{"id":27307,"date":"2016-02-05T18:25:53","date_gmt":"2016-02-05T23:25:53","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/virtud-teologal-de-la-caridad\/"},"modified":"2016-02-05T18:25:53","modified_gmt":"2016-02-05T23:25:53","slug":"virtud-teologal-de-la-caridad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/virtud-teologal-de-la-caridad\/","title":{"rendered":"VIRTUD TEOLOGAL DE LA CARIDAD"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">(Virtud Teol\u00f3gica)\n<\/p>\n<h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 Introduccion<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-2\">2 Amor a Dios<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-3\">3 Amor al Hombre\n<ul>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-4\">3.1 Amor Propio<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-5\">3.2 Amor al Pr\u00f3jimo<\/li>\n<\/ul>\n<\/li>\n<\/ul>\n<h3>Introduccion<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify\">La tercer y mayor de las virtudes Divinas enumeradas por San Pablo (1 Cor., xiii, 13), usualmente llamada caridad, se define como: un h\u00e1bito divinamente infundido, que inclina al humano a amar a Dios por \u00e9l mismo sobre todas las cosas, y al hombre por amor a Dios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La definici\u00f3n engloba las caracter\u00edsticas principales de la caridad:\n<\/p>\n<ul>\n<li>Su origen, por infusi\u00f3n Divina. \u00abEl amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Esp\u00edritu Santo\u00bb (Rom, v, 5). Es, por tanto, distinta de, y superior a, la inclinaci\u00f3n de nacimiento o el h\u00e1bito adquirido de amar a Dios en el orden natural. Los te\u00f3logos est\u00e1n de acuerdo al decir que es infundida junto con la gracia santificante, o que est\u00e1 relacionada en forma muy cercana en su forma o en su identidad real, como sostienen algunos, o, seg\u00fan el punto de vista m\u00e1s com\u00fan, por forma de emanaci\u00f3n connatural. <\/li>\n<\/ul>\n<ul>\n<li>Su morada, en la voluntad humana. Aunque la caridad es en ocasiones intensamente emocional, y reacciona con frecuencia seg\u00fan nuestras facultades sensoriales, a\u00fan reside propiamente en la voluntad racional, hecho que no debe olvidarse pues sin ella ser\u00eda una virtud imposible.<\/li>\n<\/ul>\n<ul>\n<li>Su acto espec\u00edfico, es decir, el amor a la benevolencia y a la amistad. Amar a Dios es desearle a \u00c9l todo honor y gloria y todo bien, y, en la medida de nuestras posibilidades, empe\u00f1arse en obtenerla por \u00c9l. San Juan (xiv, 23; xv, 14) enfatiza el aspecto de reciprocidad que hace de la caridad una amistad verdadera del hombre con Dios.<\/li>\n<\/ul>\n<ul>\n<li>Su motivo, es decir, la bondad o amabilidad Divina tomada absolutamente y dada a conocer a nosotros por la fe. No importa que la bondad sea vista en uno, o varios, o todos los atributos Divinos, pero, en todos los casos, debe adherirse a \u00e9stos, no como fuente de ayuda, o recompensa, o felicidad para nosotros mismos, sino como un bien en s\u00ed infinitamente merecedor de nuestro amor, en este \u00fanico sentido es Dios amado por s\u00ed mismo. Sin embargo, la distinci\u00f3n entre los dos amores: concupiscencia, el cual da lugar a la esperanza; y la benevolencia, que anima a la caridad, no debe obligar a una especie de mutua exclusi\u00f3n, pues la Iglesia ha condenado repetidamente cualquier intento de desacreditar las obras de la esperanza cristiana (q. v.). <\/li>\n<\/ul>\n<ul>\n<li>Su alcance, es decir, tanto Dios y hombre. Mientras que Dios mismo es del todo amable, tanto como que todo hombre, por gracia y gloria, ya sea comparte ya o al menos es capaz de compartir la bondad Divina, resulta que el amor sobrenatural m\u00e1s bien lo incluye en lugar de excluirle, seg\u00fan Mateo, xxii, 39 y Lucas, x, 27. Entonces una y la misma virtud de la caridad termina tanto en Dios como en el hombre, primeramente en Dios y despu\u00e9s en el hombre. <\/li>\n<\/ul>\n<h3>Amor a Dios<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify\">El deber primario de hombre de amar a Dios se expresa concisamente en Deut., vi, 5; Mat., xxii, 37; y Lucas, x, 27. Es bastante obvio el car\u00e1cter imperativo de las palabras \u00abamar\u00e1s\u00bb. Inocente XI (Denzinger, nos. 1155-57) declara que el precepto no es cumplido por un acto de caridad llevado a cabo una vez en la vida, o cada cinco a\u00f1os, o en las ocasiones m\u00e1s bien indefinidas cuando no puede procurarse de otra forma una justificaci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Los moralistas insisten en la obligaci\u00f3n al principio de la vida moral cuando la raz\u00f3n ha llegado a su completo desarrollo; en el punto de la muerte; y de tiempo en tiempo durante la vida, siendo imposible e innecesario un conteo exacto ya que el h\u00e1bito cristiano de oraci\u00f3n diaria seguramente cubre la obligaci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La violaci\u00f3n del precepto generalmente es negativa, es decir, por omisi\u00f3n o indirecto, es decir, implicado en cada falta grave; sin embargo, existen pecados directamente opuestos al amor de Dios: negligencia espiritual, al menos cuando conlleva un aborrecimiento voluntario de los bienes espirituales, y el odio a Dios, ya sea una abominaci\u00f3n a las leyes restrictivas y punitivas de Dios o una aversi\u00f3n a Su Sagrada Persona (ver NEGLIGENCIA; ODIO).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Los calificativos, \u00abcon todo tu coraz\u00f3n, y con toda tu alma, y con toda tu mente, y con todas tus fuerzas\u00bb, no significan un m\u00e1ximo de intensidad, pues la intensidad de acci\u00f3n nunca cae bajo un mandamiento; a\u00fan menos implican la necesidad de sentir m\u00e1s amor sensato a Dios que a las criaturas, pues las criaturas visibles, por m\u00e1s imperfectas, atraen nuestra sensatez mucho m\u00e1s que el Dios invisible. Su significado verdadero es que, tanto en nuestra apreciaci\u00f3n mental y resoluci\u00f3n voluntaria, Dios debe estar por encima del resto, sin exceptuar al padre o a la madre, hijo e hija (Mateo, x, 37). Santo Tom\u00e1s (II-II, Q. xliv, a.5) asign\u00f3 un significado especial a cada una de las cuatro frases B\u00edblicas; otros, con mayor raz\u00f3n, toman toda el enunciado en su sentido acumulado, y ven en \u00e9l el prop\u00f3sito, no s\u00f3lo la elevaci\u00f3n de la caridad por encima del bajo Materialismo de los saduceos o el Ritualismo formal de los fariseos, sino tambi\u00e9n de declarar que \u00abamar a Dios sobre todas las cosas asegura la santidad de toda nuestra vida\u00bb (Le Camus, \u00abVie de Notre-Seigneur Jes\u00fas-Christ\u00bb, III, 81).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El amor a Dios es a\u00fan m\u00e1s que un precepto que obliga a la conciencia humana; es tambi\u00e9n, como observa Le Camus, \u00abel principio y meta de la perfecci\u00f3n moral\u00bb. As\u00ed como el principio de la perfecci\u00f3n moral en el orden sobrenatural, con la fe como fundamento y la esperanza como incentivo, el amor a Dios tiene el primer lugar entre los medios de salvaci\u00f3n llamado necesario, \u00abneces\u00edtate medii\u00bb, por los te\u00f3logos. Al establecer que la \u00abcaridad no acaba nunca\u00bb (1 Cor xiii, 8), San Pablo claramente insin\u00faa que no hay diferencia de tipo, sino solo en grado, entre la caridad aqu\u00ed y la gloria all\u00e1 en lo alto; como consecuencia el amor Divino viene a ser el inicio necesario de aquella vida semejante a la de Dios que alcanza su plenitud s\u00f3lo en el cielo. La necesidad de caridad habitual se infiere de su comuni\u00f3n cercana con la gracia santificante. La necesidad de caridad real no es menos evidente. Adem\u00e1s de los casos de la recepci\u00f3n real del bautismo, penitencia o extremaunci\u00f3n, en donde el amor de la caridad por una dispensa especial de Dios, admite el arrepentimiento como un substituto, todos los adultos la necesitan, seg\u00fan 1 Juan, iii, 14: \u00abQuien no ama permanece en la muerte\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Como la meta de la perfecci\u00f3n moral, siempre en el orden sobrenatural, el amor de Dios es llamado \u00abel mayor y el primer mandamiento\u00bb (Mateo, xxii, 38), \u00abel fin de este mandato\u00bb (1 Tim., i, 5), \u00abel v\u00ednculo de la perfecci\u00f3n\u00bb (Col., iii, 14). Se yergue como un factor de la mayor importancia en las dos fases principales de nuestra vida espiritual, la justificaci\u00f3n y la adquisici\u00f3n de m\u00e9ritos. El poder justificante de la caridad, tan bien expresada en Lucas, vii, 47 y en 1 Pe., iv,8, de ninguna manera ha sido abolida o reducida por la instituci\u00f3n de los Sacramentos del Bautismo y Penitencia como medios necesarios de rehabilitaci\u00f3n moral; s\u00f3lo ha sido para incluir una disposici\u00f3n a recibir estos sacramentos donde y cuando sea posible. Su poder meritorio, enfatizado por San Pablo (Rom, viii, 28), cubre tanto los actos voluntarios u aquellos ordenados por la caridad. San Agust\u00edn (De laudibus quartets) llama caridad a la \u00abvida de virtudes\u00bb (vita virtutum); y Santo Tom\u00e1s (II-II, Q. xxiii, a.8), la \u00abforma de virtudes\u00bb (forma virtutum). El significado es que las dem\u00e1s virtudes, aunque poseen un valor real propio, derivan una m\u00e1s fresca y mayor excelencia por su uni\u00f3n con la caridad, el cual, al alcanzar directamente a Dios, ordena todas nuestras acciones virtuosas hacia \u00c9l.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En cuanto a la forma y grado de influencia que la caridad debe ejercer en nuestras acciones virtuosas con el fin de que sean consideradas meritorias del cielo, los te\u00f3logos est\u00e1n lejos de estar de acuerdo, pues algunos dicen que se requiere s\u00f3lo del estado de gracia, o caridad habitual, y otros insisten en la renovaci\u00f3n m\u00e1s o menos frecuente de distintos actos de amor divino.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Por supuesto, el poder meritorio de la caridad es, como la virtud misma, susceptible de crecimiento infinito. Santo Tom\u00e1s (II-II, Q. xxiv, 24 a. 24 y 8) menciona tres etapas principales:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">liberaci\u00f3n del pecado mortal por incansable resistencia a la tentaci\u00f3n,<br \/>\nevasi\u00f3n de pecados veniales deliberados por la pr\u00e1ctica asidua de la virtud,<br \/>\nuni\u00f3n con Dios a trav\u00e9s de la recurrencia frecuente de actos de amor.<br \/>\nA \u00e9stos, los escritores asc\u00e9ticos tales como \u00c1lvarez de Paz, Santa Teresa, San Francisco de Sales, agregan muchos m\u00e1s grados, anticip\u00e1ndose as\u00ed a\u00fan en este mundo \u00ablas muchas mansiones de la casa del Padre\u00bb. Las prerrogativas de la caridad, sin embargo, no deben ser interpretadas como para incluir la no-admisibilidad. El decir de San Juan (1 Ep., iii, 6), \u00abTodo el que permanece en \u00c9l (Dios), no peca\u00bb, significa sin duda la permanencia especial de la caridad principalmente en sus mayores grados, pero no es garant\u00eda absoluta contra la posible p\u00e9rdida de \u00e9l; aunque el h\u00e1bito infundido nunca es disminuido por pecados veniales, una sola falta grave es suficiente para destruirla y as\u00ed terminar con la uni\u00f3n y amistad del hombre con Dios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<h3>Amor al Hombre<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify\">Aunque la caridad abraza a todos los hijos de Dios en el cielo, en la tierra y en el purgatorio (vea COMUNI\u00d3N DE LOS SANTOS), se toma aqu\u00ed significando el amor sobrenatural del hombre por el hombre, y que en este mundo; como tal, incluye tanto al amor a s\u00ed mismo como el amor al pr\u00f3jimo.\n<\/p>\n<p>Amor Propio<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">San Gregorio el Grande ((Hom. XIII en Evang.) se opone a la expresi\u00f3n \u00abcaridad a uno mismo\u00bb, objetando que la caridad requiere de dos partes, y San Agust\u00edn (De bono viduitatis, xxi) remarca que no fue necesario ning\u00fan mandato que hiciera al hombre \u00abamarse\u00bb. Obviamente, la objeci\u00f3n de San Gregorio es puramente gramatical; y la afirmaci\u00f3n de San Agust\u00edn se refiere al natural amor propio. De hecho, el precepto del amor sobrenatural por uno mismo no es s\u00f3lo posible o necesario, sino tambi\u00e9n claramente contenido en el mandato de Cristo de amar al pr\u00f3jimo como a uno mismo. Sin embargo, su obligaci\u00f3n, lleva de alguna manera la salvaci\u00f3n de nuestro esp\u00edritu (Mat., xvi, 26), la consecuci\u00f3n de m\u00e9ritos (Mat., vi, 19 ss.), el uso cristiano de nuestro cuerpo (Rom., vi, 13; 1 Cor., vi, 19; Col., iii, 5) y dif\u00eccilmente puede ser insertado en puntos pr\u00e1cticos que no hayan sido anteriormente cubiertos por preceptos m\u00e1s espec\u00edficos.\n<\/p>\n<p>Amor al Pr\u00f3jimo<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La idea cristiana de amor fraternal comparado con el concepto pagano o jud\u00edo ha sido tratada en otra parte (vea CARIDAD Y CARIDADES). Brevemente, su caracter\u00edstica distintiva, as\u00ed como su superioridad, debe encontrarse menos en sus mandamientos, o prohibiciones, o a\u00fan resultados, que el motivo que lleva a sus leyes y prepara sus logros. El fiel cumplimiento del \u00abnuevo mandamiento\u00bb es llamado el criterio del verdadero discipulado cristiano (Juan xiii, 34 sg.), el est\u00e1ndar por el cual seremos juzgados (Mat., xxv, 34 ssc.), la mejor prueba de que amamos a Dios Mismo (1 Juan, iii, 10), el cumplimiento de toda la ley (Gal., v, 14), porque, viendo al pr\u00f3jimo en Dios y a trav\u00e9s de Dios, tiene el mismo valor que el amor a Dios. La expresi\u00f3n \u00abamar al pr\u00f3jimo por amor a Dios\u00bb significa que nos levantamos por encima de la consideraci\u00f3n de la mera solidaridad y compasi\u00f3n a la m\u00e1s alta perspectiva de nuestra com\u00fan adopci\u00f3n Divina y herencia celestial; s\u00f3lo en ese sentido puede acercarse nuestro amor fraternal al amor que Cristo tuvo por nosotros (Juan, xiii, 35), y puede entenderse un tipo de identidad moral entre Cristo y el pr\u00f3jimo (Mat., xxv, 40). Desde este motivo superior la universalidad de la caridad fraternal sigue como una consecuencia necesaria. Todo aquel que vea en sus semejantes, no las peculiaridades humanas, sino los privilegios dados por Dios y semejantes a Dios, ya no puede restringir su amor a los miembros de la familia, o correligionarios, o conciudadanos, o a extra\u00f1os dentro de las fronteras (Lev., xix, 34), sino que necesita extenderlo, sin distinguir al jud\u00edo o al gentil (Rom, x, 12), a todas las unidades de la humanidad, a los expulsados socialmente (Lucas, x, 33 ssc.) y a\u00fan a los enemigos (Mat., v, 23 ssc.). Muy eficaz es la lecci\u00f3n en la cual Cristo exhorta a Sus oyentes a reconocer, en muchos samaritanos despreciados, al verdadero tipo de pr\u00f3jimo, y verdaderamente nuevo es el mandamiento en el cual nos llama a perdonar a nuestros enemigos, a reconciliarnos con ellos, ayudarles y amarles. El ejercicio de la caridad pronto ser\u00eda imprudente e inoperante a menos que haya en \u00e9ste, como en todas las virtudes morales, un orden bien definido. El ordo caritatis, como los te\u00f3logos lo llaman, posiblemente por una mala interpretaci\u00f3n del Lat\u00edn del Cant., ii, 4 (ordinavit in me charitatem), toma en cuenta estos diferentes factores:\n<\/p>\n<ul>\n<li>las personas que reclaman nuestro amor, <\/li>\n<li>las ventajas que deseamos procurarles, y <\/li>\n<li>la necesidad en la cual se encuentran. <\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify\">La precedencia es muy suficiente cuando se ven por separado estos factores. En cuanto a las personas por s\u00ed solas, el orden es m\u00e1s o menos como sigue: s\u00ed mismo, esposa, hijos, padres, hermanos y hermanas, amigos, dom\u00e9sticos, vecinos, paisanos, y todos los dem\u00e1s. Considerando los bienes por s\u00ed mismos, existe un triple orden:\n<\/p>\n<ul>\n<li>los bienes espirituales m\u00e1s importantes relacionadas con la salvaci\u00f3n del alma deben primeramente apelar a nuestra solicitud; luego <\/li>\n<li>los bienes intr\u00ednsecos y naturales del alma y el cuerpo, tales como vida, salud, conocimiento, libertad, etc; <\/li>\n<li>por \u00faltimo, los bienes extr\u00ednsecos de reputaci\u00f3n, bienestar, etc. <\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify\">Viendo por separado los varios tipos de necesidades, debe obtenerse el siguiente orden:\n<\/p>\n<ul>\n<li>primero, necesidad extrema, en la cual un hombre est\u00e1 en peligro de condenaci\u00f3n, o de muerte, o de la p\u00e9rdida de otros bienes de casi la misma importancia y no puede hacer nada por s\u00ed mismo; <\/li>\n<li>segundo, necesidad grave, cuando alguien puesto en peligro similar puede extraerse a s\u00ed mismo s\u00f3lo con esfuerzos heroicos; <\/li>\n<li>tercera, necesidad com\u00fan, tales como los pecadores ordinarios o limosneros afectos que pueden ayudarse a s\u00ed mismos sin gran dificultad. <\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify\">Cuando se combinan los tres factores, dan lugar a reglas complicadas, de las cuales las principales son \u00e9stas:\n<\/p>\n<ul>\n<li>El amor de complacencia y el amor de beneficio no siguen el mismo est\u00e1ndar, siendo la primera guiada por el merecimiento, y el \u00faltimo por proximidad y necesidad del pr\u00f3jimo. <\/li>\n<\/ul>\n<ul>\n<li>Nuestra salvaci\u00f3n personal debe preferirse a todo lo dem\u00e1s. Nunca estamos justificados para cometer el menor pecado por amor a nadie o a nada, ni debemos exponernos a nosotros mismos al peligro espiritual salvo en los casos y con las precauciones que nos dar\u00edan el derecho moral a, y la garant\u00eda de, la protecci\u00f3n de Dios. <\/li>\n<\/ul>\n<ul>\n<li>Tendemos a socorrer al pr\u00f3jimo en extrema necesidad espiritual a\u00fan a costa de nuestra propia vida, una obligaci\u00f3n que sin embargo, supone la certidumbre de la necesidad de nuestro pr\u00f3jimo y la efectividad de nuestro servicio hacia \u00e9l. <\/li>\n<\/ul>\n<ul>\n<li>Excepto en casos muy raros anteriormente descritos, no tendemos a arriesgar la vida o alg\u00fan miembro por nuestro pr\u00f3jimo, sino a s\u00f3lo sufrir la cantidad de inconveniencia justificada por la necesidad y cercan\u00eda de nuestro pr\u00f3jimo. Los casuistas no est\u00e1n de acuerdo en cuanto al derecho de dar la vida propia por otra de igual importancia. <\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify\">TANQUEREY, De virtute caritatis en Sinopsis Theologiae Moralis, II (Nueva York, 1906), 426; SLATER, A Manual of Moral Theology, I (Nueva York, 1909), 179 ssc.; BATIFFOL, L\u2019Enseignement de Jes\u00fas (Paris 1905); NORTHCOTE, The Bond of Perfection (Londres, 1907); GAFFRE, La Loi d\u2019 Amour (Paris, 1908); DE SALES, Trait\u00e9 de l\u2019 amour de Dieu; PESCH Prealectiones Dogmaticae, VIII (Freiburg im Br., 1898), 226 ssc.; DUBLANCHY en Dict. De Th\u00e9ol. Cath. S.v. Charit\u00e9, con una bibliograf\u00eda exhaustiva de los te\u00f3logos y m\u00edsticos que han tratado este asunto.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">J.F. SOLLIER\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Transcrito por Gerard Haffner\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Traducido por Luc\u00eda Lessan\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Virtud Teol\u00f3gica) Contenido 1 Introduccion 2 Amor a Dios 3 Amor al Hombre 3.1 Amor Propio 3.2 Amor al Pr\u00f3jimo Introduccion La tercer y mayor de las virtudes Divinas enumeradas por San Pablo (1 Cor., xiii, 13), usualmente llamada caridad, se define como: un h\u00e1bito divinamente infundido, que inclina al humano a amar a Dios &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/virtud-teologal-de-la-caridad\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abVIRTUD TEOLOGAL DE LA CARIDAD\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-27307","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/27307","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=27307"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/27307\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=27307"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=27307"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=27307"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}