{"id":27100,"date":"2016-02-05T18:17:32","date_gmt":"2016-02-05T23:17:32","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/gustave-thibon\/"},"modified":"2016-02-05T18:17:32","modified_gmt":"2016-02-05T23:17:32","slug":"gustave-thibon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/gustave-thibon\/","title":{"rendered":"GUSTAVE THIBON"},"content":{"rendered":"<p><h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 El hombre<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-2\">2 La sociedad<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-3\">3 La madurez<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-4\">4 La muerte<\/li>\n<\/ul>\n<h2>El hombre<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify\">Gustave Thibon (Francia, 1903-2001) es uno de los personajes de los \u00faltimos a\u00f1os que se nos presentan como el paradigma del hombre sabio. Trataremos de apuntar algunas notas generales sobre su personalidad que nos llegan desde sus conversaciones con Chabanis.<br \/>\nThibon mismo se ha definido de una manera que nos lo pinta entero: un campesino que nunca ha abandonado su peque\u00f1a propiedad agr\u00edcola situada en la ribera del R\u00f3dano y sobre las primeras estribaciones de los Ard\u00e8ches donde su familia se instal\u00f3, hace ya tres siglos, y donde su hijo contin\u00faa su tarea secular.<br \/>\nEl hambre de saber convirti\u00f3 a este campesino autodidacta en uno de los hombres m\u00e1s sabios de nuestro tiempo. Como buen campesino, dej\u00f3 la escuela del pueblo a los doce a\u00f1os de edad sin volver a acercarse a otro lugar de estudios. Afirmaci\u00f3n esta \u00faltima que dif\u00edcilmente pueda ser cre\u00edda por el intelectual moderno, sus muchos t\u00edtulos -donde no faltan los honorarios- y sus enciclop\u00e9dicos argumentos.<br \/>\nSu padre fue poeta. De \u00e9l hered\u00f3 el gusto por la poes\u00eda y la vida en una atm\u00f3sfera de lirismo y profundo arraigo hacia lo esencial.<br \/>\nReprob\u00f3 en\u00e9rgicamente \u201cel esp\u00edritu de agitaci\u00f3n, de aceleraci\u00f3n, que se transmite a la vida interior, y contribuye a deshacer lo humano en nosotros\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La naturaleza como medio de ascenso a lo sobrenatural.<br \/>\nNo crey\u00f3 imposible la posibilidad de encontrar la necesaria armon\u00eda en la gran cuidad, aunque s\u00ed la crey\u00f3 dif\u00edcil, por encontrarse all\u00ed ante una atm\u00f3sfera de facilidad y consumo que \u201cpenetra hasta en el alma de los hombres y les arrebata el gusto por los bienes esenciales\u201d.<br \/>\nSe lamentaba ante Chabanis que los turistas ya no estaban dispuestos a caminar \u201cun kil\u00f3metro para contemplar el panorama del valle del R\u00f3dano\u201d, donde \u00e9l se ofrec\u00eda de gu\u00eda -motivo por el cual alguna vez le han ofrecido propinas que se neg\u00f3 a aceptar-.<br \/>\nEl vio que el hombre ya no camina, en esa \u201cfuria\u201d por ir cada vez m\u00e1s r\u00e1pido y m\u00e1s lejos sin contemplar la naturaleza.<br \/>\nLo grave de esto est\u00e1 en que \u201cla desgracia de toda civilizaci\u00f3n es llegar a extinguir a la vez el deseo de lo natural y de lo sobrenatural, ya que el \u00faltimo se injerta en el primero. Se injerta lo divino en lo biol\u00f3gico; pero no en lo mec\u00e1nico\u201d, y recuerda lo que alguna vez le dijo su amigo Gabriel Marcel: \u201cUno no acaba de ver c\u00f3mo se podr\u00eda encontrar un equivalente religioso, por ejemplo, en el engrase\u201d.<br \/>\nNos habl\u00f3 tambi\u00e9n de la necesidad de la ternura humana como \u201cmovimiento esencial del amor\u201d, ternura, por cierto, que necesita del alejamiento del activismo de la ciudad que todo lo devora en su vor\u00e1gine trivial.\n<\/p>\n<h2>La sociedad<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify\">Thibon defendi\u00f3 la idea tradicional de sociedad, donde \u201clos usos y costumbres tradicionales, todo un conjunto de imperativos inconcientes y casi viscerales, orientan la conciencia del individuo\u201d, donde \u201chay cosas que no se hacen\u201d.<br \/>\nSobre el erotismo creciente le molestaba que, siendo una vieja historia, \u201ces como para llorar\u201d, que se transforme en un ideal lo que no era m\u00e1s que un revolcarse en el cieno.<br \/>\nEstaba convencido en los reg\u00edmenes pol\u00edticos que emanan de la naturaleza y de las concretas necesidades de cada pueblo. \u201cSue\u00f1o con un poder infinitamente m\u00e1s descentralizado, con muchas m\u00e1s libertades locales en la base -que no es el concepto ideologizado de \u201cbase\u201d que hoy escuchamos-, los que favorecer\u00eda la selecci\u00f3n de autoridades responsables. Mucho mejor que un sistema electoral que es puramente formal y abstracto\u201d.<br \/>\nAfirmaba que \u201cel mundo sirve por sus elites\u201d y que de los hombres que las integran, con probada competencia, integridad y vocaci\u00f3n, debe surgir la selecci\u00f3n natural de los que rijan el destino de un pueblo.<br \/>\nA la burocracia prefer\u00eda los contactos humanos, donde cada uno tiene un alma y un rostro.<br \/>\nComo todo hombre sabio, pero muy en especial estando entre aquellos a los que les toc\u00f3 transitar este mundo en los \u00faltimos tiempos, padeci\u00f3 de un sano anticlericalismo que lo hac\u00eda renegar de la autoridad religiosa \u201cpegada al poder temporal con un servilismo desconcertante\u201d, \u201csi fuera mordaz, har\u00eda una antolog\u00eda de los mandamientos de obispos, desde la Revoluci\u00f3n francesa hasta nuestros d\u00edas\u201d, y, con asombrosa actualidad, asegur\u00f3 que \u201ccuando los hombres que est\u00e1n encargados de ense\u00f1ar lo sobrenatural, lo divino, se ponen a volcarse en lo social, se vuelcan con todo su peso\u201d, derramando el peso de lo absoluto sobre lo relativo, \u201clo que crea exageraciones rid\u00edculas\u201d.<br \/>\nEl escritor.<br \/>\nThibon estaba convencido que a diferencia de lo que se puede captar a trav\u00e9s de los sentidos, las verdades interiores son \u00fanicamente comunicables a trav\u00e9s de la evocaci\u00f3n en el alma del lector, no siendo demostrables ni verificables.<br \/>\nPrefer\u00eda la palabra a la escritura, la presencia directa, el di\u00e1logo que siempre se adapta mejor al interlocutor. Crey\u00f3 en la utilidad de la lectura para confirmar y ampliar la experiencia interior, pero nunca para suplirla.<br \/>\nEsto lo motiv\u00f3 a dejar en manos de sus amigos sus manuscritos para que ellos publiquen los libros que hoy conocemos. \u201cSiempre he tenido amigos sumamente devotos. Gabriel Marcel, Maritain, Marcel Malcor, Marcel de Corte, Henri Massis y muchos otros\u201d.<br \/>\n\u201cHay demasiados libros -dec\u00eda-. Pienso que con algunos libros se ir\u00eda a lo esencial, a condici\u00f3n de profundizar en vez de correr. Me sucede que aveces sue\u00f1o con un incendio an\u00e1logo al que destruy\u00f3 en otro tiempo la biblioteca de Alejandr\u00eda y que no respetar\u00eda m\u00e1s que algunos libros\u201d.<br \/>\nHombre sereno y contemplativo, afirmaba que \u201ctodo gran escritor es una traducci\u00f3n del silencio y toda palabra es v\u00e1lida seg\u00fan la cantidad de silencio que contiene, que evoca y que puede provocar\u201d.<br \/>\nTambi\u00e9n trab\u00f3 una gran amistad con Simone Weil. La conoci\u00f3 en Avignon, luego que en 1941, su amigo, el P. Perrin le pidiera que tenga una temporada en su propiedad rural a \u201cuna jovencita israelita, profesora de filosof\u00eda y militante de extrema izquierda\u201d que deseaba conocer el trabajo en el campo. A pesar de sentirse un poco alarmado acept\u00f3, trabando luego con ella una \u00edntima amistad. Simone public\u00f3 Le Pensateur et la Grace, su primer libro, gracias a Thibon, pues ella le hab\u00eda confiado sus cuadernos.<br \/>\n\u201cLa gente mordida por Simone Weil -nos dice Thibon- no cura de esa luminosa herida: marca, orienta una vida. Tengo a Simone Weil por el autor espiritual m\u00e1s grande de nuestra \u00e9poca\u201d.\n<\/p>\n<h2>La madurez<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify\">Crey\u00f3 que lo propio de la madurez era compadecer -\u201csufrir con\u201d- al que sufre, \u201ctener piedad de esas migajas de eternidad que son los seres humanos ca\u00eddos de su fuente y entregados a todos los remolinos del destino\u201d.<br \/>\nTambi\u00e9n vio como necesario a la madurez la posesi\u00f3n de la vida interior, el saber y soportar estar solos, evitando el aislamiento que supone el intercambio superficial con el mundo exterior. Saber alimentarse en las fuentes c\u00f3smicas y las fuentes espirituales, no cerr\u00e1ndonos a su presencia vivificante. Esa es la forma de escapar del \u201chast\u00edo y el aislamiento, a la vana persecuci\u00f3n de facilidades y de vanidades locales\u201d, \u201csi uno vive en la superficie, el desierto sobreviene muy pronto. La fuente est\u00e1 en las profundidades\u201d. Vemos en Thibon al hombre maduro que a tiempo \u201cse hace ni\u00f1o\u201d, cuando habla de la maduraci\u00f3n arrebatada por el misterio. Cada vez hay m\u00e1s misterio y menos conocimiento claro. Nos dice: \u201ca medida que avanzo en la vida -y avanzar en la vida es avanzar hacia la muerte- tengo la impresi\u00f3n de saber cada vez menos y de presentir otras cosas que, desgraciadamente son menos comunicables\u201d.<br \/>\nTuvo a la madurez como \u201cla entrada en el mundo de los valores donde el ardor deja sitio a la transparencia, la efervescencia de la vida a la ternura del alma y, sobre todo, la pasi\u00f3n al desasimiento\u201d.<br \/>\nJam\u00e1s pretendi\u00f3 est\u00fapidamente conservarse, pues no trat\u00f3 de \u201cparecerse a la conservas, sustra\u00eddas simult\u00e1neamente por la esterilizaci\u00f3n a las amenazas de la corrupci\u00f3n y a las promesas de la vida\u201d y consider\u00f3 degradante y vago el apego hacia la juventud.<br \/>\nEsto es lo que \u00e9l llamo precisamente \u201cser de su tiempo\u201d, esto es, \u201caquel en que la vida confina con la muerte y con la eternidad\u201d.\n<\/p>\n<h2>La muerte<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify\">Aseguraba que a medida que uno envejece se hace m\u00e1s agudo el pensamiento sobre la muerte, pues comienza a concernir personalmente. \u201cUno siente a la muerte madurar en s\u00ed\u201d.<br \/>\nContempl\u00f3 a la muerte en parte con horror y a la vez con la curiosidad de ver levantarse en su plenitud la Belleza y el Amor, que s\u00f3lo le hab\u00edan visitado en forma de rel\u00e1mpagos fugitivos.<br \/>\nDeseaba vivir el horror del tr\u00e1nsito hacia la muerte natural, \u201cmorir viviendo\u201d. \u201cEs necesario que el exilio opere en toda su intensidad, en todo su horror. Si no, uno hipoteca la muerte, le quita su aspereza, su desgarramiento; uno hace de ella la prolongaci\u00f3n del tiempo y no la entrada de la eternidad\u201d.<br \/>\nPor v\u00edas que \u00e9l mismo no se pod\u00eda explicar, siendo aun muy joven, su sed de conocer desemboc\u00f3 en la necesidad de rezar, de donde crey\u00f3 haber recibido una respuesta, \u201ces algo extremadamente simple\u201d -dec\u00eda-, present\u00e1ndosenos as\u00ed como sabio y hombre cabal, pues no hay sabios imp\u00edos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><b>Esteban Falcionelli<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Germ\u00e1n Rocca\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Fuente: Blog Argentinidad\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Contenido 1 El hombre 2 La sociedad 3 La madurez 4 La muerte El hombre Gustave Thibon (Francia, 1903-2001) es uno de los personajes de los \u00faltimos a\u00f1os que se nos presentan como el paradigma del hombre sabio. 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