{"id":3495,"date":"2016-02-04T23:54:42","date_gmt":"2016-02-05T04:54:42","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/pecado\/"},"modified":"2016-02-04T23:54:42","modified_gmt":"2016-02-05T04:54:42","slug":"pecado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/pecado\/","title":{"rendered":"PECADO"},"content":{"rendered":"<p>v. Culpa, Iniquidad, Maldad, Malo, Ofensa, Ofrenda, Prevaricaci\u00f3n, Transgresi\u00f3n<br \/>\nExo 29:14 quemar\u00e1s a fuego .. es ofrenda por el p<br \/>\nExo 32:30 vosotros hab\u00e9is cometido un gran p<br \/>\nLev 4:3 ofrecer\u00e1 a Jehov\u00e1, por su p .. un becerro<br \/>\nNum 5:6 cometiere alguno de todos los p con que<br \/>\nNum 32:23 sabed que vuestro p os alcanzar\u00e1<br \/>\nDeu 9:27 no mires a .. ni a su impiedad ni a su p<br \/>\nDeu 24:16; 2Ki 14:6; 2Ch 25:4 cada uno morir\u00e1 por su propio p<br \/>\n2Ch 7:14 y perdonar\u00e9 sus p, y sanar\u00e9 su tierra<br \/>\n2Ch 28:13 trat\u00e1is de a\u00f1adir sobre nuestros p y<br \/>\n2Ch 28:22 Acaz .. a\u00f1adi\u00f3 mayor p contra Jehov\u00e1<br \/>\nEzr 10:6 se entristeci\u00f3 a causa del p de los del<br \/>\nNeh 9:2 confesaron sus p, y las iniquidades de<br \/>\nJob 14:16 cuentas los .. y no das tregua a mi p<br \/>\nPsa 25:7 p de mi juventud, y de mis rebeliones<br \/>\nPsa 32:1 ha sido perdonada, y cubierto su p<br \/>\nPsa 51:5 formado, y en p me concibi\u00f3 mi madre<br \/>\nPsa 51:9 esconde tu rostro de mis p, y borra todas<br \/>\nPsa 130:3 si mirares a los p, \u00bfqui\u00e9n, oh Se\u00f1or<br \/>\nPro 5:22 retenido ser\u00e1 con las cuerdas de su p<br \/>\nPro 14:9 los necios se mofan del p; mas entre los<br \/>\nPro 14:34 mas el p es afrenta de las naciones<br \/>\nPro 20:9 podr\u00e1 decir: Yo .. limpio estoy de mi p?<br \/>\nPro 24:9 el pensamiento del necio es p, y<br \/>\nIsa 1:18 si vuestros p fueren como la grana, como<br \/>\nIsa 3:9 como Sodoma publican su p, no lo<br \/>\nIsa 5:18 y el p como con coyundas de carreta<br \/>\nIsa 6:7 toc\u00f3 .. y es quitada tu culpa, y limpio tu p<br \/>\nIsa 30:1 hijos que se apartan .. a\u00f1adiendo p a p!<br \/>\nIsa 38:17 echaste tras tus espaldas todos mis p<br \/>\nIsa 40:2 p es perdonado, que doble ha recibido<br \/>\nIsa 53:5 \u00e9l herido fue .. molido por nuestros p<br \/>\nIsa 53:6 mas Jehov\u00e1 carg\u00f3 en \u00e9l el p de todos<br \/>\nIsa 53:10 puesto su vida en expiaci\u00f3n por el p<br \/>\nIsa 59:2 y vuestros p han hecho ocultar .. rostro<br \/>\nJer 5:25 vuestros p apartaron de vosotros el bien<br \/>\nJer 17:1 el p de Jud\u00e1 escrito est\u00e1 con cincel de<br \/>\nJer 51:5 su tierra fue llena de p contra el Santo<br \/>\nLam 1:8 p cometi\u00f3 Jerusal\u00e9n, por lo cual ella ha<br \/>\nEze 33:14 si \u00e9l se convirtiere de su p, e hiciere<br \/>\nEze 39:23 de Israel fue llevada cautiva por su p<br \/>\nDan 4:27 mi consejo: tus p redime con justicia, y<br \/>\nHos 13:2 ahora a\u00f1adieron a su p, y de su plata se<br \/>\nAmo 1:3 por tres p de Damasco, y por el cuarto<br \/>\nMic 7:18 olvida el p del remanente de su heredad?<br \/>\nZec 13:1 la purificaci\u00f3n del p y de la inmundicia<br \/>\nMat 9:2; Mar 2:5; Luk 5:20 tus p te son perdonados<br \/>\nMat 26:28 es derramada para remisi\u00f3n de los p<br \/>\nMar 1:4 predicaba el bautismo .. perd\u00f3n de p<br \/>\nMar 3:28 todos los p ser\u00e1n perdonados a .. hombres<br \/>\nMar 4:12 conviertan, y les sean perdonados los p<br \/>\nLuk 11:4 perd\u00f3nanos nuestros p, porque tambi\u00e9n<br \/>\nJoh 1:29 el Cordero de .. que quita el p del mundo<br \/>\nJoh 8:7 de vosotros est\u00e9 sin p sea el primero en<br \/>\nJoh 8:24 por eso os dije que morir\u00e9is en .. p<br \/>\nJoh 8:34 todo aquel que hace p, esclavo es del p<br \/>\nJoh 8:46 \u00bfqui\u00e9n de vosotros me redarguye de p?<br \/>\nJoh 9:41 si fuerais ciegos, no tendr\u00edais p; mas ahora<br \/>\nJoh 15:22 ni les hubiera hablado, no tendr\u00edan p<br \/>\nJoh 16:8 \u00e9l venga, convencer\u00e1 al mundo de p, de<br \/>\nJoh 20:23 a quienes remitiereis los p, les son<br \/>\nAct 2:38 baut\u00edcese cada .. para perd\u00f3n de los p<br \/>\nAct 3:19 para que sean borrados vuestros p; para<br \/>\nAct 22:16 y lava tus p, invocando su nombre<br \/>\nRom 3:9 hemos acusado .. que todos est\u00e1n bajo p<br \/>\nRom 3:20 medio de la ley es el conocimiento del p<br \/>\nRom 4:7 bienaventurados .. cuyos p son cubiertos<br \/>\nRom 4:8 el var\u00f3n a quien el Se\u00f1or no inculpa de p<br \/>\nRom 5:12 el p entr\u00f3 en el mundo por un hombre<br \/>\nRom 5:13 pues antes de la ley, hab\u00eda p en el mundo<br \/>\nRom 5:13 donde no hay ley, no se inculpa de p<br \/>\nRom 5:20 mas cuando el p abund\u00f3, sobreabund\u00f3 la<br \/>\nRom 5:21 que as\u00ed como el p rein\u00f3 para muerte, as\u00ed<br \/>\nRom 6:1 \u00bfperseveraremos en el p para que la gracia<br \/>\nRom 6:2 que hemos muerto al p, \u00bfc\u00f3mo viviremos<br \/>\nRom 6:6 destruido .. que no sirvamos m\u00e1s al p<br \/>\nRom 6:10 en cuando muri\u00f3, al p muri\u00f3 una vez<br \/>\nRom 6:11 consideraos muertos al p, pero vivos<br \/>\nRom 6:14 el p no se ense\u00f1orear\u00e1 de vosotros; pues<br \/>\nRom 6:23 porque la paga del p es muerte, mas la<br \/>\nRom 7:7 \u00bfqu\u00e9 diremos, pues? \u00bfLa ley es p? En<br \/>\nRom 7:7 pero yo no conoc\u00ed el p sino por la ley<br \/>\nRom 7:13 el p, para mostrarse p, produjo en m\u00ed<br \/>\nRom 7:13 p llegase a ser sobremanera pecaminoso<br \/>\nRom 7:14 la ley .. mas yo soy carnal, vendido al p<br \/>\nRom 7:23 me lleva cautivo a la ley del p que est\u00e1<br \/>\nRom 8:2 ha librado de la ley del p y de la muerte<br \/>\nRom 8:3 semejanza de carne de p y a causa del p<br \/>\nRom 8:10 el cuerpo .. est\u00e1 muerto a causa del p<br \/>\nRom 11:27 pacto con ellos, cuando yo quite sus p<br \/>\nRom 14:23 todo lo que no proviene de fe, es p<br \/>\n1Co 15:17 fe es vana; a\u00fan est\u00e1is en vuestros p<br \/>\n1Co 15:56 el aguij\u00f3n .. es el p, y el poder del p<br \/>\n2Co 5:19 no tom\u00e1ndoles en cuenta a los .. sus p<br \/>\n2Co 5:21 que no conoci\u00f3 p, por nosotros lo hizo p<br \/>\nGal 1:4 el cual se dio a s\u00ed mismo por nuestros p<br \/>\nGal 2:17 \u00bfes por eso Cristo ministro de p? En<br \/>\nGal 3:22 mas la Escritura lo encerr\u00f3 todo bajo p<br \/>\nEph 2:5 a\u00fan estando .. muertos en p, nos dio vida<br \/>\nCol 2:13 a vosotros, estando muertos en p y en<br \/>\nCol 2:13 vida .. con \u00e9l, perdon\u00e1ndoos todos los p<br \/>\n2Th 2:3 se manifieste el hombre de p, el hijo de<br \/>\n1Ti 5:22 a ninguno, ni participes en p ajenos<br \/>\n1Ti 5:24 los p de algunos .. se hacen patentes<br \/>\n2Ti 3:6 cautivas a las mujercillas cargadas de p<br \/>\nHeb 1:3 efectuado la purificaci\u00f3n de nuestros p<br \/>\nHeb 4:15 fue tentado en todo seg\u00fan .. pero sin p<br \/>\nHeb 5:1 para que presente ofrendas .. por los p<br \/>\nHeb 7:27 de ofrecer .. sacrificios por sus propios p<br \/>\nHeb 8:12; Heb 10:17 nunca m\u00e1s me acordar\u00e9 de sus p<br \/>\nHeb 9:7 la cual ofrece por s\u00ed mismo y por los p de<br \/>\nHeb 9:26 de s\u00ed mismo para quitar de en medio el p<br \/>\nHeb 10:3 en .. cada a\u00f1o se hace memoria de los p<br \/>\nHeb 10:18 donde hay .. no hay m\u00e1s ofrenda por el p<br \/>\nHeb 11:25 gozar de los deleites temporales del p<br \/>\nHeb 12:1 despoj\u00e9monos de .. y del p que nos asedia<br \/>\nHeb 12:4 a\u00fan no hab\u00e9is resistido .. contra el p<br \/>\nJam 1:15 da a luz el p; y el p .. da a luz la muerte<br \/>\nJam 4:17 hacer lo bueno, y no lo hace, le es p<br \/>\nJam 5:20 salvar\u00e1 .. alma, y cubrir\u00e1 multitud de p<br \/>\n1Pe 2:22 el cual no hizo p, ni se hall\u00f3 enga\u00f1o en<br \/>\n1Pe 2:24 llev\u00f3 \u00e9l mismo nuestros p en su cuerpo<br \/>\n1Pe 2:24 estando muertos a los p, vivamos a la<br \/>\n1Pe 3:18 Cristo padeci\u00f3 una sola vez por los p<br \/>\n1Pe 4:1 quien ha padecido en .. termin\u00f3 con el p<br \/>\n1Pe 4:8 porque el amor cubrir\u00e1 multitud de p<br \/>\n1Jo 1:8 si decimos que no tenemos p, nos<br \/>\n1Jo 2:2 \u00e9l es la propiciaci\u00f3n por nuestros p; y no<br \/>\n1Jo 2:12 vuestros p os han sido perdonados por<br \/>\n1Jo 3:4 la ley; pues el p es infracci\u00f3n de la ley<br \/>\n1Jo 3:5 que \u00e9l apareci\u00f3 para quitar nuestros p<br \/>\n1Jo 3:8 el que practica el p es del diablo; porque<br \/>\n1Jo 3:9; 5:18<\/p>\n<hr>\n<p>Pecado    (heb. generalmente jatt\u00e2&#8217;th, jatt\u00e2&#8217;\u00e2h, etc. [del verbo j\u00e2t\u00e2&#8217;, \u00aberrar el blanco\u00bb, \u00abno alcanzar algo\u00bb, \u00abobrar mal\u00bb, \u00abofender\u00bb, \u00abser culpable\u00bb, \u00abpecar\u00bb], \u00abfalta\u00bb, \u00abpecado\u00bb; pesha; gr. principalmente hamart\u00ed\u00ada, \u00aberrar el blanco\u00bb, \u00abpecar\u00bb).  Cualquier desviaci\u00f3n de la voluntad revelada de Dios: ya sea no hacer lo que \u00e9l ha ordenado definidamente, o realizar lo que espec\u00ed\u00adficamente ha prohibido.  El pecado se origin\u00f3 con Satan\u00e1s, como consecuencia del orgullo desmedido que surgi\u00f3 en su coraz\u00f3n por la belleza y la sabidur\u00ed\u00ada que Dios le hab\u00ed\u00ada dado (Eze 28:17). y por el deseo irresistible de poseer lo que el Se\u00f1or no le hab\u00ed\u00ada dado y la envidia consiguiente (ls. 14:12-14).  El pecado entr\u00f3 en este mundo cuando Satan\u00e1s indujo a Ad\u00e1n y Eva a apoderarse de lo que el Alt\u00ed\u00adsimo se hab\u00ed\u00ada reservado para \u00e9l, afirmando que as\u00ed\u00ad podr\u00ed\u00adan alcanzar un nivel superior de sabidur\u00ed\u00ada (Gen 3:1-6).  Ya que \u00abel pecado entr\u00f3 en el mundo por un hombre\u00bb, y \u00abtodos pecaron\u00bb, cada ser humano est\u00e1 bajo pena de muerte (Rom 5:12; 6:23). \u00abPor la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores\u00bb (v 19).  \u00abEl pecado es infracci\u00f3n de la ley\u00bb (1 Joh 3:4), as\u00ed\u00ad como \u00abel cumplimiento de la ley es el amor\u00bb (Rom 13:10).  La palabra \u00abley\u00bb, en este caso, se refiere a toda la voluntad revelada de Dios, y en forma especial al Dec\u00e1logo, que resume todo lo que el Se\u00f1or espera del hombre (Ecc 12:13, 14). Donde no hay \u00abley\u00bb, es decir. donde no hay revelaci\u00f3n divina de la voluntad del Alt\u00ed\u00adsimo, no hay pecado ni transgresi\u00f3n (Rom 4:15).  Nuestro Se\u00f1or dijo: \u00abSi yo no hubiera venido, ni les hubiera hablado, no tendr\u00ed\u00adan pecado\u00bb, pero en cuanto se conoce la voluntad de Dios, los hombres \u00abno tienen excusa por su pecado\u00bb (Joh 15:22).  El profeta resumi\u00f3 los requisitos de Dios mediante esta admonici\u00f3n: \u00abHacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios\u00bb (Mic 6:8), es decir, ser justos y considerados con nuestro pr\u00f3jimo, y conservar una actitud 908 humilde delante del Se\u00f1or.  Cuando no alcanzarnos esta elevada norma, estamos pecando.  \u00abLa paga del pecado es muerte\u00bb (Rom 6:23).  El hombre debe guardar, cumplir la ley divina si quiere tener la vida eterna (Mat 19:16-19).  Pero nadie puede hacerlo por s\u00ed\u00ad mismo.  De otra manera no necesitar\u00ed\u00ada un Salvador que \u00absalvar\u00e1 a su pueblo de sus pecados\u00bb (Mat 1:21). S\u00f3lo mediante Cristo (Joh 15:5), cuando \u00e9l vive en el coraz\u00f3n del creyente (G\u00e1. 2:20).  En la Biblia hay muchos sin\u00f3nimos de \u00abpecado\u00bb, como ser \u00abmal\u00bb (heb. generalmente ra; gr. com\u00fanmente diferentes formas de kakos) e \u00abiniquidad\u00bb (heb. generalmente &#8216;\u00e2wen, \u00abrebeli\u00f3n\u00bb [1Sa 15:23; etc.], y &#8216;\u00e2w\u00f4n, \u00abmaldad\u00bb, \u00abculpa\u00bb \u00abtransgresi\u00f3n intencional\u00bb [Gen 15:16; etc.]; gr. casi siempre adik\u00ed\u00ada, \u00abinjusticia\u00bb, \u00abmaldad\u00bb [Luk 13:27; etc.], y anom\u00ed\u00ada, \u00abilegalidad\u00bb, \u00abiniquidad\u00bb, \u00abmaldad\u00bb [Mat 7:23; etc.]).  Pecado imperdonable.  Expresi\u00f3n que no figura en la Biblia pero que se basa en ciertos pasajes de ella, como Mat 12:31, donde Cristo ense\u00f1a que \u00abla blasfemia contra el Esp\u00ed\u00adritu no les ser\u00e1 perdonada\u00bb a los hombres (cf Luk 12:10).  Hizo esta afirmaci\u00f3n en respuesta a la declaraci\u00f3n de algunos fariseos, quienes, despu\u00e9s de ser testigos de un exorcismo llevado a cabo por Jes\u00fas, dijeron: \u00abEste no echa fuera los demonios sino por Beelzeb\u00fa, pr\u00ed\u00adncipe de los demonios\u00bb (Mat 12:22-24; Mar 3:22-30); \u00e9sto ya hab\u00ed\u00adan expresado el mismo pensamiento en otra ocasi\u00f3n (Mat 9:34).  Se empecinaron en esta idea a pesar de la innegable evidencia de que su poder era divino por la santidad de su vida, que no pod\u00ed\u00adan menos que reconocer y que m\u00e1s tarde admitieron t\u00e1citamente (cf Joh 8:46), por su capacidad sobrenatural para curar a los enfermos (Mat 8:14-17; Mar 1:29-34; Luk 4:38-40; etc.), por el hecho de que echara demonios (Mat 9:32, 33; Mar 1:21-28) y por la resurrecci\u00f3n de muertos (Luk 7:11-17).  Pero al rechazar la divinidad de Cristo y opon\u00e9rsele activamente (cf Mar 3:2, 6; Luk 5:21; Joh 5:16; etc.), cerraron sus mentes a las evidencias dadas por el Esp\u00ed\u00adritu Santo (cf Mat 12:25-29) y se colocaron en manos de Satan\u00e1s.  El Esp\u00ed\u00adritu convence acerca de la verdad a la mente y toca al coraz\u00f3n (cf Joh 14:17; 16:13), y tambi\u00e9n la convence de pecado (cp 16:8).  Pero aunque el Se\u00f1or es \u00abtardo para la ira y grande en misericordia\u00bb (Num 14:18), \u00abno queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento\u00bb (2Pe 3:9), su Esp\u00ed\u00adritu no luchar\u00e1 indefinidamente con la gente obstinada (Gen 6:3).  Si se resiste y se rechaza la verdad en forma persistente, se dejan de o\u00ed\u00adr las s\u00faplicas del Esp\u00ed\u00adritu y el alma queda sumida en terribles tinieblas.  Posiblemente Pablo se refiere a esa condici\u00f3n cuando dice que ciertas conciencias est\u00e1n \u00abcauterizadas\u00bb (1 Tit 4:2).  Para quien haya pecado contra el Esp\u00ed\u00adritu Santo el tiempo de prueba ya ha terminado y no hay para \u00e9l o ella \u00abm\u00e1s sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectaci\u00f3n de juicio\u00bb (Heb 10:26, 27; cf Jud_12, 13).  Esa fue la lamentable condici\u00f3n del rey Sa\u00fal (1Sa 16:14; cf 28:6), Esa\u00fa (Heb 12:16, 17) y Judas (v\u00e9ase Joh 17:12), y finalmente ser\u00e1 tambi\u00e9n la de los imp\u00ed\u00ados (Rev 22:11Pe_). Pablo advirti\u00f3 solemnemente a sus lectores a no \u00abapagar\u00bb al Esp\u00ed\u00adritu (gr. sb\u00e9nnumi, \u00abextinguir\u00bb, \u00abeliminar\u00bb, \u00absofocar\u00bb, \u00absuprimir\u00bb; 1Th 5:19) \u00abcon el cual fuisteis sellados para el d\u00ed\u00ada de la redenci\u00f3n\u00bb (Eph 4:30).  Pececillo.  V\u00e9ase Pez.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Evang\u00e9lico<\/b><\/p>\n<p>perturbaci\u00f3n de las relaciones entre el hombre y Dios, como una infracci\u00f3n o una contradicci\u00f3n con respecto al orden divino, tanto mediante un hecho como en virtud de una omisi\u00f3n.<\/p>\n<p>En el A. T.  el p., es la violaci\u00f3n de los mandamientos de la Alianza o de la voluntad divina.<\/p>\n<p>El pecado enemista a los seres humanos con Dios  lo cual exige que haya arrepentimiento para obtener su perd\u00f3n.<\/p>\n<p>En el N. T.  la inclinaci\u00f3n humana por el p. se relaciona por vez primera con la desobediencia y la rebeli\u00f3n de Ad\u00e1n, extensivo por lo tanto al \u00e1mbito de repercusi\u00f3n determinado por la actuaci\u00f3n del individuo y tambi\u00e9n como una rebeli\u00f3n individual frente a Dios; cada individuo, por  muy justo que parezca, est\u00e1 atado a Satan\u00e1s, Lc 13, 16, est\u00e1 afectado por el p., por lo que necesita hacer penitencia, Lc 13, 2-5. Hasta los publicanos y las prostitutas, a quien Jes\u00fas se dirige en repetidas ocasiones, aquellos que est\u00e1n aparentemente perdidos, la gracia y la misericordia divinas son concedidas, y Jes\u00fas les dice a los fariseos que los preceder\u00e1n en el Reino de los Cielos; los publicanos y las prostitutas oyeron la predicaci\u00f3n de Juan Bautista y se arrepintieron, mientras los fariseos no, Mc 2, 17; Lc 7, 34 y 37; 18, 13. A la misericordia de Dios frente al pecador se une la exigencia a cada individuo de que, de igual modo, perdone a su pr\u00f3jimo. En su amor infinito, Dios ha enviado al mundo a su Hijo \u00fanico \u2020\u0153para que todo el que crea en \u00e9l no perezca, sino que tenga vida eterna\u2020\u009d, Jn 3, 16. Juan explica que la falta de fe, en cuanto inexcusable, es el p. por excelencia, Jn 15, 22; 16, 9, el que cree en Dios no es juzgado, pero el que no cree, ya est\u00e1 juzgado, porque no ha cre\u00ed\u00addo en el Nombre del Hijo \u00fanico de Dios, Jn 3, 18. Pablo dice que el p. es una potencia que domina toda la humanidad, Rm 7, 11; 7, 14-24; pecar es rechazar a Dios y sus mandamientos.<\/p>\n<p>El p. original  seg\u00fan el Ap\u00f3stol se atribuye a los primeros padres de la humanidad: \u2020\u0153por un solo hombre entr\u00f3 el pecado en el mundo y por el pecado la muerte\u2020\u009d, Rm 5, 12, \u2020\u0153&#8230;rein\u00f3 la muerte desde Ad\u00e1n hasta Mois\u00e9s aun sobre aquellos que no pecaron con una transgresi\u00f3n\u2020\u009d, Rm 5, 14. Pero la doctrina del p. original fue acu\u00f1ada sobre todo por san Agust\u00ed\u00adn, por los reformadores y por Anselmo de Canterbury. Aunque el origen del p. se remonta a Ad\u00e1n, la humanidad toda fue privada de la gloria de Dios, Rm 3,   23. Lo mismo que el pecado rein\u00f3 en la muerte, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n reinar\u00e1 la gracia en virtud de la justicia para la vida eterna por Jesucristo nuestro Se\u00f1or\u2020\u009d, Rm 5, 21. Pero, a la postre, la liberaci\u00f3n del p. no es algo garantizado por el estricto cumplimiento de la Ley, sino por la entrada en la Iglesia de Cristo.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Digital, Grupo C Service &#038; Design Ltda., Colombia, 2003<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Digital<\/b><\/p>\n<p>(heb., hatta\u2020\u2122the, errar, \u2020\u2122awon, iniquidad, maldad, culpa, pesha\u2020\u2122, rebeli\u00f3n, transgresi\u00f3n, ra\u2020\u2122, maldad, lo malo; gr. adikia, injusticia, iniquidad, maldad, hamartia, pecado, falta, hamartema, pecado, parabasis, transgresi\u00f3n, infracci\u00f3n, rebeli\u00f3n, contravenci\u00f3n, paraptoma, ofensa, delito, pecado, falta, yerro, poner\u00ed\u00ada, malicia, maldad). Los autores b\u00ed\u00adblicos describieron al pecado con diversos t\u00e9rminos. Es \u00fanicamente cuando ellos est\u00e1n conscientes de la santidad de Dios que en verdad se dan cuenta de su pecado (1Ki 17:18; Psa 51:4-6; Isa\u00ed\u00adas 6).<\/p>\n<p>El primer libro del AT revela c\u00f3mo los seres humanos fueron creados por Dios sin pecado, mas escogieron actuar en contra de su voluntad revelada y por lo tanto hicieron que el pecado llegase a ser un rasgo end\u00e9mico de la existencia humana (G\u00e9nesis 3; Psa 14:1-3). El pecado es una rebeli\u00f3n en contra de la santidad y de la soberana voluntad de Dios. Por consiguiente, es tanto una condici\u00f3n del coraz\u00f3n, de la mente, voluntad y sentimientos (Isa 29:13; Jer 17:9) como el pr\u00e1ctico resultado palpable de dicha condici\u00f3n en pensamiento, palabras y hechos que ofenden a Dios y transgreden su santa ley (Gen 6:5; Isa 59:12-13). Para Israel, el pecado fue el fracaso en guardar las condiciones del pacto que el Se\u00f1or misericordiosamente hab\u00ed\u00ada hecho en Sina\u00ed\u00ad (\u00e9xodo 19 ss.).<\/p>\n<p>No existe persona alguna en Israel o en todo el mundo que no sea pecadora.<\/p>\n<p>Sin embargo, los que tienen una relaci\u00f3n recta con Dios, reciben su perd\u00f3n y andan en sus sendas son a veces llamados justos (Gen 6:9) e \u00ed\u00adntegros (Job 1:1; Psa 18:20-24). No es porque est\u00e1n libres de pecado, sino porque la verdadera direcci\u00f3n de sus vidas es servir y agradar a Dios en la forma como \u00e9l lo exige.<\/p>\n<p>Para Israel, los pecados de los padres ten\u00ed\u00adan repercusiones sobre sus hijos y sobre los hijos de sus hijos (Isa 1:4; Lam 5:7). Sin embargo, tambi\u00e9n es cierto que los israelitas individualmente son personalmente responsables ante Dios por sus propios pecados (Jer 31:19-20; Eze 18:1 ss.; Eze 33:10-20). El pecado fue castigado por Dios de varias maneras \u2014p. ej., el exilio de la Tierra Prometida (2Ki 17:6 ss.)\u2014 mas el castigo final por los pecados individuales y la maldad era la muerte (Gen 2:17; Psa 73:27; Eze 18:4). Esto es ciertamente muerte f\u00ed\u00adsica, mas tambi\u00e9n muerte espiritual, el ser cortado de la comuni\u00f3n con el Dios viviente.<\/p>\n<p>La realidad del pecado y la necesidad de expiaci\u00f3n (y confesi\u00f3n) est\u00e1n claramente anticipadas por los sacrificios ofrecidos a Dios en el templo \u2014p. ej. , la ofrenda de sacrificio por la culpa regular (o transgresi\u00f3n) y la ofrenda de sacrificio por el pecado, as\u00ed\u00ad como tambi\u00e9n el sacrificio anual especial del d\u00ed\u00ada de la Expiaci\u00f3n (Lev\u00ed\u00adtico 4; Eze 6:24 ss.; Eze 7:1 ss.; Eze 16:1 ss.)\u2014 y en la profec\u00ed\u00ada de los sufrimientos vicarios del Siervo del Se\u00f1or (Isa 53:10, Isa 53:12).<\/p>\n<p>Jes\u00fas fue sin pecado y ense\u00f1\u00f3 que la ra\u00ed\u00adz del pecado est\u00e1 en el coraz\u00f3n humano (Mar 7:20-23). La vida externa est\u00e1 determinada por la interna (Mat 7:15-17), y de este modo una conformidad externa a las leyes y reglas no es en s\u00ed\u00ad una verdadera justicia, si el coraz\u00f3n est\u00e1 impuro (Mat 5:17 ss.). Pero el pecado es m\u00e1s que fracaso en guardar la ley; es tambi\u00e9n el rechazo del Mes\u00ed\u00adas y del reino que \u00e9l proclama y personifica (Joh 16:8-9; Joh 15:22). Adem\u00e1s, el vivir sin la luz de Dios proveniente de Jes\u00fas, el Mes\u00ed\u00adas, es vivir en tinieblas y estar en las garras de los poderes malignos (Joh 1:5; Joh 3:19-21; Joh 8:31-34). Y el llamar a la luz tiniebla y al Esp\u00ed\u00adritu del Mes\u00ed\u00adas impuro es cometer el pecado imperdonable (Mat 12:24, Mat 12:31).<\/p>\n<p>El pecado se revela por la ley de Dios, mas es \u00fanicamente cuando el Esp\u00ed\u00adritu Santo ilumina a la mente que una persona vea verdaderamente cual es la justicia que la ley demanda de nosotros (Rom 3:20; Rom 5:20; Rom 7:7-20; Gal 3:19-24). El pecado empieza en el coraz\u00f3n (Rom 6:15-23). El origen del pecado se puede remontar hasta los primeros seres humanos, Ad\u00e1n y Eva, y su rebeli\u00f3n en contra del Se\u00f1or (Rom 5:12-19; 2Co 11:3; 1Ti 2:14).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Mundo Hispano<\/b><\/p>\n<p>(falta, rebeli\u00f3n, iniquidad, injusticia, ofensa a Dios y al vecino).<\/p>\n<p> Dos definiciones da el N.T. del pecado: 1- Transgresi\u00f3n de la Ley, 1Jn 3:4.<\/p>\n<p> 2- \u00abTodo lo que no es de fe, es pecado\u00bb, Rom 14:23 : Todo lo que hacemos confiando en nosotros o en otros, no confiando en Dios, es pecado: Es vivir confiando en el dinero, o en el vecino o en mis talentos, sin poner toda la confianza en Dios. ser\u00ed\u00ada como el nino de tres a\u00f1os que se rebela contra su padre, y le dice que espera la comida y el vestido de un vecino, o de sus esfuerzos, \u00c2\u00a1esa ser\u00ed\u00ada la peor ofensa que podr\u00ed\u00ada hacer ese nino contra su padre!. \u00c2\u00a1y la mayor barbaridad!. y so es lo que hacemos con Dios, nuestro Padre, cuando pecamos, cuando vivimos sin confiar en El.<\/p>\n<p> Horror del pecado.<\/p>\n<p> 1- Es una ofensa a Dios, tan horrorosa, que, cada vez que pecamos, reproducimos en nosotros mismos toda la pasi\u00f3n y muerte de Cristo, Heb 6:6.<\/p>\n<p> (Luc 15:11-32).<\/p>\n<p> 2- Es una ofensa al pr\u00f3jimo: Mat 5:2324, Mat 18:21-35, Luc 17:3-4.<\/p>\n<p> 3- Sale del interior del hombre, es basura del coraz\u00f3n, el \u00fanico \u00abmal\u00bb del cristiano o del pagano, Mat 5:28, Mat 15:18-19, Mc. 7.<\/p>\n<p> 19.<\/p>\n<p> Todos somos pecadores: Esa es la conclusi\u00f3n de Pablo en Rom 3:23, despu\u00e9s de mostrarnos en los tres primeros cap\u00ed\u00adtulos de los Romanos que los ateos son pecadores, y los jud\u00ed\u00ados, y los gentiles. \u00abtodos\u00bb, \u00abno hay justo, ni siquiera uno.\u00bb Todos se han extraviado, todos est\u00e1n corrompidos; no hay quien haga el bien, ni siquiera uno\u00bb: (Rom 2:10-12).<\/p>\n<p> Lo mismo dice Juan en 1Jn 1:8, 1Jn 1:10. T\u00fa y yo somos la \u00aboveja perdida\u00bb y el \u00abhijo pr\u00f3digo\u00bb de Lc.15.<\/p>\n<p> Clases de pecados.<\/p>\n<p> 1- El pecado original. Ver \u00abOriginal\u00bb.<\/p>\n<p> 2- Pecado persona: El que cometemos cuando traspasamos la Ley de Dios o vivimos sin fe, 1Jn 3:4, Rom 14:23.<\/p>\n<p> 3- Pecado \u00abmortal\u00bb y \u00abvenial\u00bb, 1 Jn.5.<\/p>\n<p> 16-17.<\/p>\n<p> 4- El \u00abpecado imperdonable\u00bb, contra el Esp\u00ed\u00adritu Santo. Ver \u00abImperdonable\u00bb.<\/p>\n<p> Consecuencias del pecado.<\/p>\n<p> &#8211; Produce la \u00abmuerte espiritual\u00bb, que es la separaci\u00f3n del alma de Dios, as\u00ed\u00ad como la \u00abmuerte f\u00ed\u00adsica\u00bb es la separaci\u00f3n del alma del cuerpo. Rom 5:12, Ge.2.<\/p>\n<p> &#8211; Nos convierte en \u00abenemigos de Dios\u00bb y \u00abesclavos del diablo\u00bb, 1Jn 3:8, 1Jn 3:10.<\/p>\n<p> &#8211; Es algo tan malo, que por el primer pecado de la creaci\u00f3n, por el pecado de los \u00ed\u0081ngeles, fueron echados todos los \u00ed\u0081ngeles rebeldes al Infierno, convertidos en demonios, Is.14, Ez.28, Ap.12. \u00c2\u00a1Todo ese horror, por un solo pecado de orgullo, de querer ser como Dios! Porque el pecado es una ofensa de valor infinito, ya que se ofende al bien infinito, que es Dios: \u00c2\u00a1Es distinto escupir en la cara a un vecino, o al Presidente de la Naci\u00f3n, o a Dios!: &#8211; Por un solo pecado de Ad\u00e1n y Eva vino la muerte a todos los hombres y mujeres, Rom 5:12, Gen 2:17, Gen 3:16-19. Por ese solo pecado tenemos todas las enfermedades, y los accidentes, y las guerras, y los vicios de drogas, alcohol, homosexualidad. todos los dolores que ves en un hospital, surgieron por ese solo pecado de Ad\u00e1n. y el \u00abpecado\u00bb pareciera que no fue algo muy malo, nada m\u00e1s comer una \u00abFRUTA\u00bb que no pertenec\u00ed\u00ada a nadie, \u00c2\u00a1pero era desobedecer a Dios!, era el pecado de orgullo \u00abde querer saber tanto como Dios\u00bb: (Gen 3:5).<\/p>\n<p> Jes\u00fas vino a librarnos del pecado: \u00abCristo apareci\u00f3 para quitar el pecado, para destruir las obras del diablo\u00bb: (Jua 3:5, Jua 3:8). \u00aby la sangre de Jesucristo nos purifica de todo pecado\u00bb, 1Jn 1:7 : Dios aborrece el pecado, pero ama al pecador. y lo ama tanto, nos ama tanto, que envi\u00f3 a su \u00fanico Hijo, para que el que crea en El, no perezca, sino que tenga vida eterna: (Jua 3:16). y Cristo nos ama tanto a nosotros, pecadores, que derram\u00f3 toda su Sangre en el Calvario para borrar todos nuestros pecados. y ahora sigue haci\u00e9ndose \u00abpan y vino\u00bb, nada mas que eso, para que tengamos vida: (Jua 6:5354, c7a.2:20).<\/p>\n<p> Y en el cielo no se hace fiesta cuando un ciego ve, o un paral\u00ed\u00adtico anda, sino cuando un pecador se arrepiente. entonces, el mismo Dios organiza una fiesta en el cielo, Luc 15:23.<\/p>\n<p> ?C\u00f3mo borrar mis pecados?: Dios quiere borrarlos, es su mayor ilusi\u00f3n, hasta hace una \u00abfiesta\u00bb en el cielo cuando un solo pecador se arrepiente: (Luc 15:22-23). Dios quiere que todos se arrepientan y vengan al conocimiento de la verdad, y que todos se salven: (2Pe 3:9, 1Ti 2:4).<\/p>\n<p> pero Dios no quiere forzarnos, nos va a respetar la libertad que nos dio, quiere nuestro amor voluntariamente, que lo amemos, no por la fuerza, sino porque \u00e9l nos ama. y por eso viene a nosotros como una \u00abpaloma\u00bb. El Todopoderoso, que todo lo tiene, si t\u00fa y yo queremos negarle nuestro amor y confianza, ese amor no lo tiene.<\/p>\n<p> \u00bfQu\u00e9 tenemos que hacer?.<\/p>\n<p> 1- El \u00abpecado original\u00bb se borra con el bautismo, por eso es que s\u00f3lo se necesita un Bautismo: (Efe 4:5, Ro.6). A los ninos tambi\u00e9n se les perdona, y, si heredan de los padres el pecado original, tambi\u00e9n los padres pueden colaborar a que reciban la gracia por la fe de la Iglesia. Ver \u00abBautismo\u00bb.<\/p>\n<p> Si el bautizado tiene otros pecados, le quedan perdonados todos los pecados. Ver \u00abBautismo\u00bb, y \u00abOriginal\u00bb.<\/p>\n<p> 2- Los pecados que cometemos hoy y ma\u00f1ana, Dios nos los perdona por la Sangre de Jesucristo, si los confesamos: (1Jn 1:9). En Jua 20:23, Jes\u00fas dio a los ministros de su Iglesia el \u00abpoder\u00bb de perdonar o no perdonar los pecados, ese poder que antes s\u00f3lo lo ten\u00ed\u00ada Dios: (Mar 2:7).<\/p>\n<p> Pr\u00e1cticamente, tenemos que hacer lo mismo que hizo el \u00abhijo pr\u00f3digo\u00bb de Lc. 15.<\/p>\n<p> 1- Examen de conciencia: Ver lo malo que hemos hecho o estamos haciendo.<\/p>\n<p> 2- Contrici\u00f3n de coraz\u00f3n: Dolernos de ese horror, de habernos ido de la casa del Padre.<\/p>\n<p> 3- Prop\u00f3sito de enmendarnos, de no cometer mas pecados.<\/p>\n<p> 4- Confesar los pecados al ministro de la \u00fanica Iglesia de Cristo. Si en su Iglesia, no hay personas con el \u00abpoder\u00bb de Jua 20:23, es que esa iglesia no es la de Cristo, porque en la Iglesia de Cristo hay ministros con \u00abpoder\u00bb de perdonar pecados, de Jua 20:23. Ver \u00abConfesion\u00bb.<\/p>\n<p> 5- Cumplir la penitencia que nos mande el ministro, la fiesta de paz y gozo que nos da el Senor.<\/p>\n<p> Ver\u00bbCon fesion\u00bb,\u00bbArrepentimiento\u00bb.<\/p>\n<p> 3- El \u00abpecado imperdonable\u00bb: No existe en ti, si te consideras pecador, insuficiente, poca cosa. es el pecado de los \u00abnecios\u00bb, que son \u00abinexcusables\u00bb Ver \u00abImperdonable\u00bb, \u00abAteismo\u00bb.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano<br \/>\nDr. J. Dominguez<\/p>\n<p>http:\/\/biblia.com\/diccionario\/<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano<\/b><\/p>\n<p>El AT utiliza varias palabras que se traducen como p. Entre ellas est\u00e1n los t\u00e9rminos het y hatta\u2020\u2122a (pecado, pecador), que tienen el sentido de fallar, de algo que no logra su meta. Se entiende mejor el significado al leer en Jue 20:16, donde se dice que en la tribu de Benjam\u00ed\u00adn hab\u00ed\u00ada unos hombres zurdos \u2020\u0153todos los cuales tiraban una piedra con la honda a un cabello, y no erraban\u2020\u009d. Encierra tambi\u00e9n el sentido de apartarse de lo que es la norma. As\u00ed\u00ad se usa en Gen 40:1 (\u2020\u0153&#8230; el copero del rey de Egipto, y el panadero delinquieron contra su se\u00f1or el rey de Egipto\u2020\u009d). Cuando palabras que tienen esta ra\u00ed\u00adz aparecen en pasajes como Lev 4:2 (\u2020\u0153&#8230; alguna persona pecare por yerro en alguno de los mandamientos de Jehov\u00e1\u2020\u009d), la idea es tambi\u00e9n de fallar, de no cumplir con lo esperado o demandado. Se puede fallar o \u2020\u0153pecar contra\u2020\u009d los derechos de una persona, al no respetarlos o al maltratarlos. As\u00ed\u00ad, Abimelec dijo a Abraham: \u2020\u0153\u00bfQu\u00e9 nos has hecho? \u00bfEn qu\u00e9 pequ\u00e9 yo contra ti&#8230;?\u2020\u009d (Gen 20:9). As\u00ed\u00ad, en muchas ocasiones se habla de pecar contra la ley de Dios. Esto acontece cuando el hombre no llega a cumplir con la norma que Dios ha puesto, o el \u2020\u0153est\u00e1ndar\u2020\u009d divinamente exigido.<\/p>\n<p>Muchos otros t\u00e9rminos hebreos se aplican con el sentido de p., pero con un \u00e9nfasis que en castellano se identifica con los vocablos confusi\u00f3n, \u2020\u00a2iniquidad, culpa, transgresi\u00f3n, rebeli\u00f3n, etc\u00e9tera. El hebreo tiene m\u00e1s palabras que el griego para expresar los conceptos pecaminosos, por lo cual a veces una sola palabra griega se usa para traducir varias del hebreo. El AT ve\u00ed\u00ada el p. dentro del contexto del pacto con Dios, por lo cual casi siempre se refiere a \u00e9l con palabras que tienen una connotaci\u00f3n legal. Es fallar al pacto. No cumplirlo. Apartarse de \u00e9l. Es, por lo tanto, infracci\u00f3n. Pero, al mismo tiempo, se ense\u00f1a que el p. ten\u00ed\u00ada un alcance universal (\u2020\u0153Y vio Jehov\u00e1 que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del coraz\u00f3n de ellos era de continuo solamente el mal\u2020\u009d [Gen 6:5]) y que el resultado del p. era la muerte (\u2020\u0153&#8230; el d\u00ed\u00ada que de \u00e9l comieres, ciertamente morir\u00e1s\u2020\u009d [Gen 2:17]).<br \/>\nel NT se emplea el t\u00e9rmino adikia, que se traduce como injusticia, agravio, injuria, da\u00f1o, para se\u00f1alar un pecado que se comete contra alguien. Este t\u00e9rmino fue el que usaron los traductores de la \u2020\u00a2Septuaginta para una gran cantidad de vocablos hebreos que no ten\u00ed\u00adan equivalente en griego. Pero la palabra que m\u00e1s se utiliza es amartia, equivalente a p., y que tiene un primer sentido semejante al del AT en cuanto a que significa fallar, perder la marca, apartarse de la norma, no llenar el \u2020\u0153est\u00e1ndar\u2020\u009d. Se usa amartia siempre para se\u00f1alar el p. del hombre contra Dios. Quienes m\u00e1s utilizan esta palabra y desarrollan el concepto son Pablo y el ap\u00f3stol Juan. Pero en los Evangelios, se usa el t\u00e9rmino, mayormente en los casos en que el Se\u00f1or Jes\u00fas hablaba del perd\u00f3n de p. (Mat 18:15; Luc 17:3). Sin embargo, el concepto de p., que entre los jud\u00ed\u00ados se restring\u00ed\u00ada al no cumplimiento de la ley, especialmente en sus aspectos externos, aparece radicalizado en las ense\u00f1anzas del Se\u00f1or, quien dec\u00ed\u00ada que \u2020\u0153no todo el que me dice: Se\u00f1or, Se\u00f1or, entrar\u00e1 en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que est\u00e1 en los cielos\u2020\u009d (Mat 7:21), hasta el punto de que aun personas que hubieran hecho milagros en el nombre de Jes\u00fas se perder\u00ed\u00adan si sus acciones no correspond\u00ed\u00adan a una realidad interior de arrepentimiento y santidad (Mat 7:22-23).<br \/>\nSe\u00f1or Jes\u00fas apunt\u00f3 a la verdadera intenci\u00f3n de la ley, al subrayar la importancia de la vida interior, las intenciones y los pensamientos por encima de las f\u00f3rmulas y los ritos (\u2020\u0153Porque del coraz\u00f3n salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias. Estas cosas son las que contaminan al hombre\u2020\u009d [Mat 15:19]). Las ense\u00f1anzas del Se\u00f1or vinieron, entonces, a establecer de una vez por todas en qu\u00e9 consist\u00ed\u00ada ser justo y ser pecador. Esto, naturalmente, estaba en completo desacuerdo con lo que pensaban los religiosos de su \u00e9poca, especialmente los \u2020\u00a2fariseos.<br \/>\nap\u00f3stol Pablo, que se refiere tanto al problema del p., especialmente en los cap\u00ed\u00adtulos 1 al 8 de Romanos, utiliza abundantemente el t\u00e9rmino adikia, con el sentido de injusticia (\u2020\u0153Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad\u2020\u009d [Rom 1:18]). Pero cuando quiere referirse al p. como principio general, entonces utiliza amart\u00ed\u00ada. La naturaleza del p. es algo que nadie puede definir. Sencillamente conocemos sus efectos. El conocimiento de lo que es nos llega cuando somos iluminados por la ley de Dios (\u2020\u0153&#8230; porque por medio de la ley es el conocimiento del p.\u2020\u009d [Rom 3:20]; \u2020\u0153Pero yo no conoc\u00ed\u00ad el p. sino por la ley\u2020\u009d [Rom 7:7]). Pero en cuanto a salvarnos del p., eso es todo lo que puede hacer la ley: iluminarnos. Nos habla de la justicia de Dios, pero no nos la proporciona. Es la gracia de Dios manifestada en Jesucristo la que resuelve el problema, pues siendo el Se\u00f1or inocente y no teniendo que sufrir la pena del p., se dio como ofrenda en sustituci\u00f3n de los pecadores (\u2020\u0153Al que no conoci\u00f3 p., por nosotros lo hizo p., para que nosotros fu\u00e9semos hechos justicia de Dios en \u00e9l\u2020\u009d [2Co 5:21]). N\u00f3tese que el \u00e9nfasis final est\u00e1 en el acto de comunicar la justicia de Dios.<br \/>\nense\u00f1anzas del ap\u00f3stol Juan sobre el p. se producen cuando habla de la encarnaci\u00f3n del Se\u00f1or Jes\u00fas, lo cual permite que \u00e9l pueda constituirse en el Cordero de Dios (\u2020\u0153He aqu\u00ed\u00ad el Cordero de Dios, que quita el p. del mundo\u2020\u009d [Jua 1:29]; \u2020\u0153Y sab\u00e9is que \u00e9l apareci\u00f3 para quitar nuestros p., y no hay p. en \u00e9l\u2020\u009d [1Jn 3:5]). Tambi\u00e9n en Juan el \u00e9nfasis est\u00e1 en la capacidad de Cristo de resolver el problema del p. (\u2020\u0153&#8230; \u00e9l es fiel y justo para perdonar nuestros p., y limpiarnos de toda maldad\u2020\u009d [1Jn 1:9]; \u2020\u0153Al que nos am\u00f3, y nos lav\u00f3 de nuestros p. con su sangre\u2020\u009d [Apo 1:5]).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Cristiano<\/b><\/p>\n<p>tip, DOCT<\/p>\n<p>ver, CA\u00ed\u008dDA, ESP\u00ed\u008dRITU SANTO, JUSTIFICACI\u00ed\u201cN, MAL, SANTIFICACI\u00ed\u201cN<\/p>\n<p>vet, Son diversos los t\u00e9rminos usados en el AT y en el NT para significar \u00abpecado\u00bb, \u00abiniquidad\u00bb, \u00abmaldad\u00bb, etc., con varios matices de significado. (a) Es importante tener en cuenta la definici\u00f3n b\u00ed\u00adblica de pecado: en gr.: \u00abanomia\u00bb, desorden en el sentido de rechazo del principio mismo de la Ley o de la voluntad de Dios, iniquidad (1 Jn. 3:4, texto gr.). Es desafortunada la traducci\u00f3n que la mayor parte de las versiones castellanas hacen de este pasaje. S\u00f3lo la NIV traduce \u00abel pecado es la verdadera ilegalidad\u00bb, aunque ser\u00ed\u00ada mejor traducir \u00abalegalidad\u00bb. En efecto, el pecado \u00abno\u00bb es la mera infracci\u00f3n de la Ley, seg\u00fan este pasaje, sino el rechazo de la voluntad de Dios, el vivir a espaldas de Dios, la disposici\u00f3n mental que lleva al pecador a hacer la propia voluntad en oposici\u00f3n a la de Dios. De ah\u00ed\u00ad la distinci\u00f3n que se hace entre \u00abpecado\u00bb y \u00abtransgresi\u00f3n\u00bb, siendo esto \u00faltimo la infracci\u00f3n de un mandamiento conocido. Desde Ad\u00e1n a Mois\u00e9s, los hombres \u00abno pecaron a la manera de la transgresi\u00f3n de Ad\u00e1n\u00bb, pero s\u00ed\u00ad que pecaban, y murieron por ello (cfr. Ro. 5:14). A Ad\u00e1n se le hab\u00ed\u00ada dado un mandamiento concreto, el cual desobedeci\u00f3; pero de Ad\u00e1n a Mois\u00e9s no fue dada ninguna ley en concreto, y por ello no hab\u00ed\u00ada transgresi\u00f3n; sin embargo, s\u00ed\u00ad hab\u00ed\u00ada pecado en el sentido propio del t\u00e9rmino, tal y como se ha definido, y fue el pecado lo que provoc\u00f3 el diluvio. La misma distinci\u00f3n es la que est\u00e1 involucrada en Ro. 4:15: \u00abPorque la ley produce ira; pero donde no hay ley, tampoco hay transgresi\u00f3n.\u00bb Puede haber pecado, no obstante, y se declara que \u00ablos que sin ley han pecado, sin ley tambi\u00e9n perecer\u00e1n\u00bb (Ro. 2:12). Los principales t\u00e9rminos usados para \u00abpecado\u00bb en el NT son \u00abhamartia\u00bb, \u00abhamart\u00eama\u00bb y \u00abhamartan\u00f5\u00bb, desviaci\u00f3n de un curso recto; \u00abtransgresi\u00f3n\u00bb es \u00abparabasis\u00bb, \u00abparabat\u00eas\u00bb y \u00abparabain\u00f5\u00bb, cruzar o esquivar un l\u00ed\u00admite. (b) Hay una importante distinci\u00f3n que hacer entre \u00abpecado\u00bb y \u00abpecados\u00bb, distinci\u00f3n que debe hacerse desde la primera entrada del pecado como principio. Los \u00abpecados\u00bb de alguien son los verdaderamente cometidos por este alguien, y la base del juicio, siendo adem\u00e1s demostraci\u00f3n de que el hombre es esclavo del pecado. Un cristiano es alguien cuya conciencia ha sido purificada para siempre por el\/un sacrificio por los pecados; el Esp\u00ed\u00adritu de Dios lo ha hecho consciente del valor de aquella\/una ofrenda, y por ello sus pecados, habiendo sido llevados por Cristo en la cruz, nunca volver\u00e1n a ser puestos a su cuenta por parte de Dios; si peca, Dios tratar\u00e1 con \u00e9l en santa gracia, sobre el terreno de la propiciaci\u00f3n de Cristo, de manera que sea conducido a confesar el pecado o pecados, y tener el gozo del perd\u00f3n. \u00abPecado\u00bb, como principio que involucra la alienaci\u00f3n de todas las cosas en cuanto a Dios desde la ca\u00ed\u00adda del hombre, y visto especialmente en la naturaleza pecaminosa del hombre, ha quedado judicialmente quitado de delante de Dios en la cruz de Cristo. Dios ha condenado el pecado en la carne en el sacrificio de Cristo (Ro. 8:3), y en consecuencia el Esp\u00ed\u00adritu es dado al creyente. El Se\u00f1or Jes\u00fas es proclamado como \u00abel Cordero de Dios que quita el pecado del mundo\u00bb (no \u00ablos pecados\u00bb, como en ocasiones se cita). El purificar\u00e1 los cielos y la tierra de pecado, y como resultado habr\u00e1 nuevos cielos y nueva tierra, en los que morar\u00e1 la justicia. Aunque Cristo gust\u00f3 la muerte por todos, no se le presenta como llevando los \u00abpecados\u00bb de todos: Su muerte, por lo que respecta a \u00ablos pecados\u00bb, queda precisada con las palabras \u00abde muchos\u00bb, \u00abnuestros pecados\u00bb, etc. (c) El origen del pecado no estuvo en el hombre, sino en el diablo (cfr. 1 Jn. 3:8). S\u00ed\u00ad fue introducido en el mundo por el hombre, entrando tambi\u00e9n la muerte como su pena (cfr. Ro. 5:12). El \u00abpecado original\u00bb es un t\u00e9rmino teol\u00f3gico que puede ser usado para describir el hecho de que todos los seres humanos han heredado una naturaleza pecaminosa de Ad\u00e1n, que cay\u00f3 en pecado por su transgresi\u00f3n (v\u00e9ase CA\u00ed\u008dDA). (d) La universalidad del pecado es evidente. Ya de principio, el hombre posee una naturaleza heredada que lo inclina al pecado (Sal. 51:7; 58:4; Jb. 14:4). Todo nuestro ser est\u00e1 contaminado por el mal: nuestros pensamientos, acciones, palabras, sentimientos, voluntad (Gn. 6:5; 8:21; Mt. 15:19; G\u00e1. 5:19-21; Ro. 7:14-23); no existe un solo ser humano que sea justo ante Dios (1 Ro. 8:46; Pr. 20:9; Ec. 7:20; Is. 53:6; Ro. 3:9-12, 23; 1 Jn. 1:8; 5:19), con la sola excepci\u00f3n de Aquel que apareci\u00f3 para quitar el pecado (He. 9:26; cfr. 1 Jn. 3:5), Aquel que \u00abnunca hizo pecado, ni se hall\u00f3 enga\u00f1o en su boca\u00bb (1 P. 2:22), el inmaculado Hijo de Dios. (e) La condenaci\u00f3n del pecado es inevitable y terrible. Seg\u00fan la Ley, \u00abla paga del pecado es la muerte\u00bb (Ro. 6:23). Esta muerte y juicio se extienden a todos los hombres, por cuanto todos han pecado (Ro. 5:12); El hombre est\u00e1 muerto en Sus delitos y pecados (Ef. 2:1). Le es necesario nacer de nuevo para entrar en comuni\u00f3n con Dios, pues las iniquidades del hombre hacen separaci\u00f3n entre \u00e9l y Dios (cfr. Is. 59:2). Dios juzgar\u00e1 pronto a todos los pecadores y todas sus acciones, incluso las m\u00e1s secretas (Ec. 12:1, 16; Ro. 2:16). (f) Jes\u00fas fue \u00abhecho pecado\u00bb por nosotros (2 Co. 5:21). Una expresi\u00f3n as\u00ed\u00ad nos rebasa; significa que Cristo no s\u00f3lo tom\u00f3 sobre s\u00ed\u00ad en la cruz todos los pecados del mundo, como nuestro Sustituto (Lv. 16:21; Is. 53:5-6, 8, 10; 1 Jn. 2:1), sino que adem\u00e1s vino a ser, a los ojos de Dios, como la expresi\u00f3n misma del pecado ante Dios, hecho maldici\u00f3n por nosotros (G\u00e1. 3:13). (g) El perd\u00f3n de los pecados ha quedado ya adquirido por Cristo para aquel que acepte Su persona y sacrificio en el Calvario. El Cordero de Dios ha quitado el pecado del mundo (Jn. 1:29); El aboli\u00f3 el pecado por Su \u00fanico sacrificio (He. 9:26); Su sangre nos purifica de todo pecado (1 Jn. 1:7). La Cena es la se\u00f1al del pacto para remisi\u00f3n de pecados (Mt. 26:28). Todo aquel que cree en Cristo, recibe por Su nombre la remisi\u00f3n de los pecados (Hch. 10:43). Siendo que Dios nos ha dado Su Hijo, Dios no nos trata ya m\u00e1s seg\u00fan nuestros pecados (Sal. 103:10, 12); los pecados, rojos como la grana, vienen a ser blancos como la nieve (Is. 1:18); los ha echado tras de S\u00ed\u00ad, y los ha deshecho como una nube (Is. 38:17; 44:22); los ha arrojado al fondo del mar (Mi. 7:19). Los ha olvidado (MI. 7:18). Ya no existen m\u00e1s delante de El (Jer. 50:20). La misericordia de Dios demanda toda nuestra alabanza. (Con respecto al pecado imperdonable, v\u00e9ase ESP\u00ed\u008dRITU SANTO, f) (h) La convicci\u00f3n de pecado es una de las mayores gracias que el Se\u00f1or nos puede conceder. En efecto, se trata de la llave que da acceso a todas las dem\u00e1s. Esta convicci\u00f3n s\u00f3lo puede ser producida por Su Esp\u00ed\u00adritu (Jn. 16:8). Para ser justificado, el hombre debe ante todo ser consciente de su necesidad. Si pretendemos no tener pecado, mentimos (1 Jn. 1:8, 10); si confesamos nuestros pecados, el Se\u00f1or es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad (1 Jn. 1:9). Las personas no arrepentidas debieran prestar o\u00ed\u00addo a la solemne advertencia de la palabra de Dios: \u00abSabed que vuestro pecado os alcanzar\u00e1\u00bb (Nm. 32:23). (V\u00e9anse JUSTIFICACI\u00ed\u201cN, MAL, SANTIFICACI\u00ed\u201cN.) Bibliograf\u00ed\u00ada: V\u00e9ase CA\u00ed\u008dDA.<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico Ilustrado<\/b><\/p>\n<p>[304]<br \/>\n   Cristo vino al mundo para redimir a los hombres de sus pecados y darles la salvaci\u00f3n. Fue el primer anuncio del \u00e1ngel al comunicar a Jos\u00e9 el misterio que se acercaba: \u00abLe pondr\u00e1s por nombre Jes\u00fas, porque \u00e9l salvar\u00e1 a su pueblo de sus pecados.\u00bb (Mt. 1. 21) Y fue la \u00faltima advertencia del mismo Jes\u00fas al despedirse de sus disc\u00ed\u00adpulos antes de su pasi\u00f3n: \u00abEsta es mi sangre de la alianza, que se va a derramar por muchos para remisi\u00f3n de los pecados.\u00bb (Mt. 26. 28)<\/p>\n<p>    Toda la vida de Jes\u00fas parece un camino de lucha contra el pecado de los hombres. Sus disc\u00ed\u00adpulos as\u00ed\u00ad lo entendieron y se sintieron pecadores agradecidos por haberse sentido salvados por el Se\u00f1or: \u00abSi decimos que no tenemos pecado, nos enga\u00f1amos a nosotros mismos y la verdad no est\u00e1 en nosotros. Si reconocemos nuestros pecados, fiel y justo es El para perdonamos esos pecados y purificamos de toda injusticia.\u00bb (1 Jn. 1. 8-9)<\/p>\n<p>    La teolog\u00ed\u00ada de S. Pablo se centra tambi\u00e9n en la existencia del pecado, como motivo para que abunde la misericordia divina entre los hombres. El pecado es un mal odioso, pero el amor de Jes\u00fas lo ha sobrepasado con creces: \u00abDonde abund\u00f3 el pecado, sobreabund\u00f3 la gracia.\u00bb (Rom. 5. 20)<\/p>\n<p>    1. Qu\u00e9 es el pecado<br \/>\n    Es la ofensa que la criatura hace a Dios, al no reconocer su supremac\u00ed\u00ada infinita y no cumplir alguno de sus preceptos o por omitir algo que es requerido por el mismo Dios.<\/p>\n<p>    El pecado es una realidad objetiva de acci\u00f3n o de omisi\u00f3n. Se da en nuestra vida colectiva (pecados sociales de injusticia, violencia o desorden social) y aparece en nuestra vida personal, ya que realizamos acciones o caemos en omisiones de nuestros deberes.<\/p>\n<p>    1.1. Falta de amor<br \/>\n    El pecado es ante todo ausencia de amor a Dios. Es preferencia por lo terreno y olvido de lo que Dios desea.<\/p>\n<p>    En esencia es ego\u00ed\u00adsmo y pobreza de esp\u00ed\u00adritu. Ante la grandeza y el amor de Dios, el hombre responde con ruindad y amor a s\u00ed\u00ad mismo. Se prefiere la criatura al Creador en un orden natural; y se elige el capricho ego\u00ed\u00adsta al cari\u00f1o de un Padre del cielo, en un orden espiritual.<\/p>\n<p>    Es hacer todo lo contrario del modelo en el que Jes\u00fas resumi\u00f3 su vida y su plegaria final: \u00abH\u00e1gase tu voluntad y no la m\u00ed\u00ada\u00bb (Lc. 22. 42). El pod\u00ed\u00ada decir a sus adversarios jud\u00ed\u00ados cuando disputaba con ellos: \u00ab\u00bfQui\u00e9n de vosotros me puede atribuir a m\u00ed\u00ad alg\u00fan pecado?\u00bb (Jn. 8.46)<\/p>\n<p>    Los te\u00f3logos y moralistas de todos los tiempos han tratado de definir el concepto exacto de pecado sin conseguirlo. De las 271 veces que aparece el t\u00e9rmino pecado en el Nuevo Testamento (en griego \u00abamart\u00ed\u00ada\u00bb: 15. en Mt.; 13 en Mc.; 36 en Lc.; 22 en Jn.), m\u00e1s de la mitad alude a falta de amor, a infidelidad, a desobediencia y a rebeld\u00ed\u00ada&#8230;<\/p>\n<p>    Por eso el concepto de pecado hay que identificarlo como alejamiento del querer divino; y precisamente por ello es la radical y absoluta oposici\u00f3n a lo que Cristo, Dios encarnado, hizo el mundo, que fue cumplir la voluntad de Aquel que le hab\u00ed\u00ada enviado.<\/p>\n<p>    La acci\u00f3n pecaminosa es el instrumento material por el que se hace presente el pecado en el mundo o en la conciencia del pecado. El pecado es algo m\u00e1s que la acci\u00f3n: es la intenci\u00f3n, es el consentimiento, es el conocimiento de la acci\u00f3n. Hay que tener cuidado con no materializar la idea de pecado, reduci\u00e9ndola a la acci\u00f3n, porque se puede realizar una acci\u00f3n en s\u00ed\u00ad mala, una blasfemia por ejemplo, y carecer de advertencia o de consentimiento. Por eso hablamos de pecado material y de pecado formal. El pecado esencialmente es el consentimiento en la acci\u00f3n mala y, en consecuencia, el alejamiento, oposici\u00f3n, ruptura con Dios.<\/p>\n<p>    Precisamente la primera imagen que aparece en la Biblia del pecado, el de Ad\u00e1n y Eva, se presenta como una radical oposici\u00f3n a la grandeza se\u00f1orial de un Dios que ha sido bueno con el hombre. La serpiente dijo a la mujer: \u00abNo morir\u00e9is, sino al contrario: vuestros ojos se abrir\u00e1n y ser\u00e9is como dioses.\u00bb (Gen. 3. 4). Y el emblema con el que tambi\u00e9n la Tradici\u00f3n cristiana ha reflejado el pecado fue siempre la rebeli\u00f3n del \u00e1ngel soberbio, que el profeta Isa\u00ed\u00adas recoge en una de sus visiones: \u00abEscalar\u00e9 el trono del Alt\u00ed\u00adsimo y ser\u00e9 semejante a \u00e9l.\u00bb (Is. 14. 14), que luego retrata el Apocalipsis con su espectacular lucha contra Miguel y sus \u00e1ngeles. (Ap. 12. 7)<\/p>\n<p>      Por eso en Moral se define el pecado como acci\u00f3n o como omisi\u00f3n, como palabra o como deseo, como acto o como actitud, pero que \u00abque se oponen a la voluntad divina\u00bb; o tambi\u00e9n como \u00abuna palabra, un acto o un deseo contrarios a la ley eterna\u00bb (S. Agust\u00ed\u00adn: Faust. 22. 27; y Sto. Tom\u00e1s de Aquino: Summa Th. I-II. 71. 6). Son definiciones descriptivas, no entitativas.<\/p>\n<p>    1.2. Debilidad humana<\/p>\n<p>    El pecado es debilidad humana m\u00e1s que maldad. Por soberbio y cruel que el hombre sea, en el fondo es una indigente y d\u00e9bil criatura que depende del Creador para ser y para subsistir. El pecado debilita la naturaleza del hombre y atenta contra la solidaridad humana. Pero, sobre todo, destroza su dignidad sobrenatural y su amistad divina. El hombre es el primer perjudicado por el pecado, pues se aleja de la mayor riqueza que puede tener en este mundo, que es el mismo Dios.<\/p>\n<p>     La esencia del pecado es algo muy diverso y pluriforme: acci\u00f3n u omisi\u00f3n, debilidad o maldad, odio o ego\u00ed\u00adsmo, imprudencia o injusticia. El concepto implica analog\u00ed\u00ada, no univocidad. Aplicar el t\u00e9rmino a hechos tan diversos como la blasfemia de un intelectual y el hurto en un clept\u00f3mano, el proxenetismo en un malvado explotador o el exhibicionismo en un psic\u00f3pata, el ego\u00ed\u00adsmo en un inmaduro o el despilfarro en un megal\u00f3mano, es un error de perspectiva \u00e9tica.<\/p>\n<p>     La rebeli\u00f3n ang\u00e9lica, con toda la potencia de su inteligencia suprasensible fue un pecado (Ap. 12.7); pero no en el mismo sentido que el pecado de adulterio de David con Betsab\u00e9. (2. Sam. 11. 1-27). La obstinaci\u00f3n sat\u00e1nica nunca tuvo arrepentimiento y no pudo ser perdonada. La de David fue seguida del arrepentimiento expresado en Salmo 50, que durante siglos tomaron los israelitas y luego la Iglesia como modelo de la oraci\u00f3n humilde de arrepentido.<\/p>\n<p>     Entre llamar pecado al original que todos los hombres tienen al nacer y denominar pecado a la omisi\u00f3n de un precepto de la Iglesia, tambi\u00e9n la distancia es grande.<\/p>\n<p>     La mayor parte de los pecados de los hombres son consecuencia de su debilidad intelectual, moral o afectiva. Proceden de sus aficiones y tensiones corporales y de los est\u00ed\u00admulos ambientales, m\u00e1s que de sus opciones espirituales profundas y radicales.<\/p>\n<p>     El Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica recuerda que: \u00abla ra\u00ed\u00adz del pecado est\u00e1 en el coraz\u00f3n del hombre, en su libre voluntad, seg\u00fan la ense\u00f1anza del Se\u00f1or: \u00abDe dentro del coraz\u00f3n salen las intenciones malas, asesinatos, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios, injurias. Esto es lo que hace impuro al hombre\u00bb (Mt 15, 19-20). En el coraz\u00f3n reside tambi\u00e9n la caridad, principio de las obras buenas y puras, a las que hiere el pecado\u00bb (N\u00c2\u00ba 1853)<\/p>\n<p>     Ser\u00e1 importante en el trato pedag\u00f3gico y catequ\u00ed\u00adstico con las personas el saber situarse en ese contexto humano en el que se vive.<\/p>\n<p>    Aunque se objetaban los conceptos con reflexiones teol\u00f3gicas y b\u00ed\u00adblicas, siempre habr\u00e1 que mantener las referencias psicol\u00f3gicas y sociol\u00f3gicas para entender lo que es y lo que significa el pecado en la vida de los hombres<\/p>\n<p>     2. Tipos de pecados<\/p>\n<p>     Pueden ser de acci\u00f3n y de omisi\u00f3n, individuales y compartidos, de muerte y simples debilidades, colectivos e individuales. La vida del hombre es lucha contra el mal, contra el pecado. Por eso podemos hallar muchas formas de pecados contra las cuales es preciso luchar. La Sagrada Escritura recoge a veces listas o variedades de pecados. S. Pablo a los G\u00e1latas les hablaba de las obras de la carne, opuestas a las del Esp\u00ed\u00adritu: \u00abLas obras de la carne son conocidas: fornicaci\u00f3n, impureza, libertinaje, idolatr\u00ed\u00ada, hechicer\u00ed\u00ada, odios, discordias, celos, iras, rencillas, divisiones, disensiones, envidias, embriagueces, org\u00ed\u00adas y cosas semejantes, sobre las cuales os prevengo, como ya os previne, porque quienes hacen tales cosas no heredar\u00e1n el Reino de Dios.\u00bb (Gal. 5. 19-21)<\/p>\n<p>      Pero las alusiones a las cosas que desagradan a Dios y alejan de sus Reino son frecuentes en otros textos de la Escritura: Rom. 1. 28-32; 1 Cor. 6. 9-10; Ef. 5. 3-5; Col. 3. 5-8; 1 Tim. 1. 9-10; 2 Tim. 3. 2-5.<\/p>\n<p>      El catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica habla de la gran diferencia que hay entre los pecados. \u00abSe pueden distinguir los pecados seg\u00fan su objeto, como en todo acto humano, o seg\u00fan las virtudes a las que se oponen, por exceso o por defecto, o seg\u00fan los mandamientos que quebrantan. Se los puede agrupar tambi\u00e9n seg\u00fan que se refieran a Dios, al pr\u00f3jimo o a s\u00ed\u00ad mismo; se los puede dividir en pecados espirituales y carnales; o tambi\u00e9n en pecados de pensamiento, palabra, acci\u00f3n u omisi\u00f3n\u00bb.  (N? 1853)<\/p>\n<p>  2.1. Original y personal<br \/>\n    El original es el pecado misterioso que hemos heredado de nuestros primeros padres. Todos los hombres hemos venido al mundo con ese tipo de enemistad divina, a excepci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada Sant\u00ed\u00adsima, Madre de Dios, que fue preservada de \u00e9l por \u00fanico y singular privilegio de su Hijo.<\/p>\n<p>    El pecado original es misterioso, pero real; es impersonal, pero mortal; es indiscutible, aunque incomprensible. Lo conocemos porque Dios nos ha revelado su existencia, aunque la misma experiencia de nuestra naturaleza nos dice que algo hay en nosotros  perturbador.<\/p>\n<p>    Ese algo no debi\u00f3 ser efecto de la misma obra de la creaci\u00f3n, sino contra\u00ed\u00addo despu\u00e9s. Precisamente para perdonar ese pecado a la humanidad se encarn\u00f3 Dios en el mundo y muri\u00f3 por nosotros.<\/p>\n<p>    Llamamos al pecado original colectivo, universal, general, subsidiariamente humano. Y lo entendemos como totalmente diferente de cualquier pecado personal, de un robo, de una injusticia, del abandono de una obligaci\u00f3n familiar. (Ver Original. Pecado)<\/p>\n<p>    2.2. Mortal y venial<br \/>\n    Hay pecados que destruyen el orden divino de forma grave y total. Matan la vida sobrenatural del hombre y le cierran la puerta de la vida eterna feliz, por implicar un alejamiento radical de Dios. Por su poder destructivo los llamamos mortales.<\/p>\n<p>    Otros son menos destructores; su contenido es limitado o la intenci\u00f3n de quien lo realiza es fragmentaria. S\u00f3lo lesionan o debilitan el alma, sin matar su vida sobrenatural, su gracia santificante, su amistad divina.<\/p>\n<p>    Algunos moralistas han querido diferenciar pecado grave de pecados mortales, intentado distinguir la entidad objetiva de la acci\u00f3n o de la omisi\u00f3n y los efectos destructores que engendran.<\/p>\n<p>     Llaman mortales a los que realmente suponen la destrucci\u00f3n de la gracia y de la vida sobrenatural. No destruyen el orden sobrenatural, que Dios ha querido para sus criaturas inteligentes, sino la vida en ese orden. Sin un don de la misericordia divina, no hay perd\u00f3n.<\/p>\n<p>    Llaman, por el contrario, grave a los que tienen una entidad o naturaleza enorme, pero no llegan a destruir la vida de gracia, bien por falta de pleno consentimiento o de plena advertencia, bien porque la adhesi\u00f3n al mal no es total. Son pecados grandes, serios, importantes, perjudiciales, pero no llegan a mortales, a radicalmente destructores.<\/p>\n<p>    No es muy v\u00e1lida teol\u00f3gicamente esta diferenciaci\u00f3n, pues ante Dios no hay t\u00e9rmino medio entre el amor y la negaci\u00f3n del amor. Se le puede amar m\u00e1s o menos, pero se le ama. O es mortal o no lo es. Y si un pecado mata ese amor en su ra\u00ed\u00adz, es radicalmente mortal.<\/p>\n<p>    Los mortales implican la totalidad de la voluntad y plenitud en la acci\u00f3n humana. Por eso se suele decir en la moral cristiana que un pecado es mortal cuando cumple tres condiciones b\u00e1sicas:<br \/>\n   &#8211; Que el acto moral es en s\u00ed\u00ad mismo grave y objetivamente opuesto a Dios. Conocemos esa gravedad por la sensibilidad recta de la conciencia \u00e9tica, por la ense\u00f1anza de la Iglesia y por Tradici\u00f3n o, a veces, por la Escritura.<\/p>\n<p>   &#8211; Que el hombre sea consciente plenamente de la deficiencia moral de la acci\u00f3n o de la omisi\u00f3n; es decir, que la inteligencia perciba el acto como tal y discierna la maldad del mismo, su calidad \u00e9tica y no s\u00f3lo psicol\u00f3gica.<\/p>\n<p>   &#8211; Que el consentimiento o adhesi\u00f3n de la voluntad al objeto sea plena y total, lo que supone el conocimiento, pero tambi\u00e9n la libertad, para poderlo aceptar o rechazar en plenitud.<\/p>\n<p>    Si hay muchos o pocos hombres que son capaces de llegar a la plenitud humana de la acci\u00f3n pecaminosa mortal (materia grave, advertencia plena, consentimiento total), o si hay muchos actos humanos que pueden alcanzar ese nivel de plenitud, es ya cuesti\u00f3n de discusi\u00f3n psicol\u00f3gica o antropol\u00f3gica. De lo que no hay duda es que los hombres normales pueden pecar mortalmente y perder la amistad divina y la gracia, porque son inteligentes y son libres, es decir son morales por voluntad de Dios. Cuando no se llega a la plenitud en esas tres dimensiones, nos movemos en el terreno de lo incompleto, es decir de lo \u00e9ticamente leve. El \u00abpecado venial\u00bb lo es o por parvedad de materia o por falta de consentimiento y de conocimiento total. Esto quiere decir que no se incurre en pecado mortal por sorpresa, por casualidad o contra el propio querer; que para ello se precisa claridad de miras malas y voluntad decidida. En otras palabras, el pecado mortal es algo muy serio, importante y destructivo y hay que querer cometerlo para llegar a semejante desgracia sobrenatural.<\/p>\n<p>   2.3. Pecados capitales y singulares<br \/>\n    A veces se habla en la asc\u00e9tica cristiana de pecados capitales. Se entiende por tales, aquellos que son \u00abcabeza\u00bb, ra\u00ed\u00adz o fuente, de otros pecados concretos y singulares que de ellos brotan.<\/p>\n<p>    Tradicionalmente se habla de siete: soberbia, avaricia, envidia, lujuria, ira, gula, pereza. De esas ra\u00ed\u00adces nacen muchos actos pecaminosos: venganzas, ostentanciones, adulterios, violencias, etc. Pero no es necesario reducir las propensiones naturales desordenadas al numero emblem\u00e1tico de siete.<\/p>\n<p>    Son capitales todas las tendencias nocivas que son fuentes del mal. Se puede hablar de otras ra\u00ed\u00adces como la ignorancia intencionada, la curiosidad morbosa, la negra maledicencia, la crueldad, el esp\u00ed\u00adritu antijer\u00e1rquico, el ego\u00ed\u00adsmo, etc.<\/p>\n<p>    No es correcto juzgar al hombre como una fuente de pecados, de manera que todo en \u00e9l tiende al mal. El pesimismo \u00e9tico no es cristiano.<\/p>\n<p>    Tampoco es bueno un naturalismo ingenuo, especie de optimismo \u00e9tico.<\/p>\n<p>    No es justo pensar que todo lo que el hombre hace es bueno y es la cultura dualista de los griegos o de los persas (platonismo, manique\u00ed\u00adsmo, gnosticismo) que subyace en el cristianismo la que sugiere propensiones malvadas en una naturaleza que de por s\u00ed\u00ad es buena.<\/p>\n<p>    El realismo sereno nos lleva a reconocer las tendencias al mal de una naturaleza debilitada por el pecado original y las buenas inclinaciones que en nosotros se pueden albergar: compasi\u00f3n, orden, generosidad, piedad, etc.<\/p>\n<p>    2.4. Pecados contra el Esp\u00ed\u00adritu Santo<br \/>\n    A veces en la Sda. Escritura se habla de algunos pecados especialmente graves: \u00abDe cualquier pecado puede ser perdonado el hombre. Pero el que blasfeme contra el Esp\u00ed\u00adritu Santo no tendr\u00e1 perd\u00f3n nunca, antes bien ser\u00e1 reo de pecado eterno\u00bb (Mc. 3. 29; Mt. 12. 32; Lc. 12. 10).<\/p>\n<p>    No quiere decir esta amenaza de Jes\u00fas que haya pecados imperdonables, pues la misericordia de Dios es infinita. Lo que se refleja en ella es que existen en ocasiones pecadores con tal obstinaci\u00f3n en el mal y tan aferrados a sus malos procederes que no tienen remedio a no ser que Dios les prive de su libertad. Y eso Dios ordinariamente no lo hace, pues en su plan creacional est\u00e1 el respetar la voluntad libre que ha dado a los hombres, incluso aunque que se aferren obsesivamente en el mal.<\/p>\n<p>    Esos pecados contra el Esp\u00ed\u00adritu Santo suponen negarse a aceptar la luz y hundirse violentamente en la oscuridad; llevan a enfrentarse abiertamente con las luces de Dios y a empe\u00f1arse en el mal.<\/p>\n<p>    Tal endurecimiento conduce a la perdici\u00f3n eterna y Dios misteriosamente les deja que se pierdan, porque no quiere destruir su libertad. Pero eternamente tendr\u00e1n que reconocer que tuvieron las gracias necesarias para salvarse y ellos fueron quienes se empe\u00f1aron misteriosamente en hacer el mal.<\/p>\n<p>    2.5. Pecados que claman venganza<br \/>\n    Algo semejante se puede decir de aquellos pecados que perjudican a los d\u00e9biles, indefensos, explotados inicuamente por los malvados, que abusan sin compasi\u00f3n y sin entra\u00f1as de ellos.<\/p>\n<p>    De los pecados que claman venganza se habl\u00f3 al inicio de la Biblia, a prop\u00f3sito de la muerte del justo Abel, que \u00abclamaba venganza al cielo.\u00bb (Gen. 4. 10); en relaci\u00f3n al pecado de los sodomitas (Gen. 18. 20 y 19. 13), o en el clamor de los oprimidos del Pueblo de Israel en Egipto. (Ex. 3. 7-10). Fueron pecados cuyo eco subi\u00f3 hasta el Alt\u00ed\u00adsimo.<\/p>\n<p>    Los Profetas hablaron muchas veces de estos pecado de opresi\u00f3n malvada, que incitaban a Dios a salir en defensa de los oprimidos: de los extranjeros objeto de abusos, de las viudas y de los hu\u00e9rfanos explotados, de los jornaleros privados de su salario, de los enfermos marginados: Deut. 24. 14-15; Juec. 5. 4.; Miq. 2.1-5; Hab. 2. 5-20; Is. 10. 1-4.<\/p>\n<p>    Son pecados que siguen en el mundo tal vez en crecimiento; y ciertas corrientes morales quieren resucitar ese car\u00e1cter insocial y tremendamente perturbador que clama venganza. Basta hoy pensar en el gran n\u00famero de exiliados y emigrantes objetos de atropellos, en los esclavos f\u00ed\u00adsicos y sobre todo morales, en las v\u00ed\u00adctimas de la prostituci\u00f3n organizada, en los ni\u00f1os sometidos a explotaci\u00f3n y abusos, en los ind\u00ed\u00adgenas exterminados, etc. para sospechar que Dios no puede dejar que castigar a quienes cometen determinadas aberraciones.<\/p>\n<p>    2.6. Pecados reservados<br \/>\n    A veces, para resaltar la gravedad de determinados pecados, se reclama por parte de la Iglesia una atenci\u00f3n especial a la gravedad de algunos pecados. Ella ha recibido de sus Fundador el poder perdonar, y tambi\u00e9n el poder retener o negar el perd\u00f3n, si lo considera que el arrepentimiento no es suficiente.<\/p>\n<p>    Se llaman pecados reservados aquellos que no puede perdonar cualquier sacerdote en el ejercicio de su ministerio pastoral. Se reserva el perd\u00f3n la autoridad superior, el Papa a nivel de la Iglesia universal o el Obispo en su Di\u00f3cesis.<\/p>\n<p>    Para obtener el perd\u00f3n de tales pecados es preciso cumplir algunas condiciones, como son s\u00ed\u00adntomas de arrepentimiento especial o de reparaci\u00f3n de la injusticia grave cometida. Ejemplos pueden ser las diversas formas de homicidio, especialmente de personas consagradas a Dios, las blasfemias p\u00fablicas y atropellos graves de los derechos de la Iglesia cuando se hacen con esc\u00e1ndalo y alevos\u00ed\u00ada, a veces el aborto consciente y calculado, etc.<\/p>\n<p>     2.7. Pecados estructurales.<\/p>\n<p>    Tambi\u00e9n existen determinados pecados colectivos y solidarios que provocan grandes des\u00f3rdenes para la caridad fraterna y universal y cuya responsabilidad individual queda diluida al resultar compartidos y repartidos en sus causas y en sus manifestaciones. Los podemos denominar pecados sociales o estructurales y no son acciones concretas, sino resultados de acciones acumuladas y de relaciones complejas.<\/p>\n<p>    Tales son las injusticias en la producci\u00f3n y en el consumo de bienes y en el reparto de los mismos en la poblaci\u00f3n humana; la insolidaridad en la b\u00fasqueda de beneficios de cultura, salud y trabajo; las actitudes racistas y las xenofobias provocadas por las masivas alteraciones de la poblaci\u00f3n a causa de las guerras, de los emigraciones laborales o de fen\u00f3menos desruralizadores incontrolados; las diversas discriminaciones ideol\u00f3gicas, pol\u00ed\u00adticas y sobre todo sexuales, en donde la situaci\u00f3n de la mujer o de determinados credos religiosos quedan inadecuadamente tratado en la sociedad.<\/p>\n<p>    Estos, y otros fen\u00f3menos similares, conducen al desequilibrio \u00e9tico en el mundo moderno. La estimulaci\u00f3n malintencionada de la deuda externa en determinados pa\u00ed\u00adses por parte de multinacionales sin entra\u00f1as o de potencias econ\u00f3micas nacionales de primer orden, sobre todo si se genera mediante el tr\u00e1fico de armas o la manipulaci\u00f3n de alimentos o de medicinas es un ejemplo patente. Es pecaminoso fomentar el consumo que beneficia a minor\u00ed\u00adas privilegiadas, que s\u00f3lo se sostienen con sistemas pol\u00ed\u00adticos totalitarios, y abandonar a la mayor parte de la poblaci\u00f3n a la indigencia.<\/p>\n<p>    Situaciones de este tipo constituyen verdadero pecado estructural que clama venganza al cielo. Sus efectos son tremendos en lo moral y en espiritual, pues atrofian toda sensibilidad \u00e9tica en sus promotores y odio acumulados en las v\u00ed\u00adctimas.<\/p>\n<p>     Entre los pecados que m\u00e1s fuerte impacto en el mundo en que vivimos se pueden recordar: abuso de menores en el trabajo explotador; degradaci\u00f3n femenina en las grandes redes de prostituci\u00f3n; mantenimiento de la ignorancia para conseguir masas laborales no reivindicativas; aprovechamiento malvado de riquezas naturales a costa de exterminios de nativos; mantenimiento de la esclavitud (ni\u00f1os convertidos en soldados armados o condenados a trabajos forzados); mutilaciones femeninas (ablaci\u00f3n de ni\u00f1as) en culturas supersticiosas; mantenimiento artificial de bolsas de hambre y pobreza para potenciar la rentabilidad de monocultivos.<\/p>\n<p>     Ni que decir tiene que la m\u00ed\u00adnima sensibilidad \u00e9tica reclama repudio de estas estructuras pecaminosas y, en lo posible, la promoci\u00f3n de una conciencia mundial m\u00e1s honesta. Esto se consigue lentamente: por ejemplo, con la denuncia valiente de opresiones, con la adhesi\u00f3n a movimientos sociales no politizados, con la resistencia pasiva a la violencia y al armamento; con la objeci\u00f3n de conciencia al margen de manipulaciones o de utop\u00ed\u00adas irrealizables, etc.<\/p>\n<p>     3. El pecado y virtud<br \/>\n    La moral cristiana no es una moral del pecado, sino una moral de la gracia y del amor a Dios. A pesar de que el pecado es una posibilidad real en la vida personal y colectiva de los hombres, y de que entra\u00f1a la p\u00e9rdida de la caridad y la privaci\u00f3n de la gracia santificante, es preciso resaltar el car\u00e1cter positivo de la moral cristiana. Se debe anunciar el Evangelio con la promoci\u00f3n del bien, de la virtud, de la caridad.<\/p>\n<p>    3.1. Importa lo positivo<br \/>\n    Por eso el cristiano tiene que sentir  gran temor por los pecado de omisi\u00f3n, formados por aquellas ausencias, silencios u olvidos en sus compromisos de fe que le pueden lleva a dejar de cumplir con lo que siente que Dios reclama en su conciencia<br \/>\n    El Reino de Dios no es la victoria contra el Reino del mal. Es mucho m\u00e1s positivo y desafiante para todos aquellos que sienten en el alma los desaf\u00ed\u00ados del mensaje de Cristo.<\/p>\n<p>   &#8211;  Por ese se debe sentir arrepentimiento cuando no se valoran los pecados veniales y las imperfecciones \u00e9ticas en la vida, so pretexto de que se evitan los pecados morales.<\/p>\n<p>   &#8211;  Se debe preguntar el cristiano por la pr\u00e1ctica de las virtudes, sobre todo de la caridad fraterna, y no s\u00f3lo por la ausencia de lesiones graves contra el pr\u00f3jimo.<\/p>\n<p>   &#8211;  Hay que sentir la demanda de la Alianza con Dios iniciada en el Bautismo, que es el sacramento de la iniciaci\u00f3n cristiana, y coronada con los sacramentos de la fecundidad, el Matrimonio, el Orden sacerdotal, y no centrar la vida espiritual en el sacramento de la Penitencia como recurso para recibir el perd\u00f3n de las faltas graves.<\/p>\n<p> 3.2. Pecado y perfecci\u00f3n El deber de tender a la perfecci\u00f3n es algo inherente la vida del seguidor de Cristo. Y ofende a Dios el no seguir el camino de lo mejor, refugiado en la impresi\u00f3n de que ya se evita el mal.<\/p>\n<p>     El dijo: \u00abSed perfectos como mi Padre celestial es perfecto.\u00bb (Mt. 5.48). Y ello dijo no tanto para almas selectas y minoritarias, sino para todos sus seguidores. Tambi\u00e9n es verdad que su mensaje es un mensaje de libertad: \u00abSi quieres ser perfecto&#8230;\u00bb (Mt. 19.21)<\/p>\n<p>    La lucha contra el mal debe ser siempre viva y movida por el amor, no por el temor. Y es preciso ser humilde para comprender que no todos los males pueden ser evitados. Pero al menos los pecados mortales s\u00ed\u00ad podr\u00e1n evitarse.<\/p>\n<p>    San Agust\u00ed\u00adn dec\u00ed\u00ada: \u00abEl hombre, mientras permanece en la carne, no puede evitar todo pecado, al menos los leves. Pero no los debe considerar poca cosa. Si los tienes por tales cuando los pesas, tiembla cuando los cuentas.<\/p>\n<p>    Muchos objetos peque\u00f1os hacen una gran masa; muchas gotas de agua llenan un r\u00ed\u00ado.  Muchos granos hacen un mont\u00f3n. \u00bfCu\u00e1l es entonces nuestra esperanza?  Ante todo, la confesi\u00f3n&#8230; (Ep. sobre Juan 1. 6)<\/p>\n<p>    Adem\u00e1s es importante que tenga tambi\u00e9n temor con todo lo relaciona con las penas de los pecados, y no s\u00f3lo que se contente con borrarla culpa. Es frecuente en los cristianos el sentimiento de que \u00ablibrarse del infierno obteniendo el perd\u00f3n es lo que importa. Lo dem\u00e1s es complementario.<\/p>\n<p>    Esto es verdad en lo esencial. Pero el cristiano debe recordar que si ha ofendido, no basta que sea perdonado para quedar limpio. Tiene que reparar el mal causado y la injusticia. Tiene que cultivar la sensibilidad de la reparaci\u00f3n. De lo contrario, denota insensibilidad moral y con ello se abre el camino a nuevos pecados.<\/p>\n<p>    4. Consecuencias del pecado<br \/>\n    El pecado es un acto contrario a la conciencia y a la libertad del hombre, pues le ata al mal. El peor efecto, adem\u00e1s de la ofensa a Dios que nos ama, es que lesiona la naturaleza del hombre y atenta contra su grandeza del hombre.<\/p>\n<p>    En el mundo en el que vivimos hay muchas cosas que no est\u00e1n bien. Existe la injusticia, el abuso de los fuertes, la guerra y la violencia, el ego\u00ed\u00adsmo de mucho, grandes afanes de tener y de gozar. El pecado es una realidad frecuente. Y, sin embargo, hasta parece que los hombres no sienten la maldad del pecado, que ha perdido el sentido del vicio y del mal.<\/p>\n<p>    Incluso observamos que muchos que se llaman buenos tambi\u00e9n a veces se dejan llevar por el mal. Se muestran d\u00e9biles ante la ambici\u00f3n, la mentira, la sensualidad, incluso la envidia y la malicia. El cristiano no se escandaliza por el pecado, ni aunque sea cometido por los buenos. Su experiencia le dice pronto que los hombres se hallan tentados y a veces sucumben. Saben cultivar la esperanza y recuerdan que Dios perdona a todos.<\/p>\n<p>   San Juan dice en una Carta: \u00abSi decimos que no hemos pecado, nos enga\u00f1amos y no somos sinceros. Pero, si confesamos nuestro pecado, Jes\u00fas, que es fiel y justo, nos perdona. Hijos m\u00ed\u00ados, os escribo esto para que no pequ\u00e9is. Pero, si ca\u00e9is en pecado, no olvid\u00e9is que tenemos a uno que nos defiende ante el Padre y que es Jesucristo, el Justo.\u00bb (1 Jn. 2. 2)<\/p>\n<p>    Todos, si somos sinceros, tenemos la experiencia personal del pecado y del desorden. Muchas veces hemos propuesto el hacer el bien y nos hemos dejado llevar con m\u00e1s o menos frecuencia del mal: de la envidia, de la pereza, de la rebeld\u00ed\u00ada, de la falta de sinceridad&#8230; Es como si fu\u00e9ramos m\u00e1s d\u00e9biles de lo que a veces pensamos. San Pablo, evocando un verso del poeta latino Virgilio (video meliora, proboque; deteriora sequor) dec\u00ed\u00ada: \u00abMuchas veces no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero.\u00bb (Rom 7. 15)<\/p>\n<p>    El pecado est\u00e1 en el mundo, est\u00e1 en la Iglesia, est\u00e1 en cada uno de nosotros \u00bfNos quedaremos instalados en \u00e9l o lucharemos por superar nuestros errores? Esta es la pregunta que nos hacemos y que no siempre somos capaces de responder con claridad.<\/p>\n<p>    4.1. Evitar el mal<br \/>\n    La ra\u00ed\u00adz de todos los pecados est\u00e1 en la inteligencia y en la voluntad del hombre, es decir en su libertad. No basta medir el pecado por su objeto, sino que es preciso juzgarlo tambi\u00e9n por su capacidad destructora del orden querido por Dios para el mundo.<\/p>\n<p>    El pecado corrompe la vida. llena el mundo de injusticia, de concupiscencia, de violencia y de dolor. Destroza, ante todo y sobre todo, el amor, la paz, la libertad, por lo tanto la felicidad.<\/p>\n<p>    La repetici\u00f3n de pecados, aunque sean aparentemente de poca importancia, origina el vicio en el hombre, que es lo mismo que decir que le quita la libertad y la dignidad que Dios le regal\u00f3 al hacerle se\u00f1or del mundo.<\/p>\n<p>    4.2. Hacer el bien   Con todo el cristiano no puede agotar sus proyecta de vida de fe y de amor en el simple esfuerzo por evitar el pecado. Es preciso que cultive el bien.  El seguidor de Cristo vive su fe bajo la protecci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu. Adem\u00e1s de rechazar las obras de la carne, lo que trata de desarrollar es los frutos del esp\u00ed\u00adritu. Es la forma de luchar contra el pecado. \u00abY el Esp\u00ed\u00adritu produce: amor, alegr\u00ed\u00ada, paz, tolerancia, amabilidad, bondad, lealtad, humildad, dominio de s\u00ed\u00ad&#8230; Y ninguna ley existe en contra de todas estas cosas.<\/p>\n<p>   No en vano los que pertenecen a Cristo Jes\u00fas han crucificado lo que en ellos hay de bajo instinto, junto con sus pasiones y apetencias\u00bb. (Gal. 5. 19-21)<\/p>\n<p>      Por eso el cristiano no puede ser pesimista en sus visiones de la vida, de la sociedad, de la Historia y de la Iglesia. Su atenci\u00f3n no se centra en el temor al mal, sino en la lucha por el bien. Sabe que hay pecadores, pero tambi\u00e9n que muchas personas se entregan a los dem\u00e1s sin medida y hacen lo posible por sembrar en su entorno la paz y el amor.<\/p>\n<p>    5. Catequesis sobre el pecado<\/p>\n<p>     El pecado est\u00e1 particularmente relacionado con el misterio de la Encarnaci\u00f3n y de la Redenci\u00f3n de Cristo. La primera consigna catequ\u00ed\u00adstica a su respecto se apoya en la referencia cristoc\u00e9ntrica.<\/p>\n<p>     Apenas si podremos presentar una suficiente catequesis, si no es con la \u00f3ptica del Se\u00f1or que vino al mundo para vencerlo y muri\u00f3 en la Cruz para perdonarlo y destruirlo.<\/p>\n<p>     La tradicional mirada de la Iglesia, inspirada en la Escritura, es la l\u00ed\u00adnea insuperable de Cristo que proclamo un mensaje de victoria contra el mal.<\/p>\n<p>     Para ense\u00f1ar al hombre a rechazar el mal desde los primeros a\u00f1os de su vida, es preciso ense\u00f1ar a mirar el bien. Y evidentemente el bien, la buena noticia, est\u00e1 siempre prendida en los labios de Jes\u00fas. En la Pasi\u00f3n, muerte y resurrecci\u00f3n es donde se entiende el pecado como causa del sufrimiento y el pecado como objeto de lucha y de victoria.<\/p>\n<p>    5.1. Consignas<br \/>\n    Pueden ser muchas y diversas en sentido y alcance. Podemos centrar la atenci\u00f3n en tres l\u00ed\u00adneas de acci\u00f3n preferentes:<\/p>\n<p>    5.1.1. Iluminar la conciencia   La educaci\u00f3n de la fe parte de la iluminaci\u00f3n de la inteligencia por la instrucci\u00f3n y de la conciencia por la promoci\u00f3n del bien. Se requiere dar luz en todos los terrenos morales. Esto supone un punto de partida: sind\u00e9resis, que equivale a contar con criterios rectos. Y, en segundo lugar, conciencia en sentido estricto, esto es capacidad para aplicar los principios a cada situaci\u00f3n propia o ajena que se presenta.<\/p>\n<p>    Sin instrucci\u00f3n moral y doctrinal no hay educaci\u00f3n moral.<\/p>\n<p>    5.1.2. Educar la libertad<br \/>\n    No se debe confundir educaci\u00f3n moral y educaci\u00f3n \u00e9tica. La \u00e9tica es psicol\u00f3gica y sociol\u00f3gica y funciona con la simple raz\u00f3n. La moral es teol\u00f3gica y se rige por criterios de fe.<\/p>\n<p>    La buena educaci\u00f3n sobre el pecado reclama una mirada de fe. Es preciso usar la inteligencia y el sentimiento, pero no basta mirarse a uno mismo para entender la ra\u00ed\u00adz del mal. La moral cristiana reclama la mirada a Dios. Hay que ense\u00f1ar al educando a preguntarse con frecuencia, no si una cosa est\u00e1 mal o bien ante s\u00ed\u00ad mismo, sino el por qu\u00e9 desagrada o no a Dios. Orientar su reflexi\u00f3n a preguntarse si Dios lo quiere o si Dios lo rechaza es educar el sentido del pecado.<\/p>\n<p>    5.1.3. Descubrir las ra\u00ed\u00adces<br \/>\n    La educaci\u00f3n moral pasa por la superaci\u00f3n de los simples hechos y exige llegar al fondo de los actos: a los motivos, a la causas, a las intenciones. No se podr\u00e1 hacer entender lo que es el pecado, si s\u00f3lo se centra la atenci\u00f3n en las acciones que son pecaminosas. Es quedarse exclusivamente en lo exterior.<\/p>\n<p>    Sin aclarar lo que es la plenitud de la advertencia o del consentimiento a la hora de elegir ante Dios, no se entender\u00e1 por qu\u00e9 algo es estrictamente pecado. Sin valorar la propia libertad para hacer el bien y el mal no se puede descubrir por qu\u00e9 una cosa est\u00e1 mal ante los ojos de Dios.<\/p>\n<p>     5.1.4. Crear h\u00e1bitos y actitudes<br \/>\n    Importa mucho valorar las actitudes y no s\u00f3lo atender a los actos, para no caer en cierto pragmatismo naturalista. Entender o no entender lo que es el pecado es cuesti\u00f3n de coraz\u00f3n m\u00e1s que de cabe\u00c2\u00adza. En moral se puede razonar sin enten\u00c2\u00adder, pero no se puede entender sin sentir desde la fe.<\/p>\n<p>   Por eso importa crear en el educando disposiciones habituales hacia el bien. Un pecado aislado es un desliz. Un h\u00e1bito de pecado es mucho m\u00e1s importante. Con el bien acontece lo mismo. Decir la verdad una vez est\u00e1 bien. Vivir en actitud de sinceridad permanente es el ideal.<\/p>\n<p>   5.1.5. Fomentar el amor a Dios<\/p>\n<p>   El pecado es oposici\u00f3n a Dios. Puede llegar a rechazarlo s\u00f3lo quien descubre que aleja de Dios. En la educaci\u00f3n de la moral cristiana hay que hacer continua referencia a Cristo, a la Voluntad divina y a la Providencia. El pecado se entiende s\u00f3lo desde la \u00f3ptica del amor a Dios, no desde planteamientos terrenos: racionales, sociales, incluso afectivos.<br \/>\n  El educador de la fe desde prevenir del riesgo frecuente de razonar sobre el bien y el mal. Su mirada preferente debe estar en la Palabra de Dios.<\/p>\n<p>  5.2. Adaptaci\u00f3n a edades<\/p>\n<p>  En lo referente al pecado, como todos los aspectos morales, es decisivo el atender a la edad y a la maduraci\u00f3n mental de los catequizandos<\/p>\n<p>   5.2.1. Con ni\u00f1os peque\u00f1os<\/p>\n<p>   En la infancia se identifica lo \u00e9tico y lo est\u00e9tico: lo malo es feo y lo bueno es hermoso. Es edad en la que cuenta m\u00e1s el sentimiento que el juicio de valor.<br \/>\n  Por eso conviene no multiplicar los razonamientos, sino atender m\u00e1s bien a las actitudes y a los sentimientos,<br \/>\n  Desde los siete a\u00f1os se despierta una capacidad \u00e9tica suficiente para discernir el bien y el mal, capacidad que llega a cierta plenitud hacia los diez a\u00f1os y a su perfecci\u00f3n suficiente hacia los cator\u00c2\u00adce.  No conviene entrar en razonamiento o discriminaciones excesivas: moralvenial, actoactitud, originalactual. Lo mejor en la etapa infantil es despertar y fomentar el afecto a la \u00abfigura\u00bb de Jes\u00fas que rechaza el pecado y el amor al Padre Dios que tiene un plan sobre cada uno de nosotros y lo debemos cumplir.<\/p>\n<p>  5.2.2. Con preadolescentes<\/p>\n<p>  Importa recordar que esta edad es propensa a la creaci\u00f3n de valores perso\u00c2\u00adnales y a captar los valores ambientales. Interesa resaltar ante sus reflexi\u00f3n la necesidad de poseer criterios rectos y suficientes.<\/p>\n<p>   El error a esta edad es caminar por v\u00ed\u00adas de casu\u00ed\u00adstica: se puede o no se puede, tal hecho es pecado o no lo es&#8230; con lo que muchas veces se malgasta el tiempo y el esfuerzo.<\/p>\n<p>   Es importante respetar la conciencia ya suficientemente promocionada de este catequizando. Pero es m\u00e1s importante ense\u00f1arle a juzgar por s\u00ed\u00ad mismo a partir de criterios eclesiales.<\/p>\n<p>   5.2.3. Con j\u00f3venes y adultos<\/p>\n<p>   Supuesta una suficiente educaci\u00f3n anterior, interesa resaltar con objetividad la realidad del pecado en la vida personal y en la sociedad. El pecado es un hecho que existe y es una situaci\u00f3n permanente con que nos encontra\u00c2\u00admos. En estad edad hay que ofrecer criterios para juzgarlo e invitaciones para rechazarlo.<\/p>\n<p>   Pero tambi\u00e9n es necesario reclamar actitud de sinceridad, deseos de libertad de criterios ajenos insuficientes, actitudes de humildad para superar posturas subjetivas y sentido de conversi\u00f3n para cuan\u00c2\u00addo el pecado llegue a la propia vida.<\/p>\n<p>    (Ver Mal. 4.1.2.)<\/p>\n<p>Los textos b\u00ed\u00adblicos m\u00e1s hermosos para hablar del pecado<\/p>\n<p> ANTIGUO TESTAMENTO<\/p>\n<p> 1. Pentateuco<\/p>\n<p>    Pecado de Ad\u00e1n y Eva. Gn. 3.1-24<\/p>\n<p>    El odio de Ca\u00ed\u00adn. Gn. 8.4-15<\/p>\n<p>    El origen del diluvio. Gn. 7. 18-24<\/p>\n<p>    El pecado de Cam. Gn. 10. 18-20<\/p>\n<p>    El pecado de Sodoma. Gn. 19. 2-29<\/p>\n<p>    El pecado de los hermanos de Jos\u00e9. Gn. 37.2-36<\/p>\n<p>    El pecado de Israel. Ex. 32. 2-14<\/p>\n<p>  2. Libros Hist\u00f3ricos<\/p>\n<p>      Sacrilegio de Acam. Jos. 7. 2-26<\/p>\n<p>     El pecado de Benjam\u00ed\u00adn. Juec. 19. 2-29<\/p>\n<p>     El pecado de Hel\u00ed\u00ad. 1 Sam. 2.13.-26<\/p>\n<p>     El pecado de Sa\u00fal. 1 Sam. 15. 2-30<\/p>\n<p>     El pecado de David. 2 Sam. 11. 1-27<\/p>\n<p>     El pecado de Salom\u00f3n. 1 Rey. 11. 32-40<\/p>\n<p>     El pecado de Guejazi. 2 Rey. 2. 20-27<\/p>\n<p>  3.Libros Prof\u00e9ticos<\/p>\n<p>     Pecado de Jerusal\u00e9n. Is. 3.1-25<\/p>\n<p>     Ceguera de Israel. Is. 42. 18-25<\/p>\n<p>     Maldad del pueblo infiel. Jer. 2-14-26<\/p>\n<p>     Obstinaci\u00f3n en el mal. Jer. 8. 4-15<\/p>\n<p>     Los falsos profetas. Ez 13. 2-23<\/p>\n<p>     Las maldades. Os. 6.7 a 7.12<\/p>\n<p>     La maldad de Israel. Am. 3. 2-15<\/p>\n<p>     Pecado de N\u00ed\u00adnive. Jon. 2.2-16<\/p>\n<p>  4. Salmos<br \/>\n    Salmo del perd\u00f3n 32. 1-11<br \/>\n    Salmo del insolente. 36. 2.13<br \/>\n    Salmo del arrepentido. 51.3-17<br \/>\n    Salmo del os errores. 78.1-72<br \/>\n    Salmo de los cautivos 137. 1-9<br \/>\n    Salmo contra el malvado 140. 1-14<\/p>\n<p>  5. Libros Sapienciales<\/p>\n<p>    Pecado de injusticia. Eccle. 3. 16-22<\/p>\n<p>    La pasi\u00f3n. Eccli 6. 2-4<\/p>\n<p>    Soberbia Eccli 6. 10-18<\/p>\n<p>    Origen del pecado. Eccli. 15. 11-20<\/p>\n<p>    Empecinamiento en el pecado. Eccli. 21. 1-11<\/p>\n<p>    Pecado sexuales Eccli 23. 16-27<\/p>\n<p>    La calumnia Eccli 28. 13-23<\/p>\n<p>NUEVO TESTAMENTO<\/p>\n<p>1. Sin\u00f3pticos<\/p>\n<p>     Honradez de vida. Mt. 5.21-48 y Lc, 6.27-36<\/p>\n<p>     La ciza\u00f1a. Mc. 4.1-20;Mt. 13.1-15; Luc. 8.4-15<\/p>\n<p>     Esc\u00e1ndalo. Mt. 8.6-10; Mc. 9.42-48;Lc. 17-1-2<\/p>\n<p>     Hipocres\u00ed\u00ada: Mt. 23-1-35; Mc. 12.38-40; Lc. 11-37-52<\/p>\n<p>     Falso cumplimiento. Mt. 15.12; Mc. 7.2-6<\/p>\n<p>     Divorcio. Mt. 9.1-12;Mc. 2-9<\/p>\n<p>     Oveja perdida. Mt. Mt. 18.12-14; L. 15.2-7<\/p>\n<p>     Hijo pr\u00f3digo. Lc. 15.11-32<\/p>\n<p>  3. Ep\u00ed\u00adstolas Paulinas<\/p>\n<p>     El pecador tiene salvaci\u00f3n. Rom 5.2-12<\/p>\n<p>     Vida nueva sin pecado. Rom 6. 2-23<\/p>\n<p>     Riesgos de la vanidad. 1 Cor. 4.17-26<\/p>\n<p>     Los inmorales nos se salvar\u00e1n. 1 Cor. 5. 12-20<\/p>\n<p>     Dios reconcilia a todos. 2 Cor 6. 2-13<\/p>\n<p>     Pecado y libertad humana, Gal. 4. 13.24<\/p>\n<p>     Romper con el pecado. Ef. 4. 17-32<\/p>\n<p>     Liberaci\u00f3n por Cristo. Hebr. 10.2.13<\/p>\n<p> 4. Ep\u00ed\u00adstolas Cat\u00f3licas<\/p>\n<p>     Limpieza de vida. Sant. 1. 19-27<\/p>\n<p>     Ambici\u00f3n e injusticia. Sant. 4.1-12<\/p>\n<p>     Oposici\u00f3n al mundo malo. 1 Pedr. 3. 13-19<\/p>\n<p>     Hasta los \u00e1ngeles pecaron. 2 Pedr. 2.2-9<\/p>\n<p>     El mundo es pecador. 1 Jn. 1.12-17<\/p>\n<p>     Victoria sobre el mal. 1 Jn. 5. 2-12<\/p>\n<p>     La vida es lucha contra el mal. Jud. 8-16<\/p>\n<p>  5. Apocalipsis<\/p>\n<p>     Cada uno su pecado: Apoc. 2.1-29<\/p>\n<p>     Victoria final de Dios sobre el mal. Apoc. 7.9-19<\/p>\n<p>     La vida es lucha. Apoc. 8-2 a 9.21<\/p>\n<p>     El Drag\u00f3n y la Mujer (= Iglesia). Apoc. 12. 1-17)<\/p>\n<p>     El Juicio final. Apoc. 14. 14-20<\/p>\n<p>     Ca\u00ed\u00adda de Babilonia. Apoc. 18. 1-24<\/p>\n<p>     Derrota del Drag\u00f3n (del Mal) Apoc. 20.1-15<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>Una ruptura de la uni\u00f3n-comuni\u00f3n con Dios y los hermanos<\/p>\n<p>\tEl concepto de pecado (\u00abamart\u00ed\u00ada\u00bb) no puede captarse sin tener en cuenta la relaci\u00f3n y uni\u00f3n profunda del hombre con Dios y, por tanto, con la creaci\u00f3n y la humanidad. El pecado es una escisi\u00f3n o ruptura de esta uni\u00f3n. No se trata de una simple transgresi\u00f3n de una norma. Dios ha dado al ser humano la capacidad de realizarse en la libertad de un amor de donaci\u00f3n al mismo Dios y a los hermanos. El pecado es abuso de esta libertad enfoc\u00e1ndola hacia el ego\u00ed\u00adsmo personal o comunitario.<\/p>\n<p>\tSin esta referencia expl\u00ed\u00adcita a Dios personal (suma verdad y suma bondad), el hombre \u00absecularizado\u00bb pierde el \u00absentido del pecado\u00bb y corre el riesgo de entrar en la angustia de una culpabilidad insoluble. \u00abEl mayor pecado del siglo es la p\u00e9rdida del sentido del pecado\u00bb (P\u00ed\u00ado XII; cfr. RP 18).<\/p>\n<p>\tSe puede definir el pecado como \u00abuna palabra, un acto o un deseo contrarios a la ley eterna\u00bb de Dios (San Agust\u00ed\u00adn, C. Fausto, 22,27; Sto. Tom\u00e1s, I-II, 71,6). Es, pues, una ofensa a Dios, como rechazo o no aceptaci\u00f3n plena de este amor (Sal 51,6). El pecado es \u00abamor de s\u00ed\u00ad hasta el desprecio de Dios\u00bb (S. Agust\u00ed\u00adn, De Civ. Dei, I, 14,28), \u00abalejamiento de Dios y orientaci\u00f3n hacia las criaturas\u00bb (Idem, De lib. arbitrio, I,1, c.6).<\/p>\n<p>\tGradaci\u00f3n en el atentado a la verdad y al amor<\/p>\n<p>\tPor ser una falta contra el amor de Dios y del pr\u00f3jimo, el pecado es algo que atenta contra la verdad, el bien, la belleza, la propia raz\u00f3n y la propia conciencia. Pero hay una gradaci\u00f3n o variedad de pecados original o de los primeros padres, actual o cometido en la historia posterior, mortal (grave), venial (leve) (cfr. Mt 6,12; 1Jn 5,16-17).<\/p>\n<p>\tTambi\u00e9n se puede distinguir la variedad de pecados seg\u00fan las virtudes o leyes que se infringen, seg\u00fan el objeto o los actos, etc. (cfr. Gal 5,19-21; Rom 1,28.32). No puede hablarse de pecado sin tener en cuenta la persona en sus circunstancias (dimensi\u00f3n antropol\u00f3gica), especialmente con la voluntariedad y advertencia. Por esto se puede distinguir otra variedad de pecados material (considerado en s\u00ed\u00ad mismo), formal (considerado en la conciencia personal), de comisi\u00f3n o de omisi\u00f3n, de pensamiento, palabra y obra, etc.<\/p>\n<p>\tSe llama mortal al pecado que \u00abdestruye la caridad en el coraz\u00f3n del hombre por una infracci\u00f3n grave de la ley de Dios\u00bb (CEC 1855). Este pecado aparta al hombre de Dios y, por tanto, del fin \u00faltimo del ser humano. Para que se de el pecado mortal, ha de haber materia grave, pleno conocimiento y libre consentimiento (cfr. RP 17). Un solo acto grave podr\u00ed\u00ada indicar ya una \u00abopci\u00f3n fundamental\u00bb, es decir, una orientaci\u00f3n profunda de la vida que se aparta de la caridad. As\u00ed\u00ad ser\u00ed\u00ada si fuera una ruptura de la orientaci\u00f3n fundamental del hombre hacia su fin \u00faltimo (Sto. Tom\u00e1s, I-II, 88).<\/p>\n<p>\tEl pecado venial \u00abdebilita la caridad\u00bb (CEC 1863) y obstaculiza el camino de santidad, de comuni\u00f3n fraterna y de servicio de caridad. El pecado venial deliberado y habitual lleva paulatinamente a la p\u00e9rdida de la caridad, es decir, al pecado grave.<\/p>\n<p>\tLas inclinaciones desordenadas no son pecado cuando no se consienten voluntariamente; esas inclinaciones indican una \u00abdivisi\u00f3n \u00ed\u00adntima del hombre\u00bb que origina una lucha continua entre el bien y el mal, a nivel personal, comunitario y social (cfr. GS 13).<\/p>\n<p>\tLas expresiones de pecado en la sociedad se manifiestan en el desenfreno de las pasiones, las injusticias y la violencia. Se puede hablar de \u00abpecado social\u00bb (RP 16), en cuanto que el pecado de las personas llega a producir estructuras de pecado (cfr. GS 83-90).<\/p>\n<p>\tCelo apost\u00f3lico y experiencia de perd\u00f3n<\/p>\n<p>\tGracias a la redenci\u00f3n de Cristo, el Esp\u00ed\u00adritu Santo \u00ablibera de la ley del pecado y de la muerte\u00bb (Rom 8,2). Por esto, vivir en Cristo es morir al pecado (cfr. Rom 6,2). Cristo salva del pecado y ofrece a todos esta salvaci\u00f3n (Lc 5,8; 1Jn 2,2). Reconocerse pecador, ante la mirada de Cristo Redentor, es el camino para salir de la situaci\u00f3n de pecado. Jes\u00fas, \u00abfue entregado por nuestros pecados, y fue resucitado para nuestra justificaci\u00f3n\u00bb (Rom 4,25).<\/p>\n<p>\tEn las vida de los grandes santos y misioneros, la generosidad apost\u00f3lica brota de una conciencia viva de haber sido perdonado por Cristo, al estilo de Pablo \u00abCristo Jes\u00fas vino al mundo a salvar a los pecadores; y el primero de ellos soy yo\u00bb (1Tim 1,15). De esta conciencia, se pasa a constatar que el universalismo de la redenci\u00f3n hace patente el universalismo del pecado (Rom 3,10) y, consecuentemente, el universalismo de la salvaci\u00f3n (Rom 5,21). \u00abPorque el amor de Cristo nos apremia al pensar que, si uno muri\u00f3 por todos, todos por tanto murieron. Y muri\u00f3 por todos, para que ya no vivan para s\u00ed\u00ad los que viven, sino para aquel que muri\u00f3 y resucit\u00f3 por ellos\u00bb (2Cor 5,14-15).<\/p>\n<p>Referencias Conversi\u00f3n, ley, misericordia, moral (acto moral), pecado original, penitencia, perd\u00f3n, reconciliaci\u00f3n, redenci\u00f3n, vicios capitales.<\/p>\n<p>Lectura de documentos GS 13, 37; RP (todo el documento); VS cap. II; CEC 386, 1846-1876; TMA 32-36.<\/p>\n<p>Bibliograf\u00ed\u00ada AA.VV., El misterio del pecado y del perd\u00f3n (Santander, Sal Terrae, 1972); O. BERNASCONI, Pecador\/Pecado, en Nuevo Diccionario de Espiritualidad (Madrid, Paulinas, 1991) 1524-1546; T. GOFFI, Pecado y pentiencia en la actual inculturaci\u00f3n, ib\u00ed\u00addem, 1546-1555; B. HARING, Pecado y secularizaci\u00f3n (Madrid, Perpetuo Socorro, 1974); J.M. MILLAS, Pecado y existencia cristiana (Barcelona, Herder, 1989); A. PETEIRO, Pecado y hombre actual (Estella, Verbo Divino, 1972); P. SCHOONENMERG, El poder del pecado (Buenos Aires, Lohl\u00e9, 1968); L.F. LADARIA, Teolog\u00ed\u00ada del pecado original y de la gracia ( BAC, Madrid, 1993); M.J. TAYLOR, El misterio del pecado y del perd\u00f3n (Santander, Sal Terrae, 1972); X. THEVENOT, El pecado hoy (Estella, Verbo Divino, 1989); S. VIRGULIN, Pecado, en Nuevo Diccionario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica (Madrid, Paulinas, 1990) 1428-1449.<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>DJN<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nSUMARIO: Jes\u00fas y los pecadores. &#8211; Jes\u00fas y el pecado. &#8211; El pecado y la muerte de Jes\u00fas. &#8211; Triunfo sobre el pecado. Liberaci\u00f3n del pecado.<\/p>\n<p>No encontramos en las palabras de Jes\u00fas una definici\u00f3n abstracta ni nueva del pecado. En ellas se presuponen las concepciones y tradiciones veterotestamentarias y hasta las religiosas m\u00e1s generales, al menos en ciertos aspectos. Es preciso partir de tales conceptos o vivencias, que, evidentemente, eran conocidas y aceptadas por Jes\u00fas y sus oyentes en mayor o menor grado. Es cierto, sin embargo, que los cambios en este punto derivados de la actividad y predicaci\u00f3n de Jes\u00fas son francamente grandes.<\/p>\n<p>Se supone la existencia de pecadores y, por tanto, del pecado como transgresi\u00f3n, individual o colectiva de la alianza, de las normas y leyes y como falta \u00e9tica especialmente en relaci\u00f3n con otros, as\u00ed\u00ad como, metaf\u00f3ricamente, como ofensa a Dios, deuda que se tiene respecto a El, alejamiento del Se\u00f1or o cerraz\u00f3n ante El centr\u00e1ndose en uno mismo. Tambi\u00e9n existe el pecado como ambiente negativo que envuelve y condiciona a los seres humanos en este mundo, del cual los pecados concretos son realizaci\u00f3n y manifestaci\u00f3n. A veces este aspecto se personaliza y aparecen los demonios o Sat\u00e1n, pero noes una presentaci\u00f3n tan importante. Los seres humanos son pecadores cuando hacen el mal, especialmente en sus relaciones con los otros, pero tambi\u00e9n de una forma m\u00e1s radical, cuando se comparan con la grandeza de Dios, como por ejemplo Pedro al confesarse pecador ante el poder de Jes\u00fas (cfr. Lc 5, 8). No hay, en cambio, pr\u00e1cticamente nada sobre el pecado en cuanto falta ritual o impureza, que tanto espacio ocupa en ciertas tradiciones del Antiguo Testamento.<\/p>\n<p>Jes\u00fas y los pecadores<br \/>\nEl rasgo principal en la vida y actividad de Jes\u00fas en lo referente al campo del pecado es m\u00e1s bien su contacto con los pecadores. No hace muchas declaraciones te\u00f3ricas sobre el pecado, ni siquiera lleva a cabo una lucha con la realidad abstracta del pecado, pero tiene relaci\u00f3n con los seres humanos inmersos o participantes en el mundo del pecado, es decir, con los pecadores (amor a los pecadores), lo que nos permite ver su actitud ante tal realidad. Uno de los rasgos m\u00e1s propios del Reino de Dios es el de la acogida a quienes m\u00e1s lo necesitan, de los cuales los primeros son los pecadores.<\/p>\n<p>Jes\u00fas caracteriza su misi\u00f3n con la famosa frase de no haber venido a llamar a los justos sino a los pecadores (Mc 2, 17 y par.). Es m\u00e1s que una declaraci\u00f3n te\u00f3rica por importante que sea. A lo largo de toda la vida p\u00fablica de Jes\u00fas aparece de forma muy acusada su cercan\u00ed\u00ada y aceptaci\u00f3n de pecadores de todo tipo: personas concretas como Zaqueo (Lc 19, 1-10) o la pecadora (Mc 14, 3-9 y par.) o grupos m\u00e1s grandes que se acercan a \u00e9l confiados en que los va a aceptar (Mc 2, 15 y par.; Lc 13, 2; 15, 1 ss). Hasta tal punto es notable esta actitud de Jes\u00fas, la cual contrasta fuertemente con la normal de los hombres piadosos en su tiempo, que sus enemigos lo describen como \u00abamigo de pecadores\u00bb (Mt. 11, 19; Lc 7, 34) y dicen como reproche hacia \u00e9l que come con ellos (Mc 2, 16 y par. Cfr. Lc 5, 30), es decir, acoge y acepta a gente pecadora.<\/p>\n<p>Escenificaci\u00f3n emblem\u00e1tica de la actitud de Dios respecto al pecador, la cual Jes\u00fas hace presente, es la llamada \u00abpar\u00e1bola del hijo pr\u00f3digo\u00bb o, mejor, \u00abde los dos hijos\u00bb (Lc 15, 11-31) donde el padre\/Dios acoge sin reservas a quien se ha alejado f\u00ed\u00adsica o internamente de \u00e9l. S\u00f3lo es necesario que los interesados se abran, en la medida que puedan, a la acci\u00f3n divina.<\/p>\n<p>Pero los pecadores somos todos en mayor o menor medida. Jes\u00fas ense\u00f1a en su oraci\u00f3n m\u00e1s propia que todos han de pedir que se les perdonen sus deudas y todos necesitan, por tanto, de la misericordia de Dios de la que Jes\u00fas es eminente mensajero.<\/p>\n<p>Evidentemente esta aceptaci\u00f3n de la persona no incluye la aprobaci\u00f3n de su modo de vida y proceder. Jes\u00fas se acerca a los pecadores, y deja que se acerquen a \u00e9l, para que se conviertan y cambien de conducta (->arrepentimiento, conversi\u00f3n, penitencia), para que entren en el Reino que anuncia y realiza.<\/p>\n<p>El perd\u00f3n de los pecados es uno de los rasgos t\u00ed\u00adpicos de la actividad de Jes\u00fas que aparece de diversos modos en literalmente docenas de textos evang\u00e9licos, especialmente sin\u00f3pticos con esa formulaci\u00f3n (cfr. vg. Mt 6, 12; Mc 5, 1. 9. 10; Lc 5, 20. 21. 23. 24; 7, 47&#8230;). No es tanto un perd\u00f3n jur\u00ed\u00addico como un hacer desaparecer el pecado o pecados de los seres humanos y hasta algunas de sus consecuencias. Por ello a veces va unido a la curaci\u00f3n de alguna enfermedad (cfr. vg. Mc 2, 1-12 y par Mt 9, 1-8; Lc 5, 17-26), la cual era para los contempor\u00e1neos un signo del pecado (cfr. Jn 9, 2).<\/p>\n<p>El perdonar pecados es claro atributo de Dios, contra quien va dirigido en \u00faltimo t\u00e9rmino el pecado, como resulta evidente ya en el Antiguo Testamento y se repite en el Nuevo. Jes\u00fas ense\u00f1a en el Padre Nuestro a pedir perd\u00f3n de las deudas (pecados) al Padre.<\/p>\n<p>Pero es tambi\u00e9n acci\u00f3n propia de Jes\u00fas, de tal forma que sus adversarios u otras personas se escandalizan (Mc 5, Iss. y par.) y Jes\u00fas muestra que tal perd\u00f3n estambi\u00e9n prerrogativa suya. Es, pues, uno de los indicios m\u00e1s fuertes de la condici\u00f3n divina de Jes\u00fas, tal como la presentan los Evangelios.<\/p>\n<p>Este perd\u00f3n es iniciativa de Jes\u00fas y del todo gratuito. La \u00fanica condici\u00f3n es ponerse en contacto, establecer una relaci\u00f3n con El, y abrirse a su acci\u00f3n por la fe\/confianza. Viene a equivaler a tener conciencia de la propia condici\u00f3n pecadora, necesitada de perd\u00f3n, reconocerse como uno realmente es ante Dios, o sea, pecador. Lo que impide el perd\u00f3n es precisamente lo contrario: la cerraz\u00f3n al don, el sentirse autosuficiente y confiado en uno mismo, por tanto, sin caer en la cuenta del propio pecado y, consiguientemente sin abrirse al perd\u00f3n. Ejemplos t\u00ed\u00adpicos de ambas actitudes son respectivamente el fariseo y el publicano de la par\u00e1bola de Lc 18, 9ss.<\/p>\n<p>Jes\u00fas y el pecado<br \/>\nDe Jes\u00fas vale, realmente, el corriente dicho de \u00abcondenar el pecado y no condenar al pecador\u00bb, como queda expuesto m\u00e1s arriba. Su actitud y actividad revela una concepci\u00f3n m\u00e1s honda del pecado que tradiciones neotestamentarias como la paulina y la jo\u00e1nica desarrollar\u00e1n.<\/p>\n<p>Para conocer lo que Jes\u00fas entiende como pecado hay que fijarse m\u00e1s en su actitud y actividad a lo largo de su ministerio que en declaraciones te\u00f3ricas directas, las cuales, como hemos dicho, apenas existen. Toda la existencia humana de Jes\u00fas es una lucha contra lo deshumanizador y deshumanizante, contra el alejamiento de Dios y de los otros, contra el pecado y los pecados en suma.<\/p>\n<p>El enfrentamiento y lucha de Jes\u00fas con el mal, con lo negativo, es uno de los rasgos m\u00e1s caracter\u00ed\u00adsticos de su actividad terrena y postpascual. En realidad, tal como se colectiva. Tambi\u00e9n la ignorancia, la inconsciencia, la ceguera&#8230; que provocan lo negativo y lo malo.<\/p>\n<p>Esta es un interpretaci\u00f3n de las actitudes de Jes\u00fas contra la injusticia, la dominaci\u00f3n, la marginaci\u00f3n, la religi\u00f3n opresora y que infunde miedo&#8230; El Reino, efectivamente, se opone a todo ello.<\/p>\n<p>La forma en que Jes\u00fas lucha con el pecado no es s\u00f3lo su condena ni siquiera su perd\u00f3n. Trata de infundir actitudes y vivencias positivas: amor, esperanza, confianza, apertura al futuro, a Dios y a los dem\u00e1s; de crear en los seres humanos una actitud abierta y lejana al egocentrismo destructor. Para lo cual es condici\u00f3n imprescindible que los seres humanos se abran libremente al ofrecimiento que Jes\u00fas hace de una nueva existencia ante Dios, uno mismo, los dem\u00e1s y el mundo.<\/p>\n<p>El pecado y la muerte de Jes\u00fas<br \/>\nEl momento de la vida de Jes\u00fas donde, quiz\u00e1s, aparezca m\u00e1s claramente el pecado es, precisamente, su muerte.<\/p>\n<p>De nuevo es la teolog\u00ed\u00ada de Pablo la que presenta m\u00e1s claramente la conexi\u00f3n entre la muerte de Jes\u00fas y el pecado en el mundo (->Muerte). Pero el Ap\u00f3stol parece hacerlo a partir de los datos hist\u00f3ricos que luego aparecen sin grandes variaciones en las narraciones de la Pasi\u00f3n en los Evangelios y que \u00e9l conocer\u00ed\u00ada por la tradici\u00f3n presin\u00f3ptica y primitiva en general. En esta tradici\u00f3n aparece la f\u00f3rmula \u00abmuerte por los pecados\u00bb (cfr. 1 Cor 15, 3; Gal 1, 4) o una muy cercana \u00abentregar su vida como rescate\u00bb (Mc 10, 45) y \u00abpara el perd\u00f3n de los pecados\u00bb en la f\u00f3rmula de instituci\u00f3n de la Eucarist\u00ed\u00ada seg\u00fan Mt 26, 28.<\/p>\n<p>No es preciso entender esos textos en sentido sacrificial, y mucho menos en el sacrificial expiatorio. Algo as\u00ed\u00ad como que la muerte de Jes\u00fas es un sacrificio que ofrece al Padre en nombre de los seres humanos para conseguir el perd\u00f3n. Pese a la extendida y secular opini\u00f3n \u00e9sta es s\u00f3lo una forma -desacertad\u00ed\u00adsima, por la concepci\u00f3n subyacente de Dios Padre, del todo contraria al concepto que de Dios tiene y predica Jes\u00fas, el \u00abpadre del hijo pr\u00f3digo\u00bb- de explicar la relaci\u00f3n de la muerte de Jes\u00fas con el pecado.<\/p>\n<p>La muerte de Jes\u00fas est\u00e1 causada por los pecados del mundo, por el pecado humano. El enfrentamiento de Jes\u00fas con la realidad del pecado humano, que tiene fuerza real, se salda con su muerte, victoria provisoria y aparente del pecado.<\/p>\n<p>Pero, evidentemente no se trata de nada m\u00e1gico, de una fuerza de pecado actuando con independencia de las acciones de los hombres.<\/p>\n<p>El pecado humano que produce la muerte de Jes\u00fas se muestra, entre otras cosas, en la err\u00f3nea idea de las autoridades jud\u00ed\u00adas de que Jes\u00fas atenta contra la religi\u00f3n y el pueblo de Israel, en la obcecaci\u00f3n, adhesi\u00f3n y, fidelidad a lo antiguo y conocido que tienen, sin admitir la novedad de Jes\u00fas; pero tambi\u00e9n aparece y act\u00faa en la cobard\u00ed\u00ada y abandono de los disc\u00ed\u00adpulos, en la indiferencia de Pilato, la traici\u00f3n de Judas, el ego\u00ed\u00adsmo de los habitantes de Jerusal\u00e9n que defienden su vida basada en el Templo, etc. Estas actitudes, -o muchas de ellas- del tramo final de la vida de Jes\u00fas se han ido preparando a lo largo de la vida p\u00fablica en su enfrentamiento con todas las estructuras negativas de su ambiente, representantes en su momento hist\u00f3rico, de la situaci\u00f3n humana. Todas ellas, y los hechos a que dan lugar, son manifestaciones de la realidad del pecado humano y de c\u00f3mo ata\u00f1e a Jes\u00fas.<\/p>\n<p>En formulaciones de teolog\u00ed\u00ada paulina que ampl\u00ed\u00adan y desarrollan una tradici\u00f3n anterior mucho menos expl\u00ed\u00adcita, hemos de hablar de c\u00f3mo el pecado afecta personalmente a Jes\u00fas que no hab\u00ed\u00ada cometido pecado; \u00abal que no conoci\u00f3 pecado, Dios lo hizo pecado por nosotros\u00bb (2 Cor 5, 21). Es el punto m\u00e1s bajo del vaciamiento de Jes\u00fas, participando en la situaci\u00f3n humana hasta en sus puntos m\u00e1s negativos, para superarla desde dentro.<\/p>\n<p>Triunfo sobre el pecado. Liberaci\u00f3n del pecado<br \/>\nComo ha quedado dicho m\u00e1s arriba, la finalidad de toda la relaci\u00f3n de Jes\u00fas con el pecado y los pecadores es lograr que el primero desaparezca y los segundos dejen de serlo.<\/p>\n<p>En realidad se trata de algo m\u00e1s profundo que el perd\u00f3n, aun cuando \u00e9ste ya contenga en s\u00ed\u00ad algo del triunfo sobre el mal. Pero esta victoria va m\u00e1s all\u00e1.<\/p>\n<p>En cuanto a su persona, la resurrecci\u00f3n (->Resurrecci\u00f3n, Ascensi\u00f3n) de Jes\u00fas supone la victoria sobre todo el poder del pecado que hab\u00ed\u00ada llevado a Cristo a la muerte. Ya en su vida mortal Jes\u00fas es presentado por el Cuarto Evangelio desafiando a que le acusen de pecado (Jn 8, 46) y, en t\u00e9rminos generales, los Sin\u00f3pticos muestran que aun sus propios enemigos no pueden achacarle pecado alguno.<\/p>\n<p>Pablo reconoce claramente que Jes\u00fas no tiene relaci\u00f3n alguna personal con el pecado (cfr. 2 Cor 5, 21). Lo cual ya supone un primer triunfo sobre el poder del pecado. Pero, en todo caso, las consecuencias reales del pecado le han afectado hasta llevarle a la muerte. La resurrecci\u00f3n simboliza pues el pleno triunfo personal sobre esos poderes. La existencia del Resucitado est\u00e1 por encima de la esfera de influencia del pecado y de su inseparable compa\u00f1era la muerte (cfr. Rm 6, 910), lo que no ocurr\u00ed\u00ada, en el sentido expuesto m\u00e1s arriba, con su vida mortal prepascual.<\/p>\n<p>Ve\u00ed\u00adamos antes que, durante esta su vida, Jes\u00fas perdona los pecados de los otros, lo que tambi\u00e9n supone un otro cierto triunfo sobre la realidad del pecado en beneficio real del pecador y del mundo en que este pecado domina.<\/p>\n<p>Efectivamente, el Reino de Dios incluye una victoria ya ahora sobre el pecado y una integraci\u00f3n de los pecadores dentro del mismo.<\/p>\n<p>Pero hay todav\u00ed\u00ada otra victoria m\u00e1s total y definitiva o, si se quiere expresar as\u00ed\u00ad, una realizaci\u00f3n absoluta de la salvaci\u00f3n, que implica la superaci\u00f3n integral del pecado, lo cual es m\u00e1s que un mero perd\u00f3n. Es nuevamente la teolog\u00ed\u00ada paulina la que m\u00e1s ha desarrollado este aspecto (->redenci\u00f3n, salvaci\u00f3n).<\/p>\n<p>Pese a lo extendido de esta idea, no es tan claro que la f\u00f3rmula \u00abmuerte por los pecados\u00bb signifique que Dios perdona los pecados por la muerte de Cristo. Pero s\u00ed\u00ad es cierto que la misma muerte de Cristo representa una cierta superaci\u00f3n del pecado o pecados que han sido su causa. Porque en la misma cruz comienza a aparece la tremenda realidad del pecado que, por su misma esencia, es deicida (K\u00e1semann). Esta revelaci\u00f3n del aut\u00e9ntico rostro del pecado hace que el creyente en Cristo comience a rechazarlo y quiera alejarse de \u00e9l.<\/p>\n<p>Pero es la Resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas lo que lleva a cabo la aut\u00e9ntica y definitiva superaci\u00f3n del pecado y la consecuente liberaci\u00f3n del mismo. En efecto la Resurrecci\u00f3n de Jesucristo no es un suceso que s\u00f3lo le afecte a El personalmente, sino tiene efectos en todos los que est\u00e1n unidos a \u00e9l por la fe y el bautismo y aun de alguna otra manera (cfr. 1 Cor 15, 12-28). La Resurrecci\u00f3n es la irrupci\u00f3n definitiva y total de la Vida de Dios en el mundo y, por tanto, la desaparici\u00f3n del pecado como fuerza decisiva en la historia y realidad humanas. Por el acontecimiento pascual, Muerte y Resurrecci\u00f3n de Jesucristo, el ser humano ha quedado liberado del pecado y su fuerza ha sido vencida. De hecho quien est\u00e1 unido al Se\u00f1or Resucitado ya no est\u00e1 en el pecado (1 Cor. 15, 17).<\/p>\n<p>Es obvio que no se trata de que los seres humanos sean \u00abimpecables\u00bb, que no puedan volver a pecar. Pero s\u00ed\u00ad de que han recibido la fuerza para superar el pecado en s\u00ed\u00ad mismos y en el mundo gracias a su Se\u00f1or, que el pecado no es la \u00faltima palabra, sino la vida de Dios. En paralelo con la suerte del Muerto y Resucitado, tambi\u00e9n el ser humano puede acabar viviendo en una vida enteramente para Dios y alejada del pecado. Ello es m\u00e1s que una perfecci\u00f3n puramente \u00e9tica o moral, que una impecabilidad de este tipo. Es la apertura real hacia la comuni\u00f3n y uni\u00f3n con Dios. Apertura escatol\u00f3gica, ya comenzada en la realidad presente pero todav\u00ed\u00ada no llegada a su desarrollo total.<\/p>\n<p>De otra manera: la revelaci\u00f3n del amor de Dios hacia el ser humano pecador real se ha manifestado de forma total en la vida, muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo, posibilitando la respuesta humana en la misma l\u00ed\u00adnea y, por tanto, el alejamiento del pecado, que ha quedado vencido para siempre. En los planes divinos, esta revelaci\u00f3n\/realizaci\u00f3n del amor se ha hecho, parad\u00f3jicamente, por la asunci\u00f3n por parte del Hijo de los aspectos m\u00e1s negativos del ser humano, pecado incluido, tal como ve\u00ed\u00adamos m\u00e1s arriba. Pero todo ello estaba previsto para llegar a la destrucci\u00f3n de tales aspectos no de forma m\u00e1gica sino, por as\u00ed\u00ad decir, \u00abhumano-divina\u00bb.<\/p>\n<p>BIBL. &#8211; FEDERICO PASTOR RAMOS, La salvaci\u00f3n del hombre en la muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo Estella Verbo Divino 1991; XAVIER THEVENOT, El pecado hoy, Estella Verbo Divino 1989; MARCIANO VIDAL, Pecado estructural y responsabilidad personal Madrid, SM 1991.<\/p>\n<p>Federico Pastor<\/p>\n<p>FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret<\/b><\/p>\n<p>1. Hombres<\/p>\n<p>(-> Ad\u00e1n, Eva, para\u00ed\u00adso, dec\u00e1logo, muerte de Jes\u00fas, pena de muerte). La Biblia es para los creyentes el libro de la historia de las misericordias de Dios, que crea y libera a los hombres. En ese sentido, no es el libro de la culpa de los hombres, sino de la gracia de Dios. Por eso, ella habla del pecado de un modo indirecto: al fijarse en la gracia de Dios tiene que mostrar el riesgo de pecado de la humanidad. En el Antiguo Testamento el pecado est\u00e1 vinculado al rechazo de la palabra de Dios (especialmente en Gn 1-11) y a la negaci\u00f3n o ruptura de su alianza (especialmente en Ex 20,32-35). Del pecado del pueblo de Israel tratan de un modo especial los profetas, desde una perspectiva m\u00e1s hist\u00f3rica. Del pecado del conjunto de los pueblos trata de un modo m\u00e1s preciso la apocal\u00ed\u00adptica*. El Nuevo Testamento identifica el pecado con el rechazo de la gratuidad y, de alguna forma, lo condensa en el asesinato de Jes\u00fas, que deja a los hombres en manos de su propia violencia. Desde esa base, retomando desde Pablo el relato b\u00e1sico de Gn 2-3, podemos evocar en conjunto algunos elementos del pecado b\u00ed\u00adblico (no del pecado en los apocal\u00ed\u00adpticos extrab\u00ed\u00adblicos), poniendo de relieve su aspecto de libertad, vinculado a una opci\u00f3n humana.<\/p>\n<p>(1) G\u00e9nesis 2-3. Pecado del principio. Suponemos conocido el tema del para\u00ed\u00adso*, con los \u00e1rboles del conocimiento del bien y del mal y con el gesto de Eva-Ad\u00e1n que comen del fruto \u00abprohibido\u00bb. En ese contexto, con todas las matizaciones necesarias, podemos hablar de un pecado, (a) Es pecado del hombre, no de Dios ni del Diablo. En contra de las visiones tr\u00e1gicas de la historia (propias de las religiones de Oriente) y de los mitos o relatos dualistas del entorno b\u00ed\u00adblico (cf. 1 Henoc*), el pecado de Gn 2-3 pertenece al hombre, es resultado de su opci\u00f3n, como ha destacado Pablo en Rom 5. (b) Pecado es desobediencia, dejar de escuchar (de obedecer: ob-audire) y dialogar con Dios. El hombre deber\u00ed\u00ada haber acogido la voz de la vida que le sostiene e impulsa; pero escucha otra voz de sospecha que le dice: Dios quiere enga\u00f1arte, vive y decide por ti mismo. Adam (= Ad\u00e1n y Eva) rechaza el di\u00e1logo con Dios y queda solo, queriendo hacerse principio de s\u00ed\u00ad mismo y de todo lo que existe, (c) Pecado es envidia. El hombre no soporta que haya Dios y \u00e9l quiere hacerse divino: echarle de su trono y colocarse all\u00ed\u00ad por fuerza (sin advertir que un Dios por fuerza no ser\u00ed\u00ada divino), (d) Pecado es mentira, falta de transparencia (como dir\u00e1 Jn 8,44). El verdadero Dios est\u00e1 versado en el bien y el mal, pero s\u00f3lo por gracia, no por imposici\u00f3n o deseo de conquista. En contra de eso, el hombre quiere adue\u00f1arse del bien y el mal por enga\u00f1o. Pecado es lo que oculta nuestro fundamento: aparentar que existo por m\u00ed\u00ad mismo, negando lo que debo a los dem\u00e1s y, sobre todo, al Dios de la Vida, (e) Pecado es legalismo judicial. El principio de la vida es el di\u00e1logo con Dios y la apertura gratuita hacia los otros, en gesto de agradecimiento. Por el pecado, en cambio, el hombre quiere hacerse due\u00f1o de lo bueno y de lo malo, para medir y modelar a su manera lo que existe, en provecho propio. De esa forma se coloca fuera de Dios (que es gracia) y desde su propia superioridad discierne y define las cosas y personas, como si dependieran de \u00e9l. (f) Pecado es dominio violento sobre los dem\u00e1s. Dios ha dado al hombre propiedad sobre las cosas, haci\u00e9ndole se\u00f1or de plantas y animales, conforme a un se\u00f1or\u00ed\u00ado bueno, en l\u00ed\u00adnea de gracia; pero no le ha dado dominio impositivo sobre s\u00ed\u00ad mismo y sobre la vida. Por eso, all\u00ed\u00ad donde quiere adue\u00f1arse por fuerza de su vida se destruye a s\u00ed\u00ad mismo, (g) Pecado es muerte. Dios es la vida y su rechazo deja al hombre en manos de su propia fragilidad; Dios no mata a los hombres, sino que les quiere dar la vida. Pero los hombres que se encierran en s\u00ed\u00ad quedan presos de su propia muerte, como indicar\u00e1 Gn 4 (pecado de Ca\u00ed\u00adn*-Abel*), que sigue siendo la primera y mejor ex\u00e9gesis de Gn 2-3 (pecado original).<\/p>\n<p>(2) Romanos. Relectura cristiana. La teolog\u00ed\u00ada cristiana ha desarrollado el pecado original a partir de Gn 2-3, tal como lo ha reformulado Rom 5. Aceptamos b\u00e1sicamente ese esquema, pero lo interpretamos desde la experiencia pascual. En ese contexto a\u00f1adimos que el pecado original culmina en la muerte del Cristo: matando al Hijo de Dios los hombres ratifican el pecado, llev\u00e1ndolo hasta su \u00faltima expresi\u00f3n, haci\u00e9ndolo ya definitivo. Este es el pecado: ha venido la gracia de Dios y los  hombres la han negado; ha ofrecido Dios la vida en Jes\u00fas y los hombres han preferido su muerte. Ha anunciado Jes\u00fas el Evangelio y los hombres le han negado; ha ofrecido la vida de Dios y los hombres le han matado. Este es el pecado original, el pecado del conjunto de los hombres que han optado por \u00abcomer del \u00e1rbol del conocimiento del bien-mal\u00bb, haci\u00e9ndose due\u00f1os de la vida y de la muerte y matando as\u00ed\u00ad a los enemigos o distintos. Este es el pecado de Ca\u00ed\u00adn*, primer portador concreto del pecado, que ahora culmina, cuando los hombres matan a Jes\u00fas, en cuya sangre se condensa la sangre de todos los asesinados de la historia humana (cf. Mt 23,35). S\u00f3lo ahora se puede hablar de un pecado original y universal, (a) En un sentido, el pecado original lo hemos cometido todos, vinculados como estamos en una misma humanidad violenta, simbolizada por Ad\u00e1n y Ca\u00ed\u00adn. Todos nosotros hemos participado en el homicidio central de Jes\u00fas y as\u00ed\u00ad lo descubren y celebran los cristianos en el d\u00ed\u00ada de su fiesta (Vigilia pascual) cuando se confiesan pecadores, responsables de la muerte de Jes\u00fas, de todas las muertes. Este es el pecado original y universal: matar la vida, matar a los inocentes y distintos, en una historia de asesinatos que ha culminado en la muerte de Jes\u00fas, asesinado universal. Pues bien, Jes\u00fas invierte ese pecado: siendo inocente no nos condena, no nos rechaza, sino que ofrece su perd\u00f3n (la salvaci\u00f3n de Dios) a todos aquellos que le han matado. As\u00ed\u00ad aparece como el Hijo de Dios Padre, aquel que puede superar todos los pecados, (b) Pero no todo es pecado. En el camino que lleva al Calvario no todo es pecado. En el fondo de la muerte de los hombres se ha ido revelando el don m\u00e1s alto de la vida, la gracia creadora, en forma de promesa de salvaci\u00f3n o, mejor dicho, de salvaci\u00f3n ya realizada por medio de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas. Este es el camino de la fe, simbolizada por Abrah\u00e1n. Este es el camino de la donaci\u00f3n materna de vida, simbolizada y expresada por la mujer de Gn 3,15.20 (por la madre de Jes\u00fas en Gal 4,4). En un determinado plano, todos nosotros (incluida la madre de Jes\u00fas) nos hallamos representados por el Ad\u00e1n de muerte al que se alude en Rom 5 y 1 Cor 15. En ese aspecto, somos pecadores, como sabe bien san Pablo. Pero en otro aspecto debemos afirmar que llevamos dentro un \u00abgermen de vida\u00bb, un principio femenino o materno de existencia no violenta que est\u00e1 representado por la mujer de Gn 3 y por la madre de Gal 4,4, culminando en Jesucristo, (c) Muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo. Pecado es todo lo que lleva a la muerte de los otros, especialmente de los pobres y excluidos, en los que ha venido a \u00abencarnarse\u00bb el Mes\u00ed\u00adas, como sabe Mt 25,31-46. Pecado es el asesinato, entendido de un modo directo (matar a los dem\u00e1s) o de un modo indirecto (dejarles morir, no acompa\u00f1arles). Los cristianos pensamos que todos los pecados han venido a culminar y se han condensado de alg\u00fan modo en el asesinato de Cristo. Pues bien, por encima de ellos, ha venido a revelarse, en el mismo Cristo, el amor de Dios que acoge a los excluidos y que resucita a Jes\u00fas, su hermano, a quien podemos venerar como Dios encarnado en el camino de pobreza y gracia de la historia humana.<\/p>\n<p>Cf. A. DUBARLE, El pecado original en la Escritura, Studium, Madrid 1971; J. ERRANDONEA, Ed\u00e9n y para\u00ed\u00adso. Fondo cultural mesopot\u00e1mico, Marova, Madrid 1966; P. GRELOT, El problema del pecado original, Herder, Barcelona 1970; H. RENCKENS, Creaci\u00f3n, para\u00ed\u00adso y pecado original seg\u00fan Gn 1-3, Guadarrama, Madrid 1969; P. RICOEUR, Finitudy culpabilidad, Taurus, Madrid 1982; H. HAAG, El pecado original en la Biblia y en la doctrina de la Iglesia, Fax, Madrid 1969.<\/p>\n<p>PECADO<br \/>\n2. \u00ed\u0081ngeles<\/p>\n<p>(-> Sat\u00e1n, \u00e1ngeles vigilantes, Henoc). La apocal\u00ed\u00adptica* dura est\u00e1 centrada en el pecado de los vigilantes*, es decir, de los \u00e1ngeles invasores, que violan a las mujeres y destruyen la vida de los hombres, haci\u00e9ndoles esclavos de la guerra y la violencia interminable. En contra de lo que sucede en el G\u00e9nesis, donde el pecado de los hombres es siempre perdonable, aqu\u00ed\u00ad encontramos un pecado radical, que no puede perdonarse. Desde ah\u00ed\u00ad evocaremos el pecado de los \u00e1ngeles, representados tambi\u00e9n como astros, para ocuparnos al fin del gran diluvio, que ser\u00ed\u00ada el resultado final de ese pecado.<\/p>\n<p>(1) Pecado de los \u00e1ngeles, doctrina teol\u00f3gica. La teolog\u00ed\u00ada tradicional cat\u00f3lica supone que los \u00e1ngeles ca\u00ed\u00addos no pueden salvarse porque son incapaces de arrepentimiento, es decir, porque no quieren salvarse, a pesar de la bue  na disposici\u00f3n de Dios: \u00abTras la elecci\u00f3n desobediente de nuestros primeros padres se halla una voz seductora, opuesta a Dios (cf. Gn 3,1-5), que, por envidia, los hace caer en la muerte (cf. Sab 2,24). La Escritura y la Tradici\u00f3n de la Iglesia ven en este ser (en el origen de esa voz) un \u00e1ngel ca\u00ed\u00addo, llamado Sat\u00e1n o Diablo (cf. Jn 8,44; Ap 12,9). La Iglesia ense\u00f1a que primero fue un \u00e1ngel bueno, creado por Dios&#8230; La Escritura habla de un pecado de estos \u00e1ngeles (2 Pe 2,4). Esta ca\u00ed\u00adda consiste en la elecci\u00f3n libre de estos esp\u00ed\u00adritus creados que rechazaron radical e irrevocablemente a Dios y su Reino&#8230; Es el car\u00e1cter irrevocable de su elecci\u00f3n, y no un defecto de la infinita misericordia divina, lo que hace que el pecado de los \u00e1ngeles no pueda ser perdonado\u00bb (Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, 391-393).<\/p>\n<p>(2) 1 Henoc. Pecado que no puede perdonarse. En el contexto anterior se sit\u00faa el proceso penitencial in\u00fatil, iniciado por los Vigilantes, a trav\u00e9s de Henoc, pero fracasado, pues Dios no admite su petici\u00f3n: \u00abLes habl\u00e9 a todos juntos (a los Vigilantes pecadores) y todos temieron, apoder\u00e1ndose de ellos el temor y el temblor. Mc rogaban que les escribiese un memorial de s\u00faplica, para que obtuviesen el perd\u00f3n y que lo llevara ante el Se\u00f1or del cielo, pues ellos ya no pod\u00ed\u00adan hablar (con Dios)&#8230; Entonces escrib\u00ed\u00ad un memorial de s\u00faplica y petici\u00f3n por sus almas\u00bb (1 Hen 13,3-6). La tradici\u00f3n israelita ha destacado la necesidad de la conversi\u00f3n de los pecadores y la gracia del perd\u00f3n que Dios les ofrece tras el cambio de sus vidas. Este es el tema central del Exodo (Ex 32-34) y de la teolog\u00ed\u00ada del templo, seg\u00fan la cual los hombres pueden conseguir el perd\u00f3n de sus pecados, a trav\u00e9s del arrepentimiento. Una y otra vez, los jud\u00ed\u00ados convertidos experimentaron el perd\u00f3n como principio de un comienzo nuevo: ellos hab\u00ed\u00adan roto la alianza, pero Dios les permit\u00ed\u00ada renovarla por la conversi\u00f3n tras haberla quebrantado. No hab\u00ed\u00ada pecado que no pudiera perdonarse a trav\u00e9s de una gracia m\u00e1s alta. La conversi\u00f3n y el perd\u00f3n fueron el centro de la antropolog\u00ed\u00ada de los estratos finales de la Biblia y de la tradici\u00f3n jud\u00ed\u00ada posterior. Debemos suponer que algunos grupos del c\u00ed\u00adrculo de Henoc pensaron que el perd\u00f3n de Dios pod\u00ed\u00ada aplicarse incluso a los mis mos Vigilantes y a sus hijos monstruos, los gigantes. Ese habr\u00ed\u00ada sido el contenido del segundo libro del antiguo \u00abPentateuco de Henoc\u00bb. Tras el primer libro actual (1 Hen 6-36), que estar\u00ed\u00ada redactado de una forma algo distinta, de manera que quedaba abierta la posibilidad del perd\u00f3n de los Vigilantes, vendr\u00ed\u00ada un segundo libro, titulado precisamente Gigantes, donde se narraba la conversi\u00f3n y el perd\u00f3n no s\u00f3lo de ellos (los Gigantes), sino tambi\u00e9n de sus padres, los \u00e1ngeles ca\u00ed\u00addos (Vigilantes). Habr\u00ed\u00ada, pues, una reconciliaci\u00f3n integral, una apocat\u00e1stasis centrada en el perd\u00f3n de los pecados c\u00f3smicos y ang\u00e9licos. El tiempo vinculado a la ca\u00ed\u00adda y castigo habr\u00ed\u00ada sido un par\u00e9ntesis malo; volver\u00ed\u00ada atr\u00e1s la historia, de manera que torturadores y torturados, violadores y violados, culpables e inocentes podr\u00ed\u00adan alcanzar perd\u00f3n y paz, a trav\u00e9s de una amnist\u00ed\u00ada y gracia universal. Estar\u00ed\u00adamos, por tanto, ante una antropolog\u00ed\u00ada (y cosmolog\u00ed\u00ada) de la gracia total (final), que formar\u00ed\u00ada parte de una angelolog\u00ed\u00ada y teolog\u00ed\u00ada del triunfo absoluto de la vida, ofrecida en plenitud a todos los seres creados. Esta ser\u00ed\u00ada al fin una gracia universal, pero ella correr\u00ed\u00ada el riesgo de ser gracia barata, sin poner de relieve la responsabilidad de los culpables. Pues bien, en un momento dado, entre los siglos III-II a.C., los responsables de la escuela de Henoc habr\u00ed\u00adan rechazado esa postura: no hay perd\u00f3n para los \u00e1ngeles ca\u00ed\u00addos, ni reconciliaci\u00f3n entre asesinos celestes y v\u00ed\u00adctimas humanas. La misma seriedad del delito de los \u00e1ngeles y de los monstruos (gigantes) exig\u00ed\u00ada que su condena fuera definitiva. De manera irremediable pecaron; sin remedio sufrir\u00e1n por siempre. Azazel y el resto de los \u00e1ngeles ca\u00ed\u00addos han nombrado a Henoc como abogado para que les defienda en sesi\u00f3n judicial extraordinaria. Se hab\u00ed\u00adan juramentado a pecar, bajo palabra de anatema, para seducir a las mujeres y obtener hijos propios (cf. 1 Hen 6,5). Ahora se comprometen a pedir perd\u00f3n y arrepentirse, pidiendo a Henoc que eleve ante Dios su memorial o s\u00faplica de gracia (cf. 1 Hen 13,6). Pero Dios responde de manera negativa, rechazando el perd\u00f3n de los culpables: \u00abNo os valdr\u00e1 vuestra s\u00faplica por todos los d\u00ed\u00adas de la eternidad, pues firme es la sentencia contra vosotros: no tendr\u00e9is  paz&#8230; Ya no subir\u00e9is al cielo por toda la eternidad, pues se ha decretado ataros a la tierra por todos los d\u00ed\u00adas de la eternidad. Pero antes habr\u00e9is de ver la ruina de vuestros hijos predilectos, y no os servir\u00e1 el haberlos tenido, pues caer\u00e1n por la espada delante de vosotros. Ni valdr\u00e1 vuestro ruego ni vuestras peticiones y s\u00faplicas por ellos, y vosotros mismos no podr\u00e9is pronunciar ninguna de las palabras del escrito que redact\u00e9\u00bb (1 Hen 14,4-7).<\/p>\n<p>(3) Condena eterna, \u00bfcondena intradivina? La condena eterna implica incapacidad de comunicaci\u00f3n, es decir, de gracia. Los \u00e1ngeles ca\u00ed\u00addos ya no tienen acceso ante Dios: no pueden presentarse ante su tribunal ni pedirle ayuda. Han quebrado la paz y quedan sin paz, destruy\u00e9ndose para siempre, encadenados bajo una tierra que ellos han querido someter a su violencia. El texto supone que hay una perversi\u00f3n ang\u00e9lica: un mal \u00abperfecto\u00bb o consumado, irremediable en su principio y consecuencias, un infierno para los demonios. Los Vigilantes han torcido su camino de forma completa y ni Dios puede hacer que vuelvan a su estado primitivo de bondad. Este es un mal de consecuencias perdurables: los hijos del pecado (Gigantes, guerreros insaciables) morir\u00e1n sin remedio. En este plano triunfa el tali\u00f3n sobre la gracia. Estamos en el comienzo de una antropolog\u00ed\u00ada del pecado total y de la total condena. Es como si Dios tuviera que arrancarse de s\u00ed\u00ad mismo una parte de su propio ser, para as\u00ed\u00ad purificarse, conforme a una visi\u00f3n que ha puesto de relieve la C\u00e1bala jud\u00ed\u00ada posterior, tanto en Castilla (siglo XIII) como en Safed de Galilea (siglo XVI d.C.). Recordemos en este contexto que la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica tiende a distinguir dos casos, (a) Los \u00e1ngeles culpables, convertidos en demonios, no pueden convertirse, ni recibir la gracia: est\u00e1n fijados en lo malo; eso significa que ellos mismos se vuelven infierno para siempre. (b) Por el contrario, los hombres pueden siempre arrepentirse, pues tras Cristo ya no existen m\u00e1s \u00abhijos del diablo\u00bb, condenados sin fin; los hombres son siempre capaces de gracia (en contra de los \u00e1ngeles perversos). En 1 Hen 12-16 resulta m\u00e1s dif\u00ed\u00adcil distinguir esos niveles y separar a los Vigilantes (\u00e1ngeles violadores) de sus hijos malignos, los Gigantes monstruosos (tambi\u00e9n aniquilados sin remedio) y del resto de los pecadores (que pueden ser los enemigos de Israel, hombres \u00abperversos\u00bb). Da la impresi\u00f3n de que el autor de 1 Henoc est\u00e1 condenando irremediablemente (sin posible gracia) no s\u00f3lo a Vigilantes y Gigantes, sino a todos sus \u00abpartidarios\u00bb, en una actitud que puede compararse con la dualidad del \u00abmanique\u00ed\u00adsmo\u00bb con su doble predestinaci\u00f3n, fundada en un tipo de \u00abdualismo divino\u00bb: es como si el Dios bueno (al que pertenecen los salvados) tuviera que arrancar de s\u00ed\u00ad mismo al Dios malo (a quien pertenecen los condenados); es como si el \u00e1rbol del bien y del mal perteneciera al mismo Dios. Estar\u00ed\u00adamos ante un manique\u00ed\u00adsmo teol\u00f3gico (divisi\u00f3n intradivina), moral y pol\u00ed\u00adtico, pues condena al infierno sin fin no s\u00f3lo a los hombres malos en cuanto individuos, sino tambi\u00e9n a los \u00abpueblos perversos\u00bb, que suelen identificarse con los enemigos de la naci\u00f3n israelita. Sobre esa base no puede elaborarse ya una antropolog\u00ed\u00ada universal de gracia.<\/p>\n<p>(4) Especulaci\u00f3n apocal\u00ed\u00adptica. Pecado y condena de los astros. La apocal\u00ed\u00adptica antigua no trata s\u00f3lo de Dios y de sus \u00e1ngeles perversos, sino que se encuentra vinculada a un tipo de b\u00fasqueda sapiencial del orden c\u00f3smico, que no puede aceptar ya la visi\u00f3n de Gn 1 que pon\u00ed\u00ada de relieve la estructura positiva (= bella) de la creaci\u00f3n, organizada lit\u00fargicamente en siete d\u00ed\u00adas de grandeza y alabanza, que parecen responder a los siete astros buenos del conjunto c\u00f3smico. Recordemos que Gn 1 no alud\u00ed\u00ada a la creaci\u00f3n de los \u00e1ngeles, bien conocidos en su tiempo. Ello se debe quiz\u00e1 al intento de desmitificar la realidad (el autor no quiere introducir otros seres divinos, al lado de Dios, por el peligro de adoraci\u00f3n que ello supone) o al hecho obvio de que el mundo astral est\u00e1 vinculado al ang\u00e9lico. Sea como fuere, la apocal\u00ed\u00adptica dura carece de las reservas de Gn 1, pues, a su juicio, el mundo astral y ang\u00e9lico se encuentran internamente vinculados. Por eso, l\u00f3gicamente, ha unido el pecado ang\u00e9lico a un tipo de gran cat\u00e1strofe c\u00f3smica (astral): los Vigilantes, \u00e1ngeles ca\u00ed\u00addos, son Esp\u00ed\u00adritus que rigen (reg\u00ed\u00adan) el orden c\u00f3smico. Por eso, su pecado viene a presentarse como ca\u00ed\u00adda y perturbaci\u00f3n del mismo cosmos, (a) Pecado de los \u00e1ngeles, pecado de los astros. Los profetas hab\u00ed\u00adan destacado la novedad antropol\u00f3gica de  la salvaci\u00f3n y la libertad del hombre frente al cosmos, desligando as\u00ed\u00ad la historia humana del encuadre ang\u00e9licoastral donde la hab\u00ed\u00adan situado los mitos normales de las religiones del Oriente antiguo. Los apocal\u00ed\u00adpticos, en cambio, han vuelto a se\u00f1alar la conexi\u00f3n (c\u00f3smica) astron\u00f3mica de la vida humana. Para ellos, el pecado no es el resultado de una opci\u00f3n humana (como han supuesto Gn 2-3 y Rom 5), sino ca\u00ed\u00adda astral, pues \u00e1ngeles\/demonios y estrellas c\u00f3smicas se encuentran vinculados: las mismas estrellas han delinquido (han perdido su armon\u00ed\u00ada), los guardianes c\u00f3smicos (\u00e1ngeles) han bajado a perturbar nuestra existencia; ellos son la causa de nuestra condena. S\u00f3lo a partir de ese desastre c\u00f3smico (ca\u00ed\u00adda de los siete grandes astros) se puede interpretar la salvaci\u00f3n como nuevo descubrimiento del orden c\u00f3smico. Eso significa que, por encima del posible pecado de los hombres, hay otro mucho m\u00e1s fuerte, que est\u00e1 vinculado con un trastorno estelar, que se expresa humanamente en la mutaci\u00f3n de las fechas y signos del calendario religioso. (b) Orden c\u00f3smico y calendario sagrado. A trav\u00e9s de sus purificaciones y fiestas, los justos consegu\u00ed\u00adan mantener la sinton\u00ed\u00ada con el orden c\u00f3smico, expresado en el ciclo de los astros (de los d\u00ed\u00adas del a\u00f1o, del mes, de la semana), un ciclo que refleja el sentido de conjunto de la realidad, pues \u00e1ngeles y astros se vinculan. Por eso, al cambiar su calendario, los jud\u00ed\u00ados \u00abinfieles\u00bb de Jerusal\u00e9n (los no esenios o no apocal\u00ed\u00adpticos) se han separado del orden astral, se han pervertido, quedando as\u00ed\u00ad en manos de los astros perversos (de los \u00e1ngeles violadores) como muestra de forma impresionante la literatura de Qumr\u00e1n (partiendo quiz\u00e1 de Jubileos). S\u00f3lo puede conocer el final (meta de la historia) quien ha descubierto y conoce, quien sabe y respeta la hondura del cosmos, guardando sus ritos, celebrando en sinton\u00ed\u00ada con el cielo y con la tierra (con los \u00e1ngeles y astros) las fiestas de la creaci\u00f3n. El apocal\u00ed\u00adptico es un hombre (\u00bfuna mujer?) que sabe descubrir el orden de los astros, para expresarlo en la liturgia humana (terrestre) de las fiestas y purificaciones, sin dejarse perturbar por el desorden que han introducido los Vigilantes (\u00e1ngeles) ca\u00ed\u00addos, sin dejarse pervertir por los c\u00f3mputos falsos de celebracio nes y fiestas de los jud\u00ed\u00ados descarriados del templo de Jerusal\u00e9n. Este es un tema que hoy nos resulta m\u00e1s dif\u00ed\u00adcil de entender, pues hemos separado de manera fuerte la visi\u00f3n religiosa de la vida humana y el orden o desorden de los astros. Para los apocal\u00ed\u00adpticos, por el contrario, \u00e9ste es un tema central: s\u00f3lo es justo (sabio) quien se encuentra en sinton\u00ed\u00ada con el conjunto c\u00f3smico.<\/p>\n<p>(5) Apocal\u00ed\u00adptica y orden o des-orden (des-astre) c\u00f3smico. En contra de lo que a veces se ha pensado, el Dios de la apocal\u00ed\u00adptica no es a-c\u00f3smico, sino Se\u00f1or del recto orden del tiempo y del espacio en este mundo, de un orden que ha podido ser perturbado por el Angeles ca\u00ed\u00addos. Los aut\u00e9nticos apocal\u00ed\u00adpticos superan el desorden de esos \u00e1ngeles perversos, descubriendo y celebrando de nuevo, en sus fiestas y ritos, el ritmo aut\u00e9ntico del cosmos. De esa forma, ellos son los custodios de la pureza y valor sagrado del mundo. Conocen el ritmo de los astros, guardan las fiestas de Dios (fiestas del cosmos) en sus tiempos determinados, conocen el transcurso y duraci\u00f3n de la historia c\u00f3smica. S\u00f3lo es vidente apocal\u00ed\u00adptico aquel que ha sabido descubrir, en Dios y desde Dios, la estructura sacral del cosmos, pudiendo superar de esa manera el pecado de los \u00e1ngeles (astros) y los hombres, que han pervertido el orden y armon\u00ed\u00ada de los tiempos. As\u00ed\u00ad lo ha descubierto el vidente apocal\u00ed\u00adptico: \u00abContinu\u00e9 mi recorrido hasta el caos y vi algo terrible: vi que ni hab\u00ed\u00ada cielo arriba, ni la tierra estaba asentada, sino (que era) un lugar desierto, informe y terrible. All\u00ed\u00ad vi siete estrellas del cielo atadas juntas en aquel lugar, como grandes montes, ardiendo en fuego&#8230; Estas son aquellas estrellas que transgredieron la orden del Dios alt\u00ed\u00adsimo y fueron atadas aqu\u00ed\u00ad hasta que se cumpla la mir\u00ed\u00adada eterna, el n\u00famero de los d\u00ed\u00adas de su culpa&#8230;\u00bb (1 Hen 21,1-6). Este es uno de los textos m\u00e1s antiguos de la tradici\u00f3n de Henoc y vincula la ca\u00ed\u00adda de los Vigilantes (\u00e1ngeles violadores) con una perturbaci\u00f3n de los Siete astros rectores del cosmos. El pecado constituye, seg\u00fan eso, un desorden integral: una ruptura en los principios en los que se asienta y consiste cielo y tierra. El vidente apocal\u00ed\u00adptico es capaz de penetrar en ese desorden c\u00f3smico-ang\u00e9lico, para superarlo, con un conocimiento m\u00e1s alto de la verdadera astronom\u00ed\u00ada, del orden verdadero del cielo de Dios. S\u00f3lo  puede conocer el final (meta de la historia) quien ha descubierto y conoce el aut\u00e9ntico ritmo del cosmos. Por eso, la apocal\u00ed\u00adptica se vincula con la astronom\u00ed\u00ada (astrolog\u00ed\u00ada) sagrada. El orden c\u00f3smico primero ha sido quebrado por los siete astros fundantes (principios de la realidad, \u00e1ngeles originarios) que se alzaron contra Dios y no aceptaron la ley de sus giros, el orden de su esencia. Del mal de esos \u00e1ngeles c\u00f3smicos (violadores de mujeres, destructores de la armon\u00ed\u00ada fundante) dependen todos los restantes males; el pecado original tiene car\u00e1cter astron\u00f3mico. Ellos, los videntes de la escuela de Henoc, lo saben y saben buscar el orden primigenio, m\u00e1s all\u00e1 de los giros perversos del mundo.<\/p>\n<p>(6) Gn 6. Pecado de los \u00abhijos de Dios\u00bb. Dejamos de alg\u00fan modo la apocal\u00ed\u00adptica dura y volvemos a la Biblia, para ver las implicaciones de ese pecado ang\u00e9lico-astral, que est\u00e1 presente, de un modo velado, en el relato del diluvio. \u00abEn aquel tiempo, cuando los hombres comenzaron a multiplicarse sobre la faz de la tierra, les nacieron hijas; y los hijos de Dios vieron que las hijas de los hombres eran bellas y tomaron de entre todas las mujeres que desearon&#8230; En aquellos d\u00ed\u00adas hab\u00ed\u00ada gigantes en la tierra, y aun despu\u00e9s, cuando se unieron los hijos de Dios con las hijas de los hombres y les nacieron hijos. Ellos eran los h\u00e9roes que desde la antig\u00fcedad fueron hombres de renombre. Yahv\u00e9 vio que la maldad del hombre era mucha en la tierra, y que toda tendencia de los pensamientos de su coraz\u00f3n tend\u00ed\u00ada siempre hacia el mal. Entonces Yahv\u00e9 se arrepinti\u00f3 de haber creado al hombre en la tierra, y le doli\u00f3 en su coraz\u00f3n. Y dijo Yahv\u00e9: Arrasar\u00e9 de la faz de la tierra los seres que he creado, desde el hombre hasta el ganado, los reptiles y las aves del cielo; porque lamento haberlos hecho. Pero No\u00e9 hall\u00f3 gracia ante los ojos de Yahv\u00e9\u00bb (Gn 6,1-8). A diferencia de lo que se dice en 1 Hen 6-36), los hijos de Dios no son aqu\u00ed\u00ad \u00e1ngeles bajados del cielo para violar a las mujeres, sino que pueden ser (son) descendientes de SetEn\u00f3s, es decir, unos seres que deber\u00ed\u00adan ser \u00abbuenos\u00bb, a diferencia de los \u00abmalos\u00bb, que son hijos e hijas de los hombres, es decir, descendientes de Ca\u00ed\u00adn. En ese trasfondo emerge la \u00abperversi\u00f3n universal\u00bb, que se expresa en un tipo de violaci\u00f3n sexual y de violencia militar (nacen los gigantes\/guerreros), para culminar en una ruptura total de comunicaci\u00f3n, de manera que se impone sobre el mundo un tipo de potente desmesura (hamas: crimen o violencia, Gn 6,13). En este contexto ha ofrecido su mensaje antropol\u00f3gico el relato del diluvio que la Biblia ha recogido y recreado desde el fondo de antiguas tradiciones. Lo que el texto (Gn 6-8) quiere destacar no es la existencia de un diluvio, tema que formaba parte de muchos mitos culturales del entorno, sino el riesgo de \u00abp\u00e9rdida de gracia\u00bb, que deja a los hombres en manos de su pura violencia, a no ser que Dios les salve.<\/p>\n<p>(7) Del pecado al diluvio. El autor b\u00ed\u00adblico vincula la vida y libertad humana con el mismo orden o desorden c\u00f3smico. (a) El diluvio estalla por pecado de los hombres, no por violencia incontrolada de Dios o por invasi\u00f3n de \u00e1ngeles perversos (como en 1 Henoc), pero es evidente que en el fondo sigue estando la imagen del pecado ang\u00e9lico. El pecado de Ad\u00e1n-Eva y de Ca\u00ed\u00adn-Lamec ha crecido ahora de tal forma que pone en peligro el conjunto de la vida de la tierra, a trav\u00e9s de una inmensa inundaci\u00f3n de aguas, que parece llevamos m\u00e1s all\u00e1 del orden de la creaci\u00f3n, al caos primero de Gn 1,2, es decir, a un caos en el que los astros y las aguas primigenias ordenadas por Dios en Gn 1 han perdido su orden. Los hombres caen de esa forma en manos de un tali\u00f3n antropol\u00f3gico que les desborda: caen en manos de un desastre c\u00f3smico, (b) En la ra\u00ed\u00adz del pecado del diluvio hay una ruptura sexual, vinculada con una violaci\u00f3n que el texto toma como resultado normal del deseo de los \u00abhijos de Dios\u00bb, que \u00abven\u00bb a las hijas de los hombres y que \u00abtoman\u00bb de entre ellas a todas las que quieren, sin poner coto ninguno a su poder y a su apetito; la vida de los hombres (y aqu\u00ed\u00ad de un modo especial la vida de las mujeres) que era signo de Dios se ha vuelto simple objeto de deseo para los m\u00e1s fuertes. En este contexto podemos seguir hablando de un des-astre, como si la misma estructura de los astros se hubiera dislocado por las aguas del diluvio, (c) El centro del pecado es la violencia guerrera. De la violaci\u00f3n de las mujeres, que no son ya portadoras de amor, sino v\u00ed\u00adctimas de un deseo posesivo de los \u00abbuenos\u00bb varones, nacieron (y nacen) los hombres guerreros, a quienes se llama los gigantes en el sentido de fuertes, profesionales de la muerte. Esta historia no  habla directamente del influjo de los \u00e1ngeles perversos, de los que tratar\u00e1 el libro de Henoc, sino de unos hombres violentos, que vinculan el pecado sexual y el social, poniendo as\u00ed\u00ad en riesgo la vida del mundo. Ya no se trata de un pecado de los \u00abseres humanos\u00bb en general, sino de los varones violadores y guerreros. Ellos, los hijos violadores de Dios y los gigantes nacidos de su violencia, son portadores de muerte, diluvio encamado. Pero en el fondo de esa imagen del diluvio como mptura del orden c\u00f3smico sigue estando un tipo de pecado o desastre de \u00e1ngeles y astros.<\/p>\n<p>(8) Novedad b\u00ed\u00adblica: pero No\u00e9 hall\u00f3 gracia ante los ojos de Yahv\u00e9&#8230; Todos esos pecados anteriores, de Gn 3-5, culminan ahora en el \u00abpecado total\u00bb, con sus dos vertientes de eros y tlianatos (deseo sexual y violencia guerrera). Estamos ante el m\u00e1ximo estallido de una mptura humana que se expande como inundaci\u00f3n y que, l\u00f3gicamente, deber\u00ed\u00ada haber llevado a la destmcci\u00f3n total de la humanidad. \u00abEntonces Yahv\u00e9 se arrepinti\u00f3 de haber creado al hombre&#8230; Pero No\u00e9 hall\u00f3 gracia ante el Se\u00f1or\u00bb (Gn 6,6.8). Entendido desde aqu\u00ed\u00ad, el centro del relato del diluvio* no es el pecado, con su amenaza de muerte, sino la gracia de Dios y el perd\u00f3n que se expresa a trav\u00e9s de No\u00e9*, cuyo mismo nombre evoca popularmente gracia o misericordia. De esa manera, el relato de No\u00e9 con el diluvio, despu\u00e9s de habernos situado muy cerca de los mitos del pecado ang\u00e9lico y astral, vuelve a ponernos en el centro del mensaje de la Biblia: los hombres son objeto de la misericordia de Dios, que est\u00e1 por encima de todos los pecados del cosmos ang\u00e9lico o astral.<\/p>\n<p>Cf. X. Pikaza, Antropolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 2006; P. Ricoeur, Finitndy cidpabilidad, Taurus, Madrid 1982; D. S. Russell, The Method and Message of Jewish Apocalyptic, SCM, Londres 1971; P. Sacchi, LApocalittica Giudaica e la sua Storia, Paideia, Brescia 1990.<\/p>\n<p>PECADO<br \/>\n3.Jes\u00fas y el Nuevo Testamento<\/p>\n<p>(-> Esp\u00ed\u00adritu Santo, juicio, exclusi\u00f3n, Iglesia, infierno). La tradici\u00f3n apocal\u00ed\u00adptica relacionaba el pecado con la invasi\u00f3n y posesi\u00f3n sat\u00e1nica. Tambi\u00e9n Jes\u00fas lo ha entendido as\u00ed\u00ad en alg\u00fan sentido, pues ha centrado gran parte de su actividad en los exorcismos*, es de cir, en la lucha contra el poder demon\u00ed\u00adaco, pero no en s\u00ed\u00ad mismo, dirigiendo as\u00ed\u00ad una especie de batalla astral, sino en cuanto se expresa en la opresi\u00f3n de los hombres, a los que posee y destruye; por eso, Jes\u00fas lucha en contra del pecado ayudando y liberando a sus posesos.<\/p>\n<p>(1) Pecado contra el Esp\u00ed\u00adritu Santo. Este es para Jes\u00fas el lugar de lo diab\u00f3lico y desde ah\u00ed\u00ad habla del pecado contra el Esp\u00ed\u00adritu Santo, es decir, el pecado de aquellos que no quieren que libere a los posesos: \u00abEn verdad os digo que a los hijos de los hombres les ser\u00e1n perdonados todos los pecados y blasfemias, cualesquiera que sean. Pero cualquiera que blasfeme contra el Esp\u00ed\u00adritu Santo no tendr\u00e1 perd\u00f3n jam\u00e1s, pues es culpable de pecado eterno; porque dec\u00ed\u00adan: Tiene un esp\u00ed\u00adritu inmundo\u00bb (Mc 3,29-30; Mt 12,31-32). Este es el lugar donde se plantea la opci\u00f3n definitiva, en l\u00ed\u00adnea de salvaci\u00f3n (exorcismos de Jes\u00fas) o en l\u00ed\u00adnea de condena (contra aquellos que se oponen a su acci\u00f3n liberadora). As\u00ed\u00ad se han enfrentado los dos esp\u00ed\u00adritus: el esp\u00ed\u00adritu diab\u00f3lico de la destrucci\u00f3n humana, expresado en aquellos que oprimen a los posesos\/marginados (o no quieren liberarles), y el Esp\u00ed\u00adritu Santo, que act\u00faa de manera liberadora, a trav\u00e9s de Jes\u00fas. As\u00ed\u00ad se vinculan la absoluta misericordia de Jes\u00fas y el riesgo mayor de la condena, (a) Perd\u00f3n total. Jes\u00fas sabe y proclama que todos los pecados se perdonan, porque Dios es gracia y porque acoge a los peque\u00f1os y perdidos de la tierra; desde esa perspectiva \u00e9l ha podido interpretar el Esp\u00ed\u00adritu como perd\u00f3n universal, gracia ofrecida de un modo gratuito a todos los hombres, Reino universal de Dios&#8230; Ese perd\u00f3n no es un gesto intimista, que s\u00f3lo afecta a las relaciones del alma con Dios, sin repercusi\u00f3n externa, sino que afecta a toda la vida, superando las fronteras legales y sacrales que divid\u00ed\u00adan a los hombres y mujeres de su pueblo; por eso suscita el rechazo de los fieles israelitas que quieren conservar su identidad sacral, lo que ellos llamar\u00ed\u00adan la ley de la santidad de Dios, (b) Pecado que no puede perdonarse. De manera consecuente, los que rechazan ese perd\u00f3n, los que acusan a Jes\u00fas porque acoge y perdona a los expulsados del sistema, quedan sin perd\u00f3n. Los que combaten su ideal, juzg\u00e1ndolo perverso, los que ven sus curaciones y gestos de ayuda como actuaci\u00f3n del Diablo, destruyen toda posibilidad de salvaci\u00f3n, pues pecan con  tra el Esp\u00ed\u00adritu Santo, en pecado que no puede perdonarse, pues niega la misma fuente del perd\u00f3n Este no es el pecado de los malos, sino el de los piadosos, es decir, el de aquellos que no aceptan el perd\u00f3n y acogida universal de Dios, pues creen que ya en contra de sus derechos sacrales. Este es el pecado que se encuentra en el fondo de Mt 25,31-46: es el de aquellos que no quieren que haya espacio para los hambrientos y extranjeros, los pobres y encarcelados, el pecado de una sociedad diab\u00f3lica, que condena y excluye a los que ella misma destruye primero, (c) Los pecados graves. En esa misma l\u00ed\u00adnea se sit\u00faan los pecados graves o mortales, seg\u00fan la tradici\u00f3n del Evangelio, pecados que llevan a la muerte o exclusi\u00f3n de los dem\u00e1s: \u00e9ste es el pecado de aquellos que excluyen a las viudas y a los pobres, no dej\u00e1ndoles que vivan (cf. Mc 10,38-42), es el pecado de los que dejan en el hambre a los hambrientos, en soledad a los extranjeros, en la enfermedad a los enfermos (cf. Mt 25,31-46), el pecado de aquellos que instauran estructuras y formas de violencia sobre el mundo.<\/p>\n<p>(2) Idolatr\u00ed\u00ada y destrucci\u00f3n humana. Carta a los Romanos. Una de las formulaciones m\u00e1s hondas del pecado es la que ofrece Pablo, en lenguaje apocal\u00ed\u00adptico, al comienzo de la carta a los Romanos (Rom 1), cuando traza una condena general contra los gentiles, para ampliarla despu\u00e9s y aplicarla a los mismos jud\u00ed\u00ados, que son culpables de aquello de que acusan a los otros. Ese pecado se expresa en tres niveles, (a) Idolatr\u00ed\u00ada. Ruptura personal (Rom 1,2124). \u00abDios ha revelado su gracia y los hombres no han querido agradecerle ni glorificarle, sino que han divinizado a los vivientes de este mundo: hombres, aves, cuadr\u00fapedos y reptiles\u00bb (cf. Rom 1,21-23). De esa forma han descendido al nivel de lo animal. Por eso, Dios los ha entregado en manos de sus propios deseos, es decir, de lo animal (1,24). No pod\u00ed\u00ada haberse formulado el tema de manera m\u00e1s sobria y m\u00e1s intensa: all\u00ed\u00ad donde desoyen a Dios y centran su existencia en los valores \u00abanimales\u00bb, aquellos que se divinizan a s\u00ed\u00ad mismos acaban cayendo en manos de su propia animalidad, entendida como impureza y deshonra. El hombre es un viviente parad\u00f3jico, alguien que puede superarse a s\u00ed\u00ad mismo (dej\u00e1ndose alumbrar por lo divino) o rebajarse y consumirse entre las fuerzas de animalidad que lleva dentro. No es posible el humanismo puro. O nos hacemos en Dios m\u00e1s que humanos por gracia o acabamos siendo subhumanos. Este es el primer nivel de la antropolog\u00ed\u00ada pecadora seg\u00fan Pablo, (b) Ruptura interpersonal: autoerotismo, el hombre sin dualidad (Rom 1,25-27). La idolatr\u00ed\u00ada recibe ahora un matiz algo distinto: all\u00ed\u00ad donde adoran al conjunto de las criaturas y no s\u00f3lo a los animales (Rom 1,25; cf. Sab 13,1-8), hombres y mujeres quedan prendidos en s\u00ed\u00ad mismos, sin poder abrirse al di\u00e1logo de la alteridad y de esa forma Dios los entrega en manos de la propia pasi\u00f3n deshonrosa (entendida como autoerotismo: homosexualidad*: Rom 1,26-27). Cuando el hombre rechaza a Dios, tiende a romper las diferencias personales, de tal forma que se vuelve incapaz de amar al otro como diferente, busc\u00e1ndole s\u00f3lo como un medio para justificarse a s\u00ed\u00ad mismo (es decir, para tener placer en s\u00ed\u00ad mismo). El pasaje anterior afirmaba que los hombres quedaban en manos de sus deseos; \u00e9ste contin\u00faa diciendo que quedan en manos de sus pasiones, es decir, de un amor donde no existe gratuidad, ni encuentro con el otro. En esa l\u00ed\u00adnea, un tipo de despliegue ego\u00ed\u00adsta del sexo, de tipo homo o heterosexual aparece como una forma de idolatr\u00ed\u00ada, (c) La tercera ruptura es de tipo social (Rom 1,28-32) y se expresa siguiendo el mismo esquema: los hombres no han querido mantener el conocimiento de Dios y le han juzgado superfluo, pensando que se bastaban a s\u00ed\u00ad mismos; de esa forma han ca\u00ed\u00addo en manos de su mente pervertida, que se expande y triunfa en un plano social. La misma historia humana se convierte en campo de batalla donde todos se enfrentan contra todos (1,28b-31): \u00abLlenos de injusticia y maldad&#8230;, henchidos de envidia, codicia, homicidio, contienda&#8230; Murmuradores, calumniadores, enemigos de Dios, injuriosos, soberbios, vanidosos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia&#8230;\u00bb. El mundo se ha vuelto un infierno; la vida es combate de muerte. Este es el pecado total, en el que se encuentran incluidos los mismos jud\u00ed\u00ados que lo combaten (Rom 2), es el pecado que Rom 5 interpreta como pecado de Ad\u00e1n, es decir, de la humanidad en su conjunto en cuanto opuesta a la gracia del Cristo.    (3) Apocalipsis: pecados mortales, pecados de exclusi\u00f3n. El conjunto de la Biblia es libro de salvaci\u00f3n, pero en ella se conserva tambi\u00e9n la memoria y maldici\u00f3n de aquellos que pueden ser expulsados, como se dice en un pasaje solemne del Apocalipsis: \u00abYo soy el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin. Al sediento le dar\u00e9 de beber gratis de la fuente del Agua de la Vida&#8230; Pero a los cobardes, infieles, abominables, asesinos, prostitutas, hechiceros, id\u00f3latras y a todos los mentirosos, les tocar\u00e1 en suerte el lago ardiente de fuego y azufre, que es la segunda muerte\u00bb (Ap 21,6-8). Y en otro pasaje se a\u00f1ade: \u00abNada manchado entrar\u00e1 en ella, nadie que cometa perversiones o mentiras; s\u00f3lo los inscritos en el Libro de la Vida del Cordero\u00bb (Ap 21,27.<\/p>\n<p>Cf. 22,15). Dios ofrece gratuitamente el agua de la vida, pero en el anverso de esa gracia emergen, de forma lapidaria y solemne, esos siete (u ocho) pecados, que pueden situarse en la l\u00ed\u00adnea de otros cat\u00e1logos de vicios o pecados del Nuevo Testamento (cf. 1 Cor 6,9-10; Gal 5,19-20 o Ef 5,5). Estamos en contexto bautismal. Es como si un liturgo recordara al catec\u00fameno aquellos pecados que deb\u00ed\u00ada abandonar (superar) para volverse nueva crea tura en Cristo (cf. Gal 3,28). Se trata de pecados muy tradicionales, que aqu\u00ed\u00ad se incluyen en un contexto apocal\u00ed\u00adptico, marcando a las personas que no pueden formar parte de la comunidad, pues ellas mismos se excluyen de ella. No son ya los pecados de la humanidad en general (cf. Rom 1,18-32), representada por las Bestias y la Prostituta, sino los pecados de los mismos creyentes de la Iglesia, que Ap 2-3 centraba en los idolocitos (comida vinculada a la injusticia del sistema) y la pomeia (prostituci\u00f3n econ\u00f3micosocial). Son pecados que impiden que la comunidad viva de un modo gratuito, sin exclusiones ni condenas. La Iglesia no tiene (es decir, no deber\u00ed\u00ada tener) ej\u00e9rcito ni polic\u00ed\u00ada ni c\u00e1rceles para imponerse y recluir a los disidentes. Pero tiene una palabra de amor y debe defenderla, se\u00f1alando de esa forma a los que quedan fuera de ellos. Estos son los que se excluyen de la comuni\u00f3n nupcial del Apocalipsis, (a) Cobardes no son aquellos que sienten miedo, sino los que (con o sin miedo) reniegan de Jes\u00fas al ser probados y traicionan de esa forma a los hermanos. M\u00e1s que miedo tienen doblez (cf. Eclo 2,12): quieren aparecer como cristianos, siendo adoradores de la bestia (en la l\u00ed\u00adnea de los nicola\u00ed\u00adtas y jezabelinos de Ap 2-3). Esta cobard\u00ed\u00ada no es simple temor, pues hay un temor bueno (cf. Flp 2,12), sino mentira y doble juego. Quienes se dejan vencer por ella niegan el mensaje de Jes\u00fas y destruyen la comuni\u00f3n de la Iglesia, (b) Infieles son los que rompen o niegan la fidelidad debida a Cristo (y a la comunidad). Pablo define la fe como vinculaci\u00f3n gratuita y gozosa con el Cristo que salva, de manera que ella nos permite superar el nivel de las puras obras. Esa fe se vuelve para el Apocalipsis fidelidad a Jes\u00fas y a la Iglesia, en comuni\u00f3n vital; por eso, los cristianos son por antonomasia los fieles (cf. Ap 2,10.17; 17,14): los capaces de mantener una palabra y ofrecer seguridad a los dem\u00e1s hermanos de la Iglesia. L\u00f3gicamente ser\u00e1n infieles aquellos que, por cobard\u00ed\u00ada o por otra raz\u00f3n, niegan la palabra dada, renegando del amor que han prometido, separ\u00e1ndose del Cristo que es el fiel o fidedigno por excelencia (Ap 1,5; 3,14; 19,11; cf. 21,5). (c) Abominables podr\u00ed\u00adan parecer aquellos que se portan de manera sexualmente inmoral, en la l\u00ed\u00adnea de 2 Hen 15-16, pero aqu\u00ed\u00ad, conforme al sentido que esa voz (bdelygma) recibe en Ap 17,4.5 (cf. Ap 21,27), son m\u00e1s bien los que se prostituyen con la Bestia: abandonan a Jes\u00fas, rompen su alianza y se compran y venden, como infiel prostituta, bebiendo sangre inocente, viviendo de muerte. Esta es la abominaci\u00f3n que est\u00e1 vinculada a la idolatr\u00ed\u00ada y que condenan tambi\u00e9n otros pasajes apocal\u00ed\u00adpticos del Nuevo Testamento (cf. Mc 13,14 par; Rom 2,22). Este es el pecado que Juan hab\u00ed\u00ada visto en Roma\/Babel (cf. Ap 17,4-5) y que ahora se presenta como riesgo de los malos cristianos (no de paganos), en la l\u00ed\u00adnea del mensaje de Ap 2-3. (d) Asesinos son sin duda los que viven de la muerte (como el Drag\u00f3n que pretend\u00ed\u00ada devorar al Hijo de la mujer en Ap 12,1-5). En sentido m\u00e1s preciso, asesina por antonomasia es la Prostituta, que bebe sangre de cristianos (de los degollados de la tierra: cf. Ap 18,24). Comparten ese pecado de la Prostituta no s\u00f3lo quienes matan de un modo directo, sino (y sobre todo) aquellos que participan de su asesinato: los que se sientan a su lado y viven como ella, bebiendo su vino de muerte, comiendo de sus bienes. La palabra fundante de la ley (el no matar de Ex 20,13) se ampl\u00ed\u00ada dentro del  Ap, de manera que podr\u00ed\u00ada formularse as\u00ed\u00ad: \u00c2\u00a1no tomar parte en una sociedad asesina! (e) Prostitutos (pomois) son aquellos que cohabitan con la Prostituta (pom\u00e9) de Ap 17, ratificando su comercio de opresi\u00f3n y sangre. Ella, Babilonia, era la madre de los prostitutos (cf. Ap 17,5), es decir, de todos los que entienden y realizan la vida a modo de comercio de muerte, al servicio del propio provecho. Ciertamente, sigue en el fondo el sentido sexual de la imagen, aplicada normalmente a las mujeres. Pero el Apocalipsis ha superado el matiz antifemenista y sexual del t\u00e9rmino, situ\u00e1ndolo en un plano pol\u00ed\u00adtico y econ\u00f3mico: prostitutos por antonomasia han sido los reyes de Ap 17,2; 18,3.9, que han comerciado con Babel para despu\u00e9s matarla. En esa misma l\u00ed\u00adnea ser\u00e1n prostitutos cristianos aquellos que se encuentran dispuestos a comer idolocitos y venderse a la Bestia (como Jezabel* y sus amigos: cf. Ap 2,14.20). (f) Hechiceros son los que se valen de la religi\u00f3n para conseguir sus propios fines de opresi\u00f3n. Pueden hallarse movidos por curiosidad sacral o miedo: buscar seguridades, aferrarse a la apariencia, manejar a Dios. En ese aspecto se hallan cerca de los magos. Pero en otra perspectiva, dentro de nuestro contexto, ellos se vinculan m\u00e1s bien con asesinos, prostitutos y ladrones, como ha destacado con toda precisi\u00f3n Ap 9,21. Ellos no son gente sin cultura, individuos de pueblos marginados que ignoran la ciencia, sino aquellos que manejan cultura o propaganda para enga\u00f1ar a los dem\u00e1s y enriquecerse. As\u00ed\u00ad aparecen vinculados a los comerciantes perversos de la tierra, que enga\u00f1an y roban a los pobres (Ap 18,23), como impulsores y beneficiarios del asesinato sistem\u00e1tico de un imperio que vive de la sangre de los degollados. M\u00e1s que magia de ignorantes (marginados, primitivos), la hechicer\u00ed\u00ada es pecado de gentes de cultura pervertida, del Falso Profeta de Ap 13,11-18 que enga\u00f1a a los humanos para que sirvan a la Bestia, (g) Id\u00f3latras, en fin, son los que adoran a los dioses falsos (oro y plata, bronce y piedra&#8230;), dioses que esclavizan a los hombres y les dejan en manos del asesinato, hechicer\u00ed\u00ada, prostituci\u00f3n y robo (cf. Ap 9,20-21), en olvido de Dios y mentira. La tradici\u00f3n cristiana identifica idolatr\u00ed\u00ada y avaricia, la adoraci\u00f3n de los dioses y el culto del dinero (Col 3,5; cf. Ef 5,3). Tambi\u00e9n pa ra Juan profeta la idolatr\u00ed\u00ada se encuentra vinculada al deseo de seguridad econ\u00f3mica y social (idolocitos* y pomeia [prostituci\u00f3n*]). De esa forma, lo que ha empezado siendo cobard\u00ed\u00ada termina apareciendo como idolatr\u00ed\u00ada, de tal manera que culmina en ella el proceso de autodestrucci\u00f3n del ser humano (y del cristiano), (h) Y todos los mentirosos&#8230; Los siete pecadores anteriores se resumen y culminan en la mentira, es decir, la doble vida. Frente al Dios que se desvela en Cristo como verdadero y\/o fiel (cf. 3,7.14; 6,10; 15,3; 19,11), se elevan aquellos que fundan su vida en la doblez y el enga\u00f1o (cf. Ap 2,2), siguiendo al profeta falso o mentiroso (cf. Ap 16,13; 19,20; 20,10). Al completar de esta manera la lista de pecados, Juan, el profeta del Apocalipsis, se sit\u00faa cerca de Juan evangelista, que llama a Sat\u00e1n (y a Ca\u00ed\u00adn) mentiroso e interpreta su gesto como asesinato: mentir es matar, rechazar al otro, negar al Cristo, en favor del propio provecho (cf. Jn 8,39-47). Estos ocho pecados, que comienzan por la cobard\u00ed\u00ada y culminan en la mentira, revelan el otro lado de la salvaci\u00f3n de Cristo: quienes los cometen rechazan el camino de Jes\u00fas, se destruyen a s\u00ed\u00ad mismos. La salvaci\u00f3n se identifica para el profeta Juan con la fidelidad al Dios que se manifiesta en Cristo como transparencia amorosa (noviagzo), que permite a los hombres realizarse sin enga\u00f1o ni mentira. La condena se expresa en la destrucci\u00f3n de los humanos, que, influidos por la Bestia y Prostituta, que act\u00faa en la misma Iglesia, van construyendo una vida contraria al don de Dios en Cristo. Estos tipos de conducta de Ap 21,8 son mortales (portadores de muerte segunda) por su misma perversi\u00f3n interna, no por arbitrariedad de Dios o dictadura antihumana. Pecadores son aquellos que, destruyendo a los dem\u00e1s en enga\u00f1o opresor, se destruyen a s\u00ed\u00ad mismos, fuera o dentro de la Iglesia. Pecado es lo que impide al var\u00f3n y a la mujer hacerse humanos en comunidad y encuentro con Dios; por eso implica muerte.<\/p>\n<p>Cf. F. CONTRERAS, La nueva Jerusal\u00e9n, esperanza de la iglesia, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1998; A. DUBARLE, El pecado original en la Escritura, Studium, Madrid 1971; P. GRELOT, El problema del pecado original, Herder, Barcelona 1970; X. PIKAZA, Antropolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 2006; Apocalipsis, Verbo Divino, Estella 1999.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n<p>El concepto de pecado, en el cristianismo, es una categor\u00ed\u00ada religiosa y moral. Esto quiere decir que, en el pensamiento antiguo, o en el no cristiano, existe el concepto de transgresi\u00f3n que no debe identificarse sin m\u00e1s con el de pecado.<\/p>\n<p>Tampoco el pecado puede identificarse con un desajuste psicol\u00f3gico o con una falta cometida contra unas normas legales.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo se puede definir el pecado? En un primer momento, para recoger la riqueza de la Tradici\u00f3n nos servimos de S. Agust\u00ed\u00adn: \u00abPecado es algo que se hace, se dice o se desea contra la ley eterna\u00bb (Contra Faustum, 1, XXII, c. 27). Y, tambi\u00e9n, \u00abpecado es el alejamiento de Dios y la orientaci\u00f3n hacia las criaturas\u00bb (De libero arbitrio 1 ,I, c. 6).<\/p>\n<p>Desde un punto de vista pastoral nos detenemos en algunas cuestiones de importancia:<\/p>\n<p>1. A la hora de educar pastoralmente en el tema del pecado debemos mantener una pedagog\u00ed\u00ada progresiva seg\u00fan edades y circunstancias. Evitando crear conciencias escrupulosas y estrechas y situando en primer plano no tanto el pecado, como el perd\u00f3n del Dios de la misericordia entra\u00f1able.<\/p>\n<p>2. Al realizar un enfoque pastoral del pecado, es decisivo resaltar que el pecado es siempre una falta cometida contra \u00abalguien\u00bb, es decir, una falta de una persona contra otros seres personales: o contra Dios, Ser Personal por excelencia, o contras los dem\u00e1s (que son personas a imagen y semejanza de Dios) o contra uno mismo (definido como persona). Al manifestar los pecados, ayuda esta triple divisi\u00f3n: pecados contra Dios, los dem\u00e1s y uno mismo.<\/p>\n<p>3. Adem\u00e1s de subrayar la dimensi\u00f3n personal del pecado, una buena y acertada pedagog\u00ed\u00ada pastoral, para educar en una sana conciencia de pecado, debe incidir en el penitente en las dimensiones individual y comunitaria del pecado, seg\u00fan rezamos en el \u00abYo pecador\u00bb: Confieso ante Dios todopoderoso y ante vosotros hermanos que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisi\u00f3n\u00bb. Todo pecado comporta una dimensi\u00f3n \u00absocial\u00bb, es decir, se ofende al \u00abcuerpo\u00bb eclesial y a la humanidad (es la llamada comuni\u00f3n de los santos).<\/p>\n<p>4. El pastor debe educar al penitente en la sana libertad de los hijos de Dios, es decir, en la responsabilidad del propio penitente, para evitar conciencias estrechas o deformadas.<\/p>\n<p>5. Como consejo pr\u00e1ctico, a la hora de realizar un examen de conciencia, es bueno no s\u00f3lo educar en los diez mandamientos de la ley de Dios (resumen de lo central del Antiguo Testamento), sino en el sentido de las Bienaventuranzas (centro del Nuevo Testamento).<\/p>\n<p>BIBL. &#8211; R. FLECHA-F. GARC\u00ed\u008dA, Pecado, en \u00abNuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica\u00bb, San Pablo, Madrid 1999, 1760-1780.<\/p>\n<p>Ra\u00fal Berzosa Mart\u00ed\u00adnez<\/p>\n<p>Vicente M\u00c2\u00aa Pedrosa &#8211; Jes\u00fas Sastre &#8211; Ra\u00fal Berzosa (Directores), Diccionario de Pastoral y Evangelizaci\u00f3n, Diccionarios \u00abMC\u00bb, Editorial Monte Carmelo, Burgos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Pastoral y Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>El concepto de pecado se configura  de manera peculiar dentro del panorama propio de las categor\u00ed\u00adas morales, debido a la consideraci\u00f3n de tipo religioso que generalmente lo contextualiza. Por esta raz\u00f3n, aunque en la tradici\u00f3n griega cl\u00e1sica no falla el concepto de transgresi\u00f3n, no se encuentra en ella el concepto t\u00e9cnico de pecado. Presente en la casi totalidad de las tradiciones religiosas del mundo, posee un papel decisivo en la comprensi\u00f3n de la salvaci\u00f3n inherente a todas las religiones, as\u00ed\u00ad como en la autocomprensi\u00f3n del individuo religioso.<\/p>\n<p>En el hebra\u00ed\u00adsmo y en el cristianismo  la reflexi\u00f3n te\u00f3rica y existencial sobre el pecado se hace m\u00e1s compleja y puntual. En el Antiguo Testamento es evidente el esfuerzo por expresar progresivamente la multiforme realidad de la transgresi\u00f3n, del fallo y de la culpa en sus elementos profanos, jur\u00ed\u00addicos, teol\u00f3gicos y religiosos, como atestigua la misma riqueza de la terminolog\u00ed\u00ada que se emplea. En los Setenta se percibe el intento de profundizar en la condici\u00f3n fundamental de pecado, m\u00e1s all\u00e1 de cada acto pecaminoso, mientras que en el juda\u00ed\u00adsmo posterior prevalece el aspecto legal de la transgresi\u00f3n de los preceptos de Dios contenidos en la Tor\u00e1.<\/p>\n<p>En el Nuevo Testamento el t\u00e9rmino  (amart\u00ed\u00ada) indica no s\u00f3lo el acto pecaminoso, sino la condici\u00f3n del hombre y finalmente una fuerza personificada (Mc 2,5; Lc 11,4. Rom 3,9. 3,20; G\u00e1l 3,22; 1 Tim 5,22~24; 2 Tim 3,6; 1 Pe 4,1). Tambi\u00e9n est\u00e1 presente la idea de la salvaci\u00f3n del pecado, realizada por Cristo y ofrecida a todos (Lc 5,8; Lc 737. 1 Jn 2,2), y la idea de la conversi\u00f3n, que expresa el cambio de vida, la nueva orientaci\u00f3n del hombre hacia Dios (Mt 3,2; Hch 3,19). El pecado (y sus consecuencias) es perdonado por el sacrificio de Cristo, que en la vida sacramental da al hombre una nueva vida (Rom 1,24-31; 5,21.6,2; 8,3).<\/p>\n<p>La reflexi\u00f3n teol\u00f3gica posterior hasta nuestros d\u00ed\u00adas se ha esforzado en precisar y presentar estas caracter\u00ed\u00adsticas fundamentales de la revelaci\u00f3n. El elemento religioso y moral revelado, que representa la revelaci\u00f3n sobre la esencia del pecado, no puede separarse de la dimensi\u00f3n antropol\u00f3gica del hombre. Por tanto, toda la reflexi\u00f3n posterior lleva a cabo una clarificaci\u00f3n progresiva de la naturaleza del pecado de la relaci\u00f3n que existe entre el pecado y la persona (tanto en sus opciones puntuales como en la orientaci\u00f3n global de su vida), de las formas diversas que asume el pecado en la historia de la humanidad.<\/p>\n<p>Las distinciones que se suelen establecer entre el pecado como acto y el pecado como condici\u00f3n del hombre:<br \/>\nentre pecado actual y pecado original (este \u00faltimo muy discutido en la actualidad, sobre todo en relaci\u00f3n con la responsabilidad del individuo); entre pecado material (considerado en su objeto) y pecado formal (considerado en la conciencia que tiene el agente de haber cometido un pecado); entre pecado venial, mortal y de muerte (Mt 6,12; 25,41-46. Rom 1,24-32; 1 Cor 3,10-15; 6,9-1\u00ed\u201c); entre pecado individual y social (entendido este \u00faltimo como estructura de pecado de determinadas realidades); entre pecado de comisi\u00f3n y pecado de omisi\u00f3n; entre pecado contra Dios, contra uno mismo y contra el pr\u00f3jimo; entre de pensamiento, de palabra y de obra; entre pecado espiritual y carnal&#8230;, atestiguan, m\u00e1s all\u00e1 de su valor intr\u00ed\u00adnseco, el largo camino de reflexi\u00f3n que se ha llevado a cabo para determinar los elementos estructurales del pecado seg\u00fan diversas formalidades teor\u00e9ticas y experienciales. La multiplicidad de los puntos de referencia permite una pluralidad de definiciones descriptivas, seg\u00fan el fundamento que se tome en consideraci\u00f3n (relaci\u00f3n con la ley, relaci\u00f3n con la voluntariedad de la persona, relaci\u00f3n con el los fines del hombre, etc.). Entre las definiciones m\u00e1s comunes de la tradici\u00f3n encontramos las dos de san Agust\u00ed\u00adn: \u00abAlgo que se hace, se dice o se desea contra la ley eterna (factum vel dictum vel concupitum aliquid contra legem aetemam)\u00bb (Contra Faustum, 1, XXII, c. 27) y \u00abalejamiento de Dios y orientaci\u00f3n hacia las criaturas (aversio a Deo et conversio ad creaturas)\u00bb (De libero arbitrio 1, 1, c. 6).<\/p>\n<p> El pecado se configura de manera  peculiar como un acto humano, estructuralmente desordenado, que tiene, por consiguiente, una cualificaci\u00f3n moral negativa. El aspecto del desorden (inordinatio), subrayado con sagaz insistencia en la sistem\u00e1tica de santo Tom\u00e1s (S. Th. 1-11, qq. 71 -81), expresa tanto la voluntariedad y la intenci\u00f3n del acto humano como e1 car\u00e1cter objetivo de la realidad que constituye el objeto de dicho acto, calific\u00e1ndole) como desorden.<\/p>\n<p>En nuestra \u00e9poca parece ser que,  mientras que se va perdiendo el sentido del pecado, se acrecienta el sentido de culpa: fen\u00f3meno que podr\u00ed\u00ada interpretarse como una consecuencia de la p\u00e9rdida de sentido que se deriva de la secularizaci\u00f3n de la vivencia existencial.<\/p>\n<p>Recientemente se ha venido afirmando igualmente la idea de que existe una orientaci\u00f3n de fondo de la vida del individuo (opci\u00f3n fundamental) que implicar\u00ed\u00ada una valoraci\u00f3n menor de la gravedad de cada uno de los actos pecaminosos.<\/p>\n<p>Aun admitiendo que, por definici\u00f3n,  la opci\u00f3n fundamental como actitud que ha ido madurando a lo largo de los a\u00f1os de vida moral no queda anulada por un acto concreto, parece que puede afirmarse que un pecado, en cuanto que se realiza en cada ocasi\u00f3n libre y deliberadamente, sigue siendo una carencia objetiva de bien, ligera o grave.<\/p>\n<p>Seg\u00fan la tesis original de santo Tom\u00e1s, el pecado grave se distingue del venial por la ruptura de la orientaci\u00f3n finalizadora de la vida hacia Dios (S. Th. 1-11, q.88).<br \/>\nT Rossi<\/p>\n<p> Bibl.: w GUnther, Pecado, en DTNT III,  314-328; &#8216;L. Scheffczyk, Pecado, en CTT III, 387-398; 5. Virgulin, Pecado, en NDTB, 1428-1449&#8217; D. Lafranconi, Pecado, en NDTM, 1 3~7 &#8211; 1 369; p, Schoonenberg, El poder del pecado, Lohl\u00e9, Buenos Aires 1968; \u00ed\u008dd., Pecado y redenci\u00f3n, Herder Barcelona  1972; B. Haring, Pecado y secularizaci\u00f3n, SP Madrid 1974; X. Th\u00e9venot, El pecado hoy, Verbo Divino. Estella 1989.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I.. El pecado en la experiencia humana: 1. La ausencia del pecado; 2. La presencia del pecado. II. La redenci\u00f3n del pecado: 1. \u00abL\u00e1vame m\u00e1s y m\u00e1s de mi delito\u00bb; 2. \u00abPerd\u00f3nanos nuestras deudas\u00bb; 3. \u00abPor un hombre entr\u00f3 el pecado\u00bb; 4. El pecado, una m\u00faltiple ruptura. III. Reflexi\u00f3n cristiana sobre el pecado: 1. El pecado como frustraci\u00f3n del ser humano; 2. El pecado como relaci\u00f3n; 3. Pecados graves y leves; 4. Pecado y opci\u00f3n fundamental; 5. Pecado personal y estructural; 6. Pecado y esperanza. IV. Orientaciones catequ\u00e9ticas: 1. La constataci\u00f3n del mal; 2. La convicci\u00f3n fundamental de partida. V. Acentuaciones de la catequesis sobre el pecado: 1. En relaci\u00f3n con los contenidos; 2. Orientaciones pedag\u00f3gicas; 3. En relaci\u00f3n con las tareas de la catequesis. VI. Orientaciones para las distintas edades: 1. Infancia; 2. Preadolescencia y primera adolescencia; 3. Adolescencia y primera juventud; 4. Edades adultas.<\/p>\n<p>I. El pecado en la experiencia humana1<br \/>\nEl pecado se percibe siempre como un desajuste doloroso. Esa sensaci\u00f3n es pre-religiosa y, en muchos casos, pre-moral. A veces la misma experiencia de la falta puede constituir una coartada para no hablar del pecado. Se cree faltar a una regla o a una convenci\u00f3n social, pero no al proyecto amoroso de Dios. Con lo cual, el sentimiento de culpa y de falta puede reflejar una sutil forma de orgullo. Otra cosa es que tal desarmon\u00ed\u00ada se perciba como un rechazo del proyecto de Dios sobre el hombre, su mundo y su sociedad. Hablar de culpa no es lo mismo que hablar de pecado. Pero hablar de pecado es, en cierto modo, hablar de Dios. Y no es f\u00e1cil el discurso sobre el pecado cuando es dif\u00ed\u00adcil el discurso sobre Dios.<\/p>\n<p>1. LA AUSENCIA DEL PECADO. Son ya t\u00f3picas las palabras de P\u00ed\u00ado XII al congreso catequ\u00ed\u00adstico de Boston, seg\u00fan las cuales el mundo habr\u00ed\u00ada perdido la conciencia de pecado2. Pero la p\u00e9rdida del sentido de pecado puede significar un fen\u00f3meno bastante complejo y ambiguo.<\/p>\n<p>Ser\u00e1 positivo si la persona vive el gozo de la liberaci\u00f3n del mal por la misericordia de Dios. Pero ser\u00e1 negativo si supone el embotamiento ante las exigencias del reino de Dios, la frivolizaci\u00f3n de la existencia. De cualquier forma, la conciencia de pecado, o si se prefiere, la conciencia de la culpabilidad, se ha desvanecido por canales diversos.<\/p>\n<p>a) Es frecuente afirmar que la situaci\u00f3n de \u00abpecado\u00bb de la injusticia social, es s\u00f3lo el fruto de un desajuste econ\u00f3mico. Los pecados capitales de la avaricia o de la pereza se racionalizan hoy en situaciones que se consideran connaturales con una sociedad del cambio o de la competitividad. Se prefiere subrayar la coyuntura econ\u00f3mica por la que atraviesa el mundo, as\u00ed\u00ad como las exigencias de una sociedad basada en el mercado.<\/p>\n<p>b) La psicolog\u00ed\u00ada ha observado que el pecado genera la angustia, pero la angustia vital termina por generar el absurdo del pecado. Hoy, en efecto, se habla con frecuencia del mal moral como resultado de pulsiones incontroladas o de graves frustraciones vitales. El pecado no ser\u00ed\u00ada m\u00e1s que la neurosis o el miedo. El pecado es la alienaci\u00f3n. Algunos pecados capitales, como la soberbia o la lujuria, han sido especialmente analizados a la luz de estos planteamientos.<br \/>\nc) La moderna medicina ha ampliado notablemente el concepto de salud y de enfermedad, de forma que abarque las m\u00faltiples amenazas a la integridad o el equilibrio personal del ser humano. Muchas cuestiones que en \u00e9pocas pasadas eran presentadas como pecados son hoy estudiadas por otros especialistas bajo el ep\u00ed\u00adgrafe de enfermedades o s\u00ed\u00adntomas de un trastorno en el bienestar hol\u00ed\u00adstico de la persona. Hoy se habla del pecado como una adicci\u00f3n.<\/p>\n<p>d) La pedagog\u00ed\u00ada ha visto el pecado como un comportamiento no adecuado a los requisitos m\u00ed\u00adnimos para la aceptabilidad del individuo en el grupo social. En este caso, el pecado es equivalente a un comportamiento mal visto. La detecci\u00f3n del pecado deber\u00ed\u00ada significar una se\u00f1al de alarma para la misma comprensi\u00f3n de la comunidad. La conciencia de pecado se reducir\u00ed\u00ada en muchas ocasiones a una falsa conciencia.<\/p>\n<p>Esta alusi\u00f3n a las ciencias humanas no pretende ser acusadora. Las ciencias humanas estudian el pecado desde sus propias claves. La catequesis acepta esa visi\u00f3n de la realidad, pero debe aportar tambi\u00e9n la visi\u00f3n de la fe. Los desajustes humanos son tambi\u00e9n una ofensa al proyecto de Dios sobre la persona y sobre el mundo3. As\u00ed\u00ad lo afirma Juan Pablo II en la enc\u00ed\u00adclica Veritatis splendor (VS 111).<\/p>\n<p>2. LA PRESENCIA DEL PECADO. Se ha perdido el sentido de pecado en la sociedad actual. Pero la persona no se resigna a abandonar sus referencias \u00e9ticas a la hora de valorar las acciones y el comportamiento global de los hombres. Tambi\u00e9n esa valoraci\u00f3n reviste caracter\u00ed\u00adsticas muy peculiares que la catequesis habr\u00e1 de repensar en profundidad.<\/p>\n<p>a) Como en los tiempos primitivos, subsisten restos de una moral m\u00e1gica que considera el pecado como una mancha que se contrae aun de forma inconsciente. Se piensa que el mal y el bien existen con una cierta independencia respecto a la propia voluntad. Esta tendencia se percibe en quien se acusa de los pecados que haya podido cometer sin darse cuenta y en quien se atribuye una bondad moral por unos h\u00e1bitos, de los que tampoco se da mucha cuenta.<br \/>\nb) Hoy se percibe tambi\u00e9n el pecado como una desobediencia a unas normas impuestas por una autoridad. En el caso anterior nos encontr\u00e1bamos con una conciencia m\u00e1gica y en este con una conciencia heter\u00f3noma. La influencia de una moral legalista es reconocida por los mismos documentol oficiales de la Iglesia4. Un ejemplo habitualmente citado es el de las personas que se acusan de pecados contra normas c\u00falticas o rituales que han sido transgredidas por olvido.<\/p>\n<p>c) En muchas ocasiones el pecado es percibido e internalizado como una especie de exclusi\u00f3n del grupo social. No duelen los valores morales olvidados o violados, sino la p\u00e9rdida de la propia estima. Este sentido de la exclusi\u00f3n ha convivido con una vivencia individualista del pecado que olvida la dimensi\u00f3n p\u00fablica y social de las faltas humanas.<\/p>\n<p>d) Sobre todo, el pecado es sentido hoy como irresponsabilidad colectiva. El primitivo viv\u00ed\u00ada el pecado como una participaci\u00f3n en la responsabilidad del grupo. En Israel, el exilio a Babilonia determin\u00f3 la explicitaci\u00f3n de la conciencia individual (cf Jer 31,29-30). Tambi\u00e9n Ez 14,12-20; 18; 33,10-20 reivindica una responsabilidad personal, que ya se hallaba en Dt 24,16. Pero el descubrimiento de la responsabilidad personal desembocar\u00ed\u00ada con el tiempo en una conciencia individualista y, por fin, en una irresponsabilidad colectiva. La multitud que ha decidido algo por mayor\u00ed\u00ada percibe su responsabilidad de forma tan diluida que apenas llega a preguntarse por el sentido del bien y del mal.<\/p>\n<p>II. La redenci\u00f3n del pecado<br \/>\nEn la Escritura, no es la conciencia previa de la culpa la que se fabrica un Dios salvador como soluci\u00f3n heter\u00f3noma. Es precisamente la certeza de la bondad de Dios la que hace surgir la conciencia religiosa del pecado.<\/p>\n<p>Esta conciencia del pecado y de la indignidad del hombre va estrechamente vinculada a la experiencia de la grandeza y santidad de un Dios inasible y diferente del hombre y sus aspiraciones. La cercan\u00ed\u00ada a Dios hace surgir en Mois\u00e9s la conciencia de su indignidad (cf Ex 3,4-5). El Dios santo que se muestra a Isa\u00ed\u00adas en el templo suscita en \u00e9l la confesi\u00f3n de su solidaridad en el pecado de su pueblo: \u00abSoy hombre de labios impuros; vivo entre un pueblo de labios impuros\u00bb (Is 6,5). El profeta manifiesta su extra\u00f1eza por ser elegido, a pesar de su pecado, para una misi\u00f3n confiada por el Dios santo. Ante la experiencia de una pesca desacostumbrada, tambi\u00e9n Pedro despliega su conciencia de pecado, es decir, de indignidad (cf Lc 5,8).<\/p>\n<p>Una comprensi\u00f3n de la vocaci\u00f3n de Dios como invitaci\u00f3n a aceptar su proyecto sobre el mundo y sobre la historia nos ayudar\u00ed\u00ada a comprender el pecado desde la clave del endurecimiento del coraz\u00f3n, tan querida a la teolog\u00ed\u00ada jo\u00e1nica (cf Jn 12,37-43). En esa perspectiva, el pecado es la lejan\u00ed\u00ada opcional respecto a Dios. El pecado es la decisi\u00f3n de construir la propia vida desde una autonom\u00ed\u00ada suficiente y sorda (cf Sal 94,7-11; Heb 3,7-4,11).<\/p>\n<p>1. \u00abL\u00ed\u0081VAME M\u00ed\u0081S Y M\u00ed\u0081S DE MI DELITO\u00bb (Sal 50,4). En los textos b\u00ed\u00adblicos el pecado se evoca con palabras que significan errar el blanco en el sentido religioso moral de faltar a una norma (Lev 4,2.27), a una persona (G\u00e9n 20,9), o a Yav\u00e9 (Ex 9,27; 10,16; Jos 7,20). Faltar a Yav\u00e9 es para el hombre faltar al proyecto original de Dios, perder su objetivo vital y correr en vano. Algunas acciones u omisiones no s\u00f3lo conllevan una desobediencia al precepto de Dios, sino que constituyen una falta de justicia con los otros miembros de la comunidad y, sobre todo, significan la quiebra fundamental del mismo ser del hombre. Se percibe en el Antiguo Testamento que el pecado es deshumanizador. Es un atentado contra la sabidur\u00ed\u00ada: es una necedad.<\/p>\n<p>a) Paradigmas del pecado. M\u00e1s interesante que la terminolog\u00ed\u00ada empleada en el Antiguo Testamento, es el abanico de narraciones que reflejan la hondura de la reflexi\u00f3n sobre este misterio.<\/p>\n<p>El pecado protot\u00ed\u00adpico del hombre es el de la decisi\u00f3n que frustra el plan de Dios y cambia las relaciones que constituyen la vida misma del hombre. El hombre creado para buscar a Dios se convierte en el buscado por Dios. Sus semejantes, y en este caso la mujer, se convierten en sus enemigos. Y el mismo mundo creado se torna arisco y hostil. Por el pecado se trastornan las relaciones del hombre con lo otro, con los otros y con el absolutamente Otro. Sin embargo, Dios est\u00e1 decidido a mantener al hombre en su proyecto de vida y esperanza (G\u00e9n 3,15).<\/p>\n<p>El relato de la torre de Babel ofrece una nueva ocasi\u00f3n para reflexionar sobre el pecado como engreimiento ante Dios y como extra\u00f1amiento ante los hombres. Lo bab\u00e9lico parece convertirse de esa forma en categor\u00ed\u00ada moral y religiosa (G\u00e9n 11).<\/p>\n<p>En el becerro de oro (Ex 32) descubrimos que todo pecado es una idolatr\u00ed\u00ada. Se adora a las cosas de Dios en el lugar del Dios de las cosas. El pecado, adem\u00e1s, modifica las relaciones comunitarias: los miembros de la comunidad se convierten en c\u00f3mplices. El pecado, en fin, quebranta la alianza ofrecida por Dios a su pueblo: todo pecado es una ingratitud, un abandono de Dios, un adulterio ante el Dios desposado con su pueblo (cf Os 1,2; Jer 2,2; Ez 16 y 23). El pecado es un abandono de la esperanza. Invitado a caminar hacia la tierra de su liberaci\u00f3n, el pueblo mira hacia atr\u00e1s, adorando un becerro, s\u00ed\u00admbolo del buey Apis venerado en Egipto. El pecado es un retroceso.<\/p>\n<p>b) Algunas observaciones. Ante la justicia de Dios, el profeta descubre la injusticia a su alrededor. S\u00f3lo Dios es justo. Y los que a \u00e9l se acercan han de buscar decididamente la justicia. No es verdadero creyente el que adora a Dios y desprecia al hombre. \u00abYo quiero amor, no sacrificios; conocimiento de Dios, y no holocaustos\u00bb (Os 6,6). Este grito casi escandaloso de Oseas, recorre el mensaje de todos los profetas y llega hasta Jes\u00fas. La dimensi\u00f3n vertical se cruza con la horizontal, tanto al hablar de la gracia como al considerar el pecado.<\/p>\n<p>El profeta Am\u00f3s nos sugiere otra observaci\u00f3n que adquiere hoy una especial actualidad. El pecado no es un triste privilegio de Israel. Se encuentra tambi\u00e9n en los otros pueblos (Am 1,3-23).<\/p>\n<p>Y, sin embargo, las interpelaciones de los profetas, aunque sean duras con los pecadores (Am 9,10), no cierran el horizonte a la esperanza. Los profetas saben que, aunque fueran rojos como la grana o el carmes\u00ed\u00ad, los pecados se tornar\u00e1n blancos como la nieve y la lana (Is 1,18). Con raz\u00f3n el salmista pone en boca de David la m\u00e1s bella oraci\u00f3n de arrepentimiento: \u00abTen compasi\u00f3n de m\u00ed\u00ad, oh Dios, por tu misericordia, por tu inmensa ternura borra mi iniquidad; l\u00e1vame m\u00e1s y m\u00e1s de mi delito y purif\u00ed\u00adcame de mi pecado\u00bb (Sal 50,3-4).<\/p>\n<p>2. \u00abPERD\u00ed\u201cNANOS NUESTRAS DEUDAS\u00bb (Mt 6,12). Mientras en los sin\u00f3pticos la palabra hamart\u00ed\u00ada se usa en plural, en referencia a las faltas cometidas contra la ley y contra los hermanos, en los escritos paulinos, usada en singular, significa m\u00e1s bien la tragedia de todo un mundo que vive en la irredenci\u00f3n y en la lejan\u00ed\u00ada de Dios, y en los escritos jo\u00e1nicos se refiere a la acci\u00f3n de Jes\u00fas que viene al mundo y lleva sus pecados como el cordero de Dios (Jn 1,29; 1Jn 3,5). Cristo ha operado la purificaci\u00f3n del pecado (lJn 1,7) para que no peque el que permanezca en \u00e9l (1Jn 3,3-5).<\/p>\n<p>La palabra deuda se encuentra en Mt 6,12, pero ya Lucas (11,4) sustituye deuda por pecado para hacerse entender por los destinatarios de lengua griega, aunque conserva la idea de la deuda en la segunda parte de la petici\u00f3n. La idea de la deuda la encontramos a\u00fan en la par\u00e1bola del siervo despiadado (Mt 18,23-35) y en el episodio de la pecadora arrepentida en casa del fariseo (Lc 7,41-48).<\/p>\n<p>a) Jes\u00fas y los pecadores. En las tres par\u00e1bolas de la misericordia se subraya la alegr\u00ed\u00ada del encuentro y el gozo por un pecador que se arrepiente (Lc 15,7). Llama la atenci\u00f3n que Jes\u00fas vaya ofreciendo el perd\u00f3n de los pecados a los enfermos (Mt 9,2; Mc 2,5; Lc 5,20) y que reivindique solemnemente la potestad de perdonarlos (Mt 9,6; Mc 2,10; Lc 5,24). Jes\u00fas repite una y otra vez que no ha venido a buscar a los justos, sino a los pecadores (Mt 9,13; Mc 2,17; Le 5,32). No hay mayor pecado que el no abrirse a la oferta de la salvaci\u00f3n (Jn 8,24). Los que siendo ciegos presumen de ver con claridad, permanecen en su pecado (Jn 9,41). La Iglesia primitiva conserv\u00f3 fielmente tal recuerdo, sabi\u00e9ndose continuadora de la misi\u00f3n misma de Jes\u00fas (Mt 16,19; 18,18; Jn 20,23), de su invitaci\u00f3n a perdonar (Lc 6,37) y de su mismo ejemplo de perd\u00f3n a los enemigos (Le 23,34).<\/p>\n<p>b) Un nuevo concepto del pecado. A la luz de estos encuentros, se nos revela un nuevo concepto del pecado. Jes\u00fas no ha venido a abolir la Ley de Mois\u00e9s. Ha venido a revelar su sentido \u00faltimo y su radicalidad. La revisi\u00f3n de los mandamientos de la ley mosaica (Mt 5,20-48) constituye una predicaci\u00f3n prof\u00e9tica sobre la sinceridad de las actitudes morales. Los antiguos pecados de homicidio, adulterio, perjurio, venganza o discriminaci\u00f3n son vistos a la luz de los valores que conculcan y son presentados en la din\u00e1mica de una exigencia de interioridad. Los mandamientos de la Ley se resumen en el mandato de buscar la perfecci\u00f3n: \u00abSed perfectos\u00bb (Mt 5,48). 0 bien, como traduce Lucas: \u00abSed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso\u00bb (Lc 6,36).<\/p>\n<p>Jes\u00fas hace un gran esfuerzo por purificar la conciencia de pecado de sus adherencias ritualistas. La pureza o la impureza no est\u00e1 en las cosas, sino en el coraz\u00f3n (Mt 7,21-23). Reduce el n\u00facleo de la nueva ley al amor al pr\u00f3jimo, en estrecha relaci\u00f3n con el amor a Dios (Mc 12,28-34; Jn 13,34; 15,12). El criterio del discernimiento del pecado es la acogida o rechazo a los pobres (Mt 25,31-46). El pecado del mundo es la falta de fe en Jesucristo (Jn 16,9) y su incredulidad (Jn 8,21.24.46; 15,22).<\/p>\n<p>3. \u00abPOR UN HOMBRE ENTR\u00ed\u201c EL PECADO\u00bb (Rom 5,12). San Pablo subraya la reconciliaci\u00f3n operada por Jesucristo. Todos los hombres estaban instalados en un mundo de pecado (Rom 3,23). Los paganos, porque, aun no teniendo la Ley, pod\u00ed\u00adan conocer el bien por medio de su conciencia (Rom 2,14). Y los jud\u00ed\u00ados porque hab\u00ed\u00adan transgredido sus mandatos (Rom 2,21-24). Tanto jud\u00ed\u00ados como griegos estaban todos bajo el pecado (Rom 3,10).<\/p>\n<p>Para Pablo, Cristo se entreg\u00f3 a s\u00ed\u00ad mismo por nuestros pecados (G\u00e1l 1,4). En Cristo, Dios ha reconciliado al mundo consigo, no tomando en cuenta las transgresiones de los hombres. \u00abA quien no conoci\u00f3 pecado, le hizo pecado en lugar nuestro, para que nosotros seamos en \u00e9l justicia de Dios\u00bb (2Cor 5,21). La ley del Esp\u00ed\u00adritu que da la vida en Cristo Jes\u00fas nos liber\u00f3 del pecado y de la muerte (Rom 8,2).<\/p>\n<p>Pero Pablo se enfrenta tambi\u00e9n con los cristianos, que siguen siendo impuros, avaros, id\u00f3latras, borrachos o ladrones (lCor 5,11). Al referirse a la lujuria, no duda en emplear la terminolog\u00ed\u00ada relativa al pecado (1Cor 6,18).<\/p>\n<p>4. EL PECADO, UNA M\u00daLTIPLE RUPTURA. En el Nuevo Testamento se alude al pecado como ese fen\u00f3meno misterioso que viene a subvertir las relaciones del hombre con el mundo c\u00f3smico, con los dem\u00e1s hombres y con su Dios.<\/p>\n<p>a) Esclavitud. Ante la urgente invitaci\u00f3n al reino de Dios, los hombres pueden, a veces, sentirse seducidos por las cosas o situaciones que parecen brindarles seguridad. Se comportan como insensatos o imprudentes. El pecado es, en efecto, una forma de esclavitud ante los peque\u00f1os \u00ed\u00addolos de cada d\u00ed\u00ada (cf Mt 8; 12; 22; Le 12; 16; 21). Tambi\u00e9n Pablo sit\u00faa el pecado, todo pecado, en el terreno de la idolatr\u00ed\u00ada (Rom 1,23; Ef 4,19; 5,5).<br \/>\nb) Insolidaridad. Como en los or\u00e1culos de los profetas, tambi\u00e9n en el mensaje de Jes\u00fas se sit\u00faa el pecado en el marco de la ruptura de la solidaridad entre los hombres. Jes\u00fas comprende que los hombres pecan los unos contra los otros (Mt 18,15; 21-22; Lc 17,4) y no duda en ejemplificar algunas de estas actitudes, evocando la figura de un juez que no atiende las demandas de la viuda (Le 18,1-8) o la del hombre rico que no presta atenci\u00f3n a las necesidades del mendigo llagado (Le 16,19-31). Pablo, por su parte, presenta una serie de actitudes antisociales cuando se refiere a \u00ablo que no deben\u00bb (Rom 1,28-32), mientras que Juan ofrece toda una teolog\u00ed\u00ada del pecado en clave del odio y el desamor (Un 3,3-10).<br \/>\nc) Impiedad. Pero el pecado es fundamentalmente una actitud ante Dios: la actitud del que no acoge el reino de Dios como puro don gratuito, y desea construir su vida ofreci\u00e9ndose a s\u00ed\u00ad mismo la salvaci\u00f3n. Parad\u00f3jicamente, quien m\u00e1s pecado tiene es el que se considera a s\u00ed\u00ad mismo justo ante Dios (Le 18,9-14) y ante la mirada de los hombres (Mt 23,28); quien presume de no necesitar la oferta de la salvaci\u00f3n (Mc 2,17), quien pretende vivir en la luz mientras se obstina en vivir en las tinieblas (Jn 9,41; cf Jn 8,24). Tambi\u00e9n para Pablo el pecado est\u00e1 marcado por una privaci\u00f3n de la gloria y de la santidad que brotan de Dios (Rom 3,23) y se manifiestan en Jesucristo (Ef 1,7).<\/p>\n<p>III. Reflexi\u00f3n cristiana sobre el pecado<br \/>\nClemente de Alejandr\u00ed\u00ada presentaba el pecado como aquello que va contra la recta raz\u00f3n (Paedag. 1, 13; PG 8, 372). El pecado, en efecto, no se sit\u00faa en el \u00e1mbito de la extra\u00f1eza social del comportamiento sino en su enfrentamiento con el fundamento ontol\u00f3gico del ser humano, con su \u00ed\u00adntima verdad (cf FR 67-68). Ah\u00ed\u00ad se encontrar\u00ed\u00ada la base para un aut\u00e9ntico ecumenismo \u00e9tico y para un di\u00e1logo con la filosof\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>1. EL PECADO COMO FRUSTRACI\u00ed\u201cN DEL SER HUMANO. Una mentalidad positivista nos hace ver el pecado como una transgresi\u00f3n de una ley externa, que podr\u00ed\u00ada cambiar sin que el orden objetivo se viese perturbado. A veces se piensa que el pecado es la ruptura liberadora de la opresi\u00f3n paterna, proyectada en todas las estructuras del control social. Cuando as\u00ed\u00ad se piensa no se tiene en cuenta la dimensi\u00f3n humana -es decir, antihumana- del pecado, la frustraci\u00f3n y la quiebra ontol\u00f3gica que introduce en la existencia humana. Lo expresaba bien san Agust\u00ed\u00adn: \u00abLo que t\u00fa vengas es lo que los hombres perpetran contra s\u00ed\u00ad mismos, porque hasta cuando pecan contra ti obran imp\u00ed\u00adamente contra sus almas y se enga\u00f1a a s\u00ed\u00ad misma su iniquidad\u00bb (Conf. 3, 8, 16: PL 32, 690). Tom\u00e1s de Aquino escribe que \u00abno recibe Dios ofensa de nosotros sino por obrar nosotros contra nuestro bien\u00bb (Summa contra gentes, 3.122).<\/p>\n<p>2. EL PECADO COMO RELACI\u00ed\u201cN. En el hombre se cruza la presencia de lo otro, de los otros y del absolutamente Otro. De esa relaci\u00f3n dependen su realizaci\u00f3n, su silueta \u00e9tica y su felicidad. La relaci\u00f3n con el otro puede resolverse en el se\u00f1or\u00ed\u00ado o en la esclavitud. La relaci\u00f3n con los otros puede adoptar el talante de la fraternidad o el de la competitividad agresiva. La relaci\u00f3n con el absolutamente Otro puede ser vivida en la adoraci\u00f3n filial o en el rechazo o la utilizaci\u00f3n m\u00e1gica de lo sagrado. El triple ideal del se\u00f1or\u00ed\u00ado, la fraternidad y la filialidad (Puebla 332), que orientar\u00ed\u00ada la armon\u00ed\u00ada del hombre, puede ser roto. Eso es el pecado.<\/p>\n<p>a) La dimensi\u00f3n personal del pecado es descrita en la Constituci\u00f3n pastoral sobre la Iglesia en el mundo de hoy (GS 13a), donde se presenta el pecado como un abuso de la libertad humana, por el que el hombre se levanta contra Dios y pretende alcanzar su propio fin al margen de Dios. El Vaticano II subraya el papel de Cristo, que libera al hombre de la esclavitud del pecado y sintetiza los efectos de tal esclavitud en la persona humana: \u00abEl pecado rebaja al hombre, impidi\u00e9ndole lograr su propia plenitud\u00bb (GS 13b).<\/p>\n<p>b) El Concilio ha dedicado muchas referencias a la dimensi\u00f3n social y comunitaria del pecado: \u00abLos desequilibrios que fatigan al mundo moderno est\u00e1n conectados con ese otro desequilibrio fundamental que hunde sus ra\u00ed\u00adces en el coraz\u00f3n humano\u00bb (GS l0a). El pecado ha roto la armon\u00ed\u00ada en las relaciones del hombre con sus semejantes (GS 13) e introduce las perturbaciones que agitan a la sociedad (GS 25c), las diversas esclavitudes en la sociedad actual (GS 27c), la discriminaci\u00f3n (GS 29bc), la indiferencia y los fraudes a las normas sociales (GS 30ab), el aborto y el infanticidio (GS 51c), las violaciones del derecho de gentes y los abusos del poder (GS 75). La ra\u00ed\u00adz de estas ofensas contra la dignidad humana se encuentra en el pecado (GS 40b).<\/p>\n<p>c) Todo pecado repercute en la comunidad eclesial, de forma que la Iglesia santa necesita de una continua purificaci\u00f3n (LG 8c). El pecado de sus miembros y la situaci\u00f3n poco evang\u00e9lica de sus estructuras termina afeando a toda la Iglesia.<br \/>\nd) Tambi\u00e9n la dimensi\u00f3n c\u00f3smica del pecado es subrayada por el Concilio: al pecar, el hombre rompi\u00f3 sus relaciones armoniosas con todas las cosas creadas (GS 13a), y la misma imagen de este mundo est\u00e1 afeada por el pecado (GS 39a).<\/p>\n<p>La visi\u00f3n de estas dimensiones del pecado deber\u00ed\u00ada suscitar una recuperaci\u00f3n de la objetividad antropol\u00f3gica del mal moral, la comprensi\u00f3n del pecado como frustraci\u00f3n del fen\u00f3meno humano, la confesi\u00f3n de la salvaci\u00f3n universal de Cristo redentor que salva no s\u00f3lo al hombre individual, sino tambi\u00e9n a la comunidad de la familia humana y a la realidad c\u00f3smica que comparte su camino y, en cierto modo, su destino. Se sepa o no, toda falta moral se refiere a Cristo, revelaci\u00f3n m\u00e1xima y definitiva del proyecto y del amor de Dios.<\/p>\n<p>3. PECADOS GRAVES Y LEVES. Desde las tradiciones b\u00ed\u00adblicas hasta los \u00faltimos pronunciamientos de la Iglesia establecen una distinci\u00f3n entre pecados graves y leves.<\/p>\n<p>a) Doctrina tradicional. La distinci\u00f3n se funda en algunos textos b\u00ed\u00adblicos (Mt 7,3-5; 23,24; 1Cor 3,10-15; 6,9-10) y, sobre todo, en lJn 5,16: \u00abSi alguno ve a su hermano cometer un pecado que no lleve a la muerte, rece por \u00e9l, y Dios le dar\u00e1 la vida; esto lo digo para los que cometan pecados que no llevan a la muerte, pues hay un pecado que es de muerte, por el cual no digo que pida\u00bb. Otro texto importante es la par\u00e1bola de los dos deudores (Mt 18,23-25). La doctrina posterior de la Iglesia ha reafirmado la diversidad de los pecados para frenar los brotes de un rigorismo que pretender\u00ed\u00ada igualar la gravedad de todas las faltas.<br \/>\nb) Doctrina reciente. As\u00ed\u00ad pues, en la tradici\u00f3n de la Iglesia es muy antigua esta distinci\u00f3n entre pecados graves y leves, o mortales y veniales, como afirma el Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica: \u00abEl pecado mortal destruye la caridad en el coraz\u00f3n del hombre por una infracci\u00f3n grave de la ley de Dios; aparta al hombre de Dios, que es su fin \u00faltimo y su bienaventuranza, prefiriendo un bien inferior\u00bb (CCE 1855).<\/p>\n<p>El Catecismo recuerda las tres condiciones tradicionales: \u00abEs pecado mortal lo que tiene como objeto una materia grave y que, adem\u00e1s, es cometido con pleno conocimiento y deliberado consentimiento\u00bb (CCE 1857, cf 1862). M\u00e1s adelante se dice que \u00abel pecado venial debilita la caridad; entra\u00f1a un afecto desordenado a bienes creados; impide el progreso del alma en el ejercicio de las virtudes y la pr\u00e1ctica del bien moral&#8230; No obstante, no rompe la alianza con Dios\u00bb (CCE 1863).<\/p>\n<p>La instrucci\u00f3n episcopal Dejaos reconciliar con Dios pone el pecado mortal en relaci\u00f3n con la opci\u00f3n y la orientaci\u00f3n fundamental del hombre a Dios, que ser\u00ed\u00ada destruida por el pecado. Recoge la doctrina cl\u00e1sica para afirmar que algunos actos graves por su objeto, pueden no ser realizados con pleno conocimiento y deliberado consentimiento, por lo que no da\u00f1ar\u00ed\u00adan la opci\u00f3n fundamental del hombre, que es la caridad de Dios. Ser\u00ed\u00adan pecados veniales, leves o cotidianos los que \u00absin romper la comuni\u00f3n y la amistad con Dios y sin apartarle de su gracia, contradicen el amor de Dios y hacen que el hombre se detenga en su camino hacia Dios y le debilitan para vivir en aquella comuni\u00f3n con \u00e9l\u00bb5.<\/p>\n<p>4. PECADO Y OPCI\u00ed\u201cN FUNDAMENTAL. Para santo Tom\u00e1s la gravedad de los pecados depende de su mayor o menor alejamiento de la rectitud razonable (Sum. Theol. 1-2, 73, 2). Una vez m\u00e1s, la verdad del hombre es la medida de sus acciones.<\/p>\n<p>La teolog\u00ed\u00ada moral tradicional afirma que, en realidad, s\u00f3lo al pecado mortal corresponde tal nombre y la seriedad de lo que la Revelaci\u00f3n nos ha descubierto respecto a la situaci\u00f3n de alejamiento de Dios y rechazo de su proyecto de amor y alianza. Algunos autores han propuesto una triple distinci\u00f3n de los pecados, que podr\u00ed\u00adan clasificarse en veniales, graves y mortales.<\/p>\n<p>Tal propuesta, recogida en el S\u00ed\u00adnodo de 1983, pretende reservar la calificaci\u00f3n de mortales para los pecados de obstinado rechazo de la luz y la salvaci\u00f3n de forma definitiva. La exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica Reconciliatio et paenitentia no parece oponerse radicalmente a esa nueva divisi\u00f3n, aunque a\u00f1ade un par de matizaciones: \u00abEsa triple distinci\u00f3n podr\u00ed\u00ada poner de relieve el hecho de que existe una gradaci\u00f3n en los pecados graves. Pero queda siempre firme el principio de que la distinci\u00f3n esencial y decisiva est\u00e1 entre el pecado que destruye la caridad y el pecado que no mata la vida sobrenatural; entre la vida y la muerte no existe una v\u00ed\u00ada intermedia\u00bb (RP 17).<\/p>\n<p>La teolog\u00ed\u00ada contempor\u00e1nea viene considerando que se podr\u00ed\u00ada apelar a la opci\u00f3n fundamental. El pecado grave supondr\u00ed\u00ada una opci\u00f3n radical y fundamental contra el amor de Dios y su proyecto sobre el mundo. El pecado leve, en cambio, no contradice tal opci\u00f3n. Tal vez las discusiones originadas por el uso de esta categor\u00ed\u00ada se deban a que no se ha subrayado el car\u00e1cter de vocaci\u00f3n de la moral cristiana. No toda opci\u00f3n es igualmente humanizadora por no hacer referencia a la verdad \u00faltima del hombre. De ah\u00ed\u00ad que la citada exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica introduzca una especie de nota de cautela sobre el tema: \u00abSe deber\u00e1 evitar reducir el pecado mortal a un acto de opci\u00f3n fundamental -como hoy se suele decir- contra Dios, entendiendo con ello un desprecio expl\u00ed\u00adcito y formal de Dios o del pr\u00f3jimo. Se comete, en efecto, un pecado mortal tambi\u00e9n cuando el hombre, sabiendo y queriendo, elige, por cualquier raz\u00f3n, algo gravemente desordenado. En efecto, en esta elecci\u00f3n est\u00e1 ya incluido un desprecio del precepto divino, un rechazo del amor de Dios hacia la humanidad y hacia toda la creaci\u00f3n: el hombre se aleja de Dios y pierde la caridad. La orientaci\u00f3n fundamental puede, pues, ser radicalmente modificada por actos particulares\u00bb (RP 17).<\/p>\n<p>La categor\u00ed\u00ada de la opci\u00f3n fundamental es \u00fatil para establecer la distinci\u00f3n entre los pecados, si se evita el riesgo de la subjetividad y se tiene en cuenta la referencia al ser y a la verdad del hombre. A este tema se refiere de forma expl\u00ed\u00adcita la enc\u00ed\u00adclica Veritatis splendor (VS 69-70).<\/p>\n<p>5. PECADO PERSONAL Y ESTRUCTURAL. La categor\u00ed\u00ada del pecado se ha reducido con frecuencia a la responsabilidad individual. El subrayado de los actos humanos en detrimento del estudio de las actitudes -tan oportunamente recordadas por la enc\u00ed\u00adclica Sollicitudo rei socialis (SRS 38f)- ha limitado el estudio y la catequesis sobre el pecado a los aspectos m\u00e1s puntuales de las decisiones humanas. Con ello se ha dejado de lado el amplio campo de las omisiones.<\/p>\n<p>Las estructuras de pecado aparecen mencionadas no menos de diez veces a lo largo de la enc\u00ed\u00adclica Sollicitudo rei socialis. \u00abUn mundo dividido en bloques, presididos a su vez por ideolog\u00ed\u00adas r\u00ed\u00adgidas, donde, en lugar de la interdependencia y la solidaridad dominan diferentes formas de imperialismo, no es m\u00e1s que un mundo sometido a estructuras de pecado\u00bb (SRS 36a). El an\u00e1lisis teol\u00f3gico-moral de tales estructuras se afina en el n. 37, al analizar las actitudes que las soportan: el af\u00e1n de ganancia exclusiva y la sed de poder -\u00aba cualquier precio\u00bb-.<\/p>\n<p>De forma anal\u00f3gica se podr\u00ed\u00ada decir de las estructuras lo que el concilio de Trento dec\u00ed\u00ada de la concupiscencia: que puede con el Ap\u00f3stol (Rom 6, l2ss.) ser calificada como pecado, porque del pecado nace y al pecado inclina (cf DS 1515). Tambi\u00e9n las estructuras de pecado provienen de decisiones individuales pecadoras, pero terminan generando, justificando y aun exigiendo otras decisiones pecaminosas.<\/p>\n<p>Las estructuras injustas se oponen por igual a la paz y al desarrollo (SRS 37d, 39g), pero han de generar una actitud de solidaridad (SRS 38, 40). Al entramado de pecados personales y estructuras de pecado ha de corresponder la conversi\u00f3n personal, acompa\u00f1ada de gestos pol\u00ed\u00adticos, sociales, econ\u00f3micos y culturales verdaderamente decididos y eficaces.<\/p>\n<p>6. PECADO Y ESPERANZA. La revelaci\u00f3n cristiana no tiene al pecado como objeto inmediato. Su buena noticia es la de la salvaci\u00f3n. La Escritura orienta las miradas hacia la esperanza de la redenci\u00f3n. La revelaci\u00f3n del pecado es siempre una revelaci\u00f3n de esperanza. Hablar de pecado no significa resignarse a su presencia.<\/p>\n<p>El hombre est\u00e1 anclado eh la esperanza. Pero la esperanza es siempre dif\u00ed\u00adcil. Se pierde por la desesperaci\u00f3n de quien anticipa la no-plenitud o por la presunci\u00f3n de quien anticipa la plenitud. Todo pecado, individual o social, personal o estructural, puede ser considerado en esta perspectiva. El pecado lleva consigo un fruto de desesperanza o de presunci\u00f3n. De ah\u00ed\u00ad que signifique siempre la frustraci\u00f3n de la esperanza: una abdicaci\u00f3n de la dignidad prometida y esperada. Paralelamente, la conversi\u00f3n supone aceptar el humilde camino de la esperanza, que se hace cotidianidad y compromiso en la paciencia. La paciencia, en cuanto compromiso activo, reivindica la credibilidad de la esperanza y la seriedad de la conversi\u00f3n.<\/p>\n<p>La cr\u00ed\u00adtica prof\u00e9tica ante el pecado del mundo no deber\u00ed\u00ada brotar de la arrogancia o del desd\u00e9n. La Iglesia entera, los cristianos todos, se saben itinerantes y pecadores. Reflexionar o predicar sobre el pecado no es lanzar anatemas. La fe cristiana critica el pecado del mundo en cuanto deshumanismo del hombre y desmundanizaci\u00f3n del mundo. Pero lo hace por amor al hombre y por amor a ese mundo que es tambi\u00e9n el suyo, por ser el del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>La reflexi\u00f3n sobre el pecado en el mundo y sobre el pecado del mundo estimula siempre en los creyentes la vocaci\u00f3n a la condescendencia que han aprendido del mismo Dios, que acomoda su paso al de los hombres.<\/p>\n<p>IV. Orientaciones catequ\u00e9ticas<br \/>\nEs probable que la primera reacci\u00f3n del catequista ante el tema del pecado sea de malestar y desasosiego. Comparte as\u00ed\u00ad, de alg\u00fan modo, un sentimiento generalizado en la cultura contempor\u00e1nea, que rechaza, o desvirt\u00faa con interpretaciones reductivas, una realidad persistente de la que no se puede liberar, y ante la cual padecemos una aguda y sorda culpabilidad, que nos hace sentirnos culpables de todo y responsables de nada. En su presencia, la reacci\u00f3n com\u00fan (ya desde los or\u00ed\u00adgenes: G\u00e9n 3,8-13) es esconderse, ignorarla, negarla como responsabilidad personal, diluirla en la responsabilidad de la sociedad o del grupo, atribuirla a fuerzas ocultas de diverso tipo, o, en el otro extremo, cargarnos de culpabilidad, urgirnos a un est\u00e9ril perfeccionismo o dejarnos atrapar por la angustia o la desesperanza.<\/p>\n<p>1. LA CONSTATACI\u00ed\u201cN DEL MAL. El pecado es un componente real y molesto del devenir de cada historia personal y de la humanidad. Es una realidad insoslayable y tozuda, cualquiera que sea la \u00f3ptica desde la que lo contemplemos e interpretemos, o el nombre que le pongamos (frustraci\u00f3n o neurosis, mancha o culpa, falta o error, imperfecci\u00f3n o desobediencia, ofensa o infidelidad).<\/p>\n<p>En la vida personal experimentamos insatisfacci\u00f3n y desajustes entre lo que queremos ser y hacer y lo que de hecho somos y hacemos: infidelidades en las relaciones personales, inversi\u00f3n de valores, rupturas familiares, c\u00e1lculos ego\u00ed\u00adstas, ansia de dinero, sentimientos de culpa, debilidades, frustraciones. En la sociedad cercana y lejana, en el momento presente, en la historia reciente (nuestro siglo es bien ilustrativo en guerras, fanatismos, genocidios, crecimiento de las desigualdades) y en la historia general de la humanidad, los s\u00ed\u00adntomas de malestar y las situaciones de injusticia, enga\u00f1o, manipulaci\u00f3n, violencia, corrupci\u00f3n&#8230; son evidentes (cf La verdad os har\u00e1 libres, 14-20).<\/p>\n<p>No ser\u00e1 dif\u00ed\u00adcil para la catequesis sacar a la luz estas realidades (tal como lo hace Pablo en Rom 1,16-3,20): basta con apelar a la propia experiencia, a las cr\u00f3nicas de los medios de comunicaci\u00f3n social, a los estudios sociol\u00f3gicos o a los manuales de historia. Cierto que caben para lo as\u00ed\u00ad constatado interpretaciones o respuestas puramente \u00e9ticas, sociol\u00f3gicas, psicol\u00f3gicas, m\u00e9dicas o pedag\u00f3gicas, que por s\u00ed\u00ad mismas no conducen al reconocimiento del pecado, cosa que s\u00f3lo es posible desde la fe. Pero s\u00ed\u00ad es cierto que la constataci\u00f3n del mal en sus diversas formas es prueba que convence a la humanidad de su genuina situaci\u00f3n (GS 2 y CC 180; Rom 3,19; 11,32; G\u00e1l 3,22), y ofrece a la catequesis la experiencia humana necesaria, que la luz de la Palabra iluminar\u00e1. Este reconocimiento es el primer paso para vivir en la verdad que nos har\u00e1 libres (cf lJn 1,8; Jn 8,22).<\/p>\n<p>2. LA CONVICCI\u00ed\u201cN FUNDAMENTAL DE PARTIDA. S\u00f3lo desde la fe, con Dios y en su presencia, podemos descubrir el pecado presente en nuestro mal y nuestras culpas y, por tanto, reconocerlo y confesarlo. La revelaci\u00f3n del pecado en la Escritura nunca lo es por s\u00ed\u00ad misma; est\u00e1 siempre vinculada a la misericordia y el perd\u00f3n de Dios; nunca aparece para hundir y condenar al pecador, sino como un medio para llamar a la conversi\u00f3n, otorgar el perd\u00f3n, suscitar la esperanza y crear en el viejo hombre el hombre nuevo salvado por el Amor. \u00abEn la Sagrada Escritura el tema del pecado forma parte del evangelio de la conversi\u00f3n. La Biblia habla del pecado y de la conversi\u00f3n teniendo la vista fija en Dios, cuya misericordia se transmite de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n. No existe ley que desenmascare el pecado, s\u00f3lo la revelaci\u00f3n de la justicia y la misericordia salvadoras de Dios rasgan la m\u00e1scara del pecado y lo revelan. El pecado no puede ser ni la primera ni la \u00faltima palabra. Cuando predicamos jam\u00e1s deberemos arrancar de la ley y del pecado, sino siempre de la buena noticia de la sobreabundante gracia de Dios. Nuestra presentaci\u00f3n del pecado tendr\u00e1 sentido si comunicamos la buena noticia: la conversi\u00f3n es posible, Cristo nos ha liberado\u00bb6.<\/p>\n<p>La exposici\u00f3n m\u00e1s sistem\u00e1tica y profunda sobre el pecado en el mundo (Rom 1-3) est\u00e1 significativamente enmarcada entre dos afirmaciones sorprendentes: \u00abEvangelio&#8230; es poder de Dios para la salvaci\u00f3n de todo el que cree&#8230;, la justicia de Dios se manifiesta en \u00e9l por la fe\u00bb (1,16-17), y \u00abse ha manifestado la justicia de Dios&#8230; en Jesucristo al pasar por alto los pecados del pasado\u00bb (3,21-26). Lo que expone entre ambas afirmaciones no es para condenar al mundo, sino para salvarlo (Jn 3,16-17 y Rom 11,32). La catequesis, pues, transmite la revelaci\u00f3n del pecado, tal como lo hace la Escritura, para mostrar la misericordia y disponer al perd\u00f3n. Dios se revela as\u00ed\u00ad como defensor del hombre, aliado con \u00e9l frente al enemigo com\u00fan, comprometido eficazmente con \u00e9l mediante un plan de salvaci\u00f3n, al que el pecado se opone y obstaculiza.<\/p>\n<p>La catequesis solamente puede transmitir este mensaje a partir del testimonio concreto de la Escritura, sistematizado m\u00e1s arriba. En ella aparecen narraciones paradigm\u00e1ticas, ejemplares o simb\u00f3licas que el creyente necesita conocer para iluminar la propia realidad. Tambi\u00e9n el testimonio de los profetas que, impulsados e iluminados por el Esp\u00ed\u00adritu de Dios, luchan en todos los frentes contra el pecado. Mediante la denuncia y la amenaza, la promesa y la invitaci\u00f3n, con gestos y palabras, con la propia persona y con su vida, sacudiendo las conciencias, manifestando la misericordia y el amor de Dios, urgiendo a la conversi\u00f3n, proclamando la paz mesi\u00e1nica7.<\/p>\n<p>Pero quien revela definitivamente la actitud de Dios frente al pecado y con los pecadores, es Jes\u00fas, cuya realidad hist\u00f3rica est\u00e1 marcada por claras referencias al pecado: el anuncio de su llegada para salvar \u00abal pueblo de sus pecados\u00bb (Mt 1,21), enviado \u00abpara que el mundo se salve\u00bb (Jn 3,17), su sangre es derramada \u00abpara la remisi\u00f3n de los pecados\u00bb (Mt 26,28) y env\u00ed\u00ada a sus ap\u00f3stoles \u00abpara predicar el arrepentimiento y el perd\u00f3n de los pecados\u00bb (Lc 24,47). El anuncio del reino de Dios se relaciona directamente con la conversi\u00f3n de los pecadores, y el Reino se hace presente en la lucha contra el pecado y sus consecuencias mediante el perd\u00f3n, la curaci\u00f3n de toda enfermedad y dolencia, la dignificaci\u00f3n de los excluidos, la integraci\u00f3n de los marginados, la recuperaci\u00f3n de la esperanza&#8230; Es en la Hora de Jes\u00fas donde alcanza m\u00e1xima expresi\u00f3n su lucha contra el pecado y su entrega para la salvaci\u00f3n de los pecadores (Jn 12,31-32; Lc 22,19-20; 23,34).<\/p>\n<p>La catequesis no puede olvidar que uno de los signos de la llegada del Reino es la actitud de Jes\u00fas con los pecadores, a los que llama, a quienes acoge, con los que comparte techo, mesa y comida, a quienes defiende y revaloriza frente a sus acusadores (cf Esta es nuestra fe, 30 y 36). Las palabras y par\u00e1bolas de Jes\u00fas sobre el perd\u00f3n y la misericordia, especialmente Lc 15, revelan el rostro y el coraz\u00f3n del Padre, que respeta la libertad, espera paciente e impacientemente, sale al encuentro, acoge sin recriminaciones, perdona sin condiciones (ni siquiera nombra el perd\u00f3n en la acogida al hijo pr\u00f3digo, lo convierte en protagonista y responsable de la alegr\u00ed\u00ada del Padre, hace fiesta por su vuelta).<\/p>\n<p>En definitiva, a la catequesis no le cabe otra opci\u00f3n que presentar el pecado desde la mirada y la parte de Dios; es decir, como una condici\u00f3n real de la existencia humana, sobre la que se manifiesta la misericordia. Para que esto sea posible \u00abla gracia debe descubrir el pecado para convertir nuestro coraz\u00f3n&#8230; La conversi\u00f3n exige el reconocimiento del pecado&#8230;, siendo una verificaci\u00f3n de la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu de la verdad en la intimidad del hombre&#8230; descubrimos una doble d\u00e1diva: el don de la verdad de la conciencia y el de la certeza de la redenci\u00f3n\u00bb (CCE 1848). \u00abLa catequesis mostrar\u00e1 que la gracia es m\u00e1s grande que el pecado, que Dios es m\u00e1s grande que nuestra conciencia (1Jn 3,20)&#8230; Si un proceso catequ\u00e9tico consigue que el catec\u00fameno vivencie el perd\u00f3n gratuito e incondicional de Dios como algo m\u00e1s fuerte que ese sordo sentimiento de culpa, est\u00e1 cerca de hacerle experimentar lo que es la gracia. El sentido del pecado s\u00f3lo es posible a aquel que ha descubierto la cercan\u00ed\u00ada de Dios\u00bb (CC 211).<\/p>\n<p>V. Acentuaciones de la catequesis sobre el pecado<br \/>\n1. EN RELACI\u00ed\u201cN CON LOS CONTENIDOS. a) El pecado forma parte del contenido de la catequesis s\u00f3lo en el contexto de la buena noticia del reino de Dios, que invita al pecador a reconocerse como tal, convertirse y dejarse reconciliar, para as\u00ed\u00ad entrar en la vida del Reino. Esto s\u00f3lo es posible si nos situamos desde la mirada de Dios, en su presencia y a la sombra de la cruz, bajo la cual, y en un clima envolvente de amor salvador, podemos reconocer el propio pecado con esperanza y confianza.<\/p>\n<p>b) La catequesis no enmascara la verdad del hombre (cf La verdad os har\u00e1 libres, 46), sino que la saca a la luz, la acepta y la presenta, denunciando toda realidad en la que el pecado est\u00e1 presente: en lo personal y lo social-estructural; en hechos, palabras e intenciones; en actos, actitudes y situaciones; en lo grave y en lo leve&#8230;<\/p>\n<p>c) Finalmente, la catequesis presentar\u00e1 el verdadero concepto cristiano del pecado como ruptura voluntaria de la relaci\u00f3n personal con Dios, rechazo de la alianza que Dios nos ofrece para llegar a la comuni\u00f3n de vida con \u00e9l; frustraci\u00f3n del deseo de Dios de estar con los hombres y hacernos sus hijos, enteros, llenos de vida y de amor (reino de Dios). Negativa a Dios, que normalmente se verifica en la negativa y la ofensa a los hermanos y que, al mismo tiempo, reduce, frustra, rompe y limita a la propia persona. La sed insaciable, la ceguera y la muerte son tres im\u00e1genes que expresan vigorosamente la situaci\u00f3n del pecador (Jn 4,9-10; cf Con vosotros est\u00e1, Gu\u00ed\u00ada doctrinal, tema 22). Al presentar el pecado como ruptura de la relaci\u00f3n con Dios y con los hombres, la catequesis tendr\u00e1 en cuenta, para aclararlos, integrarlos y trascenderlos, otros conceptos previos, colindantes, parciales o reductivos (previsiblemente presentes en sus oyentes), tales como el de mancha, mera desobediencia a un precepto o ley concreta, equivocaci\u00f3n, falta involuntaria, desajuste con un ideal \u00e9tico o con una norma social, frustraci\u00f3n personal, imperfecci\u00f3n&#8230;<\/p>\n<p>Si esta concepci\u00f3n del pecado, desde la relaci\u00f3n personal y el amor, est\u00e1 presente en la catequesis desde las primeras edades, facilitar\u00e1 que, a partir de la edad juvenil y adulta, se llegue al descubrimiento personal de la opci\u00f3n fundamental, clave para la verdadera concepci\u00f3n cristiana del pecado. La opci\u00f3n fundamental se entiende y refiere al conjunto de la existencia, afecta al sentido global de la misma y en ella se compromete la persona. En el lenguaje b\u00ed\u00adblico resuena en las referencias a la interioridad, a lo m\u00e1s \u00ed\u00adntimo de la persona, al centro en el que se toman las decisiones personales y responsables, al coraz\u00f3n (Dt 4,29; 6,5; Sal 50,8.12.19; Ez 36,26; Mt 15,19-20). Es la fuente y la raz\u00f3n de la vida moral, que se verifica y descubre en la direcci\u00f3n que va apareciendo en los actos y decisiones que forman la trama de la existencia8. La opci\u00f3n fundamental cristiana supone una clara y profunda decisi\u00f3n de seguir al Se\u00f1or, unirse a \u00e9l, poner en Dios el coraz\u00f3n y buscar siempre su voluntad. Es un ponerse en camino, iniciar la traves\u00ed\u00ada hacia la tierra prometida, sin abandonar la ruta ni renunciar a la direcci\u00f3n tomada, a pesar de los fallos, decaimientos, extrav\u00ed\u00ados y pecados. Desde el \u00abte seguir\u00e9 a donde quiera que vayas\u00bb y el \u00abt\u00fa lo sabes todo, t\u00fa sabes que te quiero\u00bb de Pedro, hay tentaciones, dudas y negaciones, pero nunca ruptura definitiva con el Se\u00f1or. Conducir a esta opci\u00f3n fundamental cristiana es objetivo principal de la catequesis, con mayor motivo cuando el creyente encuentra en su camino el pecado, y puede tener la tentaci\u00f3n de abandonar toda esperanza, renunciar y rendirse.<\/p>\n<p>2. ORIENTACIONES PEDAG\u00ed\u201cGICAS. a) Del conocimiento del mal al reconocimiento del pecado. Para que la catequesis pueda transmitir el verdadero sentido del pecado necesita seguir la misma pedagog\u00ed\u00ada de Dios, que no hace discursos te\u00f3ricos sobre el pecado, sino que lo descubre y revela presente en la realidad hist\u00f3rica del pueblo y en la vida de las personas (CT 58; CC 217-219). La pedagog\u00ed\u00ada de la fe exige: descubrir el mal y el pecado en la existencia humana concreta, para llegar a un l\u00facido conocimiento del mal y a un sincero reconocimiento del pecado; conocer las narraciones b\u00ed\u00adblicas correspondientes, que iluminan la realidad humana, as\u00ed\u00ad como (sobre todo a partir de la adolescencia) acercarse al proceso de fe de los grandes conversos (Pablo, Agust\u00ed\u00adn, Francisco de As\u00ed\u00ads, Teresa de Jes\u00fas, Ignacio de Loyola, Carlos de Foucauld, Edith Stein&#8230;), y tambi\u00e9n al testimonio del reconocimiento de la Iglesia como pecadora y necesitada de conversi\u00f3n (TMA 33-36).<\/p>\n<p>b) Un clima de acogida personal. Para que la catequesis sobre el pecado sea una experiencia de fe, que acreciente la esperanza y ofrezca la m\u00e1s alta revelaci\u00f3n del amor, la santidad y la sabidur\u00ed\u00ada de Dios, es decisiva la actitud y el testimonio del catequista. Su propia acogida personal y una actitud no condenatoria ni pesimista, sino esperanzada y comprensiva; la creaci\u00f3n de un clima de oraci\u00f3n, alegr\u00ed\u00ada y agradecimiento ante el perd\u00f3n de Dios; la experiencia comunitaria y personal del perd\u00f3n, la celebraci\u00f3n sacramental de la penitencia&#8230;, acercar\u00e1n experiencialmente al grupo la realidad del perd\u00f3n de Dios (cf CC 207-212).<\/p>\n<p>3. EN RELACI\u00ed\u201cN CON LAS TAREAS DE LA CATEQUESIS. a) En el conocimiento de la fe. El mensaje b\u00ed\u00adblico sobre el pecado aparece en la manifestaci\u00f3n del Dios del amor y la misericordia, que sale al encuentro del hombre herido y alejado, y que se nos revela en la vida, la persona, la pr\u00e1ctica y las palabras de Jes\u00fas. Dios saca adelante su plan de salvaci\u00f3n no mediante castigos, sino por la bondad y el amor que, en forma de perd\u00f3n, se activa en presencia del pecado reconocido. La catequesis necesita tener en cuenta, por tanto, que el pecado no es un cap\u00ed\u00adtulo aparte en la historia de la salvaci\u00f3n, sino que forma parte de un drama en el que aparecen: 1) el hombre en su verdad, tentado, pecador y comprometido en su proceso de conversi\u00f3n; 2) Dios, de parte del hombre y comprometido con \u00e9l en la lucha contra el pecado, que es el enemigo com\u00fan de uno y otro; 3) Cristo, que quita los pecados del mundo y revela el rostro de Dios, y 4) la Iglesia, en la que Jes\u00fas sigue salvando a los hombres con su perd\u00f3n9.<\/p>\n<p>b) En la educaci\u00f3n lit\u00fargica y en la oraci\u00f3n. El mensaje cristiano sobre el pecado se propone conducir al creyente al encuentro vivo con el amor de Dios, manifestado como perd\u00f3n. El perd\u00f3n se proclama para ser repartido. La propia din\u00e1mica de la catequesis conduce a la oraci\u00f3n en el grupo y a la oraci\u00f3n personal de reconocimiento del pecado, deseo del perd\u00f3n y alegr\u00ed\u00ada por recibirlo, pero tambi\u00e9n a la celebraci\u00f3n comunitaria del perd\u00f3n, sacramental y no sacramental.<\/p>\n<p>Especial importancia tiene la vigilia pascual, con el triduo, suprema y riqu\u00ed\u00adsima expresi\u00f3n celebrativa de la victoria de Cristo sobre el pecado, as\u00ed\u00ad como los tiempos lit\u00fargicos penitenciales, que ofrecen a las comunidades cristianas oportunidades propicias para una catequesis sobre el perd\u00f3n y para invitar a la conversi\u00f3n personal, la reconciliaci\u00f3n y la celebraci\u00f3n de la penitencia, sobre todo los tiempos de cuaresma y de adviento.<\/p>\n<p>Los sacramentos tienen una clara dimensi\u00f3n de lucha victoriosa sobre el pecado: el bautismo, como liberaci\u00f3n radical del pecado e incorporaci\u00f3n al pueblo de los redimidos, en los que se hace patente la victoria del crucificado; la confirmaci\u00f3n, que impulsa, por la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, a dar testimonio ante el mundo de la lucha contra el mal y de la nueva vida de quienes creen y se alimentan del amor de Dios; la eucarist\u00ed\u00ada, en la que el Se\u00f1or, siendo pecadores, nos sienta a su mesa, nos invita a reconciliarnos y nos fortalece con el alimento que nos renueva y purifica: su cuerpo que se entrega y su sangre que se derrama para el perd\u00f3n de los pecados; la unci\u00f3n de enfermos, que nos sostiene en la enfermedad y la debilidad de nuestra carne pecadora, transformando los efectos del pecado en colaboraci\u00f3n eficaz con la pasi\u00f3n redentora de Cristo.<\/p>\n<p>En relaci\u00f3n con el sacramento de la penitencia, la catequesis tiene una importante tarea en este tiempo, en el que para muchos ha perdido cr\u00e9dito y ha ca\u00ed\u00addo en desuso. No es tarea f\u00e1cil, y supondr\u00e1 un esfuerzo prolongado, paciente y conjunto por parte de toda la comunidad y en diversos frentes: el conocimiento o redescubrimiento de la realidad del pecado, la comprensi\u00f3n del sacramento como encuentro liberador con el amor del Padre, a trav\u00e9s de Jes\u00fas y vivido en la comunidad; ofrecer celebraciones comunitarias vivas, adaptadas, con gran participaci\u00f3n laical, tanto en la preparaci\u00f3n como en la misma celebraci\u00f3n; facilitar la celebraci\u00f3n individual del sacramento, en el contexto de un posible acompa\u00f1amiento personal o, al menos, celebrado como verdadero encuentro personalizado, profundo, comprometido y pausado; cuidar con sumo esmero las primeras celebraciones de la penitencia, que pueden condicionar decisivamente su celebraci\u00f3n en el futuro; educar e iniciar en otros medios no sacramentales de penitencia (recordamos la ense\u00f1anza de san Juan Cris\u00f3stomo sobre cinco caminos: la acusaci\u00f3n de los pecados, el perd\u00f3n de las ofensas, la oraci\u00f3n ferviente y continuada, la limosna, la humildad [Liturgia de las Horas, martes XXII).<\/p>\n<p>c) En la transformaci\u00f3n moral de la persona. Quien se sabe realmente perdonado ha vivido la experiencia de un amor que es m\u00e1s fuerte que sus pecados. \u00abTranquilizaremos nuestra conciencia delante de \u00e9l&#8230; si alguna vez nuestra conciencia nos acusa, Dios est\u00e1 por encima de nuestra conciencia\u00bb (lJn 3,19-20). Sabe que ya no est\u00e1 hipotecado por su pasado y que puede vivir aliment\u00e1ndose del amor que le ha aceptado y le salva (cf Pedro en la confesi\u00f3n de amor: Jn 21); vive la esperanza en el futuro, un futuro que se apoya en quien \u00abes siempre fiel\u00bb y que \u00abno es s\u00ed\u00ad y no, sino s\u00f3lo s\u00ed\u00ad\u00bb (cf lCor 1,9; Heb 10,23; 2Cor 1,19). Esta experiencia es poderosa para ir transformando, como una levadura pascual, las actitudes y el coraz\u00f3n. As\u00ed\u00ad ir\u00e1 manifest\u00e1ndose progresivamente en el creyente pecador-perdonado la serenidad y la confianza en el futuro, la esperanza y la alegr\u00ed\u00ada profundas; y se comprometer\u00e1, como su Se\u00f1or, en la lucha hasta la sangre (Heb 12,1-4) contra el pecado: el suyo personal, el de la comunidad y el del mundo. La catequesis ayudar\u00e1 a descubrir la energ\u00ed\u00ada transformadora del perd\u00f3n, vivido en momentos privilegiados, que marcan la vida del creyente, y vivido tambi\u00e9n en la experiencia de debilidad que nos acompa\u00f1a d\u00ed\u00ada a d\u00ed\u00ada. La lucha contra el pecado se mantiene en el contexto de los combates de la fe, que se inicia en el bautismo y se extiende hasta el final de nuestra peregrinaci\u00f3n en el tiempo. En este sentido, ayudar\u00e1 al catequista la descripci\u00f3n de la existencia cristiana que se nos ofrece en 1Pe 1,3-2,10 y Un 1,5-2,2.<\/p>\n<p>d) En la iniciaci\u00f3n a la vida comunitaria y a la misi\u00f3n. Recibido el don del perd\u00f3n, acogidos y sanados por el amor que nos libera, nos sentimos urgidos a manifestarlo en la vida: ejercitando la mirada limpia, comprensiva y positiva ante los dem\u00e1s; dispuestos a pedir y recibir el perd\u00f3n, y a ofrecerlo a quien de nosotros lo necesite; promoviendo el encuentro y la reconciliaci\u00f3n en la comunidad cristiana, en la familia, en las relaciones sociales; manteniendo un talante de esperanza, de di\u00e1logo y de b\u00fasqueda de la unidad; siendo testigos del perd\u00f3n y mediadores de la reconciliaci\u00f3n en la comunidad y en la sociedad (2Cor 5,19-20); manifestando con obras y palabras, y con la actitud ante la vida, la seguridad de la victoria contra el mal y el pecado (cf DGC 86). La catequesis facilitar\u00e1 esta iniciaci\u00f3n orientando, concretando y, en su caso, revisando el compromiso desde el grupo, conociendo bien la realidad social e integrando a cada uno, de forma activa y concreta, en la vida de la comunidad.<\/p>\n<p>VI. Orientaciones para las distintas edades<br \/>\n1. INFANCIA. a) En la primera infancia la percepci\u00f3n de haber actuado bien o mal se fundamenta en el juicio de los que le rodean. Es obvio que tienen gran trascendencia tanto el tipo de relaci\u00f3n personal que el ni\u00f1o vivencia como los juicios de los adultos sobre sus actos: la actitud del adulto puede cargar de culpabilidad, provocar el miedo o desalentar, o puede alentar y animar al ni\u00f1o, ayudarle a distinguir lo que es error o equivocaci\u00f3n, lo que se hace sin querer y lo que es un acto voluntario que hace da\u00f1o o hace sufrir a los dem\u00e1s. Es importante relacionar los actos y su valor moral, con lo que suponen para nuestro trato con los dem\u00e1s y con Jes\u00fas; y que sienta el perd\u00f3n y que \u00e9l mismo se ejercite en pedirlo y ofrecerlo. Textos b\u00ed\u00adblicos adecuados son los referidos a la actitud de Jes\u00fas con las personas, sobre todo con los pecadores y los que padecen alg\u00fan mal, y los de los sin\u00f3pticos.<\/p>\n<p>b) En la segunda parte de la infancia, en la que el ni\u00f1o comienza a ser muy sensible al valor de las normas, cuidar que estas no sean entendidas como algo aislado o puramente objetivo, sino relacionadas con las personas y como ayuda para vivir bien con los dem\u00e1s y con Dios (\u00abcumplir su voluntad, hacer lo que \u00e9l quiere para que seamos felices y estemos bien\u00bb). Es muy distinto que los mandamientos se entiendan y expliquen como \u00f3rdenes que hay que obedecer, a que se comprendan como los consejos que el Se\u00f1or nos regala para nuestro bien y alegr\u00ed\u00ada (cf Sal 118). As\u00ed\u00ad, su actitud ante las leyes, normas o consejos la entender\u00e1 referida a las personas, y desde ah\u00ed\u00ad ir\u00e1 comprendiendo el sustrato personal del pecado. No es apropiada en esta edad la distinci\u00f3n entre pecados mortales y veniales ni, por supuesto, que se cargue de culpa a los ni\u00f1os. Insistir, m\u00e1s bien, en lo que significa decir s\u00ed\u00ad o no a las personas y mostrar, sobre todo, la actitud de Dios ante quien no le hace caso (por ejemplo, c\u00f3mo el padre acoge al hijo pr\u00f3digo y c\u00f3mo razona con el mayor). Cuidar la acogida personal en las celebraciones del sacramento de la reconciliaci\u00f3n, especialmente las primeras.<\/p>\n<p>2. PREADOLESCENCIA Y PRIMERA ADOLESCENCIA. El preadolescente va llegando poco a poco a la interioridad, en la que vive su propio cambio, la consiguiente pregunta por su propia identidad y el conflicto en sus propias carnes. En ese terreno interior es consciente de que no s\u00f3lo es capaz de hacer algo malo, que contradice sus convicciones y las de su entorno, sino que puede llegar a convencerse de que \u00e9l mismo es malo, no se gusta a s\u00ed\u00ad mismo, no se valora&#8230; Esta es la mediaci\u00f3n en la que podr\u00e1 escuchar una palabra de aliento y comprensi\u00f3n, y experimentar la seguridad de una aceptaci\u00f3n y una presencia incondicional, que le ayudar\u00e1 a ir acept\u00e1ndose a s\u00ed\u00ad mismo y a vivir la esperanza, tan necesaria para su crecimiento personal. En este sentido, hay que destacar la importancia del acompa\u00f1amiento espiritual, en el \u00e1mbito sacramental o fuera de \u00e9l, que le ayudar\u00e1 a conocer y aceptar su propia verdad, en compa\u00f1\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>A esta edad se percibe tambi\u00e9n lo defectuoso y malo de un mundo que no le gusta, y no le ser\u00e1 dif\u00ed\u00adcil descubrir que esa situaci\u00f3n es consecuencia de las obras de los hombres. Esta percepci\u00f3n puede facilitar la presentaci\u00f3n del pecado original y, sobre todo, le ayudar\u00e1 a comprender la lucha de Jes\u00fas contra el mal y su causa principal, el pecado; lucha a la que est\u00e1 llamado a participar activamente para mejorar el mundo.<\/p>\n<p>La progresiva autonom\u00ed\u00ada que se produce por la interiorizaci\u00f3n cr\u00ed\u00adtica de las reglas y pautas comunes de comportamiento, se orientar\u00e1 en la catequesis desde los valores que brotan de una relaci\u00f3n de amistad con Jes\u00fas, vivenciada en la mediaci\u00f3n del grupo y del catequista, como marcos de referencia y de seguridad. En esta perspectiva personalista y relacional se puede comprender la realidad del pecado.<\/p>\n<p>Textos b\u00ed\u00adblicos fundamentales para descubrir la actitud de Jes\u00fas son los de su acogida a las personas: Zaqueo, la mujer pecadora, la samaritana, Mateo y sus amigos publicanos, la confesi\u00f3n final de Pedro (Jn 21). En otro sentido, los pecados de rebeld\u00ed\u00ada del pueblo en el desierto, el camino mismo por el desierto, con todas sus dificultades y tentaciones, y muchos textos prof\u00e9ticos de denuncia del pecado y anuncio del perd\u00f3n.<\/p>\n<p>3. ADOLESCENCIA Y PRIMERA JUVENTUD. El adolescente va llegando a una cierta autonom\u00ed\u00ada moral y a un conjunto de valores personales, a\u00fan no sistematizados, pero que se van conformando a base de opciones concretas. Este proceso se consolida en la primera juventud, en la cual lo que para el joven es importante va ocupando un lugar central en su vida, inici\u00e1ndose as\u00ed\u00ad un proceso de apropiaci\u00f3n, centralizaci\u00f3n y estructuraci\u00f3n de valores.<\/p>\n<p>El bien o el mal moral, en este proceso vital, no son percibidos desde fuera, sino desde dentro, por la coherencia que el joven percibe entre su comportamiento y sus valores y convicciones. Es consciente de que puede tomar decisiones con plena responsabilidad, y de las consecuencias que estas tienen para los dem\u00e1s; es consciente de lo constructivo o demoledor que puede ser su comportamiento para las relaciones personales y de la trascendencia de su fidelidad o infidelidad; percibe, por tanto, la gravedad mayor o menor de sus actos, dependiendo de su grado de responsabilidad. El pecado puede, pues, ser percibido en toda su verdad, como ruptura personal con la voluntad de Dios, como frustraci\u00f3n en el seguimiento de Jes\u00fas, como falta de coherencia personal y como ruptura con los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Naturalmente, la voluntariedad que puede poner el joven cristiano en el deseo de serlo coherentemente se ver\u00e1 contradicha con frecuencia por su comportamiento concreto, que puede atormentarlo o tentarlo de abandono. Es decisivo ayudarle a entender en su propia experiencia los combates de la fe (ICor 9,24-25; Heb 12,14) y la necesidad de conversi\u00f3n continua, as\u00ed\u00ad como la presencia en nosotros del Se\u00f1or y de su Esp\u00ed\u00adritu, que nos fortalece y nos sostiene en el combate, y nos renueva con su amor y su perd\u00f3n. Y, por su parte, mantener y reafirmar su propia opci\u00f3n fundamental cristiana, a pesar de los altibajos, incoherencias o abandonos temporales.<\/p>\n<p>El joven cristiano necesita la gozosa experiencia del perd\u00f3n, que le regenera, reconstruye y acompa\u00f1a en el proceso de consolidaci\u00f3n de su personalidad creyente y, al mismo tiempo, necesita crecer en el compromiso de trabajar por el Reino y de luchar contra el pecado, que impide y retrasa su llegada.<\/p>\n<p>Como contenido b\u00ed\u00adblico m\u00e1s apropiado, proponemos las narraciones iniciales de G\u00e9n 3, 4 y 11, las denuncias y anuncios de los profetas y los textos jo\u00e1nicos (Jn y 1Jn). Tambi\u00e9n todo lo que ayude a pasar de las leyes a la Ley (Sal 118); el mandamiento nuevo, el mandamiento principal (Lc 10) y la interiorizaci\u00f3n del dec\u00e1logo (Mt 5-7).<\/p>\n<p>4. EDADES ADULTAS. A partir de la segunda parte de la juventud, cuando el joven haya entrado en una cierta estabilidad afectiva, est\u00e9n centralizados y estructurados sus valores fundamentales, tenga una perspectiva vocacional y profesional y se hayan perfilado con cierta nitidez sus opciones fundamentales de vida, entrar\u00ed\u00ada en la zona de influencia de la adultez, que no abarca una, sino varias edades.<\/p>\n<p>El adulto es capaz de pecado en su m\u00e1s cruda realidad, como es capaz de acoger a Dios como don personal. Si ha seguido un proceso normal en su fe, puede descubrir la presencia del pecado en el mundo, en su entorno y en su propia vida: el pecado concreto y las actitudes y el estado de pecado, el pecado personal y el pecado estructural, las decisiones concretas y la opci\u00f3n fundamental. Y, a la vez, es capaz de aceptar y vivir simult\u00e1neamente y con sentido, con tensi\u00f3n y serenidad, tanto la debilidad que nos configura como el proceso de conversi\u00f3n permanente; la opci\u00f3n por Jes\u00fas y su reino y las tentaciones que nos amenazan y detienen; afirmar en su coraz\u00f3n el deseo de seguir al Se\u00f1or y cumplir su voluntad, y la realidad de nuestras obras, que tan cotidianamente lo contradicen (Rom 7,15-25; cf CAd 165-171).<\/p>\n<p>La catequesis invitar\u00e1 al adulto cristiano a vivir en la verdad, reconociendo esa presencia del pecado en su vida, en su entorno y en el mundo, responsabiliz\u00e1ndose tambi\u00e9n de los pecados sociales y estructurales; le ayudar\u00e1 a renovar su compromiso de colaborar en la construcci\u00f3n del mundo seg\u00fan el plan de Dios y de luchar contra lo que es construir al margen o en contra de Dios. Esta es la etapa de la vida en la que adquiere su pleno sentido la opci\u00f3n fundamental, y se puede comprender y vivir m\u00e1s plenamente lo que es el pecado como vida al margen de Dios, autonom\u00ed\u00ada total frente a Dios (G\u00e9n 3), ruptura grave con los dem\u00e1s (G\u00e9n 4), estado de pecado en el mundo. Y tambi\u00e9n la del reconocimiento m\u00e1s sincero y entregado al Se\u00f1or (Sal 50; 2Sam 11 y 12), la aceptaci\u00f3n y el ofrecimiento del perd\u00f3n y el ejercicio de la reconciliaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El adulto acepta y convive con su condici\u00f3n pecadora, pero lucha sin tregua contra el pecado, y puede llegar a proclamar con san Pablo: \u00abTe basta mi gracia\u00bb; \u00abTodo lo puedo en aquel que me conforta\u00bb; \u00abS\u00e9 de qui\u00e9n me he fiado\u00bb; \u00abDonde abund\u00f3 el delito, sobreabund\u00f3 la gracia\u00bb (2Cor 12,9ss.; Flp 4,13; 2Tim 1,12; Rom 5,20).<\/p>\n<p>Como contenidos b\u00ed\u00adblicos, adem\u00e1s de los indicados para otras etapas, se\u00f1alamos como m\u00e1s propios para esta los textos paulinos sobre el pecado y la vida en el esp\u00ed\u00adritu, sobre todo Rom 1-3; 6-8, as\u00ed\u00ad como los de Jn; 1Jn; lPe 1; los salmos penitenciales y los textos prof\u00e9ticos.<\/p>\n<p>NOTAS: 1. Para mayor ampliaci\u00f3n, cf J. R. FLECHA, Teolog\u00ed\u00ada moral fundamental, BAC, Madrid 19972, 297-338. &#8211; 2. Cf Ecclesia 6 (1946) 8. &#8211; 3 Cf TOM\u00ed\u0081S DE AQUINO, Summa Theologica 1-2, 71.6.ad5m. &#8211; 4 CONFERENCIA EPISCOPAL ESPA\u00ed\u2018OLA, La verdad os har\u00e1 libres, 31. &#8211; 5 ID, Dejaos reconciliar con Dios, 29. &#8211; 6. B. HARING, Libertad y responsabilidad en Cristo 1, Herder, Barcelona 1981, 383-384. &#8211; 7. CONFERENCIA EPISCOPAL ESPA\u00ed\u2018OLA, Esta es nuestra fe, Edice, Madrid 1987, 9-19; B. HARING, o.c., 382. &#8211; 8 O. BERNASCONI, Pecador\/pecado, en S. DE FIORES-T. GOFFI (dirs.), Nuevo diccionario de espiritualidad, San Pablo, Madrid 19914, 1540s.; K. DEMMER, Opci\u00f3n fundamental, en F. COMPAGNONI-G. PIANA-S. PRIVITERA (dirs.), Nuevo diccionario de teolog\u00ed\u00ada moral, San Pablo, Madrid 1992, 1269-1278; G. GATTI, Opci\u00f3n fundamental, en J. GEVAERT (ed.), Diccionario de catequ\u00e9tica, CCS, Madrid 1987, 609s. &#8211; 9 M. VAN CASTER, Dios nos habla II, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1968, 125-129.<\/p>\n<p>BIBL.: Adem\u00e1s de la citada en las notas: I. BOROBIO D., Reconciliaci\u00f3n penitencial, Descl\u00e9e de Brouwer, Bilbao 1990; GOFFI T., Pecado y penitencia en la actual inculturaci\u00f3n, en DE FIORES S.-GOFFI T. (dirs.), Nuevo diccionario de espiritualidad, San Pablo, Madrid 19914, 1546-1554; HARING B., Pecado y secularizaci\u00f3n, PS, Madrid 1974; LACRO1X J., Filosof\u00ed\u00ada de la culpabilidad, Herder, Barcelona 1980; LAFRANCONI D., Pecado, en COMPAGNONI F. PLANA G.-PRIVITERA S. (dirs.), Nuevo diccionario de teolog\u00ed\u00ada moral, San Pablo, Madrid 1992, 1347-1369; MARLIEANGEAS B., Culpabilidad, pecado, perd\u00f3n, Sal Terrae, Santander 1983; MILL\u00ed\u0081S J. M., Pecado y existencia cristiana, Herder, Barcelona 1989; O&#8217;CONNELL R., El sentido del pecado en el mundo moderno, en TAYLOR M. A., El misterio del pecado y del perd\u00f3n, Sal Terrae, Santander 1972, 13-32; PALAllINI R.-PIOLANTI A., Realidad del pecado, Rialp, Madrid 1963; PETEIRO A., Pecado y hombre actual, Verbo Divino, Estella 1972; PLAllWI P.-SAGE A., El pecado en las fuentes cristianas primitivas, Rialp, Madrid 1963; RICOEUR P., Finitud y culpabilidad, Taurus, Madrid 1982; SABUGAL S., Pecado y reconciliaci\u00f3n en el mensaje de Jes\u00fas, Palermo 1985; SCHOONENBERG P., Pecado y redenci\u00f3n, Herder, Barcelona 1972; THEVENOT X., El pecado hoy, Verbo Divino, Estella 1989; VIUAL M., Moral de actitudes 1, PS, Madrid 1981, 485-637; VIRGULIN S., Pecado, en ROSSANO R.-RAVASI G.-GIRLANDA A. (dirs.), Diccionario de teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica, San Pablo, Madrid 1990, 1428-1449; ZABALEGUIO L., Aproximaci\u00f3n al concepto de sentimiento de culpa, Moralia 12 (1990) 87-105. II. BECKER R. Y OTROS, Exposici\u00f3n de la fe cristiana, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1988&#8242;, cc. 7, 8, 22 y 30; COLOMB J., Manual de catequ\u00e9tica II, Herder, Barcelona 1971, 301-460; CONFERENCIA EPISCOPAL ALEMANA, Catecismo cat\u00f3lico para adultos, Herder, Barcelona 1989, 139-150; CONFERENCIA EPISCOPAL ESPA\u00ed\u2018OLA, Con vosotros est\u00e1. Catecismo y Gu\u00ed\u00ada doctrinal, Secretariado nacional de catequesis, Madrid 1976, temas 22-24; FLECHA J. R., Ven y s\u00ed\u00adgueme, CCS, Madrid 1997, 151-176; FLORIST\u00ed\u0081N C.-TAMAYO J. J. (eds.), Conceptos fundamentales del cristianismo, Trotta, Madrid 1993, 983-1001; GATTI G., Etica cristiana y educaci\u00f3n moral, CCS, Madrid 1988; GATTI G., La catequesis de ni\u00f1os, CCS, Madrid 1976; H\u00ed\u0081RING B., Libertad y fidelidad en Cristo 1, Herder, Barcelona 1981, 380-394, 420-429; LAURET B.-REFOULE F., Iniciaci\u00f3n a la pr\u00e1ctica de la teolog\u00ed\u00ada IV, Cristiandad, Madrid 1985, 239-278; SCHEFFCZYK L., Conceptos fundamentales de la teolog\u00ed\u00ada II, Cristiandad, Madrid 1979, 317-323.<\/p>\n<p>Jos\u00e9-Rom\u00e1n Flecha Andr\u00e9s<br \/>\ny Fernando Garc\u00ed\u00ada Herrero<\/p>\n<p>M. Pedrosa, M. Navarro, R. L\u00e1zaro y J. Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. El pecado en el AT: 1. Premisas; 2. Terminolog\u00ed\u00ada; 3. Modelos literarios; 4. Diversas especies: a) Pecados involuntarios, b) Errores rituales, c) Culpas colectivas, d) Pecados graves; 5. Caracter\u00ed\u00adsticas: a) Ruptura con Dios, b) Ingratitud, c) \u00abHybris\u00bb; 6. Consecuencias: a) La c\u00f3lera de Dios, b) La culpa, c) El endurecimiento, d) Las desventuras. II. El pecado en el NT: 1. Presupuestos; 2. Filolog\u00ed\u00ada; 3. La actitud de Jes\u00fas: a) Los pecados concretos y el coraz\u00f3n, b) Bondad con los pecadores; 4. San Pablo: a) Listas de pecados, b) El pecado personificado, c) La came, d) La Ley, e) Satan\u00e1s, f) Efectos; 5. La lilteratura joanea: a) Vocabulario propio, b) La incredulidad, c) El pecado del mundo, d) La herej\u00ed\u00ada; 6. Otros escritos del NT. III. Universalidad del pecado: 1. Antiguo Testamento: a) G\u00e9nesis 1-11, b) Los profetas, c) Los libros sapienciales; 2. Jes\u00fas; 3. San Pablo: a) La humanidad pecadora, b) El pecado de Ad\u00e1n, c) Pecados personales. IV. Origen del pecado: 1. Antiguo Testamento: a) La fuerza demon\u00ed\u00adaca, b) El coraz\u00f3n perverso, c) La inclinaci\u00f3n al mal, d) El pecado de origen; 2. Evangelios sin\u00f3pticos; 3. San Pablo; 4. La literatura joanea; 5. La tentaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El pecado tiene una importancia fundamental en la Biblia; en efecto, las intervenciones de Dios en la historia tienden a establecer o a restaurar las relaciones de comuni\u00f3n con \u00e9l, rotas o interrumpidas por el pecado del hombre. Jes\u00fas vino a este mundo para liberar al pueblo del pecado (Mat 1:21). La infidelidad del hombre en sus relaciones con Dios constituye el tel\u00f3n de fondo en el que se inscribe la acci\u00f3n redentora y salv\u00ed\u00adfica de Dios. Por eso el discurso b\u00ed\u00adblico sobre el pecado y sobre la humanidad pecadora no presenta un inter\u00e9s por s\u00ed\u00ad mismo, sino s\u00f3lo en relaci\u00f3n con la acci\u00f3n de recuperaci\u00f3n llevada a cabo por Dios mediante el perd\u00f3n y la concesi\u00f3n de su favor [\/ Redenci\u00f3n].<\/p>\n<p>I. EL PECADO EN EL AT. 1. PREMISAS. El concepto de pecado en el AT es muy complejo y se percibe de diversas formas. No existe una verdadera reflexi\u00f3n teol\u00f3gica sobre esta experiencia humana, aun cuando la realidad entre profundamente en la fe de Israel. Las expresiones para indicar el pecado est\u00e1n sacadas de la vida profana; pero en su base se encuentra una concepci\u00f3n religiosa global, que liga al hombre con Dios, con el pueblo y con las instituciones. Por eso las faltas interesan a la vida del individuo y a la de la naci\u00f3n, a la observancia de un rito o de una ley, al comportamiento moral, social y pol\u00ed\u00adtico.<\/p>\n<p>En Israel exist\u00ed\u00ada una legislaci\u00f3n muy variada y desarrollada, que regulaba la vida de la comunidad y de cada uno de los fieles. Todas las leyes, sea cual fuere su origen, se atribu\u00ed\u00adan a Mois\u00e9s, y a trav\u00e9s de \u00e9l a Dios. La transgresi\u00f3n de estas leyes era cometer una falta.<\/p>\n<p>El contexto en el que hay que considerar el pecado del AT es el de la \/ alianza, por lo que el acto pecaminoso ha de concebirse como una ruptura o como una negaci\u00f3n de la relaci\u00f3n personal con Dios. Los actos negativos realizados en detrimento de los dem\u00e1s hombres revisten un aspecto delictivo, ya que se consideran en relaci\u00f3n con la voluntad de Dios. Adem\u00e1s, el pecado se valora en la medida en que ofende directamente a la vida del pueblo y a los designios de Dios sobre \u00e9l, por lo que asume tambi\u00e9n una dimensi\u00f3n comunitaria.<\/p>\n<p>2. TERMINOLOG\u00ed\u008dA. En contra de la general escasez de t\u00e9rminos en la lengua hebrea, abundan en el AT los t\u00e9rminos que indican el pecado. Muchos de ellos est\u00e1n tomados de la vida ordinaria del pueblo y describen unas situaciones concretas sacadas de la experiencia de Israel con sus resistencias y sus fracasos a lo largo de su historia.<\/p>\n<p>Los principales t\u00e9rminos que se utilizan para indicar el pecado son:<br \/>\n&#8211; Hatta&#8217;: significa una deficiencia; por ejemplo, fallar un objetivo (Jue 20:16), no encontrar lo que se busca (Job 5:24), dar un paso en falso (Pro 19:2). En sentido moral el t\u00e9rmino indica la transgresi\u00f3n de un uso, de una regla establecida (G\u00e9n 20:9; Jue 11:37; Lev 4:2.13.27). En sentido religioso denota la transgresi\u00f3n de una ley divina (Exo 9:27; 1Sa 2:25; 2Sa 12:13); en sentido cultual la expresi\u00f3n designa el medio para borrar el pecado (N\u00fam 19:9) o el sacrificio por el pecado (Lev 4:23). Se puede fallar involuntariamente (Lev 4:2.27; N\u00fam 15:27) o de forma deliberada (N\u00fam 15:30).<\/p>\n<p>&#8211; `Aw\u00f3n: proviene de un verbo que significa cometer una injusticia en sentido jur\u00ed\u00addico; el nombre indica una acci\u00f3n conscientemente contraria a la norma recta; por eso significa pecado (Sal 31:1; Sal 51:7; Miq 7:19; Isa 65:7), culpa, estado de culpa; por ejemplo, la culpa de los padres (Exo 20:5; Exo 34:7); a veces designa las consecuencias de la culpa, la pena, el castigo (G\u00e9n 4:13; Isa 5:18; Sal 40:13).<\/p>\n<p>&#8211; Pesa&#8217;: indica rebeli\u00f3n contra un superior pol\u00ed\u00adtico (1Re 12:19; 2Re 8:20), y se aplica tambi\u00e9n a la rebeli\u00f3n contra Dios (Isa 1:2; Jer 2:29; Am\u00f3 4:4; Ose 7:13; Pro 28:2; Pro 29:22). Sin\u00f3nimos de este t\u00e9rmino son: marah, ser rebelde (Isa 1:20; Isa 50:5; Deu 1:26.43; Eze 5:6); bagad, ser infiel al rey (Jue 9:23) y al Se\u00f1or (Ose 5:7; Ose 6:7; Jer 3:20).<\/p>\n<p>&#8211; Rasa`: significa no tener raz\u00f3n, ser culpable, a menudo en sentido jur\u00ed\u00addico (l Apo 8:47; Job 9:29; Job 10:7.15); el nombre se usa para indicar al imp\u00ed\u00ado, al criminal (G\u00e9n 18:23.25; Jer 12:1; Eze 3:18ss). En los libros sapienciales es \u00e9ste el t\u00e9rmino m\u00e1s usado para indicar a los pecadores, en oposici\u00f3n a los justos y a los sabios (Sal 1:4.6; Sal 3:8; Sal 10:2; Pro 3:33; Pro 4:14; etc.).<\/p>\n<p>&#8211; Nebalah: indica locura en el sentido de impiedad, malicia (1Sa 25:25; Isa 9:16; Isa 32:6; etc.), realizada por un hombre mental y moralmente deficiente; este t\u00e9rmino se usa con frecuencia para designar una culpa de orden sexual (G\u00e9n 34:7; Deu 22:21; Jue 19:23s; 2Sa 13:12), contraria a las costumbres de Israel, y por eso mismo digna de reprobaci\u00f3n.<\/p>\n<p>&#8211; Diversos vocablos. Un grupo de vocablos (tum&#8217;ah, zonah, ta&#8217;ab, zimah) caracteriza al pecado como impureza, como acci\u00f3n detestable e ignominiosa, como prostituci\u00f3n. Otros t\u00e9rminos (&#8216;awen, saw, seqer) acent\u00faan el aspecto de vanidad, enga\u00f1o, mentira, malicia. El grupo de palabras procedentes de las ra\u00ed\u00adces segg, sgh, thl, usadas especialmente en Isa\u00ed\u00adas, Jerem\u00ed\u00adas y Job, subraya el car\u00e1cter de desviaci\u00f3n y de impiedad t\u00ed\u00adpico del pecado. El t\u00e9rmino asam indica la culpabilidad, como resultado de la mala acci\u00f3n que se ha cometido y por la que hay que ofrecer una expiaci\u00f3n (Lev 5ss; Jue 21:22; ISam 6,3ss; Isa 53:10; Jer 42:21). La voz hnf (mancharse de culpa) expresa de forma penetrante la naturaleza del pecado.<\/p>\n<p>La abundancia y la diversidad de los t\u00e9rminos usados para designar el poder demuestran que las acciones pecaminosas se consideran y se juzgan seg\u00fan diversos puntos de vista. Del t\u00e9rmino general de falta se pasa al concepto de transgresi\u00f3n de la norma \u00e9tica que se deriva de la revelaci\u00f3n. Al lado del aspecto jur\u00ed\u00addico del acto reprobable se subraya el aspecto moral y cultual. El grado de la culpa va desde la desviaci\u00f3n casual hasta la abierta oposici\u00f3n a Dios.<\/p>\n<p>3. MODELOS LITERARIOS. Las formas que asume la amartolog\u00ed\u00ada veterotestamentaria en sus expresiones literarias est\u00e1n en relaci\u00f3n con las diversas \u00e9pocas hist\u00f3ricas del pueblo de Dios y con el desarrollo de la revelaci\u00f3n divina.<\/p>\n<p>En los c\u00f3digos morales, rituales, civiles, pol\u00ed\u00adticos, religiosos y penales del Pentateuco el pecado, es decir, la transgresi\u00f3n de la ley inserta en el contexto de la alianza sina\u00ed\u00adtica, se expresa mediante f\u00f3rmulas negativas imperativas, que deber\u00ed\u00adan apartar al creyente de la comisi\u00f3n de ciertas acciones. Esto aparece claramente en el \/ dec\u00e1logo (Exo 20:2-17; Deu 5:11-21), en el c\u00f3digo de la alianza (Exo 20:22s), en el dec\u00e1logo ritual (Exo 34:11-16), en el c\u00f3digo deuteronomista (Deu 5:6-11) y en el c\u00f3digo de santidad (Lev 17-26). Esta misma forma se puede encontrar fuera del Pentateuco, en la formulaci\u00f3n del c\u00f3digo moral (Sal 15; Eze 39:25s).<\/p>\n<p>En los libros hist\u00f3ricos se encuentran algunas descripciones detalladas de diversos pecados, como la adoraci\u00f3n del becerro de oro por,parte de los israelitas en el desierto (Ex 32), el adulterio y el homicidio de David (2Sa 11:1-27) y el robo de la vi\u00f1a de Nabot por parte del rey Ajab (IRe 21).<\/p>\n<p>En los salmos de lamentaci\u00f3n la experiencia del pecado aparece en la forma de una descripci\u00f3n desolada, de una confesi\u00f3n del mal cometido y de una s\u00faplica de perd\u00f3n. En este sentido son caracter\u00ed\u00adsticos los salmos 51 (Miserere) y 130 (De profundis).<\/p>\n<p>En los libros prof\u00e9ticos el pecado se considera en un contexto de denuncia y de amenaza. La culpa reviste un car\u00e1cter m\u00e1s o menos estructural y colectivo, ya que queda desenmascarada la incredulidad pr\u00e1ctica de los dirigentes y del pueblo, el formalismo del culto, la instrumentalizaci\u00f3n de la fe en orden a objetivos pol\u00ed\u00adticos, la opresi\u00f3n de los d\u00e9biles por obra de los poderosos (Am\u00f3 2:6ss; Am\u00f3 8:4-7; Ose 2:4-7.10-15; Ose 4:1-14; Isa 1:15-20; Isa 5:8; Isa 10:1-3; Isa 22:8-11; Jer 5:26-29; Jer 22:3-18; etc.).<\/p>\n<p>En la literatura sapiencial los imperativos de los c\u00f3digos, la oraci\u00f3n de los salmos y el car\u00e1cter perentorio de los or\u00e1culos prof\u00e9ticos se transforman en ense\u00f1anza gn\u00f3mica. La reflexi\u00f3n sobre el pecado se inserta en un horizonte humanista y pedag\u00f3gico propio tambi\u00e9n del mundo no jud\u00ed\u00ado (Pro 3:11-14; Pro 6:16-19; Job 31). Los cap\u00ed\u00adtulos 2-11 de G\u00e9n presentan relatos etiol\u00f3gicos, que intentan explicar la causa del mal que reina en el mundo. En la historia de la ca\u00ed\u00adda de los progenitores (G\u00e9n 3:1-24) se sintetiza la experiencia general del pecado como acto individual que produce nefandas consecuencias. G\u00e9n 3 es el \u00fanico pasaje del AT donde se trata el problema del pecado como un tema particular.<\/p>\n<p>4. DIVERSAS ESPECIES. Se advierte en el AT una evoluci\u00f3n en la concepci\u00f3n del pecado y en la admisi\u00f3n de diversas categor\u00ed\u00adas de faltas. Del antiguo concepto de pecado ritual-cultual involuntario cometido por error se pas\u00f3, en tiempo de los profetas, al predominio de la noci\u00f3n de transgresi\u00f3n voluntaria y consciente.<\/p>\n<p>a) Pecados involuntarios. En los tiempos m\u00e1s antiguos se admite que es posible pecar por error (Lev 4:2.27; N\u00fam 15:27), violar un entredicho, transgredir una regla por inadvertencia o casualmente. Abimelec comete un pecado al tomar una mujer creyendo que era libre y actuando, por consiguiente, con sencillez de coraz\u00f3n (G\u00e9n 20:5.9). Uz\u00e1 es herido mortalmente por haber tocado simplemente el arca de la alianza (2Sa 6:6ss), y los habitantes de Bet Sem\u00e9s son castigados con llagas mortales por el simple hecho de haber mirado con curiosidad el arca del Se\u00f1or. Jonat\u00e1n es declarado culpable y juzgado reo de muerte s\u00f3lo por haber transgredido, sin conocerlo, un voto hecho por su padre Sa\u00fal (lSam 14,24-30.37-44). La mera transgresi\u00f3n material de una prohibici\u00f3n es considerada ya como pecado.<br \/>\nb) Errores rituales. Est\u00e1n luego las faltas que no guardan ninguna relaci\u00f3n con la moralidad propiamente dicha y que son las que afectan a las prohibiciones relativas a las cosas santas o impuras. El simple tocar la extremidad de la monta\u00f1a sagrada acarrea la muerte (Exo 19:12). Los hijos de Aar\u00f3n mueren por haber presentado al Se\u00f1or un fuego profano (Lev 10.1s). Comer la sangre es un pecado contra el Se\u00f1or (Lev 17:10ss; Deu 12:21ss; ISam 14,33). Violar el reposo sab\u00e1tico es una falta grave, digna de la pena de muerte (Exo 20:8-11; Exo 23:12; Exo 34:21). No es posible saber si estos entredichos y estas sanciones segu\u00ed\u00adan estando en uso en tiempo de los profetas o despu\u00e9s del destierro en Babilonia; de todas formas, en la literatura prof\u00e9tica y posex\u00ed\u00adlica no se menciona la aplicaci\u00f3n de estas sanciones. De aqu\u00ed\u00ad se puede deducir que el concepto de pecado se hab\u00ed\u00ada ido afinando y hab\u00ed\u00ada evolucionado.<\/p>\n<p>c) Culpas colectivas. De una consideraci\u00f3n comunitaria y colectivista del pecado se pas\u00f3 en los siglos vii y vi a una concepci\u00f3n m\u00e1s personal e individualmente responsable. El pecado de Cam, padre de Cana\u00e1n, afecta a toda su descendencia (G\u00e9n 9:20-27). Dios afirma que castiga las culpas de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generaci\u00f3n para los que le odian, y que concede su gracia millares de veces a los que le aman y observan sus mandamientos (Exo 20:5s); [\/ Misericordia]. El error de Ac\u00e1n atrajo la maldici\u00f3n no s\u00f3lo sobre \u00e9l, sino sobre todos los israelitas (Jos 7). En 2Re 9 se narran las matanzas con que fueron eliminados todos los miembros de la casa de Ajab. Los profetas ponen juntos a los dirigentes y al pueblo en la transgresi\u00f3n de la ley del Se\u00f1or y anuncian la salvaci\u00f3n de un solo resto.<\/p>\n<p>Sin embargo, Jerem\u00ed\u00adas y Ezequiel proclaman el principio de la responsabilidad personal, que no suprime por completo el aspecto social y comunitario del pecado (Jer 31:29s; Eze 18:2).<\/p>\n<p>d) Pecados graves. En el AT se advierte ya una distinci\u00f3n entre los pecados graves y las faltas ligeras cometidas por inexperiencia o fragilidad (Sal 25:7; Job 13:26). Aunque todo pecado cometido contra el pr\u00f3jimo es juzgado en relaci\u00f3n con Dios, sin embargo se distingue entre los pecados cometidos personalmente contra Dios y los que se refieren al pr\u00f3jimo (2Sa 12:13). Entre los pecados m\u00e1s graves cometidos contra Dios hay que se\u00f1alar la idolatr\u00ed\u00ada, la magia, la blasfemia (Exo 22:19; Lev 20:2; Lev 24:11-16), mientras que entre los cometidos contra el pr\u00f3jimo se distinguen la rebeld\u00ed\u00ada contra los padres (Lev 20:9), el secuestro de un hombre (Exo 21:16), el adulterio (Lev 18:6-23) y cuatro pecados que gritan al cielo: el asesinato (G\u00e9n 4:10), la sodom\u00ed\u00ada (G\u00e9n 18:20), la opresi\u00f3n de las viudas y de los hu\u00e9rfanos (Exo 22:21ss) y la negativa a pagar el salario justo a los obreros (Lev 19:13).<\/p>\n<p>5. CARACTER\u00ed\u008dSTICAS. El aspecto principal del pecado en el AT es el v\u00ed\u00adnculo que la acci\u00f3n pecaminosa tiene con una norma, que posee a menudo un fuerte aspecto jur\u00ed\u00addico, atribuido a Dios debido al r\u00e9gimen de la alianza. Por eso el concepto de pecado guarda una estrecha relaci\u00f3n con la instituci\u00f3n de la alianza sina\u00ed\u00adtica, considerada como elemento fundamental de la vida religiosa de Israel. La relaci\u00f3n con Dios est\u00e1 determinada tanto por leyes \u00e9ticas y sociales como por leyes cultuales y, rituales. El nexo existente entre los dos aspectos no debe separarse, aun cuando en los textos sagrados se acent\u00fae cada uno de ellos de forma distinta. Seg\u00fan la antigua concepci\u00f3n oriental, la relaci\u00f3n entre los dos contrayentes del pacto no se considera tanto desde el punto de vista pol\u00ed\u00adtico como desde el personal. Toda infracci\u00f3n de las cl\u00e1usulas de la alianza significaba no s\u00f3lo una ofensa jur\u00ed\u00addica, sino tambi\u00e9n una afrenta contra la persona, un insulto que excitaba la ira del otro. En este contexto, en Israel toda transgresi\u00f3n de la ley supon\u00ed\u00ada una confrontaci\u00f3n negativa con Dios, que es fiel y santo y que ha mostrado su benevolencia con el pueblo mediante la iniciativa de la alianza.<\/p>\n<p>a) Ruptura con Dios. Por eso el pecado es una ruptura de las relaciones que ligan al hombre con el Se\u00f1or, bueno y leal (cf Deu 4:29; Deu 6:6ss; lSam 16,7; Os 2; Isa 1:2s; Isa 29:13; Jer 3:10; Jer 17:9; Pro 3:3ss). La transgresi\u00f3n de una ley que expresa la voluntad de Dios es una desobediencia a la orden del Se\u00f1or (Dt, passim; lSam 15, 22.26; Ose 4:1s; Sal 119).<br \/>\nLos profetas analizaron agudamente la naturaleza del pecado utilizando a veces im\u00e1genes muy expresivas. Para Am\u00f3s el pecado es un atentado contra el Dios de la justicia; para Oseas es una prevaricaci\u00f3n contra el Dios de amor; por eso se le compara con la prostituci\u00f3n, con el adulterio y con la infidelidad conyugal (Ose 2:1-3; Ose 3:1; ls 48,8; Jer 3:1-5.20; Jer 9:1; Jer 11:10; Eze 16:8-18). El profeta Isa\u00ed\u00adas trata el pecado como falta de fe y como obcecaci\u00f3n voluntaria e infidelidad (Isa 9:9s; Isa 20:9s). Jerem\u00ed\u00adas considera el pecado como un olvido del Dios de la alianza, como un dar las espaldas al Se\u00f1or, como una incircuncisi\u00f3n del coraz\u00f3n, como una situaci\u00f3n desesperada de la que es casi imposible salir (Jer 2:23; Jer 4:22; Jer 5:21; Jer 8:6; Jer 10:23; Jer 13:10; Jer 18:12; Jer 22:16; Jer 23:17).<\/p>\n<p>b) Ingratitud. El pecado asume el aspecto de ingratitud para con el don de Dios, que quer\u00ed\u00ada crearse un pueblo que diera testimonio de la santidad de su Se\u00f1or (Isa 5:1-7; Miq 6:13; Jer 2:21). Adem\u00e1s, los profetas leen en el pecado de Israel una malicia m\u00e1s profunda, la de instrumentalizar el don de Dios, creyendo que pueden prescindir de \u00e9l. Pensando que Dios estaba demasiado apegado a su pueblo para poder deshacerse de \u00e9l, creen que pueden impunemente infringir su ley, con el convencimiento de que Dios es incapaz de juzgar, de condenar y de castigar al pueblo que ha elegido (Ose 11:1s; Ose 13:5s; Jer 7:8ss; Miq 3:11). Esta arrogancia de Israel es la expresi\u00f3n de un rechazo pr\u00e1ctico de la trascendencia divina.<\/p>\n<p>G\u00e9n 3 se presenta como una s\u00ed\u00adntesis de todo lo que el AT ense\u00f1a sobre la naturaleza del pecado. El pecado consiste en apartarse personalmente de Dios, que se revela a trav\u00e9s de una orden y de una sanci\u00f3n divina. En el origen del pecado se encuentra la p\u00e9rdida de toda confianza en Dios; a continuaci\u00f3n se comete una desobediencia con la intenci\u00f3n de apoderarse con las propias fuerzas de lo que est\u00e1 reservado exclusivamente al Se\u00f1or, para hacerse semejante a \u00e9l. El ser humano rompe las relaciones personales con su m\u00e1s grande bienhechor. Dios se convierte para \u00e9l en un extra\u00f1o y en un ser temible. Es \u00e9ste el aspecto m\u00e1s dram\u00e1tico de todo pecado, expresado de una forma popular.<\/p>\n<p>En el AT se pone de relieve el aspecto tanto objetivo como subjetivo del pecado. El aspecto objetivo se deduce de la transgresi\u00f3n de una ley considerada como expresi\u00f3n de la voluntad divina, y de la consiguiente interrupci\u00f3n de las relaciones con el Dios de la alianza. El aspecto subjetivo y personal del pecado se deduce del hecho de que es considerado como un acto voluntario de rebeli\u00f3n contra Dios, como una negativa a escuchar la voz del Se\u00f1or, como una deliberada desobediencia a las \u00f3rdenes de Dios, que tiene su causa m\u00e1s profunda en el orgullo humano. En las invitaciones a la conversi\u00f3n que hacen los profetas se supone la responsabilidad personal en la comisi\u00f3n de los pecados y la posibilidad de evitarlos.<\/p>\n<p>c) \u00abHybris\u00bb: En algunos pasajes del AT se presenta el pecado como un intento desmesurado por parte del hombre de hacerse igual a Dios. Es el pecado del orgullo m\u00e1s desenfrenado, que no s\u00f3lo se niega a someterse a Dios, sino que pretende apropiarse de los atributos divinos. As\u00ed\u00ad es como aparece el pecado de los primeros padres, a los que la serpiente sugiere que llegar\u00e1n a ser como Dios, conocedores del bien y del mal, desobedeciendo precisamente las \u00f3rdenes divinas (G\u00e9n 3:5). De este mismo pecado se mancharon los constructores de la torre de Babel, que intentaron erigir un imperio mundial sin la intervenci\u00f3n de Dios (G\u00e9n 11:1-9). Este mismo orgullo lo atribuyen los profetas al rey de Babilonia, que se propon\u00ed\u00ada escalar el cielo y ser igual al Alt\u00ed\u00adsimo (Isa 14:12-15), y al rey de Tiro, que se enorgulleci\u00f3 hasta decir: \u00abUn dios soy yo, en la morada de un dios habito, en medio del mar\u00bb (Eze 28:1-19). La suerte de estos soberbios es la humillaci\u00f3n m\u00e1s vergonzosa, dado que Dios no permite que un mortal pretenda equipararse a \u00e9l.<\/p>\n<p>En los textos apocal\u00ed\u00adpticos se pone de relieve la hybris de los reyes paganos. Nabucodonosor reconoce que Dios humilla a los que caminan en el orgullo (Dan 4:34). El tipo de hombre presuntuoso que se levanta contra Dios es Ant\u00ed\u00adoco IV Ep\u00ed\u00adfanes, el peque\u00f1o cuerno que \u00abprofiere palabras monstruosas contra el Alt\u00ed\u00adsimo\u00bb (Dan 7:25).<\/p>\n<p>Sintetizando las caracter\u00ed\u00adsticas del pecado en el AT, se puede afirmar que tiene siempre una dimensi\u00f3n religiosa, suponiendo una ruptura de las relaciones personales con Dios y un gesto de ingratitud. Al alejarse de Dios, el hombre tiende a afirmarse a s\u00ed\u00ad mismo contra Dios y a organizar su propia existencia en la autosuficiencia. La expresi\u00f3n m\u00e1s alta de esta actitud es la hybris. Adem\u00e1s de la dimensi\u00f3n vertical, el pecado tiene tambi\u00e9n un aspecto horizontal, en cuanto que la ruptura de las relaciones con Dios se expresa de forma consiguiente en el desquiciamiento de las relaciones con el pr\u00f3jimo. Efectivamente, toda falta contra el pr\u00f3jimo es considerada como una desobediencia al Se\u00f1or (2Sa 12:13; Sal51; Pro 30:9). Finalmente, el pecado asume siempre un perfil comunitario, ya que es juzgado en correspondencia con el influjo negativo que ejerce sobre la vida del pueblo y sobre el plan salv\u00ed\u00adfico de Dios relativo a la naci\u00f3n elegida.<\/p>\n<p>6. CONSECUENCIAS. a) La colera de Dios. El primer efecto del pecado es el de \u00abcontristar a Dios, irritarlo y moverlo a la c\u00f3lera\u00bb (N\u00fam 11:1; N\u00fam 12:9; N\u00fam 18:5; Deu 1:34; Deu 9:8.19; Jos 9:20; Jos 22:18; Ose 5:10; Ose 13:11; Isa 47:6; Isa 54:9; Isa 57:17; Jer 4:4.8.26; Jer 7:20; Jer 17:4; Jer 36:7; Eze 6:12; Eze 14:19; Eze 16:38; Sal 38:2; Sal 102:11; Sal 106:32). El Se\u00f1or esconde su rostro al pecado para no escucharlo (Isa 59:2) o se niega a responder cuando le pide un or\u00e1culo (1Sa 14:37ss). Estas expresiones son met\u00e1foras antropom\u00f3rficas que ponen de relieve la referencia del pecado al Dios personal, ya que en cierto sentido Dios no puede verse alcanzado ni \u00abofendido\u00bb por el pecado.<\/p>\n<p>b) La culpa. En el pecador la acci\u00f3n pecaminosa produce un sentimiento de culpa. Los t\u00e9rminos het&#8217;, `aw\u00f3n y pesa` indican no solamente el pecado, sino tambi\u00e9n el efecto del pecado que es la culpa. Es como un peso que grava sobre la conciencia (G\u00e9n 4:13; Isa 1:4; Sal 38) y \u00abhace latir el coraz\u00f3n\u00bb (1Sa 24:6; 2Sa 24:10); es un tormento del que el hombre no logra liberarse (Sal 51:5). El pecado de Jud\u00e1 est\u00e1 esculpido en su coraz\u00f3n, como una inscripci\u00f3n sobre la piedra (Jer 17:1); es como la herrumbre que roe una vasija met\u00e1lica (Eze 24:6). Estas met\u00e1foras indican el da\u00f1o que produce el pecado a la persona que lo comete. La culpa no es solamente una deuda que pagar al Se\u00f1or, sino que corrompe adem\u00e1s la conciencia del pecador.<\/p>\n<p>El sentimiento de culpa engendra verg\u00fcenza; mueve a los primeros padres a esconderse cuando Dios se les aparece en el jard\u00ed\u00adn del Ed\u00e9n (G\u00e9n 3:18), y le hace decir a David, cuando se da cuenta de la enormidad de sus cr\u00ed\u00admenes: \u00ab\u00c2\u00a1He pecado contra el Se\u00f1or!\u00bb (2Sa 12:13).<\/p>\n<p>Los pecados manchan al hombre, lo hacen impuro para el ejercicio del culto e incapaz de acercarse al Dios santo (Sal 51:4ss). El pecado lleva consigo su propia sanci\u00f3n. Al rechazar al Se\u00f1or, el pecador hace suya la inconsistencia de las cosas que ha preferido a Dios, haci\u00e9ndose \u00e9l mismo \u00abvanidad\u00bb (cf Jer 2:5).<\/p>\n<p>c) El endurecimiento. La multiplicaci\u00f3n de los pecados puede conducir al hombre a esta situaci\u00f3n, hundi\u00e9ndolo en una actitud de rechazo de Dios que lo hace incapaz de levantarse del abismo en que ha ca\u00ed\u00addo, a no ser que se realice un milagro. Esta situaci\u00f3n, designada como \u00abobstinaci\u00f3n en el pecado\u00bb, se expresa en la Biblia mediante diversas im\u00e1genes: se habla de obcecaci\u00f3n (Isa 6:10; Isa 29:9), de coraz\u00f3n embotado (Isa 6:10), incircunciso (Deu 10:16; Jer 4:4; Jer 9:25; Eze 44:9), de piedra (Eze 11:19; Eze 36:26), de o\u00ed\u00addos tapados (Isa 6:10; Jer 6:10; Zac 7:11), de dura cerviz (Exo 32:9; Deu 9:6; Jer 7:26). Este estado puede afectar tanto a los jud\u00ed\u00ados como a los paganos. Es cl\u00e1sico el ejemplo del fara\u00f3n, que no quiere dejar partir a Israel de Egipto y se endurece a s\u00ed\u00ad mismo (Exo 7:13s.27; Exo 8:15; Exo 9:7.34s) o le endurece Dios el coraz\u00f3n (Exo 4:21; Exo 7:3; Exo 9:12; Exo 10:1.20.27). Los profetas denuncian el endurecimiento de Israel, que se niega a convertirse (Isa 6:9s; Isa 1:23; Isa 29:9s; Ose 4:7; Jer 5:21ss; Jer 6:10). En los libros sapienciales los malvados son presentados como endurecidos en el mal (Pro 28:14; Pro 29:1).<\/p>\n<p>En algunos textos este endurecimiento del coraz\u00f3n se atribuye a la iniciativa directa de Dios (Isa 6:9ss). El hombre sem\u00ed\u00adtico dif\u00ed\u00adcilmente distingue entre la voluntad positiva de Dios y la permisiva. Adem\u00e1s, endurecer no significa reprobar, sino expresar un juicio sobre un estado de pecado, ya que esto produce visiblemente sus frutos. La obstinaci\u00f3n es la caracter\u00ed\u00adstica del pecador, que quiere permanecer separado de Dios y se niega a convertirse. El endurecimiento no suprime la responsabilidad humana. En otros textos la obstinaci\u00f3n de Israel para no convertirse no se le atribuye a Dios, sino a la mala voluntad del pueblo (Sal 95:8).<\/p>\n<p>En el NT se habla del endurecimiento de los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas (Mar 6:52), de los jud\u00ed\u00ados (Heb 28:27; 2Co 3:14; Rom 11:7) y de los paganos (Efe 4:18). Se refiere a su negativa a creer en Jes\u00fas, a pesar de sus ense\u00f1anzas y de sus milagros. El ap\u00f3stol Pablo intenta encontrar un significado teol\u00f3gico a esta situaci\u00f3n. El endurecimiento del fara\u00f3n sirve para hacer que brille la gloria de Dios (Rom 9:14-18); la obstinaci\u00f3n de Israel en su rechazo de Cristo hace posible la entrada de las naciones paganas en la Iglesia (Rom 11:12-24).<\/p>\n<p>d) Las desventuras. El primer pecado produce la ruptura de la amistad con Dios y los males que agobian ala humanidad (G\u00e9n 3:16-24). El homicidio de Abel es causa de la maldici\u00f3n y del rechazo de Ca\u00ed\u00adn (G\u00e9n 4:8.16); el diluvio presentado como universal fue provocado por la corrupci\u00f3n de todos los hombres (G\u00e9n 6:5ss); el orgullo de Babilonia es la causa de la dispersi\u00f3n y de la confusi\u00f3n de lenguas (G\u00e9n 11:1-9). Sodoma y Gomorra son destruidas por causa de su impiedad (G\u00e9n 18:20ss; G\u00e9n 19:12ss).<\/p>\n<p>Los profetas anuncian como consecuencia de los pecados del pueblo las desventuras naturales y los reveses militares, la destrucci\u00f3n de Jerusal\u00e9n y del templo, as\u00ed\u00ad como el destierro en Babilonia. Ezequiel insiste en la muerte como efecto del pecado (Ez 18), ya que al alejarse de Dios el hombre se enajena de la salvaci\u00f3n y corre hacia la ruina y la perdici\u00f3n. La historia deuteronomista presenta todas las desgracias sufridas por Israel como un castigo por sus infidelidades a la alianza, seg\u00fan el esquema de las maldiciones propuesto por Deu 27:15-26.<\/p>\n<p>Los libros sapienciales ponen de relieve el principio de que la impiedad es la ra\u00ed\u00adz de todos los males, mientras que el temor de Dios y la pr\u00e1ctica de la justicia procuran los bienes de esta vida (Pro 1:32; Pro 2:10-19; Pro 2:20ss; Pro 3:16ss; Pro 18:31; Qo 7,16ss).<\/p>\n<p>El nexo entre el pecado y sus consecuencias se percibi\u00f3 de una forma tan radical que se exigi\u00f3 un castigo para cada culpa. De aqu\u00ed\u00ad surgi\u00f3 la opini\u00f3n de que toda calamidad era consecuencia de una falta.<\/p>\n<p>Los libros hist\u00f3ricos y prof\u00e9ticos atribuyen directamente a Dios el castigo de una acci\u00f3n pecaminosa. El puede castigar inmediatamente al imp\u00ed\u00ado o al pueblo culpable ( N\u00fam 16:32s; Am\u00f3 8:1-2), retrasar el castigo e incluso renunciar a \u00e9l (Am\u00f3 7:1 ss.4ss). Cuando el pecador se arrepiente, Dios puede cambiar su prop\u00f3sito (Am\u00f3 5:15), mostrarse misericordioso y perdonar las culpas (Ose 11:8; Jer 3:12; Jer 18:8ss; Exo 18:23-32), Dios paciente y misericordioso (Exo 34:6; Joe 2:13; Sal 86:15; Sal 103:8; Sal 145:8) ofrece al pecador el tiempo para convertirse; a veces env\u00ed\u00ada una desgracia para que el imp\u00ed\u00ado se enmiende o para probar al que ama (Am\u00f3 4:5-11; Isa 1:5ss); Job 5:17-26; Pro 3:12).<\/p>\n<p>En el AT se prev\u00e9 tambi\u00e9n la remisi\u00f3n del pecado mediante el aborrecimiento de la culpa, la conversi\u00f3n y la sumisi\u00f3n a Dios, el ofrecimiento de sacrificios, la reparaci\u00f3n de los da\u00f1os causados y la intercesi\u00f3n de los hombres que son agradables a Dios.<\/p>\n<p>II. EL PECADO EN EL NT. 1. PRESUPUESTOS. Tambi\u00e9n en el NT falta una presentaci\u00f3n completa y sistem\u00e1tica de la dolorosa realidad que es el pecado. El tema se trata casi siempre de pasada, intentando dar cuerpo a ciertas intuiciones profundas. Con esta finalidad se utilizan las experiencias personales y algunas concepciones t\u00ed\u00adpicas de los ambientes rab\u00ed\u00adnicos y apocal\u00ed\u00adpticos de la \u00e9poca.<\/p>\n<p>Se recogen diversos elementos del AT, como la naturaleza del pecado, algunas de sus consecuencias, su poder mal\u00e9fico. Sin embargo, el NT representa un progreso esencial en la comprensi\u00f3n del pecado. Se insiste en el hecho de que el lugar y la fuente del pecado es la intimidad del hombre; la naturaleza espec\u00ed\u00adfica del pecado consiste en ser una falta contra la bondad del Padre celestial. Se sondea el abismo en el que se precipita el pecador destinado a la perdici\u00f3n eterna; se ofrece una explicaci\u00f3n m\u00e1s profunda de la condici\u00f3n pecaminosa que une solidariamente a todos los hombres y se anuncia la liberaci\u00f3n definitiva del pecado gracias a la muerte redentora de Cristo.<\/p>\n<p>2. FILOLOG\u00ed\u008dA. El t\u00e9rmino m\u00e1s frecuente en el NT para indicar el pecado es hamart\u00ed\u00ada, usado especialmente en plural, para indicar diversas acciones culpables. Son t\u00ed\u00adpicas las frases \u00abconfesi\u00f3n de los pecados\u00bb (Mat 3:6; Mar 1:5; lJn 1,9), \u00abperd\u00f3n de los pecados\u00bb (Mat 26:28; Mar 1:4; Luc 1:77; Luc 3:3; Luc 24:47; Heb 5:31; Col 1:14), \u00absalvar de los pecados\u00bb(Mat 1:21). San Pablo utiliza este t\u00e9rmino en plural en las citas expl\u00ed\u00adcitas (Rom 4:7-8; Rom 11:27) e impl\u00ed\u00adcitas del AT (1Ts 2:16; cf G\u00e9n 15:16; 1Co 15:17) y en las f\u00f3rmulas lit\u00fargicas (1Co 15:31; G\u00e1l 1:4; Col 1:14). A menudo san Pablo usa el t\u00e9rmino hamart\u00ed\u00ada en singular para indicar una fuerza maligna personificada que reina en el mundo (Rom 5:12ss). En el cuarto evangelio el t\u00e9rmino en singular designa una disposici\u00f3n interior permanente del hombre y de la humanidad (Jua 8:21; Jua 9:41).<\/p>\n<p>Ham\u00e1rtema indica el efecto de un acto pecaminoso libre y consciente. Generalmente se usa en plural (Mar 3:28; ICor 6,18; Rom 3:25); en singular se utiliza para el pecado imperdonable contra el Esp\u00ed\u00adritu Santo (Mar 3:29).<\/p>\n<p>Par\u00e1pt\u00f3ma significa ca\u00ed\u00adda, paso en falso, y se utiliza muchas veces en plural (Mat 6:14; Mar 1:25; 2Co 5:19; G\u00e1l 16:1; Rom 4:25; Rom 5:15.16.18.20; Efe 1:7; Efe 2:1; Col 2:13).<\/p>\n<p>Par\u00e1basis, transgresi\u00f3n, se encuentra en las ep\u00ed\u00adstolas paulinas y en la carta a los Hebreos (G\u00e1l 3:19; Rom 2:23; Rom 4:15; Rom 5:14; 1Ti 2:14; Heb 2:2; Heb 9:15).<\/p>\n<p>Ofeilema, deuda, t\u00e9rmino raro en el AT, se deriva del lenguaje jur\u00ed\u00addico del juda\u00ed\u00adsmo tard\u00ed\u00ado. El primer evangelista lo utiliza en la oraci\u00f3n del padrenuestro (Mat 6:12) para indicar algo que le debemos a Dios. El pecado se asemeja a una deuda que hay que pagar al Padre, lo mismo que la que tenemos que perdonar nosotros a nuestros deudores. En san Pablo este concepto aflora en la met\u00e1fora del \u00abquir\u00f3grafo\u00bb, esto es, del pagar\u00e9 que ha quedado suprimido por la cruz de Cristo (Col 2:14).<\/p>\n<p>Anom\u00ed\u00ada, injusticia, sirve para designar un estado general de hostilidad contra Dios en un contexto escatol\u00f3gico, y equivale a una condici\u00f3n general de perversi\u00f3n religiosa (Mat 7:23; Mat 13:41; Mat 23:28; Mat 24:41). Pablo usa este t\u00e9rmino en las f\u00f3rmulas derivadas de la catequesis primitiva (2Ts 2:7; 2Co 6:14).<\/p>\n<p>Adik\u00ed\u00ada, t\u00e9rmino af\u00ed\u00adn al anterior, indica un estado de injusticia (Luc 13:27; Luc 16:8s; Luc 18:6; Heb 1:18). Es frecuente en la carta a los Romanos (Rom 1:18.29; Rom 2:8; Rom 3:5; Rom 6:13; Rom 9:14).<\/p>\n<p>3. LA ACTITUD DE JES\u00daS. De los evangelios sin\u00f3pticos se deduce que Jes\u00fas no se detuvo en describir la naturaleza del pecado, sino que considera a todos los hombres alejados de Dios, entregados al poder del demonio, y por tanto necesitados de conversi\u00f3n y de salvaci\u00f3n (Mat 13:38; Luc 13:16; Luc 22:31). La predicaci\u00f3n del reino de Dios acompa\u00f1ada de la invitaci\u00f3n a la conversi\u00f3n y del ofrecimiento de perd\u00f3n va dirigida a todo el pueblo (Mar 1:14). El nexo entre la llegada del reino y el perd\u00f3n de los pecados se pone de relieve en el relato de la curaci\u00f3n del paral\u00ed\u00adtico (Mat 9:1-8; Mar 2:1-12; Luc 5:17-26) y en la per\u00ed\u00adcopa de la unci\u00f3n de Jes\u00fas por parte de la pecadora (Luc 7:36-50).<\/p>\n<p>a) Los pecados concretos y el coraz\u00f3n. Jes\u00fas conoce y denuncia los pecados concretos, como la vanidad, el orgullo, la mentira, el apego a las riquezas, la explotaci\u00f3n de los dem\u00e1s, el robo, el adulterio, el homicidio (Mat 23:1-26; Mar 7:20ss; Mar 12:38ss; Lev 11:37-52; Lev 16:14ss; Lev 19:9-14;  Lev 20:45ss). Sin embargo, para Jes\u00fas el elemento constitutivo del pecado es un desorden interior, una disposici\u00f3n perversa del coraz\u00f3n. Efectivamente, el coraz\u00f3n, como sede de los pensamientos y de los deseos, representa la facultad espiritual del hombre, en la que se toman las decisiones relativas a la actividad exterior (Mat 15:10-20; Mar 7:14-23). En esta l\u00ed\u00adnea Jes\u00fas denuncia como pecados tambi\u00e9n los actos internos, que est\u00e1n en el origen de las acciones p\u00fablicas (Mat 5:22.28). El pecado contra el Esp\u00ed\u00adritu Santo, es decir, la negativa obstinada a creer en Jes\u00fas, no se perdonar\u00e1 ni en esta vida ni en la otra, debido a la dificultad que se encuentra en cambiar la actitud b\u00e1sica negativa frente a Cristo. Las pol\u00e9micas con los fariseos y los escribas sobre el s\u00e1bado y las dem\u00e1s observancias rab\u00ed\u00adnicas muestran que Jes\u00fas conced\u00ed\u00ada mayor importancia a las exigencias de la persona que a la de las instituciones (Mat 12:1-8; ,25; Lev 6:1-11; Lev 11:14-32).<\/p>\n<p>b) Bondad con los pecadores. Cristo asumi\u00f3 una actitud ben\u00e9vola con los jud\u00ed\u00ados que no practicaban las prescripciones rab\u00ed\u00adnicas y que eran despreciados por los fariseos y considerados como pecadores. Proclama que ha venido a llamar a la conversi\u00f3n no a los justos, sino a los pecadores (Mat 9:13; Mar 2:17; Luc 5:32). Al discernir en la miseria religiosa y moral de esos hombres un valor escondido y despreciado, es decir, un reconocimiento fundamental de la propia impotencia y la necesidad de la gracia divina, Jes\u00fas reconoce en ellos una aptitud para acoger la llamada a la conversi\u00f3n, y por tanto para recibir la gracia de la justificaci\u00f3n (Luc 15:7.10; 18.9-14). En este sentido los pecadores son los verdaderos clientes del reino. Por eso no es tanto el pecado en s\u00ed\u00ad mismo lo que constituye un obst\u00e1culo para la salvaci\u00f3n, sino la obstinaci\u00f3n en rechazar la invitaci\u00f3n divina a la conversi\u00f3n y la confianza puesta en s\u00ed\u00ad mismo y en las propias posibilidades. La condici\u00f3n de pecador que va acompa\u00f1ada del sentimiento de la propia miseria espiritual representa un terreno propicio para la obtenci\u00f3n del perd\u00f3n y de la salvaci\u00f3n. Lo demuestran las par\u00e1bolas de la dracma perdida, de la oveja extraviada y del padre misericordioso o del hijo pr\u00f3digo (Lc 15). Esta \u00faltima par\u00e1bola ense\u00f1a que el abandono de la casa paterna por parte del hijo m\u00e1s joven indica el rechazo de unas relaciones filiales con el padre, es decir, la negativa a recibir todos los bienes del amor paterno, pretendiendo que no se tiene ninguna necesidad de \u00e9l. Cuando regresa el hijo, el padre, superando todas las imposiciones de la justicia humana, perdona generosamente al hijo y lo trata con especial cari\u00f1o, hasta el punto de suscitar la envidia del hermano mayor.<\/p>\n<p>Jes\u00fas prev\u00e9 su propia muerte y le atribuye un valor expiatorio (Mat 26:28; Mar 14:24; Luc 22:20; Mar 10:45). Por eso la muerte de Jes\u00fas en la cruz es una especie de condenaci\u00f3n divina del pecado. Su resurrecci\u00f3n como victoria sobre la muerte aparece igualmente como una victoria sobre el pecado y sobre las fuerzas diab\u00f3licas.<\/p>\n<p>La ense\u00f1anza y el comportamiento de Jes\u00fas con los pecadores contienen una nueva revelaci\u00f3n sobre la naturaleza del pecado. Este nace de la intimidad del hombre, de su coraz\u00f3n perverso; es un desconocimiento voluntario del amor de Dios y una negativa a acoger la invitaci\u00f3n a la conversi\u00f3n, esto es, a creer en Cristo; el pecado somete al hombre a la esclavitud del demonio. Acogiendo el anuncio del reino de Dios, se obtiene el perd\u00f3n de los pecados y se entra en una relaci\u00f3n amorosa con el Padre celestial. El pecado del hombre queda superado por el sacrificio redentor de Cristo en la cruz.<\/p>\n<p>4. SAN PABLO. M\u00e1s que cualquier otro autor del NT, san Pablo desarrolla el tema del pecado. El pecado es realmente el presupuesto de su soteriolog\u00ed\u00ada, que constituye el coraz\u00f3n de la teolog\u00ed\u00ada del ap\u00f3stol. De diversas formas y bajo diversos puntos de vista se menciona al pecado en todas las cartas paulinas. En efecto, el ap\u00f3stol considera el pecado desde el punto de vista psicol\u00f3gico, individual, social e hist\u00f3rico. En las cartas a los G\u00e1latas y a los Romanos la exposici\u00f3n es doctrinal y pol\u00e9mica. Sin embargo, san Pablo no nos ofrece un cuadro completo y ordenado de la realidad que es el pecado. El principal inter\u00e9s del ap\u00f3stol se centra en hacer brillar sobre el fondo tenebroso de la maldad humana la obra redentora de Cristo, \u00abentregado por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificaci\u00f3n\u00bb (Rom 4:25).<\/p>\n<p>Usando una decena de t\u00e9rminos para indicar las acciones pecaminosas, Pablo considera el pecado como una desobediencia a la voluntad de Dios, como una rebeli\u00f3n contra su ley, como un error culpable, como una acci\u00f3n injusta que se opone a la verdad, como una negaci\u00f3n de la sabidur\u00ed\u00ada divina. La naturaleza espec\u00ed\u00adfica del pecado es la oposici\u00f3n a Dios, que se puede manifestar de varias maneras, referirse a diversos objetos, pero considerados siempre en relaci\u00f3n con Dios y en contraste con la ley revelada por \u00e9l (Rom 7:12.22), as\u00ed\u00ad como en ant\u00ed\u00adtesis con la raz\u00f3n y la conciencia, en la que est\u00e1 inscrita la ley de Dios (Rom 2:15; Rom 14:23), y con el evangelio (lCor 8,12; 6,1-18).<\/p>\n<p>a) Lista de pecados. En el epistolario paulino, incluidas las cartas pastorales, se recogen 12 listas de pecados (1Co 5:10s; 1Co 6:9s; 2Co 12:20s; G\u00e1l 5:19ss; Rom 1:29ss; Rom 13:13; Col 3:5-8; Efe 4:31; ITim 1,9s; 6,4s; Tit 3:3; 2Ti 3:2-5). Estas listas no est\u00e1n ordenadas seg\u00fan una disposici\u00f3n l\u00f3gica; algunos t\u00e9rminos indican actos concretos; otros, m\u00e1s bien, una actitud pecaminosa general. En total se llegan a mencionar 92 vicios, que corresponden a las faltas cometidas m\u00e1s corrientemente en las comunidades eclesiales fundadas por el ap\u00f3stol. Se enumeran los pecados de los paganos (Rom 1:29ss), los de los cristianos antes de su conversi\u00f3n (1Co 6:11; Col 3:5-8; Efe 5:3ss; Tit 3:3) y los de los cristianos ya bautizados (ICor 5,IOs; 2Co 12:20s; G\u00e1l 5:19ss). En las diversas listas ocupan el primer puesto los pecados contra la caridad, luego los pecados contra el sexo, en tercer lugar los cometidos directamente contra Dios y, finalmente, la b\u00fasqueda de s\u00ed\u00ad mismo. Se le atribuye una gravedad especial al deseo de poseer cada vez m\u00e1s, lesionando los derechos del pr\u00f3jimo (pleonex\u00ed\u00ada: 2Co 9:5; Rom 1:29; Col 3:5; Efe 4:19; Efe 5:3). Esta ambici\u00f3n se equipara a la idolatr\u00ed\u00ada, el vicio t\u00ed\u00adpico de los paganos, siendo la ant\u00ed\u00adtesis de la moderaci\u00f3n, de la misericordia y de la caridad. Efectivamente, el ambicioso utiliza al pr\u00f3jimo como instrumento en beneficio propio y del propio placer. Tambi\u00e9n se les da mucha importancia a los pecados contra la castidad, ordinariamente en forma gen\u00e9rica (fornicaci\u00f3n, impureza, falta de pudor), pero tambi\u00e9n espec\u00ed\u00adfica (adulterio, homosexualidad). Especialmente las faltas contra naturam se consideran como un castigo de la idolatr\u00ed\u00ada (Rom 1:24).<\/p>\n<p>Los pecados contra Dios, aunque no se mencionan con frecuencia, aparecen como la matriz de todos los dem\u00e1s (Rom 1:18-23). La idolatr\u00ed\u00ada es la negativa a glorificar a Dios conocido por la raz\u00f3n a trav\u00e9s de las criaturas. Esta negativa, arraigada en el orgullo del hombre, atribuye a uno mismo y a las criaturas el honor que se debe tan s\u00f3lo al Creador de todas las cosas. De este pecado caracter\u00ed\u00adstico del paganismo proceden todas las desviaciones y perversiones, tanto en el terreno social como en el individual y familiar.<\/p>\n<p>A veces se presenta como pecado por excelencia la concupiscencia (epithym\u00ed\u00ada: lCor 10,6; Rom 7:7). Supone la negaci\u00f3n a depender de Dios y la pretensi\u00f3n de conseguir con las propias fuerzas lo que no se puede acoger m\u00e1s que como don.<\/p>\n<p>Los actos pecaminosos enumerados en los cat\u00e1logos de vicios y expresados a menudo con t\u00e9rminos abstractos son siempre la manifestaci\u00f3n de una actitud moral \u00ed\u00adntima dominada por la corrupci\u00f3n. Las faltas particulares no se consideran como efecto de una debilidad moral moment\u00e1nea, sino como signo y expresi\u00f3n de una orientaci\u00f3n personal, que se encuentra en franca oposici\u00f3n con la voluntad de Dios.<\/p>\n<p>b) El pecado personificado. En las cartas a los Corintios (lCor 15,26; 2Co 5:21), a los G\u00e1latas (2Co 2:17; 2Co 3:22) y sobre todo a los Romanos (cc. 5-8) Pablo utiliza el t\u00e9rmino hamart\u00ed\u00ada en singular en un sentido muy particular. Este t\u00e9rmino aparece m\u00e1s de 40 veces en la carta a los Romanos. La hamart\u00ed\u00ada se presenta como una fuerza personificada, como un rey tirano que hace su entrada solemne en el mundo debido a la desobediencia del primer hombre (Rom 5:12). Esta fuerza malvada se difundi\u00f3 en todos los hombres, alcanzando incluso a la criatura irracional (Rom 8:12-22); es inmanente al hombre, habita en \u00e9l, act\u00faa en \u00e9l por medio de ciertos c\u00f3mplices; como fuerza perversa de dominaci\u00f3n, produce toda especie de concupiscencias y de deseos viciosos, seduce al hombre por medio del precepto, opera en \u00e9l el mal y le procura la muerte (Rom 7:7). Lo mismo que en G\u00e9n 3:13 la serpiente sedujo a la mujer, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n este \u00abpecado\u00bb seduce al hombre. La hamart\u00ed\u00ada no puede identificarse con Satan\u00e1s, que representa una potecia hostil, pero externa al hombre; sin embargo, se le atribuye el papel que Sab 2:4 atribuye al demonio.<\/p>\n<p>c) La carne. La sede, el \u00f3rgano y el instrumento del pecado es la carne (s\u00e1rx), t\u00e9rmino usado por san Pablo en varios sentidos. En el contexto de la hamart\u00ed\u00ada, la palabra \u00abcarne\u00bb tiene un significado moral: indica al hombre deca\u00ed\u00addo y fr\u00e1gil, que alberga tendencias y deseos hostiles contra Dios, y conducentes por tanto a la muerte (G\u00e1l 5:16; Rom 6:13; Rom 7:14.20.25; Efe 2:3). Estos malvados apetitos tienen sujeto al hombre y lo dominan de tal manera que viola conscientemente la voluntad de Dios y comete el pecado. Pero el poder que la carne ejerce sobre el hombre no es constringente; tiene que vencer primero la resistencia del hombre interior, lo debe seducir y, a despecho de su libertad y responsabilidad personal, impulsarlo a cometer el pecado.<\/p>\n<p>d) La ley. Existe una relaci\u00f3n muy estrecha entre la hamart\u00ed\u00ada, la carne y la ley, concretamente cualquier ley que se le imponga al hombre desde fuera. La hamart\u00ed\u00ada revela su propio poder mediante ley expresada positivamente en forma de precepto. De suyo la ley, como expresi\u00f3n de la voluntad de Dios, es buena y santa; pero solamente da el conocimiento del deber moral, sin comunicar la fuerza de cumplirla, despu\u00e9s de haber vencido los asaltos de la carne. Por eso, de hecho, la ley no hace m\u00e1s que activar y excitar las pasiones escondidas en nuestros miembros; no hace m\u00e1s que proporcionar a la concupiscencia la ocasi\u00f3n y el punto de apoyo para cometer una transgresi\u00f3n consciente y cualificada, y por tanto imputable al pecador. De esta manera la hamart\u00ed\u00ada revela por medio de la ley toda su funesta energ\u00ed\u00ada (lCor 15,56; Rom 3:20; Rom 4:15; Rom 5:20). La lucha encarnizada entre la pasi\u00f3n y la raz\u00f3n humana, entre la.tendencia al bien y la tendencia al mal en la intimidad del hombre, queda magistralmente descrita en Rom 7: la hamart\u00ed\u00ada, la carne y la ley est\u00e1n todas unidas y movilizadas contra el hombre que aspira al bien y a la justicia.<br \/>\ne) Satan\u00e1s. Otro c\u00f3mplice del poder nefasto del pecado personificado es Satan\u00e1s. La debilidad del esp\u00ed\u00adritu en los paganos, impedidos de abrir los ojos a la luz del evangelio, es atribuida por san Pablo al \u00abdios de este siglo\u00bb (2Co 4:3s). Los no cristianos, que infringen la voluntad de Dios, viven en conformidad con el curso de este mundo, seg\u00fan \u00abel pr\u00ed\u00adncipe de las potestades a\u00e9reas\u00bb (Efe 2:2). Gracias a la conversi\u00f3n, los paganos han sido arrancados del poder de las tinieblas y tienen que combatir ahora contra los principados, las potencias, el soberano de este mundo tenebroso, Satan\u00e1s, el enemigo de la causa de Dios (lTes 2,18; 2Co 2:11; Rom 16:20). El tentador por excelencia (lTes 2,18; 2Co 2:11; Rom 16:20) sabe transformarse en \u00e1ngel de luz; los falsos ap\u00f3stoles y los doctores de mentira son sus auxiliares (2Ts 2:9; 2Co 11:13). Lo mismo que Satan\u00e1s no fue extra\u00f1o a la introducci\u00f3n del pecado en el mundo, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n ahora act\u00faa oscureciendo la inteligencia de los hombres, manteniendo la idolatr\u00ed\u00ada entre los paganos y movi\u00e9ndolos a cometer los pecados carnales.<br \/>\nf) Efectos: 1) La esclavitud. El pecado personificado, confirmado por los actos pecaminosos personales, separa al hombre de Dios y lo reduce a una condici\u00f3n de esclavitud. Abandonado a solas sus fuerzas, el hombre est\u00e1 vendido al poder del pecado (Rom 7:7-14), se ve entregado al pecado (Rom 1:24). La esclavitud del pecado es tal que el hombre es fundamentalmente incapaz de realizar el bien aunque quisiera. Pablo admite expresamente que el pecador tiene todav\u00ed\u00ada la posibilidad de conocer y de desear el bien, e incluso de complacerse interiormente en la ley del Se\u00f1or; pero que, por falta de fuerzas suficientes, el mal acabar\u00e1 infaliblemente dominando sobre \u00e9l.<\/p>\n<p>2) La ira de Dios. El pecado est\u00e1 bajo la c\u00f3lera de Dios (Rom 1:18), es decir, se encuentra en una situaci\u00f3n de hostilidad con Dios. El quiso separarse del Se\u00f1or, y Dios permite esta separaci\u00f3n. La met\u00e1fora de la c\u00f3lera divina denota el abismo que a\u00ed\u00adsla al que comete el mal de la fuente del bien, que es Dios. Privado de la gracia de Dios (Rom 3:23), el pecador se ve sometido a la angustia, a la tribulaci\u00f3n y a la corrupci\u00f3n (G\u00e1l 6:8). Alejado de Dios, el hombre multiplica los pecados y cae en el abismo de la demencia. En efecto, el aumento de los pecados acaba corrompiendo el juicio moral del hombre (Rom 1:28) y haciendo que se obstine en una situaci\u00f3n de enemistad con Dios. Es \u00e9ste el primer castigo que el pecado lleva consigo. El abismo que separa al hombre de Dios se hace cada vez m\u00e1s profundo. Esta manifestaci\u00f3n de la c\u00f3lera divina aguarda el momento final, cuando en el juicio el hombre se fije definitivamente en su rebeli\u00f3n contra Dios (Rom 2:5-8; Rom 3:5; Rom 4:15; Rom 5:9; cf lTes 1,10; 5,9). A este prop\u00f3sito, Pablo cita el ejemplo de los jud\u00ed\u00ados (Rom 2:5; 2Co 3:14) y de los paganos (Efe 4:18).<\/p>\n<p>3) La muerte. Adem\u00e1s el pecado engendra la muerte, ya que Dios es la fuente de la vida y, al apartarse de \u00e9l, el pecador se aleja de la vida. El estrecho nexo que existe entre la muerte y el pecado se pone de relieve especialmente en Rom 5-8. En lCor 15,56 se indica que el pecado es el aguij\u00f3n de la muerte. No se trata solamente de un castigo ultraterreno, sino de un salario normal que se recibe ya en la existencia terrena. En efecto, ya desde ahora los pecadores se encuentran en el camino de la perdici\u00f3n, dominados por la fuerza del pecado y esclavos de Satan\u00e1s (1Co 1:18; 2Co 2:15; Rom 7:14s). La muerte se presenta tambi\u00e9n como recompensa y consumaci\u00f3n del pecado (Rom 6:21) en el sentido de que lleva a su t\u00e9rmino la separaci\u00f3n de Dios. Esta muerte es ante todo la perdici\u00f3neterna, el alejamiento definitivo de Dios; en segundo lugar designa tambi\u00e9n la condici\u00f3n desgraciada en que se encuentra el pecador ya en esta vida, y, finalmente, se\u00f1ala la muerte biol\u00f3gica, desgarrada por la angustia y por las tinieblas producidas por la ausencia de una perspectiva radiante de futuro. San Pablo concibe la muerte como un conjunto unitario, que comprende la muerte corporal, la espiritual y la eterna.<\/p>\n<p>La amartolog\u00ed\u00ada del ap\u00f3stol Pablo es penetrante y profunda. Va sondeando los recovecos del coraz\u00f3n humano, en donde anida una fuerza maligna que induce al hombre infaliblemente al mal, con la complicidad de la carne, de la ley y de Satan\u00e1s. Tiene delante de s\u00ed\u00ad el cuadro desolador de la corrupci\u00f3n del mundo pagano y de la infidelidad del pueblo de Israel, y registra a menudo los actos pecaminosos concretos. Insiste en las consecuencias ruinosas del pecado, que aleja de Dios y produce la muerte. Pero todo esto sirve para exaltar el amor de Dios, que envi\u00f3 a su Hijo a liberar a los hombres del pecado y de la esclavitud del demonio.<\/p>\n<p>5. LA LITERATURA JOANEA. a) Vocabulario propio. El t\u00e9rmino hamart\u00ed\u00ada (pecado) se encuentra 18 veces en el cuarto evangelio (14 en singular y cuatro en plural) y 17 veces en 1Jn (11 veces en singular y seis en plural). En el Apocalipsis aparece tres veces, siempre en plural. El verbo hamart\u00e1n\u00f3 (pecar) se usa tres veces en Jn y cuatro veces en 1Jn.<\/p>\n<p>La palabra \u00abpecado\u00bb puede significar las diversas acciones pecaminosas (Jua 8:3.34), como la mentira, el odio, la injusticia, la falta de acogida a los hermanos, o bien la culpa que permanece en la conciencia incluso despu\u00e9s de haberse cometido el acto malo. En este sentido hay que entender las expresiones: tener pecado (Jua 15:22.24), morir en el pecado (Jua 8:24), convencer de pecado (Jua 26:8 s).<\/p>\n<p>A menudo en el evangelio y en la lJn el t\u00e9rmino usado en singular indica una condici\u00f3n o disposici\u00f3n individual y social, que se imprime en toda acci\u00f3n o palabra pecaminosa y que equivale a una potencia hostil a Dios y a su revelaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En el evangelio y en lJn se establece una distinci\u00f3n en lo que se refiere al verbo \u00abpecar\u00bb, entre la forma de aoristo, que significa cometer un pecado (Jua 9:2s), y la de presente o de perfecto, que significa perseverar en el estado de pecado (lJn 1,10; 2,1; 3,6.8s; 5,16.18).<\/p>\n<p>b) La incredulidad. El cuarto evangelio no habla del pecado de forma abstracta, sino presentando la actitud de los diversos personajes frente a Cristo. Estos personajes asumen un car\u00e1cter t\u00ed\u00adpico. El evangelista valora el pecado dentro de las ant\u00ed\u00adtesis que constituyen una de las caracter\u00ed\u00adsticas de sus escritos: luz\/tinieblas, verdad\/mentira, amor\/ odio, esclavitud\/libertad, vida\/ muerte. En este contexto, el discurso de Juan sobre el pecado presenta un car\u00e1cter dram\u00e1tico y una radicalidad impresionante.<\/p>\n<p>Para Jn, el pecado por excelencia consiste en negarse a acoger a Cristo, que es la luz del mundo; es decir, en la incredulidad frente al enviado del Padre, el Hijo unig\u00e9nito de Dios. Esta negativa aparece no s\u00f3lo como un acto concreto, sino como una opci\u00f3n fundamental y una actitud permanente negativa que decide de toda la existencia del hombre. La aparici\u00f3n en el mundo de la l\u00faz reclama una toma de posici\u00f3n y lleva a cabo un crisis; en caso de rechazarla, se establece uno en las tinieblas, esto es, en la condici\u00f3n de no salvaci\u00f3n. Esta situaci\u00f3n no es neutral, sino que supone una lucha contra la luz; por eso mismo se caracteriza por la aversi\u00f3n contra la luz, por el odio y la condenaci\u00f3n (Jua 3:19s). Por eso la incredulidad es impiedad y anarqu\u00ed\u00ada (1Jn 3:4). Tal es el pecado de los jud\u00ed\u00ados, que son tambi\u00e9n el tipo de los paganos no creyentes y del mundo (Jua 5:10.16.18; Jua 6:41.52; Jua 10:31.33; Jua 11:8; Jua 16:6).<\/p>\n<p>Al no acoger a Cristo, renegamos del Padre y formamos en las filas del demonio, que es el pr\u00ed\u00adncipe de este mundo (Jua 12:31). El pecador es un esclavo de Satan\u00e1s (Jua 8:34), ya que participa en las obras de aqu\u00e9l, que es homicida y mentiroso desde el principio (Jua 8:44). El demonio es la cabeza de la humanidad pecadora. En el rechazo de Cristo el evangelista descubre una acci\u00f3n sat\u00e1nica, ya que es una opci\u00f3n en favor de la mentira, de la esclavitud y de la muerte espiritual y eterna.<\/p>\n<p>Entre las otras causas que suponen el rechazo de Cristo, Juan subraya tambi\u00e9n el aspecto subjetivo personal: no se cree en Cristo, porque se presume de s\u00ed\u00ad mismo y se desea permanecer en la situaci\u00f3n precedente, pensando que se est\u00e1 sin pecado y que es posible alcanzar la salvaci\u00f3n fuera de Cristo (Jua 3:19ss; Jua 5:36-46).<\/p>\n<p>c) El pecado del mundo. El evangelista habla tambi\u00e9n del pecado del mundo (Jua 1:29). En la literatura joanea, el t\u00e9rmino \u00abmundo\u00bb tiene tambi\u00e9n, entre otros, un significado negativo, designando a todos los hombres, jud\u00ed\u00ados y paganos, que rechazan la revelaci\u00f3n definitiva tra\u00ed\u00adda al mundo por el Hijo de Dios. El pecado del mundo no significa el pecado de los hombres en general, ni la suma de los pecados individuales, sino el mal en s\u00ed\u00ad mismo, en toda su extensi\u00f3n y en sus consecuencias. Es una fuerza que ciega a la humanidad y se encuentra en la base de todas las tomas de posici\u00f3n contrarias a Dios.<br \/>\nd) La herej\u00ed\u00ada. El pecado por excelencia en la lJn es el rechazo de la tradici\u00f3n apost\u00f3lica, que confiesa a Cristo como Hijo de Dios venido en la carne (1Jn 2:22s). Esta negaci\u00f3n supone la ruptura de la comuni\u00f3n eclesial y engendra el odio contra los que se adhieren a la primitiva predicaci\u00f3n apost\u00f3lica (lJn 2,19; 4,1; 2,9.11; 3,15; 4,20). Este pecado conduce a la muerte espiritual y eterna. Es llamado iniquidad e injusticia (lJn 3,4; 5,17); en efecto, va acompa\u00f1ada de una perversi\u00f3n que no deja ning\u00fan resquicio al arrepentimiento; es algo que hace suya la rebeli\u00f3n y la hostilidad de las fuerzas del mal en los \u00faltimos tiempos. Por eso este pecado es llamado anom\u00ed\u00ada, t\u00e9rmino t\u00e9cnico que designa la iniquidad de los tiempos que preceden al fin. La negaci\u00f3n de Jes\u00fas como Cristo e Hijo de Dios implica el rechazo de la realidad \u00faltima y definitiva, ya que se cierran los ojos a una luz meridiana. A este pecado se le atribuye una gravedad excepcional y un valor escatol\u00f3gico.<\/p>\n<p>Entre los creyentes se dan tambi\u00e9n pecados que no conducen a la muerte, es decir, pecados de fragilidad humana, que no suponen una aut\u00e9ntica opci\u00f3n fundamental negativa frente a Cristo (1Jn 5:16s). Estos pecados se perdonan con facilidad. Los fieles han de tener la conciencia de ser pecadores en este sentido; negarlo constituir\u00ed\u00ada una mentira comparable a la de los herejes (1Jn 1:8). Pero los que han nacido de Dios est\u00e1n en la condici\u00f3n de no pecar, esto es, de no separarse de Cristo (1Jn 3:9; 1Jn 5:18). Al haber vencido Jes\u00fas al pr\u00ed\u00adncipe de este mundo (Jua 12:31; Jua 16:33), derrot\u00f3 tambi\u00e9n al pecado. Mientras permanezca uno unido a Cristo, interiorizando su palabra y permaneciendo fiel a la comuni\u00f3n eclesial, no podr\u00e1 pecar (1Jn 3:9; 1Jn 5:18), es decir, separarse de \u00e9l.<\/p>\n<p>6. OTROS ESCRITOS DEL NT. En los Hechos de los Ap\u00f3stoles se se\u00f1alan algunas acciones pecaminosas, como la traici\u00f3n de Judas (Heb 1:15-20), la negativa de los habitantes de Jerusal\u00e9n a escuchar la palabra de Dios (Heb 3:14.17), la mentira de Anan\u00ed\u00adas y Safira, presentada como un ultraje cometido contra el Esp\u00ed\u00adritu Santo y una alianza pactada con Satan\u00e1s (Heb 6:1-11). El pecado de Sim\u00f3n mago consisti\u00f3 en querer reducir el don de Dios a una realidad controlable por los hombres y puesta bajo su dominio (Heb 8:18-24). La persecuci\u00f3n de la Iglesia por parte de Saulo antes de su conversi\u00f3n se debi\u00f3 a su persuasi\u00f3n de que hab\u00ed\u00ada que permanecer cerrado en el estrecho sistema de la ley mosaica, sin aceptar la cruz de Cristo como causa de la verdadera justicia y como indicaci\u00f3n de una nueva norma de vida.<\/p>\n<p>Los Hechos mencionan a menudo el perd\u00f3n de los pecados gracias a la fe en Cristo y al bautismo (Heb 2:38; Heb 5:31; Heb 10:43; Heb 13:38; Heb 26:18).<\/p>\n<p>En la carta a los Hebreos el pecado es considerado en sus aspectos concretos de rebeli\u00f3n contra Dios (Heb 10:27), de apostas\u00ed\u00ada, de incredulidad y de desobediencia (Heb 3:12; Heb 6:6; Heb 10:26). Acecha al pueblo de Dios en todas las fases de su peregrinaci\u00f3n hacia la Jerusal\u00e9n celestial, como desviaci\u00f3n de la meta asignada y detenci\u00f3n en el camino, debido al enflaquecimiento espiritual. Los pecados son llamados \u00abobras muertas\u00bb (Heb 6:1; Heb 9:14), porque manchan la conciencia e impiden un culto agradable a Dios. Se habla de la apostas\u00ed\u00ada como de un pecado irremisible (Heb 6:4ss; Heb 10:26s), en el sentido de que el sacrificio expiatorio de Cristo no puede repetirse y el pecador no puede verse reintegrado a su inocencia; pero no se excluye la posibilidad de un remedio de forma absoluta.<\/p>\n<p>La conducta y la acci\u00f3n pecaminosa del individuo es capaz de contagiar a la comunidad (Heb 12:15). Culpables ante Dios y ante los hermanos son todos los que descuidan la asistencia a las asambleas lit\u00fargicas o las abandonan (Heb 10:25), induciendo a los dem\u00e1s a seguir su mal ejemplo.<\/p>\n<p>En la carta de Santiago se destacan algunos aspectos sociales del pecado; la riqueza puede conducir a una explotaci\u00f3n brutal del pr\u00f3jimo (Stg 4:5s); el hablar irresponsable influye negativamente en la relaci\u00f3n mutua entre los hombres (Stg 3:4-8). La ira, la envidia, los juicios negativos sobre los dem\u00e1s se derivan del ego\u00ed\u00adsmo y de una falsa b\u00fasqueda de uno mismo (Stg 3:14; 4,Iss).<\/p>\n<p>En la lPe se nos habla de los pecados t\u00ed\u00adpicos de los que no han sido bautizados todav\u00ed\u00ada (lPe 1,14). Pero tambi\u00e9n los cristianos tienen experiencia de \u00ablas pasiones carnales, que hacen la guerra al esp\u00ed\u00adritu\u00bb(1Pe 2:11; 1Pe 4:2). El pecado parece ser connatural al hombre, vinculado a su ser corporal; pero mediante el bautismo y la uni\u00f3n con Cristo puede ser combatido y vencido.<\/p>\n<p>En las cartas de Jds y 2Pe se habla de los pecados de los maestros de error: conciernen a los des\u00f3rdenes morales en el matrimonio (2Pe 2:14), a la adulaci\u00f3n y a las lisonjas empleadas para imponerse a los dem\u00e1s (Jud 1:16; 2Pe 2:1518).<\/p>\n<p>III. UNIVERSALIDAD DEL PECADO. 1. ANTIGUO TESTAMENTO. En la Biblia aparece la convicci\u00f3n de que todos los hombres pertenecen a una raza pecadora.<\/p>\n<p>a) G\u00e9nesis 1-11. En G\u00e9n 1-11 se describe la situaci\u00f3n universal de pecado. Con algunas excepciones (Abel: G\u00e9n 4:41; Henoc: G\u00e9n 5:22ss; No\u00e9: G\u00e9n 6:9; G\u00e9n 7:1), ya desde los or\u00ed\u00adgenes la humanidad se rebel\u00f3 contra Dios. El diluvio, presentado como universal, fue provocado, seg\u00fan la tradici\u00f3n J, por la maldad del hombre (G\u00e9n 6:5), mientras que, seg\u00fan la tradici\u00f3n P, el motivo de este castigo es la corrupci\u00f3n general de todos los mortales (G\u00e9n 6:12s). Existe una cierta solidaridad en el mal. Toda la estirpe de los cainitas es una raza de pecadores (G\u00e9n 4:17-23). La generalizaci\u00f3n del pecado se explica como un proceso de imitaci\u00f3n: una generaci\u00f3n hereda el mal de la anterior. La influencia del pecado de los primeros padres sobre su descendencia se considera dentro del \u00e1mbito de las consecuencias del pecado, que acarrean la muerte, el trabajo fatigoso y la expulsi\u00f3n del jard\u00ed\u00adn, s\u00ed\u00admbolo de la interrupci\u00f3n de la familiaridad con Dios.<\/p>\n<p>b) Los profetas. El rey Salom\u00f3n confiesa que no existe ning\u00fan hombre que no caiga en alguna culpa (1Re 8:46). Los profetas de Israel denuncian los pecados de todo el pueblo (Ose 4:2; Isa 1:4; Isa 5:7; Isa 30:9). El profeta Isa\u00ed\u00adas se siente solidario de la impureza del pueblo (Isa 6:5). Para Miqueas no existen hombres piadosos en el pa\u00ed\u00ads; todos est\u00e1n corrompidos (Miq 7:1-7). Jerem\u00ed\u00adas describe con tintas oscuras la perversidad general del pa\u00ed\u00ads (Jer 5:1; Jer 5:28ss; Jer 9:1-8), que anida en el coraz\u00f3n malvado y endurecido de cada individuo (Jer 13:23; Jer 17:9). Ezequiel considera toda la historia de Israel como una serie de infidelidades. Se dirige a Jerusal\u00e9n bajo la figura de una ni\u00f1a encontrada en el camino, que a pesar de la solicitud del Se\u00f1or desde su juventud siempre se mostr\u00f3 infiel a Dios, que hab\u00ed\u00ada hecho alianza con ella (Ez 16). En el cap\u00ed\u00adtulo 23 el mismo profeta interpela a las dos hermanas, Jerusal\u00e9n y Samaria, es decir, a los reinos de Jud\u00e1 y de Israel, divididos pero hermanos, que ya desde la salida de Egipto cometieron toda clase de abominaciones. Esta misma concepci\u00f3n de la historia de Israel se encuentra en Is 54. En algunas plegarias penitenciales posteriores al destierro los portavoces de la comunidad expresan su arrepentimiento por las faltas de sus antepasados (Esd 9:6-15; Neh 1:6s; Isa 63:7-64, 11; Sal 78). Esta concepci\u00f3n se ve rubricada por la convicci\u00f3n de que la acci\u00f3n de un individuo repercute en la vida del grupo, ya que la existencia del grupo est\u00e1 profundamente marcada por las acciones de cada uno de sus miembros. Esto sucede no solamente en un momento determinado de la historia, sino a trav\u00e9s de todo el curso de la existencia de un pueblo. Un grupo social como la familia, la tribu y la naci\u00f3n es considerado a la manera de una persona concreta, que sobrevive en el tiempo y en el espacio debido a una especie de unidad biol\u00f3gica (personalidad incorporante).<\/p>\n<p>c) Los libros sapienciales. Los sabios de Israel, que dirigen su atenci\u00f3n m\u00e1s all\u00e1 de los confines del pueblo elegido, interesados como est\u00e1n por la condici\u00f3n humana en general, afirman la fragilidad y la impureza de todo ser humano frente a Dios (Job 4:17s; Job 15:14ss; Job 14:4; Pro 20:9; Qo 7,20; cf Sal 143:2; 2Cr 6:36). Todos los hombres han cometido faltas, aunque s\u00f3lo sea pronunciando palabras imprudentes (Sir 19:16). M\u00e1s a\u00fan, el pecado alcanza al hombre ya antes de su juventud, desde el primer momento de su existencia (Sal 51:7). La corrupci\u00f3n es un fen\u00f3meno humano general, del que los mismos hombres piadosos no son capaces de sustraerse por completo (Sal 12:1-5; Sal 14:1-4; Sal 140:2-6).<\/p>\n<p>2. JES\u00daS. En su predicaci\u00f3n, Jes\u00fas supone que todos los hombres son pecadores, ya que dirige a todos su invitaci\u00f3n a la conversi\u00f3n (Me 1,14s; Luc 13:3.5); en efecto, no hay nadie que no tenga culpa (Lev 13:2-5; Jua 8:7). Jes\u00fas denuncia toda forma de orgullo y de autojustificaci\u00f3n (Lev 15:25-32; Lev 18:10-14).<\/p>\n<p>Aun insistiendo en el aspecto interior y personal del pecado, Jes\u00fas admite tambi\u00e9n un v\u00ed\u00adnculo colectivo en el mal a trav\u00e9s de las generaciones, adecu\u00e1ndose a la mentalidad del AT y del juda\u00ed\u00adsmo. Las generaciones precedentes mataron a los profetas consider\u00e1ndolos como seductores y traidores a la causa nacional, y por tanto como criminales. La generaci\u00f3n contempor\u00e1nea de Jes\u00fas lleva a su cumplimiento lo que hab\u00ed\u00adan emprendido los padres al matar a los profetas (Mat 23:29-36.37ss; Luc 11:47-51; Luc 13:34s). En la par\u00e1bola de los vi\u00f1adores homicidas, el asesinato de los profetas y del hijo del propietario de la vi\u00f1a, realizado en varias \u00e9pocas de la historia, se atribuye a los mismos oyentes de Jes\u00fas (Mat 21:23-45). Las culpas de las generaciones anteriores, que entregaron a la muerte a los enviados de Dios, pesan sobre el grupo alejado en el tiempo y cuya perversidad va creciendo continuamente. No se trata simplemente de una pura vinculaci\u00f3n geneal\u00f3gica, sino de una cierta asimilaci\u00f3n moral entre los descendientes de un mismo tronco. Esta misma concepci\u00f3n es la que aflora en Heb 7:51 y en ITes 2,15.<\/p>\n<p>3. SAN PABLO. El autor sagrado del NT que m\u00e1s ha insistido en la universalidad del pecado, a fin de subrayar la necesidad absoluta de la gracia de Cristo, es san Pablo. Su pensamiento queda expresado sobre todo en las cartas a los Romanos y a los Efesios.<\/p>\n<p>a) La humanidad pecadora. Prescindiendo de la gracia de Cristo, que act\u00faa en el mundo ya desde los comienzos de la humanidad, el ap\u00f3stol presenta a los paganos y a los jud\u00ed\u00ados de su tiempo -las dos categor\u00ed\u00adas en que se divid\u00ed\u00ada el mundo antiguo desde el punto de vista religioso- como profundamente hundidos en el pecado. Se trata de una constataci\u00f3n que se basa en la experiencia y en el testimonio de la Escritura. Por su nacimiento, los paganos se encuentran en una situaci\u00f3n de ignorancia de Dios y de su ley; por eso se los llama \u00abateos y sin ley\u00bb (G\u00e1l 2:15; Efe 2:1-4.12); est\u00e1n muertos por causa de sus delitos y no buscan la justicia (Rom 4:30). Los jud\u00ed\u00ados no han observado tampoco la ley (Rom 9:30), y son hijos de la c\u00f3lera lo mismo que los paganos (Efe 2:3). En ,19 el ap\u00f3stol presenta un cuadro impresionante de la abyecci\u00f3n moral en que hab\u00ed\u00ada ca\u00ed\u00addo la sociedad pagana y, con las debidas reservas, tambi\u00e9n la sociedad jud\u00ed\u00ada, sin el influjo ben\u00e9fico de Cristo. Todos est\u00e1n sometidos al pecado; no son solamente capaces de pecado ni est\u00e1n solamente inclinados al mismo, sino que son aut\u00e9nticos pecadores, sin excluir a los jud\u00ed\u00ados, que se consideraban justos (Rom 3:23). Al aducir el ejemplo de los dos grupos, paganos y jud\u00ed\u00ados, Pablo piensa en toda la humanidad que se encuentra fuera de la influencia de Cristo.<\/p>\n<p>b) El pecado de Ad\u00e1n. Con una intuici\u00f3n genial, el ap\u00f3stol relaciona el pecado personificado -es decir, la inclinaci\u00f3n inherente a la naturaleza humana, opuesta a Dios y que induce a los pecados personales de manera infalible al hombre capaz de actos humanos- con la transgresi\u00f3n cometida por el primer hombre (Rom 5:12-21). Utilizando un lenguaje complejo, desde las alusiones a G\u00e9n 2-3 hasta las referencias a los libros ap\u00f3crifos y las argumentaciones de tipo rab\u00ed\u00adnico, Pablo admite una causalidad misteriosa y una influencia real del pecado de Ad\u00e1n sobre todos los hombres que se derivan de \u00e9l (Rom 5:12; ICor 15,22). Las malas inclinaciones de que est\u00e1 infectada la naturaleza humana deben reducirse, como a su fuente com\u00fan, al pecado del primer hombre; por eso mismo todos los hombres se encuentran en la condici\u00f3n descrita para los paganos en Rom 1:18-25 y para los jud\u00ed\u00ados en Rom 2:1-24. En efecto, prescindiendo del influjo de la redenci\u00f3n de Cristo, que actu\u00f3 en la historia incluso antes de la muerte y de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, todos los hombres han pecado y pecan personalmente, por lo que est\u00e1n privados de la salvaci\u00f3n y est\u00e1n condenados a la perdici\u00f3n (Rom 5:12). La rebeli\u00f3n del primer hombre contra Dios situ\u00f3 a todos los hombres en un estado tal que no s\u00f3lo resulta inalcanzable la salvaci\u00f3n, sino que sin Cristo no es posible evitar la condenaci\u00f3n eterna. Pero lo mismo que es universal la causalidad pecaminosa de Ad\u00e1n, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n -\u00c2\u00a1y con mayor raz\u00f3n! es universal y eficaz la obra redentora de Cristo (Rom 5:15-21).<\/p>\n<p>c) Pecados personales. En Rom 7:7-25, las afirmaciones del ap\u00f3stol se aplican a cada hombre en particular, ya que se describe la condici\u00f3n del pecador que, libre y responsable de sus actos, no es capaz de realizar el bien y est\u00e1 condenado a pecar. Tal es la situaci\u00f3n de todos los hombres que se encuentran fuera de la influencia ben\u00e9fica de la obra salvadora de Cristo.<\/p>\n<p>En Efe 2:3 el hagi\u00f3grafo afirma que tanto los jud\u00ed\u00ados como los paganos, por el mismo hecho de su origen humano, son objeto de la c\u00f3lera divina. Se trata de una conclusi\u00f3n que el autor deduce de la universalidad del pecado, al que se designa suficiente-mente como fuente de las inclinaciones pecaminosas con las que est\u00e1 ahora contaminada la naturaleza humana.<\/p>\n<p>IV. ORIGEN DEL PECADO. 1. ANTIGUO TESTAMENTO. La Biblia no ofrece respuestas uniformes a la misteriosa cuesti\u00f3n del origen del pecado.<\/p>\n<p>a) La fuerza demon\u00ed\u00adaca. En G\u00e9n 2-3, relato sapiencial y etiol\u00f3gico que tiende a explicar la actual condici\u00f3n humana se\u00f1alando sus causas en un acontecimiento primitivo, se ense\u00f1a que la miseria humana y el mal no provienen de Dios, sino de una rebeli\u00f3n del hombre contra Dios ocurrida en los comienzos de la humanidad. Como causa extr\u00ed\u00adnseca que indujo al pecado se presenta tambi\u00e9n a la serpiente, identificada m\u00e1s tarde con la potencia del demonio (G\u00e9n 3; Sab 2:24). En lSam la causa de la locura homicida de Sa\u00fal es un ser divino; en I Apo 22:21 un esp\u00ed\u00adritu divino impulsa a los reyes de Jud\u00e1 y de Israel a la irremediable derrota. Los males de Job se le atribuyen al influjo de Satan\u00e1s (Job 1:6).<br \/>\nb) El coraz\u00f3n perverso. Los profetas descubren el origen de la malicia humana en la perversi\u00f3n radical del coraz\u00f3n. La resistencia a la voluntad de Dios es, seg\u00fan el profeta Jerem\u00ed\u00adas, una revelaci\u00f3n de las profundas disposiciones antidivinas arraigadas en el \u00e1nimo de todos los hombres, tanto jud\u00ed\u00ados (Jer 13:23) como paganos (Jer 3:17; Jer 9:25). Ezequiel habla de un coraz\u00f3n de piedra, sordo a todas las advertencias y rebelde a todas las ense\u00f1anzas (Eze 11:19; Eze 36:26).<br \/>\nc) La inclinaci\u00f3n al mal. Los sabios de Israel con sus severos consejos (Pro 13:24; Pro 15:10; Pro 19:18; Pro 23:13s; Pro 29:17; Sir 7:23s; Sir 30:1.7-13; Sir 42:5-11) su-ponen como origen del pecado una inclinaci\u00f3n al mal arraigada en lo m\u00e1s profundo del ser del hombre, a la cual es posible resistir a pesar de todo. En dos pasajes se habla de un designio perverso, en el sentido de una tendencia al mal, que m\u00e1s tarde recibir\u00e1 el nombre de concupiscencia (Sir 15:4; Sir 37:3). Los profetas y los sabios se muestran expl\u00ed\u00adcitos a la hora de admitir una depravaci\u00f3n cong\u00e9nita de la intimidad del hombre.<br \/>\nd) El pecado de origen. En dos textos se menciona expresamente el pecado de los primeros padres para explicar la miseria actual de la condici\u00f3n humana. En Sab 2:24 se afirma que el hombre qued\u00f3 privado de la incorruptibilidad, a la que hab\u00ed\u00ada sido destinado por Dios, por causa de la envidia del demonio. En Sir 24:23 se relaciona expresamente el origen del pecado y de la muerte con el comportamiento presuntuoso de la primera mujer.<\/p>\n<p>2. EVANGELIOS SIN\u00ed\u201cPTICOS. En los tres primeros evangelios no hay m\u00e1s que una vaga alusi\u00f3n al origen del pecado en el mundo. Insistiendo en las disposiciones internas de las acciones humanas, Jes\u00fas considera el coraz\u00f3n como la causa \u00faltima del bien y del mal (Mat 7:6-13; Mat 12:34s; Mat 15:8-20; Mar 7:6-13; Luc 6:45). El que tiene el coraz\u00f3n malo es un \u00e1rbol malo, que no puede menos de dar frutos podridos (Mat 12:33ss; Luc 6:43ss). Para Jes\u00fas la ra\u00ed\u00adz profunda del pecado es la facultad espiritual del hombre, en donde se toman las decisiones de las acciones exteriores (Mat 5:22.28). Adem\u00e1s, Jes\u00fas no excluye la influencia de Satan\u00e1s, ya que los pecadores son hijos del maligno (Mat 5:37; Mat 13:38s; Mar 4:15).<\/p>\n<p>3. SAN PABLO. La ense\u00f1anza de Pablo sobre el origen del pecado es la m\u00e1s difundida de toda la Biblia. El ap\u00f3stol remite al pecado de los primeros padres, que ejerce un influjo delet\u00e9reo en toda su descendencia (Rom 5:12-21); considera la naturaleza ca\u00ed\u00adda del hombre (s\u00e1rx) con su tendencia al mal; investiga el papel de la ley que da solamente el conocimiento de la ley de Dios, pero no la fuerza para cumplirla, y no excluye la influencia del demonio en las acciones malas que realiza el hombre.<br \/>\n4. LA LITERATURA JOANEA. Seg\u00fan los escritos joaneos, la ra\u00ed\u00adz del pecado es de \u00ed\u00adndole moral: una praxis perversa (Jua 3:19ss), la b\u00fasqueda de la propia gloria (Jua 5:44), la pretensi\u00f3n de establecer por s\u00ed\u00ad mismo las modalidades de la b\u00fasqueda de la salvaci\u00f3n, la presunci\u00f3n de estar libre de pecado y de gozar ya de libertad (Jn 7-8). Se menciona adem\u00e1s el atractivo del mundo, con la concupiscencia de la carne y de los ojos y la soberbia de la vida (1Jn 2:15ss).<\/p>\n<p>5. LA TENTACI\u00ed\u201cN. Un elemento importante en el origen del pecado es el papel que juega la tentaci\u00f3n. No se trata de la prueba a la que Dios puede someter al hombre para experimentar su fidelidad y su perseverancia en el bien, cuyos cl\u00e1sicos ejemplos son la tentaci\u00f3n de Abrah\u00e1n (G\u00e9n 22:1-9) y la de Job (Job 1-2). En nuestro caso se trata del intento realizado para hacer que el hombre se desv\u00ed\u00ade del camino recto y para inducirlo a cometer pecados.<\/p>\n<p>El AT conoce la tentaci\u00f3n que proviene del demonio. En G\u00e9n 3 la desconfianza de Dios y la rebeli\u00f3n contra su voluntad son provocadas ante todo por la serpiente, en la que la tradici\u00f3n posterior vio el s\u00ed\u00admbolo del demonio (Sab 2:24). El modo con que el tentador procur\u00f3 arrastrar a la mujer se describe de una forma psicol\u00f3gicamente muy fina y sagaz. El censo de la poblaci\u00f3n ordenado por David se presenta tambi\u00e9n como una seducci\u00f3n del demonio.<\/p>\n<p>Con mayor amplitud se describe la influencia del tentador sat\u00e1nico en el NT. El poder maligno puede suscitar males f\u00ed\u00adsicos para inducir \u00e1l pecado; se sirve de las persecuciones y de los sufrimientos morales para provocar la apostas\u00ed\u00ada (1Ts 3:4s; l Pe 5,8s); este esfuerzo ser\u00e1 m\u00e1s palpable en la era escatol\u00f3gica (Apo 20:7).<\/p>\n<p>San Pablo subraya el papel de la concupiscencia, presente en lo \u00ed\u00adntimo del hombre, al comentar el mal (G\u00e1l 5:16; Rom 7:14-25; Rom 6:12). Asimismo, algunos acontecimientos o circunstancias hist\u00f3ricas pueden ser no s\u00f3lo un obst\u00e1culo para la fe, sino tambi\u00e9n una incitaci\u00f3n a la infidelidad con Dios: la humilde actitud de Cristo (Mat 26:41; Mar 14:38; Luc 22:28), la enfermedad corporal (G\u00e1l 4:13s), la oposici\u00f3n al evangelio por parte de los no creyentes (lTes 3,4s). Sin embargo, Dios no permite que la tentaci\u00f3n supere las fuerzas del hombre (1Co 10:13; 2Pe 2:9). Mediante la vigilancia y la oraci\u00f3n es posible vencer los est\u00ed\u00admulos internos y externos, que arrastran al hombre hacia el mal (Mat 26:41; Mar 14:38; Luc 22:40.46; Mat 6:13; Luc 11:4; Apo 3:10).<\/p>\n<p>BIBL: HEMPEL J., S\u00fcnde und Offenbarung nach alttestamentlicher und neustestamentlicher Anschauung, en \u00abZNW\u00bb 10 (1932) 163-199; GEORGE A., Fauces contre Yahweh dans les livres de Samuel, en \u00abRB\u00bb 53 (1946) 161-184; MONTY, V., La nature du p\u00e9ch\u00e9 d&#8217;apr\u00e9s le vocabulaire h\u00e9breu, en \u00abSciences Eccl\u00e9siastiques\u00bb 1 (1948) 95-109; ID, P\u00e9ch\u00e9s graves et l\u00e9gers d&#8217;apr\u00e9s le vocabulaire h\u00e9breu, en ib, 2 (1949) 129-168; KIRCHG! SSNER A., Erl\u00f3sung und S\u00fcnde im NT, Herder, Friburgo i. 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Pecado mortal y pecado venial:<br \/>\n1. El pecado y el hombre pecador;<br \/>\n2. La noci\u00f3n de pecado mortal y venial.<br \/>\nV. La condici\u00f3n del hombre pecador:<br \/>\n1. La propensi\u00f3n de la voluntad hacia el mal;<br \/>\n2. El sentido de la culpa (\u00abreatus culpae&#8217;);<br \/>\n3. El peso de la pena (\u00abreatus poenae&#8217;).<br \/>\nVI. Pecados del coraz\u00f3n y pecados manifiestos.<\/p>\n<p>I. Sentido del pecado, sentido de la culpa, responsabilidad<br \/>\nHace a\u00f1os se hablaba mucho de p\u00e9rdida del sentido del pecado para indicar la difusi\u00f3n de una actitud de despreocupaci\u00f3n ante determinados comportamientos que eran irregulares lo mismo respecto a la fe cristiana que a las reglas de la convivencia civil. Aunque todav\u00ed\u00ada hoy esta comprobaci\u00f3n es exacta, y la ha recordado tambi\u00e9n Juan Pablo II en la exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica Reconciliatio et paenitentia (n. 18), cada vez adquiere m\u00e1s relieve un fen\u00f3meno paralelo y en cierto modo concomitante: la explosi\u00f3n de un sentido morboso de culpa, de infinidad de expresiones inaferrables, que turba el equilibrio de muchas personas. Se dir\u00ed\u00ada que la p\u00e9rdida progresiva del sentido del pecado corre paralela a un sentido de culpa agigantado en su resonancia interior y en sus manifestaciones exteriores.<\/p>\n<p>Podr\u00ed\u00adamos desentendernos expeditivamente de este fen\u00f3meno releg\u00e1ndolo al \u00e1rea de los complejos psicopatol\u00f3gicos que no merecen  atenci\u00f3n. Sin embargo, no se puede excluir a priori que tenga alguna relaci\u00f3n con la p\u00e9rdida del sentido del pecado, al menos porque no es infundada la sospecha de que este sentido de culpa gen\u00e9rico e incoercible signifique el desquite de la conciencia frente a la negaci\u00f3n obstinada e irrazonable del pecado. Es como si, por querer eludir el reconocimiento real de la culpa, \u00e9sta inundase de m\u00faltiples maneras la vida del hombre contaminando las reacciones de la conciencia, a la que no es posible hacer callar.<\/p>\n<p>Como quiera que se interprete este fen\u00f3meno y cualquiera que sea la forma en que se crea poder establecer su causa, es indicio de un extrav\u00ed\u00ado de la conciencia al juzgar el pecado. M\u00e1s precisamente, al juzgar y al asumir la propia responsabilidad de acuerdo con valoraciones precisas y objetivas.<\/p>\n<p>Pecado, culpa, responsabilidad son interdependientes entre s\u00ed\u00ad. El pecado supone siempre la responsabilidad, pues no hay pecado sino cuando se obra de manera consciente y libre; y cuando se obra de manera consciente y libre, se es responsable. El sentido de culpa es la vivencia del pecado cuando del pecado se est\u00e1 dispuesto a asumir su responsabilidad. Este al menos es el sentido de culpa genuino y correcto. Porque si al sentido de culpa no le acompa\u00f1a la disposici\u00f3n a asumir la responsabilidad del pecado cometido, entonces se trata m\u00e1s bien de un malestar emotivo e infantil, que podr\u00ed\u00adamos llamar sentimiento de culpabilidad, para distinguirlo de lo que es la sana reacci\u00f3n ante el pecado, abierta al camino de la conversi\u00f3n. [\/Abajo, V, se volver\u00e1 sobre la distinci\u00f3n entre sentido de culpa y sentimiento de culpabilidad]. As\u00ed\u00ad pues, la responsabilidad es el elemento que unifica y coordina el sentido de la culpa con el sentido del pecado.<\/p>\n<p>Dada esta interdependencia entre pecado, culpa y responsabilidad, se debe decir que si la ampliaci\u00f3n morbosa del sentido de culpa, es decir, de la vivencia del pecado , corre paralela a la reducci\u00f3n, hasta desaparecer, del sentido del pecado, es se\u00f1al de que ha intervenido una disociaci\u00f3n entre pecado, culpa y responsabilidad. \u00bfQu\u00e9 eslab\u00f3n de esta tr\u00ed\u00adada ha cedido? Si entre el sentido del pecado y el sentido de la culpa se manifiesta un evidente desequilibrio, de modo que mientras aqu\u00e9l va desapareciendo \u00e9ste se agiganta, hay que concluir que ha fallado el eslab\u00f3n que hac\u00ed\u00ada de estructura unificadora y coordinadora entre los dos, a saber: el elemento responsabilidad. De hecho, en la cultura contempor\u00e1nea se puede reconocer m\u00e1s de un factor que ha contribuido a poner en crisis la responsabilidad.<\/p>\n<p>Ante todo, el factor conocimientos psicoanal\u00ed\u00adticos, que ha vuelto fr\u00e1gil el sentido de responsabilidad para consigo mismo, poniendo en duda la posibilidad del hombre de obrar libremente. El psicoan\u00e1lisis, en efecto, ha suscitado muchas sospechas respecto a la libertad, y por tanto a la responsabilidad de ciertos comportamientos que el sujeto vive ciertamente con sentido de culpa, y por tanto como si fuesen pecado, pero que en realidad no son pecado porque son comportamientos condicionados par alteraciones ps\u00ed\u00adquicas m\u00e1s o menos graves. Aparte luego de los casos cl\u00ed\u00adnicos que toma en consideraci\u00f3n el psicoan\u00e1lisis, la psicolog\u00ed\u00ada de lo profundo ha puesto de manifiesto otros factores que pueden influir en las opciones del hombre limitando su libertad (dinamismos ps\u00ed\u00adquicos no plenamente integrados en la persona, fragilidades emotivas heredadas de condicionamientos educativos y ambientales, prejuicios estructurados en el curso de la formaci\u00f3n de la personalidad..:). A consecuencia de esto se ha ido difundiendo una mentalidad seg\u00fan la cual no hay que reconocerse nunca como verdaderamente responsable de los propios comportamientos equivocados, mentalidad que se ve reforzada-por la natural propensi\u00f3n a negar incluso ante s\u00ed\u00ad mismo los propios errores. Ya la sabidur\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica da testimonio de esta propensi\u00f3n f\u00e1cil y falaz del pecador, que \u00abse enga\u00f1a a s\u00ed\u00ad mismo buscando la culpa propia y detest\u00e1ndola\u00bb (Sal 36:3).<\/p>\n<p>En segundo lugar, el factor ciencias psicol\u00f3gicas y estad\u00ed\u00adsticas, que han puesto en crisis el sentido de responsabilidad para con los dem\u00e1s, confundiendo el pecado con la inadaptaci\u00f3n social y clasificando como inadaptaci\u00f3n social el comportamiento de las minor\u00ed\u00adas o el comportamiento en desacuerdo con la ley. Sin embargo, tambi\u00e9n la ley que se formula bas\u00e1ndose en una mayor\u00ed\u00ada de consensos, y no en el valor, termina f\u00e1cilmente coincidiendo con la mayor\u00ed\u00ada estad\u00ed\u00adstica. De aqu\u00ed\u00ad al relativismo moral hay s\u00f3lo un paso. Ahora bien, el t relativismo moral hace desaparecer el sentido de responsabilidad hacia los dem\u00e1s, porque donde todo es relativo, todo es subjetivo, y los otros no cuentan o cuentan muy poco.<\/p>\n<p>Finalmente, el factor secularizaci\u00f3n e indiferentismo religioso, que ha influido en la p\u00e9rdida del sentido de responsabilidad para con Dios, es decir, para con el bien en su consistencia objetiva y en su plenitud absoluta, como punto de referencia imprescindible para el conocimiento de todo lo que puede llamarse bien o para la orientaci\u00f3n de la libertad humana. Dios no tiene importancia para el hombre que est\u00e1 llamado a realizarse en el mundo construyendo su historia. El bien puede reconocerse en todo lo que promueve o favorece la autorrealizaci\u00f3n del hombre y el progreso de la historia en una perspectiva humana; es una visi\u00f3n antropoc\u00e9ntrica que tiende a excluir a Dios, dentro de la cual se puede hablar a lo sumo de responsabilidad del hombre para consigo mismo y para con la historia, pero no para con Dios. Semejante \u00f3ptica repercute en el cristianismo dejando en suspenso uno de los puntos fundamentales, que es el de la salvaci\u00f3n como redenci\u00f3n del pecado. La redenci\u00f3n es don de Dios al hombre que reconoce y confiesa su pecado para obtener el perd\u00f3n. Pero si Dios queda fuera del horizonte del hombre, por el hecho mismo se ve perjudicada la posibilidad de ser perdonado. Y si no es posible ser perdonado, \u00bftiene todav\u00ed\u00ada sentido confesar el pecado, es decir, reconocerlo? En otras palabras, \u00bftiene todav\u00ed\u00ada sentido asumir su responsabilidad? No servir\u00ed\u00ada m\u00e1s que para producir inquietud y angustia, como por una condena de la cual no podemos librarnos por la misma raz\u00f3n de que no se la quiere reconocer. Mas \u00bfno es justamente la angustia lo que acompa\u00f1a a ese sentido difuso e inaferrable de culpa que se ha indicado como un fen\u00f3meno de nuestro tiempo?<br \/>\nTeniendo en cuenta el clima cultural que se acaba de describir, se trata entonces de replantear la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica sobre el pecado como acto libre del hombre, y por tanto como acto que hace intervenir la responsabilidad del hombre en su orientaci\u00f3n compleja y unitaria para consigo mismo, para con los otros y para con Dios. Y todo esto en el horizonte de la revelaci\u00f3n cristiana, la \u00fanica que justifica en sentido pleno el discurso sobre el pecado, porque s\u00f3lo ella proclama en sentido verdadero el perd\u00f3n.<\/p>\n<p>II. El pecado en la Biblia<br \/>\nPara entender el mensaje de la Escritura a prop\u00f3sito del pecado, hay que tener en cuenta que la revelaci\u00f3n presenta la salvaci\u00f3n como don inicial y gratuito de Dios al hombre, y el pecado como decisi\u00f3n del hombre de sustraerse a la salvaci\u00f3n. La condici\u00f3n inicial del hombre es ser santo y amigo de Dios. Pues \u00abDios&#8230;, queriendo abrir el camino de la salvaci\u00f3n sobrenatural, desde el principio se manifest\u00f3 a los progenitores\u00bb (DV 3). El primer pecado del hombre (pecado original) es el rechazo de esta situaci\u00f3n inicial extraordinaria de gracia. La realidad del pecado (y, por tanto, tambi\u00e9n su concepto) se define en relaci\u00f3n con la situaci\u00f3n de salvaci\u00f3n. Esta es recuperada para el hombre pecador mediante la redenci\u00f3n de Cristo. El hombre redimido vuelve a ser part\u00ed\u00adcipe de la santidad y de la amistad de Dios. El pecado en este contexto es rechazo de la redenci\u00f3n. Por tanto, tambi\u00e9n en el actual orden hist\u00f3rico el pecado no se comprende m\u00e1s que en relaci\u00f3n con la gracia de la redenci\u00f3n, que es salvaci\u00f3n recuperada. Con estas referencias se quiere llamar la atenci\u00f3n sobre el contexto particular en el que coloca la Biblia el discurso sobre el pecado: el contexto es el de la iniciativa gratuita salvadora de Dios; el pecado se define en relaci\u00f3n con aqu\u00e9lla como una elecci\u00f3n del hombre que la rechaza y se le opone. Es una precisi\u00f3n necesaria, de la cual depende la peculiaridad del mensaje b\u00ed\u00adblico sobre el pecado.<\/p>\n<p>De la Biblia se sigue ante todo que el pecado consiste esencialmente en la pretensi\u00f3n del hombre de considerarse completamente aut\u00f3nomo frente a Dios, decidiendo por s\u00ed\u00ad solo lo que est\u00e1 bien y lo que est\u00e1 mal. Es propiamente la reivindicaci\u00f3n de una plena autonom\u00ed\u00ada moral, que comprende, por conexi\u00f3n necesaria, el desconocimiento y la ruptura de la relaci\u00f3n con Dios tal como \u00e9l mismo, por su iniciativa, la ha establecido con el hombre. El relato del pecado en G\u00e9n 3, que representa una reflexi\u00f3n ya notablemente profundizada sobre el tema, subraya este aspecto del hombre que se contrapone a Dios e incluso que de alg\u00fan modo lo sustituye. El tentador, en efecto, insin\u00faa: \u00ab&#8230; Ser\u00e9is como dioses conociendo el bien y el mal\u00bb (G\u00e9n 3:5). De este modo entr\u00f3 el pecado en el mundo y en Ad\u00e1n se estableci\u00f3 el principio de una solidaridad universal del mal. La Biblia misma lo tiene presente al describir la cadena de pecados que se prolonga por la suma de nuevos pecados constantes y se agranda por el aumento de culpas cada vez m\u00e1s graves y devastadoras.<\/p>\n<p>Por su parte, el pecado de Ad\u00e1n provoca inmediatamente la ruptura dentro de la primera pareja, porque no se quiere compartir la culpa del pecado cometido, sino que se la echa al otro (Ad\u00e1n a Eva, Eva a la serpiente); luego tiene lugar el homicidio perpetrado por Ca\u00ed\u00adn en perjuicio de su hermano Abel (G\u00e9n 4:8); despu\u00e9s se instaura la ley de la venganza del terror en la pr\u00e1ctica de Lamech (G\u00e9n 4:23-24); el mal se propaga hasta el punto de que Dios se arrepiente de haber creado al hombre (G\u00e9n 6:6); despu\u00e9s del diluvio la ra\u00ed\u00adz del mal perdura y se manifiesta en Cam, que desprecia a su padre (G\u00e9n 9:22); hasta el intento orgulloso y blasfemo de asaltar el cielo con la construcci\u00f3n de la torre de Babel (G\u00e9n 11:4). El pecado se propaga; es como una potencia que, una vez introducida en la historia, se difunde imparable e incontenible. El pecado engendra pecado, y todos los pecados se juntan al pecado de origen, y cada hombre pecador pone de manifiesto su hermandad con Ad\u00e1n.<\/p>\n<p>En el \u00e1mbito de la revelaci\u00f3n, el Sir\u00e1cida es el primero en relacionar el pecado y la muerte con la culpa original (G\u00e9n 25:24); cada uno de nosotros lleva en s\u00ed\u00ad algo de Ad\u00e1n, o, seg\u00fan la expresi\u00f3n del Apocalipsis ap\u00f3crifo de Baruch, \u00abcada uno de nosotros es Ad\u00e1n para s\u00ed\u00ad mismo\u00bb. En cada pecado puede verse, pues, lo esencial del pecado de Ad\u00e1n: la reivindicaci\u00f3n orgullosa de la autonom\u00ed\u00ada moral.<\/p>\n<p>Jesucristo se present\u00f3 como la antinomia de Ad\u00e1n. Si \u00e9ste con su orgullosa desobediencia y con su absurda pretensi\u00f3n de ser igual a Dios dio principio ,a una solidaridad de pecado, Cristo al asumir la naturaleza humana aunque permaneciendo verdaderamente Dios y con su humilde obediencia inici\u00f3 una solidaridad de salvaci\u00f3n; Cristo, \u00abteniendo la naturaleza gloriosa de Dios, no consider\u00f3 como codiciable tesoro el mantenerse igual a Dios, sino que se anonad\u00f3 a s\u00ed\u00ad mismo tomando la naturaleza de siervo, haci\u00e9ndose semejante a los hombres, y en su condici\u00f3n de hombre se humill\u00f3 a s\u00ed\u00ad mismo haci\u00e9ndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz\u00bb (Flp 2:6-8). De este modo \u00abse convirti\u00f3 en causa de salvaci\u00f3n eterna para todos los que le obedecen\u00bb (Heb 5:9). As\u00ed\u00ad Cristo, en el cual se realiza la alianza \u00faltima y perfecta, viene a comunicar efectivamente a los hombres la vida eterna, superando la potencia del pecado, que ni la alianza veterotestamentaria ni la ley mosaica hab\u00ed\u00adan destruido.<\/p>\n<p>Por tanto, nuestra comuni\u00f3n con Cristo elimina el pecado y nos comunica la vida. Ad\u00e1n suscit\u00f3 una descendencia de muerte, Cristo dio origen a una descendencia de vida (cf Rom 5). Conviene se\u00f1alar que la solidaridad con Cristo para la vida supera con mucho el poder de la solidaridad con Ad\u00e1n para la muerte, porque la fuerza de la gracia es sobreabundante. \u00abSi la muerte rein\u00f3 como consecuencia del delito de uno solo, con m\u00e1s raz\u00f3n reinar\u00e1n en la vida por medio de uno solo, Jesucristo, los que han recibido tan abundantemente la gracia y el don de la justicia\u00bb (Rom 5:17). Pues \u00abdonde abund\u00f3 el delito, sobreabund\u00f3 la gracia, para que, como el delito trajo el reinado de la muerte, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n la gracia trajera el reinado de la justicia para la vida eterna por medio de Jesucristo, nuestro Se\u00f1or\u00bb (Rom 5:2021). Por consiguiente, todo lo que en el actual orden de salvaci\u00f3n tiene raz\u00f3n de bien dice referencia a Cristo y es expresi\u00f3n en nosotros de su vida y de su gracia.<\/p>\n<p>Por esta raz\u00f3n el pecado, para el que est\u00e1 bautizado, supone eliminar la solidaridad con Cristo para volver a la solidaridad con Ad\u00e1n. Es renunciar a la obra redentora de Dios para unirse de nuevo a la profundidad de la perdici\u00f3n del hombre; es volver a caer del reino de la luz en el reino de las tinieblas. El motivo que impulsa al hombre a obrar as\u00ed\u00ad es siempre el mismo: la orgullosa afirmaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad y de la propia libertad, que reh\u00fasa obedecer a Dios y seguir a Cristo. As\u00ed\u00ad pues, el pecado en sustancia es un gesto por el cual el hombre busca su propia autonom\u00ed\u00ada en oposici\u00f3n a Dios. Esta oposici\u00f3n reviste aspectos y significados particulares que la revelaci\u00f3n no deja de poner de manifiesto.<\/p>\n<p>El AT, que al mencionar el pecado se mueve dentro del horizonte de la alianza, da la preferencia a algunos t\u00e9rminos que expresan no tanto una noci\u00f3n abstracta de pecado cuanto situaciones concretas que se comprenden justamente en relaci\u00f3n con la alianza. As\u00ed\u00ad, el pecado se indica como una rebeld\u00ed\u00ada, transgresi\u00f3n, traici\u00f3n a Dios, con el cual el hombre se ha comprometido a ser fiel (Exo 23:21; Isa 1:2-3; Jer 3:20; Jer 5:11; Ose 5:7; Ose 6:7); como ofensa cometida contra Dios (N\u00fam 32:23; 1Sa 7:6; 2Sa 12:13); como iniquidad y frustraci\u00f3n y pena que oprime al hombre pecador y lo aplasta como bajo un peso (Jer 35:8; Sal 95:9). Es significativo que al final del relato de la alianza sina\u00ed\u00adtica se encuentren juntas las tres palabras clave de la teolog\u00ed\u00ada del pecado en el AT. El texto es de los m\u00e1s sugestivos del Exodo: \u00abEl Se\u00f1or pas\u00f3 ante Mois\u00e9s, que grit\u00f3: Yhwh, Yhwh, Dios misericordioso y compasivo, lento a la ira y rico en gracia y fidelidad, que conserva su favor por mil generaciones, que perdona la iniquidad la transgresi\u00f3n, la ofensa&#8230;\u00bb (Exo 36:69). En el contexto de la alianza, Israel se dio cuenta de que el pecado no es s\u00f3lo gesto de infidelidad para con Dios, sino que se traduce tambi\u00e9n en opresi\u00f3n de los hombres. Fara\u00f3n, el opositor de Dios, es el que oprime a Israel. El es el s\u00ed\u00admbolo del pecador: orgulloso, jactancioso, prepotente, desde\u00f1oso con todos; su obstinaci\u00f3n al negar a Israel el reconocimiento de su dignidad es s\u00ed\u00adntesis de todo pecado, que tiene siempre las mismas connotaciones: despreocupaci\u00f3n de Dios y opresi\u00f3n de los d\u00e9biles.<\/p>\n<p>En el NT el gesto de autoafirmaci\u00f3n del hombre frente a Dios se indica, entre otros modos, tambi\u00e9n con dos im\u00e1genes fuertes: es desprecio de la sangre de Cristo y es muerte. La primera imagen se encuentra en la carta a los Hebreos. El autor de este escrito quiere presentar la superioridad de la nueva alianza sobre la antigua; en relaci\u00f3n con esta superioridad, tambi\u00e9n el pecado es m\u00e1s grave. Pues si en el AT el pecado era desconocimiento del amor de Dios, que hab\u00ed\u00ada dado al hombre la ley de la alianza, tanto m\u00e1s grave ser\u00e1 en el NT la ofensa al amor de Dios, que le ha dado al hombre su Hijo convertido en alianza. Por eso para el cristiano el pecado tiene siempre el sentido brutal de pisotear la sangre de una alianza de valor infinito (Heb 10:26-31).<\/p>\n<p>La segunda imagen (el pecado como muerte) se encuentra a menudo en los escritos de Juan. El pecado, en efecto, se opone a Cristo, que es la vida (Jua 14:6; Jua 15:1-6) y que en la alianza nos comunica la vida del Padre. Por tanto, el pecado se contrapone a la vida, y por esto conduce ala muerte. Juan, en su primera carta (Jua 5:16), habla expl\u00ed\u00adcitamente del \u00abpecado que conduce a la muerte\u00bb. La mejor interpretaci\u00f3n parece ser la que ve ah\u00ed\u00ad indicado al pecado obstinado de desconocimiento o incluso de negaci\u00f3n de Cristo. Por tanto, en su contenido espec\u00ed\u00adfico el \u00abpeccatum ad mortem\u00bb es id\u00e9ntico al pecado contra el Esp\u00ed\u00adritu Santo de que hablan los sin\u00f3pticos (Mat 12:31; Me 3,28; Lev 12:10) y la carta a los Hebreos (Lev 6:56). Mas de suyo todo pecado, en cuanto que implica siempre un rechazo m\u00e1s o menos profundo de Cristo, es un camino que conduce al cristiano a renegar de Cristo. Entonces ser\u00e1 la muerte. Mas ese pecado no se realiza de improviso; es preparado por una multitud de infidelidades y de pecados que debilitan cada vez m\u00e1s la vida de Cristo en el hombre y lo alejan progresivamente de \u00e9l, hasta que se produce la ruina. Entonces es la muerte. El \u00abpecado que conduce a la muerte\u00bb no es, pues, el pecado mortal en el sentido habitual; es m\u00e1s bien la decisi\u00f3n final de una larga serie de culpas (tambi\u00e9n mortales) que determina la ruptura definitiva con Dios. Es lo opuesto de la \/opci\u00f3n fundamental por Dios. El pecado \u00abad mortem\u00bb corresponde a lo que en la teolog\u00ed\u00ada contempor\u00e1nea se indica como pecado mortal cometido con intenci\u00f3n definitiva. Cu\u00e1ndo y de qu\u00e9 modo el hombre hace definitiva la opci\u00f3n fundamental contraria a Dios es una cuesti\u00f3n discutida.<\/p>\n<p>Antes de concluir la investigaci\u00f3n sobre el pecado a trav\u00e9s de las p\u00e1ginas de la Escritura, conviene llamar la atenci\u00f3n sobre la diferencia entre dos t\u00e9rminos que aparecen en el NT para designar respectivamente el pecado y los pecados. Los sin\u00f3pticos usan preferentemente el plural parapt\u00f3mata o amartiai, que indican los pecados en cuanto transgresiones m\u00faltiples de los mandamientos de Dios (Mat 3:6; Me 1,5; 3,28; 11,25; Lev 11:4&#8230;). Juan y Pablo, cuyo concepto de pecado revela una reflexi\u00f3n teol\u00f3gica profunda, hablan casi siempre de pecado en singular (Jua 1:29; Jua 8:21. 34; Jua 9:41; Jua 15:22; Jua 16:9; Rom 3:9; Rom 7:1417; 1Co 5:21; Heb 9:26&#8230;), que es descrito como pecado personificado o como una potencia inherente al hombre mismo pecador. Esta potencia deriva del pecado de Ad\u00e1n, pero es libremente aceptada por el pecador, convirti\u00e9ndose as\u00ed\u00ad en la fuente de los diversos pecados (cf Rom 5-7): los pecados particulares no son otra cosa que las manifestaciones del pecado fundamental del hombre pecador, es decir, de su hostilidad hacia Dios. Escribe O. K\u00fcss en el comentario a la carta de los Romanos (Morcelliana, Brescia 1962, 328): \u00abPablo descubre, detr\u00e1s de la oscura escena de los pecados particulares f\u00e1cilmente constatables, la ruina de todos los hombres, que han ca\u00ed\u00addo esclavos del poder del pecado; a este descubrimiento le gu\u00ed\u00ada una vez m\u00e1s el AT, pero sobre todo la capacidad que tiene \u00e9l de considerar las cosas a la luz de Jesucristo. Los varios actos pecaminosos son otros tantos s\u00ed\u00adntomas de un mal profundo: la proclividad fundamental del hombre al pecado; \u00e9sta se expresa en pecados siempre nuevos, semejante a un foco de pecado, al cual las fuerzas humanas dejadas a ellas solas no pueden sustraerse. Esta rec\u00ed\u00adproca referencia a los dos aspectos del pecado, en cuanto acto y en cuanto destino, es una intuici\u00f3n de Pablo; aparece en toda una serie de pasajes en los cuales el sentido de acto pecaminoso termina en el de destino de pecado\u00bb.<\/p>\n<p>En el NT tiene, pues, presente una doble perspectiva al hablar de pecado. La perspectiva del pecado que, en cuanto rechazo de Dios, constituye una potencia hostil que domina al hombre y lo hace pecador, y la perspectiva de la multiplicidad de los pecados, es decir, de las acciones pecaminosas en las cuales se muestra y se exterioriza el pecado en su sentido m\u00e1s pleno.<\/p>\n<p>III. El pecado en la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica<br \/>\nSiguiendo las solicitaciones que llegan de la palabra de Dios, la teolog\u00ed\u00ada advierte actualmente la necesidad de detenerse a reflexionar de modo particular sobre dos aspectos del pecado: el pecado como elecci\u00f3n libre y responsable del hombre y como gesto que, al dirigirse contra Dios, repercute negativamente en el hombre mismo y en la sociedad.<\/p>\n<p>1. EL PECADO COMO OPCI\u00ed\u201cN LIBRE Y RESPONSABLE DEL HOMBRE. En cuanto al primer aspecto, se han perfilado ya algunas observaciones en la reflexi\u00f3n introductoria sobre la relaci\u00f3n que une el sentido del pecado, el sentido de la culpa y responsabilidad. Estas observaciones part\u00ed\u00adan del contexto cultural actual, que contempla a menudo con desconfianza la libertad del hombre. Aqu\u00ed\u00ad, en cambio, la atenci\u00f3n se centra en el significado del pecado como opci\u00f3n libre del hombre. \u00bfQu\u00e9 significa decir que el pecado es una elecci\u00f3n libre? \u00bfC\u00f3mo es posible esta elecci\u00f3n que se fija como objetivo el mal, cuando el dinamismo natural es hacia el bien?<br \/>\nAnte todo, decir que el pecado es una opci\u00f3n libre significa que el hombre no puede llamarse pecador ni a causa del ambiente, ni a causa de la predestinaci\u00f3n de Dios, ni tampoco por fatalidad: se hace pecador a consecuencia de una decisi\u00f3n consciente y libre propia. Si el hombre no es consciente de que la elecci\u00f3n hacia la que se orienta es equivocada, o no es consciente de las implicaciones negativas de una determinada elecci\u00f3n, no puede llamarse pecador, porque no intenta en absoluto expresarse en una elecci\u00f3n mala; m\u00e1s a\u00fan: si advirtiese que su elecci\u00f3n es mala, la evitar\u00ed\u00ada. Lo mismo vale cuando, siendo consciente de que la elecci\u00f3n que se presta a hacer es mala, no puede de ning\u00fan modo sustraerse a ella por verse forzado, bien sea por coacci\u00f3n externa o por coacci\u00f3n ps\u00ed\u00adquica interior, a obrar as\u00ed\u00ad. Es la doctrina tradicional, que, para que pueda hablarse de pecado, requiere no s\u00f3lo que lo que se elige sea malo (la materia), sino tambi\u00e9n que se lo reconozca como tal (advertencia) y que haya adhesi\u00f3n a ello por una decisi\u00f3n propia (consenso).<\/p>\n<p>En esta perspectiva se exige distinguir entre desorden y pecado.. Con el primer t\u00e9rmino se alude a un comportamiento incorrecto que hiere el bien y el valor; con el segundo se indica un comportamiento incorrecto, de cuya incorrecci\u00f3n se es consciente y a pesar de ello se lo pone en pr\u00e1ctica. Por tanto, la causa del pecado hay que buscarla en el hombre mismo en su \/libertad, ya que si se da una acci\u00f3n mala es porque \u00e9l la ha querido y la ha puesto en pr\u00e1ctica.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed\u00ad se presenta algo que resulta incomprensible; nos encontramos ante el interrogante formulado arriba. Se lo podr\u00ed\u00ada explicitar m\u00e1s: \u00bfC\u00f3mo puede la libertad, que por naturaleza tiende al bien, decidirse por el mal y decidirse despu\u00e9s de haber reconocido que es mal? Ciertamente se decide porque descubre en su elecci\u00f3n el camino para llegar a algo que es bueno. La voluntad no obra sino en orden al bien, o por lo menos en orden a lo que se aparece como tal. Lo cierto es que el bien entrevisto y perseguido es en realidad inadecuado para el hombre en su plenitud, porque se limita a satisfacer s\u00f3lo alguna de sus exigencias: la del placer, de la ventaja, de la autoafirmaci\u00f3n del \u00e9xito, etc.; todos \u00e9stos son bienes para el hombre, pero no bastan por s\u00ed\u00ad solos para hacerle feliz, y por tanto hay que armonizarlos con el bien del hombre en su integridad. Si se los persigue independientemente de todos los componentes de la persona humana, terminan reduciendo al hombre a una dimensi\u00f3n que ser\u00e1 la econ\u00f3mica, la hedon\u00ed\u00adstica, la pol\u00ed\u00adtica o la auton\u00f3mica, etc. El hombre queda empobrecido y, en fin de cuentas, se siente tambi\u00e9n decepcionado y traicionado; en \u00faltimo an\u00e1lisis, traicionado por s\u00ed\u00ad mismo, porque consciente y libremente se ha decidido por algo err\u00f3neo, no tanto en cuanto bien particular (la ventaja, la autoafirmaci\u00f3n, el placer&#8230;), sino en cuanto bien particular no coordinado, no armonizado con toda su vida y su persona. En esta falta de coordinaci\u00f3n reside el desorden, y con el desorden se manifiesta la sensaci\u00f3n de desagrado, de fracaso. El hombre se siente desairado y decepcionado como cuando falla el objetivo en el que hab\u00ed\u00ada colocado su esperanza.<\/p>\n<p>La coordinaci\u00f3n requerida exige que los bienes, m\u00faltiples y limitados, se refieran al bien infinito, en cuya elecci\u00f3n el hombre opta por el \u00fanico bien que puede satisfacer adecuada y exhaustivamente su ser. Por este motivo, en presencia del bien infinito, el hombre no puede menos de escogerlo, no ya por verse forzado a ello, sino porque es el m\u00e1ximo bien al que aspira. S\u00f3lo que, siendo limitado el hombre, no est\u00e1 en condiciones de conocer plenamente el bien infinito, y por eso fracasa tambi\u00e9n en la operaci\u00f3n de coordinar en \u00e9l los varios bienes particulares que llega a conocer, que le atraen y que en ciertos aspectos tambi\u00e9n le satisfacen m\u00e1s inmediatamente. Por consiguiente, el hombre, que est\u00e1 esencialmente orientado al bien, muchas veces termina escogiendo el mal aun consciente de que es mal, es decir, bien particular no coordinable con el bien infinito, y por tanto incapaz de satisfacerlo adecuadamente.<\/p>\n<p>El mal, en este caso el pecado como mal elegido conscientemente, est\u00e1 en profunda contradicci\u00f3n con la estructura fundamental del hombre. El pecado es en cierto sentido un absurdo. Karl Barth lo define \u00abuna posibilidad del todo imposible\u00bb (es decir, sin significado). Y aunque hay que reconocer esa posibilidad en la realidad de la existencia (contra factum non valet illatio) y se la puede tambi\u00e9n comprender en virtud de la limitaci\u00f3n del hombre, con todo es siempre absurda, es decir, sin significado desde el punto de vista de la estructura y de la constituci\u00f3n esencial del hombre. Por esta raz\u00f3n el pecado va siempre contra el hombre; es una ofensa que el hombre se hace a s\u00ed\u00ad mismo.<\/p>\n<p>Mas en este punto se entra en el segundo \u00e1mbito que hay que tomar en consideraci\u00f3n en la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica: el significado complejo del pecado como gesto que va a la vez contra el hombre y contra Dios, y tambi\u00e9n contra la sociedad.<\/p>\n<p>2. EL PECADO COMO ACTO CONTRA DIOS Y CONTRA EL HOMBRE. En la consideraci\u00f3n precedente se ha puesto de relieve la din\u00e1mica del pecador que, atra\u00ed\u00addo por un bien particular, lo busca a toda costa a pesar de reconocer que, en cuanto no coordinable con el bien infinito, no es adecuado a su dignidad humana, y por tanto que es incapaz de satisfacer como debe sus aspiraciones. Mas al buscarlo a toda costa, el pecador hace ver que no puede prescindir de aquel bien particular. En cierto sentido lo absolutiza; y, por tanto, no s\u00f3lo no lo subordina al \u00fanico bien verdaderamente absoluto, sino que lo sustituye a \u00e9l. En esto radica precisamente el desorden. Por eso en la din\u00e1mica del pecador hay un doble aspecto que viene a connotar su elecci\u00f3n: el aspecto de b\u00fasqueda y de adhesi\u00f3n a un bien finito y al aspecto de despreocupaci\u00f3n y de desestima del bien infinito. En cierto sentido, aqu\u00e9l ocupa el puesto de \u00e9ste.<\/p>\n<p>El doble aspecto de la din\u00e1mica del pecador se ha expresado en la tradici\u00f3n teol\u00f3gica con las expresiones \u00abaversio a Deo\u00bb y \u00abconversio ad creaturas\u00bb. Si el primer aspecto puede llamarse en cierto modo negativo porque indica la falta de una cualidad que deber\u00ed\u00ada existir en todo acto del hombre y precisamente en su orientaci\u00f3n a Dios, el segundo elemento puede llamarse positivo porque indica concretamente el objeto al que se dirige el acto. Precisamente porque la elecci\u00f3n del pecador se define no s\u00f3lo en virtud de aquello de lo que carece (aversio a Deo), sino tambi\u00e9n en virtud de aquello que concretamente la atrae (conversio ad creaturas), hay diversidad y multiplicidad de pecados: en relaci\u00f3n precisamente con la diversidad y multiplicidad de las creaturas, hacia las cuales el hombre se orienta desatendiendo a Dios. Pues todos los pecados convergen del mismo modo en ser aversio a Deo, y desde este punto de vista todos son iguales; pero no todos los pecados convergen del mismo modo en ser conversio ad creaturas, y desde este punto de vista no son todos iguales.<\/p>\n<p>a) El pecado como acto contra Dios. El elemento principal del pecado no es su orientaci\u00f3n desordenada a la criatura, sino m\u00e1s bien el hecho de que el pecador quiere disponer totalmente de s\u00ed\u00ad mismo frente a Dios sin tener en cuenta su propia dependencia de \u00e9l. En el fondo, el pecado -y ya aparecido claramente por las p\u00e1ginas de la Biblia- es una rebeli\u00f3n contra Dios, trunca la relaci\u00f3n con \u00e9l. Esta rebeli\u00f3n se realiza y se manifiesta en los varios pecados particulares, los cuales son, sin embargo, el elemento secundario. No obstante, la rebeli\u00f3n contra Dios no es real m\u00e1s que a trav\u00e9s de los varios pecados particulares. As\u00ed\u00ad los varios pecados acerca de este o el otro objeto son el signo constitutivo del pecado; signo, porque por ello se ve que el hombre prefiere cualquier otra realidad a Dios; constitutivo, porque el pecado consiste justamente en esta preferencia desordenada.<\/p>\n<p>Al pecar, el hombre se rebela contra Dios, que, sin embargo, lo ama y que desde el comienzo ha establecido con \u00e9l una relaci\u00f3n personal de amistad y de salvaci\u00f3n. Esta relaci\u00f3n personal alcanza su m\u00e1xima realizaci\u00f3n en Jesucristo, en el cual Dios llega tan lejos para encontrarse con el hombre y compartir con \u00e9l su naturaleza. El pecado como gesto que rompe la relaci\u00f3n entre Dios y el hombre, tal como ha sido hist\u00f3ricamente establecida en Jes\u00fas, es un gesto contra Cristo, porque se cierra a su presencia, anula su obra, pisotea su sangre, para decirlo con las palabras [citadas \/ arriba, II] de la carta a los Hebreos. Como gesto contra Cristo, el pecado revela su poder inconcebible: es capaz de herir a Dios, porque Dios, al hacerse hombre en Cristo, se ha vuelto vulnerable; el hombre ha podido herirle y hasta matarlo. En la cruz aparece de una manera suprema la vulnerabilidad de Dios.<\/p>\n<p>En cuanto gesto contra Dios, el pecado implica siempre una dimensi\u00f3n religiosa. Mas \u00bfpuede hablarse todav\u00ed\u00ada de dimensi\u00f3n religiosa del pecado en quien no reconoce Dios alguno? \u00bfO bien hay que decir que el pecado reviste en estos casos una dimensi\u00f3n puramente \u00e9tica? Ciertamente, tambi\u00e9n el que ignora a Dios o lo rechaza tiene par\u00e1metros de juicio para valorar moralmente sus propias decisiones. Y cuando \u00e9stas no est\u00e1n conformes con el juicio de su conciencia, son tambi\u00e9n para \u00e9l pecado: un pecado \u00abfilos\u00f3fico\u00bb, dir\u00ed\u00adamos, es decir, una desobediencia a la raz\u00f3n humana, pero no un pecado teol\u00f3gico, es decir, una desobediencia a Dios, puesto que Dios es completamente ignorado. Sin embargo, hay que preguntarse si un comportamiento conscientemente contrario a la raz\u00f3n no es impl\u00ed\u00adcitamente tambi\u00e9n contrario a Dios, y por lo mismo tambi\u00e9n un gesto religioso que suena a ofensa contra Dios y que, por consiguiente, compromete la salvaci\u00f3n del que lo realiza. La respuesta s\u00f3lo puede ser afirmativa; en este sentido se hab\u00ed\u00ada expresado ya en 1690 el Santo Oficio, condenando la teor\u00ed\u00ada del pecado filos\u00f3fico (DS 2291).<\/p>\n<p>De cualquier forma, dejando a un lado esta problem\u00e1tica, aqu\u00ed\u00ad nos limitamos a recordar una consecuencia que se deriva de la consideraci\u00f3n de que el pecado es un acto religioso: el \u00fanico modo adecuado de valorar el pecado es referirlo a la relaci\u00f3n religiosa del hombre con Dios. En otras palabras, cuando el hombre considera su pecado, debe ponerse frente a Dios, es decir, debe considerarlo en un contexto y con un significado religioso. En este contexto el pecado se vive como una ofensa a Dios que estropea y rompe el nexo personal de amor con \u00e9l. El pecado tiene entonces el sabor amargo de la traici\u00f3n de la amistad y va acompa\u00f1ado de la tristeza del coraz\u00f3n y de las l\u00e1grimas del arrepentimiento. Adem\u00e1s, en el \u00e1mbito de la fe cristiana, la dimensi\u00f3n religiosa del pecado es tanto m\u00e1s importante y significativa cuanto que le permite al hombre asumir la responsabilidad del pecado sin negaciones y sin angustias. El cristiano, en efecto, cree en un Dios que ha venido a este mundo justamente para quitar el pecado (Jua 1:29) y que \u00abmanifiesta su poder sobre todo con el perd\u00f3n y la misericordia\u00bb (oraci\u00f3n colecta del domingo 26 durante el a\u00f1o). Este aspecto de la misericordia que perdona forma parte de la identidad de Dios, hasta el punto de que reconocer la propia condici\u00f3n de pecadores delante de \u00e9l constituye un aut\u00e9ntico acto de fe en el Dios de Jesucristo. Por algo en la profesi\u00f3n de fe que se hace el domingo en la liturgia eucar\u00ed\u00adstica se menciona el pecado s\u00f3lo en relaci\u00f3n con la acci\u00f3n salvadora de Dios, que llega al hombre en el bautismo: \u00abConfieso un solo bautismo para el perd\u00f3n de los pecados\u00bb.<\/p>\n<p>Esta profesi\u00f3n de fe es el eco de una verdad insistentemente proclamada desde el principio de la Iglesia en la primera carta de Juan: \u00abSi decimos que no tenemos pecado, nos enga\u00f1amos a nosotros mismos y no decimos la verdad. Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es justo y fiel, nos perdona nuestros pecados y nos purifica de toda injusticia&#8230; Hijos m\u00ed\u00ados, os escribo esto para que no pequ\u00e9is. Pero si alguno peca, tenemos junto al Padre un defensor, Jesucristo, el justo\u00bb (1,8-2,1). Dentro de este marco se perfila el verdadero sentido del pecado. El que lo vive en esta perspectiva religiosa, y espec\u00ed\u00adficamente en la perspectiva de la fe cristiana, no se repliega sobre s\u00ed\u00ad mismo en un est\u00e9ril sentimiento de autoconmiseraci\u00f3n ni tampoco la toma con los dem\u00e1s hombres o con los acontecimientos para descargar en ellos la culpa. M\u00e1s bien sale fuera de s\u00ed\u00ad mismo para mirarse en Jesucristo y para buscar, a trav\u00e9s de \u00e9l, el rostro del Padre, con la esperanza t\u00e1cita y estremecida de poder comprobar que \u00aben el Se\u00f1or hay misericordia \/ y grande es en \u00e9l la redenci\u00f3n\u00bb (Sal 130:7).<\/p>\n<p>Mas a veces, y no raramente, el pecado se vive de manera reductiva, deteni\u00e9ndose en niveles inferiores. Esto se verifica cuando se mira el pecado como una mancha, una transgresi\u00f3n externa, que provoca autom\u00e1ticamente la c\u00f3lera de Dios. Se podr\u00ed\u00ada llamar a \u00e9ste nivel m\u00e1gico-tab\u00fa, porque el pecado se reduce a ser una infracci\u00f3n, no importa si voluntaria o no, de una prohibici\u00f3n considerada sacral (tab\u00fa), y la infracci\u00f3n desencadena fatalmente una consecuencia punitiva (como si fuese efecto de magia). Es un modo infantil de vivir el pecado; como el que se encuentra en el ni\u00f1o que, al intentar \u00abrobar\u00bb la mermelada, rompe el tarro. El sentido de culpa nace en \u00e9l no de haber robado la mermelada, sino m\u00e1s bien de haber roto el tarro pensando en la reprimenda de los padres. Del mismo modo, el cristiano que considera el pecado como una transgresi\u00f3n externa, se detiene preferentemente en el castigo de Dios. Entonces siente necesidad de protegerse contra este Dios ce\u00f1udo, recurriendo cuanto antes a repararlo; en otras palabras, corre a confesarse. Pero la confesi\u00f3n, naturalmente, se vivir\u00e1 con la misma exterioridad con que se ha vivido el pecado, a saber: sin verdadero arrepentimiento.<\/p>\n<p>Otro modo de vivir el pecado de manera reductiva se verifica cuando se considera el pecado ego\u00ed\u00adstamente como una alteraci\u00f3n, un peso, un fracaso, que hace sentir la indignidad propia. Y nos detenemos en la indignidad sin pensar en la ofensa inferida a Dios, al Padre. Es el caso del que vive el sentido de la culpa mir\u00e1ndose s\u00f3lo a s\u00ed\u00ad mismo; entonces el primer plano lo ocupa el orgullo herido, la humillaci\u00f3n ardiente de un en\u00e9simo fracaso. \u00abSoy un gusano\u00bb, se repite el pecador a s\u00ed\u00ad mismo. Y todo se reduce a un sentido de verg\u00fcenza. \u00ab\u00c2\u00a1Si supieran los otros lo que he hecho!\u00bb Mas el sentido de verg\u00fcenza no engendra el arrepentimiento; si acaso genera la obstinaci\u00f3n, que es el deseo de contar preferentemente con las propias fuerzas para hacerse \u00abgrande\u00bb delante de Dios. Es el pecado vivido a la manera farisaica.<\/p>\n<p>Estas reacciones de tipo m\u00e1gicotab\u00fa o de tipo ego\u00ed\u00adsta no son ajenas a la conciencia del pecado; entran en \u00e9l como componentes parciales. Para que el sentido del pecado sea aut\u00e9ntico y completo, el pecador debe ir m\u00e1s all\u00e1 y llegar a aquella dimensi\u00f3n religiosa que le permite al mismo tiempo contemplar el pecado sin reducciones indebidas y asumir su responsabilidad sin miedo.<\/p>\n<p>b) El pecado como acto ego\u00ed\u00adsta y autodestructivo. El pecado expresa la voluntad del hombre de afirmarse plenamente como aut\u00f3nomo respecto a Dios. El pecador reh\u00fasa reconocer su dependencia de Dios, cediendo a la ilusoria fascinaci\u00f3n de creerse omnipotente, cuando es creado y limitado. Con ello se coloca en la condici\u00f3n de no comprenderse a s\u00ed\u00ad mismo y de impedir su realizaci\u00f3n humana de persona abierta esencialmente a Dios. \u00abEn la voluntad de libertad del hombre se oculta la tentaci\u00f3n de renegar de su propia naturaleza&#8230;; el hombre se aparta de la verdad poniendo su voluntad por encima de ella. A1 querer librarse de Dios y ser \u00e9l mismo Dios, se enga\u00f1a y se destruye. Se pierde a s\u00ed\u00ad mismo\u00bb (CONGREGACI\u00ed\u201cN DE LA DOCTRINA DE LA FE, Libertad cristiana y liberaci\u00f3n, 37). El pecado viene a ser, pues, un gesto de mentira existencial, porque traiciona el ser mismo del hombre y se resuelve en \u00abuna disminuci\u00f3n del hombre mismo, impidi\u00e9ndole conseguir su plenitud\u00bb (GS 13). En fin de cuentas, en un gesto \u00absuicida\u00bb (JUAN PABLO II, Reconciliatio et paenitentia, 15). En esto se manifiesta verdaderamente el misterio de iniquidad (2Ts 2:7): el hombre liberado de la esclavitud del pecado por la gracia de Cristo (G\u00e1l 4:31) y dotado de la posibilidad de la suprema realizaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo como hijo de Dios, vuelve. a la esclavitud de la concupiscencia contraria a Dios. Adem\u00e1s, el pecador traiciona su propia condici\u00f3n de \u00abcriatura nueva\u00bb (2Co 5:17), de \u00abpart\u00ed\u00adcipe de la naturaleza divina\u00bb (2Pe 1:4), separ\u00e1ndose, por consiguiente, de Cristo y volviendo a adherirse al reino de las tinieblas y a la solidaridad con Satan\u00e1s (Efe 3:10; Efe 6:12). Sometido al pecado por la fuerza tir\u00e1nica del pecado mismo, el pecador se experimenta interiormente lacerado (Reconciliatio et paenitentia, 15) e incapaz habitualmente del bien al que corresponde la vida eterna. En esta situaci\u00f3n el pecador se autoexcluye de la amistad y de la viva comuni\u00f3n con Dios: he ah\u00ed\u00ad su condenaci\u00f3n.<\/p>\n<p>c) El pecado como acto contra la comunidad humana. La laceraci\u00f3n que experimenta el pecador en la vida personal repercute tambi\u00e9n en la vida social, donde tiende asechanzas a toda forma de relaci\u00f3n interhumana, incluso la m\u00e1s \u00ed\u00adntima y profunda. Tambi\u00e9n a este respecto la revelaci\u00f3n es expl\u00ed\u00adcita e iluminadora. El primer pecado va acompa\u00f1ado inmediatamente de la ruptura entre Ad\u00e1n y Eva. El hombre, que poco antes hab\u00ed\u00ada acogido con satisfacci\u00f3n y admiraci\u00f3n a aquella ayuda semejante a \u00e9l (G\u00e9n 2:18), pasa r\u00e1pidamente a acusar a la mujer de la desobediencia que han cometido ambos. \u00abLa mujer que t\u00fa me diste me ha dado a comer del \u00e1rbol y yo he comido\u00bb(G\u00e9n 3:12). No preocupa la solidaridad, no se comparte la responsabilidad. Todo lo contrario, tenemos el intento apresurado de justificarse a s\u00ed\u00ad mismo, echando toda la culpa al otro. El pecado ha roto la trama de la relaci\u00f3n que exist\u00ed\u00ada en la primera pareja humana. Y el desgarramiento se ha ido prolongando y profundiz\u00e1ndose, como ya se ha dicho [l arriba, II], hasta comprometer la relaci\u00f3n entre hermano y hermano (Ca\u00ed\u00adn que mata a Abel), entre padre e hijo (Cam que se burla de No\u00e9), entre los hombres que, sin embargo, han preferido trabajar juntos en el mismo proyecto (torre de Babel). El pecado corroe la trama de las relaciones humanas, introduci\u00e9ndose como una cu\u00f1a con la fuerza disolvente del ego\u00ed\u00adsmo entre hombre y hombre, entre grupo y grupo, entre hombre, grupo y sociedad.<\/p>\n<p>Y la raz\u00f3n no es dif\u00ed\u00adcil de ver: si al hombre le cuesta reconocer su l\u00ed\u00admite ante Dios (el pecado es reivindicaci\u00f3n de autonom\u00ed\u00ada absoluta), mucho m\u00e1s le cuesta reconocerlo delante de los dem\u00e1s hombres. \u00bfPor qu\u00e9 limitar sus proyectos, sus aspiraciones, sus ilimitados deseos de autoafirmaci\u00f3n frente a quien es como nosotros, sobre todo si se presenta m\u00e1s fr\u00e1gil, m\u00e1s inerte, m\u00e1s pobre? \u00bfPor qu\u00e9 perderse frente a quien no garantiza nada a cambio, si no se acepta perderse ni siquiera ante quien promete la resurrecci\u00f3n y la felicidad de la vida eterna? Y as\u00ed\u00ad, \u00abnegando o intentando negar a Dios, su principio y su fin, el hombre altera profundamente su orden y equilibrio interior, el de la sociedad y tambi\u00e9n el de la creaci\u00f3n visibles&#8230; Convertido en centro de s\u00ed\u00ad mismo, el hombre pecador tiende a afirmarse y a satisfacer su deseo de infinito sirvi\u00e9ndose d\u00e9 las cosas: riquezas, poderes y placeres, sin preocuparse de los dem\u00e1s hombres, a los que injustamente despoja y trata como a objetos e instrumentos. As\u00ed\u00ad, por su parte, contribuye a crear aquellas estructuras de explotaci\u00f3n y de esclavitud, que, sin embargo, pretende denunciar\u00bb (Libertad cristiana y liberaci\u00f3n, 38; 42).<\/p>\n<p>Por este camino de profunda alteraci\u00f3n tanto del equilibrio personal como del equilibrio social, los contornos del pecado como elecci\u00f3n libre de la persona tienden a confundirse y a mezclarse con los contornos del pecado como estructura social, como poder impersonal que domina en la historia y supera de alg\u00fan modo al hombre mismo. El hombre que hace la historia tambi\u00e9n con sus propias opciones es un hombre pecador; y la historia hecha por \u00e9l se caracteriza por el pecado; y el pecado que caracteriza a la historia y se estabiliza en su tejido condiciona al hombre pecador, evidenciando y potenciando al mismo tiempo una solidaridad universal en el mal. Esta solidaridad se manifiesta en una dimensi\u00f3n vertical (o diacr\u00f3nica) y en una dimensi\u00f3n horizontal (o sincr\u00f3nica).<\/p>\n<p>En virtud de la primera, toda la historia est\u00e1 invadida por una potencia del mal que liga a Ad\u00e1n, el primer hombre y el primer pecador, con todos los hombres (excepto Cristo y la virgen Mar\u00ed\u00ada). Todo pecado enlaza con el pecado original y todo hombre pecador manifiesta la fraternidad con Ad\u00e1n. Mi pecado vive de la herencia hist\u00f3rica de una humanidad pecadora y transmite a los.que vienen esta misma herencia.<\/p>\n<p>En virtud de la dimensi\u00f3n horizontal, el pecado del hombre crea un \u00abambiente\u00bb de contagio alrededor de s\u00ed\u00ad. Es demasiado evidente que ciertos modos de obrar condicionan negativamente el ambiente y establecen una mala costumbre m\u00e1s o menos t\u00e1citamente legitimada. La facilidad de la estafa, el sistema de las intrigas, la carrera del lucro, el volverse astuto son algunos aspectos de las \u00ableyes\u00bb de la convivencia. Toda elecci\u00f3n en este sentido solidifica el sistema. Y cuanto m\u00e1s s\u00f3lido es el sistema, tanto m\u00e1s dif\u00ed\u00adcil le es al hombre sustraerse a \u00e9l. Es como una espiral 9ue aumenta sus vueltas en progresi\u00f3n geom\u00e9trica. \u00c2\u00a1El poder del pecado! Cada uno con los suyos contribuye a mantenerle. Se establece as\u00ed\u00ad lo que el evangelio llama el reino de las tinieblas, sostenido por una connivencia tr\u00e1gica, aunque a veces inconsciente, de los hombres.<\/p>\n<p>Pues el reino de las tinieblas, o el pecado social que suele decirse, es \u00abel fruto, la acumulaci\u00f3n y la concentraci\u00f3n de muchos pecados personales. Se trata de pecados muy personales de quien engendra, favorece o explota la iniquidad; de quien pudiendo hacer algo por evitar, eliminar o al menos limitar determinados males sociales, omite el hacerlo por pereza, miedo y encubrimiento, por complicidad solapada o por indiferencia; de quien busca refugio en la presunta imposibilidad de cambiar el mundo; y tambi\u00e9n de quien pretende eludir la fatiga y el sacrificio alegando supuestas razones de orden superior. Por tanto, las verdaderas responsabilidades son de las personas&#8230; En el fondo de toda situaci\u00f3n depecado hallamos siempre personas pecadoras\u00bb (JUAN PABLO II, Reconciliatio et paenitentia, 16). Por tanto, no se pueden descuidar estos aspectos sociales al valorar el propio pecado y la propia responsabilidad, porque todo hombre es responsable de s\u00ed\u00ad y corresponsable de los dem\u00e1s. Aunque no compruebe directamente el influjo negativo de su comportamiento, existe y obra, porque \u00abning\u00fan hombre es una isla\u00bb.<\/p>\n<p>La dimensi\u00f3n social y estructural del pecado que emerge de la trama compleja de las m\u00faltiples relaciones humanas, adquiere un significado y una incidencia peculiares tambi\u00e9n dentro del tejido del cuerpo eclesial. Los v\u00ed\u00adnculos que ligan a los cristianos entre s\u00ed\u00ad son mucho m\u00e1s profundos, hasta el punto de hacer de ellos el cuerpo m\u00ed\u00adstico de Cristo. El pecado inclusa el m\u00e1s peque\u00f1o, incluso el m\u00e1s invisible, repercute siempre negativamente en la comuni\u00f3n que circula entre los miembros de este cuerpo y tambi\u00e9n en la comunidad visible que se deriva del estar en comuni\u00f3n entre ellos y con Dios. A causa del pecado, en efecto, la comunidad eclesial no puede ser de modo pleno aquella comunidad de santos en la cual la gracia impregna todas las dimensiones humanas. El mismo pecador, que en cuanto miembro de la Iglesia deber\u00ed\u00ada ser signo de Cristo que en ella act\u00faa, pierde su capacidad significativa, se convierte en signo vac\u00ed\u00ado, lo cual influye en la Iglesia misma haci\u00e9ndola un signo m\u00e1s d\u00e9bil y disminuyendo su eficacia santificadora de su obra. En este sentido, el Vat.11 reconoce que el pecador ocasiona una herida a la Iglesia (LG I l). Como se recuerda en el documento Cei, Evangelizaci\u00f3n y sacramentos de la penitencia y de la unci\u00f3n de los enfermos, inspir\u00e1ndose en toda una serie de im\u00e1genes b\u00ed\u00adblicas, \u00abtodo pecador que formal y gravemente es tal, es cisterna vac\u00ed\u00ada, ramo seco, mano paralizada, mecha humeante\u00bb (n. 42). Pero, adem\u00e1s, el pecado incide negativamente en la Iglesia, cuerpo m\u00ed\u00adstico de Cristo, porque introduce en \u00e9l -para quedarnos en la imagen del cuerpo- una c\u00e9lula muerta; es decir, una c\u00e9lula que no comparte la vida de las otras, que le es ajena; peor a\u00fan, que entorpece la circulaci\u00f3n de la vida, causando perjuicios al bienestar (a la santidad en su pleno desplegarse) de todo el cuerpo. La realidad de la comuni\u00f3n en la Iglesia no s\u00f3lo se refiere a la santidad, sino tambi\u00e9n al pecado. A este prop\u00f3sito, se lee en la exhortaci\u00f3n possinodal de Juan Pablo 11 Reconciliatio et paenitentia: `&#8230; el pecado de cada uno repercute en cierta manera en los dem\u00e1s&#8230; Es \u00e9sta la otra cara de aquella solidaridad que, a nivel religioso, se desarrolla en el misterio profundo y magn\u00ed\u00adfico de la comuni\u00f3n de los santos, merced a la cual se ha podido decir que `toda alma que se eleva, eleva al mundo&#8217;. A esta ley de la elevaci\u00f3n corresponde, por desgracia, la ley del descenso. De suerte, que se puede hablar de una comuni\u00f3n del pecado, por el que un alma que se abaja por el pecado abaja consigo a la Iglesia y, en cierto modo, al mundo entero\u00bb (n. 16).<\/p>\n<p>He ah\u00ed\u00ad por qu\u00e9 ante el pecador la primera reacci\u00f3n de la Iglesia es impedirle el acceso a la l eucarist\u00ed\u00ada hasta que est\u00e9 reconciliado sacramentalmente, es decir, declarar que se ha autoexcluido de la comuni\u00f3n eclesial que une a los diversos miembros del cuerpo con la cabeza y entre s\u00ed\u00ad. Esta especie de excomuni\u00f3n es, en cierto sentido, la reacci\u00f3n de defensa que la Iglesia suscita ante un gesto que atenta a su vida y a su santidad; por el bien de los otros miembros, pero m\u00e1s tambi\u00e9n por el bien del pecador mismo, al que quiere hacer consciente de su da\u00f1o y de su responsabilidad. De este modo la Iglesia entera coopera a la recuperaci\u00f3n de sus hijos.<\/p>\n<p>Es significativo que la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica sobre el pecado concluya recordando su dimensi\u00f3n eclesial, que deja ya entrever la posibilidad de superar el pecado mismo. As\u00ed\u00ad como la referencia a Dios le permite al hombre asumir sin miedo la responsabilidad de sus pecados, igualmente la referencia a la Iglesia le permite emprender con firme decisi\u00f3n el camino de la I conversi\u00f3n, para la cual puede contar con la ayuda de toda la Iglesia.<\/p>\n<p>IV. Pecado mortal y pecado venial<br \/>\nAl exponerla naturaleza del pecado seg\u00fan la Biblia [i arriba, II], se ha dicho que el NT habla de pecado y de pecados. Estos son el conjunto de los actos malos que manifiestan la peeaminosidad y la potencia del marque lleva al hombre a rechazar a Cristo.<\/p>\n<p>1. EL PECADO Y&#8217;EL HOMBRE PECADOR. Al hablar de pecados, no se los debe considerar como actos separados de la persona. Propiamente hablando, no existen los pecados, sino los hombres pecadores. El hombre que decide conscientemente obraren oposici\u00f3n al orden moral, se convierte entonces en \u00abpecador\u00bb; es decir, se configura seg\u00fan una fisonom\u00ed\u00ada y una condici\u00f3n de vida que son las del hombre pecador. El comportamiento pecaminoso concreto, en el cual el hombre se expresa a s\u00ed\u00ad mismo, manifiesta y constituye a un tiempo al hombreen un estado existencial que dice rechazo de Dios. Por tanto, el pecado es un acto libremente decidido por el hombre y un estado de vida que se deriva de esta decisi\u00f3n y que perdura: Acto y estado est\u00e1n estrechamente ligados entre s\u00ed\u00ad en la persona del hombre pecador.<\/p>\n<p>A fin de definir la fisonom\u00ed\u00ada del hombre pecador, merecen atenci\u00f3n algunos aspectos concretos y existenciales de su decisi\u00f3n de pecar. Interesa, pues, considerar: si esta decisi\u00f3n es superficial o seria, es decir, si compromete a la persona en lo profundo del coraz\u00f3n y de la intenci\u00f3n, o s\u00f3lo perif\u00e9ricamente (distinci\u00f3n teol\u00f3gica de los pecados); cu\u00e1l es el valor comprometido o la virtud descuidada en el comportamiento desordenado (distinci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica de los pecados); si el gesto pecaminoso es espor\u00e1dico o, por el contrario, es frecuente y repetido; si est\u00e1 aislado o, por el contrario, tiene consecuencias que en cierto modo lo multiplican y lo agrandan (distinci\u00f3n num\u00e9rica de los pecados).<\/p>\n<p>En el p\u00e1rrafo siguiente se dedicar\u00e1 alguna atenci\u00f3n al primer aspecto para puntualizar mejor el concepto de pecado mortal y su relaci\u00f3n con la t opci\u00f3n fundamental. Pero hay que anteponer una aclaraci\u00f3n terminol\u00f3gica. Con frecuencia se habla indiferentemente de pecado grave\/leve y de pecado mortal\/ venial. Los dos pares de t\u00e9rminos se reiteren a dos planos diversos.<\/p>\n<p>Grave\/ leve se refiere al plano de la medida en que la persona se pone a s\u00ed\u00ad misma en juego en su decisi\u00f3n. Porque puede ponerse en juego plena o s\u00f3lo superficialmente. 1Vormalmente se debe reconocer que si la decisi\u00f3n gira sobre un l valor advertido como relevante por la persona, esta decisi\u00f3n es grave, ya que frente a un valor importante la persona decide no superficialmente, sino con seriedad y ponderaci\u00f3n. Por lo cual la gravedad del valor que est\u00e1 en juego en la decisi\u00f3n compromete gravemente tambi\u00e9n a la persona. Los dos elementos de gravedad (el del valor y el del compromiso de la persona) concurren juntos a hacer de aquella decisi\u00f3n una decisi\u00f3n grave. Cuando la persona est\u00e1 escasamente implicada en la decisi\u00f3n, porque la juzga de poco relieve o a causa del valor que est\u00e1 en juego o de la escasa significaci\u00f3n para la vida propia, la decisi\u00f3n es leve.<\/p>\n<p>Mortal\/venial se refiere al plano de los efectos que siguen a la decisi\u00f3n, m\u00e1s concretamente a los efectos que connotan al status del pecador. Este puede haber interrumpido su relaci\u00f3n de caridad con Dios perdiendo la comuni\u00f3n de vida con \u00e9l (la gracia): en tal caso se habla de pecado mortal; o bien simplemente puede haber realizado de manera inadecuada su relaci\u00f3n de caridad con Dios, debilitando la intensidad de la comuni\u00f3n de vida con \u00e9l: en tal caso se habla de pecado venial. Se podr\u00ed\u00ada decir tambi\u00e9n: los pecados mortales son actos plenamente contrarios a la caridad; los pecados veniales son actos no imbuidos perfectamente por la caridad.<\/p>\n<p>Es importante mantener separados los dos planos mencionados para evitar equ\u00ed\u00advocos de conceptos. Por lo dem\u00e1s, ya santo Tom\u00e1s hab\u00ed\u00ada tenido muy presente esta distinci\u00f3n. El habla, en efecto, de la gravedad de los pecados cuando trata el tema,de la confrontaci\u00f3n de los pecados entre s\u00ed\u00ad (S. Th., I-II, q. 73); en cambio trata del pecado mortal y venial en relaci\u00f3n con uno de los efectos consiguientes al pecado, concretamente al \u00abreatus poenae\u00bb. La distinci\u00f3n entre pecado mortal y venial se considera en relaci\u00f3n con la pena merecida; es diversa para uno y para otro (S. Th., 1-II qq. 87-88).<\/p>\n<p>Tomando como base estas consideraciones, resulta incomprensible una distinci\u00f3n tripartita: pecado mortal, pecado grave y pecado venial. En esta distinci\u00f3n el t\u00e9rmino \u00abgrave\u00bb vendr\u00ed\u00ada a indicar un pecado que, no siendo mortal porque no cuestiona la orientaci\u00f3n fundamental de la persona, es sin embargo un pecado serio, porque indica una inclinaci\u00f3n arraigada del sujeto, un comportamiento de ligereza habitual, una adhesi\u00f3n del coraz\u00f3n a un determinado desorden. Se puede compartir la preocupaci\u00f3n subyacente a esta perspectiva: reconocer que no todos los pecados graves son graves del mismo modo. Hay gravedad y gravedad. Y m\u00e1s exactamente hay que decir que existe una gradaci\u00f3n infinita desde el pecado m\u00e1s ligero al pecado m\u00e1s grave. Pero introducir el t\u00e9rmino \u00abgrave\u00bb entre \u00abmortal\u00bb y \u00abvenial\u00bb supone una mezcla de dos planos diversos, una especie de contaminaci\u00f3n h\u00ed\u00adbrida, que engendra confusiones te\u00f3ricas y pastorales. La exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica de Juan Pablo II, Reconciliado et paenitentia no es favorable a una distinci\u00f3n tripartita (n. 17).<\/p>\n<p>2. LA NOCI\u00ed\u201cN DE PECADO MORTAL Y VENIAL. Se pretende aqu\u00ed\u00ad precisar mejor los conceptos de pecado mortal y venial, reconociendo que esta distinci\u00f3n ha ejercido, y sigue ejerciendo, una funci\u00f3n considerable en la vida cristiana y en la praxis pastoral. Basta recordar que con ella se relaciona la posibilidad de participar o no participar en la comuni\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica. La distinci\u00f3n entre pecado mortal y venial es fruto de la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica, pero tiene un fundamento b\u00ed\u00adblico. El NT conoce junto a los pecados que excluyen del reino de. Dios (cf Mat 25:41-46; 1Co 6:9-10; Rom 1:24-32) tambi\u00e9n pecados que no tienen consecuencias de tal gravedad (cf Mat 6:12; 1Co 3:10-15; Stg 3:2).<\/p>\n<p>Asimismo la tradici\u00f3n de la Iglesia ha manifestado siempre que reconoce, tanto en la praxis penitencial como en las indicaciones doctrinales, que los pecados de los cristianos revisten diferente gravedad. Se pueden recordar en el plano de la praxis los libros penitenciales de la Edad Media, con las \u00abtarifas\u00bb exigidas a los penitentes para la reconciliaci\u00f3n, variables seg\u00fan la gravedad del pecado y la culpabilidad del pecador; en el plano de la doctrina, varias intervenciones del magisterio para sostener contra los pelagianos que no todos los pecados quitan la gracia de la justificaci\u00f3n (DS 229; 230), y contra los protestantes que tambi\u00e9n los fieles pueden pecar mortalmente (DS 1573); para afirmar la obligaci\u00f3n de confesar todos y no s\u00f3lo los pecados mortales (DS 1707); para precisar que a los pecados mortales les corresponde una pena eterna y a los pecados veniales una pena temporal (DS 1304-1306; 1575).<\/p>\n<p>Al determinar la naturaleza del pecado mortal no se ha procedido siempre del mismo modo. En el pasado, de acuerdo con la visi\u00f3n que daba la preferencia al objeto, se part\u00ed\u00ada de la materia grave; a ella hab\u00ed\u00ada que a\u00f1adir otras dos condiciones: la plena advertencia y el consentimiento deliberado. Estos t\u00e9rminos son, por lo dem\u00e1s, habituales por haberlos divulgado el catecismo de san P\u00ed\u00ado X. En el fondo, estas tres condiciones quer\u00ed\u00adan significar que cuando una persona es plenamente consciente de que su decisi\u00f3n reniega de un valor estimado por ella importante para la vida cristiana y consiente con plena libertad en esta decisi\u00f3n, su pecado es mortal.<\/p>\n<p>En una visi\u00f3n personalista se prefiere partir de la persona: si su decisi\u00f3n contraria a las exigencias del evangelio es una decisi\u00f3n que implica a la persona en la profundidad del coraz\u00f3n, entonces esa decisi\u00f3n es pecado mortal. Por tanto se puede estar de acuerdo con B. H\u00e1ring en que \u00abpecado mortal es una determinaci\u00f3n libre y profundamente consciente en contra de un mandamiento de Dios; procede directamente del centro de la capacidad deliberativa del hombre, de tal modo que con esta decisi\u00f3n el hombre mismo se expresa y se orienta en contra de la amistad de Dios. Cuando la libertad humana queda comprometida o por un impulso de la concupiscencia o por la presi\u00f3n del ambiente, el pecado mortal puede ser tal s\u00f3lo si llega a lo \u00ed\u00adntimo de la persona libre, es decir, si el hombre libre advierte de modo suficiente y proporcionado que se trata de una decisi\u00f3n que da una orientaci\u00f3n \u00faltima a su vida y, sin embargo, consiente en ella libremente. El elemento decisivo del pecado mortal es, pues, la proveniencia del acto del fondo del propio coraz\u00f3n malvado y con una medida de conocimiento y libertad tales que puede imprimir a la vida una orientaci\u00f3n contraria a Dios\u00bb (p. 211).<\/p>\n<p>En la perspectiva personal\u00ed\u00adstica no es que se descuide el objeto respecto al cual versa la decisi\u00f3n del hombre (lo que en el pasado se llamaba la materia); \u00e9ste, por as\u00ed\u00ad decirlo, reviste el valor de signo: si el objeto de mi decisi\u00f3n es algo serio e importante, es leg\u00ed\u00adtimo suponer que mi decisi\u00f3n no es superficial, sino que hace intervenir a mi persona y mi orientaci\u00f3n de manera igualmente seria y considerable.<\/p>\n<p>La visi\u00f3n personalista recupera de este modo una rica intuici\u00f3n de santo Tom\u00e1s, el cual; al exponer la diferencia entre pecado mortal y pecado venial, insiste en este aspecto: el pecado mortal indica una desorientaci\u00f3n respecto al fin \u00faltimo; el pecado venial, en cambio, se refiere a una desorientaci\u00f3n en relaci\u00f3n a los medios (S. Th., I-II, q. 2, a. 5). La desorientaci\u00f3n respecto al fin \u00faltimo cuestiona a la persona en la profundidad de ella misma (en otras palabras, no puede menos de ser un acto perfectamente humano), porque cuestiona la opci\u00f3n fundamental. Pues la opci\u00f3n fundamental est\u00e1 en relaci\u00f3n con el fin \u00faltimo y con la constituci\u00f3n del orden moral en la vida de la persona, en cuanto que de la opci\u00f3n fundamental deriva el hombre los criterios para juzgar como buenas o malas sus opciones. Por eso puede ser \u00fatil detenerse a reflexionar sobre la relaci\u00f3n entre la \/opci\u00f3n fundamental y el pecado mortal.<\/p>\n<p>La opci\u00f3n fundamental del cristiano es la decisi\u00f3n de creer en Dios, de reconocer a Jesucristo como el salvador, aceptando sin discusi\u00f3n el evangelio. El pecado mortal es, ciertamente, una decisi\u00f3n contraria a la fe y al evangelio, y por tanto es contraria a la opci\u00f3n fundamental. Mas, ciertamente, no todo pecado mortal expresa la decisi\u00f3n firme y global del creyente de orientar toda su vida en sentido contrario al evangelio; por ejemplo, sigue viviendo con sinceridad su relaci\u00f3n con Dios en la oraci\u00f3n, en el amor al pr\u00f3jimo, etc. En otras palabras, no se reniega de la decisi\u00f3n de creer en Dios. En esta l\u00ed\u00adnea est\u00e1 tambi\u00e9n la ense\u00f1anza de la Iglesia, bien cuando afirma que el pecado mortal priva al cristiano de la vida de la gracia, de la comuni\u00f3n caritativa con Dios, pero no de la fe y de la esperanza (DS 1544), de modo que justamente estas virtudes conducen al cristiano al arrepentimiento y a la reconciliaci\u00f3n; bien cuando la Iglesia ora en el lecho del moribundo con estas palabras: \u00abTe recomendamos, oh Padre, este nuestro hermano; si en su vida ha pecado, ha conservado su fe en ti&#8230;\u00bb(Ritual romano, sacramento de la unci\u00f3n y cura pastoral de los enfermos, Recomendaci\u00f3n de los moribundos, 239); bien cuando Juan Pablo.II pone expl\u00ed\u00adcitamente en guardia contra \u00abreducir el pecado mortal a un acto de opci\u00f3n fundamental contra Dios, entendiendo con ello un desprecio expl\u00ed\u00adcito y formal de Dios o del pr\u00f3jimo\u00bb (Reconciliatio el paenitentia, 17).<\/p>\n<p>Se puede, pues, concluir que el pecado mortal es un gesto por el que la persona se desvincula de la din\u00e1mica de la opci\u00f3n fundamental por Dios, pero no reniega de ella. Si una persona renegase radicalmente de su opci\u00f3n fundamental por Dios y por Jesucristo, entonces estar\u00ed\u00adamos en presencia de lo que san Juan llama \u00abpecado que conduce a la muerte\u00bb y que la teolog\u00ed\u00ada contempor\u00e1nea designa a menudo como pecado mortal realizado con intenci\u00f3n definitiva. Se puede estar de acuerdo tambi\u00e9n con cuantos estiman que semejante intenci\u00f3n definitiva hay que colocarla s\u00f3lo al final de la vida, ya que antes existe siempre la posibilidad de arrepentirse, .y por tanto no puede darse una decisi\u00f3n definitiva en contra de Dios.<\/p>\n<p>V. La condici\u00f3n del hombre pecador<br \/>\nEl pecado, se ha repetido muchas veces, es una elecci\u00f3n del hombre. Como toda elecci\u00f3n; tambi\u00e9n el pecado expresa lo que el hombre es, sus deseos, sus preferencias, los valores en que cree; y al mismo tiempo expresa lo que el hombre quiere ser. En la opci\u00f3n se pone en juego m\u00e1s o menos ampliamente la propia libertad y la capacidad propia de proyectar. Una persona s\u00e9 cualifica de acuerdo con sus propias opciones. Se cualifica, es decir, se da una connotaci\u00f3n, una fisonom\u00ed\u00ada. El que elige estudiar se cualifica como estudiante, el que elige hacer una excursi\u00f3n a la monta\u00f1a se cualifica como apasionado de la monta\u00f1a, etc.. No todas las opciones cualifican a la persona del mismo modo; algunas la cualifican establemente, porque influyen en toda la vida (p.ej., la decisi\u00f3n de casarse, de ir a las misiones del tercer mundo&#8230;); y est\u00e1 tambi\u00e9n la que cualifica a la persona s\u00f3lo moment\u00e1neamente, es decir, mientras que su coraz\u00f3n est\u00e1 convencido y se adhiere a esa determinada opci\u00f3n. As\u00ed\u00ad, el pecado cualifica a la persona seg\u00fan el tipo particular de desorden que comprende (el hurto cualifica a la persona corno ladr\u00f3n, la mentira como mentiroso,..) y mientras que su coraz\u00f3n permanece en esa opci\u00f3n. En este sentido se habla de la condici\u00f3n del hombre pecador, una condici\u00f3n que permanece mientras permanece la aprobaci\u00f3n y la adhesi\u00f3n a la opci\u00f3n de pecado. Esta condici\u00f3n se caracteriza de acuerdo con tres connotaciones principales.<\/p>\n<p>1. LA PROPENSI6N DE LA VOLUNTAD HACIA EL MAL. En primer lugar encontramos en el hombre pecador una propensi\u00f3n de la voluntad al mal, en el sentido de que la elecci\u00f3n del mal, una vez realizada, tiende a repetirse y a estabilizarse. El pecado abre un camino hacia el mal, porque con su elecci\u00f3n la voluntad se debilita en su inclinaci\u00f3n natural al bien. Pues la voluntad es la facultad que lleva a desear y escoger el bien; mas al actuarse en sentida contrario, es decir, hacia el mal (en cuanto se es consciente de que el bien elegido no es el verdadero bien), y en la medida en que tal actuaci\u00f3n es frecuente y decidida, la inclinaci\u00f3n natural hacia el bien queda debilitada. Sin embargo, no puede destruirse por mucho que se multiplique el pecado, del mismo modo que no puede destruirse la natural disposici\u00f3n a gustar y a buscar el bien, -porque para llegar ah\u00ed\u00ad ser\u00ed\u00ada preciso destruir la persona misma en la estructura cognoscitiva y volitiva.<\/p>\n<p>El pecado compromete la orientaci\u00f3n de la voluntad al bien obrando en el sujet\u00f3 de m\u00faltiples maneras. Ante todo amortigua la capacidad de conocerlo; y particularmente de percibir la belleza y lo apetecible del mismo, por lo cual el tipo particular de conocimiento que es el conocimiento del bien se consigue con mayor esfuerzo e incertidumbre y el hombre se encuentra menos pertrechado y capaz de reconocer el bien en las varias formas en las que se concretiza; adem\u00e1s debilita la voluntad, que de este modo est\u00e1 menos pronta a dejarse mover par el bien y menos dispuesta a perseguirlo con firmeza cuando se presenta arduo y dif\u00ed\u00adcil y no se le puede alcanzar sin esfuerzo constante y asiduo; finalmente acent\u00faa la tendencia de la concupiscencia a dirigirse hacia bienes que ofrecen satisfacci\u00f3n inmediata y sensible, prefiriendo este tipo de bienes y descuidando los de naturaleza espiritual.<\/p>\n<p>2. EL SENTIDO DE LA CULPA (\u00abREATUS CULPAE\u00bb). El sentido de la culpa del que se intenta hablar ahora es propiamente diverso del sentido de culpabilidad que se repite a menudo en el lenguaje psicol\u00f3gico. El \u00absentido de la culpa\u00bb tiene un significado teol\u00f3gico y define una situaci\u00f3n real del hombre por la cual \u00e9ste es y se llama pecador. En efecto, cuando el hombre comete el pecado, su voluntad permanece actuada y determinada en el orden del mal mientras no se retracte por el arrepentimiento (la conversi\u00f3n); es decir, el hombre permanece en un estado de aversi\u00f3n a Dios. La teolog\u00ed\u00ada tradicional hablaba de este estado de culpa defini\u00e9ndolo con el t\u00e9rmino un poco pintoresco y cosificado de \u00abmancha del pecado\u00bb. Obs\u00e9rvese tambi\u00e9n que el reatus culpae es lo que constituye en sentido estricto y espec\u00ed\u00adfico la condici\u00f3n de pecador, la cual sin embargo, adem\u00e1s del sentido de culpa, comprende tambi\u00e9n la propensi\u00f3n de la voluntad al mal (de la que se acaba de. hablar) y el peso de la pena (de la que se hablar\u00e1 luego).<\/p>\n<p>Diverso del sentido de culpa, aunque no completamente ajeno a \u00e9l, es el sentida de la culpabilidad, que denota m\u00e1s bien una situaci\u00f3n psicol\u00f3gica. Indica no tanto la conciencia de la culpa cuanto m\u00e1s bien la experiencia emotiva de la culpabilidad. Existe un sano sentido de culpabilidad, que es connatural a la conciencia del pecado y surge del hecho de que el hombre advierte la disonancia entre la elecci\u00f3n realizada y la voluntad de Dios. Este estado de culpabilidad es tanto m\u00e1s verdadero cuanto m\u00e1s se funda en la consideraci\u00f3n del amor d\u00e9 Dios y el temor que del amor se deriva. Este temor es el que la Biblia define \u00abprincipio de la sabidur\u00ed\u00ada\u00bb (Sal 1 I 1,10).<\/p>\n<p>Existe tambi\u00e9n un sentido falso y morboso de culpabilidad, que es distinto del precedente y que puede reconocerse bas\u00e1ndose en algunos elementos que lo caracterizan. Reduci\u00e9ndolos a lo esencial, puede decirse que el sentido morboso de culpabilidad es irracional, ya que persiste tambi\u00e9n despu\u00e9s del arrepentimiento y de la confesi\u00f3n, engendrando inquietud y angustia; es exagerado, en el sentido de que no corresponde a la gravedad real de la culpa, la cual es agrandada desproporcionalmente, pero con el secreto deseo de que otros nos aseguren de que realmente no es en definitiva tan grave; es inoportuno porque surge independientemente de la conciencia de culpa, y sobre todo no desemboca en el compromiso estricto de conversi\u00f3n. Este sentido de culpabilidad es lo opuesto del aut\u00e9ntico sentido de culpa. Parece que se le asemeja; en realidad es algo completamente distinto: \u00e9ste se centra en Dios, aqu\u00e9l se centra en el yo. Escribe J.M. Pohier con su agudeza acostumbrada: \u00abLa experiencia aut\u00e9ntica de la culpabilidad religiosa se vive siempre en un sistema `abierto&#8217;, cuyo centro de gravedad lo constituye Dios, mientras que la experiencia de la culpabilidad morbosa de s\u00ed\u00adndrome religioso y la de la culpabilidad religiosa desvalorizada se viven siempre en un sistema `cerrado&#8217;, cuyo centro lo constituye el hombre y en el que Dios no desarrolla otra funci\u00f3n que la de un medio al servicio de una experiencia del culpabilidad centrada en el sujeto\u00bb (p. 434). Este modo errado de vivir la culpabilidad termina desconociendo que s\u00f3lo Dios es el salvador, y por tanto desconociendo la posibilidad real de superar el pecado. De aqu\u00ed\u00ad se deriva tambi\u00e9n la inutilidad de reconocer el pecado y de confesarlo; pues s\u00f3lo tiene sentido confesarlo en orden al perd\u00f3n. Por lo cual la falsa experiencia de culpabilidad va acompa\u00f1ada tambi\u00e9n del desinter\u00e9s del pecador por superar su pecado.<\/p>\n<p>En el clima cultural actual, en el cual el aut\u00e9ntico sentido de culpa se pierde en- un sentido vago y difuso de culpabilidad, como se ha advertido \/arriba, 1, sucede rara vez que se identifique la reacci\u00f3n de la conciencia de la culpa con estados emotivos de tristeza y de irritaci\u00f3n, de insatisfacci\u00f3n y descontento no muy definibles. Nada m\u00e1s falso que determinar la condici\u00f3n de pecado y su gravedad bas\u00e1ndose en estos sentimientos, que por su naturaleza son fluctuantes y contradictorios y, en general, var\u00ed\u00adan seg\u00fan los momentos respecto a la culpa misma. La existencia de la culpa hay que comprobarla bas\u00e1ndose en la negaci\u00f3n de los valores reales y en la mala voluntad, y no en estados emotivos y en sentimientos endebles.<\/p>\n<p>3. EL PESO DE LA PENA (\u00abREATUS POENAE\u00bb). La pena se relaciona esencialmente con la culpa. La Biblia habla muchas veces de la pena consiguiente a los pecados, poniendo de manifiesto dos aspectos particulares. El primero se refiere a la conexi\u00f3n entre el pecado y la pena. El pecado, una vez cometido, arrastra inevitablemente consigo la pena, que para Israel consist\u00ed\u00ada a menudo en un castigo bien visible. As\u00ed\u00ad expresaba Isa\u00ed\u00adas con una imagen pr\u00e1ctica la consecuencia del pecado: \u00ab&#8230; Por eso este pecado ser\u00e1 para vosotros como brecha ruinosa que se abre en elevado muro, el cual en un momento, de repente, se desploma y se hace pedazos como un jarro de alfarero estrellado sin piedad: entre sus trozos no se encuentra ni un cascote para coger fuego del fog\u00f3n o sacar agua de la cisterna\u00bb (30,13-14). Y lo mismo el Deutero-Isa\u00ed\u00adas, que concibe el destierro como un castigo contenido en las transgresiones de Israel: \u00abA causa de vuestras transgresiones ha sido repudiada vuestra madre\u00bb (50,1). Estos dos textos no se limitan a decir que la pena sigue a la culpa, sino que es engendrada por ella. En cierto sentido, la culpa es ya pena. Por esta raz\u00f3n se dice que la una est\u00e1 inevitablemente conexa con la otra, y que juntas concurren a constituir la condici\u00f3n de pecado.<\/p>\n<p>Por otra parte, la conexi\u00f3n entre el pecado y la pena no es autom\u00e1tica. Y \u00e9ste es el segundo aspecto que pone de relieve la Biblia. El mal trae consigo el castigo, desencadena una serie de reacciones delet\u00e9reas, pero no en virtud de una fuerza inmanente. Es Dios quien en \u00faltimo an\u00e1lisis castiga el mal y recompensa el bien. El profeta Oseas expresa todo esto mediante la imagen del saquito en el cual est\u00e1n encerrados los pecados de Israel, y que Yhwh tiene atado hasta que \u00e9l mismo lo abra y salgan los castigos merecidos. \u00abLa iniquidad de Efra\u00ed\u00adn est\u00e1 encerrada en un saco, su pecado est\u00e1 bien custodiado\u00bb (13,12). A menudo la intervenci\u00f3n de Dios se hace esperar: los imp\u00ed\u00ados prosperan y los malos tienen suerte; pero al final \u00abDios los destruye de un golpe y desfallecen, consumidos en el terror\u00bb (Sal 73:19).<\/p>\n<p>Esto quiere decir que, al final, la pena es siempre \u00abgobernada\u00bb por Dios, el cual procura, en su misericordiosa providencia, orientarla ante todo hacia resultados salv\u00ed\u00adficos. Por eso dispone los tiempos y las modalidades para el cumplimiento de la pena en orden a la conversi\u00f3n del pecador, porque Dios no busca su muerte, sino su conversi\u00f3n y su vida (Eze 33:11). En otras palabras, el significado primero de la pena es medicinal; aprovecha antes que nada a la persona misma que es herida.<\/p>\n<p>La pena que acompa\u00f1a a todo pecado tiene siempre una dimensi\u00f3n temporal, es decir, caracteriza la historia del hombre pecador, el tiempo de su existencia terrenal. Cuando el hombre comete un pecado mortal, la pena que le acompa\u00f1a tiene tambi\u00e9n una dimensi\u00f3n eterna.<\/p>\n<p>La dimensi\u00f3n temporal de la pena consiste en esto: todo pecado es una disminuci\u00f3n del hombre, en el sentido de que le impide realizarse plenamente en lo que es. Esta falta de realizaci\u00f3n es el aspecto primero y fundamental de la pena, de manera que \u00e9sta, antes y m\u00e1s que ser un castigo impuesto desde el exterior, es una reducci\u00f3n que el hombre sufre en su propia autorrealizaci\u00f3n personal. El hombre que se encuentra falto y decepcionado a causa de su propia elecci\u00f3n equivocada, de la cual \u00e9l, y ning\u00fan otro tiene la culpa, se convierte en un peso para s\u00ed\u00ad mismo. He ah\u00ed\u00ad la pena; se manifiesta concretamente como indolencia que hace torpe para conocer y hacer el bien; como fragilidad que asedia la propia libertad moral; como aquiescencia complacida a la autoafirmaci\u00f3n ego\u00ed\u00adsta, a las solicitudes del placer, a la dureza del coraz\u00f3n y a la soberbia farisaica. Todos estos aspectos afean el rostro \u00e9tico del hombre y mancillan su personalidad, que queda marcada por los \u00abvac\u00ed\u00ados\u00bb y por las contradicciones de las opciones pecaminosas. Sin olvidar los aspectos que repercuten en la convivencia social: guerras, torturas, discriminaci\u00f3n racial, manipulaci\u00f3n de la opini\u00f3n p\u00fablica, abusos de poder, especulaci\u00f3n pornogr\u00e1fica, etc.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de esta pena temporal, que es como la cicatriz que deja en el hombre todo pecado, el pecado mortal lleva consigo una pena eterna. El pecado mortal es ruptura de la relaci\u00f3n de amistad con Dios, es rechazo de la vida que \u00e9l nos ha comunicado en la redenci\u00f3n. Justamente la amistad y la participaci\u00f3n de la vida de Dios constituye la felicidad eterna y definitiva, que queda comprometida y resulta inalcanzable mientras el hombre persista en la condici\u00f3n que se ha fijado pecando. Pero cuando el hombre se libera de esta condici\u00f3n con el arrepentimiento y con la gracia del perd\u00f3n, viene a caer tambi\u00e9n su autoexclusi\u00f3n dei goce definitivo y eterno de la amistad de Dios. De la pena eterna hacia la cual el hombre se orienta con el pecado mortal se libera el hombre en el acto mismo en que es liberado del pecado.<\/p>\n<p>VI. Pecados del coraz\u00f3n y pecados manifiestos<br \/>\nEl pecado es una elecci\u00f3n por la cual el hombre se decide en contra de Dios. Como toda elecci\u00f3n libremente decidida, el pecado tiene sus ra\u00ed\u00adces en el coraz\u00f3n del hombre. Antes de traducirse en una acci\u00f3n concreta y determinada, el pecado est\u00e1 ya en el hombre que libre y conscientemente se ha orientado al mal: en la decisi\u00f3n se transparenta el rostro que la persona quiere asumir. Es la l\u00ed\u00adnea reiterada muchas veces por el evangelio; por ejemplo, cuando Jes\u00fas dice: \u00abEl que mira a una mujer dese\u00e1ndola, ha cometido ya adulterio con ella en su coraz\u00f3n\u00bb (Mat 5:28); o cuando indica a sus disc\u00ed\u00adpulos que al hombre le contamina no lo que entra en \u00e9l (cf la legislaci\u00f3n jud\u00ed\u00ada sobre alimentos puros e impuros), sino lo que sale de \u00e9l, de su coraz\u00f3n, porque del coraz\u00f3n vienen las intenciones malas (Mar 7:21).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, el hombre se cualifica como pecador cuando en su coraz\u00f3n se ha decidido firmemente por el mal. Y esto vale no s\u00f3lo en aquellos pecados que ocurren en la interioridad del hombre, como, por ejemplo, los pecados de pensamiento, los pecados que se refieren a juicios temerarios no formulados o sentimientos de aversi\u00f3n y de odio conscientemente compartidos, sino que vale tambi\u00e9n para aquellos pecados que por su naturaleza implican la realizaci\u00f3n externa, como son, por ejemplo, el hurto, el homicidio, la estafa, etc.<\/p>\n<p>No es que la realizaci\u00f3n de la decisi\u00f3n no cuente para nada; cuenta ciertamente tambi\u00e9n desde el punto de vista de la responsabilidad moral, ya sea porque al ejecutar la decisi\u00f3n el hombre la confirma y la profundiza (lo cual es cierto sobre todo cuando la ejecuci\u00f3n del proyecto pensado requiere afrontar y superar obst\u00e1culos m\u00e1s o menos graves); ya sea porque la ejecuci\u00f3n puede implicar a otras personas, tanto en el sentido de involucrar su complicidad cuanto en el de persuadirlas al mal con su seducci\u00f3n o con el \/esc\u00e1ndalo; ya sea tambi\u00e9n porque la ejecuci\u00f3n puede comportar un da\u00f1o para terceros que exige ser reparado: si uno decide firmemente robar, pero luego de hecho no roba (por miedo, por arrepentimiento, por un contratiempo que hace fracasar el proyecto..:), no existe ning\u00fan da\u00f1o en perjuicio de la v\u00ed\u00adctima designada. Pero la ejecuci\u00f3n no cambia la orientaci\u00f3n moral asumida por la persona desde el momento de su elecci\u00f3n libre y conscientemente decidida. El que decide calumniar a su compa\u00f1ero se manifiesta orientado a vivir la relaci\u00f3n con aqu\u00e9l de un modo mentiroso y falaz, que no es el modo justo de mantener las relaciones con los otros. En el momento mismo en que vive as\u00ed\u00ad la relaci\u00f3n interpersonal, el hombre se arriesga en el plano moral orient\u00e1ndose hacia lo que est\u00e1 mal.<\/p>\n<p>De esta consideraci\u00f3n se sigue una vez m\u00e1s que el pecado es una opci\u00f3n que hace intervenir en \u00faltimo an\u00e1lisis la relaci\u00f3n del hombre con Dios. Y Dios ve en lo secreto; m\u00e1s a\u00fan: est\u00e1 presente en la interioridad del coraz\u00f3n, donde el hombre escucha en la voz de su propia \/conciencia el eco de la voz misma de Dios (cf GS lb). Por esta raz\u00f3n el hombre no puede esconderse ante su propia conciencia que le remuerde, como no puede esconderse ante Dios que lo busca. No podr\u00ed\u00ada, aunque lo intentase ingenuamente, como Ad\u00e1n y Eva en el para\u00ed\u00adso terrestre, los cuales corren a esconderse al acercarse el Se\u00f1or. Que no le disguste al hombre pecador esta imposibilidad de sustraerse a la voz de Dios que le busca y a la voz de la propia conciencia que le acusa: la voz de la conciencia es invitaci\u00f3n al pecador para que se libre del mal que se ha buscado (como el dolor f\u00ed\u00adsico llama al hombre a curarse el mal que anida en el cuerpo); y la voz de Dios es esperanza y promesa, porque Dios busca al hombre para salvarlo..<\/p>\n<p>[\/Acto humano; \/Conversi\u00f3n; \/Libertad y responsabilidad].<\/p>\n<p>BIBL.: AA.VV., Pecado, realidad y deformaci\u00f3n, en \u00abIglesia Viva\u00bb 124 (1986); BL(SMME R., L \u00faomo pecatore, Dehoniane, Bolonia 1971; Bno B., Peccando s5mpara, Borla, Tur\u00ed\u00adn 1970; Borobio D., Reconciliaci\u00f3n penitencial, Descl\u00e9e de Brouwer, Bilbao 19902; DE Guim S., II peccato personale e il peccato del mondo, en \u00abRTM\u00bb 25 (1975) 49-79; FERN\u00ed\u0081NDEZ D., Dios ama y perdona sin condiciones, Descl\u00e9e de Brouwer, Bilbao 1989; FtEOLex P., Pecado y perd\u00f3n en el juda\u00ed\u00adsmo y en el cristianismo, en \u00abCon\u00bb 98 (1974) 207224; FUIEK L, Ilpeccato oggi, PUG, Roma 1991; GHIDELLI C., Peccato dell \u00faomo e misericordia di Dio, Paoline, Roma 1983; Gansso G., Confessare il peccato, celebrare il perdono, Marietti, Tur\u00ed\u00adn 1982; H%SRING B., Pecado y secularizaci\u00f3n, PS, 1974; HORTELANO A., El eclipse actual del pecado en \u00abRaz\u00f3n y Fe\u00bb 213 (1987) 285-294; Koct< R., Il peccato nel Vecchio Testamento, Paoline, Roma 1973; KREUZENBERG L. von, Peccato negazione di amore, Ecumenica, Bar\u00c2\u00a1 1973; LIBANIO J.B., Peccato e opzione fondamentale, Cittadella, As\u00ed\u00ads 1977; MONDEN L., Conciencia, libre albedr\u00ed\u00ado, pecado, Herder, Barcelona 1968; Pmrm G., Peccato-riconciliazioneperdono. 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Un estudio de los t\u00e9rminos empleados en los idiomas originales y de ejemplos relacionados confirmar\u00e1 esta explicaci\u00f3n.<br \/>\nEl t\u00e9rmino hebreo com\u00fan para \u2020\u0153pecado\u2020\u009d es jat\u00c2\u00b7t\u00e1\u00c2\u00b4th, y el griego es ha\u00c2\u00b7mar\u00c2\u00b7t\u00ed\u00ad\u00c2\u00b7a. En ambas lenguas las formas verbales (heb. ja\u00c2\u00b7t\u00e1\u00c2\u00b4; gr. ha\u00c2\u00b7mar\u00c2\u00b7t\u00e1\u00c2\u00b7no) significan \u2020\u0153errar\u2020\u009d en el sentido de marrar o no alcanzar una meta, camino, objetivo o blanco exacto. En Jueces 20:16 se utiliza ja\u00c2\u00b7t\u00e1\u00c2\u00b4 en una frase negativa para referirse a los benjamitas como \u2020\u02dcpersonas que pod\u00ed\u00adan tirar piedras con honda a un cabello y no erraban\u2020\u2122. Los escritores griegos sol\u00ed\u00adan utilizar ha\u00c2\u00b7mar\u00c2\u00b7t\u00e1\u00c2\u00b7no con respecto al lancero que erraba su blanco. Ambas palabras se empleaban para referirse a errar, marrar o no alcanzar, no simplemente objetivos o metas materiales (Job 5:24), sino tambi\u00e9n morales o intelectuales. Proverbios 8:35, 36 dice que el que halla sabidur\u00ed\u00ada piadosa halla vida, pero \u2020\u02dcel que no alcanza (heb. ja\u00c2\u00b7t\u00e1\u00c2\u00b4) la sabidur\u00ed\u00ada le est\u00e1 haciendo violencia a su alma\u2020\u2122, pues la lleva a la muerte. En las Escrituras, tanto el t\u00e9rmino hebreo como el griego se refieren principalmente al acto de pecar que solo puede darse en las criaturas inteligentes de Dios, errar el objetivo con respecto a su Creador.<\/p>\n<p>El lugar del hombre en el prop\u00f3sito de Dios. El hombre fue creado \u2020\u0153a la imagen de Dios\u2020\u009d (G\u00e9 1:26, 27), existe, como todo lo creado, por voluntad divina. (Rev 4:11.) El que Dios le diera trabajo mostr\u00f3 que el hombre estar\u00ed\u00ada al servicio del prop\u00f3sito de Dios sobre la Tierra. (G\u00e9 1:28; 2:8, 15.) Seg\u00fan palabras del ap\u00f3stol Pablo, el hombre fue creado a \u2020\u0153la imagen y gloria de Dios\u2020\u009d (1Co 11:7), por lo que deber\u00ed\u00ada reflejar Sus cualidades y comportarse de modo que fuese un reflejo de Su gloria. Como hijo terrestre de Dios, el hombre deber\u00ed\u00ada ser la imagen de su Padre celestial. Obrar de otro modo negar\u00ed\u00ada su paternidad divina y equivaldr\u00ed\u00ada a repudiarla. (Comp\u00e1rese con Mal 1:6.)<br \/>\nJes\u00fas mostr\u00f3 esto cuando anim\u00f3 a sus disc\u00ed\u00adpulos a manifestar bondad y amor de un modo superior a lo que ya hac\u00ed\u00adan personas \u2020\u02dcpecadoras\u2020\u2122, conocidas por su conducta pecaminosa. Les explic\u00f3 que solo siguiendo el ejemplo de Dios de amor y misericordia demostrar\u00ed\u00adan ser \u2020\u0153hijos de su Padre que est\u00e1 en los cielos\u2020\u009d. (Mt 5:43-48; Lu 6:32-36.) Pablo relacion\u00f3 la pecaminosidad humana con la gloria de Dios, al decir: \u2020\u0153Porque todos han pecado y no alcanzan a la gloria de Dios\u2020\u009d. (Ro 3:23; comp\u00e1rese con Ro 1:21-23; Os 4:7.) En 2 Corintios 3:16-18 y 4:1-6, el ap\u00f3stol explica que aquellos que abandonan el pecado y se vuelven a Jehov\u00e1 \u2020\u0153con rostros descubiertos [reflejan] como espejos la gloria de Jehov\u00e1, [y son] transformados en la misma imagen de gloria en gloria\u2020\u009d, debido a que \u2020\u02dcla iluminaci\u00f3n de las gloriosas buenas nuevas acerca de Cristo, que es la imagen de Dios, pasa a ellos\u2020\u2122. (Comp\u00e1rese tambi\u00e9n con 1Co 10:31.) Cuando el ap\u00f3stol Pedro expuso cu\u00e1l era la voluntad de Dios para Sus siervos humanos, cit\u00f3 de las Escrituras Hebreas y dijo: \u2020\u0153De acuerdo con el Santo que los llam\u00f3, h\u00e1ganse ustedes mismos santos tambi\u00e9n en toda su conducta, porque est\u00e1 escrito: \u2020\u02dcTienen que ser santos, porque yo soy santo\u2020\u2122\u2020\u009d. (1Pe 1:15, 16; Le 19:2; Dt 18:13.)<br \/>\nPor consiguiente, puede decirse que el pecado empa\u00f1a en el hombre el reflejo de la semejanza y gloria de Dios, profana al hombre, lo convierte en persona inmunda, impura, lo empobrece en sentido espiritual y moral. (Comp\u00e1rese con Isa 6:5-7; Sl 51:1, 2; Eze 37:23; v\u00e9ase SANTIDAD.)<br \/>\nTodos estos pasajes destacan que el prop\u00f3sito original de Dios para el hombre era que viviera en armon\u00ed\u00ada con Su personalidad y fuese como su Creador, tal como un padre humano que ama a su hijo desea que le imite, tenga su misma comprensi\u00f3n de la vida, normas de conducta y calidad humana. (Comp\u00e1rese con Pr 3:11, 12; 23:15, 16, 26; Ef 5:1; Heb 12:4-6, 9-11.) Siendo esta la voluntad de Dios, es imperativo que el hombre le obedezca y se sujete a Su voluntad, bien sea que est\u00e9 expl\u00ed\u00adcita en un mandamiento concreto o no. El pecado es, por lo tanto, un fracaso moral, presupone haber errado el blanco en todos estos aspectos considerados.<\/p>\n<p>El principio del pecado. El pecado se produjo primero en la regi\u00f3n de los esp\u00ed\u00adritus antes de introducirse en la Tierra. Desde tiempos inmemoriales hab\u00ed\u00ada prevalecido en el universo una completa armon\u00ed\u00ada con Dios. Pero esa armon\u00ed\u00ada fue interrumpida por una criatura celestial a la que se llama simplemente Resistidor, Adversario (heb. Sa\u00c2\u00b7t\u00e1n; gr. Sa\u00c2\u00b7ta\u00c2\u00b7n\u00e1s; Job 1:6; Ro 16:20), el principal Acusador Falso o Calumniador (gr. Di\u00c2\u00b7\u00e1\u00c2\u00b7bo\u00c2\u00b7los) de Dios. (Heb 2:14; Rev 12:9.) Por consiguiente, el ap\u00f3stol Juan dice: \u2020\u0153El que se ocupa en el pecado se origina del Diablo, porque el Diablo ha estado pecando desde el principio\u2020\u009d. (1Jn 3:8.)<br \/>\nCon la expresi\u00f3n \u2020\u0153desde el principio\u2020\u009d, Juan claramente se refiere al principio de la persistente oposici\u00f3n de Satan\u00e1s, igual que en 1 Juan 2:7; 3:11 se utiliza \u2020\u0153principio\u2020\u009d para referirse al comienzo del discipulado de los cristianos. Las palabras de Juan muestran que Satan\u00e1s continu\u00f3 su proceder pecaminoso despu\u00e9s de haber dado principio al pecado. Por consiguiente, todo el que \u2020\u0153hace del pecado su ocupaci\u00f3n o pr\u00e1ctica\u2020\u009d demuestra que es \u2020\u02dchijo\u2020\u2122 del Adversario, descendiente espiritual que refleja las cualidades de su \u2020\u0153padre\u2020\u009d. (The Expositor\u2020\u2122s Greek Testament, edici\u00f3n de W. R. Nicoll, 1967, vol. 5, p\u00e1g. 185; Jn 8:44; 1Jn 3:10-12.)<br \/>\nComo alimentar un deseo impropio hasta que se hace f\u00e9rtil es una acci\u00f3n que precede al momento en que se \u2020\u0153da a luz el pecado\u2020\u009d (Snt 1:14, 15), antes de que el pecado se manifestara en la criatura celestial que se volvi\u00f3 opositora, esta ya hab\u00ed\u00ada empezado a desviarse de la justicia y a distanciarse de Dios.<\/p>\n<p>La sublevaci\u00f3n en Ed\u00e9n. La voluntad de Dios dada a conocer a Ad\u00e1n y a su esposa era ante todo positiva, pues enumeraba cosas que ten\u00ed\u00adan que hacer. (G\u00e9 1:26-29; 2:15.) Ad\u00e1n recibi\u00f3 un solo mandato prohibitorio: no comer (ni siquiera tocar) del \u00e1rbol del conocimiento de lo bueno y lo malo. (G\u00e9 2:16, 17; 3:2, 3.) La prueba de obediencia y devoci\u00f3n que Dios le puso al hombre se destaca por el respeto que mostr\u00f3 a su dignidad. Con ella Dios no le atribuy\u00f3 a Ad\u00e1n nada malo; no utiliz\u00f3 como prueba la prohibici\u00f3n de cometer, por ejemplo, bestialidad, asesinato ni ninguna otra acci\u00f3n vil o degradada similar. Dios sab\u00ed\u00ada que Ad\u00e1n no ten\u00ed\u00ada inclinaciones depravadas. El comer era normal, apropiado, y a Ad\u00e1n se le hab\u00ed\u00ada dicho que \u2020\u0153[comiese] hasta quedar satisfecho\u2020\u009d de lo que Dios le hab\u00ed\u00ada dado. (G\u00e9 2:16.) De modo que Dios prob\u00f3 a Ad\u00e1n al prohibirle comer del fruto de este \u00e1rbol en concreto, y as\u00ed\u00ad convirti\u00f3 su ingesti\u00f3n en un s\u00ed\u00admbolo del conocimiento que permit\u00ed\u00ada decidir por uno mismo lo que era \u2020\u0153bueno\u2020\u009d y lo que era \u2020\u0153malo\u2020\u009d para el hombre. Por consiguiente, Dios no le impuso ninguna penalidad a Ad\u00e1n ni le atribuy\u00f3 nada que desmereciera su dignidad como hijo humano de Dios.<br \/>\nLa mujer fue el primer ser humano que pec\u00f3. La tentaci\u00f3n a la que la someti\u00f3 el adversario de Dios, quien utiliz\u00f3 a una serpiente como medio de comunicaci\u00f3n (v\u00e9ase PERFECCI\u00ed\u201cN [El primer pecador y el rey de Tiro]), no consisti\u00f3 en un llamamiento abierto a la inmoralidad de naturaleza sensual. M\u00e1s bien, hac\u00ed\u00ada gala de ser un llamamiento al deseo de una supuesta elevaci\u00f3n intelectual y libertad. En primer lugar el tentador hizo que Eva repitiese la ley de Dios, que debi\u00f3 haberle transmitido su esposo, y despu\u00e9s atac\u00f3 la veracidad y la bondad de Dios. Asever\u00f3 que el comer el fruto del \u00e1rbol prohibido no resultar\u00ed\u00ada en muerte, sino en iluminaci\u00f3n y aptitud como la de Dios para determinar por uno mismo lo que era bueno o malo. Esa declaraci\u00f3n revela que en aquel tiempo el coraz\u00f3n del tentador estaba completamente alejado de su Creador, pues sus palabras constituyeron una clara contradicci\u00f3n de lo que Dios hab\u00ed\u00ada dicho y una calumnia disimulada contra El. No acus\u00f3 a Dios de haberse equivocado inconscientemente, sino de tergiversar deliberadamente las cosas, al decir: \u2020\u0153Porque Dios sabe [&#8230;]\u2020\u009d. Cuando se analizan los m\u00e9todos rebajados que utiliz\u00f3 este esp\u00ed\u00adritu para lograr sus fines, convirti\u00e9ndose en un mentiroso y enga\u00f1ador, en un asesino impulsado por su ambici\u00f3n, puede verse la gravedad del pecado y la naturaleza detestable de su desamor, pues obviamente conoc\u00ed\u00ada las fatales consecuencias de lo que le estaba proponiendo a Eva. (G\u00e9 3:1-5; Jn 8:44.)<br \/>\nComo muestra el relato, el deseo impropio empez\u00f3 a obrar en la mujer. En lugar de reaccionar con completa repugnancia y justa indignaci\u00f3n por ponerse en duda la justicia de la ley de Dios, lleg\u00f3 a mirar al \u00e1rbol como algo deseable. Codici\u00f3 lo que correctamente le pertenec\u00ed\u00ada a Jehov\u00e1 Dios como su Soberano: su aptitud y prerrogativa de determinar lo que es bueno y lo que es malo para sus criaturas. De este modo, empezaba a conformarse a los caminos, las normas y la voluntad del opositor, que contradec\u00ed\u00ada abiertamente a su Creador y a su cabeza nombrado por Dios, su esposo. (1Co 11:3.) Confiada en las palabras del tentador, se dej\u00f3 seducir, comi\u00f3 del fruto y as\u00ed\u00ad puso de manifiesto el pecado que hab\u00ed\u00ada nacido en su coraz\u00f3n y en su mente. (G\u00e9 3:6; 2Co 11:3; comp\u00e1rese con Snt 1:14, 15; Mt 5:27, 28.)<br \/>\nM\u00e1s tarde, cuando Eva le ofreci\u00f3 el fruto a Ad\u00e1n, este tom\u00f3 de \u00e9l. El ap\u00f3stol muestra que el pecado del hombre difiri\u00f3 del de su esposa en el sentido de que Ad\u00e1n no fue enga\u00f1ado por la propaganda del tentador, y por consiguiente no hizo ning\u00fan caso de la alegaci\u00f3n de que pod\u00ed\u00ada comerse del \u00e1rbol con impunidad. (1Ti 2:14.) Por lo tanto, el que Ad\u00e1n comiera tuvo que deberse a su deseo por su esposa, de modo que \u2020\u02dcescuch\u00f3 la voz de ella\u2020\u2122 m\u00e1s bien que la de su Dios. (G\u00e9 3:6, 17.) Se conform\u00f3 a los caminos y a la voluntad de ella, y por medio de ella, a los del adversario de Dios. Por lo tanto, \u2020\u02dcerr\u00f3 el blanco\u2020\u2122, no actu\u00f3 a la imagen y semejanza de Dios, no reflej\u00f3 la gloria de Dios, y de hecho, insult\u00f3 a su Padre celestial.<\/p>\n<p>Los efectos del pecado. El pecado hizo que el hombre ya no estuviera en armon\u00ed\u00ada con su Creador. No solo da\u00f1\u00f3 sus relaciones con Dios, sino tambi\u00e9n sus relaciones con el resto de la creaci\u00f3n de Dios, e incluso se da\u00f1\u00f3 a s\u00ed\u00ad mismo, a su mente, coraz\u00f3n y cuerpo. Las consecuencias fueron funestas para la raza humana.<br \/>\nLa conducta de la pareja humana revel\u00f3 inmediatamente esta falta de armon\u00ed\u00ada. El que cubrieran ciertas partes de su cuerpo, que Dios hab\u00ed\u00ada hecho, y el que despu\u00e9s intentaran esconderse de El, eran indicios claros del alejamiento que se hab\u00ed\u00ada producido en su mente y coraz\u00f3n. (G\u00e9 3:7, 8.) De manera que el pecado introdujo en ellos sentimientos de culpabilidad, ansiedad, inseguridad y verg\u00fcenza. Este hecho ilustra la idea que el ap\u00f3stol destac\u00f3 en Romanos 2:15, donde dijo que la ley de Dios est\u00e1 \u2020\u02dcescrita en el coraz\u00f3n del hombre\u2020\u2122, de modo que su violaci\u00f3n trastocar\u00ed\u00ada el interior del hombre y su conciencia le acusar\u00ed\u00ada de haber actuado mal. Por decirlo as\u00ed\u00ad, el hombre ten\u00ed\u00ada incorporado un detector de mentiras que hac\u00ed\u00ada imposible que escondiese su condici\u00f3n pecaminosa ante su Creador. En respuesta a la excusa que el hombre le ofreci\u00f3 para explicar su cambio de actitud hacia su Padre celestial, Dios le pregunt\u00f3: \u2020\u0153\u00bfDel \u00e1rbol del que te mand\u00e9 que no comieras has comido?\u2020\u009d. (G\u00e9 3:9-11.)<br \/>\nPara ser consecuente consigo mismo, as\u00ed\u00ad como para el bien del resto de su familia universal, Jehov\u00e1 Dios no pod\u00ed\u00ada aprobar tal proceder pecaminoso ni por parte de sus criaturas humanas ni por parte del hijo celestial que se hab\u00ed\u00ada rebelado. Manteniendo su santidad, Dios les impuso a todos ellos con toda justicia la sentencia de muerte. Luego se expuls\u00f3 a la pareja humana del jard\u00ed\u00adn de Dios en Ed\u00e9n, y por lo tanto se le cort\u00f3 el acceso a otro \u00e1rbol que Dios hab\u00ed\u00ada designado como el \u2020\u0153\u00e1rbol de la vida\u2020\u009d. (G\u00e9 3:14-24.)<\/p>\n<p>Las consecuencias para toda la humanidad. Romanos 5:12 dice que \u2020\u0153por medio de un solo hombre el pecado entr\u00f3 en el mundo, y la muerte mediante el pecado, y as\u00ed\u00ad la muerte se extendi\u00f3 a todos los hombres porque todos hab\u00ed\u00adan pecado\u2020\u009d. (Comp\u00e1rese con 1Jn 1:8-10.) Hay quienes han dicho que estas palabras significan que toda la prole futura de Ad\u00e1n participa del pecado original, porque Ad\u00e1n, como cabeza de la familia humana, actu\u00f3 como su representante e hizo part\u00ed\u00adcipes de su pecado a todos los seres humanos. Sin embargo, lo que el ap\u00f3stol dice es que la muerte se \u2020\u0153extendi\u00f3\u2020\u009d a todos los hombres, lo que indica que el pecado de Ad\u00e1n tuvo en la humanidad un efecto progresivo, no simult\u00e1neo.<br \/>\nEl ap\u00f3stol contin\u00faa diciendo que la muerte hab\u00ed\u00ada gobernado como rey \u2020\u0153desde Ad\u00e1n hasta Mois\u00e9s, aun sobre los que no hab\u00ed\u00adan pecado a la semejanza de la transgresi\u00f3n de Ad\u00e1n\u2020\u009d. (Ro 5:14.) Al pecado de Ad\u00e1n se le llama correctamente una \u2020\u0153transgresi\u00f3n\u2020\u009d, ya que se traspas\u00f3 una ley declarada, un mandamiento expreso que Dios le hab\u00ed\u00ada dado. Adem\u00e1s, cuando Ad\u00e1n pec\u00f3, lo hizo por decisi\u00f3n propia, en calidad de ser humano perfecto, que no padec\u00ed\u00ada incapacidad alguna, una condici\u00f3n de la que su prole obviamente nunca ha disfrutado. Por lo tanto, estos factores no parecen encajar con el punto de vista de que \u2020\u02dccuando Ad\u00e1n pec\u00f3, todos sus futuros descendientes pecaron con \u00e9l\u2020\u2122. Para que a todos los descendientes de Ad\u00e1n se les considerara responsables de participar en el pecado personal de Ad\u00e1n, se requerir\u00ed\u00ada que hubieran expresado el deseo de tenerlo como su cabeza de familia. Sin embargo ninguno de ellos decidi\u00f3 nacer de \u00e9l; el que las personas nazcan en el linaje de Ad\u00e1n es el resultado de la voluntad de sus padres. (Jn 1:13.)<br \/>\nPor consiguiente, todos los indicios muestran que el pecado pas\u00f3 de Ad\u00e1n a las generaciones sucesivas debido a la reconocida ley de la herencia. Seguramente, esta ser\u00ed\u00ada la idea del salmista cuando dijo: \u2020\u0153Con error fui dado a luz con dolores de parto, y en pecado me concibi\u00f3 mi madre\u2020\u009d. (Sl 51:5.) Luego entr\u00f3 el pecado, con todas sus penosas consecuencias, y se extendi\u00f3 a toda la humanidad, no porque Ad\u00e1n fuese el cabeza de la familia humana, sino porque \u00e9l, no Eva, fue el progenitor de la vida humana. Su prole heredar\u00ed\u00ada inevitablemente de \u00e9l y de Eva tanto las caracter\u00ed\u00adsticas f\u00ed\u00adsicas como todas las manifestaciones de la personalidad, incluso la inclinaci\u00f3n al pecado. (Comp\u00e1rese con 1Co 15:22, 48, 49.)<br \/>\nLas palabras de Pablo tambi\u00e9n se\u00f1alan a esta conclusi\u00f3n cuando dice que \u2020\u0153as\u00ed\u00ad como mediante la desobediencia del solo hombre [Ad\u00e1n] muchos fueron constituidos pecadores, as\u00ed\u00ad mismo, tambi\u00e9n, mediante la obediencia de la sola persona [Cristo Jes\u00fas] muchos ser\u00e1n constituidos justos\u2020\u009d. (Ro 5:19.) Todos los que fuesen \u2020\u0153constituidos justos\u2020\u009d por la obediencia de Cristo no ser\u00ed\u00adan constituidos justos en el mism\u00ed\u00adsimo momento en que Cristo presentara su sacrificio de rescate a Dios, sino que llegar\u00ed\u00adan a estar bajo los beneficios de ese sacrificio progresivamente, al ejercer fe en esa provisi\u00f3n y llegar a reconciliarse con Dios. (Jn 3:36; Hch 3:19.) Del mismo modo, todas las generaciones de descendientes de Ad\u00e1n han sido constituidas pecadoras al ser concebidas en el linaje de Ad\u00e1n por sus padres, pecadores innatos.<\/p>\n<p>El poder y el salario del pecado. \u2020\u0153El salario que el pecado paga es muerte\u2020\u009d (Ro 6:23), y por haber nacido en el linaje de Ad\u00e1n, todos los hombres han llegado a estar bajo la \u2020\u0153ley del pecado y de la muerte\u2020\u009d. (Ro 8:2; 1Co 15:21, 22.) El pecado y la muerte \u2020\u02dchan reinado\u2020\u2122 sobre la humanidad y la han subyugado, someti\u00e9ndola a la esclavitud a la que Ad\u00e1n la vendi\u00f3. (Ro 5:17, 21; 6:6, 17; 7:14; Jn 8:34.) Estas declaraciones muestran que al pecado no solo se le considera la comisi\u00f3n u omisi\u00f3n de ciertas acciones, sino tambi\u00e9n una ley, principio gobernante o fuerza que act\u00faa en los humanos, a saber, la inclinaci\u00f3n innata a cometer el mal que han heredado de Ad\u00e1n. De modo que su herencia ad\u00e1mica ha producido \u2020\u02dcdebilidad de la carne\u2020\u2122, imperfecci\u00f3n. (Ro 6:19.) La \u2020\u0153ley\u2020\u009d del pecado obra continuamente en sus miembros, intentando controlar su proceder, hacerlos sus s\u00fabditos, a fin de que no est\u00e9n en armon\u00ed\u00ada con Dios. (Ro 7:15, 17, 18, 20-23; Ef 2:1-3.)<br \/>\nEl \u2020\u0153rey\u2020\u009d pecado puede dictar sus \u2020\u02dc\u00f3rdenes\u2020\u2122 de maneras muy diversas a personas de distintos antecedentes y en momentos diferentes. De ah\u00ed\u00ad que cuando Dios observ\u00f3 que Ca\u00ed\u00adn se enardeci\u00f3 de c\u00f3lera, le advirtiese que depusiese su ira y procurase el bien, pues, como Jehov\u00e1 le dijo, \u2020\u0153hay pecado agazapado a la entrada, y su deseo vehemente es por ti; y t\u00fa, por tu parte, \u00bflograr\u00e1s el dominio sobre \u00e9l?\u2020\u009d. Sin embargo, Ca\u00ed\u00adn permiti\u00f3 que el pecado de la envidia lo dominara e hiciese de \u00e9l un asesino. (G\u00e9 4:3-8; comp\u00e1rese con 1Sa 15:23.)<\/p>\n<p>La enfermedad, el dolor y el envejecimiento. Como la muerte de los hombres suele deberse a la enfermedad o al envejecimiento, se desprende que estos \u00faltimos son concomitantes del pecado. Bajo el pacto de la ley mosaica, las leyes que regulaban los sacrificios por el pecado inclu\u00ed\u00adan la expiaci\u00f3n para los que hab\u00ed\u00adan sufrido la plaga de la lepra. (Le 14:2, 19.) Los que tocaban un cad\u00e1ver humano o entraban en la tienda donde hubiera muerto una persona se hac\u00ed\u00adan inmundos y ten\u00ed\u00adan que someterse a purificaci\u00f3n ceremonial. (N\u00fa 19:11-19; comp\u00e1rese con N\u00fa 31:19, 20.) Jes\u00fas tambi\u00e9n asoci\u00f3 la enfermedad con el pecado (Mt 9:2-7; Jn 5:5-15), aunque mostr\u00f3 que ciertas enfermedades espec\u00ed\u00adficas no son necesariamente el resultado de pecados espec\u00ed\u00adficos. (Jn 9:2, 3.) Otros textos muestran los efectos beneficiosos de la justicia (un proceder opuesto al del pecado) en la salud f\u00ed\u00adsica. (Pr 3:7, 8; 4:20-22; 14:30.) Durante el reinado de Cristo, se eliminar\u00e1n la muerte \u2014que reina con el pecado (Ro 5:21)\u2014 y el dolor. (1Co 15:25, 26; Rev 21:4.)<\/p>\n<p>El pecado y la Ley. El ap\u00f3stol Juan escribe que \u2020\u0153todo el que practica pecado tambi\u00e9n est\u00e1 practicando desafuero, de modo que el pecado es desafuero\u2020\u009d (1Jn 3:4); tambi\u00e9n dice que \u2020\u0153toda injusticia es pecado\u2020\u009d. (1Jn 5:17.) El ap\u00f3stol Pablo, por otro lado, habla de \u2020\u0153todos los que hayan pecado sin ley\u2020\u009d. M\u00e1s adelante explica que \u2020\u0153hasta la Ley [dada por medio de Mois\u00e9s] hab\u00ed\u00ada pecado en el mundo, pero a nadie se imputa pecado cuando no hay ley. No obstante, la muerte rein\u00f3 desde Ad\u00e1n hasta Mois\u00e9s, aun sobre los que no hab\u00ed\u00adan pecado a la semejanza de la transgresi\u00f3n de Ad\u00e1n\u2020\u009d. (Ro 2:12; 5:13, 14.) Las palabras de Pablo se deben entender seg\u00fan el contexto; sus primeras declaraciones en esta carta a los Romanos muestran que comparaba a los que estaban bajo el pacto de la Ley con aquellos que no lo estaban y que por tanto no estaban bajo su c\u00f3digo de leyes, y demostraba que ambos grupos de personas eran pecadores. (Ro 3:9.)<br \/>\nDurante los m\u00e1s de dos mil quinientos a\u00f1os que transcurrieron entre la desviaci\u00f3n de Ad\u00e1n y la inauguraci\u00f3n del pacto de la Ley, en 1513 a. E.C., Dios no dio a la humanidad ning\u00fan c\u00f3digo extenso de leyes ni ninguna ley sistem\u00e1tica que definiera espec\u00ed\u00adficamente el pecado en todas sus ramificaciones y formas. Es verdad que hab\u00ed\u00ada emitido ciertos decretos, como los que le dio a No\u00e9 despu\u00e9s del diluvio universal (G\u00e9 9:1-7) y el pacto de la circuncisi\u00f3n celebrado con Abrah\u00e1n y su casa, que inclu\u00ed\u00ada a sus esclavos extranjeros. (G\u00e9 17:9-14.) Pero con respecto a Israel, el salmista pudo escribir que Dios \u2020\u0153est\u00e1 anunciando su palabra a Jacob, sus disposiciones reglamentarias y sus decisiones judiciales a Israel. No ha hecho as\u00ed\u00ad a ninguna otra naci\u00f3n; y en cuanto a sus decisiones judiciales, no las han conocido\u2020\u009d. (Sl 147:19, 20; comp\u00e1rese con Ex 19:5, 6; Dt 4:8; 7:6, 11.) En cuanto al pacto de la Ley dada a Israel se pod\u00ed\u00ada afirmar: \u2020\u0153El hombre que ha cumplido la justicia de la Ley vivir\u00e1 por ella\u2020\u009d, pues la adherencia perfecta a esta Ley y la conformidad con ella solo pod\u00ed\u00ada lograrla un hombre sin pecado, como fue el caso de Cristo Jes\u00fas. (Ro 10:5; Mt 5:17; Jn 8:46; Heb 4:15; 7:26; 1Pe 2:22.) No sucedi\u00f3 as\u00ed\u00ad con ninguna otra ley dada entre Ad\u00e1n y el pacto de la Ley.<\/p>\n<p>\u2020\u0153Hacen por naturaleza las cosas de la ley.\u2020\u009d Esto no signific\u00f3 que los hombres que vivieron durante el per\u00ed\u00adodo entre Ad\u00e1n y Mois\u00e9s estaban libres de pecado debido a que no hab\u00ed\u00ada ning\u00fan c\u00f3digo extenso de leyes con el que medir su conducta. Pablo escribe en Romanos 2:14, 15: \u2020\u0153Porque siempre que los de las naciones que no tienen ley hacen por naturaleza las cosas de la ley, estos, aunque no tienen ley, son una ley para s\u00ed\u00ad mismos. Son los mism\u00ed\u00adsimos que demuestran que la sustancia de la ley est\u00e1 escrita en sus corazones, mientras su conciencia da testimonio con ellos y, entre sus propios pensamientos, est\u00e1n siendo acusados o hasta excusados\u2020\u009d. Como originalmente al hombre se le hizo a la imagen y semejanza de Dios, tiene una naturaleza moral que resulta en la facultad de la conciencia. Como Pablo indica, hasta los hombres pecadores, imperfectos, tienen un grado de conciencia. (V\u00e9ase CONCIENCIA.) Puesto que una ley es b\u00e1sicamente una \u2020\u02dcregla de conducta\u2020\u2122, esta naturaleza moral act\u00faa en sus corazones como si se tratara de una ley. Sin embargo, por encima de dicha ley de naturaleza moral, hay otra ley heredada, la \u2020\u0153ley del pecado\u2020\u009d, que guerrea contra las tendencias justas y esclaviza a los que no oponen resistencia a su dominaci\u00f3n. (Ro 6:12; 7:22, 23.)<br \/>\nEsta naturaleza moral y su consiguiente facultad de la conciencia pueden observarse hasta en el caso de Ca\u00ed\u00adn. Aunque Dios no le hab\u00ed\u00ada dado ninguna ley sobre el homicidio, la conciencia de Ca\u00ed\u00adn le conden\u00f3 despu\u00e9s de haber asesinado a Abel, como lo demuestra la respuesta evasiva que dio a la pregunta de Dios. (G\u00e9 4:8, 9.) Jos\u00e9, el hebreo, mostr\u00f3 que ten\u00ed\u00ada la \u2020\u02dcley de Dios en su coraz\u00f3n\u2020\u2122 cuando respondi\u00f3 a la solicitud seductora de la esposa de Potifar: \u2020\u0153\u00bfC\u00f3mo podr\u00ed\u00ada yo cometer esta gran maldad y realmente pecar contra Dios?\u2020\u009d. Aunque Dios no hab\u00ed\u00ada condenado espec\u00ed\u00adficamente el adulterio, Jos\u00e9 reconoci\u00f3 que estaba mal, que violaba la voluntad de Dios para los humanos expresada en Ed\u00e9n. (G\u00e9 39:7-9; comp\u00e1rese con G\u00e9 2:24.)<br \/>\nPor eso, durante el per\u00ed\u00adodo patriarcal, desde Abrah\u00e1n hasta el tiempo de los doce hijos de Jacob, las Escrituras muestran que hombres de muchas razas y naciones hablaron de \u2020\u0153pecado\u2020\u009d (jat\u00c2\u00b7t\u00e1\u00c2\u00b4th), como, por ejemplo: pecados contra la persona para la que se trabaja (G\u00e9 31:36), contra el gobernante de quien se es s\u00fabdito (G\u00e9 40:1; 41:9), contra un pariente (G\u00e9 42:22; 43:9; 50:17) o simplemente contra un compa\u00f1ero (G\u00e9 20:9). En cualquier caso, el que usaba el t\u00e9rmino \u2020\u0153pecado\u2020\u009d reconoc\u00ed\u00ada cierta relaci\u00f3n con la persona contra que la que se comet\u00ed\u00ada o pudiera cometerse el pecado, as\u00ed\u00ad como una responsabilidad concomitante de respetar y no ir en contra de los intereses de esa persona (o su voluntad y autoridad, si era el caso de un gobernante). Esto mostraba que ten\u00ed\u00adan una naturaleza moral. No obstante, con el transcurso del tiempo, el dominio del pecado sobre los que no serv\u00ed\u00adan a Dios se hizo mayor, por lo que Pablo pudo decir que las personas de las naciones \u2020\u02dcse hallan mentalmente en oscuridad, y alejadas de la vida que pertenece a Dios, m\u00e1s all\u00e1 de todo sentido moral\u2020\u2122. (Ef 4:17-19.)<\/p>\n<p>C\u00f3mo hizo la Ley que \u2020\u0153abundase\u2020\u009d el pecado. Aunque la medida de conciencia que el hombre ten\u00ed\u00ada le dio cierto sentido natural para distinguir lo correcto de lo incorrecto, Dios identific\u00f3 espec\u00ed\u00adficamente el pecado en sus m\u00faltiples aspectos al hacer el pacto de la Ley con Israel. La boca de cualquier descendiente de Abrah\u00e1n, Isaac y Jacob \u2014amigos de Dios\u2014 que alegara inocencia de pecado \u2020\u02dcser\u00ed\u00ada cerrada y todo el mundo quedar\u00ed\u00ada expuesto a castigo ante Dios\u2020\u2122. La raz\u00f3n era que la carne imperfecta que heredaron de Ad\u00e1n hac\u00ed\u00ada imposible que fuesen declarados justos ante Dios por obras de ley, \u2020\u0153porque por ley es el conocimiento exacto del pecado\u2020\u009d. (Ro 3:19, 20; G\u00e1l 2:16.) La Ley explic\u00f3 claramente cu\u00e1l era el alcance del pecado, de manera que en realidad hizo que la transgresi\u00f3n y el pecado \u2020\u02dcabundaran\u2020\u2122, en el sentido de que para entonces hab\u00ed\u00ada muchas acciones y hasta actitudes identificadas como pecaminosas. (Ro 5:20; 7:7, 8; G\u00e1l 3:19; comp\u00e1rese con Sl 40:12.) Sus sacrificios sirvieron continuamente para recordar la condici\u00f3n pecadora de los que estaban bajo la Ley. (Heb 10:1-4, 11.) De esta manera, la Ley actu\u00f3 como un tutor para conducirlos al Cristo, con el fin de que pudieran ser declarados \u2020\u0153justos debido a fe\u2020\u009d. (G\u00e1l 3:22-25.)<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo pudo el mandamiento de Dios a Israel \u2020\u02dcincentivar el pecado\u2020\u2122?<br \/>\nCuando Pablo explica que la ley mosaica no es el medio de alcanzar una condici\u00f3n justa a la vista de Dios, dice: \u2020\u0153Cuando est\u00e1bamos en conformidad con la carne, las pasiones pecaminosas que eran excitadas por la Ley obraban en nuestros miembros para que produj\u00e9ramos fruto para muerte. [&#8230;] Entonces, \u00bfqu\u00e9 diremos? \u00bfEs pecado la Ley? \u00c2\u00a1Jam\u00e1s llegue a ser eso as\u00ed\u00ad! Realmente, yo no habr\u00ed\u00ada llegado a conocer el pecado si no hubiera sido por la Ley; y, por ejemplo, no habr\u00ed\u00ada conocido la codicia si la Ley no hubiera dicho: \u2020\u02dcNo debes codiciar\u2020\u2122. Pero el pecado, recibiendo un incentivo por medio del mandamiento, obr\u00f3 en m\u00ed\u00ad toda clase de codicia, porque aparte de ley el pecado estaba muerto\u2020\u009d. (Ro 7:5-8.)<br \/>\nDe no haber existido la Ley, Pablo no hubiese conocido o discernido el amplio espectro del pecado, por ejemplo, el pecado de la codicia. Como \u00e9l mismo dijo, la Ley \u2020\u02dcexcit\u00f3\u2020\u2122 la pasi\u00f3n pecaminosa, y el mandamiento que condenaba la codicia \u2020\u02dcincentiv\u00f3\u2020\u2122 el pecado. Estas observaciones de Pablo deben entenderse a la luz de su propio comentario: \u2020\u0153Aparte de ley el pecado estaba muerto\u2020\u009d. En tanto el pecado no se hubiese tipificado expl\u00ed\u00adcitamente, no se pod\u00ed\u00ada acusar a nadie de pecado si la imputaci\u00f3n carec\u00ed\u00ada de definici\u00f3n legal. Antes de la existencia de la Ley, tanto Pablo como otras personas de su raza viv\u00ed\u00adan libres de acusaci\u00f3n por pecados a\u00fan no tipificados. Sin embargo, con la llegada de la Ley se les constituy\u00f3 en pecadores condenados a muerte. La Ley les hizo m\u00e1s conscientes a\u00fan de su condici\u00f3n pecadora, lo que no quiere decir que los indujo al pecado, sino que hizo muy manifiesto el hecho de que eran pecadores. En este sentido la Ley incentiv\u00f3 y produjo en Pablo y los de su raza el pecado. La Ley proporcion\u00f3 la base legal para imputar pecado a un mayor n\u00famero de personas y por muchas m\u00e1s causas.<br \/>\nEn consecuencia, la respuesta a la pregunta \u2020\u0153\u00bfEs pecado la Ley?\u2020\u009d, es un tajante \u2020\u02dcNo\u2020\u2122. (Ro 7:7.) La Ley cumpli\u00f3 con el prop\u00f3sito para el que Dios la origin\u00f3, de modo que no \u2020\u02dcerr\u00f3 el blanco\u2020\u2122, sino que dio justamente en la diana, y no solo por ser conveniente y provechosa como gu\u00ed\u00ada protectora para sus observantes, sino por haber determinado legalmente que toda persona, sin excluir a los israelitas, era pecadora y necesitaba redenci\u00f3n divina. Adem\u00e1s, encamin\u00f3 a los israelitas hacia Cristo como su \u00fanico Redentor.<\/p>\n<p>Errores, transgresiones, ofensas. Las Escrituras con frecuencia enlazan \u2020\u0153error\u2020\u009d (heb. `a\u00c2\u00b7w\u00f3n), \u2020\u0153transgresi\u00f3n\u2020\u009d (heb. p\u00e9\u00c2\u00b7scha`; gr. pa\u00c2\u00b7r\u00e1\u00c2\u00b7ba\u00c2\u00b7sis), \u2020\u0153ofensa\u2020\u009d (gr. pa\u00c2\u00b7r\u00e1\u00c2\u00b7pto\u00c2\u00b7ma) y otros t\u00e9rminos semejantes, con \u2020\u0153pecado\u2020\u009d (heb. jat\u00c2\u00b7t\u00e1\u00c2\u00b4th; gr. ha\u00c2\u00b7mar\u00c2\u00b7t\u00ed\u00ad\u00c2\u00b7a). Todos estos t\u00e9rminos relacionados presentan aspectos espec\u00ed\u00adficos del pecado, las formas que adquiere.<\/p>\n<p>Errores, equivocaciones y tontedad. El sustantivo `a\u00c2\u00b7w\u00f3n est\u00e1 relacionado b\u00e1sicamente con el hecho de errar, actuar de manera torcida o incorrecta. Este t\u00e9rmino hebreo se refiere a un error o mal moral, una distorsi\u00f3n de lo que es correcto. (Job 10:6, 14, 15.) Los que no se someten a la voluntad de Dios obviamente no se gu\u00ed\u00adan por su sabidur\u00ed\u00ada y justicia perfectas, as\u00ed\u00ad que es inevitable que yerren. (Comp\u00e1rese con Isa 59:1-3; Jer 14:10; Flp 2:15.) Seguramente debido a que el pecado hace que el hombre se desequilibre y distorsione lo que es recto (Job 33:27; Hab 1:4), `a\u00c2\u00b7w\u00f3n es el t\u00e9rmino hebreo que con m\u00e1s frecuencia se enlaza o se usa en paralelo con jat\u00c2\u00b7t\u00e1\u00c2\u00b4th (pecado, la acci\u00f3n de errar el blanco). (Ex 34:9; Dt 19:15; Ne 4:5; Sl 32:5; 85:2; Isa 27:9.) Este desequilibrio produce confusi\u00f3n y falta de armon\u00ed\u00ada dentro del hombre y adem\u00e1s dificulta sus tratos con Dios y con el resto de Su creaci\u00f3n.<br \/>\nEl \u2020\u0153error\u2020\u009d (`a\u00c2\u00b7w\u00f3n) puede ser intencionado o no, puede ser una desviaci\u00f3n consciente de lo que es justo o un acto inconsciente, una \u2020\u0153equivocaci\u00f3n\u2020\u009d (schegha\u00c2\u00b7gh\u00e1h); pero sea como sea, la persona ha cometido un error y es culpable ante Dios. (Le 4:13-35; 5:1-6, 14-19; N\u00fa 15:22-29; Sl 19:12, 13.) Por supuesto, la importancia de un error intencionado es mucho mayor que la del que se comete por equivocaci\u00f3n. (N\u00fa 15:30, 31; comp\u00e1rese con Lam 4:6, 13, 22.) El error es contrario a la verdad, y los que pecan voluntariamente pervierten la verdad, un proceder que solo les conduce a un pecado a\u00fan m\u00e1s grave. (Comp\u00e1rese con Isa 5:18-23.) El ap\u00f3stol Pablo habla del \u2020\u0153poder enga\u00f1oso del pecado\u2020\u009d, el cual endurece el coraz\u00f3n humano. (Heb 3:13-15; comp\u00e1rese con Ex 9:27, 34, 35.) El mismo escritor, al citar de Jerem\u00ed\u00adas 31:34, (donde en el hebreo original se habla del \u2020\u0153error\u2020\u009d y el \u2020\u0153pecado\u2020\u009d de Israel), escribi\u00f3 ha\u00c2\u00b7mar\u00c2\u00b7t\u00ed\u00ad\u00c2\u00b7a (pecado) y a\u00c2\u00b7di\u00c2\u00b7k\u00ed\u00ad\u00c2\u00b7a (injusticia) en Hebreos 8:12, y ha\u00c2\u00b7mar\u00c2\u00b7t\u00ed\u00ad\u00c2\u00b7a y a\u00c2\u00b7no\u00c2\u00b7m\u00ed\u00ad\u00c2\u00b7a (desafuero) en Hebreos 10:17.<br \/>\nProverbios 24:9 dice que \u2020\u0153la conducta relajada de la tontedad es pecado\u2020\u009d, y los t\u00e9rminos hebreos que transmiten la idea de tontedad a menudo se utilizan en conexi\u00f3n con la acci\u00f3n de pecar, pues a veces el pecador arrepentido reconoce: \u2020\u0153He obrado tontamente\u2020\u009d. (1Sa 26:21; 2Sa 24:10, 17.) Si Dios no disciplina al pecador este se enreda en sus errores y tontamente se descarr\u00ed\u00ada. (Pr 5:22, 23; comp\u00e1rese con 19:3.)<\/p>\n<p>Transgredir equivale a \u2020\u0153traspasar\u2020\u009d. El pecado puede tomar la forma de una \u2020\u0153transgresi\u00f3n\u2020\u009d. La palabra griega pa\u00c2\u00b7r\u00e1\u00c2\u00b7ba\u00c2\u00b7sis (transgresi\u00f3n) tiene el significado b\u00e1sico de \u2020\u0153acci\u00f3n de traspasar\u2020\u009d, es decir, el hecho de sobrepasar o ir m\u00e1s all\u00e1 de ciertos l\u00ed\u00admites, en especial en lo tocante a quebrantar una ley. Mateo utiliza la forma verbal (pa\u00c2\u00b7ra\u00c2\u00b7b\u00e1i\u00c2\u00b7no) cuando registra la pregunta de los escribas y fariseos en cuanto a por qu\u00e9 los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas \u2020\u02dctraspasaron la tradici\u00f3n de los hombres de otros tiempos\u2020\u2122, as\u00ed\u00ad como la pregunta con la que Jes\u00fas respondi\u00f3 en cuanto a por qu\u00e9 estos opositores \u2020\u02dctraspasaban el mandamiento de Dios a causa de su tradici\u00f3n\u2020\u2122, y de ese modo invalidaban la palabra de Dios. (Mt 15:1-6.) Este verbo tambi\u00e9n puede significar \u2020\u0153descarriarse\u2020\u009d o \u2020\u0153desviarse\u2020\u009d, como cuando Judas \u2020\u0153se desvi\u00f3\u2020\u009d de su ministerio y apostolado. (Hch 1:25.) En algunos textos griegos se utiliza el mismo verbo al referirse a \u2020\u0153todo el que prevarica, y no persevera en la doctrina de Cristo\u2020\u009d. (2Jn 9, JT.)<br \/>\nEn las Escrituras Hebreas hay referencias similares al pecado de personas que \u2020\u02dctraspasaron\u2020\u2122, \u2020\u02dcpasaron por alto\u2020\u2122 o \u2020\u02dcpasaron m\u00e1s all\u00e1\u2020\u2122 (heb. `a\u00c2\u00b7v\u00e1r) del pacto o las \u00f3rdenes espec\u00ed\u00adficas de Dios. (N\u00fa 14:41; Dt 17:2, 3; Jos 7:11, 15; 1Sa 15:24; Isa 24:5; Jer 34:18.)<br \/>\nEl ap\u00f3stol Pablo muestra la estrecha relaci\u00f3n del t\u00e9rmino pa\u00c2\u00b7r\u00e1\u00c2\u00b7ba\u00c2\u00b7sis con la violaci\u00f3n de la ley al decir que \u2020\u0153donde no hay ley, tampoco hay transgresi\u00f3n\u2020\u009d. (Ro 4:15.) Por consiguiente, si no existe una ley que le acuse, no se puede llamar \u2020\u0153transgresor\u2020\u009d al pecador. De manera consecuente, Pablo y los otros escritores cristianos utilizan pa\u00c2\u00b7r\u00e1\u00c2\u00b7ba\u00c2\u00b7sis (y pa\u00c2\u00b7ra\u00c2\u00b7b\u00e1\u00c2\u00b7tes, \u2020\u0153transgresor\u2020\u009d) en un contexto legal. (Comp\u00e1rese con Ro 2:23-27; G\u00e1l 2:16, 18; 3:19; Snt 2:9, 11.) Como Ad\u00e1n hab\u00ed\u00ada recibido un mandato directo de Dios, era culpable de \u2020\u0153transgresi\u00f3n\u2020\u009d de una ley declarada. Su esposa, aunque fue enga\u00f1ada, tambi\u00e9n era culpable de transgredir aquella ley. (1Ti 2:14.) El pacto de la Ley dado a Mois\u00e9s mediante \u00e1ngeles se a\u00f1adi\u00f3 al pacto abrah\u00e1mico \u2020\u0153para poner de manifiesto las transgresiones\u2020\u009d, de manera que \u2020\u02dctodas las cosas juntas pudieran entregarse a la custodia del pecado\u2020\u2122, condenando legalmente a todos los descendientes de Ad\u00e1n, entre los que estaban los israelitas, y demostrando que todos necesitaban el perd\u00f3n y la salvaci\u00f3n por medio de la fe en Cristo Jes\u00fas. (G\u00e1l 3:19-22.) Por lo tanto, si Pablo se hubiera sometido de nuevo a la ley mosaica, se hubiera vuelto a convertir en un \u2020\u0153transgresor\u2020\u009d de aquella Ley, sujeto a su condenaci\u00f3n, y por lo tanto habr\u00ed\u00ada desestimado la bondad inmerecida de Dios que proporcionaba liberaci\u00f3n de aquella condenaci\u00f3n. (G\u00e1l 2:18-21; comp\u00e1rese con 3:1-4, 10.)<br \/>\nLa palabra hebrea p\u00e9\u00c2\u00b7scha` transmite la idea de \u2020\u02dctransgresi\u00f3n\u2020\u2122 (Sl 51:3; Isa 43:25-27; Jer 33:8) y de \u2020\u02dcsublevaci\u00f3n\u2020\u2122, que es negarse a obedecer al que manda. (1Sa 24:11; Job 13:23, 24; 34:37; Isa 59:12, 13.) De modo que la transgresi\u00f3n voluntaria equivale a rebeli\u00f3n contra la gobernaci\u00f3n y autoridad paterna de Dios. Coloca la voluntad de la criatura en contra de la del Creador, por lo que esta se subleva contra la soberan\u00ed\u00ada de Dios, Su gobierno supremo.<\/p>\n<p>Ofensa. La palabra griega pa\u00c2\u00b7r\u00e1\u00c2\u00b7pto\u00c2\u00b7ma significa literalmente \u2020\u0153ca\u00ed\u00adda al lado\u2020\u009d, de donde adquiere el sentido de traspi\u00e9 o paso en falso (Ro 11:11, 12), o desacierto, \u2020\u0153ofensa\u2020\u009d. (Ef 1:7; Col 2:13.) El pecado que cometi\u00f3 Ad\u00e1n cuando comi\u00f3 del fruto prohibido fue una \u2020\u0153transgresi\u00f3n\u2020\u009d, por cuanto \u00e9l traspas\u00f3 la ley de Dios; fue una \u2020\u0153ofensa\u2020\u009d en el sentido de que cay\u00f3 o dio un paso en falso en vez de mantenerse en pie o andar con rectitud, en armon\u00ed\u00ada con los justos requisitos de Dios y en apoyo de su autoridad. Los muchos estatutos y requisitos del pacto de la Ley en realidad abrieron el camino para que, debido a la imperfecci\u00f3n de los que estaban sujetos a ella, se cometieran muchas de tales ofensas (Ro 5:20); la naci\u00f3n de Israel en conjunto cometi\u00f3 el desacierto de no guardar aquel pacto. (Ro 11:11, 12.) Como todos los diversos estatutos de aquella Ley eran parte de un \u00fanico pacto, la persona que daba \u2020\u0153un paso en falso\u2020\u009d en un solo estatuto se convert\u00ed\u00ada en ofensor y \u2020\u0153transgresor\u2020\u009d de todo el pacto y, por consiguiente, de todos sus estatutos. (Snt 2:10, 11.)<\/p>\n<p>\u2020\u0153Pecadores.\u2020\u009d Como \u2020\u0153no hay hombre que no peque\u2020\u009d (2Cr 6:36), a todos los descendientes de Ad\u00e1n se les puede llamar apropiadamente \u2020\u0153pecadores\u2020\u009d por naturaleza. Sin embargo, en las Escrituras el t\u00e9rmino \u2020\u0153pecadores\u2020\u009d por lo general tiene una aplicaci\u00f3n m\u00e1s espec\u00ed\u00adfica, pues designa a los que practican el pecado o tienen una reputaci\u00f3n de pecar. Sus pecados se han vuelto de conocimiento p\u00fablico. (Lu 7:37-39.) A los amalequitas que Sa\u00fal ten\u00ed\u00ada que destruir por orden de Jehov\u00e1 se les llama \u2020\u0153pecadores\u2020\u009d. (1Sa 15:18.) El salmista or\u00f3 que Dios no se llevase su alma \u2020\u0153junto con los pecadores\u2020\u009d, y sus siguientes palabras identificaron a estos como \u2020\u0153hombres culpables de sangre, en cuyas manos hay conducta relajada, y cuya diestra est\u00e1 llena de soborno\u2020\u009d. (Sl 26:9, 10; comp\u00e1rese con Pr 1:10-19.) Los l\u00ed\u00adderes religiosos censuraron el que Jes\u00fas se relacionase con \u2020\u0153recaudadores de impuestos y pecadores\u2020\u009d, y los jud\u00ed\u00ados consideraban a los recaudadores de impuestos como una clase de reconocida mala reputaci\u00f3n. (Mt 9:10, 11.) Jes\u00fas dijo que tanto ellos como las rameras ir\u00ed\u00adan al Reino delante de los l\u00ed\u00adderes religiosos jud\u00ed\u00ados. (Mt 21:31, 32.) Zaqueo, recaudador de impuestos y \u2020\u0153pecador\u2020\u009d a los ojos de muchos, reconoci\u00f3 que hab\u00ed\u00ada \u2020\u02dcarrancado\u2020\u2122 dinero a otros ilegalmente. (Lu 19:7, 8.)<br \/>\nPor consiguiente, cuando Jes\u00fas afirm\u00f3 que habr\u00ed\u00ada \u2020\u0153m\u00e1s gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente que por noventa y nueve justos que no tienen necesidad de arrepentimiento\u2020\u009d, hablaba en sentido relativo (v\u00e9ase JUSTICIA [La bondad y la justicia]), pues todos los hombres son pecadores por naturaleza y no hay quien sea justo en el sentido absoluto del t\u00e9rmino. (Lu 15:7, 10; comp\u00e1rese con Lu 5:32; 13:2; v\u00e9ase DECLARAR JUSTO.)<\/p>\n<p>La relativa gravedad del mal. Aunque el pecado siempre es pecado y en cualquier caso podr\u00ed\u00ada con justicia hacer que el culpable fuese merecedor del \u2020\u0153salario\u2020\u009d del pecado, la muerte, las Escrituras muestran que para Dios el mal tiene diferentes grados de gravedad. Por ejemplo, los hombres de Sodoma eran \u2020\u0153pecadores en extremo contra Jehov\u00e1\u2020\u009d, y su pecado era \u2020\u0153muy grave\u2020\u009d. (G\u00e9 13:13; 18:20; comp\u00e1rese con 2Ti 3:6, 7.) El que los israelitas hicieran un becerro de oro tambi\u00e9n se llam\u00f3 un \u2020\u0153gran pecado\u2020\u009d (Ex 32:30, 31), y la adoraci\u00f3n de becerros promovida por Jerobo\u00e1n hizo que los habitantes del reino norte\u00f1o \u2020\u0153[pecasen] con un gran pecado\u2020\u009d. (2Re 17:16, 21.) El pecado de Jud\u00e1 fue \u2020\u0153semejante al de Sodoma\u2020\u009d, lo que convirti\u00f3 al reino de Jud\u00e1 en algo aborrecible a los ojos de Dios. (Isa 1:4, 10; 3:9; Lam 1:8; 4:6.) Tal proceder de violaci\u00f3n de la voluntad de Dios puede hacer que hasta las propias oraciones personales sean pecado. (Sl 109:7, 8, 14.) Como el pecado es una afrenta contra la persona de Dios, El no se mantiene indiferente; cuando aumenta la gravedad del pecado, es comprensible que aumente la indignaci\u00f3n y la ira de Dios. (Ro 1:18; Dt 29:22-28; Job 42:7; Sl 21:8, 9.) Sin embargo, su ira no solo se debe a que el pecado sea una afrenta contra su persona, sino que tambi\u00e9n la provoca el da\u00f1o y la injusticia hechos a los seres humanos, especialmente a sus siervos fieles. (Isa 10:1-4; Mal 2:13-16; 2Te 1:6-10.)<\/p>\n<p>La debilidad y la ignorancia humanas. Jehov\u00e1 toma en cuenta la debilidad de los hombres imperfectos que descienden de Ad\u00e1n, de manera que los que le buscan con sinceridad pueden decir: \u2020\u0153No ha hecho con nosotros aun conforme a nuestros pecados; ni conforme a nuestros errores ha tra\u00ed\u00addo sobre nosotros lo que merecemos\u2020\u009d. Las Escrituras muestran la misericordia y bondad amorosa tan maravillosas que Dios ha desplegado en la manera paciente de tratar a los seres humanos. (Sl 103:2, 3, 10-18.) El tambi\u00e9n toma en cuenta que la ignorancia es un factor que contribuye al pecado (1Ti 1:13; comp\u00e1rese con Lu 12:47, 48), siempre que tal ignorancia no sea deliberada. No se excusa a los que rechazan a sabiendas el conocimiento y la sabidur\u00ed\u00ada que Dios ofrece, \u2020\u02dccomplaci\u00e9ndose en la injusticia\u2020\u2122. (2Te 2:9-12; Pr 1:22-33; Os 4:6-8.) Hay quienes se han extraviado temporalmente de la verdad, pero que con ayuda vuelven (Snt 5:19, 20), mientras que otros \u2020\u02dccierran sus ojos a la luz y olvidan el anterior limpiamiento de sus pecados\u2020\u2122. (2Pe 1:9.)<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 es el pecado imperdonable?<br \/>\nEl conocimiento conlleva mayor responsabilidad. El pecado de Pilato no fue tan grande como el de los l\u00ed\u00adderes religiosos jud\u00ed\u00ados que entregaron a Jes\u00fas al gobernador, ni como el de Judas, que traicion\u00f3 a su Se\u00f1or. (Jn 19:11; 17:12.) Jes\u00fas dijo a los fariseos de su d\u00ed\u00ada que si fuesen ciegos, no tendr\u00ed\u00adan pecado, con lo que probablemente quer\u00ed\u00ada decir que Dios podr\u00ed\u00ada perdonar sus pecados debido a su ignorancia; sin embargo, como negaron hallarse en ignorancia, \u2020\u02dcsu pecado permaneci\u00f3\u2020\u2122. (Jn 9:39-41.) Jes\u00fas dijo que no ten\u00ed\u00adan \u2020\u0153excusa de su pecado\u2020\u009d, porque hab\u00ed\u00adan sido testigos de sus palabras y obras poderosas que hab\u00ed\u00ada realizado por la acci\u00f3n del esp\u00ed\u00adritu de Dios. (Jn 15:22-24; Lu 4:18.) Los que blasfemaron voluntariosamente y a sabiendas contra el esp\u00ed\u00adritu de Dios as\u00ed\u00ad manifestado, fuera de palabra o por su proceder, ser\u00ed\u00adan culpables \u2020\u0153de pecado eterno\u2020\u009d y no tendr\u00ed\u00adan ninguna posibilidad de perd\u00f3n. (Mt 12:31, 32; Mr 3:28-30; comp\u00e1rense con Jn 15:26; 16:7, 8.) Este podr\u00ed\u00ada ser el caso de algunos que se hicieron cristianos y luego se apartaron deliberadamente de la adoraci\u00f3n pura de Dios. Hebreos 10:26, 27 dice que \u2020\u0153si voluntariosamente practicamos el pecado despu\u00e9s de haber recibido el conocimiento exacto de la verdad, no queda ya sacrificio alguno por los pecados, sino que hay cierta horrenda expectaci\u00f3n de juicio y hay un celo ardiente que va a consumir a los que est\u00e1n en oposici\u00f3n\u2020\u009d.<br \/>\nCuando en 1 Juan 5:16, 17 Juan habla de un \u2020\u0153pecado que s\u00ed\u00ad incurre en muerte\u2020\u009d, a diferencia del que no, se refiere al pecado voluntario, consciente. (Comp\u00e1rese con N\u00fa 15:30.) Si hay prueba de que alguien ha pecado de manera voluntaria y consciente, el cristiano no deber\u00ed\u00ada orar por esa persona. Naturalmente, Dios es el juez final de la actitud de coraz\u00f3n del pecador. (Comp\u00e1rese con Jer 7:16; Mt 5:44; Hch 7:60.)<\/p>\n<p>Pecado aislado y pr\u00e1ctica del pecado. Juan tambi\u00e9n hace una distinci\u00f3n entre el pecado aislado y la pr\u00e1ctica del pecado, seg\u00fan se ve al comparar 1 Juan 2:1 con 3:4-8 en la Traducci\u00f3n del Nuevo Mundo. La obra Im\u00e1genes verbales en el Nuevo Testamento (de A. T. Robertson, CLIE, 1990, vol. 6, p\u00e1g. 247) dice en cuanto a lo propio de la traducci\u00f3n \u2020\u0153todo el que practica pecado [poi\u00c2\u00b7on ten ha\u00c2\u00b7mar\u00c2\u00b7t\u00ed\u00ad\u00c2\u00b7an]\u2020\u009d (1Jn 3:4): \u2020\u0153El participio presente en voz activa (poion) significa el h\u00e1bito de practicar el pecado\u2020\u009d. En cuanto a 1 Juan 3:6, donde aparece la frase oukj ha\u00c2\u00b7mar\u00c2\u00b7t\u00e1\u00c2\u00b7nei en el texto griego, la misma obra comenta (p\u00e1g. 247): \u2020\u0153Presente lineal [&#8230;] de indicativo en voz activa de hamartano: \u2020\u02dcno persiste en pecar\u2020\u2122\u2020\u009d. Por consiguiente, es posible que en un determinado momento el cristiano fiel incurra o caiga en pecado debido a debilidad o a ser descarriado, pero \u2020\u0153no se ocupa en el pecado\u2020\u009d, es decir no anda de continuo en ese camino. (1Jn 3:9, 10; comp\u00e1rese con 1Co 15:33, 34; 1Ti 5:20.)<\/p>\n<p>Participaci\u00f3n en los pecados ajenos. Una persona puede hacerse culpable de pecado ante Dios si se asocia de manera voluntaria con los malhechores, aprueba su maldad o la encubre a fin de que los ancianos no sepan de su conducta y tomen las medidas pertinentes. (Comp\u00e1rese con Sl 50:18, 21; 1Ti 5:22.) Por eso, los que permanecen en la simb\u00f3lica ciudad de \u2020\u0153Babilonia la Grande\u2020\u009d tambi\u00e9n \u2020\u0153[reciben] parte de sus plagas\u2020\u009d. (Rev 18:2, 4-8.) Un cristiano que se asocie o que siquiera dirija \u2020\u0153un saludo\u2020\u009d al que abandona la ense\u00f1anza del Cristo se hace \u2020\u0153part\u00ed\u00adcipe en sus obras inicuas\u2020\u009d. (2Jn 9-11; comp\u00e1rese con Tit 3:10, 11.)<br \/>\nPablo advirti\u00f3 a Timoteo que no fuera \u2020\u0153part\u00ed\u00adcipe de los pecados ajenos\u2020\u009d. (1Ti 5:22.) Las palabras precedentes de Pablo en cuanto a \u2020\u02dcnunca imponer las manos apresuradamente a ning\u00fan hombre\u2020\u2122 deben referirse a la autoridad que hab\u00ed\u00ada recibido Timoteo de nombrar superintendentes en las congregaciones. No ten\u00ed\u00ada que nombrar a un hombre reci\u00e9n convertido, pues podr\u00ed\u00ada hincharse de orgullo; si no prestaba atenci\u00f3n a este consejo, ser\u00ed\u00ada hasta cierto grado responsable del mal que tal persona pudiera cometer. (1Ti 3:6.)<br \/>\nToda una naci\u00f3n podr\u00ed\u00ada ser culpable de pecado ante Dios sobre la base de los principios supracitados. (Pr 14:34.)<\/p>\n<p>Pecados contra los hombres, contra Dios y contra Cristo. Como se mostr\u00f3 anteriormente, las Escrituras Hebreas registran casos espec\u00ed\u00adficos de pecados que cometieron personas de diferentes naciones durante la \u00e9poca de los patriarcas. Eran principalmente casos de pecados contra otros hombres.<br \/>\nPuesto que Dios es el \u00fanico modelo de justicia y bondad, pecar contra el semejante no consiste en no conformarse a la \u2020\u02dcimagen y semejanza\u2020\u2122 de la persona contra la que se peca. M\u00e1s bien, es faltar el respeto a sus leg\u00ed\u00adtimos derechos e intereses, lo que supone una ofensa para dicha persona y un da\u00f1o inmerecido. (Jue 11:12, 13, 27; 1Sa 19:4, 5; 20:1; 26:21; Jer 37:18; 2Co 11:7.) Jes\u00fas enunci\u00f3 los principios por los que una persona deber\u00ed\u00ada guiarse si se cometiera alg\u00fan pecado grave contra ella. (Mt 18:15-17.) Aunque un hermano pecase contra otro 77 veces o 7 veces en un solo d\u00ed\u00ada, habr\u00ed\u00ada que perdonarle si mostraba arrepentimiento cuando se le reprend\u00ed\u00ada. (Mt 18:21, 22; Lu 17:3, 4; comp\u00e1rese con 1Pe 4:8.) Pedro habla de sirvientes de casa a los que se abofeteaba por haber cometido pecados contra su due\u00f1o. (1Pe 2:18-20.) Se puede pecar contra la autoridad constituida si no se le muestra el debido respeto. Pablo se declar\u00f3 a s\u00ed\u00ad mismo inocente de cualquier pecado \u2020\u0153contra la Ley de los jud\u00ed\u00ados [o] contra el templo [o] contra C\u00e9sar\u2020\u009d. (Hch 25:8.)<br \/>\nNo obstante, los pecados contra los seres humanos tambi\u00e9n son pecados contra el Creador, a quien los hombres tienen que rendir cuentas. (Ro 14:10, 12; Ef 6:5-9; Heb 13:17.) Cuando Dios detuvo al rey filisteo Abim\u00e9lec para impedir que tuviese relaciones con Sara, le dijo: \u2020\u0153Estaba deteni\u00e9ndote de pecar contra m\u00ed\u00ad\u2020\u009d. (G\u00e9 20:1-7.) De igual manera, Jos\u00e9 reconoci\u00f3 que el adulterio era un pecado contra el Creador del hombre y la mujer, Aquel que instituy\u00f3 el matrimonio (G\u00e9 39:7-9), y lo mismo reconoci\u00f3 el rey David. (2Sa 12:13; Sl 51:4.) La Ley clasificaba los pecados de robo, fraude o malversaci\u00f3n de bienes ajenos como \u2020\u02dccomportamiento infiel para con Jehov\u00e1\u2020\u2122. (Le 6:2-4; N\u00fa 5:6-8.) Tanto los que endurec\u00ed\u00adan su coraz\u00f3n y eran \u2020\u0153como un pu\u00f1o\u2020\u009d para con sus hermanos pobres como los que reten\u00ed\u00adan el salario de los hombres deb\u00ed\u00adan encararse a la censura divina. (Dt 15:7-10; 24:14, 15; comp\u00e1rese con Pr 14:31; Am 5:12.) Samuel dijo que era inconcebible por su parte \u2020\u0153pecar contra Jehov\u00e1 cesando de orar\u2020\u009d a favor de sus compa\u00f1eros israelitas cuando estos se lo solicitaban. (1Sa 12:19-23.)<br \/>\nA tenor de lo dicho, en Santiago 2:1-9 se condena como pecado el favoritismo o el hacer distinci\u00f3n de clases entre cristianos. Pablo dice que aquellos que no prestan atenci\u00f3n a la conciencia d\u00e9bil de sus hermanos y por tanto les hacen tropezar, \u2020\u0153est\u00e1n pecando contra Cristo\u2020\u009d, el Hijo de Dios, quien dio su vida por todos sus seguidores. (1Co 8:10-13.)<br \/>\nPor consiguiente, aunque en realidad todos los pecados son pecados contra Dios, para Jehov\u00e1 hay pecados que atentan m\u00e1s directamente contra su propia persona, como la idolatr\u00ed\u00ada (Ex 20:2-5; 2Re 22:17), la falta de fe (Ro 14:22, 23; Heb 10:37, 38; 12:1), la falta de respeto por las cosas sagradas (N\u00fa 18:22, 23) y todas las formas de adoraci\u00f3n falsa (Os 8:11-14). Esta debi\u00f3 de ser la raz\u00f3n por la que el sumo sacerdote El\u00ed\u00ad les dijo a sus hijos, quienes no mostraban respeto por el tabern\u00e1culo y el servicio de Dios, que \u2020\u0153si peca un hombre contra un hombre, Dios decidir\u00e1 como \u00e1rbitro por \u00e9l [comp\u00e1rese con 1Re 8:31, 32]; pero si es contra Jehov\u00e1 contra quien peca un hombre, \u00bfqui\u00e9n hay que pueda orar por \u00e9l?\u2020\u009d. (1Sa 2:22-25; comp\u00e1rese con los vss. 12-17.)<\/p>\n<p>Pecar contra el propio cuerpo. Cuando Pablo previno contra la fornicaci\u00f3n (relaciones sexuales entre personas que no est\u00e1n unidas en matrimonio), dijo que \u2020\u0153todo otro pecado que el hombre cometa est\u00e1 fuera de su cuerpo, pero el que practica la fornicaci\u00f3n peca contra su propio cuerpo\u2020\u009d. (1Co 6:18; v\u00e9ase FORNICACI\u00ed\u201cN.) El contexto muestra que Pablo hab\u00ed\u00ada estado recalcando que los cristianos ten\u00ed\u00adan que estar unidos con su Se\u00f1or y Cabeza, Cristo Jes\u00fas. (1Co 6:13-15.) El fornicador se convierte en una carne con otra persona, a menudo una ramera, lo cual es impropio y un pecado. (1Co 6:16-18.) Como ning\u00fan otro pecado puede separar el cuerpo del cristiano de la uni\u00f3n con Cristo y hacerlo \u2020\u02dcuno\u2020\u2122 con otra persona, esta debe ser la raz\u00f3n por la que todos los otros pecados se consideran como \u2020\u02dcfuera del cuerpo de uno\u2020\u2122. Adem\u00e1s, la fornicaci\u00f3n tambi\u00e9n puede resultar en da\u00f1o incurable al propio cuerpo f\u00ed\u00adsico del fornicador.<\/p>\n<p>\u00ed\u0081ngeles pecadores. Como los hijos celestiales de Dios tambi\u00e9n tienen que reflejar Su gloria y alabarlo cumpliendo Su voluntad (Sl 148:1, 2; 103:20, 21), pueden pecar en el mismo sentido b\u00e1sico que los seres humanos. Segunda de Pedro 2:4 muestra que algunos de los hijos celestiales de Dios pecaron, y Dios los \u2020\u0153entreg\u00f3 a hoyos de densa oscuridad para que fueran reservados para juicio\u2020\u009d. Primera de Pedro 3:19, 20 se refiere a la misma situaci\u00f3n al hacer referencia a \u2020\u0153los esp\u00ed\u00adritus en prisi\u00f3n, que en un tiempo hab\u00ed\u00adan sido desobedientes cuando la paciencia de Dios estaba esperando en los d\u00ed\u00adas de No\u00e9\u2020\u009d. Y Judas 6 indica que el \u2020\u02dcerrar el blanco\u2020\u2122 o pecar de tales criaturas celestiales consisti\u00f3 en que \u2020\u0153no guardaron su posici\u00f3n original, sino que abandonaron su propio y debido lugar de habitaci\u00f3n\u2020\u009d; l\u00f3gicamente, ese propio lugar de habitaci\u00f3n se refer\u00ed\u00ada a los cielos, donde Dios est\u00e1 presente.<br \/>\nComo el sacrificio de Jesucristo no encierra provisi\u00f3n alguna para cubrir los pecados de las criaturas celestiales, no hay raz\u00f3n para creer que los pecados de aquellos \u00e1ngeles desobedientes fuesen perdonables. (Heb 2:14-17.) Al igual que Ad\u00e1n, eran criaturas perfectas sin ninguna debilidad innata que pudiera considerarse un factor atenuante al juzgar su maldad.<\/p>\n<p>El perd\u00f3n de los pecados. Como se explic\u00f3 en el art\u00ed\u00adculo DECLARAR JUSTO (C\u00f3mo se \u2020\u02dccuenta\u2020\u2122 como justo a alguien), Jehov\u00e1 Dios en realidad \u2020\u02dcacredita\u2020\u2122 justicia en la cuenta de la persona que vive conforme a su fe. De ese modo \u2020\u02dccubre\u2020\u2122, \u2020\u02dcborra\u2020\u2122 o \u2020\u02dcremueve\u2020\u2122 los pecados que de otro modo podr\u00ed\u00adan cargarse en la cuenta de esa persona fiel. (Comp\u00e1rese con Sl 32:1, 2; Isa 44:22; Hch 3:19.) Por eso Jes\u00fas asemej\u00f3 las \u2020\u0153ofensas\u2020\u009d y los \u2020\u0153pecados\u2020\u009d a \u2020\u02dcdeudas\u2020\u2122. (Mt 6:14; 18:21-35; Lu 11:4.) En consecuencia, aun siendo sus pecados como el color escarlata, Jehov\u00e1 \u2020\u02dclava\u2020\u2122 la mancha que los hace inmundos. (Isa 1:18; Hch 22:16.) En cuanto al medio del que Dios se vale para manifestar su tierna misericordia y bondad sin apartarse de su norma de justicia y rectitud perfectas, v\u00e9anse ARREPENTIMIENTO; RECONCILIACI\u00ed\u201cN; RESCATE, y otros art\u00ed\u00adculos relacionados.<\/p>\n<p>Evitar el pecado. El amor a Dios y al pr\u00f3jimo es un medio fundamental para evitar el pecado, que es desafuero, pues el amor es una cualidad sobresaliente de Dios; El hizo del amor la base de su Ley a Israel. (Mt 22:37-40; Ro 13:8-11.) De esta manera, el cristiano no est\u00e1 alejado de Dios, sino en una uni\u00f3n gozosa con El y su Hijo. (1Jn 1:3; 3:1-11, 24; 4:16.) Tales personas pueden recibir la gu\u00ed\u00ada del esp\u00ed\u00adritu santo de Dios y \u2020\u0153[vivir] en cuanto al esp\u00ed\u00adritu desde el punto de vista de Dios\u2020\u009d, desistiendo de los pecados (1Pe 4:1-6) y produciendo el fruto justo del esp\u00ed\u00adritu de Dios en lugar del fruto inicuo de la carne pecaminosa. (G\u00e1l 5:16-26.) Por lo tanto, pueden ser libertados del dominio del pecado. (Ro 6:12-22.)<br \/>\nSi se tiene fe en la recompensa segura que Dios dar\u00e1 a los que obren con justicia (Heb 11:1, 6), se puede resistir la tentaci\u00f3n de participar en el disfrute temporal del pecado. (Heb 11:24-26.) Como \u2020\u0153de Dios uno no se puede mofar\u2020\u009d, es ineludible la regla: \u2020\u0153Cualquier cosa que el hombre est\u00e9 sembrando, esto tambi\u00e9n segar\u00e1\u2020\u009d, y el conocimiento de este hecho protege a la persona del enga\u00f1o del pecado. (G\u00e1l 6:7, 8.) Se da cuenta de que los pecados no pueden permanecer escondidos para siempre (1Ti 5:24), y de que \u2020\u0153aunque un pecador est\u00e9 haciendo lo malo cien veces y continuando largo tiempo seg\u00fan le plazca\u2020\u009d, sin embargo, \u2020\u0153les resultar\u00e1 bien a los que temen al Dios verdadero\u2020\u009d, pero no al inicuo que no est\u00e1 en el temor de Dios. (Ec 8:11-13; comp\u00e1rese con N\u00fa 32:23; Pr 23:17, 18.) Sin importar la riqueza material que hayan obtenido los inicuos, no pueden comprar la protecci\u00f3n de Dios (Sof 1:17, 18), y, realmente, con el tiempo la prosperidad del pecador ser\u00e1 \u2020\u0153algo que est\u00e1 atesorado para el justo\u2020\u009d. (Pr 13:21, 22; Ec 2:26.) Los hombres de fe que buscan la justicia pueden evitar llevar la \u2020\u0153carga pesada\u2020\u009d que el pecado trae, es decir, la p\u00e9rdida de la paz mental y la paz de coraz\u00f3n y la debilidad de la enfermedad espiritual. (Sl 38:3-6, 18; 41:4.)<br \/>\nEl conocimiento de la Palabra de Dios es la base para tal fe y el medio de fortalecerla. (Sl 119:11; comp\u00e1rese con 106:7.) La persona que act\u00faa apresuradamente sin primero buscar conocimiento en cuanto a su proceder, \u2020\u02dcerrar\u00e1 en el blanco\u2020\u2122, es decir, pecar\u00e1. (Pr 19:2, nota.) El darse cuenta de que \u2020\u0153un solo pecador puede destruir mucho bien\u2020\u009d, hace que la persona justa intente actuar con sabidur\u00ed\u00ada verdadera. (Comp\u00e1rese con Ec 9:18; 10:1-4.) El proceder sabio es evitar relacionarse con personas que practican la adoraci\u00f3n falsa y que tienen tendencias inmorales, pues su compa\u00f1\u00ed\u00ada podr\u00ed\u00ada entrampar al cristiano en el pecado y echar a perder los h\u00e1bitos \u00fatiles. (Ex 23:33; Ne 13:25, 26; Sl 26:9-11; Pr 1:10-19; Ec 7:26; 1Co 15:33, 34.)<br \/>\nPor supuesto, hay muchas cosas que pueden hacerse o dejarse de hacer, o que pueden llevarse a cabo de diversas maneras, sin que se incurra en pecado. (Comp\u00e1rese con 1Co 7:27, 28.) Dios no acorral\u00f3 al hombre con una cantidad innumerable de reglas que rigieran hasta el m\u00e1s m\u00ed\u00adnimo detalle de su vida. El hombre ten\u00ed\u00ada que usar su inteligencia, y adem\u00e1s se le dio amplio margen para desarrollar su propia personalidad y manifestar sus preferencias personales. El pacto de la Ley conten\u00ed\u00ada muchos estatutos; sin embargo, ni siquiera estos privaron al hombre de la libertad de expresar su personalidad. El cristianismo, en el que tanto se recalca el amor a Dios y al pr\u00f3jimo, igualmente permite a los hombres la libertad m\u00e1s amplia posible que las personas de coraz\u00f3n justo pudieran desear. (Comp\u00e1rese con Mt 22:37-40; Ro 8:21; v\u00e9anse JEHOV\u00ed\u0081 [Un Dios de normas morales]; LIBERTAD.)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia<\/b><\/p>\n<p>Sumario: 1. El pecado en eIAT: 1. Premisas; 2. Terminolog\u00ed\u00ada; 3. Modelos literarios; 4. Diversas especies:<br \/>\na) Pecados involuntarios, b) Errores rituales, c) Culpas colectivas, d) Pecados graves; 5. Caracter\u00ed\u00adsticas: a) Ruptura con Dios, b) Ingratitud, c) \u2020\u0153Hybris\u2020\u009d; 6. Consecuencias: a) La c\u00f3lera de Dios, b) La culpa, c) El endurecimiento, d) Las desventuras. II. El pecado en el NT: 1. Presupuestos; 2. Filolog\u00ed\u00ada; 3. La actitud de Jes\u00fas: a) Los pecados concretos y el coraz\u00f3n, b) Bondad con los pecadores; 4. San Pablo: a) Listas de pecados, b) El pecado personificado, c) La carne, d) La Ley, e) Satan\u00e1s, 19 Efectos; 5. La lilteratura joanea:<br \/>\na) Vocabulario propio, b) La incredulidad, c) El pecado del mundo, d) La herej\u00ed\u00ada; 6. Otros escritos del NT. III. Universalidad del pecado: 1. Antiguo Testamento: a) G\u00e9nesis 1-11, b) Los profetas, c) Los libros sapienciales; 2. Jes\u00fas; 3. San Pablo: a) La humanidad pecadora, b) El pecado de Ad\u00e1n, c) Pecados personales. IV. Origen del pecado: 1. Antiguo Testamento: a) La fuerza demon\u00ed\u00adaca, b) El coraz\u00f3n perverso, c) La inclinaci\u00f3n al mal, d) El pecado de origen; 2. Evangelios sin\u00f3pticos; 3. San Pablo; 4. La literatura joanea; 5. La tentaci\u00f3n.<br \/>\nEl pecado tiene una importancia fundamental en la Biblia; en efecto, las intervenciones de Dios en la historia tienden a establecer o a restaurar las relaciones de comuni\u00f3n con \u00e9l, rotas o interrumpidas por el pecado del hombre. Jes\u00fas vino a este mundo para liberar al pueblo del pecado (Mt 1,21). La infidelidad del hombre en sus relaciones con Dios constituye el tel\u00f3n de fondo en el que se inscribe la acci\u00f3n redentora y salv\u00ed\u00adfica de Dios. Por eso el discurso b\u00ed\u00adblico sobre el pecado y sobre la humanidad pecadora no presenta un inter\u00e9s por s\u00ed\u00ad mismo, sino s\u00f3lo en relaci\u00f3n con la acci\u00f3n de recuperaci\u00f3n llevada a cabo por Dios mediante el perd\u00f3n y la concesi\u00f3n de su favor [1 Redenci\u00f3n].<br \/>\n2426<br \/>\n1. EL PECADO EN EL AT.<br \/>\n2427<br \/>\n1. Premisas.<br \/>\nEl concepto de pecado en el AT es muy complejo y se percibe de diversas formas. No existe una verdadera reflexi\u00f3n teol\u00f3gica sobre esta experiencia humana, aun cuando la realidad entre profundamente en la fe de Israel. Las expresiones para indicar el pecado est\u00e1n sacadas de la vida profana; pero en su base se encuentra una concepci\u00f3n religiosa global, que liga al hombre con Dios, con el pueblo y con las instituciones. Por eso las faltas interesan a la vida del individuo y a la de la naci\u00f3n, a la observancia de un rito o de una ley, al comportamiento moral, social y pol\u00ed\u00adtico.<br \/>\nEn Israel exist\u00ed\u00ada una legislaci\u00f3n muy variada y desarrollada, que regulaba la vida de la comunidad y de cada uno de los fieles. Todas las leyes, sea cual fuere su origen, se atribu\u00ed\u00adan a Mois\u00e9s, y a trav\u00e9s de \u00e9l a Dios. La transgresi\u00f3n de estas leyes era cometer una falta.<br \/>\nEl contexto en el que hay que considerar el pecado del AT es el de la \/ alianza, por lo que el acto pecaminoso ha de concebirse como una ruptura o como una negaci\u00f3n de la relaci\u00f3n personal con Dios. Los actos negativos realizados en detrimento de los dem\u00e1s hombres revisten un aspecto delictivo, ya que se consideran en relaci\u00f3n con la voluntad de Dios. Adem\u00e1s, el pecado se valora en la medida en que ofende directamente a la vida del pueblo y a los designios de Dios sobre \u00e9l, pox lo que asume tambi\u00e9n una dimensi\u00f3n comunitaria.<br \/>\n2428<br \/>\n2. Terminolog\u00ed\u00ada.<br \/>\nEn contra de la general escasez de t\u00e9rminos en la lengua hebrea, abundan en el AT los t\u00e9rminos que indican el pecado. Muchos de ellos est\u00e1n tomados de la vida ordinaria del pueblo y describen unas situaciones concretas sacadas de la experiencia de Israel con sus resistencias y sus fracasos a lo largo de su historia.<br \/>\nLos principales t\u00e9rminos que se utilizan para indicar el pecado son:<\/p>\n<p>&#8211; Hatta\u2020\u2122: significa una deficiencia; por ejemplo, fallar un objetivo (Jc 20,16), no encontrar lo que se busca Jb 5,24), dar un paso en falso (Pr 19,2). En sentido moral el t\u00e9rmino indica la transgresi\u00f3n de un uso, de una regla establecida (Gn 20,9; Jc 11,37; Lv 4,2; Lv 4,13; Lv 4,27). En sentido religioso denota la transgresi\u00f3n de una ley divina (Ex 9,27; IS 2,25; 2S 12,13); en sentido cultual la expresi\u00f3n designa el medio para borrarel pecado (Lv 4,23Lv 4,2 Lv 4,27Lv 15,27Nb 15,30).<br \/>\n&#8211; \u2020\u02dcAw\u00f3n: proviene de un verbo que significa cometer una injusticia en sentido jur\u00ed\u00addico; el nombre indica una acci\u00f3n conscientemente contraria a la norma recta; por eso significa pecado (Sal 31,1; Sal 51,7 Miq Sal 7,19; Is 65,7), culpa, estado de culpa; por ejemplo, la culpa de los padres (Ex 20,5; Ex 34,7); a veces designa las consecuencias de la culpa, la pena, el castigo (Gn 4,13; Is 5,18; Sal 40,13).<br \/>\n&#8211; Pe\u00ed\u00ada\u2020\u2122: indica rebeli\u00f3n contra un superior pol\u00ed\u00adtico (1R 12,19; 2R 8,20), y se aplica tambi\u00e9n a la rebeli\u00f3n contra Dios (Is 1,2; Jr 2,29; Am 4,4; Os 7,13; Pr 28,2; Pr 29,22). Sin\u00f3nimos de este t\u00e9rmino son: marah, ser rebelde (Is 1,20; Is 50,5; Dt 1,26; Dt 1,43; Ez 5,6); bagad, ser infiel al rey (Jc 9,23) y al Se\u00f1or (Os 5,7; Os 6,7; Jr3,20).<br \/>\n&#8211; Rasa\u2020\u2122: significa no tener raz\u00f3n, ser culpable, a menudo en sentido jur\u00ed\u00addico (IR 8,47; Jb 9,29; Jb 10,7;<br \/>\nJb 10,15); el nombre se usa para indicar al imp\u00ed\u00ado, al criminal (Gn 18,23; Gn 18,25; Jr 12,1 Ez 3,l8ss). En<br \/>\nlos libros sapienciales es \u00e9ste el t\u00e9rmino m\u00e1s usado para indicar a los pecadores, en oposici\u00f3n a los justos<br \/>\ny a los sabios (Sal 1,4; Sal 1,6; Sal 3,8; Sal 10,2; Pr 3,33; Pr 4,14 etc. ).<br \/>\n&#8211; Nebalah: indica locura en el sentido de impiedad, malicia (IS 25,25; Is 9,16; 1s32,6 etc. ), realizada por un hombre mental y moralmente deficiente; este t\u00e9rmino se usa con frecuencia para designar una culpa de orden sexual (Gn 34,7; Dt22,21 Jg 19,23s; 2S 13,12), contraria a las costumbres de Israel, y por eso mismo digna de reprobaci\u00f3n.<br \/>\n&#8211; Diversos vocablos. Un grupo de vocablos (tum\u2020\u2122ah, zonah, ta\u2020\u2122ab, zimah) caracteriza al pecado como impureza, como acci\u00f3n detestable e ignominiosa, como prostituci\u00f3n. Otros t\u00e9rminos (\u2020\u02dcawen, Saw, Seqer) acent\u00faan el aspecto de vanidad, enga\u00f1o, mentira, malicia. El grupo de palabras procedentes de las ra\u00ed\u00adces segg, sgh, thl, usadas especialmente en Isa\u00ed\u00adas, Jerem\u00ed\u00adas y Jb, subraya el car\u00e1cter de desviaci\u00f3n y de impiedad t\u00ed\u00adpico del pecado. El t\u00e9rmino \u2020\u02dcasam indica la culpabilidad, como resultado de la mala acci\u00f3n que se ha cometido y por la que hay que ofrecer una expiaci\u00f3n (Lev Sss; Jc 21,22 1S 6,3ss; Is 53,10; Jr42,21 ). La voz hnf(mancharse de culpa) expresa de forma penetrante la naturaleza del pecado.<br \/>\nLa abundancia y la diversidad de los t\u00e9rminos usados para designar el poder demuestran que las acciones pecaminosas se consideran y se juzgan seg\u00fan diversos puntos de vista. Del t\u00e9rmino general de falta se pasa al concepto de transgresi\u00f3n de la norma \u00e9tica que se deriva de la revelaci\u00f3n. Al lado del aspecto jur\u00ed\u00addico del acto reprobable se subraya el aspecto moral y cultual. El grado de la culpa va desde la desviaci\u00f3n casual hasta la abierta oposici\u00f3n a Dios.<br \/>\n2429<br \/>\n3. Modelos literarios.<br \/>\nLas formas que asume la amartolog\u00ed\u00ada vete-rotestamentaria en sus expresiones literarias est\u00e1n en relaci\u00f3n con las diversas \u00e9pocas hist\u00f3ricas del pueblo de Dios y con el desarrollo de la revelaci\u00f3n divina.<br \/>\nEn los c\u00f3digos morales, rituales, civiles, pol\u00ed\u00adticos, religiosos y penales del Pentateuco el pecado, es decir, la transgresi\u00f3n de la ley inserta en el contexto de la alianza sina\u00ed\u00adtica, se expresa mediante f\u00f3rmulas negativas imperativas, que deber\u00ed\u00adan apartar al creyente de la comisi\u00f3n de ciertas acciones. Esto aparece claramente en el \u00c2\u00a1dec\u00e1logo (Ex 20,2-17; Dt5,11-21), en el c\u00f3digo de la alianza (Ex 20,22s), en el dec\u00e1logo ritual (Ex 34,11-16), en el c\u00f3digo deuteronomista (Dt5,6-11) y en el c\u00f3digo de santidad (Lv 17-26 ). Esta misma forma se puede encontrar fuera del Pentateuco, en la formulaci\u00f3n del c\u00f3digo moral (Sal 15 Ez 39,25s).<br \/>\nEn los libros hist\u00f3ricos se encuentran algunas descripciones detalladas de diversos pecados, como la adoraci\u00f3n del becerro de oro por jiarte de los israelitas en el desierto (Ex 32), el adulterio y el homicidio de David (2S 11,1-27) y el robo de la vi\u00f1a de Nabot por parte del rey Ajab (lRe2l).<br \/>\nEn los salmos de lamentaci\u00f3n la experiencia del pecado aparece en la forma de una descripci\u00f3n desolada, de una confesi\u00f3n del mal cometido y de una s\u00faplica de perd\u00f3n. En este sentido son caracter\u00ed\u00adsticos los salmos 51 (Miserere) y 130 (De pro fundis).<br \/>\nEn los libros prof\u00e9ticos el pecado se considera en un contexto de den uncia y de amenaza. La culpa reviste un car\u00e1cter m\u00e1s o menos estructural y colectivo, ya que queda desenmascarada la incredulidad pr\u00e1ctica de los dirigentes y del pueblo, el formalismo del culto, la instrumentali-zaci\u00f3n de la fe en orden a objetivos pol\u00ed\u00adticos, la opresi\u00f3n de los d\u00e9biles por obra de los poderosos (Am 2,6ss; 8,4-7; Os 2,4-7; Os 2,10-15; Os 4,1-14; Is 1,15-20; Is 5,8; Is 10,1-3; Is 22,8-11; Jr 5,26-29; Jr 22,3-18 etc. ).<br \/>\nEn la literatura sapiencial los imperativos de los c\u00f3digos, la oraci\u00f3n de los salmos y el car\u00e1cter perentorio de los or\u00e1culos prof\u00e9ticos se transforman en ense\u00f1anza gn\u00f3mica. La reflexi\u00f3n sobre el pecado se inserta en un horizonte humanista y pedag\u00f3gico propio tambi\u00e9n del mundo no jud\u00ed\u00ado (Pr 3,11-14; Pr 6,16-19; Jb 31 ). Los cap\u00ed\u00adtulos 2-1 1 de Gen presentan relatos etiol\u00f3gicos, que intentan explicar la causa del mal que reina en el mundo. En la historia de la ca\u00ed\u00adda de los progenitores (Gn 3,1-24) se sintetiza la experiencia general del pecado como acto individual que produce nefandas consecuencias. Gen 3 es el \u00fanico pasaje del AT donde se trata el problema del pecado como un tema particular.<br \/>\n2430<br \/>\n4. Diversas especies.<br \/>\nSe advierte en el AT una evoluci\u00f3n en la concepci\u00f3n del pecado y en la admisi\u00f3n de diversas categor\u00ed\u00adas de faltas. Del antiguo concepto de pecado ritual-cultual involuntario cometido por error se pas\u00f3, en tiempo de los profetas, al predominio de la noci\u00f3n de transgresi\u00f3n voluntaria y consciente.<br \/>\n2431<br \/>\na) Pecados involuntarios.<br \/>\nEn los tiempos m\u00e1s antiguos se admite que es posible pecar por error (Lv 4,2; Lv 4,27 N\u00fam Lv 15,27), violar un entredicho, transgredir una regla por inadvertencia o casualmente. Abimelec comete un pecado al tomar una mujer creyendo que era libre y actuando, por consiguiente, con sencillez de coraz\u00f3n Gn 20,5; Gn 20,9). Uz\u00e1 es herido mor-talmente por haber tocado simplemente el arca de la alianza (2S 6,6ss), y los habitantes de Bet Sem\u00e9s son castigados con llagas mortales por el simple hecho de haber mirado con curiosidad el arca del Se\u00f1or. Jo-nat\u00e1n es declarado culpable y juzgado reo de muerte s\u00f3lo por haber transgredido, sin conocerlo, un voto hecho por su padre Sa\u00fal (IS 14,24-30; IS 14,37-44). La mera transgresi\u00f3n material de una prohibici\u00f3n es considerada ya como pecado.<br \/>\n2432<br \/>\nb) Errores rituales.<br \/>\nEst\u00e1n luego las faltas que no guardan ninguna relaci\u00f3n con la moralidad propiamente dicha y que son las que afectan a las prohibiciones relativas a las cosas santas o impuras. El simple tocar la extremidad de la monta\u00f1a sagrada acarrea la muerte (Ex 19,12). Los hijos de Aar\u00f3n mueren por haber presentado al Se\u00f1or un fuego profano (Lv 10 . Comer la sangre es un pecado contra el Se\u00f1or (Lev 17,lOss; Dt 12,2lss; 1S 14,33). Violar el reposo sab\u00e1tico es una falta grave, digna la pena muerte (Ex 20,8-11; 23,12; 34,21). No es posible saber si estos entredichos y estas sanciones segu\u00ed\u00adan estando en uso en tiempo los profetas o despu\u00e9s del destierro en Babilonia; todas formas, en la literatura prof\u00e9tica y posex\u00ed\u00adlica no se menciona la aplicaci\u00f3n estas sanciones. De aqu\u00ed\u00ad se puede deducir que el concepto pecado se hab\u00ed\u00ada ido afinando y hab\u00ed\u00ada evolucionado.<br \/>\n2433<br \/>\nc) Culpas colectivas.<br \/>\nDe una consideraci\u00f3n comunitaria y colectivista del pecado se pas\u00f3 en los siglos vn y vi a una concepci\u00f3n m\u00e1s personal e individualmente responsable. El pecado de Cam, padre de Cana\u00e1n, afecta a toda su descendencia (Gn 9,20-27). Dios afirma que castiga las culpas de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generaci\u00f3n para los que le odian, y que concede su gracia millares de veces a los que le aman y observan sus mandamientos (Ex 20,5s); [1 Misericordia]. El error de Ac\u00e1n atrajo la maldici\u00f3n no s\u00f3lo sobre \u00e9l, sino sobre todos los israelitas (Jos 7). En 2R 9 se narran las matanzas con que fueron eliminados todos los miembros de la casa de Ajab. Los profetas ponen juntos a los dirigentes y al pueblo en la transgresi\u00f3n de la ley del Se\u00f1or y anuncian la salvaci\u00f3n de un solo resto.<br \/>\nSin embargo, Jerem\u00ed\u00adas y Ezequiel proclaman el principio de la responsabilidad personal, que no suprime por completo el aspecto social y cominutario del pecado (Jer 31 ,29s; Ez 18,2).<br \/>\n2434<br \/>\nd) Pecados graves.<br \/>\nEn el AT se advierte ya una distinci\u00f3n entre los pecados graves y las faltas ligeras cometidas por inexperiencia o fragilidad (Sal 25,7, Jb 13,26). Aunque todo pecado cometido contra el pr\u00f3jimo es juzgado en relaci\u00f3n con Dios, sin embargo se distingue entre los pecados cometidos personalmente contra Dios y los que se refieren al pr\u00f3jimo (2S 12,13). Entre los pecados m\u00e1s graves cometidos contra Dios hay que se\u00f1alarla idolatr\u00ed\u00ada, la magia, la blasfemia (Ex22,19;Lv20,2;Lv24,11-16), mientras que entre los cometidos contra el pr\u00f3jimo se distinguen la rebeld\u00ed\u00ada contra los padres (Lv 20,9), el secuestro de un hombre (Ex 21,16), el adulterio (Lv 18,6-23) y cuatro pecados que gritan al cielo: el asesinato (Gn 4,10), la sodom\u00ed\u00ada (Gn 18,20), la opresi\u00f3n de las viudas y de los hu\u00e9rfanos (Ex 22,2lss) y la negativa a pagar el salario justo a los obreros (Lv 19,13).<br \/>\n2435<br \/>\n5. Caracter\u00ed\u00adsticas.<br \/>\nEl aspecto principal del pecado en el AT es el v\u00ed\u00adnculo que la acci\u00f3n pecaminosa tiene con una norma, que posee a menudo un fuerte aspecto jur\u00ed\u00addico, atribuido a Dios debido al r\u00e9gimen de la alianza. Por eso el concepto de pecado guarda una estrecha relaci\u00f3n con la instituci\u00f3n de la alianza sina\u00ed\u00adtica, considerada como elemento fundamental de la vida religiosa de Israel. La relaci\u00f3n con Dios est\u00e1 determinada tanto por leyes \u00e9ticas y sociales como por leyes cultuales y rituales. El nexo existente entre los dos aspectos no debe separarse, aun cuando en los textos sagrados se acent\u00fae cada uno de ellos de forma distinta. Seg\u00fan la antigua concepci\u00f3n oriental, la relaci\u00f3n entre los dos contrayentes del pacto no se considera tanto desde el punto de vista pol\u00ed\u00adtico como desde el personal. Toda infracci\u00f3n de las cl\u00e1usulas de la alianza significaba no s\u00f3lo una ofensa jur\u00ed\u00addica, sino tambi\u00e9n una afrenta contra la persona, un insulto que excitaba la ira del otro. En este contexto, en Israel toda transgresi\u00f3n de la ley supon\u00ed\u00ada una confrontaci\u00f3n negativa con Dios, que es fiel y santo y que ha mostrado su benevolencia con el pueblo mediante la iniciativa de la alianza.<br \/>\n2436<br \/>\na) Ruptura con Dios.<br \/>\nPor eso el pecado es una ruptura de las relaciones que ligan al hombre con el Se\u00f1or, bueno y leal (Dt 4,29 6,6ss; IS 16,7; 0s2 lsl,2s; Is 29,13; Jr 3,10; Jr17,9 Pr3,3ss). Latransgresi\u00f3nde una leyqueexpresa la voluntad de Dios es una desobediencia a la orden del Se\u00f1or (Dt, passim; 1S 15, 22.26; Os 4,ls; Sal 119).<br \/>\nLos profetas analizaron agudamente la naturaleza del pecado utilizando a veces im\u00e1genes muy expresivas. Para Amos el pecado es un atentado contra el Dios de la justicia; para Oseas es una prevaricaci\u00f3n contra el Dios de amor; por eso se le compara con la prostituci\u00f3n, con el adulterio y con la infidelidad conyugal (Os 2,1-3; Os 3,1; Is 48,8; Jr 3,1-5; Jr 3,20; Jr 9,1; Jr 11,10; Ez 16,8-18). El profeta Isa\u00ed\u00adas trata el pecado como falta de fe y como obcecaci\u00f3n voluntaria e infidelidad (Is 9,9s; 20,9s). Jerem\u00ed\u00adas considera el pecado como un olvido del Dios de la alianza, como un dar las espaldas al Se\u00f1or, como una incircuncisi\u00f3n del coraz\u00f3n, como una situaci\u00f3n desesperada de la que es casi imposible salir Jr2,23; Jr4,22; Jr5,21; Jr8,6; Jr 10,23; Jr 13,10; Jr 18,12; Jr22,16; Jr23,17).<br \/>\n2437<br \/>\nb) Ingratitud.<br \/>\nEl pecado asume el aspecto de ingratitud para con el don de Dios, que quer\u00ed\u00ada crearse un pueblo que diera testimonio de la santidad de su Se\u00f1or (Is 5,1-7 Miq Is 6,13; Jr 2,21). Adem\u00e1s, los profetas leen en el pecado de Israel una mal\u00ed\u00adcia m\u00e1s profunda, la de instrumenta-lizar el don de Dios, creyendo que pueden prescindir de \u00e9l. Pensando que Dios estaba demasiado apegado a su pueblo para poder deshacerse de \u00e9l, creen que pueden impunemente infringir su ley, con el convencimiento de que Dios es incapaz de juzgar, de condenary de castigar al pueblo que ha elegido (Os 11,ls; 13,5s; Jer 7,8ss; Miq 3,11). Esta arrogancia de Israel es la expresi\u00f3n de un rechazo pr\u00e1ctico de la trascendencia divina.<br \/>\nGen 3 se presenta como una s\u00ed\u00adntesis de todo lo que el AT ense\u00f1a sobre la naturaleza del pecado. El pecado consiste en apartarse personalmente de Dios, que se revela a trav\u00e9s de una orden y de una sanci\u00f3n divina. En el origen del pecado se encuentra la p\u00e9rdida de toda confianza en Dios; a continuaci\u00f3n se comete una desobediencia con la intenci\u00f3n de apoderarse con las propias fuerzas de lo que est\u00e1 reservado exclusivamente al Se\u00f1or, para hacerse semejante a \u00e9l. El ser humano rompe las relaciones personales con su m\u00e1s grande bienhechor. Dios se convierte para \u00e9l en un extra\u00f1o y en un ser temible. Es \u00e9ste el aspecto m\u00e1s dram\u00e1tico de todo pecado, expresado de una forma popular.<br \/>\nEn el AT se pone de relieve el aspecto tanto objetivo como subjetivo del pecado. El aspecto objetivo se deduce de la transgresi\u00f3n de una ley considerada como expresi\u00f3n de la voluntad divina, y de la consiguiente interrupci\u00f3n de las relaciones con el Dios de la alianza. El aspecto subjetivo y personal del pecado se deduce del hecho de que es considerado como un acto voluntario de rebeli\u00f3n contra Dios, como una negativa a escuchar la voz del Se\u00f1or, como una deliberada desobediencia a las \u00f3rdenes de Dios, que tiene su causa m\u00e1s profunda en el orgullo humano. En las invitaciones a la conversi\u00f3n que hacen los profetas se supone la responsabilidad personal en la comisi\u00f3n de los pecados y la posibilidad de evitarlos.<br \/>\n2438<br \/>\nc) \u2020\u0153Hybris\u2020\u009d.<br \/>\nEn algunos pasajes del AT se presenta el pecado como un intento desmesurado por parte del hombre de hacerse igual a Dios. Es el pecado del orgullo m\u00e1s desenfrenado, que no s\u00f3lo se niega a someterse a Dios, sino que pretende apropiarse de los atributos divinos. As\u00ed\u00ad es como aparece el pecado de los primeros padres, a los que la serpiente sugiere que llegar\u00e1n a ser como Dios, conocedores del bien y del mal, desobedeciendo precisamente las \u00f3rdenes divinas (Gn 3,5). De este mismo pecado se mancharon los constructores de la torre de Babel, que intentaron erigir un imperio mundial sin la intervenci\u00f3n de Dios Gn 11,1-9). Este mismo orgullo lo atribuyen los profetas al rey de Babilonia, que se propon\u00ed\u00ada escalar el cielo y ser igual al Alt\u00ed\u00adsimo (Is 14,12-15), y al rey de Tiro, que se enorgulleci\u00f3 hasta decir: \u2020\u0153Un dios soy yo, en la morada de un dios habito, en medio del mar\u2020\u2122 (Ez 28,1-19). La suerte de estos soberbios es la humillaci\u00f3n m\u00e1s vergonzosa, dado que Dios no permite que un mortal pretenda equipararse a \u00e9l.<br \/>\nEn los textos apocal\u00ed\u00adpticos se pone de relieve la hybris de los reyes paganos. Nabucodonosor reconoce que Dios humilla a los que caminan en el orgullo (Dn 4,34). El tipo de hombre presuntuoso que se levanta contra Dios es Ant\u00ed\u00adoco IV Ep\u00ed\u00adfanes, el peque\u00f1o cuerno que \u2020\u0153profiere palabras monstruosas contra el Alt\u00ed\u00adsimo (Dn 7,25).<br \/>\nSintetizando las caracter\u00ed\u00adsticas del pecado en el AT, se puede afirmar que tiene siempre una dimensi\u00f3n religiosa, suponiendo una ruptura de las relaciones personales con Dios y un gesto de ingratitud. Al alejarse de Dios, el hombre tiende a afirmarse a s\u00ed\u00ad mismo contra Dios y a organizar<br \/>\nsu propia existencia en la autosuficiencia. La expresi\u00f3n m\u00e1s alta de esta actitud es la hybris. Adem\u00e1s de la dimensi\u00f3n vertical, el pecado tiene tambi\u00e9n un aspecto horizontal, en cuanto que la ruptura de las relaciones con Dios se expresa de forma consiguiente en el desquiciamiento de las relaciones con el pr\u00f3jimo. Efectivamente, toda falta contra el pr\u00f3jimo es considerada como una desobediencia al Se\u00f1or 2S 12,13; Sal 51; Pr 30,9). Finalmente, el pecado asume siempre un perfil comunitario, ya que es juzgado en correspondencia con el influjo negativo que ejerce sobre la vida del pueblo y sobre el plan salv\u00ed\u00adfico de Dios relativo a la naci\u00f3n elegida.<br \/>\n2439<br \/>\n6. Consecuencias,<br \/>\n2440<br \/>\na) La c\u00f3lera de Dios.<br \/>\nEl primer efecto del pecado es el de contristar a Dios, irritarlo y moverlo a la c\u00f3lera(Nm 11,1; Nm 12,9; Nm 18,5; Dt 1,34; Dt 9,8; Dt 9,19; Jos 9,20; Jos 22,18; Os 5,10; Os 13,11; Is 47,6; Is 54,9; Is 57,17; Jr 4,4; Jr 4,8; Jr 4,26; Jr 7,20; Jr 17,4; Jr 36,7; Ez 6,12; Ez 14,19; Ez 16,38; Sal 38,2; Sal 102,11; Sal 106,32). El Se\u00f1or esconde su rostro al pecado para no escucharlo (Is 59,2) ose niega a responder cuando le pide un or\u00e1culo (1S 14,37ss). Estas expresiones son met\u00e1foras an-tropom\u00f3rficas que ponen de relieve la referencia del pecado al Dios personal, ya que en cierto sentido Dios no puede verse alcanzado ni \u2020\u0153ofendido\u2020\u009d por el pecado.<br \/>\n2441<br \/>\nb) La culpa.<br \/>\nEn el pecador la acci\u00f3n pecaminosa produce un sentimiento de culpa. Los t\u00e9rminos het\u2020\u2122, \u2020\u02dcaw\u00f3n y pesa\u2020\u2122 indican no solamente el pecado, sino tambi\u00e9n el efecto del pecado que es la culpa. Es como un peso que grava sobre la conciencia (Gn 4,13; Is 1,4; Sal 38) y \u2020\u0153hace latir el coraz\u00f3n\u2020\u2122(IS 24,6; 2S 24,10); es un tormento del que el hombre no logra liberarse (SaI 51,5). El pecado de Jud\u00e1 est\u00e1 esculpido en su coraz\u00f3n, como una inscripci\u00f3n sobre la piedra (Jr 17,1); es como la herrumbre que roe una vasija met\u00e1lica (Ez 24,6 ). Estas met\u00e1foras indican el da\u00f1o que produce el pecado a la persona que lo comete. La culpa no es solamente una deuda que pagar al Se\u00f1or, sino que corrompe adem\u00e1s la conciencia del pecador.<br \/>\nEl sentimiento de culpa engendra verg\u00fcenza; mueve a los primeros padres a esconderse cuando Dios se les aparece en el jard\u00ed\u00adn del Ed\u00e9n (Gn 3,18), y le hace decir a David, cuando se da cuenta de la enormidad de sus cr\u00ed\u00admenes\u2020\u009d. \u2020\u0153 Ac pecado contra el Se\u00f1or!\u2020\u009d (2S 12,13).<br \/>\nLos pecados manchan al hombre, lo hacen impuro para el ejercicio del culto e incapaz de acercarse al Dios santo (Ps 51,4ss). El pecado lleva consigo su propia sanci\u00f3n. Al rechazar al Se\u00f1or, el pecador hace suya la inconsistencia de las cosas que ha preferido a Dios, haci\u00e9ndose \u00e9l mismo \u2020\u0153vanidad\u2020\u009d (Jr2,5).<br \/>\n2442<br \/>\nc) El endurecimiento.<br \/>\nLa multiplicaci\u00f3n de los pecados puede conducir al hombre a esta situaci\u00f3n, hundi\u00e9ndolo en una actitud de rechazo de Dios que lo hace incapaz de levantarse del abismo en que ha ca\u00ed\u00addo, a no ser que se realice un milagro. Esta situaci\u00f3n, designada como \u2020\u0153obstinaci\u00f3n en el pecado\u2020\u2122, se expresa en la Biblia mediante diversas im\u00e1genes: se habla de obcecaci\u00f3n (Is 6,10; Is 29,9), de coraz\u00f3n embotado (Is 6,10), incircunciso Dt 10,16; Jr 4,4; Jr 9,25; Ez 44,9), de piedra (Ez 11,19; Ez 36,26), de o\u00ed\u00addos tapados (Is 6,10; Jr 6,10; Za 7,11), de dura cerviz (Ex 32,9; Dt 9,6; Jr 7,26). Este estado puede afectar tanto a los jud\u00ed\u00ados como a los paganos. Es cl\u00e1sico el ejemplo del fara\u00f3n, que no quiere dejar partir a Israel de Egipto y se endurece a s\u00ed\u00ad mismo (Ex 7,13s.27; 8,15; 9,7.34s)o le endurece Dios el coraz\u00f3n (Ex 4,21; Ex 7,3; Ex 9,12; Ex 10,1; Ex 10,20; Ex 10,27). Los profetas denuncian el endurecimiento de Israel, que se niega a convertirse (Is 6,9s; 1,23; 29,9s; Os 4,7 Jer 5,2lss; Jr6,10). En los libros sapienciales los malvados son presentados como endurecidos en el mal (Pr 28,14; Pr 29,1).<br \/>\nEn algunos textos este endurecimiento del coraz\u00f3n se atribuye a la iniciativa directa de Dios (Is 6,9ss). El hombre sem\u00ed\u00adtico dif\u00ed\u00adcilmente distingue entre la voluntad positiva de Dios y la permisiva. Adem\u00e1s, endurecer no significa reprobar, sino expresar un juicio sobre un estado de pecado, ya que esto produce visiblemente sus frutos. La obstinaci\u00f3n es la caracter\u00ed\u00adstica del pecador, que quiere permanecer separado de Dios y se niega a convertirse. El endurecimiento no suprime la responsabilidad humana. En otros textos la obstinaci\u00f3n de Israel para no convertirse no se le atribuye a Dios, sino a la mala voluntad del pueblo (SaI 95,8).<br \/>\nEn el NT se habla del endurecimiento de los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas (Mc 6,52), de los jud\u00ed\u00ados (Hch 28,27;<br \/>\n2Co 3,14; Rm 11,7) y de los paganos (Ef 4,18). Se refiere a su negativa a creer en Jes\u00fas, a pesar de sus<br \/>\nense\u00f1anzas y de sus milagros. El ap\u00f3stol Pablo intenta encontrar un significado teol\u00f3gico a esta situaci\u00f3n.<br \/>\nEl endurecimiento del fara\u00f3n sirve para hacer que brille la gloria de Dios (Rm 9,14-18); la obstinaci\u00f3n de<br \/>\nIsrael en su rechazo de Cristo hace posible la entrada de las naciones paganas en la Iglesia (Rm 11,12-24<br \/>\n2443<br \/>\nd) Las desventuras.<br \/>\nEl primer pecado produce la ruptura de la amistad con Dios y los males que agobian a la humanidad Gn 3,16-24). El homicidio de Abel es causa de la maldici\u00f3n y del rechazo de Ca\u00ed\u00adn (Gn 4,8; Gn 4,16); el diluvio presentado como universal fue provocado por la corrupci\u00f3n de todos los hombres (Gen 6,5ss); el orgullo de Babilonia es la causa de la dispersi\u00f3n y de la confusi\u00f3n de lenguas (Gn 11,1-9). Sodo-ma y Gomorra son destruidas por causa de su impiedad (Gen 18,2Oss; 19,l2ss).<br \/>\nLos profetas anuncian como consecuencia de los pecados del pueblo las desventuras naturales y los reveses militares, la destrucci\u00f3n de Jerusal\u00e9n y del templo, as\u00ed\u00ad como el destierro en Babilonia. Ezequiel insiste en la muerte como efecto del pecado (Ez 18), ya que al alejarse de Dios el hombre se enajena de la salvaci\u00f3n y corre hacia la ruina y la perdici\u00f3n. La historia deuteronomista presenta todas las desgracias sufridas por Israel como un castigo por sus infidelidades a la alianza, seg\u00fan el esquema de las maldiciones propuesto por Dt 27,15-26.<br \/>\nLos libros sapienciales ponen de relieve el principio de que la impiedad es la ra\u00ed\u00adz de todos los males, mientras que el temor de Dios y la pr\u00e1ctica de la justicia procuran los bienes de esta vida (Pr 1,32; Pr 2,10-19 2,2Oss; 3,l6ss; Pr 18,31 Qo 7,l6ss).<\/p>\n<p>El nexo entre el pecado y sus consecuencias se percibi\u00f3 de una forma tan radical que se exigi\u00f3 un castigo para cada culpa. De aqu\u00ed\u00ad surgi\u00f3 la opini\u00f3n de que toda calamidad era consecuencia de una falta.<br \/>\nLos libros hist\u00f3ricos y prof\u00e9ticos atribuyen directamente a Dios el castigo de una acci\u00f3n pecaminosa. El puede castigar inmediatamente al imp\u00ed\u00ado o al pueblo culpable (Nm 16,32; Am 8,1-2), retrasar el castigo e incluso renunciar a \u00e9l (Am 7,lss.4ss). Cuando el pecador se arrepiente, Dios puede cambiar su prop\u00f3sito Am 5,15), mostrarse misericordioso y perdonar las culpas (Os 11,8; Jr3,12 18,8ss; Ex 18,23-32). Dios paciente y misericordioso (Ex 34,6; JI 2,13; SaI 86,15; SaI 103,8; SaI 145,8) ofrece al pecador el tiempo para convertirse; a veces env\u00ed\u00ada una desgracia para que el imp\u00ed\u00ado se enmiende o para probar al que ama( Am 4,5-11 Is l,5ss); Jb 5,17-26; Pr 3,12).<br \/>\nEn el AT se prev\u00e9 tambi\u00e9n la remisi\u00f3n del pecado mediante el aborrecimiento de la culpa, la conversi\u00f3n y la sumisi\u00f3n a Dios, el ofrecimiento de sacrificios, la reparaci\u00f3n de los da\u00f1os causados y la intercesi\u00f3n de los hombres que son agradables a Dios.<br \/>\n2444<br \/>\nII. EL PECADO EN EL NT.<br \/>\n2445<br \/>\n1. Presupuestos.<br \/>\nTambi\u00e9n en el NT falta una presentaci\u00f3n completa y sistem\u00e1tica de la dolorosa realidad que es el pecado. El tema se trata casi siempre de pasada, intentando dar cuerpo a ciertas intuiciones profundas. Con esta finalidad se utilizan las experiencias personales y algunas concepciones t\u00ed\u00adpicas de los ambientes rab\u00ed\u00adnicos y apocal\u00ed\u00adpticos de la \u00e9poca.<br \/>\nSe recogen diversos elementos del AT, como la naturaleza del pecado, algunas de sus consecuencias, su poder mal\u00e9fico. Sin embargo, el NT representa un progreso esencial en la comprensi\u00f3n del pecado. Se insiste en el hecho de que el lugar y la fuente del pecado es la intimidad del hombre; la naturaleza espec\u00ed\u00adfica del pecado consiste en ser una falta contra la bondad del Padre celestial. Se sondea el abismo en el que se precipita el pecador destinado a la perdici\u00f3n eterna; se ofrece una explicaci\u00f3n m\u00e1s profunda de la condici\u00f3n pecaminosa que une solidariamente a todos los hombres y se anuncia la liberaci\u00f3n definitiva del pecado gracias a la muerte redentora de Cristo.<br \/>\n2446<br \/>\n2. Filolog\u00ed\u00ada.<br \/>\nEl t\u00e9rmino m\u00e1s frecuente en el NT para indicar el pecado es hamart\u00ed\u00ada, usado especialmente en plural, para indicar diversas acciones culpables. Son t\u00ed\u00adpicas las frases \u2020\u0153confesi\u00f3n de los pecados\u2020\u009d (Mt 3,6; Mc 1,5 Un Mc 1,9), \u2020\u0153perd\u00f3n de los pecados\u2020\u009d (Mt 26,28; Mc 1,4; Lc 1,77; Lc 3,3; Lc 24,47; Hch 5,31; Col 1,14), \u2020\u0153salvar de los pecados\u2020\u009d(Mt 1,21). San Pablo utiliza este t\u00e9rmino en plural en las citas expl\u00ed\u00adcitas (Rm 4,7-8; Rm 11,27) e impl\u00ed\u00adcitas del AT (lTs 2,16; Gn 15,16; ico 15,17) y en las f\u00f3rmulas lit\u00fargicas (1Co 15,31; Ga 1,4; Col 1,14). A menudo san Pablo usa el t\u00e9rmino hamart\u00ed\u00ada en singular para indicar una fuerza maligna personificada que reina en el mundo (Rom 5,l2ss). En el cuarto evangelio el t\u00e9rmino en singular designa una disposici\u00f3n interior permanente del hombre y de la humanidad (Jn 8,21; Jn 9,41).<br \/>\nHam\u00e1rtema indica el efecto de un acto pecaminoso libre y consciente. Generalmente se usa en plural<br \/>\nMc 3,28; ico 6,18; Rm 3,25); en singular se utiliza para el pecado imperdonable contra el Esp\u00ed\u00adritu Santo<br \/>\nMc 3,29).<br \/>\nPar\u00e1ptoma significa ca\u00ed\u00adda, paso en falso, y se utiliza muchas veces en plural (Mt 6,14; Mc 1,25; 2Co 5,19; Ga 6,1; Rm 4,25; Rm 5,15; Rm 5,16; Rm 5,18; Rm 5,20; Ef 1,7; Ef 2,1; Col 2,13).<br \/>\nPar\u00e1basis, transgresi\u00f3n, se encuentra en las ep\u00ed\u00adstDIAS paulinas y en la carta a los Hebreos (Ga 3,19; Rm 2,23; Rm 4,15; Rm 5,14; 1 Tm 2,14; Hb 2,2; Hb 9,15).<br \/>\nOfellema, deuda, t\u00e9rmino raro en el AT, se deriva del lenguaje jur\u00ed\u00addico del judaismo tard\u00ed\u00ado. El primer evangelista lo utiliza en la oraci\u00f3n del padrenuestro (Mt 6,12) para indicar algo que le debemos a Dios. El pecado se asemeja a una deuda que hay que pagar al Padre, lo mismo que la que tenemos que perdonar nosotros a nuestros deudores. En san Pablo este concepto aflora en la met\u00e1fora del \u2020\u0153quir\u00f3grafo\u2020\u009d, esto es, del pagar\u00e9 que ha quedado suprimido por la cruz de Cristo (Col 2,14).<br \/>\nAnom\u00ed\u00ada, injusticia, sirve para designar un estado general de hostilidad contra Dios en un contexto escatol\u00f3gico, y equivale a una condici\u00f3n general de perversi\u00f3n religiosa (Mt 7,23; Mt 13,41; Mt 23,28; Mt 24,41<br \/>\n). Pablo usa este t\u00e9rmino en las f\u00f3rmulas derivadas de la catequesis primitiva (2Ts 2,7; 2Co 6,14).<br \/>\nAdik\u00ed\u00ada, t\u00e9rmino af\u00ed\u00adn al anterior, indica un estado de injusticia (Lc 13,27 16,8s; Lc 18,6; Hch 1,18). Es frecuente en la carta a los Romanos (Rm 1,18; Rm 1,29; Rm 2,8; Rm 3,5; Rm 6,13; Rm 9,14).<br \/>\n2447<br \/>\n3. La actitud de Jes\u00fas.<br \/>\nDe los evangelios sin\u00f3pticos se deduce que Jes\u00fas no se detuvo en describir la naturaleza del pecado, sino que considera a todos los hombres alejados de Dios, entregados al poder del demonio, y por tanto necesitados de conversi\u00f3n y de salvaci\u00f3n (Mt 13,38; Lc 13,16; Lc 22,31). La predicaci\u00f3n del reino de Dios acompa\u00f1ada de la invitaci\u00f3n a la conversi\u00f3n y del ofrecimiento de perd\u00f3n va dirigida a todo el pueblo Mc 1,14). El nexo entre la llegada del reino y el perd\u00f3n de los pecados se pone de relieve en el relato de la curaci\u00f3n del paral\u00ed\u00adtico (Mt 9,1-8; Mc 2,1-12; Lc 5,17-26) y en la pe-r\u00ed\u00adcopa de la unci\u00f3n de Jes\u00fas por parte de la pecadora (Lc 7,36-50).<br \/>\n2448<br \/>\na) Los pecados concretos y el coraz\u00f3n.<br \/>\nJes\u00fas conoce y denuncia los pecados concretos, como la vanidad, el orgullo, la mentira, el apego a las riquezas, la explotaci\u00f3n de los dem\u00e1s, el robo, el adulterio, el homicidio (Mt 23,1-26 Mc 7,2Oss; 12,38ss; Lc 11,37-52 16,l4ss; Lc 19,9-14; Lc 20, 45ss). Sin embargo, para Jes\u00fas el elemento constitutivo del pecado es un desorden interior, una disposici\u00f3n perversa del coraz\u00f3n. Efectivamente, el coraz\u00f3n, como sede de los pensamientos y de los deseos, representa la facultad espiritual del hombre, en la que se toman las decisiones relativas a la actividad exterior (Mt 15,10-20; Mc 7,14-23). En esta l\u00ed\u00adnea Jes\u00fas denuncia como pecados tambi\u00e9n los actos internos, que est\u00e1n en el origen de las acciones p\u00fablicas Mt 5,22; Mt 5,28). El pecado contra el Esp\u00ed\u00adritu Santo, es decir, la negativa obstinada a creer en Jes\u00fas, no se perdonar\u00e1 ni en esta vida ni en la otra, debido a la dificultad que se encuentra en cambiar la actitud b\u00e1sica negativa frente a Cristo. Las pol\u00e9micas con los fariseos y los escribas sobre el s\u00e1bado y las dem\u00e1s observancias rab\u00ed\u00adnicas muestran que Jes\u00fas conced\u00ed\u00ada mayor importancia a las exigencias de la persona que a la de las instituciones (Mt 12,1-8 Mc 2,23-3,25; Lc 6,1-11; Lc 11,14-32).<br \/>\n2449<br \/>\nb) Bondad con los pecadores.<br \/>\nCristo asumi\u00f3 una actitud ben\u00e9vola con los jud\u00ed\u00ados que no practicaban las prescripciones rab\u00ed\u00adnicas y que eran despreciados por los fariseos y considerados como pecadores. Proclama que ha venido a llamar a la conversi\u00f3n no a los justos, sino a los pecadores (Mt 9,13; Mc 2,17; Lc 5,32). Al discernir en la miseria religiosa y moral de esos hombres un valor escondido y despreciado, es decir, un reconocimiento fundamental de la propia impotencia y la necesidad de la gracia divina, Jes\u00fas reconoce en ellos una aptitud para acoger la llamada a la conversi\u00f3n, y por tanto para recibir la gracia de la justificaci\u00f3n (Lc 15,7; Lc 15,10; Lc 18; Lc 9-14). En este sentido los pecadores son los verdaderos clientes del reino. Por eso no es tanto el pecado en s\u00ed\u00ad mismo lo que constituye un obst\u00e1culo para la salvaci\u00f3n, sino la obstinaci\u00f3n en rechazar la invitaci\u00f3n divina a la conversi\u00f3n y la confianza puesta en s\u00ed\u00ad mismo y en las propias posibilidades. La condici\u00f3n de pecador que va acompa\u00f1ada del sentimiento de la propia miseria espiritual representa un terreno propicio para la obtenci\u00f3n del perd\u00f3n y de la salvaci\u00f3n. Lo demuestran las par\u00e1bolas de la dracma perdida, de la oveja extraviada y del padre misericordioso o del hijo pr\u00f3digo (Lc 15). Esta \u00faltima par\u00e1bola ense\u00f1a que el abandono de la casa paterna por parte del hijo m\u00e1s joven indica el rechazo de unas relaciones filiales con el padre, es decir, la negativa a recibir todos los bienes del amor paterno, pretendiendo que no se tiene ninguna necesidad de \u00e9l. Cuando regresa el hijo, el padre, superando todas las imposiciones de la justicia humana, perdona generosamente al hijo y lo trata con especial cari\u00f1o, hasta el punto de suscitar la envidia del hermano mayor.<br \/>\nJes\u00fas prev\u00e9 su propia muerte y le atribuye un valor expiatorio (Mt 26,28; Mc 14,24; Lc 22,20; Mc 10,45). Por eso la muerte de Jes\u00fas en la cruz es una especie de condenaci\u00f3n divina del pecado. Su resurrecci\u00f3n como victoria sobre la muerte aparece igualmente como una victoria sobre el pecado y sobre las fuerzas diab\u00f3licas.<br \/>\nLa ense\u00f1anza y el comportamiento de Jes\u00fas con los pecadores contienen una nueva revelaci\u00f3n sobre la naturaleza del pecado. Este nace de la intimidad del hombre, de su coraz\u00f3n perverso; es un<br \/>\ndesconocimiento voluntario del amor de Dios y una negativa a acoger la invitaci\u00f3n a la conversi\u00f3n, esto es, a creer en Cristo; el pecado somete al hombre a la esclavitud del demonio. Acogiendo el anuncio del reino de Dios, se obtiene el perd\u00f3n de los pecados y se entra en una relaci\u00f3n amorosa con el Padre celestial. El pecado del hombre queda superado por el sacrificio redentor de Cristo en la cruz.<br \/>\n2450<br \/>\n4. San Pablo.<br \/>\nM\u00e1s que cualquier otro autor del NT, san Pablo desarrolla el tema del pecado. El pecado es realmente el presupuesto de su soteriolog\u00ed\u00ada, que constituye el coraz\u00f3n de la teolog\u00ed\u00ada del ap\u00f3stol. De diversas formas y bajo diversos puntos de vista se menciona al pecado en todas las cartas paulinas. En efecto, el ap\u00f3stol considera el pecado desde el punto de vista psicol\u00f3gico, individual, social e hist\u00f3rico. En las cartas a los G\u00e1latas y a los Romanos la exposici\u00f3n es doctrinal y pol\u00e9mica. Sin embargo, san Pablo no nos ofrece un cuadro completo y ordenado de la realidad que es el pecado. El principal inter\u00e9s del ap\u00f3stol se centra en hacer brillar sobre el fondo tenebroso de la maldad humana la obra redentora de Cristo, \u2020\u0153entregado por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificaci\u00f3n\u2020\u009d (Rm 4,25).<br \/>\nUsando una decena de t\u00e9rminos para indicar las acciones pecaminosas, Pablo considera el pecado como una desobediencia a la voluntad de Dios, como una rebeli\u00f3n contra su ley, como un error culpable, como una acci\u00f3n injusta que se opone a la verdad, como una negaci\u00f3n de la sabidur\u00ed\u00ada divina. La naturaleza espec\u00ed\u00adfica del pecado es la oposici\u00f3n a Dios, que se puede manifestar de varias maneras, referirse a diversos objetos, pero considerados siempre en relaci\u00f3n con Dios y en contraste con la ley revelada por \u00e9l Rm 7,12; Rm 7,22), as\u00ed\u00ad como en ant\u00ed\u00adtesis con la raz\u00f3n y la conciencia, en la que est\u00e1 inscrita la ley de Dios (Rm 2,15; Rm 14,23), y con el evangelio (1Co 8,12; ico 6,1-18).<br \/>\n2451<br \/>\na) Lista de pecados.<br \/>\nEn el epistolario paulino, incluidas las cartas pastorales, se recogen 12 listas de pecados (1Co 5,lOs; 6,9s; 2Co 12,20s; Gal 5,l9ss; Rom l,29ss; 13,13; Col 3,5-8; Ef 4,31 lTm l,9s; 6,4s; Tt3,3; 2Tm 3,2-5). Estas listas no est\u00e1n ordenadas seg\u00fan una disposici\u00f3n l\u00f3gica; algunos t\u00e9rminos indican actos concretos; otros, m\u00e1s bien, una actitud pecaminosa general. En total se llegan a mencionar 92 vicios, que corresponden a las faltas cometidas m\u00e1s corrientemente en las comunidades eclesiales fundadas por el ap\u00f3stol. Se enumeran los pecados de los paganos (Rom 1 ,29ss), los de los cristianos antes de su conversi\u00f3n ico 6,11; Col 3,5-8 Ep 5,3ss; Tt3,3) y los de los cristianos ya bautizados (1Co 5,lOs; 2Co 12,20s; Gal 5,l9ss). En las diversas listas ocupan el primer puesto los pecados contra la caridad, luego los pecados contra el sexo, en tercer lugar los cometidos directamente contra Dios y, finalmente, la b\u00fasqueda de s\u00ed\u00ad mismo. Se le atribuye una gravedad especial al deseo de poseer cada vez m\u00e1s, lesionando los derechos del pr\u00f3jimo (pleonex\u00ed\u00ada: 2Co 9,5; Rm 1,29; Col 3,5; Ef 4,19; Ef 5,3). Esta ambici\u00f3n se equipara a la idolatr\u00ed\u00ada, el vicio t\u00ed\u00adpico de los paganos, siendo la ant\u00ed\u00adtesis de la moderaci\u00f3n, de la misericordia y de la caridad. Efectivamente, el ambicioso utiliza al pr\u00f3jimo como instrumento en beneficio propio y del propio placer. Tambi\u00e9n se les da mucha importancia a los pecados contra la castidad, ordinariamente en forma gen\u00e9rica (fornicaci\u00f3n, impureza, falta de pudor), pero tambi\u00e9n espec\u00ed\u00adfica (adulterio, homosexualidad). Especialmente las faltas contra naturam se consideran como un castigo de la idolatr\u00ed\u00ada (Rm 1,24).<br \/>\nLos pecados contra Dios, aunque no se mencionan con frecuencia, aparecen como la matriz de todos los dem\u00e1s (Rm 1,18-23). La idolatr\u00ed\u00ada es la negativa a glorificar a Dios conocido por la raz\u00f3n a trav\u00e9s de las criaturas. Esta negativa, arraigada en el orgullo del hombre, atribuye a uno mismo y a las criaturas el honor que se debe tan s\u00f3lo al Creador de todas las cosas. De este pecado caracter\u00ed\u00ads-ticcr del -paganismo proceden todas las desviaciones y perversiones, tanto en el terreno social como en el individual y familiar.<br \/>\nA veces se presenta como pecado por excelencia la concupiscencia (epi-thym\u00ed\u00ada: ico 10,6; Rm 7,7). Supone la negaci\u00f3n a depender de Dios y la pretensi\u00f3n de conseguir con las propias fuerzas lo que no se puede acoger m\u00e1s que como don.<br \/>\nLos actos pecaminosos enumerados en los cat\u00e1logos de vicios y expresados a menudo con t\u00e9rminos abstractos son siempre la manifestaci\u00f3n de una actitud moral \u00ed\u00adntima dominada por la corrupci\u00f3n. Las faltas particulares no se consideran como efecto de una debilidad moral moment\u00e1nea, sino como signo y expresi\u00f3n de una orientaci\u00f3n personal, que se encuentra en franca oposici\u00f3n con la voluntad de Dios.<br \/>\n2452<br \/>\nb) El pecado personificado.<br \/>\nEn las cartas a los Corintios (1Co 15,26; 2Co 5,21), a los G\u00e1latas (2,17; 3,22)y sobretodo a los Romanos (cc. 5-8) Pablo utiliza el t\u00e9rmino hamart\u00ed\u00ada en singular en un sentido muy particular. Este t\u00e9rmino aparece m\u00e1s de 40 veces en la carta a los Romanos. La hamart\u00ed\u00ada se presenta como una fuerza personificada, como un rey tirano que hace su entrada solemne en el mundo debido a la desobediencia del primer hombre (Rm 5,12). Esta fuerza malvada se difundi\u00f3 en todos los hombres, alcanzando incluso a la criatura irracional (Rm 8,12-22); es in-manante al hombre, habita en \u00e9l, act\u00faa en \u00e9l por medio de ciertos c\u00f3mplices; como fuerza perversa de dominaci\u00f3n, produce toda especie de concupiscencias y de deseos viciosos, seduce al hombre por medio del precepto, opera en \u00e9l el mal y le procura la muerte (Rm 7,7). Lo mismo que en Gen 3,13 la serpiente sedujo a la mujer, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n este \u2020\u0153pecado\u2020\u009d seduce al hombre. La hamart\u00ed\u00ada no pueTieTc-entificarse con Satan\u00e1s, que representa una potecia hostil, pero externa al hombre; sin embargo, se le atribuye el papel que Sg 2,4 atribuye al demonio.<br \/>\n2453<br \/>\nc) La carne.<br \/>\nLa sede, el \u00f3rgano y el instrumento del pecado es la carne (sarx), t\u00e9rmino usado por san Pablo en varios sentidos. En el contexto de la hamart\u00ed\u00ada, la palabra \u2020\u0153carne\u2020\u009d tiene un significado moral: indica al hombre deca\u00ed\u00addo y fr\u00e1gil, que alberga tendencias y deseos hostiles contra Dios, y conducentes por tanto a la muerte (Ga 5,16; Rm 6,13; Rm 7,14; Rm 7,20; Rm 7,25; Ef 2,3). Estos malvados apetitos tienen sujeto al hombre y lo dominan de tal manera que viola conscientemente la voluntad de Dios y comete el pecado. Pero el poder que la carne ejerce sobre el hombre no es constringente; tiene que vencer primero la resistencia del hombre interior, lo debe seducir y, a despecho de su libertad y responsabilidad personal, impulsarlo a cometer el pecado.<br \/>\n2454<br \/>\nd) La ley.<br \/>\nExiste una relaci\u00f3n muy estrecha entre la hamart\u00ed\u00ada, la carne y la ley, concretamente cualquier ley que se le imponga al hombre desde fuera. La hamart\u00ed\u00ada revela su propio poder mediante ley expresada positivamente en forma de precepto. De suyo la ley, como expresi\u00f3n de la voluntad de Dios, es buena y santa; pero solamente da el conocimiento del deber moral, sin comunicar la fuerza de cumplirla, despu\u00e9s de haber vencido los asaltos de la carne. Por eso, de hecho, la ley no hace m\u00e1s que activar y excitar las pasiones escondidas en nuestros miembros; no hace m\u00e1s que proporcionar a la concupiscencia la ocasi\u00f3n y el punto de apoyo para cometer una transgresi\u00f3n consciente y cualificada, y por tanto imputable al pecador. De esta manera la hamart\u00ed\u00ada revela por medio de la ley toda su funesta energ\u00ed\u00ada (1Co 15,56; Rm 3,20; Rm 4,15; Rm 5,20). La lucha encarnizada entre la pasi\u00f3n y la raz\u00f3n humana, entre la tendencia al bien y la tendencia al mal en la intimidad del hombre, queda magistral-mente descrita en Rom 7: la hamart\u00ed\u00ada, la carne y la ley est\u00e1n todas unidas y movilizadas contra el hombre que aspira al bien y a la justicia.<br \/>\n2455<br \/>\ne) Satan\u00e1s.<br \/>\nOtro c\u00f3mplice del poder nefasto del pecado personificado es Satan\u00e1s. La debilidad del esp\u00ed\u00adritu en los paganos, impedidos de abrir los ojos a la luz del evangelio, es atribuida por san Pablo al \u2020\u0153dios de este siglo\u2020\u009d(2Co 4,3s). Los no cristianos, que infringen la voluntad de Dios, viven en conformidad con el curso de este mundo, seg\u00fan \u2020\u0153el pr\u00ed\u00adncipe de las potestades a\u00e9reas\u2020\u009d(Ef 2,2). Gracias a la conversi\u00f3n, los paganos han sido arrancados del poder de las tinieblas y tienen que combatir ahora contra los principados, las potencias, el soberano de este mundo tenebroso, Satan\u00e1s, el enemigo de la causa de Dios (lTs 2,18; 2Co 2,11; Rm 16,20). El tentador por excelencia (lTs 2,18; 2Co 2,11; Rm 16,20) sabe transformarse en \u00e1ngel de luz; los falsos ap\u00f3stoles y los doctores de mentira son sus auxiliares (2Ts 2,9; 2Co 11,13). Lo mismo que Satan\u00e1s no fue extra\u00f1o a la introducci\u00f3n del pecado en el mundo, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n ahora act\u00faa oscureciendo la inteligencia de los hombres, manteniendo la idolatr\u00ed\u00ada entre los paganos y movi\u00e9ndolos a cometer los pecados carnales.<br \/>\n2456<br \/>\nf) Efectos:<\/p>\n<p>1) La esclavitud. El pecado personificado, confirmado por los actos pecaminosos personales, separa al hombre de Dios y lo reduce a una condici\u00f3n de esclavitud. Abandonado a sDIAS sus fuerzas, el hombre est\u00e1 vendido al poder del pecado (Rm 7,7-14), se ve entregado al pecado (Rm 1,24). La esclavitud del pecado es tal que el hombre es fundamentalmente incapaz de realizar el bien aunque quisiera. Pablo admite expresamente que el pecador tiene todav\u00ed\u00ada la posibilidad de conocer y de desear el bien, e incluso de complacerse interiormente en la ley del Se\u00f1or; pero que, por falta de fuerzas suficientes, el mal acabar\u00e1 infaliblemente dominando sobre \u00e9l.<br \/>\n2) La ira de Dios. El pecado est\u00e1 bajo la c\u00f3lera de Dios (Rm 1,18), es decir, se encuentra en una situaci\u00f3n de hostilidad con Dios. El quiso separarse del Se\u00f1or, y Dios permite esta separaci\u00f3n. La met\u00e1fora de la c\u00f3lera divina denota el abismo que aisla al que comete el mal de la fuente del bien, que es Dios. Privado de la gracia de Dios (Rm 3,23), el pecador se ve sometido a la angustia, a la tribulaci\u00f3n y a la corrupci\u00f3n Ga 6,8). Alejado de Dios, el hombre multiplica los pecados y cae en el abismo de la demencia. En efecto, el aumento de los pecados acaba corrompiendo el juicio moral del hombre (Rm 1,28) y haciendo que se obstine en una situaci\u00f3n de enemistad con Dios. Es \u00e9ste el primer castigo que el pecado lleva consigo. El abismo que separa al hombre de Dios se hace cada vez m\u00e1s profundo. Esta manifestaci\u00f3n de la c\u00f3lera divina aguarda el momento final, cuando en el juicio el hombre se fije definitivamente en su rebeli\u00f3n contra Dios (Rm 2,5-8; Rm 3,5; Rm 4,15; Rm 5,9; lTs 1,10; lTs 5,9). A este prop\u00f3sito, Pablo cita el ejemplo de los jud\u00ed\u00ados (Rm 2,5; 2Co 3,14) y de los paganos (Ef 4, 18).<br \/>\n3) La muerte. Adem\u00e1s el pecado engendra la muerte, ya que Dios es la fuente de la vida y, al apartarse de \u00e9l, el pecador se aleja de la vida. El estrecho nexo que existe entre la muerte y el pecado se pone de relieve especialmente en Rom 5-8. En ico 15,56 se indica que el pecado es el aguij\u00f3n de la muerte. No se trata solamente de un castigo ultraterreno, sino de un salario normal que se recibe ya en la existencia terrena. En efecto, ya desde ahora los pecadores se encuentran en el camino de la perdici\u00f3n, dominados por la fuerza del pecado y esclavos de Satan\u00e1s (1Co l,18;2Cor2,15;Rom7,14s). La muerte se presenta tambi\u00e9n como recompensa y consumaci\u00f3n del pecado (Rm 6,21) en el sentido de que lleva a su t\u00e9rmino la separaci\u00f3n de Dios. Esta muerte es ante todo la perdici\u00f3n eterna, el alejamiento definitivo de Dios; en segundo lugar designa tambi\u00e9n la condici\u00f3n desgraciada en que se encuentra el pecador ya en esta vida, y, finalmente, se\u00f1ala la muerte biol\u00f3gica, desgarrada por la angustia y por las tinieblas producidas por la ausencia de una perspectiva radiante de futuro. San Pablo concibe la muerte como un conjunto unitario, que comprende la muerte corporal, la espiritual y la eterna.<br \/>\nLa amartolog\u00ed\u00ada del ap\u00f3stol Pablo es penetrante y profunda. Va sondeando los recovecos del coraz\u00f3n humano, en donde anida una fuerza maligna que induce al hombre infaliblemente al mal, con la complicidad de la carne, de la ley y de Satan\u00e1s. Tiene delante de s\u00ed\u00ad el cuadro desolador de la corrupci\u00f3n del mundo pagano y de la infidelidad del pueblo de Israel, y registra a menudo los actos pecaminosos concretos. Insiste en las consecuencias ruinosas del pecado, que aleja de Dios y produce la muerte. Pero todo esto sirve para exaltar el amor de Dios, que envi\u00f3 a su Hijo a liberar a los hombres del pecado y de la esclavitud del demonio.<br \/>\n2457<br \/>\n5. La literatura joanea.<br \/>\na) Vocabulario propio.<br \/>\nEl t\u00e9rmino hamart\u00ed\u00ada (pecado) se encuentra 18 veces en el cuarto evangelio (14 en singular y cuatro en plural) y 17 veces en 1Jn (11 veces en singular y seis en plural). En el Apocalipsis aparece tres veces, siempre en plural. El verbo hamart\u00e1no (pecar) se usa tres veces en Jn y cuatro veces en Un.<br \/>\nLa palabra \u2020\u0153pecado\u2020\u009d puede significar las diversas acciones pecaminosas (Jn 8,3; Jn 8,34), como la mentira, el odio, la injusticia, la falta de acogida a los hermanos, o bien la culpa que permanece en la conciencia incluso despu\u00e9s de haberse cometido el acto malo. En este sentido hay que entender las expresiones: tener pecado (Jn 15,22.24), morir en el pecado (Jn 8,24), convencer de pecado (Jn 26,8 s).<br \/>\nA menudo en el evangelio y en la 1Jn el t\u00e9rmino usado en singular indica una condici\u00f3n o disposici\u00f3n individual y social, que se imprime en toda acci\u00f3n o palabra pecaminosa y que equivale a una potencia hostil a Dios y a su revelaci\u00f3n.<br \/>\nEn el evangelio y en 1Jn se establece una distinci\u00f3n en lo que se refiere al verbo \u2020\u0153pecar\u2020\u009d, entre la forma de aoristo, que significa cometer un pecado (Jn 9,2s), y la de presente o de perfecto, que significa perseveraren el estadode pecado (1Jn 1,10; 1Jn 2,1; 1Jn 3,6; 1Jn 3, 1Jn 5,16; 1Jn 5,18).<br \/>\n2458<br \/>\nb) La incredulidad.<br \/>\nEl cuarto evangelio no habla del pecado de forma abstracta, sino presentando la actitud de los diversos personajes frente a Cristo. Estos personajes asumen un car\u00e1cter t\u00ed\u00adpico. El evangelista valora el pecado dentro de las ant\u00ed\u00adtesis que constituyen una de las caracter\u00ed\u00adsticas de sus escritos: luz\/tinieblas, verdad\/mentira, amor\/odio, esclavitud\/libertad, vida\/muerte. En este contexto, el discurso de Juan sobre el pecado presenta un car\u00e1cter dram\u00e1tico y una radicalidad impresionante.<br \/>\nPara Jn, el pecado por excelencia consiste en negarse a acoger a Cristo, que es la luz del mundo; es decir, en la incredulidad frente al enviado del Padre, el Hijo unig\u00e9nito de Dios. Esta negativa aparece no s\u00f3lo como un acto concreto, sino como una opci\u00f3n fundamental y una actitud permanente negativa que decide de toda la existencia del hombre. La aparici\u00f3n en el mundo de la luz reclama una toma de posici\u00f3n y lleva a cabo un crisis; en caso de rechazarla, se establece uno en las tinieblas, esto es, en la condici\u00f3n de no salvaci\u00f3n. Esta situaci\u00f3n no es neutral, sino que supone una lucha contra la luz; por eso mismo se caracteriza por la aversi\u00f3n contra la luz, por el odio y la condenaci\u00f3n (Jn 3,19s). Por eso la incredulidad es impiedad y anarqu\u00ed\u00ada (1Jn 3,4). Tal es el pecado de los jud\u00ed\u00ados, que son tambi\u00e9n el tipo de los paganos no creyentes y del mundo (Jn 5,1O;Jn 5,16;Jn 5,18;Jn 6,41;Jn 6,52;Jn 1O,31;Jn 1O,33;Jn 11,8;Jn 16,6).<br \/>\nAl no acoger a Cristo, renegamos del Padre y formamos en las filas del demonio, que es el pr\u00ed\u00adncipe de este mundo (Jn 12,31). El pecadores un esclavo de Satan\u00e1s(Jn 8,34), ya que participa en las obras de aqu\u00e9l, que es homicida y mentiroso desde el principio (Jn 8,44). El demonio es la cabeza de la humanidad pecadora. En el rechazo de Cristo el evangelista descubre una acci\u00f3n sat\u00e1nica, ya que es una opci\u00f3n en favor de la mentira, de la esclavitud y de la muerte espiritual y eterna.<br \/>\nEntre las otras causas que suponen el rechazo de Cristo, Juan subraya tambi\u00e9n el aspecto subjetivo personal: no se cree en Cristo, porque se presume de s\u00ed\u00ad mismo y se desea permanecer en la situaci\u00f3n precedente, pensando que se est\u00e1 sin pecado y que es posible alcanzar la salvaci\u00f3n fuera de Cristo (Jn 3,l9ss; 5,36-46).<br \/>\n2459<br \/>\nc) El pecado del mundo.<br \/>\nEl evangelista habla tambi\u00e9n del pecado del mundo (Jn 1,29). En la literatura joanea, el t\u00e9rmino \u2020\u0153mundo\u2020\u009d tiene tambi\u00e9n, entre otros, un significado negativo, designando a todos los hombres, jud\u00ed\u00ados y paganos, que rechazan la revelaci\u00f3n definitiva tra\u00ed\u00adda al mundo por el Hijo de Dios. El pecado del mundo no significa el pecado de los hombres en general, ni la suma de los pecados individuales, sino el mal en s\u00ed\u00ad mismo, en toda su extensi\u00f3n y en sus consecuencias. Es una fuerza que ciega a la humanidad y se encuentra en la base de todas las tomas de posici\u00f3n contrarias a Dios.<br \/>\n2460<br \/>\nd) La herej\u00ed\u00ada.<br \/>\nEl pecado por excelencia en la 1 Jn es el rechazo de la tradici\u00f3n apost\u00f3lica, que confiesa a Cristo como Hijo de Dios venido en la carne (1Jn 2,22s). Esta negaci\u00f3n supone la ruptura de la comuni\u00f3n eclesial y engendra el odio contra los que se adhieren a la primitiva predicaci\u00f3n apost\u00f3lica (1Jn 2,19; 4,1; 2,9.11; 3,15; 4,20). Este pecado conduce a la muerte espiritual y eterna. Es llamado iniquidad e injusticia (1Jn 3,4; 1Jn 5,17); en efecto, va acompa\u00f1ada de una perversi\u00f3n que no deja ning\u00fan resquicio al arrepentimiento; es algo que hace suya la rebeli\u00f3n y la hostilidad de las fuerzas del mal en los \u00faltimos tiempos. Por eso este pecado es llamado anom\u00ed\u00ada, t\u00e9rmino t\u00e9cnico que designa la iniquidad de los tiempos que preceden al fin. La negaci\u00f3n de Jes\u00fas como Cristo e Hijo de Dios implica el rechazo de la realidad \u00faltima y definitiva, ya que se cierran los ojos a una luz meridiana. A este pecado se le atribuye una gravedad excepcional y un valor escato-l\u00f3gico.<br \/>\nEntre los creyentes se dan tambi\u00e9n pecados que no conducen a la muerte, es decir, pecados de fragilidad humana, que no suponen una aut\u00e9ntica opci\u00f3n fundamental negativa frente a Cristo (1Jn 5,16s). Estos pecados se perdonan con facilidad. Los fieles han de tener la conciencia de ser pecadores en este sentido; negarlo constituir\u00ed\u00ada una mentira comparable a la de los herejes (1Jn 1,8). Pero los que han nacido de Dios est\u00e1n en la condici\u00f3n de no pecar, esto es, de no separarse de Cristo (1Jn 3,9; 1Jn 5,18). Al haber vencido Jes\u00fas al pr\u00ed\u00adncipe de este mundo (Jn 12,31; Jn 16,33), derrot\u00f3 tambi\u00e9n al pecado. Mientras permanezca uno unido a Cristo, interiorizando su palabra y permaneciendo fiel a la comuni\u00f3n eclesial, no podr\u00e1 pecar<br \/>\n1 In IP<br \/>\n1Jn 3,9; 1Jn 5,18), es decir, separarse de \u00e9l.<br \/>\n2461<br \/>\n6. Otros escritos del NT.<br \/>\nEn los Hechos de los Ap\u00f3stoles se se\u00f1alan algunas acciones pecaminosas, como la traici\u00f3n de Judas Hch 1,15-20), la negativa de los habitantes de Jerusal\u00e9n a escuchar la palabra de Dios (Hch 3,14; Hch 3,17 ), la mentira de Ana-n\u00ed\u00adas y Safira, presentada como un ultraje cometido contra el Esp\u00ed\u00adritu Santo y una alianza pactada con Satan\u00e1s (Hch 6,1-11). El pecado de Sim\u00f3n mago consisti\u00f3 en querer reducir el don de Dios a una realidad controlable por los hombres y puesta bajo su dominio (Hch 8,18-24). La persecuci\u00f3n de la Iglesia por parte de Saulo antes de su conversi\u00f3n se debi\u00f3 a su persuasi\u00f3n de que hab\u00ed\u00ada que permanecer cerrado en el estrecho sistema de la ley mosaica, sin aceptar la cruz de Cristo como causa de la verdadera justicia y como indicaci\u00f3n de una nueva norma de vida.<br \/>\nLos Hechos mencionan a menudo el perd\u00f3n de los pecados gracias a la fe en Cristo y al bautismo Hch 2,38; Hch 5,31; Hch 10,43; Hch 13,38; Hch 26,18).<br \/>\nEn la carta a los Hebreos el pecado es considerado en sus aspectos concretos de rebeli\u00f3n contra Dios Hb 10,27), de apostas\u00ed\u00ada, de incredulidad y de desobediencia (Hb 3,12; Hb 6,6; Hb 10,26). Acecha al pueblo de Dios en todas las fases de su peregrinaci\u00f3n hacia la Jerusal\u00e9n celestial, como desviaci\u00f3n de la meta asignada y detenci\u00f3n en el camino, debido al enflaquecimiento espiritual. Los pecados son llamados \u2020\u0153obras muertas\u2020\u009d (Hb 6,1; Hb 9,14), porque manchan la conciencia e impiden un culto agradable a Dios. Se habla de la apostas\u00ed\u00ada como de un pecado irremisible (Heb 6,4ss; 1O,26s), en el sentido de que el sacrificio expiatorio de Cristo no puede repetirse y el pecador no puede verse reintegrado a su inocencia; pero no se excluye la posibilidad de un remedio de forma absoluta.<br \/>\nLa conducta y la acci\u00f3n pecaminosa del individuo es capaz de contagiar a la comunidad (Hb 12,15). Culpables ante Dios y ante los hermanos son todos los que descuidan la asistencia a las asambleas lit\u00fargicas o las abandonan (Hch 10,25), induciendo a los dem\u00e1s a seguir su mal ejemplo.<br \/>\nEn la carta de Santiago se destacan algunos aspectos sociales del pecado; la riqueza puede conducir a una explotaci\u00f3n brutal del pr\u00f3jimo (Jc 4,5s); el hablar irresponsable influye negativamente en la relaci\u00f3n mutua entre los hombres (St 3,4-8). La ira, la envidia, los juicios negativos sobre los dem\u00e1s se derivan del ego\u00ed\u00adsmo y de una falsa b\u00fasqueda de uno mismo (St 3,14 4,lss).<br \/>\nEn la 1P se nos habla de los pecados t\u00ed\u00adpicos de los que no han sido bautizados todav\u00ed\u00ada (IP 1,14). Pero tambi\u00e9n los cristianos tienen experiencia de \u2020\u0153las pasiones carnales, que hacen la guerra al esp\u00ed\u00adritu\u2020\u009d( IP 2,11; IP 4,2). El pecado parece ser connatural al hombre, vinculado a su ser corporal; pero mediante el bautismo y la uni\u00f3n con Cristo puede ser combatido y vencido.<br \/>\nEn las cartas de Jud y 2P se habla de los pecados de los maestros de error: conciernen a los des\u00f3rdenes morales en el matrimonio (2P 2,14), a la adulaci\u00f3n y a las lisonjas empleadas para imponerse a los dem\u00e1s (Jud 16; 2P2,15-18).<br \/>\n2462<br \/>\nIII. UNIVERSALIDAD DEL PECADO.<br \/>\n2463<br \/>\n1. Antiguo Testamento.<br \/>\nEn la Biblia aparece la convicci\u00f3n de que todos los hombres pertenecen a una raza pecadora.<br \/>\n2464<br \/>\na) G\u00e9nesis 1-11.<br \/>\nEn Gen 1-11 se describe la situaci\u00f3n universal de pecado. Con algunas excepciones (Abel: Gn 4,41 Henoc: Gen 5,22ss; No\u00e9: Gn 6,9; Gn 7,1), ya desde los or\u00ed\u00adgenes la humanidad se rebel\u00f3 contra Dios. El diluvio, presentado como universal, fue provocado, seg\u00fan la tradici\u00f3n J, por la maldad del hombre (Gn 6,5 ), mientras que, seg\u00fan la tradici\u00f3n P, el motivo de este castigo es la corrupci\u00f3n general de todos los mortales (Gen 6,12s). Existe una cierta solidaridad en el mal. Toda la estirpe de los camitas es una raza de pecadores (Gn 4,17-23). La generalizaci\u00f3n del pecado se explica como un proceso de imitaci\u00f3n: una generaci\u00f3n hereda el mal de la anterior. La influencia del pecado de los primeros padres sobre su descendencia se considera dentro del \u00e1mbito de las consecuencias del pecado, que acarrean la muerte, el trabajo fatigoso y la expulsi\u00f3n del jard\u00ed\u00adn, s\u00ed\u00admbolo de la interrupci\u00f3n de la familiaridad con Dios.<\/p>\n<p>2465<br \/>\nb) Los profetas.<br \/>\nEl rey Salom\u00f3n confiesa que no existe ning\u00fan hombre que no caiga en alguna culpa (IR 8,46). Los profetas de Israel denuncian los pecados de todo el pueblo (Os 4,2; Is 1,4; Is 5,7; Is 30,9). El profeta Isa\u00ed\u00adas se siente solidario de la impureza del pueblo (Is 6,5). Para Miqueas no existen hombres piadosos en el pa\u00ed\u00ads; todos est\u00e1n corrompidos (Miq 7,1-7). Jerem\u00ed\u00adas describe con tintas oscuras la perversidad general del pa\u00ed\u00ads (Jr5,1 5,28ss; Jr9,1-8), que anida en el coraz\u00f3n malvado y endurecido de cada individuo (Jr 13,23; Jr 17,9). Ezequiel considera toda la historia de Israel como una serie de infidelidades. Se dirige a Jerusal\u00e9n bajo la figura de una ni\u00f1a encontrada en el camino, que a pesar de la solicitud del Se\u00f1or desde su juventud siempre se mostr\u00f3 infiel a Dios, que hab\u00ed\u00ada hecho alianza con ella.(Ez 16). En el cap\u00ed\u00adtulo 23 el mismo profeta interpela a las dos hermanas, Jerusal\u00e9n y Samar\u00ed\u00ada, es decir, a los reinos de Jud\u00e1 y de Israel, divididos pero hermanos, que ya desde la salida de Egipto cometieron toda clase de abominaciones. Esta misma concepci\u00f3n de la historia de Israel se encuentra en Is 54. En algunas plegarias penitenciales posteriores al destierro los portavoces de la comunidad expresan su arrepentimiento por las faltas de sus antepasados (Esd 9,6-15 Neh l,6s; Is 63,7-64,11; Sal 78). Esta concepci\u00f3n se ve rubricada por la convicci\u00f3n de que la acci\u00f3n de un individuo repercute en la vida del grupo, ya que la existencia del grupo est\u00e1 profundamente marcada por las acciones de cada uno de sus miembros. Esto sucede no solamente en un momento determinado de la historia, sino a trav\u00e9s de todo el curso de la existencia de un pueblo. Un grupo social como la familia, la tribu y la naci\u00f3n es considerado a la manera de una persona concreta, que sobrevive en el tiempo y en el espacio debido a una especie de unidad biol\u00f3gica (personalidad incorporante).<br \/>\n2466<br \/>\nc) Los libros sapienciales.<br \/>\nLos sabios de Israel, que dirigen su atenci\u00f3n m\u00e1s all\u00e1 de los confines del pueblo elegido, interesados como est\u00e1n por la condici\u00f3n humana en general, afirman la fragilidad y la impureza de todo ser humano frente a Dios (Jb 4,17s; 15,l4ss; 14,4; Pr 20,9; Qo 7,20; Sal 143,2; 2Cr 6,36). Todos los hombres han cometido faltas, aunque s\u00f3lo sea pronunciando palabras imprudentes (Si 19,16). M\u00e1s a\u00fan, el pecado alcanza al hombre ya antes de su juventud, desde el primer momento de su existencia (Sal 51,7). La corrupci\u00f3n es un fen\u00f3meno humano general, del que los mismos hombres piadosos no son capaces de sustraerse por completo (Sal 12,1-5; Sal 14,1-4; Sal 140,2-6).<br \/>\n2467<br \/>\n2. Jes\u00faS.<br \/>\nEn su predicaci\u00f3n, Jes\u00fas supone que todos los hombres son pecadores, ya que dirige a todos su invitaci\u00f3n a la conversi\u00f3n (Mc 1,14s; Lc 13,3; Lc 13,5); en efecto, no hay nadie que no tenga culpa Lc 13,2-5; Jn 8,7). Jes\u00fas denuncia toda forma de orgullo y de autojustificaci\u00f3n (Lc 15,25-32; Lc 18,10-14).<br \/>\nAun insistiendo en el aspecto interior y personal del pecado, Jes\u00fas admite tambi\u00e9n un v\u00ed\u00adnculo colectivo en el mal a trav\u00e9s de las generaciones, adecu\u00e1ndose a la mentalidad del AT y del judaismo. Las generaciones precedentes mataron a los profetas consider\u00e1ndolos como seductores y traidores a la causa nacional, y por tanto como criminales. La generaci\u00f3n contempor\u00e1nea de Jes\u00fas lleva a su cumplimiento lo que hab\u00ed\u00adan emprendido los padres al matar a los profetas (Mt 23,29-36; Mt 23, Lc 11,47-51 13,34s). En la par\u00e1bola de los vi\u00f1adores homicidas, el asesinato de los profetas y del hijo del propietario de la vi\u00f1a, realizado en varias \u00e9pocas de la historia, se atribuye a los mismos oyentes de Jes\u00fas (Mt 21,23-45). Las culpas de las generaciones anteriores, que entregaron a la muerte a los enviados de Dios, pesan sobre el grupo alejado en el tiempo y cuya perversidad va creciendo continuamente. No se trata simplemente de una pura vinculaci\u00f3n geneal\u00f3gica, sino de una cierta asimilaci\u00f3n moral entre los descendientes de un mismo tronco. Esta misma concepci\u00f3n es la que aflora en Ac 7,51 y en lTh 2,15.<br \/>\n2468<br \/>\n3. San Pablo.<br \/>\nEl autor sagrado del NT que m\u00e1s ha insistido en la universalidad del pecado, a fin de subrayar la necesidad absoluta de la gracia de Cristo, es san Pablo. Su pensamiento queda expresado sobre todo en las cartas a los Romanos y a los Efesios.<br \/>\n2469<br \/>\na) La humanidad pecadora.<br \/>\nPrescindiendo de la gracia de Cristo, que act\u00faa en el mundo ya desde los comienzos de la humanidad, el ap\u00f3stol presenta a los paganos y a los jud\u00ed\u00ados de su tiempo -las dos categor\u00ed\u00adas en que se divid\u00ed\u00ada el mundo antiguo desde el punto de vista religioso- como profundamente hundidos en el pecado. Se trata de una constataci\u00f3n que se basa en la experiencia y en el testimonio de la Escritura. Por su nacimiento, los paganos se encuentran en una situaci\u00f3n de ignorancia de Dios y de su ley; por eso se los llama \u2020\u0153ateos y sin ley\u2020\u2122 (Ga 2,15; Ef 2,1-4; Ef 2,12); est\u00e1n muertos por causa de sus delitos y no buscan la justicia Rm 4,30). Los jud\u00ed\u00ados no han observado tampoco la ley (Rm 9,30), y son hijos de la c\u00f3lera lo mismo que los paganos (Ef 2,3). En Rom 1,18-3,19 el ap\u00f3stol presenta un cuadro impresionante de la abyecci\u00f3n moral en que hab\u00ed\u00ada ca\u00ed\u00addo la sociedad pagana y, con las debidas reservas, tambi\u00e9n la sociedad jud\u00ed\u00ada, sin el influjo ben\u00e9fico de Cristo. Todos est\u00e1n sometidos al pecado; no son solamente capaces de pecado ni est\u00e1n solamente inclinados al mismo, sino que son aut\u00e9nticos pecadores, sin excluir a los jud\u00ed\u00ados, que se consideraban justos (Rm 3,23). Al aducir el ejemplo de los dos grupos, paganos yjud\u00ed\u00ados, Pablo piensa en toda la humanidad que se encuentra fuera de la influencia de Cristo.<br \/>\n2470<br \/>\nb) El pecado de Ad\u00e1n.<br \/>\nCon una intuici\u00f3n genial, el ap\u00f3stol relaciona el pecado personificado -es decir, la inclinaci\u00f3n inherente a la naturaleza humana, opuesta a Dios y que induce a los pecados personales de manera infalible al hombre capaz de actos humanos- con la transgresi\u00f3n cometida por el primer hombre (Rm 5,12-21). Utilizando un lenguaje complejo, desde las alusiones a Gen 2-3 hasta las referencias a los libros ap\u00f3crifos y las argumentaciones de tipo rab\u00ed\u00adnico, Pablo admite una causalidad misteriosa y una influencia real del pecado de Ad\u00e1n sobre todos los hombres que se derivan de \u00e9l (Rm 5,12; ico 15,22). Las malas inclinaciones de que est\u00e1 infectada la naturaleza humana deben reducirse, como a su fuente com\u00fan, al pecado del primer hombre; por eso mismo todos los hombres se encuentran en la condici\u00f3n descrita para los paganosen Rom 1,18-25 y para los jud\u00ed\u00ados en Rom 2,1-24. En efecto, prescindiendodel influjo de la redenci\u00f3n de Cristo, que actu\u00f3 en la historia incluso antes de la muerte y de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, todos los hombres han pecado y pecan personalmente, por lo que est\u00e1n privados de la salvaci\u00f3n y est\u00e1n condenados a la perdici\u00f3n (Rm 5,12). La rebeli\u00f3n del primer hombre contra Dios situ\u00f3 a todos los hombres en un estado tal que no s\u00f3lo resulta inalcanzable la salvaci\u00f3n, sino que sin Cristo no es posible evitar la condenaci\u00f3n eterna. Pero lo mismo que es universal la causalidad pecaminosa de Ad\u00e1n, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n -iY con mayor raz\u00f3n!- es universal y eficaz la obra redentora de Cristo (Rm 5,15-21).<br \/>\n2471<br \/>\nc) Pecados personales.<br \/>\nEn Rom 7,7-25, las afirmaciones del ap\u00f3stol se aplican a cada hombre en particular, ya que se describe la condici\u00f3n del pecador que, libre y responsable d\u00e9 sus actos, no es capaz de realizar el bien y est\u00e1 condenado a pecar. Tal es la situaci\u00f3n de todos los hombres que se encuentran fuera de la influencia ben\u00e9fica de la obra salvadora de Cristo.<br \/>\nEn Ep 2,3 el hagi\u00f3grafo afirma que tanto los jud\u00ed\u00ados como los paganos, por el mismo hecho de su origen humano, son objeto de la c\u00f3lera divina. Se trata de una conclusi\u00f3n que el autor deduce de la universalidad del pecado, al que se designa suficientemente como fuente de las inclinaciones pecaminosas con las que est\u00e1 ahora contaminada la naturaleza humana.<br \/>\n2472<br \/>\nIV. ORIGEN DEL PECADO.<br \/>\n1. Antiguo Testamento.<br \/>\nLa Biblia no ofrece respuestas uniformes a la misteriosa cuesti\u00f3n del origen del pecado.<br \/>\n2473<br \/>\na) La fuerza demon\u00ed\u00adaca.<br \/>\nEn Gen 2-3, relato sapiencial y etiol\u00f3gico que tiende a explicar la actual condici\u00f3n humana se\u00f1alando sus causas en un acontecimiento primitivo, se ense\u00f1a que la miseria humana y el mal no provienen de Dios, sino de una rebeli\u00f3n del hombre contra Dios ocurrida en los comienzos de la humanidad. Como causa extr\u00ed\u00adnseca que indujo al pecado se presenta tambi\u00e9n a la serpiente, identificada m\u00e1s tarde con la potencia del demonio (Gn 3; Sb 2,24). En iSla causa de la locura homicida de Sa\u00fal es un ser divino; en 1R 22,21 un esp\u00ed\u00adritu divino impulsa a los reyes de Jud\u00e1 y de Israel a la irremediable derrota. Los males de Jb se le atribuyen al influjo de Satan\u00e1s (Jb 1,6).<br \/>\n2474<br \/>\nb) El coraz\u00f3n peiverso.<br \/>\nLos profetas descubren el origen de la malicia humana en la perversi\u00f3n radical del coraz\u00f3n. La resistencia a la voluntad de Dios es, seg\u00fan el profeta Jerem\u00ed\u00adas, una revelaci\u00f3n de las profundas disposiciones antidivinas arraigadas en el \u00e1nimo de todos los hombres, tanto jud\u00ed\u00ados (Jr 13,23) como paganos (Jr 3,17; Jr 9,25). Ezequiel habla de un coraz\u00f3n de piedra, sordo a todas las advertencias y rebelde a todas las ense\u00f1anzas (Ez 11,19; Ez 36,26).<br \/>\n2475<br \/>\nc) La inclinaci\u00f3n al mal.<br \/>\nLos sabiosde Israel con sus severos consejos (Pr 13,24; Pr 15,10; Pr 19,18 23,13s; Pr 29,17 5i7,23s; Pr 30,1; Pr 30,7-13; Pr 42,5-1 Asuponen como origen del pecado una inclinaci\u00f3n al mal arraigada en lo m\u00e1s profundo del ser del hombre, la cual es posible resistir pesar todo. En dos pasajes se habla un designio perverso, en el sentido una tendencia al mal, que m\u00e1s tarde recibir\u00e1 el nombre concupiscencia (Si 15,4; 37,3). Los profetas y los sabios se muestran expl\u00ed\u00adcitos la hora admitir una depravaci\u00f3n cong\u00e9nita la intimidad del hombre.<br \/>\n2476<br \/>\nd) El pecado de origen.<br \/>\nEn dos textos se menciona expresamente el pecado de los primeros padres para explicar la miseria actual de la condici\u00f3n humana. En Sg 2,24 se afirma que el hombre qued\u00f3 privado de la incorruptibilidad, a la que hab\u00ed\u00ada sido destinado por Dios, por causa de la envidia del demonio. En Si 24,23 se relaciona expresamente el origen del pecado y de la muerte con el comportamiento presuntuoso de la primera mujer.<br \/>\n2477<br \/>\n2. Evangelios sin\u00f3pticos.<br \/>\nEn los tres primeros evangelios no hay m\u00e1s que una vaga alusi\u00f3n al origen del pecado en el mundo. Insistiendo en las disposiciones internas de las acciones humanas, Jes\u00fas considera el coraz\u00f3n como la causa \u00faltima del bien y del mal (Mt 7,6-13 12,34s; Mt 15,8-20; Mc 7,6-13; Lc 6,45). El que tiene el coraz\u00f3n malo es un \u00e1rbol malo, que no puede menos de dar frutos podridos (Mt 12,33ss; Lc 6,43ss). Para Jes\u00fas la ra\u00ed\u00adz profunda del pecado es la facultad espiritual del nombre, en donde se toman las decisiones de las acciones exteriores (Mt 5,22; Mt 5,28). Adem\u00e1s, Jes\u00fas no excluye la influencia de Satan\u00e1s, ya que los pecadores son hijos del maligno (Mt 5,37 13,38s; Mc 4,15).<br \/>\n2478<br \/>\n3. San Pablo.<br \/>\nLa ense\u00f1anza de Pablo sobre el origen del pecado es la m\u00e1s difundida de toda la Biblia. El ap\u00f3stol remite al pecado de los primeros padres, que ejerce un influjo delet\u00e9reo en toda su descendencia (Rm 5,12-21); considera la naturaleza ca\u00ed\u00adda del hombre (s\u00e1rx) con su tendencia al mal; investiga el papel de la ley que da solamente el conocimiento de la ley de Dios, pero no la fuerza para cumplirla, y no excluye la influencia del demonio en las acciones malas que realiza el hombre.<br \/>\n2479<br \/>\n4. La literatura joanea.<br \/>\nSeg\u00fan los escritos joaneos, la ra\u00ed\u00adz del pecado es de \u00ed\u00adndole moral: una praxis perversa (Jn 3,l9ss), la b\u00fasqueda de la propia gloria (Jn 5,44), la pretensi\u00f3n de establecer por s\u00ed\u00ad mismo las modalidades de la b\u00fasqueda de la salvaci\u00f3n, la presunci\u00f3n de estar libre de pecado y de gozar ya de libertad (Jn 7-8). Se menciona adem\u00e1s el atractivo del mundo, con la concupiscencia de la carne y de los ojos y la soberbia de la vida (1Jn 2,l5ss).<br \/>\n2480<br \/>\n5. La tentaci\u00f3n.<br \/>\nUn elemento importante en el origen del pecado es el papel que juega la tentaci\u00f3n. No se trata de la prueba a la que Dios puede someter al hombre para experimentar su fidelidad y su perseverancia en el bien, cuyos cl\u00e1sicos ejemplos son la tentaci\u00f3n de Abrah\u00e1n (Gn 22,1-9) y la de Jb (Jb 1-2). En nuestro caso se trata del intento realizado para hacer que el hombre se desv\u00ed\u00ade del camino recto y para inducirlo a cometer pecados.<br \/>\nEl AT conoce la tentaci\u00f3n que proviene del demonio. En Gen 3 la desconfianza de Dios y la rebeli\u00f3n contra su voluntad son provocadas ante todo por la serpiente, en la que la tradici\u00f3n posterior vio el s\u00ed\u00admbolo del demonio (Sb 2,24). El modo con que el tentador procur\u00f3 arrastrar a la mujer se describe de una forma psicol\u00f3gicamente muy fina y sagaz. El censo de la poblaci\u00f3n ordenado por David se presenta tambi\u00e9n como una seducci\u00f3n del demonio.<br \/>\nCon mayor amplitud se describe la influencia del tentador sat\u00e1nico en el NT. El poder maligno puede suscitar males f\u00ed\u00adsicos para inducir al pecado; se sirve de las persecuciones y de los sufrimientos morales para provocar la apostas\u00ed\u00ada (1 Tes 3,4s; 1 Pe 5,8s); este esfuerzo ser\u00e1 m\u00e1s palpable en la era escatol\u00f3gica Ap 20,7).<br \/>\nSan Pablo subraya el papel de la concupiscencia, presente en lo \u00ed\u00adntimo del hombre, al comentar el mal Ga 5,16; Rm 7,14-25; Rm 6,12). Asimismo, algunos acontecimientos o circunstancias hist\u00f3ricas pueden ser no s\u00f3lo un obst\u00e1culo para la fe, sino tambi\u00e9n una incitaci\u00f3n a la infidelidad con Dios: la humilde actitud de Cristo (Mt 26,41; Mc 14,38; Lc 22,28), la enfermedad corporal (Gal 4,13s), la oposici\u00f3n al evangelio por parte de los no creyentes (lTh 3,4s). Sin embargo, Dios no permite que la tentaci\u00f3n supere las fuerzas del hombre (1Co 10,13; 2P 2,9). Mediante la vigilancia y la oraci\u00f3n es posible vencerlos est\u00ed\u00admulos internos y externos, que arrastran al hombre hacia el mal (Mt 26,41; Mc 14,38; Lc 22,40; Lc 22,46; Mt 6,13; Lc 11,4; Ap 3,10).<br \/>\nBIBL: Hempel J., S\u00fcnde und Offenbarung nach alttestamentlicher und neustestamentlicherAnschauung, en \u2020\u0153ZNW\u2020\u009d 10 (1932) 163-1 99; George ?., Fautes contre Yahweh dans les livres de Samuel, en \u2020\u0153RB\u2020\u009d 53 (1946)161-184; Monty, V., La nature du pech\u00e9 d\u2020\u2122apr\u00e9s le vocabulaire h\u00e9breu, en \u2020\u0153Sciences Eccl\u00e9siastiques\u2020\u009d 1 (1948) 95-1 09; Id, Peches graves etl\u00e9gers d\u2020\u2122apr\u00e9s le vocabula\u00ed\u00adre h\u00e9breu, en ib, 2 (1949) 129-168; Kirchgassner?., ErlosungundS\u00fcndeim NT, Herder, Friburgoi. 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Con este nombre se le conoce al menos unas 20 veces en los evangelios. Pablo, por el contrario, se refiere a Pedro con el apelativo arameo de K\u00e9fa, que aparece en total nueve veces en el NT. Sim\u00f3n Pedro es el hijo de Juan (Jn 1,42) o, en la forma aramea, bar- Yona, hijo de Jon\u00e1s (Mt 16,17). La figura de Pedro, que tiene un papel tan destacado en el NT, se carga de connotaciones todav\u00ed\u00ada m\u00e1s relevantes en la historia de la Iglesia ya desde los primeros siglos por el papel primacial de la sede romana, que apela a \u00e9l. As\u00ed\u00ad pues, son estas dos razones las que invitan a investigar en los textos del NT, donde confluyen tradiciones diversas, pero convergentes, a la hora de trazar el perfil hist\u00f3rico de Pedro y su itinerario espiritual, propuestos a cada uno de los cristianos y a sus comunidades.\n2482\n1. PEDRO EN LA TRADICION EVANGELICA.\nSe puede reconstruir una imagen petrina sobre la base de los tres evangelios sin\u00f3pticos, con los que est\u00e1 tambi\u00e9n de acuerdo la tradici\u00f3n joanea. Resaltan ante todo ciertos datos biogr\u00e1ficos comunes que remiten a una tradici\u00f3n s\u00f3lida: el nombre, el sobrenombre o apelativo, su funci\u00f3n en el grupo de los doce disc\u00ed\u00adpulos hist\u00f3ricos de Jes\u00fas, su presencia en algunos episodios de la historia de Jes\u00fas y particularmente en el drama de la pasi\u00f3n y en la experiencia pascual.\n2483\n1. La figura de Pedro en los evangel\u00ed\u00ados sin\u00f3pticos.\nSobre la base de una plataforma tradicional com\u00fan, que da raz\u00f3n de los rangos y de los datos convergentes en la figura y en la funci\u00f3n de Pedro, se desarrolla el trabajo redaccional de cada uno de los evangelistas. La imagen y el papel de Pedro se integran con algunos datos particulares sacados de la propia tradici\u00f3n; adem\u00e1s, el perfil de Pedro asume aspectos particulares seg\u00fan la perspectiva de cada autor. Pero, a pesar de estas diferencias, es posible recorrer el itinerario espiritual de Pedro siguiendo la documentaci\u00f3n evang\u00e9lica.\n2484\na) La llamada.\nPedro figura entre los primeros disc\u00ed\u00adpulos hist\u00f3ricos de Jes\u00fas, es decir, forma parte de aquel grupo de hombres adultos que comparti\u00f3 el destino y el estilo de vida del maestro en una actividad itinerante a lo largo de las aldeas de Galilea y en las peregrinaciones festivas a Jerusal\u00e9n. El dato com\u00fan de partida para reconstruir la imagen evang\u00e9lica de Pedro es la llamada, que atestiguan de com\u00fan acuerdo los tres sin\u00f3pticos, y tambi\u00e9n en parte la tradici\u00f3n joanea. La vocaci\u00f3n de Pedro forma parte de la escena de la llamada de los cuatro primeros disc\u00ed\u00adpulos, constituida por dos parejas de hermanos: por una parte Pedro y Andr\u00e9s, y por otra Santiago y Juan. Los cuatro son pescadores del lago de Galilea. La iniciativa se remonta a Jes\u00fas, el cual con su palabra autorizada los invita a compartir su destino de mes\u00ed\u00adas y predicador del reino de Dios. Efectivamente, este episodio se coloca inmediatamente despu\u00e9s del sumario de la actividad inaugural de Jes\u00fas, que anuncia la proximidad del reino de Dios (Mc 1,15): \u2020\u0153Pasando junto al lago de Galilea, vio a Sim\u00f3n y a Andr\u00e9s, el hermano de Sim\u00f3n, echando las redes en el lago, pues eran pescadores. Jes\u00fas les dijo: Venid conmigo y os har\u00e9 pescadores de hombres\u2020\u2122. Al instante dejaron las redes y le siguieron\u2020\u2122 (Mc 1,16-18). A las palabras de Jes\u00fas, que los saca de su actividad cotidiana proponi\u00e9ndoles una nueva misi\u00f3n con el estilo y la autoridad de Dios que llama a los profetas, sigue la respuesta de los dos hermanos, que se ponen a seguir a Jes\u00fas (Mt 4,18-22).\nEl tercer evangelista, Lucas, refiere la llamada de Pedro en un contexto de pesca prodigiosa. Fi\u00e1ndose de la palabra de Jes\u00fas, Sim\u00f3n Pedro y sus compa\u00f1eros echan la red al mar y la sacan llena de peces. Este gesto anticipa prof\u00e9ticamente la misi\u00f3n de os disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas. Viene a continuaci\u00f3n la reacci\u00f3n de Pedro, lo mismo que en las teofam\u2020\u2122as b\u00ed\u00adblicas, y las palabras de Jes\u00fas, que est\u00e1n sustan-cialmente de acuerdo con lo que dicen los otros sin\u00f3pticos (Lc 5,11; Jn 21,1-6).\nEsta posici\u00f3n preeminente de Pedro, que se remonta a la iniciativa de Jes\u00fas, aparece igualmente en la enumeraci\u00f3n de los doce disc\u00ed\u00adpulos que representan el n\u00facleo simb\u00f3lico del nuevo pueblo de Dios. El papel primordial de Pedro se pone de relieve en t\u00e9rminos expl\u00ed\u00adcitos por parte del primer evangelista, Mateo: \u2020\u0153Los nombres de los doce ap\u00f3stoles son: primero (griego, pro tos), Sim\u00f3n, llamado Pedro, y su hermano Andr\u00e9s...\u2020\u009d (Mt 10,2; Mc 3,13-19 par; Hch 1,13). Por consiguiente, gracias a la iniciativa de Jes\u00fas, que constituy\u00f3 en torno a su persona y actividad un grupo de disc\u00ed\u00adpulos, Pedro se ve asociado a la misi\u00f3n de Jes\u00fas en un lugar de primer plano.\n2485\nb) El seguimiento.\nLa tradici\u00f3n evang\u00e9lica sin\u00f3ptica est\u00e1 de acuerdo al presentar la figura de Pedro, que mantiene unas relaciones particulares con Jes\u00fas y con su actividad. En efecto, Jes\u00fas se hospeda en Cafar-na\u00fan en casa de Pedro, curando a su suegra (Lc 1,26-3 1 par). Pedro forma parte del grupo restringido de disc\u00ed\u00adpulos que se distinguen de los otros por participar m\u00e1s de cerca en algunos episodios de la misi\u00f3n de Jes\u00fas. Junto con Santiago y Juan asiste a la resurrecci\u00f3n de la hija de Jairo (Mc 5,37); junto tambi\u00e9n con ellos es testigo de la escena de la transfiguraci\u00f3n (Mc 9,2-8) y de la oraci\u00f3n dram\u00e1tica de Jes\u00fas en Getseman\u00ed\u00ad Mc 14,33 par). A este grupo, al que se a\u00f1ade ahora Andr\u00e9s, va dirigido el discurso escatol\u00f3gico de Jes\u00fas Mc 13,3).\nEn la historia evang\u00e9lica Pedro se convierte en diversas ocasiones en portavoz del grupo de los doce. As\u00ed\u00ad ocurre en el caso de la curaci\u00f3n de la mujer que perd\u00ed\u00ada sangre (Lc 8,45 cf Lc 12,41; Mc 11,21; Mt 15,15; Mt 18,21). Particularmente en la tradici\u00f3n de Mateo, la figura y el papel de Pedro adquieren un relieve mayor, pues Pedro es asociado al estatuto de Jes\u00fas, el mes\u00ed\u00adas y el Hijo de Dios (Mt 17,24, tributo al templo; Mt 14,28-31).\nEntre todos estos episodios evang\u00e9licos en los cuales Pedro desempe\u00f1a una funci\u00f3n activa y representativa del grupo de los disc\u00ed\u00adpulos, destaca el que se conoce como confesi\u00f3n de Ces\u00e1rea de Filipo. Es \u00e9sta una escena central en la estructura de los evangelios sin\u00f3pticos, porque representa un giro cr\u00ed\u00adtico entre el anuncio del reino de Dios en Galilea y el comienzo del camino hacia Jerusal\u00e9n, en donde habr\u00e1 de consumarse el drama final. El episodio est\u00e1 centrado en el di\u00e1logo entre Jes\u00fas y los disc\u00ed\u00adpulos. Cuando Jes\u00fas les pregunta: \u2020\u02dc,Qui\u00e9n dice la gente que soy yo?\u2020\u009d, los disc\u00ed\u00adpulos responden a coro recogiendo las im\u00e1genes de la opini\u00f3n p\u00fablica: \u2020\u0153Unos que Juan el Bautista, otros que Elias y otros que uno de los profetas\u2020\u2122. Entonces Jes\u00fas insiste en su pregunta, apelando directamente al grupo: \u2020\u0153Y vosotros, \u00bfqui\u00e9n dec\u00ed\u00ads que soy?\u2020\u009d Entonces respondi\u00f3 Pedro: \u2020\u0153T\u00fa eres el mes\u00ed\u00adas\u2020\u2122. Y Jes\u00fas les orden\u00f3 que no se lo dijeran a nadie (Mc 8,29-30 par). La escena de Ces\u00e1rea de Filipo en la triple tradici\u00f3n sin\u00f3ptica va seguida de un di\u00e1logo entre Jes\u00fas y Pedro. Efectivamente, desde aquel momento Jes\u00fas empieza a adoctrinar al grupo de los disc\u00ed\u00adpulos sobre el destino del Hijo del hombre, humillado y doliente, que al final ser\u00e1 condenado a muerte por las autoridades de Jerusal\u00e9n, pero al que Dios resucitar\u00e1 el tercer d\u00ed\u00ada. \u2020\u0153Esto lo dec\u00ed\u00ada con toda claridad. Pedro se lo llev\u00f3 aparte y se puso a reprenderle. Jes\u00fas se volvi\u00f3 y, mirando a sus disc\u00ed\u00adpulos, ri\u00f1\u00f3 a Pedro, dici\u00e9ndole: \u2020\u02dcjAp\u00e1rtate de m\u00ed\u00ad, Satan\u00e1s!, porque tus sentimientos no son los de Dios, sino los de los hombres\u2020\u009d (Mc 8,32-33). La reacci\u00f3n escandalizada de Pedro frente al anuncio del fracaso y del destino impotente del mes\u00ed\u00adas es muy comprensible, ya que est\u00e1 en contradicci\u00f3n con su imagen del mes\u00ed\u00adas referida unas l\u00ed\u00adneas m\u00e1s arriba. Es igualmente dura la reacci\u00f3n de Jes\u00fas, que llama a Pedro \u2020\u0153Satan\u00e1s\u2020\u009d, adversario, porque se opone al plan salv\u00ed\u00adfico de Dios. En este caso Jes\u00fas lo invita a ocupar su puesto, a seguirle. En efecto, inmediatamente despu\u00e9s los evangelios recogen la instrucci\u00f3n sobre el seguimiento, que consiste en compartir el destino de Jes\u00fas al precio m\u00e1s alto: la cruz y el riesgo de perder la propia vida.\nEn resumen, se presenta a Pedro como el prototipo de los disc\u00ed\u00adpulos que siguen a Jes\u00fas con sus entusiasmos y con sus crisis (Mc 10,28-31 par). En nombre del grupo o en primera persona, Pedro es el representante de los que siguen a Jes\u00fas y tambi\u00e9n el destinatario privilegiado de las instrucciones del maestro [1 Ap\u00f3stol\/Disc\u00ed\u00adpulo].\n2486\nc) La crisis.\nEl papel preeminente de Pedro respecto al grupo de los disc\u00ed\u00adpulos hist\u00f3ricos aparece con toda claridad en el contexto de la pasi\u00f3n. Despu\u00e9s de la cena final, los tres evangelios sin\u00f3pticos recogen unas palabras prof\u00e9ticas de Jes\u00fas relativas a la crisis que habr\u00e1 de abatirse sobre el grupo de los disc\u00ed\u00adpulos: \u2020\u0153Todos tendr\u00e9is en m\u00ed\u00ad ocasi\u00f3n de ca\u00ed\u00adda, porque est\u00e1 escrito: \u2020\u02dcHerir\u00e9 al pastor y las ovejas se\ndispersar\u00e1n\u2020\u2122. Pero despu\u00e9s resucitar\u00e9 e ir\u00e9 delante de vosotros a Galilea\u2020\u009d(Mc 14,2 7-28). En este momento Pedro, como en otras ocasiones, toma la palabra para disociarse del grupo de los disc\u00ed\u00adpulos escandalizados. \u2020\u0153Pedro le dijo: \u2020\u02dcAunque fueras para todos ocasi\u00f3n de ca\u00ed\u00adda, para m\u00ed\u00ad no\u2020\u009d(Mc 14,19). Entonces Jes\u00fas se dirige expresamente a Pedro -y le anuncia la crisis que se consumar\u00e1 con una negaci\u00f3n total de su Maestro aquella misma noche: \u2020\u0153Jes\u00fas le dijo: \u2020\u02dcTe aseguro que esta misma noche, antes de que el gallo cante dos veces, me negar\u00e1s tres\u2020\u2122. Pedro insisti\u00f3: \u2020\u02dciAunque tenga que morir contigo, jam\u00e1s te negar\u00e9!\u2020\u009d (Mc 14,30-31). La negaci\u00f3n de Pedro es preparada por la escena intermedia de Getseman\u00ed\u00ad. Pedro forma parte del grupo de los que fueron elegidos por Jes\u00fas para que estuvieran a su lado durante aquella noche. Pero mientras que Jes\u00fas encuentra en la oraci\u00f3n insistente y perseverante la fuerza necesaria para cumplir la voluntad del Padre, Pedro y los otros disc\u00ed\u00adpulos se muestran incapaces de velar junto a Jes\u00fas. Entonces Jes\u00fas se dirige una vez m\u00e1s a Pedro para decirle: \u2020\u0153iSim\u00f3n!, \u00bfduermes?,No has podido velar una hora? Velad y orad, para que no caig\u00e1is en tentaci\u00f3n. El esp\u00ed\u00adritu est\u00e1 dispuesto, pero la carne es d\u00e9bil\u2020\u009d (Mc 14,3 7-38 par). La debilidad de la condici\u00f3n humana no robustecida por la fuerza de Dios la experiment\u00f3 Pedro primero en el momento del arresto de Jes\u00fas y luego en la noche del proceso y de la condenaci\u00f3n. Seg\u00fan la tradici\u00f3n sin\u00f3ptica, uno de los que estaban con Jes\u00fas en el momento del prendimiento tom\u00f3 la espada con la intenci\u00f3n de defender por la fuerza al maestro y mes\u00ed\u00adas (Mc 14,47 par); Juan dice que se trataba de Pedro, el cual recibi\u00f3 de Jes\u00fas la orden de devolver la espada a su vaina (Jn 18,10-11). En la tercera escena se pone de manifiesto la completa crisis de Pedro, el cual por tres veces, ante las insistentes preguntas de los que se estaban calentando a la lumbre en el patio del palacio del sumo sacerdote, reniega de su maestro. La triple negativa corresponde a la triple instrucci\u00f3n de Jes\u00fas sobre la pasi\u00f3n del Hijo del hombre y a su triple oraci\u00f3n. Pero Pedro, que recorre hasta el fondo el camino de la crisis que le hab\u00ed\u00ada anunciado Jes\u00fas, encuentra tambi\u00e9n la fuerza de la conversi\u00f3n y del arrepentimiento. Es el recuerdo de las palabras de Jes\u00fas lo que le permite reconocer su fracaso y llorar amargamente su pecado (Mc 14,66-72 par). As\u00ed\u00ad pues, Pedro, en la reconstrucci\u00f3n que hacen los evangelios sin\u00f3pticos, es Ja figura paradigm\u00e1tica de todos los que siguen a Jes\u00fas, tanto en la adhesi\u00f3n espont\u00e1nea como en la experiencia de la crisis provocada por la duda y por el miedo en el seguimiento de un mes\u00ed\u00adas humillado y doliente.\n2487\nd) La rehabilitaci\u00f3n.\nLos tres evangelios sin\u00f3pticos refieren de manera especial con diversos acentos el cumplimiento de la promesa de Jes\u00fas a Pedro: despu\u00e9s de su resurrecci\u00f3n \u00e9l estar\u00e1 de nuevo al frente del grupo en Galilea Mc 14,28 cf Mc 16,7; Lc 24,34). Pero son las tradiciones de Lucas y de Mateo las que conceden un relieve particular a esta nueva funci\u00f3n de Pedro gracias a la palabra eficaz de Jes\u00fas. Lucas, dentro del contexto del discurso que sigui\u00f3 a la cena pascual, en el que se define el estatuto de la comunidad fiel y perseverante, refiere estas palabras de Jes\u00fas: \u2020\u0153Sim\u00f3n, Sim\u00f3n, mira que Satan\u00e1s ha pedido poder cribaros como el trigo, pero yo he rogado por ti para que no desfallezca tu fe. Y t\u00fa, cuando te arrepientas, confirma a tus hermanos\u2020\u009d (Lc 22,31-32). En virtud de la plegaria eficaz de Jes\u00fas, Pedro podr\u00e1 superar la crisis y la tentaci\u00f3n que provienen del adversario, de Satan\u00e1s. Y, tambi\u00e9n gracias a la palabra de Jes\u00fas, Pedro es restablecido en su funci\u00f3n de gu\u00ed\u00ada de la comunidad.\nEste mismo motivo se encuentra en la tradici\u00f3n de Mateo, el cual dramatiz\u00f3 la crisis de Pedro en la escena nocturna del encuentro en el lago. Jes\u00fas salva a Pedro de hundirse en las aguas respondiendo a su invocaci\u00f3n: \u2020\u0153iSe\u00f1or, s\u00e1lvame!\u2020\u009d (Mt 14,28-31). Pero es en el di\u00e1logo posterior a la confesi\u00f3n mesi\u00e1nica de Ces\u00e1rea cuando Jes\u00fas revela y promete a Pedro su funci\u00f3n eclesial. En primer lugar, en respuesta a la confesi\u00f3n de fe cristol\u00f3gica de Pedro: \u2020\u0153T\u00fa eres el mes\u00ed\u00adas, el Hijo del Dios vivo\u2020\u2122, Jes\u00fas respode: \u2020\u0153Dichoso t\u00fa, Sim\u00f3n, hijo de Juan, porque eso no te lo ha revelado la carne ni la sangre, sino mi Padre que est\u00e1 en los cielos\u2020\u009d (Mt 16,17). La declaraci\u00f3n de fe de Pedro se remonta a la iniciativa gratuita del Padre, que revela su plan salv\u00ed\u00adfico a los \u2020\u0153peque\u00f1os\u2020\u009d. Sobre la base de esta fe Pedro es constituido fundamento, \u2020\u0153roca\u2020\u009d, de la comunidad mesi\u00e1nica de Jes\u00fas -\u2020\u0153mi Iglesia\u2020\u009d- y se le conf\u00ed\u00ada la misi\u00f3n de gu\u00ed\u00ada autorizado de la misma: \u2020\u0153Yo te digo que t\u00fa eres Pedro y sobre esta piedra edificar\u00e9 mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecer\u00e1n contra ella. Te dar\u00e9 las llaves del reino de Dios; y lo que ates en la tierra quedar\u00e1 atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedar\u00e1 desatado en los cielos\u2020\u009d(Mt 16,18-19). La doble imagen de la roca y de las llaves sirve para definir la funci\u00f3n de Pedro en el \u00e1mbito de la Iglesia en virtud de la palabra eficaz de Jes\u00fas. Lo mismo que el \u2020\u0153mayordomo\u2020\u009d en la casa real, tambi\u00e9n Pedro tiene autoridad en la comunidad mesi\u00e1nica de Jes\u00fas con el poder de atar y desatar, es decir, seg\u00fan el lenguaje rab\u00ed\u00adnico de la \u00e9poca, la autoridad de pronunciar decisiones doctrinales.\nEn conclusi\u00f3n, la tradici\u00f3n sin\u00f3ptica reconstruye la figura y el papel de Pedro sobre una base hist\u00f3rica bien s\u00f3lida, ya que se conservan tambi\u00e9n ciertos datos que no corresponden en lo m\u00e1s m\u00ed\u00adnimo al proceso de idealizaci\u00f3n de los jefes. En segundo lugar, cabe destacar adem\u00e1s que la figura de Pedro es propuesta no s\u00f3lo como modelo del disc\u00ed\u00adpulo, sino tambi\u00e9n como representante autorizado y gu\u00ed\u00ada de la comunidad creyente.\n2488\n2. Pedro en la tradici\u00f3n joanea.\nEn una confrontaci\u00f3n entre los evangelios y el cuarto evangelio se obsevan algunas convergencias de fondo sobre la imagen de Pedro: el nombre, el apelativo P\u00e9tros, su pertenencia al grupo de los doce y la presencia caracter\u00ed\u00adstica de Pedro en algunos episodios de la pasi\u00f3n y resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas. Pero el cuarto evangelio puede utilizar una tradici\u00f3n particular en lo que se refiere a Pedro, que sirve para completar y puntualizar su perfil espiritual. Pedro se presenta como el portavoz del grupo de los doce en la crisis de seguimiento que acompa\u00f1\u00f3 al discurso de revelaci\u00f3n sobre el pan de vida. Cuando Jes\u00fas dirige al grupo esta pregunta: \u2020\u0153,Tambi\u00e9n vosotros quer\u00e9is iros?\u2020\u009d, Pedro responde: \u2020\u0153Se\u00f1or, \u00bfa qui\u00e9n iremos? T\u00fa tienes palabras de vida eterna. Nosotros creemos y sabemos que t\u00fa eres el santo de Dios\u2020\u009d (Jn 6,67-69). Esta declaraci\u00f3n de Pedro en nombre de los dem\u00e1s disc\u00ed\u00adpulos es el eco de la tradici\u00f3n sin\u00f3ptica sobre la confesi\u00f3n mesi\u00e1nica de Ces\u00e1rea de Filipo. Pero est\u00e1 formulada con los rasgos t\u00ed\u00adpicos del cuarto evangelio. Jes\u00fas es reconocido como el enviado de Dios, el \u00fanico mediador capaz de comunicar a todos los que lo acogen la vida plena de Dios. En las palabras de Pedro, que se convierte en portavoz del grupo de los disc\u00ed\u00adpulos hist\u00f3ricos, se advierte la concepci\u00f3n de la fe tradicional de Juan.\nOtro rasgo caracter\u00ed\u00adstico de la figura de Pedro en el cuarto evangelio es la confrontaci\u00f3n con el otro personaje representativo, \u2020\u0153el disc\u00ed\u00adpulo predilecto de Jes\u00fas\u2020\u009d. Este \u00faltimo es el int\u00e9rprete y la garant\u00ed\u00ada autorizada de la tradici\u00f3n presidida por Juan. Desde el comienzo del libro de la \u2020\u0153gloria\u2020\u009d (Jn 13,1) hasta la segunda conclusi\u00f3n (Jn 21,25), aparecen algunos episodios en los que las dos figuras, la de Pedro y la del disc\u00ed\u00adpulo amado, se mantienen una al lado de la otra en una relaci\u00f3n complementaria. Pedro, durante la cena final, cuando Jes\u00fas anuncia que el traidor est\u00e1 presente en el grupo de los doce, intenta descubrir qui\u00e9n es pregunt\u00e1ndolo a trav\u00e9s del disc\u00ed\u00adpulo que se encuentra junto a Jes\u00fas (Jn 13,24). En el relato de la pasi\u00f3n, el evangelista advierte que, mientras que todos los dem\u00e1s disc\u00ed\u00adpulos huyeron, \u2020\u0153Sim\u00f3n Pedro y otro disc\u00ed\u00adpulo segu\u00ed\u00adan a Jes\u00fas. Y este disc\u00ed\u00adpulo, como era conocido del sumo sacerdote, entr\u00f3 con Jes\u00fas en el atrio del sumo sacerdote; pero Pedro se qued\u00f3 fuera, a la puerta. Sali\u00f3 entonces el otro disc\u00ed\u00adpulo, conocido del sumo sacerdote, habl\u00f3 a la portera y pas\u00f3 a Pedro\u2020\u009d (Jn 18,15-16). Pero la escena m\u00e1s significativa para ver la relaci\u00f3n entre estas dos figuras ejemplares es la visita, el primer d\u00ed\u00ada de la semana, al sepulcro de Jes\u00fas, que Mar\u00ed\u00ada de Magdala hab\u00ed\u00ada encontrado abierto y vac\u00ed\u00ado. La mujer corre a advertir a Sim\u00f3n Pedro y al otro disc\u00ed\u00adpulo predilecto de Jes\u00fas. Los dos disc\u00ed\u00adpulos corren al sepulcro, y llega primero el disc\u00ed\u00adpulo preferido de Jes\u00fas: \u2020\u0153Se asom\u00f3 y vio los lienzos por el suelo, pero no entr\u00f3. Enseguida lleg\u00f3 Sim\u00f3n Pedro, entr\u00f3 en el sepulcro y vio los lienzos por el suelo; el sudario con que le hab\u00ed\u00adan envuelto la cabeza no estaba en el suelo con los lienzos, sino doblado en un lugar aparte. Entonces entr\u00f3 el otro disc\u00ed\u00adpulo que hab\u00ed\u00ada llegado antes al sepulcro, vio y crey\u00f3\u2020\u009d (Jn 20,3-8). En esta composici\u00f3n aparece la perspectiva joanea en la presentaci\u00f3n de la figura de Pedro en relaci\u00f3n con la del \u2020\u0153disc\u00ed\u00adpulo\u2020\u009d que llega a la fe. Esta confrontaci\u00f3n no rebaja la autoridad de Pedro, sino que la coloca en otro nivel y le da otra funci\u00f3n. Es lo que aparece tambi\u00e9n en la \u00faltima escena pascual, registrada en el ep\u00ed\u00adlogo del cuarto evangelio. Pedro, con otros siete disc\u00ed\u00adpulos, vuelve a su actividad anterior de pescador en el lago de Galilea. En este contexto, Jes\u00fas se hace presente como un personaje an\u00f3nimo que camina por la orilla del lago. Tan s\u00f3lo por una palabra suya los disc\u00ed\u00adpulos obtienen una pesca extraordinaria. Entonces el disc\u00ed\u00adpulo predilecto lo reconoce como el Se\u00f1or. Pero es Pedro el que, ech\u00e1ndose al agua, alcanza a Jes\u00fas en la orilla. Despu\u00e9s de haber comido el almuerzo que Jes\u00fas hab\u00ed\u00ada preparado a sus disc\u00ed\u00adpulos, se recoge un di\u00e1logo en el que Jes\u00fas se dirige a Pedro con estas palabras: \u2020\u0153Sim\u00f3n, hijo de Juan, \u00bfme amas m\u00e1s que \u00e9stos?\u2020\u009d (Jn 21,15).\n\nLa triple pregunta sobre el amor preside al triple encargo pastoral: \u2020\u0153Apacienta mis corderos-ovejas. La pregunta de Jes\u00fas y la misi\u00f3n pastoral de Pedro entran dentro de la perspectiva del cuarto evangelio: la rehabilitaci\u00f3n de Pedro y la prolongaci\u00f3n de la misi\u00f3n pastoral de Jes\u00fas. En efecto, Pedro es llamado a seguirle como el \u00fanico aut\u00e9ntico \u2020\u0153pastor\u2020\u009d: dar la vida por \u00e9l. Dentro de este marco tiene lugar la \u00faltima confrontaci\u00f3n con el disc\u00ed\u00adpulo amado: \u2020\u0153Pedro, al verlo, dijo a Jes\u00fas: \u2020\u02dcSe\u00f1or, y \u00e9ste,\n\u00bfqu\u00e9?\u2020\u2122Jes\u00fas le dijo: \u2020\u02dcSi yo quiero que \u00e9ste se quede hasta que yo venga, a ti, \u00bfqu\u00e9? T\u00fa\nsig\u00faeme\u2020\u2122\u2020\u009d (Jn 21,22). De esta manera concluye la presentaci\u00f3n de la figura de Pedro en la tradici\u00f3n joanea, que, en el contexto de la pasi\u00f3n y de la resurrecci\u00f3n, se sit\u00faa en relaci\u00f3n de tensi\u00f3n complementaria con el disc\u00ed\u00adpulo autorizado. En sustancia, la imagen que da de Pedro el cuarto evangelio confirma la de los sin\u00f3pticos, acentuando la iniciativa de Jes\u00fas y la funci\u00f3n pastoral petri-na a partir de la experiencia de la pascua.\n2489\nII. PEDRO EN LA TRADICION DE LA PRIMERA IGLESIA.\nEl papel y la figura de Pedro que se nos ha conservado y transmitido en los textos evang\u00e9licos queda integrado y ampliado en el \u00e1mbito de la primera Iglesia, especialmente en esos dos filones tradicionales que son el que se refiere a Lucas, como autor de los Hechos de los Ap\u00f3stoles, y a Pablo, cuya actividad y mensaje se conserva en su epistolario.\n2490\n1. Pedro en los Hechos de los Ap\u00f3stoles.\nLa presencia de Pedro en la historia de la primitiva Iglesia que nos presenta Lucas es realmente impresionante, aunque reservada a la primera parte de los Hechos, concretamente desde el cap\u00ed\u00adtulo 1 al 15. Su nombre en esta parte de los Hechos se menciona por lo menos 56 veces. Se trata en esta primera secci\u00f3n de la obra lucana del origen y expansi\u00f3n de la Iglesia en el ambiente jud\u00ed\u00ado de Jerusal\u00e9n, de Judea y, m\u00e1s tarde, en Samar\u00ed\u00ada, seg\u00fan el programa que hab\u00ed\u00ada trazado Jes\u00fas resucitado (Hch 1,8). El papel activo y directivo de Pedro aparece desde el principio dentro del grupo de los disc\u00ed\u00adpulos hist\u00f3ricos, los ap\u00f3stoles, los cuales representan la continuidad entre Jes\u00fas y la Iglesia. Por eso es preciso sustituir a Judas, el traidor, mediante la elecci\u00f3n de Mat\u00ed\u00adas. Y es Pedro el que toma la palabra para proponer a la peque\u00f1a asamblea electiva la funci\u00f3n \u2020\u0153testimonial\u2020\u009d de los ap\u00f3stoles, garantes de la continuidad hist\u00f3rico- espiritual de Jes\u00fas (Hch 1,15-26). Igualmente es una vez m\u00e1s Pedro el que, el d\u00ed\u00ada de pentecost\u00e9s, pronuncia el discurso program\u00e1tico, prototipo de los anuncios misioneros en los Hechos.\nFrente a la reacci\u00f3n de los jud\u00ed\u00ados, que confunden la experiencia carism\u00e1tica con una exaltaci\u00f3n colectiva, Pedro toma la palabra en medio de los once y da la interpretaci\u00f3n aut\u00e9ntica del fen\u00f3meno, como cumplimiento de las promesas de Dios para los \u00faltimos tiempos. Viene a continuaci\u00f3n la proclamaci\u00f3n del mensaje cristiano centrado en Jes\u00fas, el hombre rechazado por las autoridades jud\u00ed\u00adas, pero rehabilitado por Dios. El don del Esp\u00ed\u00adritu es el signo de que Jes\u00fas ha sido entronizado a la derecha de Dios y constituido Cristo y Se\u00f1or (Hch 2,12-36). La predicaci\u00f3n de Pedro concluye con una llamada a la conversi\u00f3n, que da origen a la primera comunidad cristiana en Jerusal\u00e9n (Hch 2,38-41). La expansi\u00f3n del movimiento cristiano en el ambiente de Jerusal\u00e9n y en Judea ve una vez m\u00e1s a Pedro en primer plano. El choque con las autoridades jud\u00ed\u00adas del templo y del sanedr\u00ed\u00adn es la consecuencia del gesto taumat\u00fargico de Pedro, que, junto con Juan, cura al paral\u00ed\u00adtico en la puerta Hermosa del templo (Hch 3,1-1O;Hch 3,11-26). En su primera comparecencia ante el consejo-tribunal -el sanedr\u00ed\u00adn-Pedro da testimonio de Jes\u00fas, constituido por Dios como \u00fanico y definitivo \u2020\u0153salvador\u2020\u009d. Y a la prohibici\u00f3n de las autoridades jud\u00ed\u00adas de hablar en nombre de Jes\u00fas, Pedro y Juan responden: \u2020\u0153c\u00c2\u00b0 parece justo ante Dios que os obedezcamos a vosotros antes que a \u00e9l? Nosotros no podemos dejar de decir lo que hemos visto y o\u00ed\u00addo\u2020\u009d (Hch 4,19-20). Este principio de la libertad cristiana vuelve a repetirse en la segunda comparecencia ante el sanedr\u00ed\u00adn jud\u00ed\u00ado. Una vez m\u00e1s es Pedro el que, en medio de los ap\u00f3stoles, toma la palabra afirmando: \u2020\u0153Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres\u2020\u009d (Hch 5,29).\nNo s\u00f3lo en la confrontaci\u00f3n con las autoridades jud\u00ed\u00adas de Jerusal\u00e9n, sino tambi\u00e9n dentro de la joven comunidad cristiana ocupa Pedro una funci\u00f3n directiva, como lo muestra el episodio ejemplar de Anan\u00ed\u00adas y Safi-ra (Hch 5,1-11). Los bienes recogidos para la asistencia de los pobres en la comunidad son administrados por el grupo de ap\u00f3stoles (Hch 4,35). Pero el autor de los Hechos presenta a Pedro poniendo al descubierto el intento de la pareja cristiana de enga\u00f1ar a la comunidad en el uso de los bienes y anunciando el juicio de Dios, el cual condena a los que aten\u00ed\u00adan contra el estatuto santo de la comunidad.\n2491\nTambi\u00e9n en la expansi\u00f3n de la Iglesia por el \u00e1mbito de Samar\u00ed\u00ada y entre los paganos se presenta a Pedro como protagonista. En el primer caso, acompa\u00f1ado de Juan, confirma mediante la imposici\u00f3n de manos la obra evangelizadora de Felipe entre los samaritanos. Al mismo tiempo desenmascara, en su confrontaci\u00f3n con Sim\u00f3n mago, el equ\u00ed\u00advoco de un ambiente sincretista que confunde el don del Esp\u00ed\u00adritu con un poder capaz de ser comercializado (Hch 8,17-25). La posici\u00f3n de Pedro en el proyecto de la misi\u00f3n cristiana reconstruida por Lucas aparece en toda su importancia en la cuesti\u00f3n de la admisi\u00f3n de los paganos en la comunidad cristiana como ciudadanos de pleno derecho. Con la opci\u00f3n del bautismo de Cornelio, el pagano convertido de Ces\u00e1rea Mar\u00ed\u00adtima, Pedro establece el principio de la libertad de los paganos respecto a las restricciones jud\u00ed\u00adas. La fe es la \u00fanica condici\u00f3n para formar parte del pueblo mesi\u00e1nico. Esto es ampliamente documentado por Lucas en dos cap\u00ed\u00adtulos fundamentales de su obra: el Esp\u00ed\u00adritu conduce a Pedro a superar las barreras \u00e9tnico-religiosas, aceptando la invitaci\u00f3n del oficial pagano Cornelio, a quien anuncia el evangelio en su propia casa. El don del Esp\u00ed\u00adritu, derramado sobre los paganos creyentes, confirma la revelaci\u00f3n de Dios. Pedro entonces los acoge en la comunidad cristiana mediante el bautismo (Hch 10,44-48). Pero esta decisi\u00f3n suya necesita ser defendida en la comunidad hist\u00f3rica de Jerusal\u00e9n frente a los convertidos jud\u00ed\u00ados. Pedro pone de relieve la iniciativa de Dios, a la que \u00e9l se ha adherido (Hch 11,1-18). Este principio de la salvaci\u00f3n de los paganos en virtud de la fe ser\u00e1 recogido en la asamblea de Jerusal\u00e9n. El problema que planteaba la conversi\u00f3n de los paganos, despu\u00e9s de la misi\u00f3n de Pablo y Bernab\u00e9 en la meseta de Anatolia, vuelve a encender las discusiones y las resistencias de los convertidos procedentes del judaismo de Jerusal\u00e9n. En el concilio que se re\u00fane para discutir la cuesti\u00f3n, Pedro apela a la experiencia ejemplar de Cornelio: \u2020\u0153Hermanos, vosotros sab\u00e9is que hace mucho tiempo Dios me eligi\u00f3 entre vosotros para que los paganos oyesen de mis labios la palabra del evangelio y abrazaran la fe. Y Dios, conocedor de los corazones, dio testimonio en su favor, d\u00e1ndoles el Esp\u00ed\u00adritu Santo igual que a nosotros; y no ha hecho diferencia alguna entre ellos y nosotros, purificando sus corazones con la fe\u2020\u009d (Hch 15,7-9). De aqu\u00ed\u00ad la conclusi\u00f3n que saca Pedro: no hay que imponer la ley jud\u00ed\u00ada, incapaz de comunicar la salvaci\u00f3n, puesto que \u2020\u0153nos salvamos por la gracia de Jes\u00fas, el Se\u00f1or, igual que ellos\u2020\u009d (Hch 15,11).\nA continuaci\u00f3n Pedro desaparece de la perspectiva lucana para dejar sitio a la figura y a la funci\u00f3n de Pablo, que llevar\u00e1 el evangelio hasta los confines de la tierra, seg\u00fan el programa de Jes\u00fas resucitado. Pero antes de cerrar el cap\u00ed\u00adtulo de Pedro, Lucas conserva un recuerdo de su \u2020\u0153pasi\u00f3n\u2020\u009d y liberaci\u00f3n pascual. El jefe de los doce es encarcelado despu\u00e9s del martirio de Santiago, hermano de Juan, por Herodes Agripa, el cual con esta pol\u00ed\u00adtica represiva intenta congraciarse con los ambientes jud\u00ed\u00ados de Jerusal\u00e9n. Pero el ap\u00f3stoles liberado prodigiosamente, durante la noche como en un peque\u00f1o \u00e9xodo pascual (Hch 12,1-17 ). Desde este momento Pedro desaparece,del horizonte hist\u00f3rico lucano. En resumen, se puede decir que el papel de Pedro es decisivo en el origen de la primera Iglesia dentro del \u00e1mbito jud\u00ed\u00ado. Es el protagonista en algunas opciones program\u00e1ticas de la misi\u00f3n, pero tambi\u00e9n en la direcci\u00f3n de la comunidad de Jerusal\u00e9n y de. Judea (Hch 9,32-43). Por consiguiente, desempe\u00f1a una doble funci\u00f3n: animar la misi\u00f3n cristiana trazando su recorrido ideal y ser el gu\u00ed\u00ada autorizado de la Iglesia.\n2492\n2. Pedro en el testimonio de Pablo y de su tradici\u00f3n.\nLas cartas aut\u00e9nticas de Pablo tienen un valor de primer orden para reconstruir la historia de la misi\u00f3n cristiana y de sus protagonistas, ya que se trata de textos que es posible fechar con cierta seguridad. Pablo, el ap\u00f3stol de los paganos, menciona a Pedro en sus escritos tanto en relaci\u00f3n con la Iglesia hist\u00f3rica de Jerusal\u00e9n como en el contexto de su autorizaci\u00f3n para el apostolado.\n2493\na) Pedro entre las \u2020\u0153columnas\u2020\u009dde la Iglesia.\nLa menci\u00f3n m\u00e1s antigua de Pedro en los textos del NT se conserva en la primera carta enviada por Pablo a la comunidad de Corinto a mediados de los a\u00f1os cincuenta. En ella Pablo remite a su actividad de evangelizador en la ciudad de Corinto, que habr\u00ed\u00ada desarrollado al comienzo de dichos a\u00f1os; refiere el contenido esencial del anuncio evang\u00e9lico que dio comienzo a aquella joven Iglesia. Con una f\u00f3rmula protocolaria presenta la autoridad tradicional del evangelio relativo a Cristo, el cual \u2020\u0153muri\u00f3 por nuestros pecados, seg\u00fan las Escrituras; que fue sepultado y resucit\u00f3 al tercer d\u00ed\u00ada, seg\u00fan las Escrituras, y que se apareci\u00f3 a Cefas y luego a las doce\u2020\u009d (1Co 15,3-5). Pedro, mencionado en este texto con el correspondiente arameo Cefas, es situado en cabeza de la lista de los destinatarios de la manifestaci\u00f3n de Jes\u00fas resucitado. Forma, parte\u2020\u009d del grupo hist\u00f3rico de los doce, y por tanto de los testigos autorizados y cualificados por la tradici\u00f3n. Unos cap\u00ed\u00adtulos antes, Pablo se hab\u00ed\u00ada referido a Pedro-Cefas como modelo ejemplar de la funci\u00f3n apost\u00f3lica, junto con Santiago y los hermanos del Se\u00f1or (1Co 9,5-6). Por lo dem\u00e1s, Pedro, designado siempre con el apelativo arameo de Cefas, es conocido en la comunidad cristiana de Corinto, si es cierto que un grupo apela a \u00e9l como l\u00ed\u00adder prestigioso para contraponerse a otros grupos que invocan, por el contrario, a Pablo, a Apolo e incluso al propio Cristo (1Co 1,12).\nHasta en la lejanas comunidades cristianas de Galacia, en donde Pablo hab\u00ed\u00ada anunciado el evangelio, es conocido Pedro, el jefe hist\u00f3rico del grupo de los doce. Efectivamente, Pablo, en la carta dirigida a aquella Iglesia, recuerda sus encuentros en Jerusal\u00e9n con Pedro, el ap\u00f3stol. Para legitimar su funci\u00f3n apost\u00f3lica y el contenido y el m\u00e9todo de su evangelio, Pablo traza una r\u00e1pida rese\u00f1a de sus relaciones con los dirigentes hist\u00f3ricos de la primera Iglesia. Despu\u00e9s de hablar de la \u2020\u0153revelaci\u00f3n\u2020\u009d de Damasco, Pablo contin\u00faa su autobiograf\u00ed\u00ada de este modo: \u2020\u0153Al cabo de tres a\u00f1os fui a Jerusal\u00e9n para conocer a Cefas, y estuve con \u00e9l quince d\u00ed\u00adas. Y no vi a ning\u00fan otro ap\u00f3stol fuera de Santiago, el hermano del Se\u00f1or\u2020\u009d Ga 1,18-19). Despu\u00e9s de esta primera visita a Pedr, Pablo menciona otra, que tuvo lugar catorce a\u00f1os m\u00e1s tarde, tambi\u00e9n en Jerusal\u00e9n, en compa\u00f1\u00ed\u00ada de Bernab\u00e9 y de Tito. El objetivo de esta segunda visita es el de confrontar con los dirigentes de la Iglesia el contenido y el m\u00e9todo de evange-lizaci\u00f3n practicado por Pablo entre los paganos, \u2020\u0153para saber si estaba o no trabajando in\u00fatilmente\u2020\u009d (Ga 2,1-2).\nEn este encuentro con los responsables de la Iglesia quedaron plenamente aprobados el m\u00e9todo de Pablo y su legitimidad de ap\u00f3stol: \u2020\u0153Los dirigentes no me a\u00f1adieron nada..., antes al contrario, vieron que yo hab\u00ed\u00ada recibido la misi\u00f3n de anunciar el evangelio a los paganos, como Pedro a los jud\u00ed\u00ados..., y Santiago, Pedro y Juan, que eran considerados como columnas, reconocieron que Dios me ha dado este privilegio, y nos dieron la mano a m\u00ed\u00ad y a Bernab\u00e9 en se\u00f1al de que estaban de acuerdo\u2020\u009d (Ga 2,7-9). El tercer episodio, que recuerda Pablo despu\u00e9s de este signo de mutuo reconocimiento, en el que Pablo insiste para subrayar su legitimidad de ap\u00f3stol y la validez de su m\u00e9todo misionero entre los g\u00e1latas, es conocido como la \u2020\u0153controversia de An-tioqu\u00ed\u00ada\u2020\u009d (Ga 2,11-14). Se trata de un contraste de car\u00e1cter pr\u00e1ctico-pastoral sobre las relaciones de los cristianos de origen jud\u00ed\u00ado con los reci\u00e9n convertidos del paganismo. En la comunidad mixta de Antioqu\u00ed\u00ada los dos grupos cristianos participan en las reuniones en com\u00fan. \u2020\u0153Cuando Pedro vino a Antioqu\u00ed\u00ada, yo me enfrent\u00e9 con \u00e9l cara a cara y le reprend\u00ed\u00ad. Pues antes de que viniesen algunos de parte de Santiago, \u00e9l com\u00ed\u00ada con los paganos; pero cuando vinieron, se retrajo y se apart\u00f3 por miedo a los jud\u00ed\u00ados\u2020\u009d Ga 2,11-12). Esta toma de posici\u00f3n y esta resistencia abierta de Pablo al modo de obrar de Pedro, que contradice su l\u00ed\u00adnea te\u00f3rica y a su praxis anterior, es un signo de la autoridad que Pablo atribuye al jefe hist\u00f3rico. En efecto, su ejemplo corre el riesgo de influir tambi\u00e9n en los m\u00e1s estrechos colaboradores de Pablo, como Bernab\u00e9. En defensa de la \u2020\u0153verdad del evangelio\u2020\u009d, es decir, del contenido esencial del papel salv\u00ed\u00adfico de la muerte de Jes\u00fas y de la metodolog\u00ed\u00ada misionera consiguiente, Pablo se enfrenta abiertamente con Pedro. En realidad, el discurso de Pablo, referido en la carta, no va dirigido a instruir a Pedro, sino que quiere recordar cu\u00e1l es el contenido esencial del evangelio, contradicho por aquellos que apelan a la figura de Santiago para imponer las restricciones jud\u00ed\u00adas a los reci\u00e9n convertidos paganos.\n2494\nb) La tradici\u00f3n petrina.\nEn el canon cristiano se conservan dos cartas, puestas bajo el nombre y la autoridad de Pedro [1 Pedro, primera carta; \/ Pedro, segunda carta]. En efecto, en los saludos respectivos el remitente se presenta como \u2020\u0153Pedro, ap\u00f3stol de Jesucristo\u2020\u009d, \u2020\u0153Sim\u00f3n Pedro, siervo y ap\u00f3stol de Jesucristo\u2020\u009d (IP 1,1; 2P 1,1). En el primer caso la carta va dirigida a los cristianos de la \u2020\u0153di\u00e1spora\u2020\u009d. As\u00ed\u00ad pues, la figura de Pedro se presenta como la del ap\u00f3stol autorizado. Es adem\u00e1s el \u2020\u0153m\u00e1rtir\u2020\u009d, testigo de Jesucristo, el \u2020\u0153pastor\u2020\u009d supremo, para dar autoridad a sus instrucciones y exhortaciones a los cristianos en crisis (IP 5,1-4). En la segunda carta, por el contrario, la imagen del ap\u00f3stol est\u00e1 en el fondo como punto de referencia para avalar la autoridad de la intervenci\u00f3n dirigida a desenmascarar las tendencias de car\u00e1cter gnostizante de los grupos disidentes. Pedro es realmente el que garantiza la tradici\u00f3n aut\u00e9ntica y la fe ortodoxa, \u2020\u0153el conocimiento de nuestro Se\u00f1or Jesucristo\u2020\u009d (2P 1,8). Sobre la base de una tradici\u00f3n ya bien s\u00f3lida, registrada en los evangelios, Pedro se presenta como el testigo hist\u00f3rico de Jes\u00fas que puede garantizar la autenticidad del mensaje cristiano frente a las especulaciones de los que se desv\u00ed\u00adan: \u2020\u0153Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Se\u00f1or Jesucristo basados en f\u00e1bulas h\u00e1bilmente imaginadas, sino como testigos oculares de su majestad. El recibi\u00f3 de Dios Padre el honor y la gloria cuando desde la excelsa gloria se le hizo llegar esta voz: \u2020\u02dcEste es mi hijo querido, mi predilecto\u2020\u2122. Esta voz bajada del cielo la o\u00ed\u00admos nosotros cuando est\u00e1bamos con \u00e9l en el monte santo\u2020\u009d (2P 1,16-18).\n2495\nConclusi\u00f3n.\nAl final de este estudio de reconstrucci\u00f3n del perfil hist\u00f3rico y espiritual de Pedro se puede admitir, sin ceder a preocupaciones apolog\u00e9ticas o a tendencias reductivas, que Pedro ocupa un lugar de primer plano, reconocido y atesti-guadopor toda la tradici\u00f3n neotesta-mentaria. Pedro es el disc\u00ed\u00adpulo hist\u00f3rico de Jes\u00fas, el testigo autorizado de su resurrecci\u00f3n y el que garantiza la autenticidad de la tradici\u00f3n cristiana.\n\nBIBL.: AA. VV. San Pietro. Atti della XIX Settimana B\u00ed\u00adblica, Paideia, Brescia 1967; AA.W., Saint Pierre dansle NT, LD 79, Cerf, Par\u00ed\u00ads 1974; AA.W., II serviziodiPietro, en \u2020\u0153ParVi\u2020\u009d22 (1977) 169-255; Benoit P., llphmato di San Pietro secondo Ii NT, en Esegesie Teolog\u00ed\u00ada, Ed. 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Fabris<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Cat\u00f3lico de Teolog\u00eda B\u00edblica<\/b><\/p>\n<p>A. Nombres <awen (\u00c2\u00baw<,a; , 205), \"iniquidad; vanidad; dolor\". Este t\u00e9rmino tiene dos cognados ar\u00e1bigos, <ana (\"estar fatigado, cansado\") y <aynun (\"debilidad; dolor; pena\"); adem\u00e1s, est\u00e1 emparentado con el vocablo hebraico <ayin (\"nada\"). La relaci\u00f3n entre estos cognados, seg\u00fan algunos estudiosos, sugerir\u00ed\u00ada que <awen significa la ausencia de todo lo que tiene verdadero valor. Por tanto, denotar\u00ed\u00ada \"sin valor moral alguno\", lo cual es el caso donde hay maldad, designios malvados y maledicencia. Otros eruditos aseveran que el t\u00e9rmino indica una \"carga o dificultad penosa\", es decir, que el pecado es un peso arduo y agotador de \"penas y dolores\", que el culpable acarrea sobre s\u00ed\u00ad mismo o sobre otros. Esta acepci\u00f3n se encuentra en Psa 90:10  \"Los d\u00ed\u00adas de nuestra edad son setenta a\u00f1os; y si en los m\u00e1s robustos son ochenta a\u00f1os, con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, pronto pasan, y volamos\". Un significado similar aparece en Pro 22:8  \"El que siembra maldad cosecha desgracias; el Se\u00f1or lo destruir\u00e1 con el cetro de su ira\" (nvi). <awen puede servir de t\u00e9rmino general para denotar crimen u ofensa, como en Mic 2:1 (rva): \"\u00c2\u00a1Ay de los que en sus camas planean iniquidad \u2020\u00a6 !\" (cf. Isa 1:13). En algunos pasajes, el vocablo se refiere a falsedad o enga\u00f1o: \"Las palabras de su boca son iniquidad y fraude; ha dejado de ser cuerdo y de hacer el bien\" (Psa 36:3). \"Porque las im\u00e1genes han hablado vanidad\" (Zec 10:2 rv; \"iniquidad\" lba). En Isa 41:29 (rva) se dice que los \u00ed\u00addolos enga\u00f1an a sus seguidores: \"He aqu\u00ed\u00ad que todos son iniquidad, y la obra de ellos nada es. Viento y vanidad son sus im\u00e1genes de fundici\u00f3n\". <asham (\u00c2\u00b5v;a; , 817), \"pecado; culpa; ofrenda por el pecado; transgresi\u00f3n; ofrenda por una transgresi\u00f3n\". Se encuentran cognados en ar\u00e1bigo: <ithmun (\"pecado; ofensa; delito; crimen\"), <athima (\"pecar, errar, resbalar\") y <athimun (\"pecaminoso; criminal; malvado; perverso\"). Sin embargo, los t\u00e9rminos ar\u00e1bigos no incluyen la idea de restituci\u00f3n. En los textos ugar\u00ed\u00adticos de Ras Shamra, el vocablo atm se encuentra en varios pasajes. Aunque no se puede constatar, los estudiosos creen que este t\u00e9rmino ugar\u00ed\u00adtico podr\u00ed\u00ada significar \"ofensa\" u \"ofrenda por el pecado\". <asham implica la condici\u00f3n de \"culpa\" debido a una ofensa, como en Gen 26:10  \"Abimelec le dijo \u2020\u00a6 Por poco pudiera haber dormido alguno del pueblo con tu mujer, y hubieras tra\u00ed\u00addo sobre nosotros culpabilidad\". La palabra puede referirse a la propia ofensa que acarrea culpa: \"Porque no ha sido abandonado \u2020\u00a6 aunque su tierra est\u00e1 llena de culpa delante del Santo de Israel\" (Jer 51:5 lba). Una acepci\u00f3n semejante del t\u00e9rmino se encuentra en Psa 68:21  \"Ciertamente Dios herir\u00e1 la cabeza de sus enemigos, la testa cabelluda del que anda en sus pecados\" (rvr; \"delitos\" lba; \"cr\u00ed\u00admenes\" bj; \"maldad\" bla). En la mayor\u00ed\u00ada de los casos, <asham se refieren a la compensaci\u00f3n que se paga para satisfacer al damnificado o bien a la \"ofrenda por culpa u ofensa\" que el culpable arrepentido presentaba despu\u00e9s de pagar una compensaci\u00f3n equivalente a las seis quintas partes del da\u00f1o ocasionado (Num 5:7-8). Esta \"ofrenda por culpa\" consist\u00ed\u00ada del sacrificio de la sangre de un carnero: \"El traer\u00e1 al sacerdote como sacrificio por la culpa un carnero del reba\u00f1o, sin defecto, evaluado seg\u00fan t\u00fa lo estimes. El sacerdote har\u00e1 expiaci\u00f3n por \u00e9l, por su pecado cometido por inadvertencia, y le ser\u00e1 perdonado\" (Lev 5:18 rva; cf. Lev 7:5, 7; 14.12\u201313). La declaraci\u00f3n teol\u00f3gica m\u00e1s significativa que contiene el vocablo <asham est\u00e1 en Isa 53:10, que dice que el siervo de Yahveh se declar\u00f3 <asham en favor de una humanidad pecaminosa. Esto sugiere que su muerte brind\u00f3 una compensaci\u00f3n de 120% por la ley quebrantada de Dios. >amal (lm;[; , 5999), \u00abmal; pena; infortunio; da\u00f1o; queja; maldad; trabajo\u00bb. Este nombre est\u00e1 relacionado con el verbo hebreo >amal (\u00abtrabajar\u00bb). El cognado ar\u00e1bigo >amila significa \u00abcansarse de arduo trabajo\u00bb. El vocablo arameo >amal quiere decir \u00abhacer\u00bb, pero sin que esto necesariamente involucre ardua labor. El uso fenicio y cananeo del t\u00e9rmino se aproxima m\u00e1s al ar\u00e1bigo; el libro de Eclesiast\u00e9s (que demuestra una considerable influencia fenicia) es un claro ejemplo de este uso: \u00abAsimismo, aborrec\u00ed\u00ad todo el duro trabajo con que me hab\u00ed\u00ada afanado debajo del sol\u00bb (Ec 2.18 rva). \u00abY tambi\u00e9n, que es un don de Dios que todo hombre coma y beba y goce del fruto de todo su duro trabajo\u00bb (Ec 3.13 rva). Un ejemplo relacionado aparece en Psa 107:12 (rva): \u00abPor eso someti\u00f3 sus corazones con dura labor; cayeron, y no hubo quien les ayudase\u00bb. En general, >amal se refiere a los problemas y sufrimientos que el pecado causa al pecador o bien a los problemas que esto provoca para otros. En Jer 20:18 se describe el dolor que recae sobre el pecador: \u00ab\u00bfPara qu\u00e9 sal\u00ed\u00ad del vientre? \u00bfPara ver trabajo [`amal] y dolor [yago\u00ed\u2020n], y que mis d\u00ed\u00adas se gastasen en afrenta? Otro caso se encuentra en Deu 26:7  \u00abY clamamos a Jehov\u00e1 el Dios de nuestros padres; y Jehov\u00e1 oy\u00f3 nuestra voz, y vio nuestra aflicci\u00f3n [>on\u00e9\u00ed\u2020], nuestro trabajo [`amal] y nuestra opresi\u00f3n [lahas]\u00bb. Job 4:8 (rva) ilustra el significado de problema como malicia contra otros: \u00abComo he visto, los que aran iniquidad [<awen] y siembran sufrimiento [`amal] cosechan lo mismo\". El vocablo se encuentra en Psa 140:9 (rva): \"En cuanto a los que me rodean, la maldad de sus propios labios cubrir\u00e1 sus cabezas\". En Hab 1:3 (rva) tambi\u00e9n se hace referencia a las aflicciones que infligimos a otros: \"\u00bfPor qu\u00e9 me muestras la iniquidad [<awen] y me haces ver la aflicci\u00f3n [>amal]? He aqu\u00ed\u00ad que surgen pleitos y contiendas; la destrucci\u00f3n y la violencia est\u00e1n delante de m\u00ed\u00ad\u00bb. >awon (\u00c2\u00ba\/[; , 5771), \u00abiniquidad\u00bb. Este vocablo derivado de la ra\u00ed\u00adz >awah, significa \u00abdoblado, doblegado, torcido, pervertido\u00bb o bien \u00abtorcer y perverso\u00bb. El cognado ar\u00e1bigo >awa quiere decir \u00abtorcer, doblegarse\u00bb; algunos estudiosos consideran que el verdadero cognado es el t\u00e9rmino ar\u00e1bigo ghara (\u00abdesviarse del camino\u00bb), pero hay menos justificaci\u00f3n para esta interpretaci\u00f3n. >Awon presenta el pecado como perversi\u00f3n de la vida (\u00abtorcerla fuera del camino correcto\u00bb), una perversi\u00f3n de la verdad (\u00abtorcer hacia el error\u00bb),o una perversion de la voluntad (\u00abdoblar la rectitud a una desobediencia deliberada\u00bb). El vocablo \u00abiniquidad\u00bb es la mejor palabra equivalente, a pesar de que el significado real de la ra\u00ed\u00adz latina iniquitas es \u00abinjusticia; falta de equidad; hostilidad; contrariedad\u00bb. >awon aparece a menudo en el Antiguo Testamento en paralelismo con otros vocablos que expresan pecado, tales como jattat<t (\"pecado\") y pesha (\"transgresi\u00f3n\"). Algunos ejemplos se encuentran en 1Sa 20:1  \"David \u2020\u00a6 acudi\u00f3 a Jonat\u00e1n y le dijo: \u00bfQu\u00e9 he hecho yo? \u00bfCu\u00e1l es mi maldad [>awon], o cu\u00e1l es mi pecado [jatta<t] contra tu padre, para que \u00e9l trate de quitarme la vida?\" (rva; cf. Isa 43:24; Jer 5:25). V\u00e9ase tambi\u00e9n Job 14:17 (rva): \"Mi transgresi\u00f3n [pesha] tienes sellada en una bolsa y recubres mi iniquidad [>awon]\u00bb (cf. Psa 107:17; Isa 50:1). El malhechor penitente reconoce su \u00abiniquidad\u00bb en Isa 59:12 (rva): \u00abPorque nuestras transgresiones se han multiplicado delante de ti, y nuestro pecado ha testificado contra nosotros. Porque con nosotros permanecen nuestras transgresiones; reconocemos nuestras iniquidades\u00bb (cf.1Sa 3:13). La \u00abiniquidad\u00bb debe confesarse: \u00abAar\u00f3n pondr\u00e1 sus dos manos sobre la cabeza del macho cabr\u00ed\u00ado vivo y confesar\u00e1 sobre \u00e9l todas las iniquidades, las rebeliones y los pecados de los hijos de Israel\u00bb (Lev 16:21 rva). \u00abLos del linaje de Israel \u2020\u00a6 confesaban sus pecados y la iniquidad de sus padres\u00bb (Neh 9:2 rva; cf. Psa 38:18). La gracia de Dios puede quitar o perdonar la \u00abiniquidad\u00bb: \u00abY a \u00e9l le dijo: Mira, he quitado de ti tu iniquidad y te vestir\u00e9 de ropas de gala\u00bb (Zec 3:4 rva; cf. 2Sa 24:10). La propiciaci\u00f3n divina puede cubrir nuestra \u00abiniquidad\u00bb: \u00abCon misericordia y verdad se exp\u00ed\u00ada la falta, y con el temor de Jehov\u00e1 uno se aparta del mal\u00bb (Pro 16:6; cf. Psa 78:38). >awon puede indicar la \u00abculpa de la iniquidad\u00bb, como en Eze 36:31  \u00abY os acordar\u00e9is de vuestros malos caminos \u2020\u00a6 y os avergonzar\u00e9is de vosotros mismos por vuestras iniquidades, y por vuestras abominaciones\u00bb (cf. Eze 9:9). El vocablo puede tambi\u00e9n indicar el \u00abcastigo por la iniquidad\u00bb: \u00abEntonces Sa\u00fal le jur\u00f3 por Jehov\u00e1, diciendo: Vive Jehov\u00e1, que ning\u00fan mal te vendr\u00e1 por esto\u00bb (1Sa 28:10). En Exo 28:38, >awon sirve de complemento a nasha (\u00abcargar, llevar, perdonar\u00bb), y se\u00f1ala cargar el castigo por la \u00abiniquidad\u00bb de otros. En Isa 53:11 leemos que el siervo de Yahveh carga con las consecuencias de las \u00abiniquidades\u00bb de una humanidad pecaminosa, incluyendo Israel. rasha> ([v;r; , 7563), \u00abmalvado; criminal; culpable\u00bb. Algunos estudiosos relacionan este vocablo y el t\u00e9rmino ar\u00e1bigo rash>a (\u00abestar flojo, suelto o dislocado\u00bb), si bien ese t\u00e9rmino es escaso en ar\u00e1bigo literario. El cognado arameo resha> significa \u00abser malvado\u00bb y el sir\u00ed\u00adaco apel (\u00abhacer maldad\u00bb). En general rasha> expresa cierta turbulencia y agitaci\u00f3n (desasosiego; cf. Isa 57:21) o algo que est\u00e1 dislocado o mal organizado. Por eso, Robert B. Gilderstone sugiere que el vocablo tiene que ver con la agitaci\u00f3n y confusi\u00f3n en la que los malvados viven y al desasosiego constante que causan en otros. En algunos casos, rasha> tiene el sentido de \u00abser culpable de un crimen\u00bb: \u00abNo suscitar\u00e1s rumores falsos, ni te pondr\u00e1s de acuerdo con el imp\u00ed\u00ado para ser testigo perverso\u00bb (Exo 23:1 rva); \u00abQuita de la presencia del rey al malvado, y el rey afirmar\u00e1 su trono en la justicia\u00bb (Pro 25:5 nvi). \u00abEl testigo perverso se burla del juicio, y la boca de los imp\u00ed\u00ados expresa iniquidad\u00bb (Pro 19:28 rva; cf. 20.26). Indultar al \u00abmalvado\u00bb se considera un crimen abominable: \u00abAbsolver al culpable y condenar al inocente son dos cosas que el Se\u00f1or aborrece\u00bb (Pro 17:15 NBI; cf. Exo 23:7). El rasha> es culpable de hostilidad hacia Dios y su pueblo: \u00ab\u00c2\u00a1Vamos, Se\u00f1or, enfr\u00e9ntate a ellos! \u00c2\u00a1Derr\u00f3talos! \u00c2\u00a1Con tu espada resc\u00e1tame de los malvados!\u00bb (Psa 17:13 nvi); \u00abAc\u00e1bese ya la maldad de los imp\u00ed\u00ados, y establece al justo\u00bb (Psa 7:9 rva). El vocablo se refiere al pueblo de Babilonia en Isa 13:11 y a los caldeos en Hab 1:13: jatta<t (taF;j' , 2403), \"pecado; pecado-culpa; pecado-purificaci\u00f3n; ofrenda por el pecado\". El nombre jatta<t aparece unas 293 veces y durante todos los per\u00ed\u00adodos de la literatura b\u00ed\u00adblica. El matiz b\u00ed\u00adblico de este vocablo es \"pecado\": errar en el camino o no dar en el blanco (155 veces). Jatta<t puede indicar una ofensa en contra del pr\u00f3jimo: \"Entonces Jacob se enoj\u00f3, y ri\u00f1\u00f3 con Lab\u00e1n; y respondi\u00f3 Jacob y dijo a Lab\u00e1n: \u00bfQu\u00e9 transgresi\u00f3n [pesha] es la m\u00ed\u00ada? \u00bfCu\u00e1l es mi pecado [jatta<t], para que con tanto ardor hayas venido en mi persecuci\u00f3n?\" (Gen 31:36). Un pasaje como este comprueba que jatta<t no es simplemente otro t\u00e9rmino general para \"pecado\"; puesto que Jacob us\u00f3 dos palabras diferentes es probable que quisiera resaltar dos matices distintos. Adem\u00e1s, un estudio a fondo de t\u00e9rminos muestra que jatta<t tiene diferencias fundamentales con otras palabras que se traducen \"pecado\". En gran parte, el vocablo se refiere a pecado contra Dios (Lev 4:14). Los seres humanos deben volverse del \"pecado\", que es un camino, un estilo de vida o una acci\u00f3n que se aparta de aquello que Dios ha fijado (1Ki 8:35). Por tanto, deben apartarse del \"pecado\" (2Ki 10:31), preocuparse por ello (Psa 38:18) y confesarlo (Num 5:7). El nombre se encuentra por primera vez en Gen 4:7, donde Ca\u00ed\u00adn recibe la advertencia de que el \"pecado est\u00e1 a la puerta\". Quiz\u00e1s esta cita d\u00e9 paso a un segundo matiz del t\u00e9rmino, el \"pecado\" en general. Sin lugar a dudas, este \u00e9nfasis se halla en Psa 25:7 (rva), donde el nombre se refiere al pecado rebelde (que por lo general se indica con pasha): \"No te acuerdes de los pecados de mi juventud ni de mis rebeliones\". En algunos pasajes el t\u00e9rmino expresa la culpa o condici\u00f3n de pecado: \"Por cuanto el clamor contra Sodoma y Gomorra se aumenta mas y mas, y el pecado de ellos se ha agravado en extremo\" (Gen 18:20). En dos pasajes, el vocablo tambi\u00e9n quiere decir \"purificaci\u00f3n del pecado\": \"As\u00ed\u00ad har\u00e1s con ellos para purificarlos: Roc\u00ed\u00ada sobre ellos el agua para la purificaci\u00f3n\" (Num 8:7 rva; cf. 19.9). Jatta<t significa \"ofrenda por el pecado\" 135 veces. La ley de la \"ofrenda por el pecado\" est\u00e1 registrada en Lev_4-5:13; 6.24\u201330. Esta era una ofrenda por alg\u00fan pecado espec\u00ed\u00adfico que se comet\u00ed\u00ada por ignorancia, sin querer hacerlo y tal vez sin darse cuenta de ello (Lev 4:2; 5.15). El nombre jet<, tambi\u00e9n derivado del verbo jatta<, se encuentra 33 veces en hebreo b\u00ed\u00adblico. El vocablo significa \"pecado\" en el sentido de no alcanzar el blanco o desviarse del camino. Esto puede consistir de alg\u00fan pecado contra el pr\u00f3jimo (Gen 41:9  primer caso del t\u00e9rmino) o en contra de Dios (Deu 9:18). Segundo, indica la \"culpa\" que acompa\u00f1a un acto como este (Num 27:3). El salmista confes\u00f3 que su madre se encontraba en una condici\u00f3n de pecado y culpa cuando lo concibieron (Psa 51:5; cf. Rom 5:12). Por \u00faltimo, varios pasajes usan este vocablo para comunicar la idea del \"castigo por el pecado\" (Lev 20:20). Adem\u00e1s de nombre, jatta<t, a partir de su ra\u00ed\u00adz, se usa tambi\u00e9n como adjetivo (enf\u00e1tico) 119 veces. Se habla de los seres humanos como \"pecadores\" (1Sa 15:18) que est\u00e1n sujetos al castigo por su ofensa (1Ki 1:21). La primera vez que el t\u00e9rmino se usa como adjetivo es en Gen 13:13 (rva): \"Los hombres de Sodoma eran malos y muy pecadores contra Jehov\u00e1\". B. Adjetivos rasha> ([v;r; , 7563), \u00abmalvado; culpable\u00bb. En el ejemplo t\u00ed\u00adpico que encontramos en Deu 25:2, el adjetivo se refiere a una persona que es \u00abculpable de un crimen\u00bb: \u00abSuceder\u00e1 que si el delincuente [culpable lba] merece ser azotado, el juez lo har\u00e1 \u2020\u00a6 azotar en su presencia\u00bb (rva, cf. rvr). Una alusi\u00f3n semejante se halla en Jer 5:26 (rva): \u00abPorque en mi pueblo se encuentran imp\u00ed\u00ados que vigilan como quien ha puesto una trampa. Ponen objetos de destrucci\u00f3n y atrapan hombres\u00bb. En 2Sa 4:11 (lba), rasha> se refiere espec\u00ed\u00adficamente a asesinos: \u00ab\u00bfCu\u00e1nto m\u00e1s, cuando hombres malvados han matado a un hombre justo en su propia casa y sobre su cama?\u00bb. La expresi\u00f3n \u00abculpable de muerte\u00bb (rasha> lamu\u00ed\u2020t) aparece en Num 35:31 para indicar un asesino. Fara\u00f3n reconoce que \u00e9l y su gente son \u00abimp\u00ed\u00ados\u00bb, culpables de hostilidad hacia Dios y su pueblo (Exo 9:27). ra> ([r&#8217; , 7451), \u00abmalo; maligno; malvado; terrible\u00bb. Los estudiosos no est\u00e1n de acuerdo en cuanto a la ra\u00ed\u00adz de este t\u00e9rmino. Algunos creen que el t\u00e9rmino ac\u00e1dico raggu (\u00abperverso; malo\u00bb) puede ser el cognado. Otros derivan el vocablo de la palabra hebrea ra> a> (\u00abquebrar, destrozar, aplastar\u00bb), que es un cognado del hebreo ratsats (\u00abquebrar, destrozar\u00bb); a su vez ratsats se relaciona con el ar\u00e1bigo radda (\u00abaplastar, magullar\u00bb). Si esta derivaci\u00f3n fuera exacta, implicar\u00ed\u00ada que la acepci\u00f3n de ra> es pecado en cuanto a sus da\u00f1os destructivos; pero la significaci\u00f3n no es apropiada en algunos de los contextos en que se halla. Ra> se refiere a lo que es \u00abmalo\u00bb o \u00abmaligno\u00bb en una amplia variedad de aplicaciones. La mayor\u00ed\u00ada de los casos del t\u00e9rmino significan algo que es moralmente malo o da\u00f1ino, a menudo con referencia a seres humanos: \u00abEntonces intervinieron todos los malos y perversos que hab\u00ed\u00ada entre los hombres que hab\u00ed\u00adan ido con David\u00bb (1Sa 30:22 rva). Y Ester dijo: \u00abEl enemigo y adversario es este malvado Am\u00e1n\u00bb (Est 7:6). \u00abAll\u00ed\u00ad claman, pero \u00e9l no responde, a causa de la soberbia de los malos\u00bb (Job 35:12 rva; cf. Psa 10:15). Ra> tambi\u00e9n sirve para denotar palabras (Pro 15:26), pensamientos (Gen 6:5) o acciones perversas (Deu 17:5; Neh 13:17). Ezequiel en 6.11 (rva) predice consecuencias nefastas para Israel como resultado de sus acciones: \u00abAs\u00ed\u00ad ha dicho el Se\u00f1or Jehov\u00e1: Golpea con tu mano y pisotea con tu pie, y di: \u00c2\u00a1Ay de todas las terribles abominaciones de la casa de Israel! Porque con espada, hambre y peste caer\u00e1n\u00bb. Ra> puede significar \u00abmalo\u00bb o desagradable en el sentido de causar dolor o infelicidad: \u00abY Jacob respondi\u00f3 a Fara\u00f3n \u2020\u00a6 pocos y malos han sido los d\u00ed\u00adas de los a\u00f1os de mi vida\u00bb (Gen 47:9). \u00abAl o\u00ed\u00adr el pueblo esta mala noticia, ellos hicieron duelo\u00bb (Exo 33:4 rva; cf. Gen 37:2). \u00abLa disciplina le parece mal al que abandona el camino, y el que aborrece la reprensi\u00f3n morir\u00e1\u00bb (Pro 15:10 rva). Ra> puede tambi\u00e9n indicar ferocidad o fiereza: \u00abEnvi\u00f3 sobre ellos el furor de su ira, enojo, indignaci\u00f3n y angustia, como delegaci\u00f3n de mensajeros destructores [ra>]\u00bb (Psa 78:49 rva). \u00abAlguna mala fiera lo devor\u00f3\u00bb (Gen 37:20 rva; cf. Gen 37:33; Lev 26:6). En casos menos frecuentes, ra> sugiere severidad: \u00abPorque as\u00ed\u00ad dice el Se\u00f1or Dios: \u00c2\u00a1Cu\u00e1nto m\u00e1s cuando yo env\u00ed\u00ade mis cuatro terribles juicios contra Jerusal\u00e9n!\u00bb (Eze 14:21 lba, cf. Deu 6:22); molestia: \u00abY el Se\u00f1or apartar\u00e1 de ti toda enfermedad; y no pondr\u00e1 sobre ti ninguna de las enfermedades malignas de Egipto\u00bb (Deu 7:15 lba; cf. Deu 28:59); muerte: \u00abCuando yo arroje contra vosotros las flechas malignas del hambre, que son para destrucci\u00f3n\u00bb (Eze 5:16 rva; cf. \u00abmaligna espada\u00bb, Psa 144:10); o tristeza: \u00abEl rey me pregunt\u00f3: \u00bfPor qu\u00e9 est\u00e1 triste tu rostro?\u00bb (Neh 2:2 rva). El vocablo se usa tambi\u00e9n para denotar calidad pobre o inferior, como por ejemplo una \u00abmala\u00bb tierra (Num 13:19), \u00abhigos muy malos\u00bb (Jer 24:2), vacas \u00abde mal aspecto\u00bb (Gen 41:3, 19) o un animal sacrificial inaceptable (Lev 27:10, 12, 14). En Isa 45:7 (rva), Yahveh describe sus acciones diciendo: \u00abYo soy \u2020\u00a6 quien hace la paz y crea la adversidad [ra>]\u00bb. En este contexto, el vocablo no se refiere al \u00abmal\u00bb en sentido \u00e9tico; se entiende m\u00e1s bien lo contrario de shalo\u00ed\u2020m (\u00abpaz; salud; bienestar\u00bb). Encontramos en todo el vers\u00ed\u00adculo la afirmaci\u00f3n de que un Dios soberano absoluto, el Se\u00f1or, crea un universo bajo el gobierno de un orden moral. La calamidad y el infortunio provienen sin lugar a duda de la maldad de personas sin Dios. C. Verbos >abar (rb'[; , 5674), \u00abtransgredir, quebrantar, cruzar, sobrepasar\u00bb. >Abar a menudo entra\u00f1a el sentido de \u00abtransgredir\u00bb o \u00abinfringir\u00bb un pacto (acuerdo o mandamiento), o sea, que el infractor \u00absobrepasa\u00bb los l\u00ed\u00admites establecidos por la Ley de Dios y cae en transgresi\u00f3n y culpa. Esta acepci\u00f3n se encuentra en Num 14:41 (rva): \u00abPero Mois\u00e9s dijo: \u00bfPor qu\u00e9 traspas\u00e1is el mandato de Jehov\u00e1? Esto no os saldr\u00e1 bien\u00bb. Otro ejemplo est\u00e1 en Jdg 2:20 (rva): \u00abEntonces el furor de Jehov\u00e1 se encendi\u00f3 contra Israel, y dijo: Puesto que este pueblo ha quebrantado mi pacto que yo establec\u00ed\u00ad con sus padres, y no ha obedecido mi voz\u00bb (cf. 1Sa 15:24; Hos 8:1). M\u00e1s a menudo, >abar ilustra la acci\u00f3n de \u00abcruzar\u00bb o \u00absobrepasar\u00bb. (El t\u00e9rmino latino transgredidor, del que se deriva el t\u00e9rmino transgredir en castellano, tiene el significado similar de \u00abir m\u00e1s all\u00e1\u00bb o \u00abcruzar\u00bb.) El vocablo tiene que ver con cruzar un arroyo o l\u00ed\u00admite (\u00abpasar\u00bb, Num 21:22), invadir un pa\u00ed\u00ads (\u00abcruzar\u00bb, Jdg 11:32 lba), cruzar una frontera para atacar a un ej\u00e9rcito enemigo (\u00abatravesar\u00bb, 1Sa 14:4 bla), pasar encima (\u00absobrepasar\u00bb, Isa 51:23, cf. lvp), desbordar las riberas de un r\u00ed\u00ado o de alguna otra barrera natural (\u00abinundar\u00bb, Isa 23:10 lba), pasar una navaja sobre la cabeza (\u00abcortar\u00bb, Num 6:5 nbe) y el pasar del tiempo (\u00absobrevenir\u00bb, 1Ch 29:30 bj). jatta (aF;j; , 2398), \u00aberrar, pecar, ser culpable, perder un derecho, purificar\u00bb. Hay 238 casos de este verbo en todas las secciones del Antiguo Testamento. Se halla tambi\u00e9n en asirio, arameo, eti\u00f3pico, sabeo y ar\u00e1bigo. Jueces 20.16 (rva) ilustra el significado b\u00e1sico del verbo: hab\u00ed\u00ada 700 soldados benjamitas zurdos, \u00abtodos los cuales tiraban una piedra con la honda a un cabello, y no fallaban\u00bb. Este significado se ampl\u00ed\u00ada en Pro 19:2  \u00abMucho yerra [\u00abcomete errores\u00bb, cf. lvp; \u00abpeca\u00bb rvr, rva, nrv; \u00abse extrav\u00ed\u00ada\u00bb bj, lba; \u00abtropieza\u00bb nbe] quien mucho corre\u00bb (nvi). En Gen 31:39 (rva) encontramos la forma intensiva: \u00abJam\u00e1s te traje los restos del animal despedazado; yo pagaba el da\u00f1o\u00bb. De este significado b\u00e1sico surge el uso principal de jatta en el Antiguo Testamento: fracaso moral hacia Dios y a los seres humanos e incluso algunas de sus consecuencias. Encontramos el primer caso del verbo en Gen 20:6, la palabra de Dios a Abimelec despu\u00e9s que tom\u00f3 a Sara: \u00abYo s\u00e9 muy bien que lo hiciste de buena fe. Por eso no te dej\u00e9 tocarla, para que no pecaras contra m\u00ed\u00ad\u00bb (lvp; cf Gen 39:9). Encontramos una definici\u00f3n del pecado contra Dios en Jos 7:11  \u00abIsrael ha pecado y tambi\u00e9n ha transgredido mi pacto que les orden\u00e9\u00bb (lba). V\u00e9ase tambi\u00e9n Lev 4:27  \u00abSi alguno del pueblo de la tierra peca por inadvertencia, transgrediendo alguno de los mandamientos de Jehovah respecto a cosas que no se deben hacer, es culpable\u00bb (rva). El mismo verbo puede referirse a los resultados de hacer el mal, como en Gen 43:9  \u00abSer\u00e9 ante ti el culpable para siempre\u00bb. Despu\u00e9s de prohibir las pr\u00e1cticas ad\u00falteras, Deu 24:1-4 concluye: \u00abEs abominaci\u00f3n delante de Jehovah, y no has de pervertir la tierra\u00bb (rvr); dice lba: \u00abNo traer\u00e1s pecado sobre la tierra\u00bb. En forma parecida se dice de los que pervierten la justicia \u00abque hacen que una persona sea acusada por una palabra\u00bb (Isa 29:21 lba). Esto nos lleva al significado en Lev 9:15 (rva): \u00abTom\u00f3 el macho cabr\u00ed\u00ado \u2020\u00a6 lo degoll\u00f3 y lo ofreci\u00f3 por el pecado\u00bb. El efecto que causan las ofrendas por el pecado se describe en Psa 51:7  \u00abPurif\u00ed\u00adcame con hisopo, y ser\u00e9 limpio\u00bb (cf. Num 19:1-13). Otro efecto se halla en la palabra del profeta para una Babilonia malvada: \u00abHas pecado contra tu vida\u00bb (Hab 2:10 rvr; \u00abcorrompido\u00bb rva; \u00abmalogrado\u00bb nbe; \u00abcontra ti mismo pecas\u00bb bj; \u00abte has echado encima el mal\u00bb bla). El t\u00e9rmino se aplica a actos cometidos en prejuicio de personas, como en Gen 42:22 (rva): \u00ab\u00bfNo os habl\u00e9 yo, diciendo: No pequ\u00e9is contra el muchacho \u2020\u00a6 ?\u00bb; y en 1Sa 19:4  \u00abNo peque el rey contra su siervo David, porque \u00e9l no ha cometido ning\u00fan pecado contra ti\u00bb (\u00abda\u00f1o\u00bb bla; \u00abofender\u00bb nbe; \u00abcometer mal\u00bb lvp). La Septuaginta traduce este grupo de t\u00e9rminos con hamartanoo y nombres derivados 540 veces. Es as\u00ed\u00ad como lo encontramos 265 veces en el Nuevo Testamento. El hecho de que \u00abtodos pecaron\u00bb se contin\u00faa enfatizando en el Nuevo Testamento (Rom 3:10-18, 23; cf. 1Ki 8:46; Psa 14:1-3; Ec 7.20). La contribuci\u00f3n neotestamentaria es que Cristo, \u00abhabiendo ofrecido un solo sacrificio por los pecados, se sent\u00f3 para siempre a la diestra de Dios, esperando de all\u00ed\u00ad en adelante hasta que sus enemigos sean puestos como estrado de sus pies. Porque con una sola ofrenda ha perfeccionado para siempre a los santificados\u00bb (Heb 10:12-14 rva).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Vine Antiguo Testamento<\/b><\/p>\n<p>Casi en cada p\u00e1gina habla la Biblia de esta realidad a la que llamamos com\u00fanmente pecado. Los t\u00e9rminos con que lo designa el AT son m\u00faltiples y est\u00e1n tomados de ordinario de las relaciones humanas: falta, iniquidad, rebeli\u00f3n, injusticias, etc.; el juda\u00ed\u00adsmo a\u00f1adir\u00e1 el de deuda, del que tambi\u00e9n usar\u00e1 el NT; pero todav\u00ed\u00ada m\u00e1s generalmente se presenta al pecador como \u00abquien hace el mal a los ojos de Dios\u00bb, y \u00abal justo\u00bb (,saddiq) se opone normalmente el \u00abmalvado\u00bb (rasa`). Pero la verdadera naturaleza del pecado, su malicia y sus dimensiones aparece, sobre todo, atrav\u00e9s de la historia b\u00ed\u00adblica; en ella aprendemos tambi\u00e9n que esta revelaci\u00f3n sobre el hombre es a la vez una revelaci\u00f3n acerca de Dios, de su *amor, al que se opone el pecado, y de su *misericordia, a cuyo ejercicio da lugar; en efecto, la historia de la salvaci\u00f3n no es otra que la de las tentativas de arrancar al hombre de su pecado, repetidas infatigablemente por el Dios creador.<\/p>\n<p>I. EL PECADO DE LOS OR\u00ed\u008dGENES. Entre todos los relatos del AT, el de la ca\u00ed\u00adda, con que se abre la historia de la humanidad, ofrece ya una ense\u00f1anza de extraordinaria riqueza. Para comprender lo que es el pecado hay que partir de aqu\u00ed\u00ad, aun cuando no se pronuncie la palabra pecado.<\/p>\n<p>1. El pecado de Ad\u00e1n se manifiesta aqu\u00ed\u00ad como una desobediencia, un acto por el que el hombre se opone consciente y deliberadamente a Dios violando uno de sus preceptos (G\u00e9n 3,3); pero m\u00e1s all\u00e1 de este acto exterior de rebeld\u00ed\u00ada, la Escritura menciona un acto interior del que \u00e9ste procede : Ad\u00e1n y Eva desobedecieron porque cediendo a la sugesti\u00f3n de la serpiente quisieron \u00abser como dioses que conocen el bien y el mal\u00bb (3.5), es decir, seg\u00fan la interpretaci\u00f3n m\u00e1s com\u00fan, ponerse en lugar de Dios para decidir del *bien y del mal: tom\u00e1ndose a s\u00ed\u00ad mismos por medida, pretenden ser due\u00f1os \u00fanicos de su destino y disponer de s\u00ed\u00ad mismos a su talante; se niegan a depender del que los ha creado, trastornando as\u00ed\u00ad la relaci\u00f3n que un\u00ed\u00ada al hombre con Dios.<\/p>\n<p>Ahora bien, seg\u00fan G\u00e9n 2, esta relaci\u00f3n no era \u00fanicamente de dependencia, sino tambi\u00e9n de amistad. El Dios de la Biblia no hab\u00ed\u00ada negado nada al hombre creado \u00aba su imagen y semejanza\u00bb (G\u00e9n 1,26s); no se hab\u00ed\u00ada reservado nada para s\u00ed\u00ad, ni siquiera la *vida (cf. Sab 2,23), a diferencia de los dioses evocados por los mitos antiguos. Pero he aqu\u00ed\u00ad que por instigaci\u00f3n de la serpiente, Eva y luego Ad\u00e1n se ponen a dudar de este Dios infinitamente generoso : el precepto dado para el bien del hombre (cf. Rom 7,10) no ser\u00ed\u00ada sino una estratagema inventada por Dios para salvaguardar sus privilegios, y la amenaza a\u00f1adida al precepto ser\u00ed\u00ada sencillamente una mentira: \u00ab\u00c2\u00a1No! \u00c2\u00a1no morir\u00e9is! Pero Dios sabe que el d\u00ed\u00ada en que com\u00e1is de este fruto ser\u00e9is como dioses que conocen el. bien y el mal\u00bb (G\u00e9n 3,4s). El hombre desconf\u00ed\u00ada de Dios que ha venido a ser su rival. La noci\u00f3n misma de Dios queda trastornada: a la noci\u00f3n del Dios soberanamente desinteresado, como soberanamente perfecto que es, sin que le falte nada, y que s\u00f3lo puede *dar, se opone la de un ser indigente, interesado, totalmente ocupado en protegerse contra su criatura. El pecado, ates de provocar el gesto del hombre, ha corrompido su esp\u00ed\u00adritu; y como lo afecta en su relaci\u00f3n misma con Dios, cuya *imagen es, no es posible concebir perversi\u00f3n ni trastorno m\u00e1s radical ni extra\u00f1arse de que acarree consecuencias tan graves.<\/p>\n<p>2. Las consecuencias del pecado. Todo ha cambiado entre el hombre y Dios. Aun antes de que intervenga el *castigo propiamente dicho (G\u00e9n 3. 23), Ad\u00e1n y Eva, que hasta entonces gozaban de la familiaridad divina (cf. 2,25), \u00abse esconden de Yahveh Dios entre los \u00e1rboles\u00bb (3,8). La iniciativa &#8216;vino del hombre; \u00e9l es quien no quiere ya nada con Dios; la expulsi\u00f3n del para\u00ed\u00adso ratificar\u00e1 esta voluntad del hombre; pero \u00e9ste comprobar\u00e1 entonces que la amenaza no era mentira : lejos de Dios no hay acceso posible al *\u00e1rbol de vida (3,22); no hay m\u00e1s que la *muerte, definitiva. El pecado, ruptura entre el hombre y Dios, introduce igualmente una ruptura entre los miembros de la sociedad humana, ya en el para\u00ed\u00adso, en el seno mismo de la pareja primordial. Apenas cometido el pecado, Ad\u00e1n se desolidariza, acus\u00e1ndola, de la que Dios le hab\u00ed\u00ada dado como auxiliar (2,18), \u00abhueso de sus huesos y carne de su carne\u00bb (2,23), y el castigo consagra esta ruptura : \u00abLa pasi\u00f3n te llevar\u00e1 hacia tu marido y \u00e9l te dominar\u00e1\u00bb (3,16). En lo sucesivo esta ruptura se extender\u00e1 a los hijos de Ad\u00e1n: ah\u00ed\u00ad est\u00e1 el homicidio de Abel (4,8), luego el reinado de la .violencia y de la ley del m\u00e1s fuerte que celebra el salvaje canto de Lamec (4,24). Pero no es todo. El misterio del pecado desborda el mundo humano. Entre Dios y el hombre entra en escena un tercer personaje, del que se guardar\u00e1 de hablar el AT, sin duda para evitar que se haga de \u00e9l un segundo Dios, pero que la sabidur\u00ed\u00ada identificar\u00e1 con el diablo o *Sat\u00e1n, y que reaparecer\u00e1 en el NT.<\/p>\n<p>Finalmente, el relato de este primer pecado no se concluye sin dar al hombre una esperanza. Cierto que la servidumbre a que \u00e9l se ha condenado creyendo adquirir la independencia, es en s\u00ed\u00ad definitiva ; el pecado, una vez entrado en el mundo, no puede menos de proliferar, y a medida que se vaya multiplicando ir\u00e1 realmente disminuyendo la vida hasta cesar completamente con el diluvio (G\u00e9n 6,13ss). La iniciativa de la ruptura ha venido del hombre; es evidente que la iniciativa de la reconciliaci\u00f3n s\u00f3lo puede venir de Dios. Pero precisamente desde este primer relato deja Dios entrever que un d\u00ed\u00ada tomar\u00e1 esta iniciativa (3,15). La bondad de Dios que el hombre ha despreciado acabar\u00e1 por imponerse;\u00bbvencer\u00e1 al mal con el bien\u00bb (Rom 12,21). La Sabidur\u00ed\u00ada precisa que Ad\u00e1n \u00abfue liberado de su falta\u00bb (Sab 10. 1). En todo caso el G\u00e9nesis muestra ya esta bondad en acci\u00f3n: preserva a No\u00e9 y a su familia de la universal corrupci\u00f3n y de su castigo (G\u00e9n 6, 5-8), a fin de crear con \u00e9l, por decirlo as\u00ed\u00ad, un universo nuevo (8,17. 21s, comparados con 1,22.28; 3,17); sobre todo, cuando \u00ablas *naciones, un\u00e1nimes en su perversidad, fueron confundidas\u00bb (Sab 10,5), la bondad de Dios escogi\u00f3 a Abraham y lo retir\u00f3 del mundo pecador (G\u00e9n 12, 1; cf. Jos 24,2s.14), a fin de que \u00abpor \u00e9l sean benditas todas las naciones de la tierra\u00bb (G\u00e9n 12,2s, que responde visiblemente a las maldiciones de G\u00e9n 3,14ss).<\/p>\n<p>II. EL PECADO DE ISRAEL. Como el pecado marc\u00f3 los or\u00ed\u00adgenes de la historia de la humanidad, marca tambi\u00e9n el de la historia de Israel. Desde su nacimiento revive \u00e9ste el drama de Ad\u00e1n. A su vez aprende por su propia experiencia y nos ense\u00f1a lo que es el pecado. Dos episodios parecen particularmente instructivos.<\/p>\n<p>1. La adoraci\u00f3n del becerro de oro. Como Ad\u00e1n, y aun m\u00e1s gratuitamente si es posible, Israel fue colmado de los beneficios de Dios. Sin m\u00e9rito alguno por su parte (Dt 7,7; 9,4ss; Ez 16,2-5), en virtud del solo amor de Dios (Dt 7,8) &#8211; pues Israel no era ni m\u00e1s ni menos \u00abpecador\u00bb que las otras naciones (cf. Jos 24,2.14; Ez 20,7s.18) -, fue escogido para ser el *pueblo particular, privilegiado entre todos los pueblos de la tierra (Ex 19,5), constituido \u00abhijo primog\u00e9nito de Dios\u00bb (4,22). Para liberarlo de la servidumbre de Fara\u00f3n y de la tierra del pecado (la tierra en la que no se puede *servir a Yahveh, seg\u00fan 5,1), Dios multiplic\u00f3 los prodigios. Ahora bien, en el momento preciso en que Dios \u00abentra en alianzas con su pueblo, se compromete con \u00e9l entregando a Mois\u00e9s \u00ablas tablas del testimonio\u00bb (31,18), el pueblo pide a Aar\u00f3n : \u00abHaznos un dios que vaya a nuestra cabeza\u00bb (32,1). No obstante las pruebas que Dios ha dado de su \u00abfidelidad\u00bb, Israel lo halla demasiado lejano, demasiado \u00abinvisible\u00bb. No tiene fe en \u00e9l; prefiere a un diosa su alcance, cuya *ira pueda aplacar con \u00absacrificios\u00bb, en todo caso un dios al que pueda transportar a su guisa, en lugar de verse obligado a *seguirlo y a obedecer a sus mandamientos (cf. 40, 36ss). En lugar de \u00abcaminar con Dios\u00bb, querr\u00ed\u00ada que Dios caminara con \u00e9l.<\/p>\n<p>Pecado \u00aboriginal\u00bb de Israel, negativa a obedecer, que m\u00e1s profundamente es una negativa a creer en Dios y a abandonarse a \u00e9l, la primera que menciona Dt 9,7 y que se renovar\u00e1 en realidad con cada una de las innumerables rebeliones del \u00abpueblo de dura cerviz\u00bb. En particular, cuando m\u00e1s tarde Israel se vea tentado a ofrecer un culto a los \u00abbaales\u00bb al lado del que tributaba a Yahveh, ser\u00e1 siempre porque se negar\u00e1 a ver en Yahveh al \u00fanico \u00absufieiente\u00bb, el Dios del que ha recibido la existencia, y a no servir m\u00e1s que a \u00e9l (Dt 6,13; cf. Mt 4,10). Y cuando san Pablo describa la malicia propia del pecado de idolatr\u00ed\u00ada aun entre los paganos, no vacilar\u00e1 en referirse a este primer pecado de Israel (Rom 1,23 = Sal 106,20).<\/p>\n<p>2. Los \u00absepulcros de la concupiscencia\u00bb. Inmediatamente despu\u00e9s del episodio del becerro de oro recuerda Dt 9,22 otro pecado de Israel que san Pablo evocar\u00e1 tambi\u00e9n present\u00e1ndolo como el tipo de los \u00abpecados del desierto\u00bb (lCor 10,6). El sentido del episodio es bastante claro. Al alimento escogido por Dios y distribuido milagrosamente prefiere Israel un manjar de su elecci\u00f3n: \u00ab\u00bf,Qui\u00e9n nos dar\u00e1 a comer carne?&#8230;<\/p>\n<p>Ahora perecemos privados de todo: nuestros ojos no ven m\u00e1s que el man\u00e1\u00bb (N\u00fam 11,4ss). Israel se niega a dejarse guiar por Dios, a abandonarse a \u00e9l, a aceptar lo que en la mente de Dios deb\u00ed\u00ada constituir la experiencia espiritual del *desierto (Dt 8,3; cf. Mt 4,4). Su \u00abconcupiscencia\u00bb ser\u00e1 satisfecha, pero, como Ad\u00e1n, sabr\u00e1 lo que cuesta al hombre sustituir por sus caminos los caminos de Dios (N\u00fam 11,33).<\/p>\n<p>III. LA ENSE\u00ed\u2018ANZA DE LOS PROFETAS. Tal es precisamente la lecci\u00f3n que Dios no cesar\u00e1 de repetirle por sus profetas. Al igual que el hombre que pretende construirse \u00e9l mismo no puede acabar sino en su ruina, as\u00ed\u00ad el pueblo de Dios se destruye tan luego se desv\u00ed\u00ada de los *caminos que Dios le ha trazado: as\u00ed\u00ad aparece el pecado como el obst\u00e1culo por excelencia, en realidad el \u00fanico, para la realizaci\u00f3n del plan de Dios sobre Israel, para su reinado, para su \u00abgloria\u00bb, concretamente identificada con la gloria de Israel, pueblo de Dios. El pecado del hombre adquiere una nueva dimensi\u00f3n: afecta no s\u00f3lo al que peca, sino al pueblo entero. Cierto que en este sentido el pecado del jefe, del rey, del sacerdote reviste una responsabilidad particular y se comprende que sea mencionado con preferencia; pero no exclusivamente. Ya el pecado de Ak\u00e1n hab\u00ed\u00ada detenido el ej\u00e9rcito de todo Israel delante de Ai (Jos 7), y muy a menudo son los pecados del pueblo en su conjunto, a los que los profetas hacen responsables de las desgracias de la naci\u00f3n: \u00abNo, la mano de Dios no es demasiado corta para salvar, ni su o\u00ed\u00addo demasiado duro para oir. Pero vuestras iniquidades han zanjado un abismo entre vosotros y Dios\u00bb (Is 59,1s).<\/p>\n<p>1. La denuncia del pecado. As\u00ed\u00ad la predicaci\u00f3n de los profetas consistir\u00e1 en gran parte en denunciar el pecado, el de los jefes (p.e. ISa 3,11; 13,13s; 2Sa 12,1-15; Jer 22,13) y el del pueblo: de ah\u00ed\u00ad las enumeraciones de pecados, tan frecuentes en la literatura prof\u00e9tica, de ordinario con referencia m\u00e1s o menos directa al Dec\u00e1logo, y que se multiplican con la literatura sapiencial (p.e. Dt 27, 15-26; Ez 18,5-9; 33,25s; Sal 15; Prov 6,16-19; 30,11-14). El pecado viene a ser una realidad sumamente concreta, y as\u00ed\u00ad nos enteramos de lo que es engendrado por el abandono de Yahveh: violencias, rapi\u00f1as, juicios inicuos, mentiras, adulterios, perjurios, homicidios, usura, derechos atropellados, en una palabra, toda clase de des\u00f3rdenes sociales. La \u00ab*confesi\u00f3n\u00bb inserta en Is 59 revela cu\u00e1les son concretamente estas \u00abiniquidades\u00bb que \u00abhan cavado un abismo entre el pueblo y Dios\u00bb (59,2): \u00abNuestros pecados nos est\u00e1n presentes y conocemos nuestros yerros : rebelarse contra Yahveh y renegar de \u00e9l, desviarse lejos de nuestro Dios, hablar con mala fe y rebeld\u00ed\u00ada y mascullar en el coraz\u00f3n palabras mentirosas. Se deja al lado el juicio y se relega a la justicia, pues la buena fe tropieza en la plaza p\u00fablica y la rectitud no puede presentarse\u00bb (59,13s). Mucho antes hablaba Oseas de la misma manera: \u00abNo hay sinceridad, ni amor, ni conocimiento de Dios en el pa\u00ed\u00ads, sino perjurio y mentira, asesinato y robo, adulterio y violencia, homicidio sobre homicidio\u00bb (Os 4,2; cf. Is 1,17; 5,8; 65,6s; Am 4,1; 5,7-15; Miq 2,1s).<\/p>\n<p>La lecci\u00f3n es capital: quien pretenda construirse a s\u00ed\u00ad mismo, independientemente de Dios, lo har\u00e1 ordinariamente a expensas de otros, particularmente de los peque\u00f1os y de los d\u00e9biles. El salmista lo pro-clama: \u00abEl hombre que no ha puesto en Dios su fortaleza\u00bb (Sal 52,9) \u00abmedita el crimen sin cesar\u00bb (v. 4), mientras que \u00abel justo se f\u00ed\u00ada del amorde Dios constantemente y para siempre\u00bb (v. 10). \u00bfY no era ya esto lo que suger\u00ed\u00ada el adulterio de David (2Sa 12)? Pero de este episodio, que se sabe el lugar que ocupaba en la concepci\u00f3n jud\u00ed\u00ada del pecado (cf. el Miserere), se desprende otra verdad no menos importante: el pecado del hombre no s\u00f3lo atenta contra los derechos de Dios, sino que, por decirlo as\u00ed\u00ad, le hiere en el coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>2. El pecado, ofensa de Dios. Cierto que el pecador no puede herir a Dios en s\u00ed\u00ad mismo; la Biblia tiene m\u00e1s que suficiente preocupaci\u00f3n por la trascendencia divina para recordarlo cuando llega el caso: \u00abSe hacen libaciones a dioses extranjeros para herirme. Pero \u00bfes acaso a m\u00ed\u00ad a quien hieren? Or\u00e1culo de Yahveh. \u00bfNo es m\u00e1s bien a s\u00ed\u00ad mismos para su propia confusi\u00f3n?\u00bb (Jer 7,19). \u00abSi pecas, \u00bfqu\u00e9 le haces? Si multiplicas tus ofensas, \u00bfle haces alg\u00fan da\u00f1o?\u00bb (Job 35,6). Pecando contra Dios no logra el hombre sino destruirse a s\u00ed\u00ad mismo. Si Dios nos prescribe leyes, no es en su inter\u00e9s, sino en el nuestro, \u00aba fin de que seamos todos felices y vivamos\u00bb (Dt 6,24). Pero el Dios de la Biblia no es el de Arist\u00f3teles, indiferente al hombre y al mundo.<\/p>\n<p>a) Si el pecado no \u00abhiere\u00bb a Dios en s\u00ed\u00ad mismo, le hiere primero en la medida en que afecta a los que Dios ama. As\u00ed\u00ad David, \u00abhiriendo con la espada a Ur\u00ed\u00adas el hitita y quit\u00e1ndole su mujer\u00bb, se imaginaba seguramente no haber ofendido m\u00e1s que a un hombre, y \u00e9ste ni siquiera israelita: hab\u00ed\u00ada olvidado que Dios se hab\u00ed\u00ada constituido garante de los derechos de toda persona humana. En nombre de Dios le hace comprender Nat\u00e1n que ha \u00abdespreciado a Yahveh\u00bb en persona y que ser\u00e1 castigado como corresponde (2Sa 12,9s).<\/p>\n<p>b) Hay m\u00e1s. El pecado, \u00abcavando un abismo entre Dios y su pueblo\u00bb (Is 59,2), por eso mismo alcanza a Dios en su designio de amor: \u00abMi pueblo ha cambiado su *gloria por la Impotencia&#8230; Me ha abandonado a m\u00ed\u00ad, fuente de agua viva, para cavarse cisternas, cisternas agrietadas que no conservan el agua\u00bb (Jer 2, l lss),<br \/>\nc) A medida que la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica vaya descubriendo las profundidades de este *amor se podr\u00e1 comprender en qu\u00e9 sentido real puede el pecado \u00abofender\u00bb a Dios: ingratitud del hijo para con un *padre amant\u00ed\u00adsimo (p.e. ls 64,7), y hasta para con una *madre que no puede \u00abolvidar el fruto de sus entra\u00f1as, aun cuando las madres lo olvidaran\u00bb (Is 49,15), sobre todo infidelidad de la *esposa, que se prostituye al primero que se presenta, indiferente al amor constantemente fiel de su esposo: \u00ab\u00bfHas visto lo que ha hecho Israel, la rebelde?&#8230; Yo pensaba: \u00abDespu\u00e9s de haber hecho todo esto volver\u00e1 a m\u00ed\u00ad\u00bb; pero no ha vuelto&#8230; \u00c2\u00a1Vuelve, rebelde Israel!&#8230; Ya no tendr\u00e9 para ti un rostro severo, pues soy misericordioso\u00bb (Jer 3,7.12; cf. Ez 16; 23).<\/p>\n<p>A este nivel de la revelaci\u00f3n el pecado aparece esencialmente como violaci\u00f3n de relaciones personales, como la negativa del hombre a dejarse amar por un Dios que sufre de no ser amado, al que el amor ha hecho, por decirlo as\u00ed\u00ad, \u00abvulnerable\u00bb: misterio de un amor que s\u00f3lo hallar\u00e1 su explicaci\u00f3n en el NT.<\/p>\n<p>3. El remedio del pecado. Los profetas denuncian el pecado y hacen notar su gravedad s\u00f3lo para invitar m\u00e1s eficazmente a la *conversi\u00f3n. En efecto, si el hombre es infiel, Dios, en cambio, es siempre *fiel; el hombre desde\u00f1a el amor de Dios, pero Dios no cesa de ofrecerle este amor; todo el tiempo que el hombre es todav\u00ed\u00ada capaz de retorno, le apremia Dios para que vuelva. Como en la par\u00e1bola del hijo pr\u00f3digo, todo est\u00e1 ordenado a este retorno deseado, que se daba por supuesto: \u00abPor eso voy a cerrar su camino con espinas, obstruir\u00e9 su ruta para que no halle ya sus senderos; ella perseguir\u00e1 a sus amantes y no los alcanzar\u00e1, los buscar\u00e1 y no&#8217; los hallar\u00e1. Entonces dir\u00e1 : Quiero volver a mi primer marido, pues entonces era m\u00e1s feliz que ahora\u00bb (Os 2,8s; cf. Ez 14,11; etc.).<\/p>\n<p>En efecto, si el pecado consiste en rechazar el amor, es claro que no se borrar\u00e1, no se suprimir\u00e1, no se perdonar\u00e1 sino en la medida en que el hombre consienta en amar de nuevo; suponer un *\u00bbperd\u00f3n\u00bb que pueda dispensar al hombre de volver a Dios, equivaldr\u00ed\u00ada a querer que el hombre ame dispens\u00e1ndole a la vez de amar&#8230;. El amor mismo de Dios le impide por tanto no exigir este retorno. Si se proclama un \u00abDios celoso\u00bb (Ex 20,5; Dt 5,9; etc.), es que sus *celos son efecto de su amor (cf. Is 63,15; Zac 1,14); si pretende procurar \u00e9l solo la felicidad del hombre creado a su imagen, es que s\u00f3lo \u00e9l puede hacerlo. Las condiciones de este retorno se hallar\u00e1n indicadas bajo las r\u00fabricas *expiaci\u00f3n, *fe, *perd\u00f3n, *penitencia-conversi\u00f3n. *redenci\u00f3n.<\/p>\n<p>La primera condici\u00f3n por parte del hombre consiste evidentemente en que renuncie a su voluntad de independencia, que consienta en dejarse guiar por Dios, en dejarse amar, con otras palabras, que renuncie a lo que constituye el fondo mismo de su pecado. Ahora bien, el hombre se hace cargo de que precisamente esto se halla fuera de su poder. Para que se perdone al hombre no basta con que Dios se digne no rechazar a la esposa infiel; hace falta m\u00e1s: \u00abHaznos volver y volveremos\u00bb (Lam 5,21). Dios mismo ir\u00e1, pues, en busca de las ovejas dispersas (Ez 34); dar\u00e1 al hombre un \u00abcoraz\u00f3n nuevo\u00bb, un \u00abesp\u00ed\u00adritu nuevo\u00bb, \u00absu propio Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (Ez 36,26s). Ser\u00e1 \u00abla nueva alianza\u00bb, en que la ley no estar\u00e1 ya inscrita en tablas de piedra, sino en el *coraz\u00f3n de los hombres (Jet. 31,31ss; cf. 2Cor 3,3). Dios no se contentar\u00e1 con ofrecer su amor y con exigir el nuestro: \u00abYahveh, tu Dios, *circuncidar\u00e1 tu coraz\u00f3n y el coraz\u00f3n de tu posteridad, de modo que ames a Yahveh tu Dios con todo tu coraz\u00f3n y con toda tu alma, a fin de que vivas\u00bb (Dt 30,6). Por eso el salmista, confesando su pecado, suplica a Dios mismo que le \u00ablave\u00bb, le \u00abpurifique\u00bb, \u00abcree en \u00e9l un coraz\u00f3n puro\u00bb (Sal 51), persuadido de que la *justificaci\u00f3n del pecado reclama un acto estrictamente divino, an\u00e1logo al acto creador. Finalmente, el AT anuncia que esta transformaci\u00f3n interior del hombre que lo arranca a su pecado se efectuar\u00e1 gracias a la oblaci\u00f3n sacrificial de un *siervo misterioso, cuya verdadera identidad no habr\u00ed\u00ada podido sospechar nadie antes de la realizaci\u00f3n de la profec\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>IV. LA ENSE\u00ed\u2018ANZA DEL NT. El NT revela que este siervo venido para \u00ablibrar al hombre del pecado\u00bb no es otro que el propio Hijo de Dios. No debe, pues, sorprender que el pecado no ocupe aqu\u00ed\u00ad menos lugar que en el AT, y sobre todo que la revelaci\u00f3n plena de lo que ha hecho el amor de Dios para acabar con el pecado, permita descubrir su verdadera dimensi\u00f3n y a la vez su papel en el plan de la Sabidur\u00ed\u00ada divina.<\/p>\n<p>1. Jes\u00fas y los pecadores.<\/p>\n<p>a) Desde el comienzo de la catequesis sin\u00f3ptica vemos a Jes\u00fas en medio de los pecadores. En efecto, para ellos hab\u00ed\u00ada venido, no para los justos (Mc 2,17). Utilizando el vocabulario jud\u00ed\u00ado de la \u00e9poca les anuncia que sus pecados les son \u00abremitidos\u00bb, condonados. No ya que asimilando as\u00ed\u00ad el pecado a una \u00abdeuda\u00bb y hasta empleando a veces elt\u00e9rmino (Mt 6,12; 18,23ss), entienda sugerir que pueda ser perdonado por un acto de Dios que no exija en absoluto transformaci\u00f3n del esp\u00ed\u00adritu y del coraz\u00f3n del hombre. Jes\u00fas, como los profetas y como Juan Bautista (Mc 1,4), predica la *conversi\u00f3n, un cambio radical del esp\u00ed\u00adritu que ponga al hombre en la disposici\u00f3n de acoger el favor divino, de dejarse mover por Dios: \u00abEl reino de Dios est\u00e1 pr\u00f3ximo: arrepent\u00ed\u00ados y creed en la buena nueva\u00bb (Mc 1, 15). En cambio, delante de quien rechaza la luz (Mc 3,29 p) o se imagina no tener necesidad de perd\u00f3n, como el fariseo de la par\u00e1bola (Lc I8,9ss), Jes\u00fas se siente impotente.<\/p>\n<p>b) Por eso, tambi\u00e9n como los profetas, denuncia el pecado dondequiera que se halle, aun en los que se creen justos porque observan las prescripciones de una ley exterior. Porque el pecado est\u00e1 en el interior del coraz\u00f3n, de donde \u00absalen los pensamientos malos, las fornicaciones, los hurtos, los homicidios, los adulterios, las codicias, las maldades, el fraude, la impureza, la envidia, la blasfemia, la altivez, la insensatez: cosas todas que salen de dentro y manchan al hombre\u00bb (Mc 7,21ss p). Es que Jes\u00fas vino a \u00abcumplir la ley\u00bb en su plenitud, muy lejos de abolirla (Mt 5,17); el disc\u00ed\u00adpulo de Jes\u00fas no puede contentarse con \u00abla *justicia de los escribas y de los fariseos\u00bb (5, 20); cierto que la justicia de Jes\u00fas se reduce finalmente al solo precepto del *amor (7,12); pero el disc\u00ed\u00adpulo, viendo obrar a su maestro aprender\u00e1 poco a poco lo que significa \u00abamar\u00bb y correlativamente lo que es el pecado, negativa al amor.<\/p>\n<p>c) Y en particular lo aprender\u00e1 oyendo a Jes\u00fas revelarle la inconcebible *misericordia de Dios para con el pecador. Pocos pasajes del NT manifiestan mejor que la par\u00e1bola del hijo pr\u00f3digo &#8211; por lo dem\u00e1s tan af\u00ed\u00adna la ense\u00f1anza prof\u00e9tica &#8211; en qu\u00e9 sentido el pecado es una ofensa de Dios y cu\u00e1n absurdo ser\u00ed\u00ada concebir un *perd\u00f3n de Dios que no implicara el retorno del pecador. M\u00e1s all\u00e1 del acto de desobediencia que se puede suponer &#8211; aun cuando el hermano mayor s\u00f3lo hace alusi\u00f3n a ella para oponerla a su propia obediencia -, lo que \u00abcontrista\u00bb al padre es la partida de su hijo, esa voluntad de no ser ya hijo, de no permitir ya que su padre le ame eficazmente: ha \u00abofendido\u00bb a su padre priv\u00e1ndole de su presencia de hijo. \u00bfC\u00f3mo podr\u00ed\u00ada \u00abreparar\u00bb esta ofensa si no es con su retorno, aceptando de nuevo que se le trate como a hijo? Por eso la par\u00e1bola subraya el gozo del padre. Fuera de tal retorno no se puede concebir perd\u00f3n alguno; o m\u00e1s bien el padre hab\u00ed\u00ada ya perdonado desde el principio, pero el perd\u00f3n no afecta eficazmente al pecado del hijo sino en el retorno y por el retorno de \u00e9ste.<\/p>\n<p>d) Ahora bien, esta actitud de Dios frente al pecado todav\u00ed\u00ada la revela m\u00e1s Jes\u00fas con sus actos que con sus palabras. No s\u00f3lo acoge a los pecadores con el mismo amor y con la misma delicadeza que el padre de la par\u00e1bola (p.e. Lc 7,36ss; 19,5; Mc 2,15ss; Jn 8,10s), exponi\u00e9ndose a escandalizar a los testigos de tal misericordia, tan incapaces de comprenderla como lo hab\u00ed\u00ada sido el hijo mayor (Le 15,28ss). Adem\u00e1s de esto act\u00faa directamente contra el pecado: \u00e9l el primero triunfa de *Sat\u00e1n en la ocasi\u00f3n de la *tentaci\u00f3n; durante su vida p\u00fablica arranca ya a los hombres a este influjo del diablo y del pecado que constituyen la *enfermedad de la posesi\u00f3n (cf. Mc \u2020\u00a2 1,23), inaugurando as\u00ed\u00ad el papel del *siervo (Mt 8,16s) antes de \u00abentregar su vida como rescate\u00bb (Mc 10,45) y \u00abderramar su sangre, la sangre de la alianza, por una multitud para remisi\u00f3n de los pecados\u00bb (Mt 26,28).<\/p>\n<p>2. El pecado del mundo. San Juan, aunque conoce la expresi\u00f3n tradicional de \u00abremisi\u00f3n de los pecados\u00bb (Jn 20,23; 1Jn 2,12), habla m\u00e1s bien de Cristo que viene a \u00abquitar el pecado del mundo\u00bb (Jn 1,29). M\u00e1s all\u00e1 de los actos singulares percibe la realidad misteriosa que los engendra: un poder de hostilidad a Dios y a su reinado con el que se ve enfrentado Cristo.<\/p>\n<p>a) Esta hostilidad se manifiesta primero concretamente en el repudio voluntario de la *luz. El pecado tiene la opacidad de las tinieblas: \u00abLa luz vino al mundo y los hombres amaron m\u00e1s las tinieblas que la luz porque sus obras eran malas\u00bb (Jn 3,19). El pecador se opone a la luz porque la teme, \u00abpor temor de que se descubran sus obras\u00bb. La odia: \u00abTodo el que hace el mal odia la luz\u00bb (3,20). Ceguera voluntaria, ceguera amada, porque no se reconoce como tal: \u00abSi fuerais ciegos, estar\u00ed\u00adais sin pecado. Pero vosotros dec\u00ed\u00ads: Nosotros vemos. Vuestro pecado permanece\u00bb (9,40).<\/p>\n<p>b) Una ceguera tan obstinada no se explica sino por el influjo perverso de *Sat\u00e1n. En efecto, el pecado hace esclavos de Sat\u00e1n : \u00abTodo el que comete el pecado es esclavo\u00bb (Jn 8,34). Como el cristiano es hijo de Dios, el pecador es \u00abhijo del diablo, pecador desde el principio\u00bb y \u00abhace sus obras\u00bb (1Jn 3, 8-10). Ahora bien, entre estas obras se\u00f1ala Juan dos, el homicidio y la *mentira : \u00abDesde el principio es homicida y no estaba establecido en la verdad porque en \u00e9l no hay verdad; cuando dice sus mentiras las saca de su propio fondo porque es mentiroso y padre de la mentira\u00bb (Jn 8,44). Homicida lo fue infligiendo la muerte al hombre (cf. Sab 2,24) y tambi\u00e9n inspirando a Ca\u00ed\u00adn que matara a su hermano (1Jn 3,12-15); lo es actualmente inspirando a los jud\u00ed\u00ados que den muerte al que les dice la *verdad: \u00abVosotros quer\u00e9is matarme a m\u00ed\u00ad, que os digo la verdad que he o\u00ed\u00addo a Dios&#8230; Vosotros hac\u00e9is las obras de vuestro padre y quer\u00e9is realizar los deseos de vuestro padre\u00bb (Jn 8,39-44).<\/p>\n<p>c) Homicidio y mentira, por su parte, no se explican sino por el *odio. A prop\u00f3sito del diablo 1&#8217;a Escritura hablaba de envidia (Sab 2, 24); Juan no vacila en nombrar al odio: al igual que el incr\u00e9dulo obstinado \u00abodia la luz\u00bb (Jn 3,20), as\u00ed\u00ad los jud\u00ed\u00ados odian a Cristo y a Dios, su padre (15,22s): los jud\u00ed\u00ados, es decir, el mundo esclavizado por Sat\u00e1n, todo el que se niega a reconocer a Cristo. Y este odio acabar\u00e1 de hecho en el homicidio del Hijo de Dios (8,37).<\/p>\n<p>d) Tal es la dimensi\u00f3n de este pecado del mundo de que triunfa Jes\u00fas. Puede hacerlo porque \u00e9l mismo no tiene pecado (Jn 8,46; cf. lJn 3. 5), es \u00abuno\u00bb con Dios su Padre (Jn 10,30), pura \u00abluz\u00bb \u00aben quien no nay tinieblas\u00bb (1,5; 8,12), verdad sin huella alguna de mentira o de falsedad (1,14; 8,40), finalmente, y sobre todo quiz\u00e1s, \u00abamor\u00bb, pues \u00abDios es amor)) (Un 4,8), y si durante su vida no ces\u00f3 de amar, su muerte ser\u00e1 un acto de amor tal que no se pueda concebir otro mayor, la \u00abconsumaci\u00f3n\u00bb del amor (Jn 15,13; cf. 13,1; 19,30). As\u00ed\u00ad esta muerte fue una *victoria sobre \u00abel pr\u00ed\u00adncipe de este mundo\u00bb. Este cree dirigir el juego; pero contra Jes\u00fas no puede nada (14,30) y \u00e9l es quien \u00abes derrocado\u00bb (12,31). Jes\u00fas venci\u00f3 al mundo (Jn 16,33).<\/p>\n<p>e) Lo que lo prueba, no es s\u00f3lo el que Jes\u00fas pueda \u00abvolver a tomar la vida que ha dado\u00bb (Jn 10,17); quiz\u00e1 lo es todav\u00ed\u00ada m\u00e1s el que haga part\u00ed\u00adcipes de su victoria a sus disc\u00ed\u00adpulos: el cristiano, hecho \u00abhijo de Dios\u00bb por haber acogido a Jes\u00fas (1,12), \u00abno comete el pecado porque ha nacido de Dios\u00bb (lJn 3,9); m\u00e1s a\u00fan: en tanto permanece en \u00e9l la \u00absemilla divina)), es decir, probablemente, como se expresa san Pablo, \u00aben tanto se deja mover por el Esp\u00ed\u00adritu de Dios\u00bb (Rom 8,14s; cf. G\u00e1l 5,16) \u00abno puede pecar\u00bb. En efecto, Jes\u00fas \u00abquita el pecado del mundo\u00bb precisamente comunic\u00e1ndole el *Esp\u00ed\u00adritu, simbolizado por el *agua misteriosa que brot\u00f3 del costado abierto del crucificado como la fuente de que hablaba Zacar\u00ed\u00adas, \u00ababierta a la casa de David para el pecado y la impureza \u00bb (Jn 19,30-37; cf. Zac 12,10; 13,1). Cierto que el cristiano, aun *nacido de Dios, puede recaer en el pecado (IJn 2,1); pero \u00abJes\u00fas se hizo propiciaci\u00f3n por nuestros pecados\u00bb (Un 2,2) y comunic\u00f3 el Esp\u00ed\u00adritu a los ap\u00f3stoles a fin de que pudieran \u00abremitir los pecados\u00bb (Jn 20,22s).<\/p>\n<p>3. La teolog\u00ed\u00ada del pecado seg\u00fan san Pablo.<\/p>\n<p>a) Merced a un vocabulario m\u00e1s rico puede Pablo distinguir todav\u00ed\u00ada m\u00e1s netamente el \u00abpecado\u00bb (gr. hamart\u00ed\u00ada, en singular), y los \u00abactos pecaminosos\u00bb, llamados con preferencia, fuera de las f\u00f3rmulas tradicionales, \u00abfaltas\u00bb (liter. \u00abca\u00ed\u00addas\u00bb, gr. parapt\u00f3 ma) o \u00abtransgresiones (gr. parabasis), sin querer por eso disminuir lo m\u00e1s m\u00ed\u00adnimo la gravedad de estos \u00faltimos. As\u00ed\u00ad el pecado cometido por Ad\u00e1n en el para\u00ed\u00adso, del que se sabe la importancia que le da san Pablo, es denominado sucesivamente \u00abtransgresi\u00f3n\u00bb, \u00abfalta\u00bb, \u00abdesobediencia\u00bb (Rom 5,14.17.19).<\/p>\n<p>En todo caso, en su moral el acto pecaminoso no ocupa ciertamente un puesto menor que en los Sin\u00f3pticos, como lo muestran las listas de pecados, tan frecuentes en sus ep\u00ed\u00adstolas : lCor 5,10s; 6,9s; 2Cor 12,20; G\u00e1l 5,19-21; Rom 1,29-31; Col 3,5-8; Ef 5,3; 1Tim 1,9; Tit 3,3; 2Tim 3, 2-5. Todos estos pecados excluyen delreino de Dios, como se dice a veces expl\u00ed\u00adcitamente (1Cor 6,9; G\u00e1l 5,21). Ahora bien, aqu\u00ed\u00ad se puede observar, exactamente como en ias listas an\u00e1logas del AT, la relaci\u00f3n en que se ponen los des\u00f3rdenes sexuales, la *idolatr\u00ed\u00ada y las injusticias sociales (cf. Rom 1,21-32 y las listas de lCor, G\u00e1l, Col, Ef). N\u00f3tese igualmente la gravedad atribuida por Pablo a la \u00abcodicia\u00bb (gr. pleonex\u00ed\u00ada), ese pecado que consiste en querer \u00abposeer siempre m\u00e1s)), vicio que los antiguos latinos llamaban avaricia y que se asemeja mucho a lo que el Dec\u00e1logo (Ex 20,17) prohib\u00ed\u00ada bajo el mismo nombre de \u00abcodicia\u00bb (cf. Rom 7,7): Pablo no se contenta con relacionar este pecado con la idolatr\u00ed\u00ada, sino que lo identifica: \u00abesta codicia que es idolatr\u00ed\u00ada\u00bb (Col 3,5; cf. Ef 5,5).<\/p>\n<p>b) M\u00e1s all\u00e1 de los actos pecaminosos se remonta Pablo a su principio: en el hombre pecador son la expresi\u00f3n y la exteriorizaci\u00f3n de la fuerza hostil a Dios y a su reinado de que hablaba san Juan. El mero hecho de que Pablo le reserve pr\u00e1cticamente el t\u00e9rmino de pecado (en singular) le da ya un relieve especial. Pero el Ap\u00f3stol se aplica sobre toda a describir ya su origen en cada uno de nosotros, ya sus efectos, con la suficiente precisi\u00f3n para ofrecer un esbozo de una verdadera teolog\u00ed\u00ada del pecado.<\/p>\n<p>El pecado, presentado como un poder personificado, hasta el punto de parecer a veces confundirse con el personaje de *Sat\u00e1n, el \u00abDios de este mundo\u00bb (2Cor 4,4), se distingue, sin embargo, de \u00e9l: pertenece al hombre pecador, es algo interior a \u00e9l. Introducido en el g\u00e9nero humano por la desobediencia de Ad\u00e1n (Rom 5,12-19) y como por repercusi\u00f3n, en el mismo universo material (Rom 8, 20; cf. G\u00e9n 3,17), el pecado pas\u00f3 a todos los hombres sin excepci\u00f3n, arrastr\u00e1ndolos a todos a la *muerte eterna separaci\u00f3n de Dios, tal como la sufren los condenados en el *infierno; independientemente de la *redenci\u00f3n forman todos seg\u00fan el dicho de san Agust\u00ed\u00adn &#8211; exacto con tal que se comprenda bien- una massa damnata. Y Pablo se complace en describir por extenso esta situaci\u00f3n del hombre \u00abvendido al poder del pecado\u00bb (Rom 7,14), capaz todav\u00ed\u00ada de \u00absimpatizar\u00bb con el bien (7,16.22) y hasta de \u00abdesearlo\u00bb (7, 15.21), lo que prueba que no todo est\u00e1 en \u00e9l corrompido, pero absolutamente incapaz de realizarlo (7,18) y por tanto necesariamente destinado a la muerte eterna (7,24), \u00absalario\u00bb, o mejor todav\u00ed\u00ada, \u00abdesemboque\u00bb, \u00abremate\u00bb del pecado (6,21-23).<\/p>\n<p>c) Tales afirmaciones hacen que a veces se acuse al Ap\u00f3stol de exageraci\u00f3n y de pesimismo. Esto es olvidar que Pablo, al formularlas, hace abstracci\u00f3n de la gracia de Cristo: su argumentaci\u00f3n misma le fuerza a ello, dado que subraya la universalidad del pecado y su tiran\u00ed\u00ada con el solo fin de establecer la impotencia de la *ley y de encarecer la absoluta necesidad de la obra liberadora de Cristo. M\u00e1s a\u00fan: Pablo s\u00f3lo recuerda la solidaridad de la humanidad entera con *Ad\u00e1n para revelar otra solidaridad muy superior, la de la humanidad entera con Jesucristo ; en la mente de Dios Jesucristo, el antitipo, es primero (Rom 5,14); esto equivale a decir que el pecado de Ad\u00e1n y sus consecuencias s\u00f3lo fueron permitidos porque Jesucristo deb\u00ed\u00ada triunfar de ellos y con tal sobreabundancia que aun antes de exponer las semejanzas entre el papel del primer Ad\u00e1n y el del segundo (5, 17ss), tiene Pablo empe\u00f1o en marcar las diferencias (5,15s).<\/p>\n<p>En efecto, la victoria de Cristo sobre el pecado no es para Pablo menos esplendente que para Juan. El cristiano *justificado por la *fe y el *bautismo (G\u00e1l 3,26ss; cf. Rom 3, 21ss; 6,2ss) ha roto totalmente con el pecado; muerto al pecado, ha venido a ser, con Cristo muerto y resucitado, un ser nuevo (Rom 6,5), una \u00abnueva *criatura\u00bb (2Cor 5,17); no est\u00e1 ya \u00aben la *carne\u00bb, sino \u00aben el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (Rom 7,5; 8,9), si bien puede, todo el tiempo que vive en un \u00abcuerpo mortal\u00bb, recaer bajo el imperio del pecado y \u00abceder a sus concupiscencias\u00bb (6,12), si se niega a \u00abcaminar seg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (8,4).<\/p>\n<p>d) Dios no solamente triunfa del pecado. Su *sabidur\u00ed\u00ada \u00abde infinitos recursos\u00bb (Ef 3,10) obtiene esta victoria utilizando el pecado. Lo que era el obst\u00e1culo por excelencia al reinado de Dios y a la salvaci\u00f3n del hombre desempe\u00f1a su papel en la historia de esta salvaci\u00f3n. En efecto, precisamente a prop\u00f3sito del pecado habla Pablo de la \u00absabidur\u00ed\u00ada de Dios\u00bb (lCor 1,21-24; Rom 11,33). Particularmente meditando sobre el pecado que fue sin duda para su coraz\u00f3n la herida m\u00e1s punzante (Rom 9,2) y en todo caso un esc\u00e1ndalo para su esp\u00ed\u00adritu, la *incredulidad de Israel, comprendi\u00f3 que esta infidelidad, por lo dem\u00e1s parcial y provisional (Rom 11,25), entraba en el *designio salv\u00ed\u00adfico de Dios sobre el g\u00e9nero humano y que \u00abDios no hab\u00ed\u00ada incluido a todos los hombres en la desobediencia sino para usar de misericordia con todos\u00bb (Rom 11,32; cf. G\u00e1l 3,22). As\u00ed\u00ad exclama con una admiraci\u00f3n llena de reconocimiento: \u00ab\u00c2\u00a1Oh abismo de la riqueza, de la sabidur\u00ed\u00ada y de la ciencia de Dios ! \u00c2\u00a1Cu\u00e1n insondables son sus decretos y cu\u00e1n incomprensibles sus caminos!\u00bb (Rom 11,33).<\/p>\n<p>e) Pero este misterio de la sabidur\u00ed\u00ada divina que utiliza para la salvaci\u00f3n del hombre hasta su mismo pecado no se revela en ninguna parte m\u00e1s claramente que en la pasi\u00f3n del Hijo de Dios. En efecto, si Dios Padre \u00abentreg\u00f3 a su Hijo\u00bb a la muerte (Rom 8,32), fue para ponerlo en tales condiciones que pudiera realizar el acto de obediencia y de amor m\u00e1s grande que se puede concebir, y operar as\u00ed\u00ad nuestra *redenci\u00f3n pasando \u00e9l el primero de la condici\u00f3n carnal a la condici\u00f3n espiritual. Ahora bien, las circunstancias de esta muerte, ordenadas a crear las condiciones m\u00e1s favorables de tal acto, son todas efecto del pecado del hombre: traici\u00f3n de Judas, abandono de los ap\u00f3stoles, cobard\u00ed\u00ada de Pilato, odio de las autoridades de la naci\u00f3n jud\u00ed\u00ada, crueldad de los verdugos, y m\u00e1s all\u00e1 del drama visible, nuestros propios pecados, para cuya expiaci\u00f3n muere. Para que pudiera amar como ning\u00fan hombre ha amado jam\u00e1s, quiso Dios que su Hijo se hiciera vulnerable al pecado del hombre, que fuera sometido a los efectos mal\u00e9ficos del poder de muerte que es el pecado, a fin de que nosotros fu\u00e9semos, gracias a este acto supremo de amor, sometidos a los efectos ben\u00e9ficos del poder de vida que es la justicia de Dios (2Cor 5,21). Tan cierto es que \u00abDios hace que todo concurra al bien de los que le aman\u00bb (Rom 8,28), todo, incluso el pecado.<\/p>\n<p>&#8211;> Cautividad &#8211; Endurecimiento &#8211; Infierno &#8211; Esclavo &#8211; Expiaci\u00f3n &#8211; Imp\u00ed\u00ado &#8211; Incredulidad &#8211; Justificaci\u00f3n &#8211; Lepra &#8211; Liberaci\u00f3n &#8211; Enfermedad &#8211; Muerte &#8211; Perd\u00f3n &#8211; Penitencia- Redenci\u00f3n.<\/p>\n<p>LEON-DUFOUR, Xavier, Vocabulario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, Herder, Barcelona, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Vocabulario de las Ep\u00edstolas Paulinas<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\">No existe una palabra hebrea que por si sola pueda exhibir el concepto pleno que el AT tiene del pecado. La palabra m\u00e1s com\u00fan para pecado es <em>\u1e25a\u1e6d\u1e6d\u0101\u02be\u0101h (\u1e25a\u1e6d\u1e6da\u02be\u1e6f)<\/em>, que en su forma verbal significa: \u00abno dar en el blanco, errar, pecar\u00bb. El uso secular de su forma verbal se ilustra por Jue. 20:16, donde se afirma que la tribu de Benjam\u00edn ten\u00eda un grupo de guerreros zurdos que \u00abtiraban una piedra con la honda a un cabello, y no erraban\u00bb. Otras palabras que se usan a menudo en el AT son, <em>r\u0113\u0161a\u02bf<\/em>, \u00abimpiedad, confusi\u00f3n\u00bb; <em>\u02bf\u0101w\u014dn<\/em>, \u00abiniquidad, perversi\u00f3n, culpa\u00bb; <em>pe\u0161a\u02bf<\/em>, \u00abtransgresi\u00f3n, rebeli\u00f3n\u00bb; <em>\u02be\u0101wen<\/em>, \u00aberror, problema, vanidad\u00bb; \u0161eqer, \u00abmentira, enga\u00f1o\u00bb; <em>ra\u02bf<\/em>, \u00abmal\u00bb (usualmente de los efectos da\u00f1inos que llegan judicial o naturalmente por el pecado); <em>m\u0101\u02bfal<\/em>, \u00abtransgresi\u00f3n, romper la confianza\u00bb; <em>\u02be\u0101\u0161\u0101m<\/em>, \u00aberror, negligencia, culpa\u00bb; <em>\u02bf\u0101wel<\/em>, \u00abinjusticia\u00bb; y los verbos <em>s\u0101rar<\/em>, \u00abdesobedecer\u00bb, y <em>\u02bf\u0101\u1e07ar<\/em>, \u00abtransgredir\u00bb. Es importante notar que muchas de estas palabras se usan (en varias formas) para denotar no s\u00f3lo el pecado sino tambi\u00e9n la culpa, y aun los medios por los que se remueve esta culpa. De manera que el pecado, sus consecuencias y los medios para removerlo se unen v\u00edvidamente en la conciencia de Israel.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La <a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">LXX<\/a> com\u00fanmente usa <em>hamartia<\/em> para <em>\u1e25a\u1e6d\u1e6d\u0101\u02be\u0101h<\/em>, <em>adikia<\/em> para <em>\u02bf\u0101w\u014dn<\/em> (como 63 veces), anomia para <em>\u02bf\u0101w\u014dn<\/em> (como 63 veces), <em>parapt\u014dma<\/em> para <em>m\u0101\u02bfal<\/em>, <em>pe\u0161a\u02bf<\/em>, <em>\u02bf\u0101wel<\/em>, y <em>parabainein<\/em> para varias palabras que significan \u00abtransgredir\u00bb, en especial cuando se aplican a la transgresi\u00f3n del pacto. La LXX tambi\u00e9n traduce <em>s\u00f4r\u04d9r\u00eem<\/em> con la palabra <em>apeizousin<\/em>, \u00abdesobediente\u00bb, en Is. 1:23.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las palabras principales del NT son, <em>hamartia<\/em>, \u00abno dar en el blanco\u00bb; <em>adikia<\/em>, \u00abinjusticia\u00bb; <em>anomia<\/em> \u00abilegalidad\u00bb; <em>asebeia<\/em>, \u00abimpiedad\u00bb; <em>parabasis<\/em> \u00abtransgresi\u00f3n\u00bb; <em>parapt\u014dma<\/em>, \u00abuna ca\u00edda\u00bb, indicando que se rompe la correcta relaci\u00f3n para con Dios; <em>pon\u0113ria<\/em>, \u00abdepravaci\u00f3n\u00bb; <em>epizumia<\/em>, \u00abdeseo, concupiscencia\u00bb; <em>apeizeia<\/em>, \u00abdesobediencia\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La revelaci\u00f3n b\u00edblica sobre la naturaleza del pecado se encuentra incrustada en la historia sagrada. En G\u00e9nesis 3 se atribuye a la ca\u00edda de Ad\u00e1n y Eva en Ed\u00e9n la causa del origen del pecado en la raza humana. Tres cosas se pueden establecer de la narraci\u00f3n: (1) que Dios no es el autor del pecado, sino que el pecado es propuesto, primero como sugerencia; despu\u00e9s, abiertamente, por la serpiente, cosa que Eva acept\u00f3 libremente. V\u00e9ase Stg. 1:13\u201315. (2) que el pecado de Eva empez\u00f3 con la duda en cuanto a la justicia del mandamiento de Dios de no comer del fruto del \u00e1rbol de la ciencia del bien y el mal; (3) que el acto pecaminoso que result\u00f3 de un deseo racionalizado fue uno de directa y voluntaria desobediencia a un mandamiento expreso de Dios; (4) que el primer acto pecaminoso, efectuado tanto por Ad\u00e1n como por Eva, result\u00f3 en un sentimiento inmediato de verg\u00fcenza de la desnudez y con el intento subsecuente de esconderse de Dios; y (5) que al pecado le sigue la maldici\u00f3n divina sobre la serpiente, la mujer y el hombre, y la expulsi\u00f3n de la comuni\u00f3n con Dios en el huerto. La pena de la muerte se inflige sobre la raza humana que desciende de Ad\u00e1n y Eva (Gn. 4\u20136).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La humanidad corrompe sus caminos en la tierra y su extrema maldad provoca el juicio del diluvio (Gn. 6). Despu\u00e9s del diluvio, se ordena el poder de la espada (Gn. 9:5ss.) para restringir el pecado en la sociedad humana. Dios frustra la rebeli\u00f3n racial de Babilonia en Babel y la revelaci\u00f3n especial empieza a concentrarse sobre Abraham y sus descendientes como quienes llevaban las promesas del pacto de gracia (v\u00e9ase). En esta era, la destrucci\u00f3n de Sodoma y Gomorra sirve para recordar a las futuras generaciones de la destrucci\u00f3n que espera a aquellos que viven en pecado irrefrenable y en corrupci\u00f3n (Gn. 13:13; 18:20; 19:1\u201329). El relato de las vidas de Jacob y sus hijos revela francamente los pecados de estos hombres, y hacen claro a Israel que su existencia nacional como los portadores de la vida de pacto no descansa en su propia bondad sino en la gracia soberana de Dios (Gn. 34, 37\u201338, 47, <em>et al.<\/em>). La liberaci\u00f3n de la esclavitud de Egipto simboliza la liberaci\u00f3n del poder del pecado. Pero aun en la noche de la liberaci\u00f3n, se le dice a Israel claramente que se debe s\u00f3lo a la muerte vicaria que Israel se salve de la suerte de Egipto (Ex. 12). Aun despu\u00e9s de las manifestaciones del poder salvador de Dios en el Mar Rojo, el pueblo se rebela (Ex. 17:1\u201317), y es con el trasfondo del llamamiento de Dios para que el pueblo fuese su pueblo especial y la entrega de la ley en el Sina\u00ed, que la pecaminosidad de Israel viene a manifestarse en forma grosera en la adoraci\u00f3n del becerro de oro (Ex. 32). Despu\u00e9s que el pueblo trat\u00f3 en desobediencia de forzar la entrada a Cana\u00e1n, a pesar del castigo de Dios por su incredulidad, se hace una distinci\u00f3n en Israel entre pecados inconscientes (por \u00aberror\u00bb) y pecados insolentes, \u00abcon mano levantada\u00bb (Nm. 14; 15:27\u201331).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las leyes sobre la inmundicia ceremonial y las enfermedades y comidas inmundas tienen el fin de ense\u00f1ar v\u00edvidamente a Israel lo absoluto de la santidad que se requiere de los que dicen llamarse el pueblo de Jehov\u00e1 (Lv. 11\u201315; Dt. 14:21). Mientras que se diferencia entre pecados involuntarios y los cometidos a sabiendas, el pecado inconsciente es tambi\u00e9n culpable, necesitando expiaci\u00f3n (Lv. 5:1\u201310, 17\u201319).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde la entrada a Cana\u00e1n hasta el tiempo de la cautividad babil\u00f3nica, el pecado se describe expl\u00edcitamente como apostas\u00eda del llamamiento de Dios para el pueblo del pacto (Jue. 2:1\u20135; 1 S. 2:12ss., <em>et al.<\/em>). Aun David y sus mejores sucesores no llegan a la altura de su oficio ideal, y muestran rebeli\u00f3n contra el Dios del pacto (2 S. 11; 24; 1 R. 11:9; <em>et al.<\/em>). Con pocas excepciones, el pecado se fue acrecentando en el reino del norte y en el del sur, manifest\u00e1ndose en opresi\u00f3n social (Amos <em>passim<\/em>, 1 R. 21) e idolatr\u00eda, la que se describe consistentemente como adulterio espiritual (Os. Is. 1:4, 19\u201321; Jer. 3:1; Ez. 16:15, 23). A pesar de que Israel se cur\u00f3 de la idolatr\u00eda mediante el exilio, la dureza del pecado se expres\u00f3 otra vez aun despu\u00e9s de su regreso del exilio (Mal. 1:6\u20132:17; 3:7\u201315).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fue dentro de este marco que se desarroll\u00f3 un agudo sentido del pecado en los piadosos, sentimiento expresado en los Salmos (Sal. 32; 130). Aun cuando se proclama la depravaci\u00f3n total de los piadosos (Sal. 53), el poder sutil del pecado en el coraz\u00f3n del creyente tambi\u00e9n se confiesa (Sal. 139:23\u201324). En el Salmo 51 aun se reconoce la presencia del pecado en la concepci\u00f3n (v. 5).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El estar consciente que el pecado tiene sus ra\u00edces en lo m\u00e1s profundo del ser humano, esto es, en el coraz\u00f3n, es algo que se expresa por todo el AT (Jer. 17:9; Gn. 6:5; 1 R. 11:9; Pr. 6:14; Ec. 8:7; 9:3). El endurecimiento del coraz\u00f3n en el pecado tambi\u00e9n puede deberse a una acci\u00f3n retributiva de la justicia de Dios (Ex. 7:3; 9:12; Is. 6:10).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El NT contiene pasajes en los que se define o describe el pecado en t\u00e9rminos abarcadores. Estas \u00abdefiniciones\u00bb se encuentran especialmente en el Evangelio de Juan y la Primera Ep\u00edstola de Juan. Jes\u00fas dice, \u00abtodo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado\u00bb (Jn. 8:34; cf. Ro. 6:16, 20, 23). Juan escribe en 1 Jn. 3:4, \u00abtodo aquel que comete pecado [<em>hamartian<\/em>], infringe tambi\u00e9n la ley [<em>anomian<\/em>]; pues el pecado [<em>hamartia<\/em>] es infracci\u00f3n de la ley [<em>anomia<\/em>].<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los evangelios dif\u00edcilmente definen la pecaminosidad de los hombres, y la presuponen. Pero el concepto que el AT ten\u00eda del pecado como rebeli\u00f3n contra la gracia del pacto, toma una nueva forma. Jes\u00fas no viene a llamar al justo, sino a pecadores al arrepentimiento (Mt. 9:13). Los fariseos, quienes atribu\u00edan los milagros de Jes\u00fas a Satan\u00e1s, se acercaron peligrosamente a la blasfemia del Esp\u00edritu Santo\u2014el pecado imperdonable (Mt. 12:22\u201337). Las palabras m\u00e1s fuertes de Jes\u00fas son para aquellos que \u00abconf\u00edan en s\u00ed mismos como justos, y menosprecian a los otros \u2026\u00bb (Lc. 18:9; cf. Mt. 23:13\u201329). El rechazo de Jes\u00fas como el Mes\u00edas es el espantoso pecado de Israel (Mt. 11:20ss.; Jn. 9:35\u201341), lo que envuelve el rechazo de su persona como el Hijo de Dios (Jn. 10:22\u201339). La ira de Dios permanece sobre aquellos que no creen en el Hijo de Dios (Jn. 3:36). Los que se creen justos son m\u00e1s pecaminosos porque no s\u00f3lo transgreden la ley, sino que la anulan con sus tradiciones (Mt. 15:1\u201320). Lo que contamina al hombre no es la inmundicia ceremonial, sino la que procede del coraz\u00f3n y sale por la boca (Mt. 15:18\u201320).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pablo expone la doctrina del pecado en forma m\u00e1s sistem\u00e1tica. En Ro. 1:18\u20133:19, Pablo prueba que todo gentil y jud\u00edo, por igual, est\u00e1n bajo el juicio divino a causa del pecado. El poder del pecado es despertado por la ley, y el haber observado la reacci\u00f3n del pecado a la ley, hizo que Pablo exclamase, \u00abSoy carnal, vendido al pecado\u00bb (Ro. 7:14). El pecado no s\u00f3lo consiste en acciones, sino que es una condici\u00f3n, una condici\u00f3n com\u00fan a todos los hombres que est\u00e1n <em>por naturaleza<\/em> muertos en pecados y transgresiones y son hijos de ira (Ef. 2:1\u20133). Aparte de Cristo, el hombre est\u00e1 en la carne, y de esta fuente es que viene toda clase de pecados actuales (G\u00e1. 5:19\u201321). El hombre que est\u00e1 en la carne no puede agradar a Dios; est\u00e1 en pecado, no se conforma a la voluntad de Dios (Ro. 8:5\u20138). S\u00f3lo la liberaci\u00f3n divina puede librar al hombre de su esclavitud (Ro. 3:21\u201326) y, para los salvos, la presencia o ausencia del motivo de la fe viene a ser la prueba de si est\u00e1n o no actuando en obediencia a Dios (Ro. 14:23).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aunque los detalles de la ex\u00e9gesis de Ro. 5:12\u201321 se discuten bastante, es claro que Pablo considera a todos los hombres como pecadores en Ad\u00e1n. No s\u00f3lo introdujo Ad\u00e1n el pecado en el mundo. El hecho es que la muerte reina a\u00fan donde no hay ley mosaica y, por tanto, ninguna imputaci\u00f3n de pecado en conexi\u00f3n con la ley. Por lo tanto, la muerte debe venir del hecho de que \u00abpor la transgresi\u00f3n de uno vino la condenaci\u00f3n a todos los hombres\u00bb (v. 18), y, \u00abpor la transgresi\u00f3n de uno s\u00f3lo rein\u00f3 la muerte\u00bb (v. 17). La desobediencia de uno hizo pecadores a muchos (v. 19). El paralelo entre la justificaci\u00f3n y la condenaci\u00f3n nos indica que es la imputaci\u00f3n el modo por el cual cada uno de estos veredictos judiciales se dirige a los hombres y a los creyentes, respectivamente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fieras controversias registra la historia de la iglesia en cuanto a la doctrina del pecado original (v\u00e9ase). Pelagio y sus seguidores afirmaron que la muerte es natural, no un castigo penal; que una buena naturaleza creada por un Dios bueno no se corrompe; que el pecado de Ad\u00e1n influy\u00f3 en la raza s\u00f3lo a modo de mal ejemplo; que todos los hombres est\u00e1n en el estado de Ad\u00e1n antes de la ca\u00edda; y que la ley y la gracia no son esencialmente diferentes. Fue en contra de esta ense\u00f1anza que Agust\u00edn afirm\u00f3 que todos los hombres heredan una corrupci\u00f3n natural de Ad\u00e1n, y que el pecado original es pecado, castigo y culpa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El catolicismo romano, por sacramentalizar la gracia, pone su atenci\u00f3n en grados de pecado, sosteniendo que el pecado original se elimina en el bautismo; pero que el \u00abaliciente\u00bb del pecado permanec\u00eda. Y hacen distinciones entre el pecado venial y el mortal, cosa que encaja con el sistema sacramental.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Calvino protest\u00f3 diciendo que los deseos y movimientos pecaminosos del coraz\u00f3n eran tenidos por Dios como verdaderos pecados. Mientras que Roma sosten\u00eda que lo que quedaba del pecado original no se consideraba en el regenerado como \u00abpropiamente\u00bb pecado; los reformadores mantuvieron que la disposici\u00f3n mala que queda en el coraz\u00f3n es pecado para Dios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El S\u00ednodo de Dort (1618\u201319) mantuvo firmemente las doctrinas de la depravaci\u00f3n total (v\u00e9ase) y de la inhabilidad total contra el debilitamiento que los arminianos hicieron a estas doctrinas. La <em>Formula Consensus<\/em> (1675) de las Iglesias Reformadas de Suiza afirmaron que el pecado de Ad\u00e1n se imputaba de inmediato a sus descendientes en virtud de su posici\u00f3n de representante en el pacto de obras. Esta ense\u00f1anza se dirig\u00eda contra la contenci\u00f3n de La Place de Saumur, quien afirmaba que los descendientes de Ad\u00e1n eran culpables en forma mediata, esto es, en virtud de su corrupci\u00f3n heredada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El per\u00edodo moderno de la iglesia ha podido ver el resurgimiento de los conceptos griegos del pecado como ignorancia o del pecado como la implicaci\u00f3n tr\u00e1gica de la finitud del hombre. El primero congenia con el evolucionismo; y, el segundo, con el existencialismo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">BIBLIOGRAF\u00cdA<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\">\n<li>Berkhof, <em>Reformed Dogmatics<\/em> (Historical Volume) pp. 131\u2013166; L. Berkhof, <em>Systematic Theology<\/em>, pp. 216\u2013261; P.Y. de Jong, <em>The Covenant Idea in New England Theology<\/em>, pp. 32\u201349; Gesenius; Girdlestone; A. Harnack, <em>Dogmengeschichte<\/em> (Grundriss), pp. 262\u2013271, 361; C. Hodge, <em>Systematic Theology<\/em>, II, pp. 130\u2013277; J.I. Kuizenga en <em><a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">ISBE<\/a><\/em>; L. Morris, <em>The Apostolic Preaching of the Cross<\/em>, pp. 125\u2013185; A. Oepke en <em><a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">TWNT<\/a><\/em> (III, p. 448); Trench; G. Quell <em>et al.<\/em> en <em>TWNT<\/em>; G. Vos, <em>Biblical Theology<\/em>.<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">Carl G. Kromminga<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\"><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">LXX <\/a>Septuagint<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\"><em>ISBE <\/em><\/a><em>International Standard Bible Encyclopaedia<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\"><em>TWNT <\/em><\/a><em>Theologisches Woerterbuch zum Neuen Testament<\/em> (Kittel)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\"><\/a>Harrison, E. F., Bromiley, G. W., &amp; Henry, C. F. H. (2006). <em>Diccionario de Teologi\u0301a<\/em> (460). Grand Rapids, MI: Libros Desafi\u0301o.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Teolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p><p style='text-align:justify;'><span ><\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>I. Terminolog\u00eda<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>Como se podr\u00eda esperar de un libro cuyo tema dominante es el pecado del ser humano y la generosa salvaci\u00f3n que Dios le ofrece, la Biblia emplea una gran variedad de t\u00e9rminos, tanto en el <etiqueta id=\"#_ftn366\" name=\"_ftnref366\" title=\"\">AT como en el NT, para expresar la idea del<\/etiqueta> pecado.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Hay cuatro ra\u00edces heb. principales. <\/span><span style=''>&#7717;&#7789;&#722;<\/span><span lang=ES style=''> es la m\u00e1s com\u00fan, voz que, con sus derivados, transmite la idea general de errar el blanco o desviarse de la meta (cf. Jue. 20.16 para un uso no moral). Una gran proporci\u00f3n de las veces en que aparece se refiere a una desviaci\u00f3n moral y religiosa, ya sea con respecto a los hombres (Gn. 20.9), o a Dios (Lm. 5.7). Frecuentemente se utiliza el sustantivo <\/span><span style=' '>&#7717;a&#7789;&#7789;&#257;&#722;&#7791;<\/span><span lang=ES style=''> como t\u00e9rmino t\u00e9cnico para ofrenda por el pecado (Lv. 4, <etiqueta id=\"#_ftn367\" name=\"_ftnref367\" title=\"\">pass.). Esta ra\u00edz no se refiere a la motivaci\u00f3<\/etiqueta>n interior de la acci\u00f3n err\u00f3nea, sino que se concentra m\u00e1s en su aspecto formal como desviaci\u00f3n de la norma moral, generalmente la ley o la voluntad de Dios (Ex. 20.20; Os. 13.2; etc.). <\/span><span style='font-family: \"Charis SIL\"'>p\u0161&#723;<\/span><span lang=ES style=''> se refiere a la acci\u00f3n en torno a la ruptura de una relaci\u00f3n, \u201crebeli\u00f3n\u201d, \u201crevoluci\u00f3n\u201d. Aparece en sentido no teol\u00f3gico, p. ej., con referencia a la secesi\u00f3n de Israel de la casa de David (1 R. 12.19). Cuando se lo aplica al pecado es quiz\u00e1s el m\u00e1s profundo de los t\u00e9rminos del AT, que refleja el hecho de que el pecado es rebeli\u00f3n contra Dios, el desaf\u00edo de su santo senor\u00edo y gobierno (Is. 1.28; 1 R. 8.50; etc.). <\/span><span style=''>&#723;wh<\/span><span lang=ES style=''> transmite un sentido literal de perversi\u00f3n, \u201ctorcimiento\u201d, o \u201ctrastorno\u201d deliberados (Is. 24.1; Lm. 3.9). En relaci\u00f3n con el pecado refleja el pensamiento del pecado como un mal realizado deliberadamente, \u201chacer iniquidad\u201d (Dn. 9.5; 2 S. 24.17). Aparece en contextos religiosos, paiticularmente en forma sustantiva, <\/span><span style=''>&#723;&#257;w\u00f4n<\/span><span lang=ES style=''>, que destaca la idea de la culpa que surge del mal deliberadamente cometido (Gn. 44.16; Jer. 2.22). Tambi\u00e9n puede referirse al castigo que recae sobre el pecado (Gn. 4.13; Is. 53.11). La idea b\u00e1sica de <\/span><span style=' '>\u0161&#257;&#7713;\u00e2h<\/span><span lang=ES style=''> es la desviaci\u00f3n del camino correcto (Ez. 34.6). Es indicativo del pecado producido por la ignorancia, el \u201cerrar\u201d, \u201cdesviarse como criatura\u201d (1 S. 26.21; Job 6.24). A menudo aparece en contexto c\u00faltico como pecado contra reglamentaciones rituales no reconocidas (Lv. 4.2). Tambi\u00e9n debemos referirnos a <\/span><span style=''>r&#257;\u0161a&#723;<\/span><span lang=ES style=''>, ser malo, actuar maliciosamente (2 S. 22.22; Neh. 9.33); y <\/span><span style=''>&#723;&#257;mal<\/span><span lang=ES style=''>, el mal hecho a otros (Pr. 24.2; Hab. 1.13).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>El principal t\u00e9rmino neotestamentario es <\/span><span style=''>hamartia<\/span><span lang=ES style=''> (y sus cognados), que equivale a <\/span><span style=''>&#7717;&#7789;&#722;<\/span><span lang=ES style=''>. Se emplea en gr. cl\u00e1sico en el sentido de errar el blanco o tomar un camino equivocado. Es el t\u00e9rmino neotestamentario general para el pecado como acci\u00f3n concreta, como violaci\u00f3n de la ley divina (Jn. 8.46; Stg. 1.15; 1 Jn. 1.8). En Ro. 5\u20138 Pablo personifica el t\u00e9rmino como principio rector de la vida humana (cf. 5.12; 6.12, 14; 7.17, 20; 8.2). <\/span><span style=' '>parapt&#333;ma<\/span><span lang=ES style=''> aparece en contextos cl\u00e1sicos para un error de medici\u00f3n o un desatino. El NT le confiere una connotaci\u00f3n moral m\u00e1s fuerte, como mala acci\u00f3n o transgresi\u00f3n (cf. \u201cmuertos en \u2026\u201d, Ef. 2.1; Mt. 6.14s). <\/span><span style=''>parabasis<\/span><span lang=ES style=''> es un t\u00e9rmino derivado en forma similar y con significado parecido, \u201ctransgresi\u00f3n\u201d, \u201cir m\u00e1s all\u00e1 de la norma\u201d (Ro. 4.15; He. 2.2). <\/span><span style=''>asebeia<\/span><span lang=ES style=''> es quiz\u00e1s el m\u00e1s profundo de los t\u00e9rminos neotestamentarios, y com\u00fanmente traduce <\/span><span style=''>p\u0161&#723;<\/span><span lang=ES style=''> en la <span style='text-transform: uppercase'>LXX<\/span>. Implica maldad o impiedad activas (Ro. 1.18; 2 Ti. 1.16). Otro t\u00e9rmino es <\/span><span style=''>anomia<\/span><span lang=ES style=''>, desobediencia, desprecio por la ley (Mt. 7.23; 2 Co. 6.14). <\/span><span style=''>kakia<\/span><span lang=ES style=''> y <\/span><span style=''>pon&#275;ria<\/span><span lang=ES style=''> son t\u00e9rminos generales que expresan depravaci\u00f3n moral y espiritual (Hch. 8.22; Ro. 1.29; Lc. 11.39; E.f. 6.12). La \u00faltima de estas referencias indica la relaci\u00f3n entre el segundo t\u00e9rmino mencionado anteriormente y Satan\u00e1s, el malo, <\/span><span style=''>ho pon&#275;ros<\/span><span lang=ES style=''> (Mt. 13.19; 1 Jn. 3.12). <\/span><span style=''>adikia<\/span><span lang=ES style=''> es el principal t\u00e9rmino cl\u00e1sico para el mal que se le hace al pr\u00f3jimo. Se traduce de diferentes maneras: \u201cinjusto\u201d (Lc. 18.6), \u201cinjusticia\u201d (Jn. 7.18; Ro. 2.8; 9.14), \u201ciniquidad\u201d (2 Ti. 2.19). 1 Jn. lo equipara con <\/span><span style=''>hamartia<\/span><span lang=ES style=''> (1 Jn. 3.4; 5.17). Tambi\u00e9n tenemos <\/span><span style=''>enojos<\/span><span lang=ES style=''>, t\u00e9rmino legal que significa \u201cculpable\u201d (Mr. 3.29; 1 Co. 11.27), y <\/span><span style=''>ofeil&#275;ma<\/span><span lang=ES style=''>, \u2018deuda\u2019 (Mt. 6.12).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>No obstante, la definici\u00f3n de pecado no se deriva simplemente de los t\u00e9rminos utilizados en la Escritura para hacer referencia a \u00e9l. La caracter\u00edstica m\u00e1s t\u00edpica del pecado en todos sus aspectos es que est\u00e1 dirigido contra Dios (cf. Sal. 51.4; Ro. 8.7). Cualquier concepci\u00f3n del pecado que no ponga en primer plano la oposici\u00f3n que le ofrece a Dios es una desviaci\u00f3n de la representaci\u00f3n b\u00edblica. El concepto popular de que el pecado es ego\u00edsmo delata una falsa apreciaci\u00f3n de su naturaleza y gravedad. Esencialmente el pecado est\u00e1 dirigido contra Dios, y s\u00f3lo esta perspectiva explica la diversidad de sus formas y actividades. Es violaci\u00f3n de aquello que la gloria de Dios exige, y por lo tanto, en su esencia misma es lo que se opone a Dios.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>II. Origen<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>El pecado estaba ya presente en el universo desde antes de la ca\u00edda de Ad\u00e1n y Eva (Gn. 3.1s; cf. Jn. 8.44; 2 P. 2.4; 1 Jn. 3.8; Jud. 6). La Biblia, sin embargo, no se ocupa directamente del origen del mal en el universo, sino que trata m\u00e1s bien del pecado y su origen en la vida del hombre (1 Ti. 2.14; Stg. 1.13s). El verdadero impacto de la tentaci\u00f3n demon\u00edaca en la narraci\u00f3n de la ca\u00edda en Gn. 3 radica en la sutil sugerencia de la aspiraci\u00f3n humana a llegar a ser igual a su hacedor (\u201cser\u00e9is como Dios \u2026\u201d, 3.5). Satan\u00e1s dirigi\u00f3 su ataque contra la integridad, la veracidad, y la amante provisi\u00f3n de Dios, y su propuesta consisti\u00f3 en estimular una perversa y blasfema rebeli\u00f3n contra el verdadero Se\u00f1or del hombre. Con este acto el hombre hizo un intento de alcanzar la igualdad con Dios (cf. Fil. 2.6), trat\u00f3 de expresar su independencia de \u00e9l, y, por lo tanto, de cuestionar tanto la naturaleza misma como el orden de la existencia mediante el cual vive como criatura, en completa dependencia de la gracia y las estipulaciones de su creador. \u201cEl pecado del hombre radica en su pretensi\u00f3n de ser Dios\u201d (Niebuhr). Con este acto, aun m\u00e1s, el hombre cometi\u00f3 una blasfemia al negarle a Dios el culto y la amorosa adoraci\u00f3n que debe ser siempre la respuesta correcta del hombre a la majestad y la gracia divinas, y en lugar de ello rindi\u00f3 homenaje al enemigo de Dios, y a sus propias ambiciones envilecidas.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Por consiguiente, seg\u00fan Gn. 3, no debe buscarse el origen del pecado en una acci\u00f3n abierta (2.17 con 3.6), sino en una aspiraci\u00f3n interior de negar a Dios, de la cual el acto de desobediencia s\u00f3lo fue la expresi\u00f3n inmediata. En cuanto al problema de c\u00f3mo pudieron Ad\u00e1n y Eva haberse visto envueltos en tentaci\u00f3n si anteriormente no hab\u00edan conocido pecado, la Escritura no entra en una discusi\u00f3n detallada. No obstante, en la persona de Jesucristo da testimonio de un Hombre que fue sometido a tentaci\u00f3n \u201cen todo seg\u00fan nuestra semejanza, pero sin pecado\u201d (He. 4.15; cf. Mt. 4.3s; He. 2.17s; 5.7s; 1 P. 1.19; 2.22s). El origen \u00faltimo del *mal es parte del \u201cmisterio de la iniquidad\u201d (2 Ts. 2.7), pero una raz\u00f3n discutible del relativo silencio de la Escritura es que una \u201cexplicaci\u00f3n racional\u201d del origen del pecado dar\u00eda como resultado inevitable el hacer que la atenci\u00f3n se desv\u00ede del prop\u00f3sito principal de la Escritura, que es la confesi\u00f3n de <i>mi culpa personal<\/i> (cf. G. C. Berkouwer, <i>Sin<\/i>, 1971, cap(s). 1). En \u00faltima instancia, dada la naturaleza de la cuesti\u00f3n, el pecado no es algo que se pueda \u201cconocer\u201d objetivamente; \u201cel pecado se postula a s\u00ed mismo\u201d (S. Kierkegaard).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>III. Consecuencias<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>El pecado de Ad\u00e1n y Eva no fue un hecho aislado. Las consecuencias para ellos, para la posteridad, y para el mundo entero est\u00e1n a la vista.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><i><span lang=ES style=''>a. La actitud del hombre hacia Dios<\/span><\/i><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>El cambio de actitud de Ad\u00e1n hacia Dios indica la revoluci\u00f3n que tuvo lugar en su mente. \u201cSe escondieron de la presencia de Jehov\u00e1\u201d (Gn. 3.8; cf. vv. 7). Aunque fueron creados para gozar de la presencia y el compa\u00f1erismo de Dios, ahora tem\u00edan encontrarse con \u00e9l (cf. Jn. 3.20). Ahora sus emociones dominantes eran la *verg\u00fcenza y el temor (cf. Gn. 2.25; 3.7, 10), lo que indica el caos que se produjo.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><i><span lang=ES style=''>b. La actitud de Dios hacia el hombre<\/span><\/i><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>No s\u00f3lo se produjo un cambio en la actitud del hombre hacia Dios, sino tambi\u00e9n en la de Dios hacia el hombre. El reproche, la condenaci\u00f3n, la maldici\u00f3n, y la expulsi\u00f3n del huerto son indicaciones de ello. El pecado s\u00f3lo proviene del hombre, pero sus consecuencias no se limitan a \u00e9l. El pecado evoca la ira y el desagrado de Dios, y por cierto que as\u00ed tiene que ser, desde el momento en que justamente significa la contradicci\u00f3n de lo que es Dios. A Dios le resulta imposible ser complaciente con el pecado, porque el serlo significar\u00eda dejar de considerarse a s\u00ed mismo seriamente. Dios no puede negarse a s\u00ed mismo.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><i><span lang=ES style=''>c. Consecuencias para la raza humana<\/span><\/i><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>El desenvolvimiento de la historia del hombre proporciona un cat\u00e1logo de vicios (Gn. 4.8, 19, 23s; 6.2\u20133, 5). La consecuencia de la sobreabundante iniquidad es la virtual destrucci\u00f3n de la humanidad (Gn. 6.7, 13; 7.21\u201324). La ca\u00edda tuvo efectos duraderos, no s\u00f3lo en Ad\u00e1n y Eva, sino tambi\u00e9n sobre todos los que de ellos descienden; hay solidaridad racial en el pecado y el mal.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><i><span lang=ES style=''>d. Consecuencias para la creaci\u00f3n<\/span><\/i><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>Los efectos de la ca\u00edda se extienden m\u00e1s all\u00e1 del cosmos f\u00edsico. \u201cMaldita ser\u00e1 la tierra por tu causa\u201d (Gn. 3.17; cf. Ro. 8.20). El hombre es corona de la creaci\u00f3n, hecho a imagen de Dios, y, en consecuencia, es vicerregente de Dios (Gn. 1.26). La cat\u00e1strofe de la ca\u00edda del hombre trajo aparejada la cat\u00e1strofe de la maldici\u00f3n sobre aquello de lo cual se le hab\u00eda dado dominio. El pecado es un hecho que se dio en la esfera del esp\u00edritu humano, pero que ha repercutido en toda la creaci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><i><span lang=ES style=''>e. La aparici\u00f3n de la muerte<\/span><\/i><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>La *muerte es consecuencia del castigo que merece el pecado. Esta fue la advertencia que acompa\u00f1\u00f3 a la prohibici\u00f3n en el Ed\u00e9n (Gn. 2.17), y es expresi\u00f3n directa de la maldici\u00f3n de Dios sobre el hombre pecador (Gn. 3.19). En la esfera de lo fenom\u00e9nico, la muerte consiste en la separaci\u00f3n de los elementos integrales del ser del hombre. Esta disoluci\u00f3n ejemplifica el principio de la muerte, a saber, la separaci\u00f3n, y alcanza su expresi\u00f3n extrema en la separaci\u00f3n de Dios (Gn. 3.23s). A causa del pecado la muerte provoca temor y terror en el hombre (Lc. 12.5; He. 2.15)<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>IV. Imputaci\u00f3n<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>El primer pecado de Ad\u00e1n tuvo un significado \u00fanico para toda la raza humana (Ro. 5.12, 14\u201319; 1 Co. 15.22). Aqu\u00ed se hace hincapi\u00e9 en forma sostenida en la sola y \u00fanica transgresi\u00f3n de un solo hombre como aquello por lo cual el pecado, la condenaci\u00f3n, y la muerte recayeron sobre toda la humanidad. Se identifica al pecado como \u201cla transgresi\u00f3n de Ad\u00e1n\u201d, \u201cla transgresi\u00f3n del uno\u201d, \u201cuna transgresi\u00f3n\u201d, \u201cla desobediencia de uno\u201d, y no puede haber duda de que aqu\u00ed se hace referencia a la primera transgresi\u00f3n de Ad\u00e1n. En consecuencia, la cl\u00e1usula \u201cpor cuanto todos pecaron\u201d en Ro. 5.12 se refiere al pecado de todos en el pecado de Ad\u00e1n. No puede referirse a los pecados que cometen todos los hombres, y mucho menos a la depravaci\u00f3n hereditaria que aflije a todos, porque en el vv. 12 la cl\u00e1usula en cuesti\u00f3n dice claramente por qu\u00e9 \u201cla muerte pas\u00f3 a todos los hombres\u201d, y en los vers\u00edculos siguientes se expresa que \u201cla transgresi\u00f3n de uno solo\u201d (v. 17) es la causa del reinado universal de la muerte. Si no se refiriese al mismo pecado, Pablo estar\u00eda afirmando dos cosas diferentes con referencia al mismo asunto en el mismo contexto. La \u00fanica explicaci\u00f3n en cuanto a las dos formas de expresi\u00f3n es que todos pecaron en el pecado de Ad\u00e1n. Podemos hacer la misma inferencia sobre la base de 1 Co. 15.22, \u201cen Ad\u00e1n todos mueren\u201d. Si todos mueren en Ad\u00e1n, la raz\u00f3n es que todos pecaron en \u00e9l.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Seg\u00fan la Escritura, el tipo de solidaridad con Ad\u00e1n que explica la participaci\u00f3n de todos en el pecado de Ad\u00e1n, es el tipo de solidaridad que Cristo mantiene con aquellos que est\u00e1n unidos a \u00e9l. El paralelo en Ro. 5.12\u201319; 1 Co. 15.22, 45\u201349 entre Ad\u00e1n y Cristo indica el mismo tipo de relaci\u00f3n en ambos casos, y no tenemos necesidad de postular nada m\u00e1s definitivo en el caso de Ad\u00e1n y la raza que lo que encontramos en el caso de Cristo y los suyos. En este \u00faltimo caso se trata de una cabeza representativa, y esto es todo lo que hace falta para afirmar la solidaridad de todos en el pecado de Ad\u00e1n. Decir que el pecado de Ad\u00e1n se imputa a todos es decir que todos estuvieron involucrados en su pecado, en raz\u00f3n de ser \u00e9l la cabeza representativa.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Aunque la imputaci\u00f3n del pecado de Ad\u00e1n fue inmediata, como se puede comprobar por el testimonio de los pasajes pertinentes, el juicio de condenaci\u00f3n que recay\u00f3 sobre Ad\u00e1n, y en consecuencia sobre todos los hombres en \u00e9l, se considera confirmado, en la Escritura, en cuanto a su justicia y correcci\u00f3n, por la experiencia moral subsiguiente de cada hombre. De ese modo, queda ampliamente corroborado Ro. 3.23, que \u201ctodos pecaron\u201d, por referencia a los pecados espec\u00edficos y visibles de jud\u00edos y gentiles (Ro. 1.18\u20133.8), antes de que Pablo haga referencia alguna a la imputaci\u00f3n en Ad\u00e1n. De manera similar la Escritura relaciona universalmente el juicio final del hombre ante Dios con sus \u201cobras\u201d, que no alcanzan a cumplir las exigencias divinas (cf. Mt. 7.21\u201327; 13.41; 25.31\u201346; Lc. 3.9; Ro. 2.5\u201310; Ap. 20.11\u201314).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>El rechazo de esta doctrina no s\u00f3lo indica incapacidad de aceptar el testimonio de los pasajes pertinentes, sino tambi\u00e9n incapacidad de apreciar la estrecha relaci\u00f3n que existe entre el principio que gobierna nuestra relaci\u00f3n con Ad\u00e1n, y el que gobierna la operaci\u00f3n de Dios en la salvaci\u00f3n. El paralelo entre Ad\u00e1n como primer hombre y Cristo como \u00faltimo Ad\u00e1n muestra que la realizaci\u00f3n de la salvaci\u00f3n en Cristo est\u00e1 basada en el mismo principio operativo que aquel por medio del cual nos convertimos en pecadores y herederos de la muerte. La historia de la humanidad queda finalmente resumida bajo dos complejos: pecado-condenaci\u00f3n-muerte y justicia-justificaci\u00f3n-vida. El primero surge de nuestra uni\u00f3n con Ad\u00e1n; el segundo proviene de nuestra uni\u00f3n con Cristo. Estas son las dos \u00f3rbitas en las que vivimos y nos movemos. El gobierno de los hombres por parte de Dios se lleva a cabo en funci\u00f3n de estas relaciones. Si no entendemos nuestra relaci\u00f3n con Ad\u00e1n no podemos comprender correctamente a Cristo. Todos los que mueren, mueren en Ad\u00e1n; todos los que adquieren vida, la reciben de Cristo.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>V. La depravaci\u00f3n<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>El pecado nunca consiste simplemente en un acto voluntario de transgresi\u00f3n. Toda volici\u00f3n surge de algo que tiene ra\u00edces m\u00e1s profundas que la volici\u00f3n misma. Un acto pecaminoso es la expresi\u00f3n de un coraz\u00f3n pecaminoso (cf. Mr. 7.20\u201323; Pr. 4.23; 23.7). El pecado siempre ha de incluir, por lo tanto, la perversidad del coraz\u00f3n, la mente, la disposici\u00f3n, y la voluntad. As\u00ed fue, como vimos anteriormente, en el caso del primer pecado, y es igual con todo pecado. En consecuencia, la imputaci\u00f3n del pecado de Ad\u00e1n a la posteridad debe comprender la participaci\u00f3n en la perversidad, aparte de lo cual carecer\u00eda de sentido el pecado de Ad\u00e1n, y su imputaci\u00f3n se convertir\u00eda en una abstracci\u00f3n imposible. Pablo expresa que \u201cpor la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores\u201d (Ro. 5.19). La depravaci\u00f3n que supone el pecado, y con la cual todos los hombres llegan al mundo, es por esta raz\u00f3n consecuencia directa de nuestra solidaridad con Ad\u00e1n en su pecado. Como individuos venimos al mundo por generaci\u00f3n natural, y como individuos nunca existimos aparte del pecado de Ad\u00e1n, contado como nuestro propio pecado. Por ello escribi\u00f3 el salmista que \u201che aqu\u00ed, en maldad he sido formado, y en pecado me concibi\u00f3 mi madre\u201d (Sal. 51.5), y nuestro Se\u00f1or afirm\u00f3 que \u201clo que es nacido de la carne, carne es\u201d (Jn. 3.6).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>El testimonio de la Escritura con respecto a la capacidad de penetraci\u00f3n de dicha depravaci\u00f3n es expl\u00edcito. Gn. 6.5; 8.21 presenta un caso cerrado. La segunda referencia aclara que esta acusaci\u00f3n no estaba restringida al per\u00edodo anterior al juicio del diluvio. No hay forma de evadir la fuerza de este testimonio desde las primeras p\u00e1ginas de la revelaci\u00f3n divina, y las declaraciones posteriores tienen el mismo efecto (cf. Jer. 17.9\u201310; Ro. 3.10\u201318). Cualquiera sea el punto de vista desde el cual miremos al hombre, veremos la ausencia de aquello que place a Dios. Si consideramos este punto de un modo m\u00e1s positivo, todos se han alejado de Dios, y se han corrompido. En Ro. 8.5\u20137 Pablo menciona el pensar de la carne, y carne, cuando se emplea \u00e9ticamente como aqu\u00ed, significa la naturaleza humana dirigida y gobernada por el pecado (cf. Jn. 3.6). Adem\u00e1s, seg\u00fan Ro. 8.7, \u201clos designios de la carne son enemistad contra Dios\u201d. No podr\u00edamos formular un juicio m\u00e1s condenatorio, porque significa que el pensamiento del hombre natural est\u00e1 condicionado y gobernado por la enemistad hacia Dios. Nada menos que un juicio de depravaci\u00f3n total es la clara inferencia de estos pasajes, e. d. que no hay \u00e1rea o aspecto de la vida humana que quede absuelta de los sombr\u00edos efectos de la condici\u00f3n del hombre ca\u00eddo, y en consecuencia, no hay \u00e1rea que pudiera servir de base para la justificaci\u00f3n del hombre por s\u00ed mismo frente a Dios y su ley.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>La depravaci\u00f3n, sin embargo, no se registra en transgresiones reales en igual grado para todos. Hay una cantidad de factores que la restringen. Dios no entrega a todos los hombres a la inmundicia, a una mente corrupta, y a una conducta impropia (Ro. 1.24, 28). La depravaci\u00f3n total (total, es decir, en el sentido de que engloba todo) no es incompatible con el ejercicio de las virtudes naturales y la promoci\u00f3n de la justicia civil. El hombre no regenerado todav\u00eda est\u00e1 dotado de conciencia, y la obra de la ley est\u00e1 escrita en su coraz\u00f3n, de modo que en alguna medida, y en ciertos puntos, cumple sus requerimientos (Ro. 2.14s). La doctrina de la depravaci\u00f3n significa, sin embargo, que estas obras, aunque formalmente concordantes con lo que demanda Dios, no son buenas y agradables a Dios en funci\u00f3n de los criterios totales y finales que determinan su juicio, los criterios del amor a Dios como motivo alentador, de la ley de Dios como principio directriz, y de la gloria de Dios como objetivo regulador (Ro. 8.7; 1 Co. 2.14; cf. Mt. 6.2, 5, 16; Mr. 7.6\u20137; Ro. 13.4; 1 Co. 10.31; 13.3; Tit. 1.15; 3.5; He. 11.4, 6).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>VI. La inhabilidad<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>La inhabilidad se refiere a la incapacidad que proviene de la naturaleza de la depravaci\u00f3n. Si la depravaci\u00f3n es total, e. d. que afecta todos los aspectos y las \u00e1reas de la persona, entonces la inhabilidad para lo que es bueno y agradable a Dios tambi\u00e9n es inclusiva en su referencia.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>No podemos cambiar nuestro car\u00e1cter o actuar en contra de \u00e9l. En lo que se refiere a comprensi\u00f3n, el hombre natural no puede conocer las cosas del Esp\u00edritu de Dios, debido a que se disciernen espiritualmente (1 Co. 2.14). Con respecto a la obediencia a la ley de Dios, no s\u00f3lo no est\u00e1 sujeto a la ley de Dios, sino que no puede estarlo (Ro. 8.7). Los que est\u00e1n en la carne no pueden agradar a Dios (Ro. 8.8). El mal \u00e1rbol no puede dar buen fruto (Mt. 7.18). En cada caso la imposibilidad es innegable. Es nuestro Se\u00f1or mismo quien afirma que es imposible tener fe en \u00e9l aparte del don del Padre y su llamamiento (Jn. 6.44s, 65). Este testimonio del Se\u00f1or concuerda con su insistencia en que aparte del nacimiento sobrenatural de agua y del Esp\u00edritu nadie puede adquirir una apreciaci\u00f3n inteligente del reino de Dios, ni entrar en \u00e9l (Jn. 3.3, 5s, 8; cf. Jn. 1.13; 1 Jn. 2.29; 3.9; 4.7; 5.1, 4, 18).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>La necesidad de una transformaci\u00f3n y recreaci\u00f3n tan radical e importante como lo es la regeneraci\u00f3n, es prueba de la veracidad del testimonio de la Escritura en cuanto a la esclavitud del pecado y a la situaci\u00f3n desesperada de nuestra condici\u00f3n pecaminosa. Esta esclavitud implica que la imposibilidad que experimenta el hombre natural de recibir las cosas del Esp\u00edritu, amar a Dios y hacer lo que a \u00e9l le agrada, o creer en Cristo para la salvaci\u00f3n de su alma, es de car\u00e1cter psicol\u00f3gico, moral, y espiritual. Esta esclavitud es la premisa del evangelio, y la gloria del evangelio se halla precisamente en el hecho de que ofrece liberaci\u00f3n de la esclavitud y las ataduras del pecado. Es el evangelio de gracia y poder para el desvalido.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>VII. Responsabilidad<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>Como el pecado es contra \u00e9l, Dios no puede pasarlo por alto o ser indiferente con respecto al mismo. Dios reacciona inevitablemente contra \u00e9l. Esta reacci\u00f3n es, espec\u00edficamente, su ira. La frecuencia con que la Escritura menciona la ira de Dios nos obliga a considerar su realidad y su significado.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>El AT emplea diversos t\u00e9rminos. En heb., <\/span><span style=''>&#722;af<\/span><span lang=ES style=''>, en el sentido de \u201cenojo\u201d, e intensificado en la forma <\/span><span style=' '>h<sup>a<\/sup>r\u00f4n &#722;af<\/span><span lang=ES style=''> para expresar \u201cla intensidad de la ira de Dios\u201d es muy com\u00fan (cf. Ex. 4.14; 32.12; Nm. 11.10; 22.22; Jos. 7.1; Job 42.7; Sal. 21.9; Is. 10.5; Nah. 1.6; Sof. 2.2); <\/span><span style=''>h&#275;m\u00e2<\/span><span lang=ES style=''> tambi\u00e9n es frecuente (cf. Dt. 29.23; Sal. 6.1; 79.6; 90.7; Jer. 7.20; Nah. 1.2); <\/span><span style=''>&#722;e&#7687;r\u00e2<\/span><span lang=ES style=''> (cf. Sal. 78.49; Is. 9.19; 10.6; Ez. 7.19; Os. 5.10) y <\/span><span style=''>qe&#7779;ef<\/span><span lang=ES style=''> (cf. Dt. 29.28; Sal. 38.1; Jer. 32.37; 50.13; Zac. 1.2) se emplean con suficiente frecuencia como para merecer menci\u00f3n; <\/span><span style='font-family: \"Charis SIL\"'>za&#723;am<\/span><span lang=ES style=' '> tambi\u00e9n es caracter\u00edstico, y expresa la idea de indignaci\u00f3n (cf. Sal. 38.3; 69.24; 78.49; Is. 10.5; Ez. 22.31; Nah. 1.6). Es evidente que el AT est\u00e1 lleno de referencias a la ira de Dios. A menudo aparecen juntos m\u00e1s de uno de estos t\u00e9rminos, para reforzar y confirmar el pensamiento que expresan. Los t\u00e9rminos mismos est\u00e1n cargados de intensidad, como as\u00ed tambi\u00e9n las construcciones en que aparecen para transmitir la idea de desagrado, encendida indignaci\u00f3n, y santa venganza.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Los t\u00e9rminos gr. son <\/span><span style=''>org&#275;<\/span><span lang=ES style=''> y <\/span><span style=''>thymos<\/span><span lang=ES style=''>, el primero frecuentemente con referencia a Dios en el NT (cf. Jn. 3.36; Ro. 1.18; 2.5, 8; 3.5; 5.9; 9.22; Ef. 2.3; 5.6; 1 Ts. 1.10; He. 3.11; Ap. 6.17), y el \u00faltimo menos frecuentemente (cf. Ro. 2.8; Ap. 14.10, 19; 16.1, 19; 19.15; v\u00e9ase <\/span><span style=''>z&#275;los<\/span><span lang=ES style=''> en He. 10.27).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>En consecuencia, la *ira de Dios es una realidad, y el lenguaje y las ense\u00f1anzas de las Escrituras est\u00e1n calculados para hacernos captar la severidad que la caracteriza. Hay tres observaciones que requieren menci\u00f3n especial. Primero, no debe interpretarse la ira de Dios en funci\u00f3n de la pasi\u00f3n antojadiza tan com\u00fanmente relacionada con la ira en nosotros. Es el deliberado y decidido desagrado que demanda la contradicci\u00f3n de su santidad. En segundo lugar, no debe tomarse como venganza, sino como santa indignaci\u00f3n; no hay en ella nada que pertenezca a la naturaleza de la malicia. No se trata de un odio maligno, sino de una justa detestaci\u00f3n. Tercero, no debemos limitar la ira de Dios a su voluntad de castigar. La ira es una manifestaci\u00f3n positiva de su insatisfacci\u00f3n, tan segura como lo es su complacencia ante lo que le agrada. No debemos privar a Dios lo que nosotros llamamos emoci\u00f3n. La ira de Dios tiene su paralelo en el coraz\u00f3n humano, ejemplificado de manera perfecta en Jes\u00fas (cf. Mr. 3.5; 10.14).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>La consecuencia de la culpabilidad del pecado es, por lo tanto, la santa ira de Dios. Como el pecado nunca es impersonal, sino que existe en las personas, y es cometido por ellas, la ira de Dios consiste en el desagrado que recae sobre ellas; nosotros somos objeto de ella. Los castigos penales que sufrimos son expresi\u00f3n de la ira de Dios. El sentimiento de culpa y el tormento de la conciencia son reflejo, en nuestro nivel consciente, del desagrado de Dios. La esencia de la perdici\u00f3n final consistir\u00e1 en la aplicaci\u00f3n de la indignaci\u00f3n de Dios (cf. Is. 30.33; 66.24; Dn. 12.2; Mr. 9.43, 45, 48).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>VIII. La derrota del pecado<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>A pesar de lo sombr\u00edo del tema, la Biblia nunca abandona totalmente una nota de esperanza y optimismo cuando se ocupa del pecado; porque el n\u00facleo de la Biblia es su testimonio acerca de la poderosa ofensiva de Dios contra el pecado, en su hist\u00f3rico prop\u00f3sito de redenci\u00f3n centrado en Jesucristo, el \u00faltimo Ad\u00e1n, su eterno Hijo, salvador de los pecadores. En m\u00e9rito a la obra toda de Cristo (su nacimiento milagroso, su vida de perfecta obediencia, en forma suprema su muerte en la cruz y su resurrecci\u00f3n de entre los muertos, su ascensi\u00f3n y ubicaci\u00f3n a la derecha del Padre, su reinado en la historia y su glorioso retorno) el pecado ha sido vencido. Su autoridad rebelde y usurpadora ha sido derrotada, sus absurdas pretensiones han sido expuestas, sus viles maquinaciones desenmascaradas y neutralizadas, los funestos efectos de la ca\u00edda en Ad\u00e1n contrarrestados y desechos, mientras que el honor de Dios ha sido vindicado, su santidad satisfecha, y su gloria extendida.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>En Cristo Dios ha vencido al pecado; esas son las grandes y buenas noticias de la Biblia. Ya ha quedado demostrada esta derrota en el pueblo de Dios, que por su fe en Cristo y su obra terminada ya est\u00e1 libre de culpa y juicio por el pecado, y experimenta desde ya, en cierta medida, la derrota del poder del pecado por medio de su uni\u00f3n con Cristo. Este proceso culminar\u00e1 al final de los tiempos cuando Cristo vuelva en gloria, los santos sean completamente santificados, el pecado sea desterrado de la creaci\u00f3n, y surjan nuevos cielos y tierra donde morar\u00e1 la justicia (cf. Gn. 3.15; Is. 52.13\u201353.12; Jer. 31.31\u201334; Mt. 1.21; Mr. 2.5; 10.45; Lc. 2.11; 11.14\u201322; Jn. 1.29; 3.16s; Hch. 2.38; 13.38s; Ro. pass.; 1 Co. 15.3s, 22s; Ef. 1.3\u201314; 2.1\u201310; Col. 2.11\u201315; He. 8.1\u201310.25; 1 P. 1.18\u201321; 2 P. 3.11\u201313; 1 Jn. 1.6\u20132.2; Ap. 20.7\u201314; 21.22\u201322.5).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=';text-transform:uppercase'>Bibliograf\u00eda.<\/span><span lang=ES style=''> W. G\u00fcnther, W. Bauder, \u201cPecado\u201d, <i>\u00b0DTNT<\/i>, t(t). III, pp. 314\u2013328; W. Eichrodt, <i>Teolog\u00eda del Antiguo Testamento<\/i>, 1975, t(t). II, pp. 379\u2013489; R. Knierim, \u201cErrar, pecar\u201d, <i>\u00b0DTMAT<\/i>, t(t). I, cols. 755\u2013765; K. H. Schelkle, <i>Teolog\u00eda del Nuevo Testamento<\/i>, 1975, t(t). III, pp. 80\u201390; L. Berkhof, <i>Teolog\u00eda sistem\u00e1tica<\/i>, 1972, pp. 260\u2013312; L. Morris, <i>El salario del pecado<\/i>, 1967; A. Peteiro, <i>Pecado y hombre actual<\/i>, 1972; C. Baumgartner, <i>El pecado original<\/i>, 1981; P. Ricoeur, <i>Introducci\u00f3n a la simb\u00f3lica del mal<\/i>, 1976.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>J. Muller, <i>The Christian Doctrine of Sin<\/i>, 1877; J. Orr, <i>Sin as a Problem of Today<\/i>, 1910; F. R. Tennant, <i>The Concept of Sin<\/i>, 1912; C. Ryder Smith, <i>The Bible Doctrine of Sin<\/i>, 1953; E. Brunner, <i>Man in Revolt<\/i>, 1939; R. Niebuhr, <i>The Nature and Destiny of Man<\/i>, 1941 y 1943; J. Murray, <i>The Imputation of Adam\u2019s Sin<\/i>, 1959; G. C. Berkouwer, <i>Sin<\/i>, 1971; W. G\u00fcnther, W. Bauder, <i>NIDNTT<\/i> 3, pp. 573\u2013587; <i>TDNT<\/i> 1, pp. 149\u2013163, 267\u2013339; 3, pp. 167\u2013172; 5, pp. 161\u2013166, 447\u2013448, 736\u2013744; 6, pp. 170\u2013172, 883\u2013884; 7, pp. 339\u2013358.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal align=right style='text-align:right;line-height:normal'><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><etiqueta id=\"#_ftn368\" name=\"_ftnref368\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt; ;color:green'>J.M.<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><span lang=ES style=''>, <\/span><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><etiqueta id=\"#_ftn369\" name=\"_ftnref369\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green'>B.A.M.<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;'>Douglas, J. (2000). Nuevo diccionario Biblico : Primera Edicion. Miami: Sociedades B\u00edblicas Unidas.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico<\/b><\/p>\n<p>\n  Pecado originalEl tema ser\u00e1 tratado bajo los siguientes t\u00edtulos:<\/p>\n<h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 <b>Naturaleza del Pecado<\/b><\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-2\">2 <b>Divisi\u00f3n del Pecado<\/b><\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-3\">3 <b>Pecado Mortal<\/b><\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-4\">4 <b>Pecado Venial<\/b><\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-5\">5 <b>Permisos y Remedios<\/b><\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-6\">6 <b>El sentido de pecado<\/b><\/li>\n<\/ul>\n<h1><b>Naturaleza del Pecado<\/b><\/h1>\n<p>  Los demonios reclamando a los pecadores. Ate g\u00f3ticoDado que el pecado es un mal moral, es necesario en primer lugar determinar qu\u00e9 entendemos por mal y particularmente por mal moral. El Mal, es definido por Santo Tom\u00e1s (De malo, 2:2) como una privaci\u00f3n de forma u orden o de medida debida. En el orden f\u00edsico, una cosa es buena en la proporci\u00f3n que posee entidad. Solo Dios es esencialmente ser y Solo El es bien esencial y perfecto.   Los 7 pecados capitales. Jer\u00f3mimo BoschTodo lo dem\u00e1s posee entidad pero limitada y, en la medida que posee entidad, es bueno. Cuando tiene su debida proporci\u00f3n de forma, orden y medida es, en su propio orden y grado, bueno (ver BIEN).   Pecado de ira, seg\u00fan BrueguelEl Mal implica una deficiencia en la perfecci\u00f3n, por lo tanto, no puede existir en Dios, quien es esencialmente y por naturaleza, bueno; s\u00f3lo se encuentra en seres finitos los cuales, debido a sus or\u00edgenes de la nada, son sujetos a la privaci\u00f3n de forma u orden o debida medida y, por la oposici\u00f3n que encuentran, son sujetos a un aumento o disminuci\u00f3n de la perfecci\u00f3n que tienen: \u00aben sentido amplio, el mal puede ser descrito como la suma de oposici\u00f3n, la cual la experiencia demuestra que existe en el universo, en los deseos y necesidades de los individuos; por consiguiente surgen, entre los seres humanos al menos, el sufrimiento el cual abunda en la vida\u201d (ver MAL).<br \/>\n  Pecado de pereza seg\u00fan BrueguelDe acuerdo a la naturaleza de la perfecci\u00f3n con la cual limita, el mal es metaf\u00edsico, f\u00edsico o moral. El mal metaf\u00edsico no es mal propiamente tal; no es sino la negaci\u00f3n de un bien superior, o la limitaci\u00f3n de los seres finitos por otros seres finitos. El mal f\u00edsico priva al sujeto afectado de alg\u00fan bien natural y es adverso al bienestar del sujeto, como dolor y sufrimiento.<br \/>\n  Pecado de avaricia seg\u00fan, BrueguelEl mal moral s\u00f3lo se encuentra en los seres inteligentes; los priva de alg\u00fan bien moral. Aqu\u00ed trataremos solamente con el mal moral. Este puede ser definido como una privaci\u00f3n de conformidad con la recta raz\u00f3n a la ley de Dios. Dado que la moralidad de un acto humano consiste en su concordancia o no concordancia a la recta raz\u00f3n y a la ley eterna, un acto es bueno o malo en el orden moral de acuerdo a si involucra esta concordancia o no concordancia. Cuando la creatura inteligente, conociendo a Dios y Su ley, deliberadamente reh\u00fasa obedecerla, resulta el mal moral.<br \/>\n  Pecado de lujuria, seg\u00fan BrueguelEl pecado no es mas que un acto moralmente malo (Santo Tom\u00e1s, \u201cDe Malo\u201d, 8:3) un acto en discordia con la raz\u00f3n informada por la ley Divina. Dios nos ha dotado de raz\u00f3n y libre voluntad, y un sentido de responsabilidad; Nos ha hecho sujetos de Su ley, la cual es dada a conocer a nosotros por los dictados de la conciencia, y nuestros actos deben conformarse a estos dictados, de lo contrario, pecamos (Rom. 14.23). En todo acto pecador, deben considerarse dos cosas, la sustancia del acto y el deseo de rectificaci\u00f3n o conformidad (Santo Tom\u00e1s, I-II: 72:1) El acto es algo positivo. El pecador intenta aqu\u00ed y ahora actuar de determinada forma, desmedidamente eligiendo ese particular bien desafiando la ley de Dios y los dictados de la recta raz\u00f3n.   Pecado de soberbia, seg\u00fan BrueguelLa deformidad no es directamente intencionada como tampoco est\u00e1 involucrada en el acto al parecer y en la medida que \u00e9ste es f\u00edsico, pero si en cuanto el acto procede de la voluntad que tiene el poder sobre sus actos y es capaz de escoger este o aquel bien particular contenido dentro de la visi\u00f3n de su objeto adecuado, es decir, el bien universal (Santo Tom\u00e1s, \u201cDe Malo\u201d, Q3, a.2, ad2um). Dios, como primera causa de toda la realidad, es la causa del acto f\u00edsico como tal, la libre voluntad de la deformidad (Santo Tom\u00e1s I-II:84:2; \u00abDe malo\u00bb, 3:2). El acto malo considerado adecuadamente tiene por sus causas, la libre voluntad eligiendo defectuosamente un bien mutable en lugar de un bien eterno, Dios, y por lo tanto, desvi\u00e1ndose de su verdadero destino \u00faltimo.<br \/>\n  La vanidad del excesivo ornato personal, seg\u00fan BrueguelEn todo pecado se encuentra una privaci\u00f3n del debido orden o conformidad a la ley moral, pero el pecado no es una pura o total privaci\u00f3n de todo bien moral (Santo Tom\u00e1s, \u201cDe Malo\u201d, 2:9; I-II: 73:2). Hay una privaci\u00f3n en dos sentidos; una, total que no deja nada de su opuesto, como por ejemplo, la oscuridad que no deja nada de luz; otra, no total, que deja algo del bien del cual se opone como por ejemplo, la enfermedad que no destruye totalmente las a\u00fan equilibradas funciones del cuerpo necesarias para la salud. Una privaci\u00f3n pura o total privaci\u00f3n de bien puede ocurrir en un acto moral s\u00f3lo bajo el supuesto que la voluntad puede inclinarse al mal como tal, as\u00ed como por un objeto. Esto es imposible porque el mal como tal no est\u00e1 contenido dentro del punto de vista de un objeto adecuado de la voluntad, la cual es buena. La intenci\u00f3n del pecador termina en alg\u00fan objeto en el cual hay una participaci\u00f3n de la bondad de Dios, y este objeto est\u00e1 directamente encaminado por El. La privaci\u00f3n del debido orden, o la deformidad, no est\u00e1 directamente propuesta, aunque es aceptada al punto que los deseos del pecador tienden a un objeto en el cual este deseo de conformidad est\u00e1 involucrado, de manera que el pecado no es una pura privaci\u00f3n, sino un acto humano carente de su debida rectitud. Del defecto emerge el mal del acto, del hecho, que es voluntario, su imputabilidad.  Persistencia del demonio<\/p>\n<h1><b>Divisi\u00f3n del Pecado<\/b><\/h1>\n<p>  El infierno espera al pecador que no se arrepienteEn relaci\u00f3n al principio por el cual procede el pecado, \u00e9ste puede ser original o actual. La voluntad de Ad\u00e1n, como cabeza de la raza humana para la conservaci\u00f3n o p\u00e9rdida de la justicia original es la causa y fuente del pecado original. El pecado actual es cometido por un acto personal libre de la voluntad del individuo. Se divide en pecados de comisi\u00f3n y de omisi\u00f3n. Un pecado de comisi\u00f3n es un acto positivo contrario a algunos preceptos prohibitivos; un pecado de omisi\u00f3n es una falta de hacer lo que ha sido ordenado, o al menos desear algo incompatible con su cumplimiento (I-II:72:5) En cuanto a su malicia, los pecados se distinguen en pecados de ignorancia, pasi\u00f3n o dolencia, y malicia; en cuanto a las actividades que involucran, en pecados del pensamiento, palabra o hecho (cordis, oris, operis); en cuanto su gravedad, en mortales o veniales. Esta \u00faltima divisi\u00f3n es, sin dudas, la m\u00e1s importante de todas y requiere un tratamiento especial. Aunque, previo a entrar en los detalles, resulta \u00fatil mostrar algunas distinciones posteriores que ocurren en teolog\u00eda as\u00ed como en el uso general.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>PECADO MATERIAL Y FORMAL<\/b>:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta distinci\u00f3n est\u00e1 basada en la diferencia entre los elementos objetivos (el objeto en s\u00ed mismo, circunstancias) y los subjetivos (advertencia del pecado en el acto). Una acci\u00f3n que, de hecho, es contraria a la ley Divina pero no es conocida como tal por el agente, constituye un pecado material; mientras que el pecado formal es cometido cuando el agente libremente trasgrede la ley tal como se lo ha mostrado su conciencia, ya sea que tal ley realmente exista o si s\u00f3lo se cree que existe por aquel que act\u00faa. Por lo tanto, una persona que toma algo ajeno mientras piensa que es suyo, comete un pecado material; pero el pecado ser\u00eda formal si toma lo ajeno en la creencia que pertenece al pr\u00f3jimo, sea \u00e9sta su creencia correcta o no.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>PECADOS INTERNOS<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pecado que puede ser cometido no solo por actos externos sino tambi\u00e9n por la actividad interna de la mente fuera de cualquier manifestaci\u00f3n externa, son simplemente los preceptos del Dec\u00e1logo: \u201c No codiciar\u00e1s los bienes ajenos\u201d y del reproche de Cristo a los escribas y fariseos a quienes asemej\u00f3 como \u201csepulcros blanqueados&#8230;llenos de inmundicia\u201d (Mateo 23:27). De ah\u00ed que, el Concilio de Trento (Sess. XIV, c.v), al declarar que todos los pecados mortales deben ser confesados, hace especial menci\u00f3n a aquellos que son m\u00e1s secretos y que violan s\u00f3lo los \u00faltimos dos preceptos del Dec\u00e1logo, sumando que ellos \u201ca veces hieren m\u00e1s gravemente el alma y son m\u00e1s peligrosos que los pecados cometidos abiertamente\u201d. Usualmente, podemos distinguir tres tipos de pecados internos:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00b7 delectatio morosa, i.e. el placer logrado en un pensamiento pecaminoso o imaginaci\u00f3n incluso sin desearlo;<br \/>\n\u00b7 gaudium, i.e. vivir complacido con pecados ya cometidos; y<br \/>\n\u00b7 desiderium, i.e. el deseo por aquello que es pecaminoso.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un deseo efficacious ej. Uno que incluya la intenci\u00f3n deliberada de realizar o satisfacer el deseo, tiene la misma malicia, mortal o venial, como la acci\u00f3n que tiene en vista. Un deseo inefficacious es aquel que conlleva una condici\u00f3n de tal forma que la voluntad est\u00e1 preparada para realizar la acci\u00f3n en caso que la condici\u00f3n se verificara. Cuando la condici\u00f3n es tal que elimina todo pecado de la acci\u00f3n, el deseo no involucra pecado. Ej. Con gusto comer\u00eda carne los Viernes si tuviera la dispensa; y en general este es el caso ya sea que la acci\u00f3n sea prohibida s\u00f3lo por ley positiva.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando la acci\u00f3n es contraria a la ley natural y sin embargo dadas las circunstancias permitida, o en un estado particular de la vida, el deseo, si incluye aquellas circunstancia o ese estado como condiciones, no es pecado en s\u00ed mismo. Ej. Yo matar\u00eda as\u00ed o asa si tuviera que hacerlo en defensa propia. Usualmente, sin embargo, tales deseos son peligrosos y por lo tanto ameritan reprimirlos. Si, por otro lado, la condici\u00f3n no elimina el pecado de la acci\u00f3n, el deseo es tambi\u00e9n pecaminoso. Este es claramente el caso donde la acci\u00f3n es intr\u00ednsecamente y absolutamente mala, ej. Blasfemia: uno no podr\u00eda sin cometer pecado, tener el deseo \u2013 Blasfemar\u00eda contra Dios si no fuera malo; la condici\u00f3n es un imposible y por lo tanto, no afecta al deseo mismo. El placer tomado de un pensamiento pecaminoso (delectatio, gaudium) es, en t\u00e9rminos generales, un pecado del mismo tipo y gravedad como la acci\u00f3n de la que es pensamiento. Sin embargo, mucho depende de los motivos por los cuales uno piensa en acciones pecadoras. El placer, por ejemplo, que se puede experimentar al estudiar la naturaleza de un asesinato o de cualquier otro crimen, en lograr ideas claras sobre el caso, trazando sus causas, determinando culpabilidad, etc, no es un pecado; por el contrario, a menudo es tanto \u00fatil como necesario. El caso es por su puesto distinto cuando el placer significa gratificaci\u00f3n por el objeto pecaminoso o la acci\u00f3n en s\u00ed misma. Y, es evidentemente un pecado cuando uno se jacta de sus proezas malvadas y a\u00fan m\u00e1s por el esc\u00e1ndalo otorgado.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>PECADOS CAPITALES O VICIOS<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De acuerdo a Santo Tom\u00e1s (II-II:153:4) \u201cun vicio capital es aquel que tiene un fin excesivamente deseable de manera tal que en su deseo, un hombre comete muchos pecados todos los cuales se dice son originados en aquel vicio como su fuente principal\u201d. Entonces, no es la gravedad del vicio en s\u00ed mismo que lo torna en capital sino el hecho que da origen a muchos otros pecados. Estos son enumerados por Santo Tom\u00e1s (I-II:84:4) como vanagloria (orgullo), avaricia, glotoner\u00eda, lujuria, pereza, envidia, ira. San Buenaventura (Brevil., III,ix) enumera los mismos. Escritores anteriores hab\u00edan distinguido 8 pecados capitales: As\u00ed tambi\u00e9n San Cipriano (De mort., iv); Cassian (De instit. c\u00e6nob., v, coll. 5, de octo principalibus vitiis); Columbanus (\u00abInstr. de octo vitiis princip.\u00bb in \u00abBibl. max. vet. patr.\u00bb, XII, 23); Alcuin (De virtut. et vitiis, xxvii y sgtes.) El n\u00famero siete, sin embargo, fue dado por San Gregorio el Grande (Lib. mor. in Job. XXXI, xvii), y se mantuvo por la mayor\u00eda de los te\u00f3logos de la Edad Media.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es necesario hacer notar que \u201cpecado\u201d no se predica un\u00edvocamente de todos los tipos de pecado. \u201cLa divisi\u00f3n de pecados en veniales y mortales no es una divisi\u00f3n de g\u00e9nero y especies que participan igualmente de la naturaleza del g\u00e9nero, sino la divisi\u00f3n de un an\u00e1logo en cosas de las cuales se predica primera y secundariamente\u201d. (St. Thomas, I-II:138:1, ad 1um). \u201cPecado, no se predica un\u00edvocamente de todos los tipos, sino primariamente como pecado actual mortal&#8230;y por lo tanto no es necesario que la definici\u00f3n de pecado en general deba verificarse excepto en aquel pecado en el cual se encuentra perfectamente, la naturaleza del g\u00e9nero. La definici\u00f3n de pecado puede ser verificado en otros pecados en cierto sentido\u201d (Santo Tom\u00e1s, II, d. 33, Q. i, a. 2, ad 2um). El pecado actual consiste principalmente en un acto voluntario repugnante al orden de la recta raz\u00f3n. El acto pasa, pero el alma del pecador se mantiene manchada, privada de gracia, en estado de pecado, hasta que el desorden se haya restaurado por penitencia. Este estado es llamado pecado habitual, maccula peccati, reatus culpae (I-II:87:6). La divisi\u00f3n del pecado en original y actual, mortal y venial no es una divisi\u00f3n de g\u00e9nero y especies porque el pecado no tiene la misma significaci\u00f3n cuando se aplica al pecado original y personal, moral y venial. El pecado mortal nos desgarra completamente de nuestro verdadero destino final; el pecado venial s\u00f3lo nos impide en sus logros. El pecado actual personal es voluntario por un acto propio de la voluntad. El pecado original es voluntario no por un acto personal voluntario nuestro, sino por un acto de la voluntad de Ad\u00e1n. El pecado original y actual se distinguen por la forma bajo la cual son voluntarios (ex parte actus); el pecado mortal y venial por la forma bajo la cual afecta nuestra relaci\u00f3n con Dios (ex parte deordinationis). Siendo que un acto voluntario y sus des\u00f3rdenes son la esencia del pecado, es imposible que el pecado pueda ser un t\u00e9rmino gen\u00e9rico respecto al pecado original y actual, mortal y venial. La verdadera naturaleza del pecado se encuentra perfectamente s\u00f3lo en un pecado personal mortal, en otros pecados imperfectamente, de manera que el pecado se predica principalmente del pecado actual y s\u00f3lo secundariamente de los otros. Por lo tanto, debemos considerar: primero, el pecado personal mortal; segundo, el pecado venial.\n<\/p>\n<h1><b>Pecado Mortal<\/b><\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">El pecado mortal es definido por San Agust\u00edn (Contra Faustum, XXII, xxvii) as \u00abDictum vel 2factum vel concupitum contra legem \u00e6ternam\u00bb, ejemplo, algo dicho, hecho o deseado contrario a la ley eterna, o pensamiento, palabra o acto contrario a la ley eterna. Esta es una definici\u00f3n de pecado en tanto acto voluntario. En tanto defecto o privaci\u00f3n, deber\u00eda ser definido como una aversi\u00f3n a Dios, nuestro verdadero destino final, en raz\u00f3n de una preferencia dada a alg\u00fan bien mutable. La definici\u00f3n de San Agust\u00edn es aceptada generalmente por los te\u00f3logos como principalmente una definici\u00f3n del pecado actual mortal. Explica muy bien los elementos materiales y formales del pecado. Las palabras \u00abdictum vel factum vel concupitum\u201d muestra el elemento material del pecado, el acto humano: \u00abcontra legem \u00e6ternam\u00bb, el elemento formal. El acto es malo porque transgrede la ley Divina. San Ambrosio (De paradiso, viii) define el pecado como una \u201cprevaricaci\u00f3n (dolo*) de la ley Divina\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La definici\u00f3n de San Agust\u00edn, estrictamente considerada, es decir el pecado como un impedimento a nuestro verdadero fin \u00faltimo, no comprende el pecado venial, sino en tanto que el pecado venial es, de alguna manera, contrario a la ley divina, aunque no es impedimento de nuestro fin \u00faltimo, se puede decir que est\u00e1 incluido en la definici\u00f3n tal como est\u00e1. Mientras que en primer lugar una definici\u00f3n de pecados de comisi\u00f3n, los pecados de omisi\u00f3n pueden estar incluidos en la definici\u00f3n porque ellos presuponen alg\u00fan acto positivo (Santo Tom\u00e1s, I-II:71:5) y la negaci\u00f3n y la afirmaci\u00f3n se reducen al mismo g\u00e9nero. Los pecados que violan la ley humana o la ley natural tambi\u00e9n est\u00e1n incluidos, por cuanto lo que es contrario a la ley humana o natural, es tambi\u00e9n contrario a la ley Divina, en tanto cada ley humana justa se deriva de la ley Divina y no lo es, sino estando en conformidad con la ley Divina.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>DESCRIPCI\u00d3N  B\u00cdBLICA  DE  PECADO<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el Antiguo Testamento, el pecado es establecido como un acto de desobediencia (Gen., ii, 16-17; iii, 11; Is., i, 2-4; Jer., ii, 32); como un insulto a Dios (Num., xxvii, 14); como algo detestado y castigado por Dios (Gen., iii, 14-19; Gen., iv, 9-16); como injurioso al pecador (Tob., xii, 10); como algo expiable por penitencia (Ps. 1, 19). En el nuevo Testamento, es claramente ense\u00f1ado en San Pablo que el pecado es una trasgresi\u00f3n de la ley (Rom., ii, 23; v, 12-20); una esclavitud de la cual somos liberados por la gracia (Rom., vi, 16-18); una desobediencia (Heb., ii, 2) castigada por Dios (Heb., x, 26-31). San Juan describe el pecado como una ofensa a Dios, un desorden de la voluntad (Juan, xii, 43), una iniquidad (I Juan, iii, 4-10).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cristo, en muchas de Sus declaraciones ense\u00f1a la naturaleza y extensi\u00f3n del pecado. El vino a promulgar una nueva ley mas perfecta que la antigua, que se pudo extender a ordenar no solo los actos externos sino internos a un grado desconocido anteriormente y, en Su Serm\u00f3n de la Monta\u00f1a condena como pecadores muchos actos que eran juzgados como honestos y correctos por los doctores y maestros de la Antigua Ley. Denuncia de modo especial la hipocres\u00eda y el esc\u00e1ndalo, la infidelidad y el pecado contra el Esp\u00edritu Santo. El ense\u00f1a en particular, que los pecados vienen del coraz\u00f3n (Mat., xv, 19-20).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>SISTEMAS  QUE  NIEGAN  EL  PECADO  O  DISTORSIONAN  SU  VERDADERA NOCI\u00d3N<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todos los sistemas, religiosos o \u00e9ticos, ya sea que niegan, por un lado, la existencia de un creador personal y legislador distinto y superior a su creaci\u00f3n, o por otro lado, la existencia de la voluntad libre y la responsabilidad en el hombre, distorsionan o destruyen la verdadera noci\u00f3n b\u00edblica-teol\u00f3gica del pecado. En los comienzos de la era Cristiana, los Gn\u00f3sticos, aunque sus doctrinas variaban en sus detalles, negaban la existencia de un creador personal. La idea del pecado en el sentido cat\u00f3lico no estaba contenida en su sistema. Para ellos, no hay pecado, salvo el pecado de ignorancia que no necesita expiaci\u00f3n; Jes\u00fas no es Dios (Ver GNOSTICISMO). El manique\u00edsmo  con sus dos principios eternos, bien y mal, en guerra perpetua entre ellos, es tambi\u00e9n destructivo de la verdadera noci\u00f3n de pecado. Todo mal, y consecuentemente todo pecado, viene del principio de mal. El concepto Cristiano de Dios como dador de ley se destruye. El pecado no es un acto voluntario conciente de desobediencia a la voluntad Divina. Los sistemas pante\u00edstas que niegan la distinci\u00f3n entre Dios y Sus creaturas, hacen que el pecado sea imposible. Si el hombre y Dios son uno, el hombre no es responsable de ninguno de sus actos, donde la moralidad es destruida. Si \u00e9l es su propia regla de acci\u00f3n, no se puede desviar del bien como ense\u00f1a Santo Tom\u00e1s (I:63:1). La identificaci\u00f3n de Dios y el mundo por el Pante\u00edsmo (q.v.) no da lugar al pecado.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Debe haber alguna ley donde el hombre es sujeto, superior y distinto de \u00e9l, la cual puede ser obedecida y trasgredida, donde el pecado puede entrar dentro de sus actos. Esta ley debe ser mandato de un superior, porque las nociones de superioridad y sujeto son correlativas. Este superior solo puede ser Dios, quien es el \u00fanico autor y se\u00f1or del hombre. El Materialismo, negando como lo hace la espiritualidad y la inmortalidad del alma, la existencia de absolutamente ning\u00fan esp\u00edritu, y consecuentemente de Dios, no admite el pecado. No hay voluntad libre, todo est\u00e1 determinado por las inflexibles leyes del movimiento. La \u201cVirtud\u201d y el \u201cvicio\u201d son calificaciones de actos, sin sentido. El Positivismo coloca el fin \u00faltimo del hombre en alg\u00fan bien sensible. Su ley suprema de acci\u00f3n es buscar el m\u00e1ximo de placer. El Egotismo o el altruismo es la norma suprema y criterio de los sistemas Positivistas, y no la ley eterna de Dios como revelada por El y dictada por conciencia. Para los materialistas evolucionistas, el hombre no es sino un animal altamente desarrollado, y la conciencia, un producto de la evoluci\u00f3n. La Evoluci\u00f3n ha revolucionado la moralidad y ya no existe el pecado.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Kant en su \u201cCr\u00edtica a la Raz\u00f3n Pura\u201d, habiendo rechazado todas las nociones esenciales de la verdadera moralidad, es decir, libertad, el alma, Dios y una vida futura, intent\u00f3 en su \u201cCr\u00edtica de la Raz\u00f3n Pr\u00e1ctica\u201d reestablecerlas en la medida que eran necesarias para la moralidad. La raz\u00f3n pr\u00e1ctica, nos dice, nos impone una idea de ley y deber. El principio fundamental de la moralidad de Kant es \u201cel deber por el bien del deber\u201d, no Dios ni Su ley. El deber no puede ser concebido en s\u00ed mismo como una cosa independiente. Trae consigo ciertos postulados, el primero de los cuales es la libertad. En su doctrina, el hombre, en virtud de su raz\u00f3n pr\u00e1ctica \u201cYo debo, luego yo puedo\u201d tiene conciencia de la obligaci\u00f3n moral (imperativo categ\u00f3rico). Esta conciencia supone tres cosas: libre voluntad, inmortalidad del alma, y la existencia de Dios, de otro modo el hombre no ser\u00eda capaz de cumplir sus obligaciones, no podr\u00eda haber suficiente sanci\u00f3n por la ley Divina, ning\u00fan premio o castigo en la vida futura. El sistema moral kantiano se maneja entre oscuridades y contradicciones y es destructivo de muchas de las ense\u00f1anzas de Cristo. La dignidad personal es la regla suprema de las acciones del hombre. La noci\u00f3n de pecado como oposici\u00f3n a Dios, es suprimida. De acuerdo a las ense\u00f1anzas del materialismo Monista hoy en d\u00eda tan diseminado, no hay ni puede haber voluntad libre. De acuerdo a esta doctrina solo existe un cosa y que produce todos los fen\u00f3menos, incluido el pensamiento; no somos sino mu\u00f1ecos en sus manos, llevados de aqu\u00ed para all\u00e1 a su voluntad y finalmente llevados a la nada. En tal sistema, no hay lugar para el bien y el mal, una libre observancia o una trasgresi\u00f3n voluntaria de la ley. El pecado en su sentido verdadero, es imposible. Sin ley y libertad y un Dios personal no hay pecado.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Que Dios existe y puede ser conocido por Sus creaciones visibles, que El ha revelado sus decretos de Su eterna voluntad al hombre y es distinto de Sus creaturas (Denzinger-Bannwart, \u00abEnchiridion\u00bb, nn. 178 2, 1785, 1701), son materias de fe y ense\u00f1anzas Cat\u00f3licas. El hombre es un ser creado dotado de libre voluntad (ibid., 793), hecho el cual, puede ser probado en las Escrituras y en raz\u00f3n del pecado de Ad\u00e1n quien ha perdido su inocencia primitiva, y mientras la voluntad libre permanece, sus poderes han sido disminuidos. (Ver PECADO ORIGINAL)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>ERRORES   PROTESTANTES<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lutero y Calvino muestran como su error fundamental que propiamente hablando no queda voluntad libre en el hombre luego de la ca\u00edda de nuestros primeros padres; que el cumplimiento de los preceptos de Dios es imposible a\u00fan con la asistencia de la gracia, y que el hombre peca en todos sus acciones. La Gracia no es un don interno, sino algo externo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A algunos no se les imputa pecado, porque est\u00e1n cubiertos con el velo del m\u00e9rito de Cristo. La sola f\u00e9 salva y no hay necesidad de buenas obras. En la doctrina de Lutero, el pecado no puede ser una trasgresi\u00f3n deliberada de la Ley Divina. Jansenio en sus \u201cAgustinos\u201d ense\u00f1\u00f3 que, de acuerdo a los poderes presentes en el hombre, algunos preceptos de Dios son imposibles de cumplir incluso para el justo que se esfuerza por cumplirlos, y luego ense\u00f1a que la gracia por medio de la cual es posible el cumplimiento es deseada incluso por el justo. Su error fundamental consiste en ense\u00f1ar que la voluntad no es libre sino que est\u00e1 guiada necesariamente ya sea por la concupiscencia o la gracia. La libertad interna no es necesaria para el m\u00e9rito o dem\u00e9rito. Basta la Libertad de coerci\u00f3n. Cristo no muri\u00f3 por todos los hombres. Baio ense\u00f1aba una doctrina semi luterana. La libertad no est\u00e1 enteramente destruida, sino que tan debilitada que sin la gracia no puede sino pecar. La verdadera libertad no se requiere para pecar. Un acto malo cometido involuntariamente vuelve al hombre responsable (proposiciones 50-51 en Denzinger-Bannwart, \u00abEnchiridion\u00bb, nn. 1050-1). Todos los actos hechos sin caridad son pecados mortales y merecen la condenaci\u00f3n porque proceden de la concupiscencia. Esta doctrina niega que el pecado sea una trasgresi\u00f3n voluntaria de la Ley Divina. Si el hombre no es libre, los preceptos no tienen ning\u00fan sentido en la medida que a \u00e9l le corresponda.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>EL  PECADO  FILOS\u00d3FICO<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aquellos que construyen un sistema moral independiente de Dios y Su Ley, distinguen entre el pecado teol\u00f3gico y el pecado filos\u00f3fico. El pecado filos\u00f3fico es un acto moralmente malo que viola el orden natural de la raz\u00f3n y no la Ley Divina. El pecado teol\u00f3gico es una trasgresi\u00f3n a la ley eterna. Aquellos que tienen tendencias ateas y sostienen esta distinci\u00f3n, ya sea que niegan la existencia de Dios o mantienen que El no ejecuta providencia alguna en relaci\u00f3n a los actos humanos. Esta posici\u00f3n es destructiva del pecado en su sentido teol\u00f3gico, en tanto Dios y Su Ley, premio y castigo, son hechos fuera de \u00c9l. Aquellos que admiten la existencia de Dios, Su Ley, la libertad humana y la responsabilidad, y a\u00fan as\u00ed afirman una distinci\u00f3n entre el pecado filos\u00f3fico y el teol\u00f3gico, mantienen que en el orden presente de la providencia de Dios son actos moralmente malos, los cuales, mientras violan el orden de la raz\u00f3n, no ofenden a Dios en tanto que el pecador puede ser ignorante de la existencia de Dios o no pensar actualmente en El y en Su Ley cuando act\u00faa. Sin el conocimiento de Dios o consideraci\u00f3n de El, es imposible ofenderlo. Esta doctrina fue censurada como escandalosa, temeraria y err\u00f3nea por Alejandro VIII (24 de Agosto de 1690) y la siguiente proposici\u00f3n, fue condenada: \u201cEl pecado filos\u00f3fico o moral es un acto humano en desacuerdo con la naturaleza racional y la recta raz\u00f3n, el pecado teol\u00f3gico y mortal es una trasgresi\u00f3n libre a la ley Divina. Por muy doloroso que parezca el pecado filos\u00f3fico en alguien ya sea ignorante de Dios o no est\u00e1 actualmente pensando en Dios, es un pecado sin duda penoso, pero no es una ofensa a Dios, tampoco un pecado mortal que disuelve la amistad con Dios, ni tampoco merecedor del castigo eterno\u201d. (Denzinger-Bannwart, 1290).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta proposici\u00f3n fu\u00e9 condenada porque no hace una distinci\u00f3n entre la ignorancia vencible y la invencible, m\u00e1s a\u00fan, supone la ignorancia invencible como suficientemente com\u00fan, en vez de solo metaf\u00edsicamente posible y porque en la dispensa presente de la providencia de Dios se nos ense\u00f1\u00f3 claramente en las Escrituras que Dios castigar\u00e1 todo mal que venga de la libre voluntad del hombre. (Romanos ii, 5-11). No hay acto moralmente malo que no incluya una trasgresi\u00f3n a la ley Divina. Desde el hecho que una acci\u00f3n es concebida como moralmente mala, es concebida como prohibida. Una prohibici\u00f3n es ininteligible sin la noci\u00f3n de alguien prohibiendo. Quien proh\u00edbe en este caso y liga la conciencia del hombre solo puede ser Dios, Quien es el \u00fanico que tiene el poder sobre la voluntad libre del hombre y sus acciones, de manera que del hecho que cualquier acto sea percibido como moralmente malo y prohibido por conciencia, Dios y Su ley son percibidos, al menos confusamente, y una trasgresi\u00f3n voluntaria al dictado de la conciencia es necesariamente tambi\u00e9n una trasgresi\u00f3n a la ley de Dios. Cardenal de Lugo (De incarnat., disp. 5, lect. 3) admite la posibilidad del pecado filos\u00f3fico en aquellos que son inculpablemente ignorantes de Dios, aunque el sostiene que actualmente no ocurre, porque en el orden presente de la providencia de Dios no puede haber ignorancia invencible de Dios y su Ley. Esta ense\u00f1anza no cae necesariamente dentro de la condena de Alejandro VIII, aunque es com\u00fanmente rechazada por te\u00f3logos por que un dictado de conciencia necesariamente involucra un conocimiento de la ley Divina como un principio moral.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>CONDICIONES  DE  PECADO MORTAL:  CONOCIMIENTO,  LIBRE  ALBEDR\u00cdO,  MATERIA GRAVE<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Contrario a la ense\u00f1anza de Baio (prop. 46, Denzinger-Bannwart, 1046) y a los Reformistas, un pecado debe ser un acto voluntario. Aquellas acciones en s\u00ed mismas son llamadas propiamente humanas o acciones morales las cuales proceden de la voluntad humana actuando deliberadamente con conocimiento del fin por el cual se act\u00faa. El hombre difiere de toda creatura irracional precisamente que el es due\u00f1o de sus acciones en virtud de su raz\u00f3n y voluntad libre. (I-II:1:1). Siendo que el pecado es un acto humano defectuoso de la debida rectitud, debe tener en tanto es un acto humano, los constituyentes esenciales de un acto humano. El intelecto debe percibir y juzgar la moralidad del acto y la voluntad libremente elegir. Para que haya un pecado deliberadamente mortal debe haber advertencia total de parte del intelecto y consentimiento total de parte de la voluntad en una materia grave. Una trasgresi\u00f3n involuntaria de la ley incluso en una materia grave, no es formalmente, sino un pecado material. La gravedad de la materia es juzgada por las Ense\u00f1anzas en las Escrituras, las definiciones de concilios y papas, y tambi\u00e9n de la raz\u00f3n. Aquellos pecados juzgados como mortales son los que contienen en s\u00ed mismos alg\u00fan desorden grave en relaci\u00f3n a Dios, nuestro pr\u00f3jimo, nosotros mismos o a la sociedad. Algunos pecados no admiten liviandad material, como por ejemplo, la blasfemia, odio de Dios; son siempre mortales (ex toto genere suo), a no ser que se vuelva venial por necesidad de total advertencia por parte del intelecto o consentimiento total por parte de la voluntad. Otros pecados admiten materia liviana; son pecados graves (ex genere suo) en tanto su materia en s\u00ed misma es suficiente para constituirse en pecado grave sin la suma de ninguna otra materia, aunque es de tal naturaleza que, en un caso dado, debido a su peque\u00f1ez, el pecado puede ser venial, por ejemplo, el hurto.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>IMPUTABILIDAD<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para que el acto del pecador pueda serle imputado no es necesario que el objeto en el cual termina y especifica el acto, est\u00e9 directamente querido como fin o medio. Es suficiente que sea querido indirectamente o en su causa, es decir, si el pecador prevee, al menos confusamente, qu\u00e9 se seguir\u00e1 del acto el cual libremente realiza o de la omisi\u00f3n de un acto. Cuando la causa produce un efecto doble, uno de los cuales es directamente querido, y el otro indirectamente, el efecto que se sigue indirectamente es moralmente imputable al pecador cuando se verifican estas tres condiciones:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00b7 Primero, el pecador debe preveer al menos confusamente los efectos malos que se siguen de aquello que causa,<br \/>\n\u00b7 Segundo, debe ser capaz de abstenerse de ser causa;<br \/>\n\u00b7 Tercero, debe estar bajo la obligaci\u00f3n de prevenir el efecto malo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El error y la ignorancia en relaci\u00f3n al objeto o circunstancias del acto causado, afectan el juicio del intelecto y consecuentemente, la moralidad e imputabilidad del acto. La ignorancia invencible excusa totalmente de pecado.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La ignorancia vencible no excusa aunque hace al acto menos libre (ver IGNORANCIA). Las pasiones, mientras ellas perturban el juicio del intelecto, afectan m\u00e1s directamente a la voluntad. La pasi\u00f3n antecedente aumenta la intensidad del acto, el objeto es m\u00e1s intensamente deseado, aunque menos libremente, y la perturbaci\u00f3n causada por la pasi\u00f3n puede ser tan grande al punto de hacer del juicio libre un imposible, dejando al agente, por el momento, fuera de s\u00ed (I-II:6:7 al 3um.) La pasi\u00f3n consecuente, la cual surge del comando de la voluntad, no disminuye la libertad, sino que mas bien es un signo de un intenso acto volitivo. El miedo, la violencia, la herencia, los estados temperamentales y patol\u00f3gicos, en tanto afectan la volici\u00f3n libre, afectan la malicia e imputabilidad de pecado. De la condenaci\u00f3n de los errores de Baio y Jansenio (Denz-Bann, 1046, 1066, 1094, 1291-2) queda claro que para que haya pecado actual y personal son necesarios y se requieren el conocimiento de la ley y un acto personal voluntario y libre de coerci\u00f3n. Ning\u00fan pecado mortal es cometido bajo estado de ignorancia invencible o en un estado de media conciencia. No se requiere la advertencia actual de lo pecaminoso de un acto, basta la advertencia virtual. No es necesario que est\u00e9 presente la expl\u00edcita intenci\u00f3n de ofender a Dios y romper su Ley, basta el total y libre consentimiento de la voluntad a un acto malo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>MALICIA<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La verdadera malicia del pecado mortal consiste en la trasgresi\u00f3n conciente y voluntaria de la ley eterna e implica un desprecio de la voluntad Divina, un total alejamiento de Dios, nuestro verdadero fin \u00faltimo y la preferencia por algo creado a lo cual nos subyugamos. Es una ofensa ofrecida a Dios, y una injuria a El; no en el sentido que afecta ning\u00fan cambio en Dios, quien es inmutable por naturaleza, sino que el pecado a trav\u00e9s de su acto, priva a Dios de la reverencia y honor que se le debe: no es una falta de malicia de parte del pecador sino la inmutabilidad de Dios que lo previene a El del sufrimiento. Como una ofensa ofrecida a Dios, el pecado mortal es, de alguna manera infinito en su malicia, en tanto es dirigido contra un ser infinito, y la gravedad de la ofensa es medida por la dignidad del ofendido (Santo Tom\u00e1s, III:1:2 al 2um). En cuanto acto, el pecado es finito, la voluntad del hombre no es capaz de malicia infinita. El pecado es una ofensa contra Cristo Quien ha redimido al hombre (Fil, iii, 18); contra el Esp\u00edritu Santo Quien nos santifica (Heb, x, 29), una injuria al hombre mismo, causando la muerte espiritual del alma y convierte al hombre en servidor del demonio. La primera y mas importante malicia del pecado se deriva del objeto sobre el cual la voluntad desordenadamente tiende, y del objeto considerado moralmente, no f\u00edsicamente. El fin por el cual el pecador act\u00faa y las circunstancias que rodean el acto son tambi\u00e9n factores determinantes de su moralidad. Un acto el cual, objetivamente considerado, es moralmente indiferente, puede quedar como bueno o malo por las circunstancias, o por la intenci\u00f3n del pecador. Un acto que es objetivamente bueno puede quedar como malo, o de le pueden agregar nuevas especies de bien o mal, o un nuevo grado. Las circunstancias pueden cambiar el car\u00e1cter del pecado a tal grado que se torna espec\u00edficamente diferente del considerado objetivamente; o pueden simplemente agravar el pecado aunque no cambie su car\u00e1cter espec\u00edfico, o pueden disminuir su gravedad. Para que ejerzan esta influencia determinante, son necesarias dos cosas: deben contener en s\u00ed mismas alg\u00fan bien o mal y deben ser aprehendidas, al menos confusamente, en su aspecto moral. El acto externo, en tanto es mera ejecuci\u00f3n de un acto interno eficaz y voluntario, de acuerdo a la opini\u00f3n tomista com\u00fan, no agrega ninguna bondad o malicia esencial al pecado interno.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>GRAVEDAD<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mientras que todo pecado mortal nos aleja de nuestro verdadero fin \u00faltimo, no todos los pecados mortales son igualmente graves, como queda claro en las Escrituras (Juan, xix, 11; Mat, xi,22; Luc, vi) y tambi\u00e9n de la raz\u00f3n. Los pecados se distinguen espec\u00edficamente por sus objetos, los cuales alejan al hombre no de igual modo de su fin \u00faltimo. Nuevamente, siendo que el pecado no es pura privaci\u00f3n sino una mezcla, todos los pecados no destruyen de igual modo el orden de la raz\u00f3n. Los pecados espirituales, otras cosas siendo iguales, son mas graves que los pecados carnales. (Santo Tom\u00e1s, \u00abDe malo\u00bb, Q. ii, a. 9; I-II, Q. lxxiii, a. 5).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>DISTINCI\u00d3N  ESPEC\u00cdFICA  Y  NUM\u00c9RICA  DEL  PECADO<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los pecados se distinguen espec\u00edficamente por sus formalmente diversos objetos; o por su oposici\u00f3n a diferentes virtudes, o por diferentes preceptos morales de la misma virtud. Los pecados que son espec\u00edficamente distintos son tambi\u00e9n num\u00e9ricamente distintos. Los pecados dentro de la misma especie se distinguen num\u00e9ricamente de acuerdo al numero de actos completos de la voluntad en relaci\u00f3n al total de los objetos. Un objeto total es aquel que, ya sea por s\u00ed mismo o por la intenci\u00f3n del pecador, forma un todo completo y no est\u00e1 referido a otra acci\u00f3n como parte del todo. Cuando los actos completos de la voluntad se relacionan al mismo objeto hay tantos pecados como actos moralmente interrumpidos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>MATERIA  QUE  CAUSA   PECADO<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Considerando que el pecado es un acto voluntario carente de debida rectitud, el pecado se encuentra, como en una materia, principalmente en la voluntad. Empero, dado que no solo los actos producidos por la voluntad, son voluntarios, sino tambi\u00e9n aquellos que son producidos por otras facultades bajo el comando de la voluntad, el pecado puede encontrarse en estas facultades, en tanto son sujetas en sus acciones al comando de la voluntad, son instrumentos de ella, y se mueven bajo su gu\u00eda (I-II:74)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los miembros externos del cuerpo no pueden ser principios efectivos de pecado (I-II:74:2, ad 3um). Son meros \u00f3rganos que tienen actividad por el alma; no inician la acci\u00f3n. Los poderes apetitivos, por el contrario, pueden ser principios efectivos de pecado, porque ellos poseen, a trav\u00e9s de su conjunci\u00f3n inmediata con la voluntad y subordinaci\u00f3n a ella, una cierta, pero imperfecta libertad (I-II:56:4, ad 3um). Los apetitos sensuales tienen sus propios objetos sensibles a los cuales se inclinan naturalmente, y siendo que el pecado original ha roto el lazo que los mantiene en completa sujeci\u00f3n a la voluntad, pueden anteceder la voluntad en sus acciones y tender a sus propios objetos desordenadamente. Por lo tanto, pueden ser principios pr\u00f3ximos de pecado cuando se mueven desordenadamente, contrario a los dictados de la recta raz\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es propio de la raz\u00f3n regir las facultades inferiores, y cuando aparece un disturbio en lo sensorial, la raz\u00f3n puede hacer uno de dos cosas: puede consentir al deleite sensible o puede reprimir y rechazarlo. Si consiente, el pecado ya no pertenece a la parte sensible del hombre, sino del intelecto y la voluntad y, consecuentemente, si la materia es grave, el pecado es mortal. Si lo rechaza, no se puede imputar pecado alguno. No puede haber pecado en la parte sensible del hombre independiente de la voluntad. Los movimientos desordenados del apetito sensible a los que les preceden la advertencia de la raz\u00f3n, y que son padecidos involuntariamente, no son siquiera pecados veniales. Las tentaciones de la carne no consentidas, no son pecados. La concupiscencia, que queda luego de la culpabilidad del pecado original es perdonada en el bautismo, no es pecadora al punto que no es consentida (Coun. of Trent, sess. V, can. v). El apetito sensible por s\u00ed mismo no puede ser sujeto de pecado mortal, porque no puede ni asir la noci\u00f3n de Dios como un fin \u00faltimo, ni apartarnos de El, aversi\u00f3n sin la cual no puede haber pecado mortal.La raz\u00f3n superior, cuya gesti\u00f3n es ocuparse ella misma de la cosas Divinas, puede ser el principio pr\u00f3ximo del pecado, ambos, en relaci\u00f3n a su propio acto, conocer la verdad, y, en el sentido que dirige las facultades inferiores: En relaci\u00f3n a su propio acto, en tanto que voluntariamente abandona el conocer lo que se puede y debe saber; en relaci\u00f3n al acto a trav\u00e9s del cual dirige las facultades inferiores, al punto que comanda los actos desordenados o falla en reprimirlos. (I-II:74:7, ad 2um) . La voluntad nunca consiente un pecado que no sea al mismo tiempo un pecado de la raz\u00f3n superior como malamente dirigi\u00e9ndola, ya sea por estar actualmente deliberando y comandando el consentimiento, o fallando en la deliberaci\u00f3n e impedimento al consentimiento de la voluntad cuando puede y debe hacerlo. La raz\u00f3n superior es el \u00faltimo juez de los actos humanos y tiene una obligaci\u00f3n de deliberar y decidir si el acto a realizar est\u00e1 de acuerdo a la ley de Dios o no. El pecado venial tambi\u00e9n se puede encontrar en la raz\u00f3n superior cuando deliberadamente consiente pecados que son veniales en su naturaleza, o cuando no hay un total consentimiento en el caso de un pecado que es considerado objetivamente mortal.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>CAUSAS  DEL  PECADO<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Bajo este t\u00edtulo, es necesario distinguir entre la causa eficiente, ej. El agente que realiza la acci\u00f3n pecadora, y aquellos otros agentes, influencias o circunstancias que incitan al pecado y consecuentemente involucran peligro, mas o menos grave, para aquel que est\u00e1 expuesto. Estas causas incitantes son explicadas en art\u00edculos especiales sobre OCASIONES DE PECADO y TENTACI\u00d3N. Aqu\u00ed consideraremos solo la causa eficiente o causas de pecado. Estas son interiores y exteriores. La causa total y suficiente de pecado es la voluntad, la cual es regulada en sus acciones, por la raz\u00f3n y act\u00faa sobre los apetitos sensitivos. Las causas internas principales de pecado son la ignorancia, flaqueza o pasi\u00f3n, y la malicia. Ignorancia por parte de la raz\u00f3n, flaqueza y pasi\u00f3n por parte del apetito sensible y malicia por parte de la voluntad. Un pecado tiene cierta malicia cuando la voluntad peca por su propio m\u00e9rito y no bajo la influencia de la ignorancia o la pasi\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las causas exteriores del pecado son el demonio y el hombre, quien lleva al pecado por medio de la sugesti\u00f3n, la persuasi\u00f3n, tentaci\u00f3n y el mal ejemplo. Dios no es la causa del pecado (Concilio de Trento, sess, VI, can vi, in Denx-Bann, 816). El dirige todas las cosas a El y es el fin de todas sus Acciones, y no puede ser la causa del mal sin auto-contradicci\u00f3n. En cualquier entidad donde hay pecado como acci\u00f3n, \u00e9l es la causa. La mala voluntad es la causa del desorden (I-II:79:2). Un pecado puede ser causa de otro en tanto un pecado puede estar ordenado a otro como a su fin. Los as\u00ed llamados, siete pecados capitales, pueden ser considerados como la fuente de donde proceden otros pecados. Son propensiones pecadoras las cuales se revelan en actos pecaminosos particulares. El pecado original en raz\u00f3n de sus lamentables efectos, es la causa y fuente de pecado y por esta raz\u00f3n, nuestra naturaleza ha sido herida e inclinada al mal. La ignorancia, la enfermedad, la malicia y concupiscencia son consecuencias del pecado original.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>EFECTOS   DEL  PECADO<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El primer efecto del pecado mortal en el hombre es alejarlo de su verdadero fin \u00faltimo, y privar su alma de la gracia santificante. El acto pecaminoso ocurre y el pecador es dejado en un estado de aversi\u00f3n habitual de Dios. El estado pecaminoso es voluntario e imputable al pecador, porque necesariamente se sigue del acto de pecado que el libremente realiza, y se mantiene hasta su satisfacci\u00f3n. (ver PENITENCIA). Este estado de pecado es llamado por los te\u00f3logos, pecado habitual, no en el sentido que el pecado habitual implique un h\u00e1bito vicioso, sino en el sentido que significa un estado de aversi\u00f3n de Dios dependiente del pecado actual que precede, consecuentemente voluntario e imputable. Este estado de aversi\u00f3n lleva necesariamente consigo, en el presente orden de la providencia de Dios, la privaci\u00f3n de la gracia y caridad por medio de los cuales el hombre est\u00e1 ordenado a su fin sobrenatural. La privaci\u00f3n de la gracias es la \u201cmacula peccati\u201d (Sto. Tom\u00e1s, I-II, Q 1xxxvi) la mancha del pecado del que se habla en las Escrituras (Jos., xxii, 17; Isaias, iv, 4; 1 Cor., vi, 11). No es nada positivo, cualidad o disposici\u00f3n, una obligaci\u00f3n al sufrimiento, una denominaci\u00f3n extr\u00ednseca que viene del pecado, sino solamente la privaci\u00f3n de gracia santificante. No hay distinci\u00f3n real sino conceptual entre el pecado habitual (reatus culpae) y la mancha de pecado (macula peccati). El pecado habitual es uno y la misma privaci\u00f3n considerada como destructiva del debido orden del hombre a Dios, y la mancha o \u201cmacula\u201d del pecado es considerado como privador del alma de la belleza de la gracia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El segundo efecto del pecado est\u00e1 en transmitir el dolor del sufrimiento padecido. (reatus paenae). El pecado (reatus culpae) es la causa de esta obligaci\u00f3n (reatus paenae). El sufrimiento puede estar inflingido en esta vida a trav\u00e9s del medio de castigos medicinales, calamidades, enfermedades, males temporales, los cuales tienen a alejarnos dl pecado; o pueden ser inflingidos en la vida por venir por la justicia de Dios como castigo vindicativo. Los castigos en la vida futura son proporcionados al pecado cometido y es obligaci\u00f3n padecer este castigo por pecados no arrepentidos, que es lo que significa la \u201creatus poenae\u201d de los te\u00f3logos. El dolor a padecer en la vida futura, se divide en sanciones de p\u00e9rdidas (poena damni) y penas del sentido (poena sensus). La pena de p\u00e9rdida es la privaci\u00f3n de visi\u00f3n beat\u00edfica de Dios como castigo por alejarse de El. La pena del sentido es el sufirimiento como castigo por la conversion a alguna cosa creada en lugar de Dios. Este doble sentido del color por el castigo del pecado mortal es eterno (I Cor., vi, 9; Mat., xxv, 41; Mar ix,45). Un pecado mortal es sufuciente para caer en el castigo (ver INFIERNO). Otros efectos del pecado son: remordimiento de conciencia (Sab, v, 2-13); una inclinaci\u00f3n hacia el mal, as\u00ed como los h\u00e1bitos son formados por la repetici\u00f3n de actos similares; un oscurecimiento de la inteligencia, una dureza de la voluntad (Mat., xiii, 14-15; Rom., xi, 8); un enviciamiento general de la naturaleza, la cual sin embargo no destruye totalmente la sustancia y las facultades del alma sino meramente debilita el recto ejercicio de sus facultades.\n<\/p>\n<h1><b>Pecado Venial<\/b><\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">El pecado venial es esencialmente diferente del pecado mortal. No nos aleja de nuestro verdadero fin \u00faltimo, no destruye la caridad, el principio de uni\u00f3n con Dios, ni priva al alma de gracia santificante y es intr\u00ednsecamente reparable. Es llamado venial precisamente porque, considerada su propia naturaleza, es perdonable; en s\u00ed mismo, meritorio de castigo temporal, no eterno. Se distingue del pecado mortal en cuando al desorden. Con el pecado mortal, el hombre queda enteramente apartado de Dios, su verdadero fin \u00faltimo y, al menos impl\u00edcitamente, coloca su fin \u00faltimo en alguna cosa creada. Con el pecado venial, el no es apartado de Dios, tampoco coloca su fin \u00faltimo en creaturas. Se mantiene unido con Dios por caridad, pero no tiende a El como debiera. La verdadera naturaleza del pecado en tanto contraria a la ley eterna, que repele especialmente al principal fin de la ley, se encuentra en el pecado mortal. El pecado venial es solo de manera imperfecta, contrario a la ley en tanto no es contrario al principal fin de ley, ni aleja al hombre de su fin al que est\u00e1 encaminado por la ley. (St. Thomas, I-II, Q. lxxxviii, a. 1; and Cayetano, I-II, Q. lxxxviii, a. 1, para el sentido de pr\u00e6ter legem y contra legem de Sto. Tom\u00e1s).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>DEFINICI\u00d3N<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Siendo que el acto voluntario y su desorden son la esencia del pecado, el pecado venial en tanto que es un acto voluntario puede ser definido como un pensamiento, palabra o realidad discorde con la ley de Dios. Retarda al hombre en el logro de su fin \u00faltimo al tiempo que no lo aleja de El. Su desorden consiste ya sea en la elecci\u00f3n no totalmente deliberada de alg\u00fan objeto prohibido por la ley de Dios, o en la adhesi\u00f3n deliberada a alg\u00fan objeto creado no como fin \u00faltimo sino como medio, cuyo objeto no aleja al pecador de Dios, pero no est\u00e1, sin embargo, referido a El como un fin. El hombre no puede apartarse de Dios excepto al colocar deliberadamente su fin \u00faltimo en cosas creadas, y con el pecado venial no adhiere a ning\u00fan bien temporal disfrutandolo como fin \u00faltimo, sino como medio en referencia a Dios no actualmente sino habitualmente en tanto \u00e9l mismo est\u00e1 ordenado a Dios por caridad. \u00abIlle qui peccat venialiter, inh\u00e6ret bono temporali non ut fruens, quia non constituit in eo finem, sed ut utens, referens in Deum no n actu sed habitu\u00bb (I-II:88:1, ad 3) Para que haya pecado mortal, debe ser adherido al menos impl\u00edcitamente, alg\u00fan bien creado como un fin \u00faltimo-\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta adherencia no puede ser lograda por un acto semi-deliberado. Al adherir a un objeto que est\u00e1 en desacuerdo con la ley de Dios y sin embargo no es destructivo del fin principal de la ley Divina, no se ha establecido una verdadera oposici\u00f3n entre Dios y ese objeto. El bien creado no es deseado como un fin. El pecador no est\u00e1 colocado en la posici\u00f3n de escoger entre Dios y la creatura como fines \u00faltimos que se oponen, sino que est\u00e1 en tal condici\u00f3n mental que si el objeto al cual se adhiere fuera prohibido como contrario a su verdadero fin \u00faltimo, el no adherir\u00eda a \u00e9l, sino que preferir\u00eda mantener su amistad con Dios. Un ejemplo podr\u00eda darse en la amistad humana. Un amigo se abstendr\u00eda de hacer algo que por s\u00ed mismo tendiera directamente a disolver la amistad, al tiempo que se permitir\u00eda a veces hacer cosas que desagradan al amigo sin destruir la amistad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La distinci\u00f3n entre el pecado mortal y venial est\u00e1 establecida en las Escrituras. En San Juan (1 Juan v, 16-17) est\u00e1 claro que hay algunos pecados que llevan \u201chacia la muerte\u201d y algunos pecados que no \u201cllevan hacia la muerte\u201d; es decir, mortal y venial. El texto cl\u00e1sico de la distinci\u00f3n entre el pecado mortal y venial es aquel de San Pablo (1 Cor., iii,8-15) donde el explica en detalle la distinci\u00f3n entre el pecado mortal y el venial.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201c[11] Pues nadie puede cambiar la base; ya est\u00e1 puesta, y es Cristo Jes\u00fas. [12] Sobre este cimiento se puede construir con oro, plata, piedras preciosas, madera, ca\u00f1a o paja. [13] Un d\u00eda se ver\u00e1 el trabajo de cada uno. Se har\u00e1 p\u00fablico en el d\u00eda del juicio, cuando todo sea probado por el fuego. El fuego, pues, probar\u00e1 la obra de cada uno. [14] Si lo que has construido resiste al fuego, ser\u00e1s premiado. [15] Pero si la obra se convierte en cenizas, el obrero tendr\u00e1 que pagar. Se salvar\u00e1, pero no sin pasar por el fuego.\u201d La madera, ca\u00f1a y paja significan los pecados veniales (Santo Tom\u00e1s, I-II:89:2) los cuales, construidos sobre la base de una fe viva en Cristo, no destruyen la caridad y de sus mismas naturalezas, no merecen castigo eterno, sino temporal. \u201cAs\u00ed como\u201d dice Santo Tom\u00e1s (la madera, la ca\u00f1a y la paja) \u201cson juntados en una casa y no pertenecen a la sustancia del edificio, as\u00ed tambi\u00e9n los pecados veniales se multiplican en el hombre, m\u00e1s el edificio espiritual se mantiene, y por estos, el hombre sufre ya sea el fuego de las tribulaciones temporales en esta vida, o en el purgatorio despu\u00e9s de esta vida y sin embargo, obtiene la salvaci\u00f3n eterna\u201d. (ibid).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La conveniencia de la divisi\u00f3n en madera, ca\u00f1a y paja est\u00e1 explicada por Santo Tom\u00e1s (iv, dist. 21, Q. i, a. 2). Algunos pecados veniales son mas graves que otros y menos perdonables y esta diferencia est\u00e1 bien explicada por la inflamabilidad de la madera, la ca\u00f1a y la paja. El que exista una distinci\u00f3n entre los pecados mortales y veniales, es un asunto de fe (concilio de Trento, sess, VI, c.xi y c\u00e1nones 23-25; sess. XIV de poenit, c.v). Esta distinci\u00f3n es com\u00fanmente rechazada por todos los herejes modernos y antiguos. En el siglo cuarto Jovino afirm\u00f3 que todo pecado era igual en culpa y merecedor de alg\u00fan castigo (St. Aug., \u201cEp. 167\u201d, ii, n.4); Pelagio (q.v), afirm\u00f3 que todo pecado priva al hombre de justicia y por lo tanto, es mortal; Wyclif, que no hay garant\u00edas en las Escrituras que diferencien el pecado en mortal y venial, y que la gravedad del pecado depende no de la calidad de la acci\u00f3n, sino en el grado de predestinaci\u00f3n o reprobaci\u00f3n de manera que el peor de los cr\u00edmenes del predestinado es infinitamente menos que la mas leve falta del reprobado; Hus, que todas las acciones de los viciosos, son pecados mortales mientras que todos los actos del virtuoso, son buenos y virtuosos (Denz-Bann, 642); Lutero, que todos los pecados de los no creyentes son mortales y todos los pecado del regenerado, con excepci\u00f3n de la infidelidad, son veniales; Calvino, al igual que Wyclif, basa la diferencia entre el pecado mortal y el venial en la predestinaci\u00f3n, pero agrega que un pecado es venial por la fe del pecador. La veinteava de las proposiciones condenadas de Baio reza: \u201cNo hay pecado venial por naturaleza, aunque todo pecado merece castigo eterno\u201d (Denz-Bann., 1020). Hirscher en tiempos mas recientes, ense\u00f1\u00f3 que todos los pecados que son completamente deliberados, son mortales, aunque negaba la distinci\u00f3n de pecados en raz\u00f3n de sus objetos, sino que \u00e9sta descansa en la imperfecci\u00f3n del acto. (Kleutgen, 2nd ed., II, 284, etc.).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>MALICIA DEL PECADO VENIAL<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La diferencia en la malicia del pecado mortal y venial consiste en lo siguiente: el pecado mortal es contrario al fin principal de la ley eterna, esto es, ataca la sustancia misma de la ley la cual comanda que ning\u00fan ser creado debe ser preferido a Dios en tanto fin o igualado a El, mientras que el pecado venial es s\u00f3lo un desacuerdo con la ley, no contraria u opuesta a ella, no ataca su sustancia. Lo sustancial de la ley, su perfecto logro es entorpecido por el pecado venial.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>CONDICIONES<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es Cometido un pecado venial cuando la materia del pecado es liviano, aunque la advertencia del intelecto y el consentimiento de la voluntad son totales y deliberados, y, cuando, aunque la materia del pecado sea grave, no hay total advertencia por parte del intelecto y consentimiento total por parte de la voluntad. Un precepto, obliga sub gravis aquello que tiene por objeto un fin importante que lograr y su trasgresi\u00f3n est\u00e1 prohibida bajo pena de perder la amistad de Dios. Un precepto obliga sub levi cuando no est\u00e1 tan directamente impuesto.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>EFECTOS<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El pecado venial no priva al alma de la gracia santificante, ni la disminuye. No produce una m\u00e1cula o mancha, como lo hace el pecado mortal, pero disminuye el lustre de la virtud \u2013 \u00abIn anima duplex est nitor, unus quiden habitualis, ex gratia sanctificante, alter actualis ex actibus virtutem, jamvero peccatum veniale impedit quidem fulgorem qui ex actibus virtutum oritur, non autem habitualem nitorem, quia non excludit nec minuit habitum charitatis\u00bb (I-II:89:1). El pecado venial frecuente y deliberado disminuye el fervor de la caridad, dispone al pecado mortal (I-II:88:3) y obstruye la recepci\u00f3n de gracias que de otra forma Dios dar\u00eda. Disgusta a Dios y obliga al pecador a castigo temporal ya sea en su vida o en el Purgatorio. No podemos evitar todo pecado venial en esta vida. \u201cAunque el mas justo y p\u00edo ocasionalmente durante su vida cae en algunos leves pecados diarios, conocidos como veniales, no por ellos deja de ser considerado justo\u201d (Concilio de Trento, sess VI, c. Xi). Y el c\u00e1non xxiii dice: \u201cSe alguien declara que un hombre una vez absuelto, no puede pecar de nuevo, o que puede evitar para el resto de su vida todo pecado incluso venial, excomulguemoslo\u201d pero de acuerdo a la opini\u00f3n com\u00fan, podemos evitar solo el que sean totalmente deliberados. El pecado venial puede coexistir con el pecado mortal en aquellos que estan separados de Dios por el pecado mortal. Este hecho no cambia su naturaleza o reparabilidad intr\u00ednseca, y el hecho que no sea coexistente con la caridad no es resultado de pecado venial sino del mortal. Es per accidens, por una raz\u00f3n extr\u00ednseca que el pecado venial en este caso sea irreparable y castigado en el infierno. Que el pecado venial puede aparecer en su verdadera naturaleza como esencialmente diferente al pecado mortal es considerado de facto coexistente con la caridad (I Cor, 3, 8-15). El pecado venial no necesita la gracia de absoluci\u00f3n. Puede ser remitido con la oraci\u00f3n, la contrici\u00f3n, la comuni\u00f3n ferviente y otras obras p\u00edas. Sin embargo, es laudable su confesi\u00f3n (Denz-Bann, 1539).\n<\/p>\n<h1><b>Permisos y Remedios<\/b><\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dado que por f\u00e9 sabemos que Dios es omnipotente, omnisapiente y toda bondad, es dif\u00edcil considerar el pecado en Su creaci\u00f3n. La existencia del mal es el problema subyacente en toda teolog\u00eda. Se han dado varias explicaciones que den cuenta de su existencia, que difieren de acuerdo a los principios filos\u00f3ficos y credos religiosos de sus autores. Cualquier explicaci\u00f3n cat\u00f3lica debe tener en cuenta las verdades definidas de la omnipresencia, onmisapiencia y bondad de Dios; la libre voluntad por parte del hombre; el hecho que el sufrimiento es el castigo por el pecado. Del mal metaf\u00edsico, la negaci\u00f3n de un bien mayor, Dios como causa, en tanto ha creado seres con formas limitadas. Del mal f\u00edsico (malum p\u00e6n\u00e6) del cual El es tambi\u00e9n causa. Considerado como procedente de Dios, el mal f\u00edsico es bueno, y es inflingido como castigo del pecado de acuerdo con decretos de justicia divina, compensando as\u00ed la violaci\u00f3n del orden por el pecado. Es malo s\u00f3lo para el sujeto afectado por \u00e9l.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dios no es la causa del mal moral (malum culpae) (Concilio de Trento, Sess. VI, can.vi) ni directa ni indirectamente. El pecado es una violaci\u00f3n del orden, y Dios ordena todas las cosas a El, como el fin \u00faltimo, consecuentemente El no puede ser la causa directa del pecado. El retiro de Dios de la gracia la cual previene el pecado, no lo hace a El la causa indirecta del pecado por cuanto este retiro es efectivo de acuerdo a los decretos de Su divina Sabidur\u00eda y justicia como castigo de pecado previo. El no est\u00e1 obligado de impedir el pecado, consecuentemente, no se le puede imputar como causa (I-II:79:1). Cuando leemos en las Escrituras y en los Padres que Dios inclina a los hombres a pecar, el sentido es, ya sea que en Su justo juicio El permite a los hombres caer en el pecado por una licencia punitiva, ejerciendo Su justicia al castigar el pecado pasado; o que El directamente causa no el pecado sino ciertas obras externas, buenas en s\u00ed mismas, las cuales son tan abusadas por las voluntades malas de los hombres que aqu\u00ed y ahora cometen mal; o que el les da el poder de lograr sus malos designios. Respecto del acto f\u00edsico del pecado, Dios es la causa en tanto que es una entidad y buena. La mala voluntad del hombre es causa suficiente de la malicia del pecado. Dios no puedo haber impedido la creaci\u00f3n del hombre por el hecho de prever su ca\u00edda. Esto habr\u00eda significado la limitaci\u00f3n de su Omnipresencia por una creatura, y habr\u00eda sido destructiva de El. El era libre de crear al hombre aunque El previ\u00f3 su ca\u00edda, y El no cre\u00f3 otorg\u00e1ndole libre voluntad y d\u00e1ndole los medios suficientes para perseverar en el bien y as\u00ed haberlo querido. Debemos agregar nuestra ignorancia de la permisi\u00f3n del mal diciendo las palabras de San Agust\u00edn, que Dios no habr\u00eda permitido el mal y que El no fue lo suficientemente poderoso para hacer bien del mal. La finalidad de Dios al crear este Universo es El mismo, no el bien del hombre y de alguna manera u otra el bien y el mal sirven para Sus fines, y finalmente habr\u00e1 una restauraci\u00f3n del orden violado gracias a la justicia Divina.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ning\u00fan pecado quedar\u00e1 sin castigo..El mal que hacen los hombres debe ser purgado ya sea en este mundo a trav\u00e9s de un acto de contrici\u00f3n (Ver PENINTENCIA) o en el mundo por venir en el purgatorio o el infierno, de acuerdo al pecado mortal o venial no arrepentido que mancha el alma, y merece castigo eterno o temporal (ver MAL). Dios ha proporcionado un remedio contra el pecado y ha manifestado Su amor y bondad frente a la ingratitud del hombre a trav\u00e9s de la Encarnaci\u00f3n de Su Divino Hijo (ver ENCARNACI\u00d3N); a trav\u00e9s de la instituci\u00f3n de Su Iglesia para guiar a los hombres e interpretar para el Su ley, la administraci\u00f3n de los Sacramentos, que son siete canales de gracia, las cuales usadas apropiadamente suministran un remedio adecuado al pecado y es un medio de uni\u00f3n con Dios en el cielo, el cual es el fin de Su ley.\n<\/p>\n<h1><b>El sentido de pecado<\/b><\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">La comprensi\u00f3n del pecado, en la medida que pueda ser entendido por nuestra inteligencia finita, sirve para unir m\u00e1s al hombre con Dios. Le imprime de un temor saludable, temor de sus propios poderes, temor, si es dejado a s\u00ed mismo, de perder la gracia; con la necesidad que existe tras la b\u00fasqueda de la ayuda y gracia de Dios para mantenerse firme en el temor y amor de Dios, y as\u00ed progresar en la vida espiritual. El pecado no puede ser entendido, sin la toma de conciencia que el estado moral presente del hombre no es aquel con el cual Dios lo cre\u00f3, que sus poderes est\u00e1n debilitados; que tiene que lograr un fin sobrenatural, el cual es imposible por sus propios esfuerzos y sin ayuda, que sin la gracia no hay proporci\u00f3n entre el fin y los medios; que el mundo, la carne y el mal son en realidad agentes activos luchando contra el llevandolo para que los sirva en lugar de servir a Dios. La hip\u00f3tesis de la evoluci\u00f3n da cuenta de la evoluci\u00f3n f\u00edsica del origen del hombre, la ciencia no conoce ninguna condici\u00f3n humana bajo la cual el hombre exhiba caracter\u00edsticas del estado de justicia original, ni estado de no pecado. La ca\u00edda del hombre en esta hip\u00f3tesis es en realidad un ascenso a un grado superior de ser. \u201cUna ca\u00edda podr\u00eda parecer, as\u00ed como a veces un hombre vicioso parece estar degradado por debajo de las bestias, aunque como promesa y potencia, en realidad fue un ascenso\u201d (Sir O.Lodge \u201cLife and Matter\u201d pag. 79). Esta ense\u00f1anza destruye la noci\u00f3n de pecado tal como es ense\u00f1ada por la Iglesia Cat\u00f3lica. El pecado no es una fase de un lucha ascendente, es m\u00e1s bien un rechazo deliberado, y voluntario a luchar. Si no hubiera habido ca\u00edda desde un estado superior a uno inferior, entonces la ense\u00f1anza de las Escrituras, en relaci\u00f3n a la Redenci\u00f3n y la necesidad de una regeneraci\u00f3n bautismal es ininteligible. La ense\u00f1anza Cat\u00f3lica es aquella que coloca el pecado bajo su verdadera luz, que justifica la condena del pecado que encontramos en las Escrituras. La Iglesia continuamente se esfuerza por inculcar en sus hijos un sentido de temor reverencial al pecado algo a lo cual hay que temer y evitar. Somos creaturas ca\u00eddas, y nuestra vida espiritual en la tierra es una lucha. El pecado es nuestro enemigo y mientras con nuestras propias fuerzas no lo podemos evitar, con la gracia de Dios si podemos. Si nosotros no ponemos obst\u00e1culos a las obras de la gracia, podemos evitar todo pecado deliberado. Si tenemos la mala fortuna de pecar, y buscar la gracia de Dios y su perd\u00f3n con un coraz\u00f3n humilde y contrito, El no nos repelar\u00e1. El pecado tiene remedio por la gracia, la cual es dada por Dios, por los m\u00e9ritos de Su \u00fanico Hijo, Quien nos ha redimido, restaurando con Su pasi\u00f3n y muerte, el orden violado por el pecado de nuestros primeros padres y haci\u00e9ndonos nuevamente hijos de Dios y herederos del Cielo. Mientras el pecado sea visto como una condici\u00f3n humana necesaria e inevitable, donde la inhabilidad para evitar el pecado es concebido como necesario, el desaliento le sigue naturalmente. Pero, no hay desaliento si son tomadas en cuenta la doctrina Cat\u00f3lica de la creaci\u00f3n del hombre en un estado superior, la ca\u00edda por una trasgresi\u00f3n voluntaria, los efectos de \u00e9sta transmitidos por decreto Divino a la posteridad, la destrucci\u00f3n del equilibrio de las facultades humanas que dejan al hombre inclinado al mal; los dogmas de la redenci\u00f3n y la gracia como reparaci\u00f3n del pecado. Dejados a nuestra merced, caemos, pero manteni\u00e9ndonos cerca de Dios y continuamente buscando Su ayuda podemos pararnos y luchar contra el pecado, y si debemos ganarnos la f\u00e9 durante la batalla, la recompensa ser\u00e1 coronada en el cielo. (Ver CONCIENCIA; JUSTIFICACI\u00d3N; ESC\u00c1NDALO).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<b>Bibliograf\u00eda<\/b>:  TRABAJOS DOGM\u00c1TICOS: STO TOM\u00c1S,, Summa theol., I-II, QQ. lxxi-lxxxix; IDEM, Contra gentes, tr. RICKABY, Of God and His Creatures (London, 1905); IDEM, Quaest. disputatae: De malo in Opera omnia (Paris, 1875); BILLUART, De peccatis (Paris, 1867-72); SUAREZ, De pecc. in Opera omnia (Paris, 1878); SALMANTICENSES, De pecc. in Curs. theol. (Paris, 1877); GONET, Clypeus theol. thom. (Venice, 1772); JUAN DE ST. TOMAS, De pecc. in Curs. theol. (Paris, 1886); SILVIO, De pecc. (Antwerp, 1698); Catechismus Romanus, tr. DONOVAN, Catechism of the Council of Trent (Dublin, 1829); SCHEEBEN, Handbuch d. kath. Dogmatik (Freiburg, 1873-87); MANNING, Sin and its Consequences (New York, 1904); SHARPE, Principles of Christianity (London, 1904); IDEM, Evil, its Nature and Cause (London, 1906)&#160;; BILLOT, De nat. et rat. peccati personalis (Rome, 1900); TANQUEREY, Synopsis theol., I (New York, 1907).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Fuente<\/b>:  O&#8217;Neil, Arthur Charles. \u00abSin.\u00bb The Catholic Encyclopedia. Vol. 14. New York: Robert Appleton Company, 1912.  <br \/>http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/14004b.htm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Traducido por Carolina Eyzaguirre Arroyo.\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>v. 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