{"id":26645,"date":"2016-02-05T17:58:04","date_gmt":"2016-02-05T22:58:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/regla-de-san-agustin\/"},"modified":"2016-02-05T17:58:04","modified_gmt":"2016-02-05T22:58:04","slug":"regla-de-san-agustin","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/regla-de-san-agustin\/","title":{"rendered":"REGLA DE SAN AGUSTIN"},"content":{"rendered":"<p><p style=\"text-align: justify\">El t\u00edtulo, Regla de San Agust\u00edn, ha sido aplicado a cada uno de los siguientes documentos: la Carta 211, dirigida a una comunidad de mujeres; los Sermones 355 y 356 titulados \u00abDe vit\u00e2 et moribus clericorum suorum\u00bb; una parte de la Regla elaborada para escribas, o Consortia monachorum; una Regla conocida como Regula secunda; y otra Regla denominada: \u00abDe vit\u00e2 eremitic\u00e2 ad sororem liber\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Esta \u00faltima es un tratado sobre la vida erem\u00edtica escrito por el Beato \u00c6lred, Abad de Rievaulx, Inglaterra, quien muri\u00f3 en 1166 y, dado que las dos reglas precedentes son de autor\u00eda desconocida, se concluye que ninguna de ellas, con excepci\u00f3n de la Carta 211 y los Sermones 355 y 356, fueron escritas por San Agust\u00edn. La Carta 211 est\u00e1 dirigida a las monjas de un monasterio que hab\u00eda sido regido por la hermana de San Agust\u00edn, y en el cual viv\u00edan su prima y su sobrina. Su intenci\u00f3n al escribirla fue meramente la de acallar los disturbios derivados de la nominaci\u00f3n de una nueva superiora, y al mismo tiempo aprovecha la ocasi\u00f3n para explayarse sobre algunas de las virtudes y pr\u00e1cticas que son esenciales para la vida religiosa. Agust\u00edn diserta sobre la caridad, la pobreza, la obediencia, el desapego del mundo, la divisi\u00f3n del trabajo, los deberes mutuos entre superiores e inferiores, la caridad fraternal, la oraci\u00f3n comunitaria, el ayuno y la abstinencia proporcionales a la fuerza del individuo, el cuidado de los enfermos, el silencio, la lectura durante las comidas, etc. En sus dos sermones: \u00abDe vit\u00e2 et moribus clericorum suorum\u00bb Agust\u00edn busca disipar las sospechas abrigadas por los fieles de Hipona en contra de los cl\u00e9rigos que llevaban una vida mon\u00e1stica junto con \u00e9l en su residencia episcopal. La lectura minuciosa de estos sermones devela el hecho de que el obispo y sus sacerdotes observaban una pobreza estricta y se apegaban al ejemplo de los Ap\u00f3stoles y de los primeros Cristianos al usar su dinero en forma comunitaria. A esto se le llam\u00f3 la Regla Apost\u00f3lica. San Agust\u00edn, no obstante, en otras ocasiones era m\u00e1s laxo en cuanto a la vida religiosa y sus obligaciones. Aurelio, Obispo de Cartago, estaba muy molesto por la conducta de los monjes que se entregaban al ocio bajo el pretexto de la contemplaci\u00f3n y, a petici\u00f3n suya, San Agust\u00edn public\u00f3 un tratado titulado \u00abDe opere monarchorum\u00bb, en el cual demuestra con base en la autoridad de la Biblia, el ejemplo de los Ap\u00f3stoles, y a\u00fan las exigencias de la vida, que el monje est\u00e1 obligado a dedicarse al trabajo arduo. En varias de sus cartas y sermones se encuentra un \u00fatil complemento a su ense\u00f1anza sobre la vida mon\u00e1stica y los deberes que \u00e9sta impone. Estos documentos son f\u00e1cilmente accesibles en la edici\u00f3n Benedictina, cuya tabla anexa puede ser consultada tras las palabras: monachi, monachae, monasticismo, monastica vita, sanctimoniales. La carta escrita por San Agust\u00edn a las monjas de Hipona (423) con el prop\u00f3sito de restaurar la armon\u00eda en esa comunidad, versa sobre la reforma de ciertas fases del monasticismo tal como \u00e9l lo entiende. Este documento, con toda seguridad, no contiene ordenamientos tan claros y detallados como los que se encuentran en la Regla Benedictina, porque nunca se escribi\u00f3 una regla completa con anterioridad al tiempo de San Benedicto; sin embargo, el Obispo de Hipona es un legislador y su carta ha de leerse semanalmente, de manera que las monjas puedan guardarse o arrepentirse de cualquier infracci\u00f3n a la misma.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Agust\u00edn considera a la pobreza como la base de la vida religiosa, pero atribuye no menos importancia a la caridad fraternal, la cual consiste en vivir en paz y concordia. A la superiora, en especial, se le recomienda practicar esta virtud aunque, claro est\u00e1, no al extremo de omitir castigar a las culpables. Sin embargo, San Agust\u00edn la deja en libertad de determinar la naturaleza y duraci\u00f3n del castigo impuesto, siendo en algunos casos privilegio de ella a\u00fan el expulsar a aquellas monjas que se hubieran vuelto incorregibles. La superiora comparte los deberes de su cargo con ciertas miembros de su comunidad, una de las cuales se hace cargo de las enfermas, otra se ocupa de la bodega, otra del guardarropa, mientras que una m\u00e1s es custodia de los libros, mismos que est\u00e1 autorizada a distribuir entre las hermanas. Las monjas confeccionan sus h\u00e1bitos, consistentes en un cincho y un velo. La oraci\u00f3n, realizada comunitariamente, ocupa un lugar importante en sus vidas, siendo \u00e9sta recitada en la capilla en horas determinadas y de acuerdo con las formas prescritas; se compone de himnos, salmos y lecturas. Ciertas plegarias son simplemente recitadas, mientras que otras, especialmente indicadas, son cantadas; pero como San Agust\u00edn no entra en detalles menores, es de suponerse que cada monasterio se apegaba a la liturgia de la di\u00f3cesis en la cual estaba situado. A aquellas hermanas que desean llevar una vida m\u00e1s contemplativa se les permite seguir devociones especiales en privado. La secci\u00f3n de la carta que se refiere al comer, aunque severa en algunos aspectos, no es en modo alguno de observancia obligatoria, y el Obispo de Hipona la suaviza muy discretamente. El ayuno y la abstinencia son recomendados \u00fanicamente en proporci\u00f3n a la fuerza f\u00edsica del individuo, y cuando el santo habla de ayuno obligatorio, especifica que quienes no sean capaces de esperar hasta el anochecer o la comida de la hora novena pueden comer al mediod\u00eda. Las monjas participan de una comida muy frugal y, muy probablemente, se abstienen de comer carne. Sin embargo, las enfermas y discapacitadas son objeto de los m\u00e1s tiernos cuidados y atenciones, y se hacen ciertas concesiones a favor de quienes antes de ingresar a la religi\u00f3n viv\u00edan lujosamente. Durante las comidas ha de leerse en voz alta a las monjas ciertos temas instructivos. Aunque la Regla de San Agust\u00edn no contiene sino unos pocos preceptos, aborda con gran profundidad las virtudes religiosas y la vida asc\u00e9tica, siendo esto caracter\u00edstico de todas las reglas primitivas. En sus sermones 355 y 356, el santo diserta en torno a la observancia mon\u00e1stica del voto de pobreza. Antes de hacer su profesi\u00f3n de fe, las monjas se despojan de todos sus bienes, siendo sus monasterios responsables de cubrir sus necesidades, y todo lo que puedan ganar o recibir es depositado en un fondo com\u00fan, sobre el cual los monasterios tienen derechos de posesi\u00f3n. En su tratado, , \u00abDe opere monarchorum\u00bb, Agust\u00edn inculca la necesidad del trabajo, pero sin sujetarlo a ninguna regla; juzg\u00e1ndose en \u00e9l indispensable el ganar el propio sustento. Desde luego, dedicados como est\u00e1n al ministerio eclesi\u00e1stico, los monjes observan ipso facto el precepto relativo al trabajo, de cuyo cumplimiento est\u00e1n leg\u00edtimamente dispensados los enfermos y los discapacitados. Estos son entonces los m\u00e1s importantes ordenamientos mon\u00e1sticos encontrados en la regla y en los escritos de San Agust\u00edn.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">VIDA MON\u00c1STICA DE SAN AGUST\u00cdN\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Agust\u00edn era un monje; este hecho destaca inequ\u00edvocamente en la lectura de su vida y sus trabajos. A pesar de ser sacerdote y obispo, sab\u00eda c\u00f3mo combinar las pr\u00e1cticas de la vida religiosa con los deberes de su cargo, y su residencia episcopal en Hipona era para \u00e9l y algunos de sus cl\u00e9rigos un verdadero monasterio. Varios de sus amigos y disc\u00edpulos que fueron elevados al episcopado imitaron su ejemplo; entre ellos Alipio en Tagaste, Posidio en Calamet, Profuturo y Fortunato en Cirta, Evodio en Uzalis y Bonifacio en Cartago. Hab\u00eda tambi\u00e9n otros monjes que eran sacerdotes y ejerc\u00edan el ministerio fuera de las ciudades episcopales. No todos los monjes viv\u00edan en esos monasterios episcopales; la mayor\u00eda eran laicos cuyas comunidades, aunque bajo la autoridad de los obispos, eran completamente distintas a las del clero. Hab\u00eda religiosos que viv\u00edan en completo aislamiento, sin pertenecer a comunidad alguna y sin tener superiores leg\u00edtimos; en efecto, algunos vagaban sin rumbo, a riesgo de dar ejemplos no edificantes mediante su vagabundeo. Los fan\u00e1ticos conocidos como Circumcelliones eran reclutados de entre las filas de dichos monjes errantes; San Agust\u00edn censuraba a menudo su forma de vida. La vida religiosa del Obispo de Hipona fue, durante mucho tiempo, motivo de disputa entre los Can\u00f3nigos Regulares y los Ermita\u00f1os de San Agust\u00edn, reclam\u00e1ndolo cada una de estas dos familias como exclusivamente suyo. No fue tanto el establecimiento de un hecho hist\u00f3rico, sino la resoluci\u00f3n de un reclamo de derecho de precedencia lo que caus\u00f3 el problema, y como ninguno de los dos bandos pod\u00eda renunciar a ese derecho, la disputa habr\u00eda continuado indefinidamente de no haberle puesto fin el Papa Sixto IV mediante su Bula \u00abSummum Silentium\u00bb (1484). El silencio as\u00ed impuesto, sin embargo, no fue perpetuo, y durante los siglos diecisiete y dieciocho se reanudaron las reyertas entre los Can\u00f3nigos y los Ermita\u00f1os pero sin ning\u00fan resultado. Pierre de Saint-Trond, Prior de los Can\u00f3nigos Regulares de San Mart\u00edn de Louvain, narra la historia de estas disputas en el Prefacio a su \u00abExamen Testamenti S. Augustini\u00bb (Louvain. 1564). Gabriel Pennot, Nicol\u00e1s Desnos y Le Large apoyan la tesis de los Can\u00f3nigos; Gandolfo, Lupus, Giles de la Presentaci\u00f3n y Noris sostienen la de los Ermita\u00f1os. Los Bollandistas se reservan su opini\u00f3n. San Agust\u00edn sigui\u00f3 la vida mon\u00e1stica o religiosa tal como era conocida por sus contempor\u00e1neos, y ni \u00e9l ni ellos pensaron siquiera en establecer distinci\u00f3n de ning\u00fan tipo entre quienes la hab\u00edan adoptado, en cuanto a congregaciones u \u00f3rdenes. Esta idea fue concebida en una \u00e9poca posterior y, por consiguiente, no puede decirse que San Agust\u00edn haya pertenecido a alguna orden en particular. Cierto es que hizo leyes para los monjes y monjas del Africa Romana y ayud\u00f3 a incrementar su n\u00famero, mientras que ellos, a su vez, le reverenciaban como a un padre, pero no pueden ser clasificados como miembros de ninguna familia mon\u00e1stica espec\u00edfica.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">INFLUENCIA DE SAN AGUST\u00cdN EN EL MONAQUISMO\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Cuando se tiene en cuenta el gran prestigio de Agust\u00edn, resulta f\u00e1cil entender por qu\u00e9 sus escritos habr\u00edan de influir de tal manera en el desarrollo del monaquismo occidental. Su Carta 211 fue le\u00edda y rele\u00edda por San Benedicto, quien tom\u00f3 de ella algunos textos importantes para incorporarlos en su propia regla. El cap\u00edtulo de San Benedicto que versa sobre el trabajo de los monjes est\u00e1 evidentemente inspirado en el tratado \u00abDe opere monarchorum\u00bb, que tanto ha hecho contribuido a proporcionar un manifiesto preciso de la doctrina que sea de aceptaci\u00f3n general entre las \u00f3rdenes religiosas. La ense\u00f1anza relativa a la pobreza religiosa es planteada con claridad en los sermones \u00abDe vit\u00e2 et moribus clericoreun suorum\u00bb, y la autor\u00eda de estos dos trabajos es suficiente para granjearle al Obispo de Hipona el t\u00edtulo de Patriarca de los monjes y religiosos. La influencia de Agust\u00edn, sin embargo, no fue tan fuerte en ninguna parte como lo fue en el sur de Galia durante los siglos quinto y sexto. Lerins y los monjes de esa escuela estaban familiarizados con los escritos mon\u00e1sticos de Agust\u00edn, mismos que, junto con los de Casiano, fueron la mina de la cual se extrajeron los principales elementos de sus reglas. San Cesarius, Arzobispo de Arl\u00e9s y gran organizador de la vida religiosa en esa regi\u00f3n, tom\u00f3 de San Agust\u00edn algunos de los art\u00edculos m\u00e1s interesantes de su regla para monjes, y en su regla para monjas cita reiteradamente la Carta 211. San Agust\u00edn y Cesarius eran animados por el mismo esp\u00edritu, el cual pas\u00f3 del Arzobispo de Arl\u00e9s a San Aureliano, quien fue uno de sus sucesores y, al igual que \u00e9l, un legislador mon\u00e1stico. La influencia de Agust\u00edn se extendi\u00f3 tambi\u00e9n hasta los monasterios de Galia, donde la Regla de Cesarius fue adoptada completa o en parte, como, por ejemplo, en Sainte-Croix de Poitiers, Juxamontier de Besan\u00e7on y Chamali\u00e8res cerca de Clermont. Pero no siempre fue suficiente la mera adopci\u00f3n de las ense\u00f1anzas de Agust\u00edn y citar sus obras; el autor de la Regula Tarnatensis (un monasterio desconocido ubicado en el valle del R\u00f3dano) incorpor\u00f3 a su trabajo el texto \u00edntegro de la carta dirigida a las monjas, habi\u00e9ndola adaptado previamente a una comunidad de hombres mediante leves modificaciones. Esta adaptaci\u00f3n seguramente fue hecha en otros monasterios durante los siglos sexto o s\u00e9ptimo, y en su \u00abCodex regularum\u00bb San Benedicto de Aniane public\u00f3 un texto modificado de manera similar. En honor a la exactitud, no podemos decir en cu\u00e1les monasterios se hizo esto, ni si acaso fueron numerosos. La Carta 211, que se ha convertido as\u00ed en la Regla de San Agust\u00edn, constituy\u00f3 ciertamente una parte de las colecciones conocidas bajo el t\u00edtulo gen\u00e9rico de \u00abReglas de los Padres\u00bb, mismas que fueron utilizadas por los fundadores de monasterios como base para la pr\u00e1ctica de la vida religiosa. No parece haber sido adoptada por las comunidades de can\u00f3nigos regulares o de escribas que comenzaron a organizarse en los siglos octavo y noveno. La regla que recibieron de parte de San Chrodegang, Obispo de Metz (742-766), es derivada casi en su totalidad de la de San Benedicto, y no se encuentran en ella m\u00e1s rastros decisivos de influencia Agustiniana que en las decisiones del Concilio de Aquisgr\u00e1n (817), las cuales pueden considerarse como la verdadera constituci\u00f3n de los can\u00f3nigos regulares. Para esta influencia debemos esperar hasta la fundaci\u00f3n de las comunidades clericales o can\u00f3nicas, establecidas en el siglo onceavo para contrarrestar eficazmente la simon\u00eda y el concubinato clericales. El Concilio Laterano (1059) y otro concilio realizado en Roma cuatro a\u00f1os m\u00e1s tarde aprobaron para los miembros del clero la estricta vida en comunidad de la Era Apost\u00f3lica, tal y como el Obispo de Hipona hab\u00eda propiciado que se practicara en su casa episcopal, y como lo hab\u00eda ense\u00f1ado en sus dos sermones aqu\u00ed citados. Las primeras comunidades de can\u00f3nigos adoptaron estos sermones como su base de organizaci\u00f3n. Este movimiento de reforma cundi\u00f3 r\u00e1pidamente a trav\u00e9s de toda la Europa Latina y dio lugar a la fundaci\u00f3n de los cap\u00edtulos de regulares, que fueron tan numerosos y pr\u00f3speros durante la Edad Media. Con base en el mismo plan se formaron monasterios de mujeres o de canonesas, pero no de acuerdo con las reglas planteadas en los sermones \u00abDe vit\u00e2 et moribus clericorum.\u00bb La carta a las v\u00edrgenes fue adoptada casi inmediatamente, y se convirti\u00f3 en la regla de los can\u00f3nigos y las canonesas; por lo que fue el c\u00f3digo religioso de los Premonstratenses, de las casas de can\u00f3nigos Regulares y de canonesas -ya fuera reunidas en congregaciones o aisladas-, de los Frailes Predicadores, de los Trinitarios y de la Orden de la Misericordia (ambas para la redenci\u00f3n de cautivos), de comunidades hospitalarias -tanto de hombres como de mujeres- dedicadas al cuidado de los enfermos en los hospitales de la Edad Media, y de algunas \u00f3rdenes militares.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">J.M. BESSE<br \/>\nTranscrito por Joseph P. Thomas<br \/>\nTraducido por Omar Saleh Camberos\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El t\u00edtulo, Regla de San Agust\u00edn, ha sido aplicado a cada uno de los siguientes documentos: la Carta 211, dirigida a una comunidad de mujeres; los Sermones 355 y 356 titulados \u00abDe vit\u00e2 et moribus clericorum suorum\u00bb; una parte de la Regla elaborada para escribas, o Consortia monachorum; una Regla conocida como Regula secunda; y &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/regla-de-san-agustin\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abREGLA DE SAN AGUSTIN\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-26645","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/26645","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=26645"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/26645\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=26645"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=26645"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=26645"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}