{"id":3247,"date":"2016-02-04T23:45:34","date_gmt":"2016-02-05T04:45:34","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/muerte\/"},"modified":"2016-02-04T23:45:34","modified_gmt":"2016-02-05T04:45:34","slug":"muerte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/muerte\/","title":{"rendered":"MUERTE"},"content":{"rendered":"<p>v. Hades, Infierno, Partida, Seol, Sepultura<br \/>\nNum 11:15 y si as\u00ed lo .. te ruego que me des m<br \/>\nNum 16:41 hab\u00e9is dado m al pueblo de Jehov\u00e1<br \/>\nDeu 30:15 puesto .. la vida y el bien, la m y el mal<br \/>\nRth 1:17 s\u00f3lo la m har\u00e1 separaci\u00f3n entre nosotras<br \/>\n1Sa 5:11 consternaci\u00f3n de m en toda la ciudad<br \/>\n1Sa 20:3 que apenas hay un paso entre m\u00ed y la m<br \/>\n1Sa 22:21 Sa\u00fal hab\u00eda dado m a los sacerdotes de<br \/>\n1Sa 26:16 vive Jehov\u00e1, que sois dignos de m<br \/>\n2Sa 22:5 me rodearon ondas de m, y torrentes de<br \/>\n2Ki 4:40 \u00a1var\u00f3n de Dios, hay m en esa olla!<br \/>\nJob 3:21 que esperan la m, y ella no llega, aunque<br \/>\nJob 7:15 mi alma .. quiso la m m\u00e1s que mis huesos<br \/>\nJob 30:23 porque yo s\u00e9 que me conduces a la m<br \/>\nJob 33:22 alma .. y su vida a los que causan la m<br \/>\nJob 38:17 sido descubiertas las puertas de la m<br \/>\nPsa 13:3 alumbra mis ojos .. que no duerma de m<br \/>\nPsa 18:4 me rodearon ligaduras de m, y torrentes<br \/>\nPsa 23:4 aunque ande en valle de sombra de m<br \/>\nPsa 33:19 para librar sus almas de la m, y para<br \/>\nPsa 116:15 estimada es a los .. la m de sus santos<br \/>\nPsa 118:18 me castig\u00f3 .. mas no me entreg\u00f3 a la m<br \/>\nPro 2:18 por la cual su casa est\u00e1 inclinada a la m<br \/>\nPro 5:5 sus pies descienden a la m, sus pasos<br \/>\nPro 18:21 la m y la .. est\u00e1n en poder de la lengua<br \/>\nPro 24:11 libra a los que son llevados a la m<br \/>\nEcc 7:1 mejor el d\u00eda de la m que .. del nacimiento<br \/>\nEcc 8:8 que tenga .. potestad sobre el d\u00eda de la m<br \/>\nSon 8:6 fuerte es como la m el amor; duros como<br \/>\nIsa 9:2 los que moraban en tierra de sombra de m<br \/>\nIsa 25:8 destruir\u00e1 a la m para siempre .. Jehov\u00e1<br \/>\nIsa 53:12 por cuanto derram\u00f3 su vida hasta la m<br \/>\nJer 8:3 y escoger\u00e1 la m antes que la vida todo<br \/>\nJer 26:11 en pena de m ha incurrido este hombre<br \/>\nEze 18:23; 33:11<\/p>\n<hr>\n<p>Muerte    (heb. m\u00e2weth; gr. th\u00e1natos).  La muerte entr\u00f3 en el mundo como consecuencia del pecado (Gen 2:16, 17; 3:19; Rom 5:12), y es un enemigo (1Co 15:26).  Todos los hombres deben morir (1Co 15:22; Heb 9:27), pero todos volver\u00e1n a vivir (Joh 5:28, 29; 1Co 15:22).  En la Biblia con frecuencia se llama a la muerte un sue\u00f1o.  De David, Salom\u00f3n y muchos otros reyes de Israel y de Jud\u00e1 se dice que duermen con sus padres (1Ki 2:10; 11:43; 14:20, 31; 15:8; 2Ch 21:1; 26:23; etc.).  Job se refiri\u00f3 a la muerte como a un sue\u00f1o (Job 7:21; 14:10-12), como tambi\u00e9n lo hizo el salmista (Psa 13:3), Jerem\u00ed\u00adas (Jer 51:39, 57) y Daniel (Dan 12:2).  En el NT, Cristo afirm\u00f3 que la fallecida hija de Jairo estaba durmiendo (Mat 9:24; Mar 5:39). Se refiri\u00f3 a L\u00e1zaro muerto del mismo modo (Joh 11:11-14).  Pablo y Pedro tambi\u00e9n llaman sue\u00f1o a la muerte (1Co 15:51, 52; 1Th 4:13-17; 2Pe 3:4). Muchos santos \u00abque durmieron\u00bb se levantaron de sus tumbas en ocasi\u00f3n de la resurrecci\u00f3n de Cristo y \u00abaparecieron a muchos\u00bb  (Mat 27:52, 53).  Lucas, el autor de Hechos, describe la muerte de Esteban como el dormirse (Act 7:60).  El sue\u00f1o es un s\u00ed\u00admbolo adecuado de la  muerte, como lo demuestra la siguiente comparaci\u00f3n: 1. El sue\u00f1o es un estado de inconsciencia (Ecc 9:5, 6).  2. En el sue\u00f1o el pensamiento consciente est\u00e1 dormido.  \u00abSale su aliento&#8230; en ese mismo d\u00ed\u00ada perecen sus pensamientos\u00bb (Psa 146:4).  3. Con el sue\u00f1o terminan todas las actividades del d\u00ed\u00ada.  \u00abEn el Seol [sepulcro], adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabidur\u00ed\u00ada\u00bb (Ecc 9:10).  4. El  sue\u00f1o nos separa de los que est\u00e1n despiertos  y de sus actividades.  \u00abY nunca m\u00e1s tendr\u00e1n parte en todo lo que se hace debajo del sol\u00bb (v 6).  5. El sue\u00f1o normal desactiva las emociones.  \u00abSu amor y su odio y su envidia fenecieron ya\u00bb (v 6).  6. El sue\u00f1o es transitorio y supone un despertar.  \u00abEntonces llamar\u00e1s, y yo te responder\u00e9\u00bb (Job 14:15).  \u00abPorque vendr\u00e1 hora cuando todos los que est\u00e1n en los sepucros oir\u00e1n su voz; y&#8230; saldr\u00e1n\u00bb (Joh 5:28, 29).  V\u00e9ase Resurrecci\u00f3n.  En el sue\u00f1o de la muerte el aliento cesa  (Psa 146:4), el cuerpo f\u00ed\u00adsico se descompone y sus elementos se mezclan con la tierra de donde procedi\u00f3 (Psa 146:4; Gen 3:19), y el  esp\u00ed\u00adritu regresa a Dios, de donde vino (Ecc 12:7).  Sin embargo, el esp\u00ed\u00adritu as\u00ed\u00ad separado  del cuerpo no es un ente consciente.  Es el car\u00e1cter del hombre lo que Dios conserva hasta la resurrecci\u00f3n (1Co 15:51-54; Job 19:25-27), de modo que todos los hombres volver\u00e1n a tener su mismo car\u00e1cter (v\u00e9ase CBA 6:1092, 1093).  En ocasi\u00f3n de la 2a venida de Cristo los justos recibir\u00e1n la inmortalidad, y al mismo tiempo ser\u00e1n revestidos de cuerpos glorificados (1Co 15: 25-49).  V\u00e9ase Esp\u00ed\u00adritu.  Entre el tiempo de la muerte y el de la resurrecci\u00f3n se representa a los muertos como durmiendo en el Seol (Ecc 9:10 ) o en el Hades (Act 2:27, 31). No est\u00e1n en el cielo (vs 29, 34), porque no est\u00e1n con el Se\u00f1or hasta la 2\u00c2\u00aa venida (Joh 14:1-3).  La Biblia menciona una 2\u00c2\u00aa muerte (Rev 20:6).  La 1\u00c2\u00aa sobreviene a todos como resultado de la operaci\u00f3n normal de los efectos degenerativos del pecado; la 2\u00c2\u00aa muerte afecta s\u00f3lo a los impenitentes al final de los 1.000 a\u00f1os de Rev_20, cuando los malvados ser\u00e1n eternamente aniquilados (Mat 10:28).  En la conflagraci\u00f3n final esta tierra ser\u00e1 purificada por fuego (2Pe 3:10).  Con la destrucci\u00f3n de Satan\u00e1s y de los imp\u00ed\u00ados, la muerte resultar\u00e1 destruida (1Co 15:26; Rev 20:14).  V\u00e9ase Segunda muerte.  Figuradamente, se describe a los pecadores como \u00abmuertos en&#8230; delitos y pecados\u00bb (Ef.  2:1; cf Col 2:13).  A menos que el Esp\u00ed\u00adritu Santo toque sus corazones, son insensibles a todo lo espiritual.  En Rom 6:2, Pablo, invirtiendo la figura, se refiere a los cristianos como muertos al pecado; ya no viven en \u00e9l.  Muerto, Mar.  V\u00e9ase Mar Muerto.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Evang\u00e9lico<\/b><\/p>\n<p>fen\u00f3meno universal que marca la cesaci\u00f3n de la vida. El hombre fue creado finito, caduco, \u2020\u0153El Se\u00f1or cre\u00f3 al hombre de la tierra y a ella le har\u00e1 volver de nuevo. Asign\u00f3 al hombre d\u00ed\u00adas contados y un plazo fijo\u2020\u009d, Si 17, 1-2; Qo 3, 20; 12, 7. Como los israelitas no ten\u00ed\u00adan una concepci\u00f3n dualista del hombre como compuesto de materia y esp\u00ed\u00adritu, el hombre, al contrario, es uno, un ser viviente, y, por tanto, la m. no significaba la separaci\u00f3n de estos dos principios, como lo conceb\u00ed\u00ada los la antropolog\u00ed\u00ada de los griegos. La m. era la p\u00e9rdida del aliento vital, Gn 7, 15; 1 R 17, 17; Sal 146, 4; del h\u00e1lito de vida, Gn 7, 22; as\u00ed\u00ad, la m. es dar el \u00faltimo suspiro,  Jb 11, 20. El G\u00e9nesis dice: \u2020\u0153Entonces Yahv\u00e9h Dios form\u00f3 al hombre con polvo del suelo, e insufl\u00f3 en sus narices aliento de vida, y result\u00f3 el hombre un ser viviente\u2020\u009d, Gn 2, 7; Job lo llama aliento de Dios, Jb 27, 3.<\/p>\n<p>El t\u00e9rmino hebreo nefes indica al ser animado por un soplo de vida  manifestado tambi\u00e9n por el esp\u00ed\u00adritu, ruaj, t\u00e9rminos estos traducidos impropiamente por alma. No exist\u00ed\u00ada, tampoco, un concepto claro de inmortalidad entre los hebreos, \u00e9ste se desarroll\u00f3 lentamente. Quien  mor\u00ed\u00ada bajaba al seol, palabra de origen desconocido, con la que se    designaba las profundidades de la tierra, el inframundo, Gn 37, 35; 1 S 2,  6; Dt 32, 22; Is 14, 9. No exist\u00ed\u00ada tampoco el concepto de premio y castigo en ultratumba, al seol iban todos, buenos y malos, independientemente de la conducta terrenal; en el seol est\u00e1n todos mezclados, de sus garras nadie     se salva, Nm 16, 33; 1 S 28, 19; Sal 89 (88), 49; Ez 32, 17-32. Sal 104,  29-30. En el seol, mansi\u00f3n de los muertos, de las sombras, se acaban las relaciones del hombre con el mundo, sus semejantes y Dios; quien est\u00e1 muerto ya no piensa en Dios, \u2020\u0153porque en la muerte nadie de ti se acuerda\u2020\u009d Sal 6, 6; 30 (29), 10; 88 (87), 4- 6 y 11-12; 115 (113 B), 17-18; Qo 9, 10; Is 38, 18. Sin embargo, el poder omnipotente de Dios vivo, se ejerce en esa desolaci\u00f3n, \u2020\u0153porque Yahv\u00e9h da muerte y vida, hace bajar al seol y retornar\u2020\u009d, 1 S 2, 6; Sb 16, 13; Tb 13, 2; Am 9, 2. La doctrina de la recompensa de ultratumba, la superaci\u00f3n de la idea del seol, comienza a aparecer con la esperanza del salmista, que piensa que no puede ser igual la suerte del imp\u00ed\u00ado a la del justo, despu\u00e9s de la m., Sal 16 (15), 10-11; 49 (48), 16; y ya plenamente hacia finales del A. T., asociada con la creencia en la inmortalidad, con la resurrecci\u00f3n, Sb 3; 1 M 2 M 7, 9; 12, 38-46.<\/p>\n<p>El dualismo materia-esp\u00ed\u00adritu  cuerpo-alma, aparece con la influencia del helenismo, del cual encontramos unos asomos en el libro de la Sabidur\u00ed\u00ada,  que establece una diferencia entre el cuerpo y el alma y la preeminencia de \u00e9sta sobre aqu\u00e9l, Sb 8, 19-20; 9, 15. Esta misma diferencia entre cuerpo y alma, se en Mateo: \u2020\u0153Y no tem\u00e1is a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; temed m\u00e1s bien a aqu\u00e9l que puede llevar a la perdici\u00f3n alma y cuerpo en la gehenna\u2020\u009d, Mt 10, 28. Jes\u00fas nos dice como pasar de la vida a la muerte: \u2020\u0153En verdad, os digo: el que escucha mi palabra y cree en el que me ha enviado, tiene vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado de la muerte a la vida\u2020\u009d, Jn 5, 24; Jes\u00fas vino a traer el mensaje del amor que vivifica, Jn 3, 14 y 16.<\/p>\n<p>Para  Pablo la muerte f\u00ed\u00adsica es una cat\u00e1strofe  1 Co 15, 54-57; pero Cristo anul\u00f3 la victoria de la muerte, triunf\u00f3 sobre ella, resucit\u00f3 y esta es la garant\u00ed\u00ada del creyente, Hb 2, 14-15; 13, 20-21; Rm 8, 11; la incorporaci\u00f3n a Cristo, que es la vida, nos la da la fe y el bautismo, Rm 1, 16-17; 6, 4-5.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Digital, Grupo C Service &#038; Design Ltda., Colombia, 2003<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Digital<\/b><\/p>\n<p>(heb., maweth, gr. thanatos, nekros). Tanto el AT como el NT presentan la muerte como un acontecimiento que le pertenece a nuestra existencia pecaminosa, pero tambi\u00e9n lo hacen en relaci\u00f3n al Dios viviente, el Creador, el Redentor. La muerte significa el fin de la vida humana en la tierra (Gen 3:19). El ponderarlo puede causar un sentimiento de separaci\u00f3n de Dios (p. ej., Psa 6:5; Psa 30:9; Psa 88:5), pero al encarar la muerte se reconoce que hay que tener confianza total en el Se\u00f1or (Job 19:25-26; Psa 73:23-24; Psa 139:8).<\/p>\n<p>La muerte tambi\u00e9n es la ausencia de una comuni\u00f3n espiritual con Dios (Deu 30:15; Jer 21:8; Eze 18:21-22, Eze 18:31-32).<\/p>\n<p>La muerte es el resultado del pecado (Rom 5:12; Rom 6:23) y del diablo; en esta \u00e9poca en esta tierra ca\u00ed\u00adda, \u00e9l tiene poder sobre la muerte hasta que Cristo se lo quite (Heb 2:15). Se enfatiza mucho la muerte de Jes\u00fas por los pecados del mundo porque es su victoria sobre la muerte en la resurrecci\u00f3n corporal.<\/p>\n<p>Aquellos que no est\u00e1n inscritos en el libro de la vida del Cordero (Rev 20:15) experimentan la segunda muerte (Rev 20:6, Rev 20:14; Rev 21:8), lo que significa la separaci\u00f3n eterna de Dios y de su pueblo redimido.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Mundo Hispano<\/b><\/p>\n<p>F\u00ed\u00adsica: Separaci\u00f3n del alma y del cuerpo, Gen 25:11, 2Ti 4:6, 1Co 5:1.<\/p>\n<p> &#8211; Se muere s\u00f3lo una vez, \u00c2\u00a1y despu\u00e9s, el juicio!, Heb 9:27.<\/p>\n<p> &#8211; Es segura, inevitable, y vendr\u00e1 como un ladr\u00f3n, Jos 23:14, Mat 24:42-51.<\/p>\n<p> &#8211; El justo y el imp\u00ed\u00ado se perpetuar\u00e1n para siempre despues de morir.<\/p>\n<p> &#8211; E1 justo, para disfrutar eternamente, Mat 25:34, Mat 25:46, Isa 35:10, Isa 45:17, Dan 7:14, Dan 12:2, Rev 7:17. Ver \u00abCielo\u00bb.<\/p>\n<p> &#8211; El imp\u00ed\u00ado, para sufrir tormento eterno, Mat 25:42, Mat 25:46, Mar 3:29, Jer.20.<\/p>\n<p> 11, Dan 12:2, 2Te 1:9. Ver \u00abInfierno\u00bb.<\/p>\n<p> &#8211; Jes\u00fas conquist\u00f3 la muerte y le quit\u00f3 su aguij\u00f3n, Jua 5:24, 1Co 15:53-57, 1Jn 5:12.<\/p>\n<p> &#8211; La muerte es algo precioso para el justo, Sal 116:15, Rev 14:13,  Job 19:23-26, Fi12Cr 1:21-23.<\/p>\n<p> &#8211; Los muertos ver\u00e1n antes al Senor, 1Te 4:13-18, Fi12Cr 1:21-23.<\/p>\n<p> &#8211; Jes\u00fas se qued\u00f3 con las llaves de la muerte, Rev 1:18. Ver \u00abLLaves\u00bb.<\/p>\n<p> Muerte Espiritua: Es la separaci\u00f3n del hombre de Dios: (Luc 15:24-32).<\/p>\n<p> 1- La \u00abprimera muerte\u00bb, viene con el pecado, Gen 2:17 : Ad\u00e1n comi\u00f3 del \u00e1rbol y no muri\u00f3 f\u00ed\u00adsicamente, sino espiritualmente, fue separado de Dios: (Gen 2:17, Gen 3:23-24, Rom 5:12,  1Co 15:21.<\/p>\n<p> 2- La \u00absegunda muerte\u00bb, es la separacion definitiva y eterna de Dios, Rev 20:6, Rev 20:14, Rev 2:11, Rev 21:8.<\/p>\n<p> 3- No tem\u00e1is a los que matan al cuerpo, sino a los que pueden perder el alma y el cuerpo en el Infierno, Mat 10:28.<\/p>\n<p> 4- Jes\u00fas, muriendo, triunf\u00f3 de la muerte.<\/p>\n<p> 1Co 15:25, Rom 6:9, Rom 8:2, Rom 14:9.<\/p>\n<p> &#8211; Ordenada por Dios y aceptada por Cristo, Isa 53:6, Isa 53:10, Hec 2:23, Fi12:8.<\/p>\n<p> &#8211; Profetizada por Isa 53:8, Dan 9:26, Zac 13:7.<\/p>\n<p> &#8211; Profetizada por el mismo Jes\u00fas, \u00c2\u00a1y que ser\u00ed\u00ada en cruz!, Mat 16:21, Mat 20:1819, Mat 17:23, : (y paralelos), Jua 10:17-18, Jua 12:32-33, Jua 18:32.<\/p>\n<p> &#8211; Necesaria para la redenci\u00f3n del hombre,  Luc 24:26, J n.12: 24,Hec 17:3.<\/p>\n<p> &#8211; Aceptable como sacrificio a Dios, Mat 20:28, Efe 5:2, 1Te 5:10.<\/p>\n<p> &#8211; Fue voluntaria, Isa 53:12, Mat 26:53, Jua 10:17-18.<\/p>\n<p> &#8211; Inmerecida, Isa 53:9.<\/p>\n<p> &#8211; Tropiezo para los jud\u00ed\u00ados, locura para los gentiles, mas poder y sabiduria para los llamados, 1Co 1:23-25.<\/p>\n<p> 5- Muerte de los buenos.<\/p>\n<p> &#8211; Es bendita, Rev 14:13.<\/p>\n<p> &#8211; Preciosa a los ojos de Dios, Sal 116.<\/p>\n<p> 15.<\/p>\n<p> &#8211; Un sueno en Cristo, 1Co 15:18, 1Te 4:14.<\/p>\n<p> &#8211; Es ganancia, Fi11:21-23.<\/p>\n<p> &#8211; Esperada sin temor y con resignaci\u00f3n, Sal 23:4, Gen 50:24, Jos 23:14.<\/p>\n<p> &#8211; Llena de fe, paz y esperanza, Heb 11:13, [s.57:2, Pro 14:32.<\/p>\n<p> &#8211; Conduce al descanso, al gozo, consuelo, presencia de Cristo; es una corona de vida, y una resurrecci\u00f3n llena de gozo, Job 3:17, Job 19:26, Is.26.<\/p>\n<p> 19, Dan 12:2, Luc 16:25, 2Co 5:8, Flp 1:23, 2Ti 4:8, Rev 2:10, Rev 2:21 y 22.<\/p>\n<p> 6- Muerte de los malos.<\/p>\n<p> &#8211; Es sin esperanza, Pro 11:7.<\/p>\n<p> &#8211; Repentina e inesperada, Luc 12:16-21, Job 21:13, Job 21:23, Job 27:21, Pro 29:1.<\/p>\n<p> &#8211; Distinguida por el terror, Job I8:1115, 27:19,21, Sal 73:19.<\/p>\n<p> &#8211; Le sigue el castigo, Isa 14:9, Hec 1:25.<\/p>\n<p> &#8211; El \u00abbuen ladr\u00f3n\u00bb, tuvo tiempo de arrepentirse y salvarse, Luc 23:43.<\/p>\n<p> &#8211; Como la muerte de los brutos, Sal 49:14.<\/p>\n<p> &#8211; Dios no tiene placer en ella,  Eze 18:23, Eze 18:32, Sal 116:15.<\/p>\n<p> 7- Resurrecci\u00f3n de los Muertos: Con los mismos cuerpos y almas que tuvieron, transformados, Jua 5:25-29, 1Co 15:12, Job 19:26, Sal 49:15, Isa 26:19.<\/p>\n<p> 8- Muertos resucitados milagrosamente: Ver \u00abMilagros\u00bb.<\/p>\n<p> 9- Oraciones por los Muertos: Ver \u00abDifuntos\u00bb.<\/p>\n<p> 10- Llanto por los Muertos: Empezaba inmediatamente despu\u00e9s de la muerte, en la casa del muerto, en el camino de la sepultura, y por 7 d\u00ed\u00adas. A veces se pagaban mujeres para que lloraran por el muerto, llamadas \u00abplanideras\u00bb: Mat 9:23, Mar 5:38, Mar 5:2 52Cr 3:3I-34,  1Re 13:29, Judt.16:25, Jer 22:18.<\/p>\n<p> 11- \u00abNo matar\u00bb: Es el quinto mandamiento de la Ley de Dios, Ex.20, Deut. S, Mar 10:19.<\/p>\n<p> 12- Pena de Muerte: Castigo en la Ley Antigua por las siguientes razones: &#8211; Asesinato, Gen 4:24, Gen 9:5-6.<\/p>\n<p> &#8211; Blasfemia, Num 35:16.<\/p>\n<p> &#8211; Idolatr\u00ed\u00ada, Ex,Num 22:20, Deu 13:6.<\/p>\n<p> &#8211; Adulterio, Lev 20:10, Jua 8:4-5, Mat 1:19.<\/p>\n<p> &#8211; Sodom\u00ed\u00ada, Incesto, Bestialidad, Lev 20:13-20, Lev 18:17-25.<\/p>\n<p> (Homosexualidad).<\/p>\n<p> &#8211; Hechicer\u00ed\u00ada, brujer\u00ed\u00ada, astrolog\u00ed\u00ada, hor\u00f3scopo, Lev 22:18, Isa 47:13-15. Ver \u00abEspiritismo\u00bb.<\/p>\n<p> &#8211; Hijos rebeldes, maldecir a los padres herir a los padres, desobedecer a los padres, Deu 21:20, Exo 21:15-17.<\/p>\n<p> &#8211; Profanar el s\u00e1bado, Exo 31:14, Exo 35:2.<\/p>\n<p> &#8211; Poner la vida en peligro, Exo 21:29.<\/p>\n<p> 13- Perder la vida por Cristo:  Mat 10:39, Mat 16:25-26, Luc 9:24-26.<\/p>\n<p> 14- M\u00e1rtires: Mat 10:21-22, Hch.7,Mat 12:2Mat 21:13, 2Mac. 6 y7.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano<br \/>\nDr. J. Dominguez<\/p>\n<p>http:\/\/biblia.com\/diccionario\/<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano<\/b><\/p>\n<p>El t\u00e9rmino hebreo mut se traduce como morir o ser ejecutado. Mavet es la m., en forma personificada. La mayor\u00ed\u00ada de las veces que se usa mut es para indicar la m. f\u00ed\u00adsica de una persona o un animal. Dios cre\u00f3 al hombre con una capacidad sin l\u00ed\u00admite para la vida. La \u00fanica condici\u00f3n para mantenerse en ella era la obediencia a Dios (\u2020\u0153&#8230; mas del \u00e1rbol de la ciencia del bien y del mal no comer\u00e1s; porque el d\u00ed\u00ada que de \u00e9l comieres, ciertamente morir\u00e1s\u2020\u009d [Gen 2:17]). De manera que el proceso de decadencia y corrupci\u00f3n que se produce en el cuerpo de los hombres es un fruto del pecado. La sentencia: \u2020\u0153Polvo eres, y al polvo volver\u00e1s\u2020\u009d fue dada despu\u00e9s de la introducci\u00f3n del pecado. Dios nos dice en Eze 18:32 : \u2020\u0153Porque no quiero la m. del que muere\u2020\u009d. Sin embargo, como resultado de la \u2020\u00a2ca\u00ed\u00adda, \u2020\u0153est\u00e1 establecido para los hombres que mueran una vez, y despu\u00e9s de esto el juicio\u2020\u009d (Heb 9:27).<\/p>\n<p>En la mentalidad hebrea, \u2020\u0153descender al Seol\u2020\u009d es morir (Gen 42:38; Num 16:30). Se utilizan muchas otras palabras para aludir al destino de los muertos: \u2020\u0153la tierra\u2020\u009d (1Sa 28:13; Jon 2:6); \u2020\u0153la tierra del olvido\u2020\u009d (Sal 88:12); \u2020\u0153el polvo\u2020\u009d (Gen 3:19; Isa 26:5); \u2020\u0153el abismo\u2020\u009d (Isa 14:15); \u2020\u0153el sepulcro\u2020\u009d (Pro 28:17); \u2020\u0153el silencio\u2020\u009d (Sal 94:17; Sal 115:17); \u2020\u0153lo profundo de la tierra\u2020\u009d (Eze 31:14); \u2020\u0153tierra de tinieblas y de sombra de muerte\u2020\u009d (Job 10:21-22). \u2020\u00a2Infierno. Tambi\u00e9n se llama a ese lugar \u2020\u0153Abad\u00f3n\u2020\u009d, que significa \u2020\u0153corromper\u2020\u009d. Se\u00f1ala el oscuro lugar de los muertos. Job lo menciona junto con la m. (Job 28:22) y el Seol (Job 26:6), diciendo que el Abad\u00f3n \u2020\u0153no tiene cobertura\u2020\u009d ante Dios. Es un lugar que no se sacia de recibir muertos, en la misma forma en que no se sacian los ojos del lascivo (Pro 27:20). All\u00ed\u00ad no se proclama la verdad de Dios ni se cuenta su misericordia (Sal 88:11), pero aun as\u00ed\u00ad el conocimiento de Dios llega hasta all\u00ed\u00ad (Pro 15:11). La Septuaginta usaba la palabra \u2020\u0153Hades\u2020\u009d para se\u00f1alar la idea del lugar adonde van los muertos.<br \/>\nla mitolog\u00ed\u00ada cananea exist\u00ed\u00ada un dios llamado Mot, que era considerado el dios de la m. \u00e9ste viv\u00ed\u00ada en constante lucha con \u2020\u00a2Baal, que era el dios de la fertilidad y de la lluvia. Tambi\u00e9n en la cultura mesopot\u00e1mica se hablaba de un dios de la m., que trepaba las paredes y pasaba por las ventanas para atacar a los ni\u00f1os y a las mujeres embarazadas. El AT no parece haber registrado esta costumbre. Sin embargo, en algunos pasajes la m. es presentada en forma personificada (\u2020\u0153El Abad\u00f3n y la muerte dijeron: Su fama hemos o\u00ed\u00addo con nuestros o\u00ed\u00addos\u2020\u009d [Job 28:22]; \u2020\u0153Como reba\u00f1os que son conducidos al Seol, la m. los pastorear\u00e1\u2020\u009d [Sal 49:14]).<br \/>\nconcepto de \u2020\u00a2inmortalidad no es una caracter\u00ed\u00adstica del AT. Pero el Se\u00f1or Jes\u00fas \u2020\u0153quit\u00f3 la muerte y sac\u00f3 a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio\u2020\u009d (2Ti 1:10). Eso quiere decir que los santos del AT no conoc\u00ed\u00adan con claridad este concepto. Por eso se ve\u00ed\u00ada la m. como la cesaci\u00f3n de todo, incluyendo la relaci\u00f3n con Dios (\u2020\u0153\u00bfQu\u00e9 provecho hay en mi muerte cuando descienda a la sepultura? \u00bfTe alabar\u00e1 el polvo? \u00bfAnunciar\u00e1 tu verdad?\u2020\u009d [Sal 30:9]).<br \/>\notra parte, la condenaci\u00f3n del hombre a la m. por causa del pecado no se limita al aspecto f\u00ed\u00adsico. El NT hace \u00e9nfasis en que existe otra dimensi\u00f3n de la m., que es de car\u00e1cter espiritual. La vida viene de Dios. La separaci\u00f3n de Dios es separaci\u00f3n de la vida. El pecado es separaci\u00f3n de Dios. Por lo tanto, el ser humano, al pecar muere, no s\u00f3lo materialmente, sino en su esp\u00ed\u00adritu. La m. espiritual precede a la material. Las Escrituras ense\u00f1an que los hombres sin Cristo est\u00e1n \u2020\u0153muertos en &#8230; delitos y pecados\u2020\u009d (Efe 2:1). El Se\u00f1or Jes\u00fas vino, precisamente, a ofrecer a los hombres \u2020\u0153vida &#8230; en abundancia\u2020\u009d (Jua 10:10) y a librar a \u2020\u0153todos los que por el temor de la m. estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre\u2020\u009d (Heb 2:15). Tambi\u00e9n en el NT la m. aparece a veces personificada. As\u00ed\u00ad, se nos dice que \u2020\u0153rein\u00f3 la m. desde Ad\u00e1n hasta Mois\u00e9s\u2020\u009d (Rom 5:14). \u2020\u0153Y el postrer enemigo que ser\u00e1 destruido es la m.\u2020\u009d (1Co 15:26); \u2020\u0153Y la m. y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la m. segunda\u2020\u009d (Apo 20:14).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Cristiano<\/b><\/p>\n<p>tip, DOCT ESCA<\/p>\n<p>ver, RESURRECCI\u00ed\u201cN, CASTIGO ETERNO, SEOL<\/p>\n<p>vet, En el sentido corriente: cesaci\u00f3n de la vida. No entraba en la voluntad de Dios, que ha creado al hombre a su imagen, y que lo ha hecho \u00abalma viviente\u00bb. En el para\u00ed\u00adso, el \u00e1rbol de la vida le hubiera permitido vivir eternamente (Gn. 1:27; 2:7; 3:22). La muerte ha sido el salario de la desobediencia a la orden divina (Gn. 2:17; Ro. 5:12; 6:23). La muerte es f\u00ed\u00adsica, por cuanto nuestro cuerpo retorna al polvo (Gn. 3:19); tambi\u00e9n es, y sobre todo, espiritual. Desde su ca\u00ed\u00adda, Ad\u00e1n y Eva fueron echados de la presencia de Dios y privados de Su comuni\u00f3n (Gn. 3:22-24). Desde entonces, los pecadores se hallan \u00abmuertos en&#8230; delitos y pecados\u00bb (Ef. 2:1). El hijo pr\u00f3digo, alejado del hogar paterno, est\u00e1 espiritualmente muerto (Lc. 15:24). Esta es la raz\u00f3n de que el pecador tiene necesidad de la regeneraci\u00f3n del alma y de la resurrecci\u00f3n del cuerpo. Jes\u00fas insiste en la necesidad que tiene todo hombre de nacer otra vez (Jn. 3:3-8); explica El que el paso de la muerte espiritual a la vida eterna se opera por acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo y se recibe por la fe (Jn. 5:24; 6:63). Esta resurrecci\u00f3n de nuestro ser interior es producida por el milagro del bautismo del Esp\u00ed\u00adritu (Col. 2:12-13). El que consiente en perder su vida y resucitar con Cristo es plenamente vivo con El (Ro. 6:4, 8, 13). (a) Tras la muerte f\u00ed\u00adsica: (A) Para el imp\u00ed\u00ado es cosa horrenda caer en manos del Dios vivo (He. 10:31) y comparecer ante el juicio (He. 9:27) sin preparaci\u00f3n alguna (Lc. 12:16-21). El pecador puede parecer impune durante mucho tiempo (Sal. 73:3- 20), pero su suerte final muestra que \u00abel Se\u00f1or se reir\u00e1 de \u00e9l porque ve que viene su d\u00ed\u00ada\u00bb (Sal. 37:13). El que no haya aceptado el perd\u00f3n de Dios morir\u00e1 en sus pecados (cfr. Jn. 8:24). Jes\u00fas ense\u00f1a, en la historia del rico malvado que, desde el mismo instante de la muerte, el imp\u00ed\u00ado se halla en un lugar de tormentos, en plena posesi\u00f3n de su consciencia y de su memoria, separado por un infranqueable abismo del lugar de la ventura eterna, imposibilitado de toda ayuda, y tenido por totalmente responsable por las advertencias de las Escrituras y\/o de la Revelaci\u00f3n natural y del testimonio de su propia conciencia (Lc. 16:19-31; Ro. 1:18-21 ss). (V\u00e9ase SEOL, HADES.) (B) Para el creyente no existe la muerte espiritual (la separaci\u00f3n de Dios). Ha recibido la vida eterna, habiendo pasado, por la fe, de la muerte a la vida (Jn. 5:24). Jes\u00fas afirm\u00f3: \u00abYo soy la resurrecci\u00f3n y la vida; el que cree en m\u00ed\u00ad, aunque est\u00e9 muerto, vivir\u00e1. Y todo aquel que vive y cree en m\u00ed\u00ad no morir\u00e1 eternamente\u00bb (Jn. 11:25-26; cfr. Jn. 8:51; 10:28). Desde el mismo instante de su muerte, el mendigo L\u00e1zaro fue llevado por \u00e1ngeles al seno de Abraham (Lc. 16:22, 25). Pablo podr\u00ed\u00ada decir: \u00abPorque para m\u00ed\u00ad el vivir es Cristo y el morir es ganancia\u00bb. Para \u00e9l partir para estar con Cristo es mucho mejor (Fil. 1:21-23). Es por esta raz\u00f3n que \u00abm\u00e1s quisi\u00e9ramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Se\u00f1or\u00bb (2 Co. 5:2-9). No se puede imaginar una victoria m\u00e1s completa sobre la muerte, en espera de la gloriosa resurrecci\u00f3n del cuerpo (v\u00e9ase RESURRECCI\u00ed\u201cN). As\u00ed\u00ad, el Esp\u00ed\u00adritu puede afirmar solemnemente: \u00abBienaventurados de aqu\u00ed\u00ad en adelante los muertos que mueren en el Se\u00f1or\u00bb (Ap. 14:13). (b) La muerte segunda. En contraste con la gozosa certeza del creyente, recapitulada anteriormente, se halla una expectaci\u00f3n de juicio, y de hervor de fuego, que ha de devorar a los adversarios. La acci\u00f3n de la conciencia natural infunde miedo y angustiosa incertidumbre en el inconverso. Shakespeare lo expres\u00f3 magistralmente en su soliloquio de Hamlet, en el que \u00e9ste considera la posibilidad del suicidio; \u00abMorir: dormir; no m\u00e1s; y con el sue\u00f1o, decir que damos fin a los agobios e infortunios, a los miles de contrariedades naturales a las que es heredera la carne, \u00e9ste es un fin a desear con ansia. Morir: dormir; dormir: quiz\u00e1 so\u00f1ar; \u00c2\u00a1Ah, ah\u00ed\u00ad est\u00e1 el punto dificultoso!; porque en este sue\u00f1o de la muerte \u00bfqu\u00e9 sue\u00f1os pueden venir cuando nos hayamos despojado de esta mortal vestidura? Ello debe refrenarnos: ah\u00ed\u00ad est\u00e1 el respeto que hace sobrellevar la calamidad de una tal vida, pues \u00bfqui\u00e9n soportar\u00ed\u00ada los azotes y escarnios del tiempo, los males del opresor, la altaner\u00ed\u00ada de los soberbios, el dolor por el amor menospreciado, la lentitud de la justicia, la insolencia de los potentados, y el desd\u00e9n que provoca el paciente m\u00e9rito de los humildes, cuando \u00e9l mismo puede, con desnuda daga, el descanso alcanzar? \u00bfQui\u00e9n llevar\u00ed\u00ada pesados fardos, gimiendo y sudando bajo una fatigosa vida, sino por el hecho del temor de algo tras la muerte, el pa\u00ed\u00ads inexplorado de cuyos muelles ning\u00fan viajero retorna, y que nos hace preferir aquellos males que ahora tenemos, que volar a otros de los que nada sabemos? As\u00ed\u00ad, la conciencia a todos nos vuelve cobardes, y as\u00ed\u00ad el inicio de una resoluci\u00f3n queda detenido por el p\u00e1lido manto de la reflexi\u00f3n\u00bb (Acto III, Escena 1). As\u00ed\u00ad, la \u00abhorrenda expectaci\u00f3n de juicio, y el hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios\u00bb (He. 10:27) se refiere a la muerte segunda, aquella que espera a los no arrepentidos tras el juicio final. Esta segunda muerte es en las Escrituras un sin\u00f3nimo de infierno. Dos veces se declara en Apocalipsis que el lago de fuego es la muerte segunda (Ap. 20:14; 21:8). En este lago de fuego los impenitentes, vueltos a levantar a la vida en sus cuerpos, pero sin admisi\u00f3n a la gloria, ser\u00e1n atormentados d\u00ed\u00ada y noche por los siglos de los siglos (Ap. 14:10-11; 20:10). Es por ello que se trata de \u00absufrir da\u00f1o de la segunda muerte\u00bb (Ap. 2:11). Queda en pie el hecho de la gracia del Se\u00f1or, que no desea la muerte del pecador, sino su salvaci\u00f3n. As\u00ed\u00ad, la Escritura insiste en numerosas ocasiones: \u00abNo quiero la muerte del que muere&#8230; convert\u00ed\u00ados, pues, y vivir\u00e9is\u00bb (Ex. 18:23, 31-32). (V\u00e9anse CASTIGO ETERNO, SEOL.) Bibliograf\u00ed\u00ada: Anderson, Sir R.: \u00abHuman Destiny\u00bb (Pickering and Inglis, Londres, 1913); Hamilton, G. y Fern\u00e1ndez, D.: \u00ab\u00bfD\u00f3nde est\u00e1n los muertos?\u00bb (Pub. Portavoz Evang\u00e9lico, Barcelona, 1977); Lacueva, F.; \u00abEscatolog\u00ed\u00ada\u00bb II (Cl\u00ed\u00ade, Terrassa, 1983); Pentecost, J. D.: \u00abEventos del Porvenir\u00bb (Ed. Libertador, Maracaibo, 1977); Pollock, A. J.: \u00abEl hades y el castigo eterno\u00bb (Edit. \u00abLas Buenas Nuevas\u00bb, Los \u00ed\u0081ngeles, 1961); Winter, D.: \u00abEl m\u00e1s all\u00e1\u00bb (Logoi, Miami, 1972).<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico Ilustrado<\/b><\/p>\n<p>[291][461]<\/p>\n<p>      Es el hecho final de la vida. Es la separaci\u00f3n formal \u00abdel cuerpo y del alma\u00bb, aunque se suele definir como la \u00abseparaci\u00f3n o salida del alma del cuerpo\u00bb, como si el alma estuviera \u00abmetida\u00bb en el cuerpo en forma de vasija y ella fuera esencia a la manera de aroma o ser invisible. Si entendemos el hombre como una realidad doble, hay que definir la muerte m\u00e1s bien como ruptura o separaci\u00f3n.<\/p>\n<p>     A partir de su acontecimiento, el ser humano sigue existiendo en su dimensi\u00f3n espiritual, la cual permanece. Pero se corrompe, destruye y desaparece en su dimensi\u00f3n corporal, pues el cuerpo se aniquila antes o despu\u00e9s y queda reducido a los elementos minerales que lo configuraron en la tierra.<\/p>\n<p>     La naturaleza nos dice que el hombre es temporal: nace, vive y al final muere. La fe religiosa, la cat\u00f3lica y la de muchas religiones, a\u00f1ade adem\u00e1s que la muerte es el fruto de un castigo divino por un pecado original de los hombres, pecado misterioso y colectivo que denominamos original. Y son tambi\u00e9n muchas las religiones que ense\u00f1an que la muerte es provisional, pues un d\u00ed\u00ada el cuerpo ser\u00e1 restaurado y se volver\u00e1 a unir con el alma para iniciar una vida diferente: inmutable, indestructible, misteriosa, pero real. El Concilio Vaticano II explicaba a los creyentes el sentido cristiano de la muerte, con una excelente s\u00ed\u00adntesis doctrinal, interesante para el catequista: \u00abEl m\u00e1ximo enigma de la vida humana es la muerte. El hombre sufre con el dolor y la disoluci\u00f3n progresiva del cuerpo. Pero su m\u00e1ximo tormento es el temor a la desaparici\u00f3n perpetua&#8230; La semilla de eternidad que en s\u00ed\u00ad lleva, por ser irreductible a la sola materia, se levanta contra la muerte. La Iglesia, aleccionada por la revelaci\u00f3n divina, afirma que el hombre ha sido creado por Dios para un destino feliz, m\u00e1s all\u00e1 de la muerte&#8230;<\/p>\n<p>    La fe cristiana ense\u00f1a que la muerte corporal, que entr\u00f3 en el mundo a consecuencia del pecado, ser\u00e1 vencida cuando el omnipotente y misericordioso Salvador restituya al hombre en la salvaci\u00f3n perdida por el pecado.\u00bb (Gaud. et Spes. 18)<\/p>\n<p> 1. Misterio de la muerte<br \/>\n    El hombre teme la muerte, pero sabe que necesariamente habr\u00e1 de llegar. Como todos los seres vivos, es consciente de su mortalidad; pero siente hambre de inmortalidad, si es sano psicol\u00f3gica y espiritualmente y sabe que algo hay despu\u00e9s de esta vida.<\/p>\n<p>    Por eso se pregunta con cierta aprehensi\u00f3n por lo que es el morir y las razones \u00faltimas de que tenga que pasar por ese trance tan desconcertante.<\/p>\n<p>    1.1. Sentidos de la muerte<br \/>\n    En un sentido f\u00ed\u00adsico, la muerte es la culminaci\u00f3n del ciclo vital que se halla grabado naturalmente en todo ser vivo. En un sentido psicol\u00f3gico y moral, la muerte es la par\u00e1lisis de toda su actividad interior y de su posibilidad de comunicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    A pesar de sus aspiraciones de inmortalidad y de su deseo imperioso de sobrevivir, el hombre sabe que ha sido creado temporal y que tiene que terminar sus d\u00ed\u00adas terrenos. La muertese halla indiscutiblemente grabada en su naturaleza limitada de criatura dependiente del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>    Sin embargo, con sentido espiritual e incluso racional, el cristiano sabe que su final terreno no es la destrucci\u00f3n de su ser, sino que una vida eterna se abre al terminar sus d\u00ed\u00adas de peregrino en la tierra.<\/p>\n<p>    La raz\u00f3n le indica que sus apetencias de inmortalidad no pueden ser, sin m\u00e1s, una espejismo cruel de su naturaleza inteligente. Por eso espera que algo misterioso le convertir\u00e1 suvida presente en otra vida posterior. Ese algo es la Providencia.<\/p>\n<p>    1.2. Opiniones y creencias<br \/>\n    Todas las mitolog\u00ed\u00adas y creencias de los pueblos han conducido a sospechas, a teor\u00ed\u00adas e, incluso, a los cultos religiosos,  en favor de la inmortalidad y a la esperanza en la felicidad m\u00e1s all\u00e1 de las penas y sufrimientos de esta vida terrena.<\/p>\n<p>    Pero es la fe religiosa, sobre todo cristiana, la que hace posible en entender la muerte como un tr\u00e1nsito hacia un estado, lugar o situaci\u00f3n en donde Dios se presenta como acogedor del hombre.<\/p>\n<p>    En este sentido se han explicado todas las religiones, sobre todo las monote\u00ed\u00adstas, que han visto siempre en la muerte el encuentro con Dios en un Para\u00ed\u00adso creado para recibir a los mortales.<\/p>\n<p>    Juda\u00ed\u00adsmo, mahometismo, mazde\u00ed\u00adsmo, incluso budismo y, por supuesto, el cristianismo, dan una soluci\u00f3n trascendente al problema y al misterio de la muerte. Coinciden en comprender que todos los hombres son iguales y que todas las diferencias se destruyen una vez que se transciende los umbrales de la vida terrena.<\/p>\n<p>    2. La muerte en la Escritura<br \/>\n    La claridad sobre el sentido cristiano de la muerte llega de mano de los escritores b\u00ed\u00adblicos que dejaron un mensaje de esperanza para explicar el misterio de la muerte humana.<\/p>\n<p>    Es doctrina fundamental de la Sagrada Escritura que de las buenas obras de este mundo depende la situaci\u00f3n que se consiga en el otro.<\/p>\n<p>    2.1. En el Antiguo Testamento<br \/>\n    En la Escritura hallamos la expl\u00ed\u00adcita afirmaci\u00f3n de que el hombre fue creado inmortal, pero no super\u00f3 la prueba que Dios le puso y recibi\u00f3 como castigo \u00abel tener que morir\u00bb.<\/p>\n<p>    El texto b\u00ed\u00adblico es una met\u00e1fora, pero clara y expresiva: \u00abEl d\u00ed\u00ada que de \u00e9l comieres morir\u00e1s.\u00bb (Gen. 2. 17). Y luego Dios dir\u00ed\u00ada: \u00abCon el sudor de tu rostro comer\u00e1s el pan, hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella has sido tomado; polvo eres y al polvo volver\u00e1s.\u00bb (Gn. 3. 19)<\/p>\n<p>    El Concilio de Trento ense\u00f1\u00f3 que Ad\u00e1n, por haber violado el mandato de Dios, simbolizado en la prohibici\u00f3n de no comer de un \u00e1rbol singular, el de la ciencia del bien y del mal, atrajo sobre s\u00ed\u00ad el castigo. (Denz. 788). Y todos los descendientes de Ad\u00e1n fueron herederos de ese castigo del morir.<\/p>\n<p>    La muerte posee, pues, en el pensamiento cristiano, un sentido punitivo. Pero, al ser reparado el pecado por la misma muerte de Cristo, el sentido de la muerte se transforma en un hecho reparador. Admitir esta doctrina es condicionante para entender la misi\u00f3n redentora del mismo Cristo. La raz\u00f3n dice que el hombre tiene que morir, pues es mortal por naturaleza. Pero la ense\u00f1anza religiosa nos ofrece el dato revelado de que Dios lo hab\u00ed\u00ada dispuesto para no morir si cumpl\u00ed\u00ada con su precepto original. Para ello lo hab\u00ed\u00ada puesto en un estado (en un Para\u00ed\u00adso) en el cual superar\u00ed\u00ada la mortalidad. Fe expulsado de esa situaci\u00f3n por su desobediencia. Desde entonces todos los hombres mueren.<\/p>\n<p>    2.2. En el Nuevo Testamento<br \/>\n    Las repetidas veces que Jes\u00fas alude a la otra vida se desenvuelven en este sentido. Insiste en la necesidad de prepararse para la vida futura, la cual depender\u00e1 de los hechos de la presente.<\/p>\n<p>    2.2.1 Terminaci\u00f3n del tiempo<br \/>\n    De las 500 veces que en el Nuevo Testamento se emplea la palabra muerte, morir, final de la vida (zanatos, teleutao, necros&#8230;) en forma receptiva o de llegada (no en forma activa, en sentido de matar), un centenar de ellas aluden a la terminaci\u00f3n del tiempo en el que se pueden hacer m\u00e9ritos. Terminado el tiempo, cada uno va a recoger el fruto de sus obras: \u00abMuri\u00f3 el mendigo y muri\u00f3 el rico y fueron llevados, al para\u00ed\u00adso el uno y sepultado en el infierno el otro&#8230;\u00bb (Lc. 16. 22).<\/p>\n<p>    En esta par\u00e1bola del rico Epul\u00f3n y del pobre L\u00e1zaro se refleja c\u00f3mo est\u00e1n ambos separados por un abismo insuperable y c\u00f3mo se ha terminado el tiempo de poder salir del tormento de las llamas.<\/p>\n<p>    En otra par\u00e1bola, la del juicio final, todo el premio y el castigo se presentan como dependientes de las obras de misericordia hechas en este mundo (Mt. 25. 31-46).<\/p>\n<p>    Con frecuencia hay alusiones a que el tiempo en la tierra es para trabajar&#8230; \u00abDespu\u00e9s de la muerte viene la noche, cuando ya nadie puede caminar.\u00bb (Jn.9.4)<\/p>\n<p>    Las afirmaciones de S. Pablo son m\u00e1s contundentes: \u00abCada uno recibir\u00e1 seg\u00fan lo que hubiere hecho por el cuerpo[= en la tierra ], ya sea bueno o malo.\u00bb (2 Cor. 5. 10). La muerte es el final. Por eso es importante aprovechar antes de que llegue, \u00abmientras tenemos tiempo.\u00bb Luego ya no se hace ni bien ni mal: \u00abEl que ha est\u00e1 exento de pecado.\u00bb (Rom. 6.10).<\/p>\n<p>    2.2.2. Castigo para todos<\/p>\n<p>     Por otra parte, queda clara y firme la idea de que la muerte es castigo universal. Todos los escritores del Nuevo Testamento reflejan el car\u00e1cter punitivo y expiatorio de la muerte y su relaci\u00f3n con Ad\u00e1n: \u00abPor un hombre entr\u00f3 el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y as\u00ed\u00ad la muerte pas\u00f3 a todos los hombres, por cuanto todos hab\u00ed\u00adan pecado.\u00bb (Rom. 5. 12; Rom. 5. 15; 8. 10; 1 Cor. 1. 5. 21)<\/p>\n<p>     San Pablo presenta la muerte de una forma cristoc\u00e9ntrica (Rom 5, 12) y recuerda: \u00abA los hombres les est\u00e1 establecido morir una vez.\u00bb (Hebr. 9. 27). El mensaje revelado ense\u00f1a que, a ejemplo de Cristo que resucit\u00f3 y venci\u00f3 a la muerte, los hombres mueren, pero est\u00e1n destinados a resucitar. Mientas ese momento escatol\u00f3gico llega, sufren la corrupci\u00f3n del sepulcro para su cuerpo, pero mantienen su alma viva en la situaci\u00f3n de salvaci\u00f3n o condenaci\u00f3n que hayan merecido en vida.<\/p>\n<p>     Algunos problemas hermen\u00e9uticos se originaron en tiempos pasados sobre las \u00abexcepciones b\u00ed\u00adblicas a la ley de la muerte\u00bb. En efecto, la Sagrada Escritura habla de que Enoc fue arrebatado de este mundo antes de conocer la muerte  (Hebr. 11. 5; Gen. 5. 24; Eccli 44. 16), y de que El\u00ed\u00adas subi\u00f3 al cielo en un torbellino (4 Reyes 2. 11; 1 Mac. 2. 58). Se origin\u00f3 la idea, desde Tertuliano, de que, seg\u00fan el pasaje del Apocalipsis 11. 3, El\u00ed\u00adas y Enoc habr\u00ed\u00adan de venir antes del fin del mundo para dar testimonio y luego morir.<\/p>\n<p>     Pero esa visi\u00f3n debe ser rechazada por m\u00ed\u00adtica y meramente fantasiosa. En la ex\u00e9gesis moderna apenas si hay cabida para El\u00ed\u00adas ni para Enoc y para una interpretaci\u00f3n literal de estas sugerencias tan apetecidas por la fantas\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>     La insinuaci\u00f3n similar de San Pablo, que alude a algunos justos que, al llegar la segunda venida de Cristo, no morir\u00e1n (dormir\u00e1n), sino que ser\u00e1n s\u00f3lo mutados (1 Cor. 15. 5), tampoco se puede entender como inmortalidad excepcional.  San Pablo insiste mucho m\u00e1s en la perspectiva de la resurrecci\u00f3n, como clave para entender la muerte: \u00abCristo ha vencido a la muerte resucitando por el glorioso poder del Padre. Por eso, nosotros debemos emprender nueva vida; porque, si hemos sido injertados en Cristo y participamos de su muerte, tambi\u00e9n participaremos de su resurrecci\u00f3n\u00bb. (Rom. 6. 4-6)<\/p>\n<p>     3. Explicaci\u00f3n cristiana   No es incompatible la presentaci\u00f3n del mensaje revelado sobre la muerte con los mismos datos naturales de la caducidad de la vida humana. El sentido com\u00fan dice que el hombre, por su constituci\u00f3n material, tiene que morir.<\/p>\n<p>    Los te\u00f3logos hablan del don preternatural de la inmortalidad corporal en el hombre colocado en el \u00abpara\u00ed\u00adso de delicias, en donde Dios le cre\u00f3 como inmortal\u00bb. Tratan de hacerlo compatible con la temporalidad de la vida, aunque no lo consiguen del todo. Hablan del castigo del pecado original, el cual no deja de ser un misterio racionalmente inexplicable.<\/p>\n<p>    4.1. Explicaci\u00f3n tradicional<br \/>\n    El verdadero significado de la muerte, al margen de sus propiedades de culminaci\u00f3n de la vida y destrucci\u00f3n del hombre por la corrupci\u00f3n del cuerpo, est\u00e1 en que significa el punto final de un per\u00ed\u00adodo de prueba y en el final del merecimiento.<\/p>\n<p>    Or\u00ed\u00adgenes se opon\u00ed\u00ada a esta ense\u00f1anza de la Iglesia. Sospechaba que los r\u00e9probos se encontrar\u00ed\u00adan con un momento posterior de arrepentimiento y que todos terminar\u00ed\u00adan salv\u00e1ndose con la opci\u00f3n por el bien. Esta \u00abapocat\u00e1stasis\u00bb, o renovaci\u00f3n final, ser\u00ed\u00ada la prueba m\u00e1xima de la misericordia divina. Los \u00e1ngeles y los hombres condenados se convertir\u00ed\u00adan al final y poseer\u00e1n a Dios. Condenada en un S\u00ed\u00adnodo de Constantinopla en 643, se rechaz\u00f3 como idea incompatible con el Evangelio.<\/p>\n<p>    La Sagrada Escritura tiene como principio claro y b\u00e1sico que el tiempo de merecer es limitado y no se contin\u00faa despu\u00e9s de la muerte: Mt. 25. 34 y ss; Lc. 16. 26; Jn. 9. 4; 2 Cor 5. 10; Apoc. 2.10. Estas referencias son el eje b\u00e1sico del mensaje cristiano sobre el morir.<\/p>\n<p>    S. Cipriano hizo una afirmaci\u00f3n definitiva en el cristianismo: \u00abCuando se ha partido de aqu\u00ed\u00ad, ya no es posible hacer penitencia y no tiene efecto la satisfacci\u00f3n. Aqu\u00ed\u00ad se pierde o se gana la vida\u00bb. (Ad Demetr. 25)<\/p>\n<p>    Y hay que mirar la muerte como el final de un don terreno, que es la vida temporal, y como comienzo de otro don superior, que es la vida eterna.<\/p>\n<p>    Para el justo, el que ama a Dios y acepta su voluntad, la muerte pierde su car\u00e1cter de castigo. Es consecuencia del pecado (es una pena); pero tambi\u00e9n es, desde la muerte de Jes\u00fas, una oportunidad de encontrarse con Dios y recibir la recompensa de las buenas obras realizadas en este mundo.<\/p>\n<p>    4.2. Universalidad de la muerte<br \/>\n    La doctrina cristiana ense\u00f1a que todos los que vienen al mundo con pecado original tienen que morir por efecto del pecado. El mismo S. Pablo los declara con frecuencia: \u00abA los hombres les est\u00e1 establecido morir una vez\u00bb (Hebr. 9. 27). Pod\u00ed\u00ada haber sido de otra manera. Pero la realidad es como es.<\/p>\n<p>    Incluso los que no tuvieron ese pecado murieron. Jes\u00fas no lo tuvo y muri\u00f3 en la cruz, aunque es claro que el sentido de su muerte fue radicalmente diferente del de los dem\u00e1s hombres. Y Mar\u00ed\u00ada Sant\u00ed\u00adsima no conoci\u00f3 pecado original y, en consecuencia, no ten\u00ed\u00ada que haber muerto como castigo; sin embargo, pas\u00f3 por el trance de la muerte (dormici\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada), a imitaci\u00f3n de su divino Hijo.<\/p>\n<p>    El hecho de que el tiempo de merecer se limite a la vida sobre la tierra implica consecuencias decisivas para la buena educaci\u00f3n espiritual del cristiano. Hay que aprovechar con avidez la vida para almacenar tesoros para el cielo.<\/p>\n<p>    4.3. Raz\u00f3n \u00faltima de la muerte<br \/>\n    El pensamiento cristiano sobre la  muerte del hombre es claro. No se presenta como un efecto de la misma naturaleza limitada. La contempla con otros ojos, que son los de la revelaci\u00f3n misma de Dios, creador del hombre. Por eso busca sus explicaciones \u00faltimas en la misma Palabra de Dios, en la Escritura Sagrada.<\/p>\n<p>    La muerte, en el actual orden de salvaci\u00f3n, es consecuencia punitiva del pecado. El hombre pec\u00f3 y recibi\u00f3 el castigo de \u00abtener que morir\u00bb. Indirectamente se presupone que el estado original del hombre no era el \u00abtener que morir\u00bb, sino otro, que se nos escapa por v\u00ed\u00ada de razonamiento.<\/p>\n<p>    A lo largo de los siglos la Iglesia se esforz\u00f3 por presentar la muerte como lo que naturalmente es: la terminaci\u00f3n del tiempo concedido por el Creador para merecer en este mundo la salvaci\u00f3n y la vida eterna.<\/p>\n<p>    Con la llegada de la muerte cesa el tiempo de merecer y desmerecer; y, venida ella, se termina la posibilidad de convertirse al bien o al mal.<\/p>\n<p>    5. Pastoral y muerte<br \/>\n    La idea de la muerte ha sido un eje decisivo en la ascesis y en la moral de los cristianos, como lo ha sido en todas las confesiones religiosas de los pueblos que esperaron otra vida posterior. El m\u00e1s all\u00e1, salvo para determinadas actitudes materialistas y hedonistas, fue siempre motivo de reflexi\u00f3n y de ordenaci\u00f3n de la conducta.<\/p>\n<p>    De manera especial el mensaje cristiano llena al hombre de esperanza e ilusi\u00f3n en medio del temor al morir. Anuncia con gozo que, gracias a Cristo que ha resucitado, tambi\u00e9n hay resurrecci\u00f3n para todos. Y los hombres resucitar\u00e1n, no para la muerte, sino para la vida interminable.<\/p>\n<p>    Formula una profunda invitaci\u00f3n a vivir bien, pues el hombre es libre; y anuncia que la resurrecci\u00f3n s\u00f3lo ser\u00e1 gozosa para quienes, en su vida terrena, hayan vivido en conformidad con la voluntad divina.<\/p>\n<p>    Los que en ella se hayan adherido libre y voluntariamente al mal no podr\u00e1n gozar de la felicidad del amor divino y sufrir\u00e1n las consecuencias de su elecci\u00f3n.<\/p>\n<p>    5.1. Actitudes cristianas<br \/>\n    Lo que el mensaje cristiano ha resaltado siempre de modo particular ha sido la esperanza de la resurrecci\u00f3n gozosa. Ante el hecho doloroso del morir, contrapone la esperanza consoladora del resucitar. \u00abPara el cristiano la vida se cambia, no se pierde\u00bb. Es la idea clave de la misa exequial y es el eco que se respira en el arte, en la literatura, en los monumentos funerarios y en los ritos de difuntos.<\/p>\n<p>    Por eso en el lenguaje cristiano no hay cabida para el pesimismo desesperado ante la muerte y se proclama la esperanza tranquila en el m\u00e1s all\u00e1. La actitud cristiana ante la muerte es de valent\u00ed\u00ada humilde y de confianza en Dios que acoge el alma del difunto. Se acompa\u00f1a a los que sufren con consuelo y aliento; pero se les recuerda que el ser querido por el que se llora no ha muerto definitivamente, sino que s\u00f3lo espera la resurrecci\u00f3n de los justos. Por eso se aprovechan en la Iglesia los momentos de la muerte para recordar a los creyentes las ideas b\u00e1sicas de la trascendencia .<\/p>\n<p>   5.1. Muerte y Plegaria<br \/>\n    Siempre estuvo unida la muerte con la necesidad de la plegaria, de la penitencia, de la conversi\u00f3n. Y los gestos exequiales y los sufragios: ofrendas, oraciones, sacrificios, limosnas tendieron ordinariamente a reclamar el perd\u00f3n de los pecados.<\/p>\n<p>     Los ritos funerarios no fueron s\u00f3lo gestos sociales. Fueron se\u00f1ales de esperanza, motivos de oraci\u00f3n comunitaria y de culto a Dios, Se\u00f1or de la vida.  En los momentos en que se llora a los difuntos, la actitud cristiana se transforma en llamada valiente a la esperanza, a la resignaci\u00f3n, a la fe, incluso a la alegr\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>     Creemos que el mundo no es eterno, por lo que tenemos esperanza en que llegar\u00e1 el fin de los tiempos y del universo. Respetamos el misterio de la otra vida y sabemos que Jes\u00fas es Se\u00f1or de la muerte. El tiempo de nuestro vivir es limitado y aceptamos con serenidad la inc\u00f3gnita que pende sobre nuestro caminar terreno.<\/p>\n<p>    En la medida en que los hombres cumplen en sus vidas el mensaje de conversi\u00f3n y de salvaci\u00f3n, se hacen capaces de participar en el triunfo de Jes\u00fas. La muerte es la puerta de llegada a ese encuentro con Cristo.<\/p>\n<p>    5.2. Las exequias cristianas<br \/>\n    Es bueno pastoralmente que las exequias cristianas superen la categor\u00ed\u00ada de ritos ocasionales y se conviertan en recuerdos de eternidad. Hay quien duda de la oportunidad de aprovechar la debilidad emotiva de estos momentos para sembrar mensajes espirituales y para hacer, incluso, proselitismo religioso. Pero no es correcta esa duda, si se tiene claro que la oferta del mensaje salvador es un beneficio indiscutible. Ofrecer consuelos s\u00f3lidos de la trascendencia en los momentos fr\u00e1giles de la humanidad doliente no es oportunismo, sino caridad cristiana.<\/p>\n<p>    Por eso la Iglesia siempre aprovech\u00f3, a imitaci\u00f3n de Jes\u00fas (con la viuda de Naim, Lc.7.11-17; con Jairo, el jefe de sinagoga, Lc. 8. 50; con las hermanas de L\u00e1zaro; Jn. 11. 27), para ofrecer consuelo y esperanza en la vida cuando la muerte se presenta en el camino.<\/p>\n<p>    Por eso se simboliza en la alegr\u00ed\u00ada de las flores que se ofrecen a los difuntos la tranquilidad del \u00e1nimo creyente. Y no se debilita esa confianza en la Providencia de Dios ni siquiera cuando la muerte se hace presente en las desgracias inesperadas (accidentes, guerras, pestes modernas), en las muertes inexplicables (inocentes, d\u00e9biles, explotados) o en el triunfo de las fuerzas del mal (abuso de los violentos o de los poderosos).<\/p>\n<p>    6. Catequesis de la muerte<br \/>\n    Si es importante preparar al cristiano para la vida, m\u00e1s decisivo es prepararle para la muerte.<\/p>\n<p>   No es bueno decir que la muerte no tiene nada que ver con los ni\u00f1os y con los j\u00f3venes, por muy extendida que se halle la tendencia a esconder o marginar un tema que es clave del pensamiento cristiano.<\/p>\n<p>    Si es un hecho profundamente humano, hay que saberlo presentar en la catequesis.<\/p>\n<p>    Algunos criterios catequ\u00ed\u00adsticos pueden ser estos: &#8211; De la muerte hay que hablar con oportunidad, con serenidad, con moderaci\u00f3n, con adaptaci\u00f3n y con claridad.<\/p>\n<p> &#8211; La referencia a la muerte debe apoyarse en el mensaje de Jes\u00fas, no en perspectivas sociol\u00f3gicas, psicol\u00f3gicas o meramente biol\u00f3gicas. El ni\u00f1o y el joven deben enfrentarse con la idea de la muerte, la propia y de los seres queridos, con los mensajes de Jes\u00fas en la mente y en el coraz\u00f3n.<\/p>\n<p> &#8211; En la medida de lo posible, no hay que hacer bromas con la muerte ni se debe fomentar la hilaridad, que no deja de ser un mecanismo de defensa ante el miedo que produce. Es frecuente jugar verbalmente con la idea del morir ajeno. Pero no es prudente ni constructivo. Se debe ense\u00f1ar a reflexionar ante tantas veces como lo hacen los espect\u00e1culos audiovisuales y la literatura de consumo.<\/p>\n<p>   &#8211; Es conveniente resaltar la relaci\u00f3n que tiene la vida y la muerte, a nivel personal y a nivel de comunidad. Ense\u00f1ar a pensar en el m\u00e1s all\u00e1 es preparar para el momento cuando llegue para cada uno.<\/p>\n<p>      Los modos catequ\u00ed\u00adsticos de presentar el misterio de la muerte cristiana habr\u00e1n de acomodarse a la edad y a las circunstancias de los catequizandos: &#8211; Determinados recursos, o lenguajes de uso frecuente en la sociedad, son excelentes ayudas para descubrir las dimensiones menos oscuras del morir. Tales son los lenguajes del arte pict\u00f3rico selecto, al estilo del \u00abEntierro del Conde de Orgaz\u00bb, del Greco; de la literatura expresiva, como las \u00abCoplas de Jorge Manrique a la muerte de su padre\u00bb; de la m\u00fasica, de la escultura, de las fiestas funerarias y tradiciones. El lenguaje art\u00ed\u00adstico y social conduce con m\u00e1s facilidad a dejar ecos \u00e9ticos y est\u00e9ticos vinculados al mero fen\u00f3meno biol\u00f3gico del morir y a superar la dimensi\u00f3n macabra que la muerte conlleva.<\/p>\n<p> &#8211; Algunas experiencias prematuras sobre la muerte deben ser tratadas con naturalidad, m\u00e1s que con el ocultamiento de las realidades de la vida: fallecimiento de seres queridos, asistencia a entierros, visita a cementerios, comentarios sobre accidentes o desgracias. Lo que importa es saber acompa\u00f1ar en forma oportuna, afectuosa y comprensiva al que teme o al que sufre.<\/p>\n<p> &#8211; Tambi\u00e9n es preciso resaltar la dimensi\u00f3n trascendente de las conmemoraciones funerarias (d\u00ed\u00adas de difuntos, celebraciones funerarias, etc.), si se pretende una educaci\u00f3n de la fe en relaci\u00f3n a estos hechos y no una mera acci\u00f3n social de solidaridad: una plegaria tiene m\u00e1s sentido cristiano que un minuto de silencio por un fallecido; una misa exequial es lenguaje m\u00e1s cristiano que una corona funeraria.<\/p>\n<p>    Determinados uso sociales deben ser objeto de reflexi\u00f3n para el catequista que quiere dar a sus catequizandos una visi\u00f3n cristiana del final de la existencia terrena y del tr\u00e1nsito a la vida eterna.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>El desaf\u00ed\u00ado de culturas y religiones<\/p>\n<p>\tLa \u00abmuerte\u00bb es una realidad ineludible, por encima de toda explicaci\u00f3n te\u00f3rica. En ella se muestra \u00abel m\u00e1ximo enigma de la vida humana\u00bb (GS 18). Es siempre el gran desaf\u00ed\u00ado a todas las culturas y religiones, como pidiendo una explicaci\u00f3n que satisfaga al coraz\u00f3n humano. Es la piedra de toque para calibrar la autenticidad de toda reflexi\u00f3n y estructura humana. En esa realidad resuena una presencia especial de Dios, que da sentido al existir del hombre y a toda la historia. A la luz de la revelaci\u00f3n, la condici\u00f3n actual de la muerte es debida al pecado original (cfr. Rom 5,12; Gen 2-3). Pero la suerte del hombre es definitiva, irrevocable, sin posibilidad de reencarnaci\u00f3n o de repetici\u00f3n temporal.<\/p>\n<p>\tLa fe cristiana<\/p>\n<p>\tS\u00f3lo la cruz, donde verdaderamente muri\u00f3 el Hijo de Dios, puede dar sentido a la muerte, cuando se descubre que el hombre tiene una \u00absemilla de eternidad\u00bb y que la muerte ya ha sido vencida, porque \u00abha sido Cristo resucitado el que ha ganado esta victoria para el hombre, liber\u00e1ndolo de la muerte con su propia muerte\u00bb (GS 18; cfr. 1Cor 15,56-57). El misterio pascual de Cristo se prolonga en la historia por la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu Santo, de modo especial por medio de los sacramentos. A Cristo no le han quitado la vida, sino que la ha dado por amor (cfr. Jn 10,18; 15,13). Ya resucitado, da sentido a nuestra vida, tambi\u00e9n orientada hacia la donaci\u00f3n en manos de Dios Amor, esperando una nueva vida.<\/p>\n<p>\tCon la muerte \u00abla vida no termina, sino que se transforma\u00bb (Prefacio de difuntos). Los dos elementos del hombre (que llamamos \u00abalma\u00bb y \u00abcuerpo\u00bb) forman una unidad. Con la muerte, el alma, que es el principio vital, comienza un nuevo modo de existir orientado a unirse de nuevo con el cuerpo. Esta reuni\u00f3n plena ser\u00e1 posible al final de los tiempos, gracias a la resurrecci\u00f3n de Cristo. La Sant\u00ed\u00adsima Virgen, por su Asunci\u00f3n, ya ha llegado a esta realidad gloriosa, como figura de la Iglesia (cfr. Apoc 12).<\/p>\n<p>\tParticipar en la muerte de Cristo<\/p>\n<p>\tA la luz de la fe cristiana, la muerte \u00abes una participaci\u00f3n en la muerte de Cristo para poder participar tambi\u00e9n en su resurrecci\u00f3n\u00bb (CEC 1006; cfr. Rom 6,3-9; Fil 3,10-11). La muerte no es s\u00f3lo el final de la vida terrena y una consecuencia del pecado, sino que, por haber sido vencida y transformada por Cristo, es compartir su misma muerte, \u00abcompletando\u00bb de alg\u00fan modo su momento supremo de donaci\u00f3n al Padre en la cruz (cfr. Col 1,24). En la muerte aparece la libertad humana, actuada durante toda la vida, de donarse totalmente seg\u00fan los planes de Dios en Cristo. La muerte del cristiano participa en la Pascua de Cristo, como \u00abpaso\u00bb a la existencia definitiva. La Eucarist\u00ed\u00ada presencializa este misterio y lo hace posible en la vida cristiana, convertida en oblaci\u00f3n con Cristo por la fe, esperanza y caridad.<\/p>\n<p>\tLa muerte se convierte, pues, gracias a la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, en una experiencia de Dios en Cristo su Hijo. Cristo comparte con nosotros nuestra misma muerte, para hacernos part\u00ed\u00adcipes de su misma vida inmortal \u00abSi morimos con Cristo, creemos que tambi\u00e9n viviremos con \u00e9l\u00bb (Rom 6,8); \u00absea que vivamos, sea que muramos, somos del Se\u00f1or\u00bb (Rom 14,8). El bautismo es el sacramento que ha transformado nuestra vida y nuestra muerte. \u00abFuimos con \u00e9l sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n nosotros vivamos una vida nueva. Porque si hemos sido injertados en \u00e9l por una muerte semejante a la suya, tambi\u00e9n lo seremos por una resurrecci\u00f3n semejante\u00bb (Rom 6,4-5).<\/p>\n<p>\tLa comunicaci\u00f3n de los dones del Esp\u00ed\u00adritu Santo, especialmente en el bautismo, Eucarist\u00ed\u00ada y unci\u00f3n de los enfermos, hace de la vida cristiana una preparaci\u00f3n para el \u00faltimo momento (la muerte), como participaci\u00f3n e la donaci\u00f3n sacrificial de Cristo. Los sacramentos comunican la gracia del Esp\u00ed\u00adritu Santo para transformar la vida seg\u00fan el esp\u00ed\u00adritu de las bienaventuranzas y del mandato del amor. Entonces la vida, la salud y la misma muerte recuperan su pleno sentido, porque pasan a ser complemento o prolongaci\u00f3n de la misma vida de Cristo en su caminar hacia la Pascua. El bautismo ya \u00abinserta\u00bb en el misterio de la muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo (cfr. Rom 6,3-5). En cuanto al momento del \u00abtr\u00e1nsito\u00bb o muerte, el sacramento del \u00abvi\u00e1tico\u00bb es propiamente el de la Eucarist\u00ed\u00ada, recibido en aquellos momentos para completar la muerte del Se\u00f1or. El sacramento de la \u00abunci\u00f3n\u00bb hace de la enfermedad una participaci\u00f3n en el misterio pascual, ansiando la salvaci\u00f3n integral.<\/p>\n<p>\tEl momento m\u00e1s fecundo y misionero de la vida cristiana<\/p>\n<p>\tPor el hecho de vivir en Cristo, la muerte es una \u00abganancia\u00bb (Fil 1,21). Es el momento m\u00e1s fecundo de la vida de un cristiano y, de modo especial, de un ap\u00f3stol, a condici\u00f3n de unirse con Cristo en su sumisi\u00f3n a la voluntad salv\u00ed\u00adfica del Padre. Con Cristo se comparte la vida, la muerte y el m\u00e1s all\u00e1 definitivo. Es el momento (la \u00abhermana muerte\u00bb), en que se actualiza de modo especial la \u00abcomuni\u00f3n\u00bb de todos los creyentes, atra\u00ed\u00addos por la muerte de Cristo que se prolonga en el tiempo y va construyendo la comuni\u00f3n Trinitaria en la misma Iglesia y en toda la humanidad.<\/p>\n<p>\tLa muerte es s\u00f3lo de paso, aunque da sentido a toda la vida, porque la muerte de Cristo se convirti\u00f3 en resurrecci\u00f3n para \u00e9l y en nueva vida para nosotros. La vida de todos los d\u00ed\u00adas va haci\u00e9ndose donaci\u00f3n y pasa a ser vida definitiva en Cristo. La vida es hermosa y recupera su sentido a la luz de este \u00abpaso\u00bb definitivo, que se construye ya desde la vida temporal. Vivir en esta fe, esperanza y caridad, hace de la vida cristiana un anuncio de la resurrecci\u00f3n de Cristo.<\/p>\n<p>Referencias Dolor, Eucarist\u00ed\u00ada, exequias (funerales), pecado original, redenci\u00f3n, resurrecci\u00f3n de los muertos, unci\u00f3n de los enfermos.<\/p>\n<p>Lectura de documentos GS 18; CEC 1005-1019, 1681-1683.<\/p>\n<p>Bibliograf\u00ed\u00ada A. BONORA, Muerte, en Nuevo Diccionario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica (Madrid, Paulinas, 1990) 1264-1279; L. BOROS, Mysterium mortis. El hombre y su \u00faltima opci\u00f3n (Madrid, San Pablo, 1972); O. GONZALEZ DE CARDEDAL, Madre y muerte (Salamanca, S\u00ed\u00adgueme, 1993); A.G. MARTIMORT, La Iglesia en oraci\u00f3n (Barcelona, Herder, 1967) 677-690; K. RAHNER, El sentido teol\u00f3gico de la muerte (Barcelona, Herder, 1965); J.L. RUIZ DE LA PE\u00ed\u2018A, El hombre y su muerte (Burgos, Aldecoa, 1971); Idem, La pascua de la creaci\u00f3n. Escatolog\u00ed\u00ada ( BAC, Madrid, 1996) cap. IX.<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>La muerte fue considerada al principio no fatalista, sino serenamente, como la terminaci\u00f3n natural de la vida humana. La existencia del pueblo de Dios, religada a la Alianza, ten\u00ed\u00ada un valor social, m\u00e1s que individual: cada cual continuaba su vida en la de sus descendientes. Por eso preocupaba menos la muerte individual. Posteriormente la muerte se considera como un castigo, como una consecuencia del pecado (Rom 5,12.17; 6,23; 1 Cor 15, 21-22), como una obra de Sat\u00e1n (Jn 8,44; Act 2,14), ya que Dios hizo s\u00f3lo la vida, no la muerte. Pero Jesucristo, al morir en la cruz como rescate por todos los hombres (Mt 20,28; Mc 10,45; Lc 22,27), ha vencido a la muerte, al pecado, a Sat\u00e1n. Con su resurrecci\u00f3n obtiene el triunfo definitivo y final sobre ellos. El cristiano muere con Cristo en el bautismo (Rom 6,3-5) y es incorporado a la vida de Jesucristo resucitado. La muerte, lejos de ser una derrota, es un paso a la vida con el Se\u00f1or triunfante y glorioso.<\/p>\n<p>E. M. N.<\/p>\n<p>FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret<\/b><\/p>\n<p>1. Hombre y muerte<\/p>\n<p>(-> vida, pena de muerte, \u00e1rbol, resurrecci\u00f3n, inmortalidad). Parece que el hombre de Gn 1,1-2,4b no muere, o al menos el texto no dice nada de su muerte. Eso se debe a que no tiene individualidad estricta, sino que vive en un nivel de especie, en el que no existe la muerte. Tampoco el hombre de Gn 2-3 ten\u00ed\u00ada que morir obligatoriamente, sino que se encontraba abierto hacia el \u00e1rbol de la vida o amenazado por su propia muerte, en el caso de que comiera del \u00e1rbol de la ciencia del bien y del mal: \u00abDe todo \u00e1rbol del huerto podr\u00e1s comer; pero del \u00e1rbol del conocimiento del bien y del mal no comer\u00e1s, porque el d\u00ed\u00ada que de \u00e9l comas, ciertamente morir\u00e1s\u00bb (Gn 2,16-17). Eso significa que la muerte humana pertenece al nivel de la experiencia de su individualidad y autonom\u00ed\u00ada. Los restantes animales mueren biol\u00f3gicamente, pero no lo saben. El hombre quiere vivir y sabe que muere, si es que quiere hacerse due\u00f1o de s\u00ed\u00ad mismo. Esta es su grandeza y peque\u00f1ez, \u00e9ste es su destino.<\/p>\n<p>(1) Hombre, deseo de vida, realidad de muerte. Dios le hab\u00ed\u00ada colocado en un para\u00ed\u00adso abierto a la vida, ofreci\u00e9ndole una utop\u00ed\u00ada de existencia reconciliada consigo mismo y con la realidad, m\u00e1s all\u00e1 de la muerte. Pero ese jard\u00ed\u00adn era una oferta de gracia; por eso, tan pronto como el hombre asume el dominio sobre el conocimiento, en l\u00ed\u00adnea de bien-mal, descubre su verdad de muerte y encuentra que es adam (terroso, del polvo de la tierra), que de la aclamah ha brotado y a ella retorna cuando acaba el ciclo biol\u00f3gico de su vida (cf. Gn 3,19). Entendida as\u00ed\u00ad, la muerte no es castigo ni maldici\u00f3n, sino la misma realidad del hombre, someti  do a los ritmos de la vida y de la muerte, lo mismo que los cardos y abrojos de la estepa. Ciertamente, el hombre muere, como mueren los restantes animales. Pero los animales no quieren ser m\u00e1s que lo que son, se limitan a vivir. El hombre, en cambio, muere sabiendo que podr\u00ed\u00ada vivir y deseando la vida. En ese sentido, el texto b\u00ed\u00adblico (Gn 2-3) sabe que el para\u00ed\u00adso de la vida sin muerte es un don que s\u00f3lo se puede recibir y conservar por gracia. Por eso, tan pronto como los hombres quieren conquistarlo por la fuerza ellos acaban descubri\u00e9ndose desnudos, impotentes, en manos de su propia fragilidad y de sus deseos de violencia: de la seca adamah proviene el Adam, a ella ha de tornar, pues \u00abpolvo eres y al polvo volver\u00e1s\u00bb (3,19; cf. 2,7). Este es el destino de los hombres que, despu\u00e9s de haber so\u00f1ado en el para\u00ed\u00adso, despiertan de nuevo en la estepa de muerte, \u00e1rida, dura, rodeada por la opresi\u00f3n, pero con el recuerdo del para\u00ed\u00adso (Gn 3,14-4,2). Los hombres morimos como los restantes animales de la estepa, pero sabemos que morimos y nos duele. Hemos \u00abpasado\u00bb por el para\u00ed\u00adso, conservamos su recuerdo, de forma que nuestra misma vida es, de alguna forma, un deseo de superar la muerte. Dios hab\u00ed\u00ada dicho en Gn 2,17 \u00abel d\u00ed\u00ada en que comas de ese \u00e1rbol morir\u00e1s\u00bb, pero la serpiente sabe que no se trata de una muerte instant\u00e1nea (Ad\u00e1n y Eva han seguido viviendo), sino de vivir de una manera distinta, sabiendo que se muere. De esa forma, toda la existencia del hombre es una especie de preparaci\u00f3n para la muerte.<\/p>\n<p>(2) Eva, madre de la vida. Engendramiento humano. Despu\u00e9s de haber sido expulsado del para\u00ed\u00adso, \u00abAd\u00e1n llam\u00f3 a su mujer Eva (Jawah, vitalidad), porque es madre de todo lo que vive\u00bb (3,20). Eso significa que el despliegue de la vida se halla vinculado a Eva (la Viviente, Jawah), cuyo nombre est\u00e1 emparentado con el de Yahv\u00e9 (\u2020\u02dcehyeh), Aquel que est\u00e1 presente. Esto significa que hemos salido del para\u00ed\u00adso y que estamos condenados a la muerte, pero sigue existiendo Dios (El que Es, el que est\u00e1 presente) y sigue existiendo la Mujer (La que vive), es decir, la Vida como proceso de engendramiento. Inmediatamente despu\u00e9s que Dios le recuerda al hombre que es un ser de muerte (tiene que volver a la adamah: Gn 3,19), el hombre contesta y recuerda a Dios que su mujer es principio de Vida. Esta pervivencia de la mujer no es la inmortalidad individual (en un plano filos\u00f3fico, en la l\u00ed\u00adnea del pensamiento griego o de los orientales), ni es tampoco la promesa de resurrecci\u00f3n futura (en una l\u00ed\u00adnea que triunfar\u00e1 despu\u00e9s con el judaismo y cristianismo), sino algo previo. Los individuos mueren, pero pervive la especie, pues la vida se transmite y expande, sobre la muerte de cada uno de ellos. En ese nivel, Eva viene a mostrarse como experiencia superior de maternidad (protoevangelio*: cf. 3,15), signo de Vida que triunfa de la muerte.<\/p>\n<p>(3) Muerte como asesinato (Gn 4,116). Del plano del hombre que desea vida y est\u00e1 sometido a la muerte (Ad\u00e1n) y de la mujer que es signo divino de vida (Eva) pasamos a los hombres concretos que se enfrentan entre s\u00ed\u00ad y se matan. Ca\u00ed\u00adn y Abel han presentado sus sacrificios ante Dios, que se complace en los de Abel, mientras rechaza los de Ca\u00ed\u00adn, inici\u00e1ndose as\u00ed\u00ad una historia de asesinato y muerte (Gn 4,3-5). No sabemos si Abel era justo en el sentido posterior de la palabra, ni nos importa saberlo, pues el texto b\u00ed\u00adblico antiguo (y la tradici\u00f3n b\u00e1sica iniciada con \u00e9l) no pone de relieve su posible justicia, sino el hecho de que ha sido asesinado, en nombre de un tipo de envidia que parece fundarse en el mismo Dios. Lo \u00fanico que sabemos es que ofrec\u00ed\u00ada unos sacrificios de animales, en los que Dios se agradaba. Quiz\u00e1 descargaba de esa forma su violencia y su agresividad, superando as\u00ed\u00ad el deseo de matar a su hermano. Por el contrario, Ca\u00ed\u00adn, que ofrec\u00ed\u00ada a Dios los frutos de la tierra, no estaba reconciliado: sinti\u00f3 envidia de Abel y le mat\u00f3, oponi\u00e9ndose as\u00ed\u00ad a la voluntad de Dios. Esta es la certeza b\u00e1sica: el Dios que acepta los sacrificios animales de Abel (quiz\u00e1 como descarga de violencia) no puede aceptar el sacrificio humano de Ca\u00ed\u00adn. De esa forma se establece dentro de la historia humana el primer l\u00ed\u00admite concreto que consiste en no matar otros seres humanos. Hasta ahora hemos hablado en un plano de teor\u00ed\u00ada. Ahora, en cambio, hablamos de la primera muerte concreta y descubrimos que ella ha sido, de hecho, un asesinato (Gn 4,1-16). As\u00ed\u00ad encontramos que el hombre es un ser que puede matar a otros hombres. Para la Biblia, el gran problema no es que los hombres  mueran, sino que unos hombres maten a otros. El argumento propio de la Biblia no empieza con Ad\u00e1n y Eva, sino con Ca\u00ed\u00adn y Abel, con un hermano que mata a otro hermano. Sabemos por el relato de la creaci\u00f3n del var\u00f3n y la mujer (Gn 2,21-25) que el mayor bien de un hombre es otro ser humano. Ahora a\u00f1adimos, desde otra perspectiva, que el mayor peligro de un hombre es otro hombre. Desde esta perspectiva podemos entender mejor la muerte de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Cf. U. CASSUTO, G\u00e9nesis I, Magnes, Jerusal\u00e9n 1961; A. SOGGIN, Genesi I-II, Marietti, G\u00e9nova 1991; E. A. SPEISER, G\u00e9nesis, Doubleday, Nueva York 1964; G. VON RAD, G\u00e9nesis, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1977; C. WESTERMANN, G\u00e9nesis I-II, Ausgburg, Mine\u00e1polis 1984.<\/p>\n<p>MUERTE<br \/>\n2.Han matado a Jes\u00fas<\/p>\n<p>(-> Jes\u00fas). Muri\u00f3 por mantener su mensaje a favor de los peque\u00f1os y expulsados de su pueblo (pobres, prostitutas, publicanos, leprosos, enfermos&#8230;). Su muerte no fue una casualidad, sino el resultado de una l\u00f3gica hist\u00f3rica. Jes\u00fas choc\u00f3 con los intereses de los poderosos. Si se hubiera conformado con sentar las bases de una secta de iniciados, quedando en Nazaret para anunciar bellas historias sobre Dios, nada hubiera sucedido. Pero Dios le llamaba a proclamar el Reino abiertamente y subi\u00f3 a Jerusal\u00e9n para culminar su obra, a pesar de la negativa y rechazo de los defensores del orden establecido. As\u00ed\u00ad mostr\u00f3 su fidelidad de profeta, de enviado mesi\u00e1nico.<\/p>\n<p>(1) Jes\u00fas conoc\u00ed\u00ada el riesgo de su muerte. Era, sin duda, realista, conoc\u00ed\u00ada el peligro (cf. Mc 6,27) y sab\u00ed\u00ada que los profetas han de estar dispuestos a sellar con su sangre la verdad de su mensaje (cf. Lc ll,49ss; 13,33ss). Por formaci\u00f3n religiosa y experiencia hist\u00f3rica, Jes\u00fas deb\u00ed\u00ada contar con la eventualidad de una condena, de tal forma que alguno ha podido pensar que fue un provocador, que fue el causante de su muerte, (a) Fue un provocador. Sobre la ley sagrada del sistema (templo, pureza nacional) puso la fidelidad a Dios y a su Reino, que se expresa en el bien de los pobres. En ese contexto ha proclamado sus palabras m\u00e1s solemnes: \u00abQuien quiera salvar su vida la perder\u00e1&#8230;\u00bb (Mc 8,35); \u00abno tem\u00e1is a aquellos que matan el cuerpo&#8230;\u00bb (Mt 10,28). Tambi\u00e9n los celotas estaban dispuestos a morir, pero lo hac\u00ed\u00adan por la ley y el templo, por la naci\u00f3n y el pueblo, como lo hab\u00ed\u00adan hecho los macabeos (1 y 2 Mac), con armas en la mano. Jes\u00fas proclama el Reino sin armas, est\u00e1 dispuesto a morir a favor de los pobres, pero sin emplear violencia ni matar a los contrarios, (b) Fue un arriesgado. Subi\u00f3 a Jerusal\u00e9n \u00abtomando\u00bb la ciudad sin armas, como rey mesi\u00e1nico (cf. Mc 11,1-10) y anunciando el fin del templo (Mc 11,15ss), pues el tiempo de la sacralidad israelita (sacrificios expiatorios, leyes de pureza) ha terminado. Cercado por sus adversarios, amenazado de muerte, Jes\u00fas ha querido ofrecer a sus disc\u00ed\u00adpulos un banquete de amistad y despedida. De esa forma ha iniciado el pacto nuevo, la alianza que surge donde un hombre es capaz de ofrecer sin violencia su vida, para superar as\u00ed\u00ad toda violencia dentro de la historia.<\/p>\n<p>(2) Tuvo que morir. Era \u00abnecesario\u00bb. Por ofrecer el reino de Dios en gratuidad, a los m\u00e1s pobres, sin crear por ello estructuras de poder, Jes\u00fas ha tenido que morir, de tal forma que su muerte ha sido un momento esencial en su proyecto de Reino al servicio de los pobres. Sin embargo, \u00e9l apenas habl\u00f3 de ella. Habl\u00f3 del Padre Dios y del reino ofrecido a los pobres. Se ha dicho a veces que la religi\u00f3n es preparatio mortis: ense\u00f1a a los hombres a morir, poniendo de relieve la fragilidad humana. En esa l\u00ed\u00adnea se ha movido cierta piedad cristiana que dice al hombre: recuerda que eres polvo y al polvo has de tornar (Liturgia del Mi\u00e9rcoles de Ceniza). En contra de eso, el mensaje de Jes\u00fas ha sido preparado vitae, ensayo y principio de existencia de gozo y esperanza. El hombre no es un ser para la muerte, sino para la gracia de la vida. Por eso, Jes\u00fas no era un hombre enamorado de la tumba, profeta victimista de desgracias o desdichas, sino un enamorado de la vida que regala lo que tiene a los m\u00e1s pobres y lo comparte con ellos, de forma que el anuncio del Reino puede convertirse en principio de transformaci\u00f3n: convertios (Mc 1,15 par). Esta es la paradoja y seg\u00fan ella ha muerto Jes\u00fas. No quer\u00ed\u00ada morir sino vivir, compartir su vida con los pobres. Pero le han matado aquellos que tienen miedo de que  los pobres sean evangelizados, los ciegos vean, los cojos anden y los leprosos queden limpios (cf. Mt 11,2-6). Lc han matado precisamente porque ha sido fiel a su mensaje de Reino y porque los poderes del sistema han tenido miedo. As\u00ed\u00ad ha muerto en cruz, llamando a Dios y esperando que Dios le responda, desde el mismo fondo de su angustia. De esa forma, sin perder su dureza, sino todo lo contrario, la muerte viene a presentarse como un camino abierto hacia la vida. Por eso, la salvaci\u00f3n (pascua) no emerge a pesar de, sino a trav\u00e9s de la muerte: por fidelidad al Dios de los pobres ha muerto Jes\u00fas y Dios le ha respondido en la pascua, a trav\u00e9s (no por encima) de la muerte (cf. Mc 10,45).<\/p>\n<p>(3) Ha muerto por conflicto con Israel. Jes\u00fas se enfrent\u00f3 con los sacerdotes saduceos, guardianes del orden sagrado y del templo, y tambi\u00e9n con los fariseos, como la tradici\u00f3n cristiana pondr\u00e1 de relieve: \u00e9l priv\u00f3 a los maestros de Israel no s\u00f3lo de su autoridad religiosa, sino de su autoridad social&#8230; El Dios de Jes\u00fas no era el Dios de la religi\u00f3n oficial, su proyecto de vida no era el proyecto de las autoridades oficiales de su pueblo. Nos hallamos ante un conflicto teol\u00f3gico, ante dos visiones de Dios. El Dios del judaismo es piadoso seg\u00fan ley: perdona a los culpables, conforme a los principios de la alianza, seg\u00fan los sacrificios del templo, conforme al orden sacral establecido. En nombre de Dios Padre, Jes\u00fas dice que el tiempo de la ley ha terminado. No es que rechace algunas cosas especiales, un determinado tipo de leyes (como las escuelas de Hillel y Shammai); no es que se oponga a un calendario religioso, para imponer en su lugar otro distinto (como los de Qumr\u00e1n). Dice algo m\u00e1s radical: el tiempo de la ley-templo ha terminado, (a) Propuesta de Jes\u00fas. De manera muy sencilla y radical, sin discusiones de detalle (fijadas en las controversias hal\u00e1kicas), Jes\u00fas declara cumplido el tiempo de la Ley y el templo. Nada niega, nada destruye. Simplemente afirma que el tiempo de la Ley ha terminado: Se ha cumplido el plazo (Mc 1,14-15) y Jes\u00fas puede vincularse con los pecadores, en gesto que le enfrenta con los \u00abjustos\u00bb (cf. Mc 2,17; Lc 15,4-10; Mt 7,36-47). (b) Respuesta de las autoridades del templo: no hay tiempo ni lugarpara Jes\u00fas. Ciertamente, Jes\u00fas era un \u00abbuen\u00bb israelita, pero, conforme a su mensaje, el buen pueblo de la ley deb\u00ed\u00ada perder su identidad nacional y su separaci\u00f3n sagrada. L\u00f3gicamente, los defensores de esa identidad le han condenado. No hab\u00ed\u00ada otra salida: conforme a la ley del buen sistema, Jes\u00fas ten\u00ed\u00ada que morir, pues su movimiento pon\u00ed\u00ada en riesgo el valor del templo. Los sacerdotes oficiales le vieron como un peligro para el pueblo y en nombre del Dios de su pueblo tuvieron que condenarle por blasfemo (Mc 14,64) porque se apropiaba de un poder y autoridad que s\u00f3lo corresponde a Dios. La acusaci\u00f3n contra Jes\u00fas no ha sido una calumnia perversa, ni su juicio y condena una expresi\u00f3n de maldad alborotada, como parece suponer m\u00e1s tarde Lucas (Hch 2,23; 3,13ss; 4,10; 7,52), sino exigencia de la misma ley de seguridad nacional de un tipo de judaismo, que se sent\u00ed\u00ada amenazado por la blasfemia y ruptura de este pretendiente mesi\u00e1nico galileo. Jes\u00fas hab\u00ed\u00ada desafiado a la autoridad de su pueblo. L\u00f3gicamente, la autoridad se defiende y le condena a muerte. Esa autoridad israelita habr\u00ed\u00ada comprendido y aceptado casi todo: un asceta duro, como Juan, pregonando el juicio en el desierto; un vidente apocal\u00ed\u00adptico, anunciando la guerra de Dios; un esenio, opuesto al orden actual del mismo templo; un pol\u00ed\u00adtico celota, comprometido de forma violenta con la liberaci\u00f3n del pueblo; un pol\u00ed\u00adtico realista, aliado a Roma&#8230; Pero no pudo aceptar a un hombre mesi\u00e1nico como Jes\u00fas, que integraba en el reino de Dios a los infieles y enemigos, corriendo el riesgo de unir a puros con manchados, rompiendo la identidad sagrada del pueblo.<\/p>\n<p>(4) La paradoja de Jes\u00fas. Ten\u00ed\u00ada que morir. Jes\u00fas es un producto genuino de Israel, el mejor de los israelitas. Ha tomado en serio la gracia de la Ley que es don de Dios para superar las leyes de identidad y separaci\u00f3n del pueblo (volviendo al principio de la creaci\u00f3n, donde se vinculan desde Dios todos los hombres: Gn 1-2). Ha retomado en su mensaje y gesto las m\u00e1s hondas profec\u00ed\u00adas de Israel (el perd\u00f3n, la acogida de los pobres y expulsados). Pero, al mismo tiempo, \u00e9l ha puesto en riesgo la vida de la naci\u00f3n, pues ha prescindido de aquellos rasgos que permiten construir a un pueblo como diferente: leyes sociales de pureza, tradiciones familia  res, exigencias jur\u00ed\u00addicas que ha codificado la Misn\u00e1 (siglos II-III), poniendo as\u00ed\u00ad las bases del Israel eterno. Los jud\u00ed\u00ados nacionales pueden afirmar que Jes\u00fas tiene raz\u00f3n en un sentido abstracto, pero a\u00f1aden que una sociedad concreta no se puede mantener a ese nivel de gratuidad y perd\u00f3n, superando el plano de las instituciones. Los mayores maestros jud\u00ed\u00ados del siglo XX (J. Klausner, G. Vermes) tienden a decir que Jes\u00fas era justo y ten\u00ed\u00ada raz\u00f3n, pero que el eterno Israel no pudo (ni puede) seguirle, pues ello hubiera supuesto el fin del pueblo sagrado y separado. Adem\u00e1s, a pesar de las curaciones de Jes\u00fas, segu\u00ed\u00ada habiendo enfermos y expulsados, oprimidos y aplastados sobre el mundo, lo que indica que no hab\u00ed\u00ada llegado todav\u00ed\u00ada el Reino. Lo \u00fanico firme era el pueblo, el buen pueblo elegido, mientras que Jes\u00fas era s\u00f3lo un carism\u00e1tico iluso, un hombre bueno pero peligroso. Y en estos casos ya se sabe: es preferible que muera un hombre para que se salve el pueblo (cf. Jn 11,50). Los cristianos, en cambio, descubren que en Jes\u00fas ha comenzado el Reino.<\/p>\n<p>(5) Lc han ejecutado los romanos por rebelde. La raz\u00f3n fundamental de su condena fue pol\u00ed\u00adtica, como muestra el cartel de la sentencia: \u00abRey de los jud\u00ed\u00ados\u00bb (Mc 15,26). La tradici\u00f3n sin\u00f3ptica supone que Jes\u00fas procur\u00f3 ocultar (o matizar) su condici\u00f3n mesi\u00e1nica, por las ambig\u00fcedades nacionalistas y militares que implicaba. Sin embargo, parece totalmente seguro que, al final de su carrera, Jes\u00fas ha mantenido firme su actitud, no se ha vuelto atr\u00e1s, sino que se ha presentado como Mes\u00ed\u00adas*, sin negar las implicaciones pol\u00ed\u00adticosociales de su misi\u00f3n. Es muy posible que algunos tomaran a Jes\u00fas como un descendiente de David. El mismo debi\u00f3 presentarse al final como \u00abmes\u00ed\u00adas dav\u00ed\u00addico\u00bb, elevando su pretensi\u00f3n mesi\u00e1nica en Jerusal\u00e9n, sin armas, ni soldados, al servicio de los pobres y excluidos de la sociedad. Con esa certeza, en un momento determinado, en el contexto de la pascua*, es decir, de la fiesta de la liberaci\u00f3n de los hebreos y de la revelaci\u00f3n salvadora de Dios, subi\u00f3 a Jerusal\u00e9n a fin de presentar abiertamente su mensaje. Todo nos permite suponer que subi\u00f3 expresamente decidido a \u00abforzar la ruptura\u00bb, a provocar a las autoridades con una se rie de acciones p\u00fablicas que expresaran una pretensi\u00f3n real de tipo dav\u00ed\u00addico (entrada en Jerusal\u00e9n, purificaci\u00f3n del templo). No subi\u00f3 en las fiestas del Yom Kippur o de la expiaci\u00f3n* para pedir perd\u00f3n a Dios por los pecados. Tampoco subi\u00f3 en un contexto pentecostal* de renovaci\u00f3n de la ley (aunque en su vida y obra hay elementos pentecostales, vinculados con la fiesta de la vida). Subi\u00f3 precisamente en pascua, con la pretensi\u00f3n de ofrecer un nuevo nacimiento para el pueblo. Ciertamente, esa pretensi\u00f3n no era pol\u00ed\u00adtica en el sentido militar y nacionalista. Pero ten\u00ed\u00ada elementos sociales y pol\u00ed\u00adticos muy marcados, que las autoridades entendieron como una provocaci\u00f3n. En ese sentido, ni Caif\u00e1s, sacerdote jud\u00ed\u00ado, ni Pilato, gobernador romano, fueron injustos o asesinos al condenarle a muerte. Ellos supieron lo que se estaba jugando en el fondo del mensaje y de la provocaci\u00f3n de Jes\u00fas. Por eso, humanamente hablando, en aquellas circunstancias, no tuvieron otra salida que condenarle a muerte. Para ellos, Jes\u00fas era un profeta popular, un l\u00ed\u00adder de masas. Ciertamente, \u00e9l no era externamente peligroso, pero su movimiento, en un momento de entusiasmo popular como el de las fiestas de pascua, pod\u00ed\u00ada convertirse en rebeli\u00f3n armada. L\u00f3gicamente, le condenaron a muerte y lo hicieron en un tiempo de relativa calma, con la ley en la mano. La propuesta de Jes\u00fas, definida por una \u00abpol\u00ed\u00adtica radical\u00bb de gratuidad, de no violencia activa, de superaci\u00f3n de los sistemas sacrales y sociales de imposici\u00f3n y opresi\u00f3n, era peligroso para los sacerdotes de Jerusal\u00e9n y para Roma.<\/p>\n<p>(6) La condena de Jes\u00fas no fue una equivocaci\u00f3n de Roma. Jes\u00fas ten\u00ed\u00ada un proyecto y camino (estrategia) de Reino que no concordaba con los m\u00e9todos (y presencia) de Roma en Palestina. Por eso ha criticado el funcionamiento b\u00e1sico de las instituciones pol\u00ed\u00adticas (sociales) cuando describe y condena el poder como dominio de los unos sobre los otros (cf. Lc 22,25-27; Mc 10,4245). Por otra parte, Jes\u00fas hab\u00ed\u00ada proclamado un movimiento de Reino al servicio de los desclasados (pobres, excluidos&#8230;), creando as\u00ed\u00ad una situaci\u00f3n de riesgo en el fr\u00e1gil equilibrio pol\u00ed\u00adtico de Palestina, especialmente por su entrada p\u00fablica en Jerusal\u00e9n. Finalmente, Jes\u00fas se sent\u00ed\u00ada avalado por Dios, de  clarando as\u00ed\u00ad, impl\u00ed\u00adcitamente, que el Dios de los romanos (del imperio militar) era un \u00ed\u00addolo falso. Respondiendo a todo esto, los romanos le mataron porque era un perturbador del orden divino de Roma, porque hab\u00ed\u00ada puesto en riesgo el equilibrio fr\u00e1gil de la violencia sagrada del imperio. Ciertamente, en un sentido, Jes\u00fas hab\u00ed\u00ada separado religi\u00f3n e imperio, las cosas del c\u00e9sar y las cosas de Dios (cf. Mc 12,27), pero, de hecho, su forma de anunciar y preparar la llegada del reino de Dios iba en contra del orden de Roma. Hab\u00ed\u00ada que decidirse entre Jes\u00fas o este imperio concreto. L\u00f3gicamente, Pilato se decidi\u00f3 por el imperio. Desde un punto de vista humano ten\u00ed\u00ada raz\u00f3n, pues como dir\u00e1 m\u00e1s tarde el mismo Flavio Josefo, comentando la guerra del 67-70, Dios hab\u00ed\u00ada dado su poder a Roma. As\u00ed\u00ad lo entendieron los sacerdotes de Jerusal\u00e9n, que se beneficiaban de los privilegios nacionales y sagrados, econ\u00f3micos y sociales que les conced\u00ed\u00ada la paz del imperio. Roma era muy tolerante, siempre que se aceptara su visi\u00f3n religiosa de la paz pol\u00ed\u00adtica, pero era implacable cuando ve\u00ed\u00ada en peligro su imperio. La muerte de Jes\u00fas fue la garant\u00ed\u00ada de que no se producir\u00ed\u00adan des\u00f3rdenes&#8230;<\/p>\n<p>(7) \u00bfFue Jes\u00fas inocente? El problema de la inocencia en cuanto tal era secundario; lo que importaba era el orden imperial de Roma, que hab\u00ed\u00ada pactado con el orden nacional de los sacerdotes jud\u00ed\u00ados. El imperio sagrado de Roma y la santidad del templo de Jerusal\u00e9n se vinculaban: en ambos casos, Dios se expresa a trav\u00e9s de la violencia del sistema. Pues bien, frente a ese dios del sistema, que es violencia organizada, ha elevado Jes\u00fas el reino de Dios Padre. En el mensaje de Jes\u00fas hay lugar para el c\u00e9sar, pero el c\u00e9sar no es Dios ni su imperio es el Reino. Tambi\u00e9n puede haber un lugar para los sacerdotes, pero tampoco ellos son Dios, ni su templo es la casa donde se pueden reunir en fraternidad todos los hombres. Por eso, Jes\u00fas no quiere mejorar un poco el sistema del imperio o del templo, sino que busca la conversi\u00f3n total del hombre, m\u00e1s all\u00e1 de imperio y templo. No es un reformador, sino un profeta y pretendiente mesi\u00e1nico, que anuncia y prepara, primero en Galilea y despu\u00e9s en Jerusal\u00e9n, la llegada del reino de la gracia, que no viene por armas (Roma), ni por sacrificios sagrados (templo), sino por la gracia de Dios y por la comuni\u00f3n de vida de los enfermos y pobres, de los expulsados y excluidos del sistema. Soldados imperiales y sacerdotes del templo no tuvieron m\u00e1s remedio que condenarle a muerte, porque sintieron miedo ante la palabra y proyecto de gracia de Jes\u00fas. Ellos fundaban su seguridad sobre un Dios de seguridad y violencia. Por eso tuvieron miedo ante el camino de Jes\u00fas y resolvieron matarle. Ellos condenaron a Jes\u00fas con la ley del sistema, una ley que es buena en el nivel de la raz\u00f3n pol\u00ed\u00adtico-religiosa, pero que es incapaz de aceptar la nueva comuni\u00f3n del Reino que Jes\u00fas propone, un Reino donde nadie se impone sobre nadie, en comuni\u00f3n de gratuidad, perd\u00f3n y fiesta de la vida (sin violencia o poder de unos sobre otros). De igual modo siguen condenando a Jes\u00fas (y a los pobres del mundo) todos los poderes que se imponen con violencia, los que ponen sus derechos por encima de la vida de los pobres, los que intentan sostener sus privilegios econ\u00f3mico-sociales a costa de los otros, los que en funci\u00f3n de cualquier tipo de razones condenan o subyugan al hombre, sacralizando de esa forma su violencia. Eso significa que el proceso de Jes\u00fas no ha terminado. Ante el estrado de su juicio nos seguimos alzando todav\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Cf. R. E. BROWN, La muerte del Mes\u00ed\u00adas I, Verbo Divino, Estella 2005; J. KLAUSNER, Jes\u00fas de Nazaret. Su vida, su \u00e9poca, sus ense\u00f1anzas, Paid\u00f3s, Barcelona 1991; P. MEIER, \u00abDel profeta como Elias al mes\u00ed\u00adas real dav\u00ed\u00addico\u00bb, en D. DONNELLY (ed.), Jes\u00fas. Un coloqido en Tierra Santa, Verbo Divino, Estella 2004, I09-I fO; Un jud\u00ed\u00ado marginal. Nueva visi\u00f3n del Jes\u00fas hist\u00f3rico I-IV, Verbo Divino, Estella 1998-2006; G. VERMES, Jes\u00fas el jud\u00ed\u00ado, Muchnik, Madrid 1997; P. WINTER, El proceso a Jes\u00fas, Muchnik, Barcelona 1983.<\/p>\n<p>MUERTE<br \/>\n3.Dios y muerte de Jes\u00fas<\/p>\n<p>Seg\u00fan Plat\u00f3n, S\u00f3crates muri\u00f3 lleno de paz, como un h\u00e9roe de la filosof\u00ed\u00ada: sabe adonde va (su alma es inmortal) y por eso se despide de sus amigos como triunfador: todo se ha cumplido conforme a lo previsto. Jes\u00fas, en cambio, no cree en la inmortalidad del alma, sino en el reino de Dios y parece que el Dios de ese Reino le abandona; por eso, su muerte es un fracaso y as\u00ed\u00ad muere como perdedor.    (1)  El grito de la Cruz. El Nuevo Testamento afirma que ha sufrido la muerte con dolor y dureza (cf. Heb 5,7; Mc 14,34; 15,34-37; Lc 12,50), elevando desde la cruz su grito de angustia (Mc 15,34.37 par), que muchos interpretan como un invento de la Iglesia (los crucificados mueren por asfixia y son incapaces de gritar) y otros entienden como un signo apocal\u00ed\u00adptico del fin del mundo (cf. la voz de Mc 1,11). Algunos suponen, en fin, que se puede tratar de un grito desesperado, de angustia y terror ante el fracaso final de su mensaje: \u00abDios m\u00ed\u00ado, Dios m\u00ed\u00ado, \u00bfpor qu\u00e9 me has abandonado? (Eloi, Eloi. Lema Sabaktani, Mc 15,34). Pensamos que ese grito constituye un recuerdo hist\u00f3rico: precisamente, porque los crucificados no suelen gritar, la tradici\u00f3n cristiana ha conservado el recuerdo de ese grito, a pesar de los problemas que pod\u00ed\u00ada plantear a la experiencia de los creyentes. La tradici\u00f3n sabe que Jes\u00fas no ha muerto en medio de una desesperaci\u00f3n total, pues en ese caso no podr\u00ed\u00ada haber mantenido su recuerdo salvador. Pero sabe tambi\u00e9n que, en un sentido, la muerte en cruz es un fracaso. Pues bien, mirado desde una perspectiva m\u00e1s alta, ese fracaso es signo y principio de salvaci\u00f3n. Un mes\u00ed\u00adas victorioso se situar\u00ed\u00ada en la l\u00ed\u00adnea de los vencedores del sistema, de los soldados y sacerdotes, de los ricos y los fuertes, de los prepotentes. Un Jes\u00fas triunfador no podr\u00ed\u00ada ser mes\u00ed\u00adas de los pobres, de los expulsados y asesinados. Para ellos y con ellos ha proclamado e iniciado Jes\u00fas el camino del Reino. L\u00f3gicamente, ha muerto con ellos, como un fracasado, un perdedor. S\u00f3lo quien sabe perder puede amar de verdad a los dem\u00e1s y acompa\u00f1arles. Los que quieren ganar siempre y siempre tienen raz\u00f3n acaban siendo dictadores, al servicio del sistema. Pues bien, teniendo eso en cuenta queremos a\u00f1adir que el grito de muerte de Jes\u00fas (Mc 15,37) requiere aclaraci\u00f3n, como sabe Me, que ofrece dos interpretaciones diferentes para entenderlo. Suponemos que en su forma actual Mc 15,34 refleja la conciencia de la Iglesia que ha le\u00ed\u00addo la pasi\u00f3n a la luz del Salmo 22.<\/p>\n<p>(2) Dos interpretaciones. Pensamos que en el fondo de Mc 15,37 hay un grito hist\u00f3rico que ha podido interpretarse de dos formas: como llamada a Elias y como invocaci\u00f3n a Dios, (a) Algunos presentes suponen que Jes\u00fas est\u00e1 llamando a Elias, para que venga y le ayude (15,35). Esta opini\u00f3n se sit\u00faa en la l\u00ed\u00adnea del mismo Jes\u00fas, que se hab\u00ed\u00ada presentado en forma de profeta-comoEl\u00ed\u00adas y en la l\u00ed\u00adnea de aquellos que pensaban que el mismo Elias avalaba su obra prof\u00e9tica (cf. Mc 6,15 y 8,28). Entendido as\u00ed\u00ad, este grito podr\u00ed\u00ada ser signo de fracaso: Jes\u00fas llama al profeta de los milagros y de la justicia salvadora, pero el profeta no acude a liberarle. Pero tambi\u00e9n puede entenderse en un sentido positivo: Jes\u00fas llama a Elias y Elias vendr\u00e1, de una forma u otra, avalando as\u00ed\u00ad la misi\u00f3n prof\u00e9tica de Jes\u00fas, en la l\u00ed\u00adnea que hab\u00ed\u00ada iniciado Juan Bautista, (b) La Iglesia ha escuchado en ese grito las palabras dolientes del salterio: \u00abDios m\u00ed\u00ado, Dios m\u00ed\u00ado, \u00bfpor qu\u00e9 me has abandonado?\u00bb (Mc 15,34). De esa forma, los cristianos entienden el grito de Jes\u00fas como palabra de llamada al Padre. El personaje principal de la agon\u00ed\u00ada de Jes\u00fas no es Elias, sino Dios. Ciertamente, quedan pendientes otros protagonistas: los disc\u00ed\u00adpulos que le abandonan, sacerdotes y romanos que le condenan&#8230; Pero el motor y principio de su vida ha sido el mismo Dios que le ungi\u00f3 dici\u00e9ndole: \u00c2\u00a1T\u00fa eres mi Hijo querido, en ti me he complacido! (Mc 1,11). Ese Dios del Reino parece abandonarle ahora; por eso le invoca, confiado y dolido, desde la angustia de la cruz, diciendo con el Sal 22,2: \u00ab\u00c2\u00a1Dios m\u00ed\u00ado, Dios m\u00ed\u00ado! \u00bfPor qu\u00e9 me has abandonado?\u00bb. No parece abandonarle Elias, sino Dios. Por eso le llama, elevando su \u00faltima palabra, haciendo suyo el grito de los condenados que pueden asumir las palabras del Salmo 22, donde el creyente invoca al Dios del pacto, en intimidad y confianza suma, descubriendo al mismo tiempo que ese Dios est\u00e1 lejano: ha desviado el rostro y abandona en dolor y soledad precisamente al mismo justo que le invoca. En esta dial\u00e9ctica de ausencia y cercan\u00ed\u00ada parad\u00f3jica del hombre angustiado que se refugia (o quiere refugiarse) en aquel mismo Dios que le abandona, est\u00e1 la clave de este salmo que la Iglesia ha utilizado para interpretar la muerte de Jes\u00fas, descubriendo en ella el m\u00e1s hondo misterio de alejamiento y cercan\u00ed\u00ada de Dios, de dolor y de confianza. En el fondo de este grito se vinculan presencia de Dios y abandono, gracia suprema y muerte dolorosa. Porque est\u00e1 siempre en su hon  dura y constituye la gracia y sentido de su vida, ha invocado Jes\u00fas a su Dios. Porque se siente inmensamente lejos y no acaba de encontrarle, le ha llamado preguntando \u00bfpor qu\u00e9 me has abandonado? Todos los que quieren resolver con palabras f\u00e1ciles esta paradoja de la angustia creyente de Jes\u00fas ignoran el sentido del fracaso y de la muerte mesi\u00e1nica.<\/p>\n<p>(3) Muerte de Jes\u00fas, experiencia de Dios. Jes\u00fas ha verificado por su muerte aquello que hab\u00ed\u00ada proclamado: muestra que es posible amar en plenitud, superar sin violencia la violencia, acoger en amor a todos los humanos. De esa forma nos redime con el propio y m\u00e1s alto testimonio de su vida. Conforme a la ley del sistema, nos hubiera gustado que Dios respondiera con violencia, matando con el rayo de su fuego a los culpables (como se dice de Elias), desclavando a Jes\u00fas de la Cruz y burlando de esa forma a los verdugos (como ha cre\u00ed\u00addo la tradici\u00f3n musulmana)&#8230; Pero eso hubiera sido seguir en la violencia, conforme a la l\u00f3gica de acci\u00f3n y reacci\u00f3n, de poder e imposici\u00f3n, de nuestra historia. En un nivel de sistema, Dios calla, de manera que la pregunta de Jes\u00fas la siguen gritando millones de torturados y angustiados, sin una respuesta en la tierra. Con ellos muere Jes\u00fas. Eleva su grito y Dios calla. Llama y nadie la responde. Dios responde en un nivel de Pascua: ama a Jes\u00fas, le sostiene en la Cruz y le asiste, haci\u00e9ndole capaz de entregar hasta el final la propia vida, sin deseo de venganza. En este mundo, en esta orilla de la vida, no existe m\u00e1s respuesta que el silencio del amor dolorido y, sin embargo, confiado. Desde la ribera del Padre, la misma muerte aparece como pascua, misterio salvador, revelaci\u00f3n suprema del amor.<\/p>\n<p>(4) Jes\u00fas muere como Hijo de Dios, a favor de los pobres. No muere simplemente por blasfemo y peligroso, condenado por los jefes de Israel y Roma, sino porque ha cumplido la tarea que Dios le ha encomendado. As\u00ed\u00ad ha expresado su amor a Dios amando y sirviendo a los hombres. Por eso le han condenado los funcionarios del sistema, clav\u00e1ndole en la cruz del abandono m\u00e1ximo de Dios. \u00bfPodr\u00e1 responderle Dios desde la cruz donde ha muerto? Esta es la pregunta teol\u00f3gica suprema. Jes\u00fas no ha invocado al Dios c\u00f3smico (filos\u00f3fico), ni al Dios del Estado (en perspectiva romana), ni a la sacralidad del pueblo (ley jud\u00ed\u00ada), sino al Dios de los pobres, al Dios de los enfermos y excluidos, de las prostitutas y leprosos; si Dios le abandona, su mensaje de Reino ha sido vano. Por eso, la respuesta de Dios a Jes\u00fas (resurrecci\u00f3n) es la respuesta de Dios a los pobres, la confirmaci\u00f3n y experiencia de un amor que rompe la ley del sistema, expresando la vida en forma de amor en gratuidad, sobre la ley social y religiosa que expulsa y oprime a los pobres e impuros. Jes\u00fas invoca al Dios de los pobres, al Padre de la vida. De esa forma apela, llamando al Dios de su evangelio, poni\u00e9ndose en sus manos. Porque es su Dios, porque conf\u00ed\u00ada en su presencia por encima de todas las violencias y negruras de la tierra, Jes\u00fas le ha suplicado: \u00abDios m\u00ed\u00ado, Dios m\u00ed\u00ado\u00bb. Porque no puede entenderle, porque ignora su camino y su respuesta, porque sufre su silencio contin\u00faa: \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 me has abandonado?\u00bb.<\/p>\n<p>(5) Dios ama a Jes\u00fas en la muerte y no quiere su muerte, sino la vida de todos. La tradici\u00f3n cristiana sabe que Jes\u00fas no ha muerto simplemente porque le han matado, sino porque \u00e9l mismo ha dado la vida: \u00abHa muerto por nuestros pecados\u00bb (1 Cor 15,3); \u00abse ha entregado por nosotros\u00bb (cf. Gal 1,4; 2,20; Mc 10,45); \u00abha derramado por nosotros su sangre\u00bb (cf. Lc 22,19-20 y par; 1 Cor 11,23-26). Pues bien, Dios no necesita la sangre de Jes\u00fas para aplacarse. Al contrario, Dios expresa su amor y se revela como fuente de gracia all\u00ed\u00ad donde Jes\u00fas entrega su vida para liberar a los hombres (cf. Mc 10,45). En ese sentido, utilizando un lenguaje sacral del Antiguo Testamento, se podr\u00ed\u00ada decir que ha muerto como v\u00ed\u00adctima expiatoria, siempre que precisemos con cuidado ese t\u00e9rmino: no ha muerto para aplacar a Dios, sino precisamente para todo lo contrario, para revelar y realizar sobre la tierra el misterio de un amor gratuito que justifica y salva a los hombres. S\u00f3lo por eso decimos que derrama su sangre por nosotros (Lc 22,20) o por muchos, es decir, por todos los hombres (Mc 14,24). A lo largo de su vida y de una forma condensada y radical en el momento de su muerte, Jes\u00fas vive y muere por los hombres. Este ser para los otros constituye su verdad m\u00e1s radical, la revelaci\u00f3n de  Dios sobre la tierra. A trav\u00e9s de su vida de entrega gratuita de amor, Jes\u00fas ha realizado el gesto redentor por excelencia: ha vinculado en amor gozoso y esperanza de Dios a los hombres. Jes\u00fas ha muerto por nosotros: ha entregado su vida al servicio del Reino, para que as\u00ed\u00ad podamos compartir la vida, en amor gozoso, en perd\u00f3n y no violencia. Ahora descubrimos que Dios no necesita que le aplaquen, sino todo lo contrario: nos redime y reconcilia, nos aplaca \u00e9l a nosotros.<\/p>\n<p>(6) Dios exp\u00ed\u00ada por nosotros. La paz del crucificado. No tenemos que aplacar a Dios, sino que ha sido el mismo Dios quien nos aplaca y pacifica en Cristo. De esa forma se invierte el lenguaje ordinario de las religiones: no son los hombres los que han de servir a Dios, sino que es Dios Padre quien sirve y libera a los hombres, de manera humilde y gozosa, fuerte y desbordante, por medio de su Hijo Jesucristo. No somos nosotros para Dios (para honrarle y servirle), sino Dios para nosotros: para honramos y liberarnos, d\u00e1ndonos su amor y libertad en Cristo. No es el hombre para el s\u00e1bado, sino el s\u00e1bado para el hombre. No es el hombre para el sistema, sino el sistema para el hombre (si es que puede, pues de lo contrario debe ser destmido). \u00bfQu\u00e9 hace Dios en la cmz? \u00c2\u00a1Ser Dios! Dios ama a Jes\u00fas: le sostiene su dolor y lo recibe en su vida. Al mismo tiempo, ama a los humanos, ratificando y expresando de esa forma la verdad del Evangelio. All\u00ed\u00ad donde los poderes de la historia han matado a Jes\u00fas, Dios viene a presentarse como vida y Evangelio. Para quien haya seguido el camino de Jes\u00fas, la gloria de Dios no estar\u00e1 ya nunca en la ley de un judaismo centrado en los sacrificios del templo, ni en el poder de Roma, sino en la vida y mensaje pascual del cmcificado. Por encima de la Pax Romana, que acaba acudiendo a la violencia (poder del sistema), se desvela por Jes\u00fas la gracia de Dios Padre, es decir, la posibilidad de un encuentro de amor entre todos los hombres. Por encima de la Paz Iiulaica, que impone sobre todos un tipo de ley sagrada, viene a desvelarse en Cristo la libertad en el amor abierto a todos los hombres. Por encima de la paz del sistema actual, marcado por el capitalismo, que impone su violencia sobre todos, se eleva la gracia de los hombres que son capaces de vivir y morir por los dem\u00e1s. Esta paz de la cruz es la \u00fanica que puede vencer al mundo, como sabe san Pablo y como desarrolla de forma impresionante el Apocalipsis de san Juan, cuando evoca el signo del milenio y anuncia el triunfo y reino de los degollados, es decir, de los crucificados de la historia humana. Destruida la ciudad de la prostituci\u00f3n, vencidos los reyes violentos y las Bestias a trav\u00e9s de la Palabra del Mes\u00ed\u00adas (Ap 19,11-21), podr\u00e1 instaurarse por mil a\u00f1os el reino de aquellos que regalan la vida y dialogan entre s\u00ed\u00ad, porque son capaces de morir por los dem\u00e1s, construyendo de esa forma un mundo sin opresi\u00f3n ni lucha, el reino de la abolici\u00f3n de todas las violencias y de la destrucci\u00f3n de todas las opresiones del sistema. Se cumplen as\u00ed\u00ad las promesas de Lc 4,18-19 (\u00abme ha enviado para anunciar la libertad a los presos&#8230;\u00bb) y el mensaje de la Madre de Jes\u00fas: \u00abderriba del trono a los poderosos y eleva a los oprimidos\u00bb (Lc 1,52-53).<\/p>\n<p>(7) Ap\u00e9ndice. El Apocalipsis. La muerte es un elemento clave del Apocalipsis, que se estructura en tomo a ella. Estos son sus sentidos principales, (a) La muerte (thanatos) pertenece a la forma de vida del hombre en el mundo. As\u00ed\u00ad aparece vinculada al cuarto jinete, culminando los males de la historia (Ap 6,8). El miedo y deseo de muerte domina y angustia a los malvados (9,6; 18,8). (b) Cristo estaba muerto (nekros) y sin embargo vive (1,18; 2,8), siendo el primog\u00e9nito de entre los muertos (1,5). Su victoria sobre la muerte (es Cordero degollado y vencedor: 5,6) le define como viviente verdadero, que tiene las llaves del Hades* y la muerte (1,18). (c) Hay una muerte primera y otra segunda. Cristo ha vencido a la primera: sus poderes (Drag\u00f3n, Bestias y Prostituta) han sido arrojados al estanque de fuego, que es la muerte segunda o perdurable (cf. 20,6.14; 21,8), es decir, sin fin: propia de aquellos que no acogen la vida del Cordero (20,13-14). Los vencedores de Jes\u00fas no sufren la muerte segunda, es decir, la condena y destmcci\u00f3n tras esta vida: viven por siempre en la ciudad del Cordero, donde todo es nuevo y viviente (21,1. 4), de forma que no puede da\u00f1arles la muerte segunda (2,11).<\/p>\n<p>Cf. R. E. BROWN, La muerte del Mes\u00ed\u00adas I, Verbo Divino, Estella 2005; J. P. MEIER, Un jud\u00ed\u00ado marginal. Nueva visi\u00f3n del Jes\u00fas hist\u00f3rico I-IV, Verbo Divino, Estella 1998-2006; J. MOLTMANN, El Dios crucificado, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1975; H. SCH\u00dcRMANN, \u00bfC\u00f3mo en  tendi\u00f3 y vivi\u00f3 Jes\u00fas su muerte?, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1982; El destino de Jes\u00fas. Su vida y su muerte, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 2004; H. URS VON BALTHASAR, El misterio pascual, en MS III, 2, 143-336; Teodram\u00e1tica IV. La Acci\u00f3n, Encuentro, Madrid 1995.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n<p>Cada ser humano va al encuentro de su propia muerte, y lo sabe. Esta es la gran diferencia con respecto al fin de los animales; el hombre conoce, con absoluta certeza, su propia muerte y se defiende contra esta realidad. Puede que decida no querer pensar en ello, lo cual es tambi\u00e9n una manera de defenderse.  Por lo tanto, s\u00f3lo el hombre est\u00e1 \u2014siempre e inevitablemente\u2014 puesto ante su propio fin, o, mejor dicho, ante la totalidad de su existencia. Porque es precisamente en la muerte cuando se produce la plenitud de la existencia humana; es la muerte \u2014y el hecho de caminar hac\u00ed\u00ada ella\u2014 lo que nos recuerda el sentido definitivo de nuestras acciones, lo que nos empuja a no aplazar indefinidamente nuestras opciones.  En un per\u00ed\u00adodo de tiempo determinado, el hombre tiene que tomar decisiones.  La existencia humana es definitiva, por consiguiente se impone un imperativo \u00e9tico: el hombre se ve obligado a considerar su vida como algo limitado a un cierto espacio de tiempo que concluye con la muerte.  En esta visi\u00f3n existencial, filos\u00f3fica \u2014\u00c2\u00a1no biol\u00f3gica, por supuesto!\u2014, la muerte es una realidad que domina toda la vida y en la que e! hombre est\u00e1 llamado a disponer de s\u00ed\u00ad mismo en su totalidad, a pesar de que eso conlleva aceptar que hay algo en su existencia que no procede de \u00e9l.  De hecho, el hombre puede negarse a tomar una postura, puede blasfemar; o puede acoger para s\u00ed\u00ad la realidad de la muerte.  El sentido de la muerte es el de colocarnos, de manera definitiva y decisiva, frente a nuestra existencia vista como totalidad, aunque sustra\u00ed\u00adda a una disponibilidad exclusiva.<\/p>\n<p> Carlo Mar\u00ed\u00ada Martini, Diccionario Espiritual, PPC, Madrid, 1997<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Espiritual<\/b><\/p>\n<p>La muerte es la conclusi\u00f3n de la existencia terrena e hist\u00f3rica del hombre, s\u00ed\u00admbolo de la finitud humana, sufrida de forma impotente y pasiva: no est\u00e1 en manos del hombre poder evitarla. Con ella terminan los procesos biol\u00f3gicos fundamentales, pero tambi\u00e9n las relaciones sociales del hombre. La muerte es, por tanto, un acontecimiento que afecta a todo el ser del hombre. En las culturas humanas ha sido considerada como un fen\u00f3meno interno a la naturaleza, a pesar de que en el hombre se encuentra un dato que contradice radicalmente a esta conciliadora tanatolog\u00ed\u00ada: la repugnancia angustiosa y la aversi\u00f3n instintiva a la muerte. El n\u00facleo vital m\u00e1s profundo del hombre tienden as\u00ed\u00ad, de una manera absoluta, a la superaci\u00f3n de la muerte.<\/p>\n<p>La cultura contempor\u00e1nea mantiene ante la muerte una doble actitud: por un lado, el intento de apartar la muerte del contexto de la vida humana, como una realidad que hay que esconder o que ignorar, mientras subsistan las condiciones vitales y productivas del hombre; por otro lado, la filosof\u00ed\u00ada y la ciencia muestran un notable inter\u00e9s por la muerte, convirti\u00e9ndola en el n\u00facleo de sus reflexiones; el existencialismo ve en la muerte la \u00fanica posibilidad para el hombre de vivir su existencia de manera aut\u00e9ntica, mientras que la ciencia no consigue todav\u00ed\u00ada explicarse el porqu\u00e9 y el cu\u00e1ndo se inserta en el hombre el proceso de la muerte.<\/p>\n<p>La teolog\u00ed\u00ada propone una visi\u00f3n original de la muerte, que pone en el escenario a Dios mismo. En el Magisterio reciente de la Iglesia, la muerte se define como el mayor enigma de la condici\u00f3n humana (GS 18), pero que encuentra una formidable respuesta en el misterio de la salvaci\u00f3n, sobre todo en su parte culminante que ve al Hijo de Dios, encarnado en la humanidad, asumir como suya la muerte del hombre. La muerte de Cristo es el momento m\u00e1s relevante de su misma existencia de Dios encarnado, en cuanto que asume desde dentro y voluntariamente la muerte, cifra del pecado del hombre, para aniquilarla con su muerte y resurrecci\u00f3n; \u00e9sta es la se\u00f1al de que Dios mismo considera de forma negativa la muerte, como un dato innatural, totalmente disconforme y extra\u00f1o a sus intenciones de Creador.<\/p>\n<p>La muerte maldita del hombre, de la que Cr\u00ed\u00adsto muere, revela la hip\u00e9rbole de la gracia divina de justificaci\u00f3n del hombre. Este acto de la Persona divina del Hijo, realizado en la humanidad de Jes\u00fas, ha transformado por completo a la muerte, en cuanto que \u00e9l la ha sufrido no como consecuencia del pecado, sino con una libertad y una voluntad absolutas (Cristo es el- \u00fanico hombre que vivi\u00f3 de esta manera la muerte), es decir, con absoluta exclusi\u00f3n en \u00e9l de toda forma de inclinaci\u00f3n al mal y a la nada. Cristo muere la muerte de Ad\u00e1n para obedecer en esp\u00ed\u00adritu de fe a la voluntad de Dios, en ant\u00ed\u00adtesis total al hombre de los or\u00ed\u00adgenes. Y a partir del Cristo pascual, esta muerte est\u00e1 pronta a volcarse, por medio del poder del Esp\u00ed\u00adritu Santo, en los miembros de la Iglesia (primero en la celebraci\u00f3n vital de los sacramentos y luego en la muerte personal, al final de la propia existencia hist\u00f3rica), a fin de realizar una sustituci\u00f3n global y universal de la muerte de Ad\u00e1n por- la muerte de Cristo. Pero, lo mismo que para Cristo la muerte fue la experiencia l\u00ed\u00admite de su caridad para con Dios y para con el hombre, as\u00ed\u00ad como el triste ep\u00ed\u00adlogo de su existencia terrena, a la que sigui\u00f3 sin embargo la entrada en la gloria con el acto de su resurrecci\u00f3n, lo mismo ocurrir\u00e1 tambi\u00e9n con el que muere en Cristo; \u00e9sta es la manera de alcanzar la dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica del hombre. As\u00ed\u00ad es como Dios ha injertado en la historia humana la esperanza de la existencia sobrenatural.<\/p>\n<p>Esta \u00f3ptica de fe lleva a cabo de forma retroactiva, partiendo del misterio pascual de Cristo, una etiolog\u00ed\u00ada de la muerte, reconduci\u00e9ndo su existencia a una experiencia humana primordial, que fue la causa de la entrada de la muerte en el mundo de los hombres: el pecado (Gn 2-3; Rom 5,12). Desde entonces la muerte es un fen\u00f3meno de alcance universal y de duraci\u00f3n paralela al cosmos.<\/p>\n<p>Pero, si no hubiera habido pecado, \u00bfhabr\u00ed\u00ada estado el hombre exento de la muerte? La Escritura no dice esto, sino que ve la muerte como signo claro de la lejan\u00ed\u00ada del hombre de Dios y de su decadencia religiosa y moral. De aqu\u00ed\u00ad se puede deducir que, si el hombre no hubiera pecado, no habr\u00ed\u00ada existido esta muerte tr\u00e1gica: la muerte podr\u00ed\u00ada haber existido, pero totalmente privada de los caracteres negativos que la han convertido en el principal enemigo del hombre, y se habr\u00ed\u00ada vivido sencilla mente como una experiencia de tr\u00e1nsito para alcanzar la definitividad de la condici\u00f3n antropol\u00f3gica respecto al programa creativo de Dios. En este sentido hay que leer las afirmaciones magisteriales de la Iglesia sobre el origen de la muerte en el pecado original (DS 222, 371s, 1512, 1521, etc.). Ning\u00fan hombre est\u00e1 exento de ella, ya que todos est\u00e1n bajo la herencia del pecado.<\/p>\n<p>Desde el punto de vista antropol\u00f3gico, la teolog\u00ed\u00ada ha descifrado el acontecimiento de la muerte como separaci\u00f3n de los dos elementos que constituyen la unidad del hombre: el cuerpo y el alma. Con la muerte el principio espiritual del hombre asume una condici\u00f3n de existencia independiente de la corporeidad. Este tipo de afirmaciones, aunque no entran en profundidad en el tema de qu\u00e9 es realmente el fen\u00f3meno de la muerte, implican sin embargo la asunci\u00f3n de una certeza: con la muerte, el alma del hombre alcanza su estado definitivo, comenzando una supervivencia sin relaci\u00f3n directa con el propio cuerpo hist\u00f3rico, pero orientada a su reuni\u00f3n con \u00e9l.<\/p>\n<p>M\u00e1s que el cese de las relaciones  con la corporeidad, el estado del alma separada significa entonces que se verifica un cambio antropol\u00f3gico, una especie de suspensi\u00f3n de las relaciones, de la que sabemos muy poco. La muerte entendida en este sentido no es, por consiguiente, el fin del hombre entero, sino el comienzo de una condici\u00f3n nueva de existencia.<\/p>\n<p> T. Stancati<\/p>\n<p> Bibl.: K. Rahner, El sentido teol\u00f3gico de la  muerte, Herder, Barcelona 1965; L. Boros, Mysterium mortis. El hombre y su \u00faltima opci\u00f3n, San Pablo, Madrid 1972; J. L. Ruiz de la Pe\u00f1a, El hombre y su muerte. Antropolog\u00ed\u00ada teol\u00f3gica actual, Aldecoa, Burgos 1971; 1d., El \u00faltimo sentido, Madrid 1980, 131154; O. Gonz\u00e1lez de Cardedal, Madre y muerte, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1993; AA. VV La muerte del cristia,20, en Concilium 9:1 (1974), n\u00famero monogr\u00e1fico.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. La muerte en la cultura de hoy. II. Perspectiva b\u00ed\u00adblica. III. Terminolog\u00ed\u00ada. IV. Antiguo Testamento: 1. El deseo de vivir; 2. La limitaci\u00f3n del deseo; 3. El deseo y la angustia; 4. El deseo de sobrevivir; 5. El deseo de inmortalidad bienaventurada: a) Salmos 16; 49; 73, b) Sabidur\u00ed\u00ada. V. Nuevo Testamento: 1. Jes\u00fas frente a la muerte de los dem\u00e1s: a) La angustia de morir, 6) La angustia por la muerte de los otros; 2. Jes\u00fas frente a su propia muerte; 3. C\u00f3mo entendi\u00f3 Jes\u00fas su muerte; 4. Pablo y la muerte: a) Esc\u00e1ndalo del Crucificado, b) La muerte como don de s\u00ed\u00ad, c) La muerte liberadora, d) Victoria de Jes\u00fas sobre la muerte, e) La muerte y el pecado; 5. La muerte del cristiano: a) La uni\u00f3n actual con Cristo, b) La muerte del justo, c) Estar dispuestos, d) \u00bfMuere todo el hombre? VI. Conclusi\u00f3n.<\/p>\n<p>I. LA MUERTE EN LA CULTURA DE HOY. La muerte es hoy un acontecimiento muy \u00abcomentado\u00bb. El mercado de libros sobre la muerte hace buenos negocios; pero al mismo tiempo la muerte se ha vuelto un tema tab\u00fa, como en otros tiempos el sexo. Esta contradicci\u00f3n es s\u00ed\u00adntoma de un malestar. Tanto hablar de la muerte -en los peri\u00f3dicos, en la televisi\u00f3n, en los libros- no siempre es signo de seriedad en la reflexi\u00f3n. A veces es una manera de eludir el caso serio de \u00abmi\u00bb muerte, charlando sobre la de los otros. V. Jank\u00e9levitch, que ha escrito un denso libro sobre la muerte, afirma: \u00abLa tanatolog\u00ed\u00ada tan floreciente es una ciencia estancada\u00bb. Como si dijera: se hace mucho ruido en torno a la muerte para no escuchar la voz que nos llama por nuestro nombre.<\/p>\n<p>Pues bien, todos los grandes pensadores de nuestro tiempo se han enfrentado con el tema de la muerte. Pienso, por ejemplo, en el novelista L.N. Tolstoi, con su inolvidable La muerte de Iv\u00e1n Ilic; o en el fil\u00f3sofo S. Kierkegaard, con su serm\u00f3n juvenil \u00abSobre una tumba\u00bb, o en los numerosos estudios de te\u00f3logos contempor\u00e1neos, como K. Rahner, H.U. von Balthasar y otros muchos.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n el modo de morir ha adquirido hoy un nuevo rostro, a menudo an\u00f3nimo e impersonal. Escribe el fil\u00f3sofo X. Tilliette: \u00abEn efecto, son t\u00ed\u00adpicos de nuestra \u00e9poca los grandes comentarios del lager y del gulag, el infierno de los hornos crematorios, las hecatombes de las batallas y de los bombardeos, que han transformado las ciudades en necr\u00f3polis, y tambi\u00e9n la muerte terrorista, indiferente, la muerte `navajazo&#8217;, como la llama Hegel, que mata a ciegas y que resuelve la ecuaci\u00f3n racional de la identidad yo = yo\u00bb.<\/p>\n<p>El mismo intento de olvidar o la voluntad de marginar la muerte o de recluirla entre los temas inoportunos de los que no conviene hablar, es un s\u00ed\u00adntoma de angustia y de extrav\u00ed\u00ado del hombre moderno. Huye del pensamiento de la muerte porque huye del sentido \u00faltimo de la vida. La muerte se ha convertido en tab\u00fa precisamente porque plantea inexorablemente la pregunta sobre el sentido de la vida. Por eso se intenta hacer entrar a la muerte en el cauce de los sucesos banales de cada d\u00ed\u00ada, priv\u00e1ndola de su car\u00e1cter dram\u00e1tico y enigm\u00e1tico, describi\u00e9ndola y mostr\u00e1ndola sin pudor en p\u00fablico a trav\u00e9s de los medios de comunicaci\u00f3n social.<\/p>\n<p>Con la Biblia intentemos mirar cara a cara a la muerte, sin fingimientos ni reduccionismos preconcebidos, sin retroceder ante su horrible y misterioso aspecto. Desde el principio hasta el fin de la Biblia descubriremos este intento tan atrevido de desenmascarar a la muerte.<\/p>\n<p>II. PERSPECTIVA B\u00ed\u008dBLICA. En la Biblia no hay un \u00fanico modo de concebir la muerte, sino una multiplicidad de diversas perspectivas. Y estas diversas perspectivas no est\u00e1n coordinadas de modo sistem\u00e1tico, sino que reflejan las fases progresivas de la revelaci\u00f3n y de la reflexi\u00f3n humana. No encontramos en el AT una reflexi\u00f3n sobre la muerte en s\u00ed\u00ad misma, ya que la muerte es negaci\u00f3n de relaciones, y la Biblia se interesa por la vida m\u00e1s que por la muerte. Sin embargo, la muerte es un l\u00ed\u00admite y una posibilidad real e ineludible del viviente, una oscura potencia que prolonga sus manejos dentro mismo de la existencia humana. Por tanto, no se puede menos de hablar de ella cuando uno se interroga sobre la vida. Pero la Biblia no se interesa tanto por explicar el \u00abd\u00f3nde\u00bb y el \u00abporqu\u00e9\u00bb de la muerte como por el modo de arrostrarla y por el sentido del morir.<\/p>\n<p>Dios ha creado al hombre como ser caduco y mortal: \u00abEl Se\u00f1or cre\u00f3 al hombre de la tierra y de nuevo le har\u00e1 volver a ella. Le se\u00f1al\u00f3 un n\u00famero preciso de d\u00ed\u00adas y tiempo fijo\u00bb (Sir 17:1-2). La muerte forma parte del ritmo vital de la existencia humana. Sin embargo, es impensable que Dios haya propiamente \u00abcreado\u00bb la muerte; lo mismo que el cosmos, esto es, el orden y la belleza del mundo, es una victoria sobre el caos precedente, as\u00ed\u00ad la vida es el triunfo sobre la muerte. El caos y la muerte no han sido \u00abcreados\u00bb por Dios, sino que forman parte de ese fondo precreatural de donde Dios saca el orden y la vida del mundo con su actividad creadora. Por tanto, la acci\u00f3n creadora divina es ya un acto salv\u00ed\u00adfico que libera del caos y de la muerte, del abismo informe y del silencio del sepulcro. Dios crea arrancando y \u00absalvando\u00bb del caos y de la muerte.<\/p>\n<p>Por tanto, no puede decirse que Dios cree tanto la vida como la muerte, como si fueran dos elementos del mundo querido por \u00e9l. Dios \u00abama cuanto existe\u00bb (Sab 11:26), y toda la Biblia est\u00e1 convencida de que \u00abno fue Dios quien hizo la muerte\u00bb (Sab 1:13). Y, al final, \u00abno habr\u00e1 m\u00e1s muerte\u00bb (Apo 21:4). El Dios de la Biblia es el Dios de la vida: \u00abVive el Se\u00f1or\u00bb (Sal 8:47; Jos 3:10; Jer 10:10) y no muere.<\/p>\n<p>En algunos pasajes se dice que Dios \u00abda la muerte y da la vida\u00bb (1Sa 2:6; Deu 32:39; 2Re 5:7; Sal 30:4; Tob 13:2; Stg 4:12). Esto quiere decir que ni siquiera la muerte escapa al dominio soberano de Dios.<\/p>\n<p>En la mitolog\u00ed\u00ada cananea, la muerte es una divinidad, el dios Mot. La Biblia desmitiza la muerte, la reduce a un hecho humano y al mismo tiempo la pone bajo el dominio soberano del \u00fanico Dios. Esto aparece con claridad, por ejemplo, en Deu 32:39 : \u00abVed ahora que soy yo, que soy el \u00fanico, y que no hay Dios alguno m\u00e1s que yo. Soy yo el due\u00f1o de la muerte y de la vida. Yo hiero y yo curo. No hay nadie que se libre de mi mano\u00bb. Tambi\u00e9n el morir entra en el \u00e1mbito del obrar de Yhwh, es decir, est\u00e1 sometido a su acci\u00f3n vivificante. De este convencimiento nace la esperanza: morir no significa caer en la esfera de influencia de otra divinidad, escapar para siempre de la posibilidad de relacionarse con Yhwh. Sin embargo, Israel no sab\u00ed\u00ada concebir c\u00f3mo era posible reanudar una relaci\u00f3n personal viva entre el muerto y Yhwh.<\/p>\n<p>La muerte no es un poder divino, una realidad absoluta. Tampoco es lo que dec\u00ed\u00ada Nietzsche: \u00abLa muerte como acto personal\u00bb; no es lo que entend\u00ed\u00ada Heidegger: \u00abLa muerte como iluminaci\u00f3n de la existencia\u00bb. Para la Biblia la muerte no es el momento de plena realizaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo: lo que importa de verdad es lo que acontece en la vida. La muerte no es una bagatela sin importancia, pero tampoco es m\u00e1s importante que la vida. La Biblia da importancia sobre todo a c\u00f3mo se vive, y mucho menos a c\u00f3mo se muere; s\u00f3lo en algunos casos, por ejemplo, para el m\u00e1rtir o el homicida, el modo de morir revela con claridad que se trata de un justo o de un imp\u00ed\u00ado; pero tambi\u00e9n entonces es evidente la alusi\u00f3n a c\u00f3mo se vivi\u00f3 la existencia.<\/p>\n<p>La muerte, para la Biblia, es el signo del car\u00e1cter limitado y de la caducidad humana. El hombre muere porque no es Dios, porque no es la vida absoluta, porque es criatura. Desuyo, la muerte f\u00ed\u00adsica es vista como una necesidad biol\u00f3gica, no como la consecuencia del pecado de Ad\u00e1n. La muerte \u00abnormal\u00bb del hombre es simplemente la consecuencia de su naturaleza finita. Solamente en casos particulares la muerte tiene que ver con los pecados del individuo o del grupo. Pero no se puede afirmar, en principio, que la muerte sea la consecuencia del pecado, el castigo por la culpa cometida.<\/p>\n<p>III. TERMINOLOG\u00ed\u008dA. Del millar de veces que aparece la ra\u00ed\u00adz mwt en el AT, unas 630 lo son bajo forma verbal y 151 en la foma sustantivada: \u00abmorir\u00bb es una acci\u00f3n del hombre (s\u00f3lo en 20 casos se dice de los animales, y en Job 14:8 de las plantas). Tambi\u00e9n a menudo el sustantivo mawet (muerte) indica el \u00abmorir\u00bb contrapuesto al vivir (cf Deu 30:19; 2Sa 15:21; Jer 8:3; Jon 4:3.8; Sal 89:49; Pro 18:21).<\/p>\n<p>Asimismo en el NT se usa con mucha frecuencia el verbo \u00abmorir\u00bb, y hasta el sustantivo th\u00e1natos puede indicar ya sea el morir ya el estar muerto. Tanto en el AT como en el NT la muerte est\u00e1 a veces personificada como una fuerza ciega y cruel.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, la Biblia parece poner el acento m\u00e1s en el \u00abmorir\u00bb como proceso y como acontecimiento que en la \u00abmuerte\u00bb. En efecto, se coloca en una perspectiva existencial, concreta, y considera el acontecimiento final de la existencia humana como un acontecimiento humano m\u00e1s que en su abstracci\u00f3n, designada por el t\u00e9rmino muerte.<\/p>\n<p>La dificultad de hablar de la muerte se deduce del recurso frecuente al lenguaje simb\u00f3lico, a representaciones imaginarias. Entonces la muerte asume los rasgos del exterminador, el \u00e1ngel enviado por Dios para aniquilar (2Sa 24:16-17; 2Re 19:35; Exo 12:23); es un sue\u00f1o (Sal 13:4), un pastor que gu\u00ed\u00ada a los lugares infernales, al se\u00f3l (Sal 49:18). La muerte est\u00e1 asociada a muchos s\u00ed\u00admbolos: tinieblas, agua profunda, abismo, noche, silencio, etc. (cf Sal 88).<\/p>\n<p>Otras f\u00f3rmulas que indican el \u00abmorir\u00bb resultan interesantes por el fondo de pensamiento que presuponen o al que hacen alusi\u00f3n. Morir equivale a \u00abreunirse con sus padres\u00bb (G\u00e9n 49:29; cf G\u00e9n 15:15); el v\u00ed\u00adnculo del parentesco es tan fuerte, el conjunto de relaciones del individuo dentro del clan es tan esencial para la vida, que incluso la muerte se percibe sobre ese fondo, dejando as\u00ed\u00ad abierta una brecha hacia una especie de supervivencia.<\/p>\n<p>La muerte se define tambi\u00e9n como un \u00abvolver a la tierra de donde uno ha sido sacado\u00bb (G\u00e9n 3:19; Sal 90:3; Job 34:15; Sal 104:29; Qo 3,20; 12,7). La muerte es la anticreaci\u00f3n, el momento en que Dios retira el aliento de vida que hab\u00ed\u00ada dado con la creaci\u00f3n (cf Sal 104:29; Sal 146:4; Job 34:14-15) y los hombres vuelven a ser polvo. Pero tambi\u00e9n se dice que los muertos van al se ol, el \u00absitio de cita de todos los vivientes\u00bb (Job 30:23). Una vez m\u00e1s el AT no se preocupa de coordinar estas diversas perspectivas.<\/p>\n<p>La f\u00f3rmula mencionada (\u00abvolver a la tierra\u00bb) debe relacionarse con los pasajes en que se define al hombre como un ser de barro (G\u00e9n 2:7; Isa 29:16; Jer 18:1-6; Sir 13:13), de polvo o de arcilla (Job 10:9; Job 34:14-15; Sal 103:14; Sal 146:3-4). Todas estas f\u00f3rmulas insisten en la caducidad esencial del hombre y en la inevitabilidad de la muerte inscritas en la naturaleza misma del ser humano [\/ Mal\/ Dolor].<\/p>\n<p>IV. ANTIGUO TESTAMENTO. 1. EL DESEO DE VIVIR. El hombre es deseo. El deseo es expresi\u00f3n caracter\u00ed\u00adstica de la nefes o alma, es decir, del yo del hombre. En efecto, el sujeto del verbo desear es casi siempre nefes. El hebreo utiliza varios verbos que indican esta fuerza-tensi\u00f3n vital de la persona humana, que nosotros traducimos por \u00abesperar, anhelar, querer, mirar hacia\u00bb.<\/p>\n<p>El deseo coincide con el ser indigente y finito del hombre, pero no es voluntad de abolir la alteridad, sino aspiraci\u00f3n a realizarse a s\u00ed\u00ad mismo sin negar al otro. Seg\u00fan la Biblia, el deseo constitutivo del hombre es deseo ilimitado de vivir y de acoger al otro en su misma diferencia. En otras palabras, es deseo de amar o, mejor a\u00fan, es el amor.<\/p>\n<p>El hombre desea todo lo que hace vivir: el bien en general (Isa 26:9; Miq 7:1; Am\u00f3 5:18), Dios mismo (Isa 26:8-9), la esposa (Sal 45:12), comer carne (Deu 12:20), los placeres de la buena mesa (Pro 23:3.6), etc. Pero como el hombre es malo y pecador, puede tambi\u00e9n desear hacer el mal (Pro 21:10) o tener deseos inmoderados e inconvenientes (Pro 23:3.6; Pro 24:1; Deu 5:21).<\/p>\n<p>Cuando el verbo desear (en hebreo &#8216;awah o hamad) se usa para Dios (Sal 132:13-14; Job 23:13) y para los animales (Jer 2:24), tiene siempre un sentido metaf\u00f3rico. Propiamente s\u00f3lo el hombre, o su \u00abcoraz\u00f3n\u00bb o su nefe. (cf Sal 21:3; Isa 26:8; Sal 10:3), es sujeto del desear. As\u00ed\u00ad tambi\u00e9n, el morir es propio solamente del hombre, es una propiedad suya caracter\u00ed\u00adstica y original.<\/p>\n<p>La vida es deseo de vivir. Cuando el hombre anciano y saciado de d\u00ed\u00adas ha satisfecho su deseo, la muerte llega como fin natural (cf Job 42:17; Jer 25:8; Jer 35:29). El deseo humano tiene un l\u00ed\u00admite: es obvio que se muera. El ideal es morir en edad avanzada, lo mismo que Abrah\u00e1n, que \u00abmuri\u00f3 en buena vejez, anciano, lleno de d\u00ed\u00adas, y fue a reunirse con sus antepasados\u00bb (G\u00e9n 25:8). El hombre b\u00ed\u00adblico, por el contrario, siente un gran desconcierto y una profunda confusi\u00f3n frente a la muerte imprevista o prematura de un joven. Pero ya las pruebas y las desventuras de la vida son una frustraci\u00f3n del deseo, como, por ejemplo, en Qo 6,2: \u00abUn hombre a quien Dios ha dado riquezas, hacienda y honores, y a quien (= a su nefes) nada falta de cuanto pueda desear; pero Dios no le concede disfrutar de eso, sino que es un extra\u00f1o quien lo disfruta. Esto es vanidad y un cruel sufrimiento\u00bb. Con la muerte se extingue todo deseo, porque en el mundo de la muerte \u00abno hay ni obra, ni raz\u00f3n, ni ciencia, ni sabidur\u00ed\u00ada\u00bb (Qo 9,10).<\/p>\n<p>El mismo t\u00e9rmino que designa la vida (nefes) indica tambi\u00e9n \u00abgarganta, fauces\u00bb, \u00f3rganos relacionados con el deseo. Y en algunos pasajes nefes equivale a deseo: la vida humana coincide con un sentirse movido hacia algo, un ser atra\u00ed\u00addo por alguna cosa. \u00abCon toda el alma\u00bb quiere decir entonces \u00abcon todo el dinamismo del yo\u00bb. \u00abTu nefes seguir\u00e1 con vida\u00bb significa \u00abtodo lo que en ti se agita y se mueve, todos tus deseos, permanecer\u00e1n vivos\u00bb. Y el deseo m\u00e1s radical que hace vivir es el de alabar a Dios (cf Sal 119:175 : \u00abQue yo pueda vivir para alabarte\u00bb). Los muertos est\u00e1n privados incluso de este deseo vital fundamental (cf ). En efecto, \u00ablos vivos saben que han de morir, pero los muertos no saben nada\u00bb; los vivos tienen al menos un deseo, una esperanza; por eso \u00abm\u00e1s vale perro vivo que le\u00f3n muerto\u00bb (Qo 9,4-5).<\/p>\n<p>El pensamiento y la certeza de la muerte relativiza, pero no quita la alegr\u00ed\u00ada de vivir, e incluso la refuerza y la justifica: \u00abLa luz es dulce, y agrada a los ojos ver el sol. Y si el hombre vive muchos a\u00f1os, que disfrute de todos ellos\u00bb (Qo 11,7-8).<\/p>\n<p>Es precisamente la muerte la que confiere a la existencia una ambig\u00fcedad radical, ya que el hombre no consigue ni captar plenamente el obrar de Dios ni escapar a la muerte. Lo \u00fanico que puede hacer es entregarse con confianza a Dios en la alegr\u00ed\u00ada del momento fugitivo que le es dado vivir como don por parte de aquel que es el \u00fanico en disponer del sentido de todo (Qo 3,11; 5,6).<\/p>\n<p>2. LA LIMITACI\u00ed\u201cN DEL DESEO. Los relatos simb\u00f3licos de la creaci\u00f3n (G\u00e9n 1:1-2, 4a; G\u00e9n 2:4b-25) afirman que Dios determina con su acci\u00f3n creadora el bien verdadero del hombre. Al crear, Dios lo dispone todo para el bien del hombre, hecho a su imagen y bendecido por \u00e9l, constituido en la dualidad hombre-mujer, investido de la misi\u00f3n de humanizar el mundo. El hombre ha sido creado como ser vivo, libre y responsable, por estar dotado de deseo (cf G\u00e9n 2:7 : es una nefes viviente).<\/p>\n<p>A esta criatura-de-deseo Dios le hace una advertencia amigable para preservarle de las desviaciones del deseo: \u00abDel \u00e1rbol de la ciencia del bien y del mal no comer\u00e1s, porque el d\u00ed\u00ada en que comas, ciertamente morir\u00e1s\u00bb (G\u00e9n 2:17). No se trata de amenaza ni de envidia divina, sino de amorosa preocupaci\u00f3n de Dios por el bien del hombre: Dios quiere conservar al hombre en la situaci\u00f3n paradis\u00ed\u00adaca. Y Dios solo, no el hombre, sabe cu\u00e1l es el verdadero bien del hombre.<\/p>\n<p>Pero el hombre, en cuanto ser relacionado representado por la pareja hombre-mujer, se deja enga\u00f1ar por su deseo, que \u00e9l interpreta como posibilidad-poder absoluto (\u00abciencia del bien y del mal\u00bb). Entonces el \u00e1rbol le parece \u00abapetitoso\u00bb (G\u00e9n 3:6) y come su fruto ilusionado por el intento de apropiarse del saber-poder absoluto de Dios y de liberarse del deseo creatural. El hombre intenta transformarse de destinatario en posesor, de deseo en fuente del don, de hombre en Dios.<\/p>\n<p>En realidad, al rechazar y rehusar su propia identidad, se transforma (G\u00e9n 3:14-24). Toda la existencia humana se hace entonces m\u00e1s dura y dif\u00ed\u00adcil; est\u00e1 continuamente en peligro de verse tragada por la muerte voraz. Entre la humanidad y la serpiente, el enemigo mortal, se desencadena una permanente hostilidad sin v\u00ed\u00adas de soluci\u00f3n (G\u00e9n 3:15). La relaci\u00f3n hombre-mujer se ve alterada por el sufrimiento y la violencia; el trabajo queda marcado por la fatiga y el dolor; la existencia humana sufre graves restricciones e impedimentos cada d\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Y al final, la muerte: no es ciertamente la satisfacci\u00f3n del deseo, la saciedad, sino un volver a la tierra (G\u00e9n 3:19), la extinci\u00f3n del deseo. En G\u00e9n 2:7 el hombre viene de la tierra, pero est\u00e1 vuelto hacia la vida; en G\u00e9n 3:19 el hombre viene de la tierra y vuelve a ella con la muerte; la muerte, por causa del pecado, es el retorno doloroso, en la direcci\u00f3n contraria a la creaci\u00f3n, a la tierra, que ha quedado maldita despu\u00e9s del pecado.<\/p>\n<p>Sin embargo, el pecado no elimina por completo el deseo de Dios creador de que el hombre viva y de hacer vivir al hombre. Con la promesa de Abrah\u00e1n (G\u00e9n 12:1-3), Dios hace valer su deseo de hacer vivir al hombre, al que ha creado para la vida: \u00abQue no fue Dios quien hizo la muerte ni se goza con el exterminio de los vivientes. Pues todo lo cre\u00f3 para que perdurase\u00bb (Sab 1:13-14).<\/p>\n<p>En la muerte de Jes\u00fas, Dios mismo asumir\u00e1 el sufrimiento y la muerte para la plena y definitiva realizaci\u00f3n de su deseo de hacer vivir, que coincide con el deseo humano de vivir. Creer que Dios es el Dios de la vida quiere decir creer que el deseo de vivir que \u00e9l ha puesto en el hombre no est\u00e1 destinado fatalmente al fracaso. La mortalidad del hombre no es la mortalidad del deseo, que ser\u00e1 m\u00e1s bien eternizado en Dios.<\/p>\n<p>3. EL DESEO Y LA ANGUSTIA. La angustia es un sentir complejo que implica desconcierto e impotencia, sentido de opresi\u00f3n y de abandono. En el sentido entendido por M. Heidegger, la angustia est\u00e1 vinculada a la experiencia de la nada, al sentimiento de estar \u00abarrojados\u00bb a la vida sin estar anclados en el origen y sin apoyo alguno en el futuro. Es dif\u00ed\u00adcil definir el significado de angustia; aqu\u00ed\u00ad tomamos el t\u00e9rmino en el sentido de \u00absentimiento de extrav\u00ed\u00ado y de impotencia\u00bb.<\/p>\n<p>Muchos textos b\u00ed\u00adblicos reflejan el sentimiento de angustia que se apodera del hombre frente al mal y frente a la muerte, ya que la muerte es realmente \u00abamarga\u00bb (l Sam 15,32). Es verdad que en algunos pasajes se advierte un sentimiento de resignaci\u00f3n tranquila y doliente ante la muerte, vista como \u00abel camino de todos los vivientes (cf l Re 2,lss; Jos 23:14; 2Sa 12:13), mientras que se reacciona violentamente ante la muerte del imp\u00ed\u00ado. La muerte es una ley igual para todos; hay que resignarse: \u00abNo temas la sentencia de la muerte; acu\u00e9rdate de los que te precedieron y de los que te seguir\u00e1n. Esta es la ley que el Se\u00f1or ha impuesto a todo viviente. \u00bfPor qu\u00e9 rebelarte contra la voluntad del Alt\u00ed\u00adsimo?\u00bb (Sir 41:3-4). \u00abUna generaci\u00f3n pasa y otra generaci\u00f3n viene\u00bb (Qo 1,4): la muerte es un dato ineliminable de la existencia. Por eso es in\u00fatil angustiarse.<\/p>\n<p>Sin embargo, la Biblia no llega a endurecer el coraz\u00f3n del hombre con la resignaci\u00f3n estoica, sino que da curso libre a toda la angustia humana ante la muerte, terrible e insondable enigma. En efecto, la muerte, como el .e o1 o mundo de los muertos, es por definici\u00f3n tinieblas, separaci\u00f3n de Dios y alejamiento de los dem\u00e1s. As\u00ed\u00ad se lamenta Ezequ\u00ed\u00adas: \u00abPorque el abismo re o1) no te alaba ni te ensalza la muerte; no esperan los que bajan a la fosa tu fidelidad. El que vive, el que vive, te alaba\u00bb (Isa 38:18-19).<\/p>\n<p>La angustia nace de la triste comprobaci\u00f3n de que la muerte prolonga venenosamente todos sus artilugios dentro mismo de la vida a trav\u00e9s de la enfermedad y de las desventuras del hombre: \u00abLas olas de la muerte me envolv\u00ed\u00adan, los torrentes del averno me espantaban, los lazos del abismo me liaban, se tend\u00ed\u00adan ante m\u00ed\u00ad las trampas de la muerte. Clam\u00e9 al Se\u00f1or en mi angustia\u00bb (Sal 18:5-7).<\/p>\n<p>El peligro inminente de la muerte arroja al salmista en un estado de desaliento y de confusi\u00f3n abismal, como en el Sal 88:16-17 : \u00abDesde mi infancia soy un desgraciado, al borde de la muerte; he soportado tus terrores y ya no puedo m\u00e1s. Tus iras han pasado sobre m\u00ed\u00ad y tus espantos me han aniquilado\u00bb. Obs\u00e9rvese que el adjetivo \u00abtuyo\u00bb, varias veces repetido, se refiere a Dios: la angustia est\u00e1 motivada no por la muerte en s\u00ed\u00ad, sino por la relaci\u00f3n con Dios que la muerte amenaza con oscurecer, con interrumpir, con eliminar. El deseo de vivir es siempre, para el hombre b\u00ed\u00adblico, el deseo de estar-con-Dios: la muerte destruye esta relaci\u00f3n viva con Dios, que ya no es posible en el mundo de los muertos.<\/p>\n<p>En el Sal 88 la muerte es la negaci\u00f3n de las relaciones constitutivas de la existencia, de la relaci\u00f3n con las cosas, con los otros, con Dios. Para el salmo, soy \u00abyo\u00bb el que muero. Morir no es un suceso que puede concebirse fuera de \u00abmi\u00bb morir: no existe la muerte en general o en abstracto, sino s\u00f3lo la concreci\u00f3n y la singularidad hist\u00f3rica del yo que muere. En consecuencia, el salmista habla del yo que muere, anticipa su fin mediante la indicaci\u00f3n de la muerte y la simbolizaci\u00f3n fant\u00e1stica. No dice \u00abse muere\u00bb, sino \u00abyo muero\u00bb.<\/p>\n<p>Con los muertos est\u00e1n las \u00absombras\u00bb (repa&#8217;im) (cf Sal 88:11; Isa 14:9; Isa 26:14.19; Job 26:5; Pro 2:18; Pro 9:18; Pro 21:16). Los Refaim son los habitantes del mundo de los muertos; pero quiz\u00e1 no haya que identificarlos con los muertos. Podr\u00ed\u00ada tratarse, seg\u00fan una creencia popular, de seres poderosos concebidos como superhombres, pero ahora difuntos y reducidos tambi\u00e9n ellos a la impotencia y a una existencia de sombras como todos los dem\u00e1s muertos.<\/p>\n<p>La muerte, para el Sal 88, no es, como para M. Heidegger, la m\u00e1s personal de sus posibilidades: aun en la angustia de estar arrojado en el mundo como ser-para-la-muerte, el salmista invoca a \u00absu\u00bb Dios como suprema posibilidad de vida. El grito de la oraci\u00f3n del salmista no es una toma de posici\u00f3n intelectual-te\u00f3rica, sino expresi\u00f3n de una esperanza, de un deseo de estar con Dios, cuyo cumplimiento sigue estando fuera del alcance del propio salmista. La angustia no se traduce en afirmaci\u00f3n de la nada; no es experiencia de la nada, sino nostalgia y deseo sin solucionar, af\u00e1n no realizado de relaci\u00f3n con Dios. El deseo del hombre frente a la muerte no puede configurarse m\u00e1s que como esperanza y como abandono a la fuente misma del ser (cf Sal 16). Ahora bien, la esperanza es un acto de amor total; y s\u00f3lo de este amor puede nacer, del modo que Dios quiera, la victoria sobre la muerte. Jes\u00fas resucit\u00f3 porque am\u00f3 hasta la entrega suprema de s\u00ed\u00ad mismo.<\/p>\n<p>El deseo de Dios no es que muera el imp\u00ed\u00ado, sino que se convierta y viva (Eze 33:11; Eze 18:32). \u00c2\u00a1Cu\u00e1nto m\u00e1s desear\u00e1 Dios que sus fieles compartan con \u00e9l su alegr\u00ed\u00ada de vivir!<br \/>\n4. EL DESEO DE SOBREVIVIR. Morir como miembro de una comunidad no da miedo (cf G\u00e9n 25:8; G\u00e9n 35:29; G\u00e9n 49:29; Deu 32:50). Lo que aterroriza al hombre b\u00ed\u00adblico es la perspectiva del aislamiento absoluto de Dios y de los dem\u00e1s. El que muere dentro de una comunidad que le honra y lo recuerda, en cierto modo sigue viviendo tambi\u00e9n a trav\u00e9s de la memoria que los vivos hacen de \u00e9l. El mejor ung\u00fcento para embalsamar a los muertos es un buen nombre: \u00abEl duelo de los hombres es por los cuerpos, pero el nombre maldito del pecador ser\u00e1 borrado. Cuida de tu renombre, porque te quedar\u00e1 como bien mejor que millares de preciados tesoros. La buena vida dura s\u00f3lo cierto n\u00famero de d\u00ed\u00adas, pero el buen nombre permanece para siempre\u00bb (Sir 41:11-13; cf Pro 22:1 y su cr\u00ed\u00adtica de Qo 2,16).<\/p>\n<p>Los hombres justos y virtuosos \u00abdejaron un gran nombre para que se cantasen sus alabanzas\u00bb (Sir 44:8); \u00abLos cuerpos fueron sepultados en paz, y su nombre vivir\u00e1 por generaciones\u00bb (Sir 44:14). Son numeros\u00ed\u00adsimos, en el AT, los textos en que el recuerdo del buen nombre es una especie de supervivencia entre los descendientes (cf G\u00e9n 6:4; N\u00fam 16:2; Sir 15:6; Sir 46:11-12; etc.). Esta misma concepci\u00f3n aparece tambi\u00e9n fuera de la Biblia, por ejemplo, en la Sabidur\u00ed\u00ada de Aquikar y en la literatura rab\u00ed\u00adnica.<\/p>\n<p>El que muere dejando hijos y nietos no desaparece del todo, sino que contin\u00faa sobreviviendo en su descendencia: \u00ab&#8230; No as\u00ed\u00ad los hombres de bien, cuyas buenas obras no han sido olvidadas. Sus bienes pasan a su descendencia y su herencia de hijos a nietos. Su descendencia permanecer\u00e1 fiel a la alianza&#8230;\u00bb (Sir 44:10-12).<\/p>\n<p>En los textos citados el problema no es ya el de la inmortalidad, sino el de una vida sabia y feliz, expresada en un \u00abnombre\u00bb que dura m\u00e1s all\u00e1 de la muerte. La muerte, en Ben Sir\u00e1, es considerada como castigo del imp\u00ed\u00ado por sus pecados (Sir 16:1-15); pero es un mal s\u00f3lo para el malvado. Para todos los dem\u00e1s hombes la muerte es un hecho natural, establecido por Dios (cf Sir 17:1-2). Al malvado la muerte le quita toda esperanza: \u00abCon la muerte del injusto perece su esperanza\u00bb (Pro 11:7).<\/p>\n<p>5. EL DESEO DE INMORTALIDAD BIENAVENTURADA. a) Salmos 16; 49; 73. Estos tres salmos plantean de forma an\u00e1loga el problema de la muerte y de la liberaci\u00f3n del se&#8217;ol. Se trata de textos sapienciales, muy probablemente posteriores al destierro. Est\u00e1n dominados por el tema de la retribuci\u00f3n. Pero \u00bfson tambi\u00e9n testimonios de una fe en la vida eterna bienaventurada despu\u00e9s de la muerte? Los exegetas no est\u00e1n todos de acuerdo sobre ello: para unos, la perspectiva es intraterrena; para otros, aparece la fe en una eternidad dichosa.<\/p>\n<p>En el Sal 73:24 aparece el discutido verbo lagah (tomar, asumir, raptar): \u00abCon tus consejos me diriges y me llevas (1 qh) hacia un final glorioso\u00bb. Es el verbo que se usa para el rapto o la asunci\u00f3n de Henoc (G\u00e9n 5:24) y de El\u00ed\u00adas (2Re 2:11), pero tambi\u00e9n para la vocaci\u00f3n de Am\u00f3s (2Re 7:15). Vuelve a aparecer en el Sal 49:16 : \u00abPero Dios rescatar\u00e1 mi vida, me arrancar\u00e1 (1 qh) de las fuerzas del abismo (se ol)\u00bb. En el Sal 16:10-11 se ex-presa la misma idea de este modo: \u00abT\u00fa no me entregar\u00e1s a la muerte (se ol) ni dejar\u00e1s que tu amigo fiel baje a la tumba. Me ense\u00f1ar\u00e1s el camino de la vida, plenitud de gozo en tu presencia, alegr\u00ed\u00ada perpetua a tu derecha\u00bb.<\/p>\n<p>\u00bfSe alude entonces a la bienaventuranza eterna despu\u00e9s de la muerte? Es cierta la intensidad de la experiencia de fe en Dios: el salmista experimenta de manera profund\u00ed\u00adsima la cercan\u00ed\u00ada y la ayuda de Dios, tanto que no puede imaginarse que la muerte pueda prevalecer sobre Dios y su amor. Pero no parece que le preocupe mucho afirmar algo sobre el \u00abm\u00e1s all\u00e1\u00bb. El \u00abrapto\u00bb al lado de Dios es una manera de afirmar y de expresar la fe en la omnipotencia del Dios vivo.<\/p>\n<p>b) Sabidur\u00ed\u00ada. \u00abDios cre\u00f3 al hombre para la incorrupci\u00f3n\u00bb (Sab 2:23), es decir, dotado de la capacidad y constituido del deseo de vivir para siempre su amistad. El hombre no es naturalmente inmortal, pero est\u00e1 hecho a imagen de la eternidad de Dios (cf Sab 2:23). Todo se decide en la libertad humana de vivir seg\u00fan la justicia o la injusticia, con Dios o contra Dios. Y la diferencia entre el justo y el imp\u00ed\u00ado se comprende precisamente a partir de lo que acontece en la muerte.<\/p>\n<p>\u00abLa justicia es inmortal\u00bb (Sab 1:15), o sea, es la condici\u00f3n necesaria para que el hombre alcance su destino final de vivir \u00abcon \u00e9l en el amor\u00bb (Sab 3:9). En efecto, \u00ablas almas (las personas) de los justos est\u00e1n en las manos de Dios\u00bb (Sab 3:1) y \u00absu esperanza est\u00e1 rebosante de inmortalidad\u00bb (Sab 3:4). As\u00ed\u00ad pues, solamente el justo puede recibir de Dios el don de una inmortalidad bienaventurada. As\u00ed\u00ad se explica por qu\u00e9 Sab evita cuidadosamente usar el verbo morir o el sustantivo muerte a prop\u00f3sito del justo (cf 3,2: \u00abA los ojos de los necios parec\u00ed\u00ada que [los justos] hab\u00ed\u00adan muerto\u00bb).<\/p>\n<p>Para \/ Sab, la \u00abmuerte\u00bb no es s\u00f3lo ni primariamente el fin f\u00ed\u00adsico de la existencia terrena, sino la separaci\u00f3n eterna de Dios (cf 1,12-13). En consecuencia, Dios no ha creado la muerte ni la quiere (1,13); y la muerte no puede ser el destino de los justos. \u00abPor envidia del diablo entr\u00f3 la muerte en el mundo y la experimentan los que le pertenecen\u00bb: la muerte, en cuanto que es oposici\u00f3n y separaci\u00f3n de Dios, es consecuencia del pecado; por tanto, propiamente hablando, s\u00f3lo la experimentan los no-creyentes y los moralmente malvados (2,24).<\/p>\n<p>En el juicio final, designado como \u00abla hora de su visita\u00bb (3,7), \u00ablos malvados recibir\u00e1n el castigo\u00bb (3,10) de la ruina total y definitiva. \u00c2\u00a1Ellos morir\u00e1n de verdad! Pero los justos experimentar\u00e1n la divina existencia de amor (3,9), saboreando la \u00abgracia y la misericordia\u00bb de Dios y conociendo la verdad.<\/p>\n<p>Si la condici\u00f3n para la vida bienaventurada con Dios es la \/ justicia, lo cierto es que la justicia se la hace posible al hombre solamente el don de la \/ sabidur\u00ed\u00ada. En efecto, la sabidur\u00ed\u00ada hace conocer la voluntad de Dios (9,13.17), le da al hombre la capacidad de realizar lo que le place a Dios (9,10-12); por tanto, es principio interior de la vida moral justa (7,27-28). La sabidur\u00ed\u00ada produce la justicia, y \u00e9sta hace que fructifique la inmortalidad bienaventurada (6,17-19). En consecuencia, \u00abel deseo de la sabidur\u00ed\u00ada nos eleva al reino\u00bb (6,20), para que vivamos con Dios. Y este deseo, si es aut\u00e9ntico, se convierte en oraci\u00f3n para alcanzar la sabidur\u00ed\u00ada (Sab 9).<\/p>\n<p>Sab es un libro de esperanza, una ayuda para superar la angustia y la desilusi\u00f3n profunda, causada por tener que morir. La esperanza del imp\u00ed\u00ado que no cree \u00abes como brizna que arrebata el viento, como niebla ligera en poder del hurac\u00e1n\u00bb (5,14); pero la esperanza del justo que cree no enga\u00f1a, porque est\u00e1 garantizada por Dios mismo, experimentado existencialmente en la fe. En S\u00e1b se concluye un largo camino de esperanza de victoria sobre la muerte, que se hab\u00ed\u00ada expresado ya en Isa 25:8 (\u00ab[Dios] destruir\u00e1 para siempre la muerte\u00bb) y en Isa 26:19 (\u00abRevivir\u00e1n tus muertos, sus cad\u00e1veres resucitar\u00e1n\u00bb); pero, sobre todo, en Dan 12:1-4 y 2Mac 7.<\/p>\n<p>V. NUEVO TESTAMENTO. 1. JES\u00daS FRENTE A LA MUERTE DE LOS DEM\u00ed\u0081S. a) La angustia de morir. Mientras la muerte afecta a los dem\u00e1s, es una noticia o un hecho que entristece y que asusta, pero deja todav\u00ed\u00ada espacio a la capacidad de seguir viviendo uno mismo y de esperar. Mientras son los otros los que mueren, la muerte no nos toca demasiado. Pero cuando el hombre se descubre no s\u00f3lo como mortalis, sino moriturus o moribundus, o sea, cuando ve acercarse la sombra terror\u00ed\u00adfica de la muerte y se siente concretamente acechado por ella, entonces se ve cogido como por sorpresa y le invade el miedo y la angustia.<\/p>\n<p>En los evangelios hay dos episodios que presentan al hombre ante la amenaza inminente de la muerte: la tempestad sobre el lago (Mar 4:35-41 y par) y el caminar de Pedro sobre las aguas (Mat 14:22-33). Durante la tempestad en el lago los disc\u00ed\u00adpulos se llenaron de p\u00e1nico y de terror por miedo a morir; Jes\u00fas les dijo: \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 sois tan miedosos? \u00bfPor qu\u00e9 no ten\u00e9is fe?\u00bb (Mar 4:40). Y a Pedro, asustado al ver que se hund\u00ed\u00ada, Jes\u00fas le dijo: \u00abHombre de poca fe, \u00bfpor qu\u00e9 has dudado?\u00bb (Mat 14:31).<\/p>\n<p>Jes\u00fas es el que puede salvar de la muerte; pero los hombres s\u00f3lo pueden escaparse de ella mediante la fe, por la intervenci\u00f3n de Jes\u00fas. La fe libera a los hombres de la profunda angustia existencial que los atenaza en la intimidad cuando ven la muerte ante sus ojos.<\/p>\n<p>b) La angustia por la muerte de los otros. En tres casos se encuentra Jes\u00fas con personas que han perdido a alguno de sus parientes: Jairo, que acaba de ver morir a su hijita (Mar 5:22-24a.35-43 y par); la viuda de Na\u00ed\u00adn, que se ha quedado sin su hijo \u00fanico (Lev 7:11-17); las hermanas de L\u00e1zaro, muerto (Jua 11:1-46). Jes\u00fas devuelve la vida a los muertos, y de esta forma libra de su angustia a Jairo, a la viuda de Na\u00ed\u00adn y a las hermanas de L\u00e1zaro. La muerte, en cuanto ruptura definitiva de los v\u00ed\u00adnculos familiares, es un mal insoportable. Jes\u00fas se solidariza con las personas afectadas, gime en su coraz\u00f3n, interviene eficazmente y, una vez m\u00e1s, invita a tener fe como superaci\u00f3n de la angustia y la desesperaci\u00f3n, proponi\u00e9ndose a s\u00ed\u00ad mismo como principio de vida y de esperanza: \u00abYo soy la resurrecci\u00f3n y la vida. El que cree en m\u00ed\u00ad, aunque muera, vivir\u00e1\u00bb (Jua 11:25).<\/p>\n<p>Jes\u00fas no devolvi\u00f3 la vida a todos los que hab\u00ed\u00adan muerto, ya que no hab\u00ed\u00ada venido a liberar al hombre de su condici\u00f3n mortal. Vino a proclamar y a inaugurar la presencia del reino de Dios, esto es, el poder amoroso y salv\u00ed\u00adfico del Padre, que da sentido y ofrece una finalidad a la vida mortal de los hombres, garantiz\u00e1ndoles un \u00e9xito final victorioso. En realidad, Jes\u00fas vino a liberar al hombre de la angustia y de la desesperaci\u00f3n de tener que morir, no a exonerarlo de la muerte.<\/p>\n<p>2. JES\u00daS FRENTE A SU PROPIA MUERTE. Los evangelios no son una biograf\u00ed\u00ada de Jes\u00fas, pero permiten una reconstrucci\u00f3n de su experiencia frente a la muerte. La muerte de Jes\u00fas fue un acontecimiento \u00fanico e incomparable; irrepetible, pero aut\u00e9nticamente humano. \u00bfC\u00f3mo vivi\u00f3 Jes\u00fas su propia muerte?<br \/>\nAnte la muerte, vislumbrada ya como inminente, Jes\u00fas se siente aterrorizado y asustado; exclama: \u00abMe muero de tristeza\u00bb (Mar 14:33-34). Esta expresi\u00f3n es una cita del Sal 42:6; con ella Jes\u00fas \u00abasume la experiencia de los angustiados del AT, que a su vez prestaban su voz a los diversos aspectos de la angustia humana\u00bb (P. Grelot). Jes\u00fas no tiene ni el aliento ni el apoyo de los amigos; no tiene el consuelo de la fidelidad de los disc\u00ed\u00adpulos, puesto que \u00abtodos lo abandonaron y huyeron\u00bb (Mar 14:50). Tambi\u00e9n en la cruz Jesucristo manifiesta su angustia: \u00ab\u00c2\u00a1Dios m\u00ed\u00ado, Dios m\u00ed\u00ado!, \u00bfpor qu\u00e9 me has abandonado?\u00bb (Mar 15:34). Sin embargo, \u00e9l se abandona con amor filial a la voluntad misericordiosa del Padre: \u00ab\u00c2\u00a1 Abba, Padre!\u00bb, todo te es posible; aparta de m\u00ed\u00ad este c\u00e1liz, pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres t\u00fa\u00bb (Mar 14:35; cf Luc 22:42; Mat 26:39).<\/p>\n<p>Lucas desarrolla sobre todo la entrega de Jes\u00fas al Padre y parece atenuar la angustia de Jes\u00fas, que en la cruz grita con voz fuerte: \u00abPadre, en tus manos encomiendo mi esp\u00ed\u00adritu\u00bb. El abandono confiado en las manos del Padre tiene los rasgos caracter\u00ed\u00adsticos de la fe b\u00ed\u00adblica, y Jes\u00fas muere como el justo creyente: \u00abEl oficial, al ver lo que hab\u00ed\u00ada ocurrido, daba gloria a Dios diciendo: &#8216;Verdaderamente, este hombre era justo&#8217; \u00ab(Luc 23:47). Jes\u00fas entra en las tinieblas de la muerte no con la luz de una revelaci\u00f3n particular, sino con la fe y el abandono filial al Padre. Tambi\u00e9n para \u00e9l la muerte es una noche oscura, pero no sin esperanza.<\/p>\n<p>La carta a los Hebreos es el \u00fanico escrito neotestamentario, fuera de los evangelios, que ha meditado sobre la angustia de Jes\u00fas frente a la muerte (cf Heb 5:7-9). Jes\u00fas se hizo totalmente solidario con la condici\u00f3n humana; sufriendo, aprendi\u00f3 la obediencia, haci\u00e9ndose autor y consumador de la fe (Heb 12:2).<\/p>\n<p>Los evangelios refieren tambi\u00e9n tres anuncios anticipados con los que Jes\u00fas predijo su muerte (Mar 8:31-32; Mar 9:31; Mar 10:32-34 y par), adem\u00e1s de una alusi\u00f3n (Mar 9:9-10 7) y de la par\u00e1bola de los vi\u00f1adores homicidas (Mar 12:1-12). Estos textos fueron redactados despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas; sin embargo, parece innegable que Jes\u00fas previ\u00f3 cada vez con mayor claridad, sobre todo despu\u00e9s del fracaso de su misi\u00f3n en Galilea, su destino de muerte violenta.<\/p>\n<p>Pero la oscuridad del futuro y de su propia muerte forma parte de la experiencia humana de Jes\u00fas, el cual sabe, incluso antes de morir, que no se ver\u00e1 olvidado del Padre, ni siquiera en la hora del abandono. Ciertamente Jes\u00fas no previ\u00f3 su muerte, contempl\u00e1ndola previamente como en un filme.<\/p>\n<p>3. C\u00ed\u201cMO ENTENDI\u00ed\u201c JES\u00daS SU MUERTE. Jes\u00fas previ\u00f3 su muerte violenta por las reacciones que desencadenaba su persona, y la acept\u00f3 con el abandono confiado y obediente al Padre, sin que esto le impidiera probar la angustia y el sufrimiento, la oscuridad y la desolaci\u00f3n. Ciertamente, Jes\u00fas comprendi\u00f3 su muerte tomando como base la misi\u00f3n que \u00e9l sab\u00ed\u00ada que ten\u00ed\u00ada y el sentido que hab\u00ed\u00ada dado a su existencia. Pues bien, Jes\u00fas hab\u00ed\u00ada vivido para anunciar el reino de Dios, para dar su propia vida por amor a los dem\u00e1s en obediencia al Padre. El resume as\u00ed\u00ad su existencia: \u00abYo estoy en medio de vosotros como el que sirve\u00bb (Luc 22:27). Su vida fue y se comprendi\u00f3 como proexistencia, como entrega de amor. Aunque probablemente Jes\u00fas no utiliz\u00f3 un lenguaje sacrificial, el don consciente de s\u00ed\u00ad mismo por los dem\u00e1s, en la obediencia al Padre, llevaba consigo cierta conciencia del significado salv\u00ed\u00adfico de su propia existencia.<\/p>\n<p>Al ver perfilarse ante \u00e9l su destino de muerte violenta, Jes\u00fas lo reconoci\u00f3 como voluntad del Padre y entendi\u00f3 tambi\u00e9n su propia muerte, lo mismo que su vida, como total entrega de s\u00ed\u00ad por la vida de los dem\u00e1s, y al mismo tiempo como cumplimiento real de su misi\u00f3n de representante absoluto del Padre.<\/p>\n<p>Esta comprensi\u00f3n de su muerte puede reflejarse en las palabras de Mar 10:45 : \u00abEl Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por todos\u00bb (cf Mat 20:28; Luc 22:24-27). El don de s\u00ed\u00ad, que es la sustancia de la vida de Jes\u00fas y que lo conducir\u00e1 a la muerte, es la realizaci\u00f3n del servicio que Jes\u00fas rinde a los hombres. La alusi\u00f3n al siervo de Yhwh parece clara (cf Isa 53:12), aunque esta referencia al texto isaiano podr\u00ed\u00ada ser fruto de una explicitaci\u00f3n de la tradici\u00f3n evang\u00e9lica, a fin de evidenciar el significado salv\u00ed\u00adfico de la muerte de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Otra serie decisiva de textos son las palabras de Jes\u00fas en la \u00faltima cena sobre el don de s\u00ed\u00ad, de su cuerpo entregado y de su sangre derramada por todos (cf Mar 14:22-24 y par; cf lCor 11,24-25). Y el don de s\u00ed\u00ad mismo se relaciona aqu\u00ed\u00ad con la conclusi\u00f3n de la nueva alianza, es decir, deja entrever la intenci\u00f3n de vivir su propia muerte en la perspectiva de establecer una solidaridad absoluta con sus disc\u00ed\u00adpulos.<\/p>\n<p>Como se deduce del tema joaneo de la \u00abhora\u00bb, la existencia y la misi\u00f3n de Jes\u00fas se desarroll\u00f3 no en la perspectiva de una duraci\u00f3n ilimitada, sino como \u00abcamino\u00bb hacia un momento final y culminante. Poco a poco Jes\u00fas comprendi\u00f3 que el momento final -su \u00abhora\u00bb- era el de la muerte violenta. Y en ella comprendi\u00f3 que se realizaba el plan del Padre para la salvaci\u00f3n del mundo.<\/p>\n<p>4. PABLO Y LA MUERTE: a) Esc\u00e1ndalo del crucificado. La muerte de Jes\u00fas en la cruz era un esc\u00e1ndalo para los jud\u00ed\u00ados (lCor 1,23). Y Pablo sinti\u00f3 el horror t\u00ed\u00adpicamente jud\u00ed\u00ado ante el \u00abmaldito que est\u00e1 colgado de un madero\u00bb (G\u00e1l 3:13). Su celo jud\u00ed\u00ado contra los cristianos era expresi\u00f3n de este horror (cf Heb 8:3; Heb 9:1-2). Despu\u00e9s del encuentro y la experiencia de Cristo resucitado, Pablo hace de la cruz el centro de su predicaci\u00f3n: \u00abNosotros anunciamos a Cristo crucificado\u00bb (lCor 1,23; 2,2; 2Co 3:4; G\u00e1l 3:1; G\u00e1l 6:14; Flp 2:1). Pablo lleg\u00f3 a ver en la muerte de Jes\u00fas incluso el acontecimiento salv\u00ed\u00adfico definitivo.<\/p>\n<p>b) La muerte como don de s\u00ed\u00ad. Cristo muri\u00f3 por nosotros (ITes 5,10), por nuestros pecados (lCor 15,3; cf 1Pe 3:18), no en lugar nuestro (cf Jua 11:50.51; Jua 18:14). El \u00abmuri\u00f3 por todos\u00bb (2Co 5:14), realmente solidario de aquellos que durante su vida est\u00e1n sometidos al temor de la muerte (Heb 2:15). El \u00abmorir por\u00bb es el gesto supremo de amor: \u00abDios mostr\u00f3 su amor para con nosotros en que, siendo a\u00fan pecadores, Cristo muri\u00f3 por nosotros\u00bb (Rom 5:8; cf G\u00e1l 2:20; Efe 5:25). Cristo transform\u00f3 la muerte, vivi\u00e9ndola como acto de amor. El \u00abvivi\u00f3\u00bb su muerte no como un rito cultual, sino como sacrificio personal existencial (Rom 3:23-25).<\/p>\n<p>c) La muerte liberadora. La muerte de Jes\u00fas libera de la ley (G\u00e1l 5:1) o de la ambig\u00fcedad de la ley, dando como fruto la nueva ley, que es el Esp\u00ed\u00adritu vivificante (Rom 8:2). Por consiguiente, su muerte nos ha liberado (Rom 6:18.20.22; Rom 8:2.21; 2Co 3:17; G\u00e1l 2:4; G\u00e1l 5:1.13), rescatado (Rom 3:24; Rom 8:23; lCor 1,30; etc.), nos ha sustra\u00ed\u00addo del mundo malvado (G\u00e1l 1:4), compr\u00e1ndonos a un precio muy caro (1Co 7:23), nos ha rehabilitado y justificado (Rom 6:3-11), nos ha reconciliado con Dios (2Co 5:18-19), nos ha dado la vida de hijos en Cristo (Rom 6:16-23). Su muerte es nuestra \/ pascua (lCor 5,7), nuestra salvaci\u00f3n, que ejerce sus efectos en nosotros mediante el bautismo y la eucarist\u00ed\u00ada.<br \/>\nAs\u00ed\u00ad pues, la muerte de Jes\u00fas es el cumplimiento supremo de una vida de fidelidad en el amor a Dios y a los hombres. Jes\u00fas le dio al morir un sentido nuevo, y transform\u00f3 incluso la muerte de sus disc\u00ed\u00adpulos que mueren como \u00e9l y con \u00e9l. La propuesta de Jes\u00fas es darnos a nosotros mismos por la vida del mundo.<\/p>\n<p>d) Victoria de Jes\u00fas sobre la muerte. Jes\u00fas, que hab\u00ed\u00ada muerto, resucit\u00f3. La muerte fue vencida, derrotada; perdi\u00f3 su dominio (Rom 6:9). Jes\u00fas es \u00abla resurrecci\u00f3n y la vida\u00bb (cf Jua 11:25). El tiene \u00ablas llaves de la muerte y del abismo (Hades)\u00bb (cf Apo 1:18) y se ha convertido en el \u00abprimog\u00e9nito de todos los muertos\u00bb (Col 1:18). Con la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas ha sido aniquilado el poder de la muerte (1Co 15:26) y \u00ablo mortal se ha vestido de inmortalidad\u00bb (1Co 15:54). El morir con Cristo y como Cristo ha quedado abierto a la resurrecci\u00f3n (lCor 15). Por este motivo, Pablo grita: \u00ab\u00bfD\u00f3nde est\u00e1, muerte, tu victoria? \u00bfD\u00f3nde, muerte, tu aguij\u00f3n venenoso?\u00bb (lCor 15,55).<\/p>\n<p>e) La muerte y el pecado. La tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica que hab\u00ed\u00ada heredado Pablo le presentaba la muerte bien como una conclusi\u00f3n natural de la existencia, bien como un castigo del \/ pecado. Pablo comprendi\u00f3, por la muerte y resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, que todos los hombres son pecadores (Rom 3:9) y que todos \u00abfuimos reconciliados con Dios por medio de la muerte de su Hijo\u00bb (Rom 5:10). Por causa del pecado, la muerte hizo su entrada en el mundo (Rom 5:12): si todos morimos, esto significa que tambi\u00e9n todos pecamos. La muerte, como fen\u00f3meno universal, es el signo de una situaci\u00f3n universal de pecado.<\/p>\n<p>Al hablar de \u00abmuerte\u00bb, Pablo entiende evidentemente algo m\u00e1s que un simple fen\u00f3meno biol\u00f3gico de descomposici\u00f3n: la muerte es tambi\u00e9n separaci\u00f3n de Dios; es dolor, violencia radical, sufrimiento. Por tanto, Pablo ve tambi\u00e9n la muerte en el contexto de la humanidad sometida al dominio del pecado. Esto no significa que sea, de suyo, la consecuencia o el castigo de los pecados personales.<\/p>\n<p>El morir con Cristo y como Cristo arranca de la ambig\u00fcedad peligrosa de la muerte relacionada con el pecado: \u00abSi morimos con Cristo, creemos que tambi\u00e9n viviremos con \u00e9l\u00bb (Rom 6:8). Como \u00e9l ha resucitado, tambi\u00e9n nosotros resucitaremos (lCor 15).<\/p>\n<p>5. LA MUERTE DEL CRISTIANO. Jes\u00fas comparti\u00f3 la condici\u00f3n humana hasta la muerte. Pues bien, la muerte del cristiano es realizar la experiencia humana del morir con Jes\u00fas y como Jes\u00fas. Los evangelios, centrando su atenci\u00f3n en la muerte de Jes\u00fas, quieren tambi\u00e9n decirnos cu\u00e1l es el modo de morir del cristiano que sigue a Jes\u00fas. En los otros escritos del NT la muerte cristiana se articula y se desarrolla luego de varias maneras, pero siempre en referencia con la muerte de Jes\u00fas. Sin embargo, la finalidad sigue siendo el deseo de vivir y la b\u00fasqueda de la superaci\u00f3n de la muerte.<\/p>\n<p>a) La uni\u00f3n actual con Cristo. La fe une a Cristo, lo hace ya \u00abver\u00bb; por ella \u00e9l habita en el cristiano. El estar bautizado es la actuaci\u00f3n del \u00abmorir con Cristo\u00bb a fin de \u00abresucitar con \u00e9l\u00bb (Rom 6:3-11). La eucarist\u00ed\u00ada es la memoria del sacrificio redentor del Calvario por todo el tiempo que nos queda de espera hasta que el Se\u00f1or venga (lCor 11,26; Luc 22:16). La \/ fe, el \/ bautismo y la \/ eucarist\u00ed\u00ada hacen actuales para nosotros la pasi\u00f3n y la muerte de Jes\u00fas; nos dan el Esp\u00ed\u00adritu de Cristo precisamente para hacernos sufrir y morir como Jesucristo, a fin de poder resucitar como \u00e9l. La \/ resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas no hace actual para nosotros la resurrecci\u00f3n dispens\u00e1ndonos de la pasi\u00f3n. M\u00e1s a\u00fan, Cristo resucitado nos hace capaces de sufrir y de morir con \u00e9l; nos da el Esp\u00ed\u00adritu para que sepamos y logremos padecer y morir \u00abllevando siempre y por doquier en el cuerpo los sufrimientos de muerte de Jes\u00fas, para que la vida de Jes\u00fas se manifieste tambi\u00e9n en nuestra carne mortal\u00bb (2Co 4:10).<\/p>\n<p>Lo que es decisivo para el cristiano es el actual \u00abser de Cristo\u00bb (1Co 3:23), ya que la muerte no es m\u00e1s que la entrada en el eterno \u00abestar con Cristo\u00bb (Flp 1:20-25). La esperanza en el futuro, la superaci\u00f3n de la desesperaci\u00f3n y de la angustia frente a la muerte, se basa precisamente en la experiencia actual de la vida con Cristo. No es una especulaci\u00f3n de tipo griego sobre la inmortalidad del alma, sino la uni\u00f3n actual experimentada con Cristo lo que fundamenta la esperanza de la morada eterna: \u00abSabemos que si esta tienda en que habitamos en la tierra se destruye, tenemos otra casa, que es obra de Dios; una morada eterna en los cielos, no construida por mano de hombres. Por esto gemimos en el estado actual, deseando ardientemente ser revestidos de nuestra morada celestial, supuesto que seamos hallados vestidos y no desnudos. Mientras estamos en esta tienda gemimos oprimidos, ya que no queremos ser desnudados, sino ser revestidos, para que la mortalidad sea absorbida por la vida. El que nos ha hecho para este destino es Dios, y como garant\u00ed\u00ada nos ha dado su Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (2Co 5:1-15). El deseo de vivir, la tensi\u00f3n hacia la plenitud de la vida, coincide con la intenci\u00f3n libre de Dios (\u00abel que nos ha hecho para este destino es Dios\u00bb), el cual nos da precisamente el Esp\u00ed\u00adritu de Cristo para que logremos vivir y morir de tal manera que podamos resucitar como Cristo. Creer en Dios, como nos lo revela Jesucristo, significa creer en el deseo de Dios de hacernos vivir y en la eficacia de ese deseo: \u00abTambi\u00e9n nosotros creemos y por eso hablamos, convencidos de que quien resucit\u00f3 a Jes\u00fas, el Se\u00f1or, tambi\u00e9n nos resucitar\u00e1 a nosotros con Jes\u00fas\u00bb (2Co 4:13-14). La uni\u00f3n actual del cristiano con Cristo mediante su Esp\u00ed\u00adritu es ya la experiencia de ese deseo de Dios de vivir para siempre felizmente con los hombres, y por tanto de \u00absatisfacer\u00bb el deseo de vivir que ha puesto en ellos.<\/p>\n<p>b) La muerte del justo. Crucificado con Cristo y viviendo con \u00e9l (G\u00e1l 2:19-20), animado del Esp\u00ed\u00adritu de Cristo (G\u00e1l 5:24-25), el cristiano muere con la muerte del justo, con una muerte como la de Jes\u00fas (cf Luc 23:47). Para \u00e9l la muerte no es un mero suceso biol\u00f3gico ni una maldici\u00f3n, sino un acontecimiento cr\u00ed\u00adstico, ya que Jes\u00fas no aboli\u00f3 la muerte, sino que cambi\u00f3 radicalmente su rostro. Pablo llega a exclamar: \u00abPara m\u00ed\u00ad la vida es Cristo, y la muerte ganancia\u00bb (Flp 1:21).<\/p>\n<p>El morir cristiano comienza ya con el bautismo; con la \u00abmuerte\u00bb al pecado (Rom 6:11), al hombre viejo (Rom 6:6), a la carne o el ego\u00ed\u00adsmo (lPe 3,18), al cuerpo del pecado o al ser pecador (Rom 6:6; Rom 8:10), a la ley o pretensi\u00f3n de autosalvaci\u00f3n (G\u00e1l 2:19), a todos los elementos del mundo o las diversas ideolog\u00ed\u00adas (Col 2:20). Y, al final, un morir a la muerte para pasar de la muerte a la vida (Jua 5:24). La vida con Cristo, inaugurada con el bautismo, nos libera del pecado y de las fuerzas de muerte que nos aprisionan, de todos los poderes que limitan y oscurecen nuestra libertad; nos hace vivir de modo verdaderamente humano. El Esp\u00ed\u00adritu de Cristo nos libera del pecado precisamente porque nos hace vivir como Cristo para hacernos resurgir como Cristo.<\/p>\n<p>Lo mismo que vivi\u00f3 para el Se\u00f1or, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n el cristiano \u00abmuere para el Se\u00f1or\u00bb (Rom 14:7-8; F1p 1,20). Y su muerte abre hacia una dicha sin fin: \u00abDichosos desde ahora los muertos que mueren en el Se\u00f1or\u00bb (Apo 14:13). En el morir con Jes\u00fas tiene lugar nuestro encuentro definitivo con Dios. Nacer\u00e1 entonces para nosotros \u00abun cielo nuevo y una tierra nueva\u00bb (Apo 21:1) y \u00abno habr\u00e1 m\u00e1s muerte, ni luto, ni llanto, ni pena\u00bb (Apo 21:4). \u00c2\u00a1Para nosotros habr\u00e1 acabado el \u00abmundo\u00bb! Con Jes\u00fas viviremos para siempre en Dios, junto con nuestro mundo transfigurado.<\/p>\n<p>c) Estar dispuestos. El \u00abd\u00ed\u00ada del Hijo del hombre\u00bb (Luc 9:26; Luc 17:24.26-37; Mat 16:27) es el d\u00ed\u00ada del juicio de Dios, para el que Jes\u00fas nos invita a \u00abestar dispuestos\u00bb (Mat 24:42-44; Luc 12:35-48). \u00abAquel d\u00ed\u00ada\u00bb realizaremos la experiencia no s\u00f3lo del juicio divino, sino tambi\u00e9n y para siempre de su misericordia y de su amor. El estar dispuestos significa vivir creyendo y esperando en el amor incomprensible e inefable de Dios, que se nos ha revelado en Jesucristo. Y entonces la muerte ser\u00e1 la experiencia definitiva del misterio del amor. El deseo de eternidad que se oculta en todas las relaciones de aut\u00e9ntico amor se cumplir\u00e1 entonces en plenitud en la comuni\u00f3n con Dios y con los dem\u00e1s. El aut\u00e9ntico amor efectivo por los propios hermanos desembocar\u00e1 en la realidad del reino: \u00abVenid, benditos de mi Padre, tomad posesi\u00f3n del reino preparado para vosotros desde el principio del mundo\u00bb (Mat 25:34). El amor al pr\u00f3jimo, expresi\u00f3n del amor de Cristo por nosotros, es la sustancia de ese \u00abestar dispuestos\u00bb para el d\u00ed\u00ada del juicio.<\/p>\n<p>d) \u00bfMuere todo el hombre? Hasta ahora hemos hablado siempre de la muerte del hombre, no s\u00f3lo de la muerte del cuerpo, ya que la antropolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica no separa el alma del cuerpo: el hombre es alma y el hombre es cuerpo. Y lo cierto es que la resurrecci\u00f3n afecta al hombre entero. \u00bfPero muere todo el hombre en la muerte? Hay que tener presente que, para la Biblia, el \u00abalma\u00bb y el \u00abcuerpo\u00bb no son dos partes o dos elementos separados que se juntan para construir al hombre; sino dos dimensiones del ser humano: el hombre es \u00abalma\u00bb en cuanto que es libertad y capacidad de relaci\u00f3n con Dios; es \u00abcuerpo\u00bb en cuanto que es solidario de los dem\u00e1s y del mundo. En el pensamiento b\u00ed\u00adblico no existe un esquema dualista de alma y cuerpo. Por eso es preciso tener mucha prudencia al presentar la muerte como separaci\u00f3n de alma y cuerpo; ese lenguaje, por lo dem\u00e1s bastante tradicional en la Iglesia, puede convertirse en un instrumento verbal indispensable para anunciar, en la predicaci\u00f3n, la fe cristiana en la supervivencia del yo despu\u00e9s de la muerte. Precisamente en cuanto \u00abalma\u00bb, apertura a Dios creador y salvador, el hombre es inmortal, capaz de acoger el don de la vida divina. Pero esto no debe llevar a la conclusi\u00f3n de que la muerte sea un fen\u00f3meno puramente biol\u00f3gico que se refiera s\u00f3lo al cuerpo, sin tocar para nada al alma. Todo el hombre, en las dimensiones del alma y del cuerpo, est\u00e1 manchado por el pecado; todo el hombre, alma y cuerpo, ha sido redimido por la muerte de Jesucristo.<\/p>\n<p>VI. CONCLUSI\u00ed\u201cN. La Biblia no quiere asustar con el pensamiento de la muerte ni inspirar un miedo saludable: tampoco quiere banalizar la muerte, despoj\u00e1ndola de su terrible seriedad. Siguiendo a la Biblia, se aprende sobre todo a no manipular la muerte, a mirarla por lo que es. Ser\u00ed\u00ada un grave error comprender la fe b\u00ed\u00adblica como un ars moriendi, como un ejercicio sobre el modo de morir. El creyente no es un artista del morir: el ars moriendi es un juego f\u00fatil para afirmarse a s\u00ed\u00ad mismo incluso en la muerte. El creyente acepta la vida de las manos de Dios, como don de su amor, y acepta el deber y poder morir con la misma confiada esperanza en aquel que le concedi\u00f3 poder vivir. Y la medida de la fe no depende del miedo o no miedo de la muerte, porque en este caso el miedo no es vileza, sino horror de lo que es extra\u00f1o a Dios mismo por ser negaci\u00f3n de toda relaci\u00f3n. Por eso toda la vida del creyente es un no a la muerte, una aceptaci\u00f3n de la vida, a fin de vencer, con Cristo, incluso la muerte.<\/p>\n<p>BIBL.: BAILEY L.R., Biblical Perspectives on Death, Fortress, Filadelfia 1979; BRUEGGEMANN W., Death, Theology of, en Interpreter&#8217;s Dictionary of the Bible, Suppl., Nashville 1976, 219-222; BONORA A., Morte e mortalit\u00e1 dell&#8217;uomo nell Antico Testamento, en \u00abServitium\u00bb 17 (1983) 150-160; In, Angoscia e abbandono di fronte alla morte (Salmo 88), en Ges\u00fa di fronte al\/a morte. Alti della XX VII Settimana Biblica, Paideia, Brescia 1984, 111-120; lo, Linguaggio di risurrezione in Dan 12:1-3, en \u00abRBit\u00bb 30 (1982) 111-126; LEON-DUFOUR X., Jes\u00fas y Pablo ante la muerte, Cristiandad, Madrid 1982; MARCHADOUR A., Muerte y vida en la Biblia, Verbo Divino, Estella 1980; SCHCRMANN H., \u00bfC\u00f3mo entendi\u00f3 c vivi\u00f3 Jes\u00fas su muerte?, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1982.<\/p>\n<p>A. Bonora<\/p>\n<p>P Rossano &#8211; G. Ravasi &#8211; A, Girlanda, Nuevo Diccionario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, San Pablo, Madrid 1990<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda B\u00edblica<\/b><\/p>\n<p>Muy acertadamente, la Gaudium et spes declara: \u00abEs ante la muerte donde alcanza su cima el enigma de la condici\u00f3n humana\u00bb (GS i 8).<\/p>\n<p>1. UN APARENTE SINSENTIDO. Algunos de nuestros contempor\u00e1neos han descrito la muerte como el absurdo supremo de la vida. Para Jean Paul Sartre, la muerte es ruptura, quiebra, l\u00ed\u00admite, ca\u00ed\u00adda en el vac\u00ed\u00ado. Lejos de dar un sentido a la vida, le quita toda significaci\u00f3n. La muerte, como el nacimiento, es inesperada y absurda. Se nace sin motivo, se muere por casualidad. La muerte le quita al hombre su libertad y anula todas sus posibilidades de realizaci\u00f3n. Nos arroja como presa a los vivos, a merced de sus juicios. Para Albert Camus, en el centro de la vida est\u00e1 el hombre, con su vida absurda, privada de sentido, llena de dolor y limitada por la muerte. Lo que aparece es la vida que tiende a la plenitud, mientras que la muerte es fuente del absurdo. La vida tiene la primera palabra, pero, la muerte tiene la \u00faltima. Los millones de suicidas anuales han sacado la misma conclusi\u00f3n: la vida carece de sentido, es, absurda, m\u00e1s vale suprimirla.<\/p>\n<p>El hombre vivo, creyente o no creyente, en su conciencia de ser un muerto en pr\u00f3rroga, no escapa a la tentaci\u00f3n de razonar del mismo modo. La prensa, la televisi\u00f3n, el teatro, la novela, el cine no traen m\u00e1s que noticias o im\u00e1genes de muerte: guerra civil, genocidio, terrorismo, invasiones brutales, tragedias del aire o de la carretera. \u00bfPor qu\u00e9 tantas vidas reducidas o segadas en el mismo momento en que iban a fructificar? \u00bfPor qu\u00e9 tantas enfermedades mortales y no merecidas? \u00bfPor qu\u00e9 la humanidad, a pesar de sus progresos y de sus t\u00e9cnicas, vuelve a caer en las mismas injusticias, en los mismos cr\u00ed\u00admenes? Esta amenaza de la muerte, como presencia brutal y \u00abpuntual\u00bb, engendra una psicosis planetaria. En el momento en que conoce la embriaguez del progreso, el hombre est\u00e1 triste, tiene miedo. \u00bfEs verdad que est\u00e1 trabajando por su destrucci\u00f3n?<\/p>\n<p>\u00bfEs un ser para la muerte o para la vida? Ante esta pesadilla y este esc\u00e1ndalo de la muerte, muchos se refugian en el olvido: se divierten, se aturden, se drogan, y mueren por ello. Sin embargo, aunque nos repugna hablar de la muerte, hemos de hablar de ella, ya que la vida tiene el sentido que le damos a la muerte. Si la muerte es para la vida, entonces podemos esperar. Pero si la vida tiene que acabarse en un naufragio total, del cuerpo y de los bienes, entonces la vida misma carece de sentido, porque no desemboca en nada.<\/p>\n<p>2. LA MUERTE COMO CONSUMACI\u00f3N Y ADVENIMIENTO. Ante el sinsentido y el absurdo aparente de la muerte, el cristianismo presenta una plenitud y hasta una sobreabundancia de sentido totalmente in\u00e9dita. Este potencial de significatividad, que le viene de la revelaci\u00f3n, lo pone en el camino de la credibilidad.<\/p>\n<p>La verdad es que tan s\u00f3lo un misterio puede responder al misterio de la muerte: el de la muerte temporal para la vida eterna. La muerte es a la vez consumaci\u00f3n y advenimiento. En la visi\u00f3n cristiana el hombre no es un ser para la muerte, sino para la vida; esto significa afirmar y al mismo tiempo superar la muerte. La vida tiene sentido porque la muerte tiene sentido; es una \u00abpascua\u00bb, un paso que desemboca en la vida eterna.<\/p>\n<p>El rasgo m\u00e1s sorprendente de la revelaci\u00f3n cristiana sobre la muerte es que Dios ha hecho de la muerte del hombre el misterio del amor de Cristo al Padre y al mismo tiempo el misterio del amor del Padre a Cristo y, a trav\u00e9s de \u00e9l, a todos los hombres. La muerte humana se ha hecho acontecimiento de salvaci\u00f3n para Cristo y para el. mundo. Por tanto, Cristo no niega la muerte, sino que le da a la muerte su sentido m\u00e1s profundo. El conoci\u00f3 y vivi\u00f3 nuestra muerte en todo lo que tiene de amenazador, de tenebroso; en todo lo que representa de rompimiento, de angustia, de desconcierto, de experiencia de la impotencia humana. M\u00e1s que nadie, Cristo conoci\u00f3 una muerte de soledad completa, de sufrimientos corporales indecibles, de humillaci\u00f3n y de fracaso completo. No se le ahorr\u00f3 nada de lo que representa la muerte, la aniquilaci\u00f3n de la existencia humana. Pero Cristo le dio a la muerte su verdad y su sentido m\u00e1s profundo. La muerte, que es manifestaci\u00f3n concreta del pecado del hombre y de su ruptura con Dios, se convierte en Cristo en la expresi\u00f3n suprema de la sumisi\u00f3n a Dios. El pecado y el amor alcanzan aqu\u00ed\u00ad su efecto mayor. En el momento en que el pecado de las hombres alcanza su colmo y crucifica al justo, al inocente, la muerte de Cristo se hace abrazo de amor del Hijo que se entrega al Padre. Tambi\u00e9n el amor alcanza aqu\u00ed\u00ad su colmo, porque Jes\u00fas mantiene hasta el fin su alianza con el Padre: \u00abT\u00fa eres mi Dios\u00bb. Por su entrega total al Padre y su esperanza en \u00e9l, Cristo venci\u00f3 a la muerte. Este don de s\u00ed\u00ad mismo al misterio del Dios amor, en la aceptaci\u00f3n de su fracaso en la cruz, fue el que dio un sentido a la existencia humana \u00abcumplida\u00bb finalmente en la muerte. Sin perder nada de su car\u00e1cter tenebroso, la muerte se convierte en otra cosa, a saber: en la entrega de todo el hombre a Dios para vivir de su vida.<\/p>\n<p>3. LA MUERTE COMO SACRAMENTO Y ACTO TEOLOGAL. Cristo nos revela una dimensi\u00f3n nueva de la gracia de la salvaci\u00f3n. Su muerte adquiere, en el mismo momento en que abunda el pecado, la fuerza sobreabundante que permite vencerlo. La muerte, que era aniquilamiento de la existencia humana y expresi\u00f3n del pecado, se hace en Cristo abandono al amor y al poder salvadores de Dios, di\u00e1logo de amor con el amor. Cristo transforma la muerte en sacramento, en signo expresivo y eficaz de la realizaci\u00f3n absoluta de la existencia humana en Dios.<\/p>\n<p>Para los que viven su vida como un misterio de muerte y de vida con Cristo, la muerte se convierte en el punto culminante de la apropiaci\u00f3n de la salvaci\u00f3n, inaugurada por la fe y los sacramentos. No es tanto l\u00ed\u00admite como cumplimiento, maduraci\u00f3n y fructificaci\u00f3n. Es p\u00e9rdida de s\u00ed\u00ad, pero encuentro con Dios y vida en Dios.<\/p>\n<p>En efecto, la muerte es el acto teologal supremo. Por la fe, el hombre encuentra su fondo en Dios. La realidad del m\u00e1s all\u00e1 invade el presente e inspira todas sus acciones. Pero en la muerte se juega el todo por el todo. Ante la muerte, que en apariencia no es m\u00e1s que tiniebla absoluta, desesperaci\u00f3n y fr\u00ed\u00ado mortal, cree \u00abpor la palabra de Dios\u00bb que ese derrumbamiento desemboca en la vida y que vivir\u00e1 eternamente. La fe no puede llegar m\u00e1s lejos: va hasta el fondo de ella misma. En la muerte, que es esperanza contra toda esperanza, el hombre se abandona al Dios de la promesa. La muerte as\u00ed\u00ad vivida y realizada en este abandono total y confiado se convierte realmente en encuentro con Dios en Jesucristo. Por la esperanza, el cristiano se proyecta en Dios y le conf\u00ed\u00ada su vida para toda la eternidad. Finalmente, en su muerte, la caridad, que es amor de Dios por encima de todo, encuentra su expresi\u00f3n y su consumaci\u00f3n suprema. Con nuestros pecados hemos resistido muchas veces a las llamadas de Dios. Pero he aqu\u00ed\u00ad que se nos brinda la ocasi\u00f3n de decir un s\u00ed\u00ad total. Muchas veces hemos sufrido por no poderlo dar todo o por no dar m\u00e1s que con la punta de los labios. Esta vez podemos de alguna manera recoger todo nuestro ser y ofrec\u00e9rselo a Dios como hostia viva: \u00abSe\u00f1or, en tus manos entrego mi esp\u00ed\u00adritu\u00bb. Al penetrar la muerte, estas tres fuerzas fundamentales de la vida cristiana -la fe, la esperanza y la caridad- transforman la muerte. La muerte no es ya una segunda muerte, sino la victoria definitiva de la vida de Dios sobre la muerte: vida feliz y para siempre.<\/p>\n<p>La muerte se hace entonces asimilaci\u00f3n real a esa muerte de Cristo que se realiza m\u00ed\u00adsticamente por los sacramentos y que transforma la muerte. En efecto, por el bautismo nos sumergimos en la muerte de Cristo (Rom 6,3), crucificados con \u00e9l (por la muerte al pecado), sepultados y resucitados con \u00e9l. La vida cristiana no es m\u00e1s que el desarrollo progresivo y continuo, la aplicaci\u00f3n pr\u00e1ctica a trav\u00e9s de toda nuestra vida del doble resultado de muerte y de vida que produce el bautismo. En nuestra muerte real acabamos de vivir nuestra configuraci\u00f3n con Cristo. Morimos realmente con \u00e9l, para resucitar con \u00e9l. El signo coincide con la realidad; hemos muerto y resucitado efectivamente. Por la eucarist\u00ed\u00ada anunciamos sin cesar la muerte de Cristo, que es nuestra muerte y nuestra vida. Pues bien, si en la eucarist\u00ed\u00ada anunciamos a Cristo \u00abentregado por nosotros\u00bb, es preciso que participemos de este misterio, experiment\u00e1ndolo en la realidad de nuestra propia vida: esto es lo que se realiza en nuestra muerte real. Finalmente, la unci\u00f3n de los enfermos es el sacramento de la situaci\u00f3n de muerte. Hace manifiesto que el cristiano, fortalecido por la gracia de Cristo, sostiene la \u00faltima prueba de su vida y realiza su \u00faltima acci\u00f3n, su misma muerte, en comuni\u00f3n con el Se\u00f1or. De este modo, el comienzo, el medio y el fin de la vida cristiana quedan consagrados por los tres sacramentos; son la apropiaci\u00f3n progresiva de la muerte de Cristo como nuestra salvaci\u00f3n y nuestra resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p>La gran verdad que subyace a esta visi\u00f3n cristiana de la muerte es nuestra relaci\u00f3n con Dios: una relaci\u00f3n vertical, inmediata, continua en el orden del presente. En cada instante, cuando respondemos a la llamada de Dios, nos disponemos a entrar en el descanso del Se\u00f1or, con la \u00fanica diferencia de que el \u00faltimo instante recapitula, ratifica todos los instantes precedentes y nos hace entrar definitivamente en la vida eterna. Lo esencial de nuestra vida es esta presencia de Dios en cada instante de nuestra vida, orientada totalmente hacia \u00e9l como la flor que sigue el movimiento del sol toda la jornada. Dios no est\u00e1 al fin de nuestra vida, esper\u00e1ndonos, sino que su mirada est\u00e1 continuamente puesta sobre nosotros; en el \u00faltimo instante esa gran presencia se revela y se hace luz para siempre. Un velo di\u00e1fano distingue esas dos presencias: ahora&#8230; y en la hora de nuestra muerte.<\/p>\n<p>Esta visi\u00f3n de las cosas nos puede ayudar a superar el esc\u00e1ndalo de la muerte que siega una vida en flor, que deja una obra inacabada. Sea lo que sea la vida de un hombre, su duraci\u00f3n, se mide, en definitiva, por la inmensidad del amor que lo habita y que es el amor mismo de Dios. Pues bien, \u00bfqui\u00e9n puede medir la inmensidad de ese amor? Esta interioridad y esta actualidad del amor divino nos sit\u00faan a cada instante al final de nuestra propia historia. Que el hombre sea salvado por gracia significa que la historia humana personal, que no est\u00e1 nunca acabada, alcanza siempre su fin, que es la entrada en la comuni\u00f3n divina, en el amor infinito que nos cubre con la luz sin tinieblas.<\/p>\n<p>Desde que muri\u00f3 Cristo no hay ya en el universo un acontecimiento m\u00e1s importante que la muerte. Si morimos con \u00e9l, el hecho banal de morir se ve arrastrado al misterio de Dios. El verdadero sentido de la vida es prepararse a morir, es decir, a madurar para la vida eterna. Morir es nacer para siempre; despu\u00e9s del nacimiento a la vida temporal, despu\u00e9s del nacimiento del bautismo, que es el renacimiento en el agua y el Esp\u00ed\u00adritu, est\u00e1 el nacimiento a la vida eterna. El cristiano es aquel que tiene fe en la buena nueva de la muerte que desemboca en una vida en la que ya no se conoce ninguna muerte. Podemos sentir la impaciencia de no ver, pero sabemos que llegar\u00e1 el d\u00ed\u00ada que no acabar\u00e1 nunca. \u00abDeseo partir y estar con Cristo\u00bb (Flp 1,23).<\/p>\n<p>La reflexi\u00f3n que hemos propuesto evoluciona evidentemente en el interior de la fe cristiana. Por otra parte, si ante el sinsentido aparente de la muerte veo surgir un resplandor, que es un rostro, \u00bfno habr\u00e9 de volverme hacia esa mirada que me penetra m\u00e1s que yo mismo? \u00bfNo ser\u00e1 Cristo esa plenitud de sentido en un mundo en busca del sentido perdido? Cristo, como la muerte, sigue siendo un misterio; pero un misterio iluminador, fuente de sentido siempre activa. El que se abra a \u00e9l ver\u00e1 abrirse ante sus ojos un camino de luz.<\/p>\n<p>BIBL.: AA.VV., La muerte y el cristiano, en \u00abConcilium\u00bb 94 (1974); AA.VV., El dolor y la muerte, en \u00abSal Terrae\u00bb (octubre 1977); BOROS L., Mysterium moros. El hombre y su \u00faltima opci\u00f3n, Paulinas, Madrid 1972; JANKELEVICH V., La mort, Par\u00ed\u00ads 1966; LATOURELLE R., El hombre y sus problemas a la luz de Cristo, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1984, 405-430; MARTELET G., Victoire sur la mort, Par\u00ed\u00ads 1962; RAHNEF: K., Sentido teol\u00f3gico de la muerte, Herder Barcelona 1961; RUIZ DE LA PERA J.L., El hombre y su muerte. Antropolog\u00ed\u00ada teol\u00f3gica actual, Burgos 1971; ID, El \u00faltimo sentido, Madrid 1980, 131-154; TRO15FONTAINES, Yo no muero&#8230;, Estela, Barcelona 1966.<\/p>\n<p>R. Latourelle<\/p>\n<p>LATOURELLE &#8211; FISICHELLA, Diccionario de Teolog\u00ed\u00ada Fundamental, Paulinas, Madrid, 1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda Fundamental<\/b><\/p>\n<p>Cese de todas las funciones vitales; por lo tanto, lo contrario de la vida. (Dt 30:15, 19.) En la Biblia, se aplican las mismas palabras del lenguaje original que se traducen \u2020\u0153muerte\u2020\u009d o \u2020\u0153morir\u2020\u009d tanto al hombre como a los animales y plantas. (Ec 3:19; 9:5; Jn 12:24; Jud 12; Rev 16:3.) Sin embargo, en el caso de los humanos y los animales, la Biblia muestra la funci\u00f3n esencial de la sangre en mantener la vida al decir que el \u2020\u0153alma de la carne est\u00e1 en la sangre\u2020\u009d. (Le 17:11, 14; G\u00e9 4:8-11; 9:3, 4.) Tanto del hombre como de los animales se dice que \u2020\u02dcexpiran\u2020\u2122, esto es, \u2020\u02dcexhalan\u2020\u2122 el aliento de vida (heb. nisch\u00c2\u00b7m\u00e1th jai\u00c2\u00b7y\u00ed\u00adm). (G\u00e9 7:21, 22; comp\u00e1rese con G\u00e9 2:7.) Y las Escrituras muestran que tanto en el hombre como en los animales la muerte sigue a la p\u00e9rdida del esp\u00ed\u00adritu (fuerza activa) de vida (heb. r\u00fa\u00c2\u00b7aj jai\u00c2\u00b7y\u00ed\u00adm). (G\u00e9 6:17, nota; 7:15, 22; Ec 3:19; v\u00e9ase ESP\u00ed\u008dRITU.)<\/p>\n<p>Seg\u00fan la Biblia, \u00bfqu\u00e9 es la muerte?<br \/>\nEs interesante ver la consonancia existente entre estas declaraciones b\u00ed\u00adblicas y lo que cient\u00ed\u00adficamente se denomina el proceso de la muerte. En el hombre, por ejemplo, cuando el coraz\u00f3n deja de latir, la sangre cesa de transportar los nutrientes y el ox\u00ed\u00adgeno (que se obtiene al respirar) a los miles de millones de c\u00e9lulas del cuerpo. Sin embargo, seg\u00fan se se\u00f1ala en The World Book Encyclopedia (1987, vol. 5, p\u00e1g. 52b), \u2020\u0153cuando los pulmones y el coraz\u00f3n dejan de funcionar, puede decirse que la persona est\u00e1 cl\u00ed\u00adnicamente muerta, aunque no tiene que significar necesariamente que se haya producido la muerte som\u00e1tica. Las c\u00e9lulas del cuerpo viven a\u00fan varios minutos, de modo que si el coraz\u00f3n y los pulmones reanudan su funcionamiento y suministran a las c\u00e9lulas el ox\u00ed\u00adgeno necesario, a\u00fan es posible reanimar a la persona. Al cabo de unos tres minutos, comienzan a morir las c\u00e9lulas cerebrales, las m\u00e1s sensibles a la falta de ox\u00ed\u00adgeno. Al poco tiempo, la persona estar\u00e1 muerta sin posibilidad de reanimaci\u00f3n, y el resto de las c\u00e9lulas ir\u00e1 muriendo gradualmente. Las \u00faltimas en morir son las c\u00e9lulas \u00f3seas, capilares y d\u00e9rmicas, cuyo crecimiento puede continuar durante varias horas\u2020\u009d. As\u00ed\u00ad que aunque es evidente que la respiraci\u00f3n y la sangre son necesarias para mantener la fuerza activa de vida (r\u00fa\u00c2\u00b7aj jai\u00c2\u00b7y\u00ed\u00adm) en las c\u00e9lulas, tambi\u00e9n se hace patente que la muerte no solo se debe a que cesa la respiraci\u00f3n o a que el coraz\u00f3n deja de latir, sino a que la fuerza de vida o esp\u00ed\u00adritu desaparece de las c\u00e9lulas del cuerpo. (Sl 104:29; 146:4; Ec 8:8.)<\/p>\n<p>Por qu\u00e9 mueren los humanos. La primera menci\u00f3n de la muerte en la Biblia aparece en G\u00e9nesis 2:16, 17, cuando Dios le dio al primer hombre el mandato de no comer del \u00e1rbol del conocimiento de lo bueno y lo malo. La violaci\u00f3n de aquel mandato traer\u00ed\u00ada como consecuencia la muerte. (V\u00e9ase NM, nota.) Sin embargo, en el caso de los animales, la muerte ya deb\u00ed\u00ada ser un proceso natural, pues no se hace ninguna alusi\u00f3n a ellos cuando la Biblia relata c\u00f3mo se introdujo la muerte en la familia humana. (Comp\u00e1rese con 2Pe 2:12.) Por lo tanto, Ad\u00e1n entend\u00ed\u00ada la gravedad de la desobediencia, que, como le hab\u00ed\u00ada advertido su padre celestial, se castigar\u00ed\u00ada con la pena de muerte, pena que sufri\u00f3 por incurrir en ese pecado. (G\u00e9 3:19; Snt 1:14, 15.) Con el tiempo, su pecado y el fruto de este, la muerte, se extendieron a toda la humanidad. (Ro 5:12; 6:23.)<br \/>\nEn ocasiones se recurre a ciertos textos para intentar probar que, al igual que los animales, el hombre fue creado para morir con el tiempo; entre esos textos est\u00e1n la referencia a que la duraci\u00f3n de la vida del hombre es de unos \u2020\u02dcsetenta u ochenta a\u00f1os\u2020\u2122 (Sl 90:10) y el comentario del ap\u00f3stol acerca de que les \u2020\u0153est\u00e1 reservado a los hombres morir una vez para siempre, pero despu\u00e9s de esto un juicio\u2020\u009d. (Heb 9:27.) No obstante, estos textos se escribieron despu\u00e9s de que la muerte se introdujo en la humanidad, y se aplican a los humanos imperfectos y pecadores. La impresionante longevidad de los hombres antediluvianos ha de considerarse como al menos un reflejo del enorme potencial que posee el cuerpo humano, un potencial mucho mayor que el de los animales, aunque se hallen en las circunstancias m\u00e1s favorables. (G\u00e9 5:1-31.) Como ya ha quedado demostrado, la Biblia no deja lugar a dudas, y relaciona la aparici\u00f3n de la muerte en la familia humana con el pecado de Ad\u00e1n.<br \/>\nPuesto que el pecado ha apartado de Dios a la humanidad, se dice que toda se halla en \u2020\u0153esclavitud a la corrupci\u00f3n\u2020\u009d. (Ro 8:21.) Tal esclavitud se debe al fruto corrupto que producen las obras del pecado en el cuerpo, de modo que todos los que desobedecen a Dios est\u00e1n bajo el dominio del pecado y son esclavos suyos \u2020\u0153con la muerte en mira\u2020\u009d. (Ro 6:12, 16, 19-21.) Se dice que Satan\u00e1s tiene \u2020\u0153el medio para causar la muerte\u2020\u009d (Heb 2:14, 15) y se le llama \u2020\u0153homicida\u2020\u009d (Jn 8:44), no necesariamente porque produzca la muerte de manera directa, sino porque lo hace al servirse del enga\u00f1o y la seducci\u00f3n al pecado, al inducir o fomentar el tipo de conducta que produce corrupci\u00f3n y muerte (2Co 11:3), y al originar actitudes asesinas en la mente y coraz\u00f3n de los hombres. (Jn 8:40-44, 59; 13:2; comp\u00e1rese con Snt 3:14-16; 4:1, 2.) Por lo tanto, no se presenta a la muerte como un amigo del hombre, sino como su \u2020\u0153enemigo\u2020\u009d. (1Co 15:26.) Por lo general, los que desean la muerte son las personas que est\u00e1n sufriendo un dolor tan extremo que no pueden resistirlo. (Job 3:21, 22; 7:15; Rev 9:6.)<\/p>\n<p>La condici\u00f3n de los muertos. La Palabra de Dios muestra que los muertos \u2020\u0153no tienen conciencia de nada en absoluto\u2020\u009d y que la muerte es una condici\u00f3n de inactividad total. (Ec 9:5, 10; Sl 146:4.) Se dice que los que mueren van al \u2020\u0153polvo de la muerte\u2020\u009d (Sl 22:15), y que \u2020\u0153est\u00e1n impotentes en la muerte\u2020\u009d. (Pr 2:18; Isa 26:14.) En la muerte no hay menci\u00f3n de Dios ni se le alaba. (Sl 6:5; Isa 38:18, 19.) Tanto en las Escrituras Hebreas como en las Griegas la muerte se asemeja al sue\u00f1o, comparaci\u00f3n que no solo es apropiada debido a la inconsciencia de los muertos, sino tambi\u00e9n porque tienen la esperanza de despertar gracias a la resurrecci\u00f3n. (Sl 13:3; Jn 11:11-14.) Al resucitado Jes\u00fas se le llama \u2020\u0153las primicias de los que se han dormido en la muerte\u2020\u009d. (1Co 15:20, 21; v\u00e9anse HADES; SEOL.)<br \/>\nMientras que los antiguos egipcios y otros pueblos paganos, especialmente los fil\u00f3sofos griegos, cre\u00ed\u00adan en la inmortalidad del alma humana, tanto las Escrituras Hebreas como las Griegas dicen que el alma (heb. n\u00e9\u00c2\u00b7fesch; gr. psy\u00c2\u00b7kje) muere (Jue 16:30; Eze 18:4, 20; Rev 16:3), que necesita que se la libre de la muerte (Jos 2:13; Sl 33:19; 56:13; 116:8; Snt 5:20) o, como sucede en el caso de la profec\u00ed\u00ada mesi\u00e1nica concerniente a Jesucristo, que puede \u2020\u02dcderramarse hasta la mism\u00ed\u00adsima muerte\u2020\u2122. (Isa 53:12; comp\u00e1rese con Mt 26:38.) El profeta Ezequiel condena a los que tramaban \u2020\u0153dar muerte a las almas que no deber\u00ed\u00adan morir\u2020\u009d y \u2020\u0153conservar vivas a las almas que no deber\u00ed\u00adan vivir\u2020\u009d. (Eze 13:19; v\u00e9ase ALMA.)<br \/>\nPor ello, en el Vocabulario B\u00ed\u00adblico de la versi\u00f3n de Evaristo Mart\u00ed\u00adn Nieto (edici\u00f3n de 1974) se comenta lo siguiente bajo el apartado \u2020\u0153Antropolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica\u2020\u009d: \u2020\u0153Hay que evitar, ante todo, el concepto nuestro, procedente de la filosof\u00ed\u00ada griega, que considera al hombre como un ser compuesto de dos sustancias \u2014alma y cuerpo\u2014 distintas y bien definidas\u2020\u009d. De igual manera, Edmond Jacob, profesor de Antiguo Testamento de la universidad de Estrasburgo, se\u00f1ala que, puesto que en las Escrituras Hebreas la vida se halla relacionada directamente con el alma (heb. n\u00e9\u00c2\u00b7fesch), \u2020\u0153es l\u00f3gico que la muerte se represente en ocasiones como la desaparici\u00f3n de esta n\u00e9\u00c2\u00b7fesch. (G\u00e9n. 35:18; I Reyes 17:21; Jer. 15:9; Jon\u00e1s 4:3.) El que la n\u00e9\u00c2\u00b7fesch \u2020\u02dcsalga\u2020\u2122 debe entenderse como una figura ret\u00f3rica, pues no contin\u00faa existiendo con independencia del cuerpo, sino que muere junto con \u00e9l. (N\u00fam. 31:19; Jue. 16:30; Ezeq. 13:19.) Ning\u00fan texto b\u00ed\u00adblico apoya la opini\u00f3n de que el \u2020\u02dcalma\u2020\u2122 se separa del cuerpo en el momento de morir\u2020\u009d. (The Interpreter\u2020\u2122s Dictionary of the Bible, edici\u00f3n de G. A. Buttrick, 1962, vol. 1, p\u00e1g. 802.)<\/p>\n<p>Redenci\u00f3n de la condena a la muerte. El Salmo 68:20 dice: \u2020\u0153A Jehov\u00e1 el Se\u00f1or Soberano pertenecen los caminos de salir de la muerte\u2020\u009d. Por medio del sacrificio de su vida humana, Jesucristo se convirti\u00f3 en el \u2020\u0153Agente Principal\u2020\u009d de la vida y la salvaci\u00f3n (Hch 3:15; Heb 2:10), y por medio de \u00e9l se asegura la abolici\u00f3n de la muerte. (2Ti 1:10.) Cuando Jes\u00fas muri\u00f3, \u2020\u02dcgust\u00f3 la muerte por todo hombre\u2020\u2122 y provey\u00f3 un \u2020\u0153rescate correspondiente por todos\u2020\u009d. (Heb 2:9; 1Ti 2:6.) Por medio del \u2020\u0153solo acto de justificaci\u00f3n\u2020\u009d de Jes\u00fas, se hizo posible cancelar la condenaci\u00f3n a la muerte causada por el pecado, de manera que hombres de toda clase pudieran disfrutar de ser \u2020\u0153[declarados] justos para vida\u2020\u009d. (Ro 5:15, 16, 18, 19; Heb 9:27, 28; v\u00e9anse DECLARAR JUSTO; RESCATE.) As\u00ed\u00ad que se pod\u00ed\u00ada decir que los seguidores verdaderos de Jes\u00fas en efecto hab\u00ed\u00adan \u2020\u0153pasado de la muerte a la vida\u2020\u009d. (Jn 5:24.) Sin embargo, los que desobedecen al Hijo y no ejercen amor \u2020\u02dcpermanecen en muerte\u2020\u2122 y bajo la condenaci\u00f3n de Dios. (1Jn 3:14; Jn 3:36.) Los que quieren estar libres de condenaci\u00f3n y de la \u2020\u0153ley del pecado y de la muerte\u2020\u009d han de guiarse por el esp\u00ed\u00adritu de Dios y producir sus frutos, pues \u2020\u0153tener la mente puesta en la carne [pecaminosa] significa muerte\u2020\u009d. (Ro 8:1-6; Col 1:21-23.)<br \/>\nJes\u00fas compar\u00f3 su trayectoria de sacrificio, que culmin\u00f3 con su muerte y resurrecci\u00f3n, a un bautismo. (Mr 10:38, 39; Lu 12:50; comp\u00e1rese con Ef 4:9, 10.) El ap\u00f3stol Pablo mostr\u00f3 que los seguidores ungidos de Jes\u00fas tambi\u00e9n experimentar\u00ed\u00adan un bautismo similar en la muerte, para a continuaci\u00f3n resucitar a gloria celestial. (Ro 6:3-5; Flp 3:10, 11.) Cuando Pablo expres\u00f3 su ferviente deseo de recibir la herencia de la vida celestial, explic\u00f3 que los cristianos engendrados por esp\u00ed\u00adritu no anhelaban la muerte en s\u00ed\u00ad misma, ni tampoco permanecer \u2020\u0153desnudos\u2020\u009d en ella, sino el hecho de \u2020\u02dcponerse\u2020\u2122 un cuerpo celestial con el fin de \u2020\u02dchacer su hogar con el Se\u00f1or\u2020\u2122. (2Co 5:1-8; comp\u00e1rese con 2Pe 1:13-15.) Entretanto, pese a que la muerte \u2020\u02dcobra\u2020\u2122 en ellos, llevan mediante su ministerio un mensaje de vida a las personas. (2Co 4:10-14; Pr 18:21; v\u00e9ase BAUTISMO [Bautismo en Cristo Jes\u00fas, en su muerte].)<br \/>\nEntre los que se benefician de ese ministerio se cuenta la gran muchedumbre, que tiene la perspectiva de sobrevivir a la gran tribulaci\u00f3n y disfrutar de vida eterna en una tierra paradisiaca. Debido a que ejercen fe en el valor expiatorio del sacrificio de Jes\u00fas, tambi\u00e9n llegan a hallarse en una condici\u00f3n limpia ante Dios. (1Jn 2:2; Rev 7:9, 14.)<br \/>\nJes\u00fas dice que \u00e9l mismo tiene \u2020\u0153las llaves de la muerte y del Hades\u2020\u009d (Rev 1:18), y las utiliza para librar a aquellos de quienes la muerte ha hecho presa. (Jn 5:28, 29; Rev 20:13.) El hecho de que Jehov\u00e1 Dios librase a Jes\u00fas del Hades \u2020\u0153ha proporcionado a todos los hombres una garant\u00ed\u00ada\u2020\u009d del venidero d\u00ed\u00ada de juicio de Dios, y asegura que habr\u00e1 una resurrecci\u00f3n para los que se hallan en el Hades. (Hch 17:31; 1Co 15:20, 21.) De los que heredan el reino de Dios en inmortalidad se dice que triunfan sobre la muerte mediante su resurrecci\u00f3n, con lo que se vence el \u2020\u0153aguij\u00f3n\u2020\u009d de esta. (1Co 15:50, 54-56; comp\u00e1rese con Os 13:14; Rev 20:6.)<\/p>\n<p>La destrucci\u00f3n de la muerte. Isa\u00ed\u00adas 25:8 registra la profec\u00ed\u00ada de que Dios \u2020\u0153realmente se tragar\u00e1 a la muerte para siempre, y el Se\u00f1or Soberano Jehov\u00e1 ciertamente limpiar\u00e1 las l\u00e1grimas de todo rostro\u2020\u009d. El aguij\u00f3n que produce la muerte es el pecado (1Co 15:56), de modo que la muerte obra en el cuerpo de todos los que tienen el pecado y la imperfecci\u00f3n resultante. (Ro 7:13, 23, 24.) Por lo tanto, para suprimir la muerte, es necesario eliminar lo que la causa: el pecado. Cuando se haya erradicado el \u00faltimo vestigio de pecado de la humanidad obediente, la autoridad de la muerte se habr\u00e1 abolido, y la muerte misma ser\u00e1 destruida, lo que se conseguir\u00e1 durante el reinado de Cristo. (1Co 15:24-26.) Por eso, la muerte, que sobrevino a la raza humana como consecuencia de la transgresi\u00f3n de Ad\u00e1n, \u2020\u0153no ser\u00e1 m\u00e1s\u2020\u009d. (Ro 5:12; Rev 21:3, 4.) Su destrucci\u00f3n se asemeja de manera figurada a que se la arroje en un \u2020\u0153lago de fuego\u2020\u009d. (Rev 20:14; v\u00e9ase LAGO DE FUEGO.)<\/p>\n<p>Muerte segunda. El \u2020\u0153lago de fuego\u2020\u009d al que son arrojados la muerte, el Hades, la simb\u00f3lica \u2020\u0153bestia salvaje\u2020\u009d y el \u2020\u0153falso profeta\u2020\u009d, as\u00ed\u00ad como Satan\u00e1s, sus demonios y los que se entregan a la iniquidad en la Tierra, significa \u2020\u0153la muerte segunda\u2020\u009d. (Rev 20:10, 14, 15; 21:8; Mt 25:41.) Al principio la muerte fue el resultado de la transgresi\u00f3n de Ad\u00e1n y por ella pas\u00f3 a toda la humanidad; por lo tanto, la \u2020\u0153muerte segunda\u2020\u009d debe ser distinta de esta muerte heredada. De los textos citados se desprende que no hay liberaci\u00f3n posible de la \u2020\u0153muerte segunda\u2020\u009d. La situaci\u00f3n de los que sufren la \u2020\u0153muerte segunda\u2020\u009d corresponde al resultado que se advierte en textos como Hebreos 6:4-8; 10:26, 27 y Mateo 12:32. Por otro lado, aquellos de los que se dice que consiguen la \u2020\u0153corona de la vida\u2020\u009d y tienen parte en la \u2020\u0153primera resurrecci\u00f3n\u2020\u009d no se ven afectados por la muerte segunda. (Rev 2:10, 11.) Los que han de reinar con Cristo reciben inmortalidad e incorrupci\u00f3n, por lo que est\u00e1n m\u00e1s all\u00e1 de la \u2020\u0153autoridad\u2020\u009d de la muerte segunda. (1Co 15:50-54; Rev 20:6; comp\u00e1rese con Jn 8:51.)<\/p>\n<p>Uso ilustrativo. Se personifica a la muerte como un \u2020\u02dcrey\u2020\u2122 que gobierna a la humanidad desde el tiempo de Ad\u00e1n (Ro 5:14) junto con el \u2020\u02dcRey Pecado\u2020\u2122. (Ro 6:12.) Se dice que estos reyes ejercen su \u2020\u0153ley\u2020\u009d sobre aquellos que est\u00e1n bajo su dominio. (Ro 8:2.) Con la venida de Cristo y la provisi\u00f3n del rescate, la bondad inmerecida empez\u00f3 a ejercer un reino superior sobre aquellos que aceptan el don de Dios, \u2020\u0153con vida eterna en mira\u2020\u009d. (Ro 5:15-17, 21.)<br \/>\nAunque los hombres, desatendiendo los prop\u00f3sitos de Dios, pueden intentar hacer su propio convenio o pacto con el Rey Muerte, este fracasar\u00e1. (Isa 28:15, 18.) Se representa a la muerte como un jinete que cabalga detr\u00e1s de la guerra y el hambre, y causa una gran mortandad a los habitantes de la Tierra. (Rev 6:8; comp\u00e1rese con Jer 9:21, 22.)<br \/>\nSe dice que los que est\u00e1n espiritualmente enfermos o angustiados est\u00e1n \u2020\u0153llegando a las puertas de la muerte\u2020\u009d (Sl 107:17-20; comp\u00e1rese con Job 38:17 y Sl 9:13), y los que pasan por tales \u2020\u0153puertas\u2020\u009d entran en la figurativa \u2020\u0153casa de reuni\u00f3n para todo viviente\u2020\u009d (Job 30:23; comp\u00e1rese con 2Sa 12:21-23), con sus \u2020\u0153cuartos interiores\u2020\u009d (Pr 7:27) y una capacidad que nunca llega a satisfacerse. (Hab 2:5.) Los que van al Seol son como ovejas pastoreadas por la muerte. (Sl 49:14.)<\/p>\n<p>Los \u2020\u0153dolores de la muerte\u2020\u009d. En Hechos 2:24 el ap\u00f3stol Pedro dice que Jes\u00fas fue \u2020\u02dcdesatado de los dolores de la muerte, porque no era posible que \u00e9l continuara retenido por ella\u2020\u2122. La palabra griega (o\u00c2\u00b7d\u00ed\u00adn) que se traduce aqu\u00ed\u00ad \u2020\u0153dolores\u2020\u009d se refiere en otros pasajes a los dolores de parto (1Te 5:3), pero tambi\u00e9n puede significar agon\u00ed\u00ada, dolor, calamidad o angustia en sentido general. (Mt 24:8.) Adem\u00e1s, los traductores de la Septuaginta griega tradujeron con ella la palabra hebrea j\u00e9\u00c2\u00b7vel en textos donde el significado evidente es \u2020\u0153soga\u2020\u009d. (2Sa 22:5, 6; Sl 18:4, 5.) Una palabra hebrea de la misma familia significa \u2020\u0153dolores de parto\u2020\u009d, lo que ha llevado a algunos comentaristas y lexic\u00f3grafos a la conclusi\u00f3n de que el t\u00e9rmino griego (o\u00c2\u00b7d\u00ed\u00adn) que Lucas us\u00f3 en Hechos 2:24 tambi\u00e9n ten\u00ed\u00ada este doble sentido, al menos en el griego hel\u00e9nico de tiempos apost\u00f3licos. Por eso, muchas traducciones leen en este vers\u00ed\u00adculo: \u2020\u0153las ataduras [\u2020\u0153ligaduras\u2020\u009d, AFEBE, CB, EMN, Sd; \u2020\u0153lazos\u2020\u009d, CI, Vi, 1977; \u2020\u0153v\u00ed\u00adnculos\u2020\u009d, Ga] de la muerte\u2020\u009d (FF, Mensajero, NBE, NC, SA y otras). En numerosos textos el peligro de muerte se representa intentando atrapar en un lazo a la persona amenazada (Pr 13:14; 14:27), con sogas que le rodean y le bajan a \u2020\u0153las circunstancias angustiosas del Seol\u2020\u009d. (Sl 116:3.) Aunque los textos ya examinados muestran que en la muerte no hay consciencia, y es obvio que Jes\u00fas no sufri\u00f3 dolor literal mientras estuvo muerto, no obstante se presenta la muerte como una experiencia amarga y angustiosa (1Sa 15:32; Sl 55:4; Ec 7:26), no solo por el dolor que normalmente la precede (Sl 73:4, 5), sino por la p\u00e9rdida de toda actividad y libertad que produce su paralizante agarro. De modo que es posible que fuera en este sentido como la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas le \u2020\u02dcdesat\u00f3\u2020\u2122 de los \u2020\u0153dolores de la muerte\u2020\u009d y le liber\u00f3 de su angustioso agarro.<\/p>\n<p>Cambio en la condici\u00f3n espiritual. La muerte se usa para ilustrar la condici\u00f3n de muerte espiritual de todo el mundo, de manera que Jes\u00fas pudo hablar de que los \u2020\u02dcmuertos enterraran a los muertos\u2020\u2122, y el ap\u00f3stol pudo referirse a la mujer que viv\u00ed\u00ada para la satisfacci\u00f3n sensual diciendo que \u2020\u0153est\u00e1 muerta aunque est\u00e9 viviendo\u2020\u009d. (Lu 9:60; 1Ti 5:6; Ef 2:1.) Y como la muerte f\u00ed\u00adsica exime de las deudas u obligaciones contra\u00ed\u00addas (Ro 6:7), el que se desobligue o se libere a un cristiano del pecado y de la condenaci\u00f3n de la ley mosaica tambi\u00e9n se asemeja a la muerte, pues tal persona ha \u2020\u02dcmuerto\u2020\u2122 en cuanto a su situaci\u00f3n y obligaciones anteriores. (Ro 6:2, 11; 7:2-6.) El que muere as\u00ed\u00ad de manera figurada todav\u00ed\u00ada est\u00e1 vivo f\u00ed\u00adsicamente, y queda libre para seguir a Cristo como un esclavo de la justicia. (Ro 6:18-20; G\u00e1l 5:1.)<br \/>\nEl uso de la muerte para representar un cambio de condici\u00f3n ayuda a entender visiones prof\u00e9ticas como la del libro de Ezequiel, donde se asemeja al pueblo de Dios exiliado en Babilonia a huesos secos y a personas muertas y enterradas. (Eze 37:1-12.) Estas ten\u00ed\u00adan que \u2020\u0153llegar a vivir\u2020\u009d otra vez y establecerse de nuevo en su propio suelo. (Eze 37:13, 14.) Se hallan ilustraciones comparables en Revelaci\u00f3n 11:3, 7-12 y Lucas 16:19-31.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia<\/b><\/p>\n<p>Sumario: 1. La muerte en la cultura de hoy. II. Perspectiva b\u00ed\u00adblica. III. Terminolog\u00ed\u00ada. IV. Antiguo Testamento: 1. El deseo de vivir; 2. La limitaci\u00f3n del deseo; 3. El deseo y la angustia; 4. El deseo de sobrevivir; 5. El deseo de inmortalidad bienaventurada; a) Salmos 16; 49; 73, b) Sabidur\u00ed\u00ada. V. Nuevo Testamento: 1. Jes\u00fas frente a la muerte de los dem\u00e1s: a) La angustia de morir, b) La angustia por la muerte de los otros; 2. Jes\u00fas frente a su propia muerte; 3. C\u00f3mo entendi\u00f3 Jes\u00fas su muerte; 4. Pablo y la muerte: a) Esc\u00e1ndalo del Crucificado, b) La muerte como don de s\u00ed\u00ad, c) La muerte liberadora, d) Victoria de Jes\u00fas sobre la muerte, e) La muerte y el pecado; 5. La muerte del cristiano: a) La uni\u00f3n actual con Cristo, b) La muerte del justo, c) Estar dispuestos, d) \u00bfMuere todo el hombre\u2020\u2122.\u2020\u2122 VI. Conclusi\u00f3n.<br \/>\n2160<br \/>\n1. LA MUERTE EN LA CULTURA DE HOY.<br \/>\nLa muerte es hoy un acontecimiento muy \u2020\u0153comentado\u2020\u2122. El mercado de libros sobre la muerte hace buenos negocios; pero al mismo tiempo la muerte se ha vuelto un tema tab\u00fa, como en otros tiempos el sexo. Esta contradicci\u00f3n es s\u00ed\u00adntoma de un malestar. Tanto hablar de la muerte -en los peri\u00f3dicos, en la televisi\u00f3n, en los libros- no siempre es signo de seriedad en la reflexi\u00f3n. A veces es una manera de eludir el caso serio de \u2020\u0153mi\u2020\u009d muerte, charlando sobre la de los otros. V. Jank\u00e9levitch, que ha escrito un denso libro sobre la muerte, afirma: \u2020\u0153La tanatolog\u00ed\u00ada tan floreciente es una ciencia estancada\u2020\u009d. Como si dijera: se hace mucho ruido en torno a la muerte para no escuchar la voz que nos llama por nuestro nombre.<br \/>\nPues bien, todos los grandes pensadores de nuestro tiempo se han enfrentado con el tema de la muerte.<br \/>\nPienso, por ejemplo, en el novelista L.N. Tolstoi, con su inolvidable La muerte de Iv\u00e1n Mc; o en el fil\u00f3sofo<br \/>\n5. Kierkegaard, con su serm\u00f3n juvenil \u2020\u0153Sobre una tumba\u2020\u009d, o en los numerosos estudios de te\u00f3logos<br \/>\ncontempor\u00e1neos, como K. Rahner, H.U. von Balthasar y otros muchos.<br \/>\nTambi\u00e9n el modo de morir ha adquirido hoy un nuevo rostro, a menudo an\u00f3nimo e impersonal. Escribe el fil\u00f3sofo X. Tilliette: \u2020\u0153En efecto, son t\u00ed\u00adpicos de nuestra \u00e9poca los grandes comentarios del Iagery del gulag, el infierno de los hornos crematorios, las hecatombes de las batallas y de los bombardeos, que han transformado las ciudades en necr\u00f3polis, y tambi\u00e9n la muerte terrorista, indiferente, la muerte navajazo\u2020\u2122, como la llama Hegel, que mata a ciegas y que resuelve la ecuaci\u00f3n racional de la identidad yo = \u00abyo\u2020\u009d.<br \/>\nEl mismo intento de olvidar o la voluntad de marginar la muerte o de recluirla entre los temas inoportunos de los que no conviene hablar, es un s\u00ed\u00adntoma de angustia y de extrav\u00ed\u00ado del hombre moderno. Huye del pensamiento de la muerte porque huye del sentido \u00faltimo de la vida. La muerte se ha convertido en tab\u00fa precisamente porque plantea inexorablemente la pregunta sobre el sentido de la vida. Por eso se intenta hacer entrar a la muerte en el cauce de los sucesos banales de cada d\u00ed\u00ada, priv\u00e1ndola de su car\u00e1cter dram\u00e1tico y enigm\u00e1tico, describi\u00e9ndola y mostr\u00e1ndola sin pudor en p\u00fablico a trav\u00e9s de los medios de comunicaci\u00f3n social.<br \/>\nCon la Biblia intentemos mirar cara a cara a la muerte, sin fingimientos ni reduccionismos preconcebidos, sin retroceder ante su horrible y misterioso aspecto. Desde el principio hasta el fin de la Biblia descubriremos este intento tan atrevido de desenmascarar a la muerte.<br \/>\n2161<br \/>\nII. PERSPECTIVA BIBLICA.<br \/>\nEn la Biblia no hay un \u00fanico modo de concebir la muerte, sino una multiplicidad de diversas perspectivas. Y estas diversas perspectivas no est\u00e1n coordinadas de modo sistem\u00e1tico, sino que reflejan las fases progresivas de la revelaci\u00f3n y de la reflexi\u00f3n humana. No encontramos en el AT una reflexi\u00f3n sobre la muerte en s\u00ed\u00ad misma, ya que la muerte es negaci\u00f3n de relaciones, y la Biblia se interesa por la vida m\u00e1s que por la muerte. Sin embargo, la muerte es un l\u00ed\u00admite y una posibilidad real e ineludible del viviente, una oscura potencia que prolonga sus manejos dentro mismo de la existencia humana. Por tanto, no se puede menos de hablar de ella cuando uno se interroga sobre la vida. Pero la Biblia no se interesa tanto por explicar el \u2020\u0153d\u00f3nde\u2020\u009d y el \u2020\u0153porqu\u00e9\u2020\u009d de la muerte como por el modo de arrostrarla y por el sentido del morir.<br \/>\nDios ha creado al hombre como ser caduco y mortal: \u2020\u0153El Se\u00f1or cre\u00f3 al hombre de la tierra y de nuevo le har\u00e1 volver a ella. Le se\u00f1al\u00f3 un n\u00famero preciso de d\u00ed\u00adas y tiempo fijo\u2020\u009d (Si 17,1-2). La muerte forma parte del ritmo vital de la existencia humana. Sin embargo, es impensable que Dios haya propiamente \u2020\u0153creado\u2020\u009d la muerte; lo mismo que el cosmos, esto es, el orden y la belleza del mundo, es una victoria sobre el caos precedente, as\u00ed\u00ad la vida es el triunfo sobre la muerte. El caos y la muerte no han sido \u2020\u0153creados\u2020\u009d por Dios, sino que forman parte de ese fondo precreatural de donde Dios saca el orden y la vida del mundo con su actividad creadora. Por tanto, la acci\u00f3n creadora divina es ya un acto salv\u00ed\u00adfico que libera del caos y de la muerte, del abismo informe y del silencio del sepulcro. Dios crea arrancando y \u2020\u0153salvando\u2020\u009d del caos y de la muerte.<br \/>\nPor tanto, no puede decirse que Dios cree tanto la vida como la muerte, como si fueran dos elementos del mundo querido por \u00e9l. Dios \u2020\u0153ama cuanto existe\u2020\u009d (Sb 11,26), y toda la Biblia est\u00e1 convencida de que \u2020\u0153no fue Dios quien hizo la muerte\u2020\u009d (Sb 1,13). Y, al final, \u2020\u0153no habr\u00e1 m\u00e1s muerte\u2020\u009d (Ap 21,4). El Dios de la Biblia es el Dios de la vida: \u2020\u0153Vive el Se\u00f1or\u2020\u009d (Sal 8,47; Jos 3,10; Jr 10,10) y no muere.<br \/>\nEn algunos pasajes se dice que Dios \u2020\u0153da la muerte y da la vida\u2020\u009d (IS 2,6; Dt32,39; 2R 5,7; Sal 30,4; Tb 13,2 Sant4,12). Esto quiere decir que ni siquiera la muerte escapa al dominio soberano de Dios.<br \/>\nEn la mitolog\u00ed\u00ada cananea, la muerte es una divinidad, el dios Mot. La Biblia desmitiza la muerte, la reduce a un hecho humano y al mismo tiempo la pone bajo el dominio soberano del \u00fanico Dios. Esto aparece con claridad, por ejemplo, en Dt 32,39: \u2020\u0153Ved ahora que soy yo, que soy el \u00fanico, y que no hay Dios alguno m\u00e1s que yo. Soy yo el due\u00f1o de la muerte y de la vida. Yo hiero y yo curo. No hay nadie que se libre de mi mano\u2020\u009d. Tambi\u00e9n el morir entra en el \u00e1mbito del obrar de Yhwh, es decir, est\u00e1 sometido a su acci\u00f3n vivificante. De este convencimiento nace la esperanza: morir no significa caer en la esfera de influencia de otra divinidad, escapar para siempre de la posibilidad de relacionarse con Yhwh. Sin embargo, Israel no sab\u00ed\u00ada concebir c\u00f3mo era posible reanudar una relaci\u00f3n personal viva entre \u00e9l muerto y Yhwh.<br \/>\nLa muerte no es un poder divino, una realidad absoluta. Tampoco es lo que dec\u00ed\u00ada Nietzsche: \u2020\u0153La muerte como acto personal\u2020\u009d; no es lo que entend\u00ed\u00ada Heidegger: \u2020\u0153La muerte como iluminaci\u00f3n de la existencia\u2020\u009d. Para la Biblia la muerte no es el momento de plena realizaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo: lo que importa de verdad es lo que acontece en la vida. La muerte no es una bagatela sin importancia, pero tampoco es m\u00e1s importante que la vida. La Biblia da importancia sobre todo a c\u00f3mo se vive, y mucho menos a c\u00f3mo se muere; s\u00f3lo en algunos casos, por ejemplo, para el m\u00e1rtir o el homicida, elmodo de morir revela con claridad que se trata de un justo o de un imp\u00ed\u00ado; pero tambi\u00e9n entonces es evidente la alusi\u00f3n a c\u00f3mo se vivi\u00f3 la existencia.<br \/>\nLa muerte, para la Biblia, es el signo del car\u00e1cter limitado y de la caducidad humana. El hombre muere porque no es Dios, porque no es la vida absoluta, porque es criatura. De suyo, la muerte f\u00ed\u00adsica es vista como una necesidad biol\u00f3gica, no como la consecuencia del pecado de Ad\u00e1n. La muerte \u2020\u0153normal\u2020\u009d del hombre es simplemente la consecuencia de su naturaleza finita. Solamente en casos particulares la muerte tiene que ver con los pecados del individuo o del grupo. Pero no se puede afirmar, en principio, que la muerte sea la consecuencia del pecado, el castigo por la culpa cometida.<br \/>\n2162<br \/>\nIII. TERMINOLOGIA.<br \/>\nDel millar de veces que aparece la ra\u00ed\u00adz mwt en el AT, unas 630 lo son bajo forma verbaly 151 en la foma sustantivada: \u2020\u0153morir\u2020\u009d es una acci\u00f3n del hombre (s\u00f3lo en 20 casos se dice de los animales, y en las plantas). Tambi\u00e9n a menudo el sustantivo ma-we\u00ed\u00ad (muerte) indica el \u2020\u0153morir\u2020\u009d contrapuesto al vivir Dt 30,19; 2S 15,21; Jr 8,3; Jon 4,3; Jon 4,8; SaI 89,49; Pr 18,21).<br \/>\nAsimismo en el NT se usa con mucha frecuencia el verbo \u2020\u0153morir\u2020\u009d, y hasta el sustantivo thanatos puede indicar ya sea el morir ya el estar muerto. Tanto en el AT como en el NT la muerte est\u00e1 a veces personificada como una fuerza ciega y cruel.<br \/>\nAs\u00ed\u00ad pues, la Biblia parece poner el acento m\u00e1s en el \u2020\u0153morir\u2020\u009d como proceso y como acontecimiento que en la \u2020\u0153muerte\u2020\u009d. En efecto, se coloca en una perspectiva existencial, concreta, y considera el acontecimiento final de la existencia humana como un acontecimiento humano m\u00e1s que en su abstracci\u00f3n, designada por el t\u00e9rmino muerte.<br \/>\nLa dificultad de hablar de la muerte se deduce del recurso frecuente al lenguaje simb\u00f3lico, a representaciones imaginarias. Entonces la muerte asume los rasgos del exterminador, el \u00e1ngel enviado por Dios para aniquilar (2S 24,16-17; 2R 19,35; Ex 12,23); es un sue\u00f1o (SaI 13,4), un pastor que gu\u00ed\u00ada a los lugares infernales, al se\u2020\u2122oI (SaI 49,18). La muerte est\u00e1 asociada a muchos s\u00ed\u00admbolos: tinieblas, agua profunda, abismo, noche, silencio, etc. (SaI 88).<br \/>\nOtras f\u00f3rmulas que indican el \u2020\u0153morir\u2020\u009d resultan interesantes por el fondo de pensamiento que presuponen o al que hacen alusi\u00f3n. Morir equivale a \u2020\u0153reunirse con sus padres\u2020\u009d(Gn 49,29; Gn 15,15); el v\u00ed\u00adnculo del parentesco es tan fuerte, el conjunto de relaciones del individuo dentro del clan es tan esencial para la vida, que incluso la muerte se percibe sobre ese fondo, dejando as\u00ed\u00ad abierta una brecha hacia una especie de supervivencia.<br \/>\nLa muerte se define tambi\u00e9n como un \u2020\u0153volver a la tierra de donde uno ha sido sacado\u2020\u009d (Gn 3,19; SaI 90,3; Jb 34,15; SaI 104,29; Qo 3,20; Qo 12,7). La muerte es la anticreaci\u00f3n, el momento en que Dios retira el aliento de vida que hab\u00ed\u00ada dado con la creaci\u00f3n (SaI 104,29; SaI 146,4; Jb 34,14-15) y los hombres vuelven a ser polvo. Pero tambi\u00e9n se dice que los muertos van al se\u2020\u2122oI, el \u2020\u0153sitio de cita de todos los vivientes\u2020\u009d Jb 30,23). Una vez m\u00e1s el AT no se preocupa de coordinar estas diversas perspectivas.<br \/>\nLa f\u00f3rmula mencionada (\u2020\u0153volver a la tierra\u2020\u009d) debe relacionarse con los pasajes en que se define al hombre como un ser de barro (Gn 2,7; Is 29,16; Jr 18,1-6; Si 13,13), de polvo o de arcilla (Jb 10,9; Jb 34,14-15; SaI 103,14; SaI 146,3-4). Todas estas f\u00f3rmulas insisten en la caducidad esencial del hombre y en la inevitabilidad de la muerte inscritas en la naturaleza misma del ser humano [1 Mal\/ Dolor].<br \/>\n2163<br \/>\nIV. ANTIGUO TESTAMENTO.<br \/>\n2164<br \/>\n1. El deseo de vivir.<br \/>\nEl hombre es deseo. El deseo es expresi\u00f3n caracter\u00ed\u00adstica de la nefes o alma, es decir, del yo del hombre. En efecto, el sujeto del yerbo deseares casi siempre nefes. El hebreo utiliza varios verbos que indican esta fuerza-tensi\u00f3n vital de la persona humana, que nosotros traducimos por \u2020\u0153esperar, anhelar, querer, mirar hacia\u2020\u009d.<br \/>\nEl deseo coincide con el ser indigente y finito del hombre, pero no es voluntad de abolir la alteridad, sino aspiraci\u00f3n a realizarse a s\u00ed\u00ad mismo sin negar al otro. Seg\u00fan la Biblia, el de-seo constitutivo del hombre es deseo ilimitado de vivir y de acoger al otro en su misma diferencia. En otras palabras, es deseo de amar o, mejor a\u00fan, es el amor.<br \/>\nEl hombre desea todo lo que hace vivir: el bien en general (Is 26,9 Miq Is 7,1; Am 5,18), Dios mismo Is 26,8-9), la esposa (SaI 45,12), comer carne (Dt 12,20), los placeres de la buena mesa (Pr 23,3; Pr 23,6), etc. Pero como el hombre es malo y pecador, puede tambi\u00e9n desear hacer el mal (Pr 21,10) o tener deseos inmoderados e inconvenientes (Pr 23,3; Pr 23,6; Pr 24,1; Dt5,21).<br \/>\nCuando el verbo desear (en hebreo \u2020\u02dcawah o hamad) se usa para Dios (SaI 132,13-14; Jb 23,13) y para los animales (Jr2,24), tiene siempre un sentido metaf\u00f3rico. Propiamente s\u00f3lo el hombre, o su \u2020\u0153coraz\u00f3n\u2020\u009d o su nefes (SaI 21,3; Is 26,8; SaI 10,3), es sujeto del desear. As\u00ed\u00ad tambi\u00e9n, el morir es propio solamente del hombre, es una propiedad suya caracter\u00ed\u00adstica y original.<br \/>\nLa vida es deseo de vivir. Cuando el hombre anciano y saciado de d\u00ed\u00adas ha satisfecho su deseo, la muerte llega como fin natural (Jb 42,17; Jr25,8; Jr35,29). El deseo humano tiene un l\u00ed\u00admite: es obvio que se muera. El ideal es morir en edad avanzada, lo mismo que Abrah\u00e1n, que \u2020\u0153muri\u00f3 en buena vejez, anciano, lleno de d\u00ed\u00adas, y fue a reunirse con sus antepasados\u2020\u009d (Gn 25,8). El hombre b\u00ed\u00adblico, por el contrario, siente un gran desconcierto y una profunda confusi\u00f3n frente a la muerte imprevista o prematura de un joven. Pero ya las pruebas y las desventuras de la vida son una frustraci\u00f3n del deseo, como, por ejemplo, en Qo 6,2: \u2020\u0153Un hombre a quien Dios ha dado riquezas, hacienda y honores, y a quien (= a su nefes) nada falta de cuanto pueda desear; pero Dios no le concede disfrutar de eso, sino que es un extra\u00f1o quien lo disfruta. Esto es vanidad y un cruel sufrimiento\u2020\u009d. Con la muerte se extingue todo deseo, porque en el mundo de la muerte \u2020\u0153no hay ni obra, ni raz\u00f3n, ni cien-: cia, ni sabidur\u00ed\u00ada\u2020\u009d (Qo 9,10).<br \/>\nEl mismo t\u00e9rmino que designa la vida (nefes) indica tambi\u00e9n \u2020\u0153garganta, fauces\u2020\u009d, \u00f3rganos relacionados con el deseo. Y en algunos pasajes nefes equivale a deseo: la vida humana coincide con un sentirse movido hacia algo, un ser atra\u00ed\u00addo por alguna cosa. \u2020\u0153Con toda el alma\u2020\u009d quiere decir entonces \u2020\u0153con todo el dinamismo del yo\u2020\u009d. \u2020\u0153Tu nefes seguir\u00e1 con vida\u2020\u009d significa \u2020\u0153todo lo que en ti se agita y se mueve, todos tus deseos, permanecer\u00e1n vivos\u2020\u009d. Y el deseo m\u00e1s radical que hace vivir es el de alabar a Dios (SaI 119,175, \u2020\u0153Que yo pueda vivir para alabarte\u2020\u009d). Los muertos est\u00e1n privados incluso de este deseo vital fundamental SaI 88,11-1). En efecto, \u2020\u0153los vivos saben que han de morir, pero los muertos no saben nada\u2020\u009d; los vivos tienen al menos un deseo, una esperanza; por eso \u2020\u0153m\u00e1s vale perro vivo que le\u00f3n muerto\u2020\u009d (Qo 9,4-5).<br \/>\nEl pensamiento y la certeza de la muerte relativiza, pero no quita la alegr\u00ed\u00ada de vivir, e incluso la refuerza y la justifica: \u2020\u0153La luz es dulce, y agrada a los ojos ver el sol. Y si el hombre vive muchos a\u00f1os, que disfrute de todos ellos\u2020\u009d (Qo 11,7-8).<br \/>\nEs precisamente la muerte la que confiere a la existencia una ambig\u00fcedad radical, ya que el hombre no consigue ni captar plenamente el obrar de Dios ni escapar a la muerte. Lo \u00fanico que puede hacer es entregarse con confianza a Dios en la alegr\u00ed\u00ada del momento fugitivo que le es dado vivir como don por parte de aquel que es el \u00fanico en disponer del sentido de todo (Qo 3,11; Qo 5,6).<br \/>\n2165<br \/>\n2. La limitaci\u00f3n del deseo.<br \/>\nLos relatos simb\u00f3licos de la creaci\u00f3n (Gen 1,1-2,4a; 2,4b-25) afirman que Dios determina con su acci\u00f3n creadora el bien verdadero del hombre. Al crear, Dios lo dispone todo para el bien del hombre, hecho a su imagen y bendecido por \u00e9l, constituido en la dualidad hombre-mujer, investido de la misi\u00f3n de humanizar el mundo. El hombre ha sido creado como ser vivo, libre y responsable, por estar dotado de deseo (Gn 2,7 es una nefes viviente).<br \/>\nA esta criatura-de-deseo Dios le hace una advertencia amigable para preservarle de las desviaciones del deseo: \u2020\u0153Del \u00e1rbol de la ciencia del bien y del mal no comer\u00e1s, porque el d\u00ed\u00ada en que comas, ciertamente morir\u00e1s\u2020\u009d (Gn 2,17). No se trata de amenaza ni de envidia divina, sino de amorosa preocupaci\u00f3n de Dios por el bien del hombre: Dios quiere conservar al hombre en la situaci\u00f3n paradis\u00ed\u00adaca. Y Dios solo, no el hombre, sabe cu\u00e1l es el verdadero bien del hombre.<br \/>\nPero el hombre, en cuanto ser relacionado representado por la pareja hombre-mujer, se deja enga\u00f1ar por su deseo, que \u00e9l interpreta como posibilidad-poder absoluto (\u2020\u0153ciencia del bien y del mal\u2020\u009d). Entonces el \u00e1rbol le parece \u2020\u0153apetitoso\u2020\u009d (Gn 3,6) y come su fruto ilusionado por el intento de apropiarse del saber-poder absoluto de Dios y de liberarse del deseo crea-tural. El hombre intenta transformarse de destinatario en posesor, de deseo en fuente del don, de hombre en Dios.<br \/>\nEn realidad, al rechazar y rehusar su propia identidad, se transforma (Gn 3,14-24). Toda la existencia humana se hace entonces m\u00e1s dura y dif\u00ed\u00adcil; est\u00e1 continuamente en peligro de verse tragada por la muerte voraz. Entre la humanidad y la serpiente, el enemigo mortal, se desencadena una permanente hostilidad sin v\u00ed\u00adas de soluci\u00f3n (Gn 3,15). La relaci\u00f3n hombre-mujer se ve alterada por el sufrimiento y la violencia; el trabajo queda marcado por la fatiga y el dolor; la existencia humana sufre graves restricciones e impedimentos cada d\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Y al final, la muerte: no es ciertamente la satisfacci\u00f3n del deseo, la saciedad, sino un volver a la tierra Gn 3,19), la extinci\u00f3n del deseo. En Gen 2,7 el hombre viene de la tierra, pero est\u00e1 vuelto hacia la vida; en Gen 3,19 el hombre viene de la tierra y vuelve a ella con la muerte; la muerte, por causa del pecado, es el retorno doloroso, en la direcci\u00f3n contraria a la creaci\u00f3n, a la tierra, que ha quedado maldita despu\u00e9s del pecado.<br \/>\nSin embargo, el pecado no elimina por completo el deseo de Dios creador de que el hombre viva y de hacer vivir al hombre. Con la promesa de Abrah\u00e1n (Gn 12,1-3), Dios hace valer su deseo de hacer vivir al hombre, al que ha creado para la vida: \u2020\u0153Que no fue Dios quien hizo la muerte ni se goza con el exterminio de los vivientes. Pues todo lo cre\u00f3 para que perdurase (Sb 1,13-14).<br \/>\nEn la muerte de Jes\u00fas, Dios mismo asumir\u00e1 el sufrimiento y la muerte para la plena y definitiva realizaci\u00f3n de su deseo de hacer vivir, que coincide con el deseo humano de vivir. Creer que Dios es el Dios de la vida quiere decir creer que el deseo de vivir que \u00e9l ha puesto en el hombre no est\u00e1 destinado fatalmente al fracaso. La mortalidad del hombre no es la mortalidad del deseo, que ser\u00e1 m\u00e1s bien eternizado en Dios.<br \/>\n2166<br \/>\n3. El deseo y la angustia.<br \/>\nLa angustia es un sentir complejo que implica desconcierto e impotencia, sentido de opresi\u00f3n y de abandono. En el sentido entendido por M. Hei-degger, la angustia est\u00e1 vinculada a la experiencia de la nada, al sentimiento de estar \u2020\u0153arrojados\u2020\u009d a la vida sin estar anclados en el origen y sin apoyo alguno en el futuro. Es dif\u00ed\u00adcil definir el significado de angustia; aqu\u00ed\u00ad tomamos el t\u00e9rmino en el sentido de \u2020\u0153sentimiento de extrav\u00ed\u00ado y de impotencia.<br \/>\nMuchos textos b\u00ed\u00adblicos reflejan el sentimiento de angustia quexse apodera del hombre frente al mal y frente a la muerte, ya que la muerte es realmente \u2020\u0153amarga\u2020\u2122 (IS 15,32). Es verdad que en algunos pasajes se advierte un sentimiento de resignaci\u00f3n tranquila y doliente ante la muerte, vista como \u2020\u0153el camino de todos los vivientes (cf 1R 2,lss; Jos 23,14; 2S 12,13), mientras que se reacciona violentamente ante la muerte del imp\u00ed\u00ado. La muerte es una ley igual para todos; hay que resignarse: \u2020\u0153No temas la sentencia de la muerte; acu\u00e9rdate de los que te precedieron y de los que te seguir\u00e1n. Esta es la ley que el Se\u00f1or ha impuesto a todo viviente. \u00bfPor qu\u00e9 rebelarte contra la voluntad del Alt\u00ed\u00adsimo?\u2020\u009d (Si 41,3-4). \u2020\u0153Una generaci\u00f3n pasa y otra generaci\u00f3n viene\u2020\u2122 (Qo 1,4): la muerte es un dato ineliminable de la existencia. Por eso es in\u00fatil angustiarse.<br \/>\nSin embargo, la Biblia no llega a endurecer el coraz\u00f3n del hombre con la resignaci\u00f3n estoica, sino que da curso libre a toda la angustia humana ante la muerte, terrible e insondable enigma. En efecto, la muerte, como el \u00ed\u00ade\u2020\u2122oI o mundo de los muertos, es por definici\u00f3n tinieblas, separaci\u00f3n de Dios y alejamiento de los dem\u00e1s. As\u00ed\u00ad se lamenta Ezequ\u00ed\u00adas: \u2020\u0153Porque el abismo (se\u2020\u2122oI) no te alaba ni te ensalza la muerte; no esperan los que bajan a la fosa tu fidelidad. El que vive, el que vive, te alaba\u2020\u009d (Is 38,18-19).<br \/>\nLa angustia nace de la triste comprobaci\u00f3n de que la muerte prolonga venenosamente todos sus artilugios dentro mismo de la vida a trav\u00e9s de la enfermedad y de las desventuras del hombre: \u2020\u0153Las DIAS de la muerte me envolv\u00ed\u00adan, los torrentes del averno me espantaban, los lazos del abismo me liaban, se tend\u00ed\u00adan ante m\u00ed\u00ad las trampas de la muerte. Clam\u00e9 al Se\u00f1or en mi angustia\u2020\u009d (SaI 18,5-7).<br \/>\nEl peligro inminente de la muerte arroja al salmista en un estado de desaliento y de confusi\u00f3n abismal, como en el Ps 88,16-1 7: \u2020\u0153Desde mi infancia soy un desgraciado, al borde de la muerte; he soportado tus terrores y ya no puedo m\u00e1s. Tus iras han pasado sobre m\u00ed\u00ad y tus espantos me han aniquilado\u2020\u009d. Obs\u00e9rvese que el adjetivo \u2020\u0153tuyo\u2020\u009d, varias veces repetido, se refiere a Dios: la angustia est\u00e1 motivada no por la muerte en s\u00ed\u00ad, sino por la relaci\u00f3n con Dios que la muerte amenaza con oscurecer, con interrumpir, con eliminar. El deseo de vivir es siempre, para el hombre b\u00ed\u00adblico, el deseo de estar-con-Dios: la muerte destruye esta relaci\u00f3n viva con Dios, que ya no es posible en el mundo de los muertos.<br \/>\nEn el Ps 88 la muerte es la negaci\u00f3n de las relaciones constitutivas de la existencia, de la relaci\u00f3n con las cosas, con los otros, con Dios. Para el salmo, soy \u2020\u0153yo\u2020\u009d el que muero. Morir no es un suceso que puede concebirse fuera de \u2020\u0153mi\u2020\u009d morir: no existe la muerte en general o en abstracto, sino s\u00f3lo la concreci\u00f3n y la singularidad hist\u00f3rica del yo que muere. En consecuencia, el salmista habla del yo que muere, anticipa su fin mediante la indicaci\u00f3n de la muerte y la simbolizaci\u00f3n fant\u00e1stica. No dice \u2020\u0153se muere\u2020\u009d, sino \u2020\u0153yo muero\u2020\u009d.<br \/>\n2167<br \/>\nCon los muertos est\u00e1n las \u2020\u0153sombras \u2020\u0153(repa\u2020\u2122\u00ed\u00adm)(5a188,11;Is 14,9; Is 26,14;Is 26,19;Jb 26,5; Pr 2,18; Pr 9,18; Pr21,16). Los Refaim son los habitantes del mundo de los muertos; pero quiz\u00e1 no haya que identificarlos con los muertos. Podr\u00ed\u00ada tratarse, seg\u00fan una creencia popular, de seres poderosos concebidos como superhombres, pero ahora difuntos y reducidos tambi\u00e9n ellos a la impotencia y a una existencia de sombras como todos los dem\u00e1s muertos.<br \/>\nLa muerte, para el Ps 88, no es, como para M. Heidegger, la m\u00e1s personal de sus posibilidades: aunen la angustia de estar arrojado en el mundo como ser-para-la-muerte, el salmista invoca a \u2020\u0153su Dios como suprema posibilidad de vida. El grito de la oraci\u00f3n del salmista no es una toma de posici\u00f3n intelectual- te\u00f3rica, sino expresi\u00f3n de una esperanza, de un deseo de estar con Dios, cuyo cumplimiento sigue estando fuera del alcance del propio salmista. La angustia no se traduce en afirmaci\u00f3n de la nada; no es experiencia de la nada, sino nostalgia y deseo sin solucionar, af\u00e1n no realizado de relaci\u00f3n con Dios. El deseo del hombre frente a la muerte no puede configurarse m\u00e1s que como esperanza y como abandono a la fuente misma del ser (Sal 16). Ahora bien, la esperanza es un acto de amor total; y s\u00f3lo de este amor puede nacer, del modo que Dios quiera, la victoria sobre la muerte. Jes\u00fas resucit\u00f3 porque am\u00f3 hasta la entrega suprema de s\u00ed\u00ad mismo.<br \/>\nEl deseo de Dios no es que muera el imp\u00ed\u00ado, sino que se convierta y viva (Ez 33,11; Ez 18,32). \u00c2\u00a1Cu\u00e1nto m\u00e1s desear\u00e1 Dios que sus fieles compartan con \u00e9l su alegr\u00ed\u00ada de vivir!<br \/>\n2168<br \/>\n4. El deseo de sobrevivir.<br \/>\nMorir como miembro de una comunidad no da miedo (Gn 25,8; Gn 35,29; Gn 49,29; Dt 32,50). Lo que aterroriza al hombre b\u00ed\u00adblico es la perspectiva del aislamiento absoluto de Dios y de los dem\u00e1s. El que muere dentro de una comunidad que le honra y lo recuerda, en cierto modo sigue viviendo tambi\u00e9n a trav\u00e9s de la memoria que los vivos hacen de \u00e9l. El mejor ung\u00fcento para embalsamar a los muertos es un buen nombre: \u2020\u0153El duelo de los hombres es por los cuerpos, pero el nombre maldito del pecador ser\u00e1 borrado. Cuida de tu renombre, porque te quedar\u00e1 como bien mejor que millares de preciados tesoros. La buena vida dura s\u00f3lo cierto n\u00famero de d\u00ed\u00adas, pero el buen nombre permanece para siempre\u2020\u2122 (Si 41,11-13; Pr 22,1 y su cr\u00ed\u00adtica Qo2,16).<br \/>\nLos hombres justos y virtuosos \u2020\u0153dejaron un gran nombre para que se cantasen sus alabanzas\u2020\u2122 (Si 44,8); \u2020\u0153Los cuerpos fueron sepultados en paz, y su nombre vivir\u00e1 por generaciones (Si 44,14). Son numeros\u00ed\u00adsimos, en el AT, los textos en que el recuerdo del buen nombre es una especie de supervivencia entre los descendientes(Gn 6,4 N\u00fam Gn 16,2; Si 15,6; Si 46,11-12 etc. ). Esta misma concepci\u00f3n aparece tambi\u00e9n fuera de la Biblia, por ejemplo, en la Sabidur\u00ed\u00ada de Aquikary en la literatura rab\u00ed\u00ad-nica.<br \/>\nEl que muere dejando hijos y nietos no desaparece del todo, sino que contin\u00faa sobreviviendo en su descendencia: \u2020\u0153&#8230;No as\u00ed\u00ad los hombres de bien, cuyas buenas obras no han sido olvidadas. Sus bienes pasan a su descendencia y su herencia de hijos a nietos. Su descendencia permanecer\u00e1 fiel a la alianza&#8230;\u2020\u009d<br \/>\n(Si 44,10-12).<br \/>\nEn los textos citados el problema no es ya el de la inmortalidad, sino el de una vida sabia y feliz, expresada en un \u2020\u0153nombre\u2020\u2122 que dura m\u00e1s all\u00e1 de la muerte. La muerte, en Ben Sir\u00e1, es considerada como castigo del imp\u00ed\u00ado por sus pecados (Si 16,1-15); pero es un mal s\u00f3lo para el malvado. Para todos los dem\u00e1s hombes la muerte es un hecho natural, establecido por Dios (Si 17,1-2). Al malvado la muerte le quita toda esperanza: \u2020\u0153Con la muerte del injusto perece su esperanza (Pr 11,7).<br \/>\n2169<br \/>\n5. El deseo de inmortalidad bienaventurada,<br \/>\n2170<br \/>\na) Salmos 16; 49; 73.<br \/>\nEstos tres salmos plantean de forma an\u00e1loga el problema de la muerte y de la liberaci\u00f3n del<br \/>\nse\u2020\u2122ol. Se trata de textos sapienciales, muy probablemente posteriores al destierro. Est\u00e1n dominados por el tema de la retribuci\u00f3n. Pero \u00bfson tambi\u00e9n testimonios de una fe en la vida eterna bienaventurada despu\u00e9s de la muerte? Los exegetas no est\u00e1ntodos de acuerdo sobre ello: para unos, la perspectiva es intraterrena; para otros, aparece la fe en una eternidad dichosa.<br \/>\nEn el Ps 73,24 aparece el discutido verbo Iaqah (tomar, asumir, raptar): \u2020\u0153Con tus consejos me diriges y<br \/>\nme llevas (Iqh) hacia un final glorioso. Es el verbo que se usa para el rapto o la asunci\u00f3n de Henoc<br \/>\nGn 5,24) y de Elias (2R 2,11), pero tambi\u00e9n para la vocaci\u00f3n de Amos (7,15). Vuelve a aparecer en el Ps<br \/>\n49,16: \u2020\u0153Pero Dios rescatar\u00e1 mi vida, me arrancar\u00e1 (Iqh) de las fuerzas del abismo (se\u2020\u2122ol)\u2020\u009d. En el Ps 16,10-11 se expresa la misma idea de este modo: \u2020\u0153T\u00fa no me entregar\u00e1s a la muerte (se\u2020\u2122oI) ni dejar\u00e1s que tu amigo fiel baje a la tumba. Me ense\u00f1ar\u00e1s el camino de la vida, plenitud de gozo en tu presencia, alegr\u00ed\u00ada perpetua a tu derecha\u2020\u009d.<br \/>\n\u00bfSe alude entonces a la bienaventuranza eterna despu\u00e9s de la muerte? Es cierta la intensidad de la experiencia de fe en Dios: el salmista experimenta de manera profund\u00ed\u00adsima la cercan\u00ed\u00ada y la ayuda de Dios, tanto que no puede imaginarse que la muerte pueda prevalecer sobre Dios y su amor. Pero no parece que le preocupe mucho afirmar algo sobre el \u2020\u0153m\u00e1s all\u00e1\u2020\u009d. El \u2020\u0153rapto\u2020\u009d al lado de Dios es una manera de afirmar y de expresar la fe en la omnipotencia del Dios vivo.<br \/>\n2171<br \/>\nb) Sabidur\u00ed\u00ada.<br \/>\n\u2020\u0153Dios cre\u00f3 al hombre para la incorrupci\u00f3n\u2020\u009d (Sb 2,23), es decir, dotado de la capacidad y constituido del deseo de vivir para siempre su amistad. El hombre no es naturalmente inmortal, pero est\u00e1 hecho a imagen de la eternidad de Dios (Sb 2,23). Todo se decide en la libertad humana de vivir seg\u00fan la justicia o la injusticia, con Dios o contra Dios. Y la diferencia entre el justo y el imp\u00ed\u00ado se comprende precisamente a partir de lo que acontece en la muerte.<br \/>\n\u2020\u0153La justicia es inmortal\u2020\u009d (1,15), o sea, es la condici\u00f3n necesaria para que el hombre alcance su destino final de vivir \u2020\u0153con \u00e9l en el amor\u2020\u009d (3,9). En efecto, \u2020\u0153las almas (las personas) de los justos est\u00e1n en las manos de Dios\u2020\u009d (3,1) y \u2020\u0153su esperanza est\u00e1 rebosante de inmortalidad\u2020\u009d (3,4). As\u00ed\u00ad pues, solamente el justo puede recibir de Dios el don de una inmortalidad bienaventurada. As\u00ed\u00ad se explica por qu\u00e9 Sg evita cuidadosamente usar el verbo morir o el sustantivo muerte a prop\u00f3sito del justo (cf 3,2: \u2020\u0153A los ojos de los necios parec\u00ed\u00ada que [los justos] hab\u00ed\u00adan muerto\u2020\u009d).<br \/>\nPara \/ Sg, la \u2020\u0153muerte\u2020\u009d no es s\u00f3lo ni primariamente el fin f\u00ed\u00adsico de la existencia terrena, sino la separaci\u00f3n eterna de Dios (cf 1,12-13). En consecuencia, Dios no ha creado la muerte ni la quiere (1,13); y la muerte no puede ser el destino de los justos. \u2020\u0153Por envidia del diablo entr\u00f3 la muerte en el mundo y la experimentan los que le pertenecen\u2020\u009d: la muerte, en cuanto que es oposici\u00f3n y separaci\u00f3n de Dios, es consecuencia del pecado; por tanto, propiamente hablando, s\u00f3lo la experimentan los no-creyentes y los moralmente malvados (2,24).<br \/>\nEn el juicio final, designado como \u2020\u0153la hora de su visita\u2020\u009d (3,7), \u2020\u0153los malvados recibir\u00e1n el castigo\u2020\u009d (3,10) de la ruina total y definitiva. Ellos morir\u00e1n de verdad! Pero los justos experimentar\u00e1n la divina existencia de amor (3,9), saboreando la \u2020\u0153gracia y la misericordia\u2020\u009d de Dios y conociendo la verdad.<br \/>\nSi la condici\u00f3n para la vida bienaventurada con Dios es la \u00c2\u00a1justicia, lo cierto es que la justicia se la hace posible al hombre solamente el don de la \u00c2\u00a1 sabidur\u00ed\u00ada. En efecto, la sabidur\u00ed\u00ada hace conocer la voluntad de Dios (9,13.17), le da al hombre la capacidad de realizarlo que le place a Dios (9,10-12); por tanto, es principio interior de la vida moral justa (7,27-28). La sabidur\u00ed\u00ada produce la justicia, y \u00e9sta hace que fructifique la inmortalidad bienaventurada (6, ?? 9). En consecuencia, \u2020\u0153el deseo de la sabidur\u00ed\u00ada nos eleva al reino\u2020\u009d (6,20), para que vivamos con Dios. Y este deseo, si es aut\u00e9ntico, se convierte en oraci\u00f3n para alcanzar la sabidur\u00ed\u00ada (Sb 9).<br \/>\nSg es un libro de esperanza, una ayuda para superar la angustia y la desilusi\u00f3n profunda, causada por tener que morir. La esperanza del imp\u00ed\u00ado que no cree \u2020\u0153es como brizna que arrebata el viento, como niebla ligera en poder del hurac\u00e1n\u2020\u009d (5,14); pero la esperanza del justo que cree no enga\u00f1a, porque est\u00e1 garantizada por Dios mismo, experimentado existencial-mente en la fe. En S\u00e1b se concluye un largo camino de esperanza de victoria sobre la muerte, que se hab\u00ed\u00ada expresado ya en Is 25,8 (\u2020\u0153[Dios] destruir\u00e1 para siempre la muerte\u2020\u009d) y en 1s26,19 (\u2020\u0153Revivir\u00e1n tus muertos, sus cad\u00e1veres resucitar\u00e1n\u2020\u009d); pero, sobre todo, en Dan 12,1-4 y 2M 7.<br \/>\n2172<br \/>\nV. NUEVO TESTAMENTO.<br \/>\n2173<br \/>\n1. Jes\u00fas frente a la muerte de los dem\u00e1s,<br \/>\n2174<br \/>\na) La angustia de morir.<br \/>\nMientras la muerte afecta a los dem\u00e1s, es una noticia o un hecho que entristece y que asusta, pero deja todav\u00ed\u00ada espacio a la capacidad de seguir viviendo uno mismo y de esperar. Mientras son los otros los que mueren, la muerte no nos toca demasiado. Pero cuando el hombre se descubre no s\u00f3lo como moflalis, sino mo-riturus o moribundus, o sea, cuando ve acercarse la sombra terror\u00ed\u00adfica de la muerte y se siente concretamente acechado por ella, entonces se ve cogido como por sorpresa y le invade el miedo y la angustia.<br \/>\nEn los evangelios hay dos episodios que presentan al hombre ante la amenaza inminente de la muerte: la tempestad sobre el lago (Mc 4,35-41 y par) y el caminar de Pedro sobre las aguas (Mt 14,22-33). Durante la tempestad en el lago los disc\u00ed\u00adpulos se llenaron de p\u00e1nico y de terror por miedo a morir; Jes\u00fas les dijo:<br \/>\n\u2020\u0153,Por qu\u00e9 sois tan miedosos? \u00bfPor qu\u00e9 no ten\u00e9is fe?\u2020\u2122 (Mc 4,40). Y a Pedro, asustado al ver que se hund\u00ed\u00ada, Jes\u00fas le dijo: \u2020\u0153Hombre de poca fe, \u00bfpor qu\u00e9 has dudado?\u2020\u009d (Mt 14,31),<br \/>\nJes\u00fas es el que puede salvar de la muerte; pero los hombres s\u00f3lo pueden escaparse de ella mediante la fe, por la intervenci\u00f3n de Jes\u00fas. La fe libera a los hombres de la profunda angustia existencial que los atenaza en la intimidad cuando ven la muerte ante sus ojos.<br \/>\n2175<br \/>\nb) La angustia por la muerte de los otros.<br \/>\nEn tres casos s\u00e9 encuentra Jes\u00fas con personas que han perdido a alguno de sus parientes: Jairo, que acaba de ver morir a su hijita (Mc 5,22-24; Mc 5,35-43 par); la viuda de Na\u00ed\u00adn, que se ha quedado sin su hijo \u00fanico (Lc 7,11-17); las hermanasde L\u00e1zaro, muerto (Jn 11,1-46). Jes\u00fasdevuelve la vida a los muertos, y de esta forma libra de su angustia a Jairo, a la viuda de Na\u00ed\u00adn y a las hermanas de L\u00e1zaro. La muerte, en cuanto ruptura definitiva de los v\u00ed\u00adnculos familiares, es un mal insoportable. Jes\u00fas se solidariza con las personas afectadas, gime en su coraz\u00f3n, interviene eficazmente y, una vez m\u00e1s, invita a tener fe como superaci\u00f3n de la angustia y la desesperaci\u00f3n, proponi\u00e9ndose a s\u00ed\u00ad mismo como principio d\u00e9 vida y de esperanza: \u2020\u0153Yo soy la resurrecci\u00f3n y la vida. El que cree en m\u00ed\u00ad, aunque muera, vivir\u00e1\u2020\u009d (Jn 11,25).<br \/>\nJes\u00fas no devolvi\u00f3 la vida a todos los que hab\u00ed\u00adan muerto, ya que no hab\u00ed\u00ada venido a liberar al hombre de su condici\u00f3n mortal. Vino a proclamar y a inaugurar la presencia del reino de Dios, esto es, el poder amoroso y salv\u00ed\u00adfico del Padre, que da sentido y ofrece una finalidad a la vida mortal de los hombres, garantiz\u00e1ndoles un \u00e9xito final victorioso. En realidad,. Jes\u00fas vino a liberar al hombre de la angustia y de la desesperaci\u00f3n de tener que morir, no a exonerarlo de la muerte.<br \/>\n2176<br \/>\n2. Jes\u00fas frente a su propia muerte.<br \/>\nLos evangelios no son una biograf\u00ed\u00ada de Jes\u00fas, pero permiten una reconstrucci\u00f3n de su experiencia frente a la muerte. La muerte de Jes\u00fas fue un acontecimiento \u00fanico e incomparable; irrepetible, pero aut\u00e9nticamente humano. \u00bfC\u00f3mo vivi\u00f3 Jes\u00fas su propia muerte?<br \/>\nAnte la muerte, vislumbrada ya como inminente, Jes\u00fas se siente aterrorizado y asustado; exclama: \u2020\u0153Me muero de tristeza\u2020\u009d (Mc 14,33-34). Esta expresi\u00f3n es una cita del Ps 42,6; con ella Jes\u00fas \u2020\u0153asume la experiencia de los angustiados del AT, que a su vez prestaban su voz a los diversos aspectos de la angustia humana\u2020\u009d (P. Grelot). Jes\u00fas no tiene ni el aliento ni el apoyo de los amigos; no tiene el consuelo de la fidelidad de los disc\u00ed\u00adpulos, puesto que \u2020\u0153todos lo abandonaron y huyeron\u2020\u009d (Mc 14,50). Tambi\u00e9n en la cruz Jesucristo manifiesta su angustia: \u2020\u0153iDios m\u00ed\u00ado, Dios m\u00ed\u00ado!, \u00bfporqu\u00e9 me has abandonado?\u2020\u009d (Mc 15,34). Sin embargo, \u00e9l se abandona con amor filial a la voluntad misericordiosa del Padre: \u2020\u0153 Abba, Padre!\u2020\u009d, todo te es posible; aparta de m\u00ed\u00ad este c\u00e1liz, pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres t\u00fa\u2020\u009d (Mc 14,35; Lc 22,42; Mt 26,39).<br \/>\nLucas desarrolla sobre todo la entrega de Jes\u00fas al Padre y parece atenuar la angustia de Jes\u00fas, que en la cruz grita con voz fuerte: \u2020\u0153Padre, en tus manos encomiendo mi esp\u00ed\u00adritu\u2020\u009d. El abandono confiado en las manos del Padre tiene los rasgos caracter\u00ed\u00adsticos de la fe b\u00ed\u00adblica, y Jes\u00fas muere como el justo creyente: \u2020\u0153El oficial, al ver lo que hab\u00ed\u00ada ocurrido, daba gloria a Dios diciendo: \u2020\u02dcVerdaderamente, este hombre era justo\u2020\u2122 \u2020\u02dc(Lc 23,47). Jes\u00fas entra en las tinieblas de la muerte no con la luz de una revelaci\u00f3n particular, sino con la fe y el abandono filial al Padre. Tambi\u00e9n para \u00e9l la muerte es una noche oscura, pero no sin esperanza.<br \/>\nLa carta a los Hebreos es el \u00fanico escrito neotestamentario, fuera de los evangelios, que ha meditado sobre la angustia de Jes\u00fas frente a la muerte (Hb 5,7-9). Jes\u00fas se hizo totalmente solidario con la condici\u00f3n humana; sufriendo, aprendi\u00f3 la obediencia, haci\u00e9ndose autor y consumadorde la fe (Hb 12,2).<br \/>\nLos evangelios refieren tambi\u00e9n tres anuncios anticipados con los que Jes\u00fas predijo su muerte Mc 8,31-32; Mc 9,31; Mc 10,32-34 y par), adem\u00e1s de una alusi\u00f3n (Mc 9,9-10; Mc 7) y de la par\u00e1bola de los vi\u00f1adores homicidas (Mc 12,1-12). Estos textos fueron redactados despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas; sin embargo, parece innegable que Jes\u00fas previo cada vez con mayor claridad, sobre todo despu\u00e9s del fracaso de su misi\u00f3n en Galilea, su destino de muerte violenta.<br \/>\nPero la oscuridad del futuro y de su propia muerte forma parte de la experiencia humana de Jes\u00fas, el cual sabe, incluso antes de morir, que no se ver\u00e1 olvidado del Padre, ni siquiera en la hora del abandono. Ciertamente Jes\u00fas no previo su muerte, contempl\u00e1ndola previamente como en un filme.<br \/>\n2177<br \/>\n3. C\u00f3mo entendi\u00f3 Jes\u00fas su muerte.<br \/>\nJes\u00fas previo su muerte violenta por las reacciones que desencadenaba su persona, y la acept\u00f3 con el abandono confiado y obediente al Padre, sin que esto le impidiera probar la angustia y el sufrimiento, la oscuridad y la desolaci\u00f3n. Ciertamente, Jes\u00fas comprendi\u00f3 su muerte tomando como base la misi\u00f3n que \u00e9l sab\u00ed\u00ada que ten\u00ed\u00ada y el sentido que hab\u00ed\u00ada dado a su existencia. Pues bien, Jes\u00fas hab\u00ed\u00ada vivido para anunciar el reino de Dios, para dar su propia vida por amor a los dem\u00e1s en obediencia al Padre. El resume as\u00ed\u00ad su existencia: \u2020\u0153Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve\u2020\u009d (Lc 22,27). Su vida fue y se comprendi\u00f3 como pro-existencia, como entrega de amor. Aunque probablemente Jes\u00fas no utiliz\u00f3 un lenguaje sacrificial, el don consciente de s\u00ed\u00ad mismo por los dem\u00e1s, en la obediencia al Padre, llevaba consigo cierta conciencia del significado salv\u00ed\u00adfico de su propia existencia.<br \/>\nAl ver perfilarse ante \u00e9l su destino de muerte violenta, Jes\u00fas lo reconoci\u00f3 como voluntad del Padre y entendi\u00f3 tambi\u00e9n su propia muerte, lo mismo que su vida, como total entrega de s\u00ed\u00ad por la vida de los dem\u00e1s, y al mismo tiempo como cumplimiento real de su misi\u00f3n de representante absoluto del Padre.<br \/>\nEsta comprensi\u00f3n de su muerte puede reflejarse en las palabras de Mc 10,45: \u2020\u0153El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por todos\u2020\u009d (Mt 20,28; Lc 22,24-27). El don de s\u00ed\u00ad, que es la sustancia de la vida de Jes\u00fas y que lo conducir\u00e1 a la muerte, es la realizaci\u00f3n del servicio que Jes\u00fas rinde a los hombres. La alusi\u00f3n al siervo de Yhwh parece clara (Is 53,12), aunque esta referencia al texto isaiano podr\u00ed\u00ada ser fruto de una explicitaci\u00f3n de la tradici\u00f3n evang\u00e9lica, a fin de evidenciar el significado salv\u00ed\u00adfico de la muerte de Jes\u00fas.<br \/>\nOtra serie decisiva de textos son las palabras de Jes\u00fas en la \u00faltima cena sobre el don de s\u00ed\u00ad, de su cuerpo entregado y de su sangre derramada por todos (Mc 14,22-24 y par; ico 11,24-25). Y el don de s\u00ed\u00ad mismo se relaciona aqu\u00ed\u00ad con la conclusi\u00f3n de la nueva alianza, es decir, deja entrever la intenci\u00f3n de vivir su propia muerte en la perspectiva de establecer una solidaridad absoluta con sus disc\u00ed\u00adpulos.<br \/>\nComo se deduce del tema joaneo de la \u2020\u0153hora\u2020\u2122, la existencia y la misi\u00f3n de Jes\u00fas se desarroll\u00f3 no en la perspectiva de una duraci\u00f3n ilimitada, sino como \u2020\u0153camino\u2020\u2122 hacia un momento final y culminante. Poco a poco Jes\u00fas comprendi\u00f3 que el momento final -su \u2020\u0153hora\u2020\u2122- era el de la muerte violenta. Y en ella comprendi\u00f3 que se realizaba el plan del Padre para la salvaci\u00f3n del mundo.<br \/>\n2178<br \/>\n4. Pablo y la muerte:<br \/>\na) Esc\u00e1ndalo del crucificado.<br \/>\nLa muerte de Jes\u00fas en la cruz era un esc\u00e1ndalo para los jud\u00ed\u00ados (1Co 1,23). Y Pablo sinti\u00f3 el horror t\u00ed\u00adpicamente jud\u00ed\u00ado ante el \u2020\u0153maldito que est\u00e1 colgado de un madero\u2020\u009d (Ga 3,13). Su celo jud\u00ed\u00ado contra los cristianos era expresi\u00f3n de este horror (Hch 8,3; Hch 9,1-2). Despu\u00e9s del encuentro y la experiencia de Cristo resucitado, Pablo hace de la cruz el centro de su predicaci\u00f3n: \u2020\u0153Nosotros anunciamos a Cristo crucificado\u2020\u009d (1Co 1,23; ico 2,2; 2Co 3,4; Ga 3,1; Ga 6,14; Flp 2,1). Pablo lleg\u00f3 a ver en la muerte de Jes\u00fas incluso el acontecimiento salv\u00ed\u00adfico definitivo.<br \/>\n2179<br \/>\nb) La muerte como don de s\u00ed\u00ad.<br \/>\nCristo muri\u00f3 por nosotros (lTs 5,10), por nuestros pecados (1Co 15,3 1 P IP 3,18), no en lugar nuestro Jn 11,50; Jn 11,51; Jn 18,14). El\u2020\u009dmuri\u00f3 por todos\u2020\u009d(2Co 5,14), realmente solidario de aquellos que durante su vida est\u00e1n sometidos al temor de la muerte (Hb 2,15). El \u2020\u0153morir por\u2020\u009d es el gesto supremo de amor:<br \/>\n\u2020\u0153Dios mostr\u00f3 su amor para con nosotros en que, siendo a\u00fan pecadores, Cristo muri\u00f3 por nosotros\u2020\u009d Rm 5,8; Ga 2,20; Ef 5,25). Cristo transform\u00f3 la muerte, vivi\u00e9ndola como acto de amor. El \u2020\u0153vivi\u00f3\u2020\u009d su muerte no como un rito cultual, sino como sacrificio personal existencial (Rm 3,23-25).<br \/>\n2180<br \/>\nc) La muerte liberadora.<br \/>\nLa muerte de Jes\u00fas libera de la ley (Ga 5,1) o de la ambig\u00fcedad de la ley, dando como fruto la nueva ley, que es el Esp\u00ed\u00adritu vivificante (Rm 8,2). Por consiguiente, su muerte nos ha liberado (Rom 6,18.20.22; 8,2.21; 2Cor3,17;G\u00e112,4;5,1.13),rescatado(Rm 3,24; Rm 8,23; ico 1,30 etc. ), nos ha sustra\u00ed\u00addo del mundo malvado (Ga 1,4), compr\u00e1ndonos a un precio muy caro (1Co 7,23), nos ha rehabilitado y justificado (Rm 6,3-11), nos ha reconciliado con Dios (,Cor 5,18-1 9), nos ha dado la vida de hijos en Cristo (Rm 6,16-23). Su muerte es nuestra! pascua (lCo 5,7), nuestra salvaci\u00f3n, que ejerce sus efectos en nosotros mediante el bautismo y la eucarist\u00ed\u00ada.<br \/>\nAs\u00ed\u00ad pues, la muerte de Jes\u00fas es el cumplimiento supremo de una vida de fidelidad en el amor a Dios y a los hombres. Jes\u00fas le dio al morir un sentido nuevo, y transform\u00f3 incluso la muerte de sus disc\u00ed\u00adpulos que mueren como \u00e9l y con \u00e9l. La propuesta de Jes\u00fas es darnos a nosotros mismos por la vida del mundo.<br \/>\n2181<br \/>\nd) Victoria de Jes\u00fas sobre la muerte.<br \/>\nJes\u00fas, que hab\u00ed\u00ada muerto, resucit\u00f3. La muerte fue vencida, derrotada; perdi\u00f3 su dominio (Rm 6,9). Jes\u00fas es \u2020\u0153la resurrecci\u00f3n y la vida\u2020\u009d (Jn 11,25). El tiene \u2020\u0153las llaves de la muerte y del abismo (Hades)\u2020\u009d (Ap 1,18) y se ha convertido en el \u2020\u0153primog\u00e9nito de todos los muertos\u2020\u009d (Col 1,18). Con la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas ha sido aniquilado el poder de la muerte (1Co 15,26) y \u2020\u0153lo mortal se ha vestido de inmortalidad\u2020\u009d (1Co 15,54). El morir con Cristo y como Cristo ha quedado abierto a la resurrecci\u00f3n (1Co 15). Por este motivo, Pablo grita: \u2020\u0153cD\u00f3nde est\u00e1, muerte, tu victoria? \u00bfD\u00f3nde, muerte, tu aguij\u00f3n venenoso?\u2020\u009d (1Co 15,55).<br \/>\n2182<br \/>\ne) La muerte y el pecado.<br \/>\nLa tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica que hab\u00ed\u00ada heredado Pablo le presentaba la muerte bien como una conclusi\u00f3n natural de la existencia, bien como un castigo del! pecado. Pablo comprendi\u00f3, por la muerte y resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, que todos los hombres son pecadores (Rm 3,9) y que todos \u2020\u0153fuimos reconciliados con Dios por medio de la muerte de su Hijo\u2020\u009d (Rm 5,10). Por causa del pecado, la muerte hizo su entrada en el mundo Rm 5,12): si todos morimos, esto significa que tambi\u00e9n todos pecamos. La muerte, como fen\u00f3meno universal, es el signo de una situaci\u00f3n universal de pecado.<br \/>\nAl hablar de \u2020\u0153muerte\u2020\u009d, Pablo entiende evidentemente algo m\u00e1s que un simple fen\u00f3meno biol\u00f3gico de descomposici\u00f3n: la muerte es tambi\u00e9n separaci\u00f3n de Dios; es dolor, violencia radical, sufrimiento. Por tanto, Pablo ve tambi\u00e9n la muerte en el contexto de la humanidad sometida al dominio del pecado. Esto no significa que sea, de suyo, la consecuencia o el castigo de los pecados personales.<br \/>\nEl morir con Cristo y como Cristo arranca de la ambig\u00fcedad peligrosa de la muerte relacionada con el pecado: \u2020\u0153Si morimos con Cristo, creemos que tambi\u00e9n viviremos con \u00e9l\u2020\u009d (Rm 6,8). Como \u00e9l ha resucitado, tambi\u00e9n nosotros resucitaremos (1Co 15).<br \/>\n2183<br \/>\n5. La muerte del cristiano.<br \/>\nJes\u00fas comparti\u00f3 la condici\u00f3n humana hasta la muerte. Pues bien, la muerte del cristiano es realizar la experiencia humana del morir con Jesus y como Jes\u00fas. Los evangelios, centrando su atenci\u00f3n en la muerte de Jes\u00fas, quieren tambi\u00e9n decirnos cu\u00e1l es el modo de morir del cristiano que sigue a Jes\u00fas. En los otros escritos del NT la muerte cristiana se articula y se desarrolla luego de varias maneras, pero siempre en referencia con la muerte de Jes\u00fas. Sin embargo, la finalidad sigue siendo el deseo de vivir y la b\u00fasqueda de la superaci\u00f3n de la muerte.<br \/>\n2184<br \/>\na) La uni\u00f3n actual con Cristo.<br \/>\nLa fe une a Cristo, lo hace ya \u2020\u0153ver\u2020\u009d; por ella \u00e9l habita en el cristiano. El estar bautizado es la actuaci\u00f3n del \u2020\u0153morir con Cristo\u2020\u009d a fin de \u2020\u0153resucitar con \u00e9l\u2020\u009d (Rm 6,3-11). La eucarist\u00ed\u00ada es la memoria del sacrificio redentor del Calvario por todo el tiempo que nos queda de espera hasta que el Se\u00f1or venga (1Co 11,26; Lc 22,16). La \u00c2\u00a1fe, el \u00c2\u00a1 bautismo y la \u00c2\u00a1 eucarist\u00ed\u00ada hacen actuales para nosotros la pasi\u00f3n y la muerte de Jes\u00fas; nos dan el Esp\u00ed\u00adritu de Cristo precisamente para hacernos sufrir y morir como Jesucristo, a fin de poder resucitar como \u00e9l. La \/ resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas no hace actual para nosotros la resurrecci\u00f3n dispens\u00e1ndonos de la pasi\u00f3n. M\u00e1s a\u00fan, Cristo resucitado nos hace capaces de sufrir y de morir con \u00e9l; nos da el Esp\u00ed\u00adritu para que sepamos y logremos padecer y morir \u2020\u0153llevando siempre y por doquier en el cuerpo los sufrimientos de muerte de Jes\u00fas, para que la vida de Jes\u00fas se manifieste tambi\u00e9n en nuestra carne mortal\u2020\u009d (2Cor4,1O).<br \/>\nLo que es decisivo para el cristiano es el actual \u2020\u0153ser de Cristo\u2020\u009d (1Co 3,23), ya que la muerte no es m\u00e1s que la entrada en el eterno \u2020\u0153estar con Cristo\u2020\u009d (Flp 1,20-25). La esperanza en el futuro, la superaci\u00f3n de la desesperaci\u00f3n y de la angustia frente a la muerte, se basa precisamente en la experiencia actual de la vida con Cristo. No es una especulaci\u00f3n de tipo griego sobre la inmortalidad del alma, sino la uni\u00f3n actual experimentada con Cristo lo que fundamenta la esperanza de la morada eterna: \u2020\u0153Sabemos que si esta tienda en que habitamos en la tierra se destruye, tenemos otra casa, que es obra de Dios; una morada eterna en los cielos, no construida por mano de hombres. Por esto gemimos en el estado actual, deseando ardientemente ser revestidos de nuestra morada celestial, supuesto que seamos hallados vestidos y no desnudos. Mientras estamos en esta tienda gemimos oprimidos, ya que no queremos ser desnudados, sino ser revestidos, para que la mortalidad sea absorbida por la vida. El que nos ha hecho para este destino es Dios, y como garant\u00ed\u00ada nos ha dado su Esp\u00ed\u00adritu\u2020\u009d (2Co 5,1-15). El deseo de vivir, la tensi\u00f3n hacia la plenitud de la vida, coincide con la intenci\u00f3n libre de Dios (\u2020\u02dcel que nos ha hecho para este destino es Dios\u2020\u2122), el cual nos da precisamente el Esp\u00ed\u00adritu de Cristo para que logremos vivir y morir de tal manera que podamos resucitar como Cristo. Creer en Dios, como nos lo revela Jesucristo, significa creer en el deseo de Dios de hacernos vivir y en la eficacia de ese deseo: \u2020\u0153Tambi\u00e9n nosotros creemos y por eso hablamos, convencidos de que quien resucit\u00f3 a Jes\u00fas, el Se\u00f1or, tambi\u00e9n nos resucitar\u00e1 a nosotros con Jes\u00fas\u2020\u009d 2Co 4,13-14). La uni\u00f3n actual del cristiano con Cristo mediante su Esp\u00ed\u00adritu es ya la experiencia de ese deseo de Dios de vivir para siempre felizmente con los hombres, y por tanto de \u2020\u0153satisfacer\u2020\u009d el deseo de vivir que ha puesto en ellos.<br \/>\n2185<br \/>\nb) La muerte del justo.<br \/>\nCrucificado con Cristo y viviendo con \u00e9l (Ga 2,19-20), animado del Esp\u00ed\u00adritu de Cristo (Ga 5,24-25), el cristiano muere con la muerte del justo, con una muerte como la de Jes\u00fas (Lc 23,47). Para \u00e9l la muerte no es un mero suceso biol\u00f3gico ni una maldici\u00f3n, sino un acontecimiento cr\u00ed\u00adstico, ya que Jes\u00fas no aboli\u00f3 la muerte, sino que cambi\u00f3 radicalmente su rostro. Pablo llega a exclamar: \u2020\u0153Para m\u00ed\u00ad la vida es Cristo, y la muerte ganancia\u2020\u009d (Flp 1,21).<br \/>\nEl morir cristiano comienza ya con el bautismo; con la \u2020\u0153muerte\u2020\u009d al pecado (Rm 6,11), al hombre viejo Rm 6,6), a la carne o el ego\u00ed\u00adsmo (IP 3,18), al cuerpo del pecado o al ser pecador (Rm 6,6; Rm 8,10), a la ley o pretensi\u00f3n de autosalvaci\u00f3n (Ga 2,19), a todos los elementos del mundo o las diversas ideolog\u00ed\u00adas Col 2,20). Y, al final, un morir a la muerte para pasar de la muerte a la vida (Jn 5,24). La vida con Cristo, inaugurada con el bautismo, nos libera del pecado y de las fuerzas de muerte que nos aprisionan, de todos los poderes que limitan y oscurecen nuestra libertad; nos hace vivir de modo verdaderamente humano. El Esp\u00ed\u00adritu de Cristo nos libera del pecado precisamente porque nos hace vivir como Cristo para hacernos resurgir como Cristo.<br \/>\nLo mismo que vivi\u00f3 para el Se\u00f1or, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n el cristiano \u2020\u0153muere para el Se\u00f1or\u2020\u009d (Rm 14,7-8; Flp 1,20). Y su muerte abre hacia una dicha sin fin: \u2020\u0153Dichosos desde ahora los muertos que mueren en el Se\u00f1or\u2020\u009d Ap 14,13). En el morir con Jes\u00fas tiene lugar nuestro encuentro definitivo con Dios. Nacer\u00e1 entonces para nosotros \u2020\u0153un cielo nuevo y una tierra nueva\u2020\u009d (Ap 21,1) y \u2020\u0153no habr\u00e1 m\u00e1s muerte, ni luto, ni llanto, ni pena\u2020\u009d (21,4). \u00c2\u00a1Para nosotros habr\u00e1 acabado el \u2020\u0153mundo\u2020\u009d! Con Jes\u00fas viviremos para siempre en Dios, junto con nuestro mundo transfigurado.<br \/>\n2186<br \/>\nc) Estar dispuestos.<br \/>\nEl \u2020\u0153d\u00ed\u00ada del Hijo del hombre\u2020\u009d (Lc 9,26; Lc 17,24; Lc 17,26-37; Mt 16,27)\u2020\u2122es el d\u00ed\u00ada del juicio de Dios, para el que Jes\u00fas nos invita a \u2020\u0153estar dispuestos\u2020\u009d (Mt 24,42-44; Lc 12,35-48). \u2020\u0153Aquel d\u00ed\u00ada\u2020\u009d realizaremos la experiencia no s\u00f3lo del juicio divino, sino tambi\u00e9n y para siempre de su misericordia y de su amor. El estar dispuestos significa vivir creyendo y esperando en el amor incomprensible e inefable de Dios, que se nos ha revelado en Jesucristo. Y entonces la muerte ser\u00e1 la experiencia definitiva del misterio del amor. El deseo de eternidad que se oculta en todas las relaciones de aut\u00e9ntico amor se cumplir\u00e1 entonces en plenitud en la comuni\u00f3n con Dios y con los dem\u00e1s. El aut\u00e9ntico amor efectivo por los propios hermanos desembocar\u00e1 en la realidad del reino: \u2020\u0153Venid, benditos de mi Padre, tomad posesi\u00f3n del reino preparado para vosotros desde el principio del mundo\u2020\u2122 (Mt 25,34). El amor al pr\u00f3jimo, expresi\u00f3n del amor de Cristo por nosotros, es la sustancia de ese \u2020\u0153estar dispuestos\u2020\u009d para el d\u00ed\u00ada del juicio.<br \/>\n2187<br \/>\nd) \u00bfMuere todo el hombre?<br \/>\nHasta ahora hemos hablado siempre de la muerte del hombre, no s\u00f3lo de la muerte del cuerpo, ya que la antropolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica no separa el alma del cuerpo: el hombre es alma y el hombre es cuerpo. Y lo cierto es que la resurrecci\u00f3n afecta al hombre entero. \u00bfPero muere todo el hombre en la muerte? Hay que tener presente que, para la Biblia, el \u2020\u0153alma\u2020\u009d y el \u2020\u0153cuerpo\u2020\u2122 no son dos partes o dos elementos separados que se juntan para construir al hombre,; si\u00f1ojios dimensiones del ser humano: el hombre es \u2020\u0153alma\u2020\u009d en cuanto que es libertad y capacidad de relaci\u00f3n con Dios; es \u2020\u0153cuerpo\u2020\u2122 en cuanto que es solidario de los dem\u00e1s y del mundo. En el pensamiento b\u00ed\u00adblico no existe un esquema dualista de alma y cuerpo. Por eso es preciso tener mucha prudencia al presentar la muerte como separaci\u00f3n de alma y cuerpo; ese lenguaje, por lo dem\u00e1s bastante tradicional en la Iglesia, puede convertirse en un instrumento verbal indispensable para anunciar, en la predicaci\u00f3n, la fe cristiana en la supervivencia del yo despu\u00e9s de la muerte. Precisamente en cuanto alma, apertura a Dios creador y salvador, el hombre es inmortal, capaz de acoger el don de la vida divina. Pero esto no debe llevar a la conclusi\u00f3n de que la muerte sea un fen\u00f3meno puramente biol\u00f3gico que se refiera s\u00f3lo al cuerpo, sin tocar para nada al alma. Todo el hombre, en las dimensiones del alma y del cuerpo, est\u00e1 manchado por el pecado; todo el hombre, alma y cuerpo, ha sido redimido por la muerte de Jesucristo.<br \/>\n2188<br \/>\nVI. CONCLUSION.<br \/>\nLa Biblia no quiere asustar con el pensamiento de la muerte ni inspirar un miedo saludable: tampoco quiere banalizar la muerte, despoj\u00e1ndola de su terrible seriedad. Siguiendo a la Biblia, se aprende sobre todo a no manipular la muerte, a mirarla por lo que es. Ser\u00ed\u00ada un grave error comprender la fe b\u00ed\u00adblica como un ars moriendi, como un ejercicio sobre el modo de morir. El creyente no es un artista del morir: el ars moriendies un juego f\u00fatil para afirmarse a s\u00ed\u00ad mismo incluso en la muerte. El creyente acepta la vida de las manos de Dios, como don de su amor, y acepta el deber y poder morir con la misma confiada esperanza en aquel que le concedi\u00f3 poder vivir. Y la medida de la fe no depende del miedo o no miedo de la muerte, porque en este caso el miedo no es vileza, sino horror de lo que es extra\u00f1o a Dios mismo por ser negaci\u00f3n de toda relaci\u00f3n. Por eso toda la vida del creyente es un no a la muerte, una aceptaci\u00f3n de la vida, a fin de vencer, con Cristo, incluso la muerte.<br \/>\n2189<br \/>\nBIBL.: Bailey L.R., B\u00ed\u00adblica! Perspectives on Death, Fortress, Filadelfia 1979; Brueggemann W., Death, Theology of, en Interpreter\u2020\u2122s Dictio-nary of the Bible, Suppi, Nashville 1976, 219-222; Bonora ?., Mor\u00ed\u00ade e mortalila deIl\u2020\u2122uomo neIl\u2020\u2122Antico Testamento, en \u2020\u0153Servitium\u2020\u009d 17(1983)150-160; Id, Angoscia e abbandonodi fronte alia mofle (Salmo 88), en Ges\u00fa di fronte alia mofle. 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Por la experiencia cotidiana creemos saber qu\u00e9 cosa es la m., y as\u00ed\u00ad pasamos con excesiva rapidez a la cuesti\u00f3n de qu\u00e9 viene \u00abdespu\u00e9s\u00bb de la m., como si ah\u00ed\u00ad empezara la teolog\u00ed\u00ada de la misma.<\/p>\n<p>Y, sin embargo, la m. oculta necesariamente en s\u00ed\u00ad misma todos los misterios del hombre; es, como dice Gaudium et Spes del concilio Vaticano II, el punto en que el hombre se torna de la manera m\u00e1s radical problema para s\u00ed\u00ad mismo, y por cierto un problema que s\u00f3lo Dios puede resolver. Adem\u00e1s, el cristianismo es la religi\u00f3n que conoce la m. de un hombre como el suceso m\u00e1s fundamental de la historia de la salvaci\u00f3n y de la historia universal. Finalmente, la m. no es algo que suceda \u00aben\u00bb el hombre junto a muchas otras cosas, sino que es aquello en que el hombre mismo se realiza en su condici\u00f3n definitiva.<\/p>\n<p>La m. es un suceso que afecta a todo el hombre. Pero el hombre es una unidad de -> naturaleza y -> persona, es decir, un ente que, por un lado, tiene un estado de ser dado previamente a la libre -> decisi\u00f3n personal, con sus leyes determinadas y con un desarrollo necesario, y, por otro lado, dispone libremente de s\u00ed\u00ad mismo, de modo que es definitivamente tal como quiere entenderse en su libertad. Con ello la m. es una acci\u00f3n a la vez natural y personal. Si \u00abpropiamente\u00bb la biolog\u00ed\u00ada no sabe por qu\u00e9 toda vida y especialmente el hombre muere, s\u00ed\u00adguese que la fundamentaci\u00f3n creyente de la m. por la cat\u00e1strofe moral de la humanidad (Rom 5) es la \u00fanica fundamentaci\u00f3n de la indiscutible universalidad de la m. del hombre. Y en tal fundamento teol\u00f3gico aqu\u00e9l posee al mismo tiempo la certeza de que tambi\u00e9n en lo futuro el tener que morir pertenecer\u00e1 a los poderes necesarios de la existencia.<\/p>\n<p>2. Antes de describir la esencia de la m. citemos aquellas declaraciones del magisterio que se ocupan expresamente de la muerte. La m. es una consecuencia del -> pecado original (Dz 101 109a 175; DS 413; Dz 788s). Con ello no se dice, naturalmente, que si no hubiera pecado original y pecado personal el hombre permanecer\u00ed\u00ada sin fin en su existencia biol\u00f3gica y temporal (o que antes de \u00abAd\u00e1n\u00bb en el reino animal no hubo ninguna m. biol\u00f3gica). Aun sin pecado, habr\u00ed\u00ada terminado la vida del hombre en cuanto espacial, temporal, biol\u00f3gica e hist\u00f3rica, y \u00e9ste habr\u00ed\u00ada penetrado, por la acci\u00f3n total de su vida y de su libertad, en su estado definitivo ante Dios. La m. tal como hoy se experimenta (como parte de la constituci\u00f3n concupiscente el hombre [-> concupiscencia], en la obscuridad, debilidad y ocultaci\u00f3n de su esencia concreta [cf. luego en 3]) es consecuencia del -> pecado, sin que podamos establecer una separaci\u00f3n exacta entre la m. como perfecci\u00f3n personal de la vida y la m. como manifestaci\u00f3n del pecado.<\/p>\n<p>En correspondencia con esto todos los hombres que tienen el pecado original est\u00e1n sometidos a la ley de la m. (Dz 789). Incluso aquellos que seg\u00fan 1 Cor 15, 51 ver\u00e1n en vida la segunda venida de Cristo deben alcanzar la vida eterna mediante una \u00abtransformaci\u00f3n\u00bb radical, la cual objetivamente es lo mismo que la muerte. Con la m. cesa definitivamente la \u00fanica historia del hombre (cf. Lc 16, 26; Jn 9, 4; 2 Cor 5, 10; G\u00e1l 6, 10). La Iglesia siempre ha rechazado la doctrina de la -> apocat\u00e1stasis (Dz 211; cf. Dz 778 530 693). En el concilio Vaticano i se hab\u00ed\u00ada planeado una definici\u00f3n acerca de la imposibilidad de una justificaci\u00f3n despu\u00e9s de la m. (ColLac vn 567). Con esto se rechaza tambi\u00e9n la doctrina de la -3 metemps\u00ed\u00adcosis, como inconciliable con la concepci\u00f3n de la singularidad y dignidad decisiva de la historia humana y con la esencia de la libertad (como decisi\u00f3n para lo definitivo).<\/p>\n<p>3. Una descripci\u00f3n transitoria de la m. nos la da la tradici\u00f3n cristiana con la idea de que la m. es la \u00abseparaci\u00f3n del alma y del cuerpo\u00bb. Con ello queda dicho que el principio espiritual de vida en el hombre, su -> alma, en la m. toma una relaci\u00f3n distinta con aquello que acostumbramos a llamar el ->. cuerpo, pero no se dice mucho m\u00e1s. Por esto la idea mencionada no es una definici\u00f3n esencial suficiente para las exigencias metaf\u00ed\u00adsicas o teol\u00f3gicas. Pues no dice nada acerca de la peculiaridad de la m. en cuanto es un suceso precisamente del hombre como un todo y como una persona espiritual, y por cierto un suceso esencial, por el que \u00e9l se engendra definitivamente como persona libre. Esa autogeneraci\u00f3n definitiva no se produce con ocasi\u00f3n o despu\u00e9s de la m., sino que es momento interno de la m. misma. Mientras que las plantas o los animales \u00abterminan\u00bb, s\u00f3lo el hombre \u00abmuere\u00bb en sentido aut\u00e9ntico.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, la mencionada descripci\u00f3n de la m. permanece insuficiente porque el concepto de \u00abseparaci\u00f3n\u00bb queda obscuro y deja espacio para afirmaciones muy diferentes entre s\u00ed\u00ad. Si el alma est\u00e1 unida con el cuerpo, evidentemente tiene una relaci\u00f3n con aquella totalidad (una de cuyas partes es el cuerpo) que es la unidad del mundo material. Esta unidad material del mundo no es ni una suma meramente pensada de cosas particulares, ni una mera unidad del mutuo influjo externo entre esas cosas particulares. Puesto que el alma, por su unidad substancial con el cuerpo como forma esencial del mismo, tiene tambi\u00e9n una relaci\u00f3n con esta unidad radical del mundo, la separaci\u00f3n de cuerpo y alma en la m. no significa la simple supresi\u00f3n de esa relaci\u00f3n con el mundo, de manera que el alma (como se piensa de buen grado a la manera neoplat\u00f3nica) se hiciera sencillamente ac\u00f3smica, trascendente al mundo. M\u00e1s bien, la supresi\u00f3n de su relaci\u00f3n con el cuerpo, la cual mantiene y delimita la forma corporal frente al todo del mundo, debe pensarse como una apertura m\u00e1s amplia y profunda y como un desarrollo efectivo de su relaci\u00f3n al mundo entero. Con la m. el alma humana entra precisamente en una mayor cercan\u00ed\u00ada y relaci\u00f3n interna respecto del fundamento (dif\u00ed\u00adcilmente comprensible, pero muy real) de la unidad del mundo, en el cual todas las cosas del mundo se comunican entre s\u00ed\u00ad previamente a su influjo mutuo; y esto es posible precisamente porque el alma ya no mantiene su forma corporal particular.<\/p>\n<p>Esta concepci\u00f3n viene dada tambi\u00e9n con la afirmaci\u00f3n escol\u00e1stica de que el acto sustancial del alma como forma corporis (Dz 481) no es realmente distinto de ella y, por tanto, s\u00f3lo podr\u00ed\u00ada cesar si el alma misma terminara y, contra lo que prueba la filosof\u00ed\u00ada y ense\u00f1a obligatoriamente el dogma, no fuera inmortal. Una relaci\u00f3n sustancial con la materia, que es id\u00e9ntica con el alma y no un \u00abaccidente\u00bb en ella, puede modificarse, pero no cesar por completo. Adem\u00e1s, hemos de pensar que el alma espiritual por su corporeidad ya antes de la muerte se abre constantemente al mundo total, y que, por tanto, no es una m\u00f3nada cerrada, sin ventanas, sino que est\u00e1 siempre en comunicaci\u00f3n con la totalidad del mundo. Semejante relaci\u00f3n con el cosmos entero significa que el alma, despoj\u00e1ndose en la m. de su forma limitada de corporeidad y abri\u00e9ndose al todo, participa en la configuraci\u00f3n de la totalidad del mundo, y precisamente tambi\u00e9n en cuanto \u00e9ste es fundamento de la vida personal de los otros como seres corp\u00f3reo-espirituales. En esta direcci\u00f3n apuntan, p. ej., ciertos fen\u00f3menos parapsicol\u00f3gicos, la doctrina del -> purgatorio y la de la intercesi\u00f3n de los santos.<\/p>\n<p>Por consiguiente la m. no es para el hombre ni el final de su existencia ni la mera transici\u00f3n desde una forma de existencia a otra, la cual mantuviera la forma esencial de la anterior, a saber, una temporalidad no concluida; la m. es m\u00e1s bien el principio de la -> eternidad, en la medida que en esta eternidad se pueda hablar de un \u00abprincipio\u00bb. Toda la realidad creada, el mundo, crece en las personas corp\u00f3reo-espirituales y por ellas, cuyo cuerpo es en cierto modo, y por su m. va entrando en su propio estado definitivo. Con todo, esta consumaci\u00f3n que va madurando desde dentro implica a la vez, en una oculta unidad dial\u00e9ctica, ruptura y final desde fuera por una intervenci\u00f3n imprescindible de Dios, por su venida para el juicio, cuyo d\u00ed\u00adanadie sabe (-> nov\u00ed\u00adsimos). Por eso la m. del hombre es un suceso recibido pasivamente, frente al cual \u00e9ste como persona se siente impotente y extra\u00f1o; pero tambi\u00e9n es esencialmente el autoperfeccionamiento personal, la \u00abpropia m.\u00bb, una acci\u00f3n interna del hombre (enti\u00e9ndase bien que hablamos de la m. misma, y no simplemente de una externa toma de posici\u00f3n del hombre frente a ella).<\/p>\n<p>La m. reviste, pues, ambos aspectos. Por un lado, el final del hombre como persona espiritual es un perfeccionamiento activo desde dentro, un ir activamente hacia la consumaci\u00f3n, un creciente engendrarse que conserva el resultado de la vida y un acto por el que la persona toma posesi\u00f3n plena de s\u00ed\u00ad misma; es un haberse producido a s\u00ed\u00ad mismo y una plenitud de la realidad personal libremente desarrollada. Y, por otro lado, la na. del hombre en su totalidad como final de la vida biol\u00f3gica es a la vez, en una forma que afecta indisolublemente a la totalidad del hombre, ruptura desde fuera, destrucci\u00f3n, de manera que la \u00abm. propia\u00bb desde dentro por la acci\u00f3n de la persona misma es simult\u00e1neamente el acto de la m\u00e1s radical impotencia del hombre, es la m\u00e1s alta acci\u00f3n y el m\u00e1s alto padecimiento en un solo acto. Y dada la unidad sustancial del hombre, no es posible distribuir estos dos aspectos de la \u00fanica m. entre el cuerpo y el alma del hombre, disolviendo as\u00ed\u00ad la aut\u00e9ntica esencia de la muerte humana.<\/p>\n<p>Car\u00e1cter oculto de la muerte. Bajo esa doble vertiente la m. es en principio oculta, pues nadie puede decir de una manera existencialmente clara si la plenitud de la vida alcanzada en la m. es el vac\u00ed\u00ado y la nada (velados hasta ahora) del hombre como persona, o si el vac\u00ed\u00ado que se muestra en la m. es s\u00f3lo la apariencia de una verdadera plenitud, la liberaci\u00f3n de la esencia pura de la persona.<\/p>\n<p>Debido a este car\u00e1cter oculto, la m. tanto puede ser castigo y expresi\u00f3n del -> pecado, e incluso punto culminante del mismo, pecado mortal en sentido propio, como punto culminante de la acci\u00f3n vital del hombre, en la cual \u00e9l se conf\u00ed\u00ada por la fe al -> misterio incomprensible de Dios, que se manifiesta de la manera m\u00e1s radical por la impotencia del hombre en la m. Para nosotros no es decisivo que esta esencia de la m. se realice precisamente en el momento temporal del exitus m\u00e9dico. La m. as\u00ed\u00ad entendida es un hecho que, en \u00faltimo t\u00e9rmino, se identifica con la totalidad de la \u00fanica historia de la libertad del hombre, la cual queda definitivamente sellada cuando se produce el exitus m\u00e9dico.<\/p>\n<p>4. En cuanto Jesucristo se ha encarnado en el linaje del Ad\u00e1n ca\u00ed\u00addo, asumiendo la \u00abcarne del pecado\u00bb (Rom 8, 3), ha hecho suya la existencia humana, con inclusi\u00f3n del hecho de que \u00e9sta no llega a su perfecci\u00f3n sino a trav\u00e9s de la m. en su forma ambigua y oculta. Con ello tambi\u00e9n ha hecho suya la m., y por cierto en cuanto \u00e9sta en nuestro orden concreto es expresi\u00f3n y manifestaci\u00f3n de la -> creaci\u00f3n ca\u00ed\u00adda en los \u00e1ngeles y en los hombres. El no ha llevado a cabo una satisfacci\u00f3n cualquiera por el pecado, sino que ha realizado y padecido la m., que es la expresi\u00f3n, manifestaci\u00f3n y forma visible del pecado en el mundo. Jesucristo ha hecho esto con libertad absoluta, y como acci\u00f3n y aparici\u00f3n de la gracia divina, la cual le corresponde de manera connaturalmente necesaria como vida divinizante de su humanidad en virtud de su persona divina. Pero con ello la m. ha cambiado radicalmente, y as\u00ed\u00ad la m. de Jes\u00fas se diferencia por completo de la de un hombre que no est\u00e9 inmune de toda debilitaci\u00f3n por la concupiscencia y no tenga la vida de la gracia como derecho propio.<\/p>\n<p>Precisamente en su car\u00e1cter oculto la m. de Cristo se convierte en expresi\u00f3n, en forma corporal de su obediencia amorosa, de la entrega libre de todo su ser creado a Dios. Lo que era manifestaci\u00f3n del pecado pasa a ser, sin perder su obscuridad, aparici\u00f3n del s\u00ed\u00ad (que rechaza el pecado) a la voluntad del Padre. Por la m. de Cristo ahora su realidad espiritual, que \u00e9l posey\u00f3 desde el principio y que actualiz\u00f3 en su vida consumada por la m., ha quedado abierta al mundo entero, ha sido injertada en el todo del mundo y se ha convertido en determinaci\u00f3n permanente, de tipo ontol\u00f3gicamente real, para este mundo.<\/p>\n<p>5. El saber (en general impl\u00ed\u00adcito) acerca del car\u00e1cter ineludible de la m. (no precisamente acerca del \u00abd\u00f3nde\u00bb y del \u00abcu\u00e1ndo\u00bb) determina internamente toda la vida. En este saber la m. est\u00e1 siempre presente en la vida humana, que s\u00f3lo as\u00ed\u00ad recibe el peso de la necesidad de sus acciones, la irreversibilidad de sus oportunidades y la irrevocabilidad de sus decisiones. Del mismo modo que la claudicaci\u00f3n personal (-> pecado) ante la exigencia absoluta experimentada en la conciencia es la expresi\u00f3n m\u00e1s radical de la finitud humana, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n la m. es la expresi\u00f3n m\u00e1s visible de la misma (->persona). Pero precisamente en la anticipaci\u00f3n expl\u00ed\u00adcita y consciente de la m. en la angustia natural ante ella, se pone de manifiesto que la vida misma apunta infinitamente por encima de la m. Pues en la angustia ante la muerte aparece \u00e9sta no s\u00f3lo (a diferencia del temor a la m.) como un hecho particular (eventualmente doloroso) al \u00abfinal\u00bb de la vida, sino, m\u00e1s bien, como un hecho ante el cual el hombre es desatado de su adhesi\u00f3n a todo lo particular y queda situado ante la verdad, a saber, ante la verdad de que en la m. la decisi\u00f3n fundamental del hombre frente a Dios, al mundo y a s\u00ed\u00ad mismo, la cual ha sido tomada durante toda su vida, se hace definitiva (Jn 9, 4; Lc 16, 26; 2 Cor 5, 10; Dz 457 464 493a 530s 693).<\/p>\n<p>El hombre espera que esta decisi\u00f3n definitiva traiga la consumaci\u00f3n, pero permanece en la incertidumbre de si eso ser\u00e1 as\u00ed\u00ad. Puesto que la aspiraci\u00f3n interna del hombre a la totalidad definitiva de su actitud en la vida est\u00e1 siempre enajenada por la distracci\u00f3n de su existencia corporal, est\u00e1 despojada de su capacidad de integraci\u00f3n total, y por eso \u00e9l no puede dar una clara y abierta certeza a la deseada totalidad definitivamente perfilada de su vida personal; en consecuencia la obra de la vida humana permanece impenetrable en esencia precisamente ante la m., se halla amenazada desde fuera. Y as\u00ed\u00ad en la m. llega a su m\u00e1s fuerte contradicci\u00f3n: a la simultaneidad de la m\u00e1xima voluntad y de la impotencia extrema, del destino realizado y del impuesto, de plenitud y vac\u00ed\u00ado.<\/p>\n<p>Esta situaci\u00f3n fundamentalmente oculta y ambigua de la m. es consecuencia del -> pecado original, que afecta a todos los hombres y en ellos se convierte en expresi\u00f3n esencial del acto por el que en Ad\u00e1n el hombre cay\u00f3 de la -> inmortalidad obtenida por la gracia (cf. Rom 5, 12; Dz 101 175 793).<\/p>\n<p>Seg\u00fan que el hombre quiera entender y superar aut\u00f3nomamente esta m. postlapsaria (substra\u00ed\u00adda a su disposici\u00f3n), que \u00e9l realiza como acci\u00f3n personal durante toda su vida, o bien se abra en una disposici\u00f3n incondicional de fe al Dios incomprensible, su m. ser\u00e1 o bien la repetici\u00f3n y confirmaci\u00f3n personal de la emancipaci\u00f3n pecadora del primer hombre frente a Dios, y as\u00ed\u00ad se convertir\u00e1 en el punto culminante del pecado, en el pecado mortal definitivo, o bien la repetici\u00f3n y apropiaci\u00f3n personal de la m. obediente (F1p 2, 8) de Cristo (por la que \u00e9l ha injertado en el mundo mismo su vida divina), y con ello pasar\u00e1 a ser el punto culminante de la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica del hombre. En tal caso la configuraci\u00f3n con la m. de Cristo, anticipada en la vida por la fe y los sacramentos, ahora se consuma personalmente y se traduce en un bienaventurado \u00abmorir en el Se\u00f1or\u00bb (Ap 14, 13), en el cual la experiencia del final desemboca en la irrupci\u00f3n de la consumaci\u00f3n.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: H. E. Hengstenberg, Einsamkeit und Tod (Rb 1937); Ch. Barth, Die Errettung vom Tode in den individuellen Klage- und Dankliedern des Alten Testaments (Zollikon 1947) (bibl.); F. Mu\u00dfner, ZC2H. Die Anschauung vom \u00abLeben\u00bb im vierten Evangelium unter Ber\u00fccksichtigung der Johannesbriefe (Mn 1952); F. K. Feigel, Das Problem des Todes (Mn &#8211; Bas 1953); R. Berlinger, Das Nichts und der Tod (F 1954); J. A. Fischer, Studien zum Todesgedanken in der Alten Kirche (Mn 1954) (bibl.); A. Metzger, Freiheit und Tod (T 1955); Feret, y otros, El misterio de la muerte y su celebraci\u00f3n (Descl\u00e9e Bil 21952); H. U. v. Balthasar, Der Tod im heutigen Denken: Anima 11 (1956) 292-299; C. Jaspers, Filosof\u00ed\u00ada, 2 vols (R de Occ Ma); O. Ku\u00df, R\u00f6merbrief I (Rb 1957) 241-275 (Exkurs: S\u00fcnde und Tod) (bibl.); K. Rahner, Sentido teol\u00f3gico de la muerte (Herder Ba 1969); H. Volk, Der Tod in der Sicht des christlichen Glaubens (Mr 1958); H. U. v. Balthasar, Eschatologie: FThH 403-421; E. Wasmuth, Vom Sinn des Todes (Hei 1959); Schmaus D IV\/2 (51959); P. Althaus, Die letzten Dinge (Gil 81961); Bullmann 222-226 287-301 327-348; L. Boros, Mysterium mortis. Der Mensch in der letzten Entscheidung (1962, Olten &#8211; Fr 51966); RGG3 VI 908-921; M. Heidegger, El ser y el tiempo (F de CE M\u00e9x 21962); J. M. Demske, Sein, Mensch und Tod. Das Todesproblem bei M. Heidegger (Fr &#8211; Mn 1963); M. Schmaus, EI problema escatol\u00f3gico del cristianismo (Herder Ba 1964); A. Garcia Astrada, Meditatio mortis, en \u00abRevista de Filosof\u00ed\u00ada\u00bb 23 (1964) 303-311; A. Basabe, Metaf\u00ed\u00adsica de la muerte (Ma 1965); P. Chauchard, La muerte (Paidos B Aires); Abadia de Mata Laach, Muerte y vida; las ultimidades (Guad Ma); J. M\u00fanera, Fin de cuanto nos rodea; incumplimiento del fin (V. Ferrer Ba); &#8216;dem, La muerte, el limbo (V Ferrer Ba); M. F. Sciacca, Muerte e inmortalidad (L Miracle Ba); HThG II 661-679; J. Am\u00e9ry, \u00fcber das Altern. Revolte und Resignation (St 21969).<\/p>\n<p>Karl Rahner<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n<p>MUERTE<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Vine Nuevo testamento<\/b><\/p>\n<p>AT. I. PRESENCIA DE LA MUERTE. 1. La experiencia de la muerte. Todo hombre pasa por la experiencia de la muerte. La revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica, lejos de esquivarla para refugiarse en sue\u00f1os ilusorios, en cualquier etapa en que se la examine, comienza por mirarla de frente con lucidez: muerte de los seres queridos que provoca la aflicci\u00f3n de los que quedan (G\u00e9n 50,1; 2Sa 19,1&#8230;); muerte en la que cada cual debe pensar como en cosa propia, puesto que \u00e9l tambi\u00e9n \u00ab*ver\u00e1 la muerte\u00bb (Sal 39,49; L.c 2,26; Jn 8,51), \u00ab*gustar\u00e1 la muerte\u00bb (Mt 16,28 p ; Jn 8,52; Heb 2,9). Pensamiento amargo para quien goza de los bienes de la existencia, pero perspectiva deseable para quien se ve agobiado por la vida (cf. Eclo 41,ls): mientras que Ezequ\u00ed\u00adas llora por su muerte muy pr\u00f3xima (2Re 20,2s), Job la llama a grandes gritos (Job 6,9; 7,15).<\/p>\n<p>2. El m\u00e1s all\u00e1 de la muerte. El difunto \u00abno existe m\u00e1s\u00bb (Sal 39,14; Job 7,8.21; 7,10); primera impresi\u00f3n de inexistencia, pues el m\u00e1s all\u00e1 no es asequible a los vivos. En las creencias primitivas, largo tiempo conservadas por el AT, la muerte no es, sin embargo, un aniquilamiento total. Al mismo tiempo que se deposita el *cuerpo en una fosa subterr\u00e1nea, algo del difunto, una *sombra, subsiste en el seol. Pero estos *infiernos se conciben en forma muy rudimentaria : un agujero abierto, un pozo profundo, un lugar de silencio (Sal 115,17), de perdici\u00f3n, de tinieblas, de olvido (Sal 88,12s; Job 17,13). All\u00ed\u00ad, todos los muertos reunidos participan de una misma suerte miserable (Job 3,13-19; Is 14,9s), aun cuando haya grados en la ignominia (Ez 32,17-32): son entregados al polvo (Job 17,16; Sal 22,16; 30,10) y a los gusanos (Is 14,11; Job 17,14). Su existencia no es m\u00e1s que un *sue\u00f1o (Sal 13,4; Dan 12,2): ya no hay esperanza, ni conocimiento de Dios, ni experiencia de sus milagros, ni alabanza que se &#8216;le dirija (Sal 6,6; 30,10; 88,12s; 115,7; Is 38,18). Dios mismo olvida a los muertos (Sal 88,6). Y una vez franqueadas las *puertas del seol (Job 38,17; cf. Sab 16,13), no hay retorno posible (Job 10,21s).<\/p>\n<p>Tal es la perspectiva desoladora que abre la muerte al hombre para el d\u00ed\u00ada en que haya de \u00abreunirse a sus padres\u00bb (G\u00e9n 49,29). Las im\u00e1genes no hacen aqu\u00ed\u00ad m\u00e1s que dar una forma concreta a impresiones espont\u00e1neas que son universales y a las que todav\u00ed\u00ada se atienen muchos de nuestros contempor\u00e1neos. El que el AT se quedara a este nivel de creencias hasta una \u00e9poca tard\u00ed\u00ada es un signo de que, contrariamente a la religi\u00f3n egipcia y al espiritualismo egipcio, se neg\u00f3 a desvalorizar la vida de ac\u00e1 abajo para orientar sus esperanzas hacia una inmortalidad imaginaria. Aguard\u00f3 a que la revelaci\u00f3n esclareciera por sus propios medios el misterio del m\u00e1s all\u00e1 de la muerte.<\/p>\n<p>3. El culto de los muertos. Los ritos f\u00fanebres son una cosa universal: desde la remota prehistoria tiene el hombre inter\u00e9s por honrar a sus difuntos y por mantenerse en contacto con ellos. El AT conserva lo esencial de estas tradiciones seculares: gestos de luto que traducen el dolor de los vivos (2Sa 3,31; Jer 16,6); entierro ritual (lSa 31,12s; Tob 2, 4-8), pues se tiene horror a los cad\u00e1veres sin sepultura (Dt 21,23); cuidado de las tumbas, que toca tan de cerca a la piedad familiar (G\u00e9n 23; 49,29-32; 50,12s); comidas funerarias (Jer 16,7), y hasta ofrendas en las tumbas de los difuntos (Tob 4,17), aun cuando se depositen \u00abdelante de bocas cerradas\u00bb (Eclo 30,18).<\/p>\n<p>Sin embargo, la revelaci\u00f3n impone ya l\u00ed\u00admites a estas costumbres, ligadas en los pueblos circundantes con creencias supersticiosas: de ah\u00ed\u00ad la prohibici\u00f3n de las incisiones rituales (Lev 19,28; Dt 14,1), y sobre todo la proscripci\u00f3n de la nigromancia (Lev 19,3; 20,27; Dt 18,11), tentaci\u00f3n grave en un tiempo en que se practicaba la evocaci\u00f3n de los muertos (cf. Odisea) como se cultiva hoy el espiritismo (ISa 28; 2Re 21, 6). As\u00ed\u00ad pues, no hay en el AT culto de los muertos propiamente dicho, como lo hab\u00ed\u00ada entre los egipcios : la falta de luz acerca de ultratumba ayud\u00f3 seguramente a los israelitas a guardarse de \u00e9l.<\/p>\n<p>4. La muerte, destino del hombre. La muerte es la suerte com\u00fan de los hombres, \u00abel camino de toda la tierra\u00bb (IRe 2,2; cf. 2Sa 14,14; Eclo 8,7). Y dando fin a la vida de cada uno, pone un sello a su fisonom\u00ed\u00ada: muerte de los patriarcas \u00abcolmados de d\u00ed\u00adas\u00bb (G\u00e9n 25,7; 35,29);\u2020\u00a2 muerte misteriosa de Mois\u00e9s (Dt 34), muerte tr\u00e1gica de Sa\u00fal (ISa 31)&#8230; Pero ante esta necesidad ineluctable \u00bfc\u00f3mo no sentir que la vida, tan ardientemente deseada, es s\u00f3lo un bien fr\u00e1gil y fugitivo? Es una *sombra, un soplo, una nada (Sal 39,5ss; 89,48s; 90; Job 14,1-12; Sab 2,2s); es una vanidad, puesto que todos tienen la misma suerte final (Ecl 3; Sal 49,8&#8230;), sin exceptuar a los reyes (Eclo 10, I0)&#8230; Experiencia melanc\u00f3lica, de la que nace a veces, frente a este destino obligatorio, una resignaci\u00f3n desenga\u00f1ada (2Sa 12,23; 14,14). Sin embargo, la verdadera sabidur\u00ed\u00ada va m\u00e1s lejos; acepta la muerte como un decreto divino (Eclo 41,4), que subraya la humildad de la condici\u00f3n humana frente a un Dios inmortal: el que es polvo vuelve al polvo (G\u00e9n 3,19).<\/p>\n<p>5. La preocupaci\u00f3n de la muerte. A pesar de todo, el hombre que vive siente en la muerte una fuerza enemiga. Espont\u00e1neamente le da una fisonom\u00ed\u00ada y la personifica. Es el pastor f\u00fanebre que encierra a los hombres en los infiernos (Sal 49,15); penetra en las casas para segar las vidas de los ni\u00f1os (Jer 9,20). Es cierto que en el AT recibe tambi\u00e9n la forma del \u00e1ngel exterminador, ejecutor de las *venganzas divinas (Ex 12,23; 2Sa 24,16; 2Re 19,35), y hasta la de la *palabra divina que extermina a los adversarios de Dios (Sab 18,15,$). Pero esta proveedora de los infiernos insaciables (cf. Prov 27,20) tiene m\u00e1s bien los rasgos de un poder subterr\u00e1neo cuya aproximaci\u00f3n taimada hacen presentir toda *enfermedad y todo peligro. As\u00ed\u00ad el enfermo se ve ya \u00abcontado entre los muertos\u00bb (Sal 88,4ss); el hombre en peligro est\u00e1 cercado por las *aguas de la muerte, por las torres de Belial, las redes del .leal (Sal 18,5s; 69,15s; 116,3; Jon 2,4-7). La muerte y el seo] no son, pues, s\u00f3lo realidades del m\u00e1s all\u00e1; son *poderes en acci\u00f3n ac\u00e1 en la tierra y \u00c2\u00a1ay del que caiga bajo sus garras! \u00bfQu\u00e9 es finalmente la vida sino una lucha angustiosa del hombre que tiene que hab\u00e9rselas con la muerte?<\/p>\n<p>II. SENTIDO DE LA MUERTE. 1. Origen de la muerte. Puesto que la experiencia de la muerte suscita en el hombre tales resonancias, es imposible reducirla a un mero fen\u00f3meno natural, cuyo entero contenido quede agotado por la observaci\u00f3n objetiva. No se puede despojar a la muerte de sentido. Contrarrestando con violencia nuestro deseo de vivir, pesa sobre nosotros como un *castigo; por eso instintivamente vemos en ella la sanci\u00f3n del *pecado. De esta intuici\u00f3n com\u00fan a las religiones antiguas hizo el AT una doctrina firme que subraya el significado religioso de una experiencia sumamente amarga : la justicia quiere que el imp\u00ed\u00ado perezca (Job 18,5-21 ; Sal 37,20.28.36; 73,27); el alma que peca debe morir (Ez 18,20).<\/p>\n<p>Ahora bien, este principio fundamental esclarece ya el hecho enigm\u00e1tico de la presencia de la muerte en la tierra: en los or\u00ed\u00adgenes la sentencia de muerte no se pronunci\u00f3 sino despu\u00e9s del pecado de *Ad\u00e1n, nuestro primer padre (G\u00e9n 2,17; 3,19). Porque Dios no hizo la muerte (Sab 1, 13); hab\u00ed\u00ada creado al hombre para la incorruptibilidad, y la muerte no entr\u00f3 en el mundo sino por la envidia del *diablo (Sab 2,23s). El dominio que posee sobre nosotros tiene, por tanto, valor de signo: manifiesta la presencia del pecado en la tierra.<\/p>\n<p>2. El camino de la muerte. Una vez descubierto este nexo entre la muerte y el pecado, todo un aspecto de nuestra existencia revela su verdadera fisonom\u00ed\u00ada. El pecado no es s\u00f3lo un mal porque es contrario a nuestra naturaleza y a la voluntad divina, sino que adem\u00e1s es para nosotros, en concreto, el \u00ab*camino de la muerte\u00bb. Tal es la ense\u00f1anza de los sabios: quien persigue el mal, camina hacia la muerte (Prov 11,19); quien se deja seducir por dama *locura, camina hacia los valles del seol (7, 27; 9,18). Ya los infiernos dilatan sus fauces para engullir a los pecadores (Is 5,14), como a Cor\u00e9 y su facci\u00f3n, que bajaron vivos a \u00e9l (N\u00fam 16, 30&#8230;; Sal 55,16). El *imp\u00ed\u00ado est\u00e1, pues, sobre un camino resbaladizo (Sal 73,18s). Virtualmente es ya un muerto, puesto que ha hecho un pacto con la muerte y ha entrado ya en su patrimonio (Sab 1,16); as\u00ed\u00ad su suerte final consistir\u00e1 en convertirse en objeto de oprobio entre los muertos para siempre (Sab 4,19). Esta ley del gobierno providencial no carece de repercusiones pr\u00e1cticas en la vida de Israel: los hombres culpables de los pecados m\u00e1s graves deben ser castigados a muerte (Lev 20, 8-21 ; 24,14-23). En el caso de los pecadores es, pues, la muerte algo m\u00e1s que un destino natural: como privaci\u00f3n del bien m\u00e1s caro que ha dado Dios al hombre, la *vida, reviste el aspecto de una condena.<\/p>\n<p>3. El enigma de la muerte de los justos. Pero \u00bfqu\u00e9 decir entonces de la muerte de los *justos? Que los pecados de un padre se castiguen con la muerte de sus hijos, es algo que todav\u00ed\u00ada se comprende hasta cierto punto si se tiene en cuenta la solidaridad humana (2Sa 12,14&#8230;; cf. Ex 20,5). Pero si es cierto que cada cual paga por s\u00ed\u00ad mismo (cf. Ez 18), \u00bfc\u00f3mo justificar la muerte de los inocentes? Aparentemente hace Dios perecer igualmente al justo y al culpable (Job 9,22: Ecl 7,15; Sal 49,11): \u00bftiene todav\u00ed\u00ada sentido su muerte? Aqu\u00ed\u00ad la fe del AT choca con un enigma. Para resolverlo har\u00e1 falta que se esclarezca el misterio del m\u00e1s all\u00e1.<\/p>\n<p>III. LA LIBERACI\u00ed\u201cN DE LA MUERTE. 1. Dios salva al hombre de la muerte. No est\u00e1 en manos del hombre *salvarse a s\u00ed\u00ad mismo de la muerte: para ello es necesaria la gracia de *Dios, \u00fanico que por naturaleza es el *viviente. As\u00ed\u00ad, cuando se manifiesta en el hombre el dominio de la muerte en cualquier forma que sea, no le queda m\u00e1s que lanzar a Dios un llamamiento (Sal 6,5; 13,4; 116, 3). Si es justo, puede entonces abrigar la esperanza de que Dios \u00abno abandonar\u00e1 a su alma en el .leol\u00bb (Sal 16,10), que \u00abrescatar\u00e1 su alma de las garras del .leol (Sal 49,16). Una vez curado o salvado del peligro. dar\u00e1 gracias a Dios por haberle librado de la muerte (Sal 18,17; 30; Jon 2,7; Is 38,17), pues en realidad habr\u00e1 experimentado concretamente tal *liberaci\u00f3n. Aun antes de que las perspectivas de su fe hayan franqueado los l\u00ed\u00admites de la vida presente sabr\u00e1 as\u00ed\u00ad que el *poder divino es superior al de la muerte y del seol: primer jal\u00f3n de una esperanza que se dilatar\u00e1 finalmente en una perspectiva de inmortalidad.<\/p>\n<p>2. Conversi\u00f3n y liberaci\u00f3n de la muerte. Por lo dem\u00e1s, esta liberaci\u00f3n de la muerte en el marco de la vida presente no la otorga Dios en forma caprichosa. Se requieren condiciones estrictas. El pecador muere por su pecado; pero Dios no se complace en su muerte: prefiere que se *convierta y que viva (Ez 18,33; 33, 11). Si por enfermedad pone al hombre en peligro de muerte, es, por tanto, para corregirlo: una vez que se haya convertido de su pecado, lo librar\u00e1 Dios de la fosa infernal (Job 33,19-30). De ah\u00ed\u00ad la importancia de la predicaci\u00f3n *prof\u00e9tica, que invitando al hombre a convertirse, trata de *salvar su alma de la muerte (Ez 3,18-21 ; cf. Sant 5,20). Lo mismo se diga del *educador que corrige al ni\u00f1o para retraerlo del mal (Prov 23,13s). S\u00f3lo Dios libra a los hombres de la muerte, pero no sin cooperaci\u00f3n por parte del hombre.<\/p>\n<p>3. La liberaci\u00f3n definitiva de la muerte. Sin embargo, ser\u00ed\u00ada vana la esperanza de verse uno liberado de la muerte, si no rebasara los l\u00ed\u00admites de la vida terrena; de ah\u00ed\u00ad la angustia de Job y el pesimismo del Eclesi\u00e1stico. Pero en \u00e9poca tard\u00ed\u00ada va m\u00e1s lejos la revelaci\u00f3n. Anuncia un triunfo supremo de Dios sobre la muerte, una liberaci\u00f3n definitiva del hombre sustra\u00ed\u00addo a su dominio. Cuando llegue su reinado escatol\u00f3gico destruir\u00e1 Dios para siempre a esta muerte que \u00e9l no hab\u00ed\u00ada hecho en los or\u00ed\u00adgenes (Is 25,8). Entonces, para participar en su *reinado, los justos que duermen en el polvo de los infiernos *resucitar\u00e1n para la vida eterna, al paso que los otros permanecer\u00e1n en el eterno horror del .Ieol (Dan 12,2; cf. Is 26.19). En esta nueva perspectiva los infiernos acaban por convertirse en el lugar de condenaci\u00f3n eterna, nuestro *Infierno. En cambio, el m\u00e1s all\u00e1 de la muerte se esclarece. Ya los salmistas formulaban la esperanza de que Dios los librar\u00ed\u00ada para siempre del poder del seol (Sal 16, 10: 49.16: 73.20). Este voto se convierte ahora en realidad. Como Henoc. que fue arrebatado sin que viera la muerte (G\u00e9n 5,24; cf. Heb 11, 4), as\u00ed\u00ad los justos ser\u00e1n arrebatados por el Se\u00f1or, que los introducir\u00e1 en su gloria (Sab 4,7&#8230;; 5,1-3.15). Por eso desde ac\u00e1 abajo su *esperanza est\u00e1 llena de inmortalidad (Sab 3,4). As\u00ed\u00ad se explica que los m\u00e1rtires de los tiempos macabeos, animados de tal fe, pudieran afrontar heroicamente el suplicio (2Mac 7,9.14.23.33; cf. 14,46), mientras que Judas Macabeo, con el mismo pensamiento, inauguraba la oraci\u00f3n por los difuntos (2Mac 12,43ss). Ahora ya la vida eterna cuenta m\u00e1s que la vida presente.<\/p>\n<p>4. Fecundidad de la muerte de los justos. La revelaci\u00f3n, aun antes de abrir a todos tales perspectivas, hab\u00ed\u00ada ya iluminado con nueva luz el enigma de la muerte de los justos, testimoniando su fecundidad. No carece de sentido el que el *justo por excelencia, el *siervo de Yahveh, sea herido de muerte y \u00abseparado de la tierra de los vivos\u00bb: su muerte es un *sacrificio *expiatorio ofrecido voluntariamente por los pecados de los hombres; por ella se realiza el *designio de Dios (Is 53,8-12). As\u00ed\u00ad se descubre anticipadamente el rasgo misterioso de la econom\u00ed\u00ada de la salvaci\u00f3n, que pondr\u00e1 en acto la historia de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>NT. En el NT las l\u00ed\u00adneas dominantes de la revelaci\u00f3n precedente convergen hacia el misterio de la muerte de Cristo. Aqu\u00ed\u00ad toda la historia humana aparece como un gigantesco drama de vida y de muerte : hasta Cristo y sin \u00e9l reinaba la muerte; viene Cristo y por su muerte triunfa de la muerte misma; desde este instante la muerte cambia de sentido para la nueva humanidad que muere con Cristo para vivir con \u00e9l eternamente.<\/p>\n<p>I. EL REINO DE LA MUERTE. 1. Recuerdo de los or\u00ed\u00adgenes. El drama se inici\u00f3 con los or\u00ed\u00adgenes. Por la culpa de un solo hombre, el padre del g\u00e9nero humano, entr\u00f3, el *pecado en el mundo, y con el pecado la muerte (Rom 5,12.17; ICor 15,21). Desde entonces todos los hombres \u00abmueren en *Ad\u00e1n\u00bb (15,22), tanto que la muerte reina en el mundo (Rom 5, 14). Este sentimiento de la presencia de la muerte, que el AT expresaba en forma tan fuerte, correspond\u00ed\u00ada, pues, a una realidad objetiva, y tras el reino universal de la muerte se perfila el de *Sat\u00e1n, \u00abpr\u00ed\u00adncipe del inundo\u00bb, \u00abhomicida\u00bb desde los principios (Jn 8,44).<\/p>\n<p>2. La humanidad bajo el imperio de la muerte. Lo que da fuerza a este imperio de la muerte es el pecado: es \u00abel aguij\u00f3n de la muerte\u00bb (ICor 15.56 = Os 13,14), pues la muerte es su fruto, su t\u00e9rmino, su salario (Rom 6,16.21.23). Pero el pecado mismo tiene en el hombre un c\u00f3mplice: la concupiscencia (7,7); ella es la que da nacimiento al pecado, que por su parte engendra la muerte (Sant 1.15); con otro lenguaje: es la *carne, cuyo *deseo es la muerte y que fructifica para la muerte (Rom 7,5; 8,6); con ello nuestro cuerpo, criatura de Dios, ha venido a ser \u00abcuerpo de muerte)) (7,24). En vano entr\u00f3 en escena la *ley en el drama del mundo para oponer una barrera a estos instrumentos de la muerte que act\u00faan en nosotros; el pecado tom\u00f3 de ella ocasi\u00f3n para seducirnos y procurarnos m\u00e1s seguramente la muerte (7,7-13). Dando el conocimiento del pecado (3,20) sin la fuerza de dominarlo, condenando adem\u00e1s a muerte al pecador en forma expl\u00ed\u00adcita (cf. 5,13s), la ley se ha convertido en \u00abla fuerza del pecado\u00bb IICor 15.56). Por eso el ministerio de esta ley, santa y espiritual en s\u00ed\u00ad misma (Rom 7,12.14), pero mera letra que no confer\u00ed\u00ada el poder del *Esp\u00ed\u00adritu, fue de hecho un ministerio de muerte i2Cor 2.37). Sin Cristo estaba, pues, la humanidad sumergida en la *sombra de la muerte (Mt 4,16; Lc 1,79; cf. Is 9,1); as\u00ed\u00ad la muerte fue en todo tiempo uno de los componentes de su historia y es una de las *calamidades que Dios env\u00ed\u00ada al mundo pecador (Ap 6,8; 8,9; 18,8). De ah\u00ed\u00ad el car\u00e1cter tr\u00e1gico de nuestra condici\u00f3n: por nosotros mismos estamos entregados sin remisi\u00f3n al dominio de la muerte. \u00bfC\u00f3mo, pues, podr\u00e1 realizarse de hecho la perspectiva de esperanza abierta por las Escrituras?<\/p>\n<p>II. EL DUELO DE CRISTO Y DE LA MUERTE. 1. Cristo asume nuestra muerte. Las promesas de las Escrituras se realizan gracias a Cristo. Para liberarnos del dominio de la muerte quiso primero hacer suya nuestra condici\u00f3n mortal. Su muerte no fue un accidente. La anunci\u00f3 a sus disc\u00ed\u00adpulos para precaver su *esc\u00e1ndalo (Mc 8,31 p; 9,31 p; 10,34 p; Jn 12,33; 18,32); la dese\u00f3 como el *bautismo que lo sumergir\u00ed\u00ada en las aguas infernales (Le 12,50; Mc 10, 38; cf. Sal 18,5). Si tembl\u00f3 ante ella (Jn 12,27; 13,21 ; Mc 14,33 p), como hab\u00ed\u00ada temblado ante el sepulcro de L\u00e1zaro (Jn 11,33.38), si suplic\u00f3 al Padre que pod\u00ed\u00ada preservarlo de la muerte (Heb 5,7; Le 22,42; Jn 12, 27), no obstante, acept\u00f3 finalmente este c\u00e1liz (*copa) de amargura (Mc 10,38 p; 14,30 p; Jn 18,11). Para hacer la *voluntad del Padre (Mc 14,36 p) fue \u00ab*obediente hasta la muerte)) (FIp 2,8). Es que deb\u00ed\u00ada \u00ab*cumplir las Escrituras\u00bb (Mt 26,54): \u00bfno era \u00e9l mismo el *siervo anunciado por Isa\u00ed\u00adas, el *justo puesto en el rango de los malvados (Le 22,37; cf. Is 53,12)? Efectivamente, aunque Pilato no hall\u00f3 en \u00e9l nada que mereciera la sentencia capital (Le 23,15. 22; Act 3,13; 13,28), acept\u00f3 que su muerte tuviera la apariencia de un *castigo exigido por la ley (Mt 26,66). Es que, \u00abnacido bajo la ley\u00bb (G\u00e1l 4,4) y habiendo tomado \u00abuna carne semejante a la carne de pecado\u00bb (Rom 8,3) era solidario con su pueblo y con toda la raza humana. \u00abDios lo hab\u00ed\u00ada hecho pecado por nosotros\u00bb (2Cor 5,21 ; cf. G\u00e1l 3,13), de modo que el castigo merecido por el pecado humano debla recaer sobre \u00e9l. Por eso su muerte fue una \u00abmuerte al pecado\u00bb (Rom 6,10), aunque \u00e9l fuera inocente, pues asumi\u00f3 hasta el fin la condici\u00f3n de los pecadores \u00ab*gustando la muerte\u00bb como todos ellos (Heb 1,18; 2,8s; cf. lTes 4,14; Rom 8,34) y bajando como ellos \u00aba los infiernos\u00bb. Pero present\u00e1ndose as\u00ed\u00ad \u00abentre los muertos\u00bb, les llevaba esta buena nueva, a saber, que se les iba a restituir la vida (IPe 3,19; 4,6).<\/p>\n<p>2. Cristo muere por nosotros. En efecto, la muerte de Cristo era *fecunda, como la muerte del grano de trigo depositado en el surco (Jn 12, 24-32). Impuesta en apariencia como castigo del pecado, era en realidad un *sacrificio expiatorio (Heb 9; cf. Is 53,10). Cristo, realizando a la, letra, pero en otro sentido, la profec\u00ed\u00ada involuntaria de Caif\u00e1s, muri\u00f3 \u00abpor el pueblo\u00bb (Jn 11,50s; 18,14), y no s\u00f3lo por su pueblo, sino \u00abpor todos los hombres\u00bb (2Cor 5,14s). Muri\u00f3 \u00abpor todos\u00bb (]Tes 5,10), cuando nosotros \u00e9ramos pecadores (Rom 5,6ss), d\u00e1ndonos as\u00ed\u00ad la prueba suprema de amor (5,7; Jn 15,13; 1Jn 4,10). Por nosotros: no ya en lugar nuestro, sino en nuestro provecho; en efecto, muriendo \u00abpor nuestros pecados\u00bb (lCor 15,3; IPe 3,18), nos reconcili\u00f3 con Dios por su muerte (Rom 5,10), de modo que podemos ya recibir la *herencia prometida (Heb 9,15s).<\/p>\n<p>3. Cristo triunfa de la muerte. \u00bfDe d\u00f3nde viene que la muerte de Cristo pudiera tener esta eficacia salvadora? De que habi\u00e9ndose enfrentado con la vieja enemiga del g\u00e9nero humano, triunf\u00f3 de ella. Cuando viv\u00ed\u00ada se trasluc\u00ed\u00adan ya los signos de esta *victoria futura, cuando devolv\u00ed\u00ada a los muertos a la vida (Mt 9,18-25 p; Lc 7, 14s; Jn 11): en el *reino de Dios que \u00e9l inauguraba retroced\u00ed\u00ada la muerte ante el que era \u00abla resurrecci\u00f3n y la vida\u00bb (Jn 11,25). Finalmente, se enfrent\u00f3 con ella en su propio terreno, y la venci\u00f3 en el momento en que ella cre\u00ed\u00ada vencerle. Penetr\u00f3 en los infiernos como se\u00f1or, para salir de ellos por su voluntad, \u00abhabiendo recibido la llave de la muerte y del Hades\u00bb (Ap 1,18). Y porque hab\u00ed\u00ada sufrido la muerte, Dios lo coron\u00f3 de gloria (Heb 2,9). Para \u00e9l se realiz\u00f3 la *resurrecci\u00f3n de los muertos que anunciaban las Escrituras (ICor 15, 14); vino a ser \u00abel primog\u00e9nito de entre los muertos\u00bb (Col 1,18; Ap 1, 15). Ahora, \u00abliberado por Dios de los horrores del Hades\u00bb (Act 2,24) y de la corrupci\u00f3n infernal (Act 2,31), es evidente que la muerte ha perdidido todo imperio sobre \u00e9l (Rom 6,9); por lo mismo, el que ten\u00ed\u00ada el poder de la muerte, es decir, el diablo, se vio reducido a la impotencia (Heb 2,14). Fue el primer acto de la victoria de Cristo. Mors et vira duello conflixere mirando; dux vitae mortuus regnat vivus (secuencia de pascua).<\/p>\n<p>A partir de este momento cambi\u00f3 la relaci\u00f3n entre los hombres y la muerte; en efecto, Cristo vencedor ilumina ya a \u00ablos que estaban sentados en la sombra de la muerte\u00bb (Lc 1,79); los liber\u00f3 de la \u00abley del pecado y de la muerte\u00bb, de la que hasta entonces hab\u00ed\u00adan sido *esclavos (Rom 8,2; cf. Heb 2,15). Finalmente, en el t\u00e9rmino de los tiempos, su triunfo tendr\u00e1 una consumaci\u00f3n fulgurante en el momento de la *resurrecci\u00f3n general. Entonces la muerte quedar\u00e1 destruida para siempre, \u00ababsorbida en la victoria\u00bb (ICor 15,26.54ss). Porque la muerte y el Hades deber\u00e1n entonces restituir sus presas, despu\u00e9sde que hayan sido arrojados con Sat\u00e1n al estanque de fuego y de azufre, que es la muerte segunda (Ap 20,10. 13s). Tal ser\u00e1 el triunfo final de Cristo: O mors ero mors tua, morsus tuus ero, interne! (Ant\u00ed\u00adfona de laudes del s\u00e1bado santo).<\/p>\n<p>III. EL CRISTIANO FRENTE A LA MUERTE. 1. Morir con Cristo. Cristo, al tomar nuestra naturaleza, no s\u00f3lo asumi\u00f3 nuestra muerte para hacerse solidario de nuestra condici\u00f3n pecadora. Cabeza de la nueva humanidad, nuevo *Ad\u00e1n (ICor 15,45; Rom 5,14), nos conten\u00ed\u00ada a todos en s\u00ed\u00ad cuando muri\u00f3 en la cruz. Por este hecho, en su muerte \u00abmurieron todos\u00bb en cierta manera (2Cor 5,14). Sin embargo, es preciso que esta muerte venga a ser para cada uno de ellos una realidad efectiva. Tal es el sentido del *bautismo, cuya eficacia sacramental nos une a Cristo en cruz: \u00abbautizados a la muerte de Cristo\u00bb, somos \u00absepultados con \u00e9l en la muerte\u00bb, \u00abconfigurados con su muerte\u00bb (Rom 6,3ss; Flp 3,10). Ahora ya somos muertos, cuya vida est\u00e1 escondida en Dios con Cristo (Col 3,3). Muerte misteriosa que es el aspecto negativo de la gracia de *salvaci\u00f3n. Porque a lo que morimos de esta manera es a todo el orden de cosas por el que se manifestaba ac\u00e1 en la tierra el reinado de la muerte : morimos al pecado (Rom 6,11), al *hombre viejo (6,6), a la *carne (IPe 3,18), al *cuerpo (Rom 6,6; 8,10), a la ley (G\u00e1l 2,19), a todos los elementos del mundo (Col 2,20)&#8230;<\/p>\n<p>2. De la muerte a la vida. Esta muerte con Cristo es, por tanto, en realidad una muerte a &#8216;la muerte. Cuando \u00e9ramos cautivos del pecado, entonces est\u00e1bamos muertos (Col 2, 13; cf. Ap 3,1). Ahora somos vivientes, \u00abvueltos de la muerte\u00bb (Rom 6,13) y \u00abliberados de las obras muertas\u00bb (Heb 6,1 ; 9,14). Como lo dijo Cristo: quien escucha su palabra, pasa de la muerte a la vida (Jn 5,24); quien cree en \u00e9l no tiene que temer la muerte: aunque haya muerto, vivir\u00e1 (Jn 11,25). Tal es la ganancia que ofrece la *fe. Por el contrario. el que no crea, morir\u00e1 en sus pecados (Jn 8,21.24), convirti\u00e9ndose para \u00e9l el perfume de Cristo en hedor de muerte (2Cor 2,16). El drama de la humanidad en conflicto con la muerte se representa as\u00ed\u00ad en cada una de nuestras vidas; de nuestra elecci\u00f3n frente a Cristo y el Evangelio depende para nosotros su desenlace; para los unos la vida eterna, pues, como dice Jes\u00fas, \u00abel que guarda mi palabra no ver\u00e1 jam\u00e1s la muerte\u00bb (Jn 8, 51); para los otros, el horror de la \u00abmuerte segunda\u00bb (Ap 2,11; 20,14; 21,8).<\/p>\n<p>3. Morir cada d\u00ed\u00ada. Sin embargo, nuestra uni\u00f3n con la muerte de Cristo, realizada sacramental.eente en el bautismo, debe todav\u00ed\u00ada actualizarse en nuestra vida de cada d\u00ed\u00ada. Tal es el sentido de la ascesis, por la que nos \u00abmortificamos\u00bb &#8211; es decir, \u00abhacemos que mueran\u00bb en nosotros las obras del cuerpo (Rom 8,13), nuestros miembros terrenales con sus pasiones (Col 3,5). Es tambi\u00e9n el sentido de todo lo que en nosotros manifiesta el poder de la muerte natural ; en efecto, la muerte ha cambiado de sentido desde que Cristo ha hecho de ella un instrumento de salvaci\u00f3n. El que el Ap\u00f3stol de Cristo aparezca en su debilidad a los hombres como uno que est\u00e1 muriendo (2Cor 6,9), que se halle incesantemente en peligro de muerte (Flp 1,20; 2Cor 1,9s; 11,23), que \u00abmuera cad: d\u00ed\u00ada\u00bb (lCor 15,31), no es ya signo de derrota: lleva en s\u00ed\u00ad la mortalidad de Cristo, para que la vida de Jes\u00fas se manifieste tambi\u00e9n en su cuerpo; est\u00e1 entregado a la muerte a causa de Jes\u00fas, para que la vida de Jes\u00fas se manifieste en su carne mortal; cuando la muerte hace en \u00e9l su obra, la vida opera en los fieles (2Cor 4, 10ss). Esta muerte cotidiana actualiza por tanto la de jes\u00fas.<\/p>\n<p>4. Frente a la muerte corporal. En la misma perspectiva adquiere para el cristiano nuevo sentido la muerte corporal. No es s\u00f3lo un destino inevitable, al que uno se resigna, un decreto divino que se acepta, una condena en que se ha incurrido a consecuencia del pecado. El cristiano \u00abmuere para el Se\u00f1or\u00bb como hab\u00ed\u00ada vivido para \u00e9l (Rana 14,7s; cf. Flp 1,20). Y si muere como *m\u00e1rtir de Cristo, derramando su sangre en *testimonio, su muerte es una libaci\u00f3n que tiene valor de sacrificio a los ojos de Dios (Flp 2,17; 1Tim 4,6). Esta muerte, por la que \u00abglorifica a Dios\u00bb (Jn 21,19), le vale la corona de vida (Ap 2,10; 12,11). De angustiosa necesidad que era, ha venido, pues, a ser objeto de *bienaventuranza: \u00abBienaventurados los que mueren en el Se\u00f1or. \u00c2\u00a1Descansen ya de sus fatigas!\u00bb (Ap 14,13). La muerte de los justos es una entradeun la *paz (Sab 3,3), en el reposo eterno, en la *luz sin fin. Requiem aeternam dona eis, Domine, et lux perpetua luceat eis!<br \/>\nLa esperanza de inmortalidad y de resurrecci\u00f3n que comenzaba a clarear en el AT ha hallado ahora en Cristo su base firme. Porque no s\u00f3lo la uni\u00f3n a su muerte nos hace vivir actualmente con una *vida nueva, sino que nos da la seguridad de que \u00abel que resucit\u00f3 a Cristo de entre los muertos dar\u00e1 tambi\u00e9n la vida a nuestros cuerpos mortales\u00bb (Rom 8,11). Entonces por la resurrecci\u00f3n entraremos en un mundo nuevo, donde \u00abno habr\u00e1 ya muerte\u00bb &#8216;(Ap 21,4); o, m\u00e1s bien, para los elegidos resucitados con Cristo no habr\u00e1 ya \u00abmuerte segunda\u00bb (Ap 20,6; cf. 2,11): \u00e9sta ser\u00e1 reservada a los r\u00e9probos, al diablo, a la muerte, al Hades (Ap 21,8; cf. 20,10.14).<\/p>\n<p>Por eso para el cristiano morir es en definitiva una ganancia, puesto que Cristo es su vida (Flp 1,21). Su condici\u00f3n presente, que le clava en su . *cuerpo mortal, es para \u00e9l agobiante: preferir\u00ed\u00ada dejarla para ir a morar junto al Se\u00f1or (2Cor 5,8); tiene prisa por revestirse del *vestido de *gloria de los resucitados, para que lo que hay en \u00e9l de mortal sea absorbido por la vida (2Cor 5,1-4; cf. lCor 15,51-53). Desea partir para estar con Cristo (Flp 1,23).<\/p>\n<p>-> Bautismo &#8211; Calamidad &#8211; Castigo &#8211; Infierno &#8211; Enfermedad &#8211; Noche &#8211; Sombra &#8211; Pecado &#8211; Redenci\u00f3n &#8211; Resurrecci\u00f3n &#8211; Retribuci\u00f3n &#8211; Sacrificio &#8211; Salvaci\u00f3n &#8211; Sue\u00f1o &#8211; Vida.<\/p>\n<p>LEON-DUFOUR, Xavier, Vocabulario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, Herder, Barcelona, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Vocabulario de las Ep\u00edstolas Paulinas<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\">Bajo condiciones normales, la muerte es un evento universalmente lamentado en la experiencia humana. \u00c9ste es un fen\u00f3meno que no puede mirarse como totalmente natural, sino como un misterio que necesita explicaci\u00f3n. Si el hombre es verdaderamente la corona de la obra divina, \u00bfpor qu\u00e9 debe tener una existencia m\u00e1s corta que la que tienen algunas formas de plantas o animales? Uno puede ir m\u00e1s adelante y preguntar por qu\u00e9, si el hombre est\u00e1 hecho a la imagen del Dios eterno, debe perecer de todas maneras. La respuesta que la Escritura provee es que la participaci\u00f3n del hombre en la transgresi\u00f3n de la voluntad de Dios y su ley ha tra\u00eddo como penalidad la muerte (Gn. 2:17). Esto no quiere decir que la muerte, tanto en su medida como en su modo, est\u00e9 directamente relacionada en cada caso a alg\u00fan pecado personal (Lc. 13:14). Significa que, en raz\u00f3n de la universalidad del pecado, la muerte est\u00e1 presente como una consecuencia necesaria (Ro. 5:12\u201314).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el AT se habla de la muerte en varias maneras. Algunas veces se describ\u00eda como el reunirse con los padres (2 R. 22:20). M\u00e1s a menudo se declaraba que era el bajar al Seol, un lugar donde no pod\u00eda continuarse la obra y donde no era posible la comuni\u00f3n (Ec. 9:10; Sal. 6:5) Pero expresiones brillantes aparecen aqu\u00ed y all\u00ed alentado una expectaci\u00f3n de una continua comuni\u00f3n con Dios (Sal. 73:24) Una influencia en esta direcci\u00f3n puede haber tenido la desigualdad en la existencia terrena: el sufrimiento del justo y la prosperidad del maligno. La justicia se alcanzar\u00eda en la vida despu\u00e9s de la muerte.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Debido a la conexi\u00f3n entre el pecado y la muerte, la misi\u00f3n redentiva de Cristo conlleva su propia muerte (1 Co. 15:3; Ro. 4:25; 1 P. 3:18). Al someterse a la muerte, \u00e9l triunf\u00f3 sobre ella, aboli\u00e9ndola \u00absacando a la luz la vida y la inmortalidad\u00bb (2 Ti 1:10) El creyente en Cristo, a pesar de que le es dado la vida espiritual, est\u00e1 sujeto a la muerte f\u00edsica, porque \u00e9sta es el \u00faltimo enemigo que debe ser derrotado (1 Co. 15:26). Ella ser\u00e1 desterrada en el retorno de Cristo, cuando los cristianos muertos sean levantados incorruptibles (1 Co. 15:52; Fil. 3:20, 21). En vista de la resurrecci\u00f3n futura del cuerpo de los santos, la muerte puede describirse como un sue\u00f1o (1 Ts. 4:15). La animaci\u00f3n del cuerpo en su estado perfeccionado, siguiendo a su condici\u00f3n inanimada en la muerte, encuentra su analog\u00eda en la actividad que ocurre despu\u00e9s de una noche de descanso. El temor a la muerte ha dejado de ser una realidad para el cristiano porque \u00e9l ya no tiene que luchar con el pecado cuando va a la presencia de Dios; pecado que es el aguij\u00f3n de la muerte (1 Co. 15:56). Cristo ha removido el aguij\u00f3n por su muerte expiatoria. Dejar esta vida es una ganancia positiva (Fil. 1:21). Trae un mejoramiento en la condici\u00f3n del creyente, incluso el compartir de la presencia gloriosa del Hijo de Dios (Fil. 1:23; 2 Co. 5:8). La muerte no tiene el poder para separarnos de Cristo (Ro. 8:38).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la ense\u00f1anza de Pablo, tan \u00edntima y efectiva es la uni\u00f3n entre Cristo y los suyos, que el creyente ha muerto al pecado junto con Cristo. Por esta raz\u00f3n, \u00e9l no est\u00e1 en la obligaci\u00f3n de servir m\u00e1s al pecado (Ro. 6:1\u20134; Col. 3:1\u20133). La muerte puede tambi\u00e9n demostrar la incapacidad moral de la naturaleza humana (Ro. 7:24).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El incr\u00e9dulo est\u00e1 muerto a causa de sus pecados, por no responder a las demandas de Dios (Ef. 2:1; Col. 2:13). Este tipo de ense\u00f1anza se encuentra tambi\u00e9n en Juan (5:24). Judas describe a los ap\u00f3statas como muertos dos veces (Jud. 12). La falta de vida de su estado natural se une a la esterilidad de su profesada experiencia cristiana. Cuando los malignos sean castigados finalmente, su estado de separaci\u00f3n de Dios es llamado la muerte segunda (Ap. 21:8).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">V\u00e9ase tambi\u00e9n <em>Inmortalidad<\/em><em>, <\/em><em>Resurrecci\u00f3n<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">BIBLIOGRAF\u00cdA<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\">\n<li>Bavinck en <em><a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">ISBE<\/a><\/em>; J.C. Lambert, \u00abLife and Death\u00bb en <em><a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">HDAC<\/a><\/em>; Leon Morris, <em>The Wages of Sin<\/em>; L. Muirhead, <em>The Terms Life and Death in the Old and New Testaments<\/em>, pp. 3\u201330; A. Richardson en <em><a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">RTWB<\/a><\/em>; J.J. Von Allmen en <a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\">CB<\/a>.<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">Everett F. Harrison.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\"><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\"><em>ISBE <\/em><\/a><em>International Standard Bible Encyclopaedia<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\"><em>HDAC <\/em><\/a><em>Hastings\u2019 Dictionary of the Apostolic Church<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\"><em>RTWB <\/em><\/a><em>Richardson\u2019s Theological Word Book<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\">CB <\/a><em>Companion to the Bible<\/em>, J. J. Von Allmen, ed.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\"><\/a>Harrison, E. F., Bromiley, G. W., &amp; Henry, C. F. H. (2006). <em>Diccionario de Teologi\u0301a<\/em> (409). Grand Rapids, MI: Libros Desafi\u0301o.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Teolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p><p style='text-align:justify;'><span lang=ES style=''>Desde cierto punto de vista la muerte resulta algo muy natural: \u201cEst\u00e1 establecido para los hombres que mueran una sola vez\u201d (He. 9.27). Puede ser aceptada sin rebeld\u00eda: \u201cVamos tambi\u00e9n nosotros, para que muramos con \u00e9l\u201d (Jn. 11.16). Desde otro punto de vista resulta algo sumamente antinatural. Es la paga del pecado (Ro. 6.23), y en ese sentido debe ser temido. Ambas perspectivas aparecen en la Biblia, y ninguna de las dos debe ser pasada por alto. La muerte es una necesidad biol\u00f3gica, pero los hombres no mueren en la forma sencilla en que lo hacen los animales.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>I. Muerte f\u00edsica<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>La muerte parece ser necesaria para cuerpos como los nuestros. El deterioro f\u00edsico y la eventual disoluci\u00f3n final son inevitables. No obstante, la Biblia habla de la muerte como consecuencia del pecado. Dios le dijo a Ad\u00e1n: \u201cEl d\u00eda que de \u00e9l comieres, ciertamente morir\u00e1s\u201d (Gn. 2.17). Pablo nos dice que \u201cel pecado entr\u00f3 en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte\u201d (Ro. 5.12), y tambi\u00e9n que \u201cla paga del pecado es la muerte\u201d (Ro. 6.23). Pero cuando examinamos m\u00e1s detenidamente el asunto, vemos que Ad\u00e1n no muri\u00f3 f\u00edsicamente el mismo d\u00eda en que desobedeci\u00f3 a Dios. En Ro. 5 y 6 Pablo contrasta la muerte que sobrevino a consecuencia del pecado de Ad\u00e1n con la vida que Cristo ha tra\u00eddo a los hombres. Ahora bien, la posesi\u00f3n de la vida eterna no anula la muerte f\u00edsica. Est\u00e1 en contraposici\u00f3n a un estado espiritual y no a un acontecimiento f\u00edsico. Lo que se infiere de todo esto es que la muerte que es consecuencia del pecado va m\u00e1s all\u00e1 de la muerte del cuerpo.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Pero a este pensamiento debemos agregar el otro de que los pasajes de las Escrituras que vinculan al pecado y la muerte no modifican el concepto de la muerte. Dichos pasajes no nos revelan otra cosa que no sea el significado usual de la palabra. Quiz\u00e1 debamos entender que la mortalidad es el resultado del pecado de Ad\u00e1n, y que el castigo incluye tanto el aspecto f\u00edsico como el espiritual. Pero no sabemos lo suficiente acerca de la condici\u00f3n de Ad\u00e1n antes de la ca\u00edda como para hablar de ella. Si su cuerpo era semejante al nuestro, ser\u00eda mortal; de lo contrario, no tenemos forma de saber c\u00f3mo era, ni si era o no mortal.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Parecer\u00eda mejor considerar que la muerte es algo que comprende al hombre completo. El hombre no muere como cuerpo sino que muere como hombre, con la totalidad de su ser. Muere como ser espiritual y f\u00edsico. Y la Biblia no hace una distinci\u00f3n neta entre los dos aspectos. Por lo tanto, la muerte f\u00edsica constituye tanto s\u00edmbolo como expresi\u00f3n adecuados de aquella muerte m\u00e1s profunda que es consecuencia inevitable del pecado, con la que forma una sola unidad.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>II. Muerte espiritual<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>Esta muerte es un castigo divino. Ya hemos observado que Ro. 6.23 describe a la muerte como \u201cla paga\u201d del pecado, e. d. la recompensa que merece el pecado. Pablo puede hablar de ciertos pecadores que conocen \u201cel juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte\u201d (Ro. 1.32). Es el pensamiento del juicio de Dios lo que est\u00e1 a la base de la referencia que hace Juan al \u201cpecado de muerte\u201d (1 Jn. 5.16). Esta constituye una verdad muy importante, pues nos permite apreciar cu\u00e1n grande es el horror de la muerte. A la vez, parad\u00f3jicamente, nos proporciona esperanza. El hombre no ha quedado atrapado en una red tejida por la ciega fatalidad, de tal suerte que, habiendo una vez cometido pecado, no hay nada que se pueda hacer para remediarlo. Dios est\u00e1 por encima de todas las cosas, y si bien ha decretado que la muerte es la paga del pecado, tambi\u00e9n ha resuelto dar vida eterna a los pecadores.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>El NT a veces destaca las serias consecuencias del pecado haciendo referencia a la \u201csegunda muerte\u201d (Jud. 12; Ap. 2.11, etc.). Esta es una expresi\u00f3n rab\u00ednica que significa perdici\u00f3n eterna. Debe entenderse en el mismo sentido que los pasajes en los que el Se\u00f1or habla del \u201cfuego eterno preparado para el diablo y sus \u00e1ngeles\u201d (Mt. 25.41), \u201cel castigo eterno\u201d (en contraposici\u00f3n a la \u201cvida eterna\u201d, Mt. 25.46), y otros pasajes similares. El estado final del hombre impenitente se describe de varias maneras, tales como muerte, castigo, perdici\u00f3n, etc. Obviamente no ser\u00eda prudente equipararla con ninguno de ellos. Pero es igualmente obvio que, seg\u00fan describe la Biblia, se trata de un estado que debe mirarse con horror.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>A veces se objeta que esto no condice con la descripci\u00f3n de Dios como un Dios de amor. En este sentido, hay aqu\u00ed un profundo misterio, pero al menos se puede decir que la objeci\u00f3n, en la forma en que se la presenta habitualmente, pierde de vista el hecho de que la muerte es un estado a la vez que un hecho. \u201cEl ocuparse de la carne es muerte\u201d, escribe Pablo (Ro. 8.6). No dice que el ocuparse de la carne ha de producir la muerte; dice que es muerte, y agrega que \u201cla mente carnal es enemistad contra Dios, porque no se sujeta a la ley de Dios, ni tampoco puede\u201d. La misma verdad se expresa de una manera distinta cuando Juan dice: \u201cEl que no ama permanece en muerte\u201d (1 Jn. 3.14). Cuando entendemos la verdad de que la muerte es un estado, nos damos cuenta de la imposibilidad de que el impenitente se salve, pues para esa persona la salvaci\u00f3n ser\u00eda una contradicci\u00f3n. Para ser salvo, el hombre debe pasar de muerte a vida (Jn. 5.24).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>III. Victoria sobre la muerte<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>Un aspecto interesante de la ense\u00f1anza neotestamentaria sobre el tema de la muerte es que se pone el acento en la vida. Si consultamos una concordancia notaremos que en casi todas partes se utiliza el vocablo <\/span><span style=''>nekros<\/span><span lang=ES style=''> (\u2018muerto\u2019) para describir la resurrecci\u00f3n de los muertos o cosas parecidas. En las Escrituras se enfrenta a la muerte como se enfrenta toda la realidad, pero el inter\u00e9s principal gira en torno a la vida, y la muerte se trata en forma m\u00e1s o menos incidental, como aquello de lo cual se salva a los hombres. Cristo adopt\u00f3 nuestra naturaleza \u201cpara destruir por medio de la muerte al que ten\u00eda el imperio de la muerte, esto es, al diablo\u201d (He. 2.14). El poder del diablo siempre se considera como sujeto al dominio de Dios (Job 2.6; Lc. 12.5, etc.). De ning\u00fan modo tiene a la muerte sujeta a su arbitrio en forma absoluta, aunque esta, que es la negaci\u00f3n de la vida, es su esfera natural. Cristo vino para poner fin a la muerte. Como indica el pasaje de Hebreos, fue por medio de la muerte que derrot\u00f3 a Satan\u00e1s. Fue por medio de la muerte que quit\u00f3 nuestro pecado. \u201cPorque en cuanto muri\u00f3, al pecado muri\u00f3 una vez por todas\u201d (Ro. 6.10). Aparte de Cristo, la muerte es el enemigo supremo, el s\u00edmbolo de nuestra separaci\u00f3n de Dios, el horror definitivo. Pero Cristo se ha valido de la muerte para librar a los hombres de ella. Muri\u00f3 a fin de que los hombres pudieran vivir. Llama la atenci\u00f3n el hecho de que el NT pueda decir que los creyentes \u201cduermen\u201d en lugar de decir que \u201cmueren\u201d (p. ej. 1 Ts. 4.14). Jes\u00fas carg\u00f3 con todo el horror de la muerte, por cuyo motivo para los que est\u00e1n \u201cen Cristo\u201d la muerte ha sido transformada de tal forma que no es m\u00e1s que un sue\u00f1o.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Hasta d\u00f3nde alcanza la victoria que Cristo gan\u00f3 sobre la muerte lo indica su resurrecci\u00f3n. \u201cCristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se ense\u00f1orea m\u00e1s de \u00e9l\u201d (Ro. 6.9). La resurrecci\u00f3n es el gran acontecimiento triunfal, y la gran nota de victoria en todo el NT tiene su origen all\u00ed. Cristo es el \u201cAutor de la vida\u201d (Hch. 3.15), \u201cSe\u00f1or as\u00ed de los muertos como de los que viven\u201d (Ro. 14.9), \u201cel Verbo de vida\u201d (1 Jn. 1.1). Su victoria sobre la muerte es completa, y esa victoria est\u00e1 a disposici\u00f3n de su pueblo. La destrucci\u00f3n de la muerte es cosa segura (1 Co. 15.26, 54ss; Ap. 21.4). La segunda muerte no tiene ninguna potestad sobre el creyente (Ap. 2.11; 20.6). De acuerdo con este concepto, el NT entiende la vida eterna no como la inmortalidad del alma, sino en funci\u00f3n de la resurrecci\u00f3n del cuerpo. No hay forma m\u00e1s gr\u00e1fica de ilustrar el car\u00e1cter definitivo y completo de la derrota de la muerte.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>No solamente existe un futuro glorioso, sino que hay un presente glorioso. El creyente ya ha pasado de muerte a vida (Jn. 5.24; 1 Jn. 3.14). Est\u00e1 \u201clibre de la ley del pecado y de la muerte\u201d (Ro. 8.2). La muerte no lo puede separar de Dios (Ro. 8.38s). Jes\u00fas dijo: \u201cEl que guarda mi palabra, nunca ver\u00e1 muerte\u201d (Jn. 8.51). Tales palabras no niegan la realidad de la muerte biol\u00f3gica; m\u00e1s bien nos encaminan hacia la verdad de que la muerte de Jes\u00fas significa que el creyente ha salido completamente de aquel estado que es la muerte. Ha sido introducido en un nuevo estado, que ha sido muy aptamente caracterizado como la vida. En su momento atravesar\u00e1 la puerta que llamamos la muerte, pero el aguij\u00f3n ha sido extra\u00eddo. La muerte de Jes\u00fas representa la victoria sobre la muerte para sus seguidores.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=';text-transform:uppercase'>Bibliograf\u00eda.<\/span><span lang=ES style=''> \u00b0K. Rahner, Sentido teol\u00f3gico de la muerte, 1969; L. Coenen, \u201cMuerte\u201d, <i>\u00b0DTNT<\/i>, 1985, t(t). III, pp. 113\u2013127; H. J. Kraus, <i>Teolog\u00eda de los Salmos<\/i>, 1985, pp. 219\u2013226; M. F. Sciacca, <i>Muerte e inmortalidad<\/i>, 1962; G. von Rad, <i>Teolog\u00eda del Antiguo Testamento<\/i>, 1978, t(t). I, pp. 473\u2013478; 493\/497; H. H. Rowley, La fe de Israel, 1973, pp. 144\u2013170; E. Jacob, <i>Teolog\u00eda del Antiguo Testamento<\/i>, 1969, pp. 279\u2013294; G. Gerleman, \u201cMorir\u201d, <i>\u00b0DTMAT<\/i>, 1978, t(t). I, cols. 1217\u20131222; W. Eichrodt, <i>Teolog\u00eda del Antiguo Testamento<\/i>, 1975, t(t). II, pp. 215ss, 491\u2013503; E. F. Harrison, \u201cMuerte\u201d, <etiqueta id=\"#_ftn793\" name=\"_ftnref793\" title=\"\">\u00b0DT, 198<\/etiqueta>5, pp. 358\u2013359; J. von Allmen, \u201cMuerte\u201d, <i>Vocabulario b\u00edblico<\/i>, 1968, pp. 207\u2013211; K. H. Schelkle, <i>Teolog\u00eda del Nuevo Testamento<\/i>, 1978, t(t). IV, pp. 83\u201395; H. M. Feret, <i>El misterio de la muerte y su celebraci\u00f3n<\/i>, 1962; J. Pieper, <i>Muerte e inmortalidad<\/i>, 1970.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>C. S. Lewis, <i>Miracles<\/i>, 1947, pp. 150ss; J. Pelikan, <i>The Shape of Death<\/i>, 1962; K. Rahner, <i>On the Theology of Death<\/i>, 1961; Leon Morris, <i>The Wages of Sin<\/i>, 1955; M. Paternoster, <i>Thou Art There Also: God, Death, and Hell<\/i>, 1967.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal align=right style='text-align:right;line-height:normal'><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><etiqueta id=\"#_ftn794\" name=\"_ftnref794\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt; ;color:green'>L.M.<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;'>Douglas, J. (2000). Nuevo diccionario Biblico : Primera Edicion. Miami: Sociedades B\u00edblicas Unidas.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>v. Hades, Infierno, Partida, Seol, Sepultura Num 11:15 y si as\u00ed lo .. te ruego que me des m Num 16:41 hab\u00e9is dado m al pueblo de Jehov\u00e1 Deu 30:15 puesto .. la vida y el bien, la m y el mal Rth 1:17 s\u00f3lo la m har\u00e1 separaci\u00f3n entre nosotras 1Sa 5:11 consternaci\u00f3n de &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/muerte\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abMUERTE\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-3247","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3247","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3247"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3247\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3247"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3247"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3247"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}