{"id":26638,"date":"2016-02-05T17:57:48","date_gmt":"2016-02-05T22:57:48","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/reconciliacion-en-el-catecismo-de-la-iglesia-catolica\/"},"modified":"2016-02-05T17:57:48","modified_gmt":"2016-02-05T22:57:48","slug":"reconciliacion-en-el-catecismo-de-la-iglesia-catolica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/reconciliacion-en-el-catecismo-de-la-iglesia-catolica\/","title":{"rendered":"RECONCILIACION EN EL CATECISMO DE LA IGLESIA CATOLICA"},"content":{"rendered":"<p><p style=\"text-align: justify\">La publicaci\u00f3n del Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, en el a\u00f1o 1992, constituye un acontecimiento de singular importancia. Ante todo, nos encontramos con un documento de relevancia hist\u00f3rica excepcional: se trata del segundo catecismo propuesto por el Magisterio a toda la Iglesia. El primero \u2014con el alcance universal que nuestro actual Catecismo posee\u2014 fue el surgido luego del Concilio de Trento, publicado en 1566 y conocido como Catecismo Romano o Catecismo de Trento, siendo Sumo Pont\u00edfice San P\u00edo V. En segundo lugar, el Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica recoge la riqueza doctrinal del Concilio Vaticano II, que fue llamado por Pablo VI \u00abel gran catecismo de los tiempos modernos\u00bb [2] . Esto es particularmente significativo, pues la catequesis aparece como un medio muy oportuno para difundir una ense\u00f1anza conciliar; as\u00ed ocurri\u00f3 luego del Concilio de Trento, y as\u00ed sucedi\u00f3 tambi\u00e9n, en nuestras tierras latinoamericanas, con la promulgaci\u00f3n del Catecismo de Santo Toribio o Catecismo limense. En tercer lugar, el objetivo del actual Catecismo es el de ofrecer una ense\u00f1anza s\u00f3lida y segura de la doctrina cristiana que sirva como referencia indispensable para la elaboraci\u00f3n de otros catecismos, seg\u00fan las diversas mentalidades, culturas y situaciones.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Estas razones nos llevan a considerar que la presencia de este nuevo Catecismo apunta a una finalidad de suyo necesaria: la renovaci\u00f3n de la vida eclesial. Siguiendo con el paralelo entre el Concilio de Trento y el Vaticano II, observamos que en ambos casos la renovaci\u00f3n de la Iglesia, su adaptaci\u00f3n y preparaci\u00f3n para la misi\u00f3n evangelizadora, despu\u00e9s de sufrir momentos muy dif\u00edciles, se dio a trav\u00e9s de la orientaci\u00f3n conciliar. A trav\u00e9s del Catecismo Romano, la Iglesia del siglo XVI mostr\u00f3 y difundi\u00f3 con claridad y sencillez la fe de la Iglesia, en sus contenidos, su celebraci\u00f3n, su \u201cpuesta en pr\u00e1ctica\u201d y en su oraci\u00f3n. De esa manera, promovi\u00f3 y alent\u00f3 los esfuerzos por vivir coherentemente la vida cristiana, esfuerzos que se plasmaron en una impresionante ola de santidad, entre cuyos grandes exponentes se encuentran \u2014entre muchos otros\u2014 hombres vinculados a la catequesis: San Carlos Borromeo, San Felipe Neri, Santo Toribio de Mogrovejo&#8230; [3] . Tambi\u00e9n ahora, y en continuidad con iniciativas de diversa \u00edndole en otros campos de la vida eclesial, el actual Catecismo, ofreciendo una presentaci\u00f3n nueva de la fe perenne de la Iglesia, contribuye en la tarea de concretizar la ansiada renovaci\u00f3n [4].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Cabr\u00eda preguntarse lo siguiente: \u00bfQu\u00e9 de novedoso trae este Catecismo? \u00bfPodr\u00eda hablarse de \u201cnovedad\u201d cuando se trata de la ense\u00f1anza tradicional de la Iglesia? Es evidente que la fe de la Iglesia es siempre la misma, y lo \u201cnovedoso\u201d no debe verse como la a\u00f1adidura de nuevas verdades o cosa semejante. Sin embargo, s\u00ed se puede hablar de \u201cnovedad\u201d en la manera de presentar la fe multisecular de la Iglesia: en circunstancias hist\u00f3ricas y culturales diversas, los acentos e impostaciones que el magisterio asume apuntan a una mejor transmisi\u00f3n y ense\u00f1anza de la \u00fanica verdad para la salvaci\u00f3n que Dios ha revelado plenamente en Jesucristo. Obviamente, en una coyuntura distinta a la de otras \u00e9pocas, los acentos variar\u00e1n buscando la m\u00e1s adecuada exposici\u00f3n de la fe, respondiendo adem\u00e1s a los signos de los tiempos, como bien recuerda el Concilio Vaticano II[5]. En la presentaci\u00f3n de las verdades de la fe en orden a su adecuada comunicaci\u00f3n y ense\u00f1anza, encontramos, pues, lo novedoso de esta obra.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Sin embargo, m\u00e1s que hacer un an\u00e1lisis puntual y detallado de todo el Catecismo, quisi\u00e9ramos en esta ocasi\u00f3n centrarnos en una materia muy concreta: la presencia del tema de la reconciliaci\u00f3n a lo largo de este documento. En efecto, si tomamos en cuenta que la reconciliaci\u00f3n \u00ab\u00faltimamente se ha convertido en el tema central de la tarea de la Iglesia\u00bb [6] , y que su propuesta obedece a una inspiraci\u00f3n de Dios en respuesta a los signos de los tiempos [7] , es l\u00f3gico suponer que aparezca como elemento privilegiado de la ense\u00f1anza catequ\u00e9tica de la Iglesia. El Papa Juan Pablo II indicaba que \u00abes leg\u00edtimo hacer converger las reflexiones acerca de todo el misterio de Cristo en torno a su misi\u00f3n de reconciliador\u00bb [8] , y recordaba que una catequesis sobre la reconciliaci\u00f3n \u00abdebe fundamentarse sobre la ense\u00f1anza b\u00edblica, especialmente la neotestamentaria, sobre la necesidad de restablecer la alianza con Dios en Cristo redentor y reconciliador y, a la luz y como expansi\u00f3n de esta nueva comuni\u00f3n y amistad, sobre la necesidad de reconciliarse con el hermano, aun a costa de tener que interrumpir la ofrenda del sacrificio\u00bb [9] . Acerqu\u00e9monos, pues al Catecismo y veamos qu\u00e9 nos dice sobre la reconciliaci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Una nueva perspectiva\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Lo \u201cnovedoso\u201d del Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica \u2014dec\u00edamos\u2014 no est\u00e1 en la a\u00f1adidura de nuevas verdades o contenidos, como alguna prensa sensacionalista destacaba antes de la publicaci\u00f3n del texto. Encontramos algo nuevo en el enfoque o acentuaci\u00f3n que se hace al presentar la fe de la Iglesia, destacando algunos matices e impostaciones que responden a la situaci\u00f3n concreta que viven los hombres de hoy, mostrando de la mejor forma posible los contenidos de la Revelaci\u00f3n y su significado y alcances en la vida del cat\u00f3lico.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El Catecismo se divide en cuatro grandes partes: 1. La profesi\u00f3n de la fe; 2. La celebraci\u00f3n del misterio cristiano; 3. La vida en Cristo; 4. La oraci\u00f3n cristiana. Estas cuatro partes, representadas cada una por un elemento sint\u00e9tico, abarcan al mismo tiempo las diversas dimensiones de la fe. As\u00ed, por ejemplo, el contenido de la fe que creemos (fe profesada) est\u00e1 plasmado de manera sint\u00e9tica en el Credo; esta fe es actualizada y celebrada en la liturgia (fe celebrada) y se hace especialmente visible en los sacramentos; es vivida en el seguimiento cotidiano de Jes\u00fas (fe vivida) que se concretiza \u2014entre otros medios\u2014 a trav\u00e9s de los mandamientos; y por \u00faltimo, es fe que se dirige a Dios pidiendo y alabando (fe orante), encontrando su mejor expresi\u00f3n en la oraci\u00f3n del Padre Nuestro. En torno a estos cuatro \u201cpilares\u201d (Credo, sacramentos, mandamientos y Padre Nuestro) se ordena y estructura la exposici\u00f3n completa de la fe cat\u00f3lica.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La divisi\u00f3n presentada por el Catecismo no es nueva; es la misma del Catecismo Tridentino. Con ello se sigue un orden cl\u00e1sico y se expresa la continuidad con la tradici\u00f3n catequ\u00e9tica anterior. Sin embargo, se aprecia algo nuevo en el actual Catecismo. Las cuatro grandes partes mencionadas anteriormente se hallan a su vez subdivididas en dos secciones cada una, en las que los contenidos de la fe se ordenan arm\u00f3nicamente seg\u00fan un esquema que podr\u00edamos denominar \u201cpresentaci\u00f3n-n\u00facleo\u201d. La primera secci\u00f3n es como una introducci\u00f3n global que remite al contenido de la segunda secci\u00f3n, en la que aparece sintetizado lo nuclear de la doctrina espec\u00edfica del bloque en cuesti\u00f3n. Resumiendo, el esquema puede ser presentado as\u00ed:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Primera parte: La profesi\u00f3n de la fe\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">1. Primera secci\u00f3n: \u201cCreo\u201d-\u201cCreemos\u201d\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">2. Segunda secci\u00f3n: La profesi\u00f3n de la fe cristiana (El S\u00edmbolo)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Segunda parte: La celebraci\u00f3n del misterio cristiano\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">1. Primera secci\u00f3n: La econom\u00eda sacramental\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">2. Segunda secci\u00f3n: Los siete sacramentos de la Iglesia\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Tercera parte: La vida en Cristo\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">1. Primera secci\u00f3n: La vocaci\u00f3n del hombre: la vida en el Esp\u00edritu\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">2. Segunda secci\u00f3n: Los diez mandamientos\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Cuarta parte: La oraci\u00f3n cristiana\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">1. Primera secci\u00f3n: La oraci\u00f3n en la vida cristiana\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">2. Segunda secci\u00f3n: La oraci\u00f3n del Se\u00f1or: \u201cPadre Nuestro\u201d\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u00bfQu\u00e9 nos muestra este esquema? En primer lugar, una constataci\u00f3n de proporciones. La parte correspondiente a la profesi\u00f3n de la fe abarca el 39% del total; la que corresponde a los sacramentos ocupa un 23%; la parte moral tiene un 27%, y la de la oraci\u00f3n un 11%. Esto nos ofrece un dato interesante: el acento del Catecismo est\u00e1 en la Verdad de la fe, pues ella es la que gu\u00eda y dirige la vida cristiana, y es ella la que debe ser afirmada y proclamada de manera especial ante las negaciones e indiferencias del tiempo presente [10] . Pero aparece adem\u00e1s otra peculiaridad. Observando las proporciones, se aprecia que las dos primeras partes (profesi\u00f3n de fe + sacramentos) suman el 62% del total, mientras que las dos \u00faltimas hacen el 38% restante. En otras palabras, aquello que constituye el don de Dios (la revelaci\u00f3n de su misterio, que acogemos y hacemos nuestro en la profesi\u00f3n de fe, y el regalo de su gracia presente en los sacramentos) tiene siempre la primac\u00eda respecto a la respuesta (en la vida moral y en la vida de oraci\u00f3n) que el hombre puede dar. El esquema de nuestro actual Catecismo nos indica que en la vida cristiana \u2014que es vida de fe\u2014 la iniciativa es siempre de Dios, y la salvaci\u00f3n es don suyo, si bien la respuesta del hombre es indispensable, y sin dicha respuesta no se realiza la salvaci\u00f3n [11] .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El acento fuerte en la fe profesada, entendida \u00e9sta como el elemento decisivo de la vida cristiana, no es lo \u00fanico nuevo en el Catecismo. Si observamos nuevamente el esquema, y echamos una r\u00e1pida mirada a los contenidos, encontramos que la primera secci\u00f3n de la primera parte, titulada \u00abCreo-creemos\u00bb, comienza con el tema: \u00abEl hombre es \u201ccapaz\u201d de Dios\u00bb [12], que por haber sido hecho a imagen y semejanza de su Creador, se lanza a buscarlo [13]. Mientras que en el inicio de la tercera parte, la primera secci\u00f3n, que abre la presentaci\u00f3n de la moral cristiana, lleva por t\u00edtulo: \u00abLa vocaci\u00f3n del hombre: la vida en el Esp\u00edritu\u00bb y comienza con el tema: \u00abLa dignidad de la persona humana\u00bb[14] . \u00bfQu\u00e9 nos indica esto? Si tenemos en cuenta que ambas secciones (la primera secci\u00f3n de la primera parte y la primera secci\u00f3n de la tercera parte) introducen respectivamente a la exposici\u00f3n sobre el don de Dios a los hombres (la fe sintetizada en el S\u00edmbolo y la gracia vivida en los sacramentos) y la respuesta del hombre al don divino (expresada en la moral y en la oraci\u00f3n), entonces el punto de partida para la presentaci\u00f3n global del misterio cristiano est\u00e1 en el hombre. Se trata de una aproximaci\u00f3n antropol\u00f3gica, que remite desde la propia experiencia humana a la realidad de Dios, en quien el ser humano encuentra el sentido de su existencia. Hay aqu\u00ed un tema muy original del actual Catecismo, que responde as\u00ed a las inquietudes y cuestionamientos del hombre hodierno, para quien la primera experiencia es la de su propia existencia situada, en la que \u2014respondiendo adecuadamente a sus dinamismos y orientado e iluminado por la fe\u2014 puede reconocer la presencia de Dios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Las caracter\u00edsticas descritas hasta este momento son como los presupuestos de la reconciliaci\u00f3n tal como es explicitada por el Catecismo. Examinemos ahora la tem\u00e1tica reconciliadora en la primera de las cuatro partes del texto.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La historia de nuestra reconciliaci\u00f3n\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El Catecismo presenta la totalidad de la fe siguiendo un esquema hist\u00f3rico-salv\u00edfico [15] . Se trata de una presentaci\u00f3n al mismo tiempo tradicional y actual, ya empleada por los Padres de la Iglesia [16] y retomada por el magisterio del Concilio Vaticano II [17] y la teolog\u00eda contempor\u00e1nea [18] , como un modo sumamente adecuado para revitalizar la profundizaci\u00f3n de las verdades reveladas. La exposici\u00f3n renovadora de la ense\u00f1anza catequ\u00e9tica pasa por la continuidad con la Tradici\u00f3n eclesial.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Hacia el encuentro y la comuni\u00f3n\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Dios y el hombre son los protagonistas centrales de la historia. El ser humano, hecho a imagen y semejanza de Dios, no cesa de buscarlo para vivir el encuentro plenificador con su Creador. Hay aqu\u00ed una categor\u00eda fundamental: la del encuentro. Pues el hombre \u00abs\u00f3lo en Dios encontrar\u00e1&#8230; la verdad y la dicha que no cesa de buscar\u00bb [19] , y Dios \u00abno cesa de llamar a todo hombre a buscarle para que viva y encuentre la dicha\u00bb [20] . Y es que este anhelo de encuentro con Dios brota de lo m\u00e1s profundo de la persona, expresando el \u201cdeseo de Dios\u201d inscrito en el coraz\u00f3n del hombre. En esto radica lo m\u00e1s propio del ser humano: en ser una creatura cuya realidad m\u00e1s propia se define por su relaci\u00f3n con Dios. El hombre es una creatura teologal, y sus dinamismos fundamentales lo muestran como ser-orientado-a-Dios [21].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Pero la b\u00fasqueda de Dios por parte del hombre est\u00e1 llena de dificultades; diversos obst\u00e1culos pueden impedir el encuentro y la comuni\u00f3n: la rebeli\u00f3n contra el mal en el mundo, la ignorancia, el af\u00e1n de riquezas [22] . El mismo pecado del hombre se alza como una barrera que impide la cercan\u00eda con su Creador. Atendiendo a nuestra debilidad y a las dificultades que no nos permiten acercarnos debidamente a Dios, \u00c9l viene a nuestro encuentro. La Revelaci\u00f3n es precisamente esto: Dios sale al encuentro del hombre [23] y se manifiesta a \u00e9l, descubri\u00e9ndole su misterio e invit\u00e1ndolo a vivir la comuni\u00f3n de amor. La respuesta del ser humano a la Revelaci\u00f3n de Dios es la fe, por la que acoge lo que Dios manifiesta y se adhiere plenamente a \u00c9l, viviendo la comuni\u00f3n a la que ha sido invitado. Precisamente, es por la fe que podemos ofrecer \u00ab\u201c&#8230;la sumisi\u00f3n plena de nuestra inteligencia y de nuestra voluntad al Dios que revela\u201d[24] y entrar as\u00ed en comuni\u00f3n \u00edntima con \u00c9l\u00bb [25].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La Revelaci\u00f3n, conocida y aceptada por la fe, nos muestra a Dios que por amor nos ha creado y nos llama a vivir en su compa\u00f1\u00eda. Nos recuerda el Catecismo que \u00abel primer hombre fue no solamente creado bueno, sino tambi\u00e9n constituido en la amistad con su Creador y en armon\u00eda consigo mismo y con la creaci\u00f3n en torno a \u00e9l\u00bb [26] . Esta situaci\u00f3n originaria recibe el nombre de \u201cestado de justicia original\u201d, cuya caracter\u00edstica era la posesi\u00f3n de la gracia santificante y la vivencia de la comuni\u00f3n por parte del ser humano en sus relaciones fundamentales: \u00abPor la irradiaci\u00f3n de esta gracia (santificante), todas las dimensiones de la vida del hombre estaban fortalecidas. Mientras permaneciese en la intimidad divina, el hombre no deb\u00eda ni morir (cf. G\u00e9n 2,17; 3,19) ni sufrir (cf. G\u00e9n 3,16). La armon\u00eda interior de la persona humana, la armon\u00eda entre el hombre y la mujer, y, por \u00faltimo, la armon\u00eda entre la primera pareja y toda la creaci\u00f3n constitu\u00eda el estado llamado \u201cjusticia original\u201d\u00bb [27]. Creado en libertad, el hombre deb\u00eda responder libremente a la invitaci\u00f3n divina acogiendo el don de la gracia y retribuyendo con su amor y su obediencia al Plan de Dios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Desgraciadamente, el ser humano emple\u00f3 mal su libertad, y en lugar de acercarse m\u00e1s a Dios respondiendo amorosamente a su designio, se alej\u00f3 de \u00c9l y rechaz\u00f3 su amor [28] . En el inicio de su historia, el hombre pec\u00f3, y de esa manera perdi\u00f3 la privilegiada condici\u00f3n originaria en que hab\u00eda sido creado. Ante todo el pecado consiste en la desobediencia a Dios: \u00abEl hombre, tentado por el diablo, dej\u00f3 morir en su coraz\u00f3n la confianza hacia su Creador (cf. G\u00e9n 3,1-11) y, abusando de su libertad, desobedeci\u00f3 al mandamiento de Dios. En esto consisti\u00f3 el primer pecado del hombre (cf. Rom 5,19). En adelante, todo pecado ser\u00e1 una desobediencia a Dios y una falta de confianza en su bondad\u00bb [29]. Las consecuencias son dram\u00e1ticas: se produce una cu\u00e1druple ruptura, que abarca todos los niveles de su existencia: el hombre vive la ruptura con Dios, expresada en el miedo y el alejamiento [30]&#160;; vive tambi\u00e9n la ruptura consigo mismo, que se manifiesta en la rebeli\u00f3n y en los desequilibrios producidos al interior del hombre; se origina la ruptura con los otros seres humanos, la que se hace visible en las nuevas relaciones de conflicto entre el primer hombre y su mujer; y por \u00faltimo, se da la ruptura con la creaci\u00f3n: \u00abLa armon\u00eda en la que se encontraban, establecida gracias a la justicia original, queda destruida; el dominio de las facultades espirituales del alma sobre el cuerpo se quiebra (cf. G\u00e9n 3,7); la uni\u00f3n entre el hombre y la mujer es sometida a tensiones (cf. G\u00e9n 3,11-13); sus relaciones estar\u00e1n marcadas por el deseo y el dominio (cf. G\u00e9n 3,16). La armon\u00eda con la creaci\u00f3n se rompe; la creaci\u00f3n visible se hace para el hombre extra\u00f1a y hostil (cf. G\u00e9n 3,17.19)\u00bb [31] . Por el pecado entra en el mundo el mal y la muerte, y toda la humanidad cargar\u00e1 con las consecuencias del pecado de los primeros padres. La situaci\u00f3n de desgracia que rodea nuestra existencia tiene en el pecado su explicaci\u00f3n y su origen.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Reconciliados por Dios en Jesucristo\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Dios no deja al hombre abandonado a su suerte. Le ofrece la promesa de salvaci\u00f3n (G\u00e9n 3,15) que habr\u00e1 de realizarse definitivamente en la persona de Jesucristo. Y para ello Dios ir\u00e1 preparando poco a poco a la humanidad hasta que llegue el momento propicio para que pueda efectuarse la Redenci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Ahora bien, esta salvaci\u00f3n ofrecida por Dios y realizada por su Hijo, aparece como una gesta de reconciliaci\u00f3n. Con el t\u00e9rmino \u201creconciliaci\u00f3n\u201d entendemos la recuperaci\u00f3n de la amistad con Dios perdida por el pecado del hombre, y el restablecimiento del amor y la comuni\u00f3n a todos los niveles de la existencia humana. Indica la sanaci\u00f3n de las rupturas creadas por el pecado y la restauraci\u00f3n de la unidad que se hab\u00eda perdido. Es decir, entendemos esta expresi\u00f3n en su sentido propiamente soteriol\u00f3gico, tal como ha sido usada en el Antiguo [32] y en el Nuevo Testamento, especialmente por San Pablo [33].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La reconciliaci\u00f3n entra en el designio divino como obra que ha de ser realizada por la Trinidad toda. Recogiendo un texto del Directorio Catequ\u00edstico General del a\u00f1o 1971, se\u00f1ala el Catecismo que \u00ab\u201ctoda la historia de la salvaci\u00f3n no es otra cosa que la historia del camino y los medios por los cuales el Dios verdadero y \u00fanico, Padre, Hijo y Esp\u00edritu Santo, se revela, reconcilia consigo a los hombres, apartados por el pecado y se une con ellos\u201d[34]&#160;\u00bb [35] . Ante todo, se pone de relieve que la historia de la salvaci\u00f3n es sin\u00f3nima de la \u201chistoria de reconciliaci\u00f3n\u201d, entendi\u00e9ndose por ello la \u201cgesta\u201d por la que Dios Uno y Trino rehace lo que el pecado de los hombres hab\u00eda roto y ofrece al ser humano su Amor, esperando la libre aceptaci\u00f3n de su creatura. Hay una particular insistencia en esta perspectiva que, por otra parte, tambi\u00e9n el Papa Juan Pablo II hab\u00eda indicado: \u00abLa historia de la salvaci\u00f3n \u2014tanto la de la humanidad entera como la de cada hombre de cualquier \u00e9poca\u2014 es la historia admirable de la reconciliaci\u00f3n: aquella por la que Dios, que es Padre, reconcilia al mundo consigo en la Sangre y en la Cruz de su Hijo hecho hombre, engendrando de este modo una nueva familia de reconciliados\u00bb [36]].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En la obra de la reconciliaci\u00f3n intervienen las tres Personas divinas: en primer lugar, es Dios Padre quien establece en su divino Plan la recuperaci\u00f3n de la comuni\u00f3n perdida mediante la acci\u00f3n de su hijo Jesucristo. La teolog\u00eda paulina es enf\u00e1tica al se\u00f1alar que es el Padre quien ha querido nuestra reconciliaci\u00f3n y la realiza en Jesucristo. Recogiendo esta aproximaci\u00f3n, el Catecismo subraya: \u00abCuando San Pablo dice de Jes\u00fas que \u201cDios lo exhibi\u00f3 como instrumento de propiciaci\u00f3n por su propia sangre\u201d (Rom 3,25), significa que en su humanidad \u201cestaba Dios reconciliando al mundo consigo\u201d (2Cor 5,19)\u00bb[37]. Efectivamente, en pasajes como Rom 5,10-11 y sobre todo en 2 Cor 5,18-20, el sujeto de la acci\u00f3n reconciliadora es siempre Dios Padre [38], lo que indica el hecho de que nuestra reconciliaci\u00f3n es don gratuito del amor paterno, ofrecido a la humanidad en la persona de Jes\u00fas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Hist\u00f3ricamente, es el Se\u00f1or Jes\u00fas, el Hijo de Dios hecho hombre, quien realiza la reconciliaci\u00f3n, cumpliendo de esta forma el Plan del Padre. El Catecismo va se\u00f1alando los momentos \u201cfuertes\u201d en los que se concretiza la reconciliaci\u00f3n obrada por el Hijo. En primer lugar, la Encarnaci\u00f3n. Al mencionar los motivos por los cuales el Verbo de Dios se hizo hombre, resulta muy sugerente la perspectiva indicada por el Catecismo cuando vincula la Encarnaci\u00f3n con la reconciliaci\u00f3n: \u00abEl Verbo se encarn\u00f3 para salvarnos reconcili\u00e1ndonos con Dios: \u201cDios nos am\u00f3 y nos envi\u00f3 a su Hijo como propiciaci\u00f3n por nuestros pecados\u201d (1Jn 4,10). \u201cEl Padre envi\u00f3 a su Hijo para ser Salvador del mundo\u201d (1Jn 4,14). \u201c\u00c9l se manifest\u00f3 para quitar los pecados\u201d (1Jn 3,5)\u00bb[39]. Aparece una l\u00ednea de continuidad con lo indicado en el n. 234, cuando se habla de salvaci\u00f3n como reconciliaci\u00f3n, realiz\u00e1ndose \u00e9sta en la historia. Pero tambi\u00e9n hay otro elemento muy importante: \u00abEl Verbo se encarn\u00f3 para ser nuestro modelo de santidad: \u201cTomad sobre vosotros mi yugo y aprended de m\u00ed&#8230;\u201d (Mt 11,29). \u201cYo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por m\u00ed\u201d (Jn 14,6). Y el Padre, en el monte de la Transfiguraci\u00f3n, ordena: \u201cEscuchadle\u201d (Mc 9,7; cf. Dt 6,4-5). \u00c9l es, en efecto, el modelo de las bienaventuranzas y la norma de la ley nueva&#8230;\u00bb [40].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u00bfQu\u00e9 significan estos dos elementos? Al se\u00f1alar por una parte, que la Encarnaci\u00f3n apunta a la reconciliaci\u00f3n, el Catecismo destaca cu\u00e1l es la finalidad objetiva e hist\u00f3rica de la venida del Verbo de Dios a nuestro mundo. La Encarnaci\u00f3n puede ser as\u00ed considerada como el inicio de la reconciliaci\u00f3n, o como una primera reconciliaci\u00f3n, seg\u00fan las ense\u00f1anzas de la Tradici\u00f3n[41]. Por otra parte, cuando ense\u00f1a que el Verbo vino para ser nuestro modelo de santidad, indica que la realizaci\u00f3n humana perfecta \u2014que es concreci\u00f3n personalizada de la obra reconciliadora del Se\u00f1or\u2014 s\u00f3lo se da en la conformaci\u00f3n plena con el modelo supremo de santidad, que es Jesucristo mismo[42], y de esta manera hace patente que s\u00f3lo en Jes\u00fas el hombre puede encontrar la respuesta a su propio misterio, y el camino para su felicidad. En el fondo, encontramos aqu\u00ed la misma convicci\u00f3n que proclama el Concilio Vaticano II cuando afirma que, \u00aben realidad, el misterio del hombre s\u00f3lo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado&#8230; Cristo, el Nuevo Ad\u00e1n, en la misma revelaci\u00f3n del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocaci\u00f3n\u00bb[43].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Es importante se\u00f1alar el papel de Santa Mar\u00eda en la obra reconciliadora de Jes\u00fas. En efecto, mediante su fe y su obediencia, ella ha cooperado de manera singular en nuestra reconciliaci\u00f3n. Recogiendo testimonios del Magisterio y de la Tradici\u00f3n, el Catecismo nos dice: \u00abLa Virgen Mar\u00eda \u201ccolabor\u00f3 por su fe y obediencia libres a la salvaci\u00f3n de los hombres\u201d[44]. Ella pronunci\u00f3 su \u201cfiat\u201d \u201cloco totius humanae naturae\u201d (\u201cocupando el lugar de toda la naturaleza humana\u201d)[45]&#160;: Por su obediencia, ella se convirti\u00f3 en la nueva Eva, madre de los vivientes\u00bb[46]. Mar\u00eda coopera activamente en la obra reconciliadora, respondiendo desde su libertad a la misi\u00f3n que Dios le propone. Madre de Jes\u00fas, es tambi\u00e9n Madre nuestra y nos ayuda a vivir la reconciliaci\u00f3n obrada por el Hijo. En ese sentido, la Tradici\u00f3n ha visto en ella a la Madre que nos trae la Reconciliaci\u00f3n (= Jesucristo) y ella misma medio de reconciliaci\u00f3n[47].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La reconciliaci\u00f3n encuentra su momento culminante en la Pasi\u00f3n, Muerte y Resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or Jes\u00fas. Recordando que es el Padre quien ha entregado al Hijo para que fu\u00e9ramos as\u00ed reconciliados por su muerte[48], el Catecismo explica en qu\u00e9 consiste la acci\u00f3n de Jes\u00fas: \u00abLa muerte de Cristo es a la vez el sacrificio pascual que lleva a cabo la redenci\u00f3n definitiva de los hombres (cf. 1Cor 5,7; Jn 8,34-36) por medio del \u201ccordero que quita el pecado del mundo\u201d (Jn 1,29; cf. 1Pe 1,19) y el sacrificio de la Nueva Alianza (cf. 1Cor 11,25) que devuelve al hombre a la comuni\u00f3n con Dios (cf. \u00c9x 24,8) reconcili\u00e1ndole con \u00c9l por \u201cla sangre derramada por muchos para remisi\u00f3n de los pecados\u201d (Mt 26,28; cf. Lv 16,15-16)\u00bb[49]. Este sacrificio reconciliador que es la muerte de Jesucristo nos muestra cu\u00e1nto nos ama Dios Padre, que por salvarnos \u2014dir\u00e1 San Pablo\u2014 no perdon\u00f3 a su propio Hijo, sino que lo entreg\u00f3 por nosotros; nos muestra tambi\u00e9n cu\u00e1nto nos ama el Hijo, que ha dado su vida por nosotros: \u00abEste sacrificio de Cristo es \u00fanico&#8230; Ante todo es un don del mismo Dios Padre: es el Padre quien entrega al Hijo para reconciliarnos con \u00c9l (cf. Jn 4,10). Al mismo tiempo es ofrenda del Hijo de Dios hecho hombre que, libremente y por amor (cf. Jn 15,13), ofrece su vida&#8230;\u00bb[50[. Se pueden percibir aqu\u00ed ecos de la tradici\u00f3n patr\u00edstica que subraya el papel reconciliador de la cruz de Jes\u00fas, expresi\u00f3n magn\u00edfica de su obediencia[51], as\u00ed como signo de victoria y causa de nuestra alegr\u00eda [52] .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Mediante su Pasi\u00f3n, Muerte y Resurrecci\u00f3n el Se\u00f1or Jes\u00fas nos da el don de la reconciliaci\u00f3n. Gracias a \u00c9l, las rupturas producidas por el pecado son sanadas y podemos acercarnos nuevamente a Dios Padre, hechos hijos en el Hijo, viviendo al mismo tiempo en unidad con nosotros mismos, con nuestros hermanos humanos y con la creaci\u00f3n toda. Pero la actualizaci\u00f3n del don reconciliador dado por el Padre en Jesucristo es obra del Esp\u00edritu Santo. Si el Esp\u00edritu es el Amor que une y vincula, entonces su funci\u00f3n es hacer patente la comuni\u00f3n obtenida por la reconciliaci\u00f3n. Esto es especialmente visible en Pentecost\u00e9s. A la din\u00e1mica de ruptura y de separaci\u00f3n creada por el pecado, se contrapone la din\u00e1mica de unidad y de cercan\u00eda creada por el Par\u00e1clito en este momento decisivo: \u00abSeg\u00fan estas promesas, en los \u201c\u00faltimos tiempos\u201d, el Esp\u00edritu del Se\u00f1or renovar\u00e1 el coraz\u00f3n de los hombres grabando en ellos una Ley nueva; reunir\u00e1 y reconciliar\u00e1 a los pueblos dispersos y divididos; transformar\u00e1 la primera creaci\u00f3n y Dios habitar\u00e1 en ella con los hombres en la paz\u00bb[53].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El \u00e1mbito privilegiado en el cual se vive la comuni\u00f3n de amor, fruto de la reconciliaci\u00f3n que el Esp\u00edritu actualiza, es la Iglesia. En efecto, en la Iglesia se concretiza la reconciliaci\u00f3n obrada por el Hijo y hecha extensiva a todos los hombres por la acci\u00f3n del Esp\u00edritu. Gracias a \u00c9l, todos los seres humanos pueden participar de la comuni\u00f3n con Dios Uno y Trino, as\u00ed como tambi\u00e9n vivir la comuni\u00f3n interpersonal. Y esto es especialmente visible en la Eucarist\u00eda, en cuya realizaci\u00f3n hay una intervenci\u00f3n muy especial del Esp\u00edritu. El Catecismo dice al respecto: \u00abEl Esp\u00edritu Santo prepara a los hombres, los previene por su gracia, para atraerlos hacia Cristo. Les manifiesta al Se\u00f1or resucitado, les recuerda su palabra y abre su mente para entender su Muerte y su Resurrecci\u00f3n. Les hace presente el Misterio de Cristo, sobre todo en la Eucarist\u00eda para reconciliarlos, para conducirlos a la Comuni\u00f3n con Dios, para que den \u201cmucho fruto\u201d (Jn 15,5.8.16)\u00bb[54].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Reconciliaci\u00f3n en la Iglesia y por la Iglesia\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Lo anterior nos ofrece la ocasi\u00f3n para conectar con la ense\u00f1anza del Catecismo sobre la Iglesia en relaci\u00f3n con la reconciliaci\u00f3n. Recogiendo los ricos acentos del magisterio del Concilio Vaticano II, se pone de relieve que la Iglesia participa de la misi\u00f3n reconciliadora de su Fundador, el Se\u00f1or Jes\u00fas. En cierto sentido, se puede decir que le es inherente una din\u00e1mica reconciliativa, tanto ad intra (en su propia existencia comunitaria) como ad extra (en el cumplimiento de la tarea evangelizadora), pues la Iglesia refleja a Jes\u00fas reconciliador, siendo su Cuerpo m\u00edstico, y al Esp\u00edritu Santo que plasma la reconciliaci\u00f3n hist\u00f3rica en el hoy de la vida cristiana. En otras palabras, se trata de la Iglesia que es al mismo tiempo reconciliadora y reconciliada[55].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La impronta reconciliativa de la Iglesia se deja ver especialmente en las notas que la caracterizan. Cuando se dice de la Iglesia que es una, se hace referencia al hecho de que Jes\u00fas, por su sacrificio, unific\u00f3 a todos los hombres. Inspir\u00e1ndose en San Pablo, se describe la reconciliaci\u00f3n del Se\u00f1or mediante su muerte, que re\u00fane a todos los pueblos enemistados por los pecados y conformando un nuevo pueblo obtenido por su sangre: \u00abLa Iglesia es una debido a su Fundador: \u201cPues el mismo Hijo encarnado, Pr\u00edncipe de la paz, por su cruz reconcili\u00f3 a todos los hombres con Dios&#8230; restituyendo la unidad de todos en un solo pueblo y en un solo cuerpo\u201d [56]\u00bb [57]. Y como una exigencia peculiar de esta caracter\u00edstica eclesial, est\u00e1 la b\u00fasqueda sincera de unidad con los hermanos separados. B\u00fasqueda que, por lo dem\u00e1s, debe partir del hecho de que esta tarea excede las solas capacidades humanas y no puede ser hecha sin la gracia de Dios y el recurso constante a la oraci\u00f3n[58].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La catolicidad de la Iglesia es entendida tambi\u00e9n en perspectiva de reconciliaci\u00f3n. Es significativo que lo cat\u00f3lico sea comprendido a partir de la totalidad, en cuanto que en la Iglesia, por ser \u201ccat\u00f3lica\u201d est\u00e9 la plenitud (= totalidad) de Jesucristo, su Persona misma, su Verdad y su Gracia; en la Iglesia encontramos la plenitud de los medios de salvaci\u00f3n que hacen presente y operante la reconciliaci\u00f3n de Jesucristo[59]. Consecuencia de esto es la vocaci\u00f3n a estar presente en todo el mundo y de alcanzar a todos los hombres para que vivan la uni\u00f3n con el Se\u00f1or Jes\u00fas. As\u00ed, la \u201cuniversalidad\u201d se sigue de la \u201ctotalidad\u201d y ambos aspectos conforman lo cat\u00f3lico. Puesto en otros t\u00e9rminos, la catolicidad implica la recuperaci\u00f3n de la unidad a la que Dios invita a todos los hombres, para que de esta forma participen de la salvaci\u00f3n de Jes\u00fas: \u00abEl Padre quiso convocar a toda la humanidad en la Iglesia de su Hijo para reunir de nuevo a todos sus hijos que el pecado hab\u00eda dispersado y extraviado. La Iglesia es el lugar donde la humanidad debe volver a encontrar su unidad y su salvaci\u00f3n. Ella es el \u201cmundo reconciliado\u201d [60]&#160;\u00bb [61].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Finalmente, la misi\u00f3n de la Iglesia tambi\u00e9n se halla signada por la reconciliaci\u00f3n. Pues el Se\u00f1or Jes\u00fas encarg\u00f3 a sus ap\u00f3stoles llevar a los hombres la \u00abpalabra de la reconciliaci\u00f3n\u00bb, como bien nos lo recuerda San Pablo. El Catecismo dice al respecto: \u00abCristo, despu\u00e9s de su Resurrecci\u00f3n, envi\u00f3 a sus ap\u00f3stoles a predicar \u201cen su nombre la conversi\u00f3n para perd\u00f3n de los pecados a todas las naciones\u201d (Lc 24,47). Este \u201cministerio de la reconciliaci\u00f3n\u201d (2Cor 5,18), no lo cumplieron los ap\u00f3stoles y sus sucesores anunciando solamente a los hombres el perd\u00f3n de Dios merecido para nosotros por Cristo y llam\u00e1ndoles a la conversi\u00f3n y a la fe, sino comunic\u00e1ndoles tambi\u00e9n la remisi\u00f3n de los pecados por el Bautismo y reconcili\u00e1ndolos con Dios y con la Iglesia gracias al poder de las llaves recibido de Cristo\u00bb [62]. La Iglesia no s\u00f3lo comunica un don permaneciendo ella ajena a este proceso. A trav\u00e9s del Bautismo concretiza sacramentalmente la reconciliaci\u00f3n que Jes\u00fas ha obtenido para cada hombre. Ella (la Iglesia) es el gran sacramento de reconciliaci\u00f3n presente en medio de la humanidad[63], ya que es el Cuerpo m\u00edstico de Cristo. Por eso, todo pecado no s\u00f3lo es una ruptura de la comuni\u00f3n con Dios y con los hermanos; tiene tambi\u00e9n una repercusi\u00f3n eclesiol\u00f3gica, ya que da\u00f1a la comuni\u00f3n al interior del Cuerpo m\u00edstico. De all\u00ed que la reconciliaci\u00f3n ofrecida sacramentalmente no s\u00f3lo lleve a la recuperaci\u00f3n de la amistad con Dios; puesto que se da una reconciliaci\u00f3n con la Iglesia, tambi\u00e9n se produce una reafirmaci\u00f3n de la comuni\u00f3n con ella[64].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La historia de la salvaci\u00f3n apunta a la consecuci\u00f3n de la Comuni\u00f3n Definitiva. Al final, llegado el momento del Encuentro con el Se\u00f1or, establecido el Reino de Dios de manera definitiva, podremos vivir en plenitud todas las dimensiones de la reconciliaci\u00f3n. Habr\u00e1 Comuni\u00f3n plena con Dios Uno y Trino, pues \u00c9l tendr\u00e1 su morada entre los hombres y todos participar\u00e1n de su Amor[65]; el ser humano vivir\u00e1 la plenitud en s\u00ed mismo, pues resucitado y hecho part\u00edcipe de la gloria reinar\u00e1 con Jesucristo para siempre, amando y siendo amado[66]; la comuni\u00f3n definitiva de los hombres entre s\u00ed, vinculados por el amor a Dios y el amor mutuo, realizar\u00e1 la unidad del g\u00e9nero humano querida por Dios[67]; y, por \u00faltimo, la creaci\u00f3n entera ser\u00e1 renovada y glorificada, participando de la gloria querida por Dios para toda su obra[68]. La historia de la reconciliaci\u00f3n encontrar\u00e1 su culminaci\u00f3n en este momento, cumpli\u00e9ndose as\u00ed el Plan de Dios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Con la categor\u00eda teol\u00f3gica \u201creconciliaci\u00f3n\u201d encontramos, pues, una clave de desarrollo hist\u00f3rico-salv\u00edfico y de exposici\u00f3n catequ\u00e9tica muy adecuada para presentar nuestra fe. Hoy, a las puertas del inicio del tercer milenio de la Encarnaci\u00f3n, el Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica nos propone no s\u00f3lo ense\u00f1ar la reconciliaci\u00f3n, sino tambi\u00e9n hacerla vida en nuestras relaciones con Dios, con nosotros mismos, con nuestros hermanos y con todo lo creado. Ante el desaf\u00edo de la Nueva Evangelizaci\u00f3n, el anuncio del Se\u00f1or Jes\u00fas, Reconciliador de los hombres, ha de ser el coraz\u00f3n de toda proclamaci\u00f3n hecha por la Iglesia, que siguiendo a San Pablo, contin\u00faa exhortando: \u00abEn nombre de Cristo os suplicamos: \u00a1reconciliaos con Dios!\u00bb (2 Cor 5,20).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Gustavo S\u00e1nchez Rojas\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Gustavo S\u00e1nchez Rojas[1]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><b>NOTAS<\/b>:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">1.  Gustavo S\u00e1nchez Rojas, peruano, es profesor en la Facultad de Teolog\u00eda Pontificia y Civil de Lima y en la Universidad Marcelino Champagnat. Es miembro del Consejo Editorial de la revista \u00abVE\u00bb. Entre sus obras se puede mencionar Jesucristo Reconciliador. La reconciliaci\u00f3n por Jesucristo en La Ciudad de Dios de San Agust\u00edn.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">2.  Ver Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, 10.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">3. \u00abEl ministerio de la catequesis saca energ\u00edas siempre nuevas de los concilios. El Concilio de Trento constituye a este respecto un ejemplo digno de ser destacado: dio a la catequesis una prioridad en sus constituciones y sus decretos&#8230;\u00bb (Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, 9).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">4.  El Papa Juan Pablo II destaca la importancia renovante del Catecismo: \u00abTras la renovaci\u00f3n de la Liturgia y el nuevo C\u00f3digo de Derecho Can\u00f3nico de la Iglesia latina y de los C\u00e1nones de las Iglesias orientales cat\u00f3licas, este Catecismo es una contribuci\u00f3n important\u00edsima a la obra de renovaci\u00f3n de la vida eclesial, deseada y promovida por el Concilio Vaticano II\u00bb (Constituci\u00f3n apost\u00f3lica Fidei depositum, 11\/10\/1992, 1). M\u00e1s adelante, hablando del valor doctrinal de esta obra, dice: \u00abLo reconozco como un instrumento v\u00e1lido y autorizado al servicio de la comuni\u00f3n eclesial y como norma segura para la ense\u00f1anza de la fe. Dios quiera que sirva para la renovaci\u00f3n a la que el Esp\u00edritu Santo llama sin cesar a la Iglesia, Cuerpo de Cristo, en peregrinaci\u00f3n hacia la luz sin sombra del Reino\u00bb (all\u00ed mismo, 4).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">5.  \u00abEs deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de la \u00e9poca e interpretarlos a la luz del Evangelio, de forma que, acomod\u00e1ndose a cada generaci\u00f3n, pueda la Iglesia responder a los perennes interrogantes de la humanidad sobre el sentido de la vida presente y de la vida futura y sobre la mutua relaci\u00f3n de ambas\u00bb (Gaudium et spes, 4).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">6.  Juan Pablo II, La Eucarist\u00eda, fuente de reconciliaci\u00f3n, T\u00e9ramo, 30\/6\/1985, 6.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">7.  \u00abPoni\u00e9ndome a la escucha del grito del hombre y viendo c\u00f3mo manifiesta en las circunstancias de la vida una nostalgia de unidad con Dios, consigo mismo y con el pr\u00f3jimo, he pensado, por gracia e inspiraci\u00f3n del Se\u00f1or, proponer con fuerza ese don original de la Iglesia que es la reconciliaci\u00f3n\u00bb. (lug. cit.). Anteriormente, se\u00f1alando la presencia constante de este tema en el magisterio de los Papas, el mismo Juan Pablo II afirmaba: \u00abMis Predecesores no han cesado de predicar la reconciliaci\u00f3n, de invitar hacia ella a la humanidad entera&#8230; Y yo mismo, por un impulso interior que \u2014estoy seguro\u2014 obedec\u00eda a la vez a la inspiraci\u00f3n de lo alto y a las llamadas de la humanidad, he querido \u2014en dos modos diversos, pero ambos solemnes y exigentes\u2014 someter a serio examen el tema de la reconciliaci\u00f3n\u00bb (Reconciliatio et paenitentia, 4).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">8.  Reconciliatio et paenitentia, 7.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">9.  All\u00ed mismo, 26. En este mismo n\u00famero el Santo Padre menciona cu\u00e1les son los temas que debe incluir una catequesis sobre la reconciliaci\u00f3n: la penitencia, la conciencia y su formaci\u00f3n, el sentido del pecado, la tentaci\u00f3n, el ayuno, la limosna, la cu\u00e1druple reconciliaci\u00f3n (con Dios, consigo mismo, con los dem\u00e1s y con la creaci\u00f3n), los nov\u00edsimos y la ense\u00f1anza social de la Iglesia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">10.  La comparaci\u00f3n con el Catecismo de Trento es interesante. En el caso de este texto, la proporci\u00f3n es la siguiente: 22% para el Credo; 37% para los sacramentos; 21% para los mandamientos; y 20% para el Padre Nuestro. El peso fuerte est\u00e1 en la parte de los sacramentos, lo cual es comprensible por el contexto de la pol\u00e9mica con el protestantismo, que rechazaba acremente el corpus sacramental propuesto por la Iglesia. Ver Mons. Christoph Sch\u00f6nborn, Algunas observaciones sobre los criterios de redacci\u00f3n del Catecismo, en \u00abL\u2019OR\u00bb 1993, n. 4 (1256), p. 10 (46).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">11.  El punto de partida para esta constataci\u00f3n est\u00e1 en la comparaci\u00f3n del Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica con el Catecismo Tridentino hecha por Mons. Sch\u00f6nborn en el art\u00edculo citado en la nota anterior. Se\u00f1ala all\u00ed: \u00abEn la exposici\u00f3n catequ\u00e9tica de la fe, cualesquiera que sean el m\u00e9todo y la articulaci\u00f3n de los contenidos, el primado pertenece a Dios y a sus obras. Lo que el hombre haga, ser\u00e1 siempre la respuesta a la obra de Dios\u00bb (lug. cit.).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">12.  Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, 27ss.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">13.  \u00abDe m\u00faltiples maneras, en su historia, y hasta el d\u00eda de hoy, los hombres han expresado su b\u00fasqueda de Dios por medio de sus creencias y sus comportamientos religiosos&#8230;\u00bb (Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, 28). La idea se repite continuamente en el primer cap\u00edtulo; por ejemplo: \u00ab\u201cSe alegra el coraz\u00f3n de los que buscan a Dios\u201d (Sal 105,3)&#8230; Pero esta b\u00fasqueda exige del hombre todo el esfuerzo de su inteligencia&#8230;\u00bb (n. 30); \u00abCreado a imagen de Dios, llamado a conocer y amar a Dios, el hombre que busca a Dios descubre ciertas \u201cv\u00edas\u201d&#8230;\u00bb (n. 31). Los subrayados son nuestros.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">14.  Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, 1700ss.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">15. \u00ab\u00bfHay un \u201chilo rojo\u201d que enhebre todo el Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica? Ciertamente, no se busc\u00f3 de manera expl\u00edcita. Pero, de seguro, el tema de la econom\u00eda divina atraviesa las cuatro partes como un \u201cleitmotiv\u201d\u00bb (Mons. Christoph Sch\u00f6nborn, ob. cit., p. 10).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">16.  Ver San Ireneo de Ly\u00f3n, Demostraci\u00f3n de la predicaci\u00f3n apost\u00f3lica, nn. 4-41; San Jer\u00f3nimo, que habla de siete \u201cedades\u201d de la historia, Exposici\u00f3n sobre el Apocalipsis, primera visi\u00f3n: PL 17, 771ss; San Gregorio de Nacianzo, Discurso 41, cc. 2-4: PG 36, 429-436; San Agust\u00edn: \u00abEl fundamento para seguir esta religi\u00f3n (cristiana) es la historia y la profec\u00eda, donde se descubre la dispensaci\u00f3n temporal de la divina providencia en favor del g\u00e9nero humano para reformarlo y restablecerlo en la posesi\u00f3n de la vida eterna\u00bb (Sobre la verdadera religi\u00f3n, 7,13: PL 34, 128). En un plano eminentemente catequ\u00e9tico, ver Sobre la catequesis a los principiantes, 18,29ss: PL 40, 332ss.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">17.  Ver sobre todo los inicios de las Constituciones conciliares: Lumen gentium, 2-4; Dei Verbum, 2-4; y el decreto Optatam totius, 16, donde despu\u00e9s de exponer el m\u00e9todo teol\u00f3gico gen\u00e9tico-evolutivo se indica: \u00abLas restantes disciplinas teol\u00f3gicas deben ser igualmente renovadas por medio de un contacto m\u00e1s vivo con el misterio de Cristo y la historia de la salvaci\u00f3n\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">18.  S\u00f3lo dos ejemplos de nuestro tiempo: la enciclopedia Mysterium salutis subtitulada: Manual de teolog\u00eda como historia de la salvaci\u00f3n, publicada en el \u00e1mbito teol\u00f3gico de habla alemana, y la colecci\u00f3n Historia salutis, publicada por la Biblioteca de Autores Cristianos (BAC), en el \u00e1mbito teol\u00f3gico de habla hispana.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">19.  Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, 27.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">20.  Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, 30. Incluye este n\u00famero una cita de las Confesiones de San Agust\u00edn, donde se insiste nuevamente en este aspecto: \u00abA pesar de todo, el hombre, peque\u00f1a parte de tu creaci\u00f3n, quiere alabarte. T\u00fa mismo le incitas a ello haciendo que encuentre sus delicias en tu alabanza, porque nos has hecho para ti, y nuestro coraz\u00f3n est\u00e1 inquieto mientras no descansa en ti\u00bb (San Agust\u00edn, Confesiones, I,1,1).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">21.  Lo dice el Catecismo en su n. 44: \u00abEl hombre es por naturaleza y por vocaci\u00f3n un ser religioso. Viniendo de Dios y yendo hacia Dios, el hombre no vive una vida plenamente humana si no vive libremente su v\u00ednculo con Dios\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">22.  Ver Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, 29.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">23.  \u00c9ste es precisamente el t\u00edtulo del cap\u00edtulo segundo: \u00abDios al encuentro del hombre\u00bb. Las numerosas referencias a los primeros n\u00fameros de la Constituci\u00f3n sobre la Divina Revelaci\u00f3n Dei Verbum refuerzan esta idea.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">24.  Concilio Vaticano I: DS, 3008.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">25.  Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, 154.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">26.  Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, 374.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">27.  Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, 376.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">28.  \u00abS\u00f3lo en el conocimiento del designio de Dios sobre el hombre se comprende que el pecado es un abuso de la libertad que Dios da a las personas creadas para que puedan amarle y amarse mutuamente\u00bb (Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, 387).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">29.  Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, 397.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">30.  \u00abLa Escritura muestra las consecuencias dram\u00e1ticas de esta primera desobediencia. Ad\u00e1n y Eva&#8230; tienen miedo del Dios (cf. G\u00e9n 3,9-10) de quien han concebido una falsa imagen, la de un Dios celoso de sus prerrogativas (cf. G\u00e9n 3,5)\u00bb (Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, 399).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">31.  Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, 400. Por lo dem\u00e1s, el tema de las cuatro rupturas lo encontramos presente ya en la Constituci\u00f3n Gaudium et spes, 13a (citada en el n. 401 del Catecismo), as\u00ed como tambi\u00e9n en la exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica Reconciliatio et paenitentia, 26.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">32.  En la versi\u00f3n griega del Antiguo Testamento conocida como Septuaginta, las palabras \u03ba\u03b1\u03c4\u03b1\u03bb\u03bb\u03b1\u03b3\u03b7\/, \u03ba\u03b1\u03c4\u03b1\u03bb\u03bb\/\u03b1\/\u03c3\u03c3\u03c9 indican la idea de reconciliaci\u00f3n como obra de Dios en favor de los hombres: 2Mac 1,5; 5,20; 7,33. Mientras que \u03b4\u03b9\u03b1\u03bb\u03bb\u03b1\u03b3\u03b7\/, \u03b4\u03b9\u03b1\u03bb\u03bb\u03b1\/\u03c3\u03c3\u03c9 indican la recuperaci\u00f3n de la amistad y unidad: Eclo 22,22; 27,21; o cambiar una situaci\u00f3n: 2Mac 6,27; Sab 19,18, o tambi\u00e9n recuperar el favor de alguien, hacerse grato: 1Sam (expiar,\uf02029,4. Por \u00faltimo, los t\u00e9rminos \u03b9\u03bb\u03b1\/\u03c3\u03ba\u03bf\u03bc\u03b1\u03b9 aplacar), \u03b9\u03bb\u03b1\u03c3\u03bc\u03bf\/\u03c6 (expiaci\u00f3n) portan un rico contenido reconciliador.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">33.  El Ap\u00f3stol de los Gentiles es quien trata de manera preferente el tema de la reconciliaci\u00f3n, empleando para ello las expresiones \u03ba\u03b1\u03c4\u03b1\u03bb\u03bb\u03b1\/\u03c3\u03c3\u03c9, \u03ba\u03b1\u03c4\u03b1\u03bb\u03bb\u03b1\u03b3\u03b7\/, como en Rom 5,10-11; 11,15; 1Cor 7,11; 2Cor 5,18.19.20, y \u03b1\u2260\u03c0\u03bf\u03ba\u03b1\u03c4\u03b1\u03bb\u03bb\u03b1\/\u03c3\u03c3\u03c9, como en Ef 2,14-16 y Col 1,20.21.22. Pero tambi\u00e9n se habla de la reconciliaci\u00f3n en Mt 5,23-24 y en Hch 7,26, aunque all\u00ed se usan otras expresiones.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">34.  Congregaci\u00f3n para el Clero, Directorio Catequ\u00edstico General, 11\/4\/1971, 47.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">35.  Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, 234.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">36.  Reconciliatio et paenitentia, 4.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">37.  Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, 433.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">38.  Rom 5,10-11: \u00abSi cuando \u00e9ramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, \u00a1con cu\u00e1nta m\u00e1s raz\u00f3n, estando ya reconciliados, seremos salvos por su vida! Y no solamente eso, sino que tambi\u00e9n nos gloriamos en Dios, por nuestro Se\u00f1or Jesucristo, por quien hemos obtenido ahora la reconciliaci\u00f3n\u00bb; 2Cor 5,18-20: \u00abY todo proviene de Dios, que nos reconcili\u00f3 consigo por Cristo y nos confi\u00f3 el ministerio de la reconciliaci\u00f3n. Porque en Cristo estaba Dios reconciliando al mundo consigo, no tomando en cuenta las transgresiones de los hombres, sino poniendo en nosotros la palabra de la reconciliaci\u00f3n. Somos, pues, embajadores de Cristo, como si Dios exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os suplicamos: \u00a1reconciliaos con Dios!\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">39.  Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, 457. El subrayado es propio del texto original.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">40.  Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, 459. El subrayado es propio del texto original.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">41.  San Le\u00f3n Magno: \u00abQueriendo reconciliar la naturaleza humana con su Creador, el Hijo de Dios mismo se reviste de ella\u00bb (Serm\u00f3n 1 en la Natividad del Se\u00f1or: PL 54, 191); San Ireneo de Ly\u00f3n: \u00abEs reconciliado aquello que una vez estuvo en enemistad. Si el Se\u00f1or hubiera tomado carne de otra sustancia, no habr\u00eda sido reconciliado con Dios aquello que por la transgresi\u00f3n fue hecho enemigo. Ahora, en cambio, por la participaci\u00f3n de la misma carne, el Se\u00f1or reconcili\u00f3 al hombre con Dios Padre: reconcili\u00e1ndonos consigo por su cuerpo de carne&#8230;\u00bb (Adversus haereses, V,14,2: PG 7 bis, 1162); San Agust\u00edn: \u00abEl que es Dios sobre todas las cosas, Hijo igual al Padre, se hizo hombre para que, siendo Hombre-Dios, fuese mediador entre los hombres y Dios y as\u00ed reconciliase a los alejados, llamase a los enemigos y acompa\u00f1e a los peregrinos. Para esto se hizo hombre\u00bb (Explicaci\u00f3n sobre el Salmo 100, 3: PL 37, 1285).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">42.  \u00abLa completa dignidad del ser humano s\u00f3lo se realiza, se manifiesta en el encuentro y conformaci\u00f3n con quien es el Hagionormo, Aquel que es la plenitud de lo humano y comuni\u00f3n plena en lo divino, el Se\u00f1or Jes\u00fas, Dios y hombre perfectos\u00bb (LFF, La dignidad del hombre y los derechos humanos, Fondo Editorial, Lima 1991, p. 39).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">43.  Gaudium et spes, 22.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">44.  Lumen gentium, 56.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">45.  S.T., III, q. 30, a. 1.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">46.  Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, 511.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">47.  San Andr\u00e9s de Creta: \u00abMar\u00eda&#8230; divino instrumento de reconciliaci\u00f3n con los hombres\u00bb (Serm\u00f3n V sobre la Anunciaci\u00f3n: PG 97, 895-896); \u00ab&#8230;el Salvador nos ha reconciliado con Dios Padre por ti\u00bb (Serm\u00f3n XIV sobre la Dormici\u00f3n de Mar\u00eda, III: PG 97, 1095-1096). San Juan Damasceno: \u00abPor ella (Mar\u00eda) nuestras hostilidades seculares con el Creador han llegado a su fin, por ella se ha proclamado nuestra reconciliaci\u00f3n\u00bb (PG 96, 744-745). San Anselmo de Canterbury: \u00ab&#8230;sus entra\u00f1as han tra\u00eddo la reconciliaci\u00f3n al mundo\u00bb (PL 158, 950); \u00abT\u00fa has dado a luz un reconciliador para el mundo&#8230; No hay otra reconciliaci\u00f3n m\u00e1s que la que has concebido castamente\u00bb (Oraci\u00f3n a Mar\u00eda para impetrar su amor y el de Cristo: PL 158, 954 y 956-957).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">48.  Ver Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, 603.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">49.  Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, 613.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">50.  Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, 614.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">51.  San Ireneo de Ly\u00f3n: \u00abDeshaciendo, pues, aquella desobediencia del hombre, que desde un inicio se hab\u00eda hecho en el \u00e1rbol, se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz&#8230; Ofendimos a Dios en el primer Ad\u00e1n no cumpliendo su precepto; pero somos reconciliados en el segundo Ad\u00e1n, hechos obedientes hasta la muerte\u00bb (Adversus haereses, V,16,3: PG 7 bis, 1168).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">52.  San Cipriano de Cartago: \u00abCristo imparte esta gracia, tributa este oficio de su misericordia sujetando la muerte al trofeo de la cruz, redimiendo al creyente al precio de su sangre, reconciliando al hombre con Dios Padre\u00bb (A Demetriano, n. 25: PL 4, 564); San Juan Cris\u00f3stomo: \u00abHoy est\u00e1 en la cruz nuestro Se\u00f1or Jesucristo y nosotros estamos de fiesta, para que aprend\u00e1is que la cruz es una fiesta, una celebraci\u00f3n espiritual&#8230; Ella ha sido para nosotros causa de bienes innumerables: nos ha librado del error, nos ha iluminado cuando est\u00e1bamos en la oscuridad y nos ha reconciliado con Dios, haci\u00e9ndonos de extra\u00f1os, familiares, y de lejanos, vecinos\u00bb (Homil\u00eda sobre la Cruz y el buen ladr\u00f3n, n. 1: PG 49, 399-400).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">53.  Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, 715.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">54.  Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, 737.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">55.  Ver Reconciliatio et paenitentia, 8 y 9.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">56.  Gaudium et spes, 78c.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">57.  Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, 813. El texto de San Pablo aludido: \u00abPorque \u00e9l es nuestra paz: el que de los dos pueblos hizo uno, derribando el muro que los separaba, la enemistad, anulando en su carne la Ley de los mandamientos con sus preceptos, para crear en s\u00ed mismo, de los dos, un solo Hombre Nuevo, haciendo la paz, y reconciliar con Dios a ambos en un solo Cuerpo, por medio de la cruz, dando en s\u00ed mismo muerte a la Enemistad\u00bb (Ef 2,14-16).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">58.  \u00abLa preocupaci\u00f3n por el restablecimiento de la uni\u00f3n ata\u00f1e a la Iglesia entera, tanto a los fieles como a los pastores (UR 5). Pero hay que ser \u201cconocedor de que este santo prop\u00f3sito de reconciliar a todos los cristianos en la unidad de la \u00fanica Iglesia de Jesucristo excede las fuerzas y la capacidad humana\u201d\u00bb (Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, 822).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">59.  \u00abLa palabra \u201ccat\u00f3lica\u201d significa \u201cuniversal\u201d en el sentido de \u201cseg\u00fan la totalidad\u201d o \u201cseg\u00fan la integridad\u201d&#8230; [La Iglesia] es cat\u00f3lica porque Cristo est\u00e1 presente en ella&#8230; En ella subsiste la plenitud del Cuerpo de Cristo unido a su Cabeza (cf. Ef 1,22-23), lo que implica que ella recibe de \u00c9l \u201cla plenitud de los medios de salvaci\u00f3n\u201d (AG 6) que \u00c9l ha querido: confesi\u00f3n de fe recta y completa, vida sacramental \u00edntegra y ministerio ordenado en la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica\u00bb (Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, 830).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">60.  San Agust\u00edn, Serm. 96, 7-9.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">61.  Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, 845. Es particularmente significativa la referencia agustiniana que trae el texto del Catecismo. En efecto, para San Agust\u00edn la figura de la Iglesia como \u201cmundo reconciliado\u201d es planteada en el contexto de la pol\u00e9mica antidonatista. Recu\u00e9rdese que los donatistas pensaban que la \u00fanica Iglesia era la de los santos, identificada con su grupo, que conformaba algunas comunidades del norte de \u00c1frica (la llamada Pars Donati). Ante esto, San Agust\u00edn, a partir de la ex\u00e9gesis de la par\u00e1bola del trigo y la ciza\u00f1a (Mt 13,24-30) y de 2Cor 5,18-20, identifica a la Iglesia con el \u201cmundo reconciliado\u201d subrayando con esto su catolicidad (pues la Iglesia acoge a todos los que vienen del mundo) y su identidad m\u00e1s propia (ya que la Iglesia se distingue por haber recibido la reconciliaci\u00f3n y se esfuerza en vivirla, contrariamente a los que no la acogen, que son \u201cel mundo\u201d, sin m\u00e1s).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">62.  Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, 981.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">63.  Ver Reconciliatio et paenitentia, 11.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">64.  En el n. 980 del Catecismo se recuerda: \u00abPor medio del sacramento de la Penitencia, el bautizado puede reconciliarse con Dios y con la Iglesia\u00bb. Se recoge aqu\u00ed lo que ya afirmaba el Concilio Vaticano II: \u00abQuienes se acercan al sacramento de la penitencia obtienen de la misericordia de Dios el perd\u00f3n de la ofensa hecha a \u00c9l y al mismo tiempo se reconcilian con la Iglesia, a la que hirieron pecando, y que colabora a su conversi\u00f3n con la caridad, con el ejemplo y con las oraciones\u00bb (Lumen gentium, 11).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">65.  Ver Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, 1044.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">66.  Ver Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, 1042.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">67.  Ver Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, 1045.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">68.  Ver Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, 1046-1047.\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La publicaci\u00f3n del Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, en el a\u00f1o 1992, constituye un acontecimiento de singular importancia. Ante todo, nos encontramos con un documento de relevancia hist\u00f3rica excepcional: se trata del segundo catecismo propuesto por el Magisterio a toda la Iglesia. El primero \u2014con el alcance universal que nuestro actual Catecismo posee\u2014 fue el &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/reconciliacion-en-el-catecismo-de-la-iglesia-catolica\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abRECONCILIACION EN EL CATECISMO DE LA IGLESIA CATOLICA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-26638","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/26638","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=26638"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/26638\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=26638"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=26638"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=26638"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}