{"id":3194,"date":"2016-02-04T23:43:47","date_gmt":"2016-02-05T04:43:47","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/ministerio\/"},"modified":"2016-02-04T23:43:47","modified_gmt":"2016-02-05T04:43:47","slug":"ministerio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/ministerio\/","title":{"rendered":"MINISTERIO"},"content":{"rendered":"<p>v. Administraci\u00f3n, Apostolado, Dispensaci\u00f3n, Sacerdocio, Servicio<br \/>\nAct 6:4 en la oraci\u00f3n y en el m de la palabra<br \/>\n20:24<\/p>\n<hr>\n<p>Ministerio    (gr. diakon\u00ed\u00ada, \u00abservicio\u00bb, \u00abministraci\u00f3n\u00bb).  En 2Co 3:7-9 se habla de la diakon\u00ed\u00ada, \u00abministerio\u00bb, como de un sistema de principios.  El \u00abministerio de muerte\u00bb y el \u00abministerio de condenaci\u00f3n\u00bb se refieren al sistema mosaico, y la expresi\u00f3n \u00abministerio del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb y \u00abministerio de la justificaci\u00f3n\u00bb se refieren al sistema cristiano, puestos en contraste por Pablo.  En general, diakon\u00ed\u00ada aparece con la idea de \u00abservicio\u00bb, \u00abatenci\u00f3n\u00bb.  V\u00e9ase Ministro.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Evang\u00e9lico<\/b><\/p>\n<p>ver, ESCLAVO, DI\u00ed\u0081CONO, IGLESIA<\/p>\n<p>vet, (a) Acto de ministrar o servir. En heb., el que sirve es denominado con el t\u00e9rmino \u00abebed\u00bb, que implica un servicio voluntario u obligatorio, y designa a todos aquellos que tienen que servir; el prisionero de guerra, el esclavo comprado, el funcionario privilegiado de un soberano, y tambi\u00e9n el adorador de Jehov\u00e1 (cfr. Gn. 39:1 con Gn. 41:12; 40:20; Ex. 32:13; Hch. 16:17). Los orientales se consideran servidores de un superior, o de Dios (Gn. 32:4, 20; 50:18; Dt. 3:24; 2 S. 9:2; Lc. 2:29; Hch. 4:29). En hebreo se aplica asimismo el t\u00e9rmino de servidor a un pueblo vencido y sometido a tributo (2 S. 8:2). Dios da el nombre de ministros o servidores a aquellos que lo adoran (Gn. 26:24; Nm. 12:7; 2 S. 7:5. V\u00e9ase ESCLAVO.) (b) Aquel que ayuda a una gran personalidad. En heb. es \u00abm&#8217;shareth\u00bb; gr. \u00abhuperetes\u00bb. Jos\u00e9, esclavo, serv\u00ed\u00ada a su due\u00f1o, el cual le hab\u00ed\u00ada confiado la administraci\u00f3n de sus bienes (Gn. 39:4). Abisag ocupaba un puesto de honor en su servicio a David (1 R. 1:4, 15). Josu\u00e9 acompa\u00f1\u00f3 a Mois\u00e9s, cuid\u00e1ndose del primer tabern\u00e1culo, sucedi\u00e9ndole despu\u00e9s en el caudillaje de Israel (Ex. 24:13; 33:11; Jos. 1:1). Eliseo era el ayudante de El\u00ed\u00adas, vertiendo agua en sus manos, y vino a ser profeta a su vez (1 R. 19:21; 2 R. 3:11). El ministro de la sinagoga ayudaba a los que ense\u00f1aban (Lc. 4:20). Los disc\u00ed\u00adpulos recib\u00ed\u00adan las instrucciones de Cristo y vinieron a ser los ministros (servidores) del Evangelio (Lc. 1:2; Hch. 1:2; 26:16). Juan-Marcos fue el ayudante de Pablo y de Bernab\u00e9 durante una parte de su primer viaje misionero (Hch. 13:5). (c) Ministro de Dios o del Estado (heb. \u00abm&#8217;shareth\u00bb, gr. \u00ableitourgos\u00bb). Entre ellos se hallan los sacerdotes y levitas al servicio del santuario (Ex. 28:43; Nm. 3:31; Dt. 18:5; Is. 61:1; cfr. LXX; Lc. 1:23; He. 9:21). Cristo tambi\u00e9n recibe este nombre como sumo sacerdote celestial (He. 8:2). Pablo tambi\u00e9n, como anunciador del Evangelio a los paganos (Ro. 15:16). El t\u00e9rmino se aplica asimismo a un magistrado (Hch. 13:6); designa en ocasiones a los miembros de una corte (1 R. 10:5) y tambi\u00e9n en ocasiones a un gran personaje (2 Cr. 22:8; Est. 1:10). Los \u00e1ngeles reciben el nombre de servidores (Sal. 103:21; 104:4). (d) Los que, estando al servicio de alguien, lo representan y asumen el cuidado de sus intereses; gr. \u00abdiakonos\u00bb. Primitivamente este t\u00e9rmino no designaba a un servidor de los pobres, sino m\u00e1s bien a un magistrado, a un ministro de Dios, ejerciendo la justicia y castigando a aquellos que hac\u00ed\u00adan el mal (Ro. 13:4). Este t\u00e9rmino se aplica particularmente a los predicadores del Evangelio: Timoteo (1 Ts. 3:2), Pablo y Apolo (1 Co. 3:5), T\u00ed\u00adquico (Ef. 6:21), Epafras (Col. 1:17). En el NT se emplea \u00abdiakonos\u00bb tambi\u00e9n en el sentido restringido de di\u00e1cono, encargado de ejercitar en una iglesia funciones especiales distintas de las de un presb\u00ed\u00adtero. (V\u00e9ase DI\u00ed\u0081CONO; para una consideraci\u00f3n adicional y bibliograf\u00ed\u00ada, v\u00e9ase bajo el art\u00ed\u00adculo IGLESIA.)<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico Ilustrado<\/b><\/p>\n<p>DJN<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nIndica la mediaci\u00f3n de servicio entre Dios y los hombres. En el A. T., aunque no el nombre, exist\u00ed\u00ada la idea; y diversas funciones, como la del rey, los profetas, los sacerdotes, ejerc\u00ed\u00adan un verdadero ministerio en el sentido indicado. En el N. T., siendo Jes\u00fas el \u00fanico mediador, el \u00fanico sacerdote, es tambi\u00e9n el \u00fanico ministro de la Nueva Alianza. El ministerio posterior no es m\u00e1s que la continuaci\u00f3n de este servicio mediador de Jes\u00fas y participaci\u00f3n de \u00e9l (Mt 10,40; Lc 10,16; Jn 13,20). El ministerio, por consiguiente, es un servicio a la comunidad. Los dos ministerios principales son el servicio de la palabra (Rom 12,6-8; 1 Cor 12,8; 1 Tim 3,2; Act 13,7) y el servicio de la comuni\u00f3n fraterna (Rom 12,8.13; 1 Cor 12,28; 1 Tes 5,12); es decir, el servicio fundamental es el apostolado; y luego otros ministerios, que el Esp\u00ed\u00adritu Santo distribuye, a modo de carismas, al servicio del pueblo de Dios, seg\u00fan las necesidades que el pueblo tiene (1 Cor 12,4; 14,26; Ef 4,7.16). Como el ministerio es \u00abun servicio en el medio\u00bb, poco a poco el ministerio adquiere en la Iglesia una jerarqu\u00ed\u00ada cada vez m\u00e1s definida: designados por los ap\u00f3stoles, aparecen los ancianos o presb\u00ed\u00adteros, encargados de dirigir y presidir las asambleas cristianas; los di\u00e1conos (sentido estricto que no hay que confundir con la diacon\u00ed\u00ada en general, que es el mismo ministerio), encargados de servicios inferiores, materiales, aunque tambi\u00e9n ejercen el apostolado de la palabra; los obispos, por fin, son, como indica la palabra, los inspectores, los superintendentes de las comunidades para vigilar sobre ellas, con autoridad que se va perfilando cada vez m\u00e1s. Todos esos ministerios son conferidos por el rito de la imposici\u00f3n de manos; tiene, pues, un car\u00e1cter sacramental. Siendo la continuaci\u00f3n del servicio mediador de Jesucristo como sacerdote del N. T., este triple ministerio representa la continuaci\u00f3n en la Iglesia, procedente de los ap\u00f3stoles, del \u00fanico sacerdocio de Jesucristo, en su aspecto jer\u00e1rquico, es decir, como esencial servicio entre Dios y el pueblo cristiano, que tambi\u00e9n participa de un sacerdocio radical en virtud del sacramento del bautismo.<\/p>\n<p>E. M. N.<\/p>\n<p>FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret<\/b><\/p>\n<p>La palabra ministerio (del lat\u00ed\u00adn ministerium) es la traducci\u00f3n del griego diakon\u00ed\u00ada, y sirve para indicar fundamentalmente la realidad del servicio eclesial. En el Nuevo Testamento se refiere con frecuencia a los ap\u00f3stoles (Hch 1,25; 20,24; Col 1,7), y en particular al ministerio de la palabra (Hch 6,4), a su misi\u00f3n de servir a los hombres para los misterios de Dios (1 Cor 4,1), de cooperar a la acci\u00f3n de reconciliaci\u00f3n (2 Cor 5,18-6,1).<\/p>\n<p>Pero ante todo la diacon\u00ed\u00ada es de Cristo: \u00e9l es el di\u00e1cono siervo de todos (como dice san Policarpo, Ad Phil. 5,2). El vino a servir (Mt 20,28; Mc 10,45). En la \u00faltima cena se viste de siervo y lava los pies de sus disc\u00ed\u00adpulos (Jn 13,12-15). El sentido aut\u00e9ntico de su sacerdocio es el de ser una forma de servicio a los \u00faltimos (Heb 5,1); y es \u00e9sta la forma m\u00e1s eficaz y  necesaria, porque, al asumir la naturaleza humana y al hacerse en todo semejante a nosotros, Cristo dio la vida por nuestra salvaci\u00f3n. El servicio que Jes\u00fas ofrece a los hombres es la confiada entrega de s\u00ed\u00ad mismo al Padre, en un eterno acto de culto que resume toda su vida (Heb 5,7-9).<\/p>\n<p>Cuerpo de Cristo y Esposa suya, la Iglesia participa de la ministerialidad de Cristo. Acoge en s\u00ed\u00ad misma e imita a Cristo como siervo, en la entrega plena a su misi\u00f3n. Son varios los ministerios en la Iglesia de los or\u00ed\u00adgenes, aunque se da cierta vacilaci\u00f3n en la terminolog\u00ed\u00ada: ap\u00f3stoles (los Doce, Y tambi\u00e9n Pablo, Bernab\u00e9, Silas, Tito, Timoteo), presidentes, profetas, ep\u00ed\u00adscopos, presb\u00ed\u00adteros, di\u00e1conos, pastores. Lo cierto es que ning\u00fan ministerio es llamado sacerdocio. Se trata en este caso de un t\u00ed\u00adtulo derivado del paralelismo con el ministerio y el culto del Antiguo Testamento. Todo el pueblo de Dios es sacerdotal Y &#8211; s\u00f3lo m\u00e1s tarde los presb\u00ed\u00adteros fueron llamados sacerdotes. En las cartas a Timoteo y a Tito podemos descubrir interesantes matizaciones de pensamiento y de lenguaje sobre los ministerios. Para cuidar de las Iglesias que hab\u00ed\u00ada fundado, Pablo tiene colaboradores prontos a intervenir donde se les necesite. Entre ellos est\u00e1 Timoteo, elegido por indicaci\u00f3n de los profetas de la comunidad y confirmado en el oficio con la imposici\u00f3n de manos por parte de Pablo (2 Tim 1.6) y del presbiterio local (1 Tim4,14). Estos colaboradores recib\u00ed\u00adan quiz\u00e1s el nombre de evangelistas (2 Tim 1,5) estaban encargados de la evangelizaci\u00f3n y la catequesis, de la liturgia, de la asistencia a los pobres y a las viudas. Adem\u00e1s, ten\u00ed\u00adan que constituir para la direcci\u00f3n de cada comunidad un colegio de presb\u00ed\u00adteros (1 Tim 5,17-22; Tit 1,5-9) y de di\u00e1conos (1 Tim 3,8-13), Entre los di\u00e1conos destaca va, como coordinador de los mismos, un \u00bb ep\u00ed\u00adscopo\u00bb (1 Tim 3,1-7) (o quiz\u00e1s se trataba del grupo de los presb\u00ed\u00adteros), con la tarea de vigilar y de presidir a la comunidad.<\/p>\n<p>En el siglo 11 el obispo adquiri\u00f3 una funci\u00f3n cada vez m\u00e1s destacada dentro del presbiterio, aunque en estrecha conexi\u00f3n con el mismo y con toda la comunidad, por la que era elegido. Pero luego recib\u00ed\u00ada la aprobaci\u00f3n, con el rito de la imposici\u00f3n de manos, de los responsables de las comunidades cristianas precedentes, manteniendo as\u00ed\u00ad una vinculaci\u00f3n continua y viva con las personas y el mensaje de los ap\u00f3stoles. De todas formas, la estructuraci\u00f3n actual de los ministerios directivos de la comunidad local con el obispo en su cima, ayudado por el colegio de los presb\u00ed\u00adteros y de los di\u00e1conos, se afirm\u00f3 con claridad en Antioqu\u00ed\u00ada con Ignacio a comienzos del siglo 11. Al obispo Y a los presb\u00ed\u00adteros corresponde la liturgia, sobre todo el ofrecimiento del sacrificio, y la tarea de apacentar la grey. Los di\u00e1conos no ejercen un servicio sacerdotal.<\/p>\n<p>Desde la antigUedad exist\u00ed\u00adan adem\u00e1s varias categor\u00ed\u00adas de fieles con funciones subalternas y no siempre distintas de las de los di\u00e1conos. De las listas que tenemos no resulta f\u00e1cil reconstruir su n\u00famero y sus funciones. En los Statuta Ecclesiae Antiqua, del siglo y, se nos presentan para la Iglesia de Roma cinco \u00f3rdenes menores: el subdi\u00e1cono (que desde el siglo XIII fue considerado orden mayor), el ac\u00f3lito, el exorcista, el lector y el ostiario. La reforma vaticana, con el motu proprio Ministeria quaedam (15 de agosto de 1972), los suprimi\u00f3 como \u00f3rdenes menores. S\u00f3lo quedan el acolitado y el lectorado como ministerios instituidos, que no se confieren por ordenaci\u00f3n y que por tanto son laicales: los fieles que los ejercen no asumen ya funciones de suplencia respecto al clero, sino que ejercen un derecho basado en el sacerdocio com\u00fan. Por consiguiente, se ha abierto una nueva perspectiva, que valora ampliamente la ministerialidad propia de la Iglesia pueblo de Dios y que llega a expresarse bien con ministerios instituidos por la Iglesia, bien con ministerios de hecho (en dependencia y en relaci\u00f3n con los sacramentos cristianos). El documento Evangelizaci\u00f3n y ministerios (1977) de la Conferencia episcopal italiana ofrece las siguientes caracter\u00ed\u00adsticas del ministerio no ordenado : sobrenaturalidad de origen (nacen de una vocaci\u00f3n que es don y gracia del Esp\u00ed\u00adritu Santo), eclesialidad de fin y de contenido, estabilidad de prestaci\u00f3n, publicidad de reconocimiento.<\/p>\n<p>La revalorizaci\u00f3n de los ministerios laicales es ciertamente fruto de la eclesiolog\u00ed\u00ada conciliar. En el centro est\u00e1 el sacerdocio de Cristo, \u00fanico sumo sacerdote, en cuanto que comprende tanto el sacerdocio ministerial como el sacerdocio com\u00fan de los fieles. Aun participando del \u00fanico sacerdocio de Cristo y estando por tanto ordenados el uno al otro, difieren entre s\u00ed\u00ad de manera esencial (LG 10). El sacerdocio ministerial se distingue del sacerdocio com\u00fan por la potestad sagrada que le confiere la sagrada ordenaci\u00f3n. Pero tambi\u00e9n el sacerdocio com\u00fan es verdadero sacerdocio. De ambos se desprende una rica ministerialidad, que contin\u00faa el servicio de Cristo di\u00e1cono, pastor, sacerdote Y maestro.<\/p>\n<p>R. Gerardi<\/p>\n<p>Bibl.: AA. VV..Ministerio, en CFT III, 47-70; S. Dianich, Ministerio, en DTI, III, 515-528; J L\u00e9cuyer, Ministerios, Ministros ordenados, en DpAc, 11, 1444-1449; J Delorme, El ministerio y los ministerios seg\u00fan el Nuevo Testamento Cristiandad, Madrid 1975; E. Schillebeeckx, El ministerio eclesial. Responsables en la comunidad cristiana, Cristiandad, Madrid 1983; J. Equiza &#8211; G. Puhl, Para vivir el ministerio, Verbo Divino, Estella 1988.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>TEOLOG\u00ed\u008dA MORAL<br \/>\nSUMARIO<br \/>\nI. Del ministerio a los ministerios:<br \/>\n1. La renovaci\u00f3n eclesiol\u00f3gica;<br \/>\n2. Las nuevas praxis eclesiales.<br \/>\nII. Confrontaci\u00f3n con el pasado:<br \/>\n1. El Nuevo Testamento;<br \/>\n2. De los padres a la escol\u00e1stica;<br \/>\n3. El concilio de Trento.<br \/>\nIII. Perspectivas:<br \/>\n1. Descripci\u00f3n del ministerio;<br \/>\n2. El ministerio en la Iglesia;<br \/>\n3. Ministerio y vida del ministro.<\/p>\n<p>I. Del ministerio a los ministerios<br \/>\nEl t\u00e9rmino \u00abministerio\u00bb vuelve a asumir el significado gen\u00e9rico que se considera que tiene en los escritos del NT. El lenguaje eclesial, desde hace siglos, hab\u00ed\u00ada reservado el t\u00e9rmino a la funci\u00f3n especial de los consagrados con el sacramento del orden. En plural, ministerios serv\u00ed\u00ada para designar los grados del sacramento del orden, y se hablaba de ministerio episcopal, presbiteral y diaconal. Por eso cuando se hablaba de ministerios eclesi\u00e1sticos estaba claro que se hac\u00ed\u00ada referencia a las funciones de los sagrados ministerios: el ministerio se reservaba a \u00e9stos.<\/p>\n<p>La vuelta al significado m\u00e1s gen\u00e9rico de servicio ejercido en la Iglesia y para la Iglesia est\u00e1 determinada por dos factores estrechamente relacionados entre s\u00ed\u00ad: la renovaci\u00f3n eclesiol\u00f3gica y la nueva praxis eclesial nacida como respuesta a las necesidades evangelizadoras.<\/p>\n<p>1. LA RENOVACI\u00ed\u201cN ECLESIOL\u00ed\u201cGICA. Todo el mundo reconoce que el Vat. II consagra y establece un cambio en la reflexi\u00f3n eclesiol\u00f3gica. El dato m\u00e1s importante en relaci\u00f3n con nuestro tema es la introducci\u00f3n de la participaci\u00f3n de todos los bautizados en la construcci\u00f3n de la Iglesia y la realizaci\u00f3n de su misi\u00f3n. Por la incorporaci\u00f3n a Cristo, a trav\u00e9s de los sacramentos de l iniciaci\u00f3n cristiana, todos los creyentes reciben del mismo Cristo el encargo de ser miembros activos y responsables del cuerpo eclesial. Para destacar de forma esquem\u00e1tica el cambio realizado, se podr\u00ed\u00ada decir que en la visi\u00f3n anterior la relaci\u00f3n entre Cristo y los creyentes estaba mediatizada por la jerarqu\u00ed\u00ada; los ministros sagrados y, por lo tanto, los fieles pod\u00ed\u00adan eventualmente ser colaboradores del apostolado jer\u00e1rquico; en la visi\u00f3n actual hay una inmediatez en la relaci\u00f3n entre Cristo y los fieles; es el mismo Cristo quien delega en los fieles la funci\u00f3n del apostolado. Dentro de esta visi\u00f3n general toma un nuevo sentido el t\u00e9rmino ministerio. Designa tambi\u00e9n el encargo-servicio que los fieles no ordenados ejercen en la Iglesia para el bien de la Iglesia. Ya el Vat. II introduce en distintos sitios este sentido, seg\u00fan dos modalidades: O a trav\u00e9s del uso plural del t\u00e9rmino \u00abministerios\u00bb para designar funciones de fieles no ordenados, en general catequistas. El texto m\u00e1s claro se encuentra en AG 15: \u00abPara la plantatio Ecclesiae y el crecimiento de la comunidad cristiana son necesarios varios ministerios (necessaria sunt varia ministeria), que, suscitados en el \u00e1mbito de los fieles por inspiraci\u00f3n divina, todos deben promover diligentemente y ejercer; entre ellos se cuentan las tareas de los sacerdotes, di\u00e1conos, catequistas y la acci\u00f3n cat\u00f3lica\u00bb. En el mismo decreto se designan incluso como \u00abministros de Cristo\u00bb quienes son enviados a las gentes, tanto si son sacerdotes, como hermanos, hermanas o laicos (AG 26); 0 por la calificaci\u00f3n, por medio de adjetivos, del t\u00e9rmino ministerio, cu\u00e1ndo se quiere indicar al ministro ordenado o las tareas a \u00e9l confiadas. Los adjetivos que generalmente se utilizan son: sagrados (cf, p.ej., CD 28; SC 113) y pastorales (cf, p.ej., AA 6; AG 17). Esta calificaci\u00f3n da a entender claramente que dentro de la pluralidad de los ministerios, algunos tienen una importancia fundamental y no pueden ponerse al mismo nivel que los otros.<\/p>\n<p>El cambio de vocabulario es s\u00f3lo un indicio del cambio de concepci\u00f3n. En \u00e9sta se ven algunos indicios de un proceso de desclericalizaci\u00f3n del ministerio, aceptado con satisfacci\u00f3n y profundizado en la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica posconciliar. La teolog\u00ed\u00ada recibi\u00f3 del concilio, quiz\u00e1 m\u00e1s de su talante que de la literalidad de sus textos, una concepci\u00f3n comunitaria de la Iglesia y se esforz\u00f3 por justificarla apelando al NT y defendiendo su despertar en la praxis eclesial. En esta concepci\u00f3n se acent\u00faa m\u00e1s lo que es com\u00fan a todos los fieles que lo que los diferencia; las distintas funciones marcadas por los carismas y ministerios que el Esp\u00ed\u00adritu de Jes\u00fas distribuye y promueve se fundan en la pertenencia com\u00fan a Cristo. El ministerio del orden no se contrapone a los carismas ni se sit\u00faa por encima de la comunidad, sino que en ella, para ella y desde ella se suscita como una funci\u00f3n junto a las otras. La construcci\u00f3n de la comunidad se sustrae al monopolio clerical, se restituye al Esp\u00ed\u00adritu y, por consiguiente, se entrega a todos los iniciados.<\/p>\n<p>El proceso previamente reclamado se realiz\u00f3 en coincidencia con el impulso democr\u00e1tico-participativo que invadi\u00f3 a los pa\u00ed\u00adses occidentales en los a\u00f1os posteriores al Vat. II, y con un di\u00e1logo ecum\u00e9nico m\u00e1s intenso que plante\u00f3 el tema del ministerio en las comunidades [l Ecumenismo].<\/p>\n<p>Por lo que afecta al primer fen\u00f3meno, adem\u00e1s del creciente deseo de corresponsabilidad que se extendi\u00f3 en la Iglesia, deseo escuchado e impulsado en la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica, hay que hacer alusi\u00f3n al debate -y su correspondiente reivindicaci\u00f3n- sobre la funci\u00f3n eclesial de la mujer [t Feminismo]. Hasta este momento el debate se ha venido desarrollando con tonos fuertes en ocasiones, sobre todo por el hecho de que la autoridad eclesi\u00e1stica y algunos te\u00f3logos rechazan categ\u00f3ricamente la posibilidad de que la mujer tenga acceso al ministerio del orden. El rechazo se basa en razones que no parecen aceptables a buena parte de los te\u00f3logos, sobre todo a las autoras y autores de la teolog\u00ed\u00ada feminista, corriente teol\u00f3gica que, en sinton\u00ed\u00ada con otras teolog\u00ed\u00adas del momento, pretende una relectura del cristianismo a partir de la situaci\u00f3n de opresi\u00f3n de las mujeres o, en cualquier caso, de la condici\u00f3n femenina. El magisterio de la Iglesia cat\u00f3lica ha expresado su posici\u00f3n en la declaraci\u00f3n Inter insigniores, de la Congregaci\u00f3n para la doctrina de la fe, del 15 de octubre de 1976: por fidelidad a la voluntad del Se\u00f1or la Iglesia cat\u00f3lica no admite a la mujer en el sacerdocio ministerial. El motivo ha sido repetido por Juan Pablo II en la carta apost\u00f3lica Mulieris dignitatem, del 15 de agosto de 1988, en el n\u00famero 26, y en la exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica possinodal Christifideles laici, del 30 de diciembre de 1988, en el n\u00famero 51. La dificultad para aceptar esta postura es doble; la primera, de tipo te\u00f3rico: el comportamiento de Jes\u00fas de no elegir mujeres como ap\u00f3stoles se deber\u00ed\u00ada a motivos culturales no teol\u00f3gicos. La segunda, de car\u00e1cter ecum\u00e9nico: mientras que en la Iglesia cat\u00f3lica se les niega a las mujeres su acceso al ministerio del orden, en las Iglesias de la reformase les concede, y esto cuando las Iglesias est\u00e1n tratando de llegar a puntos convergentes sobre el ministerio en la Iglesia con el di\u00e1logo ecum\u00e9nico.<\/p>\n<p>Por parte cat\u00f3lica el impulso para introducir el tema en el di\u00e1logo ecum\u00e9nico vino por el Vat. II, que en el decreto Unitatis redintegratio afirmaba: \u00abConviene que la doctrina sobre la cena del Se\u00f1or, los otros sacramentos, el culto y los ministerios de la Iglesia sean objeto de di\u00e1logo\u00bb (n. 22). La necesidad nace del hecho de que las comunidades eclesiales separadas no habr\u00ed\u00adan conservado la genuina e \u00ed\u00adntegra sustancia del misterio eucar\u00ed\u00adstico, \u00abespecialmente por la ausencia del sacramento del orden\u00bb (ib). El concilio se\u00f1alaba as\u00ed\u00ad uno de los principales obst\u00e1culos que las Iglesias y las comunidades eclesiales encuentran en el campo de la unidad.<\/p>\n<p>Por parte de la reforma, tras un largo titubeo, el tema del ministerio reapareci\u00f3 en la agenda de Fe y Constituci\u00f3n en la IV conferencia mundial del Consejo Ecum\u00e9nico de las Iglesias en Montreal en 1963. Desde entonces se not\u00f3 un intenso trabajo de reflexi\u00f3n, que en encuentros bilaterales dio origen a documentos de entendimiento. Los principales problemas que se abordaron fueron: la naturaleza, funciones y sacramentalidad del ministerio junto con la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica. El horizonte deseado por los documentos elaborados es el de llegar al reconocimiento mutuo de los ministerios, puesto que los elementos comunes que se han encontrado son muchos m\u00e1s que las diferencias que todav\u00ed\u00ada existen. El trabajo de las comisiones no refleja, sin embargo, la din\u00e1mica de las Iglesias, por lo que hay razones para pensar que el mutuo reconocimiento de los ministerios seguir\u00e1 siendo por mucho tiempo un buen deseo.<\/p>\n<p>Podemos ver con agrado que se ha abierto un camino fecundo con los elementos que ahora se subrayan. El El ministerio debe entenderse desde la Iglesia. Cada vez m\u00e1s se ve como un servicio especial en el contexto de la Iglesia, pueblo sacerdotal. 0 En su funci\u00f3n de anunciar la palabra, administrar los sacramentos y guiar a la comunidad, el ministerio ordenado no est\u00e1 s\u00f3lo en la Iglesia, pero se le pone al frente con autoridad. Se realiza por mandato y en cuanto actualizaci\u00f3n de Jesucristo; su autoridad no debe entenderse, pues, como una delegaci\u00f3n de la comunidad. 0 Los ministros ordenados \u00abpueden ser llamados sacerdotes de modo pertinente porque realizan un servicio sacerdotal especial en cuanto que fortalecen y edifican el sacerdocio real y prof\u00e9tico de los fieles mediante su oraci\u00f3n de intercesi\u00f3n y su gu\u00ed\u00ada pastoral de la comunidad\u00bb (Documento de Lima, 17). 0 La ordenaci\u00f3n es reconocida como sacramento: \u00abEl acto de la ordenaci\u00f3n&#8230; es al mismo tiempo invocaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, signo sacramental, reconocimiento de los dones y compromiso\u00bb (ib, 41).<\/p>\n<p>En el di\u00e1logo quedan abiertas algunas cuestiones: por qu\u00e9 el ministerio es triple: episcopado, presbiterado y diaconado; la de su car\u00e1cter sacramental, la de la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica, la del ministerio petrino. Y sobre todo la cuesti\u00f3n: \u00bflo expresado en los documentos de las comisiones, por muy autorizadas que sean, representa el pensamiento de unas elites o el de las Iglesias que ellos representan? La cuesti\u00f3n remite a la relaci\u00f3n que debe establecerse entre las formas hist\u00f3ricas que el ministerio ha tomado en las distintas Iglesias y comunidades eclesiales, su legitimaci\u00f3n teol\u00f3gica y el NT. S\u00f3lo precisando esta relaci\u00f3n se podr\u00e1 efectivamente establecer un par\u00e1metro adecuado con vistas al reconocimiento rec\u00ed\u00adproco de los ministerios sin que se convierta en la anulaci\u00f3n superficial de las diferencias aparecidas en la historia.<\/p>\n<p>El di\u00e1logo ecum\u00e9nico pone, pues, en cuesti\u00f3n tambi\u00e9n la concepci\u00f3n cat\u00f3lica del ministerio tal como se ha formado en la historia. Impulsa en especial a: superar la comprensi\u00f3n unilateral del ministerio en t\u00e9rminos de sacerdocio; subrayar m\u00e1s la relaci\u00f3n ministerio-comunidad en t\u00e9rminos de reciprocidad; relativizar el planteamiento jur\u00ed\u00addico en favor de un horizonte pneum\u00e1tico; repensar la doctrina del car\u00e1cter; integrar la apostolicidad de ministerio con la apostolicidad de doctrina.<\/p>\n<p>Como conclusi\u00f3n se puede observar que la renovaci\u00f3n eclesiol\u00f3gica hizo posible el di\u00e1logo ecum\u00e9nico; esto impuso la necesidad de repensar el ministerio y corregir su forma hist\u00f3rica aceptando otros aspectos hasta ahora silenciados u olvidados; el repensarlo ha ayudado, a su vez, a profundizar la renovaci\u00f3n eclesiol\u00f3gica en marcha, porque, entre otras cosas, ha orientado de forma m\u00e1s decidida hacia el centro de convergencia de todos: el NT.<\/p>\n<p>2. LAS NUEVAS PRAXIS ECLESIALES. El segundo factor que determin\u00f3 el cambio del ministerio en sentido exclusivo al ministerio en sentido inclusivo fue la responsabilidad que muchos creyentes asumieron, sustituyendo a ministros ordenados o en colaboraci\u00f3n con ellos, en la realizaci\u00f3n de la misi\u00f3n de la Iglesia. La experiencia m\u00e1s emblem\u00e1tica es la vivida en los pa\u00ed\u00adses del tercer mundo, donde la falta de presb\u00ed\u00adteros ha promovido un fuerte sentido de corresponsabilidad en la tarea de evangelizaci\u00f3n. Nacieron los responsables de comunidad, elegidos por la comunidad misma y encargados de la tarea de ser gu\u00ed\u00adas y evangelizadores. La experiencia es vista como un don del Esp\u00ed\u00adritu, f\u00e1cilmente se la relaciona con el modo de vivir y organizarse de las comunidades del NT y ac\u00e1 y all\u00e1 se la interpreta como una reinvenci\u00f3n de la Iglesia desde abajo o eclesiog\u00e9nesis. Tal interpretaci\u00f3n no pone siempre, ni necesariamente, a esa experiencia en contraposici\u00f3n con el modo tan r\u00ed\u00adgidamente jur\u00ed\u00addico de estructurarse la Iglesia. Sin embargo muestra que se est\u00e1 yendo hacia una forma de vivir y de entender la Iglesia que relativiza el papel y la importancia de los ministros ordenados; la Iglesia puede encontrar en la historia nuevas formas de actuaci\u00f3n en funci\u00f3n de las circunstancias, del contexto y de las necesidades de su misi\u00f3n. El modo de entender los ministerios est\u00e1 subordinado a las necesidades de las comunidades; la experitncia concreta se convierte en criterio hermen\u00e9utico para establecer el sentido del ministerio del orden; \u00e9ste es una funci\u00f3n junto a otras para la vida de las comunidades, y a \u00e9stas es a quienes compete determinar y reconocer las formas de ministerio que necesita y que el Esp\u00ed\u00adritu suscita en ellas. La tendencia es unir estrechamente el ministerio del orden a la comunidad concreta, convertirlo en expresi\u00f3n suya hasta el punto de considerar que en algunos casos especiales la comunidad podr\u00ed\u00ada confiar a uno de sus miembros el encargo de presidir la eucarist\u00ed\u00ada; \u00e9ste se convertir\u00ed\u00ada de esta forma en ministro \u00abextraordinario\u00bb sin recibir el sacramento del orden. El motivo fundamental de esta posibilidad est\u00e1 en el derecho de la comunidad a la eucarist\u00ed\u00ada, pues no podr\u00ed\u00ada vivir como comunidad cristiana sin celebrar el memorial de la pascua. Esta convicci\u00f3n encuentra su fundamento en el silencio del NT sobre el presidente de las comunidades cristianas primitivas que se dan o reconocen los ministerios que necesitan.<\/p>\n<p>Vuelve de nuevo el problema de la relaci\u00f3n entre el dato originario y las formas hist\u00f3ricas: \u00bfes la historia la que decide, adem\u00e1s de determinarla, la estructura de la Iglesia -y, por lo tanto, el modo de pensar el ministerio propio de la Iglesia cat\u00f3lica es una absolutizaci\u00f3n de una forma hist\u00f3rica- o deben mantenerse unos elementos imprescindibles que ni siquiera las necesidades de su misi\u00f3n pueden cambiarlos?<br \/>\nLa respuesta a este interrogante exige una mirada al NT y a la historia posterior. En esta relectura no se pretende proponer la visi\u00f3n total del NT y describir completamente las fases del desarrollo de la idea de ministerio. Nos limitaremos a tomar nota, caso de que exista, del aspecto permanente que se d\u00e9 en los cambios de las formas hist\u00f3ricas.<\/p>\n<p>II. Confrontaci\u00f3n con el pasado<br \/>\n1. EL NUEVO TESTAMENTO. El t\u00e9rmino \u00abministerio\u00bb traduce el griego diakonia, que generalmente indica \u00abservicio\u00bb, actividad que se ejerce con el servir (diakonein). En griego diakonein forma parte del \u00e1rea sem\u00e1ntica del \u00abservir\u00bb, constituida por una gran cantidad de t\u00e9rminos (doulein, therapeuein, latreuein, leitourgein, uperetein&#8230;),- pero subraya un aspecto: el de servir por amor (cf H.W. BEYER GLNT II, 951). En el NT es el verbo utilizado para describir la actividad de Cristo; \u00e9l est\u00e1 entre sus disc\u00ed\u00adpulos como el que sirve (Lev 22:27); y debe caracterizar la vida de los disc\u00ed\u00adpulos (cf Jua 12:26), en especial la de quien tiene el encargo de guiar (`o ego\u00famenos: Lev 22:26). De esta forma el horizonte vital cristiano se opone al de los griegos, para quienes \u00abel servir es algo indigno. Dominar, y no servir, es digno de un hombre\u00bb (GLNT II, 953). El \u00abservicio\u00bb que de cuando en cuando los creyentes realizan es, pues, expresi\u00f3n de una caracter\u00ed\u00adstica fundamental de su vida, la misma que caracterizaba la vida de Jes\u00fas. Pero mientras el verbo \u00abservir\u00bb (diakonein) se usa con varios sentidos, el sustantivo diakonia tiende a significar algo m\u00e1s espec\u00ed\u00adfico. Son dos los significados que suele asumir: el servicio de la colecta en favor de los cristianos de Judea (Heb 11:29; Rom 15:25.31; 2Co 8:4.19ss; 2Co 9:1.12.13) y el servicio apost\u00f3lico o el servicio en favor de la construcci\u00f3n de la comunidad cristiana, o del anuncio del evangelio. Esto es as\u00ed\u00ad al menos en la mayor\u00ed\u00ada de los casos. Si el primer significado podr\u00ed\u00ada identificarse con el sentido original del verbo diakonein (= servir en la mesa o, m\u00e1s en general, proveer al sustento), el segundo implica una particularidad: proveer de lo que la comunidad necesita para vivir. Caso emblem\u00e1tico ser\u00ed\u00ada Heb 6:1-4, donde se contrapone \u00abservicio cotidiano\u00bb (diakonia t\u00e9 kathemerin\u00e9), identificado luego con el servicio de asistencia material a los necesitados (diakonein trap\u00e9zais: v. 2), a \u00abservicio de la palabra\u00bb (diakonia tou l\u00f3gou). El primero, a pesar de ser una funci\u00f3n muy importante, no puede absorber las energ\u00ed\u00adas de los ap\u00f3stoles, que deben dedicarse al \u00abservicio de la palabra\u00bb, t\u00e9rmino que sintetiza la tarea de anuncio sin la cual la comunidad no puede nacer y desarrollarse. Siel uso del mismo t\u00e9rmino (diakonia) re\u00fane de alg\u00fan modo las dos funciones, no las coloca al mismo nivel. Desde el punto de vista num\u00e9rico -si la estad\u00ed\u00adstica tiene alg\u00fan valor- se puede notar que en el significado de \u00abministerio apost\u00f3lico\u00bb, en el sentido indicado antes diakonia se usa muchas m\u00e1s veces, hasta aparecer como t\u00e9rmino t\u00e9cnico. En este el vocabulario paulino y el de Lucas (Heb 1:17.25; Heb 20:24; Heb 21:19) est\u00e1n notablemente cercanos. Ante esta constataci\u00f3n surge el interrogante de si deba darse al vocabulario importancia teol\u00f3gica o no. Una primera conclusi\u00f3n lleva a considerar que el hecho de reservar en los siglos posteriores el t\u00e9rmino \u00abministerio\u00bb a la tarea ejercida por los sucesores de los ap\u00f3stoles no implica la anulaci\u00f3n del vocabulario del NT, sino que acent\u00faa de forma exclusiva una tendencia que ya est\u00e1 presente en las cartas paulinas y en He. Se podr\u00ed\u00ada incluso formular la hip\u00f3tesis de que el vocabulario no expresa una valoraci\u00f3n del servicio apost\u00f3lico; \u00e9ste es considerado como determinante; es el ministerio, aquello sin lo cual la comunidad no tendr\u00ed\u00ada a su disposici\u00f3n lo necesario para vivir. En este sentido el ministerio apost\u00f3lico es fundante; se sit\u00faa antes que la comunidad y frente a ella. Sin embargo, siendo \u00abministerio\u00bb, no tiene como modelo a los jefes de las naciones, ya que Jes\u00fas ha venido para servir y no para ser servido (Mat 20:28; Me 10,45). El ap\u00f3stol no expresa a la comunidad; es servidor de la comunidad (Col 1:25), pero en cuanto es servidor de Dios (2Co 6:4), de Cristo (2Co 11:23), de la nueva alianza (2Co 3:6), del evangelio (Col 1:23). A esta tarea lo ha designado Dios (cf 2Co 5:18) o Cristo (1Ti 1:12; Heb 20:24 : el Se\u00f1or). Si en la comunidad hay distintas funciones, ninguna alcanza el valor de la apost\u00f3lica. Desde ah\u00ed\u00ad se puede entender el orden de los \u00abcarismas\u00bb que indica Pablo en 1Co 12:28ss: en primer lugar est\u00e1n los ap\u00f3stoles, luego los profetas, despu\u00e9s los doctores, despu\u00e9s los que realizan milagros&#8230; En la visi\u00f3n \u00abcarism\u00e1tica\u00bb de la comunidad no hay una simple yuxtaposici\u00f3n de funciones; el Esp\u00ed\u00adritu distribuye sus dones como quiere (cf 1Co 12:11), pero dentro de la libertad del Esp\u00ed\u00adritu se puede establecer un orden. Desde luego no se puede ver en esta cita, como tampoco en  Rom 13:3-8, una descripci\u00f3n de la estructura de la Iglesia; se trata de una exhortaci\u00f3n. Es significativo, sin embargo, que en este contexto Pablo ponga en primer lugar las funciones correspondientes a la palabra, y entre \u00e9stas d\u00e9 importancia a la funci\u00f3n apost\u00f3lica, como se ve a lo largo de sus cartas. Hay, pues, un \u00abministerio\u00bb (diakonia) que la comunidad estructuralmente necesita. Las otras tareas que poco a poco van surgiendo seg\u00fan las necesidades de la comunidad dependen de \u00e9ste y no lo pueden sustituir. Si la organizaci\u00f3n de la vida de las comunidades exige en un determinado momento la figura de los vigilantes (episcopoi) y\/ o de los presb\u00ed\u00adteros, no puede suprimir el valor del ministerio apost\u00f3lico. Este aspecto se puede comprobar f\u00e1cilmente observando que obispos y\/ o presb\u00ed\u00adteros ya est\u00e1n presentes cuando todav\u00ed\u00ada viven los ap\u00f3stoles, y que deben permanecer fieles a la ense\u00f1anza de los ap\u00f3stoles, incluso despu\u00e9s de la muerte del ap\u00f3stol, como atestiguan las cartas pastorales. Qui\u00e9nes sean los ap\u00f3stoles, no puede determinarse con certeza a partir de los textos del NT. Mientras para Lucas son \u00fanicamente doce, para Pablo hay que contar con \u00e9l mismo y tambi\u00e9n con algunos evangelizadores; y usa el t\u00e9rmino ir\u00f3nico \u00absuperap\u00f3stoles\u00bb(cf 2Co 12:13) para designar con el nombre de ap\u00f3stoles a algunos colaboradores suyos (cf 1Co 4:9; Rom 16:7). La caracter\u00ed\u00adstica com\u00fan es que el ap\u00f3stol es designado de lo alto; en su investidura no est\u00e1 implicada la comunidad, al menos cuando el t\u00e9rmino no tiene el significado de enviado de la comunidad, como, por ejemplo, en 2Co 8:23 y Flp 2:25. No se puede afirmar lo mismo de los sucesores de los ap\u00f3stoles; \u00e9stos son designados por Dios y por la comunidad. Esta los recibe y se los da a s\u00ed\u00ad misma. Se puede entender que los \u00absucesores\u00bb pueden \u00absucederse\u00bb seg\u00fan una l\u00ed\u00adnea continua que corre por el interior de la Iglesia. Hay, por as\u00ed\u00ad decir, una prioridad de la Iglesia sobre sus \u00absucesores\u00bb; \u00e9stos son funcionales en la Iglesia y son posibles gracias a la Iglesia que custodia la memoria de los ap\u00f3stoles. Pero, por otra parte, estos \u00absucesores\u00bb son para la comunidad una referencia a su fundamento. En este sentido tienen una funci\u00f3n que no se puede intercambiar. Quiz\u00e1 para resaltar este aspecto las cartas pastorales dan una importancia especial a las figuras de Tito y Timoteo y a quienes \u00e9stos deber\u00e1n designar para la direcci\u00f3n y edificaci\u00f3n de la comunidad (obispos-presb\u00ed\u00adteros-di\u00e1conos). Es, sin embargo, sintom\u00e1tico que, salvo algunos casos, no se utilice el t\u00e9rmino \u00abministerio\u00bb para designar el encargo de \u00e9stos. Se usa una vez para Timoteo: 2Ti 4:5, donde \u00abministerio\u00bb reclama la misi\u00f3n de predicar el evangelio (\u00abhaz tu trabajo de predicador del evangelio, realiza con entrega tu ministerio\u00bb; cf tambi\u00e9n 1Ti 4:13), nunca para designar la tarea de los obispos-presb\u00ed\u00adteros. Este dato ling\u00fc\u00ed\u00adstico podr\u00ed\u00ada ser el signo de un cambio: el anuncio del evangelio en su dimensi\u00f3n de fundaci\u00f3n ya se ha realizado. S\u00f3lo quien \u00absustituye\u00bb o colabora con el ap\u00f3stol desempe\u00f1a el \u00abministerio\u00bb entendido como ministerio de la palabra. En dos casos el significado mencionado no aparece inmediatamente claro: Efe 4:12; Col 4:17. El primero hace pensar en la tarea que los \u00absantos\u00bb, a quienes prestan su servicio los ap\u00f3stoles, los evangelistas, los pastores y doctores, deben realizar para la construcci\u00f3n del cuerpo de Cristo (el ergon diakonias se podr\u00ed\u00ada explicar como oikodomen tou somatos). El segundo se refiere a Arquipo, compa\u00f1ero de lucha de Pablo (Flm 1:2), al que hay que decirle: \u00abConsidera el ministerio que has recibido en el Se\u00f1or y trata de realizarlo bien\u00bb; en qu\u00e9 consiste este \u00abministerio\u00bb no nos lo dice con claridad. Vista la expresi\u00f3n de Flm 1:2, podr\u00ed\u00ada tratarse de alguna ayuda ofrecida a Pablo en el anuncio del evangelio. Parece, pues, que \u00abministerio\u00bb designa generalmente una tarea especial: la apost\u00f3lica, pero seg\u00fan la formalidad del anuncio del evangelio.<\/p>\n<p>La hip\u00f3tesis se basa en el uso del t\u00e9rmino \u00abministerio\u00bb para hablar de la tarea apost\u00f3lica en He y Pablo, seg\u00fan los cuales el anuncio del evangelio es la raz\u00f3n de ser de los ap\u00f3stoles, aunque \u00e9stos tendr\u00e1n que asumir despu\u00e9s otras tareas, como las de la direcci\u00f3n y el discernimiento. Si la hip\u00f3tesis es plausible, se podr\u00ed\u00ada ver en los pocos casos en que la palabra \u00abministerio\u00bb se refiere a figuras no apost\u00f3licas la indicaci\u00f3n de la asociaci\u00f3n de algunas personas al servicio apost\u00f3lico de la palabra. Es sintom\u00e1tico el apelativo aplicado a Timoteo: \u00abdi\u00e1cono de Cristo Jes\u00fas\u00bb (1Ti 4:6). Tal apelativo es t\u00ed\u00adpico del ap\u00f3stol y de los pseudoap\u00f3stoles (cf 2Co 11:23), y en cualquier caso de personas dedicadas al anuncio del evangelio. Si, adem\u00e1s, en 1Ts 3:2 se lee: \u00abdi\u00e1cono de Dios\u00bb en lugar de colaborador (syn\u00e9rgon), se tiene una confirmaci\u00f3n de lo que ha dicho en 2Co 6:4, donde Pablo se presenta a s\u00ed\u00ad mismo como di\u00e1cono de Dios.<\/p>\n<p>Lo que escribe Pablo en 1Co 12:5 puede considerarse una respuesta a la hip\u00f3tesis antes se\u00f1alada: Hay diversidad de &#8216;ministerios&#8217;, pero uno solo es el Se\u00f1or\u00bb. A partir de aqu\u00ed\u00ad, \u00fanico caso en que el t\u00e9rmino \u00abministerio\u00bb (diakonia) se usa en plural, se suele indicar como ministerios todas las funciones realizadas en la y para la comunidad. Los exegetas m\u00e1s prestigiosos reconocen que cuando Pablo utiliza en 1Co 12:1-6 los cuatro t\u00e9rminos pneumatik\u00e1 (dones espirituales), energh\u00e9mata (energ\u00ed\u00adas), diakoniai (ministerios), char\u00ed\u00adsmata (carismas), no pretende referirse a realidades distintas. Se puede suponer que los t\u00e9rminos tienen matices distintos y, a prop\u00f3sito de los \u00abministerios\u00bb, se puede pensar que Pablo quiera referirse a las funciones \u00abespirituales\u00bb que est\u00e1n al servicio del evangelio (ap\u00f3stoles, profetas, doctores) (cf v. 28). Nada impide entender en este sentido tambi\u00e9n 1Co 16:15, donde se dice de la familia de Esteban que \u00abson las primicias de Acaya y se han dedicado al servicio (eis dtakonian) de los santos\u00bb. Esta familia podr\u00ed\u00ada ser colaboradora de Pablo en el anuncio del evangelio en los comienzos de su actividad en Acaya. Esta interpretaci\u00f3n se confirmar\u00ed\u00ada si, con A. Lemaire (Les ministeres, 138), se entendiese los \u00abdi\u00e1conos\u00bb de las cartas pastorales como colaboradores del \u00abevangelista\u00bb, responsable del centro de irradiaci\u00f3n misionera, desde el que tratan de difundir el evangelio a las regiones del entorno.<\/p>\n<p>Junto al `ministerio en sentido t\u00e9cnico, hay otras muchas funciones, algunas m\u00e1s extempor\u00e1neas, otras que tienden a estabilizarse. Lo que s\u00ed\u00ad se puede observar es que las comunidades experimentan una multitud de dones espirituales que las hacen manifestaciones vivas de la novedad cristiana creada por el Esp\u00ed\u00adritu (cf como por ejemplo, 1Cor 12-14), pero a la vez se van dando poco a poco formas de organizaci\u00f3n que tienden a evitar conflictos y des\u00f3rdenes y a mantener los lazos entre ellos.<\/p>\n<p>Esto no significa tanto llegar a la oposici\u00f3n entre carisma e instituci\u00f3n, cuanto mantener una complementariedad entre la libertad creativa, que corre el riesgo de ser entendida como ausencia de normas, la llamada a la fidelidad al origen y la orden que impide la prevaricaci\u00f3n. Siguiendo en el contexto de 1Cor, es sintom\u00e1tico que Pablo indique los criterios para el discernimiento de los dones espirituales: la fe recta (1Co 12:3) y la edificaci\u00f3n de la comunidad (1 Cor 14). El Esp\u00ed\u00adritu no libera de todo v\u00ed\u00adnculo; une a Jes\u00fas y a la comunidad, en la cual es necesario reconocer el papel determinante de los ap\u00f3stoles. El Esp\u00ed\u00adritu promueve una unidad visible, y el carisma de cada uno es tal en cuanto se coordina con los de los dem\u00e1s. Comunidad carism\u00e1tica no significa ausencia de unidad. Probablemente para preservar la unidad se constituyeron poco a poco estructuras de coordinaci\u00f3n: el colegio de presb\u00ed\u00adteros y los obispos. El origen de estas estructuras parece ser distinto. Para los \u00abpresb\u00ed\u00adteros\u00bb su ascendiente m\u00e1s probable fue el colegio sinagogal de los ancianos; pero quiz\u00e1 tambi\u00e9n el colegio o consejo de corporaciones que exist\u00ed\u00ada en el mundo helenista. Para los obispos (t\u00e9rmino utilizado dos veces en plural: Heb 20:28; Flp 1:1; y dos veces en singular: 1Ti 3:2; Tit 1 7) es m\u00e1s dif\u00ed\u00adcil encontrar una instituci\u00f3n que se le parezca en los medios de entonces; el t\u00e9rmino indica la funci\u00f3n de vigilar. Presb\u00ed\u00adteros y obispos son figuras organizativas encargadas de vigilar la vida de la comunidad. No aparecen en cualquier parte. Parece que los presb\u00ed\u00adteros estuvieron presentes en las comunidades judeo-cristianas, seg\u00fan el modelo de la comunidad de Jerusal\u00e9n, aunque es dif\u00ed\u00adcil establecer separaciones precisas. Lo que sorprende es encontrarlos en numerosos escritos del NT (Heb 14:23 15 2.4.22s; Heb 16:24; 1Pe 5:15; Stg 5:14; 2Jn 1:1; 3Jn 1:1), pero no en las cartas de Pablo, a excepci\u00f3n de las cartas pastorales (1Ti 5:17.19; Tit 1:5). Ello no significa que en las comunidades paulinas no hubiera responsables: cf 1Ts 5:12 en donde se habla de quienes presiden (proistamenoi) en el Se\u00f1or, que se fatigan por los hermanos y les amonestan. En las comunidades paulinas los cargos de presidencia tienen caracter\u00ed\u00adsticas y nombres distintos, pero se les reconoce una funci\u00f3n semejante a la de los presb\u00ed\u00adteros.<\/p>\n<p>Se cree que los ep\u00ed\u00adscopos no desempe\u00f1aban una tarea distinta a la de los presb\u00ed\u00adteros (presbiterio indicar\u00ed\u00ada autoridad, ep\u00ed\u00adscopo la funci\u00f3n); pero el uso en singular en las cartas pastorales parece dar a entender el nacimiento de un coordinador-vigilante entre los presb\u00ed\u00adteros, o tambi\u00e9n independiente de ellos. Estas funciones no excluyen otras (profetas, doctores, evangelistas, pastores), aunque cada vez m\u00e1s se ve que tienden a prevalecer sobre ellas. Esta cuesti\u00f3n es, precisamente, la que plantea el problema de la constituci\u00f3n estructural de la Iglesia: caminar hacia formas de autoridad que tienden a dejar en un segundo plano a las dem\u00e1s funciones, \u00bfes una p\u00e9rdida o un avance? La respuesta a esta pregunta depende del modelo que se asume a la hora de valorar. Siguiendo una propuesta protestante, se ha llegado a hablar, tambi\u00e9n en el \u00e1mbito cat\u00f3lico, de un protocatolicismo (Fr\u00fcAikatholizismus) seg\u00fan las cartas pastorales, y de la necesidad de volver a la forma carism\u00e1tica de comunidad eclesial, lo que debi\u00f3 ser propio de las comunidades paulinas. La legitimidad de este planteamiento implica la legitimidad de elegir en el canon de la Sagrada Escritura la forma de comunidad que mejor se corresponda con las propias expectativas o la que pueda alegar una mayor antig\u00fcedad. No hay por qu\u00e9 aceptar este planteamiento. Pero tampoco su contrario, seg\u00fan el cual, una vez constatado el desarrollo, considera normativo el modelo presentado en las cartas pastorales o en todo caso a finales del siglo i. Parece que la soluci\u00f3n m\u00e1s l\u00f3gica deber\u00ed\u00ada tener en cuenta algunos factores:<br \/>\n-lo que hace ser Iglesia de Jesucristo a una comunidad no es, seg\u00fan el NT, una forma de organizaci\u00f3n, sino la adhesi\u00f3n a la palabra del anuncio;<br \/>\n-todas las funciones tienen como fin la construcci\u00f3n de la comunidad;<br \/>\n-para mantener la fidelidad al evangelio pueden ser necesarias las funciones de autoridad, que no por ser de autoridad son contrarias al Esp\u00ed\u00adritu;<br \/>\n-la fidelidad al evangelio no se asegura con diversas formas de organizaci\u00f3n; lo importante es ver cu\u00e1les son las m\u00e1s adecuadas y eficaces;<br \/>\n-en estas formas diversas nunca podr\u00e1 faltar el \u00abministerio\u00bb de la Palabra;<br \/>\n-ninguna de las formas hist\u00f3ricas puede absolutizarse, lo que no impide que una u otra pueda parecer m\u00e1s necesaria en una situaci\u00f3n determinada;<br \/>\n-la necesidad de una forma no se mide a partir de modelos absolutos, sino de su capacidad efectiva para asegurar el \u00e9xito de su objetivo;<br \/>\n-para valorar esta capacidad habr\u00e1 que tener en cuenta experiencias anteriores.<\/p>\n<p>Este factor \u00faltimo nos lleva al umbral de la fijaci\u00f3n de una forma hist\u00f3rica de organizaci\u00f3n eclesial.<\/p>\n<p>2. DE LOS PADRES A LA ESCOL\u00ed\u0081STICA. En el paso del siglo i al ii nos encontramos con un testimonio que nos produce sorpresa. Ignacio, obispo de Antioqu\u00ed\u00ada, a comienzos del siglo n, escribe siete cartas, de las que se deduce una estructura organizativa eclesial ya estable: el obispo -los presb\u00ed\u00adteros- los di\u00e1conos. \u00bfC\u00f3mo se explica el paso de la flexibilidad del NT a esta forma ya tan fija? Las cartas de Ignacio nos han llegado a trav\u00e9s de tres redacciones (peque\u00f1a, mediana y grande); algunos cr\u00ed\u00adticos creen que existen a\u00f1adiduras en los pasajes referentes a la organizaci\u00f3n eclesial. Por eso es muy dif\u00ed\u00adcil afirmar con seguridad que ya existiera una \u00abjerarqu\u00ed\u00ada\u00bb tan claramente definida al comenzar el siglo II.<\/p>\n<p>Pero parece indiscutible que ya a finales del siglo i est\u00e1 atestiguada una gran autoridad de los presb\u00ed\u00adteros, como aparece en la Carta a los Corintios de Clemente Romano (LVII, 1): es necesario someterse a los presb\u00ed\u00adteros; ellos tienen una funci\u00f3n pastoral y cultual; han sido establecidos por los ap\u00f3stoles o por otros hombres eminentes, con el consentimiento de toda la comunidad (XLIV, 2). Lo m\u00e1s interesante de la carta es que supone una forma id\u00e9ntica de organizaci\u00f3n eclesial en Roma y en Corinto. La dificultad est\u00e1 en explicar c\u00f3mo, posteriormente, al lado y sobre estos presb\u00ed\u00adteros se estableci\u00f3 la figura del obispo. Probablemente lo que en las cartas de Ignacio se da como un hecho ya establecido en el siglo 1 es el resultado de un proceso que termin\u00f3 en la segunda mitad del siglo ii. En este proceso fueron desapareciendo poco a poco algunas funciones, por ejemplo, profetas y doctores. El motivo parece explicarse por la necesidad de tener que conservar el dep\u00f3sito recibido, defendi\u00e9ndose incluso de las doctrinas de algunos doctores. En el paso del NT al per\u00ed\u00adodo posterior se profundiza en la necesidad de garantizar la fidelidad al origen -necesidad asumida desde la desaparici\u00f3n de los \u00abtestigos\u00bb por medio de figuras estables, institucionales. No es f\u00e1cil saber c\u00f3mo se les reconoci\u00f3 mayor capacidad de garant\u00ed\u00ada a estos cargos que a los profetas -figuras que todav\u00ed\u00ada ten\u00ed\u00adan gran importancia cuando se redact\u00f3 la Didaj\u00e9-. Probablemente porque la funci\u00f3n de \u00abvigilantes\u00bb se ve\u00ed\u00ada en mayor continuidad con la de los ap\u00f3stoles. Este motivo ya hab\u00ed\u00ada aparecido en las cartas pastorales, donde se ve claramente la preocupaci\u00f3n por mantener la continuidad de la ense\u00f1anza a trav\u00e9s de un gesto de investidura que simbolice la transmisi\u00f3n de un encargo y del don del Esp\u00ed\u00adritu unido a \u00e9l (1Ti 4:14; 2Ti 1:6). Por medio de este gesto de investidura, que ser\u00ed\u00ada equivalente a la ordenaci\u00f3n de los rabinos, el responsable de la (o de las) comunidad recibe el encargo de ense\u00f1ar oficialmente la doctrina cristiana. La relaci\u00f3n con lo que se indica en las cartas pastorales se producir\u00ed\u00ada, por tanto, a trav\u00e9s de una asimilaci\u00f3n de los presb\u00ed\u00adteros (o tambi\u00e9n, posteriormente, del obispo) a las personas (ap\u00f3stoles y sus colaboradores) que ten\u00ed\u00adan el encargo de anunciar la palabra. En otros t\u00e9rminos, se transferir\u00ed\u00ada a figuras (o una figura) inicialmente relacionadas con lo organizativo el \u00abministerio\u00bb por excelencia, el de la palabra, que a partir de ahora se presenta no bajo la forma del anuncio misionero, sino bajo la forma de la conservaci\u00f3n de la fe en la comunidad ya establecida.<\/p>\n<p>El (o los) responsable(s) de la comunidad, que ya en algunos textos del NT era designado como el gu\u00ed\u00ada (cf Heb 13:7.17.24), no se limita a desempe\u00f1ar el \u00abministerio\u00bb de la palabra. La comunidad ha recibido ya el anuncio y vive de \u00e9l. Hay otros aspectos de la vida de la comunidad que hay que considerar; entre \u00e9stos ocupa un lugar importante el culto. La Carta a los Corintios de Clemente atribuye a los presb\u00ed\u00adteros una funci\u00f3n cultual (XLIV, 4). Este hecho podr\u00ed\u00ada interpretarse como una \u00abrejudaizaci\u00f3n\u00bb de la funci\u00f3n de presidencia, y, por lo tanto, rechazable como un distanciamiento radical del NT, que no pretender\u00ed\u00ada establecer una funci\u00f3n eclesial al estilo del AT, o como la cosa m\u00e1s normal, puesto que la comunidad no puede vivir sin culto y es natural que la celebraci\u00f3n cultual la presida y dirija el gu\u00ed\u00ada de la comunidad. En estas dos interpretaciones hay un planteamiento b\u00e1sico distinto; mientras una parece querer contraponer AT y NT al establecer una distancia entre ellos en nombre del silencia. del NT acerca de algunos aspectos de las funciones en la comunidad (caso de la funci\u00f3n sacerdotal), en la segunda se acepta como natural una reinterpretaci\u00f3n de las funciones eclesiales con la ayuda del AT. Con raz\u00f3n observa P. Fransen: \u00abAl rechazar la influencia del AT como `judaizaci\u00f3n&#8217; del ministerio, podr\u00ed\u00adamos volver a caer inconscientemente en la nefasta herej\u00ed\u00ada de Marci\u00f3n&#8230; y se terminar\u00ed\u00ada por extrapolar el AT y la historia del pueblo hebreo de la corriente de la revelaci\u00f3n\u00bb (\u00abCon\u00bb 10 [1972] 130). El mismo proceso se ha seguido con Jes\u00fas. Quiz\u00e1 podr\u00ed\u00adamos preguntarnos por qu\u00e9 la dimensi\u00f3n sacerdotal adquiri\u00f3 una importancia tan grande en la tarea de los responsables hasta convertirse en fundamental. El uso de los paralelos del AT tuvo que influir enormemente: en la liturgia, lo mismo que en los escritos de los Padres de los primeros siglos; no es dif\u00ed\u00adcil encontrar paralelismos con el sacerdocio hebreo. En la Tradici\u00f3n apost\u00f3lica de Hip\u00f3lito, en la oraci\u00f3n de \u00abordenaci\u00f3n\u00bb del obispo se usa la expresi\u00f3n \u00abEsp\u00ed\u00adritu del supremo sacerdocio\u00bb (3), y m\u00e1s adelante llama al obispo sumo sacerdote (34). A partir del siglo III los testimonios en este sentido se multiplican, porque tambi\u00e9n durante ese tiempo se difunde la comprensi\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada en t\u00e9rminos de sacrificio. El presidente de la eucarist\u00ed\u00ada, que, al extenderse la Iglesia por el \u00e1mbito rural, ya no es s\u00f3lo el obispo, sino tambi\u00e9n el presb\u00ed\u00adtero, se comprende como \u00absacerdote\u00bb. Y poco a poco la misi\u00f3n del responsable de la comunidad tiende a reducirse a su funci\u00f3n sacerdotal. Las dem\u00e1s funciones, en especial la del anuncio misionero del evangelio, tienden a pasar a un segundo plano y a desaparecer. La predicaci\u00f3n a la comunidad cristiana se reserva al obispo. El proceso se acent\u00faa con el paso de los siglos, hasta desembocar, en la Edad Media, en el fen\u00f3meno de los curas \u00abde altar\u00bb, dedicados s\u00f3lo a la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Se observa de esta manera un fen\u00f3meno doble: la concentraci\u00f3n de las funciones eclesiales en el jefe de la comunidad y la acentuaci\u00f3n de la dimensi\u00f3n sacerdotal de su cargo. Progresivamente se desarrolla tambi\u00e9n el rito de la ordenaci\u00f3n y la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica sobre \u00e9l: la imposici\u00f3n de las manos, unida a la oraci\u00f3n, confiere el Esp\u00ed\u00adritu Santo, en correspondencia con el orden (episcopado, presbiterado, diaconado) que el candidato recibe. Este don se entiende como permanente, incluso en caso de indignidad del ministro y hasta en el supuesto de que se le deponga, como J. L\u00e9cuyer ha demostrado (Le sacrement de l&#8217;\u00f3rdination). A partir de esta convicci\u00f3n, la teolog\u00ed\u00ada escol\u00e1stica desarroll\u00f3 la doctrina del car\u00e1cter, estrechamente unida a la comprensi\u00f3n en sentido sacramental del ministro: \u00e9ste act\u00faa \u00abin persona Christi\u00bb, en cuanto part\u00ed\u00adcipe del sacerdocio de Jesucristo y configurado a Cristo a trav\u00e9s del car\u00e1cter; en el ministro y a trav\u00e9s de \u00e9l, Cristo act\u00faa en los sacramentos como causa principal que se sirve de un instrumento. En este contexto se da el olvido -o al menos la infravaloraci\u00f3n- del sacerdocio bautismal; es sintom\u00e1tico, al respecto, que para santo Tom\u00e1s el analogatum princeps para entender el car\u00e1cter ya no sea el bautismo, sino el orden (cf B. D. MARLIANGEAS, Cl\u00e9s pour une th\u00e9ologie du minist\u00e9re, 125-127).<\/p>\n<p>El proceso fue mucho m\u00e1s complejo de cuanto hemos expuesto aqu\u00ed\u00ad; habr\u00ed\u00ada que recordar tambi\u00e9n el tema de la jurisdicci\u00f3n, que tuvo una gran importancia, sobre todo en los comienzos del segundo milenio. Pero hemos recordado lo que puede ayudarnos a entender la reacci\u00f3n de la reforma y las declaraciones del concilio de Trento.<\/p>\n<p>3. EL CONCILIO DE TRENTO. En relaci\u00f3n con la tradici\u00f3n anterior y los abusos cometidos, los reformadores oponen dos cuestiones fundamentales: la superaci\u00f3n de la concepci\u00f3n sacerdotal del ministerio para impulsar el anuncio de la palabra; la recuperaci\u00f3n del sentido del sacerdocio com\u00fan o bautismal. Las dos cuestiones van estrechamente unidas y se basan, en un sentido, en la convicci\u00f3n del \u00fanico sacerdocio y sacrificio de Cristo, de manera que la eucarist\u00ed\u00ada no tiene valor de sacrificio, y por lo tanto no requiere de ning\u00fan sacerdote-sacrificador; en otro sentido, en la convicci\u00f3n de que todo lo que corresponde a Cristo corresponde tambi\u00e9n a todo cristiano. Las dos cuestiones cambian por completo el planteamiento anterior sobre el ministerio del orden entendido como poder de celebrar el sacrificio de la misa.<\/p>\n<p>El concilio de Trento reaccion\u00f3 frente a los reformadores defendiendo el car\u00e1cter sacrificial de la misa (ses. XXII, 17 de septiembre de 1562) y uni\u00e9ndolo estrechamente al sacerdocio. Es sintom\u00e1tico lo que se escribe en el cap\u00ed\u00adtulo 1 de la sesi\u00f3n XXII, 15 de julio de 1563: Doctrina de sacramento ordinis: \u00abEl sacrificio y el sacerdocio est\u00e1n tan estrechamente unidos en los planes de Dios, que se dieron los dos bajo ambas leyes. Al haber recibido la Iglesia cat\u00f3lica en el NT, por instituci\u00f3n del Se\u00f1or, el santo sacrificio visible de la eucarist\u00ed\u00ada, se debe afirmar que en ella hay un nuevo sacerdocio visible y externo, en el que se ha integrado el antiguo (cf Heb 7:12ss)\u00bb (DS 1764). El sacerdocio es descrito despu\u00e9s como poder de consagrar, ofrecer y distribuir el cuerpo y la sangre de Cristo, y de perdonar o retener los pecados (b y can. I: DS 1771). Se puede observar tambi\u00e9n c\u00f3mo a la unilateralidad de los reformadores, que no consegu\u00ed\u00adan ver sino predicadores en los ministros, responde la unilateralidad del concilio de Trento, que no es capaz de ver la uni\u00f3n inseparable entre el sacramento del orden y ministerio del anuncio, condicionado como estaba por la tradici\u00f3n anterior sobre la jurisdicci\u00f3n, seg\u00fan la cual el encargo de predicar se derivaba de la jurisdicci\u00f3n. Se puede observar que en los decretos de reforma, el concilio dedica mucho espacio al tema de la predicaci\u00f3n, pero aparecen como normas a observar sin apenas relaci\u00f3n con la visi\u00f3n teol\u00f3gica del ministerio (cf ses. V, 17 de julio de 1546: Decretum secundum super lectione et praedicatione [COD 667-670]; ses. XXIV, 11 de noviembre de 1563: Decretum de reformatione, can. IV [COD 763, 8-29]).<\/p>\n<p>La segunda cuesti\u00f3n de los reformadores ni siquiera fue abordada por el concilio: habr\u00ed\u00ada generado confusi\u00f3n hablar de sacerdocio bautismal, dada la concepci\u00f3n que se ten\u00ed\u00ada del sacerdocio.<\/p>\n<p>Es indudable que el concilio no quiso exponer de forma completa la doctrina cat\u00f3lica sobre el ministerio del orden, sino s\u00f3lo responder a las proposiciones de los reformadores revalidando lo que se hab\u00ed\u00ada ido adquiriendo anteriormente. Pero la influencia (Wirkungsgeschichte) del concilio de Trento llev\u00f3 a considerar su doctrina como la totalidad, con la consecuencia l\u00f3gica de aumentar la distancia con el mundo de la reforma, distancia que s\u00f3lo el di\u00e1logo ecum\u00e9nico reciente est\u00e1 tratando de superar.<\/p>\n<p>A la luz de esta historia se ve con m\u00e1s claridad la novedad de planteamiento que ha supuesto el Vat. II. Desde el NT hasta el \u00faltimo concilio se puede observar c\u00f3mo se va reduciendo a manera de cono la consideraci\u00f3n del ministerio, reducci\u00f3n que podr\u00ed\u00adamos resumir de la siguiente manera: del encargo de anunciar a la funci\u00f3n meramente sacerdotal; de la coordinaci\u00f3n con las m\u00faltiples funciones-al aislamiento que se deriva de la concentraci\u00f3n de las responsabilidades en el jefe de la comunidad; de la colegialidad a la supremac\u00ed\u00ada de uno sobre todos.<\/p>\n<p>No hay que olvidar que la vida tal como se ha desarrollado ha ido a veces m\u00e1s all\u00e1 de los esquemas fijados por el dogma y la teolog\u00ed\u00ada; se\u00f1al de que la fidelidad al origen apost\u00f3lico no pasa s\u00f3lo a trav\u00e9s de las destiladas afirmaciones doctrinales.<\/p>\n<p>III. Perspectivas<br \/>\nI. DESCRIPCI\u00ed\u201cN DEL MINISTERIO. El r\u00e1pido repaso a la historia nos ha puesto ya en condiciones de captar algunos de los elementos esenciales que est\u00e1n por encima de los acentos concretos de cada per\u00ed\u00adodo. 0 El primero es que no existe comunidad cristiana sin anunciadores del evangelio. La afirmaci\u00f3n puede entenderse en sentido hist\u00f3rico-gen\u00e9tico, pero tambi\u00e9n en sentido actual. De hecho la comunidad nace, la Iglesia se extiende a nuevos ambientes, porque se da la comunicaci\u00f3n personal de la fe. El que anuncia no se presenta \u00e9l a s\u00ed\u00ad mismo, sino la realidad que ha recibido y que lo trasciende. A esta realidad hay que adscribir el impulso del anuncio; es Jes\u00fas, el Se\u00f1or anunciado, quien env\u00ed\u00ada. O El segundo es que el env\u00ed\u00ado se significa a trav\u00e9s de un acto de investidura. Esto indica que se forma parte de una l\u00ed\u00adnea de sucesi\u00f3n y que se confiere una misi\u00f3n de representaci\u00f3n de forma permanente; el \u00abcarisma\u00bb que se confiere no es, por as\u00ed\u00ad decir, propiedad de quien lo recibe, de manera que pueda servirse de \u00e9l a su antojo; se le da en funci\u00f3n de una misi\u00f3n cuyo contenido est\u00e1 predeterminado y determina vitalmente al que recibe el carismamandato. 0 El tercero es que la comunidad cristiana se implica en ese env\u00ed\u00ado. En dos sentidos: el enviado expresa a la comunidad cristiana en cuanto que a trav\u00e9s de ella ha llegado a la fe y, por lo tanto, al origen de su carisma-mandato; a veces la comunidad participa en la designaci\u00f3n de quien va a ser enviado; el enviado est\u00e1 adem\u00e1s al servicio de la comunidad cristiana en cuanto es portador del anuncio que la congrega. Pero la relaci\u00f3n comunidad-enviado no es a t\u00ed\u00adtulo de propiedad; el enviado en cuanto lleva el anuncio de Jes\u00fas el Se\u00f1or le pertenece a El, y de esa forma es libre de todos aun haci\u00e9ndose servidor de todos (cf ICor 9,19.22). 0 El cuarto es que el enviado est\u00e1 frente a la comunidad, adem\u00e1s de estar en ella y con ella, para hacer memoria de Jes\u00fas muerto y resucitado con la palabra que, por la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, transforma el pan y el vino en el cuerpo y la sangre de Cristo.<\/p>\n<p>Estos elementos esenciales han encontrado a lo largo de los siglos formas expresivas unas veces estables y otras variables. La forma estable consiste en la articulaci\u00f3n del ministerio en tres grados: obispos, presb\u00ed\u00adteros y di\u00e1conos. Por encima de su origen, se puede observar la importancia que se ha dado a la tarea de vigilancia, coordinaci\u00f3n y servicio que el ministerio debe asegurar para el anuncio del evangelio. Esta articulaci\u00f3n es resultado de la necesidad que le plante\u00f3 su difusi\u00f3n y extensi\u00f3n. Pensar por eso, a priori, que es una forma caduca, significa pensar que en la Iglesia no pueden darse formas estables para asegurarla fidelidad al testimonio apost\u00f3lico. Si, adem\u00e1s, se cae en la cuenta de que esta articulaci\u00f3n representa el desarrollo de una \u00abintuici\u00f3n apost\u00f3lica\u00bb, tambi\u00e9n hist\u00f3rica, y sin embargo inspirada por el Esp\u00ed\u00adritu, la justificaci\u00f3n de la articulaci\u00f3n se funda en la propia fidelidad a los or\u00ed\u00adgenes. La articulaci\u00f3n no significa, con todo, pluralidad de ministerios; hay un \u00fanico ministerio, el apost\u00f3lico, que se manifiesta y se realiza en tres modalidades distintas. Pero si la tarea de \u00abvigilancia\u00bb se ha convertido en la m\u00e1s importante por la necesidad de guardar el dep\u00f3sito de la fe, es comprensible que se reserve al episcopado el grado m\u00e1s eminente del ministerio. Parece que ha de interpretarse en este sentido lo que dice LG 28: \u00abDe esta forma el ministerio eclesi\u00e1stico de instituci\u00f3n divina se ejerce en diversos \u00f3rdenes, los que desde antiguo son llamados obispos, presb\u00ed\u00adteros y di\u00e1conos\u00bb. Se trata, pues, no de jerarqu\u00ed\u00ada de ministerios, sino de importancia, de orden (taxis) en el ministerio, de las distintas funciones que debe asegurar.<\/p>\n<p>Las formas variables son las distintas coloraciones que los datos esenciales han tomado, los acentos que han recibido. Antes hemos mencionado la acentuaci\u00f3n sacerdotal. El Vat. II ha tratado de superarla describiendo el ministerio seg\u00fan el triple munus de Cristo: prof\u00e9tico, sacerdotal y real. Est\u00e1 claro que este planteamiento, que ha entrado en la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica en el siglo xix por influencia de la teolog\u00ed\u00ada calvinista, es s\u00f3lo un intento de reunir, en un esquema org\u00e1nico, el ministerio de Cristo, de los ap\u00f3stoles y de sus sucesores. Lo prueba el hecho de que el Vat. II no siempre consigue mantenerse dentro de este esquema (cf, p.ej., a prop\u00f3sito del pueblo de Dios, los nn. 1012 de LG). La ventaja del planteamiento asumido es que revisa la dimensi\u00f3n sacerdotal del ministerio, aunque el lenguaje queda marcado por la ambig\u00fcedad; se habla, por ejemplo, de \u00abministerio sacerdotal\u00bb o de \u00absacerdocio ministerial\u00bb (LG 10), o, en general, de sacerdotes, para designar a los presb\u00ed\u00adteros. La dimensi\u00f3n sacerdotal es un aspecto del ministerio y, adem\u00e1s, posterior al del anuncio de la palabra (para esto cf LG 25-26). Corresponde ala reforma el m\u00e9rito de haber conservado y recordado la prioridad de la dimensi\u00f3n prof\u00e9tica, como le corresponde a la tradici\u00f3n cat\u00f3lica el m\u00e9rito de haber conservado la dimensi\u00f3n sacerdotal. La uni\u00f3n entre las dos, que laboriosamente se va dando, lleva a la totalidad propia de los or\u00ed\u00adgenes, aunque totalidad no coincide con la suma de factores id\u00e9nticos. En coherencia con el planteamiento del NT, parece que deba darse prioridad a la dimensi\u00f3n prof\u00e9tica, que implica fidelidad a la doctrina apost\u00f3lica y su anuncio a los hombres de todos los tiempos.<\/p>\n<p>2. EL MINISTERIO EN LA IGLESIA. Entre los elementos esenciales que hemos recordado antes se ha enumerado tambi\u00e9n la relaci\u00f3n ministerio-comunidad. La comunidad es el \u00e1mbito original del ministerio, en donde se encuentra unido a un gran n\u00famero de carismas, servicios, energ\u00ed\u00adas, suscitados todos por el Esp\u00ed\u00adritu. Dec\u00ed\u00adamos antes, I, que tanto los documentos del magisterio como la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica desde hace unos veinte a\u00f1os hablan de pluralidad de carismas y ministerios. Pero es evidente que en este caso ministerio es un t\u00e9rmino an\u00e1logo, y a veces equ\u00ed\u00advoco. Con \u00e9l se quiere se\u00f1alar cualquier funci\u00f3n en la edificaci\u00f3n de la comunidad, funci\u00f3n que hay que entender como servicio. Sin embargo, se ha impuesto la necesidad de precisar las caracter\u00ed\u00adsticas de los ministerios \u00abno ordenados\u00bb. Dos son las caracter\u00ed\u00adsticas determinantes: la estabilidad y el reconocimiento por parte de la autoridad eclesi\u00e1stica.<\/p>\n<p>Estas dos caracter\u00ed\u00adsticas expresan la necesaria relaci\u00f3n con la realidad estructural de la Iglesia: la primera requiere la estabilidad basada en Dios, de quien la Iglesia es signo en la historia; la segunda, la funci\u00f3n de vigilancia del ministerio del orden. Si el primei elemento se sit\u00faa a nivel de fundamento, el segundo se sit\u00faa a nivel de organizaci\u00f3n. Pero uno y otro dan a entender que la carga sem\u00e1ntica del t\u00e9rmino ` ministerio\u00bb va m\u00e1s all\u00e1 del concepto de servicio, que podr\u00ed\u00ada aplicarse a todas las funciones que se desempe\u00f1an en la Iglesia. \u00abMinisterio\u00bb es el servicio que se especifica -seg\u00fan diversos niveles, pero no hasta el infinito como expresi\u00f3n de la fidelidad de Dios, y que, por lo tanto, requiere una adhesi\u00f3n vital, no temporal. En eso hace visible el \u00abservicio\u00bb de Cristo y, despu\u00e9s, de los ap\u00f3stoles, que, notoriamente, es hasta la muerte. El hecho de que para el ministro ordenado se haya pensado en el car\u00e1cter indeleble ser\u00ed\u00ada s\u00f3lo para subrayar la estabilidad del \u00abservicio\u00bb de algunos hacia todos, estabilidad que es signo, como se dec\u00ed\u00ada, de la fidelidad de Dios manifestada de forma definitiva en el ministerio de Jes\u00fas. Est\u00e1 claro que, seg\u00fan el NT y toda la tradici\u00f3n lit\u00fargica y doctrinal posterior, esta estabilidad s\u00f3lo es posible gracias al Esp\u00ed\u00adritu de Jes\u00fas. En este sentido, carisma y ministerio no se oponen. La oposici\u00f3n surge no por elementos estructurales, sino coyunturales, por el hecho de que el ministerio ha asumido formas y modos de autoridad exclusivistas, siguiendo los modelos de la sociedad civil. Quiz\u00e1 haya sido inevitable, dado que la Iglesia vive en la historia y se autocomprende y organiza tambi\u00e9n con los elementos que la cultura pone a su disposici\u00f3n. Carisma y ministerio son la expresi\u00f3n distinta del \u00fanico principio vital de la Iglesia. El carisma muestra el aspecto din\u00e1mico, libre, contingente; reclama, por as\u00ed\u00ad decir, la actualizaci\u00f3n del principio vital, y por lo tanto el aspecto de apertura a la inmediata y contingente necesidad de la misi\u00f3n de la Iglesia en la totalidad de su espectro; el ministerio muestra, en cambio, el lado de la permanencia, de la continuidad. Lo puede reclamar de forma s\u00f3lo alusiva o de forma evidente: el \u00abministerio no ordenado\u00bb no reclama la continuidad con el origen del mismo modo que el ministerio ordenado. Por eso quiz\u00e1 se deber\u00ed\u00ada ser m\u00e1s cautos en el uso del t\u00e9rmino ministerio. La lengua espa\u00f1ola tiene el t\u00e9rmino \u00abservicio\u00bb. Tiene menos \u00e9nfasis que \u00abministerio\u00bb, pero seguramente es m\u00e1s cercano a la realidad que se pretende expresar con el t\u00e9rmino \u00abministerio\u00bb. Al menos si lo que hemos visto antes sobre el NT tiene valor.<\/p>\n<p>En la Iglesia hay, pues, muchos carismas, muchos servicios y el ministerio. La Iglesia vive con todas estas realidades. Si surge el conflicto no ser\u00e1 por la distinta finalidad que cada una tiene, sino por el pecado, que se introduce tambi\u00e9n en donde el Esp\u00ed\u00adritu act\u00faa. El carisma en cuanto tal no entra en conflicto con el ministerio ni con los \u00abservicios\u00bb como tales; origen y fin son los mismos para unos y otros. La oposici\u00f3n carisma-instituci\u00f3n no tiene causa teol\u00f3gica, sino sociol\u00f3gica. Es, pues, conveniente dejarla de lado cuando se quiere interpretar los conflictos en la Iglesia. El NT aporta otra distinci\u00f3n: \u00abseg\u00fan la carne\u00bb, \u00abseg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb. \u00abCarne\u00bb y \u00abEsp\u00ed\u00adritu\u00bb est\u00e1n presentes a la vez en quienes son portadores de carismas, de servicios o de ministerio. Pero la \u00abcarne\u00bb no anula la acci\u00f3n desempe\u00f1ada por quien es portador del carisma, de un servicio o del ministerio. Desde luego ensombrece su origen, y en este sentido disminuye su eficacia. Si se pensara que el pecado (\u00abcarne\u00bb) puede anular la acci\u00f3n que realiza el Esp\u00ed\u00adritu, se podr\u00ed\u00ada pensar que el pecado puede destruir la Iglesia. Para evitar esta interpretaci\u00f3n, en la tradici\u00f3n cristiana no se ha ligado nunca el valor del acto ministerial a la santidad del ministro. Vuelve a aparecer que el ministerio -como los carismas y servicios- no pertenecen a los hombres, sino que los trasciende y por \u00e9l son salvados y pueden ser instrumentos de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>3. MINISTERIO Y VIDA DEL MINISTRO. Lo que acabamos de afirmar podr\u00ed\u00ada llevar a separar el ministerio de la vida del ministro. Esta separaci\u00f3n es evidente en la concepci\u00f3n funcional del ministerio, en la cual no se aclara la diferencia entre ministerio y profesi\u00f3n: el ministerio es accesorio a la opci\u00f3n vital de quien lo ejerce. A esta separaci\u00f3n trata de poner remedio la tradici\u00f3n asc\u00e9ticoespiritual, que relaciona estrechamente la vida del ministro ordenado con la tarea que debe desempe\u00f1ar en la Iglesia.<\/p>\n<p>La liturgia de la ordenaci\u00f3n es, a la vez, fuente y espejo de esta tradici\u00f3n. Por su parte, el Vat. II en el decreto PO, y parcialmente en el decreto CD, lo recoge y da a conocer. La idea central puede explicarse del siguiente modo. Si es cierto que las acciones del ministro no obtienen su validez de su santidad personal, no es menos cierto que la coherencia vital del ministro es la transparencia de la salvaci\u00f3n que \u00e9l anuncia. A este respecto es emblem\u00e1tico el caso de san Pablo, quien, para justificar en 2Cor su ministerio, no se limita a recordar su investidura recibida de Jesucristo, sino que hace alusi\u00f3n al ejercicio concreto de su ministerio. En la pol\u00e9mica con sus acusadores llega a escribir: \u00ab\u00bfSon ministros de Cristo? Estoy por decir una locura, yo lo soy m\u00e1s que ellos: mucho m\u00e1s en las fatigas, en la prisi\u00f3n, infinitamente m\u00e1s en las persecuciones, frecuentemente en peligro de muerte\u00bb (2Co 11:23). El criterio de credibilidad parece ser la dedicaci\u00f3n radical. Ministro de Cristo no es simplemente quien puede ostentar t\u00ed\u00adtulos jur\u00ed\u00addicos, sino quien lleva una existencia semejante a la de Jes\u00fas. En una existencia as\u00ed\u00ad consiste la dimensi\u00f3n sacerdotal del ministerio; tambi\u00e9n para quien ha recibido el sacramento del orden, el ofrecimiento de la propia vida es la primaria y fundamental participaci\u00f3n en el sacerdocio de Cristo sacerdocio notoriamente no ritual. Cristo es sacerdote porque ha dedicado su vida a Dios y a los hombres en actitud permanente a lo largo de su existencia. De esta manera ha mostrado el sentido de su venida: no para ser servido, sino para servir (cf Mar 10:45). De la misma manera el ministro, al revivir la misma actitud vital, deja traslucir la acci\u00f3n salvadora de Cristo. Hay un tipo de \u00abrepresentaci\u00f3n\u00bb que compromete toda la vida. No puede pensarse en realizar acciones salv\u00ed\u00adficas y no dejar entrever el resultado vital al que estas acciones conducen. No es problema de validez de las acciones. Se trata de su credibilidad.<\/p>\n<p>De estas consideraciones se derivan algunas consecuencias: -el centro que unifica la vida del ministro es la caridad de Cristo (cf 2Co 5:14); -el ministerio se ejerce como servicio; -la estrecha relaci\u00f3n entre ministerio y vida se basa en el hecho que la vida cristiana no consiste tanto en gestos rituales como en actitud existencial; -las acciones ministeriales, aun derivando su eficacia de Cristo, requieren que el ministro, al menos como intenci\u00f3n, muestre que est\u00e1 salvado.<\/p>\n<p>Parece que son \u00e9stos los motivos que dieron origen a una espiritualidad de los ministros ordenados y que hoy pueden servir para dar fundamento y orientaci\u00f3n a una \u00e9tica del ministerio.<\/p>\n<p>El ministro lo es por un sacramento. Esto significa que su vida cristiana tiene una connotaci\u00f3n especial. No existe una vida cristiana gen\u00e9rica en abstracto; existen muchas formas distintas de vida cristiana, dependiendo de las distintas I vocaciones que Dios suscita en la Iglesia. Al aceptar ponerse al servicio del evangelio seg\u00fan una funci\u00f3n propia, el ministro abre su vida para que toda ella est\u00e9 marcada por la misi\u00f3n que se le ha confiado.<\/p>\n<p>Y como la forma concreta de la misi\u00f3n est\u00e1 marcada por las condiciones hist\u00f3ricas, el ministro, con flexibilidad vital fruto del Esp\u00ed\u00adritu, se deja \u00abconstruir\u00bb por las condiciones en que debe desarrollar su ministerio. El modelo a quien referirse es de nuevo san Pablo, que en 1Cor, sin pretensiones sistem\u00e1ticas, presenta su ministerio como un hacerse \u00abtodo en todos\u00bb (v. 22); el ministro del evangelio deja que su vida est\u00e9 marcada por los destinatarios, adem\u00e1s de por quien le env\u00ed\u00ada. En esta, adem\u00e1s, el ministro no est\u00e1 solo; comparte la configuraci\u00f3n concreta que asume la comunidad eclesial, en la cual, para la cual y con la cual ejerce su misi\u00f3n. No se sit\u00faa por eso sobre o al lado de, sino dentro de la comunidad; con ella busca las modalidades concretas de su asemejarse al Se\u00f1or para un servicio cada vez m\u00e1s eficaz a los hombres. Este estar dentro de la comunidad da sentido a la distinci\u00f3n entre poder y potestas del ministro. El primer t\u00e9rmino evoca la forma de dominio t\u00ed\u00adpica de los jefes de las naciones; pero a ella no deben parecerse los enviados de Cristo (cf Mar 10:42ss). El poder, en este sentido, es obra de la carne. En cambio, el segundo t\u00e9rmino evoca la posibilidad de servicio de que est\u00e1 capacitado el ministro; posibilidad que se le concede no por herencia ni por delegaci\u00f3n, sino por encargo de lo alto a trav\u00e9s del don del Esp\u00ed\u00adritu. A lo largo de los siglos no siempre se ha evitado la confusi\u00f3n entre \u00abpoder\u00bb y potestas. En nuestro tiempo, por influencia de ideolog\u00ed\u00adas antiautontarias, sufriendo esta misma confusi\u00f3n, ha sido frecuente la tentaci\u00f3n de negar la poteslas junto con el poder. Un sentido de equilibrio siempre dif\u00ed\u00adcil pasa a trav\u00e9s de la carne de los ministros ordenados.<\/p>\n<p>La aceptaci\u00f3n de la corresponsabilidad en la comunidad cristiana, el dejarse marcar por las necesidades de la misi\u00f3n, junto con la asidua presencia de Jes\u00fas siervo, constituyen los ant\u00ed\u00addotos m\u00e1s eficaces frente a la tentaci\u00f3n de pasar de la potestas al poder. Otro ant\u00ed\u00addoto m\u00e1s puede ser un cambio de lenguaje. La descripci\u00f3n del ministro como aquel que act\u00faa \u00abin persona Christi capitis\u00bb, si no se tiene mucho cuidado, puede llevar a una identificaci\u00f3n del ministro como jefe, con la consecuencia de pensar que los dem\u00e1s son subalternos. Se sabe que las analog\u00ed\u00adas s\u00f3lo son eso, analog\u00ed\u00adas; pero en la praxis se corre el riesgo de perder el sentido de las proporciones. Quiz\u00e1 se podr\u00ed\u00ada decir simplemente que el ministro ordenado es aquel que, a trav\u00e9s de la Iglesia, tiene capacidad para ofrecer a la Iglesia cuanto le es necesario para vivir: la palabra y el pan eucar\u00ed\u00adstico. En esto se realiza su diakonia. Y como de esa palabra y de ese pan no es el due\u00f1o, sino s\u00f3lo su guardi\u00e1n, tambi\u00e9n \u00e9l los recibe como don para su crecimiento hasta conformarse plenamente a aquel \u00abque vino no para ser servido, sino para servir y dar su vida por la liberaci\u00f3n de todos\u00bb (Me 10,45). El ministerio de la salvaci\u00f3n no est\u00e1 nunca rodeado de tanta gloria (cf 2Cor 3 9) como cuando el que es su portador act\u00faa para que s\u00f3lo Cristo sea glorificado.<\/p>\n<p>[l Vocaci\u00f3n y vocaciones].<\/p>\n<p>BIBL.: AA.VV., Los ministerios en la Iglesia. Perspectivas teol\u00f3gicas y realidades pastorales, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1985; AA.VV., El ministerio y los ministerios seg\u00fan el NT, Cristiandad, Madrid 1975; AMiGo VALLEIO C., Comuni\u00f3n y ministerio en el di\u00e1logo pastoral entre obispos y religiosos, en \u00abConfer\u00bb 66 (1979); BEYER H.W., diakoneo, diakonia, dfakonos, en GLNTII,1966, 951-984; BORoBio D., Ministerio sacerdotal, ministerios laicales, Descl\u00e9e, Bilbao 1982; ID, Ministerios laicales, Atenas, Madrid 1984- CASTILLO J.M., \u00bfHacia d\u00f3nde va el elero?~ PPC, Madrid 1971; CONGAR Y., Ministeri e comunione ecclesiale, Dehoniane, Bolonia 1973; ID, La parola e il soffo, Borla, Roma 1985; CONGAR Y., DUPUY B. D. y cols., L \u00e9piscopato e la Chiesa universale, Paoline, Roma 1965; DE HALLEUX A., Minist\u00e9re el sacerdoce, en \u00abRev. Theol. de Louvain\u00bb 18 (1987) 289-316; 425-453; DIANICH S., Teolog\u00ed\u00ada del ministerio ordenado, Paulinas, Madrid 1988; ID, Ministerio pastoral, en NDE, Paulinas, Madrid 19914, 1236-1252; FAIVRE A., Naissance done hi\u00e9rarchie. Les premi\u00e9res \u00e9tapes du cursus clerical, Beauchesne, Par\u00ed\u00ads 1977; FRANSEN P., Aspectos del proceso de dogmatizaci\u00f3n del ministerio, en \u00abCon\u00bb 80 (1972) 537-549; GANoczY A., \u00abGrandeza \u00aby \u00abmiseria\u00bbde la doctrina tridentina sobre los ministerios, ib, 514-526; GANoczY A., HAHN F. y LAZARETH W.H., Der Streit um das Ami in der Kirche. Erstfall der \u00f3kumene, Pustet, Regensburg 1983 GRASso D., Los carismas en la Iglesia, Cristiandad, Madrid 1984 GRELOT P., Eglisse et minist\u00e9res, Cerf, Par\u00ed\u00ads 1983; GRESHAKE G., Essere preti. Teolog\u00ed\u00ada e spiritualit\u00e1 del ministero sacerdotale, Queriniana, Brescia 1984; GROSSI S. y BERARDING A. di, La Chiesa antica: ecclesiologia e istituzioni, Borla Roma 1984; HAMER J., El Val. II e i ministeri delle comunit\u00e1 protestanti, en FaCOlt\u00da Teologica Interregionale Milano. L \u00e9cclesiologia dal Val. Ial Val. 11, La Scuola, Brescia 1973, 225-237; HASENH\u00dcTTL G., Carisma. Principio fondamentale per I \u00f3rdinamento della Chiesa, Dehoniane, Bolonia 1973; K\u00dcNG H., La Iglesia, Herder, Barcelona 1965; LAPPA L., \u00abIn persona Christi\u00bb \u00abNomine Ecelesiae\u00bb Linee per una teologia del ministero nel conc. ec. Val.Ile nel magisteropostconciliare (1962-1965), Pul, Roma 1985; LECUYER J., Le sacrement de l \u00f3rdination. Recherche historique el th\u00e9ologique, Beauchesne, Par\u00ed\u00ads 1978 LEMAIRE A., Les minist\u00e9res aux origines de l Egltse, Cerf, Par\u00ed\u00ads 1971; MARLIANGEAS B.D., Cl\u00e9s pour une th\u00e9ologie du minist\u00e9re. \u00abIn persona Christi\u00bb \u00abin persona Ecclesiae\u00bb; Beauchesne, Par\u00ed\u00ads 1978; MARTELET G., Teolog\u00ed\u00ada del sacerdozio. Duemila anni di Chiesa in questione, Queriniana, Brescia 1986 NICOLAU M., Ministros de Cristo, BAC, Madrid 1971; OTT L., Le sacrement de 1 \u00f3rdinatfon, Cerf, Par\u00ed\u00ads 1971; RATZINGER J., Introducci\u00f3n al cristianismo, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1987; SARTORI L., Carismas y ministerios, en DTI 2, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1982; SCHILLEBEECKJ( E., El ministerio eciesial, Cristiandad, Madrid 1983; ID, Per una Chiesa dal volto umano, Queriniana, Brescia 1986; VANHOYE A., Sacerdotes antiguos, sacerdote nuevo seg\u00fan el NT S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1984; ID, Sacramentalidad del ministerio y su repercusi\u00f3n en la persona ordenada, Edice, Madrid 1987; VISCHER G., Apostolischer Dienst. F\u00fcnfzig Jahre Diskusion \u00fcber das kircNiche Ami in Glauben und Kirchenverfassung, Otto Lembeck, Frankfurt 1982.<\/p>\n<p>G. Canobbio<\/p>\n<p>Compagnoni, F. &#8211; Piana, G.- Privitera S., Nuevo diccionario de teolog\u00ed\u00ada moral, Paulinas, Madrid,1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda Moral<\/b><\/p>\n<p>Trabajo y servicio realizado por un ministro, siervo o ayudante que tiene que rendir cuentas a una autoridad superior. En el antiguo Israel, los levitas eran ministros de Jehov\u00e1. Los profetas tambi\u00e9n ministraban de una manera especial. (Dt 10:8; 21:5; v\u00e9anse LEVITAS; MINISTRO; SACERDOTE.) Sin embargo, con la venida de Jesucristo a la Tierra se dio paso a un nuevo ministerio, pues comision\u00f3 a sus seguidores a hacer disc\u00ed\u00adpulos de gente de todas las naciones. (Mt 28:19, 20.) Por consiguiente, los cristianos llevaban un mensaje de reconciliaci\u00f3n con Dios por medio de Cristo a un mundo alejado de Dios. (2Co 5:18-20.)<br \/>\nLos que respondieron de manera favorable al \u2020\u0153ministerio de la reconciliaci\u00f3n\u2020\u009d (2Co 5:18) necesitaban preparaci\u00f3n, instrucci\u00f3n, ayuda y direcci\u00f3n a fin de estar firmes y constantes en la fe y desempe\u00f1ar la obra de hacer disc\u00ed\u00adpulos. (Comp\u00e1rese con 2Ti 4:1, 2; Tit 1:13, 14; 2:1; 3:8.) Por lo tanto, despu\u00e9s de su ascensi\u00f3n al cielo, Cristo Jes\u00fas, en calidad de cabeza de la congregaci\u00f3n, dio \u2020\u0153d\u00e1divas en hombres\u2020\u009d: ap\u00f3stoles, profetas, evangelizadores, pastores y maestros, \u2020\u0153con miras al reajuste de los santos, para obra ministerial, para la edificaci\u00f3n del cuerpo del Cristo\u2020\u009d. (Ef 4:7-16; v\u00e9ase DONES DE DIOS.)<br \/>\nOtro aspecto del ministerio dentro de la congregaci\u00f3n ten\u00ed\u00ada que ver con cuidar de manera material de los hermanos necesitados que lo merecieran. El ministerio al que se nombr\u00f3 a Esteban y a otros seis hombres acreditados estaba relacionado con la distribuci\u00f3n de alimentos a las viudas cristianas. (Hch 6:1-6.) Tiempo despu\u00e9s, las congregaciones de Macedonia y Acaya participaron en un ministerio que consist\u00ed\u00ada en socorrer a los hermanos pobres de Judea. (2Co 8:1-4; 9:1, 2, 11-13.) Cuando finalmente se recogi\u00f3 la contribuci\u00f3n y Pablo hizo los preparativos para llevarla a Jerusal\u00e9n, el ap\u00f3stol pidi\u00f3 a los hermanos de Roma que oraran junto con \u00e9l para que este ministerio de socorro fuese aceptable a los santos a quienes iba dirigido. (Ro 15:25, 26, 30, 31.)<br \/>\nUnos a\u00f1os antes, los cristianos de Antioqu\u00ed\u00ada de Siria hab\u00ed\u00adan hecho una demostraci\u00f3n de amor similar: participaron en una ministraci\u00f3n de socorro a favor de los hermanos que moraban en Judea durante un tiempo de hambre. (Hch 11:28-30.)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia<\/b><\/p>\n<p>1. diakonia (diakoniva, 1248), oficio y obra del diakonos (v\u00e9ase , y tambi\u00e9n MINISTRO), servicio, ministerio. Se usa: (a) de deberes dom\u00e9sticos (Luk 10:40  \u00abquehaceres\u00bb); (b) de un ministerio religioso y espiritual: (1) del ministerio apost\u00f3lico (p.ej., Act 1:17,25; 6.4; 12.25: \u00abservicio\u00bb; 21.19; Rom 11:13); (2) del servicio de los creyentes (p.ej., Act 6:1  \u00abdistribuci\u00f3n\u00bb; Rom 12:7  \u00abservicio\u00bb y \u00abservir\u00bb; 1Co 12:5; 1Co 16:15  \u00abservicio\u00bb; 2Co 8:4  \u00abservicio\u00bb; 9.1: \u00abministraci\u00f3n\u00bb; v. 12: \u00abministraci\u00f3n\u00bb; v. 13: \u00abministraci\u00f3n\u00bb; Eph 4:12; 2Ti 4:11); en sentido colectivo, de una iglesia local (Act 11:29  \u00absocorro\u00bb; Rev 2:19  \u00abservicio\u00bb); del servicio de Pablo en favor de los santos pobres (Rom 15:31  \u00abservicio\u00bb); (3) del ministerio del Esp\u00ed\u00adritu Santo en el evangelio (2Co 3:8  \u00abministerio\u00bb); (4) del ministerio de los \u00e1ngeles (Heb 1:14  \u00abservicio\u00bb); (5) de la obra del evangelio en general (p.ej., 2Co 3:9  \u00abministerio de justificaci\u00f3n\u00bb; 5.18: \u00abministerio de la reconciliaci\u00f3n\u00bb); (6) del ministerio general de un siervo del Se\u00f1or en la predicaci\u00f3n y en la ense\u00f1anza (Act 20:24  \u00abministerio\u00bb; 2Co 4:1  \u00abministerio\u00bb; 6.3: \u00abministerio\u00bb; 11.8: \u00abpara serviros\u00bb, lit.: \u00abpara vuestro servicio\u00bb; 1Ti 1:12  \u00abministerio\u00bb; 2Ti 4:5  \u00abministerio\u00bb); no definido en Col 4:17; (7) de la Ley, como \u00abministerio de muerte\u00bb (2Co 3:7); de condenaci\u00f3n (3.9: \u00abministerio\u00bb). V\u00e9anse QUEHACER, SERVICIO, SERVIR, SOCORRO.\u00c2\u00b6 2. leitourgia (leitourgiva, 3009), relacionado con leitourgos, (v\u00e9anse MINISTRO, SERVIDOR), con el que se corresponden los significados de leitourgia. Se usa en el NT de ministerios sagrados: (a) sacerdotales (Luk 1:23; Heb 8:6; 9.21); (b) en sentido figurado, de la fe pr\u00e1ctica de los miembros de la iglesia en Filipos, considerada como un sacrificio sacerdotal, sobre el que la vida del ap\u00f3stol podr\u00ed\u00ada ser derramada como libaci\u00f3n (Phi 2:17); (c) del mutuo servicio de los creyentes, considerado como un servicio sacerdotal (2Co 9:12; Phi 2:30). V\u00e9ase SERVICIO.\u00c2\u00b6<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Vine Nuevo testamento<\/b><\/p>\n<p>Las palabras \u00abministro\u00bb y \u00abministerio\u00bb, calcadas en el lat\u00ed\u00adn de la Vulgata, corresponden al griego diakonos y diakon\u00ed\u00ada. Estos dos t\u00e9rminos no pertenecen al lenguaje religioso de los Setenta, que los emplea raras veces en sentido profano (Est 1,10; 6,1-5). En la Vulgata, minister traduce el hebreo mesiaret (cf. Ex 24,13: Josu\u00e9, servidor de Mois\u00e9s), que puede designar a los sacerdotes, ministros del culto (Is 61,6; E:_ 44,11; Jl 1,9). Sin embargo, ya en el AT la realidad de un ministerio religioso desempe\u00f1ado en el pueblo de Dios por los titulares de ciertas funciones sagradas, es cosa bien atestiguada: los *reyes, los *profetas, los depositarios del *sacerdocio, son *servidores de Dios, que ejercen una mediaci\u00f3n entre \u00e9l y su pueblo. As\u00ed\u00ad san Pablo dir\u00e1 que Mois\u00e9s era ministro de la primera alianza (2Cor 3,7.9). En el NT Cristo es el \u00fanico mediador entre Dios y los hombres, el \u00fanico sacerdote que ofrece el sacrificio de la salvaci\u00f3n, el \u00fanico portador de la revelaci\u00f3n, puesto que es la *palabra de Dios hecha carne. Pero en la Iglesia que fund\u00f3 se ejerce un ministerio de nuevo g\u00e9nero, que est\u00e1 al servicio de su palabra y de su gracia.<\/p>\n<p>I. EL MINISTERIO EN LA IGLESIA. 1. El ministerio del apostolado. Jes\u00fas ense\u00f1\u00f3 a sus ap\u00f3stoles a mirar su funci\u00f3n como un servicio: los jefes de las naciones quieren que se les mire como a bienhechores y se\u00f1ores; pero ellos, siguiendo su ejemplo, deber\u00e1n hacerse servidores (diakonoi) de todos (Mc 10,42ss p). Son sus servidores de \u00e9l, y por este t\u00ed\u00adtulo les promete entrar con \u00e9l en la gloria del Padre (Jn 12,26). Desde el comienzo de los Hechos el *apostolado es, pues, considerado como un ministerio (diakon\u00ed\u00ada: Act 1,17.25), que Mat\u00ed\u00adas es llamado a desempe\u00f1ar juntamente con los otro once. La vocaci\u00f3n de Pablo al apostolado (Rom 1,1) es tambi\u00e9n un llamamiento a un ministerio (ITim 1,12: cf. 2Cor 4,1), que Pablo se esfuerza luego por desempe\u00f1ar dignamente (Act 20,24) y gracias al cual aporta Dios la salvaci\u00f3n a los paganos (21,19). Consciente de ser as\u00ed\u00ad ministro de Dios (2Cor 6,3s) y ministro de Cristo (11,23), siente vivamente la grandeza de esta funci\u00f3n. m\u00e1s grande que la de Mois\u00e9s mismo, pues es un servicio de la nueva alianza, de la justicia, del Esp\u00ed\u00adritu (3,6-9), de la reconciliaci\u00f3n (5,18), del Evangelio (Col 1,23; Ef 3,7), de la Iglesia (Col 1,25).<\/p>\n<p>2. Diversidad de ministerios. Sin embargo, el ministerio en la Iglesia naciente desborda ampliamente el ejercicio del apostolado propiamente dicho. La palabra diakon\u00ed\u00ada se aplica en primer lugar a servicios materiales necesarios a la comunidad, como el servicio de las mesas (Act 6,1.4; cf. Le 10,40) y la colecta para los pobres de Jerusal\u00e9n (Act 11,29; 12,25; Rom 15,31; ICor 16,15; 2Cor 8,4; 9,1.12s). Adem\u00e1s, un ministerio se conf\u00ed\u00ada a Arquipo (Col 4,17) y a Timoteo (2Tim 4,5); el t\u00ed\u00adtulo de ministro (diakonos) se da a Apolo como a Pablo (lCor 3,5), a Timoteo (iTes 3,2; ITim 4,6), a T\u00ed\u00adquico (Col 4,7; Ef 6,21), a Epafras (Col 1,7) e incluso a los falsos ap\u00f3stoles judaizantes (2Cor 11,23). Esto muestra que hay en la Iglesia \u00abdiversidad de ministerios\u00bb (lCor 12,5), pues \u00abel Esp\u00ed\u00adritu diversifica sus *carismas con miras a la obra del ministerio\u00bb (Ef 4,12). Todo \u00abservicio\u00bb de este g\u00e9nero se ha de efectuar bajo la influencia del Esp\u00ed\u00adritu (Rom 12,7), como un mandato recibido de Dios (IPe 4,11). Queda por ver en qu\u00e9 consisten estos \u00abservicios\u00bb. Las listas de *carismas dadas en las ep\u00ed\u00adstolas ponen siempre en cabeza las funciones relativas a la palabra de Dios (ap\u00f3stol, profeta, doctor, evangelista). Pero esto no excluye la existencia de cargos propiamente pastorales, que menciona expresamente la ep\u00ed\u00adstola a los Efesios (Ef 4,11).<\/p>\n<p>II. EL MINISTERIO JER\u00ed\u0081RQUICO. 1. El NT nos hace asistir ya en el tiempo de los Ap\u00f3stoles al nacimiento de una jerarqu\u00ed\u00ada de gobierno que prolonga su acci\u00f3n. Todas las comunidades jud\u00ed\u00adas ten\u00ed\u00adan a su cabeza ancianos (presbiteroi). As\u00ed\u00ad tambi\u00e9n los misioneros Pablo y Bernab\u00e9 establecen en todas partes en las Iglesias presb\u00ed\u00adteros que las dirijan (Act 14,23). En la ocasi\u00f3n de la asamblea apost\u00f3lica de Jerusal\u00e9n se ven unirse con los doce a los presb\u00ed\u00adteros de la comunidad local, a cuya cabeza est\u00e1 Santiago (I5,2.4.6.22s; 16,4); y volveremos a hallarlos al retorno de Pablo (21,18). Igualmente, durante su \u00faltimo viaje recibe Pablo en Milete a los presb\u00ed\u00adteros de Efeso (20,17). Se ve as\u00ed\u00ad que desde esta \u00e9poca los ap\u00f3stoles, directamente o por sus enviados, instituyen en cada ciudad un colegio de presb\u00ed\u00adteros (Tit 1,5), cuyo reclutamiento est\u00e1 sometido a reglas precisas y que son establecidos en su funci\u00f3n por la imposici\u00f3n de las manos (ITim 5,17-22). Este \u00faltimo rasgo muestra que el presbiterado requiere un carisma particular del Esp\u00ed\u00adritu Santo: no es, pues, una mera funci\u00f3n administrativa. Efectivamente, en la ep\u00ed\u00adstola de Santiago se ve a los presb\u00ed\u00adteros orar por los enfermos y conferirles la *unci\u00f3n de aceite (Sant 5,14). En otro lugar se dice que han de ejercer la presidencia en la asamblea cristiana (ITim 5,17). Las alusiones de Pablo a los presidentes (proistamenoi) se refieren, pues, probablemente a los presb\u00ed\u00adteros (1Tes 5,12s; cf. Rom 12,8), como la menci\u00f3n de los jefes (hegoumenoi) en la ep\u00ed\u00adstola a los Hebreos (Heb 13,7.17.24).<\/p>\n<p>2. Pero la ep\u00ed\u00adstola a los Filipenses menciona tambi\u00e9n al lado de los episkopoi a los diakonoi (Flp 1,1): es ya un embri\u00f3n de jerarqu\u00ed\u00ada. En los siete que los doce han establecido para servir a las mesas (Act 6,1-6) ven probablemente los Hechos a los prototipos de los futuros di\u00e1conos; por lo dem\u00e1s, entran en funci\u00f3n, como los presb\u00ed\u00adteros, por la *imposici\u00f3n de las manos (Act 6,6). Su ministerio desborda, sin embargo, el servicio material, puesto que predican, y a Felipe se le califica expl\u00ed\u00adcitamente de evangelista (Act 21,8). Las ep\u00ed\u00adstolas pastorales establecen reglas para la elecci\u00f3n de los di\u00e1conos (ITim 3,8-13). Se trata de un ministerio inferior, cuyas funciones no es f\u00e1cil precisar. Las de Febe, diaconisa de la Iglesia de Cencres (Rom 16,1), no son necesariamente del mismo orden, pues recordamos las consignas estrictas de Pablo acerca de la misi\u00f3n de las *mujeres en las asambleas cultuales (ICor 11,1-16; 14,33s).<\/p>\n<p>3. Los episkopoi son esencialmente, como su nombre lo indica, \u00abvigilantes\u00bb puestos a la cabeza de las comunidades para velar por ellas. Tal cargo no era desconocido en el juda\u00ed\u00adsmo: en la comunidad de Qumr\u00e1n el mebaqqer (\u00abinspector\u00bb) ten\u00ed\u00ada una funci\u00f3n bastante semejante. Primitivamente son los presb\u00ed\u00adteros quienes \u00abvigilan\u00bb as\u00ed\u00ad en com\u00fan cada Iglesia, pues tienen la misi\u00f3n de apacentar el reba\u00f1o de Dios (Act 20,28; IPe 5,2s), a imagen de Cristo, modelo de los *pastores (lPe 5,4), pastor y vigila:de de las almas (lPe 2, 25). Pero en las ep\u00ed\u00adstolas pastorales se comprueba que en cada comunidad hay un solo episkopos, que debe ser escogido cuidadosamente (lTim 3,1-7), aparentemente entre los presb\u00ed\u00adteros (Tit 1,5-9). El es sin duda el que desempe\u00f1a esa funci\u00f3n de pastor (cf. Act 20,28s), a la que Pablo incluye en el n\u00famero de los carismas (Ef 4,11) y que recuerda una de las responsabilidades apost\u00f3licas (In 21, 15ss; cf. Mt 18,12ss). Los enviados de Pablo, Tito y Timoteo tienen *autoridad sobre los presb\u00ed\u00adteros, los di\u00e1conos y los episkopoi de las iglesias que les est\u00e1n confiadas ; tienen responsabilidades en materia de liturgia (ITim 2,1-15) y de ense\u00f1anza doctrinal (ITim 4,6.13-16; 6,3). Pero en este \u00faltimo punto cada episkopos ejerce tambi\u00e9n vigilancia en su circunscripci\u00f3n (Tit 1,9). Esta delegaci\u00f3n de las funciones de gobierno asignadas primitivamente a los ap\u00f3stoles muestra que la organizaci\u00f3n de la Iglesia est\u00e1 en v\u00ed\u00adas de evoluci\u00f3n. Una vez desaparecidos los ap\u00f3stoles, se estabilizar\u00e1 en una jerarqu\u00ed\u00ada con tres rangos: un episkopos, pastor y presidente de la comunidad, rodeado de un presbiterado, al que asistir\u00e1n di\u00e1conos. El carisma necesario para el ejercicio de sus funciones les ser\u00e1 conferido, como precedentemente, por el rito de la imposici\u00f3n de las manos (cf. 2Tim 1,6).<\/p>\n<p>4. En ninguna parte se da el t\u00ed\u00adtulo de sacerdotes a estos ministros de la nueva alianza, como tampoco a los ap\u00f3stoles. Pero su ministerio los pone al servicio del *sacerdocio de Cristo, \u00fanico sumo sacerdote de los hombres. A este t\u00ed\u00adtulo, despu\u00e9s de los ap\u00f3stoles, son los intendentes de Dios (Tit 1,7), de sus misterios (lCor 4,2), de su gracia (lPe 4,10). Tal es la perspectiva en la que se desarrollar\u00e1 la idea del sacerdocio cristiano, jerarquizada en tres grados : obispo, sacerdotes, di\u00e1conos; id\u00e9ntica por sus funciones al ministerio descrito en el NT, ejercido en virtud de los mismos poderes carism\u00e1ticos, derivar\u00e1 en \u00faltima instancia del ministerio apost\u00f3lico en lo que ten\u00ed\u00ada de transmisible.<\/p>\n<p>-> Ap\u00f3stol &#8211; Autoridad &#8211; Carismas &#8211; Iglesia &#8211; Pastor &#8211; Sacerdocio.<\/p>\n<p>LEON-DUFOUR, Xavier, Vocabulario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, Herder, Barcelona, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Vocabulario de las Ep\u00edstolas Paulinas<\/b><\/p>\n<p><p style='text-align:justify;'><span lang=ES style=''>Para expresar la idea de ministerio sacerdotal o profesional, el <etiqueta id=\"#_ftn595\" name=\"_ftnref595\" title=\"\">AT normalmente emplea el verbo <\/etiqueta><\/span><span style=''>\u0161&#257;ra&#7791;<\/span><span lang=ES style=''> y sus correlativos (<etiqueta id=\"#_ftn596\" name=\"_ftnref596\" title=\"\"><span style='text-transform:uppercase'>LXX<\/span><\/etiqueta> <\/span><span style=''>leitourgein<\/span><span lang=ES style=''>), mientras que <\/span><span style=''>&#723;&#257;&#7687;a&#7695;<\/span><span lang=ES style=''> (<\/span><span style=''>latreuein<\/span><span lang=ES style=''>) se refiere m\u00e1s bien al servicio religioso de toda la congregaci\u00f3n o de un individuo. El t\u00e9rmino caracter\u00edstico en el <etiqueta id=\"#_ftn597\" name=\"_ftnref597\" title=\"\">NT es <\/etiqueta><\/span><span style=''>diakonia<\/span><span lang=ES style=''>, que s\u00f3lo aparece en Ester entre los libros veterotestamentarios, pero no se emplea all\u00ed como funci\u00f3n sacerdotal; adem\u00e1s, el cambio en el lenguaje presupone, tambi\u00e9n, un cambio doctrinal, ya que el ministerio en sentido neotestamentario no es privilegio exclusivo de una casta sacerdotal. Se retiene <\/span><span style=''>leitourgia<\/span><span lang=ES style=''> para describir la labor del sacerdocio judaico (Lc. 1.23; He. 9.21), y tambi\u00e9n se aplica al m\u00e1s excelente ministerio de Cristo (He. 8.6); adem\u00e1s, puede aplicarse, en sentido metaf\u00f3rico, al servicio espiritual que prestaban los profetas y los predicadores del evangelio (Hch. 13.2; Ro. 15.16). Pero en general podemos afirmar que el NT utiliza lenguaje sacerdotal solamente con referencia al cuerpo de creyentes en conjunto (Fil. 2.17; 1 P. 2.9).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>I. Cristo como modelo<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>La vida de Cristo proporciona el modelo del ministerio cristiano; el vino, no a ser servido, sino a servir (Mt. 20.28; Mr. 10.45); el verbo que se usa en estos vers\u00edculos es <\/span><span style=''>diakonein<\/span><span lang=ES style=''>, que sugiere algo as\u00ed como servir a la mesa, y recuerda la ocasi\u00f3n en la que Jes\u00fas lav\u00f3 los pies de los disc\u00edpulos (Jn. 13.4ss). Resulta significativo que en la primera ocasi\u00f3n en que se registra una ordenaci\u00f3n al ministerio cristiano se declare que el prop\u00f3sito del oficio es el de \u201cservir a las mesas\u201d (Hch. 6.2); y la misma palabra se emplea en dicho cap\u00edtulo (v. 4) para describir el servicio de la palabra, ejercido hasta ese momento por los doce ap\u00f3stoles. El *ministro de Cristo, al seguir el ejemplo de su Maestro, presta un humilde pero amoroso servicio a las necesidades de la humanidad en general, en el mismo esp\u00edritu en que los \u00e1ngeles (Mt. 4.11; Mr. 1.13) y las mujeres (Mt. 27.55; Lc. 8.3) sirvieron al Se\u00f1or en la tierra. Se considera que dicho servicio se presta a Cristo en la persona de los necesitados (Mt. 25.44); con mayor frecuencia se presta a los santos (Ro. 15.25; 1 Co. 16.15; 2 Co. 8.4; 9.1; He. 6.10); pero es un servicio mutuo en el seno del cuerpo de Cristo (1 P. 4.10); y, al igual que el ministerio del evangelio (1 P. 1.12), es, en realidad, un ministerio de reconciliaci\u00f3n (2 Co. 5.18) para el mundo.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>La capacidad de llevar a cabo esta tarea es un don de Dios (Hch. 20.24; Col. 4.17; 1 Ti. 1.12; 1 P. 4.11); ya en Ro. 12.7 se lo clasifica dentro de una lista de dones espirituales; y en 1 Ti. 3.8ss el diaconado se ha convertido en funci\u00f3n eclesi\u00e1stica reconocida, probablemente accesible a las mujeres tambi\u00e9n <etiqueta id=\"#_ftn598\" name=\"_ftnref598\" title=\"\">cf. Ro. 16.1). Pero aun as\u00ed, se sigue empleando en t\u00e9rmino en sentido m\u00e1s amplio; Timoteo debe cumplir su ministerio haciendo la obra de evangelista (2 Ti. 4.5); y el gran objetivo de esta obra de servicio es la de edificaci\u00f3n del cuerpo de Cris<\/etiqueta>to (Ef. 4.12). En palabras de Hort, Cristo elev\u00f3 \u201ctodos los grados y modelos de servicio a una esfera superior \u2026 convirti\u00e9ndose as\u00ed el ministerio en uno de los objetivos principales de toda acci\u00f3n cristiana\u201d; y se aplica el t\u00e9rmino gen\u00e9rico a todas las formas de ministerio en el seno de la iglesia.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>II. Ministerio pastoral<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>Cristo es no solamente el modelo para el diaconado, sino tambi\u00e9n, como el buen Pastor (Jn. 10.11), el gran *Obispo de las almas de los hombres (1 P. 2.25). En cierto sentido, ambas funciones se originan en el ejemplo de Cristo mismo, mientras que el del *presbitero es reflejo del ministerio instituido por \u00e9l en el apostolado (cf. 1 P. 5.1). Pero ser\u00eda err\u00f3neo destacar demasiado estas distinciones, ya que los t\u00e9rminos obispo y presb\u00edtero son virtualmente sin\u00f3nimos, y el diaconado abarca muchas formas de ministerio subordinado. El cuidado pastoral del reba\u00f1o es parte prominente del deber ministerial (Jn. 21.15\u201317; Hch. 20.28; 1 P. 5.2), y se halla \u00edntimamente relacionado con la predicaci\u00f3n de la palabra (1 Co. 3.1\u20132) como el pan de vida (Jn. 6.35), o la leche espiritual no adulterada (1 P. 2.2). La par\u00e1bola de Lc. 12.41\u201348 indica que debe continuar en la iglesia alg\u00fan ministerio de este tipo hasta que Cristo regrese.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>III. Deberes sacramentales<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>Poco nos dice el NT, comparativamente, sobre el tema de los deberes sacramentales; Pablo consideraba la administraci\u00f3n del bautismo como una actividad secundaria, que acostumbraba delegar a sus ayudantes (1 Co. 1.17; cf. Jn. 4.1s; Hch. 10.48); y aunque es natural que un ap\u00f3stol, cuando est\u00e1 presente, presida el partimiento del pan (20.7), no obstante, se considera que la celebraci\u00f3n de la Cena del Se\u00f1or es una actividad de toda la congregaci\u00f3n (1 Co. 10.16s; 11.25). No obstante, desde el principio debe haber habido necesidad de un presidente; y ante la ausencia de un ap\u00f3stol, un profeta, o un evangelista, resulta natural que este deber haya reca\u00eddo sobre uno de los presb\u00edteros u obispos locales.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>IV. Dones espirituales<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>En su forma m\u00e1s primitiva, el ministerio cristiano es carism\u00e1tico, <etiqueta id=\"#_ftn599\" name=\"_ftnref599\" title=\"\">e. d. es un don espiritual o dotaci\u00f3n sobrenatural, cuyo ejercicio da testimonio de la presencia del Esp\u00edritu Santo en la iglesia. As\u00ed, la profec\u00eda y la glosolalia ocurren cuando Pablo pone sus manos sobre algunos creyentes comun<\/etiqueta>es despu\u00e9s del bautismo (Hch. 19.6); y las palabras pronunciadas en esa ocasi\u00f3n indican que el hecho fue, hasta cierto punto, repetici\u00f3n de la experiencia pentecostal (Hch. 2).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>En las ep\u00edstolas paulinas aparecen tres listas de las diferentes formas que puede adoptar este ministerio, y es notable que cada lista incluye funciones administrativas al lado de otras m\u00e1s evidentemente espirituales (* <span style='text-transform:uppercase'>Iglesia, Gobierno de la<\/span>). En Ro. 12.6\u20138 tenemos profec\u00eda, servicio (<\/span><span style=' '>diakonia<\/span><span lang=ES style=' '>), ense\u00f1anza, exhortaci\u00f3n, reparto (limosnas), el presidir (<\/span><etiqueta id=\"#_ftn600\" name=\"_ftnref600\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green; text-transform:uppercase'>\u00b0ba<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style=' '> <etiqueta id=\"#_ftn601\" name=\"_ftnref601\" title=\"\">mg \u201cprestar auxilios\u201d) y la realizaci\u00f3n de actos de misericordia (visitar los pobres y los enfermos [?]). En 1 Co. 12.28 encontramos ap\u00f3stoles, profetas, y maestros junto a los dotados con poder para obrar milagros, curar enfermos,<\/etiqueta> ayudar, administrar, o hablar en lenguas. El cat\u00e1logo m\u00e1s oficial de Ef. 4.11 menciona ap\u00f3stoles, profetas, evangelistas, y pastores combinados con maestros, todos los cuales trabajan para perfecccionar a los santos en su servicio cristiano, de modo que toda la iglesia pueda crecer en relaci\u00f3n org\u00e1nica con su divina Cabeza. Aqu\u00ed vemos que se pone el acento en el ministerio de la palabra, pero el fruto de tal ministerio es el servicio mutuo en amor. Los diferentes dones que aparecen en los pasajes mencionados son m\u00e1s bien funciones o maneras de servir, antes que cargos regulares y estereotipados; una misma persona pod\u00eda actuar en diferentes capacidades, pero su posibilidad de cumplir cualquiera de ellas depend\u00eda de la gu\u00eda del Esp\u00edritu. En realidad, todos los cristianos han sido llamados a ministrar, en sus diversas capacidades (Ro. 15.27; Fil. 2.17; Flm. 13; 1 P. 2.16), y es para dicho ministerio que los preparan los ministros de la palabra (Ef. 4.11s).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>No solamente se incluy\u00f3 a los Doce en el apostolado, sino tambi\u00e9n a Pablo, Jacobo el hermano del Se\u00f1or (G\u00e1. 1.19), que tambi\u00e9n hab\u00eda visto al Se\u00f1or resucitado, a Bernab\u00e9 (Hch. 14.14; 1 Co. 9.5s), que era compa\u00f1ero de Pablo en la evangelizaci\u00f3n; y a Andr\u00f3nico y Junias (Ro. 16.7). El requisito primario de un *\u201cap\u00f3stol\u201d era el de haber sido testigo ocular del ministerio terrenal de Cristo, y especialmente de su resurrecci\u00f3n (Hch. 1.21\u201322), y su autoridad depend\u00eda del hecho de haber sido de alguna manera comisionado por Cristo, ya sea en los d\u00edas en que vivi\u00f3 en la carne (Mt. 10.5; 28.19), o despu\u00e9s de su resurrecci\u00f3n de entre los muertos (Hch. 1.24; 9.15). Los ap\u00f3stoles y los ancianos pod\u00edan reunirse en concilio para decidir un modo de obrar com\u00fan para la iglesia (Hch. 15.6ss), y pod\u00eda enviarse a los ap\u00f3stoles como delegados de la congregaci\u00f3n original para supervisar alguna actividad iniciada en otra localidad (Hch. 8.14ss). Pero el cuadro de un colegio apost\u00f3lico en sesi\u00f3n permanente en Jerusal\u00e9n no tiene apoyo hist\u00f3rico alguno, mientras que la gran obra del ap\u00f3stol consist\u00eda en actuar como misionero para la propagaci\u00f3n del evangelio. Como tal, sus obras deb\u00edan ser confirmadas por se\u00f1ales de aprobaci\u00f3n divina (2 Co. 12.12). De este modo, el ministerio apost\u00f3lico no estaba limitado por lazos locales, aunque pod\u00eda haber una divisi\u00f3n de tareas, como por ejemplo entre Pedro y Pablo (G\u00e1. 2.7\u20138).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>El \u201cevangelista\u201d ejerc\u00eda un ministerio similar de misi\u00f3n irrestricta, y parecer\u00eda que su trabajo era id\u00e9ntico al del ap\u00f3stol, excepto por la carencia de la calificaci\u00f3n especial para la funci\u00f3n superior; Felipe, originalmente uno de los Siete, se convirti\u00f3 en evangelista (Hch. 21.8), y se aplica el mismo t\u00edtulo a Timoteo (2 Ti. 4.5), aunque impl\u00edcitamente se lo excluye (2 Co. 1.1) del rango apost\u00f3lico.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Por su misma naturaleza, la profec\u00eda era un don intermitente, pero algunas personas eran dotadas con tal regularidad que formaron una clase especial de \u201cprofetas\u201d. Los hab\u00eda en Jerusal\u00e9n (Hch. 11.27), Antioqu\u00eda (Hch. 13.1), y Corinto (1 Co. 14.29); los mencionados por nombre incluyen a Judas y Silas (Hch. 15.32), y Agabo (Hch. 21.10), junto con Ana (Lc. 2.36) y la pretendida profetisa Jezabel (Ap. 2.20). La profec\u00eda aportaba edificaci\u00f3n, exhortaci\u00f3n, y consolaci\u00f3n (1 Co. 14.3; cf. Hch. 15.32), y consecuentemente podr\u00edamos describirla como ense\u00f1anza inspirada. El profeta pod\u00eda transmitir un mandato espec\u00edfico (Hch. 13.1\u20132), o en algunas ocasiones vaticinar el futuro (Hch. 11.28). Como sus mensajes eran transmitidos en un idioma conocido, eran m\u00e1s beneficiosos que la simple glosolalia (1 Co. 14.23\u201325). Pero el don era especialmente vulnerable al peligro de ser utilizado por impostores, y aunque deb\u00eda ser controlado \u00fanicamente por los que lo pose\u00edan (1 Co. 14.32; 1 Ts. 5.19s), su contenido ten\u00eda que concordar con la ense\u00f1anza fundamental del evangelio (1 Co. 12.1\u20133; 1 Ts. 5.20; 1 Jn. 4.1\u20133); de lo contrario deb\u00eda rechazarse al profeta como uno de los falsos maestros cuya venida hab\u00eda sido anticipada por Cristo (Mt. 7.15).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Presumiblemente debe identificarse a los \u201cpastores y maestros\u201d (Ef. 4.11) con los ministros locales instituidos por los ap\u00f3stoles (Hch. 14.23) o sus ayudantes (Tit. 1.5) para satisfacer las necesidades de una determinada congregaci\u00f3n, y a los que se describe indistintamente como presb\u00edteros u obispos. Parecer\u00eda que \u201cadministradores\u201d (<\/span><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green; text-transform:uppercase'>\u00b0vrv1<\/span><span lang=ES style=' '> \u201cgobernadores\u201d) es nombre gen\u00e9rico para los que administraban los asuntos de las congregaciones locales, mientras que los \u201cayudantes se ocupaban de las obras de caridad, especialmente la atenci\u00f3n de enfermos y pobres. Los poderes milagrosos, de curaci\u00f3n y de hablar en lenguas, constitu\u00edan rasgo caracter\u00edstico de la era apost\u00f3lica, y su reanudaci\u00f3n ha sido afirmada en diversas \u00e9pocas a partir del avivamiento montanista.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>V. El origen del ministerio<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>Se ha debatido mucho la relaci\u00f3n precisa entre la misi\u00f3n original e irrestricta de los ap\u00f3stoles y evangelistas, por un lado, y el ministerio permanente y local de los pastores, maestros, administradores y ayudantes, por el otro. Parecer\u00eda que esta \u00faltima clase era generalmente designada por la primera, pero si tomamos Hch. 6 como descriptivo de una ordenaci\u00f3n t\u00edpica, vemos que la elecci\u00f3n popular ocupaba, tambi\u00e9n, un lugar en la selecci\u00f3n de los candidatos. Presumiblemente Ro. 12 y 1 Co. 12 dan a entender que la iglesia, como comunidad llena del Esp\u00edritu, produce sus propios \u00f3rganos de ministerio; por otra parte, Ef. 4.11 asegura que el ministerio le es dado a la iglesia por Cristo. Podr\u00eda sugerirse que, aunque Cristo es la fuente de toda autoridad, y el modelo de todos los tipos de servicio, la iglesia en conjunto es la que recibe su comisi\u00f3n divina. De todos modos, el NT no se ocupa de indicar los posibles canales de transmisi\u00f3n; su principal preocupaci\u00f3n es, en este sentido, ofrecer una prueba doctrinal de la ortodoxia de la ense\u00f1anza ministerial.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=';text-transform:uppercase'>Bibliograf\u00eda.<\/span><span lang=ES style=''> J. Delorme, <i>El ministerio y los ministerios seg\u00fan el Nuevo Testamento<\/i>, 1975; W. Nee, <i>\u00bfA qui\u00e9n enviar\u00e9?<\/i>, 1980; H. R. Weber, <i>La imitaci\u00f3n; la misi\u00f3n cristiana seg\u00fan san Mateo<\/i>, 1979; R. S. Truluck, <i>El ministerio de Jes\u00fas, nuestro modelo<\/i>, 1974; J. M. Mart\u00ednez, <i>Ministros de Jesucristo<\/i>, 1977, 2 t(t).; L. Rubio, R. S. Chamoso, D. Borobio, <i>Los ministerios en la iglesia<\/i>, 1985; O. Cullmann, <i>La fe y el culto en la iglesia primitiva<\/i>, 1971; K. Hess, L. Coenen, \u201cServicio\u201d, <etiqueta id=\"#_ftn602\" name=\"_ftnref602\" title=\"\"><i>\u00b0DTNT<\/i><\/etiqueta>, t(t). IV, pp. 212\u2013221.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>J. B. Lightfoot, \u201cDissertation on the Christian Ministry\u201d, en <i>Philippians<\/i>, 1868, pp. 181\u2013269; A. von Harnack, <i>The Constitution and Law of the Church in the First Two Centuries<\/i>, <etiqueta id=\"#_ftn603\" name=\"_ftnref603\" title=\"\">trad. <\/etiqueta><etiqueta id=\"#_ftn604\" name=\"_ftnref604\" title=\"\">ing. 1910; H. B. Swete, <\/etiqueta><i>Early History of the Church and Ministry<\/i>, 1918; B. H. Streeter, <i>The Primitive Church<\/i>, 1929; K. E. Kirk (eds.), <i>The Apostolic Ministry<\/i>, 1946; D.T. Jenkins, <i>The Gift of Ministry<\/i>, 1947; T. W. Manson, <i>The Church\u2019s Ministry<\/i>, 1948; J. K. S. Reid, <i>The Biblical Doctrine of the Ministry<\/i>, 1955; E. Schweizer, <i>Church Order in the NT<\/i>, trad. ing., 1961; L. Morris, <i>Ministers of God<\/i>, 1964; M. Green, <i>Called to Serve<\/i>, 1964; Stott, <i>One People<\/i>, 1969.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal align=right style='text-align:right;line-height:normal'><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><etiqueta id=\"#_ftn605\" name=\"_ftnref605\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt; ;color:green'>G.S.M.W.<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><span lang=ES style=''>, <\/span><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><etiqueta id=\"#_ftn606\" name=\"_ftnref606\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green'>R.T.B.<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;'>Douglas, J. (2000). Nuevo diccionario Biblico : Primera Edicion. Miami: Sociedades B\u00edblicas Unidas.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>v. Administraci\u00f3n, Apostolado, Dispensaci\u00f3n, Sacerdocio, Servicio Act 6:4 en la oraci\u00f3n y en el m de la palabra 20:24 Ministerio (gr. diakon\u00ed\u00ada, \u00abservicio\u00bb, \u00abministraci\u00f3n\u00bb). En 2Co 3:7-9 se habla de la diakon\u00ed\u00ada, \u00abministerio\u00bb, como de un sistema de principios. El \u00abministerio de muerte\u00bb y el \u00abministerio de condenaci\u00f3n\u00bb se refieren al sistema mosaico, y la &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/ministerio\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abMINISTERIO\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-3194","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3194","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3194"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3194\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3194"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3194"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3194"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}