{"id":26796,"date":"2016-02-05T18:04:53","date_gmt":"2016-02-05T23:04:53","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/salmo-131-ii-catequesis-de-benedicto-xvi\/"},"modified":"2016-02-05T18:04:53","modified_gmt":"2016-02-05T23:04:53","slug":"salmo-131-ii-catequesis-de-benedicto-xvi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/salmo-131-ii-catequesis-de-benedicto-xvi\/","title":{"rendered":"SALMO 131 (II): CATEQUESIS DE BENEDICTO XVI"},"content":{"rendered":"<p><p style=\"text-align: justify\">Acaba de resonar la segunda parte del Salmo 131, un canto que evoca un acontecimiento capital en la historia de Israel: la traslaci\u00f3n del arca del Se\u00f1or a la ciudad de Jerusal\u00e9n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">David fue el art\u00edfice de esta transferencia, atestiguada en la primera parte del Salmo, que ya hemos meditado. De hecho, el rey, hab\u00eda hecho el juramento de no establecerse en el palacio real hasta no haber encontrado una morada para el arca de Dios, signo de la presencia del Se\u00f1or junto a su pueblo (Cf. vers\u00edculos 3-5).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">A aquel juramento del soberano le corresponde ahora el juramento del mismo Dios: \u00abEl Se\u00f1or ha jurado a David una promesa que no retractar\u00e1\u00bb (vers\u00edculo 11). Esta promesa solemne, en definitiva, es la misma que el profeta Nat\u00e1n hab\u00eda hecho, en nombre de Dios, al mismo David; afecta a la descendencia dav\u00eddica, destinada a reinar de manera estable (Cf. 2 Samuel 7, 8-16).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">2. El juramento divino involucra, sin embargo, el compromiso humano y de hecho est\u00e1 condicionado por un \u00absi\u00bb: \u00absi tus hijos guardan mi alianza\u00bb (Salmo 131, 12). A la promesa y al don de Dios, que no tiene nada de m\u00e1gico, debe responder la adhesi\u00f3n fiel y activa del hombre en un di\u00e1logo que entrecruza dos libertades, la divina y la humana.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Al llegar a este punto el Salmo se transforma en un canto que exalta tanto los efectos estupendos del don del Se\u00f1or como la fidelidad de Israel. Se experimentar\u00e1, de hecho, la presencia de Dios en medio a su pueblo (Cf. vers\u00edculos 13-14): ser\u00e1 como un habitante entre los habitantes de Jerusal\u00e9n, como un ciudadano que vive con los dem\u00e1s ciudadanos las vicisitudes de la historia, ofreciendo sin embargo la potencia de su bendici\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">3. Dios bendecir\u00e1 las cosechas, preocup\u00e1ndose de los pobres para que puedan saciarse (Cf. vers\u00edculo 15); extender\u00e1 su manto protector sobre los sacerdotes ofreci\u00e9ndoles su salvaci\u00f3n, har\u00e1 que todos los fieles vivan en la alegr\u00eda y en la confianza (Cf. vers\u00edculo 16).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La bendici\u00f3n m\u00e1s intensa queda reservada una vez m\u00e1s para David y para su descendencia: \u00abHar\u00e9 germinar el vigor de David, enciendo una l\u00e1mpara para mi Ungido. A sus enemigos los vestir\u00e9 de ignominia, sobre \u00e9l brillar\u00e1 mi diadema\u00bb (vers\u00edculos 17-18).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Una vez m\u00e1s, como hab\u00eda sucedido en la primera parte del Salmo (Cf. vers\u00edculo 10), aparece en la escena la figura del \u00abUngido\u00bb, en hebreo \u00abMes\u00edas\u00bb, enlazando as\u00ed la descendencia de David con el mesianismo que, en la relectura cristiana, encuentra su pleno cumplimiento en la figura de Cristo. Las im\u00e1genes que utiliza son sumamente vivas: David es representado como un reto\u00f1o que crece con vigor. Dios ilumina al descendiente de David con una l\u00e1mpara de luz intensa, s\u00edmbolo de vitalidad y de gloria, una espl\u00e9ndida diadema marcar\u00e1 su triunfo sobre los enemigos y por tanto la victoria sobre el mal.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">4. En Jerusal\u00e9n, en el templo que custodia el arca y en la dinast\u00eda de David, se cumple la doble presencia del Se\u00f1or, en el espacio y en la historia. El Salmo 131 se convierte, de este modo, en una celebraci\u00f3n del Dios-Emmanuel que est\u00e1 con sus criaturas, vive junto a ellas y las ayuda, a condici\u00f3n de que permanezcan unidas a \u00c9l en la verdad y en la justicia. El centro espiritual de este himno es ya un preludio de la proclamaci\u00f3n de Juan: \u00abY la Palabra se hizo carne, y puso su morada entre nosotros\u00bb (Juan 1, 14).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">5. Concluimos recordando que el inicio de esta segunda parte del Salmo 131 fue utilizada habitualmente por los padres de la Iglesia para describir la encarnaci\u00f3n del Verbo en el seno de la Virgen Mar\u00eda.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">San Ireneo, remont\u00e1ndose a la profec\u00eda de Isa\u00edas sobre la virgen que da a luz, explicaba: \u00abLas palabras: \u00abO\u00edd, pues, casa de David\u00bb (Isa\u00edas 7, 13) indican que el rey eterno, que seg\u00fan la promesa de Dios a David surgir\u00eda del \u00abfruto de su vientre\u00bb (Salmo 131,11), es el mismo que naci\u00f3 de la Virgen, de la descendencia de David. Por ello, le hab\u00eda prometido un rey que nacer\u00eda del \u00abfruto de su vientre\u00bb, expresi\u00f3n que indica una virgen encinta. Por tanto, la Escritura\u2026 hace referencia al fruto del vientre para proclamar que el nacimiento de quien ten\u00eda que venir acaecer\u00eda de la Virgen. As\u00ed lo testimoni\u00f3 precisamente Isabel, llena del Esp\u00edritu santo, cuando dijo a Mar\u00eda: \u00abBendita t\u00fa entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre\u00bb (Lucas 1, 42). De este modo, el Esp\u00edritu Santo indica a los que quieren escucharle que al dar a luz la Virgen, es decir, Mar\u00eda, se cumpli\u00f3 la promesa hecha por Dios a David: suscitar un rey del fruto de su vientre\u00bb (\u00abContra las herej\u00edas\u00bb &#8211;\u00abContro le eresie\u00bb&#8211;, 3,21,5: Gi\u00e0 e Non Ancora, CCCXX, Mil\u00e1n 1997, p. 285).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">De este modo, vemos la fidelidad de Dios en el gran arco que va desde el antiguo Salmo hasta la encarnaci\u00f3n del Se\u00f1or. En el Salmo ya aparece y resplandece el misterio de un Dios que habita en nosotros, que se convierte en uno de nosotros en la Encarnaci\u00f3n. Y esta fidelidad de Dios es nuestra confianza en los cambios de la historia, es nuestra alegr\u00eda.\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Acaba de resonar la segunda parte del Salmo 131, un canto que evoca un acontecimiento capital en la historia de Israel: la traslaci\u00f3n del arca del Se\u00f1or a la ciudad de Jerusal\u00e9n. David fue el art\u00edfice de esta transferencia, atestiguada en la primera parte del Salmo, que ya hemos meditado. 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