{"id":26302,"date":"2016-02-05T17:45:28","date_gmt":"2016-02-05T22:45:28","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/pablo-san-la-fuerza-de-la-iglesia-viene-de-cristo\/"},"modified":"2016-02-05T17:45:28","modified_gmt":"2016-02-05T22:45:28","slug":"pablo-san-la-fuerza-de-la-iglesia-viene-de-cristo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/pablo-san-la-fuerza-de-la-iglesia-viene-de-cristo\/","title":{"rendered":"PABLO, SAN : LA FUERZA DE LA IGLESIA VIENE DE CRISTO"},"content":{"rendered":"<p><p style=\"text-align: justify;\">Mi\u00e9rcoles 14 de enero de 2009\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La fuerza de la Iglesia viene de Cristo\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Queridos hermanos y hermanas:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entre las cartas del epistolario paulino, hay dos, las dirigidas a los Colosenses y a los Efesios, que en cierto sentido pueden considerarse gemelas. De hecho, una y otra tienen formas de expresi\u00f3n que s\u00f3lo se encuentran en ellas, y se calcula que m\u00e1s de un tercio de las palabras de lacarta a los Colosenses se encuentra tambi\u00e9n en la carta a los Efesios. Por ejemplo, mientras que en Colosenses se lee literalmente la invitaci\u00f3n a \u00abamonestaros con toda sabidur\u00eda, cantad agradecidos a Dios en vuestros corazones con salmos, himnos y c\u00e1nticos inspirados\u00bb (Col 3, 16), en Efesios se recomienda igualmente \u00abrecitad entre vosotros salmos, himnos y c\u00e1nticos inspirados; cantad y salmodiad en vuestro coraz\u00f3n al Se\u00f1or\u00bb (Ef 5, 19). Podr\u00edamos meditar en estas palabras: el coraz\u00f3n debe cantar, y as\u00ed tambi\u00e9n la voz, con salmos e himnos para entrar en la tradici\u00f3n de la oraci\u00f3n de toda la Iglesia del Antiguo y del Nuevo testamento; aprendemos as\u00ed a estar unidos con nosotros y entre nosotros, y con Dios. Adem\u00e1s, en ambas cartas se encuentra un as\u00ed llamado \u00abc\u00f3digo dom\u00e9stico\u00bb, ausente en las otras cartas paulinas, es decir, una serie de recomendaciones dirigidas a maridos y mujeres, a padres e hijos, a amos y esclavos (cf. respectivamente Col 3,18-4,1 y Ef 5, 22-6, 9).<br \/>\nM\u00e1s importante a\u00fan es constatar que s\u00f3lo en estas dos cartas se confirma el t\u00edtulo de \u00abcabeza\u00bb,kefal\u00e9, dado a Jesucristo. Y este t\u00edtulo se emplea en un doble nivel. En un primer sentido, Cristo es considerado como cabeza de la Iglesia (cf. Col 2, 18-19 y Ef 4, 15-16). Esto significa dos cosas: ante todo, que \u00e9l es el gobernante, el dirigente, el responsable que gu\u00eda a la comunidad cristiana como su l\u00edder y su Se\u00f1or (cf. Col 1, 18: \u00ab\u00c9l es tambi\u00e9n la Cabeza del Cuerpo, de la Iglesia\u00bb); y el otro significado es que \u00e9l es como la cabeza que forma y vivifica todos los miembros del cuerpo al que gobierna (de hecho, seg\u00fan Col 2, 19 es necesario \u00abmantenerse unido a la Cabeza, de la cual todo el Cuerpo, recibe nutrici\u00f3n y cohesi\u00f3n\u00bb): es decir, no es s\u00f3lo uno que manda, sino uno que org\u00e1nicamente est\u00e1 conectado con nosotros, del que tambi\u00e9n viene la fuerza para actuar de modo recto.<br \/>\nEn ambos casos, se considera a la Iglesia sometida a Cristo, tanto para seguir su conducci\u00f3n superior \u2014los mandamientos\u2014, como para acoger todos los flujos vitales que de \u00e9l proceden. Sus mandamientos no son s\u00f3lo palabras, mandatos, sino que son fuerzas vitales que vienen de \u00e9l y nos ayudan.<br \/>\nEsta idea se desarrolla particularmente en Efesios, donde incluso los ministerios de la Iglesia, en lugar de ser reconducidos al Esp\u00edritu Santo (como 1Co 12), se confieren por Cristo resucitado: es \u00e9l quien \u00abdio a unos el ser ap\u00f3stoles; a otros, profetas; a otros, evangelizadores; a otros, pastores y maestros\u00bb (Ef 4, 11). Y es por \u00e9l que \u00abtodo el Cuerpo recibe trabaz\u00f3n y cohesi\u00f3n por medio de toda clase de junturas, (&#8230;) realizando as\u00ed el crecimiento del cuerpo para su edificaci\u00f3n en el amor\u00bb (Ef 4, 16). Cristo, de hecho, tiende a \u00abpresent\u00e1rsela (a la Iglesia) resplandeciente a s\u00ed mismo; sin que tenga mancha ni arruga ni cosa parecida, sino que sea santa e inmaculada\u00bb (Ef 5, 27). Con esto nos dice que es precisamente su amor la fuerza con la que construye la Iglesia, con la que gu\u00eda a la Iglesia, con la que tambi\u00e9n da la direcci\u00f3n correcta a la Iglesia.<br \/>\nPor tanto el primer significado es Cristo Cabeza de la Iglesia: sea en cuanto a la conducci\u00f3n, sea sobre todo en cuanto a la inspiraci\u00f3n y vitalizaci\u00f3n org\u00e1nica en virtud de su amor. Despu\u00e9s, en un segundo sentido, Cristo es considerado no s\u00f3lo como cabeza de la Iglesia, sino como cabeza de las potencias celestiales y de todo el cosmos. As\u00ed en Colosenses leemos que Cristo \u00abuna vez despojados los principados y las potestades, los exhibi\u00f3 p\u00fablicamente, incorpor\u00e1ndolos a su cortejo triunfal\u00bb (Col 2, 15). An\u00e1logamente en Efesios encontramos que con su resurrecci\u00f3n, Dios puso a Cristo \u00abpor encima de todo principado, potestad, virtud, dominaci\u00f3n y de todo cuanto tiene nombre no s\u00f3lo en este mundo sino tambi\u00e9n en el venidero\u00bb (Ef 1, 21). Con estas palabras, las dos cartas nos entregan un mensaje altamente positivo y fecundo: Cristo no tiene que temer a ning\u00fan posible competidor, porque es superior a cualquier forma de poder que intente humillar al hombre. S\u00f3lo \u00e9l \u00abnos ha amado y se ha entregado a s\u00ed mismo por nosotros\u00bb (Ef 5, 2). Por eso, si estamos unidos a Cristo, no debemos temer a ning\u00fan enemigo y ninguna adversidad; pero esto significa tambi\u00e9n que debemos permanecer bien unidos a \u00e9l, sin soltar la presa.<br \/>\nEl anuncio de que Cristo era el \u00fanico vencedor y que quien estaba con Cristo no ten\u00eda que temer a nadie, aparec\u00eda como una verdadera liberaci\u00f3n para el mundo pagano, que cre\u00eda en un mundo lleno de esp\u00edritus, en gran parte peligrosos y contra los cuales hab\u00eda que defenderse. Lo mismo vale tambi\u00e9n para el paganismo de hoy, porque tambi\u00e9n los actuales seguidores de estas ideolog\u00edas ven el mundo lleno de poderes peligrosos. A estos es necesario anunciar que Cristo es el vencedor, de modo que quien est\u00e1 con Cristo, quien permanece unido a \u00e9l, no debe temer a nada ni a nadie. Me parece que esto es importante tambi\u00e9n para nosotros, que debemos aprender a afrontar todos los miedos, porque \u00e9l est\u00e1 por encima de toda dominaci\u00f3n, es el verdadero Se\u00f1or del mundo.<br \/>\nIncluso todo el cosmos le est\u00e1 sometido, y en \u00e9l converge como en su propia cabeza. Son c\u00e9lebres las palabras de la carta a los Efesios que habla del proyecto de Dios de \u00abrecapitular en Cristo todas las cosas, las del cielo y las de la tierra\u00bb (1, 10). An\u00e1logamente en la carta a los Colosenses se lee que \u00aben \u00e9l fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles\u00bb (1, 16) y que \u00abmediante la sangre de su cruz ha reconciliado por \u00e9l y para \u00e9l todas las cosas, lo que hay en la tierra y en los cielos\u00bb (1, 20). As\u00ed pues, no existe, por una parte, el gran mundo material y por otra esta peque\u00f1a realidad de la historia de nuestra tierra, el mundo de las personas: todo es uno en Cristo. \u00c9l es la cabeza del cosmos; tambi\u00e9n el cosmos ha sido creado por \u00e9l, ha sido creado para nosotros en cuanto que estamos unidos a \u00e9l. Es una visi\u00f3n racional y personalista del universo. Y a\u00f1adir\u00eda que una visi\u00f3n m\u00e1s universalista que esta no era posible concebir, y esta confluye s\u00f3lo en Cristo resucitado. Cristo es elPantokr\u00e1tor, al que est\u00e1n sometidas todas las cosas: el pensamiento va hacia el Cristo Pantocr\u00e1tor, que llena el \u00e1bside de las iglesias bizantinas, a veces representado sentado en lo alto sobre el mundo entero, o incluso encima de un arco iris para indicar su equiparaci\u00f3n con Dios mismo, a cuya diestra est\u00e1 sentado (cf. Ef 1, 20; Col 3, 1), y, por tanto, a su inigualable funci\u00f3n de conductor de los destinos humanos.<br \/>\nUna visi\u00f3n de este tipo es concebible s\u00f3lo por parte de la Iglesia, no en el sentido de que quiera apropiarse indebidamente de lo que no le pertenece, sino en otro doble sentido: por una parte la Iglesia reconoce que Cristo es m\u00e1s grande que ella, dado que su se\u00f1or\u00edo se extiende tambi\u00e9n m\u00e1s all\u00e1 de sus fronteras; por otra, s\u00f3lo la Iglesia est\u00e1 calificada como Cuerpo de Cristo, no el cosmos. Todo esto significa que debemos considerar positivamente las realidades terrenas, porque Cristo las recapitula en s\u00ed, y, al mismo tiempo, debemos vivir en plenitud nuestra identidad eclesial espec\u00edfica, que es la m\u00e1s homog\u00e9nea a la identidad de Cristo mismo.<br \/>\nHay tambi\u00e9n un concepto especial, que es t\u00edpico de estas dos cartas, y es el concepto de \u00abmisterio\u00bb. Una vez se habla del \u00abmisterio de la voluntad\u00bb de Dios (Ef 1, 9) y otras veces del \u00abmisterio de Cristo\u00bb (Ef 3, 4; Col 4, 3) o incluso del \u00abmisterio de Dios, que es Cristo, en el cual est\u00e1n ocultos todos los tesoros de la sabidur\u00eda y de la ciencia\u00bb (Col 2, 2-3). Hace referencia al inescrutable designio divino sobre la suerte del hombre, de los pueblos y del mundo. Con este lenguaje las dos Cartas nos dicen que es en Cristo donde se encuentra el cumplimiento de este misterio. Si estamos con Cristo, aunque no podamos comprender intelectualmente todo, sabemos que estamos en el n\u00facleo del \u00abmisterio\u00bb y en el camino de la verdad. \u00c9l est\u00e1 en su totalidad, y no s\u00f3lo un aspecto de su persona o un momento de su existencia, el que re\u00fane en s\u00ed la plenitud del insondable plan divino de la salvaci\u00f3n. En \u00e9l toma forma la que se llama \u00abmultiforme sabidur\u00eda de Dios\u00bb (Ef 3, 10), ya que en \u00e9l \u00abhabita corporalmente toda la plenitud de la divinidad\u00bb (Col 2, 9). De ahora en adelante, por tanto, no es posible pensar y adorar el benepl\u00e1cito de Dios, su disposici\u00f3n soberana, sin confrontarnos personalmente con Cristo en persona, en quien el \u00abmisterio\u00bb se encarna y puede ser percibido tangiblemente. Se llega as\u00ed a contemplar la \u00abinescrutable riqueza de Cristo\u00bb (Ef 3, 8), que est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de toda comprensi\u00f3n humana. No es que Dios no haya dejado las huellas de su paso, puesto que el mismo Cristo es huella de Dios, su impronta m\u00e1xima; sino que uno se da cuenta de \u00abcu\u00e1l es la anchura y la longitud, la altura y la profundidad\u00bb de este misterio \u00abque sobrepasa todo conocimiento\u00bb (Ef 3, 19). Las meras categor\u00edas intelectuales aqu\u00ed resultan insuficientes, y reconociendo que muchas cosas est\u00e1n m\u00e1s all\u00e1 de nuestras capacidades racionales, debemos confiar en la contemplaci\u00f3n humilde y gozosa no s\u00f3lo de la mente sino tambi\u00e9n del coraz\u00f3n. Los Padres de la Iglesia, por otro lado, nos dicen que el amor comprende mucho m\u00e1s que la sola raz\u00f3n.<br \/>\nUna \u00faltima palabra hay que decir sobre el concepto, ya se\u00f1alado antes, concerniente a la Iglesia como esposa de Cristo. En la segunda carta a los Corintios el ap\u00f3stol san Pablo hab\u00eda comparado la comunidad cristiana a una novia, escribiendo as\u00ed: \u00abCeloso estoy de vosotros con celos de Dios. Pues os tengo desposados con un solo esposo para presentaros cual casta virgen a Cristo\u00bb (2 Co 11, 2). La carta a los Efesios desarrolla esta imagen, precisando que la Iglesia no es s\u00f3lo una esposa prometida, sino esposa real de Cristo. \u00c9l, por as\u00ed decirlo, la ha conquistado para s\u00ed, y lo ha hecho al precio de su vida: como dice el texto, \u00abse ha entregado a s\u00ed mismo por ella\u00bb (Ef 5, 25). \u00bfQu\u00e9 demostraci\u00f3n de amor puede ser m\u00e1s grande que \u00e9sta? Pero, adem\u00e1s, \u00e9l est\u00e1 preocupado por su belleza; no s\u00f3lo por la ya adquirida por el bautismo, sino tambi\u00e9n por aquella que debe crecer cada d\u00eda gracias a una vida intachable, \u00absin arruga ni mancha\u00bb, en su comportamiento moral (cf. Ef 5, 26-27). De aqu\u00ed a la com\u00fan experiencia del matrimonio cristiano el paso es breve; m\u00e1s a\u00fan, ni siquiera est\u00e1 claro cu\u00e1l es para el autor de lacarta el punto de referencia inicial: si es la relaci\u00f3n Cristo-Iglesia, desde cuya luz hay que concebir la uni\u00f3n entre el hombre y la mujer, o si m\u00e1s bien es el dato de la experiencia de la uni\u00f3n conyugal, desde cuya luz hay que concebir la relaci\u00f3n entre Cristo y la Iglesia. Pero ambos aspectos se iluminan rec\u00edprocamente: aprendemos qu\u00e9 es el matrimonio a la luz de la comuni\u00f3n de Cristo y de la Iglesia, aprendemos c\u00f3mo Cristo se une a nosotros pensando en el misterio del matrimonio. En todo caso, nuestra carta se pone casi a medio camino entre el profeta Oseas, que indicaba la relaci\u00f3n entre Dios y su pueblo en t\u00e9rminos de bodas ya celebradas (cf. Os 2, 4.16.21), y el vidente del Apocalipsis, que anunciar\u00e1 el encuentro escatol\u00f3gico entre la Iglesia y el Cordero como unas bodas gozosas e indefectibles (cf. Ap 19, 7-9; 21, 9).<br \/>\nHabr\u00eda a\u00fan mucho que decir, pero me parece que, de cuanto he expuesto, se puede entender que estas dos cartas son una gran catequesis, de la que podemos aprender no s\u00f3lo c\u00f3mo ser buenos cristianos, sino tambi\u00e9n c\u00f3mo llegar a ser realmente hombres. Si empezamos a entender que el cosmos es la huella de Cristo, aprendemos nuestra relaci\u00f3n recta con el cosmos, con todos los problemas de su conservaci\u00f3n. Aprendemos a verlo con la raz\u00f3n, pero con una raz\u00f3n movida por el amor, y con la humildad y el respeto que permiten actuar de forma correcta. Y si pensamos que la Iglesia es el Cuerpo de Cristo, que Cristo se ha dado a s\u00ed mismo por ella, aprendemos c\u00f3mo vivir con Cristo el amor rec\u00edproco, el amor que nos une a Dios y que nos hace ver al otro como imagen de Cristo, como Cristo mismo. Oremos al Se\u00f1or para que nos ayude a meditar bien la Sagrada Escritura, su Palabra, y aprender as\u00ed realmente a vivir bien.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Benedicto XVI\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Agregado por Jos\u00e9 G\u00e1lvez Kr\u00fcger\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mi\u00e9rcoles 14 de enero de 2009 La fuerza de la Iglesia viene de Cristo Queridos hermanos y hermanas: Entre las cartas del epistolario paulino, hay dos, las dirigidas a los Colosenses y a los Efesios, que en cierto sentido pueden considerarse gemelas. 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