{"id":3761,"date":"2016-02-05T00:03:26","date_gmt":"2016-02-05T05:03:26","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/reino\/"},"modified":"2016-02-05T00:03:26","modified_gmt":"2016-02-05T05:03:26","slug":"reino","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/reino\/","title":{"rendered":"REINO"},"content":{"rendered":"<p>v. Dominio, Imperio, Naci\u00f3n<br \/>\nExo 19:6 vosotros me ser\u00e9is un r de sacerdotes<br \/>\n1Sa 10:25 Samuel recit\u00f3 luego .. las leyes del r<br \/>\n18:8<\/p>\n<hr>\n<p>Reino    (heb. malk\u00fbth; aram. malk\u00fb; gr. basil\u00e9ia).  Estado de monarqu\u00ed\u00ada cuya cabeza es un rey.  El 1er reino mencionado en la Biblia es el de Nimrod (Gen 10:9, 10).  De acuerdo con la filosof\u00ed\u00ada de la historia presentada en la Biblia, los reinos y los reyes no surgen sencillamente por la voluntad o el poder del hombre, o el capricho de las circunstancias, sino por permiso y orden de Dios (Dan 2:20, 21; 4:25; cf 1Sa 28:17; 2Ch 1:9).  Una buena parte de la Biblia trata del reino de Israel, para el cual Dios dispuso que funcionara como m\u00e1s que una unidad pol\u00ed\u00adtica: hab\u00ed\u00ada de ser un \u00abreino de sacerdotes, y gente santa\u00bb (Exo 19:6).  Dios prometi\u00f3 establecer el reino de David y de Salom\u00f3n para siempre si los israelitas cooperaban con sus planes (2Sa 7:16; 1Ki 9:2-9; etc.).  Pero el pueblo fracas\u00f3 y el reino se dividi\u00f3 (1Ki 12:16, 17, 19), y m\u00e1s tarde los reinos divididos fueron llevados en cautiverio (2Ki 17:22, 23; 24:8-11; 2Ch 36:15-21).  Bajo la condici\u00f3n de una tard\u00ed\u00ada aceptaci\u00f3n del programa divino, Dios prometi\u00f3 el cumplimiento de sus promesas con respecto al reino de David despu\u00e9s del retorno de la cautividad (Eze_36; 37; cf Jer 18:7-10).  Otra vez el pueblo fall\u00f3, y se declar\u00f3 de ellos: \u00abEl reino de Dios ser\u00e1 quitado de vosotros, y ser\u00e1 dado a gente que produzca los frutos de \u00e9l\u00bb (Mat 21:43; v\u00e9ase UBA 4:27-40).  Cuando Juan el Bautista y Jes\u00fas llamaron a los jud\u00ed\u00ados al arrepentimiento en vista de que \u00abel reino de los cielos\u00bb se hab\u00ed\u00ada acercado (Mat 3:2; 4:17), estaban present\u00e1ndoles la oportunidad de ser ciudadanos del reino que el Mes\u00ed\u00adas hab\u00ed\u00ada venido a establecer.  La condici\u00f3n para la ciudadan\u00ed\u00ada era el arrepentimiento genuino y una conversi\u00f3n completa (Joh 3:3, 5).  Los principios que deb\u00ed\u00adan dirigir a los miembros 982 de este reino fueron presentados en el Serm\u00f3n del Monte y en otros discursos de Jes\u00fas (v\u00e9ase CBA 5:288, 289, 309).  El rechazo del Mes\u00ed\u00adas de parte de los jud\u00ed\u00ados origin\u00f3 las declaraciones llenas de tristeza registradas en Mat 23:37 y Luk 19:42, y la eliminaci\u00f3n del estatus espiritual que los jud\u00ed\u00ados ten\u00ed\u00adan.  La nueva naci\u00f3n a la que se le daba el \u00abreino de Dios\u00bb (Mat 21:43) era la iglesia cristiana.  Este reino, en su fase espiritual presente, ha de culminar con el futuro reino de gloria que se establecer\u00e1 en la 2\u00c2\u00aa venida de Cristo, cuando aparezca \u00aben su gloria, y todos los santos \u00e1ngeles con \u00e9l\u00bb (Mat 25:31) para llevar a sus s\u00fabditos con \u00e9l al cielo (1Th 4:16, 17; Joh 14:1-3; etc.) por 1.000 a\u00f1os.  Al fin del milenio este reino se establecer\u00e1 sobre la tierra.  Su capital ser\u00e1 la nueva Jerusal\u00e9n, donde Cristo \u00abreinar\u00e1 por los siglos de los siglos\u00bb (Rev_20; 21; cf 11:15).  Rejilla.  V\u00e9ase Enrejado.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Evang\u00e9lico<\/b><\/p>\n<p>Ver rey\/reino.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Digital, Grupo C Service &#038; Design Ltda., Colombia, 2003<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Digital<\/b><\/p>\n<p>El Reino de Dios es una peque\u00f1a semilla, que se coge y se siembra en el huerto. Es un poco de levadura que se esconde en la masa del mundo.      Sus caracter\u00ed\u00adsticas son las mismas de Jes\u00fas, y tienen que reflejarse en el disc\u00ed\u00adpulo y en la Iglesia que quiera dar testimonio de \u00e9l. Peque\u00f1o e insignificante desde el punto de vista mundano, despreciable desde el punto de vista religioso, Jes\u00fas \u00abse dej\u00f3 crucificar en su d\u00e9bil naturaleza humana\u00bb. Escondido en el sepulcro, hizo fermentar la tierra, la parti\u00f3 e hizo germinar en ella el gran \u00e1rbol de la vida, que ahora se levanta hasta el cielo.  La forma en la que Jes\u00fas realiza el Reino es la de la solidaridad y la compasi\u00f3n, que lo lleva a padecer con nosotros nuestro mismo mal. Esta forma revela su identidad y la verdad misma de Dios: la misericordia.  \u00bfEs \u00e9ste el tiempo del Reino? La pregunta significa tambi\u00e9n: \u00bfqu\u00e9 sentido tiene esta historia nuestra, que parece siempre la misma? \u00bfCu\u00e1l es la salvaci\u00f3n ofrecida a este mundo que est\u00e1 inmerso en el mal?  Jes\u00fas nos contesta. Y por primera vez nos dice: \u00abNo os toca a vosotros conocer los tiempos y los momentos que el Padre se ha reservado\u00bb. Eso significa que los tiempos y las oportunidades del Reino est\u00e1n totalmente en manos de aquel del que nos podemos fiar, porque es nuestro Padre y Se\u00f1or de lo creado. \u00c2\u00a1El Reino de Dios es de Dios y no del hombre! Baste esto para librarnos de toda tensi\u00f3n, de todo miedo.  Dios est\u00e1 antes que este mundo y que esta historia; s\u00f3lo \u00e9l la conoce hasta el fondo y la conduce en beneficio de todos sus hijos, a los que ama infinitamente. Hay que abandonar la idea de un    tiempo o de un momento privilegiado en el que empieza el Reino o se acaba el mundo.  El \u00fanico tiempo privilegiado es el que tenemos ahora: el momento presente, en el que estamos llamados a vivir como hijos y hermanos. El que sue\u00f1a con otros tiempos, le quita a la fe cristiana su conexi\u00f3n con la realidad.<\/p>\n<p> Carlo Mar\u00ed\u00ada Martini, Diccionario Espiritual, PPC, Madrid, 1997<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Espiritual<\/b><\/p>\n<p>Gobierno real; tambi\u00e9n, el territorio o Estado con sus habitantes sujetos a un rey o, con menor frecuencia, a una reina. La realeza sol\u00ed\u00ada ser hereditaria y en ocasiones el soberano hac\u00ed\u00ada uso de otros t\u00ed\u00adtulos, como Fara\u00f3n o C\u00e9sar.<br \/>\nAl igual que en la actualidad, los reinos antiguos ten\u00ed\u00adan diversos s\u00ed\u00admbolos de realeza. Sol\u00ed\u00adan contar con su propia ciudad capital, o lugar de residencia del rey, una corte real y un ej\u00e9rcito permanente (aunque en tiempos de paz su tama\u00f1o pod\u00ed\u00ada reducirse considerablemente). El uso que da la Biblia a la palabra \u2020\u0153reino\u2020\u009d no revela nada en concreto en cuanto al sistema de gobierno, el territorio que comprend\u00ed\u00ada o la autoridad del monarca. Los reinos variaban en extensi\u00f3n e influencia, desde las poderosas potencias mundiales de Egipto, Asiria, Babilonia, Medo-Persia, Grecia y Roma, hasta las peque\u00f1as ciudades-reinos, como las que hab\u00ed\u00ada en Cana\u00e1n durante la conquista israelita. (Jos 12:7-24.) El sistema de gobierno tambi\u00e9n difer\u00ed\u00ada notablemente de un reino a otro.<br \/>\nEl primer reino de la historia humana, el de Nemrod, al parecer era en sus inicios una ciudad-reino que con el tiempo extendi\u00f3 su dominio hasta incluir otras ciudades, aunque su sede continu\u00f3 en Babel. (G\u00e9 10:9-11.) Salem, el estado sobre el que gobern\u00f3 el rey sacerdote Melquisedec en el primer reino que cont\u00f3 con la aprobaci\u00f3n divina, parece que tambi\u00e9n era una ciudad-reino. (G\u00e9 14:18-20; comp\u00e1rese con Heb 7:1-17.) Los reinos m\u00e1s grandes abarcaban una regi\u00f3n entera, como suced\u00ed\u00ada con los de Edom, Moab y Amm\u00f3n. Los grandes imperios, que dominaban vastos territorios y ten\u00ed\u00adan reinos tributarios, al parecer sol\u00ed\u00adan surgir de la uni\u00f3n de varias ciudades-estados o tribus peque\u00f1as bajo un caudillo dominante. Tales confederaciones eran en ocasiones de naturaleza temporal, y en muchos casos se constitu\u00ed\u00adan con el fin de hacer frente a un enemigo com\u00fan. (G\u00e9 14:1-5; Jos 9:1, 2; 10:5.) Los reinos vasallos a menudo disfrutaban de considerable autonom\u00ed\u00ada, o gobierno propio, si bien estaban sujetos a la voluntad y exigencias del poder soberano. (2Re 17:3, 4; 2Cr 36:4, 10.)<\/p>\n<p>Uso extenso. En las Escrituras, el t\u00e9rmino \u2020\u0153reino\u2020\u009d puede hacer referencia a ciertos aspectos espec\u00ed\u00adficos del gobierno de un rey, as\u00ed\u00ad como tambi\u00e9n a la regi\u00f3n geogr\u00e1fica sobre la que ejerce su soberan\u00ed\u00ada. Por lo tanto, los dominios reales no consist\u00ed\u00adan solo en la ciudad capital, sino que abarcaban todo el territorio, incluidos los reinos tributarios o subordinados. (1Re 4:21; Est 3:6, 8.)<br \/>\nEn t\u00e9rminos generales, la palabra \u2020\u0153reino\u2020\u009d puede aplicar a cualquier gobierno humano o a todos ellos, sean o no monarqu\u00ed\u00adas. (Esd 1:2; Mt 4:8.)<br \/>\nAsimismo, puede significar gobernaci\u00f3n real, es decir, el puesto o posici\u00f3n real del rey (Lu 17:21), con su consiguiente dignidad, poder y autoridad. (1Cr 11:10; 14:2; Lu 19:12, 15; Rev 11:15; 17:12, 13, 17.) A los hijos del rey se les llama a veces \u2020\u0153la prole del reino\u2020\u009d. (2Re 11:1.)<\/p>\n<p>El reino de Israel. El pacto de la Ley que Dios dio a la naci\u00f3n de Israel mediante Mois\u00e9s sentaba las bases para una gobernaci\u00f3n real. (Dt 17:14, 15.) Al hombre que encabezaba el reino se le otorgaba dignidad real, no para su propia gloria, sino para que honrase a Dios y obrara para el beneficio de sus hermanos israelitas. (Dt 17:19, 20; comp\u00e1rese con 1Sa 15:17.) No obstante, cuando con el transcurso del tiempo los israelitas solicitaron un rey humano, el profeta Samuel les advirti\u00f3 de todo lo que tal monarca exigir\u00ed\u00ada al pueblo. (1Sa 8.) Parece ser que los reyes de Israel estaban mucho m\u00e1s cerca de sus s\u00fabditos que los gobernantes de la mayor\u00ed\u00ada de los reinos orientales. (2Sa 19:8; 1Re 20:39; 1Cr 15:25-29.)<br \/>\nAunque el reino de Israel comenz\u00f3 con un rey de la l\u00ed\u00adnea de Benjam\u00ed\u00adn, Jud\u00e1 pas\u00f3 despu\u00e9s a ser la tribu real, en cumplimiento de la profec\u00ed\u00ada que pronunci\u00f3 Jacob en su lecho de muerte. (1Sa 10:20-25; G\u00e9 49:10.) Se form\u00f3 una dinast\u00ed\u00ada real en la l\u00ed\u00adnea de David. (2Sa 2:4; 5:3, 4; 7:12, 13.) Cuando el reino fue \u2020\u02dcarrancado\u2020\u2122 del hijo de Salom\u00f3n, Rehoboam, diez tribus formaron un reino septentrional, mientras que Jehov\u00e1 retuvo una tribu, la de Benjam\u00ed\u00adn, que permaneci\u00f3 con Jud\u00e1 \u2020\u0153a fin de que David mi siervo contin\u00fae teniendo una l\u00e1mpara siempre delante de m\u00ed\u00ad en Jerusal\u00e9n, la ciudad que yo me he escogido para poner all\u00ed\u00ad mi nombre\u2020\u009d. (1Re 11:31, 35, 36; 12:18-24.) Aun cuando el reino de Jud\u00e1 cay\u00f3 ante los babilonios en 607 a. E.C., el derecho legal para gobernar pas\u00f3 a su heredero leg\u00ed\u00adtimo, el \u2020\u0153hijo de David\u2020\u009d, Jesucristo. (Mt 1:1-16; Lu 1:31, 32; comp\u00e1rese con Eze 21:26, 27.) Su Reino durar\u00ed\u00ada para siempre. (Isa 9:6, 7; Lu 1:33.)<br \/>\nIsrael configur\u00f3 una organizaci\u00f3n real con el fin de administrar los intereses del reino. Estaba compuesta de un grupo de consejeros y ministros de estado pr\u00f3ximos al rey (1Re 4:1-6; 1Cr 27:32-34), as\u00ed\u00ad como de diversos departamentos estatales dirigidos por sus respectivos encargados, que administraban las tierras de la corona, supervisaban la econom\u00ed\u00ada y recaudaban lo necesario para la corte. (1Re 4:7; 1Cr 27:25-31.)<br \/>\nAunque los reyes de Israel de la dinast\u00ed\u00ada dav\u00ed\u00addica ten\u00ed\u00adan la facultad de emitir \u00f3rdenes espec\u00ed\u00adficas, el poder legislativo resid\u00ed\u00ada en Dios. (Dt 4:1, 2; Isa 33:22.) El rey deb\u00ed\u00ada rendir cuentas en todo cuanto hac\u00ed\u00ada al verdadero Soberano y Se\u00f1or, Jehov\u00e1. Su mala conducta o rebeld\u00ed\u00ada supon\u00ed\u00ada el castigo divino. (1Sa 13:13, 14; 15:20-24.) En algunas ocasiones, Jehov\u00e1 mismo se comunicaba con el rey (1Re 3:5; 11:11), pero en otras le daba instrucciones y consejo o censura por medio de profetas nombrados. (2Sa 7:4, 5; 12:1-14.) El rey tambi\u00e9n pod\u00ed\u00ada pedir consejo a los ancianos. (1Re 12:6, 7.) Sin embargo, ni los profetas ni los ancianos ten\u00ed\u00adan autoridad para hacer cumplir al rey esas instrucciones o la censura, sino solo Jehov\u00e1.<br \/>\nCuando el rey y el pueblo se adher\u00ed\u00adan fielmente al pacto de la Ley de Dios, la naci\u00f3n disfrutaba de un grado de libertad, prosperidad material y paz interna, que no se pod\u00ed\u00adan comparar con las de los dem\u00e1s reinos. (1Re 4:20, 25.) Mientras Salom\u00f3n obedeci\u00f3 a Jehov\u00e1, el reino de Israel fue c\u00e9lebre y respetado, recibi\u00f3 tributo de numerosos reinos y se benefici\u00f3 de los recursos de muchas naciones. (1Re 4:21, 30, 34.)<br \/>\nLa realeza de Jehov\u00e1 Dios, aunque expresada por un tiempo de manera visible mediante el reino israelita, es de naturaleza universal. (1Cr 29:11, 12.) Sea que los pueblos y reinos de la humanidad lo reconozcan o no, su realeza es absoluta e inmutable, y su dominio leg\u00ed\u00adtimo abarca toda la Tierra. (Sl 103:19; 145:11-13; Isa 14:26, 27.) Debido a que es el Creador, Jehov\u00e1 ejerce su voluntad soberana en el cielo y sobre la Tierra seg\u00fan Sus designios y sin tener que rendir cuentas a ning\u00fan otro ser. (Jer 18:3-10; Da 4:25, 34, 35.) No obstante, siempre act\u00faa de acuerdo con sus normas justas. (Mal 3:6; Heb 6:17, 18; Snt 1:17.)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia<\/b><\/p>\n<p>malku\u00ed\u2020t (tWKl]m&#8217; , 4438), \u00abreino; reinado; gobierno\u00bb. El vocablo malku\u00ed\u2020t aparece 91 veces en el Antiguo Testamento hebreo y parece corresponder al hebreo b\u00ed\u00adblico tard\u00ed\u00ado. Se menciona por primera vez en Num 24:7 (rva): \u00abEl agua correr\u00e1 de sus baldes; su simiente tendr\u00e1 agua en abundancia. Su rey ser\u00e1 m\u00e1s grande que Agag; su reino ser\u00e1 enaltecido\u00bb. El vocablo malku\u00ed\u2020t denota: (1) el territorio de un reino: \u00abPara mostrar \u00e9l las riquezas de la gloria de su reino, el brillo y la magnificencia de su poder, por muchos d\u00ed\u00adas, ciento ochenta d\u00ed\u00adas\u00bb (Est 1:4); (2) acceso al trono: \u00abSi te quedas callada en este tiempo, el alivio y la liberaci\u00f3n de los jud\u00ed\u00ados surgir\u00e1n de otro lugar; pero t\u00fa y la casa de tu padre perecer\u00e9is. \u00c2\u00a1Y qui\u00e9n sabe si para un tiempo como este has llegado al reino!\u00bb (Est 4:14 rva); (3) a\u00f1o de gobierno: \u00abEster fue llevada al rey Asuero, a su palacio real en el mes d\u00e9cimo, el mes de Tebet, del s\u00e9ptimo a\u00f1o de su reinado\u00bb (Est 2:16 rva); y (4) cualquier cosa relacionada con un rey: trono (Est 1:2), vino (Est 1:7), corona (Est 1:11), decreto (Est 1:19), vestimenta (Est 6:8), casa real (Est 1:9), cetro (Psa 45:6) y gloria (Psa 145:11-12). Las traducciones de malku\u00ed\u2020t en la Septuaginta son: basileia (\u00abrealeza; reino; poder real\u00bb) y basileus (\u00abrey\u00bb). mamlakah (hk;l;m]m&#8217; , 4467), \u00abreino; soberan\u00ed\u00ada; dominio; reinado\u00bb. El vocablo se encuentra unas 115 veces en todo el Antiguo Testamento. Mamlakah se halla primero en Gen 10:10  \u00abY fue el comienzo [\u00abfueron las capitales\u00bb nbe] de su reino Babel, Erec, y Acad, y Calne, en la tierra de Sinar\u00bb. El significado b\u00e1sico de mamlakah tiene que ver con el territorio de un \u00abreino\u00bb. El t\u00e9rmino se refiere a naciones no israelitas gobernadas por un melek, \u00abrey\u00bb: \u00abAcontecer\u00e1 que al fin de los setenta a\u00f1os visitar\u00e1 Jehov\u00e1 a Tiro; y volver\u00e1 a comerciar, y otra vez fornicar\u00e1 con todos los reinos del mundo sobre la faz de la tierra\u00bb (Isa 23:17). Mamlakah sirve de sin\u00f3nimo de >am, \u00abgente\u00bb o \u00abpueblo\u00bb, y go\u00ed\u2020y, \u00abnaci\u00f3n\u00bb: \u00abCuando andaban de naci\u00f3n en naci\u00f3n, y de un reino a otro pueblo\u00bb (Psa 105:13 rva). Mamlakah tambi\u00e9n se\u00f1ala a Israel como el \u00abreino\u00bb de Dios: \u00abVosotros me ser\u00e9is un reino de sacerdotes y una naci\u00f3n santa\u00bb (Exo 19:6). El reino dav\u00ed\u00addico fue el agente teocr\u00e1tico por el que Dios reinaba sobre su pueblo y los bendec\u00ed\u00ada: \u00abTu casa y tu reino ser\u00e1n firmes para siempre delante de m\u00ed\u00ad, y tu trono ser\u00e1 estable para siempre\u00bb (2Sa 7:16). No obstante esto, el mamlakah unido se dividi\u00f3 despu\u00e9s de Salom\u00f3n en dos reinos que Ezequiel predijo se reunir\u00ed\u00adan: \u00abHar\u00e9 de ellos una sola naci\u00f3n en la tierra, en los montes de Israel, y todos ellos tendr\u00e1n un solo rey. Nunca m\u00e1s ser\u00e1n dos naciones, ni nunca m\u00e1s estar\u00e1n divididos en dos reinos\u00bb (Eze 37:22 rva). Similar al significado b\u00e1sico es el uso de mamlakah para denotar \u00abrey\u00bb, puesto que el rey se consideraba la personificaci\u00f3n del \u00abreino\u00bb. Se le ten\u00ed\u00ada por s\u00ed\u00admbolo del propio reino: \u00abAs\u00ed\u00ad ha dicho Jehov\u00e1 Dios de Israel: Yo saqu\u00e9 a Israel de Egipto, libr\u00e1ndoos de mano de los egipcios y de mano de todos los reinos que os oprimieron\u00bb (1Sa 10:18; en hebreo el nombre \u00abreinos\u00bb es femenino, pero el verbo \u00aboprimir\u00bb tiene una forma masculina, lo cual indica que \u00abreinos\u00bb significa \u00abreyes\u00bb). La funci\u00f3n y la posici\u00f3n de un rey es importante dentro del concepto de \u00abreino\u00bb. \u00abReino\u00bb puede indicar la cabeza del reino. El vocablo adem\u00e1s tiene el significado adicional de \u00abgobierno\u00bb real, \u00absoberan\u00ed\u00ada\u00bb real y \u00abdominio\u00bb. A Sa\u00fal se le retir\u00f3 la \u00absoberan\u00ed\u00ada\u00bb real (su \u00abreinado\u00bb) por su desobediencia (1Sa 28:17). Este concepto de la \u00absoberan\u00ed\u00ada\u00bb de un rey subyace en Jer 27:1  \u00abEn el principio del reinado de Joacim hijo de Jos\u00ed\u00adas\u00bb. Es m\u00e1s, el Antiguo Testamento define como manifestaciones de un \u00abreinado\u00bb todas las cosas que se asocian con un rey: (1) el trono: \u00abY suceder\u00e1 que cuando se siente sobre el trono de su reino, \u00e9l deber\u00e1 escribir para s\u00ed\u00ad en un pergamino una copia de esta ley, del rollo que est\u00e1 al cuidado de los sacerdotes levitas\u00bb (Deu 17:18 rva); (2) el santuario (pagano) patrocinado por un rey: \u00abY no profetices m\u00e1s en Bet-el, porque es santuario del rey, y capital del reino\u00bb (Am 7.13); y (3) una ciudad real: \u00abEntonces David dijo a Aquis: Si he hallado ahora gracia ante tus ojos, por favor, que se me d\u00e9 un lugar en alguna de las ciudades en el campo, para que habite all\u00ed\u00ad. \u00bfPor qu\u00e9 ha de habitar tu siervo contigo en la ciudad real?\u00bb (1Sa 27:5 rva). Todo dominio humano est\u00e1 bajo el control de Dios. Por consiguiente, el Antiguo Testamento reconoce plenamente el reinado de Dios. El Se\u00f1or gobern\u00f3 como rey sobre su pueblo Israel a trav\u00e9s de David y sus sucesores hasta el cautiverio (1Ch 29:11; 2Ch 13:5). En el Nuevo Testamento todos los significados analizados se asocian con el t\u00e9rmino griego basileia (\u00abreino\u00bb). As\u00ed\u00ad se traducen la mayor\u00ed\u00ada de los casos de mamlakah en la Septuaginta, por lo que no debe sorprender que los autores neotestamentarios usaran este vocablo para referirse al \u00abreino\u00bb de Dios: el dominio, el rey, su soberan\u00ed\u00ada y nuestra relaci\u00f3n con Dios mismo. melek (Jl,m, , 4428), \u00abrey\u00bb. El vocablo se encuentra unas 2.513 veces en el Antiguo Testamento. Varias de ellas en Gen 14:1  \u00abAconteci\u00f3 en los d\u00ed\u00adas de Amrafel rey de Sinar, de Arioc rey de Elasar, de Quedorlaomer rey de Elam, y de Tidal rey de Go\u00ed\u00adm\u00bb (rva).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Vine Antiguo Testamento<\/b><\/p>\n<p>\u00abEl reino de Dios est\u00e1 cerca\u00bb: tal es el objeto primero de la predicaci\u00f3n de Juan Bautista y de Jes\u00fas (Mt 3,1; 4,17). Para saber en qu\u00e9 consiste esta realidad misteriosa que Jes\u00fas vino a instaurar en la tierra, cu\u00e1l es su naturaleza y cu\u00e1les son sus exigencias, hay que dirigirse al NT. No obstante, el tema proviene del AT, que hab\u00ed\u00ada esbozado sus grandes l\u00ed\u00adneas al mismo tiempo que anunciaba y preparaba su venida.<\/p>\n<p>AT. La realeza divina es una idea com\u00fan a todas las religiones del antiguo Oriente. Las mitolog\u00ed\u00adas la utilizan para conferir un valor sagrado al *rey humano, lugarteniente terrestre del Dios-rey. Pero al adoptarla el AT le da un contenido particular, en relaci\u00f3n con su monote\u00ed\u00adsmo, su concepci\u00f3n del poder pol\u00ed\u00adtico, su escatolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>I. ISRAEL, REINO DE Dios. La idea de Yahveh-rey no aparece desde los comienzos del AT. El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob no tiene rasgos reales, ni siquiera cuando viene a revelar su *nombre a Mois\u00e9s (Ex 15,1&#8217;8). Pero despu\u00e9s de la instalac\u00f3n de Israel ,en Cana\u00e1n, se recurre muy pronto a esta representaci\u00f3n simb\u00f3lica para traducir la situaci\u00f3n respectiva de Yahveh y de su pueblo. Yahveh reina sobre Israel (Jue 8,23; ISa 8,7). Su *culto es un servicio que efect\u00faan ac\u00e1 en la tierra sus s\u00fabditos tomo all\u00e1 en el cielo los *\u00e1ngeles. Es \u00e9sta una idea fundamental que se descubre tanto en el lirismo cultual (Sal 24,7-10) como en los profetas (Is 6,1-5), y cuyos diferentes aspectos enumeran los autores sagrados. Yahveh reina para siempre (Ex 15,9), en el cielo (Sal 11,4; 103,19), en la tierra (Sal 47,3), en el universo que \u00e9l mismo ha creado (Sal 93,1s; 95,3ss). Reina sobre todas las *naciones (Jer 10,7.10). Sin embargo, hay entre ellas un *pueblo al que \u00e9l escogi\u00f3 como propiedad particular: es Israel, al que por la *alianza constituy\u00f3 en un \u00abreino de sacerdotes y en una naci\u00f3n consagrada\u00bb (Ex 19,6). El reinado de Yahveh se manifiesta, pues, especialmente en Israel, su reino. All\u00ed\u00ad reside el gran rey, en medio de los suyos, en *Jerusal\u00e9n (Sal 48,3; Jer 8,19); desde all\u00ed\u00ad les bendice (Sal 134,3), los gu\u00ed\u00ada, los protege, los re\u00fane, como hace un *pastor con su reba\u00f1o (Sal 80; cf. Ez 34). As\u00ed\u00ad la doctrina de la alianza halla una traducci\u00f3n excelente en el tema de la realeza divina, al que da un contenido completamente nuevo. Si, en efecto, el rey Yahveh de los Ej\u00e9rcitos (Is 6,5) reina sobre el mundo porque rige su curso, y sobre los acontecimientos porque los conduce y ejerce en ellos el *juicio, quiere que en su pueblo sea reconocido su reinado en forma efectiva por la observancia de su *ley. Esta exigencia primera da al reinado un car\u00e1cter moral, no pol\u00ed\u00adtico, que descuella sobre todas las representaciones de la realeza divina en la antig\u00fcedad.<\/p>\n<p>II. EL REINO DE Dios Y LA REALEZA ISRAELITA. Israel, reino de Dios, tiene, sin embargo, una estructura pol\u00ed\u00adtica que evoluciona con el tiempo. Pero cuando el pueblo se procura un *rey, la instauraci\u00f3n de esta realeza humana debe subordinarse a la realeza de Yahveh, convertirse en un \u00f3rgano de la teocracia fundada en la alianza. Este hecho explica por una parte la corriente de oposici\u00f3n que se manifiesta contra la monarqu\u00ed\u00ada (1Sa 8,1-7.19ss) y, por otra parte, la intervenci\u00f3n de los enviados divinos que manifiestan la elecci\u00f3n de Yahveh: en el caso de Sa\u00fal (10,24), de David (16,12), y finalmente de toda la dinast\u00ed\u00ada dav\u00ed\u00addica (2Sa 7,12-16). A partir de este momento el reino de Dios tiene por soporte temporal un reino humano, mezclado como todos sus vecinos en la pol\u00ed\u00adtica internacional. Desde luego, los reyes israelitas no ejercen una realeza ordinaria: detentan la realeza de Yahveh, al que deben servir (2Par 13,8; cf. IPar 28,5) y Yahveh mira a los descendientes de David como sus *hijos (2Sa 7,14; Sal 2,7). A pesar de todo, la experiencia de la monarqu\u00ed\u00ada es ambigua : la causa del reinado de Dios no coincide con las ambiciones terrestres de los reyes, sobre todo si desconocen la ley divina. Por eso los profetas hacen presente sin cesar la subordinaci\u00f3n del orden pol\u00ed\u00adtico al orden religioso; reprochan a los reyes sus pecados y anuncian los castigos que de ellos se seguir\u00e1n (ya 2Sa 12; 24,10-17). La historia del reino de Israel se escribe as\u00ed\u00ad con l\u00e1grimas y sangre, hasta el d\u00ed\u00ada en que la ruina de Jerusal\u00e9n venga definitivamente a rematar la experiencia, con gran desconcierto de los jud\u00ed\u00ados fieles (Sal 89,39-46). Esta ca\u00ed\u00adda de la dinast\u00ed\u00ada dav\u00ed\u00addica tiene por causa profunda la ruptura de los reyes humanos con el rey del que ten\u00ed\u00adan su poder (cf. Jer 10,21).<\/p>\n<p>III. EN ESPERA DEL REINADO FINAL DE YAHVEH. En el momento en que se derrumba la realeza israelita, los gu\u00ed\u00adas religiosos de la naci\u00f3n miran, m\u00e1s all\u00e1 de la \u00e9poca mon\u00e1rquica, hacia la teocracia original que quieren restaurar (cf. Ex 19,6), y los profetas anuncian que Israel, en los \u00faltimos tiempos, volver\u00e1 a recobrar sus rasgos. Cierto que en sus promesas reservan un lugar al *rey futuro, el *Mes\u00ed\u00adas, Hijo de David. Pero el tema de la realeza de Yahveh reviste en ellos una importancia mucho mayor, sobre todo a partir del fin del exilio. Yahveh, como un *pastor, va a ocuparse en persona de su reba\u00f1o para salvarlo, para reunirlo y de-volverlo a su tierra (Miq 2,13; Ez 34,11&#8230;; Is 40,9ss). La buena nueva por excelencia que se anuncia a Jerusal\u00e9n es: \u00abTu Dios reina\u00bb (Is 52, 7; cf. Sof 3,14s). Y se prev\u00e9 una extensi\u00f3n progresiva de este reinado a la tierra entera: de todas partes vendr\u00e1n gentes a Jerusal\u00e9n a adorar al rey Yahveh (Zac 14,9; Is 24:23).<\/p>\n<p>Trasladando al plano cultual estas promesas radiantes y orquestando los temas de ciertos salmos m\u00e1s antiguos, el lirismo postex\u00ed\u00adlico canta por adelantado el reinado escatol\u00f3gico de Dios: reinado universal, proclamado y reconocido en todas las naciones, manifestado por el *juicio di-vino (Sal 47; 96-99; cf. 145,I1ss). Finalmente, a la hora de la persecuci\u00f3n de Ant\u00ed\u00adoco Ep\u00ed\u00adfanes, el apocalipsis de Daniel viene a renovar solemnemente promesas prof\u00e9ticas. El reinado trascendente de Dios va a instaurarse sobre las ruinas de los imperios humanos (Dan 2,44&#8230;). El s\u00ed\u00admbolo del *Hijo del hombre viniendo sobre las nubes del cielo sirve para evocarlo, por contraste con las *bestias que representan a los pode-res pol\u00ed\u00adticos de ac\u00e1 abajo (Dan 7). Su venida ir\u00e1 acompa\u00f1ada de un *juicio, despu\u00e9s de lo cual la realeza ser\u00e1 dada para siempre al Hijo del Hombre y al pueblo de los santos del Alt\u00ed\u00adsimo (7,14.27). El reinado de Yahveh tomar\u00e1, pues, todav\u00ed\u00ada la forma concreta de un reino, cuyo depositario ser\u00e1 este *pueblo (cf. lux 19, 6); pero el reino no ser\u00e1 ya de \u00abeste mundo\u00bb. A tal promesa hace eco el libro de la Sabidur\u00ed\u00ada: despu\u00e9s del juicio los justos \u00abmandar\u00e1n a las naciones y dominar\u00e1n a los pueblos, y el Se\u00f1or reinar\u00e1 sobre ellos para siempre\u00bb (Sab 3,8).<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de siglos de preparaci\u00f3n el pueblo jud\u00ed\u00ado vivir\u00e1 en adelante en la espera del reinado, como lo muestra la literatura no can\u00f3nica. Con frecuencia se concreta esta es-pera en forma pol\u00ed\u00adtica: se espera la restauraci\u00f3n del reino dav\u00ed\u00addico por el *Mes\u00ed\u00adas. Pero ias almas m\u00e1s religiosas saben ver en ello una realidad esencialmente interior: obedeciendo a la ley, ense\u00f1an los rabinos, es como \u00abel justo toma sobre s\u00ed\u00ad el yugo del reino de los cielos\u00bb. Tal es la esperanza, fuerte, pero todav\u00ed\u00ada ambigua, a que va a responder el Evangelio del reino.<\/p>\n<p>NT. EL EVANGELIO DEL REINO DE Dios. 1. Jes\u00fas da al reino de Dios el primer puesto en su predicaci\u00f3n. Lo que anuncia en los pueblos de Galilea es la buena nueva del reino (Mt 4,23; 9,35). \u00abReino de Dios\u00bb, escribe Marcos; \u00abreino de los cielos\u00bb, escribe Mateo conform\u00e1ndose a los usos del lenguaje rab\u00ed\u00adnico : las dos expresiones son equivalentes. Los milagros, que acompa\u00f1an a la predicaci\u00f3n, son los signos de la presencia del reino y hacen entrever su significado. Con su venida llega a su fin el dominio de *Sat\u00e1n, del *pe-cado y de la *muerte sobre los hombres: \u00abSi yo lanzo los *demonios por el Esp\u00ed\u00adritu de Dios, ha llegado, pues, a vosotros el reino de Dios\u00bb (Mt 12,28). De ah\u00ed\u00ad se sigue que es necesaria una decisi\u00f3n: hay que *convertirse, abrazar las exigencias del reino para convertirse en *disc\u00ed\u00adpulo de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>2. Los ap\u00f3stoles, en vida de su maestro, reciben misi\u00f3n de proclamar por su parte este *Evangelio del reino (Mt 10,7). En consecuencia, despu\u00e9s de pentecost\u00e9s es el reino el tema central de la predicaci\u00f3n evang\u00e9lica, incluso en san Pablo (Act 19, 8; 20,25; 28,23.31). Si los fieles que se convierten sufren mil tribulaciones, es \u00abpara entrar en el reino de Dios\u00bb (Act 14,22), pues Dios \u00ablos llama a su reino y a su gloria\u00bb (lTes 2,12). S\u00f3lo que ahora ya el *nombre de Jesucristo se a\u00f1ade al reino de Dios para constituir el objeto completo del Evangelio (Act 8,12): hay que creer en Jes\u00fas para tener acceso al reino.<\/p>\n<p>II. Los MISTERIOS DEL REINO DE Dios. El reino de Dios es una realidad misteriosa, cuya naturaleza s\u00f3lo Jes\u00fas puede dar a conocer. Y no la revela, sino a los humildes y a los peque\u00f1os, no a los sabios y a los prudentes de este mundo (Mt 11,25), a sus *disc\u00ed\u00adpulos, no a las gentes de fuera, para quienes todo es enigm\u00e1tico (Mc 4,11 p). La pedagog\u00ed\u00ada de los evangelios est\u00e1 constituida en gran parte por la revelaci\u00f3n progresiva de los *misterios del reino, particularmente en las *par\u00e1bolas. Despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n se completar\u00e1 esta pedagog\u00ed\u00ada (Act 1,3) y la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo la terminar\u00e1 (cf. Jn 14,26; 16,13ss).<\/p>\n<p>1. Las paradojas del reino. El juda\u00ed\u00adsmo, tomando al pie de la letra los or\u00e1culos escatol\u00f3gicos del AT, se representaba la venida del reino como algo fulgurante e inmediato. Jes\u00fas lo entiende de otra manera. El reino viene cuando se dirige a los hombres la *palabra de Dios; debe crecer, como una *semilla depositada en la tierra (Mt 13,3-9.18-23 p). *Crecer\u00e1 por su propio poder, como el grano (Mc 4,26-29). Levantar\u00e1 al mundo, como la levadura puesta en la masa (Mt 13,33 p). Sus humildes comienzos contrastan as\u00ed\u00ad con el porvenir que se le promete. En efecto, Jes\u00fas no dirige la palabra sino a los jud\u00ed\u00ados de Palestina; y aun entre ellos, s\u00f3lo \u00abse da el reino\u00bb a la \u00abpeque\u00f1a grey\u00bb de los disc\u00ed\u00adpulos (Lc 12,32). Pero el mismo reino debe convertirse en un gran *\u00e1rbol donde aniden las aves del cielo (Mt 13,31s p); acoger\u00e1 a todas las *naciones en su seno, pues no est\u00e1 ligado con ninguna de ellas, ni siquiera con elpueblo *jud\u00ed\u00ado. Existiendo en la tierra en la medida en que la *palabra de Dios es acogida por los hombres (cf. Mt 13,23), podr\u00ed\u00ada pasar por una realidad invisible. En realidad, su venida no se deja observar como un fen\u00f3meno cualquiera (Lc 17,20s). Y sin embargo se manifiesta al exterior como el trigo mezclado con la ciza\u00f1a en un campo (Mt 13,24&#8230;). La \u00abpeque\u00f1a grey\u00bb a la que se da el reino (Le 12,32) le confiere una fisonom\u00ed\u00ada terrestre, la de un nuevo *Israel, de una *Iglesia fundada sobre *Pedro; y \u00e9ste recibe incluso \u00ablas llaves del reino de los cielos\u00bb (Mt 16,18s). \u00danicamente hay que notar que esta estructura terrena no es la de un reino humano: Jes\u00fas se sustrae cuando quieren hacerlo *rey (Jn 6,15), y s\u00f3lo en un sentido muy particular deja que le den el t\u00ed\u00adtulo de *Mes\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>2. Las fases sucesivas del reino. Si el reino est\u00e1 llamado a crecer, esto supone que debe contar con el tiempo. Cierto que, en un sentido, se han cumplido los *tiempos y el reino est\u00e1 presente; desde Juan Bautista est\u00e1 abierta la era del reino (Mt 11,12s p); es el tiempo de las nupcias (Mc 2,19 p; cf. Jn 2,1-11) y de la *siega (Mt 9,37ss p; cf. Jn 4,35). Pero las par\u00e1bolas de *crecimiento (la semilla, el grano de mostaza, la levadura, la ciza\u00f1a y el buen grano, la pesca: cf. Mt 13) dejan entrever un espacio entre la inauguraci\u00f3n hist\u00f3rica del reino y su realizaci\u00f3n perfecta. Despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, la disociaci\u00f3n de su entrada en la gloria y su retorno como juez (Act 1,9ss) acabar\u00e1 de revelar la naturaleza de este tiempo intermedio: ser\u00e1 el tiempo del *testimonio (Act 1,8; Jn 15,27), el tiempo de la Iglesia. Al final de este tiempo ser\u00e1 el advenimiento del reino en su plenitud (cf. Lc 21,31): entonces se consumar\u00e1 la *pascua (Le 22,14ss), tendr\u00e1 lugar la *comida escatol\u00f3gica 22,17s) en la que los invitados venidos de todas partes tendr\u00e1n fiesta con los patriarcas (Lc 13,28s p; cf. 14,15; Mt 22,2-10; 25,10). Este reino, llegado a su consumaci\u00f3n, est\u00e1n llamados a \u00abheredarlo\u00bb los fieles (Mt 25,34), despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n y la transformaci\u00f3n de sus cuerpos (1 Cor 15,50; cf. 6,10; G\u00e1l 5,21; Ef 5,5). Hasta entonces suspiran por su venida: \u00ab\u00c2\u00a1Venga tu reino!\u00bb (Mt 6,10 p).<\/p>\n<p>3. El acceso de los hombres al reino. El reino es el don de Dios por excelencia, el valor esencial que hay que adquirir a costa de todo lo_que se posee (Mt 13,44ss). Pero para recibirlo hay que llenar ciertas condiciones. No ya que se lo. pueda en modo alguno considerar cmo un salario debido en justicia: libremente contrata Dios a los hombres en su *vi\u00f1a y da a sus obreros lo que le parece bien darles (Mt 20,1-16). Sin embargo, si bien todo es gracia, los hombres deben responder a la *gracia: los pecadores endurecidos en el mal \u00abno heredar\u00e1n el reino de Cristo y de Dios\u00bb (lCor 6,9s; G\u00e1l 5,21; Ef 5,5; cf. Ap 22,14s). Un alma de *pobre (Mt 5,3 p), una actitud de*ni\u00f1o (Mt 18,1-4 p; 19,14), una b\u00fasqueda activa del reino y de su *justicia (Mt 6,33), el soportar las *persecuciones (Mt 5,10 p; Act 14,22; 2Tes 1,5), el sacrificio de todo lo que se posee (Mt 13,44ss; cf. 19,23 p), una perfecci\u00f3n m\u00e1s grande que la de los *fariseos (Mt 5,20), en una palabra, el cumplimiento de la *voluntad del Padre (Mt 7,21), especialmente en materia de caridad fraterna (Mt 25,34): todo esto se pide a quien quiera entrar en el reino y heredarlo finalmente. Porque si todos son llamados a \u00e9l, no todos ser\u00e1n *elegidos: se expulsar\u00e1 al comensal que no lleve el vestido nupcial (Mt 22,11-14). En un principio se requiere una conversi\u00f3n (cf. Mt 18, 3), un nuevo *nacimiento, sin el cual no se puede \u00abver el reino de Dios\u00bb (Jn 3,3ss). La pertenencia al pueblo jud\u00ed\u00ado no es ya una condici\u00f3n necesaria, como lo era en el AT: \u00abmuchos vendr\u00e1n de Oriente y Occidente y se sentar\u00e1n a la mesa en el reino de los cielos, mientras que los s\u00fabditos del reino ser\u00e1n &#8216;lanzados fuera&#8230;\u00bb (Mt 8,11s p). Perspectiva de *juicio, que ciertas par\u00e1bolas presentan en forma concreta: separaci\u00f3n de la ciza\u00f1a y del buen grano (Mt 13,24-30), selecci\u00f3n de los peces (Mt 13,47-50), rendici\u00f3n de cuentas (Mt 20,8-15; 25,15-30): todo esto constituye una exigencia de *vigilancia (Mt 25,1-13).<\/p>\n<p>III. EL REINO DE DIOS Y LA REALEZA DE JES\u00daS. En el NT los dos temas del reino de Dios y de la realeza mesi\u00e1nica se unen en la forma m\u00e1s estrecha, porque el rey-Mes\u00ed\u00adas es el mismo Hijo de Dios. Este puesto de Jes\u00fas en el centro del misterio del reino se descubre en las tres etapas por las que \u00e9ste debe pasar: la vida terrena de Jes\u00fas, el tiempo de la Iglesia y la consumaci\u00f3n final de las cosas.<\/p>\n<p>1. Durante su vida terrenal se muestra Jes\u00fas muy reservado respecto al t\u00ed\u00adtulo de *rey. Si lo acepta en cuanto t\u00ed\u00adtulo mesi\u00e1nico que responde a las promesas prof\u00e9ticas (Mt 21,1-11 p), tiene necesidad de despojarlo de sus resonancias pol\u00ed\u00adticas (cf. Lc 23,2), a fin de revelar la realeza \u00abque no es de este mundo\u00bb y que se manifiesta por el testimonio prestado a la verdad (Jn 18; 36s). Por el contrario, no vacila en identificar la causa del reino de Dios con la suya propia: dejar todo por el reino de Dios (Lc 18,29) es dejarlo todo \u00abpor su *nombre\u00bb (Mt 19,29; cf. Me 10,29). Describiendo por adelantado la recompensa escatol\u00f3gica que aguarda a los hombres, identifica el \u00abreino del *Hijo del hombre\u00bb con el \u00abreino del Padre\u00bb (Mt 13,41ss), y asegura a sus ap\u00f3stoles que dispone para ellos del reino como el Padre lo ha dispuesto para \u00e9l (Le 22,29s).<\/p>\n<p>2. Su entronizaci\u00f3n regia no tiene lugar, sin embargo, sino a la hora de su *resurrecci\u00f3n: entonces es cuando toma asiento en el trono mismo de su Padre (Ap 3,21) y es exaltado a la diestra de Dios (Act 2,30-35). A todo lo largo del tiempo de la Iglesia, la realeza de Dios se ejerce as\u00ed\u00ad sobre los hombres por medio de la realeza de Cristo, *se\u00f1or universal (Flp 2,11); porque el Padre constituy\u00f3 a su Hijo \u00abrey de los reyes y se\u00f1or de los se\u00f1ores\u00bb (Ap 19,16; 17,14; cf. 1,5).<\/p>\n<p>3. Al final de los tiempos, Cristo vencedor de todos sus enemigos \u00abentregar\u00e1 la realeza a Dios Padre\u00bb (1 Cor 15,24). Entonces esta realeza quedar\u00e1 plenamente adquirida para nuestro Se\u00f1or y para su Cristo)) (Ap 11,15; 12,10), y los fieles recibir\u00e1n \u00abla herencia en el reino de Cristo y de Dios\u00bb (Ef 5,5). As\u00ed\u00ad es como Dios, se\u00f1or de todo, tomar\u00e1 plenamente posesi\u00f3n de su reinado (Ap 19,6). Los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas ser\u00e1n llamados a compartir la gloria y el reinado (Ap 3,21), porque desde la tierra ha hecho Jes\u00fas de ellos \u00abun reino de sacerdotes para su Dios y Padre\u00bb (Ap 1,6; 5,10; iPe 2,9; cf. Ex 19,6).<\/p>\n<p>-> Cielo &#8211; Iglesia &#8211; Rey &#8211; Tierra.<\/p>\n<p>LEON-DUFOUR, Xavier, Vocabulario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, Herder, Barcelona, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Vocabulario de las Ep\u00edstolas Paulinas<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>v. Dominio, Imperio, Naci\u00f3n Exo 19:6 vosotros me ser\u00e9is un r de sacerdotes 1Sa 10:25 Samuel recit\u00f3 luego .. las leyes del r 18:8 Reino (heb. malk\u00fbth; aram. malk\u00fb; gr. basil\u00e9ia). Estado de monarqu\u00ed\u00ada cuya cabeza es un rey. El 1er reino mencionado en la Biblia es el de Nimrod (Gen 10:9, 10). De acuerdo &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/reino\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abREINO\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-3761","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3761","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3761"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3761\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3761"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3761"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3761"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}