{"id":26351,"date":"2016-02-05T17:47:19","date_gmt":"2016-02-05T22:47:19","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cronica-breve-de-las-renuncias-papales\/"},"modified":"2016-02-05T17:47:19","modified_gmt":"2016-02-05T22:47:19","slug":"cronica-breve-de-las-renuncias-papales","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cronica-breve-de-las-renuncias-papales\/","title":{"rendered":"CRONICA BREVE DE LAS RENUNCIAS PAPALES"},"content":{"rendered":"<p>\n  San Clemente I (88-96)  San Ponciano(230-235)  San Silverio(536-537)<br \/>\n  San Martin I(649-654)<br \/>\n  Benito IX (Rein\u00f3 con intermedios entre 1032 y 1048)  Celestino V(1294)<br \/>\n  (1406-1415)<br \/>\n  Clemente VIII (1423-1429)  Benedicto XVI (2005-2013)  La recent\u00edsima renuncia del papa todav\u00eda felizmente reinante, que ser\u00e1 efectiva a partir de las 20 horas GMT del pr\u00f3ximo 28 de febrero \u2013produci\u00e9ndose entonces el estado de sede vacante que terminar\u00e1 con la elecci\u00f3n de su sucesor\u2013 pone de actualidad un tema quiz\u00e1s no tan conocido de la Historia de la Iglesia: el de los Papas que resignaron la dignidad y oficio de sucesores de Pedro. Son muy pocos, as\u00ed que vale la pena detenerse un poco en casa caso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El primero es el del tercer sucesor de san Pedro, el papa san Clemente I. Elegido el a\u00f1o 88 como sucesor de san Anacleto, son pocos los datos documentados de su pontificado. Seg\u00fan una piadosa tradici\u00f3n, pertenec\u00eda a la gens Flavia y en su juventud hab\u00eda conocido al Pr\u00edncipe de los Ap\u00f3stoles. De \u00e9l qued\u00f3 una Ep\u00edstola a los Corintios generalmente aceptada como aut\u00e9ntica y por medio de la cual quiso intervenir para acabar con el cisma que aquejaba a esa iglesia, clara manifestaci\u00f3n de la autoridad de la sede de Roma sobre las dem\u00e1s. Otros escritos atribuidos a san Clemente son ap\u00f3crifos. Se le atribuye la fijaci\u00f3n de la f\u00f3rmula del s\u00edmbolo Apost\u00f3lico como profesi\u00f3n de fe en el rito del bautismo. Tuvo que enfrentarse a la persecuci\u00f3n ordenada por su presunto pariente Domiciano entre los a\u00f1os 94 y 96. Asesinado el Emperador, su sucesor Nerva desterr\u00f3 a Clemente al Ponto en el Asia Menor. All\u00ed, para que la iglesia de Roma no quedara sin pastor renunci\u00f3 al pontificado el a\u00f1o 97, se\u00f1alando al griego Evaristo como su deseable sucesor. Esta renuncia no est\u00e1, sin embargo documentada. San Clemente I habr\u00eda muerto m\u00e1rtir poco despu\u00e9s al ser arrojado al Mar Negro atado su cuello a un ancla. Su fiesta se celebra el 23 de noviembre y es titular de una bas\u00edlica paleocristiana en Roma, construida en el siglo VI sobre el emplazamiento de una casa del siglo I, donde se desarrollaba el culto cristiano clandestino en tiempo de persecuci\u00f3n y que una tradici\u00f3n quiere que perteneciera al proprio Clemente.<br \/>\nEl segundo caso hist\u00f3rico de renuncia papal y primero documentado es el de san Ponciano, obispo de Roma entre 230 y 235. De sus predecesores hered\u00f3 la oposici\u00f3n de Hip\u00f3lito de Roma, te\u00f3logo y escritor obsesionado con la ortodoxia hasta traspasar los l\u00edmites de la prudencia. Hip\u00f3lito ya hab\u00eda tenido problemas con el papa Ceferino (199-217) y desafi\u00f3 frontalmente al sucesor de \u00e9ste Calixto I (217-222) erigi\u00e9ndose en antipapa, el primero de la historia de la Iglesia. El cisma continu\u00f3 bajo Urbano I (222-230) y su sucesor Ponciano, amigo y protegido del emperador Alejandro Severo. Al ser \u00e9ste depuesto y asesinado por Maximino el Tracio, que ocup\u00f3 su lugar como nuevo emperador, la suerte de Ponciano e Hip\u00f3lito qued\u00f3 sellada. Ambos fueron exilados en 235 a Cerde\u00f1a, donde fueron forzados a trabajar en la minas de Tavolato. Los rivales que antes se hab\u00edan opuesto encarnizadamente por causa de Or\u00edgenes (admirado y defendido por Hip\u00f3lito y discutido por Ponciano) se reconciliaron y, por el bien de la Iglesia, para que la sede de Roma no quedara sin pastor, se retract\u00f3 de su cisma el antipapa y renunci\u00f3 el Papa el 28 de septiembre de 235, pudiendo as\u00ed el clero de Roma elegir a san \u00c1ntero. Pocos meses despu\u00e9s Maximino el Tracio conden\u00f3 a muerte a ambos y los hizo ejecutar. El martirio de san Hip\u00f3lito qued\u00f3 envuelto en la leyenda, que lo quiso descuartizado por cuatro caballos a los que hab\u00edan sido atadas sus extremidades. El 13 de agosto de 236, los restos de san Ponciano y san Hip\u00f3lito, que hab\u00edan sido llevados desde Cerde\u00f1a, fueron enterrados en el cementerio de la V\u00eda Tiburtina de Roma. El canon segundo de la misa de rito ordinario se atribuye a san Hip\u00f3lito y lleva su nombre.<br \/>\nSan Silverio, natural de Frosinone, gobern\u00f3 la sede romana de 536 a 537. Era hijo leg\u00edtimo del papa Hormisdas (514-523), el cual hab\u00eda estado casado antes de dedicarse a la Iglesia. Silverio, era subdi\u00e1cono en Roma cuando el papa Agapito I muri\u00f3 en Constantinopla. A la saz\u00f3n la Cristiandad se hallaba perturbada por la herej\u00eda monofisita (que negaba en la persona del Verbo dos naturalezas, divina y humana, subsistentes en una sola substancia divina), a pesar de haber sido condenada el siglo anterior en el concilio de Calcedonia, cuarto de los ecum\u00e9nicos. La emperatriz Teodora apoyaba a los monofisitas y quer\u00eda hacer elegir como sucesor del difunto Agapito a su protegido el di\u00e1cono romano Vigilio, pero el rey ostrogodo Teodato \u2013que no quer\u00eda un papa agente de Constantinopla\u2013 se adelant\u00f3 a la emperatriz y, gracias a su influencia, el clero romano, en principio reticente, eligi\u00f3 y consagr\u00f3 obispo a Silverio. Su pontificado se vio envuelto en las intrigas de la corte bizantina para hacerse con el dominio de Italia y acab\u00f3 por ser depuesto violentamente por el general Belisario, enviado por el emperador Justiniano, el 11 de marzo de 537 bajo la falsa acusaci\u00f3n de haber pretendido abandonar Roma a los ostrogodos. Vigilio, que hab\u00eda regresado a Italia despu\u00e9s de fungir como apocrisiario en Constantinopla fue consagrado nuevo obispo de Roma en lugar de Silverio, que, privado de sus h\u00e1bitos pontificales y vestido como monje, fue enviado desterrado a Patara en Licia. El obispo del lugar, convencido de la inocencia del depuesto papa, fue a la corte bizantina para pedir a Justiniano de que permitiera el regreso de \u00e9ste a Roma. El Emperador accedi\u00f3 y dio orden a Belisario de instruir nuevamente su proceso, pero Vigilio no estaba dispuesto a abandonar la sede de Roma y logr\u00f3 que Silverio fuera desterrado a la isla de Palmarola en el Tirreno. El 11 de noviembre el Papa renunci\u00f3 al pontificado desde su exilio por bien de paz y, de este modo, el clero romano reconoci\u00f3 definitivamente al hasta entonces usurpador Vigilio. Menos de un mes despu\u00e9s, el 2 de diciembre de 537, Silverio muri\u00f3, a consecuencia de las privaciones de su destierro y de los malos tratos recibidos. Sus restos recibieron honrosa sepultura en la isla al siguiente a\u00f1o, el 20 de junio, d\u00eda en que qued\u00f3 fijada su fiesta en el santoral. Vigilio, por su parte, acabar\u00eda pagando cara su amistad con Teodora y sus coqueteos con los monofisitas, a los que se enfrent\u00f3 valientemente como papa, lo que le vali\u00f3 la desgracia del emperador Justiniano.<br \/>\nSan Mart\u00edn I (649-655) se vio en parecida tesitura a la de san Silverio, s\u00f3lo que, en lugar de oponerse a los monofisitas (finalmente vencidos), lo hizo a los monoteletas, otros herejes que, si bien admit\u00edan en Cristo dos distintas naturalezas, no reconoc\u00edan en cambio sino una sola voluntad (\u201cmonon the lema\u201d, de ah\u00ed el nombre). Esta doctrina, defendida por los patriarcas Sergio de Constantinopla y Ciro de Alejandr\u00eda unas d\u00e9cadas atr\u00e1s, hab\u00eda contado con el apoyo del emperador Heraclio para atraerse a los monofisitas de Capadocia y Egipto contra sus conquistadores persas. El mismo papa Honorio I favoreci\u00f3 el monotelismo mandando callar a san Sofronio, celoso defensor de la ortodoxia. Pero sus ataques motivaron que Sergio redactara una formulaci\u00f3n m\u00e1s prudente del monotelismo llamada la \u201cEkthesis\u201d, que esperaba fuera aceptada por todos los patriarcas de la Cristiandad. Sin embargo, los sucesivos papas Juan IV y Teodoro I se opusieron a ella con el apoyo teol\u00f3gico del monje constantinopolitano san M\u00e1ximo el Confesor, cuyos argumentos influenciaron para que el emperador Constantino III, sucesor de Heraclio, la retirara aunque de forma desfortunada, mediante el \u201cTypos\u201d, decreto que impon\u00eda el silencio sobre la cuesti\u00f3n. El sucesor del papa Teodoro, el antiguo apocrisiario Mart\u00edn, apenas elegido, reuni\u00f3 un s\u00ednodo en Roma, en el palacio de Letr\u00e1n,en el cual proclam\u00f3 la doctrina de las dos naturalezas y dos voluntades en la persona de Cristo, condenando el monotelismo, a sus jefes, la \u201cEkthesis\u201d y el \u201cTypos\u201d . El emperador Constante II, proclive al monotelismo, consider\u00f3 que esta postura del Papa constitu\u00eda una infidelidad pol\u00edtica al Imperio y acab\u00f3 por hacerlo por llevar, el 17 de junio de 653, a Constantinopla, donde le retuvo en un r\u00e9gimen de duros tratos para doblegarlo. Cargado de cadenas y en un estado deplorable, fue condenado a muerte y constante quiso incluso hacerlo ejecutar, pero a \u00faltima hora le conmut\u00f3 la pena y lo desterr\u00f3 al Quersoneso T\u00e1urico. El 10 de agosto de 654 era elegido en su lugar el romano Eugenio I. Mart\u00edn no se opuso a ella, con lo que se dio por sentada su renuncia. El 16 de septiembre del a\u00f1o siguiente mor\u00eda en su exilio como consecuencia de las graves privaciones sufridas en \u00e9l, raz\u00f3n por la que se le considera m\u00e1rtir, festej\u00e1ndosele el 12 de noviembre.<br \/>\nQuiz\u00e1s la renuncia m\u00e1s pol\u00e9mica sea la de Benedicto IX, descendiente de los Teofilactos y los Crescencios, dos familias emparentadas entre s\u00ed, que hab\u00edan pr\u00e1cticamente monopolizado el poder en la Roma papal del siglo de hierro. Era sobrino de dos papas hermanos, Benedicto VIII y Juan XIX, sus inmediatos antecesores en el sacro solio. Lleg\u00f3 a \u00e9l gracias al oro prodigado al clero romano por su padre Alberico III, conde de T\u00fasculum, cuando apenas contaba doce a\u00f1os. Ferdinand Gregorovius, escribe que \u201ccon Benedicto IX el papado toc\u00f3 el fondo de la decadencia moral\u00bb. Rein\u00f3 durante doce a\u00f1os, lapso notable si se tiene en cuenta la r\u00e1pida sucesi\u00f3n de la mayor\u00eda de sus predecesores. Se entiende que, a los 24 a\u00f1os, este muchacho sin vocaci\u00f3n y entregado a toda clase de vicios se hubiese cansado de hacer de papa. Su desfachatez y cinismo colmaron la paciencia del pueblo, que se rebel\u00f3 y lo expuls\u00f3 de Roma. En su lugar fue exaltado Silvestre III (1045), que parece haber utilizado la simon\u00eda para su elecci\u00f3n y no dur\u00f3 mucho tiempo, ya que Benedicto recuper\u00f3 su trono, aunque s\u00f3lo para venderlo a los veinti\u00fan d\u00edas, el tiempo necesario para excomulgar a sus enemigos y buscar un comprador. A la saz\u00f3n era arcipreste del \u201ct\u00edtulo\u201d o parroquia de San Juan ante Portam Latinam Juan Graciano, padrino del papa, imbuido de un acendrado esp\u00edritu de reforma. Creyendo hacer un bien a la Iglesia, Juan Graciano, due\u00f1o de una inmensa fortuna, acept\u00f3 el inicuo trato comercial, que se formaliz\u00f3 mediante contrato subscrito por intermediaci\u00f3n del conde Gerardo de Galeria. Benedicto IX pronunci\u00f3 su renuncia, cogi\u00f3 su dinero y se retir\u00f3 a sus posesiones tusculanas mientras Juan Graciano se convert\u00eda en Gregorio VI (1045-1046). El nuevo papa intent\u00f3 emprender una seria reforma entre su clero y quiso poner orden en el caos que reinaba en su capital. No tuvo ni los apoyos suficientes ni el tiempo necesario. Al cabo de un a\u00f1o descendi\u00f3 a Italia el emperador Enrique III, hijo de Conrado II, con la intenci\u00f3n de hacerse coronar y de aclarar la confusa situaci\u00f3n del pontificado romano. Reuni\u00f3 un concilio en Sutri, al que acudieron Silvestre III y Gregorio VI, que fueron depuestos, el segundo de ellos habiendo confesado espont\u00e1neamente el delito de simon\u00eda. Benedicto IX no compareci\u00f3 y el Emperador reuni\u00f3 un segundo s\u00ednodo en Roma, que declar\u00f3 su deposici\u00f3n en contumacia. El 24 de diciembre de 1046 fue elegido en su lugar el saj\u00f3n Sutger, obispo de Bamberg, que tom\u00f3 el nombre de Clemente II pero rein\u00f3 apenas nueve meses al sobrevenirle la muerte el 9 de octubre de 1047. Un mes m\u00e1s tarde, el 8 de noviembre de 1047, reapareci\u00f3 en Roma Benedicto IX, ocupando nuevamente el trono papal. Pero el Emperador, que no pod\u00eda consentir el regreso sin m\u00e1s ni m\u00e1s de un personaje tan discutible inst\u00f3 a la renuncia a Benedicto, el cual acept\u00f3 y la hizo efectiva el 17 de julio de 1048, retir\u00e1ndose al monasterio de Grottaferrata, donde hizo penitencia y acab\u00f3 sus d\u00edas piadosamente. Ese mismo d\u00eda Enrique III, con las manos libres despu\u00e9s de haberse desembarazado de todos los papas en circulaci\u00f3n y el apoyo del clero y del pueblo romanos, escogi\u00f3 al obispo b\u00e1varo Pop\u00f3n de Brixen para regenerar la sede romana. El nuevo pont\u00edfice se llam\u00f3 D\u00e1maso II; sin embargo no rein\u00f3 ni un mes, muriendo el 9 de agosto. En el sucesivo mes de diciembre, el Emperador design\u00f3 para ce\u00f1ir la tiara al alsaciano Bruno de los condes de Eguisheim-Dagsburg, obispo de Toul, el cual fue ratificado por elecci\u00f3n del clero romano el 12 de febrero siguiente y tom\u00f3 el nombre de Le\u00f3n IX. Con \u00e9l se inici\u00f3 el gran per\u00edodo de la reforma gregoriana.<br \/>\nCelestino II (Teobaldo Buccapecus), catalogado como antipapa (1124), en realidad fue elegido can\u00f3nicamente como sucesor de Calixto II por los cardenales reunidos en la iglesia de San Pancracio y acept\u00f3 su elecci\u00f3n, aunque no tuvo tiempo de ser entronizado, ya que Roberto Frangipani se present\u00f3 proclamando al cardenal Lamberto de Ostia, negociador del concordato de Worms de 1122. La mayor\u00eda de los presentes se adhirieron al nuevo elegido, que se llam\u00f3 Honorio II (1124-1130), pero no quiso ser consagrado hasta que no se convalidase su elecci\u00f3n, lo que s\u00f3lo fue posible gracias a la generosa actitud de Celestino II, el cual prefiri\u00f3 formular su renuncia y retirarse para evitar un cisma. Al calibrar las nefastas consecuencias que un cisma habr\u00eda acarreado a la Iglesia, Celestino formul\u00f3 su renuncia y as\u00ed pudo ser elegido legalmente su rival. No habiendo apenas reinado un d\u00eda, Teobaldo Buccapecus no entr\u00f3 oficialmente en la nomenclatura papal, de modo que otro papa posterior, disc\u00edpulo de Abelardo, llev\u00f3 el nombre de Celestino II, reinando cinco meses entre 1143 y 1144.<br \/>\nCelestino III (1191-1198), nonagenario y cansado, pretendi\u00f3 renunciar a la tiara aunque a condici\u00f3n de que fuera elegido en su lugar un sucesor por \u00e9l designado, a lo que se opusieron en\u00e9rgicamente los cardenales. El Papa tuvo que volver sobre su decisi\u00f3n y muri\u00f3 poco despu\u00e9s, el 8 de enero de 1198. Fue elegido en su lugar Lotario de los condes de Segni, que quiso llamarse Inocencio III y fue el papa m\u00e1s poderoso de la Historia.<br \/>\nY llegamos al \u201cgran rifiuto\u201d, la famosa renuncia de Celestino V. Elegido el 5 de julio de 1294, al cabo de m\u00e1s de dos a\u00f1os de sede vacante, Pedro de Murrone, monje ermita\u00f1o que viv\u00eda en medio de las mayores asperezas en los Abruzzos, se vio exaltado de la noche a la ma\u00f1ana a la mayor de las dignidades sin pertenecer al Sacro Colegio. Su renuencia a aceptar el Papado hubo de ser vencida por la porfiada ofensiva de sus entusiastas partidarios. Estos, entre quienes se encontraban nada menos que dos pr\u00edncipes de la Casa de Anjou, le persuadieron de que la oportunidad era propicia para emprender en serio la tan necesaria reforma de la Iglesia. Los contempor\u00e1neos vieron en la macilenta y venerable figura del Papa Celestino al \u201cPastor Ang\u00e9lico\u201d anunciado un siglo antes por el c\u00e9lebre abad calabr\u00e9s Gioacchino de Fiore, \u201cdi spirito profetico dotato\u201d seg\u00fan Dante. Pronto, empero, se revel\u00f3 la impericia del buen monje al tim\u00f3n de la Barca de Pedro. \u00c9l mismo era consciente de estar fuera de lugar y a\u00f1oraba la soledad de sus amados montes. D\u00e1ndose por vencido, decidi\u00f3 renunciar a la tiara a los tres meses y medio de haber sido consagrado y coronado, el 13 de diciembre de 1294, con tremendo disgusto de sus sostenedores y para alivio de los cardenales, que no ve\u00edan claro a d\u00f3nde iba a conducir la aventura celestina a la Iglesia. Fue el cardenal Benedetto Caetani quien asesor\u00f3 al Papa en el asunto de su renuncia, lo que dio lugar, cuando result\u00f3 elegido como su sucesor bajo el nombre de Bonifacio VIII, a graves acusaciones de turbios manejos, que se vieron reforzadas cuando el dimisionario, convertido nuevamente en el humilde monje Pedro, fue recluido bajo custodia en la roca de Fumone por orden del nuevo pont\u00edfice. All\u00ed muri\u00f3 el 19 de mayo de 1296, suscitandose sospechas de asesinato, que recayeron naturalmente sobre Bonifacio VIII. En realidad, \u00e9ste lo \u00fanico que pretend\u00eda era poner a buen recaudo al ex-papa para evitar que fuera vuelto a entronizar por los descontentos y crear as\u00ed una situaci\u00f3n de cisma. Los aspectos m\u00e1s siniestros de esta historia pertenecen a la leyenda forjada por la propaganda de Felipe el Hermoso en su lucha sin cuartel contra Bonifacio. La renuncia de Celestino V, hecha seg\u00fan todas las formalidades y sin que mediara ninguna coacci\u00f3n (fue m\u00e1s bien presionado para que no la hiciera), fue un remez\u00f3n para la Cristiandad, en el dif\u00edcil tr\u00e1nsito del siglo XIII al XIV, en el que tocaba a su fin la Edad de Oro del Pontificado. Los que suspiraban por una Iglesia m\u00e1s espiritual y que ten\u00edan en el papa-ermita\u00f1o un punto de referencia, tomaron muy a mal su decisi\u00f3n y se sintieron traicionados. Dante, que era uno de estos cristianos, no dud\u00f3 en colocar en el Infierno de su \u201cCommedia\u201d a Celestino V, que, en cambio, fue canonizado por Benedicto XI con el nombre de San Pedro Celestino, celebr\u00e1ndose su fiesta el 19 de mayo.<br \/>\nEn el contexto del Cisma de Occidente se produjeron a\u00fan dos renuncias, que, fueron las \u00faltimas en la Historia de la Iglesia hasta la de Benedicto XVI. Conviene, antes que nada, recordar a los protagonistas de este cisma: por un lado estaba Gregorio XII (el veneciano Angelo Correrio), papa de la obediencia urbanista o romana; por otro, Benedicto XIII (el aragon\u00e9s don Pedro de Luna), papa de la obediencia clementista o avi\u00f1onesa. Ambos hab\u00edan heredado la situaci\u00f3n creada por el doble c\u00f3nclave de 1378. Un tercer papa en discordia era Juan XXIII (Baldassare Cossa), de la obediencia pisana, aunque \u00e9ste era claramente un antipapa al haber sido elegido como sucesor de Alejandro V (Pietro Filargio), designado por el concili\u00e1bulo de Pisa de 1405, que pretendi\u00f3 acabar con el cisma sin acatar los c\u00e1nones y creando m\u00e1s confusi\u00f3n. El caso es que el emperador Segismundo (de la Casa de Luxemburgo) quiso acabar con el esc\u00e1ndalo de una Iglesia tric\u00e9fala y decidi\u00f3 convocar un concilio en Constanza, al cual ser\u00edan llamados los tres pont\u00edfices para que renunciaran simult\u00e1neamente y dejaran paso a un nuevo papa elegido por esa asamblea. Juan XXIII quiso jugar sus cartas y confirm\u00f3 la convocatoria del concilio como continuaci\u00f3n del cism\u00e1tico de Pisa de 1405. Baldassare Cossa dio solemnemente lectura al acta de su \u201ccesi\u00f3n\u201d en Constanza el 2 de marzo de 1415, pensando que de esta manera demostraba su buena voluntad y ser\u00eda confirmado como Papa, lo que no ocurri\u00f3. Despu\u00e9s de su abdicaci\u00f3n, y habiendo abandonado subrepticiamente Constanza, Juan XXIII pretendi\u00f3 volver sobre aqu\u00e9lla, denunciando \u2014tard\u00edamente\u2014 que el concilio violaba las prerrogativas pontificias, lo que ya hab\u00eda sido puesto de manifiesto por Benedicto XIII, el m\u00e1s en\u00e9rgico defensor de \u00e9stas contra las pretensiones de los conciliaristas. Cossa fue apresado y obligado a comparecer nuevamente ante el concilio, que lo conden\u00f3 como ap\u00f3stata y simon\u00edaco. Se someti\u00f3 y, despu\u00e9s de un tiempo en prisi\u00f3n, fue liberado y rehabilitado por Mart\u00edn V, acabando sus d\u00edas como cardenal-obispo de Frascati.<br \/>\nOcup\u00e9monos de la renuncia de Gregorio XII. Despu\u00e9s de poner a buen recaudo a Juan XXIII, el concilio de Constanza se ocup\u00f3 del papa de la l\u00ednea urbanista. Este, anticip\u00e1ndose a los acontecimientos, hab\u00eda ofrecido su espont\u00e1nea abdicaci\u00f3n a la asamblea, que la acept\u00f3 no sin antes recibir del pont\u00edfice la consagraci\u00f3n de su car\u00e1cter ecum\u00e9nico mediante una convocatoria en forma. El 4 de julio de 1416, Gregorio XII dej\u00f3 de ser papa para convertirse en Angelo, obispo de Porto, sede que le fue ofrecida por los padres conciliares como recompensa por su desprendimiento. En realidad, este sometimiento de un papa a un concilio sentaba un nefasto precedente a favor del conciliarismo, que proyectar\u00eda su amenaza en los sucesivos pontificados hasta el punto que, todav\u00eda en el siglo XVI, se hablaba de apelar contra el Papa a un futuro concilio. Con la dimisi\u00f3n de Gregorio XII quedaba Benedicto XIII como papa indiscutible, pero no se le perdonaba su tenacidad en defensa del primado papal y su frontal oposici\u00f3n a Constanza, por lo que se le declar\u00f3 depuesto el 26 de julio de 1417, despu\u00e9s de intentar in\u00fatilmente llegar a un compromiso. El \u00faltimo obst\u00e1culo para la soluci\u00f3n conciliarista hab\u00eda sido removido, quedando el camino expedito para la elecci\u00f3n de un papa a la medida de las circunstancias, la cual tuvo lugar, como se ver\u00e1 en otra parte, en noviembre de 1417 y recay\u00f3 en el cardenal Odone Colonna, que se llam\u00f3 Mart\u00edn V.<br \/>\nBenedicto XIII se hab\u00eda refugiado en Pe\u00f1\u00edscola, en el Reino de Valencia. Abandonado de todos, no cej\u00f3, sin embargo en la defensa de sus derechos y muri\u00f3, a lo que parece, el 23 de mayo de 1423, en la m\u00e1s extrema ancianidad y en la conciencia de ser el \u00fanico papa leg\u00edtimo. Reunidos en c\u00f3nclave en el mismo palacio-fortaleza, tres de sus cuatro cardenales, Loba, Dah\u00e9 y Bonnefoi (faltaba Carrier, que se hallaba en Francia), despu\u00e9s de muchos forcejeos, no exentos de ciertos manejos simon\u00edacos y en los que se inmiscuy\u00f3 la autoridad de Alfonso V de Arag\u00f3n, eligieron al can\u00f3nigo preboste de Valencia y arcipreste de Teruel Gil S\u00e1nchez Mu\u00f1oz, que tom\u00f3 el nombre de Clemente VIII y se apresur\u00f3 a crear dos nuevos cardenales. En cuanto al cardenal Carrier, una vez enterado de la muerte de Benedicto XIII y la elecci\u00f3n de Mu\u00f1oz en las circunstancias rese\u00f1adas, declar\u00f3 \u00e9sta inv\u00e1lida ante notario, as\u00ed como degradados a sus colegas, que a ella se prestaron. No quedando otro cardenal leg\u00edtimo fuera de \u00e9l mismo, procedi\u00f3 a elegir a Bernardo Garnier, sacrist\u00e1n de la catedral de Rodez, como el verdadero sucesor del Papa Luna, en honor de quien quiso llamarse Benedicto XIV. A pesar de este peque\u00f1o cisma \u2014que tuvo sus secuaces durante mucho tiempo en el condado de Arma\u00f1ac\u2014 y de la ambigua actitud de la corte aragonesa, Clemente VIII se mantuvo fuerte en sus posiciones durante tres a\u00f1os. Mart\u00edn V envi\u00f3, entonces, a su secretario privado, el valenciano Alfonso de Borja, a Pe\u00f1\u00edscola para convencer a su rival a ofrecer su voluntaria renuncia. Clemente entr\u00f3 en razones y, en nombre de la paz de la Iglesia, abdic\u00f3 en el curso de una digna ceremonia que tuvo lugar el 26 de julio de 1429. Durante la misma, revoc\u00f3 todas las medidas promulgadas contra el papa de Roma y convoc\u00f3 un nuevo c\u00f3nclave, en el que entraron \u00e9l y sus cardenales. La elecci\u00f3n recay\u00f3 un\u00e1nimemente en el cardenal Colonna, o sea Mart\u00edn V, con lo que \u00e9ste qued\u00f3 confirmado y convalidado como \u00fanico e indiscutible Papa de toda la Cristiandad al cabo de cincuenta a\u00f1os de una divisi\u00f3n que, por su envergadura y sus complicaciones fue llamada \u201cel Gran Cisma\u00bb. La renuncia de Clemente VIII granje\u00f3 a \u00e9ste la gratitud de Mart\u00edn V, quien, a trav\u00e9s de su legado, le nombr\u00f3 obispo de Mallorca, cargo en el que muri\u00f3 en 1446, siendo enterrado en una espl\u00e9ndida tumba que se puede ver en el cap\u00edtulo canonical de la Catedral de Palma. Tambi\u00e9n para Alfonso de Borja tuvo felices consecuencias el resultado de sus gestiones en Pe\u00f1\u00edscola, pues fue creado cardenal por su apost\u00f3lico se\u00f1or y ello le posibilit\u00f3 su elecci\u00f3n como Papa en 1455, convirti\u00e9ndose en Calixto III.<br \/>\nEn tiempos m\u00e1s recientes se lleg\u00f3 a plantear la posibilidad de la renuncia papal. P\u00edo VI (1775-1799), fue la gran v\u00edctima de la Revoluci\u00f3n Francesa. Depuesto como pr\u00edncipe temporal y proclamada la Rep\u00fablica Romana el 15 de febrero de 1798, el Directorio lo hizo su prisionero y lo deport\u00f3 de Roma cinco d\u00edas despu\u00e9s, dispers\u00e1ndose el sacro colegio. Despu\u00e9s de un largo y penoso viaje que lo llev\u00f3 por la Toscana, Bolonia, Parma, Tur\u00edn, Grenoble y Brian\u00e7on, lleg\u00f3 enfermo y al l\u00edmite de sus fuerzas a Valence, donde muri\u00f3 acabado el 29 de agosto siguiente, a la edad de 81 a\u00f1os. Se supo que P\u00edo VI, antes de partir prisionero, hab\u00eda dado a sus cardenales la consigna de no hacer caso de ninguna orden dada en su nombre contraria a la Religi\u00f3n ya que no pod\u00eda considerarse due\u00f1o de sus actos y, en consecuencia, procedieran como si hubiera dado su renuncia y se reunieran en cualquier lugar donde pudieran estar seguros la mayor\u00eda de ellos para elegirle sucesor, lo cual no lleg\u00f3 a producirse.Todav\u00eda, sin embargo, la Revoluci\u00f3n perturbar\u00eda la paz del vicario de Cristo, esta vez por medio de Bonaparte, proclamado servilmente emperador por el Senado el 28 de marzo de 1804 y que quer\u00eda coronar sus grandes victorias militares con un indudable triunfo moral, reeditando los fastos de la coronaci\u00f3n imperial de Carlomagno por el papa Le\u00f3n III. A este efecto envi\u00f3 a Roma a su t\u00edo el cardenal Fesch para manifestar a P\u00edo VII (1800-1823) su deseo de que fuera a Par\u00eds para coronarle. Nada m\u00e1s saber los proyectos de Bonaparte entr\u00f3 el papa Chiaramonti en un estado de gran perturbaci\u00f3n, pues aprobar con su presencia la exaltaci\u00f3n de un usurpador, del hijo y agente de la Revoluci\u00f3n, del asesino del duque de Enghien y ce\u00f1irle la corona ces\u00e1rea mientras exist\u00eda todav\u00eda un Sacro Romano Emperador, defensor nato de la Iglesia, constitu\u00eda una clamorosa incongruencia de parte del Romano Pont\u00edfice, que aparecer\u00eda ante los ojos de toda Europa como el servil capell\u00e1n de un tirano. Pero, por otra parte, el amor por el bien de las almas de un pueblo como el de Francia, la hija primog\u00e9nita de la Iglesia, apenas rescatado de una cruel persecuci\u00f3n religiosa y para el que hab\u00eda comprado cara la paz mediante el concordato de 1801, pesaba considerablemente en la balanza y P\u00edo VII quer\u00eda evitar provocar la ira y el despecho de un enemigo todopoderoso que pudiera hacer perder todo lo conseguido. Llam\u00f3, pues, a consulta a veinte de sus cardenales, de los cuales cinco se mostraron totalmente contrarios a la coronaci\u00f3n de Bonaparte por el Papa, mientras los otros quince dieron su parecer favorable aunque con serias reservas. Se pusieron varias condiciones para salvar la dignidad papal antes de aceptar la invitaci\u00f3n. Bonaparte acept\u00f3 algunas y dej\u00f3 entrever que las otras tambi\u00e9n acabar\u00eda por admitirlas. Envi\u00f3 entonces, el 15 de septiembre, al cardenal Caffarelli a Roma con la invitaci\u00f3n formal para el Papa. P\u00edo VII se confi\u00f3 a la Providencia y se aprest\u00f3 al largo viaje con la esperanza de obtener de \u00e9l las mayore ventajas posibles para la religi\u00f3n. Sin embargo, recordando c\u00f3mo su predecesor P\u00edo VI hab\u00eda sido tratado por la Revoluci\u00f3n, tom\u00f3 la precauci\u00f3n de dejar una carta escrita de pu\u00f1o y letra con su abdicaci\u00f3n en manos de su secretario el cardenal Ercole Consalvi \u2013a quien confiaba el gobierno pol\u00edtico de Roma durante su ausencia\u2013 con la orden de hacerla p\u00fablica en caso de que Bonaparte intentase retenerlo prisionero en Francia. El 2 de noviembre de 1804 iniciaba P\u00edo VII su peregrinaje apost\u00f3lico. Esta vez volver\u00eda, pero menos de cinco a\u00f1os despu\u00e9s el temido cautiverio napol\u00e9onico se hizo efectivo, aunque no se hizo en ning\u00fan caso uso de la carta de renuncia.<br \/>\nEn circunstancias parecidas, el venerable P\u00edo XII (1939-1958) reuni\u00f3 a los cardenales presentes en Roma en la Capilla Sixtina el 9 de febrero de 1944. Noticiado de que las fuerzas alemanas de ocupaci\u00f3n ten\u00edan \u00f3rdenes secretas de Hitler en el sentido de apoderarse de su persona y deportarlo a Liechtenstein o a Wartburg, en la Alta Silesia, el Papa, despu\u00e9s de exponerles la gravedad de la situaci\u00f3n, ante la aproximaci\u00f3n del frente de guerra a la Ciudad Eterna, declar\u00f3 que, ya que hab\u00eda ordenado a los dem\u00e1s obispos permanecer en sus puestos, junto a su grey, en los momentos de prueba, no estaba dispuesto a abandonar el suyo como obispo de Roma, aunque tuviera que pagar un alto precio. Acto seguido liber\u00f3 a los purpurados de su juramento de fidelidad, que les obligaba a seguir al Papa hasta la muerte, y les dio la orden de reunirse en c\u00f3nclave dondequiera, en caso de que fuera encarcelado, y elegir nuevo Papa como si \u00e9l hubiera dado su renuncia. Hay que decir, que no hubo necesidad de aplicar esta medida extrema, porque Hitler, aconsejado por el General Wolff, oficial de las SS encargado de llevarlo a cabo, desisti\u00f3 del llamado \u201cProyecto Vaticano\u00bb, concebido por Himmler (en el que estaba previsto no s\u00f3lo capturar al Sumo Pont\u00edfice y a los altos cargos de la Curia Romana, sino tambi\u00e9n llevar la mayor parte de los tesoros art\u00edsticos vaticanos a Alemania).<br \/>\nEn los \u00faltimos a\u00f1os del pontificado de Pablo VI se especul\u00f3 mucho sobre la posibilidad de su renuncia. El papa Montini hab\u00eda introducido la jubilaci\u00f3n de los obispos a los setenta y cinco a\u00f1os y la de los cardenales a los ochenta en lo tocante a sus cargos en la Curia Romana y a la elecci\u00f3n papal. Ello, unido a alguna enigm\u00e1tica referencia a San Pedro Celestino y a sus cada vez m\u00e1s frecuentes alusiones a sus dolencias, indujo a pensar a muchos que, al cumplir su octog\u00e9simo aniversario, Pablo VI, coherente con sus propias disposiciones, resignar\u00eda el cargo y se retirar\u00eda (probablemente al monasterio basiliano de Grottaferrata, por el que sent\u00eda una especial predilecci\u00f3n). El caso es que, aun visiblemente desmejorado, el Santo Padre cruz\u00f3 el umbral de la edad crucial sin mostrar la m\u00ednima intenci\u00f3n de renunciar y muri\u00f3 en el poder casi un a\u00f1o despu\u00e9s.<br \/>\nOtro caso fue el del beato Juan Pablo II. Ya con ocasi\u00f3n de un accidente en su cuarto de ba\u00f1o (que ocasion\u00f3 su internamiento en el policl\u00ednico Gemelli) se baraj\u00f3 nuevamente en ciertos c\u00edrculos la posibilidad de una renuncia papal. Pero el papa Wojtyla estuviera por la labor y se dirigi\u00f3 a los m\u00e9dicos, confi\u00e1ndose a su pericia porque, seg\u00fan sus palabras, \u201cno hay en la Iglesia lugar para un Papa jubilado\u201d. Su evidente decadencia f\u00edsica, traspasados los 25 a\u00f1os de pontificado pusieron la cuesti\u00f3n dram\u00e1ticamente sobre el tapete, pero Juan Pablo II se neg\u00f3 a \u201cbajar de la cruz\u201d y quiso dar en sus propias carnes una catequesis viviente de resistencia ante la enfermedad y la decrepitud, catequesis que no ha querido repetir el Santo Padre Benedicto XVI al anunciar su renuncia por las razones que guarda en su augusto pecho.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Rodolfo Vargas Rubio<\/b>\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>San Clemente I (88-96) San Ponciano(230-235) San Silverio(536-537) San Martin I(649-654) Benito IX (Rein\u00f3 con intermedios entre 1032 y 1048) Celestino V(1294) (1406-1415) Clemente VIII (1423-1429) Benedicto XVI (2005-2013) La recent\u00edsima renuncia del papa todav\u00eda felizmente reinante, que ser\u00e1 efectiva a partir de las 20 horas GMT del pr\u00f3ximo 28 de febrero \u2013produci\u00e9ndose entonces el &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cronica-breve-de-las-renuncias-papales\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abCRONICA BREVE DE LAS RENUNCIAS PAPALES\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-26351","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/26351","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=26351"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/26351\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=26351"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=26351"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=26351"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}