{"id":3475,"date":"2016-02-04T23:53:47","date_gmt":"2016-02-05T04:53:47","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/parabola\/"},"modified":"2016-02-04T23:53:47","modified_gmt":"2016-02-05T04:53:47","slug":"parabola","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/parabola\/","title":{"rendered":"PARABOLA"},"content":{"rendered":"<p>v. Proverbio<br \/>\nNum 23:7 \u00e9l tom\u00f3 su p, y dijo: De Aram me trajo<br \/>\nEze 17:2 hijo .. comp\u00f3n una p a la casa de Israel<br \/>\nEze 20:49 ellos dicen de m\u00ed: \u00bfNo profiere \u00e9ste p?<br \/>\nEze 24:3 y habla por p a la casa rebelde, y diles<br \/>\nHos 12:10 y por medio de los profetas us\u00e9 p<br \/>\nMat 13:3; Mar 4:2 les habl\u00f3 muchas cosas por p<br \/>\nMat 13:13 por eso les hablo por p; porque viendo<br \/>\nMat 13:35 abrir\u00e9 en p mi boca; declarar\u00e9 cosas<br \/>\nMat 24:32; Mar 13:28; Luk 21:29 de la higuera aprended la p<br \/>\nMar 4:11; Luk 8:10 a los que est\u00e1n fuera, por p<br \/>\nMar 4:13 sab\u00e9is esta p? \u00bfc\u00f3mo .. entender\u00e9is .. p?<br \/>\nMar 4:34 y sin p no les hablaba; aunque a sus<\/p>\n<hr>\n<p>Par\u00e1bola    (heb. m\u00e2sh\u00e2l [de una ra\u00ed\u00adz sem. que evoca la idea de \u00abefigie\u00bb, \u00abrepresentaci\u00f3n\u00bb], \u00abs\u00ed\u00admil\u00bb, \u00abcomparaci\u00f3n\u00bb, \u00abproverbio\u00bb; gr. parabole, literalmente \u00ab[poner algo] al lado de otro [para comparar]\u00bb, \u00abtipo\u00bb, \u00abfigura [s\u00ed\u00admbolo]\u00bb, \u00abilustraci\u00f3n\u00bb, \u00abpar\u00e1bola\u00bb; y t\u00e9rminos relacionados como paroim\u00ed\u00ada, \u00abalegor\u00ed\u00ada\u00bb,* \u00abproverbio\u00bb*, y \u00e1inigma, \u00abenigma\u00bb*).  En espa\u00f1ol, \u00abpar\u00e1bola\u00bb es una composici\u00f3n literaria en la que una narraci\u00f3n breve, real o ficticia, ilustra una verdad moral o espiritual, Una par\u00e1bola es un s\u00ed\u00admil largo, en el cual se afirma o se implica que una cosa es \u00abcomo\u00bb otra. Te\u00f3ricamente, difiere de una alegor\u00ed\u00ada, que es una met\u00e1fora larga, en la que una cosa se dice que \u00abes\u00bb otra, La afirmaci\u00f3n de que el Esp\u00ed\u00adritu descendi\u00f3 como una paloma (Mat 3:16) es un s\u00ed\u00admil, pero el relato que compara \u00abel reino de los cielos\u00bb con un tesoro escondido (13:44) es una par\u00e1bola.  En forma semejante, la afirmaci\u00f3n: \u00abVosotros sois la sal de la tierra\u00bb (5:13) es una met\u00e1fora, pero la larga referencia de Jes\u00fas a s\u00ed\u00ad mismo como \u00abla vid verdadera\u00bb (Joh 15:1-8) es una alegor\u00ed\u00ada.  En contraste, una f\u00e1bula es una narraci\u00f3n fuera del mundo real, que generalmente atribuye atributos humanos -como inteligencia, lenguaje y acciones- a objetos inanimados o plantas y animales.  En los Evangelios, una par\u00e1bola es generalmente una narraci\u00f3n \u00abpuesta junto\u00bb a cierta lecci\u00f3n espiritual como comparaci\u00f3n.  En el uso b\u00ed\u00adblico, puede ser tambi\u00e9n una afirmaci\u00f3n breve y medulosa de la verdad (Mar 3:23, 27).  Estas distinciones te\u00f3ricas no se observaban siempre en la antig\u00fcedad, y todas esas formas literarias se pod\u00ed\u00adan llamar m\u00e2sh\u00e2l o parabole.  La ense\u00f1anza por par\u00e1bolas era popular en los d\u00ed\u00adas de Cristo.  Las de los rabinos son numerosas en la literatura jud\u00ed\u00ada de Palestina, aunque este g\u00e9nero literario no parece haber sido cultivado fuera de ella.  Llegaron a ser bastante estereotipadas, y generalmente tomaban la siguiente forma:  1. El punto que se deb\u00ed\u00ada ilustrar, generalmente un texto b\u00ed\u00adblico. 2. Una f\u00f3rmula introductoria como: \u00abTe dir\u00e9 una par\u00e1bola. \u00bfA qu\u00e9 se asemeja el caso?  Es como&#8230; \u00bb  3. El relato.  4. Una aplicaci\u00f3n, generalmente iniciada con la palabra kak, \u00abas\u00ed\u00ad\u00bb.  La siguiente es una par\u00e1bola rab\u00ed\u00adnica t\u00ed\u00adpica relatada por un rabino galileo para ilustrar Exo 14:5: \u00abUna par\u00e1bola. \u00bfA qu\u00e9 se asemeja el caso? Es como uno a quien le toc\u00f3 como herencia una parcela de tierra pero la vendi\u00f3 por una bagatela.  El comprador abri\u00f3 pozos en ella, y plant\u00f3 jardines y \u00e1rboles y huertas.  El vendedor comenz\u00f3 a ahogarse lament\u00e1ndolo.  As\u00ed\u00ad le ocurri\u00f3 a los egipcios, que dejaron salir sin darse cuenta de lo que dejaban salir\u00bb.  Jes\u00fas us\u00f3 y perfeccion\u00f3 las par\u00e1bolas en forma tan amplia y efectiva que llegaron a identificarse con su m\u00e9todo de ense\u00f1anza. Aunque las de los rabinos ten\u00ed\u00adan la intenci\u00f3n de reforzar los valores convencionales de los fariseos, las de Jes\u00fas a menudo dan la impresi\u00f3n de que intencionalmente invert\u00ed\u00adan esos valores en forma dram\u00e1tica.  Para apreciarlo, s\u00f3lo necesitamos comparar la par\u00e1bola de Jes\u00fas acerca de los obreros de la vi\u00f1a (Mat 20:1-16) con la par\u00e1bola rab\u00ed\u00adnica correspondiente (Contin\u00faa en la p\u00e1gina 900.)  897  LAS PAR\u00ed\u0081BOLAS DE NUESTRO SE\u00ed\u2018OR JESUCRISTO  898  LAS PAR\u00ed\u0081BOLAS DE NUESTRO SE\u00ed\u2018OR JESUCRISTO    (Cont.)  899  LAS PAR\u00ed\u0081BOLAS DE NUESTRO SE\u00ed\u2018OR JESUCRISTO    (Cont..)  900 (Viene de la p\u00e1gina 896.)  que se contaba para ilustrar Lev 26:9: \u00abCuentan una par\u00e1bola. \u00bfA qu\u00e9 se asemeja el caso? Es como un rey que contrat\u00f3 a muchos trabajadores.  Y junto con ellos hab\u00ed\u00ada uno que hab\u00ed\u00ada trabajado para \u00e9l muchos d\u00ed\u00adas.  Todos fueron a recibir el pago por el d\u00ed\u00ada, y este obrero fue.  El rey le dijo: &#8216;Tendr\u00e9 consideraci\u00f3n por ti.  Los otros, que trabajaron para m\u00ed\u00ad s\u00f3lo un poco de tiempo, recibir\u00e1n una paga peque\u00f1a.  Pero t\u00fa tendr\u00e1s una recompensa mayor&#8217;.  As\u00ed\u00ad, tanto los israelitas como las naciones del mundo buscan su paga de Dios.  Y \u00e9l dir\u00e1 a los israelitas: Hijos m\u00ed\u00ados, tendr\u00e9 consideraci\u00f3n por ustedes.  La gente del mundo ha realizado muy poco para m\u00ed\u00ad, y les dar\u00e9 una recompensa peque\u00f1a. Ustedes, sin embargo, recibir\u00e1n una grande\u00bb.  Como las par\u00e1bolas de los rabinos, las de Jes\u00fas se basaron generalmente en hechos comunes de la vida diaria y, con frecuencia, en incidentes recientes o en escenas que estaban a la vista mientras hablaba.  La narraci\u00f3n misma era generalmente sencilla y breve, y su conclusi\u00f3n tan evidente que no dejaba dudas (Mat 21:40, 41), aunque a veces necesitaba una explicaci\u00f3n (13:18-23).  En el caso de Cristo, la par\u00e1bola era un puente mediante el cual conduc\u00ed\u00ada a sus oyentes por un camino agradable y familiar, de donde estaban a donde \u00e9l quer\u00ed\u00ada que estuvieran, de lo conocido a lo desconocido, de los hechos concretos a las verdades abstractas, de lo visible a lo invisible, de lo terrenal a lo celestial.  Era una ventana a trav\u00e9s de la cual los invitaba a contemplar escenas de verdad celestial. Por medio de sus par\u00e1bolas.  Jes\u00fas llam\u00f3 la atenci\u00f3n de los hombres, despert\u00f3 su inter\u00e9s y estimul\u00f3 la investigaci\u00f3n.  A menudo, como en la par\u00e1bola de los 2 hijos (21:28-31), impart\u00ed\u00ada verdades no deseadas, grababa un mensaje importante que la gente escuchaba con gusto y, algunas veces, daba un veredicto contra s\u00ed\u00ad misma antes de descubrir que se estaba  condenando.  Al ense\u00f1ar por par\u00e1bolas, Jes\u00fas imped\u00ed\u00ada que los esp\u00ed\u00adas que lo segu\u00ed\u00adan incansablemente tuvieran algo de qu\u00e9 acusarlo.  Ser\u00ed\u00ada muy dif\u00ed\u00adcil condenarlo por s\u00f3lo relatar buenas historias. Las par\u00e1bolas tienen la cualidad paradojal de revelar la verdad a los que est\u00e1n dispuestos a recibirla, y al mismo tiempo esconderla de quienes la rechazan. Tambi\u00e9n creaban en las mentes de sus oyentes impresiones duraderas, que ser\u00ed\u00adan renovadas e intensificadas cada vez que las escenas mencionadas en ellas volv\u00ed\u00adan a la mente o se presentaban ante la vista.  Cuando se trata de interpretar las par\u00e1bolas se debe saber qu\u00e9 lecci\u00f3n quer\u00ed\u00ada ilustrar el que las presenta, y no leer en ella m\u00e1s de lo que era su intenci\u00f3n.  A menudo, la explicaci\u00f3n acompa\u00f1a a la par\u00e1bola (Luk 7:41-47; 11:11-13), o est\u00e1 impl\u00ed\u00adcita en el contexto (16:19-31; cf vs 13-17).  Las circunstancias, las personas presentes, o el problema que se estaba discutiendo con frecuencia ofrece la clave para la interpretaci\u00f3n.  Antes que su significado en el \u00e1mbito espiritual pueda quedar claro, es necesario comprender la narraci\u00f3n en el marco de las costumbre y maneras orientales de pensar y expresarse (Mat 25:1-13; etc.). Una par\u00e1bola es una figura v\u00ed\u00advida de lenguaje, que se debe ver n\u00ed\u00adtidamente antes que se pueda comprender con claridad la lecci\u00f3n.  En vista de que una par\u00e1bola tiene el fin de ilustrar la verdad, y generalmente una verdad en particular -impl\u00ed\u00adcita o expl\u00ed\u00adcita en el contexto-, los detalles incidentales del relato \u00fanicamente son importantes por su contribuci\u00f3n a la clarificaci\u00f3n de esa verdad, y a menudo s\u00f3lo sirven para completar la narraci\u00f3n.  Por lo tanto, no se les debe asignar un significado oculto, ni deben servir de base para puntos doctrinales.  Las listas de las par\u00e1bolas de Jes\u00fas a menudo difieren, porque no todos los comentadores est\u00e1n de acuerdo acerca de qu\u00e9 ilustraciones se deben incluir como tales.  La longitud es una consideraci\u00f3n importante (Mat 5:14, 15), pero algunos relatos que siempre se consideraron par\u00e1bolas son muy breves (13:44-48).  Otro factor es si las ilustraciones aleg\u00f3ricas, como las de Joh 10:1-6 y 15:1-8, en sentido estricto, deben ser consideradas como aqu\u00e9llas.  En la tabla de las pp 897-899 se enumeran, clasifican y analizan 40 de las par\u00e1bolas m\u00e1s importantes de Jes\u00fas.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Evang\u00e9lico<\/b><\/p>\n<p>griego parabol\u00ea, comparaci\u00f3n; hebreo mashal, sentencia.<\/p>\n<p>G\u00e9nero discursivo que se realiza estableciendo un v\u00ed\u00adnculo veros\u00ed\u00admil entre  la narraci\u00f3n y la realidad a la que remite. Se utiliza frecuente en el acervo tradicional, mediante el cual se logra ilustrar pl\u00e1sticamente las ideas a trav\u00e9s de comparaciones o rasgos aleg\u00f3ricos. En la Biblia, las par\u00e1bolas tienden a iluminar una verdad espiritual a trav\u00e9s de un relato breve de la vida cotidiana de la \u00e9poca, y son m\u00e1s frecuentes en el N. T., donde se aplican como expresi\u00f3n did\u00e1ctica, utilizada por Jes\u00fas. La p. tiene la funci\u00f3n de convencer y hacer que la doctrina sea correctamente interpretada en las comunidades, como claramente se refleja en la  exposici\u00f3n doctrinal de los evangelios, especialmente en los sin\u00f3pticos.<\/p>\n<p>En los Evangelios figuran entre 35 y 72 par\u00e1bolas  n\u00famero que var\u00ed\u00ada por la dificultad de identificarlas. He aqu\u00ed\u00ad una peque\u00f1a lista:  1. El hombre fuerte, Mc 3, 24-27; Mt 12, 24-26; Lc 11, 17- 18; 21 -22.  2. El grano de mostaza, Mc 4, 30-32; Mt 13, 31-32; Lc 13, 18-19.  3. La levadura, Mt 13, 33; Lc 13, 20-21.  4. La semilla que crece por s\u00ed\u00ad sola, Mc 4, 26-29.  5. El sembrador, Mt 13, 3-9; Mc 4, 3-9; Lc 8, 5-8.  6. La ciza\u00f1a, Mt 13, 24-30.  7. El banquete, Lc 14, 16-24; Mt 22, 1-10.  8. Los dos hijos, Mt 21, 28-31.  9. Los vi\u00f1adores homicidas, Mc 12, 1-9; Lc 20, 9-16; Mt 21, 33-41.  10. El hijo pr\u00f3digo, Lc 15, 11-32.  11. La oveja perdida, Lc 15, 4-7; Mt 18, 12-14. 12; La dracma perdida, Lc 15, 8-10.  13. Los dos deudores, Lc 7, 36-50.  14. El siervo y el amo, Lc 17, 7-10.  15. Los obreros de la vi\u00f1a, Mt 20, 1 -5.  16. El fariseo y el publicano, Lc 18, 9-14.  17. Los ni\u00f1os en la plaza, Mt 11, 16-19; Lc 7, 31-34.  18. El tesoro escondido, Mt 13, 44.  19. La perla escondida, Mt 13, 45.  20. El siervo despiadado, Mt 18, 21-35.  21. El buen samaritano, Lc 10, 25-37.  22. Los dos litigantes, Mt 5, 25-26; Lc 12, 58-60.  23. El administrador astuto, Lc 16, 1-8.  24. L\u00e1zaro y el rico epul\u00f3n, Lc 16, 19-31.  25. El rico insensato, Lc 12, 1620.  26. La higuera est\u00e9ril, Lc 13, 6-8.  27. El portero que espera, Mc 13, 33-36; Lc 12, 35-38.  28. El ladr\u00f3n nocturno, Mt 24, 43-44; Lc 12, 39-40.  29. El siervo fiel, Mt 24, 45-51; Lc 12, 42-46.  30. Las diez v\u00ed\u00adrgenes, Mt 25, 1-13. 31. El invitado sin traje nupcial, Mt 22, 11-14. 32. Los talentos\/minas, Mt 25, 14-30; Lc 19, 11-27. 33. El amigo importuno, Lc 11, 5-10. 34. La viuda obstinada, Lc 18, 2-8. 35. La red, Mt 13, 47.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Digital, Grupo C Service &#038; Design Ltda., Colombia, 2003<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Digital<\/b><\/p>\n<p>Derivada del verbo gr. pa-raballo, compuesto de la preposici\u00f3n para, que significa \u2020\u0153junto\u2020\u009d y el verbo ballo, \u2020\u0153echar\u2020\u009d. Una par\u00e1bola es, por tanto, una comparaci\u00f3n de dos objetos con fines did\u00e1cticos, generalmente como un relato.<\/p>\n<p>Aunque la palabra pertenece al NT y es frecuentemente utilizada en \u00e9l, tambi\u00e9n se la encuentra varias veces en el AT. All\u00ed\u00ad es la traducci\u00f3n de la palabra hebreo mashal, utilizada con varios significados en el AT. Se la considera m\u00e1s como un discurso prof\u00e9tico figurado (Num 23:7, Num 23:18, RVR-1960). Ezequiel utiliza la palabra de la forma en que lo har\u00ed\u00adamos hoy, con la idea de similitud o par\u00e1bola (Eze 17:2, RVA; Eze 24:3, RVR-1960). Un autor de Salmos la trata como poema (Psa 78:2). Finalmente, se la asocia con el enigma o dicho oculto (Psa 49:4; Eze 17:2; Eze 20:49). El NT utiliza cinco veces la palabra gr. paroimia con el significado de par\u00e1bola. Este puede ser un sin\u00f3nimo de parabole, o quiz\u00e1 se refiera a una expresi\u00f3n did\u00e1ctica, simb\u00f3lica o figurada (Joh 10:6, BJ). Dadas las diversas definiciones de lo que es una par\u00e1bola, los estudiosos han contado 79, 71, 59, 39, 37 y 33 par\u00e1bolas en el NT.<\/p>\n<p>Al comparar la par\u00e1bola con otras formas de expresi\u00f3n similares, se debe tener en cuenta que a menudo la par\u00e1bola contiene elementos de estas otras formas.<\/p>\n<p>Por ejemplo, muchas veces hay elementos en las par\u00e1bolas que deben ser tratados como interpretaciones aleg\u00f3ricas.<\/p>\n<p>Aunque Cristo no invent\u00f3 la par\u00e1bola, es significativo que \u00e9l sea el \u00fanico que utiliza par\u00e1bolas en el NT. En cierto momento de su ministerio, era su \u00fanico m\u00e9todo para hablar a las multitudes (Mat 13:34). Es interesente observar cu\u00e1ndo Cristo comenz\u00f3 a utilizar esta metodolog\u00ed\u00ada. Tan abrupto fue el cambio en su forma de ense\u00f1anza que sus disc\u00ed\u00adpulos le preguntaron por qu\u00e9 lo hac\u00ed\u00ada (Mat 13:10). Era un m\u00e9todo efectivo para revelar la verdad a la mente espiritual y dispuesta, mientras se la ocultaba a otros (Mat 13:11).<\/p>\n<p>Cristo vino como el rey de Israel, y s\u00f3lo despu\u00e9s de que lo hubieron rechazado comenz\u00f3 a emplear esta forma de impartir verdades espirituales (Mat 13:11).<\/p>\n<p>La siguiente clasificaci\u00f3n de par\u00e1bolas es una adaptaci\u00f3n de la que A. B. Bruce ofrece en The Parabolic Teaching of Christ (La ense\u00f1anza parab\u00f3lica de Cristo), pp. 8 ss.:<br \/>\nI. Par\u00e1bolas did\u00e1cticas<br \/>\n\tA. Naturaleza y desarrollo del reino.<\/p>\n<p>\t\t1. El sembrador (Mat 13:3-8; Mar 4:4-8; Luk 8:5-8).<\/p>\n<p>\t\t2. El trigo y la ciza\u00f1a (Mat 13:24-30).<\/p>\n<p>\t\t3. La semilla de mostaza (Mat 13:31-32; Mar 4:30-32; Luk 13:18-19).<\/p>\n<p>\t\t4. La levadura (Mat 13:33; Luk 13:20-21).<\/p>\n<p>\t\t 5. El tesoro escondido (Mat 13:44).<\/p>\n<p>\t\t6. La perla de gran precio (Mat 13:45-46).<\/p>\n<p>\t\t7. La red (Mat 13:47-50).<\/p>\n<p>\t\t8. El crecimiento de la semilla (Mar 4:26-29).<\/p>\n<p>\tB. Servicio y recompensas.<\/p>\n<p>\t\t1. Los obreros de la vi\u00f1a (Mat 20:1-16).<\/p>\n<p>\t\t 2. Los talentos (Mat 25:14-30).<\/p>\n<p>\t\t 3. Las diez minas (Luk 19:11-27).<\/p>\n<p>\t\t 4. Los siervos in\u00fatiles (Luk 17:7-10).<\/p>\n<p>\t C. Oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>\t\t 1. El amigo que viene a medianoche (Luk 11:5-8).<\/p>\n<p>\t\t 2. El juez injusto (Luk 18:1-8).<\/p>\n<p>\t D. El amor por el pr\u00f3jimo: El buen samaritano (Luk 10:30-37).<\/p>\n<p>\t E. Humildad.<\/p>\n<p>\t\t 1. El \u00faltimo lugar en la fiesta (Luk 14:7-11).<\/p>\n<p>\t\t 2. El fariseo y el publicano (Luk 18:9-14).<\/p>\n<p>\t F. Las riquezas mundanas.<\/p>\n<p>\t\t 1. El mayordomo injusto (Luk 16:1-9).<\/p>\n<p>\t\t 2. El rico insensato (Luk 12:16-21).<\/p>\n<p>\t\t 3. El gran banquete (Luk 14:15-24)<br \/>\nII. Par\u00e1bolas evang\u00e9licas<br \/>\n\tA. El amor de Dios por los perdidos.<\/p>\n<p>\t\t 1. La oveja perdida (Mat 18:12-14; Luk 15:3-7).<\/p>\n<p>\t\t 2. La moneda perdida (Luk 15:8-10).<\/p>\n<p>\t\t 3. El hijo perdido (Luk 15:11-32).<\/p>\n<p>\t B. Gratitud de los redimidos: Los dos deudores (Luk 7:41-43)<br \/>\nIII. Par\u00e1bolas prof\u00e9ticas y referentes al juicio.<\/p>\n<p>\t A. Velar hasta la llegada de Cristo.<\/p>\n<p>\t\t 1. Las diez v\u00ed\u00adrgenes (Mat 25:1-13).<\/p>\n<p>\t\t 2. Los mayordomos (Mat 24:45-51; Luk 12:42-48).<\/p>\n<p>\t\t 3. El portero que velaba (Mar 13:34-37).<\/p>\n<p>\t B. El juicio sobre Israel y el juicio en el Reino.<\/p>\n<p>\t\t 1. Los dos hijos (Mat 21:28-32).<\/p>\n<p>\t\t 2. Los labradores malvados (Mat 21:33-44; Mar 12:1-12; Luk 20:9-18).<\/p>\n<p>\t\t 3. La higuera est\u00e9ril (Luk 13:6-9).<\/p>\n<p>\t\t 4. El banquete de bodas (Mat 22:1-14).<\/p>\n<p>\t\t 5. El siervo malvado (Mat 18:23-35)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Mundo Hispano<\/b><\/p>\n<p>T\u00e9rmino que los traductores de la Septuaginta utilizaron para traducir la palabra hebrea mashal, que significa comparaci\u00f3n, refr\u00e1n, proverbio, significado derivado. En el NT se usa el griego parabol\u00eb (comparaci\u00f3n, yuxtaposici\u00f3n), unas cuarenta y seis veces, dos de ellas en Hebreos y el resto en los sin\u00f3pticos.<\/p>\n<p>En el lenguaje del AT no se hace diferencia entre una p., una f\u00e1bula o una alegor\u00ed\u00ada, pues todas son consideradas mashal.<br \/>\ntambi\u00e9n existen ejemplos de mashal que son verdaderas p., como es el caso de lo que cont\u00f3 el profeta Nat\u00e1n a David en cuanto a la injusticia cometida por un hombre rico que quit\u00f3 a uno pobre la \u00fanica ovejita que ten\u00ed\u00ada (2Sa 12:1-6). De igual manera son p. del AT las historias del hijo superviviente (2Sa 14:5-21), el prisionero que se dej\u00f3 escapar (1Re 20:39-40), la vi\u00f1a decepcionante (Isa 5:1-7), el sembrador sabio (Isa 28:24-29), y otros.<br \/>\nrelato que hace Jotam en Jue 9:7-15, sobre la supuesta elecci\u00f3n de un rey entre los \u00e1rboles del bosque, una f\u00e1bula, es un mashal. Pero la p. reviste la caracter\u00ed\u00adstica de que no es f\u00e1bula ni fantas\u00ed\u00ada, sino que sus narraciones son extra\u00ed\u00addas de cosas y acontecimientos de la vida real, mayormente de lo cotidiano.<br \/>\ncosa que diferencia la p. de la f\u00e1bula reside en el hecho de que esta \u00faltima aunque conlleva una ense\u00f1anza moral o de sapiencia nunca pretende comunicar verdades del mundo de lo eterno. La p. hace abundante referencia al \u2020\u0153reino de los cielos\u2020\u009d.<br \/>\naceptarse que la p. sea una alegor\u00ed\u00ada, pero siempre que se aclare que lo aleg\u00f3rico es el todo de la par\u00e1bola, no necesariamente sus partes. No siempre cada detalle de una p. tiene un significado especial. La p. casi siempre est\u00e1 dirigida, en conjunto, a un s\u00f3lo prop\u00f3sito, confluyendo todas su partes hacia \u00e9l. Aunque hay casos excepcionales en las cuales se dan significado a detalles, como es el caso de la p. del sembrador (Mar 4:2-19) y la del trigo y la ciza\u00f1a (Mat 13:24-30).<br \/>\nno hay abundancia de ejemplos de ense\u00f1anza por p. en la literatura intertestamentaria, hay que suponer, que era un estilo conocido y aceptado en los tiempos en que el Se\u00f1or Jes\u00fas lo practic\u00f3. Su prop\u00f3sito particular, sin embargo, era doble: por un lado iluminar y por otro oscurecer, as\u00ed\u00ad como la columna de nube alumbraba a los israelitas y confund\u00ed\u00ada a los egipcios en el desierto. \u2020\u0153Sin p. no les hablaba\u2020\u009d, y esto para declarar \u2020\u0153cosas escondidas desde la fundaci\u00f3n del mundo\u2020\u009d (Mat 13:34-35), pero tambi\u00e9n aclaraba a sus disc\u00ed\u00adpulos: \u2020\u0153A vosotros os es dado saber el misterio del reino de Dios; mas a los que est\u00e1n fuera, por p. todas las cosas; para que viendo, vean y no perciban; y oyendo, oigan y no entiendan\u2020\u009d (Mar 4:11-12).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Cristiano<\/b><\/p>\n<p>fot, dib00155, dib00207, fot00214<\/p>\n<p>vet, Uno de los m\u00e9todos del arte de la oratoria para ilustrar una verdad moral o religiosa mediante una comparaci\u00f3n extra\u00ed\u00adda de la vida corriente. No hay l\u00ed\u00admites estrictos entre la par\u00e1bola, la similitud y la met\u00e1fora, aunque estas \u00faltimas son m\u00e1s breves que la par\u00e1bola: Met\u00e1fora: \u00abVosotros sois la luz del mundo. \u00bb Similitud: \u00abComo oveja delante de sus trasquiladores, enmudeci\u00f3, y no abri\u00f3 su boca.\u00bb Par\u00e1bola: \u00abEl reino de los cielos es semejante a la levadura que tom\u00f3 una mujer, y escondi\u00f3 en tres medidas de harina, hasta que todo fue leudado\u00bb (Mt. 13:33). La par\u00e1bola tiene grandes ventajas. La verdad presentada de esta forma queda m\u00e1s grabada en la memoria que una mera exposici\u00f3n did\u00e1ctica: ninguna ense\u00f1anza acerca de la misericordia del Se\u00f1or hacia los pecadores arrepentidos habr\u00ed\u00ada producido el efecto de la par\u00e1bola del hijo pr\u00f3digo (Lc. 15:11-32). Por otra parte, cuando un profeta o predicador deb\u00ed\u00ada reprender a un personaje importante que no fuera a aceptar su culpabilidad, pod\u00ed\u00adan usar una par\u00e1bola habilidosa para cautivarlos e iluminar su conciencia. El profeta Nat\u00e1n se sirvi\u00f3 de una par\u00e1bola para reprochar a David su adulterio con Betsab\u00e9 y el asesinato del marido de ella, Ur\u00ed\u00adas heteo. Principales par\u00e1bolas del AT: Los \u00e1rboles eligen un rey (Jue. 9:8-20); la oveja del pobre (2 S. 12:1-14); la viuda con dos hijos, uno de los cuales hab\u00ed\u00ada dado muerte al otro (2 S. 14:4-20); el soldado que deja escapar a su prisionero (1 R. 20:35-42); el cardo que pide como esposa para su hijo a la hija del cedro (2 R. 14:9-11); la vi\u00f1a (Is. 5:1-7); dos \u00e1guilas y una vi\u00f1a (Ez. 17:1-10); los leoncillos (Ez. 19:1-9); Ahola y Aholiba (Ez. 23:1-49); la olla hirviente (Ez. 24:1-14). As\u00ed\u00ad como en el AT el t\u00e9rmino que denota una par\u00e1bola es \u00abmashal\u00bb, \u00abuna similitud\u00bb, y puede significar asimismo un \u00abproverbio\u00bb, en el NT es \u00abparabol\u00ea\u00bb, que viene a denotar \u00abuna comparaci\u00f3n\u00bb. Del ejemplo de las par\u00e1bolas en el AT se ve que suelen precisar de un expositor. El Se\u00f1or afirm\u00f3 en una ocasi\u00f3n que El hablaba en par\u00e1bolas a fin de que la multitud \u00abno\u00bb comprendiera Su ense\u00f1anza (Mt. 13:10-16). La raz\u00f3n de ello es que ellos ya hab\u00ed\u00adan virtualmente rechazado a su Mes\u00ed\u00adas, y no estaban por ello en una condici\u00f3n moral para recibir ense\u00f1anza. As\u00ed\u00ad, el Se\u00f1or, actuando como expositor, explic\u00f3 en privado el significado de las par\u00e1bolas a Sus disc\u00ed\u00adpulos, porque a ellos s\u00ed\u00ad les era dado conocer \u00ablos misterios del reino\u00bb (Mt. 13:11). Sin embargo, algunas de las par\u00e1bolas del Se\u00f1or son tan aguzadas y claras que fueron comprendidas por Sus mismos enemigos, como indudablemente era Su intenci\u00f3n (cfr. Mt. 21:33-46). Del mismo hecho de que el Se\u00f1or relacione \u00ablos misterios del reino\u00bb con las par\u00e1bolas que pronunci\u00f3, se puede tener la certeza de que hay mucha instrucci\u00f3n que puede extraerse de ellas si se interpretan rectamente. Se precisa para ello de la conducci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, lo mismo que para cualquier otra secci\u00f3n de las Escrituras. En la tabla que se da se podr\u00e1 ver que algunas de las par\u00e1bolas han sido registradas s\u00f3lo por Mateo; dos \u00absimilitudes\u00bb se hallan s\u00f3lo en Marcos; hay varias par\u00e1bolas que s\u00f3lo son dadas por Lucas; ninguna de ellas ha sido registrada por Juan. Hay razones divinas para esta disposici\u00f3n y es indudable la armon\u00ed\u00ada cuando se considera el car\u00e1cter de cada uno de los cuatro Evangelios. Algunas de las par\u00e1bolas aparecen en grupos. Un caso es el de Mt.13, donde aparecen siete par\u00e1bolas, cuatro de las cuales fueron pronunciadas a o\u00ed\u00addos de la muchedumbre, y tres de ellas en privado a los disc\u00ed\u00adpulos. La primera es introductoria, la del sembrador. El Se\u00f1or vino en busca de fruto, pero al no hallarlo revel\u00f3 que hab\u00ed\u00ada estado sembrando \u00abla palabra del reino\u00bb, explicando que gran parte de la semilla no hab\u00ed\u00ada producido fruto. Las siguientes tres par\u00e1bolas exponen el aspecto externo del reino durante la ausencia de Cristo, aquello que el hombre ha hecho de dicho reino. La segunda es la del trigo y la ciza\u00f1a. El Se\u00f1or hab\u00ed\u00ada sembrado la buena semilla, pero Satan\u00e1s sembr\u00f3 en el acto su semilla mala, y ambas tienen que crecer juntas hasta el fin de la edad. La tercera es la de la semilla de mostaza. Crece hasta llegar a ser un \u00e1rbol lo suficientemente grande como para que las aves (que en la par\u00e1bola del sembrador son las que arrebatan la buena semilla en el coraz\u00f3n) se cobijen en sus ramas. La cuarta es la de la levadura. Una mujer escondi\u00f3 levadura (siempre un s\u00ed\u00admbolo de lo que es humano, y por ende pecaminoso, debido al pecado en la carne) que se difundi\u00f3 sin ser vista en tres medidas de harina, hasta que todo qued\u00f3 leudado. Despu\u00e9s, Jes\u00fas despidi\u00f3 a la multitud, y explic\u00f3 en privado a sus disc\u00ed\u00adpulos la par\u00e1bola del trigo y la ciza\u00f1a, a\u00f1adiendo a continuaci\u00f3n unas par\u00e1bolas que exhiben el objeto e intenci\u00f3n divinos en el reino. La primera de este segundo grupo es la del tesoro escondido, para obtener el cual un hombre compra el campo en el que se halla escondido. La segunda es la de la perla de gran precio. El mercader busca perlas buenas, y habiendo hallado una perla de gran precio, vende todo lo que posee para obtenerla. Cristo renunci\u00f3 a todo lo que le pertenec\u00ed\u00ada como hombre y como Mes\u00ed\u00adas en la tierra, a fin de poder poseer la Iglesia. La tercera es la par\u00e1bola de la red, que re\u00fane del mar de las naciones lo bueno y lo malo, como lo ha hecho el Evangelio en la cristiandad. Cuando la red es sacada a tierra, lo bueno es separado de lo malo; as\u00ed\u00ad, al fin del siglo, los \u00e1ngeles (seg\u00fan el Se\u00f1or a\u00f1ade en su exposici\u00f3n) apartar\u00e1n los malos de entre los justos, y los malos ser\u00e1n echados en el horno de fuego. Otro grupo de par\u00e1bolas es el de Lc. 15. Se podr\u00ed\u00ada decir tambi\u00e9n que se trata de una sola par\u00e1bola que consta de tres secciones (cfr. Lc. 15:3). Con ella se da contestaci\u00f3n a la acusaci\u00f3n dirigida contra el Se\u00f1or: \u00abEste a los pecadores recibe, y con ellos come.\u00bb (a) La oveja perdida fue seguida por el pastor hasta que fue hallada. (b) La moneda perdida. La moneda qued\u00f3 perdida en la misma casa, as\u00ed\u00ad como muchas personas estaban perdidas a la vista de Dios a pesar de su profesi\u00f3n externa de ser hijos de Abraham (esto se puede aplicar a los muchos que en la actualidad est\u00e1n perdidos en el seno de la cristiandad). La moneda perdida fue buscada con una l\u00e1mpara hasta que fue hallada. Era una moneda de precio, de plata. (c) El hijo pr\u00f3digo fue gozosamente recibido por el padre, que prepar\u00f3 una gran fiesta, con m\u00fasica y danzas, para celebrar el retorno del hijo perdido. Este es el punto culminante: la celebraci\u00f3n de la gracia. En los tres relatos, el gozo es de quien halla lo perdido. Es el gozo del cielo por la salvaci\u00f3n de los pecadores perdidos. Es indudable que el mejor m\u00e9todo es el estudio de cada par\u00e1bola, o de cada grupo de ellas, en su propio contexto, tal y como han sido dadas por el Esp\u00ed\u00adritu Santo en la inspiraci\u00f3n. Sin embargo, es tambi\u00e9n \u00fatil clasificarlas seg\u00fan las verdades comunicadas por ellas, y una de las clasificaciones hechas ha sido la siguiente: (a) El rechazamiento de Israel: Los dos hijos, de la que el Se\u00f1or mismo da la interpretaci\u00f3n (Mt. 21:28-32). Los labradores malvados: Los dirigentes de Israel se hallaban entre los oyentes del Se\u00f1or, y El les explic\u00f3 as\u00ed\u00ad la par\u00e1bola: \u00abEl reino de Dios ser\u00e1 quitado de vosotros, y ser\u00e1 dado a gente (lit.: \u00aba una naci\u00f3n\u00bb) que produzca los frutos de \u00e9l\u00bb (Mt. 21:33-46). La higuera est\u00e9ril: El Se\u00f1or vino en busca de fruto a Israel, que representaba al hombre recibiendo el cultivo de Dios; no hall\u00f3 nada. Dio tiempo al arrepentimiento, pero la higuera no dio fruto, y ten\u00ed\u00ada que ser talada. La destrucci\u00f3n de Jerusal\u00e9n fue su tala real (Lc. 13:6-9). (b) La introducci\u00f3n del reino y la oposici\u00f3n de Satan\u00e1s a \u00e9l: El sembrador (Mt. 13:3-9, cfr. Mt. 13:18-23; Mr. 4:39; Lc. 8:58). El trigo y la ciza\u00f1a (Mt. 13:24-30). El crecimiento de la semilla (Mr. 4:26-29). A pesar de la oposici\u00f3n de Satan\u00e1s, Dios, en Su actuaci\u00f3n secreta, hace que su semilla fructifique y d\u00e9 fruto. La levadura (Mt. 13:33; Lc. 13:20-21). El tesoro escondido (Mt. 13:44). La perla de gran precio (Mt. 13:45-46), y la red (Mt. 13:47-50) (c) La forma en que Dios introduce la bendici\u00f3n. En esta secci\u00f3n entrar\u00ed\u00adan las siguientes par\u00e1bolas: La oveja perdida (Mt. 18:12-13; Lc. 15:7). La moneda perdida (Lc. 15:8-10). El hijo pr\u00f3digo (Lc. 15:11-32). Las bodas del hijo del rey (Mt. 22:2-14). Dios quiere dar honra a Su Hijo Los jud\u00ed\u00ados fueron invitados a la fiesta de bodas pero no quisieron acudir Otros, los menospreciados gentiles, fueron invitados. Uno que no ten\u00ed\u00ada el vestido de bodas (que no se hab\u00ed\u00ada revestido de la justicia de Cristo), fue echado fuera. No se hab\u00ed\u00ada dado cuenta de su incapacidad propia y de que s\u00f3lo la salvaci\u00f3n dada por Cristo pod\u00ed\u00ada valerle para ser apto de estar en la fiesta. La gran cena (Lc. 14:15-24): La fiesta de la gracia celestial en contraste con los aspectos terrenos del reino de Dios Todos los que fueron invitados se excusaron no impedidos por cosas malas en s\u00ed\u00ad, sino por cosas terrenas. Mostraron indiferencia ante la invitaci\u00f3n llena de gracia que se les hac\u00ed\u00ada. Algunos, los pobres y aflijidos de la ciudad, fueron introducidos, y otros obligados a entrar. Dios llenar\u00e1 Su casa. El fariseo y el publicano (Lc. 18:10-14). El fariseo daba gracias a Dios que no era como los otros hombres, mientras que el publicano clam\u00f3 pidiendo misericordia, y fue a su casa justificado antes que el otro. Los dos deudores: A aquella mujer le fue perdonado mucho, y am\u00f3 mucho: no le fue perdonado mucho porque amara mucho (cfr. Lc. 7:36-47). El juez injusto (Lc. 18:1-8). Lo que el Se\u00f1or presenta aqu\u00ed\u00ad es que tenemos \u00abnecesidad de orar siempre y no desmayar\u00bb (cfr. Lc. 18:1). Dios dar\u00e1 la respuesta en el momento adecuado y los elegidos de la tierra ser\u00e1n salvos. Los obreros de la vi\u00f1a (Mt. 20:1-16). Aqu\u00ed\u00ad Dios pregunta, en Su soberan\u00ed\u00ada \u00ab\u00bfNo me es l\u00ed\u00adcito hacer lo que quiero con lo m\u00ed\u00ado?\u00bb El hombre pretende esta libertad para s\u00ed\u00ad mismo y en cambio murmura contra la soberan\u00ed\u00ada de Dios: \u00abMuchos son llamados, mas pocos escogidos\u00bb (Mt. 20:15, 16). N\u00f3tese tambi\u00e9n que en esta par\u00e1bola se da respuesta a la pregunta de Pedro en Mt. 19:27; el cap\u00ed\u00adtulo 20 prosigue el tema y muestra el esp\u00ed\u00adritu de la gracia soberana en contraste con el esp\u00ed\u00adritu mercenario del coraz\u00f3n del hombre. (d) Las varias responsabilidades de los hombres. Aqu\u00ed\u00ad hallamos: El buen samaritano (Lc.10:29-37). Esta par\u00e1bola fue dada en respuesta a la pregunta de: \u00ab\u00bfQui\u00e9n es mi pr\u00f3jimo?\u00bb El Se\u00f1or era verdaderamente el Buen Samaritano, y despu\u00e9s de haber descrito el curso que El hab\u00ed\u00ada tomado, a\u00f1adi\u00f3: \u00abVe, y haz t\u00fa lo mismo\u00bb (v. 37). El rico insensato (Lc. 12:16-21). La moraleja que se desprende de esta par\u00e1bola es: \u00abAs\u00ed\u00ad es el que hace para s\u00ed\u00ad tesoro, y no es rico para con Dios\u00bb (Lc. 12:21). El mayordomo infiel: Sacrific\u00f3 el presente por el futuro, por lo que el due\u00f1o lo alab\u00f3, no por su injusticia, sino por su sabidur\u00ed\u00ada (Lc. 16:143). El Se\u00f1or aplica esta par\u00e1bola de la siguiente manera: \u00abGanad amigos por medio de las riquezas injustas (posesiones del mundo), para que cuando \u00e9stas os falten, os reciban en las moradas eternas.\u00bb Dar a los pobres es prestar al Se\u00f1or, y hacerse tesoro en los cielos. El Se\u00f1or exhorta as\u00ed\u00ad a sus oyentes a ser (a diferencia del mayordomo infiel) fieles en su administraci\u00f3n de las riquezas de injusticia (que no pertenecen al cristiano a t\u00ed\u00adtulo de propiedad), a fin de que les puedan ser confiadas las verdaderas riquezas. El rico y L\u00e1zaro (Lc. 16:19-31). M\u00e1s que una par\u00e1bola, es una historia. Nada se dice expresamente del car\u00e1cter moral de estos dos hombres, aunque se deduce una gran insensibilidad y ego\u00ed\u00adsmo por parte del rico (cfr. Lc. 16:20, 21). En el AT se hab\u00ed\u00ada ense\u00f1ado que la marca del recto deber\u00ed\u00ada ser la prosperidad externa (Sal. 112:2, 3). En el reino en su nueva fase, y en consecuencia al rechazamiento de Cristo, la posesi\u00f3n de las riquezas deja de ser se\u00f1al del favor divino. Esta era una necesaria lecci\u00f3n para el jud\u00ed\u00ado. Es muy dif\u00ed\u00adcil que se salve un rico, pero a los pobres se les anunciaba el Evangelio (Mt. 11:5; Lc. 11:22). El pobre L\u00e1zaro fue llevado al seno de Abraham, y el rico fue a la perdici\u00f3n. En el otro mundo se invierten las condiciones del mundo presente. Aqu\u00ed\u00ad prosigue la ense\u00f1anza de la par\u00e1bola del mayordomo injusto: el rico no estaba sacrificando el presente por el futuro. Se da tambi\u00e9n una vivida imagen de la inalterable condici\u00f3n de los perdidos. El siervo inmisericorde (Mt. 18:23-35). Aqu\u00ed\u00ad se ilustra el gobierno de Dios, que no es invalidado por Su gracia. Se revela que Dios recompensar\u00e1 a Su pueblo seg\u00fan la forma en que ellos act\u00faen hacia los dem\u00e1s (cfr. Mt. 7:2). Es indudable tambi\u00e9n que esta par\u00e1bola tiene otra aplicaci\u00f3n, teniendo que ver con los jud\u00ed\u00ados y sus celos ante el hecho de que se muestre gracia hacia los gentiles. La deuda de \u00e9stos para con ellos es indicada como de cien denarios, en tanto que la deuda de los jud\u00ed\u00ados hacia Dios es dada como de diez mil talentos. Pedro les ofreci\u00f3 el perd\u00f3n divino en Hch. 3:19-26, pero la oferta fue rechazada, y su persecuci\u00f3n de Pablo y de aquellos que llevaban el Evangelio a los gentiles demuestra que no pod\u00ed\u00adan perdonarles los cien denarios a los gentiles. Por ello se ven obligados a pagar hasta el \u00faltimo c\u00e9ntimo (cfr. Is. 40:2; Mt. 5:25, 26; 1 Ts. 2:15, 16). Las diez v\u00ed\u00adrgenes (Mt. 25:1-13). La explicaci\u00f3n de esta par\u00e1bola es sencilla. La actitud normal de los cristianos es que han salido a recibir al Esposo. Esta era la esperanza de los ap\u00f3stoles. Despu\u00e9s de la \u00e9poca apost\u00f3lica, todos, en cuanto a esta esperanza, se entregaron al sue\u00f1o. Puede haber habido \u00e9pocas de despertamiento, pero cuando sale la \u00faltima llamada, aparece el hecho solemne de que hay los que s\u00f3lo tienen una forma de profesi\u00f3n sin Cristo, carentes del Esp\u00ed\u00adritu, l\u00e1mparas sin aceite, que ser\u00e1n excluidos. Aunque esta par\u00e1bola se puede aplicar en todo tiempo y lugar al estado de la cristiandad, tiene una especial aplicaci\u00f3n a Israel (para una consideraci\u00f3n m\u00e1s en particular, v\u00e9ase: Chafer L S \u00abTeolog\u00ed\u00ada sistem\u00e1tica\u00bb vol 1 p 1125, vol. II PP 135-581). Los talentos (Mt. 25:14-30). Esta par\u00e1bola es similar, en car\u00e1cter, a la de las minas, pero en \u00e9sta los talentos son distribuidos a cada uno seg\u00fan su capacidad, de manera que uno recibe cinco, otro dos, y otro uno. Esta par\u00e1bola sigue a la de las diez v\u00ed\u00adrgenes, mostrando que mientras el creyente espera la venida de su Se\u00f1or, tiene que estar utilizando fielmente los dones que le han sido confiados. En la par\u00e1bola de las minas (Lc. 19:12-27) se muestra que el Se\u00f1or Jes\u00fas iba a dejar el mundo para recibir un reino, y que mientras tanto dejaba a cada uno de sus siervos una mina con la que negociar mientras durara Su ausencia. Todos los dones son para la gloria del Se\u00f1or, y el siervo es responsable para con El por su fiel utilizaci\u00f3n de ellos. Se ha sugerido otra disposici\u00f3n de las par\u00e1bolas principales, esto es, en tres grupos, que se corresponden con diferentes per\u00ed\u00adodos del ministerio del Se\u00f1or: (a) En su ministerio temprano, abarcando la nueva ense\u00f1anza relacionada con el reino, y la forma misteriosa que asume durante Su ausencia. Se extiende hasta Mt. 13 y Mr. 4. Estas par\u00e1bolas se distinguen con facilidad en la tabla. (b) Despu\u00e9s de un intervalo de varios meses. Las par\u00e1bolas son ahora de un tipo diferente, y extra\u00ed\u00addas de la vida de los hombres m\u00e1s que del reino de la naturaleza. Son dadas principalmente como respuestas a preguntas, no en discursos a la muchedumbre. La mayor parte de ellas aparecen solamente en Lucas, y se hallan situadas principalmente entre la misi\u00f3n de los setenta y el \u00faltimo viaje del Se\u00f1or a Jerusal\u00e9n. (c) El \u00faltimo grupo de par\u00e1bolas se da hacia el final del ministerio del Se\u00f1or. Tratan del reino en su consumaci\u00f3n, y tienen un car\u00e1cter prof\u00e9tico acerca del rechazamiento de Israel y de la venida del Se\u00f1or. Una de las importantes consecuencias que se pueden sacar del estudio de las par\u00e1bolas es el hecho de la apostas\u00ed\u00ada final de esta era de la cristiandad y el hecho de que la instauraci\u00f3n final del reino de Dios en su aspecto eterno y universal vendr\u00e1 por una intervenci\u00f3n personal y directa de Cristo, en juicio y poder; en todo caso, el creyente debe aprender de ellas no un optimismo f\u00e1cil, ni una expectativa de una conversi\u00f3n universal como anticipo de la venida del Se\u00f1or, sino a esperar pacientemente y con constancia y oraci\u00f3n, la venida del Se\u00f1or, ocupado mientras tanto, en fidelidad a El, en el desempe\u00f1o fiel de las responsabilidades recibidas para Su gloria (cfr. Tit. 2:11-15). Bibliograf\u00ed\u00ada: Chafer, L. S.: \u00abTeolog\u00ed\u00ada sistem\u00e1tica\u00bb (Publicaciones Espa\u00f1olas, Dalton, Georgia, 1974); Darby, J. N.: \u00abSynopsis of the Books of the Bible\u00bb (Bibles and Publications, Montreal, 1970, vol. 3, \u00abMatthew- John\u00bb); Habershon, A. R.: \u00abThe Study of the Parables\u00bb (Kregel Pub., Grand Rapids, 1978, reimpr. ed. s\/f); Kelly, W.: \u00abLectures Introductory to the Gospels\u00bb (Bible Truth Publishers, Oak Park, Illinois, 1970); Kelly, W.: \u00abBible Treasury\u00bb, revista mensual editada 1856-1920, v\u00e9ase volumen \u00ed\u00adndice (reimpr. 1969, Ed. H. L. Heijkoop, 58, Blijhamsterstraat, Winschoten, Holanda); Trench, R. C., D. D.: \u00abNotes on the Parables\u00bb (Kegan Paul, Trench, Tubner &#038; Co. Ltd., Londres, 1902); Trenchard, E.: \u00abLos cuatro Evangelios\u00bb (Literatura B\u00ed\u00adblica, Madrid, 1974).<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico Ilustrado<\/b><\/p>\n<p>DJN<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nSUMARIO: 1. Concepto. 1. El t\u00e9rmino. 2. Significado concreto. 3. Par\u00e1bola y alegor\u00ed\u00ada. &#8211; II. Finalidad. 1. Teor\u00ed\u00ada de la justicia. 2. Teor\u00ed\u00ada de la misericordia. 3. Explicaciones actuales. &#8211; III. Orientaci\u00f3n actual en la interpretaci\u00f3n de las par\u00e1bolas. 1. Excesiva alegorizaci\u00f3n de las par\u00e1bolas. 2. A. Julicher rompi\u00f3 con la alegorizaci\u00f3n. 3. El punto de partida. &#8211; IV. El mensaje de Jes\u00fas en las par\u00e1bolas. 1. Actualidad de la salvaci\u00f3n. 2. El Reino. 3. Llamada urgente a la \u00abconversi\u00f3n\u00bb, 4. La invitaci\u00f3n, rechazada y aceptada. 5. Ante la llamada hay que tomar una decisi\u00f3n. 6. Actitudes radicales. 7. La alegr\u00ed\u00ada del Reino, el amor al pr\u00f3jimo y disposici\u00f3n a trabajar esforzadamente por el Reino. 8. La consumaci\u00f3n del Reino, la selecci\u00f3n, la recompensa y el cambio de situaciones. &#8211; V. Ulteriores observaciones. 1. El AT y la literatura rab\u00ed\u00adnica. 2. El contenido de las par\u00e1bolas es escatol\u00f3gico. 3. El mensaje, en el n\u00facleo de la par\u00e1bola. 4. No hay que aferrarse a la par\u00e1bola como procedimiento literario.<\/p>\n<p>\u00abLas par\u00e1bolas son quiz\u00e1 el elemento m\u00e1s caracter\u00ed\u00adstico de la doctrina de Jesucristo consignada en los Evangelios. En su conjunto, a pesar de los retoques que hubieron de experimentar en el curso de su transmisi\u00f3n, presentan el sello de una personalidad bien definida. Su impacto sobre la imaginaci\u00f3n hizo que se fijaran en la memoria y les procur\u00f3 un lugar seguro en la tradici\u00f3n. Ninguna otra parte del relato evang\u00e9lico tiene para el lector un tono m\u00e1s claro de autenticidad\u00bb (C. H. DOGO, Las par\u00e1bolas de Reino. Cristiandad, Madrid 1974, 21).<\/p>\n<p>1. Concepto<br \/>\n1. El t\u00e9rmino<br \/>\nResponde al hebreo \u00abmashal\u00bb y al griego \u00abparabol\u00e9\u00bb.<\/p>\n<p>El \u00abmashal\u00bb hebreo tiene una significaci\u00f3n muy amplia. Etimol\u00f3gicamente implica la idea de semejanza, comparaci\u00f3n, por lo que vino a designar cualquier escrito que implicase, expresa o t\u00e1citamente, comparaci\u00f3n. As\u00ed\u00ad se aplic\u00f3 a los or\u00e1culos de Yahveh expresado por medio de im\u00e1genes, a los vaticinios de Balaam, incluso a poemas sat\u00ed\u00adricos contra los falsos profetas. El \u00abparabol\u00e9\u00bb griego, al traducir en los LXX el hebreo \u00abmashal\u00bb, recoge toda esa variedad de significaciones.<\/p>\n<p>Lo mismo ocurre en los Evangelios. El t\u00e9rmino no s\u00f3lo designa lo que nosotros com\u00fanmente designamos \u00abpar\u00e1bola\u00bb, sino tambi\u00e9n \u00absentencias solemnes\u00bb (Mc 7, 17; en el fondo hay comparaci\u00f3n), \u00abproverbios\u00bb (Lc 4, 23), \u00abnormas pr\u00e1cticas de conducta\u00bb (Lc 14, 7: les dijo \u00abuna par\u00e1bola\u00bb: siguen normas concretas).<\/p>\n<p>2. Significado concreto<br \/>\nPodr\u00ed\u00ada definirse, por lo que a nuestra tarea se refiere: una comparaci\u00f3n continuada, o desarrollo de una comparaci\u00f3n, a trav\u00e9s de una narraci\u00f3n -real o ficticia-con un fin did\u00e1ctico.<\/p>\n<p>En la comparaci\u00f3n hay tres elementos: aquello que se compara, aquello con lo que se compara y el punto concreto en que se quiere establecer la comparaci\u00f3n. En este punto radica el n\u00facleo significativo. Lo dem\u00e1s puede ser puramente ornamental y no hay que buscar en ello una significaci\u00f3n peculiar.<br \/>\n3. Par\u00e1bola y alegor\u00ed\u00ada<br \/>\nAlegor\u00ed\u00ada es una met\u00e1fora continuada en la que el segundo t\u00e9rmino de la comparaci\u00f3n pierde su significado propio para expresar, en sentido figurado, una cosa distinta. Cfr. la alegor\u00ed\u00ada de la vid y los sarmientos en Jn 15: la vid significa a Cristo, los sarmientos a los cristianos: como los sarmientos no pueden dar fruto si no est\u00e1n unidos a la vid, as\u00ed\u00ad los cristianos si no est\u00e1n unidos a Cristo por la gracia santificante.<\/p>\n<p>Diferencias: la par\u00e1bola es una comparaci\u00f3n, las palabras conservan su significado propio y la ense\u00f1anza hay que buscarla en el conjunto. La alegor\u00ed\u00ada es una met\u00e1fora (afirmaci\u00f3n tajante), los t\u00e9rminos adquieren un sentido figurado y la ense\u00f1anza hay que buscarla en los t\u00e9rminos en particular. En la pr\u00e1ctica se distinguen f\u00e1cilmente. Mientras que la alegor\u00ed\u00ada se expresa en afirmaciones escuetas, la par\u00e1bola comienza ordinariamente con un t\u00e9rmino o expresi\u00f3n comparativa: \u00abEl Reino de los cielos es como\u00bb, \u00abse asemeja a\u00bb. Esta \u00faltima responde a la f\u00f3rmula de las par\u00e1bolas rab\u00ed\u00adnicas: \u00abVoy a referirte una par\u00e1bola. \u00bfA qu\u00e9 comparar\u00e9 esto? Lo comparar\u00e9 a\u00bb. Dada la semejanza entre ambas f\u00e1cilmente se entremezclan, de modo que tenemos \u00abpar\u00e1bolas alegorizadas\u00bb (la del sembrador, vi\u00f1adores homicidas), o alegor\u00ed\u00adas parabolizadas (la vi\u00f1a de Is 5, 1ss). Ser\u00ed\u00ada mejor llamarlas par\u00e1bolas mixtas.<\/p>\n<p>II. Finalidad<br \/>\nLa finalidad de la par\u00e1bola es explicar, aclarar. Sin embargo, a la pregunta de los ap\u00f3stoles a Cristo sobre la raz\u00f3n por la que hablaba en par\u00e1bolas a los jud\u00ed\u00ados, obtiene la respuesta siguiente: \u00abA vosotros se os ha dado el misterio del Reino de Dios, pero a los que est\u00e1n fuera todo se les presenta en par\u00e1bolas, para que por mucho que miren no vean, por mucho que oigan no entiendan, no sea que se conviertan y se les perdone\u00bb\u00bb (Mc 4, 11s.; versi\u00f3n de BibJer). \u00bfQu\u00e9 finalidad se propuso Cristo en las par\u00e1bolas?<br \/>\nYa desde el tiempo de los Padres se ha advertido la dificultad y se han propuesto diversas soluciones para resolverla:<\/p>\n<p>1. Teor\u00ed\u00ada de la justicia. Muchos autores (Clemente de Alejandr\u00ed\u00ada, Agust\u00ed\u00adn, Maldonado, Fonk, Buzy, Godet, etc.) piensan que Cristo al expresarse en par\u00e1bolas trat\u00f3 de ocultar la verdad a los jud\u00ed\u00ados en castigo a su respuesta negativa a su invitaci\u00f3n a la conversi\u00f3n como castigo a su incredulidad.<\/p>\n<p>Se apoyan en Mc 4, 12 y Lc 8, 10: \u00abpara que\u00bb. En Mt 13, 13ss en que se expresa adem\u00e1s la mala voluntad de los jud\u00ed\u00ados: \u00abEn ellos se cumple la profec\u00ed\u00ada de Isa\u00ed\u00adas: \u00abO\u00ed\u00adr, oir\u00e9is, pero no entender\u00e9is; mirar, mirar\u00e9is, pero no ver\u00e9is. Porque se ha embotado el coraz\u00f3n de este pueblo, han hecho duros sus o\u00ed\u00addos y sus ojos han cerrado&#8230; Pero dichosos vuestros ojos porque ven y vuestros o\u00ed\u00addos porque oyen\u00bb. Y tambi\u00e9n en Mt 13, 12: \u00abPorque a quien tiene se le dar\u00e1 y le sobrar\u00e1; pero a quien no tiene, aun lo que tiene se le quitar\u00e1\u00bb; que puede interpretarse: a quienes escuchan la Palabra se les da, adem\u00e1s de la Antigua Alianza, el perfeccionamiento de la Nueva (cf 5, 17.20), a quienes la rechazan se les quita lo que tienen, la ley jud\u00ed\u00ada, que abandonada a s\u00ed\u00ad misma ha caducado. Tenemos en esta sentencia, en un sentido m\u00e1s general, una ley de progresi\u00f3n o regresi\u00f3n: la cooperaci\u00f3n libre a la gracia de la luz cuando amanece lleva a una claridad genital; su desprecio voluntario induce el retorno a una oscuridad, que no ser\u00e1 ya falta de luz sino privaci\u00f3n de ella (1. GOM\u00ed\u0081 Civir).<\/p>\n<p>Tiene en contra: el hecho de que hasta el momento en que Mc menciona esta frase en cuesti\u00f3n, las muchedumbres lejos de merecer la reprobaci\u00f3n de Cristo le han seguido con entusiasmo y han acudido en masa a escucharle y con avidez (cf Mc 4, 1). Un jud\u00ed\u00ado de nuestros d\u00ed\u00adas, que trata de defender a su pueblo frente a las frases de reprobaci\u00f3n que aparecen en el evangelio, escribe: \u00ab\u00bfSe querr\u00ed\u00ada que Jes\u00fas respondiese a esta sed de su palabra con enigmas que la turba no pudiera comprender y para cooperar a su reprobaci\u00f3n positivamente, para castigarles de la dureza de su coraz\u00f3n? Si esto es lo que ha querido decir Marcos, se sentir\u00ed\u00ada uno obligado a concluir con Loisy que \u00e9l no ha comprendido las intenciones de Jes\u00fas&#8230; Preferir\u00ed\u00adamos admitir que Marcos ha redactado un poco torpemente, m\u00e1s bien que atribuir a Jes\u00fas un procedimiento que ning\u00fan predicador celoso ni ning\u00fan hombre legal querr\u00ed\u00adan emplear en su ense\u00f1anza\u00bb (J. Isaac, J\u00e9sus et Israel, 1948, 307s). Nos parece que esta explicaci\u00f3n no tiene probabilidad alguna.<\/p>\n<p>2. Teor\u00ed\u00ada de la misericordia. La mayor parte de los autores (Juan Cris\u00f3stomo, Lagrange, Vost\u00e9, Grandmaison, etc.) afirman que, al ense\u00f1ar Jes\u00fas en par\u00e1bolas, se propuso presentarles el Reino de una manera adaptada a su \u00abposibilidad de captaci\u00f3n\u00bb respecto del mensaje divino, y habida cuenta de los \u00abdesignios de Dios\u00bb respecto del modo como deb\u00ed\u00ada llevar a cabo la redenci\u00f3n.<\/p>\n<p>En cuanto a la posibilidad de captaci\u00f3n, dada la concepci\u00f3n terrena que los jud\u00ed\u00ados ten\u00ed\u00adan del reino mesi\u00e1nico, Cristo no pudo predicarles a las claras desde el primer momento la naturaleza aut\u00e9ntica en su plenitud del Reino. Ante ello Cristo les predicaba lo que en tales circunstancias pod\u00ed\u00ada ense\u00f1arles. No es que fueran \u00abindignos\u00bb de una ense\u00f1anza m\u00e1s clara, sino que no eran \u00abid\u00f3neos\u00bb. Por lo dem\u00e1s, la exposici\u00f3n de la doctrina por medio de par\u00e1bolas no era tan velada que no pudieran entender algo. Ser\u00ed\u00ada algo as\u00ed\u00ad como mostrar el sol a trav\u00e9s de un cristal ahumado. Y una inteligencia inicial pod\u00ed\u00ada llevar a los bien dispuestos a la b\u00fasqueda, y correspondiente ense\u00f1anza, de la verdad m\u00e1s completa (cf la actitud de Nicodemo respecto de los milagros).<\/p>\n<p>En cuanto a los designios de Dios sobre el modo de llevar a cabo la redenci\u00f3n, \u00e9sta deb\u00ed\u00ada llevarse a cabo mediante la pasi\u00f3n y muerte de Cristo, despu\u00e9s de unos tres a\u00f1os de ministerio p\u00fablico. Esto exig\u00ed\u00ada, en cierto modo, esa ignorancia de los jud\u00ed\u00ados, quienes de haber captado la condici\u00f3n y mensaje total de Cristo no le hubieran dado muerte (cf He 3, 17; 13, 27). Ignorancia que si bien no fue provocada expresamente por Dios, y que fue debida a las malas disposiciones de los jud\u00ed\u00ados, entr\u00f3 en sus planes respecto de la redenci\u00f3n.<\/p>\n<p>En favor de esta teor\u00ed\u00ada est\u00e1 el concepto de par\u00e1bola, que no tiene como fin ocultar, sino aclarar una cosa dif\u00ed\u00adcil de entender por medio de una comparaci\u00f3n. Mc 4, 33 constata que Cristo \u00ables anunciaba la palabra con muchas par\u00e1bolas, seg\u00fan pod\u00ed\u00adan entenderle; no les hablabasin par\u00e1bolas\u00bb. A\u00f1adiendo, \u00abpero a sus disc\u00ed\u00adpulos se lo explicaba todo en privado\u00bb. Estos estaban preparados para una ulterior comprensi\u00f3n. Por lo dem\u00e1s, si bien los dirigentes religiosos del pueblo no se acercaban a Cristo con buenas disposiciones, Cristo que vino a salvar a todos se esforz\u00f3 hasta el final por conseguir su conversi\u00f3n.<\/p>\n<p>3. Explicaciones actuales<br \/>\na) El endurecimiento de los jud\u00ed\u00ados es consecuencia de su actitud frente a la predicaci\u00f3n de Cristo. La part\u00ed\u00adcula griega traducida por \u00abpara que\u00bb (hina) en Mc 4, 12, puede tener en griego b\u00ed\u00adblico sentido consecutivo, y traducirse por \u00abde modo que\u00bb. El endurecimiento de los jud\u00ed\u00ados no habr\u00ed\u00ada sido el fin que se propuso Jes\u00fas en su predicaci\u00f3n en par\u00e1bolas, sino la consecuencia o resultado, debido no al procedimiento seguido por Cristo, sino a las malas disposiciones con que los jud\u00ed\u00ados escuchaban su predicaci\u00f3n. Mateo omite la particulaq \u00abhina\u00bb; se ve que no quiere atribuir a la predicaci\u00f3n en par\u00e1bolas el endurecimiento de los jud\u00ed\u00ados y dice s\u00f3lo que se cumpli\u00f3 en ellos la profec\u00ed\u00ada de Isa\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>b) El endurecimiento no fue intentado por Cristo sino permitido (por Dios). La part\u00ed\u00adcula \u00abhina\u00bb (para que) conservar\u00ed\u00ada su sentido final, pero interpretada habida cuenta de la concepci\u00f3n jud\u00ed\u00ada: los jud\u00ed\u00ados no distinguen entre decreto positivo de Dios y permisivo. Y dicen que Dios intenta lo que realmente s\u00f3lo permite. Y este es el sentido del citado texto de Is 6, 8-10, seg\u00fan M. Garc\u00ed\u00ada Cordero. Advierte, adem\u00e1s, que los orientales gustan de presentar las cosas de modo parad\u00f3gico, con vivos contrastes, con el fin de dar m\u00e1s vigor a sus palabras e impresionar m\u00e1s profundamente a sus lectores.<br \/>\nc) Explicaci\u00f3n de J. Jerem\u00ed\u00adas. En primer lugar hay que advertir que Mc 4, 10-12 constituyen una interrupci\u00f3n. El v. 13 es continuaci\u00f3n l\u00f3gica del v. 9. El v. 10 no refleja la pregunta que esperar\u00ed\u00adamos: \u00bfqu\u00e9 significa esta par\u00e1bola del sembrador? Ello permitir\u00ed\u00ada dar a Mc 4, 10-12 un alcance m\u00e1s amplio relacionado con todo el contexto evang\u00e9lico que el restringido referido a las par\u00e1bolas. En segundo lugar el texto de Mc no sigue el texto hebreo ni el de los LXX y concuerda con el del Targ\u00fam (ex\u00e9gesis rab\u00ed\u00adnica del citado texto de Is 6, 9s). Ahora bien, la part\u00ed\u00adcula griega del final de la frase \u00abm\u00e9pote\u00bb, traducida por \u00abno sea que\u00bb (se conviertan) responde al arameo \u00abdilema\u00bb. Esta part\u00ed\u00adcula aramea puede tener tambi\u00e9n el sentido de \u00aba no ser que\u00bb, \u00absea pues que\u00bb. Este es el sentido que la ex\u00e9gesis rab\u00ed\u00adnica da al Texto de Is 6, 9s, y entiende el final de Is 6, 10 como una promesa de que Dios perdonar\u00e1 al pueblo si se convierte. Dado que Mc sigue hasta en los detalles la ex\u00e9gesis o par\u00e1frasis del texto del Targ\u00fam, podr\u00ed\u00ada traducirse Mc en el sentido de \u00e9ste, en cuyo caso la traducci\u00f3n de Mc 4, 11 s podr\u00ed\u00ada ser: \u00abA vosotros os ha dado Dios el misterio del Reino; pero para los que est\u00e1n fuera todo es enigm\u00e1tico, de modo que ven y no ven, oyen y no entienden, a no ser que se conviertan y Dios los perdone\u00bb. Si se convierten, si escuchan la Palabra de Dios, estar\u00e1n en las condiciones de los disc\u00ed\u00adpulos.<\/p>\n<p>Esta explicaci\u00f3n responder\u00ed\u00ada muy bien a todo el contexto evang\u00e9lico: los disc\u00ed\u00adpulos han aceptado el mensaje de Cristo, se han convertido, y por ello se les revelan y entienden los misterios de Dios. Los jud\u00ed\u00ados, en cambio, que no han secundado la llamada a la conversi\u00f3n, no reciben esa revelaci\u00f3n y no entienden los misterios de Dios. S\u00f3lo la comunidad creyente est\u00e1 en condiciones de interpretar de modo adecuado la Escritura.<\/p>\n<p>III. Orientaci\u00f3n actual en la interpretaci\u00f3n de las par\u00e1bolas<br \/>\n\u00abLas par\u00e1bolas de Jes\u00fas son, en general, muy conocidas. Demasiado. Y al se\u00f1alar esta demas\u00ed\u00ada nos referimos no al conocimiento mismo, sino a la desviaci\u00f3n casi necesariamente producida por la falta de reflexi\u00f3n ante una cosa cuya familiaridad nos cierra una perspectiva de mayor alcance. Exceso, en definitiva, debido a la rutina de nuestro conocimiento\u00bb (E. FERN\u00ed\u0081NDEZ RAMOS).<\/p>\n<p>1. Excesiva alegorizaci\u00f3n de las par\u00e1bolas<br \/>\nYa la primitiva comunidad cristiana alegoriz\u00f3 par\u00e1bolas de Jes\u00fas. Los Padres y autores hasta el pasado siglo, cultivaron la alegorizaci\u00f3n de par\u00e1bolas a veces de modo exagerado. Sirva de ejemplo la alegorizaci\u00f3n que hace San Agust\u00ed\u00adn de la par\u00e1bola del buen samaritano, que resumo a continuaci\u00f3n:<\/p>\n<p>\u00abUn hombre bajaba de Jerusal\u00e9n a Jeric\u00f3: se trata de Ad\u00e1n. Jerusal\u00e9n: la ciudad celeste de la paz. Jeric\u00f3: la luna, y significa nuestra mortalidad. Los ladrones: el demonio y sus \u00e1ngeles. Le despojaron: le privaron de su inmortalidad. Le golpearon: incitaron a pecar. Le dejaron medio muerto: el hombre vive en la medida en que conoce a Dios y est\u00e1 muerto en la medida en que es oprimido por el pecado. El sacerdote y levita: el sacerdocio del AT incapaz de salvar. El samaritano: el Se\u00f1or. El vendar las heridas: la represi\u00f3n del pecado. El aceite: el consuelo de la esperanza. El vino: el trabajo con fervor. La cabalgadura: la carne en la que vino Cristo. El ser colocado sobre la cabalgadura: la fe en la encarnaci\u00f3n de Cristo. La posada: la Iglesia. El otro d\u00ed\u00ada: el que sigue a la resurrecci\u00f3n de Cristo. Los dos denarios: los dos preceptos del amor, o la promesa de esta vida y de la futura. El posadero: el ap\u00f3stol Pablo. El pago supererogatorio: el celibato o el trabajo del ap\u00f3stol con sus propias manos\u00bb. Cf PL 35, 1340s. DODD lo presenta (ligeramente abreviado en 1. c., 21s).<\/p>\n<p>2. A. Julicher rompi\u00f3 con la interpretaci\u00f3n aleg\u00f3rica, reduciendo la ense\u00f1anza de la par\u00e1bola a la idea m\u00e1s general y \u00e9sta del orden moral.<\/p>\n<p>En cuanto a lo primero, expuso con claridad la desfiguraci\u00f3n a que se hab\u00ed\u00ada llegado de algunas par\u00e1bolas, realizando con ello una meritoria labor de liberaci\u00f3n de la misma. Pero fue demasiado lejos al afirmar que las par\u00e1bolas de Jes\u00fas en su origen carec\u00ed\u00adan de toda alegorizaci\u00f3n, y que todos los elementos aleg\u00f3ricos provienen de la Iglesia primitiva. La literatura apocal\u00ed\u00adptica y los escritos rab\u00ed\u00adnicos que presentan par\u00e1bolas semejantes a las de los evangelios -aunque de inferior calidad- contienen muchas veces elementos aleg\u00f3ricos.<\/p>\n<p>En cuanto a lo segundo, cometi\u00f3 un doble error. Redujo la ense\u00f1anza a una idea muy general: as\u00ed\u00ad en la par\u00e1bola de los talentos de Mt 25, 14-30 la \u00fanica ense\u00f1anza ser\u00ed\u00ada que s\u00f3lo para el trabajo hay recompensa; en la del rico Epul\u00f3n y el mendigo L\u00e1zaro se tratar\u00ed\u00ada s\u00f3lo de inculcar la alegr\u00ed\u00ada en quien sufre y en Lc 16, 19-31 el temor en quien goza. Adem\u00e1s redujo la ense\u00f1anza de las par\u00e1bolas al orden moral, reduciendo a Cristo a un maestro de sabidur\u00ed\u00ada \u00e9tica, despojando a las par\u00e1bolas de todo contenido escatol\u00f3gico, cuando el tema central de la predicaci\u00f3n de Jes\u00fas fue precisamente el Reino de Dios.<\/p>\n<p>3. El punto de partida actualmente es la inserci\u00f3n de las par\u00e1bolas en la vida de las comunidades cristianas (el Sitz im Leben). Se trata de detectar lo que en ellas se remonta a Jes\u00fas mismo, las adiciones y adaptaciones que la comunidad primitiva a sus circunstancias vitales y las perspectivas peculiares que a\u00f1adieron los evangelistas en conformidad con su teolog\u00ed\u00ada o en atenci\u00f3n a sus distintos destinatarios.<\/p>\n<p>El camino fue iniciado por A. T. Cadoux, si bien se limit\u00f3 a meras observaciones y detalles. Dio un paso m\u00e1s B. T. D. Smitch, aclarando el fondo hist\u00f3rico de las par\u00e1bolas, pero sin hacer interpretaci\u00f3n teol\u00f3gica. Perfeccionaron el procedimiento C. H. Dodd, que se limit\u00f3 a las par\u00e1bolas del Reino y J. Jerem\u00ed\u00adas que incluy\u00f3 en su obra las dem\u00e1s par\u00e1bolas y comparaciones. \u00danicamente habr\u00ed\u00ada que advertir, respecto de estos dos \u00faltimos autores que llevados de sus respectivas teor\u00ed\u00adas -escatolog\u00ed\u00ada realizada (Dodd), escatolog\u00ed\u00ada que se realiza (Jerem\u00ed\u00adas)- llegan a veces a conclusiones un tanto extremas en la interpretaci\u00f3n de las par\u00e1bolas.<\/p>\n<p>A la luz de la historia de la tradici\u00f3n evang\u00e9lica hoy se distinguen tres momentos en la elaboraci\u00f3n de los evangelios, y peculiarmente en la de las par\u00e1bolas.<\/p>\n<p>a) Jesucristo predic\u00f3 las par\u00e1bolas en una situaci\u00f3n vital concreta y con una intenci\u00f3n determinada en respuesta a esa situaci\u00f3n, vali\u00e9ndose de ellas para explicar puntos centrales de su mensaje y la raz\u00f3n de sus actuaciones. Radicadas en la vida ordinaria constituyeron un m\u00e9todo ideal para la instrucci\u00f3n de Cristo de aquellas gentes sencillas que le segu\u00ed\u00adan.<br \/>\nPero como advierten algunos autores, las par\u00e1bolas de Cristo \u00abno deben ser consideradas simples expresiones literarias de orden cognoscitivo, sino que deben ser puestas en estrecha relaci\u00f3n con los milagros, con los signos; deben ser integradas con los otros actos de poder (dyn\u00e1meis), que prueban precisamente que el Reino de Dios \u00abha llegado en poder\u00bb a trav\u00e9s de la palabra, la obra y, sobre todo, la persona de Jes\u00fas\u00bb (F. M. URICCHIO &#8211; G. M. STANO).<br \/>\nb) La comunidad primitiva, en cuyo seno adquirieron su forma actual evang\u00e9lica las par\u00e1bolas de Jes\u00fas, ampli\u00f3, dio un marco nuevo, alegoriz\u00f3 el relato primitivo de Cristo, con el fin de adaptar las ense\u00f1anzas de Jes\u00fas a las nuevas situaciones vitales de las diversas comunidades cristianas, o incluir en ellas la ulterior clarificaci\u00f3n que obtuvieron despu\u00e9s de la Resurrecci\u00f3n de Cristo bajo la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo.<\/p>\n<p>Por lo que se refiere a la alegorizaci\u00f3n de las par\u00e1bolas que tenemos en los evangelios (muy distinta de la que ve\u00ed\u00adamos en San Agust\u00ed\u00adn sobre la del samaritano) es conveniente advertir que \u00abno es ning\u00fan entretenimiento ocioso e in\u00fatil. En ella se manifiesta lo que los heraldos de la palabra tienen que decir en el nombre del Se\u00f1or. M\u00e1s importante que registrar exactamente sus discursos les parece el conseguir que la palabra del Maestro sea fructuosa y eficaz para los hermanos. Ellos se atienen a la par\u00e1bola transmitida; de ah\u00ed\u00ad que todav\u00ed\u00ada es posible distinguirla, y a nadie se le obliga a entenderla en sentido aleg\u00f3rico, pero la ven a la luz de muchas cosas que Jes\u00fas ha dicho, y la interpretan sobre la base de la situaci\u00f3n que ha operado el Se\u00f1or celestial por medio de su Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (E. KAHLEFELD, 123).<\/p>\n<p>c) Los autores de los evangelios, no fueron meros compiladores del material presin\u00f3ptico, como en un principio pens\u00f3 la Historia de las Formas, sino que a\u00f1adieron sus perspectivas tanto literarias como teol\u00f3gicas, conforme ha detectado la Historia de la Redacci\u00f3n. Dice un proverbio gal\u00e9s; \u00abbusca la harina donde quieras, pero amasa t\u00fa la hogaza\u00bb; del modo o t\u00e9cnica que se utilice en la elaboraci\u00f3n del pan depende la calidad de \u00e9ste. Los evangelistas han tomado una harina com\u00fan: la tradici\u00f3n presin\u00f3ptica. Pero cada uno ha elaborado, redactado, estructurado los materiales comunes en conformidad con su estilo y en atenci\u00f3n a sus perspectivas doctrinales propias. De modo que son autores literarios de sus respectivas obras.<\/p>\n<p>Los estudios actuales tratan de detectar esas perspectivas peculiares de los evangelistas, la extensi\u00f3n y naturaleza de su labor personal. Despu\u00e9s las adiciones o reelaboraciones de la comunidad cristiana. Y finalmente llegar al n\u00facleo primogenio de la predicaci\u00f3n de Jes\u00fas, el sentido original de las par\u00e1bolas pronunciadas por Jes\u00fas mismo: \u00ablevantar (aqu\u00ed\u00ad y all\u00e1) un poco el velo -a menudo tan fino, a veces impenetrable- que se ha extendido sobre las par\u00e1bolas de Jes\u00fas. \u00c2\u00a1Vuelta a la ipsissima vox de Jes\u00fas! Esta es la tarea. \u00c2\u00a1Qu\u00e9 gran regalo, cuando se logra, aqu\u00ed\u00ad y all\u00e1, volver a encontrar el rostro del Hijo del hombre detr\u00e1s del velo! \u00c2\u00a1Todo estriba en su palabra! \u00c2\u00a1S\u00f3lo el encuentro con El da a nuestra predicaci\u00f3n todo su poder!\u00bb (J. JEREM\u00ed\u008dAS, 142).<\/p>\n<p>Para llevar a cabo esta tarea contar mos con un elemento importante: \u00abel evangelio de Tom\u00e1s\u00bb, escrito ap\u00f3crifo del s. II, que contiene relatos parab\u00f3licos exentos de alegorizaci\u00f3n y que por tanto se acerca al texto original de Jes\u00fas. Apareci\u00f3 el a\u00f1o 1946 una copia del s. IV en el Alto Egipto y tiene influencias de los evangelios sin\u00f3pticos, de libros ap\u00f3crifos y de los escritos gn\u00f3sticos.<\/p>\n<p>Un ejemplo concreto: la par\u00e1bola del \u00abGran Banquete\u00bb (referida en Mt 22, 1-14 y Lc 14, 16-24), en la que Cristo trata de justificar su actitud con los pecadores.<\/p>\n<p>a) Hay en ella algo en lo que coinciden los relatos de Mt y Lc y tambi\u00e9n el del evangelio de Tom\u00e1s: un hombre rico invita a un gran banquete. Los invitados rechazan la invitaci\u00f3n, alegando diversas excusas. En su lugar el hombre rico hace llamar a los pobres para que se sienten a su mesa.<br \/>\nConviene observar que \u00abel convite festivo dentro de la familia de estilo patriarcal y entre amigos&#8230; simboliza, tanto en los escritos de la \u00faltima \u00e9poca del juda\u00ed\u00adsmo como en el lenguaje de Jes\u00fas, la uni\u00f3n bienaventurada que se producir\u00e1 al final de los tiempos. De este modo se orienta la mirada de los oyentes hacia el futuro, y hace acto de presencia el tema c\u00e9ntrico de la predicaci\u00f3n de Jes\u00fas&#8230; la llamada al evangelio\u00bb (E. KAHLEFELD, 97).<\/p>\n<p>Sobre ese fondo com\u00fan, n\u00facleo de la par\u00e1bola de Jes\u00fas:<\/p>\n<p>b) Lc, en su redacci\u00f3n, presenta una primera ampliaci\u00f3n con el fin de extender la invitaci\u00f3n a los \u00abgentiles\u00bb. Adem\u00e1s de la invitaci\u00f3n a los convidados, Mt y Tom presentan una sola invitaci\u00f3n a los no-convidados. Lc, por el contrario dos; despu\u00e9s de haber llamado a los pobres y tullidos de la ciudad, quedando a\u00fan sitio, el siervo recibe orden de salir de la ciudad y llamar a quienes encuentre en los caminos (del campo) y los cercados (vi\u00f1as).<\/p>\n<p>Se concluye que Lc ha ampliado la par\u00e1bola presentando la invitaci\u00f3n de Cristo a los gentiles (lo que est\u00e1 de acuerdo con el tema fundamental de Lc: universalismo del Reino mesi\u00e1nico). Sin duda que en la invitaci\u00f3n a los no convidados de la ciudad piensa en los publicanos y pecadores de Israel, y en la invitaci\u00f3n a los que se encuentran fuera de ella, hace referencia a los gentiles. La Iglesia, en situaci\u00f3n de misi\u00f3n, ha incluido en la par\u00e1bola la orden de misionar a los gentiles. Adaptaci\u00f3n que debi\u00f3 hacerse muy pronto a juzgar por Mt 21, 43.<\/p>\n<p>c) Mt, en su redacci\u00f3n, alegoriza la par\u00e1bola presentando en ella un esquema de la Historia de la Salvaci\u00f3n desde los profetas, pasando por la destrucci\u00f3n de Jerusal\u00e9n, hasta el juicio final. El \u00abhombre\u00bb de Lc y Tom es en Mt un rey. En las par\u00e1bolas rab\u00ed\u00adnicas aparecen con frecuencia reyes. El \u00abbanquete\u00bb de Tom, \u00abgran banquete\u00bb en Lc, es en Mt el banquete de bodas de su hijo, El \u00ab\u00fanico siervo\u00bb de Lc y Tom se convierte en Mt en dos grupos de criados: el primero transmite la invitaci\u00f3n que es rechazada; el segundo (\u00abotros siervos\u00bb) fue enviado cuando ya estaba todo preparado; pero \u00e9stos, unos desde\u00f1aron la invitaci\u00f3n, otros maltrataron y dieron muerte a los siervos del rey (v. 5s).<\/p>\n<p>En los dos grupos podr\u00ed\u00ada verse la repetida invitaci\u00f3n de Dios al pueblo israelita llam\u00e1ndole a la conversi\u00f3n. Tal vez Mateo, en el primer grupo ha pensado en los Profetas del Antiguo Testamento, cuyo mensaje era rechazado por los dirigentes del pueblo jud\u00ed\u00ado; y en el segundo en los Ap\u00f3stoles y disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas enviados por Jes\u00fas y que hubieron de sufrir malos tratos e incluso el martirio.<\/p>\n<p>El v. 7 presenta la actitud del rey: env\u00ed\u00ada su ej\u00e9rcito para dar muerte a los asesinos y entregar su ciudad a las llamas. Es una adici\u00f3n de Mt, en la que generalmente se ve una alusi\u00f3n a la destrucci\u00f3n de Jerusal\u00e9n. El v. 9, \u00bfse refiere a la misi\u00f3n entre los gentiles? Tal vez ha pensado en ella, como podr\u00ed\u00ada indicar la par\u00e1bola que precede sobre los vi\u00f1adores homicidas (21, 43).<\/p>\n<p>A\u00f1ade a la par\u00e1bola un episodio, o segunda par\u00e1bola, en que presenta la necesidad de la conversi\u00f3n para obtener un puesto en el banquete del Reino. Comprende los vv. 1113 (ausentes en Lc y Tom) en los que presenta la actitud del rey para el que entr\u00f3 en el banquete sin el traje de boda. La raz\u00f3n de la adici\u00f3n es que la par\u00e1bola del banquete, tal como concluye en el v. 10, podr\u00ed\u00ada dar lugar a un mal entendido: son invitados y entran todos cuantos encontraron sin tenerse en cuenta la conducta de cada uno. Pero no cualquiera puede entrar en el banquete del Reino. Para ello es preciso \u2014Cristo comenz\u00f3 su predicaci\u00f3n exigi\u00e9ndola\u2014 la conversi\u00f3n que lleva al bautismo. Esta es la finalidad de la adici\u00f3n de Mt, que pudo ser en un principio una par\u00e1bola independiente de la par\u00e1bola del banquete, o parte de una par\u00e1bola m\u00e1s amplia sobre la necesidad de la conversi\u00f3n o vigilancia.<\/p>\n<p>La frase final: \u00abPorque muchos son los llamados, mas pocos escogidos\u00bb (v. 14), se a\u00f1ade a la par\u00e1bola sin que tenga conexi\u00f3n directa con ella. Es una frase dirigida en un principio a Israel: todo el pueblo fue llamado, pero en realidad fueron pocos los que se convirtieron. Pero es un aviso para la comunidad cristiana, que debe evitar se repita en ella lo que ocurri\u00f3 respecto de los jud\u00ed\u00ados. ->banquete.<\/p>\n<p>IV. El mensaje de Jes\u00fas en las par\u00e1bolas<br \/>\nEn ocho puntos presentamos el mensaje de Jes\u00fas en las par\u00e1bolas tal como fueron pronunciadas por \u00e9l. El sentido completo de las mismas aparece en la consideraci\u00f3n peculiar de cada una en los respectivos lugares del Diccionario.<\/p>\n<p>1. Actualidad de la salvaci\u00f3n, que se obtiene por la entrada en el Reino por \u00e9l predicado. Ilustran esta doctrina las comparaciones del \u00abvino nuevo\u00bb y del \u00abpa\u00f1o nuevo\u00bb (Mc 2, 18-22). Cristo inaugura una realidad nueva, frente al juda\u00ed\u00adsmo. No se trata de un \u00abremiendo\u00bb a la ley antigua, sino de la proclamaci\u00f3n del Reino definitivo de Dios que trae la verdadera salvaci\u00f3n espiritual.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n la par\u00e1bola del banquete (Mt 22, 1-14), que concluye precisamente con la necesidad del bautismo a que tiene que llevar la conversi\u00f3n, para poder entrar en el banquete del Reino. La par\u00e1bola de la \u00abhiguera\u00bb (Mc 13, 28-29; 1c 13, 6-9) indica que hay que aprovechar el momento presente para traer la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>2. El Reino, no obstante sus humildes or\u00ed\u00adgenes y las dificultades que encuentra, contiene una fuerza expansiva, capaz de transformar el hombre y \/a sociedad. Vienen a este prop\u00f3sito, entre otras, las par\u00e1bolas del sembrador (Mc 4, 1-9), la de la mostaza (Mt 13, 31s) y la de la levadura (Mt 13, 31s). En ellas Cristo hace una contraposici\u00f3n entre los principios humildes del Reino con la maravillosa expansi\u00f3n que conseguir\u00e1 con el tiempo. En la par\u00e1bola del sembrador, a pesar de los obst\u00e1culos y defecciones, se anuncia que la cosecha superar\u00e1 todas las previsiones. Fue despu\u00e9s la primitiva comunidad cristiana la que desplaz\u00f3 el acento escatol\u00f3gico de la par\u00e1bola de Cristo al sicol\u00f3gico-paren\u00e9tico, poniendo en guardia a los cristianos frente al esp\u00ed\u00adritu del mundo y las persecuciones, indicando la relaci\u00f3n del fruto con las disposiciones con las que cada uno recibe la Palabra (Mc 4, 13-20).<br \/>\nPor tanto ser\u00e1 preciso: tener paciencia, mientras llega el final; ser\u00e1 entonces cuando se recojan los frutos. As\u00ed\u00ad lo advierte la par\u00e1bola del labrador paciente (Mc 4, 26-29). Y tener confianza en Dios, que ciertamente atender\u00e1 la s\u00faplica del disc\u00ed\u00adpulo que acude a \u00e9l. As\u00ed\u00ad lo inculcan las par\u00e1bolas del amigo importuno (Lc 11, 5-8) y la del juez injusto (Lc 18, 1-8). En la del amigo importuno, la redacci\u00f3n lucana ha pasado el acento a la perseverancia en la oraci\u00f3n; pero esa perspectiva es secundaria y propia del tercer evangelista; en la ense\u00f1anza de Cristo el acento se coloca en la certeza de que la oraci\u00f3n ser\u00e1 escuchada.<br \/>\n3. Cristo hace una llamada urgente a la \u00abconversi\u00f3n\u00bb, indispensable para la entrada en el Reino y no ser objeto de un juicio de condenaci\u00f3n. Esta ense\u00f1anza implica la par\u00e1bola de los ni\u00f1os en la calle (Mt 11, 16-19): el t\u00e9rmino \u00abgeneraci\u00f3n\u00bb tiene sentido peyorativo; designa al pueblo jud\u00ed\u00ado que rechaza la palabra, tanto la de Juan Bautista como la de Jes\u00fas. Esuna intimaci\u00f3n a la conversi\u00f3n la par\u00e1bola de la higuera est\u00e9ril (Lc 13, 6-9), que ser\u00e1 arrancada si no da fruto. La par\u00e1bola de los vi\u00f1adores homicidas (Mc 12, 1-12) entra\u00f1a una dura advertencia a los dirigentes del pueblo jud\u00ed\u00ado y les ofrece la \u00faltima oportunidad de conversi\u00f3n cuando est\u00e1n a punto de culminar sus iniquidades.<br \/>\n4. La invitaci\u00f3n, la intimaci\u00f3n de Cristo es rechazada por los dirigentes del pueblo jud\u00ed\u00ado. Es, en cambio aceptada por los pecadores y publicanos. Por ello Cristo predica a publicanos y pecadores, a pesar de las cr\u00ed\u00adticas de escribas y fariseos. Tanto que le llaman \u00abamigo de publicanos y pecadores\u00bb (Mt 11, 19). Cristo justific\u00f3 esta su actitud con varias par\u00e1bolas, como la de los dos hijos\u00bb (Mt 21, 28-31), dirigida a los dirigentes religiosos del pueblo, quienes, aceptando la ley de Mois\u00e9s, dijeron s\u00ed\u00ad; pero ahora se niegan a aceptar la conversi\u00f3n y la nueva ley que trae Cristo. En cambio, los pecadores y publicanos que con su vida dijeron que no, ahora reciben el mensaje de Jes\u00fas y se convierten, con lo que cumplen la voluntad de Dios. En esta l\u00ed\u00adnea est\u00e1n las par\u00e1bolas de la oveja perdida y la de la dracma extraviada (Lc 15, 1-10), que son respuesta a la acusaci\u00f3n de los escribas y fariseos de que acoge a los pecadores y come con ellos (Lc 15, 1-3), en las que, adem\u00e1s, se pone de relieve la alegr\u00ed\u00ada que se siente en el cielo por la conversi\u00f3n aunque sea de un solo pecador. Cristo trata de justificar tambi\u00e9n su actitud en la par\u00e1bola de los \u00abvi\u00f1adores homicidas\u00bb, en la que explica los dirigentes religiosos por qu\u00e9 se les quita el Reino: por no haber dado los frutos que deb\u00ed\u00adan dar, injusticia que colman con el rechazo de la invitaci\u00f3n de Jes\u00fas a la conversi\u00f3n.<\/p>\n<p>Especial menci\u00f3n merecen a este prop\u00f3sito las par\u00e1bolas del \u00abhijo pr\u00f3digo\u00bb y la del \u00abfariseo y publicano\u00bb. La primera es denominada, con_ raz\u00f3n, la \u00abperla de las par\u00e1bolas\u00bb y viene a ser un resumen de todo el Evangelio. Describe con todo realismo el proceso interno psicol\u00f3gico que implica la decisi\u00f3n del pecador de volver a Dios (el hijo pr\u00f3digo representa a los pecadores) que lo recibe con una acogida inimaginable. En la actitud del hijo mayor (segundo momento de la par\u00e1bola) est\u00e1n representados los escribas y fariseos que se indignan ante la predicaci\u00f3n de Jes\u00fas a los pecadores y la acogida que por su parte reciben.<\/p>\n<p>La par\u00e1bola del fariseo y publicano (Lc 18, 9-14) es tambi\u00e9n muy instructiva a este prop\u00f3sito. La actitud del fariseo es en s\u00ed\u00ad buena; una acci\u00f3n de gracias, sin petici\u00f3n interesada, (del estilo se encuentran a veces en la literatura rab\u00ed\u00adnica), pero conf\u00ed\u00ada en sus obras y cree justificarse por ellas, sin necesidad de la conversi\u00f3n predicada por Jes\u00fas. La oraci\u00f3n del publicano proviene de una actitud desesperada: su profesi\u00f3n llevaba al enriquecimiento por caminos ilegales; su justificaci\u00f3n supon\u00ed\u00ada abandono de la misma y devoluci\u00f3n de lo defraudado m\u00e1s una quinta parte. No le quedaba m\u00e1s actitud posible que una total confianza y abandono en la misericordia del Se\u00f1or. Cristo declara que el fariseo no sali\u00f3 justificado (concibe la justificaci\u00f3n como un salario debido a sus obras). S\u00ed\u00ad, en cambio, el publicano, que espera la justificaci\u00f3n como un don gratuito, lo que responde a la doctrina de Jes\u00fas. El v. 18, 14b es una adici\u00f3n posterior de Lc; est\u00e1 de acuerdo con el sentido profundo de la par\u00e1bola, pero es una derivaci\u00f3n de dimensi\u00f3n moral. fariseo y publicano (par\u00e1bola del).<\/p>\n<p>5. Ante la llamada de Cristo hay que tomar una decisi\u00f3n antes de que resulte tarde. As\u00ed\u00ad lo se\u00f1alan la par\u00e1bola \u00abdel deudor cuando va por el camino\u00bb (Lc 12, 57-59: la par\u00e1bola en Lc tiene alcance escatol\u00f3gico, ha llegado el Reino de Dios, el juicio est\u00e1 cerca, urge la conversi\u00f3n; Mt 5, 25s pasa a un sentido moral-social). La de los \u00abtalentos\u00bb (Mt 25, 14-30) y la de las \u00abminas\u00bb (Lc 19, 11-27); hay que hacer fructificar los dones recibidos de Dios, sin esperar a un final que no se sabe cu\u00e1ndo llegar\u00e1. Tambi\u00e9n la del \u00abmayordomo sagaz\u00bb ante el despido que le espera (Lc 16, 1-8: Cristo no alaba su conducta moral,sino su sagacidad en asegurarse inmediatamente su futuro, frente a la no rara apat\u00ed\u00ada de los hijos de la luz).<\/p>\n<p>Pueden a\u00f1adirse la ya citada de la \u00abhiguera est\u00e9ril\u00bb (Lc 13, 6-9), la de las diez v\u00ed\u00adrgenes (Mt 25, 1-13: las negligentes fueron sorprendidas por la venida del esposo que se adelanta a sus previsiones). Tambi\u00e9n la del \u00abrico epul\u00f3n y el mendigo L\u00e1zaro\u00bb Lc 16, 19-31: aqu\u00e9l es el que pone su coraz\u00f3n en las riquezas y se desentiende de las exigencias del Reino (amor al pr\u00f3jimo, peculiarmente al necesitado); \u00e9ste el pobre con sentido religioso que lo recibe con un coraz\u00f3n desprendido.<\/p>\n<p>6. Una vez secundada la invitaci\u00f3n de Cristo, hay que adoptar las siguientes actitudes radicales:<\/p>\n<p>a) Vigilancia permanente ante la incertidumbre del momento del juicio. \u00abCe\u00f1idos los vestidos y encendidas las l\u00e1mparas\u00bb, como dice la exhortaci\u00f3n a estar preparados cuando vuelva el Se\u00f1or (Lc 12, 35-40, v. 35). \u00abComo el portero que ha de esperar vigilante la llegada de su amo\u00bb, conforme a la conclusi\u00f3n del discurso escatol\u00f3gico (Mc 13, 34-37). Como \u00abel padre de familia pendiente de la llegada del ladr\u00f3n\u00bb (Mt 24, 42-44). Como \u00ablas cinco doncellas que se hallaban provistas del aceite\u00bb cuando lleg\u00f3 el esposo (Mt 25, 1-13).<br \/>\nb) Obediencia y renuncia total por el Reino, ya que no es posible \u00abservir a dos se\u00f1ores\u00bb (Mt 6, 24). No era posible en la situaci\u00f3n en la cual se encontraba entonces el siervo, que depend\u00ed\u00ada totalmente de ese se\u00f1or y pod\u00ed\u00ada en cada momento disponer de \u00e9l. As\u00ed\u00ad de incompatibles son el \u00abservicio\u00bb a Dios y el \u00abservicio\u00bb a las riquezas. La puerta que conduce a la salvaci\u00f3n es \u00abestrecha\u00bb (Mt 7, 13s); supone gran esp\u00ed\u00adritu de renuncia y muchos no est\u00e1n dispuestos a aceptarlo. El disc\u00ed\u00adpulo de Cristo \u00abno puede dar marcha atr\u00e1s\u00bb; tienen que vivir con la mirada puesta solamente en el Reino; como el que, habiendo puesto la mano sobre el arado no puede volver la vista atr\u00e1s, pues no har\u00ed\u00ada derecho el surco (Lc 9, 62).<\/p>\n<p>c) Pero sin dejarse llevar por un entusiasmo moment\u00e1neo, o de una decisi\u00f3n impulsiva, cuando se trata de un seguimiento especial. Ha de proceder despu\u00e9s de una seria reflexi\u00f3n, como el que intenta construir una torre, o como el que intenta emprender una guerra; tienen que considerar primero si cuentan con los medios necesarios para llevar a cabo sus planes (Lc 14, 28-32), que concluye: \u00abPues, de igual manera, cualquiera de vosotros que no renuncie a todos sus bienes no puede ser disc\u00ed\u00adpulo m\u00ed\u00ado\u00bb (v. 33). Hay que tener en cuenta que \u00abel que ama a su padre o a su madre m\u00e1s que a m\u00ed\u00ad -dice Cristo- no es digno de m\u00ed\u00ad&#8230; El que no toma su cruz y me sigue no es digno de m\u00ed\u00ad\u00bb (Mt 10, 37s). Cristo mismo advierte: \u00ablas zorras tienen guaridas y las aves del cielo nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar su cabeza\u00bb (Mt 8, 20); alusi\u00f3n a su vida itinerante.<\/p>\n<p>7. La vida del disc\u00ed\u00adpulo ha de caracterizarse por la alegr\u00ed\u00ada del Reino, por el amor al pr\u00f3jimo, por su disposici\u00f3n a trabajar esforzadamente por el Reino.<\/p>\n<p>a) La alegr\u00ed\u00ada del Reino. As\u00ed\u00ad lo reflejan las par\u00e1bolas de \u00abla perla\u00bb y la del \u00abtesoro escondido\u00bb en el campo: \u00abel que lo halla vuelve a esconderlo y por la alegr\u00ed\u00ada que siente vende todo lo que tiene y compra el campo aqu\u00e9l\u00bb (Mt 13, 44-46). Semejante es la par\u00e1bola del \u00abgran pez\u00bb\u00bb que refiere el evangelio de Tom\u00e1s: \u00abY El (Jes\u00fas) dijo: El hombre se parece a un pescador prudente que arroj\u00f3 su red en el mar y la sac\u00f3 (de nuevo) del mar; (entonces estaba) llena de peces peque\u00f1os. Entre ellos encontr\u00f3 el pescador prudente un pez muy grande. (Entonces) arroj\u00f3 todos los peces peque\u00f1os (de nuevo) en el mar y eligi\u00f3 el gran pez sin dudar\u00bb. El Reino vale mucho m\u00e1s que todos los tesoros de la tierra y causa una alegr\u00ed\u00ada y satisfacci\u00f3n inmensamente mayor que todos los bienes terrenos juntos.<br \/>\nb) El amor al pr\u00f3jimo, como expresi\u00f3n del amor a Dios. As\u00ed\u00ad lo manifiesta la invitaci\u00f3n a los pobres en \u00abla elecci\u00f3n de invitados\u00bb\u00bb (Lc 14, 12-14); la par\u00e1bola del\u00bbrico epul\u00f3n y el mendigo L\u00e1zaro\u00bb (Lc 16, 19-31), en la que se ponen de relieve las fatales consecuencias de la inmisericordia con el pobre necesitado; la par\u00e1bola del \u00absiervo sin entra\u00f1as\u00bb (Mt 18, 23-35), en que aparece el contraste entre la misericordia del rey y la del siervo perdonado y la suerte que espera al que no perdona de coraz\u00f3n a su hermano.<br \/>\nAparece sobre todo, y con su relieve universal, en la par\u00e1bola del \u00abbuen samaritano\u00bb (Lc 10, 29-37). \u00bfQui\u00e9n es mi pr\u00f3jimo? era una cuesti\u00f3n discutida entre los jud\u00ed\u00ados: hab\u00ed\u00ada fariseos que se sent\u00ed\u00adan inclinados a excluir a los no fariseos; seg\u00fan los esenios, se pod\u00ed\u00ada odiar a los \u00abhijos de las tinieblas\u00bb; los rabinos exclu\u00ed\u00adan a los herejes, a los delatores; la creencia popular exclu\u00ed\u00ada a los enemigos. La no colaboraci\u00f3n del sacerdote y del levita puede ser debida a la ley que prohib\u00ed\u00ada tocar un muerto en el camino, lo que hac\u00ed\u00ada incurrir en impureza legal, o a un intento de ridiculizar tal norma, o simplemente para poner de relieve el contraste con el samaritano. Esperar\u00ed\u00adamos como tercer actor un \u00ablaico\u00bb, pero en su lugar la par\u00e1bola presenta un ciudadano de Samar\u00ed\u00ada, pueblo aborrecido por los jud\u00ed\u00ados (cf Si 49, 26; Jn 4, 9). Este fue el que prest\u00f3 auxilio al herido, comport\u00e1ndose como verdadero pr\u00f3jimo. Pr\u00f3jimo -se concluye- es todo hombre y a todo hombre hay que amar y hacer el bien. La intimaci\u00f3n al amor al pr\u00f3jimo que se encuentra en cualquier necesidad aparece, con matices sorprendentes en la presentaci\u00f3n de Mt del \u00abjuicio final\u00bb\u00bb (Mt 25, 31-46): Cristo se coloca en el lugar del pobre, del enfermo, del encarcelado&#8230; y considera como realizado con \u00e9l mismp la obra de caridad con esas personas. , 1 R K &#8216;A N<br \/>\nc) Ha de estar dispuesto a trabajar con todo esfuerzo por el Reino, como el pescador que se afana en la b\u00fasqueda de peces (Mc 7, 19; Lc 5, 5), como el obrero ante la mies copiosa que no cuenta con el n\u00famero suficiente de operarios (Mt 9, 37; Lc 12, 10). Siempre con la confianza puesta en Dios (Mt 6, 25-34).<\/p>\n<p>8. Al final, en la consumaci\u00f3n del Reino, tendr\u00e1 lugar la selecci\u00f3n, la recompensa y un cambio de situaciones<br \/>\na) Entonces tendr\u00e1 lugar la separaci\u00f3n entre buenos y malos, como lo muestran las par\u00e1bolas de \u00abla ciza\u00f1a y el trigo\u00bb (Mt 13, 24-30) y la de \u00abla red\u00bb (Mt 13, 47-49). Hasta entonces deber\u00e1n convivir justos y pecadores.<\/p>\n<p>b) En aquel d\u00ed\u00ada Dios recompensar\u00e1 a cada uno conforme a su actitud ante la invitaci\u00f3n de Cristo a seguir su mensaje. As\u00ed\u00ad aparece la par\u00e1bola del \u00abrico epul\u00f3n y el mendigo L\u00e1zaro\u00bb (Lc 16, 19-31), yen la exhortaci\u00f3n a invitar a los pobres en la selecci\u00f3n de los invitados (Lc 14, 12-14); como \u00e9stos no tienen con qu\u00e9 pagar el beneficio prestado, los invitantes recibir\u00e1n la recompensa en la \u00abresurrecci\u00f3n de los justos\u00bb. M\u00e1s espl\u00e9ndidamente aparece en la sentencia de Cristo en el juicio final sobre quienes practicaron las obras de misericordia y quienes no tuvieron compasi\u00f3n de los necesitados (Mt 25, 31-46).<\/p>\n<p>c) Se producir\u00e1 entonces un cambio de situaciones. As\u00ed\u00ad lo pone de manifiesto la citada par\u00e1bola del \u00abrico epul\u00f3n y el mendigo L\u00e1zaro\u00bb. Queda patente en la mencionada presentaci\u00f3n del juicio final de Mt 25, 31-46. Y lo constatan muy gr\u00e1ficamente las Bienaventuranza y Lamentaciones de Lc 6, 20-26.<\/p>\n<p>\u00abSi intentamos recuperar el sonido primitivo de las par\u00e1bolas, hay ante todo una cosa que se nos presenta clara: todas las par\u00e1bolas de Jes\u00fas obligan a los creyentes a tomar posici\u00f3n sobre su persona y sobre su misi\u00f3n. Pues todas ellas est\u00e1n llenas del \u00abmisterio de Dios\u00bb (Mc 4, 11), a saber, de la certeza de \u00abla escatolog\u00ed\u00ada que se realiza\u00bb. La hora del cumplimiento ha llegado; \u00e9sta es su nota fundamental&#8230; Ha comenzado el a\u00f1o de gracia de Dios. Pues ha aparecido aquel cuya oculta majestad centellea tras cada palabra y tras cada par\u00e1bola: el Salvador\u00bb (J. Jerem\u00ed\u00adas, 277).<\/p>\n<p>V. Ulteriores observaciones<br \/>\n1. El AT y la literatura rab\u00ed\u00adnica pueden prestar una valiosa ayuda para la inteligencia de las par\u00e1bolas evang\u00e9licas.<\/p>\n<p>Muchos temas tratados por Cristo en la par\u00e1bolas se encuentran en el AT y en la literatura rab\u00ed\u00adnica. Hay en uno y otra una serie de t\u00e9rminos que ten\u00ed\u00adan ya un significado concreto: as\u00ed\u00ad, los t\u00e9rminos rey, padre, se\u00f1or, juez designan a Dios; hijos, siervos, vi\u00f1a, reba\u00f1o de Dios, aparecen referidos a Israel; la siega, la rendici\u00f3n de cuentas, expresan el \u00faltimo juicio; el banquete, fest\u00ed\u00adn, cena, significan el Reino de Dios. Las par\u00e1bolas rab\u00ed\u00adnicas fueron puestas por escrito dos siglos despu\u00e9s de Cristo. Pero los elementos de que constan arrancan de mucho tiempo antes. La semejanza extraordinaria con las par\u00e1bolas de Jes\u00fas, de las que pueden depender en alg\u00fan caso -dependencia debida m\u00e1s bien al fondo cultural com\u00fan- llevan a la conclusi\u00f3n de la existencia de este g\u00e9nero literario ya claramente fijado al comienzo del siglo 1. Los temas, como los de las par\u00e1bolas de Jes\u00fas, est\u00e1n tomados de la vida ordinaria de Palestina.<\/p>\n<p>Pero las par\u00e1bolas de Jes\u00fas ocupan en este g\u00e9nero literario \u00abun puesto distinto, porque en sus par\u00e1bolas Jes\u00fas se ha manifestado como un maestro inesperado e incomparable: sobre sus labios la par\u00e1bola nace espont\u00e1neamente, se desarrolla con vivacidad, refleja una trasparente inmediatez y correspondencia sin cavilaciones ni sofister\u00ed\u00adas; al compararse con ellas, las par\u00e1bolas rab\u00ed\u00adnicas, que en parte pueden remontarse casi a la misma \u00e9poca, aparecen netamente inferiores\u00bb (F. M. URiccHio -G. M. STANO). Se puede, por todo ello afirmar que \u00ablas par\u00e1bolas de Jes\u00fas no tuvieron precursoras, ni tuvieron tampoco seguidoras. Pues incluso en la comunidad cristiana primitiva no se pudo alcanzar el nivel singular\u00ed\u00adsimo de esta manera de hablar en im\u00e1genes\u00bb (J. GNILKA, Jes\u00fas de Nazaret, Herder, Barcelona 1993, 40). Por lo dem\u00e1s, el tema de las par\u00e1bolas rab\u00ed\u00adnicas es la Ley, explicaci\u00f3n y obligatoriedad de la misma. Las de Jes\u00fas tienen su centro de gravedad en el Reino (sobre todo en Mt) y la misericordia de Dios con los pecadores (sobre todo en Lc). Se podr\u00ed\u00ada, adem\u00e1s, advertir que las par\u00e1bolas de Jes\u00fas manifiestan virtudes eminentemente humanas: optimismo, profundo esp\u00ed\u00adritu de observaci\u00f3n, afecto y encanto ante la naturaleza y las creaturas: todas ellas, plantas, animales, personas le dan pie para sus comparaciones ilustrativas del Reino.<\/p>\n<p>2. El contenido de las par\u00e1bolas es originaria y fundamental escatol\u00f3gico. La aplicaci\u00f3n moral es muchas veces obra de la comunidad cristiana. Lo primero ha quedado de manifiesto. Respecto de lo segundo, si bien interesa descubrir en las par\u00e1bolas el sentido teol\u00f3gico, hay que escuchar tambi\u00e9n la lecci\u00f3n moral. Procede de la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, en la Iglesia Primitiva; ha sido consignada, bajo su inspiraci\u00f3n, por los evangelistas. Y deber\u00e1, por tanto, ser norma y canon para todos los tiempos. Lo que no se puede hacer es quedarse en ella y reducir el cristianismo a una \u00abescuela de moralidad\u00bb.<br \/>\nLa adaptaci\u00f3n que hace la comunidad primitiva de las par\u00e1bolas de Cristo no introduce una verdad nueva, sino que es aplicaci\u00f3n o derivaci\u00f3n de la ense\u00f1anza de Cristo en la par\u00e1bola original. Y si es m\u00e1s bien nueva en relaci\u00f3n con ella se trata de una doctrina ense\u00f1ada por Cristo en otras ocasiones. Conocemos el inter\u00e9s y la preocupaci\u00f3n de los ap\u00f3stoles por transmitir con toda fidelidad el mensaje de Jes\u00fas (cf Lc 1, 1; He 1, 1; ICor 11, 23; 15, 3; Heb 2, 1, etc). \u00abLa catequesis primitiva no ha cambiado la realidad hist\u00f3rica, sino que la ha iluminado, la ha explicitado, la ha orientado hacia horizontes que Cristo vio y pretendi\u00f3 aunque dej\u00f3 entre nubes\u00bb (J. ALONSO D\u00ed\u00adAz).<br \/>\n3. El mensaje hay que buscarlo en el n\u00facleo de la par\u00e1bola, como ya indicamos al principio, no en los detalles, a veces pintorescos e irreales. Estos hay que tenerlos en cuenta en cuanto contribuyen y forman unidad con el pensamiento central.<br \/>\nHay que evitar una presentaci\u00f3n \u00absimplista\u00bb de las par\u00e1bolas qued\u00e1ndose en lo exterior. Hay que quitar la corteza y descubrir el mensaje profundo que contienen. Alguien compara la par\u00e1bola con la nuez: \u00ab\u00bfqu\u00e9 hay m\u00e1s cerrado y apretado que una nuez? Por dentro se agarra con todas sus fuerzas a su propio caparaz\u00f3n. Para abrirla hay que romperla\u00bb (R CLAUDEL).<br \/>\n4. No hay que aferrarse a la par\u00e1bola como procedimiento literario para expresar el mensaje evang\u00e9lico. Cristo habl\u00f3 a un pueblo oriental, de una \u00e9poca determinada, y tuvo que acomodarse a sus m\u00f3dulos de expresi\u00f3n. Los orientales son amigos de las comparaciones, de los enigmas, de las paradojas. Nosotros preferimos muchas veces el lenguaje claro y tajante. Lo mejor ser\u00e1 captar su mensaje y exponerlo con nuestras maneras de expresi\u00f3n, frecuentemente muy diversas de las de los orientales, y habida cuenta del auditorio. Es lo que en el \u00e1mbito m\u00e1s amplio se pretende, incluso en las \u00faltimas versiones de la Biblia con el procedimiento de la \u00abequivalencia din\u00e1mica\u00bb.<\/p>\n<p>BIBL. &#8211; C. H. DooD, Las par\u00e1bolas del Reino, Cristiandad, Madrid 1974 (traducci\u00f3n de la 17 edici\u00f3n inglesa 1965); J. JEREM\u00ed\u008dAS, Las Par\u00e1bolas de jes\u00fas. Cristiandad, Madrid 1970 (versi\u00f3n del original alem\u00e1n 1965); E. KAHLEFELD, Par\u00e1bolas y ejemplos, Verbo divino, Estella (Navarra) 1967; GRUPO DE ENTREVERNES, Signos y Par\u00e1bolas, Cristiandad, Madrid 1979 (desde la ling\u00fc\u00ed\u00adstica y semi\u00f3tica); W. HARNISCH, Las par\u00e1bolas de jes\u00fas, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1989; F. FERN\u00ed\u0081NDEZ RAMOS, El Reino en par\u00e1bolas, Universidad Pontificia. Salamanca 1996.<\/p>\n<p>Gabriel P\u00e9rez<\/p>\n<p>FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret<\/b><\/p>\n<p>El t\u00e9rmino \u00abpar\u00e1bola\u00bb, que aparece 47 veces en la versi\u00f3n griega del Antiguo Testamento y 50 veces en el griego del Nuevo Testamento, hace referencia sobre todo a un tipo particular de narraci\u00f3n que ha recibido una atenci\u00f3n privilegiada en la ex\u00e9gesis b\u00ed\u00adblica del siglo xx. Siempre resulta dif\u00ed\u00adcil definir la par\u00e1bola b\u00ed\u00adblica: se trata de un fen\u00f3meno comunicativo que puede m\u00e1s bien describirse que definirse. Sin embargo, al tener que ofrecer una definici\u00f3n de la par\u00e1bola, se puede entender con ella un relato anfibol\u00f3gico que, remitiendo a otro acontecimiento o relato, lleva a cabo un proceso en que se compromete al que lo oye.<\/p>\n<p>Ante todo la par\u00e1b\u00f3la se presenta como \u00abrelato anfibol\u00f3gico\u00bb es decir, como narraci\u00f3n con un doble significado, que transmite continuas referencias a los acontecimientos o a las situaciones que la han engendrado. Se ha escogido adrede hablar de \u00abanfibolog\u00ed\u00ada\u00bb m\u00e1s bien que de \u00abficci\u00f3n\u00bb o \u00abfalsedad\u00bb va que la misma trama narrativa, presente en la par\u00e1bola, puede referirse a sucesos que han acontecido realmente, que no han sido inventados. De hecho, no pocos autores opinan que la par\u00e1bola evang\u00e9lica del \u00abadministrador astuto\u00bb (Lc 16,1-8) se refiere a una situaci\u00f3n hist\u00f3rica realmente sucedida en tiempos de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Por consiguiente, el problema no consiste en la dimensi\u00f3n ficticia o real del relato parab\u00f3lico, sino en su capacidad de remitir a otra cosa.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, la par\u00e1bola se propone crear un compromiso progresivo entre el autor, el texto y el destinatario. Desde este punto de vista resulta reductivo concebir la par\u00e1bola como una modalidad a trav\u00e9s de la cual el narrador, por ejemplo Jes\u00fas, se propone ense\u00f1ar ciertas verdades que de lo contrario resultar\u00ed\u00adan incomprensibles, como el concepto de \u00abReino de Dios\u00bb. La tendencia que se deriva de esta valoraci\u00f3n equivocada se concreta en los continuos intentos de \u00abconceptualizar\u00bb las par\u00e1bolas; ser\u00ed\u00ada una tarea propia del exegeta liberar el concepto o mensaje de la par\u00e1bola del ropaje envolvente de la misma. La par\u00e1bola realmente, en el momento en que se narra, pierde su misma naturaleza de relato que hace pensar en otra cosa. Por eso la par\u00e1bola no s\u00f3lo es interpretada, sino que interpreta la realidad.<\/p>\n<p>El proceso de \u00bb compromiso \u00bb presente en la par\u00e1bola afecta ante todo al narrador, que al contar una par\u00e1bola no intenta simplemente hacer una cr\u00f3nica, exponer una historia o proponer una alegor\u00ed\u00ada. Al contrario, prescindiendo de las finalidades espec\u00ed\u00adficas, intenta no solamente ense\u00f1ar o dialogar con el interlocutor, sino \u00bb implicarlo\u00bb en la narraci\u00f3n. Este proceso de implicaci\u00f3n, visto desde la perspectiva del narrador, se logra tanto mejor cuanto mejor permite y, en \u00faltimo an\u00e1lisis, obliga al destinatario a entrar en la trama misma de la narraci\u00f3n. La par\u00e1bola contada por Nat\u00e1n a David resulta perfectamente lograda cuando obliga al mismo David, a su pesar, a sentirse comprometido en la narraci\u00f3n (cf.2 Sm 12,1-14). En ese caso, la preocupaci\u00f3n fundamental del narrador consiste en ofrecer se\u00f1ales impl\u00ed\u00adcitas que remitan a los acontecimientos que subyacen a la par\u00e1bola; \u00e9stos, a su vez, se har\u00e1n expl\u00ed\u00adcitos solamente en el ep\u00ed\u00adlogo del relato.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, este proceso de implicaci\u00f3n, particularmente significativo en la par\u00e1bola, afecta al mismo relato.<\/p>\n<p>M\u00e1s a\u00fan, bajo algunos aspectos, la implicaci\u00f3n que opera el relato respecto al narrador y al destinatario, resulta m\u00e1s compleja de lo que el mismo narrador hab\u00ed\u00ada pensado en la confecci\u00f3n de la par\u00e1bola. Ouiz\u00e1s, en la narraci\u00f3n de la par\u00e1bola del \u00abpadre misericordioso\u00bb, Lucas no hab\u00ed\u00ada pensado en todas las implicaciones que esta par\u00e1bola pod\u00ed\u00ada determinar en la realidad del padre que remite a Dios mismo (Lc 15,1 1-32). Sin embargo, para este nivel de implicaci\u00f3n es necesario captar en la medida de lo posible el contexto hist\u00f3rico o sociol\u00f3gico en el que se inserta la par\u00e1bola. Por eso mismo, explicar la par\u00e1bola del sembrador (Mc 4,1 -9) a partir del contexto agr\u00ed\u00adcola de la Palestina de aquel tiempo es muy distinto de comprenderla en un contexto agr\u00ed\u00adcola occidental o contempor\u00e1neo. En el primer caso, el sembrador hace lo que resultaba m\u00e1s l\u00f3gico para los campesinos de aquel tiempo: sembrar antes de arar. En el segundo caso, el mismo sembrador parecer\u00e1 un necio, al ser incapaz de sembrar en los amplios espacios del terreno arado anteriormente. As\u00ed\u00ad pues, aunque las par\u00e1bolas pueden ser le\u00ed\u00addas en diferentes contextos, es necesario tener en cuenta los contextos m\u00e1s pertinentes, para que no quede desnaturalizado su sentido hasta tal punto que llegue a resultar incomprensible.<\/p>\n<p>El que m\u00e1s se ve invitado a un compromiso en la narraci\u00f3n parab\u00f3lica es el destinatario. Ciertamente, la narratolog\u00ed\u00ada contempor\u00e1nea manifiesta que todo relato lleva a cabo un proceso de implicaci\u00f3n; pero quiz\u00e1s en ninguna relato como en el parab\u00f3lico es tan caracter\u00ed\u00adstico este proceso. Efectivamente, el destinatario se considera al principio como totalmente extra\u00f1o al relato parab\u00f3lico; si no fuera por las preguntas imprevistas que el narrador coloca para introducir la par\u00e1bola (cf. Mc 4,21-30), o bien por la misma autoridad del narrador, se ver\u00ed\u00ada incluso inducido a la distracci\u00f3n. Pero progresivamente se va operando un proceso de \u00abfusi\u00f3n de horizontes\u00bb, por el que la situaci\u00f3n de la par\u00e1bola corresponde a la propia, y el oyente pasa de una situaci\u00f3n de mero espectador a la de actor parab\u00f3lico. Cuando el lector no es solamente aquel que es interpretado por la par\u00e1bola, sino tambi\u00e9n aquel que interpreta la par\u00e1bola, es necesario que no caiga en la trampa de la alegor\u00ed\u00ada. Se ha dicho que la par\u00e1bola recuerda aspectos impl\u00ed\u00adcitos del suceso original; pero esto no significa que cada uno de los elementos de la par\u00e1bola remita a una realidad significada, convirti\u00e9ndose en alegor\u00ed\u00ada. En otras palabras, detenerse por ejemplo en qu\u00e9 es lo que puede corresponder al s\u00ed\u00admbolo del \u00abternero cebado\u00bb (Lc 15,23) significa confundir la par\u00e1bola con la alegor\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Por lo que se refiere a las par\u00e1bolas de Jes\u00fas, aunque resulta exagerado considerarlo inventor de las par\u00e1bolas, lo cierto es que a menudo \u00e9stas forman parte de su anuncio original del Reino (Jeremias). Adem\u00e1s, es significativo que, para el Nuevo Testamento, solamente en los evangelios propiamente dichos se refieren par\u00e1bolas: Pablo no utiliza nunca este arte tan adecuado para persuadir. En t\u00e9rminos cuantitativos es dif\u00ed\u00adcil establecer el n\u00famero de par\u00e1bolas evang\u00e9licas: se va de un m\u00ed\u00adnimo de 35 a un m\u00e1ximo de 72. El problema se plantea cuando hay que decidir la inclusi\u00f3n en las par\u00e1bolas de las comparaciones o de las met\u00e1foras evang\u00e9licas. De todas formas, aunque el concepto de par\u00e1bola puede ampliarse a varias expresiones, es necesario no definirlo todo como par\u00e1bola, va que en ese caso nada ser\u00ed\u00ada par\u00e1bola, sino tan s\u00f3lo relatos evang\u00e9licos que remiten a sucesos subyacentes mediante el proceso de implicaci\u00f3n trazado brevemente.<\/p>\n<p>En la historia de interpretaci\u00f3n de las par\u00e1bolas merecen especial menci\u00f3n las aportaciones de A. JUlicher C. H. Dodd,  Jeremias, E. Fuchs y las m\u00e1s modernas de E. JUngel, R. W, Funk, . D. Crossan, P. Ricoeur  Dupont y V. Fusco.<br \/>\nA. Pitta<\/p>\n<p>Bibl.: C, H. Peisker Par\u00e1bola, en DTNT III, 286-293; Y Fusco, Par\u00e1bola\/Par\u00e1bolas, en NDTB, 1309-1409. . Jeremias. Las par\u00e1bolas de Jes\u00fas, Verbo Divino, Estella 1992; \u00ed\u00add., Interpretaci\u00f3n de las par\u00e1bolas, Verbo Divino, Estella 51994; C, H. Dodd. Las par\u00e1bolas del reino, Cristiandad, Madrid 1974, D. de la Maisonneuve, Par\u00e1bolas rab\u00ed\u00adnicas, Verbo Divino, Estella 1985; Grupo de Entrevernes, Signos y par\u00e1bolas, Semi\u00f3tica y texto evang\u00e9lico, Cristiandad, Madrid 1979-<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>Sumario: 1. Indicaciones sobre la historia de la interpretaci\u00f3n: 1. La antig\u00fcedad cristiana; 2. La interpretaci\u00f3n moderna; 3. La fase m\u00e1s reciente. II. El mecanismo ling\u00fc\u00ed\u00adstico de la par\u00e1bola: 1. Lo espec\u00ed\u00adfico de la par\u00e1bola; 2. Par\u00e1bola y comparaci\u00f3n; 3. Par\u00e1bola y alegor\u00ed\u00ada; 4. Par\u00e1bola y met\u00e1fora. III. La par\u00e1bola como frontera del evangelio: 1. El di\u00e1logo y el anuncio; 2. La actualidad de las par\u00e1bolas. IV. Ap\u00e9ndice: Las par\u00e1bolas en los evangelios sin\u00f3pticos.<br \/>\n\u2020\u0153Un hombre ten\u00ed\u00ada dos h\u00fcos.. \u2020\u0153(Lc 15,11). El lector cristiano tiene suficiente con las primeras palabras del relato para recordar no s\u00f3lo su desarrollo y su conclusi\u00f3n, sino incluso su aplicaci\u00f3n, de sobra conocida; momento a momento -la marcha, el destierro, la vuelta&#8230;- puede ir leyendo en aquella narraci\u00f3n su propia experiencia de pecado y de perd\u00f3n. En cierto sentido, el lector cristiano de hoy se encuentra en una posici\u00f3n ventajosa; puede captar en la par\u00e1bola algo m\u00e1s que lo que pod\u00ed\u00adan comprender los primeros oyentes en el momento en que sali\u00f3 de labios de Jes\u00fas por primera vez. Pero en otro sentido, el lector cristiano de hoy, precisamente por saber ya \u2020\u0153c\u00f3mo termina, se encuentra en desventaja; corre el riesgo de captar algo menos, de no poder revivir plenamente el efecto que la par\u00e1bola produc\u00ed\u00ada en los primeros oyentes y, m\u00e1s en general, de no darse cuenta de los motivos por los que a veces Jes\u00fas, en vez de hablar con las cartas boca arriba, recurr\u00ed\u00ada a este tipo de relatos. En realidad, una par\u00e1bola narrada por segunda vez no puede ya obtener el mismo efecto que tuvo la primera; m\u00e1s a\u00fan, rigurosamente hablando, la par\u00e1bola no estaba destinada a ser contada varias veces, sino que iba destinada tan s\u00f3lo a los hombres que en aquel momento ten\u00ed\u00ada Jes\u00fas frente a s\u00ed\u00ad. La del hijo pr\u00f3digo, por ejemplo, iba destinada a los fariseos, que en aquel momento desaprobaban la misericordia de Jes\u00fas con los pecadores y que ten\u00ed\u00adan que reconocerse en el personaje del hermano mayor.<br \/>\nSin embargo, la Iglesia primitiva y los evangelistas comprendieron que no pod\u00ed\u00adan dejarlas caer en el olvido, puesto que encerraban algo precioso incluso para los cristianos de las generaciones sucesivas. Pero esto supuso inevitablemente un cierto desplazamiento de acento, una utilizaci\u00f3n de la par\u00e1bola no completamente id\u00e9ntica a la original. La Iglesia antigua no lo advert\u00ed\u00ada, sino que le\u00ed\u00ada tranquilamente en las par\u00e1bolas todas sus situaciones, todas las experiencias actuales de los cristianos; pero en el momento en que la ex\u00e9gesis moderna nos hizo descubrir esta diferencia, esta distancia entre nuestra situaci\u00f3n y la de Jes\u00fas, las par\u00e1bolas empezaron a constituir un problema dif\u00ed\u00adcil, no s\u00f3lo exeg\u00e9tico, sino hermen\u00e9utico. De aqu\u00ed\u00ad toda una serie de soluciones diversas que hoy se enfrentan vivamente, con el intento de restituir a las par\u00e1bolas su sentido original sin hacerlas por ello mudas e irrelevantes para los hombres de nuestro tiempo. Ser\u00e1 \u00fatil recorrer algunos momentos destacados de esta investigaci\u00f3n.<br \/>\n2367<br \/>\n1. INDICACIONES SOBRE LA HISTORIA DE LA INTERPRETACION.<br \/>\n2368<br \/>\n1. LA ANTIGUEDAD cristiana.<br \/>\nLa antig\u00fcedad cristiana no ignor\u00f3 por completo las caracter\u00ed\u00adsticas espec\u00ed\u00adficas de la par\u00e1bola (cf, p.ej., Tertuliano, GSL2O,235ss), pero la mayor parte de las veces las soslay\u00f3 identificando pr\u00e1cticamente la par\u00e1bola con la alegor\u00ed\u00ada.<br \/>\nHay que distinguir entre la alegor\u00ed\u00ada y el alegorismo, es decir, una lectura aleg\u00f3rica forzada, anacr\u00f3nica, extra\u00f1a a la intenci\u00f3n original (p.ej., cuando en la \u00e9poca helenista se consideraba desagradable que Hornero describiera a los dioses en conflicto entre s\u00ed\u00ad, y se sosten\u00ed\u00ada que en realidad, lo que pretend\u00ed\u00ada era describir aleg\u00f3ricamente los conflictos interiores del alma humana). Hay tambi\u00e9n un aIeA gorismo cristiano, que puede tener un valor en la medida en que se rige por la analog\u00ed\u00ada fidei (De Lubac); as\u00ed\u00ad, por ejemplo, no est\u00e1 totalmente fuera de lugar releer la par\u00e1bola del buen samaritano viendo en el protagonista a Jes\u00fas, aun cuando no sea \u00e9ste su sentido original; puede ser un estupendo ant\u00ed\u00addoto contra una lectura demasiado banalmente moralista. En un momento determinado nos preguntamos: \u00bfPero qui\u00e9n en concreto, puede amar as\u00ed\u00ad?, y se responde: \u00c2\u00a1S\u00f3lo Jes\u00fas! (sin negar con ello que, unidos a \u00e9l, podemos y debemos hacerlo tambi\u00e9n nosotros). Sin embargo, el riesgo del alegorismo consiste en que hace decir a un texto cosas que quiz\u00e1 son verdad por otro camino, cosas que la Biblia dice en otra parte, pero que no dice ese texto, a costa de las cosas que el texto dice efectivamente; en este sentido, no puede constituir un modelo hermen\u00e9uticamente v\u00e1lido.<br \/>\nEs distinto el caso de la alegor\u00ed\u00ada, en la cual la descripci\u00f3n debe referirse a una realidad distinta de la literal. Es lo que ocurre, por ejemplo, en la alegor\u00ed\u00ada nupcial de Ez 16, donde es el mismo profeta el que quiere que los lectores refieran esta historia de amor, de traici\u00f3n y de perd\u00f3n, no a dos esposos cualesquiera de este mundo, sino a la historia de las relaciones entre Yhwh e Israel. Ir apreciando paso a paso estas referencias no significa a\u00f1adir algo arbitrariamente, como ocurre en el alegorismo; al contrario, el no captarlas ser\u00ed\u00ada entender mal el texto, mutilar una de sus dimensiones.<br \/>\nAlgunas corrientes de la est\u00e9tica moderna (Hegel, Croce&#8230;) han difundido una valoraci\u00f3n demasiado negativa de la alegor\u00ed\u00ada; pero no cabe duda de que en muchas culturas, y tambi\u00e9n en la Biblia, ocupa un amplio espacio este tipo de lenguaje; baste pensar en las visiones sim-bolicas de los profetas y de la \/ apocal\u00ed\u00adptica. No hay que extra\u00f1arAe\u00dceque se hayan relacionado tambi\u00e9n las par\u00e1bolas con la alegor\u00ed\u00ada, no s\u00f3lo en la Iglesia antigua, sino ya en la tradici\u00f3n evang\u00e9lica. Lo que era simplemente un gran banquete Lc 14,15-24) se convierte en la fiesta de bodas del hijo del rey (Mt 22,1-14); los invitados no se limitan a rechazar la invitaci\u00f3n con excusas de varios tipos, sino que llegan incluso hasta a maltratar y matar a los mensajeros; el rey se ve obligado a arrasar su ciudad&#8230; Se trata de otros tantos detalles que s\u00f3lo tienen sentido si se refieren aleg\u00f3ricamente a los diversos momentos de la historia de la salvaci\u00f3n: la incredulidad de Israel, la muerte de los mensajeros de Jes\u00fas, la destrucci\u00f3n de Jerusal\u00e9n. An\u00e1logamente, la par\u00e1bola del sembrador (Mc 4,2-8 par) recibe una detallada explicaci\u00f3n (Mc 4,14-20 par), en la que cada uno de los terrenos representa a un determinado tipo de cristianos: los inconstantes, los que se asustan de las persecuciones, los que se dejan absorber por las cosas de este mundo&#8230; Y el evangelista a\u00f1ade que tambi\u00e9n de todas las dem\u00e1s par\u00e1bolas daba Jes\u00fas una explicaci\u00f3n especial aparte a los disc\u00ed\u00adpulos (Mc 4,33-34).<br \/>\n2369<br \/>\nDe esta manera la antig\u00fcedad cristiana se vio inducida a identificar las par\u00e1bolas en principio, o al menos de hecho, con aut\u00e9nticas alegor\u00ed\u00adas. El pastor, el sembrador, el esposo y hasta el buen samaritano no son otros sino Jes\u00fas; la historia narrada, considerada como historia de este mundo, no tiene una consistencia propia, una l\u00f3gica interna que comprender y a partir de la cual sacar algo; no hace otra cosa que recorrer por encima, bajo el velo de las im\u00e1genes, otra historia muy conocidaAa por el creyente, la de la salvaci\u00f3n. Y en este punto, pr\u00e1cticamente, resulta muy fluido el conf\u00ed\u00adn entre la alegor\u00ed\u00ada y el alegorismo. Se intentaba atribuir un significado a cada uno de los detalles narrativos, a no ser que fuera imposible (jpero con un poco de ingenio siempre resultaba posible!). As\u00ed\u00ad san Ambrosio, al comentar la par\u00e1bola del hijo pr\u00f3digo, atribuye un significado propio al vestido nuevo, a las sandalias, al anillo, al ternero cebado: el vestido nuevo es la gracia (a la luz del tema paulino del \u2020\u0153revestirse de Cristo\u2020\u009d), las sandalias son el compromiso misionero (ponerse en camino para anunciar el evangelio: Ef 6, 15), el anillo -que para los antiguos serv\u00ed\u00ada tambi\u00e9n de sello- es la autenticidad de la fe, el ternero cebado es el mismo Cristo que en la eucarist\u00ed\u00ada se hace comida del pecador arrepentido. Y resulta dif\u00ed\u00adcil establecer d\u00f3nde comenzaba la conciencia de proponer simplemente, a t\u00ed\u00adtulo personal, ciertos puntos de actualizaci\u00f3n, y hasta d\u00f3nde llegaba, por el contrario, el convencimiento de haber descubierto aquellos significados que el mismo Jes\u00fas hab\u00ed\u00ada encerrado en su par\u00e1bola. De esta manera resultaba f\u00e1cil -demasiado f\u00e1cil!- actualizar las par\u00e1bolas, encontrar en ellas toda la doctrina y la experiencia cristiana: la cristolog\u00ed\u00ada, la ecle-siolog\u00ed\u00ada, los sacramentos, la moral, la espiritualidad&#8230;<br \/>\n2370<br \/>\n2. La interpretaci\u00f3n moderna.<br \/>\nEl estudio moderno de las par\u00e1bolas parte de la superaci\u00f3n de esta confusi\u00f3n entre par\u00e1bola y alegor\u00ed\u00ada por obra de Adolf J\u00fclicher (1857-1 938), que puso de relieve el car\u00e1cter tard\u00ed\u00ado de estos desarrollos alegorizantes en los textos evang\u00e9licos y se\u00f1al\u00f3 como espec\u00ed\u00adfico de la par\u00e1bola el mecanismo argumentativo. La par\u00e1bola utiliza una historia ficticia, que en un primer momento debe ser considerada solamente en s\u00ed\u00ad misma, en su l\u00f3gica interna, paraliacer surgir una conclusi\u00f3n, una valoraci\u00f3n, que habr\u00e1 de transferir luego -en su glo-balidad, no en cada uno de los detalles narrativos- a la situaci\u00f3n real que el autor de la par\u00e1bola ten\u00ed\u00ada en la mente desde el principio. Las par\u00e1bolas de Jes\u00fas funcionaban originalmente como la de Nat\u00e1n (2S 12,1-7), el cual para hacer que David reconociera su pecado, el adulterio con Betsab\u00e9 y el asesinato de su marido Ur\u00ed\u00adas (2S 11,1-27), le narra la historia de un rico insolente, el cual para dar un banquete, en vez de matar una oveja de sus numerosos reba\u00f1os, prefiri\u00f3 quitarle a un vecino pobre su \u00fanica oveja, que constitu\u00ed\u00ada toda su riqueza. Al o\u00ed\u00adrlo David, exclama indignado: \u2020\u0153El hombre que ha hecho eso merece realmente morir!\u2020\u2122 \u2020\u0153T\u00fa eres ese hombre!, le replica el profeta; y David se ve condenado por la sentencia que \u00e9l mismo hab\u00ed\u00ada pronunciado.<br \/>\nAs\u00ed\u00ad pues, las par\u00e1bolas ya para J\u00fc-licher (en contra de lo que equivocadamente se sigue repitiendo) no remiten a unas verdades \u2020\u0153universales\u2020\u2122, sino a situaciones sumamente concretas del ministerio de Jes\u00fas. Pero desgraciadamente para J\u00fcli-cher, como para toda la teolog\u00ed\u00ada liberal que \u00e9l segu\u00ed\u00ada, el ministerio entero de Jes\u00fas se reduc\u00ed\u00ada a una ense\u00f1anza gen\u00e9ricamente \u00e9tico-religiosa; por eso opina que, una vez superadas las alegorizaciones de la Iglesia primitiva, no queda ya en las par\u00e1bolas ninguna dimensi\u00f3n propiamente cristol\u00f3gica, ning\u00fan papel salv\u00ed\u00adfico que atribuir a la persona y a la obra de Jes\u00fas, sino s\u00f3lo aquel Jes\u00fas maestro, totalmente humano, sin aspectos misteriosos, genial en su sencillez, que andaba buscando la teolog\u00ed\u00ada liberal. Es importante subrayar que estas conclusiones reductivas nac\u00ed\u00adan en J\u00fcli-cher no de sus descubrimientos sobre el mecanismo ling\u00fc\u00ed\u00adstico de la par\u00e1bola, sino de la interpretaci\u00f3n liberal inadecuada de toda la ense\u00f1anza de Jes\u00fas. Pero, incluso desde el punto de vista ling\u00fc\u00ed\u00adstico, J\u00fclicher empa\u00f1\u00f3 su descubrimiento, obtenido en realidad inductivamente del examen de las par\u00e1bolas, con el intento teor\u00e9tico de derivar la par\u00e1bola de la comparaci\u00f3n, sacrificando as\u00ed\u00ad el aspecto argumentativo en aras de una funci\u00f3n did\u00e1ctica m\u00e1s gen\u00e9rica. Veremos a su debido tiempo c\u00f3mo esta parte de la tesis de J\u00fclicher (propuesta hoy de nuevo por el escritor jud\u00ed\u00ado D. Flus-ser) debe quedar arrinconada, mientras que hay que mantener con decisi\u00f3n la tesis central.<br \/>\nMientras todav\u00ed\u00ada viv\u00ed\u00ada J\u00fclicher, entr\u00f3 en crisis la teolog\u00ed\u00ada liberal, entre otras cosas por el descubrimiento del car\u00e1cter escatol\u00f3gico y no puramente \u00e9tico-religioso del mensaje de Jes\u00fas (J. Weiss, A. Schweitzer); y muy pronto la reflexi\u00f3n ulterior (Schniewind, Jerem\u00ed\u00adas, K\u00e1semann&#8230;) puso de manifiesto que esta escatolog\u00ed\u00ada encerraba al menos impl\u00ed\u00adcitamente una cristolog\u00ed\u00ada, es decir, presupon\u00ed\u00ada una relaci\u00f3n misteriosa entre el reino proclamado y la persona de su procla-mador Jes\u00fas. Con Charles Harold Dodd (1894-1 973), y sobre todo con Joachim Jerem\u00ed\u00adas (1900-1 979), se vio con claridad, precisamente utilizando el concepto de par\u00e1bola descubierto por J\u00fclicher, que las situaciones concretas del ministerio de Jes\u00fas a las que remiten sus par\u00e1bolas son situaciones creadas por su predicaci\u00f3n escatol\u00f3gica y por los gestos concretos en que se encarna. As\u00ed\u00ad, por ejemplo, en las par\u00e1bolas de la misericordia Jes\u00fas no ilustra la misericordia de Dios como verdad religiosa integral (J\u00fclicher), sino que defiende su propia praxis de acogida de los pecadores; el presupuesto es que la misericordia de Dios se hace acontecimiento aqu\u00ed\u00ad y ahora a trav\u00e9s de Jes\u00fas (Jerem\u00ed\u00adas, Dupont).<br \/>\nSobre estas bases asentadas por J\u00fclicher, Dodd y Jerem\u00ed\u00adas se ha desarrollado toda la interpretaci\u00f3n moderna de las par\u00e1bolas (Linnemann, Dupont, Eichholz, Lambrecht, etc.), aunque un fil\u00f3n minoritario no ha dejado nunca de manifestar cierta nostalgia por la alegor\u00ed\u00ada, consider\u00e1ndola como la \u00fanica capaz de asegurar a las par\u00e1bolas su riqueza teol\u00f3gica y su perenne actualidad.<br \/>\n2371<br \/>\n3. La fase mas reciente.<br \/>\nPero en los \u00faltimos decenios, a las cr\u00ed\u00adticas m\u00e1s tradicionales se han a\u00f1adido otras de nuevo tipo. La l\u00ed\u00adnea J\u00fc-licher-Dodd-Jeremias se ha visto radicalmente cuestionada, primero en Europa y luego sobre todo en los Estados Unidos.<br \/>\nEn el punto de partida de esta nueva fase, siguiendo algunas indicaciones que se remontan a Lohmeyer, hay que situar al posbultmanniano Ernst Fusch (1903-1 983). En su esfuerzo por reconducir la fe cristiana al Jes\u00fas prepascual como alternativa al kerygma de la resurrecci\u00f3n, y bajo el influjo del \u2020\u0153segundo Heidegger\u2020\u2122, que busca en el lenguaje -sobre todo en el po\u00e9tico, en oposici\u00f3n al lenguaje banal y cosif\u00ed\u00adcado dominante en la vida cotidiana- el lugar fontal del desvelamiento del ser, Fusch se pregunta a trav\u00e9s de qu\u00e9 lenguaje puede el reino de Dios hacerse anuncio y acontecimiento de salvaci\u00f3n por medio de Jes\u00fas; y responde: precisamente a trav\u00e9s de la par\u00e1bola. En nombre del contenido escatol\u00f3gico-cristol\u00f3gico del mensaje, Fuchs y otros autores que de diversas maneras siguen este planteamiento (J\u00fcn-gel, Ricoeur, Weder&#8230;) critican la concepci\u00f3n ling\u00fc\u00ed\u00adstica de J\u00fclicher sobre la par\u00e1bola como forma dial\u00f3gicoargumentativa universal usada tambi\u00e9n por Jes\u00fas, y buscan una concepci\u00f3n alternativa en que la forma ling\u00fc\u00ed\u00adstica forme un solo cuerpo con el contenido salv\u00ed\u00adfico y la par\u00e1bola aparezca como el lenguaje caracter\u00ed\u00adstico de Jes\u00fas, el \u00fanico capaz de comunicar el reino.<br \/>\n\u00bfPero c\u00f3mo encontrar en la par\u00e1bola semejante densidad teol\u00f3gica sin recaer en la identificaci\u00f3n con la alegor\u00ed\u00ada, y con ella en una concepci\u00f3n en la que de la par\u00e1bola no se saca pr\u00e1cticamente nada nuevo, sino que s\u00f3lo se encuentra en ella lo que se hab\u00ed\u00ada aprendido ya antes a trav\u00e9s del lenguaje no parab\u00f3lico? En este punto (sobre todo en Ricoeur) viene en nuestra ayuda la concepci\u00f3n moderna de la met\u00e1fora: no la met\u00e1fora de la ret\u00f3rica antigua, que hac\u00ed\u00ada de ella una simple operaci\u00f3n de sustituci\u00f3n (digo \u2020\u0153le\u00f3n\u2020\u009d, pero pienso en \u2020\u0153Aquiles\u2020\u009d), sino la de las po\u00e9ticas modernas, que ven en la met\u00e1fora -la \u2020\u0153viva\u2020\u009d, no la \u2020\u0153muerta\u2020\u009d, gastada ya por el uso (los pies de la mesa, el cuello de la botella&#8230;)- un fen\u00f3meno de funci\u00f3n sem\u00e1ntica:<br \/>\nuna aproximaci\u00f3n inesperada de dos campos sem\u00e1nticos ordinariamente separados, que hace liberar una carga de significados nuevos, no delimitables exhaustivamente de una vez para siempre, ni alcanzables a trav\u00e9s de formulaciones conceptuales, sino tan s\u00f3lo a trav\u00e9s de la met\u00e1fora (cf, p.ej., Ungaretti: \u2020\u0153ebrio de universo&#8230; \u2020\u0153, \u2020\u0153el limpio estupor de la inmensidad&#8230;\u2020\u2122).<br \/>\n\u00bfPero c\u00f3mo reducir a la met\u00e1fora la par\u00e1bola, que no se limita a aproximar dos t\u00e9rminos, sino dos historias? \u00bfEn qu\u00e9 sentido puede decirse que la par\u00e1bola es una met\u00e1fora en forma narrativa? Seg\u00fan Ricoeur y otros autores, el shock capaz de liberar los nuevos significados proceder\u00ed\u00ada de las exposiciones narrativas parad\u00f3jicas, imprevisibles para la l\u00f3gica humana: la deuda que en vez de pagarse hasta el \u00faltimo c\u00e9ntimo queda totalmente perdonada, la paga entera que se da incluso a los que s\u00f3lo trabajaron una hora, etc. Ser\u00ed\u00ada \u00e9sta la manera como Jes\u00fas lograba expresar mediante el relato la novedad esplendorosa del reino.<br \/>\nPero en otro grupo de autores, sobre todo americanos (Funk, Via, Crossan&#8230;), la cr\u00ed\u00adtica a la l\u00ed\u00adnea cl\u00e1sica J\u00fclicher-Dodd-Jeremias desemboca en conclusiones de signo totalmente diverso. Se critican precisamente las tesis sobre el contenido escatol\u00f3gico-cristol\u00f3gico de las par\u00e1bolas, que las vincular\u00ed\u00ada demasiado estrechamente a la situaci\u00f3n hist\u00f3rica, haci\u00e9ndDIAS incapaces de hablar al hombre de hoy. Y la derivaci\u00f3n de la par\u00e1bola de la met\u00e1fora, la reivindicaci\u00f3n de un estatuto po\u00e9tico para la misma, lleva a estos autores no a hacer de las par\u00e1bolas un lenguaje exclusivo de Jes\u00fas y veh\u00ed\u00adculo de la revelaci\u00f3n del reino, sino un lenguaje capaz de hablar a cada uno de los hombres prescindiendo de la fe, un lenguaje que en nombre de la autonom\u00ed\u00ada del objeto est\u00e9tico autorizar\u00ed\u00ada una interpretaci\u00f3n de tipo \u2020\u0153secular\u2020\u009d (Via) o, incluso -en nombre del car\u00e1cter inagotable de la met\u00e1fora-, una interpretaci\u00f3n polivalente, siempre abierta hasta la indeterminaci\u00f3n (Crossan, y de otra manera Tolbert).<br \/>\nMas si un texto puede significarlo todo, \u00bfno acabar\u00e1 por eso mismo no significando nada] Algunas reflexiones m\u00e1s extremas en el \u00e1rea americana no se detienen ni siquiera frente a esta desconcertante conclusi\u00f3n: las par\u00e1bolas ser\u00ed\u00adan semejantes al koan de los maestros budistas Zen: frases privadas de todo significado concreto, que s\u00f3lo pretenden abrir la experiencia del disc\u00ed\u00adpulo a la experiencia del vac\u00ed\u00ado, de la nada; seg\u00fan el \u00faltimo Crossan, las par\u00e1bolas de Jes\u00fas, como los laberintos de Kafka o de Borges, no son m\u00e1s que cifras de una ausencia, de la insuperable inefabilidad de lo indecible.<br \/>\nFrente a estas contestaciones de diversa \u00ed\u00adndole parece m\u00e1s fundado afirmar que la l\u00ed\u00adnea J\u00fclicher-DoddJeremias, sobre todo si se la libera de algunas confusiones y se profundiza mejor en sus implicaciones, sigue siendo la m\u00e1s v\u00e1lida, tanto en el terreno ling\u00fc\u00ed\u00adstico para explicar el funcionamiento de la par\u00e1bola como en el terreno teol\u00f3gico-hermen\u00e9utico para comprender de qu\u00e9 manera se utiliz\u00f3 al servicio del mensaje evang\u00e9lico.<br \/>\n2372<br \/>\nII. EL MECANISMO LINGUISTico DE LA PARABOLA.<br \/>\n2373 1. LO ESPEC\u00ed\u008dFico DE LA PAR\u00ed\u0081BOLA.<br \/>\nEl t\u00e9rmino par ab\u00f3le, como el correspondiente hebreo masa!, puede extenderse a toda una gama de fen\u00f3menos ling\u00fc\u00ed\u00adsticos diversos, aunque relacionados todos ellos por la valencia-base de \u2020\u0153analog\u00ed\u00ada, comparaci\u00f3n\u2020\u009d: los proverbios (Lc 4,23), las sentencias (Mc 7,16), las recomendaciones de tipo sapiencial Lc 14,7-10), etc. Puede obtenerse una definici\u00f3n m\u00e1s estricta de la misma inductivamente, estudiando el funcionamiento concreto de las que normalmente designamos como \u2020\u0153par\u00e1bolas\u2020\u009d. Proponemos la siguiente definici\u00f3n: la par\u00e1bola es un relato ficticio utilizado en funci\u00f3n de una estrategia dial\u00f3gico-argumentativa que act\u00faa en dos momentos: primero solicitando, a partir de la l\u00f3gica interna del relato, una cierta valoraci\u00f3n (\u2020\u0153lEse hombre merece la muerte\u2020\u009d!), y luego transfiri\u00e9ndola, en virtud de una analog\u00ed\u00ada de estructura, a la realidad buscada por el autor de la par\u00e1bola (\u2020\u01531 T\u00fa eres ese hombre!\u2020\u009d). Analicemos los diversos elementos de esta definici\u00f3n.<br \/>\nLa par\u00e1bola es un relato. Por este t\u00e9rmino, en el sentido de la narrativa moderna, hay que entender cualquier descripci\u00f3n de un acontecimiento, de una situaci\u00f3n que se modifica; en este sentido comprende no s\u00f3lo los \u2020\u0153relatos parab\u00f3licos\u2020\u009d (Para be!n de los alemanes), que utilizando como tiempo predominante el pasado ponen en escena un caso concreto como sucedido en cierta ocasi\u00f3n (\u2020\u0153Un hombre ten\u00ed\u00ada dos hijos&#8230;\u2020\u2122), sino tambi\u00e9n las \u2020\u0153semejanzas\u2020\u009d (G!eichnisse), que utilizando el presente describen un fen\u00f3meno que se repite regularmente de cierta manera (p.ej., el crecimiento de la semilla, el fermentar de la masa&#8230;); tambi\u00e9n en estas \u00faltimas se da una situaci\u00f3n inicial que luego se modifica, un desarrollo, una \u2020\u0153historia\u2020\u009d que comprender.<br \/>\nAl tratarse de un relato (y con mayor raz\u00f3n si se trata de un relato ficticio, construido estrat\u00e9gicamente con una cierta finalidad), la par\u00e1bola puede estudiarse tambi\u00e9n con los diversos m\u00e9todos de an\u00e1lisis estructural (Barthes, Greimas&#8230;), pero quedando en pie el hecho de que \u00e9stos s\u00f3lo ata\u00f1en al relato en cuanto relato, no en cuanto parab\u00f3lico, y que por tanto no constituyen un m\u00e9todo completo de estudio de las par\u00e1bolas, sino tan s\u00f3lo un momento parcial y preliminar de ese estudio.<br \/>\nLa par\u00e1bola es un relato ficticio (normalmente creado ad hoc, o al menos utilizado con una cierta finalidad; en definitiva, podr\u00ed\u00ada ser un caso realmente ocurrido, pero utilizado no formalmente como tal, sino s\u00f3lo en cuanto provisto de una cierta l\u00f3gica interna). Este car\u00e1cter ficticio no excluye la utilizaci\u00f3n d\u00e9 elementos preexistentes de diverso g\u00e9nero: en primer lugar las situaciones descritas, sacadas no simplemente de la experiencia humana en general, sino de una situaci\u00f3n concreta socio-cultural (p.ej.: el valor diverso del talento y del denario, la hostilidad entre jud\u00ed\u00ados y samaritanos, la t\u00e9cnica agr\u00ed\u00adcola que presupone la par\u00e1bola del sembrador, elementos todos ellos sin los cuales el relato resulta incomprensible). Adem\u00e1s, el uso ya tradicional de ciertas im\u00e1genes en el Antiguo Testamento y en el judaismo (el pastor, el padre de familia o el rey designan a Yhwh; el reba\u00f1o o la vi\u00f1a, a Israel; una deuda, al pecado, etc.) y tambi\u00e9n a veces el uso de ciertas tramas parab\u00f3licas ya desarrolladas (Berger) son elementos comunes en las par\u00e1bolas. De aqu\u00ed\u00ad la necesidad de conocer tanto el trasfondo socio-cultural palestino (Jerem\u00ed\u00adas) como la prehistoria o el \u2020\u0153campo figurativo\u2020\u009d tradicional de ciertas im\u00e1genes (Fie-big, Klauck, Flusser), pero respetando siempre el car\u00e1cter ficticio del relato y en subordinaci\u00f3n al papel que en \u00e9l desarrolla cada uno de los elementos. Carece de importancia, por ejemplo, empe\u00f1arse con Jerem\u00ed\u00adas en precisar adonde se dirig\u00ed\u00ada el buen sa-maritano o a qu\u00e9 diversas especies zool\u00f3gicas pertenec\u00ed\u00adan los peces capturados por la red, siempre que estos detalles sean irrelevantes en la din\u00e1mica interna del relato. Tampoco es decisiva la tradici\u00f3n que utiliza el personaje del rey o el del due\u00f1o de la casa para indicar a Dios, con tal que quede claro que en una par\u00e1bola el rey que presenta batalla imprudentemente representa al hombre necio (Lc 14,31-33), y el due\u00f1o de casa sorprendido por el ladr\u00f3n representa al hombre no preparado para el juicio de Dios.<br \/>\n2374<br \/>\nPero la par\u00e1bola no es un relato ficticio cualquiera. Obviamente no es una f\u00e1bula, una novela, una narraci\u00f3n construida por el mero gusto de narrar. Tampoco basta a\u00f1adir (con Almeida) qu\u00e9 se trata de un relato intertextual, inserto en otro relato, como son tambi\u00e9n los de las Mlly una noches Ni es suficiente a\u00f1adir una intenci\u00f3n gen\u00e9rica de modificar al lector, como puede suceder tambi\u00e9n en otro tipo de relatos ficticios (midrasim, relatos hechos por los hassidim&#8230;.), cuya importancia nos invita justamente a descubrir hoy la \u2020\u0153teolog\u00ed\u00ada narrativa\u2020\u009d, liber\u00e1ndonos de la obsesi\u00f3n de la historicidad (Wein-rich, G\u00fcttgemanns&#8230;), pero que no siempre presentan un mecanismo espec\u00ed\u00adficamente parab\u00f3lico. Tambi\u00e9n es necesario, aunque todav\u00ed\u00ada insuficiente, a\u00f1adir la caracter\u00ed\u00adstica de la \u2020\u0153especularidad\u2020\u009d (Rouiller): la par\u00e1bola es un relato calcado sobre otro, algo as\u00ed\u00ad como la recitaci\u00f3n que Ham-let hizo improvisar, calcada sobre el delito que \u00e9l sospechaba, para escudri\u00f1ar las reacciones de su madre y del rey. Mas la par\u00e1bola no sirve simplemente para escudri\u00f1ar las reacciones de los interlocutores, sino para ofrecerles a ellos mismos una nueva visi\u00f3n. Su \u00ed\u00adndole espec\u00ed\u00adfica es la de tratarse de un relato ficticio utilizado en funci\u00f3n de una estrategia dial\u00f3gicoargumentativa. El relato por s\u00ed\u00ad solo no es par\u00e1bola: no lo ha sido nunca o, en todo caso, ha dejado de serlo; uede funcionar como par\u00e1bola tan soler dentro de un proceso dial\u00f3gico, de una relaci\u00f3n entre el que habla y el que escucha. En este sentido, aun sin excluir que tenga que ver algo con la po\u00e9tica, entra m\u00e1s bien dentro de los l\u00ed\u00admites de la ret\u00f3rica, o mejor dicho de la pragm\u00e1tica (Arens, Frankem\u00f3lle), es decir, del estudio de los efectos que el que habla intenta producir en el que escucha.<br \/>\nPero la par\u00e1bola no es un razonamiento desnudo, una especie de silogismo; es un procedimiento argumentativo que pasa a trav\u00e9s del relato; en efecto, funciona en dos momentos (aunque en la pr\u00e1ctica el uno se resuelve inmediatamente en el otro), cuya sucesi\u00f3n aparece con bastante distinci\u00f3n en el episodio de Jes\u00fas en casa del fariseo (Lc 7,31-50). En un primer momento se le propone al oyente un caso hipot\u00e9tico, sobre el que se le invita a pronunciarse (\u2020\u0153Sim\u00f3n, tengo que decirte una cosa\u2020\u009d. \u2020\u0153Maestro, di\u2020\u009d. \u2020\u0153Un prestamista ten\u00ed\u00ada dos deudores; uno le deb\u00ed\u00ada diez veces m\u00e1s que el otro. Como no pod\u00ed\u00adan pagarle, se lo perdon\u00f3 a los dos. \u00bfQui\u00e9n de ellos le amar\u00e1 m\u00e1s?\u2020\u009d); de aqu\u00ed\u00ad la frecuencia de las introducciones interrogativas (,Qui\u00e9n de vosotros? \u00bf Qui\u00e9n de ellos? \u00bf Qu\u00e9 es lo que har\u00e1 \u00e9se?) Una vez obtenida la respuesta deseada (\u2020\u0153Supongo que aquel a quien perdon\u00f3 m\u00e1s \u2020\u0153. \u2020\u0153Has juzgado bien \u2020\u02dc9 viene enseguida el segundo momento: la valoraci\u00f3n obtenida se transfiere a otra realidad que no se hab\u00ed\u00ada mencionado hasta entonces, pero en la que pensaba desde el principio el que propone la par\u00e1bola y en funci\u00f3n de la cual hab\u00ed\u00ada construido el relato ficticio (\u2020\u0153,Ves a esta mujer?&#8230; \u2020\u02dc9.<br \/>\n\u00bfPor qu\u00e9 se recurre a este procedimiento? \u00bfPor qu\u00e9 se transfiere a la ficci\u00f3n, si luego tiene que transferirse de nuevo a la realidad? Evidentemente, porque se deduce de ella algo que de lo contrario no se podr\u00ed\u00ada deducir: el \u2020\u0153juicio\u2020\u2122 pronunciado por el propio interlocutor y aplicado luego a una realidad a la que no habr\u00ed\u00ada estado dispuesto a aplicarlo. Se trata de una estrategia a la que se recurre porque se encuentra uno frente a interlocutores que no aceptan el punto de vista del autor de la par\u00e1bola (\u2020\u0153Si \u00e9ste fuera profeta, conocer\u00ed\u00ada qui\u00e9n y qu\u00e9 clase de mujer es la que lo toca. \u00c2\u00a1 Una pecadora!\u2020\u009d) y lo rechazar\u00ed\u00adan probablemente si se les propusiera de forma directa; por eso se intenta, algo as\u00ed\u00ad como en la may\u00e9utica socr\u00e1tica, hacer brotar de ellos mismos esa valoraci\u00f3n.<br \/>\nPara que funcione como es debido, el mecanismo tiene que responder a dos requisitos. En primer lugar, la narraci\u00f3n ficticia utilizada tiene que ser coherente, estar animada de una l\u00f3gica interna de tal categor\u00ed\u00ada que lleve inequ\u00ed\u00advocamente a la valoraci\u00f3n debida y no a otras: David no pod\u00ed\u00ada absolver al rico prepotente ni condenar al pobre que se hab\u00ed\u00ada visto despojado; el fariseo Sim\u00f3n no pod\u00ed\u00ada responder que provoca un mayor agradecimiento un perd\u00f3n menor. De aqu\u00ed\u00ad la frecuencia de las f\u00f3rmulas introductorias, que subrayan la necesidad de una cierta opci\u00f3n, lo absurdo que resulta la opci\u00f3n contraria:<br \/>\n\u00bfAcaso&#8230;. ?iNadie. . . !I Todo el que&#8230;! \u00c2\u00a1No es posible que&#8230;.! O bien, como veremos oportunamente, estas preguntas se plantean en el interior del relato en boca de los personajes, cada uno de los cuales se esfuerza por hacer comprender al otro la validez de su punto de vista (p.ej., el hermano mayor del pr\u00f3digo y el padre).<br \/>\nPero adem\u00e1s de este primer requisito de coherencia interna, el relato debe poseer otro, en relaci\u00f3n con el episodio real: debe ser bastante diverso de \u00e9l para no permitir descubrirlo antes de tiempo, pero al mismo tiempo bastante parecido, estructu-ralmente id\u00e9ntico, isomorfo, de manera que exija la transferencia de la valoraci\u00f3n del uno al otro. David no es ciertamente un ladr\u00f3n de ovejas, y a su vez el protagonista de la par\u00e1bola de Nat\u00e1n no es un ad\u00faltero homicida: el punto de contacto entre ellos est\u00e1 en el hecho de que en ambos casos hay un poderoso que comete una violencia contra un d\u00e9bil, un rico que le roba a un pobre. El elemento com\u00fan, el punto de contacto entre las dos historias (punctum comparatio-nis, tertium comparationis), no consiste en la correspondencia de alg\u00fan que otro detalle considerado aisladamente (Betsab\u00e9 y la oveja&#8230;), sino en la correspondencia de la estructura esencial de las dos historias. No A = A, B = B, sino A:B = A:B David no rob\u00f3 ovejas, pero se port\u00f3 con Ur\u00ed\u00adas de la misma manera que el rico abusivo con aquel pobre.<br \/>\n2375<br \/>\nEn este sentido es como el punto de contacto es \u00fanico (si comprende m\u00e1s elementos, est\u00e1n vinculados org\u00e1nicamente dentro de una \u00fanica estructura unitaria) y est\u00e1 delimitado. Por esto mismo no tiene ning\u00fan sentido querer atribuir un significado a cada uno de los elementos; querer precisar, por ejemplo, a qui\u00e9n o a qu\u00e9 cosa corresponden los amigos con los que se alegra el pastor por haber encontrado a su oveja; o el aceite y el vino con que el samaritano cur\u00f3 las heridas del viajero, o la posada en donde lo dej\u00f3 para que se repusiera. Tanto por parte de la historia ficticia como por parte de la real hay elementos que quedan fuera del contacto entre ambas (el pastor tiene cien ovejas y se pierde una de ellas, mas el Se\u00f1or no tiene solamente cien almas ni se pierde una sola de ellas), pero que tienen que estar all\u00ed\u00ad para obtener lo que se pretende; de lo contrario, no tendr\u00ed\u00adamos m\u00e1s que una historia y fallar\u00ed\u00ada el recorrido a trav\u00e9s de la historia ficticia.<br \/>\nEs igualmente evidente que el punto de contacto tiene que ser m\u00e1s general, m\u00e1s abstracto, capaz de valer tanto para la situaci\u00f3n ficticia como para la real, y potencialmente para toda situaci\u00f3n parecida (p.ej., en la par\u00e1bola de Nat\u00e1n: es sumamente condenable un rico que roba a un pobre; en la par\u00e1bola de Jes\u00fas al fariseo Sim\u00f3n: se mostrar\u00e1 m\u00e1s agradecido aquel a quien se le ha perdonado m\u00e1s). Sin este car\u00e1cter \u2020\u0153abstracto\u2020\u009d nos quedar\u00ed\u00adamos encerrados en el relato ficticio sin poder salir de \u00e9l. Hay muchos que no han comprendido que en la concepci\u00f3n de J\u00fclicher este car\u00e1cter abstracto se le atribuye a un paso intermedio, pero no a la aplicaci\u00f3n, que, por el contrario, es sumamente concreta (\u2020\u01531 T\u00fa eres ese hombre&#8230;!\u2020\u2122 \u2020\u01531Ves a esta mujer?\u2020\u009d).<br \/>\nDe aqu\u00ed\u00ad la \u00ed\u00adndole \u2020\u0153insustituible\u2020\u2122 de la par\u00e1bola, que hay que entender no como la inagotabilidad del lenguaje metaf\u00f3rico respecto al expl\u00ed\u00adcito, ni mucho menos como indeterminaci\u00f3n, como imposibilidad de establecer de una vez para siempre cu\u00e1l es la valoraci\u00f3n que hay que obtener y cu\u00e1l la situaci\u00f3n real a la que hay que transferirla, sino como imposibilidad de obtener ese efecto de otro modo, sin pasar a trav\u00e9s del relato.<br \/>\nDespu\u00e9s de haber mostrado positivamente, de forma inductiva, cu\u00e1l es lo espec\u00ed\u00adfico del mecanismo parab\u00f3lico, ser\u00e1 interesante insistir tambi\u00e9n en la confrontaci\u00f3n con los otros modelos ling\u00fc\u00ed\u00adsticos propuestos: la comparaci\u00f3n, la alegor\u00ed\u00ada, la met\u00e1fora.<br \/>\n2376<br \/>\n2. Par\u00e1bola y comparaci\u00f3n.<br \/>\nEn este punto aparece con claridad la parte fr\u00e1gil de las teor\u00ed\u00adas de J\u00fclicher. La par\u00e1bola no es<br \/>\nsimplemente una comparaci\u00f3n prolongada. Seg\u00fan J\u00fclicher, siempre que una comparaci\u00f3n se establece, no ya entre dos t\u00e9rminos (A es como A\u2020\u2122), sino entre dos frases (A: ? = A\u2020\u2122: B\u2020\u2122), tendr\u00ed\u00adamos ipsofac-to una par\u00e1bola. Pero si es esencial para la par\u00e1bola la funci\u00f3n argumentativa, entonces las cosas son de otro modo. No basta una \u2020\u0153frase\u2020\u009d cualquiera, una afirmaci\u00f3n o una descripci\u00f3n cualquiera que se limite est\u00e1ticamente a afirmar una determinada relaci\u00f3n, sino que se necesita una historia que a trav\u00e9s de su trama narrativa haga concluir que esa relaci\u00f3n es necesaria: tiene que ser as\u00ed\u00ad, no puede menos de ser as\u00ed\u00ad (no simplemente de hecho A es B, sino que A debe ser B; puesto A, se sigue necesariamente B). No toda proposici\u00f3n responde a este requisito, y por eso mismo no toda comparaci\u00f3n es par\u00e1bola (aun cuando toda par\u00e1bola presuponga una comparaci\u00f3n).<br \/>\nLa par\u00e1bola no se limita a establecer est\u00e1ticamente un parang\u00f3n, por ejemplo: el reino de Dios es como un tesoro o como una perla preciosa, sino que compara la historia del hombre que ha descubierto un tesoro o una perla con la historia del hombre que se ha encontrado con el reino de Dios: los dos tienen que portarse de un modo similar (Mt 13,44-46).<br \/>\n2377<br \/>\n3. Par\u00e1bola y alegor\u00ed\u00ada.<br \/>\nEl mecanismo que hemos expuesto hasta ahora nos permite adem\u00e1s comprender la diferencia cualitativa que existe entre la par\u00e1bola y la alegor\u00ed\u00ada, as\u00ed\u00ad como la facilidad del paso de la una a la otra.<br \/>\nLa alegor\u00ed\u00ada no es algo m\u00e1s o algo menos que la par\u00e1bola, algo m\u00e1s o menos hermoso, algo m\u00e1s o menos rico que ella; es algo distinto, ya que es distinta su \u2020\u0153pragm\u00e1tica\u2020\u009d: es distinta la relaci\u00f3n que se establece entre el que habla y el que escucha; es distinto el \u2020\u0153efecto-alegor\u00ed\u00ada\u2020\u009d del \u2020\u0153efecto-par\u00e1bola\u2020\u009d.<br \/>\nLa alegor\u00ed\u00ada act\u00faa a trav\u00e9s de un continuo juego de aproximaciones, de superposiciones intencionales, entre las im\u00e1genes y la realidad, liberando momento a momento sus m\u00faltiples efectos did\u00e1cticos, est\u00e9ticos, pr\u00e1cticos; por eso el oyente tiene que tener ya desde el principio delante de los ojos las dos historias. Para com-. prender como alegor\u00ed\u00ada Ez 16, tengo que saber ya desde el punto de partida que el esposo es Yhwh y que Israel es la esposa; de esta manera, a medida que se va desarrollando el relato, me voy haciendo capaz de comprender (no s\u00f3lo bajo el velo de las im\u00e1genes, como en las formas m\u00e1s d\u00e9biles en las que la alegor\u00ed\u00ada, tejida de s\u00ed\u00admbolos puramente \u2020\u0153taquigr\u00e1ficos\u2020\u009d, se reduce a lenguaje cifrado, sino tambi\u00e9n a la luz de esas im\u00e1genes, como en las formas m\u00e1s fuertes, que utilizan verdaderos s\u00ed\u00admbolos cargados de significado) el idilio de la juventud, la esplendidez de los dones, el envilecimiento de la prostituci\u00f3n a los extranjeros, el perd\u00f3n que se ofrece una vez m\u00e1s&#8230;<br \/>\nEn la par\u00e1bola, por su parte, lo optimum es que el oyente no sospeche, ni siquiera de lejos, al principio, la historia real (iay si David hubiera comprendido ya desde el principio las intenciones de Nat\u00e1n!) y, aunque las intuya, se vea invitado, sin embargo, a centrar de todos modos su atenci\u00f3n en la historia de este mundo, en su l\u00f3gica interna. Es verdad que tambi\u00e9n en la par\u00e1bola la historia ha sido dictada por el episodio real, calcada momento a momento sobre \u00e9l, \u2020\u0153especular\u2020\u009d, isomorfa; pero debe ser de tal categor\u00ed\u00ada que en la mente del oyente (y por anticipaci\u00f3n ya en la mente del autor de la par\u00e1bola) pueda ser considerada de forma aut\u00f3noma, s\u00f3lo en su l\u00f3gica interna y en la valoraci\u00f3n que hace surgir.<br \/>\nDefinidas de este modo las dos formas ling\u00fc\u00ed\u00adsticas, siendo cualitativamente diverso su efecto y la relaci\u00f3n que se establece entre el que habla y el que escucha, no es posible -como se ha sostenido muchas veces- que un mismo texto, globalmente considerado, funcione contempor\u00e1neamente, para el mismo que lo escucha, como par\u00e1bola y como alegor\u00ed\u00ada. La alegor\u00ed\u00ada no funciona como par\u00e1bola, por el mero hecho de poseer -al menos en ciertos casos- una cierta coherencia tambi\u00e9n a nivel de la historia ficticia (que otras veces puede reducirse aun flujo de im\u00e1genes, privado de coherencia interna, sin que por esto deje de funcionar la alegor\u00ed\u00ada); efectivamente, esta coherencia es un fen\u00f3meno ulterior, accesorio respecto a los efectos de superposici\u00f3n espec\u00ed\u00adficos de la alegor\u00ed\u00ada. Y, a su vez, la par\u00e1bola no funciona como alegor\u00ed\u00ada, por el hecho de presuponer ciertas correspondencias puntuales entre los diversos momentos de la historia ficticia y los de la historia real; se trata realmente de contactos exigidos por la identidad de estructura, por la indispensable \u2020\u0153especulan-dad\u2020\u009d o isomorfismo entre las dos historias; por consiguiente, esos contactos no constituyen un fen\u00f3meno ulterior y aut\u00f3nomo respecto al mecanismo parab\u00f3lico, sino simplemente un presupuesto del mismo.<br \/>\nPero en tiempos sucesivos, al variar la actitud de los lectores, puede ocurrir que la par\u00e1bola empiece a funcionar como alegor\u00ed\u00ada, que sea aprovechada como alegor\u00ed\u00ada. En efecto, resulta bastante f\u00e1cil que el lector cristiano medio, que conoce ya la aplicaci\u00f3n de la par\u00e1bola y adem\u00e1s comparte el punto de vista de Jes\u00fas y no tiene necesidad de ser convencido, no ponga demasiada atenci\u00f3n en la funci\u00f3n argumentativa de la par\u00e1bola. No toma ya en serio la hip\u00f3tesis de que el hijo pr\u00f3digo, en vez de ser acogido con los brazos abiertos, sea rechazado, como pretende el hijo mayor, o al menos invitado a no volver hasta haberse labrado con su duro trabajo una posici\u00f3n; el relato entonces se va refiriendo momento a momento a la experiencia del pecado y del perd\u00f3n, perdiendo de vista a veces por completo al personaje del hermano mayor, el choque de Jes\u00fas con la mentalidad de los fariseos, su esfuerzo por justificar su manera de acoger a los pecadores.<br \/>\nSin embargo, rigurosamente hablando -y es f\u00e1cil verificarlo tambi\u00e9n en la catequesis-, aun cuando el lector conozca ya la aplicaci\u00f3n, si se le invita a poner atenci\u00f3n en la trama unitaria de la historia ficticia para captar su l\u00f3gica interna y sacar de ella la valoraci\u00f3n que de all\u00ed\u00ad brota, tambi\u00e9n para \u00e9l puede seguir funcionando como par\u00e1bola.<br \/>\n2378<br \/>\nPuesto que, como se ha indicado ya, el \u2020\u0153efecto par\u00e1bola\u2020\u2122 surge de la din\u00e1mica de conjunto del texto, mientras que el \u2020\u0153efecto alegor\u00ed\u00ada\u2020\u009d puede surgir de cada uno de los elementos por aislado, no hay que excluir que el mismo texto pueda funcionar al propio tiempo como par\u00e1bola en su conjunto y como alegor\u00ed\u00ada en algunos elementos. As\u00ed\u00ad, por ejemplo, en la par\u00e1bola del banquete en la versi\u00f3n de Mateo Mt 22,1-14) algunos elementos (las bodas del hijo del rey, el asesinato de los mensajeros, la destrucci\u00f3n de la ciudad, la expulsi\u00f3n del invitado privado de vestidura nupcial&#8230;) remiten aleg\u00f3ricamente a cada uno de los momentos de la historia que ya conocen los lectores; pero esto, al menos en principio, no impide que el texto en su conjunto pueda seguir funcionando como par\u00e1bola, es decir, solicitar un juicio (en este caso: hacer comprender que ha sido justa la sustituci\u00f3n de los primeros invitados por los otros). Pero, en concreto, parece tratarse de fen\u00f3menos limitados a una peque\u00f1a parte del material y ligados a las relecturas sucesivas, no al uso original.<br \/>\nReleer como alegor\u00ed\u00ada una par\u00e1bola no es tanto un a\u00f1adir algo a la misma, como en el alegorismo, cuanto un quitarle algo, un dejar de captar plenamente sus efectos. Esto conserva ciertamente alguna utilidad, pero es innegable que el aspecto espec\u00ed\u00adfico de lo que es una par\u00e1bola se pierde por completo. Viceversa, la recuperaci\u00f3n del mismo permite incluso a los lectores de hoy, sin perder nada de cuanto puede ser v\u00e1lido en una lectura distinta de los diversos elementos del relato, captar plenamente su din\u00e1mica de conjunto y la eficacia que le es propia.<br \/>\n2379<br \/>\n4. Par\u00e1bola y met\u00e1fora.<br \/>\nUna vez aclarado que el mecanismo argumentativo de la par\u00e1bola descubierto por J\u00fclicher explica bastante bien su eficacia y su car\u00e1cter \u2020\u0153insustituible\u2020\u2122, parece superflua la nueva propuesta, que, partiendo de las modernas teor\u00ed\u00adas sobre la met\u00e1fora, pretende se\u00f1alar lo espec\u00ed\u00adfico de las par\u00e1bolas de Jes\u00fas en los rasgos parad\u00f3jicos, humanamente imprevisibles (la deuda perdonada, el salario entero pagado incluso a los que no trabajaron toda la jornada, la fiesta celebrada no en honor del hijo que se qued\u00f3 en casa, sino por el hijo pr\u00f3digo que vuelve, etc.).<br \/>\nEntre otras cosas, es poco seguro que esta nueva propuesta consiga efectivamente ofrecer una alternativa a la l\u00ed\u00adnea J\u00fclicher-Dodd-Jerem\u00ed\u00adas sin caer de nuevo en la antigua identificaci\u00f3n con la alegor\u00ed\u00ada. No todo lenguaje metaf\u00f3rico capaz de desplegar una nueva visi\u00f3n (Aurelio) es necesariamente \u2020\u0153par\u00e1bola\u2020\u009d. Para que sea \u2020\u0153par\u00e1bola\u2020\u009d tiene que tratarse de un relato; entonces la mayor dificultad, para esta nueva teor\u00ed\u00ada, es la de concretar, a nivel de relato, aquella tensi\u00f3n que se da en la met\u00e1fora entre dos t\u00e9rminos, cada uno con su propio campo sem\u00e1ntico. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 la tensi\u00f3n en la par\u00e1bola? Si se trata solamente de la tensi\u00f3n interna del relato, la que hay entre las premisas y la conclusi\u00f3n, entre el resultado que podr\u00ed\u00adan dar por descontado los oyentes, prisioneros de la vieja l\u00f3gica humana, y el resultado imprevisible que, por el contrario, les presenta Jes\u00fas (Crossan, Ricoeur), entonces la tensi\u00f3n se da entre el relato y el mundo, no entre el relato y el reino; entre el relato y el reino, entre el relato y la historia de la salvaci\u00f3n, la relaci\u00f3n vuelve a ser de trasunto, de copia, ni m\u00e1s ni menos que en la alegor\u00ed\u00ada. A no ser que se intente eliminar la dualidad relato \/ reino, identificando el reino con el propio relato, seg\u00fan aquellos resultados extremos existencialistas y nihilistas ya se\u00f1alados al principio en el panorama de las posiciones actuales. Si, por el contrario (con H. Weder), la tensi\u00f3n se ve no en el interior del relato, sino en su relaci\u00f3n con la realidad del reino, puede recogerse por completo en la c\u00f3pula \u2020\u0153es\u2020\u009d, que indica una semejanza, pero al mismo tiempo una diferencia (el reino es parecido a la historia narrada, pero sin identificarse con ella), y entonces se deja de lado la moderna teor\u00ed\u00ada sobre la met\u00e1fora \u2020\u0153viva\u2020\u009d y vuelve a reducirse la par\u00e1bola a la comparaci\u00f3n, como en las tesis menos v\u00e1lidas de J\u00fclicher.<br \/>\nEn realidad, la par\u00e1bola no act\u00faa, como la met\u00e1fora, a trav\u00e9s del choque entre dos campos sem\u00e1nticos. No se da este choque en ninguno de los dos momentos de su funcionamiento: ni en el primero, cuando s\u00f3lo se insiste en la l\u00f3gica interna de la historia ficticia; ni en el segundo, cuando el juicio obtenido se transfiere de la historia ficticia a la real, ya que esta transferencia se basa precisamente en la analog\u00ed\u00ada estructural, en el isomor-fismo entre las dos historias; no se da nunca ese choque, ya que en el primer momento las dos historias se mantienen bien distantes entre s\u00ed\u00ad, y en el segundo, cuando se acercan, la historia ficticia ya no interesa por el campo figurativo (pastores y ovejas, fiesta nupcial&#8230;), sino \u00fanicamente por la estructura l\u00f3gica que estaba subyacente en la historia ficticia; es tan s\u00f3lo esta estructura l\u00f3gica la que constituye el punto de contacto con la historia real. La diferencia de fondo est\u00e1 en el hecho de que el recurso a un campo figurativo diverso no tiene la misma funci\u00f3n que en la met\u00e1fora: lo que interesa al que propone la par\u00e1bola no es el potencial expresivo de aquel campo sem\u00e1ntico, que haya que contrastar de manera original y creativa con el de la otra historia; lo que le interesa esp\u00fameamente su capacidad de encerrar la misma estructura l\u00f3gica, pero escondi\u00e9ndola al mismo tiempo, haciendo provisionalmente que no se reconozca su identidad.<br \/>\nCon esto no se niega que se d\u00e9 en las par\u00e1bolas m\u00e1s caracter\u00ed\u00adsticas un choque entre la visi\u00f3n nueva de Jes\u00fas y la visi\u00f3n de la vieja l\u00f3gica humana. Pero si nos fijamos bien, el elemento parad\u00f3jico y humanamente imprevisible constituye no la conclusi\u00f3n del relato (como exigir\u00ed\u00ada la nueva teor\u00ed\u00ada), sino su punto de partida: el hallazgo de un tesoro, el perd\u00f3n inesperado de una inmensa deuda, la celebraci\u00f3n de una fiesta por el hijo que no se la merece, el pago del salario completo al que apenas trabaj\u00f3 una hora, etc. Aunque en algunos casos estos elementos representan ya una conclusi\u00f3n respecto a un hecho precedente (la deuda y la imposibilidad de pagarla, la huida de casa, la jornada entera de trabajo de los obreros de la primera hora&#8230;), se convierten luego, a su vez, en un hecho previo respecto al aut\u00e9ntico desarrollo de la par\u00e1bola. En efecto, el relato se centra en lo que ocurri\u00f3 luego, en la valoraci\u00f3n del comportamiento sucesivo de los protagonistas: del hombre que para entrar en posesi\u00f3n de aquel tesoro tuvo que venderlo todo; del deudor que tras de recibir el perd\u00f3n deber\u00ed\u00ada perdonar tambi\u00e9n al pr\u00f3jimo; del hermano mayor o de los obreros de la primera hora que se indignan por la equiparaci\u00f3n con los que no hab\u00ed\u00adan cumplido su deber, como ellos.<br \/>\n2380<br \/>\nIndudablemente, el hecho previo, humanamente imprevisible, refleja la novedad inaudita del reino, que desconcierta toda l\u00f3gica humana. Sin embargo, no impide que la par\u00e1bola asuma una marcha aut\u00e9nticamente dial\u00f3gica y apele a la racionalidad del interlocutor. El problema no es si es cosa de todos los d\u00ed\u00adas que un acreedor perdone de golpe a sus deudores todo lo que le deben, poco o mucho, sino saber si se mostrar\u00e1n m\u00e1s agradecidos los grandes deudores o los peque\u00f1os (Lc 7,40-43). El problema no est\u00e1 en si es humanamente veros\u00ed\u00admil que un rey perdone de golpe una deuda de diez mil talentos, igual a los ingresos fiscales anuales de un par de provincias del imperio, sino en saber si es justo que un hombre que ha recibido un perd\u00f3n tan grande se niegue a perdonar una deuda infinitamente m\u00e1s peque\u00f1a, cien denarios (la relaci\u00f3n es de un mill\u00f3n por uno: idiez mil talentos equivalen a cien millones de denarios!), a un colega suyo que se encuentra en apuros (Mt 18,23-35). El problema no es si nos ocurre a cada uno de nosotros hallar alguna vez un tesoro, sino m\u00e1s bien si se lo encuentra y para entrar en posesi\u00f3n del mismo es necesario vender cuanto tenemos, c\u00f3mo es l\u00f3gico comportarse (Mt 13,44). El problema no es si entre los patronos hay alguno tan generoso que pague el salario entero tambi\u00e9n a los que no han hecho la jornada laborable completa, sino si es justo que los dem\u00e1s obreros le echen en cara ese gesto de generosidad, como si lesionase alg\u00fan derecho suyo (Mt 20,1-16). El problema no es si todos los padres de este mundo acoger\u00ed\u00adan tan gozosamente al hijo pr\u00f3digo que vuelve a casa despu\u00e9s de haber disipado todo su patrimonio, sino si es justo que el otro hermano, que se declara tan obediente a su padre, se niegue a compartir esa alegr\u00ed\u00ada (Lc 15,25-32).<br \/>\nEl planteamiento dial\u00f3gico-argu-mentativo, que en las par\u00e1bolas m\u00e1s breves queda subrayado por las introducciones en forma interrogativa (,Qui\u00e9n de vosotros&#8230;?, etc.), en las otras par\u00e1bolas narrativamente m\u00e1s desarrolladas aflora dentro del propi\u00f3 relato. Los protagonistas dialogan entre s\u00ed\u00ad. Podemos escuchar tanto las protestas del hermano mayor o de los obreros de la primera hora como las respuestas del padre o del patrono; el di\u00e1logo en el interior del relato refleja el que se entabla entre Jes\u00fas y sus interlocutores (E. Linnemann). A la vieja l\u00f3gica contraria a la de Jes\u00fas no se opone s\u00f3lo una l\u00f3gica divina incomprensible para el hombre, un decreto inescrutable y basta, sino que se entra en di\u00e1logo, se intenta hacer razonar. El padre a la puerta de casa intenta convencer al hijo mayor para que entre tambi\u00e9n \u00e9l en la fiesta. El patrono no se atrinchera en su intocable autoridad de amo, sino que expone amablemente sus razones a los contestatarios: \u2020\u0153Amigo, no se han violado tus derechos, se ha respetado tu contrato; \u00bfqui\u00e9n puede prohibirme disponer libremente de mi dinero? \u00bfEs que te disgusta mi gesto de generosidad? \u00bfTe gustar\u00ed\u00ada que los desocupados pasasen hambre y se marcharan con las manos vac\u00ed\u00adas?\u2020\u009d El due\u00f1o del campo explica a sus obreros que no hay que arrancar enseguida la ciza\u00f1a, para no caer en el peligro de cortar prematuramente el trigo que no ha crecido todav\u00ed\u00ada (Mc 13,29); el rey, al condenar al siervo insolidario, le expone detalladamente los motivos (Mt 25,26 cf Lc 19,22ss), y hasta Abrah\u00e1n, desde lo alto de su gloria, replica con cortes\u00ed\u00ada a las protestas del rico epul\u00f3n hundido en el infierno (Lc 16,24-31).<br \/>\nPrecisamente en estas par\u00e1bolas m\u00e1s desarrolladas narrativamente -entre las cuales se encuentran tambi\u00e9n las que con m\u00e1s seguridad son del mismo Jes\u00fas y, si es l\u00ed\u00adcito expresarse as\u00ed\u00ad, las m\u00e1s inconfundiblemente \u2020\u0153evang\u00e9licas\u2020\u009d- destaca de forma inequ\u00ed\u00advoca un planteamiento argumentativo,<br \/>\naut\u00e9nticamente dial\u00f3gico. Incluso en los interlocutores m\u00e1s aferrados a viejas l\u00f3gicas deformadas, Jes\u00fas no desespera de encontrar un residuo de l\u00f3gica aut\u00e9nticamente humana que les permita comprender mejor su manera de obrar, aun cuando sus razones \u00faltimas sigan siendo accesibles tan s\u00f3lo a la fe. Queda por aclarar mejor la relaci\u00f3n entre los 4os momentos, el \u2020\u02dchecho previo\u2020\u009d que refleja de forma intacta toda la gra-tuidad de la salvaci\u00f3n, imprevisible e indeducible sobre la base de la l\u00f3gica humana, y esta llamada a la racionalidad que caracteriza, en cambio, al desarrollo sucesivo, al entramado propiamente parab\u00f3lico.<br \/>\nDe todas formas, es importante se\u00f1alar que, al excluir la nueva teor\u00ed\u00ada que deriva la par\u00e1bola de la met\u00e1fora, no se pretende negar que cada una de las par\u00e1bolas en concreto pueda incorporar tambi\u00e9n met\u00e1foras, s\u00ed\u00admbolos y efectos po\u00e9ticos de diversos tipos, sino tan s\u00f3lo distinguir toda esta riqueza ulterior del procedimiento espec\u00ed\u00adficamente parab\u00f3lico [1 S\u00ed\u00admbolo].<br \/>\n2381<br \/>\nIII. LA PARABOLA COMO FRONTERA DEL EVANGELIO.<br \/>\n2382<br \/>\n1. El di\u00e1logo y el anuncio.<br \/>\nLa tesis expuesta hasta ahora del car\u00e1cter dial\u00f3gico de la par\u00e1bola impide tanto su identificaci\u00f3n con el anuncio evang\u00e9lico como su disociaci\u00f3n del mismo. El di\u00e1logo de suyo no es un anuncio; pero no puede ser aut\u00f3nomo, no puede separarse del anuncio.<br \/>\nLa par\u00e1bola como tal, aunque presuponga el anuncio e incluso pueda incorporarlo como hecho previo narrativo, no se identifica con el anuncio, a no ser que se quiera privar a la par\u00e1bola de su \u00ed\u00adndole espec\u00ed\u00adfica dial\u00f3gico-argumentativa, o bien privar al anuncio evang\u00e9lico de su \u00ed\u00adndole espec\u00ed\u00adfica prof\u00e9ticokerigm\u00e1tica, es decir, de mensaje proclamado auto-ritativamente por parte de Dios, de acontecimiento salv\u00ed\u00adfico gratuito, indeducible de cualquier verdad de orden puramente racional y humano.<br \/>\nContra el \u00e9nfasis desproporcionado puesto en la par\u00e1bola sobre todo por Fuchs, que transfiere a ella la eficacia salv\u00ed\u00adfica de la resurrecci\u00f3n, hay que insistir en que la par\u00e1bola no es el evangelio, en que no absorbe en s\u00ed\u00ad misma al evangelio, sino que remite a \u00e9l, que remite a la predicaci\u00f3n no parab\u00f3lica de Jes\u00fas que le sirve de premisa y de horizonte. Naturalmente, se podr\u00e1 objetar que a su vez la expresi\u00f3n \u2020\u0153reino de Dios\u2020\u009d y la proclamaci\u00f3n de su venida es ella misma lenguaje metaf\u00f3rico, \u2020\u0153par\u00e1bola\u2020\u009d: pero este razonamiento, perfectamente leg\u00ed\u00adtimo, nos lleva muy lejos de lo espec\u00ed\u00adfico de las que en sentido m\u00e1s estricto llamamos \u2020\u0153par\u00e1bolas\u2020\u009d, y de todas formas no autoriza la funci\u00f3n que se les querr\u00ed\u00ada atribuir precisamente a estas \u00faltimas.<br \/>\nAl remitir a la predicaci\u00f3n de Jes\u00fas y a la praxis en que se encarna, las par\u00e1bolas remiten al misterio de su persona, en espera de una revelaci\u00f3n definitiva de su identidad y de su autoridad; en este sentido remiten en \u00faltimo an\u00e1lisis precisamente a la resurrecci\u00f3n, y no pueden ponerse, como lo hace Fuchs, en alternativa con ella.<br \/>\nPero es igualmente inadmisible su disociaci\u00f3n. La autonom\u00ed\u00ada de las par\u00e1bolas es una autonom\u00ed\u00ada relativa, no absoluta; es una autonom\u00ed\u00ada funcional en orden a la estrategia argumentativa: una autonom\u00ed\u00ada que debe afirmarse primero (\u2020\u0153lEse hombre merece la muerte!\u2020\u009d), para negarse inmediatamente despu\u00e9s (\u2020\u0153Ese hombre eres t\u00fa \u2020\u02dc9. Por consiguiente, es distinta de la autonom\u00ed\u00ada de la obra de arte (a la que, por otro lado, es l\u00ed\u00adcito apelar s\u00f3lo en un plan de fruici\u00f3n puramente est\u00e9tica, no para excluir las referencias hist\u00f3ricas eventualmente presentes tambi\u00e9n en una obra de arte).<br \/>\nEl relato considerado aisladamente no es \u2020\u0153par\u00e1bola\u2020\u009d; podr\u00e1 ser f\u00e1bula, novela, hecho rese\u00f1able. Un ateo puede leer en la par\u00e1bola del hijo pr\u00f3digo tan s\u00f3lo la descripci\u00f3n de un conflicto familiar o psicol\u00f3gico, y nadie se lo podr\u00e1 prohibir; pero en ese caso el relato no se lee como par\u00e1bola, sino de una manera contraria a la que quer\u00ed\u00ada el narrador. Si se trata de par\u00e1bola, el narrador tiene que indicar de una manera o de otra cu\u00e1l es el referente extranarrativo; si no lo hace a veces expresamente es s\u00f3lo porque resulta claro en las circunstancias concretas en que se narra la par\u00e1bola, y no (como piensa M.A. Tolbert) para dejar al oyente en libertad de vincularla con un referente cualquiera a su antojo. Sigue en pie el hecho de la \u2020\u0153inagotabilidad\u2020\u009d de las lecturas y de las interpretaciones; pero esto ata\u00f1e a cualquier texto y no s\u00f3lo a las par\u00e1bolas, y ha de entenderse positivamente, como plenitud, y no como vac\u00ed\u00ado o como indeterminaci\u00f3n de significado.<br \/>\nAs\u00ed\u00ad pues, las par\u00e1bolas no son ni el centro o la esencia del evangelio -bien como \u00fanico lenguaje capaz de transmitir el reino (Fuchs), bien como simple variante figurativa de otros lenguajes no figurados (alegorismo antiguo)-n por el contrario, un cuerpo extra\u00f1o en medio del material evang\u00e9lico, capaz de ser aislado y aprovechado, prescindiendo del evangelio, en otras lecturas \u2020\u0153seculares\u2020\u009d o \u2020\u0153polivalentes\u2020\u009d. M\u00e1s bien hay que verlas como la frontera del evangelio: una frontera muy movediza en la que el evangelio, sin dejar nunca de ser un don inaudito, un mensaje que viene de Dios y no de los hombres, se revela, sin embargo, como dirigido a los hombres, capaz de hacerse cargo de sus interrogantes y de asumir todo lo que queda todav\u00ed\u00ada en ellos de capacidad para caminar hacia la verdad. Ciertamente, Jes\u00fas no puede reducirse a S\u00f3crates, pero tampoco es extra\u00f1o a S\u00f3crates, no es menos que S\u00f3crates.<br \/>\n2383<br \/>\n\u00bfPero en qu\u00e9 sentido el anuncio se hace di\u00e1logo en las par\u00e1bolas? Respecto al aspecto del anuncio propio y verdadero, \u00bfcu\u00e1l es la funci\u00f3n de este aspecto dial\u00f3gico, racional y, por as\u00ed\u00ad decir, \u2020\u0153socr\u00e1tico? Es una funci\u00f3n de servicio, muy humilde y muy lejos de cualquier pretensi\u00f3n totalizante. La par\u00e1bola, con su llamada a la racionalidad del interlocutor, no pretende ni mucho menos suscitar en \u00e9l, a modo, de deducci\u00f3n racional, la aceptaci\u00f3n de Jes\u00fas y de su mensaje. En este sentido, el \u2020\u0153efecto par\u00e1bola\u2020\u2122 no coincide con el acontecimiento salv\u00ed\u00adfico de la \u2020\u0153palabra\u2020\u009d acogida en la fe; tan es as\u00ed\u00ad, que el efecto par\u00e1bola puede darse tambi\u00e9n en el interlocutor que, a pesar de haber comprendido, se cierra y permanece en sus posiciones hostiles, endureci\u00e9ndDIAS incluso precisamente porque ha comprendido, precisamente porque se ha visto desenmascarado (Linnemann: hay tambi\u00e9n en las par\u00e1bolas algo que llevar\u00e1 a Jes\u00fas a la muerte de cruz).<br \/>\nEl papel positivo de la par\u00e1bola es m\u00e1s bien el de allanar el camino al evangelio suprimiendo prejuicios, eliminando perplejidades que puedan entorpecer el camino del hombre hacia la fe (sin que por esto su remoci\u00f3n signifique autom\u00e1ticamente la fe). Se trata tan s\u00f3lo de un trecho del camino; puede conducir solamente hasta los umbrales del anuncio, que permanece intacto en su fragilidad, en su desnudez.<br \/>\nLos fariseos murmuran al ver c\u00f3mo Jes\u00fas se sienta a la mesa con los pecadores (Lc 15,1-2). No s\u00f3lo no aceptan su autoridad y su mensaje, sino que creen ver en ello un argumento positivo para desmentirle: si \u00e9ste fuera realmente un hombre de Dios, un profeta, no tratar\u00ed\u00ada con tanta familiaridad a los pecadores. Jes\u00fas replica, no ya para demostrarles su autoridad y la verdad de su mensaje (ide ella, todo lo m\u00e1s, son un signo los milagros, en la medida en que pueden serlo!), sino para deshacer su objeci\u00f3n, yaque ellos mismos poseen todos los elementos necesarios para comprender su inconsistencia. En el personaje del hermano mayor, incapaz de compartir la alegr\u00ed\u00ada del padre en aquel momento tan importante para \u00e9l, se ven obligados a mirar como en un espejo su verdadero rostro, a darse cuenta de que su pretendida justicia es en el fondo radicalmente extra\u00f1a a los pensamientos y a los sentimientos de Dios. Sobre la base del Antiguo Testamento est\u00e1n en disposici\u00f3n de comprender que Dios se alegra no por la muerte, sino por la salvaci\u00f3n del pecador, y que los que aman a Dios de veras y est\u00e1n cerca de \u00e9l deber\u00ed\u00adan compartir igualmente esta alegr\u00ed\u00ada. El relato est\u00e1 construido de tal manera que los oyentes no pueden darle la raz\u00f3n al hermano mayor y quit\u00e1rsela al padre, aun cuando los argumentos del hermano se expongan correctamente de la mejor manera posible. Con ello Jes\u00fas anula una objeci\u00f3n, los hace m\u00e1s vulnerables al anuncio, aun cuando la aceptaci\u00f3n del mismo no quede asegurada a trav\u00e9s de la par\u00e1bola, sino que podr\u00e1 obtenerse tan s\u00f3lo mediante un acto de fe, que no puede ser fruto de ninguna argumentaci\u00f3n humana.<br \/>\n2384 2. LA ACTUALIDAD DE LAS PAR\u00ed\u0081BOLAS.<br \/>\nPrecisamente gracias a su funci\u00f3n argumentativa, y no en virtud de algunos pretendidos aspectos aleg\u00f3ricos misteriosos, cifrados, accesibles tan s\u00f3lo a los iniciados, las par\u00e1bolas de Jes\u00fas encierran aquella dimensi\u00f3n cristol\u00f3gica (Jerem\u00ed\u00adas, Du-pont) que la fe posterior a pascua no har\u00e1 m\u00e1s que explicitar. En esta dimensi\u00f3n cristol\u00f3gica radica la raz\u00f3n de fondo de la perenne actualidad de las par\u00e1bolas evang\u00e9licas, m\u00e1s all\u00e1 de toda diferencia debida a situaciones hist\u00f3ricas; actualidad que es perenne para el cristiano, pero tambi\u00e9n para cualquier hombre que se sienta interpelado por la figura de Jes\u00fas.<br \/>\nSin embargo, para superar plenamente la distancia, la recuperaci\u00f3n de la dimensi\u00f3n cristol\u00f3gica tiene que prolongarse tambi\u00e9n en la recuperaci\u00f3n de una dimensi\u00f3n eclesiol\u00f3gica, m\u00e1s de lo que ocurre en Jerem\u00ed\u00adas.<br \/>\nLos intentos de encontrar en las par\u00e1bolas una eclesiolog\u00ed\u00ada expl\u00ed\u00adcita siguen siendo problem\u00e1ticos, y se refieren, en definitiva, tan s\u00f3lo a una parte limitada de las mismas: par\u00e1bolas de la tardanza del due\u00f1o, par\u00e1bolas del crecimiento, que parecen aludir tambi\u00e9n a su prolongaci\u00f3n en el tiempo&#8230; M\u00e1s interesante resulta el intento de se\u00f1alar una dimensi\u00f3n eclesiol\u00f3gica impl\u00ed\u00adcita, que los retoques pospascuales no han hecho m\u00e1s que explicitar. As\u00ed\u00ad, por ejemplo, la par\u00e1bola de la oveja perdida, que era originalmente una par\u00e1bola de la misericordia, dirigida a defender contra los denigrantes la praxis de Jes\u00fas de acoger en la mesa a los pecadores (Lc 15,3-7), en la versi\u00f3n de Mateo se convierte en un modelo de pastoral para la comunidad cristiana: \u2020\u0153De la misma manera, vuestro Padre celestial no quiere que se pierda ni uno solo de estos peque\u00f1uelos\u2020\u009d (Mt 18,12-14). \u00bfQu\u00e9 ha ocurrido? El relato sigue siendo el mismo, y en definitiva tambi\u00e9n su aplicaci\u00f3n, pero se le mira en direcci\u00f3n distinta; la contraposici\u00f3n no es ya frente a los que denigran la praxis de Jes\u00fas, sino frente a los pastores de la comunidad que se olvidasen de imitarla. La Iglesia comprendi\u00f3 que, si Jes\u00fas hab\u00ed\u00ada obrado as\u00ed\u00ad, si Jes\u00fas hab\u00ed\u00ada revelado con sus gestos la actitud misericordiosa del Padre, tambi\u00e9n ella ten\u00ed\u00ada que obrar del mismo modo; y encontr\u00f3 la oportunidad de expresar este convencimiento suyo a trav\u00e9s del mismo relato. Desde el punto de vista literario, se trata de una modificaci\u00f3n, de un a\u00f1adido; pero en realidad no se hace m\u00e1s que expresar un presupuesto que estaba ya en el ministerio pre-pascual: en efecto, Jes\u00fas hab\u00ed\u00ada indicado a los disc\u00ed\u00adpulos sus opciones, sus actitudes, su estilo en el anuncio del reino, como un camino que tambi\u00e9n ellos ten\u00ed\u00adan que recorrer.<br \/>\nOtras veces se dir\u00ed\u00ada que la Iglesia primitiva intuy\u00f3 que, al dejar inalterada la par\u00e1bola, cuando hab\u00ed\u00ada cambiado la situaci\u00f3n hist\u00f3rica, se corr\u00ed\u00ada el riesgo de caer en graves equivocaciones. As\u00ed\u00ad, la alegorizaci\u00f3n de la par\u00e1bola del sembrador, que va concretando los malos terrenos en los cristianos inconstantes, en los que se asustaban de las persecuciones o eran esclavos de las riquezas, ayud\u00f3 a comprender que la divisi\u00f3n entre terrenos buenos y malos no es solamente la que existi\u00f3 en el ministerio de Jes\u00fas, ni coincide con la divisi\u00f3n entre cristianos y jud\u00ed\u00ados que permanecieron incr\u00e9dulos, sino que contin\u00faa hoy y pasa tambi\u00e9n a trav\u00e9s de la comunidad. De la misma manera, la versi\u00f3n mateana de la par\u00e1bola del banquete Mt 22,1-4) a\u00f1ade la escena entera de la expulsi\u00f3n del hombre desprovisto de traje nupcial para prevenir a los cristianos, sobre todo a los que proven\u00ed\u00adan del paganismo, del peligro de enga\u00f1arse, creyendo que lo esencial era solamente haber entrado en la Iglesia en el puesto de los primeros invitados, los jud\u00ed\u00ados incr\u00e9dulos, y que la salvaci\u00f3n estaba ya asegurada. Tambi\u00e9n en este caso, el a\u00f1adido oportuno de una escena no hace m\u00e1s que explicitar algo que Jes\u00fas hab\u00ed\u00ada dejado impl\u00ed\u00adcito, pero que presupon\u00ed\u00ada igualmente: la salvaci\u00f3n se les ofrece a todos, incluso a los pecadores, pero tiene que ser acogida, tiene que traducirse en un cambio de mentalidad y de vida. Tambi\u00e9n en esta ocasi\u00f3n hubo que cambiar las cosas, precisamente por amor a la fidelidad.<br \/>\nLa misma \u2020\u0153teor\u00ed\u00ada de las par\u00e1bolas\u2020\u2122 de Mc 4,1-34 par no hace, en definitiva, m\u00e1s que expresar, aunque a trav\u00e9s de un esquema artificioso desde el punto de vista hist\u00f3rico, el convencimiento de que los incr\u00e9dulos, y en cierto sentido los mismos disc\u00ed\u00adpulos antes de pascua, no hab\u00ed\u00adan comprendido verdaderamente las par\u00e1bolas. Frente a la luz radiante de la resurrecci\u00f3n, todo lo que hab\u00ed\u00adan comprendido antes de Jes\u00fas parec\u00ed\u00ada oscuridad y ceguera. Sin embargo, lo que comprend\u00ed\u00adan ahora era lo que exist\u00ed\u00ada ya entonces, era el misterio de Jes\u00fas; eran ellos los que no hab\u00ed\u00adan comprendido, los que segu\u00ed\u00adan prisioneros de la ceguera humana. A la luz de pascua todo el ministerio de Jes\u00fas se presentaba como un \u2020\u0153hablar en par\u00e1bolas\u2020\u2122, como un enigma misterioso que s\u00f3lo la resurrecci\u00f3n llegar\u00ed\u00ada a descifrar en toda su plenitud Jn 16,25; Jn 16,29). Se trata de un esquema artificioso en su forma exterior (sobre todo por la aplicaci\u00f3n a las par\u00e1bolas de Jes\u00fas del esquema apocal\u00ed\u00adptico de la revelaci\u00f3n en dos tiempos, introduciendo una posible separaci\u00f3n entre la par\u00e1bola y la \u2020\u0153explicaci\u00f3n\u2020\u2122), pero no en la intenci\u00f3n profunda que lo anima, y que es la de subrayar la dimensi\u00f3n hondamente cristol\u00f3gica, y tambi\u00e9n eclesiol\u00f3gica, de las par\u00e1bolas.<br \/>\nLos hallazgos de la ex\u00e9gesis moderna nos ayudan a delimitar de una forma m\u00e1s precisa el uso de las par\u00e1bolas en el contexto hist\u00f3rico de la predicaci\u00f3n de Jes\u00fas, distinguiendo mejor entre las diversas etapas de las relecturas sucesivas, sin negar por ello la continuidad que las vincula. Tampoco los retoques pospascuales son simplemente una incrustaci\u00f3n que haya que suprimir, un velo que haya que rasgar para hacer que aparezca el rostro de Jes\u00fas (Jerem\u00ed\u00adas), sino que nos ayudan -como tambi\u00e9n, por lo dem\u00e1s, las ulteriores re-lecturas a trav\u00e9s de toda la historia de la ex\u00e9gesis cristiana- a captar mejor, a trav\u00e9s de las m\u00faltiples resonancias, la intenci\u00f3n original. Pero estas relecturas no hacen in\u00fatil el esfuerzo del exegeta por remontarse hasta los or\u00ed\u00adgenes. El significado m\u00e1s original, el aut\u00e9nticamente parab\u00f3lico, generalmente escatol\u00f3gico e impl\u00ed\u00adcitamente cristol\u00f3gico, se revela regularmente como el m\u00e1s profundo (Dupont), como aquel que est\u00e1 en la base de las relecturas sucesivas, aunque ninguna de ellas pueda agotarlo.<br \/>\n2385<br \/>\nIV. APENDICE: Las par\u00e1bolas EN LOS EVANGELIOS SINOPTicoS.<br \/>\nEn los evangelios el n\u00famero de par\u00e1bolas se calcula entre un m\u00ed\u00adnimo de 35 y un m\u00e1ximo de 72; la diferencia se deriva de la dificultad de clasificar ciertos textos (algunos se consideran s\u00f3lo como met\u00e1foras, otros como Ioghia parab\u00f3licas, otros como breves comparaciones, etc.). Ac aqu\u00ed\u00ad, de todas formas, una lista m\u00ed\u00adnima, aceptada com\u00fanmente como la base mejor para identificar el material parab\u00f3lico de los evangelios:<br \/>\n1. El hombre fuerte (Mc 3,24-27; Mt 12,24-26; Lc 11,17-18; Lc 11,21-22).<br \/>\n2. El grano de mostaza (Mc 4,30-32; Mt 13,31-32; Lc 13,18-19).<br \/>\n3. La levadura (Mt 13,33; Lc 13,20-21).<br \/>\n4. La semilla que crece por s\u00ed\u00ad sola (Mc 4,26-29).<br \/>\n5. El sembrador (Mt 13,3-9; Mc 4,3-9; Lc 8,5-8).<br \/>\n6. La ciza\u00f1a (Mt 13,24-30).<br \/>\n7. El banquete(Lc 14,16-24;Mt22,1-10).<br \/>\n8. Los dos hijos (Mt 21,28-31).<br \/>\n9. Los vi\u00f1adores homicidas (Mc 12,1-9; Lc 20,9-16; Mt 21,33-41).<br \/>\n10. El hijo pr\u00f3digo (Lc 15,11-32).<br \/>\n11. La oveja perdida (Lc 15,4-7; Mt 18,12-14).<br \/>\n12. La dracma perdida (Lc 15,8-10).<br \/>\n13. Los dos deudores (Lc 7,36-50).<br \/>\n14. El siervo y el amo (Lc 17,7-10).<br \/>\n15. Los obreros de la vi\u00f1a (Mt 20, 1-5).<br \/>\n16. El fariseo y el publicano (Lc 18,9-14).<br \/>\n17. Los ni\u00f1os en la plaza (Mt 11,16-19;Lc 7,31-34).<br \/>\n18. El tesoro escondido (Mt 13,44).<br \/>\n19. La perla escondida (Mt 13,45).<br \/>\n20. El siervo despiadado (Mt 18,21-35).<br \/>\n21. El buen samaritano (Lc 10,25-37).<br \/>\n22. Los dos litigantes (Mt 5,25-26; Lc 12,58-60).<br \/>\n23. El administrador astuto (Lc 16,1-8).<br \/>\n24. L\u00e1zaroyel epul\u00f3n (Lc 16,19-31).<br \/>\n25. El rico insensato (Lc 12,16-20).<br \/>\n26. La higuera est\u00e9ril (Lc 13,6-8).<br \/>\n27. El portero que espera (Mc 13,33-36; Lc 12,35-38).<br \/>\n28. El ladr\u00f3n nocturno (Mt 24,43-44; Lc 12,39-40).<br \/>\n29. El siervo fiel (Mt 24,45-51; Lc 12,42-46).<br \/>\n30. Las diez v\u00ed\u00adrgenes (Mt 25,1-13).<br \/>\n31. El invitado sin traje nupcial (Mt 22,11-14).<br \/>\n32. Los talentos\/minas (Mt 25,14-30; Lc 19,11-27).<br \/>\n33. El amigo importuno (Lc 11,5-10).<br \/>\n34. La viuda obstinada (Lc 18,2-8).<br \/>\n35. La red (Mt 13,47).<br \/>\n2386<br \/>\nBIBL.: Algisi L.,Ges\u00fc e le sueparabole, Ma-rietti, Tur\u00ed\u00adn 1964; Almeida 1., L\u2020\u2122op\u00e9rativit\u00e9 s\u00e9mantique des r\u00e9dlls-paraboles. S\u00e9miotique na-rrallve el textuelle. Herm\u00e9neutique du dis-cours r\u00e9ligieux, Peters-Cerf, Lovaina-Par\u00ed\u00ads 1978; Arens, E., Kommunikative Handiungen. 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Fusco<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Cat\u00f3lico de Teolog\u00eda B\u00edblica<\/b><\/p>\n<p>parabole (parabolhv, 3850), denota lit., poner al lado (relacionado con parabalo, arrojar o depositar al lado, comparar). Significa poner una cosa al lado de otra con el prop\u00f3sito de comparar. Hay quienes consideran que el concepto de comparaci\u00f3n no est\u00e1 necesariamente contenido en la palabra. En el NT se halla casi exclusivamente en los Evangelios Sin\u00f3pticos. Fuera de ellos solo se encuentra en Heb 9:9 y 11.9. Por lo general se usa de un relato algo largo sacado de la naturaleza o de circunstancias humanas, siendo su objeto la ense\u00f1anza de una lecci\u00f3n espiritual, p.ej., las de Mat_13 y paralelos sin\u00f3pticos. En ocasiones se usa este t\u00e9rmino para denotar un dicho corto, o proverbio (p.ej., Mat 15:15; Mc 3.23; 7.17; Luk 4:23, traducido \u00abrefr\u00e1n\u00bb, RV, RVR, RVR77; 5.36; 6.39). Es la lecci\u00f3n lo que vale; el oyente tiene que captar la analog\u00ed\u00ada si quiere recibir la instrucci\u00f3n, como tambi\u00e9n sucede con el proverbio. Tal relato o dicho, que trata de cosas terrenas con un significado espiritual, se diferencia de la f\u00e1bula, que atribuye a las cosas aquello que no les corresponde en la naturaleza. Las par\u00e1bolas de Cristo comunican muy frecuentemente verdades relacionadas con el tema del Reino de Dios. El hecho de que retuviera su significado de sus oyentes, como lo hizo de las multitudes (Mat 13:34), constituy\u00f3 un juicio divino sobre los indignos. Se deben evitar dos peligros al tratar de interpretar las par\u00e1bolas en las Escrituras: (a) el de pasar por alto las caracter\u00ed\u00adsticas centrales, y (b) el de intentar aplicar un significado a cada uno de sus detalles. Nota: El t\u00e9rmino paroimia, dicho oscuro, se traduce \u00abpar\u00e1bola\u00bb en Joh 10:6 (RV, VM, Besson; 16.25, dos veces, VM, Besson; v. 29, VM, Besson); en 2Pe 2:22, VM y Besson traducen \u00abrefr\u00e1n\u00bb. En la RV se traduce \u00abproverbio\/s\u00bb en todos los pasajes mencionados menos en Joh 10:6: V\u00e9anse PROVERBIO.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Vine Nuevo testamento<\/b><\/p>\n<p>Desde la Iglesia primitiva se llama par\u00e1bola a una historia narrada por Jes\u00fas para ilustrar su ense\u00f1anza. En el fondo de la palabra griega parabal\u00e9 hay una idea de comparaci\u00f3n. Pero aqu\u00ed\u00ad lo que ilustra es, m\u00e1s que la palabra, la manera de hablar y de instruir propia del genio oriental, pues la par\u00e1bola evang\u00e9lica est\u00e1 preparada por el AT. Dos elementos aparecen como fundamentales en esta forma de lenguaje: el recurso a la comparaci\u00f3n, que responde tan bien a la preocupaci\u00f3n concreta del Oriente; el aspecto enigm\u00e1tico de la expresi\u00f3n, propia para excitar la curiosidad, incitar a la b\u00fasqueda, a subrayar tambi\u00e9n la importancia y hasta la trascendencia de la ense\u00f1anza comunicada. De estos dos caracteres, considerados sobre todo bajo su aspecto religioso, se desprende una sana interpretaci\u00f3n de las par\u00e1bolas.<\/p>\n<p>I. RECURSO A LA COMPARACI\u00ed\u201cN. 1. Extensi\u00f3n del procedimiento. Israel, desde los comienzos de su historia, se hallaba ante este trance de tener que hablar con una mentalidad muy concreta, del Dios trascendente que no admit\u00ed\u00ada representaci\u00f3n sensible (Ex 20,4). Hab\u00ed\u00ada, pues, constantemente que evocar la vida divina partiendo de las realidades terrenales. Los antropomorfismos, tan numerosos en los viejos textos, son comparaciones impl\u00ed\u00adcitas que contienen en germen verdaderas par\u00e1bolas (G\u00e9n 2,7s.19. 21&#8230;). Ser\u00e1n m\u00e1s raros en lo sucesivo, pero el empe\u00f1o en comparar ser\u00e1 por ello precisamente m\u00e1s fuerte (Ez 1,26ss). La vida misma del hombre, en su aspecto moral y religioso, ten\u00ed\u00ada necesidad de estos paralelismos. Los profetas los usan abundantemente tanto en sus invectivas (Am 4,1 ; Os 4,16; Is 5,18) como para enunciar las promesas divinas (Os 2,20s; Is 11,6-9; Jer 31,21&#8230;); al mismo tiempo gustan de las acciones simb\u00f3licas, es decir, de las predicaciones escenificadas (Is 20,2; Jer 19,10; Ez 4-5). Verdaderas par\u00e1bolas se hallan tambi\u00e9n en los libros hist\u00f3ricos (Jue 9,8-15; 2Sa 12,1-4; 14,5ss), y abundan entre las sentencias de los sabios (Prov 10,26; 12, 4&#8230;). El procedimiento se ampl\u00ed\u00ada en el juda\u00ed\u00adsmo tard\u00ed\u00ado hasta convertirse en los rabinos en un verdadero m\u00e9todo pedag\u00f3gico. Un hecho imaginativo o una historia del pasado vienen en apoyo de cualquier ense\u00f1anza, y se introducen con la f\u00f3rmula: \u00ab\u00bfA qu\u00e9 se parece esto?\u00bb Jes\u00fas entra dentro de este movimiento, poniendo frecuentemente empe\u00f1o en expresar bajo forma de comparaci\u00f3n los elementos de su doctrina. \u00ab\u00bfCon qu\u00e9 comparar\u00e9?\u00bb (Mt 4,30; Lc 13, 18). \u00abEl reino de los cielos es semejante&#8230;\u00bb (Mt 13,24.31).<\/p>\n<p>2. Alcance religioso de las par\u00e1bolas. Los profetas, ilustrando con las realidades concretas de la vida cotidiana su ense\u00f1anza sobre el sentido de la historia sagrada, hacen de ellas verdaderos temas: el *pastor, el *matrimonio, la *vi\u00f1a, que se encuentran tambi\u00e9n en las par\u00e1bolas evang\u00e9licas. El amor gratuito y ben\u00e9volo de Dios, las reticencias del pueblo en su respuesta forman la trama de estas amplificaciones en im\u00e1genes (p.e. Is 5,1-7; Os 2; Ez 16), aunque tambi\u00e9n se pueden hallar en ellas alusiones m\u00e1s precisas a tal o cual actitud de vida moral (Prov 4, 18s; 6,6-11; 15,4), o a una determinada situaci\u00f3n social (Jue 9,8-15). En el Evangelio se centra la perspectiva en la realizaci\u00f3n definitiva del reino de Dios en la persona de Jes\u00fas. De ah\u00ed\u00ad el grupo importante de las par\u00e1bolas del reino (sobre todo Mt 13,1-50 p; 20,1-16; 21,33-22,14 p; 24,45-25,30).<\/p>\n<p>2. Par\u00e1bola y alegor\u00ed\u00ada. Se da el caso de que el recurso a la comparaci\u00f3n no se relacione s\u00f3lo con el conjunto de una historia, de la que se deduce una lecci\u00f3n global, sino que todos lo&#8217;s detalles tengan una significaci\u00f3n propia, que requiere una interpretaci\u00f3n particular. Entonces la par\u00e1bola se convierte en alegor\u00ed\u00ada. Tal es el caso de ciertos textos del AT (p.e. Ez 17), y este procedimiento se halla tambi\u00e9n en los s\u00ed\u00admiles del cuarto evangelio (Jn 10,1-16; 15,1-6). En realidad es frecuente que las par\u00e1bolas comporten por lo menos algunos rasgos aleg\u00f3ricos, y los evangelios acent\u00faan este car\u00e1cter al sugerir ya una interpretaci\u00f3n. As\u00ed\u00ad por ejemplo san Lucas refiere la par\u00e1bola del buen samaritano en t\u00e9rminos que hacen pensar en Cristo (Lc 10, 33.35).<\/p>\n<p>II. EXPRESI\u00ed\u201cN ENIGM\u00ed\u0081TICA DEL PENSAMIENTO. 1. En la profec\u00ed\u00ada del AT. Mucho m\u00e1s que a los enigmas de los sabios (1Re 10,1-3; Eclo 39,3), hay que recurrir a la presentaci\u00f3n voluntariamente misteriosa de escritos tard\u00ed\u00ados, para explicar el car\u00e1cter enigm\u00e1tico de ciertas par\u00e1bolas evang\u00e9licas. A partir de Ezequiel el anuncio prof\u00e9tico del porvenir se transforma poco a poco en apocalipsis; es decir que envuelve voluntariamente el contenido de la *revelaci\u00f3n en una serie de im\u00e1genes que tienen necesidad de explicaci\u00f3n para poderse comprender. La presencia de un \u00ab\u00e1ngel-int\u00e9rprete\u00bb hace generalmente resaltar la profundidad del mensaje y su dificultad. As\u00ed\u00ad la alegor\u00ed\u00ada del \u00e1guila en Ez 17,3-10, llamada \u00abenigma\u00bb y \u00abpar\u00e1bola\u00bb (masal) es explicada luego por el profeta (17,12-21). Las visiones de Zacar\u00ed\u00adas comportan un \u00e1ngel-int\u00e9rprete (Zac 1,9ss; 4,5s&#8230;) y sobre todo las grandes visiones apocal\u00ed\u00adpticas de Daniel, en las que se supone constantemente que el vidente no comprende (Dan 7,15s; 8,15s; 9,22).<\/p>\n<p>2. En el Evangelio. El misterio del reino y de la persona de Jes\u00fas es tan nuevo que no puede tampoco manifestarse sino gradualmente y seg\u00fan la diversa receptividad de los oyentes. Por eso Jes\u00fas, en la primera parte de su vida p\u00fablica, recomienda a este prop\u00f3sito el \u00absecreto mesi\u00e1nico\u00bb, tan fuertemente puesto de relieve por Marcos (Mc 1,34.44; 3,12; 5,43&#8230;). Por eso tambi\u00e9n gusta de hablar en par\u00e1bolas que, aun dando una primera idea de su doctrina, obligan a reflexionar y tienen necesidad de explicaci\u00f3n para ser perfectamente comprendidas (Mt 13,10-13. 34s.36.51). El recurso a temas cl\u00e1sicos (el rey, el fest\u00ed\u00adn, la vi\u00f1a, el pastor, la siembra&#8230;) pone a los oyentes en la pista; pero el fondo de la ense\u00f1anza dada les escapa. Las par\u00e1bolas son entonces una invitaci\u00f3n a la atenci\u00f3n, pero tambi\u00e9n un velo que oculta la profundidad del *misterio a los que no pueden o no quieren penetrarlo enteramente. Los evangelistas, impresionados por el *endurecimiento de numerosos jud\u00ed\u00ados a prop\u00f3sito del mensaje de Cristo, subrayaron este hecho al mostrar a Jes\u00fas respondiendo a los disc\u00ed\u00adpulos con una cita de Isa\u00ed\u00adas (Mc 4,10ss; Mt 13,10-15). Sin embargo, junto con estas par\u00e1bolas emparentadas con los apocalipsis, las hay m\u00e1s claras que miran a ense\u00f1anzas morales accesibles a todos (as\u00ed\u00ad Lc 8,16ss; 10,30-37; 11,5-8).<\/p>\n<p>III. LA INTERPRETACI\u00ed\u201cN DE LAS PAR\u00ed\u0081BOLAS. Poni\u00e9ndose en este contexto b\u00ed\u00adblico y oriental en que hablaba Jes\u00fas y atendiendo a su voluntad de ense\u00f1anza progresiva, resulta m\u00e1s f\u00e1cil interpretar las par\u00e1bolas. Su materia son los humildes hechos de la vida cotidiana, pero tambi\u00e9n, y quiz\u00e1 sobre todo, los grandes acontecimientos de la historia sagrada. Sus temas cl\u00e1sicos, f\u00e1ciles de descubrir, est\u00e1n ya cargados de sentido por su trasfondo de AT en el momento en que Jes\u00fas los utiliza. Ninguna inverosimilitud debe asombrar en relatos, compuestos libremente y totalmente ordenados a la ense\u00f1anza; el lector no debe extra\u00f1arse de la actitud de ciertos personajes presentados para evocar un razonamiento a fortiori o a contrario (p.e. Le 16,1-8; 18,1-5). En todo caso hay que ilustrar en primer lugar el aspecto teoc\u00e9ntrico, y m\u00e1s precisamente cristoc\u00e9ntrico, de la mayor\u00ed\u00ada de las par\u00e1bolas. Sea cual fuere la medida exacta de la alegor\u00ed\u00ada, en definitiva es el Padre de los cielos (Mt 21,28; Lc 15,11) o Cristo mismo,  sea en su misi\u00f3n hist\u00f3rica (el \u00absembrador\u00bb de Mt 13,3.24.31 p), sea en su gloria futura (el \u00abladr\u00f3n\u00bb de Mt 24,43; el \u00abamo\u00bb de Mt 25,14; el \u00abesposo\u00bb de Mt 25,1).- al que las m\u00e1s de las veces debe evocar el personaje central; y cuando hay dos, son el Padre y el Hijo (Mt 20,1-16; 21,33. 37; 22,2). Tan cierto es que el amor del Padre testimoniado a los hombres por el env\u00ed\u00ado de su Hijo es la gran revelaci\u00f3n aportada por Jes\u00fas. Para esto sirven las par\u00e1bolas, que muestran el remate perfecto que el nuevo *reino da al designio de Dios sobre el mundo.<\/p>\n<p>-> Ense\u00f1ar &#8211; Misterio &#8211; Palabra &#8211; Revelaci\u00f3n.<\/p>\n<p>LEON-DUFOUR, Xavier, Vocabulario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, Herder, Barcelona, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Vocabulario de las Ep\u00edstolas Paulinas<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\">En las par\u00e1bolas de la Biblia, la atenci\u00f3n del que oye u observa es llevada hacia alg\u00fan suceso en la esfera de la vida familiar en este mundo, de modo que al poner atenci\u00f3n y al hacer comparaciones y juicio, el que oye se va enfrentando con la realidad y desaf\u00edo de su propia situaci\u00f3n delante de la presencia de Dios y de su reino venidero.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el AT, esta forma de declaraci\u00f3n es el <em>m\u0101\u0161\u0101l<\/em>, traducido frecuentemente como <em>parabol\u0113<\/em> en la <a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">LXX<\/a>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un <em>m\u0101\u0161\u0101l<\/em> es el medio de atraer la atenci\u00f3n de los hombres hacia la presencia y prop\u00f3sito de Dios en medio de la cr\u00edtica naturaleza de su situaci\u00f3n y ante ella. Un <em>m\u0101\u0161\u0101l<\/em> puede entregarse mediante una historia (Ez. 17:2\u201310) o en una acci\u00f3n (Ez. 24:3\u201314; 20:45\u201349) o se\u00f1alando algunos ejemplos humanos (Job 17:6; Sal. 44:14 en donde <em>m\u0101\u0161\u0101l<\/em> se traduce \u00abproverbio\u00bb). Un <em>m\u0101\u0161\u0101l<\/em> puede tambi\u00e9n ser un dicho corto en la forma de un proverbio popular implicando un juicio sobre una persona o situaci\u00f3n (1 S. 10:12; 24:13, 14), o una palabra de sabidur\u00eda, como en el libro de los Proverbios, donde se hace una comparaci\u00f3n entre la vida diaria familiar y las decisiones que los hombres deben tomar delante de Dios (Pr. 1:1; 10:1; 25:1). Puede ser tambi\u00e9n una declaraci\u00f3n prof\u00e9tica llamando la atenci\u00f3n al cambio de los sucesos humanos como consecuencia del juicio de Dios, invitando a los hombres a revisar sus propios juicios (Mi. 2:4; Is. 14:4; Hab. 2:6; Nm. 24:20\u201324). Las historias que aparecen en 2 S. 12:1\u20134 y 2 R. 14:9, aunque no son llamadas <em>me\u0161\u0101l\u00eem<\/em>, tienen, sin embargo, las caracter\u00edsticas de la verdadera par\u00e1bola del AT.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La declaraci\u00f3n de una par\u00e1bola en el AT est\u00e1 ligada al misterio o al \u00abdicho profundo\u00bb indicando el significado escondido as\u00ed como la intenci\u00f3n de que la par\u00e1bola pueda escapar del oyente superficial u observador (Sal. 49:4; 78:2; Pr. 1:6 [LXX]; Ez. 17:2; 20:4\u20139).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los dichos e historias que Jes\u00fas describe como sus \u00abpar\u00e1bolas\u00bb en el NT, de la misma manera, var\u00edan desde la breve declaraci\u00f3n parad\u00f3jica (Mr. 7:17), al proverbio (Lc. 4:23), la alegor\u00eda con un significado escondido (Mt. 13:3\u20139), la similitud elaborada (Mr. 4:30\u201332), la historia corta (Mt. 13:33) o larga (Mt. 21:33\u201341), la historia con la \u00abmoral\u00bb obvia (Lc. 12:6\u201321). Muchos dichos breves similares o historias muy elaboradas se clasifican com\u00fanmente como par\u00e1bolas sin ser descritas como tales en los evangelios (p. ej., Mr. 9:50; Lc. 10:30\u201337).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El contenido de las par\u00e1bolas proviene de la naturaleza, de la vida familiar, pol\u00edtica y social, posiblemente de historias comunes o eventos contempor\u00e1neos. A menudo, las par\u00e1bolas son verdades de la vida. En algunas ocasiones hay elementos de improbabilidad pr\u00e1ctica en la historia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El tema principal en las par\u00e1bolas de Jes\u00fas es el significado de su propio ministerio y obra entre los hombres (Mt. 21:33\u201334). En las par\u00e1bolas, Jes\u00fas proclama a sus oyentes que el reino de Dios est\u00e1 en su medio en la propia persona del Maestro, y que est\u00e1 plantado en medio de esta vida a trav\u00e9s de su palabra (Mt. 13:3\u20139; 18\u201323) por lo que los hombres pueden entrar en ella recibiendo su palabra. Su crecimiento es espont\u00e1neo e inevitable (Mr. 4:26\u201329; Mt. 13:24\u201330). Su manifestaci\u00f3n final ser\u00e1 su segunda venida en gloria (Mt. 25:31\u201336). Pero los hombres deben decidir aqu\u00ed y ahora al ser confrontados con el misterio del reino (v\u00e9ase). Los hombres pueden recibirlo, entrar en \u00e9l con gozo y arrepentimiento aqu\u00ed y ahora, o rechazarlo (Mr. 2:19, 21s.; 3:27; Lc. 14:15\u201324; Mt. 13:44\u201346, 47\u201350). Su presencia, por lo tanto, afectar\u00e1 toda la vida y la historia (Mt. 13:24\u201330, 33). Existen tambi\u00e9n par\u00e1bolas que se relacionan con la gracia de Dios manifestada en la venida del reino (Mt. 7:9\u201311; 18:12\u201314: Lc. 15:11\u201332). Otras hacen referencia al tipo de respuesta que se pide de los hombres (Lc. 16:1\u20138; 17:7\u201310; 7:36\u201350; Mt. 5:4\u201316; 25:14\u201330. etc.).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aunque hay elementos aleg\u00f3ricos en las par\u00e1bolas, para poder interpretarlas debemos diferenciarlas de las alegor\u00edas. Una alegor\u00eda es una narraci\u00f3n ingeniosa de un suceso o historia artificial en la que todos los detalles individuales, rasgos, y la relaci\u00f3n entre ellos est\u00e1n determinados, no tanto por lo que sucede en la vida diaria, sino m\u00e1s bien por las realidades hacia la que ellos se\u00f1alan y por el detallado mensaje que finalmente tratan de entregar (cf. Ro. 11:16\u201324 y la obra de Bunyan, <em>El progreso del peregrino<\/em>). As\u00ed, en una alegor\u00eda no es necesario que los elementos sean reales. Una par\u00e1bola, sin embargo, se construye de tal manera como para presentar al oyente una situaci\u00f3n familiar de la vida real, en la que pueda llegar a formarse un juicio respecto a un punto principal y, por medio de este juicio, con el trasfondo de toda la par\u00e1bola, pueda entender el mensaje principal que la par\u00e1bola quer\u00eda comunicarle (cf. 2 S. 12:1\u20136). Sin embargo, las par\u00e1bolas del AT y del NT (as\u00ed como las de los griegos y del juda\u00edsmo), a menudo, se mezclan con elementos aleg\u00f3ricos y poseen caracter\u00edsticas que leg\u00edtimamente pueden interpretarse aleg\u00f3ricamente en tanto que el mensaje principal de la par\u00e1bola permanezca claro. Parecer\u00eda que no existe raz\u00f3n por la que no pudi\u00e9ramos interpretar el significado de las l\u00e1mparas y el aceite en la par\u00e1bola de las Diez V\u00edrgenes (Mt. 25:1\u201313), aunque no debemos tratar las par\u00e1bolas como si \u00e9stas fueran alegor\u00edas en su estructura e intenci\u00f3n, como ha ocurrido a menudo en la historia de la iglesia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La ense\u00f1anza de Jes\u00fas en las par\u00e1bolas es un aspecto de la revelaci\u00f3n del \u00abmisterio del reino de Dios\u00bb (Mr. 4:11). Al igual que los sacramentos, y, de hecho, a trav\u00e9s de toda la revelaci\u00f3n de Dios en Cristo, el velo de las par\u00e1bolas esconde cosas cuyo significado puede ser revelado a aquellos que deseen penetrar por medio de la fe tras la forma externa de la revelaci\u00f3n para captar la escondida y todav\u00eda presente realidad divina. De ah\u00ed que Jes\u00fas hable en par\u00e1bolas de modo que aquellos del \u00abgrupo \u00edntimo\u00bb puedan conocer este misterio. El prop\u00f3sito de Jes\u00fas en las par\u00e1bolas es revelar y no esconder el misterio (cf. Lc. 18:16\u201318; Mr. 4:33). Pero uno capta el misterio y ve el reino, no por el poder de la raz\u00f3n humana sino s\u00f3lo por el Esp\u00edritu Santo (Jn. 3:3\u20136). Por lo tanto, el efecto de las par\u00e1bolas puede ser el cegar el entendimiento especialmente si los hombres no van m\u00e1s all\u00e1 que deducir una verdad general o lecci\u00f3n moral, cuando el significado de una expresi\u00f3n es llegar a convertir sus corazones. As\u00ed es que pueden llegar a \u00abver\u00bb y no \u00abpercibir\u00bb (Mr. 4:12). La posibilidad de este efecto doble es una parte esencial de la revelaci\u00f3n del \u00abmisterio\u00bb en par\u00e1bola, proclamaci\u00f3n, sacramento y milagro. Por esto, se puede decir que la par\u00e1bola no s\u00f3lo resulta en enceguecimiento sino que ese es su prop\u00f3sito.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">BIBLIOGRAF\u00cdA<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A.S. Herbert, \u00abThe Parable in the Old Testament\u00bb, <em><a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">SJT<\/a><\/em> 7, pp. 180ss.; T.F. Torrance, \u00abA Study in New Testament Communication\u00bb, <em>SJT<\/em> 3, pp. 298ss.; C.H. Dodd, <em>The Parables of the Kingdom<\/em>, J. Jeremias, <em>The Parables of Jesus<\/em>; F. Hauck, <em><a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">TWNT<\/a><\/em>; R.C. <a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\">Trench<\/a>, <em>Notes on the Parables<\/em>; A.B. Bruce, <em>The Parabolic Teaching of Christ<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ronald S. Wallace<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\"><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">LXX <\/a>Septuagint<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\"><em>SJT <\/em><\/a><em>Scottish Journal of Theology<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\"><em>TWNT <\/em><\/a><em>Theologisches Woerterbuch zum Neuen Testament<\/em> (Kittel)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\">Trench <\/a>Trench\u2019s <em>Synonyms of the New Testament<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\"><\/a>Harrison, E. F., Bromiley, G. W., &amp; Henry, C. F. H. (2006). <em>Diccionario de Teologi\u0301a<\/em> (451). Grand Rapids, MI: Libros Desafi\u0301o.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Teolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p><p style='text-align:justify;'><span ><\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>I. Par\u00e1bolas y alegor\u00edas<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>El vocablo \u201cpar\u00e1bola\u201d proviene en \u00faltima instancia del gr. <\/span><span style=''>parabol&#275;<\/span><span lang=ES style=''>, que significa literalmente \u201cponiendo cosas a la par\u201d. Etimol\u00f3gicamente, por lo tanto, est\u00e1 muy cerca de la \u201calegor\u00eda\u201d, que por derivaci\u00f3n significa \u201cdiciendo cosas de modo diferente\u201d. Tanto las par\u00e1bolas como las alegor\u00edas han considerado generalmente como formas de ense\u00f1anza que presentan al oyente ilustraciones interesantes, de las que pueden obtenerse lecciones morales y religiosas; la \u201cpar\u00e1bola\u201d es un s\u00edmil m\u00e1s bien largo o un cuento descriptivo corto, generalmente destinada a inculcar una verdad \u00fanica o a responder una pregunta \u00fanica, mientras que la \u201calegor\u00eda\u201d denota el cuento m\u00e1s completo en el que todos los detalles, o la mayor\u00eda de ellos, entran en la interpretaci\u00f3n. Ya que \u201cla verdad incorporada en el cuento entra por las puertas humildes\u201d, el valor de este m\u00e9todo de instrucci\u00f3n resulta obvio.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>La l\u00ednea divisoria entre par\u00e1bolas y alegor\u00edas resulta obviamente muy fluida, y se encuentran ambas formas en los evangelios. Hay, sin embargo, una diferencia m\u00e1s fundamental que la que se refiere a la cantidad de detalles presentes. Mientras que la alegor\u00eda trabajada es esencialmente ilustrativa, de tal forma que casi se podr\u00eda decir que los detalles del cuento se han derivado de la aplicaci\u00f3n, muchas de las par\u00e1bolas de Jes\u00fas no son meramente ilustraciones de principios generales; m\u00e1s bien envuelven mensajes que no pueden transmitirse de ning\u00fan otro modo. La par\u00e1bola es la forma adecuada de comunicaci\u00f3n para transmitir al hombre el mensaje del reino, ya que su funci\u00f3n es provocar un sacud\u00f3n a fin de que se vean las cosas de un modo distinto. Es un modo de iluminar y persuadir, que tiene como fin hacer que el oyente llegue a una decisi\u00f3n. Jes\u00fas, por as\u00ed decirlo, se ubica a la altura de sus oyentes, y se vale de im\u00e1genes que le son familiares, con el objeto de hacerles ver cosas nuevas y no tan familiares. As\u00ed como el que ama se ve restringido por el lenguaje de la prosa, y tiene que echar mano de la poes\u00eda para expresar sus sentimientos, tambi\u00e9n Jes\u00fas expresa el mensaje del reino en formas adecuadas de lenguaje.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>II. La interpretaci\u00f3n de las par\u00e1bolas<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>En el NT la palabra \u201cpar\u00e1bola\u201d se emplea con la misma variedad amplia de significados que el heb. <\/span><span style=''>m&#257;\u0161&#257;l<\/span><span lang=ES style=''>, para hacer referencia a casi cualquier tipo de relaci\u00f3n no literal. Lo que nosotros normalmente llamar\u00edamos un *proverbio puede denominarse par\u00e1bola (Lc. 4.23, gr.; las <etiqueta id=\"#_ftn239\" name=\"_ftnref239\" title=\"\">vss. cast. tie<\/etiqueta>nen, en general, \u201crefr\u00e1n\u201d, \u201cdicho\u201d; <\/span><span lang=ES style='font-size:10.0pt; ;color:green;text-transform:uppercase'>rsv<\/span><span lang=ES style=''> \u201cproverbio\u201d). La \u201cpar\u00e1bola\u201d de Mt. 15.15 tiene casi el car\u00e1cter de un acertijo. La sencilla ilustraci\u00f3n de que la presencia de hojas en el \u00e1rbol indica la proximidad del verano, es una \u201cpar\u00e1bola\u201d (Mr. 13.28). La comparaci\u00f3n m\u00e1s compleja entre muchachos que juegan en la plaza, por una parte, y la reacci\u00f3n de los contempor\u00e1neos de Jes\u00fas ante Juan el Bautista y \u00e9l mismo, por otra, se describe generalmente como una <i>par\u00e1bola<\/i> (Lc. 7.31s). Por otra parte, las par\u00e1bolas del sembrador y la ciza\u00f1a reciben, ambas, interpretaciones aleg\u00f3ricas detalladas (Mt. 13.18\u201323, 36\u201343), y las par\u00e1bolas de la red (Mt. 13.47\u201350), los labradores malvados (Mr. 12.1\u201312), la fiesta de bodas (Mt. 22.1\u201314), y la gran cena (Lc. 14.16\u201324) evidentemente contienen detalles con significaci\u00f3n aleg\u00f3rica.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>En todas las \u00e9pocas los predicadores cristianos han procurado, por razones homil\u00e9ticas, expresar su mensaje de un modo novedoso para sus propios auditorios. Se trata de un procedimiento enteramente leg\u00edtimo; lo justifica la naturaleza de las par\u00e1bolas mismas como formas art\u00edsticas, y su uso se comprueba ya en el AT mismo (cf. tal vez el uso que hace Pablo del tema del \u201csembrador\u201d en Col. 1.6). Lamentablemente surgi\u00f3 la tendencia a alegorizar los detalles peque\u00f1os en las par\u00e1bolas, con el fin de ense\u00f1ar verdades que de ning\u00fan modo resultan obvias en los relatos mismos, y no encajan en el contexto en que se encuentran. Como resultado, sobrevino la inevitable reacci\u00f3n cr\u00edtica. Los entendidos, tales como A. J\u00fclicher, afirmaron que las par\u00e1bolas tienen por objeto ilustrar una sola verdad; y manifestaron que las interpretaciones aleg\u00f3ricas de las par\u00e1bolas del sembrador y la ciza\u00f1a constitu\u00edan ejemplos primitivos del peligroso recurso de la alegorizaci\u00f3n, que tanto da\u00f1o hizo a la iglesia cristiana. Pero la verdad es que resulta imposible hacer una distinci\u00f3n tajante entre par\u00e1bola y alegor\u00eda en los relatos de Jes\u00fas; algunas ten\u00edan como fin evidente ilustrar <i>varias<\/i> lecciones, como en la par\u00e1bola del hijo pr\u00f3digo, donde se acent\u00faa el gozo que Dios experimenta como Padre al perdonar a sus hijos, la naturaleza del arrepentimiento, el pecado de los celos, y el farise\u00edsmo (Lc. 15.11\u201332).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>El error de J\u00fclicher fue reducir los mensajes de las par\u00e1bolas a perogrulladas morales. Comentaristas m\u00e1s recientes han reconocido con justicia que forman parte de la proclamaci\u00f3n del reino de Dios por parte de Jes\u00fas. En un esfuerzo por definir m\u00e1s precisamente su significado, J. Jeremias y otros entendidos han insistido en que las par\u00e1bolas tienen que entenderse en su marco hist\u00f3rico original, como parte del ministerio y la tarea docente de Jes\u00fas. En algunos casos, seg\u00fan Jeremias, las par\u00e1bolas han sido reorganizadas por quienes las trasmitieron a la iglesia primitiva, con el fin de destacar su significaci\u00f3n permanente para nuevas generaciones de oyentes. Para o\u00edrlas nuevamente en su pr\u00edstina frescura, tal como salieron de la boca de Jes\u00fas, debemos intentar eliminar cualquier elemento secundario que pudieran haber adquirido, para liberar las lecciones originales, comparativamente sencillas, ense\u00f1adas por Jes\u00fas, de los significados m\u00e1s complejos que les asignaron los maestros de la iglesia primitiva. Si bien alguna medida de luz puede arrojarse sobre las par\u00e1bolas de esta forma, el an\u00e1lisis que deslinda elementos primarios y secundarios tiende a ser subjetivo. Por cierto que no siempre los evangelistas estaban al tanto de la ocasi\u00f3n en que fue dicha por primera vez una par\u00e1bola determinada, o a qui\u00e9nes estaba dirigida. En el caso de las par\u00e1bolas del buen samaritano (Lc. 10.25), los dos deudores (Lc. 7.41), los muchachos en la plaza (Lc. 7.31s), y las diez minas (Lc. 19.11), se menciona el contexto, lo cual contribuye a la interpretaci\u00f3n. Con frecuencia, empero, parecer\u00eda que los relatos de Jes\u00fas fueron recordados mucho tiempo despu\u00e9s de que las circunstancias que les dieron origen fueron olvidadas; y los evangelistas las han ubicado en sus relatos en lugares adecuados, a veces sugiriendo el motivo original por el cual fueron pronunciadas (Lc. 18.9). F.o otros casos, se han hecho colecciones de par\u00e1bolas, separadas de sus contextos originales (Mt. 13).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Expertos modernos han sostenido que las par\u00e1bolas constituyen una forma de arte cuya interpretaci\u00f3n no depende enteramente de una reconstrucci\u00f3n de su forma y contenido originales; como par\u00e1bolas, los relatos hechos por Jes\u00fas pueden poner de manifiesto nuevas facetas de significado. Est\u00e1 claro, sin embargo, que la exposici\u00f3n de las par\u00e1bolas para el d\u00eda de hoy debe basarse en una cuidadosa comprensi\u00f3n de lo que Jes\u00fas quiso decir al relatarlas; de otro modo volvemos a caer en el error de considerarlas como ilustraciones de verdades generales.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>El estudio de las par\u00e1bolas con el auxilio de la ling\u00fc\u00edstica y la sem\u00e1ntica modernas ha demostrado que no son simplemente formas de transmitir informaci\u00f3n de un modo atractivo. Tienen una variedad de formas y funciones l\u00f3gicas. Con mucha frecuencia su objetivo es sacudir al auditorio a fin de que vea algo desde un punto de vista nuevo, como tambi\u00e9n ser el medio mismo por el cual el auditorio logre ubicarse en una situaci\u00f3n nueva. Las par\u00e1bolas ten\u00edan como fin obligar a la gente a <i>decidir<\/i> acerca de su actitud ante Jes\u00fas y su mensaje, y de este modo impulsarla a una nueva relaci\u00f3n con \u00e9l. Las par\u00e1bolas han sido descritas (por E. Fuchs) como \u201cacontecimientos ling\u00fc\u00edsticos\u201d: e. d. la par\u00e1bola es la forma que adopta el reino de Dios en la esfera del lenguaje. Por medio de las par\u00e1bolas el gobierno real de Dios llega a los hombres con sus promesas, juicios, exigencias, y dones.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Es en torno a estos puntos que debe girar la interpreraci\u00f3n de las par\u00e1bolas. No debemos suponer que hemos de encontrar todo el contenido del evangelio en una sola par\u00e1bola: \u201cPor ejemplo, es err\u00f3neo decir que la par\u00e1bola del hijo pr\u00f3digo contiene \u2018el evangelio dentro de los evangelios\u2019, y deducir de ella que la doctrina de la expiaci\u00f3n no es vital para el cristianismo; o suponer, sobre la base del relato del buen samaritano, que el servicio pr\u00e1ctico a nuestro pr\u00f3jimo es tanto el todo como el fin \u00faltimo del cristianismo\u201d (R. V. G. Tasker, <i>The Nature and Purpose of the Gospels<\/i>, 1957, pp. 57s). Tampoco debemos procurar agregarle consideraciones \u00e9ticas y econ\u00f3micas a la interpretaci\u00f3n de las par\u00e1bolas cuando dichos aspectos no son pertinentes. La par\u00e1bola del mayordomo infiel (Lc. 16.1\u20139) ense\u00f1a que los hombres deben prepararse para el futuro; pero la moralidad del mayordomo (si es que en realidad estaba obrando inmoralmente, v\u00e9ase sobre esto \u00faltimo J. D. M. Derrett, citado m\u00e1s adelante) no forma parte de la lecci\u00f3n. Es in\u00fatil sugerir que la par\u00e1bola de los labradores en la vi\u00f1a (Mt. 20.1\u201316) tiene como fin arrojar luz sobre la cuesti\u00f3n de los salarios; ilustra la bondad de Dios, que trata a los hombres con generosidad, y no estrictamente de conformidad con sus m\u00e9ritos.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>III. Caracter\u00edsticas de las par\u00e1bolas<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>Jes\u00fas tomaba las ilustraciones para sus par\u00e1bolas a veces de la naturaleza, como en las diversas par\u00e1bolas acerca de las semillas y su crecimiento (Mt. 13.24\u201330; Mr. 4.1\u20139, 26\u201329, 30\u201332); a veces de las costumbres familiares y los incidentes de la vida diaria, como en las par\u00e1bolas de la levadura (Mt. 13.33), la oveja perdida y la moneda perdida (Lc. 15.3\u201310), el hombre inoportuno (Lc. 11.5\u20138), y las diez v\u00edrgenes (Mt. 25.1\u201313); a veces de acontecimientos recientes (Lc. 19.14); y a veces de lo que podr\u00eda considerarse como acontecimientos ocasionales o contingencias no improbables, como en las par\u00e1bolas del juez injusto (Lc. 18.2\u20138), el mayordomo injusto (Lc. 16.1\u20139), y el hijo pr\u00f3digo (Lc. 15.11\u201332). El estilo variaba entre el s\u00edmil o la met\u00e1fora breves (Mr. 2.21s; 3.23) y la descripci\u00f3n de un acontecimiento t\u00edpico, o un relato completo relacionado con alg\u00fan hecho particular.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Algunas veces la lecci\u00f3n de la par\u00e1bola resulta bastante obvia, y se desprende del relato mismo, como en el caso del rico necio, en el que el hombre rico muere justamente en el momento en que estaba completando los preparativos para retirarse rodeado de seguridad y comodidades (Lc. 12.16\u201321), pero aun as\u00ed el relato se remata con la moraleja: \u201cAs\u00ed es el que hace para s\u00ed tesoro, y no es rico para con Dios.\u201d En otras ocasiones la lecci\u00f3n surge sobre la base de una pregunta, p. ej. \u201cD\u00ed, pues, \u00bfcu\u00e1l de ellos le amar\u00e1 m\u00e1s? \u2019 (Lc. 7.42). La par\u00e1bola misma puede contarse en forma de pregunta, mediante la cual se invita al oyente a considerar c\u00f3mo actuar\u00eda en las mismas circunstancias, para luego hacer la aplicaci\u00f3n (Lc. 11.5\u20138; 14.28\u201332). A veces Jes\u00fas mismo da a conocer la conclusi\u00f3n, ya sea al t\u00e9rmino del relato (p. ej. Mt. 18.23), o en respuesta a un subsiguiente pedido de aclaraci\u00f3n (p. ej. Mt. 15.15). Pero es m\u00e1s frecuente que el relato se d\u00e9 sin agregados, y se espera que los mismos oyentes lleguen a la conclusi\u00f3n correspondiente. As\u00ed en Mr. 12.12 est\u00e1 claro que los dirigentes religiosos comprendieron que Jes\u00fas hab\u00eda relatado la par\u00e1bola de los labradores malvados en contra de ellos.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>IV. El reino de Dios<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>Muchas de las par\u00e1bolas de Jes\u00fas se relacionan espec\u00edficamente con el *reino de Dios (p. ej. Mr. 4.26, 30), y en general las par\u00e1bolas se relacionan con el car\u00e1cter, la venida, el valor, el crecimiento, los sacrificios que exige, etc., de dicho reino. Es muy natural que la interpretaci\u00f3n de las par\u00e1bolas dependa de la perspectiva que del reino tengan los int\u00e9rpretes individuales, y viceversa. Los te\u00f3logos de la escuela escatol\u00f3gica \u201ctotalista\u201d, tales como A. Schweitzer, que pensaban que Jes\u00fas entend\u00eda la venida del reino de Dios como un hecho sobrenatural que tendr\u00eda lugar s\u00fabitamente y catastr\u00f3ficamente en el futuro cercano, encontraron aqu\u00ed la clave para el significado de las par\u00e1bolas del reino. Se refer\u00edan a la crisis inminente profetizada por Jes\u00fas. Hasta las par\u00e1bolas que hablaban de crecimiento o progreso eran interpretadas de este modo. Por ejemplo, en la forma s\u00fabita en que se levanta la levadura, y no en la lentitud de sus efectos, deb\u00eda encontrarse el significado de la par\u00e1bola (Mt. 13.33). Los te\u00f3logos de la escuela de la escatolog\u00eda \u201crealizada\u201d, tales como C. H. Dodd, que sosten\u00edan que el reino se hab\u00eda hecho presente plenamente en el ministerio de Jes\u00fas, interpretaban las par\u00e1bolas en funci\u00f3n de cumplimiento. La cosecha para la cual se hab\u00edan hecho los preparativos en \u00e9pocas pasadas ya hab\u00eda llegado; la semilla de mostaza plantada hac\u00eda mucho tiempo se hab\u00eda convertido en \u00e1rbol (Mr. 4.26\u201332).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Las dos interpretaciones mencionadas son parciales, y no hacen justicia a los evidentes elementos de esperanza futura (Mr. 13.28\u201337), y de cumplimiento presente (Mt. 9.37s; Jn. 4.35), en la ense\u00f1anza de Jes\u00fas. Mientras que Jes\u00fas consideraba que el reino o el reinado de Dios estaba realmente presente en sus propias palabras y hechos, tambi\u00e9n anticip\u00f3 la existencia de un per\u00edodo de tiempo, cuya duraci\u00f3n desconoc\u00eda (Mr. 13.32), durante el cual dicho reinado se har\u00eda realidad en la sociedad de sus seguidores, que constituir\u00edan su iglesia universal, y predijo que el reino no hab\u00eda de hacerse presente en plenitud mientras \u00e9l mismo no viniera como Hijo del hombre en gloria. El contraste entre la aparente falta de respuesta con la que fue recibida inicialmente su ense\u00f1anza, y el resultado final de la misma, est\u00e1 sugerido en las par\u00e1bolas de Mr. 4. Muchas de las par\u00e1bolas tienen que ver con la gracia demostrada por Dios a trav\u00e9s de Jes\u00fas en el tiempo presente, e indican que ha amanecido la nueva era. Otras tienen que ver con la forma en que han de vivir los hombres, a la luz del reino, hasta su consumaci\u00f3n final: han de ser persistentes en la oraci\u00f3n, perdonar a otros, servir a su pr\u00f3jimo, usar los dones que Dios les haya dado, ser libres de la avaricia, mantenerse alerta, ser mayordomos fieles, y recordar que el juicio final est\u00e1 siendo determinado por su conducta presente.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>V. El prop\u00f3sito de las par\u00e1bolas<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>A algunas personas les ha resultado muy dif\u00edcil entender Mr. 4.10\u201312, por cuanto pareciera sugerir que el prop\u00f3sito de Jes\u00fas con las par\u00e1bolas no era hacer que el que no entend\u00eda comprendiese, sino que el incr\u00e9dulo perseverase en su incredulidad. Es posible, sin embargo, que lo que parecer\u00eda ser una cl\u00e1usula de prop\u00f3sito en Mr. 4.12 sea en realidad una cl\u00e1usula de consecuencia (as\u00ed Mt. 13.13). Las par\u00e1bolas de otros maestros pueden hasta cierto punto separarse de los maestros mismos, pero Jes\u00fas y sus par\u00e1bolas son inseparables. No entenderlo a <i>\u00e9l<\/i> es no entender sus par\u00e1bolas. \u201cA los que est\u00e1n afuera, por par\u00e1bolas todas las cosas\u201d (Mr. 4.11); <i>todo<\/i> el ministerio de Jes\u00fas, no solamente las par\u00e1bolas, se mantiene en el nivel de los relatos y portentos terrenales, desprovisto de cualquier significaci\u00f3n m\u00e1s profunda. Aqu\u00ed \u201cpar\u00e1bolas\u201d ha adquirido virtualmente el significado de \u201cacertijos\u201d. Por lo tanto, es posible que los hombres rechacen la invitaci\u00f3n a entender y a comprometerse que surge de las par\u00e1bolas, y en ellos se cumple la profec\u00eda de Isa\u00edas (Is. 6.9s; cf. Jn. 12.40, donde se cita la misma profec\u00eda con referencia a la incredulidad de los jud\u00edos, a pesar de las portentosas obras de Jes\u00fas).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>VI. Par\u00e1bolas en el Evangelio de Juan<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>En Jn. 10.6 se usa la palabra <\/span><span style='font-family: \"Charis SIL\"'>paroimia<\/span><span lang=ES style=''> (otra traducci\u00f3n de <\/span><span style=''>m&#257;\u0161&#257;l<\/span><span lang=ES style=''>, generalmente vertida como \u201cproverbio\u201d, p. ej. Pr. 1.1) para describir la alegor\u00eda de los pastores falsos y los verdaderos. En Jn. 16.25 la misma palabra est\u00e1 m\u00e1s cerca de su sentido veterotestamentario, o sea el de un dicho dif\u00edcil que requiere m\u00e1s explicaci\u00f3n. Al Evangelio de Juan aparentemente le faltan par\u00e1bolas del tipo de las que se encuentran en los otros evangelios, pero C. H. Dodd y A. M. Hunter han llamado la atenci\u00f3n a un n\u00famero de par\u00e1bolas breves que yacen casi escondidas en este evangelio (Jn. 3.8, 29; 4.35\u201338; 5.19s; 8.35; 10.1\u20135; 11.9s; 12.24, 35s; 16.21). No deber\u00edamos tampoco pasar por alto las muchas descripciones \u201cfiguradas\u201d que usa Jes\u00fas sobre s\u00ed mismo en este evangelio, p. ej. \u201cel buen pastor\u201d, \u201cla vid verdadera\u201d, \u201cla puerta\u201d, \u201cla luz del mundo\u201d, y \u201cel camino, la verdad, y la vida\u201d.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=';text-transform:uppercase'>Bibliograf\u00eda.<\/span><span lang=ES style=''> \u00b0C. H. Dodd, <i>Las par\u00e1bolas del reino<\/i>, 1974; \u00b0id., <i>La tradici\u00f3n hist\u00f3rica en el cuarto evangelio<\/i>, 1978; \u00b0J. Jeremias, <i>Las par\u00e1bolas de Jes\u00fas<\/i>, 1970; L. Cerfaux, <i>El mensaje de las par\u00e1bolas<\/i>, 1969; C. H. Peisker, \u201cPar\u00e1bola\u201d, <etiqueta id=\"#_ftn240\" name=\"_ftnref240\" title=\"\"><i>\u00b0DTNT<\/i><\/etiqueta>, t(t). III, pp. 286\u2013293; F. Gils, \u201cPar\u00e1bolas\u201d, <i>\u00b0EBDM<\/i>, t(t). V, cols. 870\u2013877.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>F. Hauck, <i>TDNT<\/i> 5, pp. 744\u2013761; C. H. Dodd, <i>The Parables of the Kingdom<\/i>\u00b2, 1961; C. W. F. Smith, <i>The Jesus of the Parables<\/i>, 1948; A. M. Hunter, <i>Interpreting the Parables<\/i>, 1960; id., <i>The Parables Then and Now<\/i>, 1971; H. Thielicke, <i>The Waiting Father<\/i>, 1960; J. Jeremias, <i>The Parables of Jesus<\/i>\u00b2, 1963; G. V. Jones, <i>The Art and Truth of the Parables<\/i>, 1964; E. Linnemann, <i>Parables of Jesus<\/i>, 1966; J. D. M. Derrett, <i>Law in the New Testament<\/i>, 1970; D. O. Via, Jr., <i>The Parables: Their Literary and Existential Dimension<\/i>, 1967; J. D. Crossan, <i>In Parables: The Challenge of the Historical Jesus<\/i>, 1973; N. Perrin, <i>Jesus and the Language of the Kingdom<\/i>, 1976. Sobre las par\u00e1bolas en Jn. v\u00e9ase C. H. Dodd, <i>Historical Tradition in the Fourth Gospel<\/i>, 1963; A. M. Hunter, <i>According to John<\/i>, 1968. Sobre hermen\u00e9utica y las par\u00e1bolas, v\u00e9ase A. C. Thiselton, <etiqueta id=\"#_ftn241\" name=\"_ftnref241\" title=\"\"><i>SJT<\/i><\/etiqueta> 23, 1970, pp. 437\u2013468.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal align=right style='text-align:right;line-height:normal'><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><etiqueta id=\"#_ftn242\" name=\"_ftnref242\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt; ;color:green'>R.V.G.T.<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><span lang=ES style=''>, <\/span><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><etiqueta id=\"#_ftn243\" name=\"_ftnref243\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green'>I.H.M.<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;'>Douglas, J. (2000). Nuevo diccionario Biblico : Primera Edicion. Miami: Sociedades B\u00edblicas Unidas.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>v. Proverbio Num 23:7 \u00e9l tom\u00f3 su p, y dijo: De Aram me trajo Eze 17:2 hijo .. comp\u00f3n una p a la casa de Israel Eze 20:49 ellos dicen de m\u00ed: \u00bfNo profiere \u00e9ste p? 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