{"id":3181,"date":"2016-02-04T23:43:23","date_gmt":"2016-02-05T04:43:23","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/milagro\/"},"modified":"2016-02-04T23:43:23","modified_gmt":"2016-02-05T04:43:23","slug":"milagro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/milagro\/","title":{"rendered":"MILAGRO"},"content":{"rendered":"<p>v. Maravilla, Prodigio, Se\u00f1al<br \/>\nExo 7:9 mostrad m; dir\u00e1s a Aar\u00f3n: Toma tu vara<br \/>\nJdg 13:19 el \u00e1ngel hizo m ante los ojos de Manoa<br \/>\nMat 7:22 dir\u00e1n .. en tu nombre hicimos muchos m?<br \/>\n11:20<\/p>\n<hr>\n<p>Milagro    (heb. &#8216;\u00f4th, \u00absigno\u00bb, \u00abmuestra\u00bb, \u00abaugurio\u00bb; m\u00f4\u00c6\u2019\u00eath, \u00abse\u00f1al\u00bb, \u00abprodigio\u00bb; pele&#8217;, \u00abmaravilla\u00bb; gr. d\u00fanamis, \u00abpoder\u00bb; sem\u00e9ion, \u00abse\u00f1al\u00bb).  La palabra espa\u00f1ola proviene de lat. miraculum, \u00abun objeto para maravillarse\u00bb, \u00abuna maravilla [algo maravilloso, una cosa extra\u00f1a, algo admirable]\u00bb (del verbo mirari, \u00abmaravillarse [asombrarse, sorprenderse]\u00bb).  Intervenci\u00f3n sobrenatural en los asuntos humanos que no se puede explicar sobre la base de las leyes naturales conocidas, o algo que no se esperar\u00ed\u00ada en el transcurso natural de los eventos.  Un examen de los milagros realizados por nuestro Se\u00f1or clarifica su naturaleza y prop\u00f3sito.  Jes\u00fas nunca ejerci\u00f3 su poder divino para beneficio propio o meramente para satisfacer la curiosidad ociosa (c\u00c6\u2019 Mat 16:4; Luk 23:8, 9).  Cada uno parece responder a una necesidad material o f\u00ed\u00adsica espec\u00ed\u00adfica.  Aseguraba a quien los recib\u00ed\u00ada, y a los observadores, el amor, la simpat\u00ed\u00ada y el inter\u00e9s de su Padre celestial, su deseo y capacidad para solucionar sus problemas espirituales (Mar 2:9-11; Joh 6:11, 12, 27; 9:5-7, 39, 41; 11:23-26, 37, 44),  y, al mismo tiempo, inspirar fe en \u00e9l como el Hijo de Dios (Joh 11:27, 45; 15:24).  Una y otra vez Jes\u00fas se\u00f1al\u00f3 sus \u00abobras\u00bb como evidencia de ser el Mes\u00ed\u00adas y de su autoridad divina (Mat 11:20-23; Joh 5:36; 10:24, 25, 32, 37, 38; 14:10, 11), y los hombres sinceros de coraz\u00f3n (Contin\u00faa en la p\u00e1g. 787) 784  LOS MILAGROS DE NUESTRO SE\u00ed\u2018OR JESUCRISTO  785  LOS MILAGROS DE NUESTRO SE\u00ed\u2018OR JESUCRISTO    (cont.)  786  LOS MILAGROS DE NUESTRO SE\u00ed\u2018OR JESUCRISTO    (cont..)  787 reconocieron a la divinidad en operaci\u00f3n en \u00e9l y por medio de \u00e9l (Luk 9:43; 19:37; 24:19; Joh 3:2; 6:14; 9:16, 33).  De quienes los recib\u00ed\u00adan, Jes\u00fas demandaba fe (Mat 17:20; Mar 9:23, 24; Joh 4:48, 49), cooperaci\u00f3n activa (Mat 17:27; Joh 9:7), disposici\u00f3n para poner de all\u00ed\u00ad en adelante su vida en armon\u00ed\u00ada con los principios del reino de los cielos (Joh 5:14), y aceptaci\u00f3n de la obligaci\u00f3n de hablar a otros del amor y del poder de Dios (Mar 5:19).  De los 35 milagros que se han registrado de Jes\u00fas, 23 fueron sanamientos, en 3 resucit\u00f3 muertos, en 3 provey\u00f3 alimentos o bebida y en 2 realiz\u00f3 grandes capturas de peces; los otros 4 fueron: calmar la tormenta, caminar sobre el agua, secar la higuera est\u00e9ril y proporcionar dinero para el impuesto (v\u00e9ase el cuadro de milagros en las pp 784-786).  El poder de obrar milagros es un don del Esp\u00ed\u00adritu Santo (1Co 12:4, 10, 28), que ning\u00fan ser humano puede apropi\u00e1rselo o asumir para s\u00ed\u00ad (Act 8:18-22). Jes\u00fas prometi\u00f3 a sus disc\u00ed\u00adpulos que har\u00ed\u00adan \u00abobras mayores\u00bb que las que le vieron hacer a \u00e9l (Joh 14:12; no en poder o valor, sino en extensi\u00f3n y cantidad).  La comisi\u00f3n evang\u00e9lica conten\u00ed\u00ada la promesa del poder de obrar milagros (Mar 16:16-18; 1Co 12:10), y no hay evidencias de una limitaci\u00f3n del tiempo para el uso de ese poder.  El mismo poder divino de los d\u00ed\u00adas del NT est\u00e1 disponible hoy cuando hace falta, pero deben satisfacerse las mismas condiciones, tanto por quien los recibe como por el agente humano que opera. Satan\u00e1s tambi\u00e9n tiene poder de hacer milagros muy parecidos a los verdaderos (Exo 7:11, 22; 8:7, 18; Act 8:9-11; 2Th 2:9; Rev 13:14; 19:20).  Si Satan\u00e1s tiene poder para producir enfermedades f\u00ed\u00adsicas en los hombres (Luk 13:16), tambi\u00e9n a veces puede liberarlos si se adecua a sus prop\u00f3sitos.  En consonancia, el cristiano alerta no caer\u00e1 presa de enga\u00f1os sat\u00e1nicos, sino atender\u00e1 a la instrucci\u00f3n de probar \u00ablos esp\u00ed\u00adritus si son de Dios\u00bb (1 Joh 4:1).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Evang\u00e9lico<\/b><\/p>\n<p>El t\u00e9rmino hebreo ot se traduce como signo o se\u00f1al. Aparece por primera vez en Gen 1:14 (\u2020\u0153Haya lumbreras en la expansi\u00f3n de los cielos &#8230; y sirvan de se\u00f1ales para las estaciones, para d\u00ed\u00adas y a\u00f1os\u2020\u009d). En el pacto de Dios con No\u00e9, el arco iris serv\u00ed\u00ada de se\u00f1al (\u2020\u0153Esta es la se\u00f1al del pacto que yo establezco entre m\u00ed\u00ad y vosotros y todo ser viviente &#8230; por siglos perpetuos\u2020\u009d [Gen 9:12-13]). De manera que el primer sentido de la palabra m. es algo que ha sido hecho por Dios, que tuvo su origen en \u00e9l y que tiene una significaci\u00f3n especial. As\u00ed\u00ad, cuando Dios hablaba de lo que har\u00ed\u00ada en Egipto para liberar a su pueblo, dec\u00ed\u00ada: \u2020\u0153Multiplicar\u00e9 en la tierra de Egipto mi se\u00f1ales y mis maravillas\u2020\u009d (Exo 7:3). Se indicaba as\u00ed\u00ad que Dios har\u00ed\u00ada grandes obras, de una naturaleza tal que s\u00f3lo podr\u00ed\u00adan ser explicadas como obra suya, anunciando as\u00ed\u00ad su poder a los egipcios y a Israel (\u2020\u0153\u00bfO ha intentado Dios venir a tomar para s\u00ed\u00ad una naci\u00f3n de en medio de otra naci\u00f3n, con pruebas, con se\u00f1ales, con m. y con guerra, y mano poderosa y brazo extendido, y hechos aterradores como todo lo que hizo con vosotros vuestro Dios en Egipto ante tus ojos?\u2020\u009d [Deu 4:34]). Lo m\u00e1s importante del m. es su procedencia, la se\u00f1al de que Dios interviene. Isa\u00ed\u00adas dijo a \u2020\u00a2Acaz: \u2020\u0153Pide para ti se\u00f1al de Jehov\u00e1 tu Dios, demand\u00e1ndola ya sea de abajo en lo profundo, o de arriba en lo alto\u2020\u009d (Isa 7:11).<\/p>\n<p>No hay que pensar que el m. implica necesariamente la cesaci\u00f3n o interrupci\u00f3n de alg\u00fan proceso natural. Para Dios no hay nada sobrenatural. Lo m\u00e1s natural es que \u00e9l haga m. Muchas veces, Dios utiliza mecanismos que son desconocidos para el hombre para producir un fen\u00f3meno. Lo milagroso, entonces, no es el fen\u00f3meno en s\u00ed\u00ad, sino la intervenci\u00f3n de Dios para producirlo en el momento preciso en que lo necesitaba el hombre.<br \/>\nlas Escrituras ense\u00f1an que un falso profeta puede tambi\u00e9n producir se\u00f1ales o m. En esos casos, la falsedad se descubre cuando la gloria no se da a Dios, sino a otro (\u2020\u0153Cuando se levantare en medio de ti profeta, o so\u00f1ador de sue\u00f1os, y te anunciare se\u00f1al o prodigios, y si se cumpliere la se\u00f1al o prodigio que \u00e9l te anunci\u00f3, diciendo: Vamos en pos de dioses ajenos, que no conociste, y sirv\u00e1mosles; no dar\u00e1s o\u00ed\u00addo a las palabras de tal profeta, ni al tal so\u00f1ador de sue\u00f1os; porque Jehov\u00e1 vuestro Dios os est\u00e1 probando&#8230;\u2020\u009d (Deu 13:1-3). Los magos egipcios tambi\u00e9n hicieron cosas portentosas (\u00e9x. 7).<br \/>\nel NT la palabra es semeion, equivalente a \u2020\u0153se\u00f1al\u2020\u009d o m. Se presentan muchos casos de ellos realizados por el Se\u00f1or Jes\u00fas y sus disc\u00ed\u00adpulos. En varias ocasiones se utiliza la frase \u2020\u0153se\u00f1ales y prodigios\u2020\u009d, equivalente a \u2020\u0153se\u00f1ales y maravillas\u2020\u009d que se usa en el AT (Mat 24:24; Mar 13:22; Jua 4:48; Hch 2:19). Los m. entran dentro del concepto del AT en cuanto a la certificaci\u00f3n de la calidad de profeta. En cuanto a Cristo, eran se\u00f1ales de su mesianidad y ten\u00ed\u00adan, por tanto, un car\u00e1cter escatol\u00f3gico. Por eso, \u00e9l dijo al comienzo de su ministerio: \u2020\u0153El Esp\u00ed\u00adritu del Se\u00f1or est\u00e1 sobre m\u00ed\u00ad, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de coraz\u00f3n; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el a\u00f1o agradable del Se\u00f1or\u2020\u009d (Luc 4:18 : Isa 61:1). As\u00ed\u00ad, constitu\u00ed\u00adan se\u00f1ales de que efectivamente el Se\u00f1or Jes\u00fas es el \u2020\u00a2Mes\u00ed\u00adas (\u2020\u0153Vinieron los fariseos y los saduceos para tentarle, y le pidieron que les mostrase se\u00f1al del cielo\u2020\u009d [Mat 16:1]). \u2020\u00a2Nicodemo se convenci\u00f3 de que Cristo ven\u00ed\u00ada de Dios a causa de los m. que hac\u00ed\u00ada (\u2020\u0153&#8230; sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas se\u00f1ales que t\u00fa haces, si no est\u00e1 Dios con \u00e9l\u2020\u009d [Jua 3:2]). Pero la gente, \u2020\u0153a pesar de que hab\u00ed\u00ada hecho tantas se\u00f1ales delante de ellos, no cre\u00ed\u00adan en \u00e9l\u2020\u009d (Jua 12:37). Tal como lo hab\u00ed\u00ada dicho el Se\u00f1or Jes\u00fas (Mar 16:17-18), los disc\u00ed\u00adpulos que creyeron en \u00e9l y se dedicaron a predicar el evangelio hicieron muchos m. Pero el NT advierte que en los postreros tiempos \u2020\u0153se levantar\u00e1n falsos Cristos, y falsos profetas, y har\u00e1n grandes se\u00f1ales y prodigios, de tal manera que enga\u00f1ar\u00e1n, si fuere posible, aun a los escogidos\u2020\u009d (Mat 24:24). \u2020\u00a2Se\u00f1al.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Cristiano<\/b><\/p>\n<p>tip, DOCT<\/p>\n<p>vet, (a) Definici\u00f3n. El milagro es una intervenci\u00f3n sobrenatural en el mundo externo, que aporta una revelaci\u00f3n singular de la presencia y del poder de Dios. \u00abSe trata, dentro de la acci\u00f3n ordinaria de las fuerzas de la naturaleza, de una interferencia del Autor de la naturaleza. Se trata de un acontecimiento que no resulta de una simple combinaci\u00f3n de las fuerzas f\u00ed\u00adsicas, sino que proviene de un acto directo de la voluntad divina\u00bb (doctor Barnard, \u00abHastings Bible Dictionary\u00bb, III, p. 384). En un sentido estricto, no se da el nombre de \u00abmilagro\u00bb a cualquier hecho o acontecimiento debido a causas sobrenaturales ni a coincidencias extraordinarias (calificadas en ocasiones de \u00abprovidenciales\u00bb). Para la Biblia, toda la naturaleza depende totalmente del Creador; no se trata de un universo puramente material gobernado por \u00ableyes inmutables\u00bb. Bien al contrario, \u00abtodo acontecimiento natural es considerado sencillamente como un acto de la libre voluntad de Dios, sea la lluvia o el sol, los temblores de tierra o cualquier otra cosa. As\u00ed\u00ad, la esencia del milagro no es que sea \u00absobrenatural\u00bb, sino que constituye una prueba clara y singularmente notable del poder de Dios y de la libertad que usa para cumplir sus prop\u00f3sitos\u00bb (Schultz, \u00abOld Testament Theology\u00bb, II, PP. 192-193). (b) Posibilidad de los milagros. Para el que cree en un Dios personal, la posibilidad de los milagros no le causa problema alguno. Se podr\u00ed\u00ada comparar la intervenci\u00f3n milagrosa del Se\u00f1or en el mundo f\u00ed\u00adsico a la de la voluntad y al hombre utilizando su fuerza muscular para controlar y neutralizar la \u00abley de la gravedad\u00bb, sosteniendo un objeto, o contrarrestando cualquier otra \u00abley de la naturaleza\u00bb. En realidad, lo que deber\u00ed\u00ada de ser explicado es la ausencia de milagros por parte de Aquel que lo sostiene, controla y dirige todo; Cristo se proclama la fuente de vida y salvaci\u00f3n, y El lo sustenta todo por la palabra de su potencia (cfr. Col. 1:16, 17; He. 1:2, 3). La negaci\u00f3n de la posibilidad misma de los milagros proviene, en el fondo, de una postura atea (Dios no existe, no puede por tanto manifestarse), y del pante\u00ed\u00adsmo (no es un Ser personal y no sabr\u00ed\u00ada intervenir inteligentemente). Todo creyente que ha sentido en su fuero interno la experiencia de la verdad del Evangelio y de la acci\u00f3n regeneradora del Esp\u00ed\u00adritu Santo sabe personalmente algo del poder de Dios y de la realidad de su revelaci\u00f3n; no le cuesta nada admitir las otras intervenciones divinas, tan \u00ed\u00adntimamente ligadas a la historia de la salvaci\u00f3n. Junto con el que hab\u00ed\u00ada sido ciego de nacimiento, puede decir: \u00abUna cosa s\u00e9, que yo era ciego, y ahora veo\u00bb (Jn. 9:25). Sabe que es una nueva criatura, por cuanto se ha operado en \u00e9l el milagro del nuevo nacimiento (2 Co. 5:17; Jn. 3:3-8). Puede dar cr\u00e9dito, no s\u00f3lo al Autor de todos los milagros posibles, sino tambi\u00e9n a los relatos inspirados que El ha tenido a bien darnos. (c) Actos de potencia, prodigios y se\u00f1ales. V\u00e9ase SE\u00ed\u2018ALES. (d) Efecto e insuficiencia de los milagros. Los milagros, manifestaci\u00f3n del poder y de la intervenci\u00f3n de Dios, se dan para impresionar al hombre y para ayudarle a creer. Despu\u00e9s de haber dado se\u00f1ales patentes de su naturaleza y misi\u00f3n divinas, Jes\u00fas afirma a sus interlocutores que deb\u00ed\u00adan creer a causa de las obras mismas (Jn. 10:25, 37-38). Afirma que ellas dan suficiente testimonio de su autoridad, y lanza reproches contra aquellos que no aceptan el testimonio (Mt. 11:3-5, 20-21; 12:28; Jn. 5:36; 14:11; 15:24; 20:30-31). Sin embargo, los milagros no pueden sustituir a la fe en modo alguno. Fara\u00f3n, que hab\u00ed\u00ada exigido un milagro para creer, rehus\u00f3 dejarse convencer a pesar de todas las evidencias (Ex. 7:9, 13, 22-23; 11:9-10, etc.). Los contempor\u00e1neos de Cristo que hab\u00ed\u00adan visto, y demandado, tantas se\u00f1ales sobrenaturales, endurecieron sus o\u00ed\u00addos y cerraron sus ojos a fin de no ser ganados (Jn. 12:37-40; Mt. 13:13-15). Hay una b\u00fasqueda de milagros que procede de la carne y no de la fe, la de los jud\u00ed\u00ados anteriormente citados (Mr. 8:11, 12; Jn. 2:18; cfr. 1 Co. 1:22) y la de Herodes por ejemplo (Lc. 23:8). A Estos les dice Jes\u00fas, en tono de reproche, \u00abSi no viereis se\u00f1ales y prodigios no creer\u00e9is\u00bb (Jn. 4:48). En realidad, es el creyente (o el que est\u00e9 dispuesto a creer) el que ve el milagro, y saca de \u00e9l un beneficio espiritual: \u00abSi crees, ver\u00e1s la gloria de Dios\u00bb (Jn. 11:40; Mt. 9:29). Por otra parte, el Se\u00f1or no llev\u00f3 a cabo ning\u00fan milagro en medio de la incredulidad (Mt. 13:54, 58). (e) Epocas de manifestaciones milagrosas. Es notable observar que en la Biblia los milagros aparecen de una manera casi exclusiva en los siguientes per\u00ed\u00adodos: (A) En la \u00e9poca de Mois\u00e9s y de Josu\u00e9, para confirmar la liberaci\u00f3n del pueblo elegido, la promulgaci\u00f3n de la Ley y del Pacto, el establecimiento del culto al Dios \u00fanico y verdadero y la conquista de la Tierra Prometida. (B) Durante el ministerio de El\u00ed\u00adas y Eliseo, para sostener a los creyentes en una lucha implacable contra el triunfante paganismo. (C) Durante el exilio, salvaguardando Dios la fe de los deportados, al manifestar su poder\u00ed\u00ado y superioridad sobre los dioses paganos, mediante la ayuda prestada a Daniel y a sus amigos. (D) Al comienzo del cristianismo, para acreditar la persona del Hijo de Dios y su obra de salvaci\u00f3n; para confirmar el fundamento de la Iglesia y la misi\u00f3n de los ap\u00f3stoles; para apoyar el paso desde el Antiguo al Nuevo Pacto, y para demostrar la excelencia del Evangelio en medio del mundo antiguo, id\u00f3latra y corrompido (He. 2:3- 4; Ro. 15:18-19; 2 Co. 12:12). Fuera de estos per\u00ed\u00adodos, vivieron notables siervos de Dios sin que llevaran a cabo milagros concretos; a prop\u00f3sito de esto se puede citar a Abraham, David y muchos eminentes. Del mismo Juan el Bautista se llega a decir a la vez que \u00e9l fue el m\u00e1s grande de los hombres del Antiguo Pacto, y que sin embargo no hab\u00ed\u00ada llevado a cabo milagro alguno (Mt. 11:11; Jn. 10:41). (f) Los milagros y nuestra \u00e9poca. Es cierto que Dios es siempre capaz de llevar a cabo milagros, y que el Esp\u00ed\u00adritu puede otorgar a ciertos hombres el don de llevar a cabo milagros y curaciones (1 Co. 12:9-10, 28-30). Sin embargo, es menester que no nos olvidemos de que tales manifestaciones tienen que estar en pleno acuerdo con la Palabra de Dios, y que, por otra parte, se han hallado ausentes en ciertas \u00e9pocas, incluso de avivamiento, y del ministerio de muy eminentes servidores de Dios (los reformadores Hudson Taylor, Spurgeon, Moody, por citar s\u00f3lo unos pocos). Adem\u00e1s, ser\u00ed\u00ada err\u00f3neo aplicar el t\u00e9rmino \u00abmilagroso\u00bb s\u00f3lo a los dones de curaci\u00f3n, de milagros y de lenguas. Cada manifestaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, por serlo, es sobrenatural, y por ello el ejercicio poderoso de un don de sabidur\u00ed\u00ada, de conocimiento, de fe, de discernimiento, de ense\u00f1anza, etc., es asimismo milagroso. (g) Milagros falsos. El poder de Satan\u00e1s est\u00e1 en actividad sin cesar, y la Biblia nos pone constantemente en guardia contra \u00e9l. Los magos de Egipto se mostraron capaces de imitar hasta cierto nivel algunos de los milagros llevados a cabo por Mois\u00e9s (Ex. 7:11, 22; 8:3; cfr. v. 14). Sim\u00f3n el Mago ten\u00ed\u00ada at\u00f3nita a toda Samaria por sus actos de magia (Hch. 8:9-11), y Lucas cita a otro mago llamado Elimas (Hch. 13:6-12). Menciona tambi\u00e9n los libros usados para el ejercicio de las artes m\u00e1gicas (Hch. 19:19). Es evidente que entonces, como ahora, se daba una buena parte de supercher\u00ed\u00ada en estas pr\u00e1cticas m\u00e1gicas. Pero Cristo y sus ap\u00f3stoles hablan abiertamente acerca de los grandes prodigios y de los milagros llevados a cabo por los falsos profetas, con el objetivo de seducir incluso, si fuera posible, a los mismos elegidos (Mt. 24:24). Estas se\u00f1ales enga\u00f1osas ser\u00e1n una caracter\u00ed\u00adstica clara de la carrera del Anticristo y del fin de los tiempos; ahora, como entonces, son suscitados por el poder de Satan\u00e1s (2 Ts. 2:9- 12; 1 Ti. 4:1-2; Ap. 13:13-15). Sistema para discernir los milagros verdaderos de los falsos. Se debe utilizar la piedra de toque de la palabra de Dios. Si una se\u00f1al contradice los mandamientos divinos, tiene que ser rechazada resueltamente (Dt. 13:1-5). Si con ello se busca la gloria y la ventaja personal del hombre, no ha sido dado en el esp\u00ed\u00adritu de Cristo, que nunca efectu\u00f3 un solo milagro para S\u00ed\u00ad mismo (cfr. asimismo 1 Co. 12:6). Los milagros aut\u00e9nticos manifiestan la grandeza y la santidad de Dios, por lo que de El no pueden venir prodigios absurdos y pueriles (p. ej., los de los Evangelios Ap\u00f3crifos y los de la \u00ableyenda de los santos\u00bb de la Edad Media). Tambi\u00e9n deben ser rechazados aquellos que pretendan apoyar dogmas antib\u00ed\u00adblicos, como la transubstanciaci\u00f3n, la inmaculada concepci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada, o la doctrina del purgatorio. En nuestra \u00e9poca cercana al fin abundan los prodigios enga\u00f1osos en el mundo religioso y ocultista. El cristiano se debe armar decididamente de la fe que recibe el verdadero milagro, y del discernimiento que rechaza las tretas del enemigo. El Se\u00f1or, en un d\u00ed\u00ada venidero, echar\u00e1 de su presencia a muchos que pretender\u00e1n haber llevado a cabo milagros en su nombre (Mt. 7:22-23). Bibliograf\u00ed\u00ada: Anderson, Sir R.: \u00abEl Silencio de Dios\u00bb (Pub. Portavoz Evang\u00e9lico, Barcelona, 1983); Darby, J. N.: \u00abMiracles and Infidelity\u00bb, en The Collected Writings of J. N. Darby (Ed. W. Kelly, Stow Hill Bible and Tract Depot, Kingston-upon-Thames, 1966, PP. 163-217); Habershon, A. R.: \u00abThe Study of the Miracles\u00bb (Kregel Pub., Grand Rapids, 1957); Lewis, C. S.: \u00abMiracles\u00bb (Collins-Fount Paperbacks, Glasgow, 1978); Trench, arzobispo R. C.: \u00abNotes on the Miracles of our Lord\u00bb (Kegan, Londres, 1902).<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico Ilustrado<\/b><\/p>\n<p>[016]<\/p>\n<p>     Es un hecho sobrenatural y admirable (del lat\u00ed\u00adn, mirari, \u00abadmirarse de\u00bb), que supera los poderes humanos y las leyes de la naturaleza. Se presenta como apoyo de una persona, de una doctrina o de una situaci\u00f3n natural que tiene su origen sobrenatural.<\/p>\n<p>   1. Milagro como signo<br \/>\n    El milagro es siempre el sello de una intervenci\u00f3n divina y quien lo invoca expl\u00ed\u00adcita o impl\u00ed\u00adcitamente lo presenta como prueba y testimonio de su mensaje o de su misterio.<\/p>\n<p>    Las historias milagrosas, reales o fingidas, es pr\u00e1ctica habitual en casi todas las religiones. Todos los magos, chamanes, gur\u00fas, adivinos o sacerdotes de cualquier sociedad religiosa buscan este sello de su misi\u00f3n divina: curaciones, adivinaciones, poderes superiores, etc.<\/p>\n<p>    Es evidente que el milagro aut\u00e9ntico s\u00f3lo puede ser de origen divino y por lo tanto es la m\u00e1xima garant\u00ed\u00ada de la verdad revelada por Dios.<\/p>\n<p>    El milagro aparente, el hecho prodigioso que depende de leyes naturales que no se conocen, el milagro fingido que dependen de la habilidad y de la sugesti\u00f3n de quien lo invoca o realiza, y el milagro literario, el que se narra mitificando hechos que nos son reales, no nos interesa en la formaci\u00f3n religiosa  de las personas, pues no refleja ninguna realidad sobrenatural<br \/>\n    En catequesis nos interesan los milagros del Antiguo Testamento, los Milagro del Nuevo Testamento y los milagro que se han dado en la Historia de la Iglesia.<\/p>\n<p>    2. Actitudes del catequista<br \/>\n    Ante el hecho religioso del milagro, el catequista puede asumir tres posturas:<\/p>\n<p>    a) La credulidad de quien esta propenso al hecho m\u00e1gico y admirable, que es muy aprovechable para persuadir al oyente. Conduce a multiplicar los datos espectaculares confundiendo con frecuencia la doctrina con su prueba, el espect\u00e1culo con el signo de la presencia divina<br \/>\n    b) El escepticismo que hace considerar imposible lo que no entra en explicaciones racionales, negando m\u00e1s o menos intervenci\u00f3n divina en la vida de los hombres.<\/p>\n<p>    c) La prudente y discreta aceptaci\u00f3n de cada hecho milagroso en el contexto en que sucede y el discernimiento sobre la realidad de la intervenci\u00f3n divina y sobre la oportunidad de la alusi\u00f3n en el proceso de la formaci\u00f3n. El catequista que asume esta postura distingue entre un hecho m\u00ed\u00adtico del Exodo, un milagro clave de Jes\u00fas en su misi\u00f3n, un relato fantasioso narrado en las hagiograf\u00ed\u00adas medievales y un signo milagroso actual refrendado por la autoridad religiosa para canonizar a un santo, por citar varios modelos.<\/p>\n<p>   3. Milagro en la Biblia   Aparece frecuentemente aludido en los diversos libros sagrados y las interpretaciones que se han hechos de los acontecimientos que \u00abrompen las leyes naturales\u00bb han sido muy diversas, desde la simple negaci\u00f3n, al considerar tales relatos como simples lenguajes m\u00ed\u00adticos, hasta la ingenua aceptaci\u00f3n, propia de mentes infantiles<br \/>\n    3.1. En el Antiguo Testamento.<\/p>\n<p>    Aparecen milagros, no muchos, en el contexto de la historia de la salvaci\u00f3n: paso del Mar Rojo (Ex. 14. 15-31), parada del sol ante la demanda de Josu\u00e9, (Jos. 10. 12-14), ca\u00ed\u00adda del fuego a reclamo de El\u00ed\u00adas (1.Rey. 18. 10-40).<\/p>\n<p>    Estos milagros hay que interpretarlos en el contexto b\u00ed\u00adblico y seg\u00fan todas las normas y usos de la hemen\u00e9utica escrituraria. Unas veces se aluden en el contexto legendario de los primeros tiempos humanos: destrucci\u00f3n de Sodoma y Gomorra (Gn. 19. 24), paso del mar Rojo (Ex. 14. 21), curaci\u00f3n de Naam\u00e1n el sirio (2. Rey. 5. 14)<\/p>\n<p>    Se deben presentar en la catequesis como realidades y no leyendas, sin insistir en su car\u00e1cter espectacular, sino como lenguaje confirmatorio de un mensaje religioso (castigo, salvaci\u00f3n, providencia)<\/p>\n<p>    3.2. En el Nuevo Testamento.<\/p>\n<p>    Los milagros que m\u00e1s nos interesan son los de Jes\u00fas (41 en Mt. 22 en Mc. 21 en Lc. y 9 Jn.), pues son la prueba que el mismo Se\u00f1or invoca para la aceptaci\u00f3n de su doctrina (Jn. 10.25).<\/p>\n<p>    Se presentan en los Evangelios como parte decisiva del texto narrativo del Nuevo Testamento: resucitar a los muertos, transformar agua en vino, alimentar a miles de personas, exorcizar los demonios y curar a los enfermos, etc. Es lo que Jes\u00fas responde cuando les preguntan qui\u00e9n es. \u00abId y decid a Juan lo que hab\u00e9is visto\u00bb (Lc. 7. 21-23)<\/p>\n<p>    El milagro m\u00e1s importante del Nuevo Testamento es la resurrecci\u00f3n de Cristo que el mismo Maestro presenta como prueba de su car\u00e1cter divino, como reconocer\u00e1 luego S. Pablo (1 Cor. 15.17).<\/p>\n<p>    Los milagros de Jes\u00fas son prueba en la Escritura y son pruebas en la Historia de la Iglesia, pues siempre los cristianos los miraron como formas de Jes\u00fas para que su mensaje fuera entendido. Deben ser aludidos en la catequesis como los primeros fundamentos de la misi\u00f3n del Se\u00f1or, sin miedos, sin disimulos, sin caer en una visi\u00f3n m\u00e1gica de Cristo.<\/p>\n<p>    Los Ap\u00f3stoles tambi\u00e9n realizan milagros para confirmar su car\u00e1cter de enviados divinos (Hech. 3. 1-11; 9. 32-40; 14. 8-10; 20. 7-11). La Iglesia comenz\u00f3 precisamente su camino con el don de lenguas (Hech. 2. 5-7) y contin\u00faa dos milenios despu\u00e9s caminando por el mundo.<\/p>\n<p>    4. Milagros en la Historia.<\/p>\n<p>    En todos los tiempos han surgido fen\u00f3menos misteriosos y sobrenaturales entre los seguidores de la verdad cristiana. Ser\u00ed\u00ada un error pretender atribuirlos todos s\u00f3lo a usos y lenguajes de cada tiempo.<\/p>\n<p>    Los acontecimientos son algo m\u00e1s que consideraciones de mentes imaginativas de un lugar o de un momento. Y las pruebas aportadas han sido con frecuencia indiscutibles y comprobadas por los no creyentes.<\/p>\n<p>    El milagro, posible y real, es una prueba de la cercan\u00ed\u00ada divina a los hombres. La Iglesia lo reconoce como tal, pero exige las garant\u00ed\u00adas humanas suficientes para que los hechos se muestren humana y cient\u00ed\u00adficamente indiscutibles.<\/p>\n<p>    El valor de estos milagros es relativo, pues la Iglesia s\u00f3lo se limita a testificar sobre ellos.<\/p>\n<p>    Entra aqu\u00ed\u00ad en juego, pues, la conciencia y la piedad. La autoridad diocesana y tambi\u00e9n la romana recoge testimonios objetivos, declara documentalmente la inexplicabilidad de los hechos por las leyes naturales y declara la libertad de las conciencias para aceptarlos o no.<\/p>\n<p>    El catequista debe evitar posturas extremas. Ni son esos signos fuentes de fe en la Iglesia, pues basta la Escritura y el Magisterio no deben ser rechazados con menosprecio de lo que ellos signifian.<\/p>\n<p>   5. Actitud cristiana<br \/>\n    El educador de la fe har\u00e1 bien en diferenciar lo que es misterio y lo que es prueba del misterio.<\/p>\n<p>    Su centro de atenci\u00f3n habr\u00e1 de ser siempre el misterio: realidad, explicaci\u00f3n, aceptaci\u00f3n, compromiso y aplicaci\u00f3n. Sin rechazar y sin esconder el hecho milagroso, la tarea educativa debe orientarse al misterio.<\/p>\n<p>    Por eso debe evitar el apoyarse en meras narraciones que estimulan la fantas\u00ed\u00ada o la admiraci\u00f3n, la sorpresa o el desconcierto.<\/p>\n<p>    Y debe tender a promover en la mente y en el coraz\u00f3n del catequizando el amor a Jes\u00fas, que hace los milagros, y a la Iglesia con los toma como signos de verdad. Es el mensaje el que interesa lo primero. El lenguaje es secundario. Los milagros de Jes\u00fas: Los podemos catalogar de manera pr\u00e1ctica y catequ\u00ed\u00adstica en 10 grupos:<br \/>\n   0. Presignos:  &#8211; Concepci\u00f3n virginal, Mt. 1. 23; Lc. 1. 26-36.<\/p>\n<p>  &#8211; Mudez Zacar\u00ed\u00adas, Lc. 1. 11-20.<\/p>\n<p>  &#8211; Pastores son avisados, Lc. 2. 8-14  &#8211; Juan Bta. salta en el vientre materno, Lc 1. 39-43.<\/p>\n<p>  &#8211; Transfiguraci\u00f3n, Mt. 17.1-8; Mc. 9. 2-12;  Lc. 9. 28-36.<\/p>\n<p>  &#8211; Voz en el Bautismo, Mt. 3. 37; Mc. 5. 35-43; Lc. 3. 21-23.<\/p>\n<p>  &#8211; Voz testimonial, Jn. 12. 27-30.<\/p>\n<p>   1. Curaciones colectivas  &#8211; Muchos curados, Mt. 14. 34-36; Mc. 6. 54-56.<\/p>\n<p>  &#8211; Muchos curados, Mt. 15. 29-31  &#8211; Muchos curados, Mt. 4.4.24; Lc. 6.17-19.<\/p>\n<p>  &#8211; M\u00faltiples curaciones, Mc. 3. 7-12.<\/p>\n<p>   2. Acciones sobre la naturaleza  &#8211; Bodas de Can\u00e1, Lc. 2. 1-12  &#8211; Camina sobre el agua, Mt. 14. 22; Mc. 6. 45-52; Jn. 6. 16-21.<\/p>\n<p>  &#8211; Higuera maldita, Mt. 21. 18-22; Mc. 11. 12-14  &#8211; Multiplicaci\u00f3n de panes, Mt. 14. 13; Mc. 6. 34-40; Jn. 6. 5-15.<\/p>\n<p>  &#8211; Pesca milagrosa, Mc. 1.16-20; Lc. 5.1-11.<\/p>\n<p>  &#8211; Pez con la didracma, Mt. 17. 24-27.<\/p>\n<p>  &#8211; Segunda multiplicaci\u00f3n de los panes y peces, Mt. 15. 32-39; Mc. 8. 1-10.<\/p>\n<p>  &#8211; Otra Pesca milagrosa, Jn. 21. 4-14.<\/p>\n<p>  &#8211; Tempestad calmada, Mt. 8. 26; Mc. 4. 35-41; Lc. 8. 22-25;Jn. 6. 1-15.<\/p>\n<p>   3. Curaciones de enfermos &#8211; Curaci\u00f3n en s\u00e1bado, Jn. 10. 3.<\/p>\n<p> &#8211; Curaci\u00f3n de sordomudo, Mc. 7. 31-37.<\/p>\n<p> &#8211; Hemorro\u00ed\u00adsa, Mt. 9. 18-22; Mc. 5. 21-30; Lc. 8. 42.<\/p>\n<p> &#8211; Hidr\u00f3pico, Lc. 14. 1-10.<\/p>\n<p> &#8211; Hija de Jairo, Mc. 5. 21-43.<\/p>\n<p> &#8211; Mujer encorvada, Lc. 13. 10-13.<\/p>\n<p> &#8211; Oreja herida por Pedro, Mt. 26. 32-33.<\/p>\n<p> &#8211; Siervo del centuri\u00f3n, Mt. 8. 5-13; Lc. 7. 1-10.<\/p>\n<p> &#8211; Suegra Pedro, Mt. 8.14; Mc. 1. 29-30; Lc. 4. 38. 39.<\/p>\n<p> &#8211; Sordomudo, Mc. 7. 31-37.<\/p>\n<p>   4. Vista a ciegos &#8211; Ciego Bartimeo, Mt. 10. 46-52. Mc. 10. 46-52.<\/p>\n<p> &#8211; Ciego de Betsaida, Mt. 20. 29-34. Mc. 8. 22-26; Lc. 18. 35-43; Jn. 9. 1-39 &#8211; Ciego de nacimiento, Jn. 8   5. Limpieza de leprosos &#8211; Cura un leproso, Mt. 8. 1.4; Mc. 1. 40-45; Lc. 5. 15-16.<\/p>\n<p> &#8211; Diez leprosos, Mc. 17.11-19; Lc. 5.12-15   6. Curaci\u00f3n de paral\u00ed\u00adticos &#8211; Cura hijo de oficial, Jn. 4. 43-54.<\/p>\n<p> &#8211; Mano seca, Mt 12. 9-14; Mc 3.1-6; Lc. 6. 6-10.<\/p>\n<p> &#8211; Paral\u00ed\u00adtico de Cafarnaum, Mt. 9.1-7;  Mc 2. 2-12; Lc 5. 15-22.<\/p>\n<p> &#8211; Piscina prob\u00e1tica, Jn. 5. 1-18.<\/p>\n<p>   7. Expulsi\u00f3n de Demonios &#8211; Endemoniado. Mt. 12. 22-23; Mc. 3. 22-27; Lc. 4. 31-37.<\/p>\n<p> &#8211; Endemoniado Cafarnaum, Mc. 1. 23-26; Lc. 4. 31-37.<\/p>\n<p> &#8211; Endemoniado ciego-mudo, Mt. 12. 22-33.<\/p>\n<p> &#8211; Endemoniado, Mt. 9. 32-34.<\/p>\n<p> &#8211; Epil\u00e9ptico, Mt. 17. 14-21; Mc. 9. 14-29;  Lc. 9. 37-40.<\/p>\n<p> &#8211; Hija de cananea, Mt. 15. 21-28; Mc. 7. 24-30.<\/p>\n<p> &#8211; Los de G\u00e1dara o Gerasa, Mt. 8.26-34;  Mc 5. 1-19; Lc. 8. 22-38.<\/p>\n<p>   8. Resurrecciones &#8211; Hijo viuda Naim, Lc. 7. 11-17.<\/p>\n<p> &#8211; Hija Jairo, Mt. 9. 23-26; Mc. 5. 35-43.<\/p>\n<p> &#8211; L\u00e1zaro, Jn. 11. 1-33.<\/p>\n<p>   9. Otros gestos milagrosos &#8211; Concepci\u00f3n virginal,  Mt. 1. 20; Lc. 1. 26-36.<\/p>\n<p> &#8211; Anuncio a los pastores,  Lc. 2. 8-21.<\/p>\n<p> &#8211; Mudez de Zacar\u00ed\u00adas, Lc. 1. 57-80.<\/p>\n<p> &#8211; Nacimiento del Bautista, Lc. 1. 26-38.<\/p>\n<p> &#8211; Voz en el Bautismo de Jes\u00fas, Mt. 3. 3-17; Lc. 3. 21.<\/p>\n<p> &#8211; Voz en la Transfiguraci\u00f3n, Mt. 17. 1-13; Mc. 9. 2-12; Lc. 9. 28<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>(v. evangelio, Jesucristo)<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>DJN<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nMilagro es un acto debido a la intervenci\u00f3n inmediata de Dios y realizado al margen, contra o sobre las leyes naturales.<\/p>\n<p>Para los hebreos el supremo dominio de Dios sobre todas las cosas es incuestionable. Dios rige inexorablemente el curso del mundo y de la historia. Todos los acontecimientos se deben a la intervenci\u00f3n inmediata de Dios; por tanto, los hebreos no hacen la distinci\u00f3n entre la naturaleza y, sobre todo, al margen o contra la naturaleza. Ahora bien: todo lo que no es ordinario, lo prodigioso, lo maravilloso, lo misterioso, lo admirable, lo sorprendente y lo espantoso, es un acto especial de Dios, prueba de su inmenso poder.<\/p>\n<p>En cuanto a los milagros de Jes\u00fas, narrados en los evangelios, hemos de decir lo siguiente: son fuerzas (gr. dynameis) y signos (semeia) manifestativos del poder y de la gloria, es decir, de la divinidad de Jes\u00fas. El milagro por excelencia es el de su resurrecci\u00f3n. Jes\u00fas hace los milagros movido por un sentimiento de compasi\u00f3n (Mt 9,36; 14,14) y por la fe que manifiesta la actitud suplicante de los que solicitan el milagro (Mc 2, 20; 5,19), hasta el punto de que, a veces, al no encontrar fe, no pod\u00ed\u00ada hacer el milagro (Mt 13,58; Mc 6,5). La narraci\u00f3n pura y exclusivamente hist\u00f3rica del hecho milagroso en s\u00ed\u00ad mismo no interesaba a los evangelistas, sino el hecho en cuanto es obra de Dios y exige, consiguientemente, un poder divino; el hecho en cuanto tiene una significaci\u00f3n ulterior, la de anunciar la llegada del reino, el cumplimiento de cuanto importaba, en la expectaci\u00f3n jud\u00ed\u00ada, el futuro reino mesi\u00e1nico.<\/p>\n<p>Bajo este pensamiento, podemos y debemos establecer las diversas categor\u00ed\u00adas de milagros: unos tratan de remediar la deficiencia humana (v. gr., la multiplicaci\u00f3n de los panes: Mt 4,13ss; Jn 6,1ss; la conversi\u00f3n del agua en vino: Jn 2,1ss), que, seg\u00fan Isa\u00ed\u00adas 35,5-10, quedar\u00ed\u00ada perfectamente subsanada y satisfecha con la instauraci\u00f3n del reino mesi\u00e1nico; otros tratan de remover codo temor (v. gr., la tempestad calmada: Mt 8,18.23-27; Mc 4,35-41; Lc 8,22-25; el caminar sobre las aguas: Mt 14,22-23; Mc 6,45-52), lo que significa que los miembros del reino no deben tener miedo de nada, que nada debe turbarles ni inquietarles; el miedo fue efecto del pecado (G\u00e9n 3,23), y Dios hab\u00ed\u00ada prometido una era de paz, que deb\u00ed\u00ada coincidir con la era mesi\u00e1nica (Is 11,6-9); otros refieren la expulsi\u00f3n de los demonios (Mt 8,28-34; 15,21-28; Mc 1,21-28; 5,1-20; 7,24-30; Lc 4,31-37; 8,26-39), lo que significa que Jesucristo ha vencido a Satan\u00e1s, pr\u00ed\u00adncipe de este mundo (Jn 12,31), y que el reino de Dios se acerca (Mc 3,23; Lc 10,18); otros relatan curaciones de enfermedades, v. gr., de fiebre (Mt 8,14), de lepra (Mt 8,1-4), de par\u00e1lisis (Mt 8,5-13), de sordera (Mt 9,32-34), de ceguera (Mt 9,27-31), etc. La enfermedad es consecuencia del pecado, que debe ser remediada tambi\u00e9n en el reino mesi\u00e1nico (Is 35,10). Otros, por fin, nos hablan de resurrecciones (Mt 9,18-26; Lc 7,11-17; Jn 11), lo que significa el triunfo de Jes\u00fas sobre el dominio de la muerte.<\/p>\n<p>Los evangelistas, como antes dec\u00ed\u00adamos, m\u00e1s que la narraci\u00f3n hist\u00f3rica del hecho, intentan presentar el sentido teol\u00f3gico del mismo. Podr\u00e1 ser, y as\u00ed\u00ad ser\u00e1 de hecho, que las ciencias modernas comprueben que algunos de los hechos de Jes\u00fas presentados por los evangelistas como milagros sean hechos prodigiosos que no exceden las fuerzas naturales y que, por tanto, no sean milagros en el sentido estricto; esto no minimiza en absoluto la dimensi\u00f3n y el sentido teol\u00f3gico de los hechos, principal finalidad que los evangelistas se propusieron al narrarlos y que, en s\u00ed\u00adntesis, hemos expuesto. ->sig; enfermedad\/curaci\u00f3n.<\/p>\n<p>E.M.N.<\/p>\n<p>FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret<\/b><\/p>\n<p>Intervenci\u00f3n libre de Dios dentro de la creaci\u00f3n y en el hombre para expresar la victoria sobre el mal y la llamada a la participaci\u00f3n en su Reino. El milagro se distingue del prodigio: en efecto, \u00e9ste tiende a destacar el car\u00e1cter extraordinario y portentoso de un hecho, mientras que el segundo es una llamada a la fe para que se haga m\u00e1s genuina y reconozca la presencia de Dios.<\/p>\n<p>Una terminolog\u00ed\u00ada diversa caracteriza al mismo acontecimiento: en el Antiguo Testamento, el milagro se define al menos con tres t\u00e9rminos: t\u00e9raton, que indica prodigio, no va en el sentido que acabamos de m\u00e9ncionar, sino como una intervenci\u00f3n mediante la cual se puede reconocer la actuaci\u00f3n de Yahveh; th\u00e1umasion, que expresa m\u00e1s bien la provocaci\u00f3n al asombro; y par\u00e1doxon, que acent\u00faa la dimensi\u00f3n de sorpresa inesperada del suceso. En todo caso, el milagro se ve como un acto mediante el cual Dios se da a conocer; es algo imposible para el hombre, que se queda maravillado y estupefacto ante estos signos de grandeza.<\/p>\n<p>El Nuevo Testamento prefiere la terminolog\u00ed\u00ada de s\u00e9meion y \u00e9rgon para indicar el milagro; es una obra realizada por el Hijo de Dios que manifiesta de este modo su poder (dynamis). Es posible clasificar los milagros narrados en el Nuevo Testamento: 1) Exorcismos: intentan mostrar la liberaci\u00f3n del maligno y ponen en oposici\u00f3n los dos reinos, el de Belceb\u00fa y el de Dios; este \u00faltimo es capaz de destruir al primero, liberando a la persona pose\u00ed\u00adda y restituy\u00e9ndola a su ambiente natural. 2) Las curaciones: son acciones realizadas sobre las personas, que tienden a restituir la salud; en estos casos se requiere la mediaci\u00f3n de la persona enferma, que con su fe en Jesucristo hace posible el milagro. 3) Dones inesperados: son los milagros en los que interviene directamente la voluntad de Jes\u00fas para aliviar y favorecer al pueblo; tal es el caso de la multiplicaci\u00f3n de los panes y el de la pesca milagrosa, 4) Resurrecciones : son acciones en las que interviene Jes\u00fas para devolver la vida a una persona fallecida; deben distinguirse de la resurrecci\u00f3n gloriosa del Se\u00f1or, pero no pueden reducirse a meras \u00abreanimaciones\u00bb.<\/p>\n<p>Todos los relatos de milagros presentes en los evangelios se caracterizan por una intenci\u00f3n teol\u00f3gica del evangelista que quiere expresar con ellos alg\u00fan aspecto de la personalidad de Jes\u00fas. As\u00ed\u00ad pues, se ve claramente que para Marcos los milagros est\u00e1n destinados a mostrar el poder de Jes\u00fas con el que establece su Reino; para Mateo deben interpretarse m\u00e1s bien como signos que revelan la misericordia de Dios con los afligidos y con los que lloran por el sufrimiento y la enfermedad; para Lucas son sobre todo signos que manifiestan a Jes\u00fas como profeta del Alt\u00ed\u00adsimo, que ha venido a liberar a su pueblo; para Juan, finalmente, son signos de la gloria que resplandece ya en la actividad terrena del Maestro.<\/p>\n<p>Teol\u00f3gicamente, los milagros tienen una finalidad: no es ante todo la de suscitar la fe; efectivamente, se le dan al creyente para que reconozca el obrar de Dios y no porque tenga que creer en \u00e9l por la fuerza del prodigio, El objetivo del milagro es ante todo mostrar el amor y la misericordia de Dios; se trata, por tanto, de signos que mueven a ver la acci\u00f3n ininterrumpida del Padre por el bien de sus hijos. En este sentido, el milagro anticipa ya desde ahora la situaci\u00f3n del futuro \u00e9scatol\u00f3gico: entonces no habr\u00e1 enfermedad, ni sufrimiento, ni muerte, sino s\u00f3lo vida. Los milagros atestiguan, finalmente, la presencia del Reino de Dios en medio de nosotros y los frutos de este Reino; tienen, por tanto, un valor de revelaci\u00f3n, en la medida en que expresan el poder y la gloria del Hijo de Dios sobre la creaci\u00f3n.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, el milagro sigue siendo un signo que provoca la reflexi\u00f3n y el discemimiento; no se realiza solamente en el orden de la naturaleza o en la parte f\u00ed\u00adsica de la persona, sino tambi\u00e9n y sobre todo en el silencio de la transformaci\u00f3n de su coraz\u00f3n. En todo caso, siempre tendr\u00e1 necesidad de un serio discernimiento, para que en todo se valore la densidad de su contenido de revelaci\u00f3n. En este horizonte, es necesario distinguir entre los milagros de Jes\u00fas y los milagros que suceden despu\u00e9s de su resurrecci\u00f3n por intercesi\u00f3n de la Virgen Madre o de los santos. Los milagros de Jes\u00fas se someten a una estricta cr\u00ed\u00adtica literaria, hist\u00f3rica y teol\u00f3gica, mediante la cual se desea llegar a la capa m\u00e1s antigua del relato y a su historicidad. Esto significa que el te\u00f3logo no discute sobre c\u00f3mo se verific\u00f3 el milagro o sobre c\u00f3mo pudo haber ocurrido: esto sigue un signo indicativo de que se ha realizado y de que debe ser reconocido por la f\u00e9. El an\u00e1lisis se refiere m\u00e1s bien a la demostraci\u00f3n de que estos relatos son fieles a lo que se describe y no son una narraci\u00f3n mitol\u00f3gica, fruto de la comunidad primitiva.<\/p>\n<p>Por lo que se refiere a los milagros que suceden despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, hay que tener presente ante todo que tambi\u00e9n ellos deben insertarse en el mismo horizonte de significaci\u00f3n que los milagros de Cristo; por tanto, deben ser signos para la fe y no prodigios para la curiosidad o productos de magia. Sobre este aspecto es oportuno que se vengan abajo los prejuicios y las precomprensiones de los que quieren salvar a toda costa o el car\u00e1cter cient\u00ed\u00adfico del propio discurso o la intangibilidad del cosmos. A cada uno le corresponde su propia competencia.<\/p>\n<p>El cient\u00ed\u00adfico, el fil\u00f3sofo y el m\u00e9dico, puestos ante un acontecimiento milagroso, tendr\u00e1n que atenerse a una lectura seria y a un an\u00e1lisis de las leves de la naturaleza, de la f\u00ed\u00adsica y del cosmos, con todos los instrumentos -incluso los m\u00e1s sofisticados- que est\u00e9n en su poder, para indagar el fen\u00f3meno; sobre esta base, emitir\u00e1n su juicio, que nunca podr\u00e1 ser sobre la verdad o no del milagro, ya que esto excede de su competencia. El milagro es pronunciado por el hombre de fe, porque reconoce que su oraci\u00f3n ha sido escuchada y que se ha hecho evidente la bondad misericordiosa de Dios. El milagro, incluso para la fe, sigue siendo un acontecimiento extraordinario, mediante el cual Dios da un signo de su revelaci\u00f3n; multiplicar su n\u00famero equivaldr\u00ed\u00ada. a banalizar el verdadero significado que posee para la vida de fe eclesial. En cuanto signo de revelaci\u00f3n, posee la misma dial\u00e9ctica revelativa: se presenta y pretende ser le\u00ed\u00addo, pero al mismo tiempo remite m\u00e1s all\u00e1, hacia el silencio del misterio.<\/p>\n<p>R. Fisichella<\/p>\n<p>Bibl.: H. Fries, Milagro y signo, en CFT III, 24-46; J M. Riaza, Azar ley, milagro, BAC, Madrid 1964; R. Latourelle. Milagro, en DTF 934-959; \u00ed\u008dd., Milagros de Jes\u00fas y teolog\u00ed\u00ada del milagro, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1990; F Mussner, Los milagros de Jes\u00fas, Verbo Divino, Estella 1970; E. Charpentier Los milagros del evangelio, Verbo Divino, Estella 1994.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. El hombre frente al milagro: 1. El hombre creyente y secularizado; 2. El hombre de la Biblia; 3. Ambig\u00fcedad del t\u00e9rmino \u00abmilagro\u00bb. II. Antiguo Testamento: 1. Terminolog\u00ed\u00ada; 2. La creaci\u00f3n y la historia, lugares del milagro: a) La concepci\u00f3n del mundo y de la historia, b) El milagro en sentido estricto; 3. El milagro en la historia: a) Los milagros del \u00e9xodo, b) Los milagros de los ciclos de El\u00ed\u00adas y Eliseo; 4. El milagro y la fe: a) Necesidad de la fe, b) Origen y naturaleza de la fe; 5. El milagro y la palabra; 6. Mensaje y finalidad del milagro: a) Palabra sensiblemente eficaz, b) Al servicio de la fe obediente; 7. Dios, autor del milagro. III. Nuevo Testamento: 1. Terminolog\u00ed\u00ada; 2. La concepci\u00f3n del mundo: a) Dios y el mundo, b) Jesucristo y el mundo; 3. Los milagros y la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas; 4. Los milagros y la fe en Cristo: a) La fe pascual, b) La fe de los milagros, c) No se especifica la naturaleza de la fe, d) La fe del taumaturgo; 5. Los milagros y la salvaci\u00f3n; 6. Los milagros y la palabra: a) Ambig\u00fcedad de los milagros, b) Complementariedad de los milagros con la palabra, c) Subordinaci\u00f3n de los milagros a la palabra; 7. Los milagros y su situaci\u00f3n literaria e hist\u00f3rica: a) Los relatos de milagros y los acontecimientos, b) Motivos de fiabilidad hist\u00f3rica. IV. En la Iglesia: 1. Existencia y funci\u00f3n del milagro; 2. Sus l\u00ed\u00admites y su continua puesta al d\u00ed\u00ada. V. Conclusi\u00f3n: 1. Los milagros del AT y del NT; 2. Los milagros entre la pascua y la parus\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>I. EL HOMBRE FRENTE AL MILAGRO. 1. EL HOMBRE CREYENTE Y SECULARIZADO. En la tradici\u00f3n cristiana yen su literatura, como en otras tradiciones religiosas y sus respectivas obras literarias, el milagro est\u00e1 universalmente presente, ocupa en ellas un lugar de relieve y en su singularidad es reconocido como normal por los creyentes. Tambi\u00e9n las religiones no cristianas, como el budismo, dan cabida al fen\u00f3meno milagroso, y sus libros contienen relatos de milagros. No cabe duda de que esta creencia en los milagros muestra una mentalidad distinta de la nuestra en el terreno cient\u00ed\u00adfico y en el filos\u00f3fico-religioso. Los antiguos, monote\u00ed\u00adstas y polite\u00ed\u00adstas, ten\u00ed\u00adan una concepci\u00f3n animista de la naturaleza: detr\u00e1s de un fen\u00f3meno misterioso; cotidiano u ocasional, como el salir del sol o la ca\u00ed\u00adda de la lluvia, favorable o siniestro, como el nacimiento de un ni\u00f1o o una enfermedad, ve\u00ed\u00adan la intervenci\u00f3n ben\u00e9fica o mal\u00e9fica de seres divinos, buenos o malos. Pero m\u00e1s all\u00e1 de la mentalidad ingenua, precient\u00ed\u00adfica y animista, est\u00e1 la convicci\u00f3n de la unidad del cosmos, de la integraci\u00f3n mutua de todos los seres, desde el m\u00e1s grande (Dios) hasta el m\u00e1s peque\u00f1o (un cabello de la cabeza), y sobre todo la fe en la influencia habitual de la divinidad en el curso del mundo y de la historia.<\/p>\n<p>Pues bien, \u00abla apolog\u00e9tica cl\u00e1sica valor\u00f3 de manera absolutamente privilegiada el argumento de la profec\u00ed\u00ada y del milagro en favor de una demostraci\u00f3n de la `divinidad de Cristo&#8217;. Actualmente, los muchos problemas planteados por la ex\u00e9gesis han motivado una gran perplejidad, de forma que es posible comprobar una imponente falta de inter\u00e9s por ellos, que raya en los l\u00ed\u00admites de la desconfianza. Parece como si el milagro y la profec\u00ed\u00ada se considerasen `medios ingenuos&#8217; e insostenibles, que no est\u00e1n a la altura de las exigencias culturales del hombre moderno\u00bb (G. Pattaro, Diccionario Teol\u00f3gico Interdisciplinar II, 167). El concilio Vaticano II, considerando justamente las obras, los signos y los milagros de Jes\u00fas en el contexto de toda la revelaci\u00f3n de Cristo, les reconoce una funci\u00f3n reveladora, al igual que la de la palabra evang\u00e9lica, y una funci\u00f3n testimonial en favor de la verdad de Cristo y de la autenticidad de su revelaci\u00f3n (DV 4); pero se limita a recordar solamente los milagros evang\u00e9licos, y tan s\u00f3lo en pocas ocasiones (LG 5; DH 11; cf LG 58).<\/p>\n<p>Pues bien, la diversa mentalidad del hombre moderno y contempor\u00e1neo se basa m\u00e1s en principios filos\u00f3fico-religiosos que en los puramente cient\u00ed\u00adficos. De hecho, la ciencia, al indagar la naturaleza y el origen de ciertos fen\u00f3menos -positivos (como la inspiraci\u00f3n art\u00ed\u00adstica) y negativos (como la enfermedad)-, restringe cada vez m\u00e1s el \u00e1rea de lo misterioso, sustray\u00e9ndolo a la presunta influencia de potencias divinas, benignas o adversas, e hipotetiza y a veces demuestra las causas de esos fen\u00f3menos y las leyes que los determinan o regulan. Sin embargo, la ciencia en cuanto tal sigue siendo neutra respecto a la posibilidad y al hecho de interferencias de potencias superiores al hombre y, evitando pronunciarse afirmativa o negativamente, se limita a estudiar y a se\u00f1alar el origen inmedito de los fen\u00f3menos, su naturaleza y sus leyes. La filosof\u00ed\u00ada moderna, a su vez, ya desde el principio excluy\u00f3 la intervenci\u00f3n de la divinidad en la naturaleza con la finalidad de producir cualquier efecto. As\u00ed\u00ad, B. Spinoza admiraba el milagro de la naturaleza; pero considerando a la divinidad como alma del mundo en coherencia con su pante\u00ed\u00adsmo, consideraba f\u00e9rreamente necesarios todos los fen\u00f3menos naturales y exclu\u00ed\u00ada el milagro como fen\u00f3meno no necesario. Igualmente, D. Hume rechazaba el milagro a pesar de su empirismo, que, permiti\u00e9ndole llegar solamente a la probabilidad de las leyes naturales, habr\u00ed\u00ada debido llevarlo a considerar el milagro al menos como probable. A su vez, F.M.A. Voltaire rechazaba el milagro porque lo consideraba un insulto a Dios: en el caso de haberlo hecho, Dios habr\u00ed\u00ada corregido la naturaleza, se habr\u00ed\u00ada corregido a s\u00ed\u00ad mismo. Pues bien, el modo de pensar de estos tres representantes del comienzo de la era moderna est\u00e1 sustancialmente presente en el t\u00e9cnico, en el cient\u00ed\u00adfico y especialmente en el pensador contempor\u00e1neo, que tiene una concepci\u00f3n secularizada de la naturaleza, propugna su total autonom\u00ed\u00ada respecto a Dios y defiende su completa separaci\u00f3n, excluyendo cualquier tipo de interferencia entre Dios y el mundo. Y por eso mismo se discute la posibilidad del milagro, entendido como derogaci\u00f3n, violaci\u00f3n y suspensi\u00f3n de las leyes de la naturaleza por obra de Dios.<\/p>\n<p>2. EL HOMBRE DE LA BIBLIA. Pues bien, el hombre de la Biblia (AT y NT) excluye una visi\u00f3n del mundo cerrado en s\u00ed\u00ad mismo, plenamente autosuficiente, celoso de su independencia total, profundamente convencido de que Dios es extra\u00f1o a \u00e9l y totalmente dispuesto a tratarlo como intruso en el caso de que Dios interviniera de alguna forma en sus vicisitudes. La fe en Dios, creador, se\u00f1or y fin de la creaci\u00f3n y del hombre, y la concepci\u00f3n del mundo y de la historia que de all\u00ed\u00ad se deriva, son incompatibles con semejante mentalidad; m\u00e1s a\u00fan, postulan un di\u00e1logo-relaci\u00f3n permanente entre Dios y el mundo, entre Dios y el hombre. Al dominio absoluto de Dios, que se extiende tambi\u00e9n al mal, y a su influencia continua y vivificante, todas y cada una de las criaturas reaccionan con la obediencia y la docilidad. Pero, simult\u00e1neamente, el hombre de la Biblia mostrar\u00ed\u00ada fuertes reservas respecto al concepto de milagro como \u00abfen\u00f3meno de la naturaleza, que trasciende las causas naturales hasta el punto de que ha de ser atribuido a Dios\u00bb (J.L. McKenzie, 617). Esta definici\u00f3n de los te\u00f3logos fundamentalistas (\u00abEventus sensibilis praeter cursum naturae divinitus factus\u00bb) presupone la ciencia y la filosof\u00ed\u00ada de los siglos xviii y xix y, viendo el milagro en la \u00f3ptica de santo Tom\u00e1s como efecto de la exclusi\u00f3n de la criatura y su suplencia por obra de Dios, lo presenta primordialmente desde el \u00e1ngulo de lo excepcional, de lo maravilloso. Pero es una manera de ver unilateral.<\/p>\n<p>3. AMBIG\u00dcEDAD DEI. TERMINO \u00abMILAGRO\u00bb. Por eso los traductores modernos, que tienen sobre sus espaldas esta tradici\u00f3n teol\u00f3gica sobre el milagro, muestran un evidente malestar en el uso del mismo t\u00e9rmino y, sin lograr sustituirlo, lo conservan a falta de otro mejor. A este prop\u00f3sito, la traducci\u00f3n de La Santa Biblia (Paulinas, Madrid 1988) es muy clarificadora: en los sin\u00f3pticos dynamis se traduce por milagro (Mat 7:22; Mat 11:20.21.23; Mat 13:57; Mar 6:14; Mar 9:39; Luc 10:13), prodigio (Mat 13:54 [milagro]); fuerza (Luc 6:19; Luc 8:46; Mar 5:30) y poder de los milagros (Mat 14:2 = Mar 6:14 [milagros]); y en Jn s\u00e9meion se traduce por milagro (Mar 2:11; Mar 4:54), se\u00f1al (Mar 2:18; Mar 4:48); prodigios (Mar 6:2). Pues bien, esta variedad pone de manifiesto el mencionado malestar y hace comprender que milagro no se encuentra en l\u00ed\u00adnea recta con los mencionados t\u00e9rminos griegos y sus significados. Y lo mismo que los traductores italianos, tambi\u00e9n los de otras lenguas tienden a restringir e incluso a eliminar (Goodspeed Version) el t\u00e9rmino \u00abmilagro\u00bb. Sin embargo, \u00e9ste sigue ocupando una posici\u00f3n fuerte, ya que los vocablos candidatos a su sucesi\u00f3n (signo, actos de poder, obras) est\u00e1n privados de la connotaci\u00f3n religiosa y teol\u00f3gica que se deriva de su largo uso.<\/p>\n<p>Al contrario, los traductores antiguos se mostraron m\u00e1s reservados. As\u00ed\u00ad la Vulgata latina, que utiliza signum, portentum, prodigium, miraculum, mirabile, ostentum, virtus, usa \u00abmiraculum\u00bb s\u00f3lo en el AT: una vez sola en sentido propio (Isa 29:14; hebreo pele&#8217;, maravilla) y otras pocas veces para traducir palabras hebreas que indican signos, temor, terror (Exo 11:7; N\u00fam 26:10; lSam 14,15; Job 33:7; Isa 21:4; Jer 23:32; Jer 44:12). En el juda\u00ed\u00adsmo precristiano helenista, los LXX evitaron la voz griega tha\u00fama (prodigio, portento), que orienta hacia lo maravilloso y lo portentoso, y utilizaron sus derivados y afines con significados distintos del estrictamente milagroso. Y en esto fueron seguidos por los escritores neotestamentarios.<\/p>\n<p>Pues bien, esta tendencia de los traductores antiguos a evitar el t\u00e9rmino milagro y el malestar de los modernos al usarlo debido a la larga tradici\u00f3n cristiana, derivados ante todo de su sensibilidad filol\u00f3gica, imponen considerar la terminolog\u00ed\u00ada del milagro en su misma fuente, es decir, en el AT y en el NT, para comprenderla mejor en s\u00ed\u00ad misma y sobre todo en su significado.<\/p>\n<p>II. ANTIGUO TESTAMENTO. L\u00f3gicamente, este significado del milagro es el resultado de un conjunto de consideraciones que tienen su origen en la nomenclatura.<\/p>\n<p>1. TERMINOLOG\u00ed\u008dA. a) El primer t\u00e9rmino es &#8216;\u00f3t, que en el AT aparece 78 veces. Aunque de etimolog\u00ed\u00ada incierta, equivale a \u00absigno\u00bb, natural y convencional, habitual y ocasional, profano y sagrado; por eso en los LXX se traduce casi siempre (75 veces de las 78 mencionadas) por s\u00e9meion, y designa \u00abuna cosa, un fen\u00f3meno, un acontecimiento que lleva a conocer, saber, recordar algo o a percibir la credibilidad de una cosa\u00bb (F.J. Helfineyer, DTAT I, 183); y, cuando indica un milagro, denota un signo con el que Dios se revela, acredita a sus enviados, protege a los suyos y derrota a los enemigos (Exo 4:8s.28; Exo 7:3; Exo 8:19).<\/p>\n<p>b) Relacionado y sin\u00f3nimo de &#8216;\u00f3t es m\u00f3pet (Deu 13:2s), especialmente en el Dt y en la literatura deuteronomista (Exo 7:3; Deu 4:34; Deu 6:22; Deu 7:19; Deu 26:8&#8230;), y traducido habitualmente (34 veces de 36) por t\u00e9ras (prodigio). Reservado al \u00e1mbito sagrado, indica un signo \u00abde ratificaci\u00f3n, admonici\u00f3n, espanto o presagio\u00bb (F.J. Helfmeyer, ibid, 181), y referido a los prodigios del \u00e9xodo (18 veces de las 36) los designa como juicios (=plagas) contra los egipcios y liberaci\u00f3n de los israelitas. Tambi\u00e9n en otras partes es en general un signo siniestro de castigo (Eze 12:6.11) o de sufrimiento (Sal 71:7) con una finalidad de conversi\u00f3n (Exo 11:9), y s\u00f3lo raras veces un presagio favorable (Isa 8:18; Zac 3:8).<\/p>\n<p>c) Menos frecuentes son los t\u00e9rminos que acent\u00faan expresamente la nota de lo maravilloso y, al mismo tiempo, la majestad, la trascendencia y la santidad de Dios, que determinan y se manifiestan en los prodigios. El sustantivo colectivo pele'(de pala&#8217;, es decir, superar lo_que se puede comprender o hacer: Exo 15:11; Isa 29:14; Sal 78:12) y el participio nip`al, plural femenino nipla&#8217;\u00f3t (maravillas: Exo 34:10; Sal 78:4.11.32; Sal 105:2.5) son sin\u00f3nimos entre s\u00ed\u00ad (Sal 78:11s) y equivalentes a \u00absignos y prodigios\u00bb, que se mencionan a cierta distancia (Sal 78:43). Las maravillas se\u00f1alan en Dios, su autor, lo maravilloso (Isa 25:1); m\u00e1s a\u00fan, la misma maravilla, que puede hacer y hace incluso lo que supera la capacidad y la imaginaci\u00f3n del hombre (G\u00e9n 18:19; Jer 32:17).<\/p>\n<p>d) Es af\u00ed\u00adn gedulah (plural, gedul\u00f3t, cosas grandes, haza\u00f1as: Deu 10:21; 2Sa 7:23; ICr\u00f3n 17,19.21), que, acentuando la grandeza y la magnificencia de las intervenciones divinas, insin\u00faa la majestad, la omnipotencia y la santidad de Dios al castigar a los enemigos de su pueblo y al liberar a Israel (Deu 10:21.17s; 1Cr 17:19ss). De manera semejante las gebur\u00f3t (acciones poderosas, empresas), efectos de la geburah de Dios (Deu 3:24; Sal 71:16; Sal 145:4) ponen de manifiesto la omnipotencia de Dios al conceder la victoria a pesar de las dificultades (Exo 32:18). En este contexto el plural ma`aseh, neutral de suyo (= obras), se identifica con las victorias (Isa 63:15). Es significativo el pasaje de Sal 145:4-6, en donde aparecen juntos todos estos t\u00e9rminos como sin\u00f3nimos y complementarios: \u00abUna generaci\u00f3n ponderar\u00e1 tus obras (ma`aseka) a la otra, proclamar\u00e1n tus proezas (gebur\u00f3teka); hablar\u00e1n del esplendor de tu gloriosa majestad, contar\u00e1n tus milagros (nipl&#8217;\u00f3teka); publicar\u00e1n el poder de tus prodigios (nore&#8217;\u00f3teka) y pregonar\u00e1n tus grandezas (gebur\u00f3teka)\u00bb.<\/p>\n<p>Por eso los milagros son sucesos de densidad excepcional. \u00abComo signos, revelan qui\u00e9n es Dios o legitiman una misi\u00f3n; como prodigios y maravillas, manifiestan una intervenci\u00f3n trascendente del Dios escondido; como acciones poderosas y terribles, dan a conocer el poder y la santidad de Dios. La actividad espec\u00ed\u00adfica del Se\u00f1or, que a veces se llama juicio, es una invitaci\u00f3n a alabar al Dios de los milagros\u00bb (L. Sabourin, \u00abBull-BtH\u00bb 1 [1971] 246). \u00abEl aspecto de asombro y de temor sagrado, inherente al milagro, expresado en griego por el sustantivo tha\u00fama y sus derivados (thaum\u00e1zein, thaumato\u00fcn, thaum\u00e1sios, thaumast\u00f3s) y que corresponden de ordinario al hebreo peleh y derivados, describen la conducta maravillosa de Dios con el justo\u00bb (ibid, 246s).<\/p>\n<p>2. LA CREACI\u00ed\u201cN Y LA HISTORIA, LUGARES DEL MILAGRO. a) La concepci\u00f3n del mundo y de la historia. Este doble aspecto de los signos en cuanto maravillas de Dios (empresas, haza\u00f1as, cosas grandes) y su mensaje al hombre est\u00e1 presente en la obra de la creaci\u00f3n y en la evoluci\u00f3n de la historia. Dios es maravilloso cuando llama a la existencia a las criaturas y act\u00faa como el que teje continuamente la trama tan complicada de los fen\u00f3menos naturales y de los episodios de la historia. El Sal 136:4-22, celebrando las maravillas (nipla &#8216;\u00f3t) de Dios, une a las obras de la creaci\u00f3n (G\u00e9n 1:1-19) los acontecimientos del \u00e9xodo y de la conquista de Cana\u00e1n (Ex-Jos), es decir, relaciona la creaci\u00f3n del cielo y de la tierra con la creaci\u00f3n del pueblo de Dios. De la misma manera, Elifaz el Temanita, motivando sus consejos a Job para que se dirija a Dios con la oraci\u00f3n, le indica sus haza\u00f1as y maravillas (gedul\u00f3t, nipla \u00f3t), evidentes en los fen\u00f3menos meteorol\u00f3gicos, y su gobierno del mundo moral en favor de los buenos y en contra de los malos, sin hacer ninguna diferencia entre las dos esferas (Job 5:9ss).<\/p>\n<p>Y como milagro, el universo (el cielo, la tierra, el mar, los seres vivientes) en su origen y en su devenir tiene tambi\u00e9n un valor de \u00absigno\u00bb, que le permite al hombre vislumbrar los atributos y la naturaleza de Dios, y al mismo tiempo la obligaci\u00f3n moral de la religi\u00f3n, que se deriva de ello (Sab 13:1-9; Sir 17:8; cf Rom 1:9s).<\/p>\n<p>Milagro es tambi\u00e9n el hombre bajo muchos aspectos: lo es en su creaci\u00f3n y en su propagaci\u00f3n, en su colocaci\u00f3n en la cima de las criaturas y en su corporeidad, y por tanto tambi\u00e9n en su sexualidad y en su ordenaci\u00f3n a la familia (G\u00e9n 1:26s; G\u00e9n 2:4-24; G\u00e9n 4:1.25; Sal 8). Lo es tambi\u00e9n como ser moral-espiritual, capaz de di\u00e1logo personal con Dios y dotado de una conciencia (G\u00e9n 3,lss; Jer 31:31-34); y como ser en devenir, protagonista del proceso hist\u00f3rico bajo la gu\u00ed\u00ada de Dios (Sal 23; 91). Lo es tambi\u00e9n como individuo y como pueblo: Israel, que comienza con una llamada y promesa de Dios (G\u00e9n 12:1-4), es un t pueblo privilegiado, pero no \u00fanico. Tambi\u00e9n los dem\u00e1s pueblos y naciones han sido suscitados por Dios, que determina su destino, incluso con la elecci\u00f3n, vocaci\u00f3n y misi\u00f3n de personas como Ciro (Isa 45:1-6; Am\u00f3 9:6), los juzga y a veces los castiga. \u00abEntonces bendije al Alt\u00ed\u00adsimo -dice Nabucodonosor&#8211;, alabando y glorificando al que vive eternamente; a aquel cuyo reino es un reino eterno, cuyo imperio perdura de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n. Ante \u00e9l los habitantes de la tierra no valen nada; \u00e9l hace lo que quiere con las milicias de los cielos y con los habitantes de la tierra. No hay nadie que pueda detener su mano o le diga: \u00bfQu\u00e9 haces?\u00bb (Dan 4:28 : LXX, 31b-32).<\/p>\n<p>La ra\u00ed\u00adz de esta mentalidad ha de buscarse en la convicci\u00f3n de que el mundo, el hombre y la historia deben su existencia a la palabra omnipotente de Dios (G\u00e9n 1,lss); y de que su actividad, regulada por leyes inmanentes seg\u00fan unos ritmos regulares, depende del compromiso, juramento y alianza de Dios con el hombre y con el mundo: \u00abMientras dure la tierra, sementera y cosecha, fr\u00ed\u00ado y calor, verano e invierno, d\u00ed\u00ada y noche no cesar\u00e1n jam\u00e1s\u00bb (G\u00e9n 8:22; G\u00e9n 9:12.15; Jer 33:20.25). Y as\u00ed\u00ad, despu\u00e9s de cada cat\u00e1strofe provocada por el hombre pecador, es \u00e9l el que reconstruye el camino y vuelve a poner en pie al hombre ca\u00ed\u00addo para que siga caminando (G\u00e9n 3:8ss; G\u00e9n 8:21s; 9, lss; G\u00e9n 12:1ss; Exo 32:7-14; Exo 32:2-27&#8230;).<\/p>\n<p>b) El milagro en sentido estricto. Sobre este fondo -manera de pensar y fe- hay que colocar, interpretar y comprender aquel fen\u00f3meno que se\u00f1alamos como \u00abmilagro en sentido estricto\u00bb. Dios, que da la fecundidad a las parejas f\u00e9rtiles (G\u00e9n 4:1.25), es el mismo que se la da a las est\u00e9riles y ancianas (G\u00e9n 18:10-14; cf Lev 1:26-31.34s). Dios, que imparte normas de comportamiento v\u00e1lidas para cada uno y para todos (G\u00e9n 3:1 ss; Exo 20:1-17), es el mismo que est\u00e1 en el origen de las vocaciones extraordinarias (Exo 3:2ss; Is 6; Eze 1:14-28; Am\u00f3 1:1; 1Sa 3:4ss&#8230;). Dios, que es autor de las maravillas de la creaci\u00f3n, es el mismo que realiza maravillas en la historia. Por eso, en los milagros Dios, que est\u00e1 siempre en actividad en, con y por sus criaturas, act\u00faa con mayor intensidad; su presencia resulta m\u00e1s transparente y el efecto parece superar lo que suele suceder. Solamente para el autor de la Sab, Dios, en los sucesos del \u00e9xodo, realiz\u00f3 cambios en la naturaleza y en los animales para liberar a Israel y castigar con misericordia a sus enemigos (1Sa 19:6-12.18-22), restableciendo as\u00ed\u00ad la armon\u00ed\u00ada del universo alterada por el mal (1Sa 2:24ss). Por eso el milagro puede definirse como \u00abun hecho sensible, salv\u00ed\u00adfico, que sorprende a los espectadores, supera las posibilidades actuales del hombre y es interpretado como intervenci\u00f3n de Dios, que intenta orientar al hombre hacia \u00e9l\u00bb.<\/p>\n<p>3. EL MILAGRO EN LA HISTORIA.<\/p>\n<p>Dejando aparte los prodigios que se narran en algunos libros sapienciales (Job, Tob, Jon, Jdt&#8230;) y apocal\u00ed\u00adpticos (Dan), en el AT llaman la atenci\u00f3n los \u00absignos y prodigios\u00bb que se narran en relaci\u00f3n con el \u00e9xodo y los referidos en los ciclos de El\u00ed\u00adas y Eliseo.<\/p>\n<p>a) Los milagros del \u00e9xodo. Es innegable que \u00abla historia de los hebreos desde la salida de Egipto hasta la ocupaci\u00f3n de la tierra prometida es toda una trama de milagros; no se narra ning\u00fan suceso importante que no sea un milagro. Esta generalizaci\u00f3n tiene que hacernos precavidos: por una parte, hay motivos para desconfiar de una generalizaci\u00f3n semejante; por otra, la unanimidad entre tradiciones muy diversas obliga a admitir un verdadero milagro en el origen, o al menos un hecho considerado como tal por sus beneficiarios\u00bb (A. Lef\u00e9vre, DBS V, 1302).<\/p>\n<p>Por diversas razones, la documentaci\u00f3n, incluida la de \u00ed\u00adndole hist\u00f3rica, no permite reconstruir los sucesos y percibir lo que realmente sucedi\u00f3, aunque s\u00f3lo sea de forma aproximativa. La formaci\u00f3n de las tradiciones (J, E, P, D), a notable distancia de los acontecimientos, hace comprensible el eclipse de demasiados elementos hist\u00f3ricos y la aparici\u00f3n de los maravillosos. La diversidad entre las mismas tradiciones (p.ej., sobre el n\u00famero de las plagas de Egipto) y la presencia de duplicados en las mismas confirman esta sensible atenuaci\u00f3n de los datos hist\u00f3ricos y la evoluci\u00f3n en direcci\u00f3n hacia lo prodigioso. Tambi\u00e9n las sucesivas (re)lecturas de los acontecimientos a la luz de la fe, que se propon\u00ed\u00adan celebrar la intervenci\u00f3n divina seg\u00fan los diversos g\u00e9neros literarios utilizados en Dt, Sal, Sab y hasta en el mismo Ex (14 y 15), han contribuido poderosamente a hacer m\u00e1s opaco el prisma literario que existe entre el lector y el acontecimiento; en efecto, esas lecturas intentan descubrir a Dios actuando en los acontecimientos, el sentido de su presencia salv\u00ed\u00adfica y la lecci\u00f3n que hay que sacar de ello.<\/p>\n<p>A pesar de esta imposibilidad de llegar a los sucesos en sus contornos espec\u00ed\u00adficos, \u00e9stos deben considerarse hist\u00f3ricamente ciertos en su n\u00facleo esencial. Esta certeza hist\u00f3rica ata\u00f1e sobre todo al acontecimiento de fondo, es decir, la salida de Egipto de un grupo de hebreos bajo la direcci\u00f3n de un jefe (Mois\u00e9s) en tiempos de la XIX dinast\u00ed\u00ada egipcia (siglo mil a.C.), que culmin\u00f3 en el asentamiento en las tierras de Cana\u00e1n. Este suceso se imprimi\u00f3 profundamente en el \u00e1nimo de Israel, que, reevoc\u00e1ndolo ininterrumpidamente en su historia sucesiva, reconoce en \u00e9l la intervenci\u00f3n omnipotente de Dios: \u00abMi padre era un arameo errante, que baj\u00f3 a Egipto. All\u00ed\u00ad se qued\u00f3 con unas pocas personas m\u00e1s; pero pronto se convirti\u00f3 en una naci\u00f3n grande, fuerte y numerosa. Los egipcios nos maltrataron, nos oprimieron y nos impusieron una cruel esclavitud. Pero nosotros clamamos al Se\u00f1or, Dios de nuestros padres, que escuch\u00f3 nuestra plegaria, volvi\u00f3 su rostro hacia nuestra miseria, nuestros trabajos y nuestra opresi\u00f3n, nos sac\u00f3 de Egipto con mano poderosa y brazo fuerte en medio de gran terror, prodigios y portentos, nos trajo hasta aqu\u00ed\u00ad y nos dio esta tierra que mana leche y miel\u00bb (Deu 26:5b-9). M\u00e1s a\u00fan; en tiempos de derrota, de dispersi\u00f3n y de destierro, aquella acci\u00f3n omnipotente de Dios en los comienzos del pueblo se convirti\u00f3 en el fundamento s\u00f3lido e inquebrantable de la esperanza en la resurrecci\u00f3n, en el retorno, en la restauraci\u00f3n y en el nuevo florecimiento del pueblo (Isa 43:16-21; Isa 48:21; Isa 52:11): Dios, que hizo salir a Israel de Egipto (Jos 24:17; Am\u00f3 2:10; Am\u00f3 3:1; Miq 6:4), castigando duramente a los egipcios, favoreciendo extraordinariamente a los hebreos (Sal 135:8s; especialmente 78; 105; ,20; Sab 16:19; Miq 7:15) y marchando al frente de su pueblo (Sal 68:8-9; Sal 77:20-21), es considerado como el Dios que realiz\u00f3 el primer acto en favor de Israel y se lo dio como prenda y como tipo de la liberaci\u00f3n futura (mesi\u00e1nica), incluida la liberaci\u00f3n de los pecados (Isa 40:2; Isa 44:21). Obviamente, estas evocaciones y celebraciones, derivadas de la fe, ampliadas y transformadas en plegarias, reflejan la conciencia de todo un pueblo de la intervenci\u00f3n extraordinaria de Dios al principio de su propia historia y respecto al elemento esencial, y no pueden menos de apoyarse en la roca s\u00f3lida de la historia. En este sentido es tambi\u00e9n significativo lo espec\u00ed\u00adfico de la teofan\u00ed\u00ada del AT: referida con la menci\u00f3n de las convulsiones de la naturaleza (terremoto, nubes, lluvia, viento, granizo, rayos, truenos, humo, tinieblas, contenci\u00f3n de las aguas del mar y de los r\u00ed\u00ados&#8230;: Hab 3:3-19) o descrita como una brisa ligera (1Re 19:11-13), la teofan\u00ed\u00ada es manifestaci\u00f3n de Dios como Se\u00f1or de la naturaleza y de la historia para salvar a su pueblo y castigar a sus enemigos, y con toda probabilidad ambas formas hunden sus ra\u00ed\u00adces en las tradiciones del \u00e9xodo (1Re 19:16-19; 1Re 33:22; 1Re 34:2.5ss; 1Re 3:21).<\/p>\n<p>Por eso, si hemos de renunciar a la reconstrucci\u00f3n hist\u00f3rica de los diversos \u00absignos y prodigios\u00bb del \/ Exodo, sigue en pie \u00abel milagro del \u00e9xodo\u00bb, es decir, el nacimiento de Israel como pueblo y como pueblo de Dios. Sin embargo, incluso para este acontecimiento primordial, el elemento milagroso ha sido captado y destacado por la fe y no incluye necesariamente proporciones cuantitativamente extraordinarias. Aunque probablemente fue una emigraci\u00f3n forzada, an\u00e1loga a otras muchas de aquel tiempo, el acontecimiento fue le\u00ed\u00addo m\u00e1s tarde como la intervenci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica decisiva de Dios, que escogi\u00f3 para s\u00ed\u00ad y cre\u00f3 a su pueblo.<\/p>\n<p>b) Los milagros de los ciclos de El\u00ed\u00adas y de Eliseo. En relaci\u00f3n con los milagros (= cosas grandes, gedol\u00f3t: 2Re 8:4) del El\u00ed\u00adas y de Eliseo, por una parte hay que observar que \u00abEl\u00ed\u00adas se ve obligado a defender el mismo principio y fundamento del pueblo como pueblo del Se\u00f1or. No se trata de un cambio de r\u00e9gimen, sino del peligro de un cambio de Dios. El\u00ed\u00adas ve el peligro, se enfrenta con \u00e9l, lo conjura\u00bb (L. Alonso Schdkel, La Biblia I, Marietti, Torino 1980, 866); y, por otra parte, que los relatos de milagros est\u00e1n inspirados en el amor a lo maravilloso, no siempre edificante (2Re 2:23-25), e intentan crear el personaje del taumaturgo en los dos profetas. A excepci\u00f3n del fuego, que se encendi\u00f3 espont\u00e1neamente en el sacrificio de El\u00ed\u00adas en el Carmelo, y de la curaci\u00f3n de Naam\u00e1n el sirio por obra de Eliseo, que terminan con una confesi\u00f3n de fe en Dios colectiva e individual (IRe 18,39; 2Re 5:15), los otros milagros son todos ellos privados, es decir, en favor (o en perjuicio) de personas, de sus familiares, de los profetas mismos y de sus disc\u00ed\u00adpulos. Por eso son juzgados de forma distinta tambi\u00e9n por los autores cat\u00f3licos: demasiado numerosos, a veces duplicados evidentes, aficionados a lo pintoresco y privados de razones suficientes, estos milagros son enumerados por algunos entre las an\u00e9cdotas espec\u00ed\u00adficas de las leyendas hagiogr\u00e1ficas y como medios id\u00f3neos para construir la figura del hombre de Dios y resaltar la importancia de ambos profetas (H. Haag, LTK X,12); pero, en relaci\u00f3n con milagros m\u00e1s recientes y bien documentados, son juzgados m\u00e1s positivamente por otros incluso bajo el aspecto hist\u00f3rico, a pesar del reconocimiento simult\u00e1neo de la magnificaci\u00f3n literaria y de su inclinaci\u00f3n a las leyendas hagiogr\u00e1ficas (A. Lef\u00e9vre, DBS V, 1303).<\/p>\n<p>4. EL MILAGRO Y LA FE: a) Necesidad de la fe. Como la fe es la lente necesaria para captar a Dios y su acci\u00f3n en la creaci\u00f3n, tambi\u00e9n lo es para descubrir su intervenci\u00f3n en la historia y en la instituci\u00f3n, y por tanto en el milagro. Los incr\u00e9dulos buscan milagros in\u00fatilmente, ya que son incapaces de elevarse a su nivel. Naturalmente, la fe no crea el acontecimiento, pero lo lee e interpreta seg\u00fan una \u00f3ptica propia: consciente de que Dios act\u00faa en la creaci\u00f3n y en cada uno de los seres, en la historia y en cada uno de sus momentos, el creyente capta su presencia activa en alguna obra, momento y acontecimiento de mayor intensidad, la juzga maravillosa y la presenta como milagrosa, quiz\u00e1 a distancia en el tiempo. Las (re)lecturas sucesivas y m\u00faltiples de los acontecimientos del \u00e9xodo (J, E, P, D; Sab) son indicativas de esta penetraci\u00f3n intelectual de la fe para intuir y exaltar la presencia de Dios. El creyente capta a Dios en las grandes obras de la creaci\u00f3n (Job 5:9s; Sal 106:2; Sal 139:14), en las de dimensiones ordinarias (G\u00e9n 24:12ss; Exo 14:21s; 1Sa 14:23.45) y en las de proporciones min\u00fasculas, como el soplo de la brisa (IRe 19,12). Y lo percibe tambi\u00e9n en el milagro. Mois\u00e9s, los israelitas, El\u00ed\u00ad, Sa\u00fal (Exo 3:12; Exo 14:31; 1Sa 2:34; 1Sa 10:9), en virtud de su fe reconocen la intervenci\u00f3n de Dios, presente (Exo 14:32) o diferida (Exo 3:12; 1Sa 2:34; 1Sa 10:9), salv\u00ed\u00adfica o tambi\u00e9n punitiva (ISam 2,34). El fara\u00f3n, por el contrario, incr\u00e9dulo habitual (Exo 4:21; Exo 7:13); los israelitas, f\u00e1ciles en pecar de incredulidad (Sal 106:7.13.21), y Acaz, desconfiado en un caso concreto (Isa 7:12), se cierran al reconocimiento del milagro y a su beneficio y pueden ver la eventual intervenci\u00f3n extraordinaria de Dios transformarse en juicio contra ellos (G\u00e9n 15:14; Exo 6:6).<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, la fe es necesaria para recibir el milagro: los creyentes, como Abrah\u00e1n, Gede\u00f3n y Ezequ\u00ed\u00adas, son premiados con la ayuda excepcional de Dios (G\u00e9n 15:6.8; Jue 6:7ss; 2Re 20:5s.8ss). Los incr\u00e9dulos, por el contrario, lo mismo que los israelitas en el desierto (Exo 17:2; Deu 9:22; Sal 95:8s), quedan excluidos y, si pretenden el milagro, tientan a Dios. Al atenuarse la fe por falta de profetas (Sal 74:9; lMac 4,46; 9,27), tambi\u00e9n el milagro se hace m\u00e1s raro (Sir 36:6) y en su lugar se insin\u00faa la sed de lo maravilloso.<\/p>\n<p>b) Origen y naturaleza de la fe. De aqu\u00ed\u00ad surge el problema del origen y de la naturaleza de la fe. Es don de Dios, y podr\u00ed\u00ada considerarse como un aspecto de la sabidur\u00ed\u00ada que ilumina al creyente sobre el mundo y su significado (Job 36:22-37, 19), sobre el hombre, su origen y fin, sobre la historia, su proceso y su meta y, particularmente, sobre los fen\u00f3menos naturales, humanos e hist\u00f3ricos singulares (G\u00e9n 41:38s; Dan 2:28s.47; Dan 5:11.14). Y el milagro pertenece a \u00e9stos. Entre la predicci\u00f3n de los signos a Sa\u00fal por medio de Samuel y su cumplimiento, Dios \u00abcambia\u00bb el coraz\u00f3n de Sa\u00fal, por lo que \u00e9l percibe en los sucesos que le ocurren durante su regreso&#8217; a casa signos de que Dios lo llama a la realeza teocr\u00e1tica (1Sa 10:1-16). Al contrario, los israelitas del \u00e9xodo no reconocieron los signos, porque junto con la experiencia de los hechos singulares Dios no les dio \u00abinteligencia para entender, ojos para ver y o\u00ed\u00addos para escuchar\u00bb (Deu 29:1-3), es decir, el coraz\u00f3n nuevo (Eze 36:26s; Jer 31:31-34). Pero a pesar de esta insistencia en el don de Dios, la fe parece ser el fruto de la iniciativa unilateral y gratuita de Dios y de la respuesta libre y obediente del hombre. Los elementos parecen estar presentes en la descripci\u00f3n de la obstinaci\u00f3n del coraz\u00f3n del fara\u00f3n frente a los signos del \u00e9xodo. Por una parte, las proposiciones con verbos causativos (hifil: Exo 7:3 [gasahJ; Exo 10:1 [kabed]) o intensivos (piel: Exo 4:21; Exo 10:20.27; Exo 11:10; Exo 14:4.8 [hazaq]), que tienen a Dios por sujeto, subrayan la acci\u00f3n divina, de manera que \u00e9sta debe considerarse impl\u00ed\u00adcita tambi\u00e9n en los verbos en pasivo (nip&#8217;al: Exo 14:5 [hapaq], entre 14,4 y 14,8) y en los verbos simples de estado (qal: Exo 7:13.22 [hazaq], despu\u00e9s de 7,3 [qasah]). Por otra parte, las frases con verbos causativos que tienen como sujeto al fara\u00f3n (hifil: Exo 8:11.28 [kabed]) ponen de relieve claramente su obstinaci\u00f3n, de manera que \u00e9sta puede tambi\u00e9n percibirse en los verbos simples (Exo 8:15, qal [hazaq] entre 8,11 y 8,28 con el mismo verbo en hifil; 9,35: qal [hazaq], entre 8,11 y 8,28 con el mismo verbo en hifil; 9,35: qal [hazaq], despu\u00e9s de 9,34), especialmente tras el reconocimiento por parte de los magos de la intervenci\u00f3n de Dios en la plaga de los insectos: \u00ab\u00c2\u00a1Aqu\u00ed\u00ad est\u00e1 el dedo de Dios!\u00bb (Exo 8:15; Vg 19). La incredulidad del fara\u00f3n equivale a un rechazo, claro y neto (cf 9,2: el paralelismo \u00abrechazas&#8230;, retienes&#8230;\u00bb). La insistencia en la acci\u00f3n de Dios denota juntamente su soberan\u00ed\u00ada, incluso sobre el pecado del hombre, y ante todo su juicio y castigo del hombre, que libremente rechaza sus signos y palabras; y, complementariamente, sugiere que la fe es don gratuito de Dios y obediencia del hombre, es fruto del ofrecimiento de Dios y de la responsabilidad humana. Al ofrecer el signo-prodigio y el coraz\u00f3n para comprenderlo, Dios espera que el hombre comprenda, escuche y obedezca. Y esto es la fe. En caso de negativa llega la incredulidad, que cierra la puerta al signo salv\u00ed\u00adfico o, cuando de todas formas se realiza, se abre al signo juicio.<\/p>\n<p>5. EL MILAGRO Y LA PALABRA. Lo mismo que la sabidur\u00ed\u00ada (Deu 4:6; Jer 8:9), la fe es ofrecimiento al hombre mediante la palabra de Dios, oral y escrita. El milagro es en s\u00ed\u00ad mismo ambiguo; de hecho, se le atribuye incluso a personas extra\u00f1as o contrarias al designio de Dios (Exo 7:12). La palabra, por el contrario, es clara, aun cuando se exprese en t\u00e9rminos figurados. En concreto, la palabra y el signo se integran mutuamente y son interdependientes, a pesar de la variedad de su sucesi\u00f3n cronol\u00f3gica. La palabra, int\u00e9rprete y juez del signo, puede ser la institucionalizada en la comunidad creyente, la interior que procede directamente de Dios o la exterior pronunciada para la ocasi\u00f3n por un enviado de Dios. Ante cualquier signo y su explicaci\u00f3n en favor de la apostas\u00ed\u00ada, el creyente ha de considerarlo como falso o perverso bas\u00e1ndose en la fe recibida mediante la palabra de la comunidad creyente y que se remonta a los padres (Deu 13:1-11). Puesto de manera imprevista ante un signo, Mois\u00e9s advierte inmediatamente la voz (interior) de Dios, que lo explica y le promete otros signos de confirmaci\u00f3n (Exo 3:2-4; cf 2Re 20:5-11). Informado por anticipado del proyecto de Dios mediante la palabra de Mois\u00e9s, el fara\u00f3n reacciona con un rechazo abierto y despreciativo: \u00ab\u00bfQui\u00e9n es el Se\u00f1or para que yo obedezca su voz y deje ir a Israel? No conozco al Se\u00f1or y no dejar\u00e9 ir a Israel\u00bb (Exo 5:2); y as\u00ed\u00ad, rechazando la palabra y los signos, se cierra la salvaci\u00f3n y llega a experimentar o padecer los signos de castigo (Exo 9:14.29; cf 7,5.17; 14,18).<\/p>\n<p>En cualquier momento y de cualquier manera que se pronuncie, la palabra es siempre primaria respecto al signo e indispensable en las acciones simb\u00f3licas de los profetas (Isa 8:18; Eze 4:3), ya que es su clave de interpretaci\u00f3n: \u00abLo que motiva la fe no es el signo como tal; lo decisivo es la palabra que lo acompa\u00f1a. Esta palabra dice qu\u00e9 persona o cosa constituye el objeto de la fe que pretende suscitar el signo. Por eso no se da una revelaci\u00f3n mediante signos sin la correspondiente revelaci\u00f3n por la palabra que los interprete\u00bb (F.J. Helfineyer, DTAT I, 190).<\/p>\n<p>6. MENSAJE Y FINALIDAD DEL MILAGRO. a) Palabra sensiblemente eficaz. A su vez, el signo se convierte en palabra visible. Por indicaci\u00f3n de la palabra, el ojo de la fe, la mente atenta y el coraz\u00f3n d\u00f3cil perciben en el milagro sensible a Dios como \u00fanico Dios (Deu 4:34s; Exo 10:2; cf 7,3.5; 8,18.19), o, mejor dicho, su presencia salv\u00ed\u00adfica para los creyentes y de castigo para los incr\u00e9dulos. Tanto a los creyentes (Exo 10:2s) como a los recalcitrantes (Eze 7:5.17), el signo les revela que Dios ha entrado en acci\u00f3n: una vez pasado el mar Rojo, los israelitas, creyendo en Dios y en su siervo Mois\u00e9s, celebran al Se\u00f1or: \u00ab\u00bfQui\u00e9n igual a ti, Se\u00f1or, entre los dioses? \u00bfQui\u00e9n igual a ti, sublime en sabidur\u00ed\u00ada, tremendo en gloria, autor de maravillas?\u00bb (Exo 15:11; cf Sal 77:14s). Y esta intuici\u00f3n equivale a la certeza de captar la intervenci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Dios, ya que \u00abla conexi\u00f3n entre conocimiento y signo es tan estrecha que conocer equivale a cerciorarse de algo por medio de un signo\u00bb y \u00abel conocimiento sigue a la acci\u00f3n de Yhwh, la cual es un presupuesto necesario del conocimiento\u00bb (F.J. Helfineyer, DTAT I, 184.185). Por lo dem\u00e1s, tambi\u00e9n los no dispuestos advierten una cierta presencia activa de Dios: los magos egipcios reconocen: \u00ab\u00c2\u00a1Aqu\u00ed\u00ad est\u00e1 el dedo de Dios!\u00bb (Exo 8:15); el fara\u00f3n, a su pesar, tendr\u00e1 que reconocer que \u00abDios es el Se\u00f1or en medio del pa\u00ed\u00ads\u00bb (cf Exo 8:18), y los israelitas son denunciados como ofensores y tentadores de Dios por haber visto los signos y haber hecho o\u00ed\u00addos sordos a su mensaje (N\u00fam 14:1lss). Adem\u00e1s, en particular, mediante los signos se vislumbran y se reconocen la gloria (Exo 15:1.7), la santidad (Exo 15:11) y el amor de Dios (Sal 106:7; Sal 107:8), que act\u00faan poderosamente para \u00abel triunfo del dominio de Dios frente a los enemigos del pueblo y frente al mismo Israel\u00bb(F.J. Helfineyer, DTATI, 185). De aqu\u00ed\u00ad su doble aspecto: por una parte, mediante los signos Dios visita y da al hombre su salvaci\u00f3n y su reino; por otra, el hombre entrev\u00e9 a Dios y cree que est\u00e1 cerca de \u00e9l y obrando en su favor.<\/p>\n<p>b) Al servicio de la fe obediente. En los que est\u00e1n bien dispuestos, el signo de salvaci\u00f3n suscita o aumenta la fe: \u00abIsrael vio el prodigio que el Se\u00f1or hab\u00ed\u00ada obrado contra los egipcios, temi\u00f3 al Se\u00f1or y crey\u00f3 en \u00e9l y en Mois\u00e9s, su siervo\u00bb (Exo 14:31). La fe, a su vez, es el fundamento del reconocimiento de Dios y de su culto (Deu 4:34s; Jos 24:17), de la confianza en \u00e9l (Exo 8:18s; Deu 1:22-46), del amor a Dios y de la obediencia a sus mandamientos (Deu 11:1-13). Tambi\u00e9n los signos de El\u00ed\u00adas en el Carmelo y de Eliseo en favor de Naam\u00e1n el sirio est\u00e1n ordenados a una adhesi\u00f3n renovada a Dios y a la fe en \u00e9l (lRe 18,38; 2Re 5:15b.17b). De manera semejante, los signos de confirmaci\u00f3n favorecen en el creyente la atenci\u00f3n, la fe, la confianza y la obediencia a Dios (Exo 3:12; Jue 6:17; lSam 2,34; 2Re 20:5), lo mismo que los de legitimaci\u00f3n ayudan a escuchar y a seguir al enviado de Dios (Exo 4:8-9.28-31; lSam 2,34). Por eso parece ser que el ambiente de formaci\u00f3n de los relatos de los signos y prodigios -de su elecci\u00f3n, elaboraci\u00f3n y transmisi\u00f3n- fue el del culto israelita y jud\u00ed\u00ado, que ten\u00ed\u00ada la finalidad evidente de alimentar en los israelitas la fe en Dios y sostener su fidelidad en la obediencia a los mandamientos de la alianza.<\/p>\n<p>7. DIOS, AUTOR DEL MILAGRO. Siendo Dios principio y fin de los signos, generalmente se le se\u00f1ala tambi\u00e9n como el autor de los signos y prodigios (Exo 15:11; Sal 77:15). Aunque El\u00ed\u00adas y Eliseo fueron presentados ordinariamente con la aureola de taumaturgos y los relatos de sus milagros dan paso al g\u00e9nero literario de las leyendas hagiogr\u00e1ficas (2Re 5:8), en principio los siervos de Dios, como Mois\u00e9s, Josu\u00e9, etc., s\u00f3lo son vistos como mediadores para la salvaci\u00f3n del pueblo de Dios y los milagros sirven para legitimar su misi\u00f3n (Exo 3:12; Exo 4:8-9.28-31; Jos 3:5). De manera semejante, los int\u00e9rpretes de sue\u00f1os, como Jos\u00e9 y Daniel, se consideran y se indican solamente como mediadores de la sabidur\u00ed\u00ada que Dios les dio (G\u00e9n 41:16; Dan 2:19.30). Por eso, ni Mois\u00e9s ni los dem\u00e1s hacen milagros para su gloria y utilidad, sino para acreditar su misi\u00f3n, para ofrecer la salvaci\u00f3n de Dios y su voluntad y para suscitar la fe obediente.<\/p>\n<p>III. NUEVO TESTAMENTO. El NT est\u00e1 en continuidad con el AT en lo que ata\u00f1e a la terminolog\u00ed\u00ada del milagro, a la concepci\u00f3n de Dios, que es su presupuesto, y a la finalidad, que es casi exclusivamente salv\u00ed\u00adfica. Pero todo ello se presenta en una relaci\u00f3n vital con la persona de Jesucristo.<\/p>\n<p>1. TERMINOLOG\u00ed\u008dA. Prescindiendo de los hapax thaum\u00e1sia (maravillas, Mat 21:15) y par\u00e1doxa (cosas prodigiosas, Luc 5:26), que orientan hacia lo maravilloso, los t\u00e9rminos que indican el milagro en el NT son los cuatro siguientes: dynamis, s\u00e9mefon, t\u00e9ras y \u00e9rgon.<\/p>\n<p>a) El primer vocablo, dynamis (119 veces: Mt 12; Mc 10; Lc + He 15 + 10; Pablo 36; Heb 6; lPe 2; 2Pe 3; Ap 12), en relaci\u00f3n con los milagros se utiliza activamente (= poder milagroso: Mar 5:30 = Luc 8:46; Mar 6:14 = Mat 14:2; 1Co 12:10.28.29) y pasivamente (= acto de poder), que es hecho (poiein, Mar 6:5 = Mat 13:58; Mar 9:39; Mat 7:22; Heb 4:7; Heb 19:11), o que sucede (gh\u00ed\u00adnesthai, Mar 6:2; Mat 11:20.21.23; Luc 10:13; Heb 8:13) por obra de Jes\u00fas (Mar 6:2) o de otros con o sin el uso del nombre de Jes\u00fas (Mat 7:22; Mar 9:39; Heb 8:13; Heb 19:11; 2Co 12:12), o tambi\u00e9n por el anticristo (2Ts 2:9). La presencia del t\u00e9rmino en varios filones del NT (sin\u00f3pticos, Pablo, He, Heb) o de la tradici\u00f3n evang\u00e9lica (Mc, Q, Mt, Lc) es ya muy significativa. Su ausencia en Jn es m\u00e1s bien aparente; de hecho, el cuarto evangelio usa el verbo dynamai tambi\u00e9n en conexi\u00f3n con los signos (Jua 3:2; Jua 9:16) y, como los sin\u00f3pticos, hace remontar a Dios el \u00abpoder\u00bb que se le atribuye a Jes\u00fas para hacerlos (Jua 9:33; Jua 10:21; Jua 3:2). M\u00e1s que con vocablos hebreos que indiquen el milagro (y sus voces correspondientes en griego en los LXX), dynamis dice relaci\u00f3n al concepto del mes\u00ed\u00adas, revestido de poder por el Esp\u00ed\u00adritu de Dios para derrotar en guerra a los enemigos (Isa 11:2) o para proclamar la palabra de Dios como su profeta y m\u00e1s que profeta (Miq 3:8). Esta segunda idea desemboca rectamente en el NT (Luc 24:19 + Heb 7:22), mientras que la primera queda modificada radicalmente (Mar 3:27).<\/p>\n<p>b) El segundo t\u00e9rmino, s\u00e9m\u00e9ion (signo), menos frecuente que el anterior (77 veces: Mt 13; Mc 7; Lc + He 11 + 13; Jn 17; Pablo 8; Heb 1; Ap 7), a trav\u00e9s de los LXX est\u00e1 en continuidad con el AT, por s\u00ed\u00ad solo (= hebreo &#8216;\u00f3t), en la expresi\u00f3n compuesta \u00abprodigios y se\u00f1ales\u00bb (Mt, Mc, Jn, He, Pablo, Heb; cf Deu 4:34), as\u00ed\u00ad como tambi\u00e9n en la variedad de significados como signo de reconocimiento (Mat 26:48; Luc 2:12; 2Ts 3:17), signo escatol\u00f3gico (Mat 13:4; Luc 21:7; Mat 24:3), s\u00ed\u00admbolo y escena simb\u00f3lica (Apo 12:1.3; Apo 15:1), fen\u00f3meno natural y sideral (Luc 21:11.25).<\/p>\n<p>Lo mismo que el Dt (Luc 13:1-3), tambi\u00e9n el NT pone en guardia varias veces contra los signos, entendidos como \u00abprodigios, acciones prodigiosas y sensacionales\u00bb, realizados por aquellos que tienen la intenci\u00f3n de seducir y apartar a los creyentes de la fe en Cristo, especialmente en el per\u00ed\u00adodo escatol\u00f3gico (Mat 24:24 = Mar 13:22; 2Ts 2:9; Apo 13:13s; Apo 16:14; Apo 19:20), y presenta negativamente a todos los que se los piden a Jes\u00fas por curiosidad (Luc 23:8), o para tentarlo o que de alguna manera est\u00e1n privados de apertura y de docilidad a \u00e9l (Mar 8:11s; Mat 12:39; Mat 16:4; Luc 11:29; cf Jua 2:18; Jua 6:30; 1Co 1:22). La pretensi\u00f3n de \u00e9stos, equiparada a las sugestiones diab\u00f3licas (Mat 4:1-11), alcanza su punto m\u00e1s alto en el desafio sarc\u00e1stico de los que pasan junto a la cruz (Mar 15:30-32), supone la sed de lo sensacional y la intenci\u00f3n de evitar el camino oscuro de la fe obediente, y provoca la reacci\u00f3n severa y luminosa de Jes\u00fas, que la rechaza de forma expl\u00ed\u00adcita o equivalente (Mar 8:11s; Mar 15:30-32), o bien remite al signo inequ\u00ed\u00advoco de la palabra (Luc 11:29s) o al de su resurrecci\u00f3n, que puede ser acogido solamente en la fe (Mat 12:39s).<\/p>\n<p>A pesar de ello, tambi\u00e9n el NT ve positivamente los signos milagrosos. Mar 8:38s y 6,34.50s, aunque no utilizan el t\u00e9rmino, aluden a los signos de Ex 14-16 y presentan las intervenciones de Jes\u00fas como actos salv\u00ed\u00adficos suyos que promueven la fe. Finalmente, otros textos (Mar 16:17-20; Luc 10:17.19; 1 Cor 12-14) en los que se usa este vocablo hablan de los signos como de indicios que acreditan la misi\u00f3n de los disc\u00ed\u00adpulos, los efectos visibles de la presencia salv\u00ed\u00adfica del resucitado y de su Esp\u00ed\u00adritu, y las primicias de la victoria sobre el mal f\u00ed\u00adsico y moral.<\/p>\n<p>Sin embargo, entre los escritores del NT se distingue Jn por el uso de este t\u00e9rmino. Es verdad que el ambiente joaneo invita a prevenirse contra los signos enga\u00f1osos de los seductores que operan a lo largo de la historia, y sobre todo al final de la misma (Apo 13:13s; Apo 16:14; Apo 19:20), y que el ambiente espec\u00ed\u00adfico del cuarto evangelio tiene en com\u00fan con los sin\u00f3pticos y con Pablo la desconfianza de los signos y la cr\u00ed\u00adtica y el reproche de cuantos los pretenden (Apo 2:18; Apo 6:14.30; Apo 4:48) y declara insuficiente la fe que se basa m\u00e1s en los signos que en la palabra de Jes\u00fas (Apo 2:23s; Apo 3:2; Apo 6:30ss). Pero Jn subraya de manera particular la funci\u00f3n positiva de los signos. Las alusiones determinadas o indeterminadas a su n\u00famero (Apo 2:11; Apo 4:51; Apo 20:30; Apo 21:25), su distribuci\u00f3n seg\u00fan un c\u00e1lculo evidente, la ilustraci\u00f3n de algunos de ellos con discursos o discusiones, la inclusi\u00f3n de las apariciones del Resucitado entre los signos (Apo 20:30s) son ya indicio del juicio positivo de Jn sobre los signos. En particular, para \u00e9l el milagro-signo es revelador del origen divino de la misi\u00f3n de Jes\u00fas, de su dignidad mesi\u00e1nica y de su unidad con el Padre (Apo 2:23; Apo 3:2; Apo 6:14). Puesto que entre el signo y su autor la relaci\u00f3n es m\u00e1s estrecha que entre el efecto y la causa, se deduce que el signo contiene de alg\u00fan modo a su autor y constituye una epifan\u00ed\u00ada del mismo. Manifiesta la gloria de Jes\u00fas (Apo 2:11), que refleja la de Dios (Apo 11:40); alude a su fuerza y esplendor, y revela su ser m\u00e1s profundo con singular intensidad; de manera que el signo del pan lo se\u00f1ala como \u00abel pan de vida\u00bb, el de la curaci\u00f3n del ciego lo manifiesta como \u00abla luz del mundo\u00bb y el de la resurrecci\u00f3n de L\u00e1zaro lo define como \u00abla resurrecci\u00f3n y la vida\u00bb (6,lss; 9,lss; l l,1 ss). Adem\u00e1s, al revelar a Jes\u00fas en el momento de su cumplimiento, el signo preanuncia tambi\u00e9n el bien salv\u00ed\u00adfico que conceder\u00e1 cuando llegue su hora y pase de este mundo al Padre (6,63). Debido a su funci\u00f3n reveladora, el signo orienta positivamente hacia la fe en \u00e9l (2,11; 9,35; 11,45; 4,53; 20,30ss), por lo cual los incr\u00e9dulos son responsables de su incredulidad (9,39s; 12,37ss). Sin embargo, el signo no es algo clamoroso y sensacional, sino algo sensible y milagroso, que transmite un mensaje de Jes\u00fas y sobre Jes\u00fas, perceptible a quienes tienen ojos \u00ed\u00adntegros para percibirlo (9,39s; 12,40s) y se colocan ante Jes\u00fas en una posici\u00f3n de fe, es decir, de apertura, de confianza y de disponibilidad hacia \u00e9l y hacia su palabra (11,40; cf 12,40).<\/p>\n<p>c) Siempre en plural y unido al plural del precedente s\u00e9me\u00ed\u00ada, y a veces tambi\u00e9n a dyn\u00e1meis (Heb 2:22; 2Co 12:12; 2Ts 2:9; Heb 2:4; cf Heb 6:8; Rom 15:19), encontramos el sustantivo plural t\u00e9rata (prodigios; 16 veces: Mt 1, Mc 1; Jn 1; He 9; Pablo 3; Heb 1). Casi ausente en la literatura greco-helenista contempor\u00e1nea del NT -lo mismo que el correspondiente sem\u00ed\u00adtico m\u00f3pet en la literatura hebrea de la \u00e9poca-, pero presente en la judeo-helenista, a trav\u00e9s de los LXX este t\u00e9rmino se relaciona con el AT por su combinaci\u00f3n con s\u00e9me\u00ed\u00ada y por su contenido. Los evangelistas lo evitan pr\u00e1cticamente, quiz\u00e1 porque lo consideran inadecuado para expresar la parte activa de Jes\u00fas en la actuaci\u00f3n de los milagros. Cuando se emplea, la expresi\u00f3n \u00absignos y prodigios\u00bb se\u00f1ala los falsos portentos apocal\u00ed\u00adpticos (Mat 24:24 = Mar 13:22; 2Ts 2:9; cf Deu 13:15s), o bien los sensacionales que pretenden los jud\u00ed\u00ados y que les niega Jes\u00fas (Jua 4:48). Fuera de los evangelios, sin embargo, denota tambi\u00e9n los milagros de Jes\u00fas (Heb 2:22) y de sus heraldos (He, passim; cf 2Co 12:12Heb 2:4). Finalmente, en los Hechos, la locuci\u00f3n \u00absignos y prodigios\u00bb (Heb 4:30; Heb 5:12; Heb 14:3; Heb 15:12) y su forma inversa (Heb 2:19s.22. 43; Heb 6:8; Heb 7:36; cf Sab 10:16), que podr\u00ed\u00ada deberse o a una fuente distinta o a una variaci\u00f3n estil\u00ed\u00adstica, pueden incluir cierto matiz teol\u00f3gico, en el sentido de poner respectivamente el acento en Dios, su autor, o en sus efectos (cf K.H. Rengstorf, TWNT VIII, 125s). La evocaci\u00f3n de los \u00abprodigios y signos\u00bb del Exodo (Sab 7:36) se\u00f1ala en Jes\u00fas al profeta como Mois\u00e9s, mientras que la cita de J13,1-5 (TM 2,28-32) indica en la efusi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu y en sus dones la irrupci\u00f3n de los bienes escatol\u00f3gicos en la historia en virtud de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas (2,19s.33). A pesar de ser Dios el autor de los signos y prodigios, \u00e9l los realiza por medio de sus siervos (2,43; 4,30; 6,8), especialmente de Jes\u00fas, antes y despu\u00e9s de pascua (2,22; 4,30; 14,3), para legitimar su misi\u00f3n y, particularmente despu\u00e9s de pascua, para conducir a la fe en Jesucristo. Tambi\u00e9n para Pablo los \u00abprodigios y signos\u00bb acreditan su apostolado y orientan a la fe en Cristo (Rom 15:19; cf Heb 2:4), junto con la paciencia-constancia de los ap\u00f3stoles (2Co 12:12).<\/p>\n<p>d) De forma semejante, en la huella de la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblico jud\u00ed\u00ada se coloca el grupo \u00e9rgon, erg\u00e1zesthai y poiein (obra [milagrosa], obrar y hacer milagros). Aunque corresponde a varias voces hebreas, el sustantivo \u00e9rgon en el AT griego indica tambi\u00e9n la obra divina de la creaci\u00f3n (Sal 8:4) y las obras de Dios en la historia de la salvaci\u00f3n (Exo 34:10; Jos 24:31 [gr. 29]; Jue 2:7.10), incluidas las milagrosas del \u00e9xodo (Sal 66:3.5; Sal 77:12; cf Deu 11:3 : TM, signos y obras; LXX, signos y prodigios; Sir 48:14 : prodigios y obras maravillosas). Sin embargo, las obras siguen siendo realizadas por Dios a lo largo de la historia (Isa 5:12.19; Isa 22:11; Isa 28:21; Isa 29:23), tanto de Israel como de los dem\u00e1s pueblos (Isa 45:11), para salvar a los creyentes y castigar a los imp\u00ed\u00ados (Sal 28:5; Sal 46:9; Sal 92:5.6; Sal 95:9).<\/p>\n<p>El NT contin\u00faa esta l\u00ed\u00adnea (Heb 2:7; Heb 1:10; Heb 4:3.4: obras de la creaci\u00f3n). Jn (Heb 9:3) utiliza la expresi\u00f3n \u00ablas obras de Dios\u00bb, mientras que Mt y Lc tienen el concepto; pero los tres est\u00e1n de acuerdo en vincular la acci\u00f3n de Dios en la historia a la actividad de Jes\u00fas, particularmente a sus actos milagrosos. Mt, al hablar de las \u00abobras de Cristo\u00bb, apelando a Is (Heb 35:5-6a; Heb 26:19; Heb 29:18; Heb 61:1) menciona las obras milagrosas de misericordia y la evangelizaci\u00f3n de los pobres (Heb 11:2.5s; cf Luc 24:19; Heb 1:1; Heb 7:22 [de Mois\u00e9s]). Jn, que construye el sustantivo \u00e9rgon (plural y singular) con poiein, erg\u00e1zesthai y teleio\u00fan (hacer, obrar, cumplir:Heb 5:20.36; Heb 7:3.21; Heb 9:3.4; Heb 10:25.32.37.38; Heb 14:10.11.12; Heb 15:24; Heb 4:34; Heb 17:2), debe considerarse cl\u00e1sico. En su obrar, Jes\u00fas participa y revela la acci\u00f3n de Dios en la historia de la salvaci\u00f3n: \u00e9l ve y cumple las obras que el Padre le muestra y que le da el poder de obrar (Heb 5:17-29). En \u00e9l y por \u00e9l es el Padre invisible el que las cumple, y por eso en ellas irradia la gloria del Padre y del Hijo (Heb 14:10s; Heb 9:3s). Y son tambi\u00e9n obras milagrosas, que suscitan maravilla (Heb 7:21; Heb 7:3s), legitiman la misi\u00f3n de Jes\u00fas y sobre todo atestiguan la unidad del Hijo con el Padre (Heb 10:25; Heb 5:36). Adem\u00e1s, por constituir el testimonio sensible del Padre, las obras tienen la finalidad de conducir a la fe en Jes\u00fas, y mediante la fe a la vida; pero se transforman en testimonio de acusaci\u00f3n y de condenaci\u00f3n de exclusi\u00f3n de la vida para los que se niegan a creer (Heb 5:17-29). Al igual que los signos, las obras son preludio, revelaci\u00f3n y aspectos parciales de la obra (Heb 4:34; Heb 17:2) con que Jes\u00fas glorifica al Padre y es glorificado por \u00e9l con los plenos poderes de dar la vida a todos los creyentes y de poner a los disc\u00ed\u00adpulos en condiciones de hacer \u00abobras\u00bb mayores que las suyas (Heb 14:12). Y de este modo las \u00abobras buenas\u00bb (Heb 10:32) que el Padre realiza en, por y con Jes\u00fas son anticipaciones de la obra que \u00e9l lleva a cabo en los que creen en Cristo, tambi\u00e9n mediante el ministerio de los disc\u00ed\u00adpulos (Heb 14:10), para hacerlos part\u00ed\u00adcipes de la vida eterna (Heb 6:28s).<\/p>\n<p>2. LA CONCEPCI\u00ed\u201cN DEL MUNDO. a) Dios y el mundo. La concepci\u00f3n que tiene el NT de las relaciones entre Dios y la naturaleza, entre Dios y el hombre, entre Dios y la historia es fundamentalmente id\u00e9ntica a la del AT y del juda\u00ed\u00adsmo, palestino y helenista, intertestamentario y rab\u00ed\u00adnico. Para Jes\u00fas y para los predicadores y escritores del NT, Dios es creador del cielo y de la tierra y de todo, del hombre y de la mujer, y de todos los hombres; es su se\u00f1or y ejerce todo poder sobre ellos (Mat 11:25; Mat 19:4; Mat 28:18). Por eso los fen\u00f3menos naturales y meteorol\u00f3gicos, como el salir del sol, el sucederse de las estaciones y la lluvia, la vida de las plantas y de los animales, se le atribuyen a Dios (Heb 14:17; Heb 17:26; Mat 5:45; Luc 12:54-56; Mat 6:26ss; Mar 4:26-29). Tambi\u00e9n la historia se desarrolla bajo el dominio, la intervenci\u00f3n y la direcci\u00f3n de Dios. La humanizaci\u00f3n de la tierra y la evoluci\u00f3n de las vicisitudes de los diversos pueblos, especialmente de Israel, se llevan a cabo seg\u00fan un designio de Dios, que los conduce hacia una meta com\u00fan, a saber: Jes\u00fas (Heb 14:15-17; Heb 17:24-31; Heb 7:2ss; Heb 13:16ss; Heb l,ls), definido como la plenitud de los tiempos (Mar 1:15; G\u00e1l 4:4; Efe 1:10). Y esto porque el mundo y el hombre han sido vistos y queridos en Cristo por Dios desde el principio (Rom 8:29s; Jua 1:3-5; Efe 1:3ss; Col 1:15-17; 1Co 8:6). Esta providencia de Dios se extiende a cada uno de los vivientes y a cada uno de los peque\u00f1os sucesos de su existencia (Mat 10:29 = Luc 12:6s). Por eso mismo la creaci\u00f3n es reveladora de Dios, de sus atributos, particularmente de su bondad para con el hombre, e indicadora de la respuesta del hombre a Dios (Rom 1:19-21; Heb 17:27). De forma semejante, la historia es lugar y medio de revelaci\u00f3n: la ignorancia, m\u00e1s o menos culpable, que se les reprocha a los paganos (Heb 17:30; Heb 14:16), y especialmente a los jud\u00ed\u00ados (Mat 16:31; Luc 12:56; Luc 19:42; Heb 3:17; Heb 13:27), supone la convicci\u00f3n de que Dios act\u00faa en la historia de forma ordinaria y extraordinaria mediante las personas privadas, p\u00fablicas y hasta indignas (Jua 11:51; Heb 4:27s; Heb 2:23).<\/p>\n<p>Por eso la intervenci\u00f3n de Dios mediante el milagro (acto de poder, signo, prodigio y obra) hunde sus ra\u00ed\u00adces en esta fe de que Dios -trascendente, invisible, omnipotente y bueno- es omnipresente, operante, ben\u00e9fico y salvador, particularmente con el hombre. Haciendo llegar a su debido tiempo a la plenitud y dando su reino en Jesucristo, Dios manifiesta su intervenci\u00f3n omnipotente en \u00e9l, incluso con una elevada concentraci\u00f3n de milagros durante su ministerio p\u00fablico. La divisi\u00f3n de los milagros evang\u00e9licos en milagros de naturaleza y milagros antropol\u00f3gicos (exorcismos, curaciones, resurrecciones), descriptiva y derivada de los relatos neotestamentarios, corresponde a nuestra mentalidad moderna y occidental, e incluye en algunos autores la intenci\u00f3n de reconocer que Jes\u00fas pudo curar a algunos enfermos, especialmente neur\u00f3ticos, neg\u00e1ndole todos los dem\u00e1s milagros. Pues bien, esta manera de pensar es extra\u00f1a (y contraria) a la mentalidad de los evangelistas, de sus predecesores y del mismo Jes\u00fas: Dios, creador y se\u00f1or de los esp\u00ed\u00adritus, de los hombres y de la naturaleza material, se\u00f1or absoluto de la vida y de la muerte, est\u00e1 presente en toda criatura y act\u00faa en ella, y con su sabidur\u00ed\u00ada, poder y bondad puede curar a un epil\u00e9ptico y cambiar el agua en vino, resucitar a un muerto y calmar el lago durante la tempestad. Por eso es preferible la clasificaci\u00f3n puramente literarioredaccional [7 III, 7].<\/p>\n<p>b) Jesucristo y el mundo. La referencia mencionada del mundo y del hombre a Jesucristo y la conexi\u00f3n del milagro con su persona constituyen la novedad espec\u00ed\u00adfica del NT respecto al AT y al juda\u00ed\u00adsmo. El acto de poder de Jes\u00fas, de los disc\u00ed\u00adpulos y de cuantos creen en \u00e9l est\u00e1 estrechamente vinculado a \u00e9l y a su resurrecci\u00f3n. Puesto que en \u00e9l reside una dynamis (poder, fuerza) (Mar 5:30), Jes\u00fas puede realizar y realiza de hecho dyn\u00e1meis, es decir, actos de poder. El poder es Dios mismo (Mar 14:62), y se manifiesta de modo particular en la resurrecci\u00f3n de los muertos (Mar 12:24), lo mismo que se manifest\u00f3 en la creaci\u00f3n (Rom 1:20). Jes\u00fas es hecho plenamente part\u00ed\u00adcipe de ese poder en su resurrecci\u00f3n (Mar 14:62), determina la venida del reino de Dios en poder entre la pascua y la parus\u00ed\u00ada (Mar 9:1) y lo desplegar\u00e1 de modo definitivo cuando vuelva en majestad para el \u00faltimo acto de la redenci\u00f3n (Mar 13:26). Aunque lo posee ya en la tierra y antes de pascua, Jes\u00fas lo revela concretamente en los milagros, en los que se muestra poderoso (Luc 24:19; Jua 3:2), realiz\u00e1ndolos incluso por medio de personas extra\u00f1as (Mar 9:38s).<\/p>\n<p>Pero Jes\u00fas fue constituido Hijo de Dios \u00aben poder\u00bb en la resurrecci\u00f3n (Rom 1:4): el Esp\u00ed\u00adritu de Dios, que lo resucita de entre los muertos, elimina la fragilidad de la carne y lo convierte en esp\u00ed\u00adritu vivificante (1Co 15:45), lo hace poderoso y capaz de configurar consigo al creyente incluso en su cuerpo resucitado (1Co 15:49-57; Flp 3:10.21). Pero esta realidad \u00abesp\u00ed\u00adritu y poder\u00bb, que crea la humanidad de Jes\u00fas en el seno de Mar\u00ed\u00ada (Luc 1:35), est\u00e1 presente en \u00e9l antes de pascua, y en virtud de ella puede llevar a cabo la liberaci\u00f3n del hombre como taumaturgo y como profeta (Luc 4:14-21; Heb 10:38; cf Luc 5:17; Luc 6:19; Luc 8:46). Y en virtud de su \u00abesp\u00ed\u00adritu y poder\u00bb podr\u00e1n igualmente realizar milagros los disc\u00ed\u00adpulos y los que crean en \u00e9l (Rom 15:19; Heb 6:5.8; G\u00e1l 3:5).<\/p>\n<p>Pr\u00e1cticamente sin\u00f3nimo de dynamis y sustancialmente id\u00e9ntica es la exous\u00ed\u00ada (poder, autoridad, potestad: Luc 4:36; Luc 9:1). Posey\u00e9ndola ilimitadamente, Dios dispone con absoluta libertad el camino, las etapas y la meta de su plan de salvaci\u00f3n (Heb 1:7). Jes\u00fas est\u00e1 revestido plenamente desde su resurrecci\u00f3n de ese poder, y en virtud del mismo conf\u00ed\u00ada a los \u00abonce\u00bb la misi\u00f3n universal, asegur\u00e1ndoles su asistencia eficaz a lo largo de toda la historia para el \u00e9xito de su predicaci\u00f3n y de la afirmaci\u00f3n del reino de Dios (Mat 28:18-20; Mat 10:7). Sin embargo, tambi\u00e9n \u00e9l participa de ese poder durante su ministerio (Mar 11:27-33) y, como Hijo del hombre en la tierra, lo ejerce con su palabra, basada en su misterio personal, y por tanto con autoridad para ense\u00f1ar y con eficacia para liberar a los hombres de los esp\u00ed\u00adritus inmundos, de las enfermedades, del pecado y de otros males (Mar 1:21.27; Mar 2:1-12). M\u00e1s a\u00fan, posey\u00e9ndola con plenitud, la comunica a sus disc\u00ed\u00adpulos para hacerlos capaces y v\u00e1lidos colaboradores en la predicaci\u00f3n y en la actividad milagrosa (Mar 3:15; Mar 6:7; Mat 10:1; Luc 9:1; Luc 10:17).<\/p>\n<p>3. LOS MILAGROS Y LA RESURRECCI\u00ed\u201cN DE JES\u00daS. Pues bien, el esp\u00ed\u00adritu, el poder y la autoridad de Dios y de Jes\u00fas como causa de los milagros nos sit\u00faan frente a Jes\u00fas resucitado. El esp\u00ed\u00adritu, el poder y la autoridad, que hacen del resucitado el primog\u00e9nito de entre los muertos y capaz de salvar a todos los creyentes, incluso en el cuerpo, est\u00e1n ya presentes en \u00e9l mientras vive en la tierra y act\u00faa como revelador definitivo y como taumaturgo, aun cuando como taumaturgo act\u00fae de modo discontinuo, con eficacia parcial y a nivel de signo. Por eso la relaci\u00f3n entre los milagros y (el milagro de) la \/ resurrecci\u00f3n es una relaci\u00f3n interior, necesaria, m\u00faltiple y complementaria.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad la \u00abfe\u00bb en la resurrecci\u00f3n est\u00e1 en el origen de la memoria de los milagros. Convertida en la clave de interpretaci\u00f3n de la identidad verdadera y de la vida, de las acciones y de las palabras de Jes\u00fas (Luc 24:44s; Jua 2:22; Jua 12:16), la resurrecci\u00f3n revel\u00f3 a los disc\u00ed\u00adpulos la naturaleza cristol\u00f3gica y salv\u00ed\u00adfica incluso de los sucesos prepascuales, incluidos los milagrosos. Y los milagros tienen necesidad de ser interpretados a la luz de la resurrecci\u00f3n: al presentar a los disc\u00ed\u00adpulos de Ema\u00fas reconociendo a Jes\u00fas como \u00abprofeta poderoso en palabras y en obras\u00bb y al mismo tiempo como \u00abmes\u00ed\u00adas fracasado\u00bb por estar y mientras est\u00e1n privados de la fe en su resurrecci\u00f3n, Lc (Jua 24:19-24) hace comprender que los milagros evang\u00e9licos fracasan en su objetivo sin la resurrecci\u00f3n. Al remitir a los jud\u00ed\u00ados, que pretenden signos clamorosos, al signo de Jon\u00e1s y al del templo, Mt (Jua 12:39s) y Jn (Jua 2:18ss; cf 6,30ss) sugieren que los milagros reciben su significado profundo solamente a partir de la resurrecci\u00f3n. Por otra parte, Jn -considerando su libro como una antolog\u00ed\u00ada de signos e incluyendo en ellos las manifestaciones pascuales-es el m\u00e1s expl\u00ed\u00adcito a prop\u00f3sito de la interdependencia \u00abmilagros-resurrecci\u00f3n\u00bb. El motivo es claro: al hacer de \u00e9l el Hijo de Dios en poder y el primog\u00e9nito de los muertos -arquetipo, mediador y art\u00ed\u00adfice de la salvaci\u00f3n de todos-, la resurrecci\u00f3n permite captar la concausalidad eficiente de Jes\u00fas respecto a los milagros, insinuada por la forma imperativa de realizarlos (Mar 1:25; Mar 9:25) y ejercida mediante su humanidad creada por el esp\u00ed\u00adritu y por el poder de Dios (Luc 1:35). De forma semejante, al revelar la funci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica universal de Jes\u00fas (Luc 24:46s), la resurrecci\u00f3n confiere a los milagros prepascuales la cualificaci\u00f3n de primicias de la salvaci\u00f3n y a los pospascuales la nota de signos de la salvaci\u00f3n dada ya en el presente en Cristo, muerto y resucitado, y la de invitaciones a creer en \u00e9l (Heb 3:12-16; Heb 4:9s; Mar 16:15-20).<\/p>\n<p>A su vez, los milagros prepascuales iluminan la resurrecci\u00f3n, lo mismo que el punto de partida y las etapas intermedias dejan vislumbrar la meta. Jn, distribuyendo estrat\u00e9gicamente los signos evang\u00e9licos y destacando la luz espec\u00ed\u00adfica que emana de algunos de ellos -\u00abYo soy el pan\u00bb, \u00abYo soy la luz\u00bb, \u00abYo soy la resurrecci\u00f3n y la vida\u00bb (Mar 6:35; Mar 9:5; Mar 11:25)-, los se\u00f1ala como etapas hacia el \u00abYo soy\u00bb del Hijo del hombre elevado en la cruz y en la gloria para atraer a todos hacia s\u00ed\u00ad y darles la salvaci\u00f3n (Mar 8:28; Mar 12:32). Tambi\u00e9n Lc, basando los milagros en el \u00abesp\u00ed\u00adritu y poder\u00bb de Jes\u00fas, prepara al lector a ver en el resucitado al que da el poder del Esp\u00ed\u00adritu Santo, alma y motor de la misi\u00f3n universal salv\u00ed\u00adfica (1,35; 5,17; 6,19 y 24,49; Heb 1:8). Adem\u00e1s, al presentar los milagros como intervenciones liberadoras de los diversos males del hombre (la enfermedad, la muerte, los esp\u00ed\u00adritus malignos, la naturaleza hostil, el pecado), los evangelistas tienen ante los ojos la amplitud y la densidad de la victoria pascual de Jes\u00fas en favor de los creyentes. De modo semejante, la fe, condici\u00f3n previa (Mt, Mc, Lc, Jua 11:40) y consecuencia de los milagros (Jn; cf Mat 11:20-24; Mar 5:18-20 = Luc 8:38s; Mar 10:52), alcanza en la pascua su madurez y pasa a ser expl\u00ed\u00adcitamente confesi\u00f3n (Luc 24:34; Jua 20:28; Jua 21:7) y anuncio de \u00e9l (Mar 16:15s; Heb 2:22ss&#8230;). Al mismo tiempo, la pobreza de los milagros -es decir, su rareza, su car\u00e1cter reservado y la temporalidad de sus efectos-, que preserv\u00f3 a los disc\u00ed\u00adpulos de la milagrer\u00ed\u00ada y que hizo posible a Jes\u00fas el camino de la cruz y de la muerte (Mar 15:29-32), est\u00e1 en armon\u00ed\u00ada con el hecho de que el poder de la resurrecci\u00f3n, a pesar de que redime, transforma y santifica al hombre ya desde ahora y hace fermentar evang\u00e9licamente su historia, coexista con su debilidad (pecado y sufrimiento, 2Co 12:12; G\u00e1l 6:3; 1Co 15:9; Efe 3:8), construya al hombre nuevo mediante un proceso de muerte-resurrecci\u00f3n (Rom 6:3ss; 2Co 4:10ss) y sea perceptible solamente a los ojos de la fe e inaccesible a los sentidos (Col 3:3s; Un 3,2). Es significativa en este sentido la fisonom\u00ed\u00ada de la teofan\u00ed\u00ada en el NT. Prescindiendo de las alusiones a las del AT (Heb 7:30ss; Heb 12:18.29), los rasgos teof\u00e1nicos -mejor dicho, epif\u00e1nicos y apocal\u00ed\u00adpticos- son cristol\u00f3gicos y pascuales. Ciertos detalles y algunos vocablos especiales en la presentaci\u00f3n del bautismo y de la transfiguraci\u00f3n (Mar 1:10s; Mat 17:1-7), de los momentos anteriores y sucesivos a la muerte de Jes\u00fas y a la ma\u00f1ana de pascua (Mat 27:45.51-53; Mat 28:2-4), de la irrupci\u00f3n fragorosa del Esp\u00ed\u00adritu Santo (Heb 2:2-4.16-20.33), de la cristofan\u00ed\u00ada a Pablo (Heb 9:3-8) y especialmente de la parus\u00ed\u00ada en medio de la convulsi\u00f3n del cosmos (Mat 24:29-30; Mat 26:64; 2Pe 3:10-13), as\u00ed\u00ad como de algunos milagros (Mat 8:24ss; Jua 6:15-21; Mar 9:14-29), son un preludio o una alusi\u00f3n o una presuposici\u00f3n del acontecimiento pascual: el d\u00ed\u00ada de Yhwh (J12,11.31; Apo 16:14) se convierte en el d\u00ed\u00ada del Hijo del hombre, del Se\u00f1or Jes\u00fas, del Se\u00f1or (Luc 17:24.30; Heb 14:31; ITes 5,1; Apo 6:17 [de Dios y del cordero]). Por otra parte, algunos de los t\u00e9rminos epif\u00e1nicos (apocal\u00ed\u00adpticos) son utilizados y aplicados a la existencia terrena de Jes\u00fas en su conjunto (Jua 1:14; 2Ti 1:9s; 2Ti 4:8; Tit 2:11; Tit 3:4; Luc 1:79; Luc 2:9; Jua 1:5.9). Y las cristofan\u00ed\u00adas pascuales est\u00e1n en la l\u00ed\u00adnea de las teofan\u00ed\u00adas antropom\u00f3rficas del AT (Mat 28:16-20; cf G\u00e9n 18:1 ss; Ex 3-4; lSam 3,lss).<\/p>\n<p>4. LOS MILAGROS Y LA FE EN CRISTO. a) La fe pascual. La resurrecci\u00f3n, el milagro por excelencia, es tambi\u00e9n el m\u00e1s secreto: los testigos del NT hablan de \u00e9l como creyentes. Bas\u00e1ndose en el indicio del sepulcro vac\u00ed\u00ado y en las repetidas experiencias del resucitado, todos los que las hab\u00ed\u00adan tenido y que, a pesar de la muerte en la cruz, manten\u00ed\u00adan una relaci\u00f3n interior con Jes\u00fas (Mat 28:5; Mar 16:10; Mar 16:7), reconocen la intervenci\u00f3n de Dios, se sienten radicalmente transformados por ella y se convierten en heraldos suyos. Al contrario, los que tentaron a Jes\u00fas hasta el final procuraron sellarlo en el sepulcro (Mat 27:39-43.62-66) y se empe\u00f1aron en manipular la d\u00e9bil huella del sepulcro vac\u00ed\u00ado seg\u00fan sus propios intereses (Mat 28:13-15), no fueron objeto de ninguna iniciativa divina, sino que permanecieron en su propia incredulidad (cf Luc 16:31).<\/p>\n<p>Pues bien, la fe en la resurrecci\u00f3n contribuy\u00f3 a la formaci\u00f3n de la tradici\u00f3n evang\u00e9lica sobre los milagros bajo diversos aspectos. Puso a los disc\u00ed\u00adpulos en disposici\u00f3n de ver los \u00abverdaderos\u00bb milagros prepascuales \u00abcon ojos nuevos\u00bb, es decir, como acciones salv\u00ed\u00adficas de Dios y de Jes\u00fas (Heb 2:22; Heb 10:38). Igualmente los condujo a descubrir (Mar 6:45-52) o a acentuar (Mar 5:21-24.35-43 y Mat 9:18-19.23-26) la naturaleza milagrosa de algunas de sus intervenciones, a aumentar su n\u00famero mediante los duplicados (Mat 9:27-31 y 20,28-34) y los sumarios de generalizaci\u00f3n (Mar 1:32-34; Mar 3:7-10), a intensificar sus aspectos maravillosos (Mat 9:35), a anticipar a su ministerio terreno algunos de los realizados despu\u00e9s de l pascua (Luc 5:1-11, Jua 21:1ss) y, seg\u00fan algunos autores, a transformar tambi\u00e9n en milagro alguna par\u00e1bola del maestro (Mar 11:12-14.20 y Luc 13:6-9) y aplicarles incluso alguna de las leyendas locales (Mar 5:1-20; Jua 2:1-11). La influencia iluminadora y amplificadora de la fe pascual parece que es cierta, pero no creativa \u00abex novo\u00bb, sino m\u00e1s bien basada en la seguridad de los disc\u00ed\u00adpulos de haber sido testigos directos de algunos milagros de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>b) La fe de los milagros. Pero ya antes de pascua el milagro es inseparable de una \u00abcierta fe\u00bb en Jes\u00fas, que es condici\u00f3n para reconocerlo y alcanzarlo. En general, los que presenciaron los signos y los actos de poder de Jes\u00fas reaccionaron reconociendo de diversas formas (admiraci\u00f3n, comentarios&#8230;, Mar 1:27) la intervenci\u00f3n de Dios y expresando as\u00ed\u00ad por lo menos una disponibilidad a la adhesi\u00f3n. Otros, en cambio, reaccionaron negativamente, es decir, percat\u00e1ndose de su singularidad y atribuyendo al mismo tiempo su origen al diablo (Mat 12:22-30), excluyendo su procedencia de Dios (Jua 9:16) o pretendiendo siempre signos nuevos (Luc 11:14-16; Jua 6:26-30; Mar 8:11s; Mar 15:29-32).<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, en su devenir el milagro est\u00e1 ligado fuertemente a una cierta fe en Jes\u00fas. Para los sin\u00f3pticos generalmente -y tambi\u00e9n a veces para Jn (Mar 11:40; ,11)- el milagro va precedido de la fe personal (Mar 10:52) o, si \u00e9sta no es posible, de la fe de otros (Mar 5:36), expl\u00ed\u00adcita o equivalente (Mat 9:28ss; Mar 1:40), decidida o titubeante (Mar 2:5; Mar 9:22). En presencia de la fe, el milagro va a veces m\u00e1s all\u00e1 de lo que esperaban los interesados (Mar 2:1-12). Por el contrario, la incredulidad parece paralizar la fuerza misma milagrosa de Jes\u00fas (Mar 6:1-6). Adem\u00e1s, en Jn, y a veces con una terminolog\u00ed\u00ada equivalente en los sin\u00f3pticos (Jua 4:53; Jua 2:11; cf Mat 11:20-24; Mar 5:18-20; Mar 10:52), el milagro est\u00e1 en el origen de la fe o de un aumento de la misma.<\/p>\n<p>c) No se especifica la naturaleza de la fe. No cabe duda de que es \u00abconfianza\u00bb en Dios yen Jes\u00fas. Convencidos del poder y de la bondad de Jes\u00fas, que Dios le hab\u00ed\u00ada concedido (Mar 6:2), los que imploran conf\u00ed\u00adan en \u00e9l sin reservas (Mar 1:40). Pero esta confianza es din\u00e1mica, inventiva y combativa respecto a Jes\u00fas (Mat 15:21-28; Mar 5:27-30; Mar 10:46-52); an\u00e1loga a la de los salmistas enfermos, aunque mucho menos verbosa, debido tambi\u00e9n a que los evangelistas narran el milagro despu\u00e9s de ocurrido. Pero la fe de los milagros es \u00abm\u00e1s que confianza\u00bb. Es tambi\u00e9n disponibilidad, acogida y adhesi\u00f3n a la persona, a la misi\u00f3n y a las exigencias de Jes\u00fas en curso de revelaci\u00f3n. Nicodemo, que reconoce el origen divino de la ense\u00f1anza y de los signos de Jes\u00fas, es un incr\u00e9dulo, probablemente porque piensa que lo \u00absabe\u00bb ya todo sobre \u00e9l (Jua 3:2.11s). De la misma manera, los habitantes de Nazaret, a pesar de que atribuyen a Dios la sabidur\u00ed\u00ada y los actos de poder de Jes\u00fas, se comportan como incr\u00e9dulos y hacen imposibles los milagros al pretender mantenerlo dentro de los l\u00ed\u00admites de su familia y de su oficio (Mar 6:1-6). Por el contrario, otros, como el endemoniado de Gerasa, que intenta establecer una relaci\u00f3n estable con Jes\u00fas y en todo caso hace de \u00e9l un punto de referencia (Mar 5:18-20); o como el ciego de Jeric\u00f3, que transforma la fe primera en seguimiento (Mar 10:52), a\u00f1aden a la confianza en \u00e9l una adhesi\u00f3n de hecho a Jes\u00fas, a su funci\u00f3n, a sus reivindicaciones de que Dios est\u00e1 presente y operante en \u00e9l como en ning\u00fan otro. Y esto equivale a una fe cristol\u00f3gica, aunque s\u00f3lo sea embrionaria y potencial. M\u00e1s expresamente, Jn hace que brote la fe de los signos. Naturalmente, los milagros pospascuales est\u00e1n vitalmente vinculados a la fe cristol\u00f3gica expl\u00ed\u00adcita, tanto en quienes los obran como en sus beneficiarios (Mar 16:17s).<\/p>\n<p>d) La fe del taumaturgo. En el NT se considera necesaria la fe del taumaturgo (Mar 11:23ss), aun en el caso de comunicaci\u00f3n de esta potestad por parte de Jes\u00fas (Mat 10:1-8 +Mat 17:20), y es ejercida de varias maneras (Heb 3:6; Heb 9:40; Mar 9:39). Sin embargo, esta fe no se le atribuye nunca a Jes\u00fas: \u00e9l lleva a cabo el milagro en virtud del esp\u00ed\u00adritu, del poder y de la autoridad que est\u00e1n presentes en \u00e9l y que resultan evidentes en sus \u00f3rdenes eficaces. Incluso cuando reza en concomitancia con una intervenci\u00f3n milagrosa, Jes\u00fas reza para dar gracias a Dios por ser escuchado (Jua 11:41; Mar 6:41): aunque recibe el poder milagroso del Padre y est\u00e1 siempre en comuni\u00f3n con \u00e9l, su mediaci\u00f3n, tambi\u00e9n respecto a los milagros, es al mismo tiempo orante y autoritativa (Jua 11:22.43), como la que se refer\u00ed\u00ada a la misi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo (Jua 14:16.26 y 15,26; 16,7; Luc 24:49 y Heb 1:4.8; Heb 2:33).<\/p>\n<p>5. Los MILAGROS Y LA SALVACI\u00ed\u201cN. La resurrecci\u00f3n es un acontecimiento personal y funcional de Jes\u00fas. Constituido Hijo de Dios en poder, primog\u00e9nito de entre los muertos, Cristo y Se\u00f1or (Rom 1:4; Col 1:18; Heb 2:36), \u00e9l ha resucitado por nosotros (Heb 6:20; Heb 7:25; Heb 9:24), lo mismo que muri\u00f3 (Mat 26:28; Rom 4:25) y naci\u00f3 (cf Luc 2:11) por nosotros. El que confiesa esta fe se hace part\u00ed\u00adcipe de la salvaci\u00f3n (Rom 10:9s). Y el NT se muestra un\u00e1nime en este punto capital. Por su parte, los evangelistas se\u00f1alan al Resucitado como al autor de la misi\u00f3n universal salv\u00ed\u00adfica (Mat 20:16-20; Luc 24:44-49; Jua 20:21-23; cf Mar 16:7.15s; Heb 1:8), y los discursos misioneros de los Hechos tambi\u00e9n como fuente de la salvaci\u00f3n (Heb 2:22ss; Heb 5:31; Heb 13:26). En los mismos Hechos (Heb 4:7.9.12; cf 3,7) se subraya que la salud que se le devolvi\u00f3 al cojo en el nombre y en el poder de Cristo, muerto y resucitado, indica que la salvaci\u00f3n es ofrecida a todos por Dios exclusivamente en el nombre de Jes\u00fas (cf 2,36; F1p 2,11). Pues bien, los evangelistas ven en los milagros de Jes\u00fas unos actos salv\u00ed\u00adficos. Lo mismo que subrayan la fe en concomitancia con los milagros y como clima vital de \u00e9stos, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n ponen de manifiesto la salvaci\u00f3n en relaci\u00f3n con ellos y con su fruto. Terminol\u00f3gicamente, los sin\u00f3pticos utilizan el verbo salvar (griego, s\u00f3zein; cf Jua 5:6; Jua 7:23 : hughi\u00e9s, sano) frecuentemente en conexi\u00f3n con los milagros: Jn exalta en varias ocasiones los dones salv\u00ed\u00adficos inherentes a los signos. Adem\u00e1s, del examen de las noticias y narraciones de milagros se deduce que todos ellos son para el bien del hombre (incluso Mar 5:1-20; Mar 11:12-14.20). Lc (Mar 1:20-22; Heb 5:1-11; Heb 12:21-23; Heb 13:11), aun mencionando en su obra milagros de juicio, como en la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblico jud\u00ed\u00ada y helenista, no los atribuye nunca a Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Pero la naturaleza de la salvaci\u00f3n s\u00f3lo est\u00e1 sugerida. Directa y expresamente la intervenci\u00f3n milagrosa de Jes\u00fas lleva consigo la liberaci\u00f3n de los males que atacan al hombre: enfermedades (Mar 3:4; Mar 5:28; Mar 10:52), las fuerzas naturales adversas (Mat 8:25; Mat 14:30), los demonios (Luc 8:36), la muerte inminente o ya ocurrida (Mar 5:23; Luc 8:50; cf Jua 11:12). Pero esta salud f\u00ed\u00adsica, que a veces tiene como sin\u00f3nimo la vida (Mar 5:23; Mar 3:4), es simult\u00e1neamente espiritual, como en el samaritano, que, ya curado de la lepra, recibe el don de la salvaci\u00f3n (Luc 17:19); y en el ciego de Jeric\u00f3, que, liberado de la ceguera, se pone a seguir a Jes\u00fas (Mar 10:52). En semejante contexto la f\u00f3rmula de despedida \u00abtu fe te ha curado\u00bb se extiende leg\u00ed\u00adtimamente en Lc del don milagroso de la salud f\u00ed\u00adsica (Luc 8:48) al de la salvaci\u00f3n espiritual (Luc 7:50) y a los de ambas (Luc 17:19). Por eso Jes\u00fas declara expresamente en Cafarna\u00fan (Mar 2:1-12; cf Jua 5:1-14) que con su autoridad de Hijo del hombre le da invisiblemente al paral\u00ed\u00adtico el perd\u00f3n de los pecados y visiblemente el don de la curaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Por esto la naturaleza de salvaci\u00f3n de todos los milagros evang\u00e9licos es la que se indica en los exorcismos: \u00e9stos son los signos sensibles del don del reino de Dios (Mat 12:28) y hacen palpable el reino anunciado como cercano por la palabra de Jes\u00fas (Mar 1:15). Indic\u00e1ndolos como cumplimiento de los bienes prometidos en el AT, son las primicias del reino ofrecido a los pobres (Mat 11:2.5-6) y totalmente disponible en la pascua (Luc 22:29s), como consecuencia de haberse negado a encontrar la salvaci\u00f3n mediante un milagro (Luc 23:35-43). Por consiguiente, las victorias de Jes\u00fas sobre los diversos males del hombre durante el ministerio p\u00fablico son otras tantas brechas abiertas en el reino de Satan\u00e1s y un preludio de su victoria pascual.<\/p>\n<p>Los milagros despu\u00e9s de pascua de los creyentes manifiestan con mayor transparencia, incluso al exterior y en el mundo f\u00ed\u00adsico, el poder del Resucitado y la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu (Mar 16:17-20; G\u00e1l 3:5) contra el pecado y contribuyen a alimentar la esperanza cristiana de la salvaci\u00f3n de todo el hombre y de la liberaci\u00f3n del cosmos entero (Rom 8:19-25).<\/p>\n<p>6. Los MILAGROS Y LA PALABRA. a) Ambig\u00fcedad de los milagros. Tambi\u00e9n para el NT el milagro es ambiguo y m\u00e1s un interrogante que un anuncio. La desaparici\u00f3n del cad\u00e1ver de Jes\u00fas, \u00fanico elemento visible de la intervenci\u00f3n de Dios, fue interpretado como un hurto por los amigos y por los adversarios de Jes\u00fas (Jua 20:2.13; Mat 28:13) y tuvo necesidad de palabras y de acontecimientos de revelaci\u00f3n para ser comprendida como indicio de la resurrecci\u00f3n (Jua 20:8s; Mar 16:7). De forma an\u00e1loga, frente a los milagros de Jes\u00fas algunos descubrieron en ellos la intervenci\u00f3n de Dios, mientras que otros vieron la del diablo (Mat 12:22-24). Los mismos disc\u00ed\u00adpulos, aun reconociendo en ellos la mano de Dios, no comprendieron a veces su lecci\u00f3n (Mar 6:52; Mar 8:17-21). Incluso Juan el Bautista, al tener conocimiento de ellos, se siente turbado respecto a la identidad mesi\u00e1nica de Jes\u00fas inherente a los mismos y tiene que ser iluminado con la palabra del AT (Mat 11:2-6). Por eso Jes\u00fas, poniendo en guardia contra los signos y prodigios enga\u00f1osos de los falsos profetas y cristos, indica en su palabra el medio para no caer en la trampa (Mar 13:22s), que resulta fatal para los que desobedecen a la verdad (2Ts 2:9s; Apo 13:1113).<\/p>\n<p>b) Complementariedad de los milagros con la palabra. De aqu\u00ed\u00ad la necesidad de completarlos con la palabra, que de cualquier modo les acompa\u00f1a. El arraigo de la palabra y del milagro en la potestad (griego, exous\u00ed\u00ada) (Mar 1:22.27; Mat 7:29 +Mat 8:9) de Jes\u00fas, en su poder (griego, dynamis) (Luc 4:36; Luc 9:1) y en su plenitud del Esp\u00ed\u00adritu de Dios (Mat 12:18.28) sugiere su mutua integraci\u00f3n. Tambi\u00e9n la comunidad de efecto, que se identifica con el asombro de la gente y la primera aparici\u00f3n del problema de la identidad de Jes\u00fas, insin\u00faa su coordinaci\u00f3n rec\u00ed\u00adproca (Mar 1:22.27). De hecho, los sin\u00f3pticos, al atribuir su autoridad a su misterio personal (Mat 7:29; Mar 2:1-12), indican en aquel misterio la raz\u00f3n del estilo en primera persona singular en el anuncio (Mat 5:22ss) yen la realizaci\u00f3n del milagro (Mat 8:3). A su vez, Jn presenta la palabra o el gesto de Jes\u00fas como causa de los signos y de las obras (Mat 2:7s; Mat 4:50; Mat 5:8; Mat 11:43 y 6,11; 9,6s), y al mismo tiempo indica su unidad con el Padre como ra\u00ed\u00adz de sus palabras y de sus obras (14,10s).<\/p>\n<p>c) Subordinaci\u00f3n de los milagros a la palabra. Sin embargo, la palabra tiene la preeminencia sobre el milagro. El mismo Jn, que hace brotar la fe del signo (2,11; 11,42-45) y se\u00f1ala en las obras el testimonio que el Padre da de Jes\u00fas (10,25.38; 5,36), presenta repetidas veces la palabra, prolongada a menudo en un discurso entero, como reveladora del signo realizado o por realizar (6,31ss; 9,5.35-38; 4,42). Por esto el mismo Jes\u00fas indica como fr\u00e1gil la fe que se basa en los signos (2,23s) y que se cierra al testimonio ulterior verbal de Jes\u00fas (3,2.11s), y al final acusa a los jud\u00ed\u00ados de incredulidad a su palabra y a sus signos y obras (15,22.24). Pero esto mismo es lo que se insin\u00faa en los sin\u00f3pticos. La simultaneidad de la predicaci\u00f3n y de la actividad taumat\u00fargica sugiere su complementariedad, y al mismo tiempo que la palabra confiere un sentido espec\u00ed\u00adfico al milagro, sustray\u00e9ndolo a la condici\u00f3n de simple acto humanitario y elev\u00e1ndolo a signo salv\u00ed\u00adfico y anticipo de los beneficios del reino de Dios (Mat 4:17.23-25; Mat 9:35; para los disc\u00ed\u00adpulos: Mar 3:14s). Las mismas amenazas a las ciudades impenitentes (Mat 10:20-24) insin\u00faan que el anuncio explicita la finalidad del milagro. Por otra parte, al remitir a sus adversarios, \u00e1vidos de prodigios, al signo de Jon\u00e1s, es decir, a su predicaci\u00f3n (Luc 11:29s.32; cf 16,31), Jes\u00fas hace comprender la primac\u00ed\u00ada de la palabra sobre el milagro. Hay otras muchas indicaciones en este sentido. Aunque confirmada en su credibilidad por el milagro (Mar 2:1-12; Jua 10:25), la palabra es frecuentemente el origen de la fe en los milagros y de los mismos milagros. Constituye adem\u00e1s el ministerio habitual, cotidiano y obligatorio de Jes\u00fas y se identifica con su misi\u00f3n (Mar 1:38; Luc 4:43), mientras que el milagro es ocasional, a pesar de que de hecho (Mat 9:35) y en la redacci\u00f3n de los evangelios (Luc 24:19; Heb 1:1) suelen estar combinados los dos. Por otra parte, aunque completa la palabra y puede perfectamente llamarse \u00abpalabra visiblemente eficaz\u00bb sobre la identidad de Jes\u00fas y sobre el reino de Dios (Mar 2:1-12), el milagro exige ser superado en cuanto beneficio sensible, aunque sea un beneficio mesi\u00e1nico, salv\u00ed\u00adfico y divino, y ser conservado como palabra -de aqu\u00ed\u00ad su denominaci\u00f3n de signo-, es decir, ense\u00f1anza, insinuaci\u00f3n y evangelio sobre Cristo y sobre su salvaci\u00f3n (Mat 11:2-6; Mat 4:23-25). As\u00ed\u00ad tambi\u00e9n, la riqueza de la palabra es mayor; a pesar de su n\u00famero, de su variedad y de su estilo espec\u00ed\u00adfico, los milagros generalmente tienen como desenlace el nacimiento del problema de Jes\u00fas, de su misi\u00f3n, de sus dones y de sus exigencias (Mar 1:22.27; Mar 4:41; Jua 2:9.16s), sin indicar simult\u00e1neamente la respuesta concreta; la palabra, por el contrario, en s\u00ed\u00ad misma y en conexi\u00f3n con el milagro, ofrece directamente esa respuesta, en t\u00e9rminos propios o parab\u00f3licos, y de todas formas siempre con mayor claridad y desde m\u00faltiples puntos de vista. Quiz\u00e1 por esto Jn, que considera su escrito como una selecci\u00f3n de signos al servicio de la fe (Jua 20:30s), los refiere a menudo como signos interpretados.<\/p>\n<p>7. LOS MILAGROS Y SU SITUACI\u00ed\u201cN LITERARIA E HIST\u00ed\u201cRICA. a) Los relatos de milagros y los acontecimientos. Las informaciones que se nos dan en los evangelios sobre los milagros tienen en su favor una situaci\u00f3n literaria notablemente superior respecto a las noticias sobre los milagros de la literatura b\u00ed\u00adblica, jud\u00ed\u00ada, rab\u00ed\u00adnica y helen\u00ed\u00adstica; de hecho, esos informes pertenecen a una fecha m\u00e1s cercana a los hechos milagrosos en cuesti\u00f3n. Los relatos helenistas, a pesar de su ambiente m\u00e1s sensible y m\u00e1s experto dentro del g\u00e9nero literario hist\u00f3rico, son claramente inferiores en fecha, calidad y aliento religioso a los del evangelio. Sin embargo, las noticias y narraciones evang\u00e9licas son primariamente sucesos ling\u00fc\u00ed\u00adsticos y literarios, como por lo dem\u00e1s las de otras literaturas y las narraciones no milagrosas de los evangelios: entre los acontecimientos y los textos hay que pensar en los escritores, en sus fuentes y en los primeros predicadores, lo mismo que para todos los dem\u00e1s acontecimientos de la tradici\u00f3n evang\u00e9lica, y tambi\u00e9n en gran parte para los dichos. Adem\u00e1s de las redacciones actuales -las \u00fanicas que poseemos-, que presentan el episodio desde perspectivas diferentes (Mar 6:45-52 : incomprensi\u00f3n del misterio; Mat 14:22-23 : confesi\u00f3n de fe; Jua 6:15-21 : epifan\u00ed\u00ada), est\u00e1 la tradici\u00f3n anterior, que ya hab\u00ed\u00ada interpretado, elaborado, propuesto y quiz\u00e1 agrupado las noticias y las narraciones seg\u00fan objetivos, criterios y esquemas literarios diversos, pero desconocidos en gran parte para nosotros. Pues bien, ya en semejante elaboraci\u00f3n, inspirada igualmente en formas literarias preexistentes, pudieron haber tenido lugar aquellos fen\u00f3menos de dilataci\u00f3n num\u00e9rica y revestimiento narrativo, aquellas anticipaciones de acontecimientos pascuales y, a juicio de algunos, aquella transformaci\u00f3n de alguna par\u00e1bola en milagro, as\u00ed\u00ad como aquella trasposici\u00f3n de leyendas locales a Jes\u00fas, que antes mencion\u00e1bamos [supra, \/ III, 4a). No obstante, es dif\u00ed\u00adcil atisbar la evoluci\u00f3n de la tradici\u00f3n: las aportaciones de la confrontaci\u00f3n.entre las diversas redacciones y los ecos eventuales del AT, as\u00ed\u00ad como las otras mucho m\u00e1s d\u00e9biles de los relatos judeo-rab\u00ed\u00adnicos y helenistas, permiten solamente seguir su proceso con una aproximaci\u00f3n que no supera la probabilidad o la posibilidad. De manera semejante, las descripciones evang\u00e9licas no son suficientes para un diagn\u00f3stico preciso de los diversos casos, internos o externos al hombre, resueltos positivamente con la intervenci\u00f3n milagrosa de Jes\u00fas. Al narrar con la intenci\u00f3n de promover la fe en Jesucristo, los evangelistas y sus predecesores se preocuparon de destacar tambi\u00e9n en los relatos de milagros aquellos detalles que consideraban en armon\u00ed\u00ada con su objetivo, pero, en el estado de los hechos, insuficientes para que nosotros podamos hacer una reconstrucci\u00f3n de lo sucedido.<\/p>\n<p>Las clasificaciones de la tradici\u00f3n evang\u00e9lica de \u00ed\u00adndole milagrosa en \u00abcompendios\u00bb (Mar 1:32-34.39; Jua 20:30s), en \u00abrelatos-breves\u00bb y estereotipados (cinco tiempos: Mat 8:1-4), en \u00abparadigmas\u00bb o narraciones que sirven de marco a dichos importantes (Mat 12:9-14; Mar 3:1-6) y en \u00abrelatos pormenorizados\u00bb (Mar 5:1-20; Jua 2:1-11; Jua 5:1-15; 9,lss; Jua 11:1ss) prevalentemente descriptivos, se deducen de los textos y ponen en guardia contra los \u00abtipos de narraciones\u00bb que suponen algunos autores y que atribuyen generosamente a la literatura helenista.<\/p>\n<p>b) Motivos de fiabilidad hist\u00f3rica. El reconocimiento del enriquecimiento objetivo y descriptivo por la tradici\u00f3n evang\u00e9lica de los milagros y de una cierta deuda literaria con el ambiente (jud\u00ed\u00ado y helenista), no reduce los relatos milagrosos a un puro acontecimiento literario (o a una narraci\u00f3n del nacimiento de la fe: cf. K. Bornkamm, Wunder und Zeugnis, J.C.B. Mohr, T\u00fcbingen 1968), privado de toda correspondencia con la realidad hist\u00f3rica. El milagro es parte del anuncio de Cristo desde el principio (Heb 2:22) y ocupa un puesto notable en los cuatro evangelios; y la actividad taumat\u00fargica de Jes\u00fas es considerada adem\u00e1s como hist\u00f3ricamente s\u00f3lida por los exegetas que siguen los m\u00e9todos hermen\u00e9uticos hist\u00f3rico-cient\u00ed\u00adficos y est\u00e1n atentos a guardarse del prejuicio antisobrenatural de naturaleza filos\u00f3fica. Tambi\u00e9n los autores que a rega\u00f1adientes admiten las curaciones de endemoniados y de enfermos ps\u00ed\u00adquicos y excluyen los dem\u00e1s milagros parecen obedecer a este apriorismo filos\u00f3fico y abandonar el terreno s\u00f3lido del texto, de su ambiente y de los m\u00e9todos cient\u00ed\u00adficos para comprenderlo. L. Goppelt, distinguiendo oportunamente entre historia y filosof\u00ed\u00ada, entre criterios historiogr\u00e1ficos y principios filos\u00f3ficos, pone en guardia contra las pretensiones de la ciencia -quiz\u00e1, mejor dicho, de algunos de sus tutores interesados- de ayer, y en parte de hoy, de establecer a priori lo que puede suceder y lo que no puede suceder, y se pronuncia por la historicidad de los exorcismos y de las curaciones de enfermos en general y de algunos milagros de naturaleza (Mar 4:35-41; Mar 6:34-44), aunque se\u00f1alando que estos \u00faltimos no fueron inmediatamente evidentes a quienes los presenciaron (Theologie, 193s).<\/p>\n<p>Los motivos de la credibilidad hist\u00f3rica de los relatos de milagros son sustancialmente id\u00e9nticos a los de la fiabilidad de las dem\u00e1s partes de la tradici\u00f3n evang\u00e9lica; y los m\u00e9todos pararealizar el camino desde el texto, \u00fanico y m\u00faltiple, hasta el acontecimiento son igualmente los mismos. En particular, aun excluyendo la posibilidad de llegar a los \u00abipsissima facta Jesu\u00bb (F. Mussner, Los milagro, 46-53), como en las curaciones de leprosos o en las realizadas en d\u00ed\u00ada de s\u00e1bado, hay varias caracter\u00ed\u00adsticas de las narraciones que orientan hacia el car\u00e1cter f\u00e1ctico de los milagros evang\u00e9licos: el testimonio m\u00faltiple (Mc, Q, Mt, Lc, Jn, He), la discontinuidad con el juda\u00ed\u00adsmo (He, Qumr\u00e1n, Juan Bautista, rabinos) y con la Iglesia primitiva (por el estilo en primera persona singular), la enorme simplicidad en su presentaci\u00f3n, la reserva habitual de Jes\u00fas en llevarlos a cabo, su car\u00e1cter p\u00fablico, muy acentuado en algunos casos de contestaci\u00f3n (Mar 3:22ss; Jn 5,lss; 9,lss), la gran popularidad que de all\u00ed\u00ad se deriv\u00f3 para Jes\u00fas y probablemente confirmada por una Baraita jud\u00ed\u00ada (Sanhedrin 43a: Strack-Billerbeck, I, 631), su car\u00e1cter espec\u00ed\u00adfico de signos y primicias del reino de Dios, todas estas cosas son elementos propios que, adem\u00e1s de poner de relieve la originalidad de los milagros evang\u00e9licos, constituyen una base seria y s\u00f3lida para afirmar su objetividad hist\u00f3rica.<\/p>\n<p>IV. EN LA IGLESIA. 1. EXISTENCIA Y FUNCI\u00ed\u201cN DEL MILAGRO. Para el per\u00ed\u00adodo posterior a la pascua y fuera ya de los evangelios, s\u00f3lo en raras ocasiones se recuerdan los milagros de Jes\u00fas (Heb 2:22; Heb 10:38), mientras que se mencionan m\u00e1s a menudo los de sus disc\u00ed\u00adpulos de forma sumaria (Heb 2:43; Heb 5:12.15; Heb 6:8; Heb 8:6s; Heb 14:3; Heb 15:12; Heb 28:8s; Rom 15:19; G\u00e1l 3:5; Heb 2:4) o por extenso (Heb 3:1-10; Heb 9:32-35; Heb 14:9-11; Heb 15:18; Heb 20:9-12). Generalmente estos milagros son realizados por los actores humanos apelando al poder de Cristo, muerto y resucitado, aunque a veces se les refiere a la acci\u00f3n de Dios y de su Esp\u00ed\u00adritu (Heb 12:13 [\u00e1ngel]; G\u00e1l 3:5 [Esp\u00ed\u00adritu Santo]). Hay a veces algunos milagros punitivos (Heb 5:1-11; Heb 12:23; Heb 13:9-12); pero la mayor parte son salv\u00ed\u00adficos, como los del evangelio, y, al conferir credibilidad a la palabra apost\u00f3lica, promueven la fe en Jesucristo. Lo mismo que Jes\u00fas, tampoco sus disc\u00ed\u00adpulos hacen nunca milagros en su propio favor, aun cuando a veces son salvados por Dios de forma singular para que sigan evangelizando (Heb 12:6-11; Heb 16:26; Heb 5:19).<\/p>\n<p>Pero en el tiempo de la Iglesia el milagro no es solamente una realidad de hecho y reservada a los grandes servidores de la \u00abpalabra\u00bb, como podr\u00ed\u00ada deducirse de Mc (Heb 3:15; Heb 6:7; cf Mat 10:1; Luc 9:1; Luc 10:19), sino que est\u00e1 de alguna manera institucionalizado en la comunidad cristiana y es coextensivo a la duraci\u00f3n de la predicaci\u00f3n evang\u00e9lica y de la fe en Cristo y mediatizado por todos los creyentes (Mar 16:17s.20). No obstante, sigue siendo secundario y ocasional: la salvaci\u00f3n tiene su origen, fructifica y camina a trav\u00e9s de la palabra apost\u00f3lica (eclesial) y el bautismo (= sacramentos), acogidos con fe obediente ( Mar 15:15s; Mat 28:18-20). El bien concedido por el milagro no se identifica con esta salvaci\u00f3n; pero constituye una irradiaci\u00f3n sensible, m\u00e1s transparente que la presencia activa del Resucitado, que con su Esp\u00ed\u00adritu conduce a los cristianos, a la Iglesia y a la humanidad hacia la \u00faltima meta de la resurrecci\u00f3n y de la transfiguraci\u00f3n del cosmos.<\/p>\n<p>2. SUS LIMITES Y SU CONTINUA PUESTA AL DIA. El don de los milagros figura entre los carismas que hacen tocar con la mano la libertad, la liberalidad y la magnificencia de Dios, uno y trino, con los cristianos, a fin de hacerlos cooperadores id\u00f3neos en la edificaci\u00f3n del cuerpo de Cristo (lCor 12,9s.28-30; 13,2b). Pr\u00e1cticamente, el milagro se manifiesta en cada uno de los sectores de la actividad humana cuando el cristiano, enriquecido y animado por el Esp\u00ed\u00adritu de Dios, se compromete a s\u00ed\u00ad mismo por entero y \u00abhace milagros\u00bb en el apostolado, en la ense\u00f1anza, en la asunci\u00f3n de responsabilidades, en la asistencia&#8230;; acogiendo los dones del Esp\u00ed\u00adritu, los ministerios de Cristo y las actividades de Dios, el cristiano coopera en esp\u00ed\u00adritu de servicio, con absoluto desinter\u00e9s y en sinton\u00ed\u00ada con todos los dem\u00e1s hermanos, en la edificaci\u00f3n y el perfeccionamiento de todo el cuerpo de Cristo (cf tambi\u00e9n Rom 12:6-8; Efe 4:7.11s).<\/p>\n<p>Pero los milagros y la fe de los milagros, al igual que ocurre con los otros carismas, son claramente inferiores a la caridad, as\u00ed\u00ad como a la fe y a la esperanza, estrechamente asociadas a la caridad (lCor 12,31b-14,1): son carismas terrenos, transitorios e imperfectos, mientras que la caridad pertenece adem\u00e1s a la condici\u00f3n madura, perfecta y definitiva del cristiano. Adem\u00e1s, la caridad, que se ejerce con la paciencia, la humildad, la amabilidad, la disponibilidad&#8230;, es descrita como el poder en la debilidad (2Co 12:9s); privado de aparato exterior y de efectos vistosos, el cristiano act\u00faa como adulto, participa de la eficacia del poder de la cruz para la salvaci\u00f3n de los dem\u00e1s (ICor 1,18.26-31) y construye a los dem\u00e1s creyentes y a la Iglesia, al hombre y a la sociedad (lCor 8,1).<\/p>\n<p>V. CONCLUSI\u00ed\u201cN. Pastoralmente se perfila una doble consideraci\u00f3n: en relaci\u00f3n con los (relatos de) milagros del AT y del NT y con los milagros de la Iglesia que camina, y -teniendo en cuenta la unicidad y la universalidad de la mediaci\u00f3n de Cristo (Mar 9:38s; cf Heb 19:12)- en las religiones no cristianas.<\/p>\n<p>1. LOS MILAGROS DEL AT Y DEL NT. Como todos los acontecimientos de la historia de la salvaci\u00f3n, \u00e9stos est\u00e1n ante nosotros exclusivamente como palabra (Luc 1:1-4; Heb 1:1). Su mensaje conserva su validez. El milagro de la creaci\u00f3n en Cristo; el del \u00e9xodo, que hizo nacer a Israel como pueblo de Dios, y el de la resurrecci\u00f3n, con el que Jes\u00fas nace como Hijo de Dios en poder y como primog\u00e9nito de muchos hermanos, son actos omnipotentes salv\u00ed\u00adficos de Dios, vitalmente relacionados entre s\u00ed\u00ad y que preparan el milagro escatol\u00f3gico de la glorificaci\u00f3n de los hijos de Dios en la tierra nueva y en los cielos nuevos. Tambi\u00e9n la ense\u00f1anza de cada uno de los milagros sigue siendo actual bajo el aspecto teol\u00f3gico, cristol\u00f3gico, eclesiol\u00f3gico, sacramental y escatol\u00f3gico, como se insin\u00faa en el NT respecto al AT y en los padres y en la tradici\u00f3n de la Iglesia respecto al AT y al NT. La intervenci\u00f3n de Dios en la naturaleza y en la historia, que se hace sensible en el milagro, confirma su presencia, su se\u00f1or\u00ed\u00ado, su acci\u00f3n y su direcci\u00f3n de la creaci\u00f3n y del hombre, as\u00ed\u00ad como su compromiso, discreto y sumamente eficaz, en la trama de la historia humana con el hombre y para el hombre. Adem\u00e1s, la intervenci\u00f3n milagrosa de Dios para salvar al hombre en su vida f\u00ed\u00adsica y por un tiempo determinado (de la enfermedad, de la esclavitud, de la muerte&#8230;) pone de relieve que su designio tiene como finalidad la salvaci\u00f3n de todo el hombre, incluso en su cuerpo, y sostiene la esperanza cristiana de la resurrecci\u00f3n y de la liberaci\u00f3n de la creaci\u00f3n entera (Rom 8:19-25). Del mismo modo, la acci\u00f3n milagrosa de Dios para conceder bienes terrenos y temporales (la libertad, la comida, la salud, la vida&#8230;) insin\u00faa que tambi\u00e9n el creyente y la Iglesia tienen que trabajar activamente para alcanzar las mismas metas de liberaci\u00f3n y de prosperidad en favor del hombre individual y de la comunidad humana. De forma semejante, la dimensi\u00f3n cristol\u00f3gica inherente a algunos milagros, presente en los sin\u00f3pticos y resaltada particularmente por Jn y por Pablo tambi\u00e9n respecto a alg\u00fan signo del AT (lCor 10,1-4), conserva toda su importancia en relaci\u00f3n con la identidad, con los misterios salv\u00ed\u00adficos, con la funci\u00f3n soteriol\u00f3gica y con la mediaci\u00f3n de la humanidad de Cristo (passim). Igualmente, los rasgos eclesiol\u00f3gicos (Mat 8:24-27; Mat 14:22-33; Mat 17:28-33), sacramentales (Mar 6:34-44; Mar 7:31-37), misioneros (Mar 5:1-20) y escatol\u00f3gicos (Jua 11:1-45) de diversos relatos de milagros mantienen su valor, en cuanto que aluden a la continuidad entre algunos actos de Jes\u00fas y la Iglesia, su misi\u00f3n, sus sacramentos y la esperanza cristiana.<\/p>\n<p>Por otra parte, estas lecturas de fe, m\u00faltiples y a veces posteriores a los milagros del AT y del NT, tienen un valor privilegiado en cuanto que han sido inspiradas por Dios a los diversos autores y entregadas a la Iglesia como \u00abpalabra de Dios\u00bb. Su pluralidad y su distancia cronol\u00f3gica sugieren que esas lecturas no agotan el mensaje de (los relatos de) los milagros. Por consiguiente, tambi\u00e9n las lecturas que hoy hacemos de ellos y que, mediante las interpretaciones privilegiadas, consideran los milagros desde la \u00f3ptica de las condiciones culturales, religiosas, cient\u00ed\u00adficas, hist\u00f3ricas, eclesiales&#8230; contempor\u00e1neas, son perfectamente leg\u00ed\u00adtimas y fecundas; m\u00e1s a\u00fan, necesarias y obligatorias. Es verdad que la imposibilidad de reconstruir con exactitud lo sucedido a trav\u00e9s de la documentaci\u00f3n que ha llegado hasta nosotros suscita cierto malestar en el hombre actual -que se ve adem\u00e1s arrastrado por la definici\u00f3n tradicional del milagro como hecho superior, derogatorio y contrario a las leyes de la naturaleza-, a pesar de saber que esa imposibilidad existe igualmente para otros acontecimientos hist\u00f3ricos sagrados y profanos, y de que la intervenci\u00f3n de Dios en un fen\u00f3meno singular no puede verificarse s\u00f3lo con la investigaci\u00f3n hist\u00f3rica, sino que hay que percibirla con los ojos de la fe. Pero este sentimiento de frustraci\u00f3n no impide su lectura ni la hace menos fecunda o menos preciosa.<\/p>\n<p>2. LOS MILAGROS ENTRE LA PASCUA Y LA PARUSIA. Actualmente algunos de los milagros han quedado sorprendentemente disminuidos (las curaciones), mientras que otros parecen haber desaparecido (las resurrecciones, los milagros de la naturaleza). Por una parte el creyente, que participa de la salvaci\u00f3n y se encuentra en camino hacia su cumplimiento dentro de la comunidad cristiana, coopera a ello llevando la cruz de cada d\u00ed\u00ada, es decir, transformando los males presentes en factores de vida (Luc 9:23; 2Co 4:10ss; Rom 8:17&#8230;). Por otra parte, nuestra mentalidad es distinta de la b\u00ed\u00adblico-evang\u00e9lico-apost\u00f3lica: el hombre de Oriente medio, jud\u00ed\u00ado y helenista consideraba natural y casi obligatorio que la divinidad y sus enviados intervinieran en los episodios de la vida humana con el milagro; el hombre contempor\u00e1neo y secularizado piensa que tiene que liberarse de ciertos males y procurarse determinados bienes por s\u00ed\u00ad solo, y en parte lo consigue con su ciencia y con sus inventos. Sin embargo, el milagro no puede considerarse \u00absuperado\u00bb ni siquiera en esta situaci\u00f3n de la Iglesia y del mundo (occidental): por un lado, incluso hoy se verifican curaciones excepcionales, que a veces son rigurosamente controladas (en Lourdes, en los procesos de beatificaci\u00f3n y canonizaci\u00f3n) y, debido a las circunstancias, son consideradas como milagrosas por la autoridad eclesi\u00e1stica; por otro lado, algunos cristianos particulares y en grupos (carism\u00e1ticos, pneum\u00e1ticos) piden y esperan de Dios gracias singulares, y a veces est\u00e1n convencidos de que las obtienen y de que las pueden considerar milagrosas. En ambos casos est\u00e1 excluido el af\u00e1n milagrero, ya que los interesados se mueven en un clima de verdadera fe y hacen progresos en el abandono en manos de Dios y en la plena disponibilidad a su voluntad. Tambi\u00e9n estos milagros y estas gracias ponen. de relieve la libertad, la gratuidad y la liberalidad del Esp\u00ed\u00adritu de Dios, la inagotable riqueza de la redenci\u00f3n de Cristo, el poder del Dios Padre en dejar que se vislumbre excepcionalmente la liberaci\u00f3n final y la transfiguraci\u00f3n definitiva del cuerpo humano y del mundo, sin dar pie a la milagrer\u00ed\u00ada, que busca evitar el compromiso, el camino duro de la vida y de la historia, la cruz. Su escasez invita m\u00e1s bien a recorrer el sendero del deber cotidiano, de las luchas por la existencia y de la inserci\u00f3n creativa dentro del atormentado proceso hist\u00f3rico de la humanidad. Al insistir en la inferioridad de los carismas -milagros y fe en los milagros- respecto a las virtudes teologales, y particularmente la caridad (lCor 12,13b-14,1), y omitir la menci\u00f3n de los milagros en las otras listas de los dones espirituales (Rom 12:6-8; Efe 4:7.11; cf 1Pe 4,IOs), Pablo parece insinuar que Dios enriquece a la Iglesia y a los cristianos con sus gracias para que transmitan la fuerza liberadora, transformadora y santificadora de la resurrecci\u00f3n de Cristo a las actividades ordinarias, y \u00abhagan milagros\u00bb en el cumplimiento de las obligaciones del propio estado, con esp\u00ed\u00adritu de total olvido de s\u00ed\u00ad mismos, de servicio al hombre y de sencillez humilde, a fin de \u00abimpresionar\u00bb aun a los distra\u00ed\u00addos, a los indiferentes y a los no creyentes, y orientarlos as\u00ed\u00ad hacia Cristo. Sobre todo celebrando la caridad en su hero\u00ed\u00adsmo sencillo, humilde y siempre al lado del hombre, el ap\u00f3stol Pablo invita a reflejar en la propia existencia los rasgos y los comportamientos de Jes\u00fas de Nazaret. Y este \u00abmilagro ordinario\u00bb del cristiano y de la Iglesia, realizado continuamente por el Esp\u00ed\u00adritu Santo que derrama la caridad en los corazones para servir y edificar (Rom 5:5; G\u00e1l 5:13; ICor 8,1), es el principio, el alma y el v\u00e9rtice de los \u00abmilagros sensibles\u00bb, igual que la concepci\u00f3n de Jes\u00fas, realizada por el esp\u00ed\u00adritu y poder de Dios (Luc 1:35), es la ra\u00ed\u00adz de todos sus milagros.<\/p>\n<p>BIBL.: AA.VV., Los milagros de Jes\u00fas seg\u00fan el NT, a cargo de X. L\u00e9on-Dufour, Cristiandad, Madrid 1979; AA.VV., Miracles, ed. C.F.D. 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Originalidad y finalidad de los milagros de Jes\u00fas; 7. Noci\u00f3n cat\u00f3lica de milagro; 8. Definici\u00f3n de milagro; 9. Valores significativos y funciones del milagro; 10. Discernimiento del milagro; 11. El hombre ante el milagro (R. Latourelle).<\/p>\n<p>Cualquier reflexi\u00f3n sobre el milagro no puede tener m\u00e1s punto de referencia que los milagros de Jes\u00fas, a saber: los signos fundadores del cristianismo. Sin Cristo y sin la salvaci\u00f3n que nos trae, los milagros carecen de sentido. Por tanto, hay que comenzar por \u00ablo que explica\u00bb, y no por lo \u00abexplicado\u00bb. Los milagros de Jes\u00fas son los arquetipos de todo verdadero milagro y la. clave d\u00e9 inteligibilidad de todos los dem\u00e1s, en concreto, los de los santuarios y los de los procesos de canonizaci\u00f3n. Son los milagros en su fuente y en su ambiente vital, los signos expresivos de la gran presencia entre nosotros del Dios vivo y tres veces santo. Por eso, en el presente art\u00ed\u00adculo, la teolog\u00ed\u00ada del milagro se apoyar\u00e1 en los milagros de Jes\u00fas (historicidad y finalidad). Ir\u00e1 precedida; sin embargo, por una reflexi\u00f3n sobre los problemas de aproximaci\u00f3n y de precomprensi\u00f3n, particularmente importantes cuando se trata de los milagros.<\/p>\n<p>I. CUESTI\u00ed\u201cN DE APROXIMACI\u00ed\u201cN. En teolog\u00ed\u00ada, como en todas las dem\u00e1s ciencias, las cuestiones de aproximaci\u00f3n resultan muchas veces decisivas. La aproximaci\u00f3n escogida conduce a atolladeros, a alergias incontrolables o, por el contrario, dispone a la escucha, favorece la inteligencia de las razones aducidas. La teolog\u00ed\u00ada de las \u00faltimas d\u00e9cadas ha sido testigo de dos cambios en la aproximaci\u00f3n de tanta importancia que puede hablarse a prop\u00f3sito de ellos de una verdadera revoluci\u00f3n: se trata de la aproximaci\u00f3n antropol\u00f3gica y de la aproximaci\u00f3n cristol\u00f3gica. Este cambio de perspectiva tuvo sus incidencias en la teolog\u00ed\u00ada de los signos de la revelaci\u00f3n, concretamente en la teolog\u00ed\u00ada de los milagros.<\/p>\n<p>Lo que hoy caracteriza a la teolog\u00ed\u00ada del milagro es la preocupaci\u00f3n por relacionarlos con la persona de Cristo. En efecto, desde el siglo xlx al siglo xx se ha pasado de una perspectiva de objeto a una perspectiva de sujeto, de persona. Antes del Vaticano Il, los signos privilegiados eran los milagros y las profec\u00ed\u00adas de Cristo, de los profetas; de los ap\u00f3stoles. Los milagros y las profec\u00ed\u00adas se pon\u00ed\u00adan en relaci\u00f3n con el mensaje cristiano y, por v\u00ed\u00ada de consecuencia, con Cristo su autor. La enc\u00ed\u00adclica l Qui pluribus, de P\u00ed\u00ado IX, en 1846 (DS 2779), en una presentaci\u00f3n sint\u00e9tica y no exenta de ret\u00f3rica ni desprovista de grandeza, enumera todos los \u00abargumentos brillantes y numerosos\u00bb que atestiguan que \u00abla fe cristiana es obra de Dios\u00bb. En el Vaticano I (DS 3034) y en el juramento antimodernista (DS 3539), los milagros y las profec\u00ed\u00adas sirven para establecer s\u00f3lidamente \u00abel origen divino de la religi\u00f3n cristiana\u00bb, La enc\u00ed\u00adclica Humani generis, en 1950, repite que \u00abexiste un gran n\u00famero de signos exteriores y espl\u00e9ndidos que permiten&#8230; probar el origen divino de la religi\u00f3n cristiana\u00bb (DS 3876). En todos estos textos, los signos tienen un papel de testimonio: permiten establecer con certeza el origen divino de la doctrina de la salvaci\u00f3n. Se establece un v\u00ed\u00adnculo claro entre dos t\u00e9rminos: el mensaje cristian\u00f3 y su origen divino.<\/p>\n<p>El Vaticano II lleva acabo un cambio de perspectiva. Lo mismo que personaliz\u00f3 la revelaci\u00f3n, el concilio personaliza la presentaci\u00f3n de los signos. Estos no son piezas sueltas que acompa\u00f1en al mensaje de Cristo, a la manera de un pasaporte o de un sello de embajada en un documenta para garantizar su autenticidad. A1 contrario, Cristo es la plenitud de la revelaci\u00f3n y es en persona el signo de la autenticidad de su propia revelaci\u00f3n: el signo que manifiesta a Dios por su irrupci\u00f3n en la historia, su carne y su lenguaje, y al mismo tiempo el signo que se atestigua como Dios-entre-nosotros: \u00abPor toda su presencia y por la manifestaci\u00f3n que hace de s\u00ed\u00ad mismo, por sus palabras y sus obras, por sus signos y sus milagros&#8230;, le da a la revelaci\u00f3n su pleno acabamiento y la confirmaci\u00f3n de un testimonio divino que atestigua que Dios mismo est\u00e1 con nosotros\u00bb (DV 4). -Los signos emanan de ese centro personal que es el propio Cristo. Son la irradiaci\u00f3n multiforme de la epifan\u00ed\u00ada del Hijo entre los hombres. Por su humanidad, Cristo manifiesta al Padre; por una econom\u00ed\u00ada de encarnaci\u00f3n, -los. hombres identifican a Cristo como Hijo del Padre. Cristo entero es el signo enigm\u00e1tico que pide ser descifrado.<\/p>\n<p>En esta vuelta a una aproximaci\u00f3n personalista y cristoc\u00e9ntrica parece evidente que una aut\u00e9ntica teolog\u00ed\u00ada de los signos tiene que centrarse en los signos fundamentales que \u00e9ontienen a todos los dem\u00e1s, a saber: Cristo y la Iglesia. Una presentaci\u00f3n-de los signos que aislara los milagros de su fuente, de su foco de irradiaci\u00f3n, es decir, Cristo, o que redujera su valor al de una pieza jur\u00ed\u00addica, ser\u00ed\u00ada extra\u00f1a a las perspectivas del concilio, y m\u00e1s a\u00fan a las de la Escritura:<br \/>\n2. PROBLEMAS DE PRECOMPRENSi\u00f3N. Cuando se estudia la cuesti\u00f3n del milagro, incluidos los milagros de Jes\u00fas, la principal dificultad radica en la idea misma de milagro, que se rechaza antes de .todo examen de los hechos propuestos. En materia de milagros m\u00e1s que en cualquier otro terreno, \u00abla suerte est\u00e1 ya echada\u00bb desde el principio. Los relatos de milagros, se dice, pertenecen a otra \u00e9poca, a otra mentalidad. Reconocerlos como realidades hist\u00f3ricas ser\u00ed\u00ada demostrar una ingenuidad tan desconcertante como anacr\u00f3nica. Ya no se cree en los milagros, como no se cree en las hadas ni en los fantasmas. Lo que est\u00e1 en juego es la posibilidad misma del milagro en un mundo que se basta a s\u00ed\u00ad mismo.<\/p>\n<p>Es verdad que el lector de los relatos evang\u00e9licos, creyente o no creyente, los lee siempre con una cierta precomprensi\u00f3n o conocimiento previo de Dios, del hombre y del universo, es decir, con unos pie-supuestos. Esta precomprensi\u00f3n puede enriquecerse y hasta modificarse, reformarse al contacto con los hechos. Puede tambi\u00e9n endurecerse, cerrarse sobre s\u00ed\u00ad misma y convertirse en prejuicio, en algo inaceptable. Lo cierto es que todos, creyentes o no creyentes, tienen que declarar los principios que les inspiran. Es lo m\u00ed\u00adnimo que se requiere para evitar los malentendidos.<\/p>\n<p>La mayor parte de las objeciones suscitadas contra el milagro por el racionalismo, a partir del siglo xvtic, se apoyan en los datos cient\u00ed\u00adficos. Sobre esta base, el racionalismo declara el milagro o imposible o inconveniente. Todo fen\u00f3meno que.se dice \u00abmilagroso\u00bb tiene una explicaci\u00f3n natural que hay que descubrir: uso de medios m\u00e9dicos, confianza, sugesti\u00f3n, hipnosis, ilusi\u00f3n; fuerzas desconocidas. La historia de las religiones confirmar\u00ed\u00ada esta hip\u00f3tesis.<\/p>\n<p>a) En nombre de la ciencia interpretada por la raz\u00f3n filos\u00f3fica. Ya a comienzos del siglo xvtlt, Pierre Bayle se empe\u00f1\u00f3 en mostrar&#8212;lo rid\u00ed\u00adculo de la creencia en el&#8217; milagro. Este, dice, repugna a la raz\u00f3n, ya que no hay nada m\u00e1s digno de la, grandeza de Dios que mantener las leyes generales que \u00e9l mismo ha establecido, ni nada m\u00e1s indigno que creer que \u00e9l interviene para violar su curso. Fue Baruc Spinoza, en su Tratado de las autoridades teol\u00f3gicas y pr\u00e1cticas, el primer te\u00f3rico de esta posici\u00f3n tantas veces repetida despu\u00e9s de \u00e9l. Hablar de algo contrario ala naturaleza ser\u00ed\u00ada negar la existencia de un Dios inmutable; pues bien, la naturaleza no puede hacerse c\u00f3mplice de esa locura. \u00abEs indudable -observa Spinoza- que todo lo que se narra en la&#8217; Escritura no ocurri\u00f3 naturalmente..:, seg\u00fan las leyes de la naturaleza, tal como lo que realmente ocurre\u00bb. Los milagros \u00abs\u00f3lo parecen algo nuevo por la ignorancia de los hombres\u00bb. David Hume (171;1-1776) habla del milagro en el segundo ensayo de su Enquiry concerning Human Understanding, publicado en 1748: el \u00fanico fundamento de nuestra certeza es la experiencia de los sentidos; pues bien, esta experiencia establece la constancia de las leyes de la naturaleza; por tanto, si un hombre atestigua la existencia de un milagro, hay que rechazar su testimonio, ya que \u00absiendo todo milagro una infracci\u00f3n de las leyes naturales y habiendo sido establecidas esas leyes sobre una experiencia firme e inalterable, la naturaleza misma del hecho ofrece aqu\u00ed\u00ad, contra los milagros, una prueba de experiencia tan completa como es posible imaginar\u00bb. En su Diccionario filos\u00f3fico, Voltaire apela a Spinoza: considera el milagro como una contradicci\u00f3n in terminis; en efecto; \u00abDios no pod\u00ed\u00ada alterar su m\u00e1quina sino para hacerla andar mejor; pero est\u00e1 claro que, siendo Dios, hizo esta inmensa m\u00e1quina tan buena como pudo; si vio que alg\u00fan d\u00ed\u00ada habr\u00ed\u00ada cierta imperfecci\u00f3n derivada de la naturaleza, atendi\u00f3 a ello desde el principio; por eso no cambiar\u00e1 nunca nada\u00bb. Imaginarse que Dios hizo milagros en favor de los hombres es indigno de Dios. \u00abAtreverse a suponer milagros en Dios es realmente insultarle (si los hombres pudieran insultar a Dios); es decirle: `Eres d\u00e9bil e inconsecuente&#8217;. Por tanto, es absurdo creer en los milagros; eso ser\u00ed\u00ada deshonrar en cierto modo a la divinidad\u00bb. Heredero del racionalismo de los siglos xviii y xix, t R. Bultmann, a su vez, interpreta filos\u00f3ficamente la mentalidad cient\u00ed\u00adfica de nuestra \u00e9poca y declara que el milagro es ininteligible en un mundo sometido a la ciencia. Es necesario distinguir entre Mirakel y Wunder: el Mirakel se concibe como un acontecimiento excepcional en las leyes de la naturaleza. \u00abLa idea de milagro como Mirakel resulta hoy imposible para nosotros, ya que comprendemos el curso de la naturaleza como regido por unas leyes\u00bb. Para-nosotros,, la \u00ablegalidad\u00bb del curso de la naturaleza es el fundamento impl\u00ed\u00adcito de toda nuestra acci\u00f3n en el mundo. Si la fe no se interesa por el Mirakel, una brecha en el determinismo de las leyes, se interesa vivamente por el Wunder, cuando en un acontecimiento (Weltgeschehen) sometido a las leyes universales vemos- una acci\u00f3n de Dios (Gottes: Tat). La verdad es que \u00abno hay m\u00e1s que un milagro en el sentido de -Wunder: el de la revelaci\u00f3n, es decir, el de la manifestaci\u00f3n de la gracia de Dios al imp\u00ed\u00ado\u00bb. El Wunder es un acontecimiento en el que la fe, y la fe sola, reconoce a Dios que se revela. No cambia nada en el orden de los fen\u00f3menos ni en la textura de las leyes. Es la fe sola laque ve en una curaci\u00f3n natural la revelaci\u00f3n del amor de Dios, manifestado al hombre que se reconoce pecador y agraciado.<\/p>\n<p>Frente al racionalismo, la apolog\u00e9tica de la \u00e9poca se encontraba en una mala postura, ya que al definir el milagro como \u00abinfracci\u00f3n o excepci\u00f3n de las leyes de la naturaleza\u00bb y al privarle de su funci\u00f3n esencial de signo de la salvaci\u00f3n en Jesucristo, se quedaba prisionera de un mundo del que pretend\u00ed\u00ada evadirse. Esta caricatura del milagro como \u00abexcepci\u00f3n de las leyes naturales\u00bb acab\u00f3 imponi\u00e9ndose a los mismos cristianos, que llegaron a considerar c\u00f3mo inconveniente y hasta indecente esa \u00abincursi\u00f3n\u00bb de Dios en un mundo que posee su propia inteligibilidad. Admitir el milagro es admitir la coexistencia de lo inteligible con lo ininteligible.<\/p>\n<p>Es ciertamente ilusorio pretender modificar la posici\u00f3n racionalista, sobre todo si se declara exclusiva y sin revisi\u00f3n posible. El te\u00f3logo puede, sin embargo, situar el milagro en su verdadero contexto de salvaci\u00f3n e intentar definirlo mejor, Sobre todo, tiene que declarar la precomprensi\u00f3n del mundo que \u00e9l tiene, sin pretender imponerla a los que se niegan a compartirla. Podemos agrupar de este modo los elementos de esta visi\u00f3n:<br \/>\n1) Es verdad que el universo material encuentra su inteligibilidad en la sumisi\u00f3n habitual a las leyes del cosmos, de las que sin embargo muchas siguen siendo tan s\u00f3lo leyes estad\u00ed\u00adsticas. Por otra parte, la totalidad de lo real no es unidimensional, es decir, no se reduce al mundo material y a la red inflexible de sus leyes. La totalidad de lo real se parece -m\u00e1s bien a un orden .piramidal en el que ninguna de las partes tiene su autonom\u00ed\u00ada completa, sino que todas forman parte de un conjunto org\u00e1nico orientado hacia una cima que trasciende las posibilidades de acci\u00f3n connaturales a cada una. Estamos en presencia de una jerarqu\u00ed\u00ada de \u00f3rdenes subordinados unos a otros: el orden inorg\u00e1nico sometido al determinismo, el orden org\u00e1nico con su finalismo, el orden del pensamiento .y del arte con su creatividad, el orden de la vida religiosa y moral con su libertad. En esta jerarqu\u00ed\u00ada, cada uno de los \u00f3rdenes inferiores se ordena al orden superior y se integra en el orden total. El universo infrahumano est\u00e1 ordenado al hombre, y \u00e9ste a su vez est\u00e1 abierto a la acci\u00f3n trascendente de Dios. El milagro libera al universo f\u00ed\u00adsico de sus \u00ablimitaciones\u00bb, lo eleva y lo hace colaborar con el orden superior de la salvaci\u00f3n. Por tanto, es perfectamente leg\u00ed\u00adtimo, por una parte, que el universo f\u00ed\u00adsico encuentre su sentido habitual en el determinismo de sus leyes; por otra parte, no es menos inteligible que Dios manifieste, mediante una iniciativa totalmente gratuita en la historia y en el cosmos, y en su nivel de causa primera, la iniciativa todav\u00ed\u00ada m\u00e1s gratuita de la salvaci\u00f3n comunicada en Jesucristo. El milagro se convierte as\u00ed\u00ad en la huella y el signo en el cosmos de la gracia de la salvaci\u00f3n. Se sit\u00faa en el orden religioso por el que Dios invita al hombre a una comuni\u00f3n de vida con \u00e9l.<\/p>\n<p>2) M\u00e1s a\u00fan: si es verdad que Cristo, Verbo encarnado, es la cima y el t\u00e9rmino de la salvaci\u00f3n, el milagro se presenta como una intervenci\u00f3n de Dios situada entre la creaci\u00f3n primera y la transformaci\u00f3n de todo y de todos en Jesucristo. El milagro representa entonces una anticipaci\u00f3n del orden escatol\u00f3gico, cuando haya un cielo nuevo y un mundo nuevo: es el futuro que invade el presente y le da su sentido; puesto que manifiesta ya la dynamis transformadora de Dios actuando en nuestro mundo. El cuerpo glorificado de Cristo es un milagro permanente. En \u00e9l el hombre es recreado, y consiguientemente el mismo cosmos recibe sus efectos bienaventurados. En esta perspectiva, que es la de san Pablo (Rom 8, 19-21), no es el milagro lo que plantea cuestiones, sino que m\u00e1s bien el milagro obliga al hombre- a interrogarse por el sentido \u00faltimo de la historia y del cosmos. Parad\u00f3jicamente, es ahora el milagro el que resulta inteligible y explicativo.<\/p>\n<p>3) El milagro no puede ser percibido m\u00e1s que por los que miran el mundo como dominado y dirigido por un ser libre y trascendente, que act\u00faa en su propio nivel, como fuerza creadora y recreadora, y que puede establecer con el hombre unas relaciones interpersonales. El milagro, como la revelaci\u00f3n, es una llamada dirigida al hombre en las profundidades de su ser, en ese nivel de interioridad en que el hombre, como esp\u00ed\u00adritu, se abre a Dios y a una manifestaci\u00f3n eventual de \u00e9l mismo en la historia y en el mundo. El milagro supone que el hombre reconoce lealmente el car\u00e1cter finito de su existencia y de su condici\u00f3n de \u00abser necesitado de salvaci\u00f3n\u00bb, as\u00ed\u00ad como la libertad que tiene Dios de obrar en la historia para entablar con el hombre un di\u00e1logo in\u00e9dito. La libertad de Dios no se agota en el solo acto creador, como si fuera una fuente que se seca desde que empieza a manar. Dios es libertad infinita, imprevisible e inagotable en la gratuidad de sus iniciativas.<\/p>\n<p>4) El que Dios haya decidido revelarse al hombre y salvarle por los caminos de la encarnaci\u00f3n y de la cruz, es decir, por lo que hay m\u00e1s distinto de \u00e9l, esp\u00ed\u00adritu puro, a saber: la carne; y que haya decretado prolongar esta econom\u00ed\u00ada de encarnaci\u00f3n mediante una econom\u00ed\u00ada de signos que atestig\u00fcen la presencia eficaz de la salvaci\u00f3n entre nosotros, esto se deriva de su imprevisible amor y de su infinita libertad. Todo el que sit\u00fae el milagro en esta econom\u00ed\u00ada de salvaci\u00f3n y de libertad, lejos de hablar del sin-sentido, percibir\u00e1 en la acci\u00f3n divina una constelaci\u00f3n de armon\u00ed\u00adas: armon\u00ed\u00ada de los signos con la intervenci\u00f3n de Dios hecho carne, armon\u00ed\u00ada de los signos entre s\u00ed\u00ad, armon\u00ed\u00ada de los signos con el hombre, ser de carne y de esp\u00ed\u00adritu. Los milagros de Jes\u00fas pertenecen a la l\u00f3gica superior del amor y de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>b) En nombre de la historia de las religiones. El historiador de las religiones viene a sustituir al fil\u00f3sofo para explicar la presencia en los evangelios de los relatos de milagros. No cabe duda -se afirma- de que fue la predicaci\u00f3n en los ambientes helenistas la que revisti\u00f3 a Jes\u00fas de los atributos de la divinidad griega: se le llama Hijo de Dios, salvador, Se\u00f1or. El Jes\u00fas de los milagros fue presentado como el hombre divino (Theios an\u00e9r) de los ambientes helenistas con fines de propaganda. Los principales corifeos de esta teor\u00ed\u00ada son R. Reitzenstein, H. Windisch, L. Bieler, D. Georgi, R. Bultmann. La verdad es que esta teor\u00ed\u00ada, tras los recientes trabajos de D.L. Tiede y de C.H. Holladay, est\u00e1 destinada al olvido. El sentido de la trascendencia absoluta de Dios en los ambientes jud\u00ed\u00ados est\u00e1 demasiado desarrollada para autorizar la atribuci\u00f3n de la divinidad a los seres humanos. La categor\u00ed\u00ada del hombre divino. est\u00e1 ausente tanto del AT como del NT. Adem\u00e1s, el uso t\u00e9cnico del nombre divino en el helenismo es tard\u00ed\u00ado y muy posterior a Jes\u00fas.<\/p>\n<p>c) En nombre de la hermen\u00e9utica desmitizante. La Formgeschichte, con Bultmann sobre todo, hab\u00ed\u00ada observado semejanzas entre la estructura literaria de los relatos evang\u00e9licos de milagros y la de los prodigios atribuidos a Apolonio de Tiana o al dios dador Esculapio en Epidauro; de aqu\u00ed\u00ad se sac\u00f3 la conclusi\u00f3n del car\u00e1cter fabuloso o legendario de los unos y de los otros. Por un procedimiento ileg\u00ed\u00adtimo, se pas\u00f3 de una semejanza literaria a un juicio de valor sobre el contenido hist\u00f3rico. En efecto, en el plano literario no hay nada tan parecido a un relato ver\u00ed\u00addico de curaci\u00f3n excepcional como un relato ficticio. Lo que importa ante todo en el caso de Jes\u00fas es que la persona que est\u00e1 en el centro del relato no tiene precedentes en la historia y que el mismo milagro posee rasgos espec\u00ed\u00adficos y absolutamente in\u00e9ditos. El an\u00e1lisis literario no es una gu\u00ed\u00ada absoluta para dar un juicio de historicidad.<\/p>\n<p>\u00bfHabr\u00e1 que eliminar entonces los relatos evang\u00e9licos de milagros? Bultmann opina, por su parte, que hay que conservarlos, pero \u00abdesmitiz\u00e1ndolos\u00bb e interpret\u00e1ndolos en clave existencialista. Lo que importa no es la realidad que subyace al relato, muchas veces imposible de descubrir o simplemente inexistente, sino el sentido que reviste, es decir, que la fe purifica, vivifica, resucita, salva al hombre pecador y agraciado. De este modo se llega, con los recursos de la hermen\u00e9utica, a salvar el relat\u00f3, pero sacrificando el acontecimiento. Los relatos de milagros manifiestan la revelaci\u00f3n como alimento, luz y vida.<\/p>\n<p>Todos estos intentos de sacar los milagros de su contexto religioso y citarlos ante el tribunal de la filosof\u00ed\u00ada y de la ciencia .tienen como efecto una perversi\u00f3n de la naturaleza profunda del milagro. Reducirlo a una \u00abexcepci\u00f3n de las leyes de la naturaleza\u00bb es una caricatura. El milagro no tiene sentido m\u00e1s que en el \u00fanico contexto en donde, de hecho; aparece, -a saber: en el de la. revelaci\u00f3n de la salvaci\u00f3n en Jesucristo.<\/p>\n<p>3. AUTENTICIDAD HIST\u00f3RICA DE Los MILAGROS DE JES\u00faS. Para ser fiel a la naturaleza misma dc.l\u00e1 tradici\u00f3n evang\u00e9lica y a la historia de su formaci\u00f3n, un estudio sobre el valor hist\u00f3rico d\u00e9 los relatos de milagros no puede prescindir de recorrer las siguientes etapas:<br \/>\na) En un primer tiempo hay que establecer el valor hist\u00f3rico del conjunto de, la tradici\u00f3n siri\u00f3ptiea. Este tema se trata en el art\u00ed\u00adculo sobre el valor hist\u00f3rico de los evangelios y el conocimiento de Jes\u00fas por medio de los evangelios (! Evangelio).<\/p>\n<p>b) En un segundo tiempo conviene evocar dos logia de la Quelle, en donde el mismo Jes\u00fas indica la realidad y el sentido de sus milagros:<br \/>\n1) En un primer logion, Jes\u00fas constata el rechazo de las .tres ciudades del lago de Genesaret, que no supieron reconocer en sus curaciones los signos de la venida del reino de Dios (Mt 11,20-24 y Lc 10,13-15). Coroza\u00ed\u00adn, Betsaida y Cafarna\u00fan son ciudades privilegiadas puesto que fueron las primeras testigos y beneficiarias de la actividad de Jes\u00fas. Sin embargo, no comprendieron el sen~ tido de las obras de Jes\u00fas. Por eso su suerte ser\u00e1 m\u00e1s terrible que la de las ciudades consideradas tradicionalmente como imp\u00ed\u00adas (Tiro y Sid\u00f3n) y pecadoras (Sodoma). El sentido de los milagros de Jes\u00fas era manifiesto. A1 mismo tiempo que su predicaci\u00f3n sobre la necesidad de convertirse para entrar en el reino de los cielos, sus milagros eran propuestas de Dios, llamadas a la penitencia y a la conversi\u00f3n ante la llegada inminente del reino de Dios. Los habitantes de las tres ciudades vieron prodigios, pero no supieron discernir los signos del reino anunciados por los profetas. Los milagros, por consiguiente, eran el reino mismo de Dios en su visibilidad, en su dinamismo de transformaci\u00f3n total del hombre.<\/p>\n<p>2) El segundo logion, sacado igualmente de la Quelle, constituye la respuesta de Jes\u00fas a los enviados de Juan Bautista que le preguntan por su identidad real: \u00ab\u00bfEres&#8217; t\u00fa el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?\u00bb Jes\u00fas le&#8217;s respondi\u00f3: \u00abId y contad a Juan lo que hab\u00e9is visto y o\u00ed\u00addo: los ciegos ven, los cojos andan los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia.el evangelio a los pobres; \u00c2\u00a1dichoso el que no se escandalice de m\u00ed\u00ad!\u00bb (Mt 11,2-6; Lc 7,18-23). Desde el punto de vista hist\u00f3rico, la per\u00ed\u00adcopa se encuentra en excelente posici\u00f3n. Los criterios de discontinuidad y de conformidad encuentran aqu\u00ed\u00ad una explicaci\u00f3n ejemplar; El logion de Jes\u00fas, en efecto, contrasta con la mentalidad jud\u00ed\u00ada de la \u00e9poca y con la concepci\u00f3n del Bautista sobre el mes\u00ed\u00adas; contrasta igualmente con la mentalidad de la Iglesia, que se apoya en la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas m\u00e1s que en sus milagros. Igualmente se aplica el criterio de conformidad. En efecto, el logion est\u00e1 conforme con la ense\u00f1anza de Jes\u00fas sobre el tema central de su predicaci\u00f3n, a saber:- el reino y los signos del reino; tambi\u00e9n es coherente con el tema de la predicaci\u00f3n de la buena nueva a los pobres (en las par\u00e1bolas, en las bienaventuranzas), signo primordial de la llegada del reino; est\u00e1 conforme, finalmente, con el estilo de Jes\u00fas, con su forma habitual de responder a la delicada cuesti\u00f3n del mesianismo. Jes\u00fas no solamente responde, sino que su respuesta va mucho m\u00e1s all\u00e1.de la pregunta del Bautista sobre el hecho de su, mesianidad, ya que caracteriza al reino como un reino de compasi\u00f3n, de perd\u00f3n, de gracia. De momento, Jes\u00fas representa la agape de Dios en nuestro mundo; m\u00e1s tarde llegar\u00e1 el juicio.<\/p>\n<p>En estos dos logia, que pertenecen a .una tradici\u00f3n muy antigua, Jes\u00fas relaciona sus milagros con la venida del reino que inaugura \u00e9l en su persona: Los milagros no son nunca puros prodigios, sino llamadas a la conversi\u00f3n; a la penitencia, condiciones indispensables para entrar en el reino. Los milagros son signos, al mismo tiempo que son tambi\u00e9n obras de Cristo.:.<\/p>\n<p>c), En tercer lugar&#8212;podemos recoger cierto n\u00famero de \u00ed\u00adndices de historicidad global favorables al conjunto.de la tradici\u00f3n de los milagros. -,l peso de estos \u00ed\u00adndices procede de su multiplicidad y de su omnipresencia en la doblp.tradici\u00f3n sin\u00f3ptica y jo\u00e1nica.<\/p>\n<p>El primer hecho es el lugar tan importante de los relatos de milagros en nuestros evangelios: en el evangelio de Marcos; el 31 por 100 del texto, o sea 209 vers\u00ed\u00adculos entre 666. En los diez primeros cap\u00ed\u00adtulos dedicados al ministerio p\u00fablico de Jes\u00fas (fuera de la pasi\u00f3n), la proporci\u00f3n se eleva al 47 por 100, o sea; 209 vers\u00ed\u00adculos entre 425. En el evangelio de Juan, los -doce primeros cap\u00ed\u00adtulos, llamados por Dodd el Libr\u00f3 de los signos, est\u00e1n elaborados a partir de los milagros de Jes\u00fas. Tanto en los sin\u00f3pticos como en Juan, los milagros y la predicaci\u00f3n de Jes\u00fas constituyen un entramado irrompible, ya que los dos manifiestan tina \u00fanica realidad, a saber: la venida del reino de Dios. Gran n\u00famero de relatos subrayan el car\u00e1cter p\u00fablico de los milagros, y consiguientemente la posibilidad de.discutir su realidad en el momento de la formaci\u00f3n de la tradici\u00f3n evang\u00e9lica. Los enemigos de Jes\u00fas no discuten su actividad taumat\u00fargica (es muy elocuente en este sentido la per\u00ed\u00adcopa muy antigua sobre Belceb\u00fa: Mt 12,26-27), sino m\u00e1s bien la fuente de esta actividad, as\u00ed\u00ad como la autoridad que. se deriva de ella. Finalmente, un texto del Talmud de Babilonia atestigua que Jes\u00fas fue entregado a la muerte por haber practicado la magia y haber conducido a Israel &#038;la apostas\u00ed\u00ada (Sanhedrin 43a). Si los milagros ocupan en los evangelios un lugar que no puede compararse m\u00e1s que con la ense\u00f1anza y la pasi\u00f3n de Jes\u00fas, y si la predi, caci\u00f3n primitiva y los propios evangelistas est\u00e1n como \u00abbloqueados\u00bb en el tema de los milagros y los relacionan con el tema de la predicaci\u00f3n de Jes\u00fas hasta el punteo de que no existe \u00e9sta sin aqu\u00e9llos, es porque tuvo que suceder algo capital que vale la pena examinar para probar su consistencia.<\/p>\n<p>d) En cuarto lugar, a nivel de una criteriologla m\u00e1s rigurosa, podemos aplicar a los relatos de milagros los criterios de autenticidad utilizados para la gran historia, pero teniendo en cuenta el \u00abcaso espec\u00ed\u00adfico\u00bb que representan los evangelios.<\/p>\n<p>1) Criterio de testimonio m\u00faltiple: este criterio nos permite establecer que la realidad de los milagros de Jes\u00fas se encuentra atestiguada en la casi totalidad de las fuentes que poseemos; Marcos, la Quelle, Lucas, Mateo, Juan, los Hechos, la ep\u00ed\u00adstola a los Hebreos, la tradici\u00f3n talm\u00fadica y los ap\u00f3crifos. El tema de los milagros aparece no solamente en las fuentes mencionadas, sino que se encuentra tambi\u00e9n en formas literarias muy diversas: sumarios, discursos, controversias.<\/p>\n<p>2) Criterio de discontinuidad: el hecho de que Jes\u00fas realizara milagros en nombre propio contrasta con la actitud de los profetas, que realizaron milagros en nombre de Dios, y con la de los ap\u00f3stoles, que actuaron en nombre de Jes\u00fas. Adem\u00e1s, en algunos casos, Jes\u00fas da a sus milagros un sentido que va contra la mentalidad jud\u00ed\u00ada de la \u00e9poca: por ejemplo, en la curaci\u00f3n del leproso (Me 1,40-4 l). En tiempos de Jes\u00fas, la lepra era considerada por los rabinos como el castigo espec\u00ed\u00adfico de ciertos pecados. El mismo leproso era considerado como un castigado por Dios, un impuro, y por tanto se ve\u00ed\u00ada excluido del templo y de la comunidad de Israel. A diferencia de los rabinos, Jes\u00fas no evita al leproso; por el contrario, \u00abllevado de compasi\u00f3n\u00bb, extiende la mano, para significar que lo torna bajo su protecci\u00f3n, lo toca y le dice: \u00abYo lo quiero: queda limpio\u00bb. La actitud de Jes\u00fas frente al leproso, as\u00ed\u00ad como frente a los pecadores, marca una ruptura con el juda\u00ed\u00adsmo de la \u00e9poca. En el reino de Dios no hay sanos ni leprosos, sino hijos de Dios.<\/p>\n<p>3) El criterio de conformidad con la ense\u00f1anza fundamental de Jes\u00fas sobre la venida decisiva del reino de Dios. En efecto, los milagros son inseparables del tema de la instauraci\u00f3n del reino: manifiestan su venida y su realidad. Son un signo y un elemento del reino. Este no es algo est\u00e1tico, sino una realidad din\u00e1mica que cambia efectivamente la condici\u00f3n humana, que establece el se\u00f1or\u00ed\u00ado de Cristo sobre todas las cosas, incluidos los cuerpos y el cosmos. Un milagro sin una invitaci\u00f3n a reconocer el reino que viene y la persona que se presenta a establecer ese reino es un contrasentido, un puro prodigio. Por eso, cuando Cristo realiza un milagro, invita al mismo tiempo a la conversi\u00f3n y a la fe en su misi\u00f3n. Que un prodigio se encuentre as\u00ed\u00ad vinculado con la conversi\u00f3n interior es un hecho \u00fanico que acompa\u00f1a a la presencia de Cristo (Mt 11,20-24; Le 10 13-15).<\/p>\n<p>4) El estilo de los relatos de milagros. Tanto en los milagros como en la ense\u00f1anza de Jes\u00fas se encuentra un estilo id\u00e9ntico, de simplicidad, de sobriedad y de autoridad, en un contexto religioso de una pureza y de una elevaci\u00f3n singular. Este estilo contrasta con el de los ap\u00f3crifos, \u00e1vidos de lo maravilloso. Si la gnosis traicion\u00f3 al evangelio reduci\u00e9ndolo a una doctrina, los ap\u00f3crifos, por su parte, lo traicionaron buscando solamente prodigios.<\/p>\n<p>5) Inteligibilidad interna del relato. As\u00ed\u00ad, por ejemplo, el hecho de la resurrecci\u00f3n de L\u00e1zaro, coherente con los otros relatos de resurrecci\u00f3n en Marcos y en Lucas y con el hecho mayor de la propia resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, es tambi\u00e9n perfectamente coherente con el contexto general del cuarto evangelio, especialmente con los cap\u00ed\u00adtulos 5, 11 y 12. Adem\u00e1s, ilumina dos hechos importantes de la vida de Jes\u00fas, a saber: la decisi\u00f3n de las autoridades jud\u00ed\u00adas de acabar con \u00e9l y el hecho de la entrada solemne de Jes\u00fas en Jerusal\u00e9n, atestiguada por los tres sin\u00f3pticos. Sin embargo, s\u00f3lo el relato de Juan arroja plena luz sobre el acontecimiento y ofrece de \u00e9l una explicaci\u00f3n verdaderamente satisfactoria. S\u00f3lo Juan observa: \u00abLos que estuvieron presentes cuando llam\u00f3 a L\u00e1zaro del sepulcro y lo resucit\u00f3 de entre los muertos daban ahora testimonio de ello. Por eso tambi\u00e9n la gente le sali\u00f3 al encuentro, pues se hab\u00ed\u00adan enterado de que hab\u00ed\u00ada hecho este milagro\u00bb (Jn 12,17-18).<\/p>\n<p>6) Interpretaci\u00f3n diversa, acuerdo en el fondo. El acuerdo en la sustancia del hecho, coexistiendo con ciertas fluctuaciones en la redacci\u00f3n y hasta en la interpretaci\u00f3n, constituye un s\u00f3lido indicio de historicidad. La historia y el derecho recurren continuamente a este g\u00e9nero de argumento. As\u00ed\u00ad, a prop\u00f3sito de la multiplicaci\u00f3n de los panes, Juan subraya m\u00e1s que Marcos el simbolismo sacramental del milagro. A su vez, Marcos subraya m\u00e1s que Lucas el sentido cristol\u00f3gico del milagro y presenta a Cristo como el buen pastor que tiene piedad de las ovejas sin pastor (Me 6,34). El evangelio de Juan contiene algunos detalles propios. Se trata siempre del mismo hecho, pero interpretado y profundizado. Este acuerdo en el fondo en medio de la diversidad de detalles se ve apoyado por el criterio del testimonio m\u00faltiple, ya que el hecho est\u00e1 atestiguado por las seis recensiones de la tradici\u00f3n sin\u00f3ptica y jo\u00e1nica. El acontecimiento se presenta adem\u00e1s como un signo del reino, mesi\u00e1nico y escatol\u00f3gico, en relaci\u00f3n con el signo del man\u00e1 en el desierto. Finalmente, sin la realidad de este suceso, varios hechos se quedan sin explicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>7) El criterio de explicaci\u00f3n necesaria es una aplicaci\u00f3n del principio de raz\u00f3n suficiente al caso de los evangelios. En el caso de los milagros, nos encontramos con unos diez hechos importantes que la cr\u00ed\u00adtica dif\u00ed\u00adcilmente puede rechazar y que est\u00e1n pidiendo una explicaci\u00f3n suficiente: la exaltaci\u00f3n popular ante la aparici\u00f3n de Jes\u00fas, la fe de los ap\u00f3stoles en su mesianidad, el lugar de los milagros en la tradici\u00f3n sin\u00f3ptica y jo\u00e1nica, el odio de los-sumos sacerdotes y de los fariseos por causa de los prodigios realizados por Jes\u00fas, el v\u00ed\u00adnculo constante entre los milagros y el mensaje de Jes\u00fas sobre la venida decisiva del reino, el lugar de los milagros en el kerigma primitivo, la presencia de los dem\u00e1s signos que acompa\u00f1an a la venida de Jes\u00fas del mismo nivel y de la misma calidad (profundidad de un mensaje capaz de descifrar la condici\u00f3n humana, amor inaudito revelado por su vida, su pasi\u00f3n y su muerte, su resurrecci\u00f3n gloriosa, la obra multisecular de la Iglesia), la relaci\u00f3n \u00ed\u00adntima entre las pretensiones de Jes\u00fas como Hijo del Padre y los milagros que manifiestan su dominio sobre la enfermedad, el pecado y la muerte.<\/p>\n<p>El que cada uno de estos criterios de autenticidad hist\u00f3rica reconocidos por la historia universal y m\u00e1s recientemente por los exegetas encuentre en los relatos de milagros un ejemplo de aplicaci\u00f3n tan notable constituye una prueba de solidez hist\u00f3rica dif\u00ed\u00adcilmente rechazable. Sobre todo teniendo en cuenta que se da una convergencia de criterios. Muy pocos logia de Jes\u00fas se encuentran en una posici\u00f3n tan favorable.<\/p>\n<p>e) Finalmente podemos ir examinando uno por uno los relatos de milagros que refieren los evangelios para probar su consistencia hist\u00f3rica. Es \u00e9ste un trabajo imposible en el marco de este Diccionario, pero que hemos emprendido en Milagros de Jes\u00fas y teolog\u00ed\u00ada del milagro (Salamanca 1990, 87-261).<\/p>\n<p>4. CLASIFICACI\u00f3N Y TIPOLOGIA DE LOS RELATOS DE MILAGROS. La clasificaci\u00f3n de los milagros ha conocido varias fluctuaciones. Seg\u00fan una distinci\u00f3n cl\u00e1sica, se hablaba de milagros en las personas (curaciones, exorcismos, resurrecciones) o en los sucesos de la naturaleza (el mar, el viento, el pan, el vino, los peces). Esta distinci\u00f3n es discutible porque, en definitiva, los milagros conciernen siempre a las personas. G. Theissen ha propuesto una clasificaci\u00f3n que tiene en cuenta la naturaleza de las relaciones que se establecen entre la persona del taumaturgo y el beneficiario del milagro, as\u00ed\u00ad como los motivos del milagro. Con una sola excepci\u00f3n, adoptamos aqu\u00ed\u00ad esta clasificaci\u00f3n, que hoy se reconoce ampliamente:<br \/>\na) Los exorcismos. A los ojos de Jes\u00fas, la liberaci\u00f3n de los posesos es tan importante como la curaci\u00f3n de los enfermos. Estas dos operaciones liberadoras significan lo mismo: la venida del reino de Dios. Por otra parte, como la mentalidad de la \u00e9poca atribu\u00ed\u00ada corrientemente la enfermedad y el pecado a Satan\u00e1s, no siempre se observ\u00f3 la distinci\u00f3n entre exorcismo y simple curaci\u00f3n. En la tipolog\u00ed\u00ada de los milagros reservamos el t\u00e9rmino de \u00abexorcismo\u00bb a los casos en donde el demonio es el antagonista del taumaturgo. En estos relatos (seis) se observan tres caracter\u00ed\u00adsticas: 1) el poseso se encuentra en un estado de alienaci\u00f3n; ha perdido la facultad personal de decidir; 2) el.taumaturgo tiene como antagonista no al poseso, que es tan s\u00f3lo la v\u00ed\u00adctima, el terreno de combate, sino al demonio en_ persona; 3) Cristo se las tiene que ver no con los hombres, sino con esa potencia personal yt\u00e9nebrosa, Satan\u00e1s, cuyo reino ha venido a destruir.<\/p>\n<p>b) Las curaciones. Las curaciones guardan tambi\u00e9n relaci\u00f3n con el reino, pero no tan directamente como los exorcismos. Aqu\u00ed\u00ad la fe representa un papel de mediaci\u00f3n respecto a la fuerza del reino que se ejerce en Jes\u00fas. Se explica inmediatamente por qu\u00e9. En el caso de los posesos, que est\u00e1n alienados y son elementos pasivos; es imposible pedirles fe. No ocurre lo mismo en el caso de los enfermos; en quienes la relaci\u00f3n inmediata con. la persona de Jes\u00fas se lleva a cabo mediante la fe. Se pueden distinguir tres expresiones de estafe: fe en el poder de curaci\u00f3n de Jes\u00fas; aclamaci\u00f3n de fe que sigue al milagro especialmente en Lucas; fe que se identifica con la conversi\u00f3n pedida por Jes\u00fas como respuesta a sus milagros (togion con los reproches a las ciudades del lago).<\/p>\n<p>c) Milagros de legitimaci\u00f3n. Estos milagros constituyen una justificaci\u00f3n del comportamiento de Jes\u00fas y al mismo tiempo una cr\u00ed\u00adtica de cierta mentalidad farisaica, incapaz de superar la letra de las prescripciones jur\u00ed\u00addicas. Consiguientemente, estos relatos de curaci\u00f3n tienen todos un car\u00e1cter de controversia (Mt 12,14; Le 14,13.17; Le 14,1-6; Me 1,40-45). Todas estas curaciones tienen la finalidad de justificar el comportamiento misericordioso de Jes\u00fas frente a las estrecheces humanas y el legalismo de los fariseos. Surten el efecto de encender contra \u00e9l el odio de los que tienen en sus manos el poder, y finalmente el de llevarlo a la muerte.<\/p>\n<p>d) Milagros de salvamento y milagros-dones. En estos dos tipos de milagros, la iniciativa viene de Jes\u00fas. En los milagros-dones, Jes\u00fas interviene en beneficio de la gente que no tiene qu\u00e9 comer (Me 6,36), de los invitados a los que les falta el vino (Jn 2;3), de unos pescadores que no han cogido nada (Le 5,5). El acontecimiento se refiere con suma discreci\u00f3n. S\u00f3lo se indica el resultado: se sacia el hambre de la gente, hay vino en abundancia, la red se llena de peces: Los milagros de salvamento se producen en una situaci\u00f3n m\u00e1s dram\u00e1tica todav\u00ed\u00ada (el caso de la tempestad calmada). Adem\u00e1s de su aspecto cristol\u00f3gico, estos milagros tienen un car\u00e1cter eclesial. As\u00ed\u00ad; en la tempestad calmada, Jes\u00fas protege a su peque\u00f1o reba\u00f1o contratoda tempestad. Estos milagros muestran -a la nueva comunidad de salvaci\u00f3n: reunida en torno a Jes\u00fas.<\/p>\n<p>e) Relatos de resurrecci\u00f3n. Algunos autores (p.ej., X. L\u00e9on-Dufour, G. Theissen) prefieren hablar de \u00abreanimaciones\u00bb m\u00e1s que de resurrecciones. Resulta ciertamente leg\u00ed\u00adtimo buscar una terminolog\u00ed\u00ada precisa y fiel a la realidad. Los que hablan entonces de \u00abreanimaci\u00f3n\u00bb m\u00e1s bien que de resurrecci\u00f3n est\u00e1n evidentemente preocupados por evitar cierto n\u00famero de ambig\u00fcedades. En los relatos evang\u00e9licos no se trata evidentemente de resurrecciones gloriosas, como la de Jes\u00fas; ni de un retorno definitivo a la vida, sino de una vida que emprende de nuevo su curso normal y que acabar\u00e1 con una muerte total y definitiva. L\u00e1zaro no tiene nada que contar sobre el m\u00e1s all\u00e1, sobre una life after life. Por otra parte, los evangelios no son unos tratados de escatolog\u00ed\u00ada. Dicho.esto, podemos preguntarnos si el t\u00e9rmino sugerido de \u00abreanimaci\u00f3n\u00bb no ser\u00e1 quiz\u00e1 m\u00e1s ambiguo que el t\u00e9rmino b\u00ed\u00adblico y cl\u00e1sico de resurrecci\u00f3n. En efecto, el t\u00e9rmino de \u00abreanimaci\u00f3n\u00bb tiene hoy una resonancia cl\u00ed\u00adnica dif\u00ed\u00adcil de borrar. Se habla, en los hospitales, de sala de \u00abreanimaci\u00f3n\u00bb, tras una breve anestesia; se intenta \u00abreanimar\u00bb afino que ha estado a punto de ahogarse, practic\u00e1ndole la respiraci\u00f3n artificial; se \u00abreanima\u00bb a uno que sufre una insuficiencia card\u00ed\u00adaca moment\u00e1nea o un coma diab\u00e9tico. Adem\u00e1s, el t\u00e9rmino de \u00abreanimaci\u00f3n\u00bb, \u00bfe, fiel a la intenci\u00f3n del evangelista y del mismo Jes\u00fas? En todos los relatos evang\u00e9licos hay una convicci\u00f3n com\u00fan: se considera imposible un retorno a la vida. Para Jes\u00fas estas resurrecciones son signos de la venida del reino: \u00abLos muertos resucitan\u00bb dice en su respuesta a los enviados del Bautista (Le 7,22; Mt 11,5). En la intenci\u00f3n de los evangelistas, estos milagros tnanifiestan el poder de Jes\u00fas sobre la muerte, as\u00ed\u00ad como sobre la enfermedad y sobre el pecado. Bien pensadas todas las cosas, parece preferible hablar de relatos de \u00abresurrecci\u00f3n\u00bb, aunque sea dif\u00ed\u00adcil precisar a qu\u00e9 etapa hacia la muerte hab\u00ed\u00adan llegado los personajes de los que nos hablan los relatos evang\u00e9licos. Por lo menos, al hablar de resurrecci\u00f3n, se intenta hablar del retorno a la vida en alguno que se encontraba en el camino sin retorno que conduce a la muerte. Los milagros de resurrecci\u00f3n tienen una finalidad para Jes\u00fas y los evangelistas: representan una forma \u00fanica del poder de Jes\u00fas, a saber: el Hijo resucita a los muertos lo mismo que el Padre. Son signos mesi\u00e1nicos que piden un trato especial. Como la Biblia de Jerusal\u00e9n y como la edici\u00f3n de la TOB, conservamos el t\u00e9rmino de \u00abresurrecci\u00f3n\u00bb hasta que los especialistas propongan una terminolog\u00ed\u00ada manifiestamente superior a la que han consagrado muchos siglos de uso.<\/p>\n<p>5. PERSPECTIVA DE CADA EVANGELISTA. Para Marcos los milagros son actos de poder que designan a la persona de Jes\u00fas como aquel en quien se establece definitivamente el reino de Dios. En Mateo revelan al siervo de Yhwh, que cumple la voluntad misericordiosa de Dios con los oprimidos por la enfermedad y el pecado; Jes\u00fas es tambi\u00e9n el Se\u00f1or, que ejerce su poder. En Lucas, Jes\u00fas es el profeta mesi\u00e1nico qu\u00e9 trae la liberaci\u00f3n y la salvaci\u00f3n; en \u00e9l Dios \u00abvisita\u00bb a los hombres. Para Juan los milagros son signos de la gloria de Dios que habita en Jes\u00fas y el testimonio del padre por medio de las obras que le concede realizar al Hijo.<\/p>\n<p>En Marcos no se encuentra ning\u00fan t\u00ed\u00adtulo cristol\u00f3gico ligado a los. milagros; en Mateo, Jes\u00fas es siervo de Yhwh y Se\u00f1or; en Lucas es el profeta escatol\u00f3gico y el Se\u00f1or; en Juan es -el Hijo, el Verbo, la Palabra hecha carne, y los milagros manifiestan su gloria propiamente divina. En sustancia, los milagros tienen para los evangelistas el sentido que Jes\u00fas les- atribuye en sus logia.<\/p>\n<p>6. ORIGINALIDAD Y FINALIDAD DE LOS MILAGROS DE JES\u00daS. a) En t\u00e9rminos negativos hemos de decir que Jes\u00fas se niega a confundir milagro y prodigio. No quiere que le tengan por un mago, ni por un charlat\u00e1n, ni tampoco por un poseedor de secretos cient\u00ed\u00adficos. La&#8217;salv\u00e1ci\u00f3n que trae pasa por la cruz y s\u00f3lo ser\u00e1 reconocida en el momento en que quede totalmente cumplida su misi\u00f3n.<\/p>\n<p>b) En t\u00e9rminos positivos, el milagro est\u00e1 destinado a la salvaci\u00f3n del hombre. Jes\u00fas viene a restaurar al hombre y conferirle aquella salvaci\u00f3n a la que aspira en vano. El milagro visibiliza esta restauraci\u00f3n total. Cristo expulsa verdaderamente a los demonios, cura de verdad, resucita de verdad, porque salva verdaderamente al hombre. Sin embargo, en la tradici\u00f3n sin\u00f3ptica Jes\u00fas no es llamado salvador, sino el que viene a salvar lo que estaba perdido. Por eso los milagros est\u00e1n ligados al tema de la conversi\u00f3n, que introduce en el reino.<\/p>\n<p>e) El milagro se hace con vistas a una vocaci\u00f3n al reino; es \u00e9ste un aspecto que ilustra muy bien la curaci\u00f3n del -poseso de Gerasa (Mc 5,120). Este hombre est\u00e1 privado de todo: de su equilibrio som\u00e1tico y ps\u00ed\u00adquico, de su dignidad humana. Est\u00e1 alienado de s\u00ed\u00ad mismo y de la sociedad. Jes\u00fas lo restablece en su integridad de hombre, es decir, de- ser consciente y responsable, y lo reintegra a la sociedad: hace de \u00e9l un ser personal y socialmente sano. Pero la intenci\u00f3n del milagro no se detiene en la restauraci\u00f3n de la salud; se prolonga en una vocaci\u00f3n superior. Una vez curado, le pide a Jes\u00fas quedarse en su compa\u00f1\u00ed\u00ada (Mc 5,18). Jes\u00fas le dice entonces: \u00abVete a tu casa con los tuyos y cu\u00e9ntales todo lo que el Se\u00f1or, compadecido de ti, ha hecho contigo\u00bb (Mc 5,19). De un esclavo, Jes\u00fas hace un hombre libre y luego un evangelizador del reino: \u00abEl se fue y comenz\u00f3 a predicar por la Dec\u00e1polis lo que Jes\u00fas hab\u00ed\u00ada hecho con \u00e9l; y todos se admiraban\u00bb (Mc 5,20). El milagro no tiene sentido m\u00e1s que sobre ese fondo del proyecto de Dios sobre el hombre, a saber: la entrada en el reino. Posee a la vez una funci\u00f3n de liberaci\u00f3n Y de realizaci\u00f3n del hombre. Por medio del milagro Cristo recrea, re-construye al hombre y lo eleva a una plenitud de vida inesperada. Esta realizaci\u00f3n es el alba de la nueva creaci\u00f3n.<\/p>\n<p>d) El milagro establece entre Jes\u00fas y el beneficiado una relaci\u00f3n nueva, personal y transformadora. El hombre curado no tiene que observar escrupulosamente unos ritos m\u00e1gicos, sino entrar por la fe en relaci\u00f3n con Jes\u00fas. No cabe duda de que, en tiempos de Jes\u00fas, esa fe es imperfecta, pero es por lo menos petici\u00f3n suplicante y confiada a aquel que anuncia el reino y en el que se manifiesta el poder de Dios. El que un prodigio est\u00e9. de este modo ligado ala conversi\u00f3n ,y establezca entre Jes\u00fas y el favorecido por el milagro una relaci\u00f3n totalmente nueva y personal es un rasgo espec\u00ed\u00adfico del milagro cristiano.<\/p>\n<p>e) El hombre (bien sea el enfermo o bien los que.imploran su curaci\u00f3n) tiene, por tanto, un papel en el milagro, una participaci\u00f3n, que se expresa por una actitud de fe radical en Jes\u00fas, o al menos de disponibilidad, de apertura. El primer paso del hombre es reconocerse pobre, desvalido, \u00abnecesitado de salvaci\u00f3n\u00bb, hasta el punto de exclamar: \u00abJes\u00fas, hijo de David,\u00c2\u00a1ten compasi\u00f3n de m\u00ed\u00ad!\u00bb (Lc 8,39). Sin esta participaci\u00f3n m\u00ed\u00adnima del hombre, no podr\u00ed\u00ada obrar el mismo Cristo. Si el hombre se cierra y se endurece ante la salvaci\u00f3n que se le ofrece, no queda ning\u00fan resquicio para la acci\u00f3n de Dios: el milagro profundiza m\u00e1s a\u00fan la ceguera del hombre, hace m\u00e1s espesas sus tinieblas. Esta llamada a la participaci\u00f3n humana revela, al mismo tiempo que el poder de Dios, su fragilidad ante la libertad del hombre: \u00c2\u00a1riesgo supremo de un Dios que ha basado en el amor o en el rechazo la constituci\u00f3n de un pueblo de hijos llamados a compartir su propia vida!<br \/>\nf) Adem\u00e1s, los milagros son inseparables de la cruz. Jes\u00fas personifica el reino de Dios que destruye el reino de Satan\u00e1s; entonces, no es extra\u00f1o que la luz del uno ofusque las tinieblas del otro. Los exorcismos de Jes\u00fas son interpretados como la obra de Belceb\u00fa. Las curaciones hechas en favor de las ciudades del lago, en vez de llevar a la conversi\u00f3n, condujeron al endurecimiento. Los milagros de legitimaci\u00f3n, hechos en d\u00ed\u00ada del s\u00e1bado suscitaron el odio y engendraron la decisi\u00f3n de acabar con Jes\u00fas. Incluso el milagro de la multiplicaci\u00f3n de los panes fue mal comprendido y provoc\u00f3 el abandono o la duda. Esa es la dial\u00e9ctica del poder-impotencia y de la gloria-humillaci\u00f3n de Jes\u00fas. De suyo, el milagro est\u00e1 destinado a orientar hacia el reino, pero el hombre puede ver el prodigio y cerrarse al signo. Jes\u00fas es el portador de una salvaci\u00f3n que pasa por la conversi\u00f3n; por eso sus obras, sus milagros, son el lugar de una opci\u00f3n dram\u00e1tica. Acoger los signos es acoger a Jes\u00fas y entrar por los caminos de la conversi\u00f3n. Y precisamente porque Jes\u00fas rechaz\u00f3 cualquier otra lectura de sus milagros distinta de la que los presenta como signos del reno y como invitaci\u00f3n a entrar en \u00e9l por los caminos de la conversi\u00f3n, por eso fue finalmente condenado (Jn 11,53).<\/p>\n<p>g) Los milagros de Jes\u00fas tienen un car\u00e1cter \u00abeclesial\u00bb. Jes\u00fas no es un simple carism\u00e1tico, que realiza por su cuenta unos milagros para su tiempo; trae una salvaci\u00f3n universal, cuya fuente nunca se agota. Por eso da a sus disc\u00ed\u00adpulos el poder de anunciar el reino, as\u00ed\u00ad como el de curar a los enfermos y echar a los demonios (Mt 10,8), es decir, el doble poder que \u00e9l mismo ejerce. Sus milagros son el signo de la comunidad de salvaci\u00f3n, que sigue ofreciendo la salvaci\u00f3n inaugurada en el grupo de los doce, pero que se perpet\u00faa a trav\u00e9s de los siglos y se extiende a todas las naciones (Mt 16,15-18; He 5,12).<\/p>\n<p>h) Por los milagros de Jes\u00fas, el futuro invade el presente. Con Jes\u00fas el reino de Dios invade nuestro mundo (Mt 12,28). La salvaci\u00f3n se convierte en un \u00abhoy\u00bb que resuena y opera. Despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n, cuando la Iglesia se vuelve hacia Jes\u00fas, es para recordar el pasado que estableci\u00f3 el reino e inaugur\u00f3 el mundo nuevo aguardando su pleno cumplimiento. De momento se nos dan unos signos que vienen de la tierra prometida, de forma intermitente, como una luz interestelar, que nos deja vislumbrar dimensiones inauditas.<\/p>\n<p>i) Finalmente, los milagros de Jes\u00fas nos orientan hacia la revelaci\u00f3n de su persona. Si Jes\u00fas es el \u00fanico que trae el reino y la salvaci\u00f3n escatol\u00f3gica, la raz\u00f3n \u00faltima de ello est\u00e1 en el misterio de su persona. Esta trascendencia de Jes\u00fas, en el momento de su paso terreno por Palestina, no aparece m\u00e1s que impl\u00ed\u00adcitamente en el ejercicio de la salvaci\u00f3n que \u00e9l manifiesta por sus obras. Antes de pascua todo est\u00e1 all\u00ed\u00ad, pero al mismo tiempo todo est\u00e1 por recuperar: el sentido \u00faltimo de los milagros de Jes\u00fas no se captar\u00e1 plenamente m\u00e1s que a la luz de la experiencia eclesial de pascua, que har\u00e1 descubrir la plena identidad de Jes\u00fas: Cristo, Se\u00f1or, Hijo de Dios. Antes de pascua, los gestos est\u00e1n puestos: orientan hacia la presencia de una trascendencia personal; \u00bfpero c\u00f3mo percibir entonces la identidad del Dios vivo en la carne y en los gestos del hombre Jes\u00fas?<\/p>\n<p>7. NOCI\u00ed\u201cN CAT\u00ed\u201cLICA DEL MILAGRO. a) Terminolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica. En el AT los milagros son llamados terata, es decir, prodigios. El Deuterqnomio, as\u00ed\u00ad como el NT, une con frecuencia dos t\u00e9rminos, s\u00e9mela kai terata, para significar que se trata de un prodigio sagrado. Otros vocablos, como thaumasia, esto es, hechos que suscitan la admiraci\u00f3n, y paradoxa, es decir, hechos inesperados, ponen de relieve el aspecto psicol\u00f3gico del milagro: se trata de un hecho ins\u00f3lito que suscita la admiraci\u00f3n, la extra\u00f1eza, la estupefacci\u00f3n del hombre.<\/p>\n<p>En el AT los milagros son calificados frecuentemente de adynata, es.decir, obras. propiamente divinas, que son imposibles ,para el hombre. En el evangelio de Juan se habla de erga (obras), es decir, las obras de Cristo en cuanto Hijo del Padre. Marcos y Mateo los llaman dynameis, o sea, manifestaciones y efectos del poder divino. Los milagros, como obras, . pertenecen a.. esa- gran \u00f3bra que Dios comenz\u00f3 con la creaci\u00f3n del mundo y que acab\u00f3 con la redenci\u00f3n; que es la nueva creaci\u00f3n. En cuanto manifestaciones de poderse relacionan con la dynamis divina, es decir, con esa acci\u00f3n. omnipotente por la que Dios vivifica y salva, tanto en el orden natural como en el sobrenatural. Estos t\u00e9rminos, concretamente erga y dynameis, ponen de manifiesto el aspecto ontol\u00f3gico del milagro y lo representan como una obra trascendente, o sea, imposible a las criaturas, y que supone, por tanto, una intervenci\u00f3n especial de la causalidad divina.<\/p>\n<p>Finalmente, tanto en el AT como en el NT, concretamente en san Juan, el milagro es llamado s\u00e9rneion, signo, vocablo que entra frecuentemente en composici\u00f3n con prodigio. En efecto, el milagro, m\u00e1s que un prodigio, es un signo dirigido por Dios. Es portador de una intenci\u00f3n divina que hay que saber leer en su contexto.<\/p>\n<p>b) Los datos de la tradici\u00f3n. Los tres aspectos que acabamos de mencionar (psicol\u00f3gico, ontol\u00f3gico, semiol\u00f3gico) aparecen a lo largo de toda la tradici\u00f3n patr\u00ed\u00adstica y teol\u00f3gica, aunque con una acentuaci\u00f3n y un relieve que var\u00ed\u00adan en el curso de los siglos. En particular, se observa cierta oscilaci\u00f3n entre el uspecto. factual y ontol\u00f3gico,que ve sobr\u00e9 todo en el milagro un hecho de trascendencia f\u00ed\u00adsica, y el aspecto semiol\u00f3gico, que lo considera ante todo como un signo dirigido por Dios.<\/p>\n<p>San Agust\u00ed\u00adn subraya particularmente los aspectos psicol\u00f3gico y semiol\u00f3gico. El milagro. es un fen\u00f3meno inesperado que rompe la monoton\u00ed\u00ada de lo cotidiano y, consiguientemente, provoca la admiraci\u00f3n.=En su perspectiva apolog\u00e9tica, frente a los- paganos, este efecto de choque se produce por lo ins\u00f3lito del milagro, a fin de servir de apoyo a la funci\u00f3n de signo que cumple: :Por su car\u00e1cter prodigioso, el milagro; invita al hombre carnal, que es legi\u00f3n, a elevar su mirada hacia el cielo para contemplar las realidades invisibles del mundo de la gracia.<\/p>\n<p>Con san Anselmo se pone el acento en la trascendencia m\u00e1s que en la finalidad del prodigio. El milagro es una acci\u00f3n que ha de atribuirse s\u00f3lo a Dios, ya que supera las fuerzas de todo el universo creado. Santo Tom\u00e1s, por su parte, manifiesta en sus obras que conoce y reconoce los tres aspectos del milagro mencionados por la Escritura. Pero cuando. llega a la definici\u00f3n del milagro, santo Tom\u00e1s, que se interesa ante todo por el efecto producido y por la causa que le es proporcionada, se sit\u00faa decididamente del lado de Dios, agente trascendente: \u00abUn hecho es milagroso cuando supera el orden de toda la naturaleza creada\u00bb (-&#8216;: Th. I, 110-4, c). La causa proporcionada al efecto producido, en su realidad ontol\u00f3gica, es Dios. Dios no.niega el orden de la naturaleza; pero en el caso del milagro lo supera, ya que su acci\u00f3n se ejerce en otro nivel. Se integra en un orden que es el orden total, universal, querido por Dios.<\/p>\n<p>Los escol\u00e1sticos, siguiendo a santo Tom\u00e1s y ateni\u00e9ndose a su definici\u00f3n m\u00e1s que a su doctrina del milagro, tomaron la costumbre de definir el milagro por su aspecto ontol\u00f3gico de hecho estrictamente divino, abandonando pr\u00e1cticamente los otros dos aspectos. As\u00ed\u00ad Pesch define. el milagro: \u00abUn efecto sensible que Dios produce fuera de la naturaleza\u00bb (Praelectiones dogmaticae). Y Garrigou-Lagrange: \u00abUn hecho producido por Dios en el mundo fuera del orden de actuaci\u00f3n de.toda la naturaleza creada\u00bb (De revelatione, vol. 2, p. 40, ed. de 1950). Uno de los m\u00e9ritos de M. Blondel fue el poner de nuevo de relieve el aspecto semiol\u00f3gico del milagro: El milagro es el signo de esa bondad \u00abanormal\u00bb que Dios manifiesta en el evangelio de la salvaci\u00f3n. La teolog\u00ed\u00ada de la posguerra se caracteriza por un esfuerzo por integrar arm\u00f3nicamente los tres aspectos esenciales del milagro.<\/p>\n<p>c) Las indicaciones del magisterio. Sin pretender sacar de los documentos del magisterio una definici\u00f3n del milagro que nunca han pretendido dar, encontramos sin embargo en ellos los tres aspectos constantemente afirmados por la Escritura y por la tradici\u00f3n. As\u00ed\u00ad, el Vaticano I considera los milagros como hechos divinos, esto es, que tienen a Dios por autor. Los milagros son adem\u00e1s signos de la revelaci\u00f3n: signos presentados por Dios para ayudarnos a reconocer que Dios ha hablado a la humanidad. El Vaticano II habla de las obras, los signos y los milagros por los que Cristo revela y atestigua a la vezel origen divino de la revelaci\u00f3n. Estos tres t\u00e9rminos representan los tres aspectos del milagro.<\/p>\n<p>8. DEFINICI\u00ed\u201cN DEL MILAGRO. Utilizando y agrupando los datos de la Escritura y de la tradici\u00f3n, podemos proponer esta definici\u00f3n del milagro: \u00abUn prodigio religioso, que expresa en el orden c\u00f3smico (el hombre y su universo) una intervenci\u00f3n especial y gratuita del Dios de poder y de amor, que dirige a los hombres un signo de la presencia en el mundo de su palabra de salvaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>a) Un prodigio en el orden c\u00f3smico: Evidentemente, prodigio no es sin\u00f3nimo de milagro, pero el milagro, por uno de sus aspectos, entra en el orden de los. prodigios: es un fen\u00f3meno ins\u00f3lito, que rompe con el curso habitual de las cosas tal como se ha observado a lo largo de. los siglos. Por ejemplo, la curaci\u00f3n del leproso: \u00abQuiero; queda limpio. Y al instante qued\u00f3 limpio\u00bb (Me 1,41-42), o la curaci\u00f3n de un ciego de nacimiento. Se trata de algo nunca visto ni o\u00ed\u00addo. De aqu\u00ed\u00ad. se deriva un efecto de. choque, de sorpresa, y luego de admiraci\u00f3n.<\/p>\n<p>b). Un prodigio religioso y sagrado. Al decir esto se excluye ya desde el principio todo prodigio que se realice en un contexto profano, aunque se trata de un hecho que desborde toda imaginaci\u00f3n, as\u00ed\u00ad como lo que pertenece a la categor\u00ed\u00ada delo maravilloso, de lo m\u00e1gico, de lo fabuloso, de lo legendario, de lo m\u00ed\u00adtico. En efecto, en un contexto profano el milagro no tendr\u00ed\u00ada ning\u00fan sentido y ninguna raz\u00f3n de ser. La explicaci\u00f3n del fen\u00f3meno, por muy prodigioso y enorme que sea, debe buscarse en su nivel, es decir, en el nivel de las causas naturales y en el orden profano.<\/p>\n<p>Por contexto religioso entendemos un. conjunto de circunstancias que confieren al prodigio una estructura, al menos aparente, de signo divino. La fenomenolog\u00ed\u00ada nos informa de estas circunstancias. Por ejemplo: 1) el milagro ocurre despu\u00e9s de una oraci\u00f3n humilde, confiada, perseverante por parte del enfermo o de su entorno; 2) el milagro acompa\u00f1a a una vida de santidad heroica, como signo de una uni\u00f3n total con Dios y de una participaci\u00f3n en su fuerza de vida (en el cura de Ars, en Francisco de As\u00ed\u00ads, en Francisco Javier); 3) . el milagro viene a autentificar una misi\u00f3n que se pretende haber sido recibida de Dios: tal es el caso de los profetas, de Cristo, de los ap\u00f3stoles. En todos estos casos se da una coherencia perfecta entre el prodigio y la llamada hecha a Dios, lo mismo que ocurre en el trato entre las personas, cuando uno obtiene la respuesta que solicita, de acuerdo con la petici\u00f3n que ha hecho. En el caso de los milagros de Jes\u00fas, \u00e9stos se inscriben en un contexto todav\u00ed\u00ada m\u00e1s amplio, m\u00e1s englobante. En \u00e9l el milagro no es una realidad aislada; se integra, con todo un conjunto de signos del mismo nivel (mensaje, santidad, pasi\u00f3n, resurrecci\u00f3n, fundaci\u00f3n de la Iglesia), en esa econom\u00ed\u00ada total por la que Dios salva al hombre en Jesucristo. Hay que hablar aqu\u00ed\u00ad de una constelaci\u00f3n de signos, entre los que el milagro no es m\u00e1s que uno de tantos puntos luminosos.<\/p>\n<p>c) Una intervenci\u00f3n especial y gratuita del Dios de poder y de amor. Subrayamos as\u00ed\u00ad que el milagro, como signo y anticipaci\u00f3n de una salvaci\u00f3n sobrenatural, procede de una intervenci\u00f3n de Dios no menos especial y gratuita (al menos en su modo de producci\u00f3n) que la salvaci\u00f3n misma; por consiguiente, es diferente de la conservaci\u00f3n y del gobierno habituales del universo. Es una obra de la omnipotencia de Dios, \u00abcontraria a la naturaleza\u00bb en su aspecto m\u00e1s impresionante de prodigio, pero en realidad \u00absuperior a la naturaleza\u00bb, trascendi\u00e9ndola, como signo de la transformaci\u00f3n gratuita del hombre y del universo por el amor de Dios que salva y renueva todas las cosas, no solamente en apariencia, sino en verdad; .no solamente para los hombres de ayer, sino para los de hoy y para los de todos los tiempos.<\/p>\n<p>Evidentemente, cuando se trata de expresar lo que se produce en el nivel de: los fen\u00f3menos bajo la acci\u00f3n de Dios (una acci\u00f3n sin comparaci\u00f3n alguna con la del hombre), nosotros no podemos hacer otra cosa que balbucear: nos faltan las palabras. Unos hablan de la superaci\u00f3n de los determinismos habituales, de la superaci\u00f3n radical y repentina de unos l\u00ed\u00admites que se juzgan infranqueables; otros, de una aceleraci\u00f3n fulgurante de los procesos de restauraci\u00f3n, en contraste con la temporalidad y la continuidad, rasgos caracter\u00ed\u00adsticos de lo fenom\u00e9nico: es como si se atravesara la barrera del espacio y del tiempo, a la manera del Cristo resucitado, que escapa de la distancia y de la duraci\u00f3n y deja vislumbrar furtivamente algo del mundo glorificado. Dios no act\u00faa a la manera de un actor inesperado que se introdujera por sorpresa en el escenario de la humanidad; es omnipresente y act\u00faa en su nivel, que es el de Dios, causa primera, con la soberan\u00ed\u00ada del Dios creador y re-creador del hombre. La naturaleza es menos violentada que restaurada, elevada, dinamizada. No hay ning\u00fan argumento decisivo (si se excluye la arbitrariedad o el prejuicio) para reducir el milagro al nivel de los sucesos ordinarios o de las felices coincidencias. A1 contrario, es soberanamente coherente e inteligible que la gratuidad del acontecimiento \u00fanico y desconcertante de Dios hecho carne, lenguaje y v\u00ed\u00adctima santificada, sea \u00e9l mismo \u00abse\u00f1alado\u00bb por unos acontecimientos que derivan de la misma gratuidad, como la restauraci\u00f3n o la transformaci\u00f3n de la vida corporal por el milagro y la resurrecci\u00f3n, o la transformaci\u00f3n del hombre entero por la santidad. Si Cristo est\u00e1 entre nosotros como Hijo del Dios vivo, es coherente que ponga signos expresivos de su gloria. La presencia entre nosotros de Dios, Esp\u00ed\u00adritu por excelencia, es una \u00abcosa enorme\u00bb: si ese hecho in\u00e9dito no estuviera acompa\u00f1ado de la presencia en nuestro mundo de unos acontecimientos firmados por Dios, \u00bfqui\u00e9n podr\u00ed\u00ada asegurarnos que no somos v\u00ed\u00adctimas del m\u00e1s colosal de los enga\u00f1os? Es infinitamente m\u00e1s dif\u00ed\u00adcil aceptar la encarnaci\u00f3n que el milagro. Maurice Blondel demuestra una buena salud mental y religiosa cuando declara lisa y llanamente que la contrariedad aparente introducida por el milagro \u00abmanifiesta anal\u00f3gicamente la real derogaci\u00f3n que el orden de la gracia y de la caridad introduce en las relaciones entre Dios y el hombre&#8230; Dios hace que se vislumbre por unos signos anormales su bondad anormal\u00bb. Si a\u00f1adimos a ello que se trata de una intervenci\u00f3n dei Dios de poder y de amor, .es precisamente para significar que el milagro no es una pura demostraci\u00f3n de poder, sirio un gesto de amor: una obra com\u00fan del Padre y ,del Hijo, nacida de su mutuo amor. De este modo, el milagro no revela su verdadera naturaleza m\u00e1s que cuando se le considera desde el punto de vista de Dios, no menos que desde el punto de vista del hombre.<\/p>\n<p>d) Un signo divino: El milagro es signo de la venida al mundo de la Palabra de salvaci\u00f3n. Aqu\u00ed\u00ad la palabra capital es l signo. Porque el milagro, como totalidad, es un prodigio-significante, una acci\u00f3n-signo. Este aspecto intencional o semiol\u00f3gieo del milagro constituye su elemento formal. Se trata de un signo interpelante e interpersonal, portador de una intenci\u00f3n divina y dirigido al hombre como un lenguaje divino, como una palabra concreta y urgente de Dios para darle a comprender que ha llegado la salvaci\u00f3n. Por consiguiente, los milagros no son acontecimientos hist\u00f3ricos cerrados sobre s\u00ed\u00ad mismos, sino mediaciones que orientan hacia un m\u00e1s all\u00e1. Hacen entender que la salvaci\u00f3n anunciada es verdad, porque est\u00e1 ya presente. Los milagros de Lourdes tienen este mismo sentido: orientan hacia la salvaci\u00f3n y hacia el que los env\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>El milagro guarda siempre relaci\u00f3n con el acontecimiento de la Palabra de salvaci\u00f3n, tanto si se trata de la palabra del AT que anuncia y promete la salvaci\u00f3n venidera como de la palabra de Dios hecha carne y acontecimiento en Jesucristo, o bien de la palabra de la Iglesia, que hace presente y actual hasta el final de los tiempos la palabra de salvaci\u00f3n dada una vez por todas. El milagro est\u00e1 siempre al servicio de la Palabra, bien como elemento de la revelaci\u00f3n, bien como testimonio de su autenticidad y de su eficacia.<\/p>\n<p>9. VALORES SIGNIFICATIVOS Y FUNCIONES DEL MILAGRO- Afirmar que el milagro es un signo es plantear el problema de las funciones significativas del milagro. El Vaticano I sobre todo puso de relieve su funci\u00f3n confirmativa o jur\u00ed\u00addica. Hechos-divinos, pruebas, signos; los milagros tienen la funci\u00f3n de establecer \u00abel origen divino de la religi\u00f3n cristiana\u00bb (DS 3009, 3034). El Vaticano II reconoce una doble funci\u00f3n a los milagros: una funci\u00f3n de revelaci\u00f3n y una funci\u00f3n de testimonio. Por una parte son portadores de la revelaci\u00f3n, por el mismo t\u00ed\u00adtulo que las palabras de Cristo; por otra atestiguan la verdad del testimonio de Cristo y la autenticidad de la revelaci\u00f3n que es \u00e9l en persona (DV 4). Poniendo de manifiesto estas dos funciones dei milagro, el magisterio no pretende sin embargo agotar todas sus riquezas de significaci\u00f3n y de expresividad. De hecho, el milagro es un signo polivalente. Act\u00faa en varios planos a la vez, apunta en varias direcciones. Es el NT el que mejor manifiesta esta diversidad de funciones del milagro, que conviene detallar antes de sistematizarlas.<\/p>\n<p>a) Signos del poder de Dios. Los milagros son obras selladas por el poder de Dios. En los sin\u00f3pticos, los milagros de Cristo son epifan\u00ed\u00adas del salvador, manifestaciones de su poder universal y absoluto. Cristo act\u00faa en su propio nombre. Cura con una palabra; echa a los demonios: sin esfuerzo; calma la tempestad con tina orden; resucita a los muertos con su sola palabra. Su poder s\u00f3lo~se ve limitado por el odio, el rechazo, la rebeld\u00ed\u00ada de los hombres. En san Juan, los milagros son las obras comunes del Padre y del Hijo: manifiestan que el poder est\u00e1 en Cristo como en el Padre. Cristo es Dios presente entre nosotros, con el poder del Dios vivo, creador de vida y de muerte. Su gloria es la de Yhwh.<\/p>\n<p>b) Los milagros de Cristo son manifest&#038;iones de su caridad, activa y compasiva, que se inclina sobre toda miseria. A veces la iniciativa viene del propio Cristo, que se adelanta a la s\u00faplica de los hombres (multiplicaci\u00f3n de los panes, resurrecci\u00f3n del hijo de la viuda de Na\u00ed\u00adn, curaci\u00f3n del hombre de la mano seca, de la mujer encorvada). Otros milagros se presentan como respuesta de Cristo a una plegaria, a veces claramente expresada, a veces silenciosa, envuelta en un gesto, en una actitud (los ciegos de Jeric\u00f3, la cananea, el centuri\u00f3n, Jairo, Marta y Mar\u00ed\u00ada). Dios \u00abvisita\u00bb a la humanidad en el coraz\u00f3n de sus debilidades. Los milagros son la respuesta de la agape de Dios a la llamada de la miseria humana. Dios es amor, y ese amor, en Cristo, toma forma humana, coraz\u00f3n humano, para hacer perceptible al hombre la intensidad del amor divino.<\/p>\n<p>c) Signos de la llegada del reino mesi\u00e1nico. Bajo este aspecto, los milagros se relacionan con el tema m\u00e1s amplio del cumplimiento de las Escrituras. Significan que el reino de Dios anunciado por los profetas desde hac\u00ed\u00ada siglos ha llegado finalmente. En Jes\u00fas de Nazaret est\u00e1 presente el mes\u00ed\u00adas. Los hombres quedan curados de sus enfermedades, liberados del pecado, y se proclama el evangelio. Las curaciones y los exorcismos muestran y demuestran que el reino de Satan\u00e1s queda destruido y que el reino de Dios ha llegado (Lc 7,22; Mt 12,28), Donde est\u00e1 Cristo, all\u00ed\u00ad act\u00faa la fuerza de la salvaci\u00f3n y de la vida anunciada por los profetas: triunfa de la enfermedad y de la muerte, as\u00ed\u00ad como del pecado y de Satan\u00e1s. El reino est\u00e1 presente y activo: Y- para que los hombres comprendan que el mundo nuevo.est\u00e1 en el coraz\u00f3n del: mundo antigua, Cristo visibiliza la salvaci\u00f3n total que anuncia.<br \/>\nd) Signos de una misi\u00f3n divina. En toda la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica, el milagrotiene como funci\u00f3n principal garantizar una misi\u00f3n divina. Tiene un valoren cierto modo jur\u00ed\u00addico; son las credenciales del enviado de Dios. As\u00ed\u00ad, Mois\u00e9s se ve \u00abacreditado\u00bb por los prodigios que Dios realiza por medio de \u00e9l a la vista de todo el pueblo (Ex 4,1-9; 14,31). Cuando Cristo aparece, tiene que enfrentarse con esta exigencia tradicional (Mc 2,12; Mt 11,21; Jn 11,41-42). Esta funci\u00f3n jur\u00ed\u00addica, o confirmativa, o de testimonio, se pone de relieve especialmente en el evangelio de Juan: \u00abMuchos creyeron en \u00e9l al verlos milagros que hacia\u00bb (Jn 2,23). Nieodemo (Jn 3,2), el ciego de nacimiento (Jn 9,33), la muchedumbre (Jn 7,31) invocan espont\u00e1neamente este argumento. Esta funci\u00f3n jur\u00ed\u00addica de los milagros es m\u00e1s acusada todav\u00ed\u00ada en los Hechos que en los sin\u00f3pticos. El testimonio milagroso de los ap\u00f3stoles constituye un testimonio dado por Dios: \u00abEl Se\u00f1or confirmaba su doctrina de gracia realizando por su medio prodigios y milagros\u00bb (He 14,3; 4,33). Los milagros acreditan la palabra de los ap\u00f3stoles como aut\u00e9nticos embajadores de Cristo.<\/p>\n<p>e) Signos de la gloria de Cristo. Desde el punto de vista humano, los milagros son signos; pero desde. el punto de vista de Cristo son m\u00e1s concretamente las obras del Hijo. Considerados como obras, los milagros se relacionan con la conciencia que tiene Cristo de su filiaci\u00f3n divina: representan su actividad de Hijo entre los hombres. Tienen adem\u00e1s la funci\u00f3n de garantizar su misi\u00f3n de enviado de Dios, no es ya a t\u00ed\u00adtulo de simple profetaio de mes\u00ed\u00adas humano, sino como Hijo del Padre, que com parte con al- Padre-el conocimiento (Mt 11,27). y la omnipotencia (Mt 28,18). Los milagros son obras comunes del Padre y dei Hijo: designan a Cristo en su gloria de Hijo \u00fanico. Por eso Cristo no deja de remitir a sus oyentes a sus milagros como a un testimonio del Padre en su favor (Jn 5,36-37; 10,25). Como los milagros son la manifestaci\u00f3n del poder de Cristo-y lo designan en su gloria de Hijo \u00fani\u00e9o, su persona es tambi\u00e9n su centro de irradiaci\u00f3n y convergencia. Pero esta revelaci\u00f3n de las obras del Hijo, as\u00ed\u00ad corno la de su persona, se ve saldada con un fracaso, a pesar de estar destinada a revelar su gloria.<\/p>\n<p>f) Revelaci\u00f3n del misterio trinitario. El reconocimiento de los milagros como obras comunes del Padre y del.Hijo, nos introduce en el misterio de la misma vida trinitaria. Si las obras de Cristo son a la vez obras del Padre, que tiene en todo la iniciativa, y si por otra parte pertenecen al mismo tiempo al Hijo, ya que el Padre ha entregado al Hijo su poder para que el Hijo realice los milagros como obras propias, esto revela entre el Padre y el Hijo una alianza \u00fanica, un misterio de amor. Los milagros revelan que el Padre est\u00e1 en el Hijo y el Hijo en el. Padre, unidos por un mismo Esp\u00ed\u00adritu (Jn 14,10-11; 10,3738). Evidentemente, esta profundidad reveladora de los milagros no aparece con claridad m\u00e1s que a la luz del discurso .de Cristo y de la reflexi\u00f3n jo\u00e1nica, que despliega su sentido.<\/p>\n<p>g) S\u00ed\u00admbolos de la econom\u00ed\u00ada sacramental. La venida de Cristo inaugura un mundo nuevo: el mundo de la gracia. Lleva a cabo una revoluci\u00f3n: la de la salvaci\u00f3n por la cruz. El milagro deja ver, corno por transparencia, la transformaci\u00f3n realizada. Es la imagen expresiva de los dones espirituales ofrecidas a los hombres en la persona de Cristo. En los sin\u00f3pticos se esboza ya el l simbolismo de los milagros, concretamente en los relatos de la curaci\u00f3n del paral\u00ed\u00adtico, del leproso, de la mujer encorvada y en las curaciones por imposici\u00f3n de manos. Pero sobre todo en el evangelio de Juan es donde explota el simbolismo de los gestos de Jes\u00fas. Los milagros de Cristo nos revelan el misterio profundo de su persona y de la econom\u00ed\u00ada de la gracia que inaugura por los sacramentos: concretamente el bautismo (curaci\u00f3n del paral\u00ed\u00adtico por la palabra de Cristo que perdona los pecados y por el agua de la piscina que regenera; curaci\u00f3n del ciego de nacimiento en 1a piscina de Silo\u00e9 por Cristo, luz del mundo) y la eucarist\u00ed\u00ada (multiplicaci\u00f3n de los panes). Si el simbolismo de Juan es tan intenso, es porque act\u00faa en diferentes niveles de profundidad. Se arraiga en primer lugar en la encarnaci\u00f3n: el milagro es el poder de la Palabra hecha carne, que se despliega a trav\u00e9s de un gesto humano. Pero si el simbolismo jo\u00e1nico encuentra en el hombre tal resonancia, es tambi\u00e9n porque se apoya en las experiencias primordiales del hombre, ligadas al subconsciente m\u00e1s profundo: el agua, la luz, el fuego, el pan, la vida, la salvaci\u00f3n. Recurriendo de este modo a los grandes s\u00ed\u00admbolos de la humanidad, objetos a su vez de un uso multisecular en los textos del AT, san Juan da a los milagros de Jes\u00fas una fuerza de evocaci\u00f3n y unas resonancias que tocan todas las fibras del ser. Pero hemos de a\u00f1adir que, si Cristo es para Juan la luz, la vida, el agua, el pan, es en virtud de lo que es para nosotros en su misi\u00f3n de Hijo enviado por el Padre, a saber: el que salva a los hombres de las tinieblas del pecado y de la muerte.<\/p>\n<p>h) Signos de las transformaciones del mundo terminal. Finalmente, el milagro es el signo prefigurativo de las transformaciones que han de realizarse al final de los tiempos. Porque la redenci\u00f3n tiene que renovar todo lo que ha sido afectado por el pecado. El milagro es en primer lugar el signo de la liberaci\u00f3n y de la glorificaci\u00f3n de los cuerpos. El cuerpo de Cristo resucitado y glorificado es la anticipaci\u00f3n visible del destino final del hombre llamado a la comuni\u00f3n de vida con Dios y el testimonio de que esta glorificaci\u00f3n act\u00faa ya secretamente en el mundo para transformarlo. Los cuerpos liberados, sanados, agilizados, vivificados, resucitados revelan ya el triunfo final del Esp\u00ed\u00adritu que vivificar\u00e1 nuestros cuerpos mortales para revestirlos de la incorruptibilidad. El universo material est\u00e1 tambi\u00e9n a la espera de esta transformaci\u00f3n. Metido en el mismo surco que el hombre, tiene que participar de su glorificaci\u00f3n, lo mismo que particip\u00f3 de su pecado. San Pablo (Rom 8,19-21) ve al hombre y el universo arrastrados por el movimiento de la redenci\u00f3n hacia su \u00faltima glorificaci\u00f3n. Para san Pablo el universo no est\u00e1 destinado a ser aniquilado sino transformado y glorificado. El milagro anuncia y esboza esta transformaci\u00f3n definitiva cuando el poder de Dios, despu\u00e9s de destruir la muerte y el pecado, establezca todas las cosas en una indefectible novedad.<\/p>\n<p>Todas estas virtualidades significativas del milagro no son independientes unas de otras. Al contrario, cada una de ellas implica a las otras, ilumina a las otras, y se pasa de unas a otras mediante una transici\u00f3n insensible. Podemos, sin embargo, agrupar y sistematizar las funciones esenciales del, milagro en los cuatro cap\u00ed\u00adtulos siguientes:<br \/>\n1) El milagro ejerce en primer lugar una funci\u00f3n de comunicaci\u00f3n: manifiesta, de parte de Dios, su intenci\u00f3n de entablar con el hombre un di\u00e1logo de amistad. -Es como la salvaci\u00f3n amigable y preveniente, como una \u00abvisita\u00bb de Dios. El evangelio del reino se abre camino a trav\u00e9s de la caridad.<\/p>\n<p>2) En segundo lugar, el milagro ejerce una funci\u00f3n de revelaci\u00f3n. Se presenta corno un elemento constitutivo de una revelaci\u00f3n que se lleva a cabo por medio de \u00abacciones y palabras\u00bb (DV 2), de \u00absignos y milagros\u00bb (DV 4). El mensaje anuncia que Cristo ha venido a liberar, a purificar, a salvar al hombre. Pues bien el milagro muestra esta palabra de salvaci\u00f3n en ejercicio. Pone ante la vista la liberaci\u00f3n y la restauraci\u00f3n de los cuerpos. Es palabra activa, acto parlante. Tambi\u00e9n \u00e9l, a su manera, es evangelio, proclamaci\u00f3n, mensaje, luz, palabra. M\u00e1s todav\u00ed\u00ada: en cierto sentido, hay m\u00e1s en el milagro que en el discurso. Efectivamente, en la revelaci\u00f3n hay algo inefable que el discurso es incapaz de traducir. Entonces es cuando el milagro viene a apoyar y a profundizar la palabra. Con su fuerza de sugesti\u00f3n, con su dinamismo simb\u00f3lico, habla a los sentidos y al esp\u00ed\u00adritu. Sin el milagro que vivifica y salva a los cuerpos no habr\u00ed\u00adamos comprendido seguramente que Cristo tra\u00ed\u00ada la salvaci\u00f3n del hombre entero. El milagro es un elemento del reino que no es una cosa est\u00e1tica, sino una realidad din\u00e1mica que cambia la condici\u00f3n humana, que establece el se\u00f1or\u00ed\u00ado de Cristo sobre todas las cosas, incluidos los cuerpos y el cosmos.<\/p>\n<p>3) En tercer lugar, el milagro ejerce una funci\u00f3n de testimonio, como signo confirmativo, apolog\u00e9tico, jur\u00ed\u00addico. El milagro se presenta como las cartas credenciales del aut\u00e9ntico mensajero de Dios, como el sello de la omnipotencia de Dios sobre una misi\u00f3n o una palabra que apela a \u00e9l.. En el caso de Cristo, este testimonio tiene como objeto la afirmaci\u00f3n central de Cristo sobre su condici\u00f3n de enviado de Dios a t\u00ed\u00adtulo de Hijo del Padre. De este modo confirma la autenticidad divina del evangelio que \u00e9l proclama.<\/p>\n<p>4) Finalmente, .desde el punto de vista del hombre que es su beneficiario, el milagro se presenta como una intervenci\u00f3n liberadora y transformadora. A un hombre que ve menguada su vida por la enfermedad; a ten hombre que ya no cuenta para los vivos, puesto que ha dejado de rendir; a uno que ha sido excluido de la comunidad religiosa debido a su impureza legal; m\u00e1s a\u00fan, a un alienado, que ha dejado de ser due\u00f1o de sus decisiones, Jes\u00fas les devuelve la integridad f\u00ed\u00adsica y ps\u00ed\u00adquica, la dignidad humana y hasta la liberaci\u00f3n del pecado. Los libera de la enfermedad, del pecado y de todos los prejuicios que los convert\u00ed\u00adan en seres \u00abmarginados\u00bb. Esos hombres han vuelto a ser ellos mismos. Han encontrado la normalidad de sus relaciones con los dem\u00e1s. Pueden en adelante disponer de s\u00ed\u00ad mismos, orientarse, decidir: son \u00abhombres nuevos\u00bb. M\u00e1s todav\u00ed\u00ada: de unos esclavos \u00e9l ha hecho unos disc\u00ed\u00adpulos, unos anunciadores del reino. Esta funci\u00f3n de liberaci\u00f3n y de promoci\u00f3n del milagro es capaz de impresionar al hombre contempor\u00e1neo, que aspira invenciblemente a la libertad y ala realizaci\u00f3n plena de s\u00ed\u00ad mismo. El milagro interpela al hombre en el coraz\u00f3n de sus aspiraciones m\u00e1s profundas. De pronto se ve considerablemente incrementado su potencial de credibilidad. El milagro, al hacer ver la liberaci\u00f3n y la transformaci\u00f3n anunciadas por el evangelio, acredita al propio evangelio como aut\u00e9ntica buena nueva. Est\u00e1 a punto de nacer una humanidad nueva, en la que el alienado, el oprimido, el prisionero de ayer se ve invitado a entrar en el espacio de libertad creado por el amor crucificado y= resucitado. El milagro sirve a Cristo, ya que sirve a todo el hombre. El d\u00ed\u00ada en que \u00e9ste toma conciencia de esta novedad introducida en la historia, est\u00e1 ya cerca del reino.<\/p>\n<p>10. DISCERNIm\u00e1ENTO DEL MILAGRO. Despu\u00e9s de lo que hemos dicho de los milagros como signos de la, llegada del reino y de la salvaci\u00f3n en Jesucristo, es evidente que \u00e9stos no se dirigen solamente a las elites intelectuales, sino a todos los hombres de buena voluntad. Los milagros se dirigen a toda esa multitud de personas (instruidas o no instruidas) que tienen ojos, sentido com\u00fan y coraz\u00f3n. Porque, en definitiva, el juicio sobre el milagro coma signo de Dios es un problema religioso: se sit\u00faa en ese nivel de interioridad en donde el hombre ha decidido ya que \u00abse basta a s\u00ed\u00ad mismo\u00bb o, por el contrario, consciente de su miseria, se reconoce como pobre, fr\u00e1gil, desvalido, \u00abnecesitado de salvaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Es verdad que en tiempos de Jes\u00fas sus milagros representaban un momento privilegiado. Encontraban en Jes\u00fas y en su misi\u00f3n su ambiente original, su motivaci\u00f3n primera. Estos milagros, como hemos dicho, eran los \u00absignos fundadores\u00bb de la autenticidad de la gran presencia entre nosotros de aquel que es. Los milagros actuales son incapaces de reproducir aquel momento \u00fanico y de representar esa necesidad urgente de identificar a Jes\u00fas como Cristo y como Se\u00f1or. Adem\u00e1s, la raz\u00f3n cr\u00ed\u00adtica, que ya exist\u00ed\u00ada en tiempos de Jes\u00fas, tiene hoy m\u00e1s necesidad que nunca de los datos de la experiencia m\u00e9dica. Pero sigue siendo verdad que. el milagro, en su complejidad de prodigio y designo religioso, no interesa a ta ciencia m\u00e1s que por uno de sus aspectos.<\/p>\n<p>a) Dos niveles de discernimiento: Por eso creemos que el problema del discernimiento del milagro debe ser estudiado ante todo en el nivel del discernimiento espont\u00e1neo, tal como lo realiza el hombre que se ve de pronto enfrentado con el milagro, tanto si es una persona sencilla y poco culta como las turbas de Galilea; corno si es instruido y exigente como el hombre del siglo xx: el m\u00e9dico; el ingeniero, el te\u00f3logo, el canonista. La raz\u00f3n teol\u00f3gica puede a continuaci\u00f3n descomponer y analizar cada uno de los momentos de la dial\u00e9ctica que conduce al esp\u00ed\u00adritu del fen\u00f3meno observado al juicio que permite reconocer en el prodigio un signo de Dios, pero siempre en l\u00ed\u00adnea con el discernimiento espont\u00e1neo. El discernimiento espont\u00e1neo y el discernimiento teol\u00f3gico no deben oponerse como lo religioso a lo no religioso, sino como dos niveles y dos modos de aproximaci\u00f3n al mismo acontecimiento: un conocimiento intuitivo en el primer caso, discursivo y sistem\u00e1tico en el segundo.<\/p>\n<p>b) Discernimiento espont\u00e1neo. Puesto que en ambos casos es la inteligencia del milagro como totalidad de prodigio significante lo que se encuentra en el punto de partida, conviene ver c\u00f3mo ocurren las cosas en el nivel del discernimiento espont\u00e1neo. Tomemos como ejemplo el relato de la curaci\u00f3n del ciego de nacimiento (Jn 11) para captar en \u00e9l el dinamismo del milagro y la di\u00e1lectica del esp\u00ed\u00adritu que lo reconoce como tal. Lo que impresiona en este relato es el proceso de discernimiento y.la diversidad de reacciones de los testigos, siguiendo las disposiciones de su coraz\u00f3n. Al comienzo, se advierte en todos una .reacci\u00f3n de choque y de sorpresa ante el prodigio.que irrumpe bruscamente en su vida. Vienen luego los intentos de una raz\u00f3n desconcertada, el recurso a las hip\u00f3tesis para reintegrar el hecho en la normalidad: el personaje en cuesti\u00f3n. no es realmente el ciego de nacimiento, sino uno que se le \u00abparece\u00bb; Jes\u00fas no viene de Dios, sino del diablo, puesto que no observa el s\u00e1bado; los parientes interrogados como testigos se niegan a comprometerse por miedo a los fariseos; el ciego curado vuelve continuamente -con tenacidad . a los hechos, reafirmando su identidad de ciego de nacimiento y su curaci\u00f3n por Jes\u00fas; los adversarios tratan a Jes\u00fas de pecador, llenando. de injurias al ciego curado y expuls\u00e1ndolo de la sinagoga. Pero la presencia y el peso cada vez m\u00e1s impositivo de la \u00fanica hip\u00f3tesis que da sentido yconsistencia al acontecimiento y a su contexto conducen al ciego a reconocer en Jes\u00fas a su salvador, mientras que \u00abciegan\u00bb a los que pretenden estar en la luz.<\/p>\n<p>c) Discernimiento teol\u00f3gico. Lo que impresiona en el discernimiento espont\u00e1neo es el proceso que sigue el esp\u00ed\u00adritu: desde el principio el acontecimiento ins\u00f3lito y el contexto religioso est\u00e1n inseparablemente unidos y, por un juego de confrontaci\u00f3n continua, por un ir y venir incesante del hecho al sentido y del sentido al hecho, se pasa progresivamente del signo aparente a la autenticidad del signo divino. Lo mismo ocurre en el plano del discernimiento teol\u00f3gico: el esfuerzo de discernimiento recae en la comprensi\u00f3n de una totalidad significante. El problema se plantea en una perspectiva sint\u00e9tica que no a\u00ed\u00adsla jam\u00e1sel acontecimiento hist\u00f3ri= co atestiguado del sentido expresado por el contexto religioso en que se inserta. La identificaci\u00f3n del signo se hace por medio de aproximaciones sucesivas. Donde hay un verdadero milagro, all\u00ed\u00ad el significante y el significado se responden sin fallo alguno; lo factual y lo intencional se iluminan mutuamente, llevando a un juicio firme sobre la realidad del signo divino.<br \/>\nd) Componentes del signo y pericia m\u00e9dica. Puesto que el milagro es un signo, cada uno delos elementos que lo componen tiene que ser sometido a examen. Estos elementos son: el hecho mismo o en cuanto que est\u00e1 hist\u00f3ricamente atestiguado (examen que corresponde a la instancia hist\u00f3rica), en cuanto que es ins\u00f3lito y prodigioso (examen que pertenece a la instancia m\u00e9dica) y en cuanto inserto en un contexto religioso sin fallo alguno (examen que corresponde m\u00e1s directamente a la instancia eclesial).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, el examen de los elementos, del milagro es una obra de interdisciplinariedad. En esta llamada a las competencias especializadas no hay que tener miedo de llevar hasta la exasperaci\u00f3n las instancias, de la ciencia, sabiendo bien que la \u00faltima palabra sobre la candidatura del acontecimiento al t\u00ed\u00adtulo de milagro pertenece a la instancia eclesial, que, por otra parte, pronuncia un juicio prudencial, pero no infalible: Como los milagros son sobre todo curaciones de enfermedades, concederemos mayor atenci\u00f3n al papel de la pericia m\u00e9dica.<\/p>\n<p>El m\u00e9dico no tiene por qu\u00e9 pronunciar la palabra \u00abmilagro\u00bb. Si en el pasado se sent\u00ed\u00ada casi obligado a llevar \u00e9l solo todo el peso del veredicto (en virtud de la naturaleza del milagro concebido como excepci\u00f3n a las leyes de la naturaleza), ese pasado ha sido superado, ya que ahora se define mejor el milagro y sus elementos. Al m\u00e9dico se le pide que hable como m\u00e9dico: se le invita a evaluar lo que ha observado en el nivel de su competencia. No le toca a \u00e9l decir si habr\u00e1 o no milagros en el pr\u00f3ximo milenio; tampoco tiene por qu\u00e9 inquietarse ante la escasez o la multiplicaci\u00f3n de milagros en el mundo. En tiempos de Jes\u00fas hab\u00ed\u00ada que verificar la ecuaci\u00f3n: Jes\u00fas de Nazaret es, en realidad, el Cristo, el Se\u00f1or, el Hijo del Dios vivo. Pues bien, precisamente en la mentalidad jud\u00ed\u00ada el atributo divino por excelencia era el poder. Jes\u00fas necesitaba una tarjeta de identidad, un pasaporte; por eso se present\u00f3 con los atributos de la divinidad: el poder, la santidad, la sabidur\u00ed\u00ada. Hoy los milagros no tienen ya este car\u00e1cter de urgencia. Pero siguen siendo signos intermitentes de la presencia siempre activa de la palabra de salvaci\u00f3n en la historia. Por tanto, es sumamente conveniente que siga habiendo milagros, lo mismo que es coherente que \u00e9stos no pululen demasiado.<\/p>\n<p>Dicho esto, \u00bfqu\u00e9 es lo que hay que esperar de la pericia m\u00e9dica? Ante todo y sobre todo; que el m\u00e9dico observe, hable, describa y juzgue como m\u00e9dico, con todas las nuevas t\u00e9cnicas puestas a su disposici\u00f3n, hasta las m\u00e1s sofisticadas, sin olvidar las radiograf\u00ed\u00adas tomadas hasta el momento de la curaci\u00f3n, as\u00ed\u00ad como las radiograf\u00ed\u00adas tomadas inmediatamente despu\u00e9s. Aunque la ciencia m\u00e9dica revelase que las t\u00e9cnicas aplicadas en el pasado eran incompletas e insuficientes, no habr\u00ed\u00ada que sacar de ello la conclusi\u00f3n de que no existi\u00f3 una constataci\u00f3n de la intervenci\u00f3n divina. Los criterios propuestos por Benedicto XIV en 1740 serv\u00ed\u00adan para jalonar la investigaci\u00f3n, sin pretender reducirla o apagarla, sobre todo cuando se trata de llegar m\u00e1s adelante o a mayor profundidad. Cuanto m\u00e1s completa sea la pericia m\u00e9dica, m\u00e1s rico ser\u00e1 el dossier recogido y mayor ser\u00e1 el provecho que saque de ello el juicio prudencial de la Iglesia. En algunos ambientes m\u00e9dicos se siente injustamente una especie de alergia cuando se utiliza el t\u00e9rmino de instantaneidad o de casi-instantaneidad para calificar la rapidez fulgurante de ciertos casos de curaciones. La verdad es que este t\u00e9rmino no es m\u00e1s que un eco de los relatos evang\u00e9licos: \u00abQueda limpio -dijo-Jes\u00fas-. Y qued\u00f3 limpio\u00bb; \u00abtoma tu camilla y vete\u00bb; \u00abas\u00ed\u00ad lo quiero; c\u00farate\u00bb. Este t\u00e9rmino intenta expresar que Dios, cuando act\u00faa, act\u00faa corno Dios: tanto en el milagro como en la encarnaci\u00f3n. Tenemos cierta tendencia invencible a asimilar la acci\u00f3n divina a la acci\u00f3n humana. La verdad es que Dios est\u00e1 presente en el mundo, pero sin estar sometido a la exterioridad del espacio ni a la sucesi\u00f3n de los momentos. En las criaturas, el espacio separa, y es el tiempo el que permite acercar, organizar, unificar. Dios abraza el universo entero, pero sin tener que recorrer sus diversos rincones; est\u00e1 presente en todos los tiempos, pero sin tener que cambiar de huso horario para acudir hacia lo que viene. Opera en el espacio, pero sin tener que juntar puntos separados; opera en el tiempo, pero sin tener que instalarse en la duraci\u00f3n. Un milagro es una operaci\u00f3n soberanamente simple de Dios. La produce sin tener que pasar por el espacio y el tiempo, aunque el resultado de esa acci\u00f3n se presente a nuestros ojos como un antes y un despu\u00e9s. El milagro, m\u00e1s que ser contrario a la naturaleza, es superior a la naturaleza: la trasciende. Es una acci\u00f3n razonable, pero a escala de Dios. Es una obra eminentemente normal para Dios, ya que lo propio de Dios es crear y re-crear. En una palabra, Dios es Dios, y no tiene porque \u00abcopiar\u00bb al hombre. La desemejanza entre Dios y el hombre ser\u00e1 siempre infinita respecto a su semejanza. Por eso la ciencia siempre se quedar\u00e1 corta, siempre se ver\u00e1 desconcertada ante la acci\u00f3n de Dios. Dios escapa a nuestras medidas, ya que act\u00faa a su medida, que es la de Dios:<br \/>\nAs\u00ed\u00ad pues, hemos de ver en el milagro una realidad compleja, cuyo discernimiento met\u00f3dico apela a la interdisciplinariedad de la historia, de la pericia m\u00e9dica, de la f\u00ed\u00adsica, de la teolog\u00ed\u00ada, del derecho can\u00f3nico, de la experiencia eclesial. El juicio final, que realiza una s\u00ed\u00adntesis de todos los elementos recogidos, es prudencial y no infalible: le corresponde a la Iglesia. _<br \/>\n11. EL HOMBRE ANTE EL MILAGRO. Una curaci\u00f3n puede imponerse como hecho, pero no necesariamente como un signo divino. El discernimiento del milagro no es simplemente un problema de agudeza mental, de t\u00e9cnica, sino de actitud religiosa y moral. Discernir el milagro es abrirse al misterio de Dios que nos interpela en Jesucristo y es reconocer que el hombre es indigente y no puede bastarse a s\u00ed\u00ad mismo. Semejante actitud exige que el hombre entre dentro de s\u00ed\u00ad, hasta ese nivel de profundidad en donde se plantea la cuesti\u00f3n del sentido de la vida y de la salvaci\u00f3n del hombre. Pues bien, aceptar recibir la salvaci\u00f3n es renunciar a la autosuficiencia, y no hay nada tan duro para el hombre como esta moro-ficaci\u00f3n. En la medida en que esta actitud est\u00e9 presente o ausente, el milagro se interpretar\u00e1 de diferente manera: como un signo de Dios, como un hecho desconcertante o como un esc\u00e1ndalo. Los relatos evang\u00e9licos ilustran todo este abanico de actitudes del hombre ante el milagro. Los milagros son signos dirigidos por Cristo para orientar al hombre hacia el reino e invitarle a la conversi\u00f3n sin ir nunca en contra de \u00e9l. Por eso, el discernimiento concreto del milagro se efect\u00faa normalmente en un clima de gracia, que purifica y sostiene la libertad. Efectivamente, los milagros, sobre todo los de Jes\u00fas, confrontan al hombre con el sentido de la existencia. Pero, \u00bfc\u00f3mo concebir que Dios invite al hombre a una opci\u00f3n tan decisiva sin darle las ayudas necesarias que lo conduzcan a ello? Esta presencia efectiva e hist\u00f3rica de la gracia no significa que la raz\u00f3n humana sea incapaz por s\u00ed\u00ad misma de percibir los signos y su valor (DS 3876). En efecto, la raz\u00f3n teol\u00f3gica puede demostrar que no hay nada en la dial\u00e9ctica que conduzca del signo a lo significado que est\u00e9 estrictamente por encima del poder de la raz\u00f3n. Esto significa simplemente que, de hecho, la gracia de Dios act\u00faa desde el momento en que se trata de la empresa de la salvaci\u00f3n: por consiguiente, en los signos, tanto como en la revelaci\u00f3n y en la fe. Efectivamente, es la gracia la q\u00fce ayuda al hombre a descifrar correctamente-los signos y apercibirla relaci\u00f3n que \u00e9stos tienen con su salvaci\u00f3n personal, lo mismo que es la gracia la que le da el coraje de arrostrar la cuesti\u00f3n que plantea irremediablemente, en el caso de Jes\u00fas, la percepci\u00f3n de los signos.<\/p>\n<p>BIBL.: BIARD P., La puissance de Dieu, Par\u00ed\u00ads 1960; BouRLtx V., Incontro con Dio, Roma 1968; BROGLIE G. de, Los signos de credibilidad de la religi\u00f3n cristiana, Andorra 1965; BULTMANN R., Jesucristo y mitolog\u00ed\u00ada, Madrid 1970; ID, Sobre el problema del prodigio, en Creer y comprender I, Madrid 1974, 187-198; DER Loos H. van, The Miracles of Jesus, Leiden 1965; GEISLER N.L., Miracles and Modera Thought, Miehigan 1982; HARDON J.A., The Concept of Miracle from Si. 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Latourelle<\/p>\n<p>LATOURELLE &#8211; FISICHELLA, Diccionario de Teolog\u00ed\u00ada Fundamental, Paulinas, Madrid, 1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda Fundamental<\/b><\/p>\n<p>Cualquier suceso extraordinario y maravilloso; acontecimiento cuya causa no se conoce y que, por lo tanto, sorprende; acto del poder divino superior al orden natural y a las fuerzas humanas. En las Escrituras Hebreas, la palabra moh\u00c2\u00b7f\u00e9th, que a veces se traduce \u2020\u0153milagro\u2020\u009d, tambi\u00e9n significa \u2020\u0153portento presagioso\u2020\u009d, \u2020\u0153maravilla\u2020\u009d y \u2020\u0153prenda\u2020\u009d. (Dt 28:46; 1Cr 16:12, nota.) Se suele utilizar en combinaci\u00f3n con el t\u00e9rmino \u00c2\u00b4ohth, que significa \u2020\u0153se\u00f1al\u2020\u009d. (Dt 4:34.) En las Escrituras Griegas, la palabra d\u00fd\u00c2\u00b7na\u00c2\u00b7mis, \u2020\u0153poder\u2020\u009d, se traduce adem\u00e1s por \u2020\u0153fuerza\u2020\u009d, \u2020\u02dcobra poderosa\u2020\u2122, \u2020\u0153habilidad\u2020\u009d, \u2020\u0153capacidad\u2020\u009d, \u2020\u02dcmilagro\u2020\u2122 y \u2020\u02dcprodigio\u2020\u2122. (Mt 25:15; Lu 6:19; 1Co 12:10; CI, HAR, NM, Val.)<br \/>\nPara aquel que lo contempla, un milagro es algo que est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de lo que \u00e9l puede realizar o incluso de lo que puede entender plenamente. Adem\u00e1s, es una obra poderosa que requiere la intervenci\u00f3n de un poder o conocimiento mayor del que \u00e9l posee. Sin embargo, desde el punto de vista de aquel que es la fuente de tal poder, no es un milagro. El lo entiende y tiene la capacidad para hacerlo. Por consiguiente, muchas obras que Dios efect\u00faa son asombrosas para los seres humanos que las contemplan, pero son simplemente el ejercicio de su poder. Si alguien afirma creer en una deidad, en particular en el Dios de la creaci\u00f3n, no ser\u00ed\u00ada coherente negar el poder que Dios tiene para realizar cosas que inspiran temor en los hombres que las contemplan. (Ro 1:20; v\u00e9ase PODER, OBRAS PODEROSAS.)<\/p>\n<p>\u00bfSon compatibles los milagros con la ley natural?<br \/>\nMediante el estudio y la observaci\u00f3n, los investigadores han advertido en el universo la uniformidad de los fen\u00f3menos naturales y han reconocido que hay leyes que rigen esa uniformidad. Una de ellas es \u2020\u02dcla ley de la gravedad\u2020\u2122. Los cient\u00ed\u00adficos admiten la complejidad y, al mismo tiempo, seguridad, de esas leyes, y al llamarlas \u2020\u0153leyes\u2020\u009d, implican la existencia de Aquel que las puso en vigor. Los esc\u00e9pticos creen que el milagro viola las leyes que aceptan como naturales, irrevocables, inexorables; por lo tanto, el milagro no puede ocurrir, dicen ellos. Seg\u00fan esta actitud, todo lo que no es comprensible ni explicable por las leyes conocidas es imposible.<br \/>\nSin embargo, los cient\u00ed\u00adficos con experiencia son cada vez m\u00e1s reticentes a decir que algo es imposible. El profesor John R. Brobeck, de la universidad de Pensilvania, dijo: \u2020\u0153Un cient\u00ed\u00adfico ya no puede decir honradamente que algo es imposible. Solo puede decir que es improbable, y que en funci\u00f3n de nuestro conocimiento actual, es imposible explicarlo. La ciencia no puede decir que en la actualidad se conocen todas las propiedades de la materia y todas las formas de la energ\u00ed\u00ada [&#8230;]. [Para que un milagro se produzca,] ha de entrar en juego, adem\u00e1s, una fuente de energ\u00ed\u00ada desconocida en nuestras ciencias biol\u00f3gicas y fisiol\u00f3gicas. A esta fuente de energ\u00ed\u00ada se la identifica en nuestras Escrituras como el poder de Dios\u2020\u009d. (Time, 4 de julio de 1955.) El progreso de la ciencia desde entonces ha constatado la realidad de estas palabras.<br \/>\nIncluso en condiciones normales, los cient\u00ed\u00adficos no entienden completamente las propiedades del calor, la luz, el funcionamiento at\u00f3mico y nuclear, la electricidad o de cualquiera de las formas de la materia. Su comprensi\u00f3n de estas propiedades es todav\u00ed\u00ada m\u00e1s deficiente en condiciones extraordinarias o anormales. Por ejemplo, investigaciones recientes han permitido observar que en condiciones de fr\u00ed\u00ado extremo los elementos tienen un comportamiento extra\u00f1o. El plomo, que no es un buen conductor el\u00e9ctrico, sumergido en helio l\u00ed\u00adquido enfriado a \u2013271 \u00c2\u00b0C (\u2013456 \u00c2\u00b0F) se convierte extra\u00f1amente en un superconductor y en un potente electroim\u00e1n cuando se coloca un im\u00e1n cerca de \u00e9l. A esa temperatura tan baja el helio mismo parece desafiar la ley de la gravedad, pues sube por los laterales de la cubeta de precipitaci\u00f3n y se desborda. (Matter, \u2020\u0153Life Science Library\u2020\u009d, 1963, p\u00e1gs. 68, 69.)<br \/>\nEste descubrimiento es uno de los muchos que han asombrado a los cient\u00ed\u00adficos, pues al parecer desarticula sus ideas previas. \u00bfC\u00f3mo, pues, puede alguien decir que Dios viol\u00f3 sus propias leyes al ejecutar obras poderosas que parec\u00ed\u00adan sorprendentes y milagrosas a los hombres? Sin duda, el Creador del universo f\u00ed\u00adsico controla perfectamente lo que ha creado y puede manipular su creaci\u00f3n dentro del \u00e1mbito de las leyes que la rigen. (Job 38.) Puede causar las condiciones necesarias para la ejecuci\u00f3n de esas obras; puede acelerar, ralentizar, modificar o neutralizar reacciones. O pueden hacerlo los \u00e1ngeles, que son m\u00e1s poderosos que el hombre, en cumplimiento de la voluntad de Jehov\u00e1. (Ex 3:2; Sl 78:44-49.)<br \/>\nCiertamente el cient\u00ed\u00adfico no anula ni pasa por alto las leyes f\u00ed\u00adsicas cuando aplica m\u00e1s calor o fr\u00ed\u00ado, o m\u00e1s ox\u00ed\u00adgeno, etc., para acelerar o ralentizar un proceso qu\u00ed\u00admico. No obstante, los esc\u00e9pticos niegan los milagros de la Biblia, incluido el \u2020\u0153milagro\u2020\u009d de la creaci\u00f3n. De este modo en realidad est\u00e1n diciendo que conocen perfectamente todas las condiciones y procesos que se hayan dado jam\u00e1s. Es pretender que las obras del Creador se limiten a los estrechos confines del entendimiento que ellos tienen de las leyes que rigen el mundo material.<br \/>\nEsta incongruencia de los cient\u00ed\u00adficos ha sido reconocida por un profesor sueco de F\u00ed\u00adsica del Plasma, que dijo: \u2020\u0153Nadie pone en tela de juicio la obediencia de la atm\u00f3sfera de la Tierra a las leyes de la mec\u00e1nica y la f\u00ed\u00adsica at\u00f3mica. Sin embargo, puede resultarnos sumamente dif\u00ed\u00adcil determinar c\u00f3mo funcionan estas leyes con respecto a una determinada situaci\u00f3n relacionada con los fen\u00f3menos atmosf\u00e9ricos\u2020\u009d. (Worlds-Antiworlds, de H. Alfv\u00e9n, 1966, p\u00e1g. 5.) El profesor aplic\u00f3 esta idea al origen del universo. Dios estableci\u00f3 las leyes f\u00ed\u00adsicas que rigen la Tierra, el Sol y la Luna, dentro de cuyo marco los hombres han podido lograr cosas maravillosas. Seguramente Dios pod\u00ed\u00ada utilizar las leyes de manera que produjesen un resultado inesperado para los humanos. Por consiguiente, para El no presentar\u00ed\u00ada ning\u00fan problema dividir el mar Rojo de manera que \u2020\u0153las aguas [fuesen] un muro\u2020\u009d a cada lado. (Ex 14:22.) Aunque el andar sobre el agua es un hecho asombroso para el hombre, con qu\u00e9 facilidad se pudo llevar a cabo por el poder de \u2020\u0153Aquel que extiende los cielos justamente como una gasa fina, que los despliega como una tienda en la cual morar\u2020\u009d. Adem\u00e1s, se dice que Dios es el que ha creado y controla todas las cosas en los cielos, y tambi\u00e9n que \u2020\u0153debido a la abundancia de energ\u00ed\u00ada din\u00e1mica, porque \u00e9l tambi\u00e9n es vigoroso en poder, ninguna de ellas falta\u2020\u009d. (Isa 40:21, 22, 25, 26.)<br \/>\nPuesto que el reconocer la existencia de una ley, como la de la gravedad, supone aceptar que hay un legislador de inteligencia y poder incomparables y sobrehumanos, \u00bfpor qu\u00e9 poner en duda Su capacidad para hacer cosas maravillosas? \u00bfPor qu\u00e9 intentar limitar Su obra a la infinitesimalmente peque\u00f1a esfera del conocimiento y la experiencia del hombre? El patriarca Job habla de la oscuridad y la insensatez en la que Dios permite que est\u00e9n aquellos que de esta forma comparan su propia sabidur\u00ed\u00ada con la de El. (Job 12:16-25; comp\u00e1rese con Ro 1:18-23.)<\/p>\n<p>La adherencia de Dios a su ley moral. El Dios de la creaci\u00f3n no es un Dios antojadizo, que viola a capricho sus propias leyes. (Mal 3:6.) Este hecho se ve en su adherencia a sus leyes morales, que est\u00e1n en armon\u00ed\u00ada con sus leyes f\u00ed\u00adsicas, aunque son mucho m\u00e1s elevadas. Por ser un Dios justo, no puede pasar por alto la injusticia. \u2020\u0153T\u00fa eres de ojos demasiado puros para ver lo que es malo; y mirar a penoso af\u00e1n no puedes\u2020\u009d, dice uno de los profetas. (Hab 1:13; Ex 34:7.) Jehov\u00e1 le dio la siguiente ley a Israel: \u2020\u0153Alma ser\u00e1 por alma, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie\u2020\u009d. (Dt 19:21.) A fin de adherirse a su Ley, Dios necesitaba una base legal para perdonar a los hombres que se hab\u00ed\u00adan arrepentido y que estaban desamparados debido al pecado por el que estaban muriendo. (Ro 5:12; Sl 49:6-8.) Se apeg\u00f3 rigurosamente a la Ley, hasta el punto de sacrificar a su Hijo unig\u00e9nito como rescate por los pecados de la humanidad. (Mt 20:28.) El ap\u00f3stol Pablo se\u00f1ala que \u2020\u0153mediante la liberaci\u00f3n por el rescate pagado por Cristo Jes\u00fas\u2020\u009d, Jehov\u00e1 pudo \u2020\u0153exhibir su propia justicia [&#8230;], para que \u00e9l sea justo hasta al declarar justo al hombre que tiene fe en Jes\u00fas\u2020\u009d. (Ro 3:24, 26.) Si notamos que Dios no se retuvo de sacrificar a su Hijo amado por respeto a sus leyes morales, ciertamente podemos razonar que nunca necesitar\u00e1 \u2020\u0153violar\u2020\u009d sus leyes f\u00ed\u00adsicas para ejecutar cualquier cosa que desee dentro de su creaci\u00f3n material.<\/p>\n<p>\u00bfSon contrarios a la experiencia humana? La simple afirmaci\u00f3n de que los milagros no ocurrieron no prueba que en realidad no acontecieran. Una persona de nuestro tiempo puede cuestionar la veracidad de cualquier acontecimiento hist\u00f3rico registrado, pues no lo vivi\u00f3 y no existen testigos oculares vivos que lo atestig\u00fcen. Sin embargo, esto no cambia los hechos de la historia. Algunos ponen objeciones a los relatos de los milagros porque, seg\u00fan ellos, son contrarios a la experiencia humana, es decir, a la experiencia humana que ellos reconocen como verdad por sus observaciones, libros, etc. Si la ciencia se dejara guiar por este punto de vista, habr\u00ed\u00ada mucha menos investigaci\u00f3n, desarrollo de nuevos m\u00e9todos y descubrimientos. Por ejemplo, no habr\u00ed\u00ada seguido adelante la investigaci\u00f3n para curar las llamadas enfermedades \u2020\u0153incurables\u2020\u009d, ni se hubieran producido los viajes espaciales a los planetas o a lugares a\u00fan m\u00e1s lejanos del universo. Sin embargo, se sigue investigando y a veces la humanidad descubre cosas completamente nuevas. Lo que se ha logrado hasta el momento asombrar\u00ed\u00ada a los hombres de tiempos antiguos, y una buena parte de los sucesos cotidianos de hoy se considerar\u00ed\u00adan milagros.<\/p>\n<p>La l\u00f3gica no descarta el aspecto sobrenatural. Algunos de los que se oponen al relato b\u00ed\u00adblico sostienen que los milagros de la Biblia se pueden explicar de manera cient\u00ed\u00adfica y l\u00f3gica como simples sucesos naturales, y que los escritores b\u00ed\u00adblicos meramente atribuyeron estos sucesos a la intervenci\u00f3n de Dios. Es verdad que se utilizaron fen\u00f3menos naturales, como los terremotos (1Sa 14:15, 16; Mt 27:51), pero este hecho en s\u00ed\u00ad no prueba que Dios no interviniera en estos acontecimientos. No solo porque eran obras poderosas (por ejemplo, los terremotos mencionados antes), sino tambi\u00e9n porque se produjeron en el momento debido, se puede descartar la posibilidad de que dichos sucesos fueran casuales. Por ejemplo, algunos han afirmado que el man\u00e1 que se provey\u00f3 a los israelitas era una exudaci\u00f3n dulce y pegajosa que producen los tamariscos y algunos arbustos del desierto. Aun si esta dudosa afirmaci\u00f3n fuera cierta, la provisi\u00f3n del man\u00e1 todav\u00ed\u00ada ser\u00ed\u00ada milagrosa debido a cu\u00e1ndo se produc\u00ed\u00ada, pues no aparec\u00ed\u00ada en el suelo el s\u00e9ptimo d\u00ed\u00ada de cada semana. (Ex 16:4, 5, 25-27.) Adem\u00e1s, si se dejaba hasta la ma\u00f1ana siguiente, produc\u00ed\u00ada gusanos y hed\u00ed\u00ada, lo que no suced\u00ed\u00ada cuando se reservaba para el s\u00e1bado. (Ex 16:20, 24.) Tambi\u00e9n puede decirse que la afirmaci\u00f3n de que el man\u00e1 era una exudaci\u00f3n de ciertos \u00e1rboles no parece concordar completamente con la descripci\u00f3n que la Biblia da de \u00e9l. El man\u00e1 b\u00ed\u00adblico se encontraba en el suelo y se derret\u00ed\u00ada con el calor del Sol; pod\u00ed\u00ada machacarse en un mortero, molerse en un molino, cocerse o hervirse. (Ex 16:19-23; N\u00fa 11:8; v\u00e9ase MAN\u00ed\u0081.)<\/p>\n<p>La credibilidad del testimonio. El cristianismo se fundamenta en el milagro de la resurrecci\u00f3n de Jesucristo (1Co 15:16-19), que constataron fehacientemente m\u00e1s de 500 testigos oculares. (1Co 15:3-8; Hch 2:32.)<br \/>\nTambi\u00e9n se debe tener en cuenta el motivo de aquellos que aceptaron el milagro de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas. Muchas personas han sido perseguidas y han muerto por sus ideas religiosas, pol\u00ed\u00adticas o de otro tipo. Sin embargo, los cristianos que sufrieron persecuci\u00f3n no recibieron ning\u00fan tipo de ganancia material o pol\u00ed\u00adtica. M\u00e1s que conseguir poder, riqueza y prominencia, a menudo sufrieron la p\u00e9rdida de todas estas cosas. Predicaron la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, pero no utilizaron ninguna forma de violencia para promover sus creencias o defenderse. Y el que lee sus argumentos puede ver que eran personas razonables, no fan\u00e1ticas. Trataban de ayudar amorosamente a sus semejantes.<\/p>\n<p>Caracter\u00ed\u00adsticas de los milagros de la Biblia. Algunas de las caracter\u00ed\u00adsticas notables de los milagros b\u00ed\u00adblicos son: su naturaleza p\u00fablica, su sencillez, su prop\u00f3sito y su motivo. Algunos se obraron en privado o ante grupos peque\u00f1os (1Re 17:19-24; Mr 1:29-31; Hch 9:39-41), pero a menudo se hac\u00ed\u00adan en p\u00fablico, ante miles o incluso millones de observadores. (Ex 14:21-31; 19:16-19.) Jes\u00fas obraba a la vista de todo el mundo, no hac\u00ed\u00ada nada en secreto. Sanaba a todos los que acud\u00ed\u00adan a \u00e9l, y no fracasaba con el pretexto de que algunos no ten\u00ed\u00adan suficiente fe. (Mt 8:16; 9:35; 12:15.)<br \/>\nLa sencillez era una caracter\u00ed\u00adstica tanto de sus curaciones milagrosas como de su control sobre los elementos. (Mr 4:39; 5:25-29; 10:46-52.) A diferencia de las proezas m\u00e1gicas que precisaban de accesorios, escenificaci\u00f3n, iluminaci\u00f3n y rituales especiales, los milagros de la Biblia por lo general se hac\u00ed\u00adan sin exhibici\u00f3n espectacular, con frecuencia en respuesta a un encuentro casual o a una solicitud, y se llevaban a cabo en la v\u00ed\u00ada p\u00fablica o en un lugar no preparado. (1Re 13:3-6; Lu 7:11-15; Hch 28:3-6.)<br \/>\nEl motivo para realizar los milagros no era obtener prominencia ego\u00ed\u00adsta o riqueza, sino, principalmente, glorificar a Dios. (Jn 11:1-4, 15, 40.) Los milagros no eran actos misteriosos llevados a cabo simplemente para satisfacer la curiosidad o para causar asombro. Siempre ayudaban a otros, a veces directamente de una manera f\u00ed\u00adsica y siempre de una manera espiritual; encaminaban de nuevo a las personas hacia la adoraci\u00f3n verdadera. Tal como \u2020\u0153el dar testimonio de Jes\u00fas es lo que inspira el profetizar [\u2020\u0153es el esp\u00ed\u00adritu de la profec\u00ed\u00ada\u2020\u009d, notas]\u2020\u009d, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n muchos de los milagros identificaron a Jes\u00fas como el Enviado de Dios. (Rev 19:10.)<br \/>\nLos milagros b\u00ed\u00adblicos no estaban relacionados solo con cosas animadas, sino tambi\u00e9n inanimadas, como calmar el viento y el mar (Mt 8:24-27), impedir la lluvia y hacer que empezase a llover (1Re 17:1-7; 18:41-45) o convertir el agua en sangre o en vino (Ex 7:19-21; Jn 2:1-11). Asimismo, se efectuaron curaciones de enfermedades f\u00ed\u00adsicas de todo tipo, como la \u2020\u0153incurable\u2020\u009d lepra (2Re 5:1-14; Lu 17:11-19) y la ceguera de nacimiento. (Jn 9:1-7.) Esta gran variedad de milagros habla en favor de su credibilidad como actos respaldados por el Creador, pues es l\u00f3gico pensar que \u00fanicamente el Creador podr\u00ed\u00ada ejercer influencia en todos los campos de la experiencia humana y sobre todo tipo de materia.<\/p>\n<p>El prop\u00f3sito en la congregaci\u00f3n cristiana primitiva. Los milagros tuvieron varios prop\u00f3sitos importantes. Fundamentalmente, ayudaron a comprobar o a confirmar que cierto hombre recib\u00ed\u00ada poder y apoyo de Dios. (Ex 4:1-9.) Las personas llegaron a esta conclusi\u00f3n correcta tanto en el caso de Mois\u00e9s como en el de Jes\u00fas. (Ex 4:30, 31; Jn 9:17, 31-33.) Dios hab\u00ed\u00ada prometido por medio de Mois\u00e9s un profeta venidero. Los milagros de Jes\u00fas ayudaron a que los observadores lo identificaran como dicho profeta. (Dt 18:18; Jn 6:14.) En los comienzos del cristianismo, los milagros, en uni\u00f3n con el mensaje, sirvieron para ayudar a la gente a ver que la congregaci\u00f3n cristiana ten\u00ed\u00ada el respaldo divino y que se hab\u00ed\u00ada apartado del sistema de cosas jud\u00ed\u00ado. (Heb 2:3, 4.) Con el tiempo, los dones milagrosos del primer siglo ser\u00ed\u00adan eliminados. Solo fueron necesarios durante los comienzos de la congregaci\u00f3n cristiana. (1Co 13:8-11.)<br \/>\nCuando se lee el relato de Hechos de Ap\u00f3stoles, se ve que el esp\u00ed\u00adritu de Jehov\u00e1 obr\u00f3 r\u00e1pida y poderosamente en la formaci\u00f3n de las congregaciones y consigui\u00f3 que el cristianismo se arraigase con firmeza. (Hch 4:4; caps. 13, 14, 16\u201319.) En los pocos a\u00f1os transcurridos entre 33 y 70 E.C., se recogi\u00f3 a miles de creyentes en muchas congregaciones desde Babilonia hasta Roma, y quiz\u00e1s hasta puntos m\u00e1s occidentales. (1Pe 5:13; Ro 1:1, 7; 15:24.) Debe notarse que entonces exist\u00ed\u00adan pocas copias de las Escrituras. Normalmente solo las personas pudientes ten\u00ed\u00adan rollos o libros de cualquier clase. En las tierras paganas no hab\u00ed\u00ada conocimiento de la Biblia ni del Dios de la Biblia, Jehov\u00e1. Pr\u00e1cticamente toda la comunicaci\u00f3n era verbal. No exist\u00ed\u00adan comentarios b\u00ed\u00adblicos, concordancias ni enciclopedias disponibles para la gente. De modo que los dones milagrosos de conocimiento especial, sabidur\u00ed\u00ada, hablar en lenguas y discernimiento de declaraciones inspiradas eran fundamentales para la congregaci\u00f3n en aquel entonces. (1Co 12:4-11, 27-31.) Sin embargo, como escribi\u00f3 el ap\u00f3stol Pablo, cuando esas cosas ya no se necesitaran, ser\u00ed\u00adan eliminadas.<\/p>\n<p>La situaci\u00f3n actual es diferente. Hoy Dios no ejecuta milagros mediante sus siervos cristianos, porque todo lo que se necesita est\u00e1 disponible a la poblaci\u00f3n mundial que sabe leer, y para ayudar a los que no saben pero que quieren escuchar, hay cristianos maduros que han adquirido conocimiento y sabidur\u00ed\u00ada mediante el estudio y la experiencia. Dios no tiene que efectuar tales milagros en este tiempo para atestiguar que Jesucristo es el libertador nombrado por Dios o demostrar que respalda a sus siervos. Aun si Dios siguiera efectuando milagros por medio de sus siervos, esto no convencer\u00ed\u00ada a todo el mundo, pues ni siquiera los milagros de Jes\u00fas movieron a todos los testigos presenciales a aceptar sus ense\u00f1anzas. (Jn 12:9-11.) Por otra parte, la Biblia advierte a los burlones que a\u00fan se producir\u00e1n impresionantes actos de Dios en la destrucci\u00f3n del presente sistema de cosas. (2Pe 3:1-10; Rev 18, 19.)<br \/>\nPuede decirse en conclusi\u00f3n que los que niegan los milagros, o bien no creen que exista un Dios invisible y Creador, o bien no creen que haya ejercido su poder de ning\u00fan modo sobrenatural desde la creaci\u00f3n. No obstante, su incredulidad no deja sin efecto la Palabra de Dios. (Ro 3:3, 4.) Los relatos b\u00ed\u00adblicos de los milagros divinos y los buenos fines que consiguieron, en armon\u00ed\u00ada con las verdades y principios de su Palabra, inspiran confianza en Dios. Dan gran seguridad de que se interesa en la humanidad y de que puede proteger y proteger\u00e1 a los que le sirven. Los milagros fueron modelos t\u00ed\u00adpicos, y su registro fortalece la fe en que Dios intervendr\u00e1 en el futuro de un modo milagroso, curando y bendiciendo a la humanidad fiel. (Rev 21:4.)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia<\/b><\/p>\n<p>Sumario: 1. Elhombre frente almila gro:!. El hombre creyente y secularizado; 2. El hombre de la Biblia; 3. Ambig\u00fcedad del t\u00e9rmino \u2020\u0153milagro\u2020\u009d. II. Antiguo Testamento: 1. Terminolog\u00ed\u00ada; 2. La creaci\u00f3n y la historia, lugares del milagro: a) La concepci\u00f3n del mundo y de Ja historia, b) El milagro en sentido estricto; 3. El milagro en la historia: a) Los milagros del \u00e9xodo, b) Los milagros de los ciclos de Elias y El\u00ed\u00adseo; 4. El milagro y la fe: a) Necesidad de la fe, b) Origen y naturaleza de la fe; 5. El milagro y ia palabra; 6. Mensaje y finalidad del milagro: a) Palabra sensiblemente eficaz, b) Al servicio de la fe obediente; 7. Dios, autor del milagro. III. Nuevo Testamento: 1. Terminolog\u00ed\u00ada; 2. La concepci\u00f3n del mundo: a) Dios y el mundo, b) Jesucristo y el mundo; 3. Los milagros y la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas; 4. Los milagros y la fe en Cristo: a) La fe pascual, b) La fe de los milagros, c) No se especifica \u00c2\u00a1a naturaleza de la fe, d) La fe del taumaturgo; 5. Los milagros y la salvaci\u00f3n; 6. Los milagros y la palabra: a) Ambig\u00fcedad de los milagros, b) Complementariedad de los milagros con la palabra, c) Subordinaci\u00f3n de los milagros a la palabra; 7. Los milagros y su situaci\u00f3n literaria e hist\u00f3rica: a) Los relatos de milagros y los acontecimientos, b) Motivos de fiabilidad hist\u00f3rica. IV. En la Iglesia: 1. Existencia y funci\u00f3n del milagro; 2. Sus l\u00ed\u00admites y su continua puesta al d\u00ed\u00ada. V. Conclusi\u00f3n: 1. Los milagros del AT y del NT; 2. Los milagros entre la pascua y la parus\u00ed\u00ada.<br \/>\n2037<br \/>\n1. EL HOMBRE FRENTE AL MILAGRO.<br \/>\n2038<br \/>\n1. El hombre creyente y secularizado.<br \/>\nEn la tradici\u00f3n cristiana y en su literatura, como en otras tradiciones religiosas y sus respectivas obras literarias, el milagro est\u00e1 umversalmente presente, ocupa en ellas un lugar de relieve y en su singularidad es reconocido como normal por los creyentes. Tambi\u00e9n las religiones no cristianas, como el budismo, dan cabida al fen\u00f3meno milagroso, y sus libros contienen relatos de milagros. No cabe duda de que esta creencia en los milagros muestra una mentalidad distinta de la nuestra en el terreno cient\u00ed\u00adfico y en el filos\u00f3fico-religioso. Los antiguos, monote\u00ed\u00adstas y polite\u00ed\u00adstas, ten\u00ed\u00adan una concepci\u00f3n animista de la naturaleza: detr\u00e1s de un fen\u00f3meno misterioso, cotidiano u ocasional, como el salir del sol o la ca\u00ed\u00adda de la lluvia, favorable o siniestro, como el nacimiento de un ni\u00f1o o una enfermedad, ve\u00ed\u00adan la intervenci\u00f3n ben\u00e9fica o mal\u00e9fica de seres divinos, buenos o malos. Pero m\u00e1s all\u00e1 de la mentalidad ingenua, precient\u00ed\u00adfica y animista, est\u00e1 la convicci\u00f3n de la unidad del cosmos, de la integraci\u00f3n mutua de todos los seres, desde el m\u00e1s grande (Dios) hasta el m\u00e1s peque\u00f1o (un cabello de la cabeza), y sobre todo la fe en la influencia habitual de la divinidad en el curso del mundo y de la historia.<br \/>\nPues bien, \u2020\u0153la apolog\u00e9tica cl\u00e1sica valor\u00f3 de manera absolutamente privilegiada el argumento de la profec\u00ed\u00ada y del milagro en favor de una demostraci\u00f3n de la \u2020\u02dcdivinidad de Cristo\u2020\u2122. Actualmente, los muchos problemas planteados por la ex\u00e9gesis han motivado una gran perplejidad, de forma que es posible comprobar una imponente falta de inter\u00e9s por ellos, que raya en los l\u00ed\u00admites de la desconfianza. Parece como si el milagro y la profec\u00ed\u00ada se considerasen \u2020\u02dcmedios ingenuos\u2020\u2122 e insostenibles, que no est\u00e1n a la altura de las exigencias culturales del hombre moderno\u2020\u009d (G. Pattaro, Diccionario Teol\u00f3gico \u00ed\u00adnter disciplinar II, 167). El concilio Vaticano II, considerando justamente las obras, los signos y los milagros de Jes\u00fas en el contexto de toda la revelaci\u00f3n de Cristo, les reconoce una funci\u00f3n reveladora, al igual que la de la palabra evang\u00e9lica, y una funci\u00f3n testimonial en favor de la verdad de Cristo y de la autenticidad de su revelaci\u00f3n DV 4); pero se limita a recordar solamente los milagros evang\u00e9licos, y tan s\u00f3lo en pocas ocasiones (LG 5 DH 11; cf LG58).<br \/>\nPues bien, la diversa mentalidad del hombre moderno y contempor\u00e1neo se basa m\u00e1s en principios filos\u00f3fico-religiosos que en los puramente cient\u00ed\u00adficos. De hecho, la ciencia, al indagar la naturaleza y el origen de ciertos fen\u00f3menos -positivos (como la inspiraci\u00f3n art\u00ed\u00adstica) y negativos (como la enfermedad)-, restringe cada vez m\u00e1s el \u00e1rea de lo misterioso, sustray\u00e9ndolo a la presunta influencia de potencias divinas, benignas o adversas, e hipotetiza y a veces demuestra las causas de esos fen\u00f3menos y las leyes que los determinan o regulan. Sin embargo, la ciencia en cuanto tal sigue siendo neutra respecto a la posibilidad y al hecho de interferencias de potencias superiores al hombre y, evitando pronunciarse afirmativa o negativamente, se limita a estudiar y a se\u00f1alar el origen inmedito de los fen\u00f3menos, su naturaleza y sus leyes. La filosof\u00ed\u00ada moderna, a su vez, ya desde el principio excluy\u00f3 la intervenci\u00f3n de la divinidad en la naturaleza con la finalidad de producir cualquier efecto. As\u00ed\u00ad, B. Spinoza admiraba el milagro de la naturaleza; pero considerando a la divinidad como alma del mundo en coherencia con su pante\u00ed\u00adsmo, consideraba f\u00e9rreamente necesarios todos los fen\u00f3menos naturales y exclu\u00ed\u00ada el milagro como fen\u00f3meno no necesario. Igualmente, D. Hume rechazaba el milagro a pesar de su empirismo, que, permiti\u00e9ndole llegar solamente a la probabilidad de las leyes naturales, habr\u00ed\u00ada debido llevarlo a considerar el milagro al menos como probable. A su vez, F.M.A. Voltaire rechazaba el milagro porque lo consideraba un insulto a Dios: en el caso de haberlo hecho, Dios habr\u00ed\u00ada corregido la naturaleza, se habr\u00ed\u00ada corregido a s\u00ed\u00ad mismo. Pues bien, el modo de pensar de estos tres representantes del comienzo de la era moderna est\u00e1 sustancialmente presente en el t\u00e9cnico, en el cient\u00ed\u00adfico y especialmente en el pensador contempor\u00e1neo, que tiene una concepci\u00f3n secularizada de la naturaleza, propugna su total autonom\u00ed\u00ada respecto a Dios y defiende su completa separaci\u00f3n, excluyendo cualquier tipo de interferencia entre Dios y el mundo. Y por eso mismo se discute la posibilidad del milagro, entendido como derogaci\u00f3n, violaci\u00f3n y suspensi\u00f3n de las leyes de la naturaleza por obra de Dios.<br \/>\n2039<br \/>\n2. El hombre de la Biblia.<br \/>\nPues bien, el hombre de la Biblia (AT y NT) excluye una visi\u00f3n del mundo cerrado en s\u00ed\u00ad mismo, plenamente autosuficiente, celoso de su independencia total, profundamente convencido de que Dios es extra\u00f1o a \u00e9l y totalmente dispuesto a tratarlo como intruso en el caso de que Dios interviniera de alguna forma en sus vicisitudes. La fe en Dios, creador, se\u00f1or y fin de la creaci\u00f3n y del hombre, y la concepci\u00f3n del mundo y de la historia que de all\u00ed\u00ad se deriva, son incompatibles con semejante mentalidad; m\u00e1s a\u00fan, postulan un di\u00e1logo-relaci\u00f3n permanente entre Dios y el mundo, entre Dios y el hombre. Al dominio absoluto de Dios, que se extiende tambi\u00e9n al mal, y a su influencia continua y vivificante, todas y cada una de las criaturas reaccionan con la obediencia y la docilidad. Pero, simult\u00e1neamente, el hombre de la Biblia mostrar\u00ed\u00ada fuertes reservas respecto al concepto de milagro como \u2020\u0153fen\u00f3meno de la naturaleza, que trasciende las causas naturales hasta el punto de que ha de ser atribuido a Dios\u2020\u2122(J.L. McKenzie, 617). Esta definici\u00f3n de los te\u00f3logos fundamenta-listas (Eventus sensibilis praeter cur-sum naturae divinitus factus) presupone la ciencia y la filosof\u00ed\u00ada de los siglos XVIII y xix y, viendo el milagro en la \u00f3ptica de santo Tom\u00e1s como efecto de la exclusi\u00f3n de la criatura, y su suplencia por obra de Dios, lo presenta primordialmente desde el \u00e1ngulo de lo excepcional, de lo maravilloso. Pero es una manera de ver unilateral.<br \/>\n2040<br \/>\n3. Ambig\u00fcedad del t\u00e9rmino \u2020\u0153milagro\u2020\u009d.<br \/>\nPor eso los traductores modernos, que tienen sobre sus espaldas esta tradici\u00f3n teol\u00f3gica sobre el milagro, muestran un evidente malestar en el uso del mismo t\u00e9rmino y, sin lograr sustituirlo, lo conservan a falta de otro mejor. A este prop\u00f3sito, la traducci\u00f3n de La Santa Biblia (Paulinas, Madrid 1988) es muy clarificadora:<br \/>\nen los sin\u00f3pticos dyna-mis se traduce por milagro (Mt 7,22; Mt 11,20; Mt 11,21; Mt 11,23; Mt 13,57; Mc 6,14; Mc 9,39; Lc 10,13), prodigio (Mt 13,54 [milagro]); fuerza (Lc 6,19; Lc 8,46; Mc 5,30) y poder de los milagros (Mt 14,2 = Mc 6,14 [milagros]); y en Jn s\u00e9me\u00ed\u00adon se traduce por milagro (2,11; 4,54), se\u00f1al (2,18; 4,48); prodigios (6,2). Pues bien, esta variedad pone de manifiesto el mencionado malestar y hace comprender que milagro no se encuentra en l\u00ed\u00adnea recta con los mencionados t\u00e9rminos griegos y sus significados. Y lo mismo que los traductores italianos, tambi\u00e9n los de otras lenguas tienden a restringir e incluso a eliminar (Goodspeed Versi\u00f3n) el t\u00e9rmino \u2020\u02dcmilagro\u2020\u009d. Sin embargo, \u00e9ste sigue ocupando una posici\u00f3n fuerte, ya que los vocablos candidatos a su sucesi\u00f3n (signo, actos de poder, obras) est\u00e1n privados de la connotaci\u00f3n religiosa y teol\u00f3gica que se deriva de su largo uso.<br \/>\nAl contrario, los traductores antiguos se mostraron m\u00e1s reservados. As\u00ed\u00ad la Vulgata latina, que utiliza signum, portentum, prodigium, mira -culum, mira bile, ostentum, virtus, usa \u2020\u0153miraculum\u2020\u009d s\u00f3lo en el AT: una vez sola en sentido propio (Is 29,14 hebreo pele\u2020\u2122, maravilla) y otras pocas veces para traducir palabras hebreas que indican signos, temor, terror (Ex 11,7 N\u00fam Ex 26,10; IS 14,15; Jb 33,7; Is 2; Is 1,4; Jr 23,32; Jr44,12). En el judaismo precristiano helenista, los LXX evitaron la voz griega \u00ed\u00adha\u00fama (prodigio, portento), que orienta hacia lo maravilloso y lo portentoso, y utilizaron sus derivados y afines con significados distintos del estrictamente milagroso. Y en esto fueron seguidos por los escritores neotesta-mentarios.<br \/>\nPues bien, esta tendencia de los traductores antiguos a evitar el t\u00e9rmino milagro y el malestar de los modernos al usarlo debido a la larga tradici\u00f3n cristiana, derivados ante todo de su sensibilidad filol\u00f3gica, imponen considerar la terminolog\u00ed\u00ada del milagro en su misma fuente, es decir, en el AT y en el NT, para comprenderla mejor en s\u00ed\u00ad misma y sobre todo en su significado.<br \/>\n2041<br \/>\nII. ANTIGUO TESTAMENTO.<br \/>\nL\u00f3gicamente, este significado del milagro es el resultado de un conjunto de consideraciones que tienen su origen en la nomenclatura.<br \/>\n1. Terminolog\u00ed\u00ada,<br \/>\na) El primer t\u00e9rmino es \u2020\u02dc\u00f3t, que en el AT aparece 78 veces. Aunque de etimolog\u00ed\u00ada incierta, equivale a \u2020\u0153signo\u2020\u009d, natural y convencional, habitual y ocasional, profano y sagrado; por eso en los LXX se traduce casi siempre (75 veces de las 78 mencionadas) por se-melon, y designa \u2020\u0153una cosa, un fen\u00f3meno, un acontecimiento que lleva a conocer, saber, recordar algo o a percibir la credibilidad de una cosa\u2020\u009d (F.J. Helfmeyer, DTAT 1, 183); y, cuando indica un milagro, denota un signo con el que Dios se revela, acredita a sus enviados, protege a los suyos y derrota a los enemigos (Ex 4,8s.2S; 7,3; 8,19).<br \/>\nb) Relacionado y sin\u00f3nimo de \u2020\u02dc\u00f3t es m\u00f3pet (Dt 13,2s), especialmente en el Dt y en la literatura deuteronomista (Ex 7,3; Dt 4,34; Dt 6,22; Dt 7,19; Dt 26,8; Dt 26, Dt 26, ), y traducido habitualmente (34 veces de 36) por t\u00e9ras (prodigio). Reservado al \u00e1mbito sagrado, indica un signo \u2020\u0153de ratificaci\u00f3n, admonici\u00f3n, espanto o presagio\u2020\u009d (F.J. Helfmeyer, Dt 181), y referido a los prodigios del \u00e9xodo (18 veces de las 36) los designa como juicios (= plagas) contra los egipcios y liberaci\u00f3n de los israelitas. Tambi\u00e9n en otras partes es en general un signo siniestro de castigo (Ez 12,6; Ez 12,11) o de sufrimiento (SaI 71,7) con una finalidad de conversi\u00f3n (Ex 11,9), y s\u00f3lo raras veces un presagio favorable (Is 8,18; Za 3,8).<br \/>\nc) Menos frecuentes son los t\u00e9rminos que acent\u00faan expresamente la nota de lo maravilloso y, al mismo tiempo, la majestad, la trascendencia y la santidad de Dios, que determinan y se manifiestan en los prodigios. El sustantivo colectivopel e\u2020\u2122(del ?a\/a\u2020\u2122, es decir, superar lo que se puede comprender o hacer:<br \/>\nEx 15,11; Is 29,14; SaI 78,12) y el participio nip\u2020\u2122aI, plural femenino nipla\u2020\u2122\u00f3t (maravillas: Ex 34,10; SaI 78,4; SaI 78,11; SaI 78,32; SaI 105,2; SaI 105,5) son sin\u00f3nimos entre s\u00ed\u00ad (SaI 78,1 Is) y equivalentes a \u2020\u0153signos y prodigios\u2020\u009d, que se mencionan a cierta distancia (SaI 78,43). Las maravillas se\u00f1alan en Dios, su autor, lo maravilloso (Is 25,1); m\u00e1s a\u00fan, la misma maravilla, que puede hacer y hace incluso lo que supera la capacidad y la imaginaci\u00f3n del hombre (Gn 18,19; Jr 32,17).<br \/>\nd) Es af\u00ed\u00adn gedulah (plural, gedu-I\u00f3t, cosas grandes, haza\u00f1as: Dt 10,21; 2S 7,23 ICr\u00f3n 2S 17,19; 2S 17,21 ), que, acentuando la grandeza y la magnificencia de las intervenciones divinas, insin\u00faa la majestad, la omnipotencia y la santidad de Dios al castigar a los enemigos de su pueblo y al liberar a Israel (Dt 10,21; Dt 10, ICr\u00f3n 17,l9ss). De manera semejante las gebur\u00f3t (acciones poderosas, empresas), efectos de la geburahde Dios (Dt3,24; SaI 71,16; SaI 145,4) ponen de manifiesto la omnipotencia de Dios al conceder la victoria a pesar de las dificultades (Ex 32,18). En este contexto el plural ma\u2020\u2122aseh, neutral de suyo (= obras), se identifica con las victorias (Is 63,15). Es significativo el pasaje de Ps 145,4-6, en donde aparecen juntos todos estos t\u00e9rminos como sin\u00f3nimos y complementarios: \u2020\u0153Una generaci\u00f3n ponderar\u00e1 tus obras (ma\u2020\u2122a-seka) a la otra, proclamar\u00e1n tus proezas (gebur\u00f3teka); hablar\u00e1n del esplendor de tu gloriosa majestad, contar\u00e1n tus milagros (nipl\u2020\u2122\u00f3teka); publicar\u00e1n el poder de tus prodigios (nore\u2020\u2122\u00f3teka) y pregonar\u00e1n tus grandezas (gebur\u00f3teka)\u2020\u009d.<br \/>\nPor eso los milagros son sucesos de densidad excepcional. \u2020\u0153Como signos, revelan qui\u00e9n es Dios o legitiman una misi\u00f3n; como prodigios y maravillas, manifiestan una intervenci\u00f3n trascendente del Dios escondido; como acciones poderosas y terribles, dan a conocer el poder y la santidad de Dios. La actividad espec\u00ed\u00adfica del Se\u00f1or, que a veces se llama juicio, es una invitaci\u00f3n a alabar al Dios de los milagros\u2020\u009d (L. Sabourin, \u2020\u0153Bull-BtH\u2020\u009d 1 [1971] 246). \u2020\u0153El aspecto de asombro y de temor sagrado, inherente al milagro, expresado en griego por el sustantivo tha\u00fcma y sus derivados (thaum\u00e1zein, thaumato\u00fcn, thaumasios, thaumast\u00f3s) y que corresponden de ordinario al hebreo peleh y derivados, describen la conducta maravillosa de Dios con el justo\u2020\u009d (ibid, 246s).<br \/>\n2042<br \/>\n2. La creaci\u00f3n y la historia, LUGARES DEL MILAGRO,<br \/>\n2043<br \/>\na) La concepci\u00f3n del mundo y de la historia.<br \/>\nEste doble aspecto de los signos en cuanto maravillas de Dios (empresas, haza\u00f1as, cosas grandes) y su mensaje al hombre est\u00e1 presente en la obra de la creaci\u00f3n y en la evoluci\u00f3n de la historia. Dios es maravilloso cuando llama a la existencia a las criaturas y act\u00faa como el que teje continuamente la trama tan complicada de los fen\u00f3menos naturales y de los episodios de la historia. El Ps 136,4-22, celebrando las maravillas (nipla\u2020\u2122\u00f3t)de Dios, une a las obras de la creaci\u00f3n (Gn 1,1-19) los acontecimientos del \u00e9xodo y de la conquista de Cana\u00e1n (Ex-Jos), es decir, relaciona la creaci\u00f3n del cielo y de la tierra con la creaci\u00f3n del pueblo de Dios. De la misma manera, Elifaz el Temanita, motivando sus consejos a Jb para que se dirija a Dios con la oraci\u00f3n, le indica sus haza\u00f1as y maravillas (gedul\u00f3t, nipla \u00f3t), evidentes en los fen\u00f3menos meteorol\u00f3gicos, y su gobierno del mundo moral en favor de los buenos y en contra de los malos, sin hacer ninguna diferencia entre las dos esferas (Jb 5,9ss).<br \/>\nY como milagro, el universo (el cielo, la tierra, el mar, los seres vivientes) en su origen y en su devenir<br \/>\ntiene tambi\u00e9n un valor de \u2020\u0153signo\u2020\u009d, que le permite al hombre vislumbrar los atributos y la naturaleza de<br \/>\nDios, y al mismo tiempo la obligaci\u00f3n moral de la religi\u00f3n, que se deriva de ello (Sb 13,1-9; Si 17,8 cf<br \/>\nRom l,9s).<br \/>\n9flAd<br \/>\nMilagro es tambi\u00e9n el hombre bajo muchos aspectos: lo es en su creaci\u00f3n y en su propagaci\u00f3n, en su colocaci\u00f3n en la cima de las criaturas y en su corporeidad, y por tanto tambi\u00e9n en su sexualidad y en su ordenaci\u00f3n a la familia (Gen 1,26s; 2,4-24; 4,1.25; SaI 8). Lo es tambi\u00e9n como ser moral-espiritual, capaz de di\u00e1logo personal con Dios y dotado de una conciencia (Gen 3,lss; Jr31,31-34); y como ser en devenir, protagonista del proceso hist\u00f3rico bajo la gu\u00ed\u00ada de Dios (SaI 23; SaI 91). Lo es tambi\u00e9n como individuo y como pueblo: Israel, que comienza con una llamada y promesa de Dios (Gn 12,1-4), es un\/pueblo privilegiado, pero no \u00fanico. Tambi\u00e9n los dem\u00e1s pueblos y naciones han sido suscitados por Dios, que determina su destino, incluso con la elecci\u00f3n, vocaci\u00f3n y misi\u00f3n de personas como Ciro (Is 45, ??; Am 9,6 ), los juzga y a veces los castiga. \u2020\u0153Entonces bendije al Alt\u00ed\u00adsimo-dice Nabucodonosor-, alabando y glorificando al que vive eternamente; a aquel cuyo reino es un reino eterno, cuyo imperio perdura de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n. Ante \u00e9l los habitantes de la tierra no valen nada; \u00e9l hace lo que quiere con las milicias de los cielos y con los habitantes de la tierra. No hay nadie que pueda detener su mano o le diga:<br \/>\n\u00bfQu\u00e9 haces?\u2020\u009d (Dn 4,28, LXX, 31b-32).<br \/>\nLa ra\u00ed\u00adz de esta mentalidad ha de buscarse en la convicci\u00f3n de que el mundo, el hombre y la historia deben su existencia a la palabra omnipotente de Dios (Gn 1,1 Ss); y de que su actividad, regulada por leyes inmanentes seg\u00fan unos ritmos regulares, depende del compromiso, juramento y alianza de Dios con el hombre y con el mundo: \u2020\u0153Mientras dure la tierra, sementera y cosecha, fr\u00ed\u00ado y calor, verano e invierno, d\u00ed\u00ada y noche no cesar\u00e1n jam\u00e1s\u2020\u009d (Gn 8,22; Gn 9,12; Gn 9,15; Jr 33,20; Jr 33,25). Y as\u00ed\u00ad, despu\u00e9s de cada cat\u00e1strofe provocada por el hombre pecador, es \u00e9l el que reconstruye el camino y vuelve a poner en pie al hombre ca\u00ed\u00addo para que siga caminando (Gen 3,8ss; 8,21s; 9,lss; 12,lss; Ex 32,7-14; Ex 32,2-27; Ex 32, Ex32, ).<br \/>\n2045<br \/>\nb) El milagro en sentido estricto.<br \/>\nSobre este fondo -manera de pensar y fe- hay que colocar, interpretar y comprender aquel fen\u00f3meno que se\u00f1alamos como \u2020\u0153milagro en sentido estricto\u2020\u009d. Dios, que da la fecundidad a las parejas f\u00e9rtiles (Gn 4,1; Gn 4,25), es el mismo que se la da a las est\u00e9riles y ancianas (Gn 18,10-14 cf Lc 1,26-31 .34s). Dios, que imparte normas de comportamiento v\u00e1lidas para cada uno y para todos (Gn 3,1 ss; Ex 20,1-17), es el mismo que est\u00e1 en el origen de las vocaciones extraordinarias (Ex 3,2ss; Is 6; Ez 1,14-28; Am 1,1 1S 3,4ss. ). Dios, que es autor de las maravillas de la creaci\u00f3n, es el mismo que realiza maravillas en la historia. Por eso, en los milagros Dios, que est\u00e1 siempre en actividad en, con y por sus criaturas, act\u00faa con mayor intensidad; su presencia resulta m\u00e1s transparente y el efecto parece superar lo que suele suceder. Solamente para el autor de la Sg, Dios, en los sucesos del \u00e9xodo, realiz\u00f3 cambios en la naturaleza y en los animales para liberar a Israel y castigar con misericordia a sus enemigos (19,6-12.18- 22), restableciendo as\u00ed\u00ad la armon\u00ed\u00ada del universo alterada por el mal (2,24ss). Por eso el milagro puede definirse como \u2020\u0153un hecho sensible, salv\u00ed\u00adfico, que sorprende a los espectadores, supera las posibilidades actuales del hombre y es interpretado como intervenci\u00f3n de Dios, que intenta orientar al hombre hacia \u00e9l\u2020\u009d.<br \/>\n2046<br \/>\n3. El milagro en la historia.<br \/>\nDejando aparte los prodigios que se narran en algunos libros sapienciales (Jb, Tob, Jon, Jdt&#8230;) y apocal\u00ed\u00adpticos (Dan), en el AT llaman la atenci\u00f3n los \u2020\u0153signos y prodigios\u2020\u009d que se narran en relaci\u00f3n con el \u00e9xodo y los referidos en los ciclos de Elias y El\u00ed\u00adseo.<br \/>\n2047<br \/>\na) Los milagros del \u00e9xodo.<br \/>\nEs innegable que \u2020\u0153la historia de los hebreos desde la salida de Egipto hasta la ocupaci\u00f3n de la tierra prometida es toda una trama de milagros; no se narra ning\u00fan suceso importante que no sea un milagro. Esta generalizaci\u00f3n tiene que hacernos precavidos: por una parte, hay motivos para desconfiar de una generalizaci\u00f3n Semejante; por otra, la unanimidad entre tradiciones muy diversas obliga a admitir un verdadero milagro en el origen, o al menos un hecho considerado como tal por sus beneficiarios\u2020\u009d (A. Lefevre, DBS V, 1302).<br \/>\nPor diversas razones, la documentaci\u00f3n, incluida la de \u00ed\u00adndole hist\u00f3rica, no permite reconstruir los sucesos y percibir lo que realmente sucedi\u00f3, aunque s\u00f3lo sea de forma aproxima-tiva. La formaci\u00f3n de las tradiciones (J, ?, ?, D), a notable distancia de los acontecimientos, hace comprensible el eclipse de demasiados elementos hist\u00f3ricos y la aparici\u00f3n de los maravillosos. La diversidad entre las mismas tradiciones (p.ej., sobre el n\u00famero de las plagas de Egipto) y la presencia de duplicados en las mismas confirman esta sensible atenuaci\u00f3n de los datos hist\u00f3ricos y la evoluci\u00f3n en direcci\u00f3n hacia lo prodigioso. Tambi\u00e9n las sucesivas (re)lec-turas de los acontecimientos a la luz de la fe, que se propon\u00ed\u00adan celebrar la intervenci\u00f3n divina Seg\u00fan los diversos g\u00e9neros literarios utilizados en Dt, Ps, Sg y hasta en el mismo Ex (14 y 15), han contribuido poderosamente a hacer m\u00e1s opaco el prisma literario que existe entre el lector y el acontecimiento; en efecto, esas lecturas intentan descubrir a Dios actuando en los acontecimientos, el sentido de su presencia salv\u00ed\u00adfica y la lecci\u00f3n que hay que sacar de ello.<br \/>\nA pesar de esta imposibilidad de llegar a los sucesos en sus contornos espec\u00ed\u00adficos, \u00e9stos deben considerarse hist\u00f3ricamente ciertos en su n\u00facleo esencial. Esta certeza hist\u00f3rica ata\u00f1e sobre todo al acontecimiento de fondo, es decir, la salida de Egipto de un grupo de hebreos bajo la direcci\u00f3n de un jefe (Mois\u00e9s) en tiempos de la XIX dinast\u00ed\u00ada egipcia (siglo xm a.C), que culmin\u00f3 en el asentamiento en las tierras de Cana\u00e1n. Este suceso se imprimi\u00f3 profundamente en el \u00e1nimo de Israel, que, reevoc\u00e1ndolo ininterrumpidamente en su historia sucesiva, reconoce en \u00e9l la intervenci\u00f3n omnipotente de Dios: \u2020\u0153Mi padre era un arameo errante, que baj\u00f3 a Egipto. All\u00ed\u00ad se qued\u00f3 con unas pocas personas m\u00e1s; pero pronto se convirti\u00f3 en una naci\u00f3n grande, fuerte y numerosa. Los egipcios nos maltrataron, nos oprimieron y nos impusieron una cruel esclavitud. Pero nosotros clamamos al Se\u00f1or, Dios de nuestros padres, que escuch\u00f3 nuestra plegaria, volvi\u00f3 su rostro hacia nuestra miseria, nuestros trabajos y nuestra opresi\u00f3n, nos sac\u00f3 de Egipto con mano poderosa y brazo fuerte en medio de gran terror, prodigios y portentos, nos trajo hasta aqu\u00ed\u00ad y nos dio esta tierra que mana leche y miel\u2020\u009d (Dt 26,5-9). M\u00e1s a\u00fan; en tiempos de derrota, de dispersi\u00f3n y de destierro, aquella acci\u00f3n omnipotente de Dios en los comienzos del pueblo se convirti\u00f3 en el fundamento s\u00f3lido e inquebrantable de la esperanza en la resurrecci\u00f3n, en el retorno, en la restauraci\u00f3n y en el nuevo florecimiento del pueblo (Is 43,16-21; Is 48,21; Is 52,11): Dios, que hizo salir a Israel de Egipto (Jos 24,17; Am 2,10; Am 3,1 Miq Am 6,4), castigando duramente a los egipcios, favoreciendo extraordinariamente a los hebreos(Ps 135,8s; especialmente 78; 105; Sg 10,15-11,20; 16,19; Miq 7,15)? marchando al frente de su pueblo (Sal 68,8-9; Sal 77,20-21), es considerado como el Dios que realiz\u00f3 el primer acto en favor de Israel y se lo dio como prenda y como tipo de la liberaci\u00f3n futura (mesi\u00e1nica), incluida la liberaci\u00f3n de los pecados (Is 40,2; Is 44,21). Obviamente, estas evocaciones y celebraciones, derivadas de la fe, ampliadas y transformadas en plegarias, reflejan la conciencia de todo un pueblo de la intervenci\u00f3n extraordinaria de Dios al principio de su propia historia y respecto al elemento esencial, y no pueden menos de apoyarse en la roca s\u00f3lida de la historia. En este sentido es tambi\u00e9n significativo lo espec\u00ed\u00adfico de la teofa-n\u00ed\u00ada del AT: referida con la menci\u00f3n de las convulsiones de la naturaleza (terremoto, nubes, lluvia, viento, granizo, rayos, truenos, humo, tinieblas, contenci\u00f3n de las aguas del mar y de los r\u00ed\u00ados&#8230;: Ha 3,3-19) o descrita como una brisa ligera (IR 19,11-13), la teofan\u00ed\u00ada es manifestaci\u00f3n de Dios como Se\u00f1or de la naturaleza y de la historia para salvar a su pueblo y castigar a sus enemigos, y con toda probabilidad ambas formas hunden sus ra\u00ed\u00adces en las tradiciones del \u00e9xodo (19,16-19; 33,22; 34,2.Sss; 3,21).<br \/>\nPor eso, si hemos de renunciar a la reconstrucci\u00f3n hist\u00f3rica de los diversos \u2020\u0153signos y prodigios\u2020\u2122 del \/ Exodo, sigue en pie \u2020\u0153el milagro del \u00e9xodo, es decir, el nacimiento de Israel como pueblo y como pueblo de Dios. Sin embargo, incluso para este acontecimiento primordial, el elemento milagroso ha sido captado y destacado por la fe y no incluye necesariamente proporciones cuantitativamente extraordinarias. Aunque probablemente fue una emigraci\u00f3n forzada, an\u00e1loga a otras muchas de aquel tiempo, el acontecimiento fue le\u00ed\u00addo m\u00e1s tarde como la intervenci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica decisiva de Dios, que escogi\u00f3 para s\u00ed\u00ad y cre\u00f3 a su pueblo.<br \/>\n2048<br \/>\nb) Los milagros de los ciclos de Elias y de El\u00ed\u00adseo.<br \/>\nEn relaci\u00f3n con los milagros (= cosas grandes, gedol\u00f3t: 2R 8,4) de \/ Elias y de El\u00ed\u00adseo, por una parte hay que observar que \u2020\u0153Elias se ve obligado a defender el mismo principio y fundamento del pueblo como pueblo del Se\u00f1or. No se trata de un cambio de r\u00e9gimen, sino del peligro de un cambio de Dios. Elias ve el peligro, se enfrenta con \u00e9l, lo conjura\u2020\u009d (L. Alonso Sch\u00f3-kel, La Biblia 1, Marietti, Tormo 1980, 866); y, por otra parte, que los relatos de milagros est\u00e1n inspirados en el amor a lo maravilloso, no siempre edificante 2R 2,23-25), e intentan Crear el personaje del taumaturgo en los dos profetas. A excepci\u00f3n del fuego, que se encendi\u00f3 espont\u00e1neamente en el sacrificio de Elias en el Carmelo, y de la curaci\u00f3n de Naam\u00e1n el sirio por obra de El\u00ed\u00adseo, que terminan con una confesi\u00f3n de fe en Dios colectiva e individual (IR 18,39; 2R 5,15 ), los otros milagros son todos ellos privados, es decir, en favor (o en perjuicio) de personas, de sus familiares, de los profetas mismos y de sus disc\u00ed\u00adpulos. Por eso son juzgados de forma distinta tambi\u00e9n por los autores cat\u00f3licos: demasiado numerosos, a veces duplicados evidentes, aficionados a lo pintoresco y privados de razones suficientes, estos milagros son enumerados por algunos entre las an\u00e9cdotas espec\u00ed\u00adficas de las leyendas hagiogr\u00e1ficas y como medios id\u00f3neos para construir la figura del hombre de Dios y resaltar la importancia de ambos profetas (H. Haag, LTKX, 12); pero, en relaci\u00f3n con milagros m\u00e1s recientes y bien documentados, son juzgados m\u00e1s positivamente por otros incluso bajo el aspecto hist\u00f3rico, a pesar del reconocimiento simult\u00e1neo de la magnificaci\u00f3n literaria y de su inclinaci\u00f3n a las leyendas hagiogr\u00e1ficas (A. Lef\u00e9vre, DBS y, 1303).<br \/>\n2049<br \/>\n4. El milagro y la fe:<\/p>\n<p>2050<br \/>\na) Necesidad de la fe.<br \/>\nComo la fe es la lente necesaria para captar a Dios y su acci\u00f3n en la creaci\u00f3n, tambi\u00e9n lo es para descubrir su intervenci\u00f3n en la historia y en la instituci\u00f3n, y por tanto en el milagro. Los incr\u00e9dulos buscan milagros in\u00fatilmente, ya que son incapaces de elevarse a su nivel. Naturalmente, la fe no crea el acontecimiento, pero lo lee e interpreta seg\u00fan una \u00f3ptica propia: consciente de que Dios act\u00faa en la creaci\u00f3n y en cada uno de los seres, en la historia y en cada uno de sus momentos, el creyente capta su presencia activa en alguna obra, momento y acontecimiento de mayor intensidad, la juzga maravillosa y la presenta como milagrosa, quiz\u00e1 a distancia en el tiempo. Las (re)lecturas sucesivas y m\u00faltiples de los acontecimientos del \u00e9xodo (J, ?, ?, D; Sg) son indicativas de esta penetraci\u00f3n intelectual de la fe para intuir y exaltar la presencia de Dios. El creyente capta a Dios en las grandes obras de la creaci\u00f3n (Jb 5,9s; Sal 106,2; Sal 139,14), en las de dimensiones ordinarias (Gen 24,l2ss; Ex 14,21s; IS 14,23; IS l4,45)y en las de proporciones min\u00fasculas, como el soplo de la brisa (IR 19,12). Y lo percibe tambi\u00e9n en el milagro. Mois\u00e9s, los israelitas, Eh, Sa\u00fal (Ex 3,12; Ex 14,31; IS 2,34; IS 10,9), en virtud de su fe reconocen la intervenci\u00f3n de Dios, presente (Ex 14,32) o diferida (Ex 3,12; IS 2,34; IS 10,9), salv\u00ed\u00adfica o tambi\u00e9n punitiva (1S2,34). El fara\u00f3n, por el contrario, incr\u00e9dulo habitual (Ex4,21;Ex 7,13); los israelitas, f\u00e1ciles en pecar de incredulidad (Sal 106,7; Sal 106,13; Sal 106,21), y Acaz, desconfiado en un caso concreto (Is 7,12), se cierran al reconocimiento del milagro y a su beneficio y pueden ver la eventual intervenci\u00f3n extraordinaria de Dios transformarse en juicio contra ellos (Gn 15,14; Ex 6,6).<br \/>\nAdem\u00e1s, la fe es necesaria para recibir el milagro: los creyentes, como Abrah\u00e1n, Gede\u00f3n y Ezequ\u00ed\u00adas, son premiados con la ayuda excepcional de Dios (Gn 15,6; Gn 15,8 Jg 6,7ss; 2R 20,5s.8ss). Los incr\u00e9dulos, por el contrario, lo mismo que los israelitas en el desierto (Ex 17,2; Dt 9,22 Ps 95,8s), quedan excluidos y, si pretenden el milagro, tientan a Dios. Al atenuarse la fe por falta de profetas (Sal 74,9; IM 4,46; IM 9,27 ), tambi\u00e9n el milagro se hace m\u00e1s raro (Si 36,6) y en su lugar se insin\u00faa la sed de lo maravilloso.<br \/>\n2051<br \/>\nb) Origen y naturaleza de la fe.<br \/>\nDe aqu\u00ed\u00ad surge el problema del origen y de la naturaleza de la fe. Es don de Dios, y podr\u00ed\u00ada considerarse como un aspecto de la sabidur\u00ed\u00ada que ilumina al creyente sobre el mundo y su significado (Jb 36,22-37,19), sobre el hombre, su origen y fin, sobre la historia, su proceso y su meta y, particularmente, sobre los fen\u00f3menos naturales, humanos e hist\u00f3ricos singulares (Gen 41 ,38s; Dan 2,28s.47; 5,11.14). Y el milagro pertenece a \u00e9stos. Entre la predicci\u00f3n de los signos a Sa\u00fal por medio de Samuel y su cumplimiento, Dios \u2020\u0153cambia\u2020\u2122 el coraz\u00f3n de Sa\u00fal, por lo que \u00e9l percibe en los sucesos que le ocurren durante su regreso a casa signos de que Dios lo llama a la realeza teocr\u00e1tica (IS 10,1-16). Al contrario, los israelitas del \u00e9xodo no reconocieron los signos, porque junto con la experiencia de los hechos singulares Dios no les dio \u2020\u0153inteligencia para entender, ojos para ver y o\u00ed\u00addos para escuchar\u2020\u2122 (Dt 29,1-3), es decir, el coraz\u00f3n nuevo (Ez 36,26s; Jr31,31-34). Pero a pesar de esta insistencia en el don de Dios, la fe parece ser el fruto de la iniciativa unilateral y gratuita de Dios y de la respuesta libre y obediente del hombre. Los elementos parecen estar presentes en la descripci\u00f3n de la obstinaci\u00f3n del coraz\u00f3n del fara\u00f3n frente a los signos del \u00e9xodo. Por una parte, las proposiciones con verbos causativos (hifil: Ex 7,3 (qasah); 10,1 (kabedJ) o intensivos (piel: Ex 4,21; Ex 10,20; Ex 10,27; Ex 11,10; Ex 14,4; Ex 14,8 ,que tienen Dios por sujeto, subrayan la acci\u00f3n divina, manera que \u00e9sta considerarse impl\u00ed\u00adcita tambi\u00e9n en los verbos en pasivo (nip\u2020\u2122al: Ex 14,5 (hapaq], entre 14,4 y 14,8) y en los verbos simples estado (gal: Ex 7,13.22 (hazaqJ, despu\u00e9s de 7,3 (qasahJ). Por otra parte, las frases con verbos causativos que tienen como sujeto al fara\u00f3n (hifil: Ex 8,11.28 (kabedJ) ponen relieve claramente su obstinaci\u00f3n, manera que \u00e9sta puede tambi\u00e9n percibirse en los verbos simples (Ex 8,15, qal(hazaqJentre 8,11 y 8,28 con el mismo verbo en hifil; 9,35:<br \/>\nqal(hazaqJ, entre 8,11 y 8,28 con el mismo verbo en hifil; 9,35: qal (hazaqJ, despu\u00e9s de 9,34), especialmente tras el reconocimiento por parte los magos la intervenci\u00f3n Dios en la plaga los insectos:<br \/>\n\u2020\u0153jAqu\u00ed\u00ad est\u00e1 el dedo Dios!\u2020\u009d (Ex 8,15; Vg 19). La incredulidad del fara\u00f3n equivale un rechazo, claro y neto (cf 9,2: el paralelismo \u2020\u0153rechazas&#8230;, retienes&#8230;\u2020\u2122). La insistencia en la acci\u00f3n Dios denota juntamente su soberan\u00ed\u00ada, incluso sobre el pecado del hombre, y ante todo su juicio y castigo del hombre, que libremente rechaza sus signos y palabras; y, complementariamente, sugiere que la fe es don gratuito Dios y obediencia del hombre, es fruto del ofrecimiento Dios y la responsabilidad humana. Al ofrecer el signoprodigio y el coraz\u00f3n para comprenderlo, Dios espera que el hombre comprenda, escuche y obedezca. Y esto es la fe. En caso negativa llega la incredulidad, que cierra la puerta al signo salv\u00ed\u00adfico o, cuando todas formas se realiza, se abre al signo-juicio.<br \/>\n2052<br \/>\n5. El milagro y la palabra.<br \/>\nLo mismo que la sabidur\u00ed\u00ada (Dt 4,6; Jr 8,9), la fe es ofrecimiento al hombre mediante la palabra de Dios, oral y escrita. El milagro es en s\u00ed\u00ad mismo ambiguo; de hecho, se le atribuye incluso a personas extra\u00f1as o contrarias al designio de Dios (Ex 7,12). La palabra, por el contrario, es clara, aun cuando se exprese en t\u00e9rminos figurados. En concreto, la palabra y el signo se integran mutuamente y son interdependientes, a pesar de la variedad de su sucesi\u00f3n cronol\u00f3gica. La palabra, int\u00e9rprete y juez del signo, puede ser la institucionalizada en la comunidad creyente, la interior que procede directamente de Dios o la exterior pronunciada para la ocasi\u00f3n por un enviado de Dios. Ante cualquier signo y su explicaci\u00f3n en favor de la apostas\u00ed\u00ada, el creyente ha de considerarlo como falso o perverso bas\u00e1ndoseen la fe recibida mediante la palabra de la comunidad creyente y que se remonta a los padres (Dt 13,1-11). Puesto de manera imprevista ante un signo, Mois\u00e9s advierte inmediatamente la voz (interior) de Dios, que lo explica y le promete otros signos de confirmaci\u00f3n (Ex 3,2-4; 2R 20,5-11). Informado por anticipado del proyecto de Dios mediante la palabra de Mois\u00e9s, el fara\u00f3n reacciona con un rechazo abierto y despreciativo: \u2020\u02dc,Qui\u00e9n es el Se\u00f1or para que yo obedezca su voz y deje ir a Israel? No conozco al Se\u00f1or y no dejar\u00e9 ir a Israel\u2020\u009d Ex 5,2); y as\u00ed\u00ad, rechazando la palabra y los signos, se cierra la salvaci\u00f3n y llega a experimentar o padecer los signos de castigo (Ex 9,14; Ex 9,29 cf Ex 7,5; Ex 7,17; Ex 14,18).<br \/>\nEn cualquier momento y de cualquier manera que se pronuncie, la palabra es siempre primaria respecto al signo e indispensable en las acciones simb\u00f3licas de los profetas (Is 8,18; Ez 4,3), ya que es su clave de interpretaci\u00f3n: \u2020\u0153Lo que motiva la fe no es el signo como tal; lo decisivo es la palabra que lo acompa\u00f1a. Esta palabra dice qu\u00e9 persona o cosa constituye el objeto de la fe que pretende suscitar el signo. Por eso no se da una revelaci\u00f3n mediante signos sin la correspondiente revelaci\u00f3n por la palabra que los interprete\u2020\u2122 (F.J. Helfmeyer, DTATI, 190).<br \/>\n2053<br \/>\n6. MENSAJE Y FINALIDAD DEL MILAGRO.<br \/>\n2054<br \/>\na) Palabra sensiblemente eficaz.<br \/>\nA su vez, el signo se convierte en palabra visible. Por indicaci\u00f3n de la palabra, el ojo de la fe, la mente atenta y el coraz\u00f3n d\u00f3cil perciben en el milagro sensible a Dios como \u00fanico Dios (Dt 4,34s; Ex 10,2 cf Ex 7,3; Ex 7,5; Ex 8,18; Ex 8,19), o, mejor dicho, su presencia salv\u00ed\u00adfica para los creyentes y de castigo para los incr\u00e9dulos. Tanto a los creyentes (Ex 1O,2s) como a los recalcitrantes (Ez 7,5; Ez 7,17), el signo les revela que Dios ha entrado en acci\u00f3n: una vez pasado el mar Rojo, los israelitas, creyendo en Dios y en su siervo Mois\u00e9s, celebran al Se\u00f1or: \u2020\u02dccQui\u00e9n igual a ti, Se\u00f1or, entre los dioses? \u00bfQui\u00e9n igual a ti, sublime en sabidur\u00ed\u00ada, tremendo en gloria, autor de maravillas?\u2020\u2122 (Ex 15,11 cf Ps 77,14s). Y esta intuici\u00f3n equivale ala certeza de captar la intervenci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Dios, ya que \u2020\u0153la conexi\u00f3n entre conocimiento y signo es tan estrecha que conocer equivale a cerciorarse de algo por medio de un signo\u2020\u2122 y \u2020\u0153el conocimiento sigue a la acci\u00f3n de Yhwh, la cual es un presupuesto necesario del conocimiento\u2020\u009d (F.J. Helfmeyer, DTATI, 184.185). Por lo dem\u00e1s, tambi\u00e9n los no dispuestos advierten una cierta presencia activa de Dios: los magos egipcios reconocen: \u2020\u0153jAqu\u00ed\u00ad est\u00e1 el dedo de Dios!\u2020\u009d (Ex 8,15); el fara\u00f3n, a su pesar, tendr\u00e1 que reconocer que \u2020\u0153Dios es el Se\u00f1or en medio del pa\u00ed\u00ads\u2020\u2122 (Ex 8,18), y los israelitas son denunciados como ofensores y tentadores de Dios por haber visto los signos y haber hecho o\u00ed\u00addos sordos a su mensaje (Nm 14,1 lss). Adem\u00e1s, en particular, mediante los signos se vislumbran y se reconocen la gloria (Ex 15,1; Ex 15,7), la santidad (Ex 15,11)y el amor de Dios (Sal 106,7; Sal 107,8), que act\u00faan poderosamente para \u2020\u0153el triunfo del dominio de Dios frente a los enemigos del pueblo y frente al mismo lsrael\u2020\u009d(F.J. Helfmeyer, DTA TI, 185). De aqu\u00ed\u00ad su doble aspecto: por una parte, mediante los signos Dios visita y da al hombre su salvaci\u00f3n y su reino; por otra, el hombre entrev\u00e9 a Dios y cree que est\u00e1 cerca de \u00e9l y obrando en su favor.<br \/>\n2055<br \/>\nb) Al servicio de la fe obediente.<br \/>\nEn los que est\u00e1n bien dispuestos, el signo de salvaci\u00f3n suscita o aumenta la fe: \u2020\u0153Israel vio el prodigio que el Se\u00f1or hab\u00ed\u00ada obrado contra los egipcios, temi\u00f3 al Se\u00f1or y crey\u00f3 en \u00e9l y en Mois\u00e9s, su siervo\u2020\u009d (Ex 14,31). La fe, a su vez, es el fundamento del reconocimiento de Dios y de su culto (Dt 4,34s; Jos 24,17), de la confianza en \u00e9l (Ex 8,18s; Dt 1,22-46), del amor a Dios y de la obediencia a sus mandamientos (Dt 11,1-13 ). Tambi\u00e9n los signos de Elias en el Carmelo y de El\u00ed\u00adseo en favor de Naam\u00e1n el sirio est\u00e1n ordenados a una adhesi\u00f3n renovada a Dios y a la fe en \u00e9l (IR 18,38; 2R 5,15; 2R 5,17). De manera semejante, los signos de confirmaci\u00f3n favorecen en el creyente la atenci\u00f3n, la fe, la confianza y la obediencia a Dios Ex 3,12; Jc 6,17; IS 2,34; 2R 20,5), lo mismo que los de legitimaci\u00f3n ayudan a escuchar y a seguir al enviado de Dios (Ex 4,8-9; Ex 4,28-31; IS 2,34). Por eso parece ser que el ambiente de formaci\u00f3n de los relatos de los signos y prodigios -de su elecci\u00f3n, elaboraci\u00f3n y transmisi\u00f3n- fue el del culto israelita y jud\u00ed\u00ado, que ten\u00ed\u00ada la finalidad evidente de alimentar en los israelitas la fe en Dios y sostener su fidelidad en la obediencia a los mandamientos de la alianza.<br \/>\n2056<br \/>\n7. Dios, autor del milagro.<br \/>\nSiendo Dios principio y fin de los signos, generalmente se le se\u00f1ala tambi\u00e9n como el autor de los signos y prodigios (Ex 15,11; SaI 77,15). Aunque Elias y El\u00ed\u00adseo fueron presentadosordinariamente con la aureola de taumaturgos y los relatos de sus milagros dan paso al g\u00e9nero literario de las leyendas hagiogr\u00e1ficas 2R 5,8), en principio los siervos de Dios, como Mois\u00e9s, Josu\u00e9, etc., s\u00f3lo son vistos como mediadores para la salvaci\u00f3n del pueblo de Dios y los mi-lajgros sirven para legitimar su misi\u00f3n (Ex 3,12; Ex 4,8-9; Ex 4,28-31; Jos 3,5). De manera semejante, los int\u00e9rpretes de sue\u00f1os, como Jos\u00e9 y Daniel, se consideran y se indican solamente como mediadores de la sabidur\u00ed\u00ada que Dios les dio (Gn 41,16; Dn 2,19; Dn 2,30). Por eso, ni Mois\u00e9s ni los dem\u00e1s hacen milagros para su gloria y utilidad, sino para acreditar su misi\u00f3n, para ofrecer la salvaci\u00f3n de Dios y su voluntad y para suscitar la fe obediente.<br \/>\n2057<br \/>\nIII. NUEVO TESTAMENTO.<br \/>\nEl NT est\u00e1 en continuidad con el AT en lo que ata\u00f1e a la terminolog\u00ed\u00ada del milagro, a la concepci\u00f3n de Dios, que es su presupuesto, y a la finalidad, que es casi exclusivamente salv\u00ed\u00adfica. Pero todo ello se presenta en una relaci\u00f3n vital con la persona de Jesucristo.<br \/>\n2058<br \/>\n1. Terminolog\u00ed\u00ada.<br \/>\nPrescindiendo de los hapax thaum\u00e1sia (maravillas, Mt 21,15) y par\u00e1doxa (cosas prodigiosas, Lc 5,26), que orientan hacia lo maravilloso, los t\u00e9rminos que indican el milagro en el NT son los cuatro siguientes:<br \/>\ndynamis, s\u00e9-me\u00ed\u00adon, t\u00e9ras y \u00e9rgon.<br \/>\na) El primer vocablo, dynamis (119 veces: Mt 12 Me Mt 10 Lc + Ac 15+10; Pablo Hch 36; Hb 6; IP 2; 2P 3; Ap 12), en relaci\u00f3n con los milagros se utiliza activamente (= poder milagroso: Mc 5,30 = Lc 8,46; Mc 6,14 = Mt 14,2; ico 12,10; ico 12,28; ico 12,29) y pasivamente (= acto de poder), que es hecho (poie\u00ed\u00adn, Mc 6,5 = Mt 13,58; Mc 9,39; Mt 7,22; Hch 4,7; Hch 19,11), oque sucede (gh\u00ed\u00adnesthai, Mc 6,2; Mt 11,20.21.23; Lc 10,13; Ac 8,13) por obra de Jes\u00fas (Mc 6,2) o de otros con o sin el uso del nombre de Jes\u00fas (Mt 7,22; Mc 9,39; Hch 8,13; Hch 19,11; 2Co 12,12), o tambi\u00e9n por el anticristo (2Ts 2,9). La presencia del t\u00e9rmino en varios filones del NT (sin\u00f3pticos, Pablo, Ac, Heb) o de la tradici\u00f3n evang\u00e9lica (Mc, Q, Mt, Lc) es ya muy significativa. Su ausencia en Jn es m\u00e1s bien aparente; de hecho, el cuarto evangelio usa el verbo dynamai tambi\u00e9n en conexi\u00f3n con los signos (Jn 3,2; Jn 9,16) y, como los sin\u00f3pticos, hace remontar a Dios el \u2020\u0153poder\u2020\u009d que se le atribuye a Jes\u00fas para hacerlos (9,33; 10,21; 3,2). M\u00e1s que con vocablos hebreos que indiquen el milagro (y sus voces correspondientes en griego en los LXX), dynamis dice relaci\u00f3n al concepto del mes\u00ed\u00adas, revestido de poder por el Esp\u00ed\u00adritu de Dios para derrotaren guerra a los enemigos (Is 11,2) o para proclamar la palabra de Dios como su profeta y m\u00e1s que profeta (Miq 3,8). Esta segunda idea desemboca rectamente en el NT (Lc 24,19 + Hch 7,22), mientras que la primera queda modificada radicalmente (Mc 3,27).<br \/>\nb) El segundo t\u00e9rmino, semeion (signo), menos frecuente que el anterior (77 veces: Mt 13; Mc 7 Lc + Hch 11 + Hch 13; Jn 17 Pablo Jn 8; Hb 1; Ap 7), a trav\u00e9s de los LXX est\u00e1 en continuidad con el AT, por s\u00ed\u00ad solo (= hebreo \u2020\u02dc\u00f3t), en la expresi\u00f3n compuesta \u2020\u0153prodigios y se\u00f1ales\u2020\u009d(Mt, Mc, Jn, Ac, Pablo, Heb; Dt 4,34), as\u00ed\u00ad como tambi\u00e9n en la variedad de significados como signo de reconocimiento (Mt 26,48; Lc 2,12; 2Ts 3,17), signo escatol\u00f3gico (Mt 13,4; Lc 21, 7 Mt 24,3), s\u00ed\u00admbolo y escena simb\u00f3lica (Ap 12,1; Ap 12,3; Ap 15,1), fen\u00f3meno natural y sideral (Lc 21,11; Lc 21,25).<br \/>\nLo mismo que el Dt (13,1-3), tambi\u00e9n el NT pone en guardia varias veces contra los signos, entendidos como \u2020\u0153prodigios, acciones prodigiosas y sensacionales\u2020\u009d, realizados por aquellos que tienen la intenci\u00f3n de seducir y apartar a los creyentes de la fe en Cristo, especialmente en el per\u00ed\u00adodo escatol\u00f3gico (Mt 24,24 = Mc 13,22; 2Ts 2,9 Ap 13,13s; Ap 16,14; Ap 19,20), y presenta negativamente a todos los que se los piden a Jes\u00fas por curiosidad (Lc 23,8), o para tentarlo o que de alguna manera est\u00e1n privados de apertura y de docilidad a \u00e9l (Mc 8,1 Is; Mt 12,39; Mt 16,4; Lc 11,29; Jn 2,18; Jn 6,30; ico 1,22). La pretensi\u00f3n de \u00e9stos, equiparada a las sugestiones diab\u00f3licas (Mt 4,1-11), alcanza su punto m\u00e1s alto en el desaf\u00ed\u00ado sarc\u00e1stico de los que pasan junto a la cruz (Mc 15,30-32), supone la sed de lo sensacional y la intenci\u00f3n de evitar el camino oscuro de la fe obediente, y provoca la reacci\u00f3n severa y luminosa de Jes\u00fas, que la rechaza de forma expl\u00ed\u00adcita o equivalente (Mc 8,lls; 15,30-32), o bien remite al signo inequ\u00ed\u00advoco de la palabra (Lc 1 l,29s) o al de su resurrecci\u00f3n, que puede ser acogido solamente en la fe (Mt 12,39s).<br \/>\nA pesar de ello, tambi\u00e9n el NT ve positivamente los signos milagrosos. Mc 8,38s y 6,34.50s, aunque no utilizan el t\u00e9rmino, aluden a los signos de Ex 14-16 y presentan las intervenciones de Jes\u00fas como actos salv\u00ed\u00adficos suyos que promueven la fe. Finalmente, otros textos (Mc 16,17-20; Lc 10,17; Lc 10,19; ico 12-14) en los que se usa este vocablo hablan de los signos como de indicios que acreditan la misi\u00f3n de los disc\u00ed\u00adpulos, los efectos visibles de la presencia salv\u00ed\u00adfica del resucitado y de su Esp\u00ed\u00adritu, y las primicias de la victoria sobre el mal f\u00ed\u00adsico y moral.<br \/>\n2059<br \/>\nSin embargo, entre los escritores del NT se distingue Jn por el uso de este t\u00e9rmino. Es verdad que el ambiente joaneo invita a prevenirse contra los signos enga\u00f1osos de los seductores que operan a lo largo de la historia, y sobretodo al final de la misma (Ap 13,13s; 16,14; 19,20), y que el ambiente espec\u00ed\u00adfico del cuarto evangelio tiene en com\u00fan con los sin\u00f3pticos y con Pablo la desconfianza de los signos y la cr\u00ed\u00adtica y el reproche de cuantos los pretenden (2,18; 6,14.30; 4,48) y declara insuficiente la fe que se basa m\u00e1s en los signos que en la palabra de Jes\u00fas (2,23s; 3,2; 6,3Oss). Pero Jn subraya de manera particular la funci\u00f3n positiva de los signos. Las alusiones determinadas o indeterminadas a su n\u00famero (2,11; 4,51; 20,30; 21,25), su distribuci\u00f3n seg\u00fan un c\u00e1lculo evidente, la ilustraci\u00f3n de algunos de ellos con discursos o discusiones, la inclusi\u00f3n de las apariciones del Resucitado entre los signos (20,30s) son ya indicio del juicio positivo de Jn sobre los signos. En particular, para \u00e9l el milagro-signo es revelador del origen divino de la misi\u00f3n de Jes\u00fas, de su dignidad mesi\u00e1nica y de su unidad con el Padre (2,23; 3,2; 6,14). Puesto que entre el signo y su autor la relaci\u00f3n es m\u00e1s estrecha que entre el efecto y la causa, se deduce que el signo contiene de alg\u00fan modo a su autor y constituye una epifan\u00ed\u00ada del mismo. Manifiesta la gloria de Jes\u00fas (2,11), que refleja la de Dios (11,40); alude a su fuerza y esplendor, y revela su ser m\u00e1s profundo con singular intensidad; de manera que el signo del pan lo se\u00f1ala como \u2020\u0153el pan de vida, el de la curaci\u00f3n del ciego lo manifiesta como \u2020\u0153la luz del mundo\u2020\u2122 y el de la resurrecci\u00f3n de L\u00e1zaro lo define como \u2020\u0153la resurrecci\u00f3n y la vida\u2020\u009d (6,lss; 9,lss; 11,1 Ss). Adem\u00e1s, al revelar a Jes\u00fas en el momento de su cumplimiento, el signo preanuncia tambi\u00e9n el bien salv\u00ed\u00adfico que conceder\u00e1 cuando llegue su hora y pase de este mundo al Padre (6,63). Debido a su funci\u00f3n reveladora, el signo orienta positivamente hacia la fe en \u00e9l (2,11; 9,35; 11,45; 4,53; 20,3Oss), por lo cual los incr\u00e9dulos son responsables de su incredulidad (9,39s; 12,37ss). Sin embargo, el signo no es algo clamoroso y sensacional, sino algo sensible y milagroso, que transmite un mensaje de Jes\u00fas y sobre Jes\u00fas, perceptible a quienes tienen ojos \u00ed\u00adntegros para percibirlo (9,39s; 12,40s) y se colocan ante Jes\u00fas en una posici\u00f3n de fe, es decir, de apertura, de confianza y de disponibilidad hacia \u00e9l y hacia su palabra (11,40; cf 12,40).<br \/>\nc) Siempre en plural y unido al plural del precedente semeia, y a veces tambi\u00e9n a dyn\u00e1meis (Hch 2,22; 2Co 12,12; 2Ts 2,9; Hb 2,4; Hch 6,8; Rm 15,19), encontramos el sustantivo plural t\u00e9rata (prodigios; 16 veces: Mt 1, Mc 1; Jn 1; Hch 9 Pablo Hch 3; Hb 1). Casi ausente en la literatura greco-helenista contempor\u00e1nea del NT -lo mismo que el correspondiente sem\u00ed\u00adtico m\u00f3pet en la literatura hebrea de la \u00e9poca-, pero presente en la judeo-helenista, a trav\u00e9s de los LXX este t\u00e9rmino se relaciona con el AT por su combinaci\u00f3n con semeia y por su contenido. Los evangelistas lo evitan pr\u00e1cticamente, quiz\u00e1 porque lo consideran inadecuado para expresar la parte activa de Jes\u00fas en la actuaci\u00f3n de ios milagros. Cuando se emplea, la expresi\u00f3n \u2020\u0153signos y prodigios\u2020\u2122 se\u00f1ala los falsos portentos apocal\u00ed\u00adpticos (Mt 24,24 = Mc 13,22; 2Ts 2,9 cf Dt 13,15s), o bien los sensacionales que pretenden los jud\u00ed\u00ados y que les niega Jes\u00fas (Jn 4,48). Fuera de los evangelios, sin embargo, denota tambi\u00e9n los milagros de Jes\u00fas (Hch 2,22) y de sus heraldos Ac, pas-sim; 2Co 12,12 Heb 2,4). Finalmente, en los Hechos, la locuci\u00f3n \u2020\u0153signos y prodigios\u2020\u2122(4,30; 5,12; 14,3; 15,12) y su forma inversa (2,19s.22. 43; 6,8; 7,36; Sb 10,16), que podr\u00ed\u00ada deberse o a una fuente distinta o a una variaci\u00f3n estil\u00ed\u00adstica, pueden incluir cierto matiz teol\u00f3gico, en el sentido de poner respectivamente el acento en Dios, su autor, o en sus efectos (cf K.H. Rengstorf, TWNT VIII, 125s). La evocaci\u00f3n de los \u2020\u0153prodigios y signos\u2020\u2122 del Exodo (7,36) se\u00f1ala en Jes\u00fas al profeta como Mois\u00e9s, mientras que la cita de JI 3,1-5 (TM 2,28-32) indica en la efusi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu y en sus dones la irrupci\u00f3n de los bienes escatol\u00f3gicos en la historia en virtud de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas (2,19s.33). A pesar de ser Dios el autor de los signos y prodigios, \u00e9l los realiza por medio de sus siervos (2,43; 4,30; 6,8), especialmente de Jes\u00fas, antes y despu\u00e9s de pascua (2,22; 4,30; 14,3), para legitimar su misi\u00f3n y, particularmente despu\u00e9s de pascua, para conducir a la fe en Jesucristo. Tambi\u00e9n para Pablo los \u2020\u0153prodigios y signos\u2020\u2122 acreditan su apostolado y orientan a la fe en Cristo (Rm 15,19; Hb 2,4), junto con la paciencia-constancia de los ap\u00f3stoles (2Co 12,12).<\/p>\n<p>d) De forma semejante, en la huella de la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblico-jud\u00ed\u00ada se coloca el grupo \u00e9rgon, erg\u00e1zesthaiy poie\u00ed\u00adn (obra [milagrosa], obrar y hacer milagros). Aunque corresponde a varias voces hebreas, el sustantivo \u00e9rgon en el AT griego indica tambi\u00e9n la obra divina de la creaci\u00f3n (Sal 8,4) y las obras de Dios en la historia de la salvaci\u00f3n (Ex 34,10; Jos 24,31 [gr. 29]; Jc 2,7; Jc 2,10), incluidas las milagrosas del \u00e9xodo (Sal 66,3; Sal 66,5; Sal 77,12; Dt 11,3, TM, signos y obras; LXX, signos y prodigios; Si 48,14, prodigios y obras maravillosas). Sin embargo, las obras siguen siendo realizadas por Dios a lo largo de la historia (Is 5,12; Is 5,19; Is 22,11; Is 28,21; Is 29,23), tanto de Israel como de los dem\u00e1s pueblos (Is 45,11 ), para salvar a los creyentes y castigar a los imp\u00ed\u00ados (Sal 28,5; Sal 46,9; Sal 92,5; Sal 92,6; Sal 95,9).<br \/>\n2060<br \/>\nEl NT contin\u00faa esta l\u00ed\u00adnea (Hb 2,7; Hb 1,10; Hb 4,3; Hb 4,4, la creaci\u00f3n). Jn (9,3) utiliza la expresi\u00f3n \u2020\u0153las obras de Dios\u2020\u009d, mientras que Mt y Lc tienen el concepto; pero los tres est\u00e1n de acuerdo en vincular la acci\u00f3n de Dios en la historia a la actividad de Jes\u00fas, particularmente a sus actos milagrosos. Mt, al hablar de las \u2020\u0153obras de Cristo\u2020\u009d, apelando a Is (35,5-6a; 26,19; 29,18; 61,1) menciona las obras milagrosas de misericordia y la evangelizaci\u00f3n de los pobres (11,2 5s; Lc 24,19; Hch 1,1; Hch 7,22 [de Mois\u00e9s]). Jn, que construye el sustantivo \u00e9rgon (plural y singular) con poie\u00ed\u00adn, erg\u00e1zesthaiy teleio\u00fcn (hacer, obrar, cumplir:<br \/>\n5,20.36; 7,3.21; 9,3.4; 10,25.32.37.38; 14,10.11.12; 15,24; 4,34; 17,2), debeconsiderarsecl\u00e1sico. En su obrar, Jes\u00fas participa y revela la acci\u00f3n de Dios en la historia de la salvaci\u00f3n: \u00e9l ve y cumple las obras que el Padre le muestra y que le da el poder de obrar (5,17-29). En \u00e9l y por \u00e9l es el Padre invisible el que las cumple, y por eso en ellas irradia la gloria del Padre y del Hijo (14,lOs; 9,3s). Y son tambi\u00e9n obras milagrosas, que suscitan maravilla (7,21; 7,3s), legitiman la misi\u00f3n de Jes\u00fas y sobre todo atestiguan la unidad del Hijo con el Padre (10,25; 5,36). Adem\u00e1s, por constituir el testimonio sensible del Padre, las obras tienen la finalidad de conducir a la fe en Jes\u00fas, y mediante la fe a la vida; pero se transforman en testimonio de acusaci\u00f3n y de condenaci\u00f3n de exclusi\u00f3n de la vida para los que se niegan a creer (5,17- 29). Al igual que los signos, las obras son preludio, revelaci\u00f3n y aspectos parciales de la obra (4,34; 17,2) con que Jes\u00fas glorifica al Padre y es glorificado por \u00e9l con los plenos poderes de dar la vida a todos los creyentes y de poner a los disc\u00ed\u00adpulos en condiciones de hacer \u2020\u0153obras\u2020\u009d mayores que las suyas (14,12). Y de este modo las \u2020\u0153obras buenas\u2020\u009d (10,32) que el Padre realiza en, por y con Jes\u00fas son anticipaciones de la obra que \u00e9l lleva a cabo en los que creen en Cristo, tambi\u00e9n mediante el ministerio de los disc\u00ed\u00adpulos (14,10), para hacerlos part\u00ed\u00adcipes de la vida eterna (6,28s).<br \/>\n2061<br \/>\n2. La concepci\u00f3n del mundo.<br \/>\n2062<br \/>\na) Dios y el mundo.<br \/>\nLa concepci\u00f3n que tiene el NT de las relaciones entre Dios y la naturaleza, entre Dios y el hombre, entre Dios y la historia es fundamentalmente id\u00e9ntica a la del AT y del judaismo, palestino y helenista, intertestamentario y rab\u00ed\u00adnico. Para Jes\u00fas y para los predicadores y escritores del NT, Dios es creador del cielo y de la tierra y de todo, del hombre y de la mujer, y de todos los hombres; es su se\u00f1or y ejerce todo poder sobre ellos (Mt 11,25; Mt 19,4; Mt 28,18). Por eso los fen\u00f3menos naturales y meteorol\u00f3gicos, como el salir del sol, el sucederse de las estaciones y la lluvia, la vida de las plantas y de los animales, se le atribuyen a Dios (Hch 14,17; Hch 17,26; Mt 5,45; Lc 12,54-56 Mt 6,26ss; Mc 4,26-29). Tambi\u00e9n la historia se desarrolla bajo el dominio, la intervenci\u00f3n y la direcci\u00f3n de Dios. La humanizaci\u00f3n de la tierra y la evoluci\u00f3n de las vicisitudes de los diversos pueblos, especialmente de Israel, se llevan a cabo seg\u00fan un designio de Dios, que los conduce hacia una meta com\u00fan, a saber: Jes\u00fas (Hch 14,15-17; Hch 17,24-31 7,2ss; 13,l6ss; Heb lis), definido como la plenitud de los tiempos (Mc 1,15; Ga 4,4; Ef 1,10). Y esto porque el mundo y el hombre han sido vistos y queridos en Cristo por Dios desde el principio .(Rom 8,29s; Jn 1,3-5 Ep l,3ss; Col 1,15-17; ico 8,6). Esta providencia de Dios se extiende a cada uno de los vivientes y a cada uno de los peque\u00f1os sucesos de su existencia (Mt 10,29 = Lc 12,6s). Por eso mismo la creaci\u00f3n es reveladora de Dios, de sus atributos, particularmente de su bondad para con el hombre, e indicadora de la respuesta del hombre a Dios (Rm 1,19-21; Hch 17,27). De forma semejante, la historia es lugar y medio de revelaci\u00f3n: la ignorancia, m\u00e1s o menos culpable, que se les reprocha a los paganos (Hch 17,30; Hch 14,16), y especialmente a los jud\u00ed\u00ados (Mt 16,31; Lc 12,56; Lc 19,42; Hch 3,17; Hch 13,27), supone la convicci\u00f3n de que Dios act\u00faa en la historia de forma ordinaria y extraordinaria mediante las personas privadas, p\u00fablicas y hasta indignas (Jn 11,51 Ac 4,27s; Hch 2,23).<br \/>\nPor eso la intervenci\u00f3n de Dios mediante el milagro (acto de poder, signo, prodigio y obra) hunde sus ra\u00ed\u00adces en esta fe de que Dios -trascendente, invisible, omnipotente y bueno- es omnipresente, operante, ben\u00e9fico y salvador, particularmente con el hombre. Haciendo llegar a su debido tiempo a la plenitud y dando su reino en Jesucristo, Dios manifiesta su intervenci\u00f3n omnipotente en \u00e9l, incluso con una elevada concentraci\u00f3n de milagros durante su ministerio p\u00fablico. La divisi\u00f3n de los milagros evang\u00e9licos en milagros de naturaleza y milagros antropol\u00f3gicos (exorcismos, curaciones, resurrecciones), descriptiva y derivada de los relatos neotestamentarios, corresponde a nuestra mentalidad moderna y occidental, e incluye en algunos autores la intenci\u00f3n de reconocer que Jes\u00fas pudo curar a algunos enfermos, especialmente neur\u00f3ticos, neg\u00e1ndole todos los dem\u00e1s milagros. Pues bien, esta manera de pensar es extra\u00f1a (y contraria) a la mentalidad de los evangelistas, de sus predecesores y del mismo Jes\u00fas: Dios, creador y se\u00f1or de los esp\u00ed\u00adritus, de los hombres y de la naturaleza material, se\u00f1or absoluto de la vida y de la muerte, est\u00e1 presente en toda criatura y act\u00faa en ella, y con su sabidur\u00ed\u00ada, poder y bondad puede curar a un epil\u00e9ptico y cambiar el agua en vino, resucitar a un muerto y calmar el lago durante la tempestad. Por eso es preferible la clasificaci\u00f3n puramente literario-redaccional [\/111, 7].<br \/>\n2063<br \/>\nb) Jesucristo y el mundo.<br \/>\nLa referencia mencionada del mundo y del hombre a Jesucristo y la conexi\u00f3n del milagro con su persona constituyen la novedad espec\u00ed\u00adfica del NT respecto al ATy al judaismo. El acto de poder de Jes\u00fas, de los disc\u00ed\u00adpulos y de cuantos creen en \u00e9l est\u00e1 estrechamente vinculado a \u00e9l y a su resurrecci\u00f3n. Puesto que en \u00e9l reside una dynamis (poder, fuerza) (Mc 5,30), Jes\u00fas puede realizar y realiza de hecho dyn\u00e1-meis, es decir, actos de poder. El poder es Dios mismo (Mc 14,62), y se manifiesta de modo particular en la resurrecci\u00f3n de los muertos (Mc 12,24), lo mismo que se manifest\u00f3 en la creaci\u00f3n (Rm 1,20). Jes\u00fas es hecho plenamente part\u00ed\u00adcipe de ese poder en su resurrecci\u00f3n (Mc 14,62), determina la venida del reino de Dios en poder entre la pascua y la parus\u00ed\u00ada (Mc 9,1) y lo desplegar\u00e1 de modo definitivo cuando vuelva en majestad para el \u00faltimo acto de la redenci\u00f3n (Mc 13,26). Aunque lo posee ya en la tierra y antes de pascua, Jes\u00fas lo revela concretamente en los milagros, en los que se muestra poderoso (Lc 24,19; Jn 3,2 ), realiz\u00e1ndolos incluso por medio de personas extra\u00f1as (Mc 9,38s).<br \/>\nPero Jes\u00fas fue constituido Hijo de Dios \u2020\u0153en poder\u2020\u009d en la resurrecci\u00f3n (Rm 1,4): el Esp\u00ed\u00adritu de Dios, que lo resucita de entre los muertos, elimina la fragilidad de la carne y lo convierte en esp\u00ed\u00adritu vivificante ico 15,45), lo hace poderoso y capaz de configurar consigo al creyente incluso en su cuerpo resucitado ico 15,49-57; Flp 3,10; Flp 3,21). Pero esta realidad \u2020\u0153esp\u00ed\u00adritu y poder\u2020\u009d, que crea la humanidad de Jes\u00fas en el seno de Mar\u00ed\u00ada (Lc 1,35), est\u00e1 presente en \u00e9l antes de pascua, y en virtud de ella puede llevar a cabo la liberaci\u00f3n del hombre como taumaturgo y como profeta (Lc 4,14-21; Hch 10,38; Lc 5,17; Lc 6,19; Lc 8,46 ). Y en virtud de su \u2020\u0153esp\u00ed\u00adritu y poder\u2020\u009d podr\u00e1n igualmente realizar milagros los disc\u00ed\u00adpulos y los que creanen\u00e9l(Roml5,19;He6,5.8;G\u00e1l 3,5).<br \/>\nPr\u00e1cticamente sin\u00f3nimo de dynamis y sustancialmente id\u00e9ntica es la exous\u00ed\u00ada (poder, autoridad, potestad:<br \/>\nLc 4,36; Lc 9,1). Posey\u00e9ndola ilimitadamente, Dios dispone con absoluta libertad el camino, las etapas y la meta de su plan de salvaci\u00f3n (Hch 1,7). Jes\u00fas est\u00e1 revestido plenamente desde su resurrecci\u00f3n de ese poder, y en virtud del mismo conf\u00ed\u00ada a los \u2020\u0153once\u2020\u009d la misi\u00f3n universal, asegur\u00e1ndoles su asistencia eficaz a lo largo de toda la historia para el \u00e9xito de su predicaci\u00f3n y de la afirmaci\u00f3n del reino de Dios<br \/>\nMt 28,18-20; Mt 10,7). Sin embargo, tambi\u00e9n \u00e9l participa de ese poder durante su ministerio (Mc 11,2 7-33 y, como Hijo del hombre en la tierra, lo ejerce con su palabra, basada en su misterio personal, y por tanto con autoridad para ense\u00f1ar y con eficacia para liberar a los hombres de los esp\u00ed\u00adritus inmundos, de las enfermedades, del pecado y de otros males (Mc 1,21; Mc 1,27; Mc 2,1-12). M\u00e1s a\u00fan, posey\u00e9ndola con plenitud, la comunica a sus disc\u00ed\u00adpulos para hacerlos capaces y v\u00e1lidos colaboradores en la predicaci\u00f3n y en la actividad milagrosa (Mc 3,15; Mc 6,7; Mt 10,1; Lc 9,1; Lc 10,17).<br \/>\n2064<br \/>\n3. LOS MILAGROS Y LA RESURRECCI\u00ed\u201cN de Jes\u00fas.<br \/>\nPues bien, el esp\u00ed\u00adritu, el poder y la autoridad de Dios y de Jes\u00fas como causa de los milagros nos sit\u00faan frente a Jes\u00fas resucitado. El esp\u00ed\u00adritu, el poder y la autoridad, que hacen del resucitado el primog\u00e9nito de entre los muertos y capaz de salvar a todos los creyentes, incluso en el cuerpo, est\u00e1n ya presentes en \u00e9l mientras vive en la tierra y act\u00faa como revelador definitivo y como taumaturgo, aun cuando como taumaturgo act\u00fae de modo discontinuo, con eficacia parcial y a nivel de signo. Por eso la relaci\u00f3n entre los milagros y (el milagro de) la \/ resurrecci\u00f3n es una relaci\u00f3n interior, necesaria, m\u00faltiple y complementaria.<br \/>\nAs\u00ed\u00ad la \u2020\u0153fe\u2020\u009d en la resurrecci\u00f3n est\u00e1 en el origen de la memoria de los milagros. Convertida en la clave de interpretaci\u00f3n de la identidad verdadera y de la vida, de las acciones y de las palabras de Jes\u00fas (Lc 24,44s; Jn 2,22; Jn 12,16), la resurrecci\u00f3n revel\u00f3 a los disc\u00ed\u00adpulos la naturaleza cristol\u00f3gica y salv\u00ed\u00adfica incluso de los sucesos prepascuales, incluidos los milagrosos. Y los milagros tienen necesidad de ser interpretados a la luz de la resurrecci\u00f3n: al presentar a los disc\u00ed\u00adpulos de Ema\u00fas reconociendo a Jes\u00fas como \u2020\u0153profeta poderoso en palabras y en obras\u2020\u009d y al mismo tiempo como \u2020\u0153mes\u00ed\u00adas fracasado\u2020\u009d por estar y mientras est\u00e1n privados delate en su resurrecci\u00f3n, Lc (24,19-24) hace comprender que los milagros evang\u00e9licos fracasan en su objetivo sin la resurrecci\u00f3n. Al remitir a los jud\u00ed\u00ados, que pretenden signos clamorosos, al signo de Jo\u00f1as y al del templo, Mt (12,39s)y Jn (2,l8ss; cf 6,3Oss) sugieren que los milagros reciben su significado profundo solamente a partir de la resurrecci\u00f3n. Por otra parte, Jn<br \/>\n-considerando su libro como una antolog\u00ed\u00ada de signos e incluyendo en ellos las manifestaciones pascuales- es el m\u00e1s expl\u00ed\u00adcito a prop\u00f3sito de la interdependencia \u2020\u0153milagros-resurrecci\u00f3n\u2020\u009d. El motivo es claro: al hacer de \u00e9l el Hijo de Dios en poder y el primog\u00e9nito de los muertos -arquetipo, mediador y art\u00ed\u00adfice de la salvaci\u00f3n de todos-, la resurrecci\u00f3n permite captar la concausalidad eficiente de Jes\u00fas respecto a los milagros, insinuada por la forma imperativa de realizarlos (Mc 1,25; Mc 9,25) y ejercida mediante su humanidad creada por el esp\u00ed\u00adritu y por el poder de Dios (Lc 1,35). De forma semejante, al revelar la funci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica universal de Jes\u00fas (Lc 24,46s), la resurrecci\u00f3n confiere a los milagros prepascuales la cuali-ficaci\u00f3n de primicias de la salvaci\u00f3n y a los pospascuales la nota de signos de la salvaci\u00f3n dada ya en el presente en Cristo, muerto y resucitado, y la de invitaciones a creer en \u00e9l (Ac 3,12-16;4,9s;Mc 16,15- 20).<br \/>\nA su vez, los milagros prepascuales iluminan la resurrecci\u00f3n, lo mismo que el punto de partida y las etapas intermedias dejan vislumbrar la meta. Jn, distribuyendo estrat\u00e9gicamente los signos evang\u00e9licos y destacando la luz espec\u00ed\u00adfica que emana de algunos de ellos -\u2020\u0153Yo soy el pan\u2020\u009d, \u2020\u0153Yo soy la luz\u2020\u009d, \u2020\u0153Yo soy la resurrecci\u00f3n y la vida\u2020\u009d (6,35; 9,5; 11,25)-, los se\u00f1ala como etapas hacia el \u2020\u0153Yo soy\u2020\u009d del Hijo del hombre elevado en la cruz y en la gloria para atraer a todos hacia s\u00ed\u00ad y darles la salvaci\u00f3n (8,28; 12,32). Tambi\u00e9n Lc, basando los milagros en el \u2020\u0153esp\u00ed\u00adritu y poder\u2020\u009d de Jes\u00fas, prepara al lector a ver en el resucitado al que da el poderdel Esp\u00ed\u00adritu Santo, alma y motor de la misi\u00f3n universal salv\u00ed\u00adfica (1,35; 5,17; 6,19 y 24,49; Hch 1,8). Adem\u00e1s, al presentarlos milagros como intervenciones liberadoras de los diversos males del hombre (la enfermedad, la muerte, los esp\u00ed\u00adritus malignos, la naturaleza hostil, el pecado), los evangelistas tienen ante los ojos la amplitud y la densidad de la victoria pascual de Jes\u00fas en favor de los creyentes. De modo semejante, la fe, condici\u00f3n previa (Mt, Mc, Lc, Jn 11,40) y consecuencia de los milagros (Jn; Mt 11,20-24; Mc 5,18-20 = Lc 8,38s; Mc 10,52), alcanza en la pascua su madurez y pasa a ser expl\u00ed\u00adcitamente confesi\u00f3n (Lc 24,34; Jn 20,28; Jn 21,7) y anuncio de \u00e9l (Mc 16,15s; Ac 2,22ss&#8230;). Al mismo tiempo, la pobreza de los milagros -es decir, su rareza, su car\u00e1cter reservado y la temporalidad de sus efectos-, que preserv\u00f3 a los disc\u00ed\u00adpulos de la milagrer\u00ed\u00ada y que hizo posible a Jes\u00fas el camino de la cruz y de la muerte (Mc 15,29-32), est\u00e1 en armon\u00ed\u00ada con el hecho de que el poder de la resurrecci\u00f3n, a pesar de que redime, transforma y. santifica al hombre ya desde ahora y hace fermentar evang\u00e9licamente su historia, coexista con su debilidad (pecado y sufrimiento, 2Co 12,12; Ga 6,3; ico 15,9; Ef 3,8), construya al hombre nuevo mediante un proceso de muerte-resurrecci\u00f3n (Rom 6,3ss; 2Co 4,lOss) y sea perceptible solamente a los ojos de la fe e inaccesible a los sentidos (Col 3,3s; 1Jn 3,2). Es significativa en este sentido la fisonom\u00ed\u00ada de la teofa-n\u00ed\u00ada en el NT. Prescindiendo de las alusiones a las del AT (Ac 7,3Oss; Hb 12.18; Hb 12.29), los rasgos teof\u00e1nicos -mejor dicho, epif\u00e1nicos y apocal\u00ed\u00adpticos- son cristol\u00f3gicos y pascuales. Ciertos detalles y algunos vocablos especiales en la presentaci\u00f3n del bautismo y de la transfiguraci\u00f3n (Mc lbs; Mt 17,1-7), de los momentos anteriores y sucesivos a la muerte de Jes\u00fas y a la ma\u00f1ana de pascua (Mt 27,45; Mt 27,51-53; Mt 28,2-4), de la irrupci\u00f3n fragorosa del Esp\u00ed\u00adritu Santo Hch 2,2-4; Hch 2,16-20; Hch 2,33), de la cristofan\u00ed\u00ada a Pablo (Hch 9,3-8) y especialmente de la pa-rus\u00ed\u00ada en medio de la convulsi\u00f3n del cosmos (Mt 24,29-30; Mt 26,64; 2P 3,10-13), as\u00ed\u00ad como de algunos milagros (Mt 8,24ss; Jn 6,15-21; Mc 9,14-29), son un preludio o una alusi\u00f3n o una presuposici\u00f3n del acontecimiento pascual: el d\u00ed\u00ada de Yhwh (JI 2,11; JI 2,31; Ap 16,14) se convierte en el d\u00ed\u00ada del Hijo del hombre, del Se\u00f1or Jes\u00fas, del Se\u00f1or (Lc 17,24; Lc 17,30; Hch 14,31; 1 Ts 5,1; Ap 6,17 [de Dios y del cordero]). Por otra parte, algunos de los t\u00e9rminos epif\u00e1nicos (apocal\u00ed\u00adpticos) son utilizados y aplicados a la existencia terrena de Jes\u00fas en su conjunto (Jn 1,14 2Tm l,9s; 2Tm 4,8; Tt 2,11; Tt 3,4; Lc 1,79; Lc 2,9; Jn 1,5; Jn 1,9). Y las cristofan\u00ed\u00adas pascuales est\u00e1n en la l\u00ed\u00adnea de las teo-fan\u00ed\u00adas antropom\u00f3rficas del AT (Mt 28,16-20 cf Gen 18,lss;Ex3-4 1S 3,lss).<br \/>\n2065<br \/>\n4. LOS MILAGROS Y LA FE EN Cristo,<br \/>\n2066<br \/>\na) La fe pascual.<br \/>\nLa resurrecci\u00f3n, el milagro por excelencia, es tambi\u00e9n el m\u00e1s secreto: los testigos del NT hablan de \u00e9l como creyentes. Bas\u00e1ndose en el indicio del sepulcro vac\u00ed\u00ado y en las repetidas experiencias del resucitado, todos los que las hab\u00ed\u00adan tenido y que, a pesar de la muerte en la cruz, manten\u00ed\u00adan una relaci\u00f3n interior con Jes\u00fas (Mt 28,5; Mc 16,10; Mc 16,7), reconocen la intervenci\u00f3n de Dios, se sienten radicalmente transformados por ella y se convierten en heraldos suyos. Al contrario, los que tentaron a Jes\u00fas hasta el final procuraron sellarlo en el sepulcro (Mt 27,39-43; Mt 27,62-66) y se empe\u00f1aron en manipular la d\u00e9bil huella del sepulcro vac\u00ed\u00ado seg\u00fan sus propios intereses (Mt 28,13-15), no fueron objeto de ninguna iniciativa divina, sino que permanecieron en su propia incredulidad (Lc 16,31).<br \/>\nPues bien, la fe en la resurrecci\u00f3n contribuy\u00f3 a la formaci\u00f3n de la tradici\u00f3n evang\u00e9lica sobre los milagros bajo diversos aspectos. Puso a los disc\u00ed\u00adpulos en disposici\u00f3n de ver los \u2020\u0153verdaderos\u2020\u009d milagros prepascuales \u2020\u0153con ojos nuevos\u2020\u009d, es decir, como acciones salv\u00ed\u00adficas de Dios y de Jes\u00fas (Hch 2,22; Hch 10,38). Igualmente los condujo a descubrir (Mc 6,45-52) o a acentuar (Mc 5,21-24; Mc 5,35-43; Mt 9,18-19; Mt 9,23-26) la naturaleza milagrosa de algunas de sus intervenciones, a aumentar su n\u00famero mediante los duplicados (Mt 9,27-31 y 20,28-34) y los sumarios de generalizaci\u00f3n (Mc 1,32-34; Mc 3,7-10 ), a intensificar sus aspectos maravillosos (Mt 9,35), a anticipar a su ministerio terreno algunos de los realizados despu\u00e9s del pascua (Lc 5,1-11, Jn 21 ,lss) y, seg\u00fan algunos autores, a transformar tambi\u00e9n en milagro alguna par\u00e1bola del maestro(Mc 11,12-14; Mc 11, Mc 13,6-9) y aplicarles incluso alguna de las leyendas locales (Mc 5,1-20; Jn 2,1-11). La influencia iluminadora y amplificadora de la fe pascual parece que es cierta, pero no creativa \u2020\u0153ex novo\u2020\u009d, sino m\u00e1s bien basada en la seguridad de los disc\u00ed\u00adpulos de haber sido testigos directos de algunos milagros de Jes\u00fas.<br \/>\n2067<br \/>\nb) La fe de los milagros.<br \/>\nPero ya antes de pascua el milagro es inseparable de una \u2020\u0153cierta fe\u2020\u009d en Jes\u00fas, que es condici\u00f3n para reconocerlo y alcanzarlo. En general, los que presenciaron los signos y los actos de poder de Jes\u00fas reaccionaron reconociendo de diversas formas (admiraci\u00f3n, comentarios. Mc 1,27) la intervenci\u00f3n de Dios y expresando as\u00ed\u00ad por lo menos una disponibilidad a la adhesi\u00f3n. Otros, en cambio, reaccionaron negativamente, es decir, percat\u00e1ndose de su singularidad y atribuyendo al mismo tiempo su origen al diablo (Mt 12,22-30), excluyendo su procedencia de Dios (Jn 9,16) o pretendiendo siempre signos nuevos (Lc 11,14-16; Jn 6,26-30; Mc 8,1 Is; Mc 15,29-32).<br \/>\nAdem\u00e1s, en su devenir el milagro est\u00e1 ligado fuertemente a una cierta fe en Jes\u00fas. Para los sin\u00f3pticos generalmente -y tambi\u00e9n a veces para Jn (11,40; 1,50-2,11)- el milagro va precedido de la fe personal Mc 10,52) o, si \u00e9sta no es posible, de la fe de otros (Mc 5,36), expl\u00ed\u00adcita o equivalente (Mt 9,28ss; Mc 1,40 ), decidida o titubeante (Mc 2,5; Mc 9,22). En presencia de la fe, el milagro va a veces m\u00e1s all\u00e1 de lo que esperaban los interesados (Mc 2,1-12). Por el contrario, la incredulidad parece paralizar la fuerza misma milagrosa de Jes\u00fas (Mc 6,1-6). Adem\u00e1s, en Jn, y a veces con una terminolog\u00ed\u00ada equivalente en los sin\u00f3pticos (Jn 4,53; Jn 2,11; Mt 11,20-24; Mc 5,18-20; Mc 10,52), el milagro est\u00e1 en el origen de la fe o de un aumento de la misma.<br \/>\n2068<br \/>\nc) No se especifica la naturaleza de la fe.<br \/>\nNo cabe duda de que es \u2020\u0153confianza\u2020\u009d en Dios y en Jes\u00fas. Convencidos del poder y de la bondad de Jes\u00fas, que Dios le hab\u00ed\u00ada concedido (Mc 6,2), los que imploran conf\u00ed\u00adan en \u00e9l sin reservas (Mc 1,40). Pero esta confianza es din\u00e1mica, inventiva y combativa respecto a Jes\u00fas (Mt 15,21-28; Mc 5,27-30; Mc 10,46-52); an\u00e1loga a la de los salmistas enfermos, aunque mucho menos verbosa, debido tambi\u00e9n a que los evangelistas narran el milagro despu\u00e9s de ocurrido. Pero la fe de los milagros es \u2020\u0153m\u00e1s que confianza\u2020\u2122. Es tambi\u00e9n disponibilidad, acogida y adhesi\u00f3n a la persona, a la misi\u00f3n y a las exigencias de Jes\u00fas en curso de revelaci\u00f3n. Nicodemo, que reconoce el origen divino de la ense\u00f1anza y de los signos de Jes\u00fas, es un incr\u00e9dulo, probablemente porque piensa que lo \u2020\u0153sabe\u2020\u009d ya todo sobre \u00e9l (Jn 3,2; Jn 3, . De la misma manera, los habitantes Nazaret, pesar que atribuyen Dios la sabidur\u00ed\u00ada y los actos poder Jes\u00fas, se comportan como incr\u00e9dulos y hacen imposibles los milagros al pretender mantenerlo dentro los l\u00ed\u00admites su familia y su oficio (Mc 6,1-6). Por el contrario, otros, como el endemoniado Gerasa, que intenta establecer una relaci\u00f3n estable con Jes\u00fas y en todo caso hace \u00e9l un punto referencia (Mc 5,18-20); o como el ciego Jeric\u00f3, que transforma la fe primera en seguimiento (Mc 10,52), a\u00f1aden la confianza en \u00e9l una adhesi\u00f3n hecho Jes\u00fas, su funci\u00f3n, sus reivindicaciones que Dios est\u00e1 presente y operante en \u00e9l como en ning\u00fan otro. Y esto equivale una fe cristol\u00f3gica, aunque s\u00f3lo sea embrionaria y potencial. M\u00e1s expresamente, Jn hace que brote la fe los signos. Naturalmente, los milagros pospascuales est\u00e1n vitalmente vinculados la fe cristol\u00f3gica expl\u00ed\u00adcita, tanto en quienes los obran como en sus beneficiarios (Mc 16,17s).<br \/>\n2069<br \/>\nd) La fe del taumaturgo.<\/p>\n<p>En el NT se considera necesaria la fe del taumaturgo (Mc ll,23ss), aun en el caso de comunicaci\u00f3n de esta potestad por parte de Jes\u00fas (Mt 10,1-8 + 17,20), y es ejercida de varias maneras (Hch 3,6; Hch 9,40; Mc 9,39). Sin embargo, estafe no se le atribuye nunca a Jes\u00fas: \u00e9l lleva a cabo el milagro en virtud del esp\u00ed\u00adritu, del poder y de la autoridad que est\u00e1n presentes en \u00e9l y que resultan evidentes en sus \u00f3rdenes eficaces. Incluso cuando reza en concomitancia con una intervenci\u00f3n milagrosa, Jes\u00fas reza para dar gracias a Dios por ser escuchado (Jn 11,41; Mc 6,41): aunque recibe el poder milagroso del Padre y est\u00e1 siempre en comuni\u00f3n con \u00e9l, su mediaci\u00f3n, tambi\u00e9n respecto a los milagros, es al mismo tiempo orante y autoritativa (Jn 11,22; Jn 11,43), como la que se refer\u00ed\u00ada a la misi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo (Jn 14,16; Jn 14,26; Jn 15,26; Jn 16,7; Lc 24,49 y Hch 1,4; Hch 1,8; Hch 2,33).<br \/>\n2070 5. LOS MILAGROS Y LA SALVACI\u00ed\u201cN.<br \/>\nLa resurrecci\u00f3n es un acontecimiento personal y funcional de Jes\u00fas. Constituido Hijo de Dios en poder, primog\u00e9nito de entre los muertos, Cristo y Se\u00f1or (Rm 1,4; Col 1,18; Hch 2,36), \u00e9l ha resucitado por nosotros (Hb 6,20; Hb 7,25; Hb 9,24), lo mismo que muri\u00f3 (Mt 26,28; Rm 4,25) y naci\u00f3 (Lc 2,11) por nosotros. El que confiesa esta fe se hace part\u00ed\u00adcipe de la salvaci\u00f3n (Rom 10,9s). Y el NT se muestra un\u00e1nime en este punto capital. Por su parte, los evangelistas se\u00f1alan al Resucitado como al autor de la misi\u00f3n universal salv\u00ed\u00adfica (Mt 20,16-20; Lc 24,44-49; Jn 20,21-23; Mc 16,7; Mc 16, Hch 1,8), y los discursos misioneros de los Hechos tambi\u00e9n como fuente de la salvaci\u00f3n (Ac 2,22ss; 5,31; 13,26). En los mismos Hechos (4,7.9.12; cf 3,7) se subraya que la salud que se le devolvi\u00f3 al cojo en el nombre y en el poder de Cristo, muerto y resucitado, indica que la salvaci\u00f3n es ofrecida a todos por Dios exclusivamente en el nombre de Jes\u00fas (cf 2,36; Flp 2,11). Pues bien, los evangelistas ven en los milagros de Jes\u00fas unos actos salv\u00ed\u00adficos. Lo mismo que subrayan la fe en concomitancia con los milagros y como clima vital de \u00e9stos, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n ponen de manifiesto la salvaci\u00f3n en relaci\u00f3n con ellos y con su fruto.<br \/>\nTerminol\u00f3gicamente, los sin\u00f3pticos utilizan el verbo salvar (griego, sozein;Jn 5,6; Jn 7,23, hughies, sano) frecuentemente en conexi\u00f3n con los milagros: Jn exalta en varias ocasiones los dones salv\u00ed\u00adficos inherentes a los signos. Adem\u00e1s, del examen de las noticias y narraciones de milagros se deduce que todos ellos son para el bien del nombre (incluso Mc 5,1-20; Mc 11,12-14; Mc 11,20). Lc (1,20-22; Hch 5,1-11; Hch 12,2 1-23; Hch 13,11), aun mencionando en su obra milagros de juicio, como en la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblico-jud\u00ed\u00ada y helenista, no los atribuye nunca a Jes\u00fas.<br \/>\nPero la naturaleza de la salvaci\u00f3n s\u00f3lo est\u00e1 sugerida. Directa y expresamente la intervenci\u00f3n milagrosa de Jes\u00fas lleva consigo la liberaci\u00f3n de los males que atacan al hombre: enfermedades (Mc 3,4; Mc 5,28; Mc 10,52), las fuerzas naturales adversas (Mt 8,25; Mt 14,30), los demonios (Lc 8,36), la muerte inminente o ya ocurrida (Mc 5,23; Lc 8,50; Jn 11,12). Pero esta salud f\u00ed\u00adsica, que a veces tiene como sin\u00f3nimo la vida (Mc 5,23; Mc 3,4), es simult\u00e1neamente espiritual, como en el samaritano, que, ya curado de la lepra, recibe el don de la salvaci\u00f3n (Lc 17,19); yen el ciego de Jeric\u00f3, que, liberado de la ceguera, se pone a seguir a Jes\u00fas (Mc 10,52). En semejante contexto la f\u00f3rmula de despedida \u2020\u0153tu fe te ha curado\u2020\u2122 se extiende leg\u00ed\u00adtimamente en Lc del don milagroso de la salud f\u00ed\u00adsica (Lc 8,48) al de la salvaci\u00f3n espiritual (7,50) y a los de ambas (17,19). Por eso Jes\u00fas declara expresamente en Cafarna\u00fan (Mc 2,1-12; Jn 5,1-14) que con su autoridad de Hijo del hombre le da invisiblemente al paral\u00ed\u00adtico el perd\u00f3n de los pecados y visiblemente el don de la curaci\u00f3n.<br \/>\nPor esto la naturaleza de salvaci\u00f3n de todos los milagros evang\u00e9licos es la que se indica en los exorcismos: \u00e9stos son los signos sensibles del don del reino de Dios (Mt 12,2-8) y hacen palpable el reino anunciado como cercano por la palabra de Jes\u00fas (Mc 1,15). Indic\u00e1ndolos como cumplimiento de los bienes prometidos en el AT, son las primicias del reino ofrecido a los pobres (Mt 11,2; Mt 11,5-6) y totalmente disponible en la pascua (Lc 22,29s), como consecuencia de haberse negado a encontrar la salvaci\u00f3n mediante un milagro (Lc 23,35-43). Por consiguiente, las victorias de Jes\u00fas sobre los diversos males del hombre durante el ministerio p\u00fablico son otras tantas brechas abiertas en el reino de Satan\u00e1s y un preludio de su victoria pascual.<br \/>\nLos milagros despu\u00e9s de pascua de los creyentes manifiestan con mayor transparencia, incluso al exterior y en el mundo f\u00ed\u00adsico, el poder del Resucitado y la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu (Mc 16,17-20; Ga 3,5) contra el pecado y contribuyen a alimentar la esperanza cristiana de la salvaci\u00f3n de todo el hombre y de la liberaci\u00f3n del cosmos entero (Rm 8, 19-25).<br \/>\n2071 6. LOS MILAGROS Y LA PALABRA,<br \/>\n2072<br \/>\na) Ambig\u00fcedad de los milagros.<br \/>\nTambi\u00e9n para el NT el milagro es ambiguo y m\u00e1s un interrogante que un anuncio. La desaparici\u00f3n del cad\u00e1ver de Jes\u00fas, \u00fanico elemento visible de la intervenci\u00f3n de Dios, fue interpretado como un hurto por los amigos y por los adversarios de Jes\u00fas (Jn 20,2; Jn 20,13; Mt 28,13) y tuvo necesidad de palabras y de acontecimientos de revelaci\u00f3n para ser comprendida como indicio de la resurrecci\u00f3n (Jn 20,8s; Mc 16,7). De forma an\u00e1loga, frente a los milagros de Jes\u00fas algunos descubrieron en ellos la intervenci\u00f3n de Dios, mientras que otros vieron la del diablo (Mt 12,22-24). Los mismos disc\u00ed\u00adpulos, aun reconociendo en ellos la mano de Dios, no comprendieron a veces su lecci\u00f3n (Mc 6,52; Mc 8,17-21). Incluso Juan el Bautista, al tener conocimiento de ellos, se siente turbado respecto a la identidad mesi\u00e1nica de Jes\u00fas inherente a los mismos y tiene que ser iluminado con la palabra del AT (Mt 11,2-6). Por eso Jes\u00fas, poniendo en guardia contra los signos y prodigios enga\u00f1osos de los falsos profetas y cristos, indica en su palabra el medio para no caer en la trampa (Mc 13,22s), que resulta fatal para los que desobedecen a la verdad (2Tes2,9s; Ap 13,11-13).<br \/>\n2073<br \/>\nb) Complementariedad de los milagros con la palabra.<br \/>\nDe aqu\u00ed\u00ad la necesidad de completarlos con la palabra, que de cualquier modo les acompa\u00f1a. El arraigo de la palabra y del milagro en la potestad (griego, exous\u00ed\u00ada) (Mc 1,22; Mc 1,27; Mt 7,29 + Mt 8,9) de Jes\u00fas, en su poder (griego, dy\u2020\u2122na-mis) (Lc 4,36; Lc 9,1) y en su plenitud del Esp\u00ed\u00adritu de Dios (Mt 12,18; Mt 12,28) sugiere su mutua integraci\u00f3n. Tambi\u00e9n la comunidad de efecto, que se identifica con el asombro de la gente y la primera aparici\u00f3n del problema de la identidad de Jes\u00fas, insin\u00faa su coordinaci\u00f3n rec\u00ed\u00adproca Mc 1,22; Mc 1,27). De hecho, los sin\u00f3pticos, al atribuir su autoridad a su misterio personal (Mt 7,29; Mc 2,1-12), indican en aquel misterio la raz\u00f3n del estilo en primera persona singular en el anuncio (Mt 5,22ss) y en la realizaci\u00f3n del milagro (Mt 8,3). A su vez, Jn presenta la palabra o el gesto de Jes\u00fas como causa de los signos y de las obras (2,7s; 4,50; 5,8; 11,43 y 6,11; 9,6s), y al mismo tiempo indica su unidad con el Padre como ra\u00ed\u00adz de sus palabras y de sus obras (14,lOs).<br \/>\n2074<br \/>\nc) Subordinaci\u00f3n de los milagros a la palabra.<br \/>\nSin embargo, la palabra tiene la preeminencia sobre el milagro. El mismo Jn, que hace brotar la fe del signo (2,11; 11,42-45) y se\u00f1ala en las obras el testimonio que el Padre da de Jes\u00fas (10,25.38; 5,36), presenta repetidas veces la palabra, prolongada a menudo en un discurso entero, como reveladora del signo realizado o por realizar (6,3lss; 9,5.35-38; 4,42). Por esto el mismo Jes\u00fas indica como fr\u00e1gil la fe que se basa en los signos (2,23s) y que se cierra al testimonio ulterior verbal de Jes\u00fas (3,2. lis), y al final acusa a los jud\u00ed\u00ados de incredulidad a su palabra y a sus signos y obras (15,22.24). Pero esto mismo es lo que se insin\u00faa en los sin\u00f3pticos. La simultaneidad de la predicaci\u00f3n y de la actividad taumat\u00fargica sugiere su complementarie-dad, y al mismo tiempo que la palabra confiere un sentido espec\u00ed\u00adfico al milagro, sustray\u00e9ndolo a la condici\u00f3n de simple acto humanitario y elev\u00e1ndolo a signo salv\u00ed\u00adfico y anticipo de los beneficios del reino de Dios (Mt 4,17; Mt 4,23-25; Mt 9,35 para los disc\u00ed\u00adpulos: Mc 3,14s). Las mismas amenazas a las ciudades impenitentes (Mt 10,20-24) insin\u00faan que el anuncio expl\u00ed\u00adcita la finalidad del milagro. Por otra parte, al remitir a sus adversarios, \u00e1vidos de prodigios, al signo de Jon\u00e1s, es decir, a su predicaci\u00f3n (Lc ll,29s.32; cf 16,31), Jes\u00fas hace comprender la primac\u00ed\u00ada de la palabra sobre el milagro. Hay otras muchas indicaciones en este sentido. Aunque confirmada en su credibilidad por el milagro Mc 2,1-12; Jn 10,25), la palabra es frecuentemente el origen de la fe en los milagros y de los mismos milagros. Constituye adem\u00e1s el ministerio habitual, cotidiano y obligatorio de Jes\u00fas y se identifica con su misi\u00f3n (Mc 1,38; Lc 4,43), mientras que el milagro es ocasional, a pesar de que de hecho (Mt 9,35) y en la redacci\u00f3n de los evangelios (Lc 24,19; Hch 1,1) suelen estar combinados los dos. Por otra parte, aunque completa la palabra y puede perfectamente llamarse \u2020\u0153palabra visiblemente eficaz\u2020\u009d sobre la identidad de Jes\u00fas y sobre el reino de Dios (Mc 2,1-12), el milagro exige ser superado en cuanto beneficio sensible, aunque sea un beneficio mesi\u00e1nico, salv\u00ed\u00adfico y divino, y ser conservado como palabra -de aqu\u00ed\u00ad su denominaci\u00f3n de signo-, es decir, ense\u00f1anza, insinuaci\u00f3n y evangelio sobre Cristo y sobre su salvaci\u00f3n Mt 11,2-6; Mt 4,23-25). As\u00ed\u00ad tambi\u00e9n, la riqueza de la palabra es mayor; a pesar de su n\u00famero, de su variedad y de su estilo espec\u00ed\u00adfico, los milagros generalmente tienen como desenlace el nacimiento del problema de Jes\u00fas, de su misi\u00f3n, de sus dones y de sus exigencias (Mc 1,22; Mc 1,27; Mc 4,41; Jn 2,9; Jn 2,, sin indicar simult\u00e1neamente la respuesta concreta; la palabra, por el contrario, en s\u00ed\u00ad misma y en conexi\u00f3n con el milagro, ofrece directamente esa respuesta, en t\u00e9rminos propios o parab\u00f3licos, y todas formas siempre con mayor claridad y desde m\u00faltiples puntos vista. Quiz\u00e1 por esto Jn, que considera su escrito como una selecci\u00f3n signos al servicio la fe (20,30s), los refiere menudo como signos interpretados.<br \/>\n2075<br \/>\n7. LOS MILAGROS Y SU SITUACI\u00ed\u201cN literaria ? hist\u00f3rica,<br \/>\n2076<br \/>\na) Los relatos de milagros y los acontecimientos.<br \/>\nLas informaciones que se nos dan en los evangelios sobre los milagros tienen en su favor una situaci\u00f3n literaria notablemente superior respecto a las noticias sobre los milagros de la literatura b\u00ed\u00adblica, jud\u00ed\u00ada, rab\u00ed\u00adnica y helen\u00ed\u00adstica; de hecho, esos informes pertenecen a una fecha m\u00e1s cercana a los hechos milagrosos en cuesti\u00f3n. Los relatos helenistas, a pesar de su ambiente m\u00e1s sensible y m\u00e1s experto dentro del g\u00e9nero literario hist\u00f3rico, son claramente inferiores en fecha, calidad y aliento religioso a los del evangelio. Sin embargo, las noticias y narraciones evang\u00e9licas son primariamente sucesos ling\u00fc\u00ed\u00adsticos y literarios, como por lo dem\u00e1s las de otras literaturas y las narraciones no milagrosas de los evangelios:<br \/>\nentre los acontecimientos y los textos hay que pensar en los escritores, en sus fuentes y en los primeros predicadores, lo mismo que para todos los dem\u00e1s acontecimientos de la tradici\u00f3n evang\u00e9lica, y tambi\u00e9n en gran parte para los dichos. Adem\u00e1s de las redacciones actuales -las \u00fanicas que poseemos-, que presentan el episodio desde perspectivas diferentes (Mc 6,45-52, incomprensi\u00f3n del misterio; Mt 14,22-23 confesi\u00f3n de fe; Jn 6,15-21, epifan\u00ed\u00ada), est\u00e1 la tradici\u00f3n anterior, que ya hab\u00ed\u00ada interpretado, elaborado, propuesto y quiz\u00e1 agrupado las noticias y las narraciones seg\u00fan objetivos, criterios y esquemas literarios diversos, pero desconocidos en gran parte para nosotros. Pues bien, ya en semejante elaboraci\u00f3n, inspirada igualmente en formas literarias preexistentes, pudieron haber tenido lugar aquellos fen\u00f3menos de dilataci\u00f3n num\u00e9rica y revestimiento narrativo, aquellas anticipaciones de acontecimientos pascuales y, ajuicio de algunos, aquella transformaci\u00f3n de alguna par\u00e1bola en milagro, as\u00ed\u00ad como aquella trasposici\u00f3n de leyendas locales a Jes\u00fas, que antes mencion\u00e1bamos (supra, \u00c2\u00a1III, 4a). No obstante, es dif\u00ed\u00adcil atisbar la evoluci\u00f3n de la tradici\u00f3n: las aportaciones de la confrontaci\u00f3n entre las diversas redacciones y los ecos eventuales del AT, as\u00ed\u00ad como las otras mucho m\u00e1s d\u00e9biles de los relatos judeo-rab\u00ed\u00adnicos y helenistas, permiten solamente seguir su proceso con una aproximaci\u00f3n que no supera la probabilidad o la posibilidad. De manera semejante, las descripciones evang\u00e9licas no son suficientes para un diagn\u00f3stico preciso de los diversos casos, internos o externos al hombre, resueltos positivamente con la intervenci\u00f3n milagrosa de Jes\u00fas. Al narrar con la intenci\u00f3n de promover la fe en Jesucristo, los evangelistas y sus predecesores se preocuparon de destacar tambi\u00e9n en los relatos de milagros aquellos detalles que consideraban en armon\u00ed\u00ada con su objetivo, pero, en el estado de los hechos, insuficientes para que nosotros podamos hacer una reconstrucci\u00f3n de lo sucedido.<br \/>\nLas clasificaciones de la tradici\u00f3n evang\u00e9lica de \u00ed\u00adndole milagrosa en \u2020\u0153compendios\u2020\u009d (Mc 1,32-34; Mc 1,39 Jn 20,30s), en \u2020\u0153relatos-breves\u2020\u009d y estereotipados (cinco tiempos: Mt 8,1-4), en \u2020\u0153paradigmas\u2020\u009d o narraciones que sirven de marco a dichos importantes (Mt 12,9-14; Mc 3,1-6) y en \u2020\u0153relatos pormenorizados\u2020\u009d Mc 5,1-20; Jn 2,1-11; Jn 5,1-15 9,lss; ll.lss) prevalentemente descriptivos, se deducen de los textos y ponen en guardia contra los \u2020\u0153tipos de narraciones\u2020\u009d que suponen algunos autores y que atribuyen generosamente a la literatura helenista.<br \/>\n2077<br \/>\nb) Motivos de fiabilidad hist\u00f3rica.<br \/>\nEl reconocimiento del enriquecimiento objetivo y descriptivo por la tradici\u00f3n evang\u00e9lica de los milagros y de una cierta deuda literaria con el ambiente (jud\u00ed\u00ado y helenista), no reduce los relatos milagrosos a un puro acontecimiento literario (o a una narraci\u00f3n del nacimiento de la fe: cf. K. Bornkamm, WunderundZeug-nis<br \/>\nJ.C.B. Mohr, T\u00fcbingen 1968), privado de toda correspondencia con la realidad hist\u00f3rica. El milagro es parte del anuncio de Cristo desde el principio (Hch 2,22) y ocupa un puesto notable en los cuatro evangelios; y la actividad taumat\u00fargica de Jes\u00fas es considerada adem\u00e1s como hist\u00f3ricamente s\u00f3lida por los exegetas que siguen los m\u00e9todos hermen\u00e9uticos hist\u00f3rico-cient\u00ed\u00adficos y est\u00e1n atentos a guardarse del prejuicio antisobrenatural de naturaleza filos\u00f3fica. Tambi\u00e9n los autores que a rega\u00f1adientes admiten las curaciones de endemoniados y de enfermos ps\u00ed\u00adquicos y excluyen los dem\u00e1s milagros parecen obedecer a este apriorismo filos\u00f3fico y abandonar el terreno s\u00f3lido del texto, de su ambiente y de los m\u00e9todos cient\u00ed\u00adficos para comprenderlo. L. Goppelt, distinguiendo oportunamente entre historia y filosof\u00ed\u00ada, entre criterios historiogr\u00e1ficos y principios filos\u00f3ficos, pone en guardia contra las pretensiones de la ciencia<br \/>\n-quiz\u00e1, mejor dicho, de algunos de sus tutores interesados- de ayer, y en parte de hoy, de establecer a priori lo que puede suceder y lo que no puede suceder, y se pronuncia por la historicidad de los exorcismos y de las curaciones de enfermos en general y de algunos milagros de naturaleza (Mc 4,35-41; Mc 6,34-44), aunque se\u00f1alando que estos \u00faltimos no fueron inmediatamente evidentes a quienes los presenciaron (Theologie, 193s).<br \/>\nLos motivos de la credibilidad hist\u00f3rica de los relatos de milagros son sustancialmente id\u00e9nticos a los de la fiabilidad de las dem\u00e1s partes de la tradici\u00f3n evang\u00e9lica; y los m\u00e9todos para realizar el camino desde el texto, \u00fanico y m\u00faltiple, hasta el acontecimiento son igualmente los mismos. En particular, aun excluyendo la posibilidad de llegar a los \u2020\u0153ipsissima fac\u00ed\u00ada Jesu\u2020\u009d(F. Mussner, Los milagro, 46-53), como en las curaciones de leprosos o en las realizadas en d\u00ed\u00ada de s\u00e1bado, hay varias caracter\u00ed\u00adsticas de las narraciones que orientan hacia el car\u00e1cter f\u00e1ctico de los milagros evang\u00e9licos: el testimonio m\u00faltiple (Mc, Q, Mt, Lc, Jn, Ac), la discontinuidad con el judaismo (Ac, Qumr\u00e1n, Juan Bautista, rabinos) y con la Iglesia primitiva (por el estilo en primera persona singular), la enorme simplicidad en su presentaci\u00f3n, la reserva habitual de Jes\u00fas en llevarlos a cabo, su car\u00e1cter p\u00fablico, muy acentuado en algunos casos de contestaci\u00f3n (Mc 3,22ss; Jn 5,lss; 9,lss), la gran popularidad que de all\u00ed\u00ad se deriv\u00f3 para Jes\u00fas y probablemente confirmada por una Baraita jud\u00ed\u00ada (Sanhedrin 43a: Strack-Billerbeck, 1,631), su car\u00e1cter espec\u00ed\u00adfico de signos y primicias del reino de Dios, todas estas cosas son elementos propios que, adem\u00e1s de poner de relieve la originalidad de los milagros evang\u00e9licos, constituyen una base seria y s\u00f3lida para afirmar su objetividad hist\u00f3rica.<br \/>\n2078<br \/>\nIV. EN LA IGLESIA.<br \/>\n2079<br \/>\n1. Existencia Y FUNCION DEL MILAGRO.<br \/>\nPara el per\u00ed\u00adodo posterior a la pascua y fuera ya de los evangelios, s\u00f3lo en raras ocasiones se recuerdan los milagros de Jes\u00fas (Hch 2,22; Hch 10,38), mientras que se mencionan m\u00e1s a menudo los de sus disc\u00ed\u00adpulos de forma sumaria (Hch 2,43; Hch 5,12; Hch 5,15; Hch 6,8 8,6s; Hch 14,3; Hch 15,12 28,8s; Rm 15,19; Ga 3,5; Hb 2,4) o por extenso (Hch 3,1-10; Hch 9,32-35; Hch 14,9-11; Hch 15,18; Hch 20,9-12 ). Generalmente estos milagros son realizados por los actores humanos apelando al poder de Cristo, muerto y resucitado, aunque a veces se les refiere a la acci\u00f3n de Dios y de su Esp\u00ed\u00adritu (Hch 12,13 [\u00e1ngel]; Ga 3,5 [Esp\u00ed\u00adritu Santo]). Hay a veces algunos milagros punitivos (Hch 5,1-11; Hch 12,23; Hch 13,9-12); pero la mayor parte son salv\u00ed\u00adficos, como los del evangelio, y, al conferir credibilidad a la palabra apost\u00f3lica, promueven la fe en Jesucristo. Lo mismo que Jes\u00fas, tampoco sus disc\u00ed\u00adpulos hacen nunca milagros en su propio favor, aun cuando a veces son salvados por Dios de forma singular para que sigan evangelizando (Hch 12,6-11; Hch 16,26; Hch 5,19).<br \/>\nPero en el tiempo de la Iglesia el milagro no es solamente una realidad de hecho y reservada a los grandes servidores de la \u2020\u0153palabra\u2020\u009d, como podr\u00ed\u00ada deducirse de Mc (3,15; 6,7; Mt 10,1; Lc 9,1; Lc 10,19), sino que est\u00e1 de alguna manera institucionalizado en la comunidad cristiana y es coexten-sivo a la duraci\u00f3n de la predicaci\u00f3n evang\u00e9lica y de la fe en Cristo y mediatizado por todos los creyentes (Mc 16,17s.2O). No obstante, sigue siendo secundario y ocasional: la salvaci\u00f3n tiene su origen, fructifica y camina a trav\u00e9s de la palabra apost\u00f3lica (eclesial) y el bautismo (= sacramentos), acogidos con fe obediente (Mc 15, 15s; Mt 28,18-20). El bien concedido por el milagro no se identifica con esta salvaci\u00f3n; pero constituye una irradiaci\u00f3n sensible, m\u00e1s transparente que la presencia activa del Resucitado, que con su Esp\u00ed\u00adritu conduce a los cristianos, a la Iglesia y a la humanidad hacia la \u00faltima meta de la resurrecci\u00f3n y de la transfiguraci\u00f3n del cosmos.<br \/>\n2080<br \/>\n2. SUS L\u00ed\u008dMITES Y SU CONTINUA puesta al d\u00ed\u00ada.<br \/>\nEl don de los milagros figura entre los carismas que hacen tocar con la mano la libertad, la liberalidad y la magnificencia de Dios, uno y trino, con los cristianos, a fin de hacerlos cooperadores id\u00f3neos en la edificaci\u00f3n del cuerpo de Cristo (1Co 12,9s.28-30; 13,2b). Pr\u00e1cticamente, el milagro se manifiesta en cada uno de los sectores de la actividad humana cuando el cristiano, enriquecido y animado por el Esp\u00ed\u00adritu de Dios, se compromete a s\u00ed\u00ad mismo por entero y \u2020\u0153hace milagros\u2020\u009d en el apostolado, en la ense\u00f1anza, en la asunci\u00f3n de responsabilidades, en la asistencia&#8230;; acogiendo los dones del Esp\u00ed\u00adritu, los ministerios de Cristo y las actividades de Dios, el cristiano coopera en esp\u00ed\u00adritu de servicio, con absoluto desinter\u00e9s y en sinton\u00ed\u00ada con todos los dem\u00e1s hermanos, en la edificaci\u00f3n y el perfeccionamiento de todo el cuerpo de Cristo (cf tambi\u00e9n Rm 12,6-8; Ef 4,7; Ef 4,<br \/>\nPero los milagros y la fe de los milagros, al igual que ocurre con los otros carismas, son claramente<br \/>\ninferiores a la caridad, as\u00ed\u00ad como a la fe y a la esperanza, estrechamente asociadas a la caridad (1 Co<br \/>\n12,31 b-14,1): son carismas terrenos, transitorios e imperfectos, mientras que la caridad pertenece adem\u00e1s<br \/>\na la condici\u00f3n madura, perfecta y definitiva del cristiano. Adem\u00e1s, la caridad, que se ejerce con la paciencia, la humildad, la amabilidad, la disponibilidad&#8230;, es descrita como el poder en la debilidad (2Co 12,9s); privado de aparato exterior y de efectos vistosos, el cristiano act\u00faa como adulto, participa de la eficacia del poder de la cruz para la salvaci\u00f3n de los dem\u00e1s (1Co 1,18; ico 1,26-31) y construye a los dem\u00e1s creyentesyala Iglesia, al hombreyala sociedad (lCo 8,1).<br \/>\n2081<br \/>\ny. CONCLUSION.<br \/>\nPastoralmente se perfila una doble consideraci\u00f3n: en relaci\u00f3n con los (relatos de) milagros del AT y del NT y con los milagros de la Iglesia que camina, y -teniendo en cuenta la unicidad y la universalidad de la mediaci\u00f3n de Cristo (Mc 9,38s; Hch 19,12)- en las religiones no cristianas.<br \/>\n2082<br \/>\n1. LOS MILAGROS DEL AT Y DEL NT.<br \/>\nComo todos los acontecimientos de la historia de la salvaci\u00f3n, \u00e9stos est\u00e1n ante nosotros exclusivamente como palabra (Lc 1,1-4; Hch 1,1). Su mensaje conserva su validez. El milagro de la creaci\u00f3n en Cristo; el del \u00e9xodo, que hizo nacer a Israel como pueblo de Dios, y el de la resurrecci\u00f3n, con el que Jes\u00fas nace como Hijo de Dios en poder y como primog\u00e9nito de muchos hermanos, son actos omnipotentes salv\u00ed\u00adficos de Dios, vitalmente relacionados entre s\u00ed\u00ad y que preparan el milagro escatol\u00f3gico de la glorificaci\u00f3n de los hijos de Dios en la tierra nueva y en los cielos nuevos. Tambi\u00e9n la ense\u00f1anza de cada uno de los milagros sigue siendo actual bajo el aspecto teol\u00f3gico, cristo-l\u00f3gico, eclesiol\u00f3gico, sacramental y escatol\u00f3gico, como se insin\u00faa en el NT respecto al AT y en los padres y en la tradici\u00f3n de la Iglesia respecto al AT y al NT. La intervenci\u00f3n de Dios en la naturaleza y en la historia, que se hace sensible en el milagro, confirma su presencia, su se\u00f1or\u00ed\u00ado, su acci\u00f3n y su direcci\u00f3n de la creaci\u00f3n y del hombre, as\u00ed\u00ad como su compromiso, discreto y sumamente eficaz, en la trama de la historia humana con el hombre y para el hombre. Adem\u00e1s, la intervenci\u00f3n milagrosa de Dios para salvar al hombre en su vida f\u00ed\u00adsica y por un tiempo determinado (de la enfermedad, de la esclavitud, de la muerte&#8230;) pone de relieve que su designio tiene como finalidad la salvaci\u00f3n de todo el hombre, incluso en su cuerpo, y sostiene la esperanza cristiana de la resurrecci\u00f3n y de la liberaci\u00f3n de la creaci\u00f3n entera (Rm 8, 19-25). Del mismo modo, la acci\u00f3n milagrosa de Dios para conceder bienes terrenos y temporales (la libertad, la comida, la salud, la vida&#8230;) insin\u00faa que tambi\u00e9n el creyente y la Iglesia tienen que trabajar activamente para alcanzar las mismas metas de liberaci\u00f3n y de prosperidad en favor del hombre individual y de la comunidad humana. De forma semejante, la dimensi\u00f3n cristol\u00f3gica inherente a algunos milagros, presente en los sin\u00f3pticos y resaltada particularmente por Jn y por Pablo tambi\u00e9n respecto a alg\u00fan signo del AT (1Co 10,1-4), conserva toda su importancia en relaci\u00f3n con la identidad, con los misterios salv\u00ed\u00adficos, con la funci\u00f3n soteriol\u00f3gica y con la mediaci\u00f3n de la humanidad de Cristo (passim). Igualmente, los rasgos ecle-siol\u00f3gicos (Mt 8,24-27; Mt 14,22-33; Mt 17,28-33), sacramentales (Mc 6,34-44; Mc 7,31-37), misioneros (Mc 5,1-20) y escatol\u00f3gicos Jn 11,1-45) de diversos relatos de milagros mantienen su valor, en cuanto que aluden a la continuidad entre algunos actos de Jes\u00fas y la Iglesia, su misi\u00f3n, sus sacramentos y la esperanza cristiana.<br \/>\nPor otra parte, estas lecturas de fe, m\u00faltiples y a veces posteriores a los milagros del AT y del NT, tienen un valor privilegiado en cuanto que han sido inspiradas por Dios a los diversos autores y entregadas a la Iglesia como \u2020\u0153palabra de Dios\u2020\u009d. Su pluralidad y su distancia cronol\u00f3gica sugieren que esas lecturas no agotan el mensaje de (los relatos de) los milagros. Por consiguiente, tambi\u00e9n las lecturas que hoy hacemos de ellos y que, mediante las interpretaciones privilegiadas, consideran los milagros desde la \u00f3ptica de las condiciones culturales, religiosas, cient\u00ed\u00adficas, hist\u00f3ricas, eclesiales&#8230; contempor\u00e1neas, son perfectamente leg\u00ed\u00adtimas y fecundas; m\u00e1s a\u00fan, necesarias y obligatorias. Es verdad que la imposibilidad de reconstruir con exactitud lo sucedido a trav\u00e9s de la documentaci\u00f3n que ha llegado hasta nosotros suscita cierto malestar en el hombre actual -que se ve adem\u00e1s arrastrado por la definici\u00f3n tradicional del milagro como hecho superior, derogatorio y contrario a las leyes de la naturaleza-, a pesar de saber que esa imposibilidad existe igualmente para otros acontecimientos hist\u00f3ricos sagrados y profanos, y de que la intervenci\u00f3n de Dios en un fen\u00f3meno singular no puede verificarse s\u00f3lo con la investigaci\u00f3n hist\u00f3rica, sino que hay que percibirla con los ojos de la fe. Pero este sentimiento de frustraci\u00f3n no impide su lectura ni la hace menos fecunda o menos preciosa.<br \/>\n2083<br \/>\n2. LOS MILAGROS ENTRE LA PASCUA Y la parus\u00ed\u00ada.<br \/>\nActualmente algunos de los milagros han quedado sorprendentemente disminuidos (las curaciones),<br \/>\nmientras que otros parecen haber desaparecido (las resurrecciones, los milagros de la naturaleza). Por una parte el creyente, que participa de la salvaci\u00f3n y se encuentra en camino hacia su cumplimiento dentro de la comunidad cristiana, coopera a ello llevando la cruz de cada d\u00ed\u00ada, es decir, transformando los males presentes en factores de vida (Lc 9,23 2Co 4,lOss; Rm 8,17; Rm 8, Rm 8, ). Por otra parte, nuestra mentalidad es distinta de la b\u00ed\u00adblico-evang\u00e9lico-apos-t\u00f3lica: el hombre de Oriente medio, jud\u00ed\u00ado y helenista consideraba natural y casi obligatorio que la divinidad y sus enviados intervinieran en los episodios de la vida humana con el milagro; el hombre contempor\u00e1neo y secularizado piensa que tiene que liberarse de ciertos males y procurarse determinados bienes por s\u00ed\u00ad solo, y en parte lo consigue con su ciencia y con sus inventos. Sin embargo, el milagro no puede considerarse \u2020\u0153superado\u2020\u009d ni siquiera en esta situaci\u00f3n de la Iglesia y del mundo (occidental): por un lado, incluso hoy se verifican curaciones excepcionales, que a veces son rigurosamente controladas (en Lourdes, en los procesos de beatificaci\u00f3n y canonizaci\u00f3n) y, debido a las circunstancias, son consideradas como milagrosas por la autoridad eclesi\u00e1stica; por otro lado, algunos cristianos particulares y en grupos (carism\u00e1ti-cos, pneum\u00e1ticos) piden y esperan de Dios gracias singulares, y a veces est\u00e1n convencidos de que las obtienen y de que las pueden considerar milagrosas. En ambos casos est\u00e1 excluido el af\u00e1n milagrero, ya que los interesados se mueven en un clima de verdadera fe y hacen progresos en el abandono en manos de Dios y en la plena disponibilidad a su voluntad. Tambi\u00e9n estos milagros y estas gracias ponen de relieve la libertad, la gratuidad y la liberalidad del Esp\u00ed\u00adritu de Dios, la inagotable riqueza de la redenci\u00f3n de Cristo, el poder del Dios Padre en dejar que se vislumbre excepcionalmente la liberaci\u00f3n final y la transfiguraci\u00f3n definitiva del cuerpo humano y del mundo, sin dar pie a la milagrer\u00ed\u00ada, que busca evitar el compromiso, el camino duro de la vida y de la historia, la cruz. Su escasez invita m\u00e1s bien a recorrer el sendero del deber cotidiano, de las luchas por la existencia y de la inserci\u00f3n creativa dentro del atormentado proceso hist\u00f3rico de la humanidad. Al insistir en la inferioridad de los carismas -milagros y fe en los milagros- respecto a las virtudes teologales, y particularmente la caridad (1Co 12,13b-14,1), y omitir la menci\u00f3n de los milagros en las otras listas de los dones espirituales (Rm 12,6-8; Ef 4,7; Ef 4,11 cf 1P 4,lOs), Pablo parece insinuar que Dios enriquece a la Iglesia y a los cristianos con sus gracias para que transmitan la fuerza liberadora, transformadora y santifi-cadora de la resurrecci\u00f3n de Cristo a las actividades ordinarias, y \u2020\u0153hagan milagros\u2020\u009d en el cumplimiento de las obligaciones del propio estado, con esp\u00ed\u00adritu de total olvido de s\u00ed\u00ad mismos, de servicio al hombre y de sencillez humilde, a fin de \u2020\u0153impresionar\u2020\u009d aun a los distra\u00ed\u00addos, a los indiferentes y a los no creyentes, y orientarlos as\u00ed\u00ad hacia Cristo. Sobre todo celebrando la caridad en su hero\u00ed\u00adsmo sencillo, humilde y siempre al lado del hombre, el ap\u00f3stol Pablo invita a reflejar en la propia existencia los rasgos y los comportamientos de Jes\u00fas de Nazaret. Y este \u2020\u0153milagro ordinario\u2020\u009ddel cristiano y de la Iglesia, realizado continuamente por el Esp\u00ed\u00adritu Santo que derrama la caridad en los corazones para servir y edificar (Rm 5,5; Ga 5,13; ico 8,1), es el principio, el alma y el v\u00e9rtice de los \u2020\u0153milagros sensibles\u2020\u009d, igual que la concepci\u00f3n de Jes\u00fas, realizada por el esp\u00ed\u00adritu y poder de Dios (Lc 1,35), es la ra\u00ed\u00adz de todos sus milagros.<br \/>\n2084<br \/>\nBIBL.: AA.W., Los milagros de Jes\u00fas seg\u00fan el NT, a cargo de X. L\u00e9on-Dufour, Cristiandad, Madrid 1979;<br \/>\nAA.W., Miracles, ed. C.F.D. 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A ello se a\u00f1ade la presunci\u00f3n, fundamentada teol\u00f3gicamente, de que el m. absoluto est\u00e1 en una estrecha relaci\u00f3n interna con el acontecimiento singular e irrepetible de la revelaci\u00f3n de Dios en Jesucristo (de donde se puede deducir de antemano un cierto \u00abprincipio de econom\u00ed\u00ada\u00bb con relaci\u00f3n a la experiencia absoluta del m. en el \u00abtiempo de la Iglesia\u00bb). Ahora bien, si el concepto teol\u00f3gico de m. ha de formarse recurriendo a la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica, de ah\u00ed\u00ad se desprende una decisiva orientaci\u00f3n hermen\u00e9utica: la teolog\u00ed\u00ada directa e inmediatamente no tiene que hab\u00e9rselas con los m., sino con testimonios sobre los m., es decir, con narraciones de m. Desde G.E. Lessing (Vom Beweis des Geistes und der Kraft, 1777) la elaboraci\u00f3n de esta \u00abdiferencia hist\u00f3rica\u00bb en el concepto teol\u00f3gico de m. se ha hecho problem\u00e1tica expl\u00ed\u00adcita. Toda discusi\u00f3n abstracta y metaf\u00ed\u00adsica del concepto de m. (m., p. ej., como \u00abruptura de las leyes naturales\u00bb) abandona de antemano el punto de partida hermen\u00e9utico: la pregunta teol\u00f3gica sobre el m. no est\u00e1 referida primariamente a la naturaleza, sino a la historia; anteriormente a toda cuesti\u00f3n de \u00abl\u00ed\u00admite\u00bb en las ciencias naturales, contiene una cuesti\u00f3n teol\u00f3gica de \u00abl\u00ed\u00admite\u00bb en la ciencia hist\u00f3rica.<\/p>\n<p>b) Puesto que, evidentemente, el hombre s\u00f3lo queda afectado por una informaci\u00f3n hist\u00f3rica cuando \u00e9sta se le da como respuesta a una cuesti\u00f3n ineludible que determina su futuro, y puesto que hoy, bajo el predominio de las ciencias naturales en la concepci\u00f3n del mundo, el car\u00e1cter existencial de la historia est\u00e1 oculto en gran parte; consecuentemente la teolog\u00ed\u00ada (como -a teolog\u00ed\u00ada fundamental) de cara a los m. narrados en la Biblia tiene la misi\u00f3n de descubrir la apertura y afinidad originaria, hasta cierto punto a priori, del hombre respecto del m.: 1\u00c2\u00ba. Ante todo en cuanto, abriendo una brecha en toda inteligencia del hombre que presuma de estar concluida, ha de mostrar el thaumaxein, la admiraci\u00f3n interrogante del hombre (no superada con ninguna respuesta particular) sobre el sorprendente misterio de su existencia hist\u00f3rica (que despierta y atrae hacia s\u00ed\u00ad todas las cuestiones). 2.\u00c2\u00b0 Descubriendo la fundamental y permanente apertura del hombre para lo singular, para lo que no est\u00e1 en nuestras fuerzas ni podemos esperar; y esto incluso en un mundo \u00abhominizado\u00bb que materialmente puede calcularse cada vez m\u00e1s en sus detalles particulares. 3\u00c2\u00ba Finalmente, mostrando que el -> mundo como historia tiene esencialmente una estructura intersubjetiva, de modo que el acontecer hist\u00f3rico nunca puede disolverse en puras determinaciones objetivas, en informaciones totalmente objetivas, pues sit\u00faa al hombre en aut\u00e9nticas \u00abtradiciones\u00bb y en una red de testimonios interpersonales, hasta tal punto que \u00e9l no puede arrancar de all\u00ed\u00ad su propio yo y el futuro de su existencia hist\u00f3rica como si se tratara de un objeto bien delimitado.<\/p>\n<p>c) La investigaci\u00f3n de la historia de las formas en la Escritura ha establecido como criterio literario formal que en los relatos neotestamentarios de m. no se trata de reportajes escritos por un observador neutral, sino de testimonios de fe orientados kerygm\u00e1ticamente y elaborados teol\u00f3gicamente (-> milagros de Jes\u00fas). Esta peculiaridad formal y la doble determinaci\u00f3n del m. en lo relativo a su contenido, a saber, el m. como momento del contenido de la promesa y como momento de la fundamentaci\u00f3n de su credibilidad, muestran que en los m. narrados no se trata simplemente de sucesos (naturales) constatables de una manera puramente natural y neutral.<\/p>\n<p>M\u00e1s bien esos m. deben considerarse, por su naturaleza misma, como signos que afectan a la existencia humana de cara a un futuro salv\u00ed\u00adfico que ella busca interesadamente, de modo que para la transmisi\u00f3n general de \u00e9ste el car\u00e1cter de testimonio subjetivamente afectado (a diferencia de un \u00abreportaje\u00bb) no es causal, sino esencial.<\/p>\n<p>2. Definici\u00f3n y explicaci\u00f3n<br \/>\na) Desde el punto de vista teol\u00f3gico los m. son signos que muestran la presencia del prometido reinado de Dios y que acreditan a los portadores hist\u00f3ricos de esta promesa (patriarcas, profetas, Jesucristo). Bajo esa perspectiva tienen la funci\u00f3n de despertar y llamar al hombre, remiti\u00e9ndolo hacia aquella dimensi\u00f3n de su existencia que busca -> sentido y -> salvaci\u00f3n, dimensi\u00f3n que abierta o latentemente, aceptada o reprimida, se anuncia en todos los esbozos del futuro, y que quiere hacerse visible hist\u00f3ricamente. Seg\u00fan esto, el m. no es en absoluto una demostraci\u00f3n arbitraria de la omnipotencia de Dios, est\u00e1 m\u00e1s bien en el contexto universal de la historia de la promesa: como anticipaci\u00f3n que da testimonio del poder de Dios para producir la salvaci\u00f3n escatol\u00f3gica, poder que ha hecho su irrupci\u00f3n definitiva como futuro de la humanidad en -> Jesucristo y en su -> resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p>b) El m. no es un hecho natural (\u00abf\u00ed\u00adsico\u00bb), al cual se a\u00f1ade accesoriamente una funci\u00f3n significativa; en s\u00ed\u00ad mismo, en su propia naturaleza como fen\u00f3meno, es un \u00absigno\u00bb. Esta \u00abidentidad\u00bb de signo y hecho es comparable, p. ej., a la manera de encontrarse los hombres como personas, la cual no puede deducirse mediante categor\u00ed\u00adas objetivas (cf. B. WELTE, Vom historischen Zeugnis zum christlichen Glauben: Auf der Spur des Ewigen [Fr. 1965] 337-350). El m. es un signo que tiende, no a la demostraci\u00f3n te\u00f3rica de lo significado, sino a hacerlo cre\u00ed\u00adble. Por eso, teol\u00f3gicamente, no es de antemano un signo que necesariamente produzca una evidencia objetiva. Es m\u00e1s bien un signo que llama, que pre\u00f1ado de promesa afecta al hombre all\u00ed\u00ad donde \u00e9l intenta con riesgo realizar una orientaci\u00f3n hacia el futuro referida a la totalidad de su existencia cohumana (y de hecho el hombre, expl\u00ed\u00adcita o impl\u00ed\u00adcitamente, se halla siempre en este riesgo). Por eso el m. como tal nunca puede producirse en un horizonte mundano que en su esbozo excluya de antemano esta orientaci\u00f3n, llevada y determinada por la libertad, de la existencia humana en su totalidad (como a veces sucede en el m\u00e9todo mismo de las ciencias naturales).<\/p>\n<p>c) Por tanto, el lugar originario de la posible experiencia del m. no puede ser la observaci\u00f3n met\u00f3dica en el sentido de las ciencias naturales, pues \u00e9stas trabajan con la presunci\u00f3n metodol\u00f3gica de una realidad del mundo disponible en principio, con una especie de \u00abdeterminismo metodol\u00f3gico\u00bb, el cual posibilita su actitud de mera observaci\u00f3n, pues hace que la realidad se manifieste en su facticidad f\u00ed\u00adsica. Ese m\u00e9todo es leg\u00ed\u00adtimo mientras advierta sus propios limites y no pretenda tener un car\u00e1cter absoluto. De ah\u00ed\u00ad que para 1as ciencias naturales no se d\u00e9 la afecci\u00f3n existencial; para ellas a lo sumo se da la perplejidad (que se convierte en est\u00ed\u00admulo para modificar el sistema de explicaci\u00f3n y de determinaci\u00f3n). Por estos y por otros motivos, en concreto por la ambig\u00fcedad del concepto de -> naturaleza o -> leyes de la naturaleza), no parece oportuno definir negativamente el m. como \u00absuspensi\u00f3n\u00bb o \u00abruptura\u00bb de las leyes de la naturaleza. M\u00e1s bien hay que definirlo positivamente como signo de la inclusi\u00f3n de la realidad entera en una econom\u00ed\u00ada hist\u00f3rica de Dios, la cual puede aparecer en este mundo para aquel que la mira en el horizonte de una actitud fundamental de su existencia configurada y orientada por la referencia a otros hombres, por la b\u00fasqueda de un sentido y de una salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: J. H. Newman, Two Essays an Miracles (Lo 1897); A. 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Se traduce \u00abmilagros\u00bb en Mat 7:22; 11.20, 21,23; 13.54,58; Mc 6.2,5; 9.39; Luk 10:13; 19.37; Act 2:22; 8.13; 19.11; 1Co 12:10, 28,29; 2Co 12:12; Heb 2:4; v\u00e9ase PODER, y tambi\u00e9n CAPACIDAD, EFICACIA, FUERZA, MARAVILLA, POTENCIA, SE\u00ed\u2018AL, VALOR. 2. semeion (shmei`on, 4592), se\u00f1al, marca, prenda. Se usa de milagros y maravillas como se\u00f1ales de autoridad divina. Se traduce \u00abmilagros\u00bb en la RV en Act 4:22,30; 5.12; 6.8; 7.36; 8.13; Rom 15:19 (en la RVR se traduce \u00abse\u00f1al\/es\u00bb). V\u00e9ase SE\u00ed\u2018AL, etc.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Vine Nuevo testamento<\/b><\/p>\n<p>No es raro que hoy d\u00ed\u00ada algunos cristianos consideren como caducada la noci\u00f3n misma del milagro y que, inversamente, otros se muestren \u00e1vidos de falsas maravillas. Estos excesos opuestos tienen una fuente com\u00fan, alimentada por cierta apolog\u00e9tica durante mucho tiempo en vigor: en los milagros se ve\u00ed\u00ada \u00fanicamente un desaf\u00ed\u00ado a las leyes naturales, olvidando su car\u00e1cter de signos \u00abadaptados a la inteligencia de todos\u00bb.<\/p>\n<p>La Biblia, por su parte, reconoce en todas partes la mano de Dios, que manifiesta a los suyos su poder y su amor.<\/p>\n<p>El universo creado, con su orden fijo (ter 31,36s) es \u00abmaravilla\u00bb (Sal 89,6) y \u00absigno\u00bb (Sal 65,9), como las intervenciones no habituales de Dios en la historia; y \u00e9stas a su vez son *creaci\u00f3n renovada (N\u00fam 16,30; Is 65,18), aun cuando el historiador de hoy d\u00ed\u00ada las considere como ordinarias y explicables. La Biblia, que ignora las distinciones modernas entre acciones \u00abprovidenciales\u00bb, causas naturales excepcionalmente convergentes, acci\u00f3n divina que sustituye el funcionamiento de los agentes naturales o \u00abcausas segundas\u00bb, concentra la mirada del creyente en el elemento esencial, com\u00fan a todas nuestras categor\u00ed\u00adas: la significaci\u00f3n religiosa de los hechos. As\u00ed\u00ad san Agust\u00ed\u00adn, con los ojos de la fe, reconoce tanto en el crecimiento de la mies como en la multiplicaci\u00f3n de los panes el sello del amor y del poder divinos; si los distingue, no es sino en raz\u00f3n de la costumbre o del asombro de sus beneficiarios respectivos. En esta \u00f3ptica el detalle no tiene la importancia que nosotros propendemos a darle: as\u00ed\u00ad, la higuera est\u00e9ril \u00bfse sec\u00f3 \u00abal instante\u00bb (Mt 21,19) o m\u00e1s tarde (Me 11,20)? Da lo mismo. Lo \u00fanico que cuenta es la lecci\u00f3n que oculta el gesto simb\u00f3lico.<\/p>\n<p>I. EL MILAGRO EN EL AT. 1. Los hechos. Dejando a un lado lo maravilloso ficticio de ciertos libros o secciones que pertenecen al g\u00e9nero did\u00e1ctico (Jon, Tob, marco dram\u00e1tico de Job, haggada de Dan 1-6, adornos edificantes de 2Mac, etc.), as\u00ed\u00ad como las dos maravillas se\u00f1aladas en la historia de Isa\u00ed\u00adas (Is 37,36s; 38, 7s), los milagros no aparecen numerosos sino en dos momentos capitales de la historia sagrada con Mois\u00e9s y su sucesor Josu\u00e9, en el momento de la fundaci\u00f3n y de la instalaci\u00f3n del pueblo de Dios; con El\u00ed\u00adas y su disc\u00ed\u00adpulo Eliseo, restauradores de la Alianza mosaica.<\/p>\n<p>La historicidad sustancial de los ciclos de El\u00ed\u00adas y de Eliseo se compagina con las amplificaciones populares (p. e. 2Re 1,9-16), que de un ciclo a otro ganan en extensi\u00f3n y con frecuencia pierden en calidad religiosa (p. e. 2Re 2,23s; 6,1-7). Esta misma historicidad subsiste tambi\u00e9n a trav\u00e9s de la amplificaci\u00f3n, sin duda m\u00e1s extensa, que sufrieron a trav\u00e9s de las edades las tradiciones de las diez plagas de Egipto_ o los milagros del desierto y de la conquista de Cana\u00e1n. Los que las pusieron por escrito, utilizando los g\u00e9neros literarios a que estaban habituados los lectores de su tiempo, compilaron as\u00ed\u00ad tradiciones, explotaron libremente los relatos; pero nunca perdieron de vista su fin religioso: mostrar la presencia protectora del Dios todopoderoso (Jos 24,17) en los albores de la historia del pueblo elegido. As\u00ed\u00ad, a trav\u00e9s del mundo \u00e9pico que caracteriza a estas tradiciones, \u00e9stas no dejan de ser fundamentales : refieren el nacimiento de Israel, maravilla digna, al lado de la creaci\u00f3n (Is 65,17), de ser comparada con la novedad escatol\u00f3gica (ls 43,16-21).<\/p>\n<p>2. El milagro, signo divino eficaz. a) El AT muestra en los milagros revelaciones de Dios y signos eficaces de su salvaci\u00f3n. Los t\u00e9rminos que los designan indican esta funci\u00f3n: son \u00absignos\u00bb (hebr. \u00f3tot, gr. semeia, p. e. Ex 10,1), \u00absignos y prodigios simb\u00f3licos\u00bb (hebr. m\u00f3ftim, gr. terata, p. e. Dt 7,19). Ahora bien, el uso de estos t\u00e9rminos desborda el del milagro, manifestando bien la dimensi\u00f3n de signo o de s\u00ed\u00admbolo que oculta todo prodigio religioso. As\u00ed\u00ad, s\u00e1bado (Ex 31,13-17; Ez 20,20), circuncisi\u00f3n (G\u00e9n 17,11), nacimiento de Emmanuel (Is 7,14), predicciones a breve plazo, son otros tantos \u00absignos\u00bb de Dios hechos al hombre ; el profeta en persona puede ser \u00abun prodigio simb\u00f3lico\u00bb, pues su existencia simboliza la *palabra de Dios en acci\u00f3n a trav\u00e9s de sus gestos (Is 8,18; 20,3; Ez 12,6.11; 24,24.27).<\/p>\n<p>A esta palabra aportan su apoyo los signos milagrosos, pues revelan en gestos concretos la salvaci\u00f3n proclamada por los heraldos de Dios y acreditan a \u00e9stos como aut\u00e9nticos mensajeros del Se\u00f1or (Ex 4,1-5; IRe 18,36ss; Is 38,7s; Jer 44,29s). Esta subordinaci\u00f3n del milagro a la palabra distingue los verdaderos milagros de las artima\u00f1as operadas por los magos y los falsos profetas (Ex 7, 12&#8230;). El valor del mensaje, manifestado particularmente por la *oraci\u00f3n del taumaturgo (IRe 18,27s.36s), es el primer signo que decide sobre la realidad del milagro (Dt 13,2-6); \u00e9ste s\u00f3lo apoya la palabra cuando ha sido juzgado por ella.<\/p>\n<p>b) Los milagros se distinguen entre todos los signos por su eficacia y su car\u00e1cter extraordinario. Por una parte, realizan habitualmente lo que significan: tal es el caso del primer Exodo, acumulaci\u00f3n de prodigios, por los que Dios libera a su pueblo, o del nuevo Exodo, que manifiesta la eficacia de su palabra (ls 55,11; cf. v. 13). Por otra parte, estas *obras (Sal 77,13; 145,4), a pesar de lo que puedan tener de hechos naturales(lluvia, sequ\u00ed\u00ada&#8230;), rebasan las m\u00e1s de las veces lo que el hombre est\u00e1 acostumbrado a ver en el universo y lo que \u00e9l mismo puede realizar. As\u00ed\u00ad el milagro es un signo particularmente revelador del *poder de Dios; se le llama haza\u00f1a (Ex 15,11), alta gesta (geb\u00fara, Sal 106,2), cosa grande (Sal 106,21), cosa tremenda (Ex 34,10), y sobre todo maravilla (pele&#8217;, Ex 15, 11; nifla&#8217;, Sal 106,7). Este \u00faltimo vocablo designa realizaciones \u00abimposibles\u00bb al hombre, como traducen a veces los LXX, asequibles a Dios s\u00f3lo (Sal 86,10), que por ellas manifiesta su *gloria (Ex 15,1.7; 16,7; N\u00fam 14,22; Lev 10,3), reflejo de su *santidad (Ex 15,11; Sal 77,14; Lev 10,3), es decir, de su trascendencia.<\/p>\n<p>Pero el poder divino no abruma sino a los pecadores (Dt 7,17-20; Miq 7,15ss); para el pueblo de las promesas (Dt 4,37) sus maravillas son ben\u00e9ficas, aun en el caso en que prueban y humillan (8,16), pues \u00abYahveh es amor en todas sus obras\u00bb (Sal 145,97). As\u00ed\u00ad pues, son en definitiva los milagros signos eficaces y dones gratuitos (Dt 6,10ss: Jos 24, llss) del *amor de Yahveh (Sal 106,7; 107,8). S\u00f3lo Jes\u00fas revelar\u00e1 plenamente la universalidad de este amor salvador. Lo har\u00e1 a la vez subrayando el alcance prof\u00e9tico de los milagros otorgados por \u00e9l mismo a paganos (Mt 8,llss) y explicitando el de los milagros realizados en otro tiempo por El\u00ed\u00adas y Eliseo en favor de una sidonia y de un sirio (Lc 4, 25ss).<\/p>\n<p>3. El milagro en su referencia a la fe. Los milagros, por encima del asombro que suscitan, tienden a provocar y confirmar la *fe y sus arm\u00f3nicos: *confianza, *acci\u00f3n de gracias y *memoria (p. e. Sal 105,5), *humildad, *obediencia, *temor de Dios, *esperanza. Ciegan a los que, como Fara\u00f3n (Ex 7,13&#8230;), no esperan nada de un Dios desconocido. Pero el que ya conoce a Dios y s\u00f3lo cuenta con \u00e9l, descubre en ellos la obra poderosa del amor divino y un sello puesto a la misi\u00f3n del enviado de Dios; entonces, con un mismo movimiento, cree en su palabra y cree en Dios mismo (N\u00fam 14,11).<\/p>\n<p>Israel admira la grandeza de esta fe en *Abraham, que obtuvo por ella el nacimiento humanamente imposible de un heredero (G\u00e9n 15,6; Rom 4,18-22). En esta fe se basan las retrospecciones del Dt, de los profetas (p. e. Is 63,7-14), de los salmistas (p. e. Sal 77; 105-107), de los sabios (p. e. Sab 10-19), que muestran en los milagros del tiempo de los desposorios la prenda d\u00e9 nuevos beneficios y haciendo valer su fuerza educativa (p. e. Dt 8,3; Sab 16,21). Esta es la fe que Yahveh alimenta instituyendo fiestas como \u00abmemorial de sus maravillas\u00bb (Sal 111,4). La fe es la que anima a Isa\u00ed\u00adas cuando s\u00f3lo un milagro puede salvar a Jud\u00e1 (Is 37,34s) y a *Mar\u00ed\u00ada cuando se le anuncia la concepci\u00f3n milagrosa (Lc 1,45).<\/p>\n<p>En cambio, la fe fue la que falt\u00f3 a Israel en el *desierto (Sal 78,32) cuando, reaccionando carnalmente ante la *prueba que Dios le impon\u00ed\u00ada (Dt 8,2; etc.), \u00abprob\u00f3\u00bb por su parte a Yahveh (Ex 17,2; Sal 95,9), exigiendo milagros con arrogancia; la fe fue la que falt\u00f3 a Ajaz, m\u00e1s seguro de sus alianzas que del Dios de los milagros (Is 7,12), y a Zacar\u00ed\u00adas el esc\u00e9ptico (Lc 1,18ss). En todas estas actitudes se olvida el dominio de Dios sobre el hombre, se desconocen su poder y su amor gratuitos, se pone en duda su palabra: el milagro no se acoge verdaderamente como don ni se discierne como signo.<\/p>\n<p>II. EN LA VIDA DE JES\u00daS. 1. Los hechos. \u00ab\u00c2\u00a1Renueva los prodigios y haz otros milagros!\u00bb imploraba Ben Sira (Eclo 36,5), expresando la aspiraci\u00f3n de todo el Israel postex\u00ed\u00adlico, decepcionado por un retorno menos brillante que el nuevo Exodo anunciado. Jes\u00fas viene a colmar esta espera, aunque dando un ment\u00ed\u00ads a todo lo que comportaba de sensacional y de esp\u00ed\u00adritu de venganza.<\/p>\n<p>Los relatos evang\u00e9licos, contrariamente a los del Exodo, se remontan a los primeros testigos y son sumamente sobrios. Por eso mismo, como por su naturalidad, por la ausencia de esfuerzo por parte de Jes\u00fas (ausencia compatible con el empleo pedag\u00f3gico de f\u00f3rmulas, tactos, unciones, procesos por etapas [Mc 8,23ss], que dan cuerpo a la acci\u00f3n simb\u00f3lica), por una intencionalidad religiosa y una actitud de *oraci\u00f3n (expl\u00ed\u00adcita [Jn 11,41s] o insinuada [Mc 6,41; 7,34; 9,29; 11,241) que excluye toda magia, por la dificultad de explicar sin ellos la fe de la Iglesia, por su integraci\u00f3n en la trama del Evangelio, los milagros que \u00e9ste refiere se distinguen radicalmente de las maravillas inventadas por los evangelios ap\u00f3crifos, como de las que la leyenda atribuye a rabinos, a dioses (n. e. Asklepio) o a sabios paganos (p. e. Apolonio de Tiana), contempor\u00e1neos de los or\u00ed\u00adgenes cristianos. Toda comparaci\u00f3n objetiva hace resaltar el valor hist\u00f3rico y religioso de nuestros textos. Con hechos reales y realmente extraordinarios es como Jes\u00fas \u00abhace signo\u00bb a su pueblo.<\/p>\n<p>2. Los milagros de Jes\u00fas, signos eficaces de la salvaci\u00f3n mesi\u00e1nica.<\/p>\n<p>a) Con sus milagros manifiesta Jes\u00fas que el *reino mesi\u00e1nico anunciado por los profetas est\u00e1 presente en su persona (Mt 11,4s); atrae la atenci\u00f3n hacia s\u00ed\u00ad mismo y hacia la buena nueva del reino que \u00e9l encarna; suscita una admiraci\u00f3n y un temor religioso que inducen a los hombres a preguntarse qui\u00e9n es (Mt 8, 27; 9,8; Lc 5,8ss). Ya se trate de su poder de perdonar los pecados (Mc 2,5-12 p), de su autoridad sobre el s\u00e1bado (Mc 3,4s p; Lc 13,15s; 14, 3ss), de su mesianidad regia (Mt 14, 33; Jn 1,49), de su env\u00ed\u00ado por el Padre (Jn 10,36), o del poder de la fe en \u00e9l (Mt 8,10-13; 15,28 p), por ellos testimonia siempre Jes\u00fas su *misi\u00f3n y su dignidad, con la reserva que impone la esperanza jud\u00ed\u00ada de un *mes\u00ed\u00adas temporal y nacional (Mc 1, 44; 5,43; 7,36; 8,26). Ya en este sentido son signos, como lo dir\u00e1 san .luan.<\/p>\n<p>Si prueban la mesianidad y la divinidad de Jes\u00fas, lo hacen indirectamente, testimoniando que ciertamente es lo que pretende ser. No se los debe, pues, aislar de su *palabra: van de la mano con la *evangelizaci\u00f3n de los *pobres (Mt 11,5 p). Los t\u00ed\u00adtulos que Jes\u00fas se da, los poderes que se arroga, la salvaci\u00f3n que predica, las renuncias que exige son las cosas cuya autenticidad divina muestran los milagros a quien no rechace sin m\u00e1s la verdad del mensaje (Lc 16,31). Este es, por tanto, superior a los milagros, como lo da a entender la palabra sobre Jon\u00e1s seg\u00fan Lc 11, 29-32. Se impone como el signo primero y \u00fanico necesario (Jn 20,23) por la innegable autoridad personal de su heraldo (Mt 7,29) y por su calidad interna, la cual resulta de que al realizar la revelaci\u00f3n anterior (Lc 16,31 ; Jn 5,46s), corresponde en los oyentes al llamamiento del Esp\u00ed\u00adritu (Jn 14,17.26); el mensaje es el que, antes de ser confirmado e ilustrado por los milagros, deber\u00e1 distinguirlos de los falsos signos (Mc I3,22s; Mt 7,22; cf. 2Tes 2,9; Ap 13,13). Aqu\u00ed\u00ad, como en Dt, \u00ablos milagros disciernen la doctrina, y la doctrina discierne los milagros\u00bb (Pascal).<\/p>\n<p>b) Los milagros no aportan su testimonio del exterior, como signos arbitrarios y ostentosos: realizan incoativamente lo que significan, aportan las arras de la *salvaci\u00f3n mesi\u00e1nica que tendr\u00e1 su remate enel reino escatol\u00f3gico; as\u00ed\u00ad los Sin\u00f3pticos los llaman \u00abpoderes\u00bb (dynameis: cf. Mt 11,20-23; 13,54.58; 14, 2). En efecto, por ellos Jes\u00fas, movido por su piedad humana (Lc 7,13; Mt 20,34; Mc 1,41), pero todav\u00ed\u00ada m\u00e1s por su conciencia de ser el *siervo prometido (Mt 8,17), hace efectivamente retroceder a la *enfermedad, a la *muerte, a la hostilidad de la naturaleza contra el hombre, en una palabra, a todo el desorden que tiene su causa m\u00e1s o menos pr\u00f3xima en el *pecado (G\u00e9n 3,16-19; comp. Mc 2,5; Lc 13,3b y Lc 13,2-3a; Jn 9,3) y que est\u00e1 al servicio del influjo del diablo en el mundo (Mt 13,25). As\u00ed\u00ad se niega Jes\u00fas a hacer en favor de Sat\u00e1n (4,2-7), de los mal\u00e9volos (12,38ss; 16,1-4), de los envidiosos (Lc 4,23), de los fr\u00ed\u00advolos (23, 8s) haza\u00f1as gratuitas que no tendr\u00ed\u00adan eficacia salvifica; y es significativo que, por lo que se refiere a prodigios c\u00f3smicos -que, por lo dem\u00e1s, parecen pertenecer m\u00e1s a la imaginer\u00ed\u00ada prof\u00e9tica que a la historia (Act 2, 19s) -, no se los se\u00f1ale sino en el momento en que, requerido a salvarse \u00e9l mismo por un milagro, muere para salvar a todos los dem\u00e1s (Mt 27,39-54; cf. lCor 1,22ss). Los prodigios que parece prometer en Mt 17,20 p, no son sino imagen del poder de la fe.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad adquiere todo su significado la conexi\u00f3n tan frecuente entre *curaciones y exorcismos (Mt 8,16; etc.). La liberaci\u00f3n de los posesos es un caso privilegiado de esa victoria del \u00abm\u00e1s fuerte\u00bb (Lc 11,22), que todos los milagros realizan a su manera. Esta victoria pone a Jes\u00fas directamente en conflicto con el adversario, en un duelo que, comenzado en el desierto (Mt 4,1-11 p), tendr\u00e1 su episodio decisivo en la cruz (Lc 4,13; 22,3.53) y s\u00f3lo terminar\u00e1 en el juicio universal (Ap 20,10), pero en el que es ya evidente la derrota diab\u00f3lica (Mt 8,29; Lc 10,18). El exorcismo es el signo eficaz por excelencia de la venida del reino (Mt 12,28).<\/p>\n<p>3. El milagro de la fe.<\/p>\n<p>a) La buena nueva del reino que Jes\u00fas predica y muestra presente en su persona, debe ser acogida por la *conversi\u00f3n y la *fe (Mc 1,15). Esta, pues, es tambi\u00e9n la que est\u00e1n encargados de engendrar los milagros y los exorcismos de Jes\u00fas. Al verlos Coroza\u00ed\u00adn y Cafarna\u00fam hubieran debido convertirse y creer (Mt 11,20-24 p). Juan insiste en ello distinguiendo diversos grados de fe (Jn 2,11; 11,15; 20,30s): por encima de los entusiasmos fr\u00e1giles (2,23ss; 4,48) y de las adhesiones interesadas (6,26), los \u00absignos\u00bb conducen normalmente a reconocer a Jes\u00fas como enviado de Dios (3,2; 9,16; 10,36), profeta (4, 19), Cristo (7,31), *Hijo del hombre (9,35-38). Apoyarse en ellos demasiado para creer es se\u00f1al de una fe imperfecta (10,38; 14,11) : la palabra de Jes\u00fas, de una veracidad garantizada por el desinter\u00e9s que deriva de su esp\u00ed\u00adritu filial (7,16ss; 12, 49s), deber\u00ed\u00ada bastar, como bast\u00f3 a los samaritanos (4,41s) y al oficial real (4,50), como deber\u00e1 bastar a los que creer\u00e1n en la palabra sin haber tocado al resucitado (20,29). Raz\u00f3n de m\u00e1s para que los que han \u00ab*visto\u00bb sus milagros (6,36; 7,3; 15,24) y se han negado a creer (7,5; 12,37) no tengan la menor excusa (9,41; 15,24).<\/p>\n<p>b) Si muchos rechazan el \u00ab*testimonio\u00bb (Jn 5,36) de los milagros, es que el embotamiento espiritual (6, 15.26), o la soberbia legalista (5,16; 7,49.52; 9,16), la envidia (12,11), la falsa prudencia (II,47s) los ciegan (9,39; 12,40). No tienen las disposiciones de abandono y de abertura a Dios que constituyen en los Sin\u00f3pticos la *fe anterior al milagro (Mc 5,36; 9,23; 10,52; etc.), y sin las que Jes\u00fas est\u00e1 como impotente (Mt 13,58). \u00bfC\u00f3mo ser\u00ed\u00adan capaces de interpretar \u00ablos signos de los tiempos\u00bb (Mt 16,3) esos hombres que, como Israel en el desierto y no ha mucho Sat\u00e1n (4,3-7) s\u00f3lo reclaman signos \u00abpara poner a prueba a Jes\u00fas\u00bb (16, 1) y prefieren atribuir sus exorcismos al demonio antes que reconocerle un poder sobrenatural &#8216;(Me 3,22.29s p)? Para corazones *endurecidos y cerrados a la palabra, los signos que la apoyan son indescifrables.<\/p>\n<p>Esta *generaci\u00f3n no tendr\u00e1 otro signo que el de Jon\u00e1s (Mt 12,39s): Jes\u00fas se da cita con sus adversarios para el d\u00ed\u00ada de su resurrecci\u00f3n, es decir, del signo m\u00e1s esplendente, pero tambi\u00e9n el m\u00e1s f\u00e1cil de atacar por los aficionados a la evidencia, ya que los medios de verificarlo son \u00fanicamente indirectos (sepulcro vac\u00ed\u00ado, apariciones a algunos: cf. Mt 28,13ss; Le 24,11). Lo que ser\u00e1 para la fe el supremo apoyo debe ser primero la suprema prueba.<\/p>\n<p>III. EN LA IGLESIA. 1. Los hechos. Este signo de la *resurrecci\u00f3n, cima del nuevo \u00e9xodo (Jn 13,1), da a la Iglesia que nace de \u00e9l la clave de la historia anterior, e inaugura una nueva serie de signos que deben conducir a los h\u00f3mbres a la fe que \u00e9l mismo funda y anunciar la resurrecci\u00f3n de los muertos, 4,lenitud de salvaci\u00f3n que \u00e9l mismo procura (ICor 15,20-28; Rom 4,25).<\/p>\n<p>2. Iluminaci\u00f3n pascual del Evangelio.<\/p>\n<p>a) La resurrecci\u00f3n descubre a la Iglesia, que reserva en su kerigma y en su catequesis un lugar importante a los signos anteriores, el pleno sentido de estos signos. Seg\u00fan el kerigma, \u00abacreditaban\u00bb a Jes\u00fas (Act 2. 22) y manifestaban su bondad (10. 38): temas que desarrollan los Sin\u00f3pticos, atestiguando el progreso de la reflexi\u00f3n de la Iglesia, cada uno en su propia l\u00ed\u00adnea. Por ejemplo, en el triple relato del muchacho epil\u00e9ptico se han descubierto intenciones diversas: Lc 9,37-43 narra sobre todo una maravilla de bondad; Mt 17, 14-21 se interesa por la trascendencia de Jes\u00fas y por la parte de su poder que reciben los disc\u00ed\u00adpulos; Mc 9,14-29 exalta el triunfo del due\u00f1o de la vida sobre Sat\u00e1n, en el marco de un drama que esboza ya el simbolismo jo\u00e1nnico. Y todav\u00ed\u00ada hay casos m\u00e1s inequ\u00ed\u00advocos de la nueva profundidad que adquieren as\u00ed\u00ad los episodios a la luz de pascua: en la intenci\u00f3n de los autores hay seguramente que comprender en su sentido m\u00e1s rico la confesi\u00f3n de filiaci\u00f3n divina a que conducen los milagros (Mt 14,33; 27,54), y contemplar en algunos de ellos el esbozo de realidades eclesiales, como la *eucarist\u00ed\u00ada en la multiplicaci\u00f3n de los panes, el apostolado en la pesca milagrosa (Lc 5,1-11).<\/p>\n<p>b) Juan va todav\u00ed\u00ada m\u00e1s lejos. Sugiere que los \u00absignos\u00bb, realizando el antiguo Exodo (N\u00fam 14,22) y anticipando \u00abla *hora\u00bb del nuevo, manifestaban ya algo de la \u00ab*gloria\u00bb (Jn 2,11; 11,40) que se alz\u00f3 en el momento de \u00abla elevaci\u00f3n\u00bb de Jes\u00fas (17,5) y que es el resplandor del poder salv\u00ed\u00adfico que emana del Verbo encarnado (1,14). Cada uno de ellos, enlazado con un discurso, pone de relieve un aspecto de este poder que purifica, perdona, vivifica, ilumina, resucita (2,6; 5,14; 6,35; 9,5; 11, 25); varios de ellos simbolizan incluso los sacramentos (*bautismo, *eucarist\u00ed\u00ada&#8230;), que distribuyen los efectos de este poder en la Iglesia, rebasando los signos antiguos, tales como el *man\u00e1 (6,32,49s). M\u00e1s a\u00fan: los milagros son *obras que el Padre concede realizar al Hijo (5,36) para manifestar la unidad \u00ed\u00adntima del Hijo y del Padre (5,17; 10,37s; 14, 9s). El lector de Juan al contemplar los \u00absignos\u00bb se ve movido a creer que Jes\u00fas es Cristo, el Hijo de Dios, y a obtener as\u00ed\u00ad la vida (20,30s); peroal creyente perfecto se le invita a elevarse todav\u00ed\u00ada m\u00e1s alto: a ver en los \u00absignos\u00bb \u00abobras\u00bb del Padre y del Hijo, y a ponerse as\u00ed\u00ad al nivel de las relaciones trinitarias.<\/p>\n<p>3. El tiempo del Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>a) Puesto que Jes\u00fas est\u00e1 \u00abcon los *ap\u00f3stoles\u00bb (Mt 28,20), nada tiene de extra\u00f1o que \u00e9stos, a partir de los diferentes milagros de *pentecost\u00e9s, renueven sus gestos salvadores (Act 3,1-10); por lo dem\u00e1s, Jes\u00fas les hab\u00ed\u00ada prometido este poder, casi institucional (Mc 16,17s), y los hab\u00ed\u00ada ejercitado en su uso (Mt 10,8).<\/p>\n<p>Las dynameis (Pablo) que operan manifiestan concretamente el *poder salv\u00ed\u00adfico (dynamis) de Jes\u00fas resucitado (Act 3,6.12.16; cf. Rom 1,4) y conducen a los hombres a la fe acreditando a los heraldos de la palabra evang\u00e9lica (Mc 16,20; lCor 2,4). Aqu\u00ed\u00ad se afirma el nexo necesario de los milagros con la palabra, y el doble aspecto de su finalidad, apolog\u00e9tica y salv\u00ed\u00adfica. Aqu\u00ed\u00ad se muestra la jerarqu\u00ed\u00ada de los signos: la calidad de testigo auricular (Heb 2,3s), la constancia (2Cor 12,12), la seguridad y el desinter\u00e9s (ITes 2,2-12) de los misioneros van de la mano con \u00ablos signos y los prodigios\u00bb y distinguen de los falsos profetas a los aut\u00e9nticos mensajeros de Dios (Act 8,9-24; 13,4-12); todo es producido por la fuerza del *Esp\u00ed\u00adritu Santo (ITes 1,5: ICor 2,4; Rom 15,19).<\/p>\n<p>b) Al principio de la Iglesia el Esp\u00ed\u00adritu otorgaba tambi\u00e9n milagros a la *oraci\u00f3n confiada (cf. Mt 21,21s; Sant 5,16ss) de ciertos fieles; *carisma maravilloso (Jn 14,12), pero ordenado a los dones superiores de ense\u00f1anza (lCor 12,28s), y finalmente a la caridad, maravilla suprema de la vida cristiana (13,2). Este don coexist\u00ed\u00ada con los sacramentos, que en parte ejerc\u00ed\u00adan la misma funci\u00f3n (cf. Mc 6,13; Sant 5,13ss), pero cuya eficacia espiritual dejaba margen asignos que orientaban m\u00e1s directamente el esp\u00ed\u00adritu hacia la *resurrecci\u00f3n y la restauraci\u00f3n entera de la *creaci\u00f3n (Rom 8,19-24; Ap 21,4).<\/p>\n<p>Lo mismo sucede todav\u00ed\u00ada hoy. Cierto que ahora tiene ya el mundo, para moverse a creer, el multiforme milagro moral de la Iglesia, visto sobre todo en el esplendor de sus santos, cuya *caridad heroica y unificante es el signo m\u00e1s seguro de la presencia divina (Jn 13,35: 17,21). Pero no por ello faltan milagros f\u00ed\u00adsicos que, como en el AT y en el NT, siguen orientando nuestras miradas hacia la palabra y el reino definitivo, suscitando la conversi\u00f3n primera y las reconversiones (Mt 18,3), traduciendo el amor divino en gestos vivos. Hoy como ayer, este lenguaje es incomprendido por el esp\u00ed\u00adritu soberbio o arreligioso; pero lo percibe el que, sabiendo que \u00abnada es imposible para Dios\u00bb (G\u00e9n 18,14 = Lc 1,37), se abre a los requerimientos de la fe y del amor, cuando el contexto religioso del hecho indica que Dios \u00abha hecho se\u00f1as\u00bb.<\/p>\n<p>-> Obras &#8211; Palabra &#8211; Poder &#8211; Revelaci\u00f3n.<\/p>\n<p>LEON-DUFOUR, Xavier, Vocabulario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, Herder, Barcelona, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Vocabulario de las Ep\u00edstolas Paulinas<\/b><\/p>\n<ol>\n<li style=\"text-align: justify;\">El concepto b\u00edblico del milagro. En el NT los t\u00e9rminos \u00abmaravilla\u00bb, \u00abprodigio\u00bb y \u00abse\u00f1al\u00bb, que ocasionalmente aparecen juntos (Hch. 2:22; 2 Ts. 2:9; Heb. 2:4 aqu\u00ed aparece \u00abmilagros\u00bb) se usan para designar los acontecimientos extraordinarios y actos poderosos que se realizaron en conexi\u00f3n con la obra de la redenci\u00f3n, fueran en la etapa hebrea o cristiana. <em>Dunamis<\/em> se\u00f1ala al poder divino que est\u00e1 siendo ejercido en el acontecimiento o acci\u00f3n, a la fuente invisible y sobrenatural de energ\u00eda que hace que ese fen\u00f3meno sea posible. <em>S\u0113meion<\/em> se\u00f1ala a la teolog\u00eda del acontecimiento. Lejos de ser un prodigio sin importancia, es\u2014para el ojo de fe\u2014una obra de Dios que funciona como una palabra de Dios, una obra simult\u00e1neamente evidente y reveladora. Por un lado, tambi\u00e9n verifica las pretensiones y comunicaciones, mesi\u00e1nicas o apost\u00f3licas (p. ej., Ex. 4:19, 31; 1 R. 18:17\u201339; Mt. 11:2\u20138; Hch. 13:6\u201312). Por el otro, revela el verdadero prop\u00f3sito y la naturaleza de Dios, lo que es principalmente claro en los actos poderosos de Jesucristo (Mr. 2:1\u201311; 7:34; Jn. 2:11; 5:36; 6:30; 7:31; 11:40\u201342; 14:10; Hch. 2:22; 10:38). La \u00faltima palabra, <em>teras<\/em>, apunta al car\u00e1cter del fen\u00f3meno que llama la atenci\u00f3n. Siendo una aguda desviaci\u00f3n del orden normal de las cosas, clama por una reacci\u00f3n de la fe y la obediencia, aun cuando jam\u00e1s se realiza para forzar dicha respuesta (Lc. 4:9\u201312; Mt. 12:38\u201342). Sintetizando las connotaciones de las ra\u00edces de estos t\u00e9rminos, podemos definir b\u00edblicamente un milagro como un fen\u00f3meno observable efectuado por el poder de Dios, una desviaci\u00f3n aguda del orden de la naturaleza, una desviaci\u00f3n calculada para producir una fe que produzca reverencia; es Dios que prorrumpe para respaldar a un agente que lo revela. Debido a Dt. 13:1\u20134, y pasajes como Ex. 7:10\u201312; 8:7; Mt. 12:24\u201327; 24:24; y Ap. 13:15 debe recordarse, sin embargo, que el mero ejercicio de poderes preternaturales es insuficiente para validar a un agente como poseedor del poder de Dios. Debido a que un poder preternatural puede ser ejercido por un agente con poder sat\u00e1nico, la ense\u00f1anza del hacedor de milagros debe estar en conformidad con la totalidad de la revelaci\u00f3n previa de Dios.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Los postulados reveladores del milagro. El concepto de milagro ha sido atacado hist\u00f3ricamente (p. ej., Renan), cient\u00edficamente (p. ej., Huxley), y teol\u00f3gicamente (p. ej., Sabatier); pero como regla general, estos ataques han estado controlados e instigados filos\u00f3ficamente (p. ej., Hume), aun cuando las presuposiciones metaf\u00edsicas hayan sido repudiadas. Pero dentro del marco del <em>Weltanschauung<\/em> b\u00edblico, el milagro no es una anomal\u00eda que nos pone en aprietos; es un resultado inevitable del te\u00edsmo (v\u00e9ase) redentivo. Se dan por sentados los postulados de la creaci\u00f3n, la providencia, el pecado y la salvaci\u00f3n; el milagro viene a ser una verdadera necesidad, una necesidad de la gracia.<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">Seg\u00fan los postulados de la creaci\u00f3n (v\u00e9ase) y la providencia (v\u00e9ase), en su soberano poder y sabidur\u00eda, Dios, habiendo creado el cosmos, ahora lo sostiene y gu\u00eda. Por tanto, la naturaleza no puede interpretarse de\u00edsta o pante\u00edsticamente. Por supuesto que tampoco puede ser interpretada natural\u00edsticamente, como algo autoexplicado y autocontenido que opera por s\u00ed mismo en forma continua, teniendo todos los acaecimientos anteriores y posteriores entrelazados. Es innegable que la naturaleza tiene un orden; pero no importa cu\u00e1n fijo y confiable sea, el orden de la naturaleza no es algo riguroso, no es una camisa de fuerza en la que Dios mismo se encuentra irremediablemente atrapado. Si se la considera b\u00edblicamente, la naturaleza es pl\u00e1stica en las manos de su Creador soberano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Adem\u00e1s, seg\u00fan la presuposici\u00f3n del pecado (v\u00e9ase), la naturaleza ahora est\u00e1 en un estado anormal. A causa del pecado (Gn. 3:17\u201318), el orden de la naturaleza est\u00e1 lleno de desorden; todo el cosmos, incluyendo la humanidad, no se conforma a los prop\u00f3sitos de Dios. La ense\u00f1anza b\u00edblica en cuanto a la causa de los aspectos disteleol\u00f3gicos de la naturaleza entra en duro conflicto con todas las dem\u00e1s filosof\u00edas y cosmolog\u00edas. La Escritura afirma que el <em>fons et origo<\/em> del mal natural es el pecado de la criatura, pecado que la libertad dada por el amor creativo permite, pero no necesariamente origina. Por tanto, la Escritura se opone a cualquier teor\u00eda que sostenga que el fundamento del pecado de la criatura radica en alg\u00fan mal eterno e irracional. De manera que lo que ha afligido el orden de la naturaleza es el pecado de la criatura, y la naturaleza humana no est\u00e1 excluida de este desorden y anormalidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Finalmente, seg\u00fan el postulado de la salvaci\u00f3n, Dios, en su gracia, se ha embarcado en un vasto programa de paling\u00e9nesis, obrando en forma sobrenatural o anormal a fin de destruir las amarras del pecado, destruyendo el desorden que el pecado introdujo, llevando as\u00ed al cosmos al fin que soberanamente se propuso. De manera que la forma anormal de operar que Dios tiene, y que se llama milagro, no es una maravilla sin sentido y fortuita. Es, por el contrario, aquella desviaci\u00f3n, soteriol\u00f3gicamente motivada, de su forma normal de operar que se requiere para poder destruir la anormalidad del pecado. Como tal, acontece epis\u00f3dica pero no caprichosamente. Es la caracter\u00edstica de las coyunturas c\u00e9ntricas de la <em>Heilsgeschichte<\/em> (v\u00e9ase)\u2014el \u00c9xodo, la lucha con el paganismo en los tiempos de El\u00edas y Eliseo, el ministerio de Daniel, la vida de Jes\u00fas, la era apost\u00f3lica. En palabras de Abraham Kuyper, milagro \u00abes la obra vencedora y penetradora de la energ\u00eda divina por la que Dios rompe toda oposici\u00f3n, y en la presencia del desorden lleva a su cosmos a efectuar aquel fin que \u00e9l determin\u00f3 en su consejo. Todo el cosmos descansa sobre el fundamento m\u00e1s profundo de la voluntad de Dios, la cual es la fuente de este poder misterioso que opera en el cosmos, el cual rompe las ligaduras del pecado y el desorden que tienen al cosmos en cautiverio. Este poder tambi\u00e9n influencia todo el cosmos por medio del hombre, para que, al fin, reconozca la gloria que Dios quer\u00eda para \u00e9l, a fin de que en esa gloria se le d\u00e9 a Dios lo que era el fin de la entera creaci\u00f3n del cosmos. Toda interpretaci\u00f3n de lo que es el milagro que lo considere como un acontecimiento m\u00e1gico sin conexi\u00f3n con la paling\u00e9nesis de todo el cosmos (al que Jes\u00fas se refiere en Mt. 19:28) y, por tanto, sin relaci\u00f3n a toda la metam\u00f3rfosis que le espera al cosmos despu\u00e9s del juicio final, no hace resaltar la gloria de Dios, sino que rebaja al Recreador de los cielos y la tierra a mero prestidigitador. Esta acci\u00f3n del todo recreativa y ejecutada por la energ\u00eda divina es un milagro continuo, que se muestra en la renovaci\u00f3n radical de la vida del hombre por la regeneraci\u00f3n, en la renovaci\u00f3n radical de la humanidad por la nueva Cabeza que recibe en Cristo, y que, finalmente, efectuar\u00e1 una renovaci\u00f3n radicalmente similar en la vida de la naturaleza. Y debido a que estas tres no corren separadamente una al lado de la otra, sino que est\u00e1n unidas org\u00e1nicamente, de tal forma que el misterio de la regeneraci\u00f3n, encarnaci\u00f3n y la restituci\u00f3n final de todo el cosmos forman una sola unidad, esta maravillosa energ\u00eda recreativa se muestra a s\u00ed misma en una historia amplia, en la que lo que se acostumbraba interpretar como milagros incidentales, no pueden faltar\u00bb (<em>Encyclopedia of Sacred Theology<\/em>, Scribners, New York, 1898, p. 414).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">III. Apolog\u00eda del milagro. Al desarrollar una apolog\u00eda del milagro hay varios factores que deben tenerse como de vital importancia. Primero, debe formularse una definici\u00f3n apropiada que pueda evitar la represa de dificultades contenidas en la famosa afirmaci\u00f3n de Hume que un milagro es \u00abuna violaci\u00f3n a las leyes de la naturaleza\u00bb. Agust\u00edn todav\u00eda es una gu\u00eda segura en este punto: \u00abPorque decimos que todos los portentos son contrarios a la naturaleza, pero no lo son. Porque, \u00bfc\u00f3mo va a ser contrario a la naturaleza aquello que acontece seg\u00fan la voluntad de Dios, ya que la voluntad de un Creador tan poderoso es ciertamente la naturaleza de cada cosa creada? Por tanto, un portento no sucede en contra de la naturaleza sino contrario a lo que nosotros conocemos como naturaleza \u2026 Sin embargo, no hay nada impropio en decir que Dios hace algo contrario a la naturaleza, cuando es contrario a lo que nosotros conocemos de ella. Porque llamamos \u00abnaturaleza\u00bb a lo que ocurre normalmente en la naturaleza; y cuando Dios hace algo contrario a ella, decimos que es un \u00abprodigio\u00bb o \u00abmilagro\u00bb. Pero en contra de la ley suprema de la naturaleza, que est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 del conocimiento de los imp\u00edos y creyentes d\u00e9biles, Dios jam\u00e1s act\u00faa, no m\u00e1s de lo que act\u00faa contra s\u00ed mismo\u00bb (<em>Contra Faustum<\/em> XXVI, 3). Segundo, a fin de llegar a una definici\u00f3n viable, el concepto de ley natural, el concepto de imposibilidad existencial como distinguido del concepto de imposibilidad l\u00f3gica, y el concepto de credibilidad hist\u00f3rica deben analizarse cuidadosamente. Henry Bett ha hecho este trabajo en una forma capaz en su <em>The Reality of the Religious Life<\/em>. Tercero, deben presuponerse los postulados b\u00edblicos del milagro. Sin ellos no se puede ofrecer ninguna apolog\u00e9tica con sentido. Tal como J.S. Mill declara, \u00abUna vez que se admite un Dios, y la producci\u00f3n de un efecto por su volici\u00f3n directa, que en todo caso dicho efecto debe su origen a su voluntad creativa, ya no es una hip\u00f3tesis arbitraria sino que debe reconocerse como una seria posibilidad\u00bb (<em>Three Essays on Religion<\/em>, H. Holt and Co., New York, 1874, p. 232). Y una vez admitido no s\u00f3lo el postulado de Dios, sino los del pecado y la salvaci\u00f3n, y la aceptaci\u00f3n de las se\u00f1ales b\u00edblicas, aceptaci\u00f3n que jam\u00e1s pierden su esencia p\u00edstica, los milagros son un hecho intelectual necesario.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">BIBLIOGRAF\u00cdA<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Robert Anderson, <em>The Silence of God<\/em>; Henry Bett, <em>The Reality of Religious Life<\/em>; A.B. Bruce, <em>The Miraculous Element in the Gospel<\/em>; Horace Bushnell, <em>Nature and the Supernatural<\/em>; D.S. Cairns, <em>The Faith That Rebels<\/em>; Robert W. Grant, <em>Miracle and the Natural Law<\/em>; Karl Heim, <em>Christian Faith and Natural Science, The Transformation of the Scientific World View<\/em>; Jean Helle, <em>Miracles<\/em>; Ian Henderson, <em>Myth in the New Testament<\/em>; David Hume, <em>An Inquiry Concerning Human Understanding<\/em>; Karl Jaspers and Rudolf Bultmann, <em>Myth and Christianity<\/em>; T.A. Lacy, <em>Nature, Miracle, and Sin<\/em>; John Laidlaw, <em>The Miracles of Our Lord<\/em>; C.S. Lewis, <em>Miracles: A Preliminary Study<\/em>; S. Vernon McCasland, <em>By the Finger of God<\/em>; Alan Richardson, <em>The Miracle-Stories of the Gospels<\/em>; G.R.H. Shafto, <em>The Wonders of the Kingdom<\/em>; F.R. Tennant, <em>Miracle and Its Philosophical Presuppositions<\/em>; Richard <a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">Trench<\/a>, <em>Notes on the Parables and Miracles<\/em>; B.B. Warfield, <em>Counterfeit Miracles<\/em>; Johannes Wendland, <em>Miracles and Christianity<\/em>; C.J. Wright, <em>Miracle in History and in Modern Thought<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Vernon C. Grounds<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\"><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">Trench <\/a>Trench\u2019s <em>Synonyms of the New Testament<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\"><\/a>Harrison, E. F., Bromiley, G. W., &amp; Henry, C. F. H. (2006). <em>Diccionario de Teologi\u0301a<\/em> (389). Grand Rapids, MI: Libros Desafi\u0301o.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Teolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p><h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 Etimolog\u00eda y definici\u00f3n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-2\">2 Naturaleza<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-3\">3 Errores<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-4\">4 Improbabilidad antecedente<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-5\">5 Lugar y valor de los milagros en la visi\u00f3n cristiana del mundo<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-6\">6 Testimonio<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-7\">7 El hecho<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-8\">8 Lugar y valor de los milagros de los Evangelios<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-9\">9 Providencias especiales<\/li>\n<\/ul>\n<h2>Etimolog\u00eda y definici\u00f3n<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">(Lat\u00edn miraculum, de mirari, \u00abmaravillarse\u00bb).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En general, una cosa maravillosa; la palabra se us\u00f3 as\u00ed en el lat\u00edn cl\u00e1sico; en un sentido espec\u00edfico, la Vulgata Latina designa con el t\u00e9rmino miracula los portentos de una clase peculiar.  El texto griego lo expresa m\u00e1s claramente con los t\u00e9rminos terata, dynameis, semeia, es decir, portentos realizados por el poder sobrenatural como signos de alguna misi\u00f3n o don especial y expl\u00edcitamente adjudicados a Dios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estos t\u00e9rminos se usan habitualmente en el Nuevo Testamento y expresan el significado de miraculum de la Vulgata.  As\u00ed San Pedro en su primer  serm\u00f3n habla de Cristo como aprobado de Dios, dynamesin, kai terasin kai semeiois (Hch. 2,22) y San Pablo dice que los signos de su apostolado fueron obrados, semeiois te kai terasin kai dynamesin (2 Cor. 12,12).  Su significado unido se halla en el t\u00e9rmino erga,  es decir, obras, la palabra usada constantemente en los Evangelios para designar los milagros de Cristo.  Por lo tanto, el an\u00e1lisis de estos t\u00e9rminos da la naturaleza y alcance del milagro.\n<\/p>\n<h2>Naturaleza<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">(1) <b>La palabra terata<\/b> significa literalmente \u00abmaravillas\u00bb, en referencia a los sentimientos de asombro provocados por su ocurrencia, de ah\u00ed los efectos producidos en la creaci\u00f3n material que apelan a, y son captados por, los sentidos, por lo general por el sentido de la vista, a veces por el o\u00eddo, por ejemplo, el bautismo de Jes\u00fas, la conversi\u00f3n de San Pablo.   As\u00ed, aunque las obras de la gracia divina, tal como la Presencia Sacramental, est\u00e1n por encima del poder de la naturaleza, y debido s\u00f3lo a Dios, pueden ser llamadas milagrosas s\u00f3lo en el sentido amplio del t\u00e9rmino, es decir, como efectos sobrenaturales, pero no son milagros, en el sentido aqu\u00ed entendido, pues los milagros en el sentido estricto son evidentes.  El milagro cae bajo el alcance de los sentidos, ya sea en la obra misma (por ejemplo, resucitar a los muertos a la vida) o en sus efectos (por ejemplo, los dones del conocimiento infuso en los Ap\u00f3stoles).  De la misma manera la justificaci\u00f3n de un alma en s\u00ed misma es milagrosa, pero no es un milagro propiamente dicho, a menos que se lleve a cabo de una manera sensible, como, por ejemplo, en el caso de San Pablo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La maravilla del milagro se debe al hecho de que su causa est\u00e1 oculta, y se espera un efecto diferente al que realmente ocurre.  Por lo tanto, en comparaci\u00f3n con el curso ordinario de las cosas, el milagro se llama extraordinario.  Al analizar la diferencia entre el car\u00e1cter extraordinario del milagro y el curso ordinario de la naturaleza, los Padres de la Iglesia y los te\u00f3logos emplean los t\u00e9rminos sobre, contrario a, y fuera de la naturaleza.  Estos t\u00e9rminos expresan la forma en que el milagro es extraordinario.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se dice que un milagro est\u00e1 por encima de la naturaleza cuando el efecto que produce est\u00e1 por encima de los poderes y las fuerzas nativas en las criaturas de las cuales las leyes conocidas de la naturaleza son la expresi\u00f3n, como resucitar a un difunto, por ejemplo, L\u00e1zaro (Juan 11), el hijo de la viuda (1 Rey. 17).  Se dice que un milagro es exterior, o fuera de, la naturaleza cuando las fuerzas naturales pueden tener el poder de producir el efecto, al menos en parte, pero no pueden haberlo producido solas por s\u00ed mismas en la forma que realmente se produjo.  As\u00ed, el efecto en abundancia es muy superior al poder de las fuerzas naturales, o se lleva a cabo instant\u00e1neamente sin los medios o procedimientos que emplea la naturaleza.  Como ejemplo tenemos la multiplicaci\u00f3n de los panes por Jes\u00fas (Jn. 6), la transformaci\u00f3n del agua en vino en Can\u00e1 (Jn. 2) &#8212;pues la humedad de la atm\u00f3sfera se cambia en vino mediante procesos naturales y artificiales&#8212; o la curaci\u00f3n repentina de una gran parte de tejido enfermo por un trago de agua.  Se dice que un milagro es contrario a la naturaleza cuando el efecto producido es contrario al curso natural de las cosas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El t\u00e9rmino milagro aqu\u00ed implica la oposici\u00f3n directa del efecto realmente producido a las causas naturales en acci\u00f3n, y su comprensi\u00f3n imperfecta ha dado lugar a mucha confusi\u00f3n en el pensamiento moderno.  As\u00ed Espinosa llama al milagro una violaci\u00f3n del orden de la naturaleza (proeverti, \u201cTract. Theol. Polit.\u201d, VI). Hume dice que es una \u00abviolaci\u00f3n\u00bb o una \u00abinfracci\u00f3n\u00bb, y muchos escritores &#8212;por ejemplo, Martensen, Hodge, Baden-Powell, Theodore Parker&#8212; utilizan el t\u00e9rmino para los milagros en su conjunto.  Pero cada milagro no es necesariamente contrario a la naturaleza, pues hay milagros por encima o fuera de la naturaleza.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una vez m\u00e1s, el t\u00e9rmino contrario a la naturaleza no significa \u00abno natural\u00bb en el sentido de producir la discordia y la confusi\u00f3n.  Las fuerzas de la naturaleza difieren en poder y est\u00e1n en constante interacci\u00f3n.  Esto produce interferencias y acciones contrarias de las fuerzas. Este es el caso de las fuerzas mec\u00e1nicas, qu\u00edmicas y biol\u00f3gicas.  As\u00ed, tambi\u00e9n, a cada momento del d\u00eda yo interfiero con y contrarresto las fuerzas naturales a mi alrededor.  Estudio las propiedades de las fuerzas naturales con el fin de obtener el control consciente por acciones contrarias inteligentes de una fuerza contra otra.  La neutralizaci\u00f3n inteligente marca el progreso en la qu\u00edmica, en la f\u00edsica, &#8212;por ejemplo, la locomotora de vapor, la aviaci\u00f3n&#8212; y en las prescripciones del m\u00e9dico.  El hombre controla la naturaleza, es m\u00e1s, puede vivir s\u00f3lo por la neutralizaci\u00f3n de las fuerzas naturales.  Aunque todo esto sucede a nuestro alrededor, nunca hablamos de fuerzas naturales violadas.  Estas fuerzas siguen trabajando seg\u00fan su especie, y ninguna fuerza se destruye, ni se rompe ninguna ley, ni da lugar a la confusi\u00f3n.  La introducci\u00f3n de la voluntad humana puede dar lugar a un desplazamiento de las fuerzas f\u00edsicas, pero no a una infracci\u00f3n de los procesos f\u00edsicos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ahora bien, en un milagro la acci\u00f3n de Dios en relaci\u00f3n a su influencia en las fuerzas naturales es an\u00e1loga a la acci\u00f3n de la personalidad humana.  As\u00ed, por ejemplo, est\u00e1 en contra de la naturaleza del hierro el flotar, pero la acci\u00f3n de Eliseo al elevar el hacha a la superficie del agua (2 Rey. 6) no es m\u00e1s una violaci\u00f3n, o transgresi\u00f3n, o una infracci\u00f3n  de las leyes naturales que si \u00e9l la hubiese levantado con su mano.  Una vez m\u00e1s, es de la naturaleza del fuego el quemar, pero cuando, por ejemplo, los tres j\u00f3venes se conservaron intactos en el horno ardiente (Dan. 3) no hubo nada anormal en el acto, como estos escritores usan la palabra, no m\u00e1s que lo habr\u00eda al erigir una vivienda totalmente a prueba de fuego.  En el primer caso, como en el otro, no hubo par\u00e1lisis de las fuerzas naturales ni trastornos subsiguientes.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El elemento extraordinario en el milagro, es decir, un evento aparte del curso normal de las cosas, nos permite comprender la ense\u00f1anza de los te\u00f3logos de que los eventos que normalmente se realizan en el curso natural o sobrenatural de la Divina Providencia no son milagros, a pesar de que est\u00e1n m\u00e1s all\u00e1 de la eficiencia de las fuerzas naturales.  As\u00ed, por ejemplo, la creaci\u00f3n del alma no es un milagro, ya que se lleva a cabo en el curso ordinario de la naturaleza.  Una vez m\u00e1s, la justificaci\u00f3n del pecador, la Presencia Eucar\u00edstica, los efectos sacramentales, no son milagros por dos razones: est\u00e1n m\u00e1s all\u00e1 del alcance de los sentidos y se realizan en el curso ordinario de la Providencia sobrenatural de Dios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(2)  <b>La palabra dynamis<\/b>, \u00abpoder\u00bb se utiliza en el Nuevo Testamento para denotar:\n<\/p>\n<ul>\n<li> (a) el poder de hacer milagros, (en dunamei semeion Rom. 15,19); <\/li>\n<li>(b) obras poderosas como los efectos de este poder, es decir, los milagros mismos (ai pleistai dunameis autou (Mt. 11,20) y expresa la causa eficiente del milagro, es decir, el poder divino.  <\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por lo tanto al milagro se le llama sobrenatural, porque el efecto va m\u00e1s all\u00e1 de la fuerza productiva de la naturaleza e implica un agente sobrenatural.  As\u00ed Santo Tom\u00e1s ense\u00f1a: \u00abSe ha de llamar correctamente milagros a esos efectos que son hechos por el poder divino, aparte del orden observado usualmente en la naturaleza\u00bb (Contra Gent., III, CII),  y son aparte del orden natural porque est\u00e1n \u00abm\u00e1s all\u00e1 del orden natural o de las [[ley]es de toda la naturaleza creada\u00bb (Summa Theol., I:102:4). Por lo tanto dunamis a\u00f1ade al significado de terata al se\u00f1alar la causa eficiente.  Por esta raz\u00f3n, en la Escritura se le llama a los milagros \u00abel dedo de Dios\u00bb (Ex. 8,19; Lc. 11,20), \u00abla mano del Se\u00f1or\u00bb (1 Sam. 5,6), \u00abla mano de nuestro Dios \u00ab(Esd. 8,31).  Al referir el milagro a Dios como su causa eficiente se da la respuesta a la objeci\u00f3n de que el milagro no es natural, es decir, un acontecimiento sin causa, sin significado o lugar en la naturaleza.  Con Dios como la causa, el milagro tiene un lugar en los designios de la Providencia de Dios (Contra Gent., III, XCVIII).  En este sentido, es decir, relativamente a Dios, San Agust\u00edn habla del milagro como natural (De Civit. Dei, XXI, VIII, 2).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un evento est\u00e1 por encima del curso de la naturaleza y m\u00e1s all\u00e1 de sus fuerzas productivas:\n<\/p>\n<ul>\n<li> (a) en cuanto a su naturaleza substancial, es decir, cuando el efecto es de tal naturaleza que ning\u00fan poder natural podr\u00eda hacer que sucediera de cualquier manera o forma, como, por ejemplo, la elevaci\u00f3n a la vida del hijo de la viuda (Lc. 7), o la cura del ciego de nacimiento (Jn. 9).  Estos milagros se llaman milagros en cuanto a la substancia (quoad substantiam). <\/li>\n<li> (b) Respecto a la forma en que se produce el efecto, es decir, donde puede haber fuerzas de la naturaleza, aptas y capaces de producir el efecto considerado en s\u00ed mismo, sin embargo, el efecto se produce de una manera totalmente diferente de la manera en que naturalmente se debe realizar, es decir, instant\u00e1neamente, por una palabra, por ejemplo, la curaci\u00f3n del leproso (Lc. 5). Estos se llaman milagros en cuanto a la forma de su producci\u00f3n (quoad modum).<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">El poder de Dios se muestra en el milagro:\n<\/p>\n<ul>\n<li>  directamente a trav\u00e9s de su propia acci\u00f3n inmediata o <\/li>\n<li> mediatamente, a trav\u00e9s de criaturas como medios o instrumentos.  <\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">En este caso, los efectos deben ser atribuidos a Dios, porque \u00e9l trabaja en y a trav\u00e9s de los instrumentos; Ipso Deo en illis operante (San Agust\u00edn, \u00abDe Civit. Dei, X, XII).   Por lo tanto Dios obra los milagros a trav\u00e9s de instrumentos como:\n<\/p>\n<ul>\n<li> los \u00e1ngeles, por ejemplo, los tres j\u00f3venes en el horno ardiente (Dan. 3), la liberaci\u00f3n de San Pedro de la prisi\u00f3n (Hch. 12);<\/li>\n<li>los hombres, por ejemplo, Mois\u00e9s y Aar\u00f3n (Ex. 7), El\u00edas (1 Rey. 17), Eliseo (2 Rey. 5), los Ap\u00f3stoles (Hch. 2,43), San Pedro (Hch. 3,9), San Pablo (Hch. 19), los primeros cristianos (G\u00e1l. 3,5).<\/li>\n<li> En la Biblia tambi\u00e9n, as\u00ed como en la historia de la Iglesia, vemos que cosas inanimadas son instrumentos del poder divino, no porque tengan ninguna excelencia en s\u00ed mismas, sino a trav\u00e9s de una relaci\u00f3n especial con Dios.  As\u00ed distinguimos ente reliquias sagradas, por ejemplo, el manto de El\u00edas (2 Rey. 2), el cuerpo de Eliseo (2 Rey. 13), la orla del manto de Cristo (Mt. 9), los pa\u00f1uelos de San Pablo (Hch. 19,12); las im\u00e1genes sagradas, por ejemplo, la serpiente de bronce (N\u00fam. 21), las cosas sagradas, por ejemplo, el Arca de la Alianza, los vasos sagrados del Templo (Daniel 5); los lugares santos, por ejemplo, el Templo de Jerusal\u00e9n (2 Cr\u00f3n. 6,7), las aguas del Jord\u00e1n (2 Rey. 5), la piscina de Betsaida (Juan 5).   <\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">De ah\u00ed que no es cierta la afirmaci\u00f3n de algunos escritores modernos, de que un milagro requiere una acci\u00f3n inmediata del poder divino.  Es suficiente con que el milagro se deba a la intervenci\u00f3n de Dios, y su naturaleza se revela por la absoluta falta de proporci\u00f3n entre el efecto y lo que se llaman medios o instrumentos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La palabra semeion significa \u00absigno\u00bb, un llamamiento a la inteligencia, y expresa el prop\u00f3sito o causa final del milagro.  Un milagro es un factor en la Providencia de Dios sobre los hombres.  De ah\u00ed que la gloria de Dios y el bien de los hombres son los objetivos principales o supremos de cada milagro.  Cristo expresa esto claramente en la resurrecci\u00f3n de L\u00e1zaro (Jn. 11), y el evangelista dice que Jes\u00fas, al realizar su primer milagro en Can\u00e1, \u00abmanifest\u00f3 su gloria\u00bb (Jn. 2,11).  Por lo tanto el milagro debe ser digno de la santidad, la bondad y la [[justicia] de Dios, y propicio para el verdadero bien de los hombres.  Por lo tanto Dios no los realiza para reparar los defectos f\u00edsicos en su creaci\u00f3n, ni tienen por objeto producir, ni producen, el desorden o la discordia; ni contienen ning\u00fan elemento malo, rid\u00edculo, in\u00fatil o sin sentido.  Por lo tanto no est\u00e1n en el mismo plano que las simples maravillas, trucos, obras de ingenio o magia.  La eficacia, la utilidad, el prop\u00f3sito de la obra y la manera de realizarla muestran claramente que debe atribuirse al poder divino.  Esta alta reputaci\u00f3n y la dignidad del milagro se muestra, por ejemplo, en los milagros de Mois\u00e9s (\u00c9x. 7 \u2013 10), de El\u00edas (1 Rey. 18,21-38), de Eliseo (2 Rey. 5).  Las multitudes glorificaban a Dios en la curaci\u00f3n del paral\u00edtico (Mt. 9,8), del ciego (Lc. 18,43), en los milagros de Cristo en general (Mt. 15,31, Lc. 19,37), como en la curaci\u00f3n del cojo por San Pedro (Hch. 4,21).  De ah\u00ed que los milagros son signos del mundo sobrenatural y nuestra relaci\u00f3n con \u00e9l.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En los milagros siempre podremos encontrar fines secundarios  subordinados, sin embargo, a los fines primarios.  As\u00ed:\n<\/p>\n<ul>\n<li>son evidencias que acreditan y confirman la verdad de la misi\u00f3n divina, o de una doctrina o fe o moral, por ejemplo, Mois\u00e9s (\u00c9x. 4), El\u00edas (1 Rey. 17,24).  Por esta raz\u00f3n los jud\u00edos ve\u00edan en Cristo al \u201cprofeta\u201d (Jn. 6,14), en quien \u201cDios hab\u00eda visitado a su pueblo\u201d (Lc. 7,16).  Por lo tanto los disc\u00edpulos creyeron en \u00c9l (Jn. 2,11) y Nicodemo (Jn. 3,2) y los ciegos de nacimiento (Jn. 9,38), y los muchos que vieron la resurrecci\u00f3n de L\u00e1zaro (Jn. 11,45).  Jes\u00fas apel\u00f3 constantemente a sus \u201cobras\u201d para probar que \u00c9l fue enviado por Dios y que es el Hijo de Dios, por ejemplo, a los disc\u00edpulos de Juan (Mt. 11,4), a los jud\u00edos (Jn. 10,37).  \u00c9l reclama que sus milagros son un testimonio m\u00e1s grande que el testimonio de Juan (Jn. 5,36), condena a aquellos que no creen (Jn. 15,24), seg\u00fan alaba a los que s\u00ed creen (Jn. 17,8), y exhibe los milagros como signos de la verdadera fe (Mc. 16,17).   Los Ap\u00f3stoles apelan a los milagros como la confirmaci\u00f3n de la misi\u00f3n y Divinidad de Cristo (Jn. 20,31); Hch. 10,38), y San Pablo los considera signos de su apostolado (2 Cor. 12,12).<\/li>\n<\/ul>\n<ul>\n<li> Los milagros son hechos para dar fe de la verdadera santidad.  As\u00ed, por ejemplo, Dios defiende a Mois\u00e9s (N\u00fam. 12), a El\u00edas (2 Rey. 1), a Eliseo (2 Rey. 13).  De ah\u00ed el testimonio del ciego de nacimiento (Jn. 9,30 ss.) y los procesos oficiales en la canonizaci\u00f3n de los santos.   <\/li>\n<\/ul>\n<ul>\n<li> Como beneficios espirituales o temporales.  Los favores temporales van siempre subordinados a los fines espirituales, pues son una recompensa o promesa de virtud, por ejemplo, la viuda de Sarepta (1 Rey. 17), los tres j\u00f3venes en el horno ardiente (Dan. 3), la preservaci\u00f3n de Daniel (Dan. 5), la liberaci\u00f3n de San Pedro de la prisi\u00f3n (Hch. 12), de San Pablo del naufragio (Hch. 27).  As\u00ed semeion, es decir, \u201csigno\u201d, completa el significado de dynamis, es decir \u201cpoder (divino)\u201d.  Revela el milagro como un acto de la Providencia sobrenatural de Dios sobre el hombre.  Le da un contenido positivo a teras, es decir, \u201cmaravilla\u201d, pues, mientras que la maravilla muestra el milagro como una desviaci\u00f3n del curso ordinario de la naturaleza, el signo da el prop\u00f3sito de la desviaci\u00f3n.  <\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este an\u00e1lisis muestra que:\n<\/p>\n<ul>\n<li> (1) el milagro es esencialmente una apelaci\u00f3n al conocimiento.  Por lo tanto, los milagros pueden distinguirse de los sucesos meramente naturales.  Un milagro es un hecho en la creaci\u00f3n material, y caen bajo la observaci\u00f3n de los sentidos o viene a nosotros a trav\u00e9s del testimonio, como cualquier hecho natural.  Su car\u00e1cter natural se conoce por:\n<ul>\n<li> (a) a partir del conocimiento positivo de las fuerzas naturales, por ejemplo, la ley de gravedad, la ley de que el fuego quema.  Decir que no conocemos todas las leyes de la naturaleza, y por lo tanto no podemos conocer un milagro (Rousseau, \u00abLett. De la Mont.\u00bb, let III), est\u00e1 fuera de la cuesti\u00f3n, ya que har\u00eda del milagro una apelaci\u00f3n a la ignorancia.  Puedo no conocer las leyes del c\u00f3digo penal, pero puedo saber con certeza que en un caso particular una persona viola una ley definitiva. <\/li>\n<li>(b)  A partir de nuestro conocimiento positivo de los l\u00edmites de las fuerzas naturales.  As\u00ed, por ejemplo, no podemos saber la fuerza de un hombre, pero sabemos que no puede por s\u00ed solo mover una monta\u00f1a.  Al ampliar nuestro conocimiento de las fuerzas naturales, el progreso de la ciencia ha reducido su \u00e1mbito y definido sus l\u00edmites, como en la ley de la abiog\u00e9nesis.  Por lo tanto, tan pronto como tenemos razones para sospechar que cualquier evento, no importa cu\u00e1n poco com\u00fan o raro parezca, puede surgir debido a causas naturales o ser conforme al curso normal de la naturaleza, inmediatamente perdemos la convicci\u00f3n de que es un milagro.  Un milagro es una manifestaci\u00f3n del poder de Dios; siempre y cuando esto no est\u00e1 claro, hay que rechazarlo como tal. <\/li>\n<\/ul>\n<\/li>\n<\/ul>\n<ul>\n<li>(2) Los milagros son signos de la Providencia de Dios sobre el hombre, por lo tanto son de un alto car\u00e1cter moral, simple y obvio en las fuerzas en acci\u00f3n, en las circunstancias de su obra, y en su meta y prop\u00f3sito.  Ahora la filosof\u00eda indica la posibilidad y la revelaci\u00f3n ense\u00f1a el hecho de que los seres espirituales, buenos y malos, existen, y poseen mayor poder que el del hombre.  Aparte de la cuesti\u00f3n especulativa en cuanto al poder natural de estos seres, tenemos la certeza de\n<ul>\n<li>(a) que Dios s\u00f3lo puede realizar esos efectos que son llamados milagros substanciales, por ejemplo, la resurrecci\u00f3n de los muertos;<\/li>\n<li>(b) que los  milagros realizados por los \u00e1ngeles, seg\u00fan registrados en la Biblia, son siempre atribuidos a Dios, y que la Sagrada Escritura no le da autoridad divina a milagros que no sean divinos;<\/li>\n<li>(c)  que la Sagrada Escritura muestra el poder de los esp\u00edritus malignos como estrictamente condicionado, por ejemplo, el testimonio de los magos egipcios (\u00c9x. 8,19), la historia de Job,<\/li>\n<\/ul>\n<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">los demonios que reconocen el poder de Cristo (Mt. 8,31), el testimonio expreso de Cristo mismo (Mt. 24,24) y del Apocalipsis (Apoc. 9,14).  El admitir que estos esp\u00edritus pueden realizar milagros &#8212;es decir, obras de habilidad e ingenio que, en relaci\u00f3n a nuestras fuerzas, puedan parecer milagrosas.&#8212; sin embargo estas obras carecen del sentido y la finalidad que las sellar\u00eda como el lenguaje de Dios a los hombres.\n<\/p>\n<h2>Errores<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los de\u00edstas rechazan los milagros, pues niegan la Providencia de Dios.  Los agn\u00f3sticos tambi\u00e9n los niegan, y los positivistas los rechazan.  Comte consideraba los milagros como el fruto de la imaginaci\u00f3n teolog\u00eda.  El pante\u00edsmo moderno no tiene lugar para los milagros.  As\u00ed, Espinosa afirmaba que la creaci\u00f3n es el aspecto de una \u00fanica substancia, es decir, Dios, y como \u00e9l ense\u00f1aba que los milagros son una violaci\u00f3n de la naturaleza, por lo tanto ser\u00edan una violaci\u00f3n a Dios.  La respuesta es, primero, que la concepci\u00f3n de Dios y de la naturaleza de Espinosa es falsa, y segundo, que de hecho, los milagros no son una violaci\u00f3n a la naturaleza.  Para Hegel la creaci\u00f3n es la manifestaci\u00f3n evolutiva de la \u00fanica idea absoluta, es decir, Dios, y para los neo-hegelianos (por ejemplo, Thos, Green) la conciencia se identifica con Dios; por lo tanto, para ambos el milagro no tiene sentido.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Definiciones err\u00f3neas de lo sobrenatural llevan a definiciones err\u00f3neas del milagro.  As\u00ed:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(1)  Bushnell define lo natural como lo necesario y lo sobrenatural como lo que es libre; por lo tanto el mundo material es lo que llamamos naturaleza, el mundo de la vida del hombre es sobrenatural.  As\u00ed tambi\u00e9n el Dr. Strong (\u00abBaptist Rev.\u00bb, vol. I, 1879), Rev. C.A. Row (\u00abSupernat. in the New Test.\u00bb, Londres, 1875).  En este sentido todo  acto  voluntario libre del hombre es un acto sobrenatural y un milagro.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(2)  El sobrenaturalismo natural propuesto por Carlyle, Theodore Parker, Prof. Pfleiderer, y, m\u00e1s recientemente, Prof. Everett (\u00abThe Psychologic Elem. of Relig. Faith\u00bb, Londres y Nueva York, 1902), Prof. Bowne (\u00abImmanence of God\u00bb, Boston y Nueva York, 1905), Hastings (\u00abDiction. of Christ and the Gospels\u00bb, s.v. \u00abMiracles\u00bb).  As\u00ed lo natural y lo sobrenatural son en realidad uno:  lo natural es su aspecto al hombre, lo sobrenatural es su aspecto a Dios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(3) La \u00abteor\u00eda inmediata\u00bb, que Dios act\u00faa inmediatamente sin segundas causas, o que las causas segundas, o leyes de la naturaleza, deben ser definidas como los m\u00e9todos regulares de la actuaci\u00f3n de Dios.  Esta ense\u00f1anza se combina con la doctrina de la evoluci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(4)  La teor\u00eda \u201crelativa\u201d de milagros es por mucho la m\u00e1s popular entre los escritores no cat\u00f3licos.  Esta opini\u00f3n fue propuesta originalmente para afirmar los milagros cristianos y al mismo tiempo afirmar la creencia en la uniformidad de la naturaleza.  Sus formas principales son tres:\n<\/p>\n<ul>\n<li><b>(a) La concepci\u00f3n mec\u00e1nica de Babbage<\/b> (Tratados de Bridgewater):   En la opini\u00f3n de Babbage, promovida luego por el duque de Argyll (Reino de la Ley) se presenta la naturaleza como un vasto mecanismo enrollado al principio y que contiene en s\u00ed mismo la capacidad para desviarse de su curso normal en fechas determinadas.  La teor\u00eda es ingeniosa, pero hace del milagro un evento natural.  Admite la presunci\u00f3n de los adversarios de los milagros, es decir, que los efectos f\u00edsicos deben tener causas f\u00edsicas, pero esta hip\u00f3tesis se contradice con los hechos comunes de la experiencia, por ejemplo, la voluntad act\u00faa sobre la materia.    <\/li>\n<\/ul>\n<ul>\n<li><b> (b) La \u201cley\u201d desconocida de Espinosa: <\/b>  Espinosa ense\u00f1a que el t\u00e9rmino \u201cmilagro\u201d debe ser entendido con referencia a las opiniones de los hombres, y que significa simplemente un acontecimiento que no podemos explicar por otros acontecimientos familiares a nuestra experiencia.  Locke, Kant, Eichhorn, Paulus, Renan sostienen la misma opini\u00f3n.   As\u00ed, el profesor Cooper escribe \u00abEl milagro de una \u00e9poca se convierte en el funcionamiento normal de la naturaleza en la pr\u00f3xima\u00bb (\u00abRef. Cap. R.\u00bb, julio de 1900).  Por lo tanto un milagro nunca ocurri\u00f3 en realidad, y es s\u00f3lo un nombre para cubrir nuestra ignorancia.  As\u00ed, Matthew Arnold pudo pretender que todos los milagros b\u00edblicos desaparecer\u00e1n con el progreso de la ciencia (Lit. y la Biblia) y M. Muller que \u00ablo milagroso se reduce a la mera apariencia\u00bb (en. Rel., pref., p. 10).  Los defensores de esta teor\u00eda asumen que los milagros son una apelaci\u00f3n a la ignorancia.<\/li>\n<\/ul>\n<ul>\n<li><b>(c) La teor\u00eda de la \u201cley superior\u201d de Argyll de \u201cuniverso no visto\u201d: <\/b>    Trench, Lange (sobre Matt. p. 153), Gore (Bampton Lect., p. 36) se propuso refutar la afirmaci\u00f3n de Espinosa de que los milagros no son naturales y productores de desorden.  As\u00ed, para ellos el milagro es muy natural, ya que se lleva a cabo de conformidad con leyes de una naturaleza superior.  Otros &#8212;por ejemplo, Schleiermacher y Ritschl&#8212; denotan por ley superior, el sentimiento religioso subjetivo.  Por lo tanto, para ellos un milagro no es diferente de cualquier otro fen\u00f3meno natural, sino que se convierte en un milagro por su relaci\u00f3n con el sentimiento religioso.  Un escritor de \u00abThe Biblical World\u201d (octubre, 1908) sostiene que el milagro consiste en el significado religioso del fen\u00f3meno natural en su relaci\u00f3n con la apreciaci\u00f3n religiosa como un signo de favor divino.  Otros explican la ley superior como la ley moral, o la ley del esp\u00edritu.  Por lo tanto los milagros de Cristo son entendidos como ilustraciones de una ley superior, m\u00e1s grandiosa, m\u00e1s comprehensiva que los hombres hayan conocido hasta ahora, la venida de una nueva vida, de fuerzas superiores actuando de acuerdo a leyes superiores como manifestaciones del esp\u00edritu en etapas superiores de su desarrollo.  La cr\u00edtica de esta teor\u00eda es que los milagros dejar\u00edan de ser milagros: no ser\u00edan extraordinarios, pues se realizar\u00edan bajo las mismas condiciones.  Lograr milagros en virtud de una ley a\u00fan no entendida es negar su existencia.  As\u00ed, cuando Trench define un milagro como \u00abun evento extraordinario que los espectadores no puede reducir a ninguna ley conocida por ellos\u00bb, la definici\u00f3n incluye el hipnotismo y la clarividencia.  Si por \u201cley superior\u201d denotamos la ley superior de la santidad de Dios, entonces un milagro puede hacer referencia a esta ley, pero la ley superior en este caso es Dios mismo y el uso de la palabra tiende a crear confusi\u00f3n.<\/li>\n<\/ul>\n<h2>Improbabilidad antecedente<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">El gran problema de la teolog\u00eda moderna es el lugar y el valor de los milagros.  En opini\u00f3n de algunos escritores, su improbabilidad antecedente, basada en el reinado universal de la ley es tan grande que no son dignos de consideraci\u00f3n seria.  As\u00ed, su convicci\u00f3n de la uniformidad de la naturaleza llev\u00f3 a Hume a negar el testimonio de los milagros en general, seg\u00fan llev\u00f3 a Baur, Strauss y Renan a explicar los milagros de Cristo sobre bases naturales.   El principio fundamental es que pase lo que pase es natural, y lo que no es natural no ocurre.  La profunda convicci\u00f3n de la unidad org\u00e1nica del universo, un rasgo caracter\u00edstico del pensamiento del siglo XIX, se basa en la creencia en la uniformidad de la naturaleza.  Ha dominado una cierta escuela de literatura, y, con George Eliot, Hall Came y Thomas Hardy, las operaciones naturales de la herencia, ambiente y ley necesaria gobiernan el mundo de la vida humana. Es el principio b\u00e1sico en los tratados de sociolog\u00eda modernos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Su principal exponente es la ciencia-filosof\u00eda, una continuaci\u00f3n del de\u00edsmo del siglo XVIII sin la idea de Dios, y la opini\u00f3n aqu\u00ed presentada, de un universo en evoluci\u00f3n elaborando su propio destino bajo el dominio r\u00edgido de las leyes naturales inherentes, encuentra s\u00f3lo un tenue disfraz en la concepci\u00f3n  pante\u00edsta, tan com\u00fan entre los te\u00f3logos no cat\u00f3licos, de un Dios  inmanente, que es la base activa del mundo de desarrollo de acuerdo a la ley natural, es decir, el monismo de la mente o la voluntad.  Esta creencia es la brecha entre la antigua y la moderna escuela de teolog\u00eda, de acuerdo con Delitzsch (\u00abDeep Gulf between the Old and the Modem Theology\u00bb, 1890; Principal Fairbairn, \u00abStudies in the Philos. of Hist. and Religion\u00bb).   Max M\u00fcller encuentra el n\u00facleo de la concepci\u00f3n moderna del mundo en la idea de que \u00abhay una ley y orden en todo, y que una cadena ininterrumpida de causas y efectos mantiene todo el universo en conjunto\u00bb (\u00abAntrop. Relig.\u00bb, pref ., p. 10).    En todo el universo hay un mecanismo de la naturaleza y de la vida humana, que presenta una cadena necesaria, o secuencia, de causa y efecto, que no es, y no puede ser rota por una injerencia desde el exterior, como se supone en el caso de un milagro. Este punto de vista es la base de las objeciones modernas al cristianismo, la fuente del escepticismo moderno, y la raz\u00f3n de una disposici\u00f3n que prevalece entre los pensadores cristianos a negarle a los milagros un lugar en evidencias cristianas, y a basar la prueba para el cristianismo en evidencias internas solamente.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Cr\u00edtica:<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(1)  Este punto de vista se basa en \u00faltima instancia sobre el supuesto de que el universo material existe por s\u00ed solo.  Es refutado:\n<\/p>\n<ul>\n<li> demostrando que en el hombre hay un alma espiritual totalmente distinta de la  existencia org\u00e1nica e inorg\u00e1nica, y que esta alma revela un orden  intelectual y moral totalmente distinto del orden f\u00edsico;<\/li>\n<li> al inferir la existencia de Dios a partir de los fen\u00f3menos del orden intelectual, moral y f\u00edsico.  <\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">(2)  Este punto de vista se basa tambi\u00e9n en un significado  err\u00f3neo del t\u00e9rmino  naturaleza.  Kant hace una distinci\u00f3n entre el no\u00fameno y el fen\u00f3meno de una cosa, neg\u00f3 que podemos conocer el no\u00fameno, es decir, la cosa en s\u00ed misma; todo lo que conocemos es el fen\u00f3meno, es decir, la apariencia de la cosa.  Esta distinci\u00f3n ha influido profundamente en el pensamiento moderno.  Como  idealista  trascendental, Kant neg\u00f3 que conozcamos el fen\u00f3meno real; para \u00e9l s\u00f3lo la apariencia ideal es el objeto de la mente.  As\u00ed, el conocimiento es una sucesi\u00f3n de apariencias ideales, y un milagro ser\u00eda una interrupci\u00f3n de esa sucesi\u00f3n.  Otros, es decir, la Escuela del Sentido (Hume, Mill, Bain, Spencer y otros), ense\u00f1an que, si bien no podemos conocer la substancia o  esencia de las cosas, podemos y captamos los fen\u00f3menos reales.    Para ellos el mundo es un mundo fenomenal y es una pura convivencia y la sucesi\u00f3n de fen\u00f3menos, donde el antecedente determina al consecuente.  En este punto de vista un milagro ser\u00eda un salto inexplicable en la (llamada) ley invariable de secuencia, en cuya ley Mill bas\u00f3 su l\u00f3gica.    Ahora respondemos que el verdadero significado de la palabra naturaleza incluye tanto el fen\u00f3meno como el no\u00fameno.  Tenemos la idea de sustancia con un contenido objetivo.    En realidad, el progreso de la  ciencia consiste en la observaci\u00f3n de, y la experimentaci\u00f3n sobre las cosas con el fin de conocer sus propiedades o potencias, que a su vez nos permiten conocer las esencias f\u00edsicas de las distintas sustancias.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(3) A trav\u00e9s de la concepci\u00f3n err\u00f3nea de la naturaleza, el principio de causalidad se confunde con la ley de la uniformidad de la naturaleza.  Pero son cosas absolutamente diferentes.  El primero es una convicci\u00f3n primaria que tiene su origen en nuestra conciencia interna.  La segunda es una inducci\u00f3n basada en una larga y cuidadosa observaci\u00f3n de los hechos: no es una verdad evidente por s\u00ed misma, ni es un principio  universal y  necesario, como ha demostrado el propio Mill (Logic, IV, XXI).   De hecho la uniformidad de la naturaleza es el resultado del principio de causalidad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No es cierto el argumento principal de que la uniformidad de las normas de la naturaleza gobierna los milagros fuera de consideraci\u00f3n, debido a que implicar\u00edan una ruptura en la uniformidad y una violaci\u00f3n de la ley natural.  Las leyes de la naturaleza son los modos observados o procesos en que act\u00faan las fuerzas naturales.    Estas fuerzas son las propiedades o potencias de las esencias de las cosas naturales.  Nuestra experiencia de causalidad no es la experiencia de una mera secuencia sino de una secuencia debida a la necesaria operaci\u00f3n de las esencias vistas como principios o fuentes de acci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ahora bien, las esencias son necesariamente lo que son e inmutables, por lo tanto sus propiedades, o potencias, o fuerzas, en determinadas circunstancias, act\u00faan de la misma manera.  Sobre esto, la filosof\u00eda  escol\u00e1stica basa la verdad de que la naturaleza es uniforme en su acci\u00f3n, sin embargo, sostiene que la constancia de la sucesi\u00f3n no es una ley absoluta, pues la sucesi\u00f3n s\u00f3lo es constante siempre y cuando las relaciones noum\u00e9nicas permanezcan iguales.  As\u00ed, la filosof\u00eda escol\u00e1stica, al defender los milagros, acepta el reinado universal de la ley en este sentido, y su ense\u00f1anza est\u00e1 en acuerdo absoluto con los m\u00e9todos efectivamente perseguidos por la ciencia moderna en las investigaciones cient\u00edficas.  Por lo tanto, ense\u00f1a el orden de la naturaleza y el reino de la ley, y declara abiertamente que, si no hubiese orden, no habr\u00eda milagro.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es significativo que la Biblia apela constantemente al reino de la ley en la naturaleza, al tiempo que da fe de la ocurrencia real de los milagros.  Ahora bien, la voluntad  humana, al actuar sobre fuerzas materiales, interfiere con las secuencias regulares, pero no paraliza las fuerzas naturales o destruye su tendencia innata a actuar de una manera uniforme.  As\u00ed, un ni\u00f1o, al lanzar una piedra al aire, no altera el orden de la naturaleza o acaba con la ley de gravedad.  S\u00f3lo se trae una nueva fuerza y contrarresta las tendencias de las fuerzas naturales, as\u00ed como las fuerzas naturales interact\u00faan y se contrarrestan entre s\u00ed, como se demuestra en las bien conocidas verdades del paralelogramo de fuerzas y la distinci\u00f3n entre la energ\u00eda cin\u00e9tica y potencial.   La analog\u00eda entre un  acto del hombre y un acto de Dios es completa en lo que se refiere a una ruptura en la uniformidad de la naturaleza o una violaci\u00f3n de sus leyes.  El alcance de la potencia ejercida no afecta el punto en cuesti\u00f3n.   Por lo tanto la naturaleza f\u00edsica se presenta como un sistema de causas f\u00edsicas que producen resultados uniformes, y sin embargo permite la interposici\u00f3n de la acci\u00f3n personal, sin afectar su estabilidad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La verdad de esta posici\u00f3n es tan manifiesta que Mill admite que el argumento de Hume contra los milagros es v\u00e1lido s\u00f3lo en el supuesto de que Dios no existe, pues, dice, \u00abun milagro es un nuevo efecto que se supone es producido por la introducci\u00f3n de una nueva causa\u2026 de la adecuaci\u00f3n de esa causa, si est\u00e1 presente, no puede haber ninguna duda\u00bb (Logic, III, XXV).   Por lo tanto, al admitir la existencia de Dios, la \u00absecuencia uniforme\u00bb de Hume no se sostiene como una objeci\u00f3n a los milagros.  Huxley tambi\u00e9n niega que los f\u00edsicos nieguen la creencia en los milagros porque los milagros son una violaci\u00f3n de las leyes naturales, y rechaza la totalidad de esta l\u00ednea de argumento (\u00abSome Controverted questions\u201d, 209, \u00abLife of Hume\u00bb, 132), y sostiene que una milagro es una cuesti\u00f3n de pura y simple evidencia.   De ah\u00ed que se ha abandonado la objeci\u00f3n a los milagros basada en su improbabilidad antecedente.  \u00abThe Biblical World\u201d (octubre de 1908) dice: \u00abEl antiguo sistema r\u00edgido de \u2018leyes de la naturaleza\u2019 est\u00e1 siendo interrumpido por la  ciencia moderna. Hay muchos acontecimientos que los cient\u00edficos reconocen que son inexplicables por ninguna ley conocida. Pero esta incapacidad de proporcionar una explicaci\u00f3n cient\u00edfica no es raz\u00f3n para negar la  existencia de cualquier caso, si est\u00e1 adecuadamente atestiguado.   As\u00ed, el viejo argumento a priori contra de los milagros se ha ido.\u00bb  As\u00ed, en el pensamiento moderno la cuesti\u00f3n del milagro es simplemente una cuesti\u00f3n de hecho.\n<\/p>\n<h2>Lugar y valor de los milagros en la visi\u00f3n cristiana del mundo<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como la gran objeci\u00f3n a los milagros realmente se basa en opiniones  filos\u00f3ficas  falsas del universo, por lo que es  necesaria la verdadera visi\u00f3n del mundo para comprender su lugar y su valor.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El cristianismo ense\u00f1a que Dios  cre\u00f3 y gobierna el mundo.  Este gobierno es su  Providencia, la cual se muestra en el delicado ajuste y subordinaci\u00f3n de las tendencias propias de las cosas materiales, dando como resultado la maravillosa estabilidad y armon\u00eda que prevalecen en toda la creaci\u00f3n f\u00edsica, y en el orden moral, que a trav\u00e9s de la conciencia, ha de guiar y controlar las tendencias de la naturaleza del hombre a una completa armon\u00eda en la vida  humana.  El hombre es un ser personal, con  inteligencia y libre albedr\u00edo, capaz de  conocer y servir a Dios, y creado para tal fin.  Para \u00e9l la naturaleza es el libro de la obra de Dios que revela al Creador a trav\u00e9s del designio visible en el orden material y por medio de la conciencia, la voz del orden moral, basado en la constituci\u00f3n misma de su propio ser.  De ah\u00ed que la relaci\u00f3n del hombre con Dios es una personal.  La Providencia de Dios no se limita a la revelaci\u00f3n de s\u00ed mismo a trav\u00e9s de sus obras.  \u00c9l se ha manifestado de una manera  sobrenatural, lanzando un torrente de luz sobre las relaciones que deben existir entre el hombre y \u00c9l mismo.    La Biblia contiene esta revelaci\u00f3n, y se llama el Libro de la Palabra de Dios, el cual da el registro de la Providencia sobrenatural de Dios conducente a la redenci\u00f3n y a la fundaci\u00f3n de la Iglesia cristiana.  Aqu\u00ed se nos dice que m\u00e1s all\u00e1 de la esfera de la naturaleza hay otro reino de la  existencia, lo sobrenatural, poblado por seres espirituales y las almas de los difuntos.  Ambas esferas, la natural y la sobrenatural, est\u00e1n bajo el dominio de la Providencia de Dios.  As\u00ed, Dios y el hombre son dos grandes hechos.  La relaci\u00f3n del alma con su Creador es la religi\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La religi\u00f3n es el conocimiento, el amor y el servicio de Dios; su expresi\u00f3n se conoce como  culto, y la esencia del culto es la oraci\u00f3n.  As\u00ed, entre el hombre y Dios hay una constante interacci\u00f3n, y en la Providencia de Dios el medio se\u00f1alado de esta relaci\u00f3n es la oraci\u00f3n.  Mediante la oraci\u00f3n el hombre habla con Dios en los  actos de fe, esperanza, caridad y contrici\u00f3n e implora su ayuda.  En respuesta a la oraci\u00f3n Dios act\u00faa en el alma por su gracia y, en circunstancias especiales, mediante los milagros.  De ah\u00ed que el gran hecho de la oraci\u00f3n, como el nexo de uni\u00f3n del hombre con Dios, implica una intervenci\u00f3n constante de Dios en la vida del hombre.  Por lo tanto, en la visi\u00f3n cristiana del mundo, los milagros tienen un lugar y un significado.  Ellos surgen de la relaci\u00f3n personal entre Dios y el hombre.  La convicci\u00f3n de que los puros de coraz\u00f3n son agradables a Dios, de alg\u00fan modo misterioso, es universal; incluso entre los  paganos s\u00f3lo se preparan ofrendas puras para el sacrificio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este sentido \u00edntimo de la presencia de Dios puede explicar la tendencia universal a referir todos los fen\u00f3menos sorprendentes a causas sobrenaturales.  El error y la exageraci\u00f3n no cambian la naturaleza de la creencia fundada en la convicci\u00f3n permanente de la Providencia de Dios.  San Pablo apel\u00f3 a esta creencia en su discurso a los atenienses (Hechos 17).  En el milagro, por lo tanto, Dios subordina la naturaleza f\u00edsica a un prop\u00f3sito m\u00e1s elevado, y este prop\u00f3sito superior es id\u00e9ntico a los m\u00e1s altos objetivos morales de la existencia.  La concepci\u00f3n  mec\u00e1nica del mundo est\u00e1 en armon\u00eda con lo teleol\u00f3gico, y cuando el prop\u00f3sito existe, ning\u00fan evento es aislado o sin sentido.  El hombre es creado por Dios, y un milagro es la prueba y la  promesa de Su Providencia sobrenatural.  De ah\u00ed que podamos entender c\u00f3mo, en la mentes devotas, incluso hay una presunci\u00f3n a favor y una expectativa de milagros.  Ellos muestran la subordinaci\u00f3n del mundo inferior al superior; son la ruptura del mundo superior sobre el inferior (\u00abC. Gent.\u00bb, III, XCVIII, XCIX; Benedict XIV, 1, c; 1, IV, p. 1, c. I).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Algunos escritores &#8212;por ejemplo  Paley, Mansel, Mozley, Dr. George Fisher&#8212; llevan la visi\u00f3n  cristiana al extremo, y dicen que los milagros son  necesarios para atestiguar la revelaci\u00f3n.  Los  te\u00f3logos cat\u00f3licos, sin embargo, tienen una visi\u00f3n m\u00e1s amplia.  Ellos afirman:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(1)que los grandes objetivos principales de los milagros son la manifestaci\u00f3n de la gloria de Dios y el bien de los hombres; que los fines particulares o secundarios, subordinados al primero, son confirmar la verdad de una misi\u00f3n o una  doctrina de fe o moral, para atestiguar la santidad de los siervos de Dios, para conferir beneficios y reivindicar la justicia Divina.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(2) Por lo tanto ense\u00f1an que la testificaci\u00f3n de la revelaci\u00f3n no es el fin primario, sino su fin secundario principal, aunque no el \u00fanico.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(3) Dicen que los milagros de  Cristo no eran necesarios, sino \u00abmuy adecuados y totalmente acordes con su misi\u00f3n\u00bb (decentissimum et maximopere conveniens) &#8212;Papa Benedicto XIV, IV, p. 1, c. 2, n. 3; Summa , III:43) como un medio para dar fe de su verdad. Al mismo tiempo colocan los milagros entre las evidencias m\u00e1s fuertes y m\u00e1s certeras de la revelaci\u00f3n divina.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(4) Sin embargo, ense\u00f1an que, como evidencias, los milagros no tienen fuerza f\u00edsica, es decir, asentimiento absolutamente coercitivo, sino s\u00f3lo una fuerza moral, es decir, no le hacen violencia al libre albedr\u00edo, aunque su apelaci\u00f3n al asentimiento es de la especie m\u00e1s fuerte.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(5) Que, como evidencias, no son obrados para mostrar la verdad interna de las doctrinas, sino s\u00f3lo para dar razones manifiestas de por qu\u00e9 debemos aceptar las doctrinas.  De ah\u00ed la distinci\u00f3n: no evident vera, sino evidenter credibilia.  Pues la revelaci\u00f3n, de la cual dan fe los milagros, contiene doctrinas  sobrenaturales por encima de la comprensi\u00f3n de la mente e instituciones positivas en la Providencia sobrenatural de Dios sobre los hombres. As\u00ed que no es cierta la opini\u00f3n de Locke, Trench, Mill, Mozley y Cox, que la doctrina prueba el milagro y no el milagro la doctrina.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(6)  Finalmente, afirman que los milagros en la  Escritura y el  poder de obrar milagros en la Iglesia son de fe divina, no, sin embargo, los milagros en la historia de la Iglesia propiamente dichos.  De ah\u00ed que ense\u00f1an que los primeros son ambos evidencias de fe y objetos de fe; que los \u00faltimos son evidencias de prop\u00f3sito para el cual son obrados, no, sin embargo, objetos de fe divina.  Por lo tanto esta ense\u00f1anza guarda de la otra visi\u00f3n exagerada propuesta recientemente por los escritores no cat\u00f3licos, que afirman que los milagros  se consideran ahora no como evidencias sino como objetos de fe.\n<\/p>\n<h2>Testimonio<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un milagro, como cualquier otro fen\u00f3meno natural, se conoce ya sea por la observaci\u00f3n personal o por el testimonio de los dem\u00e1s.  En el milagro tenemos el hecho mismo como un acontecimiento externo y su car\u00e1cter milagroso.   El car\u00e1cter milagroso del hecho consiste en esto: que su naturaleza y las circunstancias que lo rodean son de tal naturaleza que nos vemos  obligados a admitir que las fuerzas naturales por s\u00ed solas no podr\u00edan haberlo producido, y la \u00fanica explicaci\u00f3n racional es que se produjo por la interferencia de la agencia divina.   La percepci\u00f3n de su car\u00e1cter milagroso es un acto racional de la mente, y es simplemente la aplicaci\u00f3n del principio de causalidad con los m\u00e9todos de inducci\u00f3n.  Las normas generales que rigen la aceptaci\u00f3n del testimonio se aplican a los milagros como a otros hechos de la historia.   Si tenemos evidencia  certera para el hecho, estamos obligados a aceptarlo.  La evidencia de los milagros, en cuanto a los hechos hist\u00f3ricos en general, depende del conocimiento y veracidad de los narradores, es decir, los que dan testimonio de la ocurrencia de los hechos deben saber lo que dicen y decir la verdad. La naturaleza extraordinaria del milagro requiere una investigaci\u00f3n m\u00e1s completa y precisa.  No somos libres de rechazar tal testimonio; de lo contrario hay que negar toda la historia en absoluto.  No tenemos m\u00e1s justificaci\u00f3n racional para rechazar los milagros que para rechazar los relatos de los eclipses estelares.   Por lo tanto, aquellos que niegan los milagros han concentrado sus esfuerzos con el prop\u00f3sito de destruir la evidencia hist\u00f3rica de todos los milagros cualesquiera que sean y sobre todo la evidencia para los milagros de los Evangelios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hume sostuvo que ning\u00fan testimonio puede  probar los milagros, pues es m\u00e1s probable que el testimonio sea  falso que los milagros sean ciertos.  Pero\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(a) su afirmaci\u00f3n de que \u00abuna experiencia uniforme\u00bb, que es \u00abuna prueba directa y completa\u00bb, va en contra de los milagros, es negada por Mill, a condici\u00f3n de una causa adecuada, es decir, que Dios  exista.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(b) La \u201cexperiencia\u00bb de Hume puede significar: (a) la experiencia del  individuo, y su argumento se hace absurdo (por ejemplo, dudas hist\u00f3ricas sobre  Napole\u00f3n) o (b) la experiencia de la raza,  que se ha convertido en propiedad com\u00fan y el tipo de lo que se puede esperar.   Ahora, de hecho, tenemos esto por testimonio; muchos hechos  sobrenaturales son parte de esta experiencia de la  raza; Hume prejuzga esta parte sobrenatural, arbitrariamente la declara falsa, que es el punto a ser probado y asume que milagroso es sin\u00f3nimo de absurdo.  El pasado, as\u00ed expurgado,  es hecho la prueba del futuro, y debe impedir que los defensores consistentes de Hume acepten los descubrimientos de la  ciencia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(c) Acosado, Hume se ve obligado a hacer la distinci\u00f3n entre testimonio contrario a la experiencia y testimonio no conforme a la experiencia, y sostiene que este \u00faltimo puede ser aceptado &#8212;por ejemplo, el testimonio del hielo para el pr\u00edncipe de la India.  Pero esta admisi\u00f3n es fatal para su posici\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(d) Hume procede en el supuesto de que, para los efectos pr\u00e1cticos, todas las leyes de la naturaleza son conocidas, pero la experiencia demuestra que esto no es cierto.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(e)  Todo su argumento descans\u00f3 sobre el principio  filos\u00f3fico rechazado de que la experiencia externa es la \u00fanica fuente de conocimiento, descansa sobre la base desacreditada que los milagros se oponen a la uniformidad de la naturaleza como violaciones de las leyes naturales y que fue propuesto a trav\u00e9s del prejuicio contra el cristianismo.  De ah\u00ed que los  esc\u00e9pticos posteriores se han alejado de la posici\u00f3n extrema de Hume y ense\u00f1an, no que los milagros no pueden ser probados, sino que de hecho ellos no son probados.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El ataque de Hume contra los milagros en general se ha aplicado a los milagros de la Biblia, y ha recibido mayor peso a partir de la negaci\u00f3n de la inspiraci\u00f3n divina.  Aunque var\u00eda en su forma, su principio b\u00e1sico es el mismo, a saber, el humanismo del Renacimiento aplicado a la  teolog\u00eda.  As\u00ed tenemos:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>(1) Teor\u00eda de la interpretaci\u00f3n<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El antiguo racionalismo de Semler, Eichhorn, de Wette y Paulo, quienes afirmaban la credibilidad de los registros de la Biblia, pero afirmaban que eran una colecci\u00f3n de escritos compuestos por la  inteligencia natural por s\u00ed sola, y a ser tratados en el mismo plano que otras producciones naturales de la mente  humana.  Se deshicieron de lo  sobrenatural mediante una audaz interpretaci\u00f3n de los milagros como hechos puramente naturales.  Esto se conoce como la teor\u00eda de la \u00abinterpretaci\u00f3n\u00bb, y hoy aparece bajo dos formas:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El racionalismo modificado, que ense\u00f1a que estamos justificados al aceptar una porci\u00f3n muy considerable de los relatos evang\u00e9licos como sustancialmente hist\u00f3ricos, sin estar obligados a  creer en milagros.  De ah\u00ed que den cr\u00e9dito a los relatos de los endemoniados y curaciones, pero alegan que estas maravillas fueron obradas por, o de acuerdo con,  la ley natural.   As\u00ed tenemos la teor\u00eda el\u00e9ctrica de M. Corelli, la apelaci\u00f3n a la \u00abterap\u00e9utica moral\u00bb de Matthew Arnold, y la teor\u00eda  psicol\u00f3gica propuesta por el Prof. Bousset de Gottingen, en la que afirma que  Cristo realiz\u00f3 milagros  por facultades mentales naturales de un tipo superior (cf. \u00abN. World\u201d, marzo de 1896).   Pero el intento de explicar los milagros del  Evangelio, ya sea por los poderes naturales de Cristo, es decir, la superioridad mental o moral, o por estados particulares del receptor, curaci\u00f3n por la fe, y fen\u00f3menos ps\u00edquicos afines, es arbitrario y no verdadero a los hechos.   En muchos de los milagros no se requiri\u00f3 la fe, y de hecho estuvo ausente; esto se muestra, en los milagros de poder, por el  temor expresado por los Ap\u00f3stoles, por ejemplo, cuando Cristo calm\u00f3 la tempestad (Marcos 4,40), cuando Cristo camin\u00f3 sobre las aguas (Mc. 6,51), en el saque de los peces (Lucas 5,8), y en los milagros de expulsar a los demonios.  En algunos milagros Cristo exige la fe, pero la fe no es la causa del milagro, s\u00f3lo la condici\u00f3n para su ejercicio del poder.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otros, como Holstein, Renan, y Huxley, siguen a De Wette, quien explica los milagros como la interpretaci\u00f3n emocional de acontecimientos comunes.  Afirman que los hechos ocurridos fueron sustancialmente hist\u00f3ricos, pero que en la narraci\u00f3n fueron cubiertos con las interpretaciones de los escritores.  Por lo tanto, dicen que, en el estudio de los Evangelios, hay que distinguir entre los hechos tal como realmente ocurrieron y las emociones subjetivas de los que fueron testigos de ellos, su fuerte excitaci\u00f3n, la tendencia a la exageraci\u00f3n y la imaginaci\u00f3n v\u00edvida.  Por lo tanto apelan no a la \u00abfalacias de los testimonios\u00bb tanto como a las \u00abfalacias de los sentidos\u00bb.  Pero este intento de transformar a los Ap\u00f3stoles en nerviosos visionarios no puede ser considerado por una mente imparcial.  San Pedro distingui\u00f3 claramente entre una  visi\u00f3n (Hechos 10,17) y una realidad (Hch. 12), y San Pablo menciona dos casos de visiones (Hch. 22,17; 2 Corintios 12), la segunda por v\u00eda de contraste con su vida misionera ordinaria de trabajos y sufrimientos (2 Cor. 11).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Renan incluso va tan lejos como para presentar la flagrante incoherencia de un Cristo, como dice \u00e9l, notable por la belleza moral de vida y  doctrina, que sin embargo es culpable de enga\u00f1o  consciente, como, por ejemplo, en la fingida resurrecci\u00f3n de L\u00e1zaro.  Esta ense\u00f1anza es en realidad una negaci\u00f3n del testimonio.  Los milagros de Cristo deben tomarse como un todo, y en el entorno del Evangelio en el que se presentan como parte de su ense\u00f1anza y su vida.  Basado en la evidencia no hay ninguna raz\u00f3n para hacer una distinci\u00f3n entre ellos ni interpretarlos para que sean lo que son.  La verdadera raz\u00f3n es prejuzgar sobre  falsos fundamentos filos\u00f3ficos con el fin de deshacerse del elemento sobrenatural.  De hecho, las conjeturas y las hip\u00f3tesis propuestas son mucho m\u00e1s improbables que los propios milagros.  Una vez m\u00e1s, \u00bfc\u00f3mo explicar el gran milagro que el h\u00e9roe de una leyenda sin fundamento, el impotente y enga\u00f1oso  Cristo, podr\u00eda convertirse en el fundador de la Iglesia cristiana y de la  civilizaci\u00f3n cristiana?  Por \u00faltimo, este m\u00e9todo viola los principios b\u00e1sicos de interpretaci\u00f3n; pues los escritores del Nuevo Testamento no est\u00e1n autorizados a hablar su propio idioma.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>(2) Teor\u00eda del humanismo b\u00edblico<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La idea fundamental de la metaf\u00edsica de  Hegel (es decir, que las cosas existentes son la manifestaci\u00f3n progresiva de la idea, es decir, lo absoluto) dio una base filos\u00f3fica para la concepci\u00f3n org\u00e1nica del universo, es decir, lo divino como org\u00e1nico a lo  humano.  As\u00ed la revelaci\u00f3n es presentada como un proceso humano, y la historia &#8212;por ejemplo, la Biblia&#8212; es un registro de la experiencia humana, el producto de la vida humana.  Esta filosof\u00eda de la historia se aplic\u00f3 para explicar lo milagroso en los Evangelios y aparece bajo dos formas:  la  Escuela de Tubinga y la Escuela M\u00edstica.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>(a) La Escuela de Tubinga:<\/b>  Baur considera el proceso hegeliano en su aspecto objetivo, es decir, los hechos como cosas.  Afirm\u00f3 que los libros del Nuevo Testamento fueron estados a trav\u00e9s de los cuales pasaron la vida humana y pensamientos del cristianismo primitivo.  Trat\u00f3 de hacer con referencia al origen lo que Gibbon intent\u00f3 con referencia a la propagaci\u00f3n del cristianismo, es decir, deshacerse de lo  sobrenatural mediante la presunci\u00f3n t\u00e1cita de que no hay milagros, y por la enumeraci\u00f3n de causas naturales, la principal de las cuales fue la idea  mesi\u00e1nica a la que Jes\u00fas mismo se acomod\u00f3.  El elemento de evoluci\u00f3n en el humanismo de Baur, sin embargo, lo oblig\u00f3 a negar que poseemos documentos de la \u00e9poca de la vida de nuestro Se\u00f1or, a afirmar que la literatura del Nuevo Testamento fue el resultado de las facciones rivales entre los primeros cristianos, y por tanto de una  fecha muy posterior a la que la tradici\u00f3n le atribuye, y que Cristo fue s\u00f3lo la causa ocasional del cristianismo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aceptaba como  genuinas s\u00f3lo las Ep\u00edstolas a los G\u00e1latas, Romanos, 1 y 2 a los Corintios y el Apocalipsis.  Sin embargo, las Ep\u00edstolas admitidas por Baur demuestran que San Pablo  cre\u00eda en los milagros y afirmaba su ocurrencia real como hechos bien conocidos tanto en lo que se refiere a Cristo y en lo que se refiere a s\u00ed mismo y a los dem\u00e1s  Ap\u00f3stoles (por ejemplo, Rom. 15,18; 1 Cor. 1,22; 12,10; 2 Cor. 12,12; G\u00e1l. 3,5, especialmente sus repetidas referencias a la Resurrecci\u00f3n de Jesucristo, 1 Cor. 15).   La alta cr\u00edtica ha  probado que son falsas las bases sobre las que descansa la Escuela de Tubinga, a saber, que no existen registros contempor\u00e1neos de la vida de Cristo, y que los escritos del Nuevo Testamento pertenecen al siglo II.  Por lo tanto Huxley admite que esta posici\u00f3n ya no es sostenible (The Nineteenth Century, feb. de 1889), y de hecho ya no hay una Escuela de Tubinga en Tubinga.  Harnack dice: \u00abEn cuanto a las cr\u00edticas de las fuentes del cristianismo, nos encontramos, sin duda, en un movimiento de retorno a la  tradici\u00f3n El marco cronol\u00f3gico en el que la tradici\u00f3n estableci\u00f3 los primeros documentos se ha de aceptar en lo sucesivo en sus rasgos principales.\u00bb (The Nineteenth Cent., oct. de 1899).  Por lo tanto Romanes, dijo que el resultado de la batalla sobre los documentos de la Biblia es una se\u00f1al de victoria para el cristianismo (Thoughts on Religion, p. 165).  El Dr. Emil Reich habla de la quiebra de la alta cr\u00edtica (\u00abContemp. Rev.\u00bb, abril de 1905).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b> (b) La Escuela \u201cM\u00edtica\u201d<\/b>  Strauss consider\u00f3 el proceso  hegeliano en su aspecto subjetivo.  \u00c9l se ocup\u00f3 exclusivamente de los hechos como materia de conciencia con los primeros cristianos.  De ah\u00ed que consider\u00f3 a  Cristo dentro de la conciencia cristiana de la \u00e9poca, y sostuvo que el Cristo del Nuevo Testamento fue el resultado de esta conciencia.   No neg\u00f3 un n\u00facleo relativamente peque\u00f1o de realidad hist\u00f3rica, pero sostuvo que los Evangelios, tal y como los poseemos, son invenciones m\u00edticas o fabulosas y adornos de fantas\u00eda y deben ser considerados s\u00f3lo como  s\u00edmbolos de ideas espirituales, por ejemplo, la idea mesi\u00e1nica.  Strauss intent\u00f3 remover el milagro &#8212;o lo que \u00e9l consideraba el asunto no hist\u00f3rico&#8212; del texto.  Pero este punto de vista era demasiado extravagante como para permanecer en boga luego de un cuidadoso estudio del car\u00e1cter veraz y positivo de los escritos del Nuevo Testamento, as\u00ed como una comparaci\u00f3n de ellos con los libros ap\u00f3crifos. Por lo tanto, ha sido rechazada, y el propio Strauss confes\u00f3 su decepci\u00f3n por el resultado de sus trabajos (The Old and New Faith).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>(3) La Escuela Agn\u00f3stica Cr\u00edtica<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Su base es la idea org\u00e1nica del universo, pero ve el proceso del mundo aparte de Dios, porque la raz\u00f3n no puede probar la existencia de Dios, y por lo tanto, para los  agn\u00f3sticos \u00c9l no existe (por ejemplo, Huxley); o para los agn\u00f3sticos cristianos, su  existencia es aceptada s\u00f3lo en fe (s.g., Baden-Powell).  Para ambos no existen los milagros, pues no tenemos manera de conocerlos.   As\u00ed Huxley admite los hechos de los milagros en el Nuevo Testamento, pero dice que el testimonio en cuanto a su car\u00e1cter milagroso puede ser in\u00fatil, y se esfuerza por explicarlos por las  condiciones  mentales subjetivas de los escritores (\u00abThe XIX Cent.\u00bb, marzo 1889).  Baden-Powell (en \u00abEssays and Reviews\u00bb), Holtzmann (Die synoptischen Evangelien), y Harnack (The Essence of Christianity) admiten los milagros seg\u00fan registrados en los Evangelios, pero afirman que su car\u00e1cter milagros est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 del \u00e1mbito de la prueba hist\u00f3rica, y depende de las suposiciones mentales de los lectores.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Cr\u00edtica<\/b>:   El verdadero problema del historiador es establecer hechos bien autenticados y dar una explicaci\u00f3n del testimonio.  Debe mostrar c\u00f3mo estos eventos debieron haber tenido lugar y c\u00f3mo tal teor\u00eda s\u00f3lo puede explicarlos. \u00c9l toma conocimiento de todo lo que se dice acerca de estos eventos por testigos competentes, y llega a su conclusi\u00f3n a partir de su testimonio.  Admitir los hechos y negar una explicaci\u00f3n es proporcionar grand\u00edsima evidencia de su verdad hist\u00f3rica, y mostrar cualidades no consistentes con el historiador cient\u00edfico.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b> (4) La teor\u00eda del protestantismo liberal<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>(a) Forma m\u00e1s antigua:<\/b>   En su forma m\u00e1s antigua, \u00e9sta fue defendida por Carlyle (\u00abLife of Carlyle\u00bb de Froude), Martineau (Seal of Authority in Religion), Rathbone Greg (Creed of Christendom), Prof. Wm. H. Green (Works, III pp. 230, 253), propuesta como un credo  religioso bajo el t\u00edtulo de la \u201cNueva Reforma\u201d (\u00abThe Nineteenth Cent.\u00bb, Mar., 1889) y popularizada por Mrs. Humphry Ward en \u00abRobert Elsmere.\u00bb   Seg\u00fan la vieja  Reforma fue un movimiento para destruir la autoridad divina de la Iglesia mediante la exaltaci\u00f3n del car\u00e1cter  sobrenatural de la Biblia, as\u00ed la nueva Reforma intentaba remover el elemento sobrenatural de la Biblia y basar la fe en el cristianismo en el car\u00e1cter moral superior de  Cristo y la excelencia de su ense\u00f1anza moral.   Est\u00e1 en estrecha simpat\u00eda con algunos escritores sobre la  ciencia de la religi\u00f3n, que ven en el cristianismo una religi\u00f3n natural, aunque superior a otras formas. Al describir su posici\u00f3n como \u00abuna rebeli\u00f3n contra la creencia milagrosa\u00bb, sus seguidores a\u00fan profesan gran reverencia a Jes\u00fas como \u00abel amigo de Dios y del hombre, en quien, a trav\u00e9s de toda la fragilidad humana y la  necesaria imperfecci\u00f3n, ven el jefe natural de su vida interior, el s\u00edmbolo de esas fuerzas religiosas en el hombre que son primitivas, esenciales y universales\u00bb (\u00abThe XIX Cent.\u00bb, marzo de 1889).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A modo de cr\u00edtica se puede decir que esta  escuela tiene su origen en el supuesto filos\u00f3fico de que la uniformidad de la naturaleza ha hecho el milagro impensable &#8212;una presunci\u00f3n ahora descartada.  Una vez m\u00e1s, tiene su base en la Escuela de Tubinga, que se ha demostrado ser falsa, y requiere una mutilaci\u00f3n de los Evangelios tan radical y al por mayor que casi cada frase tiene que ser extirpada o reescrita.  Los milagros de Jes\u00fas son tambi\u00e9n una parte esencial de su vida y ense\u00f1anza para ser removidos de este modo.  Podr\u00edamos tambi\u00e9n expurgar los registros de los logros militares de las vidas de Alejandro o de C\u00e9sar. Strauss expuso las contradicciones de esta posici\u00f3n, que una vez sostuvo (\u201cOld Faith and the New\u201d), y Von Hartmann considera que los  te\u00f3logos  liberales fueron los causantes de la desintegraci\u00f3n del cristianismo (\u00abSelbstersetzung des Christ\u00bb, 1888).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>(b) Forma m\u00e1s nueva:<\/b>  En su forma m\u00e1s reciente, ha sido defendida por los exponentes de la teor\u00eda  psicol\u00f3gica. Por lo tanto, donde la vieja escuela persigui\u00f3 un objetivo, \u00e9sta persigue un m\u00e9todo subjetivo. Esta teor\u00eda combina la ense\u00f1anza b\u00e1sica de  Hegel, Schleiermacher y  Ritschl. Hegel ense\u00f1\u00f3 que las verdades religiosas son la representaci\u00f3n figurativa de las ideas racionales; Schleiermacher ense\u00f1\u00f3 que las proposiciones de fe son los estados  piadosos del coraz\u00f3n expresados en el lenguaje; Ritschl, que la evidencia de la doctrina cristiana est\u00e1 en el \u00abjuicio de valor\u00bb, es decir, el efecto religioso en la mente.  Sobre esta base, el profesor Gardner (\u00abA Historical View of the New Test.\u201d, Londres, 1904) sostiene que ning\u00fan hombre razonable profesar\u00eda refutar hist\u00f3ricamente los milagros cristianos; que en los estudios hist\u00f3ricos debemos aceptar el principio de continuidad seg\u00fan lo dispuesto por la evoluci\u00f3n; que las afirmaciones del Nuevo Testamento se basan principalmente en la experiencia cristiana, en la que siempre hay un elemento de teor\u00eda  falsa; que hay que distinguir entre el hecho real subyacente y su expresi\u00f3n externa defectuosa; que esta expresi\u00f3n est\u00e1 condicionada por el ambiente  intelectual de la \u00e9poca, y que desaparece para dar paso a una expresi\u00f3n m\u00e1s elevada y mejor.  De ah\u00ed que la expresi\u00f3n externa del cristianismo debe ser diferente ahora de lo que fue en otros tiempos. Por lo tanto, mientras que los milagros pudieron haber tenido su valor para los primeros cristianos, no tienen ning\u00fan valor para nosotros, pues nuestra experiencia es diferente a la de ellos. As\u00ed M. R\u00e9ville (\u00abLiberal Chistianity\u00bb, Londres, 1903) dice: \u00abLa fe de un  protestante no depende de la soluci\u00f3n de un problema de cr\u00edtica hist\u00f3rica; se basa en su propia experiencia del valor y el poder del  Evangelio de  Cristo\u00bb, y \u00abel Evangelio de Jes\u00fas es independiente de sus formas locales y temporales\u201d (p\u00e1gs. 54, 58).  Sin embargo, todo esto es filosof\u00eda, no historia, no es cristianismo, sino racionalismo.  De modo que invierte el verdadero est\u00e1ndar de la cr\u00edtica hist\u00f3rica, &#8212;es decir, debemos estudiar los acontecimientos pasados a la luz de su propio entorno, y no de la sensaci\u00f3n subjetiva por parte del historiador de lo que deb\u00eda, podr\u00eda o pudiese haber ocurrido.  No hay ninguna raz\u00f3n para restringir estos principios a las preguntas de la  historia religiosa; y si se extiende para abarcar la totalidad de la historia pasada, conducir\u00edan a un escepticismo absoluto.\n<\/p>\n<h2>El hecho<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Biblia muestra que en todo momento que Dios ha obrado milagros para atestiguar la revelaci\u00f3n de su voluntad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(1) Los milagros del Antiguo Testamento revelan la  Providencia de Dios sobre su pueblo escogido.  Son una prueba convincente de la comisi\u00f3n de Mois\u00e9s (\u00c9xodo 3 y 4), manifestar al pueblo que Yahveh es Soberano Se\u00f1or (\u00c9x. 10,2; Deut. 5,25), y se representan como el \u201cdedo  de Dios\u00bb y \u201cla mano de Dios\u00bb.    Dios castiga al fara\u00f3n por negarse a  obedecer sus \u00f3rdenes dadas por Mois\u00e9s y sancionadas por milagros, y est\u00e1 disgustado por la infidelidad de los  jud\u00edos por los que \u00c9l hizo muchos milagros (N\u00fam. 14).    Los milagros convencieron a la viuda de Sarepta que El\u00edas era \u00abun hombre de Dios\u00bb (1 Reyes 17,24); en la disputa entre El\u00edas y los  profetas de  Baal, hicieron gritar al pueblo \u00abYahveh es Dios\u00bb (1 Rey. 18,39); causaron que Naam\u00e1n confesara que \u00abno hay en toda la tierra otro Dios que el de   Israel\u00bb (2 Rey. 5,15); llevaron a Nabucodonosor a  promulgar un decreto p\u00fablico en honor de Dios cuando los tres j\u00f3venes escaparon del horno ardiente (Daniel 3); y llevaron a Dar\u00edo de emitir un decreto como sobre el escape de Daniel (Dan. 5).   El elemento  \u00e9tico es conspicuo en los milagros y est\u00e1 en consonancia con el exaltado car\u00e1cter \u00e9tico de Yahveh, \u00abun rey de justicia absoluta, cuyo amor por su pueblo estaba condicionado por una ley de absoluta rectitud, como ajena a la tradici\u00f3n  semita y aria\u00bb , escribe el Dr. Robertson Smith (\u00abReligion of the Semites\u00bb, p. 74, cf Kuenen, Hibbert Lect, p. 124).  De ah\u00ed la tendencia entre los escritores recientes sobre la historia de la religi\u00f3n a postular la intervenci\u00f3n directa de Dios a trav\u00e9s de la revelaci\u00f3n como la \u00fanica explicaci\u00f3n de la concepci\u00f3n elevada de la  Deidad establecida por Mois\u00e9s y los profetas (R. Kettel, \u00abGeschichte der Hebraer\u00bb, 1889 -92).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(2)  El Antiguo Testamento revela un alto concepto \u00e9tico de Dios que hace milagros para altos fines \u00e9ticos, y despliega una dispensa de la profec\u00eda que conduce a  Cristo.   Cristo hace los milagros en cumplimiento de esta profec\u00eda.  Su respuesta a los mensajeros de San Juan Bautista fue que fueran y le contaran a Juan lo que hab\u00edan visto (Lucas 7,22; cf. Isa\u00edas 35,5).  As\u00ed, los Padres de la Iglesia, para probar la verdad del  religi\u00f3n cristiana a partir de los milagros de Cristo, los unen a la profec\u00eda (Or\u00edgenes, \u00abC. Celsum\u00bb, I, II, San Ireneo, Adv Haer. L, II, 32; San Agust\u00edn, \u00abC. Faustum\u00bb, XII).  Jes\u00fas profes\u00f3 abiertamente el hacer milagros.  Apela repetidamente a sus \u00abobras\u00bb como la prueba m\u00e1s aut\u00e9ntica y decisiva de su filiaci\u00f3n divina (Juan 5,18-36; 10,24-37) y de su misi\u00f3n (Jn. 14,12), y por esta raz\u00f3n condena la obstinaci\u00f3n de los jud\u00edos como inexcusable (Jn. 15,22.24).  \u00c9l hizo milagros para establecer el Reino de Dios (Mateo 12; Lc. 11), les dio a los Ap\u00f3stoles (Mt. 10,8) y a los disc\u00edpulos (Lc. 10,9.19) el poder de hacer milagros, instruy\u00e9ndoles por este medio a seguir el mismo m\u00e9todo, y prometi\u00f3 que el don de milagros persistir\u00eda en la Iglesia (Marcos 16,17).    A la vista de sus obras maravillosas, los jud\u00edos (Mt. 9,8), Nicodemo (Jn. 3,2), y el ciego de nacimiento (Jn. 9,33) confiesa que hay que atribuirlos al poder divino.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pfleiderer acepta el segundo Evangelio como obra  aut\u00e9ntica de San Marcos, y este evangelio es un relato compacto de milagros obrados por Cristo.  Ewald y Weiss hablan de los milagros de Cristo como una tarea diaria.  Los milagros no son accidentales o externos al Cristo de los Evangelios, sino que est\u00e1n inseparablemente vinculados a su  doctrina  sobrenatural y la vida sobrenatural &#8212;una vida y doctrina que son el cumplimiento de la profec\u00eda y la fuente de la  civilizaci\u00f3n cristiana.  Los milagros constituyen la substancia misma de los relatos evang\u00e9licos, de modo que, si se remueven, no quedar\u00eda ning\u00fan plan de trabajo reconocible y ning\u00fan retrato inteligente del obrador.  Tenemos la misma evidencia para los milagros que la que tenemos para Cristo.  El doctor Holtzmann dice que los mismos rasgos cuya asombrosa combinaci\u00f3n en una sola persona presenta el mayor tipo de evidencia hist\u00f3rica para su  existencia est\u00e1n indisolublemente relacionados con los milagros.  A menos que aceptemos los milagros, no tenemos la historia del Evangelio.  Admitir que Cristo realiz\u00f3 muchos milagros, o confesar que no lo  conocemos en absoluto &#8212;de hecho, que nunca existi\u00f3.  El Cristo hist\u00f3rico de los Evangelios se nos presenta notable en el encanto de su personalidad, extraordinario en la elevaci\u00f3n de la vida y belleza de doctrina, sorprendentemente coherente en el tenor de vida, ejerciendo el poder divino de diversas maneras y en todos sus actos.  Se levanta supremo sobre, y aparte de, su entorno y no puede ser considerado como el fruto de la invenci\u00f3n  individual o como el producto de la \u00e9poca.  La m\u00e1s simple, clara y \u00fanica explicaci\u00f3n es que el testimonio es verdadero.  Los que lo niegan a\u00fan tienen que ofrecer una explicaci\u00f3n lo suficientemente fuerte como para soportar las cr\u00edticas de los propios  esc\u00e9pticos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(3)  El testimonio de los Ap\u00f3stoles sobre los milagros es doble:\n<\/p>\n<ul>\n<li>(a)  Ellos predicaron los milagros de Cristo, especialmente la  Resurrecci\u00f3n.  As\u00ed San Pedro habla de los \u201cmilagros, prodigios y se\u00f1ales\u201d que Jes\u00fas hizo como un hecho bien conocido para los jud\u00edos (Hechos 2,22), y como publicados a trav\u00e9s de Galilea y Judea (Hch. 10,37).   Los Ap\u00f3stoles se declaran a s\u00ed mismos testigos de la Resurrecci\u00f3n (Hch. 2,32), dicen que la caracter\u00edstica de un ap\u00f3stol es que sea un testigo de la Resurrecci\u00f3n (Hch. 1,22), y su predicaci\u00f3n en Jerusal\u00e9n se basa en la Resurrecci\u00f3n (Hch. 3,15; 4,10; 5,30; 10,40), en Antioqu\u00eda (Hch. 13,30 ss.), en Atenas (Hch. 17,31), en Corinto (1  Cor. 15), en Roma (Rom. 6,4), y en Tesal\u00f3nica (1 Tes. 1,10). <\/li>\n<\/ul>\n<ul>\n<li>(b)  Ellos mismos obraron milagros, prodigios y se\u00f1ales en Jerusal\u00e9n (Hch. 2,43), curaron al cojo (Hch. 3,14), sanaron a los enfermos, y expulsaron demonios (Hch. 8,7-8), resucitaron a los muertos (Hch. 20,10 ss).  San Pablo llama la atenci\u00f3n a los cristianos de Roma a sus propios milagros (Rom. 15,18-19), se refiere a los muy conocidos milagros realizados en Galacia (G\u00e1l. 3,5), invita a los cristianos de Corinto a ser testigos de los milagros que obr\u00f3 entre ellos como se\u00f1ales de su apostolado (2 Cor. 12,12), y le da al don de milagros un lugar en la econom\u00eda de la fe  cristiana (1 Cor. 12).  As\u00ed los Ap\u00f3stoles obraron milagros en sus viajes misioneros en virtud del poder que recibieron de Cristo (Mc. 3,15) y confirmado despu\u00e9s de su Resurrecci\u00f3n (Mc. 16,17).  <\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">(4)  El doctor Middleton afirma que todos los milagros cesaron con los Ap\u00f3stoles.  Mozley y  Milman le atribuyen los milagros posteriores a mitos piadosos, al fraude y a la falsificaci\u00f3n.  Trench admite que pocos puntos presentan mayor dificultad que el intento de determinar el per\u00edodo exacto en que el poder de hacer milagros fue retirado de la Iglesia.  Esta posici\u00f3n es una de sesgo pol\u00e9mico contra la Iglesia  Cat\u00f3lica, al igual que  presunciones de varios tipos est\u00e1n detr\u00e1s de todos los ataques a los milagros de la Escritura.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ahora bien, no estamos  obligados a aceptar cada milagro alegado como tal.  La evidencia de testimonio es nuestra garant\u00eda, y para los milagros de la historia de la Iglesia tenemos testimonio del tipo m\u00e1s completo.  Si sucediese que, despu\u00e9s de una cuidadosa investigaci\u00f3n, se descubre que un supuesto milagro no lo es tal en absoluto, se le har\u00eda un claro servicio a la verdad.  A lo largo del curso de la historia de la iglesia hay milagros tan bien autenticados que su verdad no se puede negar.\n<\/p>\n<ul>\n<li> As\u00ed  Clemente de Roma y San Ignacio de Antioqu\u00eda hablan de los milagros obrados en su \u00e9poca.<\/li>\n<li>  Or\u00edgenes dice que ha visto casos de expulsi\u00f3n de demonios, muchas curaciones y profec\u00edas cumplidas (\u201cC. Celsum\u201d, I, II, III, VII).<\/li>\n<li> San Ireneo  se burla de los  magos de su \u00e9poca diciendo que \u201cno pueden dar la vista a los ciegos, ni o\u00eddo a los sordos, ni pueden expulsar los demonios, y que est\u00e1n muy lejos de resucitar a los muertos, como Nuestro Se\u00f1or lo hizo, y [[los Ap\u00f3stoles], por la oraci\u00f3n, y tal como se hace con m\u00e1s frecuencia entre los hermanos, que incluso creen que es imposible\u00bb (Adv. Haer., II).  <\/li>\n<li> San Atanasio escribe la vida de San Antonio de lo que \u00e9l mismo vio y oy\u00f3 de alguien que hab\u00eda estado durante mucho tiempo en compa\u00f1\u00eda del  santo.  <\/li>\n<li> San Justino en su segunda apolog\u00eda al senado romano apela a milagros obrados en Roma y bien atestiguados.  <\/li>\n<li> Tertuliano reta a los magistrados  paganos a que realicen los milagros que obran los cristianos (Apol., XXIII). <\/li>\n<li> San Paulino, en la vida de San Ambrosio, narra lo que ha visto.  <\/li>\n<li>  San Agust\u00edn da una larga lista de milagros extraordinarios hechos delante de sus propios ojos, menciona nombres y detalles, los describe como muy conocidos, y dice que ocurrieron en los dos a\u00f1os anteriores a la publicaci\u00f3n de su relato escrito (De Civit. Dei., XXII, VIII; Retract., I, XIII).  <\/li>\n<li> San Jer\u00f3nimo escribi\u00f3 un libro para confutar a Vigilancio y  probar que se debe  venerar las reliquias, y cit\u00f3 milagros obrados a trav\u00e9s de ellas.<\/li>\n<li> Teodoreto public\u00f3 la vida de San Sim\u00f3n Estilita durante la vida del, y hab\u00eda miles que hab\u00edan sido testigos oculares de lo que hab\u00eda sucedido.  <\/li>\n<li> San V\u00edctor, obispo de Vita, escribi\u00f3 la historia de los confesores  africanos cuyas lenguas hab\u00edan sido cortadas por mandato de Hunerico, y quienes todav\u00eda reten\u00edan su poder de hablar, y reta al lector a ir donde Reparato, uno de ellos que todav\u00eda viv\u00eda en el palacio del emperador Zeno.<\/li>\n<li> Sulpicio Severo escribi\u00f3 la vida de San Mart\u00edn de Tours a partir de su propia experiencia.<\/li>\n<li>  San Gregorio Magno le escribe a San Agust\u00edn de Canterbury no estar muy contento por los muchos milagros que Dios se complac\u00eda en obrar a trav\u00e9s de sus manos para la conversi\u00f3n del pueblo de Gran Breta\u00f1a.   <\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por lo tanto Gibbon dice: \u00abLa Iglesia  cristiana, desde la \u00e9poca de los Ap\u00f3stoles y sus disc\u00edpulos, ha reclamado una sucesi\u00f3n ininterrumpida de poderes milagrosos, el don de lenguas, de  visiones y de profec\u00eda, el poder de expulsar a los demonios, de sanar a los enfermos y de resucitar a los muertos\u00bb (Decline and Fall, I, p\u00e1gs. 264, 288); as\u00ed los milagros est\u00e1n tan entrelazados con nuestra religi\u00f3n, tan vinculados con su origen, su promulgaci\u00f3n, su desarrollo y toda su historia, que es imposible separarlos de la misma.  La  existencia de la Iglesia, el Reino de Dios en la tierra, en el que moran  Cristo y su Esp\u00edritu Santo, se hicieron ilustres por las vidas milagrosas de los santos de todos los pa\u00edses y todos los tiempos, es un testimonio perpetuo que da testimonio de la realidad de los milagros (Bellar. \u00abDe Notis Eccl.\u00bb, LIV, XIV).  Los registros bien atestiguados se hallan en los procesos oficiales para la  canonizaci\u00f3n de los santos.  Mozley sostuvo que existe una diferencia enorme entre los milagros del  Evangelio y los de historia de la Iglesia, a trav\u00e9s de la  falsa noci\u00f3n de que el \u00fanico prop\u00f3sito de los milagros era la certificaci\u00f3n de la verdad  revelada:  Newman niega la afirmaci\u00f3n y demuestra que ambos son del mismo tipo y muy bien autenticados por la evidencia hist\u00f3rica.\n<\/p>\n<h2>Lugar y valor de los milagros de los Evangelios<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al estudiar los milagros de los Evangelios quedamos impresionados por los relatos dados de su multitud, y por el hecho que los evangelistas narran en detalle s\u00f3lo una muy peque\u00f1a proporci\u00f3n de ellos; los Evangelios hablan s\u00f3lo en t\u00e9rminos muy generales de los milagros que  Cristo realiz\u00f3 en los grandes viajes misioneros a trav\u00e9s de Galilea y Judea.  Leemos que la gente, al ver las cosas que \u00c9l hac\u00eda, le segu\u00edan en tropel (Mateo 4,25), al n\u00famero de cinco mil (Lucas 9,14), de modo que no pod\u00eda entrar en las ciudades, y su fama se extendi\u00f3 desde Jerusal\u00e9n a trav\u00e9s de Siria (Mt. 4,24).   Su reputaci\u00f3n era tan grande que los  sumos sacerdotes en consejo hablaban de \u00c9l como alguien que \u00abhace muchos milagros\u00bb (Juan 11,47); los disc\u00edpulos de Ema\u00fas, como el \u201c profeta, poderoso en obra y palabra delante de Dios y todo el pueblo\u00bb (Lc. 24,19), y San Pedro se lo describe a Cornelio como el predicador que hace prodigios (Hechos 10,38).  Los evangelistas hicieron una selecci\u00f3n de la gran cantidad de acontecimientos milagrosos que rodean la persona de Nuestro Se\u00f1or.  Es cierto que era imposible narrarlos todos (Jn. 20,30).  Sin embargo, podemos ver en los milagros narrados un doble motivo para la selecci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(1)  El gran prop\u00f3sito de la redenci\u00f3n fue la manifestaci\u00f3n de la gloria de Dios en la salvaci\u00f3n del hombre a trav\u00e9s de la vida y obra de su Hijo encarnado.  Por lo tanto, es la obra suprema de la  Providencia de Dios sobre los hombres.  Esto explica la vida y ense\u00f1anzas de Cristo, y nos permite comprender el alcance y el plan de sus milagros.  Se pueden considerar en relaci\u00f3n con el oficio y persona de Cristo como Redentor.  Por lo tanto:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(a) tienen su origen en la uni\u00f3n hipost\u00e1tica y siguen en la relaci\u00f3n de Cristo como Redentor con el hombre.  En ellos podemos ver referencias a la gran obra de redenci\u00f3n que \u00c9l vino a realizar.  Por lo tanto los evangelistas conciben el poder milagroso de Cristo como una influencia que irradia de \u00c9l (Marcos 5,30; Lc. 6,19), y los  te\u00f3logos llaman a los milagros de Cristo obras te\u00e1ndricas (Bellar, \u00abControv.\u00bb, I, lib V, c. VII).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(b)  Su objetivo es la gloria de Dios en la manifestaci\u00f3n de la gloria de Cristo y en la salvaci\u00f3n de los hombres, como por ejemplo en el milagro de Can\u00e1 (Jn. 2,11), en la Transfiguraci\u00f3n (Mt. 17), la  resurrecci\u00f3n de L\u00e1zaro (Jn. 11,15), la \u00faltima oraci\u00f3n de Cristo por los Ap\u00f3stoles (Jn. 17), la Resurrecci\u00f3n de Jesucristo (Hch. 10,40).   San Juan abre su Evangelio con la Encarnaci\u00f3n del  Verbo Eterno y a\u00f1ade \u201cvimos su gloria (Jn. 1,14).   De ah\u00ed que San Ireneo (Adv. haer., V) y San Atanasio (Incarn.) ense\u00f1en que las obras de Cristo fueron las manifestaciones del Verbo Divino quien al principio hizo todas las cosas y quien en la Encarnaci\u00f3n despleg\u00f3 su poder sobre la naturaleza y el hombre, como una manifestaci\u00f3n de la nueva vida impartida al hombre y una revelaci\u00f3n del car\u00e1cter y prop\u00f3sitos de Dios.  Las repetidas referencias a la \u201cgloria de Cristo\u201d en los Hechos y en las Ep\u00edstolas tiene relaci\u00f3n con sus milagros.  La fuente y prop\u00f3sito de los milagros de Cristo es la raz\u00f3n para su \u00edntima conexi\u00f3n con su vida y ense\u00f1anza.   El prop\u00f3sito de los milagros fue una misi\u00f3n salvadora y redentora, como lo fue la  doctrina y la vida del eterno Hijo de Dios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(c)  Su motivo fue la misericordia; la mayor\u00eda de los milagros de Cristo fueron obras de misericordia.  No fueron realizados con miras a sobrecoger a los hombres por el sentimiento de omnipotencia, sino mostrar compasi\u00f3n por la humanidad pecadora y doliente.  No deben ser considerados como actos de simpat\u00eda aislados o transitorios, sino como impulsados por una misericordia profundo y permanente que caracteriza al oficio de Salvador.  La redenci\u00f3n es una obra de misericordia, y los milagros revelan la misericordia de Dios en la obra de Su Hijo encarnado (Hch. 10,38).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(d)  Por lo tanto podemos ver en ellos un car\u00e1cter  simb\u00f3lico.  Eran signos, y en un sentido especial significaron, por el lenguaje t\u00edpico de los hechos externos, la renovaci\u00f3n interior del alma.   As\u00ed, al comentar sobre el milagro del hijo de la viuda de Na\u00edm,  San Agust\u00edn dice que Cristo resucit\u00f3 a tres de la muerte del cuerpo, pero a miles de la muerte del pecado a la vida de la gracia divina (Serra. de verbis Dom.,  XCVIII al XLIV).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El alivio que  Cristo le trajo al cuerpo represent\u00f3 la liberaci\u00f3n.  \u00c9l estaba trabajando en las almas.  Sus milagros de curaciones y sanaciones fueron la imagen visible de su obra espiritual en la guerra con el mal.  Estos milagros, que se resumen en la respuesta de Jes\u00fas a los mensajeros de  Juan (Mt. 11,5), son explicados por los Padres de la Iglesia con referencia a los males del alma (Summa, III:44).  El motivo y el significado de los milagros explican la moderaci\u00f3n que Cristo mostr\u00f3 en el uso de su poder infinito.  Reposo en la fuerza es un rasgo sublime en el car\u00e1cter de Jes\u00fas, el cual proviene de la posesi\u00f3n  consciente del poder que debe utilizarse para el bien de los hombres.  Rousseau confiesa, \u00abTodos los milagros de Jes\u00fas fueron \u00fatiles sin pompa o despliegue, pero simples como sus palabras, su vida, toda su conducta\u00bb (Lettr. de la Montag., Pt. I, lett. III).  \u00c9l no los realiz\u00f3 con miras a ser un mero obrador de milagros.  Todo lo que \u00c9l hizo tiene un significado cuando se mira en la relaci\u00f3n de Cristo con el hombre.    En la clase conocida como los milagros de poder, Jes\u00fas no muestra una simple superioridad  mental y moral sobre los hombres ordinarios.  En virtud de su misi\u00f3n redentora \u00c9l prueba que \u00c9l es el Se\u00f1or y el Maestro de las fuerzas de la naturaleza.  As\u00ed, con una palabra calma la tempestad, con una palabra multiplic\u00f3 unos pocos panes y peces para que miles festejaran y se saciaran, con una palabra cur\u00f3  leprosos, expuls\u00f3 demonios, resucit\u00f3 los muertos a la vida, y, finalmente, le puso el gran sello a su misi\u00f3n al resucitar de la muerte, como hab\u00eda anunciado expl\u00edcitamente.   As\u00ed Ren\u00e1n admite que \u00abincluso lo maravilloso en los Evangelios no es m\u00e1s que buen sentido sobrio comparado con lo que encontramos en los escritos ap\u00f3crifos  jud\u00edos o las mitolog\u00edas  hind\u00faes o  europeas\u00bb (Stud. in Hist. of Relig., p\u00e1gs. 177, 203) .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(e)  Por lo tanto los milagros de Cristo tienen una importancia doctrinal.  Ellos tienen una conexi\u00f3n vital con su ense\u00f1anza y su misi\u00f3n, ilustran la naturaleza y el prop\u00f3sito de su reino, y muestran una relaci\u00f3n con algunos de las m\u00e1s grandes  doctrinas y principios de su Iglesia.  Su  catolicidad se muestra en los milagros del siervo del centuri\u00f3n (Mt. 8) y la mujer sirofenicia (Mc. 7).   Los milagros  sab\u00e1ticos revelan su prop\u00f3sito, es decir, la salvaci\u00f3n del hombre, y demostrar que el  Reino de Cristo marca el paso de la  antigua Ley.  Sus milagros ense\u00f1an el poder de la fe y la respuesta dada a la oraci\u00f3n.  La verdad central de su ense\u00f1anza fue su vida.    \u00c9l vino a dar vida a los hombres, y enfatiza esta ense\u00f1anza resucitando a los muertos, especialmente en el caso de L\u00e1zaro y su propia  Resurrecci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La ense\u00f1anza  sacramental de los milagros se manifiesta en el milagro de Can\u00e1 (Juan 2), en la curaci\u00f3n del paral\u00edtico, para demostrar que ten\u00eda el poder de perdonar los pecados [y utiliz\u00f3 este poder (Mt. 9) y se lo dio a los Ap\u00f3stoles (Jn. 20,23)], en la multiplicaci\u00f3n de los panes (Jn. 6) y en la resurrecci\u00f3n de los muertos.   Por \u00faltimo, el elemento  prof\u00e9tico de la suerte del  individuo y de la Iglesia se muestra en los milagros de aquietar la tempestad, de Cristo sobre las aguas, del saque de los peces, de la dracma y la higuera est\u00e9ril.  Jes\u00fas hace del milagro de L\u00e1zaro, el  tipo de la resurrecci\u00f3n general, al igual que los Ap\u00f3stoles toman la Resurrecci\u00f3n de Cristo para denotar la salida del alma de la muerte del pecado a la vida de la gracia, y para ser una  promesa y profec\u00eda de la victoria sobre el pecado y la muerte y de la resurrecci\u00f3n final (1  Tes. 4).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(2) Los milagros de Cristo tienen un valor probatorio.  Este aspecto se deduce naturalmente de las consideraciones anteriores.  En el primer milagro en Can\u00e1 \u00c9l \u00abmanifest\u00f3 su gloria\u00bb, por lo tanto los disc\u00edpulos \u00abcreyeron en \u00c9l\u00bb (Jn. 2,11).   Jes\u00fas apel\u00f3 constantemente a sus \u00abobras\u00bb como evidencias de su misi\u00f3n y su divinidad.  \u00c9l declara que sus milagros tienen mayor valor probatorio que el testimonio de San Juan Bautista (Jn. 5,36), su fuerza l\u00f3gica y  teol\u00f3gica como evidencias es expresa por Nicodemo (Jn. 3,2).   Y a los milagros Jes\u00fas a\u00f1ade la evidencia de la profec\u00eda (Jn. 5,31).  Ahora bien, su valor como evidencias para la gente que viv\u00eda entonces se encuentra no s\u00f3lo en el despliegue de omnipotencia de su misi\u00f3n redentora, sino tambi\u00e9n en la multitud de sus obras.  As\u00ed, los milagros no registrados tuvieron un alcance probatorio en su misi\u00f3n.  As\u00ed que podemos ver una raz\u00f3n probatoria para la selecci\u00f3n de los milagros seg\u00fan narrados en los Evangelios.\n<\/p>\n<ul>\n<li>(a) Esta selecci\u00f3n fue guiada con el prop\u00f3sito de aclarar los principales acontecimientos en la vida de  Cristo que lo llevaron a su Crucifixi\u00f3n y para mostrar que ciertos milagros definidos (por ejemplo, la curaci\u00f3n de los  leprosos, la expulsi\u00f3n de los demonios de una manera maravillosamente superior a los exorcismos de los  jud\u00edos, los milagros sab\u00e1ticos, la resurrecci\u00f3n de L\u00e1zaro) causaron que los jefes de la sinagoga conspiraran y lo mandaran a  matar.  <\/li>\n<li> (b) Una segunda raz\u00f3n para la selecci\u00f3n fue el prop\u00f3sito expreso de  probar que Jes\u00fas es el Hijo de Dios (Juan 20,31).  <\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por lo tanto, para nosotros, que dependemos de los relatos evang\u00e9licos, el valor probatorio de los milagros de Cristo proviene de un n\u00famero relativamente peque\u00f1o narrados en detalle, aunque de un tipo m\u00e1s estupendo y claramente  sobrenatural, algunos de los cuales se llevaron a cabo casi en privado y seguido por \u00f3rdenes estrictas de no publicarlos.    Al considerarlos como evidencias en relaci\u00f3n con nosotros hoy d\u00eda, podemos a\u00f1adirles la constante referencia a la multitud de milagros no registrados en detalle, su conexi\u00f3n \u00edntima con la vida y ense\u00f1anzas de Nuestro Se\u00f1or, su relaci\u00f3n con las profec\u00edas del Antiguo Testamento, su propio car\u00e1cter prof\u00e9tico que se cumple en el desarrollo de su reino en la tierra.\n<\/p>\n<h2>Providencias especiales<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">La oraci\u00f3n es una gran realidad, que se expresa de una manera persistente, y entra \u00edntimamente en la vida de la  humanidad.  Tan universal es el acto de oraci\u00f3n que parece un instinto y una parte de nuestro ser.  Es el hecho fundamental de la religi\u00f3n y la religi\u00f3n es un fen\u00f3meno universal de la raza humana.  La filosof\u00eda  cristiana ense\u00f1a que, en su naturaleza espiritual el hombre es hecho a imagen y semejanza de Dios, por lo tanto su alma se vuelve instintivamente a su Creador en aspiraciones de  culto, de esperanza y de intercesi\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El valor real de la oraci\u00f3n ha sido un tema vital para la discusi\u00f3n en los tiempos modernos.  Algunos, como O.B. Frothringham (Recollections and Impressions, p. 296), Drobisch y Herbart (Pfleiderer, \u00abPhil. De la Religi\u00f3n\u00bb, II, p. 296), sostienen que su valor reside \u00fanicamente en que es un factor en la cultura de la vida moral, que da el tono y la fuerza de car\u00e1cter.  As\u00ed, el profesor Tyndall, en su famoso discurso de Belfast, propuso este punto de vista, y sostiene que la  ciencia moderna ha demostrado que el valor f\u00edsico de la oraci\u00f3n es incre\u00edble (Fragments of Science).   Bas\u00f3 su afirmaci\u00f3n en la uniformidad de la naturaleza.  Pero ya no se sostiene que esta base sea un obst\u00e1culo a la oraci\u00f3n por beneficios f\u00edsicos.  Otros, como Baden-Powell (Order of Nature), admiten que Dios contesta la oraci\u00f3n por favores espirituales, pero niega su valor para efectos f\u00edsicos.  Pero su base es la misma que la de Tyndall, y adem\u00e1s una respuesta para beneficios espirituales es, de hecho, una interferencia por parte de Dios en la naturaleza.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ahora la filosof\u00eda  cristiana ense\u00f1a que Dios, en respuesta a la oraci\u00f3n, no s\u00f3lo confiere favores espirituales sino que a veces interfiere con el curso ordinario de los fen\u00f3menos f\u00edsicos, de modo que, como resultado, eventos particulares suceder lo contrario de lo que deber\u00edan.  Esta interferencia se lleva a cabo en los milagros y providencias especiales.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando nos arrodillamos a rezar no siempre le pedimos a Dios que obre milagros o que nuestras vidas sean prodigios constantes de su poder.  El sentido de nuestra peque\u00f1ez le da un esp\u00edritu  humilde y reverencial a nuestra oraci\u00f3n.  Confiamos en que Dios, a trav\u00e9s de Su infinito conocimiento y poder, realizar\u00e1 lo que pedimos de alg\u00fan modo mejor conocido para \u00c9l.  Por lo tanto, por providencias especiales nos referimos a los acontecimientos que suceden en el curso de la naturaleza y de la vida a trav\u00e9s de la instrumentalidad de las  leyes naturales.  No podemos discernir en el propio evento o en su forma de ocurrir cualquier desviaci\u00f3n del curso de las cosas conocidas.  Lo que s\u00ed sabemos, sin embargo, es que los eventos se forman en respuesta a nuestra oraci\u00f3n.   Las leyes de la naturaleza son invariables, sin embargo, un factor importante que no se debe olvidar: que las leyes de la naturaleza pueden producir un efecto, las mismas  condiciones deben estar presentes.   Si las condiciones var\u00edan, los efectos tambi\u00e9n var\u00edan.  Al alterar las condiciones, otras tendencias de la naturaleza se hacen predominantes, y las fuerzas que de otro modo realizar\u00edan sus efectos ceden a las fuerzas m\u00e1s fuertes.  De esta manera nuestra voluntad interfiere con el funcionamiento de las fuerzas naturales y con las tendencias humanas, como se demuestra en nuestras relaciones con los hombres y en la ciencia del gobierno.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ahora bien, si tal poder recae en los hombres, \u00bfpuede Dios hacer menos?  \u00bfNo podemos  creer que, en nuestra oraci\u00f3n, Dios puede hacer que las condiciones de los fen\u00f3menos naturales se combinen de modo que, a trav\u00e9s de su agencia especial, podamos obtener el deseo de nuestro coraz\u00f3n, y sin embargo, de manera que, para el observador com\u00fan, el evento ocurra en su lugar y hora ordinarios?    Para el alma devota, sin embargo, todo es diferente.  Reconoce el favor de Dios y est\u00e1 devotamente agradecida por el cuidado paternal.  Sabe que Dios ha ocasionado el asunto de alguna manera.  Cuando, por lo tanto, oramos por la lluvia, o para evitar una calamidad, o para evitar los estragos de la peste, no pedimos tanto por milagros o signos de su omnipotencia; le pedimos que \u00c9l, que tiene el cielo en sus manos y escudri\u00f1a el abismo, escuchar\u00e1 nuestras peticiones y, en su buen y propio modo, conseguir\u00e1 la respuesta que necesitamos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<b>Fuente<\/b>:  Driscoll, John T. \u00abMiracle.\u00bb The Catholic Encyclopedia. Vol. 10. New York: Robert Appleton Company, 1911.  <br \/>http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/10338a.htm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Traducido por Luz Mar\u00eda Hern\u00e1ndez Medina.  rc\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>v. 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