{"id":3065,"date":"2016-02-04T23:39:52","date_gmt":"2016-02-05T04:39:52","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/maria\/"},"modified":"2016-02-04T23:39:52","modified_gmt":"2016-02-05T04:39:52","slug":"maria","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/maria\/","title":{"rendered":"MARIA"},"content":{"rendered":"<p>la hermana de Mois\u00e9s. Su c\u00e1ntico, Exo 15:20-21; hecha leprosa por criticar a Mois\u00e9s, y sanada, Num 12:1-15; muere en Cades, Num 20:1.<\/p>\n<hr>\n<p>Mar\u00ed\u00ada    (heb. Miry\u00e2m y aram. Mary\u00e2m [1, 2], \u00abfuerte\u00bb o \u00abrebeli\u00f3n\u00bb; quiz\u00e1s una adaptaci\u00f3n heb. del egip.  Mryt, \u00abla amada\u00bb; m\u00e1s tarde este nombre lleg\u00f3 a ser com\u00fan y se encuentra, en su forma gr., como el nombre de varias mujeres del NT; gr. Mar\u00ed\u00ada y Mari\u00e1m [3-10]).  1.  Hermana de Aar\u00f3n y de Mois\u00e9s (Exo 15:20; Num 26:59).  Vigil\u00f3 el arca que conten\u00ed\u00ada al ni\u00f1ito Mois\u00e9s, puesta a orillas del r\u00ed\u00ado, y sugiri\u00f3 una ama hebrea para que lo cuidara (Exo 2:4-9).  Despu\u00e9s del cruce del Mar Rojo, Mar\u00ed\u00ada, ahora llamada profetisa, dirigi\u00f3 a las mujeres de Israel en un canto de alabanza a Dios por su milagrosa liberaci\u00f3n (Exo 15:20, 21; Mic 6:4).  M\u00e1s tarde, con su hermano Aar\u00f3n, aparece como celosa del lugar de liderazgo de Mois\u00e9s.  Ambos expresaron su molestia a Mois\u00e9s, usando su casamiento con una mujer cusita,* probablemente S\u00e9fora,* la mujer madianita, como pretexto por su malestar. Tambi\u00e9n reclamaron la igualdad con \u00e9l, afirmando que Dios les hab\u00ed\u00ada hablado a ellos igual que a Mois\u00e9s.  Por su rebeli\u00f3n contra la voluntad de Dios y su instrumento, Mar\u00ed\u00ada fue castigada con lepra, pero fue sanada despu\u00e9s que Mois\u00e9s intercediera por ella (Num 12:1-16; Deu 24:9).  Muri\u00f3 en Cades, y all\u00ed\u00ad fue sepultada (Num 20:1).  341. Arriba, osario jud\u00ed\u00ado (recept\u00e1culo de huesos) con la inscripci\u00f3n (abajo): \u00abMar\u00ed\u00ada, la hija de Sime\u00f3n\u00bb.  2.  Descendiente de Jud\u00e1 (1Ch 4:17); no es claro si era hombre o mujer.  3.  Madre de Jes\u00fas (Mat 1:18).  Que ella proven\u00ed\u00ada de la descendencia de David est\u00e1 sugerido en Rom 1:3 (c\u00c6\u2019 Act 2:30; 13:23; 2 Tit 2:8).  Mar\u00ed\u00ada, como tambi\u00e9n Jos\u00e9, su prometido, viv\u00ed\u00ada en Nazaret* (Luk 1:26; 2:39), y all\u00ed\u00ad se le apareci\u00f3 el \u00e1ngel Gabriel y le revel\u00f3 que ser\u00ed\u00ada bendecida por sobre todas las rnujeres, porque sobre ella recaer\u00ed\u00ada el supremo privilegio codiciado por las madres de Israel durante generaciones: ser\u00ed\u00ada la progenitora del \u00abHijo del Alt\u00ed\u00adsimo\u00bb, \u00abel Hijo de Dios\u00bb (Luk 1:26-35).  Mar\u00ed\u00ada acept\u00f3 este honor con humildad.  Parecer\u00ed\u00ada que fue inmediatamente a una ciudad en la regi\u00f3n monta\u00f1osa de Jud\u00e1 para visitar a su parienta, Elisabet, que ser\u00ed\u00ada la madre de Juan el Bautista (vs 39, 40). En Luk 1:36 se llama a Elisabet \u00abparienta\u00bb de Mar\u00ed\u00ada.  \u00abParienta\u00bb es la traducci\u00f3n del gr. sunguen\u00ed\u00ads, que es un t\u00e9rmino general para \u00abpariente\u00bb.  Tres meses m\u00e1s tarde, poco antes del nacimiento de Juan el Bautista, Mar\u00ed\u00ada regres\u00f3 a Nazaret (Luk 1:56).  Su casamiento con Jos\u00e9 pudo haber ocurrido en esta \u00e9poca (v\u00e9ase Mat 1:18-25).  Cuando se acercaba el tiempo para el nacimiento de Jes\u00fas, Mar\u00ed\u00ada y Jos\u00e9 tuvieron que viajar a su ciudad natal, Bel\u00e9n, para un \u00abcenso\u00bb (Luk 2:1-5).  En el pueblo, lleno de gente, no pudieron encontrar lugar para alojarse, a no ser un establo, y all\u00ed\u00ad naci\u00f3 Jes\u00fas (vs 6, 7).  Cuarenta d\u00ed\u00adas despu\u00e9s del nacimiento, Mar\u00ed\u00ada llev\u00f3 a su primog\u00e9nito al templo de Jerusal\u00e9n, como lo requer\u00ed\u00ada la ley ceremonial (Luk 2:22-24; c\u00c6\u2019 Lev 12:1-8; v\u00e9ase CBA 5:685).  En ocasi\u00f3n se le revel\u00f3 algo de sus conmovedoras experiencias futuras cuando Sime\u00f3n profetiz\u00f3 que \u00abuna espada traspasar\u00e1 tu misma alma\u00bb (Lc 2:34, 35).  Poco despu\u00e9s de esto, Mar\u00ed\u00ada y Jos\u00e9 recibieron el aviso de un \u00e1ngel de que deb\u00ed\u00adan huir a Egipto para proteger la vida del ni\u00f1o de los sanguinarios designios de Herodes (Mat 2:1-18).  Luego de alg\u00fan tiempo, se les inform\u00f3 en un sue\u00f1o de la muerte del rey, regresaron y se establecieron en Nazaret de Galilea (vs 19-23).  Cuando Jes\u00fas cumpli\u00f3 12 a\u00f1os, Mar\u00ed\u00ada y Jos\u00e9 lo llevaron a Jerusal\u00e9n para participar de la Pascua (Luk 2:41, 42). En esa ocasi\u00f3n, perdieron a Jes\u00fas. Cuando lo reprendieron despu\u00e9s de hallarlo, les explic\u00f3 sus actos con palabras que Mar\u00ed\u00ada en ese momento no pudo comprender (vs 43-51), pero \u00abguardaba todas estas cosas, medit\u00e1ndolas en su coraz\u00f3n\u00bb, como lo hab\u00ed\u00ada hecho en una ocasi\u00f3n anterior (vs 8-19). 755  Mar\u00ed\u00ada estuvo presente en una fiesta de bodas en Can\u00e1 de Galilea poco despu\u00e9s que Jes\u00fas comenz\u00f3 su ministerio.  Cuando surgi\u00f3 la necesidad de vino, apel\u00f3 a Jes\u00fas, quien, como respuesta, realiz\u00f3 su 1er milagro p\u00fablico transformando el agua en vino (Joh 2:1-11).  Despu\u00e9s, ella con los disc\u00ed\u00adpulos y otros lo acompa\u00f1aron a Capernaum (v 12).  En Mat 12:46, Mar 3:31, 32 y Luk 8:19, 20 se menciona a la madre de Jes\u00fas sin nombrarla.  Tambi\u00e9n estuvo cerca cuando Jes\u00fas colgaba de la cruz, y el Se\u00f1or la encomend\u00f3 al cuidado de su disc\u00ed\u00adpulo Juan, que \u00abdesde aquella hora . . . la recibi\u00f3 en su casa\u00bb (Joh 19:25-27).  Las Escrituras no dicen nada m\u00e1s de Mar\u00ed\u00ada, excepto que estuvo presente con otros disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas que se hab\u00ed\u00adan reunido y \u00abperseveraban un\u00e1nimes en oraci\u00f3n y ruego\u00bb antes del d\u00ed\u00ada de Pentecost\u00e9s (Act 1:14).  La tradici\u00f3n cuenta que Mar\u00ed\u00ada acompa\u00f1\u00f3 a Juan a Efeso muchos a\u00f1os despu\u00e9s de la crucifixi\u00f3n, y muri\u00f3 en esa ciudad.  En ning\u00fan lugar la Biblia justifica una exaltaci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada como lo hace la Iglesia Cat\u00f3lica Romana.  No la llama Madre de Dios, ni se la muestra como dispensadora de gracia, sino s\u00f3lo como receptora de ella junto con todos los dem\u00e1s.  La mayor\u00ed\u00ada de las ense\u00f1anzas cat\u00f3licas con respecto a Mar\u00ed\u00ada est\u00e1n basadas sobre conceptos paganos y leyendas ap\u00f3crifas (v\u00e9ase CBA 5: 665, 666).  4.  \u00abLa otra Mar\u00ed\u00ada\u00bb (Mat 27:61; 28:1).  Se la describe \u00absentada delante del sepulcro\u00bb con Mar\u00ed\u00ada Magdalena inmediatamente despu\u00e9s de que se sepultara a Cristo (27:60, 61), y acompa\u00f1\u00e1ndola a la tumba antes del amanecer el d\u00ed\u00ada de la resurrecci\u00f3n (28:1).  Es imposible identificar a esta Mar\u00ed\u00ada con alg\u00fan grado de certeza, a menos que sea Mar\u00ed\u00ada 7; se ha sugerido tambi\u00e9n que \u00abla otra Mar\u00ed\u00ada\u00bb podr\u00ed\u00ada ser la misma que Mar\u00ed\u00ada 8.  5.  \u00abMadre de Jacobo el menor y de Jos\u00e9\u00bb (Mar 15:40; c\u00c6\u2019 15:47 y 16:1, donde parece que se la nombra por separado como \u00abMar\u00ed\u00ada madre de Jos\u00e9\u00bb y \u00abMar\u00ed\u00ada la madre de Jacobo\u00bb).  Mateo tambi\u00e9n menciona a \u00abMar\u00ed\u00ada la madre de Jacobo y de Jos\u00e9\u00bb (Mat 27:56).  Sobre la suposici\u00f3n de que \u00abla otra Mar\u00ed\u00ada\u00bb y \u00abMar\u00ed\u00ada la madre de Jacobo y de Jos\u00e9\u00bb son la misma persona, se podr\u00ed\u00ada hacer la siguiente comparaci\u00f3n de sus actos: 1) Mar\u00ed\u00ada la madre de (Jacobo y de) Jos\u00e9 se qued\u00f3 con Mar\u00ed\u00ada Magdalena cerca de la tumba despu\u00e9s que sepultaron a Cristo (Mar 15:47), como tambi\u00e9n lo hizo \u00abla otra Mar\u00ed\u00ada\u00bb (Mat 27:61).  2) Mar\u00ed\u00ada la madre de Jacobo (y de Jos\u00e9) acompa\u00f1\u00f3 a Mar\u00ed\u00ada Magdalena al sepulcro muy temprano en la ma\u00f1ana de la resurrecci\u00f3n (Mar 16:1, 2), como tambi\u00e9n lo hizo \u00abla otra Mar\u00ed\u00ada\u00bb (Mat 28:1). 3) Mar\u00ed\u00ada la madre de Jacobo (y de Jos\u00e9) y Mar\u00ed\u00ada Magdalena fueron informadas por un \u00e1ngel que Jes\u00fas hab\u00ed\u00ada resucitado, y se les indic\u00f3 que lo dijeran a los disc\u00ed\u00adpulos (Mar 16:1-7; Luk 24:1-10); \u00abla otra Mar\u00ed\u00ada\u00bb tambi\u00e9n tuvo una experiencia id\u00e9ntica a la de Mar\u00ed\u00ada Magdalena (Mat 28:1-8).  6.  Magdalena.  Se la describe acompa\u00f1ando a Jes\u00fas, con otras mujeres y sus disc\u00ed\u00adpulos, en una gira de predicaci\u00f3n (Luk 8:1, 2).  Anteriormente Jes\u00fas hab\u00ed\u00ada echado de ella 7 demonios (Luk 8:2; c\u00c6\u2019 Mar 16:9).  El nombre Magdalena posiblemente indica que hab\u00ed\u00ada vivido en un pueblo llamado Magdala (Mat 15:39), en la orilla occidental del Mar de Galilea, cuando Jes\u00fas expuls\u00f3 los demonios de ella.  El apodo se us\u00f3 aparentemente para distinguirla de otras Mar\u00ed\u00adas mencionadas en los Evangelios.  El \u00fanico contexto adicional al viaje mencionado, en el que aparece su nombre completo, tiene relaci\u00f3n con la crucifixi\u00f3n y resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas.  Durante esos eventos se la describe con otras mujeres contemplando la escena del martirio de Cristo (Mat 27:56; Mar 15:40; Joh 19:25); luego, verificando, con otra Mar\u00ed\u00ada, d\u00f3nde pusieron a Jes\u00fas (Mar 15:47); vigilando cerca de la tumba con la misma mujer (Mat 27:61); como la 1\u00c2\u00aa en llegar a la tumba antes de la salida del sol en la ma\u00f1ana de la resurrecci\u00f3n (Mat 28:1; Mar 16:1, 2; Joh 20:1); como una de las primeras en informar a los disc\u00ed\u00adpulos acerca de ella (Mat 28:7, 8; Mar 16:9; Luk 24:1-10; Joh 20:18); y como la 1\u00c2\u00aa, o entre las primeras, a quienes Jes\u00fas apareci\u00f3 despu\u00e9s de resucitar (Mat 28:1, 5, 6, 9; Mar 16:9; Joh 20:1, 11-17).  Generalmente se la identifica con la \u00abmuJer_ pecadora\u00bb que ungi\u00f3 los pies de Jes\u00fas (Luk 7:37-50).  Con menos frecuencia se la ha identificado con Mar\u00ed\u00ada 3, la hermana de Marta y L\u00e1zaro, de quien tambi\u00e9n se dice que ungi\u00f3 los pies de Jes\u00fas (Joh 11:1,2; 2:1-8).  La base para esta identificaci\u00f3n es la semejanza de las 2 narraciones de ungimiento (v\u00e9ase CBA 5:745-747).  7.  \u00abDe Betania\u00bb. Con su hermana, Marta, viv\u00ed\u00adan \u00aben una aldea\u00bb (Luk 10:38).  Juan (Joh 11:1) la identifica como Betania,* un lugar a unos 2,5 km de Jerusal\u00e9n sobre el camino a Jeric\u00f3.  Del relato de Juan se puede concluir que L\u00e1zaro tambi\u00e9n viv\u00ed\u00ada con ellas, Lucas registra el siguiente incidente relacionado con una visita de Jes\u00fas a su hogar: Mar\u00ed\u00ada sentada a los pies de Jes\u00fas mientras conversan; Marta, por otra parte, prepara una comida.  Molesta por tener que trabajar sola, Marta rega\u00f1a a Jes\u00fas por permitir que su hermana est\u00e9 ociosa, 756 Jes\u00fas suavemente la defiende diciendo que ha elegido algo de un valor mucho m\u00e1s permanente que la mera preparaci\u00f3n de alimentos (Luk 10:38-42).  Cuando su hermano L\u00e1zaro muri\u00f3, Mar\u00ed\u00ada expres\u00f3 su convicci\u00f3n de que no habr\u00ed\u00ada muerto si Jes\u00fas hubiera estado all\u00ed\u00ad (Joh 11:32).  Despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n de L\u00e1zaro hubo una fiesta en honor de Jes\u00fas, durante la cual Mar\u00ed\u00ada ungi\u00f3 sus pies (Joh 12:1-8; c\u00c6\u2019 Mat 26:6; Mar 14:3).  Por ello fue duramente criticada por el avaro Judas, que afirm\u00f3 que el perfume de nardo que se us\u00f3 para ungir a Cristo se podr\u00ed\u00ada haber vendido por 300 denarios y dado a los pobres.  \u00abPero dijo esto, no porque se cuidara de los pobres, sino porque era ladr\u00f3n, y teniendo la bolsa, sustra\u00ed\u00ada de lo que se echaba en ella\u00bb (Joh 12:4-6).  Jes\u00fas respondi\u00f3 que lo hab\u00ed\u00ada ungido para el d\u00ed\u00ada de su sepultura (v 7).  Sobre la identificaci\u00f3n de esta Mar\u00ed\u00ada con la Magdalena, que algunos hacen, v\u00e9ase Mar\u00ed\u00ada 6.  8.  \u00abMujer de Cleofas\u00bb.  Juan la describe (Joh 19:25) con Mar\u00ed\u00ada Magdalena y la madre de Jes\u00fas cerca de la cruz.  Si era Mar\u00ed\u00ada 5, ella y Cleofas eran los padres de \u00abJacobo el menor y de Jos\u00e9\u00bb que se mencionan en conexi\u00f3n con este hecho.  9.  Madre de Juan Marcos (Act 12:12).  De acuerdo con Col 4:10, era \u00abhermana\u00bb de Bernab\u00e9.  La palabra griega traducida \u00absobrino\u00bb ser\u00ed\u00ada mejor traducirla \u00abprimo\u00bb.  En Act 12:12 se afirma que los creyentes cristianos de Jerusal\u00e9n se reun\u00ed\u00adan en su casa, donde oraban por la liberaci\u00f3n de Pedro de la c\u00e1rcel.  Por cuanto no se menciona a su esposo, se llega a la conclusi\u00f3n de que habr\u00ed\u00ada sido viuda. Parece que estaba bien econ\u00f3micamente.  10.  Mujer desconocitla (Rom 16:6).  Nada se sabe de ella, excepto que parece haber sido una celosa misionera cristiana en la iglesia de Roma (la evidencia textual favorece la lectura \u00abvosotros\u00bb en vez de \u00abnosotros\u00bb, con lo que los cristianos de Roma ser\u00ed\u00adan el grupo entre quienes ella trabajaba).  Marido.  V\u00e9ase Esposo.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Evang\u00e9lico<\/b><\/p>\n<p>hebreo Miryam. Nombre femenino, que puede tener varios significados, como, ni\u00f1a deseada, la amada, la que ama a Yahv\u00e9h, rolliza.  1. Profetisa, hija de Amram y Yokebed, hermana de Mois\u00e9s y Aar\u00f3n, Ex 15, 20; Nm 26, 59; 1 Cro 5, 29. Cuando mois\u00e9s, a los tres meses de nacido, fue metido en una cestilla de papiro y puesto entre los juncos del r\u00ed\u00ado Nilo, se dice que su hermana \u2020\u0153se apost\u00f3 a lo lejos para ver lo que pasaba\u2020\u009d, Ex 2, 4; cuando lleg\u00f3 la hija del fara\u00f3n y descubri\u00f3 la cestilla con el ni\u00f1o, su hermana se ofreci\u00f3 para buscar una nodriza entre las hebreas, y llev\u00f3 a su madre, Ex 2, 7 y 8. Se cree que esta hermana de la que habla aqu\u00ed\u00ad el Exodo, es M.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s que los israelitas pasaron milagrosamente el mar Rojo  M. dirigi\u00f3 a las mujeres que cantaban y danzaban en alabanza a Yahv\u00e9h,  Ex 15, 20-21. Posteriormente, junto con su hermano Aar\u00f3n, M. murmur\u00f3 contra Mois\u00e9s, porque \u00e9ste hab\u00ed\u00ada tomado como su mujer a una kusita. Esta murmuraci\u00f3n contra su hermano le acarre\u00f3 el castigo de Yahv\u00e9h, fue atacada por la lepra. Aar\u00f3n pidi\u00f3 perd\u00f3n a Mois\u00e9s y \u00e9ste intercedi\u00f3 ante Yahv\u00e9h para que su hermana fuera curada. Yahv\u00e9h orden\u00f3 que M. estuviera siete d\u00ed\u00adas por fuera del campamento, al cabo de los cuales volvi\u00f3 sana, Nm 12, 1-16. M. muri\u00f3 en Cad\u00e9s, donde fue sepultada, Nm 20, 1.<\/p>\n<p> En el Deuteronomio, cuando se habla de la lepra y de los cuidados que se deben tener y que es necesario seguir las instrucciones de los sacerdotes,  se les recuerda a los israelitas el caso de M. y el castigo divino que recibi\u00f3, Dt 24, 9. El profeta Miqueas la menciona, con Mois\u00e9s y Aar\u00f3n,  como gu\u00ed\u00ada de los israelitas tras la salida de Egipto, Mi 6, 4.  2. Hija de M\u00e9red, descendiente de Caleb, y de Bit\u00ed\u00ada, hija del fara\u00f3n, 1 Cro 4, 17-18.  3. Madre de Jes\u00fas, prima de Isabel, la madre de Juan Bautista, Lc 1, 36,  por donde se deduce que era del linaje de Aar\u00f3n. Sobre sus padres Joaqu\u00ed\u00adn y Ana no hay ninguna referencia en el N. T., lo que se sabe de ellos est\u00e1 en escritos ap\u00f3crifos, como el protoevangelio de Jacob o en el Pseudo-Mateo. En Mateo, Marcos y Lucas, se le menciona por su nombre de M., mientras que en Juan nada m\u00e1s que como la \u2020\u0153madre de Jes\u00fas\u2020\u009d, Jn 2, 1; 19, 25. M. era una doncella de Nazaret, en Galilea,  desposada con Jos\u00e9, de la estirpe de David. Al sexto mes de que Isabel hubiera concebido a Juan Bautista, el \u00e1ngel Gabriel le anunci\u00f3 a M. que concebir\u00ed\u00ada y dar\u00ed\u00ada a luz a Jes\u00fas, Lc 1, 26-38. Tras este anuncio, Mar\u00ed\u00ada visit\u00f3 a su parienta Isabel, en la regi\u00f3n monta\u00f1osa de Jud\u00e1, donde pronunci\u00f3 su c\u00e1ntico de alabanza, conocido como el Magnificat,  inspirado en el c\u00e1ntico de Ana, 1 S 2, 1-10, que indica que M. era conocedora de las Escrituras, Lc 1, 46-55. Jos\u00e9 al ver que su esposa, entes de unirse a \u00e9l, estaba encinta, pens\u00f3 en repudiarla, pero el \u00e1ngel del Se\u00f1or se le apareci\u00f3 para decirle que lo engendrado por M. era obra del Esp\u00ed\u00adritu Santo; que tendr\u00ed\u00ada un ni\u00f1o al que deb\u00ed\u00ada llamar Jes\u00fas, Yehosu\u2020\u2122a, porque \u00e9l salvar\u00ed\u00ada a su pueblo, para que se cumpliese la profec\u00ed\u00ada: \u2020\u0153Ved que la Virgen concebir\u00e1 y dar\u00e1 a luz un hijo, y le pondr\u00e1n por nombre Emmanuel\u2020\u009d, Is 7, 14; Mt 1, 18-25.<\/p>\n<p>Sobre  la biograf\u00ed\u00ada de M.  son pocos los datos aportados por los evangelistas. Se dice que fue a Bel\u00e9n con Jos\u00e9 a empadronarse, seg\u00fan el edicto romano, donde dio a luz a Jes\u00fas, Lc 2, 1-7. Que cumpli\u00f3 con Jos\u00e9los ritos jud\u00ed\u00ados de la circuncisi\u00f3n del ni\u00f1o, la presentaci\u00f3n en el Templo y la purificaci\u00f3n, Lc 2, 21-24. Que estuvo en Egipto con Jos\u00e9 y el ni\u00f1o,  huyendo de Herodes, que quer\u00ed\u00ada asesinar a Jes\u00fas. Tras la muerte de   Herodes, M. fue con su familia a vivir en Nazaret, Mt 2, 20-23. M., Jos\u00e9    y el ni\u00f1o iban anualmente a Jerusal\u00e9n, con motivo de la Pascua, y en una de estas subidas a la ciudad, cuando J. ten\u00ed\u00ada doce a\u00f1os de edad, se les perdi\u00f3 a sus padres y fue encontrado en el Templo discutiendo con los doctores. M. le reproch\u00f3 su conducta, por lo que Jes\u00fas le respondi\u00f3 que deb\u00ed\u00ada ocuparse en las cosas de su Padre, con lo que M. y Jos\u00e9 quedaron perplejos, Lc 2, 41-50. Tampoco se habla que M. acompa\u00f1ara a su hijo en su vida p\u00fablica, aunque aparece en las bodas de Can\u00e1, en el primer milagro de Jes\u00fas, cuando ella intercede ante su hijo, pues el vino se hab\u00ed\u00ada acabado, Jn 11, 1-11. Esta intervenci\u00f3n de M. es un s\u00ed\u00admbolo del papel de intercesora entre Dios y los fieles. Cuando M. y los parientes de Jes\u00fas le buscan, le da a entender a su madre que su misi\u00f3n est\u00e1 por encima de la propia familia, Mc 3, 31-35; igualmente perpleja que M., dej\u00f3 a la mujer que quiso elogiar a su madre como dichosa por haberlo llevado en su seno, y Jes\u00fas le respondi\u00f3 que dichosos eran quienes o\u00ed\u00adan y guardaban la palabra de Dios, Lc 11, 27-28. Esas dos son las dos \u00fanicas alusiones a M. relacionadas con la vida p\u00fablica de Jes\u00fas, hasta cuando vuelve a aparecer al final de la vida de su hijo, dato que s\u00f3lo aparece en Juan; Jes\u00fas en la cruz, antes de expirar, vio a M. y al disc\u00ed\u00adpulo amado, Juan, y les dijo,  respectivamente: \u2020\u0153Mujer, ah\u00ed\u00ad tienes a tu hijo\u2020\u009d; \u2020\u0153Ah\u00ed\u00ad tienes a tu madre\u2020\u009d. El disc\u00ed\u00adpulo, desde entonces, la acogi\u00f3 en su casa, Jn 19, 25. Tras la muerte de Jes\u00fas, M. entra a formar parte del c\u00ed\u00adrculo de sus disc\u00ed\u00adpulos, Hch 1, 14.  4. M. de Betania, hermana de Marta y L\u00e1zaro. Era disc\u00ed\u00adpula de Jes\u00fas, a quien o\u00ed\u00ada atentamente cuando el Se\u00f1or visit\u00f3 su casa. En esta oportunidad, Marta le reclam\u00f3 por no ayudarla en los oficios dom\u00e9sticos,  y Jes\u00fas le dijo que se agitaba por muchas cosas, cuando una sola era necesaria, lo espiritual, y \u00e9sa era la que hab\u00ed\u00ada escogido M., Lc 10, 38-41.  M. estuvo cuando Jes\u00fas resucit\u00f3 a L\u00e1zaro, Jn 11,1-44. En Jn 12, 1-8, se dice que Jes\u00fas estuvo en Betania, despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n de L\u00e1zaro, y en una cena en casa de M., \u00e9sta le ungi\u00f3 los pies al Maestro con perfume de nardo y se los sec\u00f3 con sus cabellos. En Mateo y Marcos tambi\u00e9n sehabla de una mujer que ungi\u00f3 a Jes\u00fas en la cabeza, que parece ser la misma M., de que se trata aqu\u00ed\u00ad, Mt 26, 6-13; Mc 14, 3-9.  5. M., madre de Juan, por sobrenombre Marcos, considerado autor del Evangelio de su mismo nombre, de la Iglesia de Jerusal\u00e9n. En casa de M.<\/p>\n<p> se reun\u00ed\u00adan los fieles de Jerusal\u00e9n a orar; cuando Pedro fue liberado de la c\u00e1rcel, habi\u00e9ndolo puesto preso Herodes, fue a casa de M., Hch 12, 12.  6. M., madre de Santiago el Menor y de Joset. Presenci\u00f3 la crucifixi\u00f3n de Jes\u00fas, y es llamada tambi\u00e9n \u2020\u0153la otra Mar\u00ed\u00ada\u2020\u009d, Mt 27, 55-56 y 61; Mc 15,  40 y 47; Lc 23, 55. Vio el sepulcro del Se\u00f1or vac\u00ed\u00ado, en la ma\u00f1ana del domingo, recibi\u00f3 el mensaje de la resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or y fue con las otras mujeres a avisar a los disc\u00ed\u00adpulos, Mt 28, 1; Mc 16, 1-8; Lc 24, 1-11.<\/p>\n<p>Ella vio al Se\u00f1or resucitado  con las otras mujeres, Mt 28, 9-10. 7. M. Magdalena, posiblemente oriunda de M\u00e1gdala, en la orilla occidental del lago de Genesaret. Fue liberada por Jes\u00fas de siete demonios, y, desde entonces, con otras mujeres tambi\u00e9n sanadas por el Se\u00f1or, lo acompa\u00f1aba y lo auxiliaba con sus bienes, Lc 8, 2-3. Presenci\u00f3 la crucifixi\u00f3n de Jes\u00fas as\u00ed\u00ad como su entierro, Mt 27, 55-56 y 61; Mc 15,  40-41 y 47; Jn 19, 25. Estuvo con las otras mujeres el domingo de ma\u00f1ana, y vio el sepulcro vac\u00ed\u00ado, y, tras recibir el mensaje de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, corri\u00f3 a avisar a los disc\u00ed\u00adpulos, Mt 28, 1-8; Mc 16,  1-8; 24, 9-11; Jn 20, 1-10. Fue la primera persona a quien Cristo resucitado se apareci\u00f3, Mc 16, 9; Jn 20, 11-18.   8. Cristiana de la Iglesia de Roma, a la que Pablo manda saludar en su carta a esta comunidad, Rm 16, 6.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Digital, Grupo C Service &#038; Design Ltda., Colombia, 2003<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Digital<\/b><\/p>\n<p>(gr., Maria, Mariam, del heb., miryam).<br \/>\n1.  Mar\u00ed\u00ada de Roma. Una ardua trabajadora en la iglesia (Rom 16:6).<br \/>\n2.  La madre de Juan Marcos que viv\u00ed\u00ada en Jerusal\u00e9n y ten\u00ed\u00ada una casa donde los creyentes se reun\u00ed\u00adan para orar (Act 12:1-16). Puede ser que ella haya sido una mujer de dinero ya que ten\u00ed\u00ada una criada, una joven llamada Rode (Act 12:13).<\/p>\n<p>Algunos eruditos piensan que el aposento alto donde Jes\u00fas celebr\u00f3 la cena del Se\u00f1or estaba en su casa, pero no hay ninguna prueba de esto.<br \/>\n3.  Mar\u00ed\u00ada de Betania, la hermana de L\u00e1zaro y Marta (Joh 11:1). Jes\u00fas la alab\u00f3 por estar m\u00e1s interesada en escucharlo a \u00e9l que en proveer una cena abundante (Luk 10:42). Ella se uni\u00f3 a su hermana al decir a Jesus despu\u00e9s de la muerte de L\u00e1zaro: Se\u00f1or, si hubieses estado aqu\u00ed\u00ad, mi hermano no habr\u00ed\u00ada muerto (Joh 11:21). Luego, una semana antes de la \u00faltima Pascua, cuando Jes\u00fas fue hu\u00e9sped en la casa de Sim\u00f3n el leproso (Mar 14:3), ella demostr\u00f3 su devoci\u00f3n a Jes\u00fas al ungir su cabeza y sus pies con un alabastro de gran precio y al secar sus pies con su cabello (Joh 12:3). Ese acto de ella siempre ser\u00e1 recordado (Mat 26:6-13; Mar 14:3-9), una expresi\u00f3n de amor y una preparaci\u00f3n para su muerte inminente (Joh 12:7-8).<br \/>\n4.  Mar\u00ed\u00ada la madre de Jacobo y de Jos\u00e9. Hay razones para pensar que ella (Mat 27:56), la otra Mar\u00ed\u00ada (Mat 27:61), y Mar\u00ed\u00ada la esposa de Cleofas (Joh 19:25) eran la misma persona. Ella estuvo cerca de la cruz cuando Jes\u00fas muri\u00f3 (Mat 27:56; Mar 15:40). Fue testigo de la sepultura de su Se\u00f1or (Mar 15:47), vino a la tumba a ungir su cuerpo (Mar 16:1) y huy\u00f3 cuando el \u00e1ngel dijo que Jes\u00fas no estaba en la tumba (Mar 16:8). La madre de Jacobo y de Jos\u00e9 era tambi\u00e9n la esposa de Cleofas (Mat 28:1; Mar 16:1; Luk 24:10). Que Cleofas (Luk 24:18) y Alfeo (Mat 10:3) hayan sido la misma persona no ha sido probado.<\/p>\n<p>5.  Mar\u00ed\u00ada Magdalena. Su nombre probablemente indica que proven\u00ed\u00ada de Magdala, en la costa sudoeste del mar de Galilea. Despu\u00e9s que Jes\u00fas ech\u00f3 siete demonios de ella (Mar 16:9; Luk 8:2), se convirti\u00f3 en una de sus seguidoras m\u00e1s dedicadas. Sigui\u00f3 el cad\u00e1ver de Jes\u00fas a la tumba (Mat 27:61) y fue la primera que supo de la resurrecci\u00f3n (Mat 28:1-8; Mar 16:9; Luk 24:1, Luk 24:10).<\/p>\n<p>6.  La hija de Amram y Jocabed y la hermana de Mois\u00e9s y Aar\u00f3n (Exo 15:20; Num 26:59; 1Ch 6:3; Mic 6:4). Fue muy sabia cuando cuidaba a su peque\u00f1o hermanito Mois\u00e9s y cuando la princesa egipcia lo descubri\u00f3 en el Nilo (Exo 2:4, Exo 2:7-8). Despu\u00e9s de cruzar el mar Rojo, ella estuvo al frente de las mujeres israelitas mientras danzaban y daban acompa\u00f1amiento instrumental al c\u00e1ntico de alabanza y victoria que ella cant\u00f3 (Exo 15:20-21). Mar\u00ed\u00ada y Aar\u00f3n criticaron a Mois\u00e9s por su matrimonio con una mujer cusita; por raz\u00f3n de esta cr\u00ed\u00adtica, Mar\u00ed\u00ada fue castigada por Jehovah con lepra (Num 12:1, Num 12:9; Deu 24:9), pero por la protesta de Aar\u00f3n y la oraci\u00f3n de Mois\u00e9s (Num 12:11, Num 12:13) ella fue restaurada despu\u00e9s de un per\u00ed\u00adodo de siete d\u00ed\u00adas, durante los cuales estuvo aislada del campamento y la marcha fue demorada. Mar\u00ed\u00ada muri\u00f3 en Cades y fue sepultada all\u00ed\u00ad (Num 20:1).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Mundo Hispano<\/b><\/p>\n<p>(excelsa, muy favorecida, predilecta de Dios, altamente favorecida).<\/p>\n<p> Hay muchas \u00abMar\u00ed\u00adas\u00bb en la Biblia, y a cada una se suele distinguir por alg\u00fan rasgo espec\u00ed\u00adfico.<\/p>\n<p> 1- La Sant\u00ed\u00adsima Virgen Mar\u00ed\u00ada: La llamamos \u00abVirgen\u00bb, porque es a la \u00fanica persona que la Biblia llama \u00abVirgen\u00bb, \u00c2\u00a1y 4 veces!: (Luc 1:27, Mat 1:23, Isa 7:14). La llamamos \u00abSant\u00ed\u00adsima\u00bb, porque la Biblia dice que es \u00abla m\u00e1s bendita, la m\u00e1s santa de todas las mujeres\u00bb, Lc.<\/p>\n<p> 42. Es la Madre de Jesucristo. Ver \u00abMadre de Dios\u00bb, \u00abVirgen Mar\u00ed\u00ada\u00bb, \u00abMadre de los cristianos\u00bb,\u00bbHermanos de Jes\u00fas\u00bb, \u00abHasta que\u00bb Ver tambi\u00e9n: \u00abInmaculada\u00bb, \u00abAsunci\u00f3n\u00bb, \u00abPrimog\u00e9nito\u00bb, \u00abF\u00e1tima\u00bb, \u00abLourdes\u00bb, \u00abGarabandal\u00bb, \u00abAve Mar\u00ed\u00ada\u00bb, \u00abRosario\u00bb, \u00abAngelus\u00bb, \u00abMagnificat\u00bb, \u00abCan\u00e1\u00bb, \u00abCorredentor\u00bb, \u00abSalve\u00bb, \u00abKnock\u00bb. Ver Virgen: 2- Mar\u00ed\u00ada Magdalena: Ver \u00abMagdalena\u00bb.<\/p>\n<p> 3- Mar\u00ed\u00ada la de Cleof\u00e1s.<\/p>\n<p> &#8211; Esposa de Cleof\u00e1s, Jua 19:25.<\/p>\n<p> &#8211; Hermana de la Virgen Mar\u00ed\u00ada, Jua 19:25.<\/p>\n<p> &#8211; Madre de Santiago, Jos\u00e9 y Judas, Mar 15:40, Mat 27:56, Luc 24:10, Jud 1:1. &#8211; Presenci\u00f3 la crucifixi\u00f3n y visit\u00f3 la tumba el Domingo de Resurrecci\u00f3n, Mat 27:56, Mat 28:1.<\/p>\n<p> 4- Mar\u00ed\u00ada de Betania, la hermana de L\u00e1zaro y Marta: Viv\u00ed\u00ada en Betania: (Jua 11:1); Jes\u00fas la elogi\u00f3, por quedarse con la \u00abmejor parte\u00bb: (Luc 10:42); ungi\u00f3 los pies de Jes\u00fas: ( Jn. i 2: 3).<\/p>\n<p> 5- Mar\u00ed\u00ada la de Juan Marcos: Madre de San Marcos, y hermana de Bernab\u00e9: (Col 4:10); viv\u00ed\u00ada en Jerusal\u00e9n, y su casa era lugar de reuni\u00f3n de los cristianos, Hec 12:12.<\/p>\n<p> 6- Cristiana de Roma, saludada por San Pablo, Rom 16:6.<\/p>\n<p> 7- La hermana de Mois\u00e9s y Aar\u00f3n: Salv\u00f3 a Mois\u00e9s de nino: (Exo 2:4, Exo 2:7); profetisa: (Exo 15:20); critic\u00f3 a Mois\u00e9s por su casamiento, por lo que cogi\u00f3 lepra,: (Num.12). Enterrada en Cades: (Num.20).<\/p>\n<p> 8- La Judaita, hija de Esdras, 1Cr 4:17.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano<br \/>\nDr. J. Dominguez<\/p>\n<p>http:\/\/biblia.com\/diccionario\/<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano<\/b><\/p>\n<p>Nombre de personas del AT y el NT.<\/p>\n<p>1.     Hermana de Mois\u00e9s. Hija de Amram y Jocabed. La tradici\u00f3n jud\u00ed\u00ada dice que ella fue la hermana de Mois\u00e9s que cuidaba de \u00e9ste cuando lo pusieron en una arquilla en el Nilo y luego aconsej\u00f3 a la hija de Fara\u00f3n para buscarle nodriza al ni\u00f1o (Exo 2:2-8). Es llamada \u2020\u0153profetisa\u2020\u009d. Despu\u00e9s del cruce del mar Rojo, M. dirigi\u00f3 a las mujeres de Israel en una celebraci\u00f3n con m\u00fasica y danzas (Exo 15:20-21). Pero Aar\u00f3n y M. \u2020\u0153hablaron contra Mois\u00e9s a causa de la mujer cusita que hab\u00ed\u00ada tomado\u2020\u009d (Num 12:1). Se llamaban \u2020\u0153cusitas\u2020\u009d a personas de origen africano, de color negro, particularmente de Etiop\u00ed\u00ada. Parece ser que el verdadero problema era de car\u00e1cter racial, pero Aar\u00f3n y M. no hicieron esa cr\u00ed\u00adtica, sino que negaron que Mois\u00e9s tuviera exclusividad en la revelaci\u00f3n divina (\u2020\u0153\u00bfSolamente por Mois\u00e9s ha hablado Jehov\u00e1? \u00bfNo ha hablado tambi\u00e9n por nosotros?\u2020\u009d [Num 12:2]).<\/p>\n<p>Dios se enoj\u00f3 con ellos por eso. Pero el castigo vino sobre M., quien al parecer fue la l\u00ed\u00adder de la rebeli\u00f3n y qued\u00f3 \u2020\u0153leprosa como la nieve\u2020\u009d. Por la intercesi\u00f3n de Mois\u00e9s, Dios la san\u00f3 (Num 12:3-16), pero tuvo que permanecer fuera del campamento por siete d\u00ed\u00adas. Esto se recuerda en Deu 24:9 (\u2020\u0153Acu\u00e9rdate de lo que hizo Jehov\u00e1 tu Dios a Mar\u00ed\u00ada en el campo, despu\u00e9s que salisteis de Egipto\u2020\u009d). M. muri\u00f3 en \u2020\u00a2Cades \u2020\u0153y all\u00ed\u00ad fue sepultada\u2020\u009d (Num 20:1). En el profeta \u2020\u00a2Miqueas se pone a M. junto con Mois\u00e9s y Aar\u00f3n como los que sacaron a Israel de Egipto (\u2020\u0153Porque yo te hice subir de la tierra de Egipto &#8230; y envi\u00e9 delante de ti a Mois\u00e9s, a Aar\u00f3n y a Mar\u00ed\u00ada\u2020\u009d [Miq 6:4]). \u2020\u00a2Josefo dice que M. era esposa de \u2020\u00a2Hur y madre de \u2020\u00a2Bezaleel, quien fue especialmente \u00fatil en los trabajos del \u2020\u00a2tabern\u00e1culo (Exo 31:1-3).<\/p>\n<p>2.     Hija de Esdras, en la descendencia de \u2020\u00a2Caleb (1Cr 4:17).<\/p>\n<p>.     Disc\u00ed\u00adpula del Se\u00f1or. Junto con sus hermanos \u2020\u00a2Marta y \u2020\u00a2L\u00e1zaro, viv\u00ed\u00ada en \u2020\u00a2Betania. Recibieron al Se\u00f1or Jes\u00fas en su casa, que se convirti\u00f3 en un lugar muy amado por \u00e9l (\u2020\u0153Y amaba Jes\u00fas a Marta, a su hermana y a L\u00e1zaro\u2020\u009d [Jua 11:5]). Mientras Marta se ocupaba demasiado en los trabajos de la casa, M. \u2020\u0153sent\u00e1ndose a los pies de Jes\u00fas, o\u00ed\u00ada su palabra\u2020\u009d. Esto molest\u00f3 a su hermana, que se quej\u00f3 ante el Se\u00f1or. La respuesta de Cristo alab\u00f3 a M. quien \u2020\u0153hab\u00ed\u00ada escogido la buena parte, la cual no le ser\u00ed\u00ada quitada\u2020\u009d (Luc 10:38-42). Al morir L\u00e1zaro, M. estaba llorando cuando fue llamada por Marta, \u2020\u0153dici\u00e9ndole en secreto: El Maestro est\u00e1 aqu\u00ed\u00ad y te llama\u2020\u009d. Levant\u00e1ndose, fue a encontrar a Cristo, a quien dijo: \u2020\u0153Se\u00f1or, si hubieses estado aqu\u00ed\u00ad, no habr\u00ed\u00ada muerto mi hermano\u2020\u009d. El Se\u00f1or se conmovi\u00f3 \u2020\u0153al verla llorando\u2020\u009d, fue a la tumba y resucit\u00f3 a L\u00e1zaro (Jua 11:1-44).<\/p>\n<p>D\u00ed\u00adas despu\u00e9s, el Se\u00f1or vino a Betania \u2020\u0153y le hicieron all\u00ed\u00ad una cena\u2020\u009d, en casa de \u2020\u00a2Sim\u00f3n el leproso. M. vino, \u2020\u0153tom\u00f3 una libra de perfume de nardo puro &#8230; y ungi\u00f3 los pies de Jes\u00fas, y los enjug\u00f3 con sus cabellos\u2020\u009d. De nuevo el Se\u00f1or alab\u00f3 a M., diciendo esta vez que \u2020\u0153dondequiera que se predique este evangelio &#8230; tambi\u00e9n se contar\u00e1 lo que \u00e9sta ha hecho\u2020\u009d (Mat 26:6-13; Mar 14:3-9; Jua 12:1-8).<\/p>\n<p>4.     Madre de Juan Marcos (\u2020\u0153&#8230; la madre de Juan, el que ten\u00ed\u00ada por sobrenombre Marcos\u2020\u009d [Hch 12:12]). Probablemente era hermana de \u2020\u00a2Bernab\u00e9, porque en Col 4:10 se lee: \u2020\u0153&#8230; Marcos el sobrino de Bernab\u00e9&#8230;\u2020\u009d En su casa la iglesia estaba orando cuando Pedro se hallaba en la c\u00e1rcel (Hch 12:12). Es de notar que tanto M. como Bernab\u00e9 pusieron sus bienes al servicio de Dios. Este \u00faltimo vendi\u00e9ndolos y poni\u00e9ndolos \u2020\u0153a los pies de los ap\u00f3stoles\u2020\u009d (Hch 4:37). Y M. ofreciendo su casa para las reuniones de la iglesia.<\/p>\n<p>.     La mujer de Cleofas. \u2020\u0153Junto a la cruz de Jes\u00fas\u2020\u009d estaban \u2020\u0153su madre, y la hermana de su madre, M. mujer de Cleofas, y Mar\u00ed\u00ada Magdalena\u2020\u009d (Jua 19:25). Mateo dice: \u2020\u0153Maria Magalena, M. la madre de Jacobo y de Jos\u00e9, y la madre de los hijos de Zebedeo\u2020\u009d (Mat 27:56). En Mar 15:40 se lee: \u2020\u0153Mar\u00ed\u00ada Magdalena, Mar\u00ed\u00ada la madre de Jacobo el menor&#8230;\u2020\u009d. Comparando estos pasajes se ha llegado a la conclusi\u00f3n de que la esposa de Cleofas era hermana de M. la madre de Jes\u00fas y, por tanto, t\u00ed\u00ada del Se\u00f1or. Contra esta opini\u00f3n se aduce que es muy improbable que dos hermanas tuvieran el mismo nombre. Sin embargo, algunos eruditos se\u00f1alan que el nombre era muy usado por las israelitas, en honor de M. la profetisa hermana de Mois\u00e9s, llam\u00e1ndose algunas Miriam y otras M.<\/p>\n<p>.     Mujer de \u2020\u00a2Magdala a la cual el Se\u00f1or Jes\u00fas san\u00f3 de siete demonios que ten\u00ed\u00ada (Mar 16:9). Se convirti\u00f3 en una fiel disc\u00ed\u00adpula del Se\u00f1or, y le segu\u00ed\u00ada por todas partes. Era una de las que \u2020\u0153le serv\u00ed\u00adan de sus bienes\u2020\u009d, es decir, que ayudaban a su sostenimiento (Luc 8:2-3). Su lealtad al Se\u00f1or fue permanente. Estuvo al pie de la cruz, junto a la madre de Jes\u00fas y otras mujeres (Mar 15:40). Lucas dice: \u2020\u0153&#8230; las mujeres que le hab\u00ed\u00adan seguido desde Galilea, estaban lejos mirando estas cosas\u2020\u009d (Luc 23:49). Ella vio cuando \u2020\u00a2Jos\u00e9 de Arimatea enterr\u00f3 el cuerpo del Se\u00f1or (Mat 27:61; Mar 15:47; Luc 23:55). Fue de las que prepararon \u2020\u0153especias arom\u00e1ticas\u2020\u009d y las trajeron al sepulcro (Luc 24:1). Fue la primera persona que vio al Se\u00f1or despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n (\u2020\u0153&#8230; apareci\u00f3 primeramente a M. Magdalena\u2020\u009d [Mar 16:9]). Se hab\u00ed\u00ada puesto a llorar junto al sepulcro, cuando \u2020\u0153dos \u00e1ngeles con vestiduras blancas\u2020\u009d le preguntaron la raz\u00f3n de sus l\u00e1grimas. Contest\u00f3: \u2020\u0153Porque se han llevado a mi Se\u00f1or, y no s\u00e9 d\u00f3nde le han puesto\u2020\u009d. Entonces se volvi\u00f3 y vio a Jes\u00fas, pero sin reconocerle. A \u00e9ste, \u2020\u0153pensando que era el hortelano, le dijo: Se\u00f1or, si t\u00fa lo has llevado, dime d\u00f3nde lo has puesto, y yo lo llevar\u00e9\u2020\u009d. Entonces el Se\u00f1or se dio a conocer y le envi\u00f3 a dar la noticia a los dem\u00e1s disc\u00ed\u00adpulos (Jua 20:11-16).<\/p>\n<p>Popularmente se asocia a M. Magdalena con la mujer \u2020\u0153que era pecadora\u2020\u009d y ungi\u00f3 los pies del Se\u00f1or en casa de un fariseo (Luc 7:36-50), pero no existen evidencias b\u00ed\u00adblicas de esto.<\/p>\n<p>7.     Mujer creyente a quien el ap\u00f3stol Pablo saluda en su ep\u00ed\u00adstola a los Romanos (Rom 16:6).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Cristiano<\/b><\/p>\n<p>Mar\u00ed\u00ada resume en s\u00ed\u00ad, de forma ejemplar, el misterio del pueblo, el de la Iglesia y cada uno de los cristianos que, a su vez, reviven la actitud de Mar\u00ed\u00ada.  Las coordinadas dentro de las cuales tenemos que considerar la vida, la funci\u00f3n y los privilegios de la Virgen Inmaculada son tres:  \u2014 en primer lugar, su inserci\u00f3n en el proyecto del amor de Dios;  \u2014 despu\u00e9s, la ejemplar realizaci\u00f3n en ella del misterio de la Iglesia;  \u2014 finalmente, su misi\u00f3n de esperanza para todo hombre pecador.  Los privilegios de la Virgen Mar\u00ed\u00ada son ciertamente un don singular\u00ed\u00adsimo que a ella sola ata\u00f1en, pero son tambi\u00e9n un espejo en el que la Iglesia encuentra realizados, de manera sublime, los valores fundamentales de toda vida cristiana.  San Ambrosio sinti\u00f3 de manera muy fuerte la continuidad entre Mar\u00ed\u00ada y la Iglesia, entre ella y el alma cristiana. En el comentario al evangelio de Lucas escribe: Secundum carnem una mater est Christi, secundum fidem tamen omnium fructus est Christus, esto es, seg\u00fan la carne, una sola es la madre de Cristo, pero seg\u00fan la fe todos engendran a Cristo.  Estos grandes valores cristianos aparecen ante nosotros en toda su plenitud cuando celebramos la solemnidad de la Inmaculada Concepci\u00f3n.  Y si nos preguntamos cu\u00e1l es, en nuestra his  toria personal, el valor cristiano que m\u00e1s responde a lo que es para Mar\u00ed\u00ada su concepci\u00f3n inmaculada, nos daremos cuenta en seguida de que es el bautismo.  La plena victoria sobre el pecado, la pertenencia a Dios que ha distinguido toda la existencia de Mar\u00ed\u00ada, el abrazo amoroso del Padre, se realiza para nosotros, que nacemos pecadores, mediante el bautismo.<\/p>\n<p> Carlo Mar\u00ed\u00ada Martini, Diccionario Espiritual, PPC, Madrid, 1997<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Espiritual<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Mar\u00ed\u00ada y la Trinidad en la Iglesia: 1. Los datos del N.T.; 2. La sistematizaci\u00f3n teol\u00f3gica desde los primeros siglos hasta el Concilio Vaticano II; 3. El Concilio Vaticano II y las l\u00ed\u00adneas actuales.-II. Aproximaci\u00f3n sistem\u00e1tica a una Mariolog\u00ed\u00ada trinitatia: 1. Mar\u00ed\u00ada y la acci\u00f3n creadora de Dios Padre: paternidad-maternidad ; 2. Mar\u00ed\u00ada y la acci\u00f3n redentora de Dios Hijo: la maternidad transformada ; 3. Mar\u00ed\u00ada y la acci\u00f3n animadora de Dios Esp\u00ed\u00adritu Santo: la maternidad comunitaria .-III. Conclusi\u00f3n: El Dios de la historia y Mar\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>I. Mar\u00ed\u00ada y la Trinidad en la Iglesia<br \/>\n1. LOS DATOS DEL NUEVO TESTAMENTO. El convencimiento de que no podemos ir al NT a buscar relaciones expl\u00ed\u00adcitas entre Mar\u00ed\u00ada y la Trinidad, estrictamente hablando, nos lleva a planteamientos m\u00e1s modestos y en el marco de este trabajo a una necesaria s\u00ed\u00adntesis.<\/p>\n<p>El evangelio de Marcos no ofrece elementos que relacionen expl\u00ed\u00adcitamente a Mar\u00ed\u00ada con las personas de la Trinidad. Mar\u00ed\u00ada s\u00f3lo aparece nombrada en una per\u00ed\u00adcopa como madre de Jes\u00fas (Mc 3, 31-35) y en un contexto de vocaci\u00f3n al discipulado. Tampoco en el corpus paulino encontramos mucho m\u00e1s. El texto de G\u00e1l 4,4-5 sit\u00faa al Hijo de Dios en las coordenadas de la historia humana, la Encarnaci\u00f3n, de forma que podamos situar tambi\u00e9n nosotros nuestra filiaci\u00f3n. Nada se explicita acerca de la relaci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada con Dios Padre. Sobre su relaci\u00f3n con el Hijo se afirma que es su madre hist\u00f3rica. La persona del Esp\u00ed\u00adritu no aparece en el texto. En Mt y Lc hay m\u00e1s datos pero tampoco podemos afirmar de ellos relaciones mariol\u00f3gico trinitarias estrictamente hablando. Mt sit\u00faa la maternidad virginal de Mar\u00ed\u00ada bajo la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu (Mt 1,18) y Lc es a\u00fan m\u00e1s expl\u00ed\u00adcito situando el surgimiento hist\u00f3rico del Hijo bajo la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu. Aunque es cierto que no se puede deducir de los textos lo que ha desarrollado la dogm\u00e1tica posteriormente, tambi\u00e9n lo es que los elementos necesarios y fundamentales para dicho desarrollo aparecen aqu\u00ed\u00ad. La figura de Dios est\u00e1 estrechamente vinculada a su presencia mediada por el \u00e1ngel. Dios Padre es aquel que dialoga con Mar\u00ed\u00ada y la llama a colaborar con El en el plan salvador. Dios aqu\u00ed\u00ad es Padre porque se revela a trav\u00e9s del \u00e1ngel como el que env\u00ed\u00ada al que ser\u00e1 llamado Hijo del Alt\u00ed\u00adsimo ( ..) Hijo de Dios (Lc 1,32.36). El Esp\u00ed\u00adritu es aquel cuya acci\u00f3n se muestra en la historia como Creaci\u00f3n Nueva en la Encarnaci\u00f3n del Hijo de Dios. Es la fuerza del Alt\u00ed\u00adsimo (Lc 1,35) que viene a Mar\u00ed\u00ada. Algo semejante de lo que observamos en estos evangelios, se deduce de una atenta lectura exeg\u00e9tica de los textos jo\u00e1nicos en que aparece Mar\u00ed\u00ada. Alg\u00fan autor asegura haber descubierto una estructura trinitaria en los tres pasajes (Jn 1,13; 2, 1-11; 19,25-27). Este mismo autor afirma que aunque es leg\u00ed\u00adtimo y necesario acudir a los datos de la Escritura, la aportaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica ser\u00e1 distinta de la aportaci\u00f3n de la tradici\u00f3n patr\u00ed\u00adstica y dogm\u00e1tica. No podemos negarla, aunque tampoco hay que ver en ella lo que despu\u00e9s qued\u00f3 conceptualizado. En el cuarto evangelio el Esp\u00ed\u00adritu Santo aparece ligado a Mar\u00ed\u00ada sobre todo a nivel simb\u00f3lico como se advierte comparando la funci\u00f3n que tiene el Esp\u00ed\u00adritu en este evangelio y la que tiene Mar\u00ed\u00ada. En Hechos 1,14 la relaci\u00f3n entre Mar\u00ed\u00ada y el Esp\u00ed\u00adritu Santo es m\u00e1s expl\u00ed\u00adcita que en ning\u00fan otro texto y aparece vinculada a la creaci\u00f3n y a la memoria de Jes\u00fas en la comunidad primera.<\/p>\n<p>En una visi\u00f3n conjunta y de s\u00ed\u00adntesis podemos afirmar que Mar\u00ed\u00ada, en su cualidad de mujer israelita, est\u00e1 globalmente situada en una tradici\u00f3n religiosa-monote\u00ed\u00adsta en la que Dios, YHWH, no es a\u00fan el Padre de la Trinidad cristiana. Creemos que en su fe hay una evoluci\u00f3n de esta imagen de Dios a partir de la vida, mensaje y pascua de Jes\u00fas que presenta y testimonia al Padre. Por tanto la relaci\u00f3n entre Mar\u00ed\u00ada y el Padre tiene que ver con su propia experiencia de fe. En un sentido m\u00e1s estricto se puede afirmar algo semejante con.respecto al Hijo. Mar\u00ed\u00ada, seg\u00fan aparece en los evangelios, realiza un itinerario de fe que pasa por el discipulado de Jes\u00fas y por la experiencia de la Pascua. Las relaciones entre Mar\u00ed\u00ada y Jes\u00fas y el Cristo hay que entenderlas a la luz de este itinerario. Y con respecto a su relaci\u00f3n con el Esp\u00ed\u00adritu Santo, Mar\u00ed\u00ada aparece en el Nuevo Testamento como aquella que le trasparenta, aquella a trav\u00e9s de la que el mismo Esp\u00ed\u00adritu es efectivo en la obra de la Nueva Creaci\u00f3n, como Encarnaci\u00f3n y Pascua (muerte, resurrecci\u00f3n, pentecost\u00e9s).<\/p>\n<p>2. LA SISTEMATIZACI\u00ed\u201cN TEOL\u00ed\u201cGICA DE LOS PRIMEROS SIGLOS. La relaci\u00f3n entre Mar\u00ed\u00ada y la Trinidad es un tema cl\u00e1sico y precoz que surge a partir del planteamiento de la identidad de Jes\u00fas y por tanto de la maternidad divina de Mar\u00ed\u00ada. Las primeras sistematizaciones las encontramos en los Concilios de Nicea (325), el Concilio de Constantinopla (381), recogido en el credo niceno constantinopolitano y de forma dogm\u00e1tica precisa en el Concilio de Efeso (431). En s\u00ed\u00adntesis la tradici\u00f3n de estas primeras formulaciones viene a decir que Mar\u00ed\u00ada es la Theotokos de forma que por primera vez ella queda introducida en el misterio trinitario. A la par se observa que algunos autores de estos primeros siglos relacionan estrechamente la maternidad humana de Mar\u00ed\u00ada con la paternidad divina de Jes\u00fas. Mar\u00ed\u00ada aparece asimismo como aquella elegida por el Padre para ser la madre de su Hijo. Y poco despu\u00e9s y en algunos casos contempor\u00e1neamente, Mar\u00ed\u00ada aparece relacionada con el Esp\u00ed\u00adritu como el que posibilita la encarnaci\u00f3n del Hijo de Dios en su seno , interpretando los datos de Lc 1-2 a esta luz. La acci\u00f3n santificadora de Mar\u00ed\u00ada se atribuye a Dios Padre.<\/p>\n<p>Es s\u00f3lo en la Edad Media cuando todo esto que se gestaba desde los primeros tiempos comienza a tener manifestaciones m\u00e1s claras y precisas tanto en la liturgia y devoci\u00f3n popular como en las formulaciones teol\u00f3gicas. Por entonces comienza a circular una frase que relaciona a Mar\u00ed\u00ada con la Trinidad: Hija del Padre, Madre del Hijo, Sagrario del Esp\u00ed\u00adritu Santo, que convive con otra frase de la \u00e9poca patr\u00ed\u00adstica en que Mar\u00ed\u00ada aparece no en relaci\u00f3n filial con el Padre, sino en relaci\u00f3n esponsal, f\u00f3rmula que es sustitu\u00ed\u00adda en los tiempos modernos por aquella otra en que la esponsalidad se traslada a la relaci\u00f3n con el Esp\u00ed\u00adritu Santo.<\/p>\n<p>En los siglos XVII y XVIII se resalta la integraci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada en el Misterio Trinitario en la obra de algunos autores. As\u00ed\u00ad B\u00e9rulle desarrolla las relaciones entre Dios Padre y Mar\u00ed\u00ada a la que conf\u00ed\u00ada a su Hijo y a la que prepara para tan grande tarea el Esp\u00ed\u00adritu Santo. Y san Juan Eudes trata la semejanza entre Mar\u00ed\u00ada y el Esp\u00ed\u00adritu Santo en el orden del amor, del v\u00ed\u00adnculo que une al Padre y al Hijo, en cuanto fuente de vida, de gracia y santidad. En relaci\u00f3n con el Padre en este momento se acent\u00faan sobre todo las caracter\u00ed\u00adsticas de hija, que se refiere a la gracia \u00fanica que adornaba a Mar\u00ed\u00ada y a su obediencia de fe acogiendo el proyecto de Dios y la caracter\u00ed\u00adstica de esposa poniendo de relieve la asociaci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada con el Padre en la maternidad del Hijo.<\/p>\n<p>3. EL CONCILIO VATICANO II Y LAS L\u00ed\u008dNEAS ACTUALES. El c. VIII de la LG no tiene una perspectiva trinitaria, estrictamente hablando, porque pretende sobre todo presentar a Mar\u00ed\u00ada en el misterio de Cristo y de la Iglesia, pero ello no impide que haya formulaciones y p\u00e1rrafos de sobria elaboraci\u00f3n trinitaria al tratar de Mar\u00ed\u00ada&#8217;. Recoge aspectos de la tradici\u00f3n cl\u00e1sica acentuando en Mar\u00ed\u00ada su car\u00e1cter de redimida, su actitud de fe y extendiendo a la Iglesia las relaciones con las Personas de la Trinidad, como por ejemplo la del Esp\u00ed\u00adritu Santo. La Iglesia, imita a Mar\u00ed\u00ada en su maternidad de forma que cumpliendo fielmente la voluntad del Padre, se hace tambi\u00e9n madre mediante la Palabra de Dios aceptada con fidelidad, pues por la predicaci\u00f3n y el bautismo engendra a una vida nueva e inmortal a los hijos concebidos por obra del Esp\u00ed\u00adritu Santo y nacidos de Dios\u00bb. Con respecto a la relaci\u00f3n con el Hijo, adem\u00e1s de la maternidad la LG destaca la relaci\u00f3n de seguidora del Hijo con el que Mar\u00ed\u00ada se une hasta su muerte en la cruz.<\/p>\n<p>Tras el Vaticano II ha sido la Marialis Cultus de Pablo VI la que ha formulado con mayor \u00e9nfasis la relaci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada con el Padre en un marco trinitario situando el culto a Mar\u00ed\u00ada en un marco expl\u00ed\u00adcitamente trinitario.<\/p>\n<p>Pero en los desarrollos teol\u00f3gicos posconciliares las relaciones que han dado lugar a mayor n\u00famero de trabajos y a una mayor creatividad han sido las de Mar\u00ed\u00ada y el Esp\u00ed\u00adritu Santo, entre las que destaca los planteamientos de L. Boff. Junto a esta l\u00ed\u00adnea, es relevante la de X. Pikaza, tal vez menos conocida pero de planteamientos m\u00e1s rigurosos y creativos no ya solamente en las relaciones Mar\u00ed\u00ada-Esp\u00ed\u00adritu Santo, sino en lo relativo a la situaci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada en el misterio de la Trinidad. Veremos ambas en s\u00ed\u00adntesis.<\/p>\n<p>Los planteamientos de L. Boff tienen como plano de fondo la problem\u00e1tica planteada por el feminismo, de implicaciones trinitarias latentes. Est\u00e1n impl\u00ed\u00adcitos problemas como el de la imagen de Dios, el lenguaje con que lo nombramos, el uso que se ha hecho de los datos antropol\u00f3gicos del Hijo y, sobre todo, el olvido de la dimensi\u00f3n pneumatol\u00f3gica de la que se quiere extraer la dimensi\u00f3n femenina de Dios y la invisibilidad de lo femenino en planteamientos teol\u00f3gicos en estos siglos de Iglesia. Y es desde aqu\u00ed\u00ad desde donde se plantean las relaciones entre Mar\u00ed\u00ada y Dios como Esp\u00ed\u00adritu Santo, su rostro femenino o m\u00e1s exactamente, su rostro materno. Boff propone adoptar lo femenino como n\u00facleo a partir del que hacer justicia a las verdades de fe marianas y para ello utiliza los datos de las ciencias humanas y analiza lo femenino pasando luego a Mar\u00ed\u00ada desde la historia, la teolog\u00ed\u00ada y la mitolog\u00ed\u00ada. Desde el punto de vista teol\u00f3gico lo m\u00e1s audaz es su hip\u00f3tesis de que Mar\u00ed\u00ada, mujer, es una hip\u00f3stasis del Esp\u00ed\u00adritu Santo de forma que as\u00ed\u00ad queda equilibrado el camino de ida y vuelta de Dios al ser humano al que cre\u00f3 a su imagen y semejanza como macho y hembra (G\u00e9n 1,27). Valorando lo que ha supuesto este trabajo de L. Boff en lo que se refiere a la apertura de una discusi\u00f3n que ha permitido la toma de conciencia del olvido de la realidad de la mujer en el discurso teol\u00f3gico y en concreto mariol\u00f3gico, asumo la cr\u00ed\u00adtica que hace X. Pikaza a este planteamiento de la que destaco el peligro que para las mujeres, y para la figura de Mar\u00ed\u00ada supone la perspectiva sexual en orden a la elaboraci\u00f3n de un discurso teol\u00f3gico-trinitario en que el sexo femenino acabar\u00ed\u00ada perdi\u00e9ndose al relacionarse directamente con la tercera persona de la Trinidad que es una forma diferente de ser persona Dios. Esto pondr\u00ed\u00ada en peligro asimismo la individualidad hist\u00f3rica y concreta de Mar\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>El planteamiento de X. Pikaza en el tema que nos ocupa abarca a mi juicio tres aspectos: primero el tratamiento de la realidad antropol\u00f3gica de Mar\u00ed\u00ada que \u00e9l llama la primera persona de la humanidad y que sit\u00faa a Mar\u00ed\u00ada en la historia como la primera persona acabada de la misma ya que estrictamente hablando Jes\u00fas es el Hijo de Dios, la segunda persona de la Trinidad. Con este planteamiento, X. Pikaza ha superado en cierto modo (si bien no queda resuelto) el planteamiento de la dualidad sexual en la relaci\u00f3n Dios-ser humano. Mar\u00ed\u00ada no ser\u00ed\u00ada la mujer que expresa lo femenino de la realidad divina como si en Dios existiera la dualidad sexual. Mar\u00ed\u00ada ser\u00ed\u00ada persona mujer y en cuanto persona se relaciona con Dios y le expresa. El segundo aspecto ser\u00ed\u00ada la inserci\u00f3n de la mariolog\u00ed\u00ada en el discurso teol\u00f3gico trinitario en el que encontrar\u00ed\u00ada aquella su sentido \u00faltimo\u00bb. Desde aqu\u00ed\u00ad el desarrollo de los temas viene planteado desde los datos b\u00ed\u00adblicos, las l\u00ed\u00adneas fundamentales de interpretaci\u00f3n eclesial y la propia reflexi\u00f3n sistem\u00e1tica en la que cobra relieve la perspectiva trinitaria del encuentro personal que resume su postura. De esta forma Mar\u00ed\u00ada inserta a Mar\u00ed\u00ada en el centro del misterio cristiano y ofrece posibilidades teol\u00f3gicas, pastorales y pr\u00e1cticas de mucha transcendencia. Y el tercer aspecto se refiere a su tratamiento de la relaci\u00f3n entre el Esp\u00ed\u00adritu Santo y Mar\u00ed\u00ada. Esta, dice, transparenta al Esp\u00ed\u00adritu Santo de forma que quien quiera saber sobre el Esp\u00ed\u00adritu de Dios s\u00f3lo tiene que mirar a Mar\u00ed\u00ada. Ella refleja y reproduce caracter\u00ed\u00adsticas propias del Esp\u00ed\u00adritu Santo tales como el signo de la vida interior y la acogida o intimidad; la fuerza creadora de vida y la fecundidad o creatividad y la comuni\u00f3n, convocaci\u00f3n fraterna y mediaci\u00f3n o encuentro. De este modo, Mar\u00ed\u00ada aparece en especial relaci\u00f3n con el Esp\u00ed\u00adritu de Dios sin por eso convertirla en una diosa, ni dejar de ser criatura humana de nuestra historia con las consecuencias que ello puede acarrear a las mujeres concretas. Para X. Pikaza Mar\u00ed\u00ada no es modelo s\u00f3lo para las mujeres, sino que como primera criatura de nuestra historia es humanidad nueva para todos, mujeres y varones.<\/p>\n<p>Otros autores que representan una creatividad teol\u00f3gica con planteamientos importantes que destacar son Manteau-Bonamy, M\u00fchlen, Von Balthasar, De Fiores, el NDMAR y otros que abrieron caminos en los a\u00f1os conciliares y posconciliares. No entro en ellos S porque considero que est\u00e1n asumidos b\u00e1sicamente en los planteamientos de Boff y de Pikaza que han quedado ex&#8217;puestos m\u00e1s arriba.<\/p>\n<p>Es cierto que todav\u00ed\u00ada quedan lagunas importantes tales como la antropolog\u00ed\u00ada mariol\u00f3gica o la relaci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada con el Padre, pero creemos que hay un camino abierto que, basado en los datos b\u00ed\u00adblicos y apoyado en la mejor tradici\u00f3n eclesial, intenta ofrecer interpretaciones y desarrollos sistem\u00e1ticos utilizando los instrumentos que nos brindan hoy las ciencias sociales. Es el reto que tenemos por delante.<\/p>\n<p>II. Aproximaci\u00f3n sistem\u00e1tica a una mariolog\u00ed\u00ada trinitaria<br \/>\nAntes de comenzar este desarrollo conviene precisar la perspectiva del planteamiento que intentaremos seguir. Partimos en primer t\u00e9rmino de la unidad del proyecto de Dios o historia de salvaci\u00f3n por lo que situando a Mar\u00ed\u00ada en perspectiva trinitaria unimos la Trinidad inmanente y la Trinidad econ\u00f3mica y desde aqu\u00ed\u00ad enlazamos con el segundo punto de partida, la Encarnaci\u00f3n, como Misterio que se\u00f1ala no s\u00f3lo el encuentro entre lo divino y humano en Jes\u00fas, sino la misma din\u00e1mica de dicho encuentro. Dentro de esta perspectiva adoptamos el principio de analog\u00ed\u00ada tipol\u00f3gica de cara al AT y el principio hermen\u00e9utica en general y de modo especial en lo que se refiere al NT que implica, como insinu\u00e1bamos arriba, que los datos de la Escritura son susceptibles de interpretaci\u00f3n desde \u00f3pticas que pueden ser diferentes entre s\u00ed\u00ad sin necesidad de que se contradigan. Desde estos principios trataremos el tema de la relaci\u00f3n entre la paternidad de Dios y la maternidad de Mar\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>1. MAR\u00ed\u008dA Y LA ACCI\u00ed\u201cN CREADORA DE DIOS: PATERNIDAD-MATERNIDAD. Israel tiene su propio modelo de paternidad desde el que intenta transcender aquellos rasgos que en una evoluci\u00f3n tard\u00ed\u00ada de la misma idea de Dios lleva a nombrarlo con el apelativo de padre. Esos rasgos fundamentales desde los que lee la paternidad tienen que ver con los padres del pueblo y con la experiencia fundacional de Israel en las tradiciones del Exodo. En los comienzos se vislumbran algunas l\u00ed\u00adneas. Padre es quien escucha la llamada a salir y recibe la promesa de una descendencia y la tarea de irla construyendo. Salir -yas\u00e1- es una acci\u00f3n que fundamenta, pero la misma din\u00e1mica del verbo sufre una evoluci\u00f3n y en su campo sem\u00e1ntico se registra no s\u00f3lo como t\u00e9rmino del movimiento sino como ant\u00f3nimo convertido en punto de coincidencia, el verbo entrar &#8211; b\u00f3&#8217;&#8211;. Por raz\u00f3n de las asociaciones que se establecen en el mismo campo sem\u00e1ntico, salir-entrar son t\u00e9rminos que se utilizan para hablar del nacimiento y ellos indican la din\u00e1mica de surgimiento de Israel. Son verbos utilizados en contextos de encuentro vocacional &#8211; vocaci\u00f3n como di\u00e1logo, promesa, tarea y cumplimiento y se configura en un proceso de cara a la creaci\u00f3n de un espacio de comunicaci\u00f3n y comuni\u00f3n que se va construyendo lentamente en medio de la complejidad de la vida.<\/p>\n<p>El Dios de Israel es invocado como Padre en la consciencia de Dios creador. Paternidad y creaci\u00f3n, por tanto, aparecen unidos. Este Padre tiene, adem\u00e1s, un rostro misericordioso y cercano a los peque\u00f1os y va tomando un car\u00e1cter progresivamente universal. Los otros rasgos de la paternidad humana no son tan relevantes. El Dios de Israel, por tanto, es Padre en cuanto llama y por lo tanto sale de s\u00ed\u00ad y entra en la historia a favor de un pueblo peque\u00f1o y sin relieve con el que realiza un pacto gratuito y le hace surgir como pueblo con los derechos que le da esta misma gratuidad en raz\u00f3n de la que se ocupa con preferencia de aquellos menos favorecidos.<\/p>\n<p>De este Padre es eco Mar\u00ed\u00ada desde el principio. El paso al &#8216;abba de Jes\u00fas se realiza en ella y por ella. La maternidad de Mar\u00ed\u00ada asume estos rasgos a dos niveles: en su propia experiencia individual al recibir la vocaci\u00f3n a la maternidad de Jes\u00fas y en su dimensi\u00f3n simb\u00f3lica por la que condensa la mejor tradici\u00f3n israelita y a trav\u00e9s de la que se convierte en principio de Humanidad Nueva.<\/p>\n<p>La vocaci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada en Lc 1,26-38 est\u00e1 enmarcada por dos verbos de movimiento en orden inverso a los que hemos se\u00f1alado: el \u00e1ngel entra donde Mar\u00ed\u00ada &#8211; eiselth\u00f3n- (v.28) y una vez que ella ha respondido a la llamada de Dios el \u00e1ngel sale de donde ella -ap\u00e9lthen- (v. 38). En medio tiene lugar la vocaci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada a la maternidad, salir de s\u00ed\u00ad misma y de sus propios planes para entrar en los de Dios, tiene lugar la comunicaci\u00f3n de Dios y el di\u00e1logo con Mar\u00ed\u00ada, comuni\u00f3n de voluntades en el mismo proyecto. Ella interpreta a Dios en clave de misericordia (Le 1,50) y se sabe mirada por \u00e9l en su peque\u00f1ez (Le 1,48). Esta experiencia conforma la vocaci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada a la maternidad en las mismas claves en que se hab\u00ed\u00ada mostrado la paternidad en Israel. La paternidad de los padres de Israel y la maternidad de Mar\u00ed\u00ada s\u00f3lo se pueden entender desde esta clave.<\/p>\n<p>Ser\u00e1 el camino de Mar\u00ed\u00ada, su ejercicio de maternidad en la fe, el que muestre a Jes\u00fas la l\u00ed\u00adnea de la paternidad de Dios. Su \u00e1bba estar\u00e1 fundado, en raz\u00f3n del misterio de la Encarnaci\u00f3n, en la experiencia de maternidad de Mar\u00ed\u00ada. Y sobre esta base Jes\u00fas se har\u00e1 sensible para descubrir el rostro de Dios, su Padre, y revel\u00e1rnoslo. La maternidad de Mar\u00ed\u00ada queda reformulada y transformada desde niveles muy profundos gracias al vector de la fe que la mueve desde sus comienzos. Por eso Jes\u00fas la relativiza dichosos m\u00e1s bien los que escuchan la Palabra y la cumplen (Lc 11,28).<\/p>\n<p>En contexto de creaci\u00f3n y alianza se inscribe tambi\u00e9n la maternidad de Mar\u00ed\u00ada. La creaci\u00f3n y la conservaci\u00f3n providente entre la autonom\u00ed\u00ada y el cuidado que Dios realiza con su criatura -mundo y ser humano- es otra de las claves desde la que podemos entender la maternidad de Mar\u00ed\u00ada. Ella, con su g\u00e9noito, que se haga (Le 1,38) da paso a la plenitud de la creaci\u00f3n que hab\u00ed\u00ada comenzado con el genneth\u00e9to, h\u00e1gase, de Gn 1 . La Palabra de Dios Padre hac\u00ed\u00ada surgir la vida de un medio informe, de una materia ca\u00f3tica. La palabra cocreadora de Mar\u00ed\u00ada hace surgir la Vida de un medio preparado por el mismo Dios. Esta segunda es m\u00e1s perfecta. El principio es el mismo que subyace a Gn 1-3: la diferenciaci\u00f3n que la creaci\u00f3n va propiciando de un medio m\u00e1s amplio e indiferenciado y amorfo a otro cada vez m\u00e1s reducido, diferenciado y perfecto. El agente sigue siendo Dios, pero ahora su Palabra se realiza en el di\u00e1logo con una mujer que libremente acepta, con palabra propia &#8211; discurso directo en el texto- diferenciando as\u00ed\u00ad la Palabra de Dios que en dicho di\u00e1logo hace m\u00e1s perfecta no la suya, sino la de Mar\u00ed\u00ada. Todav\u00ed\u00ada m\u00e1s: realiza la integraci\u00f3n perfecta de su Palabra en la Historia: Jes\u00fas el Hijo del Padre y de Mar\u00ed\u00ada. De esta forma la maternidad de Mar\u00ed\u00ada no s\u00f3lo se incluye en la l\u00ed\u00adnea de la paternidad fundante de Israel y en la llamada a la vida de Dios Padre creador, sino en la misma comuni\u00f3n de Dios con el Hijo y por el Hijo con la historia humana. La fuerza de esta creaci\u00f3n es el Esp\u00ed\u00adritu Santo que desciende sobre ella.<\/p>\n<p>2. MAR\u00ed\u008dA Y LA ACCI\u00ed\u201cN REDENTORA DE DIOS HIJO: MATERNIDAD TRANSFORMADA. Dejo de lado todo cuanto pudiera decirse acerca de la realidad de Mar\u00ed\u00ada en su acci\u00f3n de corredenci\u00f3n con el Hijo y contin\u00fao la l\u00ed\u00adnea en la que me he movido al hablar de la acci\u00f3n creadora de Dios en relaci\u00f3n con la maternidad de Mar\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>La acci\u00f3n redentora de Dios Hijo entra en toda la realidad humana y abarca a Mar\u00ed\u00ada entera puesto que es la primera redimida. La maternidad de Mar\u00ed\u00ada es una de esas realidades rescatadas por Jes\u00fas, por su persona, por su mensaje y por su Pascua. Mar\u00ed\u00ada vive un verdadero proceso en su maternidad y aunque no podemos entrar en todo el desarrollo dejaremos apuntados aquellos aspectos m\u00e1s relevantes. Nos parece que este proceso se conforma como un dinamismo de transformaci\u00f3n a partir de tres factores hermen\u00e9uticos: la palabra, el proceso como tal y la fe.<\/p>\n<p>La maternidad de Mar\u00ed\u00ada es antes que nada, como nos dicen los textos evang\u00e9licos, una maternidad desde la palabra. A mi modo de ver los textos que mejor lo muestran son Lc 1,26-38, Mc 3,31-35 y Jn 19,25-27. Desde la vocaci\u00f3n tal como nos la relata Lc 1,26-38 la maternidad de Mar\u00ed\u00ada aparece bajo el signo de la Palabra. Dios le pide esta tarea a trav\u00e9s de su Palabra e introduce as\u00ed\u00ad un elemento que sit\u00faa a Mar\u00ed\u00ada en la l\u00ed\u00adnea de la acci\u00f3n de la Palabra de Dios del A.T. que abre los vientres est\u00e9riles de las mujeres. No es una maternidad que brota de las fuerzas naturales, de los impulsos, del azar o de la mera tradici\u00f3n no discutida. La Palabra de Dios es un hiato en la historia de las generaciones sin negar con ello la l\u00ed\u00adnea de continuidad. El hijo es no s\u00f3lo Hijo de la Palabra, sino \u00e9l mismo Palabra de Dios encarnada. Es el primer acto redentor por parte de Dios de la maternidad de Mar\u00ed\u00ada. Lo es en el plano individual, pero tambi\u00e9n en el de su representaci\u00f3n. Toda generaci\u00f3n a la vida va a ser entendida de aqu\u00ed\u00ad en adelante desde otras claves: si no naces del agua y del Esp\u00ed\u00adritu (Jn 3,5). La verdadera vida, la vida personal, se realiza por un gesto y por la Palabra que lo acompa\u00f1a en el nombre del Padre&#8230; como dir\u00e1 la tradici\u00f3n eclesial en seguida.<\/p>\n<p>Pero m\u00e1s radical aparece el momento que se\u00f1ala Mc 3, 31-35 en que Mar\u00ed\u00ada pasa a un modo de maternidad redefinido por el discipulado de Jes\u00fas a partir de un proces\u00f3 de renuncia y de transformaci\u00f3n de las vinculaciones afectivas primarias. El paso al contexto de discipulado lo realiza la palabra de Jes\u00fas que tras poner en crisis la naturaleza de estas relaciones, sin negarlas, las transforma desde su oferta abierta a todo el que cumpla la voluntad del Padre.<\/p>\n<p>En un nivel y contexto diferentes se sit\u00faa el texto del cuarto evangelio. Es de nuevo la Palabra de Jes\u00fas la que reformula en uno de los momentos de la Pascua, expl\u00ed\u00adcitamente redentor, la maternidad de Mar\u00ed\u00ada cuyo cometido es reunir a los hijos dispersos.<\/p>\n<p>El proceso implica su tarea de crear un cuerpo y cuidarlo, reproduciendo el mismo esquema de la acci\u00f3n creadora de Dios en clave de encarnaci\u00f3n redentora porque ese Cuerpo es Jes\u00fas. Supone, en el plano antropol\u00f3gico y psicol\u00f3gico, hacer surgir al sujeto ps\u00ed\u00adquico que es Jes\u00fas d\u00e1ndole as\u00ed\u00ad posibilidades de realizaci\u00f3n personal al hijo y culminar\u00ed\u00ada en la propiciaci\u00f3n de la transformaci\u00f3n de relaciones, puesto que el proceso que se describe en Mc 3,31-35 afecta no s\u00f3lo a Mar\u00ed\u00ada y a los parientes de Jes\u00fas, sino a Jes\u00fas mismo.<\/p>\n<p>El camino de fe que supone la maternidad de Mar\u00ed\u00ada se sit\u00faa en un paralelismo con el camino de Abraham que implica la redenci\u00f3n de toda posesividad sobre el hijo que tiene que ser devuelto constantemente a la gratuidad de la promesa y su cumplimiento a trav\u00e9s de renuncias y oscuridades. La redenci\u00f3n tanto del padre (Abrah\u00e1n) como de la madre (Mar\u00ed\u00ada) es un camino de purificaci\u00f3n de la historia misma y sus criterios de generaci\u00f3n y realizaci\u00f3n. Si cada hijo en Israel era memoria viva del cumplimiento de la promesa que comenz\u00f3 en la paternidad de una fe purificada en Abrah\u00e1n, el que nosotros seamos hijos en el Hijo es asimismo memoria viva de la plenitud de comuni\u00f3n de Dios con la historia en Jes\u00fas a partir de aquella maternidad de una fe purificada, la de Mar\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>3. MAR\u00ed\u008dA Y LA ACCI\u00ed\u201cN ANIMADORA DE DIOS ESP\u00ed\u008dRITU SANTO: LA MATERNIDAD COMUNITARIA. La animaci\u00f3n es una forma de creaci\u00f3n constante que hace referencia a la cualidad de la vida. Las notas que queremos subrayar puesto que no podemos entrar en desarrollos, aluden a ese aspecto de la relaci\u00f3n que Dios tiene con aquella vida que su gracia ha engendrado a trav\u00e9s de las diferentes mediaciones. Esta tarea animadora se suele aplicar al Esp\u00ed\u00adritu Santo. Este Esp\u00ed\u00adritu es la misma vitalidad de Dios y su fuerza cualitativa. La forma en que aparece tiene que ver con lo que muestran algunos textos del cuarto evangelio al referirse al Esp\u00ed\u00adritu y su tarea tras la muerte de Jes\u00fas: la memoria, el camino a la Verdad y el Juicio. De forma impl\u00ed\u00adcita e indirecta es Lc quien nos relata c\u00f3mo en la primera comunidad el papel de Mar\u00ed\u00ada se realizaba en estas coordenadas.<\/p>\n<p>Mar\u00ed\u00ada en He 1,14 realiza su tarea materna desde esta fase de la nueva creaci\u00f3n siendo memoria viva de Jes\u00fas, de su persona y su mensaje. Lo que realiza Pentecost\u00e9s es una extensi\u00f3n de lo que ya Mar\u00ed\u00ada vive y testimonia acerca de Jes\u00fas. La vida nueva debe llevar esta marca para ser la definitiva creaci\u00f3n. Se realiza en y desde la comunidad.<\/p>\n<p>Y como memoria de Jes\u00fas y centro mismo de la comunidad su persona es se\u00f1al directiva que apunta a la Verdad que es Jes\u00fas. Y as\u00ed\u00ad, devolviendo a la comunidad a s\u00ed\u00ad misma, a su propia realidad, puede crear el clima propicio para que la eclosi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu abra los ojos cerrados por el miedo a ver la verdad y convertirse en garant\u00ed\u00ada de la constructividad de esa misma verdad, a nivel individual y comunitario. La tarea de Juicio es menos expl\u00ed\u00adcita. Mar\u00ed\u00ada, estando en medio de la comunidad, esjuicio salvador por su misma persona, por el testimonio de su fe y de la gracia recibida. Pero convocando, es asimismo juicio de condenaci\u00f3n para la mentira que es el pecado contra Dios en Jes\u00fas. Su personal contribuci\u00f3n a la tarea redentora es juicio que pone al descubierto la actitud de muchos corazones (Le 2,35 ) seg\u00fan le hab\u00ed\u00ada anunciado previamente el anciano Sime\u00f3n. Su verdad denuncia la mentira, su memoria denuncia el rechazo, su convocaci\u00f3n comunitaria denuncia la destrucci\u00f3n de la insolidaridad.<\/p>\n<p>III. Conclusiones<br \/>\n1. EL DIOS DE LA HISTORIA Y MAR\u00ed\u008dA. La Sagrada Escritura nos ofrece algunas v\u00ed\u00adas de la revelaci\u00f3n de Dios como Dios de la historia. La primera es la de Israel. Mirando a Israel, leyendo sus textos, interpretando sus caminos, descubrimos algo de Dios. Sus rasgos revelados van pasando a la conciencia de los hombres y van conformando el sentido de sus vidas, del tiempo, de sus luchas y sus anhelos. Es el Dios de la libertad, de la alianza, de la comunicaci\u00f3n. El Dios de lo pobres y peque\u00f1os, el Dios del perd\u00f3n, el Dios fiel. Pero este Dios es todav\u00ed\u00ada percibido como lejano a trav\u00e9s de lo que implicaba pertenecer absolutamente a la esfera de lo sagrado. El acceso a su persona se fue enrareciendo, enturbiando por la serie de ritos a los que era necesario someterse para mostrarse en su presencia. Esta distancia implicaba la exclusi\u00f3n. Los impuros, las mujeres, los ni\u00f1os, los extranjeros&#8230; quedaban irremediablemente fuera.<\/p>\n<p>El Dios de la historia en la plenitud de los tiempos, quiebra todo esto y se revela de nuevo y de forma definitiva. La via reveladora es en este caso una mujer. Con ello, el Dios de la historia cambia esta misma acepci\u00f3n. La historia es ahora universal, es humana y tiene la posibilidad de ser humanizante. La historia es ahora una mujer, Mar\u00ed\u00ada. El Dios que se revela es un Dios trinitario, comuni\u00f3n, comunidad. Lo humano queda simbolizado en Mar\u00ed\u00ada y concretado en ella. Y a trav\u00e9s de ella se revela como Padre que comparte el Hijo \u00fanico con ella, se revela como Hijo en su seno y en el camino de su vida hasta la pascua y se revela como Esp\u00ed\u00adritu que la hace madre del Hijo y la constituye en principio de Humanidad Nueva e Historia Nueva. Mar\u00ed\u00ada ya forma parte de la misma Historia de Dios. Y Dios se nos ha revelado en ella y por ella. Desde Mar\u00ed\u00ada nuestra fe en el Dios trinitario alcanza nueva luz. En ella encontramos datos suficientes para acercarnos m\u00e1s a este Dios y entenderle mejor.<\/p>\n<p>No obstante, la reflexi\u00f3n sobre la relaci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada con la Trinidad cristiana y con cada una de las personas trinitarias sigue siendo una tarea pendiente de nuestra teolog\u00ed\u00ada. La mariolog\u00ed\u00ada, a\u00fan cuando est\u00e9 situada en la entra\u00f1a misma de la teolog\u00ed\u00ada cristiana, es decir, la Trinidad, no puede en ning\u00fan momento olvidar la base b\u00ed\u00adblica, ni reflexionar al margen de los textos. Es la \u00fanica garant\u00ed\u00ada de renovaci\u00f3n y de autenticidad de las diversas aproximaciones. Tras este muy breve intento, se pueden dejar ver las muchas lagunas y temas que ser\u00ed\u00ada necesario abordar. El reto no s\u00f3lo lo asumo como algo propio, sino que lo extiendo a te\u00f3logos y sobre todo a te\u00f3logas por la necesidad que existe de ofrecer l\u00ed\u00adneas de reflexi\u00f3n y planteamientos que la perspectiva de las mujeres tiene y dar a ellas a la par el adecuado lugar en la tarea teol\u00f3gica.<\/p>\n<p>[-> Amor; Antropolog\u00ed\u00ada; Biblia; Concilios; Creaci\u00f3n; Credos; Cruz; Encarnaci\u00f3n; Esp\u00ed\u00adritu Santo; Experiencia; Fe; Hijo; Historia; Misterio; Mujer; Padre; Pascua; Pentecost\u00e9s; Trinidad; Vaticano II.]<br \/>\nMercedes Navarro Puerto<\/p>\n<p>PIKAZA, Xabier &#8211; SILANES, Nereo,  Diccionario Teol\u00f3gico. El Dios Cristiano,  Ed. Secretariado Trinitario, Salamanca 1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico El Dios Cristiano<\/b><\/p>\n<p>Es la joven jud\u00ed\u00ada, esposa de Jos\u00e9  Madre de Jes\u00fas de Nazaret, a quien la comunidad cristiana confiesa como Madre del Mes\u00ed\u00adas, del Hijo de Dios hecho hombre. Conviene distinguir pero no separar, la persona de Mana de la mariolog\u00ed\u00ada. Esta es la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica sobre la persona y la misi\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada que se afirman en la fe. Mar\u00ed\u00ada, por el contrario, es la persona con su trayectoria hist\u00f3rica, que tiene tambi\u00e9n -como es l\u00f3gico- una importancia fundamental para una mariolog\u00ed\u00ada que quiera basarse en la historia real de la mujer de Nazaret y no ser una simple elaboraci\u00f3n doctrinal apriorista y te\u00f3rico\/ideol\u00f3gica sobre ella o por causa de ella. Haremos tan s\u00f3lo unas breves consideraciones sobre el aspecto hist\u00f3rico y sobre el teol\u00f3gico :<\/p>\n<p>1. La mujer Mar\u00ed\u00ada de Nazaret.- Sobre el significado del nombre Mar\u00ed\u00ada no est\u00e1n de acuerdo los autores. Se consideran como m\u00e1s plausibles dos indicaciones: la que lo hace derivar del compuesto egipcio-hebreo Myr-ya\/yam , que significa la amada de Yahv\u00e9h: y la que lo hace derivar del ugar\u00ed\u00adtico mrym , que significa altura, esto es, la excelsa, la sublime. Las dos etimolog\u00ed\u00adas son posibles y las dos indican perfectamente lo que la fe ve en la Madre de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>El Nuevo Testamento, los ap\u00f3crifos,  toda la tradici\u00f3n cristiana est\u00e1n de acuerdo en atestiguar que la joven jud\u00ed\u00ada Mar\u00ed\u00ada fue la madre de Jes\u00fas, El lenguaje sobrio de los evangelios can\u00f3nicos nos presenta a Mar\u00ed\u00ada como madre que sigue con atenci\u00f3n, y podr\u00ed\u00adamos decir con temblor, los pasos de su Hijo, guiada por un esp\u00ed\u00adritu de fe que la va conduciendo gradualmente hacia una comprensi\u00f3n cada vez m\u00e1s profunda de la misi\u00f3n y de la identidad de su Hijo y la lleva a una disponibilidad mayor para \u00abdarlo\u00bb por la realizaci\u00f3n de los designios divinos. La vemos al lado de Jes\u00fas, comprometida en su actividad apost\u00f3lica (cf. Jn 2,1-1 1); la encontramos finalmente a su lado en el momento de sufrir, al pie de la cruz (cf Jn 19,25-27). Los evangelios no nos hablan de su encuentro con Jes\u00fas resucitado. Sin embargo, los Hechos nos la presentan entre los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas al comienzo de la vida de su comunidad despu\u00e9s de su muerte, al empezar la tarea misionera de la Iglesia (cf. Hch 1,14). La tradici\u00f3n cristiana a lo  largo de los siglos empieza a hablar de su \u00abdormitio\u00bb y posteriormente de su asunci\u00f3n al cielo por el poder de Dios.<\/p>\n<p> 2. Mariolog\u00ed\u00ada, partiendo de Mar\u00ed\u00ada y a  la luz de Mar\u00ed\u00ada.- Hoy se presta mucha atenci\u00f3n al dato hist\u00f3rico concreto de la vida de la Madre de Jes\u00fas. De modo particular, y a diferencia del pasado, se acent\u00faa su verdadera y aut\u00e9ntica humanidad, que lleva consigo su experiencia de limitaciones de diverso g\u00e9nero, de su sufrimiento, de sus pruebas, de su maduraci\u00f3n espiritual en la fe y en las otras virtudes. Mar\u00ed\u00ada en la conciencia cristiana ha vuelto a ser una persona humana femenina, inserta realmente en la trama de la historia terrena, con todas las limitaciones a las que \u00e9sta est\u00e1 sometida. Mar\u00ed\u00ada hermana nuestra es la expresi\u00f3n que se\u00f1ala de la manera m\u00e1s acertada esta sensibilidad cristiana, que la restituye a su humanidad, que es la nuestra.<\/p>\n<p> 3. Mar\u00ed\u00ada, objeto de la mirada de fe. La fe cristiana consider\u00f3 desde el principio a la persona y la vida de Mar\u00ed\u00ada dentro de una perspectiva que, a pesar de basarse en su verdad hist\u00f3rica, bajo la luz de la confesi\u00f3n de la misi\u00f3n y de la identidad trascendente del Hijo, la capta con una profundidad y en una dimensi\u00f3n que van m\u00e1s all\u00e1 de todo cuanto puede desvelarse en una mera constataci\u00f3n emp\u00ed\u00adrica. La joven de Nazaret, a los ojos de la comunidad cristiana, se revela como la Virgen que acogi\u00f3 libremente la invitaci\u00f3n de Dios para hacer miembro del g\u00e9nero humano a su Hijo salvador, habiendo sido preparada para ello con una singular elecci\u00f3n divina de gracia; cooper\u00f3 activamente en la realizaci\u00f3n del misterio de la salvaci\u00f3n, realizada por su hijo Jesucristo, con su servicio obediente, su disponibilidad sin reservas, su fe s\u00f3lida y su amor hasta el sacrificio, especialmente al pie de la cruz de su Hijo.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, la comunidad de los creyentes no representa a Mar\u00ed\u00ada como una figura del pasado, sino como Madre del Se\u00f1or glorioso que fue exaltada por \u00e9l con toda su realidad humana en la gloria divina, asistiendo maternalmente a los hermanos de su Hijo a lo largo de los siglos con su maternal protecci\u00f3n y  estimul\u00e1ndolos a esperar aquella liberaci\u00f3n y salvaci\u00f3n plena, de la que ya goza ella. \u00abasunta al cielo\u00bb (v\u00e9ase el hermoso resumen de mariolog\u00ed\u00ada de la LG 56-59).<\/p>\n<p>Esta mirada de fe en su articulaci\u00f3n  org\u00e1nica y sistem\u00e1tica constituye el sector teol\u00f3gico de la mariolog\u00ed\u00ada m\u00e1s o menos floreciente seg\u00fan las vicisitudes hist\u00f3ricas, pero que nunca falt\u00f3 en la conciencia cr\u00ed\u00adtica cristiana. Una sana mariolog\u00ed\u00ada debe tener siempre a Mar\u00ed\u00ada en la base de sus reflexiones. No ha sido siempre as\u00ed\u00ad en el curso de la historia. En varias ocasiones ciertas im\u00e1genes (la Virgen, la Madre celestial, la Abogada, etc.) y ciertas categor\u00ed\u00adas teol\u00f3gicas (maternidad, mediaci\u00f3n, virginidad, corredenci\u00f3n, etc.), consideradas en su contenido abstracto y sin vinculaci\u00f3n alguna con la concreci\u00f3n hist\u00f3rica de la vida de la Mujer de Nazaret, han llevado a una reflexi\u00f3n mariol\u00f3gica gen\u00e9rica, deductivista, rica en conclusiones y pobre en puntos s\u00f3lidos de partida:- a exaltaciones de la Madre de Jes\u00fas capaces de alimentar m\u00e1s la curiosidad y la imaginaci\u00f3n de los hombres que la verdadera y s\u00f3lida fe de los cristianos. Una recol~caci\u00f3n en el centro de la figura real de Mar\u00ed\u00ada es la \u00fanica condici\u00f3n de elaboraci\u00f3n de una mariolog\u00ed\u00ada bien fundada, rica en contenidos aptos para alimentar substanciosamente la fe, para exaltar de veras la gracia de Dios donde \u00e9sta se ha manifestado y de la forma en que se ha revelado, para hacer \u00fatil y &#8211; productiva para la vida cristiana la referencia devota a la Madre de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>La mariolog\u00ed\u00ada contempor\u00e1nea ha  superado las abstracciones y los triunfalismos precisamente porque ha anclado su contemplaci\u00f3n de fe en el dato hist\u00f3rico de la existencia y del testimonio de vida que ofreci\u00f3 Mar\u00ed\u00ada. En primer lugar ha re-situado su historia en el contexto socio-religioso jud\u00ed\u00ado de su \u00e9poca: luego volvi\u00f3 a centrar su figura en la historia de la salvaci\u00f3n, donde ocupa una posici\u00f3n realmente \u00fanica gracias a su maternidad divina, y tom\u00f3 en serio su devenir hist\u00f3rico de mujer y de persona creyente: finalmente relacion\u00f3 de forma m\u00e1s org\u00e1nica los dones singulares de gracia que hab\u00ed\u00ada recibido de Dios, tan meditados por la vida de fe y por la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica, con su misi\u00f3n hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfica \u00fanica respecto al Hijo, a la Iglesia y a cada uno de los creyentes, particularmente del mundo femenino, del que ella, la \u00abbendita entre todas las mujeres\u00bb, es la concreci\u00f3n m\u00e1s excelsa.<\/p>\n<p>Una buena documentaci\u00f3n de este giro concreto, \u00bb mariano \u00ab, de la mariolog\u00ed\u00ada contempor\u00e1nea es la que representa el cap\u00ed\u00adtulo VIII de la Lumen gentium del Vaticano II. Pero la mariolog\u00ed\u00ada posconciliar ha ido todav\u00ed\u00ada m\u00e1s all\u00e1 en esta direcci\u00f3n. Los nuevos problemas y aspectos antropol\u00f3gicos que han hecho surgir la emancipaci\u00f3n de la mujer y el feminismo contempor\u00e1neo, los problemas planteados por la exigencia de una vida de fe comprometida m\u00e1s en concreto por la emancipaci\u00f3n y liberaci\u00f3n del hombre, la convicci\u00f3n de la necesidad de una vida cristiana entendida como verdadero camino de obediencia a Dios en la obscuridad de la fe, han llevado a los te\u00f3logos y al Magisterio de la Iglesia (veans\u00e9, por ejemplo, los documentos Marialis cultus de Pablo VI, de 1974, y Redemptoris Mater de Juan Pablo II, de 1988) a conceder cada vez m\u00e1s espacio y a poner m\u00e1s de relieve la humanidad y la contextualidad hist\u00f3rica de Mar\u00ed\u00ada, Convirtiendo siempre a la mariolog\u00ed\u00ada en una reflexi\u00f3n de fe, sostenida por la fe de Mar\u00ed\u00ada y sobre Mar\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>G. Iammarrone<\/p>\n<p>Bibl.: E. Testa, Mar\u00ed\u00ada de Nazaret, en NDM, 1244-1272; S, de Fiores. Mar\u00ed\u00ada en la teolog\u00ed\u00ada contempor\u00e1nea, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1991; B. Forte, Mar\u00ed\u00ada, mujer icono del misterio, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1991; L. Boff, El rostro materno de Dios, San Pablo, Madrid 1985.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: 1. Mar\u00ed\u00ada en la conciencia actual del cristianismo. II. Mar\u00ed\u00ada en la Biblia: 1. Trasfondo del Antiguo Testamento en la figura de Mar\u00ed\u00ada; 2. Mar\u00ed\u00ada en los evangelios; 3. Mar\u00ed\u00ada en G\u00e1l 4 y en Ap 12. III. Mar\u00ed\u00ada en el dogma cat\u00f3lico. IV. Mar\u00ed\u00ada en la catequesis: 1. Criterios generales; 2. Criterios diferenciales.<\/p>\n<p>I. Mar\u00ed\u00ada en la conciencia actual del cristianismo<br \/>\nLa figura de Mar\u00ed\u00ada, asociada al fen\u00f3meno social y religioso que ella protagoniza en el cristianismo cat\u00f3lico, es todav\u00ed\u00ada una figura controvertida. No podemos ignorar el pluralismo interpretativo que rodea cuanto tiene que ver con ella. He aqu\u00ed\u00ad algunas de sus manifestaciones: 1) En el \u00e1mbito ecum\u00e9nico, a pesar de los intentos suscitados por diferentes confesiones cristianas a partir del Vaticano II, siguen existiendo dificultades propiamente mariol\u00f3gicas para conseguir acuerdos que favorezcan la unidad. 2) En el \u00e1mbito teol\u00f3gico, se dejan sentir ciertas tensiones en varios puntos, de los que s\u00f3lo quiero citar estos tres: algunos resultados de la incorporaci\u00f3n de las ciencias humanas y sociales a la mariolog\u00ed\u00ada (sociolog\u00ed\u00ada, psicolog\u00ed\u00ada, antropolog\u00ed\u00ada cultural&#8230;); la relaci\u00f3n entre la interpretaci\u00f3n de los textos b\u00ed\u00adblicos y los dogmas marianos; y una ola de cr\u00ed\u00adticas feministas a la mayor\u00ed\u00ada de las interpretaciones marianas. 3) En el \u00e1mbito popular, se aprecia una separaci\u00f3n entre la praxis del culto, la confesi\u00f3n de la fe y las necesidades psicol\u00f3gicas de los individuos y grupos religiosos con respecto a la figura de Mar\u00ed\u00ada. No es extra\u00f1o advertir la dificultad que existe para integrar la sobriedad cat\u00f3lica doctrinal del cap\u00ed\u00adtulo 8 de la Lumen gentium con la complejidad del s\u00ed\u00admbolo que es Mar\u00ed\u00ada para gran parte del pueblo creyente.<\/p>\n<p>Estas manifestaciones del pluralismo interpretativo que acompa\u00f1a la figura de Mar\u00ed\u00ada es ambiguo. Por un lado, es indudable su potencial riqueza. Por otro, no puede menos de suscitar desconcierto en algunos sectores. Esta desorientaci\u00f3n tiene unas consecuencias. Por una parte, crece la distancia entre la figura b\u00ed\u00adblica de Mar\u00ed\u00ada y el s\u00ed\u00admbolo. No resulta sencillo abordar con seriedad este fen\u00f3meno. En este mismo sentido, se nota cada vez m\u00e1s la distancia que media entre el lenguaje del dogma y el de la cultura (la cultura occidental y mediterr\u00e1nea) y, con ello, estamos tocando de plano la problem\u00e1tica de la inculturaci\u00f3n. Por otra parte, se constata una p\u00e9rdida de relevancia de la figura de Mar\u00ed\u00ada y de sus ra\u00ed\u00adces b\u00ed\u00adblicas para dos grupos importantes, los j\u00f3venes y las mujeres.<\/p>\n<p>Con esta panor\u00e1mica de fondo, es l\u00f3gico que nos preguntemos c\u00f3mo podemos y debemos abordar la catequesis sobre Mar\u00ed\u00ada. Mi propuesta general es sencilla: recuperar las ra\u00ed\u00adces b\u00ed\u00adblicas de la figura e importancia de Mar\u00ed\u00ada para la fe cristiana cat\u00f3lica y procurar que no se separen tales ra\u00ed\u00adces de la comprensi\u00f3n y formulaci\u00f3n dogm\u00e1tica. Junto a todo ello, es evidente que necesitamos inculturar el s\u00ed\u00admbolo en que se ha convertido Mar\u00ed\u00ada. En este sentido seguiremos encontrando algunos escollos muy concretos.<\/p>\n<p>II. Mar\u00ed\u00ada en la Biblia<br \/>\nEs preciso que revisemos algunos elementos del Antiguo Testamento para pasar, enseguida, a centrarnos en aquellos textos del Nuevo en donde encontramos a Mar\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>1. TRASFONDO DEL ANTIGUO TESTAMENTO EN LA FIGURA DE MAR\u00ed\u008dA. El primero y m\u00e1s seguro de los datos hist\u00f3ricos que conocemos de Mar\u00ed\u00ada, aportados por las fuentes evang\u00e9licas, es el de su condici\u00f3n de mujer israelita. Es decir, mujer de la etnia y religi\u00f3n jud\u00ed\u00adas. Por esta raz\u00f3n debemos situarla bien en su medio, pues de lo contrario estaremos proyectando muchos de nuestros esquemas culturales sobre los textos y sobre su figura, dificultando, de este modo, la correcta comprensi\u00f3n cristiana de Mar\u00ed\u00ada en la fe de la Iglesia. Pero existe, adem\u00e1s, otra raz\u00f3n, no menos importante, para que nos fijemos en el Antiguo Testamento: el trasfondo que hay en los relatos evang\u00e9licos en los cuales aparece Mar\u00ed\u00ada revela una profundidad teol\u00f3gica que s\u00f3lo es apreciable si se conocen las Escrituras. Si ignoramos este sustrato no podremos comprender la importancia de Mar\u00ed\u00ada en los evangelios ni tampoco su densidad teol\u00f3gica.<\/p>\n<p>Abordaremos tres grandes elementos del Antiguo Testamento que no debe olvidar una catequesis sobre Mar\u00ed\u00ada: figuras, esquemas antropol\u00f3gicos y literarios y trasfondo cultural y teol\u00f3gico.<\/p>\n<p>a) Entre las figuras relevantes para una adecuada comprensi\u00f3n evang\u00e9lica de Mar\u00ed\u00ada destaca, en primer lugar, el personaje de Eva. Ella es la primera mujer b\u00ed\u00adblica situada en los comienzos de la historia: principio de humanidad por excelencia. Seg\u00fan G\u00e9n 2-3, Eva es la iniciadora del conocimiento experiencial que hace a los humanos semejantes a Dios (cf G\u00e9n 3,6-7.22), es portadora del don de la vida recibida de Dios y est\u00e1 llamada a ser co-creadora con \u00e9l suscitando esa vida a su descendencia. Eva es, por tanto, principio de humanidad y colaboradora en el plan de la creaci\u00f3n del mismo Dios. En el trasfondo del relato de la vocaci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada y anunciaci\u00f3n del nacimiento de Jes\u00fas (cf Lc 1,26-38), as\u00ed\u00ad como en la forma en que Jes\u00fas trata a Mar\u00ed\u00ada en el cuarto evangelio, al llamarla mujer (cf Jn 2,1-12; 19,25-27), se evoca la figura de Eva.<\/p>\n<p>Abrah\u00e1n, por su parte, interpretado como padre de la fe del pueblo elegido, se recorta en el trasfondo del tratamiento que da Lucas a la figura de Mar\u00ed\u00ada, dichosa t\u00fa que has cre\u00ed\u00addo -en palabras de su prima Isabel- (Lc 1,45), madre de la fe del nuevo pueblo inaugurado por Jes\u00fas. En el relato que Mateo hace de la huida a Egipto se adivinan personajes del Antiguo Testamento, como las mujeres de Ex 1-2 que, de diferentes maneras, hacen posible, con decisi\u00f3n y riesgo, la liberaci\u00f3n de Mois\u00e9s de la amenaza de muerte y, con \u00e9l, la liberaci\u00f3n de todo el pueblo. La figura de Ana, la madre de Samuel, como aquella que canta al Dios que la ha escuchado en su peque\u00f1ez y su aflicci\u00f3n y le ha concedido un futuro, se recorta sobre el himno del magn\u00ed\u00adficat que Lucas pone en boca de Mar\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Personajes como Judit y Ester son evocados en la interpretaci\u00f3n global que los evangelios hacen de Mar\u00ed\u00ada, ya que esta, como aquellas, contribuye activamente a un nuevo nacimiento del pueblo elegido. Judit y Ester salvan al pueblo del peligro inminente de la derrota y la muerte. De este modo, se convierten en madres simb\u00f3licas de ese pueblo por haber contribuido eficazmente a un renacimiento. Pero tambi\u00e9n podr\u00ed\u00adan establecerse relaciones fecundas entre Mar\u00ed\u00ada y algunos de los profetas del Antiguo Testamento, entre la actividad de los sabios, como deja entrever Lucas en anotaciones del narrador al decir que ella guardaba todas estas cosas, medit\u00e1ndolas en su coraz\u00f3n (Le 2,19.51).<\/p>\n<p>b) Y si se pueden establecer relaciones entre algunas figuras y acontecimientos del Antiguo Testamento y Mar\u00ed\u00ada, tambi\u00e9n puede relacionarse su funci\u00f3n evang\u00e9lica con esquemas antropol\u00f3gicos y literarios del Antiguo Testamento. Por ejemplo, los esquemas de vocaci\u00f3n y de anunciaci\u00f3n, con todo su significado para la figura de mujer y de var\u00f3n a quien Dios elige o a quien anuncia el hijo, as\u00ed\u00ad como para el pueblo, forman el trasfondo de Lc 1,26-38. No hay que olvidar que la figura de Mar\u00ed\u00ada en la obra de Lucas aparece recortada sobre un rico trasfondo veterotestamentario. La escena de la anunciaci\u00f3n, como es sabido, evoca las anunciaciones del Antiguo Testamento: Agar (G\u00e9n 16 y 21), Sara (G\u00e9n 18), Ana (ISam 1), Jael (Jue 5,24) y Judit (Jdt 13,18) en cuanto a figuras femeninas; y No\u00e9 (Gen 6,8), Gede\u00f3n (Jue 6,12) y David de un modo muy especial (2Sam 7) en cuanto a figuras masculinas.<\/p>\n<p>Otro ejemplo es el esquema antropol\u00f3gico b\u00e1sico del \u00e9xodo: salir (de Egipto), atravesar (el desierto) y entrar (en la tierra), propio del nacer (salir del vientre materno), vivir (atravesar la vida) y morir (entrar en la tierra-tumba o en el cielo o en otra vida&#8230;). Este esquema se percibe en el trasfondo del relato de Mateo de la huida a Egipto (Mt 2,13-23). La madre y el ni\u00f1o (que siempre aparecen unidos en los relatos de infancia de Mt) representan al pueblo amenazado, pobre y marginado, pero tambi\u00e9n aparecen como parte de ese pueblo que pasa por la experiencia de la huida y el exilio.<\/p>\n<p>c) Con relaci\u00f3n al trasfondo cultural y teol\u00f3gico, los relatos evang\u00e9licos muestran la figura de Mar\u00ed\u00ada en una doble dimensi\u00f3n. Por una parte, ella no deja de estar presentada seg\u00fan los esquemas culturales convencionales con respecto a las mujeres, pero, a la vez, los narradores evang\u00e9licos dejan percibir a lectoras y lectores la fuerza contracultural de algunos datos que relativizan los primeros. Pongamos como ejemplo los procesos reproductivos y el papel de la mujer en ellos, tal como se entend\u00ed\u00adan en la cultura israelita del tiempo de Jes\u00fas. Seg\u00fan tales concepciones, el \u00fanico que engendra es el var\u00f3n, porque es el \u00fanico que tiene semen. La mujer tiene como funci\u00f3n acoger la semilla masculina. Se pensaba, por tanto, que s\u00f3lo los hombres pod\u00ed\u00adan prolongarse (tener genealog\u00ed\u00ada, es decir, apellido y antepasados), porque s\u00f3lo ellos aportaban la semilla, mientras que las mujeres eran nada m\u00e1s que el campo que cuida, da seguridad y alimenta esa semilla hasta que nace. Esto explica, culturalmente, el sentido de la necesaria virginidad de Mar\u00ed\u00ada. Si ella no fuera virgen, entonces no habr\u00ed\u00ada garant\u00ed\u00ada absoluta de la paternidad de Dios. S\u00f3lo de esta forma queda asegurado que Jes\u00fas es Hijo de Dios y leg\u00ed\u00adtimo heredero suyo. Pero, a la par, que naciera de una mujer garantizaba la total humanidad de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Esta comprensi\u00f3n cultural, subyacente en los relatos de la anunciaci\u00f3n de Jes\u00fas en Lucas y en Mateo llevaba aparejada una estricta divisi\u00f3n de roles seg\u00fan el g\u00e9nero. Tal divisi\u00f3n asignaba a las mujeres la maternidad ejercida en el \u00e1mbito privado. El \u00e1mbito p\u00fablico estaba reservado al var\u00f3n. Aunque los testimonios arqueol\u00f3gicos e hist\u00f3ricos muestran una mayor flexibilidad en tal divisi\u00f3n de espacios y de roles, tanto en los medios culturales colonizadores (helenistas y romanos) como en los jud\u00ed\u00ados, la mayor\u00ed\u00ada de las mujeres viv\u00ed\u00adan dentro de estos c\u00e1nones que, en algunos lugares, eran sumamente r\u00ed\u00adgidos. Por ello, no es dif\u00ed\u00adcil apreciar el tono contracultural que acompa\u00f1a al tratamiento que los narradores evang\u00e9licos dan al personaje de Mar\u00ed\u00ada. Los sin\u00f3pticos narran la escena en la cual la madre y los parientes de Jes\u00fas van a buscarle para devolverle a la casa, la familia y la cordura, de forma que deje de ser una verg\u00fcenza para todos (cf Mc 3,31-35par). En esta escena Jes\u00fas relativiza la importancia y centralidad de la familia jud\u00ed\u00ada, en funci\u00f3n de Dios, \u00fanico Padre que Jes\u00fas reconoce, y de su reinado. Y con tal relativizaci\u00f3n, critica fuertemente los roles de las mujeres y sus \u00e1mbitos de realizaci\u00f3n humana.<\/p>\n<p>En Lucas aparece muy claro en la respuesta de Jes\u00fas a la mujer del p\u00fablico que le piropea ensalzando a su madre en cuanto tal: \u00abdichosos m\u00e1s bien los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en pr\u00e1ctica\u00bb (Lc 11,28), alusi\u00f3n clara a la actitud creyente de Mar\u00ed\u00ada que, seg\u00fan Isabel, es \u00abdichosa porque ha cre\u00ed\u00addo\u00bb (cf Le 1,45).<\/p>\n<p>En resumen: interpretar la figura de Mar\u00ed\u00ada en el \u00e1mbito cristiano requiere un conocimiento suficiente del Antiguo Testamento, que subyace en los relatos evang\u00e9licos en los que se habla de ella. Tales relatos, as\u00ed\u00ad como el lugar estructural en el que est\u00e1n colocados, y la funci\u00f3n narrativa que desempe\u00f1an en cada evangelio, se recortan sobre un trasfondo de figuras, acontecimientos, esquemas literarios y concepciones culturales del Antiguo Testamento, que dejan ver tanto la inculturaci\u00f3n de la figura de Mar\u00ed\u00ada como sus acusados rasgos contraculturales e innovadores. Mar\u00ed\u00ada forma parte fundamental de este cuadro religioso, el cuadro del misterio de la encarnaci\u00f3n. La catequesis cat\u00f3lica debe aprender a situar en \u00e9l esta importante figura.<\/p>\n<p>2. MAR\u00ed\u008dA EN LOS EVANGELIOS. Daremos un somero repaso al tratamiento que da cada uno de los evangelios a Mar\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>a) El evangelio de Marcos, destinado a una comunidad que incluye cristianos provenientes del mundo pagano de Roma, tiene pocos textos en los que se habla de Mar\u00ed\u00ada. Uno, Mc 3,31-35, es el relato de la visita de la madre y otros parientes a Jes\u00fas. Otro, Mc 6, es el pasaje que habla de Jes\u00fas como el hijo de Mar\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>En Mc 3,21-22.31-35 la familia de Jes\u00fas, informada de su conducta irregular, va a intentar llev\u00e1rselo de nuevo a su casa. Sus parientes piensan que est\u00e1 loco y esto constituye un deshonor o verg\u00fcenza para toda la familia, que tiene el deber de restaurar dicho honor cuanto antes. Cuando Jes\u00fas es informado de que su familia le busca, pregunta qui\u00e9n es su madre, hermanos y hermanas y \u00e9l mismo responde: \u00abel que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre\u00bb. Esta respuesta corrige escandalosa y provocativamente el concepto mismo de familia y sit\u00faa a su madre en la posibilidad vocacional de optar por un tipo de familia creada, no por lazos de sangre ni por cultura o imposici\u00f3n social, sino por razones religiosas, las razones del Reino.<\/p>\n<p>Jes\u00fas mira por los intereses de Dios y de su reino, que no s\u00f3lo es su causa, sino tambi\u00e9n su familia. Mar\u00ed\u00ada queda colocada en esta perspectiva a partir de este momento, y puede formar parte, si libremente quiere, de esta otra nueva familia creada por Jes\u00fas a partir de la Palabra (hacer la voluntad de Dios). La importancia de Mar\u00ed\u00ada no estriba en su condici\u00f3n de madre biol\u00f3gica de Jes\u00fas, sino en su opci\u00f3n creyente que la convierte en su seguidora, aquella que cumple la voluntad de Dios.<\/p>\n<p>En Mc 6,1-6 Jes\u00fas est\u00e1 en su pueblo y ense\u00f1a en la sinagoga. La gente, asombrada y suspicaz, se pregunta por su origen: \u00ab\u00bfno es este el carpintero, el hijo de Mar\u00ed\u00ada&#8230;?\u00bb. En el trasfondo de esta pregunta se advierte el control de la familia sobre cada uno de sus miembros, pero el lector o lectora ya conoce la opci\u00f3n de Jes\u00fas y puede adivinar la opci\u00f3n de su madre.<\/p>\n<p>b) El evangelio de Mateo tampoco dedica muchos textos a Mar\u00ed\u00ada. Ella aparece en los relatos de la infancia y, como en Mc, en el episodio de los parientes de Jes\u00fas. La comunidad destinataria de este evangelio est\u00e1 compuesta por cristianos de origen jud\u00ed\u00ado en confrontaci\u00f3n con el juda\u00ed\u00adsmo fariseo. Pero el tiempo de la historia (es decir, el tiempo en el que ocurren los hechos narrados) se sit\u00faa en un contexto jud\u00ed\u00ado. En ese \u00e1mbito, la concepci\u00f3n de mujer no es un\u00ed\u00advoca, pero hay una l\u00ed\u00adnea que predomina en los c\u00ed\u00adrculos de la ortodoxia jud\u00ed\u00ada y que corresponde a la que presenta Prov 31 y el libro de Qoh\u00e9let. Este modelo, sin embargo, tiene sus propios correctivos evang\u00e9licos, como aparece ya en los primeros cap\u00ed\u00adtulos de Mateo, donde se encuentra, en primer lugar, la genealog\u00ed\u00ada. Teniendo en cuenta la idea sobre los procesos reproductivos arriba expuesta, no es dif\u00ed\u00adcil entender que la genealog\u00ed\u00ada sea siempre masculina. Un lector o lectora de los tiempos en que se escribi\u00f3 este evangelio esperar\u00ed\u00ada una genealog\u00ed\u00ada en la que aparecieran solamente varones. Pues bien, donde se esperar\u00ed\u00adan hombres aparecen mujeres, y donde se esperar\u00ed\u00adan mujeres leg\u00ed\u00adtimas encontramos mujeres ileg\u00ed\u00adtimas o de relaciones irregulares con los varones: Rahab, Tamar, Rut y Betsab\u00e9, que rompen con la mentalidad b\u00e1sica de la alianza, de naturaleza patriarcal, que transmite el linaje exclusivamente por v\u00ed\u00ada paterna. Y, cuando se esperar\u00ed\u00ada que Mar\u00ed\u00ada respondiera a este patr\u00f3n, su menci\u00f3n rompe este tipo de transmisi\u00f3n que, en vez de ser paterna, es materna.<\/p>\n<p>Lo que intenta mostrar esta genealog\u00ed\u00ada es que Jes\u00fas viene de Dios, \u00fanico Padre. Mar\u00ed\u00ada, por tanto, est\u00e1 en funci\u00f3n del Mes\u00ed\u00adas, cuyo \u00fanico Padre es Dios. Jes\u00fas, a trav\u00e9s de Mar\u00ed\u00ada, es el cumplimiento de la promesa de la alianza hecha a Abrah\u00e1n; pero en la selecci\u00f3n de datos tomados del Antiguo Testamento y en la selecci\u00f3n de las v\u00ed\u00adas de inculturaci\u00f3n para comunicar este mensaje, el autor se ha servido de la l\u00ed\u00adnea marginal que representan estas mujeres y no de la leg\u00ed\u00adtima. Es una selecci\u00f3n teol\u00f3gica: Jes\u00fas entra en el mundo y se hace humano asumiendo a toda la humanidad y no s\u00f3lo a la humanidad de elite; ni siquiera la humanidad mejor, m\u00e1s formal y \u00e9ticamente perfecta.<\/p>\n<p>El relato del nacimiento del Mes\u00ed\u00adas y el anuncio del mismo a Jos\u00e9 (Mt 1,18-2,23) enfatiza la virginidad de Mar\u00ed\u00ada y se centra en el protagonismo de Jos\u00e9. El anuncio del nacimiento de un gran personaje por una virgen es un g\u00e9nero literario de influencia helenista, que se inserta perfectamente en la mentalidad mediterr\u00e1nea, y era utilizado para expresar el origen de un personaje extraordinario. Esto tambi\u00e9n explica que el protagonista sea Jos\u00e9 y que Mar\u00ed\u00ada quede en la sombra. Con ello, el texto revela que Jes\u00fas es descendencia directa, \u00fanica y exclusiva de Dios, puesto que Mar\u00ed\u00ada, seg\u00fan la mentalidad cultural del \u00e1rea mediterr\u00e1nea y semita patriarcal, no pone nada de su parte. Aporta s\u00f3lo su vientre, su sangre y su leche, que no modifican en absoluto la sustancia de la semilla que lleva en su seno. La virginidad es, as\u00ed\u00ad, la mejor forma de indicar la identidad divina de Jes\u00fas, Hijo de Dios.<\/p>\n<p>c) La obra de Lucas, evangelio y Hechos de los ap\u00f3stoles, es la que m\u00e1s textos dedica a la figura de Mar\u00ed\u00ada. En los relatos de la infancia de Jes\u00fas, Lc 1-2, Mar\u00ed\u00ada es presentada como una mujer de la palabra. Mujer de la palabra de Dios, en primer t\u00e9rmino, que la visita, la reconoce gratuitamente en su cualidad de persona, y le pide su libre consentimiento a la propuesta del plan de la salvaci\u00f3n. A la par, Mar\u00ed\u00ada es presentada como mujer de la palabra personal y humana, que puede dialogar, expresar su lucidez al solicitar datos y aceptar, voluntaria y libremente, el plan propuesto por Dios a trav\u00e9s de su mensajero.<\/p>\n<p>Con esta doble y contempor\u00e1nea palabra, divina y humana, comienza una nueva historia y una nueva creaci\u00f3n. Dios inicia de nuevo la historia no ya con una palabra creadora, imperativa y solitaria, como al comienzo (cf G\u00e9n 1,3ss.), sino con una palabra dialogada a d\u00fao y pendiente de la libre decisi\u00f3n de una mujer. De este modo, se inaugura la nueva familia de Dios en Jes\u00fas.<\/p>\n<p>En esta familia cabe toda la humanidad, como muestra la frase final de la escena de la anunciaci\u00f3n: aqu\u00ed\u00ad est\u00e1 la esclava del Se\u00f1or&#8230; Mar\u00ed\u00ada no es presentada con genealog\u00ed\u00ada (como Zacar\u00ed\u00adas e Isabel) ni con familia propia, sino que se presenta a s\u00ed\u00ad misma como una esclava. Los esclavos en tiempos del evangelio de Lucas no ten\u00ed\u00adan m\u00e1s familia que su se\u00f1or o su se\u00f1ora. Sus hijos no les pertenec\u00ed\u00adan, sino que eran propiedad de sus amos. Y, puesto que ser esclavo era lo menos que pod\u00ed\u00ada ser un ser humano, si Dios le pide colaboraci\u00f3n en una nueva historia y creaci\u00f3n a una mujer como Mar\u00ed\u00ada, que se dice a s\u00ed\u00ad misma esclava suya, es preciso entender dos cosas: 1) que Mar\u00ed\u00ada es familia de Dios, y 2) que cualquier persona, desde ese momento, no tendr\u00e1 impedimentos de raza, condici\u00f3n, edad, g\u00e9nero, clase, \u00e9tica, para acceder a tal familia, ya que nadie puede ser menos que esclavo, y esclava es la madre del hijo de Dios.<\/p>\n<p>Pero esta familia, puesto que no depende de criterios humanos (sangre, raza&#8230;), debe cumplir algunas condiciones, incluso cuando potencialmente sea una familia para todos. Por eso hay que preguntarse si hay alg\u00fan criterio por el que una persona pueda pasar a formar parte de la familia de Dios. \u00bfQu\u00e9 dice la obra de Lucas acerca del desarrollo de esta condici\u00f3n de familia de Dios de Mar\u00ed\u00ada? El evangelio responde con el texto paralelo al de Marcos y Mateo, sobre la familia que va a buscar a Jes\u00fas y reitera esta respuesta, algo despu\u00e9s, en el episodio de la mujer que alaba a la madre biol\u00f3gica de Jes\u00fas. Dice que la condici\u00f3n que cumple Mar\u00ed\u00ada para ser familia verdadera de Jes\u00fas es que escucha la Palabra y la pone en pr\u00e1ctica. Y esta es la condici\u00f3n que debe cumplir cualquiera que pretenda ser familia de Jes\u00fas y, a trav\u00e9s de \u00e9l, familia de Dios. Por estas razones la obra de Lucas presenta a Mar\u00ed\u00ada bajo la condici\u00f3n de creyente, primera disc\u00ed\u00adpula de Jes\u00fas, que por la fe y la Palabra forma parte de la familia de Dios.<\/p>\n<p>El otro rasgo peculiar de Lucas en su presentaci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada es su relaci\u00f3n con el Esp\u00ed\u00adritu Santo. En los primeros cap\u00ed\u00adtulos aparece como aquella que es agraciada con el don del Esp\u00ed\u00adritu. Gracias a este don, Mar\u00ed\u00ada entona el canto prof\u00e9tico y liberador del magn\u00ed\u00adficat, al estilo de los grandes personajes del Antiguo Testamento, profetas y servidores de Dios. Y, a lo largo del evangelio, hasta que la encontramos en el piso de arriba en Jerusal\u00e9n, esperando pentecost\u00e9s (cf He 1,14ss.), ella es la que anuncia la venida del Esp\u00ed\u00adritu ligado a la pascua de Jes\u00fas. Ella, en medio de disc\u00ed\u00adpulos y disc\u00ed\u00adpulas, de parientes y de los once, testimonia la verdad hist\u00f3rica de Jes\u00fas, la presencia anticipada de los efectos del Esp\u00ed\u00adritu y la inauguraci\u00f3n de una etapa nueva en la historia de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Resumiendo, para Lucas la presencia de Mar\u00ed\u00ada anuncia siempre nuevos y definitivos comienzos: el comienzo de una nueva etapa de la historia y la familia humanas -etapa definitiva de la salvaci\u00f3n de Dios a la humanidad-y el comienzo de la Iglesia, comunidad portadora del mensaje del reinado de Dios y la pascua de Jes\u00fas. Ella, Mar\u00ed\u00ada, es principio de humanidad nueva, mujer de la Palabra y del Esp\u00ed\u00adritu, llena-de-gracia, creyente disc\u00ed\u00adpula de Jes\u00fas y principio de la comunidad eclesial y de su misi\u00f3n en el mundo.<\/p>\n<p>d) En el evangelio de Juan, o cuarto evangelio, hay dos relatos cuyo lugar y funci\u00f3n en la estructura de la obra dejan ver la importancia estructural que su narrador concede a la figura de Mar\u00ed\u00ada. Ella, como s\u00ed\u00admbolo de humanidad nueva asociada al misterio de la encarnaci\u00f3n y redenci\u00f3n de Jes\u00fas, est\u00e1 en los or\u00ed\u00adgenes. En los comienzos de la vida p\u00fablica de Jes\u00fas, en la escena de Can\u00e1 de Galilea (cf Jn 2,1-12), es signo de lo que est\u00e1 por venir, adelantando la hora de Jes\u00fas, es decir, su glorificaci\u00f3n, su pascua. Como la mujer de los or\u00ed\u00adgenes, Eva, Mar\u00ed\u00ada representa a la humanidad que participa, por adelantado, de esa fiesta de bodas en la que ya no falta el vino, como anticipaci\u00f3n de una vida plena, como anticipaci\u00f3n de la pascua. Y, en los comienzos de una comunidad nueva, que nace de la pascua de Jes\u00fas, vuelve a colocar el narrador a Mar\u00ed\u00ada (cf Jn 19,25-27). En el misterio de la vida plena se incluye la muerte y ella, como Eva cuando Dios le habla de dar la vida a pesar del dolor y de la muerte, podr\u00e1 seguir siendo portadora de vida, como madre del disc\u00ed\u00adpulo y madre universal. Pero no debe olvidarse que esta maternidad, en el borde mismo de la pascua, no es una maternidad biol\u00f3gica ni sustitutiva, sino que est\u00e1 vinculada a la condici\u00f3n creyente de Mar\u00ed\u00ada, que, como todos los disc\u00ed\u00adpulos y disc\u00ed\u00adpulas, no ha nacido ni de carne ni de sangre (cf Jn 1,12-13). Son hijos e hijas los que nacen de Dios y no de semilla humana. El \u00fanico Padre es Dios y el rol de madre referido a un hijo no puede entenderse m\u00e1s que desde aqu\u00ed\u00ad.<\/p>\n<p>3. MAR\u00ed\u008dA EN G\u00ed\u0081L 4 Y EN AP 12. El texto paulino de G\u00e1l 4 no es, estrictamente hablando, un texto mariol\u00f3gico, sino cristol\u00f3gico. Pero, puesto que indirectamente se refiere a Mar\u00ed\u00ada, bueno ser\u00e1 prestarle alguna atenci\u00f3n.<\/p>\n<p>El texto dice que \u00abcuando se cumpli\u00f3 el tiempo, Dios envi\u00f3 al mundo a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley\u00bb (G\u00e1l 4,4). La expresi\u00f3n nacido de mujer se refiere a la condici\u00f3n humana de Jes\u00fas. Esta hace referencia, seg\u00fan Pablo, al hecho concreto de que Jes\u00fas es jud\u00ed\u00ado y, por tanto, sometido a la ley jud\u00ed\u00ada. La paradoja es que, entrando en tal ley a trav\u00e9s de una mujer, a trav\u00e9s de ella, tambi\u00e9n, puede librar a la humanidad de esa ley. Jes\u00fas, parece decir Pablo, no podr\u00ed\u00ada haberlo hecho desde fuera. Ten\u00ed\u00ada que entrar en la humanidad sometida a la ley y llegar hasta el fondo de ella. Eso hace que Mar\u00ed\u00ada, la madre humana concreta de Jes\u00fas y garante de su humanidad, aparezca en estrecha relaci\u00f3n con Dios. El texto no habla para nada del padre jud\u00ed\u00ado, del padre de Jes\u00fas. Con ello indica que este padre, en la paradoja impl\u00ed\u00adcita m\u00e1s fuerte del texto, no pod\u00ed\u00ada entrar en relaci\u00f3n con Dios para llevar a cabo la encarnaci\u00f3n. Ten\u00ed\u00ada que ser una mujer, la m\u00e1s sometida por la ley jud\u00ed\u00ada. Ella, la mujer, es la que en verdad puede entrar en la l\u00f3gica de la encarnaci\u00f3n y relacionarse con Dios, Padre de Jes\u00fas. Por tanto, Jes\u00fas entra en la humanidad desde esa piedra rechazada por los arquitectos que es la mujer, y a la que constituye o restituye su valor de piedra angular.<\/p>\n<p>En Ap 12 (1-6) encontramos un pasaje en el que el autor del Apocalipsis presenta una batalla en el cielo entre una mujer, vestida de sol, coronada por doce estrellas y la luna bajo sus pies, y un drag\u00f3n dispuesto a devorar a la criatura que esta mujer est\u00e1 a punto de dar a luz. La tradici\u00f3n cristiana cat\u00f3lica ha querido ver en tal mujer a Mar\u00ed\u00ada, la madre de Jes\u00fas, principio del bien y de la salvaci\u00f3n, que lucha contra el mal y el pecado en permanente batalla.<\/p>\n<p>El texto, sin embargo, tampoco es mariol\u00f3gico. Se trata de una escena cuya profundidad de sentido evoca diferentes niveles de significado en sus elementos simb\u00f3licos. La mujer encinta, la vestidura de sol, las estrellas y la luna, el n\u00famero doce, el drag\u00f3n&#8230; pueden entenderse a la luz del sentido que le da el g\u00e9nero literario y la corriente apocal\u00ed\u00adptica en boga entonces, pero, tambi\u00e9n, a la luz del Antiguo Testamento y de relatos y figuras mitol\u00f3gicas del momento, del mundo de la astrolog\u00ed\u00ada, de diosas como Gaia, Isis, Cibeles, o de la teolog\u00ed\u00ada de la redenci\u00f3n de los evangelios.<\/p>\n<p>La teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica ha interpretado esta figura tan densa en referencia a la integraci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada en el misterio de la redenci\u00f3n por Jes\u00fas, pero tambi\u00e9n como una glorificaci\u00f3n de la madre de Jes\u00fas y un apoyo sobre el que basar su maternidad universal. Mar\u00ed\u00ada, seg\u00fan este texto, ser\u00ed\u00ada la protectora y mediadora, junto con Cristo, de todo el genero humano. Su localizaci\u00f3n en el cielo es vista, adem\u00e1s, como apoyo b\u00ed\u00adblico para el dogma de la asunci\u00f3n a los cielos.<\/p>\n<p>III. Mar\u00ed\u00ada en el dogma cat\u00f3lico<br \/>\nDe los cuatro dogmas que la Iglesia cat\u00f3lica ha formulado con relaci\u00f3n a Mar\u00ed\u00ada, dos de ellos tienen una relaci\u00f3n m\u00e1s estrecha con el misterio de la encarnaci\u00f3n: la virginidad de Mar\u00ed\u00ada y su maternidad divina. Los otros dos est\u00e1n m\u00e1s vinculados al misterio de la redenci\u00f3n: la inmaculada concepci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada y su asunci\u00f3n a los cielos. La catequesis sobre Mar\u00ed\u00ada que desee explicar tales formulaciones dogm\u00e1ticas deber\u00e1 comenzar por situar cada una de ellas en su amplio y adecuado contexto de fe. De esta forma, no se desliga su sentido del sentido general del misterio en el que cada una se encuentra.<\/p>\n<p>a) Mar\u00ed\u00ada, virgen. Para realizar una catequesis sobre la virginidad de Mar\u00ed\u00ada, ser\u00ed\u00ada bueno no perder de vista cuanto ha quedado expuesto sobre los textos en los que se apoya b\u00ed\u00adblicamente este dogma mariano. Dar a entender su funci\u00f3n dentro de la cultura en la que se menciona, as\u00ed\u00ad como su sentido literario en cada evangelio, ayuda a comprender su densidad teol\u00f3gica en el marco de una cultura como la nuestra, tan alejada de aquella en sus concepciones acerca de la sexualidad femenina y acerca de los procesos de reproducci\u00f3n. El sentido teol\u00f3gico de la virginidad de Mar\u00ed\u00ada no puede separarse de su contexto cristol\u00f3gico: la afirmaci\u00f3n de que Jes\u00fas es verdaderamente Hijo de Dios y verdaderamente humano, como ya quedaba claro en el concilio en el que se debati\u00f3 y se formul\u00f3.<\/p>\n<p>b) Mar\u00ed\u00ada, madre de Dios. Algo parecido podr\u00ed\u00ada decirse del sentido catequ\u00e9tico de la maternidad divina de Mar\u00ed\u00ada. Dentro del misterio de la encarnaci\u00f3n, Mar\u00ed\u00ada no es s\u00f3lo la madre del Jes\u00fas humano, sino que ha de ser tambi\u00e9n la madre del Hijo de Dios, ya que no pueden separarse su identidad humana y su identidad divina, puesto que ambas pertenecen a la misma y \u00fanica persona. Por ello, la Iglesia la proclama madre de Dios.<br \/>\nPero la catequesis sobre la maternidad divina de Mar\u00ed\u00ada, como es tradicional en la Iglesia, ha de extenderse a la maternidad eclesial y humana. Mar\u00ed\u00ada, as\u00ed\u00ad, seg\u00fan dec\u00ed\u00adamos al explicar los textos de la obra de Lucas, es proclamada Madre de la Iglesia, y, todav\u00ed\u00ada m\u00e1s, Madre de la humanidad, que es como decir, fundamentalmente, que ella es: 1) principio de humanidad a partir de la encarnaci\u00f3n de Jes\u00fas, y 2) portadora activa de humanidad, o de humanizaci\u00f3n, como solemos decir ahora. Y en este sentido afirmamos que, sobre todo, Mar\u00ed\u00ada es madre de los m\u00e1s pobres, desgraciados y perdidos. Como madre-disc\u00ed\u00adpula de Jes\u00fas, es decir, como creyente, ella contin\u00faa en su maternidad la misi\u00f3n universal de Jes\u00fas, pero, como el, privilegia lo m\u00e1s peque\u00f1o y necesitado. Por eso muchos pueblos la proclaman liberadora, redentora de cautivos, pobre de Yav\u00e9&#8230;<\/p>\n<p>c) Inmaculada concepci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada. Dentro del misterio de la redenci\u00f3n, la Iglesia cat\u00f3lica proclama a Mar\u00ed\u00ada en su inmaculada concepci\u00f3n, estableciendo as\u00ed\u00ad una estrecha relaci\u00f3n entre Mar\u00ed\u00ada y los comienzos de la humanidad. Ya vimos c\u00f3mo los mismos relatos evang\u00e9licos favorecen la vinculaci\u00f3n entre Mar\u00ed\u00ada y la mujer de los comienzos. Pues bien, la Iglesia proclama que estos inicios son inmaculados, sin mancha, y que prueba de ello es Mar\u00ed\u00ada, criatura humana redimida por Jes\u00fas de forma anticipada. Cada ser humano, de este modo, puede considerar a la naturaleza humana, simbolizada en la figura de Mar\u00ed\u00ada, de un modo positivo y no negativo ni derrotista: antes del mal est\u00e1 (estaba) el bien. Mar\u00ed\u00ada, concebida sin mancha de pecado, muestra una perspectiva antropol\u00f3gica positiva acerca de la humanidad. Ella es memoria de la victoria de Jes\u00fas sobre el mal y el pecado. Los or\u00ed\u00adgenes dan sentido y orientaci\u00f3n a la vida. Los or\u00ed\u00adgenes limpios de Mar\u00ed\u00ada, una criatura de nuestra historia, dan tambi\u00e9n un sentido esperanzado y positivo, una orientaci\u00f3n hacia el bien y su poder sobre el mal, que orientan a cristianos y cristianas en el horizonte de la pascua.<\/p>\n<p>d) Mar\u00ed\u00ada asunta al cielo. Y, dentro de este mismo misterio redentor y pascual, la Iglesia dice solemnemente que Mar\u00ed\u00ada ha sido asunta en cuerpo y alma a los cielos. De esta forma, ella no es s\u00f3lo memoria de nuestros or\u00ed\u00adgenes redimidos por Jes\u00fas, sino perenne recuerdo de nuestro destino y final. Mar\u00ed\u00ada est\u00e1 en los or\u00ed\u00adgenes y est\u00e1 en el final. Y, si en los or\u00ed\u00adgenes el mensaje es positivo, en el final el mensaje no lo es menos. La victoria sobre el mal es tambi\u00e9n la victoria sobre la muerte, el gran enemigo humano y \u00faltimo enemigo. En el dogma de la asunci\u00f3n tiene un lugar especial el cuerpo, que la tradici\u00f3n eclesial afirma que no se pudri\u00f3 en el sepulcro, sino que est\u00e1, por anticipado, resucitado para siempre. De este modo, el dogma de la asunci\u00f3n arroja una luz positiva sobre la importancia del cuerpo en la persona, en el sentido de su vida, en la realizaci\u00f3n de su vocaci\u00f3n y sus ideales y en su anhelo de vivir para siempre. Un cuerpo transformado, desde luego, como afirma Pablo, pero cuerpo a fin de cuentas. En Mar\u00ed\u00ada, ya asunta a los cielos, cada creyente puede ver realizado su anhelo y garantizada su esperanza de llegar, un d\u00ed\u00ada, a vivir en la plenitud de la pascua, como ya vive ella.<\/p>\n<p>IV. Mar\u00ed\u00ada en la catequesis<br \/>\nOfrecer\u00e9, primero, aquellos criterios generales que, a mi juicio, deben orientar toda catequesis sobre Mar\u00ed\u00ada y, en segundo lugar, indicar\u00e9 criterios espec\u00ed\u00adficos para catequesis seg\u00fan el g\u00e9nero, las edades y las culturas.<\/p>\n<p>1. CRITERIOS GENERALES. En un sentido general conviene tener en cuenta lo siguiente: Mar\u00ed\u00ada no es una idea ni una especie de diosa inalcanzable. Los evangelios la presentan como una criatura humana, que colabor\u00f3 activa y libremente en el plan de Dios. Conviene, por tanto, subrayar su condici\u00f3n hist\u00f3rica, temporal y cultural frente a la ahistoricidad, atemporalidad y aculturalidad en la que, a menudo, se la presenta. Es conveniente situar a Mar\u00ed\u00ada en el contexto de los evangelios, a fin de que no se pierda de vista su condici\u00f3n cristiana (cf DGC 94, 95). Dentro de tal contexto es importante destacar su condici\u00f3n de creyente y de disc\u00ed\u00adpula. La catequesis, fiel al \u00e9nfasis evang\u00e9lico, debe colocar la maternidad de Mar\u00ed\u00ada en estrecha conexi\u00f3n con su fe y su libertad, sin olvidar que, seg\u00fan los cuatro evangelios, Jes\u00fas relativiza este rol a valores expl\u00ed\u00adcitamente religiosos como es el propio seguimiento.<\/p>\n<p>Y, por otra parte, una catequesis debe evitar, al menos, los siguientes peligros:<br \/>\na) Relacionar a Mar\u00ed\u00ada con el estereotipo de lo femenino y de la mujer. La propuesta ejemplar de Mar\u00ed\u00ada a las mujeres y varones creyentes no es una propuesta de g\u00e9nero, sino una propuesta de fe que, en este sentido, trasciende el g\u00e9nero. El estereotipo femenino vinculado al s\u00ed\u00admbolo Mar\u00ed\u00ada incluye rasgos como la sumisi\u00f3n obediente, el silencio, la pasividad y la ausencia de protagonismo. Estos rasgos, entre otros, que tanto se distancian de la imagen evang\u00e9lica de Mar\u00ed\u00ada, han reforzado una imagen ejemplar distorsionada, que ha tenido funestas consecuencias en la historia. Esta imagen ha reforzado en los varones la conciencia de la secundariedad e inferioridad de las mujeres en cuanto g\u00e9nero, su explotaci\u00f3n en favor y en funci\u00f3n de los intereses individuales, institucionales y de g\u00e9nero de los mismos varones. Y, en las mujeres, ha legitimado su pasividad, ha reforzado su baja autoestima y ha confirmado un permanente sentimiento de culpa ante su condici\u00f3n sexuada. Hoy son mayor\u00ed\u00ada las mujeres que rechazan este estereotipo. La catequesis cristiana debe saber situar adecuadamente esta figura en la fe de sus catequizandos.<\/p>\n<p>b) La catequesis sobre Mar\u00ed\u00ada debe evitar, igualmente, relacionar a esta con el milagrismo y el maravillosismo. La cualidad mediadora de la figura de Mar\u00ed\u00ada debe estar inserta en el misterio de la encarnaci\u00f3n y la redenci\u00f3n. El maravillosismo y milagrismo de que suele estar rodeada esta figura es contrario a estos misterios esenciales de la fe cristiana. La catequesis sobre Mar\u00ed\u00ada no debe enfatizar una imagen de Dios, la Virgen y los santos que est\u00e9 en oposici\u00f3n a lo que revela la Biblia sobre el modo de actuar divino en la historia humana. La imagen milagrosista y maravillosista de Mar\u00ed\u00ada, lejos de suscitar la libertad y la esperanza activas de los creyentes, individuos y pueblos, fomenta la pasividad ante situaciones injustas y de explotaci\u00f3n.<\/p>\n<p>c) La catequesis sobre Mar\u00ed\u00ada, en fin, debe evitar presentar el dualismo que presenta a Mar\u00ed\u00ada como la cara bondadosa, femenina, misericordiosa y compasiva de Dios y a este y a Jes\u00fas, por contraste, como rostro masculino, duro y exigente. Esta oposici\u00f3n no solamente traiciona cuestiones b\u00e1sicas de la fe cristiana, sino que distorsiona la imagen de Jes\u00fas, del Padre y de la misma Mar\u00ed\u00ada. Aunque no es f\u00e1cil hacer frente a nuestra manera de pensar y concebir la realidad en oposiciones dualistas, herencia de unos a prioris occidentales, la catequesis sobre Mar\u00ed\u00ada deber\u00ed\u00ada intentar resistir a estas y otras proyecciones.<\/p>\n<p>2. CRITERIOS DIFERENCIALES. a) El g\u00e9nero. En lo relativo al g\u00e9nero habr\u00ed\u00ada que tener en cuenta algunas cosas. En general, cada uno de los g\u00e9neros tiene una historia de recepci\u00f3n y proyecci\u00f3n psicol\u00f3gica espec\u00ed\u00adfica en relaci\u00f3n con la figura de Mar\u00ed\u00ada. Esta historia se acent\u00faa en las zonas latinas de tradici\u00f3n cat\u00f3lica, tales como el \u00e1rea mediterr\u00e1nea y las naciones latinoamericanas. El catequista o la catequista deben tener en cuenta este trasfondo. Su formaci\u00f3n mariana o mariol\u00f3gica debe prestar especial atenci\u00f3n a toda esta problem\u00e1tica.<\/p>\n<p>Los varones, en concreto, y c\u00e9libes en particular, suelen proyectar en Mar\u00ed\u00ada una figura idealizada de lo femenino, fuertemente vinculada al s\u00ed\u00admbolo de la madre, dentro de la propia cultura, y a la experiencia concreta de la propia madre. Por extensi\u00f3n y generalizaci\u00f3n (en sentido psicol\u00f3gico), la figura de Mar\u00ed\u00ada se relaciona con el resto de las mujeres concretas que, en tal red, siempre pierden. Est\u00e1 relacionada, adem\u00e1s, con los procesos individuales y culturales por los que el var\u00f3n accede a su identidad masculina. Ser\u00ed\u00ada deseable que los catequistas varones exploraran sus propias vivencias y que las catequistas mujeres estuvieran al corriente de estos procesos.<\/p>\n<p>Las mujeres, en cuanto g\u00e9nero, se encuentran en una situaci\u00f3n m\u00e1s diferenciada. Muchas creyentes del \u00e1rea cat\u00f3lica mediterr\u00e1nea y latinoamericana repudian la imagen tradicional de Mar\u00ed\u00ada porque se opone a sus luchas y conquistas psicol\u00f3gicas, sociales y religiosas. En particular, esta imagen obstaculiza en ellas una b\u00fasqueda m\u00e1s positiva y activa de la propia autoafirmaci\u00f3n, de la corporalidad y de la sexualidad. Muchas otras mujeres, por otro lado, acuden a Mar\u00ed\u00ada por necesidad psicol\u00f3gica de una imagen poderosa con la que identificarse y conseguir protagonismo, ayuda, comprensi\u00f3n. Esta identificaci\u00f3n, sin embargo, es compensaci\u00f3n vicaria de carencias tan duras y end\u00e9micas como las producidas por la propia explotaci\u00f3n social, familiar, laboral y, sobre todo, emocional. A menudo, se trata de una compensaci\u00f3n de la propia experiencia materna, negativa para las hijas. En la base de numerosos fen\u00f3menos de apariciones se encuentran experiencias como las mencionadas.<\/p>\n<p>Una catequesis responsable sobre Mar\u00ed\u00ada requiere de sus catequistas m\u00e1s que una mera informaci\u00f3n de estas y otras cuestiones. Una responsable catequesis sobre Mar\u00ed\u00ada, como ocurre en todo lo relativo a la transmisi\u00f3n de la fe, pide a sus catequistas y educadores o educadoras una formaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica y una exploraci\u00f3n de sus propias experiencias de g\u00e9nero, a fin de evitar, en lo posible, las consecuencias negativas y deformantes de las propias experiencias personales y culturales. Si toda la catequesis se presta a tales proyecciones, la de Mar\u00ed\u00ada podr\u00ed\u00ada decirse que es privilegiada en este sentido. Pocos elementos de la fe cristiana se prestan tanto a las proyecciones inconscientes y a las deformaciones doctrinales como la imagen de Mar\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>b) Las edades. En lo relativo a las edades podr\u00ed\u00adamos se\u00f1alar algunas cosas. En los primeros a\u00f1os, es decir, de los 2 a los 9 \u00f3 10 a\u00f1os, es muy dif\u00ed\u00adcil separar, en general, la imagen de Mar\u00ed\u00ada de la imagen de la madre propia y de las mujeres de la propia experiencia familiar y escolar. Mucho m\u00e1s dif\u00ed\u00adcil resulta diferenciarla de la imagen cultural y simb\u00f3lica de lo que se entiende por madre y por mujer en el propio contexto. Catequistas y educadores deben tener en cuenta tal contexto y procurar presentar una imagen de Mar\u00ed\u00ada que no resulte anacr\u00f3nica, por un lado, pero que se atenga a los datos fundamentales de la fe, por otro. En este sentido, es preciso tomar conciencia del desfase existente entre la imagen femenina que, con frecuencia, presenta todav\u00ed\u00ada la Iglesia acerca de Mar\u00ed\u00ada, y la imagen de mujer que emerge m\u00e1s y m\u00e1s en nuestra cultura occidental. Debe evitarse presentar una imagen sexista, racista y clasista de Mar\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>En estos a\u00f1os, de acuerdo con los criterios presentados al hablar de la necesidad de ofrecer una catequesis narrativa, es adecuado plantear las catequesis sobre Mar\u00ed\u00ada bajo la forma de relatos m\u00e1s que como discursos argumentativos. Relatos evang\u00e9licos donde los ni\u00f1os aprendan a ver a Mar\u00ed\u00ada dentro de su cultura, en el proceso de la fe y en el camino del discipulado y de la pascua. Es un buen momento para relacionar a Mar\u00ed\u00ada con los relatos del Antiguo Testamento en los que pueden encontrarse figuras, acontecimientos y esquemas literarios en los que percibir relaciones, similitudes y diferencias. De esta forma, los ni\u00f1os aprenden a situar a Mar\u00ed\u00ada en el evangelio, junto a Jes\u00fas y los disc\u00ed\u00adpulos, y les resultar\u00e1 m\u00e1s f\u00e1cil situarla dentro de la Iglesia. Se debe prestar especial atenci\u00f3n a las fiestas en las que se celebran expl\u00ed\u00adcitamente los dogmas marianos y aquellas otras en las que, como ocurre en la navidad, la figura de Mar\u00ed\u00ada es especialmente relevante.<\/p>\n<p>Catequistas y educadores deben cuidar las necesidades afectivas y emocionales que suelen aparecer vinculadas a Mar\u00ed\u00ada y si, por una parte, deben evitar fijar a Mar\u00ed\u00ada en el plano de los afectos y emociones, por otra, deben aprovechar la disposici\u00f3n afectiva de los ni\u00f1os para centrar adecuadamente a Mar\u00ed\u00ada. A este respecto debemos destacar la importancia de las celebraciones lit\u00fargicas.<\/p>\n<p>En la adolescencia no resulta extra\u00f1o encontrar mayores dificultades en chicos y en ciertos grupos de chicas para aceptar la figura de Mar\u00ed\u00ada como punto de referencia en sus procesos de fe.<\/p>\n<p>En los chicos destaca con cierta fuerza la idealizaci\u00f3n. Mar\u00ed\u00ada suele ejercer un rol referencial, idealmente proyectado, de lo femenino. Por una parte, parece que se aleja m\u00e1s de la figura materna propia, pero, por otra, aparece m\u00e1s generalizada en su simbolismo femenino. Muchos chicos, sin embargo, no prestan atenci\u00f3n a esta figura, en particular si durante la infancia ha estado marcada por el afecto y la emoci\u00f3n. La ambivalencia con respecto a la propia infancia se expresa, tambi\u00e9n, en la ambivalencia con respecto a Mar\u00ed\u00ada, puesto que esta evoca dicha infancia de una manera especial.<\/p>\n<p>En las chicas, como ya dec\u00ed\u00adamos al hablar en general, se dan dos procesos diferenciados seg\u00fan los grupos y las experiencias existenciales individuales. 1) En uno, Mar\u00ed\u00ada se convierte en la figura femenina adulta de referencia: esa mujer que toda adolescente necesita mirar para aprender a ser una mujer. El car\u00e1cter proyectivo de la figura de Mar\u00ed\u00ada se presta bien a este rol. La chica, de este modo, acude a ella como a su confidente, su modelo, su referencia afectiva, su conexi\u00f3n con la infancia&#8230; ya que tal rol no es habitual que lo realice la madre propia. Una catequesis cristiana y responsable sobre Mar\u00ed\u00ada debe aprovechar estas necesidades y tendencias como canales positivos y presentar a Mar\u00ed\u00ada con aquellos rasgos evang\u00e9licos que ayuden a las chicas a ser ellas mismas, a crecer en la fe y a situarse, como Mar\u00ed\u00ada, en la l\u00ed\u00adnea del discipulado evang\u00e9lico. Bien presentada, Mar\u00ed\u00ada tiene muchos y ricos trazos que estimulan a las chicas en el crecimiento humano y cristiano. 2) Pero hay otro grupo, sobre todo si las chicas provienen de medios familiares y catequ\u00e9ticos m\u00e1s tradicionales, que ver\u00e1n en la figura de Mar\u00ed\u00ada una especie de conciencia de culpa continua, en particular si las muchachas se encuentran en los conflictos propios de la etapa, en particular los que tienen que ver con la autoafirmaci\u00f3n y con el descubrimiento de la propia sexualidad. La imagen de Mar\u00ed\u00ada les va a resultar negativa o, por lo menos, indiferente o irrelevante, si no se acierta a comprender los problemas de la etapa y a presentar a Mar\u00ed\u00ada seg\u00fan los rasgos fundamentales del evangelio.<\/p>\n<p>J\u00f3venes y adultos encuentran otras posibilidades y escollos en una catequesis sobre Mar\u00ed\u00ada. Quienes hayan sido formados en una fe tradicional se resistir\u00e1n con mucha fuerza a cambiar la imagen de Mar\u00ed\u00ada, que piensan es inofensiva y, sobre todo, que est\u00e1 especialmente pegada a la infancia. Desbaratar algunos rasgos se presenta, para muchos adultos, como una amenaza sobre pilares y recuerdos infantiles. Muchos hombres y mujeres, consciente o inconscientemente, se niegan a crecer y madurar en la fe respecto a Mar\u00ed\u00ada. Las contradicciones que se palpan, con frecuencia, suelen ser muy grandes: un racionalismo y empirismo en el ejercicio de la propia profesi\u00f3n y una disposici\u00f3n acr\u00ed\u00adtica e irracional, por ejemplo, ante el fen\u00f3meno de las apariciones. Una catequesis adulta sobre Mar\u00ed\u00ada debe tener un cierto car\u00e1cter iconoclasta a este respecto, aunque, evidentemente, derribo y nueva construcci\u00f3n deben hacerse a la par y, estrat\u00e9gicamente, lo m\u00e1s adecuado ser\u00ed\u00ada construir directamente una nueva, atractiva y m\u00e1s evang\u00e9lica figura de Mar\u00ed\u00ada, que desplace la antigua y caduca construcci\u00f3n.<\/p>\n<p>Uno de los escollos que encontrar\u00e1 un catequista de adultos y j\u00f3venes ser\u00e1 el relativo a la virginidad de Mar\u00ed\u00ada. Si se elude se estar\u00e1 dando alguno de estos mensajes concretos a los catequizandos: \u00abesto no es importante\u00bb; \u00abmejor no tocar un tema tan delicado\u00bb; \u00abno s\u00e9 c\u00f3mo tratarlo\u00bb. Una catequesis de adultos y j\u00f3venes se ver\u00e1 en alg\u00fan momento ante la necesidad de abordar este tema. Para ello, los catequistas deben prepararse. No puede adoptarse esa postura, autoritaria a priori, con que a veces se aborda: \u00abesto es lo que hay, si lo quieres como si no\u00bb. Si los dogmas de la fe siguen vigentes deben poder explicarse, y su lugar adecuado no es s\u00f3lo la facultad de teolog\u00ed\u00ada, sino la catequesis. Si un dogma no ayuda a vivir la fe, entonces es que sobra, o que no ha adecuado su sentido a su formulaci\u00f3n, o que se ha dejado perder y morir&#8230; Con dogmas marianos como el de la virginidad de Mar\u00ed\u00ada puede ocurrir lo segundo: en una sociedad que ha cambiado tanto en lo que a comprensi\u00f3n y ejercicio de la sexualidad se refiere, el sentido del dogma no se adecua a su actual formulaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En la catequesis de adultos y j\u00f3venes, como en el caso de la catequesis de infancia y adolescencia, es importante para los catequistas controlar los sesgos sexistas, racistas y clasistas, que se cuelan sin darse cuenta en formulaciones, explicaciones, selecci\u00f3n de relatos, expresiones.<\/p>\n<p>c) Las culturas. Los estudios de antropolog\u00ed\u00ada cultural, aplicados a la Biblia y a otros elementos de la fe, as\u00ed\u00ad como los resultados de investigaciones sociol\u00f3gicas y de psicolog\u00ed\u00ada social, han puesto de manifiesto tanto las diferentes sensibilidades culturales con relaci\u00f3n al fen\u00f3meno de Mar\u00ed\u00ada en el catolicismo, como la din\u00e1mica social y psicol\u00f3gica por la que este fen\u00f3meno se explica.<\/p>\n<p>Una catequesis sobre Mar\u00ed\u00ada que sea responsable y cristiana debe prestar especial atenci\u00f3n a estas dos orientaciones, la que se refiere a la inculturaci\u00f3n y la que tiene que ver con lo sociol\u00f3gico y psicol\u00f3gico. Esta catequesis debe conocer la importancia de la figura de Mar\u00ed\u00ada en pueblos y regiones en donde se ha hecho una con la cultura y la historia de su gente. La religiosidad popular ha ido, a menudo, de la mano de la devoci\u00f3n a Mar\u00ed\u00ada. La catequesis debe aprovechar estas v\u00ed\u00adas como verdaderos recursos. Lo mismo podr\u00ed\u00ada decirse de la necesidad de grupos y pueblos de expresar la fe con el cuerpo y con las emociones y afectos. Devolver a Mar\u00ed\u00ada al evangelio no tiene que estar, necesariamente, en contra o en desacuerdo con estas caracter\u00ed\u00adsticas. En la cultura occidental tendemos, por un extra\u00f1o complejo de superioridad, a minusvalorar las expresiones religiosas de otras culturas, como pueden ser las de los pueblos andaluces o las de algunos pueblos latinoamericanos, en favor de unas expresiones poco afectivas y mucho m\u00e1s racionales. La distancia cr\u00ed\u00adtica necesaria a la praxis de fe, tanto individual como colectiva, aunque utiliza la racionalidad, no depende de ella, como solemos creer ingenuamente. La figura creyente, evang\u00e9lica, disc\u00ed\u00adpula, de Mar\u00ed\u00ada, no est\u00e1, necesariamente, en contradicci\u00f3n con las expresiones culturales y afectivas en que vivimos y transmitimos la fe en ella. Cada lugar e Iglesia concreta debe explorar sus posibilidades y sus riesgos. La catequesis, desde luego, debe tener en cuenta los resultados de tal exploraci\u00f3n.<\/p>\n<p>BIBL.: AA.VV., Mar\u00ed\u00ada del evangelio, Claretianas, Madrid 1994; AA.VV., Mar\u00ed\u00ada y la Sant\u00ed\u00adsima Trinidad, Secretariado Trinitario, Salamanca 1986; BROWN R. E., Mar\u00ed\u00ada en el Nuevo Testamento, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1982; DE FIORES S.-MEO S., Mar\u00ed\u00ada en la teolog\u00ed\u00ada contempor\u00e1nea, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1990; Nuevo diccionario de mariolog\u00ed\u00ada, San Pablo, Madrid 1993&#8242;-; LAURENTIN R., Mar\u00ed\u00ada, clave del misterio cristiano, San Pablo, Madrid 1996; NAVARRO PUERTO M., Mar\u00ed\u00ada, la mujer, Claretianas, Madrid 1987; Mar\u00ed\u00ada-madre: el paso de una a otra fe, Ephemerides Mariologicae 44 (1994) 67-96; La paradoja de Mar\u00ed\u00ada madre-virgen, Ephemerides Mariologicae 45 (1995) 96-124; El hombre llam\u00f3 a su mujer Eva (G\u00e9n 3,15-20), Ephemerides Mariologicae 46 (1996) 9-40; PIKAZA X., La madre de Jes\u00fas, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1989; Amiga de Dios, San Pablo, Madrid 1996; SERRA A., Mar\u00ed\u00ada seg\u00fan el evangelio, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1988; WARNER M., T\u00fa sola entre las mujeres, Taurus, Madrid 1991.<\/p>\n<p>Mercedes Navarro Puerto<\/p>\n<p>M. Pedrosa, M. Navarro, R. L\u00e1zaro y J. Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Diagrama de la situaci\u00f3n actual: 1. Desarrollo del culto a Mar\u00ed\u00ada; 2. La cuesti\u00f3n mariana; 3. La crisis mariana; 4. El redescubrimiento de Mar\u00ed\u00ada: a) En las comunidades religiosas, b) En los movimientos eclesiales, c) En la liturgia renovada &#8211; II. Mar\u00ed\u00ada en la vida espiritual a la luz de la palabra de Dios:1. Vida espiritual seg\u00fan la revelaci\u00f3n cristiana; 2. Presencia de Mar\u00ed\u00ada en el NT: a) Reconocimiento progresivo de Mar\u00ed\u00ada en la historia de la salvaci\u00f3n, b) Perfil espiritual de Mar\u00ed\u00ada. c) La alabanza de Mar\u00ed\u00ada y la acogida del disc\u00ed\u00adpulo &#8211; III. Formas hist\u00f3ricas de espiritualidad mariana: 1. La \u00aboblatio\u00bb de la congregaci\u00f3n mariana; 2. La vida \u00abmariforme\u00bb del carmelo; 3. La consagraci\u00f3n o santa esclavitud a la Madre de Dios; 4. La alianza con Mar\u00ed\u00ada; 5. Vivir la vida de Mar\u00ed\u00ada &#8211; IV. Reestructuraci\u00f3n de la relaci\u00f3n espiritual con Mar\u00ed\u00ada: 1. Culto a Mar\u00ed\u00ada org\u00e1nicamente inserto en la vida espiritual; 2. Relaci\u00f3n con Mar\u00ed\u00ada vivida especialmente en la liturgia; 3. Identificaci\u00f3n con Mar\u00ed\u00ada y los problemas de nuestro tiempo: a) Mar\u00ed\u00ada y el hombre proyecto de libertad. b) Mar\u00ed\u00ada y la conversi\u00f3n a la historia, c) Mar\u00ed\u00ada y el camino hacia la madurez; 4. Renovaci\u00f3n e impulso creativo en las formas expresivas &#8211; V. Conclusi\u00f3n: Presencia eficaz de Mar\u00ed\u00ada en el itinerario cristiano.<\/p>\n<p>Como en otras \u00e9pocas hist\u00f3ricas, tambi\u00e9n hoy el cristiano advierte la exigencia de comprender y valorar la misi\u00f3n que la Madre de Jes\u00fas desempe\u00f1a en la Iglesia y en su vida espiritual. A pesar de la desorientaci\u00f3n moment\u00e1nea que ha provocado la crisis mariana, se da cuenta de que la Virgen Mar\u00ed\u00ada, escogida por Dios para realizar \u00abcosas grandes\u00bb (Lc 1,49) en su plan de amor, es una se\u00f1al plet\u00f3rica de significado, ofrecida al pueblo de Dios en su camino de fe. M\u00e1s que elaboraciones teol\u00f3gicas, lo que el cristiano de hoy desea es un encuentro aut\u00e9ntico y personal con Mar\u00ed\u00ada, libre de hipotecas y de visiones caducas, basado en el contacto asiduo con el evangelio y expresado en un di\u00e1logo con ella continuamente renovado. El episcopado holand\u00e9s se ha hecho int\u00e9rprete de esta aspiraci\u00f3n al afirmar: \u00abNo se trata de una secci\u00f3n de doctrina teol\u00f3gica abstracta, ni de distinciones teol\u00f3gicas, sino de un encuentro vivo&#8230; Mar\u00ed\u00ada, persona viva, pide a los cristianos una respuesta viva, una respuesta personal, una respuesta de mente y de coraz\u00f3n\u00bbt<br \/>\nPara madurar esta respuesta, el cristiano no puede abandonar el terreno hist\u00f3rico en que vive y act\u00faa, ni prescindir de los datos provenientes del Nuevo Testamento o de la tradici\u00f3n eclesial. La figura de Mar\u00ed\u00ada adquiere su hechizo evocador y estimulante cuando se la inserta en la trama global de la vida cristiana; solamente en ese contexto se hace interpelaci\u00f3n e inspiraci\u00f3n para encarnar los valores cristianos en nuestro tiempo. Por eso intentamos acompa\u00f1ar al lector a trav\u00e9s del trayecto teol\u00f3gico propio del llamado \u00abc\u00ed\u00adrculo hermen\u00e9utico\u00bb; partiremos de la situaci\u00f3n actual del culto a Mar\u00ed\u00ada; pasaremos a una confrontaci\u00f3n con la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica para captar la palabra de Dios sobre la funci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada en la vida cristiana, y, finalmente, volveremos al presente para iluminarlo con la luz que nos ha prestado la revelaci\u00f3n. Este itinerario, si por un lado nos lleva a una reestructuraci\u00f3n de la relaci\u00f3n cristiana con Mar\u00ed\u00ada, por otro nos sirve de ocasi\u00f3n y ayuda para realizar el fascinante descubrimiento de aquella a la que Dios ha puesto en el camino del cristiano para conformarlo progresivamente con la imagen del Hijo (cf Rom 8,29).<\/p>\n<p>I. Diagrama de la situaci\u00f3n actual<br \/>\nSi examinamos el per\u00ed\u00adodo que va de los a\u00f1os anteriores al Vat. II hasta hoy. podemos afirmar que la actitud de los cat\u00f3licos ante la Virgen Mar\u00ed\u00ada ha pasado por cuatro fases sucesivas: desarrollo, problema, crisis, redescubrimiento.<\/p>\n<p>1. DESARROLLO DEL CULTO A MAR\u00ed\u008dA &#8211; La especial veneraci\u00f3n a la Madre de Cristo, \u00abfen\u00f3meno irresistible que domina toda la historia de la Iglesia\u00bb. alcanza su mayor incidencia en nuestro siglo, al que algunos han definido como la era de Mar\u00ed\u00ada. El movimiento mariano postridentino se expres\u00f3, sobre todo en el pontificado de P\u00ed\u00ado XII, a trav\u00e9s de una serie de actos oficiales que tend\u00ed\u00adan a realzar la presencia de Mar\u00ed\u00ada en la vida y en el pensamiento cristiano: consagraci\u00f3n del mundo al Coraz\u00f3n inmaculado de Mar\u00ed\u00ada (1942), definici\u00f3n del dogma de la Asunci\u00f3n (1950), celebraci\u00f3n del a\u00f1o mariano en el centenario de la definici\u00f3n de la Inmaculada (1954). En este mismo clima maduraron diversas iniciativas a nivel de estudio y de pastoral, animadas por el magisterio pontificio y episcopal: la \u00abperegrinatio Mariae\u00bb, la reanudaci\u00f3n de los congresos marianos internacionales, el nacimiento de nuevas sociedades mariol\u00f3gicas, el reflorecimiento de las peregrinaciones y de otras formas de devoci\u00f3n mariana.<\/p>\n<p>A la toma de conciencia del lugar y de la funci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada en el plan de la salvaci\u00f3n correspondi\u00f3 un desarrollo del culto mariano, considerado como elemento caracter\u00ed\u00adstico de la espiritualidad cristiana y del itinerario que llevahasta Cristo: \u00abLa verdadera devoci\u00f3n, la de la tradici\u00f3n de la Iglesia&#8230;, tiende esencialmente a la uni\u00f3n con Jes\u00fas bajo la gu\u00ed\u00ada de Mar\u00ed\u00ada&#8230; A Jes\u00fas se va por medio de Mar\u00ed\u00ada. Mar\u00ed\u00ada es, por tanto, el camino hacia Jesucristo, que es camino, verdad v vida\u00bb.<\/p>\n<p>2. LA CUESTI\u00ed\u201cN MARIANA &#8211; Frente al incremento progresivo del culto mariano, acompa\u00f1ado a veces por un excesivo celo en la propagaci\u00f3n de formas particulares de devoci\u00f3n, se elevaron voces de reserva y se dibujaron dos tendencias opuestas, que analiza R. Laurentin en su libro La question mariale (1963): \u00abExiste hoy en ciertos medios una tensi\u00f3n entre piedad cristoc\u00e9ntrica y piedad marioc\u00e9ntrica&#8230;, una tensi\u00f3n entre una piedad totalmente referida a la Virgen y otra que no se refiere a ella&#8230; Erigir en la pr\u00e1ctica la devoci\u00f3n mariana en religi\u00f3n mariana tiende a provocar por reacci\u00f3n una religi\u00f3n sin la Virgen\u00bb.<\/p>\n<p>Aparte de esta esquematizaci\u00f3n, que descuida las zonas intermedias, surgi\u00f3 cierto malestar debido sustancialmente a la afirmaci\u00f3n en el campo eclesial de algunos movimientos renovadores, tales como el movimiento b\u00ed\u00adblico, el lit\u00fargico, el patr\u00ed\u00adstico y el ecum\u00e9nico. Todos ellos coincid\u00ed\u00adan en la exigencia de medir la vida cristiana con el metro de la palabra de Dios, respetando la jerarqu\u00ed\u00ada de valores y la amplitud del plan salv\u00ed\u00adfico. Precisamente esta exigencia de compaginar el culto mariano con los otros aspectos esenciales del cristianismo constitu\u00ed\u00ada la ra\u00ed\u00adz de la \u00abcuesti\u00f3n mariana\u00bb: un problema de ubicaci\u00f3n y de verificaci\u00f3n, de inserci\u00f3n y de reducci\u00f3n a las debidas proporciones. La confrontaci\u00f3n con el cuadro kerigm\u00e1tico del cristianismo de los or\u00ed\u00adgenes provoc\u00f3 una cr\u00ed\u00adtica del planteamiento del culto mariano y de sus expresiones, m\u00e1s que un trabajo de investigaci\u00f3n constructiva.<\/p>\n<p>3. LA CRISIS MARIANA &#8211; El Vat. II dio una soluci\u00f3n equilibrada al malestar del culto mariano: promoci\u00f3n activa del mismo en la Iglesia como respuesta a los datos de fe sobre la Madre del Se\u00f1or (LG 66); inserci\u00f3n en la liturgia, orientaci\u00f3n cristoc\u00e9ntrica, trinitaria, eclesial y ecum\u00e9nica (SC 103; LG 60-67); exhortaci\u00f3n a evitar las desfiguraciones de un \u00absentimentalismo est\u00e9ril y transitorio\u00bb y de una \u00abvana credulidad\u00bb (LG 67). A pesar de estas claras orientaciones, el per\u00ed\u00adodo postconciliar registra una agravaci\u00f3n del problema mariano, que se expresa entonces sin eufemismos con el t\u00e9rmino de crisis; a los excesos y supravaloraciones del culto mariano sucede una disminuci\u00f3n, una mengua, un sensible oscurecimiento, que algunos dramatizan hasta llegar a hablar de \u00ab\u00e9poca glacial mariana\u00bb. Los signos de esta disminuci\u00f3n son la regresi\u00f3n y a veces la desaparici\u00f3n de pr\u00e1cticas tradicionales en honor de Mar\u00ed\u00ada, como el rosario. el mes de mayo, las procesiones, las asociaciones, el culto a las im\u00e1genes: pero sobre todo p\u00e9rdida de inter\u00e9s por el tema mariano, el silencio en la predicaci\u00f3n, el temor de que la devoci\u00f3n a Mar\u00ed\u00ada complique el itinerario cristiano o constituya un ambiente tranquilizante que mantenga en el infantilismo a los cristianos: \u00abLa devoci\u00f3n mariana tiende a parecer en el cristianismo accesoria, secundaria, sobrepuesta y en cierta medida artificial\u00bb<br \/>\nAnte este fen\u00f3meno de marginaci\u00f3n del culto mariano hay que preguntarse por sus causas, a fin de aclarar c\u00f3mo es que al incremento deseado por el Vat. II ha sucedido, parad\u00f3jicamente, una regresi\u00f3n y falta de inter\u00e9s.<\/p>\n<p>a) La primera explicaci\u00f3n plausible es la falta de asimilaci\u00f3n de la doctrina del Vat. II sobre la funci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada en el plan de la salvaci\u00f3n. Algunos de los nuevos aspectos, capaces de modificar profundamente la relaci\u00f3n con Mar\u00ed\u00ada, resultan dif\u00ed\u00adciles de entender para los fieles. Una encuesta entre 654 j\u00f3venes de quince a veintid\u00f3s a\u00f1os ha revelado, por ejemplo, que la Virgen es vista por ellos como madre a la que se recurre en los momentos dif\u00ed\u00adciles (s\u00ed\u00admbolo de una religi\u00f3n-refugio), mientras que est\u00e1 casi totalmente ausente en sus respuestas la referencia a Mar\u00ed\u00ada tipo de la Iglesia y modelo del comportamiento cristiano. De manera semejante, el significado de la devoci\u00f3n mariana, que el Vat. II presenta como una ayuda para un contacto \u00ed\u00adntimo e inmediato con Cristo (LG 60-62), es recibido por ellos en una medida casi irrelevante&#8217;. As\u00ed\u00ad pues, una catequesis carente de motivaciones teol\u00f3gicas tiene una parte de responsabilidad en esta percepci\u00f3n deficiente del papel que el Vat. II se\u00f1al\u00f3 a Mar\u00ed\u00ada; pero la causa m\u00e1s profunda ha de buscarse en otra direcci\u00f3n, a saber: en la falta de adecuaci\u00f3n de las formas en que se expresa la devoci\u00f3n mariana, que hoy resultan desfasadas y no adecuadas a los tiempos. Y aqu\u00ed\u00ad hay que mencionar almismo Vat. II, que, si supo responder a las exigencias de los movimientos intereclesiales insertando el culto mariano en el cuadro cristol\u00f3gico, no supo, sin embargo, ver en el diverso contexto cultural contempor\u00e1neo los motivos \u00faltimos de su malestar. A m\u00e1s de un decenio de distancia, las directrices pastorales del Vat. II revelan f\u00e1cilmente un car\u00e1cter un tanto conservador y poco atento a la renovaci\u00f3n: \u00abEl santo Concilio&#8230; amonesta a todos los hijos de la Iglesia que&#8230; estimen en mucho las pr\u00e1cticas y los ejercicios de piedad hacia ella (la bienaventurada Virgen), recomendados por el magisterio en el curso de los siglos, y que observen escrupulosamente cuanto en los tiempos pasados fue decretado acerca del culto de las im\u00e1genes de Cristo, de la Sant\u00ed\u00adsima Virgen y de los santos\u00bb (LG 67). La laguna antropol\u00f3gica del concilio aparece igualmente en la omisi\u00f3n de una confrontaci\u00f3n directa con la mentalidad actual, deteni\u00e9ndose en el criterio negativo del no-esc\u00e1ndalo: \u00abEn las expresiones o en las palabras eviten cuidadosamente todo aquello que pueda inducir a error a los hermanos separados o a cualesquiera otras personas acerca de la verdadera doctrina de la Iglesia\u00bb (ib). El mismo planteamiento de las relaciones cultuales como \u00abdeberes de los hombres redimidos para con la Madre de Dios\u00bb (LG 54) se olvida de la exigencia actual de encontrar significados vitales m\u00e1s que obligaciones.<\/p>\n<p>b) La exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica Marialis cultus (2 febrero 1974) da un nuevo paso cuando atribuye la \u00abdesorientaci\u00f3n moment\u00e1nea\u00bb en el culto a la Madre del Se\u00f1or a \u00abla diversidad entre algunas cosas de su contenido y las actuales concepciones antropol\u00f3gicas y la realidad psico-sociol\u00f3gica, profundamente cambiada, en que viven y act\u00faan los hombres de nuestro tiempo\u00bb (n. 34). Aqu\u00ed\u00ad la reflexi\u00f3n se hace cultural y antropol\u00f3gica, pues se consideran las expresiones de la relaci\u00f3n con Mar\u00ed\u00ada no en s\u00ed\u00ad mismas, sino como partes o modos de un universo simb\u00f3lico, de un sistema de signos en el que se expresa una cultura determinada. Al cambiar las concepciones antropol\u00f3gicas, entran en crisis los modelos y los esquemas representativos anteriores para crear otros nuevos, en correspondencia con el nuevo horizonte cultural. La Marialis cultus (= MC), partiendo de este planteamiento, se percata de que los cambios realizados en nuestro tiempo han influido profundamente en las manifestaciones del sentimiento religioso, suscitando una repulsa de ciertas formas cultuales consideradas v\u00e1lidas en un reciente pasado: \u00abCiertas pr\u00e1cticas cultuales, que en un tiempo no lejano parec\u00ed\u00adan apropiadas para expresar el sentimiento religioso de los individuos y de las comunidades cristianas, parecen hoy insuficientes o inadecuadas, porque est\u00e1n vinculadas a esquemas socio-culturales del pasado, mientras en distintas partes se van buscando nuevas formas expresivas&#8230;\u00bb (MC, Introducci\u00f3n).<\/p>\n<p>Para desbloquear la actual situaci\u00f3n de perplejidad, no basta ya la atenci\u00f3n a los movimientos del \u00e1rea eclesial, sino que se precisa una asimilaci\u00f3n de la mentalidad actual y de las adquisiciones de las ciencias humanas; en una palabra, la inculturaci\u00f3n o el \u00abmovimiento&#8230; de una cultura hacia otra cultura y. por tanto, un di\u00e1logo, una ense\u00f1anza. una confrontaci\u00f3n, una mezcla y m\u00e1s frecuentemente una prueba de fuerza\u00bb. Una vez realizado este encuentro con la cultura actual, la tarea de los fieles en el sector mariano es m\u00faltiple: revisi\u00f3n de sus diversas formas para mantener y renovar las que aportan valores actualmente asimilables; confrontaci\u00f3n de las propias concepciones antropol\u00f3gicas y de los problemas que de all\u00ed\u00ad se derivan con la figura de la Virgen Mar\u00ed\u00ada, tal como nos la propone el evangelio: impulso creativo en orden a nuevas expresiones.<\/p>\n<p>4. EL REDESCUBRIMIENTO DE MAR\u00ed\u008dA &#8211; El diagn\u00f3stico de la situaci\u00f3n actual del culto mariano no se agota en la crisis. En buen n\u00famero de cristianos persiste una devoci\u00f3n de tipo sentimental e insensible a la renovaci\u00f3n; en otros ambientes se vive, por el contrario, en actitud de repulsa, de perplejidad o de espera. Lo cierto es que se est\u00e1 gestando en la Iglesia un redescubrimiento de Mar\u00ed\u00ada a trav\u00e9s de una experiencia cristiana m\u00e1s basada en la Biblia y m\u00e1s en consonancia con las urgencias actuales.<\/p>\n<p>a) En las comunidades religiosas. Algunas encuestas documentan el esfuerzo de renovaci\u00f3n realizado por los cap\u00ed\u00adtulos generales incluso en el terreno de la relaci\u00f3n con Mar\u00ed\u00ada. No s\u00f3lo se ha insertado a Mar\u00ed\u00ada en el misterio de Cristo y de la Iglesia seg\u00fan la pauta de la Lumen gentium, sino que ha cambiado la manera de referirse a la Virgen yde expresar su culto: se ha superado el criterio de la multiplicaci\u00f3n de las pr\u00e1cticas marianas como criterio de espiritualidad; se han valorizado las fiestas lit\u00fargicas marianas, en las que se renuevan los votos y se comprometen a vivirlos a ejemplo de Mar\u00ed\u00ada; se busca inspirarse en ella como en una mujer sencilla, servicial, comprometida en la aventura de Cristo, gu\u00ed\u00ada en la fe oscura y entregada&#8217;.<\/p>\n<p>Ciertas comunidades religiosas han pasado de una devoci\u00f3n cuantitativa, sensible, infantil y poco fundada a una devoci\u00f3n m\u00e1s interior, profunda, s\u00f3lida, madura y comprometida. \u00abDe ni\u00f1o -afirma un religioso-, ella era para m\u00ed\u00ad como un hada. En mi adolescencia, un mito. En mi juventud estaba muy alta y lejana&#8230; Ahora estoy casi continuamente con ella y vamos juntos al cen\u00e1culo y al calvario\u00bb. Los factores de esta maduraci\u00f3n son la experiencia y la reflexi\u00f3n personal, los documentos del Vat. II o los escritos marianos de los te\u00f3logos, el contacto con personas que viven el esp\u00ed\u00adritu del instituto y la misma situaci\u00f3n de crisis, que ha llevado a buscar una relaci\u00f3n con Mar\u00ed\u00ada m\u00e1s purificada y evang\u00e9lica. Se prefiere invocar a Mar\u00ed\u00ada como madre, pero tambi\u00e9n como modelo de vida, de fe y de respuesta radical al mensaje de Jes\u00fas, de liberaci\u00f3n de la mentalidad judaica para aceptar la incre\u00ed\u00adble novedad cristiana, de disponibilidad y colaboraci\u00f3n, como mujer fuerte que se f\u00ed\u00ada de Dios en los acontecimientos dolorosos de la vida.<\/p>\n<p>Las congregaciones religiosas de inspiraci\u00f3n mariana han realizado un trabajo de replanteamiento a nivel de espiritualidad y de actividad; la consecuencia ha sido una inserci\u00f3n del aspecto mariano, muchas veces acentuado y desarrollado unilateralmente en el pasado reciente, en el contexto m\u00e1s amplio del carisma originario. Se mueven as\u00ed\u00ad hacia una relativizaci\u00f3n o simplificaci\u00f3n de las pr\u00e1cticas cultuales en favor de una presencia discreta y eficaz de Mar\u00ed\u00ada; de un clima de vida y de impregnaci\u00f3n mariana que no complique, sino que sostenga la relaci\u00f3n con Cristo y el servicio a los hombres. Quiz\u00e1 esta orientaci\u00f3n explique la escasa iniciativa respecto a nuevas formas de culto mariano para sustituir a las antiguas, que resultan anacr\u00f3nicas.<\/p>\n<p>b) En los movimientos eclesiales. En el per\u00ed\u00adodo postconciliar, tras una especie de vac\u00ed\u00ado mariano ha surgido una nueva forma de valorar el lugar de Mar\u00ed\u00ada en la vida cristiana que ha transformado el itinerario tradicional \u00aba Jes\u00fas por medio de Mar\u00ed\u00ada\u00bb. Ya no se parte de ella como paso para conocer y amar a su Hijo, sino que se arranca de una experiencia evang\u00e9lica centrada en Cristo. La obra de los Focolares, muy sensible al aspecto mariano por haber nacido como \u00abobra de Maria\u00bb, estima que no es posible hablar de Mar\u00ed\u00ada y de su funci\u00f3n eclesial a personas que no han recibido una iniciaci\u00f3n en la vida de Cristo. Por eso en las Mari\u00e1polis se empieza con la experiencia comunitaria del mandamiento nuevo del amor mutuo. Cuando se llega a una comuni\u00f3n profunda se descubre la presencia de \u00abJes\u00fas en medio\u00bb. Entonces se percatan de que engendrar la presencia de Jes\u00fas a trav\u00e9s del amor es la obra de Mar\u00ed\u00ada por excelencia; viviendo el evangelio se es Mar\u00ed\u00ada en la Iglesia. En este punto la expresi\u00f3n clave se convierte en \u00abvivir a Mar\u00ed\u00ada\u00bb, esto es, vivir como Mar\u00ed\u00ada en el silencio de escucha de la Palabra y proseguir su obra haciendo nacer a Jes\u00fas entre los hombres.<\/p>\n<p>El movimiento carism\u00e1tico [>Carism\u00e1ticos] recupera a Mar\u00ed\u00ada dentro de la oraci\u00f3n en el Esp\u00ed\u00adritu. Las reuniones de oraci\u00f3n tratan de la conversi\u00f3n al Se\u00f1or Jes\u00fas; pero progresivamente se comprende en el Esp\u00ed\u00adritu la necesidad de la alabanza de Maria, a ejemplo de Isabel, y de la comuni\u00f3n con ella para alcanzar las caracter\u00ed\u00adsticas de la oraci\u00f3n: el \u00abfiat\u00bb de la disponibilidad, el \u00abMagnificat\u00bb de la alegr\u00ed\u00ada, la humildad confiada, que no exige, sino espera. El Esp\u00ed\u00adritu no se ata a las f\u00f3rmulas, sino que impulsa a la oraci\u00f3n del coraz\u00f3n; por eso incluso en el rezo del rosario se detienen libremente en las diversas expresiones del avemar\u00ed\u00ada, actualiz\u00e1ndolas de modo personal. La relaci\u00f3n con Mar\u00ed\u00ada no vela la presencia del Esp\u00ed\u00adritu, sino que la deja transparentar por completo; es como un espejo que desaparece frente a la figura que refleja; una vez encontrada, Mar\u00ed\u00ada se esconde para manifestar al Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>Los movimientos de liberaci\u00f3n de Am\u00e9rica Latina descubren en Mar\u00ed\u00ada la figura que encarna las actitudes fundamentales de gozo por la presencia de Dios en la historia, de esperanza en el cambio de la situaci\u00f3n de explotaci\u00f3n injusta, de solidaridad con los pobres y los oprimidos. La apelaci\u00f3n al Magnfcat es tan frecuente que constituye un punto de convergencia de la espiritualidad contempor\u00e1nea; se ha convertido en el canto de liberaci\u00f3n de toda injusticia y opresi\u00f3n, en el himno de esa gran revoluci\u00f3n de la esperanza que desaloja de la neutralidad para alistarse al lado del Dios de Mar\u00ed\u00ada en la causa de los pobres.<\/p>\n<p>La comunidad ecum\u00e9nica de Bose (Vercelli) ha llegado al reconocimiento de la funci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada a trav\u00e9s de tres senderos: la palabra de Dios, la vida mon\u00e1stica y la presencia de las mujeres dentro de la comunidad. La asiduidad en la lectura de la Biblia ha llevado al descubrimiento de Mar\u00ed\u00ada en la comunidad cristiana de los Hechos de los Ap\u00f3stoles; Mar\u00ed\u00ada es \u00abel elemento persistente y \u00fanico de la continuidad visible entre el surgir de Cristo seg\u00fan la carne y el surgir de la nueva comunidad cristiana\u00bb. Profundizando en los evangelios de la infancia se descubre en Mar\u00ed\u00ada a la hija de Si\u00f3n, al arca de la nueva alianza, a aquella a la que todas las generaciones llamar\u00e1n dichosa. M\u00e1s que a trav\u00e9s de las formulaciones dogm\u00e1ticas, la comunidad descubre a Mar\u00ed\u00ada en la experiencia de vida mon\u00e1stica como modelo de pobreza, de existencia marginal respecto a la instituci\u00f3n, de consagraci\u00f3n y fecundidad m\u00e1s all\u00e1 de la esfera de la sexualidad, de oraci\u00f3n no pietista, sino inserta en la historia. Finalmente, la situaci\u00f3n de comunidad mixta ha influido en la recuperaci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada como modelo femenino, invitando a reconsiderar a la mujer como factor esencial de la vida humana\u00bb.<\/p>\n<p>e) En la liturgia renovada. El descubrimiento de Maria ha sido, adem\u00e1s, obra del \u00e1mbito m\u00e1s amplio de la teolog\u00ed\u00ada contempor\u00e1nea, con inmediata incidencia en la liturgia. Resumiendo este camino, afirma la MC: \u00abLa reflexi\u00f3n de la Iglesia contempor\u00e1nea sobre el misterio de Cristo y sobre su propia naturaleza la ha llevado a encontrar, como ra\u00ed\u00adz del primero y como coronaci\u00f3n de la segunda, la misma figura de mujer: la Virgen Mar\u00ed\u00ada, madre precisamente de Cristo y madre de la Iglesia. Un mejor conocimiento de la misi\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada se ha transformado en gozosa veneraci\u00f3n hacia ella y en adorante respeto hacia el sabio designio de Dios\u00bb (Introducci\u00f3n). En comuni\u00f3n con la tradici\u00f3n eclesial, la teolog\u00ed\u00ada de nuestro siglo, impulsada por el movimiento mariano, ha subrayado la intima uni\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada con Cristo, viendo en la mariolog\u00ed\u00ada un elemento integrante y una verificaci\u00f3n de la cristolog\u00ed\u00ada. La liturgia romana renovada ha tenido buen cuidado de \u00abincluir de manera m\u00e1s org\u00e1nica y con m\u00e1s estrecha cohesi\u00f3n la memoria de la Madre dentro del ciclo anual de los misterios del Hijo\u00bb (MC 2). Junto a esta orientaci\u00f3n cristoc\u00e9ntrica fundamental, la teolog\u00ed\u00ada contempor\u00e1nea ha puesto de manifiesto las relaciones de Mar\u00ed\u00ada con la Iglesia, replanteadas por los estudios b\u00ed\u00adblicos y patr\u00ed\u00adsticos, que confluyeron en el Vat.II, el cual presenta a Mar\u00ed\u00ada como miembro, madre, tipo y modelo de la Iglesia (LG 60-65). Esta dimensi\u00f3n eclesial ha ejercido un influjo en la liturgia: \u00abEl tema Mar\u00ed\u00ada-Iglesia ha sido introducido en los textos del misal con variedad de aspectos, como variadas y m\u00faltiples son las relaciones que median entre la Madre de Cristo y la Iglesia\u00bb (MC 11).<\/p>\n<p>A nivel de celebraci\u00f3n oficial, Mar\u00ed\u00ada conserva hoy un puesto importante y \u00abla renovada liturgia romana constituye, aun en su conjunto, un f\u00falgido testimonio de la piedad de la Iglesia hacia la Virgen\u00bb (MC 58). As\u00ed\u00ad pues, este campo no ha sido tocado por la crisis; al contrario, ha realizado un notable enriquecimiento cualitativo y cuantitativo, proponiendo la memoria de la Virgen en el misal, en el ritual y en la liturgia de las horas, y favoreciendo una relaci\u00f3n de veneraci\u00f3n, de admiraci\u00f3n, de imitaci\u00f3n y de oraci\u00f3n con la Madre del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>II. Mar\u00ed\u00ada en la vida espiritual a la luz de la palabra de Dios<br \/>\nDe la experiencia actual de Mar\u00ed\u00ada en la Iglesia es indispensable pasar a la confrontaci\u00f3n con la palabra de Dios, considerada como revelaci\u00f3n normativa que regula y juzga cada uno de los fen\u00f3menos eclesiales.<\/p>\n<p>1. VIDA ESPIRITUAL SEG\u00daN LA REVELACI\u00ed\u201cN CRISTIANA &#8211; El cristianismo no se puede catalogar en f\u00f3rmulas o conceptos, ya que es ante todo don, presencia, experiencia, vida. Esto explica las m\u00faltiples definiciones de la vida cristiana que nos dan los autores del Nuevo Testamento, seg\u00fan el impacto de las diversas \u00e1reas culturales y el crecimiento en la comprensi\u00f3n del misterio de Cristo.<\/p>\n<p>En los Sin\u00f3pticos se describe la vida cristiana como entrada en el \u00abreino de Dios\u00bb (Mc 1,15), que supone conversi\u00f3n (Mt 3,2; 4,17), disponibilidad (Mc 10,15), fe activa (Mt 7,21) y seguimiento de Cristo (Mt 19,29; Le 9,23).<\/p>\n<p>En Juan el reino de Dios cede su lugar a la \u00abvida eterna\u00bb, ofrecida a quien se hace disc\u00ed\u00adpulo de Cristo (8,31; 15,8) mediante la fe (3,36; 8,51; 12,47) y el compromiso de comuni\u00f3n con el Padre y con los hermanos (4,23; 1 Jn 1,3; 3,23).<\/p>\n<p>Para Pablo el cristianismo es \u00abvida en Cristo\u00bb (165 veces) y \u00abvida en el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (19 veces). Incorporados a Cristo a trav\u00e9s del bautismo (Rom 6,4), los cristianos forman con \u00e9l un solo ser (Rom 6,5; 1 Cor 12.27) y se van haciendo progresivamente por la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu conformes a su imagen (Rom 8,29; 2 Cor 3,18).<\/p>\n<p>La Carta a los Hebreos, al se\u00f1alar a Cristo como sumo sacerdote, presenta la vida cristiana como una peregrinaci\u00f3n (4,14; 10,18) y acent\u00faa la exigencia de un culto purificado y espiritual (13,9-15).<\/p>\n<p>Santiago insiste en la fe viva, acompa\u00f1ada de obras (2,26), y en la caridad activa, que atiende a los necesitados y no cede a favoritismos, a discordias y a ninguna forma de opresi\u00f3n (2,1-9.15-16; 4,11; 5,1-6).<\/p>\n<p>Teniendo, adem\u00e1s, en cuenta los restantes libros del Nuevo Testamento, resulta evidente una constataci\u00f3n: en la descripci\u00f3n de la vida espiritual, los autores neotestamentarios omiten toda alusi\u00f3n a Mar\u00ed\u00ada. Esta falta de referencia no significa una puerta cerrada a un desarrollo eclesial bajo la influencia del Esp\u00ed\u00adritu acerca de la presencia de Mar\u00ed\u00ada en el misterio de la salvaci\u00f3n y en la existencia de los cristianos, entre otras cosas porque los escritos del Nuevo Testamento son de \u00ed\u00adndole fragmentaria y no sistem\u00e1tica. Sin embargo, trazan el cuadro normativo del mensaje central de la revelaci\u00f3n, que cualquier desarrollo ulterior tendr\u00e1 que respetar sin oscurecerlo en lo m\u00e1s m\u00ed\u00adnimo. El Nuevo Testamento mismo atestigua el progresivo descubrimiento de Mar\u00ed\u00ada y presenta ciertos elementos susceptibles de integraci\u00f3n en la vida cristiana sin derogar la jerarqu\u00ed\u00ada de valores.<\/p>\n<p>2. PRESENCIA DE MAR\u00ed\u008dA EN EL NT &#8211; El balance de textos marianos del Nuevo Testamento es bastante sobrio: un solo pasaje en las 14 cartas apost\u00f3licas (G\u00e1l 4,4), una menci\u00f3n en los Hechos (He 1,14), dos alusiones en Marcos y paralelos (Mc 3,31-35; cf Mt 12,46-50; Le 8,19-21; 11,27-28; Mc 6,3), dos episodios en Juan (Jn 2.1-12; 19,26-27), una presentaci\u00f3n m\u00e1s acentuada en los evangelios de la infancia (Mt 1,2; Le 1-2). Por consiguiente, Mar\u00ed\u00ada no tiene un gran relieve cuantitativo en el Nuevo Testamento; sin embargo, a pesar de esta discreci\u00f3n, aparece con una tarea \u00fanica en la historia de la salvaci\u00f3n. Situ\u00e1ndonos en el punto de vista vital, o sea de la respuesta del hombre al plan salv\u00ed\u00adfico, observamos en el mensaje neotestamentario un reconocimiento de la funci\u00f3n materna y ejemplar de Mar\u00ed\u00ada en la historia de la salvaci\u00f3n, una actitud de alabanza a su persona y una acogida en la fe de su funci\u00f3n maternal; estos elementos constituyen el fundamento b\u00ed\u00adblico de la presencia de Mar\u00ed\u00ada en la vida cristiana.<\/p>\n<p>a) Reconocimiento progresivo de Mar\u00ed\u00ada en la historia de la salvaci\u00f3n. El kerigma primitivo, transmitido por los discursos de los Hechos (He 2,22-26; 3,12-26; 4,9-12; 5,28-32; 10,34-43; 13, 16-41), se centra en el hecho salv\u00ed\u00adfico fundamental de la muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo sin ninguna referencia directa a Mar\u00ed\u00ada. Pablo alude una sola vez a la madre del Mes\u00ed\u00adas, pero de forma an\u00f3nima, sin preocuparse de la personalidad espiritual de la \u00abmujer\u00bb que introdujo a Cristo en la raza humana (G\u00e1l 4,4) en una condici\u00f3n de k\u00e9nosis, debilidad e impotencia (cf Job 14,16). La catequesis evang\u00e9lica de Marcos est\u00e1 dominada por la pol\u00e9mica antijudaica, en la que era preciso subrayar la insuficiencia de los v\u00ed\u00adnculos carnales para heredar el reino de Dios y la exclusi\u00f3n de todo privilegio de los parientes de Jes\u00fas en la comunidad de Jerusal\u00e9n: en la familia espiritual de Jes\u00fas se entra s\u00f3lo cumpliendo la voluntad de Dios (Me 3,35). En este contexto habr\u00ed\u00ada sido imposible y contraproducente una exaltaci\u00f3n de la madre de Jes\u00fas; por eso Mar\u00ed\u00ada aparece confundida en el \u00e1mbito del clan familiar hostil a Jes\u00fas (Me 6,4). Mateo introduce a Mar\u00ed\u00ada en el plan de la salvaci\u00f3n presentando su maternidad virginal por obra del Esp\u00ed\u00adritu Santo (Mt 1,18-25); pero situ\u00e1ndose en la perspectiva de Jos\u00e9, que vislumbra el misterio y no quiere entrometerse arbitrariamente en una obra divina\u00bb, menciona c\u00f3mo Mar\u00ed\u00ada toma parte en la suerte de su hijo (usa cinco veces la expresi\u00f3n \u00abel ni\u00f1o y su madre\u00bb), aunque sin destacar su participaci\u00f3n personal.<\/p>\n<p>A Lucas y a Juan debemos la valoraci\u00f3n plena de Mar\u00ed\u00ada, a la que sit\u00faan directamente en escena en los misterios de la infancia y de la vida p\u00fablica de Cristo, revel\u00e1ndonos su misi\u00f3n y su espiritualidad. Varios factores contribuyen a esta visi\u00f3n positiva: el declinar de la espera escatol\u00f3gica centra la atenci\u00f3n en los valores mesi\u00e1nicos y, consiguientemente, en Mar\u00ed\u00ada, llena de gracia y protegida por la sombra del Esp\u00ed\u00adritu; la profundizaci\u00f3n cristol\u00f3gica lleva a buscar, m\u00e1s all\u00e1 del acontecimiento central de la muerte-resurrecci\u00f3n y de la vida p\u00fablica, los or\u00ed\u00adgenes de Cristo ligados naturalmente a su madre; la mentalidad helen\u00ed\u00adstica, m\u00e1s abierta a la mujer, y la mitigaci\u00f3n de la pol\u00e9mica antijudaica disponen mejor a los fieles para percibir el papel de Mar\u00ed\u00ada \u00ab. Se llega de este modo a una recuperaci\u00f3n de los relatos de la infancia basados en recuerdos de la misma Mar\u00ed\u00ada y elaborados en c\u00ed\u00adrculos particulares seg\u00fan la teolog\u00ed\u00ada alusiva y la meditaci\u00f3n midr\u00e1shica. El misdrash adoptado por Lucas no tiene como finalidad referir objetivamente los sucesos, sino m\u00e1s bien profundizar en su alcance teol\u00f3gico mediante el recurso a los textos del Antiguo Testamento en su juego de referencias, alusiones, procedimientos literarios y a la luz de los hechos ocurridos posteriormente, sobre todo el misterio pascual. Tambi\u00e9n Juan recupera ciertos episodios olvidados por los Sin\u00f3pticos mediante una relectura de la vida de Cristo que madur\u00f3 en una profunda experiencia comunitaria.<\/p>\n<p>Lucas supera la concepci\u00f3n biol\u00f3gico-natural de la maternidad de Mar\u00ed\u00ada, insuficiente para hacer entrar en el reino de Dios, proponi\u00e9ndola como vocaci\u00f3n y funci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica acogida en la fe. El anuncio del evangelio (Lc 1,26-38) es el relato de una vocaci\u00f3n, de una elecci\u00f3n por parte de Dios para una misi\u00f3n de salvaci\u00f3n en favor del pueblo; lo mismo que Abrah\u00e1n (G\u00e9n 17-18), Mois\u00e9s (Ex 3,1-12; 4,1-17), Sans\u00f3n (Jue 13,3-22), Samuel (1 Sam 3,1-18) y Gede\u00f3n (Jue 6,12-24), Mar\u00ed\u00ada es llamada a un ministerio salv\u00ed\u00adfico y, al mismo tiempo, dif\u00ed\u00adcil. Las frases \u00abllena de gracia, el Se\u00f1or es contigo\u00bb (Lc 1,28) y \u00abdeja de temer, porque has encontrado gracia ante Dios\u00bb (Lc 1,30) indican realmente la complacencia divina en Mar\u00ed\u00ada, escogida para una tarea de liberaci\u00f3n, y la asistencia necesaria para llevarla a cabo (cf G\u00e9n 39,4; 2 Sam 15,25-26; G\u00e9n 33,12-17; 6,8; Jue 6,12-24). La elecci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada afecta a su cualidad de madre del Mes\u00ed\u00adas dav\u00ed\u00addico, que establecer\u00e1 elreino de Dios en el mundo para siempre (Lc 1,31-33). La maternidad de Mar\u00ed\u00ada har\u00e1 posible ese reino.<\/p>\n<p>La inserci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada en la historia de la salvaci\u00f3n queda plasmada en dos expresiones: \u00abesclava del Se\u00f1or\u00bb (Lc 1.38), que sit\u00faa a Mar\u00ed\u00ada entre los personajes escogidos por Dios como instrumentos elegidos para el cumplimiento de sus designios y que fueron fieles a su misi\u00f3n (cf G\u00e9n 26,24; N\u00fam 12,7; 2 Sam 7,5): \u00abbendita t\u00fa entre las mujeres\u00bb (Lc 1,42), que designa no s\u00f3lo la preferencia dada a Mar\u00ed\u00ada entre todas sus contempor\u00e1neas como madre del Mes\u00ed\u00adas, sino tambi\u00e9n la funci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de su papel maternal. Mientras que la maldici\u00f3n separa del tronco vivo de las promesas, la bendici\u00f3n indica la participaci\u00f3n en los bienes mesi\u00e1nicos y una aportaci\u00f3n a la salvaci\u00f3n. Esto no puede reducirse a un mero dar a luz el fruto de sus entra\u00f1as, sino que, \u00aba la luz de los episodios veterotestamentarios (cf Dt 28,4; Jue 5,24; Jdt 13,18; 15,12) donde se habla de acciones liberadoras, implica todas las consecuencias que lleva consigo ser la madre del Mes\u00ed\u00adas liberador\u00bb.<\/p>\n<p>La \u00ed\u00adntima participaci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada en la obra del Hijo es descrita por Sime\u00f3n cuando anuncia la muerte violenta del Mes\u00ed\u00adas con una formulaci\u00f3n mariana; la espada que traspasa el alma de Mar\u00ed\u00ada (I,c 2,35) indica el contragolpe de la muerte del Hijo, punto culminante de la historia religiosa del mundo. La madre es asociada a la pasi\u00f3n y a la ejecuci\u00f3n del juicio mesi\u00e1nico, que revela los designios de los corazones.<\/p>\n<p>El episodio del encuentro de Jes\u00fas en el templo arroja luz sobre el futuro del Mes\u00ed\u00adas, a\u00f1adiendo un nuevo elemento; es un signo prof\u00e9tico de la misi\u00f3n de Jes\u00fas, que culmina en el misterio pascual. \u00abFue encontrado, despu\u00e9s de tres d\u00ed\u00adas, en el templo -afirmaba ya san Ambrosio- para que se nos diera un indicio de que despu\u00e9s de tres d\u00ed\u00adas de su pasi\u00f3n triunfal resucitar\u00ed\u00ada\u00bb. Mar\u00ed\u00ada, en los tres d\u00ed\u00adas de separaci\u00f3n del Hijo, pasados en medio de un viv\u00ed\u00adsimo dolor (Lc 2,48; cf 16,24-25; He 20,38), tuvo la experiencia anticipada de la muerte y resurrecci\u00f3n, aun cuando la comprensi\u00f3n de este misterio tendr\u00e1 que retrasarse hasta el futuro (Lc 2,49).<\/p>\n<p>Durante la vida p\u00fablica, el papel maternal de Mar\u00ed\u00ada se expresa en la b\u00fasqueda del Hijo y en la atenci\u00f3n a su palabra, que invita a dar la primac\u00ed\u00ada a las relaciones de fe y de adhesi\u00f3n a la voluntad de Dios; la madre se convierte en disc\u00ed\u00adpula (cf Le 8,19-20; 11,28).<\/p>\n<p>Esta perspectiva es acentuada por Juan, que sit\u00faa a Mar\u00ed\u00ada en los dos momentos decisivos de la primera manifestaci\u00f3n mesi\u00e1nica de Cristo (Jn 2,1-12) y de la cumbre de su misi\u00f3n salv\u00ed\u00adfica (Jn 19,26-27): \u00abAs\u00ed\u00ad pues, en el pensamiento del evangelista, Mar\u00ed\u00ada est\u00e1 estrechamente asociada a la `hora&#8217; y a la glorificaci\u00f3n de su\u2020\u00a2hijo\u00bb. El episodio de las bodas de Can\u00e1 tiene un significado mesi\u00e1nico; es un preludio de la nueva alianza, que pone en crisis las instituciones jud\u00ed\u00adas, simbolizadas por el agua, indicando el banquete nupcial que reunir\u00e1 a los hijos dispersos de Dios. Mar\u00ed\u00ada colabora, ciertamente, en la preparaci\u00f3n del primer signo que suscita la fe de los disc\u00ed\u00adpulos, aun cuando la respuesta de Jes\u00fas expresa cierto distanciamiento de su madre. El reivindica su trascendencia mesi\u00e1nica, aboliendo la dependencia de su madre, llamada a ejercer su influencia no sobre Jes\u00fas, sino a su servicio; la madre se convierte en la mujer, disc\u00ed\u00adpula y colaboradora en la constituci\u00f3n del primer n\u00facleo del nuevo pueblo de Dios, que acepta en la fe la alianza con el Se\u00f1or.<\/p>\n<p>En el calvario la relaci\u00f3n de la madre y del hijo experimenta una nueva transformaci\u00f3n, en la que Jes\u00fas toma la iniciativa; la maternidad f\u00ed\u00adsica de Mar\u00ed\u00ada queda abolida por la muerte de Cristo y es sustituida por una maternidad de otro g\u00e9nero, la relativa a los disc\u00ed\u00adpulos de Cristo, comprendidos en el disc\u00ed\u00adpulo amado. El esquema de revelaci\u00f3n de Jn 19,25-27 proclama esta nueva maternidad de Mar\u00ed\u00ada; es la hija de Si\u00f3n, que engendra en el dolor en un solo d\u00ed\u00ada al nuevo pueblo (cf Is 66,7-8; Jn 16,21); es la Jerusal\u00e9n-madre de los hijos dispersos de Dios unificados en el templo de la persona de Cristo.<\/p>\n<p>b) Perfil espiritual de Mar\u00ed\u00ada. Lucas y Juan no se limitan a subrayar la participaci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada en la obra redentora de Cristo, sino que trazan su personalidad religiosa, que hace de ella la anticipaci\u00f3n perfecta de la Iglesia y la primera cristiana. Todas las dimensiones espirituales caracter\u00ed\u00adsticas de la l\u00ed\u00adnea m\u00ed\u00adstica de los pobres de Yahv\u00e9 en el Antiguo Testamento, y que ser\u00e1n canonizadas por las bienaventuranzas evang\u00e9licas, convergen en Mar\u00ed\u00ada y componen su retrato espiritual. Pobreza (Lc 1,48), servicio (Lc 1,38.48; Jn 2,5), temor de Dios (Lc 1,29.50), conciencia de su propia fragilidad (Lc 1,52), sentido de justicia (Lc 1,53), solidaridad con el pueblo de Dios (Lc 1,52-55), alegr\u00ed\u00ada (Lc 1,28.47), apertura y disponibilidad al plan divino (Lc 1,38.51), confianza en la realizaci\u00f3n de las promesas de Dios fiel y misericordioso (Lc 2,19; 2,51) demuestran la profunda religiosidad de Mar\u00ed\u00ada en sinton\u00ed\u00ada con la piedad b\u00ed\u00adblica veterotestamentaria. Al atribuir el Magn\u00ed\u00adficat a Mar\u00ed\u00ada, Lucas quiso levantar el velo que cubr\u00ed\u00ada sus sentimientos \u00ed\u00adntimos y el secreto de sus disposiciones: Mar\u00ed\u00ada espera al Salvador y la manifestaci\u00f3n del poder y de la bondad de Dios en la fe, disponibilidad, humildad, gratitud, gozo y esperanza. Su canto es el canto de los pobres, reunidos de todos los puntos de la historia b\u00ed\u00adblica, de todo el verdadero y espiritual Israel, heredero de las bendiciones mesi\u00e1nicas. A trav\u00e9s de varias alusiones (Zac 2,14; Ex 40,34-35; Sof 3,14-17; 4 Esd 9,45) se presenta a Mar\u00ed\u00ada como la hija de Si\u00f3n, el resto de la comunidad de Israel que ha llegado a la perfecci\u00f3n, dispuesto a acoger la alegr\u00ed\u00ada mesi\u00e1nica y a realizar la presencia salv\u00ed\u00adfica de Dios en la humanidad; es la Virgen de coraz\u00f3n nuevo, capacitada por el Esp\u00ed\u00adritu Santo para ofrecer a Dios el s\u00ed\u00ad total de la aceptaci\u00f3n y de la fe, en vano esperado del pueblo elegido.<\/p>\n<p>c) La alabanza de Mar\u00ed\u00ada y la acogida del disc\u00ed\u00adpulo. Adem\u00e1s de la presentaci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada como comprometida activamente en la salvaci\u00f3n y como modelo de vida espiritual, encontramos en Lucas y en Juan dos actitudes pr\u00e1cticas que todo cristiano est\u00e1 invitado a compartir. En primer lugar, la que expresan aquellas palabras prof\u00e9ticas de Mar\u00ed\u00ada: \u00abDesde ahora me llamar\u00e1n bienaventurada todas las generaciones\u00bb (Lc 1,48); esta exultaci\u00f3n se refiere \u00aba la singular alegr\u00ed\u00ada religiosa que siente el hombre por su participaci\u00f3n en la salvaci\u00f3n del reino de Dios\u00bb; la alabanza de los hombres a Mar\u00ed\u00ada es el reconocimiento de su elecci\u00f3n como instrumento de las grandes obras de Dios, quien desconcertando los c\u00e1lculos de los hombres, llam\u00f3 a Mar\u00ed\u00ada para ser Madre del Salvador. El pueblo de Dios, siguiendo el ejemplo de Isabel, inspirada por el Esp\u00ed\u00adritu Santo, proclamar\u00e1 bienaventurada a Mar\u00ed\u00ada y la llamar\u00e1 bendita, reconociendo en ella a la persona en donde Dios revela su poder y generosidad al escogerla entre todas las mujeres para una tarea salv\u00ed\u00adfica (cf Lc 1,42).<\/p>\n<p>A diferencia de las bendiciones del Antiguo Testamento (G\u00e9n 30,13; Mal 3,11; Jue 5,24; Jdt 13.18), la alabanza de Mar\u00ed\u00ada pertenece a los tiempos escatol\u00f3gicos definitivos, ya que est\u00e1 ligada a la irrupci\u00f3n del reino de Dios en el mundo.<\/p>\n<p>A la actitud de alabanza se a\u00f1ade la acogida de Mar\u00ed\u00ada como madre por parte del disc\u00ed\u00adpulo al que amaba Jes\u00fas: \u00abDesde aquel momento el disc\u00ed\u00adpulo la recibi\u00f3 consigo\u00bb (Jn 19,27). Sin lugar a dudas, este episodio no afectar\u00ed\u00ada a los fieles si se tratase de un gesto privado por parte de un disc\u00ed\u00adpulo para con la Madre de Jes\u00fas, que se hab\u00ed\u00ada quedado sola. Pero la escena descrita por Juan tiene un alcance salv\u00ed\u00adfico, mesi\u00e1nico, eclesial, universal; es una escena de revelaci\u00f3n \u00ed\u00adntimamente relacionada con la \u00abhora\u00bb. El disc\u00ed\u00adpulo tiene un significado tipol\u00f3gico representativo; es tomado en sentido absoluto como aquel que, por observar la palabra evang\u00e9lica, se encuentra en la esfera del amor del Padre y del Hijo (cf in 14,21). Pues bien, precisamente entre sus bienes, entre las cosas propias que le vienen del hecho de estar en comuni\u00f3n con Cristo, est\u00e1 el acoger en la fe a la madre, conforme a la \u00faltima voluntad del Maestro. Por tanto, la relaci\u00f3n con Mar\u00ed\u00ada forma parte del mensaje espiritual de Juan: los que escuchan la voz de Jes\u00fas y se hacen una sola cosa con \u00e9l en una fe madura y operante son invitados a dar cabida a Mar\u00ed\u00ada, aceptando su maternidad como don supremo de Cristo.<\/p>\n<p>Del panorama de la vida espiritual que describen los autores del Nuevo Testamento. se deduce que Mar\u00ed\u00ada no ocupa en \u00e9l un lugar central y preeminente; la ense\u00f1anza fundamental de la Sagrada Escritura intenta afianzar las actitudes b\u00e1sicas del cristiano en relaci\u00f3n con el Padre (reino de Dios), con el Hijo (vida en Cristo) y con el Esp\u00ed\u00adritu Santo (camino en el Esp\u00ed\u00adritu). Sin embargo, no se puede negar que Mar\u00ed\u00ada es objeto de una especial atenci\u00f3n e \u00abindiscutiblemente considerada aparte\u00bb (K. Barth); su tarea en la historia de la salvaci\u00f3n es \u00fanica y requiere una relaci\u00f3n directa con ella en la alabanza y en la acogida de fe de su funci\u00f3n maternal.<\/p>\n<p>El Congreso mariol\u00f3gico de Lisboa (1967) concluy\u00f3 que \u00aben la misma Escritura se contienen algunos g\u00e9rmenes de la veneraci\u00f3n a la Virgen. Esto se ve sobre todo en la frase prof\u00e9tica de Mar\u00ed\u00ada, transmitida por el evangelio de Lucas (1,48b). Esta veneraci\u00f3n tiene que entenderse en el sentido en que Isabel declar\u00f3 a Mar\u00ed\u00ada `bendita y bienaventurada&#8217;, por lo que a Mar\u00ed\u00ada hay que tributarle alabanzas, admiraci\u00f3n y obsequios. Por lo dem\u00e1s, lo que escribi\u00f3 Lucas debe considerarse no s\u00f3lo como un testimonio de Mar\u00ed\u00ada, sino tambi\u00e9n como una muestra de la primitiva veneraci\u00f3n a Mar\u00ed\u00ada de la primera iglesia&#8230; De otros textos del Nuevo Testamento se deduce c\u00f3mo era honrada Mar\u00ed\u00ada en la primitiva comunidad cristiana\u00bb. La vinculaci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada con la sida espiritual es impl\u00ed\u00adcita, pero presente y rica en consonancias y convergencias: si la vida cristiana es apertura al reino de Dios, Mar\u00ed\u00ada es la virgen pobre que se abre a \u00e9l totalmente y de manera ejemplar. Si es vida en Cristo, Mar\u00ed\u00ada es la creyente que participa en la obra salvadora del Se\u00f1or en un camino de fidelidad, de escucha y de perseverancia. Si es vida en el Esp\u00ed\u00adritu, Mar\u00ed\u00ada es la primera criatura sobre la que se derrama el Esp\u00ed\u00adritu de Dios para hacerla actuar con un coraz\u00f3n nuevo e impulsarla al testimonio de Cristo y a la alabanza por las intervenciones de Dios en la historia. Todo esto son g\u00e9rmenes de un desarrollo que la tradici\u00f3n ir\u00e1 llevando a cabo al correr de los siglos.<\/p>\n<p>III. Formas hist\u00f3ricas de espiritualidad mariana<br \/>\nSi consideramos la historia de la Iglesia, observamos que el culto a Mar\u00ed\u00ada es un fen\u00f3meno constante, de notable amplitud y vitalidad. Aunque conoci\u00f3 per\u00ed\u00adodos de crisis, desviaciones y oscurecimientos, lo super\u00f3 todo tomando nuevos br\u00ed\u00ados y buscando nuevas expresiones. En el per\u00ed\u00adodo patr\u00ed\u00adstico, el culto a la Madre de Dios se expresa en actitudes de veneraci\u00f3n, admiraci\u00f3n, alabanza. oraci\u00f3n confiada, imitaci\u00f3n. Con san Ildefonso de Toledo (t 667) se llega a una relaci\u00f3n de servicio permanente; con san Anselmo de Aosta (t 1109), a una teolog\u00ed\u00ada orante, y con san Bernardo (t 1153), a recurrir a Mar\u00ed\u00ada mediadora de la gracia y ayuda en las diversas fases de la vida espiritual. Hay que llegar a los ss. xvu-xlx, en el per\u00ed\u00adodo del movimiento mariano postridentino, para encontrar ciertas formas de devoci\u00f3n a la Virgen en las que la referencia a ella no es ocasional, sino permanente y estructural dentro de la trama de la vida cristiana. Ofrecen inter\u00e9s especial algunas formas de espiritualidad mariana por su perfecci\u00f3n e influencia.<\/p>\n<p>1. LA \u00abOBLATIO\u00bb DE LA CONGREGACI\u00ed\u201cN MARIANA &#8211; En 1563, el jesuita belga P. Leunis dio comienzo a la congregaci\u00f3n mariana, una asociaci\u00f3n de j\u00f3venes estudiantes del Colegio Romano (Roma). La devoci\u00f3n a Mar\u00ed\u00ada se inserta en el \u00e1mbito de la vida cristiana comprometida, expres\u00e1ndose en la oblatio, en la cual el congregante escoge a Mar\u00ed\u00ada como patrona, protectora y abogada y se declara siervo perpetuo suyo.<\/p>\n<p>La f\u00f3rmula de la oblatio es interpretada por los directores de las congregaciones como una \u00abconsagraci\u00f3n\u00bb al servicio de Mar\u00ed\u00ada (V\u00e9ron), o bien como \u00abuna entrega solemne e irrevocable\u00bb a ella, como acto de amor que resume cualquier otro acto de devoci\u00f3n (Poir\u00e9), o, finalmente, como un verdadero \u00abcontrato\u00bb que convierte al congregante en hijo adoptivo de la Virgen (Crasset). Los manuales de las congregaciones marianas presentan a Mar\u00ed\u00ada como modelo de perfecci\u00f3n e inculcan la imitaci\u00f3n, el amor filial y el servicio. A los congregantes se les ofrece una literatura mariana abundante, como los libros de Poir\u00e9. Binet, Barry y Crasset, en donde, al lado de los principios mariol\u00f3gicos fundamentales, que alcanzar\u00ed\u00adan merecido \u00e9xito, aparecen sentimentalismo y complicaciones que suscitar\u00e1n las cr\u00ed\u00adticas de Pascal. Las congregaciones marianas se difundieron r\u00e1pidamente, promoviendo una renovaci\u00f3n cristiana en los diversos sectores de la vida social.<\/p>\n<p>2. LA VIDA \u00abMARIFORME\u00bb DEL CARMELO &#8211; La orden carmelitana, adem\u00e1s de presentar a Mar\u00ed\u00ada como \u00abhermana\u00bb, t\u00ed\u00adtulo que encuentra algunas dificultades en el s.xvn por no creerse adecuado para expresar las relaciones con la Madre de Dios. ofrece una intensa experiencia mariana, descrita por Miguel de San Agust\u00ed\u00adn (t 1684) en su peque\u00f1o tratado Vita mariaeformis et mariana in Maria propter Mariam\u00bb. Esta vida mariana. tal como fue experimentada por Mar\u00ed\u00ada Petyt (sor Mar\u00ed\u00ada de santa Teresa. + 1677), es dif\u00ed\u00adcil de describir; por eso Miguel de San Agust\u00ed\u00adn recurre a un lenguaje simb\u00f3lico y m\u00ed\u00adstico: flujo-reflujo, aspiraci\u00f3n-respiraci\u00f3n, licuefacci\u00f3n-uni\u00f3n-transformaci\u00f3n. De todas formas, no es una segunda vida espiritual, sino una \u00abnueva manera\u00bb de vivir en Dios; lejos de ser un obst\u00e1culo, es una ayuda y un aguij\u00f3n, ya que \u00abel reino de Mar\u00ed\u00ada no es ni mucho menos contrario al de Jes\u00fas, sino que est\u00e1 ordenado totalmente a \u00e9l\u00bb (c. 5). La vida mariforme es vida conforme a la voluntad de Mar\u00ed\u00ada, ejecuci\u00f3n pronta y gozosa de cuanto complace a Dios y a Mar\u00ed\u00ada. La vida en Mar\u00ed\u00ada es conversaci\u00f3n filial, afectuosa e inocente del alma, una respiraci\u00f3n amorosa de Mar\u00ed\u00ada, madre super-amable y querida en Dios. La vida por Mar\u00ed\u00ada es compromiso de todas las energ\u00ed\u00adas para que Mar\u00ed\u00ada sea honrada y glorificada en todas las cosas y se promueva, realice y extienda el reino de su hijo Jes\u00fas. La vida mariforme y mariana alcanza su perfecci\u00f3n cuando el alma se ha dejado animar por el esp\u00ed\u00adritu de Mar\u00ed\u00ada hasta quedar transformada en ella. Sus fundamentos son la maternidad espiritual, a la que se responde en virtud del Esp\u00ed\u00adritu de Jes\u00fas con el sentimiento de amor filial: Ave Mater, y la singular uni\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada con Dios, que hace que la contemplaci\u00f3n de ella conduzca necesariamente a \u00e9l.<\/p>\n<p>Miguel de San Agust\u00ed\u00adn no piensa en pr\u00e1cticas especiales de devoci\u00f3n a Mar\u00ed\u00ada, sino s\u00f3lo en un flujo y reflujo de amor, que tiene un doble origen: \u00abSemejante disposici\u00f3n tiene sus or\u00ed\u00adgenes bien en la acci\u00f3n directa y espont\u00e1nea del Esp\u00ed\u00adritu de amor en el alma, bien en el h\u00e1bito adquirido por innumerables actos de conversaci\u00f3n amorosa con nuestra tierna Madre. Establecida en esta conversaci\u00f3n, el alma conserva un recuerdo constante y suave de esta Madre y una igual inclinaci\u00f3n hacia ella, casi de la misma manera como experimenta en todas sus obras la memoria de Dios llena de amor y de reverencia\u00bb (c. 2).<\/p>\n<p>Esta forma de espiritualidad, expresada en t\u00e9rminos de vida, no obtuvo mucha difusi\u00f3n, quiz\u00e1 debido a su orientaci\u00f3n m\u00ed\u00adstica y contemplativa; pero es un testimonio interesante de la percepci\u00f3n de la funci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada en la vida espiritual.<\/p>\n<p>3. LA CONSAGRACI\u00ed\u201cN O SANTA ESCLAVITUD A LA MADRE DE DIOS &#8211; Bajo el influjo de ciertos factores culturales del s. xvii. como la exaltaci\u00f3n real de Mar\u00ed\u00ada, el sentimiento de la trascendencia de Dios, la concepci\u00f3n pesimista del hombre, que gusta de anonadarse y someterse; la monarqu\u00ed\u00ada absoluta, que exige dependencia pasiva, etc., se difunde el uso de proclamarse esclavo de Mar\u00ed\u00ada. Frente a los abusos, los decretos de Roma toman posici\u00f3n condenando las asociaciones de los esclavos de Mar\u00ed\u00ada(1673, 1675) y toda actitud incompatible con la libertad humana y cristiana. Los autores espirituales del s. xvII, como B\u00e9rulle y Boudon, evitan esta perspectiva al presentar la \u00abesclavitud\u00bb como total entrega de amor que respeta el plan de Dios y compromete a una vida cristiana intensa: \u00abS\u00f3lo Dios es el fundamento de la esclavitud de la sant\u00ed\u00adsima Virgen&#8230; y el \u00fanico fin de esta devoci\u00f3n\u00bb. El que la abraza tiene que realizar obras de caridad, de culto y de cooperaci\u00f3n misionera, con plena libertad para cumplir sus propios deberes. La santa esclavitud consiste en una \u00absanta transacci\u00f3n que se hace con la Reina del cielo y de la tierra, consagr\u00e1ndole la propia libertad\u00bb. Es un \u00abcambio de toda nuestra vida y una renovaci\u00f3n de gracia\u00bb, en cuanto que uno se entrega a Mar\u00ed\u00ada sin reservas para pertenecer \u00fanicamente a Jes\u00fas; es compromiso total, sin m\u00e1s l\u00ed\u00admites que los que prescribe el Dios de infinita majestad. B\u00e9rulle la presenta de forma m\u00e1s profundamente cristoc\u00e9ntrica, como renovaci\u00f3n de los votos o promesas bautismales.<\/p>\n<p>A comienzos del s. xviii, san Luis Mar\u00ed\u00ada Gri\u00f1\u00f3n de Montfort (+1716), en su obra Tratado de la verdadera devoci\u00f3n a Mar\u00ed\u00ada (= VD), volver\u00e1 a presentar y perfeccionar\u00e1 la \u00abesclavitud de amor\u00bb, que consiste en una \u00abperfecta y completa consagraci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo a la sant\u00ed\u00adsima Virgen&#8230; o, en otras palabras, en una perfecta renovaci\u00f3n de los votos y promesas del santo bautismo\u00bb (VD 120). Intenta introducir en el catolicismo popular de su tiempo, que hab\u00ed\u00ada olvidado los compromisos bautismales, una devoci\u00f3n a Mar\u00ed\u00ada capaz de superar el criterio de las pr\u00e1cticas y de transformarse en una actitud interior y un modo de vivir responsablemente la vida cristiana. Para Montfort no se puede ser cristiano por poder, sino que hay que entregarse a Cristo voluntariamente y con conocimiento de causa (VD 126); la entrega a Mar\u00ed\u00ada se inserta en este proyecto, como elemento que \u00abnos conforma, nos une y nos consagra perfectamente a Jesucristo\u00bb (VD 120). Viviendo la consagraci\u00f3n a Mar\u00ed\u00ada, realizando las propias acciones por medio de ella. con ella, en ella y por ella (VD 257-265), se camina hacia la madurez espiritual, purificando el coraz\u00f3n de las tendencias ego\u00ed\u00adstas (VD 110, 223). asimilando el esp\u00ed\u00adritu y las virtudes de Mar\u00ed\u00ada (VD 108, 260) y uni\u00e9ndose con Dios (VD 164-165). En efecto, Mar\u00ed\u00ada, orientada esencialmente hacia los hombres con su maternidad espiritual (VD 30-36), no deja de estar \u00abcompletamente referida a Dios\u00bb (VD 225), introduce en la santa libertad de los hijos de Dios (VD 164, 169, 215), es \u00abcamino fiel y seguro para encontrar a Jesucristo\u00bb y ser transformados en \u00e9l (VI) 62, 152-167, 218-221) y para dejarse conducir por el Esp\u00ed\u00adritu Santo (VD 20, 34-36, 258-259). El Tratado de Montfort, escondido durante m\u00e1s de un siglo en el silencio de un ba\u00fal seg\u00fan la previsi\u00f3n prof\u00e9tica de su autor (VD 114) y encontrado en 1842, sostendr\u00e1 en muchos cristianos una espiritualidad comprometida, aunque suscite algunas reservas a prop\u00f3sito de ciertas expresiones, sobre todo por el t\u00e9rmino \u00abesclavitud\u00bb, utilizado para descubrir la consagraci\u00f3n a Mar\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>4. LA ALIANZA CON MAR\u00ed\u008dA &#8211; Es la forma presentada por G. J. Chaminade (+ 1850), fundador de los marianistas. Frente a la \u00abgran herej\u00ed\u00ada reinante\u00bb, o sea la indiferencia religiosa y el ate\u00ed\u00adsmo, Chaminade est\u00e1 convencido de que la devoci\u00f3n a Mar\u00ed\u00ada constituye un remedio eficaz, ya que impulsa a un nuevo compromiso apost\u00f3lico y de perfecci\u00f3n evang\u00e9lica. Pero no se limita a recomendar el culto \u00abprudente y sabio\u00bb a la Virgen, sino que desea inculcar una devoci\u00f3n perfecta, o sea una actitud constante de honor, de dependencia y de imitaci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada. Chaminade habla de consagraci\u00f3n, pero utiliza tambi\u00e9n la f\u00f3rmula original de \u00abalianza\u00bb con Mar\u00ed\u00ada, que incluye \u00abuna elecci\u00f3n, un compromiso, una uni\u00f3n\u00bb. Esta alianza es una de las notas m\u00e1s caracter\u00ed\u00adsticas de los marianistas, que se comprometen a ella con el voto de estabilidad. A Chaminade le debemos el libro El conocimiento de Mar\u00ed\u00ada (1841), donde el autor insiste en la maternidad espiritual de la Virgen: \u00abMar\u00ed\u00ada es nuestra madre no s\u00f3lo de adopci\u00f3n, sino sobre todo a t\u00ed\u00adtulo de generaci\u00f3n espiritual\u00bb. Por eso, \u00absi el penitente debe a Mar\u00ed\u00ada su conversi\u00f3n, el justo le debe la perseverancia en la justicia; todos los santos son su corona, ya que ella ha contribuido del modo m\u00e1s activo a hacerlos lo que son actualmente\u00bb. De ah\u00ed\u00ad brota una espiritualidad de hijos de Mar\u00ed\u00ada, que P. Neubert acentuar\u00e1 y difundir\u00e1 en su conocida obra Mi ideal, Jes\u00fas hijo de Mar\u00ed\u00ada (1933).<\/p>\n<p>5. VIVIR LA VIDA DE MAR\u00ed\u008dA &#8211; Esta expresi\u00f3n de J. C. Colin (+ 1875), fundador de los padres maristas, condensa toda una vida espiritual dif\u00ed\u00adcil de expresar. \u00abEl esp\u00ed\u00adritu de Mar\u00ed\u00ada -afirmaba con frecuencia- es una cosa muy delicada y profunda, que solamente se puede captar con una meditaci\u00f3n y una oraci\u00f3n sostenidas. Si se lo comprendiera debidamente, ser\u00ed\u00ada la vida del cielo en la tierra\u00bb. El texto de las constituciones de 1868 se esfuerza en describirlo: \u00abConsideren siempre con gran alegr\u00ed\u00ada que forman parte de la familia de la bienaventurada Mar\u00ed\u00ada, Madre de Dios&#8230; Por tanto, si son y desean ser hijos de esta excelsa Madre, tienen que sentirse inspirados por su esp\u00ed\u00adritu&#8230;; pensar como Mar\u00ed\u00ada, juzgar como Mar\u00ed\u00ada, sentir y actuar en todo como Mar\u00ed\u00ada\u00bb. Lo esencial de este texto es la identificaci\u00f3n con Mar\u00ed\u00ada como actitud permanente de vida, esto es, la idea de una imitaci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada que penetra hasta los movimientos m\u00e1s fundamentales del esp\u00ed\u00adritu. Colin subraya este aspecto, sin separar la imitaci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada de la de Cristo: \u00abTodos nuestros pensamientos, todos los movimientos de nuestro coraz\u00f3n, todos nuestros pasos han de ser dignos de nuestros augustos modelos. Vivamos de su vida, pensemos como ellos pensaron, juzguemos de las cosas como juzgaron ellos mismos. Nuestra uni\u00f3n con ellos mediante la oraci\u00f3n debe ser tal que no los perdamos nunca de vista\u00bb (Circular 1 de abril 1842). En particular, Colin se refiere a la presencia de Mar\u00ed\u00ada en la comunidad primitiva para sacar la conclusi\u00f3n de una participaci\u00f3n apost\u00f3lica en las grandes cosas que ella habr\u00e1 de realizar en los \u00faltimos tiempos: \u00abLa sant\u00ed\u00adsima Virgen sostuvo a la Iglesia naciente; ella ser\u00e1 tambi\u00e9n el sost\u00e9n de la Iglesia al final de los tiempos\u00bb (1872). Hoy los maristas expresan esta inspiraci\u00f3n en t\u00e9rminos de presencia, impregnaci\u00f3n, clima de vida: Mar\u00ed\u00ada es el tipo de comportamiento cristiano en una transparencia que no impide, sino que la sostiene, la b\u00fasqueda de la gloria del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>La b\u00fasqueda desde la que hemos de valorar el desarrollo de la relaci\u00f3n con Mar\u00ed\u00ada en la tradici\u00f3n eclesial, nos la indica la Marialis cultus: \u00abLa Iglesia, cuando considera la larga historia de la piedad mariana, se alegra comprobando la continuidad del hecho cultual, pero no se vincula a los esquemas representativos de las varias \u00e9pocas culturales ni a las particulares concepciones antropol\u00f3gicas subyacentes, y comprende c\u00f3mo algunas expresiones de culto, perfectamente v\u00e1lidas en s\u00ed\u00ad mismas. son menos aptas para hombres pertenecientes a \u00e9pocas y civilizaciones distintas\u00bb (MC 36). Por eso es menester verificar las formas de espiritualidad mariana a la luz de la palabra de Dios, mantener sus valores y aceptar sus invitaciones, prescindir de los elementos ligados a un distinto contexto cultural y llegar a una reestructuraci\u00f3n de la relaci\u00f3n cristiana con Mar\u00ed\u00ada que responda a la vida eclesial de nuestros d\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>IV. Reestructuraci\u00f3n de la relaci\u00f3n espiritual con Mar\u00ed\u00ada<br \/>\nTras el diagn\u00f3stico de la situaci\u00f3n actual, despu\u00e9s de haber confrontado la revelaci\u00f3n neotestamentaria con las formas hist\u00f3ricas de espiritualidad mariana, volvamos ahora al presente para reestructurar la relaci\u00f3n espiritual con Mar\u00ed\u00ada de manera que responda al plan de Dios y a las esperanzas de los hombres de nuestro tiempo. Creemos que son fundamentales algunas pistas de orientaci\u00f3n:<\/p>\n<p>1. CULTO A MAR\u00ed\u008dA ORG\u00ed\u0081NICAMENTE INSERTO EN LA VIDA ESPIRITUAL &#8211; Del examen de la palabra de Dios resulta la legitimidad y la exigencia de una relaci\u00f3n de alabanza y de acogida filial de Mar\u00ed\u00ada por parte de los fieles (cf Le 1,48; Jn 19,27). La tradici\u00f3n eclesial documenta c\u00f3mo la Iglesia fue tejiendo a trav\u00e9s de los siglos un encuentro cultual con la persona de la Virgen en una gama de variaciones dentro de una profundizaci\u00f3n teol\u00f3gica de su misterio. No es posible interrumpir la continuidad de este culto, ni \u00abprescindir de Mar\u00ed\u00ada en una vida que pretende ser cristiana, sin hacer injusticia al llamamiento de Dios, sin derogar el orden cristiano ni menospreciar las delicadas atenciones de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>Sin embargo, la revelaci\u00f3n neotestamentar\u00ed\u00ada presenta la vida cristiana ante todo como comuni\u00f3n con el Padre, con el Hijo y con el Esp\u00ed\u00adritu Santo en orden a la realizaci\u00f3n del reino de Dios en el mundo. De aqu\u00ed\u00ad se sigue que ninguna otra dimensi\u00f3n puede sobreponerse y afirmarse de tal modo que eclipse la estructura b\u00e1sica de la vida espiritual descrita por el Nuevo Testamento. Por eso, la relaci\u00f3n con Mar\u00ed\u00ada, presente de forma m\u00e1s bien reducida en el Nuevo Testamento, no puede desarrollarse en una l\u00ed\u00adnea unidireccional, sino solamente de modo org\u00e1nico.<\/p>\n<p>Por tanto, debe promoverse, pero s\u00f3lo dentro de un desarrollo global de toda la vida cristiana y respetando la jerarqu\u00ed\u00ada de valores; de lo contrario, se convertir\u00ed\u00ada en un fen\u00f3meno anormal, perder\u00ed\u00ada el sentido de las proporciones y reducir\u00ed\u00ada el espacio que es preciso dedicar a Dios y al pr\u00f3jimo. En vez de estructurar y enriquecer el culto mariano abri\u00e9ndolo a las otras dimensiones de la vida espiritual, seg\u00fan la tendencia postridentina imperante hoy, es preciso encuadrarlo en el fen\u00f3meno cristiano global. Una vez salvaguardados los valores esenciales del cristianismo, la relaci\u00f3n con Mar\u00ed\u00ada puede profundizarse sin peligro alguno. Por eso hay que sostener la orientaci\u00f3n actual de la espiritualidad, que apunta a la vida en Cristo y dentro de la cual tiene su sitio la actitud que hay que tomar respecto a Mar\u00ed\u00ada. Es una recuperaci\u00f3n de la perspectiva primitiva, cuando la comunidad apost\u00f3lica descubri\u00f3 a Mar\u00ed\u00ada como implicaci\u00f3n del misterio de Cristo y se abri\u00f3 a la alabanza de la Madre de Jes\u00fas; o bien, cuando la liturgia primitiva dio cabida a Mar\u00ed\u00ada en el contexto de la comuni\u00f3n de los santos, descubriendo en ella su presencia activa. En este contexto, la relaci\u00f3n con Mar\u00ed\u00ada es<br \/>\nuna consecuencia antes que una premisa del misterio de Cristo; el itinerario cristiano parte realmente de Cristo, centro vivo de la fe y del anuncio; encuentra en \u00e9l a Mar\u00ed\u00ada, a la Iglesia y al mundo y vive con \u00e9l en comuni\u00f3n con el Padre en la luz del Esp\u00ed\u00adritu. El camino se\u00f1alado por el lema \u00aba Jes\u00fas por Mar\u00ed\u00ada\u00bb (fig. 1) debe completarse e insertarse en una fase anterior, que parte de Cristo para abarcar todas la realidades, incluida Mar\u00ed\u00ada, la cual se convierte a su vez en camino para alcanzar no ya la uni\u00f3n con Cristo, que exist\u00ed\u00ada anteriormente, sino su profundizaci\u00f3n y un arraigo mayor (fig. 2).<\/p>\n<p>2. RELACI\u00ed\u201cN CON MAR\u00ed\u008dA VIVIDA ESPECIALMENTE EN LA LITURGIA &#8211; \u00abLa liturgia es la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y, al mismo tiempo, la fuente de donde mana toda su fuerza\u00bb (SC 10); en efecto, la liturgia actualiza a trav\u00e9s de los sacramentos el misterio pascual, en el que Cristo realiz\u00f3 la saltaci\u00f3n. En el contexto de la celebraci\u00f3n lit\u00fargica, que es la acci\u00f3n m\u00e1s santificante de la Iglesia (SC 9), la relaci\u00f3n con Mar\u00ed\u00ada no s\u00f3lo asume una eficacia santificadora, sino tambi\u00e9n la debida proporci\u00f3n y la recta finalidad. Las fiestas marianas tienen siempre un significado cristol\u00f3gico y eclesial, pues celebran la participaci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada en los misterios de la salvaci\u00f3n e indican a la Iglesia su vocaci\u00f3n (SC 103). Adem\u00e1s, como la liturgia sigue fielmente la taxis b\u00ed\u00adblica, que dirige la oraci\u00f3n al Padre por medio de Cristo en el Esp\u00ed\u00adritu (Ef 2.18), el culto a Mar\u00ed\u00ada desemboca en la adoraci\u00f3n trinitaria, evitando el peligro de sustituci\u00f3n de una persona de la Trinidad por la Virgen\u00bb.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de las fiestas marianas y del recuerdo de la Madre de Dios en los sacramentos y sacramentales, existe otro modo de entrar en relaci\u00f3n con ella en la liturgia: inspirarse en Mar\u00ed\u00ada \u00abcomo ejemplo de la actitud espiritual con que la Iglesia celebra y vive los divinos misterios\u00bb (MC 16). La referencia a Mar\u00ed\u00ada, tipo de la Iglesia, es funcional en orden a una celebraci\u00f3n participada, consciente y religiosa de la eucarist\u00ed\u00ada en sus principales momentos. En la liturgia de la palabra, Mar\u00ed\u00ada es ejemplo admirable de acogida, de meditaci\u00f3n y de productividad espiritual. En la oraci\u00f3n de los fieles, Mar\u00ed\u00ada es una propuesta orante de intercesi\u00f3n por las necesidades temporales, como en Can\u00e1; pero, sobre todo, de petici\u00f3n del don del Esp\u00ed\u00adritu, como en la Iglesia naciente. En el ofertorio, Mar\u00ed\u00ada nos ense\u00f1a a ofrecer a Dios nuestro ser (Rom 12,1) en sinton\u00ed\u00ada con ella,que \u00abse consagr\u00f3 totalmente a s\u00ed\u00ad misma, cual esclava del Se\u00f1or, a la persona y a la obra de su Hijo\u00bb (LG 56). En el prefacio o acci\u00f3n de gracias, la Virgen del Magnifica&#8217; nos precede en las alabanzas a Dios por las grandes cosas que ha hecho en la historia de la salvaci\u00f3n. En el memorial de la muerte y resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or, la memoria de Mar\u00ed\u00ada es estimulo para participar en el misterio pascual con su fe inquebrantable, para acoger la salvaci\u00f3n y aceptar seg\u00fan su ejemplo la misi\u00f3n que Cristo nos conf\u00ed\u00ada. Con Mar\u00ed\u00ada nos comprometemos a ser en la liturgia y en la vida el am\u00e9n a la palabra de Dios y a la obra de Cristo.<\/p>\n<p>3. IDENTIFICACI\u00ed\u201cN CON MAR\u00ed\u008dA Y LOS PROBLEMAS DE NUESTRO TIEMPO &#8211; La Marialis cultus contiene una afirmaci\u00f3n program\u00e1tica nueva y cargada de consecuencias: \u00abDeseamos subrayar que nuestra \u00e9poca, como las precedentes, est\u00e1 llamada a verificar su propio conocimiento de la realidad con la palabra de Dios y, para limitarnos al caso que nos ocupa, a confrontar sus concepciones antropol\u00f3gicas y los problemas que derivan de ellas con la figura de la Virgen, tal cual nos la presenta el Evangelio\u00bb (n. 37). Para que Mar\u00ed\u00ada \u00abpueda ser tomada como espejo de las esperanzas de los hombres de nuestro tiempo\u00bb, es necesario partir de la cultura actual, de su antropolog\u00ed\u00ada y de sus problemas, verific\u00e1ndola a la luz del mensaje evang\u00e9lico. Es tarea de las comunidades eclesiales encontrar nuevas formas expresivas de sus propias relaciones con la Madre del Se\u00f1or; a nosotros nos basta indicar algunas corrientes que caracterizan a nuestra cultura, radicalmente nueva y pluralista, y que ofrecen las bases para un replanteamiento antropol\u00f3gico del culto a Mar\u00ed\u00ada y para una recuperaci\u00f3n del significado de la figura de la Virgen en orden al itinerario espiritual de los cristianos de hoy. La intersecci\u00f3n y la sucesi\u00f3n continua de los movimientos cultuales desaniman en principio a todo el que quiera hacer una estructuraci\u00f3n definitiva; sin embargo, creemos que algunos elementos, sobre todo el existencialismo y la secularizaci\u00f3n, las filosof\u00ed\u00adas de la praxis y el marxismo, el estructuralismo y la antropolog\u00ed\u00ada cultural, han impregnado de tal forma la mentalidad y las costumbres de nuestro tiempo, que no puede librarse de su influjo ning\u00fan sector de la vida social, ni siquiera la relaci\u00f3n con Mar\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>a) Mar\u00ed\u00ada y el hombre, proyecto de libertad. El existencialismo y la secularizaci\u00f3n coinciden en el reconocimiento de la libertad humana y en la consideraci\u00f3n del hombre como persona responsable y aut\u00f3noma. El hombre es su proyecto y \u00abser\u00e1 lo que se haya hecho\u00bb (Sartre); ha llegado a la edad adulta, capaz de decidir como mayor de edad, libre finalmente de toda tutela. De aqu\u00ed\u00ad se sigue que la relaci\u00f3n con Mar\u00ed\u00ada tiene que tomar en serio el valor de la persona, centro de decisi\u00f3n y constructora de su propio destino; las formas del pasado que expresan ciertos valores en t\u00e9rminos de abandono, imitaci\u00f3n y dependencia tienen escasas posibilidades de audiencia en el hombre de hoy, que quiere evitar toda delegaci\u00f3n para asumir sus propias responsabilidades y salvar su propio proyecto original. La figura de Mar\u00ed\u00ada se recupera como modelo de inspiraci\u00f3n en un clima de comuni\u00f3n: \u00abHonramos a los santos y a la sant\u00ed\u00adsima Virgen, no con un culto de esclavitud y sumisi\u00f3n (en realidad somos libres respecto a todos los dem\u00e1s y dependemos solamente de Dios en el orden de la religi\u00f3n), sino que `los honramos&#8217; -dice san Ambrosio- con un honor de caridad y de sociedad fraterna\u00bb&#8216;\u00bb. En la pluralidad de modelos en que puede reflejarse la Iglesia (desde su arquetipo supremo, que es Cristo, hasta los dem\u00e1s personajes de la historia de la salvaci\u00f3n, como Pedro, Juan Bautista, Rahab, los ap\u00f3stoles, el disc\u00ed\u00adpulo amado&#8230;), Mar\u00ed\u00ada es el tipo que condensa la m\u00e1s \u00ed\u00adntima esencia teologal y m\u00ed\u00adstica de la Iglesia\u00bb. No ya la imitaci\u00f3n literal de lo que hizo Mar\u00ed\u00ada, sino el aspecto central de su espiritualidad es lo que ha de asimilarse (la identificaci\u00f3n, a diferencia de la imitaci\u00f3n, es asimilaci\u00f3n de los comportamientos profundos). Seg\u00fan el evangelio, la Virgen fue tratada por Dios como una \u00ablibertad\u00bb que se realiza respondiendo responsablemente a sus signos y madurando en la reflexi\u00f3n una actitud de fe-entrega (Lc 1,26-38). Mar\u00ed\u00ada lleva a cabo un itinerario de fe que conoce dificultades, pruebas, pasos a niveles m\u00e1s maduros en contacto con Cristo y en la experiencia del Esp\u00ed\u00adritu. La figura evang\u00e9lica de la Virgen es un est\u00ed\u00admulo a hacer en la fe una opci\u00f3n fundamental y a ser as\u00ed\u00ad din\u00e1micamente fieles hasta el fin. El culto no debe distanciarla en una zona de omniperfecci\u00f3n a medio camino entre Cristo y la Iglesia, sino que ha de reconocerla como la primera cristiana,que se autorrealiza en la adhesi\u00f3n a la palabra de Dios, como peregrina de fe en un largo y dif\u00ed\u00adcil proceso de maduraci\u00f3n. Por eso mismo, en el Apocalipsis se presenta Mar\u00ed\u00ada como s\u00ed\u00admbolo del parto doloroso que realiza cada cristiano para pasar de un conocimiento inicial a una experiencia m\u00e1s profunda de Cristo\u00bb.<\/p>\n<p>b) Mar\u00ed\u00ada y la conversi\u00f3n a la historia. El pensamiento marxista, centrado en la praxis y dirigido a la transformaci\u00f3n del mundo, ha contribuido a la recuperaci\u00f3n de la dimensi\u00f3n hist\u00f3rica del cristianismo'\u00bb. No se trata solamente de volver al pasado y a sus acontecimientos salv\u00ed\u00adficos, sino tambi\u00e9n de convertirse a la historia, que hay que construir mediante un programa de acci\u00f3n y una presencia operativa en el mundo. La b\u00fasqueda de la ortodoxia como conjunto de verdades y la fuga del mundo se acompa\u00f1a o se sustituye por el culto espiritual que se rinde a Dios con el don de uno mismo en la vida cotidiana (cf Rom 1,12; Flp 4,18; Sant 1,27; Mt 5.23-24; 9,13; 12,7). Se ha superado el riesgo de considerar la religi\u00f3n como opio y evasi\u00f3n de la historia, para empe\u00f1arse en la realizaci\u00f3n ya en este mundo del reino de Dios, que tendr\u00e1 su cumplimiento en la edad futura. Frente a la actual situaci\u00f3n hist\u00f3rica de violencia institucionalizada, de miseria de tantas capas sociales y de desigualdades injustas, la Iglesia toma conciencia de que ya no es posible una actitud neutral o de alianza con los poderes opresivos y que es preciso asumir una tarea de liberaci\u00f3n, de promoci\u00f3n humana y de realizaci\u00f3n de la utop\u00ed\u00ada cristiana.<\/p>\n<p>En el \u00e1mbito de este programa eclesial, Mar\u00ed\u00ada est\u00e1 al lado de Cristo libertador (Lc 4,16-21) como una figura estimulante de liberaci\u00f3n. El c\u00e1ntico del Magn\u00ed\u00adficat, que es una profunda meditaci\u00f3n de la historia, se alza como expresi\u00f3n perfecta de la espiritualidad de la liberaci\u00f3n [>Liberaci\u00f3n II, 8]: alegr\u00ed\u00ada y acci\u00f3n de gracias por la acci\u00f3n de Dios, que libera a los oprimidos y humilla a los poderosos; solidaridad con los pobres, esperanza activa en la transformaci\u00f3n del mundo con vistas a la alianza (cf Lc 1,46-55). El cristiano que mira a Mar\u00ed\u00ada no puede ser c\u00f3mplice de las injusticias del mundo, ni limitarse a dirigirle alabanzas y oraciones, sino que tiene que aceptar al Dios de los pobres y comprometerse en un amor pol\u00ed\u00adtico para con ellos, a fin de contribuir a la liberaci\u00f3n del mundo de todas las injusticias. En particular, Mar\u00ed\u00ada, la mujer escogida por Dios para realizar la gran obra de la encarnaci\u00f3n redentora, invita a deponer los prejuicios injustos sobre la mujer, que le cierran el camino de una participaci\u00f3n y responsabilidad plena en los diversos sectores de la vida social y eclesial.<\/p>\n<p>La figura de Mar\u00ed\u00ada, a la que siempre se le ha reconocido un super\u00e1vit de realidad cristiana (inmaculada, llena de gracia, asunta), personifica tambi\u00e9n la utop\u00ed\u00ada del reino, esto es, del proyecto salv\u00ed\u00adfico de Dios, que tiende a la construcci\u00f3n de una comunidad humana animada por el Esp\u00ed\u00adritu, principio de amor, de comuni\u00f3n, de fraternidad, de justicia y libertad (cf Rom 14,17; G\u00e1l 5,1-3). Mar\u00ed\u00ada es la virgen de coraz\u00f3n nuevo, la criatura abierta al Esp\u00ed\u00adritu para que pueda nacer la cabeza de la nueva humanidad y se establezca en el mundo el reino divino que no tendr\u00e1 fin (cf Lc 1,33); es la madre de Jes\u00fas presente en la primera comunidad eclesial (He 1,14), donde germina en el Esp\u00ed\u00adritu el esbozo maravilloso de una vida en la uni\u00f3n cordial, en la oraci\u00f3n, en la comunidad de bienes. Como Mar\u00ed\u00ada, el cristiano se renueva en la disponibilidad al Esp\u00ed\u00adritu para obrar creativamente promoviendo una animaci\u00f3n cristiana de la realidad social.<\/p>\n<p>c) Mar\u00ed\u00ada y el camino hacia la madurez. El estructuralismo y la antropolog\u00ed\u00ada cultural, como reacci\u00f3n al existencialismo, que subrayaba excesivamente la originalidad y la libertad del individuo, han puesto de relieve \u00abla estructura inconsciente que subyace a toda instituci\u00f3n y a toda costumbre\u00bb . Esta ser\u00ed\u00ada la mente colectiva de la sociedad, responsable de los mitos y de la formaci\u00f3n de las estructuras sociales, que permanece id\u00e9ntica en el cambio de las formulaciones m\u00faltiples. El culto mariano no se libra de esta ley; no es un fen\u00f3meno nuevo m\u00e1s que en su identidad emp\u00ed\u00adrica; en realidad ser\u00ed\u00ada una concreci\u00f3n hist\u00f3rico-cultural del arquetipo femenino y una repetici\u00f3n del mito de la gran Madre, que lo acapara y abarca todo. Excluyendo la aceptaci\u00f3n de un estructuralismo r\u00ed\u00adgido, que se\u00f1alar\u00ed\u00ada el fin del hombre libre, sus sugerencias resultan oportunas para no transformar la relaci\u00f3n con Mar\u00ed\u00ada en una especie de adoraci\u00f3n de la \u00abreina del cielo\u00bb (cf Jer 7,18; 44,17-19), seg\u00fan un m\u00f3dulo recibido tambi\u00e9n del paganismo, Precisamente por su conexi\u00f3n con la estructura subyacente inconsciente, el culto mariano posee un car\u00e1cter de ambig\u00fcedad que se neutraliza con la referencia continua a la palabra de Dios y a la figura de Mar\u00ed\u00ada tal como nos la presentada revelaci\u00f3n: fiel adoradora de Dios, disc\u00ed\u00adpula del Se\u00f1or, madre del disc\u00ed\u00adpulo que ha llegado a una \u00ed\u00adntima comuni\u00f3n con Cristo, miembro de la comunidad orante que implora al Esp\u00ed\u00adritu creador de la novedad cristiana.<\/p>\n<p>De forma parecida, la psicolog\u00ed\u00ada de lo profundo manifiesta que el vinculo primordial con la madre marca definitivamente la psique del hijo y representa uno de sus vectores esenciales. \u00abNo debe considerarse en modo alguno como signo de inmadurez o como residuo perjudicial la permanencia de los valores afectivos que la imagen maternal ha impreso en el psiquismo humano; pero no es menos cierto que, sin llegar a lo puramente patol\u00f3gico, el predominio de la imagen materna puede constituir un r\u00e9gimen afectivo cultural y religioso que resiste al progreso de la personalidad\u00bb. La relaci\u00f3n con la madre, que es la condici\u00f3n fundamental de la estructuraci\u00f3n de la personalidad, pasa por una fase infantil y una fase adulta. En la primera se da una relaci\u00f3n de dependencia de una madre omnipotente, que prolonga en el hijo su espacio existencial, lo previene todo y da gratuitamente el bien en vez de hacerlo conquistar; en la fase adulta, el hijo sale de la tutela maternal para realizar su identidad y crecer personalmente; no suprime los v\u00ed\u00adnculos con la madre, pero establece con ella una relaci\u00f3n distinta, no de obediencia, sino de paridad. La investigaci\u00f3n psicol\u00f3gica ha descubierto en el curso de los siglos la elaboraci\u00f3n infantil de una imagen de Mar\u00ed\u00ada como madre omnipotente y mujer perfecta, idealizada como modelo inalcanzable en donde buscar refugio. Una imagen m\u00e1s en consonancia con la presentaci\u00f3n evang\u00e9lica de Mar\u00ed\u00ada es la de una madre que cree en el misterio de la vida, que es crecimiento; ella acepta que la vida corra en direcci\u00f3n imprevisible, deja que parta el hijo para la predicaci\u00f3n, ve c\u00f3mo lo arrancan de sus manos y lo crucifican, se une luego a los ap\u00f3stoles y permanece con ellos44. No fue una madre posesiva y celosamente replegada sobre su hijo, sino una \u00abmujer que con su acci\u00f3n favoreci\u00f3 la fe de la comunidad apost\u00f3lica en Cristo (cf in 2,1-12) y cuya funci\u00f3n maternal se dilat\u00f3, asumiendo en el Calvario dimensiones universales\u00bb (MC 37). Por tanto, hay que mirar a Mar\u00ed\u00ada para encontrar en ella est\u00ed\u00admulos de crecimiento, superando las posturas infantiles. La identificaci\u00f3n incluye una elaboraci\u00f3n personal en el clima de la libertad de los hijos de Dios; esto significa inspirarse en Mar\u00ed\u00ada para realizar cosas distintas en una situaci\u00f3n hist\u00f3rica nueva. El infantilismo se supera no s\u00f3lo con un comportamiento maduro, basado en el discernimiento, sino tambi\u00e9n descubriendo el ser relaciona) de la Virgen, esencialmente orientada a Dios y a la Iglesia. Lejos de detenerlos en s\u00ed\u00ad misma, Mar\u00ed\u00ada orienta a los fieles hacia una actitud de colaboraci\u00f3n con Cristo (cf Jn 2,5) y los dirige hacia la fuente de su vocaci\u00f3n y de su gracia, al Omnipotente, cuyo nombre es santo (cf Le 1,49).<\/p>\n<p>4. RENOVACI\u00ed\u201cN E IMPULSO CREATIVO EN LAS FORMAS EXPRESIVAS &#8211; Las diversas expresiones de culto mariano elaboradas en las diferentes \u00e9pocas de la historia dif\u00ed\u00adcilmente pueden transmitirse sin cambio a nuestro tiempo, ya que est\u00e1n ligadas a concepciones antropol\u00f3gicas y a esquemas representativos distintos de los actuales. Esas formas de oraci\u00f3n y de alabanza mariana, sobre todo las m\u00e1s difundidas, como el rosario, no deben arrinconarse, porque contienen valores muy preciosos en el orden espiritual, capaces de sostener el camino cristiano. Pero tienen que renovarse mediante una investigaci\u00f3n hist\u00f3rica que discierna la inspiraci\u00f3n original con sus elementos v\u00e1lidos y elimine las a\u00f1adiduras que las embarazan; se necesita, adem\u00e1s, que armonicen con la liturgia y atiendan a las exigencias de la cultura contempor\u00e1nea. Aplicando estos principios al rosario\u00bb, su renovaci\u00f3n consiste en encontrar de nuevo su car\u00e1cter de oraci\u00f3n mariana esencialmente centrada en la contemplaci\u00f3n de los acontecimientos salv\u00ed\u00adficos, en hacerlo m\u00e1s b\u00ed\u00adblico valorizando los textos de la Escritura y ampliando la serie de misterios evang\u00e9licos, como hace la liturgia, y suprimiendo la disociaci\u00f3n entre palabra y pensamiento (Mauriac), volviendo al uso de las cl\u00e1usulas cristol\u00f3gicas a\u00f1adidas por Domingo de Prusia (t 1461) al final de la primera parte del Avemar\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>La misma reflexi\u00f3n vale para las formas de espiritualidad mariana que aparecieron a partir del s. XVII y que constituyen un carisma ofrecido a la Iglesia. Tomemos, por ejemplo, la que est\u00e1 m\u00e1sestructurada y m\u00e1s difundida en nuestra \u00e9poca, la consagraci\u00f3n monfortiana a Cristo por medio de Mar\u00ed\u00ada \u00ab. Habiendo surgido en el s. xvIl, es l\u00f3gico que se expresara en el lenguaje y seg\u00fan la teolog\u00ed\u00ada y la cultura de aquella \u00e9poca; es necesario reinterpretarla revisando sus fundamentos, su contenido y su presentaci\u00f3n, y eliminando los elementos caducos, gastados o inadecuados. Las intuiciones fundamentales de Montfort que hay que conservar son: la consagraci\u00f3n a Cristo mediante Mar\u00ed\u00ada como maduraci\u00f3n de la gracia bautismal (VD 120), respuesta a la inserci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada en la historia de la salvaci\u00f3n seg\u00fan el plan divino (VD 14-39), entrega total en un compromiso personal, consciente y responsable (VD 70, 73, 126-127, 135, 168), medio para un encuentro m\u00e1s \u00ed\u00adntimo y perseverante con Cristo (VD 61, 120, 152), para una experiencia de la paternidad de Dios (VD 213-225) y para una apertura al Esp\u00ed\u00adritu (VD 20, 34-36, 43, 164, 217). Estos aspectos deben valorarse y desarrollarse en una perspectiva antropol\u00f3gica, cristoc\u00e9ntrica, lit\u00fargica y social: a) el don de s\u00ed\u00ad ha de insertarse en el dinamismo de la persona humana, que no se realiza m\u00e1s que en el amor oblativo; b) dejando bien sentado que en sentido riguroso la consagraci\u00f3n se dirige s\u00f3lo a Cristo\u00bb, la entrega a Mar\u00ed\u00ada se convierte en ayuda y en est\u00ed\u00admulo para vivir la opci\u00f3n cristiana fundamental y ejercitar las funciones sacerdotal, prof\u00e9tica y real, que derivan del bautismo; c) como la consagraci\u00f3n es un modo de vivir fielmente la alianza con Dios, debe relacionarse con la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica, en la que encuentra su cima esa alianza. La formulaci\u00f3n de tipo privado deber\u00ed\u00ada ceder el puesto a una formulaci\u00f3n de car\u00e1cter eclesial, explicitando el hecho de que la Iglesia misma est\u00e1 llamada a consagrarse a Dios seg\u00fan el modelo de la Virgen. Es indispensable su relaci\u00f3n con la renovaci\u00f3n solemne de las promesas bautismales que se hace en la vigilia pascual, centro del a\u00f1o lit\u00fargico; d) el aspecto asc\u00e9tico-m\u00ed\u00adstico de la vida de consagraci\u00f3n debe compaginarse con el aspecto social y apost\u00f3lico. En la Biblia la consagraci\u00f3n se hace siempre en funci\u00f3n de una misi\u00f3n; la esclava del Se\u00f1or invita a cooperar en la salvaci\u00f3n del mundo y a animarlo con el esp\u00ed\u00adritu evang\u00e9lico.<\/p>\n<p>Finalmente, nuestro tiempo, como las \u00e9pocas pasadas, tiene que expresar la relaci\u00f3n con Mar\u00ed\u00ada en formas que sintonicen con su cultura y procedan de unimpulso creativo. Ya se anuncian nuevas oraciones a Mar\u00ed\u00adas y nuevos modos de celebrarla a la luz de la palabra de Dios (MC 51); para que estos intentos repercutan realmente en la espiritualidad moderna, se deber\u00ed\u00adan tener en cuenta algunas indicaciones que nos parecen oportunas: a) la oraci\u00f3n, para no ser evasi\u00f3n de la vida, tiene que partir de los problemas de nuestro tiempo. El Magnficat nos ofrece un ejemplo espl\u00e9ndido de oraci\u00f3n b\u00ed\u00adblica, fruto de una conciencia hist\u00f3rica y comunitaria, basada en el factor tiempo (acci\u00f3n de gracias por el presente, memoria laudativa del pasado, s\u00faplica impl\u00ed\u00adcita del porvenir); b) hay que referirse a Mar\u00ed\u00ada en un contexto de comuni\u00f3n y con la intenci\u00f3n de captar el significado existencial de su vida; c) hay que dar m\u00e1s espacio a la inventiva y a la participaci\u00f3n, en contra de todo formulismo y artificio. Aqu\u00ed\u00ad es donde podr\u00ed\u00ada aportar una contribuci\u00f3n muy v\u00e1lida la piedad popular con su espontaneidad, creatividad, sentimiento y sentido de la fiesta.<\/p>\n<p>V. Conclusi\u00f3n: presencia eficaz de Mar\u00ed\u00ada en el itinerario cristiano<br \/>\nLe corresponde a nuestra \u00e9poca el gozo de descubrir la presencia de Mar\u00ed\u00ada en la historia de la salvaci\u00f3n y de responder a ello con una actitud de admiraci\u00f3n, alabanza y comuni\u00f3n, en continuidad con la palabra de Dios (Lc 1,42-45.48) y con la tradici\u00f3n eclesial. Es tarea de las comunidades eclesiales de hoy no abolir o silenciar el culto a Mar\u00ed\u00ada, ni tampoco dejarlo languidecer en un perezoso inmovilismo, sino insertarlo m\u00e1s org\u00e1nicamente en el \u00fanico culto cristiano, renovar sus formas, sujetas al desgaste de los tiempos, purificarlo de contaminaciones y darle un nuevo vigor creador. Como todas las relaciones vitales, la relaci\u00f3n con Mar\u00ed\u00ada va evolucionando con el ritmo de la historia, en constante fidelidad a la palabra de Dios y a las exigencias de los hombres de nuestro tiempo, y sigue todav\u00ed\u00ada manifestando una notable eficacia en orden a la vida espiritual, ofreciendo \u00abuna ayuda poderosa para el hombre en camino hacia la conquista de su plenitud\u00bb (MC 57).<\/p>\n<p>En el itinerario del cristiano, la relaci\u00f3n con Mar\u00ed\u00ada se impone como un imperativo de la fe (LG 67), pero tambi\u00e9n como un elemento de santificaci\u00f3n y est\u00ed\u00admulo para el compromiso y la esperanza. En efecto, esa relaci\u00f3n promueve los objetivos de toda aut\u00e9ntica acci\u00f3n pastoral: liberar del pecado, ayudar a la asimilaci\u00f3n de las actitudes evang\u00e9licas, sostener el crecimiento en la amistad con Dios.<\/p>\n<p>La vida de comuni\u00f3n con Mar\u00ed\u00ada exige en primer lugar la superaci\u00f3n del propio ego\u00ed\u00adsmo, que es la ra\u00ed\u00adz de todo pecado personal y estructural. \u00abElla, la libre de pecado, conduce a sus hijos a esto: a vencer con en\u00e9rgica determinaci\u00f3n el pecado\u00bb (MC 57); la historia de las conversiones documenta abundantemente esta fuerza liberadora de la figura de Mar\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, la Virgen atrae a los fieles tras la estela de su santidad, llev\u00e1ndoles a asimilar las s\u00f3lidas virtudes evang\u00e9licas practicadas por ella en el contexto de una espiritualidad b\u00ed\u00adblica de acogida y de adoraci\u00f3n de Dios, de lectura prof\u00e9tica de la historia y de compromiso activo por la salvaci\u00f3n de los hermanos.<\/p>\n<p>Finalmente, la \u00abllena de gracia\u00bb (Lc 1,28), a la que Dios dirigi\u00f3 su mirada amorosa, provoca a los cristianos a \u00abhonrar en s\u00ed\u00ad mismos el estado de gracia, esto es, la amistad con Dios, la comuni\u00f3n con \u00e9l, la inhabitaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (MC 57), a dejarse invadir por la fuerza transformadora de este Esp\u00ed\u00adritu para ser art\u00ed\u00adfices, junto con Cristo hombre nuevo, de la nueva humanidad. Como \u00abhermana nuestra\u00bb y al mismo tiempo \u00abgloria que ennoblece a todo el g\u00e9nero humano\u00bb, Mar\u00ed\u00ada orienta el itinerario del hombre hacia su logro integral en el compromiso hist\u00f3rico y en la alianza de amor con Dios, convirti\u00e9ndose en un mensaje de optimismo, de esperanza y de vida. En ella el cristiano encuentra un espejo para volver a conquistar su identidad y para acortar la distancia existente entre su realidad y el proyecto de Dios sobre \u00e9l. Acoger a Mar\u00ed\u00ada en nuestra vida sigue siendo, por consiguiente, una se\u00f1al de apertura a un don de Dios, ofrecido a los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas para reforzar y hacer cada vez m\u00e1s maduro y perseverante su amor hacia \u00e9l.<\/p>\n<p>S. de Fiores<\/p>\n<p>BIBL.-AA. VV., Enciclopedia mariana pos-conciliar, Coculsa, Madrid 1975.- AA. VV., :Mar\u00ed\u00ada de Nazaret, \u00bfqui\u00e9n eres?, Ed. de Espiritualidad, Madrid 1977.-AA. VV., Mar\u00ed\u00ada y el Esp\u00ed\u00adritu Santo, Coculsa. Madrid 1977.-Amigo, L. Celebraciones del misterio de Mar\u00ed\u00ada, PPC, Madrid 1982.-Boli, L. El rostro materno de Dios, Paulinas, Madrid 1980.-Boff. 1., El ave-mar\u00ed\u00ada. Lo femenino y el Esp\u00ed\u00adritu Santo, Sal Terrae, Santander 1982.&#8211;Carretto. C. Dichosa t\u00fa que has cre\u00ed\u00addo, Paulinas. Madrid 1981.-Casald\u00e1liga, P. M. Nuestra Se\u00f1ora del siglo XX, PPC. Madrid 1962.-Deiss, L, Mar\u00ed\u00ada, hija de Si\u00f3n, Cristiandad. Madrid 1964.-Flores Santana. J. A, La Virgen Mar\u00ed\u00ada en el ndsterio de Cristo y de la Iglesia, La Vega (Rep. Dominicana) 1978.-Hualde, A. C, Mar\u00ed\u00ada, mujer de la tierra, Paulinas, Bogot\u00e1 1977.-Larra\u00f1aga, I. El silencio de Mar\u00ed\u00ada, Paulinas, Madrid 1978.-Mac Ilugh, H, La madre de Jes\u00fas en el Nuevo Testamento, Descl\u00e9e. Bilbao 1979.-Matell\u00e1n. S. Presencia de Mar\u00ed\u00ada en la experiencia m\u00ed\u00adstica, Coculsa, Madrid 1962.-Paeios, A, Madre de Dios y madre nuestra, Acervo. Barcelona 1977.-P\u00e9rez N\u00fa\u00f1ez. P. Celebraciones de la Pirgen Mar\u00ed\u00ada, PPC, Madrid 1976.-Sehneider, P. La Virgen Mar\u00ed\u00ada en la poes\u00ed\u00ada, Guadalupe, B. Aires 1961.-Van Kessel, J, El desierto canta a Mar\u00ed\u00ada, 2 vols., Ed. Mundo, Santiago de Chile 1976.<\/p>\n<p>S. de Fiores &#8211; T. Goffi &#8211; Augusto Guerra, Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Ediciones Paulinas, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Espiritualidad<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: A) MAR\u00ed\u008dA EN EL AT: I. Mar\u00ed\u00ada, heredera de la fe de Israel en el Sina\u00ed\u00ad: 1. El \u00abs\u00ed\u00ad\u00bb de la alianza en el Sina\u00ed\u00ad; 2. El \u00abs\u00ed\u00ad\u00bb de Mar\u00ed\u00ada en la anunciaci\u00f3n yen Can\u00e1. II. Mar\u00ed\u00ada, arca de la nueva alianza: 1. \u00abAlianza\u00bb y \u00abarca\u00bb en el AT; 2. El seno de Mar\u00ed\u00ada, tabern\u00e1culo de Dios. III. Mar\u00ed\u00ada, personificaci\u00f3n de Jerusal\u00e9n: 1. \u00abHija de Si\u00f3n\u00bb: a) Origen y sentido de un t\u00ed\u00adtulo, b) Aplicaci\u00f3n mariana; 2. Jerusal\u00e9n, madre universal: a) La doctrina del AT, especialmente en los profetas, b) Relectura mariana. IV. Desde Israel, pueblo de la \u00abmemoria\u00bb; hasta Mar\u00ed\u00ada, que \u00ablo conserva todo en el coraz\u00f3n\u00bb: 1. La \u00abmemoria\u00bb en el AT: a) Memoria y sabidur\u00ed\u00ada, b) Memoria y actualizaci\u00f3n, c) Memoria en la hora del sufrimiento; 2. Actualizaci\u00f3n mariana. V. Mar\u00ed\u00ada \u00abprof\u00e9ticamente bosquejada \u00aben el AT: 1. Isa 7:14 : contexto original; 2. Interpretaci\u00f3n mateana; 3. Miq 5:2 : contexto original; 4. Relectura mariana; 5. G\u00e9n 3:15 : contexto original; 6. Relectura neotestamentaria en Ap 12: a) \u00bfQui\u00e9n es la \u00abmujer vestida de sol&#8217;?, b) \u00bfQueda sitio tambi\u00e9n para Mar\u00ed\u00ada en la \u00abmujer\u00bb de Ap 12? VI. Conclusi\u00f3n.<\/p>\n<p>B) MAR\u00ed\u008dA EN EL NT: 1. Introducci\u00f3n. II. Preparaci\u00f3n a la encarnaci\u00f3n: 1. \u00abLlena de gracia\u00bb (Lev 1:28); 2. El deseo de permanecer virgen (Lev 1:34). III. Madre de Jes\u00fas y virgen: 1. El anuncio a Mar\u00ed\u00ada (Lev 1:26-38): a) Maternidad mesi\u00e1nica y divina, b) Maternidad virginal; 2.El anuncio a Jos\u00e9 (Mat 1:18-25); 3. Concepci\u00f3n y parto virginal del Hijo de Dios (Jua 1:13). IV. La madre del Mes\u00ed\u00adas: 1. La visitaci\u00f3n: Mar\u00ed\u00ada, arca de la alianza (Lev 1:39-56); 2. Mar\u00ed\u00ada en el templo (Lev 2:22-40.41-52). V. Esposa de las bodas mesi\u00e1nicas en Can\u00e1 (Jua 2:1-12). VI. Mar\u00ed\u00ada y la Iglesia: 1. La madre de los disc\u00ed\u00adpulos: Mar\u00ed\u00ada, Iglesia naciente (Jua 19:25-27); 2. La \u00abmujer\u00bb del Apocalipsis (Jua 12:1-18), imagen de la Iglesia. VII. Conclusi\u00f3n.<\/p>\n<p>A) MAR\u00ed\u008dA EN EL AT. La persona y la misi\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada, madre de Jes\u00fas, est\u00e1n prefiguradas de varias maneras en el AT. Para verificar esta afirmaci\u00f3n, tomaremos como gu\u00ed\u00ada a los autores del NT. En efecto, fueron ellos los primeros que vislumbraron la figura de la Virgen en las personas y en las instituciones de la antigua alianza.<br \/>\nAdoptando este criterio hermen\u00e9utico se obtienen m\u00faltiples resultados, que convergen todos ellos en considerar a Mar\u00ed\u00ada como el cumplimiento de Israel en camino hacia el mes\u00ed\u00adas redentor.<\/p>\n<p>A lo largo de la presente voz pondremos de relieve la manera en que Mateo, Lucas y Juan releyeron en clave mariana diversas p\u00e1ginas del AT.<\/p>\n<p>I. MAR\u00ed\u008dA, HEREDERA DE LA FE DE ISRAEL EN EL SINA\u00ed\u008d. 1. EL \u00abs\u00ed\u00ad\u00bb DE LA ALIANZA EN EL SINA\u00ed\u00ad. El pacto entre Dios y el pueblo de Israel sancionado en el monte Sina\u00ed\u00ad (Ex 19-24) es como el evangelio del AT.<\/p>\n<p>En Exo 19:3-8 se nos describe un fragmento de aquella escena. El Se\u00f1or, mediante su portavoz Mois\u00e9s, habl\u00f3 de esta forma al pueblo reunido en las faldas del Sina\u00ed\u00ad: \u00abHab\u00e9is visto c\u00f3mo he tratado a los egipcios y c\u00f3mo os he llevado sobre alas de \u00e1guila y os he tra\u00ed\u00addo hasta m\u00ed\u00ad. Si escuch\u00e1is atentamente mi voz y guard\u00e1is mi alianza, vosotros ser\u00e9is mi especial propiedad entre todos los pueblos; porque m\u00ed\u00ada es toda la tierra; vosotros ser\u00e9is un reino de sacerdotes, un pueblo santo\u00bb (Exo 19:4-6a).<\/p>\n<p>Mois\u00e9s entonces explic\u00f3 a sus hermanos y hermanas de fe el contenido del mensaje que les hab\u00ed\u00ada transmitido Dios (Exo 19:6b-7). Con su ense\u00f1anza procur\u00f3 que se hicieran conscientes del alcance de las exigencias inherentes a la propuesta que les hab\u00ed\u00ada hecho el Se\u00f1or. En efecto, Dios propone, pero no impone. La libertad, don de Dios creador, es esencial al di\u00e1logo de la alianza.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de que Mois\u00e9s les aclarase los t\u00e9rminos de la voluntad divina, todo el pueblo respondi\u00f3 a coro: \u00abNosotros haremos todo lo que el Se\u00f1or ha dicho\u00bb(Exo 19:8a; cf 24,3.7). Estas palabras fueron como el fiat, como el \u00abs\u00ed\u00ad\u00bb con que Israel aceptaba unirse a Yhwh, su Dios, como esposa al esposo. De esta manera qued\u00f3 concluido el desposorio de la alianza (cf Eze 16:8).<\/p>\n<p>Aquella profesi\u00f3n de fe incondicionada mereci\u00f3 las complacencias del Se\u00f1or, que confiaba luego a Mois\u00e9s: \u00abHe o\u00ed\u00addo las palabras de este pueblo. Todo lo que te ha dicho est\u00e1 bien. \u00c2\u00a1Oh, si tuvieran siempre ese mismo coraz\u00f3n, siempre me temer\u00ed\u00adan, guardar\u00ed\u00adan mis mandamientos y ser\u00ed\u00adan felices ellos y sus hijos!\u00bb (Deu 5:28b-29; cf vv. 23-28a).<\/p>\n<p>Efectivamente, se puede decir que cada una de las generaciones del pueblo hebreo record\u00f3 asidua y celosamente aquella promesa de fidelidad pronunciada en el Sina\u00ed\u00ad \u00abel d\u00ed\u00ada de la reuni\u00f3n\u00bb (Deu 4:10), es decir, el d\u00ed\u00ada en que Israel naci\u00f3 como pueblo de Dios. De hecho, el contenido de aquella frase se repet\u00ed\u00ada cada vez que la comunidad israelita renovaba las obligaciones de la alianza del Sina\u00ed\u00ad. En semejantes circunstancias vuelve a la escena el mediador, que puede ser un profeta (Jer 42:1-43, 4: Jerem\u00ed\u00adas), un rey (2Re 23:1-3 : Jos\u00ed\u00adas; 2Cr 15:9-15 : As\u00e1), un jefe del pueblo (Jos 1 y 24,1-28: Josu\u00e9; Neh 5:1-13 : Nehem\u00ed\u00adas; lMac 13,1-9: Sim\u00f3n), un sacerdote (Esd 10:10-12 y Neh 9-10: Esdras). Su funci\u00f3n, a semejanza de la de Mois\u00e9s, sigue siendo la de catequizar a sus hermanos, provocando quiz\u00e1 interpelaciones y respondiendo a eventuales preguntas y objeciones. Despu\u00e9s de lo cual el pueblo respond\u00ed\u00ada: \u00abServiremos al Se\u00f1or\u00bb (Jos 24:24); o bien: \u00abHaremos lo que nos dices\u00bb, es decir, lo que les dice el mediador en nombre de Dios (Esd 10:12; Neh 5:12; lMac 13,9).<\/p>\n<p>Pasando a la literatura intertestamentaria, vemos que el f\u00ed\u00adat de Israel en el Sina\u00ed\u00ad es celebrado con acentos conmovidos por Fil\u00f3n (De confusione linguarum, 58-59); m\u00e1s a\u00fan, el recuerdo de ese fiat aparece con frecuencia en la literatura rab\u00ed\u00adnica (A. Serra, Contributi&#8230;, 182-215). Y los monjes de Qumr\u00e1n formulaban impl\u00ed\u00adcitamente este voto: \u00c2\u00a1ojal\u00e1 el pueblo de la nueva alianza mostrase ante el esperado mes\u00ed\u00adas la misma docilidad que mostr\u00f3 en el Sina\u00ed\u00ad el antiguo Israel ante Mois\u00e9s! (4Q Testimonia, l\u00ed\u00adneas 1-8).<\/p>\n<p>2. EL \u00abs\u00ed\u00ad\u00bb DE MAR\u00ed\u008dA EN LA ANUNCIACI\u00ed\u201cN Y EN CAN\u00ed\u0081. A la luz de lo expuesto anteriormente, quiz\u00e1 podamos comprender mejor la actitud de Mar\u00ed\u00ada ante el anuncio del \u00e1ngel y en las bodas de Can\u00e1.<\/p>\n<p>La anunciaci\u00f3n. Esta p\u00e1gina tan conocida del evangelio de Lucas (1,26-38) guarda ciertas analog\u00ed\u00adas con la ratificaci\u00f3n de la primitiva alianza estipulada en el Sina\u00ed\u00ad (Exo 19:3-8). Lo mismo que para la alianza del Sina\u00ed\u00ad hubo un mediador que hablaba en nombre de Dios, as\u00ed\u00ad para el anuncio de Mar\u00ed\u00ada est\u00e1 el \u00e1ngel (Gabriel), enviado por Dios (Luc 1:26). En calidad de portavoz de su Se\u00f1or, Gabriel le revela a Mar\u00ed\u00ada cu\u00e1l es el proyecto que Dios tiene sobre ella: \u00abHas encontrado gracia ante Dios. Concebir\u00e1s y dar\u00e1s a luz un hijo&#8230;\u00bb (vv. 30-33). Por consiguiente, a esta mujer de su pueblo Dios le pide que sea madre de su Hijo, el cual, heredando las promesas hechas al rey David (2Sam 7), reinar\u00e1 para siempre sobre la nueva \u00abcasa de Jacob\u00bb, que es la Iglesia.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo procede Mar\u00ed\u00ada ante esta revelaci\u00f3n inaudita? Su actitud es la reacci\u00f3n t\u00ed\u00adpica del pueblo del que es hija. Efectivamente, Israel es una comunidad de fe a la que Dios hab\u00ed\u00ada educado en la atenci\u00f3n a su palabra; atenci\u00f3n que se transforma en di\u00e1logo sabio e inteligente, que pone en movimiento todos los recursos de la persona: \u00abAma al Se\u00f1or, tu Dios, con todo tu coraz\u00f3n, con toda tu alma y con todas tus fuerzas\u00bb (Deu 6:5). Desde el momento en que propuso la alianza en el Sina\u00ed\u00ad, Dios quiso que Mois\u00e9s explicase rectamente a la asamblea las implicaciones de su designio.<\/p>\n<p>Y as\u00ed\u00ad ocurri\u00f3 en Nazaret. Por medio de su \u00e1ngel, Dios habla tres veces a Mar\u00ed\u00ada: \u00abAl\u00e9grate&#8230;\u00bb (v. 28); \u00abNo tengas miedo&#8230;\u00bb (vv. 30-33); \u00abEl Esp\u00ed\u00adritu Santo vendr\u00e1 sobre ti&#8230;\u00bb (vv. 35-37). Y por tres veces se describe la reacci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada. Al principio permanece turbada y se pregunta qu\u00e9 significar\u00ed\u00ada tal saludo (v. 29). Luego presenta una objeci\u00f3n, casi como para implorar un poco de luz sobre el modo con que tendr\u00ed\u00ada que colaborar en un acontecimiento humanamente imposible: \u00bfc\u00f3mo podr\u00e1 ser madre una mujer que ha decidido permanecer virgen? (v. 34). Y despu\u00e9s de que el \u00e1ngel la tranquilizase sobre la forma en que podr\u00e1 acontecer lo incre\u00ed\u00adble (\u00abEl Esp\u00ed\u00adritu Santo vendr\u00e1 sobre ti&#8230;\u00bb), Mar\u00ed\u00ada se pone en manos de Dios, diciendo: \u00abAqu\u00ed\u00ad est\u00e1 la esclava del Se\u00f1or; h\u00e1gase en m\u00ed\u00ad seg\u00fan tu palabra\u00bb (v. 38a).<\/p>\n<p>En la respuesta de Mar\u00ed\u00ada advertimos el eco indudable de las f\u00f3rmulas que todo el pueblo de Israel sol\u00ed\u00ada pronunciar cuando prestaba su propio consentimiento a la alianza: \u00abNosotros haremos todo lo que el Se\u00f1or ha dicho\u00bb (Exo 19:8; Exo 24:3.7); \u00abServiremos al Se\u00f1or, nuestro Dios, y le obedeceremos\u00bb (Jos 24:24); \u00abHaremos lo que nos dices\u00bb (Esd 10:2; Neh 5:12; lMac 13,9). En el di\u00e1logo de Mar\u00ed\u00ada con el \u00e1ngel vuelve a vivirse el dinamismo de las interpelaciones entre la asamblea de Israel y sus mediadores, cuando se trataba de vincularse al pacto. En la intenci\u00f3n del evangelista, esto significa que la fe de Israel madura en los labios de Mar\u00ed\u00ada. Realmente ella es \u00abhija de Si\u00f3n\u00bb. Y para coronar la escena, Lucas escribe que \u00abel \u00e1ngel la dej\u00f3\u00bb (v. 38b), como para llevar la respuesta a Dios, seg\u00fan hab\u00ed\u00ada hecho Mois\u00e9s en el Sina\u00ed\u00ad (cf Exo 19:8b).<\/p>\n<p>Las bodas de Can\u00e1. Juan introduce este episodio con el inciso \u00abtres d\u00ed\u00adas despu\u00e9s\u00bb (Jua 2:1). Al hablar as\u00ed\u00ad manifiesta su prop\u00f3sito de querer encuadrar el relato tambi\u00e9n en la \u00f3ptica de la alianza sina\u00ed\u00adtica, con las siguientes correspondencias b\u00e1sicas: en el Sina\u00ed\u00ad, \u00abtres d\u00ed\u00adas despu\u00e9s\u00bb, Yhwh revel\u00f3 su gloria, dando la ley de la alianza a Mois\u00e9s, para que el pueblo creyese tambi\u00e9n en \u00e9l (Exo 19:10.11. 16); en Can\u00e1, \u00abtres d\u00ed\u00adas despu\u00e9s\u00bb, Jes\u00fas revel\u00f3 su gloria dando el vino nuevo, s\u00ed\u00admbolo de su evangelio, que es la ley de la nueva alianza, y los disc\u00ed\u00adpulos creyeron en \u00e9l (Jua 2:1-11).<\/p>\n<p>En el \u00e1mbito de estas mutuas analog\u00ed\u00adas entre el Sina\u00ed\u00ad y Can\u00e1 tiene igualmente su puesto la sugerencia de Mar\u00ed\u00ada a los criados de las bodas: \u00abHaced lo que \u00e9l os diga\u00bb (v. 5), que es eco muy cercano de la declaraci\u00f3n de fe emitida por Israel en el Sina\u00ed\u00ad: \u00abNosotros haremos todo lo que el Se\u00f1or ha dicho\u00bb (Exo 19:8; cf 24,3.7).<\/p>\n<p>Es sintom\u00e1tico el hecho de que Juan ponga en labios de la Virgen las palabras que el pueblo elegido pronunci\u00f3 en el Sina\u00ed\u00ad. Tenemos aqu\u00ed\u00ad una identificaci\u00f3n, aunque sea indirecta, entre la comunidad de Israel y la madre de Jes\u00fas. Y puesto que en el lenguaje b\u00ed\u00adblico jud\u00ed\u00ado el pueblo est\u00e1 representado a menudo bajo la imagen de una \u00abmujer\u00bb (A. Serra, Contributi&#8230;, 409-410), se puede comprender c\u00f3mo Jes\u00fas, al dirigirse a su madre, usa el t\u00e9rmino \u00abmujer\u00bb (Jua 2:4), desacostumbrado ciertamente en un di\u00e1logo entre madre e hijo. Ser\u00ed\u00ada \u00e9sta la versi\u00f3n que hace Jn del tema lucano de Mar\u00ed\u00ada \u00abhija de Si\u00f3n\u00bb. En otras palabras, Jes\u00fas ve en su madre la encarnaci\u00f3n ideal del antiguo Israel, que ha llegado a la plenitud de los tiempos.<\/p>\n<p>II. MAR\u00ed\u008dA, ARCA DE LA NUEVA ALIANZA. 1. \u00abALIANZA\u00bb Y \u00abARCA\u00bb EN EL AT. Las tradiciones del AT asocian estrechamente la noci\u00f3n de t alianza con la de arca. En efecto, apenas se firm\u00f3 la alianza entre Dios y el pueblo de Israel en el monte Sina\u00ed\u00ad, el Se\u00f1or dio esta orden: \u00abMe har\u00e1n un santuario y habitar\u00e9 en medio de ellos\u00bb (Exo 25:8).<\/p>\n<p>Entonces los israelitas levantaron la \u00abtienda de la reuni\u00f3n\u00bb y dentro de ella -siempre por orden del Se\u00f1or-pusieron el arca de la alianza. Ten\u00ed\u00ada forma de un cofre rectangular hecho de madera de acacia; pod\u00ed\u00ada medir unos 112 cm de larg\u00f3 y 66 tanto de ancha como de alta (Exo 25:10). Dentro de este templete se guardaban las dos tablas que llevaban grabados los diez mandamientos dados por Dios a Mois\u00e9s en el Sina\u00ed\u00ad [\/ Dec\u00e1logo], como documento-base para regular la alianza (Exo 25:16; Exo 31:18; Deu 10:1-5). As\u00ed\u00ad pues, el arca se convirti\u00f3 en el signo visible de la presencia de Dios en medio de su pueblo, como consecuencia del pacto sina\u00ed\u00adtico: \u00abEstablecer\u00e9 mi morada en medio de vosotros y nunca os aborrecer\u00e9. Marchar\u00e9 en medio de vosotros, ser\u00e9 vuestro Dios y vosotros ser\u00e9is mi pueblo\u00bb (Lev 26:11-12).<\/p>\n<p>Para representar esta \u00abmorada\u00bb de Dios en el seno de su pueblo (la sekinah), los libros del AT emplean con frecuencia la imagen de la nube. Con el uso de este elemento figurativo-simb\u00f3lico hablan de Dios que baja a morar en el monte Sina\u00ed\u00ad (Exo 24:16), en la tienda de la reuni\u00f3n (Exo 40:34-35) y, finalmente, en el santo de los santos del templo de Jerusal\u00e9n (1Re 8:10-12; cf 2Cr 5:13b). Aqu\u00ed\u00ad el arca tuvo su colocaci\u00f3n definitiva, tras el asentamiento de Israel en Palestina.<\/p>\n<p>2. EL SENO DE MAR\u00ed\u008dA, TABERN\u00ed\u0081CULO DE Dios. Las l\u00ed\u00adneas dispersas de las tradiciones sobre el arca encuentran una singular convergencia en Mar\u00ed\u00ada. Especialmente Lucas nos servir\u00e1 de gu\u00ed\u00ada para esta relectura mariana del simbolismo relacionado con el arca.<\/p>\n<p>En primer lugar, la anunciaci\u00f3n. En efecto, Luc 1:35 (a juicio de muchos exegetas) parece ser una copia de Exo 40:34-35. En este \u00faltimo trozo leemos que \u00abentonces la nube cubri\u00f3 la tienda de la reuni\u00f3n, y la gloria del Se\u00f1or llen\u00f3 el tabern\u00e1culo&#8230; La nube del Se\u00f1or se posaba (epesk\u00ed\u00adazen) de d\u00ed\u00ada sobre el tabern\u00e1culo y durante la noche brillaba como fuego\u00bb. As\u00ed\u00ad pues, la nube que envolv\u00ed\u00ada la tienda era como una se\u00f1al de que dentro de ella moraba la \u00abpresencia\u00bb del Se\u00f1or. De forma an\u00e1loga, en Luc 1:35 se dice que la nube del Esp\u00ed\u00adritu vendr\u00e1 a posarse sobre Mar\u00ed\u00ada (episki\u00e1sei soi), y como efecto de esta \u00absombra\u00bb (sk\u00ed\u00ada), su seno se llenar\u00e1 de la presencia de un Ser divino: el Santo, Hijo de Dios.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la anunciaci\u00f3n, en el texto lucano viene la visita de Mar\u00ed\u00ada a Isabel. Esta p\u00e1gina est\u00e1 modelada visiblemente sobre el cap\u00ed\u00adtulo 6 del segundo libro de Samuel, en donde se narra el traslado del arca de la alianza desde Baal\u00e1 de Jud\u00e1 a Jerusal\u00e9n, por orden de David. Y he aqu\u00ed\u00ad algunas de las semejanzas que se dan entre los dos relatos: a) Los dos episodios tienen lugar en la regi\u00f3n de Jud\u00e1, casi como teatro de la acci\u00f3n (2Sa 6:1-2; Luc 1:39).b) Los dos viajes se caracterizan por manifestaciones de j\u00fabilo: del pueblo y de David, que danza delante del arca (2Sa 6:5.12.14.16); de Isabel y de Juan Bautista, que \u00absalta de alegr\u00ed\u00ada\u00bb en el seno materno (Luc 1:41.44). c) La presencia del arca en casa de Obeded\u00f3n y la entrada de Mar\u00ed\u00ada en la casa de Zacar\u00ed\u00adas son motivo de bendici\u00f3n (2Sa 6:11.12; Luc 1:41). d) David exclama: \u00ab\u00bfC\u00f3mo entrar\u00e1 el arca en mi casa?\u00bb (2Sa 6:9). E Isabel: \u00ab\u00bfY c\u00f3mo es que la madre de mi Se\u00f1or viene a m\u00ed\u00ad?\u00bb (Luc 1:43). En la comparaci\u00f3n de los dos textos impresiona el paralelismo entre \u00abel arca del Se\u00f1or\u00bb y \u00abla madre de mi Se\u00f1or\u00bb. Ahora la nueva arca es Mar\u00ed\u00ada. Frente a ella -como ocurr\u00ed\u00ada antes frente al arca antigua- uno advierte el sentido de su propia indignidad y del respeto debido a lo sagrado. e) El arca permaneci\u00f3 en casa de Obeded\u00f3n tres meses (2Sa 6:11); Mar\u00ed\u00ada se queda al lado de Isabel unos tres meses (Luc 1:56).<\/p>\n<p>Del conjunto de estos parecidos entre los dos episodios se deduce el siguiente mensaje. Con su \u00abs\u00ed\u00ad\u00bb al anuncio divino, Mar\u00ed\u00ada acoge la propuesta de la alianza nueva que Dios le revela mediante el \u00e1ngel Gabriel; por consiguiente, con Jes\u00fas en su seno ella se presenta como el arca donde reposa Dios hecho hombre. Por tanto, reaparecen actualizados en Mar\u00ed\u00ada los conceptos de alianza y de arca, tan estrechamente vinculados ya en la teolog\u00ed\u00ada del AT.<\/p>\n<p>III. MAR\u00ed\u008dA, PERSONIFICACI\u00ed\u201cN DE JERUSALEN. La ciudad de Jerusal\u00e9n, coraz\u00f3n de Israel, prepara la tipolog\u00ed\u00ada de Mar\u00ed\u00ada al menos bajo dos aspectos: como \u00abhija de Si\u00f3n\u00bb y como \u00abmadre universal\u00bb.<\/p>\n<p>1. \u00abHIJA DE SI\u00ed\u201cN\u00bb. a) Origen y sentido de un t\u00ed\u00adtulo. Jerusal\u00e9n, ciudad puesta sobre los montes, ten\u00ed\u00ada su propia roca o ciudadela, llamada Si\u00f3n. Sobre esta cima, hacia el nordeste, el rey Salom\u00f3n (por el 970-930 a.C.) construy\u00f3 el conjunto del templo y del palacio real (2Sa 24:16-25; cf 2Cr 3:1). Dentro del templo, concretamente al santo de los santos, hizo trasladar el arca (1Re 8:1-8). Desde entonces, con el nombre de Si\u00f3n se quiso indicar sobre todo el monte del templo (Isa 18:7; Jer 26:18; Sal 2:6 y 48,2-3). Por tanto, Si\u00f3n era considerado como la zona m\u00e1s sagrada de Jerusal\u00e9n, puesto que all\u00ed\u00ad moraba simb\u00f3licamente el Se\u00f1or, en su casa. Por eso la colina de Si\u00f3n pas\u00f3 a designar toda Jerusal\u00e9n (Isa 37:32; Isa 52:1; Jer 26:18; Jer 51:35; Sof 3:16) y tambi\u00e9n. a veces a todo Israel (Isa 46:13; Sal 149:2), en cuanto que Jerusal\u00e9n era el centro religioso y pol\u00ed\u00adtico de la comunidad jud\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Hay que se\u00f1alar adem\u00e1s que el lenguaje b\u00ed\u00adblico, para designar a una naci\u00f3n o a una ciudad y a sus habitantes, utiliza la expresi\u00f3n \u00abhija de\u00bb, seguida del nombre del respectivo pa\u00ed\u00ads o localidad: hija de Babilonia (Sal 137:8; Jer 50:42), hija de Ed\u00f3n (Lam 4:21), hija de Egipto (Jer 46:11)&#8230; Igualmente, la expresi\u00f3n \u00abhija de Si\u00f3n\u00bb significa la ciudad de Jerusal\u00e9n y cuantos moraban dentro de sus murallas (2Re 19:21; Isa 10:32; Isa 37:22; Isa 52:2; Jer 6:2ss; Lam 2:13); o bien, aunque m\u00e1s raras veces, indicaba el suelo y el pueblo de Israel (Sof 3:14; Lam 2:1).<\/p>\n<p>Hay tres or\u00e1culos c\u00e9lebres de los profetas Zacar\u00ed\u00adas (Lam 2:14-15; Lam 9:9-10), Sofon\u00ed\u00adas (Lam 3:14-17) y Joel (Lam 2:21-27), en los que se invita a la \u00abhija de Si\u00f3n\u00bb a alegrarse intensamente. El motivo de tanto j\u00fabilo es que su Dios habita en medio de ella; por eso no ha de tener miedo: el Se\u00f1or es su rey y su salvador. Con estas palabras los profetas citados revelaban a sus hermanos el estado de felicidad que vendr\u00ed\u00ada despu\u00e9s de la desolaci\u00f3n del destierro en Babilonia.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s hemos de destacar que, en tiempos del NT, sobre todo el texto de Zac 9:9 se hab\u00ed\u00ada convertido en un lugar cl\u00e1sico de la esperanza jud\u00ed\u00ada, orientada hacia la redenci\u00f3n mesi\u00e1nica. Una prueba indudable de este hecho la tenemos, por ejemplo, en Mat 21:5 y Jua 12:15.<\/p>\n<p>b) Aplicaci\u00f3n mariana. Seg\u00fan algunos exegetas modernos,&#8217; en las palabras del \u00e1ngel Gabriel a Mar\u00ed\u00ada habr\u00ed\u00ada un eco bastante claro del mensaje que los profetas mencionados dirig\u00ed\u00adan ala \u00abhija de Si\u00f3n\u00bb. En efecto, tambi\u00e9n a Mar\u00ed\u00ada se le invita a alegrarse (Luc 1:28 : \u00abAl\u00e9grate, llena de gracia\u00bb). No ha de tener miedo (Luc 1:30), ya que el Hijo de Dios pondr\u00e1 su morada en ella (Luc 1:31-32a), haciendo de su seno como un nuevo templo. El ser\u00e1 rey y salvador de la nueva casa de Jacob (Luc 1:32b-33; cf 2,11), que es la Iglesia.<\/p>\n<p>En otras palabras, Lucas, con un juego sutil de alusiones, aplicar\u00ed\u00ada a la Virgen las profec\u00ed\u00adas que Zacar\u00ed\u00adas, Sofon\u00ed\u00adas y Joel dirig\u00ed\u00adan a la hija de Si\u00f3n. Mediante este procedimiento literario (que es una forma de midras) intenta identificar a Mar\u00ed\u00ada con la \u00abhija de Si\u00f3n\u00bb, es decir, con Jerusal\u00e9n y con todo el pueblo de Israel, purificado de la prueba del destierro y heredero de las promesas de salvaci\u00f3n. La virgen de Nazaret, en su persona individual, ser\u00ed\u00ada por tanto el tipo representativo del \u00abresto de Israel\u00bb, es decir, de ese \u00abpueblo humilde y pobre\u00bb que conf\u00ed\u00ada en el nombre del Se\u00f1or (Sof 3:12-13). El antiguo Israel, en camino hacia el mes\u00ed\u00adas redentor desde hac\u00ed\u00ada siglos, se realiza perfectamente en esta hija suya. \u00c2\u00a1Mar\u00ed\u00ada es la flor de Israel!<br \/>\n2. JERUSALEN, MADRE UNIVERSAL. a) La doctrina del AT, especialmente en los profetas. El tema de Jerusal\u00e9n, \u00abmadre de todas las gentes\u00bb, interesa a una amplia \u00e1rea del AT, de forma particular a la literatura prof\u00e9tica. Guarda relaci\u00f3n con el maravilloso florecimiento de la naci\u00f3n hebrea, previsto como posterior al regreso del destierro en Babilonia. El mensaje se articula de esta manera. El destierro es consecuencia de la infidelidad a Dios y a su ley (Deu 4:25-27; Deu 28:62-66). Este es el motivo por el que el Se\u00f1or permiti\u00f3 que Israel fuera desarraigado de su tierra. Los jud\u00ed\u00ados se convierten entonces en \u00ablos hijos dispersos de Dios\u00bb. El destierro, fruto del pecado, es la dispersi\u00f3n por excelencia; es la di\u00e1spora, el desmembramiento del pueblo de Dios.<\/p>\n<p>Pero el Se\u00f1or no abandona a los suyos. Sigue enviando profetas a los desterrados (Deu 4:29-31; Deu 30:1-6). Y cuando el pueblo se convierte a su predicaci\u00f3n, Dios re\u00fane a sus hijos de la di\u00e1spora. Por medio de su siervo, el siervo doliente de Yhwh (Isa 49:5-6), los conduce de nuevo a su tierra, los congrega en la unidad (Jer 23:8; Eze 39:26-29&#8230;). Y les agrega adem\u00e1s a los paganos, que se convertir\u00e1n a Yhwh como \u00fanico verdadero Dios (Isa 14:1; Isa 60:3ss; Jer 3:17).<\/p>\n<p>Sobre el fondo de esta grandiosa restauraci\u00f3n adquieren un relieve muy singular Jerusal\u00e9n y el templo, reconstruidos de las ruinas. El templo es el lugar privilegiado de la reunificaci\u00f3n (Eze 37:21.26-28; 2Ma 1:27-29; 2Ma 2:18&#8230;). Dentro de su per\u00ed\u00admetro, tanto los jud\u00ed\u00ados como los paganos convertidos se confundir\u00e1n entre s\u00ed\u00ad para adorar al mismo Se\u00f1or; de ahora en adelante todos los pueblos son miembros de la alianza nueva, que Dios ofrece y extiende a la humanidad entera (Isa 14:1b; Isa 56:6-7; Isa 66:18-21&#8230;). Dice Zac 2:15 : \u00abEn aquel d\u00ed\u00ada muchos pueblos se unir\u00e1n al Se\u00f1or. Ellos ser\u00e1n tambi\u00e9n mi propio pueblo. Yo habitar\u00e9 en medio de ti\u00bb. Jerusal\u00e9n, adem\u00e1s, es saludada como \u00abmadre\u00bb de estos hijos innumerables que Dios ha introducido dentro de sus murallas (Isa 49:21; Isa 60:1-9; Sal 87; Tob 13:11-13&#8230;). Este recinto amurallado se miraba efectivamente como un seno que encerraba el templo y a todos los reunidos en \u00e9l para adorar al \u00fanico Dios.<\/p>\n<p>b) Relectura mariana. Como consecuencia de la obra salv\u00ed\u00adfica de Jes\u00fas, los autores del NT trasponen a un nivel cristol\u00f3gico-mariano los mencionados temas. Juan parece ofrecer la s\u00ed\u00adntesis m\u00e1s org\u00e1nica, que podemos resumir de este modo.<\/p>\n<p>Jes\u00fas, con su muerte, es el que reune a los hijos dispersos de Dios (Jua 11:51-52). Pero los dispersos no pueden ser solamente los jud\u00ed\u00ados, sino todos los hombres, en cuanto que est\u00e1n expuestos a las asechanzas del lobo, es decir, del maligno, que arrebata y dispersa (Jua 10:12; cf 16,32). Sin embargo, pueden librarse de \u00e9l acogiendo a Cristo y su palabra; con esta condici\u00f3n se convierten en hijos de Dios, como escribe Jua 1:12 : \u00abA todos los que lo reciben les da el ser hijos de Dios\u00bb (cf tambi\u00e9n Un 5,1). Y Cristo, siervo doliente del Padre, el \u00abCordero de Dios que quita el pecado del mundo\u00bb (cf Jua 1:29.36) re\u00fane a la humanidad dispersa en otro templo y en otra Jerusal\u00e9n.<\/p>\n<p>El verdadero templo es la persona misma de Jes\u00fas, muerto y resucitado (Jua 2:19-22). En \u00e9l el Padre y el Hijo son una sola realidad (Jua 10:30); son el santuario de la nueva alianza: \u00abNo vi en ella (en la nueva Jerusal\u00e9n) ning\u00fan templo, porque su templo es el Se\u00f1or, Dios todopoderoso, y el cordero\u00bb (Apo 21:22).<\/p>\n<p>Y la verdadera Jerusal\u00e9n est\u00e1 constituida por el reba\u00f1o de los disc\u00ed\u00adpulos, es decir, la \/ Iglesia, en la que Jes\u00fas re\u00fane y acoge tanto a los jud\u00ed\u00ados como a los gentiles (Jua 10:16; Jua 11:51-52; Jua 12:32-33). Mar\u00ed\u00ada es la personificaci\u00f3n y la figura ideal de esta nueva Jerusal\u00e9n-madre universal. En efecto, si el profeta dec\u00ed\u00ada a la antigua Jerusal\u00e9n: \u00abAlza en torno los ojos y contempla: todos se re\u00fanen y vienen a ti\u00bb (Isa 60:4; Bar 4:27; Bar 5:45), ahora Jes\u00fas, que muere por reunir a los hijos dispersos de Dios, dice a su madre: \u00abMujer, ah\u00ed\u00ad tienes a tu hijo\u00bb (Jua 19:26). En aquel instante confiaba a sus cuidados maternales al disc\u00ed\u00adpulo amado, que representaba a todos sus disc\u00ed\u00adpulos de todos los tiempos. As\u00ed\u00ad lo ha interpretado una antigua e incesante tradici\u00f3n de la Iglesia, basada en el sentido literal de Jua 19:25-27.<\/p>\n<p>En otras palabras, los t\u00ed\u00adtulos y las im\u00e1genes de la Jerusal\u00e9n terrenal son referidos por Juan a la madre de Jes\u00fas. Jerusal\u00e9n era representada como mujer-madre de Israel y de las naciones, reunidas finalmente por la misma fe en el templo que surg\u00ed\u00ada dentro de sus murallas (Eze 16:8.20; Eze 23:2-4; Jer 2:2; Sal 86:5 LXX; Ap. Bar 10:7; IV ,57&#8230;). En versi\u00f3n mesi\u00e1nica, la Virgen es mujer-madre universal de los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas, es decir, de esos \u00abhijos dispersos de Dios\u00bb, unificados en el templo m\u00ed\u00adstico de la persona de Cristo, a quien ella revisti\u00f3 de nuestra carne en su seno maternal. El seno de Jerusal\u00e9n es ahora el seno de Mar\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>IV. DESDE ISRAEL, PUEBLO DE LA \u00abMEMORIA\u00bb, HASTA MAR\u00ed\u008dA, QUE \u00abLO CONSERVA TODO EN EL CORAZ\u00ed\u201cN\u00bb. \u00abSu madre guardaba todas estas cosas en su coraz\u00f3n\u00bb (Luc 2:51b; cf v. 19): este c\u00e9lebre estribillo del evangelio de Lucas nos revela hasta qu\u00e9 punto Mar\u00ed\u00ada hab\u00ed\u00ada hecho suya la espiritualidad de Israel, pueblo al que pertenec\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>1. LA \u00abMEMORIA\u00bb EN EL AT. En efecto, a lo largo de todo el AT se le indica al pueblo la obligaci\u00f3n de recordar y de meditar en su propio coraz\u00f3n todo lo que Dios ha hecho en su favor. Es c\u00e9lebre, en este sentido, la exhortaci\u00f3n del Deuteronomio: \u00abPon atenci\u00f3n, y no te olvides de lo que has visto con tus ojos ni lo dejes escapar nunca de tu coraz\u00f3n. Antes bien, ens\u00e9\u00f1aselo a tus hijos y a tus nietos. Recuerda&#8230; Guardaos, pues, de olvidar la alianza que el Se\u00f1or, vuestro Dios, ha hecho con vosotros\u00bb&#8230; (Deu 4:9-10.23.32).<\/p>\n<p>El memorial al que tiene que aplicarse todo piadoso israelita comprende toda la historia de la salvaci\u00f3n: los d\u00ed\u00adas del antiguo templo (Deu 32:7a; Deu 4:32a), los a\u00f1os lejanos (Deu 32:7b), los tiempos pasados desde el principio (Sal 78:2; Isa 46:9), desde el d\u00ed\u00ada en que Dios cre\u00f3 al hombre sobre la tierra (Deu 4:32b). No debe caer en el olvido nada de lo que el Se\u00f1or ha hecho por los suyos. He aqu\u00ed\u00ad algunos de los aspectos m\u00e1s inculcados de esta \u00abanamnesis\u00bb, cong\u00e9nita a la fe de Israel.<\/p>\n<p>a) Memoria y sabidur\u00ed\u00ada. La tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica define como sabio a la persona que \u00abrecuerda\u00bb, que \u00abguarda en el coraz\u00f3n\u00bb los innumerables gestos salv\u00ed\u00adficos que ha mostrado el Se\u00f1or en todas las \u00e9pocas. Entre los personajes de la historia b\u00ed\u00adblica que han encarnado este ideal est\u00e1 el Sir\u00e1cida, que reevoca los episodios de la historia de los padres de Israel (Sir 44:1-50, 21;  Sir 50:27.28). Est\u00e1 Judit cuando exhorta a sus hermanos a recordar las pruebas por las que Dios quiso que pasaran Abrah\u00e1n, Isaac y Jacob (Jdt 8:26.29). Est\u00e1 tambi\u00e9n el escriba que, al tener que estar siempre en contacto con los libros sagrados en virtud de su profesi\u00f3n, \u00abse aplica a meditar la ley del Alt\u00ed\u00adsimo, estudia la sabidur\u00ed\u00ada de todos los antiguos y consagra sus ocios al estudio de los profetas&#8230;: ser\u00e1 lleno de esp\u00ed\u00adritu de inteligencia, derramar\u00e1 las palabras de su sabidur\u00ed\u00ada y en su oraci\u00f3n alabar\u00e1 al Se\u00f1or\u00bb (Sir 39:1b-6bc).<br \/>\nb) Memoria y actualizaci\u00f3n. La memoria de que habla la Biblia tiene siempre un objetivo din\u00e1mico. No es acad\u00e9mica, ni erudita o nocional. Al contrario, mira hacia el pasado para entender mejor el presente. Dios se ha revelado en los acontecimientos transcurridos de la historia de Israel. Por consiguiente, volver con la mente a aquellos hechos significa conocer cada vez mejor qui\u00e9n es el Se\u00f1or y cu\u00e1l es su voluntad para la hora que se est\u00e1 viviendo. Todo ello brota deesta convicci\u00f3n: lo que el Se\u00f1or realiz\u00f3 en el pasado por sus elegidos es la garant\u00ed\u00ada de que har\u00e1 otro tanto en las circunstancias presentes y en las venideras, ya que su amor es inmutable. Fil\u00f3n de Alejandr\u00ed\u00ada (t por el 45 d.C.) ten\u00ed\u00ada raz\u00f3n cuando escrib\u00ed\u00ada: \u00abLa fe en el porvenir proviene de todo lo que aconteci\u00f3 en los tiempos pasados\u00bb (De vita Moysis II, 288). Por ejemplo, tras las vicisitudes experimentadas durante los cuarenta a\u00f1os del desierto, Israel podr\u00e1 reconocer efectivamente que Dios lo corrige como un padre (Deu 8:2.5). Si luego el Se\u00f1or se mostr\u00f3 compasivo con Israel, rescat\u00e1ndolo de la esclavitud del fara\u00f3n, Israel tendr\u00e1 que albergar a su vez sentimientos de benignidad con el esclavo, el forastero, el hu\u00e9rfano y la viuda (Deu 5:14-15; Deu 15:12-15; Deu 24:17-22). Incluso de sus propias infidelidades tendr\u00e1 que acordarse Israel: demuestran que Dios es siempre el primero en amar, por pura gracia y no por nuestros m\u00e9ritos (Deu 9:4-7; Miq 6:3-4.5; Eze 20:43-44; Eze 36:31-32).<br \/>\nc) Memoria en la hora del sufrimiento. De los libros del AT, especialmente de los m\u00e1s tard\u00ed\u00ados, y del juda\u00ed\u00adsmo contempor\u00e1neo al NT podemos deducir de qu\u00e9 manera el pueblo elegido y cada uno de sus miembros compromet\u00ed\u00ada su propia fe en los momentos de grave tribulaci\u00f3n. Puesto frente a la prueba, cuando parece cerrada toda v\u00ed\u00ada de escape, Israel se dirige al pasado para recordar las numerosas liberaciones que Dios concedi\u00f3 a los padres (Sal 22:5-6) en los tiempos antiguos (Sal 44:2; Sal 77:6.12; Sal 143:5; Isa 63:11), en las generaciones pasadas, desde la eternidad (Sir 2:10; Sir 51:8; 1Ma 2:61).<\/p>\n<p>La memoria privilegiada es siempre la del \u00e9xodo de Egipto, verdadero arquetipo de todas las sucesivas redenciones de Israel. Lo mismo que Dios liber\u00f3 a su pueblo de las manos del fara\u00f3n, as\u00ed\u00ad lo liberar\u00e1 tambi\u00e9n de toda otra angustia (Deu 7:17-19), puesto que es eterno su amor (Sal 136, lss).<\/p>\n<p>La memoria de los hechos va unida a la memoria de los padres, es decir, de las personas que fueron sus protagonistas. Ellos conocieron muchas tribulaciones, pero el Se\u00f1or los socorri\u00f3 como respuesta a su constancia en la fe. Dice el Sal 22:5-6 (el salmo que Jes\u00fas recit\u00f3 en la cruz): \u00abEn ti esperaron nuestros padres, esperaron en ti, y t\u00fa los liberaste; a ti clamaron y quedaron libres, esperaron en ti, y no fueron defraudados\u00bb.<\/p>\n<p>Contemplando las numerosas liberaciones que Dios hab\u00ed\u00ada concedido a los padres, Israel consolidaba la esperanza de que Dios habr\u00ed\u00ada de visitar y redimir a su pueblo mediante el mes\u00ed\u00adas (cf Luc 1:67-79).<\/p>\n<p>2. ACTUALIZACI\u00ed\u201cN MARIANA. Pues bien, la que hab\u00ed\u00ada sido la reflexi\u00f3n sapiencial de todo Israel y de cada Israelita fue tambi\u00e9n herencia de Mar\u00ed\u00ada. Para comprender qui\u00e9n es Jes\u00fas, ella repite en su interior el itinerario espiritual del pueblo del que desciende. En efecto, \u00bfc\u00f3mo se comporta la Virgen ante todo lo que hace y dice Jes\u00fas, \u00absabidur\u00ed\u00ada de Dios\u00bb? (cf lCor 1,24.30). Ella \u00abconserva\u00bb el recuerdo de aquellos hechos y de aquellas palabras (Luc 2:19a.51 b); pero no de una forma est\u00e1tica, puesto que se esfuerza en profundizar en su sentido, medit\u00e1ndolas (literalmente: \u00abconfront\u00e1ndolas\u00bb) en su coraz\u00f3n\u00bb (Luc 2:19b: symb\u00e1llousa).<\/p>\n<p>El verbo symball\u00f3, utilizado por Lucas en el pasaje mencionado, significa interpretar, dar la recta explicaci\u00f3n, hacer la ex\u00e9gesis. Esta sem\u00e1ntica de symball\u00f3 se ve rubricada por numerosos pasajes de la literatura griega, sobre todo del g\u00e9nero oracular. Es frecuente el caso de que una respuesta dada por la divinidad en alg\u00fan santuario contenga algo oscuro. Le corresponde entonces al cresm\u00f3logo, es decir, al int\u00e9rprete de los or\u00e1culos, iluminar el enigma. Y la actividad del cresm\u00f3logo en casos semejantes se designa habitualmente con el verbo symball\u00f3, el mismo que emplea Luc 2:19a.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed\u00ad, por consiguiente, el desarrollo din\u00e1mico de la fe de Mar\u00ed\u00ada: recordar para profundizar, para actualizar, para interpretar. En este proceso de crecimiento ella se dirig\u00ed\u00ada tambi\u00e9n al AT, como sugiere el Magnificat, el himno en que la Virgen, a semejanza del escriba sabio, \u00abderrama las palabras de su sabidur\u00ed\u00ada, y en su oraci\u00f3n alaba al Se\u00f1or\u00bb (Sir 39:6).<\/p>\n<p>En particular, Mar\u00ed\u00ada \u00abconserva en el coraz\u00f3n\u00bb incluso las palabras de Jes\u00fas que de momento no comprende. Por ejemplo, cuando -junto con Jos\u00e9- encuentra a Jes\u00fas en el templo, se desahoga con una queja, indicio de un intenso sufrimiento: \u00abHijo, \u00bfpor qu\u00e9 has hecho esto? Tu padre y yo te hemos estado buscando muy angustiados\u00bb (Luc 2:48). Pero ni ella ni Jos\u00e9 comprendieron la respuesta de Jes\u00fas (v. 50). A pesar de ello, subraya el evangelista, \u00absu madre guardaba todas estas cosas en su coraz\u00f3n\u00bb (v. 51b): a semejanza, se dir\u00ed\u00ada, de los sabios, que se recogen en meditaci\u00f3n para rumiar los enigmas de la palabra de Dios (A. Serra, Sapienza&#8230;, 111-119, y 72,88). Y de esta manera, como dice el Vaticano II, la Virgen avanzaba en la peregrinaci\u00f3n de la fe (LG 58).<\/p>\n<p>Llegar\u00e1n m\u00e1s tarde los d\u00ed\u00adas en que Jes\u00fas anunciar\u00e1 de antemano que tendr\u00e1 que sufrir, morir y resucitar al tercer d\u00ed\u00ada (Luc 9:22.43-44; Luc 18:31-33; cf 24,6-7.26-27.44-46). Lucas, aunque de forma indirecta, nos hace saber que Mar\u00ed\u00ada era una oyente atenta de la palabra de Dios predicada por Jes\u00fas (Luc 8:19-21; Luc 11:27-28). Entonces es de presumir que ella, educada en la fe de sus padres, hiciese memoria activa de aquellos or\u00e1culos abiertos a la muerte y resurrecci\u00f3n de su hijo. Como hemos visto, Israel interpelaba a su propio pasado en los momentos oscuros y calamitosos. Pues bien, si Dios en los tiempos antiguos hab\u00ed\u00ada redimido a su pueblo y hab\u00ed\u00ada liberado a su pueblo y a los justos de angustias mortales, tambi\u00e9n ahora puede dar cumplimiento a la promesa de que Cristo resucitar\u00ed\u00ada de entre los muertos. La catequesis de los Hechos de los Ap\u00f3stoles declara efectivamente que \u00abel Dios de Abrah\u00e1n, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres\u00bb (Heb 3:13; Heb 5:30) liber\u00f3 del reino de los muertos a su hijo Jes\u00fas, el santo y el justo, entregado a la muerte por los imp\u00ed\u00ados (Heb 2:22-24.27-28. 31-32; Heb 3:14-15; Heb 7:52; Heb 10:38).<\/p>\n<p>V. MAR\u00ed\u008dA, \u00abPROFETICAMENTE BOSQUEJADA\u00bb EN EL AT. Por el conjunto de elementos que hemos condensado en las columnas anteriores y por todo lo que diremos en estas \u00faltimas, aparecer\u00e1 quiz\u00e1 m\u00e1s claro en qu\u00e9 sentido puede decirse que Mar\u00ed\u00ada est\u00e1 \u00abprof\u00e9ticamente bosquejada\u00bb(LG 55) en los tres c\u00e9lebres or\u00e1culos de Isa 7:14; Miq 5:2 y G\u00e9n 3:15.<\/p>\n<p>1. Isa 7:14 : CONTEXTO ORIGINAL. La profec\u00ed\u00ada de Isa 7:14 se encuadra en el episodio de la guerra promovida por Ras\u00ed\u00adn y P\u00e9caj, reyes, respectivamente, de Damasco y de Israel, contra Acaz, rey de Jud\u00e1, reci\u00e9n subido al trono a la edad de veinte a\u00f1os. Estamos en el 734-733 a.C. (Isa 7:1; 2Re 16:1-17; 2Cr 28:5-25).<\/p>\n<p>La \u00abmujer joven\u00bb (hebreo, `almah) a la que alude el profeta es Ab\u00ed\u00ada, mujer de Acaz (cf 2Re 18:2). El hijo que dar\u00e1 a luz es Ezequ\u00ed\u00adas, llamado con el nombre inaugural de \u00abEmanuel\u00bb, es decir, \u00abDios con nosotros\u00bb: t\u00ed\u00adtulo que sonaba como una promesa en las circunstancias cr\u00ed\u00adticas del momento. Y Dios mostrar\u00e1 realmente que \u00abest\u00e1 con su pueblo\u00bb (cf Isa 8:10). Gracias a Ezequ\u00ed\u00adas no se extinguir\u00e1 la casa de David.<\/p>\n<p>Ezequ\u00ed\u00adas, seg\u00fan los c\u00f3mputos m\u00e1s fiables, nace en el invierno del 733-732. Tambi\u00e9n \u00e9l tendr\u00e1 que alimentarse de \u00abcuajada y miel\u00bb (v. 15a). Del contexto pr\u00f3ximo de Isa 7:22-25 se deduce que la cuajada y la miel son los \u00fanicos alimentos que produce un suelo empobrecido por la guerra en curso y abocado al abandono de la agricultura. Sin embargo, este r\u00e9gimen no durar\u00e1 mucho tiempo. En efecto, los dos reyes atacantes, que ponen sitio a Jerusal\u00e9n, fueron derrotados cuando Ezequ\u00ed\u00adas ten\u00ed\u00ada poco m\u00e1s de un a\u00f1o (Damasco cae en manos de Teglatfalasar el 732). En aquella edad, el ni\u00f1o pod\u00ed\u00ada ya \u00abrechazar el mal y elegir el bien\u00bb (v. 16a): frase \u00e9sta que, comparada con el precioso paralelo de Isa 8:4, significa \u00abdecir pap\u00e1 y mam\u00e1\u00bb, y por tanto \u00abmanifestar los primeros signos de la discreci\u00f3n\u00bb (cf G\u00e9n 4:11).<\/p>\n<p>2. INTERPRETACI\u00ed\u201cN MATEANA. Mateo relee en sentido pleno el or\u00e1culo de Isa 7:14. Jes\u00fas -descendiente de la casa de David mediante la paternidad legal de Jos\u00e9, hijo de David (Mat 1:20)- es el verdadero \u00abEmanuel-Dios con nosotros\u00bb (Mat 1:23; cf 28,20). La Iglesia fundada por \u00e9l (Mat 16:18) es la nueva casa de David (cf Luc 1:32-33). Goza de estabilidad perpetua, a pesar de las asechanzas de las fuerzas del mal (Mat 16:18 : \u00ab&#8230; las fuerzas del infierno no prevalecer\u00e1n contra ella\u00bb). En efecto, Jes\u00fas ha prometido: \u00abYo estoy con vosotros (\u00c2\u00a1he aqu\u00ed\u00ad el Emanuel!) todos los d\u00ed\u00adas hasta el fin del mundo\u00bb (Mat 28:20)<br \/>\nA su vez, Mar\u00ed\u00ada es la \u00abvirgen\u00bb (griego, parth\u00e9nos), madre del Emanuel-Cristo, que reina eternamente en el reino de David (Mat 16:18-20; cf Luc 1:32-33). Si en el caso de Ab\u00ed\u00ada el t\u00e9rmino &#8216;almah (traducido por los LXX con parth\u00e9nos) significaba simplemente \u00abmujer joven\u00bb, que concibe seg\u00fan las leyes normales de la naturaleza, en la situaci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada se verifica un cambio totalmente imprevisto: ella es \u00abvirgen\u00bb en sentido estricto, en cuanto que concibe s\u00f3lo por la virtud del Esp\u00ed\u00adritu Santo (Mat 1:18-25).<\/p>\n<p>Se ve, por consiguiente, c\u00f3mo el NT se encuentra en l\u00ed\u00adnea de continuidad con el AT, pero al mismo tiempo lo supera (cf Mat 5:17).<\/p>\n<p>3. MIQ 5.2: CONTEXTO ORIGINAL. Despu\u00e9s de la tribulaci\u00f3n del destierro en Babilonia, semejante a los dolores de una mujer en parto, el Se\u00f1or rescatar\u00e1 a Jerusal\u00e9n, \u00abhija de Si\u00f3n\u00bb, de la opresi\u00f3n de sus enemigos (Miq 4:9-10). Sobre el Ofel, el barrio regio de la ciudad, volver\u00e1 a establecerse la antigua monarqu\u00ed\u00ada (la de la casa de David, al parecer) (Miq 4:8). De esta manera Dios vuelve a reinar para siempre en el monte Si\u00f3n (Miq 4:7).<\/p>\n<p>Esta renovada realeza de Yhwh sobre Israel se lleva a cabo mediante un jefe que habr\u00e1 de nacer en Bel\u00e9n de Efrata, la menos brillante de las numerosas ciudades de Jud\u00e1 (Miq 5:1a). Sus or\u00ed\u00adgenes son bastante remotos (Miq 5:1b), puesto que (as\u00ed\u00ad parece sugerirlo el texto) se remontan a la antigua casa de David (cf Miq 4:8 y 2Sa 5:4-10; 2Sa 7:1-17).<\/p>\n<p>El nacimiento del futuro libertador se vislumbra para el final del destierro. El Se\u00f1or ha permitido que el pueblo re viera abandonado en manos de los extranjeros; esta situaci\u00f3n -dice el profeta- durar\u00e1 \u00abhasta el tiempo en que d\u00e9 a luz la que ha de dar a luz\u00bb (Miq 5:2a). El vidente indica aqu\u00ed\u00ad a la madre del esperado rey de Jud\u00e1. El pondr\u00e1 fin al cisma, reuniendo con el resto de sus hermanos a todos los hijos de Israel (v. 3b). En resumen, su presencia y su obra son sin\u00f3nimo de \u00abpaz\u00bb (v. 4).<\/p>\n<p>En tiempos del NT el or\u00e1culo de Miq 5:1-2 era referido seguramente al rey-mes\u00ed\u00adas, tanto por parte de los sacerdotes y de los escribas (cf Mat 2:5-6) como por parte de la gente del pueblo (cf Jua 7:40-42).<\/p>\n<p>4. RELECTURA MARIANA. En la parte que se refiere a la madre del mes\u00ed\u00adas (\u00abla que ha de dar a luz\u00bb), parece ser que la profec\u00ed\u00ada mencionada encuentra eco en Luc 2:6-7. Tal es la opini\u00f3n de no pocos exegetas, que proponen la siguiente confrontaci\u00f3n entre el texto de Miqueas y el de Lucas:<br \/>\nMiqueas                           Luc 5:1.\u00bbY t\u00fa Bel\u00e9n, Efrata,<br \/>\nla m\u00e1s peque\u00f1a<br \/>\nentre los clanes de Jud\u00e1&#8230;  Tambi\u00e9n Jos\u00e9&#8230; fue&#8230; a Judea, a la ciudad de David, que se llama Bel\u00e9n.2&#8230;. hasta el tiempo<br \/>\nen que d\u00e9 a luz l<br \/>\na que ha de dar a luz&#8230;  6-7 &#8230; se cumpli\u00f3 el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primog\u00e9nito&#8230;3.El se alzar\u00e1 y pastorear\u00e1<br \/>\nel reba\u00f1o con la fortaleza del Se\u00f1or, con la gloria (LXX) del nombre del Se\u00f1or, su Dios&#8230;\u00bb 8-9Hab\u00ed\u00ada en la misma regi\u00f3n unos pastores y la gloria del Se\u00f1or los envolvi\u00f3 con su luz&#8230;4.El mismo ser\u00e1 la paz. 14&#8230; y paz en la tierra&#8230;\u00bb.En conclusi\u00f3n: como ocurri\u00f3 ya con los textos de la \u00abhija de Si\u00f3n\u00bb y para 2Sam 6, tambi\u00e9n en el presente caso Le transcribe el AT casi al pie de la letra. No lo cita expresamente, pero alude a \u00e9l con toda claridad.<\/p>\n<p>5. GEN 3,15: CONTEXTO ORIGINAL. \u00abEl Se\u00f1or Dios dijo a la serpiente: \u00abPor haber hecho esto maldita seas entre todos los ganados&#8230; te arrastrar\u00e1s sobre tu vientre y comer\u00e1s del polvo de la tierra todos los d\u00ed\u00adas de tu vida. Yo pongo enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo; \u00e9l te aplastar\u00e1 la cabeza y t\u00fa s\u00f3lo tocar\u00e1s su calca\u00f1al\u00bb\u00bb. En la econom\u00ed\u00ada del relato de ,21 la \u00abmujer\u00bb es Eva. El \u00ablinaje de la serpiente\u00bb designa a los que se dejan llevar por el seductor, haci\u00e9ndose as\u00ed\u00ad hijos suyos, gregarios suyos, siguiendo las instigaciones del mal (cf Sab 2:24; Jua 8:44). Por exclusi\u00f3n, el \u00ablinaje de la mujer\u00bb est\u00e1 constituido por los que se mantienen fieles a los caminos de Dios. A esta descendencia de la mujer Dios le promete la victoria definitiva sobre los seguidores de la serpiente, o sea, sobre las fuerzas del maligno. Pero en el texto hebreo queda incierto cu\u00e1l es la descendencia de la mujer: puede ser una colectividad, un grupo (el \u00ablinaje\u00bb de la casa real de David) o bien una persona singular. Los autores vacilan en su respuesta.<\/p>\n<p>Para la versi\u00f3n griega de los LXX (siglos 111-11 a.C.) se trata de un personaje individual: \u00abEl te aplastar\u00e1 la cabeza\u00bb. La falta de concordancia del pronombre masculino aut\u00f3s (= \u00e9l) con el sustantivo neutro sp\u00e9rma (= linaje, semilla), al que se refiere, da a entender que en los ambientes de los LXX la esperanza mesi\u00e1nica se refer\u00ed\u00ada a un mes\u00ed\u00adas personal. El \u00ablinaje-descendencia\u00bb de la mujer se concreta en un individuo.<\/p>\n<p>La versi\u00f3n aramea del targum palestino (f\u00e1cilmente de \u00e9poca precristiana) da lugar a la siguiente par\u00e1frasis instructiva: \u00abYo pondr\u00e9 enemistad entre ti y la mujer, entre los descendientes de tus hijos y los descendientes de sus hijos. Y suceder\u00e1 que, cuando los hijos de la mujer observen los preceptos de la ley (mosaica), la emprender\u00e1n contra ti y te aplastar\u00e1n la cabeza. Pero cuando se olviden de los preceptos de la ley, ser\u00e1s t\u00fa la que les aceches y les muerdas en el tal\u00f3n. Sin embargo, para ellos habr\u00e1 un remedio, mientras que para ti no habr\u00e1 remedio. Ellos encontrar\u00e1n una medicina (?) para el tal\u00f3n el d\u00ed\u00ada del rey mes\u00ed\u00adas\u00bb (recensi\u00f3n del Pseudo-Jonat\u00e1n, sustancialmente id\u00e9ntica a la del c\u00f3d. Neofiti y a la del targum fragmentario).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, siguiendo esta relectura, el \u00ablinaje\u00bb de la mujer asume una connotaci\u00f3n muy concreta. Es identificado en aquellos que observan (o no observan) la ley de Mois\u00e9s. La menci\u00f3n de la ley mosaica remite al lector al pueblo de Israel, el \u00fanico pueblo que conoce y se rige por las ordenaciones de aquella ley. Cuando los israelitas observan las prescripciones mosaicas, aplastan la cabeza de la serpiente y su linaje; pero cuando faltan a ellas, es la serpiente la que les muerde en el calca\u00f1al. Pero se trata de una victoria parcial. En efecto, en los d\u00ed\u00adas del mes\u00ed\u00adas los israelitas quedar\u00e1n curados de la herida en el calca\u00f1al, mientras que para la serpiente no habr\u00e1 ning\u00fan remedio. Seg\u00fan los elementos de esta par\u00e1frasis targ\u00famica, se deduce que la mujer de G\u00e9n 3:15 representa no tanto a la humanidad en general como a la comunidad de Israel en camino hacia la redenci\u00f3n mesi\u00e1nica. En una palabra, al pueblo elegido con su mes\u00ed\u00adas. Se perfila ya el cuadro de Ap 12.<\/p>\n<p>6. RELECTURA NEOTESTAMENTARIA EN AP 12. Entre los escritos del NT, Ap 12 transcribe el vaticinio de G\u00e9n 3:15 en versi\u00f3n cristol\u00f3gico-eclesiol\u00f3gica. Son evidentes los contactos entre Ap 12 y G\u00e9n 3:15. En efecto, el drag\u00f3n es calificado como \u00ab&#8230; la serpiente antigua, que se llama `Diablo&#8217; y `Satan\u00e1s&#8217;, el seductor del mundo entero\u00bb (Apo 12:9). Pelea abiertamente contra la mujer. Primero intenta devorar a su hijo reci\u00e9n engendrado (v. 4); fracasado este ataque inicial (vv. 5.12), persigue ala mujer (v. 13), vomita tras ella como un r\u00ed\u00ado de agua (v. 15), que es absorbido, sin embargo, por la tierra, que abre su boca (v. 16). Entonces el drag\u00f3n desahoga su irritaci\u00f3n contra la mujer, desencadenando la persecuci\u00f3n contra \u00ab&#8230; el resto de su descendencia, los que guardan los mandamientos de Dios y son fieles testigos de Jes\u00fas\u00bb (v. 17).<\/p>\n<p>a) \u00bfQui\u00e9n es la \u00abmujer vestida de sol&#8217; Es la \u00abmujer-esposa\u00bb, que representa al pueblo de Dios de ambos Testamentos. Es la Iglesia de la antigua alianza, formada por las doce tribus de Israel (Apo 12:1 : las doce estrellas). Y es tambi\u00e9n la Iglesia de la nueva alianza que, como prolongaci\u00f3n de las doce tribus de Israel (Apo 21:12), est\u00e1 fundada sobre los doce ap\u00f3stoles (Apo 21:14) y comprende a todos los otros disc\u00ed\u00adpulos de Cristo (Apo 21:17).<\/p>\n<p>La mujer es presa de los dolores de parto (v. 2). El drag\u00f3n se pone delante de ella para devorar al ni\u00f1o que va a nacer (v. 4b). Y ella \u00abdio a luz un hijo var\u00f3n, el que deb\u00ed\u00ada regir a todas las naciones con una vara de hierro. El hijo fue arrebatado hacia Dios y a su trono\u00bb (v. 5). \u00bfDe qui\u00e9n se trata?<br \/>\nLos dolores de la parturienta y el rapto del reci\u00e9n nacido al trono de Dios no describen el nacimiento de Jes\u00fas en Bel\u00e9n, sino el misterio pascual, o sea la \u00abhora\u00bb de la pasi\u00f3n y resurrecci\u00f3n de Cristo.<\/p>\n<p>Esta lectura simb\u00f3lica del gran signo de Apo 12:5 est\u00e1 rubricada ante todo por Jua 16:21-22, pasaje en que el mismo Jes\u00fas habla del dolor y del gozo que siente la mujer cuando da a luz una criatura, y aplica esta alegor\u00ed\u00ada a la aflicci\u00f3n que estaba a punto de invadir a los disc\u00ed\u00adpulos por causa de su muerte y al gozo que luego experimentar\u00ed\u00adan al ver de nuevo al maestro resucitado.<\/p>\n<p>Al lado de la tradici\u00f3n joanea se sit\u00faa la lucana de los Hechos, cuando habla de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas en t\u00e9rminos de \u00abgeneraci\u00f3n\u00bb. En efecto, el Sal 2:7 (\u00abT\u00fa eres mi hijo, yo mismo te he engendrado hoy\u00bb) es referido por Pablo a la acci\u00f3n del Padre, que resucita al Hijo de entre los muertos (Heb 13:32-34).<\/p>\n<p>En tercer lugar, en Apo 12:5a (\u00ab&#8230; un hijo var\u00f3n, el que deb\u00ed\u00ada regir a todas las naciones con una vara de hierro\u00bb), tenemos una cita del Sal 2:8.9, mientras que en el v. 5b (\u00abEl hijo fue arrebatado hacia Dios y a su trono\u00bb) parece confluir una reminiscencia del Sal 110:1 (\u00abPalabra del Se\u00f1or a mi Se\u00f1or: `Si\u00e9ntate a mi derecha, hasta que haga de tus enemigos estrado de tus pies\u00bb&#8216;). Pues bien, sabemos que el Sal 2 y el 110 son de los m\u00e1s utilizados en el NT para el anuncio de la resurrecci\u00f3n de Cristo. De rechazo, el empleo combinado de los dos salmos mencionados en Apo 12:5 podr\u00ed\u00ada inducir a una lectura simb\u00f3lico-pascual del parto de la \u00abmujer\u00bb de Ap 12.<\/p>\n<p>Por consiguiente, ese parto ser\u00ed\u00ada un modo figurado de representar la angustia profunda que sumergi\u00f3 a la comunidad de los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas cuando el poder de las tinieblas les arrebat\u00f3 violentamente a su maestro (Jua 16:21a.22a; cf Me 2,20; Mat 9:15; Lev 5:35; Lev 22:53). El rapto del ni\u00f1o junto al trono de Dios es una imagen pl\u00e1stica que hay que referir al poder del Padre, que al liberar a su Hijo de las ataduras de la muerte (cf Heb 2:24) lo hace \u00abrenacer\u00bb a la condici\u00f3n gloriosa de resucitado y le confiere la realeza universal (Apo 12:5.9-10a; cf 1,18; 3,21; 5,9-13; 19,11-16&#8230;).<\/p>\n<p>Una interpretaci\u00f3n alternativa de Ap 12 (que, por otra parte, no parece excluir la que ya hemos esbozado) es la que propone U. Vanni (1978). La mujer es cada iglesia cristiana que vive en el tiempo. Los dolores de parto expresan eficazmente la tensi\u00f3n, la fatiga que cada una de las comunidades eclesiales experimenta a la hora de dar a luz a Cristo en su propio seno. En otras palabras, cada grupo de disc\u00ed\u00adpulos del Se\u00f1or est\u00e1 llamado a dar testimonio del evangelio, a engendrar a Cristo para hacerle crecer en nosotros hasta que adquiera su talla perfecta (cf G\u00e1l 4:19; Efe 4:13; Mar 3:35 y par de Mat 12:50 y Luc 8:21). Pero, como es sabido, \u00e9sta es una vocaci\u00f3n ardua, llena de tribulaciones, que choca continuamente con las fuerzas del maligno (el drag\u00f3n). Pues bien, a pesar de las muchas adversidades, la Iglesia llega a dar a luz a su Cristo, es decir, a realizar su compromiso de vida evang\u00e9lica. Frente a todos los aparatos imponentes y terror\u00ed\u00adficos del mal, los resultados de sus esfuerzos parecen d\u00e9biles, fr\u00e1giles, lo mismo que un ni\u00f1o reci\u00e9n nacido. Pero, concluye Vanni, \u00ab&#8230; el grupo sabe que todo lo que manifiesta de positivo queda como asumido y hecho propio por la trascendencia divina, ya desde ahora&#8230;; todo lo que consigue realizar ahora se sit\u00faa en la l\u00ed\u00adnea del triunfo escatol\u00f3gico, completado incluso hist\u00f3ricamente, que Cristo sabr\u00e1 llevar a cabo al final de todo\u00bb (U. Vanni, La decodifrcazione&#8230;, 149).<\/p>\n<p>Lo que queda de Apo 12:13-18 describe la persecuci\u00f3n que la serpiente sigue provocando contra la mujer, y la ayuda divina que le da alientos en el desierto de las pruebas de este mundo. Pero tambi\u00e9n esa persecuci\u00f3n tiene un l\u00ed\u00admite; efectivamente, s\u00f3lo dura&#8230; \u00abpor un tiempo, dos tiempos y medio tiempo\u00bb (v. 14), es decir, la mitad del n\u00famero siete, que es la cifra de la totalidad. Por consiguiente, una plenitud mediada. Por muy largos y terror\u00ed\u00adficos que parezcan, los d\u00ed\u00adas del poder de las tinieblas est\u00e1n contados. Satan\u00e1s sabe que dispone de \u00abpoco tiempo\u00bb (Apo 12:12). En efecto, llegar\u00e1 la consumaci\u00f3n de la historia cuando la mujer que peregrina por el desierto se convierta en la \u00abmujer-esposa\u00bb del cordero (Apo 21:5), brillando sobre un monte excelso y elevado con el semblante de la nueva Jerusal\u00e9n (Apo 21:2.10), en la cual \u00ab&#8230; no habr\u00e1 m\u00e1s muerte, ni luto, ni llanto, ni pena, porque el primer mundo ha desaparecido\u00bb (Apo 21:4). De este modo terminar\u00e1n los d\u00ed\u00adas de luto (cf Isa 60:20).<\/p>\n<p>Por consiguiente podr\u00ed\u00adamos concluir con esta impresi\u00f3n de fondo. Ap 12 transcribe en c\u00f3digo simb\u00f3lico el misterio pascual de Cristo, actualizado en la Iglesia. Se verifica as\u00ed\u00ad el dicho de Jes\u00fas: \u00abSi a m\u00ed\u00ad me han perseguido, tambi\u00e9n os perseguir\u00e1n a vosotros&#8230; En el mundo tendr\u00e9is tribulaciones; pero tened \u00e1nimo, que yo he vencido al mundo\u00bb (Jua 15:20; Jua 16:33).<\/p>\n<p>b) \u00bfQueda sitio tambi\u00e9n para Mar\u00ed\u00ada en la \u00abmujer\u00bb de Ap 12? La gran mayor\u00ed\u00ada de los exegetas responde: la \u00abmujer\u00bb de Ap 12 simboliza en primer plano, directamente, a la Iglesia formada por el pueblo de Dios de ambos Testamentos; indirectamente, casi \u00abin obliquo\u00bb, puede tambi\u00e9n incluirse en ella a la Virgen. \u00bfEn qu\u00e9 sentido? He aqu\u00ed\u00ad algunos intentos en esta direcci\u00f3n.<\/p>\n<p>1) Si el parto de la mujer evoca de forma simb\u00f3lica la pasi\u00f3n y la resurrecci\u00f3n de Jesucristo, la mente del lector corre espont\u00e1neamente a la escena de Jua 19:25-27. De aquellas l\u00ed\u00adneas podemos deducir que en la hora en que Jes\u00fas pasaba de este mundo al Padre, la comunidad mesi\u00e1nica situada al pie de la cruz estaba representada por el disc\u00ed\u00adpulo amado y por algunas mujeres (quiz\u00e1 cuatro). Entre ellas, el evangelista concede un lugar privilegiado a la madre de Jes\u00fas. En aquella hora Jes\u00fas revela a su madre que ella tiene unas funciones maternales tambi\u00e9n para con el disc\u00ed\u00adpulo, figura de todos sus disc\u00ed\u00adpulos (cf Apo 12:17 : \u00ab&#8230; se fue a hacer la guerra al resto de su descendencia&#8230;\u00bb).<\/p>\n<p>2. La mujer vestida de sol remite a la Virgen de Nazaret, saludada por el \u00e1ngel como kejarit\u00f3m\u00e9n\u00e9, \u00abllena de gracia\u00bb (Luc 1:28). Ella est\u00e1 envuelta en la complacencia y el favor misericordioso de Dios, su salvador (Luc 1:47b.48 a.49a).<\/p>\n<p>3. Una vez establecido que la mujer de Ap 12 es una figura simb\u00f3lica del pueblo de Dios, del cual desciende el mes\u00ed\u00adas, deber\u00ed\u00adamos recordar que en el plano de la historia Israel engendra de su seno al mes\u00ed\u00adas solamente a trav\u00e9s de la maternidad f\u00ed\u00adsica de Mar\u00ed\u00ada, la \u00abhija de Si\u00f3n\u00bb. Por consiguiente, en sentido amplio, secundario y derivado, el parto descrito por Apo 12:5 puede de alguna manera referirse al parto de Bel\u00e9n.<\/p>\n<p>4. En la interpretaci\u00f3n de U. Vanni, como hemos visto, el dolor desgarrador de la mujer se\u00f1ala con vigor incisivo las dificultades con que tropieza la Iglesia para acoger y vivir el mensaje del evangelio, en medio de las tribulaciones de este mundo. Pues bien, tambi\u00e9n en esta perspectiva es oportuno observar que la misma madre de Jes\u00fas, seg\u00fan indica el Vaticano II, \u00ab&#8230; avanz\u00f3 en la peregrinaci\u00f3n de la fe\u00bb (LG 58). Mar\u00ed\u00ada era disc\u00ed\u00adpula atenta para escuchar las palabras de su Hijo (cf Luc 8:19-21). Pero aqu\u00e9llas eran unas palabras que a veces Mar\u00ed\u00ada no lograba comprender, como, por ejemplo, la respuesta que Jes\u00fas le hab\u00ed\u00ada dado en el templo en un contexto de intenso sufrimiento para ella y para Jos\u00e9 (Luc 2:48.50.51b). Eran palabras que anunciaban de antemano la muerte y la resurrecci\u00f3n del Hijo del hombre (Luc 9:22.44; Luc 11:27-28). Por tanto, tambi\u00e9n la fe de Mar\u00ed\u00ada iba madurando en el sufrimiento, a semejanza del grano de trigo, que, una vez ca\u00ed\u00addo en tierra, tiene que morir para producir mucho fruto (cf Jua 12:24).<\/p>\n<p>5. Pensando en la mujer-Iglesia, perseguida por Satan\u00e1s en el desierto y alentada por la presencia divina, el creyente no se olvida de que Mar\u00ed\u00ada, la mujer-madre de Jes\u00fas, formaba parte de la Iglesia de Jerusal\u00e9n (Heb 1:14): una Iglesia que tuvo que conocer tambi\u00e9n la hostilidad del mundo y la fuerza alentadora del Se\u00f1or resucitado (cf Heb 4:5-31; Heb 5:17-41; ,60; Heb 8:1-3; Heb 9:1-2; Heb 12:1-9).<\/p>\n<p>6. Levantando, finalmente, la mirada hacia la mujer-Iglesia, esposa del cordero, plenamente glorificada en los cielos nuevos y en la tierra nueva de la Jerusal\u00e9n celestial (Apo 21:1-22, 5), es natural asociar a esta figura la persona de Mar\u00ed\u00ada, asumida por el Hijo a la gloria celestial. En ella, redimida en la integridad de su ser, la comunidad de los creyentes saluda y contempla con gozo la prenda de la salvaci\u00f3n perfecta, que la pascua de Cristo tendr\u00e1 que derramar sobre toda criatura en la vida del mundo venidero.<\/p>\n<p>VI. CONCLUSI\u00ed\u201cN. Los temas esbozados en esta voz demuestran que tambi\u00e9n por lo que ata\u00f1e a la persona y a la misi\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada el AT prepara el NT, y el NT, lejos de abrogar el AT, lo lleva a su cumplimiento (cf Mat 5:17).<\/p>\n<p>Recientemente, K. Stock hac\u00ed\u00ada la siguiente consideraci\u00f3n a prop\u00f3sito de algunas de sus investigaciones sobre Luc 1:26-38 : \u00abLa luz que irradia del AT sobre el texto lucano puede de alguna forma ser demasiado concentrada y demasiado densa. Pero no parece que haya otro camino para una justa valoraci\u00f3n y consideraci\u00f3n de los elementos del texto lucano que la confrontaci\u00f3n con los modos de hablar del AT, paralelos en su estructura y en sus contenidos. En esta confrontaci\u00f3n hay que precisar su tenor exacto. Por eso puede ser que haya sobrecargas expresivas, pero dif\u00ed\u00adcilmente habr\u00e1 oscuridades o errores de interpretaci\u00f3n. Sin embargo, puede ser que se den oscuridades y recortes del texto si se considera demasiado poco su trasfondo veterotestamentario\u00bb (K. Stock, La vocazione di Maria: Luc 1:26-38, en Marianum 45 (1983) 113, nota 41; la cursiva es m\u00ed\u00ada). De buena gana subrayo este criterio, que puede extenderse sin dificultad a todos los pasajes marianos del NT.<\/p>\n<p>BIBL.: BoscR1 B., Maria nelI&#8217;AT, en \u00abSacra Dottrina\u00bb 18 (1973) 9-48; BROWN R.E., El nacimiento del Mes\u00ed\u00adas, Cristiandad, Madrid 1982; DEL OLMO LETE G., Bolet\u00ed\u00adn de Mariolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica. La profec\u00ed\u00ada del Emmanuel (Isa 7:10-17). Estado actual de la interpretaci\u00f3n, en \u00abEphemerides mariologicae\u00bb 22 (1972) 357-385; ID, La profec\u00ed\u00ada del Emmanuel (Isa 7:10-17). Ensayo de interpretaci\u00f3n formal, en \u00abEphemerides mariologicae\u00bb 23 (1973) 345-361; GIOVANN, PAOLO II, Omelie per 1&#8243;&#8216;\u00ed\u0081ngelus\u00bb: Maria, punto de approdo dell&#8217;AT e primizia della chiesa di Cristo, en \u00abL&#8217;Osservatore Romano\u00bb 123 (27-28 junio 1983), 1-2; II \u00abf\u00ed\u00adat\u00bb di Maria compimento del \u00abf\u00ed\u00adat\u00bb di Israele al Sinai, ib (4-5 julio 1983) 1.3; Arca dell&#8217;Alleanza, ib (11-12 julio 1983) 1; \u00abQuanto Egli vi dir\u00e1, fatelo&#8217;; ib (18-19 julio 1983) 1; \u00abMaria, da parte sua, serbava tuste queste cose&#8230;&#8217;; ib (25-26 julio 1983) 1; \u00abFiglio, perch\u00e9 ci haifatto questo?&#8217;; ib (1-2 agosto 1983) 1; Maria, Madre dell&#8217;unit\u00e1 della chiesa, ib (8-9 agosto 1983) 1; \u00abMaria, sede della sapienza\u00bb; ib (5-6 septiembre 1983) 2; \u00abConsolatrice degli afflitti&#8217;; ib (19-20 septiembre 1983) 1.5; \u00abHa posato lo sguardo sulla povert\u00e1 della sua serva&#8230;\u00bb, ib (26-27 septiembre 1983) 5; Maria, madre nostra nella fede, ib (5-6 diciembre 1983) 6; GRELOT P., Marie (Vierge), en DSAM X (1980) 410-413; LAURENTIN R., Structure et Th\u00e9logie de Luc I-II, Gabalda, Par\u00ed\u00ads 1957, 64-92, 148-161; ID, 1 Vangeli dell&#8217;infanzia di Cristo. La verit\u00e1 del Natale al di l\u00e1 dei miti. Esegesi e semiotica; storicit\u00e1 e teologia, Ed. Paoline, Roma 1985, 70s., 72-75, 76-85, 546-549; LEMMO N., Maria, \u00abFiglia di Sion\u00bb; a partire da Lev 1:26-38. Bilancio esegetico dal 1939 al 1982, en \u00abMarianum\u00bb 45 (1983) 175-258; McHuGH J., The Mother of Jesus in the New Testament, Darton, Longmann and Todd, Londres 1975, 37-52, 56-63, 68-72, 281-283, 404-432, 438-444, 497-498; MONTAGNINI F., Problemi dell&#8217;Apocalisse in alcuni studi degli ultimi anni, en \u00abRBit\u00bb 11 (1963) 400-424; ID, La Donna \u00abvestita di sole\u00bb, en \u00abJesus\u00bb 6 (1984) 2, 40-41; ORTENSIO DA SEINETOLI, Maria nella Tradizione Biblica, Dehoniane, Bolonia 19673, 31-68, 259-284, 354-356; SERRA A., Mar\u00ed\u00ada seg\u00fan el evangelio, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1988; ID, La presenza e la funzione della Madre del Messia nell&#8217;AT, en Identit\u00e1 dei Servi di Maria, Marianum, Roma 1975, 9-21; ID, La Vergine, Madre del Salvatore. 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Un formulario di Alleanza?, en \u00abParole di vita\u00bb 25 (1980) 164-171; ID, Sapienza e contemplazione di Maria secondo Lev 2:19.51b, Marianum, Roma 1982, 40-55, 65-129, 134-138, 249-250, 266-277, 279, 288-289; ID, \u00abEsulta, figlia di Sion!&#8217;: Principali riletture di Zc 2,14-15 e 9,9a-c nel Giudaismo antico e nel Cristianesimo primitivo del 1-II secolo, en \u00abMarianum\u00bb 45 (1983) 9-54; ID, Biblia, en Nuevo Diccionario de Mariolog\u00ed\u00ada, Ed. Paulinas, Madrid 1988, 300-385; ID, Sabia, en Nuevo Diccionario de Mariolog\u00ed\u00ada, o.c., 1756-1769; STOCK K., La vocazione di Maria: Lev 1:26-38, en \u00abMarianum\u00bb 45 (1983) 94-126; VALENTINI A., E&#8217; presente Maria nell A77, en \u00abMadre di Dio\u00bb 53 (1985) 2,10-I1; VANNI U., La decodificazione de! \u00abgrande segno\u00bb in Apocalisse 12,1-6, en \u00abMarianum\u00bb 40 (1978) 121-152; VIRGULIN S., Ricerche su Genesi 3,15 dal 1970 al 1977, en \u00abMarianum\u00bb 40 (1978) 13-30.<\/p>\n<p>A. Serra<br \/>\nB) MAR\u00ed\u008dA EN EL NT. I. INTRODUCCI\u00ed\u201cN. Durante largos siglos la doctrina mariana en la Iglesia cat\u00f3lica se hab\u00ed\u00ada ido desarrollando sin grandes discusiones. Pero desde hace unos treinta a\u00f1os, especialmente despu\u00e9s del Vaticano lija mariolog\u00ed\u00ada ha entrado profundamente en crisis. Son tres las razones principales: a) la atenci\u00f3n se hab\u00ed\u00ada concentrado demasiado en la persona singular de Mar\u00ed\u00ada y en sus \u00abprivilegios\u00bb; de esta manera la teolog\u00ed\u00ada mariana se hab\u00ed\u00ada convertido en un tratado independiente, aislado de la visi\u00f3n de conjunto de misterio cristiano; b) el contexto ecum\u00e9nico ha hecho a los te\u00f3logos cat\u00f3licos, y m\u00e1s a\u00fan a los biblistas, muy sensibles a las cr\u00ed\u00adticas de los protestantes; c) la mariolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica reciente ha estado demasiado dominada por el uso del m\u00e9todo hist\u00f3rico-cr\u00ed\u00adtico.<\/p>\n<p>La l\u00ed\u00adnea a seguir para responder a este triple desaf\u00ed\u00ado es muy clara: hay que profundizar en lo que la misma Sagrada Escritura nos dice sobre Mar\u00ed\u00ada; pero no hay que hacerlo con un m\u00e9todo reductivo, limit\u00e1ndose a reconstruir los hechos hist\u00f3ricos (lo cual resulta muchas veces aleatorio), sino que hay que destacar plenamente los textos mismos de los evangelios, intentando adem\u00e1s profundizar en ellos a la luz de la tradici\u00f3n. As\u00ed\u00ad se sale al encuentro del segundo y tercer desafio. El primero afecta m\u00e1s al te\u00f3logo. Pero tambi\u00e9n la teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica tiene que abrir los horizontes de la historia de la salvaci\u00f3n y mostrar el lugar que en ella ocupa Mar\u00ed\u00ada, la \u00abhija de Si\u00f3n\u00bb, en el conjunto del camino del pueblo de Dios. Adem\u00e1s, la mariolog\u00ed\u00ada toma todo su verdadero sentido de la cristolog\u00ed\u00ada, aunque debe integrarse tambi\u00e9n en la eclesiolog\u00ed\u00ada, como quiso el Vat. II (LG, c. VIII). Para el equilibrio y la fecundidad de la mariolog\u00ed\u00ada siempre ser\u00e1 necesario proponerla con este triple esfuerzo de integraci\u00f3n teol\u00f3gica: en el AT, en el misterio de Cristo, piedra angular y \u00fanico mediador, y en el de la Iglesia.<\/p>\n<p>II. PREPARACI\u00ed\u201cN A LA ENCARNACI\u00ed\u201cN. Dos vers\u00ed\u00adculos del relato de la anunciaci\u00f3n muestran que Mar\u00ed\u00ada hab\u00ed\u00ada sido ya preparada por Dios para la misi\u00f3n \u00fanica que habr\u00ed\u00ada de desempe\u00f1ar en la encarnaci\u00f3n.<\/p>\n<p>1. \u00abLLENA DE GRACIA\u00bb (LC 1,28). Despu\u00e9s de una invitaci\u00f3n a la \u00abhija de Si\u00f3n\u00bb para que entre en el gozo escatol\u00f3gico (jaire; cf Sof 3:14; Joe 2:21.23; Zac 9:9), el \u00e1ngel se dirige a la Virgen con el t\u00ed\u00adtulo de \u00abllena de gracia\u00bb, que es la versi\u00f3n tradicional de kejarit\u00f3m\u00e9ne (participio perfecto pasivo de jarit\u00f3\u00f3). Los verbos en -\u00f3o tienen valor causativo (typhl\u00f3o, p.ej., quiere decir volver a uno ciego, typhl\u00f3s); el verbo jarit\u00f3o significa que la gracia transforma a una persona, haci\u00e9ndola graciosa y amable; as\u00ed\u00ad, por ejemplo, en el texto paralelo de Efe 1:6 : \u00abLa gracia maravillosa que nos ha concedido por medio de su amado Hijo\u00bb (lit., \u00abcon que nos ha agraciado\u00bb) significa que \u00abnos ha hecho dignos de amor\u00bb (J. Cris\u00f3stomo). El t\u00ed\u00adtulo dado a Mar\u00ed\u00ada en Luc 1:28 describe el cambio ya operado en ella por la gracia de Dios: hab\u00ed\u00ada sido \u00abpurificada de antemano\u00bb (Sofronio, Or. H in Ann., 25: PG 87\/ Luc 3:3248). Seg\u00fan la interpretaci\u00f3n que ha pasado a ser tradicional, \u00abllena de gracia\u00bb describe la santidad de Mar\u00ed\u00ada realizada en ella por la gracia como preparaci\u00f3n para el acontecimiento de la encarnaci\u00f3n. Tenemos una confirmaci\u00f3n de ello en el g\u00e9nero literario, muy parecido al de la vocaci\u00f3n de Gede\u00f3n en Jue 6:11-24 : el \u00e1ngel de Yhwh anuncia a Gede\u00f3n que tendr\u00e1 que salvar a Israel de manos de los madianitas con su fuerza, es decir, con la fuerza que posee ya, pero tambi\u00e9n con la ayuda del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>El caso es an\u00e1logo para Mar\u00ed\u00ada: estaba ya transformada por la gracia de Dios, no s\u00f3lo para convertirse en la madre del mes\u00ed\u00adas, sino para serlo permaneciendo virgen. As\u00ed\u00ad pues, del contexto se deduce que aquella gracia era ante todo la de la virginidad. S\u00f3lo as\u00ed\u00ad se explica la reacci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada cuando recibe el anuncio de su maternidad inminente.<\/p>\n<p>2. EL DESEO DE PERMANECER VIRGEN (LC 1,34). Seg\u00fan la ex\u00e9gesis tradicional (san Gregorio de Nisa, san Agust\u00ed\u00adn, etc.), Mar\u00ed\u00ada, con las palabras: \u00ab\u00bfC\u00f3mo ser\u00e1 esto, pues no tengo relaciones?\u00bb, expresa su prop\u00f3sito de permanecer virgen. Esta interpretaci\u00f3n, que mantienen hoy muchos (S. Lyonnet, S. Zedda, C. Ghidelli&#8230;), no satisface del todo: el \u00abno tengo relaciones\u00bb (lit., \u00abno conozco var\u00f3n\u00bb) expresa normalmente un hecho, no una intenci\u00f3n; y no se comprende entonces el matrimonio de Mar\u00ed\u00ada con Jos\u00e9. Varios autores ven en este vers\u00ed\u00adculo un artificio literario; servir\u00ed\u00ada tan s\u00f3lo para introducir el anuncio del vers\u00ed\u00adculo 35. Pero es improbable que Lucas haya hecho decir a Mar\u00ed\u00ada una frase casi vac\u00ed\u00ada de sentido; por lo dem\u00e1s, en los relatos de este g\u00e9nero, la persona interpelada opone una verdadera dificultad al anuncio divino (cf Jue 6:13); y es \u00e9ste el caso tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad, puesto que el \u00e1ngel responde a la dificultad de Mar\u00ed\u00ada (\u00abNo hay nada imposible para Dios\u00bb: v. 37).<\/p>\n<p>Se necesita, por tanto, un an\u00e1lisis m\u00e1s atento del texto. Del examen completo de la f\u00f3rmula \u00abno conocer var\u00f3n\u00bb en el AT se deduce que expresa el estado de virginidad de la mujer; cf, por ejemplo, el caso de la hija de Jeft\u00e9, que antes de morir recibi\u00f3 permiso para ir por los montes para \u00abllorar su virginidad\u00bb, ya que \u00abno hab\u00ed\u00ada conocido var\u00f3n\u00bb (Jue 11:38s; cf 11, 37; 21,12). En Luc 1:34 el sentido de la palabra de Mar\u00ed\u00ada es \u00abSoy virgen\u00bb. Sin embargo, la f\u00f3rmula que aqu\u00ed\u00ad se usa es nueva; m\u00e1s a\u00fan, es \u00fanica en toda la Biblia: jam\u00e1s se us\u00f3 esta expresi\u00f3n para afirmar la condici\u00f3n virginal de la mujer de una forma tan clara e inequ\u00ed\u00advoca (M. Orsatti). Adem\u00e1s, Mar\u00ed\u00ada es la \u00fanica mujer que utiliza el verbo en presente, y no en pasado; en otros lugares se trata de j\u00f3venes no casadas, pero Mar\u00ed\u00ada est\u00e1 ya unida en matrimonio con Jos\u00e9; sin embargo, no habla de \u00e9l como de su marido (cf en el caso paralelo de Mat 1:20 : \u00abtu esposa&#8217;, sino que excluye gen\u00e9ricamente que \u00abconozca var\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Para respetar todos estos matices, parece necesario presentar una soluci\u00f3n parcialmente nueva, pero que sigue estando dentro del esp\u00ed\u00adritu de la tradici\u00f3n. No se trata de una decisi\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada de no tener relaciones conyugales (\u00bfc\u00f3mo podr\u00ed\u00ada explicarse entonces su matrimonio?), sino de su estado de \u00e1nimo existencial, de su deseo de la virginidad. Esta era m\u00e1s o menos la interpretaci\u00f3n de santo Tom\u00e1s (S. Th., III, q. 28, a. 4); y san Ambrosio dec\u00ed\u00ada que Mar\u00ed\u00ada era virgen \u00abno s\u00f3lo en el cuerpo, sino tambi\u00e9n en el \u00e1nimo\u00bb (\u00abetiam mente\u00bb: De virginibus II, 2,7: PL 16,220). As\u00ed\u00ad tambi\u00e9n, entre los modernos, R. Guardini (La Madre del Se\u00f1or, 35-52): la Virgen expresa aqu\u00ed\u00ad \u00abla orientaci\u00f3n m\u00e1s profunda de su vida\u00bb; no hab\u00ed\u00ada decidido nada, porque eso no era posible en el cuadro social de aquel tiempo; pero la actitud que toma, \u00abcaracterizaba a Mar\u00ed\u00ada en su ser y en su intimidad\u00bb. Su respuesta entonces ha de ponerse en relaci\u00f3n con el t\u00ed\u00adtulo dado al principio: siendo \u00abllena de gracia\u00bb, Mar\u00ed\u00ada responde espont\u00e1neamente al \u00e1ngel: \u00abSoy virgen\u00bb. El kejarit\u00f3m\u00e9n\u00e9 del vers\u00ed\u00adculo 28 expresaba no tanto, en general, la \u00abplenitud de gracia\u00bb de Mar\u00ed\u00ada (su \u00absantidad\u00bb) cuanto m\u00e1s bien \u00abla gracia de la virginidad\u00bb, como hab\u00ed\u00ada intuido ya san Bernardo (De laudibus Virg. Matris III, 3, Opera IV, 38). Puede aplic\u00e1rsele a Mar\u00ed\u00ada la descripci\u00f3n paulina de la virginidad (ICor 7,29-35): aunque ligada a un hombre, Mar\u00ed\u00ada vive \u00abcomo si no\u00bb lo estuviera (v. 29); viv\u00ed\u00ada \u00abmirando a lo m\u00e1s perfecto y a lo que os unir\u00e1 enteramente con el Se\u00f1or\u00bb (v. 35). El ideal cristiano de la virginidad, ciertamente, s\u00f3lo ser\u00e1 proclamado a\u00f1os m\u00e1s tarde por Jes\u00fas, pero era vivido ya por Mar\u00ed\u00ada de una forma todav\u00ed\u00ada escondida e ignorada; este p\u00e1rrafo de Lc describe la virginitas cordis de Mar\u00ed\u00ada. Por tanto, puede decirse que \u00abla hora de la concepci\u00f3n de Cristo es la hora del nacimiento de la virginidad cristiana\u00bb (Guardini).<\/p>\n<p>III. MADRE DE JES\u00daS Y VIRGEN. Desde el punto de vista de Mar\u00ed\u00ada, la encarnaci\u00f3n implicaba dos aspectos, expresados en la profesi\u00f3n de fe tradicional: \u00abNatus est de Spiritu Sancto ex Maria virgine\u00bb (DS 10); Mar\u00ed\u00ada era en sentido pleno la madre de Jesucristo; sin embargo, fue y sigui\u00f3 siendo virgen. Es \u00e9sta la ense\u00f1anza inequ\u00ed\u00advoca de los evangelios.<\/p>\n<p>1. EL ANUNCIO A MAR\u00ed\u008dA (LC 1,26-38). Hemos de volver ahora al p\u00e1rrafo ya examinado desde el punto de vista de la maternidad de Mar\u00ed\u00ada. El texto presenta un doble mensaje del \u00e1ngel.<\/p>\n<p>a) Maternidad mesi\u00e1nica y divina (vv. 31ss). \u00abConcebir\u00e1s y dar\u00e1s a luz un hijo (&#8230;). El Se\u00f1or le dar\u00e1 el trono de David, su padre\u00bb; Mar\u00ed\u00ada se convertir\u00e1 en la madre del mes\u00ed\u00adas. Pero a su hijo \u00abse le llamar\u00e1 Hijo del Alt\u00ed\u00adsimo\u00bb (v. 32) y \u00abse le llamar\u00e1 Hijo de Dios\u00bb (v. 35). Estos t\u00ed\u00adtulos, en el juda\u00ed\u00adsmo, pod\u00ed\u00adan tener un sentido simplemente humano y mesi\u00e1nico. Pero aqu\u00ed\u00ad, despu\u00e9s del ep\u00ed\u00adteto \u00abgrande\u00bb (en sentido absoluto, vale s\u00f3lo para Dios), designan la filiaci\u00f3n divina del que va a nacer: la madre de Jes\u00fas ser\u00e1 la madre del Hijo de Dios.<br \/>\nb) Maternidad virginal (vv. 35ss). Pero se respetar\u00e1 plenamente su deseo de virginidad. El \u00e1ngel le explica a Mar\u00ed\u00ada que su concepci\u00f3n ser\u00e1 virginal, ya que se debe a la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo; el poder del Alt\u00ed\u00adsimo la \u00abcubrir\u00e1 con su sombra\u00bb (v. 35a): es una alusi\u00f3n a la nube (s\u00ed\u00admbolo de lo divino),que cubr\u00ed\u00ada la tienda de la reuni\u00f3n (Exo 40:35) y se\u00f1alaba el arca de la alianza como el lugar de la presencia de Jhwh. Mar\u00ed\u00ada ser\u00e1 como una nueva arca de la alianza: llevar\u00e1 en su seno al Hijo de Dios. Pero hay m\u00e1s todav\u00ed\u00ada: el \u00e1ngel le anuncia tambi\u00e9n a Mar\u00ed\u00ada un parto virginal. Se dice con frecuencia que esta ense\u00f1anza no est\u00e1 contenida con claridad en la Escritura (de Luc 2:61 no se puede deducir mucho). Pero la encontramos en Luc 1:35b, si se le interpreta correctamente, como hizo la tradici\u00f3n antigua. Hoy las dos formas m\u00e1s comunes de traducir este vers\u00ed\u00adculo son: \u00abEl ni\u00f1o que nazca ser\u00e1 santo y se le llamar\u00e1 Hijo de Dios\u00bb (Leccionario), y \u00abLo que nazca ser\u00e1 llamado santo, Hijo de Dios\u00bb (Utet). Pero la primera traducci\u00f3n inserta indebidamente el verbo \u00abser\u00e1\u00bb (que no est\u00e1 en el texto); la segunda deja el t\u00ed\u00adtulo \u00abHijo de Dios\u00bb en suspenso, sin funci\u00f3n alguna, aunque se encuentre en posici\u00f3n enf\u00e1tica (cf el paralelismo con el v. 32). Mas en la lectura tradicional \u00absanto\u00bb se le\u00ed\u00ada como el predicado de \u00abnacer\u00e1\u00bb (cf la Vulgata): \u00abLo que nacer\u00e1 santo (= santamente) ser\u00e1 llamado Hijo de Dios\u00bb (cf Il parto verginale, 163-170). La \u00absantidad\u00bb del parto (cf Lev 12:4.7) significa aqu\u00ed\u00ad la incontaminaci\u00f3n. San Cirilo de Jerusal\u00e9n lo explicaba de este modo: \u00abSu nacimiento fue puro e incontaminado. En efecto, donde respira el Esp\u00ed\u00adritu, all\u00ed\u00ad se quita toda mancha. Por consiguiente, fue incontaminado el nacimiento del Unig\u00e9nito de la Virgen\u00bb (Catech. 12,32: PG 33,765A). Para los dem\u00e1s hombres, el parto virginal de Jes\u00fas se convertir\u00e1 en el signo de su filiaci\u00f3n divina (\u00abPor eso&#8230; se le llamar\u00e1 Hijo de Dios\u00bb). Esta lectura de Luc 1:35b se ver\u00e1 confirmada por el an\u00e1lisis de Jua 1:13.<\/p>\n<p>2. EL ANUNCIO A JOSE (MT 1,18-25). En Lc la encarnaci\u00f3n se le anunciaba a Mar\u00ed\u00ada; en Mt encontramos el punto de vista complementario, el de Jos\u00e9. Desde el principio Mt quer\u00ed\u00ada hacer comprender que Jes\u00fas era \u00abhijo de David, hijo de Abrah\u00e1n\u00bb (Mat 1:1), es decir, el mes\u00ed\u00adas que se esperaba en Israel. Con esta finalidad se inserta aqu\u00ed\u00ad la lista geneal\u00f3gica de 1,2-17. La descendencia dav\u00ed\u00addica llegaba hasta Jos\u00e9, \u00abhijo de David\u00bb (1,20; cf 1,16a). \u00bfPero c\u00f3mo pod\u00ed\u00ada alcanzar tambi\u00e9n esta descendencia a Jes\u00fas, si no era el hijo de Jos\u00e9? Este hecho, es decir, que Jos\u00e9 no era el verdadero padre de Jes\u00fas, se afirma con claridad en Mt: despu\u00e9s de la repetici\u00f3n mon\u00f3tona de los 39 \u00abfue padre de\u00bb (vv. 2-16a), la cadena se rompe bruscamente en el vers\u00ed\u00adculo 16b; aqu\u00ed\u00ad no se dice que \u00abJos\u00e9 fue padre de Jes\u00fas\u00bb, sino que la atenci\u00f3n se desplaza a Mar\u00ed\u00ada: \u00abJacob fue padre de Jos\u00e9, el esposo de Mar\u00ed\u00ada, de la cual naci\u00f3 Jes\u00fas, que es el Mes\u00ed\u00adas\u00bb. La per\u00ed\u00adcopa siguiente explica c\u00f3mo, en este caso, Jes\u00fas pod\u00ed\u00ada ser hijo de David (\u00abEl nacimiento de Jes\u00fas como Cristo fue as\u00ed\u00ad\u00bb: v. 18). Entre las diversas explicaciones de las dudas de Jos\u00e9, la mejor es decir que \u00e9l sab\u00ed\u00ada c\u00f3mo hab\u00ed\u00ada tenido lugar el embarazo de Mar\u00ed\u00ada: al no ser el padre de la criatura que iba a nacer, crey\u00f3 que deber\u00ed\u00ada separarse de ella. Pues bien, el anuncio pretende precisamente hacerle comprender que tiene que asumir la paternidad legal del ni\u00f1o, cuyo car\u00e1cter mesi\u00e1nico queda entonces asegurado. Por eso se designa a Jos\u00e9 como \u00abhijo de David\u00bb (v. 20). Seg\u00fan una larga tradici\u00f3n (Pseudo-Or\u00ed\u00adgenes, Basilio, Bernardo, Tom\u00e1s), \u00e9l sent\u00ed\u00ada aqu\u00ed\u00ad un temor reverencial, que puede compararse con el sentimiento de indignidad de Isabel (Luc 1:43), del centuri\u00f3n (Mat 8:8), de Pedro (Luc 5:8). La filolog\u00ed\u00ada ofrece una confirmaci\u00f3n (cf el uso de las part\u00ed\u00adculas g\u00e1r&#8230;, d\u00e9&#8230;); el mensaje probablemente debe entenderse as\u00ed\u00ad: \u00abEs verdad, lo que se ha concebido en ella viene del Esp\u00ed\u00adritu Santo; pero ella te dar\u00e1 un hijo y t\u00fa le pondr\u00e1s por nombre Jes\u00fas\u00bb.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, este p\u00e1rrafo se interesa ante todo por la situaci\u00f3n de Jos\u00e9, pero es igualmente importante para Mar\u00ed\u00ada: la concepci\u00f3n virginal no se le anuncia a Jos\u00e9 como un hecho que \u00e9l ignorase, sino que se presenta como una situaci\u00f3n ya conocida por \u00e9l, pero que le creaba dificultades; por eso se necesitaba la intervenci\u00f3n del \u00e1ngel. Para Mt la concepci\u00f3n virginal es, por tanto, un hecho indiscutible, que se presupone en todo el episodio. El evangelista vuelve de nuevo dos veces sobre el tema: primero con la cita de Isa 7:14 : \u00abLa Virgen concebir\u00e1 y dar\u00e1 a luz&#8230;\u00bb; luego, en la conclusi\u00f3n, que destaca dos puntos: la importancia decisiva de la funci\u00f3n legal de Jos\u00e9 (\u00e9l le dio el nombre) para la inserci\u00f3n de Jes\u00fas en la descendencia mesi\u00e1nica, y el hecho de que \u00e9l no \u00abconoci\u00f3\u00bb a Mar\u00ed\u00ada (el \u00abhasta que\u00bb, seg\u00fan el uso sem\u00ed\u00adtico, no significa que la conociera despu\u00e9s: cf 2Sa 6:23).<\/p>\n<p>3. CONCEPCI\u00ed\u201cN Y PARTO VIRGINAL DEL HIJO DE DIOS (JN 1,13). Varios autores dicen que Jn y su comunidad ignoraban todav\u00ed\u00ada el hecho de la concepci\u00f3n virginal o no mostraban por \u00e9l ning\u00fan inter\u00e9s especial. Esto es ya a priori poco veros\u00ed\u00admil, puesto que en el centro de la teolog\u00ed\u00ada joanea est\u00e1 precisamente el misterio de la encarnaci\u00f3n del Hijo de Dios. Es verdad que Jes\u00fas es llamado por dos veces \u00abhijo de Jos\u00e9\u00bb (1,45; 6,42); pero aqu\u00ed\u00ad el evangelista recoge simplemente la opini\u00f3n de la gente, sin compartirla, como lo muestra el an\u00e1lisis: para \u00e9l, Jes\u00fas \u00abviene del cielo\u00bb (6,41s); no es \u00abhijo de Jos\u00e9\u00bb, sino Hijo de Dios (cf I. de la Potterie, La M\u00e9re de J\u00e9sus&#8230;, 45-49). Pero el texto m\u00e1s importante para esta cuesti\u00f3n es un pasaje del pr\u00f3logo (1,13). De ordinario se lee el verbo en plural: \u00ablos cuales no fueron engendrados de sangre&#8230;, sino de Dios\u00bb (Leccionario). Pero un n\u00famero cada vez mayor de cr\u00ed\u00adticos reconocen actualmente que hay que leer probablemente en singular: \u00ab\u00e9l, que no naci\u00f3 ni de sangre ni de carne&#8230;, sino de Dios\u00bb: se trata entonces de la generaci\u00f3n divina de Cristo (a.c., 6069). Es verdad que los manuscritos recogen el plural. Pero el problema crucial es el estado del texto en el siglo u. Pues bien, todos los manuscritos son posteriores. Por el contrario, los testimonios m\u00e1s antiguos (los padres del siglo n) le\u00ed\u00adan el texto en singular. Seg\u00fan Tertuliano e Ireneo, el paso al plural se debe a las especulaciones gn\u00f3sticas. Tambi\u00e9n la cr\u00ed\u00adtica interna (vocabulario, estilo, teolog\u00ed\u00ada) est\u00e1 en favor del singular. Por tanto, el texto puede leerse as\u00ed\u00ad: \u00abNo de sangre, ni de carne, ni de voluntad de hombre, sino de Dios (\u00e9l) fue engendrado; s\u00ed\u00ad, el Verbo se hizo carne&#8230;\u00bb (1,1314). La estrecha conjunci\u00f3n de los dos vers\u00ed\u00adculos (cf ka) supone, por as\u00ed\u00ad decirlo, que desde 1,13 se hablaba ya de la generaci\u00f3n humana y del nacimiento de Cristo (egenn\u00e9th\u00e9 indica las dos cosas: \u00abfue engendrado\u00bb y \u00abnaci\u00f3&#8217;).<\/p>\n<p>Esta lectura cristol\u00f3gica del pasaje nos ofrece dos indicaciones importantes sobre las modalidades concretas de la encarnaci\u00f3n. Jesucristo (cf 1,17) no fue concebido \u00abde voluntad (= deseo) de hombre&#8230;, sino de Dios\u00bb: esto significa que fue una concepci\u00f3n virginal. M\u00e1s dif\u00ed\u00adcil resulta la primera de las tres negaciones del vers\u00ed\u00adculo 13: \u00abNo de sangres\u00bb (en plural). Esta expresi\u00f3n siempre ha suscitado perplejidades. Pero el estudio de P. Hofrichter (Nicht aus Blut&#8230;) parece haber indicado el camino justo hacia la soluci\u00f3n: hay que remontarse a la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica y jud\u00ed\u00ada, es decir, a las leyes lev\u00ed\u00adticas de la purificaci\u00f3n de la mujer: el plural \u00absangres\u00bb, en este contexto, designa la sangre que la mujer pierde en el parto o en la menstruaci\u00f3n (Lev 12:4-7; Lev 20:18). Sobre este fondo la primera negaci\u00f3n de Jua 1:13 podr\u00ed\u00ada interpretarse as\u00ed\u00ad: el verbo de Dios hecho carne naci\u00f3 \u00absin efusi\u00f3n de sangre\u00bb. Entendido en este sentido, el vers\u00ed\u00adculo de Jua 1:13, como Luc 1:35b, contendr\u00ed\u00ada una indicaci\u00f3n sobre el parto virginal de Mar\u00ed\u00ada (la virginitas in partu). Del contexto se deduce adem\u00e1s cu\u00e1l era el sentido teol\u00f3gico de la concepci\u00f3n y del parto virginal: era un signo, un signo necesario para hacer comprender a los hombres que el hijo de Mar\u00ed\u00ada era el Hijo de Dios, el \u00abunig\u00e9nito venido del Padre\u00bb (Luc 1:14). La semejanza de este vers\u00ed\u00adculo (sobre el modo concreto de la encarnaci\u00f3n y para su sentido) con el de Luc 1:35b (que lo anunciaba) es una confirmaci\u00f3n de la interpretaci\u00f3n propuesta para los dos textos.<\/p>\n<p>IV. LA MADRE DEL MES\u00ed\u008dAS. Las otras tres per\u00ed\u00adcopas marianas que tenemos en Lc 1-2 presentan aspectos de la manifestaci\u00f3n de Jes\u00fas-mes\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>1. LA VISITACI\u00ed\u201cN: MAR\u00ed\u008dA, ARCA DE LA ALIANZA (LC 1,39-56). Despu\u00e9s del paralelismo entre el anuncio del nacimiento del precursor y el del nacimiento de Jes\u00fas (1,5.25.26.38), el relato de la visitaci\u00f3n presenta el encuentro de sus madres. Los temas fundamentales de este p\u00e1rrafo son la proclamaci\u00f3n prof\u00e9tica de la venida del mes\u00ed\u00adas y la exultaci\u00f3n mesi\u00e1nica; las dos estaban preparadas en los dos anuncios precedentes (cf 1,15; 1,38). La \u00abprisa\u00bb de Mar\u00ed\u00ada por acudir al lado de Isabel es la expresi\u00f3n de su gozo (\u00abfestina pro gaudio\u00bb: Ambrosio). Ya en el relato de la anunciaci\u00f3n, la concepci\u00f3n de Isabel, conocida por todos como est\u00e9ril, se le hab\u00ed\u00ada presentado a Mar\u00ed\u00ada como signo de que iba a concebir permaneciendo virgen (1,36s). Aqu\u00ed\u00ad se prolonga el paralelismo entre Isabel (vv. 41-45) y Mar\u00ed\u00ada (vv. 46-56); pero se extiende igualmente a los ni\u00f1os que las dos llevan en su seno.<\/p>\n<p>Ante el saludo de Mar\u00ed\u00ada, Isabel siente en su seno la exultaci\u00f3n del ni\u00f1o que va a nacer: comprende que \u00e9l, \u00ablleno de Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (1,15), es el \u00abprofeta del Alt\u00ed\u00adsimo&#8230; para preparar los caminos del Se\u00f1or\u00bb (1,76); en efecto, desde el seno de Isabel (vv. 41.44), \u00e9l revela a su madre la presencia misteriosa del Se\u00f1or en el seno de Mar\u00ed\u00ada (\u00abExultavit ratione mysterii\u00bb: Ambrosio). Entonces Isabel, llena tambi\u00e9n de Esp\u00ed\u00adritu Santo, dirige a Mar\u00ed\u00ada una doble bendici\u00f3n (vv. 42-45); el tono kerigm\u00e1tico y lit\u00fargico de la introducci\u00f3n, \u00abalzando la voz\u00bb (expresi\u00f3n \u00fanica en el NT), que hace eco probablemente a la celebraci\u00f3n de Israel ante el arca de la alianza (anaph\u00f3nein: 1Cr 15:28; 1Cr 16:4.5.42; 2Cr 5:13), permite encontrar aqu\u00ed\u00ad el tema del arca de la alianza escatol\u00f3gica ya presente en 1,35 (cf lSam 6,2-11) y recogido varias veces por los padres, por ejemplo san Ambrosio: \u00ab\u00bfQu\u00e9 cosa es el arca sino santa Mar\u00ed\u00ada?\u00bb (Sermo 42,6: PL 17,689). El mensaje esencial de este p\u00e1rrafo est\u00e1, sin embargo, en la doble proclamaci\u00f3n prof\u00e9tica de Isabel: \u00abLa madre de mi Se\u00f1or viene a m\u00ed\u00ad\u00bb (donde Kyrios designa al mes\u00ed\u00adas, pero aludiendo a su trascendencia); \u00abi Dichosa la que ha cre\u00ed\u00addo!\u00bb (a trav\u00e9s del uso de la tercera persona se siente ya la confesi\u00f3n de la comunidad cristiana); Mar\u00ed\u00ada no habr\u00ed\u00ada llegado a ser la madre del mes\u00ed\u00adas si no hubiera sido la primera creyente.<\/p>\n<p>El Magn\u00ed\u00adficat es el himno en que Mar\u00ed\u00ada alaba a Dios por la obra realizada en ella y en todo el pueblo de Dios. Pero para ella no se dice, como para Juan Bautista, Zacar\u00ed\u00adas e Isabel (1,15.41.67), que estuviera llena de Esp\u00ed\u00adritu Santo, porque el Esp\u00ed\u00adritu hab\u00ed\u00ada bajado ya sobre ella en la anunciaci\u00f3n (1,35). El himno est\u00e1 compuesto en gran parte de citas b\u00ed\u00adblicas; se notan sobre todo contactos con el c\u00e1ntico de Ana (lSam 2,1-10); la situaci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada, como veremos, no era s\u00f3lo semejante a la de la madre del precursor, sino tambi\u00e9n a la de la madre de Samuel. El Magn\u00ed\u00adficat comprende dos partes: la primera (vv. 46-50) concierne a la situaci\u00f3n personal de Mar\u00ed\u00ada; la segunda (vv. 51-55) indica el sentido del acontecimiento para Israel; en esta segunda parte Mar\u00ed\u00ada habla como la \u00abhija de Si\u00f3n\u00bb escatol\u00f3gica, que ve realizarse ahora todo lo que Dios hizo en el pasado por su pueblo. Pero en la primera parte se observan algunos v\u00ed\u00adnculos concretos con los sucesos recientes de la anunciaci\u00f3n y de la visitaci\u00f3n. La frase inicial del himno (\u00abGlorifica&#8230;, se regocija&#8230;\u00bb) va seguida de un doble \u00abporque\u00bb, que explica su sentido; el segundo (\u00abporque el todopoderoso ha hecho conmigo cosas grandes [m\u00e9gala]: v. 49) corresponde a la palabra de introducci\u00f3n del himno: \u00abMagn\u00ed\u00adficat (megalynei)&#8217;; por su parte, el primer \u00abporque\u00bb (\u00abporque se ha fijado en la humilde condici\u00f3n de su esclava\u00bb: v. 48) forma contraste con lo que precede inmediatamente (\u00abDios, mi salvador\u00bb: v. 47b), pero recuerda tambi\u00e9n a la \u00abesclava del Se\u00f1or\u00bb de la anunciaci\u00f3n (1,38). \u00bfQu\u00e9 era aquella \u00abhumilde condici\u00f3n\u00bb (tape\u00ed\u00adn\u00f3sis) de Mar\u00ed\u00ada? Se piensa de ordinario en la condici\u00f3n humilde de los \u00abpobres de Yhwh\u00bb. Pero aqu\u00ed\u00ad Mar\u00ed\u00ada habla de s\u00ed\u00ad misma; y en la Biblia griega tape\u00ed\u00adn\u00f3sis significa siempre \u00abhumillaci\u00f3n\u00bb (p.ej., G\u00e9n 16:11; G\u00e9n 29:32; G\u00e9n 31:42; Deu 26:7), especialmente la de una mujer est\u00e9ril, como la madre de Samuel (ISam 1,11), o la \u00abhija de Si\u00f3n\u00bb, \u00abhumillada\u00bb y \u00abest\u00e9ril\u00bb despu\u00e9s de la destrucci\u00f3n del templo (4 Esd 9:41-45; Esd 10:7. 45s). Pues bien, las palabras de Mar\u00ed\u00ada son por un lado una cita concreta de las de Ana, y por otro son tambi\u00e9n paralelas a las de Isabel (Luc 1:25): dos mujeres que sent\u00ed\u00adan el \u00aboprobio\u00bb de su esterilidad. El vers\u00ed\u00adculo 48 expresa el efecto de lo que Mar\u00ed\u00ada dec\u00ed\u00ada en el vers\u00ed\u00adculo 34: con su deseo de permanecer virgen, Mar\u00ed\u00ada se hab\u00ed\u00ada orientado hacia una condici\u00f3n social de humillaci\u00f3n, la de ser considerada como una mujer est\u00e9ril. Pero ahora \u00abDios, su salvador, se ha fijado en el oprobio de su sierva\u00bb; el Omnipotente ha hecho por ella \u00abcosas grandes\u00bb; por eso, \u00abdesde entonces la llamar\u00e1n dichosa todas las generaciones\u00bb (v. 48): dichosa por aquella humildad suya, dichosa por su fe (v. 45) y dichosa tambi\u00e9n por haberse convertido as\u00ed\u00ad \u00abpara todas las generaciones\u00bb en la madre del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>2. MAR\u00ed\u008dA EN EL TEMPLO (LC 2,22-40.41-52). Despu\u00e9s del nacimiento y de la circuncisi\u00f3n de Jes\u00fas (2,1-21), los dos \u00faltimos p\u00e1rrafos del evangelio lucano de la infancia se desarrollan en el templo. Su tema central es la manifestaci\u00f3n del misterio de Jes\u00fas, el cumplimiento de Mal 3:1 : \u00abPronto vendr\u00e1 a su templo el Se\u00f1or, a quien vosotros busc\u00e1is\u00bb; en el templo Jes\u00fas era reconocido como mes\u00ed\u00adas. En 2, 22-40 (la presentaci\u00f3n), su madre aparece en una actitud de verdadera creyente. Aunque hab\u00ed\u00ada concebido y dado a luz a su hijo de forma virginal, se somete a las normas legales sobre la purificaci\u00f3n de la parturienta (v. 22; cf Lev 12:1-8); y para cumplir con la obligaci\u00f3n de consagrar a Dios todos los primog\u00e9nicos (Exo 13:2.11-16), lleva a su hijo al templo para present\u00e1rselo al Se\u00f1or. Aqu\u00ed\u00ad Sime\u00f3n y Ana celebran la venida de la \u00abgloria de Israel\u00bb (v. 32), de la \u00abliberaci\u00f3n de Israel\u00bb (v. 38). Pero Sime\u00f3n predice tambi\u00e9n que el salvador ser\u00e1 un signo de contradicci\u00f3n (vv. 34s). En este anuncio se inserta una profec\u00ed\u00ada an\u00e1loga relativa a Mar\u00ed\u00ada. El texto de Eze 14:17 sobre la espada que \u00abdividir\u00e1\u00bb a Israel se le aplica a ella, la \u00abhija de Si\u00f3n\u00bb: \u00abY a ti una espada te atravesar\u00e1 el coraz\u00f3n\u00bb (v. 35b). No se trata aqu\u00ed\u00ad de los sufrimientos de la mater dolorosa al pie de la cruz ni del dolor provocado en Mar\u00ed\u00ada por la divisi\u00f3n de Israel frente a Jes\u00fas; el texto implica una cierta participaci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada misma en la experiencia de su pueblo (cf \u00abtambi\u00e9n a ti\u00bb); la \u00abespada\u00bb es una met\u00e1fora de la \u00abdivisi\u00f3n\u00bb experimentada por Mar\u00ed\u00ada; est\u00e1 dividida entre la fe (Eze 1:45), el asombro (Eze 2:33.47) y la incomprensi\u00f3n (Eze 2:49s) ante las primeras revelaciones p\u00fablicas del misterio de su Hijo, Jes\u00fas. Pero mientras que en Israel la incomprensi\u00f3n se convertir\u00ed\u00ada en incredulidad y provocar\u00ed\u00ada la ruina de muchos, en Mar\u00ed\u00ada permanec\u00ed\u00ada ligada a su fe profunda: \u00abMar\u00ed\u00ada, por su parte, guardaba todas estas cosas, medit\u00e1ndolas en su coraz\u00f3n\u00bb (Eze 2:19).<\/p>\n<p>Esta dial\u00e9ctica (revelaci\u00f3n\/ incomprensi\u00f3n) se prolonga en 2,41-52, cuando el mismo Jes\u00fas, a los doce a\u00f1os, se manifiesta en el templo. Toda la per\u00ed\u00adcopa est\u00e1 centrada en sus palabras: \u00ab\u00bfNo sab\u00ed\u00adais que yo debo ocuparme en las cosas de mi Padre?\u00bb (v. 49). Cuando habla de Dios como de su Padre, Jes\u00fas se revela como el Hijo de Dios. La traducci\u00f3n cl\u00e1sica \u00aben la casa de mi Padre\u00bb ha sido cambiada a menudo modernamente por \u00aben las cosas de mi Padre\u00bb. Pero la ex\u00e9gesis contempor\u00e1nea ha mostrado la exactitud y la profundidad teol\u00f3gica de la versi\u00f3n tradicional. Desde estas primeras palabras de Jes\u00fas se expresa el dinamismo que impregnar\u00e1 todo el tercer evangelio: el \u00abcamino\u00bb de Jes\u00fas (v. 41), su \u00absubida\u00bb (v. 22; cf 18,31) a la ciudad santa Ierousal\u00e9m (cf 9,51; aqu\u00ed\u00ad: 2,41.43.45), al templo, al misterio pascual y a la ascensi\u00f3n; en esta perspectiva las dos expresiones \u00abYo debo\u00bb (= \u00abes necesario\u00bb) (dei; cf tambi\u00e9n 9,22; 13,33; 17,25; 24,7.26.44) y \u00aba los tres d\u00ed\u00adas\u00bb (2,46; cf 9,22; 13,33; 24.7.21.45), as\u00ed\u00ad como la menci\u00f3n expl\u00ed\u00adcita de la fiesta de la pascua (2,41; cf 22,1-15), adquieren una resonancia especial: la presencia \u00abnecesaria\u00bb de Jes\u00fas en la casa de su Padre es ya una anticipaci\u00f3n, un s\u00ed\u00admbolo, de su destino futuro y de su entrada en la gloria (24,26); es un indicio de que \u00abdespu\u00e9s del triduo de su pasi\u00f3n triunfal ten\u00ed\u00ada que resucitar y presentarse a nuestra fe en su sede celestial y en el honor divino\u00bb (Ambrosio). Es verdad que Mar\u00ed\u00ada y Jos\u00e9 no sab\u00ed\u00adan todas estas cosas; \u00abno comprendieron\u00bb (2,49s), porque aqu\u00ed\u00ad hab\u00ed\u00ada un triple equ\u00ed\u00advoco: Mar\u00ed\u00ada hab\u00ed\u00ada dicho \u00abtu padre (Jos\u00e9) y yo\u00bb, pero para Jes\u00fas \u00abmi Padre\u00bb ten\u00ed\u00ada otro sentido; hab\u00ed\u00ada declarado que ten\u00ed\u00ada que estar en la casa de su Padre (el templo), pero se volvi\u00f3 con ellos a la casa de Nazaret; adem\u00e1s, Mar\u00ed\u00ada no pod\u00ed\u00ada comprender las alusiones a la pasi\u00f3n y a la glorificaci\u00f3n (cf para los disc\u00ed\u00adpulos: 9,45; 18,34). Pero tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad Mar\u00ed\u00ada era la perfecta creyente: \u00abguardrba todas estas cosas en su coraz\u00f3n\u00bb (2,51), esperando con fe comprender mejor alg\u00fan d\u00ed\u00ada lo que se iba revelando progresivamente sobre su hijo.<\/p>\n<p>V. ESPOSA DE LAS BODAS MESI\u00ed\u0081NICAS EN CAN\u00ed\u0081 (Jua 2:1-12). Entramos ahora en la vida p\u00fablica de Jes\u00fas. La primera per\u00ed\u00adcopa mariana con que nos encontramos es el relato de Jn sobre las bodas de Can\u00e1, que ocupa un lugar importante en el cuarto evangelio: es el p\u00e1rrafo con que concluye la secci\u00f3n primera (,11), que se centra en el tema de la \u00abmanifestaci\u00f3n\u00bb de Jes\u00fas (cf phanero\u00fan:Jua 1:31; Jua 2:11). Esta manifestaci\u00f3n comienza aqu\u00ed\u00ad: por eso Jn llama a este episodio \u00abel comienzo de los signos\u00bb. Pero si las bodas de Can\u00e1 son fundamentalmente un \u00absigno\u00bb (seme\u00ed\u00adon), deber\u00e1n interpretarse a nivel simb\u00f3lico. Por otra parte, si este pasaje es ante todo cristol\u00f3gico, es tambi\u00e9n uno de los grandes textos mariol\u00f3gicos de Jn (el otro es 19,25-27: I infra, VI, 1). As\u00ed\u00ad pues, desde el punto de vista teol\u00f3gico hay que distinguir aqu\u00ed\u00ad el aspecto cristol\u00f3gico y el aspecto mariol\u00f3gico. El tema cristol\u00f3gico fundamental es la manifestaci\u00f3n mesi\u00e1nica de la \u00abgloria\u00bb de Jes\u00fas (2,11): el \u00abvino bueno\u00bb conservado hasta ahora (v. 10) representa la revelaci\u00f3n mesi\u00e1nica, la \u00abgracia de la verdad\u00bb presente en Jes\u00fas (1,17), \u00absu evangelio\u00bb (Agust\u00ed\u00adn, In Job 9:2 : PL 35,1459); por medio del simbolismo de las bodas, \u00e9l se manifiesta como el esposo de la nueva comunidad mesi\u00e1nica (cf tambi\u00e9n 3,28s). Es \u00e9sta la ex\u00e9gesis m\u00e1s difundida en la tradici\u00f3n antigua (p.ej., Gaudencio de Brescia, Tract. VIII, 23: CSEL 68,66; en el antiguo breviario, ant\u00ed\u00adfona de laudes de la epifan\u00ed\u00ada: \u00abHoy la Iglesia se ha unido al esposo celestial\u00bb).<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n el tema mariol\u00f3gico ha de interpretarse en este nivel simb\u00f3lico. La palabra de Jes\u00fas: \u00ab\u00bfQu\u00e9 hay entre t\u00fa y yo, mujer?\u00bb (v. 4), indica que se ha superado ya el tiempo de sus relaciones puramente familiares; Jes\u00fas invita a su madre a situarse con \u00e9l en la perspectiva de su misi\u00f3n mesi\u00e1nica. El t\u00ed\u00adtulo \u00abmujer\u00bb no es una alusi\u00f3n a la mujer del Protoevangelio (G\u00e9n 3:15.20), sino una referencia a la \u00abhija de Si\u00f3n\u00bb, aquella figura femenina que en la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblico-jud\u00ed\u00ada simbolizaba a Israel (cf Os 1-3; Isa 62:11; Zac 9:9). Mar\u00ed\u00ada es designada como \u00abla figura de la sinagoga\u00bb (santo Tom\u00e1s), la madre-Si\u00f3n de la nueva alianza. Esto explica que sus palabras a los sirvientes: \u00abHaced lo que \u00e9l os diga\u00bb (Zac 2:5), \u00abparezcan hacer eco a la f\u00f3rmula usada por el pueblo de Israel para sancionar la alianza del Sina\u00ed\u00ad (cf Exo 19:8; Exo 24:3.7; Deu 5:27)\u00bb (Pablo VI, Marialis cultus, 57). Can\u00e1 es un s\u00ed\u00admbolo de la nueva alianza. Este simbolismo mesi\u00e1nico, que aqu\u00ed\u00ad se especifica en el de las bodas mesi\u00e1nicas, no vale solamente para Jes\u00fas, sino tambi\u00e9n para Mar\u00ed\u00ada: \u00abEn sus gestos y en su di\u00e1logo, la Virgen y Cristo, superando ampliamente los festejos locales, sustitu\u00ed\u00adan a los j\u00f3venes esposos de Can\u00e1 para convertirse en el esposo y la esposa espirituales del banquete mesi\u00e1nico\u00bb (J.P. Charlier, Le signe de Cana&#8230;, 77). Pero Mar\u00ed\u00ada, la esposa, desempe\u00f1a tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad una funci\u00f3n maternal: esta exhortaci\u00f3n suya a los \u00absirvientes\u00bb (no do\u00faloi, sino di\u00e1konoi; cf 12,26: \u00abservir\u00bb a Jes\u00fas), que es la \u00faltima palabra de Mar\u00ed\u00ada en los evangelios, suscita en ellos la diakon\u00ed\u00ada, la perfecta docilidad a la palabra de Jes\u00fas (2,7s), que es la verdadera actitud que deben tomar en la alianza nueva. Mar\u00ed\u00ada se convierte as\u00ed\u00ad en \u00abmadre de los miembros (de Cristo) que somos nosotros, ya que cooper\u00f3 con su caridad al nacimiento de los fieles en la Iglesia\u00bb (san Agust\u00ed\u00adn, De S. Virginitate 6:PL 40,399).<\/p>\n<p>VI. MAR\u00ed\u008dA Y LA IGLESIA. Los dos \u00faltimos pasajes que quedan por considerar tienen en com\u00fan que su aspecto mariol\u00f3gico forma parte de un contexto manifiestamente eclesiol\u00f3gico.<\/p>\n<p>1. LA MADRE DE LOS DISC\u00ed\u008dPULOS: MAR\u00ed\u008dA, IGLESIA NACIENTE (JN 19,25-27). A diferencia de los padres (que ve\u00ed\u00adan aqu\u00ed\u00ad tan s\u00f3lo un gesto de piedad filial de Jes\u00fas), los modernos, prolongando la ex\u00e9gesis medieval, interpretan cada vez m\u00e1s esta escena de la \u00abhora\u00bb de Jes\u00fas como el momento del nacimiento de la Iglesia y el comienzo de la maternidad espiritual de la madre de Jes\u00fas. Esta orientaci\u00f3n mesi\u00e1nica y eclesiol\u00f3gica de nuestra per\u00ed\u00adcopa se deriva de tres indicios literarios convergentes: el paralelismo con las bodas de Can\u00e1, s\u00ed\u00admbolo de las bodas mesi\u00e1nicas; la relaci\u00f3n con la t\u00fanica \u00absin costura\u00bb (19,23-24), que simboliza la unidad del pueblo de Dios en la \u00e9poca mesi\u00e1nica, y la fuerte vinculaci\u00f3n con 19,28, que muestra en nuestro episodio el \u00faltimo acto de Jes\u00fas: el cumplimiento de su misi\u00f3n mesi\u00e1nica (tet\u00e9lestai) y la observancia perfecta de la Escritura. Adem\u00e1s, se utiliza aqu\u00ed\u00ad el llamado \u00abesquema de revelaci\u00f3n\u00bb (cf 1,29.36.47); en las palabras de Jes\u00fas a su madre y al disc\u00ed\u00adpulo amado se revela que tendr\u00e1n ahora unas relaciones nuevas: \u00abla madre de Jes\u00fas\u00bb (v. 25), presentada luego como \u00abla madre\u00bb (v. 26), tiene que convertirse en la madre del disc\u00ed\u00adpulo (v. 27); y \u00e9ste ser\u00e1 su hijo. Por tanto, \u00abla maternidad corporal de Mar\u00ed\u00ada con el Hijo de Dios hecho carne da fundamento a una maternidad espiritual, que es su cumplimiento\u00bb (P. Grelot, Mar\u00ed\u00ada, en DSAM X, 420). No se trata s\u00f3lo de relaciones personales; ninguna de las dos personas presentes es designada con su nombre; es su funci\u00f3n lo que cuenta, ya que personifican a dos grupos. El disc\u00ed\u00adpulo amado representa a todos los creyentes. La madre de Jes\u00fas, llamada \u00abmujer\u00bb (cf ya 2,4), es la imagen de la \u00abhija de Si\u00f3n\u00bb. Las palabras de Jes\u00fas: \u00abAh\u00ed\u00ad tienes a tu hijo\u00bb, parecen hacer eco al anuncio prof\u00e9tico a la madre-Si\u00f3n, que ve volver del destierro a sus hijos: \u00abAlza en torno los ojos y contempla: todos tus hijos (t\u00e9kna) se re\u00fanen y vienen a ti; tus hijos (hyo\u00ed\u00ad) llegan de lejos\u00bb (Isa 60:4 LXX; cf Bar 4:37; Bar 5:5). En Mar\u00ed\u00ada se realiza, por tanto, la comunidad mesi\u00e1nica; pero la madre de Jes\u00fas, en su funci\u00f3n maternal, se convierte tambi\u00e9n en la Iglesia naciente, \u00abel nuevo comienzo de la Iglesia santa\u00bb (Gerhoh de Reichersberg, De glor. et hon. Fil. hom. X, 1: PL 194,1105).<\/p>\n<p>Este progresivo ensanchamiento de la perspectiva hacia la Iglesia muestra que est\u00e1 fuera de lugar pensar aqu\u00ed\u00ad solamente en las preocupaciones personales y exteriores del disc\u00ed\u00adpulo por la madre de Jes\u00fas (cf el Leccionario: \u00abSe la llev\u00f3 a su casa\u00bb); tiene que acoger espiritualmente a aquella que se ha convertido en su madre: \u00abDesde aquella hora el disc\u00ed\u00adpulo la acogi\u00f3 en su intimidad (in sua)\u00bb como dice el vers\u00ed\u00adculo 27b (cf I. de la Potterie, \u00abEt \u00e1 partir de cette heure&#8230;&#8217;). \u00abEl alcance inagotable de este simbolismo relaciona \u00ed\u00adntimamente el misterio de la Iglesia con el misterio de Mar\u00ed\u00ada\u00bb (P. Grelot, 1.c.). Desde aquella \u00abhora\u00bb se les exige una acogida como la del disc\u00ed\u00adpulo a \u00abtodas las generaciones de disc\u00ed\u00adpulos y de cuantos confiesan y aman a Cristo\u00bb (Juan Pablo II, Redemptor hominis 22). Pero si Mar\u00ed\u00ada es aqu\u00ed\u00ad \u00abimagen y principio de la Iglesia\u00bb (LG 68), es al mismo tiempo \u00abmadre de la Iglesia, es decir, de todo el pueblo de Dios\u00bb (Pablo VI); \u00abla madre de los miembros de Cristo, que somos nosotros\u00bb (san Agust\u00ed\u00adn, o.c.), porque se convierte en la madre de todos los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>\u00bfEn qu\u00e9 consiste esta maternidad espiritual suya? Podemos precisarlo observando que esta escena es el \u00fanico pasaje del cuarto evangelio en que se habla justamente de la madre de Jes\u00fas y del don del Esp\u00ed\u00adritu (para Lc, cf 1,35). Los dos temas est\u00e1n relacionados entre s\u00ed\u00ad: el vers\u00ed\u00adculo 28, por una parte, remite al episodio anterior, el nuestro (19,25-27); pero contiene tambi\u00e9n las palabras de Jes\u00fas: \u00abTengo sed\u00bb, que encuentran luego su cumplimiento en los dos pasajes siguientes (el don del Esp\u00ed\u00adritu, v. 30; el agua que sale del costado traspasado, s\u00ed\u00admbolo del Esp\u00ed\u00adritu, v. 34; cf 7,39). La acogida espiritual de la \u00abmujer\u00bb (la madre de Jes\u00fas, la Iglesia) precede, por tanto, a la efusi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu sobre la Iglesia casi como una condici\u00f3n: Mar\u00ed\u00ada ejerce una especie de mediaci\u00f3n entre Jes\u00fas y el Esp\u00ed\u00adritu. Lo mismo se deduce de la progresi\u00f3n que se observa en tres pasajes en los que Juan utiliza el verbo lamb\u00e1nein para describir el itinerario del verdadero disc\u00ed\u00adpulo: al principio ten\u00ed\u00ada que \u00abacoger\u00bb a Jes\u00fas (1,12); ahora debe \u00abacoger\u00bb tambi\u00e9n a la madre de Jes\u00fas \u00aben su intimidad\u00bb (19,27); as\u00ed\u00ad es como podr\u00e1 \u00abrecibir el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (20,22; cf 19,30.34), hacerse un hombre de fe (20,27), un hermano de Jes\u00fas (20,17). En este camino lo precede la madre de Jes\u00fas, como madre suya, esto es, como \u00abfigura y egregio modelo en la fe\u00bb (LG 53; cf Jua 2:5). As\u00ed\u00ad la \u00abmujer\u00bb que hab\u00ed\u00ada sido la madre de Jes\u00fas se convierte en la madre espiritual de los hermanos de Jes\u00fas, haci\u00e9ndolos \u00abconformes con la imagen de su Hijo\u00bb (cf Rom 8:29), es decir, semejantes a Cristo. En este sentido se orientaba ya la ex\u00e9gesis origeniana de este p\u00e1rrafo: \u00abNo hay m\u00e1s hijo de Mar\u00ed\u00ada que Jes\u00fas&#8230; (Su palabra:) `Ah\u00ed\u00ad tienes a tu hijo&#8217;&#8230;, equivale a decir: `Este es Jes\u00fas, al que t\u00fa das a luz&#8217;. En efecto, el que es perfecto `ya no vive \u00e9l&#8217;, sino que en \u00e9l `vive Cristo&#8217;; y puesto que en \u00e9l vive Cristo, por eso se le dice a Mar\u00ed\u00ada: `Ah\u00ed\u00ad tienes a tu hijo&#8217;, es decir, a Cristo\u00bb (In Ev. Job. I, 23: PG 14,32).<\/p>\n<p>2. LA \u00abMUJER\u00bb DEL APOCALIPSIS (12,1-18), IMAGEN DE LA IGLESIA. En la historia de la ex\u00e9gesis, la interpretaci\u00f3n de Apo 12:1-18 ha conocido diversas variaciones. Sin embargo, prevalecen dos grandes l\u00ed\u00adneas interpretativas: la interpretaci\u00f3n eclesiol\u00f3gica y la mariol\u00f3gica. La primera era corriente en tiempos de los padres, y lo sigue siendo en la ex\u00e9gesis moderna; la segunda se encuentra especialmente en la ex\u00e9gesis mon\u00e1stica de la Edad Media y en la liturgia. Pero muchos piensan actualmente que la interpretaci\u00f3n mariol\u00f3gica debe integrarse de alg\u00fan modo en la misma interpretaci\u00f3n eclesiol\u00f3gica. Es la l\u00ed\u00adnea que parece corresponder mejor a los datos que surgen de la estructura del libro y de los diversos s\u00ed\u00admbolos que aparecen en este p\u00e1rrafo; es decir, se requiere una interpretaci\u00f3n al mismo tiempo colectiva e individual. Que el simbolismo de este fragmento es ante todo eclesiol\u00f3gico se deduce ya de su situaci\u00f3n literaria. Despu\u00e9s de la introducci\u00f3n de los cap\u00ed\u00adtulos 1-3 (las cartas a las Iglesias; la gloria de Cristo), el libro puede dividirse en dos grandes partes: a) visiones prof\u00e9ticas sobre la historia de la salvaci\u00f3n; juicio del mundo (cc. 4-11); b) la comunidad de Cristo perseguida; su victoria final (cc. 12-22). As\u00ed\u00ad pues, el cap\u00ed\u00adtulo 12 abre la gran secci\u00f3n eclesiol\u00f3gica, lo mismo que el cap\u00ed\u00adtulo 4 abr\u00ed\u00ada la primera parte con la visi\u00f3n del trono de Dios. Este paralelismo entre Dios y la mujer sugiere ya la relaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica fundamental de la alianza: la que existe entre Dios y su pueblo. La mujer es el s\u00ed\u00admbolo del pueblo de Dios en su situaci\u00f3n escatol\u00f3gica. Por otra parte, la figura femenina del cap\u00ed\u00adtulo 12 est\u00e1 en contraposici\u00f3n con la prostituta de los cap\u00ed\u00adtulos 17-19; pero se convertir\u00e1 luego en los cap\u00ed\u00adtulos 19 y 21 en la esposa del cordero, la Jerusal\u00e9n celestial.<\/p>\n<p>Veamos primero la interpretaci\u00f3n colectiva. El hijo var\u00f3n, \u00abel que deb\u00ed\u00ada regir a todas las naciones con una vara de hierro\u00bb (v. 5: cita de Sal 2:9), es sin duda el mes\u00ed\u00adas. La mujer que lo da a luz es presentada como una figura c\u00f3smica y celestial: revestida de sol, con la luna bajo sus pies y con una corona de doce estrellas en la cabeza (v. 1). El texto se inspira probablemente en Is 60, donde se describe a la \u00abhija de Si\u00f3n\u00bb mesi\u00e1nica, resplandeciente toda ella con la gloria de Dios (Isa 60:1.19-20, con influencias tambi\u00e9n en Cnt 6:10 : \u00abbella como la luna, distinguida como el sol\u00bb). Las doce estrellas representan a \u00ablas doce tribus de los hijos de Israel\u00bb (Apo 21:12). Por consiguiente, la mujer es ante todo la Iglesia. Los dolores de parto (Apo 12:2) son una met\u00e1fora cl\u00e1sica para describir la maternidad escatol\u00f3gica de Si\u00f3n (Miq 4:10; Isa 26:17s; Isa 66:7-9; Jua 16:21; 1QH 3,7-10). No se alude aqu\u00ed\u00ad al nacimiento temporal del mes\u00ed\u00adas; esos dolores son un s\u00ed\u00admbolo de la Iglesia, que debe dar a luz a la totalidad de los hijos de Dios en medio de sufrimientos durante todo el tiempo escatol\u00f3gico. El drag\u00f3n, \u00abla serpiente antigua\u00bb (v. 9), remite a G\u00e9n 3: es el enemigo de la mujer y de su linaje, que aqu\u00ed\u00ad es llamado \u00abDiablo\u00bb y \u00abSatan\u00e1s\u00bb; representa a las fuerzas diab\u00f3licas que se oponen al pueblo de Dios. El hijo de la mujer es arrebatado al cielo (12,5: indica la glorificaci\u00f3n de Cristo); pero ella encuentra refugio en el desierto, \u00abdonde tiene un lugar preparado por Dios\u00bb (vv. 6.14.16): se trata de la Iglesia, protegida y alimentada por Dios durante todo su caminar por la tierra.<\/p>\n<p>Cabe preguntarse entonces si queda sitio todav\u00ed\u00ada para una interpretaci\u00f3n mariol\u00f3gica de Ap 12. Este segundo tipo de lectura no s\u00f3lo es posible, sino necesario, si se lee este trozo en el contexto m\u00e1s amplio de los dem\u00e1s textos del NT sobre Mar\u00ed\u00ada [I supra, II-VI, 1]. Advi\u00e9rtase ante todo el s\u00ed\u00admbolo de la mujer: tanto en Lc (1,28) como en Jn (2,4; 19,26), Mar\u00ed\u00ada era considerada ya como la \u00abhija de Si\u00f3n\u00bb, y precisamente por eso era llamada por Jes\u00fas \u00abmujer\u00bb (en Can\u00e1 y al pie de la cruz). Mar\u00ed\u00ada era ya la imagen del pueblo de Dios mesi\u00e1nico, la imagen de la Iglesia. Esta dimensi\u00f3n eclesiol\u00f3gica del s\u00ed\u00admbolo se desarrolla luego plenamente en el Apocalipsis; pero no se puede olvidar que en la tradici\u00f3n joanea este s\u00ed\u00admbolo ten\u00ed\u00ada ya una referencia a Mar\u00ed\u00ada, precisamente como imagen de la Iglesia: \u00abLa mujer que da a luz del Apocalipsis es la comunidad mesi\u00e1nica, que en el evangelio de Juan estaba representada por la madre de Jes\u00fas\u00bb (T. Vetrali, La donna&#8230;, 168). Dos indicios literarios apoyan esta forma de ver las cosas. Hemos visto que las palabras de Jes\u00fas en Jua 19:26 son una repetici\u00f3n del texto de Isa 60:4s sobre la \u00abhija de Si\u00f3n\u00bb, que contempla reunidos en torno a s\u00ed\u00ad a todos sus hijos. Pues bien, Ap 12 remite precisamente a este mismo trasfondo literario de Is 60 sobre el esplendor de la Jerusal\u00e9n mesi\u00e1nica (Isa 60:1.19s). En el contexto m\u00e1s amplio de esa perspectiva escatol\u00f3gica y eclesial no es ileg\u00ed\u00adtimo leer en el vers\u00ed\u00adculo de Apo 12:1 la glorificaci\u00f3n de la mujer (la asunci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada, \u00abunida a la metamorfosis corporal de su hijo\u00bb: P. Grelot, a.c., 421). Por otra parte, como hemos visto m\u00e1s arriba, el \u00abdisc\u00ed\u00adpulo amado\u00bb, en Jua 19:25-27, era el s\u00ed\u00admbolo de todos los disc\u00ed\u00adpulos de Cristo, que se hacen hijos de la madre de Jes\u00fas. De manera semejante, la \u00abmujer\u00bb de Ap 12 no es s\u00f3lo la madre del mes\u00ed\u00adas (v. 5; cf Jua 19:25 : \u00abla madre de Jes\u00fas\u00bb), sino tambi\u00e9n de todo el \u00abresto de su descendencia, los que guardan los mandamientos de Dios y son fieles testigos de Jes\u00fas\u00bb (Apo 12:17). Estos otros hijos de la mujer son precisamente los que hab\u00ed\u00adan sido confiados por Jes\u00fas a su madre, seg\u00fan Jua 19:25-27. El hijo var\u00f3n del Apocalipsis se prolonga por tanto en los dem\u00e1s descendientes de la mujer; as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n, el s\u00ed\u00admbolo de la \u00abmujer\u00bb del libro apocal\u00ed\u00adptico es la prolongaci\u00f3n, en sentido colectivo y eclesial, de lo que era ya la \u00abmujer\u00bb del evangelio, la madre de Jes\u00fas, la \u00abhija de Si\u00f3n\u00bb, como figura de la Iglesia. Esta perspectiva eclesial del misterio mariano ha sido muy bien expresada en un texto lit\u00fargico reciente: Mar\u00ed\u00ada es \u00abcomienzo e imagen de la Iglesia, esposa de Cristo, llena de juventud y de limpia hermosura\u00bb (prefacio de la misa de la Inmaculada).<\/p>\n<p>VII. CONCLUSI\u00ed\u201cN. Por todo lo dicho se ve con toda claridad el v\u00ed\u00adnculo tan estrecho que hay entre Mar\u00ed\u00ada y la \/ Iglesia. La madre de Jes\u00fas es presentada en la Escritura como la imagen de la Iglesia; pero esto implica adem\u00e1s que \u00abtoda la Iglesia es mariana\u00bb (card. Journet) y nos invita cada vez m\u00e1s a descubrir \u00abel rostro mariano de la Iglesia\u00bb (H. Urs von Balthasar).<\/p>\n<p>Esta s\u00ed\u00adntesis de la mariolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica podr\u00ed\u00ada tener cierta importancia en el di\u00e1logo ecum\u00e9nico. Por desgracia, sigue siendo verdad que la doctrina cat\u00f3lica sobre Mar\u00ed\u00ada es a\u00fan uno de los puntos principales de desacuerdo con los protestantes [\/ supra, I]. Pero en la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica posconciliar se ha intentado mostrar cada vez mejor \u00abel lugar b\u00ed\u00adblico de la mariolog\u00ed\u00ada\u00bb (J. Ratzinger, La figlia de Sion, Mil\u00e1n 1979, 9-28); este \u00ablugar\u00bb es la teolog\u00ed\u00ada de la \u00abhija de Si\u00f3n\u00bb, que expresa el misterio de la alianza entre Dios y su pueblo. Ciertamente no se puede negar que la alianza est\u00e1 en el centro de la Escritura. Pues bien, Mar\u00ed\u00ada representa precisamente al pueblo de Dios que dice \u00abs\u00ed\u00ad\u00bb a su Dios y que se convierte de este modo en el modelo permanente para toda la Iglesia.<\/p>\n<p>BIBL.: AA.VV., La Madre del Signore, en \u00abParola, Spirito e Vita\u00bb 6 (1986); BRAUN F.M., La M\u00e9re des fid\u00e9les. Essai de th\u00e9ologie johannique, Casterman, Par\u00ed\u00ads-Tournai 1953; CHARLIER J.P., Le signe de Cana. Essai de th\u00e9ologie johannique, La Pens\u00e9e catholique, Bruselas 1959; FEUILLET A., J\u00e9sus et sa m\u00e9re d&#8217;apr\u00e9s les r\u00e9cits de 1&#8217;enfance de Lc 1-2 et d&#8217;apr\u00e9s saint Jean. Le r\u00f3le de la Vierge Marie dans 1 histoire du Salut et la place de la femme dans l&#8217;Eglise, Gabalda, Par\u00ed\u00ads 1976; GUARDINI R., La Madre del Se\u00f1or, Guadarrama, Madrid 1960; HOFRICHTER P., Nicht aus Bluf sondern monogen aus Gott geboren, Echter Verlag, W\u00fcrzburgo 1979; LA POTTERIE I. de, La M\u00e9re de J\u00e9sus et la conception virginale du Fils de Dieu. Etude de th\u00e9ologie johannique, en \u00abMarianum\u00bb 40 (1978) 41-90; ID, 11 parto verginale del Verbo incarnato: \u00abNon ex sanguinibus&#8230;, sed ex Deo natus est\u00bb(Gv 1,13), en ib 45 (1983) 127-174; ID, La madre di Ges\u00fa e il mistero di Cana, en \u00abCivilt\u00e1 Cattolica\u00bb 130 (1977\/ IV) 425-440; ID, \u00abEt \u00e1 partir de cette heure, le disciple l&#8217;accueillit dans son intimit\u00e9\u00bb (Jua 19:276), en \u00abMarianum\u00bb 42 (1980) 84-125; LAURENTIN R., 1 Vangeli dell&#8217;infanzia di Cristo&#8230;, Ed. 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Ravasi &#8211; A, Girlanda, Nuevo Diccionario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, San Pablo, Madrid 1990<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda B\u00edblica<\/b><\/p>\n<p>(del heb. M\u00ed\u00adriam, que posiblemente signifique: \u2020\u0153Rebelde\u2020\u009d).<br \/>\nHay seis mujeres en la Biblia con ese nombre.<\/p>\n<p>1. Mar\u00ed\u00ada, la madre de Jes\u00fas. Era hija de Hel\u00ed\u00ad, aunque en la genealog\u00ed\u00ada de Lucas se lee que Jos\u00e9, el esposo de Mar\u00ed\u00ada, era \u2020\u0153hijo de Hel\u00ed\u00ad\u2020\u009d. La Cyclop\u00e6dia (de M\u2020\u2122Clintock y Strong, 1881, vol. 3, p\u00e1g. 774) dice: \u2020\u0153Es sabido que los jud\u00ed\u00ados trazaban su \u00e1rbol geneal\u00f3gico \u00fanicamente por el nombre del var\u00f3n, y cuando el linaje del abuelo pasaba al nieto por medio de una hija, se omit\u00ed\u00ada el nombre de esta y se pon\u00ed\u00ada el de su esposo como hijo del abuelo materno (N\u00fam. XXVI, 33; XXVII, 4-7)\u2020\u009d. Esta debi\u00f3 ser la raz\u00f3n por la que el historiador Lucas dice que Jos\u00e9 era \u2020\u0153hijo de Hel\u00ed\u00ad\u2020\u009d. (Lu 3:23.)<br \/>\nMar\u00ed\u00ada era de la tribu de Jud\u00e1 y descendiente de David. Por consiguiente, se pod\u00ed\u00ada decir que su hijo Jes\u00fas \u2020\u0153provino de la descendencia de David seg\u00fan la carne\u2020\u009d. (Ro 1:3.) Por su padre adoptivo Jos\u00e9, descendiente de David, Jes\u00fas ten\u00ed\u00ada el derecho legal al trono de David, y por su madre, como \u2020\u0153prole\u2020\u009d, \u2020\u0153descendencia\u2020\u009d y \u2020\u0153ra\u00ed\u00adz\u2020\u009d de David, ten\u00ed\u00ada el derecho hereditario natural al \u2020\u0153trono de David su padre\u2020\u009d. (Mt 1:1-16; Lu 1:32; Hch 13:22, 23; 2Ti 2:8; Rev 5:5; 22:16.)<br \/>\nSi la tradici\u00f3n est\u00e1 en lo cierto, Ana fue esposa de Hel\u00ed\u00ad y madre de Mar\u00ed\u00ada. Una hermana de Ana tuvo una hija llamada Elisabet, que fue la madre de Juan el Bautista. Seg\u00fan esa tradici\u00f3n, Elisabet era prima de Mar\u00ed\u00ada. Las Escrituras dicen que Mar\u00ed\u00ada estaba emparentada con Elisabet, que era \u2020\u0153de las hijas de Aar\u00f3n\u2020\u009d, de la tribu de Lev\u00ed\u00ad. (Lu 1:5, 36.) Algunos piensan que Salom\u00e9, esposa de Zebedeo y madre de Juan y Santiago, dos de los ap\u00f3stoles de Jes\u00fas, era hermana de Mar\u00ed\u00ada. (Mt 27:55, 56; Mr 15:40; 16:1; Jn 19:25.)<\/p>\n<p>La visita un \u00e1ngel. A finales del a\u00f1o 3 a. E.C., Dios envi\u00f3 al \u00e1ngel Gabriel a Mar\u00ed\u00ada, una muchacha virgen del pueblo de Nazaret. \u2020\u0153Buenos d\u00ed\u00adas, altamente favorecida, Jehov\u00e1 est\u00e1 contigo\u2020\u009d, fue el sorprendente saludo del \u00e1ngel. Cuando le dijo que concebir\u00ed\u00ada y dar\u00ed\u00ada a luz un hijo llamado Jes\u00fas, Mar\u00ed\u00ada, que en aquel tiempo solo estaba comprometida con Jos\u00e9, pregunt\u00f3: \u2020\u0153\u00bfC\u00f3mo ser\u00e1 esto, puesto que no estoy teniendo coito con var\u00f3n alguno?\u2020\u009d, a lo que el \u00e1ngel respondi\u00f3: \u2020\u0153Esp\u00ed\u00adritu santo vendr\u00e1 sobre ti, y poder del Alt\u00ed\u00adsimo te cubrir\u00e1 con su sombra. Por eso, tambi\u00e9n, lo que nace ser\u00e1 llamado santo, Hijo de Dios\u2020\u009d. Emocionada con la perspectiva, pero con la debida modestia y humildad, ella contest\u00f3: \u2020\u0153\u00c2\u00a1Mira! \u00c2\u00a1La esclava de Jehov\u00e1! Efect\u00faese conmigo seg\u00fan tu declaraci\u00f3n\u2020\u009d. (Lu 1:26-38.)<br \/>\nA fin de fortalecer a\u00fan m\u00e1s su fe para esta experiencia tan importante, a Mar\u00ed\u00ada se le inform\u00f3 de que su parienta Elisabet, ya anciana, hab\u00ed\u00ada dejado de ser est\u00e9ril por el poder milagroso de Jehov\u00e1 y estaba encinta de seis meses. Mar\u00ed\u00ada fue a visitarla, y cuando entr\u00f3 en su casa, la criatura que estaba en la matriz de Elisabet salt\u00f3 de gozo. Ante esto, Elisabet felicit\u00f3 a Mar\u00ed\u00ada diciendo: \u2020\u0153\u00c2\u00a1Bendita eres t\u00fa entre las mujeres, y bendito es el fruto de tu matriz!\u2020\u009d. (Lu 1:36, 37, 39-45.) A continuaci\u00f3n Mar\u00ed\u00ada pronunci\u00f3 bajo inspiraci\u00f3n palabras de alabanza a Jehov\u00e1 por su bondad. (Lu 1:46-55.)<br \/>\nTras pasar unos tres meses con Elisabet en la serran\u00ed\u00ada de Jud\u00e1, Mar\u00ed\u00ada volvi\u00f3 a Nazaret. (Lu 1:56.) Cuando Jos\u00e9 se enter\u00f3 de que estaba embarazada (probablemente por boca de la propia Mar\u00ed\u00ada), pens\u00f3 en divorciarse de ella en secreto, m\u00e1s bien que exponerla a la verg\u00fcenza p\u00fablica. (A las personas comprometidas se las consideraba como si estuvieran casadas, y se requer\u00ed\u00ada un divorcio para disolver el compromiso.) Pero el \u00e1ngel de Jehov\u00e1 se le apareci\u00f3 y le revel\u00f3 a Jos\u00e9 que lo que hab\u00ed\u00ada sido engendrado en ella era por esp\u00ed\u00adritu santo. Por consiguiente, Jos\u00e9 obedeci\u00f3 la instrucci\u00f3n divina y tom\u00f3 a Mar\u00ed\u00ada por esposa, \u2020\u0153pero no tuvo coito con ella hasta que ella dio a luz un hijo; y le puso por nombre Jes\u00fas\u2020\u009d. (Mt 1:18-25.)<\/p>\n<p>Da a luz a Jes\u00fas en Bel\u00e9n. En el transcurso de estos acontecimientos, el decreto de C\u00e9sar Augusto que exig\u00ed\u00ada que todos se registraran en su pueblo natal result\u00f3 providencial, pues ten\u00ed\u00ada que cumplirse la profec\u00ed\u00ada concerniente al nacimiento de Jes\u00fas. (Miq 5:2.) Por lo tanto, Jos\u00e9 tom\u00f3 a Mar\u00ed\u00ada, que se encontraba \u2020\u0153en estado avanzado de gravidez\u2020\u009d, y la llev\u00f3 en un agotador viaje de 150 Km. desde su casa de Nazaret, en el N., hasta Bel\u00e9n, al S. Como no hab\u00ed\u00ada sitio en el hospedaje, el ni\u00f1o naci\u00f3 en las condiciones m\u00e1s humildes y fue acostado en un pesebre. Esto ocurri\u00f3 probablemente alrededor del 1 de octubre del a\u00f1o 2 a. E.C. (Lu 2:1-7; v\u00e9anse GRABADOS, vol. 2, p\u00e1g. 537; JESUCRISTO.)<br \/>\nCuando los pastores oyeron al \u00e1ngel decir: \u2020\u0153Les ha nacido hoy un Salvador, que es Cristo el Se\u00f1or, en la ciudad de David\u2020\u009d, se apresuraron a Bel\u00e9n y all\u00ed\u00ad hallaron la se\u00f1al: el hijo de Mar\u00ed\u00ada estaba \u2020\u0153envuelto en bandas de tela y acostado en un pesebre\u2020\u009d. Informaron a la feliz familia lo que el gran coro de \u00e1ngeles hab\u00ed\u00ada cantado: \u2020\u0153Gloria en las alturas a Dios, y sobre la tierra paz entre los hombres de buena voluntad\u2020\u009d. Mar\u00ed\u00ada, por su parte, \u2020\u0153iba conservando todos estos dichos, sacando conclusiones en su coraz\u00f3n\u2020\u009d. (Lu 2:8-20.)<br \/>\nAl octavo d\u00ed\u00ada, Mar\u00ed\u00ada hizo circuncidar a su hijo en obediencia a la ley de Jehov\u00e1. A los cuarenta d\u00ed\u00adas ella y su esposo llevaron al ni\u00f1o al templo de Jerusal\u00e9n para presentar la ofrenda prescrita. La Ley requer\u00ed\u00ada el sacrificio de un carnero joven y un palomo o una t\u00f3rtola. Si la familia no pose\u00ed\u00ada lo suficiente para la oveja, se ten\u00ed\u00adan que ofrecer dos t\u00f3rtolas o dos palomos. El que Mar\u00ed\u00ada ofreciese \u2020\u0153un par de t\u00f3rtolas o dos pichones\u2020\u009d muestra que Jos\u00e9 era un hombre de escasos recursos. (Lu 2:21-24; Le 12:1-4, 6, 8.) Cuando el anciano Sime\u00f3n, un hombre justo, vio al ni\u00f1o, alab\u00f3 a Jehov\u00e1 por haberle permitido contemplar al Salvador antes de morir. Volvi\u00e9ndose a Mar\u00ed\u00ada, dijo: \u2020\u0153S\u00ed\u00ad, a ti misma una espada larga te atravesar\u00e1 el alma\u2020\u009d, no queriendo decir que ella ser\u00ed\u00ada traspasada con una espada literal, sino que experimentar\u00ed\u00ada dolor y sufrimiento a causa de la predicha muerte de su hijo en un madero de tormento. (Lu 2:25-35.)<\/p>\n<p>Vuelve a Nazaret. Cierto tiempo despu\u00e9s, un \u00e1ngel le advirti\u00f3 a Jos\u00e9 de la trama urdida por Herodes el Grande para matar al ni\u00f1o y le orden\u00f3 que huyese con Jes\u00fas a Egipto. (Mt 2:1-18.) Una vez muerto Herodes, la familia volvi\u00f3 y se estableci\u00f3 en Nazaret. All\u00ed\u00ad Mar\u00ed\u00ada tuvo m\u00e1s hijos, de los que por lo menos cuatro eran varones. (Mt 2:19-23; 13:55, 56; Mr 6:3.)<br \/>\nAunque la Ley no requer\u00ed\u00ada que las mujeres asistieran a la celebraci\u00f3n anual de la Pascua, Mar\u00ed\u00ada sol\u00ed\u00ada acompa\u00f1ar a Jos\u00e9 a\u00f1o tras a\u00f1o en el largo y dif\u00ed\u00adcil viaje de unos 150 Km. hasta Jerusal\u00e9n con este prop\u00f3sito. (Exo. 23:17; 34:23.) En uno de esos viajes, alrededor del a\u00f1o 12 E.C., despu\u00e9s que la familia hab\u00ed\u00ada salido de Jerusal\u00e9n y recorrido la distancia correspondiente a un d\u00ed\u00ada para regresar a su casa, descubrieron que faltaba Jes\u00fas. Sus padres volvieron inmediatamente a Jerusal\u00e9n para buscarlo. Despu\u00e9s de tres d\u00ed\u00adas lo hallaron en el templo, escuchando e interrogando a los maestros. Mar\u00ed\u00ada exclam\u00f3: \u2020\u0153Hijo, \u00bfpor qu\u00e9 nos trataste de este modo? Mira que tu padre y yo te hemos estado buscando con la mente angustiada\u2020\u009d. Jes\u00fas respondi\u00f3: \u2020\u0153\u00bfPor qu\u00e9 tuvieron que andar busc\u00e1ndome? \u00bfNo sab\u00ed\u00adan que tengo que estar en la casa de mi Padre?\u2020\u009d. Ciertamente el lugar l\u00f3gico donde hallar al Hijo de Dios era el templo, donde podr\u00ed\u00ada recibir instrucci\u00f3n b\u00ed\u00adblica. Mar\u00ed\u00ada \u2020\u0153guardaba cuidadosamente todos estos dichos en su coraz\u00f3n\u2020\u009d. (Lu 2:41-51.)<br \/>\nA los doce a\u00f1os Jes\u00fas demostr\u00f3 un conocimiento sobresaliente para su edad: \u2020\u0153Todos los que le escuchaban quedaban asombrados de su entendimiento y de sus respuestas\u2020\u009d. (Lu 2:47.) El conocimiento y el entendimiento que ten\u00ed\u00ada Jes\u00fas de las Escrituras reflejaba que sus padres le hab\u00ed\u00adan dado una excelente educaci\u00f3n. Tanto Mar\u00ed\u00ada como Jos\u00e9 debieron ser muy diligentes en ense\u00f1ar y educar al ni\u00f1o, cri\u00e1ndolo en \u2020\u0153la disciplina y regulaci\u00f3n mental\u2020\u009d de Jehov\u00e1 y cultivando en \u00e9l la costumbre de asistir a la sinagoga todos los s\u00e1bados. (Lu 4:16; Ef 6:4.)<\/p>\n<p>Jes\u00fas la amaba y respetaba. Despu\u00e9s de su bautismo, Jes\u00fas no manifest\u00f3 favoritismo alguno por Mar\u00ed\u00ada; no se dirigi\u00f3 a ella como \u2020\u0153madre\u2020\u009d, sino simplemente como \u2020\u0153mujer\u2020\u009d. (Jn 2:4; 19:26.) El uso de este t\u00e9rmino en el contexto de la \u00e9poca no demostraba en ning\u00fan sentido falta de respeto. Su uso moderno tampoco tiene por qu\u00e9 transmitir un sentimiento negativo. Mar\u00ed\u00ada era la madre de Jes\u00fas seg\u00fan la carne, pero desde que se le engendr\u00f3 por esp\u00ed\u00adritu en el momento de su bautismo, fue principalmente el hijo espiritual de Dios y su \u2020\u0153madre\u2020\u009d era \u2020\u0153la Jerusal\u00e9n de arriba\u2020\u009d. (G\u00e1l 4:26.) Jes\u00fas puso de relieve este hecho cuando Mar\u00ed\u00ada y sus otros hijos le interrumpieron en una ocasi\u00f3n, mientras estaba ense\u00f1ando, pidi\u00e9ndole que saliese afuera, a donde ellos estaban. Jes\u00fas mostr\u00f3 que en realidad su madre y sus parientes cercanos eran los miembros de su familia espiritual y que los asuntos espirituales ten\u00ed\u00adan prioridad sobre los carnales. (Mt 12:46-50; Mr 3:31-35; Lu 8:19-21.)<br \/>\nCuando falt\u00f3 el vino en una boda en Can\u00e1 de Galilea y Mar\u00ed\u00ada le dijo a Jes\u00fas: \u2020\u0153No tienen vino\u2020\u009d, \u00e9l respondi\u00f3: \u2020\u0153\u00bfQu\u00e9 tengo que ver contigo, mujer? Todav\u00ed\u00ada no ha llegado mi hora\u2020\u009d. (Jn 2:1-4.) Jes\u00fas se vali\u00f3 de una antigua forma interrogativa que aparece ocho veces en las Escrituras Hebreas (Jos 22:24; Jue 11:12; 2Sa 16:10; 19:22; 1Re 17:18; 2Re 3:13; 2Cr 35:21; Os 14:8) y seis veces en las Escrituras Griegas. (Mt 8:29; Mr 1:24; 5:7; Lu 4:34; 8:28; Jn 2:4.) Traducida literalmente, la pregunta dir\u00ed\u00ada: \u2020\u0153\u00bfQu\u00e9 para m\u00ed\u00ad y para ti?\u2020\u009d, queriendo decir: \u2020\u0153\u00bfQu\u00e9 hay en com\u00fan entre yo y t\u00fa?\u2020\u009d, \u2020\u0153\u00bfqu\u00e9 tenemos en com\u00fan t\u00fa y yo?\u2020\u009d o \u2020\u0153\u00bfqu\u00e9 tengo que ver contigo?\u2020\u009d. En cada uno de los casos, la pregunta indica objeci\u00f3n a lo que se ha sugerido, propuesto o sospechado. As\u00ed\u00ad que Jes\u00fas expres\u00f3 de esta forma su bondadosa reprensi\u00f3n, indic\u00e1ndole a su madre que \u00e9l recib\u00ed\u00ada instrucciones de la Autoridad Suprema que le hab\u00ed\u00ada enviado y no de ella. (1Co 11:3.) Mar\u00ed\u00ada, mujer sensible y humilde, lo entendi\u00f3 r\u00e1pidamente y acept\u00f3 la correcci\u00f3n. Se hizo a un lado y, para dejar que Jes\u00fas llevase la delantera, dijo a los servidores: \u2020\u0153Todo cuanto les diga, h\u00e1ganlo\u2020\u009d. (Jn 2:5.)<br \/>\nMar\u00ed\u00ada estaba junto al madero de tormento cuando fijaron a Jes\u00fas. Para ella, Jes\u00fas era m\u00e1s que un hijo amado, era el Mes\u00ed\u00adas, su Se\u00f1or y Salvador, el Hijo de Dios. Al parecer, en aquel entonces Mar\u00ed\u00ada ya hab\u00ed\u00ada enviudado. Por consiguiente, Jes\u00fas, como primog\u00e9nito de la casa de Jos\u00e9, cumpli\u00f3 con su responsabilidad y pidi\u00f3 al ap\u00f3stol Juan, probablemente su primo, que llevase a Mar\u00ed\u00ada a su casa y cuidase de ella como si fuera su propia madre. (Jn 19:26, 27.) \u00bfPor qu\u00e9 no la confi\u00f3 Jes\u00fas a uno de sus medio hermanos? No se dice que ninguno de ellos estuviera presente. Adem\u00e1s, no eran creyentes, y Jes\u00fas consideraba la relaci\u00f3n espiritual m\u00e1s importante que la carnal. (Jn 7:5; Mt 12:46-50.)<\/p>\n<p>Disc\u00ed\u00adpula fiel. La \u00faltima referencia b\u00ed\u00adblica a Mar\u00ed\u00ada muestra que era una mujer creyente y devota y que todav\u00ed\u00ada ten\u00ed\u00ada una relaci\u00f3n estrecha con otros fieles despu\u00e9s de la ascensi\u00f3n de Jes\u00fas. Los once ap\u00f3stoles, Mar\u00ed\u00ada y otros disc\u00ed\u00adpulos estaban reunidos en un \u2020\u0153aposento de arriba\u2020\u009d, y \u2020\u0153todos estos persist\u00ed\u00adan de com\u00fan acuerdo en oraci\u00f3n\u2020\u009d. (Hch 1:13, 14.)<\/p>\n<p>2. Mar\u00ed\u00ada, la hermana de Marta y L\u00e1zaro. Jes\u00fas sol\u00ed\u00ada visitar el hogar de esta familia, por la que sent\u00ed\u00ada un cari\u00f1o especial. Su casa estaba en Betania, a unas 2 millas romanas (2,8 Km.) del monte del Templo de Jerusal\u00e9n y en la ladera oriental del monte de los Olivos. (Jn 11:18.) Durante una visita de Jes\u00fas en el tercer a\u00f1o de su ministerio, Marta, en su af\u00e1n por ser una buena anfitriona, estaba excesivamente preocupada por el bienestar f\u00ed\u00adsico de Jes\u00fas. Mar\u00ed\u00ada, sin embargo, mostr\u00f3 otro tipo de hospitalidad: \u2020\u0153Se sent\u00f3 a los pies del Se\u00f1or y se qued\u00f3 escuchando su palabra\u2020\u009d. Cuando Marta se quej\u00f3 porque su hermana no le ayudaba, Jes\u00fas encomi\u00f3 a Mar\u00ed\u00ada, diciendo: \u2020\u0153Por su parte, Mar\u00ed\u00ada escogi\u00f3 la buena porci\u00f3n, y no le ser\u00e1 quitada\u2020\u009d. (Lu 10:38-42.)<\/p>\n<p>Ve a L\u00e1zaro resucitado. Unos meses despu\u00e9s de la visita mencionada antes, L\u00e1zaro cay\u00f3 enfermo de muerte. De manera que Mar\u00ed\u00ada y Marta enviaron recado a Jes\u00fas, que probablemente estaba al E. del Jord\u00e1n, en Perea. Sin embargo, cuando lleg\u00f3, L\u00e1zaro ya llevaba muerto cuatro d\u00ed\u00adas. Al o\u00ed\u00adr que Jes\u00fas ven\u00ed\u00ada, Marta fue r\u00e1pidamente a su encuentro para saludarle, mientras que Mar\u00ed\u00ada \u2020\u0153se qued\u00f3 sentada en casa\u2020\u009d. A su regreso, Marta fue a su desconsolada hermana y le dijo: \u2020\u0153El Maestro est\u00e1 presente, y te llama\u2020\u009d. Mar\u00ed\u00ada se apresur\u00f3 a ir a su encuentro. Sollozando a sus pies, le dijo: \u2020\u0153Se\u00f1or, si t\u00fa hubieras estado aqu\u00ed\u00ad, mi hermano no habr\u00ed\u00ada muerto\u2020\u009d. Pronunci\u00f3 exactamente las mismas palabras que su hermana hab\u00ed\u00ada dicho cuando poco antes hab\u00ed\u00ada ido al encuentro de Jes\u00fas. Al ver las l\u00e1grimas de Mar\u00ed\u00ada y de los jud\u00ed\u00ados que estaban con ella, el Maestro gimi\u00f3 y llor\u00f3. Despu\u00e9s que Jes\u00fas realiz\u00f3 el asombroso milagro de levantar a L\u00e1zaro de entre los muertos, \u2020\u0153muchos de los jud\u00ed\u00ados que hab\u00ed\u00adan venido a Mar\u00ed\u00ada [para consolarla] [&#8230;] pusieron fe en \u00e9l\u2020\u009d. (Jn 11:1-45.)<\/p>\n<p>Unge a Jes\u00fas con aceite. Cinco d\u00ed\u00adas antes de que Jes\u00fas celebrase la \u00faltima Pascua, \u00e9l y sus disc\u00ed\u00adpulos fueron invitados otra vez a Betania, en esta ocasi\u00f3n a la casa de Sim\u00f3n el leproso, donde tambi\u00e9n se encontraban Mar\u00ed\u00ada y su familia. Marta estaba sirviendo la cena, mientras que Mar\u00ed\u00ada de nuevo prest\u00f3 atenci\u00f3n al Hijo de Dios. Mientras Jes\u00fas estaba reclinado, Mar\u00ed\u00ada \u2020\u0153tom\u00f3 una libra de aceite perfumado, nardo genuino, muy costoso\u2020\u009d (aproximadamente el salario de un a\u00f1o) y lo derram\u00f3 sobre su cabeza y sus pies. Aunque este acto de amor y consideraci\u00f3n a Jes\u00fas pas\u00f3 inadvertido, en realidad significaba la preparaci\u00f3n para su inminente muerte y sepultura. Como en la ocasi\u00f3n anterior, se critic\u00f3 la expresi\u00f3n de amor de Mar\u00ed\u00ada, y al igual que en aquella ocasi\u00f3n, Jes\u00fas aprob\u00f3 y valor\u00f3 mucho su amor y devoci\u00f3n. \u2020\u0153Dondequiera que se prediquen estas buenas nuevas en todo el mundo \u2014dijo \u00e9l\u2014, lo que esta mujer ha hecho tambi\u00e9n se contar\u00e1 para recuerdo de ella.\u2020\u009d (Mt 26:6-13; Mr 14:3-9; Jn 12:1-8.)<br \/>\nNo debe confundirse este incidente \u2014el que Mar\u00ed\u00ada ungiera a Jes\u00fas, seg\u00fan Mateo, Marcos y Juan\u2014 con la unci\u00f3n mencionada en Lucas 7:36-50. En los dos acontecimientos se dan ciertas similitudes, aunque se aprecian algunas diferencias: el primer suceso, informado por Lucas, tuvo lugar en el distrito septentrional de Galilea; en tanto que el segundo ocurri\u00f3 en el S., en Betania de Judea. El primero aconteci\u00f3 en la casa de un fariseo; el segundo, en la casa de Sim\u00f3n el leproso. En el primer caso, fue una mujer cuyo nombre no se menciona, pero a la que se conoc\u00ed\u00ada p\u00fablicamente como una \u2020\u0153pecadora\u2020\u009d, probablemente una prostituta, quien realiz\u00f3 la unci\u00f3n; mientras que en el segundo fue Mar\u00ed\u00ada, la hermana de Marta. Adem\u00e1s, hubo una diferencia de m\u00e1s de un a\u00f1o entre los dos acontecimientos.<br \/>\nAlgunos cr\u00ed\u00adticos afirman que Juan contradice a Mateo y a Marcos cuando dice que el perfume se derram\u00f3 sobre los pies de Jes\u00fas, m\u00e1s bien que sobre la cabeza. (Mt 26:7; Mr 14:3; Jn 12:3.) En un comentario sobre Mateo 26:7, Albert Barnes dice: \u2020\u0153No obstante, no hay ninguna contradicci\u00f3n. Probablemente lo derram\u00f3 tanto sobre la cabeza como sobre los pies. Como Mateo y Marcos hab\u00ed\u00adan registrado lo primero, Juan, que en parte escribi\u00f3 su evangelio para relatar acontecimientos que ellos omitieron, dice que el ung\u00fcento tambi\u00e9n se derram\u00f3 sobre los pies del Salvador. Derramar ung\u00fcento sobre la cabeza era com\u00fan, mientras que derramarlo sobre los pies era un acto de notable humildad y afecto por el Salvador, por lo que merec\u00ed\u00ada que constase por escrito\u2020\u009d. (Barnes\u2020\u2122 Notes on the New Testament, 1974.)<\/p>\n<p>3. Mar\u00ed\u00ada Magdalena. Su nombre distintivo (que significa \u2020\u0153De [Perteneciente a] Magdala\u2020\u009d) probablemente se origine de la ciudad de Magdala (v\u00e9ase MAGAD\u00ed\u0081N), situada en la orilla occidental del mar de Galilea, aproximadamente a medio camino entre Capernaum y Tiber\u00ed\u00adades. No hay registro de que Jes\u00fas visitase este pueblo, aunque pas\u00f3 mucho tiempo en sus alrededores. Tampoco se sabe con certeza si era el pueblo natal de Mar\u00ed\u00ada o su lugar de residencia. El que Lucas se refiera a ella como \u2020\u0153Mar\u00ed\u00ada la llamada Magdalena\u2020\u009d ha llevado a algunos a pensar que el evangelista quer\u00ed\u00ada resaltar algo especial o peculiar. (Lu 8:2.)<br \/>\nJes\u00fas expuls\u00f3 siete demonios de Mar\u00ed\u00ada Magdalena, raz\u00f3n suficiente para que ella pusiese fe en \u00e9l como el Mes\u00ed\u00adas y para que respaldara tal fe con excepcionales obras de devoci\u00f3n y servicio. Se la menciona por primera vez en el transcurso del segundo a\u00f1o del ministerio de Jes\u00fas, cuando \u00e9l y sus ap\u00f3stoles estaban \u2020\u0153viajando de ciudad en ciudad y de aldea en aldea, predicando y declarando las buenas nuevas del reino de Dios\u2020\u009d. Junto con Juana \u2014la esposa del intendente de Herodes\u2014, Susana y otras mujeres, Mar\u00ed\u00ada Magdalena continu\u00f3 atendiendo con sus propios bienes las necesidades de Jes\u00fas y sus ap\u00f3stoles. (Lu 8:1-3.)<br \/>\nLa referencia m\u00e1s destacada a Mar\u00ed\u00ada Magdalena est\u00e1 relacionada con la muerte y resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas. Cuando se le llev\u00f3 al deg\u00fcello, como el Cordero de Dios, ella estaba entre las mujeres \u2020\u02dcque le hab\u00ed\u00adan acompa\u00f1ado desde Galilea para ministrarle\u2020\u2122 y permanecieron all\u00ed\u00ad, \u2020\u0153mirando desde lejos\u2020\u009d su cuerpo fijado en el madero de tormento. Junto con ella estaban Mar\u00ed\u00ada, la madre de Jes\u00fas, y Salom\u00e9, as\u00ed\u00ad como tambi\u00e9n la \u2020\u0153otra Mar\u00ed\u00ada\u2020\u009d (n\u00fam. 4). (Mt 27:55, 56, 61; Mr 15:40; Jn 19:25.)<br \/>\nDespu\u00e9s del entierro de Jes\u00fas, Mar\u00ed\u00ada Magdalena y otras mujeres fueron a preparar especias y aceite perfumado antes del anochecer, cuando comenzaba el s\u00e1bado. Luego, al terminar el s\u00e1bado y despuntar el alba, en el primer d\u00ed\u00ada de la semana, Mar\u00ed\u00ada y las otras mujeres llevaron el aceite perfumado a la tumba. (Mt 28:1; Mr 15:47; 16:1, 2; Lu 23:55, 56; 24:1.) Cuando Mar\u00ed\u00ada vio que la tumba estaba abierta y al parecer vac\u00ed\u00ada, se apresur\u00f3 a contar las asombrosas noticias a Pedro y Juan, quienes corrieron hacia aquel lugar. (Jn 20:1-4.) Para cuando Mar\u00ed\u00ada lleg\u00f3 de nuevo a la tumba, Pedro y Juan ya hab\u00ed\u00adan partido. Inspeccion\u00f3 el interior de la tumba y qued\u00f3 at\u00f3nita al ver a dos \u00e1ngeles vestidos de blanco. Despu\u00e9s, al volverse hacia atr\u00e1s, vio a Jes\u00fas de pie, y pensando que era el hortelano, le pregunt\u00f3 d\u00f3nde estaba el cuerpo para poder atenderlo. Cuando \u00e9l respondi\u00f3: \u2020\u0153\u00c2\u00a1Mar\u00ed\u00ada!\u2020\u009d, descubri\u00f3 su identidad y ella le abraz\u00f3 impulsivamente, a la vez que exclam\u00f3: \u2020\u0153\u00c2\u00a1Rabboni!\u2020\u009d. Pero no era momento para expresiones de afecto. Jes\u00fas iba a estar con ellos poco tiempo. Mar\u00ed\u00ada deb\u00ed\u00ada apresurarse a informar a los otros disc\u00ed\u00adpulos sobre su resurrecci\u00f3n y su ascensi\u00f3n, como \u00e9l dijo, \u2020\u0153a mi Padre y Padre de ustedes y a mi Dios y Dios de ustedes\u2020\u009d. (Jn 20:11-18.)<\/p>\n<p>4. La \u2020\u0153otra Mar\u00ed\u00ada\u2020\u009d. La esposa de Clopas (Alfeo) (v\u00e9ase CLOPAS) y madre de Santiago el Menos y de Jos\u00e9s. (Mt 27:56, 61; Jn 19:25.) Aunque sin ning\u00fan apoyo b\u00ed\u00adblico, la tradici\u00f3n dice que Clopas y Jos\u00e9, el padre adoptivo de Jes\u00fas, eran hermanos. De ser cierto, Mar\u00ed\u00ada ser\u00ed\u00ada la t\u00ed\u00ada de Jes\u00fas, y los hijos de ella, sus primos.<br \/>\nMar\u00ed\u00ada no solo estuvo entre las mujeres \u2020\u0153que hab\u00ed\u00adan acompa\u00f1ado a Jes\u00fas desde Galilea para ministrarle\u2020\u009d, sino que tambi\u00e9n fue testigo de su ejecuci\u00f3n en el madero de tormento. (Mt 27:55; Mr 15:40, 41.) Junto con Mar\u00ed\u00ada Magdalena, permaneci\u00f3 fuera de su tumba aquella tarde tan amarga del 14 de Nis\u00e1n. (Mt 27:61.) Al tercer d\u00ed\u00ada, tanto ellas como otras mujeres fueron a la tumba con especias y aceite perfumado a fin de untar el cuerpo de Jes\u00fas, pero, para su consternaci\u00f3n, hallaron la tumba abierta. Un \u00e1ngel explic\u00f3 que Cristo hab\u00ed\u00ada sido levantado de entre los muertos y les mand\u00f3: \u2020\u0153Vayan [d\u00ed\u00adganselo] a sus disc\u00ed\u00adpulos\u2020\u009d. (Mt 28:1-7; Mr 16:1-7; Lu 24:1-10.) Mientras estaban en camino, el resucitado Jes\u00fas se apareci\u00f3 a esta Mar\u00ed\u00ada y a las otras mujeres. (Mt 28:8, 9.)<\/p>\n<p>5. Mar\u00ed\u00ada, la madre de Juan Marcos. Tambi\u00e9n era la t\u00ed\u00ada de Bernab\u00e9. (Hch 12:12; Col 4:10.) La congregaci\u00f3n cristiana primitiva de Jerusal\u00e9n usaba su hogar como lugar de reuni\u00f3n. Su hijo Marcos ten\u00ed\u00ada una estrecha relaci\u00f3n con el ap\u00f3stol Pedro, quien probablemente tuvo mucho que ver con su crecimiento espiritual, pues Pedro le llama \u2020\u0153Marcos mi hijo\u2020\u009d. (1Pe 5:13.) Cuando se liber\u00f3 al ap\u00f3stol del encarcelamiento al que le someti\u00f3 Herodes, fue directamente a la casa de ella, \u2020\u0153donde muchos estaban reunidos y orando\u2020\u009d. Esta vivienda debi\u00f3 ser de un tama\u00f1o considerable; la presencia de una sirvienta parece indicar que Mar\u00ed\u00ada era una mujer adinerada. (Hch 12:12-17.) El que se diga que la casa era de ella y no de su esposo probablemente se deba a que era viuda. (Hch 12:12.)<\/p>\n<p>6. Mar\u00ed\u00ada de Roma. Pablo le envi\u00f3 saludos en su carta a los Romanos, y la encomi\u00f3 por sus \u2020\u0153muchas labores\u2020\u009d a favor de la congregaci\u00f3n de Roma. (Ro 16:6.)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia<\/b><\/p>\n<p>Somario: A) MAR\u00ed\u008dA EN EL AT: 1. Mar\u00ed\u00ada, heredera de la fe de Israel en el Sinai: 1. El \u2020\u02dcs\u00ed\u00ad\u2020\u2122 de la alianza en el Sina\u00ed\u00ad; 2. El \u2020\u02dcs\u00ed\u00ad\u2020\u2122 de Mar\u00ed\u00ada en \u00c2\u00a1a anunciaci\u00f3n y en Cana. II. Mar\u00ed\u00ada, arca de la nueva alianza 1. \u2020\u0153Alianza\u2020\u009d y \u2020\u02dcarca\u2020\u009d en el AT; 2. El seno de Mar\u00ed\u00ada, tabern\u00e1culo de Dios. III. Mar\u00ed\u00ada, personificaci\u00f3n de Jerusal\u00e9n: 1. \u2020\u0153Hija de Si\u00f3n\u2020\u009d: a) Origen y sentido de un t\u00ed\u00adtulo, b) Aplicaci\u00f3n mariana; 2. Jerusal\u00e9n, madre universal: a) La doctrina del AT, especialmente en los profetas, b) Relectura mariana. IV. Desde Israel, pueblo de la \u2020\u0153memoria\u2020\u009d, hasta Mar\u00ed\u00ada, que \u2020\u0153lo conse\u00ed\u00adva todo en el coraz\u00f3n\u2020\u009d:<br \/>\n1. La \u2020\u0153memoria\u2020\u009d en el AT: a) Memoria y sabidur\u00ed\u00ada, b) Memoria y actualizaci\u00f3n, c) Memoria en la hora del sufrimiento; 2. Actualizaci\u00f3n mariana. V. Mar\u00ed\u00ada \u2020\u0153prof\u00e9ticamente bosquejada\u2020\u009d en eIAT: 1. 1s7,14: contexto original; 2. Interpretaci\u00f3n mateana; 3. Miq 5,2: contexto original; 4. Relectura mariana; 5. Gen 3,15:<br \/>\ncontexto original; 6. Relectura neotestamentaria en Ap 12: a) \u00bfQui\u00e9n es la \u2020\u0153mujer vestida de sol\u2020\u009d?, b) \u00bfQueda sitio tambi\u00e9n para Mar\u00ed\u00ada en la \u2020\u0153mujer\u2020\u009d de Ap 12? VI. Conclusi\u00f3n.<br \/>\nB) MAR\u00ed\u008dA EN EL NT: 1. Introducci\u00f3n. II. Preparaci\u00f3n a la encarnaci\u00f3n: 1. \u2020\u0153Llena de gracia\u2020\u009d (Lc 1,28); 2. El deseo de permanecervirgen (Lc 1,34). III. Madre de Jes\u00fasyvirgen:1. El anuncio a Mar\u00ed\u00ada (Lc 1,26-38 ): a) Maternidad mesi\u00e1nica y divina, b) Maternidad virginal; 2. El anuncio a Jos\u00e9 (Mt 1,18-25); 3. Concepci\u00f3n y parto virginal del Hijo de Dios (Jn 1,13). IV. La madre del Mes\u00ed\u00adas: 1. La visitaci\u00f3n: Mar\u00ed\u00ada, arca de la alianza (Lc 1,39-56); 2. Mar\u00ed\u00ada en el templo (Lc 2,22-40; Lc 2,4 1-52). V. Esposa de las bodas mesi\u00e1nicas en Cana (Jn 2,1-12). VI. Mar\u00ed\u00ada y la Iglesia: 1. La madre de los disc\u00ed\u00adpulos: Mar\u00ed\u00ada, Iglesia naciente (Jn 19,25-27); 2. La \u2020\u0153mujer\u2020\u009d del Apocalipsis (12,1-18), imagen de la Iglesia. VII. Conclusi\u00f3n.<br \/>\n1905<br \/>\nA) MARIA EN EL AT.<br \/>\nLa persona y la misi\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada, madre de Jes\u00fas, est\u00e1n prefiguradas de varias maneras en el AT. Para verificar esta afirmaci\u00f3n, tomaremos como gu\u00ed\u00ada a los autores del NT. En efecto, fueron ellos los primeros que vislumbraron la figura de la Virgen en las personas y en las instituciones de la antigua alianza.<br \/>\nAdoptando este criterio herme-n\u00e9utico se obtienen m\u00faltiples resultados, que convergen todos ellos en considerar a Mar\u00ed\u00ada como el cumplimiento de Israel en camino hacia el mes\u00ed\u00adas redentor.<br \/>\nA lo largo de la presente voz pondremos de relieve la manera en que Mateo, Lucas y Juan releyeron en clave mariana diversas p\u00e1ginas del AT.<br \/>\n1906<br \/>\n1. MARIA. HEREDERA DE LA FE DE ISRAEL EN EL SINAI.<br \/>\n1907<br \/>\n1. El \u2020\u02dcs\u00ed\u00ad\u2020\u009d de la alianza en el Sina\u00ed\u00ad.<\/p>\n<p>El pacto entre Dios y el pueblo de Israel sancionado en el monte Sina\u00ed\u00ad (Ex 19-24) es como el evangelio del AT,<br \/>\nEn Ex 19,3-8 se nos describe un fragmento de aquella escena. El Se\u00f1or, mediante su portavoz Mois\u00e9s, habl\u00f3 de esta forma al pueblo reunido en las faldas del Sina\u00ed\u00ad: \u2020\u0153Hab\u00e9is visto c\u00f3mo he tratado a los egipcios y c\u00f3mo os he llevado sobre alas de \u00e1guila y os he tra\u00ed\u00addo hasta m\u00ed\u00ad. Si escuch\u00e1is atentamente mi voz y guard\u00e1is mi alianza, vosotros ser\u00e9is mi especial propiedad entre todos los pueblos; porque m\u00ed\u00ada es toda la tierra; vosotros ser\u00e9is un reino de sacerdotes, un pueblo santo\u2020\u009d(Ex 19,4-6).<br \/>\nMois\u00e9s entonces explic\u00f3 a sus hermanos y hermanas de fe el contenido del mensaje que les hab\u00ed\u00ada transmitido Dios (Ex 19,6-7). Con su ense\u00f1anza procur\u00f3 que se hicieran conscientes del alcance de las exigencias inherentes a la propuesta que les hab\u00ed\u00ada hecho el Se\u00f1or. En efecto, Dios propone, pero no impone. La libertad, don de Dios creador, es esencial al di\u00e1logo de la alianza.<br \/>\nDespu\u00e9s de que Mois\u00e9s les aclarase los t\u00e9rminos de la voluntad divina, todo el pueblo respondi\u00f3 a coro:<br \/>\n\u2020\u0153Nosotros haremos todo lo que el Se\u00f1or ha dicho\u2020\u2122(Ex 19,8 cf Ex 24,3; Ex 24,7). Estas palabras fueron como el fiat, como el \u2020\u0153s\u00ed\u00ad\u2020\u2122 con que Israel aceptaba unirse a Yhwh, su Dios, como esposa al esposo. De esta manera qued\u00f3 concluido el desposorio de la alianza (Ez 16,8).<br \/>\nAquella profesi\u00f3n de fe incondi-cionada mereci\u00f3 las complacencias del Se\u00f1or, que confiaba luego a Mois\u00e9s: \u2020\u0153Ac o\u00ed\u00addo las palabras de este pueblo. Todo lo que te ha dicho est\u00e1 bien. \u00c2\u00a1Oh, si tuvieran siempre ese mismo coraz\u00f3n, siempre me temer\u00ed\u00adan, guardar\u00ed\u00adan mis mandamientos y ser\u00ed\u00adan felices ellos y sus hijos!\u2020\u009d (Dt 5,28-29 cf vv. Dt 23-28).<br \/>\nEfectivamente, se puede decir que cada una de las generaciones del pueblo hebreo record\u00f3 asidua y celosamente aquella promesa de fidelidad pronunciada en el Sina\u00ed\u00ad \u2020\u0153el d\u00ed\u00ada de la reuni\u00f3n\u2020\u009d (Dt 4,10), es decir, el d\u00ed\u00ada en que Israel naci\u00f3 como pueblo de Dios. De hecho, el contenido de aquella frase se repet\u00ed\u00ada cada vez que la comunidad israelita renovaba las obligaciones de la alianza del Sina\u00ed\u00ad. En semejantes circunstancias vuelve a la escena el mediador, que puede ser un profeta (Jer 42,1-43,4: Jerem\u00ed\u00adas), un rey 2R 23,1-3, Jos\u00ed\u00adas; 2Cr 15,9-15, As\u00e1), un jefe del pueblo (Jos 1 y 24,1-28: Josu\u00e9; Ne 5,1-13, Nehem\u00ed\u00adas; IM 13,1-9, Sim\u00f3n), un sacerdote (Esd 10,10-12 y Ne 9-10, Esdras). Su funci\u00f3n, a semejanza de la de Mois\u00e9s, sigue siendo la de catequizar a sus hermanos, provocando quiz\u00e1 interpelaciones y respondiendo a eventuales preguntas y objeciones. Despu\u00e9s de lo cual el pueblo respond\u00ed\u00ada: \u2020\u0153Serviremos al Se\u00f1or\u2020\u009d Jos 24,24); o bien: \u2020\u0153Haremos lo que nos dices, es decir, lo que les dice el mediador en nombre de Dios Esd 10,12; Ne 5,12; IM 13,9).<br \/>\nPasando a la literatura intertestamentaria, vemos que el fiat de Israel en el Sina\u00ed\u00ad es celebrado con acentos conmovidos por Fil\u00f3n (De con fusione Iinguarum, 58-59); m\u00e1s a\u00fan, el recuerdo de ese fiat aparece con frecuencia en la literatura rab\u00ed\u00adnica (A. Serra, Contributi&#8230;, 182-215). Y los monjes de Qumr\u00e1n formulaban impl\u00ed\u00adcitamente este voto: \u00c2\u00a1ojal\u00e1 el pueblo de la nueva alianza mostrase ante el esperado mes\u00ed\u00adas la misma docilidad que mostr\u00f3 en el Sina\u00ed\u00ad el antiguo Israel ante Mois\u00e9s! (4Q Testimonia, l\u00ed\u00adneas 1-<br \/>\n8).<br \/>\n1908<br \/>\n2. El \u2020\u0153s\u00ed\u00ad\u2020\u009d de Mar\u00ed\u00ada en la anunciaci\u00f3n y en Cana.<br \/>\nA la luz de lo expuesto anteriormente, quiz\u00e1 podamos comprender mejor la actitud de Mar\u00ed\u00ada ante el anuncio del \u00e1ngel y en las bodas de Cana.<br \/>\nLa anunciaci\u00f3n. Esta p\u00e1gina tan conocida del evangelio de Lucas (1,26-38) guarda ciertas analog\u00ed\u00adas con la ratificaci\u00f3n de la primitiva alianza estipulada en el Sina\u00ed\u00ad (Ex 19,3-8). Lo mismo que para la alianza del Sina\u00ed\u00ad hubo un mediador que hablaba en nombre de Dios, as\u00ed\u00ad para el anuncio de Mar\u00ed\u00ada est\u00e1 el \u00e1ngel (Gabriel), enviado por Dios (Lc 1,26). En calidad de portavoz de su Se\u00f1or, Gabriel le revela a Mar\u00ed\u00ada cu\u00e1l es el proyecto que Dios tiene sobre ella: \u2020\u0153Has encontrado gracia ante Dios. Concebir\u00e1s y dar\u00e1s a luz un hijo&#8230;\u2020\u009d (vv. 30-33). Por consiguiente, a esta mujer de su pueblo Dios le pide que sea madre de su Hijo, el cual, heredando las promesas hechas al rey David (2S 7), reinar\u00e1 para siempre sobre la nueva \u2020\u0153casa de Jacob\u2020\u009d, que es la Iglesia.<br \/>\n\u00bfC\u00f3mo procede Mar\u00ed\u00ada ante esta revelaci\u00f3n inaudita? Su actitud es la reacci\u00f3n t\u00ed\u00adpica del pueblo del que es hija. Efectivamente, Israel es una comunidad de fe a la que Dios hab\u00ed\u00ada educado en la atenci\u00f3n a su palabra; atenci\u00f3n que se transforma en di\u00e1logo sabio e inteligente, que pone en movimiento todos los recursos de la persona: \u2020\u0153Ama ai Se\u00f1or, tu Dios, con todo tu coraz\u00f3n, con toda tu alma y con todas tus fuerzas\u2020\u009d (Dt 6,5). Desde el momento en que propuso la alianza en el Sina\u00ed\u00ad, Dios quiso que Mois\u00e9s explicase rectamente a la asamblea las implicaciones de su designio.<\/p>\n<p>Y as\u00ed\u00ad ocurri\u00f3 en Nazaret. Por medio de su \u00e1ngel, Dios habla tres veces a Mar\u00ed\u00ada: \u2020\u0153Al\u00e9grate&#8230;\u2020\u009d (y. 28); \u2020\u0153No tengas miedo&#8230;\u2020\u2122 (vv. 30-33); \u2020\u0153El Esp\u00ed\u00adritu Santo vendr\u00e1 sobre ti&#8230;\u2020\u009d (vv. 35-37). Y por tres veces se describe la reacci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada. Al principio permanece turbada y se pregunta qu\u00e9 significar\u00ed\u00ada tal saludo (y. 29). Luego presenta una objeci\u00f3n, casi como para implorar un poco de luz sobre el modo con que tendr\u00ed\u00ada que colaborar en un acontecimiento humanamente imposible: \u00bfc\u00f3mo podr\u00e1 ser madre una mujer que ha decidido permanecer virgen? (y. 34). Y despu\u00e9s de que el \u00e1ngel la tranquilizase sobre la forma en que podr\u00e1 acontecer lo incre\u00ed\u00adble (El Esp\u00ed\u00adritu Santo vendr\u00e1 sobre ti&#8230;\u2020\u2122), Mar\u00ed\u00ada se pone en manos de Dios, diciendo: \u2020\u0153Aqu\u00ed\u00ad est\u00e1 la esclava del Se\u00f1or; h\u00e1gase en m\u00ed\u00ad seg\u00fan tu palabra\u2020\u009d (y. 38a).<br \/>\nEn la respuesta de Mar\u00ed\u00ada advertimos el eco indudable de las f\u00f3rmulas que todo el pueblo de Israel sol\u00ed\u00ada pronunciar cuando prestaba su propio consentimiento a la alianza: \u2020\u0153Nosotros haremos todo lo que el Se\u00f1or ha dicho\u2020\u009d (Ex 19,8; Ex 24,3; Ex 24,7); \u2020\u0153Serviremos al Se\u00f1or, nuestro Dios, y le obedeceremos\u2020\u2122 (Jos 24,24 ); \u2020\u02dcHaremos lo que nos dices\u2020\u009d (Esd 10,2; Ne 5,12; IM 13,9). En el di\u00e1logo de Mar\u00ed\u00ada con el \u00e1ngel vuelve a vivirse el dinamismo de las interpelaciones entre la asamblea de Israel y sus mediadores, cuando se trataba de vincularse al pacto. En la intenci\u00f3n del evangelista, esto significa que la fe de Israel madura en los labios de Mar\u00ed\u00ada. Realmente ella es \u2020\u0153hija de Si\u00f3n\u2020\u009d. Y para coronar la escena, Lucas escribe que \u2020\u0153el \u00e1ngel la dej\u00f3\u2020\u009d (y. 38b), como para llevar la respuesta a Dios, seg\u00fan hab\u00ed\u00ada hecho Mois\u00e9s en el Sina\u00ed\u00ad Ex 19,8).<br \/>\nLas bodas de Cana. Juan introduce este episodio con el inciso \u2020\u0153tres d\u00ed\u00adas despu\u00e9s\u2020\u009d (Jn 2,1). Al hablar as\u00ed\u00ad manifiesta su prop\u00f3sito de querer encuadrar el relato tambi\u00e9n en la \u00f3ptica de la alianza sina\u00ed\u00adtica, con las siguientes correspondencias b\u00e1sicas: en el Sina\u00ed\u00ad, \u2020\u0153tres d\u00ed\u00adas despu\u00e9s\u2020\u009d, Yhwh revel\u00f3 su gloria, dando la ley de la alianza a Mois\u00e9s, para que el pueblo creyese tambi\u00e9n en \u00e9l (Ex 19,10; Ex 19,11; Ex 19,16); en Cana, \u2020\u0153tres d\u00ed\u00adas despu\u00e9s\u2020\u009d, Jes\u00fas revel\u00f3 su gloria dando el vino nuevo, s\u00ed\u00admbolo de su evangelio, que es la ley de la nueva alianza, y los disc\u00ed\u00adpulos creyeron en \u00e9l (Jn 2,1-11).<br \/>\nEn el \u00e1mbito de estas mutuas analog\u00ed\u00adas entre el Sina\u00ed\u00ad y Cana tiene igualmente su puesto la sugerencia de Mar\u00ed\u00ada a los criados de las bodas: \u2020\u0153Haced lo que \u00e9l os diga\u2020\u009d (y. 5), que es eco muy cercano de la declaraci\u00f3n de fe emitida por Israel en el Sina\u00ed\u00ad: \u2020\u0153Nosotros haremos todo lo que el Se\u00f1or ha dicho\u2020\u009d (Ex 19,8 cf Ex 24,3; Ex 24,7).<br \/>\nEs sintom\u00e1tico el hecho de que Juan ponga en labios de la Virgen las palabras que el pueblo elegido pronunci\u00f3 en el Sina\u00ed\u00ad. Tenemos aqu\u00ed\u00ad una identificaci\u00f3n, aunque sea indirecta, entre la comunidad de Israel y la madre de Jes\u00fas. Y puesto que en el lenguaje b\u00ed\u00adblico-jud\u00ed\u00ado el pueblo est\u00e1 representado a menudo bajo la imagen de una \u2020\u0153mujer\u2020\u009d (A. Serra, Contribu-ti..:, 409-410), se puede comprender c\u00f3mo Jes\u00fas, al dirigirse a su madre, usa el t\u00e9rmino \u2020\u0153mujer\u2020\u009d (Jn 2,4), desacostumbrado ciertamente en un di\u00e1logo entre madre e hijo. Ser\u00ed\u00ada \u00e9sta la versi\u00f3n que hace Jn del tema lucano de Mar\u00ed\u00ada \u2020\u0153hija de Si\u00f3n\u2020\u2122. En otras palabras, Jes\u00fas ve en su madre la encarnaci\u00f3n ideal del antiguo Israel, que ha llegado a la plenitud de los tiempos.<br \/>\n1909<br \/>\nII. MARIA, ARCA DE LA NUEVA ALIANZA<br \/>\n1910<br \/>\n1. \u2020\u0153Alianza\u2020\u009d Y \u2020\u02dcarca\u2020\u009d en el AT.<br \/>\nLas tradiciones del AT asocian estrechamente la noci\u00f3n de \/ alianza con la de arca. En efecto, apenas se firm\u00f3 la alianza entre Dios y el pueblo de Israel en el monte Sina\u00ed\u00ad, el Se\u00f1or dio esta orden: \u2020\u0153Me har\u00e1n un santuario y habitar\u00e9 en medio de ellos\u2020\u009d (Ex 25,8).<br \/>\nEntonces los israelitas levantaron la \u2020\u0153tienda de la reuni\u00f3n\u2020\u009d y dentro de ella -siempre por orden del Se\u00f1or- pusieron el arca de la alianza. Ten\u00ed\u00ada forma de un cofre rectangular hecho de madera de acacia; pod\u00ed\u00ada medir unos 112 cm de larga y 66 tanto de ancha como de alta (Ex 25,10). Dentro de este templete se guardaban las dos tablas que llevaban grabados los diez mandamientos dados por Dios a Mois\u00e9s en el Sina\u00ed\u00ad [1 Dec\u00e1logo], como documento-base para regular la alianza (Ex 25,16; Ex 31,18; Dt 10,1-5). As\u00ed\u00ad pues, el arca se convirti\u00f3 en el signo visible de la presencia de Dios en medio de su pueblo, como consecuencia del pacto sina\u00ed\u00adtico: \u2020\u0153Establecer\u00e9 mi morada en medio de vosotros y nunca os aborrecer\u00e9. Marchar\u00e9 en medio de vosotros, ser\u00e9 vuestro Dios y vosotros ser\u00e9is mi pueblo\u2020\u009d (Lv 26,11-12).<br \/>\nPara representar esta \u2020\u0153morada\u2020\u009d de Dios en el seno de su pueblo (la se-kinah), los libros del AT emplean con frecuencia la imagen de la nube. Con el uso de este elemento figurati-vo-simb\u00f3lico hablan de Dios que baja a morar en el monte Sina\u00ed\u00ad (Ex 24,16), en la tienda de la reuni\u00f3n (Ex 40,34-35) y, finalmente, en el santo de los santos del templo de Jerusal\u00e9n (IR 8,10-12; 2Cr 5,13). Aqu\u00ed\u00ad el arca tuvo su colocaci\u00f3n definitiva, tras el asentamiento de Israel en Palestina.<\/p>\n<p>1911<br \/>\n2. El seno de Mar\u00ed\u00ada, tabern\u00e1culo de Dios.<br \/>\nLas l\u00ed\u00adneas dispersas de las tradiciones sobre el arca encuentran una singular convergencia en Mar\u00ed\u00ada. Especialmente Lucas nos servir\u00e1 de gu\u00ed\u00ada para esta relectura mariana del simbolismo relacionado con el arca.<br \/>\nEn primer lugar, la anunciaci\u00f3n. En efecto, Lc 1,35 (ajuicio de muchos exegetas) parece ser una copia de Ex 40,34-35. En este \u00faltimo trozo leemos que \u2020\u0153entonces la nube cubri\u00f3 la tienda de la reuni\u00f3n, y la gloria del Se\u00f1or llen\u00f3 el tabern\u00e1culo&#8230; La nube del Se\u00f1or se posaba (epesk\u00ed\u00adazen) de d\u00ed\u00ada sobre el tabern\u00e1culo y durante la noche brillaba como fuego\u2020\u009d. As\u00ed\u00ad pues, la nube que envolv\u00ed\u00ada la tienda era como una se\u00f1al de que dentro de ella moraba la \u2020\u0153presencia\u2020\u009d del Se\u00f1or. De forma an\u00e1loga, en Lc 1,35 se dice que la nube del Esp\u00ed\u00adritu vendr\u00e1 a posarse sobre Mar\u00ed\u00ada (episki\u00e1seisoi), y como efecto de esta \u2020\u0153sombra\u2020\u009d (skia), su seno se llenar\u00e1 de la presencia de un Ser divino: el Santo, Hijo de Dios.<br \/>\nDespu\u00e9s de la anunciaci\u00f3n, en el texto lucano viene la visita de Mar\u00ed\u00ada a Isabel. Esta p\u00e1gina est\u00e1 modelada visiblemente sobre el cap\u00ed\u00adtulo 6 del segundo libro de Samuel, en donde se narra el traslado del arca de la alianza desde Baal\u00e1 de Jud\u00e1 a Jerusal\u00e9n, por orden de David. Y he aqu\u00ed\u00ad algunas de las semejanzas que se dan entre los dos relatos: a) Los dos episodios tienen lugar en la regi\u00f3n de Jud\u00e1, casi como teatro de la acci\u00f3n (2S 6,1-2; Lc 1,39). b) Los dos viajes se caracterizan por manifestaciones de j\u00fabilo: del pueblo y de David, que danza delante del arca (2S 6,5; 2S 6,12; 2S 6,14; 2S 6,16); de Isabel y de Juan Bautista, que \u2020\u0153salta de alegr\u00ed\u00ada\u2020\u009d en el seno materno (Lc 1,41; Lc 1,44). c) La presencia del arca en casa de Obeded\u00f3n y la entrada de Mar\u00ed\u00ada en la casa de Zacar\u00ed\u00adas son motivo de bendici\u00f3n (2S 6; 2S 11; 2S 12; Lc 1,41). d) David exclama: \u2020\u0153,C\u00f3mo entrar\u00e1 el arca en mi casa?\u2020\u009d (2S 6,9). ? Isabel: \u2020\u0153,Y c\u00f3mo es que la madre de mi Se\u00f1or viene a mi?\u2020\u009d (Lc 1,43). En la comparaci\u00f3n de los dos textos impresiona el paralelismo entre \u2020\u0153el arca del Se\u00f1or\u2020\u009d y \u2020\u0153la madre de mi Se\u00f1or\u2020\u009d. Ahora la nueva arca es Mar\u00ed\u00ada. Frente a ella -como ocurr\u00ed\u00ada antes frente al arca antigua- uno advierte el sentido de su propia indignidad y del respeto debido a lo sagrado, e) El arca permaneci\u00f3 en casa de Obede-d\u00f3n tres meses (2S 6,11); Mar\u00ed\u00ada se queda al lado de Isabel unos tres meses (Lc 1,56).<br \/>\nDel conjunto de estos parecidos entre los dos episodios se deduce el siguiente mensaje. Con su \u2020\u0153s\u00ed\u00ad\u2020\u009d al anuncio divino, Mar\u00ed\u00ada acoge la propuesta de la alianza nueva que Dios le revela mediante el \u00e1ngel Gabriel; por consiguiente, con Jes\u00fas en su seno ella se presenta como el arca donde reposa Dios hecho hombre. Por tanto, reaparecen actualizados en Mar\u00ed\u00ada los conceptos de alianza y de arca, tan estrechamente vinculados ya en la teolog\u00ed\u00ada del AT.<br \/>\n1912<br \/>\nIII. MARIA, PERSONIFICACION DE JERUS ALEN.<br \/>\nLa ciudad de Jerusal\u00e9n, coraz\u00f3n de Israel, prepara la tipolog\u00ed\u00ada de Mar\u00ed\u00ada al menos bajo dos aspectos:<br \/>\ncomo \u2020\u0153hija de Si\u00f3n\u2020\u009d y como \u2020\u0153madre universal\u2020\u009d.<br \/>\n1913<br \/>\n1. \u2020\u0153Hija de Si\u00f3n\u2020\u009d.<br \/>\n1914<br \/>\na) Origen y sentido de un t\u00ed\u00adtulo.<br \/>\nJerusal\u00e9n, ciudad puesta sobre los montes, ten\u00ed\u00ada su propia roca o ciudadela, llamada Si\u00f3n. Sobre esta cima, hacia el nordeste, el rey Salom\u00f3n (por el 970-930 a.C.) construy\u00f3 el conjunto del templo y del palacio real (2S 24,16-25; 2Cr 3,1). Dentro del templo, concretamente al santo de los santos, hizo trasladar el arca (IR 8,1-8). Desde entonces, con el nombre de Si\u00f3n se quiso indicar sobre todo el monte del templo (Is 18,7; Jr26,18; Sal 2,6 y Sal 48,2-3). Por tanto, Si\u00f3n era considerado como la zona m\u00e1s sagrada de Jerusal\u00e9n, puesto que all\u00ed\u00ad moraba simb\u00f3licamente el Se\u00f1or, en su casa. Por eso la colina de Si\u00f3n pas\u00f3 a designartoda Jerusal\u00e9n (Is 37,32; Is 52,1; Jr26,18; Jr51,35; So 3,16) y tambi\u00e9n a veces a todo Israel (Is 46,13; Sal 149,2), en cuanto que Jerusal\u00e9n era el centro religioso y pol\u00ed\u00adtico de la comunidad jud\u00ed\u00ada.<br \/>\nHay que se\u00f1alar adem\u00e1s que el lenguaje b\u00ed\u00adblico, para designar a una naci\u00f3n o a una ciudad y a sus habitantes, utiliza la expresi\u00f3n \u2020\u0153hija de\u2020\u009d, seguida del nombre del respectivo pa\u00ed\u00ads o localidad: hija de Babilonia (Sal 137,8; Jr 50,42), hija de Ed\u00f3n (Lm 4,21), hija de Egipto (Jr46,11)&#8230; Igualmente, la expresi\u00f3n \u2020\u0153hija de Si\u00f3n\u2020\u009d significa la ciudad de Jerusal\u00e9n y cuantos moraban dentro de sus murallas 2R 19,21; Is 10,32; Is 37,22; Is 52,2 Jer 6,2ss; Lm 2,13); o bien, aunque m\u00e1s raras veces, indicaba el suelo y el pueblo de Israel (So 3,14; Lm 2,1).<br \/>\nHay tres or\u00e1culos c\u00e9lebres de los profetas Zacar\u00ed\u00adas (2,14-15; 9,9-10), Sofon\u00ed\u00adas (3,14-17) y Joel (2,21-27), en los que se invita a la \u2020\u0153hija de Si\u00f3n\u2020\u009d a alegrarse intensamente. El motivo de tanto j\u00fabilo es que su Dios habita en medio de ella; por eso no ha de tener miedo: el Se\u00f1or es su rey y su salvador. Con estas palabras los profetas citados revelaban a sus hermanos el estado de felicidad que vendr\u00ed\u00ada despu\u00e9s de la desolaci\u00f3n del destierro en Babilonia.<br \/>\nAdem\u00e1s hemos de destacar que, en tiempos del NT, sobre todo el texto de Za 9,9 se hab\u00ed\u00ada convertido en un lugar cl\u00e1sico de la esperanza jud\u00ed\u00ada, orientada hacia la redenci\u00f3n mesi\u00e1-nica. Una prueba indudable de este hecho la tenemos, por ejemplo, en Mt 21,5 y Jn 12,15.<br \/>\n1915<br \/>\nb) Aplicaci\u00f3n mariana.<br \/>\nSeg\u00fan algunos exegetas modernos, en las palabras del \u00e1ngel Gabriel a Mar\u00ed\u00ada habr\u00ed\u00ada un eco bastante claro del mensaje que los profetas mencionados dirig\u00ed\u00adan a la \u2020\u0153hija de Si\u00f3n. En efecto, tambi\u00e9n a Mar\u00ed\u00ada se le invita a alegrarse (Lc 1,28, \u2020\u0153Al\u00e9grate, llena de gracia\u2020\u2122). No ha de tener miedo (Lc 1,30), ya que el Hijo de Dios pondr\u00e1 su morada en ella (Lc l,31-32a), haciendo de su seno como un nuevo templo. El ser\u00e1 rey y salvador de la nueva casa de Jacob (Lc l,32b-33; cf 2,11), que es la Iglesia.<br \/>\nEn otras palabras, Lucas, con un juego sutil de alusiones, aplicar\u00ed\u00ada a la Virgen las profec\u00ed\u00adas que Zacar\u00ed\u00adas, Sofon\u00ed\u00adas y Joel dirig\u00ed\u00adan a la hija de Si\u00f3n. Mediante este procedimiento literario (que es una forma de miaras) intenta identificar a Mar\u00ed\u00ada con la \u2020\u0153hija de Si\u00f3n, es decir, con Jerusal\u00e9n y con todo el pueblo de Israel, purificado de la prueba del destierro y heredero de las promesas de salvaci\u00f3n. La virgen de Nazaret, en su persona individual, ser\u00ed\u00ada por tanto el tipo representativo del \u2020\u0153resto de Israel\u2020\u2122, es decir, de ese \u2020\u0153pueblo humilde y pobre\u2020\u2122 que conf\u00ed\u00ada en el nombre del Se\u00f1or (So 3,12-13). El antiguo Israel, en camino hacia el mes\u00ed\u00adas redentor desde hac\u00ed\u00ada siglos, se realiza perfectamente en esta hija suya. \u00c2\u00a1 Mar\u00ed\u00ada es la flor de Israel!<br \/>\n1916<br \/>\n2. Jerusal\u00e9n, madre universal,<br \/>\n1917<br \/>\na) La doctrina del A T, especialmente en los profetas.<br \/>\nEl tema de Jerusal\u00e9n, \u2020\u0153madre de todas las gentes\u2020\u2122, interesa a una amplia \u00e1rea del AT, de forma particular a la literatura prof\u00e9tica. Guarda relaci\u00f3n con el maravilloso florecimiento de la naci\u00f3n hebrea, previsto como posterior al regreso del destierro en Babilonia. El mensaje se articula de esta manera. El destierro es consecuencia de la infidelidad a Dios y a su ley (Dt 4,25-27; Dt 28,62-66). Este es el motivo por el que el Se\u00f1or permiti\u00f3 que Israel fuera desarraigado de su tierra. Los jud\u00ed\u00ados se convierten entonces en \u2020\u0153los hijos dispersos de Dios\u2020\u2122. El destierro, fruto del pecado, es la dispersi\u00f3n por excelencia; es la d\u00ed\u00ad\u00e1spora, el desmembramiento del pueblo de Dios.<br \/>\nPero el Se\u00f1or no abandona a los suyos. Sigue enviando profetas a los desterrados (Dt 4,29-31; Dt 30,1-6 ). Y cuando el pueblo se convierte a su predicaci\u00f3n, Dios re\u00fane a sus hijos de la di\u00e1spora. Por medio de su siervo, el siervo doliente de Yhwh (Is 49,5-6), los conduce de nuevo a su tierra, los congrega en la unidad Jr23,8; Ez 39,26-29;Ez 39, Ez 39, ). Y les agrega adem\u00e1s a los paganos, que se convertir\u00e1n a Yhwh como \u00fanico verdadero Dios(Is 14,1 60,3ss; Jr3,17).<br \/>\nSobre el fondo de esta grandiosa restauraci\u00f3n adquieren un relieve muy singular Jerusal\u00e9n y el templo, reconstruidos de las ruinas. El templo es el lugar privilegiado de la reunificaci\u00f3n (Ez 37,21; Ez 37,26-28; 2M 1,2 7-29; 2M 2,18; 2M 2, 2M 2, ). Dentro de su per\u00ed\u00admetro, tanto los jud\u00ed\u00ados como los paganos convertidos se confundir\u00e1n entre s\u00ed\u00ad para adorar al mismo Se\u00f1or; de ahora en adelante todos los pueblos son miembros de la alianza nueva, que Dios ofrece y extiende a la humanidad entera (Is 14,1; Is 56,6-7; Is 66,18-21; Is 66, Is 66, ). Dice Za 2,15: \u2020\u0153En aquel d\u00ed\u00ada muchos pueblos se unir\u00e1n al Se\u00f1or. Ellos ser\u00e1n tambi\u00e9n mi propio pueblo. Yo habitar\u00e9 en medio de ti\u2020\u009d. Jerusal\u00e9n, adem\u00e1s, es saludada como \u2020\u0153madre\u2020\u009d de estos hijos innumerables que Dios ha introducido dentro de sus murallas (Is 49,21; Is 60,1-9; Sal 87; Tb 13,11-13; Tb 13, Tb 13, ). Este recinto amurallado se miraba efectivamente como un seno que encerraba el templo y a todos los reunidos en \u00e9l para adorar al \u00fanico Dios.<br \/>\n1918<br \/>\nb) Relectura mariana.<br \/>\nComo consecuencia de la obra salv\u00ed\u00adfica de Jes\u00fas, los autores del NT trasponen a un nivel cristol\u00f3gicomariano los mencionados temas. Juan parece ofrecer la s\u00ed\u00adntesis m\u00e1s org\u00e1nica, que podemos resumir de este modo.<br \/>\nJes\u00fas, con su muerte, es el que re-une a los hijos dispersos de Dios (Jn 11,51-52). Pero los dispersos no pueden ser solamente los jud\u00ed\u00ados, sino todos los hombres, en cuanto que est\u00e1n expuestos a las asechanzas del lobo, es decir, del maligno, que arrebata y dispersa (Jn 10,12 cf Jn 16,32). Sin embargo, pueden librarse de \u00e9l acogiendo a Cristo y su palabra; con esta condici\u00f3n se convierten en hijos de Dios, como escribe Jn 1,12: \u2020\u0153A todos los que lo reciben les da el ser hijos de Dios \u2020\u0153(cf tambi\u00e9n Un 5,1). Y Cristo, siervo doliente del Padre, el \u2020\u0153Cordero de Dios que quita el pecado del mundo\u2020\u009d(Jn 1,29; Jn 1,36) re\u00fane a la humanidad dispersa en otro templo y en otra Jerusal\u00e9n.<br \/>\nEl verdadero templo es la persona misma de Jes\u00fas, muerto y resucitado (Jn 2,19-22). En \u00e9l el Padre y el<br \/>\nHijo son una sola realidad (Jn 10,30); son el santuario de la nueva alianza: \u2020\u0153No vi en ella (en la nueva<br \/>\nJerusal\u00e9n) ning\u00fan templo, porque su templo es el Se\u00f1or, Dios todopoderoso, y el cordero\u2020\u009d (Ap 21,22).<br \/>\nY la verdadera Jerusal\u00e9n est\u00e1 constituida por el reba\u00f1o de los disc\u00ed\u00adpulos, es decir, la \/ Iglesia, en la que Jes\u00fas re\u00fane y acoge tanto a los jud\u00ed\u00ados como a los gentiles (Jn 10,16; Jn 11,51-52; Jn 12,32-33). Mar\u00ed\u00ada es la personificaci\u00f3n y la figura ideal de esta nueva Jerusal\u00e9n-madre universal. En efecto, si el profeta dec\u00ed\u00ada a la antigua Jerusal\u00e9n: \u2020\u0153Alza en torno los ojos y contempla: todos se re\u00fanen y vienen a ti\u2020\u009d (Is 60,4; Ba 4,27; Ba 5,45), ahora Jes\u00fas, que muere por reunir a los hijos dispersos de Dios, dice a su madre:<br \/>\n\u2020\u0153Mujer, ah\u00ed\u00ad tienes a tu hijo\u2020\u009d (Jn 19,26). En aquel instante confiaba a sus cuidados maternales al disc\u00ed\u00adpulo amado, que representaba a todos sus disc\u00ed\u00adpulos de todos los tiempos. As\u00ed\u00ad lo ha interpretado una antigua e incesante tradici\u00f3n de la Iglesia, basada en el sentido literal de Jn 19,25-27. En otras palabras, los t\u00ed\u00adtulos y las im\u00e1genes de la Jerusal\u00e9n terrenal son referidos por Juan a la madre de Jes\u00fas. Jerusal\u00e9n era representada como mujer-madre de Israel y de las naciones, reunidas finalmente por la misma fe en el templo que surg\u00ed\u00ada dentro de sus murallas (Ez 16,8; Ez 16,20; Ez 23,2-4; Jr 2,2; Sal 86,5 LXX; Ap. Baruc Ap 10,7 lVEsd. 9,38-10,57. ). En versi\u00f3n mesi\u00e1nica, la Virgen es mujer-madre universal de los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas, es decir, de esos \u2020\u0153hijos dispersos de Dios\u2020\u009d, unificados en el templo m\u00ed\u00adstico de la persona de Cristo, a quien ella revisti\u00f3 de nuestra carne en su seno maternal. El seno de Jerusal\u00e9n es ahora el seno de Mar\u00ed\u00ada.<br \/>\n1919<br \/>\nIV. DESDE ISRAEL. PUEBLO DE LA \u2020\u0153MEMORIA, HASTA MARIA, QUE \u2020\u0153LO CONSERVA TODO EN EL CORAZ\u00ed\u201cN.<br \/>\n\u2020\u0153Su madre guardaba todas estas cosas en su coraz\u00f3n\u2020\u009d (Lc 2,51 cf y. Lc 19): este c\u00e9lebre estribillo del evangelio de Lucas nos revela hasta qu\u00e9 punto Mar\u00ed\u00ada hab\u00ed\u00ada hecho suya la espiritualidad de Israel, pueblo al que pertenec\u00ed\u00ada.<br \/>\n1920<br \/>\n1. La \u2020\u0153memoria\u2020\u009d en el AT.<br \/>\nEn efecto, a lo largo de todo el AT se le indica al pueblo la obligaci\u00f3n de recordar y de meditar en su propio coraz\u00f3n todo lo que Dios ha hecho en su favor. Es c\u00e9lebre, en este sentido, la exhortaci\u00f3n del Deuteronomio: \u2020\u0153Pon atenci\u00f3n, y no te olvides de lo que has visto con tus ojos ni lo dejes escapar nunca de tu coraz\u00f3n. Antes bien, ens\u00e9\u00f1aselo a tus hijos y a tus nietos. Recuerda&#8230; Guardaos, pues, de olvidar la alianza que el Se\u00f1or, vuestro Dios, ha hecho con vosotros\u2020\u009d&#8230; (Dt 4,9-10; Dt 4,23; Dt 4,32).<br \/>\nEl memorial al que tiene que aplicarse todo piadoso israelita comprende toda la historia de la salvaci\u00f3n:<br \/>\nlos d\u00ed\u00adas del antiguo templo (Dt 32,7; Dt 4,32), los a\u00f1os lejanos (Dt 32,7), los tiempos pasados desde el principio (Sal 78,2; Is 46,9), desde el d\u00ed\u00ada en que Dios cre\u00f3 al hombre sobre la tierra (Dt 4,32). No debe caer en el olvido nada de lo que el Se\u00f1or ha hecho por los suyos. Ac aqu\u00ed\u00ad algunos de los aspectos m\u00e1s inculcados de esta \u2020\u0153anamnesis\u2020\u009d, cong\u00e9nita a la fe de Israel.<br \/>\n1921<br \/>\na) Memoria y sabidur\u00ed\u00ada.<br \/>\nLa tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica define como sabio a la persona que \u2020\u0153recuerda\u2020\u009d, que \u2020\u0153guarda en el coraz\u00f3n\u2020\u009d los innumerables gestos salv\u00ed\u00adficos que ha mostrado el Se\u00f1or en todas las \u00e9pocas. Entre los personajes de la historia b\u00ed\u00adblica que han encarnado este ideal est\u00e1 el Sir\u00e1-cida, que reevoca los episodios de la historia de los padres de Israel (Si 44,1-50,21; 50,27.28). Est\u00e1 Judit cuando exhorta a sus hermanos a recordar las pruebas por las que Dios quiso que pasaran Abrah\u00e1n, Isaac y Jacob (Jdt 8,26; Jdt 8,29). Est\u00e1 tambi\u00e9n el escriba que, al tener que estar siempre en contacto con los libros sagrados en virtud de su profesi\u00f3n, \u2020\u0153se aplica a meditar la ley del Alt\u00ed\u00adsimo, estudia la sabidur\u00ed\u00ada de todos los antiguos y consagra sus ocios al estudio de los profetas&#8230;: ser\u00e1 lleno de esp\u00ed\u00adritu de inteligencia, derramar\u00e1 las palabras de su sabidur\u00ed\u00ada y en su oraci\u00f3n alabar\u00e1 alSe\u00f1or\u2020\u009dQ.<br \/>\n1922<br \/>\nb) Memoria y actualizaci\u00f3n.<br \/>\nLa memoria de que habla la Biblia tiene siempre un objetivo din\u00e1mico. No es acad\u00e9mica, ni erudita o nocional. Al contrario, mira hacia el pasado para entender mejor el presente. Dios se ha revelado en los acontecimientos transcurridos de la historia de Israel. Por consiguiente, volver con la mente a aquellos hechos significa conocer cada vez mejor qui\u00e9n es el Se\u00f1or y cu\u00e1l es su voluntad para la hora que se est\u00e1 viviendo. Todo ello brota de esta convicci\u00f3n: lo que el Se\u00f1or realiz\u00f3 en el pasado por sus elegidos es la garant\u00ed\u00ada de que har\u00e1 otro tanto en las circunstancias presentes y en las venideras, ya que su amor es inmutable. Fil\u00f3n de Alejandr\u00ed\u00ada (1 por el 45 d.C.) ten\u00ed\u00ada raz\u00f3n cuando escrib\u00ed\u00ada: \u2020\u0153La fe en el porvenir proviene de todo lo que aconteci\u00f3 en los tiempos pasados\u2020\u009d (De vita Moysis II, 288). Por ejemplo, tras las vicisitudes experimentadas durante los cuarenta a\u00f1os del desierto, Israel podr\u00e1 reconocer efectivamente que Dios lo corrige como un padre (Dt 8,2; Dt 8,5). Si luego el Se\u00f1or se mostr\u00f3 compasivo con Israel, rescat\u00e1ndolo de la esclavitud del fara\u00f3n, Israel tendr\u00e1 que albergar a su vez sentimientos de benignidad con el esclavo, el forastero, el hu\u00e9rfano y la viuda (Dt 5,14-15; Dt 15,12-15; Dt 24,17-22). Incluso de sus propias infidelidades tendr\u00e1 que acordarse Israel: demuestran que Dios es siempre el primero en amar, por pura gracia y no por nuestros m\u00e9ritos (Dt 9,4-7 Miq Dt 6,3-4; Dt 6,5; Ez 20,43-44; Ez 36,31-32).<br \/>\n1923<br \/>\nc) Memoria en la hora del sufrimiento.<br \/>\nDe los libros del AT, especialmente de los m\u00e1s tard\u00ed\u00ados, y del judaismo contempor\u00e1neo al NT podemos deducir de qu\u00e9 manera el pueblo elegido y cada uno de sus miembros compromet\u00ed\u00ada su propia fe en los momentos de grave tribulaci\u00f3n. Puesto frente a la prueba, cuando parece cerrada toda v\u00ed\u00ada de escape, Israel se dirige al pasado para recordar las numerosas liberaciones que Dios concedi\u00f3 a los padres Sal 22,5-6) en los tiempos antiguos (Sal 44,2; Sal 77,6; Sal 77,12; Sal 143,5; Is 63,11), en las generaciones pasadas, desde la eternidad (Si 2,10; Si 51,8; IM 2,61).<br \/>\nLa memoria privilegiada es siempre la del \u00e9xodo de Egipto, verdadero arquetipo de todas las sucesivas redenciones de Israel. Lo mismo que Dios liber\u00f3 a su pueblo de las manos del fara\u00f3n, as\u00ed\u00ad lo liberar\u00e1 tambien de toda otra angustia (Dt 7, ?? 9), puesto que es eterno su amor (Sal 136, lss).<br \/>\nLa memoria de los hechos va unida a la memoria de los padres, es decir, de las personas que fueron sus protagonistas. Ellos conocieron muchas tribulaciones, pero el Se\u00f1or los socorri\u00f3 como respuesta a su constancia en la fe. Dice el Ps 22,5-6 (el salmo que Jes\u00fas recit\u00f3 en la cruz): \u2020\u0153En ti esperaron nuestros padres, esperaron en ti, y t\u00fa los liberaste; a ti clamaron y quedaron libres, esperaron en ti, y no fueron defraudados\u2020\u009d.<br \/>\nContemplando las numerosas liberaciones que Dios hab\u00ed\u00ada concedido a los padres, Israel consolidaba la esperanza de que Dios habr\u00ed\u00ada de visitar y redimir a su pueblo mediante el mes\u00ed\u00adas (Lc 1,67-79).<br \/>\n1924<br \/>\n2. Actualizaci\u00f3n Mariana.<br \/>\nPues bien, la que hab\u00ed\u00ada sido la reflexi\u00f3n sapiencial de todo Israel y de cada Israelita fue tambi\u00e9n herencia de Mar\u00ed\u00ada. Para comprender qui\u00e9n es Jes\u00fas, ella repite en su interior el itinerario espiritual del pueblo del que desciende. En efecto, \u00bfc\u00f3mo se comporta la Virgen ante todo lo que hace y dice Jes\u00fas, \u2020\u0153sabidur\u00ed\u00ada de Dios\u2020\u009d? (1Co 1,24; ico 1,30). Ella \u2020\u0153conserva\u2020\u009d el recuerdo de aquellos hechos y de aquellas palabras Lc 2,19; Lc 2,51); pero no de una forma est\u00e1tica, puesto que se esfuerza en profundizar en su sentido, medit\u00e1ndDIAS (literalmente: \u2020\u0153confront\u00e1ndDIAS\u2020\u009d) en su coraz\u00f3n\u2020\u009d (Lc 2,19, symballous\u00e1).<br \/>\nEl verbo symball\u00f3, utilizado por Lucas en el pasaje mencionado, significa interpretar, dar la recta explicaci\u00f3n, hacer la ex\u00e9gesis. Esta sem\u00e1ntica de symball\u00f3 se ve rubricada por numerosos pasajes de la literatura griega, sobre todo del g\u00e9nero oracular. Es frecuente el caso de que una respuesta dada por la divinidad en alg\u00fan santuario contenga algo oscuro. Le corresponde entonces al cresm\u00f3logo, es decir, al int\u00e9rprete de los or\u00e1culos, iluminar el enigma. Y la actividad del cresm\u00f3logo en casos semejantes se designa habitualmente con el verbo symball\u00f3, el mismo que emplea Lc 2,19a. Ac aqu\u00ed\u00ad, por consiguiente, el desarrollo din\u00e1mico de la fe de Mar\u00ed\u00ada: recordar para profundizar, para actualizar, para interpretar. En este proceso de crecimiento ella se dirig\u00ed\u00ada tambi\u00e9n al AT, como sugiere el Magn\u00ed\u00adficat, el himno en que la Virgen, a semejanza del escriba sabio, \u2020\u0153derrama las palabras de su sabidur\u00ed\u00ada, y en su oraci\u00f3n alaba al Se\u00f1or\u2020\u009d (Si 39,6).<br \/>\nEn particular, Mar\u00ed\u00ada \u2020\u0153conserva en el coraz\u00f3n\u2020\u009d incluso las palabras de Jes\u00fas que de momento no comprende. Por ejemplo, cuando -junto con Jos\u00e9- encuentra a Jes\u00fas en el templo, se desahoga con una queja, indicio de un intenso sufrimiento: \u2020\u0153Hijo, \u00bfpor qu\u00e9 has hecho esto? Tu padre y yo te hemos estado buscando muy angustiados\u2020\u009d (Lc 2,48). Pero ni ella ni Jos\u00e9 comprendieron la respuesta de Jes\u00fas (y. 50). A pesar de ello, subraya el evangelista, \u2020\u0153su madre guardaba todas estas cosas en su coraz\u00f3n\u2020\u009d (y. 51 b): a semejanza, se dir\u00ed\u00ada, de los sabios, que se recogen en meditaci\u00f3n para rumiar los enigmas de la palabra de Dios (A. Serra, Sapien-za&#8230;, 111-119, y 72,88). Y de esta manera, como dice el Vaticano II, la Virgen avanzaba en la peregrinaci\u00f3n de la fe (LG 58).<br \/>\nLlegar\u00e1n m\u00e1s tarde los d\u00ed\u00adas en que Jes\u00fas anunciar\u00e1 de antemano que tendr\u00e1 que sufrir, morir y resucitar al tercer d\u00ed\u00ada (Lc 9,22; Lc 9,43-44; Lc 18,31-33 cf Lc 24,6-7; Lc 24,26-27; Lc 24,44-46). Lucas, aunque de forma indirecta, nos hace saber que Mar\u00ed\u00ada era una oyente atenta de la palabra de Dios predicada por Jes\u00fas (Lc 8,19-21; Lc 11,27-28). Entonces es de presumir que ella, educada en la fe de sus padres, hiciese memoria activa de aquellos or\u00e1culos abiertos a la muerte y resurrecci\u00f3n de su hijo.<br \/>\nComo hemos visto, Israel interpelaba a su propio pasado en los momentos oscuros y calamitosos. Pues bien, si Dios en los tiempos antiguos hab\u00ed\u00ada redimido a su pueblo y hab\u00ed\u00ada liberado a su pueblo y a los justos de angustias mortales, tambi\u00e9n ahora puede dar cumplimiento a la promesa de que Cristo resucitar\u00ed\u00ada de entre los muertos. La catequesis de los Hechos de los Ap\u00f3stoles declara efectivamente que \u2020\u0153el Dios de Abrah\u00e1n, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres\u2020\u009d (Hch 3,13; Hch 5,30) liber\u00f3 del reino de los muertos a su hijo Jes\u00fas, el santo y el justo, entregado a la muerte por los imp\u00ed\u00ados (Hch 2,22-24; Hch 2,27-28; Hch 2,31-32; Hch 3,14-15; Hch 7,52; Hch 10,38).<br \/>\n1925<br \/>\ny. MARIA, \u2020\u0153PROFETICAMENTE BOSQUEJADA\u2020\u009d EN EL AT.<br \/>\nPor el conjunto de elementos que hemos condensado en las columnas anteriores y por todo lo que diremos en estas \u00faltimas, aparecer\u00e1 quiz\u00e1 m\u00e1s claro en qu\u00e9 sentido puede decirse que Mar\u00ed\u00ada est\u00e1 \u2020\u0153prof\u00e9ticamente bosquejada\u2020\u009d (LG 55) en los tres c\u00e9lebres or\u00e1culos de Is 7,14; Miq 5,2 y Gen 3,15.<br \/>\n1926<br \/>\n1. Is 7,14: CONTEXTO ORIGINAL.<br \/>\nLa profec\u00ed\u00ada de Is 7,14 se encuadra en el episodio de la guerra promovida por Ras\u00ed\u00adn y P\u00e9caj, reyes, respectivamente, de Damasco y de Israel, contra Acaz, rey de Jud\u00e1, reci\u00e9n subido al trono a la edad de veinte a\u00f1os. Estamos en el 734-733 a.C. (Is 7,1; 2R 16,1-17; 2Cr 28,5-25).<br \/>\nLa \u2020\u0153mujer joven\u2020\u009d (hebreo, \u2020\u02dcalmah) a la que alude el profeta es Ab\u00ed\u00ada, mujer de Acaz (2R 18,2). El hijo que dar\u00e1 a luz es Ezequ\u00ed\u00adas, llamado con el nombre inaugural de \u2020\u0153Ema-nuel\u2020\u009d, es decir, \u2020\u0153Dios con nosotros\u2020\u009d:<br \/>\nt\u00ed\u00adtulo que sonaba como una promesa en las circunstancias cr\u00ed\u00adticas del momento. Y Dios mostrar\u00e1 realmente que \u2020\u0153estac\u00f3n su pueblo\u2020\u009d(Is 8,10). Gracias a Ezequ\u00ed\u00adas no se extinguir\u00e1 la casa de David.<br \/>\nEzequ\u00ed\u00adas, seg\u00fan los c\u00f3mputos m\u00e1s fiables, nace en el invierno del 733-732. Tambi\u00e9n \u00e9l tendr\u00e1 que alimentarse de \u2020\u0153cuajada y miel\u2020\u009d (y. iSa). Del contexto pr\u00f3ximo de Is 7,22-25 se deduce que la cuajada y la miel son los \u00fanicos alimentos que produce un suelo empobrecido por la guerra en curso y abocado al abandono de la agricultura. Sin embargo, este r\u00e9gimen no durar\u00e1 mucho tiempo. En efecto, los dos reyes atacantes, que ponen sitio a Jerusal\u00e9n, fueron derrotados cuando Ezequ\u00ed\u00adas ten\u00ed\u00ada poco m\u00e1s de un a\u00f1o (Damasco cae en manos de Teglatfalasar el 732). En aquella edad, el ni\u00f1o pod\u00ed\u00ada ya \u2020\u0153rechazar el mal y elegir el bien\u2020\u009d (y. 16a): frase \u00e9sta que, comparada con el precioso paralelo de Is 8,4, significa \u2020\u0153decir pap\u00e1 y mam\u00e1\u2020\u009d, y por tanto \u2020\u0153manifestar los primeros signos de la discreci\u00f3n\u2020\u009d (Gn 4,11).<br \/>\n1927<br \/>\n2. Interpretaci\u00f3n mateana.<\/p>\n<p>Mateo relee en sentido pleno el or\u00e1culo de Is 7,14. Jes\u00fas -descendiente de la casa de David mediante la paternidad legal de Jos\u00e9, hijo de David (Mt 1,20)- es el verdadero \u2020\u0153Emanuel-Dios con nosotros\u2020\u009d (Mt 1,23 cf Mt 28,20). La Iglesia fundada por \u00e9l (Mt 16,18) es la nueva casa de David (Lc 1,32-33). Goza de estabilidad perpetua, a pesar de las asechanzas de las fuerzas del mal (Mt 16,18, \u2020\u0153&#8230; las fuerzas del infierno no prevalecer\u00e1n contra ella). En efecto, Jes\u00fas ha prometido: \u2020\u0153Yo estoy con vosotros (jhe aqu\u00ed\u00ad el Emanuel!) todos los d\u00ed\u00adas hasta el fin del mundo\u2020\u2122 (Mt 28,20)<br \/>\nA su vez, Mar\u00ed\u00ada es la \u2020\u0153virgen\u2020\u2122 (griego, parth\u00e9nos), madre del Emanuel-Cristo, que reina eternamente en el reino de David (Mt 16,18-20; Lc 1,32-33). Si en el caso de Ab\u00ed\u00ada el t\u00e9rmino \u2020\u02dcalmah (traducido por los LXX con parth\u00e9nos) significaba simplemente \u2020\u0153mujer joven, que concibe seg\u00fan las leyes normales de la natu raleza, en la situaci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada se verifica un cambio totalmente imprevisto: ella es \u2020\u0153virgen\u2020\u2122 en sentido estricto, en cuanto que concibe s\u00f3lo por la virtud del Esp\u00ed\u00adritu Santo (Mt 1,18-25).<br \/>\nSe ve, por consiguiente, c\u00f3mo el NT se encuentra en l\u00ed\u00adnea de continuidad con el AT, pero al mismo tiempo lo supera (Mt 5,17).<br \/>\n1928<br \/>\n3. Miq 5.2: contexto original.<br \/>\nDespu\u00e9s de la tribulaci\u00f3n del destierro en Babilonia, semejante a los dolores de una mujer en parto, el<br \/>\nSe\u00f1or rescatar\u00e1 a Jerusal\u00e9n, \u2020\u0153hija de Si\u00f3n, de la opresi\u00f3n de sus enemigos (Miq 4,9-10). Sobre el Ofel, el<br \/>\nbarrio regio de la ciudad, volver\u00e1 a establecerse la antigua monarqu\u00ed\u00ada (la de la casa de David, al parecer)<br \/>\n(Miq 4,8). De esta manera Dios vuelve a reinar para siempre en el monte Si\u00f3n (Miq 4,7).<br \/>\nEsta renovada realeza de Yhwh sobre Israel se lleva a cabo mediante un jefe que habr\u00e1 de nacer en<br \/>\nBel\u00e9n de Efrata, la menos brillante de las numerosas ciudades de Jud\u00e1 (Miq 5,la). Sus or\u00ed\u00adgenes son<br \/>\nbastante remotos (Miq 5,1 b), puesto que (as\u00ed\u00ad parece sugerirlo el texto) se remontan a la antigua casa de<br \/>\nDavid (cf Miq 4,8 y 2S 5,4-10; 2S 7,1-17).<br \/>\nEl nacimiento del futuro libertador se vislumbra para el final del destierro. El Se\u00f1or ha permitido que el pueblo se viera abandonado en manos de los extranjeros; esta situaci\u00f3n -dice el profeta- durar\u00e1 \u2020\u0153hasta el tiempo en que d\u00e9 a luz la que ha de dara luz\u2020\u009d (Miq 5,2a). El vidente indica aqu\u00ed\u00ad a la madre del esperado rey de Jud\u00e1. El pondr\u00e1 fin al cisma, reuniendo con el resto de sus hermanos a todos los hijos de Israel (y. 3b). En resumen, su presencia y su obra son sin\u00f3nimo de \u2020\u0153paz\u2020\u009d (y. 4).<br \/>\nEn tiempos del NT el or\u00e1culo de Miq 5,1-2 era referido seguramente al rey-mes\u00ed\u00adas, tanto por parte de los sacerdotes y de los escribas (Mt 2,5-6) como por parte de la gente del pueblo (Jn 7,40-42).<br \/>\n1929<br \/>\n4. Relectura Mariana.<br \/>\nEn la parte que se refiere a la madre del mes\u00ed\u00adas (\u2020\u02dcla que ha de dar a luz\u2020\u009d), parece ser que la profec\u00ed\u00ada mencionada encuentra eco en Lc 2,6-7. Tal es la opini\u00f3n de no pocos exegetas, que proponen la siguiente confrontaci\u00f3n entre el texto de Miqueas y el de Lucas:<br \/>\nMiqueas Lucas<br \/>\n5,1. \u2020\u0153Y t\u00fa Bel\u00e9n, Efrata, Tambi\u00e9n Jos\u00e9&#8230; fue&#8230; a Judea,<br \/>\nla m\u00e1s peque\u00f1a a la ciudad de David,<br \/>\nentre los clanes de Jud\u00e1&#8230; que se llama Bel\u00e9n.<br \/>\n2 hasta el tiempo 6-7 se cumpli\u00f3 el tiempo en que d\u00e9 a luz del parto<br \/>\nlaque ha de dara luz&#8230; y dio aluza su hijo<br \/>\n1930<br \/>\n3. El se alzar\u00e1 y pastorear\u00e1 primog\u00e9nito&#8230;<br \/>\nel reba\u00f1o 8-9. Hab\u00ed\u00ada en la misma con la fortaleza del Se\u00f1or, regi\u00f3n unos pastores<br \/>\ncon la gloria (LXX) del y la gloria del Se\u00f1or los<br \/>\nnombre del Se\u00f1or, su Dios&#8230;\u2020\u009d envolvi\u00f3 con su luz&#8230;<br \/>\n1931<br \/>\n4. El mismo ser\u00e1 la paz. 14 ypazyen la tierra&#8230;\u2020\u2122.<br \/>\nEn conclusi\u00f3n: como ocurri\u00f3 ya con los textos de la \u2020\u0153hija de Si\u00f3n\u2020\u009d y para 2S 6, tambi\u00e9n en el presente caso Lc transcribe el AT casi al pie de la letra. No lo cita expresamente, pero alude a \u00e9l con toda claridad.<br \/>\n1932<br \/>\n5. Gen 3,15: contexto original.<br \/>\n\u00abEl Se\u00f1or Dios dijo a la serpiente: \u2020\u0153Por haber hecho esto maldita seas entre todos los ganados&#8230; te arrastrar\u00e1s sobre tu vientre y comer\u00e1s del polvo de la tierra todos los d\u00ed\u00adas de tu vida. Yo pongo enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo; \u00e9l te aplastar\u00e1 la cabeza y t\u00fa s\u00f3lo tocar\u00e1s su calca\u00f1al\u2020\u009d\u00bb. En la econom\u00ed\u00ada del relato de Gen 2,18-3,21 la \u2020\u0153mujer\u2020\u009d es Eva. El \u2020\u0153linaje de la serpiente\u2020\u009d designa a los que se dejan llevar por el seductor, haci\u00e9ndose as\u00ed\u00ad hijos suyos, gregarios suyos, siguiendo las instigaciones del mal (Sb 2,24; Jn 8,44). Por exclusi\u00f3n, el \u2020\u0153linaje de la mujer\u2020\u009d est\u00e1 constituido por los que se mantienen fieles a los caminos de Dios. A esta descendencia de la mujer Dios le promete la victoria definitiva sobre los seguidores de la serpiente, o sea, sobre las fuerzas del maligno. Pero en el texto hebreo queda incierto cu\u00e1l es la descendencia de la mujer: puede ser una colectividad, un grupo (el \u2020\u0153linaje\u2020\u009d de la casa real de David) o bien una persona singular. Los autores vacilan en su respuesta.<br \/>\nPara la versi\u00f3n griega de los LXX (siglos ili-Il a.C.) se trata de un personaje individual: \u2020\u01537 te aplastar\u00e1 la cabeza\u2020\u009d. La falta de concordancia del pronombre masculino autos (=\u00e9l) con el sustantivo neutro sp\u00e9rma (- linaje, semilla), al que se refiere, da a entender que en los ambientes de los LXX la esperanza mesi\u00e1nica se refer\u00ed\u00ada a un mes\u00ed\u00adas personal. El \u2020\u0153linaje-descendencia\u2020\u009d de la mujer se concreta en un individuo.<br \/>\nLa versi\u00f3n aramea del targum palestino (f\u00e1cilmente de \u00e9poca precristiana) da lugar a la siguiente par\u00e1frasis instructiva: \u2020\u0153Yo. pondr\u00e9 enemistad entre ti y la mujer, entre los descendientes de tus hijos y los descendientes de sus hijos. Y suceder\u00e1 que, cuando los hijos de la mujer observen los preceptos de la ley (mosaica), la emprender\u00e1n contra ti y te aplastar\u00e1n la cabeza. Pero cuando se olviden de los preceptos de la ley, ser\u00e1s t\u00fa la que les aceches y les muerdas en el tal\u00f3n. Sin embargo, para ellos habr\u00e1 un remedio, mientras que para ti no habr\u00e1 remedio. Ellos encontrar\u00e1n una medicina (?) para el tal\u00f3n el d\u00ed\u00ada del rey mes\u00ed\u00adas\u2020\u009d (recensi\u00f3n del Pseudo-Jona-t\u00e1n, sustancialmente id\u00e9ntica a la del c\u00f3d. Neofiti y a la del targum fragmentario).<br \/>\nAs\u00ed\u00ad pues, siguiendo esta relectura, el \u2020\u0153linaje\u2020\u009d de la mujer asume una connotaci\u00f3n muy concreta. Es identificado en aquellos que observan (o no observan) la ley de Mois\u00e9s. La menci\u00f3n de la ley mosaica remite al lector al pueblo de Israel, el \u00fanico pueblo que conoce y se rige por las ordenaciones de aquella ley. Cuando los israelitas observan las prescripciones mosaicas, aplastan la cabeza de la serpiente y su linaje; pero cuando faltan a ellas, es la serpiente la que les muerde en el calca\u00f1al. Pero se trata de una victoria parcial. En efecto, en los d\u00ed\u00adas del mes\u00ed\u00adas los israelitas quedar\u00e1n curados de la herida en el calca\u00f1al, mientras que para la serpiente no habr\u00e1 ning\u00fan remedio. Seg\u00fan los elementos de esta par\u00e1frasis targ\u00famica, se deduce que la mujer de Gen 3,15 representa no tanto a la humanidad en general como a la comunidad de Israel en camino hacia la redenci\u00f3n mesi\u00e1nica. En una palabra, al pueblo elegido con su mes\u00ed\u00adas. Se perfila ya el cuadro de Ap 12.<br \/>\n1933<br \/>\n6. Relectura neotestamenta-ria EN Ap 12.<br \/>\nEntre los escritos del NT, Ap 12 transcribe el vaticinio de Gen 3,15 en versi\u00f3n cristol\u00f3gico-ecle-siol\u00f3gica. Son evidentes los contactos entre Ap 12 y Gen 3,15. En efecto, el drag\u00f3n es calificado como \u2020\u0153&#8230; la serpiente antigua, que se llama \u2020\u02dcDiablo\u2020\u2122 y \u2020\u02dcSatan\u00e1s\u2020\u2122, el seductor del mundo entero\u2020\u009d(Ap 12,9). Pelea abiertamente contra la mujer. Primero intenta devorar a su hijo reci\u00e9n engendrado (y. 4); fracasado este ataque inicial (vv. 5.12), persigue a la mujer (y. 13), vomita tras ella como un r\u00ed\u00ado de agua (y. 15), que es absorbido, sin embargo, por la tierra, que abre su boca (y. 16). Entonces el drag\u00f3n desahoga su irritaci\u00f3n contra la mujer, desencadenando la persecuci\u00f3n contra \u2020\u0153. . el resto de su descendencia, los que guardan los mandamientos de Dios y son fieles testigos de Jes\u00fas\u2020\u009d (y. 17).<br \/>\n1934<br \/>\na) \u00bf Qui\u00e9n es la \u2020\u0153mujer vestida de sol\u00bb?<\/p>\n<p>Es la \u2020\u0153mujer-esposa\u2020\u009d, que representa al pueblo de Dios de ambos. Testamentos. Es la Iglesia de la antigua , formada por las doce tribus de Israel (Ap 12,1, las doce estrellas). Y es tambi\u00e9n la Iglesia de la nueva alianza que, como prolongaci\u00f3n de las doce tribus de Israel (Ap 21,12), est\u00e1 fundada sobre los doce ap\u00f3stoles (Ap 21,14) y comprende a todos los otros disc\u00ed\u00adpulos de Cristo (Ap 21,17).<br \/>\nLa mujer es presa de los dolores de parto (y. 2). El drag\u00f3n se pone delante de ella para devorar al ni\u00f1o que va a nacer (y. 4b). Y ella \u2020\u0153dio a luz un hijo var\u00f3n, el que deb\u00ed\u00ada regir a todas las naciones con una vara de hierro. El hijo fue arrebatado hacia Dios y a su trono\u2020\u009d (y. 5). \u00bfDe qui\u00e9n se trata?<br \/>\nLos dolores de la parturienta y el rapto del reci\u00e9n nacido al trono de Dios no describen el nacimiento de Jes\u00fas en Bel\u00e9n, sino el misterio pascual, o sea la \u2020\u0153hora\u2020\u009d de la pasi\u00f3n y resurrecci\u00f3n de Cristo.<br \/>\nEsta lectura simb\u00f3lica del gran signo de Ap 12,5 est\u00e1 rubricada ante todo por Jn 16,21-22, pasaje en que el mismo Jes\u00fas habla del dolor y del gozo que siente la mujer cuando da a luz una criatura, y aplica esta alegor\u00ed\u00ada a la aflicci\u00f3n que estaba a punto de invadir a los disc\u00ed\u00adpulos por causa de su muerte y al gozo que luego experimentar\u00ed\u00adan al ver de nuevo al maestro resucitado.<br \/>\nAl lado de la tradici\u00f3n joanea se sit\u00faa la lucana de los Hechos, cuando habla de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas en t\u00e9rminos de \u2020\u0153generaci\u00f3n\u2020\u009d. En efecto, el Ps 2,7 (\u2020\u0153T\u00fa eres mi hijo, yo mismo te he engendrado hoy\u2020\u009d) es referido por Pablo a la acci\u00f3n del Padre, que resucita al Hijo de entre los muertos (Hch 13,32-34).<br \/>\nEn tercer lugar, en Ap 12,5a (\u2020\u0153&#8230;un hijo var\u00f3n, el que deb\u00ed\u00ada re gira todas las naciones con una vara de hierro*), tenemos una cita del Ps 2,8.9, mientras que en el y. 5b (\u2020\u0153El hijo\/ue arrebatado hacia Dios y a su trono\u2020\u009d) parece confluir una reminiscencia del Ps 110,1 (\u2020\u0153Palabra del Se\u00f1ora mi Se\u00f1or: \u2020\u02dcSi\u00e9ntate ami derecha, hasta que haga de tus enemigos estrado de tus pies\u2020\u009d). Pues bien, sabemos que el Ps 2 y el 110 son de los m\u00e1s utilizados en el NT para el anuncio de la resurrecci\u00f3n de Cristo. De rechazo, el empleo combinado de los dos salmos mencionados en Ap 12,5 podr\u00ed\u00ada inducir a una lectura simb\u00f3lico-pascual del parto de la \u2020\u0153mujer\u2020\u009d de Ap 12.<br \/>\nPor consiguiente, ese parto ser\u00ed\u00ada un modo figurado de representar la angustia profunda que sumergi\u00f3 a la comunidad de los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas cuando el poder de las tinieblas les arrebat\u00f3 violentamente a su maestro (Jn 16,21; Jn 16,22; Mc 2,20; Mt 9,15; Lc 5,35; Lc 22,53). El rapto del ni\u00f1o junto al trono de Dios es una imagen pl\u00e1stica que hay que referir al poder del Padre, que al liberar a su Hijo de las ataduras de la muerte (Hch 2,24)10 hace \u2020\u0153renacer\u2020\u009d a la condici\u00f3n gb-. riosa de resucitado y le confiere la realeza universal (Ap 12,5; Ap 12,9-10 cfAp 1,18; Ap 3,21;Ap 5,9-13; Ap 19,11-16;Ap 19,Ap 19, ).<br \/>\nUna interpretaci\u00f3n alternativa de Ap 12 (que, por otra parte, no parece excluir la que ya hemos esbozado) es la que propone U. Vanni (1978). La mujer es cada iglesia cristiana que vive en el tiempo. Los dolores de parto expresan eficazmente la tensi\u00f3n, la fatiga que cada una de las comunidades eclesiales experimenta a la hora de dar a luz a Cristo en su propio seno. En otras palabras, cada grupo de disc\u00ed\u00adpulos del Se\u00f1or est\u00e1 llamado a dar testimonio del evangelio, a engendrar a Cristo para hacerle crecer en nosotros hasta que adquiera su tallaperfecta(cf Ga14,19; Ef 4,13; Mc 3,35 y par Mt Mc 12,50 y Lc 8,21). Pero, como es sabido, \u00e9sta es una vocaci\u00f3n ardua, llena de tribulaciones, que choca continuamente con las fueizas del maligno (el drag\u00f3n). Pues bien, a pesar de las muchas adversidades, la Iglesia llega a dar a luz a su Cristo, es decir, a realizar su compromiso de vida evang\u00e9lica. Frente a todos los aparatos imponentes y terror\u00ed\u00adficos del mal, los resultados de sus esfuerzos parecen d\u00e9biles, fr\u00e1giles, lo mismo que un ni\u00f1o reci\u00e9n nacido. Pero, concluye Vanni,\u2020\u009d&#8230; el grupo sabe que todo lo que manifiesta de positivo queda como asumido y hecho propio por la trascendencia divina* ya desde ahora&#8230;; todo lo que consigue realizar ahora se sit\u00faa en la l\u00ed\u00adnea del triunfo escatol\u00f3gico, completado incluso hist\u00f3ricamente, que Cristo sabr\u00e1 llevar a cabo al final de todo\u2020\u009d (U. Vanni, La decodificazio-ne&#8230;, 149).<br \/>\nLo que queda de Ap 12,13-18 describe la persecuci\u00f3n que la serpiente sigue provocando contra la mujer, y la ayuda divina que le da alientos en el desierto de las pruebas de este mundo. Pero tambi\u00e9n esa persecuci\u00f3n tiene un l\u00ed\u00admite; efectivamente, s\u00f3lo dura&#8230; \u2020\u0153por un tiempo, dos tiempos y medio tiempo\u2020\u009d (y. 14), es decir, la mitad del n\u00famero siete, que es la cifra de la totalidad. Por consiguiente, una plenitud mediada. Por muy largos y terror\u00ed\u00adficos que parezcan, los d\u00ed\u00adas del poder de las tinieblas est\u00e1n contados. Satan\u00e1s sabe que dispone de \u2020\u0153poco tiempo\u2020\u009d (Ap 12,12). En efecto, llegar\u00e1 la consumaci\u00f3n de la historia cuando la mujer que peregrina por el desierto se convierta en la \u2020\u0153mujer-esposa\u2020\u009d del cordero (Ap 21,5), brillando sobre un monte excelso y elevado con el semblante de la nueva Jerusal\u00e9n (Ap 21,2; Ap 21,10), en la cual\u2020\u009d.;, no habr\u00e1 m\u00e1s muerte, ni luto, ni llanto, ni pena, porque el primer mundo ha desaparecido\u2020\u009d Ap 21,4). De este modo terminar\u00e1n los d\u00ed\u00adas de luto (Is 60,20).<br \/>\nPor consiguiente podr\u00ed\u00adamos concluir con esta impresi\u00f3n de fondo. Ap 12 transcribe en c\u00f3digo simb\u00f3lico el misterio pascual de Cristo, actualizado en la Iglesia. Se verifica as\u00ed\u00ad el dicho de Jes\u00fas: \u2020\u0153Si a m\u00ed\u00ad me han perseguido, tambi\u00e9n os perseguir\u00e1n a vosotros&#8230; En el mundo tendr\u00e9is tribulaciones; pero tened \u00e1nimo, que yo he vencido al mundo\u2020\u009d (Jn 15,20; Jn 16,33).<br \/>\n1935<br \/>\nb) \u00bf Queda sitio tambi\u00e9n para Mar\u00ed\u00ada en la \u2020\u0153mujer\u2020\u009d de Ap 12?<br \/>\nLa gran mayor\u00ed\u00ada de los exegetas responde: la \u2020\u0153mujer\u2020\u009d de Ap 12 simboliza en primer plano, directamente, a la Iglesia formada por el pueblo de Dios de ambos Testamentos; indirectamente, casi \u2020\u0153in obliquo\u2020\u009d, puede tambi\u00e9n incluirse en ella a la Virgen. \u00bfEn qu\u00e9 sentido? Ac aqu\u00ed\u00ad algunos intentos en esta direcci\u00f3n.<br \/>\n1) Si el parto de la mujer evoca de forma simb\u00f3lica la pasi\u00f3n y la resurrecci\u00f3n de Jesucristo, la mente del lector corre espont\u00e1neamente a la escena de Jn 19,25-27. De aquellas l\u00ed\u00adneas podemos deducir que en la hora en que Jes\u00fas pasaba de este mundo al Padre, la comunidad mesi\u00e1nica situada al pie de la cruz estaba representada por el disc\u00ed\u00adpulo amado y por algunas mujeres (quiz\u00e1 cuatro). Entre ellas, el evangelista concede un lugar privilegiado a la madre de Jes\u00fas. En aquella hora Jes\u00fas revela a su madre que ella tiene unas funciones maternales tambi\u00e9n para con el disc\u00ed\u00adpulo, figura de todos sus disc\u00ed\u00adpulos Ap 12,17, \u2020\u0153&#8230; se fue a hacer la guerra al resto de su descendencia&#8230;\u2020\u2122).<br \/>\n2) La mujer vestida de sol remite a la Virgen de Nazaret, saludada por el \u00e1ngel como kejaritom\u00e9ne, \u2020\u0153llena de gracia\u2020\u009d (Lc 1,28). Ella est\u00e1 envuelta en la complacencia y el favor misericordioso de Dios, su salvador (Lc l,47b.48a.49a).<br \/>\n3) Una vez establecido que la mujer de Ap 12 es una figura simb\u00f3lica del pueblo de Dios, del cual desciende el mes\u00ed\u00adas, deber\u00ed\u00adamos recordar que en el plano de la historia Israel engendra de su seno al mes\u00ed\u00adas solamente a trav\u00e9s de la maternidad f\u00ed\u00adsica de Mar\u00ed\u00ada, la \u2020\u0153hija de Si\u00f3n\u2020\u009d. Por consiguiente, en sentido amplio, secundario y derivado, el parto descrito por Ap 12,5 puede de alguna manera referirse al parto de Bel\u00e9n.<br \/>\n4) En la interpretaci\u00f3n de U. Vanni, como hemos visto, el dolor desgarrador de la mujer se\u00f1ala con vigor incisivo las dificultades con que tropieza la Iglesia para acoger y vivir el mensaje del evangelio, en medio de las tribulaciones de este mundo. Pues bien, tambi\u00e9n en esta perspectiva es oportuno observar que la misma madre de Jes\u00fas, seg\u00fan indica el Vaticano II, \u2020\u0153&#8230; avanz\u00f3 en la peregrinaci\u00f3n de la fe\u2020\u009d (LG 58). Mar\u00ed\u00ada era disc\u00ed\u00adpula atenta para escuchar las palabras de su Hijo (Lc 8,19-21). Pero aqu\u00e9llas eran unas palabras que a veces Mar\u00ed\u00ada no lograba comprender, como, por ejemplo, la respuesta que Jes\u00fas le hab\u00ed\u00ada dado en el templo en un contexto de intenso sufrimiento para ella y para Jos\u00e9 (Lc 2,48; Lc 2,50; Lc 2,51). Eran palabras que anunciaban de antemano la muerte y la resurrecci\u00f3n del Hijo del hombre (Lc 9,22; Lc 9,44; Lc 11,27-28). Por tanto, tambi\u00e9n la fe de Mar\u00ed\u00ada iba madurando en el sufrimiento, a semejanza del grano de trigo, que, una vez ca\u00ed\u00addo en tierra, tiene que morir para producir mucho fruto (Jn 12,24).<br \/>\n5) Pensando en la mujer-Iglesia, perseguida por Satan\u00e1s en el desierto y alentada por la presencia divina, el creyente no se olvida de que Mar\u00ed\u00ada, la mujer-madre de Jes\u00fas, formaba parte de la Iglesia de Jerusal\u00e9n (Hch 1,14): una Iglesia que tuvo que conocer tambi\u00e9n la hostilidad del mundo y la fuerza alentadora del Se\u00f1or resucitado (Hch 4,5-31; Hch 5,17-41 6,9-7,60; Hch 8,1-3; Hch 9,1-2; Hch 12,1-9).<br \/>\n6) Levantando, finalmente, la mirada hacia la mujer-Iglesia, esposa del cordero, plenamente glorificada en los cielos nuevos y en la tierra nueva de la Jerusal\u00e9n celestial (Ap 21,1-22,5), es natural asociar a esta figura la persona de Mar\u00ed\u00ada, asumida por el Hijo a la gloria celestial. En ella, redimida en la integridad de su ser, la comunidad de los creyentes saluda y contempla con gozo la prenda de la salvaci\u00f3n perfecta, que la pascua de Cristo tendr\u00e1 que derramar sobre toda criatura en la vida del mundo venidero..<br \/>\n1936<br \/>\nVI. CONCLUSION.<br \/>\nLos temas esbozados en esta voz demuestran que tambi\u00e9n por lo que ata\u00f1e a la persona y a la misi\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada el AT prepara el NT, y el NT, lejos de abrogar el AT, lo lleva a su cumplimiento (Mt 5,17).<br \/>\nRecientemente, K. Stock hac\u00ed\u00ada la siguiente consideraci\u00f3n a prop\u00f3sito de algunas de sus investigaciones sobre Lc 1,26-38: \u2020\u0153La luz que irradia del AT sobre el texto lucano puede de alguna forma ser demasiado concentrada y demasiado densa. Pero no parece que haya otro camino para una justa valoraci\u00f3n y consideraci\u00f3n de los elementos del texto lucano que la confrontaci\u00f3n con los modos de hablar del AT, paralelos en su estructura y en sus contenidos. En esta confrontaci\u00f3n hay que precisar su tenor exacto. Por eso puede ser que haya sobrecargas expresivas, pero dif\u00ed\u00adcilmente habr\u00e1 oscuridades o errores de interpretaci\u00f3n. Sin embargo, puede ser que se den oscuridades y recortes del texto si se considera demasiado poco su trasfondo vetero-testamentario\u2020\u009d (K. Stock, La voca-zione di Mar\u00ed\u00ada: Lc 1,26-38, en Marianum 45 (1983) 113, nota 41; la cursiva es m\u00ed\u00ada). De buena gana subrayo este criterio, que puede extenderse sin dificultad a todos los pasajes marianos del NT.<br \/>\n1937<br \/>\nBIBL.: Boschi B., Mar\u00ed\u00ada nell\u2020\u2122AT, en \u2020\u0153Sacra Dottrina\u2020\u2122 18 (1973) 9-48; Brown R.E., El nacimiento del Mes\u00ed\u00adas, Cristiandad, Madrid 1982; DeI Olmo Lete G., Bolet\u00ed\u00adn de Mariolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica. Laprofec\u00ed\u00ada delEmmanuel(h 7,10-1 7). Estado actual de la interpretaci\u00f3n, en \u2020\u0153Epheme-rides mariologicae\u2020\u009d 22(1972)357-385; Id, La profec\u00ed\u00ada delEmmanuel(ls 7,10-17). Ensayo de interpretaci\u00f3n formal, en \u2020\u0153Ephemerides mariologicae\u2020\u009d 23 (1973) 345-361; Giovanni Paolo II, Omelie per \u00c2\u00a1\u2020\u0153Angelus\u2020\u009d: Mar\u00ed\u00ada, punto de approdo dell\u2020\u2122AT e primizia della chiesa di Cristo, en \u2020\u0153L\u2020\u2122Osservatore Romano\u2020\u009d 123 (27-28 junio 1983), 1-2; II \u2020\u0153f\u00ed\u00adat\u2020\u009ddi Mar\u00ed\u00ada compimento del \u2020\u0153f\u00ed\u00adat\u2020\u009d di Israele al Sinai, ib (4-5 julio 1983) 1.3; Arca del VAlleanza, ib (11-12 julio 1983) 1; \u2020\u0153Quanto Egli vi dir\u00e1, fatelo\u2020\u009d, ib (18-19 julio 1983) 1; \u2020\u0153Mar\u00ed\u00ada, da parte sua, serbava tutte queste cose&#8230; \u2020\u0153, ib (25-26 julio 1983) 1; \u2020\u0153Figlio, perch\u00e9 cihaifatto questo?\u2020\u009d, ib (1-2 agosto 1983) 1; Mar\u00ed\u00ada, Madre dell\u2020\u2122unit\u00e1 della chiesa, ib (8-9 agosto 1983) 1; \u2020\u0153Mar\u00ed\u00ada, sede della sapienza\u2020\u2122 ib (5-6 septiembre 1983) 2; \u2020\u0153Consolatrice degli afflitti\u2020\u009d, ib (19-20 septiembre 1983) 1.5; \u2020\u0153Ha posato lo sguardo sulla povert\u00e1 della sua serva&#8230; \u2020\u0153, ib (26-27 septiembre 1983)5; Mar\u00ed\u00ada, madre nostra nellafede, ib (5-6 diciembre 1983)6; Grelot P., Marie (Vierge), en DSAMX (1980)410-413; Laurentin R., Structure et Th\u00e9logie de Luc 1-?, Gabalda, Par\u00ed\u00ads 1957, 64-92, 148-161; Id,! Van geli dell\u2020\u009dinfamia di Cristo. La ve rita del Nata le al di la dei miti. Ese gesi e semi\u00f3tica; storicita e teolog\u00ed\u00ada, Ed. Paoline, Roma 1985, 70s., 72-75, 76-85, 546-549; Lemmo N., Mar\u00ed\u00ada, \u2020\u0153Figlia di Sion \u2020\u0153, a partir\u00e9 da Lc 1,26-38. Bilancio esegetico dal 1939 al 1982, en \u2020\u0153Marianum\u2020\u009d 45 (1983) 175-258; McHugh J., The Motherof Jes\u00fas in the New Testament, Darton, Longmann and Todd, Londres 1975, 37-52, 56-63, 68-72, 281-283, 404-432, 438-444, 497-498; Montagnini F., Problemi dell\u2020\u2122Apocalisse in alcuni studi degli ultimi anni, en \u2020\u0153RBit\u2020\u009d 11(1963) 400-424; Id, La Donna \u2020\u0153vestita di sol\u00e9\u2020\u009d, en \u2020\u0153Jes\u00fas\u2020\u009d 6 (1984)2, 40-41; Ortensio da Spinetoli, Mar\u00ed\u00ada nella Tradizione B\u00ed\u00adblica, Dehoniane, Bolonia 19673, 31-68, 259-284, 354-356; Serra ?., Mar\u00ed\u00ada seg\u00fan el evangelio, Sig\u00faeme, Salamanca 1988; Id, La presenza e la funzione della Madre del Messia nell\u2020\u2122AT, en Identita dei Serv\u00ed\u00ad di Mar\u00ed\u00ada, Marianum, Roma 1975,9-21; Id, La Vergine, Madre del Salvatore. lsaia 7,10-14, en Perl\u2020\u2122assembleafestiva, n. 70:!! lezionario mariano, Queriniana, Brescia 1975, 103-111; Id, La parturiente di Betlemme (Mi 5,2-5), en o.a, 138-144; Id, llprimo vangelo della salvezza (Gen 3,9-15,2) en o.c, 30-39; Id, Contributi dell\u2020\u2122antica letteratura giudaica perl\u2020\u2122esegesi di Gv 2,1-12 e 19,25-27, Herder, Roma 1977, 139-226, 303-429; Id, Mar\u00ed\u00ada a Cana e presso \u00c2\u00a1a croce. Saggio di mariologia giovannea ( GV2,1-12 Gv2,1-12e 19,25-27), Centrodi cultura mariana \u2020\u0153MaterEcclesiae\u2020\u009d, Roma 1978, 30-37, 94-103; Id, L\u2020\u2122Annunciazionea Mar\u00ed\u00ada (Lc 1,26-38). Un formulario diAlleanza?, en \u2020\u0153Parole di vita\u2020\u009d 25 (1980) 164- 171; Id, Sapienzae contem-plazione di Mar\u00ed\u00ada secondo Lc 2,19.51b, Marianum, Roma 1982, 40-55, 65-1 29,<br \/>\n134-1 38, 249-250, 266-277, 279, 288-289; Id, \u2020\u0153Esulta, figlia di Sion!\u2020\u009d. Principaliriletture diZc 2,14-15 e<br \/>\n9,9a-c nel Giudaismo anlico e nel Cristianesimo primitivo dell-II sec\u00f3lo, en \u2020\u0153Marianum\u2020\u009d 45 (1983) 9-54; Id, Biblia, en Nuevo Diccionario de Mariolog\u00ed\u00ada, Ed. Paulinas, Madrid 1988, 300-385; Id, Sabia, en Nuevo Diccionario de Mariolog\u00ed\u00ada, o.c, 1756-1769; Stock K., La vocazione di Mar\u00ed\u00ada: Lc 1,26-38, en \u2020\u0153Marianum\u2020\u009d45 (1983) 94-126; Valentini ?., ?\u2020\u02dcpresente Mar\u00ed\u00ada nell\u2020\u2122AT?, en \u2020\u0153Madre di Dio\u2020\u009d 53 (1985) 2,10-11; Vanni U., La decodificazione del \u2020\u0153grande segno\u2020\u009din Apocalisse 12,1-6, en \u2020\u0153Marianum\u2020\u009d 40(1978)121-152; Virgulin 5., R\u00ed\u00adcerche su Genesi3,l5dal 1970 al 1977, en \u2020\u0153Marianum\u2020\u009d 40(1978)13-30.<br \/>\nA. Serra<br \/>\n1938<br \/>\nB) MARIA EN EL NT.<br \/>\n1939<br \/>\n1. INTRODUCCION.<br \/>\nDurante largos siglos la doctrina mariana en la Iglesia cat\u00f3lica se hab\u00ed\u00ada ido desarrollando sin grandes discusiones. Pero desde hace unos treinta a\u00f1os, especialmente despu\u00e9s del Vaticano II, la mariolog\u00ed\u00ada ha entrado profundamente en crisis. Son tres las razones principales: a) la atenci\u00f3n se hab\u00ed\u00ada concentrado demasiado en la persona singular de Mar\u00ed\u00ada y en sus \u2020\u0153privilegios\u2020\u009d; de esta manera la teolog\u00ed\u00ada mariana se hab\u00ed\u00ada convertido en un tratado independiente, aislado de la visi\u00f3n de conjunto de misterio cristiano; b) el contexto ecum\u00e9nico ha hecho a los te\u00f3logos cat\u00f3licos, y m\u00e1s a\u00fan a los biblistas, muy sensibles a las cr\u00ed\u00adticas de los protestantes; c) la mariolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica reciente ha estado demasiado dominada por el uso del m\u00e9todo hist\u00f3rico-cr\u00ed\u00adtico.<br \/>\nLa l\u00ed\u00adnea a seguir para responder a este triple desaf\u00ed\u00ado es muy clara: hay que profundizar en lo que la misma Sagrada Escritura nos dice sobre Mar\u00ed\u00ada; pero no hay que hacerlo con un m\u00e9todo reductivo, limit\u00e1ndose a reconstruir los hechos hist\u00f3ricos (lo cual resulta muchas veces aleatorio), sino que hay que destacar plenamente los textos mismos de los evangelios, intentando adem\u00e1s profundizar en ellos a la luz de la tradici\u00f3n. As\u00ed\u00ad se sale al encuentro del segundo y tercer desaf\u00ed\u00ado. El primero afecta m\u00e1s al te\u00f3logo. Pero tambi\u00e9n la teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica tiene que abrir los horizontes de la historia de la salvaci\u00f3n y mostrar el lugar que en ella ocupa Mar\u00ed\u00ada, la \u2020\u0153hija de Si\u00f3n\u2020\u009d, en el conjunto del camino del pueblo de Dios. Adem\u00e1s, la mariolog\u00ed\u00ada toma todo su verdadero sentido de la cristolog\u00ed\u00ada, aunque debe integrarse tambi\u00e9n en la eclesiolog\u00ed\u00ada, como quiso el Vat. II (LG, c. VIII). Para el equilibrio y la fecundidad de la mariolog\u00ed\u00ada siempre ser\u00e1 necesario proponerla con este triple esfuerzo de integraci\u00f3n teol\u00f3gica: en el AT, en el misterio de Cristo, piedra angular y \u00fanico mediador, y en el de la Iglesia.<br \/>\n1940<br \/>\nII. PREPARACION A LA ENCARNACION,<br \/>\nDos vers\u00ed\u00adculos del relato de la anunciaci\u00f3n muestran que Mar\u00ed\u00ada hab\u00ed\u00ada sido ya preparada por Dios para la misi\u00f3n \u00fanica que habr\u00ed\u00ada de desempe\u00f1aren la encarnaci\u00f3n.<br \/>\n1941<br \/>\n1. \u2020\u0153Llena de gracia\u2020\u009d (Lc 1,28).<br \/>\nDespu\u00e9s de una invitaci\u00f3n a la \u2020\u0153hija de Si\u00f3n\u2020\u009d para que entre en el gozo escatol\u00f3gico (ja\u00ed\u00adre; So 3,14; JI 2,21; JI 2,23; Za 9,9), el \u00e1ngel se dirige a la Virgen con el t\u00ed\u00adtulo de \u2020\u0153llena de gracia\u2020\u009d, que es la versi\u00f3n tradicional de kejarit\u00f3m\u00e9ne (participio perfecto pasivo \u00e1tjarit\u00f3o). Los verbos en -\u00f3o tienen valor causativo (typhl\u00f3o, p.ej., quiere decir volver a uno ciego, typhl\u00f3s); el verbo jarit\u00f3o significa que la gracia transforma a una persona, haci\u00e9ndola graciosa y amable; as\u00ed\u00ad, por ejemplo, en el texto paralelo de Ep 1,6: \u2020\u0153La gracia maravillosa que nos ha concedido por medio de su amado Hijo\u2020\u009d (lit., \u2020\u0153con que nos ha agraciado\u2020\u009d) significa que \u2020\u0153nos ha hecho dignos de amor\u2020\u009d (J. Cris\u00f3sto-mo). El t\u00ed\u00adtulo dado a Mar\u00ed\u00ada en Lc 1,28 describe el cambio ya operado en ella por la gracia de Dios: hab\u00ed\u00ada sido \u2020\u0153purificada de antemano\u2020\u009d (So-fronio, Or. II in Ann., 25:<br \/>\nPG 87\/3, 3248). Seg\u00fan la interpretaci\u00f3n que ha pasado a ser tradicional, \u2020\u0153llena de gracia\u2020\u009d describe la santidad de Mar\u00ed\u00ada realizada en ella por la gracia como preparaci\u00f3n para el acontecimiento de la encarnaci\u00f3n. Tenemos una confirmaci\u00f3n de ello en el g\u00e9nero literario, muy parecido al de la vocaci\u00f3n de Gede\u00f3n en Jg 6,11-24: el \u00e1ngel de Yhwh anuncia a Gede\u00f3n que tendr\u00e1 que salvar a Israel de manos de los madianitas con su fuerza, es decir, con la fuerza que posee ya, pero tambi\u00e9n con la ayuda del Se\u00f1or.<br \/>\nEl caso es an\u00e1logo para Mar\u00ed\u00ada: estaba ya transformada por la gracia de Dios, no s\u00f3lo para convertirse en la madre del mes\u00ed\u00adas, sino para serlo permaneciendo virgen. As\u00ed\u00ad pues, del contexto se deduce que aquella gracia era ante todo la de la virginidad. S\u00f3lo as\u00ed\u00ad se explica la reacci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada cuando recibe el anuncio de su maternidad inminente.<br \/>\n1942<br \/>\n2. El deseo de permanecer virgen (Lc 1,34).<br \/>\nSeg\u00fan la ex\u00e9gesis tradicional (san Gregorio de Nisa, san Agust\u00ed\u00adn, etc.), Mar\u00ed\u00ada, con las palabras: \u2020\u0153cC\u00f3mo ser\u00e1 esto, pues no tengo relaciones?\u2020\u009d, expresa su prop\u00f3sito de permanecer virgen. Esta interpretaci\u00f3n, que mantienen hoy muchos (5. Lyonnet, 5. Zedda, C. Ghidelli&#8230;), no satisface del todo: el \u2020\u0153no tengo relaciones\u2020\u009d (lit., \u2020\u0153no conozco var\u00f3n\u2020\u009d) expresa normalmente un hecho, no una intenci\u00f3n; y no se comprende entonces el matrimonio de Mar\u00ed\u00ada con Jos\u00e9. Varios autores ven en este vers\u00ed\u00adculo un artificio literario; servir\u00ed\u00ada tan s\u00f3lo para introducir el anuncio del vers\u00ed\u00adculo 35. Pero es improbable que Lucas haya hecho decir a Mar\u00ed\u00ada una frase casi vac\u00ed\u00ada de sentido; por lo dem\u00e1s, en los relatos de este g\u00e9nero, la persona interpelada opone una verdadera dificultad al anuncio divino (Jc 6,13); y es \u00e9ste el caso tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad, puesto que el \u00e1ngel responde a la dificultad de Mar\u00ed\u00ada (\u2020\u0153No hay nada imposible para Dios\u2020\u009d: y. 37).<br \/>\nSe necesita, por tanto, un an\u00e1lisis m\u00e1s atento del texto. Del examen completo de la f\u00f3rmula \u2020\u0153no conocer var\u00f3n\u2020\u009d en el AT se deduce que expresa el estado de virginidad de la mujer; cf, por ejemplo, el caso de la hija de Jeft\u00e9, que antes de morir recibi\u00f3 permiso para ir por los montes para \u2020\u0153llorar su virginidad\u2020\u009d, ya que \u2020\u0153no hab\u00ed\u00ada conocido var\u00f3n\u2020\u009d (Jg ll,38s; cf 11, 37; 21,12). En Lc 1,34 el sentido de la palabra de Mar\u00ed\u00ada es \u2020\u0153Soy virgen\u2020\u009d. Sin embargo, la f\u00f3rmula que aqu\u00ed\u00ad se usa es nueva; m\u00e1s a\u00fan, es \u00fanica en toda la Biblia:<br \/>\njam\u00e1s se us\u00f3 esta expresi\u00f3n para afirmar la condici\u00f3n virginal de la mujer de una forma tan clara e inequ\u00ed\u00advoca (M. Orsatti). Adem\u00e1s, Mar\u00ed\u00ada es la \u00fanica mujer que utiliza el verbo en presente, y no en pasado; en otros lugares se trata de j\u00f3venes no casadas, pero Mar\u00ed\u00ada est\u00e1 ya unida en matrimonio con Jos\u00e9; sin embargo, no habla de \u00e9l como de su marido (cf en el caso paralelo de Mt 1,20, \u2020\u0153tu esposa9, sino que excluye gen\u00e9ricamente que \u2020\u0153conozca var\u00f3n\u2020\u009d.<\/p>\n<p>Para respetar todos estos matices, parece necesario presentar una soluci\u00f3n parcialmente nueva, pero que sigue estando dentro del esp\u00ed\u00adritu de la tradici\u00f3n. No se trata de una decisi\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada de no tener relaciones conyugales (,c\u00f3mo podr\u00ed\u00ada explicarse entonces su matrimonio?), sino de su estado de \u00e1nimo existen-cial, de su deseo de la virginidad. Esta era m\u00e1s o menos la interpretaci\u00f3n de santo Tom\u00e1s (S. Th., III, q. 28, a. 4); y san Ambrosio dec\u00ed\u00ada que Mar\u00ed\u00ada era virgen \u2020\u0153no s\u00f3lo en el cuerpo, sino tambi\u00e9n en el \u00e1nimo\u2020\u009d (\u2020\u0153etiam mente\u2020\u009d: De virginibus II, 2,7: PL 16,220). As\u00ed\u00ad tambi\u00e9n, entre los modernos, R. Guardini (La Madre del Se\u00f1or, 35-52): la Virgen expresa aqu\u00ed\u00ad \u2020\u0153la orientaci\u00f3n m\u00e1s profunda de su vida\u2020\u009d; no hab\u00ed\u00ada decidido nada, porque eso no era posible en el cuadro social de aquel tiempo; pero la actitud que toma, \u2020\u0153caracterizaba a Mar\u00ed\u00ada en su ser y en su intimidad\u2020\u009d. Su respuesta entonces ha de ponerse en relaci\u00f3n con el t\u00ed\u00adtulo dado al principio: siendo \u2020\u0153llena de gracia\u2020\u009d, Mar\u00ed\u00ada responde espont\u00e1neamente al \u00e1ngel: \u2020\u0153Soy virgen\u2020\u009d. El kejarit\u00f3m\u00e9ne del vers\u00ed\u00adculo 28 expresaba no tanto, en general, la \u2020\u0153plenitud de gracia\u2020\u009d de Mar\u00ed\u00ada (su \u2020\u0153santidad\u2020\u009d) cuanto m\u00e1s bien \u2020\u0153la gracia de la virginidad\u2020\u009d, como hab\u00ed\u00ada intuido ya san Bernardo (De laudibus Virg. Matris III, 3, Opera IV, 38). Puede aplic\u00e1rsele a Mar\u00ed\u00ada la descripci\u00f3n paulina de la virginidad ico 7,29-35): aunque ligada a un hombre, Mar\u00ed\u00ada vive \u2020\u0153como si no\u2020\u009d lo estuviera (y. 29); viv\u00ed\u00ada \u2020\u0153mirando a lo m\u00e1s perfecto y a lo que os unir\u00e1 enteramente con el Se\u00f1or\u2020\u009d (y. 35). El ideal cristiano de la virginidad, ciertamente, s\u00f3lo ser\u00e1 proclamado a\u00f1os m\u00e1s tarde por Jes\u00fas, pero era vivido ya por Mar\u00ed\u00ada de una forma todav\u00ed\u00ada escondida e ignorada; este p\u00e1rrafo de Lc describe la virginitas cor\u00e1is de Mar\u00ed\u00ada. Por tanto, puede decirse que \u2020\u0153la hora de la concepci\u00f3n de Cristo es la hora del nacimiento de la virginidad cristiana\u2020\u009d (G uard ini).<br \/>\n1943<br \/>\nIII. MADRE DE JESUS Y VIRGEN.<br \/>\nDesde el punto de vista de Mar\u00ed\u00ada, la encarnaci\u00f3n implicaba dos aspectos, expresados en la profesi\u00f3n de fe tradicional: \u2020\u0153Natus est de Spi-ritu Sancto ex Maria virgine\u2020\u009d (DS 10); Mar\u00ed\u00ada era en sentido pleno la madre de Jesucristo; sin embargo, fue y sigui\u00f3 siendo virgen. Es \u00e9sta la ense\u00f1anza inequ\u00ed\u00advoca de los evangelios.<br \/>\n1944<br \/>\n1. El anuncio a Mar\u00ed\u00ada (Lc 1,26-38).<br \/>\nHemos de volver ahora al p\u00e1rrafo ya examinado desde el punto de vista de la maternidad de Mar\u00ed\u00ada. El texto presenta un doble mensaje del \u00e1ngel.<br \/>\n1945<br \/>\na) Maternidad mesi\u00e1nica y divina (vv. 3lss).<br \/>\n\u2020\u0153Concebir\u00e1s y dar\u00e1s a luz un hijo (&#8230;). El Se\u00f1or le dar\u00e1 el trono de David, su padre\u2020\u009d; Mar\u00ed\u00ada se convertir\u00e1 en la madre del mes\u00ed\u00adas. Pero a su hijo \u2020\u0153se le llamar\u00e1 Hijo del Alt\u00ed\u00adsimo\u2020\u009d (y. 32) y \u2020\u0153se le llamar\u00e1 Hijo de Dios\u2020\u009d (y. 35). Estos t\u00ed\u00adtulos, en el judaismo, pod\u00ed\u00adan tener un sentido simplemente humano y mesi\u00e1nico. Pero aqu\u00ed\u00ad, despu\u00e9s del ep\u00ed\u00adteto \u2020\u0153grande\u2020\u009d (en sentido absoluto, vale s\u00f3lo para Dios), designan la filiaci\u00f3n divina del que va a nacer: la madre de Jes\u00fas ser\u00e1 la madre del Hijo de Dios.<br \/>\n1946<br \/>\nb) Maternidad virginal (vv. 35ss).<br \/>\nPero se respetar\u00e1 plenamente su deseo de virginidad. El \u00e1ngel le explica a Mar\u00ed\u00ada que su concepci\u00f3n ser\u00e1 virginal, ya que se debe a la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo; el poder del Alt\u00ed\u00adsimo la \u2020\u0153cubrir\u00e1 con su sombra\u2020\u009d (y. 35a):<br \/>\nes una alusi\u00f3n a la nube (s\u00ed\u00admbolo de lo divino) que cubr\u00ed\u00ada la tienda de la reuni\u00f3n (Ex 40,35) y se\u00f1alaba el arca de la alianza como el lugar de la presencia de Jhwh. Mar\u00ed\u00ada ser\u00e1 como una nueva arca de la alianza:<br \/>\nllevar\u00e1 en su seno al Hijo de Dios. Pero hay m\u00e1s todav\u00ed\u00ada: el \u00e1ngel le anuncia tambi\u00e9n a Mar\u00ed\u00ada un parto virginal. Se dice con frecuencia que esta ense\u00f1anza no est\u00e1 contenida con claridad en la Escritura (de Lc 2,61 no se puede deducir mucho). Pero la encontramos en Lc 1 ,35b, si se le interpreta correctamente, como hizo la tradici\u00f3n antigua. Hoy las dos formas m\u00e1s comunes de traducir este vers\u00ed\u00adculo son: \u2020\u0153El ni\u00f1o que nazca ser\u00e1 santo y se le llamar\u00e1 Hijo de Dios\u2020\u009d (Leccionario), y \u2020\u0153Lo que nazca ser\u00e1 llamado santo, Hijo de Dios\u2020\u009d(Utet). Pero la primera traducci\u00f3n inserta indebidamente el verbo \u2020\u0153ser\u00e1\u2020\u009d (que no est\u00e1 en el texto); la segunda deja el t\u00ed\u00adtulo \u2020\u0153Hijo de Dios\u2020\u009d en suspenso, sin funci\u00f3n alguna, aunque se encuentre en posici\u00f3n enf\u00e1tica (cf el paralelismo con el y. 32). Mas en la lectura tradicional \u2020\u0153santo\u2020\u009d se le\u00ed\u00ada como el predicado de \u2020\u0153nacer\u00e1\u2020\u009d (cf la Vulgata): \u2020\u0153Lo que nacer\u00e1 santo (= santamente) ser\u00e1 llamado Hijo de Dios\u2020\u009d (cf llparto verginale, 163-1 70). La \u2020\u0153santidad\u2020\u009d del parto (Lv 12,4; Lv 12,7) significa aqu\u00ed\u00ad la incontaminaci\u00f3n. San Cirilo de Je-rusal\u00e9n lo explicaba de este modo: \u2020\u0153Su nacimiento fue puro e incontaminado. En efecto, donde respira el Esp\u00ed\u00adritu, all\u00ed\u00ad se quita toda mancha. Por consiguiente, fue incontaminado el nacimiento del Unig\u00e9nito de la Virgen\u2020\u009d (Catech. 12,32: PG 33,765A). Para los dem\u00e1s hombres, el parto virginal de Jes\u00fas se convertir\u00e1 en el signo de su filiaci\u00f3n divina (\u2020\u0153Por eso&#8230; se le llamar\u00e1 Hijo de Dios\u2020\u009d). Esta lectura de Lc 1 ,35b se ver\u00e1 confirmada por el an\u00e1lisis de Jn 1,13.<br \/>\n1947<br \/>\n2. El anuncio a Jos\u00e9 (Mt 1,18-25).<br \/>\nEn Lc la encarnaci\u00f3n se le anunciaba a Mar\u00ed\u00ada; en Mt encontramos el punto de vista complementario, el de Jos\u00e9. Desde el principio Mt quer\u00ed\u00ada hacer comprender que Jes\u00fas era \u2020\u0153hijo de David, hijo de Abrah\u00e1n\u2020\u009d(Mt 1,1 ), es decir, el mes\u00ed\u00adas que se esperaba en Israel. Con esta finalidad se inserta aqu\u00ed\u00ad la lista geneal\u00f3gica de<br \/>\n1,2-17. La descendenciadav\u00ed\u00addica llegaba hasta Jos\u00e9, \u2020\u0153hijo de David\u2020\u009d(l,20; cf 1,16a). \u00bfPero c\u00f3mo pod\u00ed\u00ada alcanzar tambi\u00e9n esta descendencia a Jes\u00fas, si no era el hijo de Jos\u00e9? Este hecho, es decir, que Jos\u00e9 no era el verdadero padre de Jes\u00fas, se afirma con claridad en Mt: despu\u00e9s de la repetici\u00f3n mon\u00f3tona de los 39 \u2020\u0153fue padre de\u2020\u009d (vv. 2-16a), la cadena se rompe bruscamente en el vers\u00ed\u00adculo 16b; aqu\u00ed\u00ad no se dice que \u2020\u0153Jos\u00e9 fue padre de Jes\u00fas\u2020\u2122, sino que la atenci\u00f3n se desplaza a Mar\u00ed\u00ada: \u2020\u0153Jacob fue padre de Jos\u00e9, el esposo de Mar\u00ed\u00ada, de la cual naci\u00f3 Jes\u00fas, que es el Mes\u00ed\u00adas\u2020\u009d. La per\u00ed\u00adcopa siguiente explica c\u00f3mo, en este caso, Jes\u00fas pod\u00ed\u00ada ser hijo de David (\u2020\u0153El nacimiento de Jes\u00fas como Cristo fue as\u00ed\u00ad\u2020\u009d: y. 18). Entre las diversas explicaciones de las dudas de Jos\u00e9, la mejor es decir que \u00e9l sab\u00ed\u00ada c\u00f3mo hab\u00ed\u00ada tenido lugar el embarazo de Mar\u00ed\u00ada: al no ser el padre de la criatura que iba a nacer, crey\u00f3 que deber\u00ed\u00ada separarse de ella. Pues bien, el anuncio pretende precisamente hacerle comprender que tiene que asumir la paternidad legal del ni\u00f1o, cuyo car\u00e1cter mesi\u00e1nico queda entonces asegurado. Por eso se designa a Jos\u00e9 como \u2020\u0153hijo de David\u2020\u009d (y. 20). Seg\u00fan una larga tradici\u00f3n (Pseudo-Or\u00ed\u00adgenes, Basilio, Bernardo, Tom\u00e1s), \u00e9l sent\u00ed\u00ada aqu\u00ed\u00ad un temor reverencial, que puede compararse con el sentimiento de indignidad de Isabel (Lc 1,43), del centuri\u00f3n Mt 8,8), de Pedro (Lc 5,8). La filolog\u00ed\u00ada ofrece una confirmaci\u00f3n (cf el uso de las part\u00ed\u00adculas g\u00e1r&#8230;, d\u00e9&#8230;); el mensaje probablemente debe entenderse as\u00ed\u00ad: \u2020\u0153Es verdad, lo que se ha concebido en ella viene del Esp\u00ed\u00adritu Santo; pero ella te dar\u00e1 un hijo y t\u00fa le pondr\u00e1s por nombre Jes\u00fas\u2020\u009d.<br \/>\nAs\u00ed\u00ad pues, este p\u00e1rrafo se interesa ante todo por la situaci\u00f3n de Jos\u00e9, pero es igualmente importante para Mar\u00ed\u00ada: la concepci\u00f3n virginal no se le anuncia a Jos\u00e9 como un hecho que \u00e9l ignorase, sino que se presenta como una situaci\u00f3n ya conocida por \u00e9l, pero que le creaba dificultades; por eso se necesitaba la intervenci\u00f3n del \u00e1ngel. Para Mt la concepci\u00f3n virginal es, por tanto, un hecho indiscutible, que se presupone en todo el episodio! El evangelista vuelve de nuevo dos veces sobre el tema: primero con la cita de Is 7,14: \u2020\u0153La Virgen concebir\u00e1 y dar\u00e1 a luz&#8230;\u2020\u009d; luego, en la conclusi\u00f3n, que destaca dos puntos: la importancia decisiva de la funci\u00f3n legal de Jos\u00e9 (\u00e9l le dio el nombre) para la inserci\u00f3n de Jes\u00fas en la descendencia mesi\u00e1nica, y el hecho de que \u00e9l no \u2020\u0153conoci\u00f3\u2020\u009d a Mar\u00ed\u00ada (el \u2020\u0153hasta que\u2020\u2122, seg\u00fan el uso sem\u00ed\u00adtico, no significa que la conociera despu\u00e9s: 2S 6,23).<br \/>\n1948<br \/>\n3. Concepci\u00f3n y parto virginal del Hijo de Dios (Jn 1,13).<br \/>\nVarios autores dicen que Jn y su comunidad ignoraban todav\u00ed\u00ada el hecho de la concepci\u00f3n virginal o no mostraban por \u00e9l ning\u00fan inter\u00e9s especial. Esto es ya a priori poco veros\u00ed\u00admil, puesto que en el centro de la teolog\u00ed\u00ada joanea est\u00e1 precisamente el misterio de la encarnaci\u00f3n del Hijo de Dios. Es verdad que Jes\u00fas es llamado por dos veces \u2020\u0153hijo de Jos\u00e9\u2020\u009d (1,45; 6,42); pero aqu\u00ed\u00ad el evangelista recoge simplemente la opini\u00f3n de la gente, sin compartirla, como lo muestra el an\u00e1lisis: para \u00e9l, Jes\u00fas \u2020\u0153viene del cielo\u2020\u009d (6,41s); no es \u2020\u0153hijo de Jos\u00e9\u2020\u009d, sino Hijo de Dios (cf 1. de la Potterie, La Mere de J\u00e9sus&#8230;, 45-49). Pero el texto m\u00e1s importante para esta cuesti\u00f3n es un pasaje del pr\u00f3logo (1,13). De ordinario se lee el verbo en plural: \u2020\u02dclos cuales no fueron engendrados de sangre&#8230;, sino de Dios\u2020\u009d (Leccionario). Pero un n\u00famero cada vez mayor de cr\u00ed\u00adticos reconocen actualmente que hay que leer probablemente en singular: \u2020\u02dc\u00e9l, que no naci\u00f3 ni de sangre ni de carne&#8230;, sino de Dios\u2020\u009d: se trata entonces de la generaci\u00f3n divina de Cristo (a.c, 60-69). Es verdad que los manuscritos recogen el plural. Pero el problema crucial es el estado del texto en el siglo II. Pues bien, todos los manuscritos son posteriores. Por el contrario, los testimonios m\u00e1s antiguos (los padres del siglo n) le\u00ed\u00adan el texto en singular. Seg\u00fan Tertuliano e Ireneo, el paso al plural se debe a las especulaciones gn\u00f3sticas. Tambi\u00e9n la cr\u00ed\u00adtica interna (vocabulario, estilo, teolog\u00ed\u00ada) est\u00e1 en favor del singular. Por tanto, el texto puede leerse as\u00ed\u00ad: \u2020\u0153No de sangre, ni de carne, ni de voluntad de hombre, sino de Dios (\u00e9l) fue engendrado; s\u00ed\u00ad, el Verbo se hizo carne&#8230;\u2020\u009d (1,13-14). La estrecha conjunci\u00f3n de los dos vers\u00ed\u00adculos (cf kai) supone, por as\u00ed\u00ad decirlo, que desde 1,13 se hablaba ya de la generaci\u00f3n humana y del nacimiento de Cristo (egenneth\u00e9 indica las dos cosas: \u2020\u0153fue engendrado\u2020\u009d y \u2020\u0153naci\u00f3\u2020\u009d,).<\/p>\n<p>Esta lectura cristol\u00f3gica del pasaje nos ofrece dos indicaciones importantes sobre las modalidades concretas de la encarnaci\u00f3n. Jesucristo (cf 1,17) no fue concebido \u2020\u0153de voluntad (= deseo) de hombre&#8230;, sino de Dios\u2020\u009d: esto significa que fue una concepci\u00f3n virginal. M\u00e1s dif\u00ed\u00adcil resulta la primera de las tres negaciones del vers\u00ed\u00adculo 13: \u2020\u0153No de sangres\u2020\u009d (en plural). Esta expresi\u00f3n siempre ha suscitado perplejidades. Pero el estudio de P. Hofrichter (Nicht aus BIut&#8230;) parece haber indicado el camino justo hacia la soluci\u00f3n: hay que remontarse a la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica y jud\u00ed\u00ada, es decir, a las leyes lev\u00ed\u00adticas de la purificaci\u00f3n de la mujer: el plural \u2020\u0153sangres\u2020\u009d, en este contexto, designa la sangre que la mujer pierde en el parto o en la menstruaci\u00f3n (Lv 12,4-7; Lv 20,18). Sobre este fondo la primera negaci\u00f3n de Jn 1,13 podr\u00ed\u00ada interpretarse as\u00ed\u00ad: el verbo de Dios hecho carne naci\u00f3 \u2020\u0153sin efusi\u00f3n de sangre\u2020\u009d. Entendido en este sentido, el vers\u00ed\u00adculo de Jn 1,13, como Lc 1 ,35b, contendr\u00ed\u00ada una indicaci\u00f3n sobre el parto virginal de Mar\u00ed\u00ada (la virginitas inpar-tu). Del contexto se deduce adem\u00e1s cu\u00e1l era el sentido teol\u00f3gico de la concepci\u00f3n y del parto virginal: era un signo, un signo necesario para hacer comprender a los hombres que el hijo de Mar\u00ed\u00ada era el Hijo de Dios, el \u2020\u0153unig\u00e9nito venido del Padre\u2020\u009d (1,14). La semejanza de este vers\u00ed\u00adculo (sobre el modo concreto de la encarnaci\u00f3n y para su sentido) con el de Lc 1 ,35b (que lo anunciaba) es una confirmaci\u00f3n de la interpretaci\u00f3n propuesta para los dos textos.<br \/>\n1949<br \/>\nIV. LA MADRE DEL MESIAS.<br \/>\nLas otras tres per\u00ed\u00adcopas ma-nanas que tenemos en Lc 1-2 presentan aspectos de la manifestaci\u00f3n de Jes\u00fas-mes\u00ed\u00adas.<br \/>\n1950<br \/>\n1. La visitaci\u00f3n: Mar\u00ed\u00ada, arca de la alianza (Lc 1,39-56).<br \/>\nDespu\u00e9s del paralelismo entre el anuncio del nacimiento del precursor y el del nacimiento de Jes\u00fas (1,5.25.26.38), el relato de la visitaci\u00f3n presenta el encuentro de sus madres. Los temas fundamentales de este p\u00e1rrafo son la proclamaci\u00f3n prof\u00e9tica de la venida del mes\u00ed\u00adas y la exultaci\u00f3n mesi\u00e1nica; las dos estaban preparadas en los dos anuncios precedentes (cf 1,15; 1,38). La \u2020\u0153prisa\u2020\u009d de Mar\u00ed\u00ada por acudir al lado de Isabel es la expresi\u00f3n de su gozo (\u2020\u0153festina pro gaudio\u2020\u009d: Ambrosio). Ya en el relato de la anunciaci\u00f3n, la concepci\u00f3n de Isabel, conocida por todos como est\u00e9ril, se le hab\u00ed\u00ada presentado a Mar\u00ed\u00ada como signo de que iba a concebir permaneciendo virgen (l,36s). Aqu\u00ed\u00ad se prolonga el paralelismo entre Isabel (vv. 41-45) y Mar\u00ed\u00ada (vv. 46-56); pero se extiende igualmente a los ni\u00f1os que las dos llevan en su seno.<br \/>\nAnte el saludo de Mar\u00ed\u00ada, Isabel siente en su seno la exultaci\u00f3n del ni\u00f1o que va a nacer: comprende que \u00e9l, \u2020\u0153lleno de Esp\u00ed\u00adritu Santo\u2020\u009d (1,15), es el \u2020\u0153profeta del Alt\u00ed\u00adsimo&#8230; para prepararlos caminos del Se\u00f1or\u2020\u009d (1,76); en efecto, desde el seno de Isabel (vv. 41 .44), \u00e9l revela a su madre la presencia misteriosa del Se\u00f1or en el seno de Mar\u00ed\u00ada (\u2020\u0153Exultavit ratione mysterii\u2020\u009d: Ambrosio). Entonces Isabel, llena tambi\u00e9n de Esp\u00ed\u00adritu Santo, dirige a Mar\u00ed\u00ada una doble bendici\u00f3n (vv. 42-45); el tono kerigm\u00e1tico y lit\u00fargico de la introducci\u00f3n, \u2020\u0153alzando la voz\u2020\u009d (expresi\u00f3n \u00fanica en el NT), que hace eco probablemente a la celebraci\u00f3n de Israel ante el arca de la alianza (anaph\u00f3nein: ICr\u00f3n 15,28; 16,4.5.42; 2Ch 5,13), permite encontrar aqu\u00ed\u00ad el tema del arca de la alianza escatol\u00f3gica ya presente en 1,35 (IS 6,2-11) y recogido varias veces por los padres, por ejemplo san Ambrosio: \u2020\u0153cQu\u00e9 cosa es el arca sino santa Mar\u00ed\u00ada?\u2020\u009d (Sermo 42,6: PL 17,689). El mensaje esencial de este p\u00e1rrafo est\u00e1, sin embargo, en la doble proclamaci\u00f3n prof\u00e9tica de Isabel: \u2020\u0153La madre de mi Se\u00f1or viene a m\u00ed\u00ad\u2020\u009d (donde Kyrios designa al mes\u00ed\u00adas, pero aludiendo a su trascendencia); \u2020\u0153iDichosala que ha cre\u00ed\u00addo!\u2020\u009d(a trav\u00e9s del uso de la tercera persona se siente ya la confesi\u00f3n de la comunidad cristiana); Mar\u00ed\u00ada no habr\u00ed\u00ada llegado a ser la madre del mes\u00ed\u00adas si \u00f1o hubiera sido la primera creyente.<br \/>\nEl Magn\u00ed\u00adficat es el himno en que Mar\u00ed\u00ada alaba a Dios por la obra realizada en ella y en todo el pueblo de Dios. Pero para ella no se dice, como para Juan Bautista, Zacar\u00ed\u00adas e Isabel (1,15.41.67), que estuviera llena de Esp\u00ed\u00adritu Santo, porque el Esp\u00ed\u00adritu hab\u00ed\u00ada bajado ya sobre ella en la anunciaci\u00f3n (1,35). El himno est\u00e1 compuesto en gran parte de citas b\u00ed\u00adblicas; se notan sobre todo contactos con el c\u00e1ntico de Ana IS 2,1-10); la situaci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada, como veremos, no era s\u00f3lo semejante a la de la madre del precursor, sino tambi\u00e9n a la de la madre de Samuel. El Magn\u00ed\u00adficat comprende dos partes: la primera (vv. 46-50) concierne a la situaci\u00f3n personal de Mar\u00ed\u00ada; la segunda (vv. 51-55) indica el sentido del acontecimiento para Israel; en esta segunda parte Mar\u00ed\u00ada habla como la \u2020\u0153hija de Si\u00f3n\u2020\u009d escatol\u00f3gica, que ve realizarse ahora todo lo que Dios hizo en el pasado por su pueblo. Pero en la primera parte se observan algunos v\u00ed\u00adnculos concretos con los sucesos recientes de la anunciaci\u00f3n y de la visitaci\u00f3n. La frase inicial del himno (\u2020\u0153Glorifica&#8230;, se regocija&#8230;\u2020\u009d) va seguida de un doble \u2020\u0153porque\u2020\u009d, que explica su sentido; el segundo (\u2020\u0153porque el todopoderoso ha hecho conmigo cosas grandes (m\u00e9galaJ: y. 49) corresponde a la palabra de introducci\u00f3n del himno: \u2020\u0153Magn\u00ed\u00adficat (megalyneij\u2020\u009d; por su parte, el primer \u2020\u0153porque\u2020\u009d (\u2020\u02dcporque se ha fijado en la humilde condici\u00f3n de su esclava \u2020\u0153: y. 48) forma contraste con lo que precede inmediatamente (\u2020\u02dcDios, mi salvador\u2020\u009d: y. 47b), pero recuerda tambi\u00e9n a la \u2020\u0153esclava del Se\u00f1or\u2020\u009d de la anunciaci\u00f3n (1,38). \u00bfQu\u00e9 era aquella \u2020\u02dchumilde condici\u00f3n\u2020\u009d (tape\u00ed\u00adnosis) de Mar\u00ed\u00ada? Se piensa de ordinario en la condici\u00f3n humilde de los \u2020\u0153pobres de Yhwh\u2020\u2122.<br \/>\nPero aqu\u00ed\u00ad Mar\u00ed\u00ada habla de s\u00ed\u00ad misma; y en la Biblia griega tape\u00ed\u00adnosis significa siempre \u2020\u0153humillaci\u00f3n\u2020\u009d (p.ej. Gn 16,11; Gn 29,32; Gn 31,42; Dt 26,7), especialmente la de una mujer est\u00e9ril, como la madre de Samuel (IS 1,11), ola \u2020\u0153hija de Si\u00f3n\u2020\u2122, \u2020\u0153humillada\u2020\u009d y \u2020\u0153est\u00e9ril\u2020\u009d despu\u00e9s de la destrucci\u00f3n del templo (4 Esdras 9,41- 45; 10,7. 45s). Pues bien, las palabras de Mar\u00ed\u00ada son por un lado una cita concreta de las de Ana, y por otro son tambi\u00e9n paralelas a las de Isabel (Lc 1,25): dos mujeres que sent\u00ed\u00adan el \u2020\u02dcoprobio\u2020\u009d de su esterilidad. El vers\u00ed\u00adculo 48 expresa el efecto de lo que Mar\u00ed\u00ada dec\u00ed\u00ada en el vers\u00ed\u00adculo 34: con su deseo de permanecer virgen, Mar\u00ed\u00ada se hab\u00ed\u00ada orientado hacia una condici\u00f3n social de humillaci\u00f3n, la de ser considerada como una mujer est\u00e9ril. Pero ahora \u2020\u02dcDios, su salvador, se ha fijado en el oprobio de su sierva\u2020\u2122; el Omnipotente ha hecho por ella \u2020\u0153cosas grandes\u2020\u009d; por eso, \u2020\u0153desde entonces la llamar\u00e1n dichosa todas las generaciones\u2020\u009d (y, 48): dichosa por aquella humildad suya, dichosa por su fe (y. 45) y dichosa tambi\u00e9n por haberse convertido as\u00ed\u00ad \u2020\u0153para todas las generaciones\u2020\u009d en la madre del Se\u00f1or.<br \/>\n1951<br \/>\n2. Mar\u00ed\u00ada en el templo (Lc 2,22-40; Lc 2,41-52).<br \/>\nDespu\u00e9s del nacimiento y de la circuncisi\u00f3n de Jes\u00fas (2,1-21), los dos \u00faltimos p\u00e1rrafos del evangelio lucano de la infancia se desarrollan en el templo. Su tema central es la manifestaci\u00f3n del misterio de Jes\u00fas, el cumplimiento de Mal 3,1: \u2020\u0153Pronto vendr\u00e1 a su templo el Se\u00f1or, a quien vosotros busc\u00e1is\u2020\u2122; en el templo Jes\u00fas era reconocido como mes\u00ed\u00adas. En 2,22-40 (la presentaci\u00f3n), su madre aparece en una actitud de verdadera creyente. Aunque hab\u00ed\u00ada concebido y dado a luz a su hijo de forma virginal, se somete a las normas legales sobre la purificaci\u00f3n de la parturienta (y. 22; Lv 12,1-8); y para cumplir con la obligaci\u00f3n de consagrar a Dios todos los primog\u00e9-nicos (Ex 13,2; Ex 13,11-16), lleva a su hijo al templo para present\u00e1rselo al Se\u00f1or. Aqu\u00ed\u00ad Sime\u00f3n y Ana celebran la venida de la \u2020\u0153gloria de Israel\u2020\u009d (y. 32), de la \u2020\u0153liberaci\u00f3n de Israel\u2020\u009d (y. 38). Pero Sime\u00f3n predice tambi\u00e9n que el salvador ser\u00e1 un signo de contradicci\u00f3n (vv. 34s). En este anuncio se inserta una profec\u00ed\u00ada an\u00e1loga relativa a Mar\u00ed\u00ada. El texto de Ez 14,17 sobre la espada que \u2020\u02dcdividir\u00e1\u2020\u2122 a Israel se le aplica a ella, la \u2020\u0153hija de Si\u00f3n\u2020\u009d: \u2020\u0153Y a ti una espada te atravesar\u00e1 el coraz\u00f3n\u2020\u009d (y. 35b). No se trata aqu\u00ed\u00ad de los sufrimientos de la mater doloroso al pie de la cruz ni del dolor provocado en Mar\u00ed\u00ada por la divisi\u00f3n de Israel frente a Jes\u00fas; el texto implica una cierta participaci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada misma en la experiencia de su pueblo (cf \u2020\u0153tambi\u00e9n a ti\u2020\u2122); la \u2020\u0153espada\u2020\u009d es una met\u00e1fora de la \u2020\u0153divisi\u00f3n\u2020\u009d experimentada por Mar\u00ed\u00ada; est\u00e1 dividida entre la fe (1,45), el asombro (2,33.47) y la incomprensi\u00f3n (2,49s) ante las primeras revelaciones p\u00fablicas del misterio de su Hijo, Jes\u00fas. Pero mientras que en Israel la incomprensi\u00f3n se convertir\u00ed\u00ada en incredulidad y provocar\u00ed\u00ada la ruina de muchos, en Mar\u00ed\u00ada permanec\u00ed\u00ada ligada a su fe profunda: \u2020\u02dcMar\u00ed\u00ada, por su parte, guardaba todas estas cosas, medit\u00e1ndDIAS en su coraz\u00f3n\u2020\u009d (2,19).<br \/>\nEsta dial\u00e9ctica (revelaci\u00f3n\/incomprensi\u00f3n) se prolonga en 2,41-52, cuando el mismo Jes\u00fas, a los doce a\u00f1os, se manifiesta en el templo. Toda la per\u00ed\u00adcopa est\u00e1 centrada en sus palabras: \u2020\u02dc,No sab\u00ed\u00adais que yo debo ocuparme en las cosas de mi Padre?\u2020\u009d (y. 49). Cuando habla de Dios como de su Padre, Jes\u00fas se revela como el Hijo de Dios. La traducci\u00f3n cl\u00e1sica \u2020\u0153en la casa de mi Padre\u2020\u009d ha sido cambiada a menudo modernamente por \u2020\u0153en las cosas de mi Padre\u2020\u2122. Pero la ex\u00e9gesis contempor\u00e1nea ha mostrado la exactitud y la profundidad teol\u00f3gica de la versi\u00f3n tradicional. Desde estas primeras palabras de Jes\u00fas se expresa el dinamismo que impregnar\u00e1 todo el tercer evangelio: el \u2020\u0153camino\u2020\u009d de Jes\u00fas (y. 41), su \u2020\u0153subida\u2020\u009d (y. 22; cf 18,31) a la ciudad santa Ierousal\u00e9m (cf 9,51; aqu\u00ed\u00ad: 2,41 .43.45), al templo, al misterio pascual y a la ascensi\u00f3n; en esta perspectiva las dos expresiones \u2020\u0153Yo debo\u2020\u009d (=\u2020\u0153es necesario\u2020\u009d) (de\u00ed\u00ad; cf tambi\u00e9n 9,22; 13,33; 17,25; 24,7.26.44)y\u2020\u2122a lostresd\u00ed\u00adas\u2020\u2122 (2,46; cf 9,22; 13,33; 24.7.21.45), as\u00ed\u00adcomo la menci\u00f3n expl\u00ed\u00adcita de la fiesta de la pascua (2,41; cf 22,1-1 5), adquieren una resonancia especial: la presencia \u2020\u0153necesaria\u2020\u009d de Jes\u00fas en la casa de su Padre es ya una anticipaci\u00f3n, un s\u00ed\u00admbolo, de su destino futuro y de su entrada en la gloria (24,26); es un indicio de que \u2020\u0153despu\u00e9s del triduo de su pasi\u00f3n triunfal ten\u00ed\u00ada que resucitar y presentarse a nuestra fe en su sede celestial y en el honor divino\u2020\u009d (Ambrosio). Es verdad que Mar\u00ed\u00ada y Jos\u00e9 no sab\u00ed\u00adan todas estas cosas; \u2020\u0153no comprendieron\u2020\u2122(2,49s), porque aqu\u00ed\u00ad hab\u00ed\u00ada un triple equ\u00ed\u00advoco: Mar\u00ed\u00ada hab\u00ed\u00ada dicho \u2020\u0153tu padre (Jos\u00e9) y yo\u2020\u2122, pero para Jes\u00fas \u2020\u02dcmi Padre\u2020\u009d ten\u00ed\u00ada otro sentido; hab\u00ed\u00ada declarado que ten\u00ed\u00ada que estar en la casa de su Padre (el templo), pero se volvi\u00f3 con ellos a la casa de Nazaret; adem\u00e1s, Mar\u00ed\u00ada no pod\u00ed\u00ada comprender las alusiones a la pasi\u00f3n y a la glorificaci\u00f3n (cf para los disc\u00ed\u00adpulos: 9,45; 18,34). Pero tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad Mar\u00ed\u00ada era la perfecta creyente: \u2020\u0153guardaba todas estas cosas en su coraz\u00f3n\u2020\u009d (2,51), esperando con fe comprender mejor alg\u00fan d\u00ed\u00ada lo que se iba revelando<br \/>\nprogresivamente sobre su hijo.<\/p>\n<p>1952<br \/>\nV. ESPOSA DE LAS BODAS MESIANICAS EN CANA (Jn 2,1-12).<br \/>\nEntramos ahora en la vida p\u00fablica de Jes\u00fas. La primera per\u00ed\u00adcopa mariana con que nos encontramos es el relato de Jn sobre las bodas de Cana, que ocupa un lugar importante en el cuarto evangelio: es el p\u00e1rrafo con que concluye la secci\u00f3n primera (1,19-2,11), que se centra en el tema de la \u2020\u0153manifestaci\u00f3n\u2020\u009d de Jes\u00fas cf phanero\u00fcn: 1,31; 2,11). Esta manifestaci\u00f3n comienza aqu\u00ed\u00ad: poresoJn llama aeste episodio \u2020\u0153el comienzo de los signos\u2020\u2122. Pero si las bodas de Cana son fundamentalmente un \u2020\u02dcsigno (semeion), deber\u00e1n interpretarse a nivel simb\u00f3lico. Por otra parte, si este pasaje es ante todo cristol\u00f3gico, es tambi\u00e9n uno de los grandes textos mariol\u00f3gicos de Jn (el otro es 19,25-27: \u00c2\u00a1\u00c2\u00a1nfra, VI, 1). As\u00ed\u00ad pues, desde el punto de vista teol\u00f3gico hay que distinguir aqu\u00ed\u00ad el aspecto cristol\u00f3gico y el aspecto mariol\u00f3gico. El tema cristol\u00f3gico fundamental es la manifestaci\u00f3n mesi\u00e1nica de la \u2020\u0153gloria\u2020\u009d de Jes\u00fas (2,11): el \u2020\u0153vino bueno\u2020\u009d conservado hasta ahora (y. 10) representa la revelaci\u00f3n mesi\u00e1nica, la \u2020\u0153gracia de la verdad\u2020\u009d presente en Jes\u00fas (1,17), \u2020\u0153su evangelio\u2020\u009d (Agust\u00ed\u00adn, In Joh. 9,2: PL 35,1459); por medio del simbolismo de las bodas, \u00e9l se manifiesta como el esposo de la nueva comunidad mesi\u00e1nica (cf tambi\u00e9n 3,28s). Es \u00e9sta la ex\u00e9gesis m\u00e1s difundida en la tradici\u00f3n antigua (p.ej., Gaudencio de Brescia, Tract. VIII, 23: CSEL 68,66; en el antiguo breviario, ant\u00ed\u00adfona de laudes de la epifan\u00ed\u00ada: \u2020\u0153Hoy la Iglesia se ha unido al esposo celestial\u2020\u009d).<br \/>\nTambi\u00e9n el tema mariol\u00f3gico ha de interpretarse en este nivel simb\u00f3lico. La palabra de Jes\u00fas: \u2020\u0153,Qu\u00e9 hay entre t\u00fa y yo, mujer?\u2020\u009d (y. 4), indica que se ha superado ya el tiempo de sus relaciones puramente familiares; Jes\u00fas invita a su madre a situarse con \u00e9l en la perspectiva de su misi\u00f3n mesi\u00e1nica. El t\u00ed\u00adtulo \u2020\u0153mujer\u2020\u009d no es una alusi\u00f3n a la mujer del Protoevangelio (Gn 3,15; Gn 3,20), sino una referencia a la \u2020\u0153hija de Si\u00f3n\u2020\u009d, aquella figura femenina que en la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblico-jud\u00ed\u00ada simbolizaba a Israel (Os 1-3; Is 62,11; Za 9,9). Mar\u00ed\u00ada es designada como \u2020\u0153la figura de la sinagoga\u2020\u009d (santo Tom\u00e1s), la madre-Si\u00f3n de la nueva alianza. Esto explica que sus palabras a los sirvientes: \u2020\u0153Haced lo que \u00e9l os diga\u2020\u009d (2,5), \u2020\u0153parezcan hacer eco a la f\u00f3rmula usada por el pueblo de Israel para sancionar la alianza del Sina\u00ed\u00ad (Ex 19,8; Ex 24,3; Ex 24,7; Dt 5,27)\u2020\u009d (Pablo VI, Marialis cultus, 57). Cana es un s\u00ed\u00admbolo de la nueva alianza. Este simbolismo mesi\u00e1nico, que aqu\u00ed\u00ad se especifica en el de las bodas mesi\u00e1-nicas, no vale solamente para Jes\u00fas, sino tambi\u00e9n para Mar\u00ed\u00ada: \u2020\u0153En sus gestos y en su di\u00e1logo, la Virgen y Cristo, superando ampliamente los festejos locales, sustitu\u00ed\u00adan a los j\u00f3venes esposos de Cana para convertirse en el esposo y la esposa espirituales del banquete mesi\u00e1nico\u2020\u009d (J.P. Char-lier, Le signe de Cana&#8230;, 77). Pero Mar\u00ed\u00ada, la esposa, desempe\u00f1a tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad una funci\u00f3n maternal: esta exhortaci\u00f3n suya a los \u2020\u0153sirvientes\u2020\u009d (no do\u00fcloi, sino di\u00e1konoi; cf 12,26: \u2020\u0153servir\u2020\u009d a Jes\u00fas), que es la \u00faltima palabra de Mar\u00ed\u00ada en los evangelios, suscita en ellos la diakon\u00ed\u00ada, la perfecta docilidad a la palabra de Jes\u00fas (2,7s), que es la verdadera actitud que deben tomar en la alianza nueva. Mar\u00ed\u00ada se convierte as\u00ed\u00ad en \u2020\u0153madre de los miembros (de Cristo) que somos nosotros, ya que cooper\u00f3 con su caridad al nacimiento de los f\u00ed\u00adeles en la Iglesia\u2020\u009d (san Agust\u00ed\u00adn, De S. Virgini-tate 6:PL 40,399).<br \/>\n1953<br \/>\nVI. MARIA Y LA IGLESIA.<br \/>\nLos dos \u00faltimos pasajes que quedan por considerar tienen en com\u00fan que su aspecto mariol\u00f3gico forma parte de un contexto manifiestamente ecle-siol\u00f3gico.<br \/>\n1954<br \/>\n1. LA MADRE DE LOS DISCIPULOS: Mar\u00ed\u00ada, Iglesia naciente (Jn 19,25-27).<br \/>\nA diferencia de los padres (que ve\u00ed\u00adan aqu\u00ed\u00ad tan s\u00f3lo un gesto de piedad filial de Jes\u00fas), los modernos, prolongando la ex\u00e9gesis medieval, interpretan cada vez m\u00e1s esta escena de la \u2020\u0153hora\u2020\u009d de Jes\u00fas como el momento del nacimiento de la Iglesia y el comienzo de la maternidad espiritual de la madre de Jes\u00fas. Esta orientaci\u00f3n mesi\u00e1nica y eclesiol\u00f3gica de nuestra per\u00ed\u00adcopa se deriva de tres indicios literarios convergentes: el paralelismo con las bodas de Cana, s\u00ed\u00admbolo de las bodas mesi\u00e1nicas; la relaci\u00f3n con la t\u00fanica \u2020\u0153sin costura\u2020\u009d (19,23-24), que simboliza la unidad del pueblo de Dios en la \u00e9poca mesi\u00e1nica, y la fuerte vinculaci\u00f3n con 19,28, que muestra en nuestro episodio el \u00faltimo acto de Jes\u00fas: el cumplimiento de su misi\u00f3n mesi\u00e1nica (te-t\u00e9lestai) y la observancia perfecta de la Escritura. Adem\u00e1s, se utiliza aqu\u00ed\u00ad el llamado \u2020\u0153esquema de revelaci\u00f3n\u2020\u009d (cf 1,29.36.47); en las palabras de Jes\u00fas a su madre y al disc\u00ed\u00adpulo amado se revela que tendr\u00e1n ahora unas relaciones nuevas: \u2020\u0153la madre de Jes\u00fas\u2020\u009d (y. 25), presentada luego como \u2020\u0153la madre\u2020\u009d (y. 26), tiene que convertirse en la madre del disc\u00ed\u00adpulo (y. 27); y \u00e9ste ser\u00e1 su hijo. Por tanto, \u2020\u0153la maternidad corporal de Mar\u00ed\u00ada con el Hijo de Dios hecho carne da fundamento a una maternidad espiritual, que es su cumplimiento\u2020\u009d (P. Grelot, Mar\u00ed\u00ada, en DSAM X, 420). No se trata s\u00f3lo de relaciones personales; ninguna de las dos personas presentes es designada con su nombre; es su funci\u00f3n lo que cuenta, ya que personifican a dos grupos. El disc\u00ed\u00adpulo amado representa a todos los creyentes. La madre de Jes\u00fas, llamada \u2020\u0153mujer\u2020\u009d (cf ya 2,4), es la imagen de la \u2020\u0153hija de Si\u00f3n\u2020\u009d. Las palabras de Jes\u00fas: \u2020\u0153Ah\u00ed\u00ad tienes a tu hijo\u2020\u009d, parecen hacer eco al anuncio prof\u00e9tico a la madre-Si\u00f3n, que ve volver del destierro a sus hijos:<br \/>\n\u2020\u0153Alza en torno los ojos y contempla: todos tus hijos (t\u00e9kna) se re\u00fanen y vienen a ti; tus hijos (hyo\u00ed\u00ad) llegan de lejos\u2020\u009d (Is 60,4 LXX; Ba 4,37; Ba 5,5). En Mar\u00ed\u00ada se realiza, por tanto, la comunidad mesi\u00e1nica; pero la madre de Jes\u00fas, en su funci\u00f3n maternal, se convierte tambi\u00e9n en la Iglesia naciente, \u2020\u0153el nuevo comienzo de la Iglesia santa\u2020\u2122 (Gerhoh de Reichersberg, De glor. et hon. FU. hom. X, 1: PL 194,1105).<br \/>\nEste progresivo ensanchamiento de la perspectiva hacia la Iglesia muestra que est\u00e1 fuera de lugar pensar aqu\u00ed\u00ad solamente en las preocupaciones personales y exteriores del disc\u00ed\u00adpulo por la madre de Jes\u00fas (cf el Leccionario: \u2020\u0153Se la llev\u00f3 a su casa\u2020\u2122); tiene que acoger espiritualmente a aquella que se ha convertido en su madre: \u2020\u0153Desde aquella hora el disc\u00ed\u00adpulo la acogi\u00f3 en su intimidad (in sua)\u2020\u009d como dice el vers\u00ed\u00adculo 27b (cf 1. de la Potterie, \u2020\u0153Et a partir de cette heure&#8230;\u2020\u009d). \u2020\u0153El alcance inagotable de este simbolismo relaciona \u00ed\u00adntimamente el misterio de la Iglesia con el misterio de Mar\u00ed\u00ada\u2020\u009d (P. Grelot, Lc). Desde aquella \u2020\u0153hora\u2020\u009d se les exige una acogida como la del disc\u00ed\u00adpulo a \u2020\u0153todas las generaciones de disc\u00ed\u00adpulos y de cuantos confiesan y aman a Cristo\u2020\u009d (Juan Pablo II, Redemptorho-minis 22). Pero si Mar\u00ed\u00ada es aqu\u00ed\u00ad \u2020\u0153imagen y principio de la Iglesia\u2020\u009d (LG 68), es al mismo tiempo \u2020\u0153madre de la Iglesia, es decir, de todo el pueblo de Dios\u2020\u009d (Pablo VI); \u2020\u0153la madre de los miembros de Cristo, que somos nosotros\u2020\u009d (san Agust\u00ed\u00adn, o.c), porque se convierte en la madre de todos los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas.<br \/>\n\u00bfEn qu\u00e9 consiste esta maternidad espiritual suya? Podemos precisarlo observando que esta escena es el \u00fanico pasaje del cuarto evangelio en que se habla justamente de la madre de Jes\u00fas y del don del Esp\u00ed\u00adritu (para Lc, cf 1,35). Los dos temas est\u00e1n relacionados entre s\u00ed\u00ad: el vers\u00ed\u00adculo 28, por una parte, remite al episodio anterior, el nuestro (19,25-27); pero contiene tambi\u00e9n las palabras de Jes\u00fas: \u2020\u0153Tengo sed\u2020\u2122, que encuentran luego su cumplimiento en los dos pasajes siguientes (el don del Esp\u00ed\u00adritu, y. 30; el agua que sale del costado traspasado, s\u00ed\u00admbolo del Esp\u00ed\u00adritu, y. 34; cf 7,39). La acogida espiritual de la \u2020\u0153mujer\u2020\u009d (la madre de Jes\u00fas, la Iglesia) precede, por tanto, a la efusi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu sobre la Iglesia casi como una condici\u00f3n: Mar\u00ed\u00ada ejerce una especie de mediaci\u00f3n entre Jes\u00fas y el Esp\u00ed\u00adritu. Lo mismo se deduce de la progresi\u00f3n que se observa en tres pasajes en los que Juan utiliza el verbo lamb\u00e1nein para describir el itinerario del verdadero disc\u00ed\u00adpulo: al principio ten\u00ed\u00ada que \u2020\u0153acoger\u2020\u009d a Jes\u00fas (1,12); ahora debe \u2020\u0153acoger\u2020\u009d tambi\u00e9n a la madre de Jes\u00fas \u2020\u0153en su intimidad\u2020\u009d (19,27); as\u00ed\u00ad es como podr\u00e1 \u2020\u0153recibir el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u2020\u2122 (20,22; cf 19,30.34), hacerse un hombre de fe (20,27), un hermano de Jes\u00fas (20,17). En este camino lo precede la madre de Jes\u00fas, como madre suya, esto es, como \u2020\u0153figura y egregio modelo en la fe\u2020\u009d (LG 53 cf Jn 2,5). As\u00ed\u00ad la \u2020\u0153mujer\u2020\u009d que hab\u00ed\u00ada sido la madre de Jes\u00fas se convierte en la madre espiritual de los hermanos de Jes\u00fas, haci\u00e9ndolos \u2020\u0153conformes con la imagen de su Hijo\u2020\u009d (Rm 8,29), es decir, semejantes a Cristo. En este sentido se orientaba ya la ex\u00e9gesis origeniana de este p\u00e1rrafo: \u2020\u0153No hay m\u00e1s hijo de Mar\u00ed\u00ada que Jes\u00fas&#8230; (Su palabra:) \u2020\u02dcAh\u00ed\u00ad tienes a tu hijo&#8230;, equivale a decir: \u2020\u02dcEste es Jes\u00fas, al que t\u00fa das a luz\u2020\u2122. En efecto, el que es perfecto \u2020\u02dcya no vive \u00e9l\u2020\u2122, sino que en \u00e9l \u2020\u02dcvive Cristo\u2020\u2122; y puesto que en \u00e9l vive Cristo, por eso se le dice a Mar\u00ed\u00ada: \u2020\u02dcAh\u00ed\u00ad tienes a tu hijo, es decir, a Cristo\u2020\u009d (In Ev. Joh. 1, 23: PG 14,32).<br \/>\n1955<br \/>\n2. La \u2020\u0153mujer\u2020\u009d del Apocalipsis (12,1-1 8), IMAGEN DE LA IGLESIA.<br \/>\nEn la historia de la ex\u00e9gesis, la interpretaci\u00f3n de Ap 12,1-18 ha conocido diversas variaciones. Sin embargo, prevalecen dos grandes l\u00ed\u00adneas interpretativas: la interpretaci\u00f3n eclesio-l\u00f3gica y la mariol\u00f3gica. La primera era corriente en tiempos de los padres, y lo sigue siendo en la ex\u00e9gesis moderna; la segunda se encuentra especialmente en la ex\u00e9gesis mon\u00e1stica de la Edad Media y en la liturgia. Pero muchos piensan actualmente que la interpretaci\u00f3n mariol\u00f3gica debe integrarse de alg\u00fan modo en la misma interpretaci\u00f3n eclesiol\u00f3gica. Es la l\u00ed\u00adnea que parece corresponder mejor a los datos que surgen de la estructura del libro y de los diversos s\u00ed\u00admbolos que aparecen en este p\u00e1rrafo; es decir, se requiere una interpretaci\u00f3n al mismo tiempo colectiva e individual. Que el simbolismo de este fragmento es ante todo eclesiol\u00f3gico se deduce ya de su situaci\u00f3n literaria. Despu\u00e9s de la introducci\u00f3n de los cap\u00ed\u00adtulos 1-3 (las cartas alas Iglesias; la gloria de Cristo), el libro puede dividirse en dos grandes partes: a) visiones prof\u00e9ticas sobre la historia de la salvaci\u00f3n; juicio del mundo (cc. 4-1 1); b) la comunidad de Cristo perseguida; su victoria final (cc. 12-22). As\u00ed\u00ad pues, el cap\u00ed\u00adtulo 12 abre la gran secci\u00f3n eclesiol\u00f3gica, lo mismo que el cap\u00ed\u00adtulo 4 abr\u00ed\u00ada la primera parte con la visi\u00f3n del trono de Dios. Este paralelismo entre Dios y la mujer sugiere ya la relaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica fundamental de la alianza: la que existe entre Dios y su pueblo. La mujer es el s\u00ed\u00admbolo del pueblo de Dios en su situaci\u00f3n escatol\u00f3gica. Por otra parte, la figura femenina del cap\u00ed\u00adtulo 12 est\u00e1 en contraposici\u00f3n con la prostituta de los cap\u00ed\u00adtulos 17-19; pero se convertir\u00e1 luego en los cap\u00ed\u00adtulos 19 y 21 en la esposa del cordero, la Jeru-sal\u00e9n celestial.<br \/>\nVeamos primero la interpretaci\u00f3n colectiva. El hijo var\u00f3n, \u2020\u0153el que deb\u00ed\u00ada regir a todas las naciones con una vara de hierro\u2020\u009d (y. 5: cita de SaI 2,9), es sin duda el mes\u00ed\u00adas. La mujer que lo da a luz es presentada como una figura c\u00f3smica y celestial: revestida de sol, con la luna bajo sus pies y con una corona de doce estrellas en la cabeza (y. 1). El texto se inspira probablemente en Is 60, donde se describe a la \u2020\u0153hija de Si\u00f3n\u2020\u009d mesi\u00e1nica, resplandeciente toda ella con la gloria de Dios (Is 60,1; Is 60, con influencias tambi\u00e9n en Ct 6,10, \u2020\u0153bella como la luna, distinguida como el sol\u2020\u009d). Las doce estrellas representan a \u2020\u0153las doce tribus de los hijos de Israel\u2020\u009d (Ap 21,12). Por consiguiente, la mujer es ante todo la Iglesia. Los dolores de parto (12,2) son una met\u00e1fora cl\u00e1sica para describir la maternidad escatol\u00f3gica de Si\u00f3n (Miq 4,10; 1s26,17s; 66,7-9; Jn 16,21 1QH Jn 3,7-10). No se alude aqu\u00ed\u00ad al nacimiento temporal del mes\u00ed\u00adas; esos dolores son un s\u00ed\u00admbolo de la Iglesia, que debe dar a luz a la totalidad de los hijos de Dios en medio de sufrimientos durante todo el tiempo escatol\u00f3gico. El drag\u00f3n, \u2020\u0153la serpiente antigua\u2020\u009d (y. 9), remite a Gen 3: es el enemigo de la mujer y de su linaje, que aqu\u00ed\u00ad es llamado \u2020\u0153Diablo\u2020\u009d y \u2020\u0153Satan\u00e1s\u2020\u009d; representa a las fuerzas diab\u00f3licas que se oponen al pueblo de Dios. El hijo de la mujer es arrebatado al cielo (12,5: indica la glorificaci\u00f3n de Cristo); pero ella encuentra refugio en el desierto, \u2020\u0153donde tiene un lugar preparado por Dios\u2020\u009d (Vv. 6.14.16):<br \/>\nse trata de la Iglesia, protegida y alimentada por Dios durante todo su caminar por la tierra.<br \/>\n1956<br \/>\nCabe preguntarse entonces si queda sitio todav\u00ed\u00ada para una interpretaci\u00f3n mariol\u00f3gica de Ap 12. Este segundo tipo de lectura no s\u00f3lo es posible, sino necesario, si se lee este trozo en el contexto m\u00e1s amplio de los dem\u00e1s textos del NT sobre Mar\u00ed\u00ada [1 supra, lI-VI, 1]. Advi\u00e9rtase ante todo el s\u00ed\u00admbolo de la mujer tanto en Lc (1,28) como en Jn (2,4; 19,26), Mar\u00ed\u00ada era considerada ya como la \u2020\u0153hija de Si\u00f3n\u2020\u009d, y precisamente por eso era llamada por Jes\u00fas \u2020\u0153mujer\u2020\u009d (en Cana y al pie de la cruz). Mar\u00ed\u00ada era ya la imagen del pueblo de Dios mesi\u00e1nico, la imagen de la Iglesia. Esta dimensi\u00f3n eclesiol\u00f3gica del s\u00ed\u00admbolo se desarrolla luego plenamente en el Apocalipsis; pero no se puede olvidar que en la tradici\u00f3n joanea este s\u00ed\u00admbolo ten\u00ed\u00ada ya una referencia a Mar\u00ed\u00ada, precisamente como imagen de la Iglesia: \u2020\u0153La mujer que da a luz del Apocalipsis es la comunidad mesi\u00e1nica, que en el evangelio de Juan estaba representada por la madre de Jes\u00fas\u2020\u009d (T. Vetrali, La donna&#8230;, 168). Dos indicios literarios apoyan esta forma de ver las cosas. Hemos visto que las palabras de Jes\u00fas en Jn 19,26 son una repetici\u00f3n del texto de Is 60,4s sobre la \u2020\u0153hija de Si\u00f3n\u2020\u009d, que contempla reunidos en torno a s\u00ed\u00ad a todos sus hijos. Pues bien, Ap 12 remite precisamente a este mismo trasfondo literario de 1s60 sobre el esplendor de la Jerusal\u00e9n mesi\u00e1nica (Is 60,1; Is 60, . En el contexto m\u00e1s amplio esa perspectiva escatol\u00f3gica y eclesial no es ileg\u00ed\u00adtimo leer en el vers\u00ed\u00adculo Ap Is 12,1 la glorificaci\u00f3n la mujer (la asunci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada, \u2020\u0153unida a la metamorfosis corporal de su hijo\u2020\u009d: P. Grelot, a.c, 421). Por otra parte, como hemos visto m\u00e1s arriba, el \u2020\u0153disc\u00ed\u00adpulo amado\u2020\u009d, en Jn 19,25-27, era el s\u00ed\u00admbolo todos los disc\u00ed\u00adpulos derCristo, que se hacen hijos la madre Jes\u00fas. De manera semejante, la \u2020\u0153mujer\u2020\u009d Ap Jn 12 no es s\u00f3lo la madre del mes\u00ed\u00adas (y. 5; cf Jn 19,25: \u2020\u0153la madre de Jes\u00fas\u2020\u009d), sino tambi\u00e9n todo el \u2020\u0153resto su descendencia, los que guardan los mandamientos Dios y son fieles testigos Jes\u00fas\u2020\u009d (Ap 12,17). Estos otros hijos la mujer son precisamente los que hab\u00ed\u00adan sido confiados por Jes\u00fas su madre, seg\u00fan Jn 19,25-27; Jn 19, hijo var\u00f3n del Apocalipsis se prolonga por tanto en los dem\u00e1s descendientes la mujer; as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n, el s\u00ed\u00admbolo la \u2020\u0153mujer\u2020\u009d del libro apocal\u00ed\u00adptico es la prolongaci\u00f3n, en sentido colectivo y eclesial, lo que era ya la \u2020\u0153mujer\u2020\u009d del evangelio, la madre Jes\u00fas, la \u2020\u0153hija Si\u00f3n\u2020\u009d, como figura la Iglesia. Esta perspectiva eclesial del misterio mariano ha sido muy bien expresada en un texto lit\u00fargico reciente:<br \/>\nMar\u00ed\u00ada es \u2020\u0153comienzo imagen la Iglesia, esposa Cristo, llena juventud y limpia hermosura\u2020\u009d (prefacio de la misa de la Inmaculada).<br \/>\n1957<br \/>\nVII. CONCLUSION.<br \/>\nPor todo lo dicho se ve con toda claridad el v\u00ed\u00adnculo tan estrecho que hay entre Mar\u00ed\u00ada y la \u00c2\u00a1Iglesia. La madre de Jes\u00fas es presentada en la Escritura como la imagen de la Iglesia; pero esto implica adem\u00e1s que \u2020\u0153toda la Iglesia es ma\u00f1ana\u2020\u009d (card. Journet) y nos invita cada vez m\u00e1s a descubrir \u2020\u0153el rostro mariano de la Iglesia\u2020\u009d (H. Urs von Balthasar).<br \/>\nEsta s\u00ed\u00adntesis de la mariolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica podr\u00ed\u00ada tener cierta importancia en el di\u00e1logo ecum\u00e9nico. Por desgracia, sigue siendo verdad que la doctrina cat\u00f3lica sobre Mar\u00ed\u00ada es a\u00fan uno de los puntos principales de desacuerdo con los protestantes [1 supra, 1]. Pero en la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica posconciliar se ha intentado mostrar cada vez mejor \u2020\u0153el lugar b\u00ed\u00adblico de la mariolog\u00ed\u00ada\u2020\u009d (J. Ratzinger, La figlia de Sion, Mil\u00e1n 1979,9- 28); este \u2020\u0153lugar\u2020\u009d es la teolog\u00ed\u00ada de la \u2020\u0153hija de Si\u00f3n\u2020\u009d, que expresa el misterio de la alianza entre Dios y su pueblo. Ciertamente no se puede negar que la alianza est\u00e1 en el centro de la Escritura. Pues bien, Mar\u00ed\u00ada representa precisamente al pueblo de Dios que dice \u2020\u0153s\u00ed\u00ad\u2020\u009d a su Dios y que se convierte de este modo en el modelo permanente para toda la Iglesia.<br \/>\n1958<br \/>\nBIBL.: AA.W., La Madre del Signore, en \u2020\u0153Parola, Spirito e Vita\u2020\u009d 6 (1986); Braun F.M., La Mere desfid\u00e9les.<\/p>\n<p>Essai deth\u00e9ologiejohanni-que, Casterman, Par\u00ed\u00ads-Tournai 1953; CharlierJ.P., Le signe de Cana. Essaide th\u00e9ologiejohan-nique, La Pens\u00e9e catholique, Bruselas 1959; Feuillet A., J\u00e9sus elsa mere<br \/>\nd\u2020\u2122apr\u00e9s les r\u00e9cits de \u00c2\u00a1\u2020\u02dcen fance de Lc 1-2 e\u00ed\u00ad d\u2020\u2122apr\u00e9s saint Jean. Le role de la Vierge Marie dans l\u2020\u2122his\u00ed\u00adoire du Salut etia place de Iafemme dans \u00c2\u00a1\u2020\u02dcEglise, Gabalda, Par\u00ed\u00ads 1976; Guardini R., La Madre del Se\u00f1or, Guadarrama, Madrid 1960; Hofrichter P., Nicht aus BIut sondern monogen aus Gott geboren, Echter Verlag, W\u00fcrzburgo 1979; La Potterie 1. de, La Mere de J\u00e9sus etia conception virginale du Flls de Dieu. Etude de th\u00e9ologiejohannique, en \u2020\u0153Marianum\u2020\u009d 40 (1978) 41-90; Id, 1\/parto verginale del Verbo incarnato: \u2020\u0153Non ex sangui-nibus&#8230;, sed ex Deo natus est\u2020\u009d (GV 1,13), en ib 45 (1983) 127-1 74; Id, La madre di Ges\u00fa e ilmistero di Cana, en \u2020\u0153Civilt\u00e1 Cattolica\u2020\u2122 130 (1977\/1V) 425-440; Id, \u2020\u0153Et a partir de cene heure, \u00c2\u00a1e disciplel\u2020\u2122accueillildans son intim\u00ed\u00adt\u00e9\u2020\u009d (Jn 19,27), en \u2020\u0153Marianum\u2020\u009d. 42 (1980) 84-1 25; Laurentin R., \/ Vangel\u00ed\u00addell\u2020\u2122nfanziadi Cristo&#8230;, Ed. Paoline, Roma 1985; Legrand L., L\u2020\u2122Annon-ce a Marie (Lc 1,26-38). 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La estructura narrativa: 1. Jes\u00fas en el fondo de la historia de la salvaci\u00f3n; 2. Desde Israel a la Iglesia. III. La acentuaci\u00f3n \u00e9tica: Jes\u00fas como maestro, legisladoryjuez 1. Los cinco grandes discursos; 2. El compromiso \u00e9tico como tema dominante en Mt. IV. Mt como evangelio: 1. Pasi\u00f3n y resurrecci\u00f3n como acontecimiento de salvaci\u00f3n; 2. La acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Jes\u00fas en la \u2020\u0153transparencia\u2020\u2122 de los episodios narrativos. V. Conclusiones.<br \/>\n1960<br \/>\n1. NOTAS SOBRE LA HISTORIA DE LA INTERPRETACION.<br \/>\nEn la Iglesia antigua Mt ocup\u00f3 siempre una posici\u00f3n privilegiada, muy superior a la de los otros sin\u00f3pticos y no inferior siquiera a la de Jn; de todos los evangelios, es el m\u00e1s comentado, el m\u00e1s citado y el m\u00e1s usado en los leccionarios lit\u00fargicos.<br \/>\nNo es dif\u00ed\u00adcil comprender las razones de este \u00e9xito. A Mc le aventajaba por una mayor riqueza de las ense\u00f1anzas de Jes\u00fas, una mayor extensi\u00f3n incluso en el aspecto narrativo, una eclesiolog\u00ed\u00ada m\u00e1s expl\u00ed\u00adcita y una cristolog\u00ed\u00ada m\u00e1s evolucionada, con una imagen de Jes\u00fas m\u00e1s trascendente y majestuosa. A Lc, que en realidad es m\u00e1s amplio, le aventajaba por una mayor organicidad -aquel \u2020\u0153orden\u2020\u2122 que ya destacaban los padres- y una m\u00e1s esmerada distribuci\u00f3n de las ense\u00f1anzas de Jes\u00fas en los cinco grandes discursos.<br \/>\nSolamente fuera de la Iglesia fue Mt objeto de cr\u00ed\u00adticas: el fuerte acento \u00e9tico, expresado sobre todo en el serm\u00f3n de la monta\u00f1a, provoc\u00f3 contra \u00e9l la hostilidad de los gn\u00f3sticos, para quienes Jes\u00fas hab\u00ed\u00ada venido a abolir la ley, pero tambi\u00e9n, por el lado contrario, el reproche de los jud\u00ed\u00ados de que presentaba preceptos irrealizables, superiores a las posibilidades del hombre (Justino, Dial. c. Tryph. 10). Sin embargo, la Iglesia nunca alberg\u00f3 la menor duda sobre su \u2020\u0153rea-lizabilidad\u2020\u2122: incluso los m\u00e1s arduos, como el amor a los enemigos, hay que tomarlos al pie de la letra, si uno quiere ser cristiano. Pero, al mismo tiempo, la Iglesia antigua manten\u00ed\u00ada vivo un sentido de finitud, de tensi\u00f3n escatol\u00f3gica; y espont\u00e1neamente integraba a Mateo con Pablo, la necesidad de las obras con la prioridad de la gracia y de la fe. Ser\u00e1n solamente los pelagianos quienes interpreten la llamada a la perfecci\u00f3n (5,48) en t\u00e9rminos de puro esfuerzo humano y se apliquen a s\u00ed\u00ad mismos ya en esta vida la bienaventuranza de los limpios de coraz\u00f3n (5,8), que para los padres conserva siempre un matiz escato-l\u00f3gico.<br \/>\nLutero, a su vez, percibi\u00f3 fuertemente el problema del radicalismo \u00e9tico del serm\u00f3n de la monta\u00f1a, m\u00e1s exigente a\u00fan que la ley antigua (Mosissimus Moses: \u00c2\u00a1un Mois\u00e9s m\u00e1s riguroso todav\u00ed\u00ada!); pero cree que puede resolverlo aplic\u00e1ndole tambi\u00e9n a \u00e9l la interpretaci\u00f3n paulina de la ley: el serm\u00f3n de la monta\u00f1a se nos habr\u00ed\u00ada dado no para que lo pusi\u00e9ramos en pr\u00e1ctica, sino para hacernos experimentar nuestra impotencia, nuestra pecaminosidad innata y para que nos abri\u00e9ramos a la acogida de una salvaci\u00f3n gratuita mediante la fe. El problema estaba destinado a replantearse en la ex\u00e9gesis protestante moderna, primero como relaci\u00f3n Pablo-Jes\u00fas y m\u00e1s tarde -con la Redaktionsgeschichte [1 Evangelios II, 3]- tambi\u00e9n como relaci\u00f3n Pablo-Mateo.<br \/>\nEn el siglo XIX se da por sentado que Mt es un evangelio m\u00e1s tard\u00ed\u00ado, que ct\u00ed\u00admbin\u00f3 la narraci\u00f3n de Mc con las ense\u00f1anzas de Jes\u00fas recogidas por la fuente Q [1 Evangelios II, 1]; pero se recurre ampliamente a estas ense\u00f1anzas para reconstruir el mensaje de Jes\u00fas, que la teolog\u00ed\u00ada liberal interpreta en t\u00e9rminos puramente \u00e9tico-religiosos y contrapone a la teolog\u00ed\u00ada de Pablo. Muy pronto, sin embargo, caen en la cuenta los autores de que aquella \u00e9tica hay que encuadrarla en el horizonte escatol\u00f3gico; surge entonces el problema de si este \u00e9sjaton toca al presente s\u00f3lo como amenaza inminente que hace m\u00e1s urgente la conversi\u00f3n (A. Schweitzer: \u00e9tica del \u00ed\u00adnterim) o tambi\u00e9n como experiencia de salvaci\u00f3n ya en acto, don de vida nueva que ya irrumpe (J. Schniewind).<br \/>\n1961<br \/>\nCon la aparici\u00f3n de la Redaktionsgeschichte, que en el campo mateano est\u00e1 representada por los estudios ya cl\u00e1sicos de G. Bornkamm y sus disc\u00ed\u00adpulos, de G. Strecker y del cat\u00f3lico W. Trilling, el radicalismo \u00e9tico de Mt no se mira ya solamente como eco del de Jes\u00fas, sino tambi\u00e9n como una respuesta del evangelista a los problemas de la Iglesia de su tiempo. Se abre camino la hip\u00f3tesis de que con esta radicalizaci\u00f3n \u00e9tica el autor, adem\u00e1s de contraponerse a la interpretaci\u00f3n jud\u00ed\u00ada de la ley, hab\u00ed\u00ada tenido ante la vista un segundo frente dentro de la Iglesia: una ca\u00ed\u00adda de tensi\u00f3n moral (24,1 Is: el enfriamiento de la caridad); m\u00e1s a\u00fan, probablemente, tuvo que oponerse a ciertas herej\u00ed\u00adas de tipo \u2020\u0153libertinista\u2020\u009d que, extrapolando las afirmaciones de Pablo sobre el fin de la ley y sobre la gratuidad de la salvaci\u00f3n, minaban por su base el compromiso \u00e9tico de los cristianos (7,21-23).<br \/>\nPrescindiendo de estas hip\u00f3tesis hist\u00f3ricas, el problema de fondo de Mt es sin duda alguna el de las relaciones entre la fe y las obras, el compromiso \u00e9tico del hombre y la gracia, el \u2020\u0153imperativo\u2020\u009d moral y el \u2020\u0153indicativo\u2020\u009d que proclama la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Dios realizada en el Cristo crucificado y resucitado. La teolog\u00ed\u00ada protestante, tan sensible desde siempre a este problema, se ve obligada a preguntarse si en Mt queda salvaguardada todav\u00ed\u00ada, aunque con categor\u00ed\u00adas distintas de las de Pablo, la prioridad de este \u2020\u0153indicativo\u2020\u009d (G. Barth), o bien si ha quedado ya totalmente absorbido en el \u2020\u0153imperativo\u2020\u009d (G. Strecker); \u00faltimamente se le discute a Mt la calificaci\u00f3n de \u2020\u0153evangelio\u2020\u2122, ya que el Jes\u00fas de Mt ser\u00ed\u00ada solamente el Jes\u00fas del pasado, el maestro que nos ha dejado unas ense\u00f1anzas que practicar, y no una presencia salv\u00ed\u00adfica siempre actual (vv. Marxsen).<br \/>\nAs\u00ed\u00ad pues, el problema de fondo para la interpretaci\u00f3n de Mt es captar correctamente la relaci\u00f3n que existe entre el Jes\u00fas que ense\u00f1a en los cinco grandes discursos y el Jes\u00fas que act\u00faa, presente en toda la trama narrativa, que desemboca en la pasi\u00f3n y en la resurrecci\u00f3n. Examinemos primero por separado estos dos aspectos, para preguntarnos luego sobre su relaci\u00f3n.<br \/>\n1962<br \/>\nII. LA ESTRUCTURA NARRATIVA.<br \/>\n1963<br \/>\n1. Jes\u00fas en el fondo DE LA HISTORIA DE LA SALVACION.<br \/>\nLa vida de Jes\u00fas que nos narra Mt se presenta como el segmento central y decisivo de una historia m\u00e1s amplia, que comenz\u00f3 ya en el pasado y que est\u00e1 destinada a cumplirse en el futuro.<br \/>\nEl enlace con el pasado se realiza desde el principio con la genealog\u00ed\u00ada (1,1-17) y se reitera continuamente con las citas veterotestamentarias (50, contra 23 en Mc y 23 en Lc), entre las que destacan las que se comentan con la f\u00f3rmula: \u2020\u0153Todo esto sucedi\u00f3 para que se cumpliera lo que el Se\u00f1or hab\u00ed\u00ada dicho por medio del profeta&#8230;\u2020\u009d (1,22; 2,5s. 15.18.23; 3,3; 4,12-16; 8,17; 12,17-21; 13,35; 21,4; 27,9s). No solamente la muerte y la resurrecci\u00f3n (como en ico 15,3-5), sino toda la vida terrena del mes\u00ed\u00adas, incluso a veces en los m\u00e1s peque\u00f1os detalles, est\u00e1 bajo el signo del cumplimiento de las Escrituras. Como muestran tambi\u00e9n las construcciones mateanas evangelio del reino (4,23; 9,35; 24,14), palabra del reino (13, 19), doctrina del reino (13,52), Mt subraya que el gran tema que unifica toda la predicaci\u00f3n de Jes\u00fas es el reino de Dios, epicentro de las esperanzas salv\u00ed\u00adficas de Israel.<br \/>\nA este enlace retrospectivo con que se abre el libro recapitulando toda la historia de Israel corresponde el enlace con el futuro que concluye el libro, preanunciando la acci\u00f3n de la Iglesia entre todos los pueblos hasta el fin del mundo presente (28,16-20). Tambi\u00e9n este aspecto asomaba ya a trav\u00e9s de todo el relato, que puede leerse como una reconstrucci\u00f3n del itinerario, altamente dram\u00e1tico, que llev\u00f3 desde Israel hasta la Iglesia (vv. Trilling, El verdadero Israel, 107-139.202-208).<br \/>\n1964<br \/>\n2. Desde Israel a la Iglesia.<br \/>\nJes\u00fas se presenta a Israel reserv\u00e1ndole todo su ministerio terreno (10,5s; 15,24); manifiesta su autoridad a trav\u00e9s de la ense\u00f1anza (cc. 5-7) ya trav\u00e9s de las obras (cc. 8-9), y asocia a su misi\u00f3n tambi\u00e9n a los doce (c. 10). Pero Israel lo rechaza (cc. 11-12), exceptuando el peque\u00f1o grupo de los creyentes, a los que Dios ha concedido el don de comprenderlos misterios del reino (c. 13); el rechazo se verifica tambi\u00e9n simb\u00f3licamente en la tierra misma de Jes\u00fas, Nazaret (13,53-58). Jes\u00fas entonces, a su vez, empieza a distanciarse de la masa, dedic\u00e1ndose cada vez m\u00e1s al grupo de disc\u00ed\u00adpulos: la \u2020\u0153secci\u00f3n de los panes\u2020\u009d (cc. 14-16) culmina en Ces\u00e1rea de Filipo, no simplemente con el reconocimiento de la mesianidad de Jes\u00fas, como en Mc, sino con la respuesta de Jes\u00fas a Pedro y la promesa de la Iglesia; lo que en Mc era un itinerario cristol\u00f3gico, y s\u00f3lo impl\u00ed\u00adcitamente eclesiol\u00f3gico, en Mt -aunque sobre el fondo del interrogante cristol\u00f3gico- se convierte en un itinerario hacia la Iglesia. Tambi\u00e9n la secci\u00f3n del camino a Jerusal\u00e9n (16,21-20,16), que ya en Mc ten\u00ed\u00ada un aspecto eclesial, lo asume m\u00e1s decididamente en Mt por la inserci\u00f3n del \u2020\u0153discurso comunitario\u2020\u009d (c. 18). Llegado finalmente a Jerusal\u00e9n, Jes\u00fas sostiene in\u00fatilmente la \u00faltima confrontaci\u00f3n con los adversarios, mientras que conf\u00ed\u00ada a sus disc\u00ed\u00adpulos sus ense\u00f1anzas sobre los acontecimientos futuros (20,17-25,46). Se encamina as\u00ed\u00ad hacia la pasi\u00f3n (cc. 26-27) y la resurrecci\u00f3n (c. 28), donde Mt subraya por una parte la cima de la incredulidad de Israel (cf 27,15-26; 28,11-1 5), y por otra el comienzo de la nueva comunidad abierta a todos los pueblos (28,16-20).<br \/>\nEn esta reconstrucci\u00f3n, en que el paso desde Israel a la Iglesia asume a veces el aspecto de una \u2020\u0153sustituci\u00f3n\u2020\u009d (cf 21,43), es innegable una sistematizaci\u00f3n pol\u00e9mica, que corre el peligro de simplificar en demas\u00ed\u00ada una realidad mucho m\u00e1s compleja tanto hist\u00f3rica como teol\u00f3gicamente, seg\u00fan aparece en LcHechos y en Pablo. Pero no es justo hablar de \u2020\u0153antisemitismo\u2020\u009d, ya que se trata de una confrontaci\u00f3n no racial, sino exclusivamente cristol\u00f3gica y eclesiol\u00f3gi-ca, centrada en la mesianidad de Jes\u00fas y en el derecho de la Iglesia a colocarse en la continuidad de las promesas veterotestamentarias.<br \/>\n1965<br \/>\nIII. LA ACENTUACION ETICA: JESUS COMO MAESTRO, LEGISLADOR Y JUEZ.<br \/>\n1966<br \/>\n1. Los cinco grandes discursos.<br \/>\nLa caracter\u00ed\u00adstica m\u00e1s inconfundible de Mt son, sin embargo, los cinco grandes discursos de Jes\u00fas. La tradici\u00f3n le ofrec\u00ed\u00ada ya n\u00facleos (Lc 6,17-49; Mc 4,1-34; Mc 6,7-13; Mc 9,33-50; Mc 13,1-37); pero fue Mt el que valor\u00f3 hasta el m\u00e1ximo esta idea, complet\u00e1ndolos con otro material, introduci\u00e9ndolos dentro de una solemne escenograf\u00ed\u00ada (5,1-2; 13,1-3) y concluy\u00e9ndolos con una f\u00f3rmula fija, que recalca el car\u00e1cter especial de estas secciones y su distinci\u00f3n de las narrativas: \u2020\u0153Cuando acab\u00f3 Jes\u00fas estos discursos&#8230;\u2020\u009d (7,28 y 19,1), \u2020\u0153&#8230;estas instrucciones\u2020\u009d (11,1),\u2020\u009d&#8230; estas par\u00e1bolas\u2020\u009d(13,53),\u2020\u009d&#8230; todosestos razonamientos\u2020\u009d (26,1).<br \/>\nSalta inmediatamente a la vista, en cada uno de los discursos, el contenido eminentemente \u00e9tico, sostenido por el anuncio amenazador del juicio final, en el cual culminan los cinco (G. Bornkamm, \u00dcberlieferung, 13-212). La alternativa hacer\/no hacer, a la que corresponde la de la<br \/>\nsalvaci\u00f3n\/condenaci\u00f3n, resuena como un martilleo constante, hasta llegar al grandioso fresco del juicio universal, centrado todo \u00e9l en el amor efectivo a los hermanos (25,31-36; W. Trilling, El verdadero Israel, 182ss; J. Zumstein, La condition, 284-350).<br \/>\nNo es posible subrayar m\u00e1s fuertemente el aspecto \u00e9tico. A esta luz se comprende en qu\u00e9 sentido vino Jes\u00fas a \u2020\u0153dar cumplimiento\u2020\u009d a la ley, y no a abolir\u00ed\u00ada (5,17-1 9). En concreto, esto puede implicar tambi\u00e9n la superaci\u00f3n de ciertas normas mosaicas (5,21-48; 15,1-20; 19,1-9); pero no para atenuar, sino para realizar m\u00e1s plenamente la voluntad de Dios en su intenci\u00f3n original (19,8). Conden-sada en el amor, que ya era central en el AT (7,12; 9,13; 12,7; 22,34-40; 23,23; 25,31-46), la ley no queda disminuida, sino que manifiesta ahora, en la interpretaci\u00f3n que le da Jes\u00fas, toda la radicalidad de sus exigencias.<br \/>\n1967<br \/>\n2. El compromiso \u00e9tico como TEMA DOMINANTE DE NT.<br \/>\nEl aspecto \u00e9tico se presenta subrayado de manera tan en\u00e9rgica que subordina a s\u00ed\u00ad todos los dem\u00e1s<br \/>\ntemas.<br \/>\nEn la escatolog\u00ed\u00ada, m\u00e1s a\u00fan que el \u2020\u02dcya\u2020\u009d, se subraya el \u2020\u0153todav\u00ed\u00ada no\u2020\u2122, el inminente juicio futuro. El premio y el castigo se ilustran con gran riqueza de formulaciones y de im\u00e1genes, que hacen de Mt el evangelio m\u00e1s rico en material para una catequesis sobre los nov\u00ed\u00adsimos: recompensa, paling\u00e9-nesis, gozo, vida eterna&#8230;, castigo, gehenna, fuego eterno, expulsi\u00f3n a las tinieblas, llanto y rechinar de dientes.<br \/>\nTambi\u00e9n la eclesiolog\u00ed\u00ada se contempla desde esta perspectiva. Este juicio riguroso cae en primer lugar sobre la misma Iglesia. Si ella ha sustituido a Israel, es para que a su vez d\u00e9 los frutos que el propietario espera de su vi\u00f1a (21 43). Se le exige una justicia m\u00e1s radical todav\u00ed\u00ada que la que so\u00f1aban los fariseos (5,20), una perfecci\u00f3n que refleje la perfecci\u00f3n misma del Padre (5,48). La pertenencia a la Iglesia no garantiza ni mucho menos la salvaci\u00f3n: muchos entraron en la sala del banquete, pero el que no est\u00e9 vestido con el traje nupcial ser\u00e1 echado fuera (22,1-14: obs\u00e9rvese la \u00faltima escena, totalmente nueva respecto a Lc 14,15-24). No basta la fe, aun formulada de la manera m\u00e1s ortodoxa: no entrar\u00e1 en el reino el que invoca a Jes\u00fas como Kyrios, sino s\u00f3lo el que haga la voluntad del Padre (7,21). El cristiano debe sentirse un \u2020\u0153llamado\u2020\u009d, y no un \u2020\u0153elegido\u2020\u009d (20,16; 22,14). En definitiva, de la pertenencia a la Iglesia parece derivarse m\u00e1s bien un incremento de responsabilidad que una prenda de salvaci\u00f3n. La Iglesia de Mt aparece como una Iglesia sub spe-cie judicil, corpus mixtum m\u00e1s que corpus mysticum (G. Bornkamm): su relaci\u00f3n con el reino, m\u00e1s que en t\u00e9rminos de continuidad -y mucho menos de identificaci\u00f3n y de posesi\u00f3n- se ve en t\u00e9rminos de distancia, que se traduce en tensi\u00f3n \u00e9tica.<br \/>\nLa misma cristolog\u00ed\u00ada asume este especial colorido \u00e9tico. Aunque se recoge ampliamente toda la lista de t\u00ed\u00adtulos tradicionales (mes\u00ed\u00adas, Hijo del hombre, Hijo de Dios&#8230;), el Jes\u00fas de Mt se presenta sobre todo como maestro, no tanto por la aparici\u00f3n de este nuevo t\u00ed\u00adtulo (23,8), como por la imagen en su conjunto. Es verdad que no se trata de un maestro puramente humano; pero los rasgos majestuosos y divinos, lejos de oponerse a esta fisonom\u00ed\u00ada del maestro, lo refuerzan todav\u00ed\u00ada m\u00e1s. Se trata de un maestro superior a todos los dem\u00e1s maestros de Israel (7,28s); superior al mismo Mois\u00e9s (cf 5,21-48: \u2020\u0153Sab\u00e9is que se dijo a los antiguos&#8230; Pero yo os digo&#8230;\u2020\u009d; se presenta incluso como legislador definitivo; m\u00e1s a\u00fan, deja que se vislumbre su identidad con el juez eterno, cuyo tono asume de forma imprevista (cf 7,23: \u2020\u0153Entonces yo les dir\u00e9: Nunca os conoc\u00ed\u00ad. Apartaos de m\u00ed\u00ad, agentes de injusticias&#8230;\u2020\u009d).<br \/>\nDe aqu\u00ed\u00ad el aspecto m\u00e1s majestuoso, que se obtiene incluso eliminando algunas de las indicaciones de Mc sobre la psicolog\u00ed\u00ada humana de Jes\u00fas: dolor e ira, admiraci\u00f3n, desconcierto (Mt 12,12 con Mc 3,5; Mt 16,1 con Mc 8,12; Mt 13,58 con Mc 6,6; Mt 26,37 con Mc 14,33), y a\u00f1adiendo, por el contrario, indefectiblemente tres peque\u00f1os elementos que transforman todo contacto con Jes\u00fas en un peque\u00f1o ceremonial cortesano: el acercarse, es decir, detenerse a cierta distancia esperando ser admitidos (52 veces, contra cinco en Mc y 10 en Lc), la inclinaci\u00f3n profunda (13 veces, contra dos y tres), el tratamiento con el t\u00ed\u00adtulo de \u2020\u0153Se\u00f1or\u2020\u009d (44 veces, contra seis y 23), tres elementos que originalmente son posibles incluso como forma de cortes\u00ed\u00ada, pero que en Mt s\u00f3lo se reservan a los creyentes, mientras que los extra\u00f1os lo llaman i?a66z(cfMt2O,2OconMclO,35;Mt 8,25 con Mc 4,38); ellos hacen que resplandezca m\u00e1s fuertemente ya en el Jes\u00fas terreno el Kyrios glorioso.<br \/>\n1968<br \/>\nTambi\u00e9n en la pasi\u00f3n se subraya el aspecto \u00e9tico: la pasi\u00f3n es la tentaci\u00f3n \u00faltima (cf 27,40.42 con 4,3.6), a la que responde Jes\u00fas con una extrema obediencia a la voluntad del Padre (26,42). Y hasta el resucitado conserva la fisonom\u00ed\u00ada del maestro: no env\u00ed\u00ada a los doce, como en los paralelos, a dar testimonio de su resurrecci\u00f3n, a proclamar el evangelio o a comunicar el Esp\u00ed\u00adritu Santo para el perd\u00f3n de los pecados (Mc 16,15; Lc 24,47; Hch 1,8; Jn 20,21-23), sino a hacer disc\u00ed\u00adpulos suyos (mathe-t\u00e9uein: no simplemente instruir, sino hacer disc\u00ed\u00adpulos) a todos los hombres, ense\u00f1\u00e1ndoles a observar todo lo que en su tiempo hab\u00ed\u00ada mandado Jes\u00fas (28,19s). El verbo, en pasado, remite a las ense\u00f1anzas del Jes\u00fas terreno:<br \/>\nen concreto, los cinco grandes discursos recogidos en Mt. Se dir\u00ed\u00ada entonces que para Mt la resurrecci\u00f3n misma, m\u00e1s que colocar a Jes\u00fas en una funci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica, no hab\u00ed\u00ada hecho otra cosa m\u00e1s que recalcar la imagen de maestro-legislador, integr\u00e1ndola de forma m\u00e1s expl\u00ed\u00adcita en la imagen regia del juez eterno.<br \/>\nEstos dos aspectos se compenetran en una sola imagen, coherente y compacta, que en la iconograf\u00ed\u00ada cristiana recuerda sobre todo al Pantokr\u00e1tor sentado en su trono de los \u00e1bsides bizantinos o de los p\u00f3rticos de las catedrales rom\u00e1nicas: una figura llena de majestad, que es posible ciertamente reconocer como Jes\u00fas; pero un Jes\u00fas con rasgos regios, un tanto severos, que tiene abierto en una mano el libro de los evangelios, mientras que levanta la otra en un gesto que no es s\u00f3lo de ense\u00f1anza o de bendici\u00f3n, sino tambi\u00e9n -al menos en parte- de juicio soberano.<br \/>\n1969<br \/>\nIV. MATEO COMO EVANGELIO.<\/p>\n<p>1. Pasi\u00f3n y resurrecci\u00f3n COMO ACONTECIMIENTO DE SALVACION.<br \/>\nAhora se comprende f\u00e1cilmente que esta en\u00e9rgica acentuaci\u00f3n \u00e9tica de Mt plantee aquellos grandes interrogantes teol\u00f3gicos que advert\u00ed\u00ada sobre todo la ex\u00e9gesis protestante. \u00bfQu\u00e9 trae en definitiva a los hombres el Jes\u00fas de Mt? \u00bfEl don de la salvaci\u00f3n o solamente una radicalizaci\u00f3n de las exigencias expresadas ya por la ley? \u00bfQu\u00e9 ocurre con el valor de redenci\u00f3n de su muerte y de su resurrecci\u00f3n?<br \/>\nEl problema viene a entrelazarse de manera muy estrecha con el de la estructura de la obra. Hoy parece estar en v\u00ed\u00adas de superaci\u00f3n la hip\u00f3tesis de una estructura esencialmente doctrinal, basada en los cinco discursos, con las partes narrativas reducidas simplemente a premisas o ap\u00e9ndices o ilustraciones de las ense\u00f1anzas de Jes\u00fas. Las secciones narrativas, como ya hemos indicado, resultan din\u00e1micamente encadenadas entre s\u00ed\u00ad en una sola secuencia, altamente dram\u00e1tica, que reconstruye la transici\u00f3n desde Israel hasta la Iglesia. Actualmente, el problema es m\u00e1s bien el de aclarar cu\u00e1l es el sentido que asumen en esta estructura narrativa la pasi\u00f3n y la resurrecci\u00f3n. \u00bfSe\u00f1alan \u00fanicamente la ruptura definitiva con Israel? \u00bfNo a\u00f1aden nada m\u00e1s para los creyentes que una mayor insistencia en la autoridad de Jes\u00fas maestro-legislador-juez y una exigencia m\u00e1s honda de poner en pr\u00e1ctica sus \u2020\u0153mandamientos\u2020\u009d (cf 28,18-<br \/>\n20)?<br \/>\nMir\u00e1ndolo bien, no es as\u00ed\u00ad. Despu\u00e9s del imperativo de observar sus mandamientos, el resucitado a\u00f1ade:\u2020\u2122&#8230; Y sabed que yo estoy con vosotros todos los d\u00ed\u00adas hasta el fin del mundo\u2020\u2122 (Mt 28,20). Es la f\u00f3rmula que se repite en el AT cada vez que Yhwh, al confiar una misi\u00f3n arriesgada, quer\u00ed\u00ada asegurar tambi\u00e9n su presencia operante, salv\u00ed\u00adfica. El acento de la conclusi\u00f3n de Mt recae en estas palabras de promesa, que desean infundir confianza. Y su importancia queda confirmada por el hecho de que ya en el principio del libro resonaban ciertas expresiones an\u00e1logas (1,23: \u2020\u0153Le pondr\u00e1n por nombre Emanuel, que significa Dios con nosotros\u2020\u009d), formando as\u00ed\u00ad una inclusi\u00f3n que abarca toda la obra (H. Frankem\u00f3lle, Jahwebund, 7-83). La promesa veterotestamenta-ria del Dios-con-nosotros, que resonaba en el anuncio del nacimiento de Jes\u00fas, encuentra as\u00ed\u00ad su realizaci\u00f3n en la presencia salv\u00ed\u00adfica del resucitado en su Iglesia hasta el fin de los tiempos. Esta misma promesa es la que afloraba ya en el discurso comunitario, dentro de una conexi\u00f3n muy significativa con el poder de perdonar los pecados (18,15-20).<br \/>\n1971<br \/>\nPero, a su vez, este aspecto salv\u00ed\u00adfico de la resurrecci\u00f3n no puede separarse del aspecto salv\u00ed\u00adfico de la cruz. Desde el principio Jes\u00fas es anunciado como el que habr\u00ed\u00ada de salvar a su pueblo de sus pecados (1,21); y esta salvaci\u00f3n se lleva a cabo a trav\u00e9s de su muerte, como se proclama durante el viaje a Jerusal\u00e9n (20,28), y luego en la \u00faltima cena (26,28), que sirve de premisa a todo el relato de la pasi\u00f3n. El car\u00e1cter decisivo, escato-l\u00f3gico, de la muerte de Jes\u00fas se subraya luego con la inserci\u00f3n del episodio de la apertura de los sepulcros (27,51 b-54): el final del viejo mundo y la irrupci\u00f3n del nuevo se cumplen no ya en el momento de la resurrecci\u00f3n, sino en el de la muerte de Jes\u00fas.<br \/>\nNo cabe duda de que, en comparaci\u00f3n con el continuo martilleo sobre el \u2020\u0153hacer\u2020\u009d del hombre, estas indicaciones sobre la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Dios resultan m\u00e1s discretas, apenas perceptibles. Es f\u00e1cil suponer que Mt, a diferencia de Pablo y en analog\u00ed\u00ada con Jc 2,14-26, ten\u00ed\u00ada que contraponerse no a los que exaltaban las obras a costa de la fe, sino a los que exaltaban la fe a costa de las obras. La urgencia de contraponerse a este error no lo llev\u00f3, sin embargo, a arrinconar la prioridad de la obra salv\u00ed\u00adfica de Dios; las indicaciones, aunque no numerosas desde un punto de vista cuantitativo, resultan bastante fuertes desde un punto de vista estructural; la ense\u00f1anza moral de Jes\u00fas no es independiente de lo dem\u00e1s, sino que se inserta en una estructura narrativa profundamente cristol\u00f3gica, que culmina en la pasi\u00f3n y en la resurrecci\u00f3n, en correspondencia con el \u2020\u0153indicativo\u2020\u009d salv\u00ed\u00adfico que proclama Pablo. Aunque Mt no presenta, como Pablo, la tem\u00e1tica de la impotencia de la ley para sanar al hombre de su pecaminosidad, sin embargo tambi\u00e9n \u00e9l distingue en el AT dos elementos: no solamente la ley, sino tambi\u00e9n los profetas, las promesas de salvaci\u00f3n; pues bien, tanto la ley como las promesas.de salvaci\u00f3n encuentran su cumplimiento en Jes\u00fas. Es \u00e9sta la perspectiva de fondo que le permite contraponerse eficazmente a las desviaciones libertinas, pero sin caer por ello en una posici\u00f3n de tipo jud\u00ed\u00ado o farisaico.<br \/>\nAdem\u00e1s, la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Dios no s\u00f3lo se indica con unas afirmaciones expl\u00ed\u00adcitas. En una lectura m\u00e1s atenta se percibe que el misterio de la salvaci\u00f3n que se ha realizado en la pasi\u00f3n y resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas no es solamente una parte del relato, por muy culminante y decisiva que \u00e9sta sea, sino que es el contenido m\u00e1s profundo de toda la narraci\u00f3n, ya desde las primeras p\u00e1ginas.<br \/>\n1972<br \/>\n2. La acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Jes\u00fas EN LA \u2020\u0153TRANSPARENCIA\u2020\u009d DE LOS episodios narrativos.<\/p>\n<p>Todo Mt ha de leerse no \u00fanicamente en la dimensi\u00f3n del pasado ni \u00fanicamente en la dimensi\u00f3n del presente, sino simult\u00e1neamente en ambas dimensiones: como reconstrucci\u00f3n de aquel momento dram\u00e1tico que marc\u00f3 la manifestaci\u00f3n de Jes\u00fas a Israel y como presentaci\u00f3n de lo que Jes\u00fas pide -iY da!ahora a su Iglesia.<br \/>\nNo s\u00f3lo en los cinco discursos resuena la voz del Se\u00f1or, que autorizadamente se dirige a su comunidad y le indica el camino que tiene que seguir ahora. Tambi\u00e9n en las secciones narrativas, particularmente en los milagros, el relato se hace \u2020\u0153transparente, es decir, deja vislumbrar la experiencia actual de la Iglesia, totalmente pendiente de la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de su Se\u00f1or. La redacci\u00f3n mateana de los milagros tiende a un m\u00e1ximo de transparencia: caen los detalles tan vivaces de Mc, desaparecen los personajes secundarios, se disipan las circunstancias de tiempo y de lugar, vuelven al anonimato los protagonistas; s\u00f3lo queda en primer plano el encuentro de salvaci\u00f3n, las palabras que el enfermo dirige a Jes\u00fas y las que Jes\u00fas dirige al enfermo: el encuentro de salvaci\u00f3n en la fe, en el que cada uno de los lectores se siente llamado a reconocer su propio encuentro con Cristo, su experiencia actual de salvaci\u00f3n.<br \/>\nDe esta manera adquiere un valor ejemplar la descripci\u00f3n de los disc\u00ed\u00adpulos. Mientras que en Mc se les reprochaba seguir siendo ciegos, en Mt se les reprocha su poca fe. Y es significativo que este tema salga a relucir siempre en situaciones cargadas de alusiones eclesiales: la tempestad calmada (8,26), Pedro que se hunde (14,31), la incapacidad para dar de comer a la gente (16,8) o echarlos demonios (17,20). De aqu\u00ed\u00ad se deduce toda una eclesiolog\u00ed\u00ada, toda una visi\u00f3n de la existencia cristiana, en la cual lo que se pide a los disc\u00ed\u00adpulos no es solamente que \u2020\u0153hagan\u2020\u2122, sino ante todo que tengan fe: una fe humilde, orante, a trav\u00e9s de la cual la debilidad humana puede revestirse de la fuerza misma de Dios.<br \/>\n1973<br \/>\nV. CONCLUSIONES.<br \/>\nDe todas estas indicaciones, tanto expl\u00ed\u00adcitas como alusivas, surge la que podr\u00ed\u00adamos llamar la \u2020\u0153otra cara\u2020\u009d del Jes\u00fas de Mateo. Y con ella, la \u2020\u0153otra cara\u2020\u009d del reino, de la Iglesia, de Israel, de cada cristiano.<br \/>\nJes\u00fas no es solamente el que pas\u00f3 un d\u00ed\u00ada entre los hombres como maestro-legislador, para reaparecer luego a su debido tiempo como juez, sino que es ante todo el salvador, el que lleva a cumplimiento el AT no s\u00f3lo como ley, sino como promesa, como esperanza de salvaci\u00f3n; el que en su muerte y resurrecci\u00f3n nos salva del pecado y, presente en la comunidad reunida en su nombre, nos da tambi\u00e9n hoy la reconciliaci\u00f3n.<br \/>\nEl reino no es s\u00f3lo juicio que nos acecha, sino tambi\u00e9n misteriosa presencia salv\u00ed\u00adfica ya incipiente, como se subraya adem\u00e1s en el discurso en par\u00e1bolas (c. 13).<br \/>\nLa Iglesia, aun en su condici\u00f3n peregrinante y penitente, no vive una situaci\u00f3n repetitiva de la situaci\u00f3n veterotestamentaria, sino una situaci\u00f3n nueva. No es solamente lugar de tensi\u00f3n \u00e9tica, sino realidad \u2020\u0153sacramental\u2020\u2122, presencia indefectible de la vida y de la salvaci\u00f3n, que su Se\u00f1or no dejar\u00e1 nunca de darle momento a momento, preserv\u00e1ndola de la victoria de las potencias enemigas (16,16-20; 18,15-20).<br \/>\nEl mismo Israel, a pesar de la aspereza de la contraposici\u00f3n, no aparece eliminado para siempre de la historia de la salvaci\u00f3n; tambi\u00e9n Mt conserva aquella alusi\u00f3n misteriosa: \u2020\u0153&#8230; Os digo que y a no me ver\u00e9is hasta que dig\u00e1is: \u00c2\u00a1Bendito el que viene en nombre del Se\u00f1or!\u2020\u2122 (23,39).<br \/>\nEl cristiano, finalmente, no es el que se salva por s\u00ed\u00ad solo a trav\u00e9s de sus buenas obras, sino el que en Jes\u00fas ha experimentado el perd\u00f3n gratuito e inesperado, y precisamente por eso llega a encontrarse con un compromiso m\u00e1s radical con los hermanos (cf 18,21-35).<br \/>\nAs\u00ed\u00ad pues, no es posible reducir a Mt a una simple colecci\u00f3n de ense\u00f1anzas y de normas, como la Regla de Qumr\u00e1n o la Didaj\u00e9. La analog\u00ed\u00ada con el \/ Pentateuco, en la que han hecho pensar los cinco discursos, podr\u00ed\u00ada ser v\u00e1lida s\u00f3lo con la condici\u00f3n de subrayar que los cinco libros de Mois\u00e9s, a su vez, son esencialmente narraci\u00f3n, historia de la intervenci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Dios para Israel, en la que llegan a insertarse tambi\u00e9n las secciones legislativas que describen la respuesta humana a la alianza.<br \/>\nEn la fusi\u00f3n entre Mc y Q ha prevalecido, pues, Mc. Mt no \u2020\u0153rejudai-z\u00f3 la fe cristiana ni se limit\u00f3 a conservar tan s\u00f3lo la ense\u00f1anza \u00e9tica de Jes\u00fas, como si no hubiera tenido lugar el giro pascual proclamado por el kerigma. Pero el kerigma, la pascua, remite a su vez al Jes\u00fas terreno; la fe en el Kyrios glorioso se realiza en el seguimiento del Jes\u00fas terreno, humillado y crucificado, en la obediencia a sus ense\u00f1anzas. Para este estrecho entramado de pasado y de presente, de memoria y de proclamaci\u00f3n, el t\u00ed\u00adtulo m\u00e1s adecuado sigue siendo el de \u2020\u0153evangelio\u2020\u009d, que la Iglesia le atribuy\u00f3 sin vacilaci\u00f3n alguna desde la antig\u00fcedad.<\/p>\n<p>1974<br \/>\nBIBL.: AA.W., L\u2020\u2122\u00e9vanglle de Matthieu (Ca-hiers bibliques Foi et Vie), en \u2020\u0153Foi et Vie\u2020\u009d 78 (1979) n. 3; Bonnard P., Evangelio seg\u00fan san Mateo, Cristiandad, Madrid 1976; Bornkamm G.-Barth G.-HeId H.J., \u00dcberlieferung undAuslegungim Matthausevangelium, Neukirche-, ner Verlag, Neukirchen 19685; Boyer J.M., El Evangelio de san Mateo, CSIC-Balmes, Madrid 1946; Broer 1., Freiheit vom Gesetz und Radikalisierung des Gesetzesnach Matth\u00e1us, Katho-lisches Bibelwerk, Stuttgart 1980; Danieli G., Maneo, Queriniana, Brescia 1980; Didier M. (ed.), L\u2020\u2122Evanglle selon Matthieu. 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Dentro de las cartas paulinas, escritas antes que los Evangelios, s\u00f3lo en G\u00e1l 4, 4 se habla de Mar\u00ed\u00ada. Sin embargo, aqu\u00ed\u00ad se dice ya lo decisivo. Pablo, sin mencionar el nombre, hace una afirmaci\u00f3n sobre el Mes\u00ed\u00adas enunciando algo sobre Ma-r\u00ed\u00ada. \u00abCuando lleg\u00f3 la plenitud del tiempo, envi\u00f3 Dios a su Hijo, nacido de mujer, so-metido a la ley.\u00bb Seg\u00fan este texto, M. es el lugar donde el Hijo de Dios entr\u00f3 en la historia humana. La procedencia de una mujer garantiza contra todas las tendencias espiritualistas la verdadera naturaleza humana y la historicidad del Se\u00f1or crucificado y resucitado que predica Pablo. Naturalmente, cuando comenz\u00f3 a despertarse el inter\u00e9s por la vida y acci\u00f3n de Jes\u00fas antes de su muerte y resurrecci\u00f3n, la madre de Jes\u00fas, inclusa en su vida, desempe\u00f1\u00f3 un papel mayor.<\/p>\n<p>Esta nueva orientaci\u00f3n alcanz\u00f3 su m\u00e1ximo desarrollo en los Evangelios seg\u00fan Mt y Lc, compuestos hacia el a\u00f1o 80, en cuanto estos dos Evangelios narran tambi\u00e9n la concepci\u00f3n y el nacimiento de Jes\u00fas, y no s\u00f3lo, como Mc, escenas de su vida p\u00fablica. Seg\u00fan Mc (3, 20s; 3, 31-35), Evangelio compuesto antes del a\u00f1o 70, los parientes de Jes\u00fas y tambi\u00e9n su madre &#8211; aunque \u00e9sta s\u00f3lo con su presencia en silencio &#8211; intentaron conseguir que Jes\u00fas volviera a su casa, para apartarle de su actividad, que excitaba a las turbas y provocaba su admiraci\u00f3n. Mt (12, 46-50) y Lc (8, 19ss) mitigan lo que en este texto hay de escandaloso para los creyentes en Cristo. Lucas ofrece otra escena de la vida p\u00fablica de Jes\u00fas. Seg\u00fan Lc (11, 18), Jes\u00fas responde a la alabanza que una mujer dirige a su madre: \u00abS\u00ed\u00ad, ciertamente, bienaventurados los que oyen la palabra de Dios y la siguen\u00bb (texto que, sin duda, no ha de formularse as\u00ed\u00ad: \u00abNo, bienaventurados m\u00e1s bien&#8230;\u00bb). A causa de este inter\u00e9s por el comienzo de la vida del Mes\u00ed\u00adas, se configuraron las historias de la infancia en Mt 1-2 y en Lc 1-2. Estas historias en muchos rasgos discrepan entre s\u00ed\u00ad, sobre todo en lo relativo a las genealog\u00ed\u00adas, de suerte que no es posible armonizar sus relatos. Sin duda ambos evangelistas trabajaban a base de corrientes diversas de la tradici\u00f3n. Adem\u00e1s, cada uno persigue una determinada intenci\u00f3n teol\u00f3gica, es decir, expone la materia tradicional bajo una perspectiva teol\u00f3gica. Ambas historias de la infancia ostentan rasgos jud\u00ed\u00ados de la \u00e9poca veterotestamentaria. En Mt cabe reconocer una repercusi\u00f3n de la historia de Mois\u00e9s. El texto de Mt est\u00e1 entretejido con muchas citas veterotestamentarias y se halla compuesto como cumplimiento de las promesas del AT. Tambi\u00e9n en Lc se trasluce el matiz arameo. Las dos narraciones tienen car\u00e1cter popular &#8211; a diferencia de las restantes partes de los Evangelios, se narran particularmente muchas apariciones de \u00e1ngeles -, aunque sin apartarse de su n\u00facleo hist\u00f3rico. As\u00ed\u00ad sabemos que M. es oriunda de Nazaret y est\u00e1 desposada con Jos\u00e9, procedente de la casa de David (Mt 1, 18; Lc 1, 26s). No puede decirse con certeza del texto si tambi\u00e9n M. era descendiente de David. Para que Jes\u00fas pasara jur\u00ed\u00addicamente por hijo de David, bastaba que Jos\u00e9 perteneciera al linaje de David. Antes ya de que M. fuera llevada al hogar para formar la comunidad matrimonial, el \u00e1ngel Gabriel le llev\u00f3 el mensaje (Lc 1, 26ss) de que era la llena de gracia y de que el Se\u00f1or estaba con ella. El \u00e1ngel anuncia la concepci\u00f3n y el nacimiento de un hijo, al que ha de poner por nombre Jes\u00fas. Su maternidad no se fundar\u00e1 en obra de var\u00f3n, sino que ser\u00e1 acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo (Mt 1, 18; Lc 1, 35). El mensaje celeste de que ser\u00e1 madre del Mes\u00ed\u00adas le da ocasi\u00f3n para visitar a su prima<br \/>\nIsabel. En boca de \u00e9sta, de M. misma y tambi\u00e9n de Sime\u00f3n, que saluda al Mes\u00ed\u00adas en el templo, el evangelista pone un himno de acci\u00f3n de gracias y de alabanza, entretejido con elementos veterotestamentarios.<\/p>\n<p>El nacimiento tiene lugar en Bel\u00e9n (Mt 1, 23; 2, 1; Lc 1, 27; 2, 4). Pastores y magos de oriente acuden para adorar al ni\u00f1o. Por raz\u00f3n de las intenciones persecutorias de Herodes, M. tiene que huir desterrada a Egipto. A su vuelta, vive con Jes\u00fas y Jos\u00e9 en Nazaret (Mt 2, 23; Lc 2, 39). De acuerdo con la ley, Jes\u00fas fue circuncidado y presentado en el templo (Lc 2, 21-40). De la infancia de Jes\u00fas s\u00f3lo se narra otra escena: la visita al templo de Jerusal\u00e9n (Lc 2, 41-42). Esta visita es digna de notarse porque Jes\u00fas, sin dar cuenta a sus padres, a la hora del regreso no se une a los restantes peregrinos, sino que permanece en el templo; y cuando aqu\u00e9llos, despu\u00e9s de haberlo buscado con dolor, lo encuentran en el templo, reciben de Jes\u00fas la sorprendente respuesta: \u00ab\u00bfNo sab\u00ed\u00adais que yo tengo que estar en las cosas de mi Padre?\u00bb Como cuenta el evangelista, Maria y Jos\u00e9 no entendieron estas palabras. M., sin embargo, las guard\u00f3 todas con fe en su coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>De la historia de la infancia destaquemos s\u00f3lo una cuesti\u00f3n que se impone. Se refiere al nacimiento y concepci\u00f3n virginal. Desde Agust\u00ed\u00adn (De s. virginitate 4, 4), los te\u00f3logos estaban en general convencidos de que, en virtud de Lc 1, 34, hab\u00ed\u00ada que suponer un voto de virginidad por parte de M. Sin embargo, esta sentencia tradicional ha sido sometida a cr\u00ed\u00adtica en los \u00faltimos tiempos. Los cr\u00ed\u00adticos se preguntan por qu\u00e9 M. se despos\u00f3 si no quer\u00ed\u00ada llevar vida matrimonial; hoy se admite generalmente que M. no tom\u00f3 la decisi\u00f3n de vida virginal hasta el momento de recibir el mensaje celeste. Desde este momento se puso sin reservas y exclusivamente al servicio del designio divino de salvaci\u00f3n. Con esta disposici\u00f3n de \u00e1nimo concibi\u00f3 al Hijo de Dios tanto en su esp\u00ed\u00adritu como en su carne. En esta representaci\u00f3n el Esp\u00ed\u00adritu Santo no es entendido como padre que engendra, sino como fuerza que opera la concepci\u00f3n de Jes\u00fas. La representaci\u00f3n de una generaci\u00f3n sin padre es extra\u00f1a al AT. Tambi\u00e9n se distingue esencialmente de aquellas mitolog\u00ed\u00adas paganas seg\u00fan las cuales un dios se une con una mujer de la tierra y engendra a la manera de un padre terreno. La virginidad en la concepci\u00f3n y el nacimiento de Jes\u00fas ha de considerarse por tanto como una revelaci\u00f3n peculiar del NT. De todos modos, esta verdad revelada est\u00e1 preparada en el AT por aquellas narraciones seg\u00fan las cuales grandes padres o patriarcas nacieron de madres que eran infecundas seg\u00fan todos los c\u00e1lculos humanos (G\u00e9n 18; 1 Sam 1). La promesa del Mes\u00ed\u00adas como autor de la salvaci\u00f3n en Isa\u00ed\u00adas (7, 14) y su nacimiento de una mujer sin duda fueron entendidos ya por los traductores griegos, los LXX, como profec\u00ed\u00ada del nacimiento virginal. En todo caso, ese pasaje de Isa\u00ed\u00adas es interpretado por Mt en este sentido. La tesis de que en estos textos de la historia de la infancia se trata de la audici\u00f3n de una oraci\u00f3n, no hace justicia al sentido literal y pasa por alto lo decisivo.<\/p>\n<p>Si preguntamos por la raz\u00f3n de la concepci\u00f3n virginal de Jes\u00fas, hemos de responder que \u00e9sta de ning\u00fan modo radica en que un padre terreno de Jes\u00fas habr\u00ed\u00ada hecho competencia al Padre del Logos preexistente, ni tampoco en que una concepci\u00f3n matrimonial habr\u00ed\u00ada sido indigna del Hijo eterno de Dios. La raz\u00f3n est\u00e1 en el simbolismo, pues en la concepci\u00f3n y el nacimiento virginales se expresa el poder salvador de Dios y el car\u00e1cter de iniciativa de su acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica, que no est\u00e1 determinada por ninguna obra humana. Una de las m\u00e1s viejas creencias de la Iglesia es que, despu\u00e9s del nacimiento de Jes\u00fas, el \u00abprimog\u00e9nito\u00bb de M. (Lc 1, 7; cf. Mt 1, 25), \u00e9sta, por raz\u00f3n de su total entrega a la misi\u00f3n que Dios le confiaba y, por ende, a Dios mismo, renunci\u00f3 a todo comercio matrimonial con Jos\u00e9. Los \u00abhermanos de Jes\u00fas\u00bb, mencionados varias veces en la Escritura (Mc 3, 31; 6, 3 par; Jn 2, 12; Act 1, 14; 1 Cor 9, 5; G\u00e1l 1, 19), literalmente pueden ser hermanos carnales de Jes\u00fas, pero seg\u00fan el griego b\u00ed\u00adblico tambi\u00e9n pueden ser primos suyos (G\u00e9n 13, 8; 14, 14). La ex\u00e9gesis cat\u00f3lica afirma esto \u00faltimo. Seg\u00fan Mc 6, 3; 15, 40, de hecho Mar\u00ed\u00ada, la madre de los hermanos de Jes\u00fas, es distinta de la madre misma de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Hallamos m\u00e1s noticias en Act y Jn. Seg\u00fan los Act, M. aguardaba en Jerusal\u00e9n juntamente con los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas la venida del Esp\u00ed\u00adritu Santo prometido por Cristo (Act 1, 14). Seg\u00fan Jn, M. asiste a las bodas de Can\u00e1 (Jn 2, 1-11) y pide a Jes\u00fas que saque de apuros a los esposos, a quienes se les ha acabado el vino. Jes\u00fas de momento rechaza la s\u00faplica de su madre, pero luego la cumple. M. aparece aqu\u00ed\u00ad como la se\u00f1ora de su casa. Evidentemente, por el tiempo en que fue redactado Jn, su posici\u00f3n excepcional se hab\u00ed\u00ada impuesto ya plenamente en la Iglesia (R. Bultmann). Hall\u00e1ndose bajo la cruz (Jn 19, 25ss), su hijo moribundo le dice que en adelante mire a Juan como hijo suyo. Y a \u00e9ste le recomienda que mire a M. como a su madre. La peculiaridad simb\u00f3lica de Jn permite pensar que en las palabras de Jes\u00fas, prescindiendo de lo puramente hist\u00f3rico, se expone la relaci\u00f3n entre M. y la Iglesia.<\/p>\n<p>Si en la mujer del Ap est\u00e1 significada M., es una cuesti\u00f3n dificil de responder. Sin duda lo significado all\u00ed\u00ad es en primer t\u00e9rmino Israel y luego la Iglesia misma.<\/p>\n<p>2. En la era postapost\u00f3lica se desenvuelven cada vez con m\u00e1s plenitud los datos de la Escritura. La creencia fundamental es la maternidad de Mar\u00ed\u00ada. Se emplea expresamente, parece que por vez primera en Hip\u00f3lito de Roma (principios del siglo III), la denominaci\u00f3n \u00abla que dio a luz a Dios\u00bb (Deipara). La expresi\u00f3n fue logrando en las luchas cristol\u00f3gicas de los siglos III y IV cada vez mayor claridad, y se impuso de tal forma que en el concilio de Efeso (431) fue tomada como caracter\u00ed\u00adstica de la cristolog\u00ed\u00ada ortodoxa contra el peligro nestoriano de disoluci\u00f3n de la estructura de Jes\u00fas. Con tal expresi\u00f3n se afirmaba la unidad de persona. A la vez se hac\u00ed\u00ada en ella una confesi\u00f3n de la verdadera humanidad de Jes\u00fas (frente a las volatilizaciones gn\u00f3sticas) y de su verdadera divinidad (frente al juda\u00ed\u00adsmo). Al emplear la expresi\u00f3n Deipara se hacia uso del m\u00e9todo de la comunicaci\u00f3n de idiomas. Seg\u00fan este m\u00e9todo, por raz\u00f3n de la unidad de persona en Jes\u00fas, su yo personal es sujeto tanto de la naturaleza divina como de la naturaleza humana que procede de M. por acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Cuando la palabra Deipara fue tergiversada her\u00e9ticamente por los monofisitas, fue sustituida por la expresi\u00f3n \u00abmadre de Dios\u00bb, que estaba preparada ya desde mucho antes. En este t\u00ed\u00adtulo se expresa m\u00e1s fuertemente que en la palabra Deipara que la funci\u00f3n de M. no debe entenderse en sentido meramente fisiol\u00f3gico, sino tambi\u00e9n en sentido espiritual y personal. As\u00ed\u00ad se preparaba la tesis de la maternidad espiritual de M. respecto de todos los creyentes.<\/p>\n<p>M. es entendida por los padres como madre virginal del Se\u00f1or. La virginidad es interpretada por ellos primeramente como virginidad antes del nacimiento de Jes\u00fas (Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada, Justino). Respecto de la virginidad perpetua de Maria no rein\u00f3 unanimidad plena hasta el concilio de Efeso. La integridad en el parto no fue ense\u00f1ada por Tertuliano, Or\u00ed\u00adgenes y Jer\u00f3nimo. La defendieron, en cambio, Ireneo, los ap\u00f3crifos, Clemente de Alejandr\u00ed\u00ada, las Consultationes Zacchaei et Apollonii y Gregorio de Nisa. La virginidad de M. despu\u00e9s del nacimiento de Jes\u00fas, su primog\u00e9nito, fue ense\u00f1ada por Or\u00ed\u00adgenes, Pedro i de Alejandr\u00ed\u00ada, Gregorio de Nisa, Hilario y Jer\u00f3nimo. Basilio no tiene la opini\u00f3n contraria por opuesta a la fe. Los m\u00e1s en\u00e9rgicos defensores de la virginidad de Maria en el parto y despu\u00e9s del parto fueron Juan Cris\u00f3stomo, Efr\u00e9n, Ambrosio y Agust\u00ed\u00adn. La creencia en la virginidad de Mar\u00ed\u00ada pronto pas\u00f3 a ser creencia en su virginidad perpetua. Desde el siglo iv se habla expresamente de la virginidad perpetua. A partir del siglo VII (concilio de Letr\u00e1n del 649) hallamos la f\u00f3rmula seg\u00fan la cual M. fue virgen antes del parto, en el parto y despu\u00e9s del parto.<\/p>\n<p>Result\u00f3 muy fecunda la ant\u00ed\u00adtesis Eva-Mar\u00ed\u00ada, sacada del protoevangelio, la cual fue explicada por Justino y desarrollada m\u00e1s ampliamente por Ireneo. Esta ant\u00ed\u00adtesis domin\u00f3 por mucho tiempo la mariolog\u00ed\u00ada. La infidelidad y desobediencia de Eva trajo la perdici\u00f3n, la fe y obediencia de M. trajo la salvaci\u00f3n. Otra idea patr\u00ed\u00adstica, desarrollada por Ireneo, Hip\u00f3lito, Tertuliano y particularmente Agust\u00ed\u00adn, se refer\u00ed\u00ada a la identificaci\u00f3n de la funci\u00f3n de M. con la de la Iglesia en la historia de la salvaci\u00f3n. La Iglesia seg\u00fan eso es madre de los creyentes en Cristo tanto por raz\u00f3n de predicarles la palabra divina, como por raz\u00f3n del bautismo. M. dio a luz a la cabeza de la Iglesia. La identificaci\u00f3n tuvo por consecuencia que no pocos rasgos de la Iglesia personificada fueron trasladados a M.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de algunas incertidumbres (a causa de Lc 2, 48) y de algunas manifestaciones negativas (Cirilo de Alejandr\u00ed\u00ada) respecto de la santidad de M., por vez primera Pelagio y Agust\u00ed\u00adn ense\u00f1aron una impecabilidad absoluta. Esta doctrina se impuso r\u00e1pidamente hasta llegar a la tesis de la inmaculada concepci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada. En oriente se aproximan a esa tesis Andr\u00e9s de Creta y Juan de Damasco. En occidente durante el primer milenio no se encuentra ning\u00fan testimonio expl\u00ed\u00adcito en favor de la inmaculada concepci\u00f3n de M. Bernardo de Claraval, el ardiente devoto de M., y Tom\u00e1s de Aquino se muestran esc\u00e9pticos. Los te\u00f3logos no pod\u00ed\u00adan armonizar la necesidad universal de redenci\u00f3n con la tesis, que iba ganando terreno, de la concepci\u00f3n sin mancha de M. Guillermo de Ware y Juan Duns Escoto (fines del siglo XIII y comienzos del xiv) desarrollaron en la discusi\u00f3n sobre esta cuesti\u00f3n la idea de que M. fue preservada del pecado original por anticipaci\u00f3n de la futura redenci\u00f3n de Jes\u00fas, mientras que los dem\u00e1s hombres han sido liberados de dicho pecado. Seg\u00fan eso, tambi\u00e9n M. estuvo obligada a la ley del pecado original. Esa ley s\u00f3lo pudo quedar sin efecto en ella en virtud de un designio divino particular. Tambi\u00e9n M. est\u00e1 redimida, pero de \u00abmanera eminente\u00bb. El papa Sixto Iv afirm\u00f3 a este respecto una creencia universal de la cristiandad cat\u00f3lica, y prohibi\u00f3 que partidarios y adversarios de esa doctrina se tacharan con censuras teol\u00f3gicas. El concilio de Trento declar\u00f3 en el decreto de la sesi\u00f3n quinta sobre el pecado original que no era su intenci\u00f3n incluir a M. en la universalidad del pecado original. En el siglo xix hab\u00ed\u00ada madurado hasta tal punto la fe en la inmaculada concepci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada, que, el a\u00f1o 1854, P\u00ed\u00ado IX pudo declararla dogma de fe. La exenci\u00f3n del pecado original tuvo gran alcance para toda la vida religiosa de M. Seg\u00fan la doctrina de la tradici\u00f3n, a M. le fue concedida tambi\u00e9n la integridad preternatural, de la que gozaban los primeros padres antes del pecado. Esto significa que ella pod\u00ed\u00ada integrar en la totalidad de su entrega personal a Dios los movimientos espont\u00e1neos que preceden a toda decisi\u00f3n humana. Lo cual ha de decirse tambi\u00e9n del dolor y de la muerte impuestos a M. Muchas veces se interpreta su muerte como pura extinci\u00f3n de la vida en el amor de Dios. Sin embargo, nada se opone aqu\u00ed\u00ad a que su muerte sea entendida como consecuencia de una enfermedad o de la edad.<\/p>\n<p>En la evoluci\u00f3n dogm\u00e1tica despu\u00e9s de la era patr\u00ed\u00adstica, el hecho de la divina maternidad de M. queda completado por la importancia que se concede a su participaci\u00f3n en la cruz de Jes\u00fas. Aqu\u00ed\u00ad se medita sobre la funci\u00f3n salvadora de su participaci\u00f3n. Como madre del Redentor, ella misma es llamada redentora (desde el siglo IX). Esta palabra se cambia en el siglo xv por el t\u00e9rmino \u00abcorredentora\u00bb. En los siglos XVII y xvill la mariolog\u00ed\u00ada est\u00e1 determinada en alta medida por el sentimiento y la pol\u00e9mica (de Maria numquam satis). Una mariolog\u00ed\u00ada con fundamento patr\u00ed\u00adstico fue iniciada en el siglo xix por J.H. Newman y M.J. Scheeben. Las cuestiones capitales giran en torno a la parte que tuvo M. en la obra redentora. Este problema se concentra en la cuesti\u00f3n sobre la relaci\u00f3n de M. con la Iglesia y de la Iglesia con M. El a\u00f1o 1950 fue definida por P\u00ed\u00ado xxi la asunci\u00f3n corporal de M. al cielo.<\/p>\n<p>3. Si resumimos la doctrina obligatoria que se ha desarrollado en una evoluci\u00f3n lenta y prescindimos de excesivas teolog\u00ed\u00adas y especulaciones, que no pocas veces dan m\u00e1s all\u00e1 del blanco, podemos presentar as\u00ed\u00ad la doctrina de la Iglesia. M. concibi\u00f3 a Jes\u00fas, el Mes\u00ed\u00adas, por obra del Esp\u00ed\u00adritu Santo, sin principio generador humano; y es por tanto verdadera madre de Dios en sentido fisiol\u00f3gico y espiritual. Permaneci\u00f3 virgen en el parto y despu\u00e9s del parto. Los padres de la Iglesia y los te\u00f3logos defienden en general, desde el siglo III, la tesis de que el parto tuvo lugar sin dolor y sin violaci\u00f3n corporal de M. Sin embargo, esta tesis no puede calificarse de dogma. Desde hace poco ha surgido en la teolog\u00ed\u00ada la cuesti\u00f3n, no resuelta por la Iglesia, de si un parto en el sentido ordinario debe necesariamente significar una violaci\u00f3n de la virginidad y si, por otra parte, \u00e9sta no queda suficientemente a salvo suponiendo que en M. el parto del ni\u00f1o no es como en los partos naturales testimonio de anterior uni\u00f3n sexual. Puede decirse que el parto de M. es un acto plenamente personal y humano y est\u00e1 enteramente marcado aun en su realizaci\u00f3n carnal por la gracia de su maternidad, sin que pueda en particular definirse objetivamente qu\u00e9 constituya la virginidad en el parto. Es doctrina constante de la Iglesia desde el principio que M. dio a luz a Jes\u00fas sin detrimento de su integridad y permaneci\u00f3 siempre virgen. Aun cuando no haya a este prop\u00f3sito una definici\u00f3n formal, sino s\u00f3lo declaraciones eclesi\u00e1sticas no infalibles en el marco de las tesis cristol\u00f3gicas (concilio de Letr\u00e1n del 649: DS 504; Constituci\u00f3n de P\u00ed\u00ado iv Cum quorundam de 7-8-1555: DS 1888), sin embargo, la perpetua virginidad de Maria es verdad cierta de la fe de la Iglesia y de su predicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Hay que decir adem\u00e1s que la elecci\u00f3n de M. para madre de Jes\u00fas implic\u00f3 tan alta intensidad de entrega a Dios, que ella fue preservada del pecado original. Su uni\u00f3n con Cristo tuvo como efecto, seg\u00fan el eterno designio de Dios, en su asunci\u00f3n en cuerpo y alma al cielo (Constituci\u00f3n de P\u00ed\u00ado xii de 1-11-1950: Dz 2331-2333), es decir, en la glorificaci\u00f3n de su cuerpo. Sobre este punto no hay testimonio formal de la Escritura. Los testimonios de los padres comienzan en el siglo vi. Sin embargo, la imagen de M. que nos ofrece la Escritura nos da a entender que ella estuvo unida de la manera m\u00e1s estrecha con el Se\u00f1or resucitado. La glorificaci\u00f3n corporal significa la suprema \u00abconfiguraci\u00f3n\u00bb con Jes\u00fas, su Hijo, la cual fue madurando durante su vida. La semejanza comenz\u00f3 en el amor a Dios y desde all\u00ed\u00ad penetr\u00f3 toda la esfera de su existencia. As\u00ed\u00ad vino a ser, como dice P\u00ed\u00ado xii (Constituci\u00f3n Ad caeli reginam de 11-10-1954: DS 3913-3917), la \u00abreina del cielo\u00bb. Con este t\u00ed\u00adtulo que procede del mito, pero est\u00e1 usado en un sentido no m\u00ed\u00adtico, se representa su puesto eminente en el designio divino de salvaci\u00f3n y en el movimiento hist\u00f3rico de la misma. Con el dogma de la glorificaci\u00f3n de M. van unidas importantes cuestiones teol\u00f3gicas generales (relaci\u00f3n cuerpo-alma, visi\u00f3n de Dios y resurrecci\u00f3n de la carne).<\/p>\n<p>4. Si se quieren ordenar en una visi\u00f3n de conjunto los elementos particulares que descuellan en la evoluci\u00f3n hist\u00f3rica, puede decirse que la verdad fundamental es la maternidad virginal de M. De ella se derivan las dem\u00e1s verdades mariol\u00f3gicas, no con una necesidad l\u00f3gica, pero s\u00ed\u00ad con un desarrollo razonado. La gracia fundamental de M. se encarna en cada una de sus acciones dentro de la historia de la salvaci\u00f3n. Sobre el alcance de su papel en esta historia han meditado mucho los te\u00f3logos, desarrollando la doctrina de la divina maternidad, aunque en sus meditaciones han llegado a sentencias muy divergentes. Para la soluci\u00f3n de la cuesti\u00f3n s\u00f3lo puede servir de norma la meditaci\u00f3n serena y la exposici\u00f3n y explicaci\u00f3n teol\u00f3gica del testimonio de la Escritura, tal como nos lo propone la Iglesia. Es sobre todo inadecuado enjuiciar las diversas opiniones desde el punto de vista de un tnaximalismo o de un minimalismo.<\/p>\n<p>La cuesti\u00f3n sobre la participaci\u00f3n de M. en el acontecer de la salvaci\u00f3n se divide en dos aspectos parciales. Primero: \u00bfqu\u00e9 parte tuvo M. en la obra salv\u00ed\u00adfica de Jesucristo? Su participaci\u00f3n en la obra salv\u00ed\u00adfica \u00bffue constitutiva o integrante? Segundo: \u00bfQu\u00e9 parte tiene M. en la aplicaci\u00f3n de la gracia de Cristo a los hombres? \u00bfEs Maria la \u00abmediadora de todas las gracias\u00bb? Sobre estas cuestiones no existe ninguna definici\u00f3n eclesi\u00e1stica, aun cuando en las declaraciones magisteriales de los papas M. es llamada muchas veces \u00abcorredentora\u00bb (R. Graber). P\u00ed\u00ado XII se mostr\u00f3 reservado respecto de los deseos de definir la funci\u00f3n corredentora. El que defienda esta doctrina, debe explicarla de forma que no se niegue ni quede oscurecida la funci\u00f3n de Cristo como mediador \u00fanico, claramente ense\u00f1ada por la Escritura, de forma que toda eventual funci\u00f3n salvadora de M. s\u00f3lo puede ser entendida como una derivaci\u00f3n de la eficacia salvadora de Cristo. En todo caso M. desempe\u00f1a una funci\u00f3n subordinada (Constituci\u00f3n Lumen gentium, n.\u00c2\u00b0 62).<\/p>\n<p>5. El concilio Vaticano ii responde s\u00f3lo con reservas a las cuestiones indicadas. El concilio declara que no es su intenci\u00f3n proponer una doctrina completa sobre M. o decidir cuestiones que todav\u00ed\u00ada no est\u00e1n completamente aclaradas por el trabajo de los te\u00f3logos (ibid., n.\u00c2\u00b0 54). Con relaci\u00f3n a los textos conciliares hay que observar lo que el papa Pablo vi dijo en el discurso de la \u00faltima sesi\u00f3n p\u00fablica del concilio, el 7-12-1965, acerca de la calificaci\u00f3n teol\u00f3gica de las declaraciones conciliares en general. El concilio no ha definido ning\u00fan dogma ni quiso tampoco definirlo (a excepci\u00f3n del car\u00e1cter sacramental de la consagraci\u00f3n episcopal). Esto no significa, sin embargo, que el concilio s\u00f3lo haya querido hablar un lenguaje pastoral y edificante. \u00abLos textos implican, seg\u00fan su respectivo car\u00e1cter literario, una seria exigencia a la conciencia de los cristianos cat\u00f3licos; su pastoral se funda en la doctrina y sus declaraciones doctrinales llevan el sello de la solicitud por los hombres y por la posibilidad de realizar lo cristiano en el mundo actual. En la uni\u00f3n de verdad y amor, de doctrina y solicitud pastoral radica la peculiaridad de la idea pastoral del concilio, que as\u00ed\u00ad precisamente quiso romper la separaci\u00f3n entre pragmatismo y doctrinarismo y volver a la unidad b\u00ed\u00ad blica de ambos, la cual a la postre se funda en Cristo, que es a la vez Logos y pastor: como Logos es pastor y como pastor Logos\u00bb (J. RAIZINGER: LThK Vat I 350).<\/p>\n<p>M. entr\u00f3 en la econom\u00ed\u00ada de la salvaci\u00f3n por su fe. Ella primero concibi\u00f3 por la fe al Hijo de Dios como autor de la salvaci\u00f3n en su coraz\u00f3n, y luego lo concibi\u00f3 en su carne, como dicen a menudo los padres. Por su \u00abs\u00ed\u00ad\u00bb al mensaje divino, M. contribuy\u00f3 a la salvaci\u00f3n de los hombres, de la misma manera que Eva hab\u00ed\u00ada contribuido a su perdici\u00f3n (Lumen gentium, n.0 56). Esto no significa que Dios hiciera depender de M. la realizaci\u00f3n de su designio salvador; significa m\u00e1s bien que los hombres, seg\u00fan el designio eterno de Dios, deben asentir (a su vez por obra de la gracia divina) a su propia salvaci\u00f3n. En M. se concentra el s\u00ed\u00ad de los hombres a Dios y a Cristo como salvador. En su s\u00ed\u00ad creyente, M. recibi\u00f3 la salvaci\u00f3n para todos los hombres. \u00abAs\u00ed\u00ad Mar\u00ed\u00ada&#8230; al abrazar de todo coraz\u00f3n y sin entorpecimiento de pecado alguno la voluntad de Dios, se consagr\u00f3 totalmente como esclava del Se\u00f1or a la persona y a la obra de su Hijo, sirviendo con diligencia al misterio de la redenci\u00f3n con \u00e9l y bajo \u00e9l por la gracia del Dios omnipotente\u00bb (Constituci\u00f3n Lumen gentium, n\u00c2\u00b0 56). La participaci\u00f3n de M. tiene su fundamento en que ella dio la vida al salvador hist\u00f3rico y acompa\u00f1\u00f3 su obra por el amor y la fe hasta la muerte de cruz; pero no se agota en eso. La gracia de Cristo no descansa en s\u00ed\u00ad misma, sino que est\u00e1 ordenada a los hombres. Este hecho es constitutivo, y llama a la aceptaci\u00f3n y apropiaci\u00f3n. Solo ah\u00ed\u00ad acaba el sentido esencial de la obra de Cristo. M. ejecut\u00f3 esta funci\u00f3n de apropiaci\u00f3n la primera y de manera perfecta, pero la ejecut\u00f3, no en un aislamiento individual \u00fanicamente para s\u00ed\u00ad, sino para todos en un esp\u00ed\u00adritu de apertura. Su apropiaci\u00f3n personal de la gracia tiene significaci\u00f3n eclesial. La salvaci\u00f3n de Cristo se realiza concretamente en los sacramentos de la Iglesia, como dice el concilio Vaticano II (ibid., n\u00c2\u00b0 59). La gracia de Cristo est\u00e1 presente y puede alcanzarse en la Iglesia. M.es el primer miembro y, a la vez, el miembro m\u00e1s preclaro de la Iglesia.<\/p>\n<p>Tras la tesis de la trascendencia eclesial de su personal apropiaci\u00f3n de la gracia, se encuentra una determinada interpretaci\u00f3n de la Iglesia que fue desarrollada por Pablo. A saber: la interpretaci\u00f3n de la Iglesia como cuerpo y de Cristo como cabeza; y la interpretaci\u00f3n de la Iglesia como esposa y de Cristo como esposo. Incluso el primer concepto simb\u00f3lico tiene un sentido personal y no naturalista; el segundo tiene un sentido personal en forma totalmente expl\u00ed\u00adcita. Esto significa que la Iglesia como comunidad de los creyentes ha recibido el encargo y la responsabilidad de que la relaci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica con el salvador sea realizada y se mantenga. Ahora bien, M. pronunci\u00f3 este s\u00ed\u00ad ejemplarmente para todos, lo mismo para los que ya pertenecen a la Iglesia como para todos los dem\u00e1s, en cuanto todos est\u00e1n llamados a la Iglesia, es decir, a Cristo. Ser\u00ed\u00ada, sin embargo, una exageraci\u00f3n el intercalar a M. de tal forma que se pusiera en peligro la inmediatez con Cristo y en \u00e9l la inmediatez con Dios. La funci\u00f3n de M. tiene la consecuencia de que la entrega por la fe a Cristo tiene un matiz mariano, pero no la de que se pierda la inmediatez con \u00e9l.<\/p>\n<p>M. es el lugar por donde la gracia de Cristo entr\u00f3 en el mundo, no s\u00f3lo como magnitud objetiva, sino como movimiento de Cristo hacia los hombres. Que ello est\u00e9 implicado en su relaci\u00f3n con Cristo, se ve particularmente claro por el hecho de que M. esper\u00f3 con los disc\u00ed\u00adpulos en Jerusal\u00e9n la venida del Esp\u00ed\u00adritu Santo prometido (Act 1, 14). Mientras que M. no fue invitada a la comida de despedida de Jes\u00fas, su presencia entre los que esperaban la venida del Esp\u00ed\u00adritu Santo es puesta expresamente de relieve. En virtud del mensaje divino ella sab\u00ed\u00ada por propia experiencia qu\u00e9 poder\u00ed\u00ado corresponde al Esp\u00ed\u00adritu. En el Esp\u00ed\u00adritu Jes\u00fas mismo quer\u00ed\u00ada permanecer presente, y permanecer en la comunidad salv\u00ed\u00adfica de la Iglesia. El hecho de que M. estuviera all\u00ed\u00ad, cuando se constitu\u00ed\u00ada la Iglesia en el Esp\u00ed\u00adritu Santo, en el Esp\u00ed\u00adritu de Cristo, tiene importancia para todo el curso hist\u00f3rico.<\/p>\n<p>Al morir M., y sobre todo por raz\u00f3n de su glorificaci\u00f3n corporal, en su existencia celeste permaneci\u00f3 caracterizada para siempre por el papel terreno que hab\u00ed\u00ada representado en la obra salvadora. Su \u00abasunci\u00f3n al cielo\u00bb no significa alejamiento de los hombres, sino la posibilidad de una mayor cercan\u00ed\u00ada personal. M. vive en perenne uni\u00f3n con su Hijo resucitado y con los hermanos y hermanas de \u00e9ste. Pero toda su existencia glorificada ante Dios tiene a la vez car\u00e1cter de alabanza, acci\u00f3n de gracias e intercesi\u00f3n. Lo que ella es, lo es por Cristo. Lo que hace, lo hace por Cristo. El concilio Vaticano xx evita la expresi\u00f3n \u00abmediadora universal de la gracia\u00bb. Pero, con cierta reserva, anuncia la cosa misma; aunque de tal manera que se resalte expresamente la mediaci\u00f3n de Cristo y que toda la acci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada aparezca exclusivamente en la perspectiva de Cristo.<\/p>\n<p>Si, a pesar de todo, se concede importancia a la mediaci\u00f3n de M., con ello se expresa un pensamiento fundamental de la Biblia, a saber, la solidaridad de todos los hombres entre s\u00ed\u00ad. Los hombres reciben la gracia no como individuos o m\u00f3nadas particulares, desvinculados entre s\u00ed\u00ad, sino como seres sociales. El que se hace participe de la gracia, se convierte a su vez en fuente de la misma. La salvaci\u00f3n de uno es fecunda para la salvaci\u00f3n del otro. Lo que cabe decir de cada uno, es v\u00e1lido para M. de manera particularmente intensa y universal. De donde se sigue que la \u00abmediaci\u00f3n\u00bb de M. ha de entenderse en el plano de la solidaridad de todos los hombres necesitados de la gracia, a los que pertenece tambi\u00e9n ella, no en el plano del autor \u00fanico de la gracia (O. Semmelroth). Partiendo de la tesis seg\u00fan la cual M. en su existencia glorificada ejerce una funci\u00f3n de intercesi\u00f3n que es esencial para ella, la cuesti\u00f3n muy discutida de si la funci\u00f3n mediadora de M. tiene un car\u00e1cter sacramental o por el contrario intercesor, aparece como demasiado superficial. Igualmente pierde peso la cuesti\u00f3n sobre la distinci\u00f3n entre la participaci\u00f3n de M. en la redenci\u00f3n objetiva y su participaci\u00f3n en la subjetiva, pues por raz\u00f3n de la ordenaci\u00f3n rec\u00ed\u00adproca no puede distinguirse adecuadamente entre redenci\u00f3n \u00abobjetiva\u00bb y \u00absubjetiva\u00bb. La vida celeste de M. est\u00e1 sellada por la entrega a Cristo y por la solicitud en favor de los hermanos y hermanas de su Hijo, que est\u00e1n todav\u00ed\u00ada peregrinando hacia el Padre. Su existencia es comercio consumado de amor y a la vez solicitud esperanzada.<\/p>\n<p>La funci\u00f3n salvadora de M. determina su relaci\u00f3n con la Iglesia. Ya muy pronto, aunque no se hizo expl\u00ed\u00adcitamente hasta Ambrosio, M. fue entendida como prototipo ejemplar de la Iglesia, que en consecuencia ha sido entendida como imagen de M. (Lumen gentium, n\u00c2\u00ba. 60-65). La ejemplaridad se realiza en la dimensi\u00f3n de la fecundidad maternal y de la integridad virginal. La maternidad de M. respecto de su Hijo Jes\u00fas se extiende en la tradici\u00f3n eclesi\u00e1stica, particularmente en Agust\u00ed\u00adn, a la maternidad espiritual respecto de todos los creyentes. Su virginidad se muestra en la total entrega a Dios. La Iglesia por su parte comunica por la predicaci\u00f3n y el bautismo la salvaci\u00f3n de Cristo. As\u00ed\u00ad da a luz, por la gracia, al Hijo de Dios en los hombres, como dicen concretamente los m\u00ed\u00adsticos medievales. Es virginal en cuanto permanece fiel en la fe, es decir, en la aceptaci\u00f3n amorosa del Dios que se comunica por Cristo. La Iglesia vive pues marianamente, ya que contempla, aprehende y proclama la gracia de Cristo realizada en Mar\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>En el siglo xii, en un escrito atribuido a Ambrosio, Berengario de Tours llam\u00f3 a M. madre no s\u00f3lo de los creyentes congregados en la Iglesia, sino tambi\u00e9n de la Iglesia misma. En una obra an\u00f3nima, procedente de comienzos del siglo XIII, la relaci\u00f3n madre-hijo entre M. y la Iglesia aparece bajo una doble perspectiva. Bajo un aspecto M. es la madre de la Iglesia; y bajo otro punto de vista la Iglesia es madre de M. El concilio Vaticano ii evit\u00f3 el t\u00ed\u00adtulo de \u00abmadre de la Iglesia\u00bb. En cambio, lo emple\u00f3 el papa en la alocuci\u00f3n final al t\u00e9rmino del tercer per\u00ed\u00adodo de sesiones y en el serm\u00f3n que sigui\u00f3 al cierre del concilio en la bas\u00ed\u00adlica de Santa Mar\u00ed\u00ada la Mayor. En la teolog\u00ed\u00ada anterior al concilio la f\u00f3rmula no desempe\u00f1\u00f3 un papel dominante, pero se emple\u00f3 frecuentemente en la predicaci\u00f3n y tambi\u00e9n en la teolog\u00ed\u00ada, sin darle una explicaci\u00f3n precisa. En todo caso se trata de una imagen, de una comparaci\u00f3n, que puede entenderse en un doble sentido, en correspondencia con un doble modo de entender la Iglesia. Cabe interpretar a \u00e9sta como la comunidad que precede a todo individuo. M. tiene con ella la relaci\u00f3n de madre en cuanto dio la existencia y la vida a la cabeza determinante de la comunidad, y adem\u00e1s en cuanto, con su intercesi\u00f3n fecunda, acompa\u00f1a la vida de la comunidad. La Iglesia puede tambi\u00e9n entenderse, aunque menos afortunadamente, como la multiplicidad de los creyentes partitulares jer\u00e1rquicamente ordenada. M. es madre de la Iglesia, entendida preferentemente bajo este aspecto individual, en cuanto aplica a los individuos su fecunda solicitud salv\u00ed\u00adfica (O. SEMMELROTH: LThK Vat I 338ss).<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: Revistas y abundante bibliograf\u00ed\u00ada antigua: LThK2 VII 25-32.<\/p>\n<p>1. B\u00ed\u008dBLICA: F. Ceuppens, De mariologia biblica (R 21951); F. Braun, La m\u00e9re des fideles. Essai de th\u00e9ologie johannique (Tou &#8211; P 1953); M. Dibellus, Jungfrauensohn und Krippenkind: Botschaft und Geschichte I (T 1953) 1-78; G. Delling, xape\u00e9voc: ThW V 824-835; P. Gaechter, M. im Erdenleben (1 31955); R. Laurentin, Structure et th\u00e9ologie de Luc I-II (P 1957) (bibl.), J. Galot, Marie dans l&#8217;\u00e9vangile (P &#8211; Lv 1958); A. Th. Kassing, Die Kirche und M. Ihr Verh\u00e4ltnis im 12. Kap. der Apk (D 1958); K. H. Schelkle, Mar\u00ed\u00ada, madre del Redentor (Herder Ba 1965); F. M. Willam, Vida de Ma-r\u00ed\u00ada (Herder Ba 91967); O. 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Roschini, La mediatrice universale (R 1963); 0. Semmelroth, M.: HThG 1I 111-122; R. Laurentin, La cuesti\u00f3n mariana (Taurus Ma 1964); (P 1963); E. H. Schillebeeckx, Marie, M\u00e9re de la R\u00e9demption (P 1963); M. Thurian, Maria, madre del Se\u00f1or, figura de la Iglesia (Hechos y D Za 21966); P. Rasch, Mariologische Wertungen: ZKTh 85 (1963) 129-161; J. Galot, M\u00e9re de l&#8217;Eglise: NRTh 86 (1964) 1163-85; A. Fries, Zur Mariologie bei M. J. Scheeben: FZThPh 11 (1964) 331-363; H. Grad&#8217;, Maria. La mariologia y el culto a trav\u00e9s de la historia (Herder Ba 1968); G. Philips, Marie et l&#8217;Eglise: Maria VII, ed. H. du Manoir (P 1964) 363-419; M. -J Nicolas, Theotokos. El misterio de Maria (Herder Ba 1968); G. Alastruey, Tratado de la Virgen sant\u00ed\u00adsima (Ma 41966); M. Llamera, Conciencia de su maternidad divina y vida de fe en la virgen Maria, en \u00abCiencia Tomista\u00bb 92 (1965) 569-631; J. M. Cabodevilla, Se\u00f1ora nuestra (Ma 1962); C. 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The Problematic of Mary&#8217;s Vow of Virginity (R 1967); M.-J. Nicolas, Marie, m\u00e9re du sauveur (P 1967); R. Laurentin, Court trait\u00e9 sur la Vierge Marie (P 51968).<\/p>\n<p>Michael Schmaus<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n<p>El papel importante que desempe\u00f1a la madre de Jes\u00fas en la tradici\u00f3n cristiana qued\u00f3 esbozado desde la revelaci\u00f3n escrituraria. Si la primera generaci\u00f3n cristiana centr\u00f3 su inter\u00e9s en el ministerio de Jes\u00fas, desde su bautismo hasta Pascua (Act 1,22; 10,37ss; 13,24ss), fue porque deb\u00ed\u00ada responder a lo m\u00e1s urgente de la misi\u00f3n apost\u00f3lica. Era normal que los relatos sobre la infancia de Jes\u00fas aparecieran s\u00f3lo tard\u00ed\u00adamente; Marcos los ignora, content\u00e1ndose con mencionar s\u00f3lo dos veces a la madre de Jes\u00fas (Mc 3,31-35; 6,3). Mateo los conoce, pero los centra en Jos\u00e9, el descendiente de David que recibe los mensajes celestiales (Mt 1,20s; 2,13. 20.22) y da el nombre de Jes\u00fas al hijo de la Virgen (1,18-25). Con Lucas sale Mar\u00ed\u00ada a plena luz; ella tiene en los or\u00ed\u00adgenes del Evangelio el primer papel con una verdadera personalidad; en los or\u00ed\u00adgenes de la Iglesia ella toma parte con los disc\u00ed\u00adpulos en la oraci\u00f3n del Cen\u00e1culo (Act 1, 14). Finalmente, Juan encuadra la vida de Jes\u00fas entre dos escenas mariales (Jn 2,1-12; 19,25ss): en Can\u00e1, como en el Calvario, define Jes\u00fas con autoridad la funci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada, primero como creyente, luego como madre de sus disc\u00ed\u00adpulos. Esta progresiva toma de conciencia de la misi\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada no debe explicarse sencillamente por motivos psicol\u00f3gicos: refleja una inteligencia cada vez m\u00e1s profunda del misterio mismo de *Jes\u00fas, inseparable de la \u00ab*mujer\u00bb de la que hab\u00ed\u00ada querido nacer (G\u00e1l 4,4). Se pueden reunir en algunos t\u00ed\u00adtulos los datos dispersos en el NT.<\/p>\n<p>I. LA HIJA DE SI\u00ed\u201cN. 1. Mar\u00ed\u00ada aparece en primer lugar semejante a sus contempor\u00e1neas. Como lo atestiguan las inscripciones de la \u00e9poca y las numerosas Mar\u00ed\u00adas del NT, su *nombre, llevado en otro tiempo por la hermana de Mois\u00e9s (Ex 15,20), era corriente en la \u00e9poca de Jes\u00fas. En el arameo de entonces significa probablemente \u00abprincesa\u00bb, \u00abse\u00f1ora\u00bb. Lucas, apoy\u00e1ndose en tradiciones de Palestina, presenta a Mar\u00ed\u00ada como una piadosa mujer jud\u00ed\u00ada, fielmente sumisa a la ley (Lc 2,22.27.39), expresando en los mismos t\u00e9rminos del AT las respuestas que da el mensaje divino (1,38); su Magnificat en particular es una compilaci\u00f3n de salmos y se inspira principalmente en el c\u00e1ntico de Ana (1,46-55; cf. 1Sa 2,1-10).<\/p>\n<p>2. Pero, todav\u00ed\u00ada seg\u00fan Lucas, Mar\u00ed\u00ada no es una mujer jud\u00ed\u00ada cualquiera. En las escenas de la anunciaci\u00f3n y de la visitaci\u00f3n (Lc 1,26-56) presenta a Mar\u00ed\u00ada como la hija de Si\u00f3n, en el sentido que ten\u00ed\u00ada esta expresi\u00f3n en el AT: la personificaci\u00f3n del *pueblo de Dios. El \u00abregoc\u00ed\u00adjate\u00bb del \u00e1ngel (1,28) no es una salutaci\u00f3n corriente, sino evoca las *promesas de la venida del Se\u00f1or a su ciudad santa (Sof 3,14-17; Zac 9,9). El t\u00ed\u00adtulo \u00abllena de gracia\u00bb, o colmada de favor, objeto por excelencia del amor divino, puede evocar a la esposa del Ca\u00f1tar una de las figuras m\u00e1s tradicionales del pueblo elegido. Estos indicios literarios corresponden a la funci\u00f3n que ejerce Mar\u00ed\u00ada en estas escenas: s\u00f3lo ella recibe, en nombre de la *casa de Jacob, el anuncio de la salvaci\u00f3n; ella lo acepta y hace as\u00ed\u00ad posible su cumplimiento. Finalmente, en su Magnificat rebasa pronto su gratitud personal (1,46-49) para prestar su voz a la raza de Abraham con reconocimiento y j\u00fabilo (1,50-55).<\/p>\n<p>II. LA VIRGEN. 1. El hecho de la virginidad de Mar\u00ed\u00ada en la concepci\u00f3n de Jes\u00fas se afirma en dos tradiciones literarias independientes (Lc 1,26-38; Mt 1,18-23). Est\u00e1 confirmado por algunos testigos antiguos de Jn 1,13: \u00abEl, al que ni sangre ni carne, sino Dios engendr\u00f3.\u00bb El hecho est\u00e1, pues, testimoniado s\u00f3lidamente ; su sentido est\u00e1 expresado claramente por Mateo que muestra en \u00e9l el cumplimiento del or\u00e1culo (Is 7,14); Lucas puede referirse tambi\u00e9n a la misma profec\u00ed\u00ada (Lc 1,31s).<\/p>\n<p>2. \u00bfQuiso Mar\u00ed\u00ada esta virginidad? Su matrimonio con Jos\u00e9 exige a primera vista una respuesta negativa. Por otra parte es sabido que Israel no daba gran valor religioso a la *virginidad (Jue 11,37s). Lucas, sin embargo, ofrece otro dato. Al \u00e1ngel que le anuncia su maternidad objeta Mar\u00ed\u00ada: \u00ab\u00bfC\u00f3mo podr\u00e1 ser esto, pues no conozco var\u00f3n?\u00bb (Le 1,34). La frase es el\u00ed\u00adptica y ha recibido no pocas interpretaciones. La m\u00e1s tradicional, sostenida hoy por cr\u00ed\u00adticos exigentes, es \u00e9sta: Mar\u00ed\u00ada es la esposa legal de Jos\u00e9. Si en este matrimonio quiere tener relaciones conyugales normales (que la lengua b\u00ed\u00adblica designa por la palabra \u00ab*conocer\u00bb, p. e., G\u00e9n 4,1), el anuncio de su maternidad no puede crearle ning\u00fan problema. Jos\u00e9 pertenece a la raza de David; su hijo puede ser el Mes\u00ed\u00adas anunciado por el \u00e1ngel. Entonces la pregunta de Mar\u00ed\u00ada carece de sentido. Pero su sustrato sem\u00ed\u00adtico permite otra traducci\u00f3n: \u00abpues no quiero conocer var\u00f3n\u00bb. Indica en la Virgen un prop\u00f3sito de virginidad. Esta decisi\u00f3n es sorprendente por parte de una joven esposa. Pero en la Palestina de entonces no era desusada la virginidad: los datos de los autores antiguos sobre el celibato de los esenios han hallado cierto apoyo en los descubrimientos de Qumr\u00e1n. Por otra parte, la joven que quer\u00ed\u00ada guardar virginidad, dif\u00ed\u00adcilmente pod\u00ed\u00ada rechazar un matrimonio impuesto por su padre. Todo bien mirado, el texto es favorable a la voluntad de virginidad de Mar\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>3. Entonces \u00bfqu\u00e9 sentido da Mar\u00ed\u00ada a esta virginidad? Entre los esenios de entonces el celibato se inspira ante todo en una preocupaci\u00f3n de *pureza legal; significa la abstenci\u00f3n de una contaminaci\u00f3n f\u00ed\u00adsica. Mar\u00ed\u00ada no expresa sus motivos, pero todo lo que Lucas deja entrever de su alma supone motivos m\u00e1s elevados y m\u00e1s positivos de su virginidad. Por medio del \u00e1ngel la trata Dios de \u00abmuy amada\u00bb. Mar\u00ed\u00ada quiere ser su \u00absierva\u00bb, con la nobleza que da a esta palabra la lengua b\u00ed\u00adblica (Le 1,38). Su virginidad parece as\u00ed\u00ad una consagraci\u00f3n, un don de amor exclusivo al Se\u00f1or. Por lo dem\u00e1s, se ve ya esbozada en el AT. En efecto, si bien \u00e9ste ignora la virginidad religiosa, no cesa de exigir el *amor exclusivo de los fieles al Se\u00f1or (Dt 6,5); Mar\u00ed\u00ada, reserv\u00e1ndose enteramente a \u00e9l, responde al llamamiento de los profetas (Oseas, Jerem\u00ed\u00adas, Ezequiel&#8230;), de los salmos (Sal 16; 23; 42; 63; 84) y del Cantar de los cantares.<\/p>\n<p>4. La menci\u00f3n de los \u00abhermanos de Jes\u00fas\u00bb (Me 3,31 p; 6,3 p; Jn 7,3; Act 1,14; lCor 9,5; G\u00e1l 1,19) ha inducido a diversos cr\u00ed\u00adticos suponer que Mar\u00ed\u00ada no hab\u00ed\u00ada guardado l\u00e1 virginidad despu\u00e9s del nacimiento de Jes\u00fas. Esta opini\u00f3n se opone a la voluntad de virginidad de Mar\u00ed\u00ada y est\u00e1 en contradicci\u00f3n con la tradici\u00f3n que no conoci\u00f3 nunca otro hijo de Mar\u00ed\u00ada. En cuanto a la expresi\u00f3n que crea la dificultad, es sabido que en el mundo sem\u00ed\u00adtico se da el nombre de *hermano a los parientes pr\u00f3ximos y a los aliados.<\/p>\n<p>III. LA MADRE. A todos los niveles de la tradici\u00f3n evang\u00e9lica es Mar\u00ed\u00ada ante todo \u00abla madre de Jes\u00fas\u00bb. Diversos textos la designan sencillamente con este t\u00ed\u00adtulo (Mc 3,31s p; Le 2,48; Jn 2,1-12; 19,25s). Con \u00e9l se define toda su funci\u00f3n en la obra de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>1. Esta maternidad es voluntaria. El relato de la anunciaci\u00f3n lo pone claramente de relieve (Lc 1,26-38). Ante la *vocaci\u00f3n inesperada que anuncia el \u00e1ngel a Mar\u00ed\u00ada, la presenta Lucas preocupada por ver claro: \u00bfc\u00f3mo conciliar este nuevo llamamiento de Dios con el llamamiento a la virginidad que ha o\u00ed\u00addo ya anteriormente? El \u00e1ngel le revela que una concepci\u00f3n virginal permitir\u00e1 responder a la vez a los dos llamamientos. Mar\u00ed\u00ada, completamente iluminada, acepta; es la sierva del Se\u00f1or, como fueron sus siervos Abraham, Mois\u00e9s y los profetas; su *servicio, como el de ellos, y todav\u00ed\u00ada m\u00e1s, es libertad.<\/p>\n<p>2. Cuando Mar\u00ed\u00ada da a luz a Jes\u00fas, su quehacer, como el de todas las *madres, no hace sino comenzar. Tiene que educar a Jes\u00fas. Con Jos\u00e9, que comparte sus responsabilidades, lleva al ni\u00f1o al templo para presentarlo al Se\u00f1or, para expresar la oblaci\u00f3n de que todav\u00ed\u00ada es incapaz su conciencia humana. Recibe de Sime\u00f3n, en su lugar, el anuncio de su *misi\u00f3n (Lc 2,29-32.34s). Finalmente, acoge la \u00absumisi\u00f3n\u00bb de que daba prueba para con sus padres durante el tiempo de su *crecimiento (2,51s).<\/p>\n<p>3. Mar\u00ed\u00ada no es menos madre cuando llega Jes\u00fas a la edad adulta. Se halla junto a su hijo en los momentos de separaciones dolorosas (Mc 3,21.31; Jn 19,25ss). Pero su quehacer adopta entonces nueva forma. Lucas y Juan lo dan a entender en las dos etapas mayores del desarrollo de Jes\u00fas. A los doce a\u00f1os, israelita con pleno derecho, proclama Jes\u00fas a sus padres de la tierra que debe ante todo entregarse al culto de su Padre celestial (Lc 2,49). Cuando inicia su misi\u00f3n en Can\u00e1, sus palabras a Mar\u00ed\u00ada: \u00abMuj\u00e9r, d\u00e9jame\u00bb (Jn 2,4) no son tanto las de un hijo cuanto l\u00e1s del responsable del reino; as\u00ed\u00ad reivindica su independencia de enviado de Dios. En adelante la madre desaparece tras la creyente (cf. Mc 3,32-35 p; Le 11,27s).<\/p>\n<p>4. Este desasimiento se consuma en la cruz. Sime\u00f3n, al descubrir a Mar\u00ed\u00ada la suerte de Jes\u00fas, le hab\u00ed\u00ada anunciado la espada que hab\u00ed\u00ada de atravesar su alma y unirla al sacrificio redentor (Le 2,34s). Este consuma su maternidad, como lo muestra Juan en una escena en que cada rasgo es significativo (Jn 19,25ss). Mar\u00ed\u00ada est\u00e1 en pie junto a la cruz. Jes\u00fas le dirige todav\u00ed\u00ada el solemne \u00abmujer\u00bb que indica su autoridad de se\u00f1or del reino. Mostrando a su madre el disc\u00ed\u00adpulo presente: \u00abHe aqu\u00ed\u00ad a tu hijo\u00bb, la llama Jes\u00fas a una nueva maternidad, que en adelante ser\u00e1 su papel en el pueblo de Dios. Quiz\u00e1 quiso Lucas insinuar esta misi\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada en la Iglesia mostr\u00e1ndola en oraci\u00f3n con los doce en espera del Esp\u00ed\u00adritu (Act 1,14); por lo menos esta maternidad universal responde a su idea que vio en Mar\u00ed\u00ada la personificaci\u00f3n del pueblo de Dios, la hija de Si\u00f3n (Lc 1, 26-55).<\/p>\n<p>IV. LA PRIMERA CREYENTE. LOS evangelistas, lejos de hacer consistir la grandeza de Mar\u00ed\u00ada en luces excepcionales, la muestran en su *fe, sometida a las mismas oscuridades, al mismo proceso que el m\u00e1s humilde de los fieles.<\/p>\n<p>1. La revelaci\u00f3n hecha a Mar\u00ed\u00ada. Desde la anunciaci\u00f3n se ofrece Jes\u00fas a Mar\u00ed\u00ada como objeto de su fe, fe que es iluminada por mensajes enraizados en los or\u00e1culos del AT. El ni\u00f1o se llamar\u00e1 *Jes\u00fas, ser\u00e1 hijo del Alt\u00ed\u00adsimo, hijo de David, el *rey de Israel, el Mes\u00ed\u00adas anunciado. En la presentaci\u00f3n en el templo oye Mar\u00ed\u00ada aplicar a su Hijo los or\u00e1culos del siervo de Dios: luz de las naciones y signo de contradicci\u00f3n. A estas pocas palabras expl\u00ed\u00adcitas hay que a\u00f1adir, aunque los textos no lo dicen, que Mar\u00ed\u00ada experimenta en s\u00ed\u00ad misma la vida de un ni\u00f1o que es el Mes\u00ed\u00adas, presencia que se dilata en el silencio y en la pobreza. Y cuando Jes\u00fas habla a su madre, le habla con palabras que tienen el tono abrupto de los or\u00e1culos prof\u00e9ticos; Mar\u00ed\u00ada debe reconocer en ellas la independencia y la autoridad de su hijo, la superioridad de la fe sobre la maternidad carnal.<\/p>\n<p>2. La fidelidad de Mar\u00ed\u00ada. Lucas puso empe\u00f1o en anotar las reacciones de Mar\u00ed\u00ada ante l\u00e1s revelaciones divinas: su turbaci\u00f3n (Le 1,29), su dificultad (1,34), su asombro ante el or\u00e1culo de Sime\u00f3n (2,33), su incomprensi\u00f3n de la palabra de Jes\u00fas en el templo (2,50). En presencia de un *misterio que rebasa todav\u00ed\u00ada su inteligencia, reflexiona sobre el mensaje (1,29; 2,33), piensa sin cesar en el acontecimiento misterioso, conservando sus recuerdos, medit\u00e1ndolos en su coraz\u00f3n (2,19.51).<\/p>\n<p>Atenta a la *palabra de Dios, la acoge, aun cuando trastorne sus proyectos y haya de sumir a Jos\u00e9 en la ansiedad (Mt 1,19s). Sus respuestas a los llamamientos divinos, visitaci\u00f3n, presentaci\u00f3n de Jes\u00fas en el templo, son otros tantos actos por los que Jes\u00fas obra a trav\u00e9s de su madre : santifica al Precursor, se ofrece a su Padre. Mar\u00ed\u00ada, creyente y fiel, lo es en silencio cuando su Hijo entra en la vida p\u00fablica ; y as\u00ed\u00ad permanece hasta la cruz.<\/p>\n<p>3. El Magn\u00ed\u00adficat. En el .c\u00e1ntico de Mar\u00ed\u00ada transmite Lucas una tradici\u00f3n palestinense que conserv\u00f3 no tanto las palabras de Mar\u00ed\u00ada cuanto el sentido de su oraci\u00f3n, modelo de la del pueblo de Dios. Seg\u00fan la forma cl\u00e1sica de un salmo de acci\u00f3n de gracias y sirvi\u00e9ndose de los temas tradicionales del salterio, celebra Mar\u00ed\u00ada un hecho nuevo: el reino est\u00e1 presente. Aqu\u00ed\u00ad se muestra Mar\u00ed\u00ada totalmente al servicio del pueblo de Dios. En ella y por ella se ha anunciado la salvaci\u00f3n, se cumple la promesa; en su propia *pobreza se realiza el misterio de las *bienaventuranzas. La fe de Mar\u00ed\u00ada es la misma del pueblo de Dios: una fe humilde que se ahonda sin cesar a trav\u00e9s de las oscuridades y de las pruebas, por la meditaci\u00f3n de la salvaci\u00f3n, por el servicio generoso que ilumina poco a poco la mirada del fiel (Jn 3,21; 7,17; 8,31s). En raz\u00f3n de esta fe, atenta a guardar la palabra de Dios, Jes\u00fas mismo proclam\u00f3 bienaventurada a la que le hab\u00ed\u00ada llevado en sus entra\u00f1as (Lc 11,27s).<\/p>\n<p>V. MAR\u00ed\u008dA Y LA IGLESIA. 1. La virgen. Mar\u00ed\u00ada, creyente tipo, llamada a la salvaci\u00f3n en la fe por la gracia de Dios, rescatada por el sacrificio de su Hijo como todos los miembros de nuestra raza, ocupa, sin embargo, un puesto aparte en la Iglesia. En ella vemos el misterio de la Iglesia vivido en su plenitud por un alma que acoge la palabra divina con toda su fe. La Iglesia es la *esposa de Cristo (Ef 5,32), una esposa virgen (cf. Ap 21,2), a la que Cristo mismo santific\u00f3 purific\u00e1ndola (Ef 5,25ss). Toda alma cristiana, participando en esta vocaci\u00f3n, \u00abse desposa con Cristo como una virgen pura\u00bb (2Cor 11, 2). Ahora bien, la fidelidad de la Iglesia a este llamamiento divino se transparenta primeramente en Mar\u00ed\u00ada, y esto en la forma m\u00e1s perfecta. Es todo el sentido de la *virginidad, a la que Dios la ha invitado y que su maternidad no ha disminuido, sino consagrado. En ella se revela as\u00ed\u00ad al nivel de la historia la existencia de esta Iglesia Virgen, que con su actitud adopta la posici\u00f3n opuesta a la de Eva (cf. 2Cor 11,3).<\/p>\n<p>2. La Madre. Adem\u00e1s, respecto a Jes\u00fas se halla Mar\u00ed\u00ada en ena situaci\u00f3n especial que no pertenece a ning\u00fan otro miembro de la Iglesia. Es la *madre; es el punto de la humanidad en que se realiza el parto del Hijo de Dios. Esta funci\u00f3n es la que permite asimilarla a la Hija de Si\u00f3n (Sof 3,14; cf. Lc 1,28), a la nueva *Jerusal\u00e9n, en su funci\u00f3n materna. Si la nueva humanidad es comparable a la *mujer, cuyo primog\u00e9nito es Cristo cabeza (Ap 12,5), \u00bfse podr\u00e1 olvidar que tal misterio se cumpli\u00f3 concretamente en Mar\u00ed\u00ada, que esta mujer y esta madre no es un puro s\u00ed\u00admbolo, sino que gracias a Mar\u00ed\u00ada ha tenido una existencia personal? Todav\u00ed\u00ada en este punto, el nexo de Mar\u00ed\u00ada y de la Iglesia se afirma con tal fuerza que, tras la mujer arrebatada por Dios a los ataques de la serpiente (Ap 12,13-16), contrapartida de Eva enga\u00f1ada por la misma serpiente (2Cor 11,3; G\u00e9n 3,13), se perfila Mar\u00ed\u00ada al mismo tiempo que la Iglesia, puesto que tal fue su misi\u00f3n en el designio de la salvaci\u00f3n. Por eso la tradici\u00f3n ha visto con toda raz\u00f3n en Mar\u00ed\u00ada y en la Iglesia, conjuntamente, a la \u00abnueva Eva\u00bb, as\u00ed\u00ad como Jes\u00fas es el \u00abnuevo *Ad\u00e1n\u00bb.<\/p>\n<p>3. El misterio de Mar\u00ed\u00ada. Por esta conexi\u00f3n con el misterio de la Iglesia es como mejor se ilumina el misterio de Mar\u00ed\u00ada, a la luz de la Escritura. El primero revela a las claras lo que en el segundo se vivi\u00f3 en forma oculta. Por los dos lados hay un misterio de virginidad, misterio nupcial en que Dios es el esposo; por los dos lados un misterio de maternidad y de filiaci\u00f3n en que est\u00e1 en acci\u00f3n el Esp\u00ed\u00adritu Santo (Lc 1,35; Mt 1,20; cf. Rom 8,15), primero frente a Cristo (Lc 1,31; Ap 12,5), luego frente a miembros de su cuerpo (Jn 19,26s; Ap 12,17). El misterio de la virginidad implica una pureza total, fruto de ,la gracia de Cristo que afecta al ser en su ra\u00ed\u00adz, haci\u00e9ndolo \u00absanto e inmaculado\u00bb (Ef 5,27): aqu\u00ed\u00ad es donde se manifiesta el sentido de la concepci\u00f3n inmaculada de Mar\u00ed\u00ada. El misterio de la maternidad implica una uni\u00f3n total con el misterio de Jes\u00fas, en su vida terrena hasta la prueba y la cruz (Lc 2,35; Jn 19,25s; cf. Ap 12,13), en su gloria hasta la participaci\u00f3n en su resurrecci\u00f3n (cf. Ap 21): tal es el sentido de la asunci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada. Inmaculada concepci\u00f3n y asunci\u00f3n: estos dos t\u00e9rminos de la vida de Mar\u00ed\u00ada, de los que la Escritura no habla expl\u00ed\u00adcitamente, se transparentan, sin embargo, en su evocaci\u00f3n del misterio de la Iglesia, hasta tal punto que la fe de la Iglesia ha podido descubrirlos. No ya que se trate de elevar a Mar\u00ed\u00ada hasta el nivel de Jes\u00fas, como mediadora junto al mediador&#8230; La que fue \u00abcolmada de gracia\u00bb por parte de Dios (Lc 1,28) se mantiene en el plano de los miembros de la Iglesia, \u00abcolmados de gracia en su amado\u00bb (Ef 1,6). Pero por medio de ella fue como el Hijo de Dios, *mediador \u00fanico, se hizo hermano de todos los hombres y estableci\u00f3 su enlace org\u00e1nico con ellos, as\u00ed\u00ad como tampoco lo alcanzan sin pasar por la Iglesia, que es su cuerpo (Col 1,18). La actitud de los cristianos frente a Mar\u00ed\u00ada est\u00e1 determinada por este hecho fundamental. Por eso esta actitud est\u00e1 en relaci\u00f3n tan estrecha con su actitud frente a la Iglesia, su Madre (cf. Sal 87,5; Jn 19,27).<\/p>\n<p>-> Iglesia &#8211; Mujer &#8211; Madre &#8211; Virginidad.<\/p>\n<p>LEON-DUFOUR, Xavier, Vocabulario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, Herder, Barcelona, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Vocabulario de las Ep\u00edstolas Paulinas<\/b><\/p>\n<p><p style='text-align:justify;'><span lang=ES style=''>Este nombre aparece como <i>Mar\u00eda<\/i> o <i>Mariam<\/i> en el NT, ambas formas helenizadas del nombre heb. Miriam, que aparece en la <span style='text-transform: uppercase'>LXX<\/span> como Mariam (empleado all\u00ed para la hermana de Mois\u00e9s). Existe una tenue posibilidad de que derive del egp. <\/span><span style=''>Mary&#275;<\/span><span lang=ES style=''>, \u2018amada\u2019 (pero v\u00e9ase A. H. Gardiner, <etiqueta id=\"#_ftn304\" name=\"_ftnref304\" title=\"\"><i>JAOS<\/i><\/etiqueta> 56, 1936, pp. 194\u2013197).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>[1. La hija de Amram y Jocabeb, y hermana de Aar\u00f3n y Mois\u00e9s (Nm. 26.59). Se piensa generalmente que fue ella quien vigil\u00f3 al ni\u00f1o Mois\u00e9s en el carrizal, y que propuso a su propia madre como nodriza. El t\u00e9rmino \u201cprofetisa\u201d se utiliz\u00f3 para describirla porque ella dirigi\u00f3 a las mujeres en la m\u00fasica, en las danzas, y en el canto de un himno de alabanza para celebrar el cruce del mar Rojo (Ex. 15.20s).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Mar\u00eda y Aar\u00f3n se rebelaron contra Mois\u00e9s, supuestamente en raz\u00f3n de su casamiento con la mujer cusita, pero en realidad porque estaban celosos de su posici\u00f3n. El juicio divino cay\u00f3 sobre Mar\u00eda y qued\u00f3 leprosa, por lo que Mois\u00e9s intercedi\u00f3 por ella y fue sanada, pero fue excluida del campamento por siete d\u00edas (Nm. 12). Muri\u00f3 en Cades y fue sepultada all\u00ed (Nm. 20.1). En la Biblia no se menciona su casamiento, pero la tradici\u00f3n rab\u00ednica la menciona como esposa de Caleb y madre de Hur.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>2. En su genealog\u00eda el Cronista menciona a una Mar\u00eda entre los hijos de Esdras, de la tribu de Jud\u00e1 (1 Cr. 4.17).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal align=right style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt; text-align:right;line-height:normal'><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><etiqueta id=\"#_ftn305\" name=\"_ftnref305\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt; ;color:green'>M.B.<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><span lang=ES style=''>]<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>En el NT es el nombre de las siguientes personas:<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>3. Mar\u00eda, la madre del Se\u00f1or. Nuestra informaci\u00f3n sobre la madre de Jes\u00fas se limita principalmente a los relatos de su infancia en Mt. y Lc. All\u00ed vemos que cuando se produjo la anunciaci\u00f3n angelical del nacimiento de Jes\u00fas, Mar\u00eda viv\u00eda en Nazaret, Galilea, y estaba comprometida con un carpintero llamado Jos\u00e9 (Lc. 1.26s). Lucas nos dice que Jos\u00e9 era descendiente de David (ibid.), y aunque no se menciona el linaje de Mar\u00eda, es posible que proviniese de la misma l\u00ednea de descendencia, particularmente si, como parece probable, debe trazarse la *genealog\u00eda de Cristo en Lc. 3 a trav\u00e9s de su madre. Se describe la concepci\u00f3n de Jes\u00fas como \u201cdel Esp\u00edritu Santo\u201d (Mt. 1.18; cf. Lc. 1.35), y se nos dice que su nacimiento tuvo lugar en Bel\u00e9n al final del reinado de Herodes el Grande (Mt. 2.1; Lc. 1.5; 2.4). (* <span style='text-transform:uppercase'>Nacimient virginal<\/span>).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Tanto en Mt. 2.23 como en Lc. 2.39 se describe que despu\u00e9s del nacimiento la sagrada familia vivi\u00f3 en Nazaret. S\u00f3lo Mateo menciona la huida a Egipto, donde Jos\u00e9, Mar\u00eda, y el ni\u00f1o se refugiaron de la ira y los celos de Herodes. Lucas narra la visita de Mar\u00eda a su prima Elizabet, quien la salud\u00f3 como \u201cla madre de mi Se\u00f1or\u201d con las palabras \u201cbendita t\u00fa entre las mujeres\u201d (1.42s). Lucas tambi\u00e9n incluye el c\u00e1ntico de alabanza de Mar\u00eda (1.46\u201355, en el que algunos antiguos testigos leen \u201cElisabet\u201d por \u201cMar\u00eda\u201d como el nombre de la persona que habla; * <span style='text-transform:uppercase'>Magnificat<\/span>). Lucas (2.41\u201351) nos da una sola, pero a la vez atractiva, visi\u00f3n de la ni\u00f1ez de Jes\u00fas, y nos transmite las naturales palabras de ansiedad de su madre cuando descubre que su hijo se ha extraviado (v. 48), y la conocida respuesta: \u201c\u00bfNo sab\u00edais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?\u201d (v. 49).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>El resto de las referencias a Mar\u00eda en los evangelios son escasas y relativamente poco informativas. Aparentemente no acompa\u00f1\u00f3 a nuestro Se\u00f1or en sus viajes misioneros, aunque estuvo junto a \u00e9l en las bodas de Can\u00e1 (Jn. 2.1ss). El reproche que le formul\u00f3 Jes\u00fas en esa ocasi\u00f3n, \u201cQu\u00e9 tienes conmigo, mujer?\u201d (v. 4) expresa m\u00e1s sorpresa que dureza (cf. Lc. 2.49, al igual que el tierno uso de la misma palabra <\/span><span style=''>gynai<\/span><span lang=ES style=''>, \u2018mujer\u2019, en Jn. 19.26; v\u00e9ase tambi\u00e9n Mr. 3.31ss, pasaje en el que el Se\u00f1or coloca la fidelidad espiritual por encima de la relaci\u00f3n familiar; con el vv. 35 cf. Lc. 11.27s). Finalmente, encontramos a Mar\u00eda al pie de la cruz (Jn. 19.25), ocasi\u00f3n en que ella y el disc\u00edpulo amado reciben de nuestro Se\u00f1or el encargo de cuidarse mutuamente (vv. 26\u201327). La \u00fanica otra referencia expl\u00edcita a Mar\u00eda en el NT se encuentra en Hch. 1.14, donde se dice que junto con los disc\u00edpulos \u201cperseveraban un\u00e1nimes en oraci\u00f3n y ruego\u201d.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>La breve descripci\u00f3n neotestamentaria de Mar\u00eda y su relaci\u00f3n con nuestro Se\u00f1or dejan muchos huecos en el relato, que las leyendas piadosas no han demorado en llenar. Pero no podemos llevar los registros del evangelio m\u00e1s all\u00e1 de su l\u00edmite hist\u00f3rico, lo cual significa que debemos conformarnos, por lo menos, con contemplar la humildad y la obediencia de Mar\u00eda, y su obvia devoci\u00f3n para con Jes\u00fas. Y dado que era la madre del Hijo de Dios, no podemos decir de ella menos de lo que dijo su prima Elizabet, que es \u201cbendita <i>entre<\/i> las mujeres .<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=';text-transform:uppercase'>Bibliograf\u00eda.<\/span><span lang=ES style=''> \u00b0R. E. Brown, <i>Mar\u00eda en el Nuevo Testamento<\/i>, 1982; S. Benko, <i>Los evang\u00e9licos, los cat\u00f3licos y la virgen Mar\u00eda<\/i>, 1981; A. George, \u201cMar\u00eda\u201d, <i>\u00b0EBDM<\/i>, t(t). IV, cols. 1308\u20131334; H. R. Bertsson, <i>Creemos en Mar\u00eda<\/i>, 1974; B. Schlink, <i>Mar\u00eda, el camino de la madre del Se\u00f1or<\/i>, 1978; K. H. Schelkle, <i>Teolog\u00eda del Nuevo Testamento<\/i>, 1978, t(t). IV, pp. 316\u2013925.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>J. de Satg\u00e9, <i>Mary and the Christian Gospel<\/i>, 1976; R. E. Brown (eds.), <i>Mary<\/i>, 1977; J. McHugh, <i>The Mother of Jesus in the New Testament<\/i>, 1975.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>4. Mar\u00eda, hermana de Marta. Se la menciona por nombre solamente en Lc. y Jn. En Lc. 10.38\u201342 vemos que despu\u00e9s del regreso de los Setenta Jes\u00fas entr\u00f3 en \u201cuna aldea\u201d (posteriormente identificada en Jn. 11.1 como Betania, alrededor de 2 km al E de la cima del monte de los Olivos) en la que *Marta, que ten\u00eda una hermana llamada Mar\u00eda, la recibio en su casa. En el relato subsiguiente el Se\u00f1or reprocha a Marta por quejarse de su hermana Mar\u00eda, que escuchaba su \u201cpalabra\u201d en lugar de ayudarla en el trabajo.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Jn. 11 describe la reuni\u00f3n en Betania entre Jes\u00fas y las hermanas Marta y Mar\u00eda, en ocasi\u00f3n de la muerte de L\u00e1zaro, su hermano. En este caso se describe a Mar\u00eda (v. 2) como la que \u201cungi\u00f3 al Se\u00f1or con perfume y le enjug\u00f3 los pies con sus cabellos\u201d; y despu\u00e9s que Jes\u00fas resucita a L\u00e1zaro (11.43s) leemos casi inmediatamente acerca de dicho ungimiento (12.1ss).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Los cuatro evangelios narran el ungimiento de Jes\u00fas por parte de una mujer (Mt. 26.6\u201313; Mr. 14.3\u20139; Lc. 7.37\u201350; Jn. 12.1\u20138). Lo dif\u00edcil es decidir si estos cuatro relatos se refieren a la misma ocasi\u00f3n, y en caso contrario si intervino m\u00e1s de una mujer. Mateo y Marcos m\u00e1s o menos concuerdan en sus versiones; Lucas difiere ampliamente (en particular cuando ubica el acontecimiento en Galilea durante la prisi\u00f3n de Juan el Bautista, en lugar de Betania poco antes de la muerte de Jes\u00fas); el relato joanino es independiente de los otros tres. Solamente Juan nombra a la mujer; y como ya hemos visto, la identifica claramente como Mar\u00eda, hermana de Marta. S\u00f3lo Lucas a\u00f1ade que la mujer era \u201cpecadora\u201d (7.37); Mateo y Marcos colocan la escena espec\u00edficamente \u201cen la casa de Sim\u00f3n el leproso\u201d; Mateo y Marcos concuerdan, en oposici\u00f3n a Lucas y Juan, en que fue la cabeza y no los pies de Jes\u00fas lo que ungi\u00f3 la mujer.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>De diversas formas se ha tratado de resolver estas diferencias. Se ha sugerido que Lucas describe una ocasi\u00f3n diferente, pero que es la misma mujer la que lleva a cabo el ungimiento. El problema con este punto de vista (que en su mayor parte se adopt\u00f3 en la iglesia latina) es la descripci\u00f3n anterior de \u201cpecadora\u201d para la piadosa Mar\u00eda de Betania. Fue esta atribuci\u00f3n, por cierto, junto con la ausencia de mayor informaci\u00f3n, lo que llev\u00f3 a eruditos medievales a identificar a la mujer pecadora que menciona Lucas con Mar\u00eda Magdalena (para lo cual v\u00e9ase <etiqueta id=\"#_ftn306\" name=\"_ftnref306\" title=\"\">inf. \u201cMar\u00eda Magdalena\u201d), y a la Magdalena misma, por la confusi\u00f3n adicional que hemos hecho notar, con Mar\u00eda de Betania. Y, sin embargo, Juan no pod\u00eda ignorar la identidad real d<\/etiqueta>e las dos Mar\u00edas, o haberse conformado con confundir a sus lectores. En realidad no hay justificaci\u00f3n alguna para identificar a Mar\u00eda de Betania con Mar\u00eda Madalena; y tampoco, por cierto, para asociar a ninguna de las dos con la mujer pecadora de Lc. 7.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>El segundo punto de vista principal es que hubo dos ungimientos de nuestro Se\u00f1or durante su ministerio terrenal, uno de ellos llevado a cabo por una pecadora penitente de Galilea, y el otro por Mar\u00eda de Betania. En este caso la descripci\u00f3n de Mar\u00eda en Jn. 11.2, como la que \u201cungi\u00f3 al Se\u00f1or\u201d, constituye una referencia de probabilidad. La \u00fanica dificultad que surge en relaci\u00f3n con esta opini\u00f3n es la repetici\u00f3n de lo que de otra manera Jes\u00fas evidentemente considera una acci\u00f3n \u00fanica, cuyo car\u00e1cter singular claramente intenta subrayar por medio de su aprobaci\u00f3n (Mt. 26.13; Mr. 14.9). Parecer\u00eda que esta interpretaci\u00f3n es la m\u00e1s satisfactoria de todas, sin embargo, y la que resuelve m\u00e1s problemas que los que plantea. Or\u00edgenes sugiri\u00f3 que por los menos hubo tres ungimientos, en los que tomaron parte ya sea dos o tres personas diferentes. Se ha reconocido la acci\u00f3n de Mar\u00eda como una expresi\u00f3n espont\u00e1nea de devoci\u00f3n a Jes\u00fas, que tanto en su car\u00e1cter como en la oportunidad en que fue realizada anticipa su muerte, y, por lo tanto, est\u00e1 relacionada con ella.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>5. Mar\u00eda Magdalena. Este nombre probablemente deriva de la ciudad galilea de *Magdala. Su aparici\u00f3n anterior al relato de la pasi\u00f3n est\u00e1 limitada a Lc. 8.2, donde vemos que entre las mujeres que hab\u00edan sido curadas de posesi\u00f3n por esp\u00edritus malignos y que acompa\u00f1aron al Se\u00f1or y sus disc\u00edpulos durante su ministerio evangel\u00edstico, se encontraba \u201cMar\u00eda Magdalena, de la que hab\u00edan salido siete demonios\u201d (cf. Mr. 16.9, en el final m\u00e1s largo).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>No es posible, al menos tomando como base los elementos b\u00edblicos, limitar la enfermedad de la que fue curada Mar\u00eda a una sola esfera: f\u00edsica, mental, o moral. Esta es otra raz\u00f3n m\u00e1s para que nos resistamos a identificar a Mar\u00eda Magdalena con la \u201cmujer pecadora\u201d de Lc. 7 (v\u00e9ase <etiqueta id=\"#_ftn307\" name=\"_ftnref307\" title=\"\">sup., bajo <\/etiqueta><b>2<\/b>). Si Lucas hubiera sabido que la Mar\u00eda del cap(s). 8 era la misma persona que la pecadora del cap(s). 7, \u00bfacaso no hubiera hecho expl\u00edcita la relaci\u00f3n?<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Mar\u00eda vuelve a aparecer en la escena de la crucifixi\u00f3n, en compa\u00f1\u00eda de las otras mujeres que fueron con nuestro Se\u00f1or desde Galilea (v\u00e9ase inf., bajo <b>6<\/b>). En el relato joanino de la resurrecci\u00f3n vemos que el Se\u00f1or aparece solamente a Mar\u00eda. La versi\u00f3n de Marcos, con el final m\u00e1s largo, es breve y no est\u00e1 arreglada cronol\u00f3gicamente. Peque\u00f1as diferencias se producen en los relatos de la llegada de las mujeres a la tumba. Mar\u00eda parte junto con las dem\u00e1s (Mt. 28.1; Mr. 16.1), pero aparentemente se adelanta a sus compa\u00f1eras y llega primero a la tumba (Jn. 20.1). Luego le cuenta a Pedro y al disc\u00edpulo amado lo que ha ocurrido (Jn. 20.2), y all\u00ed se le unen las otras mujeres (Lc. 24.10). Vuelve con Pedro y el disc\u00edpulo amado a la tumba, y se queda llorando all\u00ed despu\u00e9s que los dem\u00e1s se han ido (Jn. 20.11). Es entonces cuando ve a los dos \u00e1ngeles (v. 12), y finalmente, al mismo Cristo resucitado (v. 14), quien le dirige su famosa admonici\u00f3n de no tocarlo (v. 17). Resulta claro que la relaci\u00f3n de Mar\u00eda con su Se\u00f1or, despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n, ha de ser de otro tipo, y que habr\u00e1 de continuar en otra dimensi\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>6. Mar\u00eda la madre de Jacobo; \u201cla otra Mar\u00eda\u201d, Mar\u00eda \u201cde *Cleofas\u201d. Es muy probable que estos tres nombres se refieran todos a la misma persona. Mar\u00eda, la madre de Jacobo y Jos\u00e9, aparece junto a Mar\u00eda Magdalena entre las mujeres que acompa\u00f1aron a nuestro Se\u00f1or Jesucristo a Jerusal\u00e9n y estuvieron presentes durante la crucifixi\u00f3n (Mt. 27.55s). Cuando se describe a Mar\u00eda Magdalena y a \u201cla otra Mar\u00eda\u201d inmediatamente despu\u00e9s (v. 61), \u201csentadas delante del sepulcro\u201d luego de haber sido sepultado el Se\u00f1or, parecer\u00eda probable que se trata de una referencia a la misma Mar\u00eda, la madre de Jacobo. Nuevamente aparece \u201cla otra Mar\u00eda\u201d con Mar\u00eda Magdalena en la ma\u00f1ana de la resurrecci\u00f3n (Mt. 28.1).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>De los otros escritores sin\u00f3pticos obtenemos detalles adicionales. Marcos se refiere a ella (15.40) como \u201cMar\u00eda la madre de Jacobo el menor y de Jos\u00e9\u201d, que estaba presente en la crucifixi\u00f3n en compa\u00f1\u00eda de Mar\u00eda Magdalena y Salom\u00e9. En Mr. 15.47 se le llama <\/span><span style=''>Maria h&#275; I&#333;s&#275;tos<\/span><span lang=ES style=''>, y en 16.1 vuelve a aparecer (como \u201cMar\u00eda la madre de Jacobo\u201d), junto con Salom\u00e9 y Mar\u00eda Magdalena, como una de las que llevaron especias a la tumba la ma\u00f1ana de la resurrecci\u00f3n para ungir el cuerpo de Jes\u00fas. Lucas a\u00f1ade (24.10) que Juana, al igual que Mar\u00eda Magdalena y Mar\u00eda la madre de Jacobo, se encontraba entre las mujeres que hab\u00edan presenciado la pasi\u00f3n de Cristo e informaron a los ap\u00f3stoles sobre los hechos de la resurrecci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Juan utiliza el t\u00e9rmino descriptivo <\/span><span style=''>Kl&#333;pa<\/span><span lang=ES style=''> (\u201cde cleofas\u201d) para esta Mar\u00eda cuando anota (19.25) que al pie de la cruz de Jes\u00fas estaban su madre y la hermana de su madre, Mar\u00eda \u201cmujer de Cleofas\u201d, y Mar\u00eda Magdalena. Parecer\u00eda correcto trad. el genitivo <\/span><span style=''>Kl&#333;pa<\/span><span lang=ES style=''> como \u201c(mujer) de Cleofas\u201d, antes que \u201c(hija) de Cleofas\u201d. Si juzgamos, entonces, sobre la base de la lista que ofrece Mr. 15.40, y que ya hemos mencionado, parecer\u00eda bastante claro que Mar\u00eda de Cleofas (con el permiso de Jer\u00f3nimo) es la misma persona que Mar\u00eda de Jacobo. Hegesipo nos dice (v\u00e9ase Eus., <i>HE<\/i> 3.11) que *Cleofas (<\/span><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green; text-transform:uppercase'>\u00b0bj<\/span><span lang=ES style=' '> \u201cClop\u00e1s\u201d) era hermano de Jos\u00e9, el esposo de la virgen Mar\u00eda. (El \u201cCleofas\u201d de Lc. 24.18 es un nombre diferente.)<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>7. Mar\u00eda madre de Marcos. La \u00fanica referencia neotestamentaria a esta Mar\u00eda aparece en Hch. 12.12. Despu\u00e9s que Pedro fue liberado de la prisi\u00f3n (12.6ss), es a su casa en Jerusal\u00e9n, evidentemente lugar de reuni\u00f3n de los cristianos, adonde se dirige primero. Dado que se describe a *Marcos como primo de Bernab\u00e9 (Col. 4.10), evidentemente Bernab\u00e9 era sobrino de Mar\u00eda.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>8. La Mar\u00eda a quien Pablo mand\u00f3 saludos. Su nombre aparece entre las 24 personas cuya lista podemos ver en Ro. 16, a los que Pablo env\u00eda salutaciones (v. 6). All\u00ed se la describe como una \u201cque ha trabajado mucho\u201d en (o para) la iglesia. Aparte de esto nada conocemos de ella.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal align=right style='text-align:right;line-height:normal'><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><etiqueta id=\"#_ftn308\" name=\"_ftnref308\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt; ;color:green'>S.S.S.<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;'>Douglas, J. (2000). Nuevo diccionario Biblico : Primera Edicion. Miami: Sociedades B\u00edblicas Unidas.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico<\/b><\/p>\n<p>\n      La Bienaventurada  Virgen Mar\u00eda es la madre de Jesucristo, la madre de Dios.  En general, la teolog\u00eda y la historia de Mar\u00eda, la Madre de Dios, siguen el orden cronol\u00f3gico de sus fuentes respectivas, es decir, el Antiguo Testamento, el Nuevo Testamento, los primeros cristianos y los testigos jud\u00edos.<\/p>\n<h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 MAR\u00cdA EN EL ANTIGUO TESTAMENTO\n<ul>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-2\">1.1 Profec\u00edas<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-3\">1.2 Tipos y figuras de Mar\u00eda en el Antiguo Testamento<\/li>\n<\/ul>\n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-4\">2 MAR\u00cdA EN EL NUEVO TESTAMENTO\n<ul>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-5\">2.1 Mar\u00eda en los Evangelios\n<ul>\n<li class=\"toclevel-3 tocsection-6\">2.1.1 Mar\u00eda antes del Nacimiento de Jes\u00fas<\/li>\n<li class=\"toclevel-3 tocsection-7\">2.1.2 Mar\u00eda durante la vida oculta de Nuestro Se\u00f1or<\/li>\n<li class=\"toclevel-3 tocsection-8\">2.1.3 Mar\u00eda durante la vida p\u00fablica de Jes\u00fas<\/li>\n<li class=\"toclevel-3 tocsection-9\">2.1.4 Mar\u00eda despu\u00e9s de la Resurrecci\u00f3n de Nuestro Se\u00f1or<\/li>\n<\/ul>\n<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-10\">2.2 Mar\u00eda en otros Libros del Nuevo Testamento<\/li>\n<\/ul>\n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-11\">3 MAR\u00cdA EN LOS PRIMEROS DOCUMENTOS CRISTIANOS<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-12\">4 VIDA DE MAR\u00cdA DESPU\u00c9S DE  PENTECOST\u00c9S<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-13\">5 ACTITUD DE LOS PRIMEROS CRISTIANOS HACIA LA MADRE DE DIOS<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-14\">6 Notas<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-15\">7 Enlaces internos<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-16\">8 Dogmas Marianos<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-17\">9 Papas<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-18\">10 Oraciones Marianas<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-19\">11 Coraz\u00f3n de Mar\u00eda Coraz\u00f3n de la Iglesia<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-20\">12 Cantos e himnos a la Virgen Mar\u00eda  en christusrex<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-21\">13 Punto de Vista de Alejandro Berm\u00fadez, Director de Aci Prensa y del Grupo ACI<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-22\">14 Mar\u00eda en la Divina Liturgia Ortodoxa<\/li>\n<\/ul>\n<h2>MAR\u00cdA EN EL ANTIGUO TESTAMENTO<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Antiguo Testamento se refiere a Nuestra Se\u00f1ora tanto en sus profec\u00edas como en sus   tipos o figuras.\n<\/p>\n<h3>Profec\u00edas<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>G\u00e9nesis 3,15<\/b>:  La primera profec\u00eda referente a Mar\u00eda se encuentra en el mismo comienzo del Libro del G\u00e9nesis:  \u201cEnemistad pondr\u00e9 entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje; \u00e9l te pisar\u00e1 la cabeza mientras acechas t\u00fa su calca\u00f1ar.\u201d Esta versi\u00f3n parece diferir en dos aspectos del  texto hebreo original:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(1) En primer lugar, el texto hebreo emplea el mismo verbo para las dos variantes \u00abella te aplastar\u00e1\u00bb y \u00abt\u00fa estar\u00e1s al acecho\u00bb; los  Setenta traduce el verbo en ambos casos por terein, estar al acecho; Aquila,  S\u00edmaco y los traductores  sirios y  samaritanos traducen el verbo  hebreo por expresiones que significan aplastar, magullar; la Itala traduce el terein utilizado en los Setenta con el t\u00e9rmino  latino servare, vigilar; San Jer\u00f3nimo [1] afirma que el verbo hebreo tiene el significado de \u201caplastar\u201d o \u201cmagullar en lugar de \u201cestar al acecho\u201d, \u201cvigilar\u201d.   Sin embargo en su propia obra, que se convirti\u00f3 en la  Vulgata latina, el  santo emplea el t\u00e9rmino \u00abaplastar\u00bb (conterere|) en el primer lugar, y \u00abestar al acecho\u00bb (insidiari) en el segundo. Por tanto el castigo infligido a la  serpiente y la venganza de \u00e9sta est\u00e1n expresadas con el mismo verbo: pero la herida sufrida por la serpiente es mortal, ya que afecta a su cabeza, mientras que la herida causada por ella no es mortal, ya que es infligida en el tal\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(2) El segundo punto de diferencia entre el texto hebreo y nuestra versi\u00f3n se refiere al agente que va a infligir la herida mortal a la serpiente: nuestra versi\u00f3n coincide con el texto actual de la Vulgata en traducir \u00abella\u00bb (ipsa) que se refiere a la mujer, mientras que el texto hebreo traduce hu\u00b4 (autos, ipse) que se refiere a la descendencia de la mujer.  Seg\u00fan nuestra versi\u00f3n y la traducci\u00f3n de la Vulgata, ser\u00e1 la mujer quien obtenga la victoria; seg\u00fan el texto hebreo, ella vencer\u00e1 a trav\u00e9s de su descendencia. Es en este sentido en el que la  Bula \u00bb Ineffabilis\u00bb le atribuye la victoria a Nuestra Se\u00f1ora.  La variante \u00abella\u00bb (ipsa) no es ni una corrupci\u00f3n intencionada del texto original ni un error accidental, sino que es una versi\u00f3n explicativa que expresa expl\u00edcitamente el hecho de la participaci\u00f3n de Nuestra Se\u00f1ora en la victoria sobre la serpiente, que est\u00e1 contenida impl\u00edcitamente en el original hebreo.  La fuerza de la  tradici\u00f3n  cristiana referente a la participaci\u00f3n de Mar\u00eda en esta victoria puede deducirse del hecho de que San Jer\u00f3nimo mantuviera \u00abella\u00bb en su versi\u00f3n a pesar de su familiaridad con el texto original y con la traducci\u00f3n \u00ab\u00e9l\u00bb (ipse) en la antigua versi\u00f3n latina.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dado que se admite com\u00fanmente que el juicio divino se dirige no tanto contra la serpiente como contra el causante del pecado, la descendencia de la serpiente hace referencia a los seguidores de la serpiente, la \u00abprogenie de v\u00edboras\u00bb, la \u00abgeneraci\u00f3n de v\u00edboras\u00bb, aquellos cuyo padre es el diablo, los hijos del mal, imitando, non nascendo ( Agust\u00edn) [2].  Uno puede sentir la tentaci\u00f3n de comprender la descendencia de la mujer en un sentido colectivo an\u00e1logo, que abarca a todos los nacidos de Dios.  Pero descendencia puede denotar no s\u00f3lo a una persona en particular, sino que generalmente tiene dicho significado, si el contexto lo permite.  San Pablo ( G\u00e1l. 3,16) da esta explicaci\u00f3n de la palabra \u00abdescendencia\u00bb tal como aparece en las promesas de los patriarcas: \u00abLas promesas se le hicieron a Abraham y a su descendencia.  El no dijo, a sus descendientes, como muchos; sino como uno, a su descendencia, el cual es  Cristo.\u201d  Finalmente la expresi\u00f3n \u00abla mujer\u00bb en la frase \u00abPondr\u00e9 enemistad entre ti y la mujer\u00bb es una traducci\u00f3n literal del texto hebreo.  La \u201cGram\u00e1tica Hebrea\u201d de Gesenius-Kautzsch [3] establece la norma: es un rasgo peculiar del hebreo el uso del art\u00edculo para indicar una persona o cosa todav\u00eda desconocida o que todav\u00eda est\u00e1 por describir con claridad, ya se encuentre presente o tenga que considerarse bajo las condiciones del contexto.  Dado que nuestro art\u00edculo indefinido cumple este prop\u00f3sito, se podr\u00eda traducir: \u00abPondr\u00e9 enemistad entre ti y una mujer\u00bb.  Por tanto la profec\u00eda promete una mujer, Nuestra Se\u00f1ora, que ser\u00e1 la enemiga de la serpiente en un grado sobresaliente; adem\u00e1s, la misma mujer saldr\u00e1 vencedora sobre el diablo, al menos a trav\u00e9s de su descendencia.   Se enfatiza la plenitud de la victoria con la frase contextual \u00abcomer\u00e1s tierra\u00bb, que es, seg\u00fan Winckler [4], una expresi\u00f3n oriental antigua y com\u00fan que denota la m\u00e1xima humillaci\u00f3n [5].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Isa\u00edas 7,1,17<\/b>:  La segunda profec\u00eda referente a Mar\u00eda se encuentra en Isa\u00edas 7,1-17.  Los cr\u00edticos se han empe\u00f1ado en representar este pasaje como una combinaci\u00f3n de sucesos y palabras de la vida del  profeta escritos por un autor desconocido [6].  La credibilidad del contenido no resulta necesariamente afectada por esta teor\u00eda, ya que las tradiciones prof\u00e9ticas pueden quedar registradas por cualquier escritor sin perder por ello su credibilidad.  Pero incluso Duhm considera la teor\u00eda como un intento aparente por parte de los cr\u00edticos de averiguar hasta d\u00f3nde est\u00e1n dispuestos a aguantar pacientemente los lectores; opina que es una verdadera desgracia para la  cr\u00edtica en cuanto tal el que haya encontrado un mero compendio en un pasaje que describe tan gr\u00e1ficamente la hora del nacimiento de la fe.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Seg\u00fan 2  Reyes 16,1-4, y 2  Cr\u00f3n. 27,1-8, Ajaz, que comenz\u00f3 su reinado en el 736 a.C., profesaba abiertamente la idolatr\u00eda, de forma que Dios lo dej\u00f3 a merced de los reyes de Siria e  Israel.  Al parecer se hab\u00eda establecido una alianza entre Pecaj, rey de Israel, y Ras\u00edn, rey de Damasco, con el prop\u00f3sito de ofrecer resistencia a las agresiones  asirias.  Ajaz, quien apreciaba las inclinaciones asirias, no se uni\u00f3 a la coalici\u00f3n; los aliados invadieron su territorio, con la intenci\u00f3n de sustituir a Ajaz por un gobernante m\u00e1s complaciente, un cierto hijo de Tabeel. Mientras Ras\u00edn estaba ocupado en reconquistar la ciudad costera de Elat, Pecaj procedi\u00f3 en solitario contra Jud\u00e1, \u00abpero no pudieron prevalecer\u00bb.    Una vez Elat hubo ca\u00eddo, Ras\u00edn uni\u00f3 sus fuerzas a las de Pecaj; \u00abSiria y Efra\u00edm se hab\u00edan confederado\u00bb y \u00abtembl\u00f3 su coraz\u00f3n (de Ajaz) y el coraz\u00f3n del pueblo, como tiemblan los \u00e1rboles del monte a impulsos del viento\u00bb.  Hab\u00eda que hacer preparativos inmediatos para un asedio prolongado, y Ajaz se encontraba intensamente ocupado en las proximidades de la  piscina superior, de la cual recib\u00eda la ciudad la mayor parte de su suministro de agua.  De ah\u00ed que Dios le diga a Isa\u00edas: \u00abSal luego al encuentro de Ajaz &#8230; al final del ca\u00f1o de la alberca superior\u00bb. El encargo del profeta es de naturaleza extremadamente consoladora: \u00abMira bien no te inquietes, no temas nada y ten firme coraz\u00f3n ante esos dos cabos de tizones humeantes\u00bb. El plan de los enemigos no tendr\u00e1 \u00e9xito: \u00abno aguantar\u00e1 y esto no suceder\u00e1\u00bb. \u00bfCu\u00e1l ser\u00e1 el destino concreto de los enemigos?\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2022 Siria no ganar\u00e1 nada, permanecer\u00e1 como hab\u00eda estado en el pasado: \u00bb la cabeza de Siria es Damasco, y la cabeza de Damasco es Ras\u00edn.\u00bb<br \/>\n\u2022 Efra\u00edm tambi\u00e9n permanecer\u00e1 en el futuro inmediato como hab\u00eda estado hasta ese momento: \u00abla cabeza de Efra\u00edm es Samaria, y la cabeza de Samaria el hijo de Romelia\u00bb; pero al cabo de sesenta y cinco a\u00f1os ser\u00e1 destruida, \u00bb dentro de sesenta y cinco a\u00f1os Efra\u00edm habr\u00e1 dejado de ser pueblo\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ajaz hab\u00eda abandonado al Se\u00f1or por Moloc, y hab\u00eda depositado su confianza en una alianza con Asiria; de ah\u00ed la profec\u00eda condicional referente a Jud\u00e1 \u00absi no  crees, no continuar\u00e1s\u00bb.  Inmediatamente sigue la prueba de fe:  \u00abPide para ti una se\u00f1al de Yahveh tu Dios, en lo profundo del seol o en lo m\u00e1s alto.\u201d  Ajaz responde con hipocres\u00eda: \u00abNo la pedir\u00e9, no tentar\u00e9 a Yahveh\u201d, neg\u00e1ndose as\u00ed a expresar su fe en Dios y prefiriendo la pol\u00edtica asiria.  El rey prefiere a Asiria antes que a Dios, y Asiria vendr\u00e1 sobre \u00e9l: \u00abYahveh atraer\u00e1 sobre ti y sobre tu pueblo y sobre la casa de tu padre, d\u00edas cuales no hubo desde aquel en que se apart\u00f3 Efra\u00edn de Jud\u00e1 (el rey de Asur)\u00bb.  La casa de David hab\u00eda ofendido no s\u00f3lo a los hombres, sino tambi\u00e9n a Dios con su incredulidad; por ello, \u00abno continuar\u00e1\u00bb, y, por una iron\u00eda del castigo divino, ser\u00e1 destruida por aquellas mismas gentes a las que prefiri\u00f3 antes que a Dios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, las  promesas  mesi\u00e1nicas generales hechas a la casa de David no pueden frustrarse: \u00abEl Se\u00f1or mismo va a daros una se\u00f1al. He aqu\u00ed que una  doncella est\u00e1 encinta y va a dar a luz un hijo, y le pondr\u00e1 por nombre Emmanuel.  Cuajada y miel comer\u00e1 hasta que sepa rehusar lo malo y elegir lo  bueno.  Porque antes que sepa el ni\u00f1o rehusar lo malo y elegir lo bueno, ser\u00e1 abandonado el territorio cuyos dos reyes te dan miedo.\u201d  Dejando de lado una serie de preguntas relacionadas con la explicaci\u00f3n de la profec\u00eda, debemos limitarnos aqu\u00ed a la prueba evidente de que la virgen mencionada por el  profeta es Mar\u00eda, la Madre de  Cristo.  La argumentaci\u00f3n se basa en las premisas de que la virgen mencionada por el profeta es la madre de Emmanuel, y que Emmanuel es Cristo. La relaci\u00f3n de la virgen con Emmanuel est\u00e1 claramente expresada en las palabras  inspiradas; las mismas indican, asimismo, la identidad de Emmanuel con Cristo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La relaci\u00f3n de Emmanuel con la se\u00f1al divina extraordinaria que iba a ser concedida a Ajaz nos predispone a ver en la criatura alguien m\u00e1s que un ni\u00f1o corriente. En 8:8, el profeta le atribuye la propiedad de la tierra de Jud\u00e1: \u00abY la envergadura de sus alas abarcar\u00e1 la anchura de tu tierra, Emmanuel.\u00bb  En 9:6, se dice que el gobierno de la casa de David descansa sobre su hombro, y se le describe como dotado de cualidades superiores a las  humanas: \u00abPorque una criatura nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. Estar\u00e1 el se\u00f1or\u00edo sobre su hombro, y se llamar\u00e1 \u2018Maravilla de Consejero\u2019, \u2018Dios Fuerte\u2019, \u2018Siempre Padre\u2019, \u2018Pr\u00edncipe de la Paz\u2019\u00bb.   Finalmente, el profeta llama a Emmanuel \u00abv\u00e1stago del tronco de Jes\u00e9\u00bb, dotado con \u00abel  Esp\u00edritu del Se\u00f1or, esp\u00edritu de sabidur\u00eda e inteligencia, esp\u00edritu de consejo y fortaleza, esp\u00edritu de ciencia y temor de Dios\u00bb; su venida ir\u00e1 seguida de los signos generales de la era mesi\u00e1nica, y los que queden del  pueblo escogido ser\u00e1n de nuevo el pueblo de Dios (11,1-16).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cualquier oscuridad o ambig\u00fcedad que pudiera haber en el texto prof\u00e9tico mismo es eliminada por  San Mateo (1,18-25). Despu\u00e9s de narrar la duda de San Jos\u00e9 y la reafirmaci\u00f3n del  \u00e1ngel de que \u00ablo concebido en ella es obra del Esp\u00edritu Santo\u00bb, el evangelista contin\u00faa: \u00abTodo esto se sucedi\u00f3 para que se cumpliese el or\u00e1culo del  Se\u00f1or por medio del profeta: \u2018Ved que la virgen concebir\u00e1 y dar\u00e1 a luz un hijo, y le pondr\u00e1n por nombre Emmanuel\u2019\u00bb.   No es  necesario que repitamos la explicaci\u00f3n del pasaje dada por  comentaristas cat\u00f3licos que responden a las objeciones presentadas contra el significado obvio del evangelista.  Podemos deducir de todo esto que en la profec\u00eda de Isa\u00edas se menciona a Mar\u00eda como la madre de Jesucristo; a la luz de la referencia a la profec\u00eda hecha por San Mateo, se puede a\u00f1adir que \u00e9sta predijo tambi\u00e9n la virginidad de Mar\u00eda, intacta por la concepci\u00f3n de Emmanuel [7].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Miqueas 5,2,3<\/b>:  Una tercera profec\u00eda referente a Nuestra Se\u00f1ora se encuentra en Miqueas 5,2-3: \u00abMas t\u00fa, Bel\u00e9n Efrat\u00e1, aunque eres la menor entre las familias de Jud\u00e1, de ti me ha de salir aquel que ha de dominar en  Israel, y cuyos or\u00edgenes son de antig\u00fcedad, desde los d\u00edas de  anta\u00f1o.  Por eso \u00c9l los abandonar\u00e1 hasta el tiempo en que d\u00e9 a luz la que ha de dar a luz.  Entonces el resto de sus hermanos volver\u00e1 a los hijos de Israel\u00bb.  Aunque el  profeta (cerca de 750-660 a.C.) fue contempor\u00e1neo de Isa\u00edas, su actividad prof\u00e9tica comenz\u00f3 un poco m\u00e1s tarde y finaliz\u00f3 un poco antes que la de Isa\u00edas. No cabe ninguna duda de que los  jud\u00edos consideraban que las predicciones anteriores se refer\u00edan al Mes\u00edas.  Seg\u00fan San Mateo (2,6), cuando Herodes pregunt\u00f3 a los  sumos sacerdotes y escribas d\u00f3nde iba a nacer el Mes\u00edas, le respondieron con las palabras de la profec\u00eda, \u00abY t\u00fa Bel\u00e9n, tierra de Jud\u00e1\u2026\u00bb   De acuerdo a  San Juan (7,42), el populacho jud\u00edo reunido en Jerusal\u00e9n para la celebraci\u00f3n de la fiesta formul\u00f3 la pregunta ret\u00f3rica: \u00ab\u00bfNo dice la Escritura que el  Cristo vendr\u00e1 de la descendencia de  David y de Bel\u00e9n, del pueblo de donde era David?\u00bb.   La par\u00e1frasis caldea de Miqueas 5,2 confirma la misma opini\u00f3n: \u00abDe ti me saldr\u00e1 el Mes\u00edas, que se\u00f1orear\u00e1 en Israel\u00bb. Las mismas palabras de la profec\u00eda no admiten pr\u00e1cticamente otra explicaci\u00f3n; pues \u00absus or\u00edgenes son del comienzo, desde los d\u00edas de la eternidad\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mas, \u00bfc\u00f3mo se refiere la profec\u00eda a la  Virgen Mar\u00eda?  Se denota a Nuestra Se\u00f1ora con la frase \u00abhasta el tiempo en que la que ha de parir parir\u00e1\u00bb.  Es  cierto  que \u00abla que ha de parir\u00bb se ha atribuido tambi\u00e9n a la Iglesia (San Jer\u00f3nimo, Teodoreto), o al grupo de gentiles que se unieron a Cristo (Ribera,  Mariana), o tambi\u00e9n a Babilonia ( Calmet); pero, por una parte, no hay apenas relaci\u00f3n suficiente entre ninguno de estos sucesos y el  redentor prometido; por otra parte, si el profeta se hubiese referido a cualquiera de estos eventos, el pasaje deber\u00eda decir \u00abhasta el tiempo en que la que es est\u00e9ril parir\u00e1\u00bb.  \u201cLa que ha de parir\u201d tampoco puede referirse a Si\u00f3n:  a Si\u00f3n se le menciona sin  figura antes y despu\u00e9s de este pasaje, de modo que no se puede esperar que el profeta recurra de repente a un lenguaje figurado.  Mas a\u00fan, si se explica as\u00ed la profec\u00eda, no tendr\u00eda un sentido satisfactorio.  Las frases contextuales \u00abel se\u00f1or de Israel\u00bb, \u00absus or\u00edgenes\u00bb, que en hebreo implica nacimiento, y \u00absus hermanos\u00bb hacen referencia a un  individuo, no a una naci\u00f3n; de ello se deduce que el parto debe referirse a esa misma persona.  Se ha mostrado que la persona que gobernar\u00e1 es el Mes\u00edas; por ello, \u00abla que ha de parir\u00bb debe referirse a la madre de Cristo, Nuestra Se\u00f1ora.  As\u00ed explicado, todo el pasaje aparece claro: el Mes\u00edas ha de nacer en Bel\u00e9n, un pueblo insignificante de Jud\u00e1; su familia debe estar reducida a la pobreza y la oscuridad antes del momento de su nacimiento; como esto no puede suceder si la teocracia permanece intacta, si la casa de David contin\u00faa floreciendo, \u00abpor ello los entregar\u00e1 hasta el tiempo en que la que ha de parir parir\u00e1\u00bb al Mes\u00edas. [8]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Jerem\u00edas 31,22<\/b>:  Una cuarta profec\u00eda referente a Mar\u00eda se encuentra en Jerem\u00edas 31,22: \u00abPues ha creado Yahveh una novedad en la tierra: la  Mujer ronda al Var\u00f3n\u201d.   El texto del  profeta Jerem\u00edas le ofrece no pocas dificultades para el int\u00e9rprete  cient\u00edfico; nosotros seguiremos la versi\u00f3n de la  Vulgata del original  hebreo. Pero incluso esta traducci\u00f3n ha sido explicada de muchas formas diferentes: Rosenmuller y muchos int\u00e9rpretes  protestantes conservadores defienden la versi\u00f3n \u00abuna mujer proteger\u00e1 a un hombre\u00bb, mas tal argumento dif\u00edcilmente podr\u00eda inducir a los hombres de  Israel a retornar a Dios.  La explicaci\u00f3n \u00abuna mujer buscar\u00e1 a un hombre\u00bb apenas concuerda con el texto; adem\u00e1s, tal inversi\u00f3n del orden natural es presentada en Isa\u00edas 4,1 como una se\u00f1al de la m\u00e1s absoluta cat\u00e1strofe.  La versi\u00f3n de Ewald \u00abuna mujer se convertir\u00e1 en un hombre\u00bb es muy poco fiel al texto original.   Otros  comentaristas ven en la mujer un  tipo de la sinagoga o de la Iglesia, en el hombre un tipo de Dios, de modo que explican que la profec\u00eda significa \u00abDios morar\u00e1 de nuevo en medio de la sinagoga (del pueblo de Israel)\u00bb o \u00abla Iglesia proteger\u00e1 la tierra con sus  valientes hombres\u00bb.  Pero el  texto hebreo dif\u00edcilmente evoca ese significado; adem\u00e1s, esa explicaci\u00f3n convertir\u00eda ese pasaje en una tautolog\u00eda: \u00abIsrael retornar\u00e1 a su Dios, ya que Israel  amar\u00e1 a su Dios\u00bb. Algunos autores recientes traducen el original hebreo por: \u00abDios crea algo nuevo sobre la tierra: la mujer (esposa) retorna al hombre (su marido)\u00bb.  Seg\u00fan la  Ley antigua (Deut. 24,1-4; Jerem\u00edas 3,1), el marido no pod\u00eda volver a aceptar a su mujer una vez que la hab\u00eda repudiado; pero el Se\u00f1or introducir\u00e1 una novedad al permitir a la mujer infiel, o lo que es lo mismo, es decir, la naci\u00f3n culpable, volver a la amistad con Dios.  Esta explicaci\u00f3n se basa en una correcci\u00f3n aventurada del texto; adem\u00e1s, no implica necesariamente el significado mesi\u00e1nico que se espera del pasaje.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los  Padres  griegos siguen generalmente la Versi\u00f3n de los Setenta, \u00abEl Se\u00f1or ha creado salvaci\u00f3n en una nueva plantaci\u00f3n, los hombres caminar\u00e1n seguros\u00bb; mas San Atanasio [9] combina la versi\u00f3n de Aquila dos veces \u00abDios ha creado algo nuevo en la mujer\u00bb con la de los Setenta, diciendo que la nueva plantaci\u00f3n es Jesucristo, y que lo nuevo creado en la mujer es el cuerpo del Se\u00f1or, concebido dentro de la  virgen sin la participaci\u00f3n del hombre.  Tambi\u00e9n San Jer\u00f3nimo [10] entiende el texto prof\u00e9tico de la virgen que concibe al Mes\u00edas. Esta explicaci\u00f3n del pasaje concuerda con el texto y con el contexto.  Como el  Verbo Encarnado posey\u00f3 desde el primer instante de su concepci\u00f3n todas sus perfecciones, exceptuando aquellas relacionadas con su desarrollo corporal, es correcto afirmar que su madre \u00ababarcar\u00e1 a un hombre\u00bb.  No es necesario se\u00f1alar que en una criatura reci\u00e9n concebida tal condici\u00f3n es llamada correctamente, \u00abalgo nuevo sobre la tierra\u00bb.  El contexto de la profec\u00eda describe, despu\u00e9s de una breve introducci\u00f3n general (30,1-3), la futura libertad de Israel y la restauraci\u00f3n en cuatro estrofas: 30,4-11.12-22; 30,23; 31,14.15-26; las tres primeras estrofas terminan con la esperanza del tiempo mesi\u00e1nico.  Deber\u00eda esperarse que la cuarta estrofa tuviese tambi\u00e9n un final similar. Adem\u00e1s, la profec\u00eda de Jerem\u00edas, pronunciada alrededor del 589 a.C. y entendida en el sentido que se acaba de explicar, concuerda con las expectativas mesi\u00e1nicas contempor\u00e1neas basadas en Isa\u00edas 7,14; 9,6; Miqueas 5,3.  Seg\u00fan Jerem\u00edas, la madre de Cristo se diferencia de las otras madres en que su Hijo, incluso cuando a\u00fan est\u00e1 en su vientre, tiene todas las propiedades que constituyen la verdadera naturaleza humana [11]. El Antiguo Testamento se refiere indirectamente a Mar\u00eda en aquellas profec\u00edas que predicen la Encarnaci\u00f3n del  Verbo de Dios.\n<\/p>\n<h3>Tipos y figuras de Mar\u00eda en el Antiguo Testamento<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para estar seguros del significado de un  tipo, este significado debe ser  revelado, es decir, debe habernos sido transmitido a trav\u00e9s de la  Sagrada Escritura o de la  tradici\u00f3n.  Algunos escritores  piadosos han desarrollado numerosas analog\u00edas entre ciertos datos del Antiguo Testamento y los datos correspondientes del  Nuevo; sin embargo, por muy ingeniosas que estas evoluciones puedan ser, realmente no prueban que Dios tuviera de hecho la intenci\u00f3n de transmitir las verdades correspondientes en el texto  inspirados del Antiguo Testamento.  Por otra parte, debe tenerse presente que no todas las verdades contenidas ya sea en las Escrituras o en la tradici\u00f3n han sido expl\u00edcitamente propuestas a los fieles como materias de creencia por  definici\u00f3n expresa de la Iglesia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De acuerdo con el principio \u00abLex orandi est lex credenti\u00bb debemos tratar al menos con reverencia las innumerables sugerencias contenidas en la liturgia y  oraciones oficiales de la Iglesia.  De esta forma es como debemos considerar muchos de los tratamientos otorgados a Nuestra Se\u00f1ora en su  letan\u00eda y en el \u00abAve maris stella\u00bb.  Las ant\u00edfonas y responsorios que se hallan en los  Oficios que se recitan en las diversas  fiestas de Nuestra Se\u00f1ora sugieren un n\u00famero de  tipos de Mar\u00eda que dif\u00edcilmente hubieran sido mostrados con tanta viveza de otra manera a los ministros de la Iglesia.  La tercera ant\u00edfona de laudes de la Fiesta de la Circuncisi\u00f3n contempla en \u00abla zarza que arde sin consumirse\u00bb (\u00c9xodo 3,2) la  figura de Mar\u00eda en la concepci\u00f3n de su  Hijo sin perder su virginidad.  La segunda ant\u00edfona de laudes del mismo Oficio contempla en el vell\u00f3n de lana de Gede\u00f3n, h\u00famedo por el roc\u00edo mientras que la tierra a su alrededor hab\u00eda permanecido seca (Jueces 6.37-38), un tipo de Mar\u00eda recibiendo en su vientre  al Verbo Encarnado [12].  El  Oficio de la Virgen le aplica a Mar\u00eda muchos de los pasajes referentes a la esposa  en el Cantar de los Cantares [13] y tambi\u00e9n los referentes a la sabidur\u00eda  en el Libro de los Proverbios 8,22-31 [14].  Un \u00abjard\u00edn cerrado, una fuente sellada\u00bb mencionado en Cantares 4,12 aplicado a Mar\u00eda es s\u00f3lo un ejemplo concreto de todo lo referido anteriormente [15]. Adem\u00e1s, Sara, D\u00e9bora, Judit y Ester son utilizadas variamente como tipos de Mar\u00eda; el Arca de la Alianza, sobre la que se manifiesta la misma presencia de Dios, es utilizada como la figura de Mar\u00eda llevando al Verbo Encarnado en su vientre. Pero es especialmente Eva, la madre de todos los vivientes (G\u00e9n. 3,20), la que es considerada como un tipo de Mar\u00eda, que es la madre de todos los vivientes en el orden de la gracia [16].\n<\/p>\n<h2>MAR\u00cdA EN EL NUEVO TESTAMENTO<\/h2>\n<h3>Mar\u00eda en los Evangelios<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">El lector de los Evangelios se queda al principio sorprendido al encontrar tan poco sobre Mar\u00eda; pero esta oscuridad de Mar\u00eda en los Evangelios ha sido estudiada exhaustivamente por San Pedro Canisio [17], Auguste Nicolas [18], el Cardenal  Newman [19] y el muy reverendo J. Spencer Northcote [20]. En el comentario al \u00abMagn\u00edficat\u00bb publicado en 1518, incluso  Lutero expresa su creencia de que los Evangelios alaban suficientemente a Mar\u00eda al llamarla (ocho veces) la Madre de  Jes\u00fas. En los siguientes p\u00e1rrafos agruparemos brevemente lo que se  conoce de la vida de Nuestra Se\u00f1ora antes del nacimiento de su divino Hijo, durante la vida oculta de Nuestro Se\u00f1or, durante su vida p\u00fablica y despu\u00e9s de su  Resurrecci\u00f3n.\n<\/p>\n<p>Mar\u00eda antes del Nacimiento de Jes\u00fas<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Su ascendencia dav\u00eddica:<\/b>   San Lucas (2,4) narra que San Jos\u00e9 subi\u00f3 desde Nazaret a Bel\u00e9n para empadronarse, \u00abpor ser \u00e9l de la casa y de la familia de David\u00bb. Como si quisiera eliminar cualquier duda respecto a la ascendencia dav\u00eddica de Mar\u00eda, el evangelista (1,32.69) afirma que al ni\u00f1o nacido de Mar\u00eda sin intervenci\u00f3n de  var\u00f3n le ser\u00e1 otorgado \u00abel trono de David, su padre\u00bb, y que el Se\u00f1or Dios ha \u00ablevantado en favor nuestro un cuerno de salvaci\u00f3n en la casa de David, su siervo\u00bb. [21]  San Pablo tambi\u00e9n da fe de que Jesucristo \u00abnacido del linaje de David seg\u00fan la carne \u00bb (Rom. 1,3).   Si Mar\u00eda no hubiera sido descendiente de David, su  Hijo concebido por el Esp\u00edritu Santo no hubiera podido considerarse \u00abde la descendencia de David\u00bb.  Por ello los  comentaristas nos dicen que en el texto \u00abAl sexto mes fue enviado por Dios el  \u00e1ngel  Gabriel&#8230; a una  virgen  desposada con un var\u00f3n de nombre Jos\u00e9, de la casa de David\u00bb (Lucas 1,26-27);  la \u00faltima frase \u00abde la casa de David\u00bb no se refiere a Jos\u00e9, sino a la doncella virgen que es el personaje principal de la narraci\u00f3n; as\u00ed tenemos un testimonio  inspirado directo de la ascendencia dav\u00eddica de Mar\u00eda [22].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mientras que los comentaristas generalmente est\u00e1n de acuerdo en que la  genealog\u00eda que se encuentra al comienzo del  primer Evangelio es la de San Jos\u00e9, Annius de Viterbo propone su opini\u00f3n, a la que ya se refiri\u00f3  San Agust\u00edn, de que la genealog\u00eda de San Lucas describe la ascendencia de Mar\u00eda.  El texto del tercer Evangelio (3,23) puede explicarse de forma que Hel\u00ed sea el padre de Mar\u00eda:  \u00abJes\u00fas&#8230; era, seg\u00fan se cre\u00eda, hijo de Jos\u00e9, hijo de Hel\u00ed\u00bb [23].  En estas explicaciones el nombre de Mar\u00eda no se menciona expl\u00edcitamente, pero va impl\u00edcito; ya que Jes\u00fas es el hijo de Hel\u00ed a trav\u00e9s de Mar\u00eda.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Sus padres<\/b>:   Aunque pocos comentaristas est\u00e1n de acuerdo con esta opini\u00f3n acerca de la genealog\u00eda de San Lucas, el nombre del padre de Mar\u00eda, Hel\u00ed, coincide con el nombre dado al padre de Nuestra Se\u00f1ora en una  tradici\u00f3n basada en la narraci\u00f3n del Protoevangelio de Santiago, un  Evangelio ap\u00f3crifo que data de finales del siglo II.  Seg\u00fan este documento, los padres de Mar\u00eda eran  Joaqu\u00edn y  Ana. Ahora bien, el nombre de Joachim es s\u00f3lo una variante de Heli o Eliachim, sustituyendo un nombre divino (Yahveh) por otro (El\u00ed, Elohim).  La tradici\u00f3n en lo que respecta a los padres de Mar\u00eda, seg\u00fan el Evangelio de Santiago, es reproducida por San Juan Damasceno [24], San Gregorio de Nisa [25], San Germ\u00e1n de Constantinopla [26], Pseudo-Epifanio [27], pseudo-Hilario [28] y San Fulberto de Chartres [29].  Algunos de estos escritores a\u00f1aden que el nacimiento de Mar\u00eda se consigui\u00f3 gracias a las fervientes  oraciones de Joaqu\u00edn y Ana cuando ya ten\u00edan una edad avanzada. As\u00ed como Joaqu\u00edn pertenec\u00eda a la familia real de David, tambi\u00e9n se supone que Ana era descendiente de la familia sacerdotal de Aar\u00f3n; por ello,  Cristo, el Eterno Rey y  Sacerdote, descend\u00eda de una familia real y sacerdotal [30].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>El pueblo natal de los padres de Mar\u00eda<\/b>:   Seg\u00fan  San Lucas 1,26, Mar\u00eda viv\u00eda en Nazaret, una ciudad de Galilea en el momento de la Anunciaci\u00f3n.  Cierta tradici\u00f3n afirma que fue  concebida y naci\u00f3 en la misma casa en la que  el Verbo se hizo  carne [31].  Otra tradici\u00f3n, basada en el Evangelio de Santiago, considera a  S\u00e9foris como la primera casa de Joaqu\u00edn y Ana, aunque se dice que despu\u00e9s vivieron en Jerusal\u00e9n, en una casa a la que San Sofronio de Jerusal\u00e9n llama Probatica [32].  El nombre Prob\u00e1tica probablemente proced\u00eda de la cercan\u00eda del santuario a la  piscina llamad Prob\u00e1tica o Betzaida en  Juan 5,2.  Aqu\u00ed fue donde naci\u00f3 Mar\u00eda. Alrededor de un siglo despu\u00e9s, sobre el 750 d.C., San Juan Damasceno [33] afirma de nuevo que Mar\u00eda naci\u00f3 en Prob\u00e1tica.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se dice que ya en el siglo V la emperatriz Eudoxia construy\u00f3 una  iglesia en el lugar en que naci\u00f3 Mar\u00eda, y donde sus padres vivieron en su ancianidad. La actual iglesia de Santa Ana se encuentra a una distancia de menos de 100 pies de la piscina Prob\u00e1tica.  El 18 de marzo de 1889 se descubri\u00f3 una cripta que contiene el alegado lugar de la tumba de Santa Ana.  Probablemente ese lugar fue en su origen un jard\u00edn en el que Joaqu\u00edn y Ana recibieron sepultura.  En su \u00e9poca todav\u00eda estaba situado fuera de los muros de la ciudad, a unos 400 pies al norte del  Templo. Otra cripta cercana a la tumba de Sta. Ana se cree que es el lugar donde naci\u00f3 la Bienaventurada  Virgen; por ello, en los primeros tiempos a esa iglesia se le llam\u00f3 Santa Mar\u00eda de la Natividad [34].  En el torrente Cedr\u00f3n, cerca de la carretera que lleva a la Iglesia de la Asunci\u00f3n, hay un peque\u00f1o santuario que contiene dos altares, que se cree que est\u00e1n edificados sobre las tumbas de San Joaqu\u00edn y Santa Ana; sin embargo, estos sepulcros pertenecen a la \u00e9poca de las Cruzadas [35]. Tambi\u00e9n en S\u00e9foris los cruzados reemplazaron un antiguo santuario situado sobre la legendaria casa de San Joaqu\u00edn y Santa Ana por una gran iglesia. Despu\u00e9s de 1788 parte de esta iglesia fue restaurada por los Padres  Franciscanos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Su Inmaculada Concepci\u00f3n<\/b>:   Vea el articulo Inmaculada Concepci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>El nacimiento de Mar\u00eda:<\/b>  En lo referente al lugar de nacimiento de Nuestra Se\u00f1ora, existen tres  tradiciones diferentes que hay que considerar.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Primero, se ha situado el acontecimiento en Bel\u00e9n. Esta opini\u00f3n se basa en la autoridad de los siguientes testigos: aparece expresada en un documento titulado \u00abDe nativ. S. Mariae\u00bb [36] incluido a continuaci\u00f3n de las obras de San Jer\u00f3nimo; es una suposici\u00f3n m\u00e1s o menos vaga del Peregrino de Piacenza, llamado err\u00f3neamente Antonino  M\u00e1rtir, que escribi\u00f3 alrededor del 580 d.C. [37]; finalmente, los Papas  Pablo II (1471),  Julio II (1507),  Le\u00f3n X (1519),  Pablo III (1535),  P\u00edo IV (1565),  Sixto V (1586) e  Inocencio XII (1698) en sus  Bulas referentes a la Santa Casa de Loreto afirman que la Bienaventurada Virgen naci\u00f3, fue  educada y recibi\u00f3 la visita del  \u00e1ngel en la Santa Casa. Sin embargo, estos pont\u00edfices no deseaban en realidad decidir sobre una cuesti\u00f3n hist\u00f3rica; ellos simplemente expresan las opiniones de sus \u00e9pocas respectivas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una segunda tradici\u00f3n situaba el nacimiento de Nuestra Se\u00f1ora en  S\u00e9foris, a unas tres millas al norte de Bel\u00e9n, la Diocesarea romana, y la residencia de Herodes Antipas hasta bien entrada la  vida de Nuestro Se\u00f1or.  La antig\u00fcedad de esta opini\u00f3n puede deducirse por el hecho de que bajo el reinado de  Constantino se erigi\u00f3 en S\u00e9foris una iglesia para conmemorar la residencia de  Joaqu\u00edn y  Ana en dicho lugar [38]. San Epifanio habla de este santuario [39]. Pero esto s\u00f3lo demuestra que Nuestra Se\u00f1ora debi\u00f3 vivir durante alg\u00fan tiempo en S\u00e9foris con sus padres, sin que por ello tengamos que  creer que naci\u00f3 all\u00ed.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La tercera tradici\u00f3n, la de que Mar\u00eda naci\u00f3 en Jerusal\u00e9n, es la m\u00e1s probable de las tres. Hemos visto que se basa en el testimonio de San Sofronio, de San Juan Damasceno y sobre la evidencia de hallazgos recientes en la Prob\u00e1tica.  La Fiesta de la Natividad de la Sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda no se celebr\u00f3 en Roma hasta cerca de fines del siglo VII; pero dos  sermones hallados entre los escritos de San Andr\u00e9s de Creta (m. 680) implican la existencia de esta fiesta, y nos hacen suponer que fue introducida en una  fecha anterior en algunas otras  iglesias [40].  En 1799, el d\u00e9cimo canon del  S\u00ednodo de Salzburgo se\u00f1ala cuatro  fiestas en honor de la Madre de Dios: la  Purificaci\u00f3n (2 de febrero), la  Anunciaci\u00f3n (25 de marzo), la  Asunci\u00f3n (15 de agosto) y la Natividad (8 de septiembre).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>La presentaci\u00f3n de Mar\u00eda:<\/b>  Seg\u00fan \u00c9xodo 13,2 y 13,12, todo primog\u00e9nito  hebreo deb\u00eda ser presentado en el  Templo. Dicha ley llevar\u00eda a los padres  jud\u00edos  piadosos a observar el mismo rito religioso con otros hijos favoritos. Ello hace suponer que Joaqu\u00edn y Ana presentaron a su hija en el Templo, la cual obtuvieron tras largas y fervientes  oraciones.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En cuanto a Mar\u00eda,  San Lucas (1,34) nos dice que respondi\u00f3 al  \u00e1ngel que le anunciaba el nacimiento de Jesucristo: \u00abc\u00f3mo podr\u00e1 ser esto, pues yo no conozco var\u00f3n\u00bb. Estas palabras dif\u00edcilmente pueden ser entendidas, a menos que supongamos que Mar\u00eda hab\u00eda hecho  voto de virginidad; pues cuando las pronunci\u00f3 estaba  desposada con San Jos\u00e9 [41]. La ocasi\u00f3n m\u00e1s adecuada para tal voto fue su presentaci\u00f3n en el Templo. Del mismo modo que algunos  Padres admiten que las facultades de San Juan Bautista fueron desarrolladas prematuramente por una intervenci\u00f3n especial del poder de Dios, se puede admitir la existencia de una gracia similar para con la hija de Joaqu\u00edn y Ana [42].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero lo que se ha dicho no supera la certeza de las conjeturas piadosas anteriormente probables.  La consideraci\u00f3n de que  Nuestro Se\u00f1or no pudo haberle negado a su bendita Madre cualquier favor que dependiera exclusivamente de su magnificencia, no tiene un valor mayor que el de un argumento a priori. La certeza sobre esta cuesti\u00f3n debe depender de testimonios externos y de las  ense\u00f1anzas de la Iglesia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ahora bien, el Protoevangelio de Santiago (7-8) y el documento titulado \u00abDe nativit. Mariae\u00bb (7-8), [43] afirman que Joaqu\u00edn y Ana, cumpliendo un voto que hab\u00edan hecho, presentaron a la peque\u00f1a Mar\u00eda en el Templo cuando ten\u00eda tres a\u00f1os de edad; que la criatura subi\u00f3 sola los escalones del Templo, y que hizo su voto de virginidad en dicha ocasi\u00f3n.  San Gregorio de Nisa [44] y San Germ\u00e1n de Constantinopla [45] aceptaron este testimonio, que tambi\u00e9n fue seguido por pseudo-Gregorio Nacianceno en su \u00abChristus patiens\u00bb [46]. Adem\u00e1s, la Iglesia celebra la  Fiesta de la Presentaci\u00f3n, aunque no especifica a qu\u00e9 edad fue presentada la peque\u00f1a Mar\u00eda en el Templo, cu\u00e1ndo hizo su voto de virginidad y cu\u00e1les fueron los  dones sobrenaturales y naturales especiales que Dios le concedi\u00f3.  La fiesta es mencionada por primera vez en un documento de Manuel Commeno, en 1166; desde Constantinopla, la fiesta debi\u00f3 ser introducida en la  Iglesia Occidental, donde la podemos hallar en la corte papal de Avi\u00f1\u00f3n en 1371; alrededor de un siglo m\u00e1s tarde, el Papa Sixto IV introdujo el  Oficio de la Presentaci\u00f3n, y en 1585 el Papa Sixto V extendi\u00f3 la Fiesta de la Presentaci\u00f3n a toda la Iglesia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Sus esponsales con Jos\u00e9:<\/b>  Los escritos ap\u00f3crifos a los que nos hemos referido en el p\u00e1rrafo anterior afirman que Mar\u00eda permaneci\u00f3 en el  Templo despu\u00e9s de su presentaci\u00f3n para ser  educada con otros ni\u00f1os jud\u00edos. All\u00ed ella disfrut\u00f3 de  visiones  ext\u00e1ticas y visitas diarias de los  santos \u00e1ngeles.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando ella hubo cumplido los catorce a\u00f1os, el sumo sacerdote quer\u00eda enviarla a casa para que contrajera  matrimonio. Mar\u00eda le record\u00f3 su  voto de virginidad, y confundido, el sumo sacerdote consult\u00f3 al Se\u00f1or. Entonces llam\u00f3 a todos los hombres j\u00f3venes de la familia de David y prometi\u00f3 a Mar\u00eda en matrimonio a aquel cuya vara reto\u00f1ara y se convirtiera en el lugar de descanso del Esp\u00edritu Santo en forma de paloma.  Jos\u00e9 fue el agraciado en este proceso extraordinario.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hemos visto ya que San Gregorio de Nisa, San Germ\u00e1n de Constantinopla y pseudo-Gregorio Nacianceno parecen admitir estas  leyendas. Adem\u00e1s, el emperador Justiniano I permiti\u00f3 que se construyera una bas\u00edlica en la plataforma del antiguo templo, en memoria de la estancia de Nuestra Se\u00f1ora en el santuario; la  iglesia fue llamada la Nueva Santa Mar\u00eda, para distinguirla de la Iglesia de la Natividad. Se cree que es la moderna mezquita de Al-Aqsa [47].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por otra parte, la Iglesia no se pronuncia en lo que respecta a la estancia de Mar\u00eda en el Templo. San Ambrosio [48], cuando describe la vida de Mar\u00eda antes de la Anunciaci\u00f3n, supone expresamente que viv\u00eda en la casa de sus padres.  Todas las descripciones del Templo  jud\u00edo que puedan reclamar alg\u00fan valor  cient\u00edfico nos dejan  a oscuras en cuanto a la existencia de lugares en los que pudieran haber recibido su educaci\u00f3n las muchachas j\u00f3venes.  La estancia de Jo\u00e1s en el Templo hasta la edad de siete a\u00f1os no apoya la suposici\u00f3n de que las chicas j\u00f3venes fueran educadas dentro del recinto sagrado, ya que Jo\u00e1s era el rey, y fue  obligado por las circunstancias a permanecer en el Templo (cf. 2  Reyes 11,3).  La alusi\u00f3n de 2  Macabeos 3,19, cuando dice \u00ablas j\u00f3venes que estaban recluidas\u00bb no demuestra que ninguna de ellas fuera retenida en los edificios del Templo. Si se dice que la  profetisa Ana ( Lucas 2,37) que \u00abno se apartaba del Templo, sirviendo con ayunos y  oraciones noche y d\u00eda\u00bb, nosotros no suponemos que ella viviera de hecho en una de las habitaciones del Templo. [49] Como la casa de  Joaqu\u00edn y  Ana no se encontraba muy alejada del Templo, podemos suponer que a la santa ni\u00f1a Mar\u00eda se le permit\u00eda a menudo visitar los sagrados edificios para que pudiera satisfacer su devoci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A las doncellas jud\u00edas se las consideraba aptas para el matrimonio a la edad de doce a\u00f1os y seis meses, aunque la edad de la novia variaba seg\u00fan las circunstancias. El matrimonio era precedido por el  desposorio, despu\u00e9s del cual la novia pertenec\u00eda legalmente al novio, aunque no viv\u00eda con \u00e9l hasta un a\u00f1o despu\u00e9s, que era cuando el matrimonio sol\u00eda celebrarse.  Todo esto coincide con el lenguaje de los evangelistas. San Lucas (1,27) llama a Mar\u00eda \u00abuna virgen  desposada con un var\u00f3n de nombre Jos\u00e9\u00bb;  San Mateo (1,18) dice \u00abEstando desposada Mar\u00eda, su madre, con Jos\u00e9, antes de que conviviesen, se hall\u00f3 haber concebido Mar\u00eda del Esp\u00edritu Santo\u00bb.  Como no conocemos ning\u00fan hermano de Mar\u00eda, debemos suponer que era una heredera, y estaba obligada por la  Ley de N\u00fameros 36,3 a casarse con un miembro de su  tribu. La ley misma prohib\u00eda el matrimonio entre determinados grados de  parentesco, de modo que incluso el matrimonio de una heredera se dejaba m\u00e1s o menos a su elecci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Seg\u00fan la costumbre jud\u00eda, la uni\u00f3n de Jos\u00e9 y Mar\u00eda ten\u00eda que ser concertada por los padres de Jos\u00e9. Uno se puede preguntar por qu\u00e9 Mar\u00eda accedi\u00f3 a sus esponsales, cuando estaba ligada por su  voto de virginidad. De la misma manera que ella hab\u00eda  obedecido la inspiraci\u00f3n divina al hacer su voto, tambi\u00e9n la obedeci\u00f3 al convertirse en la novia prometida de Jos\u00e9. Adem\u00e1s, hubiera sido un caso singular entre los jud\u00edos el rehusar los esponsales o el matrimonio, ya que todas las doncellas jud\u00edas aspiraban al matrimonio como la realizaci\u00f3n de un deber natural. Mar\u00eda confi\u00f3 impl\u00edcitamente en la gu\u00eda de Dios, y por ello estaba segura de que su voto ser\u00eda respetado incluso en su estado de casada.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>La Anunciaci\u00f3n:<\/b>   Vea el art\u00edculo la Anunciaci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>La Visitaci\u00f3n:<\/b>  Seg\u00fan  Lucas 1,36, el  \u00e1ngel  Gabriel le dijo a Mar\u00eda en el momento de la Anunciaci\u00f3n, \u00abIsabel, tu parienta, tambi\u00e9n ha concebido un hijo en su vejez, y \u00e9ste es ya el mes sexto de la que era est\u00e9ril\u00bb. Sin poner en duda la verdad de las palabras del \u00e1ngel, Mar\u00eda decidi\u00f3 enseguida contribuir a la  alegr\u00eda de su  piadosa pariente [50].  Por ello, contin\u00faa el evangelista (1,39): \u00abEn aquellos d\u00edas se puso Mar\u00eda en camino y con presteza fue a la monta\u00f1a, a una ciudad de Jud\u00e1, y entr\u00f3 en casa de Zacar\u00edas y salud\u00f3 a Isabel\u00bb. Aunque Mar\u00eda debe haberle comunicado a  Jos\u00e9 su prop\u00f3sito de realizar esa visita, es dif\u00edcil determinar si \u00e9l la acompa\u00f1\u00f3; si dio la casualidad de que el momento de la visita coincidiese con alguna de las temporadas de fiestas en que los israelitas ten\u00edan que acudir al  Templo, habr\u00eda pocas dificultades acerca de la compa\u00f1\u00eda.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El lugar de la casa de Isabel ha sido localizado en varios emplazamientos seg\u00fan los diferentes escritores: ha sido situada en Machaerus, a unas diez millas al este del Mar Muerto, o en Hebr\u00f3n, o tambi\u00e9n en la antigua ciudad  sacerdotal de Jutta, unas siete millas al sur de Hebr\u00f3n, o finalmente en Ain-Karim, la tradicional San Juan-en-la-Monta\u00f1a, a unas cuatro millas al oeste de Jerusal\u00e9n [51]. Sin embargo, los tres primeros sitios no poseen ning\u00fan memorial  tradicional del nacimiento o de la vida de San Juan Bautista; adem\u00e1s, Machaerus no estaba situada en las monta\u00f1as de Jud\u00e1; Hebr\u00f3n y Jutta pertenec\u00edan a Idumea, despu\u00e9s del  exilio a Babilonia, en tanto que Ain-Karim est\u00e1 situada en la \u00abregi\u00f3n monta\u00f1osa\u00bb [52] mencionada en el texto  inspirado de San Lucas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s de un viaje de unas treinta horas, Mar\u00eda \u00abentr\u00f3 en casa de Zacar\u00edas y salud\u00f3 a Isabel\u00bb (Lucas 1,40). Seg\u00fan la tradici\u00f3n, en la \u00e9poca de la Visitaci\u00f3n Isabel no viv\u00eda en su casa de la ciudad sino en su villa, a unos diez minutos de la ciudad; antiguamente este lugar estaba se\u00f1alado por una  iglesia superior y otra inferior. En 1861 se erigi\u00f3 sobre los antiguos cimientos la peque\u00f1a iglesia actual de la Visitaci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cY sucedi\u00f3 que en cuanto oy\u00f3 Isabel el saludo de Mar\u00eda, salt\u00f3 de gozo el  ni\u00f1o en su seno\u201d.   Fue en este momento cuando Dios cumpli\u00f3 la promesa hecha por el \u00e1ngel a Zacar\u00edas (Lc. 1,15), \u00abestar\u00e1 lleno de Esp\u00edritu Santo ya desde el seno de su madre\u00bb; en otras palabras, el ni\u00f1o que Isabel llevaba en su seno fue purificado de la mancha del pecado original.  La plenitud del Esp\u00edritu Santo en el ni\u00f1o se desbord\u00f3, por as\u00ed decirlo, en el alma de su madre, \u00abe Isabel se llen\u00f3 del Esp\u00edritu Santo\u00bb (Lc. 1,41).  As\u00ed, tanto la madre como el hijo fueron  santificados por la presencia de Mar\u00eda y del  Verbo Encarnado [53]; llena como estaba del Esp\u00edritu Santo, Isabel \u00abexclamando con gran voz dijo: \u00a1Bendita t\u00fa entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!  y \u00bfde d\u00f3nde a m\u00ed que la madre de mi Se\u00f1or venga a m\u00ed?  Porque, apenas lleg\u00f3 a mis o\u00eddos la voz de tu saludo, salt\u00f3 de  gozo el ni\u00f1o en mi seno.  \u00a1Feliz la que ha  cre\u00eddo que se cumplir\u00edan las cosas que le fueron dichas de parte del Se\u00f1or!\u201d (Lc. 1,42-45).  Dejando a los  comentaristas la explicaci\u00f3n completa del pasaje precedente, centramos nuestra atenci\u00f3n s\u00f3lo en dos puntos:\n<\/p>\n<ul>\n<li>Isabel comienza su saludo con las mismas palabras con las que el \u00e1ngel hab\u00eda terminado su salutaci\u00f3n, mostrando de esta manera que ambos hablaban por inspiraci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo.<\/li>\n<li>Isabel es la primera en llamar a Mar\u00eda por su t\u00edtulo m\u00e1s honorable \u00abMadre de Dios\u00bb.<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">La respuesta de Mar\u00eda es el c\u00e1ntico de alabanza denominado com\u00fanmente Magn\u00edficat, por la primera palabra de su texto en  lat\u00edn; el \u00abMagn\u00edficat\u00bb ha sido tratado en un art\u00edculo separado.  (vea Magn\u00edficat).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El evangelista termina su relato de la Visitaci\u00f3n con las palabras: \u00abMar\u00eda permaneci\u00f3 con ella como unos tres meses y se volvi\u00f3 a su casa\u00bb (Lc. 1,56). Muchos ven en esta breve frase del tercer evangelio una sugerencia impl\u00edcita de que Mar\u00eda permaneci\u00f3 en casa de Zacar\u00edas hasta el nacimiento de [San Juan Bautista]], mientras que otros niegan tal implicaci\u00f3n. Dado que el cuadrag\u00e9simo tercer canon del Concilio de Basilea (1441 d.C.) coloc\u00f3 la Fiesta de la  Visitaci\u00f3n para el d\u00eda 2 de julio, el d\u00eda siguiente a la octava de la fiesta de San Juan Bautista, se ha deducido que posiblemente Mar\u00eda permaneciera con Isabel hasta despu\u00e9s de la circuncisi\u00f3n del ni\u00f1o; pero no hay m\u00e1s pruebas que corroboren esta suposici\u00f3n. Aunque la Visitaci\u00f3n es descrita con tanta precisi\u00f3n en el tercer evangelio, su  fiesta no parece haberse celebrado hasta el siglo XIII, cuando fue introducida a trav\u00e9s de la influencia de los  franciscanos; fue instituida oficialmente en 1389 por el Papa Urbano VI.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Jos\u00e9 se entera del embarazo de Mar\u00eda:<\/b>  Despu\u00e9s del regreso de casa de Isabel, Mar\u00eda \u00abse encontr\u00f3 encinta por obra del Esp\u00edritu Santo\u00bb (Mateo 1,18). Dado que entre los  jud\u00edos los desposorios constitu\u00edan un verdadero  matrimonio, el uso del matrimonio despu\u00e9s del tiempo de los esponsales no era nada extra\u00f1o entre ellos.  Por ello, el embarazo de Mar\u00eda no pod\u00eda sorprender a nadie m\u00e1s que al mismo San Jos\u00e9. La situaci\u00f3n debi\u00f3 haber sido extremadamente dolorosa tanto para \u00e9l como para Mar\u00eda, ya que \u00e9l no   conoc\u00eda el misterio de la Encarnaci\u00f3n.   El evangelista dice: \u00abSu marido Jos\u00e9, como era justo, y no quer\u00eda ponerla en evidencia, resolvi\u00f3  repudiarla en secreto\u00bb (Mt. 1,19). Mar\u00eda dej\u00f3 la soluci\u00f3n a esta dificultad en manos de Dios, y Dios le inform\u00f3 en su momento al asombrado esposo de la verdadera condici\u00f3n de Mar\u00eda. Mientras Jos\u00e9 \u00abreflexionaba sobre esto, he aqu\u00ed que se le apareci\u00f3 en  sue\u00f1os un  \u00e1ngel del Se\u00f1or y le dijo: Jos\u00e9, hijo de David, no temas recibir en casa a Mar\u00eda, tu esposa, pues lo concebido en ella es obra del Esp\u00edritu Santo. Dar\u00e1 a luz un hijo, a quien pondr\u00e1s por nombre  Jes\u00fas, porque  salvar\u00e1 a su pueblo de sus pecados\u00bb (Mt. 1,20-21).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Poco despu\u00e9s de esta revelaci\u00f3n, Jos\u00e9 concluy\u00f3 el ritual del contrato de matrimonio con Mar\u00eda. El  Evangelio dice sencillamente: \u00abAl despertar Jos\u00e9 de su sue\u00f1o hizo como el \u00e1ngel del Se\u00f1or le hab\u00eda mandado, y tom\u00f3 consigo a su mujer\u00bb (Mt. 1,24). Si bien es cierto que deben haber pasado al menos tres meses entre los esponsales y el matrimonio, durante los cuales Mar\u00eda permaneci\u00f3 con Isabel, es imposible determinar con exactitud el lapso de tiempo transcurrido entre las dos ceremonias. No sabemos cu\u00e1nto tiempo despu\u00e9s de los esponsales le anunci\u00f3 el \u00e1ngel a Mar\u00eda el misterio de la Encarnaci\u00f3n, y tampoco sabemos cu\u00e1nto dur\u00f3 la duda de San Jos\u00e9 antes de que fuera iluminado por la visita del \u00e1ngel. Teniendo en cuenta la edad a la que las doncellas jud\u00edas se convert\u00edan en casaderas, es posible que Mar\u00eda diera a luz a su Hijo cuando contaba alrededor de trece o catorce a\u00f1os de edad. Ning\u00fan  documento hist\u00f3rico nos dice qu\u00e9 edad ten\u00eda en realidad en el momento de la  Natividad.\n<\/p>\n<p>Mar\u00eda durante la vida oculta de Nuestro Se\u00f1or<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>El viaje a Bel\u00e9n:<\/b>   Lucas (2,1-5) explica c\u00f3mo San Jos\u00e9 y Mar\u00eda viajaron desde Nazaret hasta Bel\u00e9n por obediencia al  decreto de  C\u00e9sar Augusto que prescrib\u00eda un censo general.  Las cuestiones relacionadas con este decreto han sido tratadas en el art\u00edculo cronolog\u00eda b\u00edblica. Se dan varias razones por las que Mar\u00eda debi\u00f3 haber acompa\u00f1ado a Jos\u00e9 en este viaje: es posible que ella no deseara perder la protecci\u00f3n de Jos\u00e9 durante este periodo cr\u00edtico de su embarazo, o puede que haya seguido una inspiraci\u00f3n divina especial que la impulsaba a marchar para que se cumplieran las profec\u00edas referentes a su divino  Hijo, o tambi\u00e9n puede que fuera  obligada a ir debido a la  ley civil, ya fuera como heredera o para satisfacer el impuesto personal que hab\u00eda que pagar por las mujeres mayores de doce a\u00f1os. [54]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dado que el empadronamiento hab\u00eda atra\u00eddo a multitud de extranjeros a Bel\u00e9n, Mar\u00eda y Jos\u00e9 no encontraron sitio en la posada de la caravana y tuvieron que alojarse en una gruta que serv\u00eda de refugio para los animales. [55]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Mar\u00eda da a luz a Nuestro Se\u00f1or:<\/b>  \u00abY sucedi\u00f3 que, mientras ellos estaban all\u00ed, se le cumplieron los d\u00edas del alumbramiento\u201d (Lc. 2,6); este lenguaje no deja claro si el nacimiento de Nuestro Se\u00f1or ocurri\u00f3 inmediatamente despu\u00e9s de que Jos\u00e9 y Mar\u00eda se hubieran alojado en la gruta, o varios d\u00edas despu\u00e9s. Lo que se narra acerca de los pastores \u00abvigilaban por turno durante la noche su reba\u00f1o\u00bb (Lc. 2,8) muestra que  Cristo naci\u00f3 durante la noche.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s de dar a luz a su Hijo, Mar\u00eda \u00able envolvi\u00f3 en pa\u00f1ales y le acost\u00f3 en un pesebre\u00bb (Lc. 2,7), se\u00f1al de que no sufri\u00f3 dolores ni debilidades en el parto. Esta deducci\u00f3n coincide con las ense\u00f1anzas de algunos de los principales  Padres y  te\u00f3logos: San Ambrosio [56], San Gregorio de Nisa [57], San Juan Damasceno [58], el autor de Christus patiens [59],  Santo Tom\u00e1s [60], etc. No era adecuado que la madre de Dios estuviera sujeta al castigo pronunciado en G\u00e9nesis 3,16 contra Eva y sus hijas pecadoras.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Poco despu\u00e9s del nacimiento del ni\u00f1o los pastores, obedientes a la invitaci\u00f3n del  \u00e1ngel, llegaron a la gruta \u00aby encontraron a Mar\u00eda, a Jos\u00e9 y al Ni\u00f1o acostado en un pesebre\u00bb (Lc. 2,16). Podemos suponer que los pastores divulgaron las felices nuevas que hab\u00edan recibido durante la noche entre sus amigos en Bel\u00e9n, y que la Sagrada Familia fue recibida por alguno de sus habitantes  piadosos en un alojamiento m\u00e1s adecuado.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>La circuncisi\u00f3n de Jes\u00fas:<\/b>   \u201cCuando se cumplieron los ocho d\u00eda para circuncidarle, se le dio el nombre de Jes\u00fas.\u201d (Lc. 2,21).   El  rito de la circuncisi\u00f3n se llevaba a cabo bien en la sinagoga bien en el hogar del ni\u00f1o; es imposible determinar d\u00f3nde tuvo lugar la circuncisi\u00f3n de Nuestro Se\u00f1or. De todos modos, su Bienaventurada Madre debe haber estado presente durante la ceremonia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>La Presentaci\u00f3n:<\/b>  Seg\u00fan la ley de Lev\u00edtico 12,2-8, la madre  jud\u00eda de un var\u00f3n ten\u00eda que  presentarse cuarenta d\u00edas despu\u00e9s de su nacimiento para su  purificaci\u00f3n legal; seg\u00fan \u00c9xodo 13,2 y N\u00fameros 18,15, el primog\u00e9nito ten\u00eda que ser presentado en esa misma ocasi\u00f3n.  Cualesquiera que fueran las razones que Mar\u00eda y el Ni\u00f1o hubieran podido tener para reclamar una excepci\u00f3n, el hecho es que acataron la  Ley.  Sin embargo, en vez de  ofrecer un cordero, presentaron el sacrificio de los  pobres, que consist\u00eda en un par de t\u00f3rtolas o de pichones. En 2  Corintios 8,9, San Pablo les dice a los corintios que Jesucristo \u00absiendo rico, se hizo pobre por amor nuestro, para que vosotros fueseis ricos por su  pobreza\u00bb. A\u00fan m\u00e1s agradable a Dios que la pobreza de Mar\u00eda fue la prontitud con que ofreci\u00f3 a su divino Hijo para la complacencia de su Padre Celestial.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s que se hubo cumplido con los ritos ceremoniales, el  santo Sime\u00f3n tom\u00f3 al Ni\u00f1o en sus brazos y dio gracias a Dios por el cumplimiento de sus  promesas; hizo una llamada de atenci\u00f3n sobre la universalidad de la salvaci\u00f3n que iba a venir a trav\u00e9s de la redenci\u00f3n  mesi\u00e1nica \u00abla que has preparado a la vista de todos los pueblos; luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo,  Israel\u00bb (Lc. 2,31 ss.).  Mar\u00eda y  Jos\u00e9 comenzaron ahora a conocer m\u00e1s plenamente a su divino Hijo; ellos \u00abestaban admirados de lo que se dec\u00eda de \u00c9l\u00bb (Lc. 2,33).   Como si quisiera preparar a nuestra Bienaventurada Madre para el misterio de la Cruz, el santo Sime\u00f3n le dijo: \u00ab\u00c9ste est\u00e1 puesto para ca\u00edda y elevaci\u00f3n de muchos en Israel y para ser se\u00f1al de contradicci\u00f3n; y \u00a1a ti misma una espada te atravesar\u00e1 el alma!, a fin de que queden al descubierto las  intenciones de muchos corazones\u00bb (Lc. 2,34-35). Mar\u00eda hab\u00eda padecido su primer gran dolor cuando Jos\u00e9 hab\u00eda dudado al tomarla por esposa; su segundo gran dolor lo experiment\u00f3 cuando oy\u00f3 las palabras del santo Sime\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aunque el incidente de la  profetisa Ana hab\u00eda tenido un alcance m\u00e1s general, ya que ella \u00abhablaba del ni\u00f1o a todos los que esperaban la redenci\u00f3n de Israel\u00bb (Lc. 2,38), debe haber aumentado en gran medida el asombro de Jos\u00e9 y Mar\u00eda. Los  comentadores han interpretado variamente la observaci\u00f3n final del evangelista \u00abAs\u00ed que cumplieron todas las cosas seg\u00fan la Ley del Se\u00f1or, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret\u00bb (Lc. 2,39); en lo referente al orden de los sucesos, consulte el art\u00edculo Cronolog\u00eda de la Vida de Jesucristo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>La visita de los Magos:<\/b>   Tras la  Presentaci\u00f3n, la Sagrada Familia o volvi\u00f3 directamente a Bel\u00e9n, o fue primero a Nazaret y de all\u00ed a la ciudad de David.  De todos modos, despu\u00e9s de que Dios hubo guiado hasta Bel\u00e9n a \u00abunos magos que ven\u00edan del Oriente\u00bb \u00abEntraron en la casa, vieron al Ni\u00f1o con Mar\u00eda, su madre, y de hinojos le  adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra\u00bb (Mateo 2,11). El evangelista no menciona a Jos\u00e9; no porque no estuviera presente, sino porque Mar\u00eda ocupa el lugar principal junto al Ni\u00f1o. Los evangelistas no han contado c\u00f3mo dispusieron Mar\u00eda y Jos\u00e9 de los regalos ofrecidos por sus ricos visitantes.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>La huida a Egipto:<\/b>  Poco despu\u00e9s de la partida de los Magos, Jos\u00e9 recibi\u00f3 el mensaje del  \u00e1ngel del Se\u00f1or para que huyera a Egipto con el Ni\u00f1o y su madre debido a los malvados  prop\u00f3sitos de Herodes; la pronta obediencia del  santo var\u00f3n es descrita brevemente por el evangelista con las palabras: \u00abLevant\u00e1ndose de noche, tom\u00f3 al ni\u00f1o y a la madre y parti\u00f3 para Egipto\u00bb (Mt. 2,14). Los jud\u00edos  perseguidos siempre hab\u00edan buscado refugio en Egipto (cf. 1  Reyes 11,40; 2 Rey. 25,26); en tiempos de Cristo, los colonos jud\u00edos eran especialmente numerosos en la tierra del Nilo [61]; seg\u00fan  Fil\u00f3n [62] eran al menos un mill\u00f3n. En Leont\u00f3polis, en el distrito de Heli\u00f3polis, los jud\u00edos ten\u00edan un templo (160 a.C. &#8211; 73 d.C.) que rivalizaba en esplendor con el Templo de Jerusal\u00e9n. [63] Por todo ello, la Sagrada Familia pod\u00eda esperar hallar en Egipto una cierta ayuda y protecci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por otra parte, era necesario un viaje de al menos diez d\u00edas desde Bel\u00e9n para alcanzar los distritos habitados m\u00e1s cercanos de Egipto. No sabemos qu\u00e9 camino tom\u00f3 la Sagrada Familia en su huida; pudieron haber tomado la carretera ordinaria a trav\u00e9s de Hebr\u00f3n; o pudieron marchar v\u00eda Eleuter\u00f3polis y Gaza o tambi\u00e9n pudieron haberse pasado al oeste de Jerusal\u00e9n hacia la gran carretera militar de Joppe.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Apenas existe alg\u00fan documento hist\u00f3rico que nos pueda servir de ayuda para determinar d\u00f3nde vivi\u00f3 la Sagrada Familia en Egipto, y tampoco sabemos cu\u00e1nto dur\u00f3 este exilio forzado. [64]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando Jos\u00e9 recibi\u00f3  del  \u00e1ngel la noticia de la muerte de Herodes y la orden de volver a la tierra de  Israel, \u201c\u00c9l se levant\u00f3, tom\u00f3 consigo al ni\u00f1o y a su madre, y entr\u00f3 en tierra de Israel.\u201d (Mt. 2,21). La noticia de que Arquelao reinaba en Judea impidi\u00f3 que Jos\u00e9 se estableciera en Bel\u00e9n, como hab\u00eda sido su intenci\u00f3n; \u00abavisado en  sue\u00f1os se retir\u00f3 a la regi\u00f3n de Galilea, y fue a habitar a una ciudad llamada Nazaret\u00bb (Mt. 2,22-23). En todos estos detalles, Mar\u00eda sencillamente se dej\u00f3 guiar por Jos\u00e9, que a su vez, recibi\u00f3 las manifestaciones divinas como cabeza de la Sagrada Familia. No hay necesidad de se\u00f1alar el intenso dolor de Mar\u00eda ante la temprana persecuci\u00f3n del Ni\u00f1o.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>La Sagrada Familia en Nazaret:<\/b>   La vida de la Sagrada Familia en Nazaret fue la propia de un comerciante pobre normal. Seg\u00fan San Mateo 13,55, la gente del pueblo preguntaba \u00ab\u00bfNo es \u00e9ste el hijo del carpintero?\u00bb; la pregunta, tal y como viene expresada en el segundo  Evangelio (Marcos 6,3) muestra una ligera variaci\u00f3n, \u00ab\u00bfNo es \u00e9ste el carpintero?\u00bb. Mientras Jos\u00e9 ganaba el sustento para la Sagrada Familia con su trabajo diario, Mar\u00eda atend\u00eda los diversos deberes del hogar. San Lucas (2,40) dice brevemente de Jes\u00fas: \u00abEl Ni\u00f1o crec\u00eda y se fortalec\u00eda, llen\u00e1ndose de sabidur\u00eda; y la  gracia de Dios estaba sobre \u00c9l\u00bb. El Sabbath semanal y las grandes fiestas anuales interrump\u00edan la rutina diaria de la vida en Nazaret.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>El hallazgo del Ni\u00f1o en el Templo:<\/b>  Seg\u00fan la  Ley del \u00c9xodo 23:17, s\u00f3lo los hombres estaban  obligados a visitar el Templo en las tres festividades solemnes del a\u00f1o; pero las mujeres se un\u00edan a menudo a los hombres para satisfacer su devoci\u00f3n. San Lucas (2,41) nos informa de que \u00abSus padres (del Ni\u00f1o) iban todos los a\u00f1os a Jerusal\u00e9n a la fiesta de la  Pascua\u00bb. Probablemente dejaban al ni\u00f1o Jes\u00fas en casa de amigos o parientes durante los d\u00edas que duraba la ausencia de Mar\u00eda. Seg\u00fan la opini\u00f3n de algunos escritores, el Ni\u00f1o no dio ninguna se\u00f1al de su divinidad durante los a\u00f1os de su infancia, con el prop\u00f3sito de aumentar los m\u00e9ritos de la fe de Jos\u00e9 y Mar\u00eda, basada en lo que hab\u00edan visto y o\u00eddo en el momento de la Encarnaci\u00f3n y el nacimiento de Jes\u00fas.  Los doctores de la Ley  jud\u00edos sosten\u00edan que un chico se convert\u00eda en hijo de la Ley a la edad de doce a\u00f1os y un d\u00eda; despu\u00e9s de esto, estaba obligado por los  preceptos legales.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El evangelista nos proporciona aqu\u00ed la informaci\u00f3n de que \u00abCuando tuvo doce a\u00f1os, subieron ellos como de costumbre a la fiesta y, al volverse, pasados los d\u00edas, el ni\u00f1o Jes\u00fas se qued\u00f3 en Jerusal\u00e9n, sin saberlo sus padres.\u201d (Lc. 2,42-43).  Esto ocurri\u00f3 probablemente despu\u00e9s del segundo d\u00eda de fiesta, cuando Jos\u00e9 y Mar\u00eda regresaban con otros  peregrinos galileos; la ley no exig\u00eda una estancia m\u00e1s larga en la  Ciudad Santa.  Durante el primer d\u00eda, la caravana hac\u00eda generalmente un viaje de cuatro horas, y pasaba la noche en Beroth, en la frontera norte del antiguo reino de Jud\u00e1. Los  cruzados construyeron en este lugar una preciosa  iglesia  g\u00f3tica para conmemorar el dolor de Nuestra Se\u00f1ora cuando \u00able buscaban entre los parientes y conocidos, pero al no encontrarle, se volvieron a Jerusal\u00e9n en su busca\u00bb (Lc. 2,44-45).  No encontraron al Ni\u00f1o entre los peregrinos que hab\u00edan venido a Beroth en el primer d\u00eda de viaje; tampoco le encontraron el segundo d\u00eda, cuando Jos\u00e9 y Mar\u00eda regresaron a Jerusal\u00e9n; no fue hasta el tercer d\u00eda cuando \u00able encontraron en el  Templo, sentado en medio de los maestros, escuch\u00e1ndoles y pregunt\u00e1ndoles&#8230; Cuando le vieron, quedaron sorprendidos, y su madre le dijo: Hijo, \u00bfpor qu\u00e9 nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te and\u00e1bamos buscando.\u201d (Lc. 2,40-48).  La fe de Mar\u00eda no le permit\u00eda temer que un m\u00ednimo accidente le ocurriera a su divino Hijo; pero percibi\u00f3 que su conducta habitual de docilidad y sumisi\u00f3n hab\u00eda cambiado por completo.  Este sentimiento fue la causa de la pregunta, por qu\u00e9 Jes\u00fas hab\u00eda tratado a sus padres de aquella manera. Jes\u00fas respondi\u00f3 simplemente: \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 me buscabais? \u00bfNo sab\u00edais que yo deb\u00eda estar en la casa de mi Padre?\u201d (Lc. 2,49). Ni Jos\u00e9 ni Mar\u00eda tomaron estas palabras como una reprimenda; \u00abPero ellos no comprendieron la respuesta que les dio\u00bb (Lc. 2,50). Un escritor reciente ha sugerido que el significado de la \u00faltima frase debe ser entendido \u00abellos (es decir, los que estaban presentes) no entendieron lo que les (es decir, a Jos\u00e9 y a Mar\u00eda) dec\u00eda\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>El resto de la juventud de Nuestro Se\u00f1or:<\/b>  Despu\u00e9s de esto, Jes\u00fas \u00abbaj\u00f3 con ellos, y vino a Nazaret\u00bb donde comenz\u00f3 una vida de trabajo y pobreza, de la cual dieciocho a\u00f1os son resumidos por el evangelista en estas pocas palabras, \u00aby viv\u00eda sujeto a ellos&#8230; Jes\u00fas progresaba en sabidur\u00eda, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres\u00bb (Lc. 2,51-52).  El escritor  inspirado describe brevemente la vida interior de Mar\u00eda con la expresi\u00f3n \u00abSu madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su  coraz\u00f3n\u00bb (Lucas 2:51).  Una expresi\u00f3n an\u00e1loga hab\u00eda sido usada en 2,19, \u00abMar\u00eda guardaba todas estas cosas y las meditaba en su coraz\u00f3n\u00bb. As\u00ed, Mar\u00eda observaba la vida diaria de su divino Hijo, y crec\u00eda en su conocimiento y amor a trav\u00e9s de la meditaci\u00f3n sobre lo que ve\u00eda y o\u00eda. Ciertos escritores han se\u00f1alado que el evangelista indica aqu\u00ed la \u00faltima fuente de la que obtuvo el material contenido en sus dos primeros cap\u00edtulos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>La virginidad perpetua de Mar\u00eda:<\/b>    Relacionados con el estudio de Mar\u00eda durante la vida oculta de Nuestro Se\u00f1or, nos encontramos los aspectos referentes a su  virginidad perpetua, su maternidad divina y su santidad personal.    Su virginidad inmaculada ha sido suficientemente considerada en el art\u00edculo sobre el  Nacimiento Virginal.   Las autoridades all\u00ed citadas sostienen que Mar\u00eda permaneci\u00f3  virgen cuando concibi\u00f3 y dio a luz a su divino Hijo, y tambi\u00e9n despu\u00e9s del nacimiento de Jes\u00fas. La pregunta de Mar\u00eda (Lc. 1,34), la respuesta del  \u00e1ngel (Lc. 1,35.37), la manera de comportarse de  Jos\u00e9 durante su duda (Mt. 1,19-25), las palabras que Cristo dirigi\u00f3 a los  jud\u00edos (Juan 8,19), muestran que Mar\u00eda conserv\u00f3 su virginidad durante la concepci\u00f3n de su divino Hijo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En cuanto a la virginidad de Mar\u00eda despu\u00e9s del parto, no es negada ni por las expresiones de San Mateo \u00abantes de empezar a estar juntos ellos\u00bb (1,18), \u00absu primog\u00e9nito\u00bb (1,25), ni por el hecho de que los libros del Nuevo Testamento se refieran repetidamente a los \u201c hermanos de Jes\u00fas\u201d [66]. Las palabras \u00abantes de empezar a estar juntos ellos\u00bb significan probablemente \u00abantes de que viviesen en la misma casa\u00bb, refiri\u00e9ndose al tiempo en que s\u00f3lo estaban  desposados; mas incluso si estas palabras fueran entendidas como vida marital, s\u00f3lo afirman que la Encarnaci\u00f3n tuvo lugar antes de que tal relaci\u00f3n fuera establecida, y sin implicar por ello que \u00e9sta ocurriese despu\u00e9s de la Encarnaci\u00f3n del Hijo de Dios [67].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo mismo debe decirse de la expresi\u00f3n \u00abY no la conoc\u00eda hasta que ella dio a luz un hijo\u00bb (Mt. 1,25); el evangelista nos dice lo que no ocurri\u00f3 antes del nacimiento de Jes\u00fas, sin sugerir que ello ocurriera despu\u00e9s de su nacimiento [68].  El nombre \u00abprimog\u00e9nito\u00bb se aplica a Jes\u00fas tanto si su madre continu\u00f3 siendo virgen como si dio a luz a otros hijos despu\u00e9s de Jes\u00fas; entre los jud\u00edos era un nombre legal [69], de modo que su aparici\u00f3n en el Evangelio no puede extra\u00f1arnos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Finalmente, \u00ablos hermanos de Jes\u00fas\u00bb no son ni los hijos de Mar\u00eda ni los hermanos de Nuestro Se\u00f1or, en un sentido estricto del t\u00e9rmino, sino sus primos o los parientes m\u00e1s o menos cercanos [70]. La  Iglesia insiste en que con su nacimiento el Hijo de Dios no disminuy\u00f3 sino que  consagr\u00f3 la integridad virginal de su madre (oraci\u00f3n secreta en la  Misa de  Purificaci\u00f3n). Los Padres se expresan tambi\u00e9n en un lenguaje similar en lo que se refiere a este privilegio de Mar\u00eda. [71]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>La maternidad divina de Mar\u00eda:<\/b>  La maternidad divina de Mar\u00eda est\u00e1 basada en las ense\u00f1anzas de los Evangelios, en los escritos de los  Padres y en la  definici\u00f3n expresa de la Iglesia. San Mateo (1,25) testifica que Mar\u00eda \u00abdio a luz a su primog\u00e9nito\u00bb y que \u00c9l fue llamado Jes\u00fas.  Seg\u00fan  San Juan (1,15) Jes\u00fas es la  Palabra hecha carne, el Verbo que asumi\u00f3 la naturaleza  humana en el vientre de Mar\u00eda. Como Mar\u00eda era verdaderamente la madre de Jes\u00fas, y como Jes\u00fas era verdadero Dios desde el primer momento de su  concepci\u00f3n, Mar\u00eda es en verdad la madre de Dios.  Incluso los primeros Padres no dudaron en sacar esta conclusi\u00f3n, como puede verse en los escritos de  San Ignacio [72], San Ireneo [73] y Tertuliano [74]. La alegaci\u00f3n de  Nestorio que le negaba a Mar\u00eda el t\u00edtulo de \u00abMadre de Dios\u00bb (75) fue seguida por las ense\u00f1anzas del Concilio de \u00c9feso, que proclam\u00f3 que Mar\u00eda es Theotokos en el verdadero sentido de la palabra [76].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>La perfecta santidad de Mar\u00eda:<\/b>  Unos pocos escritores  patr\u00edsticos expresaron sus dudas acerca de la presencia de  defectos morales menores en Nuestra Se\u00f1ora [77].   San Basilio, por ejemplo, sugiere que Mar\u00eda sucumbi\u00f3 a la duda al o\u00edr las palabras del Bendito Sime\u00f3n y al presenciar la  crucifixi\u00f3n [78].  San Juan Cris\u00f3stomo opina que Mar\u00eda habr\u00eda sentido miedo y preocupaci\u00f3n si el  \u00e1ngel no le hubiese explicado el misterio de la Encarnaci\u00f3n, y que demostr\u00f3 un poco de  vanagloria en la fiesta de las  bodas de Can\u00e1 y al visitar a su Hijo durante su vida p\u00fablica acompa\u00f1ada de los Hermanos del Se\u00f1or [79].  [[San Cirilo de Alejandr\u00eda [80] habla de la duda de Mar\u00eda y su desesperanza al pie de la Cruz. Mas no se puede afirmar que estos escritores  griegos expresen una  tradici\u00f3n  apost\u00f3lica, cuando lo que expresan son sus opiniones singulares y privadas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La  Escritura y la tradici\u00f3n est\u00e1n de acuerdo en atribuirle a Mar\u00eda la m\u00e1s grande santidad personal; fue  concebida sin la mancha del pecado original; muestra la mayor humildad y [[paciencia] en su vida diaria (Lc. 1,38. 48); demuestra una paciencia heroica en las circunstancias m\u00e1s dif\u00edciles (Lucas 2,7.35.48; Juan 19,25-27).  Cuando se contempla la cuesti\u00f3n del pecado, Mar\u00eda constituye siempre una excepci\u00f3n [81].   El Concilio de Trento (Ses. VI, Can. 23) confirma la total exclusi\u00f3n de Mar\u00eda del pecado: \u00abSi alguien dice que el hombre una vez  justificado puede evitar todo pecado, incluso venial, durante su vida entera, como la Iglesia mantiene que hizo la Virgen Mar\u00eda por un privilegio especial de Dios, sea reo de anatema\u00bb. Los  te\u00f3logos afirman que Mar\u00eda fue inmaculada, no por la perfecci\u00f3n  esencial de su naturaleza, sino por un  privilegio divino especial. Mas a\u00fan, los Padres, al menos desde el siglo V, afirman casi un\u00e1nimemente que la Bienaventurada Virgen nunca experiment\u00f3 los impulsos de la concupiscencia.\n<\/p>\n<p>Mar\u00eda durante la vida p\u00fablica de Jes\u00fas<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>El milagro en Can\u00e1:<\/b>   Los evangelistas relacionan el nombre de Mar\u00eda con tres sucesos diferentes en la  vida p\u00fablica de Nuestro Se\u00f1or: con el milagro de Can\u00e1, con su predicaci\u00f3n y con su  Pasi\u00f3n. El primero de estos incidentes es narrado en Juan 2,1-10:  \u201c\u2026se celebraba una  boda en Can\u00e1 de [[Galilea\u2026 y estaba all\u00ed la madre de  Jes\u00fas.  Fue invitado tambi\u00e9n a la boda Jes\u00fas con sus disc\u00edpulos.  Y como faltara vino, porque se hab\u00eda acabado el vino de la boda, le dice a Jes\u00fas su madre:  No tienen vino.  Jes\u00fas le responde:  \u00bfQu\u00e9 tengo yo contigo?  Todav\u00eda no ha llegado mi hora.\u201d\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se supone naturalmente que uno de los contrayentes estaba emparentado con Mar\u00eda, y que Jes\u00fas hab\u00eda sido invitado a causa del  parentesco de su madre. La pareja debe haber sido bastante  pobre, ya que el vino estaba de hecho acab\u00e1ndose.  Mar\u00eda desea salvar a sus amigos de la verg\u00fcenza de no poder agasajar adecuadamente a sus invitados, y recurre a su divino Hijo.  Ella simplemente expone su necesidad, sin a\u00f1adir ninguna petici\u00f3n. Al dirigirse a las mujeres, Jes\u00fas emplea de modo uniforme la palabra \u00abmujer\u00bb (Mt. 15,28; Lc. 13,12; Juan 4,21; 8,10; 19,26; 20,15), una expresi\u00f3n utilizada por los escritores cl\u00e1sicos como un tratamiento respetuoso y honorable [82].  Los pasajes citados arriba muestran que en el lenguaje de Jes\u00fas el tratamiento \u00abmujer\u00bb tiene un significado sumamente respetuoso.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La frase \u00abqu\u00e9 tengo yo contigo\u00bb traduce el griego ti emoi kai soi, que a su vez corresponde a la frase  hebrea mah li walakh.  Esta \u00faltima aparece en Jueces 11,12; 2  Samuel 16,10; 19,23, 1 Reyes 17,18; 2 Rey. 3,13; 9,18; 2 Cr\u00f3n. 35,21. El Nuevo Testamento muestra expresiones equivalentes en Mt. 8,29; Marcos 1,24; Lc. 4,34; 8,28; Mat. 27,19.  El significado de la frase var\u00eda seg\u00fan el car\u00e1cter de los que hablan, abarcando desde una oposici\u00f3n muy pronunciada a una conformidad cort\u00e9s. Un significado tan variable le hace dif\u00edcil al traductor encontrar un equivalente igualmente variable.  \u00abQu\u00e9 tengo que ver contigo\u00bb, \u00abesto no es asunto m\u00edo ni tuyo\u00bb, \u00abpor qu\u00e9 me causas tantos problemas\u00bb, \u00abd\u00e9jame ocuparme de esto\u00bb, son algunas de las traducciones sugeridas. En general, las palabras parecen referirse a la importunidad bien o mal intencionada que se esfuerzan por eliminar.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La \u00faltima parte de la respuesta de Nuestro Se\u00f1or presenta menos dificultades para el int\u00e9rprete:  \u201cTodav\u00eda no ha llegado mi hora\u201d, no se puede referir al momento preciso en que la necesidad de vino requerir\u00e1 la intervenci\u00f3n milagrosa de Jes\u00fas; pues en el lenguaje de  San Juan \u201cmi hora\u201d o \u201cla hora\u201d denota el tiempo predestinado para alg\u00fan suceso importante (Juan 4,21.23; 5,25.28; 7,30; 8,29; 12,23; 13,1; 16,21; 17,1).  Por ello, el significado de la respuesta de Nuestro Se\u00f1or es: \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 me importunas pidi\u00e9ndome tal intervenci\u00f3n? El momento se\u00f1alado por Dios para tal manifestaci\u00f3n no ha llegado todav\u00eda\u00bb; o \u00ab\u00bfpor qu\u00e9 te preocupas? \u00bfno ha llegado el momento de manifestar mi poder?\u00bb  El primero de estos significados implica que gracias a la intercesi\u00f3n de Mar\u00eda, Jes\u00fas adelant\u00f3 el momento dispuesto para la manifestaci\u00f3n de su poder milagroso [83]; el segundo significado se obtiene al comprender la segunda parte de las palabras de Nuestro Se\u00f1or como una pregunta, como hizo San Gregorio de Nisa (84), y por la versi\u00f3n \u00e1rabe del \u00abDiatessaron\u00bb de Taciano (Roma, 1888) [85].   Mar\u00eda comprendi\u00f3 las palabras de su divino Hijo en su sentido correcto; ella avis\u00f3 sencillamente a los sirvientes, \u00abHaced lo que \u00c9l os diga\u00bb (Juan 2,5). No hay posibilidad de explicar la respuesta de Jes\u00fas como una denegaci\u00f3n de la petici\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Mar\u00eda durante la vida apost\u00f3lica del Se\u00f1or:<\/b>  Durante la vida apost\u00f3lica de  Jes\u00fas, Mar\u00eda logr\u00f3 pasar casi completamente inadvertida. Al no ser llamada para ayudar directamente a su Hijo en su ministerio, no quiso interferir en su trabajo con una presencia inoportuna.  En Nazaret se la consideraba como una madre  jud\u00eda com\u00fan; San Mateo (13,55-56; cf. Marcos 6,3) presenta a la gente del pueblo diciendo: \u00ab\u00bfNo es \u00e9ste el hijo del carpintero? \u00bfNo se llama su madre Mar\u00eda, y sus  hermanos  Santiago y Jos\u00e9, Sim\u00f3n y  Judas?  Y sus hermanas, \u00bfno est\u00e1n todas entre nosotros?\u201d   Dado que la gente deseaba, por su lenguaje, rebajar la consideraci\u00f3n de Nuestro Se\u00f1or, debemos deducir que Mar\u00eda pertenec\u00eda al orden social inferior de la gente del pueblo. El pasaje paralelo de San Marcos dice, \u00ab\u00bfNo es \u00e9ste el carpintero?\u00bb, en lugar de \u00ab\u00bfNo es \u00e9ste el hijo del carpintero?\u00bb Puesto que ambos evangelistas omiten el nombre de SanJos\u00e9, debemos suponer que ya hab\u00eda muerto antes de que este episodio sucediera.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A primera vista, parece que Jes\u00fas mismo despreciaba la dignidad de su Bienaventurada Madre. Cuando le dijeron: \u00ab\u00a1Oye!  Ah\u00ed fuera est\u00e1n tu madre y tus hermanos que desean hablarte.  Pero \u00c9l respondi\u00f3 al que se lo dec\u00eda: \u00bfQui\u00e9n es mi madre y qui\u00e9nes son mis hermanos? Y extendiendo su mano hacia sus disc\u00edpulos, dijo: Estos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, \u00e9se es mi hermano, mi hermana y mi madre\u00bb. (Mt. 12,47-50; cf. Mc. 3,31-35; Lucas 8,19-21). En otra ocasi\u00f3n \u00ab\u2026alz\u00f3 la voz una mujer de entre la gente y dijo: \u00a1Dichoso el seno que te llev\u00f3 y los pechos que te criaron! Pero \u00c9l dijo: Dichosos m\u00e1s bien los que oyen la Palabra de Dios y la guardan\u00bb (Lc. 11,27-28).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En realidad, en ambos pasajes Jes\u00fas sit\u00faa el lazo que une el alma con Dios por encima del lazo natural de parentesco que une a la Madre de Dios con su divino Hijo. Esta \u00faltima dignidad no es menospreciada; Nuestro Se\u00f1or la utiliza como un medio para hacer ver el valor real de la santidad, dado que obviamente los hombres lo aprecian con m\u00e1s facilidad. Por tanto, en realidad Jes\u00fas ensalza a su Madre del modo m\u00e1s enf\u00e1tico, dado que ella super\u00f3 al resto de los hombres en santidad no menos que en dignidad [86].  Muy probablemente Mar\u00eda se encontraba tambi\u00e9n entre las santas mujeres que atend\u00edan a Jes\u00fas y a sus  Ap\u00f3stoles durante su ministerio en Galilea (cf. Lc. 8.2-3); los evangelistas no menciona ninguna otra aparici\u00f3n p\u00fablica de Mar\u00eda durante los viajes de Jes\u00fas a trav\u00e9s de Galilea o de Judea. Sin embargo, debemos recordar que, cuando el sol aparece, aun las m\u00e1s brillantes estrellas se tornan invisibles.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Mar\u00eda durante la Pasi\u00f3n de Nuestro Se\u00f1or:<\/b>    Dado que la  Pasi\u00f3n de Jesucristo tuvo lugar durante la semana  pascual, se espera naturalmente encontrar a Mar\u00eda en Jerusal\u00e9n. La profec\u00eda de  Sime\u00f3n se cumpli\u00f3 en su plenitud principalmente durante los momentos de  sufrimiento de Nuestro Se\u00f1or.  Seg\u00fan una  tradici\u00f3n, su Bienaventurada Madre se encontr\u00f3 con Jes\u00fas cuando cargaba con la Cruz camino del G\u00f3lgota. El  Itinerario del  Peregrino de Burdeos describe los lugares memorables que el escritor visit\u00f3 en el 333 d.C., pero no menciona ninguna localidad consagrada a este encuentro entre Mar\u00eda y su divino Hijo [87].   El mismo silencio domina en el llamado Peregrinatio Silviae que sol\u00eda atribuirse al 385 d.C., pero que \u00faltimamente ha sido asignado al 533-540 d.C. [88].   Mas un plano de Jerusal\u00e9n, que  data del a\u00f1o 1308, muestra una  iglesia de San Juan Bautista con la  inscripci\u00f3n \u00abPasm. Vgis\u00bb, Spasmus Virginis, el desmayo de la Virgen.  Durante el curso del siglo XIV, los  cristianos comenzaron a localizar los lugares  consagrados a la Pasi\u00f3n de Cristo, y entre ellos se encontraba el lugar en el que se dice que Mar\u00eda se desmay\u00f3 al ver a su Hijo sufriendo [89].   Desde el siglo XV se encuentra siempre \u00abSancta Maria de Spasmo\u00bb entre las estaciones del V\u00eda Crucis, erigidas en varias partes de Europa a imitaci\u00f3n de la V\u00eda Dolorosa de Jerusal\u00e9n [90].   El hecho de que Nuestra Se\u00f1ora deber\u00eda haberse desmayado a la vista de los sufrimientos de su Hijo no est\u00e1 muy de acuerdo con su comportamiento heroico al pie de la Cruz; a pesar de ello, debemos considerar su calidad de mujer y madre en su encuentro con su Hijo camino del G\u00f3lgota, mientras que es la Madre de Dios al pie de la Cruz.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>La maternidad espiritual de Mar\u00eda<\/b>   Mientras  Jes\u00fas colgaba en la Cruz, \u00abJunto a la cruz de Jes\u00fas estaban su madre y la hermana de su madre,  Mar\u00eda, mujer de Clop\u00e1s, y  Mar\u00eda Magdalena. Jes\u00fas, viendo a su Madre y al disc\u00edpulo a quien  amaba, que estaba all\u00ed, dijo a su Madre: Mujer, he ah\u00ed tienes a tu hijo. Luego dice al disc\u00edpulo: Ah\u00ed tienes a tu madre. Y desde aquella hora el disc\u00edpulo la acogi\u00f3 en su casa\u00bb. (Juan 19,25-27). El oscurecimiento del sol y los otros  fen\u00f3menos naturales extraordinarios deben haber asustado a los enemigos del Se\u00f1or lo suficiente como para que no interfirieran con su madre y con los pocos amigos que permanec\u00edan al pie de la cruz. Entre tanto, Jes\u00fas hab\u00eda  orado por sus enemigos y le hab\u00eda prometido el perd\u00f3n al ladr\u00f3n  penitente; al llegar ese momento, \u00c9l tuvo compasi\u00f3n de su desolada madre, y asegur\u00f3 su porvenir. Si San Jos\u00e9 hubiera estado vivo, o si Mar\u00eda hubiera sido la madre de aquellos que son llamados  hermanos o hermanas de Nuestro Se\u00f1or en los Evangelios, tal medida no hubiera sido  necesaria. Jes\u00fas utiliza el mismo t\u00edtulo respetuoso con el que se hab\u00eda dirigido a su madre en las fiestas de las  bodas de Can\u00e1. Ahora \u00c9l le conf\u00eda a Mar\u00eda a  Juan como su madre, y desea que Mar\u00eda considere a Juan como su hijo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entre los  primeros escritores,  Or\u00edgenes es el \u00fanico que considera la maternidad de Mar\u00eda sobre todos los fieles en este sentido.  Seg\u00fan \u00e9l,  Cristo vive en todos sus seguidores  perfectos, y as\u00ed como Mar\u00eda es la Madre de Cristo, tambi\u00e9n es la madre de aquel en el que Cristo vive.  Por ello, seg\u00fan Or\u00edgenes, el hombre tiene un derecho indirecto a reclamar a Mar\u00eda como su madre, en la medida en que se identifique con Jes\u00fas por la vida de la gracia [91].   En el siglo IX, Jorge de Nicomedia [92] explica las palabras de Nuestro Se\u00f1or en la cruz de forma que Juan es confiado a Mar\u00eda, y con Juan todos los disc\u00edpulos, convirti\u00e9ndola en madre y se\u00f1ora de todos los compa\u00f1eros de Juan.  En el siglo XII Ruperto de Deutz explica las palabras de Nuestro Se\u00f1or estableciendo la maternidad espiritual de Mar\u00eda sobre los hombres, aunque  San Bernardo, el ilustre contempor\u00e1neo de Ruperto, no cita este privilegio entre los numerosos t\u00edtulos de Nuestra Se\u00f1ora [93].   Posteriormente, la explicaci\u00f3n de Ruperto de las palabras de Nuestro Se\u00f1or en la cruz se volvi\u00f3 m\u00e1s y m\u00e1s com\u00fan, tanto es as\u00ed que en nuestros d\u00edas se la puede hallar pr\u00e1cticamente en todos los libros de piedad [94].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La  doctrina de la maternidad espiritual de Mar\u00eda est\u00e1 contenida en el hecho de que ella es la  ant\u00edtesis de Eva: Eva es nuestra madre natural ya que es el origen de nuestra vida natural; por tanto, Mar\u00eda es nuestra madre espiritual ya que es el origen de nuestra vida espiritual. Una vez m\u00e1s, la maternidad espiritual de Mar\u00eda se basa en el hecho de que Jes\u00fas es nuestro hermano, ya que es \u00abel primog\u00e9nito entre muchos hermanos\u00bb (Romanos 8,29). Ella se convirti\u00f3 en nuestra madre desde el momento en que accedi\u00f3 a la Encarnaci\u00f3n del  Verbo, la Cabeza del  cuerpo m\u00edstico cuyos miembros somos nosotros; y ella sell\u00f3 su maternidad al consentir al sacrificio cruento en la Cruz que es la fuente de nuestra  vida sobrenatural. Mar\u00eda y las  santas mujeres (Mt. 17,56;  Mc. 15,40; Lucas 23,49; Juan 19,25) presenciaron la muerte de Jes\u00fas en la cruz; probablemente, ella permaneci\u00f3 durante el descendimiento de su Cuerpo sagrado y durante su funeral.   El Sabbath siguiente fue para ella tiempo de dolor y esperanza. El und\u00e9cimo canon de un concilio celebrado en Colonia, en 1423, instituy\u00f3 contra los husitas la Fiesta de los Siete Dolores de Mar\u00eda, y la coloc\u00f3 en el viernes siguiente al tercer domingo despu\u00e9s de Pascua. En 1725 el Papa Benedicto XIV extendi\u00f3 la  fiesta a toda la Iglesia, y la coloc\u00f3 el viernes de la Semana Santa. \u00abY desde aquella hora el disc\u00edpulo la recibi\u00f3 en su casa\u00bb (Jn. 19,27).  No se puede determinar a partir de los Evangelios si ellos vivieron en Jerusal\u00e9n o en otro lugar.\n<\/p>\n<p>Mar\u00eda despu\u00e9s de la Resurrecci\u00f3n de Nuestro Se\u00f1or<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La narraci\u00f3n  inspirada de los incidentes relacionados con la Resurrecci\u00f3n de Jesucristo no menciona a Mar\u00eda; mas tampoco pretenden ofrecer una narraci\u00f3n completa de todo lo que  Jes\u00fas hizo o dijo. Los  Padres tambi\u00e9n guardan silencio en cuanto a la participaci\u00f3n de Mar\u00eda en las alegr\u00edas del triunfo de su Hijo sobre la muerte.  Sin embargo, [San Ambrosio]] [95] afirma expresamente: \u00abMar\u00eda por tanto vio la Resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or; ella fue la primera que la vio y  crey\u00f3.  Mar\u00eda Magdalena tambi\u00e9n la vio, aunque todav\u00eda dud\u00f3\u00bb. Jorge de Nicomedia [96] deduce a partir de la participaci\u00f3n de Mar\u00eda en los sufrimientos de Nuestro Se\u00f1or que, antes que todos los dem\u00e1s y m\u00e1s que todos ellos, ella debe haber participado en el triunfo de su Hijo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el siglo XII, Ruperto de Deutz [97], y tambi\u00e9n Eadmer [98], San Bernardino de Siena [99], San Ignacio de Loyola [100],  Su\u00e1rez [101],  Maldonado [102] etc. admiten una  aparici\u00f3n del Salvador resucitado a su Bienaventurada Madre [103]. El hecho de que Cristo resucitado se haya aparecido primero a su Bienaventurada Madre coincide al menos con nuestras piadosas expectativas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aunque los Evangelios no nos lo dicen expresamente, podemos suponer que Mar\u00eda estaba presente cuando Jes\u00fas se apareci\u00f3 a varios de sus disc\u00edpulos en Galilea y en el momento de su Ascensi\u00f3n (cf. Mateo 28,7.10.16; Marcos 16,7). M\u00e1s a\u00fan, no es improbable que Jes\u00fas visitara repetidamente a su Bienaventurada Madre durante los cuarenta d\u00edas despu\u00e9s de su Resurrecci\u00f3n.\n<\/p>\n<h3>Mar\u00eda en otros Libros del Nuevo Testamento<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Hechos 1,14 a 2.4<\/b>  Seg\u00fan el Libro de los  Hechos (1,14), despu\u00e9s de la Ascensi\u00f3n de  Cristo a los cielos los Ap\u00f3stoles \u00absubieron al piso alto\u00bb y \u00abtodos \u00e9stos perseveraban un\u00e1nimes en la oraci\u00f3n con algunas mujeres, con Mar\u00eda, la Madre de Jes\u00fas, y con los  hermanos de \u00e9ste\u00bb. A pesar de su ensalzada dignidad, no era Mar\u00eda, sino  Pedro quien actuaba como cabeza de la asamblea (1,15).  Mar\u00eda se comport\u00f3 en la habitaci\u00f3n del piso alto en Jerusal\u00e9n como se hab\u00eda comportado en la gruta de Bel\u00e9n; en Bel\u00e9n hab\u00eda dado a luz al Ni\u00f1o Jes\u00fas, en Jerusal\u00e9n nutr\u00eda a la Iglesia naciente. Los amigos de Jes\u00fas permanecieron en la habitaci\u00f3n superior hasta \u00abel d\u00eda de Pentecost\u00e9s\u00bb, cuando \u00abse produjo de repente un ruido como el de un viento impetuoso&#8230;Aparecieron, como divididas, lenguas de fuego, que se posaron sobre cada uno de ellos, quedando todos llenos del Esp\u00edritu Santo\u00bb (Hch. 2,1-4). Aunque el Esp\u00edritu Santo hab\u00eda descendido sobre Mar\u00eda de una forma especial en el momento de la Encarnaci\u00f3n, ahora le comunic\u00f3 un nuevo grado de gracia. Quiz\u00e1s, esta gracia pentecostal le dio a Mar\u00eda la fuerza para cumplir adecuadamente sus deberes para con la Iglesia naciente y sus hijos espirituales.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>G\u00e1latas 4,4<\/b>  En cuanto a las  Ep\u00edstolas, la \u00fanica referencia directa a Mar\u00eda se halla en  G\u00e1latas 4,4:  \u201cPero al llegar la plenitud de los tiempos envi\u00f3 Dios a su  Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la  Ley\u201d.  Algunos manuscritos en  lat\u00edn, seguidos por varios  Padres, leen gennomenon ek gunaikos en lugar de genomenon ek gunaikos,  \u201cnacido de una mujer\u201d, en lugar de \u201checho de una mujer\u201d.  Pero esta variante no puede ser aceptada.  Pues\n<\/p>\n<ul>\n<li>gennomenon es el participio presente, y debe ser traducido \u201csiendo nacido de una mujer\u201d, as\u00ed que no encaja en el contexto [104];<\/li>\n<li> A pesar de la variante latina natum es el participio perfecto, y no implica los inconvenientes de su original griego,  San Beda [105] la rechaza debido a su sentido menos apropiado.<\/li>\n<li>En  Romanos 1,3, que es hasta cierto punto un paralelo de G\u00e1latas 4,4, San Pablo escribe genomenos ek spermatos Daueid kata sarko, es decir, \u201cnacido del linaje de David seg\u00fan la carne\u201d.<\/li>\n<li>Tertuliano [a06] se\u00f1ala que la palabra \u201checho\u201d implica m\u00e1s que la palabra \u201cnacido\u201d; pues recuerda al \u201c Verbo hecho carne\u201d, y establece la realidad de la carne hecha de la Virgen.<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">Adem\u00e1s, el ap\u00f3stol emplea la palabra \u00abmujer\u00bb en la frase que nos ocupa, porque desea indicar simplemente el sexo, sin ning\u00fan tipo de connotaci\u00f3n ulterior. En realidad, sin embargo, la idea de un hombre hecho de una mujer solamente sugiere la  concepci\u00f3n virginal del Hijo de Dios. San Pablo parece poner de relieve la verdadera idea de la Encarnaci\u00f3n del Verbo, una verdadera comprensi\u00f3n de este misterio de salvaguarda tanto la divinidad como la verdadera  humanidad de Jesucristo [107].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Ap\u00f3stol  San Juan nunca usa el nombre de Mar\u00eda cuando habla de Nuestra Se\u00f1ora, que siempre se refiere a ella como Madre de Jes\u00fas (Juan, 2,1.3; 19,25-26). En su \u00faltima hora, Jes\u00fas hab\u00eda establecido la relaci\u00f3n de madre e hijo entre Mar\u00eda y Juan, y un ni\u00f1o no se dirige normalmente a su madre por su primer nombre.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Apocalipsis 12,1-6<\/b>  En el Apocalipsis (12,1-6) aparece un pasaje singularmente aplicable a Nuestra Bienaventurada Madre:  \u201cUna gran se\u00f1al apareci\u00f3 en el cielo: una  Mujer, vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza; est\u00e1 encinta, y grita con los dolores del parto y con el tormento de dar a luz. Y apareci\u00f3 otra se\u00f1al en el cielo: un gran drag\u00f3n rojo, con siete cabezas y diez cuernos, y sobre sus cabezas siete diademas. Su cola arrastra la tercera parte de las estrellas del cielo y las precipit\u00f3 sobre la tierra. El drag\u00f3n se detuvo delante de la Mujer que iba a dar a luz, para devorar a su Hijo en cuanto lo diera a luz. La mujer dio a luz un Hijo var\u00f3n, el que ha de regir a todas las naciones con cetro de hierro; y su hijo fue arrebatado hasta Dios y hasta su trono. Y la mujer huy\u00f3 al desierto, donde tiene un lugar preparado por Dios para ser all\u00ed alimentada mil doscientos sesenta d\u00edas.\u201d\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La aplicabilidad de este pasaje a Mar\u00eda se basa en las siguientes consideraciones:\n<\/p>\n<ul>\n<li>Al menos parte de los versos se refieren a la madre cuyo hijo va a gobernar las naciones con vara de hierro; seg\u00fan el Sal. 2.9, \u00e9ste es el Hijo de Dios, Jesucristo, cuya madre es Mar\u00eda.<\/li>\n<li>Fue el hijo de Mar\u00eda quien \u00abfue llevado ante Dios, y a su trono\u00bb en el momento de su Ascensi\u00f3n a los cielos.<\/li>\n<li> El drag\u00f3n, o el diablo del Para\u00edso Terrenal (cf. Apoc. 12,9; 20,2), se esfuerza por devorar al Hijo de Mar\u00eda desde el primer momento de su nacimiento, al despertar los celos de Herodes y, m\u00e1s tarde, la  enemistad de los  jud\u00edos.<\/li>\n<li> Debido a sus indecibles privilegios, Mar\u00eda puede ser descrita perfectamente como \u00abvestida de sol, con la luna bajo sus pies, y sobre la cabeza una corona de doce estrellas\u00bb.<\/li>\n<li> Es cierto que los  comentaristas entienden generalmente que el pasaje completo se aplica literalmente a la Iglesia, y que parte de los versos concuerdan mejor con la Iglesia que con Mar\u00eda. Pero debe tenerse en cuenta que Mar\u00eda es a la vez una  figura de la Iglesia y su miembro m\u00e1s conspicuo. Lo que se dice de la Iglesia, en cierto modo se puede decir tambi\u00e9n de Mar\u00eda. Por ello el pasaje del Apocalipsis (12,5-6) no se refiere a Mar\u00eda como una mera adaptaci\u00f3n [108], sino que se aplica a ella en un sentido verdaderamente literal que parece estar parcialmente limitado a ella y parcialmente extendido a toda la Iglesia. La relaci\u00f3n de Mar\u00eda con la Iglesia est\u00e1 bien resumida en la expresi\u00f3n \u00abcollum corporis mystici\u00bb aplicada a Nuestra Se\u00f1ora por San Bernardino de Siena [109].<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">El cardenal  Newman [110] considera dos dificultades contra la interpretaci\u00f3n anterior de la visi\u00f3n de la mujer y el ni\u00f1o: primero, se dice que est\u00e1 escasamente apoyada por los  Padres; segundo, es un anacronismo atribuir tal cuadro de la Madona a la era  apost\u00f3lica.   En cuanto a la primera objeci\u00f3n, el eminente escritor dice:  \u201cLos  cristianos nunca fueron a la Escritura en busca de pruebas de sus  doctrinas, hasta que se produjo esa necesidad real, debido a la presi\u00f3n de las controversias; si en aquellos tiempos la dignidad de la Bienaventurada Virgen era indudable por parte de todos, como un asunto de doctrina, las Escrituras continuar\u00edan siendo un libro cerrado para ellos en lo que respecta a la argumentaci\u00f3n del asunto.\u201d\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s de desarrollar en profundidad esta respuesta, el cardenal contin\u00faa:  \u201cEn cuanto a la segunda objeci\u00f3n que he considerado, lejos de admitirla, me parece que est\u00e1 elaborada sobre un simple hecho  imaginario, y que la verdad del asunto se encuentra justo en el lado opuesto. La Virgen y el Ni\u00f1o no es una simple idea moderna; al contrario, ha sido representada una y otra vez, como sabe cualquiera que haya visitado Roma, en las  pinturas de las  catacumbas. Mar\u00eda est\u00e1 ah\u00ed dibujada con el Ni\u00f1o divino en su regazo, ella con las  manos extendidas en oraci\u00f3n, \u00e9l con sus manos en actitud de  bendecir.\u201d\n<\/p>\n<h2>MAR\u00cdA EN LOS PRIMEROS DOCUMENTOS CRISTIANOS<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hasta ahora hemos recurrido a los escritos o a los restos de la primera \u00e9poca  cristiana en la medida que explican o ilustran las ense\u00f1anzas del  Antiguo o del Nuevo Testamento respecto a la Bienaventurada Virgen. En los siguientes p\u00e1rrafos tendremos que llamar la atenci\u00f3n sobre el hecho de que estas mismas fuentes, hasta un cierto punto, complementan la  doctrina de las  Escrituras. A este respecto, constituyen la base de la  tradici\u00f3n; si la evidencia que aportan es suficiente, en un caso dado, para garantizar su contenido como parte genuina de la Divina revelaci\u00f3n, es un hecho que debe ser determinado de acuerdo con los criterios  cient\u00edficos ordinarios seguidos por los  te\u00f3logos. Sin entrar en estas cuestiones puramente teol\u00f3gicas, presentaremos este material tradicional, en primer lugar, que arroja luz sobre la vida de Mar\u00eda despu\u00e9s del d\u00eda de Pentecost\u00e9s; en segundo lugar, en cuanto que nos proporciona pruebas de la actitud de los primeros cristianos hacia la Madre de Dios.\n<\/p>\n<h2>VIDA DE MAR\u00cdA DESPU\u00c9S DE  PENTECOST\u00c9S<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">El d\u00eda de Pentecost\u00e9s, el Esp\u00edritu Santo hab\u00eda descendido sobre Mar\u00eda cuando vino sobre los Ap\u00f3stoles y disc\u00edpulos reunidos en la habitaci\u00f3n del piso alto en Jerusal\u00e9n. Sin duda, las palabras de  San Juan (19,27) \u00aby desde aquella hora el disc\u00edpulo la recibi\u00f3 en su casa\u00bb, se refieren no s\u00f3lo al tiempo entre Pascua y Pentecost\u00e9s, sino que se extienden a toda la vida posterior de Mar\u00eda. Sin embargo, el cuidado de Mar\u00eda no interfiri\u00f3 con el ministerio apost\u00f3lico de  Juan. Incluso los documentos  inspirados (Hch. 8,14-17; G\u00e1l. 1,18-19; Hch. 21,18) muestran que el ap\u00f3stol estuvo ausente de Jerusal\u00e9n en numerosas ocasiones, aunque debe haber participado en el Concilio de Jerusal\u00e9n, en el 51 \u00f3 52 d.C. Debemos tambi\u00e9n suponer que en Mar\u00eda especialmente se cumplieron las palabras de Hch. 2,42: \u00abperseveraban en la  doctrina de los Ap\u00f3stoles y en la uni\u00f3n, en la  fracci\u00f3n del pan y en la oraci\u00f3n\u00bb. De este modo, Mar\u00eda fue un ejemplo y una fuente de \u00e1nimo para la comunidad de los primeros  cristianos. Al mismo tiempo, debemos confesar que no poseemos ning\u00fan documento aut\u00e9ntico que hable directamente de la vida de Mar\u00eda despu\u00e9s de Pentecost\u00e9s.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Lugares de su vida, muerte y sepultura:<\/b>    En cuanto a la  tradici\u00f3n, existe cierto testimonio sobre la residencia temporal de Mar\u00eda en o cerca de \u00c9feso, pero es mucho m\u00e1s fuerte la evidencia de su hogar permanente en Jerusal\u00e9n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Argumentos a favor de \u00c9feso:<\/b>    La residencia de Mar\u00eda en \u00c9feso se basa en la siguiente evidencia:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(1) En un pasaje de la carta sinodal del Concilio de \u00c9feso [111] se puede leer: \u00abPor esta raz\u00f3n tambi\u00e9n  Nestorio, el instigador de la herej\u00eda imp\u00eda, cuando hubo llegado a la ciudad de los efesios, donde  Juan el Te\u00f3logo y la  Virgen Madre de Dios Santa Mar\u00eda, alej\u00e1ndose por su propia voluntad de la reuni\u00f3n de los  santos  Padres y  Obispos&#8230;\u00bb Dado que San Juan hab\u00eda vivido en \u00c9feso y hab\u00eda sido  enterrado all\u00ed [112], se ha deducido que la elipsis de la carta sinodal significa bien \u00abdonde Juan &#8230;y la Virgen&#8230;Mar\u00eda vivieron\u00bb o bien \u00abdonde Juan&#8230;y la Virgen&#8230;Mar\u00eda vivieron y est\u00e1n enterrados\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(2) Bar Hebreo o Abulfaragio, un obispo  jacobita del siglo XIII, narra que San Juan llev\u00f3 a la Virgen consigo a Patmos, entonces fund\u00f3 la Iglesia de \u00c9feso, y enterr\u00f3 a Mar\u00eda en un lugar desconocido [113].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(3) El Papa Benedicto XIV [114] afirma que Mar\u00eda sigui\u00f3 a San Juan hasta \u00c9feso y all\u00ed muri\u00f3. Tuvo tambi\u00e9n la intenci\u00f3n de eliminar del Breviario aquellas lecciones donde se mencionaba la muerte de Mar\u00eda en Jerusal\u00e9n, pero muri\u00f3 antes de llevarlo a cabo [115].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(4)  La residencia temporal y la muerte de Mar\u00eda en \u00c9feso est\u00e1n apoyadas por escritores tales como Tillemont [116],  Calmet [117], etc.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(5)  En Panaguia Kapoli, en una colina a unas nueve o diez millas de \u00c9feso, se descubri\u00f3 una casa, o m\u00e1s bien sus restos, en la que se supone que vivi\u00f3 Mar\u00eda. La casa fue buscada y hallada siguiendo las indicaciones proporcionadas por Ana Catalina Emerick en su vida de la Bienaventurada Virgen.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Argumentos contra \u00c9feso:<\/b>  Estos argumentos a favor de la residencia o enterramiento de Mar\u00eda en \u00c9feso no son irrebatibles, si se los examina m\u00e1s detenidamente.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(1)  La elipsis de la carta sinodal del Concilio de \u00c9feso puede ser completada de forma que no implique dar por sentado que Nuestra Se\u00f1ora vivi\u00f3 o muri\u00f3 en \u00c9feso. Dado que en la ciudad hab\u00eda una doble  iglesia dedicada a la Virgen Mar\u00eda y a San Juan, la frase incompleta de la carta sinodal puede terminarse de forma que diga, \u00abdonde Juan el Te\u00f3logo y la Virgen&#8230; Mar\u00eda tienen un santuario\u00bb. Esta explicaci\u00f3n de dicha frase ambigua es una de las dos sugeridas al margen del Collect. Concil.  de  Labbe (1.c) [118].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(2) Las palabras de Bar Hebreo contiene dos afirmaciones inexactas: San Juan no fund\u00f3 la Iglesia de \u00c9feso, ni tampoco llev\u00f3 consigo a Mar\u00eda a Patmos. San Pablo fund\u00f3 la Iglesia de \u00c9feso, y Mar\u00eda hab\u00eda muerto antes del exilio de Juan a Patmos. No ser\u00eda sorprendente, por tanto, que el escritor se equivocara en lo que dice sobre el enterramiento de Mar\u00eda. Adem\u00e1s, Bar Hebreo vivi\u00f3 en el siglo XIII; los escritores m\u00e1s antiguos se preocuparon m\u00e1s acerca de los lugares sagrados de \u00c9feso; mencionan la tumba de San Juan y la de una hija de  Felipe [119], pero no dicen nada sobre el lugar de la tumba de Mar\u00eda.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(3)  En cuanto a Benedicto XIV, este gran  pont\u00edfice no enfatiza tanto la muerte y sepultura de Mar\u00eda en \u00c9feso cuando habla de su  Asunci\u00f3n a los cielos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(4)  Ni Benedicto XIV ni otras autoridades que apoyan los argumentos a favor de \u00c9feso proponen ninguna raz\u00f3n que haya sido considerada concluyente por otros estudiantes  cient\u00edficos de este asunto.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(5)  La casa encontrada en Panaguia-Kapouli tiene alg\u00fan valor en cuanto que est\u00e1 relacionada con las  visiones de Ana Catalina Emerick.  Su distancia hasta la ciudad de \u00c9feso da lugar a una suposici\u00f3n contraria a que fuera la casa del  ap\u00f3stol  San Juan. El valor hist\u00f3rico de las visiones de Catalina no es admitido universalmente. Monse\u00f1or Timoni, arzobispo de Esmirna, escribe, refiri\u00e9ndose a Panaguia-Kapouli: \u00abCada uno es completamente libre de tener su propia opini\u00f3n\u00bb. Finalmente, la concordancia entre las  condiciones de la casa en ruinas de Panaguia-Kapouli y la descripci\u00f3n de Catharine no prueban necesariamente la verdad de su afirmaci\u00f3n en cuanto a la historia del edificio [120].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Argumentos contra Jerusal\u00e9n:<\/b>  Se esgrimen dos consideraciones contrarias a la residencia permanente de Nuestra Se\u00f1ora en Jerusal\u00e9n: primero, se ha se\u00f1alado ya que  San Juan no se qued\u00f3 permanentemente en la Ciudad Sagrada; segundo, se dice que los  cristianos  jud\u00edos dejaron Jerusal\u00e9n durante los periodos de persecuci\u00f3n jud\u00eda (cf.  Hechos 8,1; 12,1). Mas como no se puede suponer que San Juan haya llevado consigo a Nuestra Se\u00f1ora en sus expediciones apost\u00f3licas, debemos creer que la dej\u00f3 al cuidado de sus amigos o parientes durante los periodos de su ausencia. Y existen pocas dudas de que muchos cristianos regresasen a Jerusal\u00e9n cuando cesaron los peligros de las persecuciones.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Argumentos a favor de Jerusal\u00e9n:<\/b>  Independientemente de estas consideraciones, se puede apelar a las siguientes razones que apoyan la muerte y  entierro de Mar\u00eda en Jerusal\u00e9n:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(1) En el a\u00f1o 451, Juvenal, obispo de Jerusal\u00e9n, testific\u00f3 sobre la presencia de la  tumba de Mar\u00eda en Jerusal\u00e9n. Es extra\u00f1o que ni San Jer\u00f3nimo, ni el Peregrino de Burdeos ni tampoco pseudo-Silvia proporcionen ninguna evidencia sobre un lugar tan sagrado.  Sin embargo, cuando el emperador Marci\u00f3n y la emperatriz  Pulqueria le pidieron a Juvenal que enviara los  restos sagrados de la  Virgen Mar\u00eda de su tumba en Getseman\u00ed a Constantinopla, donde planeaban  dedicarle una nueva iglesia a Nuestra Se\u00f1ora, el obispo cit\u00f3 una antigua  tradici\u00f3n que dec\u00eda que el cuerpo sagrado hab\u00eda sido asunto al cielo, y s\u00f3lo envi\u00f3 a Constantinopla el ata\u00fad y el sudario.  Esta narraci\u00f3n se basa en la autoridad de un tal Eutimio, cuyo relato fue incluido en una homil\u00eda de San Juan Damasceno [121] que actualmente se lee en el segundo nocturno del cuarto d\u00eda de la octava de la  Asunci\u00f3n.   Scheeben [122] opina que las palabras de Eutimio son una interpolaci\u00f3n posterior: no encajan en el contexto; contienen una apelaci\u00f3n a Dionisio el Pseudo-Areopagita [123] que no se mencionan de ning\u00fan modo antes del siglo VI; y son poco fiables en su conexi\u00f3n con el nombre del obispo Juvenal, a quien el  Papa San Le\u00f3n [124] acus\u00f3 de falsificaci\u00f3n de  documentos. En su carta, el  pont\u00edfice le recuerda al obispo los sagrados lugares que tiene ante sus ojos, pero no menciona la tumba de Mar\u00eda [125]. Si se considera que este silencio es puramente fortuito, la principal pregunta sigue siendo, \u00bfcu\u00e1nta verdad hist\u00f3rica hay en el relato de Eutimio acerca de las palabras de Juvenal?\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(2)  Se debe mencionar aqu\u00ed el ap\u00f3crifo \u00abHistoria dormitionis et assumptionis B.M.V.\u00bb, que reclama a San Juan por su autor. [126] Tischendorf opina que las partes m\u00e1s importantes de la obra se remontan al siglo IV, quiz\u00e1s incluso al siglo II [127].  Aparecieron variaciones del texto original en  \u00e1rabe,  sir\u00edaco y en otras lenguas; entre estas variaciones hay que destacar una obra llamada \u00abDe transitu Mariae Virg.\u00bb, que apareci\u00f3 bajo la firma de San Melit\u00f3n de Sardes [128]. El  Papa Gelasio incluye este trabajo entre las obras prohibidas [129]. Los incidentes extraordinarios que estas obras relacionan con la muerte de Mar\u00eda carecen de importancia aqu\u00ed; sin embargo, sit\u00faan sus \u00faltimos momentos y su entierro en o cerca de Jerusal\u00e9n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(3)  Otro testigo de la existencia de una tradici\u00f3n que sit\u00faa la tumba de Mar\u00eda en Getseman\u00ed la constituye la bas\u00edlica que fue erigida sobre el lugar sagrado, hacia finales del siglo IV o comienzos del V. La  iglesia actual fue construida por los  latinos en el mismo lugar en que se hab\u00eda levantado el antiguo edificio. [130]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(4)  En la primera parte del siglo VII, Modesto, Obispo de Jerusal\u00e9n, localiz\u00f3 el tr\u00e1nsito de Nuestra Se\u00f1ora en el Monte Si\u00f3n, en la casa que conten\u00eda el Cen\u00e1culo y la habitaci\u00f3n del piso superior de Pentecost\u00e9s [131]. E n esta \u00e9poca, una sola iglesia cubr\u00eda las localidades  consagradas por estos varios misterios. Es asombrosa la tard\u00eda evidencia de una tradici\u00f3n que lleg\u00f3 a estar tan extendida a partir del siglo VII.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(5)  Otra tradici\u00f3n se conserva en el \u00abCommemoratorium de Casis Dei\u00bb dirigida a Carlomagno [132], la cual coloca la muerte de Mar\u00eda en el Monte de los Olivos, donde se levanta una iglesia que se dice que conmemora este suceso. Es posible que el escritor intentara relacionar el tr\u00e1nsito de Mar\u00eda con la iglesia de la Asunci\u00f3n, del mismo modo que la tradici\u00f3n gemela lo conectaba con el cen\u00e1culo. De cualquier manera, se puede concluir que alrededor del comienzo del siglo V exist\u00eda una tradici\u00f3n bastante extendida que sosten\u00eda que Mar\u00eda hab\u00eda muerto en Jerusal\u00e9n y hab\u00eda sido enterrada en Getseman\u00ed. Esta  tradici\u00f3n parece descansar sobre bases m\u00e1s s\u00f3lidas que la versi\u00f3n de que Nuestra Se\u00f1ora muri\u00f3 y fue enterrada en o cerca de \u00c9feso. Dado que al llegar a este punto carecemos de documentaci\u00f3n hist\u00f3rica, resultar\u00eda dif\u00edcil establecer la relaci\u00f3n de cualquiera de las dos tradiciones con los tiempos apost\u00f3licos. [133]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Conclusi\u00f3n<\/b>   Hemos visto que no hay certeza absoluta sobre el lugar en el que Mar\u00eda vivi\u00f3 despu\u00e9s del d\u00eda de Pentecost\u00e9s. Aunque es m\u00e1s probable que permaneciera ininterrumpidamente en o cerca de Jerusal\u00e9n, puede haber residido durante un tiempo en las cercan\u00edas de \u00c9feso, y ello puede haber originado la tradici\u00f3n de su muerte y  enterramiento en \u00c9feso. Existe a\u00fan menos informaci\u00f3n hist\u00f3rica referente a los incidentes particulares de su vida.  San Epifanio [134] duda incluso de la realidad de la muerte de Mar\u00eda; pero la creencia universal de la Iglesia no coincide con la opini\u00f3n privada de San Epifanio. La muerte de Mar\u00eda no fue  necesariamente una consecuencia de la violencia; ni tampoco fue una expiaci\u00f3n o un castigo, ni el resultado de una enfermedad de la que, como su divino  Hijo, ella fue eximida. Desde la Edad Media prevalece la opini\u00f3n que muri\u00f3 de amor, ya que su gran deseo era reunirse con su Hijo ya fuera disolviendo los lazos entre cuerpo y alma o rogando a Dios para que El los disolviese. Su muerte fue un sacrificio de amor que complet\u00f3 el sacrificio doloroso de su vida. Es la muerte en el beso del Se\u00f1or (in osculo Domini), de la que mueren los  justos. No hay una tradici\u00f3n cierta sobre el a\u00f1o en que muri\u00f3 Mar\u00eda.   Baronio en sus Anales  se apoya en un pasaje de la Cr\u00f3nica de Eusebio para asumir que Mar\u00eda muri\u00f3 en el 48 d.C. Hoy se cree que este pasaje de la Cr\u00f3nica es una interpolaci\u00f3n posterior [135].   Nirschl se basa en una tradici\u00f3n encontrada en Clemente de Alejandr\u00eda [136] y  Apolonio [137] que se refiere al mandato de Nuestro Se\u00f1or a los Ap\u00f3stoles para que fueran a predicar doce a\u00f1os en Jerusal\u00e9n y Palestina antes de extenderse a las naciones del mundo; a partir de esto, \u00e9l tambi\u00e9n llega a la conclusi\u00f3n de que Mar\u00eda muri\u00f3 en el 48 d.C.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Su asunci\u00f3n al cielo:<\/b>   La Asunci\u00f3n de Nuestra Se\u00f1ora a los cielos ha sido tratada en el art\u00edculo Fiesta de la Asunci\u00f3n de Mar\u00eda [138].  Esta  fiesta es probablemente la m\u00e1s antigua de todas las festividades de Mar\u00eda propiamente dichas [139].   En cuanto al  arte, la Asunci\u00f3n ha sido un tema favorito de la  Escuela de Siena, que generalmente representa a Mar\u00eda siendo elevada a los cielos en una mandorla.  Vea tambi\u00e9n el art\u00edculo Dogma de la Asunci\u00f3n de la Sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda.\n<\/p>\n<h2>ACTITUD DE LOS PRIMEROS CRISTIANOS HACIA LA MADRE DE DIOS<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Su imagen y su nombre:<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Representaciones de su imagen <\/b>  Ninguna  pintura ha conservado para nosotros el verdadero aspecto de Mar\u00eda. Las representaciones  bizantinas, de las cuales se dice que fueron pintadas por  San Lucas, pertenecen ya al siglo VI, y reproducen una imagen convencional. Existen veintisiete copias, de las cuales diez se encuentran en Roma [140].   Incluso  San Agust\u00edn expresa la opini\u00f3n de que la apariencia externa real de Mar\u00eda es desconocida para nosotros, y que a este respecto no  conocemos ni  creemos nada [141]. La pintura m\u00e1s antigua de Mar\u00eda es la hallada en el cementerio de Priscila; representa a la Virgen como si fuera a amamantar al Ni\u00f1o  Jes\u00fas, y cerca de ella est\u00e1 la imagen de un  profeta, Isa\u00edas o quiz\u00e1s Miqueas. El cuadro pertenece a principios del siglo II, y resiste favorablemente la comparaci\u00f3n con las obras de  arte encontradas en Pompeya.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Del siglo III poseemos pinturas de Nuestra Se\u00f1ora presente durante la adoraci\u00f3n de los Reyes Magos; se encuentran en los cementerios de  Domitila y Calixto. Los cuadros pertenecientes al siglo IV se encuentran en los cementerios de San Pedro y Marcelino; en uno de \u00e9stos ella aparece con la cabeza descubierta, en otro con los  brazos medio extendidos como en actitud de s\u00faplica, y con el Ni\u00f1o de pie frente a ella. En las tumbas de los primeros  cristianos, los  santos figuraban como  intercesores por sus almas, y entre estos santos, Mar\u00eda ocup\u00f3 siempre un lugar de honor.  Adem\u00e1s de las pinturas en las paredes y sarc\u00f3fagos, las  catacumbas proporcionan asimismo cuadros de Mar\u00eda pintados sobre discos de vidrio dorado sellados mediante otro disco de vidrio soldado al anterior [142]. Estas pinturas pertenecen generalmente a los siglos III o IV, y frecuentemente van acompa\u00f1adas de la leyenda MARIA o MARA.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Uso de su nombre:<\/b>  Hacia fines del siglo IV el nombre de Mar\u00eda se hab\u00eda vuelto muy frecuente entre los cristianos; esto muestra otra se\u00f1al de la  veneraci\u00f3n que sent\u00edan por la Madre de Dios [143].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Conclusi\u00f3n:<\/b>  Nadie puede sospechar de idolatr\u00eda entre los primeros cristianos, como si hubieran rendido  culto supremo a los cuadros de Mar\u00eda o a su nombre; sin embargo, \u00bfc\u00f3mo podemos explicar los fen\u00f3menos enumerados, a menos que supongamos que los primeros cristianos veneraron a Mar\u00eda de una forma especial? [144]  Tampoco puede afirmarse que esta veneraci\u00f3n sea una corrupci\u00f3n introducida posteriormente. Se ha comprobado que las pinturas m\u00e1s antiguas datan de principios del siglo II, de forma que ello prueba que durante los primeros cincuenta a\u00f1os despu\u00e9s de la muerte de  San Juan la veneraci\u00f3n de Mar\u00eda hab\u00eda prosperado en la Iglesia de Roma.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Primeros escritos<\/b>   En cuanto a la actitud de las Iglesias de Asia Menor y de Lyon podemos recurrir a las palabras de San Ireneo, un  alumno de San Policarpo, [145] disc\u00edpulo de San Juan; \u00e9l llama a Mar\u00eda nuestra m\u00e1s eminente abogada. San Ignacio de Antioqu\u00eda, parte de cuya vida transcurri\u00f3 en tiempos  apost\u00f3licos, escribi\u00f3 a los efesios (c. 18-19) en forma tal que relacionaba m\u00e1s \u00edntimamente los misterios de la  vida de Nuestro Se\u00f1or con los de la Virgen Mar\u00eda.  Por ejemplo, la virginidad de Mar\u00eda y su parto son enumerados con la  muerte de  Cristo, como constituyentes de tres misterios desconocidos para el diablo. El autor sub-apost\u00f3lico de la Carta a Diogneto, cuando escribe sobre los misterios cristianos a un  pagano que pregunta, describe a Mar\u00eda como la m\u00e1s grande ant\u00edtesis de Eva, y esta idea de Nuestra Se\u00f1ora aparece repetidamente en otros escritores incluso antes del Concilio de \u00c9feso.  Hemos llamado la atenci\u00f3n varias veces sobre las palabras de San Justino y Tertuliano, los cuales escribieron ambos antes de finales del siglo II.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dado que es aceptado que las alabanzas de Mar\u00eda crecen conforme crece la comunidad cristiana, podemos concluir en resumen que la veneraci\u00f3n y la  devoci\u00f3n a Mar\u00eda comenzaron incluso en tiempos de los Ap\u00f3stoles.\n<\/p>\n<h2>Notas<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">[1] Quaest. hebr. en Gen., P.L., XXIII, col. 943\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[2] cf. Sab. 2,25; Mat. 3,7; 23,33; Jn. 8,44; 1 Jn. 3,8-12.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[3] Hebr\u00e4ische Grammatik, 26ta. ed.., 402\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[4] Der alte Orient und die Geschichtsforschung, 30\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[5] cf. Jeremias, Das Alte Testament im Lichte des alten Orients, 2nd ed., Leipzig, 1906, 216; Himpel, Messianische Weissagungen im Pentateuch, Tubinger theologische Quartalschrift, 1859; Maas, Christ in Type and Prophecy, I, 199 ss., Nueva York, 1893; Flunck, Zeitschrift f\u00fcr katholische Theologie, 1904, 641 sqq.; San Justino, Dial. c. Tryph., 100 (P.G., VI, 712); San Ireneo, Adv. Haer., III, 23 (P.G., VII, 964); San Cipriano., Test. c. Jud., II, 9 (P.L., IV, 704); San Epifanio, Haer., III, II, 18 (P.G., XLII, 729).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[6] Lagarde, Guthe, Giesebrecht, Cheyne, Wilke.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[7] cf. Knabenbauer, Comment. in Isaiam, Par\u00eds, 1887; Schegg, Der Prophet Isaias, Munchen, 1850; Rohling, Der Prophet Isaia, Munster, 1872; Neteler, Das Bush Isaias, Munster, 1876; Condamin, Le livre d&#8217;Isaie, Par\u00eds, 1905; Maas, Christ in Type and Prophecy, Nueva York, 1893, I, 333 ss.; Lagrange, La Vierge et Emmaneul, en Revue biblique, Par\u00eds, 1892, p\u00e1gs. 481-497; L\u00e9mann, La Vierge et l&#8217;Emmanuel, Par\u00eds, 1904; SAN Ignacio, ad Eph., cc. 7, 19, 19; San Justino, Dial., P.G., VI, 144, 195; San Ireneo, Adv. Haer., IV, XXXIII, 11.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[8] Cf. los principales comentarios cat\u00f3licos sobre Miqueas; tambi\u00e9n Maas, \u00abChrist in Type and Prophecy\u201d, Nueva York, 1893, I, p\u00e1gs. 271 ss.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[9] P.G., XXV, col. 205; XXVI, 12 76\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[10] In Jer., P.L., XXIV, 880\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[11] cf. Scholz, Kommentar zum Propheten Jeremias, W\u00fcrzburgo, 1880; Knabenbauer, Das Buch Jeremias, des Propheten Klagelieder, und das Buch Baruch, Vienna, 1903; Conamin, Le texte de Jeremie, XXXI, 22, est-il messianique? en Revue biblique, 1897, 393-404; Maas, Christ in Type and Prophecy, Nueva York, 1893, I, 378 ss.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[12] cf. San Ambrosio, De Spirit. Sanct., I, 8-9, P.L., XVI, 705; San Jer\u00f3nimo, Epist., CVIII, 10; P.L., XXII, 886.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[13] cf. Gietmann, In Eccles. et Cant. cant., Par\u00eds, 1890, 417 ss.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[14] cf. Bula \u00abIneffabilis\u00bb, cuarta lectura del Oficio para el 10 de diciembre.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[15] Responsorio del s\u00e9ptimo nocturno en el Oficio de la Inmaculada Concepci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[16] cf. San Justino, Dial. c. Tryph., 100; P.G., VI, 709-711; San Ireneo, Adv. Haer., III, 22; V, 19; P.G., VII, 958, 1175; Tertuliano, De Carne Christi, 17; P.L., II, 782; San Cirilo, Catech., XII, 15; P.G., XXXIII, 741; San Jer\u00f3nimo, Ep. XXII ad Eustoch., 21; P.L., XXII, 408; San Agust\u00edn, De Agone Christi, 22; P.L., XL, 303; Terrien, La M\u00e8re de Dien et la m\u00e8re des hommes, Par\u00eds, 1902, I, 120-121; II, 117-118; III, p\u00e1gs. 8-13; Newman, Anglican Difficulties, Londres, 1885, II, p\u00e1gs. 26 ss.; Lecanu, Histoire de la Sainte Vierge, Par\u00eds, 1860, p\u00e1gs. 51-82.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[17] De B. Virg., l. IV, c. 24\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[18] La Vierge Marie d&#8217;apres l&#8217;Evangile et dans l&#8217;Eglise\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[19] Carta al Dr.  Pusey\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[20] Mary in the Gospels, Londres y Nueva York, 1885, Lecture I.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[21] cf. Tertuliano, De Carne Christi, 22; P.L., II, 789; San Agust\u00edn, De Cons. Evang., II, 2, 4; P.L., XXXIV, 1072.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[22] Cf. San Ignacio, Ad Ephes, 187; San Justino, c. Taryph., 100; San Agust\u00edn, c. Faust, XXIII, 5-9; Bardenhewer, Maria Verkundigung, Friburgo, 1896, 74-82; Friedrich, Die Mariologie des hl. Augustinus, C\u00f6ln, 1907, 19 ss.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[23] Jans., Hardin., etc.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[24] Hom. I. de nativ. B.V., 2, P.G., XCVI, 664\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[25] P.G., XLVII, 1137\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[26] De Praesent., 2, P.G., XCVIII, 313\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[27] De Laud. Deipar., P.G., XLIII, 488\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[28] P.L., XCVI, 278\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[29] In Nativit. Deipar., P.L., CLI, 324\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[30] cf. Aug., Consens. Evang., l. II, c. 2\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[31] Schuster y Holzammer, Handbuch zur biblischen Geschichte, Friburgo, 1910, II, 87, nota 6\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[32] Anacreont., XX, 81-94, P.G., LXXXVII, 3822\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[33] Hom. I in Nativ. B.M.V., 6, II, P.G., CCXVI, 670, 678\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[34] cf. Gu\u00e9rin, Jerusal\u00e9n, Par\u00eds, 1889, p\u00e1gs. 284, 351-357, 430; Socin-Benzinger, Pal\u00e4stina und Syrien, Leipzig, 1891, p. 80; Revue biblique, 1893, p\u00e1gs. 245 ss.; 1904, p\u00e1gs. 228 ss; Gariador, Les B\u00e9n\u00e9dictins, I, Abbaye de Ste-Anne, V, 1908, 49 ss.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[35] cf. de Vogue, Les \u00e9glises de la Terre-Sainte, Par\u00eds, 1850, p. 310\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[36] 2, 4, P.L., XXX, 298, 301\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[37] Itiner., 5, P.L., LXXII, 901\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[38] cf. Lievin de Hamme, Guide de la Terre-Sainte, Jerusal\u00e9n, 1887, III, 183\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[39] Haer., XXX, IV, II, P.G., XLI, 410, 426\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[40] P.G., XCVII, 806\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[41] cf. San Agust\u00edn, De Santa Virginit., I, 4, P.L., XL, 398\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[42] cf. Lucas 1,41; Tertuliano, De Carne Christi, 21, P.L., II, 788; San Ambrosio, De Fide, IV, 9, 113, P.L., XVI, 639; San Cirilo de Jerusal\u00e9n, Catech., III, 6, P.G., XXXIII, 436\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[43] Tischendorf, Evangelia apocraphya, 2da. ed., Leipzig, 1876, p\u00e1gs. 14-17, 117-179\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[44] P.G., XLVII, 1137.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[45] P.G., XCVIII, 313.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[46] P.G., XXXVCIII, 244.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[47] cf. Gu\u00e9rin, Jerusal\u00e9n, 362; Li\u00e9vin, Guide de la Terre-Sainte, I, 447\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[48] de virgin., II, ii, 9, 10, P.L., XVI, 209 sq.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[49] cf. Corn. Jans., Tetrateuch. en Evang., Lovain,a 1699, p. 484; Knabenbauer, Evang. sec. Luc., Par\u00eds, 1896, p. 138\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[50] cf. San Ambrosio, Expos. Evang. sec. Luc., II, 19, P.L., XV, 1560\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[51] cf. Schick, Der Geburtsort Johannes&#8217; des T\u00e4ufers, Zeitschrift des Deutschen Pal\u00e4stina-Vereins, 1809, 81; Barnab\u00e9 Meistermann, La patrie de saint Jean-Baptiste, Par+is, 1904; Idem, Noveau Guide de Terre-Sainte, Par\u00eds, 1907, 294 ss.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[52] cf. Plinius, Histor. Natural., V, 14, 70\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[53] cf. Aug., ep. XLCCCVII, ad Dardan., VII, 23 ss., P.L., XXXIII, 840; Ambr. Expos. Evang. sec. Luc., II, 23, P.L., XV, 1561\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[54] cf. Knabenbauer, Evang. sec. Luc., Par\u00eds, 1896, 104-114; Sch\u00fcrer, Geschichte des J\u00fcdischen Volkes im Zeitalter Jesu Christi, 4ta. ed., I, 508 ss.; Pfaffrath, Theologie und Glaube, 1905, 119\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[55] cf. San Justino, Cial. c. Tryph., 78, P.G., VI, 657; Orig\u00edgenes, C. Cels., I, 51, P.G., XI, 756; Eusebio, Vita Constant., III, 43; Demonstr. evang., VII, 2, P.G., XX, 1101; San Jer\u00f3nimo, ep. ad Marcell., XLVI [al. XVII]. 12; ad Eustoch., XVCIII [al. XXVII], 10, P.L., XXII, 490, 884\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[56] In Ps. XLVII, II, P.L., XIV, 1150;\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[57] Orat. I, de resurrect., P.G., XLVI, 604;\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[58] De Fide orth., IV, 14, P.G., XLIV, 1160; Fortun., VIII, 7, P.L., LXXXVIII, 282;\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[59] 63, 64, 70, P.L., XXXVIII, 142;\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[60] Summa theol., III, q. 35, a. 6;\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[61] cf. Josefo, Bell. Jud., II, XVIII, 8\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[62] In Flaccum, 6, Mangey&#8217;s edit., II, p. 523\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[63] cf. Schurer, Geschichte des Judischen Volkes im Zeitalter Jesu Christi, Leipzig, 1898, III, 19-25, 99\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[64] Las leyendas y tradiciones respecto a estos puntos se hallan en Jullien&#8217;s \u00abL&#8217;Egypte\u00bb (Lille, 1891), p\u00e1gs. 241-251, y en la obra del mismo autor titulada  \u00abL&#8217;arbre de la Vierge a Matarich\u00bb, 4ta. edit. (Cairo, 1904).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[65]  En cuanto a la virginidad de Mar\u00eda en su alumbramiento podemos consultar a  San Ireneo, Haer. IV, 33, P.G., VII, 1080; San Ambrosio, Ep. XLII, 5, P.L., XVI, 1125; San Agust\u00edn, Ep. CXXXVII, 8, P.L., XXXIII, 519; Serm. LI, 18, P.L., XXXVIII, 343; Enchir. 34, P.L., XL, 249; San Le\u00f3n, Serm., XXI, 2, P.L., LIV, 192; San Fulgencio, De Fide ad Petr., 17, P.L., XL, 758; Genadio, De Eccl. Dogm., 36, P.G., XLII, 1219; San Cirilo de Alejandr\u00eda, Hom. XI, P.G., LXXVII, 1021; San Juan Damasceno, De Fide Orthod., IV, 14, P.G., XCIV, 1161; Pasch. Radb., de partu Virg., P.L., CXX, 1367; etc.  En cuanto a las dudas pasajeras sobre la virtinidad de Mar\u00eda durante su alumbramiento, vea Or\u00edgenes, In Luc., Hom. XIV, P.G., XIII, 1834; Tertuliano, Adv. Marc., III, 11, P.L., IV, 21; De Carne Christi, 23, P.L., II, 336, 411, 412, 790.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[66] Mt. 12,46-47; 13,55-56; Mc. 3,31-32; 3,3; Lc. 8,19-20; Jn. 2,12; 7,3.5.10; Hch. 1,14; 1 Cor. 9,5; G\u00e1l. 1,19; Judas 1\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[67] cf. San Jer\u00f3nimo, In Matt., 1,2 (P.L., XXVI, 24-25)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[68] cf. San Juan Cris\u00f3stomo, In Matt., 5,3, P.G., LVII, 58; San Jer\u00f3nimo, De Perpetua Virgin. B.M., 6, P.L., XXIII, 183-206; San Ambrosio, De Institut. Virgin., 38, 43, P.L., XVI, 315, 317; Santo Tom\u00e1s, Summa theol., III, q. 28, a. 3; Petav., De Incarn., XIC, III, 11; etc.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[69] cf. Ex. 34,19; N\u00fam. 18,15; San Epifanio, Haer. LXXCVIII, 17, P.G., XLII, 728\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[70] cf. Revue biblique, 1895, pp. 173-183\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[71] San Pedro Cris\u00f3logo, Serm., CXLII, en Annunt. B.M. V., P.G., LII, 581; Hesych., hom. V de S. M. Deip., P.G., XCIII, 1461; San Ildefonso Ce Virgin. Perpet. S.M., P.L., XCVI, 95; San Bernardo, de XII praer. B.V.M., 9, P.L., CLXXXIII, 434, etc.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[72] Ad Ephes., 7, P.G., V, 652\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[73] Adv. Haer., III, 19, P.G., VIII, 940, 941\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[74] Adv. Prax. 27, P.L., II, 190\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[75] Serm. I, 6, 7, P.G., XLVIII, 760-761\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[76] Cf. Ambrosio, In Luc. II, 25, P.L., XV, 1521; San Cirilo de Alejandr\u00eda, Apol. pro XII cap.; c. Julian., VIII; ep. ad Acac., 14; P.G., LXXVI, 320, 901; LXXVII, 97; Juan de Antioqu\u00eda, ep. ad Nestor., 4, P.G., LXXVII, 1456; Teodoreto, Haer. Bab., IV, 2, P.G., LXXXIII, 436; San Gregorio Nacianceno, ep. ad Cledon., I, P.G., XXXVII, 177; Proclo, Hom. de Matre Dei, P.G., LXV, 680; etc.  Entre los escritores modernos se deben notar Terrien, La m\u00e8re de Dieu et la mere des hommes, Par\u00eds, 1902, I, 3-14; Turnel, Histoire de la th\u00e9ologie positive, Par\u00eds, 1904, 210-211.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[77] cf. Petav., De Incarnat., XIV, i, 3-7\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[78] ep. CCLX, P.G., XXXII, 965-968\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[79] Hom. IV, In Matt., P.G., LVII, 45; Hom. XLIV, In Matt. P.G., XLVII, 464 sq.; Hom. XXI, en Jo., P.G., LIX, 130\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[80] In Jo., P.G., LXXIV, 661-664\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[81] San Ambrosio en Luc. II, 16-22; P.L., XV, 1558-1560; De Virgin. I, 15; ep. LXIII, 110; De Obit. Val., 39, P.L., XVI, 210, 1218, 1371; San Agust\u00edn, De Nat. et Grat., XXXVI, 42, P.L., XLIV, 267; San Beda, In Luc. II, 35, P.L., XCII, 346; Santo Tom\u00e1s, Summa theol., III. Q. XXVII, a. 4; Terrien, La mere de Dieu et la mere des hommes, Par\u00eds, 1902, I, 3-14; II, 67-84; Turmel, Histoire de la th\u00e9ologie positive, Par\u00eds, 1904, 72-77; Newman, Anglican Difficulties, II, 128-152, Londres, 1885\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[82] cf. Iliad, III, 204; Xenoph., Cyrop., V, I, 6; Dio Cassius, Hist., LI, 12; etc.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[83] cf. San Ireneo, C. Haer., III, XVI, 7, P.G., VII, 926\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[84] P.G., XLIV, 1308\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[85] Vea Knabenbauer, Evang. sec. Joan., Par\u00eds, 1898, p\u00e1gs. 118-122; Hoberg, Jesus Christus. Vortr\u00e4ge, Friburgo, 1908, 31, Anm. 2; Theologie und Glaube, 1909, 564, 808.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[86] cf. San Agust\u00edn, De Virgin., 3, P.L., XL, 398; Pseudo-Justino, Qaest. et Respons. Ad Orthod., I, q. 136, P.G., VI, 1389\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[87] cf. Geyer, Itinera Hiersolymitana saeculi IV-VIII, Viena, 1898, 1-33; Mommert, Das Jerusalem des Pilgers von Bordeaux, Leipzig, 1907\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[88] Meister, Rhein. Mus., 1909, LXIV, 337-392; Bludau, Katholik, 1904, 61 ss., 81 ss, 164 sqq.; Revue B\u00e9n\u00e9dictine, 1908, 458; Geyer, l. c.; Cabrol, Etude sur la Peregrinatio Silviae, Par\u00eds, 1895\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[89] cf. de Vog\u00fc\u00e9, Les Eglises de la Terre-Sainte, Par+is, 1869, p. 438; Li\u00e9vin, Guide de la Terre-Sainte, Jerusal\u00e9n, 1887, I, 175\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[90] cf. Thurston, en The Month para 1900, julio a septiembre, p\u00e1gs. 1-12; 153-166; 282-293; Boudinhon en Revue du clerg\u00e9 fran\u00e7ais, Nov. 1, 1901, 449-463\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[91] Praef. in Jo., 6, P.G., XIV, 32\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[92] Orat. VIII en Mar. assist. cruci, P.G., C, 1476\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[93] cf. Sermo dom. infr. oct. Assumpt., 15, P.L., XLXXXIII, 438\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[94] cf. Terrien, La mere de Dieu et la mere des hommes, Par\u00eds, 1902, III, 247-274; Knabenbauer, Evang. sec. Joan., Par\u00eds, 1898, 544-547; Bellarmine, de sept. verb. Christi, I, 12, Colonia, 1618, 105-113\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[95] De Virginit., III, 14, P.L., XVI, 283\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[96] Or. IX, P.G., C, 1500\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[97] De Div. Offic., VII, 25, P.L., CLIX, 306\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[98] De Excell. V.M., 6, P.L., CLIX, 568\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[99] Quadrages. I, in Resurrect., serm. LII, 3\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[100] Exercit. spirit. de resurrect., I apparit.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[101] De Myster. vit. Christi, XLIX, I\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[102] In IV Evang., ad XXVIII Matth.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[103] Vea Terrien, La mere de Dieu et la mere des hommes, Par\u00eds, 1902, I, 322-325.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[104] cf. Photius, ad Amphiloch., q. 228, P.G., CI, 1024\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[105] In Luc. XI, 27, P.L., XCII, 408\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[106] De Carne Christi, 20, P.L., II, 786\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[107] Cf. Tertuliano, De Virgin. vel., 6, P.L., II, 897; San Cirilo de Jerusal\u00e9n., Catech., XII, 31, P.G., XXXIII, 766; San  Jer\u00f3nimo, en ep. ad Gal. II, 4, P.L., XXVI, 372.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[108] cf. Drach, Apcal., Par\u00eds, 1873, 114\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[109] Cf. Pseudo-Agust\u00edn, Serm. IV de Symbol. Ad Catechum., I, P.L., XL, 661; Pseudo-Ambrosio, expos, en Apoc., P.L., XVII, 876; Haymo de Halberstadt, en Apoc. III, 12, P.L., CXVII, 1080; Alcuino, Comment. en Apoc., V, 12, P.L., C, 1152; Casiodoro, Complexion. en Apoc., ad XII, 7, P.L., LXX, 1411; Ricardo de San V\u00edctor, Explic. en Cant., 39, P.L., VII, 12, P.L., CLXIX, 1039; San Bernardo, Serm. de XII Praerog. B.V.M., 3, P.L., CLXXXIII, 430; de la Broise, Mulier amicta sole,en Etudes, april-junio, 1897; Terrien, La m\u00e8re de Dieu et la mere des hommes, Par\u00eds, 1902, IV, 59-84.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[110] Anglican Difficulties, Londres, 1885, II, 54 ss.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[111] Labbe, Collect. Concilior., III, 573\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[112] Eusebio, Hist. Eccl., III, 31; V, 24, P.G., XX, 280, 493\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[113] cf. Assemani, Biblioth. orient., Roma, 1719-1728, III, 318\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[114] De Fest. D.N.J.X., I, VII, 101\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[115] cf. Arnaldi, super transitu B.M.V., Genes 1879, I, c. I\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[116] M\u00e9m. pour servir \u00e0 l&#8217;histoire eccl\u00e9s., I, 467-471\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[117] Dict. de la Bible, art. Jean, Marie, Par\u00eds, 1846, II, 902; III, 975-976\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[118] cf. Le Camus, Les sept Eglises de l&#8217;Apocalypse, Par\u00eds, 1896, 131-133.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[119] cf. Polycrates, en la Hist. Ecl. De Eusebio, XIII, 31, P.G., XX, 280\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[120] En relaci\u00f3ncon esta controversia, vea Le Camus, Les sept Eglises de l&#8217;Apocalypse, Par\u00eds, 1896, pp. 133-135; Nirschl, Das Grab der hl. Jungfrau, Maguncia, 1900; P. Barnab\u00e9, Le tombeau de la Sainte Vierge a J\u00e9rusalem, Jerusal\u00e9n, 1903; Gabri\u00e9lovich, Le tombeau de la Sainte Vierge \u00e0 Eph\u00e9se, r\u00e9ponse au P. Barnab\u00e9, Par\u00eds, 1905.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[121] Hom. II in dormit. B.V.M., 18 P.G., XCVI, 748\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[122] Handb. der Kath. Dogmat., Friburgo, 1875, III, 572\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[123] De Divinis Nomin., III, 2, P.G., III, 690\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[124] Et. XXIX, 4, P.L., LIV, 1044\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[125] Ep. CXXXIX, 1, 2, P.L., LIV, 1103, 1105\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[126] cf. Assemani, Biblioth. orient., III, 287\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[127] Apoc. apocr., Mariae dormitio, Leipzig, 1856, p. XXXIV\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[128] P.G., V, 1231-1240; cf. Le Hir, Etudes bibliques, Paris, 1869, LI, 131-185\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[129] P.L., LIX, 152\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[130] Guerin, Jerusal\u00e9n, Par\u00eds, 1889, 346-350; Socin-Benzinger, Palastina und Syrien, Leipzig, 1891, pp. 90-91; Le Camus, Notre voyage aux pays bibliqes, Paris, 1894, I, 253\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[131] P.G., LXXXVI, 3288-3300\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[132] Tobler, Itiner, Terr. sanct., Leipzig, 1867, I, 302\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[133] Cf. Zahn, Die Dormitio Sanctae Virginis und das Haus des Johannes Marcus, in Neue Kirchl. Zeitschr., Leipzig, 1898, X, 5; Mommert, Die Dormitio, Leipzig, 1899; S\u00e9journ\u00e9, Le lieu de la dormition de la T.S. Vierge, in Revue biblique, 1899, p\u00e1gs. 141-144; Lagrange, La dormition de la Sainte Vierge et la maison de Jean Marc, ibid., p\u00e1gs. 589, 600.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[134] Haer. LXXVIII, 11, P.G., XL, 716\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[135] cf. Nirschl, Das Grab der hl. Jungfrau Maria, Maguncia, 1896, 48\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[136] Stromat. VI, 5\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[137] in Eusebio, Hist. eccl., I, 21\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[138]  El lector puede tambi\u00e9n consultar un art\u00edculo en el  \u00abZeitschrift fur katholische Theologie\u00bb, 1906, pags. 201 ss.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[139]&#160;; cf. \u00abZeitschrift fur katholische Theologie\u00bb, 1878, 213.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[140] cf. Martigny, Dict. des antiq. chr\u00e9t., Par\u00eds, 1877, p. 792\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[141] De Trinit. VIII, 5, P.L., XLII, 952\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[142] cf. Garucci, Vetri ornati di figure in oro, Roma, 1858\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[143] cf. Martigny, Dict. das antiq. chret., Par\u00eds, 1877, p. 515\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[144] cf. Marucchi, Elem. D&#8217;archaeol. Chret., Par\u00eds y Roma, 1899, I, 321; De Rossi, Imagini scelte della B.V. Maria, tratte dalle Catacombe Romane, Roma, 1863\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[145] Adv. Haer., V, 17, P.G. VIII, 1175\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las obras que tratan sobre los diversos asuntos concernientes al nombre, nacimiento, vida y muerte de Mar\u00eda han sido citadas en las partes correspondientes de este art\u00edculo.  A\u00f1adimos aqu\u00ed s\u00f3lo unos pocos nombres de escritores, o de recopiladores de obras de un car\u00e1cter m\u00e1s general:  BOURASSE, Summa aurea de laudibus B. Mariae Virginis, omnia complectens quae de gloriosa Virgine Deipara reperiuntur (13 vols., Par\u00eds, 1866); KURZ, Mariologie oder Lehre der katholischen Kirche uber die allerseligste Jungfrau Maria (Ratisbona, 1881); MARACCI, Bibliotheca Mariana (Roma, 1648); IDEM, Polyanthea Mariana, reimpresa en Summa Aurea, vols IX y X; LEHNER, Die Marienerehrung in den ersten Jahrhunderten (2da. ed., Stuttgart, 1886).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<b>Fuente<\/b>:  Maas, Anthony. \u00abThe Blessed Virgin Mary.\u00bb The Catholic Encyclopedia. Vol. 15. New York: Robert Appleton Company, 1912.<br \/>\n<br \/>http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/15464b.htm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Traducido por Aurora Mar\u00edn L\u00f3pez.  rc\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<h2>Enlaces internos<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">[1] San Jos\u00e9\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[2] Akathistos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[3] La maternidad espiritual de Mar\u00eda en e pasado, presente y futuro de la Iglesia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[4] Devoci\u00f3n a la virgen Mar\u00eda.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[5] La Virgen Mar\u00eda.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[6] Visitaci\u00f3n de la Sant\u00edsima Virgen.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[7] Esponsales de Santa Mar\u00eda Virgen.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[8] Fiesta de la presentaci\u00f3n de la Sant\u00edsima Virgen.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[9] Inmaculada Concepci\u00f3n\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<h2>Dogmas Marianos<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">[10] Dogma de la maternidad divina de la Sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[11] Dogma de la Asunci\u00f3n de la Virgen Mar\u00eda\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[12] Dogma de la Inmaculada Concepci\u00f3n\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[13] Dogma de la perpetua virginidad de Mar\u00eda.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<h2>Papas<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Papa San Clementino I\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[14] Papa P\u00edo XII\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[15] Papa P\u00edo IX\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<h2>Oraciones Marianas<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">[16] Ave Mar\u00eda.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[17] Consagraci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[18] Salve\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[19] Mes de Mar\u00eda para personas ocupadas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[20] Letan\u00edas reparadoras al Inmaculado Coraz\u00f3n de Mar\u00eda.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[21] Magnificat.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[22] Al\u00e9grate.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[23] Reina del Cielo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[24] Rosario.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[25] Bajo tu amparo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[26] Letan\u00edas de la Sant\u00edsima Virgen.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<h2>Coraz\u00f3n de Mar\u00eda Coraz\u00f3n de la Iglesia<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">[27] Coraz\u00f3n de Mar\u00eda: Introducci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[28] Coraz\u00f3n de Mar\u00eda: Noci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[29] Coraz\u00f3n de Mar\u00eda Inmaculado.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[30] Coraz\u00f3n de Mar\u00eda: Virginal.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[31] Coraz\u00f3n de Mar\u00eda: Nupcial.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[32] Coraz\u00f3n de Mar\u00eda: Madre del Redentor.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[33] Coraz\u00f3n de Mar\u00eda: Compasivo y co-redentor de Mar\u00eda pre-redimida.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[34] Coraz\u00f3n de Mar\u00eda: Coraz\u00f3n de la vida eucar\u00edstica.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[35] Coraz\u00f3n de Mar\u00eda: agonizante y resucitado.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[36] Coraz\u00f3n de Mar\u00eda: expresi\u00f3n a los ojos del Magisterio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[37] Los te\u00f3logos frente a la expresi\u00f3n \u201cCoraz\u00f3n de Mar\u00eda\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[38]  Ventajas ecum\u00e9nicas ecum\u00e9nicas y pastorales de la presentaci\u00f3n del Coraz\u00f3n de inmaculado de Mar\u00eda como coraz\u00f3n de la Iglesia\n<\/p>\n<h2>Cantos e himnos a la Virgen Mar\u00eda  en christusrex<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">[39] Heureuse est tu Marie!\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[40] Gaudens gaudebo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[41] Benedicta es tu.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[42] Tota pulchra.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[43] Ave Mar\u00eda.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[44] Gloriosa.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[45]  Lux Fulgebit.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[46] Difussa es gratia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[47] Felix nanque es.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[48] Exsulta filia sion.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[49] Gaudeamus\u2026 de cuius festitvitate.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[50] Benedicta et venerabilis.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[51] Felis es, Sacra Virgo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[52] Beata es Virgo Mar\u00eda.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[53] Beatam me dicent.\n<\/p>\n<h2>Punto de Vista de Alejandro Berm\u00fadez, Director de Aci Prensa y del Grupo ACI<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">[54] Las apariciones de la Virgen Mar\u00eda I\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[55] Virgen Mar\u00eda: Las apariciones marianas II\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[56] Los dogmas marianos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[57] La aparici\u00f3n de la Virgen de Laus\n<\/p>\n<h2>Mar\u00eda en la Divina Liturgia Ortodoxa<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">[58] Himno Akathistos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[59] Theotokos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[60] Maria Panagia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Enlaces preparados y seleccionados por Jos\u00e9 G\u00e1lvez Kr\u00fcger\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>la hermana de Mois\u00e9s. Su c\u00e1ntico, Exo 15:20-21; hecha leprosa por criticar a Mois\u00e9s, y sanada, Num 12:1-15; muere en Cades, Num 20:1. Mar\u00ed\u00ada (heb. Miry\u00e2m y aram. Mary\u00e2m [1, 2], \u00abfuerte\u00bb o \u00abrebeli\u00f3n\u00bb; quiz\u00e1s una adaptaci\u00f3n heb. del egip. Mryt, \u00abla amada\u00bb; m\u00e1s tarde este nombre lleg\u00f3 a ser com\u00fan y se encuentra, en &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/maria\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abMARIA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-3065","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3065","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3065"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3065\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3065"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3065"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3065"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}