{"id":2843,"date":"2016-02-04T23:32:38","date_gmt":"2016-02-05T04:32:38","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/justificacion\/"},"modified":"2016-02-04T23:32:38","modified_gmt":"2016-02-05T04:32:38","slug":"justificacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/justificacion\/","title":{"rendered":"JUSTIFICACION"},"content":{"rendered":"<p>Rom 4:25 el cual fue .. resucitado para nuestra j<br \/>\nRom 5:16 el don vino a causa de muchas para j<br \/>\nRom 5:18 por la justicia de uno vino .. la j de vida<br \/>\n1Co 1:30 el cual nos ha sido hecho por Dios .. j<br \/>\n2Co 3:9 abundar\u00e1 en gloria el ministerio de j<\/p>\n<hr>\n<p>Justificaci\u00f3n    (gr. dik\u00e1i\u00ed\u2021ma, \u00abexigencia\u00bb, \u00abacto justo\u00bb, \u00abestatuto\u00bb, \u00absentencia judicial\u00bb, \u00abdeclaraci\u00f3n de justicia\u00bb, dik\u00e1\u00ed\u00ad\u00ed\u2021sis, \u00abjustificaci\u00f3n\u00bb, \u00abvindicaci\u00f3n\u00bb, \u00ababsoluci\u00f3n\u00bb).  El verbo \u00abjustificar\u00bb aparece con mucho m\u00e1s frecuencia que el sustantivo \u00abjustificaci\u00f3n\u00bb.  En el uso teol\u00f3gico, justificar es el acto divino por el cual Dios declara justo a un pecador penitente, o lo considera justo.  La justificaci\u00f3n es lo opuesto a la condenaci\u00f3n (Rom 5:16).  Ninguno de los 2 t\u00e9rminos especifica c\u00f3mo es el car\u00e1cter, sino s\u00f3lo la situaci\u00f3n ante Dios.  La justificaci\u00f3n no es una transformaci\u00f3n del car\u00e1cter inherente; no produce justicia, as\u00ed\u00ad como la condenaci\u00f3n no produce pecaminosidad.  Una persona cae bajo la condenaci\u00f3n por causa de sus transgresiones, pero, como pecador, puede experimentar la justificaci\u00f3n s\u00f3lo mediante un acto de Dios.  La condenaci\u00f3n se gana o se merece, pero la justificaci\u00f3n no puede ser ganada: es un \u00abdon\u00bb gratuito o inmerecido.  Al justificar al pecador, Dios lo absuelve, lo declara justo, lo considera  justo, y lo trata como a una persona justa.  La  justificaci\u00f3n es tanto el acto de absolver como la declaraci\u00f3n correspondiente que afirma que existe un estado de justicia.  Las acusaciones de maldad son canceladas, y el pecador, ahora  justificado, llega a estar en una relaci\u00f3n correcta con Dios (que Pablo describe como de \u00abpaz para con Dios\u00bb; Rom 5:1).  El estado de justicia que el pecador alcanza por medio de la justificaci\u00f3n es imputado (4:22), es decir, se le cuenta como justicia (vs 3, 4).  Cuando  Dios imputa justicia al pecador arrepentido, figuradamente pone la expiaci\u00f3n provista por Cristo y la justicia de \u00e9l como un cr\u00e9dito en los libros del cielo, y el pecador se encuentra ante Dios como si nunca hubiera pecado.  La justificaci\u00f3n presupone que Dios tiene  una perfecta norma de justicia, mediante la cual espera que los seres creados ordenen su vida, y que \u00e9l demanda una obediencia perfecta a esta norma.  Te\u00f3ricamente, Dios no podr\u00ed\u00ada condenar a un hombre que nunca hubiera violado esta norma (Rom 2:13), pero dado que todos lo hemos hecho (3:10, 23).  La ley divina  -toda la voluntad revelada de Dios con respecto al hombre- es as\u00ed\u00ad una expresi\u00f3n, un reflejo de su propio car\u00e1cter y una norma que deben alcanzar todos los seres creados.  La justificaci\u00f3n es necesaria porque \u00abtodos pecaron, y est\u00e1n destituidos de la gloria de Dios\u00bb (Rom 3:23; cf v 10).  Sin ella, los pecadores nunca podr\u00ed\u00adan ser aceptos por Dios, sino que permanecer\u00ed\u00adan en un estado de perpetua  hostilidad contra \u00e9l.  La justificaci\u00f3n es posible por causa de la gracia divina, o su disposici\u00f3n a no considerar a los pecadores como responsables por sus errores, con la condici\u00f3n de que acepten la justicia provista por \u00e9l 688 \u00aba causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados\u00bb (vs 24, 25), y en virtud de la justicia de Cristo (5:18).  La provisi\u00f3n de justicia es el don de su Hijo, \u00abel cual  fue entregado por nuestras transgresiones, y  resucitado para nuestra justificaci\u00f3n\u00bb (Rom 4:25; 5:16, 18; cf Joh 3:16).  Cuando, por fe, el pecador acepta la muerte vicaria de Jesucristo como el justo castigo por sus propias ofensas, Dios a su vez acepta la fe del pecador en vez de su justicia personal, y pone la justicia de Jesucristo en su cr\u00e9dito.  La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas fue tan esencial \u00abpara nuestra justificaci\u00f3n\u00bb como lo fue su muerte en la cruz (Rom 4:25).  La justicia estricta no provee escape del castigo por el pecado: la muerte.  Por eso Cristo sufri\u00f3 ese castigo en la cruz.  Pero as\u00ed\u00ad como su muerte es una demostraci\u00f3n de la justicia divina, la resurrecci\u00f3n (que lo liber\u00f3 de ese castigo) es una demostraci\u00f3n de la misericordia divina y de la disposici\u00f3n de Dios de transferir los m\u00e9ritos de la muerte vicaria de Cristo a los pecadores que est\u00e1n dispuestos a aceptar su bondadoso regalo.  Si Jes\u00fas hubiera permanecido para siempre en la tumba, no habr\u00ed\u00ada evidencia objetiva de que Dios puede y quiere justificar a los pecadores (Ro, 4:24, 25).  Por ello, la fe en un Se\u00f1or resucitado nos permite aceptar la justificaci\u00f3n por Cristo, y nos capacita para ello.  Somos \u00abjustificados en su sangre\u00bb y \u00absalvos por su vida\u00bb (5:9, 10).  La contrapartida o el complemento del acto de gracia de Dios al justificar es la fe del pecador que se extiende para aceptar la gracia ofrecida (Rom 5:1,2). Por s\u00ed\u00ad mismo, el hombre no puede hacer nada para obtener la justificaci\u00f3n.  Al ejercer fe confiesa su incapacidad de llegar a un estado de justicia por sus propias obras.  Dios reconoce su fe y lo justifica y \u00abahora&#8230; ninguna condenaci\u00f3n hay para los que est\u00e1n en Cristo Jes\u00fas\u00bb (8:1): ahora es un \u00abjusto\u00bb (gr. d\u00ed\u00adkaios: Rom 5:19, etc.) ante Dios.  La justificaci\u00f3n tiene aspectos negativos y afirmativos.  Consiste primero en el perd\u00f3n de los pecados (Rom 4:5-8), pero \u00e9ste est\u00e1 acompa\u00f1ado por una declaraci\u00f3n de que el pecador perdonado ha sido restaurado al favor divino.  Pablo describe esta relaci\u00f3n correcta como estar \u00aben paz para con Dios\u00bb (5:1), o \u00abreconciliados con Dios\u00bb (v 10).  El dolor por el pecado (Luk 18:13,14) y un deseo profundo de estar bien con Dios (Mat 5:6) son prerrequisitos para la justificaci\u00f3n.  Luego surge la fe para aceptar la divina provisi\u00f3n de gracia (Rom 4:4, 5, 16, 24).  Esta debida relaci\u00f3n con Dios otorga al pecador arrepentido su t\u00ed\u00adtulo para el reino de los cielos.  Por esto Jes\u00fas pudo asegurar al ladr\u00f3n en la cruz que estar\u00ed\u00ada con \u00e9l en el Para\u00ed\u00adso (Luk 23:43).  La justificaci\u00f3n otorga al pecador arrepentido el derecho a entrar en la carretera al reino y viajar por ella, pero no le concede el poder para avanzar por la misma.  Ese poder es impartido por la morada de Cristo en la persona (G\u00e1. 2:20), mediante el proceso de la santificaci\u00f3n que dura toda la vida.  Por la fe en la muerte de Cristo, el pecador justificado se levantar\u00e1 para andar \u00aben vida nueva\u00bb (Rom 6:4, 5).  Aunque la justificaci\u00f3n no le da el poder para caminar por el camino a una vida nueva en Cristo Jes\u00fas, supone que \u00e9sa es su intenci\u00f3n.  En realidad, la justificaci\u00f3n ser\u00ed\u00ada in\u00fatil si rehusara hacerlo, y a menos que suceda esa experiencia, no habr\u00ed\u00ada evidencias de que ha ocurrido la justificaci\u00f3n.  La vida posterior testifica de la realidad de la justificaci\u00f3n.  La justificaci\u00f3n y la santificaci\u00f3n son 2 pasos en la salvaci\u00f3n.  Una vida en Cristo significa crecer en la gracia (2Pe 3:18), un crecimiento hasta llegar a la plena estatura de Cristo (Eph 4:15).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Evang\u00e9lico<\/b><\/p>\n<p>(heb., tsedheq, tsadheq; gr., dikaioo, validar, absolver, vindicar, rectificar). La palabra justificaci\u00f3n puede ser definida como el acto judicial de Dios por medio del cual, basado en la obra meritoria de Cristo imputada al pecador y recibida por fe, Dios declara al pecador absuelto de pecado, liberado de su pena y restaurado como justo. Significa estar establecido por Dios en una relaci\u00f3n recta con \u00e9l. Esta doctrina se encuentra en las ep\u00ed\u00adstolas de Pablo, especialmente las de G\u00e1latas y Romanos.<\/p>\n<p>Como un rev\u00e9s de la actitud de Dios hacia el pecador dada la nueva relaci\u00f3n del pecador con Cristo, justificaci\u00f3n es:<br \/>\n( 1 )  Un acto declarativo por el cual se declara al pecador libre de culpa y de las consecuencias del pecado (Rom 4:6-8; Rom 5:18-19; Rom 8:33-34; 2Co 5:19-21);<br \/>\n( 2 )  un acto judicial en el cual la idea de juicio y de salvaci\u00f3n se combinan para representar el cumplimiento de la ley por parte de Cristo a favor del pecador (Mat 10:41; Rom 3:26; Rom 8:3; 2Co 5:21; Gal 3:13; 1Ti 1:9; 1Pe 3:18);<br \/>\n( 3 )  un acto remisivo en el cual Dios en realidad remite el pecado en un perd\u00f3n completo (Rom 4:5; Rom 6:7); y<br \/>\n( 4 )  un acto restaurativo por el cual el pecador perdonado encuentra nuevamente el agrado de Dios al imput\u00e1rsele la justicia de Cristo (Rom 5:11; 1Co 1:30; Gal 3:6).<\/p>\n<p>Las Escrituras ense\u00f1an cuatro puntos b\u00e1sicos e indispensables acerca del acto de justificaci\u00f3n. La justificaci\u00f3n implica:<br \/>\nA. Remisi\u00f3n del castigo, por medio de la cual el creyente justificado es declarado libre de las demandas de la ley ya que ellas han sido satisfechas en Cristo (Rom 4:5) y no est\u00e1 expuesto m\u00e1s a la pena de la ley (Rom 6:7).<\/p>\n<p>B. Restauraci\u00f3n al favor de Dios, en que el creyente justificado es declarado personalmente justo en Cristo. Una mera absoluci\u00f3n o remisi\u00f3n dejar\u00ed\u00ada al pecador en la misma condici\u00f3n de un criminal puesto en libertad.<\/p>\n<p>Justificaci\u00f3n da a entender que el trato de Dios con el pecador es como si \u00e9l nunca hubiera pecado. El pecador es considerado ahora personalmente justo en Cristo (Gal 3:6). No hay s\u00f3lo absoluci\u00f3n sino tambi\u00e9n aprobaci\u00f3n; no s\u00f3lo perd\u00f3n, sino tambi\u00e9n promoci\u00f3n.<\/p>\n<p>C. Imputada justicia de Dios, la cual es impartida al creyente justificado por medio de la presencia de Cristo. La salvaci\u00f3n en Cristo imparte al creyente la calidad y el car\u00e1cter de la justicia de Cristo (Rom 3:22-26; Phi 3:9). Cristo llega a ser el Justificador por medio del cual una nueva vida es inaugurada en el creyente (1Co 1:30).<\/p>\n<p>D. Nueva condici\u00f3n legal ante Diosen la cual, en lugar de estar bajo la condenaci\u00f3n del pecado, el creyente justificado se encuentra ante Dios en Cristo. Cristo toma el lugar del pecador, el lugar de maldici\u00f3n (Gal 3:13), siendo hecho pecado (2Co 5:21) y siendo juzgado por el pecado; el creyente se encuentra ahora en la justicia de Cristo (Rom 3:25) y es considerado como un hijo (Gal 4:5).<\/p>\n<p>La base sobre la cual depende la justificaci\u00f3n es la obra redentora en la muerte de Cristo. La justicia intr\u00ed\u00adnsica de Cristo es la \u00fanica base por la cual Dios puede justificar al pecador (Rom 3:24; Rom 5:19; Rom 8:1; Rom 10:4; 1Co 1:8; 1Co 6:11; Phi 3:9; Tit 3:7).<\/p>\n<p>La causa instrumental de justificaci\u00f3n es la fe, siendo esta la respuesta del alma a la gracia redentora de Dios (Rom 3:28). La fe es la condici\u00f3n de la justificaci\u00f3n pero no puede ser considerada meritoria, sino que solamente como la condici\u00f3n por medio de la cual la obra meritoria de Cristo es aceptada por el pecador. La base definitiva de la justificaci\u00f3n es la obra de Cristo \u2014completada, acabada y adecuada\u2014 que como sacrificio expiatorio para bien del pecador obtuvo \u00e9l en su obra redentora en la cruz.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Mundo Hispano<\/b><\/p>\n<p>Acto de hacer a un hombre justo, aceptable ante Dios. Se pod\u00ed\u00ada colegir, entonces, que la \u2020\u00a2salvaci\u00f3n estaba reservada para ellos. Este concepto de \u2020\u00a2justicia, sin embargo, s\u00f3lo era aceptable en t\u00e9rminos relativos, desde el punto de vista humano, pero ante Dios, ante su santidad, la Biblia dice tajantemente que ning\u00fan hombre es completa y absolutamente justo (\u2020\u0153Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y no peque\u2020\u009d [Ecl 7:20], \u2020\u0153No hay justo, ni aun uno\u2020\u009d [Rom 3:10]). De ah\u00ed\u00ad la inquietante pregunta que hac\u00ed\u00ada Job: \u2020\u0153\u00bfY c\u00f3mo se justificar\u00e1 el hombre con Dios?\u2020\u009d (Job 9:2). La b\u00fasqueda, entonces, de m\u00e9todos y v\u00ed\u00adas para obtener la j. es una constante en el mundo jud\u00ed\u00ado. En los tiempos del AT se pensaba alcanzar la j. mediante una perfecta observancia de la ley (la Tor\u00e1). Era, entonces, una j. buscada por el esfuerzo humano (\u2020\u0153Porque de la j. que es por la ley de Mois\u00e9s escribe as\u00ed\u00ad: El hombre que haga estas cosas, vivir\u00e1 por ellas\u2020\u009d [Rom 10:5]). Pero la experiencia humana fue que por medio de las obras de la ley nunca podr\u00ed\u00ada lograr su j., pues encontraba que siempre faltaba en algo (\u2020\u0153&#8230; sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley&#8230;\u2020\u009d [Gal 2:16]).<\/p>\n<p>La comunidad de \u2020\u00a2Qumr\u00e1n reconoc\u00ed\u00ada que conseguir la j. ante Dios era algo que se conced\u00ed\u00ada como un don de Dios mismo. Dec\u00ed\u00adan: \u2020\u0153En cuanto a m\u00ed\u00ad, mi j. est\u00e1 con Dios. En sus manos est\u00e1 la perfecci\u00f3n de mis caminos y el enderezamiento de mi coraz\u00f3n. \u00e9l borrar\u00e1 mis transgresiones por medio de su j&#8230;.\u2020\u009d Este es el concepto, pero mucho m\u00e1s ampliado, que encontramos en el NT.<br \/>\nque ser Dios mismo quien encontrara una soluci\u00f3n a este problema, proveyendo \u00e9l, mediante la muerte y la vida del Se\u00f1or Jes\u00fas, un medio de j. al alcance del hombre. La justicia posible para el hombre no es, entonces, la que se busque con el esfuerzo humano, sino la que Dios concede. Es una j. otorgada, imputada, por \u00e9l. Fue necesario para ello que Jesucristo, hombre perfecto, el justo por antonomasia, diera su vida en \u2020\u00a2expiaci\u00f3n por los pecados de la humanidad, satisfaciendo as\u00ed\u00ad la j. divina. A partir de ese hecho, Dios ofrece gratuitamente justificar a todos aquellos que creen en su Hijo, los que ponen en \u00e9l su fe, los que reconocen y aceptan que el sacrificio que \u00e9l hizo fue en su particular favor.<br \/>\nj. es, entonces, un don de Dios que se recibe por la fe. As\u00ed\u00ad, \u2020\u0153aparte de la ley, se ha manifestado la j. de Dios, testificada por la ley y los profetas; la j. de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en \u00e9l&#8230;. siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redenci\u00f3n que es en Cristo Jes\u00fas, a quien Dios puso como propiciaci\u00f3n por medio de la fe en su sangre, para manifestar su j&#8230;..\u2020\u009d (Rom 3:21-25). El primer sentido de esta j. incluye un significado de tipo legal. Es una declaraci\u00f3n de inocencia que Dios hace. Es cierto que no la realiza a trav\u00e9s de las buenas obras que el ser humano pueda ofrecer, pero s\u00ed\u00ad supone que tras la obra gratuita de j. Dios espera que la reacci\u00f3n del hombre sean las buenas obras, que vienen a ser resultado y no causa de la j. Es as\u00ed\u00ad que venimos a ser \u2020\u0153hechura suya, creados en Cristo Jes\u00fas para buenas obras, las cuales Dios prepar\u00f3 de antemano para que anduvi\u00e9semos en ellas\u2020\u009d (Efe 2:10).<br \/>\nla Biblia dice que Dios \u2020\u0153justifica al imp\u00ed\u00ado\u2020\u009d, no quiere decir que pone como buenas sus malas obras, sino que toma a una persona pecadora y la limpia con la sangre de Cristo, haci\u00e9ndola as\u00ed\u00ad justa. Todo porque \u2020\u0153su fe le es contada por j&#8230;.\u2020\u009d (Rom 4:5). Esa persona que ha hecho uso de su fe, deposit\u00e1ndola en la persona y el sacrificio del Se\u00f1or Jes\u00fas, puede entonces disfrutar de \u2020\u0153paz con Dios por medio de nuestro Se\u00f1or Jesucristo\u2020\u009d (Rom 5:1).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Cristiano<\/b><\/p>\n<p>tip, DOCT<\/p>\n<p>ver, SANTIFICACI\u00ed\u201cN, SALVACI\u00ed\u201cN, G\u00ed\u0081LATAS<\/p>\n<p>vet, Acto por el cual el Dios tres veces santo declara que el pecador que cree viene a ser justo y aceptable ante El, por cuanto Cristo ha llevado su pecado en la cruz, habiendo sido \u00abhecho justicia\u00bb en su favor (1 Co. 1:30). La justificaci\u00f3n es gratuita, esto es, totalmente inmerecida (Ro. 3:24); sin embargo, se efect\u00faa sobre una base de total justicia, por cuanto Dios no simplemente pasa el borrador sobre nuestros pecados con menosprecio de su santa Ley. Las demandas de su santidad han quedado plenamente satisfechas en Jesucristo que, no habi\u00e9ndola jam\u00e1s quebrantado, sino siendo El mismo totalmente santo y justo, llev\u00f3 en nuestro lugar toda la ira por la Ley quebrantada y por toda la iniquidad del hombre. En el tiempo de \u00absu paciencia\u00bb (el AT), Dios pod\u00ed\u00ada parecer injusto al no castigar a hombres como David, p. ej.; ahora, al haber mantenido en la cruz su justicia y amor, puede justificar libremente al imp\u00ed\u00ado (Ro. 3:25-26; 4:5). Jes\u00fas nos justifica por su sangre (Ro. 5:9) y por su pura gracia (Tit. 3:7). As\u00ed\u00ad, la justificaci\u00f3n se recibe por la fe, y nunca en base a las obras (Ro. 3:26-30; 4:5; 5:1; 11:6; G\u00e1. 2:16; Ef. 2:8-10). Se trata de un acto soberano de Aquel que, en Cristo, nos ha llamado, justificado y glorificado: \u00ab\u00bfQui\u00e9n acusar\u00e1 a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica\u00bb (Ro. 8:30-34). El pecador acusado por la Ley (G\u00e1. 3:10-14), por Satan\u00e1s (Zac. 3:1-5; Ap. 12:10-11) y por su conciencia (1 Jn. 3:20), no queda solamente librado del castigo por el Juez Soberano: es declarado justo, y hecho m\u00e1s blanco que la nieve (Is. 1:18). Para \u00e9l ya no hay condenaci\u00f3n (Ro. 8:1), por cuanto Dios lo ve en Cristo, revestido de la justicia perfecta de su divino hijo (2 Co. 5:21). El punto m\u00e1s controvertido en el curso de los siglos con respecto a esta maravillosa doctrina es el siguiente: \u00bfEs la fe realmente la \u00fanica condici\u00f3n de la justificaci\u00f3n, o no son necesarias las buenas obras junto con la fe para llegar a ella? Se encuentran acerca de este tema las opiniones m\u00e1s extremas. Ya entre los primeros cristianos los hab\u00ed\u00ada que pensaban que se pod\u00ed\u00adan contentar con una adhesi\u00f3n s\u00f3lo intelectual a la doctrina evang\u00e9lica, sin consecuencias pr\u00e1cticas en cuanto a su vida moral y servicio. Pablo tuvo que refutar constantemente este grave error (Ro. 16:1). Los cap\u00ed\u00adtulos 12 a 16 de Romanos completan su magistral exposici\u00f3n de la salvaci\u00f3n por la fe insistiendo en la realidad de las obras que son el fruto necesario de la justificaci\u00f3n (cfr. G\u00e1. 5:16-25; Tit. 2:14; 3:1, 5, 8, 14, etc.). En cuanto a Santiago, dice exactamente lo mismo al afirmar que \u00abla fe sin obras es muerta\u00bb. La fe que justific\u00f3 a Abraham era viva, por cuanto produjo obras; fue por ello que la fe \u00abse perfeccion\u00f3 por las obras\u00bb (Ro. 2:17-26). Se puede resumir de la siguiente manera la argumentaci\u00f3n de los dos autores inspirados: el pecador es justificado gratuitamente por la sola fe, antes de haber podido llevar a cabo obra alguna de ning\u00fan tipo (Pablo); desde el momento en que recibe la gracia de Dios, su fe produce obras que constituyen la demostraci\u00f3n de la realidad de su justificaci\u00f3n (Santiago). Si su fe permaneciera sin obras, ello demostrar\u00ed\u00ada que la pretensi\u00f3n de tener tal fe era vac\u00ed\u00ada: \u00absi alguno \u00abdice\u00bb que tiene fe&#8230;\u00bb (Stg. 2:14). Un \u00e1rbol silvestre tiene que ser injertado a fin de que produzca buenos frutos; el creyente recibe una nueva naturaleza precisamente con el objeto de que pueda dar buenos frutos, y no porque poco a poco haya ido produciendo frutos satisfactorios. Pero si no produce buenos frutos, es que no hay naturaleza capaz de producirlos. No hay fe, se trata de una fe muerta. Es muy com\u00fan el error de confundir la justificaci\u00f3n con la santificaci\u00f3n. Se aduce que no es posible aceptar que uno est\u00e1 justificado cuando siguen patentes las imperfecciones e incluso ca\u00ed\u00addas en la vida espiritual. El hecho es que la justificaci\u00f3n nos es dada desde el mismo momento en que creemos, desde el mismo momento de nuestro nuevo nacimiento. Dios, en su gracia y por causa de la cruz, borra nuestros pecados y nos regenera. Desde aquel momento empieza el crecimiento del reci\u00e9n nacido en Cristo. Cada d\u00ed\u00ada se dar\u00e1n progresos a conseguir, victorias a ganar; el cristiano se halla en la escuela de Dios, donde d\u00ed\u00ada a d\u00ed\u00ada ser\u00e1 corregido por las faltas cometidas, a fin de llegar a ser part\u00ed\u00adcipe de la santidad de Dios gracias a la plenitud y poder del Esp\u00ed\u00adritu Santo (1 Jn. 1:6-2:2). (V\u00e9ase SANTIFICACI\u00ed\u201cN.) En el curso de la Edad Media, en las iglesias Romana y Ortodoxa Griega, la doctrina de la justificaci\u00f3n por la fe qued\u00f3 oscurecida por una falsa concepci\u00f3n del papel de las buenas obras. La cruz de Cristo no era ya considerada como suficiente para satisfacer toda nuestra deuda: el hombre deb\u00ed\u00ada al menos satisfacer una parte por sus obras meritorias, sus peregrinaciones, por los ritos de la iglesia, y sus propios sufrimientos en el purgatorio. Fue al volver a descubrir las luminosas ense\u00f1anzas de Pablo, particularmente en las ep\u00ed\u00adstolas a los Romanos y a los G\u00e1latas, que los Reformadores devolvieron a los creyentes la certidumbre de la salvaci\u00f3n (v\u00e9ase SALVACI\u00ed\u201cN) y les se\u00f1alaron la libertad gloriosa de los hijos de Dios. (V\u00e9anse tambi\u00e9n G\u00ed\u0081LATAS y SANTIAGO [EP\u00ed\u008dSTOLAS DE].). Bibliograf\u00ed\u00ada: Brockhaus, R.: \u00abRomanos\u00bb (Ed. \u00abLas Buenas Nuevas\u00bb, Montebello, California, 1970); Calvino, J.: \u00abEp\u00ed\u00adstola a los Romanos\u00bb (SLC, Grand Rapids, Michigan, 1977); Ironside, Dr. H. A.: \u00abExposici\u00f3n de Romanos\u00bb (Editorial Buenas Nuevas, St. Louis, Miss., 1979); Lutero, M.: \u00abCommentary on Romans\u00bb (Kregel Pub., Grand Rapids, Mi.; reimpresi\u00f3n 1982) y Lutero, M.: \u00abCommentary on Galatians\u00bb (Kregel Pub., Grand Rapids, Mi.; reimpresi\u00f3n 1978); Moule, H. C. G.: \u00abStudies in Romans\u00bb (Kregel Pub., Gran Rapids, Mi. 1892; reimpr. 1977); Rossier, H.: \u00abReflexiones sobre la Ep\u00ed\u00adstola a los G\u00e1latas\u00bb (Ed. \u00abLas Buenas Nuevas\u00bb, Montebello, California, s\/f); Stanley, C.: \u00abVida a trav\u00e9s de la muerte\u00bb (Alturas, Barcelona, 1974); Tenney, M. C.: \u00abG\u00e1latas, la carta de la libertad cristiana\u00bb (Cl\u00ed\u00ade, Terrassa, 1973); Trenchard, E.: \u00abUna exposici\u00f3n de la Ep\u00ed\u00adstola a los Romanos\u00bb (Literatura B\u00ed\u00adblica, Madrid, 1976); Vos, H. F.: \u00abG\u00e1latas: una llamada a la libertad cristiana\u00bb (Pub. Portavoz Evang\u00e9lico, Barcelona, 1981). Unos buenos estudios sistem\u00e1ticos se hallan en Chafer, L. S.: \u00abTeolog\u00ed\u00ada Sistem\u00e1tica\u00bb, secci\u00f3n correspondiente a \u00abSoteriolog\u00ed\u00ada\u00bb (Publicaciones Espa\u00f1olas, Dalton, Ga. 1974) y Lacueva, F.: \u00abDoctrinas de la Gracia\u00bb (Cl\u00ed\u00ade, Terrassa, 1975).<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico Ilustrado<\/b><\/p>\n<p>[430][246]<br \/>\n    Justificaci\u00f3n es el misterio, el hecho sobrenatural, de hacerse justo por la gracia de Dios. Es el proceso espiritual del hombre, a trav\u00e9s del cual, gracias a la iniciativa divina, se perdona el pecado del hombre, el original y los personales.<\/p>\n<p>    Y se obtiene por la respuesta del hombre ante el don divino del perd\u00f3n. La causa de la \u00abreconciliaci\u00f3n\u00bb es la misericordia divina ante todo. Por eso se identifica con la gracia. El efecto es la santificaci\u00f3n o purificaci\u00f3n de la mancha del pecado. Y la condici\u00f3n para que se d\u00e9 es la colaboraci\u00f3n humana con la gracia.<\/p>\n<p>     El concepto de justificaci\u00f3n es muy importante en la catequesis de todas las edades y de todas las personas. Y hay que saber presentarla en su triple dimensi\u00f3n: misterio divino del perd\u00f3n gratuito; respuesta humana de la conversi\u00f3n a Dios en libertad; cauce asc\u00e9tico por donde discurre el perd\u00f3n y la fidelidad.<\/p>\n<p>     La catequesis no es otra cosa que la preparaci\u00f3n del esp\u00ed\u00adritu humano para que acoja a Dios que act\u00faa en el hombre.<\/p>\n<p>     1. Motivos de la justificaci\u00f3n<br \/>\n    La justificaci\u00f3n es un concepto y un hecho importante. Ha sido tratada y debe ser presentada en la catequesis con car\u00e1cter prioritario. Y esto por motivos hist\u00f3ricos, teol\u00f3gicos y pedag\u00f3gicos.<\/p>\n<p>     1.1. Los motivos hist\u00f3ricos<br \/>\n    Parten de la Reforma protestante, que situ\u00f3 este tema en el centro de las pol\u00e9micas religiosas de los siglos posteriores y las clarificaciones dogm\u00e1ticas que hubo de hacer el Concilio de Trento.<\/p>\n<p>    En un intento desafortunado de interpretar la doctrina de S. Pablo y de S. Agust\u00ed\u00adn de forma diferente a como la entend\u00ed\u00adan la autoridad y la tradici\u00f3n de la Iglesia, Lutero inici\u00f3 una forma subjetiva de entender la fe y la gracia. Identific\u00f3 fe con confianza y justicia con no imputaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    Trento hubo de volver a resaltar la doctrina evang\u00e9lica de la fe como acogida del misterio cristiano y el perd\u00f3n del pecado como aut\u00e9ntica destrucci\u00f3n del mismo.<\/p>\n<p>     Despu\u00e9s de la Reforma se convirti\u00f3 en centro de pol\u00e9micas interreligiosas, a pesar de diversos intentos de acercamiento que se han ido dando en la Historia. El \u00faltimo de ellos fue la firma de un acuerdo religioso entre el Presidente de la Federaci\u00f3n Luterana, Christian Krausse, en nombre de los Reformados y el Cardenal Edward I. Cassidy, presidente del Consejo Pontificio para la uni\u00f3n de los cristianos.<\/p>\n<p>    El documento firmado el 31 de Octubre de 1999, en recuerdo de la fecha en que Lutero puso sus 95 tesis en la capilla de Wittemberg, reflejaba uno de los mejores intentos de llegar a una s\u00ed\u00adntesis entre ambas confesiones cristianas.<\/p>\n<p>    En \u00e9l se dice: \u00abNuestra fe com\u00fan proclama que la justificaci\u00f3n es obra de Dios Trinitario. El Padre  ha enviado a Dios al mundo para salvar a los pecadores.  La encarnaci\u00f3n, la muerte y la Resurrecci\u00f3n de Cristo son la premisa y el fundamento de la justificaci\u00f3n. Por eso hecho, la justificaci\u00f3n significa que Cristo mismo es nuestra justicia porque nosotros mismos participamos en esa justicia a trav\u00e9s del Esp\u00ed\u00adritu Santo y seg\u00fan la voluntad del Padre.<\/p>\n<p>     Por eso confesamos juntos que solo por la gracia a trav\u00e9s de la fe en la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Cristo y no sobre la base de nuestros m\u00e9ritos somos aceptados por dios y recibimos el Esp\u00ed\u00adritu Santo que renueva nuestros corazones. (Art. 15)\u00bb<\/p>\n<p>     1.2. Los motivos teol\u00f3gicos<\/p>\n<p>     Se centran en la importancia que tiene, b\u00ed\u00adblica y asc\u00e9ticamente, la idea de justicia, sin\u00f3nima de santidad, de gracia, de uni\u00f3n a Dios, de purificaci\u00f3n del pecado, de limpieza moral y plenitud espiritual.<\/p>\n<p>    La gracia es un don transformante y real, no una impresi\u00f3n subjetiva. Y el perd\u00f3n es un destrucci\u00f3n del pecado, no simplemente un ocultamiento del mismo por la misericordia del mismo. La gracia nos asemeja a Dios y nos transforma de pecadores en justos, de rechazados en elegidos, de hijos de ira en hijo de amor.<\/p>\n<p>     En consecuencia, el cristiano purificado del pecado se une profundamente a Dios, que le santifica por su misericordia y le eleva a la categor\u00ed\u00ada de hijo, a semejanza de su Unico Hijo, Jesucristo.<\/p>\n<p>     Es lo que se debe ense\u00f1ar en la catequesis con claridad y profundidad, en la medida en que puede ser comprendido por cada catequizando seg\u00fan su madurez y su acogida del mensaje cristiano.<\/p>\n<p>    1.3. Los motivos pedag\u00f3gicos.<\/p>\n<p>    Los motivos educativos se identifican con el proceso de madurez espiritual y aclaraci\u00f3n del mensaje cristiano. Por la justificaci\u00f3n nos hacemos \u00abhijos de Dios y herederos del cielo\u00bb. Hacernos conscientes de este regalo singular y sublime nos lleva a adquirir conciencia de nuestra dignidad sobrenatural.<\/p>\n<p>    Y, s\u00f3lo si nos sentimos como tales, experimentamos la responsabilidad y el deber de adquirir, aumentar, conservar y proyectar nuestro amor a Dios y el amor de Dios en nosotros y, en la medida que podamos, en los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>    Si Dios no ha amado primero, nosotros debemos amarle a \u00e9l. Eso es de justicia y necesidad espiritual. Que el educando adquiera esa conciencia de respuesta es el eje de toda religi\u00f3n y de toda religiosidad. Es lo que constituye el centro de toda educaci\u00f3n religiosa.<\/p>\n<p>     Por eso nos interesa entender correctamente lo que es la \u00abjusticia como santidad\u00bb y lo que es la \u00abjustificaci\u00f3n\u00bb como sin\u00f3nimo de perd\u00f3n, de salvaci\u00f3n, de conversi\u00f3n, de acogida de la gracia divina, que ser\u00e1 la base de toda vida cristiana y de todo culto a Dios en el coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>     2. Justificaci\u00f3n en los Reformadores<\/p>\n<p>     La ense\u00f1anza de Lutero sobre la justificaci\u00f3n tiende a persuadir de que la naturaleza humana qued\u00f3 corrompida por el pecado de Ad\u00e1n. El hombre posee tendencia al mal por su misma naturaleza deteriorada. Eso es la concupiscencia que, para Lutero, equivale al pecado original consistente y permanente.<\/p>\n<p>    As\u00ed\u00ad, pues, la visi\u00f3n del hombre es pesimista e inexacta. La justificaci\u00f3n, para Lutero, es una especie de acto judicial (actus forensis, dec\u00ed\u00adan los reformadores) en el que Dios declara justo al hombre por su sola misericordia, pero \u00e9ste sigue siendo en su interior injusto y pecador. El pecado no se borra, se oculta.<\/p>\n<p>    Esto es muy triste. La justificaci\u00f3n no es una verdadera remisi\u00f3n, destrucci\u00f3n y perd\u00f3n de los pecados, sino una simple noimputaci\u00f3n. Dios cubre con su manto de misericordia al pecador, pero este sigue pecador ante \u00e9l. S\u00f3lo la misericordia, la compasi\u00f3n divina, impide que se le castigue al quedar amparado por su bondad. Todo depende de Dios, nada del hombre. Y la fe, que es confianza m\u00e1s que adhesi\u00f3n, en esa no imputaci\u00f3n del pecado, es lo que hace al hombre participar de la justicia de Cristo, \u00fanico no pecador.<\/p>\n<p>     Lutero no admite la gracia como renovaci\u00f3n y santificaci\u00f3n internas, como transformaci\u00f3n. La Palabra divina hay que verla como mera cobertura externa del pecado con la muerte de Jes\u00fas. No hay gracia transformante. Es la justicia de Cristo y s\u00f3lo ella, no las obras del hombre, que son todas malas, lo que nos hace \u00abno pecadores\u00bb, es decir \u00abjustos ante Dios\u00bb. S\u00f3lo por esa justicia divina nos salvamos, no por nuestras acciones.<\/p>\n<p>    Hemos de creer, es decir, confiar (fe fiducial) que Dios no nos imputa, nos perdona, y por ello nos podemos salvar. S\u00f3lo Dios misericordioso perdona por amor.<\/p>\n<p>    3. Justificaci\u00f3n en el catolicismo<br \/>\n    El concilio de Trento sali\u00f3 al paso de esa actitud pesimista de Lutero. Trat\u00f3 de interpretar la Escritura Sagrada y a San Agust\u00ed\u00adn en el sentido m\u00e1s personal y objetivo. Tambi\u00e9n el hombre act\u00faa con sus buenas obras.<\/p>\n<p>    La justificaci\u00f3n es el acto divino por el cual el pecado queda totalmente destruido y borrado por la sangre de Cristo, pero exige una parte del hombre que es la respuesta de las buenas acciones y no s\u00f3lo de las buenas intenciones.<\/p>\n<p>    Inspir\u00e1ndose en S. Pablo (Col. 1. 13) defini\u00f3 la justificaci\u00f3n como \u00abtraslado del estado en que el hombre naci\u00f3, como hijo del primer Ad\u00e1n, al estado de gracia y de adopci\u00f3n entre los hijos de Dios por medio del segundo Ad\u00e1n Jesucristo, Salvador\u00bb (Denz. 796).<\/p>\n<p>    Por eso la justificaci\u00f3n, en el sentido cat\u00f3lico, se entiende como verdadera destrucci\u00f3n, remisi\u00f3n, perd\u00f3n del pecado.  El hombre recibe la gracia, la amistad divina, la limpieza real, no aparente. Deja de ser pecador por la gracia y se convierte en santo, justo, amigo de Dios. Experimenta una renovaci\u00f3n y santificaci\u00f3n sobrenatural: no es solamente perdonado, sino que es transformado, por el amor divino. Es la esencia de la santidad.<\/p>\n<p>    Desde el Concilio de Trento, los cat\u00f3licos rechazan la doctrina del \u00abmero cubrimiento o no imputaci\u00f3n de los pecados\u00bb. Miran el perd\u00f3n como real y no aparente y lo valoran como esencial en el mensaje del Evangelio, al cual hay que acomodar la conducta personal y eclesial.<\/p>\n<p>     Los cat\u00f3licos dan importancia a las obras buenas como respuesta a la misericordia de Dios. Los protestantes prefieren valorar ante todo la fe y sienten como secundarias las respuestas humanas. Lo que importa es la misericordia divina.<\/p>\n<p>    4. La Biblia y la justificaci\u00f3n<br \/>\n    La Escritura est\u00e1 claramente de parte de la visi\u00f3n cat\u00f3lica, aunque no faltan textos que \u00abliteralmente interpretados\u00bb puede dar la raz\u00f3n material al protestantismo. Pero una de las reglas de oro de la ex\u00e9gesis b\u00ed\u00adblica es interpretar cada texto no aislado sino en el conjunto.<\/p>\n<p>    Adem\u00e1s otra regla de ex\u00e9gesis alude a que s\u00f3lo la Tradici\u00f3n y el Magisterio est\u00e1n capacitados para dar el verdadero sentido a los textos, cosa que niegan los protestantes con su doctrina del \u00ablibre examen\u00bb o de la inspiraci\u00f3n personal en las interpretaciones b\u00ed\u00adblicas. Es el tema de la justificaci\u00f3n uno de los que m\u00e1s diferencian las posturas cat\u00f3licas y protestantes.<\/p>\n<p>   En catequesis hay que ense\u00f1ar a pensar con la Iglesia y ayudar a entender los textos a la luz de la Tradici\u00f3n. Esto importa sobre todo en los estadios juveniles en los que el subjetivismo y la pol\u00e9mica inclinan hacia lo afectivo sobre lo intelectual.<\/p>\n<p>    4.1. Partir de la Escritura<br \/>\n    Por lo que respecta a los textos de la Escritura sobre la justificaci\u00f3n, es S. Pablo el mensajero que m\u00e1s diferentemente es interpretado. Pero es claro que S. Pablo afirma que \u00abDios salva gratuitamente  en virtud de su bondad y de la redenci\u00f3n de Cristo (Rom. 3.24).<\/p>\n<p>    Mas tambi\u00e9n dice: \u00abNo damos tanto valor a la fe para anular las obras de la ley, sino al contrario\u00bb (Rom. 3.31). Y a\u00f1ade: \u00abHemos alcanzado la salvaci\u00f3n por la fe\u00bb (Rom 5. 1). Y en otro lugar se a\u00f1ade: \u00abQue vuestro amor no sea una farsa, sino detestad las cosas malas y abrazaos a las buenas.\u00bb (Rom. 12.9)<\/p>\n<p>    Los pocos textos de la Escritura que hablan de un cubrimiento o noimputaci\u00f3n de los pecados (Sal. 3. 1;  2 Cor. 5. 16) deben interpretarse a la luz de las expresiones paralelas (remittere, en el Salmo 31. 1, en el Salmo 84. 3, en 2 Cor. 5. 19).<\/p>\n<p>    S\u00f3lo pueden ser entendidos estos textos a la luz de toda la Escritura, que abunda en la idea de una verdadera destrucci\u00f3n del pecado: Prov. 10. 12; 1 Petr. 4. 8; Ef. 4. 23; 1 Cor. 1. 30.<\/p>\n<p>    4.2. Presentar las causas.<\/p>\n<p>    El Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica dice que \u00abla justificaci\u00f3n es la obra m\u00e1s excelentes del amor de Dios, manifestado en Cristo y concedido por el Esp\u00ed\u00adritu Santo. Y S. Agust\u00ed\u00adn dice que la justificaci\u00f3n del imp\u00ed\u00ado es una obra m\u00e1s que grande que la creaci\u00f3n del cielo y de la tierra, porque el cielo y la tierra pasar\u00e1n, pero la salvaci\u00f3n y justificaci\u00f3n de los elegidos permanecer\u00e1 para siempre.\u00bb (Cat. Igl Cat. N\u00c2\u00ba 1994)<\/p>\n<p>     El Concilio de Trento (Denz. 799) defini\u00f3 los cauces y los elementos que entran en juego en la justificaci\u00f3n. Y es precisamente su ense\u00f1anza el eje de un hermoso gui\u00f3n de catequesis sobre la justificaci\u00f3n:<\/p>\n<p>      1. El fin de la justificaci\u00f3n es la gloria de Dios y de Cristo, que quieren mostrar su amor a los hombres en el perd\u00f3n. Ese amor es la prenda de la vida eterna para los hombres. Dios nos justifica para salvarnos. Nos ama, a pesar de que nos deja libres para aprovecharnos de sus dones.<\/p>\n<p>      2. La raz\u00f3n de la justificaci\u00f3n es la misericordia divina; y el medio de que Dios se sirve para hacerla real es la muerte de Jes\u00fas, que fue enviado por el Padre para rescatar a los hombres del pecado original que nos hab\u00ed\u00ada alejado de Dios y de los pecados personales que renuevan nuestro alejamiento divino y nuestra infidelidad.<\/p>\n<p>      3. El instrumento que Dios ha querido poner en nuestras manos para lograr la justificaci\u00f3n es el Bautismo y los actos de arrepentimiento y penitencia que luego hacemos, conscientes de nuestra debilidad y de nuestros pecados.<\/p>\n<p>    4. El signo en que se manifiesta la justificaci\u00f3n es la conversi\u00f3n o la mejora continua de vida personal y justicia; es decir la vida en justicia y en caridad, las obras buenas.<\/p>\n<p>     5. Y la forma que Dios tiene de justificarnos es la gracia divina que nos concede y nos transforma: y esa gracia consiste en su amistad santificadora, en su vida divina que nos sobrenaturaliza y en la certeza de que habremos de conservar esa vida y amistad por toda la eternidad, cuando nuestra vida terrena termine y nos encontremos cara a cara con el Se\u00f1or en el cielo. Eso es precisamente la salvaci\u00f3n. El Concilio Vaticano II dec\u00ed\u00ada que \u00abcomo los hombres pecaron, en Ad\u00e1n, Dios no los abandon\u00f3 sino que les dispens\u00f3 los auxilios para la salvaci\u00f3n, en atenci\u00f3n a Cristo Redentor\u00bb. (Lumen Gent. 2)<\/p>\n<p>     4.3. Conversi\u00f3n y justificaci\u00f3n<\/p>\n<p>     El pecador, con la ayuda de la gracia actual, debe disponer su mente y su coraz\u00f3n para recibir la gracia de la justificaci\u00f3n (de fe) y pedirla con frecuencia a Dios.  Los reformadores protestantes part\u00ed\u00adan del supuesto de que la voluntad del hombre es incapaz de cualquier bien, ya que la naturaleza humana se halla totalmente corrompida por el pecado de Ad\u00e1n.<\/p>\n<p>     Pero el Concilio de Trento declar\u00f3 que el hombre tiene que pedir a Dios su ayuda misericordiosa. Y a ello llama \u00abconversi\u00f3n\u00bb, o vuelta continua hacia Dios.<\/p>\n<p>     En la Escritura, tanto en los Profetas del Antiguo Testamento como en los Evangelios y en las Cartas Apost\u00f3licas, el reclamo a la conversi\u00f3n est\u00e1 expresado frecuentemente.<\/p>\n<p>     Es una de las ense\u00f1anzas de la Historia de la Iglesia desde los tiempos en que los catec\u00famenos se preparaban al Bautismo, en los primeros tiempos. Se les exig\u00ed\u00ada la mejora de vida, conversi\u00f3n a Dios, penitencia, humilde oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>    4.4. Preparar la justificaci\u00f3n<br \/>\n    Ello constituye el eje b\u00e1sico de toda catequesis cat\u00f3lica&#8230; S. Agust\u00ed\u00adn dec\u00ed\u00ada: \u00abQuien te cre\u00f3 sin ti, no te justificara sin ti. Quiero decir que Dios te cre\u00f3 sin que t\u00fa lo supieras; pero no te justifica si no prestas el consentimiento de tu voluntad.\u00bb (Serm. 169 II.13). Y lo mismo repetir\u00e1 Santo Tom\u00e1s resaltando la labor misericordiosa de Dios (Summa Th. I. II. 113. 3) y lo recordar\u00e1n todos los te\u00f3logos posteriores.<\/p>\n<p>    Es el mensaje claro de los Evangelio: \u00abPredicad el Evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, se salvar\u00e1; mas el que no creyere, se condenar\u00e1\u00bb; (Mt. 16. 16. Jn. 20. 31).<\/p>\n<p>    Y es la ense\u00f1anza normal de los Ap\u00f3stoles: \u00abSin la fe es imposible agradar a Dios. Es preciso que quien se acerque a Dios crea que existe y que es remunerador de los que le buscan.\u00bb (Hebr. 11. 6. Mirar tambi\u00e9n Mc. 1. 15; Jn. 3. 14; 8. 24; 11. 26; Rom. 10. 8)<\/p>\n<p> 5. Catequesis de la justificaci\u00f3n<br \/>\n    Las l\u00ed\u00adneas b\u00e1sicas de una buena catequesis de la justificaci\u00f3n se deben centrar en la importancia divina y en la prioridad de la gracia, pero tambi\u00e9n en la responsabilidad humana, pues el hombre es libre para aceptar o rechazar la elecci\u00f3n de que es objeto pro parte de Dios.<\/p>\n<p>    Es necesario hacerle ver que de su elecci\u00f3n depende el aprovechar la gracia divina. Pero no lo har\u00e1 si no conoce su grandeza. Se pueden resumir esas l\u00ed\u00adneas en las siguientes:<\/p>\n<p>    1. Es preciso dar la prioridad a la fe que se traduce en obras. No s\u00f3lo se precisa confianza en Dios (fe fiducial), sino que se deben multiplicar los actos de fe pr\u00e1ctica (fe operativa). Al catequizando hay que ense\u00f1arle a \u00abcreer en Dios\u00bb, pero hay que mostrarle el camino del bien como lo que Dios espera de \u00e9l en cada momento.<\/p>\n<p>    2. Hay que incrementar los sentimientos de amor a la justicia divina, no s\u00f3lo el temor. La misericordia de Dios y los m\u00e9ritos de Cristo son la fuente de nuestra vida cristiana. Pero hemos de fomentar el odio al pecado, junto al deseo de renovar los compromisos del Bautismo.<\/p>\n<p>    3. Es necesario acercar al creyente a los sentimientos b\u00e1sicos que se reflejan en la Escritura Sagrada: el temor de Dios (Eccli. 1. 27; Prov. 14. 27), la esperanza (Eccli. 2. 9), el amor a Dios (Lc. 7. 47; 1 Jn. 3. 14), el arrepentimiento y la penitencia (Ez. 18. 30; 33. 11; Mt. 4. 17; Hech. 2. 38; 3. 19).<\/p>\n<p>    4. Interesantes resultan las lecturas de la Carta de Santiago y de S. Pablo a los Romanos: la una porque presenta un programa hermoso de vida cristiana; la otro porque ofrece expresiones ardorosas en torno a la fe. Por ejemplo, se puede comentar el texto: \u00abVosotros veis que el hombre es justificado por las obras y no solamente por la fe\u00bb (Sant. 2. 24).<\/p>\n<p>    5. Hay que dejar claro que la propia voluntad no basta para obrar el bien, dado que los hombres somos libres y no siempre hacemos lo que queremos ni queremos lo que hacemos. Hay que ense\u00f1ar a pedir a Dios la ayuda necesaria para avanzar por el camino del bien.<\/p>\n<p>    La catequesis de la gracia est\u00e1 vinculada con la catequesis de la oraci\u00f3n, de la misericordia, del amor a Dios y sobre todo de la lucha contra el mal y contra las malas inclinaciones.<\/p>\n<p> 6. Gracia santificante<\/p>\n<p>   Es el estado resultante de la justificaci\u00f3n. Y debe ser un tema b\u00e1sico presentado en la catequesis de la justificaci\u00f3n. La gracia santificante es un don misterioso y transformante que Dios nos concede como fruto del perd\u00f3n del pecado. Es un don sobrenatural. Seg\u00fan dec\u00ed\u00adan ya los escritores medievales, como Pedro Lombardo (Sentencias 1. 17), \u00abla gracia de la justificaci\u00f3n no es una gracia creada, sino el mismo Esp\u00ed\u00adritu Santo increado que habita en el alma del justo y obra inmediatamente por s\u00ed\u00ad mismo los actos del amor a Dios y al pr\u00f3jimo\u00bb. Lo recuerda Sto. Tom\u00e1s en la Summa Teol\u00f3gica (2. II. 23. 2) y all\u00ed\u00ad resalta la dimensi\u00f3n din\u00e1mica de la gracia divina, la cual nos impulsa a obrar el bien.<\/p>\n<p>    El Concilio de Trento prefiere hablar de \u00abgracia de justificaci\u00f3n\u00bb, de la \u00abjusticia de Dios\u00bb, que \u00abno es aquella por la cual Dios es justo, sino aquella por la cual nos hace justos a sus elegidos\u00bb (Denz 799).<\/p>\n<p>   Y el Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica recuerda: \u00abNuestra justificaci\u00f3n es obra de la gracia divina; la gracia es el favor, el auxilio gratuito que dios nos da para responder a su llamada, para que lleguemos a ser sus hijos y participar de su naturaleza divina y de la vida eterna.\u00bb (N\u00c2\u00ba 1996)<\/p>\n<p>    La piedad cristiana ha preferido hablar de la fuerza divina que nos hace santos, de la luz sublime que nos da claridad, del regalo celeste que nos eleva. La idea procede del S. Pablo: \u00abEl amor de Dios se ha derramado en los corazones por medio del Esp\u00ed\u00adritu Santo, que nos ha sido dado\u00bb. (Rom. 5. 5)<\/p>\n<p>    6.1. Naturaleza de la gracia<\/p>\n<p>    La gracia santificante es un ser sobrenatural infundido por Dios e inherente al alma de modo p permanente. Es realidad misteriosa, que se expresa por met\u00e1foras como las de \u00abamistad\u00bb, \u00abvida\u00bb, \u00abfuerza\u00bb, \u00abluz\u00bb, \u00abregalo\u00bb, etc. Se nos da y \u00abreside\u00bb en el alma. Es lo contrario del pecado. Es estado de vida, mientras el pecado es estado de muerte, de enemistad, de debilidad.<\/p>\n<p>    Se nos concede por los m\u00e9ritos de Cristo, no por nuestros m\u00e9ritos, aunque es preciso nuestro esfuerzo y disponibilidad.<\/p>\n<p>    El Catecismo Romano, redactado por S. Carlos Borromeo y otros te\u00f3logos y encargado por el Concilio de Trento, designa a la gracia santificante como \u00abuna cualidad divina, inherente al alma.\u00bb (II. 2. 49). Y el Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica la explica de forma similar: \u00abEs el favor o auxilio que Dios nos da para responder a su llamada: para llegar a ser hijos de Dios, part\u00ed\u00adcipes de su naturaleza y herederos de la vida eterna.\u00bb (Cat. Igl. Cat. N\u00c2\u00ba 1996)<\/p>\n<p>    Es un don permanente y habitual, transformador, elevador y salvador. Nos brinda una dignidad suprema y misteriosa de elegidos de Dios. Es la garant\u00ed\u00ada de nuestra salvaci\u00f3n eterna, pues la misma vida celestial no es otra cosa que la consumaci\u00f3n de nuestra amistad divina en este mundo.<\/p>\n<p>   6.2. Gracia en la Escritura<\/p>\n<p>   La Sagrada Escritura presenta con frecuencia el estado de justificaci\u00f3n, o de gracia, como la participaci\u00f3n en una semilla divina (1 Jn. 3, 9): \u00abQuien ha nacido de Dios no peca, porque la simiente de Dios est\u00e1 en \u00e9l\u00bb; como unci\u00f3n, sello y prenda del Esp\u00ed\u00adritu Santo (2 Cor. 1. 21), como participaci\u00f3n de la divina naturaleza (2 Petr. 1. 4), como vida eterna (Jn. 3. 15).<\/p>\n<p>    Y frecuentemente insiste en que es regeneraci\u00f3n (Jn. 3. 5; Tit. 3. 5); y en que es como una nueva creaci\u00f3n (2 Cor. 5. 17; Gal. 6. 15), que produce una renovaci\u00f3n interna (Ef. 4. 23).<\/p>\n<p>    Estas expresiones son metaf\u00f3ricas, no descriptivas, pues se trata de realidad misteriosa y sobrenatural; por tanto escapa las categor\u00ed\u00adas y los lenguajes humanos.<\/p>\n<p>    Pero todas ellas coinciden en la referencia divina; viene de Dios y a Dios conduce; y en la referencia humana: se da en el hombre y al hombre transforma. Como estado o condici\u00f3n del alma, la gracia santificante perfecciona inmediatamente la sustancia del alma.<\/p>\n<p>   6.3. Explicaciones teol\u00f3gicas<\/p>\n<p>   As\u00ed\u00ad lo han entendido y explicado todos los te\u00f3logos cat\u00f3licos en la Historia.  Para Santo Tomas, la gracia es distinta de la caridad, que es perfecci\u00f3n de la voluntad humana: La gracia es transformaci\u00f3n de toda la sustancia del alma.<\/p>\n<p>   Sin embargo, los seguidores de Juan Duns Scoto (los escotistas) definen la gracia como h\u00e1bito operativo, como a\u00f1adidura del alma realmente id\u00e9ntica a la caridad que es el amor; y no admiten una distinci\u00f3n entre la gracia y la caridad.<\/p>\n<p>   Lo importante no es que los te\u00f3logos hayan discrepado y sigan discutiendo sobre t\u00e9rminos y conceptos que tienen m\u00e1s de explicaci\u00f3n terrena de las realidades misteriosas que de radiograf\u00ed\u00ada cre\u00ed\u00adble de las riquezas sobrenaturales.<\/p>\n<p>    7. Catequesis de la gracia<br \/>\n    En catequesis lo que debemos presentar es su dimensi\u00f3n pr\u00e1ctica. La gracia es una \u00abriqueza\u00bb; se puede aumentar y perder; se puede ignorar y nos puede condicionar la vida cuando la tomamos en serio. Todo depende de nuestra libertad de elecci\u00f3n y nuestro deseo de amistad divina.<\/p>\n<p>    Y por eso, lo importante es educar la conciencia y la inteligencia del catequizando para que se haga consciente de que lleva en si un tesoro sublime y tiene que apreciarlo, conservarlo, aumentarlo, protegerlo y, en todo caso, estimarlo profundamente.<\/p>\n<p>    7.1. Presentarla como misterio divino<br \/>\n    Lo m\u00e1s significativo de la gracia santificante es que nos hace participar en la misma naturaleza diva. Seg\u00fan la Ep\u00ed\u00adstola de S. Pedro (2 Petr. 1. 4), el cristiano es elevado a la participaci\u00f3n de la divina naturaleza: \u00abPor ellas, (por su gloria y virtud) nos ha dado Dios sus preciosas y grand\u00ed\u00adsimas promesas, para que por ellas fueseis hechos part\u00ed\u00adcipes de la naturaleza divina.\u00bb<br \/>\n    En alguna forma la gracia nos diviniza. Ello nos debe provocar una gran estima y el deseo de mantenerla y defenderla a costa de nuestra misma vida. La raz\u00f3n es evidente: la vida espiritual es superior a la material.<\/p>\n<p>    Y aunque esto es m\u00e1s f\u00e1cil decirlo que entenderlo, hemos de tener conciencia de nuestra realidad sobrenatural. S\u00f3lo con una buena educaci\u00f3n religiosa nos haremos conscientes de ella.<\/p>\n<p>     San Atanasio recordaba esa dignidad cuando dec\u00ed\u00ada: \u00abEl Logos se hizo hombre para que nosotros nos hici\u00e9ramos Dios[nos deific\u00e1ramos]. (Sobre la Encarn. 54)<\/p>\n<p>    La idea de divinizaci\u00f3n, que es importante en la buena catequesis sobre la gracia, debe ser entendida sin extremismos. No conviene acogerla en sentido pante\u00ed\u00adsta, como si la sustancia del alma se transformara en la divinidad. Se mantiene distancia infinita entre el Creador y la criatura.<\/p>\n<p>    Pero tampoco debe ser mirada como una simple met\u00e1fora, en el sentido que se habla m\u00e1s de un deseo que de una realidad, de una comparaci\u00f3n que de una descripci\u00f3n. Es demasiado grandioso y sublime esa transformaci\u00f3n para no ser tomada en serio. Y por lo tanto es demasiado importante para no convertirla en objeto prioritario de la educaci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>    Es m\u00e1s bien una idea que equivale a comuni\u00f3n con Dios, a unidad, a intimidad, a una manera de encuentro que sobrepuja a todas las fuerzas creadas. El hombre, por naturaleza, es en su cuerpo realizaci\u00f3n de una idea divina, un vestigio de Dios. Pero es en su esp\u00ed\u00adritu, en cuanto imagen del Esp\u00ed\u00adritu divino, un reflejo de la divinidad. Con la gracia se hace un ser nuevo, con una vida nueva, con un destino eterno.<\/p>\n<p>    Esto significa que est\u00e1 \u00abelevado\u00bb al orden sobrenatural, que posee una uni\u00f3n de asimilaci\u00f3n con Dios, como dice Sto. Tom\u00e1s.  (Summa Th. III 2. 10 ad 1)<\/p>\n<p>    7.2. Hablar de sus efectos<br \/>\n    Entre los principales efectos que podemos citar y que deben orientar una buena catequesis sobre la gracia santificante tenemos los siguientes:<\/p>\n<p>   &#8211; Santidad y perfecci\u00f3n del alma. Seg\u00fan el Concilio de Trento, la justificaci\u00f3n es una \u00absantificaci\u00f3n y renovaci\u00f3n del hombre interior\u00bb (Denz 799). San Pablo escribe a los de Corinto: \u00abHab\u00e9is sido lavados y hab\u00e9is sido santificados, hab\u00e9is sido justificados en el nombre del Se\u00f1or Jesucristo y en el Esp\u00ed\u00adritu de nuestro Dios\u00bb (1 Cor. 6).<\/p>\n<p>     Llama a los cristianos \u00absantos\u00bb (as\u00ed\u00ad aparece en los saludos en sus cartas). Les suele exhortar de esta manera: \u00abVest\u00ed\u00ados del hombre nuevo, creado seg\u00fan Dios en justicia y santidad verdaderas\u00bb (Ef. 4. 24).<\/p>\n<p> &#8211; La hermosura del alma. La gracia confiere una belleza singular que la hace agradable a Dios. El Catecismo Romano lo dice as\u00ed\u00ad: \u00abLa gracia da cierta luz y destello que borra todas las manchas de nuestras almas, haci\u00e9ndolas m\u00e1s hermosas y resplandecientes ante Dios\u00bb (II 2. 49).<\/p>\n<p>    La huida de todo pecado y peligro de ofender a Dios es la causa de esa belleza espiritual. La gracia desarrolla la belleza sobrenatural, al hacernos a los hombres reflejos de dios, cuya sublime perfecci\u00f3n se halla por encima de toda criatura. La uni\u00f3n sobrenatural permanente con Dios hace superar el mal, el peligro, el pecado.<\/p>\n<p>   &#8211; Amistad con Dios. Y no se trata de una amistad al estilo humano, sino un cauce o forma de amor a Dios por parte del alma que se siente unida a \u00e9l y que implica la conciencia del amor de Dios al hombre.<\/p>\n<p>    De alguna forma lo expresa Jes\u00fas: \u00abVosotros sois mis amigos si hac\u00e9is lo que os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su se\u00f1or; os digo amigos, porque lo que o\u00ed\u00ad de mi Padre os lo he dado a conocer\u00bb.  (Jn. 15. 14)<\/p>\n<p>   &#8211; Filiaci\u00f3n divina. La gracia santificante convierte al justo en amigo de Dios. Le confiere el t\u00ed\u00adtulo de heredero del cielo. \u00abNo hab\u00e9is recibido el esp\u00ed\u00adritu de siervos para recaer en el temor, antes hab\u00e9is recibido el esp\u00ed\u00adritu de adopci\u00f3n, por el cual clamamos: Abba, Padre!  El Esp\u00ed\u00adritu mismo da testimonio, con nuestro esp\u00ed\u00adritu, de que somos hijos de Dios; y, si hijos, tambi\u00e9n herederos, herederos de Dios, coherederos de Cristo.\u00bb (Rom. 8.15)\u00bb.<\/p>\n<p> 8. El m\u00e9rito<\/p>\n<p>    La idea o doctrina del \u00abmerecer\u00bb (m\u00e9rito) tiene que ver con la gracia santificante y la justificaci\u00f3n. El m\u00e9rito es el derecho que nos hace acreedores a una gracia o beneficio por el cumplimiento de un deber o la realizaci\u00f3n de una acci\u00f3n.<\/p>\n<p>    El Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica lo define as\u00ed\u00ad: \u00abRetribuci\u00f3n por una comunidad de una acci\u00f3n de alguno de sus miembros que se considera como buena. Y corresponde por justicia, en virtud de la equidad. Pero frente a Dios, no hay un derecho en sentido estricto; por ello no puede haber m\u00e9rito estricto por parte del hombre, pues la desigualdad no tiene medida\u00bb.(N 2206 y 2207)<\/p>\n<p>     8.1. Explicaci\u00f3n natural<\/p>\n<p>     Los antiguos te\u00f3logos diferenciaban el m\u00e9rito de condigno o de justicia y del m\u00e9rito de conveniencia o de congruo. El primero se fundamenta en una promesa formal o en un derecho adquirido. Entra en juego la justicia y el m\u00e9rito otorga un derecho en quien recibe el beneficio y un deber en quien lo otorga. Por ejemplo, el que ha realizado un trabajo en virtud de un acuerdo tiene derecho de justicia. Se le debe entregar el beneficio pactado.<\/p>\n<p>     El m\u00e9rito de conveniencia se apoya en criterios comparativos o en el sentido com\u00fan. Por ejemplo el que ha realizado una acci\u00f3n no debida, tiene el m\u00e9rito del bien realizado. Es conveniente que se sienta beneficiado por su acci\u00f3n buena.<\/p>\n<p>     La idea del m\u00e9rito hace posible clarificar todav\u00ed\u00ada m\u00e1s la idea de justificaci\u00f3n y de gracia divina. Precisamente las diversas herej\u00ed\u00adas en este terreno han hecho posible clarificarla.<\/p>\n<p>     8.2. Reacci\u00f3n protestante<\/p>\n<p>     Los reformadores protestantes negaron la realidad del m\u00e9rito sobrenatural. Ven\u00ed\u00adan a decir que \u00abhagamos lo que hagamos, no tenemos derecho a ninguna recompensa\u00bb.<\/p>\n<p>     Lutero ense\u00f1\u00f3 que todas las obras del justo son pecaminosas, porque el pecado sigue habitando en su interior y por lo tanto nada de lo bueno que hace es meritorio por s\u00ed\u00ad mismo. Concedi\u00f3 en ocasiones que el justo pod\u00ed\u00ada realizar buenas obras con la ayuda del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Pero neg\u00f3 que esas obras posean valor meritorio estricto.<\/p>\n<p>     Y Calvino llev\u00f3 al mayor extremo el pesimismo sobre las posibilidades humanas de hacer el bien y sobre lo inadmisible que resultaba atribuirse ning\u00fan m\u00e9rito si en ocasiones el bien sal\u00ed\u00ada de las acciones realizadas. Ense\u00f1\u00f3 que todas las obras del hombre no son ante Dios m\u00e1s que inmundicia y maldad. El protestantismo consider\u00f3 pues inadmisible que el hombre pudiera tener m\u00e9rito en sus acciones.<\/p>\n<p>     8.3. Interpretaci\u00f3n cat\u00f3lica<\/p>\n<p>     La doctrina cat\u00f3lica sobre el merecimiento por las obras buenas fue defensiva, como respuesta al rigorismo protestante. Proclama que no es contrario a Dios que el hombre merezca recompensa por sus obras buenas. No supone menosprecio de la gracia de Dios ni de los m\u00e9ritos de Cristo.<\/p>\n<p>     El defender que el hombre merece, o puede merecer, recompensa cuando realiza acciones buenas es natural y tradicional en la Iglesia. Ense\u00f1a que el hombre, por ser libre y porque ha sido creado inteligente por Dios, puede merecer por sus acciones buenas, del mismo modo que puede desmerecer por sus actos malos. Si obra el bien merece recompensa y si obra mal merece castigo.<\/p>\n<p>     El Concilio de Trento ense\u00f1\u00f3 que la vida eterna es al mismo tiempo para los justificados un don gratuito, prometido por Cristo, y la recompensa de sus merecimientos y buenas obras. Como la gracia de Dios es la fuente de todos nuestros bienes y, al mismo tiempo, el motor de las buenas obras naturales y sobrenaturales por las que merecemos la vida eterna, las buenas obras son al mismo tiempo un don de Dios y un m\u00e9rito de] hombre.<\/p>\n<p>     8.5. Bases b\u00ed\u00adblicas<\/p>\n<p>     La Escritura Sagrada es clara al respecto y el Evangelio insiste en la idea de merecimiento y buenas obras que ser\u00e1n recompensadas por Dios. Basta repasar el texto de las \u00abBienaventuranzas\u00bb (Mt. 5. 3-11). Los textos evang\u00e9licos son tan numerosos en este sentido y dejan tan claras las promesas de Jes\u00fas sobre las recompensas que resulta casi incomprensible que se pueda sostener otra doctrina, por liberales y subjetivas que sean las interpretaciones.<\/p>\n<p>    Con todo, es bueno recordar que los argumentos naturales no son pruebas definitivas en relaci\u00f3n al m\u00e9rito sobrenatural; \u00e9ste se funda en la libre promesa divina de darnos recompensa. Pero el sentido com\u00fan hace sospechar que Dios act\u00faa con los hombres al modo como los ha creado y en nada se opone el misterio sobrenatural a los procesos naturales de la inteligencia y de la libertad humana.<\/p>\n<p>  8.5. Condiciones del m\u00e9rito<br \/>\n    Bueno es tambi\u00e9n en catequesis ense\u00f1ar a los nuevos creyentes las condiciones que deben tener las buenas obras para que merezcan del Se\u00f1or la recompensa. Y, sobre todo trat\u00e1ndose de ni\u00f1os o personas sencillas, conviene no discurrir por v\u00ed\u00adas de l\u00f3gica y doctrina especulativa, sino por cauces de experiencia y de vida pr\u00e1ctica de piedad.<\/p>\n<p>    Hay que ofrecer respuestas a las sencillas y naturales reacciones del coraz\u00f3n humano. Y tratar de superar las meras consideraciones te\u00f3ricas<\/p>\n<p>   Por eso podemos recordar que las condiciones del m\u00e9rito y de la recompensa afectan a las obras, a las personas y las circunstancias<\/p>\n<p>   8.5.1. Por parte de las obras.<\/p>\n<p>   Las condiciones para que haya m\u00e9rito son claras y precisas:<br \/>\n      a) La obra ha de ser naturalmente buena, es decir, tanto por su objeto como por su intenci\u00f3n y sus circunstancias. Ha de ser conforme a la ley moral. As\u00ed\u00ad parece entenderse en S. Pablo (Ef. 6. 8) \u00abA cada uno le retribuir\u00e1 el Se\u00f1or lo bueno que hiciere, tanto si es siervo como si es libre\u00bb<\/p>\n<p>     b) La obra tiene que ser libre. No puede ser resultado de coacci\u00f3n externa, como la violencia, o interna, como el miedo. Inocencio X conden\u00f3 como her\u00e9tica la doctrina jansenista que afirmaba que, \u00aben el estado de naturaleza ca\u00ed\u00adda, basta para el m\u00e9rito o el dem\u00e9rito que no hubiera coacci\u00f3n externa en una obra.\u00bb<br \/>\n     c) La obra debe tener proyecci\u00f3n sobrenatural, es decir, estar impulsada por la gracia actual. Ha de nacer de un motivo sobrenatural. Requiere un motivo sobrenatural, porque el que obra est\u00e1 dotado de raz\u00f3n y libertad, pero es capaz de obrar por Dios y tambi\u00e9n puede hacerlo por motivaciones humana<\/p>\n<p>    Es bueno recordar a los catequizandos que, aunque no se haga una cosa por motivos humanos, se puede uno mover en un terreno muy humano: por ejemplo se puede dar una limosna por compasi\u00f3n y no por amor a Dios. Jes\u00fas dec\u00ed\u00ada: \u00abEl que os diere un vaso de agua en raz\u00f3n de ser disc\u00ed\u00adpulos m\u00ed\u00ados, os digo en verdad que no perder\u00e1 su recompensa\u00bb (Mt. 10. 42; Lc. 9. 48) Es bueno ense\u00f1ar a renovar y actualizar las \u00abintenciones\u00bb buenas en lo que se hace. San Pablo lo recomendaba: \u00abTodo cuanto hac\u00e9is de palabra o de obra, hacedlo en el nombre del Se\u00f1or Jes\u00fas\u00bb; (Col. 3. 17). Y a\u00f1ad\u00ed\u00ada: \u00abYa com\u00e1is, ya beb\u00e1is o hag\u00e1is alguna cosa, hacedlo todo para gloria de Dios (1. Cor. 10. 31).<\/p>\n<p>    8.5.2. Por parte de la persona.<\/p>\n<p>    Por parte del que merece las obras buenas requieren otras condiciones:<br \/>\n       a) Hallarse en estado de peregrinaci\u00f3n terrenal, es decir que s\u00f3lo se merece en este mundo, pues el hombre es libre<\/p>\n<p>   Conviene hacer m\u00e9ritos en esta vida, pues en la otra el hombre queda ya en la situaci\u00f3n en que le coge la muerte. Tambi\u00e9n S. Juan dec\u00ed\u00ada: \u00abVenida la noche, ya nadie puede trabajar\u00bb (Jn. 9. 4). Y. San Pablo a\u00f1ade: \u00abMientras hay tiempo, hagamos bien a todos\u00bb (Gal. 6.10)<\/p>\n<p>   Ha sido ense\u00f1anza ordinaria de la Iglesia que los m\u00e9ritos s\u00f3lo se dan en esta vida<\/p>\n<p>   Y mientras hay vida, hay que hacer obras buenas, que son las meritorias. (2 Cor. 5, 10; Mt. 25. 34;  Lc. 16,  26)<\/p>\n<p>       b) En estado de gracia propiamente tal, pues el que se halla en estado de pecado, no puede merecer el don de Dios a quien no se halla unido. Dec\u00ed\u00ada S Fulgencio: \u00abEl tiempo de merecer solamente se lo ha dado Dios a los hombres en esta vida\u00bb (De fide ad Petrum 3, 36)<\/p>\n<p>   S. Juan escribe: \u00abComo el sarmiento no puede dar fruto de s\u00ed\u00ad mismo si no permaneciera en la vid, tampoco vosotros si no permanecierais en m\u00ed\u00ad\u00bb (Jn 15. 4).<br \/>\n Entre la acci\u00f3n del que merece y el premio que da quien recompensa tiene que haber equivalencia. Esto no ocurre en el que est\u00e1 en enemistad con Dios.<\/p>\n<p>    8.5.3. Por parte de Dios<\/p>\n<p>    Por parte de Dios que recompensa, las buenas acciones de los hombres son acogidas por su bondad y por su justicia. El m\u00e9rito depende de la libre ordenaci\u00f3n de Dios, aunque Dios no puede deber nada al hombre por ser infinito y el hombre limitado<\/p>\n<p>    Pero en nuestros modos de hablar, Dios se ata al hombre con sus promesas y queda como \u00abobligado\u00bb a recompensar lo que \u00e9l ha prometido como objeto de recompensa. (Mt. 19. 29;  Mt 25. 34; Tit 1, 2; 1 Tim. 4. 8; Sant. 1. 12). San Agust\u00ed\u00adn dice: \u2020\u009dEl Se\u00f1or se hizo a s\u00ed\u00ad mismo deudor no recibiendo, sino prometiendo.  A El no se le puede decir: \u00abDevuelve lo que recibiste\u00bb, sino \u00fanicamente: \u00abConcede lo que prometiste\u00bb. (Enarr. S. 83. 16)<\/p>\n<p>   8.6. Objeto del m\u00e9rito<\/p>\n<p>   El justificado merece, por sus buenas obras, el aumento la gracia santificante, la vida eterna y el aumento de la gloria celestial. Esto es algo claro en la fe de la Iglesia. Por eso solemos distinguir tres objetos del m\u00e9rito verdadero y propiamente tal y deben ser tema de la catequesis<\/p>\n<p>      a) El aumento de la gracia santificante se merece por las buenas obras. Si aumenta el n\u00famero de buenas obras, si aumenta la buena intenci\u00f3n y si aumenta el amor con el que se hacen, aumenta tambi\u00e9n la medida de la gracia.<br \/>\n  Este principio no se reduce a modelos matem\u00e1ticos, pues los  hechos y cualidades sobrenaturales no se ponderan cuantitativamente. Pero conviene no perder de vista que los hombres pensamos y hablamos de formas cuantitativas y por lo tanto es correcto pensar que cuanto mejor obramos m\u00e1s merecemos<\/p>\n<p>      b) La vida eterna tambi\u00e9n aumenta por nuestras buenas acciones, en el mismo sentido de la gracia. Lo ense\u00f1a la Sagrada Escritura: la vida eterna es la recompensa por las buenas obras realizadas en esta vida. Y la p\u00e9rdida de la gracia por el pecado mortal tiene como consecuencia la p\u00e9rdida de todos los merecimientos adquiridos<\/p>\n<p>      c) Seg\u00fan la definici\u00f3n del Concilio universal de Florencia, la medida de la gloria celestial es distinta en cada uno de los bienaventurados (Denz. 693). \u00abEl que escaso siembra, escaso cosecha; el que siembra en bendiciones, en bendiciones tambi\u00e9n cosechar\u00e1.\u00bb (2 Cor 9. 6)<\/p>\n<p>     8.7. M\u00e9ritos del pecador<\/p>\n<p>     Recordemos tambi\u00e9n que el pecador puede merecer de conveniencia la misericordia divina si hace buena obras y sabe orientarse a Dios con humildad pidiendo su ayuda para salir del pecado<\/p>\n<p>     El que se halla en pecado mortal puede cooperar libremente con la gracia actual para conseguir otras gracias y disponerse de esta manera para la justificaci\u00f3n, mereciendo que Dios le ayude a situarse en estado de conversi\u00f3n<\/p>\n<p>    Lo dice el Salmo 50. \u00abNo desde\u00f1as, oh Dios, un coraz\u00f3n contrito y humillado\u00bb<br \/>\n  Y lo recuerda San Agust\u00ed\u00adn al hablar del publicano (Lc. 18, 9-14): \u00abBaj\u00f3 justificado del templo por el m\u00e9rito de su creyente humildad.\u00bb<\/p>\n<p>    8.8. Merecer por los dem\u00e1s<\/p>\n<p>    La posibilidad de merecer en favor de otros se funda en la amistad del justo con Dios y en la comuni\u00f3n de los santos<\/p>\n<p>    Ha sido ense\u00f1anza tradicional de la Iglesia que se puede y debe hacer obras buenas, limosnas, oraciones, reparaciones, restituciones, satisfacci\u00f3n, por los dem\u00e1s pidiendo a Dios que las tenga en cuenta para otorgar su gracia misericordiosa a aquel por quien se destinan<\/p>\n<p>    Si los beneficiados de tan piadosas intenciones son personas vivas, es evidente que s\u00f3lo en la medida en que Dios quiera aplicarlas se puede hablar de que se beneficien de esas buenas obras y que exista esa especie de transvase de m\u00e9ritos y de beneficios espirituales<br \/>\n   Y algo similar acontece con los ya difuntos. En la medida en que ellos gocen de la amistad divina y se hallen en estado de salvaci\u00f3n pueden beneficiarse de esos sufragios<\/p>\n<p>   Tanto por unos como por otros, el beneficio mejor que se les puede ofrecer, seg\u00fan la tradici\u00f3n de la Iglesia, es el m\u00e9rito de la oraci\u00f3n en su favor, como aparece con cierta frecuencia en la Escritura Sagrada: \u00abOrad unos por otros para que os salv\u00e9is. Mucho puede la oraci\u00f3n fervorosa del justo\u00bb. (Sant 5. 1)   (Ver Redenci\u00f3n 1.4.3; Ver Justificaci\u00f3n. Ver  Perd\u00f3n de pecados 4).<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>(v. fe, filiaci\u00f3n divina participada, gracia, inhabitaci\u00f3n trinitaria, justicia)<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>\u2014>Justicia<\/p>\n<p>FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret<\/b><\/p>\n<p>La justificaci\u00f3n es el cambio global, realizado por la gracia divina, que lleva al hombre del estado de pecado-enemistad con Dios al de santidad y filiaci\u00f3n adoptiva divina, en orden a su destino sobrenatural. Este convertirse en una nueva criatura comienza en la vida hist\u00f3rica, donde el hombre. en la Iglesia y por el Esp\u00ed\u00adritu, recibe como don de &#8211; Dios la fe y la esperanza necesarias para vivir nuevos dinamismos religiosos y morales. Los fundamentos b\u00ed\u00adblicos de la justificaci\u00f3n se encuentran va en la idea de justicia y &#8211; de alianza del Antiguo Testamento, que requieren la participaci\u00f3n activa del hombre (cf. Gn 15,6: 1s 45,21s: 5l,5ss) y en el desarrollo que ve la justicia y  la salvaci\u00f3n como sin\u00f3nimos. El Nuevo Testamento ofrece la aportaci\u00f3n m\u00e1s importante de toda la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica a la idea de justificaci\u00f3n, sobre todo en los escritos paulinos (cf. Rom 1 : 3: Flp 3. G\u00e1l 5; 1 y 2 Cor: etc.). El ap\u00f3stol, en pol\u00e9mica \u00e9on el residuo legalista de los judeocristianos, sostiene que Dios hace al hombre justo, con un acto sobrenatural y eficaz, partiendo de su condici\u00f3n pecadora y &#8211; negativa. Ning\u00fan creyente puede contar con sus obras \u00e9tico-religiosas como si fueran un cr\u00e9dito delante de Dios. Es la gracia de Dios la que, en Jesucristo, saca de su ineficacia a la vieja condici\u00f3n humana y &#8211; produce la inauguraci\u00f3n de hombre nuevo que tiene una fe no s\u00f3lo interior, sino activa en el plano hist\u00f3rico. La producci\u00f3n eclesial del hombre justo es consecuencia \u00fanica del obrar gratuito de Dios en Jesucristo. La justificaci\u00f3n no produce, por tanto, inercia y pasividad, sino que se despliega en una forma vital de encarnaci\u00f3n de la fe. El ser creado y destructible del hombre queda de este modo transformado en sobrenatural, increado e indestructible: Dios le atribuye la misma forma antropol\u00f3gica de Cristo (nuevo Ad\u00e1n, nuevo Hombre) dentro del organismo divino-humano de la Iglesia, forma hist\u00f3rica inicial del reino de Dios, terreno de cultivo ideal para que se desarrollen todas las energ\u00ed\u00adas divinas insertas por la justificaci\u00f3n en el hombre a trav\u00e9s del anuncio de la Palabra, la celebraci\u00f3n de los sacramentos y el contacto continuo con el Esp\u00ed\u00adritu Santo. As\u00ed\u00ad pues, la justificaci\u00f3n es el resultado objetivo del obrar salv\u00ed\u00adfico de Dios a trav\u00e9s de las misiones divinas del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Pero esto no excluye que en el hombre siga estando presente la posibilidad contraria de ir por el sendero opuesto a la voluntad de Dios. De aqu\u00ed\u00ad la actitud de vigilancia y de humildad del justificado. La justificaci\u00f3n es entonces una acci\u00f3n trinitaria de Dios, caridad de Dios Padre, expiaci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica del Hijo y obra santificadora del Esp\u00ed\u00adritu Santo respecto al hombre. Por consiguiente, la justificaci\u00f3n como tal es una realidad divina que el hombre no puede explicar ni reivindicar como algo que le es debido, por causa de su situaci\u00f3n objetiva de injusticia. Teol\u00f3gicamente, la capacidad del hombre de condescender con la acci\u00f3n justificadora de Dios es ;. va un impulso previo (gracia preveniente) que Dios mismo provoca en el hombre para que se verifique la forma id\u00f3nea de respuesta humana: el hombre no tiene ninguna oportunidad de poder entrar \u00e9l solo en el \u00e1mbito de la justificaci\u00f3n, ni puede ser el aliado paritario que acoja la propuesta divina.<\/p>\n<p>El tema de la justificaci\u00f3n recibi\u00f3 su forma dogm\u00e1tica en el concilio de Trento. Pero hasta la teolog\u00ed\u00ada medieval y hasta la misma aparici\u00f3n del protestantismo, en la Iglesia latina hab\u00ed\u00ada prevalecido la explicaci\u00f3n teol\u00f3gica de Agust\u00ed\u00adn, basada en la teolog\u00ed\u00ada de Pablo y dirigida contra el optimismo extremo de la herej\u00ed\u00ada pelagiana, bastante difundida en su \u00e9poca (DS 222-230; 238-249; 370-397). Lutero, por motivos opuestos al pelagianismo, pero igualmente extremistas, es decir por un pesimismo antropol\u00f3gico radical, por una interpretaci\u00f3n subjetiva de Agust\u00ed\u00adn y por una ex\u00e9gesis unilateral de Pablo, elabor\u00f3 una doctrina de la justificaci\u00f3n fuertemente antit\u00e9tica a la de la Tradici\u00f3n. En ella el hombre es justificado por la misericordia de Dios: Cristo con su acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica declara al hombre justo, atribuy\u00e9ndole la justificaci\u00f3n. La vida nueva que vive el hombre como fruto de la justificaci\u00f3n no se deriva tampoco de la respuesta del hombre y por tanto no produce ning\u00fan m\u00e9rito. El hombre es s\u00f3lo el gran perdonado a quien se le imputa la justicia de Cristo.<\/p>\n<p>El dogma formulado en Trento (DS 1510-1583) afirma, por el contrario, que la acci\u00f3n de Dios produce en el hombre la justificaci\u00f3n como liberaci\u00f3n del pecado (de origen y personal) para producir en \u00e9l una verdadera reconciliaci\u00f3n con Dios y consigo mismo. El pecado no ha destruido todas las capacidades del hombre; \u00e9stas pueden rehacerse y sobrepotenciarse por un acto re-creador de Dios, sobre la base de la identidad fundamental del hombre. As\u00ed\u00ad pues, a una obra destructiva y negativa del hombre corresponde, por parte de Dios, una acci\u00f3n de edificaci\u00f3n del hombre, que tiene su matriz activa en la Pascua de Cristo. Se le comunica al hombre con el bautismo y los dem\u00e1s sacramentos. Pero la justificaci\u00f3n no es s\u00f3lo el perd\u00f3n del pecado; es don de un nuevo principio vital de la existencia: la presencia del Esp\u00ed\u00adritu de Dios en la vida del hombre, que le hace nacer a una nueva existencia, como hijo de Dios, predestinado ,.1 la vida eterna con Dios, encargado de actividades apost\u00f3licas, etc. La fe, a pesar de ser el elemento base para obtener la justificaci\u00f3n, no es lo mismo que \u00e9sta. El estado del justificado es id\u00f3neo para recibir de Dios la comunicaci\u00f3n infusa de las virtudes teologales y de otros carismas eclesiales. Por consiguiente, a pesar de que la condici\u00f3n humana ha quedado gravemente mutilada por el pecado y la libertad est\u00e1 fuertemente condicionada por \u00e9l, la gracia divina es capaz de explotar este m\u00ed\u00adnimo de realidad positiva que hay en el hombre. Las obras que haga, en el desarrollo de su estado de justificaci\u00f3n, al no ser individuales y aut\u00f3nomas, sino eclesiales, es decir fruto de la asimilaci\u00f3n que hace Cristo con su cuerpo m\u00ed\u00adstico, que es la Iglesia, se hacen capaces de obtener m\u00e9ritos, aun cuando la medida de la retribuci\u00f3n divina por los m\u00e9ritos de los creyentes supera infinitamente dichos m\u00e9ritos.<\/p>\n<p>T . Stancati<\/p>\n<p>Bibl.: L Serentha, Justificaci\u00f3n, en DTI. III, 238-251: J L, Ruiz de \u00f1a pe\u00f1a, El don de Dios, Antropo10gia teol\u00f3gica especial, Sal Terrae, Santander 1992: 5. Lyonnet, La historia de la salvaci\u00f3n en la carta a los Romanos. , S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1967, K, Rahner, La gracia como libertad, Herder, Barce!ona 1972; H. KUng, La justificaci\u00f3n, Herder, Barcelona 1967<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>V\u00e9ase DECLARAR JUSTO.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia<\/b><\/p>\n<p>\/Abrah\u00e1n II, Ib; IFe VI, 2; \/ Justicia II, 2; III, 2; \/ Pablo III, 4.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Cat\u00f3lico de Teolog\u00eda B\u00edblica<\/b><\/p>\n<p>1. Enfoque de la cuesti\u00f3n<br \/>\n1. La visi\u00f3n cat\u00f3lica de la fe al igual que la de la reforma est\u00e1 persuadida de que el reconocimiento de la ->gracia de Dios como causa \u00fanica de la j. es una verdad fundamental de la fe cristiana. Para explicar este mensaje es decisivo sin duda el preservarlo de una restricci\u00f3n individualista, ego\u00ed\u00adsta, entendiendo ya desde el principio la acci\u00f3n divina de la gracia en el hombre, acci\u00f3n que le abre a Dios, como instituci\u00f3n de una verdadera y aut\u00e9ntica comunidad de los hombres entre s\u00ed\u00ad.<\/p>\n<p>2. Lo que nosotros llamamos \u00absalvaci\u00f3n\u00bb y \u00abjustificaci\u00f3n\u00bb le llega al hombre como criatura y como pecador s\u00f3lo por la libre e inmerecida gracia de Dios; es decir, por la automanifestaci\u00f3n libre (que el hombre no puede exigir) de Dios en ->Jesucristo, el crucificado y resucitado. La relaci\u00f3n del hombre con Dios, que significa su salvaci\u00f3n, no puede fundarse o sostenerse a partir del hombre mismo, desde su propia iniciativa personal sino que viene establecida por la acci\u00f3n soberana de Dios. No hay \u00ab->obras meritorias\u00bb por las que el hombre con su propio poder y bondad pueda empezar por hacerse propicio a Dios; no hay \u00abiniciativa\u00bb alguna que empiece en el hombre. Toda acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica del hombre tiene s\u00f3lo car\u00e1cter de respuesta; e incluso esa respuesta, en cuanto capacidad y acci\u00f3n real, tiene una vez m\u00e1s por fundamento a Dios, quien gracias a su acci\u00f3n sobre nosotros nos da asimismo el que, acept\u00e1ndola, podamos responderle y lo hagamos de hecho.<\/p>\n<p>3. La acci\u00f3n ben\u00e9vola de Dios sobre nosotros debe ser aceptada por nosotros con libertad. Pero la libertad, que acepta en la fe la gracia de Dios, es la libertad liberada por la gracia divina de la limitaci\u00f3n inherente a la criatura y del ego\u00ed\u00adsmo pecaminoso. Por consiguiente, la doctrina cat\u00f3lica de la j. no profesa un sinergismo semipelagiano, seg\u00fan el cual la salvaci\u00f3n se repartir\u00ed\u00ada entre la acci\u00f3n de la gracia de Dios y la acci\u00f3n de la libertad del hombre, independientemente de aqu\u00e9lla. Por el contrario, la acci\u00f3n libre por la que el hombre responde a Dios es una vez m\u00e1s don de la gracia divina (cf. -> gracia y libertad).<\/p>\n<p>4. Este don divino, en el que Dios se comunica a s\u00ed\u00ad mismo al hombre pecador, es un \u00abacontecimiento\u00bb (no simplemente un estado dial\u00e9ctico que existe siempre) por el que el pecador se convierte en justificado y la gracia de Dios llega realmente al hombre, le santifica y le hace heredero efectivo de la vida eterna, le convierte en alguien que antes no era y ahora existe en realidad. Con lo dicho, referido al hombre individual, no se fija por cuenta propia y absolutamente el momento en que tiene lugar dicho acontecimiento; m\u00e1s bien, cada individuo lo experimenta por s\u00ed\u00ad y para s\u00ed\u00ad al poner el acto de fe y esperanza, y no mediante la reflexi\u00f3n sobre un estado de cosas simplemente dado en el plano emp\u00ed\u00adrico. Tal acontecimiento no es el acto de la propia absoluci\u00f3n, sino la aceptaci\u00f3n y el reconocimiento esperanzado del juicio misericordioso de Dios sobre nosotros.<\/p>\n<p>5. Lo que sucede as\u00ed\u00ad en nosotros por la acci\u00f3n divina que acogemos con fe esperanzada es un acontecimiento que, aun cuando \u00abahora\u00bb nos transforme de verdad, en virtud de toda su naturaleza est\u00e1 orientado al definitivo juicio de la ->misericordia de Dios, con el que \u00e9l ha de llegar por vez primera a su consumaci\u00f3n; por consiguiente, es un acontecimiento portador de una promesa, que ahora est\u00e1 presente s\u00f3lo en la fe que espera y que aqu\u00ed\u00ad nunca llega a ser una posesi\u00f3n plenamente disponible.<\/p>\n<p>6. Aun admitiendo la leg\u00ed\u00adtima posibilidad de articular, de acuerdo con la Escritura, este acontecimiento producido por la gracia en sus aspectos y fases posibles &#8211; en el hombre que se realiza en la historia y en el tiempo &#8211; como ->fe, ->esperanza y ->amor, no obstante, siguiendo la teolog\u00ed\u00ada de ->Pablo, la totalidad del mismo tambi\u00e9n puede denominarse simplemente \u00abfe\u00bb, y entonces cabe decir que somos justificados por la fe y s\u00f3lo por la fe.<\/p>\n<p>7. Si la acci\u00f3n de la gracia justificante de Dios sobre el hombre es de tal naturaleza que le alcanza y le transforma de verdad, si asimismo esa acci\u00f3n se aprehende en una fe que espera incondicionalmente; entonces el acontecimiento de la j. no es producido &#8211; por as\u00ed\u00ad decirlo &#8211; s\u00f3lo una vez por la libre acci\u00f3n de Dios, sino que sigue dependiendo permanentemente de su gracia soberana. En consecuencia es inaccesible para la reflexi\u00f3n te\u00f3rica, que deja de lado la esperanza creyente y abandona al hombre bajo la amenaza del poder pecaminoso del mundo. Adem\u00e1s, el hombre no puede jam\u00e1s decidir con seguridad (absolvi\u00e9ndose a s\u00ed\u00ad mismo) si sus pecados cotidianos, quedebe reconocer aun cuando espere que no le excluyen del reino de Dios, son indicio, manifestaci\u00f3n y m\u00e1scara de un \u00abno\u00bb encubierto y radical a Dios. Y as\u00ed\u00ad se puede perfectamente y se debe hablar, incluso en sentido cat\u00f3lico, de un simul iustus et peccator; es necesario decir que el hombre se justifica al huir constantemente de s\u00ed\u00ad mismo y refugiarse en la gracia salvadora de Dios con la esperanza de la fe. La naturaleza de su \u00abestado\u00bb de j. es la posibilidad real, permanentemente prometida por la voluntad salv\u00ed\u00adfica de Dios (en -~ salvaci\u00f3n), de apartarse constantemente de s\u00ed\u00ad mismo con la esperanza en la misericordia de Dios.<\/p>\n<p>8. Esta gracia justificante de Dios con sus dones libera al hombre de los poderes esclavizantes de la muerte, de la ley impuesta meramente desde fuera y del mundo. Concede el poder y el obrar propios de los hijos de Dios, plantea un cometido e impone una misi\u00f3n y obligaci\u00f3n, una \u00fanica exigencia (la cual debe desplegarse en todas las dimensiones del hombre) que se basa en el amor donado por Dios. Desde ah\u00ed\u00ad el hombre ha de realizar la \u00abobra\u00bb del amor que responde, debe producir el fruto del Esp\u00ed\u00adritu que le ha sido dado. Esta obra de la respuesta amorosa en s\u00ed\u00ad es \u00abvaliosa\u00bb, porque en potencia y en acto es obra de Dios, \u00abha sido hecha en Dios\u00bb (Jn 3, 21). Y precisamente por eso no se trata de aquello que el hombre puede hacer a su propio arbitrio frente a Dios, sino que dicha respuesta es un regalo de Dios al hombre, y lo es tan s\u00f3lo en cuanto realizada con el amor por el que el hombre ve&#8217; a Dios y deja de verse a s\u00ed\u00ad mismo. Toda alabanza de la dignidad objetiva de esta obra del hombre justificado s\u00f3lo puede entenderse como elogio de la gracia de Dios verdaderamente creadora, que realmente comunica vida, y que de hecho no hace m\u00e1s que \u00abcoronar\u00bb su propia obra, asintiendo a lo que ella misma hace como nuestra libertad liberada.<\/p>\n<p>II. Doctrina de la Iglesia<br \/>\n1. Por el bautismo (del menor de edad; Dz 791) o por la ->fe, la ->esperanza, y el ->amor (Dz 798 819; o por la atrici\u00f3n [arrepentimiento] junto con el ->bautismo o el sacramento de la ->penitencia), el hombre es justificado ante Dios, y por tanto queda liberado del ->pecado original (Dz 792) y de los ->pecados personales graves (habituales), aunque no siempre necesariamente de todo el reato de las penas del ->pecado (Dz 807 840), y es puesto en estado de amistad y paz con Dios (Dz 799). La fe es fundamento y ra\u00ed\u00adz de la j. (Dz 801), pero no se identifica simplemente con \u00e9sta ni con el proceso de la misma; y eso aunque por fe no se entienda la fe fiducial, que no es necesaria para la j. (cf. Dz 822), sino la dogm\u00e1tica (Dz 1789; cf. 1811). Por tanto, quien es capaz de responsabilidad moral ante Dios debe disponerse a la j. (con ayuda de la gracia preveniente, Dz 797 798 801 804 819). Esta libre disposici\u00f3n no significa una autojustificaci\u00f3n farisaica o pelagiana ni un ->m\u00e9rito propiamente dicho (de condigno, Dz 801) para la j.; pero s\u00ed\u00ad es un acontecimiento que representa un verdadero cambio en el estado salv\u00ed\u00adfico del hombre.<\/p>\n<p>2. La j. consiste, no en una mera remisi\u00f3n de los pecados, sino en la \u00abinfusi\u00f3n\u00bb de la gracia santificante, de las virtudes teologales (Dz 800) y de los dones del ->Esp\u00ed\u00adritu Santo, como facultades habituales del recto comportamiento sobrenatural para con Dios. A juzgar por el modo como en la doctrina oficial de la Iglesia se emplea el concepto de j., \u00e9sta se identifica con la santificaci\u00f3n interior (->santidad, ->justicia) y con la elevaci\u00f3n sobrenatural del hombre; no cabe concebirla como mera imputaci\u00f3n forense de la justicia o como una doble justicia (Dz 821). Esta santificaci\u00f3n, como posesi\u00f3n habitual de la gracia santificante, implica un renacimiento interior, una renovaci\u00f3n, la filiaci\u00f3n divina, el derecho a la salvaci\u00f3n eterna y la inhabitaci\u00f3n de Dios (de su Esp\u00ed\u00adritu; Dz 799s). En cuanto cualidad del hombre es distinta de Dios (gracia creada), de tal manera que la causa eficiente [Dios en su benignidad] y la causa meritoria [Cristo], por una parte, y la causa formal de la j. [gracia], por otra, no pueden identificarse simplemente (Dz 799), si bien esta cualidad creada del hombre debe pensarse juntamente como condici\u00f3n previa y como efecto de la comunicaci\u00f3n de ->Dios mismo (gracia increada). En esa comunicaci\u00f3n se funda a la postre el car\u00e1cter absolutamente sobrenatural de la gracia, y en este sentido Dios mismo aparece como cuasi causa formal de la j. (cf. Dz 2290).<\/p>\n<p>3. La j. puede perderse, y se pierde de hecho no s\u00f3lo por la negaci\u00f3n de la fe, sino por cualquier pecado grave (cf. Dz 808 837), sin que por ello se destruya completamente la capacidad de una conducta religiosa sobrenatural y moral (amor), pues cabe la posibilidad de que subsistan la fe y la esperanza (Dz 808 838 2286). Sobre el estado de j. no hay normalmente certeza absoluta (Dz 802 805s 823ss), pero eso no excluye una experiencia irreflexiva de la misma (Dz 104 134ss 178ss 797 1521 1791). Pero quien trata de creer y de amar debe confiar en dicho estado con esperanza absolutamente firme. A pesar de su car\u00e1cter \u00abhabitual\u00bb, siempre es objeto de asechanza y hay que reconquistarlo de continuo con la caridad creyente y operante, de manera que el hombre puede crecer en la gracia de la j. (-> m\u00e9rito: Dz 803 809 834 836) y, aun permaneciendo siempre pecador (Dz 106ss 833), esa gracia de la j. le libera para cumplir los mandamientos de Dios.<\/p>\n<p>III. Reflexi\u00f3n teol\u00f3gica<br \/>\n1. Sin duda que el hombre, gracias a la acci\u00f3n redentora de Dios en Cristo (->redenci\u00f3n) es ya en s\u00ed\u00ad mismo objetivamente (y no s\u00f3lo en los \u00abdesignios\u00bb de Dios) distinto de lo que ser\u00ed\u00ada si fuera solamente pecador (cf. ->existencial [u] sobrenatural). Para ese estado \u00absubjetivo\u00bb (cuya negaci\u00f3n ser\u00ed\u00ada un nominalismo), que se nos da mediante la \u00abredenci\u00f3n objetiva\u00bb y previamente a la decisi\u00f3n personal y al sacramento, la teolog\u00ed\u00ada en curso no tiene un nombre (mientras que lo tiene para su contrario: ->pecado original). Pero en s\u00ed\u00ad (de acuerdo con un lenguaje que se puede observar en Pablo, aunque no exclusivamente en \u00e9l) podr\u00ed\u00ada llamarse desde luego j., con tal que con ello no se obscurezca la realidad y necesidad de una j. como santificaci\u00f3n interior por la recepci\u00f3n de la gracia justificante con fe, esperanza y amor, y por el sacramento. S\u00f3lo con un esclarecimiento terminol\u00f3gico de esta j. podr\u00ed\u00ada dilucidarse adecuadamente la naturaleza del pecado original en el actual orden cristiano de la salvaci\u00f3n, que desde luego no est\u00e1 determinado en exclusiva por Ad\u00e1n. \u00fanicamente mediante este esclarecimiento se har\u00e1 aprehensible y comprensible la eficacia de la voluntad salv\u00ed\u00adfica universal de Dios, en el sentido de que la ->redenci\u00f3n no es s\u00f3lo el don de una oportunidad de salvarse (posibilidad de salvaci\u00f3n), sino que en s\u00ed\u00ad misma es ya salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>2. Despu\u00e9s habr\u00ed\u00ada que preguntarse si esta j. (o existencial sobrenatural) puramente objetiva, pero que a partir de la voluntad salv\u00ed\u00adfica universal de Dios en Cristo, afecta ya a todo sujeto humano, puede identificarse con la gracia sobrenatural de la j. en cuanto es una mera oferta, aunque \u00abpermanente y real\u00bb. El que los preliminares de la j. sean un \u00abproceso\u00bb que arranca de la gracia preveniente (\u00abactual\u00bb) no tiene por qu\u00e9 contradecir a tal hip\u00f3tesis. Tambi\u00e9n para Tom\u00e1s el proceso de la j. arranca de la gracia justificante (para hacerlo inteligible, distingue entre la infusi\u00f3n de la gracia y su [libre] consecuci\u00f3n: ST z-ii q. 113 a. 8 ad 1). Y, efectivamente, dicho proceso puede pensarse como una aceptaci\u00f3n existencialmente graduada de esa gracia bajo la acci\u00f3n de la misma. En ese caso cabr\u00ed\u00ada sin m\u00e1s entender la fe como medio (de la recepci\u00f3n) y fruto a la vez de la gracia de la j., con una causalidad rec\u00ed\u00adproca. La gracia \u00abactual\u00bb, sobrenaturalmente elevante puede considerarse como \u00abuna llegada\u00bb o una \u00abrepercusi\u00f3n\u00bb de la gracia de la justificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>3. As\u00ed\u00ad, la gracia de la j. en sentido tradicional aparece inmediatamente como la gracia aceptada por el libre acto de la fe, que se \u00abofrece\u00bb a todo hombre en la j., la cual existe previamente por la redenci\u00f3n en cuanto tal. La j. otorgada a los ni\u00f1os solamente por el sacramento del bautismo aparece entonces como una forma hist\u00f3rico-sacramental de la j. (car\u00e1cter sacramental), que en su posesi\u00f3n por el hombre no se identifica simplemente con la gracia de la j. del adulto cristiano (que pone el acto de fe); por consiguiente, no s\u00f3lo podemos pensar que es diferente a causa de una diversa producci\u00f3n externa, sino que adem\u00e1s es \u00abpose\u00ed\u00adda\u00bb a modo de don previo a la libertad (a modo de \u00abnaturaleza\u00bb) y todav\u00ed\u00ada no a la manera de una aceptaci\u00f3n personal, aun cuando tal posesi\u00f3n por el solo bautismo deba distinguirse tambi\u00e9n del ofrecimiento permanente de la gracia de la j. a cada hombre.<\/p>\n<p>4. C\u00f3mo y hasta qu\u00e9 punto se debe y puede pensar que la j. transmitida por la fe se comunica tambi\u00e9n por el bautismo (como medio necesario para la salvaci\u00f3n), es un problema de la teolog\u00ed\u00ada sacramental en general (cuya soluci\u00f3n no puede basarse adecuadamente en el modelo del bautismo de los ni\u00f1os). El ->sacramento puede ser una eficaz manifestaci\u00f3n hist\u00f3rico-eclesiol\u00f3gica (->s\u00ed\u00admbolo) del primer proceso de la j. (o de una profundizaci\u00f3n existencial de la misma) en la fe y en el amor, pues la salvaci\u00f3n se realiza fundamentalmente \u00aben la carne\u00bb (incluso cuando no se ha dado todav\u00ed\u00ada el sacramento); por esto signo y significado se condicionan mutuamente en su acci\u00f3n, aunque pueden darse oscilaciones en su orden temporal. De este modo la j. que va creciendo progresivamente tambi\u00e9n est\u00e1 acompa\u00f1ada por una corporalidad sacramental (desde la ->confirmaci\u00f3n hasta la unci\u00f3n de los enfermos). Por cuanto la gracia es vida de la Iglesia, y su corporalidad sacramental es un elemento visible de la misma Iglesia (que no se limita a administrarla), todo proceso de j. es tambi\u00e9n un elemento de la esencia interna y externa de la Iglesia.<\/p>\n<p>5. En tanto que la gracia habitual justificante es acogida en un proceso espiritual y todav\u00ed\u00ada en curso de la libertad que se realiza hist\u00f3ricamente, en tanto que \u00abpose\u00ed\u00adda\u00bb en la lucha, la inseguridad de salvaci\u00f3n y la \u00abmera\u00bb esperanza, y en tanto que se conserva s\u00f3lo por la gracia constantemente inmerecida y nunca simplemente \u00abpose\u00ed\u00adda\u00bb, que recibe de Dios la eficacia para la observancia de los mandamientos (de modo que el hombre tampoco la adquiere en el sentido de un sinergismo propiamente dicho); la j. ya acontecida est\u00e1 siempre orientada a la j. que s\u00f3lo se da en el juicio de Dios (->muerte), de tal manera que \u00e9ste no significa simplemente su manifestaci\u00f3n.<\/p>\n<p>6. Por cuanto s\u00f3lo acontece real y plenamente por una santificaci\u00f3n que del lado de Dios es su ->amor abisal y de parte del hombre es asimismo amor, que debe actualizarse de manera permanente, porque \u00e9se es precisamente el \u00fanico sentido del h\u00e1bito \u00abinfuso\u00bb de la caridad; por ello la j. como uni\u00f3n entre Dios y el hombre consiste en un acto que siempre ha ido m\u00e1s all\u00e1 de la \u00abjusticia\u00bb como \u00abderecho\u00bb: en el amor, en cuya esencia superior queda suprimida y conservada a la vez toda justicia. S\u00f3lo quien en el amor se olvida de s\u00ed\u00ad por Dios, y en definitiva (sin perjuicio de un aut\u00e9ntico pluralismo creatural de las -> virtudes y de su ejercicio) olvida su justicia, est\u00e1 justificado ante Dios. A partir de aqu\u00ed\u00ad se dar\u00ed\u00ada la equivalencia y mutua relaci\u00f3n entre una visi\u00f3n \u00f3ntica de la j. a la manera del Tridentino (j. como cambio preparado y como un estado con \u00abderechos\u00bb y m\u00e9ritos ante Dios) y una visi\u00f3n existencial de la misma (j. \u00abmeramente\u00bb cre\u00ed\u00adda, reconquistada sin cesar y escatol\u00f3gicamente futura), aun cuando esta \u00faltima visi\u00f3n la aisl\u00f3 el viejo protestantismo a menudo en forma her\u00e9tica. Asimismo el \u00abs\u00ed\u00ad\u00bb y el \u00abno\u00bb cat\u00f3licos a la f\u00f3rmula del simul iustus et peccator podr\u00ed\u00adan ganar en hondura y claridad: la j. que hace del pecador un hombre justo es un cambio real de estado, pero a la vez se halla en camino; en consecuencia est\u00e1 determinada tanto por el punto de partida como por el t\u00e9rmino de llegada.<\/p>\n<p>7. Como al hombre le est\u00e1 vedada una reflexi\u00f3n absolutamente segura sobre su estado de gracia, tampoco le es dado observar en forma propia y adecuada el desarrollo del proceso de la j. Por eso su descripci\u00f3n es todav\u00ed\u00ada hoy (como en Tom\u00e1s de Aquino) m\u00e1s bien una enumeraci\u00f3n y estructuraci\u00f3n de los elementos implicados en la aceptaci\u00f3n de la j. otorgada por Dios. Y esto especialmente por cuanto cabe pensar (como Tom\u00e1s) que los actos preparatorios para la j. proceden de la gracia justificante meramente ofrecida, y que s\u00f3lo pueden distinguirse entre s\u00ed\u00ad en cuanto son actos de recepci\u00f3n de la gracia justificante con diversa profundidad y amplitud existenciales.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: Cf. antig. bibl. en RGG3 V 825-846 y LThK2 VIII 1033-1050. &#8211; H. K\u00fcng, La justificaci\u00f3n seg\u00fan Karl Barth (Estela Ba 1967); Die evangelische Lehre von der Rechtfertigung Ausgewllhit und eingeleitet von E. Kinder (Ltlneburg 1957); W. Dantine, Die Gerechtmachung der Gottlosen (Mn 1959); H. Braun (Qumram): ZThK 56 (1959) 1-18; S. Schulz, Zur Rechtfertigung aus Gnaden in Qumran und bei Paulus: ibid. 155-185; W. Grundmann: Revue de Qnmran 2 (P 1960) 237-259; U. K\u00fchn, Zum Gespr\u00fcch mit der r\u00f3m.-kath. Theologie \u00fcber die Rechtfertigungslehre: Bekenntnis zur Kirche (homenaje a O. Sommerlath) (B 1960) 220-236; H. J. Iwand, Rechtfertigungs-lehre und Christusglaube (Mn 1961); E. Kasemann, Gottesgerechtigkeit bei Paulus: ZThK 58 (1961) 367-378; Rahner IV 245-282, VI 256-270; G. Eichholz, Glaube und Werke bei Paulus und Jakobus (Mn 1961); W. Dettloff, Die Entwicklung der Akzeptionsund Verdienstlehre von Duns Scotus bis Luther mit besonderer Ber\u00fccksichtigung der Franziskanertheologie (Mr 1963); W. Joest, Die tridentinische Rechtfertigungslehre: KuD 9 (1963) 41-69; W. Schmidthals, Paulus und Jakobus (G\u00f3 1963); R. Walker, Allein aus Werken. Zur Auslegung von Jakobus 2, 14-26: ZThK 61 (1964) 155-192; U. Wilckens &#8211; G. Klein, Exegetische Probleme in R\u00f3mer 3, 21 &#8211; 4, 25: EvTh 24 (1964) 586-610 676-683; A. Peters, Reformatorische Rechtfertigungsbotschaft zwischen tridentinischer Rechtfertigungslehre und gegenw\u00fcrtigem ev. Verstfndnis: Luther-Jahrbuch 31 (H 1964) 77-128; A. Kdberle, Rechtfertigung, Glaube und nenes Leben (G\u00fc 1965); E. Lohse, Taufe und Rechtfertigung bei Paulus: KuD 11 (1965) 308-324; Schmaus D6 II1\/2; Rechtfertigung heute. Studien und Berichte (St &#8211; B 1965); M. Greschat, Melanchthon neben Luther. Studien zur Gestalt der Rechtfertigungslehre zwischen 1528 und 1537 (Witten 1965); H. H\u00fcbner, Rechtfertigung und Heiligung in Luthers R\u00f3merbriefvorlesung. Ein systematischer Entwurf (Witten 1965); P. Manns, Fides absoluta &#8211; fides incarnata. Zur Rechtfertigungslehre Luthers im groBen Galater-Kommentar: Reformata reformanda I (homenaje a H. Jedin) (Mr 1965) 265-312; E. Wolf, Die Rechtfertigungslehre als Mitte und Grenze reformatorischer Theologie: Peregrinatio II (Mn 1965) 11-21; R. Franco, Naturaleza y persona en la justificaci\u00f3n del pecador: Est. Ecl., 1965 61-84; H. Bieri, Gotteserkenntnis und Rechtfertigung: Parrhesia (homenaje a K. Barth) (Z 1966) 321-345; W. Dantine, Rechtfertigung und Gottesgerechtigkeit: Verk\u00fcndigung und Forschung. Beihefte zu EvTh 11 (1966) 68-100; H. Volk, Die Lehre von der Rechtfertigung nach den Bekenntnisschriften der ev.-luth. Kirche: Gesammelte Schriften II (Mz 1966) 31-64; K. Kertelge, Rechtfertigung bei Paulus. Studien zur Struktur und zum Bedeutungsgehalt des paulinischen Rechtfertigungsbegriffs (Mr 1967); K. J. Becker, Die Rechtfertigungslehre nach Domingo de Soto. Das Denken Bines Konzilsteilnehmers vor, in und nach Trient (R 1967); H. K\u00fcng, Katholische Besinnung auf Luthers Rechtfertigungslehre heute: Theologie fin Wandel (homenaje a la facultad teol\u00f3gica de Tubinga) (Mn &#8211; Fr 1967) 449468; O. H. Pesch, Theologie der Rechtfertigung bei M. Luther und Thomas von Aquin. Versuch cines systematisch-theologischen Dialogs (Mz 1967); U. K\u00fchn, Die Rechtfertigungslehre des Thomas v. Aquin in evangelischer Sicht: Oecumenica. Jahrbuch f\u00fcr \u00f3kumenische Forschung (G\u00fc 1967) 59-94; Adam II passim; A. Hasler, Luther in der katholischen Dogmatik. Darstellung seiner Rechtfertigungslehre in den katholischen Dogmatikb\u00fcchem (Mn 1968).<\/p>\n<p>Karl Rahner<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n<p>Ser justificado es normalmente hacer uno que triunfe su causa sobre la de un adversario, hacer que resplandezca su derecho. Pero no es necesario que esto suceda delante de un tribunal ni que el adversario sea un *enemigo. El campo de la justicia es incomparablemente m\u00e1s vasto que el de la ley y hasta que el de las costumbres. Toda relaci\u00f3n humana comporta su *justicia, su norma propia: respetarla es tratar a cada uno de aquellos con quienes uno est\u00e1 en contacto con el matiz exacto que le conviene, y que no est\u00e1 determinado \u00fanicamente al exterior por su gesto en la sociedad y por los gestos que realiza, sino tambi\u00e9n y m\u00e1s profundamente por su ser mismo, sus dotes y sus necesidades. Ser justo es hallar la actitud exacta que conviene adoptar con cada uno; ser justificado es, en caso de *prueba o de debate, demostrar uno no tanto su inocencia cuanto la justeza de todo su comportamiento, es hacer que resplandezca su propia justicia.<\/p>\n<p>I. SER JUSTIFICADO DELANTE DE DlOS. Querer ser justificado delante de Dios, pretender tener raz\u00f3n contra \u00e9l parece una cosa impensable; lejos de aventurarse a ello, teme uno sobre todo que Dios mismo tome la iniciativa de una discusi\u00f3n cuyo resultado es de antemano fatal: \u00abNo entres en juicio con tu servidor; ning\u00fan viviente ser\u00e1 justificado delante de ti\u00bb (Sal 143,2), porque \u00absi t\u00fa retienes las faltas,&#8230; \u00bfqui\u00e9n, pues, subsistir\u00e1?\u00bb (Sal 130,3). La sabidur\u00ed\u00ada est\u00e1 en *confesar uno su pecado y, en silencio, dejar que Dios haga brillar su justicia: \u00abT\u00fa eres justo cuando juzgas\u00bb (Sal 51,6).<\/p>\n<p>En el fondo, lo extra\u00f1o no es que el hombre nunca sea justificado delante de Dios, sino m\u00e1s bien que pueda concebir esta idea y que la Biblia no parezca hallarla monstruosa. Job sabe, s\u00ed\u00ad, que \u00abel hombre no puede tener raz\u00f3n contra Dios\u00bb (Job 9,2), que \u00ab\u00e9l no es un hombre&#8230;\u00bb y que es \u00abimposible discutir, comparecer juntos en justicia\u00bb (9,32); sin embargo, no puede renunciar a \u00abproceder en justicia, consciente de estar en [su] derecho\u00bb (13,18s). Una vez que Dios es justo, Job no tiene nada que temer de esta confrontaci\u00f3n, en la que \u00abDios hallar\u00ed\u00ada en su adversario a un hombre recto\u00bb y Job \u00abhar\u00ed\u00ada triunfar [su] causa\u00bb (23,7). En realidad Dios mismo, aun reduciendo a Job al silencio, si bien lo convence de necedad y de ligereza (38, 2; 40,4), no por eso le quita la raz\u00f3n en el fondo. Y en la *fe de *Abraham reconoce un gesto por el que el patriarca, aunque no adquiere una ventaja para con \u00e9l, por lo menos responde exactamente a lo que de \u00e9l esperaba (G\u00e9n 15,6).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, el AT plantea la justificaci\u00f3n del hombre ante Dios a la vez como una hip\u00f3tesis irrealizable y como una situaci\u00f3n para la que ha sido hecho el hombre. Dios es justo, lo cual quiere decir que nunca le falta la raz\u00f3n y que nadie puede disputar con \u00e9l (Is 29,16; Jer 12,1), pero esto quiere &#8216; quiz\u00e1 tambi\u00e9n decir que, sabiendo de qu\u00e9 barro nos ha hecho y para qu\u00e9 *comuni\u00f3n nos ha creado, no renuncia, precisamente en nombre de su justicia y por consideraci\u00f3n para con la criatura, a hacerla capaz de ser delante de \u00e9l lo que exactamente debe ser, justa.<\/p>\n<p>II. JUSTIFICADOS EN JESUCRISTO. Lo que el AT deja quiz\u00e1 presentir, el legalismo jud\u00ed\u00ado en que hab\u00ed\u00ada sido educado el *fariseo Pablo cre\u00ed\u00ada seguramente, si ya no poderlo alcanzar, por lo menos deber tender a ello: puesto que la *ley es la expresi\u00f3n de la *voluntad de Dios y la ley est\u00e1 al alcance del hombre (cf. Dt 30,11 -en realidad, al alcance de su inteligencia : inteligible y f\u00e1cil de conocer) -, basta que el hombre la observe \u00ed\u00adntegramente para que pueda presentarse delante de Dios y ser justificado. El error del fariseo est\u00e1 no en este sue\u00f1o de poder tratar a Dios seg\u00fan la justicia, como merece ser tratado; el error est\u00e1 en la ilusi\u00f3n de creer poder lograrlo por sus propios recursos, en querer sacar de s\u00ed\u00ad mismo la actitud que alcanza a Dios y que Dios espera de nosotros. Esta perversi\u00f3n esencial del\u2020\u00a2 coraz\u00f3n que quiere tener \u00abel derecho de gloriarse delante de Dios\u00bb (Rom 3,27), se traduce por un error fundamental en la interpretaci\u00f3n de la *alianza, que disocia la ley y las *promesas, que ve en la ley el medio de ser justo delante de Dios y olvida que esta misma *fidelidad no puede ser sino la obra de Dios, el cumplimiento de su *palabra.<\/p>\n<p>Ahora bien, Jesucristo fue realmente \u00abel justo\u00bb (Act 3,14); fue delante de Dios exactamente lo que Dios esperaba, el *siervo en el que el Padre pudo al fin complacerse (Is 42,1; Mt 3,17); supo \u00abcumplir toda justicia\u00bb hasta el fin (Mt 3,15) y muri\u00f3 para que Dios fuera glorificado (Jn 17,1.4), es decir, apareciera delante del mundo con toda su grandeza y su m\u00e9rito, digno de todos los sacrificios y capaz de ser amado m\u00e1s que nada (Jn 14,30). En esta muerte, que apareci\u00f3 como la de un reprobado (Is 53,4; Mt 27,43-46), hall\u00f3 Jes\u00fas en realidad su justificaci\u00f3n, el reconocimiento por Dios de la obra realizada (Jn 16,10), que Dios mismo proclam\u00f3 *resucit\u00e1ndolo y poni\u00e9ndolo en plena posesi\u00f3n del *Esp\u00ed\u00adritu (lTim 3,16).<\/p>\n<p>Pero la resurrecci\u00f3n de Jesucristo tiene por fin \u00abnuestra justificaci\u00f3n\u00bb (Rom 4,25). Lo que no pod\u00ed\u00ada operar la ley y que, por el contrario, mostraba como categ\u00f3ricamente descartado, es un don que nos hace la *gracia de Dios en la *redenci\u00f3n de Cristo (Rom 3,23s). Este don no es un mero \u00abcomo Si)), una condescendencia indulgente por la que Dios, viendo a su Hijo \u00fanico perfectamente justificado ante \u00e9l, consintiera en considerarnos como justificados por raz\u00f3n de nuestros v\u00ed\u00adnculos con \u00e9l. Para designar un simple veredicto de gracia y de absoluci\u00f3n no habr\u00ed\u00ada empleado san Pablo la palabra justificaci\u00f3n, que significa, por el contrario, el reconocimiento positivo del derecho puesto en litigio, la confirmaci\u00f3n de la justeza de la posici\u00f3n adoptada. El gesto por el que Dios nos justifica, no lo habr\u00ed\u00ada atribuido a su justicia, sino a su pura *misericordia. Ahora bien, la verdad es que en Cristo \u00abquiso Dios mostrar su justicia&#8230; a fin de ser justo y de justificar a todo el que invoca su fe en Jes\u00fas)) (Rom 3,26).<\/p>\n<p>Evidentemente, Dios manifiesta su justicia primero para con su *Hijo \u00abentregado por nuestras culpas\u00bb (Rom 4,25) y que, por su *obediencia y su justicia, mereci\u00f3 para una multitud la justificaci\u00f3n y la justicia(Rom 5,16-19). Pero el que Dios otorgue a Jesucristo merecer nuestra justificaci\u00f3n no quiere decir que en atenci\u00f3n a \u00e9l consienta en tratarnos como a justos: esto quiere decir que en Jesucristo nos hace capaces de adoptar la actitud exacta que espera de nosotros, de tratarle como se merece, de darle efectivamente la justicia a que tiene derecho, en una palabra, de ser realmente justificados delante de \u00e9l. As\u00ed\u00ad Dios es justo consigo mismo, sin rebajar nada del honor y de la *gloria a que tiene derecho, y es justo con sus criaturas, a las que concede, por pura gracia, pero por una gracia que las afecta en lo m\u00e1s profundo de ellas mismas, hallar para con \u00e9l la actitud justa, tratarle como quien es, el *Padre, es decir, ser realmente sus hijos (Rom 8,14-17; lJn 3,1s).<\/p>\n<p>III. JUSTIFICADOS POR LA FE. Esta regeneraci\u00f3n interior por la que Dios nos justifica no tiene nada de transformaci\u00f3n m\u00e1gica; se efect\u00faa realmente en nosotros, en nuestros gestos y en nuestras reacciones, pero desposey\u00e9ndonos de nuestro apego a nosotros mismos, de nuestra propia gloria (cf. Jn 7,18), y lig\u00e1ndonos a Cristo en la *fe (Rom 3,28ss). En efecto, creer en Jesucristo es reconocer en \u00e9l al que el Padre ha enviado, es prestar adhesi\u00f3n a sus palabras, es arriesgarlo todo por su *reino, es \u00abconsentir en perderlo todo&#8230; a fin de ganar a Cristo\u00bb, en sacrificar uno \u00ab[su] propia justicia, la que viene de la ley\u00bb para recibir \u00abla justicia&#8230; que viene de Dios y se apoya en la fe\u00bb (F1p 3,8s). Creer en Jesucristo es \u00abreconocer el amor que Dios nos tiene\u00bb y confesar que \u00abDios es *Amor\u00bb (Un 4,16), es llegar al centro de su *misterio, ser justo.<\/p>\n<p>-> Fe &#8211; Gracia &#8211; Juicio &#8211; Justicia &#8211; Ley &#8211; Proceso &#8211; Promesas &#8211; Redenci\u00f3n.<\/p>\n<p>LEON-DUFOUR, Xavier, Vocabulario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, Herder, Barcelona, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Vocabulario de las Ep\u00edstolas Paulinas<\/b><\/p>\n<p><p style='text-align:justify;'><span ><\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>I. Significado de t\u00e9rmino<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>\u201cJustificar\u201d (heb. <\/span><span style=''>&#7779;<sup>e<\/sup>&#7695;&#257;q<\/span><span lang=ES style=''>; gr. [ <span style='text-transform:uppercase'>LXX<\/span> y <etiqueta id=\"#_ftn790\" name=\"_ftnref790\" title=\"\">NTS] <\/etiqueta><\/span><span style=' '>dikaio&#333;<\/span><span lang=ES style=''>) es t\u00e9rmino forense que significa \u201cabsolver\u201d, \u201cdeclarar justo\u201d, lo opuesto de \u201ccondenar\u201d (cf. Dt. 25.1; Pr. 17.15; Ro. 8.33). Justificar es la acci\u00f3n del juez. Desde el punto de vista del litigante, en consecuencia, \u201cser justificado\u201d significa \u201cconseguir el veredicto\u201d (Is. 43.9, 26).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>En la Escritura, Dios es \u201cel Juez de toda la tierra\u201d (Gn. 18.25), y su trato con los hombres se describe constantemente en t\u00e9rminos forenses. Lo que Dios requiere de los hombres es justicia, o sea conformidad con su ley, y muestra su propia justicia como Juez al tomar venganza contra los que no la cumplen (cf. Sal. 7.11; Is. 5.16; 10.22; Hch. 17.31; Ro. 2.5; 3.5s). No hay esperanza para nadie si el veredicto de Dios le es contrario. Como Dios es Rey, la idea de que \u00e9l es quien justifica puede tener un aspecto ejecutivo adem\u00e1s del judicial. Como juez mon\u00e1rquico ideal en Israel, no s\u00f3lo dictaminar\u00e1 a favor del acusado, sino que se ocupar\u00e1 de ejecutar activamente el veredicto, mostrando favor hacia \u00e9l y rehabilit\u00e1ndolo p\u00fablicamente. El verbo \u201cjustificar\u201d puede orientarse hacia una u otra de esas acciones de Dios. Por ejemplo, la justificaci\u00f3n de Israel y el Siervo, que aparece en Is. 45.25; 50.8, es vindicaci\u00f3n p\u00fablica mediante un cambio en su suerte. La justificaci\u00f3n de los pecadores de que habla Pablo, en cambio, es simplemente un veredicto favorable. Por cierto que Pablo cree que Dios muestra su favor hacia aquellos que ha absuelto, pero utiliza otros t\u00e9rminos para describirlo (adopci\u00f3n, etc.). Tambi\u00e9n se usa \u201cjustificar\u201d para la atribuci\u00f3n de justicia en contextos no forenses. Se dice que los hombres justifican a Dios cuando declaran que es justo (Lc. 7.29; cf. Ro. 3.4, que cita al Sal. 51.4), y a s\u00ed mismos al declararse justos ellos tambi\u00e9n (Job 32.2; Lc. 10.29; 16.15). Ir\u00f3nicamente, se dice que Jerusal\u00e9n \u201cjustific\u00f3\u201d a Sodoma y Samaria al superarlas en cuanto a pecado (!) (Ez. 16.51). El pasivo puede denotar vindicaci\u00f3n por medio de acontecimientos contrarios a la sospecha, la cr\u00edtica, y la desconfianza (Mt. 11.19; Lc. 7.35; 1 Ti. 3.16; cf. Stg. 2.21, 24s, para lo cual v\u00e9ase inf.). Falta apoyo l\u00e9xico para la opini\u00f3n de Cris\u00f3stomo, Agust\u00edn, y el concilio de Trento, seg\u00fan los cuales cuando Pablo y Santiago hablan de la justificaci\u00f3n actual se refieren a la obra divina de <i>hacer <\/i>justo por renovaci\u00f3n interior, a la vez que <i>contar <\/i>como justo por la remisi\u00f3n de los pecados. Aparentemente Santiago no quiere significar ninguno de los dos, y Pablo solamente el \u00faltimo concepto. Los sin\u00f3nimos que emplea Pablo para \u201cjustificar\u201d son \u201ccontar por justicia\u201d, \u201cperdonar (cubrir) los pecados\u201d, \u201cno inculpar de pecado\u201d (v\u00e9ase Ro. 4.5\u20138), frases que expresan la idea, no de una transformaci\u00f3n interior, sino del otorgamiento de una posici\u00f3n legal y de la cancelaci\u00f3n de una responsabilidad legal. Para Pablo la justificaci\u00f3n es juicio que recae sobre el hombre, y no algo que se efect\u00faa dentro de \u00e9l. Ambas cosas van juntas, pero son diferentes.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>II. La justificaci\u00f3n seg\u00fan Pablo<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>De las 39 veces que el verbo \u201cjustificar\u201d aparece en el NT, 29 pertenecen a ep\u00edstolas o expresiones de Pablo, como ocurre con las dos veces que aparece el sustantivo correspondiente, <\/span><span style='font-family: \"Charis SIL\"'>dikaiosis<\/span><span lang=ES style=''> (Ro. 4.25; 5.18). Esto refleja el hecho de que de los escritores neotestamentarios solamente Pablo toma como elemento b\u00e1sico de su soteriolog\u00eda el concepto de la justificaci\u00f3n. Para Pablo la justificaci\u00f3n es <i>la acci\u00f3n de Dios de remitir los pecados de los hombres culpables, y considerarlos justos, gratuitamente, por su gracia, mediante la fe en Cristo, sobre la base, no de sus propias obras sino de la obediencia a la ley y el derramamiento redentor de su sangre por parte del se\u00f1or Jesucristo, en representaci\u00f3n de ellos<\/i>. (Para las partes de esta definici\u00f3n v\u00e9ase Ro. 3.23\u201326; 4.5\u20138; 5.18s). La doctrina paulina de la justificaci\u00f3n es su modo caracter\u00edstico de formular la verdad central del evangelio, de que Dios perdona a los pecadores que creen. Teol\u00f3gicamente, se trata de la expresi\u00f3n m\u00e1s altamente perfeccionada de esta doctina en el NT. En Romanos, Pablo presenta el evangelio como algo que revela la \u201cjusticia de Dios\u201d (1.17). Esta frase tiene una doble referencia: 1 a la posici\u00f3n del hombre justo, que Dios confiere gratuitamente por medio de Cristo a los pecadores que creen (\u201cel don de la justicia\u201d, Ro. 5.17; cf. 3.21s; 9.30; 10.3\u201310; 2 Co. 5.21; Fil. 3.9); 2 a la manera en que el evangelio revela a Dios como el que hace lo que es justo, no solamente juzgando a los transgresores como se lo merecen (2.5; 3.5s), sino tambi\u00e9n cumpliendo su promesa de enviar la salvaci\u00f3n a Israel (3.4s), y justificando a los pecadores de manera tal que se cumplan en ellos sus propias exigencias judiciales (3.25s). Por lo tanto, \u201cla justicia de Dios\u201d es un concepto preponderantemente forense, que indica la benevolente obra de Dios de otorgar a los pecadores culpables una justificaci\u00f3n justificada, absolvi\u00e9ndolos en el tribunal celestial sin perjuicio para su propia justicia como Juez de ellos. Actualmente muchos eruditos encuentran el trasfondo de esta frase en algunos pasajes de Is. 40ss y los salmos en los que la \u201cjusticia\u201d y la \u201csalvaci\u00f3n\u201d de Dios aparecen como equivalentes (Is. 45.8, cf. vv. 19\u201325; 46.13; 51.3\u20136; Sal. 98.2, etc.). Quiz\u00e1s sea as\u00ed, pero como en ninguna parte Pablo cita dichos vers\u00edculos, no podemos probarlo. Tambi\u00e9n debemos recordar que la raz\u00f3n por la que estos textos llaman \u201cjusticia\u201d a la vindicaci\u00f3n por Dios de su pueblo oprimido, es que se trata de un acto de fidelidad a la promesa que les hiciera en relaci\u00f3n con el pacto; mientras que Romanos se ocupa principalmente de la justificaci\u00f3n por Dios de los gentiles, que antes no constitu\u00edan su pueblo, y a quienes nada hab\u00eda prometido (cf. 9.24s; 10.19s), lo que indudablemente es una situaci\u00f3n muy distinta.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>E. Kasemann y otros llegan a la conclusi\u00f3n de que la justicia de Dios en Pablo es un benevolente ejercicio de poder, por medio del cual Dios se mantiene fiel al pueblo de su pacto (cumpliendo su promesa de salvarlos) y a la creaci\u00f3n cautiva (restableciendo su dominio sobre ella). Ambos pensamientos son paulinos, pero es dudoso que como se afirma) \u201cjusticia\u201d en Ro. 3.25\u201326 y \u201cjusto\u201d en el vv. 26 se refieran solamente a la fidelidad de la gracia que salva a los necesitados y no a la retribuci\u00f3n judicial (cf. 2.5; 3.5) que salva a los culpables al desviar la culpa hacia aquel que fue enviado en *propiciaci\u00f3n. Esta \u00faltima ex\u00e9gesis concuerda mejor con el curso del pensamiento, ya que la idea anterior no puede explicar por qu\u00e9 aparece \u201cy\u201d en la frase \u201cel justo, y el que justifica\u201d, desde el momento que en esas palabras dicha ex\u00e9gesis encuentra un s\u00f3lo pensamiento, no dos.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Se ha planteado la cuesti\u00f3n de si la doctrina paulina d\u00e9 la justificaci\u00f3n por la fe sin las obras no es m\u00e1s que un elemento de controversia, desplegado simplemente como arma contra los judaizantes. Pero los siguientes puntos indican que fue algo m\u00e1s que eso.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>1. Evidentemente la Ep\u00edstola a los Romanos debe leerse como una declaraci\u00f3n completa del evangelio seg\u00fan Pablo, y su base es la doctrina de la justificaci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>2. En tres partes escribe Pablo en t\u00e9rminos personales acerca de las convicciones que hicieron de \u00e9l el hombre y el misionero que lleg\u00f3 a ser, y las tres est\u00e1n expresadas en t\u00e9rminos vinculados con la justificaci\u00f3n (G\u00e1. 2.15\u201321; 2 Co. 5.16\u201321; Fil. 3.4\u201314). En Ro. 7.7ss Pablo describe su necesidad personal de Cristo en relaci\u00f3n con la condenaci\u00f3n de la ley, necesidad que s\u00f3lo la sentencia justificatoria de Dios en Cristo pod\u00eda satisfacer (cf. Ro. 8.1s; G\u00e1. 3.19\u20134.7). Evidentemente la religi\u00f3n personal de Pablo estaba arraigada en el conocimiento de su justificaci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>3. Para Pablo, la justificaci\u00f3n es el acto fundamental de bendici\u00f3n de Dios, porque salva del pasado y ofrece seguridad para el futuro. Por una parte significa perd\u00f3n y la finalizaci6n de las hostilidades entre Dios y nosotros (Hch. 13.39; Ro. 4.6s; 5.9s), por otra aceptaci\u00f3n y derecho a todas las bendiciones prometidas a los justos, pensamiento que Pablo desarrolla al relacionar la justificaci\u00f3n con la adopci\u00f3n y la herencia (G\u00e1. 4.4ss; Ro. 8.14ss). Ambos aspectos aparecen en Ro. 5.1\u20132, pasaje en el que Pablo dice que la justificaci\u00f3n nos trae la paz con Dios (porque los pecados son remitidos) y la esperanza de la gloria de Dios (porque se acepta al pecador como justo). Esta esperanza es segura; porque la justificaci\u00f3n tiene significaci\u00f3n escatol\u00f3gica. Es el juicio del \u00faltimo d\u00eda tra\u00eddo al presente, como veredicto final e irreversible. En consecuencia, el hombre justificado puede estar seguro de que nada lo separar\u00e1 jam\u00e1s del amor de su Dios (Ro. 8.33\u201339; cf. 5.9). Su glorificaci\u00f3n es segura (Ro. 8.30). La futura comparecencia ante el trono de Cristo (Ro. 14.10ss; 2 Co. 5.10) puede privarlo de determinadas recompensas (1 Co. 3.15), pero no de su posici\u00f3n como persona justificada.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>4. Como punto de referencia b\u00e1sico de la doctrina paulina de la salvaci\u00f3n se encuentra la justificaci\u00f3n. Su creencia sobre la justificaci\u00f3n es la fuente de donde surge su visi\u00f3n del cristianismo como religi\u00f3n mundial de gracia y fe, en la que jud\u00edos y gentiles se hallan en pie de igualdad (Ro. 1.16; 3.29ss; G\u00e1. 3.8\u201314, 28s, etc.). Es en t\u00e9rminos de justificaci\u00f3n que el ap\u00f3stol explica la gracia (Ro. 3.24; 4.4s, 16), la significaci\u00f3n salv\u00edfica de la obediencia y muerte de Cristo (Ro. 3.24s; 5.16ss), la revelaci\u00f3n del amor de Dios en la cruz (Ro. 5.5\u20139), el significado de la redenci\u00f3n (Ro. 3.24; G\u00e1. 3.13; Ef. 1.7) y la reconciliaci\u00f3n (2 Co. 5.18s), la relaci\u00f3n del pacto (G\u00e1. 3.15ss), la fe (Ro. 4.23ss; 10.8ss), la uni\u00f3n con Cristo (Ro. 8.1; G\u00e1. 2.17), la adopci\u00f3n y el don del Esp\u00edritu (G\u00e1. 4.6\u20138; Ro. 8.10, cf. vv. 15), y la seguridad cristiana (Ro. 5.1\u201311; 8.33ss). Pablo explica todas las insinuaciones, profec\u00edas, y ejemplos de salvaci\u00f3n en el AT, en t\u00e9rminos relacionados con la justificaci\u00f3n (Ro. 1.17; G\u00e1. 3.11, que cita Hab. 2.4; Ro. 3.21; 4.3\u20138, que cita Gn. 15.6; Sal. 32.1s; Ro. 9.22\u201310.21, que cita Os. 2.23; 1.10; Is. 8.14; Jl. 2.32; Is. 65.1, etc.; Ro. 11.26s, que cita Is. 59.20s; G\u00e1. 3.8, que cita Gn. 12.3; G\u00e1. 4.21ss, que cita Gn. 21.10; etc.).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>5. La justificaci\u00f3n es la clave de la filosof\u00eda paulina de la historia. El ap\u00f3stol sostiene que el prop\u00f3sito central y amplio de Dios, en su ordenamiento de la historia del mundo desde la ca\u00edda, ha sido el de llevar a los pecadores a la justificaci\u00f3n por la fe. Pablo nos dice que Dios se ocupa de la humanidad por medio de dos hombres representativos: \u201cel primer hombre, Ad\u00e1n\u201d, y el \u201csegundo hombre\u201d, que es el \u201c\u00faltimo Ad\u00e1n\u201d, Jesucristo (1 Co. 15.45ss; Ro. 5.12ss). El primer hombre, por su desobediencia, trajo condenaci\u00f3n y muerte a la raza humana; el segundo hombre, por su obediencia, se convirti\u00f3 en autor de la justificaci\u00f3n y la vida para todos los que tienen fe (Ro. 5.16ss). Desde la \u00e9poca de la ca\u00edda de Ad\u00e1n, la muerte rein\u00f3 universalmente, aunque todav\u00eda no se conoc\u00eda bien el pecado (Ro. 5.12ss). Pero Dios hizo un pacto con Abraham y su familia, lo justific\u00f3 por su fe, y le prometi\u00f3 que en su simiente (o sea por medio de uno de sus descendientes) todas las naciones ser\u00edan bendecidas (e. d. justificadas) (G\u00e1. 3.6\u20139, 16; Ro. 4.3, 9\u201322). Posteriormente, por medio de Mois\u00e9s Dios revel\u00f3 su ley a la familia de Abraham. La ley estaba destinada, no a proporcionar la salvaci\u00f3n, sino el conocimiento del pecado. Al detectar y provocar las transgresiones deb\u00eda ense\u00f1ar a los israelitas su necesidad de justificaci\u00f3n, actuando de esa manera como <\/span><span style=''>paidag&#333;gos<\/span><span lang=ES style=''> (el esclavo de la familia que lleva a los ni\u00f1os a la escuela) para llevarlos a Cristo (G\u00e1. 3.19\u201324; Ro. 3.20; 5.20; 7.5; 7\u201313). Esta \u00e9poca de educaci\u00f3n divina preparatoria dur\u00f3 hasta la venida de Cristo (G\u00e1. 3.23\u201325; 4.1\u20135). El efecto de la obra de Cristo fue la abolici\u00f3n de la barrera de exclusivismo que hab\u00eda erigido entre los jud\u00edos la posesi\u00f3n por parte de Israel de la ley y la promesa (Ef. 2.14ss). Por medio de Cristo pod\u00eda predicarse ahora la justificaci\u00f3n por la fe tanto a jud\u00edos como a gentiles sin distinci\u00f3n, porque en Cristo todos los creyentes ven\u00edan a ser simiente de Abraham e hijos de Dios, y herederos de la promesa (G\u00e1. 3.26\u201329). Desgraciadamente, en esta situaci\u00f3n la mayor parte de los jud\u00edos result\u00f3 ser legalista, y procur\u00f3 establecer una justicia propia por medio de las obras de la ley, y se neg\u00f3 a creer que la fe en Cristo fuera el camino que Dios ofrece para llegar a la justicia (Ro. 9.30\u201310.21). De manera que muchas \u201cramas naturales\u201d del olivo de la comunidad hist\u00f3rica de la promesa fueron cortadas (Ro. 11.16ss), y por el momento la iglesia result\u00f3 ser predominantemente gentil; pero exist\u00eda la esperanza de que un remanente elegido del Israel ca\u00eddo, motivado por la misericordia mostrada a los gentiles, que no la merec\u00edan, llegar\u00eda a su vez a la fe y finalmente hallar\u00eda la remisi\u00f3n de sus pecados (Ro. 11.23\u201332). De este modo, tanto jud\u00edos como gentiles ser\u00edan salvados, no por sus propias obras y esfuerzos, sino por la gracia gratuita de Dios, que justifica al desobediente y al imp\u00edo; y toda la gloria de la salvaci\u00f3n ser\u00e1 de Dios solo (Ro. 11.30\u201336).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Estas consideraciones apuntan a la centralidad de la justificaci\u00f3n en el pensamiento teol\u00f3gico y religioso de Pablo.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>III. Los fundamentos de la justificaci\u00f3n<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>Como dice Pablo en Romanos, parecer\u00eda que la doctrina de la justificaci\u00f3n plantea un problema de teodicea. El fondo, expresado en 1.18\u20133.20, es la solidaridad de la humanidad en el pecado, y la inevitabilidad del juicio. En 2.5\u201316 Pablo presenta su doctrina del d\u00eda del juicio. El principio del juicio, dice, ser\u00e1 \u201ca cada uno conforme a sus obras\u201d (v. 6). La norma a aplicarse en el juicio ser\u00e1 la ley de Dios, en la forma m\u00e1s elevada que conocen los hombres (si no la ley mosaica, entonces la ley de la conciencia, vv. 12\u201315). Las pruebas ser\u00e1n \u201clos secretos de los hombres\u201d (v. 16). Solamente los que guardan la ley pueden esperar ser justificados (vv. 7, 10, 12s). Y no hay quien puede guardarla. Nadie es justo, todos han pecado (3.9ss). En consecuencia, lo que queda por delante es la condenaci\u00f3n universal, tanto para los jud\u00edos como para los gentiles, porque el jud\u00edo que viola la ley no es m\u00e1s aceptable a Dios que los dem\u00e1s (2.17\u201327). Aparentemente todos est\u00e1n condenados; \u201cning\u00fan ser humano ser\u00e1 justificado delante de \u00e9l\u201d (3.20, que se hace eco del Sal. 143.2). Pero ahora Pablo proclama la justificaci\u00f3n presente de los pecadores que creen (3.21ss). Dios considera justo al injusto y justifica al imp\u00edo (3.23s; 4.5s). La cualidad (deliberadamente [?]) parad\u00f3jica de la \u00faltima frase se ve realzada por el uso de estas mismas palabras gr. en la <span style='text-transform:uppercase'>LXX<\/span> de Ex. 23.7 (\u201cNo justificar\u00e9 el imp\u00edo\u201d) e Is. 5.22s (\u201c\u00a1Ay de los que \u2026 justifican al imp\u00edo \u2026!\u201d). Surge el siguiente interrogante: \u00bfSobre qu\u00e9 fundamento puede Dios justificar al imp\u00edo sin comprometer su propia justicia como Juez?<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Pablo sostiene que Dios justifica a los pecadores sobre una base justa: a saber, que Jesucristo, actuando en representaci\u00f3n de ellos, ha satisfecho las demandas de la ley de Dios. \u00c9l fue \u201cnacido bajo la ley\u201d (G\u00e1. 4.4) a fin de cumplir el precepto y cargar con la pena impuesta por la ley en lugar de ellos. Con su *\u201csangre\u201d (e. d. su muerte) quit\u00f3 los pecados de ellos (Ro. 3.25; 5.9). Por su obediencia a Dios gan\u00f3 para todo su pueblo la posici\u00f3n de cumplidores de la ley (Ro. 5.19). Se hizo \u201cobediente hasta la muerte (Fil. 2.8); tras su vida de justicia padeci\u00f3 la muerte de los injustos, y llev\u00f3 la maldici\u00f3n penal impuesta por la ley (G\u00e1. 3.13; cf. Is. 53.4\u201312). En su persona los pecados de su pueblo fueron juzgados y expiados en la cruz. Por este acto de \u201cjusticia de uno\u201d\u2014su vida y muerte impecables\u2014\u201cvino a todos los hombres a justificaci\u00f3n de vida\u201d (Ro. 5.18). Es as\u00ed que los creyentes son hechos \u201cjusticia de Dios\u201d en y por el que \u201cno conoci\u00f3 pecado\u201d personalmente, pero que en forma representativa fue hecho pecado\u201d (tratado como pecador y juzgado) en lugar de ellos (2 Co. 5.21). En consecuencia, dice Pablo que \u201cCristo \u2026 nos ha sido hecho por Dios justicia\u201d (1 Co. 1.30). Este es el pensamiento que se expresaba en la antigua teolog\u00eda protestante mediante la frase \u201cla imputaci\u00f3n de la justicia de Cristo\u201d. Esta frase no se encuentra en Pablo, pero s\u00ed su significado. El punto que hace resaltar es que los creyentes son considerados justos ante Dios (Ro. 5.19) al ser admitidos por \u00e9l a compartir la posici\u00f3n de Cristo, aceptos en \u00e9l. En otras palabras, Dios los trata seg\u00fan los m\u00e9ritos de Cristo. No hay nada arbitrario o artificial en esto, porque Dios reconoce la existencia de una real uni\u00f3n de solidaridad pactual entre ellos y Cristo. Para Pablo la uni\u00f3n con Cristo no es ficci\u00f3n sino un hecho, el hecho b\u00e1sico, en realidad, del cristianismo; y su doctrina de la justificaci\u00f3n es simplemente el primer paso en el an\u00e1lisis de su significado. De modo que es \u201cen Cristo\u201d (G\u00e1. 2.17; 2 Co. 5.21) en quien son justificados los pecadores. Dios los considera justos, no porque considere que han cumplido la ley personalmente (lo cual ser\u00eda juzgar falsamente), sino porque considera que est\u00e1n \u201cen\u201d aquel que guard\u00f3 la ley de Dios en representaci\u00f3n de ellos (lo que constituye un juicio verdadero). De modo que cuando Dios justifica a los pecadores sobre la base de la obediencia y la muerte de Cristo, act\u00faa justicieramente. Lejos de comprometer su justicia legal, este m\u00e9todo de justificaci\u00f3n en realidad la exhibe. Est\u00e1 destinado a \u201cmanifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados [e. d. en la \u00e9poca del AT], con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que \u00e9l sea justo, y el que justifica al que es de la fe de Jes\u00fas (Ro. 3.25s). Se repiten los t\u00e9rminos claves para dar \u00e9nfasis, porque la cuesti\u00f3n es crucial. El evangelio que proclama la aparente violaci\u00f3n, por parte de Dios, de su justicia, en realidad revela su justicia. Por este m\u00e9todo de justificar a los pecadores, Dios (en otro sentido) se justifica a s\u00ed mismo; porque al enviar a Cristo como propiciaci\u00f3n por los pecados, en quien fue juzgado y castigado el pecado humano como correspond\u00eda, en realidad Dios revel\u00f3 la base justa sobre la que pod\u00eda perdonar y aceptar a los pecadores que cre\u00edan, tanto en la \u00e9poca del AT (como efectivamente hizo; cf. Sal. 130.3s) como en la era cristiana.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>IV. Los medios de justificaci\u00f3n<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>La fe en Cristo, dice Pablo, es el medio por el cual se recibe la justicia y se otorga la justificaci\u00f3n. Los pecadores son justificados \u201cpor\u201d o \u201cpor medio de\u201d la fe (Gr. <\/span><span style=''>pistei<\/span><span lang=ES style=''>, dia o <\/span><span style=''>ek piste&#333;s<\/span><span lang=ES style=''>). Pablo no considera que la fe sea la base de la justificaci\u00f3n. Si as\u00ed fuera, se tratar\u00eda de una obra meritoria, y el ap\u00f3stol no podr\u00eda referirse al creyente como aquel \u201cque no obra\u201d (Ro. 4.5); ni podr\u00eda decir tampoco que la salvaci\u00f3n por fe se basa en la gracia (v. 16), porque la gracia excluye totalmente las obras (Ro. 11.6). Pablo cita el caso de Abraham, \u201cque crey\u00f3 \u2026 a Dios, y le fue contado por justicia\u201d, para probar que el hombre es justificado por medio de la fe, sin las obras (Ro. 4.3ss; G\u00e1. 3.6; en cita de Gn. 15.6). En Ro. 4.5, 9 (cf. vv. 22, 24) Pablo se refiere al texto de G\u00e9nesis como si ense\u00f1ara que la fe de Abraham \u201cle fue contada \u2026 por justicia\u201d. Todo lo que quiere decir, empero, como lo indica el contexto, es que la fe de Abraham\u2014la confianza plena en la promesa de Dios (vv. 18ss)\u2014fue lo que proporcion\u00f3 la ocasi\u00f3n y el medio para su justificaci\u00f3n. La frase \u201ccontada <i>eis <\/i>justicia\u201d tanto puede significar \u201cpor\u201d (por equivalencia real, o por alg\u00fan m\u00e9todo arbitrario de c\u00e1lculo), o \u201ca fin de\u201d, \u201cque lleva a\u201d, que da como resultado\u201d. Evidentemente la \u00faltima alternativa es correcta. Pablo no est\u00e1 sugiriendo que la fe, considerada como justicia, real o incoada, o como sustituto de la justicia, sea la <i>base<\/i> de la justificaci\u00f3n; Ro. 4 no se ocupa para nada de la base de la justificaci\u00f3n sino solamente de los medios para conseguirla.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>V. Pablo y Santiago<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>En la suposici\u00f3n de que Stg. 2.14\u201326 ense\u00f1a que Dios acepta a los hombres sobre la doble base de la fe y las obras, algunos han pensado que Santiago deliberadamente contradice la ense\u00f1anza paulina de la justificaci\u00f3n por la fe sin obras, suponi\u00e9ndola antin\u00f3mica (cf. Ro. 3.8). Pero este modo de pensar parece ser una interpretaci\u00f3n err\u00f3nea de lo que quiere decir Santiago. Debemos recordar que Pablo es el \u00fanico escritor del NT que emplea \u201cjustificar\u201d como t\u00e9rmino t\u00e9cnico para la acci\u00f3n de Dios de aceptar a los hombres cuando creen. Cuando Santiago habla de \u201cser justificado\u201d, parecer\u00eda que est\u00e1 utilizando la voz en el sentido m\u00e1s general de ser vindicado, o hallado genuino y recto delante de Dios y los hombres, frente a la posible duda de si uno era todo lo que pretend\u00eda ser, o se dec\u00eda que era (cf. el uso en Mt. 11.19). Cuando un hombre es justificado en este sentido, significa que se demuestra que es un creyente genuino, un creyente que ha de demostrar su fe por medio de la acci\u00f3n. Esta justificaci\u00f3n es, en efecto, manifestaci\u00f3n de la justificaci\u00f3n de que se ocupa Pablo. Santiago cita Gn. 15.6 con el mismo prop\u00f3sito que Pablo, o sea el de demostrar que fue la fe lo que asegur\u00f3 la aceptaci\u00f3n de Abraham. Pero ahora, argumenta, esta afirmaci\u00f3n se \u201ccumpli\u00f3\u201d (se confirm\u00f3, se evidenci\u00f3 como verdadera y se cumpli\u00f3, como correspond\u00eda, por medio de los hechos) 30 a\u00f1os m\u00e1s tarde, cuando Abraham \u201cfue justificado \u2026 por las obras \u2026 cuando ofreci\u00f3 a su hijo Isaac sobre el altar\u201d (v. 21). Su fe fue \u201checha perfecta\u201d, e. d. adquiri\u00f3 la expresi\u00f3n correspondiente mediante acciones apropiadas; fue as\u00ed que se demostr\u00f3 que era un verdadero creyente. El caso de Rahab es paralelo (v. 25). Lo que quiere demostrar Santiago en este p\u00e1rrafo es simplemente que la \u201cfe\u201d, o sea una simple ortodoxia como la que tienen los demonios (v. 19), no acompa\u00f1ada de buenas obras, no ofrece una base suficiente para inferir que un hombre es salvo. Pablo hubiera estado completamente de acuerdo con \u00e9l (cf. 1 Co. 6.9; Ef. 5.5s; Tit. 1.16).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=';text-transform:uppercase'>Bibliograf\u00eda.<\/span><span lang=ES style=''> \u00b0A. Nygren, <i>La ep\u00edstola de los romanos<\/i>, 1969; J. Auer, <i>El evangelio de la gracia<\/i>, 1975; F. Melanchton, <i>La justificaci\u00f3n por la fe<\/i>, 1952; P. Bonnard, \u201cJusto, justificar, justicia\u201d, <i>Vocabulario b\u00edblico<\/i>, 1973, pp. 173\u2013175; L. Berkhof, <i>Teolog\u00eda sistem\u00e1tica<\/i>, 1972, pp. 611\u2013630; J. I. Packer, \u201cJusto, justificar, justificaci\u00f3n\u201d, <etiqueta id=\"#_ftn791\" name=\"_ftnref791\" title=\"\"><i>\u00b0DT<\/i><\/etiqueta>, 1985, pp. 305\u2013309; H. Ridderbos, <i>El pensamiento del ap\u00f3stol Pablo<\/i>, 1979, pp. 182ss; F. Stagg, <i>Teolog\u00eda del Nuevo Testamento<\/i>, 1976, pp. 102ss; F. Alvarez, \u201cJustificaci\u00f3n\u201d, <i>\u00b0EBDM<\/i>, t(t). IV, cols. 805\u2013811; P. Blaser, \u201cJustificaci\u00f3n\u201d, <i>\u00b0DTB<\/i>, 1967, cols. 557\u2013566; O.H. Pesch, \u201cLa gracia como justificaci\u00f3n y santificaci\u00f3n del hombre\u201d, <i>Mysterium salutis<\/i>, 1969, vol. IV, t(t). II, pp. 790\u2013878.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Arndt; G. Quell y G. Schrenk en <i>TDNT <\/i>2, pp. 174\u2013225; Klein en <etiqueta id=\"#_ftn792\" name=\"_ftnref792\" title=\"\"><i>IDBS <\/i><\/etiqueta>, pp. 750\u2013752; comentarios sobre Romanos: especialmente C. Hodge\u00b3, 1864; C. E. B. Cranfield, <i>ICC<\/i>, 1, 1976; A. Nygren, trad. ing. 1952; y sobre G\u00e1latas: especialmente J. B. Lightfoot<sup>10<\/sup>, 1890; E. D. Burton, <i>ICC<\/i>, 1921; 7. Buchanan, <i>The Doctrine of Justification<\/i>, 1867; C. Hodge, <i>Systematic Theology<\/i>, 1874, 3, pp. 114\u2013212; V, Tayor, <i>Forgiveness and Reconciliation<\/i>, 1946; L. Morris, <i>The Apostolic Preaching of the Cross<\/i>, 1955; K. Barth, <i>Church Dogmatics<\/i>, 4.1, trad. ing. 1956, pp. 514\u2013642; A. Richardson, <i>Introduction to the Theology of the New Testament<\/i>, 1958, pp. 232ss; J. Murray, <i>Romans <\/i>1\u20138, 1959, pp. 336\u2013362; J. A. Ziesler, <i>The Meaning of Righteousness in Paul<\/i>, 1972; H. Seebass, C. Brown, <i>NIDNTT <\/i>3, pp. 352\u2013377.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal align=right style='text-align:right;line-height:normal'><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><etiqueta id=\"#_ftn793\" name=\"_ftnref793\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt; ;color:green'>J.I.P.<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;'>Douglas, J. (2000). Nuevo diccionario Biblico : Primera Edicion. Miami: Sociedades B\u00edblicas Unidas.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Rom 4:25 el cual fue .. resucitado para nuestra j Rom 5:16 el don vino a causa de muchas para j Rom 5:18 por la justicia de uno vino .. la j de vida 1Co 1:30 el cual nos ha sido hecho por Dios .. j 2Co 3:9 abundar\u00e1 en gloria el ministerio de j &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/justificacion\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abJUSTIFICACION\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-2843","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2843","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2843"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2843\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2843"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2843"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2843"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}