{"id":3248,"date":"2016-02-04T23:45:41","date_gmt":"2016-02-05T04:45:41","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/mujer\/"},"modified":"2016-02-04T23:45:41","modified_gmt":"2016-02-05T04:45:41","slug":"mujer","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/mujer\/","title":{"rendered":"MUJER"},"content":{"rendered":"<p>v. Esposo, Hombre, Var\u00f3n<br \/>\nGen 2:22 de la costilla .. del hombre, hizo una m<br \/>\nGen 3:12 la m que me diste por compa\u00f1era me dio<br \/>\nGen 24:4 ir\u00e1s a .. y tomar\u00e1s m para mi hijo Isaac<br \/>\nGen 26:9 he aqu\u00ed ella es de cierto tu m. \u00bfC\u00f3mo<br \/>\nGen 39:7 la m de su amo puso sus ojos en Jos\u00e9<br \/>\nNum 5:12 si la m de alguno se descarriare, y le<br \/>\nJdg 14:3 \u00bfno hay m .. a tomar m de las filisteos<br \/>\nRth 3:8 volvi\u00f3 .. una m estaba acostada a sus pies<br \/>\n1Sa 18:7 cantaban las m que danzaban, y dec\u00edan<br \/>\n1Sa 25:39 envi\u00f3 David .. Abigail .. tomarla por m<br \/>\n2Sa 12:9 a Ur\u00edas heteo tomaste por m a su m<br \/>\n1Ki 11:1 Salom\u00f3n am\u00f3 .. a muchas m extranjeras<br \/>\nEzr 10:2 tomamos m extranjeras de los pueblos<br \/>\nNeh 13:23 jud\u00edos que hab\u00edan tomado m de Asdod<br \/>\nEst 1:20 todas las m dar\u00e1n honra a sus maridos<br \/>\nJob 14:1 el hombre nacido de m, corto de d\u00edas<br \/>\nPsa 128:3 tu m ser\u00e1 como vid que lleva fruto a<br \/>\nPro 2:16 ser\u00e1s librado de la m extra\u00f1a, de la ajena<br \/>\nPro 5:18 y al\u00e9grate con la m de tu juventud<br \/>\nPro 6:29 es el que se llega a la m de su pr\u00f3jimo<br \/>\nPro 9:13 m insensata es alborotadora; es simple<br \/>\nPro 19:13 gotera continua las contiendas de la m<br \/>\nPro 19:14 la casa .. mas de Jehov\u00e1 la m prudente<br \/>\nPro 31:3 no des a las m tu fuerza ni tus caminos a<br \/>\nPro 31:30 m que teme a Jehov\u00e1 \u00e9sa ser\u00e1 alabada<br \/>\nEcc 7:26 amarga .. la m cuyo coraz\u00f3n es lazos y<br \/>\nEcc 9:9 goza de la vida con la m que amas, todos<br \/>\nIsa 3:12 mi pueblo .. m se ense\u00f1orearon de \u00e9l<br \/>\nIsa 4:1 echar\u00e1n mano de un hombre siete m en<br \/>\nIsa 19:16 aquel d\u00eda los egipcios ser\u00e1n como m<br \/>\nJer 18:21 queden sus m sin hijos, y viudas; y sus<br \/>\nJer 31:22 una cosa nueva .. la m rodear\u00e1 al var\u00f3n<br \/>\nLam 4:10 las manos de m .. cocieron a sus hijos<br \/>\nEze 24:18 y a la tarde muri\u00f3 mi m; y a la ma\u00f1ana<br \/>\nZec 5:7 una m estaba sentada en medio de .. efa<br \/>\nMal 2:15 no se\u00e1is desleales para con la m de<br \/>\nMat 5:28 que mira a una m para codiciarla, ya<br \/>\nMat 9:20 he aqu\u00ed una m enferma de flujo de sangre<br \/>\nMat 24:41; Luk 17:35 dos m estar\u00e1n moliendo en<br \/>\nMat 27:55; Mar 15:40; Luk 23:49 estaban all\u00ed muchas m mirando de lejos<br \/>\nMar 10:7; Eph 5:31 dejar\u00e1 .. y se unir\u00e1 a su m<br \/>\nLuk 7:28 entre los nacidos de m, no hay mayor que<br \/>\nLuk 16:18 que repudia a su m, y se casa con otra<br \/>\nJoh 2:4 Jes\u00fas le dijo: \u00bfQu\u00e9 tienes conmigo, m?<br \/>\nJoh 19:26 dijo a su madre: M, he ah\u00ed tu hijo<br \/>\nAct 13:50 los jud\u00edos instigaron a m piadosas y<br \/>\nAct 17:4 de .. gran n\u00famero, y m nobles no pocas<br \/>\nRom 1:27 hombres, dejando el uso natural de la m<br \/>\n1Co 7:1 bueno le ser\u00eda al hombre no tocar m<br \/>\n1Co 7:2 cada uno tenga su propia m, y cada una<br \/>\n1Co 7:4 la m no tiene potestad sobre su .. cuerpo<br \/>\n1Co 7:27 \u00bfest\u00e1s ligado a m? .. \u00bfest\u00e1s libre de m?<br \/>\n1Co 9:5 traer con nosotros una hermana por m<br \/>\n1Co 11:7 de Dios; pero la m es gloria del var\u00f3n<br \/>\n1Co 11:15 a la m .. crecer el cabello le es honroso<br \/>\n1Co 14:34 vuestras m callen en las congregaciones<br \/>\nEph 5:28 los maridos deben amar a sus m como<br \/>\nEph 5:33 a s\u00ed mismo; y la m respete a su marido<br \/>\n1Ti 2:11 la m aprenda en silencio, con toda<br \/>\n1Ti 3:11 las m .. sean honestas, no calumniadoras<br \/>\nHeb 11:35 las m recibieron sus muertos mediante<br \/>\n1Pe 3:1 m, estad sujetas a vuestros maridos; para<br \/>\n1Pe 3:7 honor a la m como a vaso m\u00e1s fr\u00e1gil<br \/>\nRev 12:1 una m vestida del sol, con la luna debajo<br \/>\nRev 17:3 vi a una m sentada sobre una bestia<\/p>\n<hr>\n<p>Mujer    (heb. zishsh\u00e2h; gr. gune, \u00abmujer\u00bb, \u00abesposa\u00bb).  Las diversas mujeres son descriptas en art\u00ed\u00adculos bajo el nombre de cada una de ellas.  Este art\u00ed\u00adculo s\u00f3lo se ocupa de la mujer como una clase en los sucesivos per\u00ed\u00adodos de la historia b\u00ed\u00adblica.  I. La mujer original.  Cuando Dios \u00abcre\u00f3&#8230; al hombre a su imagen&#8230; var\u00f3n y hembra los  cre\u00f3\u00bb (Gen 1:27).  Dios dio a ambos sexos, sin distinci\u00f3n, la bendici\u00f3n, la orden de fructificar y de multiplicarse (1:28), y la tarea de sojuzgar la tierra y ense\u00f1orearse de todas las criaturas vivientes.  Gen_2 da algunos detalles adicionales: Ad\u00e1n fue formado primero -del polvo- y se le dio la oportunidad, antes de formar a Eva, de observar los animales para darse cuenta de que \u00fanicamente \u00e9l estaba solo, de sentir la necesidad de una contraparte femenina, una \u00abayuda\u00bb (heb. \u00eazer) \u00abid\u00f3nea\u00bb (heb.  kenegd\u00f4).  El t\u00e9rmino para \u00abayuda\u00bb, aplicada tambi\u00e9n a Dios (Exo 18:4; etc.), no implica que es inferior; la palabra para \u00abid\u00f3nea\u00bb significa \u00abcon su contraparte\u00bb, \u00abcorrespondiente 812 a \u00e9l\u00bb.  Que Eva fuera formada de la costilla de Ad\u00e1n, y no tomada ni de su cabeza ni de su pie sino de su costado, es un s\u00ed\u00admbolo adecuado de la igualdad y la unidad de la pareja.  La subordinaci\u00f3n de Eva a su esposo fue una de las consecuencias de la ca\u00ed\u00adda, despu\u00e9s que la naturaleza humana se volvi\u00f3 ego\u00ed\u00adsta y competitiva.  Como algunos lo han se\u00f1alado, la palabra hebrea traducida \u00abense\u00f1orear\u00e1\u00bb no indica un decreto sino sencillamente afirma el hecho de que el esposo dirigir\u00e1 a la esposa.  Sin embargo, algunos toman ciertos pasajes del NT (v\u00e9ase la secci\u00f3n VI) como que implican un cambio de estatus destinado a adecuarse a la naturaleza pecaminosa de la humanidad; y algunos citan otros textos para indicar alg\u00fan grado de preeminencia de Ad\u00e1n desde el comienzo.  En cualquier caso, desde la ca\u00ed\u00adda los descendientes masculinos de Ad\u00e1n han extendido de hecho la supremac\u00ed\u00ada del hombre en la familia hasta incluir su dominaci\u00f3n sobre las mujeres, lo que no establece el informe de Gen_1 y 2.  Otro punto de vista es que el estatus de Eva fue alterado, no por causa de inferioridad, sino como un ajuste necesario por la p\u00e9rdida de la paz y la armon\u00ed\u00ada que hab\u00ed\u00ada entre ambos socios iguales antes del pecado; pero que el cristianismo del NT tiene la meta de contrarrestar los efectos de la ca\u00ed\u00adda al restaurar a\u00fan en esta tierra las relaciones originales (v\u00e9ase  la secci\u00f3n VI).  II. En el per\u00ed\u00adodo patriarcal.  Entre Ad\u00e1n y Abrah\u00e1n no sabemos nada de la mujer, excepto que un descendiente de Ca\u00ed\u00adn introdujo una pluralidad de esposas (Gen 4:19).  Pero entre Abrah\u00e1n y Mois\u00e9s conocemos mucho por la descripci\u00f3n que hace la Biblia acerca de la sociedad patriarcal.  El padre era la cabeza de la familia extendida, que inclu\u00ed\u00ada las de sus hijos y tal vez las de sus nietos.  Por ello, se valoraba a los hijos por sobre las hijas, ya que ellas se apartar\u00ed\u00adan para formar parte de otras familias o clanes. (Por tanto, en las genealog\u00ed\u00adas s\u00f3lo se mencionan los hijos varones, excepto en el caso de mujeres de significaci\u00f3n especial para el relato.)  Las mujeres actuaban principalmente como esposas y madres, y se ocupaban de las tareas dom\u00e9sticas: cocinar, acarrear agua, y cuidar e instruir a los ni\u00f1os (Gen 18:6; 24:13; 27:13, 14).  Algunas veces cuidaban de los reba\u00f1os, y otras veces oficiaban como nodrizas o parteras (Gen 29:9, 10; Exo 1:15, 16).  Sin embargo, la mujer pod\u00ed\u00ada actuar en las actividades religiosas, sociales y econ\u00f3micas, y pod\u00ed\u00ada tener considerable influencia sobre su esposo e hijos (por ejemplo, Sara en el incidente con Agar e Ismael: o Rebeca al asegurar la primac\u00ed\u00ada de Jacob [Gen 16:5, 6; 21:9-14; 27:6-17, 23]).  La esposa, aunque bajo la autoridad de su esposo como su \u00abse\u00f1or\u00bb (18:12), no estaba al mismo nivel que los esclavos.  Abrah\u00e1n se dirigi\u00f3 a Sara con respeto en el pedido que le hizo (12:13).  En la \u00e9poca patriarcal las mujeres ten\u00ed\u00ada una considerable libertad de movimiento: trabajaban en el campo o con los reba\u00f1os, y se mezclaban con los pastores junto al pozo de agua  (24:15-28; 29:9-11).  Rebeca aparentemente fue sin velo al pozo y viaj\u00f3 as\u00ed\u00ad hasta que se encontr\u00f3 con su prometido (24:15, 16, 65);  Sara tambi\u00e9n fue vista por los egipcios, quienes admiraron su belleza (12:14).  Aparentemente la novia llevaba velo durante el casamiento (29:23, 25).  Los casamientos eran arreglados por padres o parientes, pero se ped\u00ed\u00ada el consentimiento de la novia (24:58).  Parece que era costumbre que ella llevara consigo su criada personal a su nuevo hogar.  Una esposa pod\u00ed\u00ada dar su esclava a su esposo como esposa secundaria (16:2, 3), cuyos hijos pertenec\u00ed\u00adan legalmente a \u00e9sta, por lo que pod\u00ed\u00adan llegar a estar al mismo nivel que los de la esposa (por ejemplo, los 4 hijos de las criadas de Raquel y de Lea).  En el caso de Abrah\u00e1n, sin embargo, los hijos de la esposa secundaria, Agar, y Cetura, su segunda esposa legal, fueron despedidos del clan (16:3; 21:10; 25:1-6) con regalos pero sin herencia.  Cuando una mujer casada quedaba viuda, sin hijos, era deber del hermano mayor sobreviviente de su esposo casarse con ella, y el primer hijo de ese matrimonio deb\u00ed\u00ada continuar con la l\u00ed\u00adnea del fallecido (38:8-11).  III. Bajo la ley mosaica.  En la teocracia israelita, establecida despu\u00e9s del \u00e9xodo, el c\u00f3digo de leyes continuaba los rasgos principales del sistema patriarcal, aunque mitigaba algunos de sus males m\u00e1s graves.  Por ejemplo, no se prohibi\u00f3 la poligamia, pero fue reglamentada.  El divorcio exig\u00ed\u00ada un certificado legal que daba a la mujer divorciada el derecho de casarse otra vez (Deu 24:1-4).  Las mujeres israelitas depend\u00ed\u00adan del jefe de la familia  -ya sea padre o esposo- y, a menos que enviudara o se divorciara, no pod\u00ed\u00ada hacer un voto sin el consentimiento de \u00e9l (Num 30:3-15).  Sin embargo, su estatus era muy superior al de las mujeres de las naciones vecinas.  Al casarse, las mujeres pasaban de la autoridad del padre a la del esposo.  Un hombre no pod\u00ed\u00ada vender nunca a su mujer, a\u00fan cuando la hubiera tomado cautiva en la guerra (Deu_813 21:10-14).  Pod\u00ed\u00ada vender a su hija s\u00f3lo con el prop\u00f3sito de llegar a ser una esposa secundaria de su amo o del hijo de su amo.  No pod\u00ed\u00ada ser vendida otra vez a un extranjero, ni pod\u00ed\u00ada salir libre al fin de los 6 a\u00f1os (Exo 21:7-11), como ocurr\u00ed\u00ada con la esclava hebrea que no era vendida en matrimonio (Deu 15:12-14).  Si un hombre seduc\u00ed\u00ada a una se\u00f1orita soltera ten\u00ed\u00ada que pagar la \u00abdote\u00bb acostumbrada y tomarla como esposa; no pod\u00ed\u00ada divorciarse nunca de ella (Exo 22:16, 17; Deu 22:28, 29).  En caso de adulterio, la penalidad para ambas partes era  la muerte (Lev 20:10).  Una viuda no heredaba los bienes de su esposo; \u00e9stos pasaban a sus hijos o, si no hab\u00ed\u00ada  hijos varones, a las hijas mientras \u00e9stas no se casaran fuera de su tribu (Num 27:1-9; 36:2-9).  Una viuda sin hijos se deb\u00ed\u00ada casar con su cu\u00f1ado para continuar con la l\u00ed\u00adnea de su esposo (Deu 25:5-10): la ley del levirato. Las viudas pod\u00ed\u00adan espigar en los campos y se pod\u00ed\u00adan beneficiar con el diezmo* del 3er, a\u00f1o.  La ley hebrea trataba al hombre y a la mujer por igual en ciertos casos: se exig\u00ed\u00ada el respeto por el padre y la madre (Exo 20:12;  21:15, 17; Lev 19:3; 20:9); los cr\u00ed\u00admenes de violencia contra un hombre o una mujer eran castigados del mismo modo (Exo 21:15-32).  Pero en el caso de votos especiales, el dinero de la valuaci\u00f3n de una mujer era menor que el de un hombre (Lev 27:1-7), y el per\u00ed\u00adodo de purificaci\u00f3n despu\u00e9s del nacimiento de una ni\u00f1a era el doble que el per\u00ed\u00adodo para un var\u00f3n (12:1-7).  La mujer desempe\u00f1aba un papel secundario en la vida religiosa.  Sin embargo, ense\u00f1aba a los ni\u00f1os en casa y participaba en la observancia del s\u00e1bado (Exo 20:10).  Las familias enteras celebraban juntas la Pascua (Exo 12:3, 14, 15), y las mujeres y las ni\u00f1as pod\u00ed\u00adan acompa\u00f1ar a los hombres a las fiestas de las Semanas (Pentecost\u00e9s) y de los Tabern\u00e1culos (Deu 16:10-16).  Las mujeres de las familias de sacerdotes pod\u00ed\u00adan comer de la parte del sacerdote o de las ofrendas de paz (Lev 10:14; Num 18:11).  Entre los laicos, \u00abel hombre o la mujer\u00bb pod\u00ed\u00adan presentar ofrendas por las ofensas (Num 5:6-8).  En otra descripci\u00f3n de la misma ofrenda, \u00abun alma\u00bb (heb. nefesh), traducido  como \u00abpersona\u00bb o \u00abalguno\u00bb, es aparentemente equivalente a \u00abun hombre o una mujer\u00bb (Lv.  6:2-7).  Esto indica que las mujeres pod\u00ed\u00adan traer otras clases de ofrendas prescriptas para \u00abun alma\u00bb (4:2, 27; 5:1, 4, 15, 17).  No se les imped\u00ed\u00ada acceder a cargos de liderazgo y autoridad.  Hubo profetisas (Mar\u00ed\u00ada, D\u00e9bora y m\u00e1s tarde Hulda).  D\u00e9bora tambi\u00e9n fue juez* y una especie de l\u00ed\u00adder militar; pero no hubo sacerdotisas en Israel.  (Algunos censuran hoy esta restricci\u00f3n como un desprecio a las mujeres capaces.  Otros la invocan como un argumento para impedir que las mujeres ejerzan cualquier cargo pastoral.  Sin embargo, un sacerdote que ofrec\u00ed\u00ada sacrificio sobre el altar ten\u00ed\u00ada una funci\u00f3n totalmente diferente de la de un ministro religioso.)  La ventaja de la ausencia de sacerdotisas es evidente cuando se considera el ambiente alrededor de Israel.  Entre las naciones vecinas las sacerdotisas a menudo ten\u00ed\u00adan la funci\u00f3n de prostitutas sagradas en los cultos de fertilidad, que involucraban ritos groseramente inmorales en relaci\u00f3n con los templos y los lugares altos.  IV. En el AT fuera del Pentateuco.  En el Israel posterior al Pentateuco la posici\u00f3n de la mujer estuvo regida por el mismo c\u00f3digo de leyes sociales y religiosas.  La subordinaci\u00f3n de la mujer no imped\u00ed\u00ada una genuina relaci\u00f3n de amor (1Sa 1:5, 8; Ecc 9:9) y el respeto genuino de su esposo e hijos (Pro 18:22; 31:28).  Sin embargo, los profetas vieron necesario anunciar el desagrado de Dios por el descuido y la crueldad hacia la mujer, especialmente las madres y las viudas (Mic 2:9; Amo 1:13; Isa 10:1, 2).  En el AT hay muchas referencias a la amenaza que constituye una mujer contenciosa, malvada o inmoral (Pro 21:9,19; 6:24, 26:7).  Pero tambi\u00e9n existen muchas relativas a mujeres de buen juicio, sabias, bondadosas y con otras buenas cualidades (1Sa 25:3; 2Sa 20:16; Pro 11:16).  El ep\u00ed\u00adtome del car\u00e1cter femenino es la esposa industriosa, de muchos recursos, habilidosa, bondadosa, sabia, honrada y piadosa (Pro 31:10-31).  La buena mujer de Pro_31 pod\u00ed\u00ada comprar propiedades.  Lo mismo hizo la rica y destacada mujer de Sunem pod\u00ed\u00ada recurrir al rey personalmente para reclamar sus derechos sobre ellas (2Ki 4:8-37; 8:1-6).  Tambi\u00e9n pod\u00ed\u00ada montar un burrito e ir a ver al profeta sin tener que dar cuenta a su esposo por su decisi\u00f3n (4:22, 23).  Sobre el lienzo de la narraci\u00f3n del AT aparecen las figuras de muchas mujeres: unas pocas retratadas de cuerpo entero, desde la pobre, pero fiel Rut, que espi\u00f3 en los campos, hasta la malvada Jezabel, que condujo a Israel a una idolatr\u00ed\u00ada generalizada de la peor especie; desde el encanto, descripto con intensidad oriental, de la joven campesina amada por el rey Salom\u00f3n, hasta el valor de Ester, que arriesga su trono y su vida para salvar a su pueblo.  V. Jes\u00fas y la mujer.  Jes\u00fas nunca hizo campa\u00f1as en favor de los derechos de la mujer, pero su trato con ellas, cuando se lo considera 814 en el marco de las ideas y costumbres de la \u00e9poca, es revolucionario.  Los lectores modernos no perciben el impacto del sereno desprecio de Jes\u00fas por las costumbres de Palestina en el s I d.C. en su trato con las mujeres como personas de valor.  Aunque la mujer jud\u00ed\u00ada de esos d\u00ed\u00adas pod\u00ed\u00ada, de acuerdo con su capacidad y sus oportunidades, tener una influencia considerable sobre su esposo e hijos, su \u00e1mbito de acci\u00f3n era principalmente el hogar (esposa, madre y due\u00f1a de casa). En cierta forma, ten\u00ed\u00ada menor libertad que en \u00e9pocas anteriores, a menos que perteneciera a la clase obrera y tuviera que trabajar junto a los hombres en el campo o el taller para ayudar a mantener a su familia.  Era miembro de la comunidad religiosa, pero en forma limitada.  Pod\u00ed\u00ada asistir a la sinagoga en la secci\u00f3n de las mujeres, probablemente una galer\u00ed\u00ada, y pod\u00ed\u00ada participar de las grandes fiestas anuales con su familia.  Pero estaba eximida de estudiar la Tor\u00e1 y de todo deber religioso positivo relacionado con momentos espec\u00ed\u00adficos, aunque la principal excepci\u00f3n a esto era la preparaci\u00f3n para el s\u00e1bado y, particularmente, el encendido de las velas al comienzo de \u00e9ste (y, por supuesto, la observancia del s\u00e1bado).  En el templo pod\u00ed\u00ada pasar m\u00e1s all\u00e1 del atrio exterior de los gentiles, hasta el de las mujeres, pero no pod\u00ed\u00ada entrar en el atrio de Israel,  que estaba junto al de los sacerdotes, reservado para los hombres israelitas.  (Parece que esto apareci\u00f3 tard\u00ed\u00adamente; no se mencionan atrios separados para las mujeres en el templo de Salom\u00f3n ni en el postex\u00ed\u00adlico.)  Se ha aceptado que la Mishn\u00e1 implica que una mujer s\u00f3lo pod\u00ed\u00ada ofrecer 2 sacrificios (la ofrenda de cereales o harina con el voto de los nazareos, y la que ten\u00ed\u00ada que ver con la ordal\u00ed\u00ada del agua amarga), y ten\u00ed\u00ada que depender del perd\u00f3n de sus pecados de los sacrificios que llevaban su esposo o su padre.  Si fue as\u00ed\u00ad, signific\u00f3 un cambio desde los d\u00ed\u00adas del AT (v\u00e9ase la secci\u00f3n IV).  Basta percibir que se juzgaba un esc\u00e1ndalo que un hombre hablara con una mujer en la calle y que los rabinos a menudo las considerasen inferior y un peligro para la moralidad de un hombre, para ver cu\u00e1n revolucionaria fue la actitud de Jes\u00fas hacia ellas.  Viol\u00f3 las costumbres rab\u00ed\u00adnicas cuando las recibi\u00f3 como seguidoras, y acept\u00f3 tanto la asistencia como el dinero de un grupo de mujeres dedicadas de Galilea que lo acompa\u00f1aban con los Doce en sus viajes (Luk 8:1-3; Mat 27:55, 56), y que fueron las primeras en llevar la noticia de la resurrecci\u00f3n (Luk 23:55-24:10).  Sorprendi\u00f3 a sus disc\u00ed\u00adpulos al conversar con una mujer junto al pozo, en Samaria (Joh 4:7, 27).  Escandaliz\u00f3 a su hu\u00e9sped fariseo Sim\u00f3n al mostrar gratitud y comprensi\u00f3n por el perfume de Mar\u00ed\u00ada (Mat 26:6-13; Luk 7:36-50).  Acept\u00f3 la amistad y la hospitalidad de Marta y Mar\u00ed\u00ada (Luk 10:38-42; Joh 11:1-5).  Pero en medio de todo esto, sus peores enemigos nunca pudieron acusarlo de impureza en palabras o actos.  Ense\u00f1\u00f3 un elevado concepto del matrimonio y restringi\u00f3 el divorcio al caso de infidelidad conyugal; sustent\u00f3 la norma \u00fanica al exigir pureza de los hombres (Mat 5:27-32).  Sin  embargo, sin condonar el pecado, perdon\u00f3 a la ad\u00faltera que fue llevada ante \u00e9l (Joh 8:1-11).  Muchas de sus par\u00e1bolas se basaron en experiencias de las mujeres.  Tom\u00f3 nota de la pobre viuda cuyas 2 moneditas de cobre fueron evaluadas por Jes\u00fas como superiores a los dones de los ricos (Mar 12:41-44).  Su 1er milagro fue realizado respondiendo a un deseo de su madre (Joh 2:1-11); y casi las \u00faltimas palabras que dijo en la cruz fueron para su madre al ponerla al cuidado del disc\u00ed\u00adpulo Juan (19:25-27).  VI. Pablo y la mujer en la iglesia primitiva.  Con excepci\u00f3n de Dorcas y Safira, que est\u00e1n relacionadas con Pedro, casi todas las mujeres de la iglesia primitiva mencionadas en la Biblia est\u00e1n asociadas con Pablo.  El 1er contacto de Pablo con mujeres cristianas fue la persecuci\u00f3n de que \u00e9l las hizo objeto (Act 8:3; 9:2), probablemente algunas del \u00abgran n\u00famero as\u00ed\u00ad de hombres como de mujeres\u00bb  (Act 5:14) que se a\u00f1adieron a la iglesia despu\u00e9s del Pentecost\u00e9s.  Pero fue Pablo quien puso en palabras la gran declaraci\u00f3n de la iglesia naciente: \u00abYa no hay jud\u00ed\u00ado ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay var\u00f3n ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jes\u00fas.  Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abrah\u00e1n sois, y herederos seg\u00fan la promesa\u00bb (G\u00e1. 3:28, 29).  En el libro de Hechos y en las ep\u00ed\u00adstolas encontramos muchos nombres de mujeres activas en la iglesia.  En Listra estaba Eunice, la madre de Timoteo (Act 16:1; 2 Tit 1:5); en  Filipos, Lidia, la 1\u00c2\u00aa conversa de Europa (Act 16:8-15), y tambi\u00e9n Evodia y S\u00ed\u00adntique, colaboradoras de Pablo (Phi 4:2, 3); en Atenas, D\u00e1maris (Act 17:34); en Corinto, Priscila, que con su esposo Aquila trabajaron con Pablo y lo acompa\u00f1aron a Efeso (18:1-3, 18, 19).  Pablo ha adquirido la reputaci\u00f3n de tener prejuicios contra la mujer.  En Corinto reprendi\u00f3 el esc\u00e1ndalo, las divisiones, las contenciones y las reuniones desordenadas; su tema: limiten 815 sus libertades cristianas si debilitar\u00e1n u ofender\u00e1n a otros.  Por ejemplo, los conversos para quienes el comer alimentos ofrecidos a dioses inexistentes todav\u00ed\u00ada era idolatr\u00ed\u00ada (1Co_8; 10:27-32); o los no cristianos para quienes una mujer en la iglesia con la cabeza descubierta (o con el cabello suelto en lugar de estar atado a la cabeza; 11:5, 6) significaba que ella repudiaba su matrimonio o la autoridad de su esposo (vs 15, 10 cf Num 5:18).  Pero la explicaci\u00f3n de Pablo acerca de Ad\u00e1n y Eva deja, al parecer, ambigua la situaci\u00f3n de la mujer (1Co 11:8, 9; cf vs 11, 12).  En el cp 14, \u00bfpide a las mujeres que guarden silencio en la iglesia y pregunten despu\u00e9s a sus esposos en casa (vs 34, 35) porque son subordinadas, o porque provocan confusi\u00f3n con sus preguntas?  Ciertamente no desaprob\u00f3 a las mujeres que hablan en oraci\u00f3n o profetizan, sino s\u00f3lo a las que tienen un arreglo no apropiado de su cabello (11:5, 13).  Aparentemente, hab\u00ed\u00ada detalles conocidos para los corintios que la carta de Pablo no revela a los lectores actuales.  M\u00e1s tarde tuvo que pedir a Timoteo que no permitiera que las mujeres ense\u00f1aran o usurparan la autoridad de los hombres (1 Tit 2:11-14).  El caso de Ad\u00e1n y Eva, \u00bfsugiere una situaci\u00f3n entre esposos o una regla general?  La amonestaci\u00f3n a ense\u00f1ar a las esposas a ser obedientes a sus maridos est\u00e1 acompa\u00f1ada por una raz\u00f3n: \u00abPara que la palabra de Dios no sea blasfemada\u00bb (Tit. 2:4, 5).  Notemos que la misma raz\u00f3n se da para que los esclavos cristianos honren a sus amos: el bien de la causa (1 Tit 6:1).  Las opiniones todav\u00ed\u00ada difieren con respecto a la actitud de Pablo hacia las mujeres, pero ciertamente \u00e9l acept\u00f3 y apreci\u00f3 calurosamente a muchas de ellas como amigas y colaboradoras (Rom_16), y present\u00f3 el gran ideal de que \u00abya no hay jud\u00ed\u00ado ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay var\u00f3n ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jes\u00fas\u00bb (G\u00e1. 3:28).  Mula.  V\u00e9ase Mulo\/a.  Muladar.  V\u00e9ase Esti\u00e9rcol.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Evang\u00e9lico<\/b><\/p>\n<p>en el G\u00e9nesis se dice que Dios cre\u00f3 al hombre, a su imagen y  semejanza, Gn 1, 26, pero aqu\u00ed\u00ad hombre, \u00c2\u00b4adam, tiene un sentido colectivo,    se refiere al ser humano, por lo que inmediatamente, en el mismo vers\u00ed\u00adculo, usa el verbo en plural, \u2020\u0153manden\u2020\u009d. Es decir, que hombre y m. fueron creados iguales. Sin embargo, en la pr\u00e1ctica, en el A. T., siendo la   sociedad israelita patriarcal, la m. estuvo en inferioridad de condiciones    respecto del hombre, le estaba subordinada tanto social como legalmente.<\/p>\n<p>La m. estaba relegada a un segundo plano tanto en las instituciones  pol\u00ed\u00adticas como religiosas. Dentro de la sociedad patriarcal israelita, siendo la familia end\u00f3gama, se exig\u00ed\u00ada que la esposa fuera del mismo clan del marido. El matrimonio ex\u00f3gamo estaba prohibido, Ex 34, 16; Dt 7, 2-4; Jc 3, 5-6; 1 R 11, 1-8; 16, 31-32. La descendencia y la sucesi\u00f3n se cuentan en l\u00ed\u00adnea masculina, las mujeres no heredaban la propiedad, para que el patrimonio familiar no se desperdigara progresivamente, a no ser en el caso excepcional de que no hubiesen varones, como el caso que se narra en Nm 27, 1-7. El padre interven\u00ed\u00ada en la escogencia de la pareja para los hijos, y cuando un esposo mor\u00ed\u00ada sin dejar hijos, se aplicaba la ley del levirato, Dt 25, 5-10. Al padre, pues, est\u00e1n sujetos la mujer o las mujeres que tenga, los hijos solteros y los casados con sus mujeres e hijos. La desigualdad se hace m\u00e1s notoria con la poligamia, Jacob, por ejemplo, tuvo dos mujeres principales, L\u00ed\u00ada y Raquel, adem\u00e1s de las de segundo grado, Zilp\u00e1 y Bilh\u00e1,  todas las cuales le dieron hijos, de los que descienden las tribus de Israel,  Gn 29, 15-30. En la \u00e9poca mon\u00e1rquica, se acent\u00faa, los reyes ten\u00ed\u00adan verdaderos harenes, como David, 2 S 3, 2-5; Salom\u00f3n tuvo setecientas mujeres y trescientas concubinas, 1 R 11, 3. Otra desigualdad entre la mujer y el hombre, estaba en el derecho de repudio, que pr\u00e1ctiamente s\u00f3lo pertenec\u00ed\u00ada al hombre. En Dt 24, 1, se dice: \u2020\u0153Si un hombre toma una m. y se casa con ella, y resulta que esta m. no halla gracia a sus ojos, porque descubre en ella algo que le desagrada, le escribir\u00e1 un acta de divorcio, se la pondr\u00e1 en su mano y la despedir\u00e1 de su casa\u2020\u009d. Esta norma era tan general,  que se lleg\u00f3 a casos tan extremos de repudio, como el que un hombre se divorciara por haber encontrado una m. m\u00e1s hermosa que la suya. Esta pr\u00e1ctica injusta para con la m. fue condenada por el profeta Malaqu\u00ed\u00adas como un crimen, Ml 2, 14-16. En cuanto a la fidelidad de la pareja,  pr\u00e1cticamente se entiende en un s\u00f3lo sentido. As\u00ed\u00ad, es ad\u00faltero el hombre,   soltero o casado, que tenga relaciones con la esposa o la novia de otro. Pero    es ad\u00faltera la m. novia o esposa que tenga relaciones con cualquier hombre, soltero o casado sino por la misi\u00f3n m\u00e1s importante de la m. era dar a su marido numerosos hijos, especialmente varones, con el fin de   garantizar la perpetuidad de la familia.<\/p>\n<p>Sin embargo, en el A. T., se encuentran casos de mujeres excepcionales.<\/p>\n<p>Hubo mujeres  que aunque excluidas del sacerdocio y las funciones del culto, fueron profetizas, como Mar\u00ed\u00ada, la hermana de Mois\u00e9s, Ex 15, 20; as\u00ed\u00ad como Juld\u00e1, 2 R 22, 14; D\u00e9bora, que tambi\u00e9n era juez, Jc 4, 4; la esposa del profeta Isa\u00ed\u00adas, Is 8, 4. Hero\u00ed\u00adnas como Ester y Judit.<\/p>\n<p>En el N. T.  Jes\u00fas es tajante respecto a la igualdad entre el hombre y la m.: \u2020\u0153Todo el que repudia a su m. y se casa con otra comete adulterio; y el que se casa con una repudiada por su marido comete adulterio\u2020\u009d, Lc 16, 18; y en Mc 10, 9, dice: \u2020\u0153lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre\u2020\u009d. El ap\u00f3stol Pablo, al considerar superada la Ley por Cristo, dice que por el bautismo y la fe en Jes\u00fas desaparece toda diferencia entre los hombres, \u2020\u0153ya no hay jud\u00ed\u00ado ni griego; ni esclavo ni libre; ni m. ni hombre; ya que todos sois uno en Cristo Jes\u00fas\u2020\u009d, Ga 3, 28-29. Jes\u00fas da ejemplo en contra de los convencionalismos y la segregaci\u00f3n de los jud\u00ed\u00ados respecto a las mujeres,  conversa en sitios p\u00fablicos con ellas, no importa su nacionalidad o religi\u00f3n,  como con la siro-fenicia, Mc 7, 24-30; la samaritana, Jn 4, 6-27. Un grupo de mujeres le acompa\u00f1aba, Lc 8, 1-3; las cuales estuvieron presentes en su crucifixi\u00f3n, en su muerte y sepultura, y recibieron el mensaje de su resurrecci\u00f3n, que luego transmitieron a los ap\u00f3stoles.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Digital, Grupo C Service &#038; Design Ltda., Colombia, 2003<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Digital<\/b><\/p>\n<p>El relato general de la creaci\u00f3n implica la plena humanidad de Eva (Gen 1:26-27), y el relato especial de su creaci\u00f3n (Gen 2:18-24) recalca su superioridad sobre todos los animales inferiores, la necesidad de Ad\u00e1n de tenerla como ayuda, su relaci\u00f3n \u00ed\u00adntima con \u00e9l como parte de su ser m\u00e1s profundo y la naturaleza del matrimonio como una relaci\u00f3n de una carne.<\/p>\n<p>Aunque muchas mujeres del AT no son importantes, tres esposas patriarcales (Sara, Rebeca y Raquel) desempe\u00f1aron papeles importantes, como tambi\u00e9n lo hizo Mar\u00ed\u00ada, hermana de Mois\u00e9s (Exo 2:1-9; Exo 15:20; N\u00fameros 12).<\/p>\n<p>D\u00e9bora ejerci\u00f3 un liderazgo extraordinario (Jueces 4; 5), y Rut la moabita lleg\u00f3 a ser una virtuosa bendici\u00f3n a Israel. Ana (1Sa 1:1\u20141Sa 2:11) ilustra a la vez la desesperaci\u00f3n de una mujer sin hijos y la gracia de la maternidad piadosa. El consejo de la madre de Lemuel a su hijo (Proverbios 31) presenta a una madre ideal, hacendosa, en una familia pr\u00f3spera. Reinas buenas y malas, y mujeres malignas de otras clases sociales son descritas con franqueza en la Biblia.<\/p>\n<p>En la vida y ministerio de Jes\u00fas sobresalen mujeres piadosas: Elisabet, la madre de su precursor (Lucas 1); la virgen Mar\u00ed\u00ada; Ana (Luk 2:36-38); la pecadora de Luk 7:36-40; Mar\u00ed\u00ada Magdalena; Marta y Mar\u00ed\u00ada de Betania; las mujeres que acompa\u00f1aban a los disc\u00ed\u00adpulos en viajes misioneros y les serv\u00ed\u00adan de sus bienes (Luk 8:3). Mujeres permanecieron cerca de la cruz hasta la sepultura y fueron las primeras ante la tumba abierta. Mujeres se unieron a los hombres en oraci\u00f3n entre la Ascensi\u00f3n y Pentecost\u00e9s (Act 1:14). Los disc\u00ed\u00adpulos en Jerusal\u00e9n se reun\u00ed\u00adan en la casa de Mar\u00ed\u00ada, la madre de Juan Marcos (Act 12:12). Los primeros convertidos en Europa fueron mujeres, incluyendo a Lidia, la pr\u00f3spera mujer de negocios en Filipos (Act 16:13-15). Febe, una diaconisa, y muchas otras mujeres son saludadas en Romanos 16. Pablo (1Co 11:2-16; 1Co 14:34-35) insta a las mujeres creyentes a la subordinaci\u00f3n, pero exalta a la esposa creyente como un tipo de la iglesia, esposa de Cristo (Eph 5:21-23). El establece normas elevadas para las esposas de oficiales de la iglesia y para mujeres en posiciones oficiales (1Ti 3:11; Tit 2:3-5). Tambi\u00e9n Pedro (1Pe 3:1-6) insta a las mujeres casadas a un papel subordinado pero noble.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Mundo Hispano<\/b><\/p>\n<p>(\u00abvarona\u00bb, por haber sido sacada del var\u00f3n, Gen 2:23).<\/p>\n<p> 1.Dignidad.<\/p>\n<p> &#8211; Hecha a imagen de Dios, Gen 1:27.<\/p>\n<p> &#8211; Igual que el hombre, ante los ojos de Dios, Gal 3:28.<\/p>\n<p> &#8211; Redimida por Cristo, exactamente igual y con el mismo amor que al hombre: (en cientos de sitios en la Biblia donde pone \u00abhombre\u00bb, se re fiere al \u00abhombre y mujer\u00bb), Rom 1:1718, Mat 4:4, Mat 4:19, Mat 16:26, Mat 18:7, Mar 2:27 Luc 12:8, 1Ti 2:5, 2Ti 3:17, Heb 2:6, Heb 9:27, Heb 13:6, etc.<\/p>\n<p> &#8211; La persona humana m\u00e1s importante en toda la Biblia, despu\u00e9s de Jes\u00fas, es una mujer: La Virgen Mar\u00ed\u00ada. Ver \u00abMar\u00ed\u00ada\u00bb.<\/p>\n<p> 2- Deberes y derechos espec\u00ed\u00adficos: &#8211; Hecha del hombre, Gen 2:21-22.<\/p>\n<p> &#8211; Para ser ayuda y companera del hombre, Gen 2:18-20, 1Co 11:9.<\/p>\n<p> &#8211; Sujeta al hombre, 1Co 11:3, Gen 3:16.<\/p>\n<p> &#8211; Para ser gloria del hombre, 1Co 11:7.<\/p>\n<p> &#8211; Deberes como \u00abesposa\u00bb: Ver \u00abEsposos\u00bb.<\/p>\n<p> &#8211; Deber ser amorosa, afectuosa, buena, virtuosa, obediente, respetuosa, modesta, sin rizados, ni perlas, sino con obras buenas, 2Ti 3:8-15, 1Pe 3:6, Efe 5:22-33, 2Sa 1:26, Gen 18:12.<\/p>\n<p> &#8211; Tierna y constante para los hijos, y se salvar\u00e1 por la crianza de los hijos, 1Ti 3:15, Isa 49:15, , Lam.4:lo.<\/p>\n<p> &#8211; La mujer perfecta, Prov.31.<\/p>\n<p> &#8211; La mujer mala, 2Ti 3:6, Prov.7, Ectes.7, Jer:2Ti 7:18, Num 31:15-16. Derechos: E1 \u00abesposo\u00bb no la debe \u00abesclavizar\u00bb, ni \u00abmandar\u00bb, sino \u00abamar\u00bb, Efe 5:22-33, Col 3:18, 1Pe 3:7.<\/p>\n<p> 3- El t\u00ed\u00adtulo \u00abmujer\u00bb a la Virgen Mar\u00ed\u00ada Se lo da dos veces Jes\u00fas a Mar\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p> &#8211; En el Calvario, Jua 19:25-27, la llama \u00abmadre\u00bb 5 veces, y \u00abmujer\u00bb una, para recordarnos que es la \u00abmujer\u00bb de la primera promesa de la redenci\u00f3n, en Gen 3:15 y Ap.l2.<\/p>\n<p> &#8211; En Can\u00e1, Jn.2, se le llama 2 veces \u00abmadre\u00bb y una \u00abmujer\u00bb. La palabra \u00abmujer\u00bb en el idioma jud\u00ed\u00ado, y en el espanol, no es un t\u00e9rmino despreciativo, sino el m\u00e1s bello del diccionario, que conlleva el significado de madre, hermana, novia, esposa.<\/p>\n<p> 4- La mujer en la Iglesia Cristiana.<\/p>\n<p> &#8211; La madre de Jesucristo, Mt.l, Lc.l, Gal 4:4.<\/p>\n<p> &#8211; Un papel muy importante, como colaboradoras de Jes\u00fas y los Ap\u00f3stoles, diaconisas, Luc 8:2, Rom 16:1-3, 1Ti 3:11.<\/p>\n<p> &#8211; Fueron los primeros testigos de la resurrecci\u00f3n, Luc 24:1-10.<\/p>\n<p> &#8211; La primera creyente de Europa fue una mujer, Lidia, Hec 16:13-15.<\/p>\n<p> &#8211; En el \u00abculto p\u00fablico\u00bb la mujer debe usar \u00abvelo\u00bb, no debe predicar, ni ense\u00f1ar, y estar subordinada al hombre, 1Co 11:4-15, 1Co 14:34-35, 1Ti 2:11-12.<\/p>\n<p> 5- Mujeres importantes en el A.T.<\/p>\n<p> &#8211; Eva, Gen 3:20.<\/p>\n<p> &#8211; Betsab\u00e9, esposa de David, 2Sa 11:3, 2Sa 11:27.<\/p>\n<p> &#8211; D\u00e9bora,: (juez), Jue 4:4.<\/p>\n<p> &#8211; Dalila: (Sans\u00f3n), Jue,Jue 16:4-5.<\/p>\n<p> &#8211; Ester, Libro de Ester,: (jud\u00ed\u00ada, reina).<\/p>\n<p> &#8211; Jezebel, reina hechicera, 1 R.16, 18.<\/p>\n<p> &#8211; Judit, Libro de Judit.<\/p>\n<p> (hero\u00ed\u00adna).<\/p>\n<p> &#8211; Mical, hija de Saul, i S.14:49.<\/p>\n<p> &#8211; Mirian, Hermana de Mois\u00e9s, Ex.15.<\/p>\n<p> &#8211; Raquel, esposa de Jacob, Gen 29:28.<\/p>\n<p> &#8211; Rahab, ayuda a esp\u00ed\u00adas, Jos 2:1-3.<\/p>\n<p> &#8211; Rut, Libro de Rut.<\/p>\n<p> (abuela de David).<\/p>\n<p> &#8211; Sara, esposa de Abraham, Ge. i i:29. Esposa de Tob\u00ed\u00adas, Tob.7<br \/>\n &#8211; Tamar, Gen 38:6 : &#8211; Ana, madre de Samuel, 1 S.1 y 2.<\/p>\n<p> &#8211; Rebeca, esposa de Isaac, Gen 25:21.<\/p>\n<p> 6- Mujeres en el N.T.<\/p>\n<p> &#8211; Las \u00abMar\u00ed\u00adas\u00bb. Ver \u00abMar\u00ed\u00ada\u00bb.<\/p>\n<p> &#8211; Las santas mujeres de Jua 19:25-27, Mat 27:55-56, Luc 8:1-3, Luc 23:55-56.<\/p>\n<p> &#8211; Cinco mujeres en la genealog\u00ed\u00ada de Jesus: Tamar, Rahab, Rut, Betsab\u00e9 y la Virgen Mar\u00ed\u00ada, Mt.l:l-16.<\/p>\n<p> &#8211; La hemorroisa, Mat 9:20-22.<\/p>\n<p> &#8211; La cananea, Mat 15:21-28.<\/p>\n<p> &#8211; La mujer pecadora, Mat 26:6-13, Mar 14:3-9, Jua 12:1-8.<\/p>\n<p> &#8211; Marta y Mar\u00ed\u00ada: (L\u00e1zaro), Luc 10:38-42. Jn.11.<\/p>\n<p> &#8211; Las mujeres de Jerusal\u00e9n.<\/p>\n<p> &#8211; La samaritana, Jua 4:7-42.<\/p>\n<p> &#8211; La ad\u00faltera, Jn.8:3- I 1.<\/p>\n<p> &#8211; Ana, viuda, Luc 2:36-37.<\/p>\n<p> &#8211; Isabel, madre de Juan B., Luc 1:5-15.<\/p>\n<p> &#8211; Herod\u00ed\u00adas, Mat 14:3-6.<\/p>\n<p> &#8211; Lidia, primera creyente de Europa, Hec 16:14.<\/p>\n<p> &#8211; Susana y Juana y Magdalena, Lc.8.<\/p>\n<p> &#8211; Tabita: (Dorcas), resucitada por Pedro, Hec 9:36.<\/p>\n<p> Luc 23:27-31.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano<br \/>\nDr. J. Dominguez<\/p>\n<p>http:\/\/biblia.com\/diccionario\/<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano<\/b><\/p>\n<p>El t\u00e9rmino hebreo que se utiliza para m. es isha. El ser humano es yelud isha, nacido de mujer (Job 14:1; Job 15:14; Job 25:4; Gal 4:4). En el principio, \u2020\u0153cre\u00f3 Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo cre\u00f3; var\u00f3n y hembra los cre\u00f3\u2020\u009d (Gen 1:27). La m., entonces, fue hecha, con la misma dignidad que el var\u00f3n. A ambos encarg\u00f3 Dios el poblar la tierra (\u2020\u0153Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos\u2020\u009d). A ambos les dio el mandamiento de dominar las fuerzas de la naturaleza (\u2020\u0153&#8230; llenad la tierra y sojuzgdla\u2020\u009d). A ambos les dio potestad para ense\u00f1orearse de los animales (\u2020\u0153&#8230; se\u00f1oread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra\u2020\u009d [Gen 1:26-28]). El pecado, sin embargo, introdujo una enorme distorsi\u00f3n en la historia humana. Una de ellas est\u00e1 expresada en las palabras que Dios dijo a la mujer: \u2020\u0153Multiplicar\u00e9 en gran manera los dolores en tus pre\u00f1eces; con dolor dar\u00e1s a luz los hijos; y tu deseo ser\u00e1 para tu marido, y \u00e9l se ense\u00f1orear\u00e1 de ti\u2020\u009d (Gen 3:16). Hasta el momento de la \u2020\u00a2ca\u00ed\u00adda, tanto el hombre como la mujer se ense\u00f1oreaban de los animales. La ca\u00ed\u00adda puso a la mujer bajo el ense\u00f1oramiento del hombre. De manera que estas palabras deben ser vistas como lo que son, una condenaci\u00f3n y no como un ideal divino, pues el ense\u00f1oramiento del hombre sobre la mujer es una consecuencia del pecado.<\/p>\n<p>Esto puede ya apreciarse en el relato del violento \u2020\u00a2Lamec, que es el primero del que se dice en la Biblia que practic\u00f3 la poligamia. N\u00f3tese que la violencia y la poligamia aparecen juntos en la historia de este hombre, quien dice en su canto o poema: \u2020\u0153Ada y Zila, o\u00ed\u00add mi voz; mujeres de Lamec, escuchad mi dicho: que un var\u00f3n matar\u00e9 por mi herida, y un joven por mi golpe. Si siete veces ser\u00e1 vengado Ca\u00ed\u00adn, Lamec en verdad setenta veces siete lo ser\u00e1\u2020\u009d (Gen 4:19-24). Las instituciones sociales que siguieron form\u00e1ndose en el transcurso de la historia humana han venido, entonces, matizadas e influenciadas por las consecuencias del pecado. As\u00ed\u00ad, la m. vino a ser tratada como si tuviese menos dignidad que el hombre, al punto de que se la consideraba, en la \u00e9poca patriarcal, y aun despu\u00e9s, como una propiedad del padre, o del esposo. Su situaci\u00f3n de dependencia se puede ver en el hecho de que se mencionan a las mujeres, aun a las m\u00e1s famosas, con el nombre de sus maridos: D\u00e9bora, mujer de Lapidot; Hulda, mujer de Salum, etc\u00e9tera.<br \/>\nuna sociedad patriarcal como la israelita, el trato que se daba a la m. no la situaba en un plano de igualdad con el hombre. Se prefer\u00ed\u00ada tener hijos varones. Si el parto era de var\u00f3n, la m. permanec\u00ed\u00ada treinta y tres d\u00ed\u00adas en purificaci\u00f3n, pero si era de hembra el per\u00ed\u00adodo era el doble (Lev 12:2-5). El padre decid\u00ed\u00ada con qui\u00e9n se casaba la hija, aunque a veces se le consultaba (Exo 2:21; Gen 24:58). Las hijas eran consideradas como propiedad del padre, por lo cual el novio, en el momento del matrimonio, ten\u00ed\u00ada que comprar ese derecho mediante el pago de una \u2020\u00a2dote. Un padre pod\u00ed\u00ada vender su hija por sierva (Exo 21:7-11). ( \u2020\u00a2Hija).<br \/>\nse conoc\u00ed\u00ada entre los israelitas la pr\u00e1ctica del divorcio por parte de la mujer. Quien pod\u00ed\u00ada dar carta de divorcio era el hombre (Lev 21:7, Lev 21:14; Deu 22:13-21). S\u00f3lo despu\u00e9s de la introducci\u00f3n de las culturas griega y romana se conoci\u00f3 en Israel el divorcio de una mujer de su marido. Una m. repudiada sufr\u00ed\u00ada cierta discriminaci\u00f3n, pues un sacerdote no pod\u00ed\u00ada casarse \u2020\u0153con mujer repudiada de su marido\u2020\u009d (Lev 21:7, Lev 21:14). El padre o el marido pod\u00ed\u00ada anular los votos a Jehov\u00e1 que hiciere una m. (Num 30:3-16).<br \/>\nasuntos hereditarios, se daba preferencia a los hijos varones, pero la m. pod\u00ed\u00ada heredar en ausencia de \u00e9stos. De conformidad con el papel asignado por la sociedad patriarcal a la m., no se supon\u00ed\u00ada que \u00e9sta ejerciera funciones de liderazgo, por lo cual, al negarse \u2020\u00a2Barac a ir sin \u2020\u00a2D\u00e9bora a pelear contra S\u00ed\u00adsara, \u00e9sta le dijo: \u2020\u0153Ir\u00e9 contigo; mas no ser\u00e1 tuya la gloria de la jornada que emprendes, porque en mano de m. vender\u00e1 Jehov\u00e1 a S\u00ed\u00adsara\u2020\u009d (Jue 4:9). S\u00f3lo varones fueron reyes de Israel. Las reinas que se mencionan eran reinas madres o usurpadoras del trono, pues quienes lo heredaban leg\u00ed\u00adtimamente eran los hijos varones.<br \/>\nestas razones resultaba tan asombroso para los jud\u00ed\u00ados del NT el tratamiento que recib\u00ed\u00ada la m. entre los seguidores de Cristo, especialmente de parte del mismo Se\u00f1or, en cuyo ministerio las m. desarrollaban un gran papel. Cuando viajaba \u2020\u0153anunciando el reino de Dios\u2020\u009d, los doce iban con \u00e9l \u2020\u0153y algunas m. que hab\u00ed\u00adan sido sanadas de esp\u00ed\u00adritus malos y de enfermedades &#8230; y otras muchas que le serv\u00ed\u00adan de sus bienes\u2020\u009d (Luc 8:1-3). Cuando sus disc\u00ed\u00adpulos le encontraron conversando con la samaritana, \u2020\u0153se maravillaron de que hablaba con una m.\u2020\u009d (Jua 4:27). En otra ocasi\u00f3n le llevaron a una m. \u2020\u0153sorprendida en adulterio\u2020\u009d, a la cual quer\u00ed\u00adan condenar a la lapidaci\u00f3n, sin hacer lo mismo al hombre con el cual se hab\u00ed\u00ada cometido el hecho, el cual, seg\u00fan la ley, ten\u00ed\u00ada tambi\u00e9n que morir. El Se\u00f1or Jes\u00fas no acept\u00f3 la discriminaci\u00f3n que hicieron los escribas y fariseos, y finalmente perdon\u00f3 a la pecadora (Jua 8:1-11). En el momento de su crucifixi\u00f3n, \u2020\u0153todos sus conocidos, y las m. que le hab\u00ed\u00adan seguido desde Galilea, estaban lejos mirando\u2020\u009d (Luc 23:49). Cuando le sepultaron, \u2020\u0153las m. que hab\u00ed\u00adan venido con \u00e9l desde Galilea, siguieron tambi\u00e9n, y vieron el sepulcro y c\u00f3mo fue puesto su cuerpo. Y vueltas, prepararon especias arom\u00e1ticas&#8230;\u2020\u009d (Luc 23:55-56). Cuando resucit\u00f3, la primera persona que le vio fue una m.: Mar\u00ed\u00ada Magdalena (Jua 20:11-18).<br \/>\nexpresiones de Pablo sobre el hecho de que en Cristo Jes\u00fas \u2020\u0153ya no hay jud\u00ed\u00ado ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay var\u00f3n ni m.; porque todos vosotros sois uno&#8230;\u2020\u009d (Gal 3:27-28) implican un tratamiento a la m. completamente distinto del que era costumbre. La idea de que la m. era propiedad del marido fue sustituida por la mutua propiedad (\u2020\u0153Pero en el Se\u00f1or, ni el var\u00f3n es sin la mujer, ni la mujer sin el var\u00f3n\u2020\u009d [1Co 11:11]; \u2020\u0153La m. no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco tiene el marido potestad sobre su propio cuerpo, sino la m.\u2020\u009d [1Co 7:4]). Ya no es solamente la m. que tiene que satisfacer al marido, sino que el \u2020\u0153deber conyugal\u2020\u009d ha de ser cumplido por los dos (\u2020\u0153El marido cumpla con la m. el deber conyugal, y asimismo la m. con el marido\u2020\u009d [1Co 7:3]). Los creyentes son llamados, de manera general, a la obediencia y al respeto mutuo (\u2020\u0153Someteos unos a otros en el temor de Dios\u2020\u009d). Las casadas deben estar \u2020\u0153sujetas a sus propios maridos, como al Se\u00f1or\u2020\u009d. Y los esposos, por su parte, deben amar a sus m. \u2020\u0153como Cristo am\u00f3 a la iglesia, y se entreg\u00f3 a s\u00ed\u00ad mismo por ella\u2020\u009d (Efe 5:21-27).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Cristiano<\/b><\/p>\n<p>ver, MATRIMONIO, DIVORCIO, VIUDA.<\/p>\n<p>vet, Creada a imagen de Dios como el var\u00f3n, es parte integral del ser llamado \u00abhombre\u00bb (cfr. Gn. 1:27: \u00abCre\u00f3 Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo cre\u00f3; var\u00f3n y hembra los cre\u00f3\u00bb). Ya desde el mismo principio de la Biblia, la mujer es considerada a la par con el var\u00f3n como hombre, por lo que ya desde el principio ella recibe toda su dignidad como tal. En Gn. 2 ya se establece la precedencia en la creaci\u00f3n entre el var\u00f3n y la mujer; pero si ello afecta a la posici\u00f3n de la mujer (1 Co. 11:9; 1 Ti. 2:13), no toca sin embargo su esencia, ya establecida en el libro de G\u00e9nesis, en los mismos albores de la humanidad. Sin embargo, debido a la ca\u00ed\u00adda se establece una modificaci\u00f3n en la situaci\u00f3n de la mujer, la cual sufre graves consecuencias. Conocer\u00e1 los dolores de dar a luz y su marido dominar\u00e1 sobre ella (Gn. 3:16; Ef. 5:23-24). Pablo a\u00f1ade: \u00abPero se salvar\u00e1 engendrando hijos, si permaneciere en fe, amor y santificaci\u00f3n, con modestia\u00bb (1 Ti. 2:14). De este pasaje se han hecho diversas interpretaciones, algunas de ellas algo fantasiosas. Lo m\u00e1s l\u00f3gico es tomar el significado llano de las palabras en su contexto, y ver que el ap\u00f3stol se refiere a que ser\u00e1 preservada en el acto de tener hijos, sumamente peligroso en muchos casos, en respuesta a su actitud ante el Se\u00f1or y su ordenamiento en gobierno y gracia. (a) Posici\u00f3n de la mujer en el AT. La posici\u00f3n de la mujer seg\u00fan el AT era muy superior a la que ten\u00ed\u00ada reconocida en las naciones paganas alrededor. Gozaba de mucha m\u00e1s libertad, siendo sus actividades m\u00e1s variadas e importantes, y siendo su situaci\u00f3n social mucho m\u00e1s elevada y respetada. Los hijos deb\u00ed\u00adan honrar al padre y a la madre (Ex. 20:12). Ya en las familias de los patriarcas, las mujeres como Sara, Rebeca y Raquel jugaban un papel eminente y, en ocasiones, preponderante. Mar\u00ed\u00ada, la hermana de Mois\u00e9s, y D\u00e9bora, fueron profetisas y poetisas, y esta \u00faltima acaudill\u00f3 un ej\u00e9rcito a la victoria (Ex. 15:20-21; Jue. 4-5). Ana, la madre de Samuel, es una hermosa figura de mujer piadosa y notablemente dotada (1 S. 1; 2:1-2). Hulda era una profetisa a la que se prestaba atenci\u00f3n (2 Cr. 34:22). M\u00e1s de una vez vemos c\u00f3mo se honra en gran manera a la reina madre (1 R. 2:19; 15:13), y en las biograf\u00ed\u00adas de los reyes se indica siempre qui\u00e9n fue la madre. El triste ejemplo de Jezabel y Atal\u00ed\u00ada demuestra asimismo hasta d\u00f3nde pod\u00ed\u00adan llegar en Israel el poder e influencia de una mujer. El joven es exhortado en Proverbios a recordar la ense\u00f1anza de su madre (Pr. 1:8; 6:20), porque el hecho de menospreciarla lo llevar\u00ed\u00ada a maldici\u00f3n (Pr. 19:26; 20:20; 30:11, 17). En cambio, en Grecia y en Roma estaban bien lejos de reconocer el valor de la mujer. Arist\u00f3teles la consideraba como un ser inferior, intermedio entre el hombre libre y el esclavo; S\u00f3crates y Dem\u00f3stenes la ten\u00ed\u00adan asimismo en poca estima. Plat\u00f3n recomendaba la posesi\u00f3n de mujeres en com\u00fan. En la pr\u00e1ctica, estas mismas concepciones eran las que exist\u00ed\u00adan en Roma, especialmente despu\u00e9s del triunfo de la cultura y de las formas licenciosas de los griegos. Tampoco se debe confundir el papel de la mujer en la Biblia con el que se le da en la actualidad en los pa\u00ed\u00adses \u00e1rabes del Oriente Medio, donde es un juguete a disposici\u00f3n del padre y del marido. La posici\u00f3n de la mujer en aquellos pa\u00ed\u00adses no deriva de la influencia que el Antiguo Testamento hubiera podido tener en la formaci\u00f3n del Islam, sino en todo el contexto social pagano anterior de aquellas tierras, que qued\u00f3 cristalizado con fuerza de ley en la instituci\u00f3n de la poligamia y de la total impotencia de la mujer frente al var\u00f3n. En Israel, la mujer pod\u00ed\u00ada heredar en ausencia de un hermano capaz de suceder a su padre (Nm. 27:1-8). No obstante, en tal caso ten\u00ed\u00ada que casarse con alguien de su propia tribu (Nm. 36:6-9). La actividad de la mujer se relacionaba con la totalidad de la vida dom\u00e9stica: pod\u00ed\u00ada ocuparse de los reba\u00f1os (Gn. 29:6; Ex. 2:16), hilar la lana y hacer los vestidos de la familia (Ex. 35:26; Pr. 31:19; 1 S. 2:19), tejer y coser para aumentar los ingresos de la familia y para ayudar a los desventurados (Pr. 31:13, 24; cfr. Hch. 9:39); tambi\u00e9n recog\u00ed\u00ada el agua (Gn. 24:13; Jn. 4:7), y mol\u00ed\u00ada el grano necesario para el pan diario (Mt. 24:41), preparando la masa (Ex. 12:34; Dt. 28:5) y la comida (Gn. 18:6; 2 S. 13:8); era asimismo su responsabilidad criar e instruir a los hijos (Pr. 31:1; cfr. 2 Ti. 3:15) y supervisar a los siervos (Pr. 31:27; 1 Ti. 5:14). (b) Posici\u00f3n de la mujer en el TN. El NT muestra m\u00e1s claramente la elevada posici\u00f3n de la mujer. Mar\u00ed\u00ada dice que el Se\u00f1or ha puesto sus ojos sobre su \u00abbajeza\u00bb y que desde entonces todas las generaciones la llamar\u00e1n bienaventurada (Lc. 1:48). Jes\u00fas tuvo siempre gran consideraci\u00f3n hacia las mujeres: Marta y Mar\u00ed\u00ada lo recibieron en su hogar; san\u00f3 a Mar\u00ed\u00ada de Magdala; Juana y Susana lo ayudaron con sus bienes (Lc. 8:2-3; 10:38-39). Perdon\u00f3 y salv\u00f3 a la pecadora (Lc. 7:37-50). Hubo un grupo de mujeres que le serv\u00ed\u00adan y que le acompa\u00f1aron hasta el mismo Calvario (Mt. 27:55-56), y despu\u00e9s al sepulcro (Mt. 27:61). Dispuestas a embalsamarlo, se dirigieron antes que nadie al sepulcro el d\u00ed\u00ada de Resurrecci\u00f3n (Lc. 23:56; 24:1). El Se\u00f1or resucitado se apareci\u00f3 ante ellas primero, y tuvieron ellas el honor de ser las primeras en proclamar su victoria (Mt. 28:9-10; Lc. 24:9-11). Junto con la madre de Jes\u00fas, se encontraban entre los 120 del aposento alto (Hch. 1:14). Se ve tambi\u00e9n que hab\u00ed\u00ada mujeres entre los primeros convertidos (Hch. 8:12; 9:2; 17:12). En la Iglesia vemos ya que las mujeres se distinguen por su piedad y buenas obras: Dorcas (Hch. 9:36), Mar\u00ed\u00ada, la madre de Juan Marcos (Hch. 12:12), Lidia (Hch. 16:14), Priscila (Hch. 18:26), las hijas de Felipe (Hch. 21:8-9). El ap\u00f3stol Pablo, por palabra del Se\u00f1or, no reconoce a la mujer el ministerio de ense\u00f1anza p\u00fablica ni el de direcci\u00f3n, que se reserva al var\u00f3n (1 Ti. 2:11-12; 1 Co. 14:33-35); sin embargo, al precisar la actitud que debe tenerse, habla de la mujer \u00abque ora o profetiza\u00bb (1 Co. 11:5; cfr. 14:3-4; Hch. 21:8-9). Menciona a numerosas mujeres que han sido sus colaboradoras en la obra de Dios y que le han sido de ayuda en sus propias actividades (Ro. 16:2-4, 6; Fil. 4:3). Hab\u00ed\u00ada asimismo diaconisas en la iglesia primitiva (Ro. 16:1-2; 1 Ti. 3:11) y viudas puestas en unas ciertas funciones, encargadas de todo tipo de obras de asistencia (1 Ti. 5:9-10); las mujeres experimentadas deb\u00ed\u00adan encargarse de instruir a las j\u00f3venes (Tit. 2:3-5). Se expone claramente que, por lo que respecta a la salvaci\u00f3n y a su posici\u00f3n en Cristo, \u00abno hay var\u00f3n ni mujer\u00bb (G\u00e1. 3:28) y que en la nueva esfera m\u00e1s all\u00e1 de la muerte esta distinci\u00f3n desaparecer\u00e1 totalmente. Lo que no se puede hacer es, en base a este texto b\u00ed\u00adblico, rechazar el r\u00e9gimen de gobierno establecido en otros pasajes, algunos de ellos ya mencionados, en cuanto a la posici\u00f3n ahora establecida por Dios en su gobierno sobre el mundo y la Iglesia en la tierra. Todos, varones y mujeres, forman parte igualmente del cuerpo de Cristo, y todos, hombres y mujeres, reciben un don del Esp\u00ed\u00adritu para la utilidad com\u00fan (1 Co. 12:7, 11, 27). Tanto varones como mujeres son responsables ante el Se\u00f1or de usar estos dones para su gloria y conforme a las instrucciones y limitaciones que El mismo ha establecido en Su palabra, poni\u00e9ndose totalmente a disposici\u00f3n de Aquel que nos ha rescatado a tan gran precio, para poder dar toda la gloria en confianza y obediencia a nuestro gran Libertador. (V\u00e9anse MATRIMONIO, DIVORCIO, VIUDA.)<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico Ilustrado<\/b><\/p>\n<p>[273]<\/p>\n<p>   En muchos ambientes no se respeta a la mujer en cuanto tal. No se entiende por parte del var\u00f3n lo que ella es. Y lo peor es que muchas mujeres no reclaman el respeto y la igualdad que es condici\u00f3n de dignidad y de armon\u00ed\u00ada en la existencia de los hombres.<\/p>\n<p>    Hay que educar en el respeto a la mujer como tal, sobre todo cuando se advierte que actitudes machistas, arraigadas en resabios hist\u00f3ricos o en discriminaciones superadas en nuestra cultura, atentan contra la feminidad o la maternidad, contra la dignidad humana o la justicia social.<\/p>\n<p>    Es triste y degradante la superficialidad con la que es usado el reclamo femenino en muchos medios de comunicaci\u00f3n social: cine, prensa, televisi\u00f3n, propaganda, arte, intern\u00e9tica, etc. Se emplean sus valores de delicadeza e intuici\u00f3n como objeto de intercambio comercial, como reclamo propagand\u00ed\u00adstico o como material de abuso y chantaje er\u00f3tico. Hacer un anuncio mercantil, organizar un film art\u00ed\u00adstico, situar un emblema pol\u00ed\u00adtico, al amparo de un gesto, de un cuerpo o de una palabra de mujer, s\u00f3lo por el hecho de serlo y por el atractivo natural que ejerce en amplios sectores de poblaci\u00f3n masculina con capacidad de decisi\u00f3n, es faltar al respeto a todo el sexo femenino.<\/p>\n<p>    Con estos comportamientos y actitudes, por desgracia no infrecuentes, los protagonistas denotan pobreza de valores y de sensibilidad, ofenden la misma dignidad de la persona humana, pues menosprecian a todas las madres, hermanas, esposas, compa\u00f1eras y colaboradoras del mundo 1. Pensamiento cristiano<br \/>\n    La mujer es ante todo y sobre todo persona. En ning\u00fan caso es tolerable reducirla, por intereses o costumbres, a objeto de explotaci\u00f3n o de reclamo por su sexo. Tiene por naturaleza los mismos derechos y deberes sociales, morales y pol\u00ed\u00adticos, culturales y espirituales, que los varones y hasta resulta ofensivo ponerlo en duda de palabra o de hecho en determinadas culturas, naciones o religiones.<\/p>\n<p>    Al margen de lo que haya acontecido en \u00e9pocas hist\u00f3ricas pasadas, y de lo que todav\u00ed\u00ada suceda en determinados ambientes, se debe reclamar el m\u00e1ximo respeto en las leyes, en las instituciones, en las costumbres y en las tradiciones sociales.<\/p>\n<p>    El pensamiento cristiano declara contundentemente esa igualdad y recuerda que es acreedora a la total consideraci\u00f3n en todos los terrenos: en el laboral, en el moral, en el social, incluso en el terreno de los deberes y de las reponsabilidades religiosas.<\/p>\n<p>    Al recordar la igualdad creacional de los sexos y su vocaci\u00f3n com\u00fan de complementarse entre s\u00ed\u00ad para realizarse en el plan misterioso de Dios y florecer en la fecundidad de nuevas vidas, Juan Pablo II escrib\u00ed\u00ada: \u00abLa Biblia proporciona bases suficientes para reconocer la igualdad esencial entre el var\u00f3n y la mujer, desde el punto de vista de su humanidad. Ambos, desde el comienzo, son personas, a diferencia de los dem\u00e1s seres vivientes del mundo. La mujer es otro yo en la humanidad com\u00fan. Con el var\u00f3n, aparece como unidad de dos; y esto significa la superaci\u00f3n de la soledad inicial\u00bb (Mulieris Dignitatem  6)<\/p>\n<p>    2. Vac\u00ed\u00ado \u00e9tico del machismo.<\/p>\n<p>    El no reconocer la igualdad moral y espiritual de la mujer con respecto al var\u00f3n implica pobreza moral, semejante a la aberraci\u00f3n de declarar la inferioridad de unos hombres por el color de la piel, por la estatura o por el lugar de nacimiento. El racismo, el clasismo, la defensa de castas, la discriminaci\u00f3n por las creencias o por preferencias pol\u00ed\u00adticas, se oponen por igual a la dignidad humana.<\/p>\n<p>      Si en lo referente a las costumbres se debe entender y asumir bien la diversidad de comportamientos propios de cada sexo: vestidos, ornamentos, lenguajes, diversiones, en todo lo relativo a los derechos humanos no es tolerable ninguna discriminaci\u00f3n. Y estas son frecuentes cuando no se igualan las bases legales, las retribuciones laborales, las asistencias sociales, la capacidad de opci\u00f3n y de representaci\u00f3n<\/p>\n<p>     2.1. Tradici\u00f3n<\/p>\n<p>     En muchas \u00e9pocas de la Historia la mujer no ha sido tratada con igualdad. Eco de las culturas orientales o de los usos grecorromanos predominantes en el mundo del Mediterr\u00e1neo, hay que lamentar que las leyes de propiedad, los actos jur\u00ed\u00addicos de decisi\u00f3n, los roles sociales de convivencia, muchas veces han puesto en inferioridad de condiciones a la mujer con respecto al var\u00f3n.<\/p>\n<p>     Pero lo acontecido en el pasado, injusto a la luz de la raz\u00f3n, ya no puede ser objeto de lamentos ni de reivindicaciones, una vez que la Historia, que es irreversible, ha superado las lesiones y las deficiencias.<\/p>\n<p>     Igual sucedi\u00f3 con otros aspectos como las razas, las profesiones, las creencias religiosas y los lugares de nacimiento. Todo ello fue motivo de educaci\u00f3n diferenciada, no s\u00f3lo separada, y origen de trato y consideraci\u00f3n desproporcionada.<\/p>\n<p>    2.2. Abusos superables<br \/>\n    Pero lo tiempos modernos abogan por la total equivalencia y por la educaci\u00f3n igualitaria. La situaci\u00f3n de la mujer, como dependiente del var\u00f3n, no tiene ya ning\u00fan sentido. Los abusos de otros tiempos deben ser eliminados. Sobre todo, se debe prestar atenci\u00f3n educativa, y en lo posible catequ\u00ed\u00adstica, en tres terrenos preferentes.<\/p>\n<p>    2.2.1. La responsabilidad familiar<br \/>\n    Nace de la fecundidad. Los mismos conceptos y t\u00e9rminos de matrimonio (matris, munium: oficio de madre) y patrimonio (oficio de padre), tributario del derecho romano y de los usos grecomediterr\u00e1neos no tiene ya sentido alguno.<\/p>\n<p>    Los deberes y las expresiones del amor, las aportaciones al proceso de la fecundidad y la responsabilidad educativa cuando los hijos llegan, se deben ya entender como realidades totalmente equivalentes y compartidas entre ambos c\u00f3nyuges.<\/p>\n<p>    Con todo es conforme con la naturaleza y con el plan de Dios el sentido diferente que tienen paternidad y maternidad desde la plataforma de la gestaci\u00f3n en el seno materno y desde la misma contextura afectiva de cada sexo.<\/p>\n<p>    2.2.2. La acci\u00f3n laboral<br \/>\n    Aun reconociendo las diferencias som\u00e1ticas, como la fuerza f\u00ed\u00adsica, pocas profesiones pueden darse en el mundo que puedan justificar la m\u00e1s m\u00ed\u00adnima diferencia de capacidad laboral. Sin embargo, han sino numerosas las ocasiones en que la discriminaci\u00f3n femenina se ha dado.<\/p>\n<p>    Se ha pretendido justificarla en determinadas condiciones de la mujer para el trabajo, que las m\u00e1s de las veces han sido s\u00f3lo pretexto para salarios inferiores o para explotaciones solapadas.<\/p>\n<p>    Tales situaciones hieren claramente la justicia y, si se amparan en legislaciones tolerantes al respeto, desacreditan a los legisladores o a los pueblos que las toleran.<\/p>\n<p>    2.2.3. La representaci\u00f3n social.<\/p>\n<p>    Tanto en derecho como en pol\u00ed\u00adtica, ha sido frecuente el maltrato femenino, con lesi\u00f3n del derecho y del orden social.<\/p>\n<p>    Las legislaciones ajenas a la igualdad, las costumbres familiares promotoras del predominio de los hijos sobre las hijas, la inferioridad cultural generadas por la menos valoraci\u00f3n de la cultura del a mujer, la clausura de determinadas profesiones o roles sociales dentro del hogar, pudieron explicarse en los tiempos antiguos. No resultar\u00ed\u00ada justa su prolongaci\u00f3n actual.<\/p>\n<p>    La representaci\u00f3n social, pol\u00ed\u00adtica, cultural, convivencial, debe conducir a la mujer a encontrar su dimensi\u00f3n de ser que se abre a los dem\u00e1s y acoge a quienes precisan sus ayudas.<\/p>\n<p>    Si se pretenden derechos para conseguir poderes y no libertad para alcanzar valores, se corre el riesgo de fomentar actitudes dial\u00e9cticas sin promocionar la verdadera dignidad femenina.<\/p>\n<p>     2.3. Feminismo correcto<br \/>\n    Es preciso ayudar a la sociedad y al mundo a revitalizar la dignidad femenina y a eliminar cualquier discriminaci\u00f3n a este respecto. Pero ello no se consigue con un feminismo agresivo y combativo, que genere reacciones contrarias en amplios sectores masculinos o disensiones y tensiones en los mismos estamentos femeninos. Se consigue mas bien con paciente razonamiento sobre la dignidad, al igual que se hace cuando se lucha contra el racismo, contra la discriminaci\u00f3n pol\u00ed\u00adtica o contra el clasismo econ\u00f3mico.<\/p>\n<p>     Por este deseo y derecho de igualdad, la mujer debe sentirse realizada, desde la perspectiva del amor, en la cultura y en el ambiente concreto en que  desarrolla su vida y su acci\u00f3n.<\/p>\n<p>     El trabajo profesional debe ser para ella una forma de realizarse y no una insuficiente raz\u00f3n para independizarse, ya que en el amor no es la independencia sino la entrega a los dem\u00e1s lo que satisface.<\/p>\n<p>     Si en el trabajo s\u00f3lo se tiene como referencia la actividad rentable del var\u00f3n y no la consecuci\u00f3n de un servicio social y una satisfacci\u00f3n vocacional, algo falla en los ideales del feminismo.<\/p>\n<p>     El irrenunciable puesto que la mujer debe ocupar en el contexto familiar, sobre todo en la relaci\u00f3n con los hijos, y que viene exigido por factores psicol\u00f3gicos y fisiol\u00f3gicos, ha de llevarla a situarse como esposa, como madre, como hermana, como hija de la forma misma como la naturaleza lo demanda.<\/p>\n<p>     S\u00f3lo si lo consigue resultar\u00e1 irremplazable y resultar\u00e1, sobre todo como esposa y madre, imprescindible en su labor educadora, moralizadora, acogedora para los hijos, que nunca encontrar\u00e1n suficiente compensaci\u00f3n si ella falla.<\/p>\n<p>     Cuando los falsos mitos de la liberaci\u00f3n destrozan el sentido de responsabilidad de la mujer, algo fundamental se desequilibra en la sociedad y se pone en peligro la convivencia y la felicidad suya y la general.<\/p>\n<p>    3. La Escritura y su contexto<br \/>\n    Una serie de figuras del Antiguo Testamento han solido ser consideradas como figuras y emblemas de la fortaleza femenina, aunque m\u00e1s frecuentemente se han propuestos como tipos simb\u00f3licos de la Iglesia y de mar\u00ed\u00ada, la Madre de Cristo.<\/p>\n<p>    La figura de Eva es la m\u00e1s frecuentemente aludida por los antiguos escritores. Eva es madre de todos los vivientes en el orden de la naturaleza, primera mujer en el orden de la generaci\u00f3n de los hijos. Pero tambi\u00e9n ha sido frecuente el contemplarla como \u00abtentaci\u00f3n\u00bb para Ad\u00e1n, lo cual es relativamente incorrecto en una buena ex\u00e9gesis de los textos b\u00ed\u00adblicos que recogen las leyendas orientales sobre el origen del a humanidad.<\/p>\n<p>     Pero si la figura femenina de Eva se presenta como estimulo para el pecado, no es menos femenina la figura de Mar\u00ed\u00ada Virgen, como reparadora, con su fortaleza, del desorden original, como lo recog\u00ed\u00ada en sus reflexiones el Concilio Vaticano II: \u00abNo pocos Padres antiguos afirman gustosamente que, como dice San Ireneo, \u00abel nudo de la desobediencia de Eva fue desatado por la obediencia de Mar\u00ed\u00ada, que lo atado por la virgen Eva con su incredulidad fue desatado por la virgen Mar\u00ed\u00ada mediante su fe\u00bb. Compar\u00e1ndola con Eva, llaman a la Virgen Mar\u00ed\u00ada \u00abMadre de los vivientes\u00bb, como hace S. Epifanio. Y afirman a\u00fan con mayor frecuencia que \u00absi la muerte vino por Eva, por Mar\u00ed\u00ada vino la vida\u00bb, como hace San Jer\u00f3nimo.\u00bb (Lum. Gent.56)<\/p>\n<p>    3.1. La mujer en el A.T<\/p>\n<p>    Los 46 libros b\u00ed\u00adblicos del Antiguo Testamento esta poblados de figuras femeninas que ensalzan la funci\u00f3n de la mujer en el Pueblo elegido y son modelos admirables de las m\u00e1s encumbradas virtudes.<\/p>\n<p>    Sara, esposa amada de Abraham se ensalza como modelo de fidelidad y de fecundidad<br \/>\n    Rebeca, esposa de Isaac, resalta por su habilidad y por su decisi\u00f3n de cumplir la misi\u00f3n respecto a su hijo preferido.<\/p>\n<p>    La fecundidad y la ternura se descubren en Raquel, la esposa preferida de Jacob.<\/p>\n<p>    La estrecha relaci\u00f3n con el Profeta de Israel est\u00e1 representada en Mar\u00ed\u00ada, la hermana de Mois\u00e9s.<\/p>\n<p>    El valor y la fortaleza contra los enemigos se hallan en D\u00e9bora la hero\u00ed\u00adna de los primeros c\u00e1nticos \u00e9picos de Israel.<\/p>\n<p>    El sentido de oraci\u00f3n y la humildad se hallan expresados en Ana, la madre de Samuel.<\/p>\n<p>    Ruth, la moabita, queda recogida como la hero\u00ed\u00adna del amor familia, no abandonando a Nohem\u00ed\u00ad en el momento de la partida hacia su patria.<\/p>\n<p>    La influencia y el sentido de oportunidad, se hallan latente en la prudente Abigail y en la discreta Betsab\u00e9, ambas esposas de David. La audacia para salvar al Pueblo elegido est\u00e1 manifiesta en Esther, la reina elegida por Asuero. Y la prudencia y el valor se hallan escondidos en Judith, la liberadora de la mano de los enemigos.<\/p>\n<p>     3.2. Evangelios<br \/>\n    Las diversas figuras femeninas del Nuevo Testamento tambi\u00e9n se presentan como modelos se los creyentes por su virtudes y sus disposiciones religiosas. En la Iglesia, que Jes\u00fas quiso establecer para sus seguidores, la mujer tiene especial significado de amor, de fecundidad y de servicio.<\/p>\n<p>    La principal referencia es evidentemente Mar\u00ed\u00ada, la Madre del Se\u00f1or. Pero diversas figuras femeninas acreditan la misi\u00f3n de la mujer en el \u00e1mbito neotestamentario<br \/>\n   &#8211; En la generosa disposici\u00f3n de su piadosa prima Isabel, la madre del Precursor, se advierte el humilde reconocimiento por inspiraci\u00f3n divina, de la dignidad de Mar\u00ed\u00ada y de la alegr\u00ed\u00ada por la venida del Se\u00f1or. (Lc. 1. 39.42)<br \/>\n   &#8211; En la piedad de Ana, la profetisa del Templo, que vino a hablar de Jes\u00fas cuando fue presentado para cumplir la Ley de Mois\u00e9s, se ensalza la actitud de escucha y la oraci\u00f3n. (Lc. 2. 36-38)<br \/>\n   &#8211; En el gesto doloroso de la viuda de Naim, que lloraba la muerte de su hijo \u00fanico, se encuentra la compasi\u00f3n que hace llorar al mismo Jes\u00fas, quien pronto iba a vencer a la misma muerte en el Calvario. (Lc. 7.13)<br \/>\n   &#8211; En la fraternidad, la fe y la dedicaci\u00f3n al servicio de Jes\u00fas de las dos hermanas de L\u00e1zaro: la convertida Mar\u00ed\u00ada Magdalena y la afanosa Marta. (Lc. 10. 38-41 y Jn. 17-27) se advierte el amor a Jes\u00fas firme, fuerte, fiel.<\/p>\n<p>   &#8211; En la cananea, que demand\u00f3 la ayuda del Se\u00f1or y mereci\u00f3 su alabanza por su fe ardiente y su ayuda en sus sufrimientos de madre. (Mt. 15. 28)<br \/>\n   &#8211; En la desenvuelta samaritana, que descubri\u00f3 al Profeta peregrino junto al pozo de Jacob y corri\u00f3 a proclamar el encuentro a todos los habitantes de la aldea. (Jn. 4. 7-27)<br \/>\n   &#8211;  En todas las dem\u00e1s mujeres que son aludidas en las p\u00e1ginas evang\u00e9licas y que representan el inter\u00e9s de Jes\u00fas por ellas, para hacerlas mensajeras del Reino de Dios que anunciaba en el mundo. La presencia de la mujer en los textos evang\u00e9licos es continua. Hasta 62 veces se alude a ella como mujer en los cuatro textos evang\u00e9licos y hasta 42 como mujer desposada o esposa.<\/p>\n<p>    En ninguna referencia hay la menor infravaloraci\u00f3n o tono despectivo, incluso cuando se alude a hechos propensos a ello como en de la mujer sorprendida en adulterio (Jn. 8. 3). Y consta por el texto sagrado que entre sus seguidores hab\u00ed\u00ada diversas mujeres \u00abque le asist\u00ed\u00adan con sus bienes.\u00bb (Lc. 8.2; Lc. 23. 27 y 49; 23. 55)<\/p>\n<p>    Entre todas las alusiones, evidentemente las mas entra\u00f1ables y respetuosas tienen a la madre de Jes\u00fas por centro de atenci\u00f3n. La mujer Mar\u00ed\u00ada se presenta como cauce y aliento de cuantos quieren seguir a Jes\u00fas.<\/p>\n<p>    3.3. Los textos paulinos<br \/>\n    Suelen ser los que m\u00e1s desconciertan la sensibilidad femenina de los tiempos actuales, por la aparente normativa excesivamente restrictiva que el Ap\u00f3stol emplea en referencia a las mujeres:<br \/>\n   &#8211; La cabeza de la mujer es el hombre, no viceversa. (1 Cor. 3. 11)<br \/>\n   &#8211; Reclama sumisi\u00f3n total y respeto obediente al marido, como a Dios. (1 Cor. 11. 10; Ef. 5. 12; Col. 3.18)<br \/>\n   &#8211; Exige el velo, como se\u00f1al de dependencia. (1. Cor. 11.6)<br \/>\n   &#8211; Impone su silencio en las asambleas. (1 Cor. 11. 5 y 14. 34; 1 Tim. 2.11)<br \/>\n   &#8211; La se\u00f1ala como culpable del pecado original. (1 Tim. 2. 11)<br \/>\n   &#8211; Rechaza de todo dominio por parte de la mujer sobre el var\u00f3n. (1 Tim. 2. 12)<\/p>\n<p>    Pero ser\u00ed\u00ada bueno interpretar esas alusiones, la mayor parte de ellas dirigidas a las desenvuelta y provocativas corintias, a la luz de texto como los que reclaman la igualdad en el d\u00e9bito matrimonial (1 Cor. 7. 2-4), la igualdad ante la santidad (1. Cor. 7. 14), igualdad ante el compromiso matrimonial (1. Cor. 7.11), el derecho al amor tierno del marido (Ef. 5. 25, 31 y 33), el recuerdo de que el Salvador naci\u00f3 de una mujer. (Gal. 4. 4)<\/p>\n<p>    El sentido de la mujer en la antropolog\u00ed\u00ada paulina es tributario de la cultura en la que se mueve. Pero sus valoraciones se hallan muy por encima de los testimonios de autores contempor\u00e1neos como pueden ser Cicer\u00f3n (106-43) e su \u00abHortensio\u00bb o en sus \u00abT\u00f3picos\u00bb, Plutarco (46-120) en sus \u00abVidas paralelas\u00bb o, incluso, S\u00e9neca (4 a C-65) en sus \u00abCarta a Lucilo\u00bb o en su \u00abConsolaci\u00f3n Helvia.\u00bb<\/p>\n<p>   4. Los roles eclesial femeninos<\/p>\n<p>   Hablar de la mujer en la Iglesia como antagonista del var\u00f3n tiene el riesgo de caer en doble error: o se peca por ingenuidad, al reivindicar lo que resulta indiscutible: que la mujer es exactamente igual al var\u00f3n en cuanto miembro excelente de la comunidad cristiana; o bien se tropieza en la trampa del falso feminismo que, a fuerza de reivindicar igualdades, promociona inconscientemente dependencias e inferioridades.<\/p>\n<p>    Es innegable que, en etapas culturales y sociol\u00f3gicas antiguas, la mujer no ha gozado de igualdad de trato, de consideraci\u00f3n y de respeto.<\/p>\n<p>    Considerada fr\u00e1gil por naturaleza en las culturas eminentemente masculinizadas por las guerras, las leyes de la familia, las tradiciones grecolatinas o las creencias judeoorientales, ha tenido que soportar situaciones humillantes de inferioridad jur\u00ed\u00addica, de insignificancia social y de pobreza cultural.<\/p>\n<p>    En la misma Iglesia se ha considerado durante siglos a la mujer con criterios de dependencia masculina en los mismos niveles religiosos y pastorales, sacramentales o lit\u00fargicos.<\/p>\n<p>    No debe extra\u00f1ar esa situaci\u00f3n, ya que lo mismo acontec\u00ed\u00ada con otros factores que no eran el sexo: con la raza y el color de la piel, con la procedencia familiar o el nivel econ\u00f3mico, con el mismo lugar de nacimiento.<\/p>\n<p>    En los tiempos actuales se tiende y se consigue el total reconocimiento de la dignidad y de la igualdad de la mujer en la sociedad eclesial. En consecuencia tambi\u00e9n en la Iglesia se produce una renovaci\u00f3n de actitudes.<\/p>\n<p>    Pueden quedar reminiscencias en las actitudes y resistencias en los compromisos, pero en los planteamientos ideol\u00f3gicos dif\u00ed\u00adcilmente es tolerable la justificaci\u00f3n de discriminaciones serias.<\/p>\n<p>    Otra cosa es que se discrepe a la hora de entender y asimilar las diferencias que la naturaleza a establecido: las naturales funciones maternas de la mujer, la originalidad afectiva y espiritual, los roles eclesiales en la comunidad creyente, en su dimensi\u00f3n samaritana, en su vertiente lit\u00fargica y sacramental, en sus deberes diaconales, misioneros y evangelizadores.<\/p>\n<p>    Estudiar la identidad de la mujer y de su vocaci\u00f3n en el contexto de la Iglesia es uno de los deberes, como lo es acomodarse con prudencia a los reclamos de cada cultura y a los lenguajes sociales, en cuanto ellos sean compatibles con la libertad, la dignidad y la justicia. Lo importante es cumplir en la Iglesia con la misi\u00f3n que Jes\u00fas la asign\u00f3, no discutir derechos o prioridades.<\/p>\n<p>    La dedicaci\u00f3n de la mujer a los trabajos y ministerios que le son propios constituir\u00e1 siempre un medio insuperable y eficaz para cumplir semejante misi\u00f3n.<\/p>\n<p>    4.1. El pensamiento eclesial<\/p>\n<p>    El Papa Juan Pablo II, en la Enc\u00ed\u00adclica \u00abSobre la dignidad de la mujer\u00bb (Mulieris Dignitatem), escrib\u00ed\u00ada el 15 de Agosto de 1988: \u00abLa Iglesia desea dar gracias a la Stma. Trinidad por el misterio de la mujer y por cada mujer, por lo que constituye la medida eterna de su dignidad femenina, por las maravillas que Dios en la historia de la humanidad ha cumplido en ella y por ella. \u00bfNo se ha cumplido y en ella, y por medio de ella, lo m\u00e1s grande que ha existido en la historia, el acontecimiento de que Dios mismo se ha hecho hombre?<br \/>\n    La Iglesia da gracias por todas las mujeres y por cada una en particular: por todas las madres, hermanas y esposas; por las mujeres consagradas a Dios y por todas las que se dedican a tantos y tantos seres humanos que esperan el amor gratuito de otro ser humano; por las que trabajan en la familia, la cual es el signo fundamental de la comunidad humana; por las que trabajan en las diversas profesiones; por las que est\u00e1n cargadas de grandes responsabilidades sociales.<\/p>\n<p>    Por las mujeres perfectas y por las mujeres d\u00e9biles da gracias. Las da por todas ellas, tal como salieron del coraz\u00f3n de Dios. (N. 31)<\/p>\n<p>    En una Iglesia con discriminaciones raciales, sociales, econ\u00f3micas, culturales, etc, es evidente que las sexuales no pueden ser evitadas del todo.<\/p>\n<p>    En una Iglesia que se declara Comunidad en la igualdad y fraternidad en la responsabilidad, las diferencias sexuales quedan situadas en su justa medida. La cuesti\u00f3n estar\u00e1, seg\u00fan cada caso y cada comunidad cristiana, en la delimitaci\u00f3n, m\u00e1s que en la definici\u00f3n, de d\u00f3nde est\u00e1 la dignidad de la mujer y su original responsabilidad.<\/p>\n<p>    4.2. Misiones lit\u00fargicas<\/p>\n<p>    El problema del sacerdocio femenino ha creado en determinados ambientes actitudes pol\u00e9micas con m\u00e1s sentido dial\u00e9ctico de lucha de clases que de serena b\u00fasqueda de los planes divinos sobre la vida de las personas en el mundo y de las disposiciones de servicio a la comunidad creyente.<\/p>\n<p>    Entendido el sacerdocio como dignidad social y como plataforma de representaci\u00f3n en una comunidad creyente, es evidente que la mujer no ha de ser ni m\u00e1s ni menos que el var\u00f3n.<\/p>\n<p>    Entendido el sacerdocio como un ministerio ordenado, amparado en una vocaci\u00f3n personal, pero autentificado por una llamada eclesial del Magisterio local o universal, la demanda del sacerdocio femenino se convierte en una cuesti\u00f3n diferente. Es la Iglesia, por medio de su Magisterio y no de los movimientos colectivistas que lo demanden, qui\u00e9n debe decidir la funci\u00f3n lit\u00fargica de la mujer en la Iglesia. Y esto por la misma raz\u00f3n por la que decide, o debe decir, las exigencias para la ordenaci\u00f3n en otros aspectos que no son el sexo de los candidatos: la edad, la preparaci\u00f3n cultural, el estado celibatario o matrimonial.<\/p>\n<p>    Ello no impide que la libertad de pensamiento y opini\u00f3n sea conveniente en este terreno como en los dem\u00e1s, siempre que el respeto sereno predomine sobre el mal humor y el esnobismo, el sentido ministerial se m\u00e1s vivo que el af\u00e1n de ostentaci\u00f3n, la actitud sumisa y evang\u00e9lica sea m\u00e1s fuerte que la demanda exigente o insolente.<\/p>\n<p>    Razones a favor de la ordenaci\u00f3n sacerdotal de la mujer son la igualdad con el var\u00f3n, la necesidad pastoral de los tiempos nuevos y la integridad eclesial que demanda equilibrio, paz y pluralidad entre los servidores del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>    Argumentos contrarios a tal oportunidad son la tradici\u00f3n inmutable en este aspecto, la identidad sexual de Cristo, origen del sacerdocio, la reticencia eclesial amplia en las culturas actuales, a pesar de los cambios que han tenido lugar en los \u00faltimos decenios.<\/p>\n<p>    En nada afecta a esta cuesti\u00f3n la existencia de mujeres ordenadas en otras confesiones cristianas no cat\u00f3licas o las influencias de otros sectores sociales, como son los pol\u00ed\u00adticos, los culturales o los laborales.<\/p>\n<p> 5. Tipolog\u00ed\u00ada de la mujer.<\/p>\n<p>    Para entender a fondo la realidad femenina, m\u00e1s que hablar de la mujer en general, como g\u00e9nero o especie, es preferible hablar de cada mujer concreta, como persona y como hija de Dios. Las diversas figuras femeninas en la sociedad y en la Iglesia sugieren reflexi\u00f3n, comprensi\u00f3n, en ocasiones admiraci\u00f3n y algunas veces compasi\u00f3n. Hay situaciones femeninas que rozan el hero\u00ed\u00adsmo, como son las madres y las v\u00ed\u00adrgenes consagradas: Y las hay que suscitan el dolor, como son las mujeres marginadas o las explotadas.<\/p>\n<p>    La misi\u00f3n en la comunidad cristiana de la mujer es imprescindible y reclama atenci\u00f3n pastoral, sobre todo si tenemos en cuenta el peso decisivo que la mujer ha tenido en la historia cristiana.<\/p>\n<p>    Se pueden hallar diversos tipos o situaciones femeninas que reclaman especial atenci\u00f3n eclesial.<\/p>\n<p>    5.1. La mujer esposa y madre<\/p>\n<p>    Por naturaleza la dignidad femenina llega a su cumbre en la maternidad: en la corporal dando vida a nuevas personas llamadas a la vida sobrenatural; o en la moral y espiritual dedicando su tiempo y su persona el servicio de otros que la necesiten. La maternidad corporal reclama la conyugalidad y por lo tanto la dignidad matrimonial.<\/p>\n<p>    En el coraz\u00f3n de todo hombre quedan siempre los recuerdos y los ecos de la maternidad, no s\u00f3lo como protecci\u00f3n recibida en los a\u00f1os infantiles, sino como fundamento de valores insuperables: amor, generosidad, desprendimiento, fortaleza y, en ocasiones, hero\u00ed\u00adsmo.<\/p>\n<p>    Es la se\u00f1al de que en cada madre hay una llamada divina que, cuando se cumple con nobleza y elegancia, queda latiendo en las personas que se han beneficiado de ella.<\/p>\n<p>    Lo mismo se puede decir del padre. Pero los ecos femeninos revisten cierta modalidad inexplicable que s\u00f3lo cuando no existen por carencias maternas infantiles se valoran adecuadamente.<\/p>\n<p>    Cualquier movimiento que reclame, so pretexto de libertad y autonom\u00ed\u00ada, la destrucci\u00f3n de esos ideales, atrofia las excelencias femeninas en aquello que tienen de m\u00e1s bello y excelente.<\/p>\n<p>    5.2. La mujer trabajadora.<\/p>\n<p>    Especial demanda de atenci\u00f3n ha tenido en la Iglesia la situaci\u00f3n del a mujer trabajadora, que ha debido luchar por situarse en la sociedad, con frecuentes dificultades, incluso superiores a las experimentadas por el var\u00f3n.<\/p>\n<p>    A veces la mujer ha debido compatibilizar los trabajos del hogar, generalmente poco reconocidos y agradecidos, con los exteriores. Si el coraz\u00f3n y la mente est\u00e1n corrompidos por estructuras burguesas y explotadoras, la mujer trabajadora se considera sin la dignidad que se merece como persona.<\/p>\n<p>    Las trabajadoras de f\u00e1brica, de oficina o de talleres, las asistentas dom\u00e9sticas de hogares m\u00e1s pudientes, las campesinas menos consideradas por culturas poco sensibles al Evangelio de Jes\u00fas, merecen respeto, apoyo, redenci\u00f3n y atenci\u00f3n especial.<\/p>\n<p>    Ellas son im\u00e1genes vivas de la Iglesia, hogar y comunidad de los creyentes, que se afana por llevar la vida y la luz a todos sus miembros. Y por eso requieren cierta preferencia en sus atenciones pastorales.<\/p>\n<p>    5.3. La mujer dolorida<\/p>\n<p>    La mujer que ha sido enga\u00f1ada y abandonada, la viuda o la hu\u00e9rfana, la que ha carecido de hogar sano y ha tenido que trabajar desde la infancia y no ha hallado en su camino oportunidades de cultura ni promoci\u00f3n, por prejuicios sociales o por carencias familiares, es la que m\u00e1s merece una singular comprensi\u00f3n y apoyo.<\/p>\n<p>    Por parte de la Iglesia, precisa tal vez la prioridad en las atenciones y en las ayudas, sobre todo si su situaci\u00f3n es resultado de injusticias estructurales que tanto perjudican a las personas en muchos ambientes.<\/p>\n<p>    5.4. La mujer explotada<\/p>\n<p>    No menos atenci\u00f3n se debe prestar a la mujer marginada o sometida a vej\u00e1menes y explotaciones esclavizadoras. Son muchas las que se encuentran en el camino de la vida, en condici\u00f3n triste y desastrosa, sin culpa, pero con destrozo de su dignidad y de su felicidad.<\/p>\n<p>    Quien no es capaz de sentir angustia ante una pobre prostituta involuntaria, quien no aprecia el vac\u00ed\u00ado atroz que hay bajo la mirada de una drogadicta incapaz de redimirse, quien nos siente pena inmensa ante la que ha renunciado a su feminidad, carece de algo esencial al ser humano. Carece de coraz\u00f3n ante Dios y ante los hombres.<\/p>\n<p>    Jam\u00e1s podr\u00e1 entender lo que supere los sentidos ante un cuerpo femenino o lo que est\u00e9 por encima de la tierra o de los intereses ego\u00ed\u00adstas.<\/p>\n<p>    5.5. La mujer consagrada<\/p>\n<p>    Tambi\u00e9n merece una consideraci\u00f3n especial la mujer que es capaz de responder a una llamada superior de Dios en beneficio de los dem\u00e1s, bien con una entrega admirable a la plegaria iluminadora del mundo en los diversos Institutos de vida contemplativa, bien con la apertura a las m\u00e1s diversas necesidades materiales de los hombres.<\/p>\n<p>   La Iglesia ha sido siempre testigo admirado y admirable de las legiones de mujeres integradas en movimientos, asociaciones y grupos apost\u00f3licos de diverso signo que ha hecho posible el testimonio del amor fraterno como primer signo de su presencia en el mundo.<\/p>\n<p>    M\u00e1s que los varones, ellas han estado y est\u00e1n dispuestas a formar comunidades de servicio para atender a hu\u00e9rfanos y ancianos, a enfermos y a emigrantes, a desamparados y a delincuentes.<\/p>\n<p>    La dedicaci\u00f3n femenina a las diversas formas de apostolado es una de las gracias divinas al mundo.<\/p>\n<p>    6. Mar\u00ed\u00ada como modelo de mujer<\/p>\n<p>    La figura de Mar\u00ed\u00ada Sant\u00ed\u00adsima se presenta, no s\u00f3lo ante la Iglesia sino ante el mundo entero, como s\u00ed\u00admbolo excelente de grandeza femenina y como modelo de dignidad humana.<\/p>\n<p>    Mar\u00ed\u00ada fue objeto de una elecci\u00f3n misteriosa y singular por parte del Alt\u00ed\u00adsimo. Desde toda la eternidad, ella estuvo en la mente de Dios como el maravilloso instrumento humano que iba a servir para la \u00abEncarnaci\u00f3n\u00bb del mismo Dios. Su figura humana estaba dispuesta para albergar la figura divina del Salvador.<\/p>\n<p>    Por eso las entra\u00f1as virginales de Mar\u00ed\u00ada se convierten en el modelo de toda fecundidad y de la m\u00e1s sublime maternidad. En ellas se hallan reflejadas las entra\u00f1as fecundas de todas las madres de la tierra.<br \/>\n El mundo, que siempre ha necesitado construir figuras sensibles que expliquen a los hombres su raz\u00f3n de ser, y la construido vitales y significativas, frecuentes y diversas, idealizadas y mitificadas, ve en Mar\u00ed\u00ada el modelo de mujer que cumple una funci\u00f3n de salvaci\u00f3n y de participaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    La valora y venera como modelo de fidelidad y de fecundidad. Admira su grandeza y su generosidad. Se sorprende por su delicadeza y su inmaculada significaci\u00f3n. La alza como uno de esos mitos de los que jam\u00e1s se puede decir nada menos decoroso, al menos por mentes, labios y plumas con m\u00ed\u00adnimos de salud moral, psicol\u00f3gica y social.<\/p>\n<p>    Por eso interesa contemplar a la Madre de Jes\u00fas, no s\u00f3lo desde la perspectiva de los creyentes que la ven como la Madre elegida, inmaculada y virgen, sant\u00ed\u00adsima y elevada al cielo en cuerpo y alma, tal como nos la presenta el mensaje cristiano, sino tambi\u00e9n como emblema de feminidad y de grandeza maternal que interpela y conmueve la conciencia de los hombres.<\/p>\n<p>    Miramos, pues, a la Madre de Jes\u00fas como figura mundial y no s\u00f3lo cristiana. Ella constituye una figura humana que ha pasado por la Historia derrochando luz, se\u00f1alando a los hombres caminos de perfecci\u00f3n, indicando con sola su presencia que la vida hay que construirla con la mirada puesta en las cosas sublimes que Dios ha querido ofrecernos.<\/p>\n<p>   &#8211; Ha de ser modelo de persona humana, con todo lo que tiene de grandeza creacional: de coraz\u00f3n, de inteligencia, de libertad y de elecci\u00f3n divina.<\/p>\n<p>   &#8211; Es tambi\u00e9n el ser humano m\u00e1s representativo de lo que la mujer significa en la vida, pues se alza como modelo de persona original por su sexo y por su destino, por su irrenunciable vocaci\u00f3n de amor: de madre, de esposa, de viuda.<\/p>\n<p>    Entregada a la gran empresa evangelizadora y redentora de su Hijo, es el emblema del servicio y de la fidelidad, al cual \u00abllenar\u00e1n de alabanzas todas las generaciones\u00bb.<\/p>\n<p>    En Mar\u00ed\u00ada la humanidad queda ensalzada m\u00e1s que en los h\u00e9roes o en los genios. En ella, la dignidad femenina llega a su m\u00e1xima expresi\u00f3n. Su originalidad, su singularidad, su fecundidad, su maternidad, adem\u00e1s de irrepetibles, son cautivadoras. En ella todo es verdad y por eso es m\u00e1s ideal que mito, m\u00e1s fuente de vida que centro de ensue\u00f1o, m\u00e1s realidad femenina alcanzable que misterio incomprensible.<\/p>\n<p>    No podamos hablar de Mar\u00ed\u00ada, sino refiri\u00e9ndonos al misterio que Dios quiso encerrar en su esp\u00ed\u00adritu, pues en ella lo divino se hace humano y lo humano se hace divino.<\/p>\n<p>    Por eso, porque Mar\u00ed\u00ada es verdad hecha mujer para dar paso a la Verdad hecha hombre, Mar\u00ed\u00ada es eterna en la mente y en el coraz\u00f3n de los hombres.<\/p>\n<p>    El esp\u00ed\u00adritu sutil de S. Agust\u00ed\u00adn dec\u00ed\u00ada tal ven pensando en Mar\u00ed\u00ada: \u00abS\u00f3lo las cosas verdaderas son inmortales. El \u00e1rbol falso no es \u00e1rbol y el le\u00f1o falso no es le\u00f1o y la plata falsa no es plata. Nada ello dura si es falso. De ninguna cosa puede decirse que es verdad, sino es inmortal. Quien sabe buscar lo inmortal, encuentra la verdad.\u00bb (Soliloquios 1.29).<\/p>\n<p>    La Iglesia ha tenido siempre especial gozo en mirrse en el espejo de la Madre del Se\u00f1or. En el Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica se dice: \u00abMar\u00ed\u00ada es a la vez Virgen y Madre, porque ella es la figura y la m\u00e1s perfecta realizaci\u00f3n de la Iglesia. El Concilio Vaticano II que \u00abla Iglesia se convierte en Madre por la Palabra de Dios acogida con fe, ya que, por la predicaci\u00f3n y el bautismo, engendra para una vida nueva e inmortal a los hijos concebidos por el Esp\u00ed\u00adritu Santo y nacidos de Dios. Ella es virgen, que guarda \u00ed\u00adntegra y pura la fidelidad prometida al Esposo. (Lum. Gent 64)\u2020\u009d (N\u00c2\u00ba 507)<\/p>\n<p>   Que Mar\u00ed\u00ada es modelo de mujer y tipo de la Iglesia significa, entre otras cosas importantes, las siguientes:<\/p>\n<p>   &#8211; Es modelo de Madre fecunda de hijos fieles. Mar\u00ed\u00ada fue Madre de Jes\u00fas. La Iglesia es Madre de los hombres que Jes\u00fas ha confiado a su mediaci\u00f3n.<\/p>\n<p>   &#8211; Mar\u00ed\u00ada modelo de Esposa virgen, que concibe milagrosamente a la cabeza del Cuerpo M\u00ed\u00adstico. La Iglesia es llamada Esposa por el mismo Jes\u00fas y su amor por ella genera seguidores que se benefician de la fecundidad de ese amor.<\/p>\n<p>   &#8211; Mar\u00ed\u00ada se ejemplo de apoyo en la Palabra de Dios. Y la Iglesia no tiene otro sentido en el mundo que hacer presente la palabra divina en medio de los hombres.<\/p>\n<p>7. L\u00ed\u00adnea de una catequesis<\/p>\n<p>   Una buena catequesis sobre la mujer y sobre su dignidad natural y sobrenatural reclama comprensi\u00f3n de las situaciones, exploraci\u00f3n de la Sagrada Escritura y compenetraci\u00f3n con la Iglesia,  comunidad creyente que camina hacia el Reino de Dios.<\/p>\n<p>   Presupone unas dimensiones antropol\u00f3gicas e sociol\u00f3gicas claras en lo que a dignidad, igualdad y libertad se refiere. Pero para que sea catequesis aut\u00e9ntica cualquier planteamiento sobre la realidad y dignidad femeninas, se requieren tres dimensiones:<\/p>\n<p>   1. La dignidad de la mujer est\u00e1 en ser miembro del Cuerpo M\u00ed\u00adstico de Cristo, en el cual cada miembro tiene su vocaci\u00f3n particular, en el orden sobrenatural y seg\u00fan sus cualidades de creyente.<\/p>\n<p>   Las simples demandas o reivindicaciones con respecto al var\u00f3n no son objeto de catequesis, sino de sociolog\u00ed\u00ada. El catequista debe ser sincero y transparente en este terreno.<\/p>\n<p>   2. La Palabra de Dios es clara con respecto a su llamada apost\u00f3lica de la mujer y su dimensi\u00f3n eclesial. Se requiere explorar con frecuencia la Sda. Escritura para entender lo que la mujer representa en la Iglesia: misi\u00f3n de la madre de Jes\u00fas, actitudes de las mujeres en el Evangelio, sentido de las grandes figuras del Antiguo Testamento.<\/p>\n<p>   3. La ley central del Evangelio, el amor entre los hermanos y el amor a todos los hombres, debe ser el centro de referencia de una catequesis excelente sobre la mujer. La dimensi\u00f3n samaritana y misionera de la Iglesia tiene un sentido especial cuando se trata de descubrir y resaltar la dignidad de la mujer en cuanto tal. ( Ver Feminidad)<\/p>\n<p>Del gozo en el nacimiento del Se\u00f1or<\/p>\n<p>Morena por el sol de la alegr\u00ed\u00ada,<br \/>\nmirada por la luz de la promesa,<br \/>\njard\u00ed\u00adn donde la sangre vuela y pesa;<br \/>\ninmaculada t\u00fa, Virgen Mar\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Qu\u00e9 arroyo te ha ense\u00f1ado la armon\u00ed\u00ada<br \/>\nde tu paso sencillo, qu\u00e9 sorpresa<br \/>\nde vuelo arrepentido y nieve ilesa<br \/>\njunta tus manos en el alba fr\u00ed\u00ada?<\/p>\n<p>El viento turba el monte y te conmueve.<br \/>\nCanta su gozo el alba desposada;<br \/>\ncalma su angustia el mar, antiguo y bueno.<\/p>\n<p>La Virgen a mirarle no se atreve;<br \/>\ny el vuelo de su voz, arrodillada,<br \/>\ncanta al Se\u00f1or, que llora sobre el heno.<\/p>\n<p>Luis Rosales. 1910-1975<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>Igualdad y diversidad entre mujer y hombre<\/p>\n<p>\tLa creaci\u00f3n del ser humano, como hombre y mujer, indica la dignidad de cada uno en la igualdad fundamental y en la diversidad, para complementarse en la donaci\u00f3n mutua y en la continuaci\u00f3n de la creaci\u00f3n. Ser \u00abimagen de Dios\u00bb (Gen 1,26-27), que es amor y comuni\u00f3n de personas, iguales y distintas entre s\u00ed\u00ad, implica, para el hombre y la mujer, ser relaci\u00f3n de donaci\u00f3n, sin complejo de superioridad ni de inferioridad, sin oposici\u00f3n mutua y sin utilizaci\u00f3n del otro al propio servicio.<\/p>\n<p>\tLa igualdad fundamental de la mujer respecto al hombre debe aparecer a nivel humano, familiar, social, eclesial, espiritual, apost\u00f3lico&#8230; La diferencia de dones recibidos reafirma esta igualdad fundamental, que se expresa en la relaci\u00f3n de donaci\u00f3n sin privilegios por parte del otro. Para una recta comprensi\u00f3n de un sexo, es necesaria la recta comprensi\u00f3n del otro, as\u00ed\u00ad como su relaci\u00f3n mutua. Lo masculino indica m\u00e1s la seguridad en las ideas y el afrontar la realidad con fuerza y \u00abagresividad\u00bb; ofrece el don de Dios e invita a la acogida. Lo femenino se expresa m\u00e1s en la intuici\u00f3n, acogida, afectividad, fidelidad, generosidad, aprecio de la vida abierta al misterio.<\/p>\n<p>\tEn la historia de los pueblos, el var\u00f3n ha prevalecido ordinariamente sobre la mujer, abusando de su propia capacidad de dominio y de agresividad. De ah\u00ed\u00ad que muchas estructuras sociales deban reformarse, recuperando la dignidad de la mujer. La fuerza de la mujer no estriba en el poder de manipular las cosas y las personas (como ha hecho frecuentemente el var\u00f3n), sino en la entrega confiada y generosa, que estimula a la otra parte a una entrega semejante.<\/p>\n<p>\tLa actitud y el mensaje de Jes\u00fas<\/p>\n<p>\tJes\u00fas no se condicion\u00f3 a su \u00e9poca, sino que obr\u00f3 siempre por encima de las costumbres discriminatorias sobre la mujer (cfr. Jn 4,9ss). El Se\u00f1or usa con respecto y delicadeza, en sus ense\u00f1anzas, el ejemplo de la mujer (cfr. Lc 13,20-21; 15,8-10). Algunas mujeres le segu\u00ed\u00adan fielmente ayud\u00e1ndole con sus bienes (cfr. Lc 8,1-3). \u00abEn las ense\u00f1anzas de Jes\u00fas, as\u00ed\u00ad como en su modo de comportarse, no se encuentra nada que refleje la habitual discriminaci\u00f3n de la mujer, propia del tiempo&#8230; Este modo de hablar sobre las mujeres y a las mujeres, y el modo de tratarlas, constituye una clara \u00abnovedad\u00bb respecto a las costumbres dominantes entonces\u00bb (MD 13).<\/p>\n<p>\tEn la historia de salvaci\u00f3n, la mujer est\u00e1 llamada a desempe\u00f1ar un servicio y un signo salv\u00ed\u00adfico, como \u00abmujer fuerte\u00bb (Prov 31,10), que puede ser de virgen, madre, esposa, hermana (MD 22). Lo \u00abfemenino\u00bb es la clave para entender lo \u00abmasculino\u00bb, en cuanto que es acogida, donaci\u00f3n y valoraci\u00f3n afectiva y materna. El var\u00f3n, para captar su propio misterio, necesita reconocer y respetar esta \u00abclave\u00bb.  \u00abLa fuerza moral de la mujer, su fuerza espiritual, se une a la conciencia de que Dios le conf\u00ed\u00ada de un modo especial el hombre, es decir, el ser humano\u00bb (MD 30).<\/p>\n<p>\tEl modelo m\u00e1s acabado de mujer es Mar\u00ed\u00ada, la Madre virginal de Jes\u00fas, esposa de Jos\u00e9. Ella ha acogido al Verbo (la Palabra personal de Dios), en todo su ser, para asociarse a \u00e9l con fidelidad y generosidad. Es la m\u00e1xima madre por ser la m\u00e1s fiel (\u00abvirgen\u00bb), modelo de la Iglesia esposa fiel y madre fecunda (\u00abTipo de la Iglesia\u00bb). Ella, \u00abguiada por el Esp\u00ed\u00adritu Santo se consagr\u00f3 toda al ministerio de la redenci\u00f3n de los hombres\u00bb (PO 18), y se asoci\u00f3 m\u00e1s que nadie al misterio redentor (cfr. LG 58), presente en el servicio-ministerio eucar\u00ed\u00adstico realizado por los Ap\u00f3stoles y sucesores. De este modo, \u00aben Mar\u00ed\u00ada, Eva vuelve a descubrir cu\u00e1l es la verdadera dignidad de la mujer, de su humanidad femenina\u00bb (MD 11).<\/p>\n<p>\tEn la Iglesia y en los campos apost\u00f3licos<\/p>\n<p>\tEn la Iglesia, la mujer es signo fuerte de contemplaci\u00f3n (acogida de la Palabra), fidelidad y maternidad. La vida comunitaria y la organizaci\u00f3n eclesial, as\u00ed\u00ad como la acci\u00f3n apost\u00f3lica-evangelizadora, necesitan absolutamente de este signo eclesial, que debe ser valorado no por el \u00abpoder\u00bb, sino por la gratuidad y por eficacia salv\u00ed\u00adfica a la luz de la fe. La \u00abv\u00ed\u00adrgenes\u00bb consagradas y las \u00abdiaconisas\u00bb fueron en la Iglesia primitiva una gran ayuda en los campos de caridad y de celebraci\u00f3n lit\u00fargica. Siguiendo las indicaciones de Juan XXIII (\u00abPacem in terris\u00bb) y del Vaticano II, el Papa Juan Pablo II (\u00abMulieris dignitatem\u00bb y carta a las mujeres de 29 junio 1995), da gracias por la mujer madre, esposa, hija, hermana, trabajadora, consagrada&#8230;<\/p>\n<p>\tEn el campo apost\u00f3lico cooperan var\u00f3n y mujer. La Palabra encuentra una acogida y sensibilidad especial en la mujer, que puede llegar a ser, como la Magdalena, \u00abap\u00f3stol de los ap\u00f3stoles\u00bb  (MD 16, citando a Santo Tom\u00e1s de Aquino). Es significativo que Pablo compare su acci\u00f3n ministerial a la maternidad (Gal 4,19), de la que es modelo Mar\u00ed\u00ada (cfr. Gal 4,4) y que Jes\u00fas haya invitado a superar las dificultades apost\u00f3licas, no tanto con la agresividad del var\u00f3n cuanto que con la generosidad de la mujer-madre (cfr. Jn 16,20-22). \u00abEl ap\u00f3stol hombre siente la necesidad de recurrir a lo que es por esencia femenino, para expresar la verdad sobre su propio servicio apost\u00f3lico\u00bb (MD 22).<\/p>\n<p>Referencias Amistad (hombre y mujer), asociada a Cristo Redentor, familia, hombre, Iglesia esposa, Iglesia madre, matrimonio, ministerios, nueva Eva, noviazgo, sexualidad, Tipo de la Iglesia, Virgen Mar\u00ed\u00ada, v\u00ed\u00adrgenes consagradas.<\/p>\n<p>Lectura de documentos GS 8-9, 29, 49, 52, 60; 67; AA 9 MD (todo el documento); FC 6, 22-25; CFL 49; RMa 24-25, 37; VC 57; EA 121; CEC 369-373, 1577, 2331-2336.<\/p>\n<p>Bibliograf\u00ed\u00ada AA.VV., El misterio de Maria y la mujer Estudios Marianos 62 (1996); AA.VV., Visage nouveau de la femme missionnaire (Lovain 1973); M. ADINOLFI, Mujer, en Nuevo Diccionario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica (Madrid, Paulinas, 1990) 1279-1294; M. ALCALA, La mujer y los ministerios en la Iglesia (Salamanca, S\u00ed\u00adgueme, 1982); J.M. CABODEVILLA, Hombre y mujer. Estudio sobre el matrimonio y el amor humano ((Madrid, Edit. Cat\u00f3lica, 1960); P. EVDOKIMOV, La mujer y la salvaci\u00f3n del mundo (Salamanca, S\u00ed\u00adgueme, 1980); P. GRELOT, La pareja humana en la sagrada Escritura (Madrid, Euram\u00e9rica, 1969); R. GRYSON, Le minist\u00e8re des femmes dans l&#8217;Eglise ancienne (Gembloux, Duculot, 1972); J. GALOT, La donna e i ministeri nella Chiesa (Assisi, Citadella, 1973); E. GIBSON, Femmes et minist\u00e8res dans l&#8217;Eglise (Paris, Casterman, 1972); M. GUERRA, La mujer evangelizada y evangelizadora Teol. del Sacerdocio 20 (1987) 627-738; M. NICOLAU, Ministros de Cristo ( BAC, Madrid, 1971) cap. 15; J.A. O\u00ed\u2018ATE, La mujer en la Biblia Anales Valentinos 22 (1996) 1-92.<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>DJN<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nSUMARIO: 1. Una nueva actitud hacia la mujer. &#8211; 2. Disc\u00ed\u00adpulado de iguales. &#8211; 3. Seguidoras de Jes\u00fas. &#8211; 4. Relaci\u00f3n de Jes\u00fas con las mujeres. &#8211; 5. Predicaci\u00f3n de Jes\u00fas. &#8211; 6. Presencia de las mujeres en los Evangelios. &#8211; 7. Figuras femeninas individuales en los Evangelios.<\/p>\n<p>Una de las aportaciones de Jes\u00fas m\u00e1s innovadoras para su tiempo y ambiente, pero quiz\u00e1s tambi\u00e9n para otros. Hasta tal punto que actualmente, y no sin fundamento, se habla de la \u00abrevoluci\u00f3n de las mujeres\u00bb que Jes\u00fas impuls\u00f3 y promovi\u00f3. Tambi\u00e9n podr\u00ed\u00ada decirse que Jes\u00fas fue feminista convencido.<\/p>\n<p>En este punto, como en muchos otros, lo importante no es la teor\u00ed\u00ada o doctrina que Jes\u00fas expusiera, sino, sobre todo, su pr\u00e1ctica que es el fundamento del resto. Aunque no puedan tomarse todas las frases de los Evangelios como reflejo exacto y detallado de los acontecimientos, son suficientes para obtener una impresi\u00f3n general bastante correspondiente con la realidad hist\u00f3rica.<\/p>\n<p>1. Una nueva actitud hacia la mujer<br \/>\nA diferencia de las costumbres jud\u00ed\u00adas de su \u00e9poca, Jes\u00fas acept\u00f3 mujeres entre sus seguidores en pie de igualdad con los hombres. Ello hubo de llamar poderosamente la atenci\u00f3n en un ambiente en que la mujer no era considerada directamente sujeto religioso; la mujer jud\u00ed\u00ada no estaba sometida personalmente a la Tor\u00e1, sino a trav\u00e9s de su padre, marido o hijos respectivamente. Dado que en el juda\u00ed\u00adsmo de tiempos de Jes\u00fas, la ley era el medio para relacionarse con Dios, esta exclusi\u00f3n era algo importante. Del mismo modo las mujeres jud\u00ed\u00adas no desempe\u00f1aban papel alguno en la vida social del pueblo. Lo mismo que en otras culturas, y quiz\u00e1s m\u00e1s acusadamente a\u00fan que en el mundo greco-romano, la vida femenina estaba limitada a la familia y el hogar.<\/p>\n<p>2. Discipulado de iguales<br \/>\nJes\u00fas rompe con esta tradici\u00f3n y propone su mensaje igualmente a mujeres y hombres, dirige su actividad por igual a los dos g\u00e9neros y hasta llega a hacer a las mujeres especiales destinatarias de sus acciones por encontrarse en el grupo de los marginados y pobres a los que privilegia en su vida. Tal proceder general de Jes\u00fas es el rasgo m\u00e1s caracter\u00ed\u00adstico de su vida p\u00fablica, y el m\u00e1s significativo. El ponerse en contacto inmediato con mujeres era algo nuevo y novedoso hasta el punto que extra\u00f1aba y aun escandalizaba. Recu\u00e9rdese en Jn 4,27 la reacci\u00f3n de extra\u00f1eza de los disc\u00ed\u00adpulos al encontrarlo hablando con la samaritana, lo cual es una muestra de la t\u00ed\u00adpica actitud contempor\u00e1nea respecto a las mujeres, aun en contextos religiosos; o la del fariseo ante la unci\u00f3n de la pecadora (Lc 7,39).<\/p>\n<p>No es, por tanto, improcedente el que se haya dicho que Jes\u00fas promovi\u00f3 un discipulado entre iguales, hombres y mujeres al mismo nivel.<\/p>\n<p>No va en contra de esta afirmaci\u00f3n el que los disc\u00ed\u00adpulos m\u00e1s \u00ed\u00adntimos de Jes\u00fas sean s\u00f3lo varones, argumento frecuentemente empleado en el debate sobre la ordenaci\u00f3n, o no, de mujeres. En primer t\u00e9rmino, como se ver\u00e1 m\u00e1s abajo, la total y exclusiva masculinidad de los disc\u00ed\u00adpulos no parece corresponder del todo a la actividad de Jes\u00fas en este terreno. Pero, adem\u00e1s, dadas las circunstancias ambientales y las ya profundas dificultades que el mensaje de Jes\u00fas suscitaba en aquel mundo, no era prudente romper de modo abierto y provocativo con las tradiciones y costumbres jud\u00ed\u00adas. En realidad ya lo hizo en gran medida. No hab\u00ed\u00ada que exagerar, sino, habiendo puesto suficientemente los principios, era juicioso adaptarse en cierta medida a las convenciones sociales y religiosas del tiempo. Pero es problem\u00e1tico tomar esas actuaciones como total y definitivamente normativas para otros momentos en que las circunstancias humanas y aun religiosas tambi\u00e9n han evolucionado.<\/p>\n<p>3. Seguidoras de Jes\u00fas<br \/>\nDe hecho hay muchas mujeres entre sus oyentes. (cfr. Mt 14,21; 15,38 y paralelos hablando de los participantes en las multiplicaciones de los panes y los peces). El hecho de este seguimiento femenino es importante porque no se trata s\u00f3lo de lo que Jes\u00fas personalmente pretendiera y llevara a cabo, sino de que as\u00ed\u00ad era percibido por las mujeres de su entorno. El elogio de la madre de Jes\u00fas (Lc 11,27) realizado precisamente por una mujer, que en el fondo es un elogio de El mismo, corrobora la positiva impresi\u00f3n que Jes\u00fas y su actividad produc\u00ed\u00ada entre las mujeres.<\/p>\n<p>Especial muestra de ello es la unci\u00f3n que una o dos mujeres y en una o dos ocasiones (los textos evangelios son especialmente complejos en este punto). Es una de las escasas narraciones presentes en los cuatro evangelios (Mt 26,6-13; Mc 14,3-9; Lc 7,36-50; Jn 12,1-8). Cada una de las versiones ofrecen enorme cantidad de matices diversos seg\u00fan la redacci\u00f3n de cada. Pero hay varios rasgos comunes: es una mujer y no un hombre la persona que realiza esta acci\u00f3n; es p\u00fablica y generosa; provoca extra\u00f1eza y aun rechazo entre los asistentes que con pr\u00e1ctica seguridad son s\u00f3lo hombres; Jes\u00fas se pone decididamente de parte de la protagonista, la defiende y aun hace de ella uno de los elogios m\u00e1s grandes que aparecen en su boca (Mc 14,9; Mt 26,13). El episodio rebasa todo contexto servil para aparecer como muestra de amor y cercan\u00ed\u00ada del todo especiales hacia el Maestro. Que lleva a cabo una mujer. De ning\u00fan var\u00f3n se dice nada semejante. Entre otras muchas cosas muestra c\u00f3mo era visto Jes\u00fas por las mujeres (resulta significativo que sean posibles diversas protagonistas de la unci\u00f3n seg\u00fan las diferentes narraciones de los evangelios) y qu\u00e9 reacciones provocaba.<\/p>\n<p>Precisamente que el relato jo\u00e1nico de la samaritana (Jn 4,4-42) sea simb\u00f3lico resulta tambi\u00e9n m\u00e1s significativo, porque dif\u00ed\u00adcilmente la comunidad hubiera creado una narraci\u00f3n en que una mujer es uno de los dos protagonistas principales, que va tan a contrapelo de la visi\u00f3n m\u00e1s tradicional, si no hubieran percibido que representaba bien la actitud de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>4. Relaci\u00f3n de Jes\u00fas con las mujeres<br \/>\nEncontramos mujeres receptoras de la actividad taumat\u00fargica de Jes\u00fas de una manera que llama la atenci\u00f3n. En muchas de las narraciones evang\u00e9licas se ponen de relieve algunos detalles muy sugerentes que confirman la actitud de Jes\u00fas hacia el sexo femenino, adem\u00e1s del dato global gen\u00e9rico: la suegra de Sim\u00f3n Pedro (Mc 1,30-31 y par.), a la que toma de la mano, rompiendo tab\u00fas ordinarios, como muestra la omisi\u00f3n de ese detalle por Mateo y Lucas; la hemorroisa (Mc 5,25-34 y par.) manifiesta, por una parte la confianza de la protagonista superando la verg\u00fcenza causada, entre otras razones, por la impureza que llevaba aparejada su enfermedad. Confianza que, l\u00f3gicamente, deb\u00ed\u00ada de tener como una de sus causas el haber visto c\u00f3mo proced\u00ed\u00ada Jes\u00fas en circunstancias parecidas. Confianza que no se ve defraudada. Jes\u00fas, de hecho acepta el hecho, una vez conocido (n\u00f3tese el vocativo \u00ab\u00c2\u00a1hija!\u00bb del. v. 34) y tampoco \u00e9l se siente intimidado o coartado por cuestiones de impureza, no s\u00f3lo referentes a la ley jud\u00ed\u00ada, sino al normal pudor que enfermedades con connotaciones sexuales suelen y sol\u00ed\u00adan provocar. La hija de Jairo (Mc 5,21-43) tambi\u00e9n es objeto de la atenci\u00f3n de Jes\u00fas. Del mismo modo que la viuda de Na\u00ed\u00adm (Lc 7, 11-17). La mujer encorvada (Lc 13,10-17), donde se puede notar la superaci\u00f3n de la ley del s\u00e1bado en favor de una mujer que ni siquiera ha demandado nada de Jes\u00fas y de la que las palabras en boca de Jes\u00fas afirman que tambi\u00e9n ella es hija de Abraham, lo que sugiere una equiparaci\u00f3n con los varones jud\u00ed\u00ados que indudablemente se ten\u00ed\u00adan por descendientes del patriarca. Pero quiz\u00e1s el relato m\u00e1s importante en el contexto feminista sea el de la mujer siro-fenicia o cananea (Mc 7, 24-30; Mt 15,21-28): mujer pagana, esp\u00ed\u00adritu impuro en su hija \u2014\u00c2\u00a1ambas protagonistas son mujeres!\u2014, inicial rechazo, \u00bfaparente?, de Jes\u00fas, que termina en la curaci\u00f3n y, sobre todo, en el elogio a la fe de la mujer (Mt 15,29). La superaci\u00f3n por parte de Jes\u00fas de los inconvenientes y la relaci\u00f3n que aparece en el di\u00e1logo tienen pocos paralelos en los Evangelios y menos a\u00fan en otras literaturas religiosas.<\/p>\n<p>Esta actitud de Jes\u00fas hacia la mujer no pudo por menos de suscitar relaciones concretas con algunas de ellas que resultan muy interesantes. Destaca la amistad con las dos hermanas, Marta y Mar\u00ed\u00ada (Lc 10,38; cfr. Jn 11,1-44), presentada en un ambiente muy cotidiano y familiar. Es importante la menci\u00f3n de seguidoras de Jes\u00fas que le acompa\u00f1aban y ayudaban con sus bienes; son varias, pero algunas se mencionan con sus nombres: Susana, Juanasmujer de un alto funcionario de la corte de Herodes Antipas, y sobre todo Mar\u00ed\u00ada Magdalena. De ella se habla m\u00e1s de diez veces en los evangelios, especialmente en el contexto de la Resurrecci\u00f3n. Hay que prescindir un tanto de muchas tradiciones antiguas que han acumulado bajo este nombre los datos relativos quiz\u00e1s a varias figuras femeninas; as\u00ed\u00ad se ha hablado de Mar\u00ed\u00ada Magdalena como la pecadora que unge a Jes\u00fas en Lc 7,36-50, que es, a su vez, Mar\u00ed\u00ada la hermana de Marta y L\u00e1zaro; (los ciertos paralelos en Mt 26,6-13; Mc 14,3-9 y Jn 12,1-8 han sido la base de esta identificaci\u00f3n). Adem\u00e1s la literatura y el arte en muchos momentos han contribuido poderosamente a esa identificaci\u00f3n. Ateni\u00e9ndonos a lo hist\u00f3ricamente m\u00e1s seguro -y apoy\u00e1ndonos en buena parte sobre datos de la historia cristiana posterior, cr\u00ed\u00adticamente depurados- Mar\u00ed\u00ada Magdalena fue una destacada seguidora de Jes\u00fas, testigo de la Resurrecci\u00f3n (v\u00e9ase m\u00e1s abajo) y evangelizadora importante en algunas comunidades primitivas hasta ser llamada \u00abap\u00f3stola\u00bb de los ap\u00f3stoles por Hip\u00f3lito (De c\u00e1ntico, Corpus Christianorum 264,43-49), lo que ser\u00ed\u00ada del todo inveros\u00ed\u00admil sin base real. T\u00e9ngase en cuenta que ciertas corrientes gn\u00f3sticas hab\u00ed\u00adan sacado conclusiones excesivas acerca de este papel de la Magdalena y el rechazo por parte de la gran iglesia de tales tendencias influ\u00ed\u00ada profundamente en la tradici\u00f3n. En resumen. todo el contexto evang\u00e9lico muestra una relaci\u00f3n profunda de esta mujer con Jes\u00fas, aunque no haya que caer en las exageraciones legendarias y de otro tipo sobre ella que en tiempos recientes han tenido cierta difusi\u00f3n.<\/p>\n<p>Otras mujeres aparecen en los relatos evang\u00e9licos con el denominador com\u00fan de la cercan\u00ed\u00ada a Jes\u00fas y aun confianza en \u00e9l o con inter\u00e9s por su persona y acci\u00f3n. Desde la borrosa figura de la mujer de Pilatos (Mt 27,29), que le llama justo y pretende la inhibici\u00f3n de su marido en la causa de Jes\u00fas, hasta la madre de los Zebedeos quien pone en marcha por su parte algo parecido al \u00abtr\u00e1fico de influencias\u00bb o \u00abrecomendaciones\u00bb en favor de sus hijos (Mt 20,20-21). Un nuevo dato de la impresi\u00f3n que Jes\u00fas produc\u00ed\u00ada en el g\u00e9nero femenino.<\/p>\n<p>Otras madres aparecen en un segundo plano en la actividad de Jes\u00fas. No es descabellado pensar que los ni\u00f1os que presentan a Jes\u00fas y a los)quiere tener cerca, en contra de la opini\u00f3n de sus disc\u00ed\u00adpulos (Mc 10,13-16 y par.), eran llevados por sus madres. En efecto, no es probable que todos ellos vinieran solos sino con sus madres, dado que, aparte de la normal uni\u00f3n de los ni\u00f1os peque\u00f1os con sus madres, eran \u00e9stas quienes se cuidaban especialmente de ellos como misi\u00f3n fundamental de su vida en el ambiente jud\u00ed\u00ado del tiempo.<\/p>\n<p>Lugar aparte merece el trato de Jes\u00fas con las mujeres pecadoras. El \u00abamigo de publicanos y pecadores\u00bb (Mt 11,19; Lc 7,34) no excluye a las prostitutas ni se olvida de ellas. Ellas preceder\u00e1n en el reino de Dios a quienes dicen y no hacen (Mt 21,31 b). Frase que indica el conocimiento que Jes\u00fas ten\u00ed\u00ada de ese submundo de la prostituci\u00f3n. Era, por otra parte, imposible, que en su llamada a pecadores no tuviese en cuenta una situaci\u00f3n negativa tan t\u00ed\u00adpicamente femenina como la de la prostituci\u00f3n. La mujer que le unge, calificada de pecadora en Lc 7,39, no consta que sea prostituta profesional, pero el calificativo sugiere algo en esa l\u00ed\u00adnea, as\u00ed\u00ad como el contexto del \u00abmucho amor\u00bb (Lc 7,47) tambi\u00e9n nos orienta hacia el campo del desorden sexual. Una mujer de tal ambiente ejerce una acci\u00f3n que manifiesta nuevamente confianza y esperanza por su parte en el no rechazo y aceptaci\u00f3n de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>El episodio de la ad\u00faltera (Jn 8,22ss.) es problem\u00e1tico desde la cr\u00ed\u00adtica textual, pero entronca muy bien con la aceptaci\u00f3n y perd\u00f3n de Jes\u00fas no s\u00f3lo de otros pecadores, sino de una mujer que, en el contexto jud\u00ed\u00ado, como aparece en la narraci\u00f3n, corr\u00ed\u00ada peor suerte que su pareja. Muestra que Jes\u00fas acoge a una mujer pecadora, representante de las dem\u00e1s en esa situaci\u00f3n, no para animarla a seguir procediendo de se modo, sino para que cambie de vida. ->amor a los pecadores; arrepentimiento; pecado.<\/p>\n<p>Otra prueba de este conocimiento y sensibilidad de determinadas condiciones femeninas es el elogio de Jes\u00fas a la viuda pobre que ofrece en el Templo todo lo que tiene para vivir y el elogio que de ella hace el Maestro (Mc 12,41-44; Lc 21,1-4).<\/p>\n<p>En la misma l\u00ed\u00adnea encontramos los dichos y hechos de Jes\u00fas que presuponen el mismo trasfondo referido a otras viudas. Este grupo humano, tan mencionado en el Antiguo Testamento como uno de los prototipos de la indefensi\u00f3n y pobreza, no pod\u00ed\u00ada por menos de ser destinatario de la actividad y ense\u00f1anza de Jes\u00fas sobre los marginados. Por ello no extra\u00f1a que sean mencionadas (Mc 12,40 y par.) en los reproches a los fariseos como objetos de explotaci\u00f3n. Lo cual implica el conocimiento de las circunstancias reales de la existencia de estas mujeres y una cierta defensa de sus intereses.<\/p>\n<p>5. Predicaci\u00f3n de Jes\u00fas<br \/>\nEn la predicaci\u00f3n de Jes\u00fas, de forma especial en las par\u00e1bolas, encontramos mujeres como protagonistas: la mujer que amasa el pan (Mt 13,23; Lc 13,20-21), la que pierde la dracma (Lc 15,8-10) las diez doncellas (Mt 25,1-13) o la viuda ante el juez perverso (Lc 18,1-8). Jes\u00fas conoce y aprecia el mundo femenino de su \u00e9poca y aun las reacciones, psicolog\u00ed\u00ada y experiencias de las mujeres. Por ello no es tan inveros\u00ed\u00admil que Jn 16, 21 ponga en boca de Jes\u00fas la comparaci\u00f3n de los dolores del parto.<\/p>\n<p>Las ense\u00f1anzas de Jes\u00fas sobre el matrimonio, adulterio y en general la vida familiar ponen de relieve su actitud de defensa de la mujer, parte m\u00e1s d\u00e9bil en esas relaciones. Su postura a favor de la indisolubilidad del matrimonio (Mc 10,2-12; Mt 19,3-12; Lc 16,18) implica, entre otras cosas, esa defensa, al no dejar la relaci\u00f3n de la pareja al puro arbitrio o voluntad del hombre, que era, en el juda\u00ed\u00adsmo, el \u00fanico que pod\u00ed\u00ada promover el divorcio. Lo cual perciben perfectamente sus disc\u00ed\u00adpulos como evidencia su reacci\u00f3n ante tal doctrina: \u00absi las cosas son as\u00ed\u00ad, m\u00e1s vale no casarse\u00bb. La concepci\u00f3n de la uni\u00f3n entre hombre y mujer, apelando en este contexto a Gn 2,24, indica que Jes\u00fas pensaba en una uni\u00f3n personal al mismo nivel entre ambos, con un compromiso tambi\u00e9n personal profundo, permanente y fiel. Hay que recordar que en la narraci\u00f3n de G\u00e9nesis la mujer aparece como compa\u00f1era igual al hombre en la que \u00e9ste se reconoce. Y Jes\u00fas asume este planteamiento.<\/p>\n<p>El rechazo del adulterio \u00abmental\u00bb en Mt 5,27 tambi\u00e9n sugiere que Jes\u00fas est\u00e1 contra la objetivizaci\u00f3n de la mujer por parte del hombre, aunque, evidentemente, el sentido principal del dicho tenga m\u00e1s directa relaci\u00f3n con el adulterio.<\/p>\n<p>En otros puntos de la doctrina de Jes\u00fas, las mujeres, aunque presentes, no tienen el papel preponderante ni es posible extraer conclusiones espec\u00ed\u00adficas (as\u00ed\u00ad vg. la costumbre del levirato en Mc 12,19ss. y par.).<\/p>\n<p>6. Presencia de las mujeres en los Evangelios<br \/>\nM\u00e1s bien como grupo que como individuos -aunque con alguna excepci\u00f3n-hay que se\u00f1alar la presencia de las mujeres en los relatos de la Pasi\u00f3n. Son pr\u00e1cticamente las \u00fanicas personas que muestran compasi\u00f3n y dolor por la suerte de Jes\u00fas afrontando el posible desprecio o sarcasmo de los espectadores. En una l\u00ed\u00adnea semejante encontramos a un grupo de seguidoras de Jes\u00fas a los pies de la cruz (Mc 15,40-41; Mt 27,55-56; Lc 23,49; Jn 19,24b-27), de nuevo \u00fanicos personajes, a excepci\u00f3n del simb\u00f3lico Juan, presentes en ese suceso, arrostrando las posibles consecuencias negativas y, en todo caso, participando del destino del Crucificado. Valent\u00ed\u00ada y amor sin duda aparecen en este gesto por encima de cuanto muestran los seguidores varones. Y con independencia de consideraciones personales, el hecho de que tres de los cuatro evangelios -Lucas es la excepci\u00f3n- den sus nombres (Mar\u00ed\u00ada Magdalena, Mar\u00ed\u00ada madre de Santiago y Jos\u00e9, la madre de los Zebedeos, Salom\u00e9 y Mar\u00ed\u00ada la de Cleof\u00e1s -hay divergencias en algunas designaciones-), parece implicar que las presentan como testigos, pese a su condici\u00f3n de mujeres de ese fundamental acontecimiento. As\u00ed\u00ad como en la sepultura de Jes\u00fas, en la que toman parte y no s\u00f3lo Jos\u00e9 de Arimatea y Nicodemo (Mc 15,47; Mt 27,61; Lc 23,55-56).<\/p>\n<p>Todav\u00ed\u00ada es m\u00e1s significativo el papel que desempe\u00f1an estas mujeres, a las que se a\u00f1ade el nombre de Juan (Lc 24,10), en los relatos de la Resurrecci\u00f3n. El indudable papel central y m\u00e1s destacado en ellas corresponde a Mar\u00ed\u00ada Magdalena (Mc 16, 1.9; Mt 28, 1; Lc 24, 10, Jn 20, 1-18), pero lo b\u00e1sico es igual para todas: son las que acuden al sepulcro de Jes\u00fas y las primeras destinatarias y receptoras de las apariciones del Resucitado (Mc 16, 9-11; Mt 28, 9-10; Jn 20,1-18) y portadoras del mensaje a los dem\u00e1s disc\u00ed\u00adpulos, que, obviamente, no les prestan cr\u00e9dito. Es notable que se haya conservado en los Evangelios esta tradici\u00f3n desde el momento en que, seg\u00fan las costumbre jud\u00ed\u00adas, el testimonio de las mujeres no era v\u00e1lido. Por ello el de las mujeres testigos de la Resurrecci\u00f3n es confirmado posteriormente por el masculino y el texto paulino que habla de las apariciones (1 Cor 15,4-8) ni siquiera son mencionadas.<\/p>\n<p>7. Figuras femeninas individuales en los Evangelios.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de todas las mujeres mencionadas, aparecen en los Evangelios algunas mujeres con papeles excepcionales en general muy simb\u00f3licos, especialmente en los relatos de la infancia de Jes\u00fas: Isabel (Lc 1, 5 ss) Ana (Lc 2, 36-38) y, como es evidente, en primer lugar, Mar\u00ed\u00ada la madre de Jes\u00fas (->Mar\u00ed\u00ada).<\/p>\n<p>En resumen: las mujeres no son en absoluto invisibles en los Evangelios y en la vida de Jes\u00fas. M\u00e1s bien todo lo contrario. Conviene apreciar este hecho coloc\u00e1ndolo en el contexto cultural del tiempo y compar\u00e1ndolo con la evoluci\u00f3n posterior en la comunidad cristiana. En las comunidades del cristianismo primitivo parecieron conservar las mujeres este papel fundamental. As\u00ed\u00ad se muestra en las comunidades paulinas. Pero muy pronto, quiz\u00e1s a finales del s. I, tuvo lugar el proceso de patriarcalizaci\u00f3n que dura hasta nuestros d\u00ed\u00adas. Pero en el principio no fue as\u00ed\u00ad. ->misericordia; mirada; Lucas.<\/p>\n<p>BIBL. \u2014 E. BAUTISTA, La mujer en la iglesia primitiva Estella Verbo Divino 1993; M. NAVARRO, Distintas y distinguidas Madrid PPC 1995; F. QUERE, Las mujeres del Evangelio Bilbao Mensajero 1997; A. M. TEPEDINO, Las disc\u00ed\u00adpulas de jes\u00fas Madrid Narcea 1990; S. TuNC, Las mujeres segu\u00ed\u00adan a jes\u00fas Santander Sal Terrae.<\/p>\n<p>Federico Pastor<\/p>\n<p>FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret<\/b><\/p>\n<p>1. Memoria de otros<\/p>\n<p>(-> Eva, semen, var\u00f3n y mujer, memoria). Eva, la mujer, aparece en Gn 3 como expresi\u00f3n b\u00e1sica de humanidad: es impulso original (fuente hist\u00f3rica de vida, deseo de absoluto) y signo del gran riesgo del hombre que desea adue\u00f1arse por s\u00ed\u00ad mismo de la vida. Por eso, lo que ordinariamente se llama condena o ratificaci\u00f3n de su ca\u00ed\u00adda puede entenderse como canto de reconocimiento a la mujer por parte de los otros dos grandes protagonistas reales de la historia (Dios y el var\u00f3n) y como expresi\u00f3n y sentido de su condici\u00f3n hist\u00f3rica.<\/p>\n<p>(1) Deseo de var\u00f3n, necesidad de hijos&#8230; (Gn 3,16). La mujer hist\u00f3rica aparece como maternidad doliente: su gestaci\u00f3n y alumbramiento est\u00e1 vinculado al dolor m\u00e1s intenso (atsab, dos veces repetido). La vida es sufrimiento que ella acepta y en alg\u00fan sentido desea: quiere ser madre (comer de forma humana del \u00e1rbol del conocimiento\/vida) y s\u00f3lo puede serlo en las fronteras del dolor, en los l\u00ed\u00admites del riesgo. Para la mujer, dar la vida significa situarse en las cercan\u00ed\u00adas de la muerte. Por otra parte, el deseo de maternidad pone a la mujer en manos del var\u00f3n. Antes era el var\u00f3n el que deseaba en gozo e igualdad a la mujer (Gn 2,23-24). Ahora es ella la que quiere al var\u00f3n, pero no en s\u00ed\u00ad mismo, sino para tener hijos. Lo que ella ha deseado de verdad no es el var\u00f3n, sino la vida total, en gesto de autodivinizaci\u00f3n imposible (Gn 3,1-6). Ahora, al descubrir que no puede apoderarse de la vida por s\u00ed\u00ad misma, desde su propia y fuerte necesidad de descendencia (quiere ser madre), ella se pone en manos del var\u00f3n. Aqu\u00ed\u00ad est\u00e1 su grandeza, aqu\u00ed\u00ad su ruina. Desea ansiosamente al var\u00f3n como padre que pueda darle hijos. Quiso hacerse diosa y tiene que entregarse a un var\u00f3n para cumplir su deseo m\u00e1s profundo: tener hijos. Pues bien, el var\u00f3n al que desea la domina o regula (mashal) en palabra de doble sentido (significa \u00abdominar y regular\u00bb). Evidentemente, el var\u00f3n se aprovecha de ella: no la recibe ya como igual (en la l\u00ed\u00adnea de Gn 2,23-24), sino como subordinada a la que mashal, gobierna o administra. As\u00ed\u00ad viene a imponerse sobre el mundo el pensamiento instrumental o posesivo del var\u00f3n que utiliza en favor propio el deseo y debilidad maternal de la mujer (su afecto condensado en el engendramiento de los hijos). De todas formas, la palabra mashal significa tambi\u00e9n \u00abconcordar, regularse mutuamente\u00bb: el var\u00f3n necesita de la mujer para cumplir su deseo posesivo (de gozo dominador); la mujer necesita al var\u00f3n para tener hijos. Ambos, var\u00f3n y mujer mashal: se completan y ajustan (como los dos versos de un proverbio), en camino de fragilidad donde termina dominando el m\u00e1s violento (el var\u00f3n), conforme al primer sentido de la palabra. Aqu\u00ed\u00ad emergen los principios m\u00e1s hondos de la antropolog\u00ed\u00ada: la mujer representa el poder del amor abierto hacia la maternidad; el var\u00f3n, que en el fondo siente envidia de esa maternidad, se venga de la mujer, domin\u00e1ndola y creando con su propia fuerza de violencia un mundo de opresiones.<\/p>\n<p>(2) Mujer al servicio de la memoria del var\u00f3n (memoria*). El var\u00f3n aprovecha la debilidad materna de Eva (Gn 3,1516) para imponerse sobre ella y darle parad\u00f3jicamente su nombre verdadero: Eva, Jawah, fuente de la vitalidad (Gn 3,20). La mujer hab\u00ed\u00ada estado buscando su propia identidad en camino conflictivo queriendo hacerse diosa, pero ahora tiene que dejar que sea el mismo var\u00f3n quien le ponga su nombre verdadero: Jawah, la Viviente, vinculada a Yahv\u00e9, El que es. Los dos nombres est\u00e1n relacionados (jawah\/jayah). Ciertamente, Eva no es Dios, ni madre tierra&#8230; divina y fecundante. Pero ella como madre de los vivientes est\u00e1 cerca de Dios y as\u00ed\u00ad aparece en Gn 4,1-2, imponiendo un nombre a Ca\u00ed\u00adn y Abel, pero despu\u00e9s, desde entonces, ella pasa a un segundo plano, de tal manera que el texto b\u00ed\u00adblico la pone al servicio de la memoria humana, que es memoria de var\u00f3n. Significativamente, var\u00f3n y memoria se dice en hebreo con la misma palabra (zakar). Por eso, acostarse como var\u00f3n (con una mujer) y acostarse para dejar memoria del var\u00f3n (le mishkab zakar) significan en el fondo lo mismo. La mujer en s\u00ed\u00ad no deja memoria. Como hemos se\u00f1alado, el G\u00e9nesis recuerda la memoria de Eva*, portadora de una descendencia que se opon\u00ed\u00ada a la descendencia de la serpiente  (protoevangelio*: cf. Gn 3,14-15); pero despu\u00e9s, en el conjunto de la historia israelita, las mujeres no tienen descendencia, no dejan memoria, no valen como personas, sino simplemente como propiedad y como medio para que los hombres expandan su semen o memoria. En ese contexto se entiende la guerra de las tribus federadas contra los benjaminitas, que han abusado de la \u00abconcubina\u00bb del levita y se entiende la guerra contra los habitantes de Jabes Galaad, para raptar a las mujeres que no han sido todav\u00ed\u00ada \u00abutilizadas\u00bb, con el fin de que los benjaminitas derrotados puedan sembrar en ellas su memoria, porque las ya \u00abutilizadas\u00bb por otros (maridos o amantes) no valen para expandir la memoria de los maridos-varones (mujer* 2; cf. Je 21,1-15). Esta mujer no es persona (no es realidad valiosa en s\u00ed\u00ad misma), sino que ella est\u00e1 bajo el poder del marido, para que as\u00ed\u00ad pueda dejar su memoria a trav\u00e9s de los hijos de ella. (3) Para memoria de la mujer. Al final del relato de la mujer del vaso de la unci\u00f3n, Jes\u00fas proclama unas palabras centrales en las que define su figura y misi\u00f3n: \u00abEn verdad os digo: en cualquier lugar donde se anuncie el Evangelio en todo el cosmos se dir\u00e1 tambi\u00e9n lo que ella ha hecho, para memoria (mn\u00e9mosynon) de ella\u00bb (Mc 14,9). En este contexto podemos recordar que algunos textos de la \u00faltima cena presentan la eucarist\u00ed\u00ada como anamnesia o memoria de Jes\u00fas (Lc 22,19; 1 Cor 11,23-25): el pan compartido es memoria de su vida entregada en favor de los hombres. Ciertamente, las dos palabras (la anamnesis de Jes\u00fas, el mn\u00e9mosynon de la mujer) tienen matices distintos, pero ambas provienen de la misma ra\u00ed\u00adz (runa: pensar en, recordar). Mc 8,18 ha insistido en el recuerdo (con mn\u00e9moneuein) de las multiplicaciones, es decir, del pan compartido de Jes\u00fas, que nos permite superar la levadura* mala de Herodes y de los fariseos. Pues bien, empleando esa misma palabra, Mc 14,9 insiste en el recuerdo de la acci\u00f3n de mujer, integrada en la memoria de Jes\u00fas que define el Evangelio. Los disc\u00ed\u00adpulos han tenido dificultades en conservar la memoria de Jes\u00fas. Algunos han querido fijarla en una tumba, que as\u00ed\u00ad aparecer\u00ed\u00ada como mnemeion o mn\u00e9ma, recordatorio sepulcral del crucificado (cf. Mc 16,3; Lc 24,1). Pues bien, en contra de eso, el evangelio de Marcos ha vinculado la memoria de Jes\u00fas con la vi da y acci\u00f3n de esta mujer, que aparece as\u00ed\u00ad como expresi\u00f3n y testimonio vivo de la pascua, a diferencia del sepulcro, que es un lugar de recuerdo vac\u00ed\u00ado.<\/p>\n<p>Cf. M. Bal, Death and Dissymetry, The Politics of Coherence in the Book ofJudges, University of Chicago Press 1988; M. Navarro, Mar\u00ed\u00ada, la mujer: ensayo psicol\u00f3gico-b\u00ed\u00adblico, Publicaciones Claretianas, Madrid 1987; Barro y aliento. Ex\u00e9gesis y antropolog\u00ed\u00ada teol\u00f3gica de Gn 2-3, Paulinas, Madrid 1993; Ungido para la vida. Ex\u00e9gesis narrativa de Mc 14,3-9 y Jn 12,1-8, Verbo Divino, Estella 1999.<\/p>\n<p>MUJER<br \/>\n2.Violencia de g\u00e9nero<\/p>\n<p>(-> concubina, Aksah). Las mujeres est\u00e1n vinculadas desde antiguo con la violencia, desde diversas perspectivas: ha habido guerras por mujeres, raptos de mujeres y cantos de victoria de mujeres.<\/p>\n<p>(1) Guerra por mujeres (Je 20-21) (Aksa, cultura*, concubina*). La violaci\u00f3n de la \u00abconcubina del levita\u00bb ha dado lugar a una dur\u00ed\u00adsima guerra de venganza, en la que la federaci\u00f3n* de tribus de Israel se enfrenta contra Benjam\u00ed\u00adn. Esta es una guerra parad\u00f3jica: para vengarse de los varones de Benjam\u00ed\u00adn, los federados de Israel han matado a todas sus mujeres y a sus hijos (\u00bfqu\u00e9 culpa tienen ellos?), mientras ellos, los varones, siguen vivos. Pues bien, aplacada ya la venganza, se escucha el llanto de los federados de las tribus (\u00c2\u00a1todos varones!), que se solidarizan con los varones de Benjam\u00ed\u00adn, que han perdido a sus mujeres y a sus hijos. No lloran por las mujeres y los ni\u00f1os, sino por el riesgo de muerte de la tribu, que desaparecer\u00e1, si es que sus hombres no tienen descendencia. Esta es la compasi\u00f3n de unos varones por otros varones, que corren el riesgo de morir sin descendencia, pues no tienen mujeres. Los federados han jurado no darles mujeres y no pueden romper su juramento. Por eso tienen que buscar la manera de que los benjaminitas viudos y sin hijos puedan encontrar mujeres, sin quebrantar su juramento. Entonces descubren que los hombres de Jabes Galaad no hab\u00ed\u00adan participado en la guerra contra Benjam\u00ed\u00adn, como deb\u00ed\u00adan haber hecho, seg\u00fan pacto. Esos hombres merecen ser ajusticiados por desleales a la alianza y sus hijas v\u00ed\u00adrgenes podr\u00e1n ser ofrecidas como esposas a los benjaminitas ya vengados: \u00abEnton  ces la asamblea mand\u00f3 all\u00ed\u00ad a doce mil hombres valerosos y les dieron \u00f3rdenes diciendo: Id y matad al filo de la espada a todos los habitantes de Jabes Galaad, incluidos mujeres y ni\u00f1os. Y obrar\u00e9is de esta manera: \u00c2\u00a1Exterminar\u00e9is a todo var\u00f3n y a toda mujer que haya conocido var\u00f3n acost\u00e1ndose con \u00e9l! Y encontraron entre los habitantes de Jabes Galaad cuatrocientas j\u00f3venes v\u00ed\u00adrgenes (= capaces de ser madres) que no se hab\u00ed\u00adan acostado con var\u00f3n (= no hab\u00ed\u00adan yacido con \u00e9l para dejar memoria). Y las llevaron al campamento de Silo&#8230; (Y la Asamblea de Israel se las dio a los benjaminitas&#8230;)\u00bb (Je 21,10-14). Esta guerra tiene dos fines: vengarse de la ciudad desleal a la alianza y raptar a las muchachas mujeres casaderas, (a) La venganza cae sobre varones y ni\u00f1os y sobre mujeres que han conocido var\u00f3n. Es evidente que mujeres y ni\u00f1os no son responsables de la posible infidelidad del pueblo, pero no cuentan por s\u00ed\u00ad mismas y mueren con los hombres (a cuyo servicio de semen\/memoria se encuentran). (b) Por el contrario, las mujeres casaderas que no han conocido var\u00f3n son raptadas y entregadas como esposas a los benjaminitas. Han de ser j\u00f3venes (ne\u2020\u2122ara) y v\u00ed\u00adrgenes (betulah), es decir, sexualmente maduras, y no haber conocido var\u00f3n. Nadie les pregunta si quieren o no, nadie pide su consejo. Unas mujeres son asesinadas, lo mismo que los hombres (las mujeres casadas o sexualmente utilizadas), otras son raptadas para entregarlas a los benjaminitas, violadores derrotados, perdonados, para que as\u00ed\u00ad quede memoria de la tribu. Ellas son mujeres para la memoria.<\/p>\n<p>(2) Rapto de mujeres (Je 21,15-25). El tema de la guerra contin\u00faa en el relato folcl\u00f3rico y simb\u00f3lico del rapto de mujeres en las fiestas de la vendimia, en torno al santuario de Silo*. Las cuatrocientas mujeres de Jabes Galaad no han bastado para todos los benjaminitas. Por eso, la asamblea de las tribus aconseja a los restantes y les muestra la manera en que pueden raptar a las muchachas que necesitan: \u00abHe aqu\u00ed\u00ad que es la fiesta anual de Yahv\u00e9 en Silo&#8230; Id y escondeos entre las vi\u00f1as. Mirad, y cuando las hijas de Silo hayan salido para danzar en corro saldr\u00e9is de las vi\u00f1as y raptar\u00e9is cada uno una mujer de entre las hijas de Silo y os ir\u00e9is a la tierra de Benjam\u00ed\u00adn. Y si vienen sus padres o sus hermanos a querellarse ante nosotros les diremos (les dir\u00e9is): Sed benignos&#8230; pues no fuimos capaces de tomar una mujer para cada uno en la guerra\u00bb (Je 21,19-22). Los mismos ancianos de la federaci\u00f3n de tribus de Israel aprueban la violencia que los hombres deben realizar para conseguir mujeres: si no logran conseguirlas de otra forma, pueden (deben) acudir al rapto. Es evidente que en el fondo del relato hay una especie de folclore, una leyenda de la fiesta de Yahv\u00e9, relacionada a la vendimia y el baile de las vi\u00f1as en oto\u00f1o. Danzan las muchachas no casadas y se esconden en las cepas los guerreros, para salir luego y llevar cada uno a la que quiere o puede conseguir por fuerza. Estrictamente hablando aqu\u00ed\u00ad no hay guerra, sino robo. Es la fiesta de Yahv\u00e9, celebraci\u00f3n de la vida al final de verano. Se puede suponer que habr\u00e1 guerreros mirando con deseo tras las cepas. Este baile de muchachas en oto\u00f1o viene a presentarse como tiempo de guerra nupcial, de rapto sagrado. La mujer nace y se educa para ser robada, en una fiesta de Yahv\u00e9, muy vinculada a la guerra. A\u00f1o tras a\u00f1o salen y bailan sobre el campo, entre las vi\u00f1as, las muchachas de Silo (y de otros lugares) en gesto que expresa el gozo de la vida. Pero los varones guerreros piensan que ellas danzan precisamente para ser vistas y robadas. No les preguntan si quieren, no les piden permiso. Piensan que la ley de violencia de la guerra se puede imponer sobre el gozo vital de las mujeres danzantes. Por eso van, hacen guerra f\u00e1cil contra ellas, las roban, con el consentimiento de padres o hermanos, que aparecen as\u00ed\u00ad como responsables y c\u00f3mplices de esta guerra\/fiesta de Yahv\u00e9, dirigida contra las mujeres a quienes se dir\u00e1 que es un honor y gloria ser raptadas, para que perdure la memoria de los varones guerreros (violadores, ladrones) sobre el mundo.<\/p>\n<p>(3) Mujeres para la guerra y la paz. Cantos de victoria. Como en muchos pueblos, los cantos de guerra y victoria de la historia de Israel han sido atribuidos a mujeres. Los tres fundamentales de la historia antigua son los siguientes: (a) El Canto de D\u00e9bora* (Je 5) evoca la guerra entre el ej\u00e9rcito de carros de los reyes cananeos y los voluntarios\/campesinos de Israel que combat\u00ed\u00adan a pie animados por su fe en el Dios Yahv\u00e9, Se\u00f1or de las batallas (cf. Je 4). Sobre las aguas de un llano, convertido en lodazal o gran pantano por la lluvia,  los israelitas se sintieron superiores, tomaron el control sobre el territorio, se hicieron nuevos amos&#8230; Vieron as\u00ed\u00ad que la victoria (el nuevo cambio social en Palestina) era efecto de la presencia de Yahv\u00e9. La victoria militar, entendida como triunfo de los campesinos libres, vino a ser interpretada como teodicea, es decir, como expresi\u00f3n de la ayuda de Dios que protege a los suyos desde el cielo, derrotando a los dioses de la tierra de Cana\u00e1n, vinculados a la estructura jer\u00e1rquica y militarizada de sus ciudades, (b) El Canto de Mar\u00ed\u00ada* (atribuido despu\u00e9s a Mois\u00e9s: Ex 15) interpreta el tema de la guerra desde las antiguas tradiciones del \u00e9xodo de Egipto. La guerra de los israelitas es una continuaci\u00f3n del \u00e9xodo, de manera que un pueblo sin ej\u00e9rcito, un grupo de oprimidos fugitivos, logran vencer, con la ayuda de Dios, a los soldados de Egipto. Estrictamente hablando, aqu\u00ed\u00ad no hay guerra, pues los israelitas no tienen estructuras militares, ni pueden enfrentarse con los enemigos sobre el campo de batalla. Los \u00fanicos soldados son los otros, los carros y caballos del Fara\u00f3n de Egipto, que combaten apoyados por la protecci\u00f3n de sus dioses; frente a ellos se alza Yahv\u00e9 y vence sin ej\u00e9rcito, empleando el juego de poderes de la naturaleza puesta ya al servicio de los pobres\/fieles. (3) El Canto de Ana* (1 Sm 2) contin\u00faa en esa l\u00ed\u00adnea, expandiendo el tema de la guerra de los israelitas en clave m\u00e1s social que militar, en l\u00ed\u00adnea de cambio humano, de revoluci\u00f3n popular (econ\u00f3mica, pol\u00ed\u00adtica). Frente al orden antiguo, controlado por los grandes poderes de este mundo (ej\u00e9rcito, riqueza, n\u00famero de gente), se eleva el orden nuevo de los d\u00e9biles, pobres, poco numerosos. Dios les ayuda y ellos pueden heredar la tierra. Este es el Dios de aquellos que carecen de fuerza, garant\u00ed\u00ada de riqueza (pan) y de abundancia; es el Se\u00f1or que act\u00faa y vence desde el mismo reverso de la historia, (cf. Judit*, Magn\u00ed\u00adficat*).<\/p>\n<p>Cf. R. DE Vaux, Instituciones del Antiguo Testamento, Herder, Barcelona 1985, 622-623; M. BAL, Deatk and Dissymetry, The Politics of Coherence in the Book of Judges, University of Chicago Press 1988; N. K. GOTTWALD, The Tribes ofYahweh, SCM, Londres 1980; X. PiKAZA, Violencia y Guerra en la historia de occidente, Tirant lo Blanch, Valencia 2005; J. W. WATS, Psalms and Storv, JSOT SuppSer, Sheffield 1992, 82-98.<\/p>\n<p>MUJER<br \/>\n3. Mujeres de Jes\u00fas<\/p>\n<p>(-> sepulcro, resurrecci\u00f3n, Iglesia, Mar\u00ed\u00ada Magdalena, Mar\u00ed\u00ada, madre de Jes\u00fas). El movimiento de liberaci\u00f3n mesi\u00e1nica de Jes\u00fas ha superado aquellas estructuras donde el padre-patriarca var\u00f3n se elevaba con autoridad de g\u00e9nero y ha creado una familia de hermanos y hermanas en corro, alrededor del mismo Jes\u00fas, para escuchar, dialogar y cumplir juntos la voluntad de Dios (Mc 3,31-35). El orden social dominante pon\u00ed\u00ada al padre sobre el hijo, al var\u00f3n sobre la mujer, al rico sobre el pobre, al sano sobre el enfermo, etc. En contra de eso, Jes\u00fas ha ofrecido de manera provocadora el don del Reino a enfermos, expulsados, ni\u00f1os, pobres&#8230; Aqu\u00ed\u00ad evocamos algunas mujeres de la vida de Jes\u00fas. El tema contin\u00faa y debe estudiarse en otras entradas, sobre todo en sepulcro y resurrecci\u00f3n. Es all\u00ed\u00ad donde se expresa plenamente el sentido y lugar de las mujeres en la tradici\u00f3n del Evangelio.<\/p>\n<p>(1) Mujeres en el entorno de Jes\u00fas. En esa compa\u00f1\u00ed\u00ada se sit\u00faan las mujeres, no s\u00f3lo como necesitadas (menores) que deben ser amadas y ayudadas de forma caritativa, sino como personas, capaces de palabra, servidoras del Evangelio, (a) Escuchan y siguen a Jes\u00fas. Muchos rabinos las tomaban como incapaces de acoger y comprender la Ley, y el dato resulta comprensible, pues no ten\u00ed\u00adan tiempo ni ocasi\u00f3n para estudiarla. Pero Jes\u00fas no ha creado una escuela elitista, sino un movimiento de humanidad mesi\u00e1nica, dirigido por igual a mujeres y varones. Por eso, ellas le escuchan y siguen sin discriminaciones (cf. Mc 15,40-41; Lc 8,13). (b) Sirven. Varones y mujeres (cf. publ\u00ed\u00adcanos y prostitutas: Mt 21,31) pod\u00ed\u00adan hallarse igualmente necesitados: obligados a vender su honestidad econ\u00f3mica (varones) o su cuerpo (mujeres) al servicio de una sociedad que les oprime, utiliza y desprecia. Pero varones y mujeres pueden hallarse igualmente unidos en un mismo camino de gracia (perd\u00f3n) y servicio mesi\u00e1nico. Jes\u00fas no es reformador social, sino profeta escatol\u00f3gico: no quiere remendar el viejo manto israelita, ni echar su vino en odres gastados, sino ofrecer un mensaje universal de nuevo nacimiento (cf. Mc 2,18-22). No distingue a varones de mujeres, sino que acoge por igual a todos, ofreci\u00e9ndoles la  misma Palabra personal de Reino y la misma tarea de servicio a favor de los dem\u00e1s, (c) Jes\u00fas no ha distinguido funciones por g\u00e9nero o sexo. Los moralistas de aquel tiempo (como los c\u00f3digos dom\u00e9sticos de Col 3,18-4,1; Ef 5,22-6,9; 1 Pe 3,1-7; etc.) distingu\u00ed\u00adan mandatos de varones y mujeres; pero el Evangelio no lo hace (no contiene un tratado Nashim, como la Misn\u00e1), ni canta en bellos textos el valor de las esposas-madres, pues su anuncio va dirigido simplemente al ser humano. El mensaje del Reino (gratuidad y perd\u00f3n, amor y no juicio, bienaventuranza y entrega mutua) suscita una humanidad (nueva creaci\u00f3n), donde no se oponen varones y mujeres por funciones sociales o sacrales, sino que se vinculan como personas ante Dios y para el Reino.<\/p>\n<p>(2) Ser\u00e1n como \u00e1ngeles de Dios. Un d\u00ed\u00ada le preguntaron seg\u00fan Ley qui\u00e9n de los siete maridos que hab\u00ed\u00ada tenido en este mundo una mujer ser\u00ed\u00ada su marido en el momento de la resurrecci\u00f3n final. El respondi\u00f3 diciendo que la l\u00f3gica del Reino es diferente y las mujeres no son objeto pose\u00ed\u00addo por varones: ellas quedan liberadas del dominio de los hombres, para convertirse simplemente en lo que son, personas, como los \u00e1ngeles del cielo (cf. Mc 12,18-27). Jes\u00fas ha superado la l\u00f3gica de dominio, abriendo un camino de Reino donde cada uno (var\u00f3n o mujer) vale por s\u00ed\u00ad mismo y puede vincularse libremente con los otros. S\u00f3lo en este contexto se puede hablar de eunucos por el Reino Mt 19,12, de manera que esa expresi\u00f3n pueda aplicarse por igual a varones y mujeres en un sentido positivo, superando la estructura de poder patriarcalista: la posible renuncia al matrimonio iguala en libertad a varones y mujeres; ya no est\u00e1n determinados por el sexo, ni obligados a casarse por naturaleza, sino que pueden escoger lo que m\u00e1s quieren. Libres son var\u00f3n y mujer para el celibato o matrimonio, en igualdad personal. Todo intento de legislar de nuevo sobre esos temas desde imperativos patriarcales (de autoridad social o sexo) va contra el Evangelio. No hay desigualdad, ni primac\u00ed\u00ada de unos sobre otros o viceversa. Por eso, lo mejor del Evangelio sobre las mujeres es que apenas trate de ellas, en cuanto tales.<\/p>\n<p>(3) La sirofenicia, una mujer al encuentro de Jes\u00fas (Mc 7,24-30). Entre laspersonas de la historia de Jes\u00fas ocupa un lugar muy especial una mujer pagana, cuya religi\u00f3n formal parece secundaria, pues no importan los dioses que ella adora, sino su dolor como madre de una hija enferma y su fe en Jes\u00fas. Tiene un problema familiar: no es capaz de mantener la vida de su hija, que parece constituir su \u00fanico tesoro (el texto no alude a su posible marido, ni tampoco al resto de sus familiares). As\u00ed\u00ad la presenta el texto: \u00abUna mujer, cuya hija estaba pose\u00ed\u00adda por un esp\u00ed\u00adritu impuro, oy\u00f3 hablar de \u00e9l, e inmediatamente vino y se postr\u00f3 a sus pies. La mujer era griega, sirofenicia de origen, y le suplicaba que expulsara de su hija al demonio. Y \u00e9l le dijo: \u00c2\u00a1Deja que primero se sacien los hijos, pues no est\u00e1 bien tomar el pan de los hijos y ech\u00e1rselo a los perrillos! Pero ella dijo: Es cierto, Se\u00f1or, pero tambi\u00e9n los perrillos, debajo de la mesa, comen de las migajas de los ni\u00f1os\u00bb (Mc 7,24-30). Esta es la lecci\u00f3n mesi\u00e1nica de una madre pagana (sirofenicia) que hace cambiar de opini\u00f3n a Jes\u00fas, para que cure a su hija enferma. Como buena maestra, ella le hace ver algo que estaba impl\u00ed\u00adcito en su mensaje, pero que \u00e9l no hab\u00ed\u00ada descubierto ni desarrollado expresamente: la curaci\u00f3n de los paganos. No necesita ser jud\u00ed\u00ada para ense\u00f1ar a Jes\u00fas. Lc basta con ser mujer y madre de una hijita (thygatrion) enferma (cf. 7,25-26). En un primer momento ella parece una representante de aquellos pueblos del entorno de Israel que a lo largo de siglos hab\u00ed\u00adan combatido a los fieles de Yahv\u00e9 en su misma tierra. Es figura de las razas, religiones y culturas que se han enfrentado a Israel desde los tiempos m\u00e1s antiguos, en los a\u00f1os de los jueces y Elias (del XII al VIII a.C.), siendo rechazadas en la restauraci\u00f3n de Esdras-Nehem\u00ed\u00adas y en las guerras de los macabeos (siglos V-II a.C.); es la gentilidad, que parece oponerse al judaismo, pero comparte el mismo sufrimiento de los jud\u00ed\u00ados. Ella es una madre que sufre por su hija, de manera que el evangelio de Marcos puede presentarla al lado de unos padres jud\u00ed\u00ados, que tambi\u00e9n padecen por sus hijos enfermos, pidiendo a Jes\u00fas que les sane: el padre Jairo, archisinagogo triste, cuya hija se muere de soledad a los doce a\u00f1os (cf. Mc 5,21-43), y el padre incr\u00e9dulo del ni\u00f1o endemoniado mudo que est\u00e1 esperando una  palabra de reconocimiento (cf. Mc 9,14-29). Pues bien, al lado de los dos padres jud\u00ed\u00ados, como signo de la humanidad, en un contexto pagano, aparece esta mujer que no logra transmitir vida a su hija; ellas dos, madre e hija enferma, son s\u00ed\u00admbolo de todos los pueblos y naciones de la tierra. La buena ley israelita las habr\u00ed\u00ada expulsado del pueblo de la alianza, porque ellas contaminan a los puros jud\u00ed\u00ados, conforme a una ley de pureza y separaci\u00f3n terrible, estricta (cf. Esd 9\u201410).<\/p>\n<p>(4) La sirofenicia, maestra de Jes\u00fas. Pero el Evangelio presenta a esta madre como signo mesi\u00e1nico: ella ense\u00f1a a Jes\u00fas la verdad de su dolor, la miseria de una humanidad que espera salvaci\u00f3n. Ante su dolor de madre resultan secundarios otros rasgos que ser\u00ed\u00adan esenciales para un judaismo (o cristianismo) legalista: su idolatr\u00ed\u00ada (adora a dioses falsos), su ideolog\u00ed\u00ada pol\u00ed\u00adtica, su situaci\u00f3n personal (\u00bfcasada?, \u00bfmadre soltera?). S\u00f3lo importa su fe, su necesidad y la forma que ella tiene de relacionarse con Jes\u00fas, como ir\u00e1 mostrando el texto: Jes\u00fas llega a los confines de Tiro y se refugia en una casa, no queriendo hablar con nadie (7,24). Este ocultamiento empieza a formar parte de su estrategia mesi\u00e1nica, pues \u00e9l acaba de rechazar un tipo de ley del judaismo (7,1-23) y tiene que esconderse; pero el mismo ocultamiento se convierte en principio de nueva revelaci\u00f3n, pues una madre pagana le conoce y viene, pidiendo curaci\u00f3n para su hija enferma (7,25-26). Jes\u00fas le responde con la ley oficial del judaismo: \u00abDeja que primero se sacien los hijos. No es bueno tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos\u00bb (7,27). Primero han de comer los jud\u00ed\u00ados; s\u00f3lo despu\u00e9s podr\u00e1 extenderse la hartura a los gentiles. Esta es la palabra de la tradici\u00f3n israelita, que Jes\u00fas asume y dice, en nombre del pueblo elegido y de su Ley. L\u00f3gicamente, esta mujer y su hija tendr\u00e1n que esperar. No forman parte de la familia de Dios; son sencillamente unos perrillos que ladran, separados de la mesa de la casa. Pero ella encuentra un argumento: \u00ab\u00c2\u00a1Se\u00f1or!, tambi\u00e9n los perrillos comen las migajas que caen debajo de la mesa&#8230;\u00bb (7,28). Acepta la raz\u00f3n de Jes\u00fas, pero la invierte, record\u00e1ndole al Se\u00f1or (Kyrios) de Israel que su banquete es abundante, que sobra pan (se desbor da de la mesa), que es tiempo de hartura universal. No pide para el futuro (cuando se sacien los hijos&#8230;), sino para el presente, ahora, suponiendo que los hijos (si quieren) pueden encontrarse ya saciados. Jes\u00fas se deja convencer por la mujer, descubriendo que su necesidad y el dolor de su hija est\u00e1n por encima de todas las leyes sagradas de Israel, y as\u00ed\u00ad le responde: \u00abPor esta palabra que has dicho \u00c2\u00a1Vete! Tu hija est\u00e1 curada\u00bb (7,29). De esa forma, enriquecido por las razones de una mujer pagana, Jes\u00fas avanza hasta las \u00faltimas consecuencias de su mensaje: el banquete de pan compartido, la mesa abundante de nueva familia (la Iglesia) ha de abrirse desde ahora para todos. As\u00ed\u00ad supera o rompe el muro que escind\u00ed\u00ada a jud\u00ed\u00ados y gentiles. Jes\u00fas aprende de una mujer. En una casa de frontera, entre Galilea y Fenicia, Jes\u00fas ha recibido la lecci\u00f3n de la madre pagana y ha venido a mostrarse como Mes\u00ed\u00adas universal. Su primera respuesta (\u00c2\u00a1deja que se sacien los hijos!&#8230;: (7,27) reflejaba la teolog\u00ed\u00ada oficial del judaismo, que Jes\u00fas empezaba asumiendo. Pero ella resulta insuficiente ante la petici\u00f3n y fe de la madre que se introduce en la estrategia de Jes\u00fas, para recordarle lo que implica su mensaje. Si se quiere entender el Evangelio hay que pasar a la otra orilla, hay que salir del propio pueblo y ver las cosas desde la mirada y sufrimiento de los \u00abgentiles\u00bb. La mujer argumenta desde su maternidad frustrada, que es m\u00e1s importante que todas las leyes de Israel. Ella sabe que el camino de su maternidad (sea o no seg\u00fan ley) tiene sentido y que Jes\u00fas, Mes\u00ed\u00adas de Israel, debe ayudarle en la maduraci\u00f3n de su hija. Ante ese dato pasan a segundo plano los argumentos de pureza e impureza, de buen pueblo y mal pueblo. Si Jes\u00fas ha ofrecido pan multiplicado para los hijos (han sobrado doce cestos de migajas: cf. 6,43) debe haber comida para los perrillos. Este es un argumento de madre: su hija necesita \u00abpan del Reino\u00bb y si Jes\u00fas es Mes\u00ed\u00adas se lo tiene que ofrecer. S\u00f3lo una madre pagana puede formular este argumento. Ella sabe algo que los grandes escribas de Israel, fundados en la ley de los presb\u00ed\u00adteros varones (cf. 7,1-7), ignoraban, por hallarse dominados por su pretendida superioridad patriarcal. Aqu\u00ed\u00ad, en el momento clave de la historia, cuando se rompe el nacionalismo  religioso israelita y el pan del Reino se abre a los gentiles (los perrillos), ha sido necesaria una pagana. Ella es la exegeta de Dios y sabe que ha llegado el momento de compartir la comida rnesi\u00e1nica, superando la ruptura entre hijos (que com\u00ed\u00adan el pan sobre la mesa) y perrillos (que quedaban fuera).<\/p>\n<p>(5) La mujer de la unci\u00f3n, perfume de Jes\u00fas (Mc 14,1-11). Una de las figuras m\u00e1s enigm\u00e1ticas y significativas del movimiento de Jes\u00fas es aquella que le unge como Mes\u00ed\u00adas, iniciando su camino de entrega (muerte) y anticipando la experiencia pascual del sepulcro convertido en casa de perfume y vida, de amor regalado y compartido: \u00abY estando \u00e9l en Betania, en casa de Sim\u00f3n el leproso, recostado [a la mesa], vino una mujer llevando un vaso de alabastro lleno de un perfume de nardo aut\u00e9ntico, muy caro. Rompi\u00f3 el vaso cerrado y derram\u00f3 el perfume sobre su cabeza. Algunos estaban indignados y comentaban entre s\u00ed\u00ad: \u00bfA qu\u00e9 viene este despilfarro de perfume? Se pod\u00ed\u00ada haber vendido por m\u00e1s de trescientos denarios y hab\u00e9rselos dado a los pobres. Y la injuriaban. Jes\u00fas, sin embargo, replic\u00f3: Dejadla. \u00bfPor qu\u00e9 la molest\u00e1is? Ha hecho conmigo una obra buena. A los pobres los ten\u00e9is siempre con vosotros y pod\u00e9is socorrerlos cuando quer\u00e1is, pero a m\u00ed\u00ad no siempre me tendr\u00e9is. Ha hecho lo que ha podido. Se ha anticipado a ungir mi cuerpo para la sepultura. En verdad os digo: en cualquier lugar donde se anuncie el Evangelio en todo el cosmos se dir\u00e1 tambi\u00e9n lo que ella ha hecho, para memoria de ella\u00bb. Jes\u00fas hab\u00ed\u00ada curado a un leproso, mand\u00e1ndole que fuera a presentarse ante los sacerdotes, seg\u00fan la ley; pero \u00e9l no lo hizo, no fue a los sacerdotes, ni volvi\u00f3 al espacio de la sacralidad antigua, hecha de leyes de muerte (Mc 1,40-45). Pues bien, aqu\u00ed\u00ad aparece otro leproso, en el momento clave de la entrega de Jes\u00fas, recibi\u00e9ndole en su casa, mientras los sanedritas (s\u00ed\u00admbolo del templo) deciden matarle. Por eso, frente al templo* impuro, se eleva ahora la casa de este puro leproso, ante cuya mesa est\u00e1 recostado Jes\u00fas, con tiempo para dialogar, en gesto gozoso de comunicaci\u00f3n y comida compartida. Entonces vino una mujer con un (vaso de) alabastro con perfume de nardo&#8230; (Mc 14,3). Ella no act\u00faa como criada, sirviendo la comida, sino que, en lugar de una bandeja de alimentos, trae un vaso (frasco) de cristal sellado con perfume muy caro, de fiesta y gozo, para ungir y perfumar a Jes\u00fas. As\u00ed\u00ad act\u00faa como profetisa, derramando sobre la cabeza de Jes\u00fas el perfume de muerte y de gloria, completando el signo y funci\u00f3n del Bautista, que le hab\u00ed\u00ada ofrecido el agua del Bautismo (Mc 1,1-8). El Evangelio no dice su nombre. S\u00f3lo sabemos que es (tiene que ser) una mujer. El texto la identifica por el perfume que lleva en la mano y por la acci\u00f3n que realiza: \u00abrompiendo el [vaso de] alabastro derram\u00f3 [su contenido] sobre su cabeza\u00bb (Mc 14,3). As\u00ed\u00ad unge a Jes\u00fas como a rey (1 Sm 10,1; cf. 1 Sm 16,13; 1 Re 1,39), ofreci\u00e9ndole su apalabra y asistencia con perfume. Los comensales reaccionan de forma negativa y le molestan diciendo: \u00ab\u00bfA qu\u00e9 viene este derroche?\u00bb (14,4-5). Razonan desde claves econ\u00f3micas de compraventa. Ciertamente, lo hacen en actitud externa de servicio, se\u00f1alando que el perfume se pod\u00ed\u00ada haber vendido por m\u00e1s de trescientos denarios (jornales), para d\u00e1rselo a los pobres. Entienden el camino de Jes\u00fas en claves monetarias y piensan que s\u00f3lo se puede ayudar a los pobres (darles de comer) con dinero. Seg\u00fan ellos, el mes\u00ed\u00adas deber\u00ed\u00ada ser inmensamente rico, para resolver as\u00ed\u00ad los problemas de la tierra. Pero ricos de este mundo son los sacerdotes y ellos emplean su dinero para comprar y matar a Jes\u00fas (Mc 14,11). Esta mujer, en cambio, no tiene m\u00e1s que perfume y lo ofrece (se ofrece) por Jes\u00fas.<\/p>\n<p>(6) Mujer del perfume. El Evangelio como memoria de mujer. En la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica el perfume est\u00e1 vinculado al incienso del templo (Ex 30,35), que se emplea de un modo especial en la gran fiesta de la Expiaci\u00f3n* (Lv 16,1213). Seg\u00fan 1 Cr 6,49, junto al gran altar de los holocaustos, ante el tabern\u00e1culo* de Dios, hab\u00ed\u00ada un altar de perfumes, donde se quemaba sin cesar incienso para Dios. En esa l\u00ed\u00adnea, los sacrificios que se queman sobre el altar producen un olor que es agradable a Dios (cf. Gn 8,21; Ex 2,41). En la Biblia se pone tambi\u00e9n de relieve el olor del hombre (y sobre todo el de la mujer), que es olor de amores (cf. Cant 1,3.12; 2,13; 4,10-11; 7,8). En ese contexto podemos entender la importancia del perfume en este pasaje de la mujer que viene con un frasco (alabastro) con perfume de nardo puro, que es de mucho valor  (Mc 14,3), como sabe el Cantar de los Cantares (cf. Cant 4,14). Pero, como evoca el mismo Cantar, el nardo puede ser el mismo cuerpo de la mujer que expande su aroma de amor (Cant 1,12). M\u00e1s que el perfume externo importa ella. Su aroma pertenece al banquete de Jes\u00fas, que de esa forma se vuelve banquete de amor y comunicaci\u00f3n personal. Ella forma parte de la comida y camino de Jes\u00fas, pero no a modo de adorno (un buen jarr\u00f3n de flores, un incienso), sino como agente esencial de la trama. Parece que los dem\u00e1s (incluido Sim\u00f3n Leproso) ignoran lo que pasa: s\u00f3lo ella sabe, s\u00f3lo ella hace. Con su frasco de perfume en la mano, ella simboliza y desencadena el proceso de la entrega de Jes\u00fas, la verdad del Evangelio. Su misma vida se hace gesto (gesto de ella, gesto de Jes\u00fas): \u00abRompiendo el [frasco de] alabastro lo derram\u00f3 sobre su cabeza (de Jes\u00fas)\u00bb. El evangelista no dice m\u00e1s, pero resulta claro que el gesto de romper el frasco (que es como una ampolla, cuyo contenido s\u00f3lo puede verterse quebrando su parte m\u00e1s d\u00e9bil o cuello) est\u00e1 aludiendo a la muerte de Jes\u00fas: rota la ampolla no se puede ya recomponer (es de cristal, no tiene tap\u00f3n); as\u00ed\u00ad Jes\u00fas debe romperse para que se expanda su perfume. La mujer unge a Jes\u00fas en la cabeza, actuando como reina o profetisa (1 Sm 10,1; cf. 1 Sm 16,13; 1 Re 1,39), no en los pies como pecadora (cf. Lc 7,36-50). Lo hace en el centro de un rito de comida, anticipando de esa forma aquello que Jes\u00fas dir\u00e1 en la cena siguiente, la \u00faltima cena, cuando ofrezca el vino del banquete, que expresa (= simboliza) su sangre (Mc 14,22-26). Ella derrama (kata-khe\u00f3) su perfume, Jes\u00fas derramar\u00e1 (ek-khynn\u00f3: 14,25) su sangre. Esta mujer del perfume prepara as\u00ed\u00ad el gesto de la Cena de Jes\u00fas. Ella dice a Jes\u00fas con su frasco de perfume aquello que Jes\u00fas ha de ser y ha de hacer, cuando entregue su vida como perfume de pascua, muriendo por los hombres. Los cr\u00ed\u00adticos quieren convertir el mesianismo de Jes\u00fas en cuesti\u00f3n de dinero (con la excusa de unos pobres a los que no est\u00e1n dispuestos a servir de verdad). Pero Jes\u00fas defiende a la mujer: \u00ab\u00c2\u00a1Ha hecho conmigo una obra buena&#8230;!\u00bb (Mc 14,6). Frente a los disc\u00ed\u00adpulos que lo interpretan todo en plano monetario, ella ha entendido rectamente a Jes\u00fas y se lo ha dicho, ofreci\u00e9ndole de un modo abun dante (\u00c2\u00a1con derroche!) lo m\u00e1s grande que tiene (su perfume), como para decirle que \u00e9l mismo es el perfume de pascua. Ella ha iniciado en Jes\u00fas (y con Jes\u00fas) un gesto de ayuda, de presencia, que se puede traducir y se traduce con perfume, de manera que la muerte viene a convertirse en pascua. En este contexto, ampliando una palabra de la tradici\u00f3n israelita (Dt 15,11), Jes\u00fas dice: \u00abSiempre tendr\u00e9is pobres entre vosotros, a m\u00ed\u00ad no siempre me tendr\u00e9is\u00bb (Mc 14,7). Lo ha dado todo por ellos (por los enfermos, marginados, hambrientos) y ha subido a Jerusal\u00e9n, dispuesto a morir para ofrecerles el reino de Dios. Pero ahora se atreve a a\u00f1adir: \u00aba m\u00ed\u00ad no siempre me tendr\u00e9is\u00bb. El es el pobre, enfrentado ante la muerte. Ella, la mujer, lo ha comprendido y por eso le ha ungido, como a esposo de bodas, como a rey salvador, ofreci\u00e9ndole su amor hecho perfume, y Jes\u00fas lo acepta, recibe el don de la mujer y responde como representante de los pobres: lo que ella ha hecho con \u00e9l pueden y deben hacerlo todos con los pobres. Ya no se puede hablar de dos maneras de servir: a unos (como a Jes\u00fas) con perfume; a otros (a los pobres) con dinero. Esta mujer ha vinculado a Jes\u00fas con los pobres, ofreci\u00e9ndole una ayuda de perfume (de gozo y aroma), mostrando as\u00ed\u00ad que la muerte a favor de los dem\u00e1s es principio de vida, que la tumba se vuelve casa de pascua.<\/p>\n<p>(7) Unci\u00f3n pascual. Tradici\u00f3n de Juan. Esta mujer ha comprendido la misi\u00f3n de Jes\u00fas, \u00abungiendo su cuerpo para la sepultura, es decir, para la pascua\u00bb. Ha ungido a Jes\u00fas de tal forma que su sepulcro no ser\u00e1 ya lugar de podredumbre y muerte, sino espacio de perfume que se expande por toda la casa (casa de Sim\u00f3n, casa de la resurrecci\u00f3n*). Entendida as\u00ed\u00ad, esta escena aparece como relato de pascua*. En realidad, Jes\u00fas ya ha muerto, est\u00e1 ungido: ha entregado su vida en favor de los pobres y leprosos, de manera que dentro de la Iglesia (en casa de Sim\u00f3n Leproso) se extiende ya, por obra de esta mujer, el perfume de pascua. Los otros hablan de dinero de muerte. Esta mujer habla de muerte para la vida, de cuerpo hecho perfume que se extiende por la casa (cf. Jn 11,3). Por eso resulta esencial su memoria en la Iglesia: \u00aben cualquier lugar donde se anuncie el Evangelio en todo el cosmos se dir\u00e1 tambi\u00e9n  lo que ha hecho, para memoria de ella\u00bb. Este Jes\u00fas, ungido por la mujer, es ya un Jes\u00fas pascual, hecho perfume de vida y esperanza para todos, por medio de la Iglesia. Por eso, el recuerdo de Jes\u00fas est\u00e1 vinculado a la memoria de esta mujer, que puede y debe integrarse en la memoria eucar\u00ed\u00adstica de la Iglesia (cf. Lc 22,19; 1 Cor 11,23-25). El evangelio de Juan ha recreado la tradici\u00f3n anterior de Mc 14,3-9 (y quiz\u00e1 tambi\u00e9n la de Lc 7,36-50) indicando de una manera expresa que Mar\u00ed\u00ada unge los pies de Jes\u00fas en gesto espec\u00ed\u00adfico de anuncio pascual. No es la profetisa de Mc 14,3-9 que unge a Jes\u00fas en la cabeza para coronarle rey mesi\u00e1nico, en nombre de Dios. No es tampoco la pecadora de Lc 7,36-50 que lava y unge los pies de Jes\u00fas en amor agradecido porque ha sido perdonada. Seg\u00fan Jn 12, Mar\u00ed\u00ada es la creyente amiga que acompa\u00f1a a Jes\u00fas en el camino de entrega, ungiendo su cuerpo entregado por los hombres en gesto que anticipa y cumple el misterio de la pascua. Ante aquellos que la critican por el derroche de perfume, Jes\u00fas la defiende diciendo que la dejen porque \u00abha guardado el perfume para el d\u00ed\u00ada de su sepultura verdadera, el d\u00ed\u00ada de su entrega por los otros\u00bb (cf. Jn 12,1-8). Todo nos permite suponer que ella ha culminado ahora el camino del discipulado, como Marta lo hab\u00ed\u00ada hecho en 11,27, al confesar a Jes\u00fas como resurrecci\u00f3n y vida. Esta unci\u00f3n est\u00e1 llena de fe pascual. El tema contin\u00faa en sepulcro* y resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p>Cf. E. ESTEVEZ, El poder de una mujer creyente. Cuerpo, identidad y discipulado en Mc 5,24b-34. Un estudio desde las ciencias sociales, Verbo Divino, Estella 2003; M. NAVARRO, Ungido para la vida. Ex\u00e9gesis narrativa de Mc 14,3-9 y Jn 12,1-8, Verbo Divino, Estella 1999; M. SAWICKI, Seeing the Lord. Resurrection and Early Christian Practices, Fortress, Mine\u00e1polis 1994; X. TUNC, Tambi\u00e9n las mujeres segu\u00ed\u00adan a Jes\u00fas, Presencia Teol\u00f3gica 98, Sal Terrae, Santander 1999;B. WITHERINGTON III, Womeii in tlie Ministry of Jes\u00fas, Cambridge University Press 1984.<\/p>\n<p>MUJER<br \/>\n4.Pablo: mujeres mesi\u00e1nicas<\/p>\n<p>(Mar\u00ed\u00ada, madre de Jes\u00fas, Eva, ministerios, carismas, amor, Pablo). Las referencias de Pablo a la mujer son muchas y de diverso tipo. Entre ellas queremos escoger dos, una sobre la mujer que ha engendrado a Jes\u00fas y otra sobre el ministerio de las mujeres en la Iglesia. En principio, Pablo ha querido crear unas iglesias donde \u00abno hay hombre ni mujer, pues todos son uno en Cristo\u00bb (cf. Gal 3,28). Pero las iglesias paulinas posteriores han vuelto a sancionar un tipo de patriarcalismo*.<\/p>\n<p>(1) Nacido de mujer, nacido bajo la Ley. En el momento clave de su discurso sobre la novedad cristiana, Pablo afirma que \u00abal llegar la plenitud de los tiempos, Dios env\u00ed\u00ado a su Hijo, nacido (genomenou) de mujer, nacido bajo la Ley, para rescatar a los que estaban bajo la Ley, para que alcanz\u00e1semos la filiaci\u00f3n\u00bb (Gal 4,4-5). Pablo no alude a la madre de Jes\u00fas como persona individual, sino que evoca su funci\u00f3n engendradora, afirmando que ella pertenece al misterio liberador del nacimiento del hijo de Dios. En esa perspectiva se entienden sus momentos o funciones. Es evidente que la madre est\u00e1 sometida a la Ley, lo mismo que su Hijo, y lo est\u00e1 de un modo especial como mujer, seg\u00fan ha precisado con enorme detalle la legislaci\u00f3n jud\u00ed\u00ada (cf. Lv 12,15; Misn\u00e1, Nashim). En ese aspecto, la madre del Hijo divino es una mujer sometida a la norma legal israelita que regula de forma minuciosa lo tocante al sexo femenino (menstruaci\u00f3n, matrimonio, parto&#8230;). Esta mujer es s\u00ed\u00admbolo de la humanidad generadora, conforme a un dicho com\u00fan, que define al ser humano como nacido de mujer (Job 14,1; 15,14; 25,4; cf. tambi\u00e9n Mt 11,11; Lc 7,28). La madre de Jes\u00fas aparece en la l\u00ed\u00adnea de Gn 3,20 como fuente de vida. M\u00e1s all\u00e1 de cualquier ley religiosa o nacional (de toda vinculaci\u00f3n israelita), ella es signo de la humanidad que puede crecer y multiplicarse (cumpliendo as\u00ed\u00ad la palabra de Gn 1,29). Por otra parte, ella est\u00e1 especialmente vinculada con Dios y con su Hijo. Pablo sabe que Dios carece de mujer en plano teog\u00e1mico y de hijo en el \u00e1mbito de la generaci\u00f3n c\u00f3smica, pero, al unir Dios, mujer e Hijo, \u00e9l evoca unos s\u00ed\u00admbolos m\u00ed\u00adticos (paganos) de gran fuerza en todo el mundo antiguo. En su acci\u00f3n misionera, Pablo ha desarrollado la relaci\u00f3n entre el Dios de Cristo y la Ley israelita. Pero este pasaje desborda la perspectiva puramente israelita, situ\u00e1ndonos ante el Dios a quien, por medio de Jes\u00fas, su Hijo, nacido de mujer, podemos invocar diciendo \u00c2\u00a1Abba! \u00c2\u00a1Oh Padre! (Gal 4,6). Tanto el Padre como el Hijo resultan impl\u00ed\u00adcita  mente masculinos. Es evidente que en este contexto la mujer de la que nace el Hijo, engendrado\/enviado por el Padre, recibe especial importancia.<\/p>\n<p>(2) Nacido de mujer, nacido de David. Partiendo de la tradici\u00f3n israelita, Pablo podr\u00ed\u00ada haber formulado el nacimiento del Hijo de Dios desde el esquema de Rom 1,3-4, defini\u00e9ndole como: \u00abnacido del esperma (genomenon ek spennatos) de David seg\u00fan la carne, constituido Hijo de Dios en poder, seg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu de Santidad, por la resurrecci\u00f3n de entre los muertos\u00bb (Rom 1.3-4). Los paralelos con Gal 4,4 son evidentes y en ambos casos se emplea la palabra genonmenon (genomenon), engendrado-nacido. Ciertamente, Rom 1.3-4 ha distinguido el nivel hist\u00f3rico (\u00c2\u00a1hijo de David!) y escatol\u00f3gico (\u00c2\u00a1hijo de Dios por la resurrecci\u00f3n!), pero los ha vinculado en el mismo Kyrios Jesucristo de manera que, al menos en la redacci\u00f3n actual, supone que el hijo hist\u00f3rico (mesi\u00e1nico) de David es el mismo Hijo de Dios. De un modo muy significativo, el Dios engendrador (que no recibe t\u00ed\u00adtulo de Padre masculino) act\u00faa de manera patriarcal: realiza su paternidad a trav\u00e9s de la promesa y acci\u00f3n generadora de David, var\u00f3n mesi\u00e1nico. En el nivel de la carne (= humanidad), el Hijo Jesucristo nace de la semilla o esperma de David. Es evidente que el esperma se toma en sentido simb\u00f3lico fuerte, sin cerrarse en el plano del l\u00ed\u00adquido seminal, como saben los comentaristas. Pero la imagen que est\u00e1 en el fondo del t\u00e9rmino s\u00f3lo resulta significativa en un contexto patriarcal donde el padre\/var\u00f3n instaura con su fuerza generante activa la genealog\u00ed\u00ada. Parece que no influyen las mujeres: se limitan a recibir un semen masculino, sin definir de forma expresa el nacimiento del ni\u00f1o. Este es el nivel m\u00e1s israelita del surgimiento de Jes\u00fas: un padre humano (David) aparece como mediador y signo del origen\/env\u00ed\u00ado del mismo Hijo divino. Expresi\u00f3n de Dios es el padre-var\u00f3n, no la madre. La misma acci\u00f3n geneal\u00f3gica, patriarcal del var\u00f3n viene a presentarse como manifestaci\u00f3n visible (hist\u00f3rica) del misterio engendrador de Dios. Pues bien, en contra de eso, Gal 4,4 afirma que Dios ha enviado a su Hijo \u00abnacido de mujer\u00bb.<\/p>\n<p>(3) La mujer de la que nace el Hijo de Dios. Seg\u00fan Gal 4,4, esa mujer no es salvadora por s\u00ed\u00ad misma; su gestaci\u00f3n y alumbramiento no pueden entenderse como pascua, es decir, como paso definitivo del nivel de sometimiento de la ley (esclavitud y carne) al plano del Esp\u00ed\u00adritu (gracia universal y nueva filiaci\u00f3n). De todas maneras, mirado en el contexto m\u00e1s extenso del mesianismo de Jes\u00fas, el gesto de su madre (su gestaci\u00f3n y maternidad) pertenece al camino salvador del despliegue de la vida. En un sentido, la mujer de Gal 4,4 se encuentra bajo la condena del pecado (o, al menos, de la Ley), pues Dios ha enviado a su Hijo para liberar a los que estaban sometidos a la Ley. Pero desde su misma limitaci\u00f3n, como mujer que vive bajo el yugo de la ley, la madre de Jes\u00fas es capaz de ponerse al servicio de la vida. Rom 1,3-4, asumiendo quiz\u00e1 una f\u00f3rmula de los judeocristianos de Roma, afirmaba que Jes\u00fas hab\u00ed\u00ada nacido del sperma de David, seg\u00fan la carne, dentro de un contexto mesi\u00e1nico israelita que debe superarse. Gal 4,4 afirma, en cambio, que ella ha nacido de mujer, situ\u00e1ndose de esa manera en un contexto de esperanza universal, manifestada por la misma Ley. El mesianismo de David (Rom 1,34) pertenece a la carne, pero es carne abierta de alg\u00fan modo al Esp\u00ed\u00adritu. La maternidad de Mar\u00ed\u00ada (Gal 4,4) pertenece al plano de la Ley, pero es una Ley que, de alg\u00fan modo, se abre a la gracia. Seg\u00fan eso, la madre de Jes\u00fas es \u00abLey\u00bb, pero es una Ley que se desborda a s\u00ed\u00ad misma, pues a trav\u00e9s de ella env\u00ed\u00ada Dios a su Hijo. De esa forma se relacionan la acci\u00f3n de Dios que env\u00ed\u00ada a su Hijo y la acci\u00f3n de la mujer que lo engendra, aunque esa mujer se encuentra todav\u00ed\u00ada \u00aben el plano de la Ley\u00bb. Eso significa que, a diferencia de lo que dir\u00e1 Lc 1-2 y la tradici\u00f3n mariol\u00f3gica posterior de cat\u00f3licos y ortodoxos, Pablo no ha visto a Mar\u00ed\u00ada como signo de mujer cristiana. A los ojos de Pablo, la Madre de Jes\u00fas (lo mismo que David) pertenece al plano del Antiguo Testamento, al mesianismo de la Ley o de la carne.<\/p>\n<p>(4) Pablo. Virginidad. Liberaci\u00f3n de la mujer. La misma madre de Jes\u00fas pertenec\u00ed\u00ada, seg\u00fan Pablo, al plano de la Ley. Pero tras la pascua todo se ha vuelto diferente: la mujer ya no es Ley, sino gracia; no es carne, sino esp\u00ed\u00adritu. Todo lo que Pablo dice sobre la vida cristiana y los ministerios eclesiales, desde la perspectiva de los carismas y del amor (cf. Rom 12,4-16; 1 Cor  12-14), prescindiendo de la glosa posterior de 1 Cor 14,33b-36 (que es un retorno a una ley de tipo apocal\u00ed\u00adptico), vale igualmente para varones y mujeres, esclavos o libres, griegos o jud\u00ed\u00ados (cf. Gal 3,28). Por exigencia de la creaci\u00f3n y por novedad cristiana, varones y mujeres son, por igual, portadores del carisma de Jes\u00fas y as\u00ed\u00ad deb\u00ed\u00ada haberse expresado en la Iglesia. Ciertamente, una tradici\u00f3n paulina posterior ha dado marcha atr\u00e1s, como muestran las pastorales (1 Tim, Tit), reservando los ministerios de la presidencia eclesial a los varones, dentro de un esquema de honores que es propio de un tipo de judaismo precristiano (\u00c2\u00a1ni siquiera del buen judaismo rab\u00ed\u00adnico!) y de un entorno religioso grecorromano, que va en contra del Evangelio. Pero las cartas y textos aut\u00e9nticos de Pablo no discriminan en ning\u00fan momento a la mujer, sino que igualan a varones y mujeres en la vida y ministerios de la Iglesia. Pablo no puede resolver todos los temas y, por eso, algunas de sus afirmaciones m\u00e1s audaces han podido ser manipuladas despu\u00e9s por una tradici\u00f3n patriarcalista. Entre ellas est\u00e1 su defensa del celibato* o virginidad de las mujeres en 1 Cor 7. Pablo vive en un entorno en el que, de hecho, las mujeres casadas corren el riesgo de convertirse en siervas de sus maridos. Por eso, \u00e9l desea que las mujeres permanezcan solteras, para ser libres, para dedicarse \u00aba las cosas del Se\u00f1or\u00bb. El encomio paulino de la virginidad de la mujer constituye una de las p\u00e1ginas m\u00e1s hondas de la historia de la liberaci\u00f3n cristiana de la mujer: Pablo quiere que las mujeres sean lo que ellas quieran \u00aben el Se\u00f1or\u00bb, que no se sometan a los maridos, que vivan en libertad, para el conjunto de la Iglesia. Una tradici\u00f3n posterior ha convertido el estado oficial de virginidad de las mujeres (cierto monacato y vida religiosa) en estado de sometimiento a los varones ministros de la Iglesia. La vuelta al celibato paulino de la mujer implica una vuelta a la libertad de la mujer, para que ella pueda ser cristiana como lo desee, desde el centro de una Iglesia donde ya no hay varones ni mujeres. Por eso, en un primer momento, todas las mujeres (igual que todos los varones) han de ser c\u00e9libes, es decir, libres. En un segundo momento podr\u00e1n decidir si son c\u00e9libes-libres en virginidad no matrimonial o en vinculaci\u00f3n matrimonial, seg\u00fan ellas (y ellos) quisieran, dentro de la Iglesia.<\/p>\n<p>(5) Pablo. Mujeres mesi\u00e1nicas. Ministerios y mujeres. Desde ah\u00ed\u00ad han de entenderse las referencias de Pablo a los ministerios de las mujeres, especialmente las que hallamos en Rom 16,115, donde hay tantas o m\u00e1s mujeres realizando labores ministeriales que varones. Significativamente, las mujeresministros de Rom 16 pueden ser \u00abv\u00ed\u00adrgenes no casadas\u00bb (en la l\u00ed\u00adnea de 1 Cor 7), pero pueden ser tambi\u00e9n \u00abv\u00ed\u00adrgenes casadas\u00bb, es decir, mujeres que conservan y despliegan su libertad en el matrimonio, que viene a presentarse as\u00ed\u00ad para ellas como estado muy adecuado para realizar los ministerios cristianos: \u00abOs recomiendo a nuestra hermana Febe, diaconisa de la Iglesia que est\u00e1 en Cencres, para que la recib\u00e1is en el Se\u00f1or, como es digno de los santos, y que le ayud\u00e9is en cualquier cosa que sea necesaria; porque ella ha ayudado a muchos, incluso a m\u00ed\u00ad mismo. Saludad a Priscila y a Aquila, mis colaboradores en Cristo Jes\u00fas&#8230; Saludad tambi\u00e9n a la iglesia de su casa. Saludad a Epeneto, amado m\u00ed\u00ado, que es uno de los primeros frutos de Acaya en Cristo. Saludad a Mar\u00ed\u00ada, quien ha trabajado arduamente entre vosotros. Saludad a Andr\u00f3nico y a Junia, mis parientes y compa\u00f1eros de prisiones, quienes son muy estimados por los ap\u00f3stoles y tambi\u00e9n fueron antes de m\u00ed\u00ad en Cristo&#8230; Saludad a Herodi\u00f3n, mi pariente. Saludad a los de la casa de Narciso, los cuales est\u00e1n en el Se\u00f1or. Saludad a Trifena y a Trifosa, las cuales han trabajado arduamente en el Se\u00f1or. Saludad a la amada P\u00e9rsida, quien ha trabajado mucho en el Se\u00f1or. Saludad a Rufo, el escogido en el Se\u00f1or; y a su madre, que tambi\u00e9n es m\u00ed\u00ada. Saludad a Fil\u00f3logo y a Julia, a Nereo y a la hermana de \u00e9l, a Olimpas y a todos los santos que est\u00e1n con ellos\u00bb (Rom 16,1-15). En ese contexto se sit\u00faa tambi\u00e9n la referencia a \u00abEvodia y S\u00ed\u00adntique&#8230; que han combatido conmigo, a favor del Evangelio\u00bb (Flp 4,2-3). Estos pasajes indican que Pablo no esta aislado, sino que anima, acoge y asume como propio un grupo de colaboradores en el que predominan las mujeres: Febe es diaconisa de la iglesia en Cencres (Rom 16,1-2). Prisca (y su esposo Aquila) son colaboradores de Pablo y presiden una iglesia en su casa (16,3-5). Mar\u00ed\u00ada ha trabajado  mucho por los cristianos de Roma (16,6). Jimia y Andr\u00f3nico (\u00bfsu esposo?) son parientes de Pablo y le han precedido como ap\u00f3stoles (16,7). Trifena y Trifosa y P\u00e9rsida han trabajado (se han fatigado) por el Se\u00f1or (16,12). Estas mujeres son ap\u00f3stoles (testigos de Jes\u00fas, creadoras de iglesia), servidoras de la comunidad y dirigentes (presidentes) de iglesias dom\u00e9sticas. Esta situaci\u00f3n concuerda con la situaci\u00f3n de las comunidades de Galilea e incluso con la de Jerusal\u00e9n, donde Mar\u00ed\u00ada, madre de Marcos, daba nombre a la comunidad reunida en su casa (Hch 12,12). Estos y otros ministerios, compartidos por varones y mujeres, han brotado de un modo normal, seg\u00fan las necesidades apost\u00f3licas y organizativas de la Iglesia, por iniciativa de Pablo y sus comunidades, conforme al carisma del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Eso significa que las mujeres han asumido y realizado en el principio diversos ministerios eclesiales.<\/p>\n<p>Cf. P. BONNARD, Galates, CNT IX, Neuch\u00f1tel 1972; R. E. BROWN (ed.), Mar\u00ed\u00ada en el Nuevo Testamento, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1986; E. W. BURTON, Galatians, ICC, Edimburgo 1980; H. SCHLIER, Calatas, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1975; X. PIKAZA, Sistema, libertad, iglesia. Instituciones del Nuevo Testamento, Trotta, Madrid 2001; K. Jo TORJESEN, Cuando las mujeres eran sacerdotes: el liderazgo de las mujeres en la primitiva iglesia y el esc\u00e1ndalo de su subordinaci\u00f3n con el auge del cristianismo, El Almendro, C\u00f3rdoba 1997; B. WITHERINGTON III, Women in the Earliest Chnrches, Cambridge University Press 1988.<\/p>\n<p>MUJER<br \/>\n5. Apocalipsis<\/p>\n<p>(-> drag\u00f3n, sat\u00e1n, Eva, pecado, \u00e1ngeles, celibato, ciento cuarenta y cuatro mil). El Apocalipsis es uno de los libros simb\u00f3licamente m\u00e1s ricos y ambiguos en referencia al tema de las mujeres, que aparecen interpretadas de diversas formas. Aqu\u00ed\u00ad nos fijamos de un modo especial en la mujer celeste, con sus diversos cambios, para estudiar luego el tema de los que \u00abno se han manchado con mujeres\u00bb.<\/p>\n<p>(1) Una Mujer en el cielo. En el mismo centro del Apocalipsis aparece la figura de una mujer que da sentido al conjunto del libro: \u00abUna gran se\u00f1al apareci\u00f3 en el cielo: una Mujer vestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza. Estaba encinta y gritaba en la angustia y tortura de su parto. Entonces apareci\u00f3 en el cielo otra se\u00f1al: un enorme Drag\u00f3n de color rojo con siete cabezas y diez cuernos y una diadema en cada una de sus siete cabezas. Con su cola barri\u00f3 la tercera parte de las estrellas del cielo y las arroj\u00f3 sobre la tierra. Y el Drag\u00f3n se puso al acecho delante de la Mujer que iba a dar a luz, con \u00e1nimo de devorar al hijo en cuanto naciera. La Mujer dio a luz un Hijo var\u00f3n, destinado a regir todas las naciones con vara de hiero; y su Hijo fue raptado (= elevado) hasta Dios y hasta su Trono. Mientras tanto, la Mujer huy\u00f3 al desierto, donde tiene un lugar preparado por Dios para ser all\u00ed\u00ad alimentada durante mil doscientos sesenta d\u00ed\u00adas\u00bb (Ap 12,1-5). Esta mujer forma parte del mito originario de la gran madre divina: es \u00abMujer, vestida de Sol, con la Luna bajo sus pies y una Corona de doce astros sobre su cabeza\u00bb (12,1). Posiblemente debamos vincularla con Virgo, un signo del zod\u00ed\u00adaco. Pero ella es m\u00e1s que un simple signo del zod\u00ed\u00adaco: es la expresi\u00f3n de la fuente de la vida: En el principio del gran drama de la historia, como expresi\u00f3n de Dios y sentido del surgimiento de la realidad aparece ella. Pero \u00e9sta es una mujer especial: \u00abEst\u00e1 encinta y grita en la angustia y tortura del dar a luz\u00bb (12,2). Para entender mejor su sentido empezaremos situando su figura en el despliegue del conjunto del Apocalipsis. Despu\u00e9s volveremos a evocar algunos de los rasgos m\u00ed\u00adticos que m\u00e1s han influido en la interpretaci\u00f3n posterior del Apocalipsis.<\/p>\n<p>(2) Perspectiva din\u00e1mica. Los momentos de la mujer del Apocalipsis, (a) Madre celeste (Ap 12,1-5). En su origen es un signo de la Gran Diosa Madre, potencia engendradora que se sit\u00faa en un lugar celeste (como la Reina del Cielo de Jr 44,17-25). Pero, en perspectiva israelita, ella es tambi\u00e9n la Mujer Si\u00f3n* (Madre, Viuda, Virgen), que ha dado a luz al salvador escatol\u00f3gico. Evidentemente, la tradici\u00f3n cristiana podr\u00e1 identificarla con Mar\u00ed\u00ada, la madre de Jes\u00fas, (b) Mujer terrestre-perseguida, Iglesia (Ap 12,6-19,21). La Mujer madreceleste ha dado a luz al Hijo salvador, que ha sido \u00abarrebatado\u00bb hasta el Trono de Dios, en gesto de triunfo que se identifica, sin duda, con la pascua cristiana. Su Hijo ha triunfado, pero ella se descubre expulsada y fugitiva, como simple Mujer de la tierra, perseguida  por el Drag\u00f3n y sus Bestias. \u00abLa Mujer huy\u00f3 al desierto, al lugar preparado por Dios, donde la alimentan 1.260 d\u00ed\u00adas\u00bb, es decir, el tiempo de la gran crisis hist\u00f3rica de la humanidad y de la Iglesia (Ap 12,6). Su Hijo ha triunfado ya, pero ella debe sufrir la gran prueba, amenazada, en el desierto de la historia. Frente a ella se elevan por obra del Drag\u00f3n las dos grandes Bestias (cf. Ap 13) y la Mujer Prostituta* (Ap 17), que son signo de los poderes destructores, antihumanos, de una humanidad cuya perversi\u00f3n se condensa en Roma. La mujer-madre perseguida, que mantiene su fidelidad esponsal y materna, contra los poderes de las Bestias y la Prostituta, es indudablemente la Iglesia. Del cielo engendrador ha descendido a la tierra, asumiendo de esa forma el camino de Jes\u00fas, Cordero sacrificado. (c) Novia final, esposa del Cordero (Ap 21-22). El Apocalipsis puede definirse como el libro de las metamorfosis de la Mujer. Ella empezaba siendo Madre celeste. Ha seguido mostr\u00e1ndose como fraternidad de perseguidos. S\u00f3lo al final se mostrar\u00e1 en su pleno esplendor, como Novia del Cordero sacrificado, que viene a mostrarse ya como esposo amante y triunfador. Es como si la historia se invirtiera y, en vez de pasar de la Virgen a la Madre anciana, nos hiciera venir de la Madre primera a la Novia final. En el principio est\u00e1 la Madre, al final la Prometida, es decir, la juventud dichosa y el amor que se expresan en las Bodas del Cordero. En el camino que lleva de un estadio al otro emerge la persecuci\u00f3n, con la exigencia de fidelidad de los creyentes.<\/p>\n<p>(3) Perspectiva m\u00ed\u00adtica. Volvemos al texto de Ap 12,1-5 para evocar algunos de los signos religiosos que est\u00e1n en su fondo, (a) La Mujer vestida de sol (12,1) empieza siendo una figura o realidad astral. Est\u00e1 en el centro del mundo de los astros, porque todos (o los m\u00e1s valiosos: sol, luna y estrellas) se encuentran a su servicio, vali\u00e9ndole de adorno. Probablemente es Virgo, rodeada por (o formando parte de) las doce constelaciones del Zod\u00ed\u00adaco: el sol la cubre con sus rayos una vez al a\u00f1o y la luna, al pasar debajo de ella, le sirve de escabel. Virgo es una diosa que se identifica con la Magna Mater de Cartago y Siria; ella presenta grandes semejanzas con Isis y Latona, madres del h\u00e9roe vencedor que han sido persegui   das por el Drag\u00f3n, (b) El Drag\u00f3n celeste (12,3) recuerda al monstruo babilonio del caos (Tiamat*) al que el Dios Marduk ha derrotado en el principio. Con nombres diferentes (Leviat\u00e1n*, Tann\u00ed\u00adn*&#8230;) aparece en el trasfondo del Antiguo Testamento como enemigo de Dios (cf. Job 26,13; Is 27,1; Ez 29,3). Tambi\u00e9n se le conoce en Ir\u00e1n, Egipto, Grecia&#8230; Su habitaci\u00f3n y fuente de poder es casi siempre el agua primitiva del gran caos (cf. 12,15), que se hallaba al principio sobre el cielo y que ahora amenaza desde el fondo de la tierra, (c) El Hijo divino (12,5) aparece como h\u00e9roe triunfador que, una vez crecido, derrota al Drag\u00f3n y libera a la Madre amenazada. Nuestro pasaje relata su nacimiento: perseguida con furor por los poderes del caos y tiniebla (Drag\u00f3n), la Mujer celeste ha dado a luz al Hijo divino que un d\u00ed\u00ada destruir\u00e1 a los poderes del caos, haciendo que toda la historia culmine en las bodas del cielo, en amor perdurable. Las dos figuras opuestas (Mujer y Drag\u00f3n) aparecen como dualidad originaria, signos del enfrentamiento apocal\u00ed\u00adptico. En un primer momento se podr\u00ed\u00ada hablar de Mujer-buena y Var\u00f3n-malo (si entendemos al Drag\u00f3n como masculino y no como ser neutro), en una dualidad en la que se vinculan los aspectos sexuales (mujer, var\u00f3n) y los morales (bien, mal). Pero el mito tiende a ser triangular de tal forma que podemos y debemos buscar un tercer personaje: el Padre oculto (\u00bfqui\u00e9n ha fecundado a la mujer?) o el Hijo que ha de nacer. As\u00ed\u00ad sucede en el mito egipcio donde Isis, esposa de Osiris, de quien ha concebido, que se encuentra amenazada por el Drag\u00f3n (Typhon o Seth), que ha matado a Osiris; pero Isis logra escapar y se refugia en los pantanos del delta del Nilo, dando a luz a Horus, Hijo vencedor, que m\u00e1s tarde luchar\u00e1 contra Seth-Typhon para derrotarle. En la cultura helenista la mujer es Latona y el Drag\u00f3n es Pyth\u00f3n, que persigue a la mujer pero es incapaz de impedir que ella d\u00e9 a luz a Apolo y que despu\u00e9s Apolo le destruya. Es evidente que en el fondo del Apocalipsis resuena el mito, pero un mito que ha sido poderosamente recreado por el cristianismo.<\/p>\n<p>(4) Los que no se han manchado con mujeres (ciento* cuarenta y cuatro mil; guerra santa, celibato, Si\u00f3n). Uno de los textos m\u00e1s escandalosos y dif\u00ed\u00adciles    de la Biblia es el que alude a los que acompa\u00f1an sobre el monte Si\u00f3n al Cordero: \u00abEstos son los que no se mancharon con mujeres, pues son v\u00ed\u00adrgenes\u00bb (Ap 14,4). Estos son los soldados del Cordero victorioso, que se definen como aquellos que han sido \u00abredimidos\u00bb (comprados), como primicias de la tierra. Pues bien, en ese contexto se a\u00f1ade que no se han manchado con mujeres, pues son v\u00ed\u00adrgenes. Esta expresi\u00f3n resulta actualmente extra\u00f1a y desafortunada. Por eso debemos precisar su sentido, (a) La mancha. Dentro del conjunto del Apocalipsis, lo que mancha no es la mujer como sexo o g\u00e9nero, sino el pecado de hombres y\/o mujeres. La palabra mancharse se puede aplicar por igual a varones y mujeres, pues Ap no los distingue al hablar de reino y sacerdocio (cf. Ap 1,6; 5,10) y cuando sigue diciendo que hay una profetisa mala (Jezabel*: Ap 2,20) supone que hay mujeres (profetisas) buenas en la Iglesia. La resistencia que Juan pide a los cristianos se aplica por igual a todos los llamados a la fidelidad y al martirio. Por eso, las mujeres con quienes los cristianos no deben mancharse se entienden aqu\u00ed\u00ad como signo del Imperio impuro, reflejado en Ap 17 por la Prostituta (formada por varones m\u00e1s que por mujeres) donde culminan los males de la historia, que amenazan tambi\u00e9n dentro de la Iglesia (cf. Jezabel: 2,2023). Seg\u00fan eso, la frase discutida (\u00c2\u00a1no mancharse con mujeres!) puede aplicarse por igual a hombres y a mujeres en la Iglesia, (b) Soldados v\u00ed\u00adrgenes. Por otra parte, la aplicaci\u00f3n de la virginidad a soldados en principio varones resulta parad\u00f3jica, pues \u00e9sta suele ser una \u00abnota propia de mujeres\u00bb. Pues bien, ella se aplica ahora a todos, sin que deba entenderse por tanto en sentido biol\u00f3gico, pues el var\u00f3n no puede perder la virginidad en un plano biol\u00f3gico. Nuestro pasaje invierte y transforma el sentido de la virginidad, cambiando por tanto la visi\u00f3n de las mujeres. Por eso, la pureza de la que habla y la expresi\u00f3n \u00abmancharse con mujeres\u00bb ha de entenderse de un modo simb\u00f3lico. Pero, dicho eso, debemos a\u00f1adir que (a pesar de la paradoja del fondo del texto) estas palabras poseen su propia din\u00e1mica y suponen una visi\u00f3n pesimista de la mujer, a la que vinculan con la mancha o la impureza. Seg\u00fan ella, los hombres limpios deben evitar la impureza femenina. Sabemos por toda la tradici\u00f3n, y especialmente por Mc 5,24.34 par (hemorro\u00ed\u00adsa*), que los evangelios han superado esta visi\u00f3n, de manera que Jes\u00fas no podr\u00ed\u00ada haber utilizado un lenguaje como \u00e9ste (mancharse con mujeres), pues ellas no tienen ninguna impureza especial, ni por actitud humana, ni por sexo. La visi\u00f3n general del Ap concuerda (o puede concordar) con el evangelio de Jes\u00fas en este campo. Pero el lenguaje inmediato de Ap 14,4 resulta ambiguo y acaba siendo peligroso en su formulaci\u00f3n (por m\u00e1s parad\u00f3jica que sea); por eso, en virtud de su misma din\u00e1mica martirial (fidelidad a Jes\u00fas), debemos superarlo.<\/p>\n<p>(5) Angeles violadores. En la ra\u00ed\u00adz del lenguaje de Ap 14,4 hay un fondo m\u00ed\u00adtico que es propio de todos los apocal\u00ed\u00adpticos: los \u00e1ngeles* violadores que han manchado a las mujeres (o se han manchado con mujeres). En ese contexto, lo que mancha no es la mujer, sino el deseo pervertido de los grandes esp\u00ed\u00adritus (simb\u00f3licamente masculinos) que se rebelaron contra Dios y que hacen algo que es opuesto a su m\u00e1s honda verdad: se pervierten con mujeres a las que violan y someten. En el fondo de la frase (\u00c2\u00a1los que no se han manchado con mujeres!) est\u00e1 latiendo la tradici\u00f3n apocal\u00ed\u00adptica del descenso de los violadores, formulada de manera cl\u00e1sica por 1 Hen* 6-36. Seg\u00fan ella, los hombres de este mundo (y en especial las mujeres) no son culpables, sino v\u00ed\u00adctimas: el pecado original es obra de los Esp\u00ed\u00adritus insaciables que bajaron a la tierra para violar (= manchar) a las mujeres. No mancharon las mujeres a los Varones-Angeles, sino al contrario: los Angeles (\u00bfvarones?) se mancharon a s\u00ed\u00ad mismos, rompiendo el orden de Dios y violando-utilizando a las mujeres. Ellos bajaron como ej\u00e9rcito de sangre (guerra y deseo sexual) al monte Herm\u00f3n (no a Si\u00f3n, como Jes\u00fas), para introducir sobre el mundo la perversi\u00f3n (la mancha) en el nivel del sexo y sangre. Las mujeres no fueron violadoras, sino violadas, no fueron las que mancharon, sino las que fueron \u00abmanchadas\u00bb por \u00e1ngeles (1 Hen 6-7). Por eso, el Henoc m\u00e1s antiguo no las acusa a ellas, sino a los invasores ang\u00e9licos perversos (m\u00e1s varones que mujeres), que fueron portadores de la mancha y violencia sobre la humani  dad (cf. 1 Hen 15). Ellos, el mal ej\u00e9rcito de los \u00e1ngeles invasores, son causa del pecado, principio de mancha. Seg\u00fan esto, podr\u00ed\u00adamos decir que los 144.000 soldados v\u00ed\u00adrgenes de Cristo forman el reverso de los \u00e1ngeles violadores: son la nueva humanidad reconciliada, fiel al Cordero, capaz de guardar la fidelidad que consiste en no romper el orden sagrado de la vida, en no utilizar ni oprimir a las mujeres (que suelen ser siempre las v\u00ed\u00adctimas de los soldados). Son ellos los que \u00abno se han manchado\u00bb porque no han violado a mujeres. Son soldados que no violan, triunfadores que no han logrado su victoria raptando y poseyendo mujeres a la fuerza, sino respetando toda forma de vida. Por eso, al decir que \u00abno se han manchado con mujeres\u00bb, no se quiere indicar que hubieran sido ellas las que les habr\u00ed\u00adan manchado, sino ellos mismos los que se habr\u00ed\u00adan manchado violando mujeres.<\/p>\n<p>(6) Abstinencia sexual. La reflexi\u00f3n anterior es b\u00ed\u00adblicamente correcta y nos hace ver que no son las mujeres las que manchan a los varones, sino los varones-soldados-diablos los que se han manchado violando mujeres. Pero, una vez formulado, y en especial dentro de un contexto antifeminista como el de la gnosis griega, es evidente que ese texto ha contribuido a entender a las mujeres como mancha, como peligro para los varones-ascetas-abstinentes, conforme a una visi\u00f3n que ha seguido influyendo en la Iglesia cat\u00f3lica en diversos lugares. Por otra parte, debemos recordar que en el fondo del texto se est\u00e1 evocando tambi\u00e9n la pr\u00e1ctica de la abstinencia sexual para la guerra* santa. As\u00ed\u00ad lo indica el texto cl\u00e1sico de la visita de David* al templo de Nob, donde pide panes para comer y le dan los panes santos (de la Proposici\u00f3n), que los soldados podr\u00e1n comer s\u00f3lo si est\u00e1n en estado de pureza* ritual, es decir, si no han tenido relaciones previas con mujeres (1 Sm 21,1-6). Tanto los sacerdotes antes de oficiar los sacrificios como los soldados de la guerra santa antes de la lucha ten\u00ed\u00adan que abstenerse de relaciones sexuales, pues ellas implicaban un tipo de impureza ritual (por el derramamiento de semen). En ese sentido simb\u00f3lico, estos soldados del Cordero aparecen como ritualmente puros, dentro de un contexto donde la pureza ten\u00ed\u00ada un sentido distinto al que tiene para Jes\u00fas de Nazaret y para nosotros. Por eso, tomado al pie de la letra, lo que se dice de ellos (son v\u00ed\u00adrgenes, pues no se han manchado con mujeres) nos resulta hoy extra\u00f1o.<\/p>\n<p>Cf. R. B. Allo, Saint Jean. L\u2020\u2122Apocalypse, Gabalda, Par\u00ed\u00ads 1971; X. Pikaza, Apocalipsis, Verbo Divino, Estella 1999; P. Prigent, LApocalypse de saint Jean, Labor et Fides, Ginebra 1981.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Introducci\u00f3n.-II. Dios y la dualidad sexual de lo humano en la creaci\u00f3n: AT.-III. El Hijo de Dios y las mujeres: NT: 1. Jes\u00fas y las mujeres en los evangelios; 2.Las mujeres en el mensaje cristiano: a. los principios del mensaje cristiano (G\u00e1l 3,28), b. Los conflictos de la praxis, c. las consecuencias.-IV. Trinidad y dualidad sexual humana: 1. Alteridad y referencia: relaciones personales.<\/p>\n<p>I. Introducci\u00f3n<br \/>\nTanto la Teolog\u00ed\u00ada como el tratamiento del tema de la mujer en \u00e1mbito cat\u00f3lico adolecen de una escasa perspectiva trinitaria de las relaciones entre Dios y la mujer. Los intentos son m\u00e1s bien escasos en cuanto a planteamienio trinitario como tal. Abundan, sin embargo, los trabajos que abordan la &#8216;cuesti\u00f3n desde alguna de las personas divinas, sobre todo desde Jes\u00fas y desde &#8216;el Esp\u00ed\u00adritu Santo. Creemos que el planteamiento unitario de las relaciones entre Dios y la mujer, en perspectiva trinitaria, aportar\u00ed\u00ada datos interesantes a la reflexi\u00f3n, tales como el enfoque relacional de la dualidad sexual del ser humano, o la convicci\u00f3n de que se trata de una cuesti\u00f3n que, lejos de ser marginal, implica la pertenencia de nuestra realidad a la realidad de Dios no s\u00f3lo desde el punto de vista de la criatura, sino tambi\u00e9n desde la asunci\u00f3n de este conflicto que es historia nuestra, en la historia de Dios.<\/p>\n<p>II. Dios y la dualidad sexual del ser humano en la creaci\u00f3n: AT<br \/>\nLa analog\u00ed\u00ada trinitaria que lleva a afirmar la igualdad personal de los sexos se basa en G\u00e9n 1,26-27 en que por dos veces, primero en discurso directo de Dios y luego en boca del narrador que nos relata la acci\u00f3n ya cumplida de Dios, se nos dice que el ser humano sexuado es creado a imagen suya. Sin embargo las interpretaciones que a lo largo de los siglos se han hecho en \u00e1mbito jud\u00ed\u00ado y cristiano, han obviado el orden de la narraci\u00f3n en los tres primeros cap\u00ed\u00adtulos y han proyectado sobre G\u00e9n 1-2 el impacto causado por el final de G\u00e9n 3 con lo que toda la perspectiva se ha falseado sin que se tome consciencia de ello3. Por eso aqu\u00ed\u00ad tomaremos los dos cap\u00ed\u00adtulos del G\u00e9n en su orden literario sin por ello perder de vista que se trata de fuentes distintas. Preferimos trabajar sobre el texto final tal y como se nos ha transmitido en el TM (texto masor\u00e9tico).<\/p>\n<p>En G\u00e9n 1 la creaci\u00f3n surge de la Palabra de Dios que activa el principio de separaci\u00f3n o diferenciaci\u00f3n en un proceso que parte de las unidades mayores indiferenciadas, y desciende a las unidades menores diferenciadas. Al llegar a la creaci\u00f3n del ser humano el principio contin\u00faa siendo el mismo. Los vv. 26-27 proponen tres estadios: en el discurso directo de Dios &#8216;adam (hombre) aparece sin art\u00ed\u00adculo, como un ser indefinido. En la voz del narrador, aparece primero con art\u00ed\u00adculo ha &#8216;adam (el hombre) y luego en la dualidad sexual, como macho y hembra, se\u00f1alando el paso de lo indiferenciado gen\u00e9rico a imagen de Dios lo cre\u00f3 a lo diferenciado y espec\u00ed\u00adfico macho y hembra los cre\u00f3.<\/p>\n<p>En G\u00e9n 2 el principio sigue siendo v\u00e1lido a\u00fan cuando se trate de una tradici\u00f3n textual diferente. El juego de palabras entre &#8216;adamah (humus, tierra) y &#8216;adam (hombre, humano) nos ofrece una pista inicial que sit\u00faa el principio de diferenciaci\u00f3n y lo comienza. Tambi\u00e9n advertimos tres estadios en este proceso. El primero es el que marca la primera etapa: el &#8216;adam (hombre, humano) gen\u00e9rico que es tomado-separado de la tierra-humus, &#8216;adamah es aquel ser todav\u00ed\u00ada no diferenciado en s\u00ed\u00ad mismo. De este &#8216;adam (humano) surgir\u00e1 en un segundo momento la diferencia sexual posibilitada por el reconocimiento del otro situado enfrente, &#8216;\u00e9zer kenegd\u00f3&#8217; (ayuda enfrente). El texto dice que esta diferencia la percibe un &#8216;adam al que la alteridad ha convertido en ish (var\u00f3n). Ir\u00f3nicamente el var\u00f3n s\u00f3lo es tal cuando reconoce a la &#8216;ishshah, (varona, mujer) nombre derivado y, en autorreferencia ( \u00bfqui\u00e9n le ha dicho a este var\u00f3n de d\u00f3nde ha sido tomada la mujer?), da una explicaci\u00f3n de la relaci\u00f3n que acaba de descubrir (\u00bfpor qu\u00e9 en el reconocimiento de la mujer aparece ya este af\u00e1n de explicarse el origen de ella?). Ni siquiera dice que ha sido sacada-separada del &#8216;adam. El reconocimiento est\u00e1 en discurso directo, pero nosotros ya sab\u00ed\u00adamos por el narrador antes de que lo supiera el &#8216;adam (humano) covertido en ish (var\u00f3n), que Dios hab\u00ed\u00ada diferenciado a la ishshah (varona) del &#8216;adam (humano, hombre). A partir de este momento el &#8216;adam se puede identificar con el ish porque ya est\u00e1 en un nivel de mayor diferenciaci\u00f3n. Hasta el c. 4 no tiene lugar la diferenciaci\u00f3n total. Igual que en G\u00e9n 1, la creaci\u00f3n del ser humano la realiza Dios por su Palabra que activa ese principio de que habl\u00e1bamos. Pero lo que a\u00f1ade este cap\u00ed\u00adtulo con respecto al precedente es que esa Palabra aqu\u00ed\u00ad activa la diferenciaci\u00f3n. En G\u00e9n 1, 26 el discurso directo de Dios expresa la intenci\u00f3n expl\u00ed\u00adcita de crear al ser humano sin explicitar la diferencia. Es el narrador el que luego nos relata que los efectos de esa palabra son el ser humano diferenciado. En cambio en G\u00e9n 2 ocurre a la inversa. Es el narrador el que nos dice en el v. 7 que Dios crea al ser humano indiferenciado, mientras que la diferenciaci\u00f3n la propone YHWH mismo en discurso directo al observar que su creaci\u00f3n no est\u00e1 perfecta. El estadio diferenciador es en este proceso creador un momento de perfecci\u00f3n. A\u00fan m\u00e1s. Si la primera diferenciaci\u00f3n ten\u00ed\u00ada lugar a partir de un medio amplio tosco, la tierra, el suelo, la segunda tiene lugar a partir de un ser humano que ya tiene nephesh (aliento, vida). El tercer estadio tiene que ver con el c. 4, pero no vamos a entrar en \u00e9l.<\/p>\n<p>Desde la perspectiva trinitaria en que nos movemos esto suscita algunas reflexiones conclusivas. Nos lleva a preguntarnos por el significado que tiene ser imagen de Dios aplicado al ser humano. Y una primera respuesta apunta a Dios mismo como ser diferenciado cuya obra creadora adquiere as\u00ed\u00ad un cierto car\u00e1cter especular al que pertenece la misma autonom\u00ed\u00ada. Esto se vuelve expl\u00ed\u00adcito en la creaci\u00f3n del ser humano. Dios, principio de la vida, culmina su creaci\u00f3n de forma cualitativa no s\u00f3lo en la acci\u00f3n directa de soplar vida, sino en la acci\u00f3n mediada de ir promoviendo la perfecci\u00f3n humana. Esta perfecci\u00f3n tiene que ver con el surgir de la alteridad, incluyendo el proceso mismo, con la capacidad de estar frente a otro del que se percibe a la par la diferencia y la semejanza. El juego de palabras ish- \u00ed\u00adshshah (var\u00f3n-varona) es ilustrativo a este respecto. Por tanto, Dios creador del ser humano es Dios principio de igualdad cada uno referido al otro (alterorreferente). Si no hay referencia al otro no es posible, entonces, que se active el principio de igualdad. Y en estos textos del G\u00e9n la referencia del uno al otro se ilustra con la dualidad sexual. La idea de subordinaci\u00f3n de un sexo a otro es ajena al texto. Las expresiones que se han interpretado en este sentido han sido ya objeto de investigaci\u00f3n minuciosa que muestran la debilidad de dichas interpretaciones. Ambos sexos pertenecen al mismo proceso creador y la referencia mutua es, a la par, referencia a Dios creador. La imagen de Dios, seg\u00fan el relato de G\u00e9n 1 (fuente P) es la dualidad mutuamente referida. Esto se explicita en el relato de G\u00e9n 2 (fuente J). De esta forma, lo que podr\u00ed\u00ada covertirse en dualidad cerrada queda abierto,  por la mutua referencia, a un tercero que remite al principio creador, es decir a Dios como persona. El tercero no es Dios directamente, sino la referencia mutua de mujer y var\u00f3n.<\/p>\n<p>Surge no obstante una pregunta l\u00f3gica: \u00bfs\u00f3lo la dualidad sexual en su mutua referencia es imagen de Dios? \u00bfqu\u00e9 ocurre con otras relaciones que no se sit\u00faan en este plano? Es necesaria una precisi\u00f3n: la alteridad que proponen estos textos primeros del G\u00e9n es t\u00ed\u00adpica. Todav\u00ed\u00ada el ser humano diferenciado no tiene nombre. S\u00f3lo en el c. 4, de nuevo por la mujer\u00bb, tiene lugar la otra diferenciaci\u00f3n que estriba en el dato de tener nombre. No tener nombre propio implica en estos niveles de or\u00ed\u00adgenes que se ilustra la referencia de uno a otro en su polaridad t\u00ed\u00adpica y es que la alteridad es m\u00e1s perceptible en la diferencia sexual, como dato primero, antes de cualquier otra alteridad que incluso pudiera aparecer m\u00e1s fuerte que la de g\u00e9nero (masculino o femenino, var\u00f3n o mujer) . La ilustraci\u00f3n t\u00ed\u00adpica muestra por una parte la dificultad que supone para el ser humano llegar a la individualidad personal del otro m\u00e1s otro, cuando ese otro es el del sexo opuesto, pero por otra muestra a la par el gozo de reconocer y saberse persona al ser reconocido como otro.<\/p>\n<p>La historia de las interpretaciones de estos textos muestran esta dificultad as\u00ed\u00ad como las consecuencias de una percepci\u00f3n superficial, o amenazada que falsea la realidad al no tener en cuenta la realidad personal de la mujer, creando condiciones de existencias por debajo del plan divino en sus comienzos igualitarios. La alteridad falseada ha marcado la historia humana de relaciones entre los sexos con consecuencias negativas sobre ambos. La mujer aparece como la v\u00ed\u00adctima de la marginaci\u00f3n de g\u00e9nero y su protagonismo hist\u00f3rico aparece por su falta, por su invisibilidad. Pero por su parte el var\u00f3n ha sufrido la represi\u00f3n y sus efectos por no reconocer la alteridad de la mujer, ni realizarse en la alterorreferencia. La historia y sus monstruos indican que al faltar esa alterorreferencia t\u00ed\u00adpica, el var\u00f3n se conceb\u00ed\u00ada incapaz de toda otra referencia humana. La historia muestra una triste imagen en la que a duras penas Dios podr\u00ed\u00ada reconocerse.<\/p>\n<p>Esta dualidad de el var\u00f3n y la mujer de los or\u00ed\u00adgenes, entendida como oposici\u00f3n sexual, es la que ha sido tomada por la teolog\u00ed\u00ada posterior para referirse, an\u00e1logamente, a las relaciones diferenciadas de la Trinidad y hablar as\u00ed\u00ad de Dios como Ser en relaci\u00f3n.<\/p>\n<p>III. El Hijo de Dios y las mujeres: NT<br \/>\n1. JES\u00daS Y LAS MUJERES. Sobre un fondo patriarcal muy fuerte Jes\u00fas act\u00faa con las mujeres de forma innovadora entre sus contempor\u00e1neos jud\u00ed\u00ados con respecto a la identidad y rol de la mujer. Resumimos brevemente las notas m\u00e1s relevante de la actitud de Jes\u00fas con las mujeres. Este colectivo, por su situaci\u00f3n, era paradigma de marginaci\u00f3n en aquel entorno y en aquel tiempo. Estas notas est\u00e1n referidas a la situaci\u00f3n de marginaci\u00f3n&#8217; sexual, social y religiosa. Relacionadas entre s\u00ed\u00ad, las vemos por separado.<\/p>\n<p>La marginaci\u00f3n sexual de la mujer se advert\u00ed\u00ada en las relaciones que establec\u00ed\u00ada con el var\u00f3n y en las normas de pureza a causa de funciones biol\u00f3gicas femeninas. Las relaciones entre los sexos era la propia de la vida conyugal y familiardentro de la normativa jud\u00ed\u00ada. Las llamadas impurezas se refer\u00ed\u00adan al tab\u00fa de la sangre menstrual y del parto que la obligaban a una restricci\u00f3n de las relaciones humanas, un aislamiento mayor en todos los \u00e1mbitos, incluido el religioso (especialmente), el impl\u00ed\u00adcito desprecio de la realidad corporal femenina y de aquello que la identificaba como mujer con las consecuencias graves para la autoestima y la realizaci\u00f3n personal de la misma. Jes\u00fas reacciona contra este tipo de marginaci\u00f3n expl\u00ed\u00adcitamente. Sus relaciones con las mujeres no eran funcionales, sino personales. Ampl\u00ed\u00ada la posibilidad de esta relaci\u00f3n admitiendo mujeres en su grupo de discipulado (Lc 8,1-3), hablando en p\u00fablico con alguna de ellas Un 4,27) en abierto desaf\u00ed\u00ado, devolviendo a la mujer la dignidad de su funcionamiento corporal femenino como en el caso de la hemorro\u00ed\u00adsa (Mc 5,21-43), denunciando la doble moral y equilibrando paritariamente las responsabilidades de fidelidad conyugal como en el caso del divorcio y del adulterio (Mc 10,1-12; Jn 8,1-11).<\/p>\n<p>La marginaci\u00f3n social de la mujer la reclu\u00ed\u00ada en el mundo privado de lo dom\u00e9stico, priv\u00e1ndola de la capacidad adulta de responsabilidad en el \u00e1mbito familiar, jur\u00ed\u00addico, sociopol\u00ed\u00adtico y religioso. Jes\u00fas reacciona trat\u00e1ndola como sujeto de hecho y de derecho en lo se\u00f1alado ya sobre el divorcio, as\u00ed\u00ad como en lo que indican las par\u00e1bolas que la sit\u00faan en igualdad de actividad con el var\u00f3n: la mujer que introduce la levadura en la harina (Mt 13,33) en paralelo con la actividad del var\u00f3n que siembra un grano de mostaza (Mt 13, 18-19) o el amigo inoportuno que pidepan en la noche (Lc 11,5-8) que se corresponde con la viuda impertinente que insiste al juez para que le haga justicia, o la de las diez v\u00ed\u00adrgenes (Mt 25,1-13) que se corresponde con la par\u00e1bola de los servidores que esperan con l\u00e1mparas a que vuelva su Se\u00f1or (Lc 24, 45-51) con una amonestaci\u00f3n parecida \u00c2\u00a1ay de aquellos servidores a quienes su Se\u00f1or encuentre dormidos&#8230;! a la de las v\u00ed\u00adrgenes necias. Su forma de entender la actividad, al ser puesta en comparaci\u00f3n con el var\u00f3n, queda elevada a la misma categor\u00ed\u00ada de sujeto activo que el mismo var\u00f3n. Jes\u00fas convierte a las mujeres en los primeros testigos de su resurrecci\u00f3n desafiando as\u00ed\u00ad de una manera radical la consideraci\u00f3n de la mujer como incapaz de dar testimonio v\u00e1lido (Mc 16, 7 y par).<\/p>\n<p>La marginaci\u00f3n religiosa manten\u00ed\u00ada a la mujer alejada de la relaci\u00f3n directa i con Dios y del \u00e1mbito de lo sagrado. No ten\u00ed\u00ada acceso directo al estudio de la Torah, ni al templo, ni a toda otra realidad religiosa. Las m\u00faltiples prescripclones legales de pureza ritual por las que ten\u00ed\u00ada que pasar, le dificultaban a\u00fan m\u00e1s sus posibilidades de realizaci\u00f3n aromo sujeto religioso adulto de pleno derecho. La circuncisi\u00f3n, al ser un rito iniciaci\u00f3n absolutamente masculino la exclu\u00ed\u00ada ya por principio de la participaci\u00f3n plena en el Pueblo de Dios. Ella adquir\u00ed\u00ada la pertenencia s\u00f3lo por v\u00ed\u00ada y mediaci\u00f3n del marido. Jes\u00fas erradica con su mensaje, palabras y gestos esta situaci\u00f3n injusta. Las mujeres participan del reino de Dios en paridad con el var\u00f3n. A ambos se les pide la fe y los evangelios conservan figuras relevantes paralelas en algo tan importante como la confesi\u00f3n de la fe en Jes\u00fas Hijo de Dios: Marta (Jn 11,27) y Pedro (Jn 6,69). No obstante, los evangelios registran m\u00e1s casos de fe de mujeres que de varones. El acceso directo al Padre de Jes\u00fas no tiene ya que ver con el sexo ni con otras razones discriminantes, las mujeres pueden orar del mismo modo que pueden hacerlo los varones. En ning\u00fan lugar de los evangelios aparecen restricciones a este respecto. El Padre nuestro es la oraci\u00f3n de los disc\u00ed\u00adpulos y, como afirma R. Aguirre, ser\u00ed\u00ada un reflejo androc\u00e9ntrico entender por disc\u00ed\u00adpulos s\u00f3lo a los varones. Las mujeres del grupo de Jes\u00fas se incluyen como misioneras, enviadas, en aquellos 72 que Jes\u00fas envi\u00f3 delante de s\u00ed\u00ad (Lc 10,1). Los textos de la Pascua son en este sentido los m\u00e1s importantes. Las mujeres est\u00e1n en los momentos m\u00e1s fuertes. Es una mujer la que le unge como profeta en Betania (Mc 14,3-9) cuando est\u00e1n a punto de tener lugar los acontecimientos finales y las palabras con las que transmite la importancia del gesto se asemejan bastante a las de la eucarist\u00ed\u00ada. Son las mujeres las que est\u00e1n en el lugar de la muerte (Mc 15,40-41 y par) y Mc se encarga de vincular esta presencia al seguimiento de Jes\u00fas como disc\u00ed\u00adpulas y son las mujeres las que testimonian la resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p>No obstante esto precedente, surge una pregunta en \u00e1mbitos feministas que no es f\u00e1cil ni obviar, ni responder. \u00bfPor qu\u00e9 no se encarn\u00f3 Dios en una mujer llevando as\u00ed\u00ad al l\u00ed\u00admite la k\u00e9nosis? No podemos responder aqu\u00ed\u00ad, evidentemente, aunque s\u00ed\u00ad podemos se\u00f1alar hacia d\u00f3nde apuntan las respuestas. La opini\u00f3n m\u00e1s aceptada cree que si la segunda persona de la Trinidad hubiera sido mujer, no hubiera tenido posibilidad siquiera de anunciar su mensaje. No lo permit\u00ed\u00ada el contexto. Otras opiniones se basan en principios de antropolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica y remiten a los textos del G\u00e9n de la creaci\u00f3n del ser humano, desde una interpretaci\u00f3n androc\u00e9ntrica de los mismos. Se va abriendo paso otra en la que sin negar la pregunta, ni contestarla todav\u00ed\u00ada, la sit\u00faa en un tipo de antropolog\u00ed\u00ada diferente en donde los sexos est\u00e1n relativizados en relaci\u00f3n con lo que supone ser persona. Este intento de respuesta todav\u00ed\u00ada no est\u00e1 maduro, necesita una fundamentaci\u00f3n antropol\u00f3gica que a\u00fan no est\u00e1 realizada. Lo importante es que se sit\u00faa en el principio cristiano de G\u00e1l 3, 28 en que ya no hay jud\u00ed\u00ado ni gentil, ni esclavo ni libre, ni macho ni hembra, porque todos vosotros sois uno en Cristo Jes\u00fas. En los primeros siglos hubo una regresi\u00f3n en la historia de la Iglesia en la pr\u00e1ctica de este principio en lo que respecta a la mujer, pero el principio se ha mantenido y tal vez ahora el contexto psicosocial permite una puesta en pr\u00e1ctica que antes no tuvo lugar por diferentes razones.<\/p>\n<p>2. LAS MUJERES EN EL MENSAJE CRISTIANO. Nos referiremos brevemente a los principios cristianos y a las dificultades de la praxis con sus consecuencias.<\/p>\n<p>a. Los principios cristianos. La f\u00f3rmula de G\u00e1latas que se inscribe en un contexto bautismal remite a los principios que se derivan del mensaje de Jes\u00fas y de su actitud con las mujeres. Este principio formula la comunidad de iguales en que se superan todos los niveles de discriminaci\u00f3n. Curiosamente recorre los tres niveles en que Jes\u00fas haliberado a la mujer durante su vida. La f\u00f3rmula tiene una estructura que permite advertir un orden buscado: de la negaci\u00f3n de la discriminaci\u00f3n religiosa, como el dato m\u00e1s amplio, se desciende a los otros dos m\u00e1s concretos referidos a colectivos especialmente oprimidos por una estructura sancionada socialmente, los esclavos y las mujeres. De alguna manera el tercer par concreta los otros dos radicaliz\u00e1ndolos y reasumi\u00e9ndolos. Pero la negaci\u00f3n de la f\u00f3rmula es tan radical que afecta a los dos polos de cada par. Si no hay esclavo es l\u00f3gico que no haya amo, y si no hay hembra es coherente que no haya macho, pierden la mutua referencia dial\u00e9ctica en cuanto a estructura de discriminaci\u00f3n. La f\u00f3rmula niega ambas polaridades para poder afirmar la unidad en Cristo. Se niegan las estructuras discriminantes para poder recuperarlas en el \u00e1mbito de la relaci\u00f3n de iguales. Pero esto que es tan claro a nivel de principios, no lo fue siquiera en formulaciones posteriores&#8217; en que se sent\u00ed\u00ada la necesidad de suavizar en especial el tercer par.<\/p>\n<p>b. Los conflictos de la praxis. Parece claro que tanto los esclavos como las mujeres ten\u00ed\u00adan expectativas de cambio en la pr\u00e1ctica. Esta, sin embargo, se present\u00f3 dif\u00ed\u00adcil justamente en el proceso de institucionalizaci\u00f3n, necesario por otro lado para la pervivencia de la Iglesia. No eran compatibles, y paralelo al proceso de institucionalizaci\u00f3n se realiz\u00f3 un proceso de patriarcalizaci\u00f3n. Las necesidades de adaptaci\u00f3n al medio prevalecieron para que sobrevivieran la disciplina y el buen orden de forma que se salvaguardara la pervivencia de la Iglesia. El precio fue la relegaci\u00f3n progresiva de laicos y mujeres que las priv\u00f3 del protagonismo que hab\u00ed\u00adan adquirido en el movimiento de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>c. Las consecuencias. Dicho muy brevemente, las consecuencias recayeron no s\u00f3lo en el \u00e1mbito disciplinar, sino en la misma credibilidad del principio de igualdad establecido por Jes\u00fas. Es dif\u00ed\u00adcil expresar la magnitud de la p\u00e9rdida que ha supuesto para estos 21 siglos de Iglesia la marginaci\u00f3n de las mujeres, m\u00e1s de la mitad de la humanidad en este per\u00ed\u00adodo de historia. La Iglesia ha quedado perjudicada en muchas de sus \u00e1reas m\u00e1s importantes. S\u00f3lo apunto algunas que ata\u00f1en a la misma concepci\u00f3n de la divinidad, la rigidez del lenguaje androc\u00e9ntrico con que le hemos nombrado y le seguimos nombrando y la repercusi\u00f3n en la antropolog\u00ed\u00ada teol\u00f3gica, cristolog\u00ed\u00ada, eclesiolog\u00ed\u00ada y misi\u00f3n. Se ha visto afectado el misterio de la encarnaci\u00f3n que se sigue realizando a trav\u00e9s de mediaciones hist\u00f3ricas porque el Cuerpo de Cristo a\u00fan no est\u00e1 completo (Col 1,24 ).<\/p>\n<p>IV. Trinidad y dualidad sexual humana<br \/>\n1. ALTERIDAD Y REFERENCIA: LA PERSONA COMO RELACI\u00ed\u201cN. La dualidad sexual es la forma de ser personas que tenemos los humanos. Pero no se puede reducir la persona al sexo sin el riesgo de perder de vista los fundamentos de la identidad humana. El plantea-miento correcto creo que deber\u00ed\u00ada tener en cuenta el principio de la alteridad en dial\u00e9ctica con el principio de referencia que la misma alteridad lleva impl\u00ed\u00adcito. Ser\u00ed\u00ada volver a los textos del G\u00e9nesis para advertir la articulaci\u00f3n de ambos principios sabiendo que la dualidad sexual es la situaci\u00f3n t\u00ed\u00adpica de ambos principios, pero que el ser humano est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de su concreci\u00f3n sexuada. Si lo que le hace persona es la relaci\u00f3n y \u00e9sta presupone la alteridad entonces la dualidad sexual remitir\u00e1 a Dios como relaci\u00f3n de personas justamente en base a los principios de la relaci\u00f3n. En este sentido es peligrosa esa corriente que intenta remitir el ser humano a Dios desde la analog\u00ed\u00ada de los sexos. En el caso de Jes\u00fas, Hijo de Dios, su car\u00e1cter de persona humana, persona en la historia, excede la concreci\u00f3n sexuada de su naturaleza humana. Si Jes\u00fas es el Hombre Nuevo, no lo es en su calidad de var\u00f3n, sino en cuanto persona, persona segunda de la Trinidad. La dualidad sexual por tanto, remitir\u00e1 a Dios desde el ser persona Jes\u00fas, desde su ser-en-relaci\u00f3n tanto por las relaciones trinitarias, como por las relaciones con las personas con las que vivi\u00f3 en su tiempo.<\/p>\n<p>Planteamientos con una antropolog\u00ed\u00ada basada en estos criterios y otros que se derivan de ellos, ayudar\u00ed\u00adan a entender mejor la realidad humana de ambos sexos en relaci\u00f3n con la creaci\u00f3n de un Dios que nos hizo a mujeres y varones a imagen y semejanza suya. Pero a\u00fan no hay una adecuada respuesta a la cuesti\u00f3n.<\/p>\n<p>En perspectiva trinitaria la mujer es importante tanto en cuanto su identidad sexuada opuesta a la del var\u00f3n se convierte en momento de di\u00e1logo interpersonal. Pero en este sentido el var\u00f3n es igualmente importante. Me interesa resaltar que la posibilidad que da la mujer a un mejor acercamiento a la Trinidad es la que lleva a dar el salto a lo personal dejando en un plano de fondo la diferencia sexuada. Y es que la Trinidad cristiana, estrictamente hablando, no se establece desde el di\u00e1logo var\u00f3n-mujer, como puede suceder en otras concepciones religiosas, sino desde otro tipo de relaciones, las de los s\u00ed\u00admbolos padre-hijo. Una paternidad maternal y una filiaci\u00f3n que supera la dualidad sexual. Resulta extra\u00f1o, pero sugerente y creativo de cara a nuestra forma de entender a Dios, Trinidad de personas, y al ser humano, var\u00f3n y mujer, imagen suya. Imagen cada una\/o como persona \u00ed\u00adntegra y, por lo mismo, en relaci\u00f3n con otro\/s no importa del sexo que sean. Un arquetipo clave de la concepci\u00f3n religiosa de Dios como la de la relaci\u00f3n de oposici\u00f3n var\u00f3n-mujer se ha roto definitivamente en el cristianismo. Desde Jes\u00fas los peligros de esta proyecci\u00f3n est\u00e1n anulados. Si a pesar de todo nuestra historia nos la muestra evidente es que nuestro pecado nos lo ha impedido; es por no haber entendido la novedad radical del Padre de Jes\u00fas, de Jes\u00fas Hijo de Dios y del Esp\u00ed\u00adritu del Padre y del Hijo.<\/p>\n<p>[->* Antropologia; Biblia; Creaci\u00f3n; Esp\u00ed\u00adritu Santo; Fe; Historia; Iglesia; Jes\u00fas; Padre; Pascua; Reino; Trinidad.]<br \/>\nMercedes Navarro Puerto<\/p>\n<p>PIKAZA, Xabier &#8211; SILANES, Nereo,  Diccionario Teol\u00f3gico. El Dios Cristiano,  Ed. Secretariado Trinitario, Salamanca 1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico El Dios Cristiano<\/b><\/p>\n<p>Tema que ha adquirido una gran  importancia antropol\u00f3gica debido al impulso del personalismo y del movimiento de liberaci\u00f3n-emancipaci\u00f3n de la mujer, que se ha desarrollado a partir del siglo XVIII. Esto ha producido en  Occidente un cambio radical en la condici\u00f3n femenina a nivel pol\u00ed\u00adtico, civil y social. En las culturas antiguas, la mujer era considerada infe\u00f1or al hombre: un var\u00f3n no logrado, una forma biol\u00f3gica que no ha llegado plenamente a su desarrollo, degeneraci\u00f3n del l\u00ed\u00adquido seminal del var\u00f3n, que tiene la funci\u00f3n de servir de recept\u00e1culo al semen masculino en el acto generativo, atribuido sobre todo al var\u00f3n. Estas concepciones limitadas se encuentran en Hes\u00ed\u00adodo, Plat\u00f3n, Arist\u00f3teles y otros fil\u00f3sofos, poetas, tr\u00e1gicos y comedi\u00f3grafos griegos. De ellos pasan a las etapas culturales posteriores y tambi\u00e9n al \u00e1mbito teol\u00f3gico patr\u00ed\u00adstico: algunos Padres dudan de que la mujer tenga alma, de que sea imago Dei o de que tenga derecho a la salvaci\u00f3n. Pero entre tanto se afirma que la decadencia de Eva ha sido plenamente rescatada por la nueva mujer, Mar\u00ed\u00ada. No pocos te\u00f3logos medievales y luego la escol\u00e1stica, considerando a Arist\u00f3teles como suma autoridad cient\u00ed\u00adfica, aceptan de manera acr\u00ed\u00adtica sus conclusiones biol\u00f3gicas sobre la mujer. Estudios recientes indican perspectivas muy distintas en Tom\u00e1s de Aquino. La teolog\u00ed\u00ada contempor\u00e1nea ha tomado distancias frente a estas afirmaciones que, por otro lado, nunca hab\u00ed\u00ada hecho suyas el Magisterio eclesial, llevando a cabo una revisi\u00f3n del papel de la mujer en el plano de la creaci\u00f3n y de la redenci\u00f3n. Ha aparecido entonces que la misma condici\u00f3n diferenciada entre hombre y mujer, que se narra en las etiolog\u00ed\u00ada de Gn 1 -3, no pretende legitimar ninguna superioridad del hombre sobre la mujer, ni fundamentar una oposici\u00f3n entre ellos; con ella el Creador da vida a seres complementarios y .<\/p>\n<p>modelados sobre Dios mismo: el hombre y la mujer son imagen y semejanza de Dios (Gn 1,26). En el relato de Gn 2-3, m\u00e1s antiguo y de distinta redacci\u00f3n, Dios crea a la mujer materialmente del hombre, que le precede; los dos tienen, por tanto, la misma naturaleza. Esto indica que los sujetos, derivados de la doble acci\u00f3n de Dios, est\u00e1n en una sinton\u00ed\u00ada de fondo que produce su unidad (Gn 2,28) y su diferencia nominal y real. Las cosas cambian con el drama del pecado. La mujer es vencida por la tentaci\u00f3n del pecado y contagia de ella al hombre; de aqu\u00ed\u00ad se origina la condici\u00f3n de sumisi\u00f3n de la mujer al hombre: se trata de un desorden de la condici\u00f3n humana y del desconcierto antropol\u00f3gico que produce el pecado.<\/p>\n<p> En el Nuevo Testamento Jes\u00fas, aun, que no afirma nada tem\u00e1tico sobre la !mujer, inaugura una nueva actitud para con ella, opuesta al talante de desprecio del juda\u00ed\u00adsmo de su \u00e9poca y distinta del pesimismo del Antiguo Testamento (cf., por ejemplo, Eclo 7,26-29). Jes\u00fas habla de la mujer en su predicaci\u00f3n m\u00e1s tem\u00e1tica (cf. Lc 13,20ss; etc.) y tiene numerosos contactos con mujeres de diversas clases. Es un dato cierto que le segu\u00ed\u00adan a \u00e9l y sus ap\u00f3stoles un grupo de mujeres, como disc\u00ed\u00adpulas y para prestarle un servicio de asistencia con sus propios bienes (Lc 8,lss). Las mujeres son, adem\u00e1s, las primeras destinatarias del mensaje de la resurrecci\u00f3n de Cristo (Mc 16,1-8y par.); es importante en el Nuevo Testamento el papel de la Virgen Mar\u00ed\u00ada. En la Iglesia ! primitiva, las mujeres tuvieron una funci\u00f3n importante (cf. 1 Tim 3,11. Rom 16,1 s), como efecto de la salvaci\u00f3n realizada por Cristo (G\u00e1l 3,28). No , faltan textos, controvertidos y de dif\u00ed\u00adcil &#8216;\u00bb interpretaci\u00f3n, donde parece afirmarse , una inferioridad de la mujer respecto , al hombre (Ef 5-6; Col 3-4), pero no parecen constituir una norma com\u00fan a la que referirse. En la Iglesia de los Padres est\u00e1 comprobado el papel de las mujeres, por ejemplo en las Constituciones apost\u00f3licas (siglo 1V), donde las diaconisas tienen la funci\u00f3n de asistir a las mujeres en algunas celebraciones , lit\u00fargicas (Const. Ap., III, 16). Pero el , canon 19 de Nicea afirma que las mujeres pertenecen s\u00f3lo a la dimensi\u00f3n laical de la Iglesia. M\u00e1s tarde, aunque , en una condici\u00f3n subordinada de la mujer, la Iglesia trabaja en favor de la liberaci\u00f3n global y elevaci\u00f3n de la mujer, rindi\u00e9ndole como un acto de justicia y de reparaci\u00f3n. El Magisterio de la Iglesia ha afrontado el papel de la , mujer a partir de las intervenciones de Le\u00f3n XIII y de p\u00ed\u00ado XI, con la Casti connubii. Despu\u00e9s de la Segunda Guerra Mundial, p\u00ed\u00ado XII invita a las mujeres cat\u00f3licas a defender la familia; Juan XXIII, en la Pacem in terris, les invita a tomar conciencia de su dignidad y compromiso en la familia y en la sociedad.<\/p>\n<p> El Vaticano II con GS 29 enuncia el  principio absoluto de la igualdad substancial del hombre y de la mujer en el  designio de Dios y del valor y la funci\u00f3n de la mujer en la familia cristiana (GS 60), en la vida interna de la Iglesia y en la vida social (LG 1V). El documento Inter insigniores (1976) ha reafirmado las motivaciones por las que en la Iglesia cat\u00f3lica se confiere s\u00f3lo a los hombres el sacerdocio ministerial.<\/p>\n<p>Esta ratificaci\u00f3n, unida a las ordenaciones de algunas mujeres celebradas en las Iglesias protestantes evang\u00e9licas alemanas y en la Iglesia anglicana, provoc\u00f3 en el \u00e1mbito cat\u00f3lico reivindicaciones por parte de varios ambientes de la teolog\u00ed\u00ada feminista, que naci\u00f3 y se desarroll\u00f3 en los \u00faltimos a\u00f1os en Europa y en los Estados Unidos. La Mulieris dignitatem, de Juan Pablo II, junto con la Familiaris consortio, la Christifideles laici y la Redemptoris Mater, no s\u00f3lo ratifican el valor de la dignidad de la mujer y su igualdad con el hombre en el plan divino y en la sociedad, sino que piden repetidamente a la mujer que colabore, m\u00e1s que en el pasado, en la vida eclesial y en el desarrollo de la fe. La carta pastoral Ordinatio sacerdotalis, del papa Juan Pablo II, hecha p\u00fablica el 30 de mayo de 1994, aunque deja zanjada en sentido negativo la cuesti\u00f3n de la posibilidad de la ordenaci\u00f3n de mujeres para el sacerdocio, reconoce el amplio espectro de funciones que le corresponde a la mujer en la obra de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p> T. Stancati<\/p>\n<p> Bibl.: P Grelot, La pareja humana en la sagrada Escritura, Euroam\u00e9rica, Madrid 1969; P. Evdokimov, La mujer y la salvaci\u00f3n del mundo, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1980; L. Boff, El rostro materno de Dios, San Pablo,  Madrid 51985; M. Alcal\u00e1, La mujer y los ministerios en la Iglesia, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1982; diversos n\u00fameros monogr\u00e1ficos de Concilium III (1976), 154 (1980), 202 (1984); M. Navarro (dir.), 10 mujeres escriben teologia, Verbo Divino, Estella 1994.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. \u00bfPor qu\u00e9 una voz \u00abmujer\u00bb? &#8211; II. En la biblia y en la tradici\u00f3n: 1. La mujer en el AT; 2. La mujer en el NT: a) En tiempos de Jes\u00fas, b) La actitud de Jes\u00fas, c) Las primeras comunidades cristianas, d) Mar\u00ed\u00ada; 3. Viudas y v\u00ed\u00adrgenes en la iglesia de los primeros siglos; 4. Las diaconisas en la tradici\u00f3n oriental &#8211; III. \u00bfOrdenaci\u00f3n presbiteral de las mujeres&#8217;?: 1. Desde los a\u00f1os del Vat. II; 2. \u00abInter insigniores\u00bb; 3. Un problema teol\u00f3gico todav\u00ed\u00ada abierto &#8211; IV. Otras funciones y ministerios: Legislaci\u00f3n actual: 1. La exclusi\u00f3n del altar; 2. Las \u00abfunciones varias\u00bb: a) La funci\u00f3n de lector, b) La distribuci\u00f3n de la comuni\u00f3n, c) Otros ministerios menores, d) El canto lit\u00fargico, e) Comunidades sin presb\u00ed\u00adtero; 3. Con la praxis debe cambiar tambi\u00e9n la mentalidad &#8211; V. Temas, signos, lenguaje: 1. Santidad femenina; 2. Lenguaje y signos &#8211; VI. Doctrina y praxis de las otras comunidades cristianas.<\/p>\n<p>I. \u00bfPor qu\u00e9 una voz \u00abmujer\u00bb?<br \/>\nNo hace muchos a\u00f1os, para un diccionario de liturgia habr\u00ed\u00ada bastado con se\u00f1alar la presencia -generalmente mayoritaria- de las mujeres en la asamblea lit\u00fargica, remitiendo a la voz ministerio para las funciones que las mujeres no pod\u00ed\u00adan desarrollar o subrayando la importancia que se da a la mujer en toda la oraci\u00f3n de la iglesia en la persona de Mar\u00ed\u00ada, acompa\u00f1ada por una corona de santas: v\u00ed\u00adrgenes, m\u00e1rtires y, excepcionalmente, \u00abni v\u00ed\u00adrgenes ni m\u00e1rtires\u00bb. Pero el Vat. II, que se ha pronunciado -m\u00e1s a\u00fan, ha juzgado indispensable- por que todos los miembros de la familia de Dios \u00abparticipen consciente, activa y fructuosamente\u00bb en la liturgia (SC 11), ha advertido tambi\u00e9n la realidad de una discriminaci\u00f3n contra las mujeres en la sociedad (GS 29) y ha admitido, indirectamente, su existencia en la iglesia: \u00abComo en nuestros d\u00ed\u00adas las mujeres tienen una participaci\u00f3n cada vez mayor en toda la vida de la sociedad, es de gran importancia su participaci\u00f3n, igualmente creciente, en los diversos campos del apostolado de la iglesia\u00bb (AA 9). \u00bfQu\u00e9 implica esto en el campo lit\u00fargico?<br \/>\nAntes del Vat. II, a excepci\u00f3n de los servidores de la misa (generalmente los monaguillos), las mujeres, religiosas o laicas, pod\u00ed\u00adan hacer todo lo que pod\u00ed\u00adan hacer los hombres no ordenados, es decir, \u00c2\u00a1muy poco! Pr\u00e1cticamente: asistir a la celebraci\u00f3n y proporcionar alg\u00fan servicio marginal (preparar el altar, recoger las ofrendas, etc.). Es verdad que hac\u00ed\u00ada ya tiempo el l movimiento lit\u00fargico hab\u00ed\u00ada promovido en algunos ambientes una presencia m\u00e1s participada: la misa dialogada en lat\u00ed\u00adn, el canto gregoriano. Pero tras el concilio y la reforma lit\u00fargica, en el nuevo clima de corresponsabilidad eclesial, todo l\u00ed\u00admite puesto a la participaci\u00f3n plantea un problema, o al menos suscita interrogantes. Los l\u00ed\u00admites constatados, \u00bftienen razones profundas?; \u00bfson inherentes a la naturaleza de la liturgia o se deben solamente a una mentalidad cultural, a prejuicios radicados en los ambientes eclesi\u00e1sticos?; \u00bfvienen de la gran tradici\u00f3n o de las peque\u00f1as tradiciones cambiables?<br \/>\nLa necesidad de acoger tambi\u00e9n en la iglesia las justas reivindicaciones de participaci\u00f3n y de responsabilidad de las mujeres en la sociedad ha sido adem\u00e1s recalcada con fuerza en el s\u00ed\u00adnodo de los obispos de 1971, donde se defendi\u00f3, en el debate sobre el sacerdocio ministerial, el principio de una \u00abdiversificaci\u00f3n de los ministerios\u00bb y se reivindic\u00f3 su aplicaci\u00f3n tambi\u00e9n a las mujeres&#8217;. Dejando aparte por el momento la atenci\u00f3n prestada a estas deliberaciones, recordemos, finalmente, la participaci\u00f3n de la iglesia cat\u00f3lica en el A\u00f1o internacional de la mujer (1975) y en la D\u00e9cada sucesiva promulgados por la ONU. Con ocasi\u00f3n del a\u00f1o, Pablo VI afirm\u00f3 repetidamente la voluntad de la iglesia de promover el pleno desarrollo de la personalidad de la mujer y su participaci\u00f3n responsable en la vida de la sociedad y de la iglesia misma, recordando, sin embargo, la necesidad de salvaguardar la verdadera identidad femenina frente a las tendencias niveladoras de un cierto feminismo 2. En 1980, en la conferencia de Copenhague para el primer quinquenio, el jefe de la delegaci\u00f3n de la Santa Sede pudo constatar \u00abcierta superaci\u00f3n de las reivindicaciones de car\u00e1cter puramente nivelador&#8230; o incluso antimachista en favor de la aspiraci6n hacia una sociedad en la que toda persona, hombre o mujer, pueda, dentro del respeto de las diversidades reales, contribuir libremente a mejorar la calidad de la vida humana\u00bb&#8216;. Parece, pues, que el momento se hace m\u00e1s favorable para llevar adelante una investigaci\u00f3n en este sentido tambi\u00e9n en los diversos \u00e1mbitos de la vida de la iglesia, incluido el lit\u00fargico; una investigaci\u00f3n (que todav\u00ed\u00ada est\u00e1 en el estadio inicial) para individualizar, con fidelidad a la tradici\u00f3n, pero superando muchos prejuicios del pasado, posibles desarrollos de un culto lit\u00fargico cada vez m\u00e1s fuente y cumbre de la vida de todo el pueblo de Dios, hombres y mujeres. Tal estudio, sin comprometer la unidad esencial de la iglesia, deber\u00e1 tener presente la diversidad de culturas y los esfuerzos actuales por la inculturaci\u00f3n. Necesariamente tiene que ocuparse de los autores de la liturgia: asamblea y ministros; sus contenidos y lenguaje: temas, signos, s\u00ed\u00admbolos; las orientaciones pastorales de formaci\u00f3n y animaci\u00f3n.<\/p>\n<p>II. En la biblia y en la tradici\u00f3n<br \/>\nLos l\u00ed\u00admites establecidos para la participaci\u00f3n de la mujer en el culto p\u00fablico deben ser considerados en el contexto socio-cultural de tiempos y lugares; pero desde las primeras p\u00e1ginas de la biblia y a lo largo de toda ella aparecen aspectos que revelan la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu tambi\u00e9ri en este campo de la vida del pueblo de Dios.<\/p>\n<p>1. LA MUJER EN EL AT. En Israel, como en los otros pueblos antiguos, la mujer se encuentra en una situaci\u00f3n de inferioridad. En la redacci\u00f3n del dec\u00e1logo (Exo 20:17) la mujer est\u00e1 catalogada junto con los esclavos, los animales y las cosas que pueden ser objeto del deseo del hombre; en la literatura sapiencial es considerada frecuentemente como un peligro para el hombre. Y, sin embargo, el hombre y la mujer han sido creados iguales. Seg\u00fan la m\u00e1s antigua narraci\u00f3n (yavista) de la creaci\u00f3n, su relaci\u00f3n rec\u00ed\u00adproca de personas llamadas a formar \u00abuna sola carne\u00bb (G\u00e9n 2:24) debe ser una relaci\u00f3n de donaci\u00f3n mutua, de comuni\u00f3n de amor, mientras que en la narraci\u00f3n sacerdotal, m\u00e1s tard\u00ed\u00ada, la dignidad del hombre y de la mujer es comparada con la del mismo Dios: \u00abDios cre\u00f3 al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo cre\u00f3, macho y hembra los cre\u00f3\u00bb (G\u00e9n 1:27). Pero la relaci\u00f3n interpersonal fue corrompida profundamente por el pecado com\u00fan de la pareja. El hombre se hizo dominador de la mujer; el marido es el due\u00f1o, y la mujer es propiedad suya. En el resto del AT encontramos que la mujer es apreciada sobre todo por su fecundidad, como madre y portadora de vida. Se la excluye no s\u00f3lo del sacerdocio (de Lev\u00ed\u00ad, de Aar\u00f3n, de Sadoc), sino tambi\u00e9n de todo tipo de servicio lit\u00fargico, a causa de su peri\u00f3dica impureza legal (Lev 15:19ss) y del rechazo por parte de Israel de los cultos paganos de fertilidad. Pero las mujeres forman parte del pueblo mesi\u00e1nico; deben ser instruidas en la ley (Deu 31:9-13); est\u00e1n sujetas a las prohibiciones de la Tor\u00e1, pero dispensadas de preceptos incompatibles con las funciones dom\u00e9sticas, como ser\u00ed\u00ada la obligaci\u00f3n de las peregrinaciones peri\u00f3dicas (Exo 23:17). Pueden ser profetisas (un papel importante, una especie de ministerio), como lo son Miriam (Exo 15:20), D\u00e9bora (Jue 4:4), Julda (2Re 22:14; 2Cr 34:22) o Noad\u00ed\u00adas (Neh 6:14). Participan en las fiestas p\u00fablicas (Deu 16:10-11) cantando y danzando durante las procesiones. Despu\u00e9s del paso del mar Rojo, es Miriam la que, arrastrando consigo el coro de las mujeres, entona el canto pascual (Exo 15:20-21). Por otro lado, si la mujer por lo general es despreciada en la sociedad y tiene un puesto del todo marginal en la acci\u00f3n cultual, el sentido profundo de la creaci\u00f3n del ser humano, macho y hembra, encuentra expresi\u00f3n de una belleza perenne en el tema prof\u00e9tico de la alianza de amor entre Dios y el hombre; en el simbolismo nupcial, que se reanudar\u00e1 en el NT y especialmente en la ense\u00f1anza paulina acerca de la uni\u00f3n conyugal, expresi\u00f3n del misterio de la uni\u00f3n de Cristo con la iglesia.<\/p>\n<p>2. LA MUJER EN EL NT. a) En tiempos de Jes\u00fas. No se observan cambios notables en la posici\u00f3n de la mujer en la \u00e9poca de Jes\u00fas. Por lo general, las mujeres reciben una instrucci\u00f3n religiosa muy rudimentaria. No forman parte de la comunidad pol\u00ed\u00adtico-cultual, y no se las computa para alcanzar el n\u00famero necesario para celebrar la liturgia en la sinagoga, donde asisten a los ritos separadas de los hombres. El sabio contin\u00faa rezando: \u00abSea alabado aquel que no me hizo pagano, que no me hizo mujer, que no me hizo ignorante\u00bb, mientras la mujer dice: \u00abAlabado seas t\u00fa, Se\u00f1or, que me has creado seg\u00fan tu voluntad\u00bb. Pero puede haber tambi\u00e9n profetisas, como Ana, que, tras la presentaci\u00f3n de Jes\u00fas en el templo, \u00abdaba gloria a Dios hablando del ni\u00f1o&#8230;\u00bb (Luc 2:38).<\/p>\n<p>b) La actitud de Jes\u00fas. Todo es novedad en el comportamiento de Jes\u00fas en relaci\u00f3n con la mujer. En los \u00faltimos a\u00f1os, las discusiones en torno al tema de la ordenaci\u00f3n de las mujeres han dado como fruto inesperado el gozoso descubrimiento de la presencia de las mujeres en la vida p\u00fablica de Jes\u00fas; hasta se ha hablado de un Jes\u00fas feminista,. Mencionemos solamente algunos aspectos que parecen tener una relevancia particular para la participaci\u00f3n de las mujeres en el culto cristiano. Ante todo hay que mencionar el hecho de que Jes\u00fas no se atiene a las prescripciones de pureza legal: alaba la fe de la hemorro\u00ed\u00adsa, que hab\u00ed\u00ada tenido la osad\u00ed\u00ada de tocarle el manto (Mar 5:25-34); perdona con dulzura los pecados de la pecadora que, en casa de Sim\u00f3n el fariseo, hab\u00ed\u00ada regado de l\u00e1grimas sus pies (Luc 7:37-50). En contraste con la poca fiabilidad concedida a los testimonios de las mujeres en el derecho jud\u00ed\u00ado, hace de la misma samaritana una mensajera de salvaci\u00f3n; preanuncia a Marta su propia resurrecci\u00f3n y recibe su admirable profesi\u00f3n de fe (Jua 11:25-27); y, sobre todo, a las mujeres que lo hab\u00ed\u00adan seguido hasta la cruz les conf\u00ed\u00ada el encargo del primer anuncio pascual a los Once, que ser\u00e1n los testigos oficiales del Resucitado (Mat 28:8; Luc 24:9-11; Jua 20:17-18). Finalmente, Jes\u00fas no s\u00f3lo acepta a una mujer, Mar\u00ed\u00ada de Betania, en la actitud de disc\u00ed\u00adpulo que escucha su palabra (Luc 10:39), y permite que le siga un grupo de mujeres que le asisten con sus bienes (Lev 8:1-3; Mat 27:55-56; Mar 15:40-41), sino que en su ense\u00f1anza, en las par\u00e1bolas y en las se\u00f1ales milagrosas los temas que se refieren a los hombres est\u00e1n frecuentemente completados con otros que se refieren m\u00e1s a las mujeres (cf Luc 15:4-10 : la par\u00e1bola de la oveja perdida, seguida por la de la dracma perdida). El mensaje de Jes\u00fas es para toda la humanidad. Su palabra y sus acciones revelan los pensamientos profundos, las angustias y las aspiraciones de los hombres y de las mujeres, ense\u00f1an a todos el lenguaje de la fe y de la alabanza de Dios.<\/p>\n<p>e) Las primeras comunidades cristianas. El d\u00ed\u00ada de pentecost\u00e9s tambi\u00e9n las mujeres, entre ellas Mar\u00ed\u00ada, reciben el Esp\u00ed\u00adritu Santo (Heb 1:14), y a continuaci\u00f3n muchas mujeres colaboran a la difusi\u00f3n de la fe. Ya no existe un rito de iniciaci\u00f3n reservado a los hombres; hombres y mujeres reciben un mismo bautismo y son llamados por igual a la salvaci\u00f3n y a la santidad. Pablo proclama su total igualdad en Cristo (G\u00e1l 3:26-28). Pero \u00bfqu\u00e9 criterios se adoptan respecto a las mujeres en la vida y el culto de las primeras comunidades? Aqu\u00ed\u00ad encontramos las conocidas normas disciplinares para las asambleas lit\u00fargicas (1Co 14:34-35; 1Ti 2:11-15); en la medida en que se inspiran solamente en las concepciones jud\u00ed\u00adas del tiempo, no deben ser consideradas como vinculantes fuera de aquel contexto. Pablo reconoce a las mujeres el derecho a orar y a profetizar en las asambleas de culto, prescribi\u00e9ndoles solamente que tengan un velo en la cabeza (1Co 11:2-16); y la ex\u00e9gesis reciente interpreta este velo como signo no de sumisi\u00f3n, sino de la autonom\u00ed\u00ada de que goza la mujer respecto del hombre cuando se dirige a Dios. La vida de la comunidad exige servicios, ministerios para las diversas actividades de evangelizaci\u00f3n y de culto; y est\u00e1 claro en los Hechos y en las Cartas que tambi\u00e9n las mujeres ejercen ministerios, pero la situaci\u00f3n es bastante fluida. A las mujeres no corresponde, en todo caso, la presidencia de la asamblea ni el anuncio oficial del mensaje; no deben ejercer autoridad sobre el hombre (1Ti 2:12). Pablo VI, al proclamar a Teresa de Avila doctor de la iglesia, se defendi\u00f3 de la acusaci\u00f3n de querer cambiar la norma paulina -\u00ablas mujeres callen en las reuniones\u00bb (1Co 14:34) -, que \u00abquiere decir, todav\u00ed\u00ada hoy, que la mujer no est\u00e1 destinada a tener en la iglesia funciones jer\u00e1rquicas de magisterio y de ministerio\u00bb<br \/>\nd) Mar\u00ed\u00ada. Si algunas mujeres tuvieron un papel importante en el seguimiento y al servicio de Jes\u00fas, y luego en las primeras comunidades es claro que el papel de Mar\u00ed\u00ada es sin parang\u00f3n, desde el momento en que \u00abda su consentimiento activo y responsable&#8230; a aquella obra de los siglos, como se ha llamado justamente a la encarnaci\u00f3n del Verbo\u00bb (Marialis cultus 37) hasta pentecost\u00e9s y a la acci\u00f3n con la que sostiene la fe de la comunidad apost\u00f3lica. Con el Magn\u00ed\u00adficat de Mar\u00ed\u00ada la liturgia de todos los tiempos cantar\u00e1 la misericordia del Dios omnipotente, y Pablo VI presentar\u00e1 a Mar\u00ed\u00ada como modelo de \u00abactitud espiritual\u00bb en el ejercicio del culto para toda la iglesia: en la escucha de la palabra de Dios, en la oraci\u00f3n, en el ofrecimiento (Marialis cultus 16-20). Pero el papel de Mar\u00ed\u00ada no fue ministerial, de gobierno, de ense\u00f1anza, de culto oficial, como a los padres les gustaba recordar; y es precisamente el car\u00e1cter \u00fanico de su funci\u00f3n el que la incapacita para servir de norma en la determinaci\u00f3n de las funciones que deben confiarse a las mujeres en la vida de la iglesia.<\/p>\n<p>3. VIUDAS Y V\u00ed\u008dRGENES EN LA IGLESIA DE LOS PRIMEROS SIGLOS. Hemos visto que desde los or\u00ed\u00adgenes del cristianismo hay mujeres que desempe\u00f1an tareas importantes; algunas de ellas tienen un carisma prof\u00e9tico, pero ninguna tiene funci\u00f3n directiva en la comunidad; s\u00f3lo en las iglesias de Oriente encontramos la funci\u00f3n de las diaconisas [-> infra, 4].<\/p>\n<p>Las viudas que ya no son j\u00f3venes forman un orden (viduatus), pero la viudez no es una funci\u00f3n: es un estado de vida, elevado, en el orden, al ideal asc\u00e9tico y organizado. Las viudas no est\u00e1n ordenadas, sino inscritas o constituidas; no prestan un servicio lit\u00fargico, sino que est\u00e1n dedicadas a la oraci\u00f3n y practican el ayuno; visitan a los enfermos y les imponen las manos, pero no se trata de una funci\u00f3n; es una intervenci\u00f3n de tipo carism\u00e1tico, privilegio de la vida santa.<\/p>\n<p>Al principio las viudas serv\u00ed\u00adan como criterio de imitaci\u00f3n a las v\u00ed\u00adrgenes (en el s. ii encontramos las \u00abv\u00ed\u00adrgenes llamadas viudas\u00bb). Posteriormente se las asoci\u00f3 a las v\u00ed\u00adrgenes mismas. A partir del final del s. Iv, el orden de las viudas desaparece progresivamente con el auge de la vida mon\u00e1stica. Desde el s. Iv existe el rito de t consagraci\u00f3n de v\u00ed\u00adrgenes, que confiere un estatuto oficial en la iglesia y asocia a las v\u00ed\u00adrgenes, desde cierto punto de vista, al clero; pero no puede confundirse con un rito de ordenaci\u00f3n. Sabido es, finalmente, que ni siquiera las abadesas, que en el medievo ejercieron poderes de jurisdicci\u00f3n, tuvieron jam\u00e1s poderes inherentes al sacramento del orden.<\/p>\n<p>Solamente en algunas sectas her\u00e9ticas, especialmente entre los montanistas, encontramos mujeres que ense\u00f1an, bautizan (fuera de los casos de necesidad), administran la eucarist\u00ed\u00ada, tienen funciones episcopales y presbiterales. Pero la exclusi\u00f3n de las mujeres de la ense\u00f1anza p\u00fablica y de las funciones sacerdotales en la iglesia no se deb\u00ed\u00ada a la preocupaci\u00f3n por distinguirse de la herej\u00ed\u00ada o del ambiente greco-romano (que conoc\u00ed\u00ada diversos sacerdocios femeninos); se trataba sencillamente de no poner en cuesti\u00f3n lo que se consideraba que era una opci\u00f3n precisa del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>4. LAS DIACONISAS EN LA TRADICI\u00ed\u201cN ORIENTAL\u00bb. Hemos dicho que una funci\u00f3n diaconal propiamente dicha ejercida por mujeres se encuentra s\u00f3lo en las iglesias de Oriente (en Rom 16:1, Febe, \u00abdiaconisa de la iglesia de Cencres\u00bb, debe ser considerada como ministra en un sentido m\u00e1s amplio). Las tradiciones m\u00e1s interesantes son la griega bizantina y la sir\u00ed\u00adaca (nestoriana, monofisita, maronita); los documentos m\u00e1s significativos, la Didascal\u00ed\u00ada de los ap\u00f3stoles (Siria, mediados del s. iii) y las Constituciones apost\u00f3licas (finales del s. IV). En la Didascal\u00ed\u00ada, las diaconisas aparecen por primera vez no s\u00f3lo como grupo netamente distinto de las v\u00ed\u00adrgenes y de las viudas constituidas, sino tambi\u00e9n como ministerio en la iglesia local, claramente determinado por su cometido pastoral o lit\u00fargico, descrito en paralelismo con el ministerio de los di\u00e1conos, aunque con funciones m\u00e1s restringidas. En efecto, la misi\u00f3n de la diaconisa se limita al ministerio con mujeres en los casos en que la decencia natural o de costumbre ambiental no permite f\u00e1cilmente al obispo, al presb\u00ed\u00adtero o al di\u00e1cono acerc\u00e1rseles. El cometido lit\u00fargico est\u00e1 en relaci\u00f3n con el bautismo de mujeres. Antes del bautismo todo el cuerpo es ungido con aceite. En el caso de las mujeres, el obispo unge la cabeza, y la diaconisa realiza las dem\u00e1s unciones. Pero no puede pronunciar las palabras del bautismo; sin embargo, cuando las bautizadas suben de la piscina, son recibidas por la diaconisa, a la que corresponde instruirlas acerca de sus obligaciones morales y de santidad (de estos dos cometidos: recibir a los bautizados e instruirlos, surgir\u00e1 la funci\u00f3n del padrino y de la madrina). La funci\u00f3n pastoral de la diaconisa est\u00e1 en relaci\u00f3n con la asistencia caritativa a las mujeres cristianas necesitadas o enfermas. La Didascal\u00ed\u00ada insta a los obispos a la instituci\u00f3n del ministerio diaconal femenino en su iglesia, pero no habla de la ordenaci\u00f3n lit\u00fargica de las diaconisas.<\/p>\n<p>En las Constituciones apost\u00f3licas la funci\u00f3n de las diaconisas consiste ante todo en ayudar al obispo o al presb\u00ed\u00adtero en el bautismo de las mujeres; pero, adem\u00e1s, a las diaconisas se les asigna tambi\u00e9n un papel activo en la asamblea lit\u00fargica: el de acoger a las mujeres que entran en la iglesia, prestando atenci\u00f3n particularmente a las forasteras y las pobres y asignando a cada una su puesto. Su tarea es compartida con los ostiarios, y tambi\u00e9n con los subdi\u00e1conos y di\u00e1conos. Se insiste en la prohibici\u00f3n para las mujeres de ense\u00f1ar o de bautizar (ministro del bautismo es solamente el obispo o, con el permiso del obispo, el presb\u00ed\u00adtero). El hombre es \u00abcabeza de la mujer\u00bb, es \u00abelegido para el sacerdocio\u00bb. Va \u00abcontra la naturaleza\u00bb permitir a las mujeres realizar \u00abacciones sacerdotales\u00bb; es \u00abel horror de la impiedad pagana, y no ya la ley de Cristo\u00bb (III, 9,2-3). El cometido pastoral de las diaconisas sigue siendo principalmente la asistencia a las mujeres creyentes; pero se a\u00f1ade otro ministerio extralit\u00fargico: el de hacer de mediadoras, acompa\u00f1ando a las mujeres cuando tengan que hablar con el di\u00e1cono o con el obispo; en este servicio, la diaconisa es considerada como imagen del Esp\u00ed\u00adritu Santo: \u00abComo no se puede creer a Cristo sin la ense\u00f1anza del Esp\u00ed\u00adritu Santo, as\u00ed\u00ad sin la diaconisa no se acerque ninguna mujer al di\u00e1cono o al obispo\u00bb (II, 26,6).<\/p>\n<p>Las diaconisas son ordenadas mediante imposici\u00f3n de manos (cheiroton\u00ed\u00ada), como el obispo, el presb\u00ed\u00adtero, el di\u00e1cono, el subdi\u00e1cono y el lector. La ordenaci\u00f3n se hace en p\u00fablico y a los pies del altar dentro del santuario, como la de los obispos, presb\u00ed\u00adteros, di\u00e1conos (pero no la de subdi\u00e1conos y lectores). La f\u00f3rmula usada es la de la ordenaci\u00f3n del obispo, del presb\u00ed\u00adtero o del di\u00e1cono: \u00abLa divina gracia, que cura siempre lo que es d\u00e9bil y suple lo que es defectuoso, promueve a N. a diaconisa. Oremos, pues, por ella, a fin de que venga sobre ella la gracia del Sant\u00ed\u00adsimo Esp\u00ed\u00adritu\u00bb. La diaconisa es asimilada al di\u00e1cono tambi\u00e9n por la estola diaconal (que no llevan los subdi\u00e1conos y lectores), que le da el obispo al final del rito, puesta en torno al cuello, bajo el velo. Finalmente, despu\u00e9s de la ordenaci\u00f3n, a la diaconisa se le da la comuni\u00f3n como a los di\u00e1conos, es decir, recibiendo el c\u00e1liz de manos del obispo; con la diferencia de que, mientras el di\u00e1cono va seguidamente a llevar el c\u00e1liz a los comulgantes que est\u00e1n fuera del santuario, la diaconisa, una vez recibido el c\u00e1liz, lo deja encima del altar [-> Ministerio, IV, 1, b].<\/p>\n<p>A partir del s. iv, en la zona griega, la posici\u00f3n de la diaconisa alcanza su m\u00e1ximo desarrollo, antes de su decadencia en los ss. xi-xii. Al desaparecer el bautismo de los adultos, comienza a venir a menos tambi\u00e9n la instituci\u00f3n de las diaconisas; y, donde todav\u00ed\u00ada continu\u00f3 por alg\u00fan tiempo, se convirti\u00f3 en algo puramente honor\u00ed\u00adfico, conferido a damas de alto rango (con tal de que fuesen v\u00ed\u00adrgenes o viudas mon\u00f3gamas) o a monjas y abadesas de monasterios. A pesar de la dificultad de interpretar hechos surgidos en contextos tan diversos, parece, sin embargo, que se puede concluir que, en virtud del uso de la iglesia, las mujeres pueden recibir un orden diaconal asimilado, por naturaleza y dignidad, al de los di\u00e1conos. Y si es verdad que en la tradici\u00f3n bizantina el cometido lit\u00fargico de las diaconisas fue bastante m\u00e1s restringido que el de los di\u00e1conos, la situaci\u00f3n est\u00e1 ampliamente superada en el uso actual de las iglesias. Un diaconado femenino podr\u00ed\u00ada tener funciones mucho m\u00e1s amplias. Evidentemente, hay que distinguir siempre entre la legitimidad de una propuesta de praxis eclesial y su oportunidad pastoral en determinados contextos.<\/p>\n<p>III. \u00bfOrdenaci\u00f3n presbiteral de las mujeres?<br \/>\nEl problema que desde hace algunos a\u00f1os condiciona de diversas maneras la participaci\u00f3n ministerial activa de la mujer en la liturgia es el de la exclusi\u00f3n de la ordenaci\u00f3n presbiteral. Quien es favorable a la ordenaci\u00f3n de las mujeres frecuentemente duda en aceptar otras formas de participaci\u00f3n para no prejuzgar esta meta; quien, por el contrario, se opone a la ordenaci\u00f3n, desconf\u00ed\u00ada de otras concesiones que podr\u00ed\u00adan ser interpretadas como otros tantos pasos hacia el presbiterado. Y, sin embargo, \u00abning\u00fan te\u00f3logo o canonista hasta estos \u00faltimos decenios ha pensado que se tratase de una simple ley de la iglesia\u00bb: as\u00ed\u00ad escribe la Congregaci\u00f3n para la doctrina de la fe en el comentario oficial a la declaraci\u00f3n Inter insigniores, de 15 de octubre de 1976, sobre la admisi\u00f3n de mujeres al sacerdocio.<\/p>\n<p>1. DESDE LOS A\u00ed\u2018OS DEL VAT. II. No obstante este hecho irrefutable, desde los a\u00f1os sesenta y con una r\u00e1pida escalada despu\u00e9s del s\u00ed\u00adnodo de obispos de 1971, la cuesti\u00f3n se ha planteado dentro de la iglesia cat\u00f3lica, en particular -pero no exclusivamente- en algunos ambientes teol\u00f3gicos y feministas de los Estados Unidos de Am\u00e9rica y de Europa. Al mismo tiempo, la praxis cada vez m\u00e1s generalizada a abrir todos los ministerios a las mujeres en las iglesias de la reforma, y por fin en algunas iglesias anglicanas, hac\u00ed\u00ada indiferible una respuesta por parte del magisterio cat\u00f3lico.<\/p>\n<p>El 23 de octubre de 1974, monse\u00f1or E. Bartoletti, entonces secretario de la CEI, present\u00f3 al s\u00ed\u00adnodo de obispos la relaci\u00f3n de la comisi\u00f3n de estudio sobre la mujer, creada por Pablo VI en mayo de 1973 con una serie de recomendaciones en favor de una mayor participaci\u00f3n de las mujeres en toda la iglesia \u00aben puestos de responsabilidad efectiva y reconocida\u00bb y pidiendo ulteriores estudios sobre los ministerios no-ordenados, sobre la participaci\u00f3n de los bautizados no ordenados en la jurisdicci\u00f3n, y sobre todo una respuesta motivada al problema del acceso de la mujer al ministerio ordenado&#8230;, \u00abuna respuesta no s\u00f3lo disciplinar, sino eclesiol\u00f3gica, tal que haga inteligible la praxis de la iglesia, partiendo de estudios b\u00ed\u00adblicos, hist\u00f3ricos y de la tradici\u00f3n viva de la iglesia tanto latina como oriental\u00bb. Posteriormente, durante el A\u00f1o internacional de la mujer, Pablo VI reafirm\u00f3 la norma tradicional de la iglesia en varios discursos y en su carta del 30 de noviembre de 1975 al arzobispo de Canterbury. La respuesta motivada lleg\u00f3 con la declaraci\u00f3n Inter insigniores y el comentario oficial, publicados el 28 de enero de 1977&#8243; [-> Sacerdocio, V, 4, b].<\/p>\n<p>2. \u00abINTER INSIGNIORES\u00bb. Declaraci\u00f3n y comentario reafirman fuertemente la norma de la exclusi\u00f3n, bas\u00e1ndose en la actitud de Jes\u00fas y de los ap\u00f3stoles y de la tradici\u00f3n de la iglesia: Jes\u00fas no eligi\u00f3 ap\u00f3stoles entre las mujeres, a pesar de que se mostr\u00f3 sumamente libre frente a los prejuicios y a los tab\u00faes de la cultura jud\u00ed\u00ada en relaci\u00f3n con la mujer. Ni siquiera confiri\u00f3 el ministerio apost\u00f3lico a su madre, \u00abtan estrechamente asociada al misterio de su divino Hijo\u00bb. Por eso la iglesia, \u00abpor fidelidad al ejemplo de su Se\u00f1or, no se considera autorizada para admitir a las mujeres a la ordenaci\u00f3n sacerdotal\u00bb. Pero se distingue claramente entre esta parte normativa del documento y la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica con la que, \u00abmediante la analog\u00ed\u00ada de la fe\u00bb, se intenta iluminar la \u00abprofunda conveniencia&#8230; entre la naturaleza propia del sacramento del orden, en su referencia espec\u00ed\u00adfica al misterio de Cristo, y el hecho de que solamente los hombres han sido llamados a recibir la ordenaci\u00f3n sacerdotal\u00bb. En esta reflexi\u00f3n, \u00abque no compromete al magisterio\u00bb (comentario), no se trata de \u00abargumentaci\u00f3n demostrativa\u00bb; antes bien, se manifiesta el deseo de ulteriores profundizaciones en el tema.<\/p>\n<p>La declaraci\u00f3n rechaza expl\u00ed\u00adcitamente toda argumentaci\u00f3n basada sobre \u00abprejuicios desfavorables a la mujer\u00bb, sobre \u00abpresunta superioridad del hombre sobre la mujer\u00bb, sobre cualquier \u00absuperioridad personal en el orden de los valores\u00bb. El comentario es todav\u00ed\u00ada m\u00e1s expl\u00ed\u00adcito en lo que se refiere a los \u00abargumentos presentados en el pasado\u00bb, que hoy no son \u00abmuy sostenibles\u00bb; y sobre \u00abel influjo innegable de los prejuicios desfavorables a la mujer\u00bb en los escritos de algunos padres de la iglesia. Si la mujer est\u00e1 excluida de la ordenaci\u00f3n sacerdotal, no es, pues, porque sea \u00abimpura\u00bb o tentadora del hombre, no es en cuanto \u00abvar\u00f3n deficiente\u00bb (mas occasionatus), seg\u00fan la teor\u00ed\u00ada aristot\u00e9lica, o porque sea incapaz de toda funci\u00f3n de preeminencia, nacida en un estado de subordinaci\u00f3n al hombre (\u00abquia mulier statum subjectionis habet\u00bb: S. Tb., Suppl. q. 39, a. 1). Ni se apela tampoco a algunos argumentos m\u00e1s recientes, a un psicologismo barato (la mujer naturalmente \u00abd\u00f3cil\u00bb; inepta para hablar en p\u00fablico; no sabr\u00ed\u00ada conservar los secretos de la confesi\u00f3n&#8230;) o a una conveniencia puramente exterior vinculada a situaciones culturales (la mujer que aburrir\u00ed\u00ada desde el altar&#8230;). Se intenta, si no se puede dar todav\u00ed\u00ada una inteligibilidad plena a la praxis de la iglesia, al menos abrir pistas v\u00e1lidas de reflexi\u00f3n para la teolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>El elemento teol\u00f3gico m\u00e1s importante es el que proporciona el an\u00e1lisis del sacramento del orden; est\u00e1 resumido en el comentario en los t\u00e9rminos siguientes: \u00ab1. El sacerdote, en la administraci\u00f3n de los sacramentos, que exigen el car\u00e1cter de la ordenaci\u00f3n, act\u00faa no en nombre propio, en persona propia, sino in persona Christi; 2. Esta f\u00f3rmula, tal como la ha entendido la tradici\u00f3n, exige que el sacerdote sea un signo, en el sentido que se da a este t\u00e9rmino en teolog\u00ed\u00ada sacramentaria; 3. Y porque precisamente es signo de Cristo salvador, debe ser un hombre y no puede ser una mujer\u00bb. Es verdad que el presb\u00ed\u00adtero act\u00faa tambi\u00e9n in persona ecclesiae (y los rasgos femeninos de la iglesia esposa de Cristo deber\u00ed\u00adan poder ser representados por una mujer); pero si el presb\u00ed\u00adtero representa a la iglesia, es \u00abporque ante todo representa a Cristo mismo, que es cabeza y pastor de la iglesia\u00bb, como ense\u00f1a el Vat. II (cf LG 28). Puesto que para el signo sacramental se pide una \u00absemejanza natural\u00bb, seg\u00fan el principio enunciado por santo Tom\u00e1s: \u00absigna sacramentalia ex naturali similitudine repraesentent\u00bb (IV Sent. dist. 25, q. 2, a. 2, q.&#8217; 1, ad 4), no basta con una simple semejanza f\u00ed\u00adsica, que tambi\u00e9n debe existir, sino que se pide tambi\u00e9n aquello de lo que es s\u00ed\u00admbolo el ser-hombre o el ser-mujer: ser imagen del Dios trinitario en el don rec\u00ed\u00adproco de dos personas diversas; la corporeidad se convierte en s\u00ed\u00admbolo que lleva m\u00e1s all\u00e1 de uno mismo Se trata, dice la declaraci\u00f3n, de \u00abexpresar y alcanzar al hombre y la mujer en su profunda identidad\u00bb. Pero admitir que ser cabeza -es decir, en cierto sentido, el primero- pertenece al simbolismo del hombre y no al de la mujer como tal, equivale, para muchos de nuestros contempor\u00e1neos, a apoyar una antropolog\u00ed\u00ada que niega la dignidad de la mujer, consagrar su inferioridad y abrir la puerta a todas las formas de dominaci\u00f3n y de explotaci\u00f3n que a trav\u00e9s de los siglos han viciado las relaciones hombre\/ mujer en perjuicio especialmente de la mujer. No hay, pues, que maravillarse de que la declaraci\u00f3n haya suscitado no s\u00f3lo decepci\u00f3n en algunos por la reafirmaci\u00f3n de la norma, sino tambi\u00e9n \u00e1speras cr\u00ed\u00adticas desde el plano teol\u00f3gico.<\/p>\n<p>3. UN PROBLEMA TEOL\u00ed\u201cGICO TODAV\u00ed\u008dA ABIERTO. La discusi\u00f3n sigueabierta; y las pol\u00e9micas de los \u00faltimos a\u00f1os han tenido el m\u00e9rito de estimular la reflexi\u00f3n sobre la naturaleza del sacramento del orden, de haber demostrado sobre todo la urgencia de una profundizaci\u00f3n de la antropolog\u00ed\u00ada teol\u00f3gica, de una antropolog\u00ed\u00ada que no ignore los desarrollos de las ciencias humanas, pero que refleje la luz de la revelaci\u00f3n y tenga en cuenta la tradici\u00f3n de la iglesia; falta todav\u00ed\u00ada una teolog\u00ed\u00ada de la creaci\u00f3n que pueda ser, por una parte, interlocutora adecuada de las ciencias humanas y, por otra, trampol\u00ed\u00adn para la oraci\u00f3n de alabanza que el hombre (var\u00f3n o mujer) debe elevar al Dios creador.<\/p>\n<p>En la norma que reserva a los hombres el sacerdocio ministerial quiz\u00e1 podr\u00ed\u00adamos ver no la \u00faltima ciudadela de la misoginia eclesi\u00e1stica, la \u00abpunta del iceberg\u00bb del antifeminismo cat\u00f3lico sino m\u00e1s bien una expresi\u00f3n -en medio de tantos cambios necesarios referentes al \u00abpuesto de la mujer\u00bb- de lo que no cambia: la luz irradiada sobre la relaci\u00f3n fundamental hombre\/mujer por la relaci\u00f3n Cristo\/iglesia, la relaci\u00f3n entre Dios y la humanidad, en toda la econom\u00ed\u00ada de la salvaci\u00f3n. Y nos parece que para ver (o entrever) la relaci\u00f3n hombre\/mujer en toda su profundidad de relaci\u00f3n interpersonal, en la igualdad fundamental de personas diversas -donde prioridad no es superioridad-, debemos remontarnos hasta la analog\u00ed\u00ada de la Trinidad, en la que el Padre es primero y da todo, pero quien procede de \u00e9l, de \u00e9l recibe todo y a \u00e9l lo restituye asimismo todo: es en todo igual a \u00e9l.<\/p>\n<p>IV. Otras funciones o ministerios: legislaci\u00f3n actual<br \/>\nEl hecho mismo de que el ministerio presbiteral est\u00e9 reservado a los hombres hace necesario un esfuerzo m\u00e1ximo para explotar y desarrollar todas las posibilidades de participaci\u00f3n femenina; y esto no s\u00f3lo por un deber de justicia para con la mujer, sino mas bien para realizar una plenitud, humana y divina en todos los sectores de la vida de la iglesia, incluida la liturgia. Y las posibilidades son muchas, a pesar de que todav\u00ed\u00ada queda mucho por hacer en esta direcci\u00f3n.<\/p>\n<p>1. LA EXCLUSI\u00ed\u201cN DEL ALTAR. En la instrucci\u00f3n Inaestimabile donum, de la Congregaci\u00f3n para los sacramentos y el culto divino (3 de abril de 1980), leemos (n. 18): \u00abComo es sabido, las funciones que la mujer puede ejercer en la asamblea lit\u00fargica son varias: entre ellas la lectura de la palabra de Dios y la proclamaci\u00f3n de las intenciones de la oraci\u00f3n de los fieles. No est\u00e1n permitidas a las mujeres las funciones de servicio al altar (ministro)\u00bb. Se confirmaba as\u00ed\u00ad la praxis tradicional formulada en la Liturgicae instaurationes, tercera instrucci\u00f3n para la correcta aplicaci\u00f3n de la constituci\u00f3n lit\u00fargica (5 de septiembre de 1970): \u00abNo se permite que las mujeres (ni\u00f1as, esposas, religiosas) sirvan en el altar, aunque se trate de iglesias, casas, conventos, colegios e instituciones de mujeres\u00bb (n. 7). Ya en el s. IV el primer concilio de Laodicea establec\u00ed\u00ada \u00abquod non oportet mulierem ad altare ingredi\u00bb \u00ab. La antropolog\u00ed\u00ada cultural vincula esta prescripci\u00f3n, como otras de la praxis eclesial, a motivaciones arcaicas, de las que quedan algunos rasgos en el comportamiento del hombre moderno, subyacentes a justificaciones aducidas en conformidad con los usos de las \u00e9pocas sucesivas. Se trata con frecuencia del concepto de impureza, relacionado con todo lo referente al sexo, especialmente por lo que respecta al miedo inspirado por la potencia del sexo femenino, y muy particularmente por la sangre menstrual. Hemos visto que Jes\u00fas en sus comportamientos rechaza estas concepciones; ense\u00f1a que la \u00fanica impureza es la que procede del coraz\u00f3n del hombre (Mat 15:18). Pero el ejemplo de Jes\u00fas no ha sido capaz de abolir prejuicios y tab\u00faes profundamente arraigados en la cultura y la mentalidad religiosa. El concilio de Nicea, en el a\u00f1o 325, decreta: \u00abTodas las mujeres fieles y cristianas deben abstenerse de entrar en la casa de Dios&#8230; durante todo el per\u00ed\u00adodo de su menstruaci\u00f3n, e igualmente de recibir la comuni\u00f3n\u00bb En el s. XVIII encontramos todav\u00ed\u00ada en la Theologia moralis de san Alfonso de Ligorio la misma norma reafirmada como consejo. Y hasta casi nuestros d\u00ed\u00adas ha durado el rito de la \u00abpurificaci\u00f3n\u00bb de la madre despu\u00e9s del nacimiento del hijo, la benedictio mulieris post partum [-> Bautismo, X, hacia el final].<\/p>\n<p>Al menos a nivel de motivaci\u00f3n consciente, este concepto de impureza y los consiguientes tab\u00faes son ajenos a la mentalidad moderna. Las \u00abdiversas funciones\u00bb a las que se refiere la Inaestimabile donum comportan, si no la funci\u00f3n de ministro -exclusi\u00f3n que se puede justificar hoy s\u00f3lo desde fundamentos culturales-, s\u00ed\u00ad ciertamente otros cometidos que permiten acercarse al altar y sobre todo tocar los vasos sagrados, que antes de la reforma actual no deb\u00ed\u00adan normalmente ser tocados por ning\u00fan \u00abno-ordenado\u00bb. Pero no se puede prescindir, como si fuera algo de inter\u00e9s meramente arqueol\u00f3gico, de la aportaci\u00f3n de la antropolog\u00ed\u00ada cultural en lo que se refiere a las relaciones entre mujer y sagrado.<br \/>\n2. LAS \u00abFUNCIONES VARIAS\u00bb. El cuadro completo de las \u00abfunciones que la mujer puede desempe\u00f1ar en la liturgia\u00bb -precisadas generalmente en los primeros documentos pos-conciliares con la anotaci\u00f3n \u00abcuando falte un hombre id\u00f3neo\u00bb o \u00abfuera del presbiterio\u00bb- comprende:<br \/>\na) La funci\u00f3n de lector. La Ordenaci\u00f3n general del Misal Romano, que se encuentra al inicio de la edici\u00f3n oficial castellana del Misal Romano publicada por la CEE (1978), dice as\u00ed\u00ad: \u00abLa conferencia episcopal puede permitir que una mujer id\u00f3nea haga las lecturas que preceden al evangelio y presente las intenciones de la oraci\u00f3n de los fieles\u00bb (n. 70). En nota se cita la instrucci\u00f3n Liturgicae instaurationes (1970), que dice: \u00abEs l\u00ed\u00adcito a las mujeres hacer las lecturas, menos el evangelio. S\u00ed\u00adrvanse para ello de los medios modernos de la t\u00e9cnica de forma que puedan o\u00ed\u00adrlas todos con facilidad\u00bb (n. 7, a; cf Pastoral lit\u00fargica 54-55, p. 16; cf OLM (1980) 54).<br \/>\nb) La distribuci\u00f3n de la comuni\u00f3n. La instrucci\u00f3n Liturgicae instaurationes precisaba: \u00abDistribuir la comuni\u00f3n es oficio, en primer lugar, del sacerdocio celebrante, luego del di\u00e1cono y, en algunos casos, del ac\u00f3lito. La Santa Sede puede permitir que se destinen para esto a otras personas de prestigio y virtud\u00bb (n. 6, d). El 29 de enero de 1973, la instrucci\u00f3n Inmensae caritatis, de la Congregaci\u00f3n para el culto divino, dio facultad a los ordinarios para que autoricen en el caso de ausencia o est\u00e9n impedidos el sacerdote, di\u00e1cono o ac\u00f3lito o haya gran concurrencia de fieles, \u00aba personas id\u00f3neas, elegidas individualmente como ministros extraordinarios, en casos concretos o tambi\u00e9n por un per\u00ed\u00adodo de tiempo determinado, o en caso de necesidad, de modo permanente, que se administren a s\u00ed\u00ad mismas el pan eucar\u00ed\u00adstico, lo distribuyan a los dem\u00e1s fieles y lo lleven a los enfermos en sus casas\u00bb (1, I). La instrucci\u00f3n conced\u00ed\u00ada as\u00ed\u00ad a todos los obispos, en forma general, una facultad que ya pod\u00ed\u00adan pedir y obtener de la Santa Sede, seg\u00fan dispon\u00ed\u00ada la instrucci\u00f3n Fidei custos, del 30 de abril de 1969. Y para este ministerio de tipo diaconal -\u00abextraordinario\u00bb, pero que puede ser estable- no se hace ninguna exclusi\u00f3n de las mujeres, aun quedando firme lo que pocos meses antes hab\u00ed\u00ada establecido el motu proprio Ministeria quaedam (15 de agosto de 1972), que excluye a las mujeres de los ministerios instituidos de ac\u00f3lito y lector, en nombre de la \u00abvenerable tradici\u00f3n de la iglesia\u00bb (VII).<\/p>\n<p>c) Otros ministerios menores. Otros servicios o ministerios \u00abinferiores a los propios del di\u00e1cono\u00bb y que deben realizarse \u00abfuera del presbiterio\u00bb est\u00e1n se\u00f1alados como abiertos a las mujeres en la Ordenaci\u00f3n general del Misal Romano (nn. 70.68): comentar las celebraciones, acoger a los fieles, recoger las ofrendas, etc. La Liturgicae instaurationes precisa todav\u00ed\u00ada: proponer las intenciones de la oraci\u00f3n universal; a\u00f1ade a la acogida la tarea, por ejemplo, de poner orden en las procesiones (n. 7b,d-e).<br \/>\nd) El canto lit\u00fargico. La instrucci\u00f3n sobre la m\u00fasica en la sagrada liturgia Musicam sacram, del 5 de marzo de 1967, establece en el n. 22 que la schola cantorum puede estar compuesta tanto de hombres como de mujeres; y donde el caso verdaderamente lo exija, de s\u00f3lo mujeres; cuando comprenda tambi\u00e9n mujeres, p\u00f3ngase fuera del presbiterio (23c). La Liturgicae instaurationes se limita a afirmar (7c): \u00abEs l\u00ed\u00adcito a las mujeres dirigir el canto de la asamblea y tocar el \u00f3rgano u otros instrumentos permitidos\u00bb.<br \/>\ne) Comunidades sin presb\u00ed\u00adtero. La instrucci\u00f3n Inter oecumenici, del 26 de septiembre de 1964, hab\u00ed\u00ada establecido ya (n. 37), sin restricci\u00f3n de sexo: \u00abEn el lugar en que falte sacerdocio, si no hay ninguna posibilidad de celebrar la misa, en los domingos y en las fiestas de precepto favor\u00e9zcase, a juicio del ordinario del lugar, la celebraci\u00f3n de la palabra de Dios, bajo la presidencia de un di\u00e1cono o tambi\u00e9n de un laico delegado para eso\u00bb. Es conocido el desarrollo que ha tenido esta previsi\u00f3n, y el papel importante desarrollado en este campo por muchas mujeres, especialmente religiosas. Un documento del a\u00f1o 1975 de la Congregaci\u00f3n para la evangelizaci\u00f3n de los pueblos 2&#8242; afirma: \u00abYa en muchas parroquias, en ausencia del sacerdote, es una religiosa quien asume la responsabilidad, la presidencia y la direcci\u00f3n de la asamblea paralit\u00fargica comunitaria, el domingo y durante la semana, y se encarga de exhortar a los fieles a sus deberes cristianos. Es tambi\u00e9n la presencia de la religiosa la que permite que se conserve la reserva eucar\u00ed\u00adstica y se distribuya a los fieles, en la misa y fuera de ella, en caso de necesidad. Hay casos en los que la administraci\u00f3n del bautismo y la presencia eclesial oficial al matrimonio est\u00e1n aseguradas, con el encargo episcopal requerido, por religiosas que tienen permanentemente una parroquia a su cargo\u00bb. Y se a\u00f1ade: \u00ab&#8230; muchas religiosas est\u00e1n verdaderamente angustiadas al ver el abandono en que a veces se encuentran algunas comunidades cristianas concretas&#8230;; su solicitud de asumir actividades pastorales m\u00e1s amplias surge precisamente de esta angustia y no de un esp\u00ed\u00adritu de reivindicaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Para todo este p\u00e1rrafo, cf can. 230, \u00c2\u00a7\u00c2\u00a7 1-3, del nuevo CDC de 1983.<\/p>\n<p>3. CON LA PRAXIS DEBE CAMBIAR TAMBIEN LA MENTALIDAD. Aun con los l\u00ed\u00admites que hemos advertido, las posibilidades abiertas a la mujer de tomar parte activa en la vida lit\u00fargica son muy amplias; ante todo, naturalmente, tomar parte conscientemente y con todo el coraz\u00f3n -con la escucha, la respuesta, el silencio-en las celebraciones comunitarias; pero tambi\u00e9n desempe\u00f1ar tareas ministeriales -los ministerios de facto- que est\u00e1n abiertas a ellas, colaborar en la preparaci\u00f3n y en la -> animaci\u00f3n de una liturgia ligada a la catequesis y a toda la vida de la comunidad eclesial, prestar una contribuci\u00f3n propia como miembros de comisiones, centros y otros organismos de vida lit\u00fargica a diversos niveles.<\/p>\n<p>Los obst\u00e1culos que se oponen a esta participaci\u00f3n vienen ante todo de mentalidades cerradas, que con demasiada frecuencia todav\u00ed\u00ada desconf\u00ed\u00adan de los laicos en general y de las mujeres en particular; mentalidades de hombres laicos que no han superado todav\u00ed\u00ada el complejo de superioridad machista; pero tambi\u00e9n mentalidades de mujeres, acostumbradas en ambientes eclesiales a la subordinaci\u00f3n y demasiado proclives a escabullirse, incluso cuando en la sociedad civil llevan responsabilidades importantes. En la misma legislaci\u00f3n de la iglesia, como hemos visto, los ministerios abiertos a las mujeres se presentan generalmente como de suplencia o extraordinarios. La responsabilidad efectiva de la mujer con frecuencia no es reconocida. Falta conciencia de la necesidad que tiene la iglesia de la contribuci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica de la mujer. Queda mucho por profundizar en experiencias de hecho: se da a una mujer la responsabilidad de una parroquia (haci\u00e9ndola p\u00e1rroco casi en todo), pero no se hace un esfuerzo por profundizar en aquello que podr\u00ed\u00ada ser para los tiempos modernos un ministerio diaconal ejercido por una mujer en virtud de una verdadera ordenaci\u00f3n; se admite un coro de religiosas porque faltan voces masculinas, pero no se advierte el significado eclesial que puede tener en la liturgia solemne esta participaci\u00f3n coral y orante de mujeres que est\u00e1n dedicadas a la oraci\u00f3n y al servicio de la iglesia.<\/p>\n<p>V. Temas, signos, lenguaje<br \/>\n1. SANTIDAD FEMENINA. La liturgia alaba a Dios en s\u00ed\u00ad mismo, en la incomparable Madre del Verbo encarnado, en sus \u00e1ngeles y en sus santos. Aqu\u00ed\u00ad nos referiremos s\u00f3lo a sus santas.<\/p>\n<p>Antes de la reforma posconciliar, la santidad femenina se calificaba en la liturgia principalmente en t\u00e9rminos de virginidad (categor\u00ed\u00ada reservada a las mujeres) o de martirio -en este \u00faltimo caso el don de la fortaleza se subrayaba siempre con la expresi\u00f3n un poco despectiva para con el sexo femenino: \u00abetiam in sexu fragili\u00bb-. Las dem\u00e1s santas se encontraban agrupadas bajo la denominaci\u00f3n negativa de la celebraci\u00f3n \u00abpro nec virgine nec martyre\u00bb, que daba de la mujer virtuosa la imagen veterotestamentaria de Pro 31:10-31, imagen bella y rica de una feminidad que no tiene nada de fr\u00e1gil, aun cuando, para ciertos gustos modernos, puede parecer demasiado unilateralmente vista bajo el aspecto de la comodidad del marido. La liturgia actual usa una terminolog\u00ed\u00ada m\u00e1s igualitaria para \u00ablos santos\u00bb y \u00ablas santas\u00bb (desaparece la categor\u00ed\u00ada exclusivamente masculina de los confesores) y ofrece una mayor variedad de lecturas y de oraciones: para las v\u00ed\u00adrgenes admite, como primera lectura del tiempo pascual, el gran poema del amor esponsal del Cantar de los Cantares o de Oseas, como en la bella liturgia del rito renovado de la I consagraci\u00f3n de v\u00ed\u00adrgenes, aplicable no s\u00f3lo a las monjas, sino tambi\u00e9n a mujeres que viven \u00aben el mundo\u00bb.<\/p>\n<p>Otros retoques, que respetan m\u00e1s la sensibilidad femenina o sirven para valorar la aportaci\u00f3n de las mujeres a la misi\u00f3n de Cristo y de la iglesia, se refieren a la conmemoraci\u00f3n de cada una de las santas. La nueva misa de santa Mar\u00ed\u00ada Magdalena (22 de julio), por ejemplo, celebra (como la antigua) el amor de la ex-prostituta por su Salvador y Se\u00f1or, pero (a diferencia de la antigua) recuerda, en la oraci\u00f3n, que precisamente a ella quiso confiar el Resucitado \u00abla misi\u00f3n de anunciar a los suyos la alegr\u00ed\u00ada pascual\u00bb; y la misa de santa Marta (29 de julio) ofrece para el evangelio la posibilidad de elecci\u00f3n entre el recuerdo del hospedaje ofrecido a Jes\u00fas (Luc 10:38-42) y la narraci\u00f3n de la resurrecci\u00f3n de L\u00e1zaro, que comprende la profesi\u00f3n de fe de Marta, paralela a la de Pedro (Jua 11:27). Otros detalles personalizan m\u00e1s la memoria de las santas (y de los santos); por ejemplo, las misas para la fiesta de santa Margarita de Escocia (16 de noviembre) y de santa Isabel de Hungr\u00ed\u00ada (17 de noviembre) celebran una santidad no ya gen\u00e9rica, sino de \u00ablos que han practicado la caridad\u00bb. Otra innovaci\u00f3n, que valdr\u00ed\u00ada tambi\u00e9n para los hombres, puede estar preanunciada en la instituci\u00f3n de la fiesta de los santos Joaqu\u00ed\u00adn y Ana (26 de julio): la celebraci\u00f3n conjunta de marido y mujer que se santificaron juntos, er la santidad de su amor conyugal, sir esperar a una santa viudez. El futurc Juan Pablo 1 escrib\u00ed\u00ada desde Roma en 1964 a sus diocesanos de Vittoric Veneto: \u00abCuando me he enterado de que se introduc\u00ed\u00ada la causa de beatificaci\u00f3n de los padres de santa Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas, he dicho: \u00c2\u00a1por fir una causa a d\u00fao!\u00bb\u00bb.<\/p>\n<p>2. LENGUAJE Y SIGNOS. El uso de la lengua vulgar en la liturgia ha sacado a la luz varios problemas. Entre ellos no puede pasar inadvertido -si bien tampoco debe ser exagerado- el que deriva de la contestaci\u00f3n actual de todo lenguaje machista. En el contexto lit\u00fargico, y en general en el religioso, el lenguaje contestado comprende, por ejemplo, el uso exclusivo de t\u00e9rminos masculinos para indicar, conjuntamente, a todos los miembros del pueblo de Dios. En varios puntos de la nueva liturgia, como en la celebraci\u00f3n del matrimonio, se han suprimido referencias que podr\u00ed\u00adan chocar con la sensibilidad moderna por lo que ata\u00f1e a la igualdad entre hombre y mujer. Pero la protesta feminista llega hasta el rechazo de elementos fundamentales del sistema simb\u00f3lico cristiano, y en particular de la imagen de Dios-Padre, considerada como la expresi\u00f3n de una sociedad patriarcal opresiva para la mujer y ya superada. La te\u00f3loga holandesa Catharina Halkes, despu\u00e9s de haber resumido las posiciones m\u00e1s radicales en la materia de algunas colegas americanas, expresa su posici\u00f3n personal en estos t\u00e9rminos: \u00abNos alegra el hecho de que ya ha aparecido la receptividad para con los rasgos femeninos y maternos de Dios en la Sagrada Escritura, pero esto tendr\u00e1 efectos positivos solamente cuando, en las oraciones y en la liturgia, se prohiban los masculinismos, y nuevos s\u00ed\u00admbolos conduzcan a experiencias de contraste y a nuevas representaciones\u00bb. Las tentativas por recomponer la liturgia, e incluso la Sagrada Escritura, en clave feminista son el hecho solamente de algunos ambientes; pero es importante tomar conciencia de estas corrientes para prevenir, con una educaci\u00f3n adecuada, los eventuales da\u00f1os de una divulgaci\u00f3n intempestiva de propuestas radicales, si no queremos que los fieles se turben hasta al rezar el padrenuestro.<\/p>\n<p>Otra acusaci\u00f3n hecha a veces a la liturgia romana es la de tener un lenguaje demasiado abstracto. Pero en este campo hay que tener en cuenta la diversidad de culturas y de sensibilidades personales, tambi\u00e9n entre las mismas mujeres. Por lo dem\u00e1s, los defectos de lenguaje no se pueden corregir sobre la mesa. Las expresiones aptas deben desarrollarse en lo concreto de la experiencia y en la b\u00fasqueda com\u00fan, de hombres y mujeres, en clima de oraci\u00f3n aut\u00e9ntica. Tambi\u00e9n desde este punto de vista es importante la presencia creciente de las mujeres en los diversos organismos de animaci\u00f3n lit\u00fargica.<\/p>\n<p>Hay que tener siempre presente la diversidad de culturas no s\u00f3lo para favorecer la inculturaci\u00f3n en las culturas particulares, sino tambi\u00e9n para abrir el camino a una colaboraci\u00f3n intercultural. Quiz\u00e1 hayan de ser las culturas no europeas -cuando hayan madurado sus expresiones lit\u00fargicas, al mismo tiempo tradicionales y originales- las que nos ayuden a dar una visibilidad apropiada a la mujer en la oraci\u00f3n oficial de la iglesia. Esto no comportar\u00e1 necesariamente innovaciones, y menos todav\u00ed\u00ada innovaciones extra\u00f1as, como la augurada por el te\u00f3logo laico americano Michael Novak en nombre del \u00abrealismo simb\u00f3lico\u00bb: un ministerio femenino de representaci\u00f3n de la iglesia y una celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica en la que \u00absacerdote masculino y celebrante femenino reflejar\u00ed\u00adan juntos, con m\u00e1s precisi\u00f3n que en los siglos anteriores, la uni\u00f3n de Cristo y de su iglesia\u00bb\u00bb. La liturgia actual en la reevocaci\u00f3n del misterio pascual ofrece ya posibilidades menos radicales. \u00bfNo se podr\u00ed\u00ada pensar, por ejemplo, en la liturgia del viernes santo, en una representaci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada y de las \u00abpiadosas mujeres\u00bb en la adoraci\u00f3n solemne de la cruz? (en cambio, actualmente, al tener que reducir por motivos pr\u00e1cticos el n\u00famero de los participantes en el gesto ritual, todo se reduce generalmente a hacer una selecci\u00f3n entre el clero presente).<\/p>\n<p>No se trata de buscar una liturgia feminista; m\u00e1s bien se quiere desarrollar una liturgia que, en sus temas, signos y lenguaje, sea m\u00e1s apta para que por ella exprese la alabanza de Dios tambi\u00e9n \u00abla mujer contempor\u00e1nea\u00bb; la mujer que quiere ser, como Mar\u00ed\u00ada de Nazaret, \u00abaunque completamente abandonada a la voluntad del Se\u00f1or, &#8230; algo del todo distinto de una mujer pasivamente remisiva o de una religiosidad alienante\u00bb; la mujer que intenta \u00absecundar con esp\u00ed\u00adritu evang\u00e9lico las energ\u00ed\u00adas liberadoras del hombre y de la sociedad\u00bb (Marialis cultus 37).<\/p>\n<p>VI. Doctrina y praxis de las otras comunidades cristianas<br \/>\nUn \u00faltimo aspecto que se debe tener presente es el impacto en el mundo cat\u00f3lico de la situaci\u00f3n ecum\u00e9nica y de la praxis de las otras iglesias y comunidades cristianas<br \/>\nPor lo que se refiere al problema de la ordenaci\u00f3n, ya hemos visto que la publicaci\u00f3n de la \u00ed\u00adnter insigniores se debi\u00f3 a la necesidad de responder oportunamente a la situaci\u00f3n creada en el plano ecum\u00e9nico; hac\u00ed\u00adamos notar que, en los trabajos del Consejo ecum\u00e9nico de las iglesias, la cuesti\u00f3n de la admisi\u00f3n de las mujeres a la ordenaci\u00f3n sacerdotal se hab\u00ed\u00ada planteado \u00abante l\u00e1 conciencia de todas las confesiones cristianas, oblig\u00e1ndolas a examinar su posici\u00f3n de principio\u00bb; y la preocupaci\u00f3n se originaba sobre todo al ver que eran ordenadas mujeres \u00aben algunas comunidades que pretend\u00ed\u00adan conservar la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica del orden\u00bb, y particularmente en las comunidades anglicanas, donde se creaba un problema grave para el di\u00e1logo con la iglesia cat\u00f3lica. Hoy, de hecho, se puede decir que en la gran mayor\u00ed\u00ada de las iglesias protestantes todos los ministerios est\u00e1n, al menos en teor\u00ed\u00ada, abiertos a la mujer. Pero, dado que estas iglesias no tienen un concepto sacramental del sacerdocio ministerial, la ordenaci\u00f3n es considerada como asunto m\u00e1s bien disciplinar que teol\u00f3gico; las mismas mujeres que se preparan a la ordenaci\u00f3n, o que la han recibido, ponen el acento m\u00e1s en los aspectos pastorales del ministerio, en la participaci\u00f3n en las funciones de direcci\u00f3n de la iglesia, que en los aspectos lit\u00fargicos. La comuni\u00f3n anglicana est\u00e1 profundamente dividida en este punto. S\u00f3lo las iglesias ortodoxas y la iglesia viejo-cat\u00f3lica (\u00abUni\u00f3n de Utrecht\u00bb) permanecen un\u00e1nimes en rechazar la ordenaci\u00f3n presbiteral o episcopal de mujeres. Los ortodoxos tienen en la actualidad diaconisas -oficio que ha sido reinstaurado despu\u00e9s de haber desaparecido por un largo per\u00ed\u00adodo-, pero las diaconisas modernas tienen responsabilidades pastorales o misioneras, no lit\u00fargicas.<\/p>\n<p>Los motivos teol\u00f3gicos invocados por los ortodoxos para la exclusi\u00f3n de las mujeres del presbiterado son esencialmente los mismos, escritur\u00ed\u00adsticos o de tradici\u00f3n, que encontramos en la \u00ed\u00adnter insigniores. Se insiste mucho tambi\u00e9n en el car\u00e1cter ic\u00f3nico del sacerdocio ministerial: \u00abEl presb\u00ed\u00adtero es icono de Cristo; y lo mismo que el Cristo encarnado se hizo no s\u00f3lo ser humano, sino var\u00f3n -y en el orden de la naturaleza los cometidos del var\u00f3n y de la mujer no son intercambiables, es necesario que el presb\u00ed\u00adtero sea var\u00f3n\u00bb. No parece que esta posici\u00f3n oficial sea contestada por el pueblo fiel\u00bb. Hay que recordar tambi\u00e9n la importancia que dan los ortodoxos a la relaci\u00f3n entre las mujeres -Mar\u00ed\u00ada antes que ninguna otra- y el Esp\u00ed\u00adritu Santo; pero, escribe Evdokimov, \u00absi la mujer est\u00e1 vinculada \u00f3nticamente al Esp\u00ed\u00adritu Santo, este v\u00ed\u00adnculo tiene valor y significado universal solamente si el var\u00f3n, por su parte, est\u00e1 \u00f3nticamente vinculado a Cristo\u00bb.<\/p>\n<p>El impacto de la experiencia ecum\u00e9nica y de los contactos que se van teniendo con las diversas iglesias y comunidades eclesiales no se refiere, sin embargo, exclusivamente al problema de la ordenaci\u00f3n; en un plano m\u00e1s general estos contactos han podido estimular en los ambientes cat\u00f3licos la toma de conciencia y la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica sobre la participaci\u00f3n de la mujer en toda la vida eclesial. El contacto con grupos ecum\u00e9nicos de oraci\u00f3n, y con la misma vida cultual de las confesiones que admiten a las mujeres a desempe\u00f1ar cargos pastorales, puede contribuir al crecimiento de una capacidad de expresi\u00f3n, de una creatividad no s\u00f3lo masculina, sino tambi\u00e9n femenina en este campo; de una creatividad que, naturalmente, debe permanecer dentro de los l\u00ed\u00admites de la fe y de la disciplina de la iglesia cat\u00f3lica.<\/p>\n<p>R. Goldie<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA:  Alcal\u00e1 M., La mujer y los ministerios en la Iglesia (Del Vaticano II a Pablo VI), S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1982; Carrillo A., El diaconado femenino, Mensajero, Bilbao 1972; Cita-Macard S., Mujeres en la Iglesia a la luz del Vaticano II, Mensajero, Bilbao 1969; Delaporte J., La Iglesia y la promoci\u00f3n de la mujer, Mensajero, Bilbao 1970; Dianich S.-Galot J., Mujer en la Iglesia, en NDT 2, Cristiandad, Madrid 1982, 1124-1136; Evdokimov P., La mujer y la salvaci\u00f3n del mundo, S\u00ed\u00adgueme, Sala-manca 1981; Martinell M., La mujer y los ministerios en la Iglesia, en \u00abPhase\u00bb 77 (1973) 447-463; Ord\u00f3\u00f1ez J., Ministerio maternal de Mar\u00ed\u00ada en la liturgia, en \u00abEphemerides Mariologicae\u00bb 3 (1981) 267-296; Piquer J., La decisi\u00f3n de no admitir la mujer al presbiterado, \u00bfarca\u00ed\u00adsmo o fidelidad?, en \u00abPhase\u00bb 102 (1977) 515-534; Urdeix J., Ordenaci\u00f3n de las mujeres al diaconado, ib, 83 (1974) 412-414; Van Eyden R., La mujer en las funciones lit\u00fargicas, en \u00abConcilium\u00bb 72 (1972) 213-231; VV.AA., La mujer en la Iglesia, en \u00abConcilium\u00bb 111 (1976) 3-159; Walton J., La mujer como objeto y sujeto de la bendici\u00f3n, ib, 198 (1985) 235-242.<\/p>\n<p>D. Sartore &#8211; A, M. Triacca (eds.), Nuevo Diccionario de Liturgia, San Pablo, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Liturgia<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Condici\u00f3n legal y real de la mujer: 1. Sector familiar: a) Familia patriarcal, b) Poligamia y concubinato, c) Repudio, d) Adulterio, e) El amor antes y durante el matrimonio; 2. Sector social. II. \u00ed\u201cptica teol\u00f3gica sobre la mujer: 1. En el AT: a) \u00abA imagen de Dios\u00bb (G\u00e9n 1:27), b) \u00abMacho y hembra los cre\u00f3\u00bb (G\u00e9n 1:27), c) \u00abDe la costilla tomada del hombre\u00bb (G\u00e9n 2:22), d) \u00abUna ayuda apropiada\u00bb (G\u00e9n 2:18), e) \u00abSe dieron cuenta de que estaban desnudos\u00bb (G\u00e9n 3:7), f) \u00abMe casar\u00e9 contigo para siempre\u00bb(Ose 2:21), g) \u00abLa profetisa Juld\u00e1\u00bb(2Re 22:14), h) \u00abMi amado es m\u00ed\u00ado y yo soy suya\u00bb (Cnt 2:16), i) Conclusi\u00f3n; 2. En el NT: a) \u00abEunucos que a s\u00ed\u00ad mismos se hicieron tales\u00bb (Mt 19.12), b) \u00abLas prostitutas entrar\u00e1n antes\u00bb (Mat 21:31b), c) \u00abLe acompa\u00f1aban los doce y algunas mujeres\u00bb (Luc 8:1-2), d) \u00abNo hay hombre ni mujer\u00bb (G\u00e1l 3:28), e) \u00abLa mujer que ora o profetiza\u00bb (ICor 11,5), f) Conclusi\u00f3n. III. Textos mis\u00f3ginos: 1. AT: \u00abPor la mujer comenz\u00f3 el pecado\u00bb (Sir 25:24); 2. NT: a) \u00abQue lleve velo\u00bb (ICor 11,6), b) \u00abLa cabeza de la mujer es el hombre\u00bb (ICor 11,3), c) \u00abLa mujer procede del hombre&#8230;; la mujer para el hombre\u00bb (ICor 11,8.9), d) \u00abNo est\u00e1 bien que la mujer hable en la asamblea\u00bb (ICor 14,34), e) \u00abQue las mujeres sean sumisas a sus maridos\u00bb (Efe 5:22); 3. Conclusi\u00f3n.<\/p>\n<p>Como en otros terrenos, tambi\u00e9n en el de la mujer es necesario saber captar el pensamiento genuino de Dios a trav\u00e9s de las p\u00e1ginas del libro inspirado.<\/p>\n<p>Es indispensable ante todo una lectura integral del AT y del NT dentro de la Iglesia en nuestros d\u00ed\u00adas. Adem\u00e1s, hay que establecer con suma delicadeza una distinci\u00f3n clara y nada f\u00e1cil entre las ideas manifiestas, la mentalidad, lo usos y costumbres del antiguo Israel y de la Iglesia de los or\u00ed\u00adgenes, por una parte, y el ideal propuesto por Dios a la humanidad, por otra; ideal que podr\u00e1 alcanzarse en plenitud s\u00f3lo en la hora escatol\u00f3gica. Se trata, en definitiva, de trazar a la luz de la doctrina de la Iglesia una l\u00ed\u00adnea de demarcaci\u00f3n entre los elementos socio-culturales, que han ido evolucionando, involucionando o modific\u00e1ndose desde la \u00e9poca de los patriarcas hasta el final del tiempo de los ap\u00f3stoles, y la ense\u00f1anza perenne que Dios ha comunicado al g\u00e9nero humano en Jesucristo [\/ Cultura\/ Aculturaci\u00f3n].<\/p>\n<p>De aqu\u00ed\u00ad la divisi\u00f3n en dos partes del presente estudio. En primer lugar evocaremos, en una r\u00e1pida ojeada hist\u00f3rica, la condici\u00f3n legal y real de la mujer en el mundo b\u00ed\u00adblico, para pasar luego a analizar m\u00e1s a fondo el dato revelado del AT y del NT sobre el sexo femenino.<\/p>\n<p>I. CONDICI\u00ed\u201cN LEGAL Y REAL DE LA MUJER. Lo que escribe Flaceli\u00e9re: que \u00aben toda la antig\u00fcedad el dogma de la superioridad masculina no se vio nunca olvidado\u00bb, vale tambi\u00e9n para el mundo b\u00ed\u00adblico, aunque ese dogma no fuera percibido siempre por la conciencia clara y distinta de Israel y de la Iglesia primitiva.<\/p>\n<p>1. SECTOR FAMILIAR. a) Familia patriarcal. La familia en el AT es end\u00f3gama: exige que la esposa, si no quiere ser considerada como una intrusa, pertenezca al mismo clan que el marido. Los matrimonios ex\u00f3gamos son reprobados porque constituyen -se dir\u00e1 luego- un peligro nada hipot\u00e9tico (cf Jue 3:6; I Re 11.1-8; Jue 16:31-32) para la existencia, e incluso tan s\u00f3lo para la pureza de la fe y de la \u00e9tica yahvista (Exo 34:16; Deu 7:3-4; Jos 23:12-13).<\/p>\n<p>El car\u00e1cter patrilineal y patrilocal de la familia hace que la descendencia y la sucesi\u00f3n se cuenten en la l\u00ed\u00adnea masculina, y no en la femenina; y los hijos varones, incluso despu\u00e9s de casarse, siguen morando en la casa paterna, con sus esposas e hijos.<\/p>\n<p>En el AT, y bajo muchos aspectos tambi\u00e9n en el NT, la familia es patriarcal. El padre es el elemento principal, depositario de indiscutible prestigio y de autoridad suprema; en los antiguos tiempos se le reconoce incluso el derecho de vida y de muerte (cf G\u00e9n 38:24). Al padre est\u00e1n sujetos la mujer o las mujeres, los hijos no casados y los casados con sus esposas y sus hijos.<\/p>\n<p>b) Poligamia y concubinato. Lo que exalta y exaspera la supremac\u00ed\u00ada del var\u00f3n en la familia b\u00ed\u00adblica es sobre todo la poligamia (rigurosamente hablando, habr\u00ed\u00ada que hablar de poliginia, ya que la poligamia comprende tambi\u00e9n la poliandria). M\u00e1s bien moderada en la \u00e9poca patriarcal -Jacob tuvo dos mujeres principales (G\u00e9n 29:21-30); Esa\u00fa, tres (G\u00e9n 26:34; G\u00e9n 28:9)-; la poligamia se intensific\u00f3 con los jueces y con los reyes.<\/p>\n<p>Peque\u00f1o o grande, el har\u00e9n, \u00ed\u00adndice de un alto nivel econ\u00f3mico, social o pol\u00ed\u00adtico, lesiona los derechos de la mujer y atenta contra el amor y la concordia matrimonial con las rivalidades y los celos inevitables de las diversas mujeres (cf G\u00e9n 16:4-5; G\u00e9n 29:30-30, 24; 1Sam 1).<\/p>\n<p>A partir del siglo vi a.C. se fue haciendo cada vez m\u00e1s com\u00fan en Israel la monogamia. Ser\u00e1 Jes\u00fas el que d\u00e9 el \u00faltimo golpe de gracia a la poligamia: \u00abTodo el que se divorcia de su esposa y se casa con otra comete adulterio\u00bb (Luc 16:18); en un r\u00e9gimen no monog\u00e1mico ser\u00ed\u00ada absurdo tachar de ad\u00faltero a un hombre que tomase una segunda mujer [\/ Matrimonio].1281<br \/>\nLa poligamia explica tambi\u00e9n la presencia de concubinas legales o esposas secundarias, a las que, por otra parte, s\u00f3lo estaba permitido tener relaciones con el propio marido. Para remediar a veces la propia esterilidad o para aumentar el n\u00famero de hijos \u00abpropios\u00bb era directamente la esposa o las esposas principales las que daban a su marido como concubinas a sus propias esclavas (cf G\u00e9n 16:30).<\/p>\n<p>c) Repudio. Otra grave injusticia contra la mujer en la familia del AT y del NT es el repudio, al que pr\u00e1cticamente tiene derecho s\u00f3lo el hombre. Los libros hist\u00f3ricos del AT no mencionan ning\u00fan ejemplo de repudio propio o verdadero. De todas formas, la legislaci\u00f3n hebrea supone el uso del repudio (Lev 21:7.14; Lev 22:13; N\u00fam 30:10). El c\u00f3digo deuteron\u00f3mico proh\u00ed\u00adbe expresamente el divorcio en dos casos (Deu 22:13-19. 28-29). Deu 24:1-4 proh\u00ed\u00adbe a un hombre que ha repudiado a una mujer volver a casarse con ella, si \u00e9sta ha contra\u00ed\u00addo segundas nupcias y vuelve a estar libre por la muerte o el repudio de su segundo marido. Aunque se ignora si los hebreos usaban o no con frecuencia el derecho de repudio, la norma de Deu 24:1 : \u00abPor haber encontrado en ella algo indecente\u00bb, era tan gen\u00e9rica que en la \u00e9poca del NT los rabinos presentaban como causa de divorcio no s\u00f3lo la culpa de una mujer (inmoralidad o costumbres ligeras, seg\u00fan Sammai; una comida quemada, seg\u00fan Hillel), sino incluso el hecho de haber encontrado su marido una mujer m\u00e1s bella (sentencia de Aqiba). Si, como parece, los hijos eran entregados siempre al padre, el repudio jud\u00ed\u00ado, adem\u00e1s de negar a la mujer el amor perenne del marido, le inflig\u00ed\u00ada tambi\u00e9n la pena de la separaci\u00f3n de sus hijos. Es, pues, original la doctrina de Malaqu\u00ed\u00adas, quien, en la primera mitad del siglo v a.C., elev\u00e1ndose sobre las ideas corrientes de su pueblo, condena el repudio como comportamiento infiel, como profanaci\u00f3n y como crimen peligroso (Mal 2:14-16). Vendr\u00e1 luego Jes\u00fas con su autoridad a proclamar indisoluble el matrimonio: \u00abEl que se casa con una mujer divorciada comete adulterio\u00bb (Luc 16:18), porque \u00ablo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre\u00bb (Mar 10:9).<\/p>\n<p>d) Adulterio. En lo que se refiere a la fidelidad conyugal, su obligaci\u00f3n se entiende casi s\u00f3lo en sentido \u00fanico. En la concepci\u00f3n com\u00fan, el adulterio consiste en la violaci\u00f3n del derecho del marido sobre su propia mujer o del novio sobre su propia novia. Por tanto, es ad\u00faltero un hombre (soltero o casado, no importa) que tenga relaciones con la novia o la esposa de otro. Por el contrario, es ad\u00faltera la mujer novia o esposa que tenga relaciones con cualquier hombre, soltero o casado. Para el sospechoso de adulterio, s\u00f3lo cuando la persona acusada es la mujer, y no el marido, la ley impone la \u00abofrenda de celos\u00bb (N\u00fam 5:11-31). Ser\u00e1 una vez m\u00e1s Jes\u00fas el que ense\u00f1e que la fidelidad obliga bilateralmente tanto al marido como a la mujer: \u00abEl que se separe de su mujer y se case con otra comete adulterio contra la primera; y si la mujer se separa de su marido y se casa con otro comete adulterio\u00bb (Mar 10:11-12).<\/p>\n<p>La poligamia y el concubinato legal, el repudio de la mujer y la concepci\u00f3n peculiar del adulterio encuentran su explicaci\u00f3n en la preeminencia absoluta de los derechos del clan y de la descendencia sobre los del individuo. Debido a esto mismo, por un lado, las hijas eran excluidas de la herencia para que el patrimonio familiar no corriera peligro de mengua progresiva, y, por otro, en la elecci\u00f3n de esposo para la hija (como, por lo dem\u00e1s, de la esposa para el hijo) interfer\u00ed\u00ada la autoridad del padre o, cuando un marido mor\u00ed\u00ada sin dejar descendientes varones, la ley del levirato (Deu 25:5-10).<\/p>\n<p>e) El amor antes y durante el matrimonio. A pesar de todo, se dan a veces matrimonios espont\u00e1neos propios y verdaderos, ya que es el amor, y no s\u00f3lo por parte del hombre, el que precede, desea y obtiene el matrimonio. El \u00fanico caso en que toma la iniciativa la mujer es el de Mical, la hija menor de Sa\u00fal, que \u00abse hab\u00ed\u00ada enamorado de David\u00bb y obtuvo del padre casarse con \u00e9l (ISam 18,20.27). Y tambi\u00e9n despu\u00e9s del matrimonio lo am\u00f3 (v. 28) y lo libr\u00f3 de la muerte (19,11-17). Pero de ordinario la iniciativa part\u00ed\u00ada del hombre. Tal es el caso de Jacob, que se enamora de su \u00abbella\u00bb prima Raquel (G\u00e9n 29:17-19) y para poder casarse con ella ofrece servir a Lab\u00e1n durante siete a\u00f1os, \u00abque le parecieron unos d\u00ed\u00adas; tan grande era el amor que le ten\u00ed\u00ada\u00bb (v. 20); y despu\u00e9s del enga\u00f1o de su suegro Lab\u00e1n acepta servirle durante otros siete a\u00f1os (vv. 27-28). Tal es el caso de Tob\u00ed\u00adas, que al enterarse de su derecho a casarse con Sara como su pariente m\u00e1s pr\u00f3ximo, \u00abse enamor\u00f3 de ella\u00bb (Tob 6:19). Pero aunque el matrimonio suele ser normalmente concertado y pactado por los respectivos padres, el hombre y la mujer se aman despu\u00e9s de casados. Isaac \u00abam\u00f3\u00bb a Rebeca, que le hab\u00ed\u00ada elegido su padre, Abrah\u00e1n; y as\u00ed\u00ad \u00abse consol\u00f3 de la muerte de su madre\u00bb, Sara (G\u00e9n 24:67); y en Guerar lo sorprendieron \u00abacariciando\u00bb a su esposa (G\u00e9n 26:8). Aunque pesa sobre \u00e9l la tristeza de la esterilidad de su esposa Ana, Elcan\u00e1 la ama con un amor intenso; ella era su \u00abpreferida\u00bb (ISam 1,5): \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 est\u00e1s tan triste? \u00bfNo soy yo para ti m\u00e1s que diez hijos?\u00bb (v. 8). El Deuteronomio dispensa de ir a la guerra tanto al novio (\u00abque se vuelva a su casa, no sea que muera en el combate y se case otro con su prometida\u00bb:20,7) como al esposo en el primer a\u00f1o de su matrimonio (\u00abquedar\u00e1 libre en su casa para contentar a su mujer\u00bb: 24,5). Algunos episodios de la vida cotidiana nos revelan la afectuosa armon\u00ed\u00ada de pensamientos y deseos que reina en las familias en las que el marido escucha y atiende a su mujer (G\u00e9n 21:9-14; ,5).<\/p>\n<p>2. SECTOR SOCIAL. Si del \u00e1mbito familiar pasamos al social, en el mundo b\u00ed\u00adblico no mejora la situaci\u00f3n de derecho y de hecho de la mujer. Eterna menor de edad, en su ni\u00f1ez est\u00e1 sometida a la plena jurisdicci\u00f3n del padre, y luego a la de su marido; padre y marido que, entre otras cosas, tienen que ratificar al menos t\u00e1citamente los votos pronunciados por ella, as\u00ed\u00ad como invalidarlos cuando quieran (N\u00fam 30:4-17).<\/p>\n<p>En los tiempos m\u00e1s antiguos la mujer hebrea era bastante libre. Sale de casa sin velo, hace visitas, habla tranquilamente en p\u00fablico con los hombres, va a la fuente por agua, lleva el reba\u00f1o al pasto y al abrevadero, va a espigar detr\u00e1s de los segadores. Por el contrario, en la \u00e9poca helenista y romana se ve sometida, al menos si no pertenece a clases m\u00e1s acomodadas, a restricciones cada vez mayores, que la convierten casi en una reclusa. Tiene prohibido salir sin velo, con la cabeza al descubierto, hilar en medio de la calle, conversar con cualquier persona (Ket\u00fab\u00f3t 7,6). Tiene cerrada la escuela tanto para aprender como para ense\u00f1ar (Sotah 3,4). Sin embargo, no faltan mujeres israelitas que tuvieron una importancia muy notable, para bien o para mal, en la historia civil y religiosa de su pueblo. Despu\u00e9s de atravesar prodigiosamente el mar Rojo, Mar\u00ed\u00ada, la hermana de Mois\u00e9s y Aar\u00f3n, llevada de una exaltaci\u00f3n adivinatoria, compone un canto de alabanza a Dios y organiza coros femeninos de danzas (Exo 15:20-21). D\u00e9bora, mujer de Lappidot, es llamada \u00abjuez\u00bb en cuanto inspirada y apreciada administradora de la justicia (Jue 4:4). Ejercen una influencia nefasta en clave antiyahvista y filoidol\u00e1trica Jezabel sobre su esposo Ajab y Atal\u00ed\u00ada sobre su esposo Jor\u00e1n y sobre su hijo Ocoz\u00ed\u00adas. Aut\u00e9nticas salvadoras del pueblo son t Judit y t Ester, hero\u00ed\u00adnas de dos historias edificantes.<\/p>\n<p>De esta r\u00e1pida evocaci\u00f3n hist\u00f3rica se deduce con evidencia que el mundo antiguo, el de Israel y el de la Iglesia primitiva, no se mostr\u00f3 ni mucho menos inclinado a reconocer a la mujer los derechos que le corresponden. En el \u00e1mbito dom\u00e9stico, el car\u00e1cter patriarcal de la familia, con la pr\u00e1ctica en sentido \u00fanico de la poligamia, del repudio y del adulterio, mantuvo a la mujer en un estado de inferioridad. La mujer no logr\u00f3 liberarse de esta situaci\u00f3n, salvo pocas excepciones para bien o para mal, ni siquiera en el \u00e1mbito social. A trav\u00e9s de la pantalla de este contexto hist\u00f3rico ha llegado a nosotros la luz de la revelaci\u00f3n divina, a la que vamos a dedicar ahora nuestra consideraci\u00f3n.<\/p>\n<p>II. \u00ed\u201cPTICA TEOL\u00ed\u201cGICA SOBRE LA MUJER. 1. EN EL AT. El estudio del mensaje salv\u00ed\u00adfico contenido en el AT, tanto en la cuesti\u00f3n que nos preocupa ahora como en cualquier otra, no puede prescindir de las ense\u00f1anzas de la Iglesia. Esta, por una parte, considera que los libros del antiguo pacto, \u00abaunque contienen cosas imperfectas y transitorias, demuestran, sin embargo, una verdadera pedagog\u00ed\u00ada\u00bb. Y por otra, nos exhorta a atender \u00abcon diligencia al contenido y a la unidad de toda la Escritura\u00bb (DV 15 y 12) [\/ G\u00e9nesis; \/ Matrimonio].<\/p>\n<p>a) \u00abA imagen de Dios\u00bb(G\u00e9n 1:27). G\u00e9n 1 (P) presenta, como ya hab\u00ed\u00ada hecho G\u00e9n 2 (J), a la mujer y al hombre antes del pecado, mientras que G\u00e9n 3 (J) los describe en la atm\u00f3sfera de la culpa [t Pentateuco]. En la intenci\u00f3n y en la ejecuci\u00f3n de Dios la especie humana (\u00e1dam tiene valor colectivo, indica a la mujer como al hombre) es creada a imagen de Dios: \u00abHagamos al hombre como (bet essentiae) nuestra imagen y semejanza&#8230; Dios cre\u00f3 al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo cre\u00f3\u00bb (G\u00e9n 1:26.27). As\u00ed\u00ad pues, la mujer como el hombre es la reproducci\u00f3n pl\u00e1stica y viviente de Dios, que se asemeja a Dios, pero sin identificarse con \u00e9l. Por su conexi\u00f3n \u00ed\u00adntima con el pecado y con la gracia, la expresi\u00f3n \u00abimagen de Dios\u00bb tiene un car\u00e1cter hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfico. Y debe entenderse en sentido din\u00e1mico, ya que puede debilitarse o intensificarse; y en sentido totalitario, porque se refiere a todo el individuo humano en su aspecto psicof\u00ed\u00adsico en relaci\u00f3n con Dios. Gracias a su comuni\u00f3n con el Creador, el hombre (var\u00f3n y mujer) es el representante de Dios en la tierra, su virrey, su lugarteniente, por sus dotes f\u00ed\u00adsicas y ps\u00ed\u00adquicas, que lo hacen capaz de dominar la naturaleza y la vida. Sir 17:2-4.6-7 ve la imagen de Dios en la facultad de la autoconciencia y de la autodeterminaci\u00f3n, que permite someter a la naturaleza. Sab 2:23-24 la descubre en el poder de dominar la vida con la incorruptibilidad, con la inmortalidad bienaventurada con Dios.<\/p>\n<p>b) \u00abMacho y hembra los cre\u00f3\u00bb (G\u00e9n 1:27). Es interesante la alusi\u00f3n a la diferencia entre los sexos en una p\u00e1gina did\u00e1ctica como G\u00e9n 1, estudiada en sus m\u00e1s peque\u00f1os detalles. Esta diferenciaci\u00f3n sexual se enuncia no ya en los t\u00e9rminos socio-psicol\u00f3gicos de hombre (&#8216;i.I) y mujer (&#8216;i.i ah), sino en los de macho (zakar) y hembra (neqeb\u00e1). As\u00ed\u00ad pues, la bipolaridad sexual forma esencialmente parte del &#8216;adam. El individuo no existe asexuado; existe como hombre o como mujer. Y esta diversidad de sexos, indica el hagi\u00f3grafo, ha sido creada por Dios y se compagina maravillosamente con el designio \u00f3ptimo de Dios: \u00abMacho y hembra los cre\u00f3&#8230; Vio Dios todo lo que hab\u00ed\u00ada hecho, y he aqu\u00ed\u00ad que todo estaba bien\u00bb (G\u00e9n 1:27.31). Del hecho de que el &#8216;adam ha sido querido y creado por Dios sexualmente diferenciado se deduce la perfecta igualdad y la id\u00e9ntica dignidad de la mujer y del hombre. Tanto la mujer como el hombre, en la cima de la creaci\u00f3n, tienen el mandato de someter la tierra y dominar a los animales. Tanto la mujer como el hombre son la imagen de Dios. El hagi\u00f3grafo de G\u00e9n 1 ve en primer lugar en la diferencia de los sexos no tanto la relaci\u00f3n interpersonal entre el hombre y la mujer como el significado biol\u00f3gico, es decir, la fecundidad: \u00abSed fecundos, multiplicaos y llenad la tierra\u00bb (G\u00e9n 1:28).<\/p>\n<p>c) \u00abDe la costilla tomada del hombre\u00bb (G\u00e9n 2:22). La formaci\u00f3n de la mujer ocupa, junto con las relaciones de los sexos, un lugar privilegiado en G\u00e9n 2. M\u00e1s a\u00fan, no hay en toda la Biblia o en las literaturas del antiguo Oriente otro relato tan amplio y tan detallado sobre el origen de la mujer. Para resaltar la dignidad de la mujer, el hagi\u00f3grafo no refiere inmediatamente su venida a este mundo, sino que la dibuja en tres cuadros sucesivos de desarrollo creciente (vv. 18; 19-20; 21-23). A la creaci\u00f3n de la mujer precede una deliberaci\u00f3n divina (v. 18), que no se encuentra para la creaci\u00f3n del hombre (cf v. 7). La creaci\u00f3n de los animales y su in\u00fatil desfile ante el hombre (vv. 19-20) ense\u00f1an claramente la superioridad de la mujer (y del hombre) sobre las bestias. El tercer cuadro (vv. 21-23) trae en primer lugar la misteriosa creaci\u00f3n de la mujer; este aire de misterio est\u00e1 precisamente garantizado por el sue\u00f1o profundo del hombre (v. 21). La identidad de naturaleza y la igualdad de dignidad de la mujer respecto al hombre, adem\u00e1s de la natural atracci\u00f3n entre los sexos, se ense\u00f1an pl\u00e1sticamente mediante la \u00abfabricaci\u00f3n\u00bb de la mujer con una costilla del mismo hombre.<\/p>\n<p>\u00bfSe desea resaltar que el hombre es la causa ejemplar de la mujer? \u00bfSe quiere ofrecer un relato etiol\u00f3gico que explique el origen del t\u00e9rmino &#8216;issah (porque sacada del &#8216;is), o de la expresi\u00f3n corriente \u00abmi hueso y mi carne\u00bb, o de la potencia de eros?<br \/>\nd) \u00abUna ayuda apropiada\u00bb (G\u00e9n 2:18). En G\u00e9n 1 Dios ve\u00ed\u00ada que cada una de sus obras era \u00abbuena\u00bb. En G\u00e9n 2:18 observa que \u00abno es buena\u00bb la soledad del hombre que acaba de crear. El hombre tiene que vivir en sociedad con otros seres, en comunidad con seres de su misma naturaleza y dignidad. Y la comunidad fundamental es la conyugal. El hombre por s\u00ed\u00ad solo es incompleto. Para completarse e integrarse tiene necesidad de la mujer, \u00abuna ayuda apropiada\u00bb para \u00e9l. Esta expresi\u00f3n alude a la mujer en su totalidad, perfecta contrafigura del hombre, partner del hombre en la comunidad arm\u00f3nica de vida matrimonial, vista bajo todos los aspectos, ps\u00ed\u00adquicos y f\u00ed\u00adsicos. Al contemplar a la mujer que, durante su sue\u00f1o, Dios le hab\u00ed\u00ada formado de su costilla y que ahora, como un amigo de bodas, la conduce hasta \u00e9l para que no est\u00e9 solo, el hombre prorrumpe en un grito gozoso de asombro, reconociendo finalmente en ella a la ansiada alma gemela que puede llenar el vac\u00ed\u00ado que siente en su interior (v. 23). En este car\u00e1cter complementario de la mujer, querido expresamente por Dios y descubierto por el hombre, el hagi\u00f3grafo descubre la raz\u00f3n del abandono de los padres y de la uni\u00f3n de los dos (v. 24). No hay nada tan misteriosamente poderoso como la atracci\u00f3n mutua de los sexos, que induce a renunciar a los v\u00ed\u00adnculos de la familia y de la sangre. A renunciar, por as\u00ed\u00ad decirlo, hasta a s\u00ed\u00ad mismo para formar con el otro en el matrimonio un \u00fanico ser nuevo, \u00abuna sola carne\u00bb, es decir, una sola persona. Tenemos as\u00ed\u00ad una comuni\u00f3n de dos seres que, iguales por su naturaleza, descubren en el otro una diversidad enriquecedora de funciones. Tenemos una comuni\u00f3n personal, que es don rec\u00ed\u00adproco de cuerpo, pero tambi\u00e9n funci\u00f3n de afectos, de sentimientos, de voluntad, de todo el ser de los dos c\u00f3nyuges. En esta comuni\u00f3n cada uno de los esposos se ve perfectamente realizado, ya que s\u00f3lo frente a la mujer se siente el hombre verdaderamente hombre, as\u00ed\u00ad como s\u00f3lo frente al hombre la mujer se siente verdaderamente mujer.<\/p>\n<p>e) \u00abSe dieron cuenta de que estaban desnudos\u00bb (G\u00e9n 3:7). Seg\u00fan el relato sapiencial y etiol\u00f3gico de G\u00e9n 2-3, el mal entr\u00f3 en el mundo por culpa del hombre y de la mujer, que abusaron del terrible don de la libertad. Se trat\u00f3, precisa el hagi\u00f3grafo, de un pecado realizado no en pleno per\u00ed\u00adodo hist\u00f3rico, sino en los or\u00ed\u00adgenes mismos de la historia. No ya por un individuo aislado, sino por un hombre y una mujer, por la pareja inicial. El objeto del pecado es poder disponer aut\u00f3nomamente del bien y del mal moral para alcanzar la felicidad. Dios hab\u00ed\u00ada prohibido ese \u00abconocimiento\u00bb, que significa un desconocimiento del car\u00e1cter creatural del hombre. Los primeros padres sintieron la tentaci\u00f3n de adquirirlo para ser como seres divinos, cuya voluntad es la norma \u00e9tica del bien y del mal. Dios reconoce que el hombre y la mujer lo usurparon con el pecado, considerando como bien el mal y como mal el bien, con lo que cayeron en la infelicidad. Con semejante usurpaci\u00f3n sacudieron su dependencia de Dios, lo borraron de su propia vida. Y no s\u00f3lo eso, sino tambi\u00e9n de la vida del otro. Y ocuparon en la vida del otro el lugar de Dios, de ese Dios a quien habr\u00ed\u00adan debido reconocer como generoso donante de su compa\u00f1ero y como piedra angular de la uni\u00f3n entre ellos dos. El efecto de semejante abuso fue la infelicidad de los primeros padres, privados ahora de la armon\u00ed\u00ada que les hac\u00ed\u00ada sentirse a cada uno de ellos en sinton\u00ed\u00ada con Dios, consigo mismo y con el otro partner, adem\u00e1s de con todo lo creado. \u00abSe dieron cuenta de que estaban desnudos\u00bb (G\u00e9n 3:7). El pudor es un freno psicol\u00f3gico a todo cuanto se advierte instintivamente como asechanza contra la libre expresi\u00f3n de la propia personalidad. Antes del pecado el hombre y la mujer no sent\u00ed\u00adan verg\u00fcenza de su desnudez porque, en plena comuni\u00f3n de amor, no se sent\u00ed\u00adan hostiles o simplemente extra\u00f1os el uno a la otra. Despu\u00e9s del pecado, sin embargo, su amor gozoso y sereno se enturbia y se entristece, corrompi\u00e9ndose en un af\u00e1n ciego de posesi\u00f3n ego\u00ed\u00adsta, por un lado, y, por otro, en una imposici\u00f3n desp\u00f3tica de la voluntad del m\u00e1s fuerte (G\u00e9n 3:16).<\/p>\n<p>f) \u00abMe casar\u00e9 contigo para siempre\u00bb (Ose 2:21). En los comienzos de la historia, Dios hab\u00ed\u00ada fijado a los hombres, seg\u00fan J y P, un ideal nupcial, roto m\u00e1s tarde por el pecado de la pareja. \/ Oseas y, despu\u00e9s de \u00e9l, Jerem\u00ed\u00adas, Ezequiel, el Segundo y el Tercer Isa\u00ed\u00adas, proponen otro ideal, un aut\u00e9ntico arquetipo infinitamente superior al primero, que tiene por protagonista al mismo Yhwh y que ser\u00e1 alcanzado plenamente s\u00f3lo en los \u00faltimos tiempos de la historia. Se trata del simbolismo esponsal, que presenta en clave matrimonial las relaciones entre Yhwh e Israel.<\/p>\n<p>Comparada con la imagen de la \/ alianza, la del matrimonio Yhwh-Israel introduce una carga de amor y de ternura en lo que pod\u00ed\u00ada parecer una relaci\u00f3n meramente jur\u00ed\u00addica. Amor como don de s\u00ed\u00ad mismo del esposo, que m\u00e1s que tener quiere dar; amor vehemente, que conoce el hero\u00ed\u00adsmo de la constancia, de la fidelidad a toda prueba y de la clemencia pronta al perd\u00f3n, pero sin ignorar al mismo tiempo la pena de los celos. Amor voluble de la esposa, que sucumbe demasiado f\u00e1cilmente a las tentaciones de la traici\u00f3n. Amor de los dos esposos que al final exulta por la reconciliaci\u00f3n ofrecida por el esposo y que hace m\u00e1s fuerte y m\u00e1s pura la comuni\u00f3n interpersonal destinada a no disolverse ni ofuscarse jam\u00e1s. El simbolismo conyugal de los profetas, seg\u00fan el cual la esposa representa a la humanidad entera ardientemente amada por Yhwh, no puede menos de suponer y de confirmar el alto aprecio en que Israel ten\u00ed\u00ada a la mujer. As\u00ed\u00ad como la suponen y confirman Si\u00f3n, simbolizada en una parturienta (Isa 66:7) o en la madre de los pueblos (Sal 87:5), la sabidur\u00ed\u00ada, personificada en una mujer (Pro 8:19; 6; Sir 24), y, sobre todo, Yhwh mismo, a quien se le aplica la imagen de la madre (Isa 49:15; Isa 66:13; Sal 131:2; Sir 4:10).<\/p>\n<p>g) \u00abLa profetisa Juld\u00e1\u00bb (2Re 22:14). Excluidas del sacerdocio, las mujeres no quedan marginadas de la comunidad sagrada de Israel, sino que participan de su vida religioso-cultual celebrando fiestas, ofreciendo sacrificios, haciendo votos, compartiendo la alegr\u00ed\u00ada del banquete sacrificial en el santuario. Algunas de ellas prestan servicio a la entrada de la tienda de la reuni\u00f3n (Exo 38:8; lSam 2,22) o para confeccionar y guardar los ornamentos sagrados, o bien porque se han consagrado a una vida de intensa piedad o, m\u00e1s probablemente, para tomar parte activa en el culto con la m\u00fasica, los cantos, las danzas y las procesiones. Adem\u00e1s, la Biblia hebrea les da a cinco mujeres el nombre de \u00abprofetisas\u00bb (neb\u00ed\u00ad&#8217;ah). Adem\u00e1s de las ya mencionadas Mar\u00ed\u00ada, hermana de Mois\u00e9s (Exo 15:20), y D\u00e9bora (Jue 4:4), se habla de la falsa profetisa Noad\u00ed\u00adas, contra la cual invoca Nehem\u00ed\u00adas en su oraci\u00f3n la ley del tali\u00f3n (Neh 6:14); de la esposa de Isa\u00ed\u00adas (Isa 8:4), y de Juld\u00e1 (2Re 22:14). Esposa del guardarropa del templo Sal\u00fan y contempor\u00e1nea de Jerem\u00ed\u00adas, Juld\u00e1 goz\u00f3 ciertamente de un aut\u00e9ntico carisma prof\u00e9tico en tiempos de la reforma religiosa de Jos\u00ed\u00adas. El carisma prof\u00e9tico seguir\u00e1 inspirando a las mujeres tambi\u00e9n en la edad mesi\u00e1nica, seg\u00fan Joe 3:1-2.<\/p>\n<p>h) \u00abMi amado es m\u00ed\u00ado y yo soy suya\u00bb (Cnt 2:16). En la poes\u00ed\u00ada del \/ Cant se pueden distinguir, expresados en tonalidades distintas, los tres aspectos de la sexualidad humana: el amor-pasi\u00f3n, el matrimonio y la fecundidad. Espont\u00e1nea y totalmente independiente, la comuni\u00f3n de los dos j\u00f3venes esposos no tolera coacciones externas. Mientras acogen con ojos so\u00f1adores el fresco dinamismo vital de la breve primavera de Palestina, los dos j\u00f3venes saborean casi en toda su vasta gama crom\u00e1tica los gozos y los tormentos de la pasi\u00f3n de amor. Se extas\u00ed\u00adan ante la belleza del cuerpo del otro, y para celebrar sus gracias evocan montes y lagos, flora y fauna, metales y minerales. Se ven destrozados por la pena de la lejan\u00ed\u00ada y por la angustia de la b\u00fasqueda, dos temas predilectos de todas las canciones de amor. Con alusiones muy p\u00fadicas de elevada poes\u00ed\u00ada revelan el ansia de gozar de los placeres del coraz\u00f3n y de los sentidos y anhelan la comuni\u00f3n plena que da y recibe sin reservas. Por tres veces la esposa, con variaciones apenas perceptibles (Cnt 2:16; Cnt 6:9; Cnt 7:11), grita el gozoso exclusivismo de la pertenencia de amor de \u00e9l a ella (\u00abmi amado es m\u00ed\u00ado\u00bb, \u00ab\u00e9l me est\u00e1 anhelando\u00bb) y de ella a \u00e9l (\u00abyo soy de mi amado\u00bb, \u00abyo soy para \u00e9l\u00bb): aqu\u00ed\u00ad resulta clar\u00ed\u00adsima la dignidad de la mujer y su perfecta igualdad con el hombre, adem\u00e1s de la unicidad de su amor. A esta unicidad va unida la perennidad: la esposa suplica al amado que la considere totalmente y siempre suya, puesto que ella, a semejanza del sello que el esposo lleva en su coraz\u00f3n, sede de los pensamientos, y en su brazo, s\u00ed\u00admbolo de la acci\u00f3n, quiere pensar y obrar como piensa y obra \u00e9l. Y descubre en el amor, que resiste incluso las mayores desventuras, la vehemencia de la muerte que todo lo vence, la tenacidad de la ultratumba que no se deja arrebatar la presa, el ardor del rayo que nada ni nadie consigue apagar (Cnt 8:6-7). Como se ve, filtrado a lo largo de los siglos a trav\u00e9s del prisma de las condiciones socio-culturales de Israel, el pensamiento divino sobre la mujer y sobre el matrimonio ha llegado a una de sus revelaciones m\u00e1s ilustres en el Cant. Es aqu\u00ed\u00ad donde, dentro de la l\u00f3gica de la alianza de Yhwh con Israel, encuentra pleno reconocimiento la igualdad de la mujer y del hombre y completa valoraci\u00f3n la relaci\u00f3n interpersonal de los esposos, que en perfecta paridad conduce, dentro del desarrollo arm\u00f3nico de su ser, a la total integraci\u00f3n de los sexos. Estamos frente a una serena concepci\u00f3n del matrimonio, que, bas\u00e1ndose en la experiencia hist\u00f3rica del pueblo elegido, se refleja en el pasado para revivir la perfecci\u00f3n del para\u00ed\u00adso que le hab\u00ed\u00ada concedido el Creador, y se proyecta en el futuro para lograr aquella perfecci\u00f3n ideal que, fijada por el redentor de Israel con la alianza del Sina\u00ed\u00ad, s\u00f3lo ser\u00e1 posible en los tiempos de la nueva y eterna alianza.<\/p>\n<p>i) Conclusi\u00f3n. As\u00ed\u00ad pues, es notablemente rica la ense\u00f1anza inspirada en el AT sobre la mujer. La mujer es, en su aspecto psico-f\u00ed\u00adsico, la reproducci\u00f3n viva de Dios, y por tanto es capaz de someter la naturaleza y la vida mediante la autodeterminaci\u00f3n y el don de la inmortalidad bienaventurada. El ser sexuada forma parte integrante de su personalidad. La mujer posee la misma naturaleza y la misma dignidad del hombre, de quien es compa\u00f1era en la arm\u00f3nica comunidad matrimonial y social en general. Con el pecado, del que no es ni m\u00e1s ni menos responsable que su compa\u00f1ero, ella desconoce su car\u00e1cter creatural, enturbiando la limpidez de las relaciones interpersonales con el otro sexo. El simbolismo esponsal Yhwh-Israel la llama a perseguir un ideal de pareja infinitamente superior al primero, y en parte ya realizado en el encanto del amor del Cant. En el \u00e1mbito religioso-cultual de Israel se le neg\u00f3 el sacerdocio, pero tuvo incluso el carisma de la profec\u00ed\u00ada en el sentido m\u00e1s pleno de la palabra; y, como es sabido, el profeta en el antiguo Israel estaba por encima de los reyes y de los mismos sacerdotes.<\/p>\n<p>2. EN EL NT. a) \u00abEunucos que a s\u00ed\u00ad mismos se hicieron tales\u00bb (Mat 19:12). Jes\u00fas acab\u00f3 con una de las causas principales de marginaci\u00f3n de la mujer, es decir, la mentalidad de que su destino biol\u00f3gico y su funci\u00f3n social consisten exclusivamente en ser esposa y madre. Es capital la importancia que el antiguo mundo jud\u00ed\u00ado atribu\u00ed\u00ada al matrimonio, del que ninguna persona pod\u00ed\u00ada sustraerse sin atentar, entre otras cosas, incluso contra la consolidaci\u00f3n y la perpetuidad de la raza de Israel y de su propia familia. Tampoco en el mundo grecorromano hab\u00ed\u00ada nada tan obvio como el matrimonio. De esta ley \u00abinsoslayable\u00bb libera Jes\u00fas al hombre, y sobre todo a la mujer, a la que el mundo antiguo consideraba como nacida precisamente y s\u00f3lo para dar a luz hijos y educarlos. Situ\u00e1ndolo en su justa perspectiva, presenta el estado conyugal no como realidad suprema, \u00faltima, sino como algo transitorio. En el mundo futuro, que seguir\u00e1 a la resurrecci\u00f3n de los muertos, el matrimonio no tendr\u00e1 ya raz\u00f3n de ser, dado que estar\u00e1 completo el n\u00famero de los elegidos: \u00abEn la resurrecci\u00f3n ni los hombres ni las mujeres se casar\u00e1n\u00bb (Mat 22:30). El celibato por motivos religiosos era totalmente excepcional en el juda\u00ed\u00adsmo ortodoxo y en el mundo grecorromano. Sin embargo, Jes\u00fas proclama: \u00abHay eunucos que a s\u00ed\u00ad mismos se hicieron tales por el reino de Dios. \u00c2\u00a1El que sea capaz de hacer esto, que lo haga!\u00bb (Mat 19:12). El reino de Dios ha irrumpido en la historia y llama a los hombres y a las mujeres a ponerse improrrogablemente a su servicio. La plena disponibilidad a los intereses del reino requiere una condici\u00f3n de vida, el celibato, que s\u00f3lo unos pocos tienen la capacidad de captar, valorar y seguir, los \u00fanicos a los que Dios concede ese carisma particular.<\/p>\n<p>b) \u00abLas prostitutas entrar\u00e1n antes\u00bb (Mat 21:31b). Jes\u00fas demuestra adem\u00e1s que la mujer es espiritualmente mayor de edad. Es capaz como el hombre, y a veces m\u00e1s que \u00e9l, de arrepentirse, de convertirse, de creer, de comportarse seg\u00fan las rigurosas exigencias \u00e9ticas de Jes\u00fas, de amar y de prodigarse por \u00e9l y por Dios. Las meretrices estaban marginadas de la comunidad santa de Israel y vilipendiadas como la personificaci\u00f3n misma del pecado. Sin embargo, Jes\u00fas tiene el coraje de ense\u00f1ar que ellas entran en el reino de Dios, mientras que quedan marginados de ese reino precisamente los jefes espirituales del pueblo, venerados como personificaci\u00f3n de la santidad. Y esto porque las prostitutas tuvieron fe en el Bautista y, acogiendo sus llamadas a la penitencia, se convirtieron, traduciendo en la realidad de su vida las ense\u00f1anzas del profeta. Los fariseos, por el contrario, y las dem\u00e1s personas piadosas y religiosas por antonomasia no creyeron en Juan, no aceptaron su predicaci\u00f3n, no se arrepintieron ni se encaminaron por el sendero de la justicia a pesar de haber visto la conversi\u00f3n de aquella gente despreciada por ellos (Mat 21:31b-32). En Luc 7:36-50 Jes\u00fas exalta una vez m\u00e1s la generosa conversi\u00f3n de una prostituta, mientras que pone de relieve la reserva distanciada de un representante de la santidad jud\u00ed\u00ada. \u00abSi ama mucho es porque se le han perdonado sus muchos pecados\u00bb (Luc 7:47): la pecadora demuestra un gran amor agradecido, como resulta de las exuberantes manifestaciones de veneraci\u00f3n a Jes\u00fas, con el cual, por el contrario, el fariseo Sim\u00f3n, que le hab\u00ed\u00ada invitado, no ha tenido ning\u00fan gesto extraordinario de cortes\u00ed\u00ada. Al realizar a distancia el milagro de la curaci\u00f3n de la hija pose\u00ed\u00adda, despu\u00e9s de haber rechazado por dos veces la petici\u00f3n de su madre, Jes\u00fas elogia la grandeza de la fe de la mujer pagana, que se adhiere con generosidad a la voluntad de Dios sin querer otra cosa que lo que Dios quiere: \u00ab\u00c2\u00a1Oh mujer, qu\u00e9 grande es tu fe!\u00bb (Mat 15:28).<\/p>\n<p>c) \u00abLe acompa\u00f1aban los doce y algunas mujeres\u00bb (Luc 8:1-2). Jes\u00fas no tiene en cuenta para nada los convencionalismos y las normas humillantes de la segregaci\u00f3n de la mujer. Lo mismo que con los hombres, habla p\u00fablicamente con las mujeres, aunque sean paganas, como la sirofenicia (Mar 7:24-30), o se las considera her\u00e9ticas e iguales a los paganos, como la samaritana (Jua 4:6-27). Permiti\u00f3 incluso que Mar\u00ed\u00ada de Magdala y las dem\u00e1s disc\u00ed\u00adpulas galileas le siguieran y le sirvieran durante su actividad apost\u00f3lica (Luc 8:1-3) y no lo abandonaran en las horas \u00faltimas y m\u00e1s tr\u00e1gicas de su vida mortal. Resucitado de entre los muertos, se apareci\u00f3 primero a las que hab\u00ed\u00adan sido testigos de su muerte y sepultura para hacerlas testigos y \u00abevangelistas\u00bb de su resurrecci\u00f3n ante los ap\u00f3stoles. Considerando, adem\u00e1s, a las mujeres capaces de ocuparse y de preocuparse del reino de Dios, Jes\u00fas, al contrario de ciertos rabinos de su tiempo, se guarda mucho de considerar in\u00fatil o inconveniente entretenerse en comunicarles los misterios de Dios. En Jn, la samaritana es una de las pocas personas que Jes\u00fas catequiz\u00f3 individualmente. Y con \u00e9xito, ya que a la fe parcial e imperfecta del escriba y sanedrita Nicodemo (Jua 3:1-15) se opone la fe sincera y activa de la mujer de Sicar (Jua 4:1-42). En la casa de Betania, a diferencia de su hermana Marta, Mar\u00ed\u00ada se olvida de todo, preocupada tan s\u00f3lo de no perder ni una sola palabra del maestro, hu\u00e9sped suyo. Y Jes\u00fas la presenta a ella, una mujer, como el ideal del disc\u00ed\u00adpulo, as\u00ed\u00ad como su hermana Marta encarna en Jua 11:21-27 el ideal del creyente. En efecto, con absoluta decisi\u00f3n se adhiere a la ense\u00f1anza que Jes\u00fas le reserva en el estilo autorizado de la autorrevelaci\u00f3n poco antes de resucitar a su hermano L\u00e1zaro. Y pronuncia su profesi\u00f3n de fe: \u00abS\u00ed\u00ad, Se\u00f1or, yo creo que t\u00fa eres el mes\u00ed\u00adas, el Hijo de Dios que ten\u00ed\u00ada que venir al mundo\u00bb (Jua 11:27).<\/p>\n<p>d) \u00abNo hay hombre ni mujer\u00bb (G\u00e1l 3:28). Para salvarse, proclama Pablo, basta la fe, que hace a todos iguales en Cristo, abrogando todos los antiguos privilegios. \u00abNo hay (ya) jud\u00ed\u00ado ni griego, no hay (ya) esclavo ni libre, no hay (ya) hombre ni mujer, pues todos vosotros sois uno en Cristo Jes\u00fas\u00bb (G\u00e1l 3:28). Con el bautismo los cristianos han alcanzado la dignidad de hijos adoptivos de Dios al aceptar la fe. De este modo quedan transformados ontol\u00f3gicamente en Cristo, participando de su ser. Son una sola persona en Cristo. Los varones no ocupan ya un puesto de favor junto con los jud\u00ed\u00ados y con los hombres libres. Ni las mujeres se ven confinadas, junto con los paganos y los esclavos, a un puesto de segunda categor\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Igualmente el matrimonio, por ejemplo, lleva consigo una perfecta paridad de derechos y de deberes. Quedan situados en la misma l\u00ed\u00adnea el d\u00e9bito conyugal del marido y el de la mujer; el dominio (que no es ni mucho menos sin\u00f3nimo de libertinaje o de licencia sexual, sino s\u00f3lo de una serena comuni\u00f3n de posesi\u00f3n) del marido sobre el cuerpo de la mujer est\u00e1 en la misma l\u00ed\u00adnea que el dominio de la mujer sobre el cuerpo del marido (l Cor 7,3-4). Tambi\u00e9n la continencia matrimonial, que no puede durar largo tiempo y que debe proponerse con una finalidad santa, tiene que ser libremente escogida y programada por ambos c\u00f3nyuges (1Co 7:5). Adem\u00e1s, le est\u00e1 prohibido tanto a la mujer separarse del marido como al marido repudiar a la mujer (1Co 7:10-11).<\/p>\n<p>e) \u00abLa mujer que ora o profetiza\u00bb (1Co 11:5). La abolici\u00f3n en Cristo de todos los privilegios y discriminaciones no se limita al matrimonio. En la Iglesia de los or\u00ed\u00adgenes se conoce a las cuatro hijas solteras del \u00abevangelista\u00bb Felipe, que ten\u00ed\u00adan \u00abel don de profec\u00ed\u00ada\u00bb (Heb 21:9). Por su parte, Pablo advierte que el Esp\u00ed\u00adritu derrama la exuberancia de sus dones tambi\u00e9n sobre las mujeres. Y admite que en el curso de las asambleas lit\u00fargicas act\u00faen con plena libertad y dignidad mujeres profetisas y orantes. Las profetisas transmitir\u00e1n revelaciones divinas a los creyentes, edificando, exhortando, consolando. Las orantes transmitir\u00e1n el Esp\u00ed\u00adritu, dirigi\u00e9ndose en alta voz a Dios con salmos, c\u00e1nticos espirituales, bendiciones y acciones de gracias (1Co 11:5). En Rom 16 y Flp 4:2-3, Pablo menciona a algunas de sus colaboradoras ministeriales. En primer lugar, Febe, \u00abdiaconisa\u00bb (di\u00e1konos) y \u00abayudante\u00bb o protectora (prost\u00e1tis). Luego Prisca, emprendedora e intr\u00e9pida colaboradora del ap\u00f3stol; Mar\u00ed\u00ada, Trifena, Trifosa y P\u00e9rsida, \u00abque tanto han trabajado en la obra del Se\u00f1or\u00bb; Junia, \u00abap\u00f3stol\u00bb (ap\u00f3stolos) valiente de la primera hora; Evodia y S\u00ed\u00adntique, compa\u00f1eras y colaboradoras de Pablo.<\/p>\n<p>f) Conclusi\u00f3n. As\u00ed\u00ad pues, con Jes\u00fas se asiste a una aut\u00e9ntica revoluci\u00f3n respecto a la mujer. Esta puede en adelante elegir libremente el celibato por el reino, sin verse obligada ya a casarse a toda costa. En el matrimonio monog\u00e1mico e indisoluble se ven reconocidos sus derechos y deberes iguales a los de su compa\u00f1ero. Es considerada como espiritualmente mayor de edad y demuestra, a veces m\u00e1s que el hombre, su capacidad de arrepentimiento, de conversi\u00f3n y de fe. Liberada de la segregaci\u00f3n humillante, trata p\u00fablicamente con Jes\u00fas, que le comunica los misterios del reino, la admite en su seguimiento y la hace testigo de su resurrecci\u00f3n ante los ap\u00f3stoles. Seg\u00fan san Pablo, que sigue las huellas de Jes\u00fas, la mujer, en virtud de la transformaci\u00f3n ontol\u00f3gica realizada en Cristo, deja de ser un individuo de segunda clase. En el matrimonio es equiparada al hombre en cuanto al d\u00e9bito que hay que prestar o suspender temporalmente y en cuanto a la prohibici\u00f3n de separarse del c\u00f3nyuge. Puede gozar del carisma de la profec\u00ed\u00ada comunicando las revelaciones divinas y ofreciendo a los fieles reunidos en asamblea la edificaci\u00f3n, la exhortaci\u00f3n y el consuelo, adem\u00e1s de la transmisi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu de Dios como orante. Colabora con Pablo en la obra fatigosa de evangelizaci\u00f3n, incluso en calidad de \u00abap\u00f3stol\u00bb.<\/p>\n<p>III. TEXTOS MIS\u00ed\u201cGINOS. En contraste con la praxis, las ideas y la mentalidad del mundo antiguo, decididamente antifeminista, la ense\u00f1anza inspirada del AT y del NT, v\u00e1lida y obligatoria para todos los tiempos y todos los lugares, se dirige a la revalorizaci\u00f3n de la dignidad de la mujer. Sin embargo, con frecuencia se extrapolan de la Biblia algunos pasajes que tienen, o parecen tener, cierto timbre mis\u00f3gino. Conviene examinarlos con atenci\u00f3n.<\/p>\n<p>1. AT: \u00abPOR LA MUJER COMENZ\u00ed\u201c EL PECADO\u00bb (SI 25,24). En la tragedia del Ed\u00e9n es a la mujer a la que se dirige la serpiente, es ella la primera en comer del fruto prohibido, es ella la que induce al hombre a violar el precepto divino, es ella a la que se castiga con una pena m\u00e1s dura que la del hombre, ya que la hiere en su naturaleza \u00ed\u00adntima de mujer. Todo esto hace concluir a algunos que en el drama del para\u00ed\u00adso la mujer fue m\u00e1s culpable que el hombre; m\u00e1s a\u00fan, que la mujer fue la que introdujo en el mundo el pecado y la que caus\u00f3 la ruina del hombre.<\/p>\n<p>La raz\u00f3n del papel que se le hace representar a la mujer en el para\u00ed\u00adso parece, sin embargo, que debe buscarse en la historia de Israel, en la que se inspir\u00f3 el hagi\u00f3grafo para dictar su p\u00e1gina sapiencial. En la historia de su pueblo encontraba \u00e9l al herc\u00faleo Sans\u00f3n debilitado por culpa de Dalila, al piadoso David homicida y ad\u00faltero debido a su amor por Betsab\u00e9, al sabio Salom\u00f3n pervertido en su coraz\u00f3n y rebelde contra la voluntad de Yhwh por culpa de sus mujeres extranjeras de las que \u00abse enamor\u00f3\u00bb (1Re 11:2). Precisamente la tragedia de Salom\u00f3n fue la que debi\u00f3 venirle a la mente con m\u00e1s insistencia al hagi\u00f3grafo que describ\u00ed\u00ada la tragedia de Ad\u00e1n. Ad\u00e1n, como el hijo de David, era sabio: \u00bfacaso no hab\u00ed\u00ada impuesto su nombre -y precisamente el m\u00e1s adecuado- a los animales y a la mujer? Por consiguiente, no pod\u00ed\u00ada -por exigencias de gui\u00f3n- ser enga\u00f1ado por la serpiente, aunque \u00e9sta fuera \u00abel m\u00e1s astuto de todos los animales\u00bb. El enga\u00f1o y la seducci\u00f3n de la serpiente s\u00f3lo pod\u00ed\u00adan hacer presa en la mujer, poco precavida e ingenua. La imprevisi\u00f3n y la ingenuidad, como es l\u00f3gico, no significan carencia o mediocridad de inteligencia, como si la mujer estuviera menos dotada que el hombre. Se trata de notas morales, por las cuales la persona poco previsora falla a veces en la atenci\u00f3n y precauci\u00f3n debidas, y la ingenua se siente inclinada habitualmente a poner su confianza en los otros.<\/p>\n<p>2. NT: a) \u00abQue lleve velo\u00bb (ICor 11,6). No es rara la acusaci\u00f3n apresurada de antifeminismo que se lanza contra el ap\u00f3stol Pablo, culpable de haber impuesto el velo y el silencio a las participantes en las asambleas lit\u00fargicas y de haber recurrido a justificaciones que parecen lesionar la dignidad de la mujer y cerrar los ojos ante su igualdad con el hombre en el plano tanto natural como cristiano. En cuanto a la cuesti\u00f3n del velo de lCor 11,2-16, Pablo escribe: \u00abY la mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta deshonra al marido, que es su cabeza, exactamente igual que si se la hubiera rapado. Por tanto, si una mujer no quiere llevar velo, que se corte el pelo al cero. Y si es vergonzoso para una mujer cortarse el pelo o raparse la cabeza, que lleve velo\u00bb (vv. 5-6). Proclamando el derecho de la mujer a orar en voz alta o a profetizar dentro de la comunidad reunida en oraci\u00f3n, el ap\u00f3stol sabe que va contra las ideas y las pr\u00e1cticas religiosas jud\u00ed\u00adas. En las cuestiones que no afectan a la esencia de la novedad cristiana, act\u00faa, sin embargo, con mayor tolerancia. Para no chocar con la susceptibilidad de los judeo-cristianos presentes ciertamente en su Iglesia de Corinto, as\u00ed\u00ad como tambi\u00e9n para proteger el decoro y la dignidad de las cristianas ante los paganos y los jud\u00ed\u00ados, ordena a las corintias que se cubran la cabeza cuando toman parte en las reuniones lit\u00fargicas de la comunidad. Al dar esta norma es muy probable que haya tenido presentes, quiz\u00e1 exclusivamente, las costumbres de las jud\u00ed\u00adas y de las judeo-cristianas de su tiempo. En efecto, las mujeres griegas y las romanas iban generalmente con la cabeza descubierta. En cuanto a los cabellos, por el contrario, las mujeres del mundo antiguo los llevaban largos y cuidadosamente peinados. As\u00ed\u00ad pues, cuando habla de los cabellos de las mujeres, Pablo piensa en las costumbres de todo el mundo antiguo, grecorromano y jud\u00ed\u00ado. Pero cuando ordena llevar velo, prefiere seguir las costumbres judeocristianas para no parecer un cr\u00ed\u00adtico a ultranza.<\/p>\n<p>b) \u00abLa cabeza de la mujer es el hombre\u00bb (1Co 11:3). \u00abQuiero que sep\u00e1is que la cabeza de todo hombre es Cristo; que la cabeza de la mujer es el hombre, y la cabeza de Cristo, Dios\u00bb (v. 3). La autoridad que tiene el hombre, es decir, el marido, cabeza de la mujer, es decir, de la esposa, no supone una superioridad de naturaleza o de dignidad. Tiene solamente un car\u00e1cter funcional. Pablo tiene ante los ojos la situaci\u00f3n socio-cultural concreta de su tiempo. En el mundo greco-romano (y m\u00e1s o menos tambi\u00e9n en el mundo helenista) y en el jud\u00ed\u00ado, la mujer con los hijos est\u00e1 sometida al marido, cabeza indiscutible de la familia, estructurada de forma patriarcal. El ap\u00f3stol no piensa en discutir las estructuras sociales del mundo en que vive, porque sabe que todas las cosas, toda la sociedad, est\u00e1 jerarquizada. As\u00ed\u00ad, por ejemplo, \u00abtodo es vuestro; vosotros, de Cristo, y Cristo, de Dios\u00bb (lCor 3,22-23). En la escala de valores viene en primer lugar Dios Padre, luego Cristo, luego los cristianos, luego todo lo dem\u00e1s. Si todo est\u00e1 jerarquizado, no es extra\u00f1o que tambi\u00e9n lo est\u00e9 para Pablo la sociedad familiar de su tiempo.<\/p>\n<p>c) \u00abLa mujer procede del hombre&#8230;; la mujer para el hombre\u00bb (1Co 11:8-9). Si nos quedamos en los vers\u00ed\u00adculos 8-9, no parece demasiado brillante el personaje de la mujer. Su origen ser\u00ed\u00ada el hombre; su raz\u00f3n de ser, el hombre, ya que la mujer se deriva de \u00e9l y ha sido creada para \u00e9l. Sin embargo, con los vers\u00ed\u00adculos 11-12 Pablo rectifica y completa su pensamiento. Es verdad que la mujer fue sacada del hombre en el alba de la creaci\u00f3n, y por tanto la prioridad le correspondi\u00f3 al hombre. Pero tambi\u00e9n es verdad que desde aquel d\u00ed\u00ada el hombre viene al mundo por medio de la mujer, y por tanto la prioridad es ahora de \u00e9sta. En resumen, si la mujer es un ser incompleto que no puede prescindir del hombre, tambi\u00e9n el hombre es un ser incompleto que no puede prescindir de la mujer. En otras palabras, cambiando la frase en forma positiva, la mujer est\u00e1 hecha para el hombre y el hombre para la mujer. Por consiguiente, hay perfecta igualdad de naturaleza y de dignidad entre los dos sexos y es evidente su complementariedad tanto en el plano natural como en el cristiano (vv. 11c.12c: \u00aben el Se\u00f1or\u00bb y \u00abtodo viene de Dios\u00bb), que ha descubierto de nuevo y actualizado el orden de la creaci\u00f3n. Por eso est\u00e1 totalmente equivocada cierta traducci\u00f3n de 11,10: \u00abLa mujer tiene que llevar una se\u00f1al de dependencia (exous\u00ed\u00ada) sobre la cabeza\u00bb. Exous\u00ed\u00ada indica m\u00e1s bien, en todo el NT, un poder ejercido, no padecido; evoca a la persona investida de autoridad, no al s\u00fabdito sometido a esa autoridad. Entonces, tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad exous\u00ed\u00ada debe tener un valor activo. El velo -dice Pablo- es el signo de la potestad, de la autoridad, de la idoneidad de que goza la mujer. Igual al hombre por naturaleza y dignidad, la mujer cristiana no es una menor de edad, ni siquiera en el terreno religioso. La se\u00f1al y el distintivo de este nuevo poder y capacidad ser\u00e1 el velo, que ella debe llevar sobre la cabeza seg\u00fan la costumbre jud\u00ed\u00ada y judeo-cristiana.<\/p>\n<p>d) \u00abNo est\u00e1 bien que la mujer hable en la asamblea\u00bb(1Co 14:34). Es la edificaci\u00f3n la que tiene que regular en la asamblea el uso de los carismas de la glosolalia y de la profec\u00ed\u00ada. En concreto, Pablo establece que tanto los que hablan en lenguas como los profetas hablen s\u00f3lo dos o tres, y uno detr\u00e1s de otro. Adem\u00e1s, \u00absi no hay int\u00e9rprete (para los que hablan en lenguas), que se guarde silencio en la asamblea\u00bb (v.28); y, del mismo modo, que \u00absi uno que est\u00e1 sentado tiene una revelaci\u00f3n, que se calle el que est\u00e1 hablando\u00bb (v. 30).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, por su af\u00e1n de comprender y de profundizar en el mensaje de los int\u00e9rpretes de las lenguas y de los profetas, las corintias pod\u00ed\u00adan sentirse impulsadas a intervenir hablando en las asambleas. Pablo lo proh\u00ed\u00adbe, invit\u00e1ndolas a preguntar m\u00e1s bien en casa a sus maridos. Son diversas las razones que indujeron al ap\u00f3stol a dar estas normas. En primer lugar, por la norma vigente en el mundo de entonces, tanto jud\u00ed\u00ado como pagano, seg\u00fan la cual \u00abno est\u00e1 bien que la mujer hable en la asamblea\u00bb (1Co 14:35). Luego, por la pr\u00e1ctica judeo-cristiana vigente en las Iglesias siro-palestinas, que impon\u00ed\u00ada silencio a las mujeres en las reuniones de culto (vv. 33b.36a). Finalmente, por la necesidad de proteger el orden en una iglesia como la de Corinto, que por la opulencia de los dones divinos corr\u00ed\u00ada el peligro de transformar sus asambleas sagradas en reuniones alborotadas y ruidosas de exaltados. Esta misma preocupaci\u00f3n es la que obliga a Pablo a dictar tambi\u00e9n severas limitaciones a los que hablaban en lenguas y a los profetas en el contexto de la edificaci\u00f3n comunitaria (vv. 26ss). Como las mujeres estaban entonces muy atrasadas culturalmente, sus preguntas aclaratorias y sus interrogantes habr\u00ed\u00adan interrumpido in\u00fatilmente varias veces la discusi\u00f3n, poniendo obst\u00e1culos a una edificaci\u00f3n m\u00e1s amplia y provechosa de toda la comunidad.<\/p>\n<p>e) \u00abQue las mujeres sean sumisas a sus maridos\u00bb (Efe 5:22). En el c\u00f3digo familiar que regula las relaciones entre los c\u00f3nyuges, Pablo exhorta en dos ocasiones a las mujeres a que sean sumisas a sus maridos, lo cual parece lesionar la dignidad de la mujer. Lo que pasa es que, desde el punto de vista filol\u00f3gico, el verbo griego hypot\u00e1ss\u00f3 no evoca coacci\u00f3n, imposici\u00f3n, sino que sugiere la aceptaci\u00f3n libre y voluntaria del orden jer\u00e1rquico propio de la familia patriarcal de los tiempos de Pablo. De aqu\u00ed\u00ad las muchas traducciones o par\u00e1frasis que se han sugerido: ocupad el lugar que os corresponde, reconoced la autoridad del marido, dejaos guiar por \u00e9l, aceptad sus disposiciones. Recu\u00e9rdese adem\u00e1s que la exhortaci\u00f3n paulina est\u00e1 inserta en el tema de la uni\u00f3n esposal entre Cristo, y la Iglesia. Por eso se le dirige a la mujer la invitaci\u00f3n a someterse al marido \u00abcomo al Se\u00f1or\u00bb (v. 22), \u00abcomo la Iglesia est\u00e1 sujeta a Cristo\u00bb (v. 24). De manera semejante, se le recomienda al marido amar a su esposa \u00abcomo Cristo am\u00f3 a la Iglesia\u00bb (v. 25), que la alimente y la cuide \u00abcomo hace Cristo con la Iglesia\u00bb (v. 29). Estos cuatro como no tienen \u00fanicamente un valor comparativo, sino tambi\u00e9n causal. En otras palabras, la mujer tiene que estar sometida al marido, no s\u00f3lo a semejanza de la Iglesia, que est\u00e1 sometida a Cristo, sino tambi\u00e9n porque la Iglesia est\u00e1 sometida a Cristo. De la misma forma, tambi\u00e9n el marido tiene que amar a su esposa, alimentarla y cuidar de ella no s\u00f3lo a semejanza de lo que Cristo hizo y sigue haciendo con la Iglesia, sino tambi\u00e9n porque Cristo lo hizo as\u00ed\u00ad con la Iglesia. Por consiguiente, la uni\u00f3n esponsal de Cristo y de la Iglesia no es solamente el modelo, el ejemplar, el tipo que los esposos tienen que reproducir, sino tambi\u00e9n el fundamento de su modo de comportarse. De manera que, al someterse al esposo, la mujer participa de la gracia de la sumisi\u00f3n de la Iglesia a Cristo, as\u00ed\u00ad como al amar a su esposa el marido participa de la gracia del amor de Cristo a la Iglesia. As\u00ed\u00ad pues, lejos de herir la dignidad femenina, este trozo de Ef eleva a la mujer a s\u00ed\u00admbolo de la Iglesia y de la humanidad entera frente a Dios y su Cristo.<\/p>\n<p>3. CONCLUSI\u00ed\u201cN. La acusaci\u00f3n de misoginia que se ha lanzado contra algunos pasajes de la Biblia no tiene, por tanto, ninguna consistencia real, puesto que reflejan o bien los lugares comunes presentes en todas las literaturas del mundo o bien la situaci\u00f3n socio-cultural de la \u00e9poca. Es evidente que en estos casos no se trata ni de juicios ni de normas que vinculen a los creyentes de todos los tiempos o de todos los lugares.<\/p>\n<p>Como se ha visto, el mensaje b\u00ed\u00adblico, especialmente del NT, es liberador respecto a la mujer. Surge entonces la pregunta: \u00bfC\u00f3mo lo ha recibido la Iglesia durante los veinte siglos de su historia? En algunos aspectos, la Iglesia ha seguido las huellas de Jes\u00fas yendo contracorriente; en otros casos se tiene la impresi\u00f3n de que no siempre ha logrado liberarse de ciertos condicionamientos androc\u00e9ntricos del ambiente. Ha ense\u00f1ado incansablemente que la mujer est\u00e1, por naturaleza, dignidad y destino, en el mismo plano que el hombre. No ha dejado de exaltar el estado virginal, consagrado y no consagrado. Ha reconocido a la mujer el derecho a optar libremente por la virginidad o por el matrimonio, y de elegir a su compa\u00f1ero de vida en la uni\u00f3n sacramental monog\u00e1mica e indisoluble. Pero por otra parte, aun estimulando y apreciando la actividad m\u00faltiple de la mujer en la vida eclesial, parece ser que no siempre ha reconocido la igualdad de poderes y de funciones entre la mujer y el hombre. En resumen, se tiene la sensaci\u00f3n de que en el sector de las responsabilidades dentro de la comunidad cristiana la mujer ha sido considerada a veces m\u00e1s bien complementaria que partner, a todos los efectos, del hombre.<\/p>\n<p>Pero gracias al Vat. II se advierte hoy un giro positivo en lo que concierne a los ministerios concedidos a la mujer. En muchos pa\u00ed\u00adses se les ha confiado a las mujeres por mandato del obispo el ejercicio de la caridad a trav\u00e9s de obras sociales, la predicaci\u00f3n de la palabra de Dios como catequistas e incluso la direcci\u00f3n de comunidades alejadas de los centros parroquiales. Por eso en varias partes se discute sobre la oportunidad de conferir a la mujer la gracia sacramental del diaconado para que pueda cumplir su ministerio con mayor fruto. Y esto en conformidad con lo que suced\u00ed\u00ada en la Iglesia de los or\u00ed\u00adgenes y con la pr\u00e1ctica, por otro lado parcialmente restrictiva en relaci\u00f3n con el NT, de la Iglesia de los primeros siglos, que conoci\u00f3 numerosas y santas diaconisas. Otra cuesti\u00f3n es la de la admisi\u00f3n de la mujer al sacerdocio. Con la declaraci\u00f3n Inter insigniores, de 1977, la Congregaci\u00f3n para la doctrina de la fe crey\u00f3 que era su obligaci\u00f3n recordar que \u00abla Iglesia, por fidelidad al ejemplo de su Se\u00f1or, no se considera autorizada a admitir a las mujeres a la ordenaci\u00f3n sacerdotal\u00bb. Trat\u00e1ndose de una declaraci\u00f3n de una congregaci\u00f3n romana, la Iglesia no proh\u00ed\u00adbe a los expertos proseguir los estudios sobre el tema. Estudios que deber\u00ed\u00adan recaer especialmente sobre la naturaleza del sacerdocio cristiano en general, y concretamente sobre la intenci\u00f3n de Jes\u00fas. Excluir del sacerdocio ministerial a las mujeres, \u00bffue voluntad expresa de Jes\u00fas, v\u00e1lida para todos los tiempos en su comunidad, o fue s\u00f3lo una prudente y sabia adaptaci\u00f3n a la mentalidad y a la praxis antifeministas de su tiempo, para no exponer el mensaje evang\u00e9lico a un riesgo innecesario?<br \/>\nBIBL.: ADINOLFI M., Il femminismo della Bibbia, Ed. Antonianum, Roma 1981 (con ampl\u00ed\u00adsima bibliograf\u00ed\u00ada); AUBERT J.M., La mujer, Herder, Barcelona 1976; AUGUSTINOVICH A., La mujer como problema, Caracas 1975; BARSOTTI D., Le donne dell&#8217;Alleanza. 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Linee di antropologia teologice, Cittadella, As\u00ed\u00ads 1975; RIBER M., La mujer en la Biblia, Ed. Paulinas, Madrid 1970; RONDET H., El\u00e9ments pour une th\u00e9ologie de la femme, en \u00abNRT\u00bb 89 (1957) 915-940; SCHELKLE K.H., Der Geist und die Braut. Frauen in der Bibel, D\u00fcsseldorf 1977; STEIN E., La donna. II suo compito secondo la natura e la grazia, Ed. Paoline, Roma 1969; STENDHAL K., The Bible and the Role of Women. A Case Study in Hermeneutics, Filadelfia 1966; TISCHLER N.M., Legacy of Eve. Women of the Bible, Atlanta 1977; TOSATO A., Il matrimonio israelitico. Una teoria generale, Roma 1982 (con amplia bibliograf\u00ed\u00ada); VINATIER J., La femme. Parole de Dieu et avenir de 1 homme, Par\u00ed\u00ads 1972.<\/p>\n<p>M. Adinolfi<\/p>\n<p>P Rossano &#8211; G. Ravasi &#8211; A, Girlanda, Nuevo Diccionario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, San Pablo, Madrid 1990<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda B\u00edblica<\/b><\/p>\n<p>Persona del sexo femenino, especialmente la que ha pasado la pubertad. La expresi\u00f3n hebrea para mujer es \u00c2\u00b4isch\u00c2\u00b7sch\u00e1h (literalmente, \u2020\u0153varona\u2020\u009d), que tambi\u00e9n puede traducirse \u2020\u0153esposa\u2020\u009d. De igual modo, la palabra griega gy\u00c2\u00b7ne se traduce \u2020\u0153mujer\u2020\u009d y \u2020\u0153esposa\u2020\u009d.<\/p>\n<p>Creaci\u00f3n. Aun antes de que Ad\u00e1n siquiera solicitase una compa\u00f1era humana, Dios, su Creador, se propuso crearla. Despu\u00e9s de poner a Ad\u00e1n en el jard\u00ed\u00adn de Ed\u00e9n y darle la ley respecto al \u00e1rbol del conocimiento de lo bueno y lo malo, Jehov\u00e1 dijo: \u2020\u0153No es bueno que el hombre contin\u00fae solo. Voy a hacerle una ayudante, como complemento de \u00e9l\u2020\u009d. (G\u00e9 2:18.) Dios no impuso al hombre el mandato de seleccionar una compa\u00f1era del reino animal, pues le llev\u00f3 a los animales con el \u00fanico fin de que les pusiese nombre. Ad\u00e1n no sent\u00ed\u00ada la m\u00e1s m\u00ed\u00adnima inclinaci\u00f3n por la zoofilia, y se daba perfecta cuenta de la ausencia de una compa\u00f1era id\u00f3nea para \u00e9l en el \u00e1mbito animal. (G\u00e9 2:19, 20.) \u2020\u0153Por lo tanto Jehov\u00e1 Dios hizo caer un sue\u00f1o profundo sobre el hombre y, mientras este dorm\u00ed\u00ada, tom\u00f3 una de sus costillas y entonces cerr\u00f3 la carne sobre su lugar. Y Jehov\u00e1 Dios procedi\u00f3 a construir de la costilla que hab\u00ed\u00ada tomado del hombre una mujer, y a traerla al hombre. Entonces dijo el hombre: \u2020\u02dcEsto por fin es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Esta ser\u00e1 llamada Mujer, porque del hombre fue tomada esta\u2020\u2122.\u2020\u009d (G\u00e9 2:21-23.)<\/p>\n<p>Su posici\u00f3n y responsabilidades. La mujer fue creada del hombre, y por ello su existencia depend\u00ed\u00ada de este. Como era \u2020\u0153una sola carne\u2020\u009d con \u00e9l, su complemento y ayudante, ten\u00ed\u00ada que someterse a \u00e9l como su cabeza. Tambi\u00e9n estaba bajo la ley que Dios le hab\u00ed\u00ada dado a Ad\u00e1n en cuanto al \u00e1rbol del conocimiento de lo bueno y lo malo. Ten\u00ed\u00ada la responsabilidad de trabajar para el bien del hombre, tendr\u00ed\u00adan hijos y juntos dominar\u00ed\u00adan los animales. (G\u00e9 1:28; 2:24.)<br \/>\nPuesto que era normal que la mujer de tiempos b\u00ed\u00adblicos estuviera casada, los textos que se refieren a sus responsabilidades suelen estar relacionados con su posici\u00f3n de esposa. El principal deber de toda mujer en Israel era rendir adoraci\u00f3n verdadera a Jehov\u00e1 Dios. Un ejemplo fue Abigail, que se cas\u00f3 con David despu\u00e9s de la muerte de su esposo Nabal, \u2020\u02dchombre que no serv\u00ed\u00ada para nada\u2020\u2122. Aunque Nabal actu\u00f3 mal \u2014rehus\u00f3 emplear sus bienes materiales para ayudar a David, el ungido de Jehov\u00e1\u2014, Abigail comprendi\u00f3 que no estaba obligada a efectuar una acci\u00f3n contraria a la voluntad de Jehov\u00e1, como hab\u00ed\u00ada hecho su esposo. Jehov\u00e1 la bendijo por apegarse a la adoraci\u00f3n correcta ayudando a su ungido. (1Sa 25:23-31, 39-42.)<br \/>\nEn segundo lugar, la mujer ten\u00ed\u00ada que obedecer a su esposo. Su deber era trabajar arduamente para el bien de la casa y procurar la honra de su cabeza y marido. Esto resultar\u00ed\u00ada en el mayor honor para ella. Proverbios 14:1 dice al respecto: \u2020\u0153La mujer verdaderamente sabia ha edificado su casa, pero la tonta la demuele con sus propias manos\u2020\u009d. Ella siempre tendr\u00ed\u00ada que hablar bien de su esposo y aumentar el respeto que otros sintieran por \u00e9l, y el esposo deber\u00ed\u00ada poder estar orgulloso de ella. \u2020\u0153Una esposa capaz es una corona para su due\u00f1o, pero como podredumbre en sus huesos es la que act\u00faa vergonzosamente.\u2020\u009d (Pr 12:4.) En el cap\u00ed\u00adtulo 31 de Proverbios se habla de su posici\u00f3n honorable y de los privilegios que tiene como esposa, junto con las bendiciones que recibe por su fidelidad, diligencia y sabidur\u00ed\u00ada. (V\u00e9ase ESPOSA.)<br \/>\nEn Israel, la madre ten\u00ed\u00ada mucho que ver en que sus hijos aprendiesen justicia, respeto y diligencia, y con frecuencia su consejo y su influencia sobre sus hijos mayores resultaba en el bien de ellos. (G\u00e9 27:5-10; Ex 2:7-10; Pr 1:8; 31:1; 2Ti 1:5; 3:14, 15.) Las muchachas en particular aprend\u00ed\u00adan a ser buenas esposas, pues su madre las ense\u00f1aba a cocinar, tejer y todo lo relacionado con la administraci\u00f3n del hogar. Por su parte, el padre ense\u00f1aba un oficio a sus hijos. Las esposas tambi\u00e9n pod\u00ed\u00adan dirigirse con libertad a sus maridos (G\u00e9 16:5, 6), y en ocasiones les ayudaban a tomar decisiones acertadas. (G\u00e9 21:9-13; 27:46\u201328:4.)<br \/>\nPor lo general, la elecci\u00f3n de la novia correspond\u00ed\u00ada a los padres del novio. Pero, al igual que hab\u00ed\u00ada sucedido anteriormente en el caso de Rebeca, parece que bajo la Ley tambi\u00e9n se daba atenci\u00f3n al parecer de la muchacha. (G\u00e9 24:57, 58.) Aunque la poligamia era com\u00fan, pues Dios no restableci\u00f3 el estado original de monogamia hasta que se fund\u00f3 la congregaci\u00f3n cristiana (G\u00e9 2:23, 24; Mt 19:4-6; 1Ti 3:2), se regulaban las relaciones pol\u00ed\u00adgamas.<br \/>\nIncluso las leyes militares favorec\u00ed\u00adan tanto a la esposa como al esposo al eximir del ej\u00e9rcito durante un a\u00f1o al hombre reci\u00e9n casado. De este modo la pareja pod\u00ed\u00ada ejercer su derecho de tener un hijo, que ser\u00ed\u00ada de gran consuelo para la madre en ausencia de su esposo, y m\u00e1s a\u00fan en el caso de que perdiese la vida en la batalla. (Dt 20:7; 24:5.)<br \/>\nLa Ley no hac\u00ed\u00ada distinci\u00f3n entre hombres y mujeres si eran culpables de adulterio, incesto, bestialidad y otros delitos. (Le 18:6, 23; 20:10-12; Dt 22:22.) Ninguna mujer deb\u00ed\u00ada ponerse la ropa de un hombre, ni un hombre ropa de mujer, ya que esto pod\u00ed\u00ada inducir a la inmoralidad y, en particular, a la homosexualidad. (Dt 22:5.) Las mujeres pod\u00ed\u00adan beneficiarse de los s\u00e1bados, las leyes que ten\u00ed\u00adan que ver con el nazareato, las fiestas y todas las provisiones de la Ley en general. (Ex 20:10; N\u00fa 6:2; Dt 12:18; 16:11, 14.) Los hijos ten\u00ed\u00adan el deber de honrar y obedecer a su madre de la misma manera que a su padre. (Le 19:3; 20:9; Dt 5:16; 27:16.)<\/p>\n<p>Privilegios en la congregaci\u00f3n cristiana. En sentido espiritual, no hay distinci\u00f3n entre hombre y mujer para aquellos a quienes Dios llama a la herencia celestial (Heb 3:1) a fin de ser coherederos con Jesucristo. El ap\u00f3stol escribe: \u2020\u0153Todos ustedes, de hecho, son hijos de Dios mediante su fe en Cristo Jes\u00fas [&#8230;], no hay ni var\u00f3n ni hembra; porque todos ustedes son una persona en uni\u00f3n con Cristo Jes\u00fas\u2020\u009d. (G\u00e1l 3:26-28.) Todos ellos tienen que recibir un cambio de naturaleza en su resurrecci\u00f3n al ser hechos copart\u00ed\u00adcipes de la \u2020\u0153naturaleza divina\u2020\u009d, y en esta condici\u00f3n nadie ser\u00e1 mujer, pues entre las criaturas celestiales no existe el sexo femenino, porque el sexo es el medio otorgado por Dios para la reproducci\u00f3n de las criaturas terrestres. (2Pe 1:4.)<\/p>\n<p>Proclamadoras de las buenas nuevas. Hubo mujeres entre los que recibieron los dones del esp\u00ed\u00adritu santo en el d\u00ed\u00ada del Pentecost\u00e9s de 33 E.C., mujeres a las que se hace referencia en la profec\u00ed\u00ada de Joel como \u2020\u0153hijas\u2020\u009d y \u2020\u0153siervas\u2020\u009d. Desde aquel d\u00ed\u00ada en adelante, las mujeres cristianas que recibieron estos dones hablaron en lenguas extranjeras que no hab\u00ed\u00adan entendido antes y \u2020\u02dcprofetizaron\u2020\u2122, no necesariamente en el sentido de predecir importantes acontecimientos futuros, sino de proclamar las verdades b\u00ed\u00adblicas. (Joe 2:28, 29; Hch 1:13-15; 2:1-4, 13-18; v\u00e9ase PROFETISA.)<br \/>\nCuando las mujeres hablaban a otros acerca de las verdades de la Biblia, no se circunscrib\u00ed\u00adan a sus compa\u00f1eros de creencia. Antes de ascender al cielo, Jes\u00fas hab\u00ed\u00ada dicho a sus seguidores: \u2020\u0153Recibir\u00e1n poder cuando el esp\u00ed\u00adritu santo llegue sobre ustedes, y ser\u00e1n testigos de m\u00ed\u00ad tanto en Jerusal\u00e9n como en toda Judea, y en Samaria, y hasta la parte m\u00e1s distante de la tierra\u2020\u009d. (Hch 1:8.) Posteriormente, en el d\u00ed\u00ada del Pentecost\u00e9s de 33 E.C., cuando el esp\u00ed\u00adritu santo se derram\u00f3 sobre los 120 disc\u00ed\u00adpulos (entre ellos varias mujeres), a todos se les otorg\u00f3 el privilegio de testificar (Hch 1:14, 15; 2:3, 4.); y la profec\u00ed\u00ada de Joel (2:28, 29) a la que se refiri\u00f3 Pedro en aquella ocasi\u00f3n, menciona espec\u00ed\u00adficamente a las mujeres. De modo que ellas se contaban entre los que ten\u00ed\u00adan la responsabilidad de ser testigos de Jes\u00fas \u2020\u0153tanto en Jerusal\u00e9n como en toda Judea, y en Samaria, y hasta la parte m\u00e1s distante de la tierra\u2020\u009d. Consecuentemente, el ap\u00f3stol Pablo inform\u00f3 m\u00e1s tarde que Evodia y S\u00ed\u00adntique, dos hermanas de Filipos, se hab\u00ed\u00adan \u2020\u0153esforzado lado a lado [con \u00e9l] en las buenas nuevas\u2020\u009d. Asimismo, Lucas menciona a Priscila, quien junto con su marido, \u00ed\u0081quila, \u2020\u02dcexpon\u00ed\u00ada el camino de Dios\u2020\u2122 en Efeso. (Flp 4:2, 3; Hch 18:26.)<\/p>\n<p>Reuniones de congregaci\u00f3n. En algunas reuniones la mujer pod\u00ed\u00ada orar o profetizar, siempre que llevase una cobertura para la cabeza. (1Co 11:3-16; v\u00e9ase COBERTURA PARA LA CABEZA.) Sin embargo, en reuniones de car\u00e1cter p\u00fablico, cuando \u2020\u0153toda la congregaci\u00f3n\u2020\u009d, as\u00ed\u00ad como los \u2020\u0153incr\u00e9dulos\u2020\u009d, se reun\u00ed\u00ada en un lugar (1Co 14:23-25), las mujeres ten\u00ed\u00adan que \u2020\u02dcguardar silencio\u2020\u2122. Si \u2020\u02dcquer\u00ed\u00adan aprender algo, pod\u00ed\u00adan preguntarle a su propio esposo en casa, porque era vergonzoso que una mujer hablase en la congregaci\u00f3n\u2020\u2122. (1Co 14:31-35.)<br \/>\nAunque no se permit\u00ed\u00ada a la mujer ense\u00f1ar en una reuni\u00f3n de congregaci\u00f3n, pod\u00ed\u00ada ense\u00f1ar fuera de la congregaci\u00f3n a las personas que deseaban aprender la verdad de la Biblia y las buenas nuevas acerca de Jesucristo (comp\u00e1rese con Sl 68:11), y, adem\u00e1s, deb\u00ed\u00ada ser \u2020\u02dcmaestra de lo que es bueno\u2020\u2122 para las mujeres m\u00e1s j\u00f3venes (y los ni\u00f1os) dentro de la congregaci\u00f3n. (Tit 2:3-5.) Pero no ten\u00ed\u00ada que ejercer autoridad sobre el hombre o disputar con \u00e9l, como, por ejemplo, en las reuniones de la congregaci\u00f3n. Ten\u00ed\u00ada que recordar lo que le sucedi\u00f3 a Eva y lo que Dios dijo con respecto a la posici\u00f3n de la mujer despu\u00e9s del pecado de Ad\u00e1n y Eva. (1Ti 2:11-14; G\u00e9 3:16.)<\/p>\n<p>Los superintendentes y siervos ministeriales han de ser varones. No se menciona a las mujeres cuando se habla sobre las \u2020\u0153d\u00e1divas en hombres\u2020\u009d que Cristo dio a la congregaci\u00f3n. Las palabras \u2020\u0153ap\u00f3stoles\u2020\u009d, \u2020\u0153profetas\u2020\u009d, \u2020\u0153evangelizadores\u2020\u009d, \u2020\u0153pastores\u2020\u009d y \u2020\u0153maestros\u2020\u009d se encuentran en g\u00e9nero masculino. (Ef 4:8, 11.)<br \/>\nPor consiguiente, cuando el ap\u00f3stol Pablo escribi\u00f3 a Timoteo acerca de los requisitos que deb\u00ed\u00adan llenar los \u2020\u0153superintendentes\u2020\u009d (e\u00c2\u00b7p\u00ed\u00ad\u00c2\u00b7sko\u00c2\u00b7poi), que tambi\u00e9n eran \u2020\u0153ancianos\u2020\u009d (pre\u00c2\u00b7sb\u00fd\u00c2\u00b7te\u00c2\u00b7roi), as\u00ed\u00ad como los \u2020\u0153siervos ministeriales\u2020\u009d (di\u00c2\u00b7\u00e1\u00c2\u00b7ko\u00c2\u00b7noi) de la congregaci\u00f3n, especifica que deben ser varones, y en caso de estar casados, \u2020\u02dcesposos de una sola mujer\u2020\u2122. Ning\u00fan ap\u00f3stol hace menci\u00f3n de un puesto de \u2020\u0153diaconisa\u2020\u009d (di\u00c2\u00b7a\u00c2\u00b7k\u00f3\u00c2\u00b7nis\u00c2\u00b7sa). (1Ti 3:1-13; Tit 1:5-9; comp\u00e1rese con Hch 20:17, 28; Flp 1:1.)<br \/>\nAunque se dijo que Febe (Ro 16:1) era \u2020\u0153ministra\u2020\u009d (di\u00c2\u00b7\u00e1\u00c2\u00b7ko\u00c2\u00b7nos, sin el art\u00ed\u00adculo definido griego), es evidente que a ella no se la nombr\u00f3 \u2020\u0153sierva ministerial\u2020\u009d en la congregaci\u00f3n, pues este cargo no se contempla en las Escrituras. El ap\u00f3stol no estaba diciendo a la congregaci\u00f3n que aceptara las instrucciones que ella diese, sino que la recibiera bien y \u2020\u02dcle prestasen ayuda en cualquier asunto en que los necesitara\u2020\u2122. (Ro 16:2.) El que Pablo se refiriera a ella como \u2020\u0153ministra\u2020\u009d se relacionaba obviamente con su actividad en la proclamaci\u00f3n de las buenas nuevas, y en ese sentido Febe era una ministra que se asociaba con la congregaci\u00f3n de Cencreas. (Comp\u00e1rese con Hch 2:17, 18.)<\/p>\n<p>En el hogar. En las Escrituras se dice que la mujer es \u2020\u0153un vaso m\u00e1s d\u00e9bil, el femenino\u2020\u009d. En consecuencia, su esposo ha de tratarla de acuerdo con esta condici\u00f3n. (1Pe 3:7.) Ella tiene muchos privilegios, entre otros, participa en la ense\u00f1anza de los hijos y cuida de los asuntos dom\u00e9sticos con la aprobaci\u00f3n de su esposo y bajo su direcci\u00f3n. (1Ti 5:14; 1Pe 3:1, 2; Pr 1:8; 6:20; cap. 31.) Tiene el deber de ser sumisa a su esposo (Ef 5:22-24) y ha de rendirle el d\u00e9bito conyugal. (1Co 7:3-5.)<\/p>\n<p>Adorno. La Biblia no condena en ninguna parte el uso de adornos o joyas en el arreglo personal, pero manda que se haga con modestia y decoro. El ap\u00f3stol dice que la mujer deber\u00ed\u00ada llevar vestido bien arreglado y adornarse \u2020\u0153con modestia y buen juicio\u2020\u009d. No deber\u00ed\u00ada concederse importancia excesiva a peinados, adornos y vestiduras costosas, sino a aquellas cosas que contribuyen a la belleza espiritual, a saber, \u2020\u0153buenas obras\u2020\u009d, y a \u2020\u0153la persona secreta del coraz\u00f3n en la vestidura incorruptible del esp\u00ed\u00adritu quieto y apacible\u2020\u009d. (1Ti 2:9, 10; 1Pe 3:3, 4; comp\u00e1rese con Pr 11:16, 22; 31:30.)<br \/>\nEl ap\u00f3stol Pedro dice a esas mujeres sumisas que muestran una conducta casta, respetuosa y piadosa: \u2020\u0153Ustedes han llegado a ser hijas de ella [Sara], con tal que sigan haciendo el bien y no teman a ninguna causa de terror\u2020\u009d. Por lo tanto, estas esposas tienen la magn\u00ed\u00adfica oportunidad de ser \u2020\u02dcdescendientes\u2020\u2122 de la fiel Sara, no en sentido literal, sino por imitar su conducta. Sara tuvo el privilegio de dar a luz a Isaac y llegar a ser antepasada de Jesucristo, la \u2020\u02dcdescendencia principal de Abrah\u00e1n\u2020\u2122. (G\u00e1l 3:16.) Por consiguiente, las esposas cristianas que demuestran ser hijas de Sara en sentido figurado, aun teniendo esposos incr\u00e9dulos, tienen la seguridad de que Dios las recompensar\u00e1 abundantemente. (1Pe 3:6; G\u00e9 18:11, 12; 1Co 7:12-16.)<\/p>\n<p>Mujeres que sirvieron a Jes\u00fas. Hubo mujeres que disfrutaron de privilegios en relaci\u00f3n con el ministerio terrestre de Jes\u00fas, aunque no de los privilegios concedidos a los 12 ap\u00f3stoles y a los 70 evangelizadores. (Mt 10:1-8; Lu 10:1-7.) Varias mujeres ministraron a Jes\u00fas con sus propios bienes. (Lu 8:1-3.) Una le ungi\u00f3 poco antes de su muerte, y debido a su acci\u00f3n, Jes\u00fas asegur\u00f3 que por todo el mundo, donde se predicasen las buenas nuevas, \u2020\u02dclo que esa mujer hizo tambi\u00e9n se contar\u00ed\u00ada para recuerdo de ella\u2020\u2122. (Mt 26:6-13; Jn 12:1-8.) Hubo mujeres entre aquellos a quienes Jes\u00fas se apareci\u00f3 el d\u00ed\u00ada de su resurrecci\u00f3n, y tambi\u00e9n las hab\u00ed\u00ada entre aquellos a quienes se apareci\u00f3 m\u00e1s tarde. (Mt 28:1-10; Jn 20:1-18.)<\/p>\n<p>Uso figurado. En varias ocasiones se usa simb\u00f3licamente a la mujer para representar a congregaciones u organizaciones. Tambi\u00e9n puede simbolizar ciudades. A la congregaci\u00f3n de Cristo se la llama su \u2020\u0153novia\u2020\u009d, y tambi\u00e9n se la llama \u2020\u0153la santa ciudad, la Nueva Jerusal\u00e9n\u2020\u009d. (Jn 3:29; Rev 21:2, 9; 19:7; comp\u00e1rese con Ef 5:23-27; Mt 9:15; Mr 2:20; Lu 5:34, 35.)<br \/>\nJehov\u00e1 habl\u00f3 de la congregaci\u00f3n o naci\u00f3n de Israel como su \u2020\u0153mujer\u2020\u009d, pues El era su \u2020\u0153due\u00f1o marital\u2020\u009d en virtud del pacto de la Ley que exist\u00ed\u00ada entre ellos. En las profec\u00ed\u00adas de restauraci\u00f3n Dios habla a Israel en estos t\u00e9rminos, a veces dirigiendo sus palabras a Jerusal\u00e9n, la ciudad que gobernaba la naci\u00f3n. Los \u2020\u02dchijos e hijas\u2020\u2122 (Isa 43:5-7) de esta mujer eran los miembros de la naci\u00f3n de Israel. (Isa 51:17-23; 52:1, 2; 54:1, 5, 6, 11-13; 66:10-12; Jer 3:14; 31:31, 32.)<br \/>\nEn muchas ocasiones, se hace referencia a otras naciones o ciudades en femenino o como si se tratase de mujeres. Algunos ejemplos son: Moab (Jer 48:41), Egipto (Jer 46:11), Rab\u00e1 de Amm\u00f3n (Jer 49:2), Babilonia (Jer 51:13) y la simb\u00f3lica Babilonia la Grande. (Rev 17:1-6; v\u00e9anse BABILONIA LA GRANDE; HIJOS.)<\/p>\n<p>La \u2020\u0153mujer\u2020\u009d de G\u00e9nesis 3:15. Cuando Dios sentenci\u00f3 a los padres de la humanidad, Ad\u00e1n y Eva, prometi\u00f3 que la \u2020\u0153mujer\u2020\u009d producir\u00ed\u00ada una descendencia que magullar\u00ed\u00ada la cabeza de la serpiente. (G\u00e9 3:15.) Este era un \u2020\u0153secreto sagrado\u2020\u009d que Dios se propon\u00ed\u00ada revelar a su debido tiempo. (Col 1:26.) Algunos factores que concurrieron en el anuncio de la promesa prof\u00e9tica proporcionan indicios en cuanto a la identidad de la \u2020\u0153mujer\u2020\u009d. Puesto que su descendencia tendr\u00ed\u00ada que magullar la cabeza de la serpiente, no pod\u00ed\u00ada tratarse de una descendencia humana, pues las Escrituras muestran que las palabras de Dios no se dirigieron a una serpiente literal. En Revelaci\u00f3n 12:9 se indica que la \u2020\u0153serpiente\u2020\u009d es Satan\u00e1s el Diablo, un esp\u00ed\u00adritu. En consecuencia, la \u2020\u0153mujer\u2020\u009d de la profec\u00ed\u00ada no podr\u00ed\u00ada ser una mujer humana, como Mar\u00ed\u00ada, la madre de Jes\u00fas. El ap\u00f3stol arroja luz sobre esta cuesti\u00f3n en G\u00e1latas 4:21-31. (V\u00e9ase DESCENDENCIA, SEMILLA.)<br \/>\nEn este pasaje el ap\u00f3stol habla de la mujer libre de Abrah\u00e1n y de su concubina Agar, y dice que Agar corresponde a la ciudad literal de Jerusal\u00e9n bajo el pacto de la Ley, y sus \u2020\u0153hijos\u2020\u009d, a los ciudadanos de la naci\u00f3n jud\u00ed\u00ada; mientras que Sara, la esposa de Abrah\u00e1n, corresponde a la \u2020\u0153Jerusal\u00e9n de arriba\u2020\u009d, dice Pablo, su madre espiritual y la de sus compa\u00f1eros ungidos por esp\u00ed\u00adritu. Esta \u2020\u0153madre\u2020\u009d celestial tambi\u00e9n ser\u00ed\u00ada la \u2020\u0153madre\u2020\u009d de Cristo, el mayor de sus hermanos espirituales a quienes Dios engendra como Padre. (Heb 2:11, 12; v\u00e9ase MUJER LIBRE.)<br \/>\nL\u00f3gicamente, y en armon\u00ed\u00ada con las Escrituras, la \u2020\u0153mujer\u2020\u009d de G\u00e9nesis 3:15 tiene que ser una \u2020\u0153mujer\u2020\u009d espiritual. Y en correspondencia con el hecho de que la \u2020\u0153novia\u2020\u009d o \u2020\u0153esposa\u2020\u009d de Cristo no es una mujer individual, sino una mujer compuesta de muchos miembros espirituales (Rev 21:9), la \u2020\u0153mujer\u2020\u009d que da a luz a los hijos espirituales de Dios, Su \u2020\u02dcesposa\u2020\u2122 (predicha prof\u00e9ticamente en las palabras de Isa\u00ed\u00adas y Jerem\u00ed\u00adas citadas antes), estar\u00ed\u00ada formada por muchas personas celestiales. Ser\u00ed\u00ada un conjunto de personas u organizaci\u00f3n, una organizaci\u00f3n celestial.<br \/>\nSe describe a esta \u2020\u0153mujer\u2020\u009d en la visi\u00f3n de Juan, en el cap\u00ed\u00adtulo 12 de Revelaci\u00f3n. Se la representa dando a luz a un hijo, un gobernante que habr\u00e1 de \u2020\u0153pastorear a todas las naciones con vara de hierro\u2020\u009d. (Comp\u00e1rese con Sl 2:6-9; 110:1, 2.) Juan recibi\u00f3 esta visi\u00f3n mucho despu\u00e9s del nacimiento humano de Jes\u00fas y de su unci\u00f3n como el Mes\u00ed\u00adas de Dios. Como obviamente tiene que ver con la misma persona, ha de hacer referencia, no al nacimiento humano de Jes\u00fas, sino a otro acontecimiento, a saber, su acceso al poder del Reino. En consecuencia, lo que aqu\u00ed\u00ad se represent\u00f3 fue el nacimiento del Reino mesi\u00e1nico de Dios.<br \/>\nDespu\u00e9s se ve a Satan\u00e1s persiguiendo a la \u2020\u0153mujer\u2020\u009d y haciendo guerra contra \u2020\u0153los restantes de la descendencia de ella\u2020\u009d. (Rev 12:13, 17.) Puesto que se trata de una \u2020\u0153mujer\u2020\u009d celestial y que entonces Satan\u00e1s ya hab\u00ed\u00ada sido arrojado a la Tierra (Rev 12:7-9), las personas celestiales que integraban esta \u2020\u0153mujer\u2020\u009d se hallaban fuera de su alcance, pero s\u00ed\u00ad pod\u00ed\u00ada atacar al resto de su \u2020\u0153descendencia\u2020\u009d o hijos, los hermanos de Jesucristo que todav\u00ed\u00ada estaban en la Tierra. De esa manera persigui\u00f3 a la \u2020\u0153mujer\u2020\u009d.<\/p>\n<p>Otros usos. Cuando Dios predijo el hambre que pasar\u00ed\u00ada Israel si quebrantaba Su pacto, dijo: \u2020\u0153Entonces diez mujeres realmente cocer\u00e1n el pan de ustedes en un solo horno y les devolver\u00e1n su pan por peso\u2020\u009d. El hambre llegar\u00ed\u00ada a ser tan acuciante que diez mujeres necesitar\u00ed\u00adan un solo horno, mientras que normalmente usar\u00ed\u00adan uno cada una. (Le 26:26.)<br \/>\nDespu\u00e9s de advertir a Israel de las calamidades que le sobrevendr\u00ed\u00adan por su infidelidad, Jehov\u00e1 dijo por medio del profeta Isa\u00ed\u00adas: \u2020\u0153Y siete mujeres realmente se agarrar\u00e1n de un solo hombre en aquel d\u00ed\u00ada, y dir\u00e1n: \u2020\u02dcComeremos nuestro propio pan y nos vestiremos de nuestras propias mantas; solo que se nos llame por tu nombre para quitar nuestro oprobio\u2020\u2122\u2020\u009d. (Isa 4:1.) En los dos vers\u00ed\u00adculos precedentes (Isa 3:25, 26) Dios indic\u00f3 que los hombres de Israel morir\u00ed\u00adan en guerra. As\u00ed\u00ad inform\u00f3 a Israel del efecto que tales condiciones tendr\u00ed\u00adan en el n\u00famero de varones de la naci\u00f3n, que los diezmar\u00ed\u00adan hasta el punto de que habr\u00ed\u00ada varias mujeres para un solo hombre. Aceptar\u00ed\u00adan con gusto su nombre y algunas de sus atenciones, aunque tuvieran que compartirlo con otras mujeres. Tambi\u00e9n aceptar\u00ed\u00adan la poligamia o el concubinato con tal de tener alguna participaci\u00f3n, aunque fuese peque\u00f1a, en la vida de un hombre, y disminuir de ese modo la verg\u00fcenza que significaba para ellas la viudez o la solter\u00ed\u00ada y el hecho de no ser madres.<br \/>\nEn una profec\u00ed\u00ada de consuelo para Israel, Jehov\u00e1 dijo: \u2020\u0153\u00bfHasta cu\u00e1ndo te dirigir\u00e1s para ac\u00e1 y para all\u00e1, oh hija infiel? Pues Jehov\u00e1 ha creado una cosa nueva en la tierra: Una simple hembra estrechar\u00e1 en derredor a un hombre f\u00ed\u00adsicamente capacitado\u2020\u009d. (\u2020\u0153La mujer cortejar\u00e1 al var\u00f3n\u2020\u009d, CI.) (Jer 31:22.) Hasta entonces Israel, con quien Dios estaba en una relaci\u00f3n de matrimonio debido al pacto de la Ley, hab\u00ed\u00ada estado dando vueltas \u2020\u0153para ac\u00e1 y para all\u00e1\u2020\u009d en infidelidad. Jehov\u00e1 invit\u00f3 a la \u2020\u0153virgen de Israel\u2020\u009d a que erigiera marcas de camino y postes de se\u00f1al para guiarse en su regreso, y a que fijara su coraz\u00f3n en la calzada por donde habr\u00ed\u00ada de volver. (Jer 31:21.) Jehov\u00e1 pondr\u00ed\u00ada su esp\u00ed\u00adritu en ella de manera que estuviese ansiosa por regresar. Por lo tanto, tal como una esposa se abrazar\u00ed\u00ada a su esposo a fin de volver a tener buenas relaciones, as\u00ed\u00ad Israel se estrechar\u00ed\u00ada en derredor de Jehov\u00e1 Dios con el fin de restablecer buenas relaciones con El como su esposo.<\/p>\n<p>El \u2020\u0153deseo de las mujeres\u2020\u009d. La profec\u00ed\u00ada de Daniel dice que el \u2020\u0153rey del norte\u2020\u009d \u2020\u0153al Dios de sus padres no dar\u00e1 consideraci\u00f3n; y al deseo de las mujeres y a todo otro dios no dar\u00e1 consideraci\u00f3n, sino que sobre todos se engrandecer\u00e1. Pero al dios de las plazas fuertes, en su posici\u00f3n dar\u00e1 gloria\u2020\u009d. (Da 11:37, 38.) Las \u2020\u0153mujeres\u2020\u009d pueden representar en este texto a las naciones m\u00e1s d\u00e9biles que llegan a ser \u2020\u02dccriadas\u2020\u2122 del \u2020\u0153rey del norte\u2020\u009d, como vasos m\u00e1s d\u00e9biles. Ellas tienen sus dioses, a quienes desean y adoran, pero el \u2020\u0153rey del norte\u2020\u009d no les presta atenci\u00f3n y rinde homenaje a un dios del militarismo.<\/p>\n<p>Las \u2020\u0153langostas\u2020\u009d simb\u00f3licas. En la visi\u00f3n de las \u2020\u0153langostas\u2020\u009d simb\u00f3licas de Revelaci\u00f3n 9:1-11, se describe a estas langostas con \u2020\u0153cabellos como cabellos de mujeres\u2020\u009d. En armon\u00ed\u00ada con el principio b\u00ed\u00adblico de que el cabello largo de la mujer es se\u00f1al de sujeci\u00f3n a su cabeza marital, el cabello de estas \u2020\u0153langostas\u2020\u009d simb\u00f3licas debe representar la sujeci\u00f3n de aquellos a quienes simbolizan al que en la profec\u00ed\u00ada se representa como su cabeza y rey. (V\u00e9ase ABAD\u00ed\u201cN.)<\/p>\n<p>144.000 \u2020\u02dcno contaminados con mujeres\u2020\u2122. En Revelaci\u00f3n 14:1-4 se representa a los 144.000 de pie con el Cordero sobre el monte Si\u00f3n, y se dice que han sido \u2020\u0153comprados de la tierra. Estos son los que no se contaminaron con mujeres; de hecho, son v\u00ed\u00adrgenes\u2020\u009d. Se dice que tienen una relaci\u00f3n con el Cordero m\u00e1s \u00ed\u00adntima que cualquier otra persona, ya que son los \u00fanicos que aprenden la \u2020\u0153canci\u00f3n nueva\u2020\u009d. (Rev 14:1-4.) Este hecho indica que constituyen la \u2020\u0153esposa\u2020\u009d del Cordero. (Rev 21:9.) Son personas celestiales, como lo muestra el que est\u00e9n de pie con el Cordero sobre el monte Si\u00f3n celestial. Por lo tanto, el que \u2020\u02dcno se contaminen con mujeres\u2020\u2122 y que sean \u2020\u0153v\u00ed\u00adrgenes\u2020\u009d no significa que ninguno de estos 144.000 nunca se haya casado, pues las Escrituras no proh\u00ed\u00adben que los que han de ser coherederos con Cristo se casen mientras est\u00e1n en la Tierra. (1Ti 3:2; 4:1, 3.) Tampoco implica que todos los 144.000 sean hombres, pues \u2020\u0153no hay ni var\u00f3n ni hembra\u2020\u009d en lo que tiene que ver con la relaci\u00f3n espiritual de los coherederos de Cristo. (G\u00e1l 3:28.) Por lo tanto, estas \u2020\u0153mujeres\u2020\u009d deben ser simb\u00f3licas, organizaciones religiosas como Babilonia la Grande y sus \u2020\u02dchijas\u2020\u2122; cualquier uni\u00f3n y participaci\u00f3n con estas organizaciones religiosas falsas har\u00ed\u00ada imposible mantenerse sin mancha. (Rev 17:5.) Esta descripci\u00f3n simb\u00f3lica est\u00e1 de acuerdo con el requisito recogido en la Ley seg\u00fan el cual el sumo sacerdote de Israel solo pod\u00ed\u00ada tomar por esposa a una virgen, pues Jesucristo es el gran Sumo Sacerdote de Jehov\u00e1. (Le 21:10, 14; 2Co 11:2; Heb 7:26.)<br \/>\nCon referencia a que Jes\u00fas se dirigiera a Mar\u00ed\u00ada como \u2020\u0153mujer\u2020\u009d, v\u00e9ase MAR\u00ed\u008dA n\u00fam. 1 (Jes\u00fas la amaba y respetaba).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia<\/b><\/p>\n<p>Sumario: 1. Condici\u00f3n legal y real de la mujer 1. Sector familiar: a) Familia patriarcal, b) Poligamia y concubinato, c) Repudio, d) Adulterio, e) El amor antes y durante el matrimonio; 2. Sector social. II. Optica teol\u00f3gica sobre la mujer 1. En el AT: a) \u2020\u0153A imagen de Dios\u2020\u009d (Gn 1,27), b) \u2020\u0153Macho y hembra los cre\u00f3\u2020\u009d Gn 1,27), c) \u2020\u0153De la costilla tomada del hombre\u2020\u2122 (Gn 2,22), d) \u2020\u0153Una ayuda apropiada\u2020\u009d (Gn 2,18), e) \u2020\u0153Se dieron cuenta de que estaban desnudos (Gn 3,7), 19 \u2020\u0153Me casar\u00e9 contigo para siempre\u2020\u2122(Os 2,21), g) \u2020\u0153La profetisa Juld\u00e1\u2020\u009d(2R 22,14), h) \u2020\u0153Mi amado es m\u00ed\u00ado y yo soy suya\u2020\u009d (Ct 2,16), i) Conclusi\u00f3n; 2. En el NT: a) \u2020\u0153Eunucos que as\u00ed\u00ad mismos se hicieron tales\u2020\u009d(Mt 19; Mt 12), b) \u2020\u0153Las prostitutas entrar\u00e1n antes\u2020\u2122(Mt 21,31), c) \u2020\u0153Le acompa\u00f1aban los doce y algunas mujeres\u2020\u009d (Lc 8,1-2), d) \u2020\u0153No hay hombre ni mujer\u2020\u009d (Ga 3,28), e) \u2020\u0153La mujer que orao profetiza\u2020\u2122 (1Co 11,5), 19 Conclusi\u00f3n. III. Textos mis\u00f3ginos: 1. AT: \u2020\u0153Por la mujer comenz\u00f3 el pecado\u2020\u2122 (Si 25,24); 2. NT: a) \u2020\u0153Que lleve velo\u2020\u009d (1Co 11,6), b) \u2020\u0153La cabeza de la mujer es el hombre\u2020\u009d ico 11,3), c) \u2020\u0153La mujer procede del hombre&#8230;; la mujer para el hombre\u2020\u009d (1Co 11,8; ico 11,9), d) \u2020\u0153No est\u00e1 bien que la mujer hable en la asamblea\u2020\u009d (1Co 14,34), e) \u2020\u0153Que las mujeres sean sumisas a sus maridos\u2020\u009d Ef 5,22); 3. Conclusi\u00f3n..<br \/>\nComo en otros terrenos, tambi\u00e9n en el de la mujer es necesario saber captar el pensamiento genuino de Dios a trav\u00e9s de las p\u00e1ginas del libro inspirado.<br \/>\nEs indispensable ante todo una lectura integral del AT y del NT dentro de la Iglesia en nuestros d\u00ed\u00adas. Adem\u00e1s, hay que establecer con suma delicadeza una distinci\u00f3n clara y nada f\u00e1cil entre las ideas manifiestas, la mentalidad, lo usos y costumbres del antiguo Israel y de la Iglesia de los or\u00ed\u00adgenes, por una parte, y el ideal propuesto por Dios a la humanidad, por otra; ideal que podr\u00e1 alcanzarse en plenitud s\u00f3lo en la hora escatol\u00f3-gica. Se trata, en definitiva, de trazar a la luz de la doctrina de la Iglesia una l\u00ed\u00adnea de demarcaci\u00f3n entre los elementos socio-culturales, que han ido evolucionando, involucionando o modific\u00e1ndose desde la \u00e9poca de los patriarcas hasta el final del tiempo de los ap\u00f3stoles, y la ense\u00f1anza perenne que Dios ha comunicado al g\u00e9nero humano en Jesucristo [1 Cultura\/ Aculturaci\u00f3n].<br \/>\nDe aqu\u00ed\u00ad la divisi\u00f3n en dos partes del presente estudio. En primer lugar evocaremos, en una r\u00e1pida ojeada hist\u00f3rica, la condici\u00f3n legal y real de la mujer en el mundo b\u00ed\u00adblico, para pasar luego a analizar m\u00e1s a fondo el dato revelado del AT y del NT sobre el sexo femenino.<br \/>\n2191<br \/>\n1. CONDICION LEGAL Y REAL DE LA MUJER.<br \/>\nLo que escribe Flaceli\u00e9re: que \u2020\u0153en toda la antig\u00fcedad el dogma de la superioridad masculina no se vio nunca olvidado\u2020\u2122, vale tambi\u00e9n para el mundo b\u00ed\u00adblico, aunque ese dogma no fuera percibido siempre por la conciencia clara y distinta de Israel y de la Iglesia primitiva.<br \/>\n2192<br \/>\n1. Sector familiar,<br \/>\n2193<br \/>\na) Familia patriarca!.<br \/>\nLa familia en el AT es end\u00f3gama: exige que la esposa, si no quiere ser considerada como una intrusa, pertenezca al mismo clan que el marido. Los matrimonios ex\u00f3ga-mos son reprobados porque constituyen<br \/>\n-se dir\u00e1 luego- un peligro nada hipot\u00e9tico (Jc 3,6; IR 11; IR 1-8; IR 16,31-32) para la existencia, e incluso tan s\u00f3lo para la pureza de la fe y de la \u00e9tica yahvista (Ex 34,16; Dt 7,3-4; Jos 23,12-13).<br \/>\nEl car\u00e1cter patrilineal y patrilocal de la familia hace que la descendencia y la sucesi\u00f3n se cuenten en la l\u00ed\u00adnea masculina, y no en la femenina; y los hijos varones, incluso despu\u00e9s de casarse, siguen morando en la casa paterna, con sus esposas e hijos.<br \/>\nEn el AT, y bajo muchos aspectos tambi\u00e9n en el NT, la familia es patriarcal. El padre es el elemento principal, depositario de indiscutible prestigio y de autoridad suprema; en.los antiguos tiempos se le reconoce incluso el derecho de vida y de muerte (Gn 38,24). Al padre est\u00e1n sujetos la mujer o las mujeres, los hijos no casados y los casados con sus esposas y sus hijos.<br \/>\n2194<br \/>\nb) Poligamia y concubinato.<br \/>\nLo que exalta y exaspera la supremac\u00ed\u00ada del var\u00f3n en la familia b\u00ed\u00adblica es sobre todo la poligamia<br \/>\n(rigurosamente hablando, habr\u00ed\u00ada que hablar de po-liginia, ya que la poligamia comprende tambi\u00e9n la<br \/>\npoliandria). M\u00e1s bien moderada en la \u00e9poca patriarcal -Jacob tuvo dos mujeres principales (Gn 29,21-30);<br \/>\nEsa\u00fa, tres (Gn 26,34; Gn 28,9)-; la poligamia se intensific\u00f3 con los jueces y con los reyes.<br \/>\nPeque\u00f1o o grande, el har\u00e9n, \u00ed\u00adndice de un alto nivel econ\u00f3mico, social o pol\u00ed\u00adtico, lesiona los derechos de la mujer y atenta contra el amor y la concordia matrimonial con las rivalidades y los celos inevitables de las diversas mujeres (Gn 16,4-5 29,30-30,24; IS 1).<br \/>\nA partir del siglo vi a.C. se fue haciendo cada vez m\u00e1s com\u00fan en Israel la monogamia. Ser\u00e1 Jes\u00fas el que d\u00e9 el \u00faltimo golpe de gracia a la poligamia: \u2020\u0153Todo el que se divorcia de su esposa y se casa con otra comete adulterio\u2020\u009d (Lc 16,18); en un r\u00e9gimen no monog\u00e1mico ser\u00ed\u00ada absurdo tachar de ad\u00faltero a un hombre que tomase una segunda mujer [1 Matrimonio].<br \/>\nLa poligamia explica tambi\u00e9n la presencia de concubinas legales o esposas secundarias, a las que, por otra parte, s\u00f3lo estaba permitido tener relaciones con el propio marido. Para remediar a veces la propia esterilidad o para aumentar el n\u00famero de hijos \u2020\u0153propios\u2020\u009d era directamente la esposa o las esposas principales las que daban a su marido como concubinas a sus propias esclavas (Gn 16,30).<br \/>\n2195<br \/>\nc) Repudio.<br \/>\nOtra grave injusticia contra la mujer en la familia del AT y del NT es el repudio, al que pr\u00e1cticamente tiene derecho s\u00f3lo el hombre. Los libros hist\u00f3ricos del AT no mencionan ning\u00fan ejemplo de repudio propio o verdadero. De todas formas, la legislaci\u00f3n hebrea supone el uso del repudio (Lv 21,7; Lv 21,14; Lv 22,13 N\u00fam Lv 30,10). El c\u00f3digo deuteron\u00f3mi-co prohibe expresamente el divorcio en dos casos (Dt 22,13-19; Dt 22,28-29). Dt 24,1-4 prohibe a un hombre que ha repudiado a una mujer volver a casarse con ella, si \u00e9sta ha contra\u00ed\u00addo segundas nupcias y vuelve a estar libre por la muerte o el repudio de su segundo marido. Aunque se ignora si los hebreos usaban o no con frecuencia el derecho de repudio, la norma de Dt 24,1: \u2020\u0153Por haber encontrado en ella algo indecente\u2020\u009d, era tan gen\u00e9rica que en la \u00e9poca del NT los rabinos presentaban como causa de divorcio no s\u00f3lo la culpa de una mujer (inmoralidad o costumbres ligeras, seg\u00fan Sammai; una comida quemada, seg\u00fan Hillel), sino incluso el hecho de haber encontrado su marido una mujer m\u00e1s bella (sentencia de Aqiba). Si, como parece, los hijos eran entregados siempre al padre, el repudio jud\u00ed\u00ado, adem\u00e1s de negar a la mujer el amor perenne del marido, le inflig\u00ed\u00ada tambi\u00e9n la pena de la separaci\u00f3n de sus hijos. Es, pues, original la doctrina de Malaqu\u00ed\u00adas, quien, en la primera mitad del siglo? a.C, elev\u00e1ndose sobre las ideas corrientes de su pueblo, condena el repudio como comportamiento infiel, como profanaci\u00f3n y como crimen peligroso (Ml 2,14-16). Vendr\u00e1 luego Jes\u00fas con su autoridad a proclamar indisoluble el matrimonio: \u2020\u0153El que se casa con una mujer divorcida comete adulterio\u2020\u009d (Lc 16,18 ), porque \u2020\u0153lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre\u2020\u009d (Mc 10,9).<br \/>\n2196<br \/>\nd) Adulterio.<br \/>\nEn lo que se refiere a la fidelidad conyugal, su obligaci\u00f3n se entiende casi s\u00f3lo en sentido \u00fanico. En la concepci\u00f3n com\u00fan, el adulterio consiste en la violaci\u00f3n del derecho del marido sobre su propia mujer o del novio sobre su propia novia. Por tanto, es ad\u00faltero un hombre (soltero o casado, no importa) que tenga relaciones con la novia o la esposa de otro. Por el contrario, es ad\u00faltera la mujer novia o esposa que tenga relaciones con cualquier hombre, soltero o casado. Para el sospechoso de adulterio, s\u00f3lo cuando la persona acusada es la mujer, y no el marido, la ley impone la \u2020\u0153ofrenda de celos\u2020\u009d (Nm 5,11-31). Ser\u00e1 una vez m\u00e1s Jes\u00fas el que ense\u00f1e que la fidelidad obliga bilateralmente tanto al marido como a la mujer: \u2020\u0153El que se separe de su mujer y se case con otra comete adulterio contra la primera; y si la mujer se separa de su marido y se casa con otro comete adulterio\u2020\u009d (Mc 10,11-12).<br \/>\nLa poligamia y el concubinato legal, el repudio de la mujer y la concepci\u00f3n peculiar del adulterio encuentran su explicaci\u00f3n en la preeminencia absoluta de los derechos del clan y de la descendencia sobre los del individuo. Debido a esto mismo, por un lado, las hijas eran excluidas de la herencia para que el patrimonio familiar no corriera peligro de mengua progresiva, y, por otro, en la elecci\u00f3n de esposo para la hija (como, por lo dem\u00e1s, de la esposa para el hijo) interfer\u00ed\u00ada la autoridad del padre o, cuando un marido mor\u00ed\u00ada sin dejar descendientes varones, la ley del levi-rato (Dt 25,5-10).<br \/>\n2197<br \/>\ne) El amor antes y durante el matrimonio.<br \/>\nA pesar de todo, se dan a veces matrimonios espont\u00e1neos propios y verdaderos, ya que es el amor, y no s\u00f3lo por parte del hombre, el que precede, desea y obtiene el matrimonio. El \u00fanico caso en que toma la iniciativa la mujer es el de Mical, la hija menor de Sa\u00fal, que \u2020\u0153se hab\u00ed\u00ada enamorado de David\u2020\u009d y obtuvo del padre casarse con \u00e9l (IS 18,20; IS 18,27). Y tambi\u00e9n despu\u00e9s del matrimonio lo am\u00f3 (y. 28) y lo libr\u00f3 de la muerte (19,11-17). Pero de ordinario la iniciativa part\u00ed\u00ada del hombre. Tal es el caso de Jacob, que se enamora de su \u2020\u0153bella\u2020\u009d prima Raquel (Gn 29,l7-l9)y para poder casarse con ella ofrece servir a Lab\u00e1n durante siete a\u00f1os, \u2020\u0153que le parecieron unos d\u00ed\u00adas; tan grande era el amor que le ten\u00ed\u00ada\u2020\u009d (y. 20); y despu\u00e9s del enga\u00f1o de su suegro Lab\u00e1n acepta servirle durante otros siete a\u00f1os (Vv. 27-28). Tal es el caso de Tob\u00ed\u00adas, que al enterarse de su derecho a casarse con Sara como su pariente m\u00e1s pr\u00f3ximo, \u2020\u0153se enamor\u00f3 de ella\u2020\u009d (Tb 6,19). Pero aunque el matrimonio suele ser normalmente concertado y pactado por los respectivos padres, el hombre y la mujer se aman despu\u00e9s de casados. Isaac \u2020\u0153am\u00f3\u2020\u2122 a Rebeca, que le hab\u00ed\u00ada elegido su padre, Abrah\u00e1n; y as\u00ed\u00ad \u2020\u02dcse consol\u00f3 de la muerte de su madre\u2020\u2122, Sara (Gn 24,67); y en Guerar lo sorprendieron \u2020\u0153acariciando\u2020\u2122 a su esposa (26,8). Aunque pesa sobre \u00e9l la tristeza de la esterilidad de su esposa Ana, Elcan\u00e1 la ama con un amor intenso; ella era su \u2020\u0153preferida\u2020\u2122 (IS 1,5): \u2020\u0153,Por qu\u00e9 est\u00e1s tan triste? \u00bfNo soy yo para ti m\u00e1s que diez hijos?\u2020\u009d (y. 8). El Deu-teronomio dispensa de ir a la guerra tanto al novio (\u2020\u0153que se vuelva a su casa, no sea que muera en el combate y se case otro con su prometida\u2020\u009d:<br \/>\n20,7) como al esposo en el primer a\u00f1o de su matrimonio (\u2020\u02dcquedar\u00e1 libre en su casa para contentar a su mujer\u2020\u009d: 24,5). Algunos episodios de la vida cotidiana nos revelan la afectuosa armon\u00ed\u00ada de pensamientos y deseos que reina en las familias en las que el marido escucha y atiende a su mujer (Gn 2 1,9-14 27,46-<br \/>\n28,5).<br \/>\n2198<br \/>\n2. Sector social.<br \/>\nSi del \u00e1mbito familiar pasamos al social, en el mundo b\u00ed\u00adblico no mejora la situaci\u00f3n de derecho y de hecho de la mujer. Eterna menor de edad, en su ni\u00f1ez est\u00e1 sometida a la plena jurisdicci\u00f3n del padre, y luego a la de su marido; padre y marido que, entre otras cosas, tienen que ratificar al menos t\u00e1citamente los votos pronunciados por ella, as\u00ed\u00ad como invalidarlos cuando quieran (Nm 30,4-17).<br \/>\nEn los tiempos m\u00e1s antiguos la mujer hebrea era bastante libre. Sale de casa sin velo, hace visitas, habla tranquilamente en p\u00fablico con los hombres, va a la fuente por agua, lleva el reba\u00f1o al pasto y al abrevadero, va a espigar detr\u00e1s de los segadores. Por el contrario, en la \u00e9poca helenista y romana se ve sometida, al menos si no pertenece a clases m\u00e1s acomodadas, a restricciones cada vez mayores, que la convierten casi en una reclusa. Tiene prohibido salir sin velo, con la cabeza al descubierto, hilar en medio de la calle, conversar con cualquier persona (Ket\u00fab\u00f3t 7,6). Tiene cerrada la escuela tanto para aprender como para ense\u00f1ar (Sotah 3,4). Sin embargo, no faltan mujeres israelitas que tuvieron una importancia muy notable, para bien o para mal, en la historia civil y religiosa de su pueblo. Despu\u00e9s de atravesar prodigiosamente el mar Rojo, Mar\u00ed\u00ada, la hermana de Mois\u00e9s y Aar\u00f3n, llevada de una exaltaci\u00f3n adivinatoria compone un canto de alabanza a Dios y organiza coros femeninos de danzas (Ex 15,20-21). D\u00e9bora, mujer de Lappidot, es llamada \u2020\u0153juez\u2020\u2122 en cuanto inspirada y apreciada administradora de la justicia (Jc 4,4). Ejercen una influencia nefasta en clave antiyah-vista y filoidol\u00e1trica Jezabel sobre su esposo Ajab y Atal\u00ed\u00ada sobre su esposo Jor\u00e1n y sobre su hijo Ocoz\u00ed\u00adas. Aut\u00e9nticas salvadoras del pueblo son \/ Judit y \/ Ester, hero\u00ed\u00adnas de dos historias edificantes.<br \/>\nDe esta r\u00e1pida evocaci\u00f3n hist\u00f3rica se deduce con evidencia que el mundo antiguo, el de Israel y el de la Iglesia primitiva, no se mostr\u00f3 ni mucho menos inclinado a reconocer a la mujer los derechos que le corresponden. En el \u00e1mbito dom\u00e9stico, eJ car\u00e1cter patriarcal de la familia, con la pr\u00e1ctica en sentido \u00fanico de la poligamia, del repudio y del adulterio, mantuvo a la mujer en un estado de inferioridad. La mujer no logr\u00f3 liberarse de esta situaci\u00f3n, salvo pocas excepciones para bien o para mal, ni siquiera en el \u00e1mbito social. A trav\u00e9s de la pantalla de este contexto hist\u00f3rico ha llegado a nosotros la luz de la revelaci\u00f3n divina, a la que vamos a dedicar ahora nuestra consideraci\u00f3n.<br \/>\n2199<br \/>\nII. OPTICA TEOLOGICA SOBRE LA MUJER.<br \/>\n2200<br \/>\n1. En el AT.<br \/>\nEl estudio del mensaje salv\u00ed\u00adfico contenido en el AT, tanto en la cuesti\u00f3n que nos preocupa ahora como en cualquier otra, no puede prescindir de las ense\u00f1anzas de la Iglesia. Esta, por una parte, considera que los libros del antiguo pacto, \u2020\u0153aunque contienen cosas imperfectas y transitorias, demuestran, sin embargo, una verdadera pedagog\u00ed\u00ada\u2020\u2122. Y por otra, nos exhorta a atender \u2020\u0153con diligencia al contenido y a la unidad de toda la Escritura\u2020\u2122 (DV 15 y 12) [1 G\u00e9nesis; \/ Matrimonio].<br \/>\n2201<br \/>\na) \u2020\u0153A imagen de Dios \u2020\u0153(Gn 1,27). Gen 1 (P) presenta, como ya hab\u00ed\u00ada hecho Gen 2 (J), a la mujer y al hombre antes del pecado, mientras que Gen 3 (J) los describe en la atm\u00f3sfera de la culpa [1 Pentateuco]. En la intenci\u00f3n y en la ejecuci\u00f3n de Dios la especie humana (\u2020\u02dcadam tiene valor colectivo, indica a la mujer como al hombre) es creada a imagen de Dios: \u2020\u0153Hagamos al hombre como (be\u00ed\u00ad es-sentiae) nuestra imagen y semejanza&#8230; Dios cre\u00f3 al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo cre\u00f3\u2020\u009d (Gn 1,26; Gn 1,27). As\u00ed\u00ad pues, la mujer como el hombre es la reproducci\u00f3n pl\u00e1stica y viviente de Dios, que se asemeja a Dios, pero sin identificarse con \u00e9l. Por su conexi\u00f3n \u00ed\u00adntima con el pecado y con la gracia, la expresi\u00f3n \u2020\u0153imagen de Dios\u2020\u009d tiene un car\u00e1cter hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfico. Y debe entenderse en sentido din\u00e1mico, ya que puede debilitarse o intensificarse; y en sentido totalitario, porque se refiere a todo el individuo humano en su aspecto psicof\u00ed\u00adsico en relaci\u00f3n con Dios. Gracias a su comuni\u00f3n con el Creador, el hombre (var\u00f3n y mujer) es el representante de Dios en la tierra, su virrey, su lugarteniente, por sus dotes f\u00ed\u00adsicas y ps\u00ed\u00adquicas, que lo hacen capaz de dominar la naturaleza y la vida. Si 17,2-4.6-7 ve la imagen de Dios en la facultad de la autoconciencia y de la autodeterminaci\u00f3n, que permite someter a la naturaleza. Sg 2,23-24 la descubre en el poder de dominar la vida con la incorruptibilidad, con la inmortalidad bienaventurada con Dios.<br \/>\n2202<br \/>\nb) \u2020\u0153Macho y hembra los cre\u00f3\u2020\u009d (Gn 1,27).<br \/>\nEs interesante la alusi\u00f3n a la diferencia entre los sexos en una p\u00e1gina did\u00e1ctica como Gen 1, estudiada en sus m\u00e1s peque\u00f1os detalles. Esta diferenciaci\u00f3n sexual se enuncia no ya en los t\u00e9rminos socio- psicol\u00f3gicos de hombre (\u2020\u02dc\u00fc) y mujer (\u2020\u02dcissah), sino en los de macho (zakar) y hembra (neqeb\u00e1). As\u00ed\u00ad pues, la bipolaridad sexual forma esencialmente parte del \u2020\u02dcadam. El individuo no existe asexuado; existe como hombre o como mujer. Y esta diversidad de sexos, indica el hagi\u00f3grafo, ha sido creada por Dios y se compagina maravillosamente con el designio \u00f3ptimo de Dios: \u2020\u0153Macho y hembra los cre\u00f3&#8230; Vio Dios todo lo que hab\u00ed\u00ada hecho, y he aqu\u00ed\u00ad que todo estaba bien\u2020\u009d (Gn 1,27; Gn 1,31). DeI hecho deque el \u2020\u02dcadam ha sido querido y creado por Dios sexualmente diferenciado se deduce la perfecta igualdad y la id\u00e9ntica dignidad de la mujer y del hombre. Tanto la mujer como el hombre, en la cima de la creaci\u00f3n, tienen el mandato de someter la tierra y dominar a los animales. Tanto la mujer como el hombre son la imagen de Dios. El hagi\u00f3grafo de Gen 1 ve en primer lugar en la diferencia de los sexos no tanto la relaci\u00f3n interpersonal entre el hombre y la mujer como el significado biol\u00f3gico, es decir, la fecundidad: \u2020\u0153Sed fecundos, multiplicaos y llenad la tierra\u2020\u009d (Gn 1,28).<br \/>\n2203<br \/>\nc) \u2020\u0153De la costilla tomada del hombre\u2020\u009d (Gn 2,22).<br \/>\nLa formaci\u00f3n de la mujer ocupa, junto con las relaciones de los sexos, un lugar privilegiado en Gen 2. M\u00e1s a\u00fan, no hay en toda la Biblia o en las literaturas del antiguo Oriente otro relato tan amplio y tan detallado sobre el origen de la mujer. Para resaltar la dignidad de la mujer, el hagi\u00f3grafo no refiere inmediatamente su venida a este mundo, sino que la dibuja en tres cuadros sucesivos de desarrollo creciente (vv. 18; 19-20; 21-23). A la creaci\u00f3n de la mujer precede una deliberaci\u00f3n divina (y. 18), que no se encuentra para la creaci\u00f3n del hombre (cf y. 7). La creaci\u00f3n de los animales y su in\u00fatil desfile ante el hombre (Vv. 19-20) ense\u00f1an claramente la superioridad de la mujer (y del hombre) sobre las bestias. El tercer cuadro (vv. 21-23) trae en primer lugar la misteriosa creaci\u00f3n de la mujer; este aire de misterio est\u00e1 precisamente garantizado por el sue\u00f1o profundo del hombre (y. 21). La identidad de naturaleza y la igualdad de dignidad de la mujer respecto al hombre, adem\u00e1s de la natural atracci\u00f3n entre los sexos, se ense\u00f1an pl\u00e1sticamente mediante la \u2020\u0153fabricaci\u00f3n\u2020\u009d de la mujer con una costilla del mismo hombre.<br \/>\n\u00bfSe desea resaltar que el hombre es la causa ejemplar de la mujer? \u00bfSe quiere ofrecer un relato etiol\u00f3gico que explique el origen del t\u00e9rmino \u2020\u02dcissah (porque sacada del \u2020\u02dcis), o de la expresi\u00f3n corriente \u2020\u0153mi hueso y mi carne\u2020\u009d, o de la potencia de eros!<br \/>\n2204<br \/>\nd) \u2020\u0153?pa ayuda apropiada\u2020\u009d(Gn 2,18).<br \/>\nEn Gen 1 Dios ve\u00ed\u00ada que cada u\u00f1a de sus obras era \u2020\u0153buena\u2020\u009d. En Gen 2,18 observa que \u2020\u0153no es buena\u2020\u009d la soledad del hombre que acaba de crear. El hombre tiene que vivir en sociedad con otros seres, en comunidad con seres de su misma naturaleza y dignidad. Y la comunidad fundamental es la conyugal. El hombre por s\u00ed\u00ad solo es incompleto. Para completarse e integrarse tiene necesidad de la mujer, \u2020\u0153una ayuda apropiada\u2020\u009d para \u00e9l. Esta expresi\u00f3n alude a la mujer en su totalidad, perfecta contrafigura del hombre, partner del hombre en la comunidad arm\u00f3nica de vida matrimonial, vista bajo todos los aspectos, ps\u00ed\u00adquicos y f\u00ed\u00adsicos. Al contemplar a la mujer que, durante su sue\u00f1o, Dios le hab\u00ed\u00ada formado de su costilla y que ahora, como un amigo de bodas, la conduce hasta \u00e9l para que no est\u00e9 solo, el hombre prorrumpe en un grito gozoso de asombro, reconociendo finalmente en ella a la ansiada alma gemela que puede llenar el vac\u00ed\u00ado que siente en su interior (y. 23). En este car\u00e1cter complementario de la mujer, querido expresamente por Dios y descubierto por el hombre, el hagi\u00f3grafo descubre la raz\u00f3n del abandono de los padres y de la uni\u00f3n de los dos (y. 24). No hay nada tan misteriosamente poderoso como la atracci\u00f3n mutua de los sexos, que induce a renunciar a los v\u00ed\u00adnculos de la familia y de la sangre. A renunciar, por as\u00ed\u00ad decirlo, hasta a s\u00ed\u00ad mismo para formar con el otro en el matrimonio un \u00fanico ser nuevo, \u2020\u0153una sola carne\u2020\u009d, es decir, una sola persona. Tenemos as\u00ed\u00ad una comuni\u00f3n de dos seres que, iguales por su naturaleza, descubren en el otro una diversidad enriquecedora de funciones. Tenemos una comuni\u00f3n personal, que es don rec\u00ed\u00adproco de cuerpo, pero tambi\u00e9n funci\u00f3n de afectos, de sentimientos, de voluntad, de todo el ser de los dos c\u00f3nyuges. En esta comuni\u00f3n cada uno de los esposos se ve perfectamente realizado, ya que s\u00f3lo frente a la mujer se siente el hombre verdaderamente hombre, as\u00ed\u00ad como s\u00f3lo frente al hombre la mujer se siente verdaderamente mujer.<br \/>\n2205<br \/>\ne) \u2020\u0153Se dieron cuenta de que estaban desnudos\u2020\u009d (Gn 3,7).<br \/>\nSeg\u00fan el relato sapiencial y etiol\u00f3gico de Gen 2-3, el mal entr\u00f3 en el mundo por culpa del hombre y de la mujer, que abusaron del terrible don de la libertad. Se trat\u00f3, precisa el hagi\u00f3grafo, de un pecado realizado no en pleno per\u00ed\u00adodo hist\u00f3rico, sino en los or\u00ed\u00adgenes mismos de la historia. No ya por un individuo aislado, sino por un hombre y una mujer, por la pareja inicial. El objeto del pecado es poder disponer aut\u00f3nomamente del bien y del mal moral para alcanzar la felicidad. Dios hab\u00ed\u00ada prohibido ese \u2020\u0153conocimiento\u2020\u009d, que significa un desconocimiento del car\u00e1cter creatural del hombre. Los primeros padres sintieron la tentaci\u00f3n de adquirirlo para ser como seres divinos, cuya voluntad es la norma \u00e9tica del bien y del mal. Dios reconoce que el hombre y la mujer lo usurparon con el pecado, considerando como bien el mal y como mal el bien, con lo que cayeron en la infelicidad. Con semejante usurpaci\u00f3n sacudieron su dependencia de Dios, lo borraron de su propia vida. Y no s\u00f3lo eso, sino tambi\u00e9n de la vida del otro. Y ocuparon en la vida del otro el lugar de Dios, de ese Dios a quien habr\u00ed\u00adan debido reconocer como generoso donante de su compa\u00f1ero y como piedra angular de la uni\u00f3n entre ellos dos. El efecto de semejante abuso fue la infelicidad de los primeros padres, privados ahora de la armon\u00ed\u00ada que les hac\u00ed\u00ada sentirse a cada uno de ellos en sinton\u00ed\u00ada con Dios, consigo mismo y con el otro partner, adem\u00e1s de con todo lo creado. \u2020\u0153Se dieron cuenta de que estaban desnudos\u2020\u009d(Gn 3,7). El pudores un freno psicol\u00f3gico a todo cuanto se advierte instintivamente como asechanza contra la libre expresi\u00f3n de la propia personalidad. Antes del pecado el hombre y la mujer no sent\u00ed\u00adan verg\u00fcenza de su desnudez porque, en plena comuni\u00f3n de amor, no se sent\u00ed\u00adan hostiles o simplemente extra\u00f1os el uno a la otra. Despu\u00e9s del pecado, sin embargo, su amor gozoso y sereno se enturbia y se entristece, corrompi\u00e9ndose en un af\u00e1n ciego de posesi\u00f3n ego\u00ed\u00adsta, por un lado, y, por otro, en una imposici\u00f3n desp\u00f3tica de la voluntad del m\u00e1s fuerte (Gn 3,16).<br \/>\n2206<br \/>\nf) \u2020\u0153Me casar\u00e1 contigo para siempre\u2020\u009d (Os 2,21).<br \/>\nEn los comienzos de la historia, Dios hab\u00ed\u00ada fijado a los hombres, seg\u00fan J y P, un ideal nupcial, roto m\u00e1s tarde por el pecado de la pareja. \u00c2\u00a1Oseas y, despu\u00e9s de \u00e9l, Jerem\u00ed\u00adas, Ezequiel, el Segundo y el Tercer Isa\u00ed\u00adas, proponen otro ideal, un aut\u00e9ntico arquetipo infinitamente superior al primero, que tiene por protagonista al mismo Yhwh y que ser\u00e1 alcanzado plenamente s\u00f3lo en los \u00faltimos tiempos de la historia. Se trata del simbolismo esponsal, que presenta en clave matrimonial las relaciones entre Yhwh e Israel.<br \/>\nComparada con la imagen de la \u00c2\u00a1 alianza, la del matrimonio Yhwh-lsrael introduce una carga de amor y de ternura en lo que pod\u00ed\u00ada parecer una relaci\u00f3n meramente jur\u00ed\u00addica. Amor como don de s\u00ed\u00ad mismo del esposo, que m\u00e1s que tener quiere dar; amor vehemente, que conoce el hero\u00ed\u00adsmo de la constancia, de la fidelidad a toda prueba y de la clemencia pronta al perd\u00f3n, pero sin ignorar al mismo tiempo la pena de los celos. Amor voluble de la esposa, que sucumbe demasiado f\u00e1cilmente a las tentaciones de la traici\u00f3n. Amor de los dos esposos que al final exulta por la reconciliaci\u00f3n ofrecida por el esposo y que hace m\u00e1s fuerte y m\u00e1s pura la comuni\u00f3n interpersonal destinada-a no disolverse ni ofuscarse jam\u00e1s. El simbolismo conyugal de los profetas, seg\u00fan el cual la esposa representa a la humanidad entera ardientemente amada por Yhwh, no puede menos de suponer y de confirmar el alto aprecio en que Israel ten\u00ed\u00ada a la mujer. As\u00ed\u00ad como la suponen y confirman Si\u00f3n, simbolizada en una parturienta (Is 66.7) o en la madre de los pueblos SaI 87,5), la sabidur\u00ed\u00ada, personificada en una mujer (Pr 8,1-9; Pr 6; Si 24), y, sobre todo, Yhwh mismo, a quien se le aplica la imagen de la madre (Is 49,15; Is 66,13; SaI 131,2; Si 4,10).<br \/>\n2207<br \/>\ng) \u2020\u0153La profetisa Juld\u00e1\u2020\u009d (2R 22,14).<br \/>\nExcluidas del sacerdocio, las mujeres no quedan marginadas de la comunidad sagrada de Israel, sino que participan de su vida religioso-cultual celebrando fiestas, ofreciendo sacrificios, haciendo votos, compartiendo la alegr\u00ed\u00ada del banquete sacrificial en el santuario. Algunas de ellas prestan servicio a la entrada de la tienda de la reuni\u00f3n (Ex 38,8; IS 2,22) o para confeccionar y guardar los ornamentos sagrados, o bien porque se han consagrado a una vida de intensa piedad o, m\u00e1s probablemente, para tomar parte activa en el culto con la m\u00fasica, los cantos, las danzas y las procesiones. Adem\u00e1s, la Biblia hebrea les da a cinco mujeres el nombre de \u2020\u0153profetisas\u2020\u009d (nebi\u2020\u2122ah). Adem\u00e1s de las ya mencionadas Mar\u00ed\u00ada, hermana de Mois\u00e9s (Ex 15,20), y D\u00e9bora (Jc 4,4), se habla de la falsa profetisa Noad\u00ed\u00adas, contra la cual invoca Nehe-m\u00ed\u00adas en su oraci\u00f3n la ley del tali\u00f3n (Ne 6,14); de la esposa de Isa\u00ed\u00adas (Is 8,4), y de Juld\u00e1 2R 22,14). Esposa del guardarropa del templo Sal\u00fan y contempor\u00e1nea de Jerem\u00ed\u00adas, Juld\u00e1 goz\u00f3 ciertamente de un aut\u00e9ntico ca-risma prof\u00e9tico en tiempos de la reforma religiosa de Jos\u00ed\u00adas. El carisma prof\u00e9tico seguir\u00e1 inspirando a las mujeres tambi\u00e9n en la edad mesi\u00e1ni-ca, seg\u00fan JI 3,1-2.<br \/>\n2208<br \/>\nh) \u2020\u0153Mi amado es m\u00ed\u00ado y yo soy suya\u2020\u009d (Ct 2,16).<br \/>\nEn la poes\u00ed\u00ada del \/ Cant se pueden distinguir, expresados en tonalidades distintas, los tres aspectos de la sexualidad humana: el amor-pasi\u00f3n, el matrimonio y la fecundidad. Espont\u00e1nea y totalmente independiente, la comuni\u00f3n de los dos j\u00f3venes esposos no tolera coacciones externas. Mientras acogen con ojos So\u00f1adores el fresco dinamismo vital de la breve primavera de Palestina, los dos j\u00f3venes saborean casi en toda su vasta gama crom\u00e1tica los gozos y los tormentos de la pasi\u00f3n de amor. Se extas\u00ed\u00adan ante la belleza del cuerpo del otro, y para celebrar sus gracias evocan montes y lagos, flora y fauna, metales y minerales. Se ven destrozados por la pena de la lejan\u00ed\u00ada y por la angustia de la b\u00fasqueda, dos temas predilectos de todas las canciones de amor. Con alusiones muy p\u00fadicas de elevada poes\u00ed\u00ada revelan el ansia de gozar de los placeres del coraz\u00f3n y de los sentidos y anhelan la comuni\u00f3n plena que da y recibe sin reservas. Por tres veces la esposa, con variaciones apenas perceptibles (2,16; 6,9; 7,11), gnta el gozoso exclusivismo de la pertenencia de amor de \u00e9l a ella (\u2020\u02dcmi amado es m\u00ed\u00ado\u2020\u2122, \u2020\u0153\u00e9l me est\u00e1 anhelando\u2020\u2122) y de ella a \u00e9l (\u2020\u02dcyo soy de mi amado\u2020\u2122, \u2020\u0153yo soy para \u00e9l\u2020\u009d): aqu\u00ed\u00ad resulta clar\u00ed\u00adsima la dignidad de la mujer y su perfecta igualdad con el hombre, adem\u00e1s de la unicidad de su amor. A esta unicidad va unida la perennidad: la esposa suplica al amado que la considere totalmente y siempre suya, puesto que ella, a semejanza del sello que el esposo lleva en su coraz\u00f3n, sede de los pensamientos, y en su brazo, s\u00ed\u00admbolo de la acci\u00f3n, quiere pensar y obrar como piensa y obra \u00e9l. Y descubre en el amor, que resiste incluso las mayores desventuras, la vehemencia de la muerte que todo lo vence, la tenacidad de la ultratumba que no se deja arrebatar la presa, el ardor del rayo que nada ni nadie consigue apagar (8,6-7).<br \/>\nComo se ve, filtrado a lo largo de los siglos a trav\u00e9s del prisma de las condiciones socio-culturales de Israel, el pensamiento divino sobre la mujer y sobre el matrimonio ha llegado a una de sus revelaciones m\u00e1s ilustres en el Cant. Es aqu\u00ed\u00ad donde, dentro de la l\u00f3gica de la alianza de Yhwh con Israel, encuentra pleno reconocimiento la igualdad de la mujer y del hombre y completa valoraci\u00f3n la relaci\u00f3n interpersonal de los esposos, que en perfecta paridad conduce, dentro del desarrollo arm\u00f3nico de su ser, a la total integraci\u00f3n de los sexos. Estamos frente a una serena concepci\u00f3n del matrimonio, que, bas\u00e1ndose en la experiencia hist\u00f3rica del pueblo elegido, se refleja en el pasado para revivir la perfecci\u00f3n del para\u00ed\u00adso que le hab\u00ed\u00ada concedido el Creador, y se proyecta en el futuro para lograr aquella perfecci\u00f3n ideal que, fijada por el redentor de Israel con la alianza del Sina\u00ed\u00ad, s\u00f3lo ser\u00e1 posible en los tiempos de la nueva y eterna alianza.<br \/>\n2209<br \/>\ni) Conclusi\u00f3n.<br \/>\nAs\u00ed\u00ad pues, es notablemente rica la ense\u00f1anza inspirada en el AT sobre la mujer. La mujer es, en su aspecto psico-f\u00ed\u00adsico, la reproducci\u00f3n viva de Dios, y por tanto es capaz de someter la naturaleza y la vida mediante la autodeterminaci\u00f3n y el don de la inmortalidad bienaventurada. El ser sexuada forma parte integrante de su personalidad. La mujer posee la misma naturaleza y la misma dignidad del hombre, de quien es compa\u00f1era en la arm\u00f3nica comunidad matrimonial y social en general. Con el pecado, del que no es ni m\u00e1s ni menos responsable que su compa\u00f1ero, ella desconoce su car\u00e1cter creatural, enturbiando la limpidez de las relaciones interpersonales con el otro sexo. El simbolismo esponsal Yhwh-lsrael la llama a perseguir un ideal de pareja infinitamente superior al primero, y en parte ya realizado en el encanto del amor del Cant. En el \u00e1mbito religioso-cultual de Israel se le neg\u00f3 el sacerdocio, pero tuvo incluso el carisma de la profec\u00ed\u00ada en el sentido m\u00e1s pleno de la palabra; y, como es sabido, el profeta en el antiguo Israel estaba por encima de los reyes y de los mismos sacerdotes.<br \/>\n2210<br \/>\n2. En el NT.<br \/>\n2211<br \/>\na) \u2020\u0153Eunucos que a s\u00ed\u00ad mismos se hicieron tales\u2020\u009d (Mt 19,12).<br \/>\nJes\u00fas acab\u00f3 con una de las causas principales de marginaci\u00f3n de la mujer, es decir, la mentalidad de que su destino biol\u00f3gico y su funci\u00f3n social consisten exclusivamente en ser esposa y madre. Es capital la importancia que el antiguo mundo jud\u00ed\u00ado atribu\u00ed\u00ada al matrimonio, del que ninguna persona pod\u00ed\u00ada sustraerse sin atentar, entre otras cosas, incluso contra la consolidaci\u00f3n y la perpetuidad de la raza de Israel y de su propia familia. Tampoco en el mundo grecorromano hab\u00ed\u00ada nada tan obvio como el matrimonio. De esta lpy \u2020\u0153insoslayable\u2020\u009d libera Jes\u00fas al hombre, y sobre todo a la mujer, a la que el mundo antiguo consideraba como nacida precisamente y s\u00f3lo para dar a luz hijos y educarlos. Situ\u00e1ndolo en su justa perspectiva, presenta el estado conyugal no como realidad suprema, \u00faltima, sino como algo transitorio. En el mundo futuro, que seguir\u00e1 a la resurrecci\u00f3n de los muertos, el matrimonio no tendr\u00e1 ya raz\u00f3n de ser, dado que estar\u00e1 completo el n\u00famero de los elegidos: \u2020\u0153En la resurrecci\u00f3n ni los hombres ni las mujeres se casar\u00e1n\u2020\u2122 Mt 22,30). El celibato por motivos religiosos era totalmente excepcional en el judaismo ortodoxo y en el mundo grecorromano. Sin embargo, Jes\u00fas proclama: \u2020\u0153Hay eunucos que a s\u00ed\u00ad mismos se hicieron tales por el reino de Dios. El que sea capaz de hacer esto, que lo haga!\u2020\u009d (Mt 19,12). El reino de Dios ha irrumpido en la historia y llama a los hombres y a las mujeres a ponerse improrrogablemente a su servicio. La plena disponibilidad a los intereses del reino requiere una condici\u00f3n de vida, el celibato, que s\u00f3lo unos pocos tienen la capacidad de captar, valorar y seguir, los \u00fanicos a los que Dios concede ese carisma particular.<br \/>\n2212<br \/>\nb) \u2020\u0153Las prostitutas entraran antes\u2020\u009d (Mt 21,31).<br \/>\nJes\u00fas demuestra adem\u00e1s que la mujer es espiritual-mente mayor de edad. Es capaz como el hombre, y a veces m\u00e1s que \u00e9l, de arrepentirse, de convertirse, de creer, de comportarse seg\u00fan las rigurosas exigencias \u00e9ticas de Jes\u00fas, de amar y de prodigarse por \u00e9l y por Dios. Las meretrices estaban marginadas de la comunidad santa de Israel y vilipendiadas como la personificaci\u00f3n misma del pecado. Sin embargo, Jes\u00fas tiene el coraje de ense\u00f1ar que ellas entran en el reino de Dios, mientras que quedan marginados de ese reino precisamente los jefes espirituales del pueblo, venerados como personificaci\u00f3n de la santidad. Y esto porque las prostitutas tuvieron fe en el Bautista y, acogiendo sus llamadas a la penitencia, se convirtieron, traducienda en la realidad de su vida las ense\u00f1anzas del profeta. Los fariseos, por el contrario, y las dem\u00e1s personas piadosas y religiosas por antonomasia no creyeron en Juan, no aceptaron su predicaci\u00f3n, no se arrepintieron ni se encaminaron por el sendero de la justicia a pesar de haber visto la conversi\u00f3n de aquella gente despreciada por ellos (Mt 21,31-32). En Lc 7,36-50 Jes\u00fas exalta una vez m\u00e1s la generosa conversi\u00f3n de una prostituta, mientras que pone de relieve la reserva distanciada de un representante de la santidad jud\u00ed\u00ada. \u2020\u0153Si ama mucho es porque se le han perdonado sus muchos pecados\u2020\u009d Lc 7,47): la pecadora demuestra un gran amor agradecido, como resulta de las exuberantes manifestaciones de veneraci\u00f3n a Jes\u00fas, con el cual, por el contrario, el fariseo Sim\u00f3n, que le hab\u00ed\u00ada invitado, no ha tenido ning\u00fan gesto extraordinario de cortes\u00ed\u00ada. Al realizar a distancia el milagro de la curaci\u00f3n de la hija pose\u00ed\u00adda, despu\u00e9s de haber rechazado por dos veces la petici\u00f3n de su madre, Jes\u00fas elogia la grandeza de la fe de la mujer pagana, que se adhiere con generosidad a la voluntad de Dios sin querer otra cosa que lo que Dios quiere: \u2020\u0153Oh mujer, qu\u00e9 grande es tu fe!\u2020\u009d (Mt 15,28).<br \/>\n2213<br \/>\nc) \u2020\u0153Le acompa\u00f1aban los doce y algunas mujeres \u2020\u0153(Lc 8,1-2).<br \/>\nJes\u00fas no tiene en cuenta para nada los convencionalismos y las normas humillantes de la segregaci\u00f3n de la mujer. Lo mismo que con los hombres, habla p\u00fablicamente con las mujeres, aunque sean paganas, como la siro-fenicia(Mc 7,24-30), o se las considera her\u00e9ticas e iguales a los paganos, como la samaritana (Jn 4,6-27). Permiti\u00f3 incluso que Mar\u00ed\u00ada de Magdala y las dem\u00e1s disc\u00ed\u00adpulas galileas le siguieran y le sirvieran durante su actividad apost\u00f3lica (Lc 8,1-3)y no lo abandonaran en las horas \u00faltimas y m\u00e1s tr\u00e1gicas de su vida mortal. Resucitado de entre los muertos, se apareci\u00f3 primero a las que hab\u00ed\u00adan sido testigos de su muerte y sepultura para hacerlas testigos y \u2020\u0153evangelistas\u2020\u009d de su resurrecci\u00f3n ante los ap\u00f3stoles. Considerando, adem\u00e1s, alas mujeres capaces de ocuparse y de preocuparse del reino de Dios, Jes\u00fas, al contrario de ciertos rabinos de su tiempo, se guarda mucho de considerar in\u00fatil o inconveniente entretenerse en comunicarles los misterios de Dios. En Jn, la samaritana es una de las pocas personas que Jes\u00fas catequiz\u00f3 individualmente. Y con \u00e9xito, ya que a la fe parcial e imperfecta del escriba y<br \/>\nsanedrita Nicodemo (Jn 3,1-15) se opone late sincera y activa de la mujer de S\u00ed\u00adcar (4,1-42). En la casa de Betania, a diferencia de su hermana Mar\u00ed\u00ada, Mar\u00ed\u00ada se olvida de todo, preocupada tan s\u00f3lo de no perder ni una sola palabra del maestro, hu\u00e9sped suyo. Y Jes\u00fas la presenta a ella, una mujer, como el ideal del disc\u00ed\u00adpulo, as\u00ed\u00ad como su hermana Mar\u00ed\u00ada encarna en Jn 11,21-27 el ideal del creyente. En efecto, con absoluta decisi\u00f3n se adhiere a la ense\u00f1anza que Jes\u00fas le reserva en el estilo autorizado de la autorrevelaci\u00f3n poco antes de resucitar a su hermano L\u00e1zaro. Y pronuncia su profesi\u00f3n de fe: \u2020\u0153S\u00ed\u00ad, Se\u00f1or, yo creo que t\u00fa eres el mes\u00ed\u00adas, el Hijo de Dios que ten\u00ed\u00ada que venir al mundo\u2020\u2122 (Jn 11,27).<br \/>\n2214<br \/>\nd) \u2020\u0153No hay hombre ni mujer\u2020\u009d (Ga 3,28).<br \/>\nPara salvarse, proclama Pablo, basta la fe, que hace a todos iguales en Cristo, abrogando todos los antiguos privilegios. \u2020\u0153No hay (ya) jud\u00ed\u00ado ni griego, no hay (ya) esclavo ni libre, no hay (ya) hombre ni mujer, pues todos vosotros sois uno en Cristo Jes\u00fas\u2020\u009d (Ga 3,28). Con el bautismo los cristianos han alcanzado la dignidad de hijos adoptivos de Dios al aceptar la fe. De este modo quedan transformados ontol\u00f3gicamente en Cristo, participando de su ser. Son una sola persona en Cristo. Los varones no ocupan ya un puesto de favor junto con los jud\u00ed\u00ados y con los hombres libres. Ni las mujeres se ven confinadas, junto con los paganos y los esclavos, a un puesto de segunda categor\u00ed\u00ada.<br \/>\nIgualmente el matrimonio, por ejemplo, lleva consigo una perfecta paridad de derechos y de deberes. Quedan situados en la misma l\u00ed\u00adnea el d\u00e9bito conyugal del marido y el de la mujer; el dominio (que no es ni mucho menos sin\u00f3nimo de libertinaje o de licencia sexual, sino s\u00f3lo de una serena comuni\u00f3n de posesi\u00f3n) del marido sobre el cuerpo de la mujer est\u00e1 en la misma l\u00ed\u00adnea que el dominio de la mujer sobre el cuerpo del marido (1Co 7,3-4). Tambi\u00e9n la continencia matrimonial, que no puede durar largo tiempo y que debe proponerse con una finalidad santa, tiene que ser libremente escogida y programada por ambos c\u00f3nyuges ico 7,5). Adem\u00e1s, le est\u00e1 prohibido tanto a la mujer separa rse del marido como al marido repudiar a la mujer (1Co 7,10-11).<br \/>\n2215<br \/>\ne) \u2020\u0153La mujer que ora o profetiza \u2020\u0153(1Co 11,5).<br \/>\nLa abolici\u00f3n en Cristo de todos los privilegios y discriminaciones no se limita al matrimonio. En la Iglesia de los or\u00ed\u00adgenes se conoce a las cuatro hijas solteras del \u2020\u0153evangelista\u2020\u2122 Felipe, que ten\u00ed\u00adan \u2020\u0153el don de profec\u00ed\u00ada\u2020\u009d (Hch 21,9). Por su parte, Pablo advierte que el Esp\u00ed\u00adritu derrama la exuberancia de sus dones tambi\u00e9n sobre las mujeres. Y admite que en el curso de las asambleas lit\u00fargicas act\u00faen con plena libertad y dignidad mujeres profetisas y orantes. Las profetisas transmitir\u00e1n revelaciones divinas a los creyentes, edificando, exhortando, consolando. Las orantes transmitir\u00e1n el Esp\u00ed\u00adritu, dirigi\u00e9ndose en alta voz a Dios con salmos, c\u00e1nticos espirituales, bendiciones y acciones de gracias (1Co 11,5). En Rom 16 y Ph 4,2-3, Pablo menciona a algunas de sus colaboradoras ministeriales. En primer lugar, Febe, \u2020\u0153diaconisa\u2020\u009d (di\u00e1konos) y \u2020\u0153ayudante\u2020\u009d o protectora (pr\u00f3stetis). Luego Pris-ca, emprendedora e intr\u00e9pida colaboradora del ap\u00f3stol; Mar\u00ed\u00ada, Trife-na, Trifosa y P\u00e9rsida, \u2020\u0153que tanto han trabajado en la obra del Se\u00f1or\u2020\u009d; Ju-nia, \u2020\u0153ap\u00f3stol\u2020\u009d (apost\u00f3los) valiente de la primera hora; Evodia y S\u00ed\u00adntique, compa\u00f1eras y colaboradoras de Pablo.<br \/>\n2216<br \/>\nf) Conclusi\u00f3n.<br \/>\nAs\u00ed\u00ad pues, con Jes\u00fas se asiste a una aut\u00e9ntica revoluci\u00f3n respecto a la mujer. Esta puede en adelante elegir libremente el celibato por el reino, sin verse obligada ya a casarse a toda costa. En el matrimonio monog\u00e1mico e indisoluble se ven reconocidos sus derechos y deberes iguales a los de su compa\u00f1ero. Es considerada como espiritual-mente mayor de edad y demuestra, a veces m\u00e1s que el hombre, su capacidad de arrepentimiento, de conversi\u00f3n y de fe. Liberada de la segregaci\u00f3n humillante, trata p\u00fablicamente con Jes\u00fas, que le comunica los misterios del reino, la admite en su seguimiento y la hace testigo de su resurrecci\u00f3n ante los ap\u00f3stoles. Seg\u00fan san Pablo, que sigue las huellas de Jes\u00fas, la mujer, en virtud de la transformaci\u00f3n ontol\u00f3gica realizada en Cristo, deja de ser un individuo de segunda clase. En el matrimonio es equiparada al hombre en cuanto al d\u00e9bito que hay que prestar o suspender temporalmente y en cuanto a la prohibici\u00f3n de separarse del c\u00f3nyuge. Puede gozar del carisma de la profec\u00ed\u00ada comunicando las revelaciones divinas y ofreciendo a los fieles reunidos en asamblea la edificaci\u00f3n, la exhortaci\u00f3n y el consuelo, adem\u00e1s de la transmisi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu de Dios como orante. Colabora con Pablo en la obra fatigosa de evangelizaci\u00f3n, incluso en calidad de \u2020\u0153ap\u00f3stol\u2020\u009d.<br \/>\n2217<br \/>\nIII. TEXTOS MISOGINOS.<br \/>\nEn contraste con la praxis, las ideas y la mentalidad del mundo antiguo, decididamente antifeminista, la ense\u00f1anza inspirada del AT y del NT, v\u00e1lida y obligatoria para todos los tiempos y todos los lugares, se dirige a la re-valorizaci\u00f3n de la dignidad de la mujer. Sin embargo, con frecuencia se extrapolan de la Biblia algunos pasajes que tienen, o parecen tener, cierto timbre mis\u00f3gino. Conviene examinarlos con atenci\u00f3n.<br \/>\n2218<br \/>\n1. AT: POR LA MUJER COMENZO el pecado\u2020\u009d (Si 25,24).<br \/>\nEn la tragedia del Ed\u00e9n es a la mujer a la que se dirige la serpiente, es ella la primera en comer del fruto prohibido, es ella la que induce al hombre a violar el precepto divino, es ella a la que se castiga con una pena m\u00e1s dura que la del hombre, ya que la hiere en su naturaleza \u00ed\u00adntima de mujer. Todo esto hace concluir a algunos que en el drama del para\u00ed\u00adso la mujer fue m\u00e1s culpable que el hombre; m\u00e1s a\u00fan, que la mujer fue la que introdujo en el mundo el pecado y la que caus\u00f3 la ruina del hombre.<br \/>\nLa raz\u00f3n del papel que se le hace representar a la mujer en el para\u00ed\u00adso parece, sin embargo, que debe buscarse en la historia de Israel, en la que se inspir\u00f3 el hagi\u00f3grafo para dictar su p\u00e1gina sapiencial. En la historia de su pueblo encontraba \u00e9l al herc\u00faleo Sans\u00f3n debilitado por culpa de Dalila, al piadoso David homicida y ad\u00faltero debido a su amor por Bet-sab\u00e9, al sabio Salom\u00f3n pervertido en su coraz\u00f3n y rebelde contra la voluntad de Yhwh por culpa de sus mujeres extranjeras de las que \u2020\u0153se enamor\u00f3\u2020\u009d (IR 11,2). Precisamente la tragedia de Salom\u00f3n fue la que debi\u00f3 venirle a la mente con m\u00e1s insistencia al hagi\u00f3grafo que describ\u00ed\u00ada la tragedia de Ad\u00e1n. Ad\u00e1n, como el hijo de David, era sabio: \u00bfacaso no hab\u00ed\u00ada impuesto su nombre -y precisamente el m\u00e1s adecuado- a los animales y a la mujer? Por consiguiente, no pod\u00ed\u00ada -por exigencias de gui\u00f3n- ser enga\u00f1ado por la serpiente, aunque \u00e9sta fuera \u2020\u0153el m\u00e1s astuto de todos los animales. El enga\u00f1o y la seducci\u00f3n de la serpiente s\u00f3lo pod\u00ed\u00adan hacer presa en la mujer, poco precavida e ingenua. La imprevisi\u00f3n y la ingenuidad, como es l\u00f3gico, no significan carencia o mediocridad de inteligencia, como si la mujer estuviera menos dotada que el hombre. Se trata de notas morales, por las cuales la persona poco previsora falla a veces en la atenci\u00f3n y precauci\u00f3n debidas, y la ingenua se siente inclinada habitualmente a poner su confianza en los otros.<br \/>\n2219 2. NT:<br \/>\n2220<br \/>\na) \u2020\u0153Que lleve velo\u2020\u009d (1Co 11,6).<br \/>\nNo es rara la acusaci\u00f3n apresurada de antifeminismo que se lanza contra el ap\u00f3stol Pablo, culpable de haber impuesto el velo y el silencio a las participantes en las asambleas lit\u00fargicas y de haber recurrido a justificaciones que parecen lesionar la dignidad de la mujer y cerrar los ojos ante su igualdad con el hombre en el plano tanto natural como cristiano. En cuanto a la cuesti\u00f3n del velo de 1 Co 11,2-16, Pablo escribe: \u2020\u0153Y la mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta deshonra al marido, que es su cabeza, exactamente igual que si se la hubiera rapado. Por tanto, si una mujer no quiere llevar velo, que se corte el pelo al cero. Y si es vergonzoso para una mujer cortarse el pelo o raparse la cabeza, que lleve velo(vv. 5-6). Proclamando el derecho de la mujer a orar en voz alta o a profetizar dentro de la comunidad reunida en oraci\u00f3n, el ap\u00f3stol sabe que va contra las ideas y las pr\u00e1cticas religiosas jud\u00ed\u00adas. En las cuestiones que no afectan a la esencia de la novedad cristiana, act\u00faa, sin embargo, con mayor tolerancia. Para no chocar con la susceptibilidad de los judeo-cristianos presentes ciertamente en su Iglesia de Corinto, as\u00ed\u00ad como tambi\u00e9n para proteger el decoro y la dignidad de las cristianas ante los paganos y los jud\u00ed\u00ados, ordena a las corintias que se cubran la cabeza cuando toman parte en las reuniones lit\u00fargicas de la comunidad. Al dar esta norma es muy probable que haya tenido presentes, quiz\u00e1 exclusivamente, las costumbes de las jud\u00ed\u00adas y de las judeo-cristianas de su tiempo. En efecto, las mujeres griegas y las romanas iban generalmente con la cabeza descubierta. En cuanto a los cabellos, por el contrario, las mujeres del mundo antiguo los llevaban largos y cuidadosamente peinados. As\u00ed\u00ad pues, cuando habla de los cabellos de las mujeres, Pablo piensa en las costumbres de todo el mundo antiguo, grecorromano y jud\u00ed\u00ado. Pero cuando ordena llevar velo, prefiere seguir las costumbres judeo-cristianas para no parecer un cr\u00ed\u00adtico a ultranza.<br \/>\n2221<br \/>\nb) \u2020\u0153La cabeza de la mujeres el hombre\u2020\u009d (1Co 11,3).<br \/>\n\u2020\u0153Quiero que sep\u00e1is que la cabeza de todo hombre es Cristo; que la cabeza de la mujer es el hombre, y la cabeza de Cristo, Dios\u2020\u009d (y. 3). La autoridad que tiene el hombre, es decir, el marido, cabeza de la mujer, es decir, de la esposa, no supone una superioridad de naturaleza o de dignidad. Tiene solamente un car\u00e1cter funcional. Pablo tiene ante los ojos la situaci\u00f3n socio-cultural concreta de su tiempo. En el mundo greco-romano (y m\u00e1s o menos tambi\u00e9n en el mundo helenista) y en el jud\u00ed\u00ado, la mujer con los hijos est\u00e1 sometida al marido, cabeza indiscutible de la familia, estructurada de forma patriarcal. El ap\u00f3stol no piensa en discutir las estructuras sociales del mundo en que vive, porque- sabe que todas las cosas, toda la sociedad, est\u00e1 jerarquizada. As\u00ed\u00ad, por-ejemplo, \u2020\u0153todo es vuestro; vosotros, de Cristo, y Cristo, de Dios\u2020\u009d ico 3,22-23). En la escala de valores viene en primer lugar Dios Padre, luego Cristo, luego los cristianos, luego todo lo dem\u00e1s. Si todo est\u00e1 jerarquizado, no es extra\u00f1o que tambi\u00e9n lo est\u00e9 para Pablo la sociedad familiar de su tiempo.<br \/>\n2222<br \/>\nc) \u2020\u0153La mujer procede del hombre&#8230;; la mujer para el hombre\u2020\u009d (1 Corll,8-9).<br \/>\nSi nos quedamos en los vers\u00ed\u00adculos 8-9, no parece demasiado brillante el personaje de la mujer. Su origen ser\u00ed\u00ada el hombre; su raz\u00f3n de ser, el hombre, ya que la mujer se deriva de \u00e9l y ha sido creada para \u00e9l. Sin embargo, con los vers\u00ed\u00adculos 11-12 Pablo rectifica y completa su pensamiento. Es verdad que la mujer fue sacada del hombre en el alba de la creaci\u00f3n, y por tanto la prioridad le correspondi\u00f3 al hombre. Pero tambi\u00e9n es verdad que desde aquel d\u00ed\u00ada el hombre viene al mundo por medio de la mujer, y por tanto la prioridad es ahora de \u00e9sta. En resumen, si la mujer es un ser incompleto que no puede prescindir del hombre, tambi\u00e9n el hombre es un ser incompleto que no puede prescindir de la mujer. En otras palabras, cambiando la frase en forma positiva, la mujer est\u00e1 hecha para el hombre y el hombre para la mujer. Por consiguiente, hay perfecta igualdad de naturaleza y de dignidad entre los dos sexos y es evidente su complementariedad tanto en el plano natural como en el cristiano (vv. 11 el2c: \u2020\u0153en el Se\u00f1or\u2020\u009d y \u2020\u0153todo v-iene de Dios\u2020\u009d), que ha descubierto de nuevo y actualizado el orden de la creaci\u00f3n. Por eso est\u00e1 totalmente equivocada cierta traducci\u00f3n de 11,10: \u2020\u0153La mujer tiene que llevar una se\u00f1al de dependencia (exous\u00ed\u00ada) sobre la cabeza\u2020\u009d. Exous\u00ed\u00ada indica m\u00e1s bien, en todo el NT, un poder ejercido, no padecido; evoca a la persona investida de autoridad, no al subdito sometido a esa autoridad. Entonces, tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad exous\u00ed\u00ada debe tener un valor activo. El velo -dice Pablo- es el signo de la potestad, de la autoridad, de la idoneidad de que goza la mujer. Igual al hombre por naturaleza y dignidad, la mujer cristiana no es una menor de edad, ni siquiera en el terreno religioso. La se\u00f1al y el distintivo de este nuevo poder y capacidad ser\u00e1 el velo, que ella debe llevar sobre la cabeza seg\u00fan la costumbre jud\u00ed\u00ada yjudeo-cristiana.<br \/>\n2223<br \/>\nd) \u2020\u0153No est\u00e1 bien que la mujer hable en la asamblea\u2020\u009d(lCo 14,34).<br \/>\nEs la edificaci\u00f3n la que tiene que regular en la asamblea el uso de los carismas de la glosolalia y de la profec\u00ed\u00ada. En concreto, Pablo establece que tanto los que hablan en lenguas como los profetas hablen s\u00f3lo dos o tres, y uno detr\u00e1s de otro. Adem\u00e1s, \u2020\u0153si no hay int\u00e9rprete (para los que hablan en lenguas), que se guarde silencio en la asamblea\u2020\u009d (y. 28); y, del mismo modo, que \u2020\u0153si uno que est\u00e1 sentado tiene una revelaci\u00f3n, que se calle el que est\u00e1 hablando\u2020\u009d (y. 30).<br \/>\nAs\u00ed\u00ad pues, por su af\u00e1n de comprender y de profundizar en el mensaje de los int\u00e9rpretes de las lenguas y de los profetas, las corintias pod\u00ed\u00adan sentirse impulsadas a intervenir hablando en las asambleas. Pablo lo prohibe, invit\u00e1ndDIAS a preguntar m\u00e1s bien en casa a sus maridos. Son diversas las razones que indujeron al ap\u00f3stol a dar estas normas. En primer lugar, por la norma vigente en el mundo de entonces, tanto jud\u00ed\u00ado como pagano, seg\u00fan la cual \u2020\u0153no est\u00e1 bien que la mujer hable en la asamblea\u2020\u009d (14,35). Luego, por la pr\u00e1ctica judeo-cristiana vigente en las Iglesias siropa-lestinas, que impon\u00ed\u00ada silencio a las mujeres en las reuniones de culto (vv. 33b.36a). Finalmente, por la necesidad de proteger el orden en una iglesia como la de Corinto, que por la opulencia de los dones divinos corr\u00ed\u00ada el peligro de transformar sus asambleas sagradas en reuniones alborotadas y ruidosas de exaltados. Esta misma preocupaci\u00f3n es la que obliga a Pablo a dictar tambi\u00e9n severas limitaciones a los que hablaban en lenguas y a los profetas en el contexto de la edificaci\u00f3n comunitaria (vv. 26ss). Como las mujeres estaban entonces muy atrasadas culturalmente, sus preguntas aclaratorias y sus interrogantes habr\u00ed\u00adan interrumpido in\u00fatilmente varias veces la discusi\u00f3n, poniendo obst\u00e1culos a una edificaci\u00f3n m\u00e1s amplia y provechosa de toda la comunidad.<br \/>\n2224<br \/>\ne) \u2020\u0153Que las mujeres sean sumisas a sus maridos \u2020\u0153(Ef5,22).<\/p>\n<p>En el c\u00f3digo familiar que regula las relaciones entre los c\u00f3nyuges, Pablo exhorta en dos ocasiones a las mujeres a que sean sumisas a sus maridos, lo cual parece lesionar la dignidad de la mujer. Lo que pasa es que, desde el punto de vista filol\u00f3gico, el verbo griego hypot\u00e1ss\u00f3 no evoca coacci\u00f3n, imposici\u00f3n, sino que sugiere la aceptaci\u00f3n libre y voluntaria del orden jer\u00e1rquico propio de la familia patriarcal de los tiempos de Pablo. De aqu\u00ed\u00ad las muchas traducciones o par\u00e1frasis que se han sugerido: ocupad el lugar que os corresponde, reconoced la autoridad del marido, dejaos guiar por \u00e9l, aceptad sus disposiciones. Recu\u00e9rdese adem\u00e1s que la exhortaci\u00f3n paulina est\u00e1 inserta en el tema de la uni\u00f3n esposal entre Cristo, y la Iglesia. Por eso se le dirige a la mujer la invitaci\u00f3n a someterse al marido \u2020\u0153como al Se\u00f1or\u2020\u009d (y. 22), \u2020\u0153como la Iglesia est\u00e1 sujeta a Cristo\u2020\u009d (y. 24). De manera semejante, se le recomienda al marido amar a su esposa \u2020\u0153como Cristo am\u00f3 a la Iglesia\u2020\u009d (y. 25), que la alimente y la cuide \u2020\u0153como hace Cristo con la Iglesia\u2020\u009d (y. 29). Estos cuatro como no tienen \u00fanicamente un valor comparativo, sino tambi\u00e9n causal. En otras palabras, la mujer tiene que estar sometida al marido, no s\u00f3lo a semejanza de la Iglesia, que est\u00e1 sometida a Cristo, sino tambi\u00e9n porque la Iglesia est\u00e1 sometida a Cristo. De la misma forma, tambi\u00e9n el marido tiene que amar a su esposa, alimentarla y cuidar de ella no s\u00f3lo a semejanza de lo que Cristo hizo y sigue haciendo con la Iglesia, sino tambi\u00e9n porque Cristo lo hizo as\u00ed\u00ad con la Iglesia. Por consiguiente, la uni\u00f3n esponsal de Cristo y de la Iglesia no es solamente el modelo, el ejemplar, el tipo que los esposos tienen que reproducir, sino tambi\u00e9n el fundamento de su modo de comportarse. De manera que, al someterse al esposo, la mujer participa de la gracia de la sumisi\u00f3n de la Iglesia a Cristo, as\u00ed\u00ad como al amar a su esposa el marido participa de la gracia del amor de Cristo a la Iglesia. As\u00ed\u00ad pues, lejos de herir la dignidad femenina, este trozo de Ep eleva a la mujer a s\u00ed\u00admbolo de la Iglesia y de la humanidad entera frente a Dios y su Cristo.<br \/>\n2225<br \/>\n3. Conclusi\u00f3n.<br \/>\nLa acusaci\u00f3n de misoginia que se ha lanzado contra algunos pasajes de la Biblia no tiene, por tanto, ninguna consistencia real, puesto que reflejan o bien los lugares comunes presentes en todas las literaturas del mundo o bien la situaci\u00f3n socio-cultural de la \u00e9poca. Es evidente que en estos casos no se trata ni de juicios ni de normas que vinculen a los creyentes de todos los tiempos o de todos los lugares.<br \/>\nComo se ha visto, el mensaje b\u00ed\u00adblico, especialmente del NT, es liberador respecto a la mujer. Surge entonces la pregunta: \u00bfC\u00f3mo lo ha recibido la Iglesia durante los veinte siglos de su historia? En algunos aspectos, la Iglesia ha seguido las huellas de Jes\u00fas yendo contracorriente; en otros casos se tiene la impresi\u00f3n de que no siempre ha logrado liberarse de ciertos condicionamientos androc\u00e9ntri-cos del ambiente. Ha ense\u00f1ado incansablemente que la mujer est\u00e1, por naturaleza, dignidad y destino, en el mismo plano que el hombre. No ha dejado de exaltar el estado virginal, consagrado y no consagrado. Ha reconocido a la mujer el derecho a optar libremente por la virginidad o por el matrimonio, y de elegir a su compa\u00f1ero de vida en la uni\u00f3n sacramental monog\u00e1mica e indisoluble. Pero por otra parte, aun estimulando y apreciando la actividad m\u00faltiple de la mujer en la vida eclesial, parece ser que no siempre ha reconocido la igualdad de poderes y de funciones entre la mujer y el hombre. En resumen, se tiene la sensaci\u00f3n de que en el sector de las responsabilidades dentro de la comunidad cristiana la mujer ha sido considerada a veces m\u00e1s bien complementaria que part-ner, a todos los efectos, del hombre. Pero gracias al Vat. II se advierte hoy un giro positivo en lo que concierne a los ministerios concedidos a la mujer. En muchos pa\u00ed\u00adses se les ha confiado a las mujeres por mandato del obispo el ejercicio de la caridad a trav\u00e9s de obras sociales, la predicaci\u00f3n de la palabra de Dios como catequistas e incluso la direcci\u00f3n de comunidades alejadas de los centros parroquiales. [&#8230;]<br \/>\n2226<br \/>\nBIBL.: Adinolfi M., llfemminismo della Bib-bia, Ed. Antonianum, Roma 1981 (con ampl\u00ed\u00adsima bibliograf\u00ed\u00ada);<br \/>\nAubertJ.M., La mujer, Her-der, Barcelona 1976; Augustinovich ?., La mujer como problema, Caracas<br \/>\n1975; Barsotti D., Le donne deIl\u2020\u2122Alleanza. Da Eva a Mar\u00ed\u00ada e alia Chiesa sposa di Cristo, Gribaudi, Tur\u00ed\u00adn<br \/>\n1967; Barth K., Vomo e donna, Gribaudi, Tur\u00ed\u00adn 1969; Boff L., El rostro materno de Dios, Paulinas, Madrid<br \/>\n19855; Id, Eclesiog\u00e9nesis, Ps Terrae, Santander 19844; Dumas M., Las mujeres en la Biblia, Paulinas,<br \/>\nMadrid 1987; Evdokimov P., La mujeryla salvaci\u00f3n del mundo, Sig\u00faeme, Salamanca 19802; Gelin ?.,<br \/>\nHommes etfemmes de la Bible, Ligel, Par\u00ed\u00ads 1962; Id, El hombre seg\u00fan la Biblia, Madrid 1970; Grelot P., La<br \/>\npareja humana en la Sagrada Escritura, Madrid 1969; Joannes F.V. (dir.), Crisi dell\u2020\u2122antifemmi-nismo,<br \/>\nMondadori, Mil\u00e1n 1973; Koehler L., The Hebrew Man, Londres 1956; Leipoldt G., Die Frau in derantiken<br \/>\nWelt und im Urchristen-lum, Leipzig 1954; Maertens T., Lapromotion de la femme dans la Bible,<br \/>\nCasterman, Par\u00ed\u00ads 1967; Montagnini F., Adamo, dove sei? Linee di antropolog\u00ed\u00ada teol\u00f3gica, Cittadella, As\u00ed\u00ads<br \/>\n1975; Riber M., La mujer en la Biblia, Ed. Paulinas, Madrid 1970; Rondet H., El\u00e9ments pour une th\u00e9ologie de la femme, en \u2020\u0153N RT\u2020\u009d 89 (1957) 915-940; Schelkle K. H., Der Geist und dic Braut. Frauen in der Bibel, Dusseldorf 1977; Stein E., La donna. II suo compito secondo la natura e la grazia, Ed. Paoline, Roma 1969; Stendhal K., The Bible andthe Role of Women. A Case Studyin Hermeneutics, Filadelfia 1966; Tischler N.M., LegacyofEve. Women of the Bible, Atlanta 1977; Tosato ?., ?! matrimonio israel\u00ed\u00adtico. Una teor\u00ed\u00ada gen\u00e9rale, Roma 1982 (con amplia bibliograf\u00ed\u00ada); Vinatier J., La femme. Parole de Dieu et avenir de l\u2020\u2122homme, Par\u00ed\u00ads 1972.<br \/>\nM. Adinolfi<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Cat\u00f3lico de Teolog\u00eda B\u00edblica<\/b><\/p>\n<p><ishshah (hV;ai , 802), \"mujer; esposa; prometida; novia; cada una\". El vocablo tiene cognados en ac\u00e1dico, ugar\u00ed\u00adtico, arameo, ar\u00e1bigo y et\u00ed\u00adope. Aparece unas 781 veces en hebreo b\u00ed\u00adblico y en todos los per\u00ed\u00adodos de la lengua. El t\u00e9rmino se\u00f1ala a cualquier persona del sexo femenino, sin tener en cuenta edad o si es virgen o no. De esta manera, se correlaciona con \"hombre\" (<ish): \"Esta ser\u00e1 llamada Mujer, porque fue tomada del hombre\" (Gen 2:23 rva). Este es su significado la primera ves que se usa: \"Y de la costilla que Jehov\u00e1 Dios tom\u00f3 del hombre [<adam], hizo una mujer, y la trajo al hombre\" (Gen 2:22). Lo que se destaca aqu\u00ed\u00ad es \"ser mujer\" y no su papel en la familia. El \u00e9nfasis en el papel de una \"mujer o esposa\" en la familia se encuentra en pasajes como Gen 8:16  \"Sal del arca t\u00fa, tu mujer, y tus hijos y las mujeres de tus hijos contigo\". Un matiz especial de \"esposa\" indica la \"mujer\" bajo la autoridad y protecci\u00f3n del hombre. Subraya las relaciones de la familia como ente legal y social: \"Abram tom\u00f3 a Sarai su mujer, a Lot su sobrino y todos los bienes que hab\u00ed\u00adan acumulado\" (Gen 12:5). En Lam 2:20 <ishshah es sin\u00f3nimo de \"madre\": \"\u00bfHan de comer las mujeres el fruto de sus entra\u00f1as, los peque\u00f1itos a su tierno cuidado?\" En Gen 29:21 (cf. Deu 22:24) el significado parece ser \"novia\" o \"prometida\": \"Entonces Jacob dijo a Lab\u00e1n: Entr\u00e9game mi mujer para que conviva con ella, porque mi plazo se ha cumplido\". En Ec 7.26 (rva) se usa el vocablo con el significado gen\u00e9rico de \"mujer\" en t\u00e9rminos generales o para referirse al sexo \"femenino\": \"Y yo he hallado m\u00e1s amarga que la muerte a la mujer que es una trampa\" (cf. Gen 31:35). Son contadas las veces que el vocablo se refiere a animales: \"De todo animal limpio toma contigo siete parejas, el macho y su hembra; pero de los animales que no son limpios solo una pareja, el macho y su hembra\" (Gen 7:2). El t\u00e9rmino tambi\u00e9n se puede usar en sentido figurado, seg\u00fan una antigua costumbre semita; \"mujeres\", con sentido peyorativo, es una forma de burlarse de guerreros y h\u00e9roes extranjeros, insinuando que son d\u00e9biles, afeminados y cobardes: \"En aquel d\u00ed\u00ada los egipcios ser\u00e1n como mujeres, pues temblar\u00e1n y temer\u00e1n ante el movimiento de la mano de Jehov\u00e1 de los Ej\u00e9rcitos\" (Isa 19:16). En algunos pasajes <ishshah significa \"cada una\" o \"todas\": \"Cada mujer pedir\u00e1 a su vecina y a la que habita en su casa\" (Exo 3:22 rva; cf. Am 4.3). Este matiz tiene un uso especial en pasajes como Jer 9:20, donde, conjuntamente con reu\u00ed\u2020t (\"vecino\"), quiere decir \"una\" mujer: \"Escuchad, oh mujeres, la palabra de Jehov\u00e1; reciba vuestro o\u00ed\u00addo la palabra de su boca. Ense\u00f1ad lamentos a vuestras hijas; cantos f\u00fanebres, cada una a su compa\u00f1era\".<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Vine Antiguo Testamento<\/b><\/p>\n<p>1. gune (gunhv, 1135), v\u00e9ase tambi\u00e9n bajo el ep\u00ed\u00adgrafe CASADA. Se utiliza de mujeres tanto solteras como casadas (p.ej., Mat 11:11; 14.21; Luk 4:26), de una viuda (Rom 7:2); en el caso vocativo, utilizado para dirigirse a una mujer, no es un t\u00e9rmino de reproche ni de severidad, sino de cari\u00f1o o respeto (Mat 15:28); tambi\u00e9n en Joh 2:4, donde las palabras del Se\u00f1or a su madre en las bodas de Can\u00e1 no son ni de reprensi\u00f3n ni de rechazo. La pregunta es, \u00ab\u00bfY qu\u00e9 a m\u00ed\u00ad y a ti?\u00bb, y el t\u00e9rmino \u00abmujer\u00bb, en sentido cari\u00f1oso, sigue a esto. El significado es, \u00abNo tenemos ninguna obligaci\u00f3n, ni t\u00fa ni yo, pero el amor suplir\u00e1 la necesidad\u00bb. Ella conf\u00ed\u00ada en El, y El responde a la fe de ella. Hab\u00ed\u00ada benignidad en ambos corazones. Las palabras que siguen acerca de \u00absu hora\u00bb son apropiadas a ello; no le eran desconocidas. Can\u00e1 se encuentra en el camino al Calvario; el Calvario no hab\u00ed\u00ada llegado a\u00fan, pero hizo posible el comienzo de las se\u00f1ales. V\u00e9ase tambi\u00e9n 4.21 y 19.26. En Gl 4.4 la frase \u00abnacido de mujer\u00bb concuerda con el tema que all\u00ed\u00ad se toca, esto es, la verdadera humanidad del Se\u00f1or Jes\u00fas; es a esto que dan testimonio las palabras usadas. Declaran el m\u00e9todo de su encarnaci\u00f3n y \u00absugieren los medios por los cuales aquella humanidad qued\u00f3 exenta de la mancha de pecado consiguiente a la ca\u00ed\u00adda, esto es, que El no naci\u00f3 a trav\u00e9s del proceso natural de generaci\u00f3n ordinaria, sino que fue concebido por el poder del Esp\u00ed\u00adritu Santo \u2020\u00a6 Haber escrito \u00abnacido de una virgen\u00bb hubiera conducido el argumento a una direcci\u00f3n err\u00f3nea \u2020\u00a6 Ya que el hecho de que el hombre nace de mujer es universal, esta afirmaci\u00f3n ser\u00ed\u00ada superflua si el Se\u00f1or Jes\u00fas no fuera m\u00e1s que hombre\u00bb (de Notes on Galatians, por Hogg y Vine, pp. 184 y ss.). 2. gunaikeios (gunaikei`o\u00bb, 1134), adjetivo que denota femenino, se utiliza como nombre en 1Pe 3:7  \u00abmujer\u00bb.\u00c2\u00b6 3. thelus (qhvlu\u00bb, 2338), hembra, mujer. Se traduce \u00abmujer\u00bb (Rom 1:26,27; Gl 3.28); v\u00e9ase HEMBRA. Notas: (1) En Joh 19:25 se usa el art\u00ed\u00adculo para denotar \u00abla mujer\u00bb en la frase, lit. \u00abla de Cleofas\u00bb; en Mat 1:6 se traduce asimismo el art\u00ed\u00adculo como \u00abla que fue mujer\u00bb, lit. \u00abla de Ur\u00ed\u00adas\u00bb; (2) el verbo gameo, \u00abcasarse\u00bb, se traduce \u00abhab\u00ed\u00ada tomado por mujer\u00bb (Mc 6.17); v\u00e9ase CASAR(SE), A, N\u00c2\u00ba 1, etc.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Vine Nuevo testamento<\/b><\/p>\n<p>v\u00e9ase Marido<\/p>\n<p>AA. VV., Vocabulario de las ep\u00ed\u00adstolas paulinas, Verbo Divino, Navarra, 1996<\/p>\n<p><b>Fuente: Vocabulario de las Ep\u00edstolas Paulinas<\/b><\/p>\n<p>El lugar que ocupaba la mujer entre los jud\u00ed\u00ados era superior al que le daba habitualmente el mundo oriental antiguo; estaba determinado por la fe de Israel en el Dios creador. Sin embargo, la verdadera situaci\u00f3n de la mujer s\u00f3lo fue revelada con la venida de Cristo; en efecto, si seg\u00fan el orden de la creaci\u00f3n, la mujer se realiza siendo esposa y madre, en el orden de la nueva creaci\u00f3n puede tambi\u00e9n realizarse por la virginidad.<\/p>\n<p>AT. ESPOSA Y MADRE. 1. En el para\u00ed\u00adso terrenal. Los sexos son un dato fundamental de la naturaleza humana: \u00abel *hombre fue creado como \u00abvar\u00f3n y hembra\u00bb (G\u00e9n 1,27). Esta f\u00f3rmula abreviada del redactor sacerdotal supone el relato yahvista, en el que se expone la doble misi\u00f3n de la mujer con relaci\u00f3n al hombre.<\/p>\n<p>La mujer, a diferencia de los animales, tomada de lo m\u00e1s \u00ed\u00adntimo de Ad\u00e1n, tiene la misma naturaleza que \u00e9l: tal es la comprobaci\u00f3n del hombre delante de la criatura que Dios le presenta. Adem\u00e1s, Ad\u00e1n, respondiendo al designio divino de darle \u00abuna ayuda, semejante a \u00e9l\u00bb (2,18),se reconoce en ella; al nombrarla se da un *nombre a s\u00ed\u00ad mismo: ante ella, \u00e9l no es ya sencillamente Ad\u00e1n: \u00e9l es \u00bf1, y ella, i\u00fcah. En el plano de la *creaci\u00f3n, la mujer completa al hombre, haci\u00e9ndolo su esposo. Esta relaci\u00f3n hubiera debido mantenerse perfectamente igual en la diferencia, pero el pecado la desnaturaliz\u00f3 sometiendo la esposa a su marido (3,16).<\/p>\n<p>La mujer no s\u00f3lo da principio a la vida de sociedad ; es tambi\u00e9n la *madre de todos los vivientes. Al paso que numerosas religiones asimilan f\u00e1cilmente la mujer a la *tierra, la Biblia la identifica m\u00e1s bien con la *vida: la mujer es, seg\u00fan el sentido de su nombre de naturaleza, Eva, \u00abla viviente\u00bb (3,20). Si por causa del pecado no transmite la vida sino a trav\u00e9s del *sufrimiento (3,16), sin embargo, triunfa de la muerte facilitando la perpetuidad de la raza; y para mantenerse en esta esperanza sabe que un d\u00ed\u00ada su posteridad aplastar\u00e1 la cabeza de la serpiente, que es el enemigo hereditario (3,15).<\/p>\n<p>2. En la historia sagrada. Mientras llega este d\u00ed\u00ada bendito, la misi\u00f3n de la mujer queda limitada. Desde luego, en casa sus derechos parecen igualar a los del hombre, por lo menos respecto a los hijos, a los que ella *educa; pero la *ley la mantiene en segundo rango. La mujer no participa oficialmente en el *culto; aunque tambi\u00e9n pueda regocijarse p\u00fablicamente durante las fiestas (Ex 2,16; Dt 12,12; Jue 21,21; 2Sa 6), sin embargo, no ejerce funci\u00f3n sacerdotal; la esposa est\u00e1 incluso autorizada a dedicarse a las ocupaciones dom\u00e9sticas el d\u00ed\u00ada del s\u00e1bado (Ex 20,8ss). Fuera del culto pone la ley mucho empe\u00f1o en proteger a la mujer, sobre todo en su esfera propia, la vida : \u00bfno es ella misma la presencia de la vida *fecunda ac\u00e1 abajo (p. e., Dt 25, 5-10)? El hombre debe respetarla en su ritmo de existencia (Lev 20,18); hasta tal punto la respeta que le exige un ideal de fidelidad en el matrimonio, al que \u00e9l mismo no se sujeta.<\/p>\n<p>En el transcurso de la historia de la alianza, ciertas mujeres desempe\u00f1aron una misi\u00f3n importante, tanto para el bien copio para el mal. Las mujeres extranjeras desviaron el coraz\u00f3n de Salom\u00f3n hacia sus dioses (lRe 11,1-8; cf. Ecl 7,26; Eclo 47, 19); Jezabel revela el poder de una mujer sobre la religi\u00f3n y la moral de su esposo (lRe 18,13; 19,1s; 21,25s). La mujer parece disponer a su arbitrio de la vida religiosa que ella no ejerce oficialmente en el culto. Al rev\u00e9s, al lado de estos ejemplos nos hallamos con las mujeres de los patriarcas que muestran su laudable entusiasmo por la *fecundidad. Tenemos tambi\u00e9n a las hero\u00ed\u00adnas: mientras les est\u00e1 vedado el acceso al culto, el esp\u00ed\u00adritu de Yahveh invade a algunas de ellas, transform\u00e1ndolas al igual que a los hombres en profetisas, mostrando que su sexo no es un obst\u00e1culo para la irrupci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu: as\u00ed\u00ad Miriam (Ex 15,20s), D\u00e9bora y Yael (Jue 4,4-5,31), Huida (2Re 22,14-20).<\/p>\n<p>3. En la reflexi\u00f3n de los sabios. Raras, pero no menos tiernas, son las m\u00e1ximas sobre las mujeres atribuidas a mujeres (Prov 31,1-9); el retrato b\u00ed\u00adblico de la mujer est\u00e1 firmado por hombres; si no es siempre halag\u00fce\u00f1o, no se puede decir que sus autores sean mis\u00f3ginos. La severidad del hombre para con la mujer es el precio de la necesidad que tiene de ella. As\u00ed\u00ad describe su sue\u00f1o: \u00abhallar una mujer es hallar la felicidad\u00bb (Prov 18,22), es tener \u00abuna ayuda semejante a s\u00ed\u00ad mismo\u00bb, un apoyo s\u00f3lido, una cerca para sus posesiones, un nido contra la invitaci\u00f3n al extrav\u00ed\u00ado (Eclo 36,24-27); es hallar, adem\u00e1s de la fuerza masculina que le hace orgulloso, la gracia personificada (Prov 11,16); pero \u00bfqu\u00e9 decir si tal mujer es adem\u00e1s valiente (Prov 12,4; 31,10-31)?<\/p>\n<p>Mas el hombre que tiene experiencia teme la fragilidad esencial de su compa\u00f1era. La belleza no basta (Prov 11,22); es incluso peligrosa cuando se une con la astucia en una Dalila (Jue 14,15ss; 16,4-21), cuando seduce al hombre sencillo (Eclo 9,1-9; cf. G\u00e9n 3,6). Las hijas dan no pocas preocupaciones a sus padres (Eclo 42,9ss); el hombre que se permite no pocas libertades fuera de la mujer de sus a\u00f1os j\u00f3venes (cf. Prov 5,15-20), teme la versatilidad de la mujer, su propensi\u00f3n al adulterio (Eclo 25,13-26,18); deplora que la mujer se muestre vanidosa (Is 3,16-24), \u00ab*loca\u00bb (Prov 9,13-18; 19,14; 11, 22), pendenciera, desapacible y moh\u00ed\u00adna (Prov 19,13; 21,9.19; 27,15s).<\/p>\n<p>No habr\u00ed\u00ada que limitar a estos cuadros de costumbres la inteligencia que los sabios ten\u00ed\u00adan de la mujer. Esta es, en efecto, *figura de la *sabidur\u00ed\u00ada divina (Prov 8,22-31); manifiesta adem\u00e1s la *fuerza de Dios, que se sirve de instrumentos d\u00e9biles para procurar su gloria. Ya Ana magnificaba al se\u00f1or de los humildes (ISa 2); Judit muestra, como una profetisa en funciones, que todos pueden contar con la protecci\u00f3n de Dios; su belleza, su prudencia, su habilidad, su valor y su castidad en la viudez hacen de ella un tipo cabal de la mujer seg\u00fan el designio de Dios en el AT.<\/p>\n<p>NT. VIRGEN, ESPOSA Y MADRE. Este retrato, por bello que sea, no confiere todav\u00ed\u00ada a la mujer su soberana dignidad. La oraci\u00f3n cotidiana del jud\u00ed\u00ado lo dice todav\u00ed\u00ada hoy con ingenuidad: \u00abSeas bendito, Dios nuestro, poi no haberme hecho gentil, ni mujer, ni ignorante\u00bb, mientras que la mujer se resigna: \u00abLoado seas, Se\u00f1or, por haberme creado seg\u00fan tu voluntad.\u00bb En efecto, s\u00f3lo Cristo consagra la dignidad de la mujer.<\/p>\n<p>1. Aurora de la redenci\u00f3n. Esta consagraci\u00f3n tuvo lugar el d\u00ed\u00ada de la Anunciaci\u00f3n. El Se\u00f1or quiso nacer de una mujer (G\u00e1l 4,4). *Mar\u00ed\u00ada, virgen y madre, realiza en s\u00ed\u00ad misma el voto femenino de la *fecundidad; al mismo tiempo revela y consagra el deseo, hasta entonces inhibido, de la *virginidad, asimilada a una *esterilidad vergonzosa. En Mar\u00ed\u00ada se encarna el ideal de la mujer, pues ella dio nacimiento al pr\u00ed\u00adncipe de la vida. Pero, al paso que la mujer de ac\u00e1 abajo est\u00e1 expuesta a contentarse con admirar la vida corporal que dio al m\u00e1s bello de los hijos de los hombres, Jes\u00fas revel\u00f3 que hay una maternidad espiritual, fruto producido por la virginidad de la fe (Lc 11,28s). A trav\u00e9s de Mar\u00ed\u00ada la mujer puede convertirse en s\u00ed\u00admbolo del alma creyente. As\u00ed\u00ad se comprende que Jes\u00fas consienta en dejarse *seguir por santas mujeres (Lc 8,Iss), en tomar como ejemplo a v\u00ed\u00adrgenes fieles (Mt 25,1-13) o en confiar una *misi\u00f3n a mujeres (In 20,17). Se comprende que la Iglesia naciente se\u00f1ale el puesto y la misi\u00f3n desempe\u00f1ada por numerosas mujeres (Act 1,14; 9,36.41; 12, 12; 16,14s). Desde ahora las mujeres, y especialmente las viudas, son llamadas a colaborar en la obra de la Iglesia.<\/p>\n<p>2. En Cristo Jes\u00fas. Esta participaci\u00f3n supone que se haya descubierto una nueva dimensi\u00f3n de la mujer: la *virginidad. As\u00ed\u00ad Pablo elabor\u00f3 una teolog\u00ed\u00ada de l\u00e1 mujer, mostrando en qu\u00e9 sentido se supera y se consagra la divisi\u00f3n de los sexos. \u00abYa no hay hombre ni mujer: todos sois uno en Cristo Jes\u00fas\u00bb (G\u00e1l 3,28); en cierto sentido queda abolida la distinci\u00f3n de los sexos, como las divisiones de orden racial o social. Se puede anticipar la existencia celestial, la vida ang\u00e9lica de que hablaba Jes\u00fas (Mt 22,30); pero s\u00f3lo la fe puede justificarla. Aunque Pablo mantiene juiciosamente que \u00abvale m\u00e1s casarse que abrasarse\u00bb (ICor 7,9), exalta, sin embargo, el *carisma de la virginidad; llega hasta a contradecir al G\u00e9nesis que dec\u00ed\u00ada: \u00abno es bueno que el hombre est\u00e9 solo\u00bb (G\u00e9n 2,18; ICor 7, 26): los j\u00f3venes de ambos sexos pueden mantenerse v\u00ed\u00adrgenes si son llamados. As\u00ed\u00ad una nueva distinci\u00f3n entre casados y v\u00ed\u00adrgenes corona la primera entre hombre y mujer. La fe y la vida celestial hallan en la virginidad vivida un tipo concreto de existencia, en que el alma se adhiere sip espasmos a su Se\u00f1or (7,35). Para realizar su vocaci\u00f3n la mujer no debe necesariamente ser esposa o madre; puede mantenerse virgen de coraz\u00f3n y de cuerpo.<\/p>\n<p>Este ideal de la virginidad que desde ahora puede la mujer fijar y realizar, no suprime la condici\u00f3n normal del *matrimonio (1Tim 2,15), pero aporta un valor de compensaci\u00f3n, como el *cielo equilibra y sit\u00faa a la tierra. Finalmente, una :\u00ed\u00adltima profundizaci\u00f3n : la relaci\u00f3n natural hombre\/mujer est\u00e1 fundada en la relaci\u00f3n Cristo\/Iglesia. La mujer es el correspondiente, no sencillamente de Ad\u00e1n, sino de Cristo, y entonces representa a la *Iglesia (Ef 5,22ss).<\/p>\n<p>3. La mujer y la Iglesia. Aun cuando haya sido abolida por la fe la divisi\u00f3n de los sexos, \u00e9sta renace a lo largo de la existencia y se impone en la vida concreta de la Iglesia. Del orden que existe en la creaci\u00f3n deduce Pablo dos de los comportamientos de la mujer. La mujer debe llevar velo en la asamblea del culto, expresando por este s\u00ed\u00admbolo que su dignidad cristiana no la ha emancipado de su dependencia frente a su marido (lCor 11,2-16), ni del segundo rango que todav\u00ed\u00ada ocupa en la ense\u00f1anza oficial: la mujer no debe \u00abhablar\u00bb en la Iglesia, es decir, no debe *ense\u00f1ar (lCor 14,34; cf. ITim 2,12); tal es el \u00abmandamiento del Se\u00f1or\u00bb recibido por Pablo (1Cor 14,37). Pero Pablo no niega a la mujer la posibilidad de *profetizar (11, 5), puesto que, como en el AT, el Esp\u00ed\u00adritu no conoce la distinci\u00f3n de los sexos. La mujer, velada y silenciosa en el culto a fin de que sea mantenido el debido \u00aborden\u00bb, es por otra parte estimulada a dar *testimonio en casa con una \u00abvida casta y llena de respeto\u00bb (lPe 3,1s; 1Tim 2,9s); y cuando, ya viuda, ha llegado a una edad avanzada que la preserva de retrocesos, desempe\u00f1a una misi\u00f3n importante en la comunidad cristiana (lTim 5,9).<\/p>\n<p>En fin, el Apocalipsis magnifica a \u00abla mujer\u00bb coronada de estrellas, aquella que da a luz al hijo var\u00f3n y que se ve perseguida en el desierto por el drag\u00f3n, pero que debe triunfar de \u00e9l por su progenitura (Ap 12). Esta mujer es en primer lugar la Iglesia, nueva Eva que da nacimiento al *cuerpo de Cristo; luego, seg\u00fan la interpretaci\u00f3n tradicional, es *Mar\u00ed\u00ada misma; finalmente, se puede ver tambi\u00e9n en ella el prototipo de la mujer, de la que toda mujer desea \u00ed\u00adntimamente ser.<\/p>\n<p>-> Esposo &#8211; Fecundidad &#8211; Matrimonio &#8211; Mar\u00ed\u00ada &#8211; Madre &#8211; Esterilidad &#8211; Virginidad.<\/p>\n<p>LEON-DUFOUR, Xavier, Vocabulario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, Herder, Barcelona, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Vocabulario de las Ep\u00edstolas Paulinas<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\">El t\u00e9rmino gen\u00e9rico \u00abhombre\u00bb incluye a la mujer, Pero como una creaci\u00f3n individual de Dios, fue formada aparte del hombre (Gn. 2:21\u201324). A causa de este orden de creaci\u00f3n, la Biblia asigna el liderazgo (1 Co. 11:7\u20139) y la autoridad (1 Ti. 3:12\u201313) al hombre. El gobierno le es dado al hombre como resultado de la ca\u00edda (Gn. 3:16).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el juda\u00edsmo, la posici\u00f3n de la mujer era mucho mejor de la que era en las civilizaciones griega y romana. En la antigua Grecia la mujer era considerada inferior al hombre. Las esposas llevaban vidas de reclusi\u00f3n, pr\u00e1cticamente de esclavitud. La <em>hetairai<\/em> disfrutaba de una mayor libertad de movimiento pero no ten\u00eda los derechos o el status de los hombres. Las mujeres de Macedonia recibieron mayor libertad, pero s\u00f3lo la disfrutaba una minor\u00eda. En la sociedad romana, las mujeres disfrutaban de m\u00e1s libertad, aunque no legal, que las griegas; pero el libertinaje y la laxitud moral fueron desenfrenadas. En la sociedad hebrea la mujer ten\u00eda poca posici\u00f3n legal (cf. Gn. 31:14\u201315; Nm. 27:1\u20138), pero su status era de dignidad, especialmente en el hogar. Los hijos eran la responsabilidad especial de la madre (Ex. 20:12; 21:15; Lv. 19:3; Pr. 1:8; 6:20; 20:20; 30:11, 17). En los convenios que Dios hac\u00eda inclu\u00eda a \u00abtoda la gente\u00bb (incluyendo a las mujeres, Ex. 19:11). Las mujeres participaban en las ceremonias religiosas (Dt. 12:12, 18; 14:26; 16:11, 14), pod\u00edan tomar parte en las ofrendas (Lv. 6:29; 10:14), y puede que habr\u00edan formado un tipo de \u00abcoro del templo\u00bb (Esd. 2:65; Neh. 7:67; cf. Heinrich Ewald, <em>The History of Israel<\/em>, Longmans, Green, and Co., Londres, 1878, p. 285).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El cristianismo trajo una revoluci\u00f3n en cuanto a la posici\u00f3n de la mujer, siendo la Virgen Mar\u00eda el punto de cambio (Lc. 1:48). Jes\u00fas ense\u00f1\u00f3 a las mujeres y recibi\u00f3 su ayuda y apoyo financiero (Mt. 28:1; Lc. 8:3; 10:38\u201342; 23:56; Jn. 4). En la vida de la iglesia primitiva, las mujeres se encuentran entre los primeros creyentes (Hch. 12:12; Fil. 4:2). Algunas, como Priscila y Febe, fueron l\u00edderes sobresalientes. Sin embargo, el NT no les permite un liderazgo en el culto p\u00fablico, asign\u00e1ndoles subordinaci\u00f3n y dependencia. La raz\u00f3n para esta restricci\u00f3n es la diferencia de naturaleza (1 Co. 14:34; 1 Ti. 2:13\u201314). A las diaconisas no se les reconoce como grupo hasta el siglo tercero, habiendo surgido \u00e9stas probablemente del grupo de las viudas, el cual era prominente en los dos primeros siglos (1 Ti. 5). A trav\u00e9s de todo este per\u00edodo, el \u00e9nfasis era a\u00fan sobre la dignidad de la mujer en el hogar (Ef. 5).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">BIBLIOGRAF\u00cdA<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>The Ministry of Women<\/em> (SPCK, Londres, 1919); C.C. Ryrie, <em>The Place of Women in the Church<\/em>; F. Zerbst, <em>The Office of Woman in the Church<\/em>; L. Zscharnack, <em>Der Dienst der Frau in den ersten Jahrhunderten der christilichen Kirche<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Charles C. Ryrie<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\"><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\"><\/a>Harrison, E. F., Bromiley, G. W., &amp; Henry, C. F. H. (2006). <em>Diccionario de Teologi\u0301a<\/em> (410). Grand Rapids, MI: Libros Desafi\u0301o.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Teolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p><p style='text-align:justify;'><span lang=ES style=''>(heb. <\/span><span style=''>&#722;i\u0161\u0161\u00e2<\/span><span lang=ES style=''>, gr. <\/span><span style=''>gyn&#275;<\/span><span lang=ES style=''>). La mujer, con el hombre, fue creada \u201ca imagen de Dios\u201d: \u201cvar\u00f3n y hembra los cre\u00f3\u201d (Gn. 1.27). Ella es la colaboradora del hombre (Gn. 2.20). (* <span style='text-transform:uppercase'>Eva<\/span> )<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Por las leyes heb. vemos que se deb\u00eda honrar a la madre (Ex. 20.12), temerle (Lv. 19.3) y obedecerle (Dt. 21.18ss). Se la deb\u00eda tener en cuenta en el seno de la familia, participaba en la elecci\u00f3n del nombre de los hijos, y era responsable de su educaci\u00f3n inicial. Para su purificaci\u00f3n se ofrec\u00eda el mismo sacrificio, ya sea que el reci\u00e9n nacido fuese var\u00f3n o mujer (Lv. 12.5s). Concurr\u00eda a las reuniones religiosas para adorar, y llevaba ofrendas para el sacrificio. Pod\u00eda hacer el voto del nazareato en la medida en que procurara dedicarse especialmente al culto de adoraci\u00f3n a Yahv\u00e9h (Nm. 6.2). La mujer estaba eximida de realizar tareas en el d\u00eda de reposo (Ex. 20.10), y si se la vend\u00eda como esclava quedaba libre, como el hombre, en el s\u00e9ptimo a\u00f1o. Si no hab\u00eda herederos varones, la mujer pod\u00eda heredar y hacerse terrateniente con derecho propio.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>A los j\u00f3venes se los instaba a casarse dentro de la tribu para que las mujeres no los alejaran de su servicio a Yahv\u00e9h. La monogamia se consideraba el estado ideal, aun cuando la poligamia era com\u00fan, y la relaci\u00f3n de Yahv\u00e9h e Israel se comparaba a menudo con la del hombre y su mujer.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Hay muchos ejemplos de mujeres importantes que representaron un papel significativo en la vida del pueblo, p. ej. Minam, D\u00e9bora, Hulda, y que estaban en relaci\u00f3n personal directa con Yahv\u00e9h. Por otra parte, se ve la tremenda influencia que ejercieron en contra de Yahv\u00e9h mujeres tales como Jezabel y Maaca. Con el andar del tiempo hubo una tendencia, bajo la ense\u00f1anza rab\u00ednica, a darle preeminencia al hombre, y a asignarle a la mujer un papel inferior.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>De la mayor importancia en el NT es la actitud de nuestro Se\u00f1or hacia las mujeres, y su ense\u00f1anza sobre ellas.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>A *Mar\u00eda, la madre de Jes\u00fas, se la describe como \u201cbendita \u2026 entre las mujeres\u201d (Lc. 1.42) por su parienta Elizabet. Ana, la profetisa del templo, reconoci\u00f3 la identidad del ni\u00f1o (Lc. 2.38). Hab\u00eda muchas cosas relacionadas con su Hijo que Mar\u00eda no entend\u00eda, pero ella \u201cguardaba todas estas cosas, medit\u00e1ndolas en su coraz\u00f3n\u201d (Lc. 2.19), hasta que llegara el momento para hacer p\u00fablicos los detalles de su nacimiento y ni\u00f1ez. Estando en la cruz Jes\u00fas encomend\u00f3 a su madre al cuidado de un disc\u00edpulo. Los relatos evang\u00e9licos abundan en casos de encuentros de Jes\u00fas con mujeres. Las perdon\u00f3, las san\u00f3, les ense\u00f1\u00f3, y ellas a su vez le sirvieron, suministr\u00e1ndole lo necesario para sus viajes, ofreci\u00e9ndole hospedaje, cumpliendo acciones de amor, tomando nota de su sepulcro a fin de que pudieran cumplir los \u00faltimos ritos funerarios para con \u00e9l, y convirti\u00e9ndose en testigos de su resurrecci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Jes\u00fas las incluy\u00f3 en sus ilustraciones al ense\u00f1ar, dejando bien en claro que su mensaje las abarcaba a ellas tambi\u00e9n. Honr\u00e1ndolas de este modo puso a la mujer en un pie de igualdad con el hombre, exigiendo el mismo nivel de conducta a ambos sexos, y ofreciendo el mismo camino de salvaci\u00f3n para todos, varones y mujeres.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n las mujeres se unieron con los dem\u00e1s seguidores de Jes\u00fas para perservar \u201cun\u00e1nimes en oraci\u00f3n y ruego\u201d, en plena comuni\u00f3n con ellos (Hch. 1.14). Colaboraron en la elecci\u00f3n de Mat\u00edas (Hch. 1.15\u201326), y recibieron el poder y los dones del Esp\u00edritu Santo el d\u00eda de Pentecost\u00e9s (Hch. 2.1\u20134, 18).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>La casa de Mar\u00eda, madre de Juan Marcos, se convirti\u00f3 en centro de la iglesia de Jerusal\u00e9n (Hch. 12.12). La primera persona convertida por Pablo en Europa fue una mujer llamada Lidia (Hch. 16.14). Priscila y su esposo le ense\u00f1aron al gran Apolos las verdades completas del evangelio. Las cuatro hijas de Felipe \u201cprofetizaban\u201d (Hch. 21.9). Muchas otras, como, por ejemplo, Febe, eran creyentes activas y enteramente entregadas al servicio del evangelio.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Pablo encaraba las cuestiones de las iglesias locales exigiendo que se respetasen las convenciones de la \u00e9poca. Mientras tanto estableci\u00f3 el principio de que \u201cDios no hace acepci\u00f3n de personas\u201d, y que en Cristo \u201cno hay var\u00f3n ni mujer\u201d, ya que los creyentes son \u201ctodos \u2026 uno en Cristo Jes\u00fas\u201d (G\u00e1. 3.28).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=';text-transform:uppercase'>Bibliograf\u00eda.<\/span><span lang=ES style=''> \u00b0P. K. Jewett, <i>El hombre como var\u00f3n y hembra<\/i>, s\/f; J. Kuhlewein, \u201cMujer\u201d, <i>\u00b0DTMAT<\/i>, t(t). I, cols. 369\u2013375; H. Vorl\u00e4nder, E. Beyreuther, \u201cMujer\u201d, <i>\u00b0DTNT<\/i>, t(t). III, pp. 127\u2013137; K. H. Schelkle, <i>Teolog\u00eda del Nuevo Testamento<\/i>, 1978, t(t). IV, pp. 316\u2013325; E. Price, <i>El mundo \u00fanico de la mujer en tiempos b\u00edblicos y hoy<\/i>, 1976; M. W. Clapp, <i>Antiguo Testamento y la mujer<\/i>, 1944; M. Ch\u00e1vez, <i>La Ishah<\/i>, 1976; C. Gancho, \u201cMujer\u201d, <i>\u00b0EBDM<\/i>, t(t). V, cols. 344\u2013350.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>H. Vorl\u00e4nder et <etiqueta id=\"#_ftn795\" name=\"_ftnref795\" title=\"\">al., en <\/etiqueta><etiqueta id=\"#_ftn796\" name=\"_ftnref796\" title=\"\"><i>NIDNTT<\/i><\/etiqueta> 3, pp. 1055\u20131078; K. Stendahl, <i>The Bible and the Rule of Women<\/i>, 1966; P. K. Jewett, <i>Man as Male and Female<\/i>, 1975.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal align=right style='text-align:right;line-height:normal'><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><etiqueta id=\"#_ftn797\" name=\"_ftnref797\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt; ;color:green'>M.B.<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;'>Douglas, J. (2000). Nuevo diccionario Biblico : Primera Edicion. Miami: Sociedades B\u00edblicas Unidas.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico<\/b><\/p>\n<p>\n    Ruth  Sara  Judith y Holofernes, Cranach  Sans\u00f3n y Dalila  La casta susana y los viejos ma\u00f1osos    Mama Ocllo  Nueva Eva<br \/>\n    Sor Juana In\u00e9s  Madame Curie  Florence Nightingale  Anne Sullivan  Edith Stein  <\/p>\n<h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 Introducci\u00f3n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-2\">2 Naturaleza<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-3\">3 Historia<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-4\">4 La Cuesti\u00f3n Moderna Sobre la mujer<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-5\">5 La Mujer en los Pa\u00edses Angloparlantes<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-6\">6 Las Mujeres en el Derecho Can\u00f3nico<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-7\">7 Bibliograf\u00eda<\/li>\n<\/ul>\n<h3>Introducci\u00f3n<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">En los \u00faltimos a\u00f1os la posici\u00f3n de la mujer en la sociedad humana ha dado origen a una discusi\u00f3n que, como parte del malestar social, se conoce bajo el nombre de \u201ccuesti\u00f3n femenina\u201d, y para la cual se busca una soluci\u00f3n en el movimiento para la emancipaci\u00f3n de las mujeres. Tanto en teor\u00eda como en la pr\u00e1ctica la respuesta var\u00eda con la visi\u00f3n que uno tenga de la vida. El Cristianismo con sus principios inmutables, y sin juzgar mal las demandas justificadas de la \u00e9poca, aborda tambi\u00e9n guiar el movimiento femenino por el camino correcto. La finalidad de la vida de la mujer es doble:\n<\/p>\n<ul>\n<li> Como mujer individual tiene el destino superior obligatorio para todo ser humano de adquirir la perfecci\u00f3n moral.<\/li>\n<li> Como miembro de la raza humana la mujer est\u00e1 llamada en uni\u00f3n con el hombre a representar a la humanidad y a desarrollarla en todos los sentidos.<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ambas tareas est\u00e1n indisolublemente unidas, de forma que una no se puede llevar a cabo plenamente sin la otra. La libertad de la mujer consiste en la posibilidad de cumplir sin impedimento esta doble tarea con sus derechos y privilegios tanto en la vida privada como en la p\u00fablica. La limitaci\u00f3n de la libertad, tanto si es real como si es meramente imaginaria, provoca el esfuerzo para eliminar las barreras que la obstruyen. Para juzgar correctamente estos esfuerzos conocidos como \u201cmovimiento femenino\u201d deben determinarse correctamente los derechos y obligaciones de la mujer en la vida de la humanidad. Para esta finalidad, sin embargo, la primera cosa necesaria es la adecuada concepci\u00f3n de la personalidad femenina. Las fuentes de las que se ha de extraer esta definici\u00f3n son la naturaleza y la historia.\n<\/p>\n<h3>Naturaleza<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">La misma naturaleza humana esencialmente id\u00e9ntica aparece en el sexo masculino y femenino en una forma personal doble; hay, por consiguiente, personas masculinas y femeninas. Por otro lado, no hay persona humana neutra sin distinci\u00f3n de sexo. De ah\u00ed se sigue en primer lugar, el derecho de la mujer a la posesi\u00f3n de una naturaleza humana plena y completa, y as\u00ed, a una igualdad completa en posici\u00f3n y valor moral cuando se la compara con el hombre ante el Creador. No es, por tanto, permisible tomar un sexo como el \u00fanico absolutamente perfecto y como patr\u00f3n de valoraci\u00f3n para el otro. La designaci\u00f3n por Arist\u00f3teles de la mujer como un hombre mutilado o incompleto (\u201cDe animal.gennerat.\u201d II, 3\u00aa ed. Berol., 773a) debe, por tanto, ser rechazada. La insostenible definici\u00f3n medieval, \u201cFemina est mas occasionatus\u201d, surgi\u00f3 tambi\u00e9n bajo la influencia aristot\u00e9lica. La misma opini\u00f3n se encontrar\u00e1 en el \u201c\u00faltimo escol\u00e1stico\u201d, Dionysius Ryckel (\u201cOpera minora\u201d, ed. Tournay, 1907, II, 161a).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El sexo femenino es en algunos aspectos, inferior al masculino, tanto en lo que respecta al cuerpo como al alma. Por otro lado, la mujer tiene cualidades que le faltan al hombre. Con acierto el escritor sobre educaci\u00f3n, Lorenz Kellner, dice: \u201cNo llamo al sexo femenino ni el bello sexo ni el sexo d\u00e9bil (en sentido absoluto). La primera designaci\u00f3n es invenci\u00f3n a partes iguales de la sensualidad y de la adulaci\u00f3n; la otra debe su uso a la arrogancia masculina. A su manera el sexo femenino es tan fuerte como el masculino, a saber, en resistencia y paciencia, en el tranquilo sufrimiento a largo plazo, en resumen, en todo lo que se refiere a su esfera real, esto es, la vida interior.\u201d(\u201cLose Bl\u00e4tter\u201d, recogido por Von G\u00f6rgen, Friburgo, 1895, 50). A causa de la igualdad moral de los sexos la ley moral para el hombre y la mujer debe ser tambi\u00e9n la misma. Asumir una moralidad laxa para el hombre y una r\u00edgida para la mujer es una injusticia opresora incluso desde el punto de vista del sentido com\u00fan. El trabajo de la mujer es tambi\u00e9n en s\u00ed mismo de igual valor que el del hombre, en cuanto que el trabajo ejecutado por ambos se ennoblece por la misma dignidad humana.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El hecho de que no haya un ser humano sexualmente neutro tiene, sin embargo, una segunda consecuencia. El car\u00e1cter sexual puede separarse del ser humano como algo secundario s\u00f3lo en el pensamiento, no en la realidad. La palabra \u201cpersona\u201d no pertenece solo ni al alma ni al cuerpo; es m\u00e1s bien que el alma, al informar al cuerpo, constituye la concepci\u00f3n plena de la personalidad humana solamente en su uni\u00f3n con el cuerpo. De ninguna manera, por tanto, es permisible limitar las diferencias s\u00f3lo a las peculiaridades primarias o secundarias del cuerpo. Por el contrario, los resultados indiscutibles de las investigaciones anat\u00f3mica, fisiol\u00f3gica y psicol\u00f3gica muestran una diferencia de tan largo alcance entre el hombre y la mujer que se establece como resultado cient\u00edfico lo siguiente: la personalidad femenina asume la naturaleza humana completa de una manera diferente de la masculina. Seg\u00fan la intenci\u00f3n del Creador, por tanto, la manifestaci\u00f3n de la naturaleza humana en las mujeres difiere necesariamente de su manifestaci\u00f3n en el hombre; las esferas sociales de inter\u00e9s y las vocaciones de los sexos son distintas. Estas distinciones pueden aumentarse o disminuirse por la educaci\u00f3n y las costumbres pero no pueden ser anuladas por completo. Igual que no es permisible tomar un sexo como patr\u00f3n del otro, as\u00ed desde el punto de vista social no es admisible confundir las actividades vocacionales de ambos. Los hombres m\u00e1s masculinos y las mujeres m\u00e1s femeninas son los tipos m\u00e1s perfectos de sus sexos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De esta trascendental diferencia sexual se sigue, en tercer lugar, la combinaci\u00f3n de los sexos con la finalidad de una uni\u00f3n social org\u00e1nica de la raza humana, a la que llamamos humanidad, es decir que la humanidad no puede ser representada por cualquier cantidad, por grande que sea, de individuos de igual sexo, sino que ha de encontrarse solamente en la uni\u00f3n social y org\u00e1nica del hombre y la mujer. As\u00ed cada hombre y cada mujer es, en realidad, por naturaleza un ser humano completo con la vocaci\u00f3n moral superior ya mencionada; por otro lado todo el sexo masculino representa en s\u00ed mismo s\u00f3lo la mitad de la humanidad y el sexo femenino la otra mitad, mientras que un hombre y una mujer bastan para representar la humanidad. Por consiguiente cada uno de los dos sexos precisa del otro para su complemento social; una igualdad social completa anular\u00eda esta finalidad del Creador. Evidentemente la intenci\u00f3n en la base de las mencionadas diferencias es forzar a la uni\u00f3n complementaria de los dos sexos como una necesidad de la naturaleza. Seg\u00fan eso, a pesar de la igual dignidad humana, los derechos y obligaciones de la mujer difieren de los del hombre en la familia y las formas de la sociedad que la desarrollan naturalmente.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si los dos sexos est\u00e1n dise\u00f1ados por la naturaleza para una cooperaci\u00f3n org\u00e1nica homog\u00e9nea, entonces la posici\u00f3n dirigente o una preeminencia social debe recaer en uno de ellos. El hombre est\u00e1 llamado por el Creador a esta posici\u00f3n de l\u00edder, como lo muestra por toda su estructura corporal e intelectual. Por otro lado, como resultado de esto, se asigna a la mujer una cierta subordinaci\u00f3n social con respecto al hombre que de ninguna manera lesiona su independencia personal, en cuanto se une con \u00e9l. Por consiguiente no se ha de alegar nada en este punto de igualdad de posici\u00f3n o de igualdad de derechos y privilegios. Deducir de esto la inferioridad de la mujer o su degradaci\u00f3n a \u201cser humano de segunda categor\u00eda\u201d contradice la l\u00f3gica tanto como lo har\u00eda el intento de considerar al ciudadano como un ser inferior porque est\u00e1 subordinado a los funcionarios del estado.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hay que subrayar aqu\u00ed que el hombre debe su preeminencia de autoridad en la sociedad no a sus logros personales sino a la designaci\u00f3n del Creador seg\u00fan la palabra del Ap\u00f3stol:\u201dEl hombre&#8230;es la imagen y gloria de Dios; pero la mujer es la gloria del hombre\u201d (I Cor., 11, 7). El Ap\u00f3stol en esta referencia a la creaci\u00f3n de la primera pareja humana presupone la imagen de Dios en la mujer. Como esta similitud se manifiesta exteriormente en la supremac\u00eda del hombre sobre la creaci\u00f3n (G\u00e9n., 1, 26), y como el hombre en cuanto l\u00edder nato de la familia ejerci\u00f3 primero esta supremac\u00eda, es llamado directamente en tal capacidad imagen de Dios. La mujer toma parte en esta supremac\u00eda s\u00f3lo indirectamente bajo la gu\u00eda del hombre y como su compa\u00f1era. Es imposible limitar la declaraci\u00f3n paulina a sola la familia; y el mismo Ap\u00f3stol infiri\u00f3 de esto la posici\u00f3n social de la mujer en la comunidad de la Iglesia. Esta su posici\u00f3n natural se asigna a la mujer en toda forma de sociedad que surja necesariamente de la familia. Esta posici\u00f3n se describe con cl\u00e1sica claridad por Santo Tom\u00e1s de Aquino (Summa theol., I: 92:1, ad 2um). Esta doctrina, que siempre se ha mantenido por la Iglesia cat\u00f3lica, fue repetidamente subrayada por Le\u00f3n XIII. La enc\u00edclica \u201cArcanum\u201d, de 10 de Febrero de 1880, declara: \u201cEl marido es el que gobierna la familia y cabeza de la mujer; la mujer como carne de su carne y hueso de sus huesos ha de estar subordinada y obediente al marido, no, sin embargo, como una sirvienta sino como una compa\u00f1era de tal clase que la obediencia prestada es tan honorable como digna. Como, sin embargo, el marido que manda representa la imagen de Cristo y la mujer obediente la imagen de la Iglesia, el amor divino establecer\u00e1 el est\u00e1ndar del deber\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed el germen de la sociedad humana, que una sociolog\u00eda s\u00f3lida debe tomar como su punto de partida, no es el individuo humano abstracto sino la uni\u00f3n de hombre y mujer que vive primariamente en el hogar. Las diferentes caracter\u00edsticas en aptitudes de los sexos indican una divisi\u00f3n del trabajo tal entre los dos que el hombre y la mujer tienen que vigilar la formaci\u00f3n de la generaci\u00f3n en crecimiento, no uno aparte del otro, sino conjuntamente y en asociaci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por consiguiente las actividades de ambos en el dominio social pueden tal vez compararse a dos c\u00edrculos conc\u00e9ntricos de desigual circunferencia. El c\u00edrculo externo, m\u00e1s amplio, representa las labores vocacionales del hombre, el c\u00edrculo interior las de la mujer. Lo que el Creador prepar\u00f3 mediante la diferencia de aptitudes se realiza en la uni\u00f3n marital indisoluble de un hombre y una mujer. El hombre se convierte en padre con derechos y deberes paternales que incluyen el sostenimiento de la familia y, cuando es necesario, su protecci\u00f3n. Por otro lado, la mujer recibe con la maternidad una serie de obligaciones maternales. Los deberes sociales de la mujer pueden, por tanto, designarse como maternidad, tal como es el deber del hombre ser representante de la autoridad paterna. As\u00ed la personalidad femenina completamente desarrollada se encuentra en la madre. Por supuesto este desarrollo de la maternidad en la mujer no se limita a su aspecto fisiol\u00f3gico. M\u00e1s bien este sentido maternal y su actividad puede y debe, en cuanto desarrollo supremo de la feminidad noble, preceder al matrimonio y puede existir sin \u00e9l. Como criatura compuesta de materia y esp\u00edritu, el ser humano tiene como destino algo m\u00e1s que continuar su raza por la generaci\u00f3n y el nacimiento. Le incumbe m\u00e1s a\u00fan desarrollar la vida espiritual e intelectual mediante la educaci\u00f3n, que es justamente llamada el segundo nacimiento. Esta educaci\u00f3n, sin embargo, prospera tan poco sin la espec\u00edfica influencia materna, como el traer al mundo al ni\u00f1o sin madre. La comunidad, la naci\u00f3n, el estado, son, sin embargo, como necesario desarrollo natural de la familia, la totalidad organizada de las familias individuales. Por consiguiente la influencia materna debe extenderse tambi\u00e9n sobre estos y debe mantenerse dentro de los l\u00edmites que corresponden a la divisi\u00f3n del trabajo entre el hombre y la mujer. En estas formas de vida social el hombre debe tambi\u00e9n representar vigorosamente la autoridad, mientras que la mujer, llamada a la dignidad de ser madre, debe suplir y ayudar a la labor del hombre mediante su incansable colaboraci\u00f3n. Esta verdad se manifiesta en forma hogare\u00f1a en las expresiones \u201cpadre del pa\u00eds\u201d, \u201cmadre del pa\u00eds\u201d. De aqu\u00ed que el hombre, en cuanto hombre, y la mujer, en cuanto mujer, tengan que alcanzar el supremo fin com\u00fan de la perfecci\u00f3n moral, que se extiende m\u00e1s all\u00e1 del tiempo por el cumplimiento de sus deberes sociales.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta vocaci\u00f3n social, tanto si es dentro del matrimonio como si es fuera de \u00e9l, ha de ser considerada por tanto por ambos como el medio para un fin (cf. I Tim., 2, 15). Si estas dos esferas rec\u00edprocas de actividad se toman en su sentido m\u00e1s estricto se excluyen una a otra, en cuanto la tarea efectiva asignada por la naturaleza a la mujer no puede ser ejecutada por el hombre, mientras que a la inversa es tambi\u00e9n cierto. Al mismo tiempo est\u00e1 el dominio mixto del ganarse la vida en el que ambos sexos trabajan, aunque al hacerlo as\u00ed no pueden negar las cualidades caracter\u00edsticas de cada uno. Aqu\u00ed, sin embargo, la naturaleza proh\u00edbe la competencia en el mismo campo, en cuanto que la mujer est\u00e1 m\u00e1s absorta por sus obligaciones naturales peculiares que el hombre por las suyas. Podemos hablar con justicia de \u201cdualismo en la vida de la mujer\u201d. Pero, la perpetuaci\u00f3n y desarrollo en civilizaci\u00f3n de la humanidad viene siempre antes que las obligaciones naturales. Por consiguiente, seg\u00fan la ley f\u00edsica se deber\u00e1 preservar a la mujer de todas las cargas industriales que perjudiquen su deber m\u00e1s importante en la vida. Queda por ver c\u00f3mo se han llevado a cabo en la historia humana los dictados de la naturaleza.\n<\/p>\n<h3>Historia<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cristo prob\u00f3 que era el punto central de la historia de la humanidad, y no fue lo menos importante el cambio que su ense\u00f1anza efectu\u00f3 en la posici\u00f3n de la mujer. El testimonio de la historia respecto a la posici\u00f3n de la mujer en todos los pueblos pre-cristianos y no cristianos se puede resumir como sigue: Ning\u00fan pueblo ha juzgado mal por completo la posici\u00f3n natural de la mujer, de forma que en todas partes la mujer aparece en mayor o menor subordinaci\u00f3n al hombre. Ning\u00fan pueblo, sin embargo, ha hecho plena justicia a la dignidad personal de la mujer; por el contrario, muchos pueblos evidencian un nivel moral alarmantemente bajo por su degradante opresi\u00f3n de la mujer. Antes de que el Evangelio llegara al mundo, el hombre hab\u00eda producido virtualmente para la mujer la condici\u00f3n as\u00ed descrita por Mary Wollstonecraft en la introducci\u00f3n a su \u201cVindicaci\u00f3n de los derechos de la mujer\u201d: \u201cEn el gobierno del mundo f\u00edsico es observable que la hembra en lo que se refiere a fuerza es, en general, inferior al macho. Esta es la ley de la Naturaleza; y no parece estar suspendida o abrogada a favor de la mujer. Un grado de superioridad f\u00edsica no puede, por tanto, negarse \u2013 \u00a1y es una noble prerrogativa! Pero no es una preeminencia natural, los hombres emprenden hundirnos a\u00fan m\u00e1s bajo, meramente para convertirnos en objetos atractivos durante un rato; y las mujeres, intoxicadas por la adoraci\u00f3n que los hombres, bajo la influencia de sus sentidos, les rinden, no busca lograr un inter\u00e9s duradero en sus corazones, o convertirse en la amiga del pr\u00f3jimo que encuentra diversi\u00f3n en su compa\u00f1\u00eda\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Contraria al principio fundamental de la investigaci\u00f3n hist\u00f3rica, la teor\u00eda darwiniana de la evoluci\u00f3n se ha aplicado a la posici\u00f3n originaria de los sexos. Se pretende que un concubinato primitivo sin relaci\u00f3n marital permanente sea la base de la evoluci\u00f3n posterior. El primer estadio de este desarrollo, sin embargo, se representa como \u201cel derecho de la madre\u201d o matriarcado, en donde no el hombre sino la mujer, se afirma, representaba, entre los pueblos, al cabeza legal de la familia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, las investigaciones de Bachofen, Engels, Lubbock, Post, Lippert, Dargun y otros, que deseaban aducir pruebas de esta hip\u00f3tesis generalizando fen\u00f3menos individuales, han sido refutados por fervorosos darwinianos: \u201cNo se ha encontrado ninguna comunidad donde la mujer pudiera gobernar sola\u201d (Starke, \u201cDie primitive Familie\u201d, Leipzig, 1888, 69). Como los mismos \u201cpueblos primitivos\u201d, que han sido especialmente citados como prueba de esta teor\u00eda, tales condiciones demuestran que son degeneraciones. Los informes autentificados de las condiciones de las razas civilizadas antes de Cristo, tanto como los resultados garantizados de la investigaci\u00f3n en los \u201cpueblos primitivos\u201d, confirman por el contrario las frases citadas arriba. Cuanto m\u00e1s se retrocede en la civilizaci\u00f3n pre-cristiana, m\u00e1s puras y dignas de la humanidad son las relaciones matrimoniales, y por consiguiente m\u00e1s ventajosa aparece la posici\u00f3n de la mujer. La posici\u00f3n entre los sexos en las razas degradadas, denominadas salvajes, es, en su naturaleza esencial, la misma que en las razas civilizadas. Al mismo tiempo no se excluyen las diferencias no esenciales aunque importantes, que surgen de las diferencias en el esp\u00edritu nacional que se ha desarrollado de acuerdo con las condiciones geogr\u00e1ficas. En todas partes se encuentra la subordinaci\u00f3n social de la mujer, en todas partes se ve la divisi\u00f3n del trabajo entre los sexos, por el que el cuidado del hogar primitivo recae en la mujer. Pero contrario al orden natural, la preeminencia paterna del hombre se ha desarrollado en una tiran\u00eda ilimitada, y la mujer rebajada a sierva y esclava sin derechos que satisface los deseos del hombre. Casi sin excepci\u00f3n la poligamia ha desplazado al matrimonio. Las pruebas de esto se dan en la obra digna de cr\u00e9dito de Wilhelm Schneider, \u201cDie Nat\u00fcrvolker, Missverst\u00e4ndnisse, Missdeutungen und Misshandlungen\u201d (Paderborn, 1885).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entre las naciones civilizadas de la antig\u00fcedad los egipcios se distingu\u00edan por su inusual respeto con el sexo femenino. Herodoto les llama (II, xxv) peculiares entre las naciones a este respecto. En numerosas inscripciones puede leerse como t\u00edtulo de la mujer la expresi\u00f3n \u201cNebtper\u201d (gobernante de la casa). La tradici\u00f3n por la que la mujer pertenece a la casa resuena en los jerogl\u00edficos de los egipcios a trav\u00e9s de los siglos, y entre todos los pueblos. El mismo principio subyace en la base del c\u00f3digo de leyes dados por Hammurabi, que hace constar las condiciones sociales en Babilonia en el tercer milenio antes de Cristo. El culto voluptuoso, que se extendi\u00f3 desde Babel-Asur y que por medio de la influencia fenicia envenen\u00f3 el mundo antiguo, tuvo un efecto particularmente perjudicial para la posici\u00f3n de la mujer. No hubo cuesti\u00f3n de derechos personales de la mujer aparte de los del hombre ni aqu\u00ed ni entre los persas que eran por lo dem\u00e1s diferentes en raza y costumbres, incluso aunque a veces mujeres tales como Parysatis, la esposa de Dar\u00edo II, alcanzaran gran influencia en el gobierno del pa\u00eds. Hasta la actualidad la posici\u00f3n de la mujer ha seguido siendo la misma en los antiguos pa\u00edses civilizados de Asia oriental, como en la India, China, y Jap\u00f3n, o incluso se ha degradado m\u00e1s. A. Zimmermann, que estaba bien informado de las condiciones del sexo femenino en la India, afirmaba en 1908: \u201cUno de los abusos m\u00e1s terribles es la sistem\u00e1tica degradaci\u00f3n del sexo femenino que comienza incluso en la temprana juventud\u201d (\u201cHistorisch-politische Bl\u00e4tter, CXLII, 371). En 1907 el 99,3% de las mujeres de la India no sab\u00edan leer ni escribir. Las viudas hind\u00faes, especialmente, est\u00e1n expuestas al desprecio y los malos tratos. En China la posici\u00f3n de la mujer, debido al respeto mostrado a madres o viudas, causa mejor impresi\u00f3n. Pero, al mismo tiempo, la mujer est\u00e1 calificada como ser humano de segunda clase desde el nacimiento hasta la muerte. La horrible costumbre de matar a las ni\u00f1as reci\u00e9n nacidas ha persistido por consiguiente hasta la actualidad, como lo prueba el decreto de reforma publicado en 1907 por el virrey de ese momento, Yuan Shih-kai . Seg\u00fan \u00e9ste, se mataba anualmente a unas 70.000 ni\u00f1as en la provincia de Kiangsi. El vendaje de los pies es en realidad s\u00f3lo un medio para mantener a las mujeres en casa. La dependencia absoluta de la esposa respecto de su marido se manten\u00eda tambi\u00e9n como una costumbre inflexible en el antiguo Jap\u00f3n hasta la \u00faltima reorganizaci\u00f3n, como lo prueba el \u201cOnna Daigaku\u201d de Kaibara Ekken (1630).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las denominadas naciones cl\u00e1sicas de la antig\u00fcedad, los griegos y romanos, muestran, por contraste con Oriente, una decidida aversi\u00f3n por la poligamia, que legalmente al menos nunca fue reconocida entre ellos. Esta afortunada disposici\u00f3n natural afect\u00f3 favorablemente a la posici\u00f3n de la mujer sin asegurarle, sin embargo, la posici\u00f3n que naturalmente le pertenece. Incluso en el mejor periodo de los griegos y los romanos la mujer s\u00f3lo existi\u00f3 por causa del hombre. Las descripciones hom\u00e9ricas de amor y devoci\u00f3n marital muestran esto en su forma m\u00e1s ideal. En la \u00e9poca posterior de degeneraci\u00f3n la mujer hab\u00eda perdido casi enteramente su influencia en la vida p\u00fablica, seg\u00fan la frase del discurso contra la hetaira Neara, atribuido a Dem\u00f3stenes: \u201cTenemos hetairas para el placer, concubinas para el cuidado diario del cuerpo y esposas para la producci\u00f3n de ni\u00f1os vigorosos y como guardianas de confianza de la casa.\u201d El culto de la \u201cvirgen Atenea\u201d muestra probablemente una confusa percepci\u00f3n por parte de los griegos de la exaltada posici\u00f3n de la virgen independiente del hombre, pero no condujo a resultados pr\u00e1cticos favorables a la mujer. Casi lo mismo se puede decir del culto de Vesta y de las v\u00edrgenes vestales entre los romanos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando el cristianismo apareci\u00f3 encontr\u00f3 a la mujer en el mundo romano, y la propia Roma no era de ning\u00fan modo una excepci\u00f3n, en una posici\u00f3n de profunda degradaci\u00f3n moral, y bajo la dura patria potestad del hombre. Esta autoridad hab\u00eda degenerado en tiran\u00eda m\u00e1s universalmente casi que en China. Originariamente el Derecho Romano, hasta el tiempo de los Antoninos, limitaba el poder del padre respecto de la vida y muerte de sus hijos, y le prohib\u00eda matar a los chicos y a las hijas primog\u00e9nitas. Sin embargo, la libertad disfrutada por la mujer casada durante el Imperio tuvo como \u00fanico resultado que el divorcio aumentara enormemente y la prostituci\u00f3n se considerara algo normal. Despu\u00e9s de que el matrimonio perdiera su car\u00e1cter religioso las mujeres superaron a los hombres en licenciosidad, y as\u00ed perdieron incluso la influencia que hab\u00edan tenido en la primitiva, austeramente moral, Roma (cf. Donaldson, \u201cWoman, Her Position and Influence in Ancient Greece and Rome and among the Early Christians\u201d, 1907).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entre los jud\u00edos la mujer no tuvo la posici\u00f3n que le correspond\u00eda desde el principio, como dijo Cristo: \u201cMois\u00e9s, teniendo en cuenta la dureza de vuestro coraz\u00f3n, os permiti\u00f3 repudiar a vuestras mujeres: pero al principio no fue as\u00ed\u201d (Mt., 19, 8). No se deb\u00eda esperar una reforma completa por la importancia preparatoria y temporal de la legislaci\u00f3n del Antiguo Testamento. Se hizo una concesi\u00f3n por la inclinaci\u00f3n de los orientales a la poligamia permitiendo esposas adicionales. Se mitig\u00f3 la unilateral patria potestad; el sentimiento de reverencia por la madre fue r\u00edgidamente impresa sobre los hijos. Las leyes referentes a esto nos recuerdan a las leyes de China. No obstante la fama de mujeres individuales como Miriam, la hermana de Mois\u00e9s, D\u00e9bora, y Judit, la mujer hebrea en general, no tuvo m\u00e1s derechos que las mujeres de otras naciones; el matrimonio era su \u00fanica vocaci\u00f3n en la vida (cf. Zschokke, \u201cDas Weib in Alten Testament\u201d, Viena, 1883; y \u201cDie biblischen Frauen des Alten Testamentes\u201d, Friburgo, 1882). La visi\u00f3n sem\u00edtica de la mujer sin la influencia purificadora de la Revelaci\u00f3n se evidencia entre los seguidores del Islam que hacen remontar su ascendencia a Ismael el hijo de Abraham. Por consiguiente, el Cor\u00e1n con sus muchas normas referentes a las mujeres es un c\u00f3digo que se muestra indulgente con las pasiones incontroladas del hombre semita. Fuera del matrimonio, que en la \u00f3ptica mahometana es el deber de toda mujer, la mujer no tiene ni valor ni importancia. Pero la concepci\u00f3n del matrimonio como una uni\u00f3n \u00edntima hasta el punto de constituir una persona moral, ha sido siempre extra\u00f1o al Mahometanismo (cf. Devas, \u201cStudies of Family Life. A Contribution to Social Science\u201d, Londres, 1886).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La historia de la era pre-cristiana no menciona ninguna revuelta importante y exitosa de las mujeres para obtener una mejora de su posici\u00f3n. La costumbre se convirti\u00f3 en h\u00e1bito establecido, y encontraba sus m\u00e1s fuertes defensores entre las propias mujeres. Fue la ense\u00f1anza de Cristo la que trajo primero la libertad al sexo femenino, dondequiera que esa ense\u00f1anza fue tomada en serio como gu\u00eda de vida. Sus palabras se aplicaban tambi\u00e9n a las mujeres: \u201cBuscad primero el reino de Dios y su justicia, y todas esas cosas se os dar\u00e1n por a\u00f1adidura\u201d (Lucas, 12, 31). Restaur\u00f3 el original matrimonio mon\u00f3gamo y vitalicio, elevado a la dignidad de sacramento, y mejor\u00f3 tambi\u00e9n la posici\u00f3n de la mujer en asuntos puramente terrenos. La dualidad personal m\u00e1s completa se expresa en la exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica: \u201cPues todos los bautizados en Cristo os hab\u00e9is revestido de Cristo&#8230;ya no hay hombre ni mujer. Pues todos sois uno en Cristo Jes\u00fas\u201d (Gal., 3, 27-28; cf. I Cor., 11, 11). M\u00e1s decisivo, sin embargo, para la posici\u00f3n social de la mujer fue la ense\u00f1anza de Cristo sobre la nobleza de la virginidad libremente elegida en contraste con el matrimonio, a cuya adopci\u00f3n se invitaba a los elegidos de ambos sexos (Mt., 19, 29). Seg\u00fan Pablo (I Cor., 7, 25-40) las v\u00edrgenes y viudas hacen bien si persisten en la intenci\u00f3n de no casarse para servir a Dios con toda su mente; en realidad hacen mejor que las que reparten su atenci\u00f3n entre el cuidado de su marido y el servicio de Dios. Mediante esta doctrina el sexo femenino en particular se situaba en una independencia del hombre antes impensable. Conced\u00eda a la mujer no casada valor e importancia sin el hombre; y lo que es m\u00e1s, la virgen que renuncia al matrimonio por motivos religiosos, adquiere precedencia sobre la mujer casada y ensancha el c\u00edrculo de su influencia materna sobre la sociedad. Elisabeth Gnauck-K\u00fchne dice acertadamente: La estimaci\u00f3n de la virginidad es la verdadera emancipaci\u00f3n de la mujer en sentido literal\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta elevaci\u00f3n de la mujer se centra en Mar\u00eda la Madre de Jes\u00fas, la virginidad y maternidad m\u00e1s pura, tan tierna como fuerte, unidas en maravillosa sublimidad. La historia de la Iglesia Cat\u00f3lica presenta un testimonio constante de esta posici\u00f3n de Mar\u00eda en la historia de la civilizaci\u00f3n. El respeto por la mujer empieza y termina con la veneraci\u00f3n de la Virgen Madre de Dios. Por consiguiente tambi\u00e9n para el arte la Virgen se ha convertido en la suprema representaci\u00f3n de la m\u00e1s noble feminidad. Esta extraordinaria elevaci\u00f3n de la mujer en Mar\u00eda por Cristo est\u00e1 en agudo contraste con la extraordinaria degradaci\u00f3n de la dignidad femenina antes del Cristianismo. En la renovaci\u00f3n de todas las cosas en Cristo (Ef., 1, 10) la restauraci\u00f3n del orden debe ser la m\u00e1s completa en este punto en que hab\u00eda prevalecido el desorden m\u00e1s extremo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, esta emancipaci\u00f3n de la mujer se basa en los mismos principios que Cristo us\u00f3 para su gran renovaci\u00f3n de la naturaleza por la gracia. La Naturaleza no fue dejada de lado ni destruida, sino que fue curada e iluminada. Por consiguiente las diferencias naturales radicales entre el hombre y la mujer y sus vocaciones separadas contin\u00faan existiendo. En la sociedad cristianizada el hombre tambi\u00e9n hab\u00eda de actuar como el leg\u00edtimo representante de la autoridad, y leg\u00edtimo defensor de los derechos, en la familia, igual que en la comunidad civil, nacional y religiosa. Por tanto, la posici\u00f3n social de la mujer sigue siendo en el Cristianismo de subordinaci\u00f3n al hombre, dondequiera que los dos sexos se vean obligados a ayudarse uno al otro en la actividad com\u00fan. La mujer desarrolla su autoridad, fundada en la dignidad humana, en relaci\u00f3n con, y subordinada al hombre en la sociedad dom\u00e9stica como ama de la casa. Al mismo tiempo la indispensable influencia materna se extiende desde el hogar al desarrollo de la ley y la costumbre. Sin embargo, mientras que el hombre est\u00e1 llamado a participar directamente en los asuntos del estado, la influencia femenina puede ordinariamente ejercerse en tales asuntos s\u00f3lo indirectamente. Por consiguiente, s\u00f3lo en casos excepcionales en los reinos cristianos la soberan\u00eda directa est\u00e1 colocada en manos de la mujer, como se demuestra por las mujeres que han ascendido a tronos. En la Iglesia se excluye esta excepci\u00f3n, en lo que se refiere a la funci\u00f3n clerical. El mismo Ap\u00f3stol que tan en\u00e9rgicamente manten\u00eda la independencia personal de la mujer, proh\u00edbe a las mujeres hablar con autoridad en las asambleas religiosas y la supremac\u00eda sobre el hombre (I Tim., 2, 11,12). Sin embargo, personalidades como Pulqueria, Hildegarda, Catalina de Siena, y Teresa de Jes\u00fas muestran lo grande que puede ser la influencia indirecta extraordinaria de la mujer en el dominio de la Iglesia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde los d\u00edas de los ap\u00f3stoles, el cristianismo nunca ha dejado de buscar y de defender la emancipaci\u00f3n de la mujer en el sentido de su Fundador. Debe reconocerse que las pasiones humanas han impedido frecuentemente que se produzcan unas condiciones plenamente correspondientes a los ideales. El matrimonio sacramental cristiano, indisoluble, en el que el marido ha de imitar con respecto a la mujer el amor de Cristo por la Iglesia (Ef., 5, 25), fue firmemente defendido en beneficio de la mujer contra el desorden de la clase gobernante. En este punto San Jer\u00f3nimo presenta la misma concepci\u00f3n de moral en contraposici\u00f3n a la inmoralidad pagana en palabras que se han convertido en cl\u00e1sicas: \u201cLas leyes del emperador tienen un efecto, las de Cristo otro&#8230;en el primer caso las restricciones de la impureza se relajan para los hombres&#8230;entre nosotros los cristianos, por el contrario, la creencia es: Lo que no est\u00e1 permitido a las mujeres tambi\u00e9n est\u00e1 prohibido a los hombres, y el mismo servicio (el de Dios) se juzga tambi\u00e9n por el mismo patr\u00f3n.\u201d (\u201cEp. Lxxvii, ad Ocean.\u201d, P.L., XXII, 691). La admirativa exclamaci\u00f3n de los paganos: \u201c\u00a1Qu\u00e9 mujeres hay entre los cristianos!\u201d es el testimonio m\u00e1s elocuente del poder del Cristianismo. Los grandes Padres de la Iglesia no s\u00f3lo alaban a sus madres y hermanas, sino que hablan de las mujeres cristianas en general en los mismos t\u00e9rminos de respeto que el Evangelio. Por otra parte, el supuesto desprecio de los Padres de la Iglesia por las mujeres es una leyenda que se mantiene viva por la falta de conocimiento de los Padres (cf. Mausbach, \u201cAltchristliche und moderne Gedanke \u00fcber Frauenberuf\u201d, 7\u00aa ed., Munich-Gladbach, 1910, 5 y s.).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde el principio hasta la \u00e9poca actual, la doctrina cristiana de la voluntaria virginidad religiosa ha producido innumerables multitudes de v\u00edrgenes dedicadas a Dios que unen su amor de Dios con el heroico amor de sus pr\u00f3jimos, y que llevan a cabo silenciosos actos de hero\u00edsmo en el cuidado de los enfermos, en la asistencia a los pobres, y en la labor de educaci\u00f3n. La \u00e9poca moderna desde la Revoluci\u00f3n francesa ha superado mucho a los primeros siglos en congregaciones de mujeres para todas las ramas de la caridad cristiana y el alivio de todas las formas de miseria. Por consiguiente, el Cristianismo ha abierto a la mujer las m\u00e1ximas posibilidades de desarrollo. Mar\u00eda, la hermana de L\u00e1zaro, que se sentaba como un disc\u00edpulo a los pies de Jes\u00fas, se ha convertido en un modelo para la formaci\u00f3n de la mujer en el Cristianismo. El estudio de las Escrituras, que era igualmente tradicional tanto en Oriente como en Occidente entre las mujeres educadas bajo la gu\u00eda de la Iglesia, sigui\u00f3 siendo durante la Edad Media patrimonio de los conventos. As\u00ed, junto al clero, las mujeres en la \u00e9poca medieval eran m\u00e1s representativas del saber y la educaci\u00f3n que los hombres.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El trabajo industrial de las mujeres fue al ritmo del desarrollo de la civilizaci\u00f3n. Cuando surgieron los gremios en la \u00e9poca de la fundaci\u00f3n de las ciudades las mujeres no estaban excluidas de ellos. Cualquier idea de paridad de los sexos en este terreno se exclu\u00eda por consideraci\u00f3n a la primera tarea natural de la mujer. Entre las mujeres indigentes el Cristianismo encontr\u00f3 que las viudas eran las m\u00e1s necesitadas de ayuda. Desde el tiempo de los ap\u00f3stoles, la Iglesia tuvo disposiciones especiales para las viudas (Act., 6, 1; I Tim., 5, 3 y s.), disposiciones que eran uno de los principales deberes del obispo. A la \u00e9poca apost\u00f3lica se remonta la instituci\u00f3n del viudato, en la que viudas de probada virtud trabajaban como asistentas apost\u00f3licas en la Iglesia junto con las v\u00edrgenes. Con el transcurso del tiempo las \u00f3rdenes femeninas asumieron este trabajo, que se lleva a cabo con mucho \u00e9xito en las misiones a los paganos. Igual que, durante la conversi\u00f3n de las tribus germanas al cristianismo, mujeres anglosajonas ayudaron a San Bonifacio, el ap\u00f3stol de Germania, as\u00ed hoy no puede alcanzarse permanente \u00e9xito en los pa\u00edses misioneros sin la ayuda de v\u00edrgenes consagradas a Dios. A fines del Siglo XIX unas 52.000 hermanas, entre las cuales hab\u00eda 10.000 mujeres nativas, trabajaban en las misiones (Louvet, \u201cLes missions cath. Du XIXe si\u00e8cle\u201d 2\u00aa ed., Par\u00eds, 1898).\n<\/p>\n<h3>La Cuesti\u00f3n Moderna Sobre la mujer<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">De lo que se ha dicho se deduce que la posici\u00f3n social de la mujer est\u00e1, desde el punto de vista cristiano, s\u00f3lo imperfectamente expuesta en la expresi\u00f3n \u201cla mujer pertenece al hogar\u201d. Por el contrario, su influencia peculiar es extenderla del hogar al Estado y la Iglesia. Esto fue mantenido al comienzo de la edad moderna por el humanista espa\u00f1ol, Luis Vives, en su obra \u201cDe institutione feminae christianae\u201d (1523); y fue subrayado a\u00fan m\u00e1s enf\u00e1ticamente, en los t\u00e9rminos correspondientes a las necesidades de su tiempo, por el obispo F\u00e9nelon en su obra pionera \u201cEducation des filles\u201d (1687). Esta emancipaci\u00f3n cristiana de la mujer se detiene, sin embargo, necesariamente tan pronto como sus principios fundamentales son atacados. Estos principios consisten, por una parte, en la dignidad sacramental del matrimonio indisoluble entre una pareja, y en la virginidad religiosa voluntariamente elegida, las cuales surgen ambas de la ense\u00f1anza cristiana de que el verdadero hogar del hombre est\u00e1 en un mundo m\u00e1s all\u00e1 de la tumba y que se fija la misma sublime meta a la mujer que al hombre. El otro principio fundamental consiste en la firme adhesi\u00f3n a la \u00edntima relaci\u00f3n org\u00e1nica natural de los sexos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ya en la antig\u00fcedad cristiana los ataques maniqueos al car\u00e1cter sagrado del matrimonio como los de Joviniano y Vigilantius, que pretend\u00edan minar la reverencia por la virginidad, fueron refutados por Agust\u00edn y Jer\u00f3nimo. El ataque de Lutero al celibato religioso y contra el car\u00e1cter sacramental y la indisolubilidad del matrimonio, produjeron un da\u00f1o permanente. El principal resultado fue que la mujer fue de nuevo conducida a una absoluta dependencia del hombre, y se prepar\u00f3 el camino al divorcio, cuyos resultados oprimen mucho m\u00e1s pesadamente a la mujer que al hombre. Tras esto la base natural de la sociedad y la posici\u00f3n natural de la mujer y la familia fueron sacudidas a tal punto por la Revoluci\u00f3n francesa que el germen del sufragio femenino moderno ha de buscarse aqu\u00ed. Las ideas anticristianas de los Siglos XVII y XVIII llevaron a una ruptura completa con la concepci\u00f3n cristiana medieval de la sociedad y el estado. Ya no era la familia o el principio social el que se consideraba como base del estado, sino el individuo o el ego. Montesquieu, el \u201cpadre del constitucionalismo\u201d, hizo de esta teor\u00eda la base de su \u201cL\u2019Esprit des lois\u201d (1784), y fue sancionado en los \u201cDerechos del Hombre\u201d franceses. Era totalmente l\u00f3gico que Olympe de Gouges (m. en 1793) y la \u201cciudadana\u201d Fontenay, apoyadas por el marqu\u00e9s de Condorcet, pidieran la igualdad pol\u00edtica incondicional de mujeres y hombres, o \u201clos derechos de las mujeres\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Seg\u00fan estas pretensiones todo ser humano tiene, como ser humano, los mismos derechos humanos; las mujeres, como seres humanos, reclaman como los hombres con derecho absoluto la misma participaci\u00f3n en el parlamento y la admisi\u00f3n a los cargos p\u00fablicos. En cuanto se acepta la proposici\u00f3n principal, aunque contradice la naturaleza que no conoce seres humanos sin sexo, debe aceptarse este corolario. El Padre von Holtzendorff dice acertadamente: \u201cQuien desee oponerse al derecho a votar de la mujer debe colocar el principio de representaci\u00f3n parlamentaria sobre otra base&#8230;en tanto que el derecho a votar se relaciona s\u00f3lo con la naturaleza individual del hombre, la distinci\u00f3n de sexos se vuelve algo sin importancia\u201d (\u201cDie Stellung der Frauen\u201d 2\u00aa ed., Hamburgo, 1892, 41).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los hombres de la Revoluci\u00f3n francesa suprimieron a la fuerza la pretensi\u00f3n de las mujeres a los derechos de los hombres, pero al hacerlo as\u00ed condenaron sus propios principios, que eran la base de la demanda de las mujeres. La concepci\u00f3n de la sociedad como compuesta de \u00e1tomos individuales conduce necesariamente a la emancipaci\u00f3n radical de las mujeres, que se ambiciona ahora por los socialdem\u00f3cratas alemanes y una parte de las mujeres de la clase media. En su libro, publicado en 1792, Mary Wollstonecraft adelantaba esta demanda con cierta reserva, mientras John Stuart Mill en su \u201cLa sujeci\u00f3n de las mujeres\u201d (1869) favorec\u00eda la posici\u00f3n antinatural de las mujeres incondicionalmente. En la actualidad las sufragistas inglesas han hecho de la aplicaci\u00f3n pr\u00e1ctica de las opiniones de Mill la obra cl\u00e1sica de la emancipaci\u00f3n radical (cf. \u201cA Reply to John Stuart Mill on the Subjection of Women\u201d, Filadelfia, 1870).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La introducci\u00f3n de estas ideas en la vida pr\u00e1ctica fue fomentada principalmente por el cambio en las condiciones econ\u00f3micas, en cuanto este cambio fue utilizado en detrimento del pueblo por la tendencia de un Liberalismo egotista. Desde el inicio del Siglo XIX la fabricaci\u00f3n mediante maquinaria cambi\u00f3 la esfera del trabajo de la mujer y de sus labores. En los pa\u00edses manufactureros la mujer puede y debe comprar muchas cosas que antes eran producidas de normal por el trabajo dom\u00e9stico femenino. As\u00ed los tradicionales trabajos caseros de la mujer se vieron limitados, especialmente en la clase media. Surgi\u00f3 la necesidad para muchas hijas de familia de buscar trabajo y provecho fuera de casa. Por otro lado, la ilimitada libertad de comercio e industria proporcion\u00f3 la oportunidad de hacerse con el control del barato trabajo de las mujeres para ponerlo al servicio de las m\u00e1quinas y de la codicia de los grandes fabricantes. Mientras que este cambio alivi\u00f3 a la mujer que a\u00fan permanec\u00eda en su casa, impuso intolerables cargas a la mujer trabajadora sin hogar, perjudiciales tanto para el alma como para el cuerpo. A causa de los salarios menores las mujeres fueron utilizadas para el trabajo de los hombres y empujadas a competir con los hombres. El sistema de mano de obra barata no s\u00f3lo condujo a una cierta esclavitud de la mujer, sino que, en uni\u00f3n con la indiferencia religiosa que s\u00f3lo se preocupaba de las cosas mundanas, da\u00f1\u00f3 la base de la sociedad, la familia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De esta manera surgi\u00f3 la cuesti\u00f3n moderna real de la mujer, que se relaciona al mismo tiempo con los medios de vida, la educaci\u00f3n y la posici\u00f3n legal de la mujer. En muchos pa\u00edses europeos, por causa de la emigraci\u00f3n que surge de las condiciones del tr\u00e1fico y de la ocupaci\u00f3n, el n\u00famero de mujeres supera al de hombres en grado considerable; por ejemplo en Alemania en 1911 hab\u00eda 900.000 mujeres m\u00e1s que hombres. Por a\u00f1adidura, las dificultades de la existencia hacen que un considerable n\u00famero de hombres no se case o lo haga demasiado tarde como para fundar una familia, mientras que muchos se apartan del matrimonio por una moralidad anticristiana. El n\u00famero de mujeres no casadas o de mujeres que a pesar del matrimonio no son mantenidas y est\u00e1n sometidas a la doble carga de los cuidados del hogar y de ganarse el sustento, est\u00e1 por tanto creciendo de manera constante. El \u00faltimo censo de ocupaciones en Alemania, el de 1907, dio 8.243.498 mujeres que se estaban ganando la vida como ocupaci\u00f3n principal; esta cifra representa un incremento de 3.000.000 respecto a 1895. Las estad\u00edsticas de otros pa\u00edses dan resultados proporcionales, aunque apenas hay dos pa\u00edses en los que el movimiento de la mujer haya tenido exactamente el mismo desarrollo. Los pa\u00edses del sur de Europa est\u00e1n cayendo s\u00f3lo gradualmente bajo la influencia del movimiento. Una regulaci\u00f3n de este movimiento fue y es una de las necesidades positivas de estos tiempos. Los intentos en\u00e9rgicos y met\u00f3dicos para llevar esto a cabo datan del a\u00f1o 1848, aunque los comienzos en Inglaterra y en Norteam\u00e9rica se retrotraen mucho m\u00e1s atr\u00e1s. Los intentos de resolver la cuesti\u00f3n femenina variaron con el punto de vista. Se pueden distinguir tres partidos principales en el movimiento para la emancipaci\u00f3n de la mujer en la actualidad:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2022 La emancipaci\u00f3n radical que se divide en un partido de la clase media y otro socialdem\u00f3crata;\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2022 El partido moderado o conciliador interconfesional;\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2022 El partido cristiano.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El partido de la emancipaci\u00f3n radical de clase media considera como fecha de su nacimiento la Convenci\u00f3n de los Derechos de las Mujeres celebrada el 14 de julio de 1848 en Seneca Falls, EE.U.U. La meta de este partido es la completa paridad de los sexos en todas las direcciones con desprecio de la tradici\u00f3n anterior. La participaci\u00f3n ilimitada en la administraci\u00f3n del pa\u00eds, o el derecho al voto pol\u00edtico, por tanto, tienen el primer lugar en sus esfuerzos. Las cuestiones de la educaci\u00f3n y los medios de vida se hacen depender del derecho al voto. Este esfuerzo alcanz\u00f3 su cumbre en la fundaci\u00f3n del \u201cConsejo Internacional de Mujeres\u201d, del que surgi\u00f3 en 1904 en Berl\u00edn la \u201cConfederaci\u00f3n Internacional para el Sufragio Femenino\u201d. \u201cLa Biblia de la mujer\u201d, de Mrs. Stanton, pretende armonizar este partido con la Biblia. El partido ha alcanzado su fin en los Estados Unidos en los estados de Wyoming (1869), Colorado, Utah (1895), Idaho (1896) Dakota del Sur (1909), y Washington (1910), y tambi\u00e9n en Australia del Sur, Nueva Zelanda (1895), y en Finlandia. En Noruega ha habido un sufragio limitado para mujeres desde 1907. En 1911 decidieron introducirlo Islandia, Dinamarca, Victoria, California, y Portugal. En Inglaterra los sufragistas y las sufragistas est\u00e1n luchando por ello (cf. Mrs. Fawcett, \u201cWomen\u2019s Suffrage. A short History of a Great Movement\u201d, Londres, 1912).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En Alemania en 1847 Luise Otto-Peters (1819-1895) encabez\u00f3 el movimiento, al principio para ayudar con \u00e1nimo generoso a las mujeres enfermas de la clase trabajadora. Sus esfuerzos dieron como resultado la \u201cAllgemeiner Deutscher Frauenverein\u201d (Uni\u00f3n General de Mujeres Alemanas) que se fund\u00f3 en 1865, y de la que en 1899 se separ\u00f3 la radical \u201cFortschrittlicher Frauenverein\u201d (Uni\u00f3n Progresista de Mujeres), mientras que el partido de Luise Otto segu\u00eda siendo moderadamente liberal. En Francia no fue hasta la Tercera Rep\u00fablica cuando surgi\u00f3 un movimiento femenino efectivo, una parte radical del cual, \u201cLa Fronde\u201d, tom\u00f3 parte en la primera revoluci\u00f3n.<br \/>\nDesde el principio el Partido Social-Dem\u00f3crata incorpor\u00f3 a su programa la \u201cigualdad de todos los derechos\u201d. Por consiguiente las mujeres socialdem\u00f3cratas se consideran como formando un \u00fanico organismo con los hombres de su partido, mientras que, por otra parte, se mantienen desde\u00f1osamente separadas del movimiento radical de las mujeres de clase media. El libro de August Bebel, \u201cDie Frau und der Sozialismus\u201d logr\u00f3 cincuenta ediciones en el periodo 1879-1910, y se tradujo a catorce idiomas. En esta obra se describe la posici\u00f3n de la mujer en el estado socialista del futuro. En general la emancipaci\u00f3n radical de clase media est\u00e1 de acuerdo con la socialdem\u00f3crata tanto en la esfera pol\u00edtica como \u00e9tica. Una prueba de esto la proporcionan las obras de la autora sueca Ellen Key, especialmente su libro \u201c\u00dcber Ehe und Liebe\u201d, que goza de una ampl\u00edsima difusi\u00f3n por todo el mundo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta tendencia no es compatible con la regla de la naturaleza y del Evangelio. Es, sin embargo, una consecuencia l\u00f3gica del principio unilateral del individualismo que, sin consideraci\u00f3n a Dios, se puso de moda en los llamados \u201cDerechos del Hombre\u201d. Si la mujer ha de someterse a las leyes, cuya determinaci\u00f3n de autoridad se asigna al hombre, tiene derecho a pedir una garant\u00eda de que el hombre como legislador no va a usar mal de su derecho. Esta garant\u00eda esencial, sin embargo, s\u00f3lo se ha de encontrar en la regla inmutable de autoridad de la justicia divina que obliga a la conciencia del hombre. Esta garant\u00eda se da a las mujeres en toda forma de gobierno que se basa en el Cristianismo. Por el contrario, la proclamaci\u00f3n de los \u201cDerechos del Hombre\u201d sin consideraci\u00f3n a Dios pone de lado esta garant\u00eda y opone al hombre a la mujer como due\u00f1o absoluto. La resistencia de la mujer a esto fue y es un impulso instintivo de autoconservaci\u00f3n moral. La \u201cmoralidad aut\u00f3noma\u201d de Kant y el estado de Hegel han hecho a la justicia dependiente de los hombres o del hombre solo mucho m\u00e1s que los \u201cDerechos del Hombre\u201d franceses. La relatividad y mutabilidad del derecho y la moralidad se han hecho el principio fundamental de la sociedad descristianizada. \u201clos principios de moral, religi\u00f3n y ley son s\u00f3lo lo que son, hasta tanto son reconocidos universalmente. Si la conciencia de la suma total de los individuos rechaza alguno de estos principios y se siente ligada por otros principios, entonces ha tenido lugar un cambio en la moral, la ley y la religi\u00f3n\u201d (Oppenheim, \u201cDas Gewissen\u201d, Basilea, 1898, 47).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La mujer est\u00e1 indefensa contra tal ense\u00f1anza cuando s\u00f3lo se comprende en la \u201ctotalidad de individuos\u201d a los hombres. Hasta ahora como cuesti\u00f3n de hecho s\u00f3lo los hombres han sido elegibles a los cuerpos legislativos. Sobre la base de la denominada moralidad aut\u00f3noma, sin embargo, no se puede negar a la mujer el derecho a pretender esta autonom\u00eda para ella misma. El Cristianismo, que impone a ambos sexos la obligaci\u00f3n de observar una moralidad inalterable y similar, es impotente para dar protecci\u00f3n a la mujer en un pa\u00eds descristianizado y sin iglesia. Por consiguiente, s\u00f3lo mediante la restauraci\u00f3n del Cristianismo en la sociedad pueden restaurarse una vez m\u00e1s las relaciones verdaderas y naturales del hombre y la mujer. Esta reforma cristiana de la sociedad, sin embargo, no puede esperarse del movimiento radical de la mujer, pese a sus valiosos servicios a la reforma social. Aparte de lo que se ha dicho, el \u201cmovimiento para la protecci\u00f3n de la madre\u201d promovido por \u00e9l contradice completamente la concepci\u00f3n cristiana del matrimonio. (Cf. Mausbach, \u201cDer christliche Familiengedanke im Gegensatz zur modernen Mutterschutzbewegung\u201d, Munster, 1908).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El movimiento liberal moderado de la mujer es tambi\u00e9n incapaz de producir una mejora completa de la situaci\u00f3n, tal como la piden los tiempos. Ciertamente alcanz\u00f3 grandes resultados en sus esfuerzos para la elevaci\u00f3n econ\u00f3mica de la mujer, para la reforma de la educaci\u00f3n de las mujeres, y para la protecci\u00f3n de la moralidad en la primera mitad del Siglo XIX, y ha alcanzado a\u00fan m\u00e1s desde 1848 en Inglaterra, Norteam\u00e9rica y Alemania.  Los nombres de Jessie Boucherett, Elizabeth Fry, Mary Carpenter, Florence Nightingale, Lady Aberdeen, Mrs. Paterson, Octavia Hill, Elizabeth Blackwell, Josephine Butler, y otras en Inglaterra, y los nombres de Luise Otto, Luise B\u00fcchner, Maria Calm, Jeannette Schwerin, Auguste Schmidt, Helene Lange, Katharina Scheven, etc., en Alemania, son siempre mencionados con agradecido respeto. Al mismo tiempo este partido es propenso a oscilaciones inciertas por causa de la falta de principios fijos y fines claramente discernidos. En tanto estas sociedades de mujeres se llaman expresamente interconfesionales renuncian al poder motivador de la convicci\u00f3n religiosa y pretenden exclusivamente la prosperidad temporal de las mujeres. Tal dejar de lado los supremos intereses apenas es compatible con las palabras de Cristo: \u201cBuscad por tanto primero el reino de Dios y su justicia, y todas esas cosas se os dar\u00e1n por a\u00f1adidura\u201d (Mt., 6, 33), y es lo m\u00e1s incompatible con la ense\u00f1anza de Cristo sobre el matrimonio y la virginidad, que es de suprema importancia, particularmente para el bienestar de la mujer. Una soluci\u00f3n exitosa de la cuesti\u00f3n femenina moderna s\u00f3lo se debe esperar de una reorganizaci\u00f3n de las condiciones modernas de acuerdo con los principios del Cristianismo, como ha expuesto Anna Jameson (1797-1860) en las obras, \u201cHermanas de la Caridad\u201d (Londres, 1855) y \u201cComuni\u00f3n del Trabajo\u201d (Londres, 1856). Se ha hecho tambi\u00e9n frecuentemente esfuerzos por los protestantes en Inglaterra, Am\u00e9rica y Alemania de afrontar la dificultad en imitaci\u00f3n de la labor caritativa cat\u00f3lica: as\u00ed en 1836 se fund\u00f3 el \u201cInstituto de Diaconisas\u201d alem\u00e1n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En Alemania el primer intento de alcanzar una soluci\u00f3n a la cuesti\u00f3n femenina por protestantes ortodoxos fue hecho por Elizabeth Gnauck-K\u00fchne, quien fund\u00f3 el \u201cEvangelisch-sozialer Congress\u201d (Congreso social protestante). En la actualidad este movimiento est\u00e1 representado desde 1899 por la \u201cDeutsch-evangelische Frauenbund\u201d y por la rama femenina de la \u201cFreie kirchlich-soziale Konferenz\u201d. No se ha de buscar, sin embargo, una influencia cristiana profunda en estas fuentes. El Protestantismo es, ha de decirse, una clase de Cristianismo mutilado, en el que la mujer est\u00e1 especialmente perjudicada por la abrogaci\u00f3n de la dedicaci\u00f3n de su virginidad a Dios. A\u00fan peor es el efecto de la decadencia constantemente creciente del Protestantismo, en el que la negaci\u00f3n de la Divinidad de Cristo gana fuerza constantemente. Por esta raz\u00f3n el partido de la Iglesia Protestante en la agitaci\u00f3n por los derechos de las mujeres en pa\u00edses predominantemente protestantes es mucho m\u00e1s peque\u00f1o que los partidos liberal y radical.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las mujeres cat\u00f3licas fueron las \u00faltimas en tomar parte en la agitaci\u00f3n. La principal raz\u00f3n para esto es el car\u00e1cter inexpugnable de los principios cat\u00f3licos. Debido a esto el sufragio de la mujer no se convirti\u00f3 en una cuesti\u00f3n candente tan r\u00e1pidamente en los pa\u00edses puramente cat\u00f3licos como en los protestantes y en los religiosamente mixtos. Los conventos, la indisolubilidad del matrimonio sacramental, y las tradicionales obras de caridad resolvieron muchas dificultades. Sin embargo, por causa del car\u00e1cter internacional del movimiento y de las causas que lo produc\u00edan, las mujeres cat\u00f3licas finalmente no se quedaron atr\u00e1s en la cooperaci\u00f3n para resolver la cuesti\u00f3n, especialmente cuando el ataque de las ideas revolucionarias en la Iglesia hoy es m\u00e1s grave en los pa\u00edses cat\u00f3licos. Durante mucho tiempo la caridad cristiana no ha sido suficiente para las necesidades de la \u00e9poca actual. La ayuda social debe suplir a las normas legales en las demandas justificadas de las mujeres. Con este prop\u00f3sito, se constituyeron las \u201cligues des femmes chr\u00e9tiennes\u201d en B\u00e9lgica en 1893; en Francia \u201cLe feminisme chr\u00e9tien\u201d y \u201cL\u2019action sociale des femmes\u201d se fundaron en 1895, despu\u00e9s de que la revista internacional, \u201cLa femme contemporaine\u201d fuera fundada en 1893. En Alemania la \u201cKatholisches Frauenbund\u201d se fund\u00f3 en 1904, y la \u201cKatholische Reichs-Frauenorganisation\u201d se fund\u00f3 en Austria en 1907, mientras que una asociaci\u00f3n femenina se fund\u00f3 en Italia en 1909. En 1910 se fund\u00f3 en Bruselas la \u201cKatholisches Frauen-Weltbund\u201d (Asociaci\u00f3n Internacional de Mujeres Cat\u00f3licas) por la apremiante insistencia de la \u201cLigue patriotique des Fran\u00e7aises\u201d. As\u00ed existe hoy una asociaci\u00f3n internacional de mujeres cat\u00f3licas, en oposici\u00f3n a la asociaci\u00f3n internacional liberal de mujeres y a la uni\u00f3n internacional socialdem\u00f3crata. La asociaci\u00f3n cat\u00f3lica compite con estas otras en pretender llevar a cabo una reforma social en beneficio de las mujeres de acuerdo con los principios de la Iglesia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aparte de la luz lanzada por los principios cat\u00f3licos sobre este asunto, la soluci\u00f3n de las tareas de esta asociaci\u00f3n cat\u00f3lica se hace m\u00e1s f\u00e1cil por la experiencia ya adquirida en el movimiento femenino. En lo que respecta a la primera parte de la cuesti\u00f3n femenina, la industria femenina, ha ganado terreno constantemente la opini\u00f3n de que \u201cpese a todos los cambios de la vida econ\u00f3mica y social la vocaci\u00f3n general y principal de las mujeres sigue siendo la de esposa y madre, y por tanto es necesario por encima de todo hacer que el sexo femenino est\u00e9 capacitado y sea eficiente para los deberes que derivan de su vocaci\u00f3n\u201d (Pierstorff). Cu\u00e1nto deban ampliarse las oportunidades para el trabajo de la mujer para su sustento debe hacerse depender de la cuesti\u00f3n de si el correspondiente trabajo da\u00f1a o no su disposici\u00f3n f\u00edsica para la maternidad. Los prudentes consejos de los m\u00e9dicos coinciden en este punto con las reconvenciones de los estadistas que est\u00e1n ansiosos por la prosperidad nacional. As\u00ed el discurso del anterior presidente, Roosevelt, en el congreso nacional de madres americanas en Washington en 1895 encontr\u00f3 aprobaci\u00f3n en todo el mundo (Cf. Max von Gruber, \u201cM\u00e4dchenerziehung und Rassenhygiene\u201d, Munich, 1910). Por otro lado, el Cristianismo cat\u00f3lico en particular, de acuerdo con sus tradiciones, pide de la mujer actual el m\u00e1s intenso inter\u00e9s por las mujeres trabajadoras de todas clases, especialmente inter\u00e9s por las que trabajan en f\u00e1bricas o llevan a cabo trabajo industrial en su hogar. Los logros de la \u201cUni\u00f3n Protectora de las Mujeres Trabajadoras\u201d norteamericana y de la \u201cUni\u00f3n Nacional para la mejora de la educaci\u00f3n de todas las mujeres de todas las clases\u201d inglesa se los pone como meta la \u201cVerband katholischer Vereine erwerbst\u00e4tiger Frauen und M\u00e4dchen\u201d (Asociaciones Cat\u00f3licas Unidas de Mujeres Trabajadoras, Casadas y Solteras) de Berl\u00edn.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La segunda parte de la cuesti\u00f3n femenina, que por necesidad viene directamente detr\u00e1s de la de ganarse el sustento, es la de una adecuada educaci\u00f3n. La Iglesia Cat\u00f3lica no pone aqu\u00ed barreras que no hayan sido establecidas ya por la naturaleza. F\u00e9nelon expresa esta necesaria limitaci\u00f3n as\u00ed: \u201cLa ense\u00f1anza de las mujeres como la de los hombres debe limitarse al estudio de las cosas que pertenecen a su vocaci\u00f3n; la diferencia en sus actividades debe dar tambi\u00e9n una direcci\u00f3n diferente a sus estudios.\u201d El ingreso de mujeres como estudiantes en las universidades, que se ha extendido en los \u00faltimos a\u00f1os en todos los pa\u00edses, ha de juzgarse seg\u00fan estos principios. Lejos de obstruir tal proceder en s\u00ed mismo, los cat\u00f3licos lo animan. Esto ha llevado en Alemania a fundar la \u201cHildegardisverein\u201d para la ayuda de mujeres cat\u00f3licas estudiantes de las ramas superiores de la ense\u00f1anza. Adem\u00e1s, la naturaleza tambi\u00e9n demuestra aqu\u00ed su innegable poder regulador. No hay necesidad de temer la sobreocupaci\u00f3n de profesiones acad\u00e9micas por las mujeres.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la profesi\u00f3n m\u00e9dica, que es junto a la ense\u00f1anza la primera en tomarse en cuenta al discutir las profesiones de las mujeres, hay actualmente en Alemania unas 100 mujeres junto a 30.000 hombres. Para la mujer estudiosa como para las dem\u00e1s que se gana la vida la vocaci\u00f3n acad\u00e9mica es s\u00f3lo una posici\u00f3n temporal. Los sexos no pueden estar nunca en igualdad en lo que se refiere a estudios proseguidos en la universidad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La tercera parte de la cuesti\u00f3n de la mujer, la posici\u00f3n social legal de la mujer, puede, como se demuestra por lo que se ha dicho, s\u00f3lo decidirse por los cat\u00f3licos de acuerdo con la concepci\u00f3n org\u00e1nica de la sociedad, pero no de acuerdo con el individualismo desintegrador. Por tanto, la actividad pol\u00edtica del hombre es y contin\u00faa siendo diferente de la de la mujer, como se ha mostrado m\u00e1s arriba. Es dif\u00edcil unir la participaci\u00f3n directa de la mujer en la vida pol\u00edtica y parlamentaria actual con su deber predominante como madre. Si se deseara excluir a las mujeres casadas o conceder a las mujeres s\u00f3lo el voto propiamente dicho, no se alcanzar\u00eda la igualdad buscada. Por otro lado, la influencia indirecta de las mujeres, que en un estado bien ordenado contribuye a la estabilidad y el orden moral, sufrir\u00eda grave da\u00f1o por la igualdad pol\u00edtica. Los compromisos a favor de la participaci\u00f3n directa de las mujeres en la vida pol\u00edtica que \u00faltimamente han sido propuestos y pretendidos por cat\u00f3licos aqu\u00ed y all\u00ed pueden considerarse, por tanto, como medidas a medias. La oposici\u00f3n expresada por muchas mujeres a la introducci\u00f3n del sufragio femenino, como por ejemplo, la Asociaci\u00f3n del Estado de Nueva York opuesta al Sufragio Femenino, deber\u00eda considerarse por los cat\u00f3licos como, al menos, la voz del sentido com\u00fan. Donde la mayor\u00eda se empe\u00f1e en el derecho de la mujer a votar, las mujeres cat\u00f3licas sabr\u00e1n c\u00f3mo hacer uso de \u00e9l.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por otro lado los tiempos modernos demandan m\u00e1s que nunca la participaci\u00f3n directa de la mujer en la vida p\u00fablica en aquellos puntos en que debe representar los intereses espec\u00edficos de las mujeres por causa de su influencia materna o de su independencia industrial. As\u00ed se necesitan cargos femeninos en los departamentos de mujeres de las f\u00e1bricas, oficinas de empleo oficiales, hospitales, y prisiones. La experiencia prueba que tambi\u00e9n se precisan funcionarias femeninas para la protecci\u00f3n del honor femenino. La cuesti\u00f3n legal se convierte aqu\u00ed en cuesti\u00f3n moral que con el nombre de \u201cM\u00e4dchenschutz\u201d (protecci\u00f3n de las chicas) ha sido activamente promovido por las mujeres. En realidad debe hacerse mucho m\u00e1s por ello. En 1897 se fund\u00f3 en Friburgo, Suiza, la \u201cAssociation catholique internationale des oeuvres de protection de la jeune fille\u201d, cuyos trabajos se extienden a todas las partes del mundo. As\u00ed considerado el movimiento de la mujer es un signo gratificante de los tiempos que indica la vuelta a un estado saludable de las condiciones sociales.\n<\/p>\n<h2>La Mujer en los Pa\u00edses Angloparlantes<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">El movimiento para lo que se ha llamado la emancipaci\u00f3n de la mujer, que ha sido una caracter\u00edstica tan se\u00f1alada de los siglos XIX y XX, ha causado una impresi\u00f3n m\u00e1s profunda en los pa\u00edses de habla inglesa que en cualquier otro. La protesta contra la injusta opresi\u00f3n de las mujeres por leyes hechas por el hombre se ha hecho cada vez m\u00e1s fuerte, aunque debe confesarse que todas las mejoras sucesivas en la posici\u00f3n de las mujeres tambi\u00e9n se han producido por leyes hechas por los hombres. Las diversas incapacidades impuestas por la ley o la costumbre a las mujeres se han ido quitando gradualmente por la legislaci\u00f3n, hasta que, ahora, en los pa\u00edses de lengua inglesa apenas se necesita nada para la perfecta igualdad de la mujer con el hombre ante la ley, excepto el derecho de sufragio en su m\u00e1s amplia extensi\u00f3n y la admisi\u00f3n de las mujeres a todas las magistraturas municipales y nacionales, que ser\u00e1 despu\u00e9s el inevitable resultado de la retirada de toda restricci\u00f3n en el sufragio. Que la gradual mejora del status legal de las mujeres en el curso de los tiempos ha suprimido muchas injusticias enormes no se puede dudar. Sin embargo, el que se demuestre que todos los cambios hechos en su favor son puramente beneficiosos para ellas y para la raza, y espec\u00edficamente que la supresi\u00f3n de toda restricci\u00f3n sobre el sufragio y la admisi\u00f3n de las mujeres a posiciones legislativas, judiciales y ejecutivas de confianza p\u00fablica sea un cambio deseable en el organismo pol\u00edtico se duda por muchos de todos los matices de creencia religiosa o no creencia, y probablemente por la mayor\u00eda de los cat\u00f3licos en posiciones oficiales y no oficiales.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En ingl\u00e9s la palabra \u201cwoman\u201d (mujer) es una contracci\u00f3n de \u201cwife-man\u201d (esposa del hombre). Esto indica que desde los tiempos m\u00e1s antiguos los anglosajones cre\u00edan que la esfera propia de la mujer era la dom\u00e9stica. Las leyes inglesas m\u00e1s antiguas tratan por consiguiente en su mayor parte de la relaci\u00f3n matrimonial. La denominada \u201ccompra de la novia\u201d no era una transacci\u00f3n de trueque, sino que era una contribuci\u00f3n por parte del marido para adquirir una parte de la propiedad de la familia.; mientras que el \u201cregalo de la ma\u00f1ana\u201d era un acuerdo hecho sobre la novia. Esta costumbre, aunque en uso entre los antiguos teutones, se encontraba tambi\u00e9n en las antiguas leyes romanas incorporadas en la redacci\u00f3n de Justiniano. El rey Etelberto promulg\u00f3 que si un hombre seduc\u00eda a la esposa de otro el seductor deb\u00eda pagar los gastos del segundo matrimonio de aqu\u00e9l. Respecto a la propiedad, el c\u00f3digo del rey Ina reconoce el derecho de la mujer a un tercio de las posesiones de su marido. En una fecha posterior, el rey Edmundo I decret\u00f3 que por contrato prenupcial la mujer pod\u00eda adquirir derecho a la mitad de la propiedad de la familia, y si despu\u00e9s de la muerte de su marido segu\u00eda sin casarse, ten\u00eda derecho a todas sus posesiones, siempre que hubieran nacido hijos de la uni\u00f3n. La monogamia era estrictamente obligatoria, y las leyes del rey Canuto decretaban como pena por adulterio que se cortara la nariz y las orejas de la mujer pecadora. Se promulgaron diversas leyes para la protecci\u00f3n de las esclavas. Tras la conquista normanda, m\u00e1s incluso que en la \u00e9poca anglosajona, la tendencia de la legislaci\u00f3n fue m\u00e1s bien de legislar alrededor del hombre y la mujer que entre ellos. La consecuencia fue que el marido, como c\u00f3nyuge predominante adquiri\u00f3 mayores derechos sobre la persona y la propiedad de la esposa. A su muerte, sin embargo, ella siempre reclamaba sus derechos de viudedad y una parte de sus posesiones. En el mismo periodo las leyes escocesas decretaban que se pagara, seg\u00fan el rango de la mujer, una cierta cantidad al se\u00f1or de la mansi\u00f3n en el matrimonio de la hija de un vasallo. Podemos hacer notar aqu\u00ed que el infame droit du seigneur (el derecho del se\u00f1or a pasar la primera noche con la esposa de su vasallo) es una f\u00e1bula de fecha reciente de la que no se encuentra la m\u00e1s ligera traza en las leyes, historias, o literatura de ning\u00fan pa\u00eds civilizado de Europa. La ley escrita de Inglaterra dispensa a las mujeres de todas las obligaciones civiles que son propias de los hombres, tales como rendir homenaje, sostener feudos militares, hacer juramento de fidelidad, aceptar el oficio de sheriff, y las obligaciones que de ello se derivaban. Pod\u00edan, sin embargo, recibir homenaje, y ser hechas la guardiana de una aldea o castillo, siempre que no fuera uno de los que formaban la defensa de la naci\u00f3n. A los catorce a\u00f1os, si era una heredera, una mujer pod\u00eda tener concesi\u00f3n de tierras. Si hac\u00eda testamento, era revocado por su matrimonio subsiguiente. Una mujer no pod\u00eda ser testigo ante un tribunal respecto al status de un hombre, y no pod\u00eda acusar a un hombre de asesinato excepto en el caso en que la v\u00edctima fuera su marido. No se concedi\u00f3 beneficio clerical a mujeres en los tiempos anteriores a la Reforma, porque la idea repugnaba al sentimiento cat\u00f3lico. Las mujeres pod\u00edan trabajar y comerciar, y el rey Eduardo III, cuando restringi\u00f3 a los trabajadores a usar una artesan\u00eda, exceptu\u00f3 de esta regla a las mujeres. Hubo muchas normas antiguas sobre el vestido de las mujeres, siendo la prescripci\u00f3n general que deb\u00edan vestirse seg\u00fan el rango de sus maridos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La legislaci\u00f3n de los siglos XIX y XX ha hecho mucho por aliviar a las mujeres de la incapacidades que les fueron impuestas por la antigua ley escrita. El principio de la ley inglesa moderna es el contrario del prevaleciente en la \u00e9poca antigua, pues ahora la tendencia de todas las normas es legislar entre marido y mujer m\u00e1s que alrededor suyo. La consecuencia es que la diferencia de sexos es pr\u00e1cticamente desde\u00f1ada por el legislador ingl\u00e9s moderno, excepto en algunos casos referentes al matrimonio y los hijos. En las dem\u00e1s cuestiones las \u00fanicas incapacidades que subsisten en la ley inglesa son que no pueden suceder abintestato cuando existe heredero masculino y que est\u00e1n privadas de sufragio parlamentario. En algunos aspectos las mujeres est\u00e1n por delante de los hombres: as\u00ed, las mujeres pueden v\u00e1lidamente casarse a los doce a\u00f1os y pueden hacer un contrato v\u00e1lido de propiedad a los diecisiete con la aprobaci\u00f3n del tribunal, siendo las edades respectivas para el hombre catorce y veinte. Respecto a la custodia de los hijos, la ley puede ahora conceder a la madre el pleno control de su descendencia y el derecho de nombrar un tutor o de actuar como tutora ella misma, al menos mientras el ni\u00f1o tenga menos de diecis\u00e9is a\u00f1os de edad. En el caso de hijos ileg\u00edtimos, aunque la madre es la responsable de su mantenimiento, aun as\u00ed puede obtener del tribunal una orden de filiaci\u00f3n y obligar al padre putativo. El adulterio no es un crimen para la ley inglesa, y una mujer no puede obtener el divorcio de su marido sobre tal \u00fanica base, aunque \u00e9l puede hacerlo de ella. Ni el adulterio ni la fornicaci\u00f3n se castigan por la ley inglesa. La separaci\u00f3n judicial y el mantenimiento en caso de abandono son remedios para la mujer que se han extendido y favorecido mucho por la legislaci\u00f3n reciente. La acci\u00f3n por quebrantamiento de promesa de matrimonio puede presentarse tanto por el hombre como por la mujer, y la promesa no necesita estar por escrito. En los Estados Unidos las leyes tratan muy escasamente de las mujeres. Los diversos departamentos del gobierno emplean funcionarias y nombran matronas para los hospitales y enfermeras para el ej\u00e9rcito. Las esposas de ciudadanos de los Estados Unidos, que se pueden nacionalizar legalmente, tienen los derechos de los ciudadanos. Las cuestiones de propiedad, derecho al voto, y divorcio se han tratado por varias legislaturas estatales y no hay uniformidad, pero las principales disposiciones de estas r\u00fabricas se rese\u00f1ar\u00e1n despu\u00e9s.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aunque en la \u00e9poca antigua las mujeres se ocupaban hasta cierto punto en la industria, estas industrias eran generalmente de una naturaleza tal que pod\u00eda ser ejercida dentro de casa. El advenimiento de las modificadas condiciones industriales del Siglo XIX forz\u00f3 a las mujeres a otros empleos para lograr lo necesario para la vida. El progreso fue, sin embargo, muy lento. En 1840 Harriet Martineau afirmaba que s\u00f3lo hab\u00eda siete ocupaciones para las mujeres en Estados Unidos: costura, composici\u00f3n tipogr\u00e1fica, f\u00e1bricas de algod\u00f3n, servicio dom\u00e9stico, tener hu\u00e9spedes, y ense\u00f1aza. Todas estas ocupaciones eran miserablemente recompensadas, pero gradualmente los empleos mejor pagados en otros campos se abrieron a las mujeres. De las profesiones liberales, la medicina fue la primera en conferir sus grados a m\u00e9dicos femeninas. El primer diploma de medicina se otorg\u00f3 en 1849 en el Estado de Nueva York, y su recipiendaria se licenci\u00f3 en Inglaterra en 1859, aunque este \u00faltimo pa\u00eds no concedi\u00f3 un diploma m\u00e9dico a una mujer hasta 1865. A fines del Siglo XIX hab\u00eda unos sesenta colegios m\u00e9dicos en los Estados Unidos y Canad\u00e1 que educaban a mujeres. Actualmente las mujeres son libremente admitidas en las sociedades m\u00e9dicas y se les permite unirse en consulta con los m\u00e9dicos masculinos. En 1908 el Real Colegio de M\u00e9dicos y cirujanos de Inglaterra admiti\u00f3 a mujeres a su diploma y asociaci\u00f3n. En la admisi\u00f3n a la profesi\u00f3n jur\u00eddica el camino de las mujeres ha sido m\u00e1s dif\u00edcil. A\u00fan en 1903 la C\u00e1mara de los Lores brit\u00e1nica decidi\u00f3 en contra de la admisi\u00f3n de mujeres en la Asociaci\u00f3n de abogados inglesa, aunque algunas trabajan como procuradores. En los Estados Unidos, el Estado de Iowa permiti\u00f3 a las mujeres actuar en la pr\u00e1ctica jur\u00eddica en 1869, y muchos de los estados, especialmente de la parte Oeste del pa\u00eds, las admiten ahora a practicar. En Canad\u00e1 la Sociedad Jur\u00eddica de Ontario decidi\u00f3 admitir a las mujeres a actuar como abogados en 1896. Respecto a la tercera de las profesiones liberales, la teolog\u00eda, est\u00e1 claro que el ministerio sagrado est\u00e1 cerrado a las mujeres cat\u00f3licas por ley divina. Las sectas, sin embargo, comenzaron a admitir mujeres ministros ya en 1853 en los Estados Unidos y, actualmente, los Unitarianos, los Congregacionalistas, los Hermanos Unidos, los Universalistas, los Metodistas protestantes, los Metodistas libres, los Cristianos (Campbellistas), los Baptistas, y los Baptistas libres han ordenado mujeres para su ministerio. En 1910 los cristianos libres nombraron ministro a una mujer en Inglaterra. El periodismo y las artes est\u00e1n tambi\u00e9n abiertos a las mujeres, y han logrado considerable distinci\u00f3n en esos campos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con respecto a la propiedad, las viudas y solteras tienen iguales derechos que los hombres seg\u00fan la ley inglesa. Una mujer casada puede adquirir, poseer, y disponer de propiedad real y personal como su propia propiedad separada. Se le tiene por responsable de sus contratos y su propia propiedad separada, como tambi\u00e9n de sus deudas y acuerdos anteriores al matrimonio, salvo que se pruebe una responsabilidad en contrario. El marido no puede hacer pactos respecto a la propiedad de su mujer salvo que ella los confirme. Si una mujer casada tiene propiedad separada es responsable del sostenimiento de padres, abuelos, hijos e incluso marido, si no tienen otros medios de subsistencia. Se han hecho leyes tambi\u00e9n para proteger la propiedad de la mujer de la influencia de su marido. En muchos estados de la Uni\u00f3n americana la emancipaci\u00f3n de la propiedad de las mujeres ha marchado regularmente como en Inglaterra. Connecticut, en 1809, fue el primer estado en facultar a las mujeres casadas a hacer testamento, y Nueva York, en 1848, garantiz\u00f3 a las mujeres casadas el control de su propiedad separada. Estos dos estados han sido seguidos por casi todos los dem\u00e1s en la concesi\u00f3n de ambos privilegios. Las leyes de divorcio difieren en los diversos estados, pero la igualdad de mujeres y hombres respecto a los motivos de divorcio es reconocida generalmente, y habitualmente se conceden alimentos a la esposa en medida generosa. En la aplicaci\u00f3n pr\u00e1ctica de la ley civil y criminal en los Estados Unidos, la tendencia de los \u00faltimos a\u00f1os ha sido favorecer a las mujeres m\u00e1s que a los hombres.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En ning\u00fan campo de la actividad p\u00fablica se ha desencadenado un conflicto m\u00e1s violento sobre los derechos de las mujeres que en el del sufragio. En \u00e9pocas antiguas, incluso, las mujeres hab\u00edan actuado como reinas que gobernaban, y las abadesas hab\u00edan ejercido derechos territoriales, pero la idea general de las mujeres mezcladas en la vida p\u00fablica se desechaba. La \u00faltima mitad del Siglo XIX vio al movimiento por el sufragio pol\u00edtico de las mujeres convertirse en un serio factor del cuerpo pol\u00edtico. La idea no era enteramente nueva, pues Margaret Brent, una cat\u00f3lica, hab\u00eda reclamado el derecho a sentarse en la Asamblea de Maryland en 1647, y en la \u00e9poca revolucionaria, Mercy Otis Warren, Abigail Adams y otras hab\u00edan pedido representaci\u00f3n directa para las mujeres que pagaban impuestos. En Inglaterra, Mary Astell en 1697 y Mary Wollstonecraft en 1790 fueron campeonas de los derechos de las mujeres. Tras mediar el Siglo XIX se formaron asociaciones para el sufragio de las mujeres en Gran Breta\u00f1a y los Estados Unidos, con el resultado de que muchos hombres se convirtieron a la idea de las mujeres ejerciendo el derecho al voto. En la actualidad las mujeres pueden votar para todos los cargos en Gran Breta\u00f1a, excepto para los miembros del Parlamento. Tienen sufragio pleno en Nueva Zelanda y Australia, y sufragio municipal en la mayor\u00eda de las provincias de la Am\u00e9rica del Norte brit\u00e1nica. En los Estados Unidos, las mujeres tienen igual sufragio que los hombres en seis estados: Wyoming, Colorado, Utah, Idaho, Washington y California (1912). Otros varios estados han adoptado enmiendas de sufragio femenino para someterlas al pueblo. Treinta estados han concedido a las mujeres sufragio escolar, y cinco conceden a las mujeres que pagan impuestos el derecho a votar las cuestiones de imposici\u00f3n. Hay una Asociaci\u00f3n Nacional Americana para el Sufragio de las Mujeres con sede en la ciudad de Nueva York, pero debe se\u00f1alarse que en 1912 se organiz\u00f3 tambi\u00e9n en esa ciudad una asociaci\u00f3n nacional de mujeres opuesta al sufragio femenino.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Iglesia Cat\u00f3lica no ha hecho ning\u00fan pronunciamiento doctrinal sobre la cuesti\u00f3n de los derechos de las mujeres en el significado actual de ese t\u00e9rmino. Ha reivindicado desde el principio la dignidad femenina y ha declarado que en asuntos espirituales el hombre y la mujer son iguales, seg\u00fan las palabras de San Pablo: \u201cNo hay hombre ni mujer, pues todos son uno en Cristo Jes\u00fas\u201d (G\u00e1latas, 3, 28). La Iglesia ha defendido tambi\u00e9n celosamente la santidad de la vida dom\u00e9stica, tan desastrosamente violada ahora por el mal del divorcio, y aunque apoyando la jefatura de la familia del marido tambi\u00e9n ha reivindicado la posici\u00f3n de la madre y esposa en el hogar. Donde los derechos y obligaciones de la familia y la dignidad femenina no son violados en otros campos de acci\u00f3n, la Iglesia no pone obst\u00e1culos al progreso de la mujer. Por regla general, sin embargo, las opiniones de la mayor\u00eda de los cat\u00f3licos parece desaprobar la actividad pol\u00edtica de las mujeres. En Inglaterra algunos distinguidos prelados, entre ellos el cardenal Vaughan, favorec\u00edan el sufragio de las mujeres. Su Eminencia declar\u00f3: \u201cCreo que la extensi\u00f3n del sufragio parlamentario a las mujeres en las mismas condiciones que lo tienen los hombres ser\u00eda una medida justa y beneficiosa, tendente a elevar m\u00e1s que a rebajar el discurrir de la legislaci\u00f3n nacional\u201d. El cardenal Moran en Australia tuvo opiniones similares: \u201c\u00bfQu\u00e9 significa votar para una mujer? Como madre, tiene especial inter\u00e9s en la legislaci\u00f3n de su pa\u00eds, pues de ella depende el bienestar de sus hijos&#8230;La mujer que cree que se vuelve poco femenina por votar es una criatura tonta\u201d (Citas de \u201cThe Tablet\u201d, Londres, 16 de mayo de 1912). Los obispos de Irlanda parecen m\u00e1s bien a favor de la abstenci\u00f3n de las mujeres de la pol\u00edtica, y \u00e9sta es tambi\u00e9n la actitud de muchos obispos americanos, al menos en cuanto se refiere a pronunciamientos p\u00fablicos. Varios prelados americanos, sin embargo, se han expresado a favor del sufragio de la mujer al menos en los asuntos municipales. En Gran Breta\u00f1a una Sociedad Cat\u00f3lica para el Sufragio de las Mujeres se organiz\u00f3 en 1912.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cualquiera que pueda ser la actitud de los prelados de la Iglesia hacia los derechos pol\u00edticos de las mujeres, no puede haber duda de su fervorosa cooperaci\u00f3n en todos los movimientos para la educaci\u00f3n superior de las mujeres y su mejora social. Adem\u00e1s de las academias y colegios de las \u00f3rdenes religiosas femeninas dedicadas a la ense\u00f1anza, se han organizado casas para educar a las mujeres cat\u00f3licas en disciplinas universitarias en la Universidad Cat\u00f3lica de Washington y en la Universidad de Cambridge en Inglaterra. Las mujeres se est\u00e1n multiplicando en las profesiones liberales en todos los pa\u00edses de habla inglesa. En el trabajo en sentido social la Iglesia siempre ha tenido sus \u00f3rdenes religiosas femeninas, cuya abnegaci\u00f3n y devoci\u00f3n a la causa de los pobres y enfermos ha estado m\u00e1s all\u00e1 de toda alabanza. \u00daltimamente, las mujeres cat\u00f3licas de todas las posiciones en la vida han despertado a las grandes posibilidades para el bien en el trabajo social de todas clases, y se han constituido asociaciones tales como la Liga de Mujeres Cat\u00f3licas en Inglaterra y la Mujeres irlandesas unidas en Irlanda. En los Estados Unidos un movimiento que tiene el activo apoyo del arzobispo de Milwaukee y la aprobaci\u00f3n del anterior delegado papal, cardenal Falconio, est\u00e1 en marcha (1912) para constituir una federaci\u00f3n nacional de asociaciones de mujeres cat\u00f3licas.\n<\/p>\n<h2>Las Mujeres en el Derecho Can\u00f3nico<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">I. Ulpiano (Dig., I, 16, 195) da una c\u00e9lebre regla de derecho que muchos canonistas han incorporado a sus obras: \u201cLas mujeres son inelegibles a todos los cargos civiles y p\u00fablicos, y por tanto no pueden ser jueces, ni tener una magistratura, ni actuar como abogados, mediadores judiciales, ni procuradores.\u201d Los cargos p\u00fablicos son aquellos en que se ejerce la autoridad p\u00fablica; los cargos civiles, los relacionados de otra manera con asuntos municipales. La raz\u00f3n dada por los canonistas para esta prohibici\u00f3n no es la ligereza, debilidad o fragilidad del sexo femenino, sino la preservaci\u00f3n de la modestia y dignidad peculiares a la mujer. Para la preservaci\u00f3n de \u00e9sta se han dado muchas normas relativas al atav\u00edo femenino. As\u00ed, las mujeres no pueden usar vestido masculino, una prohibici\u00f3n que se encuentra ya en el Antiguo Testamento (Deut., 22, 15). Los c\u00e1nones a\u00f1aden, sin embargo, que la adopci\u00f3n del vestido de hombre ser\u00eda excusable en caso de necesidad (Can. Quoniam 1, qu.7), que parece aplicarse al bien conocido caso de la Beata Juana de Arco. Las mujeres deben abstenerse de todo adorno que sea indecoroso en sentido moral (Can. Qui viderit, 13, c. 42, qu. 5). Algunos de los antiguos Padres son muy severos con la pr\u00e1ctica de usar pigmentos para el rostro. San Cipriano (De habitu virg.) dice: \u201cNo s\u00f3lo las v\u00edrgenes y viudas, sino tambi\u00e9n las mujeres casadas, creo, deben ser amonestadas para que no desfiguren la obra y criatura de Dios usando un color amarillo o polvo negro o crudo, ni corromper los rasgos naturales con cualquier loci\u00f3n.\u201d No se tiene, sin embargo, por trasgresi\u00f3n grave cuando las mujeres se adornan y pintan por ligereza o vanidad (Santo Tom\u00e1s, II-II: 169:2), y si se hace con intenci\u00f3n honrada y seg\u00fan la tradici\u00f3n del pa\u00eds de uno o de la posici\u00f3n de uno en la vida, no es censurable en absoluto (ibid., a.1). Los autores son incluso tan ben\u00e9volos como para decir que si el rostro se pinta para ocultar alg\u00fan defecto natural, es totalmente l\u00edcito, debido a las palabras de San Pablo (I Cor., 12, 23,24): \u201c Y a los que nos parecen los m\u00e1s viles del cuerpo, los rodeamos de mayor honor. As\u00ed a nuestras partes deshonestas las vestimos con mayor honestidad. Pues nuestras partes honestas no lo necesitan.\u201d Los canonistas condenan estrictamente las ropas femeninas que no cubren adecuadamente a la persona (Pignatelli, II, consult. 35), e Inocencio XI public\u00f3 un edicto contra este abuso en la ciudad de Roma.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">II. En asuntos religiosos y morales, las obligaciones y responsabilidades comunes de hombres y mujeres son las mismas. No hay una ley para el hombre y otra para la mujer, y en esto, naturalmente, los c\u00e1nones siguen la ense\u00f1anza de Cristo. Las mujeres, sin embargo, no est\u00e1n capacitadas para ciertas funciones relacionadas con la religi\u00f3n. As\u00ed, una mujer no est\u00e1 capacitada para recibir las \u00f3rdenes sagradas (cap. Novae, 10 de poen.). Ciertos herejes de los tiempos primitivos admit\u00edan mujeres al ministerio sagrado, como los Catafrigios, los Pepucianos y los Gn\u00f3sticos, y los Padres de la Iglesia al argumentar contra ellos dicen que es totalmente contrario a la doctrina apost\u00f3lica. M\u00e1s tarde los Lolardos y, en nuestra propia \u00e9poca, algunas denominaciones protestantes han constituido a mujeres como ministros. Wyclif y Lutero, que ense\u00f1aban que todos los cristianos son sacerdotes, negar\u00edan l\u00f3gicamente que el ministerio sagrado se debiera restringir al sexo masculino. En la Iglesia primitiva, se encuentra a veces a mujeres con los t\u00edtulos de obispa, sacerdotisa, diaconisa, pero son llamadas as\u00ed porque sus maridos hab\u00edan sido llamados al ministerio del altar. Hubo, es cierto, una orden de diaconisas, pero estas mujeres no fueron nunca miembros de la jerarqu\u00eda sagrada ni consideradas como tal. San Pablo (I Cor., 14, 34) declara:\u201dLas mujeres c\u00e1llense en las asambleas; que no les est\u00e1 permitido tomar la palabra; antes bien, est\u00e9n sumisas como tambi\u00e9n la Ley lo dice. Si quieren aprender algo, preg\u00fantenlo a sus propios maridos en casa; pues es indecoroso que la mujer hable en la asamblea\u201d. El Ap\u00f3stol tambi\u00e9n dice que en la iglesia \u201cdebe llevar la mujer sobre la cabeza una se\u00f1al de sujeci\u00f3n por raz\u00f3n de los \u00e1ngeles\u201d (I Cor., 11, 10). No se permite a las mujeres, aunque sean sabias y santas, ense\u00f1ar en los monasterios (cap. Mulier, 20 de consec.). De igual modo est\u00e1 prohibido que oficien en el altar incluso con car\u00e1cter subordinado. Un decreto dice: \u201cEst\u00e1 prohibido a cualquier mujer pretender acercarse al altar o asistir al sacerdote\u201d (cap. Inhibendum, 1 de cohab.), pues si una mujer debe mantener silencio en la iglesia, mucho m\u00e1s debe abstenerse del ministerio del altar, concluyen los canonistas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">III. Aunque las mujeres no est\u00e9n capacitadas para recibir el poder de las \u00f3rdenes sagradas, aun as\u00ed son susceptibles de alg\u00fan poder de jurisdicci\u00f3n. Por tanto, si una mujer sucede en alg\u00fan cargo o dignidad que tiene alguna jurisdicci\u00f3n aneja a \u00e9l, aunque no puede encargarse de la cura de almas, aun as\u00ed se ve capacitada para ejercer la jurisdicci\u00f3n ella misma y de encargar la cura de almas a un cl\u00e9rigo que pueda leg\u00edtimamente encargarse de ella, y puede otorgarle el beneficio (cap. Dilecta, de major. et obed.). Abadesas y prioras, por consiguiente, que han adquirido tal jurisdicci\u00f3n pueden ejercer los derechos de patronato en una iglesia parroquial y designar e instalar como p\u00e1rroco al candidato que haya aprobado el obispo diocesano para la cura de almas (S.C.C., 17 de Diciembre de 1701). Tal patrona puede tambi\u00e9n, en virtud de su jurisdicci\u00f3n, privar a los cl\u00e9rigos sujetos a ella de los beneficios que les haya concedido, retir\u00e1ndoles el t\u00edtulo y posesi\u00f3n. En tal caso, como el beneficio fue concedido con dependencia del patronato de una mujer y en colaci\u00f3n del t\u00edtulo y posesi\u00f3n, se concluye que el derecho espiritual del beneficiado era tambi\u00e9n dependiente de la misma, y cuando se los quitan, cesa su derecho espiritual en ellos, pues se presume que el Papa hace la jurisdicci\u00f3n eclesi\u00e1stica para el cuidado de las almas dependiente tambi\u00e9n de la posesi\u00f3n del beneficio de acuerdo con los derechos de patronato (Cf. Ferraris, m\u00e1s abajo.) La patrona no puede, sin embargo, suspender a tales cl\u00e9rigos ni ponerlos bajo interdicto o excomuni\u00f3n, porque una mujer no puede infligir censuras, ya que es incapaz de verdadera jurisdicci\u00f3n espiritual (cap. Dilecta, de majorit. et obed.). Una mujer, incluso una abadesa o priora que tiene jurisdicci\u00f3n sobre sus monjas, no puede bendecir p\u00fablicamente, puesto que el oficio de bendici\u00f3n viene del poder de las llaves, para el que no est\u00e1 capacitada una mujer. Puede, sin embargo, bendecir a sus s\u00fabditos de la misma manera que los padres suelen dar su bendici\u00f3n a sus hijos, pero no con alg\u00fan poder sacramental incluso aunque tenga derecho a llevar b\u00e1culo. (ver Abadesa).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otra especie de jurisdicci\u00f3n espiritual aparente fue prohibida a las superioras religiosas por Le\u00f3n XIII, cuando por el Decreto \u201cQuemadmodum\u201d (17 de Diciembre de 1890), prohibi\u00f3 cualquier manifestaci\u00f3n forzada de conciencia (vid.). P\u00edo X en su motu proprio sobre m\u00fasica en la iglesia (22 de Noviembre de 1903) se mueve por el hecho de que a las mujeres les est\u00e1 can\u00f3nicamente prohibido tomar parte ministerialmente en el culto divino cuando declara: \u201cDel mismo principio se deduce que los cantantes en la iglesia tienen un oficio lit\u00fargico real, y que, por tanto, a las mujeres, al ser incapaces de ejercer tal oficio, no se les puede admitir a formar parte del coro o capilla musical.\u201d Esto no impide a las mujeres, sin embargo, tomar parte en el canto de la congregaci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">IV. Desde los tiempos m\u00e1s antiguos de la Iglesia se han dado normas restrictivas respecto a la residencia de mujeres en las casas de los sacerdotes. Es verdad que San Pablo reivindicaba para s\u00ed mismo y San Bernab\u00e9 el derecho de recibir los servicios de mujeres en sus trabajos misioneros como los dem\u00e1s ap\u00f3stoles (I Cor., 9, 5), que seg\u00fan la costumbre jud\u00eda (Lucas, 8, 3) las empleaban con car\u00e1cter dom\u00e9stico, aunque advierte a San Timoteo: \u201cevita las viudas m\u00e1s j\u00f3venes\u201d (I Tim., 5, 11). Si los propios ap\u00f3stoles eran tan circunspectos, no es sorprendente que la Iglesia diera reglas severas respecto a las mujeres que habiten en las casas de hombres consagrados a Dios. Los primeros vestigios de una prohibici\u00f3n se encuentran en las dos ep\u00edstolas \u201cAd virgines\u201d atribuidas a San Clemente (a\u00f1os 92-101); San Cipriano en el Siglo III tambi\u00e9n advierte contra el abuso. El Concilio de Elvira (a\u00f1os 300-306) da la primera norma eclesi\u00e1stica sobre la materia: \u201cQue un obispo o cualquier otro cl\u00e9rigo tenga residiendo con \u00e9l o una hermana o hija virgen, pero no desconocidas\u201d (can. 27). El Concilio de Nicea (a\u00f1o 325) permite en una morada clerical \u201cla madre, hermana, t\u00eda, o personas apropiadas tales que no den pie a sospechas\u201d (can. 3). Este canon niceno contiene la regla general, que desde entonces se ha mantenido en sustancia en todos los decretos de los concilios. Seg\u00fan la disciplina actual, es derecho del obispo en el s\u00ednodo diocesano, aplicar esta regla general en su propia di\u00f3cesis, m\u00e1s exactamente definirla de acuerdo con las circunstancias de los tiempos, lugares, y personas. Sin embargo, el obispo no puede prohibir absolutamente el empleo de mujeres en su car\u00e1cter dom\u00e9stico en las viviendas de cl\u00e9rigos. Puede, sin embargo, prohibir la residencia de mujeres, incluso aunque sean parientes, en las casa de los sacerdotes, si no tienen buena reputaci\u00f3n. Si otros sacerdotes, tales como ayudantes, viven en la casa parroquial, el obispo puede exigir que las mujeres que sean parientas tengan la edad prescrita por los c\u00e1nones, que normalmente es de cuarenta a\u00f1os. En algunas di\u00f3cesis ha existido desde la Edad Media la costumbre de exigir el permiso del obispo por escrito para emplear amas de llaves, para poder estar seguro de que se cumplen las prescripciones can\u00f3nicas sobre edad y reputaci\u00f3n. En la Iglesia Oriental, le est\u00e1 totalmente prohibido a los obispos tener ninguna mujer residiendo en sus viviendas, y una serie de concilios desde 787 a 1891 ha repetido esta prohibici\u00f3n bajo penas severas. Este rigor de disciplina nunca ha sido acogido por la Iglesia Occidental, aunque se ha considerado adecuado que los obispos se adhieran a la norma com\u00fan de la Iglesia en esta materia incluso m\u00e1s rigurosamente que los sacerdotes. Como la Iglesia es tan sol\u00edcita en velar por la reputaci\u00f3n de los cl\u00e9rigos en la materia, as\u00ed ha promulgado muchas normas referentes a su relaci\u00f3n con las personas del otro sexo tanto en el hogar como fuera.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">V. Una ant\u00edfona en el oficio de la Sant\u00edsima Virgen, \u201cIntercede pro devoto femineo sexu\u201d ha dado origen a la creencia de que las mujeres se distinguen como m\u00e1s devotas que los hombres. Como cuesti\u00f3n de hecho, las palabras habitualmente traducidas como \u201cIntercede por el devoto sexo femenino\u201d quieren decir simplemente \u201cpor las monjas\u201d. La ant\u00edfona se toma de un serm\u00f3n atribuido a San Agust\u00edn (P.L. Serm. 194) en el que el autor distingue a los cl\u00e9rigos y las monjas del resto de los fieles, y emplea el t\u00e9rmino \u201cdevoto (esto es, ligado por votos) sexo femenino\u201d para las v\u00edrgenes consagradas, seg\u00fan la antigua costumbre de la Iglesia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Vea el art\u00edculo Mulieris Dignitatem, Carta Apost\u00f3lica de Juan Pablo II sobre la Dignidad y Vocaci\u00f3n de la Mujer.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<h2>Bibliograf\u00eda<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aparte de los libros mencionados en el texto del art\u00edculo, se pueden dar los siguientes de entre la enorme literatura sobre la materia:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">I. Para la cuesti\u00f3n femenina en su conjunto: Lange and B\u00e4umer, Handbuch der Frauenbewegung, v Pts. (Berl\u00edn, 1901-02); R\u00f6ssler, Die Frauenfrage vom Standpunkt der Natur, der Geschichte und der Offenbarung (2\u00aa ed., Friburgo, 1907); Cathrein, Die Frauenfrage (3\u00aa ed., Friburgo, 1909); Mausbach, Die Stellung der Frau im Menscheitsleben: Eine Anwendung katholischer Grunds\u00e4tze auf die Frauenfrage (Munich-Gladbach, 1906); Bekker, Die Frauenbewegung: Bedeutung, Probleme, Organisation (Kempten y Munich, 1911); Bettex, Mann und Weib (2\u00aaed., Leipzig, 1900); Lily Braun, Die Frauenfrage, ihre geschichtliche Entwicklung und ihre wirtschaftliche Seite (Leipzig, 1901); Wychgram, Die Kulturaufgaben der Frau (Leipzig, 1910-12); en los siguientes vols.: (1) Krukenberg, Die Frau in der Familie: (2) Freudenberg, Die Frau in die Kultur des \u00f6ffentlichen Lebens: (3) Wirminghaus, Die Frau und die Kultur des K\u00f6rpers; (4) Schleker, Die Kultur der Wohnung; (5) B\u00e4umer,Die Frau und das geistige Leben; (6) Schleker, Die Frau u. der Haustralt; Laboulaye, Recherches sur la condition civile et politique de la femme (Par\u00eds, 1843); Klamm, Die Frauen (6 vols., Dresde, 1857-59).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">II. Hist\u00f3rico: Kavanagh, The Women of Christianity (Londres, 1852); idem, French Women of Letters (1862); Weinhold, Die deutsche Frau im Mittelalter (3\u00aa ed., Viena, 1897); B\u00fccher, Die Frauenfrage im Mittelalter (Tubinga, 1910); Duboc, F\u00fcnfzig Jahre Frauenfrage in Deutschland (Leipzig, 1896); Norrenberg, Frauenarbeit und Arbeiterinnenerziehung in deutscher Vorzeit (Colonia, 1880); Stopes, British Freewomen, Their Historical Privilege (Londres, 1907); Peters, Das erste Vierteljahrhundert des allg. deutschen Frauenvereines (Leipzig, 1908)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">III. Cuesti\u00f3n moderna de la mujer: B\u00fccher, Die Frauen und ihr Beruf (5\u00aa ed., Leipzig, 1884); Parkes, Essays of Woman&#8217;s Work (1866); von Stein, Die Frau auf dem sozialen Gebiete (Stuttgart, 1880); Idem, Die Frau auf dem Begiete der National\u00f6konomie (6th ed., Stuttgart, 1886); Gnauck-K\u00fchne, Die deutsche Frau m die Jahrhundertwende (2\u00aa ed., Berlin, 1907); Poisson, La salaire des femmes (Par\u00eds, 1908); Criscuolo, La donna nella storia del diritto italiano (N\u00e1poles, 1890); Ostrogorski, La femme au point de vue du droit publique (1892); Gnauck-K\u00fchne, Warum organisieren wir die Arbeiterinnen? (Hamm, 1903); Idem, Arbeiterinnenfrage (Munich-Gladbach, 1905);Pierstorff, Frauenarbeit und Frauenfrage (Jena, 1900); Idem, Die Frau in der Wirtschaft des XX. Jahrhunderts in Handbuch der Politik, II, Par. 56 (Berl\u00edn, 1912); Gerhard and Simon, Mutterschaft und geistige Arbeit (Berl\u00edn, 1901); Salomon, Soziale Frauenpflichten (Berl\u00edn, 1902); Baumstatter, Die Rechtsverh\u00e4ltnisse der deutschen Frau nach der geltenden Gesetzgebung (Colonia, 1900); Dupanloup, La femme studieuse (7\u00aa ed., Par\u00eds, 1900); von Bischof, Das Studium und die Aus\u00fcbung der Medizin durch die Frauen (Munich, 1887); von Schkejarewsky, Die Unterschiedsmerkmale der m\u00e4nnlichen und weiblichen Typen mit Bezug auf die Frage der h\u00f6heren Frauenbildung (2\u00aa ed., W\u00fcrzburg, 1898); Eine Abrechnung mit der Frauenfrage (Hamburgo y Leipzig, 1906); Sigismund, Frauenstimmrecht (Leipzig, 1912); Idem, Muttererziehung durch Frauenarbeit (Friburgo, 1910).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Fuente<\/b>:  R\u00f6ssler, Augustin, and William Fanning. \u00abWoman.\u00bb The Catholic Encyclopedia. Vol. 15. New York: Robert Appleton Company, 1912.<br \/>\n<br \/>http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/15687b.htm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Traducido por Francisco V\u00e1zquez\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[1] Mulhieres dignitatem\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[2] Carta a la mujer.\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>v. Esposo, Hombre, Var\u00f3n Gen 2:22 de la costilla .. del hombre, hizo una m Gen 3:12 la m que me diste por compa\u00f1era me dio Gen 24:4 ir\u00e1s a .. y tomar\u00e1s m para mi hijo Isaac Gen 26:9 he aqu\u00ed ella es de cierto tu m. \u00bfC\u00f3mo Gen 39:7 la m de su &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/mujer\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abMUJER\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-3248","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3248","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3248"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3248\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3248"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3248"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3248"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}