1ven!\u00bb (1 Co 16, 22). Era la oraci\u00f3n de la primera comunidad cristiana; y tambi\u00e9n el \u00faltimo libro del Nuevo testamento, el Apocalipsis, se concluye con esta oraci\u00f3n: \u00ab\u00a1Ven, Se\u00f1or!\u00bb. \u00bfPodemos rezar as\u00ed tambi\u00e9n nosotros? Me parece que para nosotros hoy, en nuestra vida, en nuestro mundo, es dif\u00edcil rezar sinceramente para que acabe este mundo, para que venga la nueva Jerusal\u00e9n, para que venga el juicio \u00faltimo y el Juez, Cristo. Creo que aunque, por muchos motivos, no nos atrevamos a rezar sinceramente as\u00ed, sin embargo de una forma justa y correcta podemos decir tambi\u00e9n con los primeros cristianos: \u00ab\u00a1Ven, Se\u00f1or Jes\u00fas!\u00bb.<br \/>\nCiertamente, no queremos que venga ahora el fin del mundo. Pero, por otra parte, queremos que acabe este mundo injusto. Tambi\u00e9n nosotros queremos que el mundo cambie profundamente, que comience la civilizaci\u00f3n del amor, que llegue un mundo de justicia y de paz, sin violencia, sin hambre. Queremos todo esto. Pero \u00bfc\u00f3mo podr\u00eda suceder esto sin la presencia de Cristo? Sin la presencia de Cristo nunca llegar\u00e1 un mundo realmente justo y renovado. Y, aunque sea de otra manera, totalmente y en profundidad, podemos y debemos decir tambi\u00e9n nosotros, con gran urgencia y en las circunstancias de nuestro tiempo: \u00a1Ven, Se\u00f1or! Ven a tu modo, del modo que t\u00fa sabes. Ven donde hay injusticia y violencia. Ven a los campos de refugiados, en Darfur y en Kivu del norte, en tantos lugares del mundo. Ven donde domina la droga. Ven tambi\u00e9n entre los ricos que te han olvidado, que viven s\u00f3lo para s\u00ed mismos. Ven donde eres desconocido. Ven a tu modo y renueva el mundo de hoy. Ven tambi\u00e9n a nuestro coraz\u00f3n, ven y renueva nuestra vida. Ven a nuestro coraz\u00f3n para que nosotros mismos podamos ser luz de Dios, presencia tuya. En este sentido oramos con san Pablo: Maran\u00e0, th\u00e0! \u00ab\u00a1Ven, Se\u00f1or Jes\u00fas\u00bb!, y oramos para que Cristo est\u00e9 realmente presente hoy en nuestro mundo y lo renueve.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Benedicto XVI\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Agregado por Jos\u00e9 G\u00e1lvez Kr\u00fcger\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mi\u00e9rcoles 12 de noviembre de 2008 La parus\u00eda en la predicaci\u00f3n de san Pablo Queridos hermanos y hermanas: El tema de la Resurrecci\u00f3n, sobre el que hablamos la semana pasada, abre una nueva perspectiva, la de la espera de la vuelta del Se\u00f1or y, por ello, nos lleva a reflexionar sobre la relaci\u00f3n entre el &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/pablo-san-la-parusia-en-la-predicacion-de-san-pablo\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abPABLO, SAN: LA PARUSIA EN LA PREDICACION DE SAN PABLO\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-26299","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/26299","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=26299"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/26299\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=26299"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=26299"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=26299"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}