{"id":27303,"date":"2016-02-05T18:25:44","date_gmt":"2016-02-05T23:25:44","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/virgen-maria-de-guadalupe-mexico\/"},"modified":"2016-02-05T18:25:44","modified_gmt":"2016-02-05T23:25:44","slug":"virgen-maria-de-guadalupe-mexico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/virgen-maria-de-guadalupe-mexico\/","title":{"rendered":"VIRGEN MARIA DE GUADALUPE (MEXICO)"},"content":{"rendered":"<p><h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 Historia de las Apariciones de la Virgen de Guadalupe<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-2\">2 Primera aparici\u00f3n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-3\">3 Segunda aparici\u00f3n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-4\">4 Tercera aparici\u00f3n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-5\">5 Cuarta aparici\u00f3n<\/li>\n<\/ul>\n<h2>Historia de las Apariciones de la Virgen de Guadalupe<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify\">Escrita en N\u00e1hualt por Antonio Valeriano<br \/>\nTraducida por Primo Feliciano Vel\u00e1squez<br \/>\nOriginalmente publicado en La Prensa San Diego. Usado con permiso.<br \/>\nEn oden y concierto se refiere aqu\u00ed de qu\u00e9 maravillosa manera apareci\u00f3 poco ha la siempre Virgen Santa Mar\u00eda, Madre de Dios, Nuestra Reina, en el Tepeyac, que se nombra Guadalupe\n<\/p>\n<p>  Primero se dej\u00f3 ver un pobre indio llamado Juan Diego; y despu\u00e9s se apareci\u00f3 su preciosa imagen delante del nuevo obispo don fray Juan de Zum\u00e1rraga. Tambi\u00e9n (se cuentan) todos los milagros que ha hecho<\/p>\n<h2>Primera aparici\u00f3n<\/h2>\n<p>  Diez a\u00f1os despu\u00e9s de tomada la ciudad de M\u00e9xico se suspendi\u00f3 la guerra y hubo paz entre los pueblos, as\u00ed como empez\u00f3 a brotar la fe, el conocimiento del verdadero Dios, por qui\u00e9n se vive. A la saz\u00f3n, en el a\u00f1o de mil quinientos treinta y uno, a pocos da\u00eds del mes de diciembre, sucedi\u00f3 que hab\u00eda un pobre indio, de nombre Juan Diego seg\u00fan se dice, natural de Cuautitl\u00e1n. Tocante a las cosas espirituales a\u00fan todo pertenec\u00eda a Tlatilolco. Era s\u00e1bado, muy de madrugada, y ven\u00eda en pos del culto divino y de sus mandatos. Al llegar junto al cerrillo llamado Tepey\u00e1cac amanec\u00eda y oy\u00f3 cantar arriba del cerrillo: semejaba canto de varios p\u00e1jaros preciosos; callaban a ratos las voces de los cantores; y parec\u00eda que el monte les respond\u00eda. Su canto, muy suave y deleitoso, sobrepujaba al del COYOLTOTOTL y del TZINISCAN y de otros p\u00e1jaros lindos que cantan. Se par\u00f3 Juan Diego a ver y dijo para s\u00ed; \u00ab\u00bfPor ventura soy digno de lo que oigo? \u00bfquiz\u00e1 sue\u00f1o? \u00bfme levanto de dormir? \u00bfd\u00f3nde estoy? \u00bfacaso en el para\u00edso terrenal, que dejaron dicho los viejos, nuestros mayores? \u00bfacaso en el para\u00edso terrenal, que dejaron dicho los viejos, nuestros mayores? \u00bfacaso ya en el cielo?\u00bb Estaba viendo hacia el oriente, arriba del cerrillo de donde proced\u00eda el precioso canto celestial y as\u00ed que ces\u00f3 repentinamente y se hizo el silencio, oy\u00f3 que le llamaban de arriba del cerrillo y le dec\u00edan \u00abJuanito, Juan Dieguito\u00bb.<br \/>\n  Luego se atrevi\u00f3 a ir adonde le llamaban; no se sobresalt\u00f3 un punto; al contrario, muy contento, fue subiendo al cerrillo, a ver de d\u00f3nde le llamaban. Cuando lleg\u00f3 a la cumbre, vi\u00f3 a una se\u00f1ora, que estaba all\u00ed de pie y que le dijo que se acercara.<br \/>\n  Llegado a su presencia, se maravill\u00f3 mucho de su sobrehumana grandeza\u00bb: su vestidura era radiante como el sol; el risco en que se posaba su planta flechado por los resplandores, semejaba una ajorca de piedras preciosas, y relumbrada la tierra como el arco iris. Los mezquites, nopales y otras diferentes hierbecillas que all\u00ed se suelen dar, parec\u00edan de esmeralda; su follaje, finas turquesas; y sus ramas y espinas brillaban como el oro. Se inclin\u00f3 delante de ella y se oy\u00f3 su palabra muy blanda y cort\u00e9s, cual de quien atrae y estima mucho. Ella le dijo: \u00abJuanito, el m\u00e1s peque\u00f1o de mis hijos, \u00bfa d\u00f3nde vas?\u00bb El respondi\u00f3: \u00abSe\u00f1ora y Ni\u00f1a m\u00eda, tengo que llegar a tu casa de M\u00e9xico Tlatilolco, a seguir las cosas divinas, que nos dan y ense\u00f1an nuestros sacerdotes, delegados de nuestro Se\u00f1or\u00bb.<br \/>\n  Ella luego le habl\u00f3 y le descubri\u00f3 su santa voluntad, le dijo: \u00abSabe y ten entendido, t\u00fa el m\u00e1s peque\u00f1o de mis hijos, que yo soy la siempre Virgen Santa Mar\u00eda, Madre del verdadero Dios por quien se vive; del Creador cabe quien est\u00e1 todo; Se\u00f1or del cielo y de la tierra. Deseo vivamente que se me erija aqu\u00ed un templo para en \u00e9l mostrar y dar todo mi amor, compasi\u00f3n, auxilio y defensa, pues yo soy vuestra piadosa madre; a ti, a todos vosotros juntos los moradores de esta tierra y a los dem\u00e1s amadores m\u00edos que me invoquen y en m\u00ed conf\u00eden; oir all\u00ed sus lamentos, y remediar todas sus miserias, penas y dolores.<br \/>\n  Y para realizar lo que mi clemencia pretende, ve al palacio del obispo de M\u00e9xico y le dir\u00e1s c\u00f3mo yo te env\u00edo a manifestarle lo que mucho deseo, que aqu\u00ed en el llano me edifique un templo: le contar\u00e1s puntualmente cuanto has visto y admirado y lo que has o\u00eddo.<br \/>\n  Ten por seguro que lo agradecer\u00e9 bien y lo pagar\u00e9, porque te har\u00e9 feliz y merecer\u00e1s mucho que yo recompense el trabajo y fatiga con que vas a procurar lo que te encomiendo. Mira que ya has o\u00eddo mi mandato, hijo m\u00edo el m\u00e1s peque\u00f1o; anda y pon todo tu esfuerzo\u00bb.<br \/>\n  Al punto se inclin\u00f3 delante de ella y le dijo: \u00abSe\u00f1ora m\u00eda, ya voy a cumplir tu mandado; por ahora me despido de ti, yo tu humilde siervo\u00bb. Luego baj\u00f3, para ir a hacer su mandado; y sali\u00f3 a la calzada que viene en l\u00ednea recta a M\u00e9xico.<br \/>\n  Habiendo entrado en la ciudad, sin dilaci\u00f3n se fue en derechura al palacio del obispo, que era el prelado que muy poco antes hab\u00eda venido y se llamaba don fray Juan de Zum\u00e1rraga, religioso de San Francisco. Apenas lleg\u00f3, trat\u00f3 de verle; rog\u00f3 a sus criados que fueran a anunciarle y pasado un buen rato vinieron a llamarle, que hab\u00eda mandado el se\u00f1or obispo que entrara.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Luego que entr\u00f3, se inclin\u00f3 y arrodill\u00f3 delante de \u00e9l; enseguida le di\u00f3 el recado de la Se\u00f1ora del Cielo; y tambi\u00e9n le dijo cuanto admir\u00f3, vi\u00f3 y oy\u00f3. Despu\u00e9s de oir toda su pl\u00e1tica y su recado, pareci\u00f3 no darle cr\u00e9dito; y le respondi\u00f3: \u00abOtra vez vendr\u00e1s, hijo m\u00edo y te oir\u00e9 m\u00e1s despacio, lo ver\u00e9 muy desde el principio y pensar\u00e9 en la voluntad y deseo con que has venido\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El sali\u00f3 y se vino triste; porque de ninguna manera se realiz\u00f3 su mensaje.\n<\/p>\n<h2>Segunda aparici\u00f3n<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify\">En el mismo d\u00eda se volvi\u00f3; se vino derecho a la cumbre del cerrillo y acert\u00f3 con la Se\u00f1ora del Cielo, que le estaba aguardando, all\u00ed mismo donde la vi\u00f3 la vez primera. Al verla se postr\u00f3 delante de ella y le dijo: \u00abSe\u00f1ora, la m\u00e1s peque\u00f1a de mis hijas. Ni\u00f1a m\u00eda, fu\u00ed a donde me enviaste a cumplir tu mandado; aunque con dificultad entr\u00e9 a donde es el asiento del prelado; le v\u00ed y expuse tu mensaje, as\u00ed como me advertiste; me recibi\u00f3 benignamente y me oy\u00f3 con atenci\u00f3n; pero en cuanto me respondi\u00f3, pareci\u00f3 que no la tuvo por cierto, me dijo: \u00abOtra vez vendr\u00e1s; te oir\u00e9 m\u00e1s despacio; ver\u00e9 muy desde el principio el deseo y voluntad con que has venido&#8230;\u00bb Comprend\u00ed perfectamente en la manera como me respondi\u00f3, que piensa que es quiz\u00e1s invenci\u00f3n m\u00eda que T\u00fa quieres que aqu\u00ed te hagan un templo y que acaso no es de orden tuya; por lo cual, te ruego encarecidamente, Se\u00f1ora y Ni\u00f1a m\u00eda. que algunos de los principales, conocido, respetado y estimado le encargues que lleve tu mensaje para que le crean porque yo soy un hombrecillo, soy un cordel, soy una escalerilla de tablas, soy cola, soy hoja, soy gente menuda, y T\u00fa, Ni\u00f1a m\u00eda, la m\u00e1s peque\u00f1a de mis hijas, Se\u00f1ora, me env\u00edas a un lugar por donde no ando y donde no paro. Perd\u00f3name que te cause gran pesadumbre y caiga en tu enojo, Se\u00f1ora y Due\u00f1a m\u00eda\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Le respondi\u00f3 la Sant\u00edsima Virgen: \u00abOye, hijo m\u00edo el m\u00e1s peque\u00f1o, ten entendido que son muchos mi servidores y mensajeros, a quienes puedo encargar que lleven mi mensaje y hagan mi voluntad; pero es de todo punto preciso que t\u00fa mismo solicites y ayudes y que con tu mediaci\u00f3n se cumpla mi voluntad. Mucho te ruego, hijo m\u00edo el m\u00e1s peque\u00f1o, y con rigor te mando, que otra vez vayas ma\u00f1ana a ver al obispo. Dale parte en mi nombre y hazle saber por entero mi voluntad, que tiene que poner por obra el templo que le pido. Y otra vez dile que yo en persona, la siempre Virgen Santa Mar\u00eda, Madre de Dios, te env\u00eda\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Respondi\u00f3 Juan Diego: \u00abSe\u00f1ora y Ni\u00f1a m\u00eda, no te cause yo aflicci\u00f3n; de muy buena gana ir\u00e9 a cumplir tu mandado; de ninguna manera dejar\u00e9 de hacerlo ni tengo por penoso el camino. Ir\u00e9 a hacer tu voluntad; pero acaso no ser\u00e9 o\u00eddo con agrado; o si fuere o\u00eddo, quiz\u00e1 no se me creer\u00e1. Ma\u00f1ana en la tarde, cuando se ponga el sol, vendr\u00e9 a dar raz\u00f3n de tu mensaje con lo que responda el prelado.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Ya de ti me despido, Hija m\u00eda la m\u00e1s peque\u00f1a, mi Ni\u00f1a y Se\u00f1ora. Descansa entre tanto\u00bb. Luego se fue \u00e9l a descansar a su casa.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Al d\u00eda siguiente, domingo muy de madrugada, sali\u00f3 de su casa y se vino derecho a Tlatilolco, a instruirse de las cosas divinas y estar presente en la cuenta para ver enseguida al prelado. Casi a las diez, se present\u00f3 despu\u00e9s de que oy\u00f3 misa y se hizo la cuenta y se dispers\u00f3 el gent\u00edo. Al punto se fue Juan Diego al palacio del se\u00f1or obispo. Apenas lleg\u00f3, hizo todo empe\u00f1o por verlo, otra vez con mucha dificultad le vi\u00f3: se arrodill\u00f3 a sus pies; se entristeci\u00f3 y llor\u00f3 al exponerle el mandato de la Se\u00f1ora del Cielo; que ojal\u00e1 que creyera su mensaje, y la voluntad de la Inmaculada, de erigirle su templo donde manifest\u00f3 que lo quer\u00eda.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El se\u00f1or obispo, para cerciorarse, le pregunt\u00f3 muchas cosas, d\u00f3nde la vi\u00f3 y c\u00f3mo era; y \u00e9l refiri\u00f3 todo perfectamente al se\u00f1or obispo. Mas aunque explic\u00f3 con precisi\u00f3n la figura de ella y cuanto hab\u00eda visto y admirado, que en todo se descubr\u00eda ser ella la siempre Virgen Sant\u00edsima Madre del Salvador Nuestro Se\u00f1or Jesucristo; sin embargo, no le di\u00f3 cr\u00e9dito y dijo que no solamente por su pl\u00e1tica y solicitud se hab\u00eda de hacer lo que ped\u00eda; que, adem\u00e1s, era muy necesaria alguna se\u00f1al; para que se le pudiera creer que el enviaba la misma se\u00f1ora del Cielo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">As\u00ed que lo oy\u00f3, dijo Juan Diego al obispo: \u00abSe\u00f1or, mira cu\u00e1l ha de ser la se\u00f1al que pides; que luego ir\u00e9 a ped\u00edrsela a la Se\u00f1ora del Cielo que me env\u00eda ac\u00e1\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Viendo el obispo que ratificaba todo, sin dudar, ni retractar nada, le despidi\u00f3. Mand\u00f3 inmediatamente a unas gentes de su casa en quienes pod\u00eda confiar, que le vinieran siguiendo y vigilando mucho a d\u00f3nde iba y a qui\u00e9n ve\u00eda y hablaba. As\u00ed se hizo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Juan Diego se vino derecho y camin\u00f3 por la calzada; los que ven\u00edan tras \u00e9l, donde pasa la barranca, cerca del puente Tepey\u00e1cac, lo perdieron; y aunque m\u00e1s que buscaron por todas partes, en ninguna le vieron. As\u00ed es que regresaron, no solamente porque se fastidiaron, sino tambi\u00e9n porque les estorb\u00f3 su intento y les di\u00f3 enojo. Eso fueron a informar al se\u00f1or obispo, inclin\u00e1ndole a que no le creyera, le dijeron que no m\u00e1s le enga\u00f1aba; que no m\u00e1s forjaba lo que ven\u00eda a decir, o que \u00fanicamente so\u00f1aba lo que dec\u00eda y ped\u00eda; y en suma discurrieron que si otra vez volv\u00eda, le hab\u00edan de coger y castigar con dureza, para que nunca m\u00e1s mintiera y enga\u00f1ara.\n<\/p>\n<h2>Tercera aparici\u00f3n<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify\">Entre tanto, Juan Diego estaba con la Sant\u00edsima Virgen, dici\u00e9ndole la respuesta que tra\u00eda del se\u00f1or obispo; la que o\u00edda por la Se\u00f1ora, le dijo: \u00abBien est\u00e1, hijo m\u00edo, volver\u00e1s aqu\u00ed ma\u00f1ana para que lleves al obispo la se\u00f1al que te ha pedido; con eso te creer\u00e1 y acerca de esto ya no dudar\u00e1 ni de ti sospechar\u00e1 y s\u00e1bete, hijito m\u00edo, que yo te pagar\u00e9 tu cuidado y el trabajo y cansancio que por m\u00ed has impedido; ea, vete ahora; que ma\u00f1ana aqu\u00ed te aguardo\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Al d\u00eda siguiente, lunes, cuando ten\u00eda que llevar Juan Diego alguna se\u00f1al para ser cre\u00eddo, ya no volvi\u00f3. Porque cuando lleg\u00f3 a su casa, a un t\u00edo que ten\u00eda, llamado Juan Bernardino, le hab\u00eda dado la enfermedad, y estaba muy grave. Primero fue a llamar a un m\u00e9dico y le auxilio; pero ya no era tiempo, ya estaba muy grave. Por la noche, le rog\u00f3 su t\u00edo que de madrugada saliera, y viniera a Tlatilolco a llamar un sacerdote, que fuera a confesarle y disponerle, porque estaba muy cierto de que era tiempo de morir y que ya no se levantar\u00eda ni sanar\u00eda.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El martes, muy de madrugada, se vino Juan Diego de su casa a Tlatilolco a llamar al sacerdote; y cuando ven\u00eda llegando al camino que sale junto a la ladera del cerrillo del Tepey\u00e1cac, hacia el poniente, por donde ten\u00eda costumbre de pasar, dijo: \u00abSi me voy derecho, no sea que me vaya a ver la Se\u00f1ora, y en todo caso me detenga, para que lleve la se\u00f1al al prelado, seg\u00fan me previno: que primero nuestra aflicci\u00f3n nos deje y primero llame yo de prisa al sacerdote; el pobre de mi t\u00edo lo est\u00e1 ciertamente aguardando\u00bb. Luego, di\u00f3 vuelta al cerro, subi\u00f3 por entre \u00e9l y paso al otro lado, hacia el oriente, para llegar pronto a M\u00e9xico y que no le detuviera la Se\u00f1ora del Cielo.\n<\/p>\n<h2>Cuarta aparici\u00f3n<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify\">Pens\u00f3 que por donde di\u00f3 vuelta, no pod\u00eda verle la que est\u00e1 mirando bien a todas partes. La vi\u00f3 bajar de la cumbre del cerrillo y que estuvo mirando hacia donde antes \u00e9l la ve\u00eda. Sali\u00f3 a su encuentro a un lado del cerro y le dijo: \u00abQu\u00e9 hay, hijo m\u00edo el m\u00e1s peque\u00f1o? \u00bfa d\u00f3nde vas?\u00bb\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u00bfSe apen\u00f3 \u00e9l un poco o tuvo verg\u00fcenza, o se asust\u00f3? Juan Diego se inclin\u00f3 delante de ella; y le salud\u00f3, diciendo: \u00abNi\u00f1a m\u00eda, la m\u00e1s peque\u00f1a de mis hijas. Se\u00f1ora, ojal\u00e1 est\u00e9s contenta. \u00bfC\u00f3mo has amanecido? \u00bfest\u00e1s bien de salud, Se\u00f1ora y Ni\u00f1a m\u00eda? Voy a causarte aflicci\u00f3n: sabe, Ni\u00f1a m\u00eda, que est\u00e1 muy malo un pobre siervo tuyo, mi t\u00edo; le ha dado la peste, y est\u00e1 para morir. Ahora voy presuroso a tu casa de M\u00e9xico a llamar uno de los sacerdotes amados de Nuestro Se\u00f1or, que vaya a confesarle y disponerle; porque desde que nacimos, venimos a aguardar el trabajo de nuestra muerte. Pero si voy a hacerlo, volver\u00e9 luego otra vez aqu\u00ed, para ir a llevar tu mensaje. Se\u00f1ora y Ni\u00f1a m\u00eda, perd\u00f3name, t\u00e9nme por ahora paciencia; no te enga\u00f1o, Hija m\u00eda la m\u00e1s peque\u00f1a, ma\u00f1ana vendr\u00e9 a toda prisa\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Despu\u00e9s de oir la pl\u00e1tica de Juan Diego, respondi\u00f3 la piados\u00edsima Virgen: \u00abOye y ten entendido, hijo m\u00edo el m\u00e1s peque\u00f1o, que es nada lo que te asusta y aflige, no se turbe tu coraz\u00f3n, no temas esa enfermedad, ni otra alguna enfermedad y angustia. \u00bfNo estoy yo aqu\u00ed que soy tu Madre? \u00bfNo est\u00e1s bajo mi sombra? \u00bfNo soy yo tu salud? \u00bfNo est\u00e1s por ventura en mi regazo? \u00bfQu\u00e9 m\u00e1s has menester? No te apene ni te inquiete otra cosa; no te aflija la enfermedad de tu t\u00edo, que no morir\u00e1 ahora de ella: est\u00e1 seguro de que ya san\u00f3\u00bb. (Y entonces san\u00f3 su t\u00edo seg\u00fan despu\u00e9s se supo). Cuando Juan Diego oy\u00f3 estas palabras de la Se\u00f1ora del Cielo, se consol\u00f3 mucho; qued\u00f3 contento. Le rog\u00f3 que cuanto antes le despachara a ver al se\u00f1or obispo, a llevarle alguna se\u00f1al y prueba; a fin de que le creyera.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La Se\u00f1ora del Cielo le orden\u00f3 luego que subiera a la cumbre del cerrillo, donde antes la ve\u00eda. Le dijo: \u00abSube, hijo m\u00edo el m\u00e1s peque\u00f1o, a la cumbre del cerrillo, all\u00ed donde me viste y te d\u00ed \u00f3rdenes, hallar\u00e1s que hay diferentes flores; c\u00f3rtalas, j\u00fantalas, rec\u00f3gelas; enseguida baja y tr\u00e1elas a mi presencia\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Al punto subi\u00f3 Juan Diego al cerrillo y cuando lleg\u00f3 a la cumbre se asombr\u00f3 mucho de que hubieran brotado tantas variadas, exquisitas rosas de Castilla, antes del tiempo en que se dan, porque a la saz\u00f3n se encrudec\u00eda el hielo; estaban muy fragantes y llenas de roc\u00edo, de la noche, que semejaba perlas preciosas. Luego empez\u00f3 a cortarlas; las junt\u00f3 y las ech\u00f3 en su regazo. Baj\u00f3 inmediatamente y trajo a la Se\u00f1ora del Cielo las diferentes rosas que fue a cortar; la que, as\u00ed como las vi\u00f3, las cogi\u00f3 con su mano y otra vez se las ech\u00f3 en el regazo, dici\u00e9ndole: \u00abHijo m\u00edo el m\u00e1s peque\u00f1o, esta diversidad de rosas es la prueba y se\u00f1al que llevar\u00e1s al obispo. Le dir\u00e1s en mi nombre que vea en ella mi voluntad y que \u00e9l tiene que cumplirla\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Tu eres mi embajador, muy digno de confianza.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Rigurosamente te ordeno que s\u00f3lo delante del obispo despliegues tu manta y descubras lo que llevas. Contar\u00e1s bien todo; dir\u00e1s que te mand\u00e9 subir a la cumbre del cerrillo que fueras a cortar flores; y todo lo que viste y admiraste; para que puedas inducir al prelado a que d\u00e9 su ayuda, con objeto de que se haga y erija el templo que he pedido\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Despu\u00e9s que la Se\u00f1ora del Cielo le di\u00f3 su consejo, se puso en camino por la calzada que viene derecho a M\u00e9xico; ya contento y seguro de salir bien, trayendo con mucho cuidado lo que portaba en su regazo, no fuera que algo se le soltara de las manos, y goz\u00e1ndose en la fragancia de las variadas hermosas flores.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Al llegar al palacio del obispo, salieron a su encuentro el mayordomo y otros criados del prelado. Les rog\u00f3 le dijeran que deseaba verle, pero ninguno de ellos quiso, haciendo como que no le o\u00edan, sea porque era muy temprano, sea porque ya le conoc\u00edan, que s\u00f3lo los molestaba, porque les era importuno; y, adem\u00e1s, ya les hab\u00edan informado sus compa\u00f1eros, que le perdieron de vista, cuando hab\u00edan ido en su seguimiento. Largo rato estuvo esperando. Ya que vieron que hac\u00eda mucho que estaba all\u00ed, de pie, cabisbajo, sin hacer nada, por si acaso era llamado; y que al parecer tra\u00eda algo que portaba en su regazo, se acercaron a \u00e9l para ver lo que tra\u00eda y satisfacerse.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Viendo Juan Diego que no les pod\u00eda ocultar lo que tra\u00eda y que por eso le hab\u00edan de molestar, empujar o aporrear, descubri\u00f3 un poco que eran flores, y al ver que todas eran diferentes rosas de Castilla, y que no era entonces el tiempo en que se daban, se asombraron much\u00edsimo de ello, lo mismo de que estuvieran muy frescas, tan abiertas, tan fragantes y tan preciosas. Quisieron coger y sacarle algunas; pero no tuvieron suerte, porque cuando iban a cogerlas, ya no ve\u00edan verdaderas flores, sino que les parec\u00edan pintadas o labradas o cosidas en la manta.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Fueron luego a decir al obispo lo que hab\u00edan visto y que pretend\u00eda verle el indito que tantas veces hab\u00eda venido; el cual hac\u00eda mucho que por eso aguardaba, queriendo verle. Cay\u00f3, al o\u00edrlo el se\u00f1or obispo, en la cuenta de que aquello era la prueba, para que se certificara y cumpliera lo que solicitaba el indito. Enseguida mand\u00f3 que entrara a verle.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Luego que entr\u00f3, se humill\u00f3 delante de \u00e9l, as\u00ed como antes lo hiciera, y cont\u00f3 de nuevo todo lo que hab\u00eda visto y admirado, y tambi\u00e9n su mensaje. Dijo: \u00abSe\u00f1or, hice lo que me ordenaste, que fuera a decir a mi Ama, la Se\u00f1ora del Cielo, Santa Mar\u00eda, preciosa Madre de Dios, que ped\u00edas una se\u00f1al para poder creerme que le has de hacer el templo donde ella te pide que lo erijas; y adem\u00e1s le dije que yo te hab\u00eda dado mi palabra de traerte alguna se\u00f1al y prueba, que me encargaste, de su voluntad. Condescendi\u00f3 a tu recado y acogi\u00f3 benignamente lo que pides, alguna se\u00f1al y prueba para que se cumpla su voluntad. Hoy muy temprano me mand\u00f3 que otra vez viniera a verte; le ped\u00ed la se\u00f1al para que me creyeras, seg\u00fan me hab\u00eda dicho que me la dar\u00eda; y al punto lo cumpli\u00f3: me despach\u00f3 a la cumbre del cerrillo, donde antes yo la viera, a que fuese a cortar varias rosas de Castilla. Despu\u00e9s me fu\u00ed a cortarlas, las traje abajo; las cogi\u00f3 con su mano y de nuevo las ech\u00f3 en mi regazo, para que te las trajera y a ti en persona te las diera. Aunque yo sab\u00eda bien que la cumbre del cerrillo no es lugar en que se den flores, porque s\u00f3lo hay muchos riscos, abrojos, espinas, nopales y mezquites, no por eso dud\u00e9; cuando fu\u00ed llegando a la cumbre del cerrillo mir\u00e9 que estaba en el para\u00edso, donde hab\u00eda juntas todas las varias y exquisitas rosas de Castilla, brillantes de roc\u00edo que luego fu\u00ed a cortar.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Ella me dijo por qu\u00e9 te las hab\u00eda de entregar; y as\u00ed lo hago, para que en ellas veas la se\u00f1al que pides y cumplas su voluntad; y tambi\u00e9n para que aparezca la verdad de mi palabra y de mi mensaje. H\u00e9las aqu\u00ed: rec\u00edbelas\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Desenvolvi\u00f3 luego su blanca manta, pues ten\u00eda en su regazo las flores; y as\u00ed que se esparcieron por el suelo todas las diferentes rosas de Castilla, se dibuj\u00f3 en ella y apareci\u00f3 de repente las preciosa imagen de la siempre Virgen Santa Mar\u00eda, Madre de Dios, de la manera que \u00e9sta y se guarda hoy en su tempo del Tepey\u00e1cac, que se nombra Guadalupe.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Luego que la vi\u00f3 el se\u00f1or obispo, \u00e9l y todos los que all\u00ed estaban se arrodillaron; mucho la admiraron; se levantaron; se entristecieron y acongojaron, mostrando que la contemplaron con el coraz\u00f3n y el pensamiento.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El se\u00f1or obispo, con l\u00e1grimas de tristeza or\u00f3 y pidi\u00f3 perd\u00f3n de no haber puesto en su obra su voluntad y su mandato. Cuando se puso en pie, desat\u00f3 del cuello de Juan Diego, del que estaba atada, la manta en que se dibuj\u00f3 y apareci\u00f3 la Se\u00f1ora del Cielo. Luego la llev\u00f3 y fue a ponerla en su oratorio. Un d\u00eda m\u00e1s permaneci\u00f3 Juan Diego en la casa del obispo que a\u00fan le detuvo. Al d\u00eda siguiente, le dijo: \u00abEa, a mostrar d\u00f3nde es voluntad de la Se\u00f1ora del Cielo que le erija su templo\u00bb. Inmediatamente se convid\u00f3 a todos para hacerlo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">No bien Juan Diego se\u00f1al\u00f3 donde hab\u00eda mandado la Se\u00f1ora del Cielo que se levantara su templo, pidi\u00f3 licencia de irse. Quer\u00eda ahora ir a su casa a ver a su t\u00edo Juan Bernardino, el cual estaba muy grave, cuando le dej\u00f3 y vino a Taltilolco a llamar un sacerdote, que fuera a confesarle y disponerle, y le dijo la Se\u00f1ora del Cielo que ya hab\u00eda sanado. Pero no le dejaron ir solo, sino que le acompa\u00f1aron a su casa.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Al llegar, vieron a su t\u00edo que estaba muy contento y que nada le dol\u00eda. Se asombr\u00f3 mucho de que llegara acompa\u00f1ado y muy honrado su sobrino, a quien pregunt\u00f3 la causa de que as\u00ed lo hicieran y que le honraran mucho. Le respondi\u00f3 su sobrino que, cuando parti\u00f3 a llamar al sacerdote que le confesara y dispusiera, se le apareci\u00f3 en el Tepey\u00e1cac la Se\u00f1ora del Cielo; la que, dici\u00e9ndole que no se afligiera, que ya su t\u00edo estaba bueno, con que mucho se consol\u00f3, le despach\u00f3 a M\u00e9xico, a ver al se\u00f1or obispo para que le edificara una casa en el Tepey\u00e1cac. Manifest\u00f3 su t\u00edo ser cierto que entonces le san\u00f3 y que la vi\u00f3 del mismo modo en que se aparec\u00eda a su sobrino; sabiendo por ella que la hab\u00eda enviado a M\u00e9xico a ver al obispo. Tambi\u00e9n entonces le dijo la Se\u00f1ora que, cuando \u00e9l fuera a ver al obispo, le revelara lo que vi\u00f3 y de qu\u00e9 manera milagrosa le hab\u00eda sanado; y que bien la nombrar\u00eda, as\u00ed como bien hab\u00eda de nombrarse su bendita imagen, la siempre Virgen Santa Mar\u00eda de Guadalupe.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Trajeron luego a Juan Bernardino a presencia del se\u00f1or obispo; a que viniera a informarle y atestiguara delante de \u00e9l. A entrambos, a \u00e9l y a su sobrino, los hosped\u00f3 el obispo en su casa algunos d\u00edas, hasta que se erigi\u00f3 el templo de la Reina del Tepey\u00e1cac, donde la vi\u00f3 Juan Diego. El se\u00f1or obispo traslad\u00f3 a la Iglesia Mayor la santa imagen de la amada Se\u00f1ora del Cielo; la sac\u00f3 del oratorio de su palacio, donde estaba, para que toda la gente viera y admirara su bendita imagen. La ciudad entera se conmovi\u00f3: ven\u00eda a ver y admirar su devota imagen, y a hacerle oraci\u00f3n. Mucho le maravillaba que se hubiese aparecido por milagro divino: porque ninguna persona de este mundo pint\u00f3 su preciosa imagen.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Selecci\u00f3n de im\u00e1genes: Jos\u00e9 G\u00e1lvez Kr\u00fcger\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<ul>\n<li> [1] Grabados de la Virgen de Guadalupe en la  Biblioteca de la Universidad John Carter Brown.<\/li>\n<\/ul>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Contenido 1 Historia de las Apariciones de la Virgen de Guadalupe 2 Primera aparici\u00f3n 3 Segunda aparici\u00f3n 4 Tercera aparici\u00f3n 5 Cuarta aparici\u00f3n Historia de las Apariciones de la Virgen de Guadalupe Escrita en N\u00e1hualt por Antonio Valeriano Traducida por Primo Feliciano Vel\u00e1squez Originalmente publicado en La Prensa San Diego. Usado con permiso. En oden &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/virgen-maria-de-guadalupe-mexico\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abVIRGEN MARIA DE GUADALUPE (MEXICO)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-27303","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/27303","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=27303"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/27303\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=27303"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=27303"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=27303"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}