{"id":27080,"date":"2016-02-05T18:16:41","date_gmt":"2016-02-05T23:16:41","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/teologia-de-cristo\/"},"modified":"2016-02-05T18:16:41","modified_gmt":"2016-02-05T23:16:41","slug":"teologia-de-cristo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/teologia-de-cristo\/","title":{"rendered":"TEOLOGIA DE CRISTO"},"content":{"rendered":"<p><p style=\"text-align: justify\">La Cristolog\u00eda es la parte de la Teolog\u00eda que trata de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo. Si bien abarca en su totalidad las doctrinas que se refieren tanto a la persona de Cristo como a sus obras, sin embargo el presente art\u00edculo se limitar\u00e1 a la consideraci\u00f3n de la persona de Cristo. Del mismo modo, no invadiremos el territorio del historiador o del te\u00f3logo veterotestamentario, quienes dan cuenta de sus perspectivas en los art\u00edculos titulados Jesucristo y Mes\u00edas. Podemos decir que el campo del presente escrito es la teolog\u00eda de la persona de Jesucristo vista a la luz del Nuevo Testamento y desde el punto de vista cristiano.<br \/>\nLa persona de Jesucristo es la segunda persona de la Sant\u00edsima Trinidad, el Hijo o la Palabra del Padre, quien \u201cse encarn\u00f3 de la Sant\u00edsima Virgen por obra del Esp\u00edritu Santo y se hizo hombre\u201d. Tales misterios, aunque ya hab\u00edan anunciados en el Antiguo Testamento, fueron revelados en su totalidad en el Nuevo y desarrollados con claridad en la Tradici\u00f3n Cristiana y la Teolog\u00eda. Por eso estudiaremos nuestro tema bajo el triple aspecto del Antiguo Testamento, del Nuevo Testamento y de la Tradici\u00f3n Cristiana.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\nI. Antiguo Testamento;\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">II. Nuevo Testamento;\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">(1) Cristolog\u00eda Paulina;\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">(a) La Humanidad de Cristo en las Ep\u00edstolas Paulinas;<br \/>\n(b) La Divinidad de Cristo en las Ep\u00edstolas Paulinas;\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">(2) Cristolog\u00eda de las Ep\u00edstolas Cat\u00f3licas;\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">(a) La Ep\u00edstola de Santiago;<br \/>\n(b) La Creencia de San Pedro;<br \/>\n(c) La Ep\u00edstola de San Judas;\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">(3) Cristolog\u00eda Juanina;\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">(4) Cristolog\u00eda de los Sin\u00f3pticos;\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">III. Tradici\u00f3n Cristiana;\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">(1) La Humanidad de Cristo;<br \/>\n(2) La Divinidad de Cristo;<br \/>\n(3) Uni\u00f3n Hipost\u00e1tica.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">I.  ANTIGUO TESTAMENTO\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">De lo anterior creemos que queda claro que aqu\u00ed el Antiguo Testamento no se considera desde la \u00f3ptica del escriba jud\u00edo, sino de la del te\u00f3logo cristiano. El mismo Jesucristo fue el primero en usarlo de esa manera al repetir sus referencias a los pasajes mesi\u00e1nicos de los escritos prof\u00e9ticos. Los ap\u00f3stoles vieron en esas profec\u00edas muchos argumentos a favor de las ense\u00f1anzas y proclamaciones de Jesucristo. Tambi\u00e9n los evangelistas est\u00e1n familiarizados con ellas, aunque su recurso a ellas es menos frecuente que el de los escritores patr\u00edsticos. Incluso los Padres o proponen el argumento prof\u00e9tico en t\u00e9rminos generales o citan profec\u00edas espec\u00edficas. Pero con ello prepararon el terreno para una comprensi\u00f3n m\u00e1s profunda de la perspectiva hist\u00f3rica de las predicciones mesi\u00e1nicas que comenzaron a tener fuerza en los siglos XVIII y XIX. Dejaremos la explicaci\u00f3n del desarrollo hist\u00f3rico de las profec\u00edas mesi\u00e1nicas para el escritor del art\u00edculo Mes\u00edas y haremos una sencilla llamada de atenci\u00f3n a las predicciones prof\u00e9ticas acerca de la genealog\u00eda, el nacimiento, la infancia, los nombres, los oficios, la vida p\u00fablica, los sufrimientos y la gloria de Cristo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">(1)   Las referencias a la genealog\u00eda humana del Mes\u00edas son numerosas en el Antiguo Testamento. Se le representa como la semilla de la mujer, el hijo de Sem, el hijo de Abraham, Isaac y Jacob, el hijo de David, el pr\u00edncipe de los pastores, el reto\u00f1o de la rama del cedro (Gen 3, 1-19; 9, 18-27; 12, 1-9; 17, 1-9; 18, 17-19; 22, 16-18; 26, 1-5; 27, 1-15; Num 24, 15-19; II Re 7, 1-16; 1 Cro 17, 1-17; Jer 23, 1-8; 33, 14-26; Ez 17). El Salmista real exalta la genealog\u00eda divina del futuro Mes\u00edas en las palabras: \u201cT\u00fa eres mi hijo, yo te he engendrado hoy\u201c (Sal 2,7)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">(2)   Los profetas frecuentemente hablan del nacimiento del Mes\u00edas esperado y lo ubican en Bel\u00e9n de Jud\u00e1 (Mi 5,2-14); determinan su tiempo por de la sucesi\u00f3n del cetro de Jud\u00e1 (Gn 49,8-12), por las setenta semanas de Daniel (9,22-27) y por el \u201cbreve tiempo\u201d mencionado en el libro de Ageo (2,1-10). Los visionarios del Antiguo Testamento tambi\u00e9n vieron que el Mes\u00edas hab\u00eda de nacer de una madre virgen (Is 7,1-17) y que su apariencia, al menos la p\u00fablica, ser\u00eda antecedida por un precursor (Is 40, 1-11; Mal 4,5-6).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">(3)   Ciertos eventos conectados con la infancia del Mes\u00edas fueron considerados tan importantes que constituyen el objeto de predicciones prof\u00e9ticas. Entre esas est\u00e1 la adoraci\u00f3n de los magos (Sal 81,1-17), la matanza de los Inocentes (Jer 31,15-26) y la hu\u00edda a Egipto (Os 11,1-7). Indudablemente que en el caso de estas tres profec\u00edas, como en el de muchas otras, su cumplimiento es su mejor comentario, pero ello no ignora el hecho de que los eventos a que aluden fueron realmente predichos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">(4)   Probablemente haya menor necesidad de insistir en las predicciones referentes a los m\u00e1s conocidos nombres y t\u00edtulos mesi\u00e1nicos, dado que significan menor dificultad. En las profec\u00edas de Zacar\u00edas el Mes\u00edas es llamado \u201cOriente\u201d o, seg\u00fan el texto hebreo, \u201cel Germen\u201d (3; 6,9-15)&#160;; en el libro de Daniel es el \u201cHijo del Hombre\u201d (7); en Malaqu\u00edas es el \u201c\u00c1ngel de la Alianza\u201d (2,17; 3,6); en Isa\u00edas es el \u201cSalvador\u201d (51,1; 52,12; 62); el \u201cSiervo del Se\u00f1or\u201d (49), el \u201cEmmanuel\u201d (8,1-10), el \u201cPr\u00edncipe de la Paz\u201d (9,7).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">(5)   Los oficios mesi\u00e1nicos se consideran en forma general en la parte posterior de Isa\u00edas (61). En particular, se considera al Mes\u00edas como un profeta en el libro del Deuteronomio (18,9-22); como rey en el c\u00e1ntico de Ana (I Re 2,1-10) y en el canto real del Salmista (44); como sacerdote en la figura sacerdotal de Melquisedec (Gn 14,14-20) y en las palabras del salmo 109: \u201csacerdote para siempre\u201d; como Goel, o libertador, en la segunda parte de Isa\u00edas (63,1-6); como mediador del Nuevo Testamento, bajo la forma de una alianza con el pueblo (Is 42,1; 43,13), y de la luz de los gentiles (Is 49).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">(6)   En cuanto a la vida p\u00fablica del Mes\u00edas, Isa\u00edas nos da una idea general de la totalidad con que el Esp\u00edritu se le da al Ungido (11,1-16), y del trabajo mesi\u00e1nico (4). El Salmista presenta una descripci\u00f3n del Buen Pastor (22). Isa\u00edas resume los milagros mesi\u00e1nicos (35). Zacar\u00edas exclama: \u201cRegoc\u00edjate grandemente, Hija de Si\u00f3n\u201d, prediciendo as\u00ed la solemne entrada de Cristo a Jerusal\u00e9n. El Salmista se refiere a ese mismo evento cuando menciona la alabanza que sale de la boca de los infantes (8). Y para citar de nuevo el libro de Isa\u00edas, el profeta predice el rechazo del Mes\u00edas a trav\u00e9s de una alianza con la muerte (27) y el salmista alude al mismo misterio cuando habla de la piedra rechazada por los constructores (117, 22).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">(7)   \u00bfHar\u00e1 falta mencionar que los sufrimientos del Mes\u00edas fueron totalmente predichos por los profetas del Antiguo Testamento? La idea general de una v\u00edctima mesi\u00e1nica aparece en el contexto de las palabras \u201cni sacrificio ni oblaci\u00f3n quer\u00edas\u201d (Sal 39,7), en el pasaje que inicia con la resoluci\u00f3n \u201cqueremos poner madera en su pan\u201d (La Biblia de Jerusal\u00e9n traduce: \u201cDestruyamos el \u00e1rbol en su vigor\u201d. V\u00e9ase la nota explicativa, N.T.) (Jer 11), y en el sacrificio descrito por el profeta Malaqu\u00edas (1). Adem\u00e1s, la serie de acontecimientos particulares que constituyen la historia de la Pasi\u00f3n de Cristo ha sido descrita por los profetas con notable minuciosidad. El Salmista se refiere a la traici\u00f3n en las palabras: \u201cHasta mi amigo \u00edntimo (\u201cmi hombre de paz\u201d. Cfr. Biblia de Jerusal\u00e9n. N.T. ) en quien yo confiaba, el que mi pan com\u00eda, levanta contra mi su calca\u00f1ar\u201d (40,10); y Zacar\u00edas sabe de las \u201ctreinta piezas de plata\u201d (11); el Salmista que ora desde la angustia de su alma es figura de Cristo en su agon\u00eda (54); su captura est\u00e1 profetizada en las palabras \u201cperseguidle&#8230; apresadle\u201d y \u201cSe atropella la vida del justo\u201d (Sal 70,11; 93,21); el juicio fundado en falsos testimonios puede encontrarse representado en las palabras \u201cPues se han alzado contra mi falsos testigos, que respiran violencia\u201d (Sal 26,12); la flagelaci\u00f3n est\u00e1 retratada en la descripci\u00f3n del Var\u00f3n de dolores (Is 52,13; 53,12) y en las palabras \u201cEllos se r\u00eden de mi ca\u00edda, se re\u00fanen, s\u00ed, se re\u00fanen contra mi; extranjeros que yo no conozco desgarran sin descanso\u201d (Sal 34,15); la suerte del traidor queda dibujada en las imprecaciones del salmo 108; la crucifixi\u00f3n es mencionada en los pasajes \u201c\u00bfQu\u00e9 son esas llagas en medio de mis manos?\u201d (Zac 13), \u201cConden\u00e9mosle a la muerte m\u00e1s vergonzosa\u201d (Sal 2), y \u201cHan taladrado mis anos y mis pies\u201d (Sal 21). La oscuridad milagrosa sucede en Am 8; la hiel y el vinagre son mencionados en el salmo 68; la herida del costado de Cristo es anunciada en Zac 12. El sacrificio de Isaac (Gn 21,1-14), el cordero sacrificial (Lev 16, 1-28), las cenizas de la purificaci\u00f3n (Num 19, 1-10) y la serpiente de bronce (Num 21, 4-9) tienen un lugar prominente entre las figuras del Mes\u00edas sufriente. El cap\u00edtulo tercero de las Lamentaciones es considerado correctamente como el discurso funerario de nuestro Redentor sepultado.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">(8)   Por \u00faltimo, la gloria del Mes\u00edas ha sido prevista por los profetas del Antiguo Testamento. El contexto de frases tales como \u201cMe he levantado porque el Se\u00f1or me ha protegido\u201d (Sal 3), \u201cMi carne descansar\u00e1 segura\u201d (Sal 15), \u201c\u00c9l se levantar\u00e1 al tercer d\u00eda\u201d (Os 5,15; 6,3), \u201cOh muerte, yo ser\u00e9 tu muerte\u201d (Os 13,6-15 a), y \u201cS\u00e9 que mi redentor vive\u201d (Job 19, 23-27) llevaban al devoto creyente jud\u00edo a algo m\u00e1s que una simple restauraci\u00f3n temporal, cuyo cumplimiento comenz\u00f3 a cumplirse en la resurrecci\u00f3n de Cristo. Este misterio tambi\u00e9n est\u00e1 impl\u00edcito, al menos como tipolog\u00eda, en las primeras frutas de la cosecha (Lev 23, 9-14) y en el rescate de Jon\u00e1s del vientre de la ballena (Jon 2). Pero no es s\u00f3lo la resurrecci\u00f3n del Mes\u00edas el \u00fanico elemento de la gloria de Cristo que fue predicho por los profetas. El salmo 67 trata de la ascensi\u00f3n; los versos 28-32 del cap\u00edtulo 2 de Joel se refieren al Par\u00e1clito; el cap\u00edtulo 11 de Isa\u00edas a la llamada de los gentiles; Mi 4,1-7, a la conversi\u00f3n de la sinagoga; Dn 2, 27-47, al reino del Mes\u00edas comparado con el reino del mundo. Otras caracter\u00edsticas del reino mesi\u00e1nico son tipificadas por el tabern\u00e1culo (Ex 25, 8-9; 29, 43; 40, 33-36; Num 9, 15-23), el trono de misericordia (Ex 25, 17-22; Sal 79,1), el man\u00e1 (Ex 16, 1-15; Sal 77, 24-25) y la roca del Horeb (Ex 17, 5-7; Num 20, 10-11; Sal 104,41). En el cap\u00edtulo 12 de Isa\u00edas aparece un c\u00e1ntico de acci\u00f3n de gracias por los beneficios mesi\u00e1nicos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Los libros del Antiguo Testamento no son la \u00fanica fuente que los te\u00f3logos cristianos pueden utilizar para conocer las ideas mesi\u00e1nicas del juda\u00edsmo precristiano. Los or\u00e1culos sibilinos, el Libro de Enoc, el Libro de los Jubileos, los Salmos de Salom\u00f3n, la Ascensi\u00f3n de Mois\u00e9s, la Revelaci\u00f3n de Baruc, el IV Libro de Esdras y varios libros talm\u00fadicos y escritos rab\u00ednicos son ricos veneros de visiones precristianas referentes al Mes\u00edas esperado. Ello no quiere decir que todas esas obras hayan sido escritas antes de la venida de Cristo, pero aunque su autor\u00eda sea parcialmente postcristiana, preservan una imagen del mundo del pensamiento jud\u00edo que data, al menos en su esquema b\u00e1sico, de siglos antes del nacimiento de Cristo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">II. NUEVO TESTAMENTO\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Ciertos autores modernos nos dicen que hay dos Cristos: el Mes\u00edas de la fe y el Jes\u00fas hist\u00f3rico. Ellos ven al Se\u00f1or y Cristo, a quien Dios exalt\u00f3 al resucitarlo de entre los muertos, como el objeto de la fe cristiana; a Jes\u00fas de Nazaret, el predicador y obrador de milagros, como el objeto de los historiadores. Esos autores afirman que es pr\u00e1cticamente imposible convencer incluso al menos experimentado de los cr\u00edticos que Jes\u00fas ense\u00f1\u00f3, en t\u00e9rminos formales y simult\u00e1neamente, la cristolog\u00eda de Pablo, la de Juan, las doctrinas de Nicea, de \u00c9feso y de Calcedonia. Por otra parte, la historia de los primeros siglos cristianos les parece a esos autores como algo inconcebible. Se dice que al cuarto Evangelio le falta la informaci\u00f3n que sustenta las definiciones de los primeros concilios ecum\u00e9nicos y que, por el contrario, aporta un testimonio que no complementa sino corrige el retrato de Jes\u00fas elaborado por los Sin\u00f3pticos. Esas dos referencias del Cristo se ven, seg\u00fan eso, como mutuamente excluyentes: si Jes\u00fas habl\u00f3 y actu\u00f3 como lo hace en los Evangelios Sin\u00f3pticos, eso significa que no habl\u00f3 ni actu\u00f3 como dice Juan que lo hizo. Revisaremos aqu\u00ed brevemente la cristolog\u00eda de San Pablo, de las Ep\u00edstolas Cat\u00f3licas, del Cuarto Evangelio y de los Sin\u00f3pticos. Daremos al lector una cristolog\u00eda completa del Nuevo Testamento y tambi\u00e9n los datos necesarios para defenderse de los modernistas. Pero no ser\u00e1 una cristolog\u00eda completa en el sentido que abarque todos los detalles referentes al Jesucristo ense\u00f1ado por el Nuevo Testamento, sino en el sentido de que nos dar\u00e1 sus caracter\u00edsticas esenciales seg\u00fan las ense\u00f1a la totalidad del Nuevo Testamento.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">(1)   Cristolog\u00eda Paulina\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">San Pablo insiste en la verdad de la real humanidad y divinidad de Cristo, a pesar de que, a primera vista, el lector se enfrenta a tres objetos en los escritos del Ap\u00f3stol: Dios, el mundo humano y el Mediador. Pero este \u00faltimo es a la vez divino y humano, hombre y Dios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">(a)   La humanidad de Cristo en las ep\u00edstolas paulinas\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Las expresiones \u201ccondici\u00f3n de siervo\u201d, \u201capareciendo en su porte como un hombre\u201d, \u201cen carne semejante a la del pecado\u201d (Fil 2,7; Rom 8,3) pueden parecer como lesivas a la humanidad real de Cristo en la ense\u00f1anza paulina. Mas en realidad ellas \u00fanicamente describen un modo de ser o dejan entrever la presencia de una naturaleza superior en Cristo que no es visible a los sentidos. O contrastan la naturaleza humana de Cristo con la de la raza pecadora a la que aquella pertenece. Por otro lado, el Ap\u00f3stol habla abiertamente de Nuestro Se\u00f1or manifestado en la carne (I Tim 3,16); poseedor de un cuerpo de carne (Col 1,22); \u201cnacido de mujer\u201d (Gal 4,4); nacido de la simiente de David seg\u00fan la carne (Rom 1,3); perteneciente seg\u00fan la carne al pueblo de Israel (Rom 9,5). En cuanto jud\u00edo, Jesucristo naci\u00f3 bajo la Ley (Gal 4,4). El Ap\u00f3stol hace \u00e9nfasis en la verdadera participaci\u00f3n de Nuestro Se\u00f1or en nuestra debilidad humana f\u00edsica (II Cor 13, 4), en su vida de sufrimiento (Heb 5,8) (Estudios recientes han demostrado que la Ep\u00edstola a los Hebreos, durante siglos atribuida a San Pablo a ra\u00edz del encabezado de la misma en la Vulgata, no es obra del Ap\u00f3stol, aunque s\u00ed parece notarse en ella la influencia de sus ideas. Su autor permanece an\u00f3nimo, N.T.) que culmina con la pasi\u00f3n (Ib\u00edd., 1, 5; Fil 3,10; Col 1, 24). En s\u00f3lo dos aspectos difiere la humanidad de Nuestro Se\u00f1or del resto de los hombres. Primero, en su ausencia total de pecado (II Cor 5, 21; Gal 2, 17; Rom 7, 3). Segundo, en el hecho de que Nuestro Se\u00f1or es el segundo Ad\u00e1n, que representa a todo el g\u00e9nero humano (Rom 5, 12-21; I Cor 15, 45-49).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">(b)   La divinidad de Cristo en las ep\u00edstolas paulinas\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Seg\u00fan San Pablo, la superioridad de la revelaci\u00f3n cristiana sobre toda otra manifestaci\u00f3n divina, y la perfecci\u00f3n de la Nueva Alianza con su sacrificio y sacerdocio, se derivan del hecho que Cristo es el Hijo de Dios (Heb 1, 1ss; 5, 5ss; Rom 1, 3; Gal 4, 4; Ef 4, 13; Col 1, 12; 2, 9ss). El Ap\u00f3stol entiende la expresi\u00f3n \u201cHijo de Dios\u201d no como una mera dignidad moral, ni como una relaci\u00f3n puramente externa con Dios, iniciada en el tiempo, sino como una relaci\u00f3n eterna e inmanente entre Cristo y el Padre. Compara a Cristo con Aar\u00f3n y sus sucesores, Mois\u00e9s y los profetas, y lo encuentra superior a \u00e9stos (Heb 1,1; 3, 1-6; 5, 4; 7, 1-22; 10, 11). Eleva a Cristo sobre el coro de los \u00e1ngeles y lo hace Se\u00f1or de los mismos (Heb 1, 3; 2, 2-3; 14); lo sienta a la derecha del Padre como heredero universal (Heb 1, 2-3; Gal 4, 14; Ef 1, 20-21). Si San Pablo se ve obligado a usar los t\u00e9rminos \u201cforma de Dios\u201d e \u201cimagen de Dios\u201d al hablar de la divinidad de Cristo, para poder mostrar la distinci\u00f3n personal entre el Padre Eterno y el Hijo Divino (Fil 2, 6; Col 1, 15), Cristo no es simplemente la imagen y la gloria de Dios (I Cor 11, 7), sino tambi\u00e9n el primog\u00e9nito de toda creatura (Col 1, 15), en quien, por quien y para quien fueron hechas todas las cosas (Col 1, 16), en quien la plenitud de la divinidad reside junto con la realidad actual que nosotros atribuimos a los cuerpos materiales perceptibles y mensurables a trav\u00e9s de nuestros sentidos (Col 2, 9), en una palabra, quien \u201cest\u00e1 por encima de todas las cosas, Dios bendito por todos los siglos\u201d (Rom 9, 5).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">(2)   Cristolog\u00eda de las Ep\u00edstolas Cat\u00f3licas\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Las ep\u00edstolas de San Juan ser\u00e1n consideradas junto con los dem\u00e1s escritos del mismo Ap\u00f3stol en el siguiente apartado. Bajo el presente encabezado se\u00f1alaremos brevemente los puntos de vista sostenidos por los ap\u00f3stoles Santiago, Pedro y Judas relativos a Cristo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">(a)   La Ep\u00edstola de Santiago\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El objetivo principal de la Ep\u00edstola de Santiago no nos permite esperar que la divinidad de Nuestro Se\u00f1or quede en ella expresada formalmente como una doctrina de fe. Empero, esa doctrina est\u00e1 impl\u00edcita en el lenguaje del escritor inspirado. \u00c9l profesa que su relaci\u00f3n con Cristo es id\u00e9ntica a la que tiene con Dios, y que es siervo de ambos (1,1). Aplica el mismo t\u00e9rmino al Dios del Antiguo Testamento y a Jesucristo (passim). Jesucristo es tanto el juez soberano como legislador independiente, que puede salvar y destruir (4, 12). La fe en Jesucristo es la fe en el Se\u00f1or de la gloria (2,1). Si no se admite la firme fe del autor en la divinidad de Jesucristo el lenguaje de la ep\u00edstola constituir\u00eda una forzada exageraci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">(b)   La creencia de San Pedro\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">San Pedro se presenta a si mismo como siervo y ap\u00f3stol de Jesucristo (I Pe 1, 1; II Pe 1, 1), quien fue anunciado por los profetas del Antiguo Testamento de modo tal que esos mismos profetas fueron tambi\u00e9n siervos, heraldos e instrumentos de Jesucristo (I Pe 1, 10-11). Es el Cristo preexistente quien modula las expresiones de los profetas de Israel al proclamar sus anuncios de su venida. San Pedro ha sido testigo de la gloria de Jes\u00fas en la Transfiguraci\u00f3n (II Pe 1, 16). Parece disfrutar la enumeraci\u00f3n de los t\u00edtulos de su Se\u00f1or: Jes\u00fas Nuestro Se\u00f1or (II Pe 1, 2); Nuestro Se\u00f1or Jesucristo (1, 14, 16); Se\u00f1or y Salvador (3, 2); Nuestro Se\u00f1or y Salvador Jesucristo (1, 1); cuyo poder es divino (1, 3); a trav\u00e9s de cuyas promesas los cristianos participan de la naturaleza de Dios (1, 4). Es como si a lo largo de su carta, San Pedro experimentase la divinidad que confiesa respecto de Jesucristo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">(c)   La Ep\u00edstola de San Judas\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Tambi\u00e9n San Judas se presenta a si mismo como siervo de Jesucristo, gracias a cuya uni\u00f3n los cristianos perseveran en la vida de la fe y santidad (1). Cristo es nuestro \u00fanico Se\u00f1or y Salvador (4), que castig\u00f3 a Israel en el desierto al igual que hizo con los \u00e1ngeles rebeldes (5). \u00c9l vendr\u00e1 a juzgarnos rodeado de mir\u00edadas de santos (14). Los cristianos dirigen a \u00c9l su vista en busca de misericordia y \u00c9l se la mostrar\u00e1 cuando venga (21) y su contenido es la vida eterna. \u00bfPuede un Cristo meramente humano ser el objeto de esa clase de lenguaje?\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">(3)   Cristolog\u00eda Juanina\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Aunque no hubiera nada m\u00e1s en el Nuevo Testamento para probar la divinidad de Cristo, los primeros catorce vers\u00edculos del Cuarto Evangelio bastar\u00edan para convencer a cualquiera que creyera en la Biblia acerca de ese dogma. La doctrina del pr\u00f3logo de ese evangelio constituye la idea fundamental de toda la teolog\u00eda juanina. El Verbo hecho carne, por un lado, es id\u00e9ntico al Verbo que exist\u00eda desde el principio y , por otro, con Jesucristo, el protagonista del Cuarto Evangelio. El Evangelio todo es la historia de la Palabra Eterna viviendo entre los hombres.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La ense\u00f1anza del Cuarto Evangelio tambi\u00e9n se halla en las ep\u00edstolas juaninas. Desde las palabras de apertura el autor informa a sus lectores que la Palabra de vida ha sido manifestada y que los Ap\u00f3stoles han visto, escuchado y tocado al la Palabra encarnada. La negaci\u00f3n del Hijo significa la p\u00e9rdida del Padre (I Jn 2, 23), y \u201cquien confiese que Jes\u00fas es el Hijo de Dios, Dios permanece en \u00e9l y \u00e9l en Dios\u201d (Ib\u00edd. 4,15). Es m\u00e1s enf\u00e1tico a\u00fan el escritor hacia el fin de la ep\u00edstola: \u201cPero sabemos que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado inteligencia para que conozcamos al Verdadero Dios. Nosotros estamos en el Verdadero Dios, en su Hijo Jesucristo\u201d (Ib\u00edd. 5, 20) .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Seg\u00fan el Apocalipsis, Cristo es el primero y el \u00faltimo, el alfa y el omega, el eterno y el todopoderoso (1, 8; 21, 6; 22, 13). Es el Rey de reyes y Se\u00f1or de los se\u00f1ores (19, 16), el Se\u00f1or del mundo invisible ( 12, 10; 13, 8), el centro de la corte celestial (5, 6). \u00c9l recibe la adoraci\u00f3n de los \u00e1ngeles m\u00e1s elevados (5, 8) y objeto de adoraci\u00f3n ininterrumpida, en asociaci\u00f3n con su Padre (5, 13; 17, 14)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">(4)   Cristolog\u00eda de los Sin\u00f3pticos\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Hay una diferencia real entre la presentaci\u00f3n del Se\u00f1or que hacen los tres primeros evangelistas y la que hace San Juan. La verdad presentada por estos escritores podr\u00e1 ser id\u00e9ntica, pero es vista desde diferentes puntos de vista. Los tres Sin\u00f3pticos resaltan la humanidad de Cristo en su obediencia a la ley, en su poder sobre la naturaleza, y su ternura hacia los d\u00e9biles y afligidos. El Cuarto Evangelio no subraya los aspectos de la vida de Cristo que pertenecen a su humanidad, sino los que denotan la gloria de la Persona Divina, manifestada ante los hombres bajo forma visible. Pero a pesar de esas diferencias, los Sin\u00f3pticos, a trav\u00e9s de sus sutiles sugerencias, pr\u00e1cticamente anticipan la ense\u00f1anza del Cuarto Evangelio. Tal sugerencia est\u00e1 impl\u00edcita, primero, en la aplicaci\u00f3n sin\u00f3ptica de la palabra \u201cHijo de Dios\u201da Jesucristo. Jes\u00fas es el Hijo de Dios, no meramente en sentido \u00e9tico o teocr\u00e1tico, ni tampoco para decir que es uno entre varios hijos sino dejando claro que \u00c9l es el \u00fanico, amad\u00edsimo Hijo del Padre, con una filiaci\u00f3n no participada por nadie m\u00e1s y totalmente \u00fanica (Mt 3, 17; 17, 5; 22, 41; 4, 3, 9; Lc 4, 3, 9). Su filiaci\u00f3n se deriva del hecho de la venida del Esp\u00edritu Santo sobre Mar\u00eda y de que el Alt\u00edsimo la ha cubierto con su sombra (Lc 1, 35). Igualmente, los Sin\u00f3pticos implican la divinidad de Cristo en su descripci\u00f3n de la Navidad y de las circunstancias que rodearon a \u00e9sta; \u00c9l es concebido por obra del Esp\u00edritu Santo (Lc 1, 35) y su Madre sabe que todas las generaciones la llamar\u00e1n dichosa porque el Poderoso ha hecho en ella grandes cosas (Lc. 1, 48). Isabel la llama \u201cbendita entre todas las mujeres\u201d, bendice al fruto de su vientre y se maravilla de que la Madre de su Se\u00f1or haya ido a visitarla (Lc 1, 42-43). Gabriel saluda a Nuestra Se\u00f1ora llam\u00e1ndola \u201cllena de gracia\u201d, \u201cbendita entre las mujeres\u201d; le vaticina que su Hijo ser\u00e1 grande y llamado Hijo del Alt\u00edsimo y que su reino no tendr\u00e1 fin. (Lc 1, 28, 32). Cristo reci\u00e9n nacido es adorado por los pastores y los magos, representantes de los mundos jud\u00edo y gentil; gloria de su pueblo, Israel (Lc 2, 30-32). Esas narraciones dif\u00edcilmente caben en la descripci\u00f3n de un ni\u00f1o humano normal, pero s\u00ed adquieren significado a la luz del Cuarto Evangelio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Los Sin\u00f3pticos concuerdan con la ense\u00f1anza del Cuarto Evangelio acerca de la persona de Jesucristo no \u00fanicamente en cuanto al uso que dan a la palabra \u201cHijo de Dios\u201d y en las descripciones del nacimiento de Cristo y sus detalles. Tambi\u00e9n lo hacen en las narraciones de la doctrina, vida y trabajos de Nuestro Se\u00f1or. El mismo t\u00e9rmino Hijo del Hombre, aplicado frecuentemente por ellos a Jes\u00fas, se utiliza de tal manera que demuestra a Jesucristo como a alguien consciente de si mismo y para quien el elemento humano no es algo primario, sino secundario e sobreinducido. Muchas veces Cristo es simplemente llamado Hijo (Mt 11, 27; 28, 20) y, correspondientemente, \u00c9l nunca llama al Padre \u201cnuestro\u201d Padre, sino \u201cmi\u201d Padre (Mt 18, 10, 19, 35; 20, 23; 26, 53). \u00c9l recibe el testimonio del cielo durante su bautismo y transfiguraci\u00f3n acerca de su filiaci\u00f3n divina; los profetas del Antiguo Testamento no son rivales sino siervos en comparaci\u00f3n con \u00c9l (Mt 21, 34). El t\u00edtulo de \u201cHijo del Hombre\u201d, as\u00ed, significa una naturaleza para la que la humanidad de Cristo era accesoria. Igualmente, Cristo declara tener el poder de perdonar los pecados y da soporte a esa declaraci\u00f3n con sus milagros (Mt 9, 2-6; Lc 5, 20, 24). Insiste en la fe hacia si (Mt 16, 16, 17); incluye su nombre en la f\u00f3rmula bautismal entre la del Padre y el Esp\u00edritu Santo (Mt 28, 19); s\u00f3lo \u00c9l conoce al Padre y s\u00f3lo el Padre lo conoce a \u00c9l (Mt 11, 27); instituye el sacramento de la Eucarist\u00eda (Mt 26, 26; Mc 14, 22; Lc 22, 19). Padece y muere para resucitar al tercer d\u00eda (Mt 20, 19; Mc 10, 34; Lc 18, 33); sube al cielo pero no sin antes prometer que estar\u00e1 con nosotros hasta el fin del mundo (Mt 28, 20).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u00bfSer\u00e1 necesario a\u00f1adir que las afirmaciones de Cristo respecto a tener la m\u00e1s alta dignidad personal est\u00e1n claras en los discursos escatol\u00f3gicos de los Sin\u00f3pticos? \u00c9l es el Se\u00f1or del universo material y moral. Como supremo legislador, \u00c9l es el punto de referencia de toda ley; como juez final, \u00c9l determina el destino de todos. Quitemos el Cuarto Evangelio del canon del Nuevo Testamento y a\u00fan tendr\u00edamos en los Evangelios Sin\u00f3pticos una doctrina id\u00e9ntica a la que se nos da en el Cuarto Evangelio acerca de la persona de Jesucristo. Algunos puntos de esa doctrina quiz\u00e1s estar\u00edan menos claramente expuestos que lo que est\u00e1n ahora, pero seguir\u00edan siendo substancialmente iguales.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">III. TRADICI\u00d3N CRISTIANA\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\nLa cristolog\u00eda b\u00edblica muestra que Jesucristo es a la vez Dios y hombre. Mientras que la tradici\u00f3n cristiana siempre ha sostenido la triple tesis de que Cristo es verdadero Dios, verdadero hombre y que el hombre-Dios, Jesucristo, es una \u00fanica e indivisible persona, las teor\u00edas err\u00f3neas y her\u00e9ticas de varios l\u00edderes religiosos han forzado a la Iglesia a insistir m\u00e1s fuertemente en uno u otro de los elementos de su cristolog\u00eda. Una clasificaci\u00f3n de los principales errores y de las correspondientes afirmaciones eclesi\u00e1sticas nos muestran el desarrollo hist\u00f3rico de la doctrina de la Iglesia con suficiente claridad. El lector podr\u00e1 encontrar una descripci\u00f3n m\u00e1s detallada de las principales herej\u00edas y concilios bajo sus respectivos encabezados.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">(1)   La Humanidad de Cristo\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Desde los primeros tiempos de la Iglesia fue negada la verdadera humanidad de Jesucristo. El docetista Marci\u00f3n y los priscilianistas solamente admiten que Jes\u00fas ten\u00eda un cuerpo aparente. Los valentinianos, un cuerpo tra\u00eddo del cielo. Los seguidores de Apolinar o niegan que Jes\u00fas tuviera un alma humana, o que poseyera la parte superior del alma humana y por ello sostienen que el Verbo provee la totalidad del alma de Cristo o por lo menos sus facultades superiores. M\u00e1s recientemente, no ha sido la verdadera humanidad de Cristo lo que ha sido negado, sino la realidad hist\u00f3rica de la misma. Seg\u00fan Kant el credo cristiano trata del Cristo ideal, no del hist\u00f3rico. Para Jacobi, los cristianos adoran a un Jes\u00fas que constituye un ideal religioso, no un personaje hist\u00f3rico. Fichte afirma que entre Dios y el hombre existe una unidad absoluta, la cual fue detectada y ense\u00f1ada primeramente por Jes\u00fas. Schelling sostiene que la encarnaci\u00f3n es un hecho eterno, que alcanz\u00f3 su momento culminante en Jesucristo. Para Hegel, Cristo no es la encarnaci\u00f3n genuina de Dios en Jes\u00fas de Nazaret, sino el s\u00edmbolo de la encarnaci\u00f3n de Dios en la humanidad en general. Por \u00faltimo, algunos autores cat\u00f3licos distinguen entre el Cristo de la historia y el de la fe, destruyendo con ello la realidad hist\u00f3rica del Cristo de la fe. El nuevo Syllabus (Nombre dado a dos series de proposiciones que contienen errores religiosos condenados, respectivamente, por Pio IX, 1864, y Pio X, 1907. N.T.), en sus proposiciones 29 y siguientes, y la enc\u00edclica \u201cPascendi dominici gregis\u201d (de Pio X, acerca de las teor\u00edas modernistas, promulgada el 8 de septiembre de 1907) pueden ser consultados al respecto.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">(2)   La Divinidad de Cristo\n<\/p>\n<p>Ya desde los tiempos apost\u00f3licos la Iglesia ve\u00eda la negaci\u00f3n de la divinidad de Cristo como algo eminentemente anticristiano (I Jn 2, 22-23; 4, 3; II Jn 7). Los primeros m\u00e1rtires, los Padres m\u00e1s antiguos y las primeras liturgias eclesi\u00e1sticas concuerdan en su profesi\u00f3n de la divinidad de Cristo. A\u00fan as\u00ed, los ebionitas, teodocianos, artemonitas y fotinianos ve\u00edan a Cristo como un simple hombre, si bien dotado de una sabidur\u00eda divina, o como una apariencia de un e\u00f3n emanado del Ser divino seg\u00fan la teor\u00eda gn\u00f3stica, o tambi\u00e9n como una manifestaci\u00f3n de ese mismo ser, pero siguiendo las aseveraciones de los sabelianos y patripasionistas te\u00edstas y pante\u00edstas. Finalmente, otros lo reconoc\u00edan como el Verbo encarnado, pero concebido de acuerdo a la opini\u00f3n arriana, una creatura intermedia entre Dios y el mundo, distinta esencialmente del Padre y del Esp\u00edritu Santo. Si bien las definiciones de Nicea y de los concilios subsecuentes, especialmente el IV de Letr\u00e1n, tratan directamente de la doctrina de la sant\u00edsima Trinidad, tambi\u00e9n ense\u00f1an que el Verbo es consubstancial con el Padre y el Esp\u00edritu Santo, estableciendo as\u00ed la divinidad de Jesucristo, el Verbo Encarnado. En tiempos m\u00e1s recientes, nuestros primeros racionalistas intentaron evitar el problema de Jesucristo y ten\u00edan poco que decir al respecto, haciendo a San Pablo el fundador de la Iglesia. Pero el Cristo hist\u00f3rico era una figura demasiado atractiva para seguir siendo ignorada. Y es m\u00e1s lamentable a\u00fan que la negaci\u00f3n de la divinidad de Cristo no se circunscribe a los socinianos y a tales autores como Ewald y Schleiermacher. Incluso quienes profesan ser cristianos ven en Cristo la perfecta revelaci\u00f3n de Dios, la verdadera Cabeza y Se\u00f1or de la raza humana, pero, al fin y al cabo, terminan con las palabras de Pilato, \u201cHe ah\u00ed al Hombre\u201d. <\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">(3)   Uni\u00f3n Hipost\u00e1tica\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En Jesucristo se re\u00fanen hipost\u00e1ticamente su naturaleza humana y su naturaleza divina. O sea, est\u00e1n unidas en la hip\u00f3stasis o persona del Verbo. Tambi\u00e9n este dogma encontr\u00f3 acerbos enemigos desde los tiempos m\u00e1s tempranos de la Iglesia. Nestorio y sus seguidores admit\u00edan en Jes\u00fas una persona moral, del mismo modo como una sociedad humana forma una persona moral. Esta persona moral resulta de la uni\u00f3n de dos personas f\u00edsicas, as\u00ed como hay dos naturalezas en Cristo. Y estas dos personas est\u00e1n unidas no f\u00edsica sino moralmente, por medio de la gracia. La herej\u00eda de Nestorio fue condenada por Celestino I en el S\u00ednodo Romano del a\u00f1o 430, y por el Concilio de \u00c9feso, en 431. La doctrina cat\u00f3lica fue reafirmada posteriormente durante el Concilio de Calcedonia y en el segundo Concilio de Constantinopla. De esa doctrina se deduce que las naturalezas divina y humana est\u00e1n f\u00edsicamente unidas en Cristo. Los monofisicistas concluyeron, de eso, que en tal uni\u00f3n f\u00edsica o la naturaleza humana hab\u00eda sido absorbida por la divina, como afirmaba Eutiques, o que la naturaleza divina fue absorbida por la humana, o que de la uni\u00f3n f\u00edsica de las dos result\u00f3 una tercera naturaleza gracias a una especie de mezcla f\u00edsica, o de su composici\u00f3n f\u00edsica. La verdadera doctrina cat\u00f3lica fue sostenida por el Papa Le\u00f3n Magno, el Concilio de Calcedonia y el V Concilio Ecum\u00e9nico, en 553. El canon duod\u00e9cimo de este \u00faltimo concilio tambi\u00e9n excluye la visi\u00f3n de que la vida moral de Cristo se desarroll\u00f3 gradualmente para alcanzar su total maduraci\u00f3n en la resurrecci\u00f3n. Los adopcionistas renovaron en parte el nestorianismo porque consideraban al Verbo como el hijo natural de Dios y al hombre Cristo como un siervo o hijo adoptivo de Dios, el cual hab\u00eda otorgado su propia personalidad a la naturaleza humana de Cristo. Esta opini\u00f3n fue rechazada por el Papa Adri\u00e1n I, el S\u00ednodo de Ratisbona, en 782, el Concilio de Frankfurt, en 794 y por Le\u00f3n III en el S\u00ednodo Romano de 799. No hace falta se\u00f1alar que, seg\u00fan la posici\u00f3n sociniana y racionalista, la naturaleza humana de Cristo no est\u00e1 unida al Verbo. Dorner demuestra qu\u00e9 tan extendida est\u00e1 esta opini\u00f3n entre los protestantes, dado que hay pocos te\u00f3logos protestantes de renombre que rechacen la personalidad propia de la naturaleza humana de Cristo. Entre los cat\u00f3licos, Berruyer y G\u00fcnther reintrodujeron un nestorianismo modificado pero fueron censurados por la Congregaci\u00f3n del \u00cdndice (17 de abril de 1755) y por el Papa Pio IX (15 de diciembre de 1857). La herej\u00eda monofisista fue retomada por los monotelitas, quienes s\u00f3lo admit\u00edan una voluntad en Cristo y con ello contradec\u00edan las ense\u00f1anzas de los papas Mart\u00edn I y Agat\u00f3n y del VI Concilio Ecum\u00e9nico. Tanto los cism\u00e1ticos griegos como los reformadores del siglo XVI deseaban mantener a doctrina tradicional referente al Verbo encarnado, pero ya desde el principio los seguidores de la Reforma cayeron en errores que inclu\u00edan las herej\u00edas nestorianas y monofisistas. Por ejemplo, los ubiquitarianos definen la esencia de la encarnaci\u00f3n no como la adopci\u00f3n de la naturaleza humana por parte del Verbo, sino como la divinizaci\u00f3n de la naturaleza humana al participar de las propiedades de la naturaleza divina. Los siguientes te\u00f3logos protestantes se separaron a\u00fan m\u00e1s de los puntos de vista de la tradici\u00f3n cristiana. Para ellos Cristo era el sabio de Nazaret, quiz\u00e1s mayor que los profetas, cuya aparici\u00f3n b\u00edblica, parte mito y parte historia, no es otra cosa sino la expresi\u00f3n de una idea popular acerca de la perfecci\u00f3n humana. (La opini\u00f3n protestante de las grandes iglesias reformadas, al momento, a 30 a\u00f1os del Concilio Vaticano II, concuerda casi enteramente con la cat\u00f3lica en lo referente a Cristo. Cfr. Junger Moltmann, por ejemplo. N.T.). Los escritores cat\u00f3licos cuyas obras han dudado del car\u00e1cter hist\u00f3rico de la narraci\u00f3n b\u00edblica de la vida de Cristo o de sus prerrogativas como hombre-Dios han sido censurados en el nuevo Syllabus y por la enc\u00edclica \u201cPascendi dominici gregis\u201d (Hay una serie de te\u00f3logos cat\u00f3licos de renombre que ejercieron gran influencia durante el Concilio Vaticano II, y que han dejado tesis muy s\u00f3lidas en la cristolog\u00eda cat\u00f3lica: Hans Urs von Balthasar, por ejemplo. El Nuevo Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, 430-478, recoge en forma did\u00e1ctica la doctrina actual de la Iglesia al respecto. N.T.).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">V\u00e9anse tambi\u00e9n las siguientes obras: Patr\u00edstica: ATHANASIO, GREGORIO NACIANCENO, GREGORIO DE NIZA, BASILIO, EPIFANIO escribieron especialmente contra los seguidores de Arrio y Apolinar; CIRILO DE ALEJANDRIA, PROCLO, LEONCIO DE BIZANCIO, ANASTASIO SINAITA, EULOGIO DE ALEJANDRIA, PEDRO CRISOLOGO, FULGENCIO, se oponen a los nestorianos y monoficistas; SOFRONIO, MAXIMO, JUAN DAMASCENO, los Monotelitas; PAULINO DE AQUILEIA, ETERIO, ALCUINO, AGOBARDO, los Adopconistas. Vease P. G. y P. L. Escol\u00e1stica: STO. TOMAS, Summa theol., III, QQ. I-lix; IDEM, Summa contra gentes, IV, XXVII-LV; In III Sentent.; De veritate, QQ. XX, XXIX; Compend, theol., QQ. CXCIX-CCXLII; Opusc., 2; etc.; BUENAVENTURA, Breviloquium, 1, 4; In III Sentent.; BELLARMINO, De Christo capite totius ecclesioe controvers., I, col. 1619; SUAREZ, De Incarn., opp. XIV, XV; LUGO, De lncarn., op. III. Te\u00f3logos Positivistas: PETAVIO, Theol. dogmat., IV, 1-2; THOMASSIN, De Incarn., dogm. theol., III, IV. Escritos recientes: FRANZELIN, De Verbo Incarn. (Roma, 1874); KLEUTGEN, Theologie der Vorzeit, III (M\u00fcnster, 1873); JUNGMANN, De Verbo incarnato (Ratisbona, 1872); HURTER, Theologia dogmatica, II, tract. vii (Innsbruck, 1882); STENTRUP, Proelectiones dogmaticoe de Verbo incarnato (2 vols., Innsbruck, 1882); LIDDON, The Divinity of Our Lord (Londres, 1885); MAAS, Christ in Type and Prophecy (2 vols., Nueva York, 1893-96); LEPIN, J\u00e9sus Messie et Fils de Dieu (Paris, 1904). V\u00e9anse igualmente las obras acerca de la vida de Cristo y los comentarios principales acerca de los pasajes b\u00edblicos citados en este art\u00edculo. \u00abMysterium Salutis\u00bb II\/1 (Madrid 1969); H.Urs von Balthasar, Teodram\u00e1tica 3. Las personas del drama: el hombre en Cristo (Encuentro, Madrid 1993); Karl Rahner, Muerte de Jes\u00fas y definitividad de la revelaci\u00f3n cristiana, en AA.VV. Teolog\u00eda de la cruz (S\u00edgueme, Salamanca 1979). Para las dem\u00e1s partes de la teolog\u00eda dogm\u00e1tica consulte la bibliograf\u00eda al final de esta secci\u00f3n (I.).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">A.J. MAAS<br \/>\nTranscrito por Douglas J. Potter<br \/>\nDedicado al Sagrado Coraz\u00f3n de Jesucristo<br \/>\nTraducido por Javier Algara Coss\u00edo\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La Cristolog\u00eda es la parte de la Teolog\u00eda que trata de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo. Si bien abarca en su totalidad las doctrinas que se refieren tanto a la persona de Cristo como a sus obras, sin embargo el presente art\u00edculo se limitar\u00e1 a la consideraci\u00f3n de la persona de Cristo. Del mismo modo, no invadiremos &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/teologia-de-cristo\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abTEOLOGIA DE CRISTO\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-27080","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/27080","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=27080"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/27080\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=27080"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=27080"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=27080"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}