{"id":3580,"date":"2016-02-04T23:57:36","date_gmt":"2016-02-05T04:57:36","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/pobre\/"},"modified":"2016-02-04T23:57:36","modified_gmt":"2016-02-05T04:57:36","slug":"pobre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/pobre\/","title":{"rendered":"POBRE"},"content":{"rendered":"<p>v. Menesteroso, Necesitado<br \/>\nExo 23:3 ni al p distinguir\u00e1s en su causa<br \/>\nExo 23:11 para que coman los p de tu pueblo<br \/>\nExo 30:15 ni el p disminuir\u00e1 del medio siclo<br \/>\nLev 19:10; 23:22<\/p>\n<hr>\n<p>Pobre    (heb. dall\u00e2h, misken\u00fbth, r\u00eash , r\u00eesh; gr. p\u00e9n&#8217;s, penijr\u00f3s, pt\u00ed\u2021j\u00e9ia, pt\u00ed\u2021j\u00f3s, hust\u00e9r&#8217;ma, hust\u00e9r&#8217;sis).  Las leyes dadas a los hebreos conten\u00ed\u00adan varias disposiciones que se refer\u00ed\u00adan a los pobres.  Dios advirti\u00f3 a su pueblo que no oprimiera a los necesitados de ninguna manera (Exo 22:22-27; cf Eze 22:7); sin embargo, la simpat\u00ed\u00ada no hab\u00ed\u00ada de pervertir la justicia (Exo 23:3; Lev 19:15).  Los que ten\u00ed\u00adan hambre y los desafortunados ten\u00ed\u00adan el privilegio de arrancar y comer en los campos o los vi\u00f1edos ajenos (Deu 23:24, 25), y espigar era su derecho aceptado (Lev 19:9, 10; 23:22; Deu 24:10-22).  Adem\u00e1s, lo que produc\u00ed\u00adan los campos y los vi\u00f1edos durante el a\u00f1o sab\u00e1tico* deb\u00ed\u00ada ser para los necesitados y para los animales (Exo 23:11; cf Lev 25:1-7).  En los casos en que los pobres vendieran sus servicios, no deb\u00ed\u00adan ser esclavos permanentes, sino s\u00f3lo hasta el a\u00f1o del jubileo* (Lev 25:39-42); otra ley prove\u00ed\u00ada la liberaci\u00f3n en el 7\u00c2\u00ba a\u00f1o de servicio (Exo 21:1-6). Los ricos deb\u00ed\u00adan hacer pr\u00e9stamos a los pobres aun cuando se acercara el 7\u00c2\u00ba a\u00f1o, tiempo en que se cancelaban las deudas (Lev 25:35-38; Deu 15: 1-10).  La preocupaci\u00f3n y el cuidado por los pobres fue una parte vital de las ense\u00f1anzas de Cristo (Mat 19:21; Luk 14:13; 18:22).  La iglesia cristiana primitiva era conocida por su cuidado generoso y abnegado de los pobres (Act 2:45; 4:32, 11:17-30; 1Co 16:1-3; G\u00e1. 2:10).  Los \u00abpobres en esp\u00ed\u00adritu\u00bb (Mat 5:3) son los que est\u00e1n conscientes de su pobreza espiritual.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Evang\u00e9lico<\/b><\/p>\n<p>DicEc<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nDentro de la eclesiolog\u00ed\u00ada hay dos cuestiones interrelacionadas con el ep\u00ed\u00adgrafe \u00abpobre\u00bb: la pobreza que la Iglesia debe practicar y la actitud de la Iglesia ante los pobres. Ambas son cruciales por diversas razones: muestran \u00e1mbitos de reforma de la Iglesia; proporcionan un esquema dentro del cual pueden desarrollarse las >teolog\u00ed\u00adas de la liberaci\u00f3n viables; transforman la cuesti\u00f3n de la pobreza evang\u00e9lica, de un asunto meramente personal a un asunto de estructuras y de creaci\u00f3n de instituciones en la Iglesia; indican uno de los \u00bb >signos de los tiempos\u00bb (GS 4) y, por consiguiente, una fuente de reflexi\u00f3n teol\u00f3gica (>Fuentes de la teolog\u00ed\u00ada).<\/p>\n<p>Dada la importancia del tema, es particularmente importante establecer cuidadosamente sus fundamentos b\u00ed\u00adblicos. Sin embargo, en la bibliograf\u00ed\u00ada posconciliar no hay unanimidad acerca del significado o, m\u00e1s gravemente, las implicaciones del mensaje b\u00ed\u00adblico. Las razones no son dif\u00ed\u00adciles de hallar: dada la urgencia y el car\u00e1cter verdaderamente desafiante de la llamada a la pobreza, es natural que haya una actitud maximalista y otra minimalista ante los textos clave, as\u00ed\u00ad como interpretaciones parciales de una ense\u00f1anza b\u00ed\u00adblica muy dif\u00ed\u00adcil y matizada. Es necesario tener debidamente en cuenta la situaci\u00f3n socioecon\u00f3mica del Mediterr\u00e1neo oriental en la \u00e9poca del Nuevo Testamento, en la cual por \u00abrico\u00bb se entiende el que tiene una actitud de avaricia m\u00e1s que el que posee muchos bienes. Dado que la tierra y los bienes eran limitados, pod\u00ed\u00ada suponerse que la riqueza era adquirida o heredada a expensas de otros. En este sentido, \u00abpobre\u00bb significa socialmente impotente.<\/p>\n<p>Tras las actitudes del Nuevo Testamento est\u00e1 el papel de los an\u00e1w\u00ed\u00adm  en el Antiguo Testamento. La espiritualidad de la pobreza se remonta a Sofon\u00ed\u00adas (3,12-13), en el siglo VII, y a las figuras de Job y del Siervo de Yav\u00e9 (Is 42,1-9; 49,1-6; 50,4-11; 52,13\u201453,12). Los pobres no son tanto una clase social cuanto una categor\u00ed\u00ada de personas que ponen toda su confianza en el Se\u00f1or. La pobreza es una condici\u00f3n ideal en la que la humildad y la fe pueden transformarse en m\u00ed\u00adstica, por lo que en el Nuevo Testamento el Reino es proclamado eficazmente a los que est\u00e1n dispuestos a escuchar, sobre todo los humildes, los pobres del Se\u00f1or. La actitud de Jes\u00fas no s\u00f3lo refleja la predilecci\u00f3n de Dios por los pobres, sino tambi\u00e9n su preocupaci\u00f3n por la salvaci\u00f3n de los ricos, cuya abundancia de bienes hace su salvaci\u00f3n ambivalentes. Sin embargo, la tradici\u00f3n del Nuevo Testamento no presenta a Jes\u00fas como un reformador social: este no condena las riquezas en cuanto tales, sino que advierte del peligro que encierran. Tuvo adem\u00e1s amigos y disc\u00ed\u00adpulos acomodados: mujeres que cubr\u00ed\u00adan sus necesidades y las de sus ap\u00f3stoles (Lc 8,1-3); Mar\u00ed\u00ada, que derram\u00f3 a los pies de Jes\u00fas un ung\u00fcento con un valor equivalente al salario de un a\u00f1o (Jn 12,3-5); Nicodemo, que llev\u00f3 cien libras de una mezcla de mirra y \u00e1loe para ungir el cad\u00e1ver de Jes\u00fas (Jn 19,39); Jos\u00e9, propietario de una tumba nueva (Mt 27,60). Jes\u00fas trat\u00f3 y comparti\u00f3 la mesa con hombres ricos (recaudadores de impuestos y otros \u00abpecadores\u00bb, cf Mt 9,22 par). No obstante, se presenta la suya como una vida austera, no teniendo lugar donde reclinar su cabeza (Mt 8,20) y reclamando renuncias a sus disc\u00ed\u00adpulos (Lc 14,33). Lucas muestra especial inter\u00e9s por los pobres y los d\u00e9biles, y en varios lugares da indicios de la posici\u00f3n de Jes\u00fas: en el trasfondo de Jes\u00fas est\u00e1n ciertas figuras pertenecientes a los an\u00e1w\u00ed\u00adn (Za car\u00ed\u00adas, Isabel, los pastores, Sime\u00f3n y Ana: Lc 1-2); Jes\u00fas alaba la generosidad de la viuda (21,1-4); advierte de la imposibilidad de dividir el coraz\u00f3n entre Dios y las riquezas, aconsejando el uso de las riquezas de modo que contribuyan a la propia salvaci\u00f3n (Le 16,9.11.13; 12,16-21); bendice incondicionalmente a los pobres y lamenta la suerte de los ricos y autosatisfechos (Le 6,20-26); en el caso de Zaqueo es importante notar que Jes\u00fas libera a los pobres de Jeric\u00f3 convirtiendo al recaudador de impuestos (cf Lc 19,1-10). En la tradici\u00f3n sin\u00f3ptica los pobres, los peque\u00f1os y los disc\u00ed\u00adpulos constituyen el tri\u00e1ngulo de los que creen en Jes\u00fas. Esta complejidad de la imagen de Jes\u00fas y de su ministerio brota de la enigm\u00e1tica proclamaci\u00f3n del >reino de Dios. El Reino es una transformaci\u00f3n de los valores humanos; es al mismo tiempo una buena noticia, especialmente para los pobres. Si nos preguntamos qui\u00e9nes son los pobres en los evangelios, hay que decir que son los despose\u00ed\u00addos y los marginados (como los samaritanos o los ricos recaudadores de impuestos); los pobres en los evangelios, como en la actualidad, los que \u00abno tienen\u00bb y los que \u00abno son\u00bb. Hay que procurar no reducir la ense\u00f1anza b\u00ed\u00adblica a los textos favoritos de la teolog\u00ed\u00ada de la liberaci\u00f3n: el \u00e9xodo, en el que Dios oye el grito de los pobres (Ex 3,7; cc. 14-15), las denuncias prof\u00e9ticas de la injusticia y la escena del juicio de Mt 25,31-46. Hay que evitar tambi\u00e9n una cristolog\u00ed\u00ada y una soteriolog\u00ed\u00ada reduccionistas, que consideren la muerte de Jes\u00fas exclusiva o principalmente consecuencia de su identificaci\u00f3n con la situaci\u00f3n de los pobres e impotentes. Hay en la doctrina y la pr\u00e1ctica neotestamentarias sobre la pobreza una dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica que es preciso integrar en la comprensi\u00f3n de los pobres y la pobreza.<\/p>\n<p>En los Hechos y en Pablo se insiste en el hecho de que nadie debe pasar necesidad (He 4,34); hay que compartir con el pobre en la eucarist\u00ed\u00ada (ICor 11,22); los corintios, la mayor\u00ed\u00ada de los cuales carecen de riqueza y poder, son muy receptivos a la llamada de Dios (lCor 1,26); Pablo quiere expresar su solidaridad con la Iglesia de Jerusal\u00e9n por medio de una colecta encaminada a aliviar las necesidades de sus pobres (1Cor 16,1-4; 2Cor 8; Rom 15,30-31). A la Iglesia primitiva se le proponen una doctrina nueva y una nueva jerarqu\u00ed\u00ada de valores (cf G\u00e1l 3,28; ICor 7,22; 12,13). Pablo pone como ejemplo su propia indiferencia ante las riquezas o la pobreza (Flp 4,9-12).<\/p>\n<p>Cuando pasamos de los tiempos del Nuevo Testamento a la \u00e9poca patr\u00ed\u00adstica, la ambig\u00fcedad de la riqueza no disminuye. La predicaci\u00f3n de la buena noticia a los pobres se ve m\u00e1s en los primeros siglos como un signo mesi\u00e1nico que como una llamada a servir a los m\u00e1s pobres socialmente. Desde el principio los escritores patr\u00ed\u00adsticos insisten \u00e9n la limosna como un deber que ata\u00f1e a todos. Sin embargo, a veces se ve m\u00e1s desde el punto de vista del donante, como beneficio espiritual para el que da, despersonalizando en cierto modo a los pobres de carne y hueso1. Un texto de >Hermas, por ejemplo, propone que el rico sostenga al pobre, y que el pobre sirva al rico por medio de sus oraciones: \u00abAmbos desempe\u00f1an de este modo su funci\u00f3n: el pobre intercede \u2014esta es su riqueza\u2014, y as\u00ed\u00ad le devuelve al Se\u00f1or, que es quien le suministra; y el rico, igualmente, le da al pobre sin vacilar la riqueza que recibi\u00f3 del Se\u00f1or. Esta es una obra grande y agradable a los ojos del Se\u00f1or\u00bb. No obstante, la labor de la Iglesia durante los siglos sucesivos hasta la Edad media es impresionante: se crearon infraestructuras de asistencia en torno a los obispados o parroquias; los monasterios fueron centros de verdadera atenci\u00f3n a los pobres. Desde finales del siglo XI hasta mediados del XIV encontramos una doble actividad: movimientos espirituales, a menudo predominantemente laicos, en busca de una aut\u00e9ntica pobreza evang\u00e9lica; una nueva conciencia de las exigencias del evangelio en relaci\u00f3n con la atenci\u00f3n a los pobres. Las que tuvieron m\u00e1s \u00e9xito y perduraron m\u00e1s fueron las \u00f3rdenes mendicantes, especialmente los franciscanos. Despu\u00e9s de la Reforma se fundaron cientos de congregaciones de sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos para salir al paso de las m\u00faltiples necesidades de los pobres. Proporcionaban asistencia m\u00e9dica, social y educativa antes de que las administraciones del Estado se ocuparan de ello, y todav\u00ed\u00ada hoy siguen haci\u00e9ndolo en muchos pa\u00ed\u00adses en los que hay necesidades de todo tipo. Adem\u00e1s de esto, est\u00e1n los incontables casos de la ayuda prestada por los cristianos, unos a otros de manera espont\u00e1nea y personal. Dos cosas conviene resaltar: El pobre, en primer lugar, no es simplemente el que est\u00e1 tan despose\u00ed\u00addo que se ve obligado a pedir, sino la persona que no puede salir adelante sin la ayuda de los dem\u00e1s. Y en segundo lugar, a lo largo de la impresionante historia de la dedicaci\u00f3n de la Iglesia a los pobres, rara vez se ha reparado en las causas estructurales de la pobreza inherentes a cada una de las sociedades. Para que en la Iglesia se caiga en la cuenta de esto habr\u00e1 que esperar a los \u00faltimos cien a\u00f1os de doctrina social, durante los cuales la conciencia en torno a la justicia social y las causas de la pobreza no han cesado de crecer.<\/p>\n<p>El Vaticano II hizo afirmaciones importantes sobre la pobreza, inspiradas, entre otros, por el cardenal Lercaro. El texto m\u00e1s importante es LG 8. Trata en primer lugar de la pobreza de Cristo y luego de su actitud ante los pobres: \u00abComo Cristo realiz\u00f3 la obra de la redenci\u00f3n en pobreza y persecuci\u00f3n, de igual modo la Iglesia est\u00e1 destinada a recorrer el mismo camino a fin de comunicar los frutos de la salvaci\u00f3n a los hombres\u00bb.<\/p>\n<p>El concilio presenta luego la ken\u00f3sis  de Cristo (Flp 2,6-7; 2Cor 8,9) como el autovaciamiento y la pobreza radicales del mismo Cristo. El concilio concluye diciendo que tampoco la Iglesia \u00abfue instituida para buscar la gloria terrena, sino para proclamar la humildad y la abnegaci\u00f3n, tambi\u00e9n con su propio ejemplo\u00bb. A continuaci\u00f3n cita el texto dos pasajes ilustrativos de la misi\u00f3n de Cristo entre los pobres: Lc 4,18, el cumplimiento de la profec\u00ed\u00ada mesi\u00e1nica (Is 61,1-2; 58,6), y la salvaci\u00f3n llevada a la casa de Zaqueo (Lc 19,10). Y declara: \u00abAs\u00ed\u00ad tambi\u00e9n la Iglesia abraza con su amor a todos los afligidos por la debilidad humana; m\u00e1s a\u00fan, reconoce en los pobres y en los que sufren la imagen de su fundador pobre y paciente, se esfuerza en remediar sus necesidades y procura servir en ellos a Cristo\u00bb. Es de notar que aqu\u00ed\u00ad se entiende la palabra \u00abpobre\u00bb en sentido amplio, no limitada a los socialmente despose\u00ed\u00addos.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s del concilio el centro de atenci\u00f3n se desplaza a Latinoam\u00e9rica. Inspir\u00e1ndose en el concilio, la Conferencia Episcopal Latinoamericana (CELAM) hizo en su segundo encuentro de Medell\u00ed\u00adn (1968) una importante declaraci\u00f3n subrayando la solidaridad con los pobres. Este documento supone un giro con respecto al optimismo de la d\u00e9cada de 1960, con su insistencia en el >desarrollo. En el per\u00ed\u00adodo comprendido entre Medell\u00ed\u00adn y la tercera conferencia del CELAM en Puebla (1979) se desarrollaron las >teolog\u00ed\u00adas de la liberaci\u00f3n. Estas se inspiraron en la teolog\u00ed\u00ada pol\u00ed\u00adtica de J. B. Metz, J. Moltmann y otros te\u00f3logos europeos, dialogando y, ocasionalmente, entrando en conflicto con ellos. Puebla ahond\u00f3 y dio consistencia a las ideas de la d\u00e9cada anterior, presentando el influyente documento La opci\u00f3n preferencial por los pobres y los j\u00f3venes.  La cuarta reuni\u00f3n del CELAM en Santo Domingo (1992) continu\u00f3 algunos de los temas de Puebla.<\/p>\n<p>Durante los a\u00f1os inmediatamente anteriores y posteriores a Puebla se escribi\u00f3 mucho sobre la misi\u00f3n de la Iglesia entre los pobres\u00bb. [Particular relieve tuvo el s\u00ed\u00adnodo sobre el Vaticano II de 1985, que en su relaci\u00f3n final recogi\u00f3 la expresi\u00f3n \u00abopci\u00f3n preferencial por los pobres\u00bb (D 6).]<br \/>\nLa cuesti\u00f3n no afecta s\u00f3lo a la caridad cristiana o a la estrategia pastoral, sino que ata\u00f1e a la misma naturaleza de la Iglesia. \u00bfPodemos hablar de una Iglesia \u00abken\u00f3tica\u00bb (de >ken\u00f3sis,  autovaciamiento)? El texto de LG 8 anteriormente citado apunta en esta direcci\u00f3n, aunque no hay que llegar al pesimismo eclesial de las fuentes luteranas. Hay que considerar de otro modo la cruz como central para la inteligibilidad de la Iglesia: la Iglesia es la Kreuzgemeinde,  la comunidad de la cruz. De hecho \u00abuna aut\u00e9ntica teolog\u00ed\u00ada de la cruz pondr\u00ed\u00ada en cuesti\u00f3n mucho de lo que se dice acerca del \u00ab\u00e9xito\u00bb de la Iglesia, el \u00abbuen gobierno\u00bb de las di\u00f3cesis, el \u00abflorecimiento\u00bb de una congregaci\u00f3n, la \u00abbuena organizaci\u00f3n\u00bb de una parroquia. Las comunidades cristianas, en sus diferentes formas de agrupaci\u00f3n, deber\u00ed\u00adan tener presente el principio de que \u00abel poder se perfecciona en la debilidad\u00bb (cf 2Cor 12,9)\u00bb. La Iglesia vive a la sombra de la cruz y de su poder, aunque en sus estructuras y en la vida de sus miembros puedan entreverse ya signos de la resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p>En su vivencia de la pobreza y en su dedicaci\u00f3n a los pobres la Iglesia cuenta con el signo escatol\u00f3gico de la vida consagrada (LG 44; PC 13; >vida religiosa). La pobreza, libremente elegida, perfecciona, en lugar de destruir, la madurez cristiana y psicol\u00f3gica.<\/p>\n<p>La Iglesia y los pobres, y la Iglesia y la pobreza, son claramente temas capitales de la eclesiolog\u00ed\u00ada, tambi\u00e9n en Oriente. No hay sin embargo consenso acerca de si las de la pobreza (y la liberaci\u00f3n) son teolog\u00ed\u00adas en el sentido propio de la palabra, afectando en consecuencia a numerosos aspectos de la dogm\u00e1tica y la moral, incluida la eclesiolog\u00ed\u00ada. Algunos te\u00f3logos latinoamericanos hablan de la hermen\u00e9utica de los pobres: los pobres tienen un nuevo modo de interpretar las Escrituras; la Iglesia no s\u00f3lo debe servir a los pobres, sino que tiene adem\u00e1s que dejarse iluminar por ellos a prop\u00f3sito de las profundas riquezas de la revelaci\u00f3n y la teolog\u00ed\u00ada; aunque la Iglesia evangeliza a los pobres, en un sentido m\u00e1s hondo esta necesita ser evangelizada por ellos. Otra alternativa, no menos incitante, es que estamos viviendo en un per\u00ed\u00adodo de desarrollo doctrinal en el terreno de la pobreza y de los pobres, tema este que en lo sucesivo habr\u00e1 de ocupar un lugar especial en la eclesiolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Christopher O\u00c2\u00b4Donell &#8211; Salvador Pi\u00e9-Ninot, Diccionario de Eclesiolog\u00ed\u00ada, San Pablo, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Eclesiolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p>DJN<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nEn el A. T. el pobre tiene en primer lugar una significaci\u00f3n social: pobre es el indigente, el que carece de bienes, el necesitado. Frente a la pobreza hay tres reacciones fundamentales: 1.a La pobreza es considerada como castigo (Prov 3, 10; 15, 6). 2.a La pobreza es un mal social, pues no siempre son castigados con pobreza los malos (Eclo 13, 17-23); al pobre hab\u00ed\u00ada que protegerle (Lev 25, 35-36; Dt 15, 1-9). 3.a La pobreza es el ideal de la vida (Eclo 31, 5-7). Los \u00abpobres de Yahv\u00e9\u00bb (heb. anawin: pobres de esp\u00ed\u00adritu, humildes, dulces) son los hombres humildes, religiosos, fieles a la Alianza. El profeta Sofon\u00ed\u00adas identifica el pobre con el justo (Sof 2, 3; 3, 11-13). El primer pobre del N. T. es Jes\u00fas, que nace como los pobres (Lc 2, 6-7); que hace en el templo la ofrenda de los pobres (Lc 2, 22-24; Lev 12); que no ten\u00ed\u00ada hogar propio (Mt 8, 19-20); que no ten\u00ed\u00ada dinero (Mt 17, 27); que muri\u00f3 en la m\u00e1s absoluta pobreza, despojado de todo (Jn 19, 23-24); que pidi\u00f3 desde la cruz que alimentaran por caridad a su madre pobre (Jn 19, 27); que fue sepultado en una tumba prestada (Jn 19, 41); que, siendo rico, se hizo pobre por amor nuestro (2 Cor 8, 9). Manifest\u00f3 su predilecci\u00f3n por los pobres (Lc 4, 18; 7, 22). Proclam\u00f3 bienaventurados a los pobres (Mt 5, 3; Lc 6, 20), indicando que no puede separarse la pobreza material y la espiritual, pues la pobreza de esp\u00ed\u00adritu, si es verdadera, tiende a cristalizar en pobreza efectiva. Los pobres bienaventurados son los pobres en sentido social, que tienen un sentido moral de humildad, de pobreza de esp\u00ed\u00adritu. El prototipo de estos pobres lo encontramos en Mar\u00ed\u00ada, de humilde condici\u00f3n social (Lc 1, 47). Esta humildad de Mar\u00ed\u00ada significa su condici\u00f3n social de pobre y su absoluta y plena disponibilidad ante Dios.<\/p>\n<p>La pobreza, en cuanto exige una vida de cierta austeridad y desprendimiento de los bienes terrenos, es necesaria para todos los cristianos; en cuanto consejo evang\u00e9lico, se exige a los misioneros y dirigentes de la Iglesia: el ap\u00f3stol debe ser pobre (Lc 14, 33; Mt 10, 9). De hecho los ap\u00f3stoles lo dejaron todo (Lc 5, 11), porque as\u00ed\u00ad lo exig\u00ed\u00ada Jesucristo (Lc 14, 33); el ap\u00f3stol debe prescindir en su apostolado de todo recurso material (Lc 10, 4) y confiar plenamente en Dios (Mt 6, 25-33). Jes\u00fas no exige a todos la pobreza material, pero a todos impone la ley de la pobreza espiritual, que exige las siguientes actitudes: total dependencia de Dios, sin poner la confianza en apoyos humanos (2 Cor 12, 9-10); plena disponibilidad ante Dios (Mt 11, 25), confianza filial (Mt 6, 25-33), aceptaci\u00f3n religiosa de las tribulaciones de este mundo (Ap 2, 9-10), actitud de servicio (Lc 22, 33-34). Quiz\u00e1, como norma general para todos los cristianos, sigue siendo v\u00e1lido el ideal de los Proverbios: \u00abno me des ni pobreza ni riqueza; conc\u00e9deme el pan necesario, no sea que, siendo rico, reniegue de Dios, y siendo pobre, profane su nombre\u00bb (Prov 30, 7-9).<\/p>\n<p>E. M. N.<\/p>\n<p>FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Significados de \u00abpobre\u00bb y \u00abrico\u00bb en la Biblia: 1. El AT: a) Libros hist\u00f3ricos. b) Libros prof\u00e9ticos. c) Libro de los Salmos, d) Libros sapienciales; 2. El NT: a) Los evangelios, b) Los escritos apost\u00f3licos &#8211; II. La pastoral patristica: 1. Ejemplaridad evang\u00e9lica: 2. Amor hacia el pobre; 3. Pobreza interior &#8211; III. La praxis mon\u00e1stica: 1. Signos de pobreza: a) Austeridad. b) Mendicidad, e) Comuni\u00f3n de bienes. d) Trabajo: 2. Las acentuaciones del Vat.II &#8211; IV. El magisterio reciente &#8211; V. Teolog\u00ed\u00adas actuales: 1. La \u00abteolog\u00ed\u00ada de la esperanza\u00bb: 2. La \u00abteolog\u00ed\u00ada de la liberaci\u00f3n\u00bb &#8211; VI. Conclusi\u00f3n: en favor del pobre: 1. La negaci\u00f3n: 2. El valor.<\/p>\n<p>La cultura y la conciencia actuales manifiestan una aguda sensibilidad hacia el pobre a modo de conclusi\u00f3n de un an\u00e1lisis sociol\u00f3gico y como un intento de reparar injusticias precedentes. El pobre ha saltado al primer plano bajo el impulso de una filosof\u00ed\u00ada antropoc\u00e9ntrica; ha venido a ser considerado como un hombre en situaci\u00f3n subhumana. El an\u00e1lisis marxista ha visto en la masa de los pobres una clase social en conflicto permanente con la clase de los ricos, la cual deber\u00ed\u00ada sufrir la derrota. La clase de los pobres es como un inmenso archipi\u00e9lago poblado de personas y de grupos en situaci\u00f3n estable o parcial de pobreza: el proletariado, la masa obrera, las mujeres. los ni\u00f1os, los ancianos, los analfabetos y los semiculturizados, los enfermos, los marginados, los pueblos subdesarrollados&#8230;, es decir, aquellos que en general se encuentran fuera de un esquema de bienestar, de desarrollo y de autonom\u00ed\u00ada. En concreto, son muy pocos los que escapan a la pobreza. En la actualidad la pobreza se siente en t\u00e9rminos sociol\u00f3gicos y pol\u00ed\u00adticos, es decir, como una condici\u00f3n que ha de ser transmutada y que debe ser esquivada seg\u00fan paradigmas tomados especialmente del campo de la econom\u00ed\u00ada. Los modelos de sociedad del bienestar y del consumismo captan el inter\u00e9s del individuo y del grupo, dejando espacio restringido al movimiento espont\u00e1neo de promoci\u00f3n y enajenando la conciencia de valores tradicionales irrenunciables. El boom econ\u00f3mico ha sido la eutanasia de la metaf\u00ed\u00adsica, de la \u00e9tica y de la asc\u00e9tica. l.a crisis consiguiente puede permitir la recuperaci\u00f3n de la espiritualidad en diversos sectores, sin olvidar el de la pobreza evang\u00e9lica. De la Biblia y de la tradici\u00f3n eclesial se deducen a este respecto unas iluminaciones indispensables.<\/p>\n<p>I. Significados de \u00abpobre\u00bb y \u00abrico\u00bb en la Biblia<br \/>\nEl lenguaje b\u00ed\u00adblico prefiere expresiones l\u00e9xicas concretas y no conceptos abstractos. Por eso el vocablo pobre prevalece sobre el concepto abstracto de pobreza (y. an\u00e1logamente, el vocablo \u00abrico\u00bb sobre el concepto de \u00abriqueza\u00bb). La exigencia de sintetizar sugiere enuclear el conjunto de los conceptos y de las descripciones b\u00ed\u00adblicas seg\u00fan el g\u00e9nero literario de los diferentes libros. En el abanico bimilenario de la historia y del pensamiento b\u00ed\u00adblicos, la valoraci\u00f3n del rico y del pobre experiment\u00f3 una evoluci\u00f3n sustancial hasta invertir la precedente preferencia. No podemos escindir el binomio pobre-rico, puesto que los dos t\u00e9rminos se explicitan rec\u00ed\u00adprocamente.<\/p>\n<p>1. EL AT &#8211; Los autores veterotestamentarios dirigen frecuentemente su atenci\u00f3n al pobre. Pobre y pobreza son realidades que se sienten al ritmo de una evoluci\u00f3n cultural, en el \u00e1mbito social y espiritual que parte de unos presupuestos en los cuales la figura del pobre y la situaci\u00f3n de pobreza se consideran con disgusto o con compasi\u00f3n y llegan a una valoraci\u00f3n lisonjera, al menos bajo el punto de vista del esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>a) Libros hist\u00f3ricos. Los textos b\u00ed\u00adblicos que transmiten la historia primitiva de Israel (aunque de composici\u00f3n no simult\u00e1nea al desarrollo de la misma) son los que se contienen en el Pentateuco, complejo literario fundamental, en el que se apoya toda la cultura veterotestamentaria. Limitando a estos textos nuestra lectura, encontramos como hilo conductor central la interpretaci\u00f3n de que la riqueza es bendici\u00f3n de Dios (G\u00e9n 24,34-35; 26,12-14; 30,29-30: Dt 28,1-14&#8230;); riqueza que consist\u00ed\u00ada principalmente en una prole numerosa, en la abundancia de bienes (especialmente ganado durante la \u00e9poca del nomadismo) y en la salud; la posesi\u00f3n de todo esto era se\u00f1al de recompensa por parte de Dios a un servidor suyo fiel y aprobaci\u00f3n visible de un comportamiento religioso y correcto. El mensaje espiritual de semejante interpretaci\u00f3n es de \u00ed\u00adndole interior; alaba al hombre justo, no al hombre rico como tal, ya que ante todo y por encima de la riqueza que posee est\u00e1 adornado por la rectitud del pensamiento y de la conducta.<\/p>\n<p>Durante el itinerario de Israel a lo largo del desierto en espera de la conquista de Cana\u00e1n, la riqueza es garantizada como bendici\u00f3n a todo el pueblo, en el cual no existen clases sociales de ricos y de pobres (sino solamente las tribus como defensa din\u00e1stica y posteriormente patrimonial): la \u00abtierra prometida\u00bb es f\u00e9rtil (Dt 8,6-10) y es don de Dios (dos 1,1-11). La condici\u00f3n para recibir esta riqueza-bendici\u00f3n es una fidelidad colectiva.<\/p>\n<p>El Pentateuco presenta la pobreza como una posici\u00f3n desafortunada, como un incidente. La actitud frente al pobre se agota por completo en una acci\u00f3n social de protecci\u00f3n por medio de algunas leyes favorables (las anticipaciones de Lev 19,10; Dt 14.28 &#8211; 15,18, entre las cuales se cuenta la genial soluci\u00f3n del a\u00f1o jubilar: 24,12-15) y algunas prohibiciones de violar el derecho del pobre (Ex 23,6). El pobre es objeto de una solidaridad generosa (Dt 15.7-11). Las motivaciones que aparecen son de car\u00e1cter social, todav\u00ed\u00ada no espiritual.<\/p>\n<p>b) Libros prof\u00e9ticos. En los testimonios literarios de los profetas se acent\u00faa la disparidad en la valoraci\u00f3n del binomio rico-pobre. La riqueza es un riesgo, y se empieza a considerarla -indudablemente, por el desenga\u00f1o que ocasionan las prevaricaciones experimentadas- como tentaci\u00f3n de olvidar a Dios (Os 13,15) y como veh\u00ed\u00adculo de la idolatr\u00ed\u00ada (Is 2,7-8). Algunos profetas realizan una evidente \u00abopci\u00f3n de clase\u00bb, tomando partido en favor del pobre, objeto de injusticia, y condenando todo abuso que lleve a la discriminaci\u00f3n y a la vejaci\u00f3n. Se condena la explotaci\u00f3n del hombre por el hombre (Am 2,6-8; 4,1-3; 8,4-6). Se denuncian las violencias, las injusticias y la rapi\u00f1a (Is 3,14-15; 5,11-12; Ez 22,29), la explotaci\u00f3n de viudas y hu\u00e9rfanos, las clases sociales entonces m\u00e1s indefensas (Is 1,23; 10,1-2; Jer 5,28; 7,6; 22,3; Zac 7,10). Se combate el abuso del poder y la prevaricaci\u00f3n de la justicia (Am 5,7; Is 10,1-2; Jer 22,13-17). Se denuncia el fraude en el comercio (Am 8.5-6; Os 12,8). el acaparamiento y la especulaci\u00f3n inmobiliaria y territorial (Is 5.8; Miq 2,2). Se desenmascara la injusticia y el abuso en las relaciones patr\u00f3n-siervo (Jer 34,8-22). Los profetas censuran como pecaminosas estas acciones, porque son infidelidades a la palabra de Dios y a la alianza. Adem\u00e1s, socavan la base social del colectivismo primitivo, que se lee en la Biblia con entonaci\u00f3n teologal, y son origen de una injusta situaci\u00f3n de pobreza (y tambi\u00e9n de riqueza). De ah\u00ed\u00ad que el rico injusto sea castigado por Dios. De esta forma los profetas evidencian la intenci\u00f3n de Dios, que toma partido por el pobre. Tambi\u00e9n anuncian expl\u00ed\u00adcitamente que Dios ama al pobre, sea quien sea (ls 49,13; 66.2). El Mes\u00ed\u00adas es vaticinado como aquel que anunciar\u00e1 a los pobres el evangelio (ls 61,1; 11,4; cf Lc 4,18), en el que consiste su salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>c) Libro de los Salmos. Conceptualmente, los salmos son contempor\u00e1neos de los profetas. Se descubren en ellos ciertos pensamientos que definen la riqueza (\u00e9xito, bienestar, prosperidad y abundancia) como don de Dios y recompensa de la fidelidad (Sal 1,3: 112,1-3). Pero se hace preferentemente una lectura espiritual de la pobreza y una meditaci\u00f3n orante sobre la figura del pobre. El pobre es el humilde que lleva una existencia moralmente sana y opuesta a la de los poderosos y los arrogantes (10); es aquel que sufre y conf\u00ed\u00ada en Dios, a pesar de la soledad, la hostilidad, la miseria y las pruebas (22; 69; 86); es el pecador que siente necesidad del perd\u00f3n de Dios (51). Tal pobreza confidencial se caracteriza por la serenidad del coraz\u00f3n, que se expresa en el canto de acci\u00f3n de gracias: \u00abEn Yahv\u00e9 mi alma se gloria, \u00f3iganlo los humildes y se alegren&#8230; Un m\u00ed\u00adsero grit\u00f3: Yahv\u00e9 escuch\u00f3 y lo libr\u00f3 de todas sus angustias\u00bb (34,3.7).<\/p>\n<p>Los autores de los salmos -por experiencia personal o como traducci\u00f3n contemplativa de una realidad- proclaman la existencia de un Dios liberador y salvador del pobre, al tiempo que la esperanza en \u00e9l. Los pobres atraen, por tanto, la atenci\u00f3n ben\u00e9vola del Se\u00f1or. La pobreza no es condici\u00f3n deseable, sino que, por el contrario, intentamos evadirnos de ella; sin embargo, mientras perdura, intentamos valorizarla al menos como est\u00ed\u00admulo para la fe. No es la pobreza un valor, sino la capacidad de traducirla en ocasi\u00f3n espiritual. El hombre sometido a prueba invoca al Se\u00f1or: \u00abTiende, oh Yahv\u00e9, tu o\u00ed\u00addo, esc\u00fachame, porque soy pobre y desdichado\u00bb (86,1). \u00abNo olvides la vida de tus pobres\u00bb (74,19b). El salmista est\u00e1 seguro de que Dios es fiel y escucha a quien le implora, de suerte que \u00ablos pobres comer\u00e1n hasta saciarse\u00bb (22,27). La liberaci\u00f3n del pobre ser\u00e1 consumada especialmente por el Mes\u00ed\u00adas (72,2.4.12-14.16).<\/p>\n<p>d) Libros sapienciales. La postura cultural de los libros sapienciales -en su conjunto y en el contenido de cada uno de ellos- acerca del binomio rico-pobre no es un\u00ed\u00advoca ni coherente. A pesar de que el tono que adquieren estas p\u00e1ginas tiene un matiz sapiencial, meditativo y did\u00e1ctico, sus aforismos no representan una especulaci\u00f3n pura ni aparecen como m\u00e1ximas filos\u00f3ficas; tienen m\u00e1s bien el tono de generalizaciones deducidas de la observaci\u00f3n existencial. Si el autor de Prov 14.20 afirma que \u00abel pobre es odioso incluso a su vecino\u00bb, no pretende teorizar sobre la hostilidad, sino que recoge un dato de la experiencia, dejando a cada uno la elecci\u00f3n de un comportamiento consecuente. La recomposici\u00f3n de las antilog\u00ed\u00adas puede llevarse a cabo a nivel de una lectura panor\u00e1mica de todo el mensaje b\u00ed\u00adblico en torno a la pobreza.<\/p>\n<p>La situaci\u00f3n del pobre es m\u00ed\u00adsera (Job 24,2-12: Eclo 31,4) y puede ser una secuela de malicia (Prov 13,18; 21,17). La pobreza nos sobreviene unas veces por causa propia, y especialmente por pereza (ib 6,6-11; 10,4-5; 29.19b; Eclo 31,43). La situaci\u00f3n del rico es, por el contrario, f\u00e1cil. La riqueza procura beneficios: preferencias (ib 10,30), honores, felicidad y seguridad (ib 44,1-8). paz (ib 44,6), amistades (ib 13,21-23; Prov 14,20)&#8230; La riqueza puede ser el resultado de la laboriosidad (ib 10.4b; 11.6b). de la vigilancia (ib 20,13). de la honestidad (Eclo 31.8-9). Constituye un bien, pero no en t\u00e9rminos absolutos, porque existen otras cosas mejores que la riqueza (Prov 15,16; 16,8: 21.1; Eclo 30,14-16; Sab 7.7-17; Job 28,15-19. etc&#8230;). Por otra parte, la muerte no se detiene ante el rico, ya que no se le ahorra la suerte com\u00fan por la consistencia de sus bienes (Eclo 5,14-15: 11,18-19). En fin, tambi\u00e9n la riqueza es una cosa, una abundancia exterior que no modifica la calidad interior del individuo: de hecho, el rico puede ser necio v el pobre sabio (Prov 19.1-22; 28.6: Eclo 4,13). Norma de sabia conducta es el justo equilibrio entre riqueza y pobreza (Prov 30,8-9).<\/p>\n<p>Seg\u00fan los libros sapienciales existe tambi\u00e9n la categor\u00ed\u00ada de los ricos y la de los pobres. a veces enfrentados entre s\u00ed\u00ad. porque los unos oprimen a los otros (Sab 2.10), a veces en busca de un encuentro con Dios (Prov 22,2). No obstante. aparece clara la preferencia que se da al pobre. Ser pobre no es un castigo de Dios; si acaso, una prueba de la fidelidad: la par\u00e1bola de Job se presenta como un cambio de sentido del axioma \u00abriqueza igual a signo seguro de rectitud y de complacencia divina\u00bb y \u00abpobreza igual a signo seguro de maldad y reprobaci\u00f3n divina\u00bb. Es m\u00e1s: se denuncia la iniquidad del rico y sus abusos en relaci\u00f3n con el pobre (Eclo 13,3: Sab 2,10-14) y se pone en rid\u00ed\u00adculo la adulaci\u00f3n que le rodea (Eclo 13,21-23).<\/p>\n<p>Los hagi\u00f3grafos no raras veces manifiestan expl\u00ed\u00adcitamente su preferencia por los pobres. En el contexto social suelen ser v\u00ed\u00adctimas; pero en el horizonte espiritual aparecen como privilegiados, porque Dios se ocupa de ellos (Eclo 21,5). El mismo Dios defiende los derechos del pobre: \u00abNo robes al pobre, porque es pobre. ni oprimas al d\u00e9bil en la puerta; porque Yahv\u00e9 defiende su causa\u00bb (Prov 22,22-23; cf 23,10-11). Y Dios mismo se identifica con el pobre: \u00abEl que hace caridad al pobre presta a Yahv\u00e9; \u00e9l le recompensar\u00e1 su obra\u00bb (ib 19,17). \u00abEl que se r\u00ed\u00ade del pobre ultraja a su Creador\u00bb (ib 17,5). Estas declaraciones establecen las bases de la interpretaci\u00f3n sacramental del pobre. La visi\u00f3n espiritual de la figura del pobre y la interpretaci\u00f3n asc\u00e9tica de la pobreza aparecen de forma embrionaria en estos textos. Tiene mayor entidad moral la actitud que se adopta frente a ellos. De hecho no se llega a proclamar \u00abbienaventurados\u00bb a los pobres, sino que se declara \u00abbienaventurado al que tiene piedad de los pobres\u00bb (ib 14.21). Apasionada resulta la exhortaci\u00f3n a la solidaridad con el indigente (Eclo 29.8-13). La limosna es, adem\u00e1s de un gesto eficaz, un signo de actitud religiosa: \u00abPara todos los que la dan, la limosna es un precioso dep\u00f3sito ante el Alt\u00ed\u00adsimo\u00bb (Tob 4,11 y contexto).<\/p>\n<p>La visi\u00f3n sapiencial de la historia propone al pueblo mismo de Israel como s\u00ed\u00admbolo de pobreza, sobre todo -a tenor de lo que se puede leer en las p\u00e1ginas sapienciales de Tob\u00ed\u00adas, Judit y Ester- en las ocasiones en que es combatido. deportado y exiliado. Entonces es cuando se produce el arrepentimiento y el reconocimiento de la infidelidad y de la necesidad de Dios, es decir, el descubrimiento de una pobreza total.<\/p>\n<p>2. EL NT &#8211; La continuidad del mensaje del Antiguo Testamento en el Nuevo se desarrolla en sentido vertical. La idea neotestamentaria del pobre tiende a privilegiar esta figura. presentando un ideal de pobreza que resume situaciones heterog\u00e9neas y las transmite unificadas en el \u00e1mbito de lo espiritual.<\/p>\n<p>a) Los evangelios. El anuncio evang\u00e9lico gravita en torno a Cristo. El es pobre. La pobreza de Jes\u00fas no es falta de bienes, porque habita una casa que es propiedad de su \u00abpadre\u00bb Jos\u00e9 (Mt 2,23), ejerce una profesi\u00f3n remunerada (Mc 6,3), y su grupo recibe subvenci\u00f3n de los amigos, principalmente de se\u00f1oras pudientes de la burgues\u00ed\u00ada (Lc 8,1-3); posee -detalle no insignificante-un atuendo m\u00e1s que decoroso (Jn 19,23)&#8230; Su pobreza equivale a la libertad (Mt 8,20). mansedumbre y humildad de coraz\u00f3n (ib 11,29), disponibilidad ante la voluntad del Padre (Jn 4,34) hasta la muerte en la cruz (Flp 2,8) y aceptaci\u00f3n consciente del sufrimiento. Cristo de rico se hizo pobre para enriquecer a otros (2 Cor 8,9). La elecci\u00f3n de este estilo particular de pobreza es una demostraci\u00f3n mesi\u00e1nica que culmina en la apropiaci\u00f3n de los sentimientos del siervo a Yahv\u00e9, analizados en el Sal 22, que Jes\u00fas recita en su muerte (Mt 27,46; Mc 15,34). En la dimensi\u00f3n mesi\u00e1nica, la pobreza de Cristo es cumplimiento de las profec\u00ed\u00adas, es decir, adhesi\u00f3n existencial al proyecto de Dios; no est\u00e1n ausentes del mismo las se\u00f1ales de pobreza como la persecuci\u00f3n pol\u00ed\u00adtica y el exilio (Mt 2,14-15; cf Os 11,1), la sencillez que oculta la majestad (Mt 21,4-5; cf Is 62,11; Zac 9.9-10), la traici\u00f3n por parte de un ap\u00f3stol y amigo (Jn 13.18; cf Sal 41.10; Lc 22,48), el expolio total (Jn 19.24; cf Sal 22,19; Is 52,13 &#8211; 53,12). El Se\u00f1or es pobre en su vida, glorioso en su muerte (Jn 19,27-28; cf Zac 12.10: Sal 69.22) y exaltado en su resurrecci\u00f3n (He 2.30-36). Jes\u00fas es pobre porque como Mes\u00ed\u00adas evangeliza a los pobres (Mt 11,5; Lc 4,18; cf Is 61.1), a los cuales anuncia la salvaci\u00f3n. Y Jes\u00fas es pobre porque expresa una solidaridad completa con los pobres, hasta el punto de tomar sobre s\u00ed\u00ad mismo los pecados del mundo (Jn 1,29; cf Is 53,7.12). El no desprecia a los pobres, no los condena, no los explota y no los enga\u00f1a con la demagogia; asume sus sentimientos, comparte sus angustias, da cumplimiento a su espera y los proclama \u00abbienaventurados\u00bb (I.c 6.20-21: Mt 5,3). Desde el punto de vista del Maestro, son pobres los pecadores, los enfermos, los indigentes, los extranjeros&#8230;, a los cuales dirige una palabra no de consolaci\u00f3n aplazada, sino de salvaci\u00f3n actual, porque su voz y sus gestos -unidos a la fe del pueblo- son capaces de mejorar aquella situaci\u00f3n. Y pobres deben ser sus disc\u00ed\u00adpulos, es decir, totalmente disponibles para su proyecto. De hecho son bienaventurados. \u00abBienaventurados los pobres de esp\u00ed\u00adritu\u00bb (Mt 5,3) puede leerse como proclamaci\u00f3n de la interiorizaci\u00f3n de la pobreza, que podr\u00ed\u00adamos parafrasear: son disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas (\u00abbienaventurados\u00bb es un adjetivo reservado a sus seguidores) aquellos a los que el Esp\u00ed\u00adritu Santo hace comprender la pobreza (o les da el don de ser pobres). En efecto, el Esp\u00ed\u00adritu Santo introduce a los disc\u00ed\u00adpulos en la verdad (Jn 16,13) y distribuye los carismas. De ah\u00ed\u00ad que la condici\u00f3n para seguir a Cristo sea hacerse pobres. Esta pobreza significa confianza en Dios (Lc 12.22-24), esperanza en la salvaci\u00f3n de Dios (ib 18,9-14), renuncia a las riquezas (ib 14,33: Mt 19,16-22), libertad de toda exigencia y desprendimiento (Mt 6, 24.33; 10,5-15.37-39) y consciencia de la prioridad y excelencia del reino de Dios (ib 13,44-46).<\/p>\n<p>La predilecci\u00f3n de Jes\u00fas por los pobres se expresa tambi\u00e9n en su mensaje de solidaridad con ellos; una solidaridad que no se detiene en el compromiso social, sino que lo asume y lo supera, convirti\u00e9ndose en acci\u00f3n dentro del \u00e1mbito del esp\u00ed\u00adritu, especialmente porque pobreza es obediencia al evangelio de la salvaci\u00f3n. La carga revolucionaria del anuncio mesi\u00e1nico radica en esta idea motriz. Lo que hab\u00ed\u00ada previsto Dt 15,11, en el sentido de que los pobres nunca habr\u00ed\u00adan de faltar, lo repite Jes\u00fas constat\u00e1ndolo en forma de lamento (Mt 26,11). Su palabra no institucionaliza el statu quo, sino que se orienta a reavivar en el disc\u00ed\u00adpulo el esfuerzo por eliminar una desgracia, un sufrimiento o una indigencia mediante la justicia social (ib 23,23), la distribuci\u00f3n de la propia riqueza (ib 19,21; Lc 12,33; 19.8), el don generoso y purificador (Mt 6,2; Lc 11,41; 12.33.34) y la ayuda tangible y realista (Mt 25,31-46) sin interrupci\u00f3n. De esta forma los pobres se hacen aliados predilectos de los disc\u00ed\u00adpulos de Cristo.<\/p>\n<p>Los pobres son un sacramento en la dimensi\u00f3n del Evangelio. En ellos se cuida y se sirve -o se olvida- al mismo Cristo (Mt 10,42; 25.40.45). Ellos simbolizan en algunas par\u00e1bolas la realidad del reino de los cielos (Lc 14,15-24; 15.11-32; 16,19-31). Los pobres constituyen la garant\u00ed\u00ada de la fidelidad de Dios, que les promete el reino de los cielos mediante la palabra de Jes\u00fas y, al mismo tiempo, la satisfacci\u00f3n de su hambre y de su sed (ib 6,20-23).<\/p>\n<p>Otros personajes de los evangelios testifican esta pobreza: Juan Bautista, Jos\u00e9, Mar\u00ed\u00ada de Nazaret&#8230; Mar\u00ed\u00ada es pobre porque, como sierva del Se\u00f1or, prefiere la propuesta de Dios a su propio proyecto vital (Lc 1,38) y descubre que \u00e9l ha consumado grandes cosas en ella (ib 1,49). La forma de ser reflexiva de esta muchacha de Nazaret encuentra como clave interpretativa de su historia personal la tapeinosis (o humilitas), que es una docilidad pac\u00ed\u00adfica, una humildad dulce y digna, inocente y confiada aceptaci\u00f3n de un puesto poco importante; en resumen, se trata de una pobreza teologal interiorizada. Ella evidencia, por su parte, que se encuentra en esa situaci\u00f3n y que ha merecido la mirada de Dios su Salvador (ib 1.47-48; cf 1 Sam 1,11), tal como ha sucedido a los dem\u00e1s pobres (Lc 1.52) y a Israel, como ella \u00absiervo\u00bb de Yahv\u00e9 (ib 1,54; cf 38). La madre de Jes\u00fas tiene unas ideas acerca de la pobreza que indudablemente ha recogido su hijo en la casa de Nazaret. A lo largo de todos los siglos, la misericordia del Omnipotente -proclama Mar\u00ed\u00ada (ib1.46-55)- se dirige hacia aquellos que le tienen un santo temor; para merecer la misericordiosa alianza de Dios no es suficiente con nutrir gen\u00e9ricos sentimientos de religiosidad, sino que hace falta ser humildes y pobres teologalmente, es decir, estar dotados de una pobreza y una humildad marcadas por la fe y la esperanza. Hacia \u00e9stos despliega Dios la potencia de su brazo para defenderlos y sostenerlos. Aquellos que traman orgullosos y secretos proyectos. aquellos que se ensalzan (o se dejan ensalzar) por encima de los dem\u00e1s, aquellos que se sienten satisfechos, es decir, los ricos, deben abandonar estas situaciones si quieren salvarse. Los humildes y los pobres, por el contrario. son ensalzados y enriquecidos por Dios. Estas ideas no se orientan a una alteraci\u00f3n de las clases sociales en conflicto, sino a una superaci\u00f3n de las mismas mediante un mensaje din\u00e1mico que las distingue por dentro y exige el encuentro de personas diferentes que se reconocen iguales, todas en el mismo plano (la imagen del rebajar y elevar: l e 1.52). Esto es obra de Dios, que salva a los poderosos y a los ricos humill\u00e1ndoles y haci\u00e9ndoles pasar por la experiencia de la pobreza, a la vez que salva a los humildes y a los pobres haci\u00e9ndoles tomar conciencia de su dignidad (ib 1,50-53).<\/p>\n<p>Como consecuencia de la opci\u00f3n de la pobreza, el evangelio se distancia del rico -mientras siga en tal estado- y de las riquezas. Estas son un peligro persistente en relaci\u00f3n con la escucha de la palabra (Mt 13,22), con la construcci\u00f3n del reino de Dios (ib 6,24; Lc 12,21; 14,33), con la salvaci\u00f3n mesi\u00e1nica misma (Mt 6,19-21: Mc 10,23-25). hasta el punto de que Dios s\u00f3lo puede salvar al rico en condiciones milagrosas (Mt 19.23-26: Lc 16.9). Ser pobres como un don del Esp\u00ed\u00adritu posibilita el desinter\u00e9s por la riqueza entendida como capital, es decir, como exageraci\u00f3n econ\u00f3mica, posesi\u00f3n individual, poder personal, cultura jactanciosa&#8230; Ser pobres en el Esp\u00ed\u00adritu Santo proporciona la alegr\u00ed\u00ada de seguir a Cristo en libertad: de ah\u00ed\u00ad la seguridad de que Dios llena el va-c\u00ed\u00ado que se produce en uno y en torno a uno.<\/p>\n<p>b) Los escritos apost\u00f3licos. La trama cultural en que se establece la Iglesia primitiva es el evangelio de Jes\u00fas. La comunidad pospentecostal de Jerusal\u00e9n hace visible el evangelio de pobreza pormedio de la koinonfa: comuni\u00f3n profunda en el camino de la fe yen las soluciones organizativas. Los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas se llaman y son \u00abhermanos\u00bb. La comuni\u00f3n de bienes que voluntariamente realizan es una consecuencia de esta hermandad. Los cristianos de la comunidad no son pobres, porque entre ellos no hab\u00ed\u00ada ninguno necesitado; la pobreza en ellos se interioriza y se convierte en motivaci\u00f3n eficaz para liberarse del individualismo, poniendo todas las cosas al servicio de la comunidad y superando en las relaciones interpersonales el criterio fr\u00ed\u00ado de la justicia, prefiriendo el principio din\u00e1mico. aunque m\u00e1s dif\u00ed\u00adcil. de distribuir a cada uno seg\u00fan su necesidad (He 4,32.34-35). No faltan, y muy pronto, las dificultades: hurtos (ib 5,1-11). desorganizaci\u00f3n (ib 6,1). dispersi\u00f3n&#8230; La nostalgia de esta soluci\u00f3n de fraternidad vuelve a aparecer en otras realizaciones de la vida eclesial primitiva. especialmente en la fidelidad a evangelizar la fraternidad y en la prontitud a transmitir los carismas que se posean (Rom 12,3-8) o en una limosna hecha por el gozo de dar algo (He 20,35) y como fruto de una generosidad recibida de Dios (2 Cor 8,6-15).<\/p>\n<p>Los cristianos conocen la aceptaci\u00f3n de una pobreza dura: persecuciones, choque con el rigor implacable de la ley y la intolerancia de los adversarios, errores, trabajo duro&#8230; Tambi\u00e9n en estas estrechuras permanece en ellos la alegr\u00ed\u00ada (He 5,41), hasta el punto de que el gozo como don del esp\u00ed\u00adritu (G\u00e1l 5,22) se constituye en nota distintiva de la cualidad evang\u00e9lica de la pobreza. Esta infunde al afligido la capacidad de estar siempre alegre, le da al indigente el poder de enriquecer a muchos y a quien no posee nada la posibilidad de tenerlo todo (2 Cor 6.1-10). continuando el estilo de Cristo (ib 8.9), el cual acept\u00f3 la \u00abnecedad de la cruz\u00bb, convirti\u00e9ndola en \u00abpoder de Dios\u00bb (1 Cor 1,18).<\/p>\n<p>Las riquezas pose\u00ed\u00addas y apreciadas por los disc\u00ed\u00adpulos no son ni oro ni plata, sino el poder taumat\u00fargico del nombre de Jes\u00fas (He 3,6), la fuerza de la palabra evang\u00e9lica (1 Cor 1.5). la gracia y la bondad del Se\u00f1or (Ef 2,7), que a ellos les ha sido dada. Ellos son pobres porque tienen el coraz\u00f3n abierto a la aceptaci\u00f3n de estos dones para la salvaci\u00f3n tal como la proyecta Dios. La riqueza traducible en dinero no deja de dar motivos de desconfianza, puesto que al fin y al cabo es un peligro (1 Tim 6.9-10). Los ricos corren el riesgo de convertirse en malvados y corruptores, como sucedi\u00f3 incluso en las comunidades cristianas (Sant 2,5-7; 5,1-6), en las cuales se contin\u00faa buscando, no obstante, la igualdad en fraternidad de fe (ib 1,9-11). Si existe una preferencia en teor\u00ed\u00ada es la que se dirige al pobre antes que al rico (ib 2.1-13). El capitalista, \u00abrico en este mundo\u00bb, recibe la exhortaci\u00f3n a ser humilde, a la generosidad, a la confianza no en la incertidumbre de los bienes, sino en Dios, que todo lo da en abundancia para que pueda gozarse de ello (1 Tim 6,17-19). En el ideal de la iglesia-fraternidad, el rico deber\u00ed\u00ada ser una figura de transici\u00f3n y no una clase definitiva: si es un aut\u00e9ntico convertido al evangelio, se expropiar\u00e1 de las riquezas y de las seguridades para seguir como un n\u00f3mada del esp\u00ed\u00adritu la voz de Cristo que lo gu\u00ed\u00ada. Efectivamente, el pobre es un sacramento de Dios (1 Jn 3,16-17). Y puesto que todos los disc\u00ed\u00adpulos son miembros del cuerpo de Cristo (1 Cor 12,12-27) y habit\u00e1culo del Esp\u00ed\u00adritu (ib 6,19), todos deben hacerse pobres para que en ellos pueda traslucirse su sacramentalidad.<\/p>\n<p>II. La pastoral patr\u00ed\u00adstica<br \/>\nLas intervenciones literarias de los padres de la Iglesia en torno al tema del pobre son en su mayor parte de \u00ed\u00adndole pastoral. Los contextos en que se encuentran manifiestan una predilecci\u00f3n por situaciones existenciales m\u00e1s que un inter\u00e9s especulativo; les preocupa m\u00e1s lo concreto del pobre que las abstracciones en torno a la pobreza. El pobre es ordinariamente un \u00abotro\u00bb. es decir, un hermano que se encuentra en situaci\u00f3n an\u00f3mala y ante el cual todo cristiano siente la invitaci\u00f3n. e incluso la obligaci\u00f3n de intervenir con solidaridad auxiliativa y activa.<\/p>\n<p>1. EJEMPLARIDAD EVANGELICA &#8211; El pensamiento de los padres se inserta en los textos b\u00ed\u00adblicos, principalmente del NT. La praxis eclesial es el punto de uni\u00f3n entre los planteamientos de la Iglesia postpentecostal y las comunidades sub-apost\u00f3licas; una praxis en perfecta continuidad de inspiraci\u00f3n. Los primeros escritores despu\u00e9s de los hagi\u00f3grafos -los llamados padres apost\u00f3licos- entretejen sus reflexiones para corroborar los comportamientos de los hermanos en la fe con respecto al pobre, insistiendo en el aspecto cristoc\u00e9ntrico; el Se\u00f1or Jes\u00fas inspira sus opciones de pobreza y su conducta con respecto a los pobres. Los comentarios sobre los evangelios iluminan la pobreza cuando abordan textos que estimulan reflexiones y sugerencias. La felicidad de la pobreza se interpreta de formas muy variadas. San Ambrosio (339\/40-397), meditando sobre Lc 6,12-49, escribe lo siguiente: \u00abEsta es la primera felicidad, porque es la madre y generatriz de todas las virtudes\u00bb. San Le\u00f3n papa (finales del s. Iv-461), en el serm\u00f3n 96, titulado Escalera de la felicidad, interioriza la pobreza, afirmando que es \u00abhumildad de \u00e1nimo m\u00e1s que indigencia de bienes\u00bb. En forma an\u00e1loga, san Juan Cris\u00f3stomo (ca. 350-407), explicando Mt 5.3, dice que los pobres en el esp\u00ed\u00adritu \u00abson los humildes y aquellos que tienen un coraz\u00f3n contrito\u00bb. Y a\u00f1ade una anotaci\u00f3n nueva definiendo como pobres \u00aba aquellos que tiemblan y temen a Dios y que escuchan con temor cuanto \u00e9l dice\u00bb. Hablando al pueblo sobre el pasaje Mt 19,16-26 vuelve a colocar la pobreza a la luz del Evangelio: \u00abNo basta con despreciar las riquezas, sino que es necesario ayudar y dar de comer a los pobres; pero sobre todo hace falta seguir a Cristo, es decir, cumplir todos sus mandatos\u00bb. El Evangelio da una calificaci\u00f3n original a la figura del pobre, porque tambi\u00e9n Cristo eligi\u00f3 la pobreza. Tambi\u00e9n Mar\u00ed\u00ada de Nazaret es pobre, porque tiene un \u00abcoraz\u00f3n humilde [&#8230;] y conf\u00ed\u00ada no en las riquezas transitorias, sino en la oraci\u00f3n de los pobres\u00bb, seg\u00fan se expresa san Ambrosio en De virginibus.<\/p>\n<p>En las comunidades subapost\u00f3licas contin\u00faa la soluci\u00f3n eclesial de la comuni\u00f3n de bienes. Los testimonios m\u00e1s antiguos de esta praxis son, en Oriente, la Didaj\u00e9 (s. 1) y la Carta a Diogneto (primera mitad del s. II) y la Carta del Pseudo-Bernab\u00e9 (ea. 96-98), en la que se lee la siguiente exhortaci\u00f3n: \u00abPondr\u00e9is todas las cosas en com\u00fan y no dir\u00e9is `esto es m\u00ed\u00ado&#8217;; si en las cosas incorruptibles particip\u00e1is en com\u00fan, \u00bfcu\u00e1nto m\u00e1s deber\u00e9is hacer otro tanto en las corruptibles?\u00bb. En Occidente tenemos la voz de Tertuliano (ca. 155-despu\u00e9s del 220), el cual revela en su Apologeticum los objetivos de la comuni\u00f3n libre de bienes definida como \u00abdep\u00f3sito de la piedad\u00bb, que sirve para dar de comer a los pobres y darles sepultura, para socorrer a los j\u00f3venes y las j\u00f3venes que no tienen medios de familia, a los siervos que se han hecho ancianos, a los n\u00e1ufragos y a los prisioneros, es decir, a los m\u00e1s abandonados, sin discriminaci\u00f3n alguna.<\/p>\n<p>2. AMOR Al. POBRE &#8211; En lo concreto de la existencia y de acuerdo con la experiencia de los seres humanos de cada \u00e9poca, el pobre se hac\u00ed\u00ada patente en una persona necesitada a la que el evangelio nos pide que socorramos. El amor al pobre es un tema moral y pastoral muy frecuente en la literatura patr\u00ed\u00adstica. Ayudar al pr\u00f3jimo no es tan s\u00f3lo una exigencia sociol\u00f3gica, sino mucho m\u00e1s; es obediencia al evangelio, porque los \u00abpobres son hermanos de Cristo y hermanos nuestros\u00bb, seg\u00fan advierte el Cris\u00f3stomo en una homil\u00ed\u00ada. Esta ayuda se concretiza en el hecho de repartir los propios bienes de consumo, principalmente con limosnas. Tambi\u00e9n la motivaci\u00f3n de las limosnas es evang\u00e9lica; los cristianos se sienten vinculados a practicarlas, porque as\u00ed\u00ad se ense\u00f1a en el evangelio del Se\u00f1or, argumentaba la Didaj\u00e9. El mismo texto exhorta a la generosidad en dar bienes, pero a la vez invita a la perspicacia: \u00abSude tu limosna en tu mano hasta que sepas a qui\u00e9n conviene darla\u00bb, lo cual no es una instigaci\u00f3n a la avaricia, sino una invitaci\u00f3n a ser inteligentes y estar despiertos, extremo que se repite tambi\u00e9n en otros textos. Una finalidad que redunda en beneficio de la vida espiritual de aquel que practica la limosna es la penitencia. San Ambrosio, hablando de El\u00ed\u00adas y el ayuno, dice dr\u00e1sticamente: \u00ab\u00bfPosees dinero? Rescata con \u00e9l tu pecado\u00bb. La limosna es un compromiso generalizado de caridad. El obispo de Mil\u00e1n recuerda, escribiendo acerca de los Deberes de los ministros, que la limosna debe proceder del sentido de justicia y de acuerdo con el realismo del pobre sin verse mezclada con el orgullo y la vanagloria, y recomienda este estilo sobre lodo a los sacerdotes. Y a\u00f1ade: \u00abEs preciso socorrer tambi\u00e9n a aquellos que. alejados de la Iglesia, est\u00e1n privados de lo necesario\u00bb. As\u00ed\u00ad pues. los pobres son personas a las que las comunidades cristianas deben dirigir su amor activ\u00f3. El apologeta griego Ar\u00ed\u00adstides (primera mitad del s. II) da este testimonio: los cristianos \u00abse aman entre s\u00ed\u00ad, no desprecian a la viuda, salvan al hu\u00e9rfano, y aquel que posee bienes los da sin quejarse a quien no tiene nada [&#8230;j; si uno es esclavo o pobre, ayunan dos o tres d\u00ed\u00adas y le env\u00ed\u00adan la comida que hab\u00ed\u00adan preparado para s\u00ed\u00ad mismos, con la intenci\u00f3n de que se alegren de la misma manera que ellos hab\u00ed\u00adan sido llamados a la alegr\u00ed\u00ada\u00bb. Hermas (s. II) considera en el precepto octavo de su Pastor, que es pecado grave el desentenderse de la situaci\u00f3n de quien vive en la angustia.<\/p>\n<p>La pobreza de los dem\u00e1s -la del indigente, la del que sufre, la del que no est\u00e1 seguro y la del que tiene necesidad en general- cataliza el inter\u00e9s operante y m\u00faltiple en orden a aliviarle en su desgracia y a liberarle dentro de lo posible de tan precaria situaci\u00f3n. La literatura patr\u00ed\u00adstica no se presta a infundir resignaci\u00f3n pasiva a este tipo de pobres obligados de ordinario por circunstancias sociales y por desgracias a soportar una condici\u00f3n tan dura. A ellos miran ciertos puntos de referencia para que no desfallezcan en la fe y en la esperanza: la caridad de los hermanos se hace signo tangible del amor de Dios hacia ellos. La espiritualidad da un sentido a quien sufre la pobreza, porque se ve reconfortado con la esperanza de auxilio y liberaci\u00f3n, estando seguro de que Dios sigue am\u00e1ndolo: y tambi\u00e9n a quien participa en el sufrimiento del pobre. porque reparte con \u00e9l su pobreza como solidaridad con Cristo.<\/p>\n<p>3. POBREZA INTERIOR &#8211; La pobreza interior (o interiorizaci\u00f3n de la pobreza) requiere la participaci\u00f3n de la conciencia en una opci\u00f3n libre. El egipcio Isidoro de Pelusium (+ ca. 435) escribi\u00f3 en una carta que la pobreza voluntaria (adem\u00e1s de la abstinencia) es el fundamento del reino de Dios. La humildad vuelve a aparecer como dimensi\u00f3n profunda de la pobreza interior. El Pseudo-Bernab\u00e9 elogia al humilde. exhort\u00e1ndole a buscar la amistad cordial. De san Clemente Romano (+ 101) se dice que procede el siguiente aforismo lapidario: \u00abCristo pertenece a los humildes\u00bb. Or\u00ed\u00adgenes (185-253). comentando el evangelio de Lucas, identifica la humildad con la justicia, la templanza, la fortaleza y la sabidur\u00ed\u00ada. La verdadera pobreza es una dimensi\u00f3n que surge del esp\u00ed\u00adritu. Clemente Alejandrino (ca. 150-215\/216) ense\u00f1aba a su pueblo que la pobreza es \u00abdespojar el alma misma y o la voluntad de todas las pasiones que est\u00e1n arraigadas en ella. extirpar y expulsar del propio esp\u00ed\u00adritu todo lo que le es ajeno\u00bb.<\/p>\n<p>Pero tambi\u00e9n esta pobreza interior necesita de signos visibles. En el que m\u00e1s se insiste de todos ellos es en la renuncia y en el no poseer nada. La renuncia al mundo por la gracia de la fe se concretiza en el abandono de las riquezas y de las seducciones, lo cual implica el contentarse con poco, con el \u00abpan de cada d\u00ed\u00ada\u00bb, tal como interpreta san Cipriano (ca. 210-258) la conocida frase del Padrenuestro. La renuncia, por su parte, es un signo y, sobre todo. una mediaci\u00f3n de libertad. La exhortaci\u00f3n a liberarse va dirigida a todo el mundo. La libertad es una conquista de valores: \u00abQuien alcanza la liberaci\u00f3n -dice la monja Sincl\u00e9tica- sufre en la carne, pero tiene paz en el alma\u00bb. Esta felicidad alcanza su punto culminante en la liberaci\u00f3n de las aspiraciones para concentrar todas las fuerzas en el deseo de Dios. El esp\u00ed\u00adritu dirigido a Dios marca su impronta en la relaci\u00f3n que cada uno tiene con la riqueza o la pobreza. imprimiendo una dimensi\u00f3n casi escatol\u00f3gica a las realidades de la existencia. \u00abLa \u00fanica riqueza es la sabidur\u00ed\u00ada\u00bb, es decir, la visi\u00f3n teol\u00f3gica de las cosas, seg\u00fan recuerda hacia finales del s. II el epitafio de Pectorio. Hermas interpreta la pobreza como un sentirse extranjeros en este mundo y. por tanto, ajenos a la preocupaci\u00f3n de amontonar bienes y riquezas. Afirma Clemente Alejandrino: \u00abNo tiene nada de grande ni de admirable el estar totalmente privados de riquezas sin pensar en la vida eterna\u00bb (Serm\u00f3n sobre la salvaci\u00f3n del rico).<\/p>\n<p>Los contextos patr\u00ed\u00adsticos que dedican alguna atenci\u00f3n al tema de la pobreza, no dejan de referirse a la condici\u00f3n del rico. No hay valoraciones homog\u00e9neas sobre \u00e9l. aunque predomina una visi\u00f3n pesimista. En s\u00ed\u00adntesis, se pueden determinar dos l\u00ed\u00adneas maestras: una expl\u00ed\u00adcitamente negativa y preocupada: y otra abierta, que percibe alg\u00fan valor o posibilidad de valorizaci\u00f3n tambi\u00e9n en la riqueza.<\/p>\n<p>III. La praxis mon\u00e1stica<br \/>\nEl fen\u00f3meno mon\u00e1stico (que est\u00e1 presente en diversas religiones y en el cristianismo se denomina tambi\u00e9n \u00abvida consagrada\u00bb y m\u00e1s corrientemente \u00abvida religiosa\u00bb) es apotaxis, es decir, abandono de la propia situaci\u00f3n actual para retirarse a buscar a Dios. Un camino obligado y caracter\u00ed\u00adstico es la pobreza. San Antonio Abad (ca. 250-365), iniciador del monaquismo organizado, se retira del mundo -se \u00abconvierte\u00bb-. dando o\u00ed\u00addos a la invitaci\u00f3n de Cristo a la pobreza. escuchada en la lectura de Lc 14.26 y 19,29. San Francisco de As\u00ed\u00ads (1181\/82-1226) se \u00abconvierte\u00bb a la invitaci\u00f3n a la pobreza de Mt 10.9-11 y establece como regla de su vida esta exhortaci\u00f3n evang\u00e9lica.<\/p>\n<p>1. SIGNOS DE POBREZA &#8211; El consejo evang\u00e9lico de la pobreza ha encontrado diversas traducciones en la praxis de las diversas tipolog\u00ed\u00adas de la vida religiosa. No obstante, existen algunos puntos de convergencia. El principal es el celibato por el reino de Dios (cf Mt 19,121 1 Cor 7.7 y passirn), indispensable en la vida religiosa, que es interpretado, se\u00f1aladamente hoy, como condici\u00f3n de pobreza en cuanto presupone un vac\u00ed\u00ado colmado prioritariamente por Dios y por su \u00abjusticia\u00bb (justificaci\u00f3n, salvaci\u00f3n).<\/p>\n<p>a) Austeridad. Numerosos apotegmas entrev\u00e9n en la austeridad y en la disciplina comunitaria una forma de pobreza. Gesto necesario para todo monje y contrase\u00f1a de la pobreza es la renuncia. La justificaci\u00f3n de la radicalidad de la renuncia se ha encontrado casi siempre en un cierto pesimismo y en la valoraci\u00f3n negativa del .&#8211;e- mundo; sin embargo, por encima del relativismo de tales posiciones culturales, quedan inalterables la explicaci\u00f3n evang\u00e9lica y las consecuencias de la sequela Christi. Juan Casiano (ca. 360-435) distingue tres tipos de renuncia: despreciar todas las riquezas y los bienes del mundo; negar el propio pasado, los vicios y pasiones del esp\u00ed\u00adritu y la carne; apartar la mente de las realidades presentes y visibles para desear s\u00f3lo las eternas.<\/p>\n<p>b) Mendicidad. La mendicidad es una elecci\u00f3n caracter\u00ed\u00adstica del movimiento llamado mendicante, pero que no se ignora en el monaquismo antiguo. Un monje de Scete exclamaba: \u00abTe doy gracias, Se\u00f1or, por haberme hecho digno de llegar a esto en tu honor: tener que pedir limosna en la necesidad\u00bb. San Francisco define la cuestaci\u00f3n como \u00abmesa del Se\u00f1or\u00bb, a la cual, sin embargo, solamente debe recurrirse cuando no se obtuviera la recompensa por el propio trabajo (Testamento). La cuestaci\u00f3n asume el valor de pobreza y de humildad, porque s\u00f3lo quien es pobre debe ser ayudado seg\u00fan la invitaci\u00f3n de Jes\u00fas (Mt 19,21); expresaba confianza en el Padre (ib 6,25; 25,34) y en los hermanos, ricos y pobres, porque se practicaba en todas las puertas, relacionando con todos al mendicante, que se presentaba en nombre de la fraternidad.<\/p>\n<p>c) Comuni\u00f3n de bienes. La forma de pobreza que ha caracterizado durante una quincena de siglos todas las manifestaciones de la vida religiosa es la comuni\u00f3n de bienes. Como recuerda san Agust\u00ed\u00adn (354-430) en su regla, esta soluci\u00f3n se apoya en la experiencia de la Iglesia de Jerusal\u00e9n (He 4,32.55). Este signo de pobreza mon\u00e1stica es un no a la propiedad privada y una v\u00ed\u00ada hacia la fraternidad. Todas las reglas concuerdan -dentro de la diversidad de sus expresiones literarias- en dos puntos fundamentales: abdicaci\u00f3n de la posesi\u00f3n individual y comuni\u00f3n de bienes. Tal comuni\u00f3n no se limita a los bienes de consumo, sino que reclama una comunicaci\u00f3n existencial y poner en com\u00fan los carismas personales, aspiraciones, afectividad, etc., es decir, toda la personalidad propia.<\/p>\n<p>d) Trabajo. El monaquismo ha ofrecido una interpretaci\u00f3n espiritual de la laboriosidad humana, y el trabajo ha quedado as\u00ed\u00ad convertido en testimonio de pobreza. El trabajo manual fue durante muchos siglos una de las actividades predominantes en la vida religiosa. Trabajar era una pr\u00e1ctica generalizada, una necesidad comunitaria de subsistencia independiente; se viv\u00ed\u00ada el trabajo como testimonio comunitario. como signo de pobreza y como ocasi\u00f3n de realizaci\u00f3n personal. El aspecto econ\u00f3mico de trabajo no era s\u00f3lo una operaci\u00f3n mercantil, sino que se elevaba al plano religioso por el significado que m\u00e1s de un texto antiguo le asignaba. El ordo monasterii (ss. iv-v) prescribe a los monjes encargados de la compra-venta unas reglas de justicia social y de circunspecci\u00f3n financiera, pero siempre \u00abcomo siervos de Dios\u00bb. El trabajo ampli\u00f3 poco a poco en la vida religiosa los espacios de expresi\u00f3n, abarcando el servicio apost\u00f3lico (ministerios clericales, misi\u00f3n, predicaci\u00f3n. parroquias, ecumenismo), el compromiso cultural y la acci\u00f3n social&#8230; Adem\u00e1s de signo de pobreza, el trabajo tiende hoy d\u00ed\u00ada a privilegiarse como servicio en la construcci\u00f3n del reino de Dios.<\/p>\n<p>2. LAS ACENTUACIONES DEL VAT. II &#8211; El Vat. II ha dicho una palabra de aprobaci\u00f3n y de exhortaci\u00f3n con respecto a la pr\u00e1ctica de la vida de pobreza vivida por los religiosos. Una vez recalcado el significado de la pobreza como acto de participaci\u00f3n en la elecci\u00f3n llevada a cabo por Cristo (LG 42. 43, 46; PC 1, 13, 25), dedica a este tema todo el par\u00e1grafo 13 del decreto Perfectae caritatis. El concilio reconoce en la pobreza una elecci\u00f3n voluntaria para concretizar el seguimiento de Cristo. En este marco adquiere car\u00e1cter de signo muy apreciado, especialmente en la actualidad; de ah\u00ed\u00ad que la pobreza no parezca constituir un valor en s\u00ed\u00ad, sino que se establece principalmente como aspecto del seguimiento de Cristo. El texto dice pocas cosas de la pobreza religiosa como forma espec\u00ed\u00adfica de la pobreza evang\u00e9lica: necesidad de practicar una pobreza interna y externa. y no s\u00f3lo como dependencia de los superiores en el uso de los bienes: participaci\u00f3n en la ley com\u00fan del trabajo; invitaci\u00f3n a un testimonio comunitario de pobreza; sost\u00e9n de los pobres e intercomuni\u00f3n de bienes: reafirmaci\u00f3n del derecho de los institutos a poseer y exhortaci\u00f3n a evitar toda apariencia de lujo, de lucro excesivo y de acumulaci\u00f3n de bienes, a\u00f1adiendo alg\u00fan detalle jur\u00ed\u00addico. El concilio se limit\u00f3 a algunas advertencias, ni siquiera muy radicales, confiando a la responsabilidad y a la sensibilidad de cada grupo la b\u00fasqueda de concretizaciones de aquella pobreza evang\u00e9lica que fue establecida y vivida por todos los fundadores como elecci\u00f3n habitualmente muy radical y evidente.<\/p>\n<p>Las nuevas constituciones de diversos grupos religiosos en el postconcilio se han esforzado en puntualizar los conceptos y la praxis relativos a la pobreza; es un fil\u00f3n inagotable de testimonios. Entre los documentos magisteriales, el m\u00e1s completo es la exhortaci\u00f3n de Pablo VI Evangelica testificatio (29 de junio de 1971). La vida religiosa es un testimonio del amor de Dios, que se concretiza tambi\u00e9n en la pobreza asumida, seg\u00fan el ejemplo de Cristo. Es especialmente intensa la exhortaci\u00f3n a escuchar atentamente el \u00abgrito de los pobres\u00bb, que se alza desde su indigencia personal y desde su miseria colectiva; este grito debe hallar su eco en acciones de paz, de justicia y de participaci\u00f3n servicial de su situaci\u00f3n en el compromiso de liberarlos. Se vuelve a proponer el trabajo como deber de ganar la propia subsistencia y de ayudar a los pobres. El valor testimonial le viene a la pobreza de una generosa respuesta a la exigencia evang\u00e9lica de total fidelidad a la propia vocaci\u00f3n y no meramente de la preocupaci\u00f3n de aparecer pobres.<\/p>\n<p>IV. El magisterio reciente<br \/>\nUn punto de referencia obligado para una valoraci\u00f3n coherente con la llamada doctrina social de la Iglesia es la enc\u00ed\u00adclica de Le\u00f3n XIII Rerum novarum (15 de mayo de 1891). En \u00e9sta se establecen los fundamentos para el desarrollo de la visi\u00f3n teol\u00f3gica incluso de las situaciones de pobreza y para iniciativas de promoci\u00f3n y de liberaci\u00f3n. Sus sucesores han continuado el mismo camino, recogiendo y desarrollando sus posiciones sociales en el contexto de las nuevas sensibilidades y modalidades de lectura del evangelio, tambi\u00e9n mediante documentos conmemorativos: la enc\u00ed\u00adclica Quadragesimo anno (15 de mayo de 1931), de P\u00ed\u00ado XI; el radiomensaje de Pentecost\u00e9s de 1941. de P\u00ed\u00ado XII; la enc\u00ed\u00adclica Mater et magistra (15 de mayo de 1961), de Juan XXIII, y la carta Octogesima adveniens (14 de mayo de 1971), de Pablo VI.<\/p>\n<p>El Val. II se sit\u00faa en simbiosis cultural con el magisterio pontificio. Este acontecimiento ha superado los l\u00ed\u00admites de la Iglesia cat\u00f3lica, expandiendo su influencia y suscitando reacciones a nivel mundial. La \u00f3ptica conciliar del an\u00e1lisis de las situaciones del pobre y de la valoraci\u00f3n de la pobreza es una \u00f3ptica evang\u00e9lica. Cristo pobre es el t\u00e9rmino de referencia con el que la Iglesia est\u00e1 llamada a uniformarse en la humildad y en la abnegaci\u00f3n; Cristo pobre se hace visible en el hombre pobre (LG 8). Con esta corriente marcha paralelo el compromiso social. El inter\u00e9s de la Iglesia por el pobre se traduce en predilecci\u00f3n (PO 6). misericordia (AA 8), respeto (GS 27), lucha por la liberaci\u00f3n de la pobreza humana en dimensi\u00f3n ecum\u00e9nica (UR 12). La Iglesia, dec\u00ed\u00ada el Papa Juan, es \u00abIglesia de los pobres\u00bb (radiomensaje del 11 de septiembre de 1962: \u00abLa Iglesia de todos, y particularmente la Iglesia de los pobres\u00bb). Los pobres est\u00e1n unidos al Cristo paciente, y \u00e9l los ha llamado \u00abbienaventurados\u00bb (LG 41), y a ellos les anuncia la buena noticia de la salvaci\u00f3n (LG 8; AG 3; PO 17). La Iglesia se ha propuesto ser ella misma pobre como Cristo (LG 8; AG 5, 12). En las opciones concretas, \u00abel esp\u00ed\u00adritu de pobreza y de amor, gloria y testimonio de la Iglesia\u00bb (GS 88), lleva impl\u00ed\u00adcita una acci\u00f3n eficazen favor de los pobres, ya sea de formo aut\u00f3noma, ya ali\u00e1ndose con quien persbi gue el mismo objetivo promocional; una denuncia del subdesarrollo y del bienestar ego\u00ed\u00adsta de las naciones que ao llaman cristianas; una renuncia a loo medios prestigiosos y poderosos cornil supuesto veh\u00ed\u00adculo de salvaci\u00f3n; la asuna ci\u00f3n de las tristezas y las angustias d\u00e9 los pobres (GS 1). Una consecuencia o nivel individual es que todo cristiano debe impregnar su propia existencia con el esp\u00ed\u00adritu evang\u00e9lico de las bien aventuranzas, sobre todo la bienaventuranza de la pobreza (LG 41; GS 72). Su relaci\u00f3n con la creaci\u00f3n no puede ser posesiva y de explotaci\u00f3n, sino que se ha de convertir en gozosa comuni\u00f3n en pobreza y libertad de esp\u00ed\u00adritu (GS 37).<\/p>\n<p>La atenci\u00f3n prioritaria a los pobres hace su aparici\u00f3n en documentos sucesivos del magisterio. En el S\u00ed\u00adnodo de los Obispos de 1971, dedicado al tema de la justicia, los obispos denuncian el crecimiento de la masa de los pobres, producido por el c\u00e1lculo pol\u00ed\u00adtico o por la negligencia, y expresan su preocupaci\u00f3n por el empobrecimiento de una tierra c\u00ed\u00adnicamente explotada y contaminada, as\u00ed\u00ad como por la degradaci\u00f3n de la biosfera. La acci\u00f3n \u00abatea\u00bb del hombre perjudica al proyecto de Dios. Dios se presenta especialmente en la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica como liberador de los oprimidos y defensor de los pobres. Para neutralizar el efecto nocivo de las contradicciones, los obispos proponen, entre otras. la promoci\u00f3n humana, la lucha por el derecho al progreso, la eliminaci\u00f3n de discriminaciones a la hora de acceder a los bienes y la participaci\u00f3n. El S\u00ed\u00adnodo busca una coherencia entre su mensaje y el testimonio eclesial provocando un examen de conciencia: \u00abSea l\u00ed\u00adcito preguntarse si los bienes de la Iglesia se usan siempre como patrimonio de los pobres o, por el contrario, en algunas regiones la Iglesia aparece como uno de los ricos mediante la acumulaci\u00f3n de fondos, de edificios y de tierras\u00bb; obispos, presb\u00ed\u00adteros, religiosos y religiosas y laicos son invitados a preguntarse si \u00abla pertenencia a la Iglesia no les introduce en una isla rica dentro de un contexto de pobreza\u00bb.<\/p>\n<p>El S\u00ed\u00adnodo siguiente, celebrado en oto\u00f1o de 1974, concentr\u00f3 su atenci\u00f3n en el compromiso de evangelizaci\u00f3n que la Iglesia ha recibido de Cristo. Como comunidad verdaderamente pobre, adem\u00e1s de orante y fraternal, puede actuar con eficacia para procurar la plena liberaci\u00f3n de los hombres. Recaba del evangelio inspiraciones y fuerza \u00abpara promover una generosa dedicaci\u00f3n al servicio de todos los hombres, y especialmente de los pobres, de los m\u00e1s d\u00e9biles y de los oprimidos&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>El mismo tema vuelve a repetirse y a desarrollarse en la exhortaci\u00f3n de Pablo VI Evangelii nuntiandi (8 de diciembre de 1975). En ella se reafirma la ejemplaridad de Cristo. El evangeliza a los peque\u00f1os y a los pobres, que se convierten en sus disc\u00ed\u00adpulos (n. 12). A la evangelizaci\u00f3n no le es extra\u00f1o el anuncio de la liberaci\u00f3n, el deber de ayudarla a nacer, de testimoniar en favor de ella y de actuar para que tal liberaci\u00f3n sea total (n. 30).<\/p>\n<p>Haciendo una selecci\u00f3n en los horizontes del magisterio m\u00e1s inmediato, conviene citar el documento de los obispos italianos titulado La evangelizaci\u00f3n del mundo contempor\u00e1neo (1974). Pregunt\u00e1ndose sobre \u00abqui\u00e9n debe ser evangelizado\u00bb, los obispos responden a la luz ineludible del evangelio: \u00abLos pobres\u00bb. Pobres son \u00abaquellos que, no teniendo bienes terrenos y careciendo o estando privados del poder sobre el que apoyarse para hacerse valer, ponen su confianza y su esperanza en Dios, esperando de \u00e9l su salvaci\u00f3n\u00bb. En el anuncio del mensaje evang\u00e9lico, la Iglesia debe privilegiar a los pobres, a los marginados y a los oprimidos. Por esto la evangelizaci\u00f3n se convierte en promoci\u00f3n humana.<\/p>\n<p>V. Teolog\u00ed\u00adas actuales<br \/>\nLas elaboraciones teol\u00f3gicas m\u00e1s recientes se orientan a realizar una lectura de los fen\u00f3menos del cosmos. comprendida la realidad-hombre, desde dentro de ellos y percibiendo a Dios comprometido en el servicio del hombre. El hombre es el pobre que tiene necesidad de Dios; este hombre ocupa el centro de la historia, que es siempre historia de la salvaci\u00f3n. Dentro de este panorama -que podr\u00ed\u00ada llamarse \u00abteolog\u00ed\u00ada del hombre\u00bb- se han desarrollado numerosas corrientes. Entre las m\u00e1s relevantes aparecen dos. llamadas \u00abteolog\u00ed\u00ada de la esperanza\u00bb y \u00abteolog\u00ed\u00ada de la liberaci\u00f3n\u00bb, que contienen unas propuestas seductoras en torno al tema del pobre.<\/p>\n<p>1. LA \u00abTEOLOG\u00ed\u008dA DE LA ESPERANZA\u00bb &#8211; Esta visi\u00f3n teol\u00f3gica lleva al hombre actual a una valoraci\u00f3n enriquecedora de la >esperanza. El hombre no se describe expl\u00ed\u00adcitamente como pobre, sino que su dimensi\u00f3n de pobreza se deriva del an\u00e1lisis de la existencia efectiva de la persona. Efectivamente, da la impresi\u00f3n de que el hombre de hoy est\u00e1 vac\u00ed\u00ado de esperanza -especialmente de esperanza escatol\u00f3gica-, porque sus proyectos se definen con par\u00e1metros horizontales y con plazos prefijados, comprobados por la l\u00f3gica y por las certezas de la ciencia. Este hombre tiende a detenerse en los resultados de tales proyectos, fascinantes, aunque insatisfactorios. Detr\u00e1s de las seguridades, las capacidades y los \u00e9xitos, es decir, detr\u00e1s de un cierto grado de riqueza antropol\u00f3gica se esconde un vac\u00ed\u00ado que tambi\u00e9n quisiera llenar la \u00abteolog\u00ed\u00ada de la esperanza\u00bb. impulsando al hombre a entrar en la \u00f3rbita del Dios del cristianismo. El Dios del cristianismo se hace patente en la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica. Ya el dato mismo de la autorrevelaci\u00f3n de Dios significa la intenci\u00f3n de enriquecer al hombre pobre en el conocimiento. La autorrevelaci\u00f3n de Dios -que se sit\u00faa en la historia, pero que no se agota en ella- hace irrumpir una esperanza. La esperanza no defrauda, sino que constituye la felicidad del presente; declara \u00abbienaventurados\u00bb a los pobres, se preocupa de los necesitados porque ve la parus\u00ed\u00ada del reino de Dios para ellos. Esta visi\u00f3n es el contenido de una promesa; es el anuncio previo de una realidad que se espera, de un Dios fiel y de una salvaci\u00f3n cierta.<\/p>\n<p>El documento sobre la justicia en el mundo redactado en el S\u00ed\u00adnodo episcopal de 1971 debe su valor a perspectivas similares, trazando el espacio en el que la Iglesia desarrolla su vocaci\u00f3n, que es \u00abla de estar presente en el coraz\u00f3n del mundo para predicar la `buena nueva&#8217; a los pobres, la liberaci\u00f3n a los oprimidos y la alegr\u00ed\u00ada a los afligidos\u00bb.<\/p>\n<p>2. LA \u00abTEOLOGIA DE LA LIBERACI\u00ed\u201cN\u00bb &#8211; La reivindicaci\u00f3n de una autonom\u00ed\u00ada total es un fen\u00f3meno casi generalizado en la actualidad, pero cargado de grandes contradicciones. Se nos presenta como la tentativa de los pobres de adue\u00f1arse nuevamente de la libertad -o de sectores de la libertad perdida o simplemente comprometida- y de reconquistar su propia identidad. La literatura teol\u00f3gica pretende interpretar esta tensi\u00f3n seg\u00fan categor\u00ed\u00adas que toma de la Biblia y se esfuerza en inculcarnos inspiraciones tomadas del propio convencimiento de que existe un proyecto de redenci\u00f3n pensado por Dios. El plano social y pol\u00ed\u00adtico de la emancipaci\u00f3n est\u00e1 penetrado por la idea de redenci\u00f3n. La esperanza cristiana y la liberaci\u00f3n del hombre confluyen en un objetivo id\u00e9ntico o, por lo menos, an\u00e1logo. La \u00abteolog\u00ed\u00ada de la liberaci\u00f3n\u00bb aporta contribuciones estimulantes a la lectura de los fen\u00f3menos socio-pol\u00ed\u00adticos desde la \u00f3ptica de una espiritualidad no desencarnada ni relegada a la metahistoria y ofrece incentivos din\u00e1micos para una acci\u00f3n eficaz.<\/p>\n<p>El S\u00ed\u00adnodo episcopal de 1971 ha vuelto a recordar que la evangelizaci\u00f3n de hoy reclama un compromiso total por la liberaci\u00f3n del hombre integral, partiendo del presente de la historia. Pablo VI refrenda los objetivos de los esfuerzos y de las luchas para superar todo lo que condena al hombre a quedar al margen de la vida: carest\u00ed\u00adas, enfermedades cr\u00f3nicas, analfabetismo, depauperaci\u00f3n, injusticia en las relaciones internacionales y especialmente en los intercambios comerciales, situaciones de neocolonialismo econ\u00f3mico y cultural (Evangelica testificatio, 30).<\/p>\n<p>Este es el mismo itinerario recorrido por los te\u00f3logos de la liberaci\u00f3n. La permanencia de condiciones que perpet\u00faan la presencia de pueblos y de masas de pobres es la traducci\u00f3n actualizada del pecado original; es el pecado social que desfigura a la humanidad. Pero tambi\u00e9n para ellos hay una redenci\u00f3n seg\u00fan el evangelio, si se deja que act\u00faen sus fuerzas soteriol\u00f3gicas, tales como el mandamiento del amor, del compromiso por la justicia y el estilo de servicio rec\u00ed\u00adproco. Actuar a nivel pol\u00ed\u00adtico, social, econ\u00f3mico, etc., con las premisas de la evangelizaci\u00f3n es actuar a nivel de la espiritualidad. La liberaci\u00f3n se dirige a los pobres. Ellos son proclamados \u00abbienaventurados\u00bb no porque se encuentren en la indigencia o porque est\u00e9n oprimidos, ni tampoco porque conf\u00ed\u00aden en Dios y esperen de \u00e9l la liberaci\u00f3n, sino sobre todo porque Cristo actualiza la justicia salv\u00ed\u00adfica de Dios; la esperanza de los pobres es la persona de Jes\u00fas antes incluso que un anuncio. La liberaci\u00f3n tiene lugar en profundidad, en la interioridad, donde introduce una carga de tal dinamismo que anula desde su interior las consecuencias de situaciones oprimentes exteriores. Sin embargo, las realidades individuales y sociales contin\u00faan muchas veces petrificadas y corren el riesgo de neutralizar la fuerza de la salvaci\u00f3n y, de impedir el advenimiento del \u00fanico, se\u00f1or\u00ed\u00ado que es el de Cristo. La \u00abpastoral liberadora\u00bb y la \u00abespiritualidad de la Iiberaci\u00f3n\u00bb son acciones que se desarrollan por el impulso del Esp\u00ed\u00adritu Santo y se apoyan en la \u00abconversi\u00f3n hacia el oprimido\u00bb en el nombre de Cristo, hasta el compromiso cualificado por la solidaridad con el pobre para que \u00e9ste sea, sustra\u00ed\u00addo a su condici\u00f3n de inferioridad en todos los \u00e1mbitos (social, eclesi\u00e1stico, pol\u00ed\u00adtico, econ\u00f3mico, psicol\u00f3gico, sanitario, espiritual&#8230;) y sea liberado integralmente. Es una acci\u00f3n de contenido pascual.<\/p>\n<p>VI. Conclusi\u00f3n: en favor del pobre<br \/>\nLas p\u00e1ginas precedentes no son sino el intento de recoger a trav\u00e9s de los siglos de cristianismo algunos trazos de doctrina y praxis para definir al pobre mediante las categor\u00ed\u00adas de la espiritualidad. Las corrientes que se han descrito y analizado no agotan la amplitud de las inspiraciones y de los emplazamientos de la espiritualidad cristiana atenta al pobre; \u00e9sta, por su parte, tampoco agota las concepciones de la espiritualidad universal en torno a \u00e9l. Se trata de una propuesta de s\u00ed\u00adntesis tomada de algunas inspiraciones y realizaciones que han animado la historia, muchas de las cuales dan vida a la \u00e9poca presente. Las urgencias del momento actual acucian a todos, y nos preguntamos entonces por la utilidad de echar una mirada retrospectiva. El dinamismo vital de la espiritualidad nos asegura frente a la tentaci\u00f3n de quedarnos sumidos en llantos y nostalgias por los testimonios del pobre en el pasado o de afanarnos en denuncias ambiguas por las indudables prevaricaciones de nuestros predecesores. El tiempo precedente no debe ser m\u00e1s que una inspiraci\u00f3n en la \u00f3ptica de la fe. Pero el camino de la existencia total avanza desde el momento presente hacia el futuro. La esperanza sigue el proyecto de una tierra habitada por los pobres del evangelio, libres de todo l\u00ed\u00admite de pobreza; son realmente \u00abbienaventurados\u00bb los pobres, no la pobreza (Mt 5,3; Le 6,20).<\/p>\n<p>La presencia ininterrumpida de aquellos que por varias razones se definen como pobres interpela a cada uno de nosotros con una pregunta crucial: \u00bfqui\u00e9n es el pobre? La espiritualidad ofrece una respuesta buscada no con respecto a la cantidad del tener, porque cada uno constata vac\u00ed\u00ados de posesi\u00f3n, sino en la valoraci\u00f3n de la calidad del ser. Se puede decir de todo hombre que es pobre: yo que escribo y t\u00fa que lees, nuestros hermanos y nuestras hermanas. aquellos que admiramos o que compadecemos&#8230;, todos vivimos momentos de pobreza; de una pobreza que a veces es un don de Dios y otras veces es un simple incidente. Es un axioma el hecho de que el realismo de la humildad nos impele a aceptar las cosas. Las interpretaciones y las propuestas de la espiritualidad -en el pasado y en el presente- sirven de ayuda a este \u00abhombre pobre\u00bb. pero quiz\u00e1 no todo pobre entiende su lenguaje y sus finalidades. Espiritualidad significa di\u00e1logo entre el Esp\u00ed\u00adritu Santo y el esp\u00ed\u00adritu del hombre; espiritualidad es la acci\u00f3n concreta del Esp\u00ed\u00adritu. Por ello se sit\u00faa en los horizontes de la fe. La metodolog\u00ed\u00ada de la espiritualidad tiene sus limites propios y no pretende decir todas las cosas sobre el pobre y al pobre. No se puede exigir de la espiritualidad soluciones para todos los problemas, sino ideas que renueven desde dentro concepciones y relaciones y, sobre todo, el esp\u00ed\u00adritu mismo del hombre. No se la puede instrumentalizar para infundir al pobre cualquier tipo de resignaci\u00f3n, ni mucho menos forzarla a que lance a los pobres a una aventura de violencia, de injusticia o de desesperaci\u00f3n. La espiritualidad habla al pobre y del pobre con un realismo din\u00e1mico en sentido vertical. No a\u00ed\u00adsla al pobre de la globalidad del evangelio, sino que lo sit\u00faa en el coro de las bienaventuranzas porque es un hombre completo; un disc\u00ed\u00adpulo realizado y no el portador de una sola o de algunas bienaventuranzas. sino aquel que las ha asimilado todas o que se esfuerza por asimilarlas todas.<\/p>\n<p>La espiritualidad propone al pobre el objetivo de la libertad. \u00abLa verdadera pobreza es uno de los caminos de la oraci\u00f3n y del silencio interior, si tiene por fundamento el desasimiento y la libertad del alma respecto a toda criatura\u00bb, escribe R. Voillaume (En el coraz\u00f3n de las masas, p. 263). La salida es doble: libertad de y libertad para. Al hilo de esta puntualizaci\u00f3n, se puede esquematizar en una reflexi\u00f3n final. viendo al pobre en un estado negativo (pobreza como negaci\u00f3n: libertad de) y despu\u00e9s como portador de valores (pobreza como valor: libertad para).<\/p>\n<p>1. LA NEGACI\u00ed\u201cN &#8211; La pobreza como carencia o penuria es visible por doquier y nadie escapa de ella, por lo menos en alg\u00fan episodio de su existencia.<\/p>\n<p>La tierra es pobre. Explotada por los desatinos del hombre, la tierra decae y se empobrece. Cualquiera que preste atenci\u00f3n a las noticias y a las informaciones se sentir\u00e1 preocupado como ante un peligro inminente de muerte. Esta degradaci\u00f3n culpable arrastra consigo al hombre mismo y a las restantes formas vivientes. La tierra pobre es un s\u00ed\u00admbolo: pobres son los explotados, las v\u00ed\u00adctimas de los ego\u00ed\u00adsmos, los que se ven privados de respeto; y pobres tambi\u00e9n los explotadores y los ego\u00ed\u00adstas, porque est\u00e1n vac\u00ed\u00ados de humanidad. Esta es una pobreza que ha de ser eliminada si queremos obedecer al mandamiento b\u00ed\u00adblico de respetar la armon\u00ed\u00ada entre el hombre y la tierra (G\u00e9n 1,28; Sab 9,2; 10,2). La espiritualidad se compromete a trabajar por la restauraci\u00f3n del equilibrio ecol\u00f3gico.<\/p>\n<p>Los pueblos son pobres. La geograf\u00ed\u00ada mundial evidencia una demarcaci\u00f3n entre pueblos ricos y pobres: casi todos los pueblos ricos exhiben una tradici\u00f3n cultural y religiosa imbuida por el cristianismo. Esta riqueza no es completamente sana por la sencilla raz\u00f3n de que no es repartida y no se hace instrumento eficaz de liberaci\u00f3n y de fraternidad. La presencia de pueblos pobres en \u00e9pocas de evidentes posibilidades de progreso denuncia la existencia de un plan discriminatorio o, en todo caso, de omisiones responsables. El subdesarrollo. la indigencia, el hambre, la incultura y el servilismo&#8230;, es decir, las condiciones que empobrecen a los pueblos, no deben coincidir con una etnia ni es l\u00ed\u00adcito que coexistan en una topograf\u00ed\u00ada precisa; \u00e9sta es una pobreza que sebe ser eliminada. La evangelizaci\u00f3n llama \u00abbienaventurados\u00bb a este tipo de personas, pero no por la pobreza de que son v\u00ed\u00adctimas, sino porque tienen el derecho a liberarse de ella, a saciarse y a ser felices (Lc 6,20-21). Pero tambi\u00e9n los pueblos ricos adolecen de la misma pobreza: insatisfacciones, miedos, esclavitudes, el negativo del bienestar que enturbia los resultados v\u00e1lidos del progreso.<\/p>\n<p>El individuo es pobre. Las carencias, las soledades, las imperfecciones, las irrealizaciones, el descontento por los resultados de los propios deseos y proyectos son una realidad que experimenta en formas distintas toda persona, una vez que ha llegado a la pobreza que aflige al pueblo o al grupo al que pertenece cada uno. El hombre sobre todo es el gran pobre, porque se ve limitado en sus grandes anhelos cong\u00e9nitos. Este es el \u00abpecado\u00bb al que Dios propone una redenci\u00f3n individual (aunque no aislada). El hombre se salva si toma conciencia de tal pobreza; si recorre hasta el final su trayectoria de conversi\u00f3n, es decir, de autocr\u00ed\u00adtica y de desprendimiento, para volver a la verdad de Dios y de s\u00ed\u00ad mismo.<\/p>\n<p>Este tipo de pobreza es negaci\u00f3n de una identidad ontol\u00f3gica en evoluci\u00f3n y es carencia de humanidad; pobre es en esta condici\u00f3n estar alejado del proyecto de Dios. Se trata de una pobreza siempre culpable, que es consecuencia de un pecado propio o ajeno. La liberaci\u00f3n puede tener lugar actuando sobre esta causa. Dios ha actuado en ella con el designio de la redenci\u00f3n; pero espera que tambi\u00e9n el hombre lo acepte integralmente, de manera que, sin avergonzarse de su desnudez, o sea de su insuficiencia y de su cotidiana necesidad, Dios mismo venga a darle la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>2. EL VALOR &#8211; La confianza en el Dios fiel y la fe en la resurrecci\u00f3n de Cristo, que demuestra el poder de Dios y echa por tierra los c\u00e1nones o criterios mundanos de valoraci\u00f3n, son los puntos b\u00e1sicos sobre los que se hace posible la comprensi\u00f3n de las bienaventuranzas evang\u00e9licas, entre las cuales cuenta en primer lugar la dirigida a los pobres. Anclada en la l\u00f3gica de Dios, la pobreza viene a ser un valor: liberado de la pobreza como negaci\u00f3n, el pobre se convierte en testimonio de la validez y de la capacidad formadora del Evangelio, del poder de Dios y de las posibilidades obedienciales del hombre. Bajo este aspecto la pobreza se convierte en un s\u00ed\u00ad y el pobre se define positivamente.<\/p>\n<p>Pobre es quien espera. La esperanza de Dios que colma caracteriza al pobre. Este reconoce los dones recibidos y comprueba con humildad y verdad su propia situaci\u00f3n de imperfecci\u00f3n, pero tambi\u00e9n las grandes cosas que Dios lleva a cabo en \u00e9l. La espera es dinamismo, convicci\u00f3n de no haber alcanzado la propia plenitud ni los objetivos fundamentales de la existencia, y de ah\u00ed\u00ad surge el compromiso de proseguir un camino, cual \u00abn\u00f3mada de Dios\u00bb. El mendicante es una imagen elocuente; el se\u00f1or al que se tiende la mano es Dios, el cual no reclama a cambio de sus dones una servidumbre humillante, sino que ofrece la comuni\u00f3n consigo mismo. Esperar en Dios significa enriquecerse de humanidad.<\/p>\n<p>Pobre es quien acepta. La espera de Dios se completa con su aceptaci\u00f3n. Pero pobre es tambi\u00e9n quien se acepta a s\u00ed\u00ad mismo en profundidad. Aceptar los propios limites y el propio pecado constituye una confesi\u00f3n de disponibilidad frente a la liberaci\u00f3n. Asimismo el pobre acepta y acoge a los dem\u00e1s tal como ellos son y no como \u00e9l quisiera que fuesen. La se\u00f1al de tal acogida es la gratitud. la comunicaci\u00f3n de bienes, la solidaridad perseverante. Esta dimensi\u00f3n de pobreza acogedora se convierte en donaci\u00f3n; cuanto recibe el pobre pasa a trav\u00e9s de sus manos, que son \u00abno manos abiertas para tener, sino unidas para dar\u00bb. Efectivamente. los pobres aut\u00e9nticos se distinguen por su generosidad.<\/p>\n<p>Pobre es quien ora. La oraci\u00f3n es manifestaci\u00f3n de la necesidad de Dios sentida por el hombre que percibe su pobreza; es un deseo propio de Dios, que sugiere al hombre formas y palabras para que sea capaz de sostener el di\u00e1logo con \u00e9l. La oraci\u00f3n realiza el encuentro entre la riqueza de Dios y la pobreza de la criatura humana. El pobre que reza es el humilde mendigo de misericordia ante \u00abel \u00fanico bienhechor de los esp\u00ed\u00adritus\u00bb, al cual presenta la alabanza de su fe. la intercesi\u00f3n de su esperanza, la acci\u00f3n de gracias de su caridad. La renovaci\u00f3n lit\u00fargica postconciliar constituye una ocasi\u00f3n feliz de enriquecimiento. La actual estructura de la celebraci\u00f3n de los sacramentos -mediaci\u00f3n de salvaci\u00f3n y otorgamiento de un don- pone de manifiesto la abundancia que contiene todo rito: dimensi\u00f3n comunitaria, catequesis como ocasi\u00f3n promocional. abundancia de la palabra de Dios contenida en la voluminosa antolog\u00ed\u00ada de las secciones b\u00ed\u00adblicas, copia de intercesiones, invocaciones y bendiciones. La liturgia de las horas es, sobre todo, un c\u00e1ntico de alabanza que surge de la alegr\u00ed\u00ada del pobre, como el asombro de quien descubre que ha recibido bienes, identificados en muchos himnos y salmos en la creaci\u00f3n, en la salvaci\u00f3n y en la palabra de Dios. En la oraci\u00f3n secreta y en la contemplaci\u00f3n -particularmente en la lectio divina-. el que reza entabla un di\u00e1logo esencial con Dios partiendo del realismo individual. que constituye la necesidad de salvaci\u00f3n, es decir, el deseo de salir de la propia pobreza para participar de la inagotable riqueza del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>En esta forma de ser pobre radica la \u00abvirtud\u00bb de la pobreza. Virtud no es \u00abcostumbre\u00bb. sino opci\u00f3n consciente e incesantemente renovada; la virtud de la pobreza es un esfuerzo de libertad para \u00abser m\u00e1s\u00bb. De ah\u00ed\u00ad que la pobreza no sea f\u00e1cil; es dura lo mismo en su condici\u00f3n de don de Dios que como desposorio con ella; no se adquiere de una vez para siempre; sin embargo, es posible, y de ello nos da fe el evangelio. Pero esta pobreza entendida como valor no es todav\u00ed\u00ada una realidad completa y definitiva; se queda en una esperanza, en la que el pobre de esp\u00ed\u00adritu sigue creyendo tenazmente y amando activamente. En efecto, \u00e9l es el protagonista humano de la pobreza. sin que quede anulada su personalidad ni se vea forzado a abdicar de los valores. El pobre del Evangelio se hace cada vez m\u00e1s rico en el Esp\u00ed\u00adritu Santo. El momento de m\u00e1xima pobreza es la muerte, que Cristo ha rescatado y convertido en sacramento pascual, es decir, en tr\u00e1nsito a la resurrecci\u00f3n de la vida definitiva con Dios.<\/p>\n<p>L. De Candido<br \/>\nBIBL.-AA. VV.. Iglesia pobre, Iglesia misionera, ZYX, Madrid 1966.-AA. 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Menesteroso, Necesitado Exo 23:3 ni al p distinguir\u00e1s en su causa Exo 23:11 para que coman los p de tu pueblo Exo 30:15 ni el p disminuir\u00e1 del medio siclo Lev 19:10; 23:22 Pobre (heb. dall\u00e2h, misken\u00fbth, r\u00eash , r\u00eesh; gr. p\u00e9n&#8217;s, penijr\u00f3s, pt\u00ed\u2021j\u00e9ia, pt\u00ed\u2021j\u00f3s, hust\u00e9r&#8217;ma, hust\u00e9r&#8217;sis). 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