{"id":2963,"date":"2016-02-04T23:36:31","date_gmt":"2016-02-05T04:36:31","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/luz\/"},"modified":"2016-02-04T23:36:31","modified_gmt":"2016-02-05T04:36:31","slug":"luz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/luz\/","title":{"rendered":"LUZ"},"content":{"rendered":"<p>v. Dar, L\u00e1mpara, Lumbrera<br \/>\nGen 1:3 y dijo Dios: Sea la l; y fue la l<br \/>\nExo 10:23 de Israel ten\u00edan l en sus habitaciones<br \/>\nEst 8:16 los jud\u00edos tuvieron l y alegr\u00eda, y gozo y<br \/>\nJob 18:5 la l de los imp\u00edos ser\u00e1 apagada, y no<br \/>\nJob 29:3 a cuya l yo caminaba en la oscuridad<br \/>\nJob 30:26 cuando esperaba l, vino la oscuridad<br \/>\nJob 37:3 dirige, y su l hasta los fines de la tierra<br \/>\nPsa 4:6 alza sobre nosotros .. la l de tu rostro<br \/>\nPsa 27:1 Jehov\u00e1 es mi l y mi salvaci\u00f3n; \u00bfde qui\u00e9n<br \/>\nPsa 36:9 contigo est\u00e1 el .. en tu l veremos la l<br \/>\nPsa 37:6 tu justicia como la l, y tu derecho como el<br \/>\nPsa 43:3 env\u00eda tu l y tu verdad; \u00e9stas me guiar\u00e1n<br \/>\nPsa 49:19 entrar\u00e1 en la .. y nunca m\u00e1s ver\u00e1 la l<br \/>\nPsa 89:15 andar\u00e1, oh Jehov\u00e1, a la l de tu rostro<br \/>\nPsa 90:17 sea la l de Jehov\u00e1 nuestro Dios sobre<br \/>\nPsa 97:11 l est\u00e1 sembrada para el justo, y alegr\u00eda<br \/>\nPsa 104:2 el que se cubre de l como de vestidura<br \/>\nPsa 112:4 resplandeci\u00f3 en las tinieblas l a los rectos<br \/>\nPsa 118:27 Jehov\u00e1 es Dios, y nos ha dado l; atad<br \/>\nEcc 2:13 a la necedad, como la l a las tinieblas<br \/>\nEcc 11:7 suave .. es la l, y agradable a los ojos<br \/>\nIsa 2:5 venid .. y caminaremos a la l de Jehov\u00e1<br \/>\nIsa 5:20 hacen de la l tinieblas, y de las tinieblas l<br \/>\nIsa 9:2 pueblo que anda en tinieblas vio gran l<br \/>\nIsa 30:26 y la l de la luna ser\u00e1 como la l del sol<br \/>\nIsa 42:6; 49:6<\/p>\n<hr>\n<p>Luz    (heb. L\u00fb5, L\u00fb5\u00e2h, \u00abalmendro\u00bb o \u00abseparaci\u00f3n [partida]\u00bb).  1.  Nombre primitivo de la ciudad de Bet-el* (Gen 28:19; 35:6; Jos 18:13; Jdg 1:23).  En Jos 16:2 se la distingue de Bet-el, de modo que se debe suponer que Bet-el se desarroll\u00f3 como un pueblo vecino mientras que la ciudad vieja sigui\u00f3 existiendo por un tiempo, pero que gradualmente perdi\u00f3 su nombre.  2.  Ciudad en el territorio de los hititas, probablemente en Siria, construida por un hombre de Luz, m\u00e1s tarde Bet-el, en Palestina.  Por ayudar al enemigo, su vida fue preservada cuando los de Jos\u00e9 destruyeron la ciudad donde estaba su hogar.  Por consiguiente, fue al  territorio de los hititas y construy\u00f3 una ciudad que la llam\u00f3 con el nombre que ten\u00ed\u00ada donde hab\u00ed\u00ada vivido (Jdg 1:22-26). El lugar no ha sido identificado. 728<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Evang\u00e9lico<\/b><\/p>\n<p>Forma 1. Nombre primitivo de la ciudad de  \u00c2\u00ae Betel  Jos 18, 13; Jc 1, 23  2. Ciudad en la tierra de los hititas, fundada por un hombre llamado Jos\u00e9,  quien entreg\u00f3 a los esp\u00ed\u00adas israelitas su ciudad, Betel, por lo que le perdonaron la vida, y all\u00ed\u00ad fund\u00f3 su ciudad, tal ves a 7 km al noroeste de Cesarea de Filipos. 3. Para los hebreos, el resplandor de la l. es la presencia de Dios, Ex 24,  10; Sal 27, 1; 104, 2; Is 9, 2; tambi\u00e9n es el inicio de la actividad creadora, Gn 1, 3-5. La l. representa el bien, a diferencia de la oscuridad  o las tinieblas, el mal. Los hijos de la l. son los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas, 1 Ts 5, 5. En el Evangelio seg\u00fan San Juan, a Jes\u00fas se le caracteriza por ser la l. verdadera, Jn 1, 6-10. La l. como esfera del bien se encuentra repetidamente en el N. T.   Maak\u00e1, nombre propio de var\u00f3n y de mujer y de una regi\u00f3n.  1. Concubina de Caleb, quien le pari\u00f3 dos hijos, S\u00e9ber y Tirjan\u00e1, 1 Cro 2, 48. 2. Mujer de Makir, hijo de Manas\u00e9s, 1 Cro 7, 16. 3. Mujer de Yeiel, descendiente de Benjam\u00ed\u00adn, 1 Cro 8, 29; 9, 35. 4. Padre de Jan\u00e1n, uno de los Valientes de David, 1 Cro 11, 43. 5. Simeonita padre de Sefat\u00ed\u00adas, 1 Cro 27, 16.   1. Una de las esposas del rey David, hija de Talmay, rey de Guesur,  madre de Absal\u00f3n, 2 S 3, 3; 1 Cro 3, 2. 2. Nieta de Absal\u00f3n, fue la favorita entre las mujeres de Roboam, rey de Jud\u00e1; madre de Abiyyam, ostentaba el t\u00ed\u00adtulo de Gran Dama, 1 R 15, 2; 2 Cro 11, 20-22. En el reinado de su nieto As\u00e1 a\u00fan ten\u00ed\u00ada el t\u00ed\u00adtulo de Gran Dama, el cual la despoj\u00f3 su nieto, \u2020\u0153por haber hecho un objeto abominable para Aser\u00e1\u2020\u009d,  sin que se sepa de qu\u00e9 objeto se trata, 1 R 15, 10-13; 2 Cro 15, 16. 3. Padre de Akis, rey de Gat, en tiempos del reinado de Salom\u00f3n, 1 R 2, 39.   6. Regi\u00f3n de Aram, al norte de Transjordania, al sudeste del monte Herm\u00f3n, adjudicada a Ya\u00ed\u00adr, hijo de Manas\u00e9s, de la que no pudo expulsar a sus habitantes, que vivieron en medio de Israel, Dt 13, 14; Jos 12, 5; 13, 11-13. Sus habitantes se aliaron con los ammonitas contra el rey David, pero fueron derrotados y sometidos a tributo, 2 S 10, 6.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Digital, Grupo C Service &#038; Design Ltda., Colombia, 2003<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Digital<\/b><\/p>\n<p>Las primeras palabras atribuidas a Dios son Sea la luz (Gen 1:3).<\/p>\n<p>Dios es el Creador tanto de la luz como de las tinieblas (Isa 45:6-7; 1Jo 1:5) y vigila su sucesi\u00f3n ordenada (Psa 104:20; Amo 4:13); sin embargo, la luz es superior a las tinieblas(Ecc 2:13). M\u00e1s que todo, la luz es la fuente de vida (Ecc 11:7). La palabra se usa frecuentemente como sin\u00f3nimo de estar vivo (Job 3:20), nacer (Job 3:16), los placeres de la vida (Psa 97:11), buenos d\u00ed\u00adas para los justos (Psa 112:4), o algo indispensable para la felicidad del ser humano (Psa 36:9). Luz y verdad est\u00e1n emparentadas en la Biblia (Psa 43:3; comparar Salmo 19; Pro 6:23; Isa 51:4). La verdad y la ley dan conocimiento (Psa 19:8; Psa 139:11-12) y direcci\u00f3n (Deu 28:29; Job 22:28; Pro 4:18; comparar Mic 7:8). El que recibe luz se convierte en luz brillando hacia afuera (Psa 34:5; Ecc 8:1) y hacia adentro (Pro 20:27; Dan 5:11). Las manifestaciones de la luz son la obra del padre de las luces (Jam 1:17), el cual vive en la luz (Exo 13:21; Psa 104:2; 1Ti 6:16) y confiere luz como d\u00e1diva divina. Las Escrituras son una l\u00e1mpara o luz (2Pe 1:19). Se habla de la conversi\u00f3n como iluminaci\u00f3n (Heb 6:4; Heb 10:32). Los creyentes son hijos de luz (Luk 16:8; 1Th 5:5) y son la luz del mundo (Mat 5:14). Debido a que el don se puede perder por raz\u00f3n de inactividad (Joh 5:35; 1Th 5:5-6), la luz celestial debe ser usada como armadura o arma (Rom 13:12; Eph 6:12) en la lucha en contra de la oscuridad. La luz est\u00e1 presente permanentemente en Cristo (Joh 1:7-9; Heb 1:3) y en el evangelio (Act 26:23; 2Co 4:4).<\/p>\n<p>En la vida futura no habr\u00e1 m\u00e1s noche (Rev 21:23).<\/p>\n<p>Luz  ( lugar ) .<\/p>\n<p>(heb., luz, darse vuelta).<\/p>\n<p>1.  Una aldea en la frontera del norte de Benjam\u00ed\u00adn (Jos 16:2; Jos 18:13). Jacobo vino aqu\u00ed\u00ad cuando huy\u00f3 de su familia.<\/p>\n<p>El durmi\u00f3 aqu\u00ed\u00ad, y Dios se le apareci\u00f3 en un sue\u00f1o. Para conmemorar la ocasi\u00f3n Jacob le cambi\u00f3 el nombre a la aldea, llam\u00e1ndola Betel (casa de Dios, Gen 28:17).<br \/>\n2.  Una aldea en la tierra de los heteos edificada por un hombre de Luz en Cana\u00e1n (Jdg 1:26).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Mundo Hispano<\/b><\/p>\n<p>Es un \u00abestado\u00bb de la materia; cualquier \u00e1tomo puede convertirse en sonido o en luz. As\u00ed\u00ad, pues, no existe s\u00f3lo la luz del sol o la luna o estrellas, sino la luz de una candela, la luz c\u00f3smica, etc. que fue la que cre\u00f3 Dios, en Ge,1:3.<\/p>\n<p> &#8211; Es manifestaci\u00f3n de la gloria divina, Mat 17:2-5, Luc 2:9.<\/p>\n<p> &#8211; Cristo es la vida, la luz de los hombres, Jua 1:4-14.<\/p>\n<p> &#8211; Cristo es la luz del mundo, Mat 4:16, Luc 1:78-79, Jua 8:12, Jua 9:5, Jua 12:46.<\/p>\n<p> &#8211; Los cristianos somos luz del mundo, Mat 5:14.<\/p>\n<p> &#8211; El Bautista fue testimonio de la luz, Jn. l<br \/>\n &#038;,Mat 5:35.<\/p>\n<p> &#8211; La Palaba de Dios es luz, Sal 119.<\/p>\n<p> 105.<\/p>\n<p> &#8211; Es s\u00ed\u00admbolo de iluminaci\u00f3n espiritual, 2Co 4:6, Efe 5:14.<\/p>\n<p> &#8211; Da \u00abciencia, conocimiento\u00bb, Isa 51:4, Dan 2:22, Pro 6:23.<\/p>\n<p> &#8211; Da \u00abvida\u00bb, Job 3:16, Job 33:30.<\/p>\n<p> &#8211; Todo el Evangelio de S. Juan est\u00e1 dominado por la idea de que Cristo, como revelaci\u00f3n del Padre, es luz que se revela a los hombres, Jn.l,Job 3:19-21, Job 8:12, Job 9:5, Job 12:46. y Dios es la luz,  1Jn 1:5-7, Jn. l<br \/>\n 5- I 4.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano<br \/>\nDr. J. Dominguez<\/p>\n<p>http:\/\/biblia.com\/diccionario\/<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano<\/b><\/p>\n<p>\u2020\u00a2Bet-el.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Cristiano<\/b><\/p>\n<p>En la \u2020\u00a2creaci\u00f3n, la l. fue hecha antes que el sol (\u2020\u0153Y dijo Dios: Sea la l.; y fue la l.\u2020\u009d [Gen 1:3]; \u2020\u0153Dijo luego Dios: Haya lumbreras&#8230;\u2020\u009d [Gen 1:14-16]). Desde el principio, se contraponen los conceptos de l. y tinieblas. La dificultad para reconocer objetos en la oscuridad, para caminar y orientarse, hace que en el lenguaje corriente se equipare la oscuridad a la ignorancia. La l., en cambio, permite ver las cosas, por lo cual se le compara al conocimiento, a entender. Se relaciona la l. con la persona de Dios (\u2020\u0153Alza sobre nosotros, oh Jehov\u00e1, la l. de tu rostro\u2020\u009d [Sal 4:6]; \u2020\u0153Jehov\u00e1 es mi l.\u2020\u009d [Sal 27:1]; \u2020\u0153Dios es l.\u2020\u009d [1Jn 1:5]). Por eso el Se\u00f1or Jes\u00fas dice: \u2020\u0153Yo soy la luz\u2020\u009d (Jua 8:12). Los creyentes son \u2020\u0153hijos de l.\u2020\u009d (Efe 5:8), por lo cual no deben andar en tinieblas.<\/p>\n<p>Al encender una antorcha o una l\u00e1mpara en la oscuridad, se iluminan las cosas. As\u00ed\u00ad, se compara el acto de comprender algo que no se sab\u00ed\u00ada, como una iluminaci\u00f3n (\u2020\u0153T\u00fa encender\u00e1s mi l\u00e1mpara; Jehov\u00e1 mi Dios alumbrar\u00e1 mis tinieblas\u2020\u009d [Sal 18:28]). De esa manera se entiende la conversi\u00f3n de una persona al Dios vivo y verdadero (\u2020\u0153Porque Dios, que mand\u00f3 que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeci\u00f3 en nuestros corazones, para iluminaci\u00f3n del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo\u2020\u009d [2Co 4:6]).<\/p>\n<p>\u2020\u0153Andar en la l.\u2020\u009d es una expresi\u00f3n que significa vivir en la pr\u00e1ctica de la verdad y la piedad, sin participar \u2020\u0153en las obras infructuosas de las tinieblas\u2020\u009d, sino m\u00e1s bien reprendi\u00e9ndolas (Efe 5:11). Ese andar en la l. es requisito para tener \u2020\u0153comuni\u00f3n unos con otros\u2020\u009d y obtener el perd\u00f3n de nuestros pecados (1Jn 1:5-7).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Cristiano<\/b><\/p>\n<p>tip, TIPO LUGA<\/p>\n<p>ver, BET-EL<\/p>\n<p>vet, (a) Adem\u00e1s de las referencias a la luz f\u00ed\u00adsica como existente con independencia del sol, y emanando despu\u00e9s del sol como gran lumbrera, este t\u00e9rmino se usa en las Escrituras de una manera muy destacada en sentido moral. La luz de Dios es su palabra por la que se revela, y por la que no s\u00f3lo revela los peligros que existen en esta escena, sino que adem\u00e1s act\u00faa como l\u00e1mpara para mostrar el verdadero camino (Sal. 119:105). El salmista pide a Jehov\u00e1 que alce sobre \u00e9l la luz de su rostro (Sal. 4:6), y declar\u00f3 que el mismo Jehov\u00e1 era su luz (Sal. 27:1). As\u00ed\u00ad como la luz natural da vigor y salud al cuerpo, as\u00ed\u00ad la luz de Dios da gozo y fortaleza al alma. \u00abDios es luz\u00bb, y el Se\u00f1or Jes\u00fas vino a la tierra como la luz verdadera que alumbra a todo hombre. No s\u00f3lo manifest\u00f3 con su presencia todo el mal en el mundo y lo falso de las pretensiones de los conductores de Israel, sino que \u00abla vida era la luz de los hombres\u00bb (Jn. 1:4; 8:12). Los cristianos son \u00abluz en el Se\u00f1or\u00bb (Ef. 5:8), y son exhortados a caminar como \u00abhijos de luz\u00bb (1 Ts. 5:5). En medio de las tinieblas tienen que resplandecer como luces en el mundo (Fil. 2:15). Sobre ellos descansa una grave responsabilidad, pues no deben empa\u00f1ar el brillo que deber\u00ed\u00ada caracterizarles como teniendo en sus corazones la luz de la gloria del Se\u00f1or. Si la luz en el cristiano se vuelve tinieblas al no caminar en la realidad del camino de Cristo, \u00c2\u00a1cu\u00e1n grandes son las tinieblas! (Mt. 6:23). Se ha dicho que la luz describe muy apropiadamente a Dios. La luz, invisible ella misma, lo manifiesta todo. Los cristianos, como ya se ha se\u00f1alado, son \u00abluz en el Se\u00f1or\u00bb, y por ello manifiestan las infruct\u00ed\u00adferas obras de la carne. En cambio, de ellos no se dice lo que se dice \u00fanicamente de Dios, que sean amor, porque el amor es la fuente soberana de la actividad en Dios. Dios es luz (1 Jn. 1:5) y Dios es amor (1 Jn. 4:8). El cristiano es luz en el Se\u00f1or, y somos exhortados a amarnos unos a otros, como El nos ha amado (Jn. 15:12). (b) Luz, como nombre geogr\u00e1fico (v\u00e9ase BET-EL).<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico Ilustrado<\/b><\/p>\n<p>[553]<br \/>\n    Adem\u00e1s del sentido f\u00ed\u00adsico de energ\u00ed\u00ada c\u00f3smica de naturaleza ondulatoria que estimula los conos y bastoncitos de la retina cuando se mueven en un espectro de entre 390 y 760 mmc, interesa la dimensi\u00f3n simb\u00f3lica y espiritual de este concepto<br \/>\n    En la Escritura parece con frecuencia la referencia de la luz a la divinidad y la relaci\u00f3n de la tiniebla con el mal.  (Ver Luces)<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>(-> fuego, Dios, amor, palabra). Es uno de los s\u00ed\u00admbolos principales de la experiencia israelita y cristiana. Puede tomarse como centro de una constela ci\u00f3n de significados, de los que evocaremos algunos, siguiendo el mismo despliegue tem\u00e1tico del conjunto de la Biblia.<\/p>\n<p>(1) Creaci\u00f3n. Lo primero fue la luz. \u00abEn el principio hab\u00ed\u00ada oscuridad sobre la faz del abismo, y el Esp\u00ed\u00adritu de Dios se cern\u00ed\u00ada sobre la faz de las aguas. Entonces dijo Dios: Sea la luz y fue la luz. Dios vio que la luz era buena, y separ\u00f3 Dios la luz de las tinieblas. Dios llam\u00f3 a la luz d\u00ed\u00ada, y a las tinieblas llam\u00f3 noche\u00bb (cf. Gn 1,2-5). Este es el comienzo de todas las cosas, el principio y final de la creaci\u00f3n. Las tinieblas (jok) ya exist\u00ed\u00adan, como fondo de caos que rodea al ser divino. No eran nada, y sin embargo estaban ah\u00ed\u00ad. Ellas no son \u00abdios\u00bb, de manera que no existe un dios bueno y otro malo, pues Dios es s\u00f3lo bueno y signo suyo es la luz Cor) que \u00e9l mismo irradia y que concede sentido, espacio y tiempo y visibilidad a todo lo que existe. Pero en su mismo entorno, como expresi\u00f3n del l\u00ed\u00admite que Dios abre para que puedan existir otras cosas, se abr\u00ed\u00adan las tinieblas. Quiz\u00e1 pudi\u00e9ramos decir que Dios mismo es la luz que se expande y regala, de tal forma que en \u00e9l (en Dios, en la luz) existe todo. Por eso, a su lado, la tiniebla \u00abno es\u00bb y, sin embargo, es necesaria, como entorno de Dios, como vac\u00ed\u00ado que \u00e9l llena, como caos que \u00e9l ordena, como oscuridad que \u00e9l alumbra. Por eso podemos a\u00f1adir que la luz no es \u00abnada concreto\u00bb y, sin embargo, est\u00e1 en todo. No se pueden comparar luz y tinieblas, como si fueran sim\u00e9tricas (bien y mal, vida y muerte), como dos platillos de una misma balanza. S\u00f3lo existe luz, s\u00f3lo hay bien, s\u00f3lo existe la Palabra, que es la Vida y la Luz de los hombres (cf. Jn 1,4-12), pero all\u00ed\u00ad donde los hombres no escuchan la Palabra se abre el silencio sin voz, la muerte sin vida, la oscuridad sin luz&#8230; Ese silencio muerto, ese mal y oscuridad son como entorno y contraste de esa luz, cuando se extiende sobre la nada.<\/p>\n<p>(2) Focos de luz: luminarias o luceros. No son primero los focos de luz y despu\u00e9s la Luz, sino al rev\u00e9s: de la Luz que es Dios brotan los luceros o luminarias: \u00abEntonces dijo Dios: Haya luminarias en la b\u00f3veda del cielo&#8230; E hizo Dios las dos grandes luminarias: la luminaria mayor para se\u00f1orear el d\u00ed\u00ada y la luminaria menor para se\u00f1orear la noche. Hizo tambi\u00e9n las estrellas. Dios  las puso en la b\u00f3veda del cielo para alumbrar sobre la tierra, para presidir sobre el d\u00ed\u00ada y la noche, y para separar la luz de las tinieblas\u00bb (Gn 1,14-18). Esta es la palabra que Dios dice en el d\u00ed\u00ada central de la semana, en el momento en que se decide el orden y despliegue de la creaci\u00f3n. Hab\u00ed\u00ada ya luz, hab\u00ed\u00ada tierra y cielo, aguas y mares. Pero la luz no se hab\u00ed\u00ada condensado todav\u00ed\u00ada, formando unas lumbreras o luceros, focos de luz que gu\u00ed\u00adan la vida de los hombres, separando tiempos (d\u00ed\u00ada y noche) y espacios (unos luminosos, habitados, y otros oscuros, inhabitables). En este momento central culmina la creaci\u00f3n de la luz, expresada en los grandes y peque\u00f1os luceros, que no son Dios (como pensaban muchas religiones antiguas, desde Mesopotamia hasta Grecia), pero que traducen la presencia del Dios de la Luz, dando sentido y relieve a los diversos tiempos, lugares y personas. Estos luceros se llaman me&#8217;\u00f3rot (en los LXX phost\u00e9ras): portadores de luz, los \u00abalumbrantes\u00bb. Entre ellos, como astro verdadero, surgir\u00e1 el sexto d\u00ed\u00ada de la creaci\u00f3n el ser humano.<\/p>\n<p>(3) Colores de luz y de paz: el arco iris. El cielo y la tierra de Dios son hermosos y fuertes, pero tienen un equilibrio inestable, vinculado a la misma libertad del hombre, que puede pervertirse y pervertirlo todo, y a las condiciones del mundo, hecho de equilibrios fr\u00e1giles: de posibles cataclismos, de duras tormentas, de diluvios. La Biblia cuenta, como ejemplo del riesgo de la vida de los hombres, el gran diluvio de los tiempos antiguos del que s\u00f3lo algunos pocos (No\u00e9 y su familia) se salvaron (cf. Gn 6-7). Pues bien, la historia de ese cataclismo, siempre amenazante, termina con la evocaci\u00f3n de los colores de la luz que expanden su signo de paz, como expresi\u00f3n del pacto primigenio de la vida que vence a la muerte, de la esperanza que destruye al odio: \u00abEsta ser\u00e1 la se\u00f1al del pacto que establezco con vosotros y con todo ser viviente que est\u00e1 con vosotros, por generaciones, para siempre: Yo pongo mi arco en las nubes como se\u00f1al del pacto que hago con la tierra. Y suceder\u00e1 que cuando yo haga aparecer las nubes sobre la tierra, entonces el arco se dejar\u00e1 ver en las nubes y me acordar\u00e9 de mi pacto\u00bb (Gn 9,12-15). El arco era para los antiguos el signo por excelencia de la guerra: los arqueros eran los m\u00e1s duros militares. Pues bien, la luz ha hecho el prodigio: el arco militar se ha convertido sobre el cielo de los d\u00ed\u00adas de tormenta en juego de colores, en promesa de agua buena y de paz, por encima de todo cataclismo y guerra. La luz aparece as\u00ed\u00ad como signo del don de la vida que supera no s\u00f3lo la tiniebla y la violencia del cosmos, expresada por la gran tormenta, sino tambi\u00e9n la guerra entre los hombres.<\/p>\n<p>(4) La luz de Dios cercano: Men\u00f3rah. Los israelitas han concebido siempre la luz como un signo del Dios que est\u00e1 presente, patente y oculto, haciendo surgir de la tiniebla todas las cosas que existen. Por eso, es normal que los creyentes hayan respondido a Dios ofreci\u00e9ndole un foco de luz, una l\u00e1mpara en el santuario. Uno de los testimonios m\u00e1s antiguos que conocemos de ello es el relato de la vocaci\u00f3n del joven Samuel, que serv\u00ed\u00ada al sacerdote en el templo de Silo donde ard\u00ed\u00ada la \u00abl\u00e1mpara de Dios\u00bb (ner). Pero el testimonio m\u00e1s conocido, hasta el d\u00ed\u00ada de hoy, es el candelabro o portaluz de siete brazos que alumbrar\u00e1 m\u00e1s tarde de forma perpetua en el templo de Jerusal\u00e9n y que se llama precisamente men\u00f3rah (en los LXX lykhnos, de la misma ra\u00ed\u00adz que lux, licht, luz), portadora de la luz, de una luz que Dios ofrece a los hombres y que los hombres devuelven a Dios (Ex 25,31-35). Este candelabro ser\u00e1 entre los israelitas el m\u00e1s perfecto de los signos y rituales religiosos: es la luz de los siete d\u00ed\u00adas del tiempo (Gn 1) y de los siete esp\u00ed\u00adritus de Dios que llenan todo el universo y que, para los cristianos, se expresa de un modo especial en la iglesias, que el Apocalipsis concibe como luces encendidas en el mundo (cf. Ap 1,12-13.20; 2,1). De manera sorprendente, la carta a los Hebreos define a los esp\u00ed\u00adritus-\u00e1ngeles como luz de fuego, fuego de luz mensajera que se abre y se extiende hacia todos los hombres (cf. Heb 1,7). Por eso, es normal que los creyentes hayan querido ver a Dios, viendo la luz, por medio de la misma Luz que es Dios: \u00abEn ti est\u00e1n las fuentes de la Vida y en tu luz veremos la luz\u00bb (Sal 36,10). De manera significativa, Vida y Luz se identifican: en la Vida de Dios vivimos, en su Luz nos conocemos, siendo de esa forma un resplandor de su presencia.<\/p>\n<p>(5) Hijos de la luz e hijos de las tinieblas. El libro del G\u00e9nesis no hab\u00ed\u00ada divi nizado la luz y las tinieblas, sino s\u00f3lo la Luz, concibiendo las tinieblas como aquello que queda fuera de la Luz, como el contrapunto de nada que nos hace comprender mejor la luz, que es el Todo de todo lo que existe. Pero en Israel ha existido tambi\u00e9n desde antiguo una tendencia a dualizar y escindir la realidad, a dividir todas las cosas, haciendo que ellas sean bien y mal, luz y tinieblas, vida y muerte (cf. Dt 30,19). Ciertamente, se sabe que todo viene de Dios: \u00ab\u00c2\u00a1Yo mismo hago la luz y creo las tinieblas! (cf. Is 45,7). Sobre esa base se ha podido afirmar que existen dos esp\u00ed\u00adritus eternos, enfrentados, divididos, en guerra perpetua, \u00abla guerra de los hijos de la luz contra los hijos de las tinieblas\u00bb (cf. Qumr\u00e1n, Mili tama 1QM 1,1). Esta es la guerra para la que el Instructor de Qumr\u00e1n educa a sus esenios: \u00abpara amar a todos los hijos de la luz&#8230; y para odiar a todos los hijos de las tinieblas, a cada uno seg\u00fan su culpa, en la venganza de Dios\u00bb (Regla de la Comunidad 1QS 1,9-11). Esta oposici\u00f3n entre los hijos de la luz y los hijos de las tinieblas se encuentra en el fondo de varios textos del Nuevo Testamento, pero de un modo distinto, no combativo, sino afirmativo y testimonial: \u00abTodos vosotros sois hijos de la luz e hijos del d\u00ed\u00ada. No somos hijos de la noche ni de las tinieblas\u00bb (1 Tes 5,5); \u00absois Luz en el Se\u00f1or, caminad como hijos de la luz\u00bb (Ef 5,8)\t; \u00abmientras ten\u00e9is la luz, creed en la luz, para que se\u00e1is hijos de la luz\u00bb (Jn 12,36; cf. Lc 16,8). Aqu\u00ed\u00ad se sit\u00faa la diferencia cristiana. Algunos dualistas, como los esenios de Qumr\u00e1n estaban dispuestos a luchar, incluso en guerra militar, contra los hijos de las tinieblas, que ellos identificaban con los romanos o jud\u00ed\u00ados renegados, en un camino que sigue influyendo todav\u00ed\u00ada en todos los que hablan de la justicia infinita o de la guerra contra el eje del mal. Los cristianos, en cambio, se descubren hijos de la luz, pero no para luchar contra los hijos de las tinieblas, sino para alumbrar gratuita y generosamente en las tinieblas, irradiando su luz en la oscuridad. As\u00ed\u00ad lo advierte Jes\u00fas, de manera tajante, evocando el texto anterior de Qumr\u00e1n: \u00abHab\u00e9is o\u00ed\u00addo que se ha dicho amar\u00e1s a tu pr\u00f3jimo y aborrecer\u00e1s a tu enemigo; yo, en cambio, os digo: \u00c2\u00a1amad a vuestros enemigos&#8230;!\u00bb. De esa forma ha roto Jes\u00fas la simetr\u00ed\u00ada violenta del bien y el mal, de la Luz y las tinieblas, viniendo a presentarse s\u00f3lo como testigo universal de la luz.<\/p>\n<p>(6) Vosotros sois la luz del mundo: una ciudad encendida sobre el mundo. En este contexto se sit\u00faan algunos textos b\u00e1sicos del evangelio: \u00abNo se enciende una luz [lykhnos] para ponerla debajo de un celem\u00ed\u00adn, sino sobre un candelabro o portador de luz [lykhnia], para que alumbre a todos los que est\u00e1n en la casa\u00bb (Mt 5,15). Jes\u00fas concibe a sus disc\u00ed\u00adpulos como una luz encendida en la altura (\u00c2\u00a1vosotros sois la luz del mundo!), como una ciudad elevada y luminosa, para que todos vean y puedan caminar con claridad, sin miedo a perderse (cf. Mt 5,14). De esa manera retoma uno de motivos m\u00e1s importantes de la esperanza prof\u00e9tica de Israel: \u00ab\u00c2\u00a1Lev\u00e1ntate y brilla! Porque ha llegado tu luz, y la gloria de Yahv\u00e9 ha resplandecido sobre ti. Porque las tinieblas cubr\u00ed\u00adan la tierra; y la oscuridad, los pueblos. Pero sobre ti resplandecer\u00e1 Yahv\u00e9 y en ti se contemplar\u00e1 su gloria. Entonces caminar\u00e1n las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu aurora\u00bb (Is 60,1-3). Esta es la esperanza y tarea de Jes\u00fas: quiere crear un pueblo de gentes luminosas, una ciudad de personas transformadas en luz. As\u00ed\u00ad quiere que sea su Iglesia: una ciudad de gentes que alumbran de forma generosa, regalando su luz, gratuitamente, para que todos vean y vivan en concordia. Aqu\u00ed\u00ad no hay lucha de la luz contra las tinieblas, sino desbordamiento de vida: que todos puedan ver, porque a todos se regala, de modo generoso, la luz recibida.<\/p>\n<p>(7) El milagro de la luz: los ciegos ven. Uno de los motivos centrales del Evangelio es el prodigio de la luz, que es gratuita (\u00c2\u00a1el sol alumbra sobre buenos y malos!: Mt 5,45), pero que se encuentra combatida y a veces rechazada: \u00abVino la luz a los hombres, pero los hombres no la recibieron\u00bb (Jn 1,10-12), de manera que algunos prefirieron y prefieren vivir en las tinieblas (cf. Jn 3,18). Pues bien, sobre esa base, Jes\u00fas aparece como portador apasionado de Luz, un hombre cuya principal tarea ha consistido y sigue consistiendo en abrir los ojos a los ciegos (ciegos corporales, ciegos de esp\u00ed\u00adritu), para que puedan ver y escoger, caminar y vivir en libertad. Por eso, cuando le preguntan \u00ab\u00bfqu\u00e9 haces?\u00bb \u00e9l responde: \u00ablos ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios&#8230;\u00bb (Mt 11,5 par). Jes\u00fas no  viene a resolver problemas puntuales, a decir a los hombres y mujeres lo que han de hacer, sino para alumbrarles: quiere que ellos mismos se abran a la luz, que puedan caminar, que se descubran limpios&#8230; Quiere que ellos sean lo que quieran, como quieran, en luz transparente, de manera que as\u00ed\u00ad puedan, ellos mismos, en libertad gozosa, decidir la forma en que deben comportarse. Una parte muy significativa de los evangelios est\u00e1 dedicada a los \u00abmilagros de la luz\u00bb, milagros f\u00ed\u00adsicos, pero, sobre todo, psicosom\u00e1ticos y espirituales: Jes\u00fas ha deseado que los hombres vuelvan al principio de la creaci\u00f3n, como seres de Luz, para el amor, para la palabra, para la convivencia (cf. Mc 8,22-23; 10,46-51; Jn 9,1-32; Lc 4,18).<\/p>\n<p>(8) Ten cuidado: luz de tu cuerpo es el ojo. La luz no es algo que se da y recibe, que se ofrece y tiene, s\u00f3lo desde fuera, como una cosa objetiva que un hombre o mujer pudieran separar de s\u00ed\u00ad mismos, sino que ella es vida profunda, la misma vida humana que el hombre y la mujer debe cultivar, siendo ellos mismos, seg\u00fan dice uno de los textos m\u00e1s bellos de la tradici\u00f3n del Evangelio: \u00abLa l\u00e1mpara [lykhnos, luz] del cuerpo es el ojo. Por eso, si tu ojo est\u00e1 sano, todo tu cuerpo estar\u00e1 lleno de luz. Pero si tu ojo es malo, todo tu cuerpo estar\u00e1 en tinieblas. De modo que, si la luz que hay en ti es oscuridad, \u00c2\u00a1cu\u00e1n grande ser\u00e1 tu oscuridad! Nadie puede servir a dos se\u00f1ores; porque aborrecer\u00e1 al uno y amar\u00e1 al otro, o se dedicar\u00e1 al uno y menospreciar\u00e1 al otro. No pod\u00e9is servir a Dios y a la mamona\u00bb (Mt 6,22-24; cf. Lc 11,34-36). El hombre es portador de una Luz que le desborda y que se expresa por sus ojos, que son la verdadera l\u00e1mpara de Dios en el mundo. Un ojo sano y transparente: \u00e9sa es la bendici\u00f3n de Dios, el don m\u00e1s grande, la misma vida hecha Luz y comunicaci\u00f3n: un hombre o mujer hecho ojos que miran y se dejan mirar. Sin duda, hay comunicaci\u00f3n de palabras y de manos, de cuerpos y almas. Pero en el fondo de la creaci\u00f3n de Dios, la m\u00e1s honda comunicaci\u00f3n es la de los ojos que miran y pueden ser mirados, dici\u00e9ndose a s\u00ed\u00ad mismos. El d\u00ed\u00ada en que hombres y mujeres se miren a los ojos y se digan a s\u00ed\u00ad mismos a trav\u00e9s de la mirada habr\u00e1 existencia humana. El d\u00ed\u00ada en que dejen de mirarse de esa forma los hombres y mujeres habr\u00e1n muerto, pues ellos no son m\u00e1s que luz compartida que se mantiene encendida y que arde s\u00f3lo al darse, siendo m\u00e1s fuerte cuanto m\u00e1s arde.<\/p>\n<p>(9) Una par\u00e1bola escandalosa. Diez muchachas con l\u00e1mpara. \u00abEl reino de los cielos se parece a diez muchachas que tomaron sus l\u00e1mparas y salieron a recibir al novio. Cinco de ellas eran necias, y cinco prudentes. Cuando las necias tomaron sus l\u00e1mparas, no tomaron consigo aceite, pero las prudentes tomaron aceite en sus vasijas, juntamente con sus l\u00e1mparas&#8230;\u00bb (Mt 25,1-3). Esta es una par\u00e1bola extra\u00f1a, por muchos motivos, y por eso no puede tomarse al pie de la letra. Pero debemos recordar que la mayor\u00ed\u00ada de las par\u00e1bolas son escandalosas o, si se prefiere, parad\u00f3jicas: son palabra que choca, que lleva a pensar, que exige una respuesta&#8230; El esc\u00e1ndalo de esta par\u00e1bola es evidente. En primer lugar, las muchachas no son lykhnos, luz personal, sino que llevan \u00abl\u00e1mparas\u00bb (lampadas). Son novias de un esposo pol\u00ed\u00adgamo, que va a casarse, al mismo tiempo, con diez o con aquellas de las diez que sean prudentes. Adem\u00e1s, en contra de toda la ense\u00f1anza del Evangelio, las prudentes no deben dar aceite a las necias&#8230; Por otra parte, se trata de una par\u00e1bola machista: el novio viene, como due\u00f1o y se\u00f1or, las novias aguardan&#8230; Pero, dicho eso, debemos a\u00f1adir que se trata de una par\u00e1bola gozosa, pues vincula el tema de la luz con el matrimonio, entendido como relaci\u00f3n de un hombre y una mujer. Desde esa base podemos retomar sus temas: el novio que viene es el amor, la luz plena; las novias que esperan son los hombres y mujeres capaces de cuidar su luz o de apagarla. Las bodas son dos luces que se unen, formando una luz compartida, luz de dos, en la gran Luz del Novio-Novia que les acoge en su amor. Son dos luces distintas, dos personas diferentes, y una luz doble, que se abre a otros, a los amigos y a los hijos como luz creadora, en la Luz de Dios, donde se unifican y completan, cada uno en el otro y para el otro, cada uno desde el otro y con el otro. En este contexto podemos decir que, para los cristianos, la luz originaria se ha venido a revelar en Cristo.<\/p>\n<p>(10) Yo soy la luz del mundo, Dios es luz&#8230; As\u00ed\u00ad dice Jes\u00fas en el evangelio de Juan: \u00abYo soy la luz del mundo, el que  me sigue no camina en las tinieblas\u00bb (Jn 8,12; 9,5; 12,46). Para eso ha venido, para que los hombres puedan vivir en la luz, am\u00e1ndose los unos a los otros. Este es su poder, \u00e9ste su reino: que los hombres puedan vivir en la verdad (cf. Jn 18,37). No tiene una luz propia, sino la de Dios, retomando as\u00ed\u00ad, de manera sorprendente, el tema del principio de la Biblia, cuando se dec\u00ed\u00ada que Dios hab\u00ed\u00ada empezado creando la luz (Gn 1,3-4). Ahora no se dice que Dios crea la luz, sino que \u00e9l mismo es Luz, luz que se expresa en el amor entre los hombres: \u00abEste es el mensaje: Dios es Luz, y en \u00e9l no existe oscuridad alguna. Si decimos que tenemos comuni\u00f3n con \u00e9l y andamos en tinieblas, mentimos y no practicamos la verdad. Pero si andamos en Luz, como \u00e9l est\u00e1 en Luz, tenemos comuni\u00f3n unos con otros\u00bb (1 Jn 1,5-7). La misma Palabra de Dios es Luz para los hombres, como sabe el pr\u00f3logo solemne del evangelio de Juan: \u00abEn \u00e9l estaba la Vida y la Vida era la Luz para los hombres\u00bb (Jn 1,4-6), la luz de la Palabra compartida de los ojos y las manos, que Jes\u00fas quiere irradiar en este mundo, como un fuego: \u00abHe venido a encender fuego en la tierra. \u00c2\u00a1Y c\u00f3mo quisiera ya que estuviera ardiendo!\u00bb (cf. Lc 13,49). Esta es la verdad suprema: no existen dos esp\u00ed\u00adritus, uno de luz, otro de tinieblas; no se puede hablar de guerra entre los hijos de la luz y los hijos de la oscuridad, pues Dios es solamente Luz, una luz que se expresa en el amor que cada uno enciende en el otro, pues, al final del camino, la l\u00e1mpara de cada uno es el otro. Tenemos el riesgo de perdernos en nuestra propia oscuridad, pero la luz de Dios es m\u00e1s fuerte que las oscuridades de los hombres. Esa es la luz que limpia el coraz\u00f3n, para que los hombres puedan descubrir a Dios y descubrirse a s\u00ed\u00ad mismos: \u00abBienaventurados los limpios de coraz\u00f3n, porque ellos ver\u00e1n a Dios\u00bb (cf. Mt 5,7) y se amar\u00e1n unos a los otros. Esta es la verdad, \u00e9ste el mensaje: una luz que se ofrece y no se impone; una luz que se dice, silenciosamente, recreando cada d\u00ed\u00ada la vida por el otro y con el otro.<\/p>\n<p>Cf. J. V\u00e1zquez Allegue, LOS hijos de la luz y los hijos de las tinieblas. El pr\u00f3logo de la regla de la comunidad de Qumr\u00e1n, Verbo Divino, Estella 2000.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n<p>La imagen de la luz se usa con frecuencia en la Biblia. Dios, creador de la luz, est\u00e1 revestido de luz. La luz es como el reflejo de su gloria, la vestidura con que Dios se cubre (Sal 104,2). La sabidur\u00ed\u00ada, efusi\u00f3n de la gloria de Dios, es \u00abun reflejo de la luz eterna\u00bb superior a toda luz creada (Sab 7 27- 29). La luz es una de las im\u00e1genes preferidas por el evangelio: Cristo se revel\u00f3 como luz, \u00abla luz verdadera que ilumina a todo hombre\u00bb (Jn 1,9), \u00abla luz del mundo\u00bb (Jn 8,12), la luz \u00abpara iluminar a las gentes\u00bb (Lc 2,32).<\/p>\n<p>El simbolismo de la luz designa igualmente con frecuencia a los cristianos, \u00abhijos de la luz\u00bb (Ef 5,8): \u00abvosotros sois la luz del mundo&#8230;; brille as\u00ed\u00ad vuestra luz ante los hombres\u00bb (Ml 5,14-16). Los cristianos son los \u00abiluminados\u00bb. en el bautismo recibieron la luz que es Cristo. Por eso san Gregorio de Nisa llama \u00abla fiesta de las luces \u00bb al d\u00ed\u00ada del bautismo. Se comprende, por consiguiente, por qu\u00e9 la primera parte de la vigilia pascual est\u00e1 constituida por la liturgia de la luz (el fuego, el cirio pascual, el preg\u00f3n pascual). Aquella noche la Iglesia, como comunidad de \u00abv\u00ed\u00adrgenes prudentes\u00bb sale al encuentro del Esposo con sus l\u00e1mparas encendidas. A partir de esa noche, durante los cincuenta d\u00ed\u00adas pascuales, el cirio ilumina las celebraciones de la comunidad cristiana. El eco de la Pascua se refleja luego en el bautismo (entrega de la vela encendida en el cirio: \u00bb una llama que siempre ten\u00e9is que alimentar y procurad que vuestros hijos, iluminados por Cristo, vivan siempre como hijos de la luz\u00bb) y en las exequias (los que empezaron a caminar bajo la luz de Cristo glorioso, concluir\u00e1n su camino bajo la misma luz). Otro rito de la luz es el del 2 de febrero, fiesta de la Presentaci\u00f3n del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>En las celebraciones lit\u00fargicas, en el altar o cerca de \u00e9l se ponen dos o m\u00e1s velas encendidas: son un signo de veneraci\u00f3n o de celebraci\u00f3n gozosa. Lo mismo se hace en la proclamaci\u00f3n del Evangelio. Finalmente, delante del sagrario la l\u00e1mpara encendida es con su luz un signo de la presencia sacramental de Cristo en la eucarist\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>R. Gerardi<\/p>\n<p>Bibl.: J Chevalier &#8211; A. Gheerbrant, Diccionario de los s\u00ed\u00admbolos. Herder, Barcelona 1986, 663-668; H. Ch. Hahn, Luz, en DTNT 11, 462-474; J Ratzinger Luz, en CFT 11, 561-572; J. Aldaz\u00e1bal, Gestos y s\u00ed\u00admbolos, 1, CPL. Barcelona 1985, 57-63; H, Schelkle, Teolog\u00ed\u00ada del Nuevo Testamento, 1, Herder, Barcelona 1975. 199ss.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>A. NOMBRES 1. fos (fw`\u00bb, 5457), relacionado con fao, dar luz (de las ra\u00ed\u00adces fa\u2013 y fan\u2013, que expresan la luz tal como la percibe el ojo, y, metaf\u00f3ricamente, como llega a la mente; de donde se deriva faino, hacer aparecer; faneros, evidente, manifiesto, etc.); cf. el t\u00e9rmino castellano f\u00f3sforo (lit.: portador de luz). \u00abPrimariamente, la luz es una emanaci\u00f3n luminosa, energ\u00e9tica, de ciertos cuerpos, lo que posibilita al ojo discernir la forma y color de ellos. La luz exige un \u00f3rgano apto para recibirla (Mat 6:22). Cuando no hay ojos, o cuando la vista ha quedado imposibilitada por cualquier causa, la luz no tiene utilidad. El hombre, en su condici\u00f3n natural, es incapaz de recibir la luz espiritual, por cuanto carece de capacidad para discernir lo espiritual (1Co 2:14). Por ello, los creyentes reciben el nombre de \u00abhijos de luz\u00bb (Luk 16:8), no solo por haber recibido una revelaci\u00f3n de Dios, sino que mediante el nuevo nacimiento han recibido la capacidad espiritual para ella. \u00abAparte de su sentido literal como fen\u00f3meno natural, el t\u00e9rmino luz se usa en las Escrituras de: (a) la gloria de la morada de Dios (1Ti 6:16); (b) la naturaleza de Dios (1 Joh 1:5); (c) la imparcialidad de Dios (Jam 1:17); (d) el favor de Dios (Psa 4:6); del rey (Pro 16:15); el de una persona influyente (Job 29:24); (e) Dios, como el que alumbra a su pueblo (Isa 60:19,20); (f) el Se\u00f1or Jes\u00fas como el que alumbra a los hombres (Joh 1:4,5,9; 3.19; 8.12; 9.5; 12.35,36,46; Act 13:47); (g) el poder iluminador de las Escrituras (Psa 119:105); y de los juicios y mandamientos de Dios (Isa 51:4; Pro 6:23, cf. Psa 43:3); (h) de la conducci\u00f3n de Dios (Job 29:3; Psa 112:4; Isa 58:10); e, ir\u00f3nicamente, de la conducci\u00f3n del hombre (Rom 2:19); (i) la salvaci\u00f3n (1Pe 2:9); (j) la justicia (Rom 13:12; 2Co 11:14-15; 1 Joh 2:9-10); (k) el testimonio en cuanto a Dios (Mat 5:14, 16; Joh 5:35); (1) la prosperidad y el bienestar en general (Est 8:16; Job 18:18; Isa 58:8-10)\u00bb (de Notes on Thessalonians, por Hogg y Vine, pp. 159-160). 2. fotismos (fwtismov\u00bb, 5462), v\u00e9ase ILUMINAR, B. Se traduce \u00abluz\u00bb en 2Co 4:4; \u00abiluminaci\u00f3n\u00bb en v. 6. 3. fengos (fevggo\u00bb, 5338), resplandor, fulgor. Se usa de la luz de la luna (Mat 24:29; Mc 13.24: \u00abresplandor\u00bb); de una l\u00e1mpara (Luk 11:33). V\u00e9ase RESPLANDOR.\u00c2\u00b6 4. lucnos (luvcno\u00bb, 3088), l\u00e1mpara de mano; v\u00e9ase bajo , N\u00c2\u00ba 2. B. Verbos 1. fotizo (fwtivzo, 5461), v\u00e9anse ACLARAR, ALUMBRAR, N\u00c2\u00ba 4. 2. epifaino (ejpifaivnw, 2014), transitivamente, exhibir (epi, sobre; faino, hacer resplandecer). Se usa intransitiva y metaf\u00f3ricamente en Luk 1:79  \u00abpara dar luz\u00bb. V\u00e9anse APARECER, N\u00c2\u00ba 4; DAR LUZ, MANIFESTAR. Nota: Para los verbos apokueo, gennao, y t\u00ed\u00adkto, v\u00e9anse DAR A LUZ, NACER, etc. V\u00e9anse tambi\u00e9n ALUMBRAR, ILUMINAR, RESPLANDECER. C. Adjetivo foteinos (fwteinov\u00bb, 5460), (de fos; A, N\u00c2\u00ba 1), luminoso. Se traduce \u00ablleno de luz\u00bb en Mat 6:22; Luk 11:34,36, dos veces, figuradamente, de la sencillez del ojo, que act\u00faa como la l\u00e1mpara del cuerpo; en Mat 17:5, \u00abde luz\u00bb, de una nube. V\u00e9ase LUMINOSO.\u00c2\u00b6 D. Frase Adverbial Nota: El adjetivo faneros se usa en la frase adverbial eis faneron en Mc 4.22; Luk 8:17  \u00absalir a luz\u00bb.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Vine Nuevo testamento<\/b><\/p>\n<p>El tema de la luz atraviesa toda la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica. La separaci\u00f3n de la luz y de las tinieblas fue el primer acto del Creador (G\u00e9n 1,3s). Al final de la historia de la salvaci\u00f3n la nueva creaci\u00f3n (Ap 21,5) tendr\u00e1 a Dios mismo por luz (21,23). De la luz f\u00ed\u00adsica que alterna ac\u00e1 abajo con la *sombra de la noche se pasar\u00e1 as\u00ed\u00ad a la luz sin ocaso que es Dios mismo (1Jn 1,5). La historia misma que se desarrolla en el \u00ed\u00adnterin toma la forma de un conflicto en que se enfrentan la luz y las tinieblas, enfrentamiento id\u00e9ntico al de la *vida y de la *muerte (cf. Jn 1,4s). No hay una metaf\u00ed\u00adsica dualista que venga a cristalizar esta visi\u00f3n dram\u00e1tica del mundo, como sucede en el pensamiento iranio. Pero no por eso deja de ser el hombre objeto del conflicto: su suerte final se define en t\u00e9rminos de luz y de tinieblas como en t\u00e9rminos de vida y de muerte. El tema ocupa, pues, un puesto central entre los simbolismos religiosos a q.:e recurre la Escritura.<\/p>\n<p>AT. I. EL DIOS DE LUZ. 1. El creador de la luz. La luz, como todo lo dem\u00e1s, no existe sino como criatura de Dios: luz del d\u00ed\u00ada, que emergi\u00f3 del caos original (G\u00e9n 1,1-5); luz de los *astros que iluminan la tierra d\u00ed\u00ada y noche (1,14-19). Dios la env\u00ed\u00ada y la vuelve a llamar, y ella obedece temblando (Bar 3,33). Por lo dem\u00e1s, las tinieblas que alternan con ella se hallan en la misma situaci\u00f3n, pues el mismo Dios \u00abhace la luz y las tinieblas\u00bb (ls 45,7; Am 4, 13 LXX). Por eso luz y tinieblas cantan el mismo c\u00e1ntico en alabanza del Creador (Sal 19,2s; 148,3; Dan 3,71s). Toda concepci\u00f3n m\u00ed\u00adtica queda as\u00ed\u00ad radicalmente eliminada; pero esto no es obst\u00e1culo para que la luz y las tinieblas tengan un significado simb\u00f3lico.<\/p>\n<p>2. El Dios vestido de luz. En efecto, como las otras criaturas, la luz es un signo que manifiesta visiblemente algo de Dios. Es como el reflejo de su *gloria. Por este t\u00ed\u00adtulo forma parte del aparato literario que sirve para evocar las teofan\u00ed\u00adas. Es el *vestido en que Dios se envuelve (Sal 104,2). Cuando aparece, \u00absu resplandor es semejante al d\u00ed\u00ada, de sus manos salen rayos\u00bb (Hab 3,3s). La b\u00f3veda celestial, sobre la que reposa su trono, es resplandeciente como el cristal (Ex 24,10; Ez 1,22). Otras veces se le representa rodeado de *fuego (G\u00e9n 15,17; Ex 19,18; 24,17; Sal 18,9; 50,3) o lanzando los rel\u00e1mpagos de la *tormenta (Ez 1,13; Sal 18,15). Todos estos cuadros simb\u00f3licos establecen un nexo entre la presencia divina y la impresi\u00f3n que hace al hombre una luz deslumbradora. En cuanto a las tinieblas, no excluyen la *presencia de Dios, puesto que \u00e9l las sondea y ve lo que acaece en ellas (Sal 139, lls; Dan 2,22). Sin embargo, la tiniebla por excelencia, la del seol, es un lugar en el que los hombres son \u00abarrancados de su mano\u00bb (Sal 88,6s. 13). En la oscuridad ve, pues, Dios sin dejarse ver, est\u00e1 presente sin entregarse.<\/p>\n<p>3. Dios es luz. No obstante este recurso al simbolismo de la luz, antes del libro de la Sabidur\u00ed\u00ada no se aplicar\u00e1 a la esencia divina. La *sabidur\u00ed\u00ada, efusi\u00f3n de la gloria de Dios, es \u00abun reflejo de la luz eterna\u00bb, superior a toda luz creada (Sab 7,27. 29s). El simbolismo alcanza aqu\u00ed\u00ad un grado de desarrollo, del que el NT se servir\u00e1 m\u00e1s copiosamente.<\/p>\n<p>II. LA LUZ, DON DE Dios. 1. La luz de los vivos. \u00abLa luz es suave, y a los ojos agrada ver el sol\u00bb (Ecl 11,7). Todo hombre ha pasado por esta experiencia. De ah\u00ed\u00ad una asociaci\u00f3n estrecha entre la luz y la *vida: nacer es \u00abver la luz\u00bb (Job 3,16; Sal 58,9). El ciego que no ve la \u00abluz de Dios\u00bb (Tob 3,17; 11,8) tiene un gusto anticipado de la muerte (5,11s); viceversa, el enfermo al que libra Dios de la muerte se regocija de ver brillar de nuevo en s\u00ed\u00ad mismo \u00abla luz de los vivos\u00bb (Job 33,30; Sal 56,14), puesto que el Seo\/ es el reino de las tinieblas (Sal 88,13). Luz y tinieblas tienen as\u00ed\u00ad para el hombre valores opuestos que fundan su simbolismo.<\/p>\n<p>2. Simbolismo de la luz. En primer lugar, la luz de las teofan\u00ed\u00adas comporta un significado existencial para los que son agraciados con ellas, sea que subraye la majestad de un Dios hecho familiar (Ex 24,10s), sea que haga sentir su car\u00e1cter temeroso (Hab 3,3s). A esta evocaci\u00f3n misteriosa de la presencia divina, la met\u00e1fora del rostro luminoso a\u00f1ade una nota tranquilizadora de benevolencia (Sal 4,7; 31,17; 89,16; N\u00fam 6,24ss; cf. Prov 16,15). Ahora bien, la presencia de Dios al hombre es sobre todo una presencia tutelar. Con su *ley ilumina Dios los pasos del hombre (Prov 6,23; Sal 119,105) ; es tambi\u00e9n la *l\u00e1mpara que le gu\u00ed\u00ada (Job 29,3; Sal 18,29). Libr\u00e1ndolo del peligro ilumina sus ojos (Sal 13,4); es as\u00ed\u00ad su luz y su salvaci\u00f3n (Sal 27,1). Finalmente, si el hombre es justo, le conduce hacia el gozo de un d\u00ed\u00ada luminoso (Is 58,10; Sal 36,10; 97,11; 112,4), mientras que el malvado tropieza en las tinieblas (Is 59,9s) y ve extinguirse su l\u00e1mpara (Prov 13,9; 24,20; Job 18,5s). Luz y tinieblas representan as\u00ed\u00ad finalmente las dos suertes que aguardan al hombre, la felicidad y la desgracia.<\/p>\n<p>3. Promesa de la luz. No tiene, pues, nada de extra\u00f1o hallar el simbolismo de la luz y de las tinieblas en los profetas, en perspectiva escatol\u00f3gica. Las tienieblas, azote amenazador que experimentaron los egipcios (Ex 10,21&#8230;), constituyen uno de los signos anunciadores del *d\u00ed\u00ada de Yahveh (Is 13,10; Jer 4,23; 13, 16; Ez 32,7; Am 8,9; Jl 2,10; 3,4; 4,15): para un mundo pecador \u00e9ste ser\u00e1 tinieblas y no luz (Am 5,18; cf. Is 8,21ss).<\/p>\n<p>Sin embargo, el d\u00ed\u00ada de Yahveh debe tener tambi\u00e9n otra faz, de gozo y de liberaci\u00f3n, para el *resto de los justos humillado y angustiado; entonces \u00abel pueblo que caminaba en las tinieblas ver\u00e1 una gran luz\u00bb (Is 9,1; 42,7; 49,9; Miq 7,8s). La imagen tiene un alcance obvio y da lugar a m\u00faltiples aplicaciones. Hacepensar primero en la claridad de un d\u00ed\u00ada maravilloso (Is 30,26), sin alternancia de d\u00ed\u00ada y de noche (Zac 14,7), iluminado por el \u00absol de justicia\u00bb (Mal 3,20). No obstante, el alba que amanecer\u00e1 para la nueva *Jerusal\u00e9n (Is 60,Iss) ser\u00e1 de otra naturaleza que la del tiempo actual: es el Dios vivo el que personalmente iluminar\u00e1 a los suyos (60,19s). Su *ley alumbrar\u00e1 a los pueblos (Is 2,5; 51,4; Bar 4,2) ; su siervo ser\u00e1 la luz de las *naciones (Is 42,6; 49,6).<\/p>\n<p>Para los justos y los pecadores se reproducir\u00e1n as\u00ed\u00ad en el d\u00ed\u00ada supremo las dos suertes de las que la historia del *Exodo ofreci\u00f3 un ejemplo llamativo: las tinieblas para los imp\u00ed\u00ados, pero para los santos la plena luz (Sab 17,1-18,4). Estos resplandecer\u00e1n como el cielo y los astros, mientras que los imp\u00ed\u00ados permanecer\u00e1n para siempre en el horror del oscuro leo\/ (Dan 12,3; cf. Sab 3,7). La perspectiva va a dar en un mundo transfigurado a la imagen del Dios de luz.<\/p>\n<p>NT. I. CRISTO, LUZ DEL MUNDO. 1. Cumplimiento de la promesa. En el NT la luz escatol\u00f3gica prometida por los profetas ha venido a ser realidad : cuando Jes\u00fas comienza a predicar en Galilea se cumple el or\u00e1culo de Is 9,1 (Mt 4,16). Cuando resucita seg\u00fan las profec\u00ed\u00adas es para \u00abanunciar la luz al pueblo y a las naciones paganas\u00bb (Act 26,23). As\u00ed\u00ad los c\u00e1nticos conservados por Lucas saludan en \u00e9l desde la infancia al sol naciente que debe iluminar a los que est\u00e1n en las tinieblas (Lc 1,78s; cf. Mal 3,20; Is 9,1; 42,7), la luz que debe iluminar a las naciones (Lc 2,32; cf. Is 42,6; 49,6). La vocaci\u00f3n de Pablo, anunciador del Evangelio entre los paganos, se inscribir\u00e1 en la l\u00ed\u00adnea de los mismos textos prof\u00e9ticos (Act 13,47; 26,18).<\/p>\n<p>2. Cristo revelado como luz. Sin embargo, por sus actos y sus palabras se ve a Jes\u00fas revelarse como luz del mundo. Las curaciones de ciegos (cf. Mc 8,22-26) tienen en este punto un significado particular, como lo subraya Juan refiriendo el episodio del ciego de nacimiento (Jn 9). Jes\u00fas declara entonces: \u00abMientras estoy en el mundo soy la luz del mundo\u00bb (9,5). En otro lugar comenta: \u00abEl que me sigue no camina en las tinieblas, sino que tendr\u00e1 la luz de la vida\u00bb (8,12); \u00abyo, la luz, vine al mundo para que quien creyere en m\u00ed\u00ad no camine en las tinieblas\u00bb (12,46). Su acci\u00f3n iluminadora dimana de lo que \u00e9l es en s\u00ed\u00ad mismo : la *palabra misma de Dios, *vida y luz de los hombres, luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo (1,4.9). As\u00ed\u00ad el drama que se crea en torno a \u00e9l es un enfrentamiento de la luz y de las tinieblas: la luz brilla en las tinieblas (1,4), y el *mundo malo se esfuerza por sofocarla, pues los hombres prefieren las tinieblas a la luz cuando sus *obras son malas (3,19). Finalmente, a la hora de la pasi\u00f3n, cuando Judas sale del cen\u00e1culo para entregar a Jes\u00fas, Juan nota intencionadamente: \u00abEra de *noche\u00bb (13, 30); y Jes\u00fas al ser arrestado declara: \u00abEsta es vuestra hora y el poder de las tinieblas\u00bb (Lc 22,53).<\/p>\n<p>3. Cristo transfigurado. Mientras Jes\u00fas vivi\u00f3 en la tierra, la luz divina que llevaba en s\u00ed\u00ad estuvo velada bajo la humildad de su *carne. Hay, sin embargo, una circunstancia en la que se hace perceptible a testigos privilegiados en una visi\u00f3n excepcional: la *transfiguraci\u00f3n. Este rostro que resplandece, estos *vestidos deslumbradores como la luz (Mt 17,2 p) no pertenecen ya a la condici\u00f3n mortal de los hombres: anticipan el estado de Cristo resucitado, que aparecer\u00e1 a Pablo en una luz fulgurante (Act 9,3; 22,6; 26,13); forman parte del simbolismo propio de las teofan\u00ed\u00adas del AT. En efecto, la luz que resplandece en el *rostro de Cristo es la de la gloria de Dios mismo (cf. 2Cor 4,6): en calidad de *Hijo de Dios es \u00abel resplandor de su gloria\u00bb (Heb 1,3). As\u00ed\u00ad, a trav\u00e9s de Cristo luz se revela algo de la esencia divina. No s\u00f3lo Dios \u00abhabita una luz inaccesible\u00bb (ITim 6,16); no s\u00f3lo se le puede llamar \u00abel Padre de las luces\u00bb (Sant 1,17), sino que, como lo explica san Juan, \u00ab\u00e9l mismo es luz, y en \u00e9l no hay tinieblas\u00bb (Un 1,5). Por eso todo lo que es luz proviene de \u00e9l, desde &#8216;la creaci\u00f3n de la luz f\u00ed\u00adsica el primer d\u00ed\u00ada (cf. Jn 1,4), hasta la iluminaci\u00f3n de nuestros corazones por la luz de Cristo (2Cor 4,6). Y todo lo que es extra\u00f1o a esta luz pertenece al reino de las tinieblas: tinieblas de la noche, tinieblas del seol y de la muerte, tinieblas de Sat\u00e1n.<\/p>\n<p>II. LOS HIJOS DE LUZ. 1. Los hombres entre las tinieblas y la luz. La revelaci\u00f3n de Jes\u00fas como luz del mundo da un relieve cierto a la ant\u00ed\u00adtesis de las tinieblas y de la luz, no en una perspectiva metaf\u00ed\u00adsica, sino en un plano moral: la luz califica la esfera de Dios y de Cristo como la del bien y de &#8216;la justicia, las tinieblas califican la esfera de *Sat\u00e1n como la del mal y de la impiedad (cf. 2Cor 6,14s), aun cuando_ Sat\u00e1n, para seducir al hombre, se disfrace a veces de \u00e1ngel de luz (11,14). El hombre se halla cogido entre las dos y le es preciso escoger, de modo que sea \u00abhijo de las tinieblas\u00bb o \u00abhijo de luz\u00bb. La secta de Qumr\u00e1n recurr\u00ed\u00ada ya a esta representaci\u00f3n para describir la *guerra escatol\u00f3gica. Jes\u00fas se sirve de ella para distinguir el *mundo presente del *reino que \u00e9l inaugura: los hombres se dividen a sus ojos en \u00abhijos de este mundo\u00bb e \u00abhijos de luz\u00bb (Lc 16,8). Entre unos y otros se opera una divisi\u00f3n cuando aparece Cristo-luz: los que hacen. el mal huyen de la luz para que no sean descubiertas sus *obras; los que obran en la verdad vienen a la luz (Jn 3,19ss) y creen en la luz para ser hijos de luz (Jn 12,36).<\/p>\n<p>2. De las tinieblas a la luz. Todos los hombres pertenecen por nacimiento al reino de las tinieblas, particularmente los paganos \u00aben sus pensamientos entenebrecidos\u00bb (Ef 4, 18). Dios es quien \u00abnos llam\u00f3 de las tinieblas a su admirable luz\u00bb (lPe 2,9). Sustray\u00e9ndonos al imperio de las tinieblas nos transfiri\u00f3 al reino de su Hijo para que comparti\u00e9ramos la suerte de los santos en la luz (Col I,12s): gracia decisiva, experimentada en el momento del bautismo, cuando \u00abCristo brill\u00f3 sobre nosotros\u00bb (Ef 5,14). Fa otro tiempo \u00e9ramos tinieblas, ahora somos luz en el Se\u00f1or (Ef 5,8). Esto determina para nosotros una l\u00ed\u00adnea de conducta: \u00abvivir como hijos de la luz\u00bb (Ef 5,8; cf. lTes 5,5).<\/p>\n<p>3. La vida de los hijos de luz. Era ya una recomendaci\u00f3n de Jes\u00fas (cf. Jn 12,35s): importa que el hombre no deje oscurecer su luz interior, y tambi\u00e9n que vele sobre su ojo, *l\u00e1mpara de su cuerpo (Mt 6,22s p). En Pablo se hace habitual la recomendaci\u00f3n. Hay que revestirse las armas de luz y desechar las obras de tinieblas (Rom 13,12s), no sea que nos sorprenda el *d\u00ed\u00ada del Se\u00f1or (lTes 5,4-8). Toda la moral entra f\u00e1cilmente en esta perspectiva: el \u00abfruto de la luz\u00bb es todo lo que es bueno, justo y verdadero; las \u00abobras est\u00e9riles de las tinieblas\u00bb comprenden los pecados de todas clases (Ef 5,9-14). Juan no habla de otra manera. Hay que \u00abcaminar en la luz\u00bb para estar en comuni\u00f3n con Dios, que es luz (Un 1,5ss). El criterio es el *amor fraterno: en esto se reconoce si est\u00e1 uno en las tinieblas o en la luz (2,8-11).<\/p>\n<p>El que vive as\u00ed\u00ad, como verdadero hijo de luz, hace irradiar entre los hombres la luz divina, de la que ha venido a ser depositario. Hecho a su vez luz del mundo (Mt 5,14ss), responde a la misi\u00f3n que le ha dado Cristo.<\/p>\n<p>4. Hacia la luz eterna. El hombre, caminando por tal camino, puede esperar la maravillosa transfiguraci\u00f3n que Dios ha prometido a los justos en su reino (Mt 13,43). En efecto, la *Jerusal\u00e9n celestial, adonde llegar\u00e1 finalmente, reflejar\u00e1 en s\u00ed\u00ad misma la luz divina, conforme a los textos prof\u00e9ticos (Ap 21,23ss; cf. Is 60); entonces los elegidos, contemplando la faz de Dios, ser\u00e1n iluminados por esta luz (Ap 22,4s). Tal es la esperanza de los hijos de luz; tal es tambi\u00e9n la oraci\u00f3n que la Iglesia dirige a Dios por los que de ellos han dejado ya la tierra: lux perpetua luceat eis! Ne cadant in obscurum, sed signifer sanctus Michael repraesentet eas in lucem sanctam (Ofertorio de la Misa de difuntos).<\/p>\n<p>-> Blanco &#8211; Fuego &#8211; Gloria &#8211; L\u00e1mpara &#8211; Noche &#8211; Sombra &#8211; Revelaci\u00f3n.<\/p>\n<p>LEON-DUFOUR, Xavier, Vocabulario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, Herder, Barcelona, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Vocabulario de las Ep\u00edstolas Paulinas<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\">Para el hebreo antiguo, que estaba rodeado de adoradores del sol, la luz era santa, el s\u00edmbolo natural de Dios. En el AT se describe a Dios como creando la luz (Gn. 1:3) y vestido de luz (Sal. 104:2); y el t\u00e9rmino se usa en conexi\u00f3n con la vida a fin de expresar esa gloria \u00faltima que Dios da a los hombres (Sal. 36:9). En el NT se emplea <em>f\u014ds<\/em> como una expresi\u00f3n para lo eternamente real en contraste con <em>skotos<\/em>, que es pecado e irreal. Algunos derivan este contraste de la ant\u00edtesis entre las esferas de Ahura-mazda y Angro-mainyu en el zoroastrismo (v\u00e9ase); y, por cierto, es un elemento en la doctrina de los Dos Esp\u00edritus de los Manuscritos del Mar Muerto. Plat\u00f3n asociaba el sol con la idea del Bien, y Fil\u00f3n consideraba al Creador como un arquetipo de la luz.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En 1 Jn. 1:5 se establece en forma absoluta que ho <em>zeos f\u014ds estin<\/em>. Santiago llama a Dios, como Creador de los cuerpos celestiales, <em>patros t\u014dn f\u014dt\u014dn<\/em> (1:17), a\u00f1adiendo que \u00e9l no cambia de posici\u00f3n ni es eclipsado como ellos lo son. Las Pastorales nos recuerdan la majestad de Dios en el Sina\u00ed afirmando que \u00e9l mora en <em>f\u014ds aprositon<\/em>. Con m\u00e1s frecuencia se dice en el NT que la luz reside en el Logos y se la describe (Jn. 1:3\u20134) como la vida de los hombres. Entra en el mundo, brilla en las tinieblas del error, ilumina a cada hombre; pero s\u00f3lo aquellos que reciben al Logos pueden llegar a ser hijos de luz y entrar al final en la Ciudad Santa cuya <em>luchnos<\/em> es el Cordero (<em>arnion<\/em>, Ap. 21:23).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al encarnarse el Logos vino a ser <em>f\u014ds tou kosmou<\/em> (Jn. 8:12). En la tradici\u00f3n rab\u00ednica esta frase se aplicaba a la Torah y al templo y no es una afirmaci\u00f3n de deidad; sino que para Juan implica que Cristo es la <em>f\u014ds alezinon<\/em>, la realidad \u00faltima. Por contraste hay muchas luces m\u00e1s peque\u00f1as o copias de la realidad, que derivan su llama transitoria del Logos; una <em>luchnos<\/em> como \u00e9sta era Juan el Bautista (Jn. 5:35). La luz verdadera testifica de s\u00ed misma, porque su luz es autoevidente, y por la luz veremos la luz. Las luces menores dan testimonio del Logos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La conversi\u00f3n de Pablo es esencialmente un encuentro con <em>f\u014ds ek tou ouranou<\/em> (Hch. 9:3). Las escamas de la oscuridad pecaminosa se desprendieron de sus ojos, y se le comision\u00f3 como una luz para los gentiles (Hch. 13:47). Se visti\u00f3 con la armadura de luz para combatir con los gobernadores de las tinieblas, quienes est\u00e1n dirigidos por Satan\u00e1s, que se transforma en una parodia de un \u00e1ngel de luz (2 Co. 11:14). Instruye a sus convertidos a caminar como hijos de luz (Ef. 5:8).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Durante el \u00e9xodo la luz de Dios fue exhibida a los israelitas como su <em>shekinah<\/em> de gloria (v\u00e9ase) en fuego y humo. En la <a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">LXX<\/a> tambi\u00e9n <em>f\u014ds<\/em> se asocia con <em>doxa<\/em> en Is. 60:1\u20133. La transfiguraci\u00f3n contiene ambos temas. Los vestidos de Jes\u00fas se vuelven blancos como <em>f\u014ds<\/em> (Mt. 17:2) y tanto Pedro como Juan insisten en que ellos vieron la <em>doxa<\/em> de Dios en el monte (Jn. 1:14; 2 P. 1:17). En el Cuarto Evangelio la gloria de Cristo no s\u00f3lo se manifiesta en el monte, sino que en todas sus se\u00f1ales, y resulta en una <em>krisis<\/em> o discriminaci\u00f3n por la luz: los malhechores odian la luz; los que buscan la verdad vienen a la luz; cuando la luz aparece todos los hombres emiten un juicio sobre s\u00ed mismos (Jn. 3:19\u201321).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">BIBLIOGRAF\u00cdA<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Arndt; C.H. Dodd, <em>The Interpretation of the Fourth Gospel<\/em>, pp. 201\u2013212; <em><a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">HDB<\/a><\/em>; Fil\u00f3n, <em>Somn.<\/em> I. 75; A. Dupont-Sommer, <em>The Jewish Sect of Qumran<\/em>, pp. 118\u2013130; R. Bultmann, <em>Zur Geschichte der Lichtsymbolik im Altertum<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Denis H. Tongue<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\"><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">LXX <\/a>Septuagint<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\"><em>HDB <\/em><\/a><em>Hastings\u2019 Dictionary of the Bible<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\"><\/a>Harrison, E. F., Bromiley, G. W., &amp; Henry, C. F. H. (2006). <em>Diccionario de Teologi\u0301a<\/em> (369). Grand Rapids, MI: Libros Desafi\u0301o.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Teolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p><p style='text-align:justify;'><span lang=ES style=''>Antiguo nombre de *Bet-el, llamado as\u00ed por Jacob despu\u00e9s de su sue\u00f1o acerca de la escalera entre el cielo y la tierra, cuando pas\u00f3 la noche cerca de la ciudad (Gn. 28.19; 35.6; 48.3). Es el lugar donde pernoct\u00f3 Jacob cerca de la ciudad, mas bien que la ciudad misma, el que recibi\u00f3 el nombre Bet-el (Jos. 16.2), pero posteriormente este lugar alcanz\u00f3 tal importancia que tambi\u00e9n se aplic\u00f3 el nombre a la ciudad (Jos. 18.13; Jue. 1.23). Sin embargo, los habitantes cananeos todav\u00eda llamaban Luz a la ciudad, debido a que cuando los israelitas la tomaron, un cananeo a quien obligaron a mostrarles la entrada a cambio de su vida escap\u00f3 \u201ca la tierra de los heteos\u201d y fund\u00f3 otra ciudad del mismo nombre (Jue. 1.24\u201326).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=';text-transform:uppercase'>Bibliograf\u00eda.<\/span><span lang=ES style=''> F. M. Abel, <i>G\u00e9ographie de la Palestine<\/i>, 2, 1938, pp. 371.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal align=right style='text-align:right;line-height:normal'><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green'>T.C.M.<\/span><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;'>Douglas, J. (2000). Nuevo diccionario Biblico : Primera Edicion. Miami: Sociedades B\u00edblicas Unidas.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico<\/b><\/p>\n<p><p style='text-align:justify;'><span lang=ES style=''>Este t\u00e9rmino est\u00e1 relacionado con el gozo, la bendici\u00f3n y la *vida, en contraste con el dolor, la adversidad y la muerte (cf. Gn. 1.3s; Job 10.22; 18.5s). En tiempos primitivos ya significaba la presencia y el favor de Dios (cf. Sal. 27.1; Is. 9.2; 2 Co. 4.6), en contraste con el juicio de Dios (Am. 5.18). De estas y otras fuentes surge un dualismo \u00e9tico muy marcado entre la luz y las tinieblas, e. d. entre el bien y el mal, en el NT (cf. Lc. 16.8; Jn. 3.19ss; 12.36; 2 Co. 6.14; Col. 1.12s; 1 Ts. 5.5; 1 P. 2.9). Algunos entendidos, p. ej. C. H. Dodd, han considerado que los paralelos helen\u00edsticos resultan significativos a este respecto, pero la presencia de este uso en el juda\u00edsmo, p. ej. <i>La guerra de los hijos de la luz y los hijos de las tinieblas <\/i>en <etiqueta id=\"#_ftn374\" name=\"_ftnref374\" title=\"\"><span style='text-transform:uppercase'>RMM<\/span><\/etiqueta>, hace innecesaria tal inferencia, y nos ofrece un comentario m\u00e1s pertinente sobre los conceptos neotestamentarios.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>La *santidad de Dios se expresa en t\u00e9rminos de luz, p. ej. en 1 Ti. 6.16, donde se dice que habita \u201cen luz inaccesible\u201d; cf. 1 Jn. 1.5, donde se dice que \u201cDios es luz\u201d, y otros pasajes en esa misma ep\u00edstola, en los que se explican las consecuencias de este hecho para el creyente. Podemos ver el mismo pensamiento en la t\u00edpica expresi\u00f3n heb. \u201chijos de luz\u201d, que dos veces emplea Pablo (Ef. 5.8; cf. 1 Ts. 5.5; Jn. 12.36).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>En el Evangelio de Juan el t\u00e9rmino luz se refiere, no tanto a la santidad de Dios, como a la <i>revelaci\u00f3n <\/i>de su amor en Cristo y la penetraci\u00f3n de dicho amor en vidas entenebrecidas por el pecado. Es as\u00ed que Cristo se refiere a s\u00ed mismo como \u201cla luz del mundo\u201d (Jn. 8.12; 9.5; cf. 12.46), y en el Serm\u00f3n del monte aplica esta expresi\u00f3n a sus disc\u00edpulos (Mt. 5.14\u201316). En forma semejante, Pablo puede referirse a \u201cla luz del evangelio de la gloria de Cristo\u201d, y a Dios mismo como el que \u201cresplandeci\u00f3 en nuestros corazones\u201d (2 Co. 4.4\u20136).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=';text-transform:uppercase'>Bibliograf\u00eda.<\/span><span lang=ES style=''> C. H. Dodd, <i>La interpretaci\u00f3n del cuarto evangelio<\/i>, 1978; H.-C. Hahn, \u201cLuz\u201d, <etiqueta id=\"#_ftn375\" name=\"_ftnref375\" title=\"\"><i>\u00b0DTNT<\/i><\/etiqueta>, t(t). II, pp. 462\u2013474; M. Saebo, \u201cLuz\u201d, <etiqueta id=\"#_ftn376\" name=\"_ftnref376\" title=\"\"><i>\u00b0DTMAT<\/i><\/etiqueta>, t(t). I, cols. 148\u2013156; Aalen, \u201cLuz\u201d, <etiqueta id=\"#_ftn377\" name=\"_ftnref377\" title=\"\"><i>\u00b0DTAT<\/i><\/etiqueta>, 1978, t(t). I, cols. 159\u2013180; J. Mateos, J. Barreto, <i>Vocabulario teol\u00f3gico del evangelio de Juan<\/i>, 1980.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Arndt; <etiqueta id=\"#_ftn378\" name=\"_ftnref378\" title=\"\"><i>ISBE<\/i><\/etiqueta>; C. H. Dood, <i>The Interpretation of the Fourth Gospel<\/i>, 1954, pp. 201\u2013212; D. Husser, \u201cThe Dead Sea Sect and Pre-Pauline Christianity\u201d, <i>Aspects of the Dead Sea Scrolls,<\/i> <etiqueta id=\"#_ftn379\" name=\"_ftnref379\" title=\"\">eds. C. <\/etiqueta>Rabin y Y. Yadin, 1958, pp. 215\u2013266; H. Conzelmann, <etiqueta id=\"#_ftn380\" name=\"_ftnref380\" title=\"\"><i>TDNT <\/i><\/etiqueta>9, pp. 310\u2013358; H.-C. Hahn et al., <i>NIDNTT <\/i>2, pp. 484\u2013496.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal align=right style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt; text-align:right;line-height:normal'><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><etiqueta id=\"#_ftn381\" name=\"_ftnref381\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt; ;color:green'>E.E.E.<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;'>Douglas, J. (2000). Nuevo diccionario Biblico : Primera Edicion. Miami: Sociedades B\u00edblicas Unidas.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>v. Dar, L\u00e1mpara, Lumbrera Gen 1:3 y dijo Dios: Sea la l; y fue la l Exo 10:23 de Israel ten\u00edan l en sus habitaciones Est 8:16 los jud\u00edos tuvieron l y alegr\u00eda, y gozo y Job 18:5 la l de los imp\u00edos ser\u00e1 apagada, y no Job 29:3 a cuya l yo caminaba en &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/luz\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abLUZ\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-2963","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2963","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2963"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2963\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2963"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2963"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2963"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}