{"id":26680,"date":"2016-02-05T17:59:22","date_gmt":"2016-02-05T22:59:22","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/mateo-ricci\/"},"modified":"2016-02-05T17:59:22","modified_gmt":"2016-02-05T22:59:22","slug":"mateo-ricci","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/mateo-ricci\/","title":{"rendered":"MATEO RICCI"},"content":{"rendered":"<p><h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 Introducci\u00f3n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-2\">2 Inicio de la Misi\u00f3n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-3\">3 M\u00e9todo de los Misioneros<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-4\">4 El desarrollo de las Misiones<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-5\">5 \u00daltimos Trabajos<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-6\">6 La cuesti\u00f3n de los Nombres Divinos y los ritos chinos<\/li>\n<\/ul>\n<h2>Introducci\u00f3n<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify\">Fundador de las misiones cat\u00f3licas en China, nacido en Macerata, en los entonces Estados Pontificios, el 6 de octubre de 1552; fallecido en Pek\u00edn, el 11 de mayo de 1610.<br \/>\nRicci realiz\u00f3 los estudios cl\u00e1sicos en su ciudad natal, estudi\u00f3 leyes en Roma durante dos a\u00f1os y el 15 de agosto de 1571 entr\u00f3 en la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas en el Colegio Romano, d\u00f3nde realiz\u00f3 el noviciado y los estudios filos\u00f3ficos y teol\u00f3gicos. Al mismo tiempo tambi\u00e9n dedic\u00f3 su atenci\u00f3n a la matem\u00e1tica, la cosmolog\u00eda y la astronom\u00eda, bajo la direcci\u00f3n del famoso padre Christopher Clavius. En 1577 pidi\u00f3 ser enviado a las misiones en la Asia m\u00e1s lejana y, aceptada su petici\u00f3n, embarc\u00f3 en Lisboa el 24 de marzo de 1578. Llegando a Goa, la capital de las indias portuguesas, el 13 de septiembre de ese a\u00f1o, se le encomendaron all\u00ed y en Cochin tareas de ense\u00f1anza y del ministerio hasta el final de la Cuaresma de1582, cuando el padre Alessandro Valignani (que hab\u00eda sido su maestro de novicios en Roma y que, desde agosto de 1573, estaba encargado de todas las misiones jesu\u00edticas en las Indias Orientales) lo llam\u00f3 a Macao para preparar la entrada en China. El padre Ricci lleg\u00f3 a Macao el 7 de agosto de 1582.\n<\/p>\n<h2>Inicio de la Misi\u00f3n<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify\">En el siglo XVI, nada quedaba de las comunidades cristianas fundadas en China por los misioneros nestorianos en el siglo VII y por los monjes cat\u00f3licos en el XIII y XIV (ver CHINA). Es m\u00e1s es dudoso que la vida de la poblaci\u00f3n nativa china estuviera afectada en serio por esta antigua evangelizaci\u00f3n. Por lo tanto, para aqu\u00e9llos que deseaban reasumir el trabajo, todo estaba por hacer y los obst\u00e1culos eran mayores que antes. Despu\u00e9s de la muerte de San Francisco Javier (el 27 de noviembre de1552) se hab\u00edan hecho muchos esfuerzos infructuosos. El primer misionero a quien se le abrieron temporalmente las barreras chinas fue el jesuita, Melchor N\u00fa\u00f1ez Barreto, que fue dos veces hasta Cant\u00f3n d\u00f3nde estuvo un mes en cada ocasi\u00f3n (1555). Un dominico, el padre Gaspar da Cruz, tambi\u00e9n fue admitido en Cant\u00f3n durante un mes, pero igualmente ten\u00eda que abstenerse de \u00abformar una Comunidad Cristiana\u00bb. Todav\u00eda otros, jesuitas, agustinos y franciscanos en 1568, 1575, 1579 y 1582, tocaron tierra china \u00fanicamente al verse forzados a descansar, a veces por el tratamiento de enfermedades. Al padre Valignani se atribuye el m\u00e9rito de haber descubierto aquello que imped\u00eda a todas estas tareas tener resultados duraderos. Los esfuerzos hab\u00edan sido hechos, hasta el momento, improvisadamente, con hombres insuficientemente preparados e incapaces de aprovechar las circunstancias favorables que hab\u00edan encontrado. El padre Valignani sustituy\u00f3 el ataque met\u00f3dico por una cuidadosa selecci\u00f3n previa de los misioneros que, una vez abierto el campo, implantar\u00edan la Cristiandad all\u00ed. Con este fin llam\u00f3 primero a Macao al padre Miguel de Ruggieri, que tambi\u00e9n hab\u00eda ido a la India desde Italia en 1578. S\u00f3lo hab\u00edan pasado veinte a\u00f1os desde que los portugueses hab\u00edan conseguido establecer sus colonias a las puertas de China y los chinos, atra\u00eddos por las oportunidades para los negocios, estaban congreg\u00e1ndose all\u00e1. Ruggieri lleg\u00f3 a Macao en julio de 1579 y, siguiendo las \u00f3rdenes recibidas, se aplic\u00f3 totalmente al estudio del idioma mandar\u00edn, es decir, el chino hablado a lo largo del imperio por los funcionarios y la gente culta. Su progreso, aunque muy lento, le permiti\u00f3 trabajar, con m\u00e1s frutos que sus predecesores, en sus dos estancias en Cant\u00f3n (1580-81), permitidas por una inusual complacencia de los mandarines. Finalmente, despu\u00e9s de muchos episodios adversos, fue autorizado (el 10 de septiembre de 1583) a fijar su residencia con el padre Ricci en Chao-K&#8217;ing, la capital administrativa de Cant\u00f3n.\n<\/p>\n<h2>M\u00e9todo de los Misioneros<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify\">Solo el ejercicio de una gran prudencia permiti\u00f3 a los misioneros permanecer en la regi\u00f3n en la que hab\u00edan tenido tanta dificultad para entrar. Omitiendo al principio toda menci\u00f3n de su intenci\u00f3n de predicar el Evangelio, respondieron a los mandarines que les preguntaban sobre su objeto \u00bb que ellos eran religiosos, que hab\u00eda dejado su pa\u00eds en el distante oeste debido al renombre del buen gobierno de China d\u00f3nde ellos deseaban permanecer hasta su muerte, sirviendo a dios, el \u00abSe\u00f1or de Cielo\u00bb. Si hubieran declarado inmediatamente su intenci\u00f3n de predicar una nueva religi\u00f3n, nunca habr\u00edan sido recibidos; esto habr\u00eda chocado con el orgullo chino, que no admit\u00eda que China tuviera algo que aprender de los extranjeros, y habr\u00eda alarmado especialmente a sus pol\u00edticos que ve\u00edan un peligro nacional en cada innovaci\u00f3n. Sin embargo, los misioneros nunca escondieron ni su fe ni el hecho de que eran sacerdotes cristianos. En cuanto se establecieron en Chao-k&#8217;ing pusieron en un lugar destacado de su casa un cuadro de la Bienaventurada Virgen con el ni\u00f1o Jes\u00fas en sus brazos. Los visitantes raramente dejaban de preguntar por el significado de esta, para ellos, nueva representaci\u00f3n y los misioneros lo aprovechaban para darles una primera idea del Cristianismo. Los misioneros tomaron la iniciativa de hablar de su religi\u00f3n en cuanto hubieron superado suficientemente la antipat\u00eda y la desconfianza chinas, esperando a que su ense\u00f1anza fuera deseada o, al menos, tener la certeza de hac\u00e9rsela entender sin asustar a sus oyentes. Lograron este resultado apelando a la curiosidad de los chinos, haci\u00e9ndoles sentir, sin decirlo, que los extranjeros ten\u00edan algo nuevo e interesante que ense\u00f1ar; con este fin hicieron uso de las cosas europeas que hab\u00edan tra\u00eddo con ellos. Tales eran los relojes, grandes y peque\u00f1os, instrumentos matem\u00e1ticos y astron\u00f3micos, prismas que mostraban los diferentes colores, instrumentos musicales, pinturas al \u00f3leo e impresos, el cosm\u00f3grafo, trabajos geogr\u00e1ficos y arquitect\u00f3nicos con diagramas, mapas y vistas de pueblos y edificios, grandes vol\u00famenes, magn\u00edficamente impresos y espl\u00e9ndidamente encuadernados, etc.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\nLos chinos, que hab\u00edan imaginado hasta el momento que fuera de pa\u00eds s\u00f3lo exist\u00eda el barbarismo, quedaron asombrados. Los rumores de las maravillas mostradas por los religiosos de occidente se extendieron por todos los lugares y desde ese momento su casa siempre estuvo llena, sobre todo de mandarines y gente culta. A continuaci\u00f3n, dice el padre Ricci, \u00abtodos llegaron gradualmente a tener, con respecto a nuestros pa\u00edses, nuestra gente y, sobre todo, a nuestros hombres cultos, una idea inmensamente diferente de la que hab\u00edan tenido hasta el momento\u00bb. Esta impresi\u00f3n se intensific\u00f3 por las explicaciones, concernientes a su peque\u00f1o, museo dadas por los misioneros en respuesta a las numerosas preguntas de sus visitantes.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Uno de los art\u00edculos que despert\u00f3 m\u00e1s su curiosidad fue un mapa del mundo. Los chinos ten\u00edan mapas, llamados por sus ge\u00f3grafos \u00abdescripciones del mundo\u00bb, pero casi todo el espacio estaba cubierto por las quince provincias de China, alrededor de las que se pintaba un trozo de mar y unas islas en las que se inscrib\u00edan los nombres de los pa\u00edses de los que ellos hab\u00edan o\u00eddo hablar &#8211;todos juntos no eran m\u00e1s grandes que una peque\u00f1a provincia china-. Naturalmente los hombres sabios de Chao-K&#8217;ing protestaron inmediatamente, cuando el padre Ricci se\u00f1al\u00f3 las diferentes partes del mundo en su mapa europeo y cuando vieron la peque\u00f1a porci\u00f3n que ocupaba China. Pero, despu\u00e9s de que los misioneros hubieran explicado su construcci\u00f3n y el cuidado tomado por los ge\u00f3grafos de occidente al asignar a cada pa\u00eds su posici\u00f3n real y l\u00edmites, los m\u00e1s sabios de entre ellos se rindieron a la evidencia y, empezando por el gobernador de Chao-K&#8217;ing, todos instaron al misionero a que hiciera una copia de su mapa con los nombres e inscripciones en chino. Ricci dibuj\u00f3 un mapa m\u00e1s grande del mundo en el que escribi\u00f3 inscripciones m\u00e1s detalladas, adaptadas a las necesidades de los chinos; cuando el trabajo fue completado, el gobernador lo imprimi\u00f3 y entreg\u00f3 copias como regalo a sus amigos en la provincia y fuera de ella. El padre Ricci no duda en decir: \u00ab\u00c9ste era el trabajo m\u00e1s \u00fatil que podr\u00eda hacerse en ese momento para disponer a China a dar cr\u00e9dito a las cosas de nuestra santa Fe&#8230; Su concepci\u00f3n de la grandeza de su pa\u00eds y de la insignificancia de todas las otras tierras los hac\u00eda tan orgullosos que el todo el mundo les parec\u00eda salvaje y b\u00e1rbaro comparado con ellos; ser\u00eda extra\u00f1o esperar de ellos, mientras mantuvieran esta idea, que prestaran atenci\u00f3n a maestros extranjeros\u00bb. Pero ahora muchos estaban \u00e1vidos por aprender de los misioneros asuntos europeos, que aprovecharon esta disposici\u00f3n para presentar m\u00e1s a menudo la religi\u00f3n en sus explicaciones. Por ejemplo, sus bonitas Biblias y las pinturas y grabados de motivos religiosos, los monumentos, las iglesias, etc., les dieron la oportunidad de hablar de \u00ablas buenas costumbres en los pa\u00edses cristianos, de la falsedad de idolatr\u00eda, de la conformidad de la ley de Dios con la raz\u00f3n natural y ense\u00f1anzas similares encontradas en las escrituras de los antiguos sabios de China\u00bb. Este \u00faltimo caso muestra que el padre Ricci supo extraer, de sus estudios chinos, testimonios favorables a la religi\u00f3n que iba a predicar.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Se hizo pronto evidente a los misioneros que sus comentarios con respecto a la religi\u00f3n no eran menos interesantes para muchos de sus visitantes que sus curiosidades occidentales y sus ense\u00f1anzas y, para satisfacer aqu\u00e9llos que deseaban aprender m\u00e1s, distribuyeron hojas impresas que conten\u00edan una traducci\u00f3n china del Dec\u00e1logo, una abreviaci\u00f3n del c\u00f3digo moral, muy apreciado por los chinos, compusieron un peque\u00f1o catecismo en el que se explicaban los puntos principales de doctrina cristiana, en forma de di\u00e1logo entre un pagano y un presb\u00edtero europeo. Este trabajo, impreso aproximadamente en 1584, tambi\u00e9n fue bien recibi\u00f3, los m\u00e1s altos mandarines de la provincia se consideraron honrados de recibirlo como un regalo. Los misioneros distribuyeron ciento y miles de copias y as\u00ed \u00abel buen olor de nuestra Fe empez\u00f3 a ser extendido a lo largo de China.\u00bb Habiendo empezado su apostolado directo de esta manera, lo llevaron m\u00e1s all\u00e1, y no poco, por su edificante vida moral, su desinter\u00e9s, su caridad y su perseverancia en las persecuciones, que a menudo destruyeron los frutos de su trabajo.\n<\/p>\n<h2>El desarrollo de las Misiones<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify\">El padre Ricci desarroll\u00f3 la parte m\u00e1s importante de estos tempranos esfuerzos por dar a conocer el Cristianismo a los chinos. En 1607 falleci\u00f3 el padre Ruggieri en Europa, d\u00f3nde hab\u00eda sido enviado en 1588 por el padre Valignani para interesar m\u00e1s particularmente a la Santa Sede en las misiones. Dejado exclusivamente con un joven sacerdote, que era m\u00e1s un alumno que ayudante, Ricci fue expulsado de Chao-k&#8217;ing en 1589 por un virrey de Cant\u00f3n que hab\u00eda encontrado la casa de los misioneros satisfactoria para sus propias necesidades; pero la misi\u00f3n ten\u00eda ra\u00edces lo suficientemente profundas como para no ser exterminada por la ruina de su primera casa. Desde ese instante, en cualquier pueblo en que Ricci busc\u00f3 un nuevo campo de apostolado era precedido por su reputaci\u00f3n y encontr\u00f3 amigos poderosos para protegerlo. Primero fue a Shao-Chow, tambi\u00e9n en la provincia de Cant\u00f3n, d\u00f3nde prescindi\u00f3 de los servicios de los int\u00e9rpretes y adopt\u00f3 las costumbres de los chinos cultos. En 1595 hizo un intento en Nan-King, la capital famosa en el sur de China, y, aunque infructuoso, le proporcion\u00f3 la oportunidad de formar una Iglesia cristiana a Nan-Ch&#8217;ang, capital de Kiang-Si, que era muy famosa por el n\u00famero y sabidur\u00eda de sus hombres cultos. En 1598 hizo un intento, igualmente infructuoso, de establecerse en Pek\u00edn. Obligado a regresar a Nan-King, el 6 de febrero de 1599, encontr\u00f3 una providencial compensaci\u00f3n all\u00ed; la situaci\u00f3n hab\u00eda cambiado completamente desde el a\u00f1o precedente y los mandarines m\u00e1s importantes estaban deseosos de ver afincado en su ciudad al santo doctor de occidente. Aunque su celo fue premiado con mucho \u00e9xito en este ancho campo, constantemente anhelaba reparar su repulsa en Pek\u00edn. Sent\u00eda que la misi\u00f3n no era segura en las provincias hasta que fuera establecida y autorizada en la capital. El 18 de mayo de 1600, Ricci parti\u00f3 de nuevo para Pek\u00edn y, cuando toda esperanza humana de \u00e9xito estaba perdida, entr\u00f3 el 24 de enero de 1601 llamado por el emperador Wan-Li.\n<\/p>\n<h2>\u00daltimos Trabajos<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify\">Los \u00faltimos nueve a\u00f1os de Ricci se consumieron en Pek\u00edn, fortaleciendo su trabajo con la misma sabidur\u00eda y prop\u00f3sito de tenacidad que lo hab\u00edan dirigido hasta ahora. La buena voluntad imperial fue ganada con regalos de curiosidades europeas, sobre todo el mapa del mundo en el que el gobernante asi\u00e1tico aprendi\u00f3 por primera vez la verdadera situaci\u00f3n de su imperio y la existencia de tantos otros reinos y gentes diferentes; le exigi\u00f3 al padre Ricci que hiciera una copia del mismo para \u00e9l en su palacio. En Pek\u00edn, como en Nan-King y en otras partes, el inter\u00e9s de los chinos m\u00e1s inteligentes fue despertado principalmente por las manifestaciones que el maestro europeo les hizo de su dominio de las ciencias, incluso en aqu\u00e9llas en que se consideraban m\u00e1s h\u00e1biles. Por ejemplo, las matem\u00e1ticas y la astronom\u00eda formaban parte, desde tiempos inmemoriales, de las instituciones del gobierno chino, pero, cuando escucharon al padre Ricci, incluso los hombres m\u00e1s sabios tuvieron que reconocer cuan poco era su conocimiento y la gran cantidad de errores que conten\u00eda. Pero este reconocimiento de su ignorancia y su estima por los conocimientos europeos, que hab\u00edan simplemente vislumbrado, empuj\u00f3 a pocos chinos a hacer serios esfuerzos por adquirir este conocimiento, su atadura a la tradici\u00f3n o la rutina de la ense\u00f1anza nacional estaban profundamente arraigadas. Sin embargo, los gobernadores chinos, que hasta el presente no hab\u00edan hecho ning\u00fan esfuerzo en la reforma en esta materia, no deseaban privar al pa\u00eds de todas las ventajas de los descubrimientos europeos. Para procurarles los recursos deb\u00edan tener a los misioneros y as\u00ed, las misiones chinas desde el tiempo de Ricci hasta el fin del siglo XVIII encontraron su principal protecci\u00f3n en los servicios realizados en la ense\u00f1anza de la sabidur\u00eda europea. El padre Ricci s\u00f3lo hizo al uso de ciencia profana para preparar la tierra y abrir el camino al apostolado propiamente dicho. Con este objetivo a la vista emple\u00f3 otros medios que dejaron una profunda impresi\u00f3n en la mayor\u00eda de la clase educada y sobre todo en los funcionarios. Compuso de diversos modos, adaptados al gusto chino, peque\u00f1os tratados morales, por ejemplo, el llamado por los chinos \u00abLas Veinticinco Palabras\u00bb, porque en veinticinco cortos cap\u00edtulos trat\u00f3 \u00abde la mortificaci\u00f3n de las pasiones y la nobleza de virtud.\u00bb Todav\u00eda mayor admiraci\u00f3n despert\u00f3 las \u00abParadojas\u00bb, una colecci\u00f3n de frases pr\u00e1cticas, \u00fatil para una vida moral, familiar para los cristianos pero nueva para los chinos, que Ricci desarroll\u00f3 con montones de ejemplos, comparaciones, y extractos de las Escrituras y de los fil\u00f3sofos y doctores cristianos. Razonablemente orgullosos de su rica literatura moral, los chinos se sorprendieron de ver a un extranjero tener tanto \u00e9xito; no pod\u00edan abstenerse de alabar su exaltada doctrina, y el respeto que adquirieron pronto hacia los escritos cristianos hizo mucho para disipar su desconfianza hacia los extranjeros y disponerlos amablemente hacia la religi\u00f3n cristiana.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Pero el libro a trav\u00e9s del que Ricci ejerci\u00f3 la m\u00e1s grande y afortunada influencia fue su \u00abT&#8217;ien-Chu-She-I\u00bb (La Verdadera Doctrina de Dios). \u00c9ste era el peque\u00f1o catecismo de Chao-K&#8217;ing que se hab\u00eda distribuido d\u00eda tras d\u00eda, corregido y mejorado aprovechando cualquier motivo, hasta que finalmente contuvo toda la materia sugerida por los largos a\u00f1os de experiencia en el apostolado. Las verdades que deben admitirse como necesidad preliminar para la fe &#8211;la existencia y unidad de Dios, la creaci\u00f3n, la inmortalidad del alma, el premio o castigo en una vida futura&#8211; son demostrados aqu\u00ed por los argumentos m\u00e1s buenos de la raz\u00f3n, mientras los errores m\u00e1s extendido en China, sobre todo el culto a los \u00eddolos y la creencia en la trasmigraci\u00f3n de las almas, son refutados con \u00e9xito. Al testimonio proporcionado por la filosof\u00eda y la teolog\u00eda Ricci agreg\u00f3 numerosas pruebas de libros chinos antiguos que hicieron mucho para ganar credibilidad para su trabajo. Una obra maestra de apolog\u00eda y controversia, el \u00abT&#8217;ien-Chu-She-I\u00bb, se convirti\u00f3 leg\u00edtimamente en el manual de los misioneros e hizo m\u00e1s eficaz el trabajo misionero. Antes de la muerte de su autor se hab\u00eda reimpreso cuatro veces, al menos, y dos veces por los paganos. Llev\u00f3 innumerables miembros a la Cristiandad, y despert\u00f3 la estima por nuestra religi\u00f3n en aquellos lectores a quienes no convirti\u00f3. Su lectura indujo al Emperador K&#8217;ang-Hi a emitir su edicto de 1692 concediendo la libertad para predicar el Evangelio. El emperador Kien-Long, aunque persigui\u00f3 el cristianismo, orden\u00f3 que el \u00abT&#8217;ien-Chu-She-I\u00bb fuera colocado en su biblioteca con su colecci\u00f3n de las producciones m\u00e1s notables del idioma chino. Incluso los misioneros de tiempo actuales han experimentado su influencia ben\u00e9fica, que no se confin\u00f3 solo en China tambi\u00e9n se hizo sentir en Jap\u00f3n, Tong-King, y otros pa\u00edses tributarios de la literatura china.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Adem\u00e1s de los trabajos dirigidos a los infieles y los catec\u00famenos, cuya iniciaci\u00f3n estaba en marcha, el padre Ricci escribi\u00f3 otros para los nuevos cristianos. Como fundador de la misi\u00f3n ten\u00eda que inventar formulas capaces de expresar nuestros dogmas y ritos clara e inequ\u00edvocamente en un idioma que nunca, hasta le momento, se hab\u00eda usado para ello (salvo el uso de los nestorianos que no era conocido para Ricci). Fue una tarea delicada y dif\u00edcil, pero solo una parte de la pesada carga que fue la direcci\u00f3n de la misi\u00f3n para el padre Ricci, particularmente durante sus \u00faltimos a\u00f1os. Mientras avanzaba gradualmente en la capital, Ricci no abandon\u00f3 el territorio ya conquistado; adoctrin\u00f3 en sus m\u00e9todos a los compa\u00f1eros que se le unieron y los comision\u00f3 para continuar su trabajo en las ciudades que dejaba. As\u00ed en 1601, la misi\u00f3n inclu\u00eda, adem\u00e1s de Pek\u00edn, las tres residencias de Nan-King, Nan-Ch&#8217;ang, Shao-Chow a las que se agreg\u00f3 en 1608 Shang-Hai. En cada uno de ellas hab\u00eda dos o tres misioneros con \u00abhermanos\u00bb, cristianos chinos de Macao que hab\u00eda sido aceptados en la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas, y que serv\u00edan en la misi\u00f3n como catequistas. Aunque el n\u00famero de cristianos no era muy grande todav\u00eda (2.000 bautizaron en 1608), el padre Ricci en sus \u00abMemorias\u00bb, bendec\u00eda considerando que, por los obst\u00e1culos a la entrada del Cristianismo en China, eran el resultado de \u00abun grand\u00edsimo milagro de la Omnipotencia Divina.\u00bb Para conservar y aumentar el \u00e9xito ya obtenido, era necesario que los medios que se hab\u00edan demostrado eficaces, continuaran siendo empleados; siempre y en todo lugar, los misioneros, sin descuidar los deberes esenciales del apostolado cristiano, ten\u00edan que adaptar sus m\u00e9todos a las condiciones especiales del pa\u00eds y evitar los ataques innecesarios a las costumbres y h\u00e1bitos tradicionales. La aplicaci\u00f3n de este innegable sentido pol\u00edtico fue a menudo dif\u00edcil. En respuesta a las dudas de sus compa\u00f1eros, el padre Ricci perfil\u00f3 las reglas que recibieron la aprobaci\u00f3n del padre Valignano; \u00e9stas aseguraron la unidad y la fruct\u00edfera eficacia del trabajo apost\u00f3lico a lo largo de la misi\u00f3n.\n<\/p>\n<h2>La cuesti\u00f3n de los Nombres Divinos y los ritos chinos<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify\">El problema m\u00e1s dif\u00edcil en el evangelizaci\u00f3n de China ten\u00eda que ver con los ritos o ceremonias, en uso desde tiempo inmemorial, para dar honor a los antepasados y difuntos y las particulares muestras de respeto que las personas cultas se sent\u00eda obligadas a dar a su maestro Confucio. La soluci\u00f3n de Ricci a este problema caus\u00f3 una larga y acalorada controversia en que la Santa Sede finalmente decidi\u00f3 en su contra. La discusi\u00f3n tambi\u00e9n se extendi\u00f3 al uso de los t\u00e9rminos chinos T&#8217;ien (el cielo) y Shang-Ti (Soberano Se\u00f1or) para designar a Dios; aqu\u00ed tambi\u00e9n la costumbre establecida por el padre Ricci tuvo que ser corregida. Lo siguiente es una breve historia sobre esta famosa controversia que fue singularmente complicado y estuvo emponzo\u00f1ada por la pasi\u00f3n. Con respecto a las designaciones de Dios, Ricci prefiri\u00f3 siempre, y emple\u00f3 desde el principio, el t\u00e9rmino el T&#8217;ien Chu (Se\u00f1or del Cielo) para el Dios de los cristianos; como hemos visto, lo us\u00f3 en el t\u00edtulo de su catecismo. Pero estudiando los libros chinos m\u00e1s antiguos, consider\u00f3 que estos dec\u00edan de T&#8217;ien (el Cielo) y Shang-Ti (Soberano Se\u00f1or) lo que nosotros decimos del verdadero Dios; es decir, ellos describ\u00edan bajo estos dos nombres a un se\u00f1or soberano de esp\u00edritus y hombres, que conoce todo lo que tiene lugar en el mundo, fuente de todo poder y toda autoridad legal, regulador supremo y defensor de la ley moral, que premia a aqu\u00e9llos que la observan y castiga a aqu\u00e9llos que la violan. De ello concluy\u00f3 que, en el los m\u00e1s reverenciados monumentos de China, T&#8217;ien y Shang&#8217;ti no designaban otra cosa que al verdadero Dios a quien \u00e9l predicaba. Ricci mantuvo esta opini\u00f3n en varios pasajes de su \u00abT&#8217;ien-Chu-She-I\u00bb; se entender\u00e1 r\u00e1pidamente qu\u00e9 esto fue de gran ayuda para destruir los prejuicios chinos contra la religi\u00f3n cristiana. Es verdad que, trazando esta conclusi\u00f3n, Ricci ten\u00eda que contradecir la interpretaci\u00f3n com\u00fan de los estudiosos modernos que aplicaban a Chu-Hi la referencia a T&#8217;ien y Shang-ti al cielo material; pero \u00e9l manifest\u00f3 que esta interpretaci\u00f3n material no hace justicia a los textos y era, al menos razonable, ver en ellos algo mejor. De hecho \u00e9l nos informa que los confucionistas cultos, que no adoraban \u00eddolos, le estaban agradecidos por interpretar las palabras de su maestro con tan buena voluntad. En efecto, la opini\u00f3n de Ricci ha sido adoptada y confirmada por ilustres sinologistas modernos, entre quienes basta mencionar James Legge (\u00abLas Nociones de los chinos acerca de Dios y los esp\u00edritus\u00bb, 1852&#8243;; \u00abCarta al Prof. Max Muller experto en la traducci\u00f3n de los t\u00e9rminos chinos Ti y Chang-ti\u00bb, 1880).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Por consiguiente ten\u00eda profundos cimientos que el fundador de la misi\u00f3n china y sus sucesores se creyeran justificados en el empleo de los t\u00e9rminos T&#8217;ien y Shang-Ti, as\u00ed como T&#8217;ien-Chu, para designar al verdadero Dios. Hab\u00eda sin embargo, objeciones a esta pr\u00e1ctica, incluso entre los jesuitas, la m\u00e1s temprana apareci\u00f3 poco despu\u00e9s la muerte del padre Ricci y fue formulada por los jesuitas japoneses. En la discusi\u00f3n resultante, llevada adelante en varios escritos a favor y en contra, que no circul\u00f3 m\u00e1s all\u00e1 del c\u00edrculo de los misioneros, \u00fanicamente uno de los que trabajaban en China se declar\u00f3 en contra del uso del nombre Shang-ti. \u00c9ste fue el padre Nicol\u00e1s Longobardi, el sucesor de Ricci como general superior de la misi\u00f3n que, sin embargo, no se apart\u00f3 en nada de las l\u00edneas dejadas por su fundador. Despu\u00e9s de permitir que la cuesti\u00f3n se discutiera durante algunos a\u00f1os, el superior orden\u00f3 que los misioneros simplemente cumplieran la costumbre del padre Ricci; despu\u00e9s esta costumbre junto con los ritos se someti\u00f3 al juicio de la Santa Sede. En 1704 y 1715 Clemente XI, sin pronunciarse acerca del significado de T&#8217;ien y Shang-ti en los antiguos libros chinos, prohibi\u00f3, por estar abiertos a mala interpretaci\u00f3n, el uso de estos nombres para indicar al verdadero Dios y permiti\u00f3 s\u00f3lo el de T&#8217;ien-Chu. Con respecto a los ritos y ceremonias en honor de los antepasados y de Confucio, el padre Ricci era tambi\u00e9n de la opini\u00f3n que era permisible una gran tolerancia sin lesionar la pureza de la religi\u00f3n cristiana. Es m\u00e1s, la cuesti\u00f3n era de suma importancia para el progreso del apostolado. Honrar a sus antepasados y difuntos, con las tradicionales postraciones y sacrificios, era a los ojos de los chinos el m\u00e1s grave deber de piedad filial y uno que lo descuidara era tratado por todos sus parientes como un miembro indigno de su familia y de su naci\u00f3n. Las similares ceremonias en honor de Confucio eran una obligaci\u00f3n indispensable para los estudiantes, de modo que no pod\u00edan recibir ning\u00fan grado ni solicitar cualquier trabajo p\u00fablico sin haberlo cumplido. Esta ley todav\u00eda permanece inviolable (n.d.t: l\u00f3gicamente no es as\u00ed en la actualidad, bajo el gobierno comunista)&#160;; Kiang-Hi, el emperador que mostr\u00f3 la mejor voluntad hacia los cristianos, siempre se neg\u00f3 a suprimirla en su favor. En tiempos m\u00e1s modernos el gobierno chino no mostr\u00f3 ning\u00fan favor a los ministros de Francia que, en nombre de los tratados que garantizaban la libertad del catolicismo en China, exigieron, para los cristianos que hab\u00eda superado los ex\u00e1menes, los t\u00edtulos y ventajas de las licenciaturas correspondientes, sin necesidad de pasar por las ceremonias; el Tribunal de Pek\u00edn invariablemente contest\u00f3 que \u00e9sta era una cuesti\u00f3n de tradici\u00f3n nacional en la que era imposible llegar a un compromiso.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Despu\u00e9s de haber estudiado cuidadosamente lo que los libros cl\u00e1sicos chinos dec\u00edan con respecto a estos ritos y despu\u00e9s de haber observado la pr\u00e1ctica de ellos durante mucho tiempo y preguntado a los numerosos estudiosos de todo rango con quien tuvo relaci\u00f3n durante sus dieciocho a\u00f1os de apostolado, Ricci se convenci\u00f3 de que estos ritos no ten\u00edan significaci\u00f3n religiosa, ni en las instituciones ni en su pr\u00e1ctica por las clases ilustradas. Los chinos, dijo, no reconocen m\u00e1s divinidad en Confucio que la que reconocen en sus antepasados difuntos; oran a nadie; el hecho no pide ni espera cualquier intervenci\u00f3n extraordinaria de ellos. De hecho s\u00f3lo hacen por ellos lo que hacen por los vivos a los que desean mostrar un gran respeto. \u00abEl honor que dan a sus padres consiste en servirles en la muerte como ellos lo hicieron en vida. No por ello piensan que el muerto vendr\u00e1 a comer sus ofrendas [la carne, frutas, etc.] o que los necesita. Ellos dicen que act\u00faan de esta manera porque no saben otra manera de mostrar su amor y gratitud a sus antepasados. . . . Igualmente lo que hacen [sobre todo las personas cultas], es agradecer a Confucio la excelente doctrina que les dej\u00f3 en sus libros y a trav\u00e9s de la cual obtienen licenciaturas y cargos de mandar\u00edn. No hay en ello nada que sugiera idolatr\u00eda, y quiz\u00e1s incluso puede decirse que no hay superstici\u00f3n.\u00bb Los \u00abquiz\u00e1s\u00bb agregados a la \u00faltima parte de esta conclusi\u00f3n muestra la escrupulosidad con que el fundador actu\u00f3 en esta materia. Que el vulgo, y de hecho incluso la mayor\u00eda de los paganos chinos, mezclaba la superstici\u00f3n con sus ritos nacionales, Ricci nunca lo neg\u00f3; ni pas\u00f3 por alto el hecho de que los chinos, como los infieles en general, mezclaban la superstici\u00f3n con sus acciones m\u00e1s leg\u00edtimas. En estos casos la superstici\u00f3n es s\u00f3lo un accidente que no adultera la sustancia de la justa acci\u00f3n en s\u00ed misma, y Ricci pens\u00f3 que esto tambi\u00e9n se aplicaba a los ritos. Por consiguiente permiti\u00f3 a los nuevos cristianos continuar la pr\u00e1ctica de ellos, evitando todo lo que sugiriera superstici\u00f3n, y les dio normas para ayudarles a diferenciarlo. Cre\u00eda, sin embargo, que esta tolerancia, aunque l\u00edcita, deb\u00eda limitarse por la necesidad del caso; siempre que la comunidad cristiana china pudiera disfrutar de libertad suficiente, sus costumbres, especialmente su manera de honrar a los muertos, debe hacerse de conformidad con las costumbres del resto del mundo cristiano. Estos principios del padre Ricci, controlados por sus seguidores durante su vida y despu\u00e9s de su muerte, sirvieron durante cincuenta a\u00f1os como gu\u00eda de todos los misioneros.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En 1631 se fund\u00f3 la primera misi\u00f3n de los dominicos en Fu-Kien por dos religiosos espa\u00f1oles; en 1633 dos franciscanos, tambi\u00e9n espa\u00f1oles, llegaron para establecer una misi\u00f3n de su orden. Los nuevos misioneros pronto se alarmaron por los ataques hacia la pureza de la religi\u00f3n que pensaron que descubr\u00edan en las comunidades fundadas por sus predecesores. Sin tomar quiz\u00e1 tiempo suficiente para enterarse de los asuntos chinos y aprender lo que se hab\u00eda hecho exactamente en las misiones jesu\u00edticas, enviaron una denuncia a los obispos de Filipinas. Los obispos se lo refirieron al Papa Urbano VIII (1635), y pronto la gente fue informada. Inmediatamente en 1638, empez\u00f3 una controversia en Filipinas entre los jesuitas, en defensa de sus hermanos, de un lado y los dominicos y franciscanos en el otro. En 1643 uno de los acusadores principales, el dominico, Juan-Bautista Moralez, fue a Roma para someter a la Santa Sede una serie de\u00bb cuestiones\u00bb o\u00bb dudas\u00bb en las que, dijo, hab\u00eda controversia entre los misioneros jesuitas y sus rivales. Diez de estas cuestiones concern\u00edan a la participaci\u00f3n de los cristianos en los ritos en honor a Confucio y los muertos. La petici\u00f3n de Moralez intentaba demostrar que los casos en los que ped\u00eda la decisi\u00f3n de la Santa Sede representaban la pr\u00e1ctica autorizada por la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas; en cuanto los jesuitas lo supieron, declararon que estos casos eran imaginarios y que ellos nunca hab\u00edan permitido a los cristianos tomar parte en los ritos como hab\u00eda expuesto Moralez. Declarando las ceremonias il\u00edcitas, en su Decreto de 12 de septiembre de 1645 (aprobado por Inocente X), la congregaci\u00f3n de la Propaganda dio la \u00fanica respuesta posible a las cuestiones que se le presentaron.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En 1651 el padre Martin Martini (autor del \u00abNovus Atlas Sienensis\u00bb) fue enviado desde China a Roma por sus hermanos para dar cuenta veraz de las pr\u00e1cticas de los jesuitas y de los permisos con respecto a los ritos chinos. Este delegado lleg\u00f3 a la Ciudad Eterna en 1654 y, en 1655, remiti\u00f3 cuatro preguntas a la Sagrada Congregaci\u00f3n del Santo Oficio. Este supremo tribunal, en su Decreto del 23 de marzo de 1656, aprobado por Papa Alexandro VII, sancion\u00f3 la pr\u00e1ctica de Ricci y sus socios, expuesta por el padre Martini, declarando que las ceremonias en honor de Confucio y los antepasados parec\u00edan constituir \u00abun culto puramente civil y pol\u00edtico.\u00bb \u00bfEste decreto anul\u00f3 el de 1645? Acerca de esta pregunta, llevada ante el Santo Oficio por el dominico, padre Juan de Polanco, la contestaci\u00f3n fue (20 de noviembre de 1669) que ambos decretos deben permanecer \u00aben pleno vigor\u00bb y deben observarse \u00abde acuerdo con las cuestiones, las circunstancias, y lo contenido en las dudas propuestas.\u00bb\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Entretanto se alcanz\u00f3 un compromiso por los, hasta ahora divididos, misioneros. Esta conciliaci\u00f3n se aceler\u00f3 por la persecuci\u00f3n de 1665, qu\u00e9 congreg\u00f3 durante casi cinco a\u00f1os en la misma casa de Cant\u00f3n a diecinueve jesuitas, tres dominicos y un franciscano (entonces el \u00fanico miembro de su orden en China). Aprovecharon su forzada desocupaci\u00f3n para acordar un m\u00e9todo apost\u00f3lico uniforme, los misioneros discutieron todos los puntos en que deb\u00eda adaptarse la disciplina de la Iglesia a las exigencias de la situaci\u00f3n china. Despu\u00e9s de cuarenta d\u00edas de conversaciones, que terminaron el 26 de enero de 1668, todos (con la posible excepci\u00f3n del franciscano Antonio de Santa Maria que era muy celoso y sumamente inflexible) subscribieron cuarenta y dos art\u00edculos, el resultado de las deliberaciones, de los que el cuadrag\u00e9simo primero era como sigue: \u00abSobre las ceremonias en las que los chinos honran a su maestro Confucio y a los muertos, las contestaciones de la Sagrada Congregaci\u00f3n de la Inquisici\u00f3n, aprobadas por nuestro Santo Padre Alejandro VII, en 1656, deben seguirse absolutamente porque est\u00e1n basadas en una muy probable opini\u00f3n, a la que es imposible contraponer cualquier evidencia contraria, y, asumida esta probabilidad, la puerta de la salvaci\u00f3n no debe cerrarse a los innumerables chinos que abandonar\u00edan la religi\u00f3n cristiana si se les prohibiera aquello que pueden hacer l\u00edcitamente y de buena fe y qu\u00e9 no pueden abandonar sin perjuicio serio.\u00bb Despu\u00e9s de la firma, sin embargo, una nueva cort\u00e9s discusi\u00f3n sobre este art\u00edculo tuvo lugar por escrito entre el padre Domingo Fern\u00e1ndez Navarrete, superior de los dominicos, y el m\u00e1s sabio de los jesuitas en Cant\u00f3n. Navarrete finalmente pareci\u00f3 satisfecho y el 29 de septiembre de1669, envi\u00f3 su escrito de aceptaci\u00f3n del art\u00edculo al superior de los jesuitas. No obstante, el 19 de diciembre de este a\u00f1o abandon\u00f3 clandestinamente Cant\u00f3n hacia Macao de donde march\u00f3 a Europa. All\u00ed, sobre todo en Roma d\u00f3nde estaba en 1673, solo busc\u00f3 en adelante echar abajo aquello que se hab\u00eda intentado en las conferencias de Cant\u00f3n. Public\u00f3 los \u00abTratados hist\u00f3ricos, pol\u00edticos, ethicos, y religiosos de la monarchia de China\u00bb (I, Madrid, 1673; del vol\u00famen II, impreso en 1679 e incompleto, s\u00f3lo son conocidas dos copias). Este trabajo est\u00e1 lleno de apasionadas imputaciones contra los misioneros jesuitas, rechazando sus m\u00e9todos de apostolado y sobre todo su tolerancia de los ritos. No obstante, Navarrete no consigui\u00f3 inducir a la Santa Sede para reasumir la cuesti\u00f3n, esto estaba reservado para Charles Maigrot, miembro de la Nueva Sociedad de Misiones Extranjeras. Maigrot fue a China en 1683. Era vicario apost\u00f3lico de Fu-kien, antes de ser obispo, cuando, el 26 de marzo de 1693, dirigi\u00f3 a los misioneros de su vicariato un mandato que proscrib\u00eda los nombres T&#8217;ien y Shang-ti; prohibiendo que a los cristianos se les permitiera participar o ayudar en \u00ablos sacrificios o solemnes oblaciones\u00bb en honor de Confucio o los difuntos; prescribiendo la modificaci\u00f3n de las inscripciones en las l\u00e1pidas ancestrales; censurando y prohibiendo ciertas, seg\u00fan su parecer, referencias demasiado favorables a los antiguos fil\u00f3sofos chinos; y, finalmente, pero no por ello menor, declarando que la exposici\u00f3n hecha por el padre Martini no era verdad y que por consiguiente la aprobaci\u00f3n que este hab\u00eda recibido de Roma no era v\u00e1lida.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Por orden de Inocencio XII, el Santo Oficio reasumi\u00f3 en 1697 el estudio de la cuesti\u00f3n en los documentos elaborados por los procuradores de Mons. Maigrot y en los de aqu\u00e9llos que mostraban el lado opuesto, presentados por los representantes de los misioneros jesuitas. Es digno de hacer notar que en este per\u00edodo, muchos de los misioneros de fuera de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas, en especial todos los agustinos, casi todos los franciscanos y algunos dominicos, se hab\u00edan convertido a la pr\u00e1ctica de Ricci y los misioneros jesuitas. La dificultad de comprender la verdad, en medio de tan diferentes presentaciones de los hechos e interpretaciones contradictorias de los textos, impidi\u00f3 a la Congregaci\u00f3n alcanzar una decisi\u00f3n hasta el final de 1704, bajo el pontificado de Clemente XI. Mucho antes de ello, el papa hab\u00eda elegido y enviado al lejano oriente un legado para asegurar la ejecuci\u00f3n de los decretos Apost\u00f3licos y regular todas las otras cuestiones para el bienestar de las misiones. El prelado escogido fue Charles-Thomas-Maillard de Tournon (nacido en Tur\u00edn) a quien Clemente XI hab\u00eda consagrado con sus propias manos el 27 de diciembre de 1701 y a quien confiri\u00f3 el t\u00edtulo de Patriarca de Antioquia. Saliendo de Europa el 9 de febrero de1703, Mons. de Tournon se qued\u00f3 durante un tiempo en India (ver RITOS MALABARES) alcanzando Macao el 2 de abril de 1705 y Pek\u00edn el 4 de diciembre del mismo a\u00f1o. El emperador K&#8217;ang-Hi le otorg\u00f3 una bienvenida calurosa y lo trat\u00f3 con gran honor hasta que supo, quiz\u00e1s a trav\u00e9s de la imprudencia del mismo legado, que uno de los objetos de su embajada, si no el m\u00e1s importante, era abolir los ritos entre los cristianos. Mons. de Tournon era consciente de que la decisi\u00f3n contra los ritos estaba tomada desde el 20 de noviembre de 1704, pero todav\u00eda no se hab\u00eda publicado en Europa, porque el papa deseaba que primero se publicase en China. Obligado a dejar Pek\u00edn, el legado march\u00f3 a Nan-King cuando se enter\u00f3 de que el emperador hab\u00eda ordenado a todos los misioneros, bajo pena de expulsi\u00f3n, que se presentaran ante \u00e9l para recibir un piao o diploma que les otorgaba el permiso para predicar el Evangelio. Este diploma s\u00f3lo ser\u00eda concedido a aqu\u00e9llos que prometieran no oponerse a los ritos nacionales. Al recibir estas noticias, el legado sinti\u00f3 que ya no pod\u00eda posponer el anuncio de las decisiones de Roma. Por un mandato del 15 de enero de 1707, requiri\u00f3 de todos los misioneros, bajo pena de excomuni\u00f3n, responder a las autoridades chinas, si les preguntaban, que \u00abalgunas cosas\u00bb en la doctrina y costumbres chinas no estaban de acuerdo con la ley Divina y que \u00e9stas eran principalmente \u00ablos sacrificios a Confucio y a los antepasados\u00bb y\u00bb el uso de l\u00e1pidas ancestrales\u00bb y adem\u00e1s que \u00abShang-Ti\u00bb y\u00bb T&#8217;ien\u00bb no eran el \u00abverdadero Dios de los cristianos.\u00bb Cuando el emperador tuvo conocimiento de este Decreto, orden\u00f3 que Mons. de Tournon fuera tra\u00eddo a Macao y le prohibi\u00f3 que saliera all\u00ed antes del retorno de los enviados que \u00e9l mismo envi\u00f3 al papa para explicar sus objeciones a la prohibici\u00f3n de los ritos. Mientras todav\u00eda era sujeto de esta restricci\u00f3n, el legado falleci\u00f3 en 1710.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Entretanto hab\u00edan sido expulsados de China Mons. Maigrot y varios otros misioneros que se han negado a pedir el piao. Pero la mayor\u00eda (es decir, todos los jesuitas, la mayor\u00eda de los franciscanos, y otros religiosos misioneros, teniendo a la cabeza al obispo de Pek\u00edn, un franciscano, y el obispo de Ascalon, vicario Apost\u00f3lico de Kiang-Si, un agustino) consideraron que, para prevenir la ruina total de la misi\u00f3n, podr\u00edan posponer la obediencia al legado hasta que el papa hubiera manifestado su voluntad. Clemente XI replic\u00f3 publicando (marzo de 1709) la respuesta del Santo Oficio, que \u00e9l ya hab\u00eda aprobado el 20 de noviembre de 1704, y entonces conmin\u00f3 a la misma Congregaci\u00f3n a emitir (25 de septiembre de 1710) un nuevo Decreto que aprobaba los actos del legado y ordenaba la observancia del mandato de Nan-King, pero interpretado en el sentido de las contestaciones romanas de 1704, omitiendo todas las cuestiones y la mayor\u00eda de los pre\u00e1mbulos y concluyendo con una formula de juramento que el papa impuso a todos los misioneros y que les obligaba, bajo las penas m\u00e1s severas, a observar y hacer observar totalmente y sin reservas las decisiones incluidas en el acta pontificia. Esta Constituci\u00f3n, que lleg\u00f3 a China en 1716, no encontr\u00f3 rebeld\u00eda entre los misioneros, pero incluso aqu\u00e9llos que lo buscaron con m\u00e1s celo, no pudieron inducir a la mayor\u00eda de sus fieles a observar estas disposiciones. Al mismo tiempo se despert\u00f3 de nuevo el odio de los paganos, reencendido por la antigua acusaci\u00f3n de que la Cristiandad era enemiga de los ritos nacionales, y los ne\u00f3fitos empezaron a ser los objetos de persecuciones a las que K&#8217;ang-Hi, hasta ahora tan bien dispuesto, dio entonces casi total libertad. Clemente XI busc\u00f3 remediar esta cr\u00edtica situaci\u00f3n enviando a China un segundo legado, Juan-Ambrosio Mezzabarba a quien nombr\u00f3 Patriarca de Alejandr\u00eda. Este prelado zarp\u00f3 de Lisboa el 25 de marzo de 1720, llegando a Macao el 26 de septiembre y a Cant\u00f3n el 12 de octubre. Admitido, no sin la dificultad, en Pek\u00edn y a una audiencia con el emperador, el legado solo pudo evitar su inmediato despido y la expulsi\u00f3n de todos los misioneros, dando a conocer algunas suavizaciones de la Constituci\u00f3n \u00abEx ill\u00e2 die\u00bb que estaba autorizado a ofrecer, y dando la esperanza a K&#8217;ang-Hi de que el papa todav\u00eda conceder\u00eda otras. Entonces aceler\u00f3 su regreso a Macao, donde dirigi\u00f3 (4 de noviembre de 1721) una carta pastoral a los misioneros de China, comunic\u00e1ndoles el texto aut\u00e9ntico de sus ocho \u00abpermisos\u00bb en relaci\u00f3n a los ritos. Manifest\u00f3 que \u00e9l no permitir\u00eda nada prohibido por la Constituci\u00f3n; en la pr\u00e1ctica, sin embargo, sus concesiones relajaron el rigor de las prohibiciones pontificias, aunque ello no produjo armon\u00eda o unidad de acci\u00f3n entre los operarios apost\u00f3licos. Para conseguir este resultado tan deseable, el papa pidi\u00f3 una nueva investigaci\u00f3n, cuyo objetivo principal era la legitimidad y oportunidad de los \u00abpermisos\u00bb de Mezzabarba; iniciada por el Santo Oficio bajo Clemente XII, s\u00f3lo se alcanz\u00f3 una conclusi\u00f3n bajo Benito XIV. El 11 de julio de 1742, esta papa, por la Bula \u00abEx quo singulari\u00bb, confirm\u00f3 y reimpuso, de un modo m\u00e1s enf\u00e1tico, la Constituci\u00f3n \u00abEx ill\u00e2 die\u00bb, y conden\u00f3 y anul\u00f3 los \u00abpermisos\u00bb de Mezzabarba como consentidores de las supersticiones que esa Constituci\u00f3n buscaba destruir. Esta acci\u00f3n termin\u00f3 la controversia entre los cat\u00f3licos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La Santa Sede no entr\u00f3 en las cuestiones puramente te\u00f3ricas, como es el caso de lo que los ritos chinos eran y significaban seg\u00fan su instituci\u00f3n y su antig\u00fcedad. En esto el padre Ricci ten\u00eda raz\u00f3n; pero estaba equivocado pensando que, como pr\u00e1ctica en tiempos modernos, no eran supersticiosos o podr\u00edan realizarse libres de toda la superstici\u00f3n. Las papas declararon, despu\u00e9s de escrupulosas investigaciones, que las ceremonias en honor de Confucio o los antepasados y difuntos estaban te\u00f1idas de tal grado de superstici\u00f3n que no pod\u00edan ser purificadas. Pero el error de Ricci, como el de sus compa\u00f1eros y sucesores, fue sin embargo un error de juicio. La Santa Sede prohibi\u00f3 expresamente que se afirmase que ellos hab\u00edan aprobado la idolatr\u00eda; ser\u00eda de hecho una odiosa calumnia acusar a un hombre como Ricci, y otros tantos santos y celosos misioneros, de haber aprobado y permitido a sus ne\u00f3fitos pr\u00e1cticas que sab\u00edan que eran supersticiosas y contrarias a la pureza de la religi\u00f3n. A pesar de este error, Matteo Ricci sigue siendo un espl\u00e9ndido ejemplo de misionero y fundador, insuperable en su celosa intrepidez, en la inteligencia de los m\u00e9todos aplicados a cada situaci\u00f3n, y la incansable tenacidad con que sigui\u00f3 los proyectos que emprendi\u00f3. A \u00e9l pertenece la gloria, no s\u00f3lo de la apertura del Evangelio a un inmenso imperio, sino la de abrir al mismo tiempo la primera brecha en la desconfianza de los extranjeros que exclu\u00edan a China del progreso general del mundo. El establecimiento de la misi\u00f3n cat\u00f3lica en el coraz\u00f3n de este pa\u00eds tambi\u00e9n tuvo sus consecuencias econ\u00f3micas: puso los cimientos de un buen entendimiento entre el Lejano Oriente y Occidente, que creci\u00f3 con el progreso de la misi\u00f3n. Es superfluo detallar sus consecuencias desde el punto de vista de los intereses materiales del mundo entero. Por \u00faltimo, la ciencia debe al padre Ricci el primer conocimiento cient\u00edfico exacto recibido en Europa acerca de China, su verdadera situaci\u00f3n geogr\u00e1fica, su antigua civilizaci\u00f3n, su inmensa y curiosa literatura, su organizaci\u00f3n social tan diferente de lo que existi\u00f3 en otros lugares. El m\u00e9todo instituido por Ricci hizo necesario un estudio fundamental de este nuevo mundo, y si los misioneros que lo han seguido han dado tanto servicio a la ciencia como a la religi\u00f3n, una gran parte del m\u00e9rito es debida a Ricci.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<b>Bibliograf\u00eda<\/b>:  [MATTEO RICCI], \u00abDell&#8217; entrata della Campagnia di Giesu e christianita nella Cina\u00bb (Ms. del padre Ricci, existentes en los archivos de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas; citado en el articulo anterior como las \u00abMemorias del padre Ricci\u00bb, una traducci\u00f3n un tanto libre de esta obra se encuentra en TRIGAULT, \u00abDe christiana expeditione apud Sinas suscepta ab Societate Jesu\u00bb). \u00abEx P. Matthaei Ricci commentariis libri\u00bb, V (Augsbrg, 1615); DE URSIS, \u00abP. Matheus Ricci, S.J. Relacao escripta pelo seu companhiero\u00bb (Rome, 1910); BARTOLI, \u00abDell&#8217; Historia della Compagnia di Gesu. La Cina\u00bb, I-II (Rome, 1663). Bartoli es el m\u00e1s fiable bi\u00f3grafo de Ricci; d&#8217;ORLEANS, \u00abLa vie du Pere Matthieu Ricci\u00bb (Paris, 1693); NATALI, \u00abIl secondo Confucio\u00bb (Rome, 1900); VENTURI, \u00abL&#8217;apostolato del P. M. Ricci d. C. d. G. in Cina secondo I suoi scritti inediti\u00bb (Rome, 1910); BRUCKER, \u00abLe Pere Matthieu Ricci\u00bb in \u00abEtudes\u00bb, CXXIV (Paris, 1910), 5-27; 185-208; 751-79; DE BACKER-SOMMERVOGEL, \u00abBibl. Des ecrivains de la C. de J\u00bb, VI, 1792-95). Chinese Rites.-BRUCKER in VACANT, \u00abDict. De Theol. cath., s.v. \u00abChinois Rites\u00bb y los trabajos mencionados; CORDIER, \u00abBibl. Sinica\u00bb, II, 2nd. Ed., 869-925; IDEM, \u00abHist. Des relations de la Chine avec les puissances occidentales\u00bb, III (Paris, 1902) xxv.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><b>Fuente<\/b>:  Brucker, Joseph. \u00abMatteo Ricci.\u00bb The Catholic Encyclopedia. Vol. 13. New York: Robert Appleton Company, 1912.  <br \/>http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/13034a.htm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Traducido por Quique Sancho\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Contenido 1 Introducci\u00f3n 2 Inicio de la Misi\u00f3n 3 M\u00e9todo de los Misioneros 4 El desarrollo de las Misiones 5 \u00daltimos Trabajos 6 La cuesti\u00f3n de los Nombres Divinos y los ritos chinos Introducci\u00f3n Fundador de las misiones cat\u00f3licas en China, nacido en Macerata, en los entonces Estados Pontificios, el 6 de octubre de 1552; &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/mateo-ricci\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abMATEO RICCI\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-26680","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/26680","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=26680"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/26680\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=26680"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=26680"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=26680"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}