{"id":3776,"date":"2016-02-05T00:04:00","date_gmt":"2016-02-05T05:04:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/resurreccion\/"},"modified":"2016-02-05T00:04:00","modified_gmt":"2016-02-05T05:04:00","slug":"resurreccion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/resurreccion\/","title":{"rendered":"RESURRECCION"},"content":{"rendered":"<p>Mat 22:23; Mar 12:18; Luk 20:27 los saduceos, que dicen que no hay r<br \/>\nMat 22:30 porque en la r ni se casar\u00e1n ni se dar\u00e1n<br \/>\nMat 27:53 despu\u00e9s de la r de \u00e9l, vinieron a la<br \/>\nLuk 14:14 pero te ser\u00e1 recompensado en la r de<br \/>\nJoh 5:29 saldr\u00e1n a r de vida .. a r de condenaci\u00f3n<br \/>\nJoh 11:25 dijo Jes\u00fas: Yo soy la r y la vida; el que<br \/>\nAct 1:22 sea hecho testigo con nosotros, de su r<br \/>\nAct 2:31 habl\u00f3 de la r de Cristo, que su alma no<br \/>\nAct 4:2 anunciasen en Jes\u00fas la r de entre los<br \/>\nAct 4:33 daban testimonio de la r del Se\u00f1or Jes\u00fas<br \/>\nAct 17:32 cuando oyeron lo de la r de los muertos<br \/>\nAct 23:6; 24:21<\/p>\n<hr>\n<p>Resurrecci\u00f3n    (gr. an\u00e1stasis, \u00ablevantarse\u00bb, \u00abresurrecci\u00f3n\u00bb; exan\u00e1stasis, \u00ablevantarse de [la tumba]\u00bb; \u00e9guersis, \u00ablevantarse\u00bb, \u00abresurrecci\u00f3n\u00bb).  Restauraci\u00f3n de la vida, junto con la plenitud del ser y la personalidad, posterior a la muerte.  El efecto final del pecado es la muerte (Rom 6:23), y \u00abtodos pecaron\u00bb (3:23); la salvaci\u00f3n del pecado es la vida eterna (Joh 3:14-17). Pero una vez que ocurri\u00f3 la muerte, debe haber una resurrecci\u00f3n de los muertos, para que el que encontr\u00f3 la liberaci\u00f3n del pecado mediante Jesucristo pueda tener vida eterna.  Por ello, el cristiano devoto pone la mira en la \u00abesperanza de la vida eterna\u00bb prometida \u00abantes del principio de los siglos\u00bb (Tit. 1:2; cf 3:7).  Por cuanto no se la expl\u00ed\u00adcita en ninguno de los 5 libros de Mois\u00e9s, los saduceos rechazaron la doctrina de la resurrecci\u00f3n (Mat 22:23; Act 23:8).  Por otro lado, los fariseos y otros jud\u00ed\u00ados generalmente cre\u00ed\u00adan en \u00abuna resurrecci\u00f3n de los muertos, as\u00ed\u00ad de justos como de injustos\u00bb (Act 24:15; cf 23:6-8).  Aunque est\u00e1 mencionada impl\u00ed\u00adcitamente, y algunas veces tambi\u00e9n expl\u00ed\u00adcitamente (Job 14:13-15; 19:25-27; Psa 16:11; 17:15; 49:15; 73:24; Isa 26:19; Dan 12:2), no fue hasta tiempos del NT cuando la resurrecci\u00f3n de Jesucristo hizo de la doctrina una realidad concreta, y la ense\u00f1anza sobre este important\u00ed\u00adsimo tema lleg\u00f3 a ser clara y completa (1Co 15:3-56; 1Th 4:13-17; Rev 20:4-6, 11-15; cf Mat 22:23-33; Joh 5:25-29; 11:23-26).  En realidad, sin la esperanza de la resurrecci\u00f3n, todo el andamiaje de la fe cristiana se desploma (1Co 15:14-19).  La declaraci\u00f3n de Isa\u00ed\u00adas: \u00abTus muertos vivir\u00e1n; sus cad\u00e1veres resucitar\u00e1n\u00bb (Isa 26:19), es la 1\u00c2\u00aa declaraci\u00f3n clara y sin ambig\u00fcedades con respecto a la resurrecci\u00f3n como tal, aun cuando Job, mucho antes, hab\u00ed\u00ada esperado con fe y esperanza este gran evento (Job 14:13-17; 19:25-27).  La 1\u00c2\u00aa afirmaci\u00f3n expl\u00ed\u00adcita de que algunos imp\u00ed\u00ados, por lo menos, como tambi\u00e9n algunos justos, se levantar\u00e1n de la muerte se encuentra en Dan 12:2  Comparado con el NT, el AT tiene pocas y muy breves referencias al tema, sin duda porque esta gran verdad no fue claramente comprendida antes que la resurrecci\u00f3n de nuestro Se\u00f1or demostrara la posibilidad y la realidad de la resurrecci\u00f3n.  Jes\u00fas siempre destac\u00f3 en sus ense\u00f1anzas la vida futura como premio por el bien hacer (Mat 16:27: 25:31-46; Luk 16:19-31; etc.).  Al dirigirse a un fariseo explic\u00f3 que la recompensa por un inter\u00e9s compasivo ante las necesidades de sus semejantes la concretar\u00ed\u00ada Dios \u00aben la resurrecci\u00f3n de los justos\u00bb (Luk 14:12- 14).  Hablando a algunos dirigentes jud\u00ed\u00ados declar\u00f3 que vendr\u00ed\u00ada la hora en que \u00ablos muertos oir\u00e1n la voz del Hijo de Dios: y los que la 986 oyeren vivir\u00e1n\u00bb (Joh 5:25).  En realidad, \u00abtodos los que est\u00e1n en los sepulcros oir\u00e1n su voz; y los que hicieron lo bueno, saldr\u00e1n a resurrecci\u00f3n de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrecci\u00f3n de condenaci\u00f3n\u00bb (vs 28, 29).  La certeza de la resurrecci\u00f3n de Cristo dio poder y precisi\u00f3n a la predicaci\u00f3n del evangelio (cf Phi 3:10, 11).  Pedro afirm\u00f3 que \u00abla resurrecci\u00f3n de Jesucristo de los muertos\u00bb produce \u00abuna esperanza viva\u00bb en los creyentes (1Pe 1:3).  Los ap\u00f3stoles se consideraron ordenados para ser testigos \u00abde su resurrecci\u00f3n\u00bb (Act 1:22), y basaron sus ense\u00f1anzas de ella sobre las predicciones mesi\u00e1nicas del AT (2:31).  Fue su conocimiento personal de \u00abla resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or Jes\u00fas\u00bb lo que dio \u00abgran poder\u00bb a su testimonio (4:33). Los ap\u00f3stoles despertaron la oposici\u00f3n de los dirigentes jud\u00ed\u00ados cuando salieron a predicar \u00aben Jes\u00fas la resurrecci\u00f3n de entre los muertos\u00bb (v 2).  Para los filos\u00f3ficos griegos la idea de una \u00abresurrecci\u00f3n de los muertos\u00bb era locura (17:18, 32).  Cuando fue llevado ante el Sanedr\u00ed\u00adn, Pablo declar\u00f3 que por causa de su \u00abesperanza y de la resurrecci\u00f3n de los muertos\u00bb se lo juzgaba (23:6; cf 24:21).  A los romanos, Pablo escribi\u00f3 que Jesucristo fue \u00abdeclarado Hijo de Dios con poder&#8230; por la resurrecci\u00f3n de entre los muertos\u00bb (Rom 1:4).  En el bautismo, explic\u00f3, el cristiano da testimonio de su fe en la resurrecci\u00f3n de Cristo (6:4, 5).  El gran cap\u00ed\u00adtulo sobre el tema en el NT se encuentra en 1Co_15  All\u00ed\u00ad Pablo trata extensamente acerca de su certeza y su importancia vital en la creencia y la fe cristianas (vs 1-22), de la \u00e9poca del suceso (v 23), y de la forma (vs 35-56).  Comienza su estudio enumerando los testigos de la resurrecci\u00f3n de nuestro Se\u00f1or (vs 4-8), y sigue mostrando que el evangelio de Cristo ser\u00ed\u00ada totalmente vano y la fe cristiana tambi\u00e9n vana (v 14) \u00absi Cristo no resucit\u00f3\u00bb y \u00absi no hay resurrecci\u00f3n de los muertos\u00bb (vs 14, 13).  Afirma que los justos vuelven a la vida sobre la base de la anterior de Cristo, siendo aquello tan seguro como \u00e9sta (vs 13-22).  \u00abLos que son de Cristo\u00bb ser\u00e1n \u00abvivificados\u00bb \u00aben su venida\u00bb (vs 23, 22).  Afirma que el cuerpo resucitado ser\u00e1 un \u00abcuerpo espiritual\u00bb, que diferir\u00e1 en ciertos aspectos esenciales de nuestro cuerpo actual, pero que de todos modos ser\u00e1 real (vs 35-44, 49, 50).  En los vs 51-54 ense\u00f1a que el cambio de mortalidad a inmortalidad ocurrir\u00e1 en la resurrecci\u00f3n y ser\u00e1 instant\u00e1neo.  Juan el Revelador habla de que los justos muertos vuelven a la vida y reinan con Cristo durante 1.000 a\u00f1os (Rev 20:4-6), y que los imp\u00ed\u00ados muertos resurgen al final del milenio (vs 5, 12, 13) para comparecer en el juicio ante Dios (vs 11, 13, 15).  V\u00e9anse Alma; Milenio; Muerte.  Bib.: FJ-AJ xviii. 1.4.  Retama.  Traducci\u00f3n del: 1. Heb. ar\u00e2r, quiz\u00e1s una especie de jun\u00ed\u00adpero, en vez de la retama verdadera, la mayor\u00ed\u00ada de cuyas variedades no se ven en Palestina (Jer 17:6).  Este jun\u00ed\u00adpero, o cedro de bayas pardas, es una planta que rara vez alcanza una altura de m\u00e1s de 6 m aun en las mejores tierras.  Generalmente se lo encuentra en las partes est\u00e9riles y rocosas de los desiertos o en vallecitos monta\u00f1osos inaccesibles.  La apariencia del arbusto y su h\u00e1bitat sirven como una poderosa ilustraci\u00f3n de la desolaci\u00f3n que experimenta quien pone su confianza en el hombre.  2. Heb. ar\u00f4\u00ear, \u00abAroer\u00bb, o \u00abjun\u00ed\u00adpero\u00bb (v\u00e9ase arriba; Jer 48:6); sin embargo, la LXX traduce \u00abasno silvestre\u00bb el heb. ar\u00f4d, que en el contexto resulta m\u00e1s apropiada y que la BJ incorpora (\u00abonagro\u00bb).  Algunos eruditos creen ver en ar\u00e2r y ar\u00f4\u00ear al Juniperus phoenicia, un arbusto que forma grupos de plantas en las regiones des\u00e9rticas de Sina\u00ed\u00ad y Edom (Jer 17:6; 48:6).  Sus hojas son diminutas, como laminitas delgadas, y tiene peque\u00f1os conos redondos de color tostado.  Algunos investigadores lo confundieron con el brezo, pero ning\u00fan brezal crece en el desierto.  3. Heb. r\u00f4them, un arbusto cupres\u00e1ceo (tambi\u00e9n llamado enebro*) de ramas muy abiertas, hojas punzantes en verticilos triples y g\u00e1lbulas carnosas con semillas del tama\u00f1o de un guisante.  Bib.: PB 121, 122.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Evang\u00e9lico<\/b><\/p>\n<p>(gr., anastasis, levantamiento, egersis, un levantarse). Es un regreso a la vida posterior a la muerte. El negar la resurrecci\u00f3n es, en el pensamiento b\u00ed\u00adblico, el negar cualquiera inmortalidad digna del car\u00e1cter de nuestra fe en Dios (Mat 22:31-32; Mar 12:26-27; Luk 20:37-38). Entre la muerte y la resurrecci\u00f3n, el hombre en el estado intermedio est\u00e1 incompleto y espera la redenci\u00f3n de nuestros cuerpos (Rom 8:23; comparar 2Co 5:3 ss.; Rev 6:9-11).<\/p>\n<p>En el AT, el pasaje m\u00e1s expl\u00ed\u00adcito sobre la resurrecci\u00f3n es Dan 12:2. Casi igualmente expl\u00ed\u00adcito es Isa 26:19. En su contexto, este v. es paralelo a los vv. 11-15 (comparar Job 19:23-27).<\/p>\n<p>La doctrina de la resurrecci\u00f3n consta claramente en su forma m\u00e1s sencilla en las palabras de Pablo ante la corte de ley romana presidida por F\u00e9lix (Act 24:15). La declaraci\u00f3n m\u00e1s detallada de la doctrina de la doble resurrecci\u00f3n se encuentra en Rev 20:4-15.<\/p>\n<p>En las palabras de Jes\u00fas, la \u00fanica alusi\u00f3n clara a la doble resurrecci\u00f3n se encuentra en Joh 5:25, Joh 5:28-29. Algunos eruditos ven en 1Th 4:16-17 una implicaci\u00f3n de que los muertos quienes no est\u00e1n en Cristo no ser\u00e1n levantados al mismo tiempo como los redimidos. Esta es posiblemente tambi\u00e9n la implicaci\u00f3n de 1Co 15:20-28. Con 1Co 15:23, Pablo comienza una enumeraci\u00f3n de tres \u00f3rdenes de resurrecci\u00f3n, una de la cuales, la resurrecci\u00f3n de Cristo, es del pasado. La segunda y tercera orden de resurrecci\u00f3n de Pablo coincide con la futura primera resurrecci\u00f3n de Juan y su resurrecci\u00f3n de los dem\u00e1s muertos (Rev 20:4-15).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Mundo Hispano<\/b><\/p>\n<p>(volver a la vida).<\/p>\n<p> La Biblia habla de 2 clases de \u00abmuertes\u00bb, y 2 clases de \u00abresurrecciones\u00bb.<\/p>\n<p> 1- Una \u00abmuerte\u00bb es la separaci\u00f3n del alma y del cuerpo, con la corrupci\u00f3n del cuerpo.<\/p>\n<p> 2- Otra clase de \u00abmuerte\u00bb es la separaci\u00f3n del hombre de Dios, la que les ocurri\u00f3 a Ad\u00e1n y Eva cuando pecaron: (Gen 2:17, Gen 3:6-7); Ad\u00e1n y Eva \u00abmurieron\u00bb cuando comieron el fruto prohibido, pero no murieron a la vida, sino que murieron a la amistad de Dios; es la muerte que nos ocurre a todos cuando pecamos: (es la primera muerte).<\/p>\n<p> 1- La Primera Resurrecci\u00f3n, de que habla Rev 20:5, la explica Jua 5:24 : Es el pasar del pecado: (en enemistad con Dios) a la gracia: (en amistad con Dios), y ocurre por la fe. El que cree, tiene la vida eterna, porque pas\u00f3 de la muerte a la vida: (Jua 5:24).<\/p>\n<p> 2- La Segunda Resurrecci\u00f3n, la explica a continuaci\u00f3n Jua 5:28-29 : \u00abLlega la hora en que cuantos est\u00e1n en los sepulcros oir\u00e1n su voz y saldr\u00e1n: Los que obraron el bien, para la resurrecci\u00f3n de la vida: (Cielo), y los que han obrado el mal, para la resurrecci\u00f3n del juicio: (el Infierno), Rev 20:11-15.<\/p>\n<p> La \u00abPrimera Resurrecci\u00f3n\u00bb se obtiene, pues, por \u00abfe\u00bb, en Cristo o en Dios: (Jua 3:36, Jua 5:24). La \u00abSegunda Resurrecci\u00f3n\u00bb, es para todos, para los que obraron el bien con su fe, y para los que obraron el mal; los primeros para ir al Cielo eterno, y los segundos para ir al Infierno eterno: (Mat 24:31-46).<\/p>\n<p> Resurrecci\u00f3n de los Muertos: Es la \u00abSegunda Resurrecci\u00f3n\u00bb, de que hablabamos anteriormente.<\/p>\n<p> &#8211; Es para todos, buenos y malos, Mat 25:32, \u00abtodas las gentes\u00bb, 2Co 5:10.<\/p>\n<p> &#8211; Resucitaremos con el mismo cuerpo y alma que tuvimos, \u00c2\u00a1el cuerpo que tenemos tambi\u00e9n resucitar\u00e1, despu\u00e9s de haber sido corrompido en la muerte!: (Jua 5:28-29, Mat 28:28-32, Luc 20:36, Hec 24:15, 1 Cor.15, 1, Tes. 4:14-16, Rev 20:6, Job 19:23-27, Neh 4:2, Isa 26:19 Dan 12:2, Ose 6:2).<\/p>\n<p> &#8211; El nuevo cuerpo ser\u00e1 transformado, espiritual, incorruptible, reconocible, pero no sujeto a las limitaciones del tiempo y del espacio,<br \/>\n 1Co 15:35-55, Lc.24, Jn.20.<\/p>\n<p> &#8211; Los que \u00abobraron bien\u00bb con su fe, resucitar\u00e1n para ir, en cuerpo y alma, al Cielo eterno. los que obraron mal, tambi\u00e9n resucitar\u00e1n para ir, en cuerpo y alma, al Infierno eterno, \u00c2\u00a1todos seremos bien reconocidos, como el rico Epul\u00f3n y L\u00e1zaro, de Luc 16:19-31!: (Mat 25:31-46, Rom 2:5-11, 2 Cor.10, Jua 5:2829, Mat 16:27, Efe 2:10, Rev 20:11-15).<\/p>\n<p> Resurrecci\u00f3n de varios muertos: La Biblia nos narra la resurrecci\u00f3n de varios muertos en el Antiguo y en el Nuevo Testamento.<\/p>\n<p> &#8211; El hijo de la viuda de Serepta, por El\u00ed\u00adas, 1Re 17:17-24.<\/p>\n<p> &#8211; El hijo de la viuda de Sunam, por Eliseo, 2Re 4:32-37.<\/p>\n<p> &#8211; El hijo de la viuda de Na\u00ed\u00adn, Lc.7.<\/p>\n<p> &#8211; El hijo de Jairo, .<\/p>\n<p> &#8211; L\u00e1zaro, Jn.11.<\/p>\n<p> &#8211; Tabita, por Pedro, Hec 9:36-43.<\/p>\n<p> &#8211; Eutiques, por Pablo, Hec 20:7-12.<\/p>\n<p> &#8211; Muchos, de sus sepulcros, Mat 27:5253.<\/p>\n<p> Resurrecci\u00f3n de Jesucristo: Es el meollo, el coraz\u00f3n de la fe cristiana,<br \/>\n 1Co 15:14-20.<\/p>\n<p> Es el tema central de la predicaci\u00f3n de los Ap\u00f3stoles, que la predican como una \u00abexperiencia personal\u00bb, algo que ellos vieron con sus propios ojos, Hec 2:32, Hec 3:15-16, 1Co 15:3-8; para Pedro y Pablo, aqu\u00ed\u00ad, la raz\u00f3n es que ellos lo vieron \u00abresucitado\u00bb, y que vive haciendo milagros, \u00c2\u00a1sanando al paral\u00ed\u00adtico de la puerta Hermosa, y al mismo Pablo!, que de perseguidor para aprisionar y matar, se convirti\u00f3 en predicador para libertar y dar vida.<\/p>\n<p> &#8211; Resucit\u00f3 con el mismo cuerpo y alma que ten\u00ed\u00ada, \u00c2\u00a1bien reconocible!, Jn.20 Lc.24, Mt.28, Mc.16.<\/p>\n<p> &#8211; Pero con un cuerpo transformado, bien reconocible, pero que pod\u00ed\u00ada atravesar paredes, aunque segu\u00ed\u00ada comiendo pescados, Luc 24:41-43, Jua 20:19, Jua 20:26.<\/p>\n<p> Apareci\u00f3 resucitado, al menos, 12 veces: En Judea.<\/p>\n<p> &#8211; A Magdalena, Jua 20:11-18.<\/p>\n<p> &#8211; A las mujeres, Mat 28:9-10.<\/p>\n<p> &#8211; A Pedro, Luc 24:34, 1Cr 15:5, Mc.16.<\/p>\n<p> &#8211; A los dos de Ema\u00fas, Luc 24:13-31.<\/p>\n<p> &#8211; A los 10 Ap\u00f3stoles: (sin Tomas).<\/p>\n<p> Luc 24:36-49, Jua 20:19-23.<\/p>\n<p> &#8211; A los 11: (con Tom\u00e1s).<\/p>\n<p> Jua 20:24-29.<\/p>\n<p> &#8211; En la Ascensi\u00f3n, a muchos, Luc 24:50 Hec 1:3-10 : (?por 40 d\u00ed\u00adas!). Probablemente en Galilea.<\/p>\n<p> &#8211; A 11 Ap\u00f3stoles, Mat 28:16-20.<\/p>\n<p> &#8211; A m\u00e1s de 500 hermanos, 1Co 15:6.<\/p>\n<p> &#8211; A Santiago, 1Co 15:7.<\/p>\n<p> &#8211; A 7 disc\u00ed\u00adpulos, Jua 21:1-17.<\/p>\n<p> En el camino a Damasco: &#8211; A Pablo, Hec 9:5.<\/p>\n<p> &#8211; A Esteban, Hec 7:55.<\/p>\n<p> Solidifica \u00absu\u00bb Iglesia: En los 40 d\u00ed\u00adas despu\u00e9s de resucitar, la principal mision de Cristo fue soldificar y fundamentar \u00absu\u00bb Iglesia.<\/p>\n<p> 1- Con las distintas apariciones, les asegur\u00f3 que era verdad lo que les hab\u00ed\u00ada profetizado y que no pod\u00ed\u00adan creer; que morir\u00ed\u00ada \u00c2\u00a1y resucitar\u00ed\u00ada!, en Mar 8:31, Mar 9:31, Mar 10:33.<\/p>\n<p> 2- Les dio el \u00abpoder\u00bb de perdonar pecados, \u00c2\u00a1y de no perdonarlos!, Jua 20:23. 3: 3- Le dio a Pedro el \u00abpoder\u00bb que le hab\u00ed\u00ada prometido en Mat 16:19 : Le orden\u00f3 3 veces, \u00c2\u00a1s\u00f3lo a Pedro, en frente de los dem\u00e1s!, \u00abApacienta \u00abmis\u00bb corderos\u00bb. \u00abapacienta \u00abmis\u00bb ovejas\u00bb. \u00abapacienta \u00abmis\u00bb ovejas\u00bb: (Jua 21:15-17).<\/p>\n<p> \u00abMuerte\u00bb y \u00abResurreci\u00f3n\u00bb de Cristo: En la ensenanza de Cristo, su muerte y su resurrecci\u00f3n van juntas, forman un conjunto redentor, Mat 16:21, Mat 20:19, Mar 8:31, Mar 9:31, Mar 10:34, Luc 24:26, Jn.10.<\/p>\n<p> 17-18.<\/p>\n<p> En la predicaci\u00f3n de los Ap\u00f3stoles ocurre to mismo, muerte y resurrecci\u00f3n van juntas, Hec 2:22-32, Hec 3:15-16. y la Resurrecci\u00f3n prueba que Jes\u00fas es el verdadero Mes\u00ed\u00adas, Hec 2:22-36, Hec 3:1218, Hec 4:10, Hec 5:29-32, Hec 10:39-43, Hec 13:29-37, Hec 17:23-31.<\/p>\n<p> La Resurrecci\u00f3n estableci\u00f3 a Jes\u00fas como el Hijo de Dios con poder: (Rom 1:4) . en virtud de ello, es cabeza de la Iglesia: (Ef.1: i9-23), soberano c\u00f3smico: (Fi12Cr 2:9-11), y entr\u00f3 en su ministerio como Sumo Sacerdote a la derecha del Padre: (Rom 8:34, Heb 4:14-16).<\/p>\n<p> La resurreci\u00f3n es una garant\u00ed\u00ada de que la vida contin\u00faa despu\u00e9s de la muerte: (Jua 11:25-26, Jua 14:19), y una garant\u00ed\u00ada del juicio que ha de venir: (Hec 17:31).<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano<br \/>\nDr. J. Dominguez<\/p>\n<p>http:\/\/biblia.com\/diccionario\/<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano<\/b><\/p>\n<p>En el AT no existe una palabra equivalente a r. Este t\u00e9rmino vino a aparecer en el juda\u00ed\u00adsmo en tiempos intertestamentarios, como puede verse por el hecho de que ya en la \u00e9poca del NT exist\u00ed\u00ada la discusi\u00f3n entre saduceos y fariseos sobre el tema. No debe confundirse el concepto de inmortalidad con el de r. En algunas fuentes del pensamiento extrab\u00ed\u00adblico se cree que el alma o el esp\u00ed\u00adritu del hombre son inmortales. La idea de inmortalidad que as\u00ed\u00ad se propaga pone \u00e9nfasis en que el alma sigue existiendo a\u00fan despu\u00e9s de la muerte. Algunas filosof\u00ed\u00adas y religiones presentan ideas muy vagas que hablan de que el alma es b\u00e1sicamente material, y vuelve a vivir en el universo al cual se reintegra. O que el alma no se destruye, pero que reencarna en otra persona o en un animal, seg\u00fan la bondad o ausencia de bondad de las obras del individuo. La r. que presenta el cristianismo, en cambio, habla de una vuelta a la vida en cuerpo y alma de las personas, con identidad propia, en la presencia de Dios. La Biblia habla de que el hombre puede recibir, como un don de Dios, un \u2020\u0153cuerpo espiritual\u2020\u009d en la r., que no conocer\u00e1 deterioro ni corrupci\u00f3n. La r., pues, hace \u00e9nfasis en el retorno a la vida del todo del hombre, en alma y cuerpo.<\/p>\n<p>No se debe pensar que en el AT no se tuviera ninguna noci\u00f3n sobre la vida despu\u00e9s de la \u2020\u00a2muerte. Job habla de una vida posterior (\u2020\u0153Yo s\u00e9 que mi Redentor vive, y al fin se levantar\u00e1 sobre el polvo; y despu\u00e9s de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios\u2020\u009d [Job 19:25-26]). En el Sal 48:14 leemos: \u2020\u0153Porque este Dios es Dios nuestro eternamente y para siempre; \u00e9l nos guiar\u00e1 aun m\u00e1s all\u00e1 de la muerte\u2020\u009d. En el 73:24: \u2020\u0153Me has guiado seg\u00fan tu consejo y despu\u00e9s me recibir\u00e1s en gloria\u2020\u009d. Se lee en Isa\u00ed\u00adas: \u2020\u0153Destruir\u00e1 [Dios] a la muerte para siempre; y enjugar\u00e1 Jehov\u00e1 el Se\u00f1or toda l\u00e1grima de todos los rostros\u2020\u009d (Isa 25:8). \u2020\u0153Tus muertos vivir\u00e1n; sus cad\u00e1veres resucitar\u00e1n\u2020\u009d (Isa 26:19). Y en Dan 12:2 : \u2020\u0153Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra ser\u00e1n despertados, unos para vida eterna, y otros para verg\u00fcenza y confusi\u00f3n perpetua\u2020\u009d.<br \/>\npensamiento hebreo sobre el destino de los hombres despu\u00e9s de la muerte fue evolucionando hasta llegar a algunos atisbos de la doctrina de la r. en la literatura ap\u00f3crifa y pseudoepigr\u00e1fica. ( \u2020\u00a2Ap\u00f3crifos y pseudoepigr\u00e1ficos del AT, Libros). As\u00ed\u00ad, en 2 Macabeos, cuando se refiere la muerte de unos m\u00e1rtires jud\u00ed\u00ados, \u00e9stos hablan de una r. (\u2020\u0153&#8230; y cuando estaba ya para expirar, dijo: T\u00fa, \u00c2\u00a1oh pervers\u00ed\u00adsimo pr\u00ed\u00adncipe!, nos quitas la vida presente; pero el rey del universo nos resucitar\u00e1 alg\u00fan d\u00ed\u00ada para la vida eterna, por haber muerto en defensa de sus leyes\u2020\u009d[2Ma 7:9];\u00bb&#8230; el cual, estando ya para morir, habl\u00f3 del modo siguiente: Es gran ventaja para nosotros perder la vida a manos de los hombres, por la firme esperanza que tenemos en Dios de que nos la devolver\u00e1, haci\u00e9ndonos resucitar, pero tu resurrecci\u00f3n, oh Ant\u00ed\u00adoco, no ser\u00e1 para la vida\u00bb [2Ma 7:14]). Sin embargo, no exist\u00ed\u00ada una doctrina elaborada sobre el particular hasta la aparici\u00f3n del Se\u00f1or Jes\u00fas, quien \u2020\u0153quit\u00f3 la muerte y sac\u00f3 a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio\u2020\u009d (2Ti 1:10)<br \/>\nel NT la palabra que se usa es anastasia. Se registra en los Evangelios las diferentes opiniones que se ten\u00ed\u00adan entre los jud\u00ed\u00ados acerca del tema. En el pueblo hab\u00ed\u00ada, como se ha dicho, cierta idea sobre la r., porque el Se\u00f1or Jes\u00fas hablaba de ella en una forma que da a entender que su auditorio sab\u00ed\u00ada a qu\u00e9 se refer\u00ed\u00ada. En efecto, dos de las principales sectas de los jud\u00ed\u00ados, los fariseos y los saduceos, discut\u00ed\u00adan mucho sobre el particular. Los fariseos cre\u00ed\u00adan en la r., y en que Dios daba recompensas en esta vida y en la posterior (\u2020\u0153los fariseos afirman estas cosas\u2020\u009d [Hch 23:8]). Mientras que los saduceos dec\u00ed\u00adan \u2020\u0153que no hay resurrecci\u00f3n\u2020\u009d (Mat 22:23; Mar 12:18), \u2020\u0153ni \u00e1ngel, ni esp\u00ed\u00adritu\u2020\u009d (Hch 23:8). Esta controversia fue tra\u00ed\u00adda a la atenci\u00f3n del Se\u00f1or Jes\u00fas, quien la resolvi\u00f3 diciendo a los saduceos: \u2020\u0153Err\u00e1is, ignorando las Escrituras y el poder de Dios&#8230;. respecto a la r. de los muertos \u00bfno hab\u00e9is le\u00ed\u00addo lo que os fue dicho por Dios, cuando dijo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? Dios no es Dios de muertos, sino de vivos\u2020\u009d (Mat 22:29-32).<br \/>\ntema de la r., entonces, aunque se conoc\u00ed\u00ada y se discut\u00ed\u00ada sobre \u00e9l, no estaba muy claro en la mente de los sabios de aquella \u00e9poca. Los mismos disc\u00ed\u00adpulos, cuando el Se\u00f1or les hablaba de que tendr\u00ed\u00ada que morir y resucitar, \u2020\u0153guardaron la palabra entre s\u00ed\u00ad, discutiendo qu\u00e9 ser\u00ed\u00ada aquello de resucitar de los muertos\u2020\u009d (Mar 9:10). La gran luz sobre el tema de la r. surge cuando el Se\u00f1or efectivamente resucita de los muertos. Entonces los disc\u00ed\u00adpulos \u2020\u0153se acordaron que hab\u00ed\u00ada dicho esto, y creyeron la Escritura y la palabra que Jes\u00fas hab\u00ed\u00ada dicho\u2020\u009d (Jua 2:22). Es decir, que en el per\u00ed\u00adodo posterior a la r. de Cristo, durante el cual \u00e9l les instruy\u00f3 m\u00e1s detalladamente sobre el reino de Dios y las Escrituras, fue cuando los disc\u00ed\u00adpulos vinieron a entender muchas cosas. Y el mensaje que emitieron desde entonces inclu\u00ed\u00ada este aspecto de la r. (\u2020\u0153A este Jes\u00fas resucit\u00f3 Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos\u2020\u009d [Hch 2:32]).<br \/>\nla enorme trascendencia del hecho de la r. del Se\u00f1or Jes\u00fas, desde el principio se han realizado esfuerzos por negarla de diversas maneras. Los l\u00ed\u00adderes religiosos jud\u00ed\u00ados propalaron la especie de que hab\u00ed\u00adan venido sus disc\u00ed\u00adpulos y hab\u00ed\u00adan robado el cuerpo (\u2020\u0153Este dicho se ha divulgado entre los jud\u00ed\u00ados hasta el d\u00ed\u00ada de hoy\u2020\u009d [Mat 28:15]). Esa fue la explicaci\u00f3n que dieron de la tumba vac\u00ed\u00ada. Aun entre las iglesias primitivas surgieron teor\u00ed\u00adas que negaban la realidad de la r. El ap\u00f3stol Pablo tuvo que combatirlas. Al efecto, escrib\u00ed\u00ada a Timoteo: \u2020\u0153Mas evita profanas y vanas palabrer\u00ed\u00adas, porque conducir\u00e1n m\u00e1s y m\u00e1s a la impiedad. Y su palabra carcomer\u00e1 como gangrena; de los cuales son Himeneo y Fileto, que se desviaron de la verdad, diciendo que la resurrecci\u00f3n ya se efectu\u00f3\u2020\u009d (2Ti 2:16-18). En tiempos m\u00e1s recientes algunos eruditos intentan descalificar los relatos de los evangelistas sobre la r. del Se\u00f1or, diciendo que hay entre ellos contradicciones. En realidad, esas peque\u00f1as diferencias lo que atestiguan es que no se trata de un artificio conspirativo que los ap\u00f3stoles hicieron entre s\u00ed\u00ad para enga\u00f1ar a la gente, sino que los autores dieron su versi\u00f3n del hecho, con sus perspectivas personales. La verdad sigue inc\u00f3lume: \u2020\u0153&#8230; Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho\u2020\u009d (1Co 15:20).<br \/>\nr. de Cristo es la garant\u00ed\u00ada de que aquellos que creen en \u00e9l tambi\u00e9n resucitar\u00e1n (\u2020\u0153Yo soy la r. y la vida; el que cree en m\u00ed\u00ad, aunque est\u00e9 muerto, vivir\u00e1\u2020\u009d [Jua 11:25]; \u2020\u0153Porque yo vivo, vosotros tambi\u00e9n vivir\u00e9is\u2020\u009d [Jua 14:19]), puesto que \u00e9l \u2020\u0153fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificaci\u00f3n\u2020\u009d (Rom 4:25). Por eso sabemos \u2020\u0153que el que resucit\u00f3 al Se\u00f1or Jes\u00fas, a nosotros tambi\u00e9n nos resucitar\u00e1 con Jes\u00fas\u2020\u009d (2Co 4:14). Es cierto que la mente humana no puede concebir algo tan prodigioso, que s\u00f3lo es posible por \u2020\u0153la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, seg\u00fan la operaci\u00f3n del poder de su fuerza, la cual oper\u00f3 en Cristo, resucit\u00e1ndole de los muertos\u2020\u009d (Efe 1:19-20). Los creyentes, entonces, tienen la esperanza de la r. como algo glorioso. Nuestra confianza es \u2020\u0153en Dios, que resucita a los muertos\u2020\u009d (2Co 1:9); \u2020\u0153Porque si creemos que Jes\u00fas muri\u00f3 y resucit\u00f3, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n traer\u00e1 Dios con Jes\u00fas a los que durmieron con \u00e9l\u2020\u009d (1Te 4:14). Por lo tanto, no le temen a la muerte. Antes bien se glor\u00ed\u00adan \u2020\u0153en la esperanza de la gloria de Dios\u2020\u009d (Rom 5:2). Pablo levantaba la pregunta: \u2020\u0153Pero dir\u00e1 alguno: \u00bfC\u00f3mo resucitar\u00e1n los muertos? \u00bfCon qu\u00e9 cuerpo vendr\u00e1n?\u2020\u009d (1Co 15:35). Y \u00e9l mismo ofrece la contestaci\u00f3n al hablar de que hay \u2020\u0153cuerpos celestiales\u2020\u009d (\u2020\u0153&#8230; se siembra cuerpo animal, resucitar\u00e1 cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual\u2020\u009d [1Co 15:35-44]). La verdad es que los creyentes, \u2020\u0153que tenemos las primicias del Esp\u00ed\u00adritu &#8230; gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopci\u00f3n, la redenci\u00f3n de nuestro cuerpo\u2020\u009d (Rom 8:23). Esta redenci\u00f3n de nuestro cuerpo se produce en el d\u00ed\u00ada de la r. o de la venida de nuestro Se\u00f1or Jesucristo. Es, por tanto, algo que est\u00e1 en el futuro. La doctrina de la r. es parte fundamental del cristianismo, \u2020\u0153porque si no hay r. de muertos, tampoco Cristo resucit\u00f3. Y si Cristo no resucit\u00f3, vana es entonces nuestra predicaci\u00f3n, vana es tambi\u00e9n vuestra fe\u2020\u009d (1Co 15:13-14).<br \/>\nque debe tambi\u00e9n pensarse con mucha seriedad es el hecho de que la r. no ser\u00e1 exclusivamente para los creyentes. Todos resucitar\u00e1n. Lo que aparece en Dan 12:2 : \u2020\u0153Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra ser\u00e1n despertados, unos para vida eterna, y otros para verg\u00fcenza y confusi\u00f3n perpetua\u2020\u009d, es repetido por el Se\u00f1or Jes\u00fas en Jua 5:28-29 (\u2020\u0153&#8230; porque vendr\u00e1 hora cuando todos los que est\u00e1n en los sepulcros oir\u00e1n su voz; y los que hicieron lo bueno, saldr\u00e1n a r. de vida; mas los que hicieron lo malo, a r. de condenaci\u00f3n\u2020\u009d).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Cristiano<\/b><\/p>\n<p>tip, DOCT ESCA<\/p>\n<p>ver, MILENIO, JESUCRISTO, MUERTE<\/p>\n<p>vet, Es el principio fundamental de los tratos de Dios en gracia hacia el hombre, por cuanto el hombre est\u00e1 bajo sentencia de muerte, y en la muerte misma, debido al pecado (cfr. Ef. 2:1, 4-6; Col. 3:1-4, etc.). La expresi\u00f3n \u00abla resurrecci\u00f3n general\u00bb se halla en obras de teolog\u00ed\u00ada, y hay una creencia general de que todos los muertos ser\u00e1n levantados simult\u00e1neamente. Sin embargo, esta idea no se halla en las Escrituras. El Se\u00f1or habla de \u00abresurrecci\u00f3n para vida\u00bb (Jn. 5:29). El orden de la resurrecci\u00f3n definitiva, dejando a un lado las resurrecciones \u00abtemporales\u00bb con que Dios manifest\u00f3 su poder, es: \u00abCada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida. Luego el fin&#8230;\u00bb (1 Co. 15:23-24). Este \u00abfin\u00bb es evidentemente el levantamiento de los malvados a juicio, o, en otras palabras, \u00aba resurrecci\u00f3n de condenaci\u00f3n\u00bb (Jn. 5:29). En Ap. 20:4-5 se ve una estrecha correspondencia con el pasaje de 1 Co. 15:23-24; en ambos se aprecia, con la frase clave \u00abcada uno en su debido orden\u00bb, c\u00f3mo se interpone el reinado milenial de Cristo (v\u00e9ase MILENIO) entre la resurrecci\u00f3n de los Suyos y la resurrecci\u00f3n de condenaci\u00f3n, o \u00abel fin\u00bb. As\u00ed\u00ad, siguiendo el orden de resurrecciones establecido en las Escrituras, se pueden considerar, sucesivamente: (a) La resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or Jesucristo. El retomo de Cristo a una vida corporal glorificada, tres d\u00ed\u00adas despu\u00e9s de su muerte, constituye, junto con la cruz, la base misma del Evangelio (1 Co. 15:3-4). Sin este hecho glorioso, la fe del cristiano ser\u00ed\u00ada totalmente vana (1 CO. 14:14-19). La resurrecci\u00f3n del Mes\u00ed\u00adas est\u00e1 ya anunciada en el AT (Lc. 24:44-46; Gn. 22:2-5; cfr. He. 11:19; Nm. 17:1-11; cfr. Ro. 1:4; Is. 53:10-12; Mt. 12:39-40; Sal. 16:9-10; 110:1; cfr. Hch. 2:29-36). El mismo Jes\u00fas hab\u00ed\u00ada advertido a sus disc\u00ed\u00adpulos de ello (Mt. 16:21; 17:22-23; 20:19; Jn. 2:18-22; Mr. 9:9-10). Despu\u00e9s de que Su muerte hubiera sido debidamente constatada y que las autoridades hubieran tomado todas las precauciones para evitar toda supercher\u00ed\u00ada, el hecho de la resurrecci\u00f3n ha quedado demostrado con pruebas indudables. Los testimonios son numerosos y concordantes: las mujeres, Mar\u00ed\u00ada Magdalena; los disc\u00ed\u00adpulos, Pedro, Juan, Santiago, Tom\u00e1s; los guardias, los ancianos, los disc\u00ed\u00adpulos de Ema\u00fas, los quinientos hermanos mencionados en 1 Co. 15:6, los once ap\u00f3stoles, Saulo de Tarso (cfr. los Evangelios, Hch. 10:40-41; 1 Co. 15:5- 8). Los disc\u00ed\u00adpulos, bien lejos de inventarse apariciones imaginarias, fueron dif\u00ed\u00adcilmente persuadidos de un hecho tan extraordinario. El Se\u00f1or Jes\u00fas tuvo que reprocharles vivamente su incredulidad y dureza de coraz\u00f3n (Mr. 16:13-14; Lc. 24:22-25, 37-39), y les dio unas pruebas tales que finalmente quedaron totalmente persuadidos. Su fe consiguiente los transform\u00f3 y los capacit\u00f3 para ir hasta el mismo martirio por su Se\u00f1or resucitado. Por otra parte, el sepulcro hab\u00ed\u00ada quedado vac\u00ed\u00ado, y los mismos enemigos de la naciente Iglesia, que ten\u00ed\u00adan en sus manos todos los resortes del poder, no pudieron jam\u00e1s presentar el cad\u00e1ver del Crucificado. Despu\u00e9s de los cuarenta d\u00ed\u00adas transcurridos con Sus ap\u00f3stoles, el Se\u00f1or los dej\u00f3, y glorificado en las alturas les envi\u00f3 el Esp\u00ed\u00adritu Santo (Hch. 1:3-9). Desde entonces, los disc\u00ed\u00adpulos vinieron a ser, en todo lugar, testigos de la resurrecci\u00f3n (Hch. 1:22; 2:32; 3:15; 4:10, 33; 5:31-32; 10:40-42; 13:30-37; 25:19, etc.). Consecuencias de la resurrecci\u00f3n: (A) Para el mismo Jesucristo: El ha sido declarado Hijo de Dios con poder (Ro. 1:4); le ha sido dado todo poder en los cielos y en la tierra (Mt. 28:18); desde entonces est\u00e1 sentado a la diestra de Dios, coronado de gloria y de honra (Hch. 2:32-34; He. 2:9), esperando el momento de Su venida para establecer Su reino (Hch. 17:31). (B) Para los creyentes: la resurrecci\u00f3n hace posible nuestra salvaci\u00f3n (Ro. 4:25). El Cristo viviente intercede por nosotros y nos da plena salvaci\u00f3n (He. 7:23-25; 1 P. 3:21). Cristo, el \u00faltimo Ad\u00e1n, crea una nueva humanidad, de la que el creyente viene a formar parte (1 Co. 15:45-49). El es las primicias de los muertos, y Su resurrecci\u00f3n es la firme garant\u00ed\u00ada de la del creyente. El es la resurrecci\u00f3n y la vida; ciertamente, ha resucitado (1 Co. 15:20-23; Jn. 11:25-26). (V\u00e9ase JESUCRISTO.) (b) La resurrecci\u00f3n de los creyentes. Este es un art\u00ed\u00adculo fundamental de la fe cristiana, y la Biblia la muestra de una manera multiforme. Aunque se afirma con frecuencia que en el AT no se halla mencionada de una manera expl\u00ed\u00adcita, contiene, sin embargo, alusiones directas a ella, y claras profec\u00ed\u00adas. Hay los relatos de tres resurrecciones que demuestran que el poder de Dios triunfa sobre la muerte (1 R. 17:21; 2 R. 4:34; 13:21). Dos arrebatamientos demuestran que los amados del Se\u00f1or pueden escapar a la tumba (Gn. 5:24; 2 R. 2:11). Tres tipos de la resurrecci\u00f3n ya han sido mencionados en el apartado (a) anterior acerca de Jesucristo (Gn. 22:5, cfr. He. 11:19; Nm. 17:8; Mt. 12:39-40). Ezequiel da una visi\u00f3n imponente de una resurrecci\u00f3n nacional. Aunque se trate de la resurrecci\u00f3n de Israel como naci\u00f3n (Ez. 37:1-10, cfr. Ez. 37:11-14), no deja de ser notable que la imagen usada para ello es la de la resurrecci\u00f3n. Job proclama, en uno de los libros m\u00e1s antiguos de la Biblia, si no el que m\u00e1s, su fe en la resurrecci\u00f3n basada en la vida de su Redentor (Jb. 19:23-27). El salmista sabe que Dios lo sacar\u00e1 de la morada de los muertos (Sal. 49:15). Isa\u00ed\u00adas anuncia la victoria definitiva sobre la muerte (Is. 25:7-8). Si bien Is. 26:19 es entendido por algunos como refiri\u00e9ndose a la resurrecci\u00f3n nacional de Israel, otra vez se aplica la observaci\u00f3n referente a Ezequiel: el hecho mismo de que se use la imagen de la resurrecci\u00f3n es sumamente significativo. Daniel habla claramente de dos tipos de resurrecci\u00f3n (Dn. 12:2), y \u00e9l recibe personalmente la certeza de que se levantar\u00e1 para recibir su heredad (Dn. 12:13). (Para una ex\u00e9gesis detallada de Dn. 12:2, v\u00e9ase ap\u00e9ndice al final de este art\u00ed\u00adculo.) Finalmente, Oseas canta el triunfo sobre el sepulcro. Jes\u00fas mismo ve en Ex. 3:6, 15-16 una afirmaci\u00f3n de la resurrecci\u00f3n (Lc. 20:37-38). En realidad, la idea de la resurrecci\u00f3n subyace en todas las ense\u00f1anzas del AT. En el juda\u00ed\u00adsmo del tiempo del Se\u00f1or era aceptada como un art\u00ed\u00adculo de la fe ortodoxa (cfr. Jn. 11:24), y el hecho de que los saduceos no creyeran en ella se presenta como una anomal\u00ed\u00ada (Mt. 22:23; Hch. 23:6-8). En el NT se hallan otros seis casos de resurrecci\u00f3n (Lc. 7:13-16; 8:55; Jn. 11:44; Mt. 27:52-53; Hch .9:40; 20:9- 10). Pero es evidente que cada una de estas personas devueltas a la vida volvi\u00f3 a morir, con la posible excepci\u00f3n de los mencionados en Mt. 27:52-53. S\u00f3lo Cristo ha resucitado definitivamente, con la posible excepci\u00f3n de un pu\u00f1ado, despu\u00e9s de Su resurrecci\u00f3n, para prenda de Su obra futura. En cuanto a nosotros, esperamos \u00abuna mejor resurrecci\u00f3n\u00bb (He. 11:35). Todos estos ejemplos y promesas constituyen una base para la revelaci\u00f3n m\u00e1s plena de Pablo acerca de esta ense\u00f1anza. Manera en que operar\u00e1 la resurrecci\u00f3n. (A) Siguiendo la analog\u00ed\u00ada de la naturaleza. En efecto, en ella podemos observar c\u00f3mo a partir de la muerte surge la vida (cfr. Jn. 12:24), c\u00f3mo la peque\u00f1a semilla es mucho m\u00e1s peque\u00f1a que la futura planta, c\u00f3mo el Creador tiene la capacidad de suscitar una infinidad de diversos cuerpos (1 Co. 15:35-41). (B) Seg\u00fan 1 Co. 15:42-44 el cuerpo nuevo ser\u00e1 incorruptible, glorioso, lleno de poder, espiritual. (C) De hecho, ser\u00e1 a semejanza del de Cristo resucitado (1 Co. 15:45-49; Fil. 3:20-21). As\u00ed\u00ad como en el cuerpo terrenal la adecuaci\u00f3n ten\u00ed\u00ada su \u00e9nfasis en el alma, siendo un cuerpo \u00abanimal\u00bb, ps\u00ed\u00adquico, en el cuerpo nuevo el acento se pone en su adecuaci\u00f3n al esp\u00ed\u00adritu (1 Co. 15:44-45). Tiempo de la resurrecci\u00f3n. Tendr\u00e1 lugar a la venida de Cristo (1 Co. 15:23), en \u00abel d\u00ed\u00ada postrero\u00bb (Jn. 6:39, 40, 44, 54), en el momento del arrebatamiento de la iglesia (1 Co. 15:51-53; 1 Ts. 4:13-18). Los creyentes que en aquel momento vivan sobre la tierra no morir\u00e1n: transformados en un abrir y cerrar de ojos, ser\u00e1n arrebatados a los aires al encuentro del Se\u00f1or junto con los creyentes antes muertos y ahora resucitados. Esta ser\u00e1 la gloriosa primera resurrecci\u00f3n, en la que tendr\u00e1n parte los m\u00e1rtires de la Gran Tribulaci\u00f3n que ser\u00e1n llamados a la vida al comienzo de los mil a\u00f1os, junto con los santos del AT (ver ap\u00e9ndice a este art\u00ed\u00adculo; cfr. Ap. 2:4-6). Ya ahora el creyente ya tiene vida de resurrecci\u00f3n, habiendo resucitado espiritualmente en su nuevo nacimiento (Jn. 5:24; Ro. 6:1, 4; Ef. 2:4-6; Col. 1:3-4); pero todav\u00ed\u00ada tiene pendiente la adopci\u00f3n, la resurrecci\u00f3n del cuerpo (Ro. 8:23). Los que tendr\u00e1n parte en esta resurrecci\u00f3n son \u00ablos de Cristo\u00bb (1 Co. 15:22-23), aquellos que el Padre le ha dado (Jn. 6:39-44). Pero no todos participar\u00e1n de ella, porque no lo tienen a El. Esta es la raz\u00f3n de que se hable de una \u00abresurrecci\u00f3n de entre los muertos\u00bb (Fil. 3:11; Mr. 9:9-10). Esta doctrina es notable no s\u00f3lo por su plenitud y espiritualidad, sino tambi\u00e9n por lo alejada que est\u00e1 de las concepciones filos\u00f3ficas surgidas al margen de la Revelaci\u00f3n. En efecto, es absolutamente distinta de la concepci\u00f3n griega que pretende que el alma es preexistente al cuerpo e inmortal para vivir eternamente independiente del cuerpo; la salvaci\u00f3n, en estos sistemas, consiste en la liberaci\u00f3n definitiva, desligada del cuerpo. Los maniqueos (herejes de los primeros siglos d.C.) establec\u00ed\u00adan un antagonismo irreductible entre el cuerpo y el esp\u00ed\u00adritu, siendo que el cuerpo material representaba al mal, y que el alma quedaba degradada por su uni\u00f3n con el cuerpo. Frente a ello, las Escrituras ense\u00f1an que el cuerpo y el alma, creados ambos por Dios, son buenos en s\u00ed\u00ad mismos, y destinados el uno para la otra, y para la inmortalidad (cfr. 1 Co. 6:15, 19). (c) La resurrecci\u00f3n de los imp\u00ed\u00ados. En las Escrituras se ense\u00f1a claramente que habr\u00e1 dos resurrecciones: la de los creyentes, para vida eterna, y la de aquellos que no se han acogido al Salvador, para juicio y confusi\u00f3n eterna (Dn. 12:2; Jn. 5:28-29; Hch. 24:15; Ap. 20:4-5). La primera resurrecci\u00f3n tiene lugar antes del comienzo del Milenio, y la otra inmediatamente despu\u00e9s, par a dar lugar al Juicio Final (Ap. 20:5, 12-13). De estos textos se desprende que en este momento resucitar\u00e1n los injustos, los que han vivido el mal, los que no pertenecen a Cristo, y que no han sido tenidos por dignos de tomar parte en la primera resurrecci\u00f3n; los que, al no haber sido salvos por la fe en la obra redentora de Cristo, ser\u00e1n juzgados por sus obras. \u00c2\u00a1Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrecci\u00f3n! (Ap. 20:6). (d) Ap\u00e9ndice: ex\u00e9gesis de Dn. 12:2. Es preciso se\u00f1alar que la traducci\u00f3n com\u00fanmente dada en diversas versiones no es correcta. En la Reina-Valera se traduce as\u00ed\u00ad: \u00abMuchos de los que duermen en el polvo de la tierra ser\u00e1n despertados, unos para vida eterna, y otros para verg\u00fcenza y confusi\u00f3n perpetua\u00bb. De este pasaje se puede sacar la impresi\u00f3n de que habr\u00e1 una resurrecci\u00f3n simult\u00e1nea de ambos grupos. Pero en esta traducci\u00f3n el lenguaje es incoherente. Se afirma que \u00abmuchos\u00bb ser\u00e1n despertados, y parece que se refiere a \u00abmuchos\u00bb de dos grupos, pero evidentemente no todos. En realidad, como muestra N. West en su obra \u00abThe Thousand Years in Both Testaments\u00bb, la traducci\u00f3n correcta del pasaje, en relaci\u00f3n con el contexto, es: \u00abY (en aquel tiempo) muchos (de tu pueblo) despertar\u00e1n (o, ser\u00e1n separados) de entre los que duermen en el polvo de la tierra. Estos (que se despiertan) ser\u00e1n para vida eterna, pero aqu\u00e9llos (los que no despiertan en este tiempo) ser\u00e1n para verg\u00fcenza y confusi\u00f3n eterna\u00bb. As\u00ed\u00ad, en realidad, en Daniel se ense\u00f1a la resurrecci\u00f3n de una de las dos clases a que pertenece el pueblo de Israel en aquel tiempo (Dn. 12:1). Para una consideraci\u00f3n plena de la redacci\u00f3n de este pasaje y de su relaci\u00f3n con el marco escatol\u00f3gico del AT y del NT, cfr. N. West, op. cit., PP. 265-268. (V\u00e9ase MUERTE.) Bibliograf\u00ed\u00ada: Chafer, L. S.: \u00abTeolog\u00ed\u00ada Sistem\u00e1tica\u00bb (Publicaciones Espa\u00f1olas, Dalton, 1974); Green, M.: \u00ab\u00c2\u00a1Jesucristo vive hoy!\u00bb (Ed. Certeza, Buenos Aires, 1976); Lacueva, F.: \u00abEscatolog\u00ed\u00ada II\u00bb (Cl\u00ed\u00ade, Terrassa, 1983); Ladd, E.: \u00abCreo en la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas\u00bb (Caribe, Miami, 1977); McDowell, J.: \u00abEvidencia que exige un veredicto\u00bb (Vida, Miami, 1982); Morris, H. M.: \u00abMany Infallible Proofs\u00bb (CLP, San Diego, Calif., 1974); Morrison, F.: \u00ab\u00bfQui\u00e9n movi\u00f3 la piedra?\u00bb (Ed. Caribe, Miami, 1977); Pentecost, J. D.: \u00abEventos del Porvenir\u00bb (Ed. Libertador, Maracaibo, 1977); Sherlock, T.: \u00abProceso a la resurrecci\u00f3n de Cristo\u00bb (Cl\u00ed\u00ade, Terrassa, 1981); Stott, J. R. W.: \u00abCristianismo b\u00e1sico\u00bb (Ed. Certeza, Buenos Aires, 1977); West, N.: \u00abThe Thousand Years in Both Testaments\u00bb (Kregel Pub., Grand Rapids, reimpr. s\/f edici\u00f3n 1889).<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico Ilustrado<\/b><\/p>\n<p>DJN<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nSUMARIO: 1. Aspecto apolog\u00e9tico inservible. &#8211; 2. Nueva forma de vida. -3. Constataci\u00f3n del hecho. &#8211; 4. Historicidad del acontecimiento.<\/p>\n<p>La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas fue la intervenci\u00f3n suprema de Dios en la historia humana, el milagro m\u00e1ximo. Nada tiene de particular que, por un lado, la realidad de la resurrecci\u00f3n haya sido considerada como el principal argumento apolog\u00e9tico de la verdad del cristianismo y, por otro, haya sido puesta en duda o simplemente negada.<\/p>\n<p>1. Aspecto apolog\u00e9tico inservible<br \/>\nLa consideraci\u00f3n de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas en un nivel primario y casi exclusivamente apolog\u00e9tico ha tenido consecuencias nefastas. Dicha presentaci\u00f3n dio la impresi\u00f3n de que la importancia de la misma resid\u00ed\u00ada en su fuerza \u00abprobativa\u00bb o demostrativa de la verdad del cristianismo. Por el contrario, la salvaci\u00f3n de la humanidad habr\u00ed\u00ada tenido lugar en la cruz. El enfoque objetivo y correcto del problema obliga a considerar la resurrecci\u00f3n dentro de su dimensi\u00f3n de acontecimiento salv\u00ed\u00adfico. Es ah\u00ed\u00ad donde debe verse su significado principal. La pasi\u00f3n, muerte, resurrecci\u00f3n y ascensi\u00f3n constituyen una acci\u00f3n indisoluble para la salvaci\u00f3n del hombre, como Pablo lo reconoce impl\u00ed\u00adcitamente al formular el hecho cristiano, en paralelismo estricto, tanto desde la entrega de Jes\u00fas como desde su resurrecci\u00f3n:<\/p>\n<p>\u00ab&#8230;que fue entregado (Jes\u00fas nuestro Se\u00f1or) por nuestros pecados y resucitado por nuestra justificaci\u00f3n\u00bb (Rom 4,25: cada uno de los dos hechos mencionados \u2014la entrega y la resurrecci\u00f3n\u2014 traduce todo el acontecimiento cristiano; la menci\u00f3n del segundo no a\u00f1ade nada al primero, ni el primero es considerado simplemente como una parte del segundo).<\/p>\n<p>Para tener la claridad posible en una cuesti\u00f3n tan compleja es imprescindible considerar los diversos aspectos y puntos de vista desde donde debe ser enfocada. Para ello precisamos romper las fronteras dentro de las cuales se mueve este Diccionario acarreando el material que se halla disperso sobre el particular a lo largo y ancho del N.T.<\/p>\n<p>2. Nueva forma de vida<br \/>\na) La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas no debe ser considerada en el plano de la reanimaci\u00f3n, no es la vuelta de un cad\u00e1ver a la vida. Dicho cad\u00e1ver vuelto a la vida estar\u00ed\u00ada regido por las mismas leyes biol\u00f3gicas y fisiol\u00f3gicas anteriores y, en consecuencia, estar\u00ed\u00ada necesariamente abocado a la muerte. Ahora bien, Cristo resucitado ya no muere m\u00e1s, la muerte ya no tiene dominio sobre \u00e9l (Rom 6, 9).Por eso, las resurrecciones narradas en los evangelios no sirven en absoluto como punto de referencia para explicar la de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>b) La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas es la participaci\u00f3n plena de la vida de Dios, sin ninguna clase de limitaci\u00f3n, tambi\u00e9n en su naturaleza humana. Una verdadera creaci\u00f3n. Y ah\u00ed\u00ad est\u00e1 precisamente la dificultad para describirla. \u00bfC\u00f3mo puede ser descrita semejante acci\u00f3n de Dios?<br \/>\nc) La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas es el cumplimiento y la plenitud de su vida. En ella hab\u00ed\u00ada demostrado su poder y jurisdicci\u00f3n en el terreno de la muerte (las resurrecciones realizadas que nos cuentan los evangelios), su anuncio de haber venido a comunicar la vida en toda su plenitud (Jn 10, 10). La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas le introduce plenamente en el terreno de la vida de Dios.<\/p>\n<p>d) La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas es el fundamento mismo de la predicaci\u00f3n y de la fe, de tal manera que sin ella no hay liberaci\u00f3n del pecado. La vida \u00aben Cristo\u00bb, la vida de la fe, carecer\u00ed\u00ada por completo de sentido, y los que edifican su vida sobre \u00e9l ser\u00ed\u00adan dignos de l\u00e1stima y los m\u00e1s desgraciados de todos los hombres (1 Cor 15, 19).<\/p>\n<p>e) La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas es la gran demostraci\u00f3n del poder de Dios, la victoria sobre la muerte (1 Cor 15, 55-57). En este poder conf\u00ed\u00adan y se apoyan con raz\u00f3n los creyentes (Rom 4, 17). Por tanto, la primera dimensi\u00f3n de la resurrecci\u00f3n es teol\u00f3gica, no cristol\u00f3gica. Volveremos m\u00e1s abajo sobre este aspecto.<\/p>\n<p>f) La resurrecci\u00f3n de Cristo es su entronizaci\u00f3n como Se\u00f1or. Por ella, Jesucristo que, desde el principio, era Hijo de Dios (Rom 1,3-4) es constituido en Hijo de Dios seg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu de santificaci\u00f3n y se sienta a la derecha de Dios (su humanidad participa plenamente en la vida de Dios y en plano de igualdad con \u00e9l).<\/p>\n<p>g) La resurrecci\u00f3n de Cristo es el principio de la nueva creaci\u00f3n. El es \u00abel primog\u00e9nito de entre los muertos\u00bb (1 Cor 15, 20; Col 1, 18). La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas est\u00e1 as\u00ed\u00ad en una particular relaci\u00f3n con la nuestra. Nuestra futura resurrecci\u00f3n hasido ya incoada en el bautismo (Rom 6, 5. 11. 22) por la inserci\u00f3n en el misterio de la muerte y resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas<br \/>\nh) La resurrecci\u00f3n de Jesucristo y el haber sido comprehendidos por el Resucitado exige al Ap\u00f3stol una vida al servicio del Se\u00f1or, en lugar de Cristo (2Cor 5, 20; 6, 1), como colaborador de Dios (1Cor 3, 9), abriendo as\u00ed\u00ad a otros el acceso al Padre (Fil 1,5; 2, 1; 3, 10).<\/p>\n<p>i) La importancia de la resurrecci\u00f3n de Cristo la resume san Pablo con estas palabras: Para m\u00ed\u00ad, la vida es Cristo (Fil 1, 21). Este aspecto salv\u00ed\u00adfico-teol\u00f3gico, y no el apolog\u00e9tico, es el que puso en la pluma del Ap\u00f3stol la frase siguiente; \u00abSi Cristo no resucit\u00f3, nuestra predicaci\u00f3n carece de sentido y vuestra fe ser\u00ed\u00ada un total sinsentido\u00bb (1 Cor 15, 14)..<\/p>\n<p>La acentuaci\u00f3n del aspecto teol\u00f3gico-salv\u00ed\u00adfico de la resurrecci\u00f3n no debe hacernos perder de vista la consideraci\u00f3n hist\u00f3rico-apolog\u00e9tica de la misma. Es lo que haremos a continuaci\u00f3n siguiendo el ejemplo de sobriedad estremecedora que nos ofrece el N.T. sobre el particular.<\/p>\n<p>3. Constataci\u00f3n del hecho<br \/>\na) En una primera fase se afirma de una forma sencilla, aunque tajante, el hecho mismo. El acontecimiento cristiano es presentado en forma bipartita, recogiendo la vida terrena, controlable, de Jes\u00fas, y su vida ultraterrena, no controlable (Hch 10, 37-39. 40-43). El hecho concreto de la resurrecci\u00f3n tambi\u00e9n es presentado en forma bipartita, contraponiendo lo hecho por vosotros (vosotros le disteis muerte) y lo hecho por Dios: Dios le resucit\u00f3 (Hch 4, 10; e, 23-24. 32. 36&#8230;).<\/p>\n<p>Llama la atenci\u00f3n la invariabilidad de la f\u00f3rmula Dios le resucit\u00f3. Esto nos hace pensar que el autor de Hechos est\u00e1 utilizando una f\u00f3rmula de fe. Igualmente se subraya que, en el hecho cristiano, en el misterio pascual, es Dios quien tiene la iniciativa. El primer centro de gravedad del enunciado es, como ya apuntamos anteriormente, antes teol\u00f3gico que cristol\u00f3gico, pero es evidente tambi\u00e9n la acentuaci\u00f3n cristol\u00f3gica y soteriol\u00f3gica: es Cristo y Se\u00f1or (Hch 2, 36); juez (Hch 10, 42; 17, 31); piedra angular (4, 10-11); el que perdona los pecados y justifica (13, 38); el \u00fanico \u00abnombre\u00bb con poder salvador (4, 12). La acci\u00f3n de Dios en la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas es interpretada, desde el principio, como un hecho hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfico<br \/>\nb) En una segunda fase comienzan a aparecer las formulaciones que unen la muerte y la resurrecci\u00f3n en el plan salvador de Dios. El ejemplo m\u00e1s elocuente nos lo ofrece I Cor 15,3-5, un texto que es prepaulino y que puede remontarse a los a\u00f1os cuarenta. La muerte y la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas (n\u00f3tese que s\u00f3lo ellas ocurren \u00abseg\u00fan las Escrituras\u00bb, expresi\u00f3n no aplicada ni a la sepultura ni a las apariciones) son el cumplimiento de las Escrituras. Estamos en el segundo momento del desarrollo hist\u00f3rico de la predicaci\u00f3n cristiana. Junto a la afirmaci\u00f3n del hecho se siente la necesidad de garantizarlo aduciendo testigos. De ah\u00ed\u00ad que a la f\u00f3rmula estricta de fe siga la lista de testigos (1 Cor 15, 5-8). Dicha enumeraci\u00f3n de testigos se halla en la l\u00ed\u00adnea de la identificaci\u00f3n del Resucitado con el Crucificado, con Jes\u00fas de Nazaret.<\/p>\n<p>c) Para la formulaci\u00f3n de un hecho que escapa al control humano, los primeros te\u00f3logos cristianos se sirvieron de dos categor\u00ed\u00adas principales: \u00abresurrecci\u00f3n\u00bb y \u00abhumillaci\u00f3n-exaltaci\u00f3n\u00bb. La primera, que es la que se hizo habitual, es una interpretaci\u00f3n escatol\u00f3gica. Tiene como punto de referencia la esperanza jud\u00ed\u00ada de la resurrecci\u00f3n en el \u00faltimo d\u00ed\u00ada (Hch 4, 2). Al utilizar esta categor\u00ed\u00ada jud\u00ed\u00ada, el cristianismo elimin\u00f3 de ella la \u00abmaterializaci\u00f3n\u00bb con que era entendida dicha esperanza (Mc 12, 18-22; 1 Cor 15, 35ss: la imaginaban como la vida presente corregida y aumentada, de la que eran eliminadas todas las limitaciones actuales y le eran a\u00f1adidas todas las esperanzas y deseos que ahora anhelamos). Esta categor\u00ed\u00ada acent\u00faa que Jes\u00fas vive realmente; pone de relieve la identidad del Resucitado con el crucificado; presupone el sepulcro vac\u00ed\u00ado y las apariciones. Sin embargo, esta categor\u00ed\u00ada, utilizada para presentar la realidad de Cristo vivo, ofrec\u00ed\u00ada grav\u00ed\u00adsimas dificultades para el anuncio del evangelio a los jud\u00ed\u00ados, sobre todo cuando al anuncio se a\u00f1adi\u00f3 el \u00abseg\u00fan las Escrituras\u00bb. Los jud\u00ed\u00ados no estaban dispuestos a aceptar tal Mes\u00ed\u00adas. El libro de los Hechos nos ofrece una buena prueba de ello al acentuar la falta de coherencia que supon\u00ed\u00ada no aceptar la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas como anticipaci\u00f3n de algo que pertenece a la esencia de la fe jud\u00ed\u00ada: la resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p>d) La segunda f\u00f3rmula, humillaci\u00f3n-exaltaci\u00f3n, es de tipo apocal\u00ed\u00adptico. Ten\u00ed\u00ada como punto de referencia la esperanza jud\u00ed\u00ada, seg\u00fan la cual Dios exaltar\u00ed\u00ada al justo paciente y humillado. El ejemplo del Siervo de Yahv\u00e9 es elocuente al respecto. Esta categor\u00ed\u00ada interpretativa de la resurrecci\u00f3n tuvo una importancia excepcional en el cristianismo primitivo, como lo demuestran los textos siguientes: Fil 2, 6-11 (el c\u00e9lebre himno cristol\u00f3gico); Lc 24, 26 (necesidad del padecimiento para entrar en la gloria); Hch 3,1 &#8211; 4, 31 (tesis de Pedro: Dios ha glorificado a su siervo santo y justo). Es el mismo pensamiento y esquema que se desarrolla en el himno cristol\u00f3gico de 1Tim 3, 16 (\u00ab&#8230; exaltado a la gloria\u00bb).<\/p>\n<p>Esta segunda categor\u00ed\u00ada presupone el sepulcro vac\u00ed\u00ado. Sin ello no ser\u00ed\u00ada posible dicho esquema interpretativo (el discurso de Pedro, Hch 3, 12ss, lo pone de relieve). Sin embargo, en este segundo esquema no ser\u00ed\u00adan necesarias las apariciones, y en \u00e9l tampoco era necesario separar la Pascua de la Ascensi\u00f3n (as\u00ed\u00ad nos es presentada la \u00abjornada pascual\u00bb en Lc 24).<\/p>\n<p>Esta segunda forma de presentar el acontecimiento ten\u00ed\u00ada otras ventajas: era m\u00e1s conforme a las Escrituras; hablaba con mayor claridad de la historia de opresi\u00f3n vivida por el pueblo de Dios y de la consiguiente esperanza en la victoria que Dios le conceder\u00ed\u00ada; establec\u00ed\u00ada de forma m\u00e1s concreta la relaci\u00f3n de Jes\u00fas con el Mes\u00ed\u00adas-Rey (2 Sal 7, 11-14), que supon\u00ed\u00ada y pon\u00ed\u00ada de relieve la unidad del pueblo y del rey: Israel y el Mes\u00ed\u00adas-Rey constituyen una unidad mesi\u00e1nica, una unidad hist\u00f3rico-sociol\u00f3gico-salv\u00ed\u00adfica. Los Sal 2 (citado en Heb 4, 26) y 110 (citado en Hch 2, 34-35) interpretan la resurrecci\u00f3n como entronizaci\u00f3n del Mes\u00ed\u00adas-Rey, como la constituci\u00f3n de Jes\u00fas en Se\u00f1or y Cristo, como Se\u00f1or y Salvador. De esta forma aparece Jes\u00fas unido inseparablemente a su pueblo y a la historia de la salvaci\u00f3n (Hch 3, 25-26; Gal 3, 16).<\/p>\n<p>Esta segunda f\u00f3rmula perdi\u00f3 terreno en favor de la primera, a la que enriqueci\u00f3 extraordinariamente. Sus contenidos fueron vincul\u00e1ndose tambi\u00e9n a la f\u00f3rmula de la resurrecci\u00f3n. M\u00e1s a\u00fan, se halla latente en la descripci\u00f3n que hace el cuarto evangelio sobre la resurrecci\u00f3n como retorno o vuelta al Padre (Jn 20, 17). Es otra posibilidad de describir la resurrecci\u00f3n. La misma realidad nos es presentada por el autor de la carta a los Hebreos, que no habla de la resurrecci\u00f3n y expresa este concepto con la categor\u00ed\u00ada de entrada en el santuario; Cristo, como Sumo Sacerdote de la nueva alianza, que entra en el Santo de los Santos para interceder por sus hermanos.<\/p>\n<p>4. Historicidad del acontecimiento<br \/>\nAl abordar el tema o la cuesti\u00f3n de la historicidad de la resurrecci\u00f3n es preciso tener absoluta claridad sobre dos cosas igualmente importantes: a) Estamos ante un acontecimiento estrictamente sobrenatural. Escapa a las pruebas objetivas e hist\u00f3ricas en sentido estricto. Teniendo en cuenta este aspecto, hay que afirmar que la resurrecci\u00f3n no fue un acontecimiento hist\u00f3rico (se trata de una realidad metahist\u00f3rica, a la que no puede llegar el historiador mediante pruebas documentales ni el fil\u00f3sofo mediante el ejercicio de la raz\u00f3n); es uno de esos acontecimientos que no admiten testigos (de hecho no hubo testigos de la resurrecci\u00f3n). b) El segundo aspecto que debe destacarse es su profunda vinculaci\u00f3n o enraizamiento en nuestra historia, expresada en el sepulcro vac\u00ed\u00ado y en las apariciones.<\/p>\n<p>Antes de tratar expl\u00ed\u00adcitamente estos dos hechos es importante caer en la cuenta de lo siguiente: la diversidad, e incluso contradicciones, en la presentaci\u00f3n de los hechos se explica por la variabilidad de la tradici\u00f3n oral en la transmisi\u00f3n de sucesos que escapan al control humano; a\u00f1\u00e1dase que la imprecisi\u00f3n de un hecho \u00abevang\u00e9lico\u00bb es perfectamente compatible con la multiplicidad de representaciones del mismo. No estamos ante relatos estrictamente hist\u00f3ricos constatados por un notario que levanta acta de lo ocurrido. Lo importante, el centro de gravedad, es la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas. En ello coinciden todos los relatos. Las circunstancias en que es contada pueden variar sin ninguna clase de atentado a la verdad hist\u00f3rica, ya que, repit\u00e1moslo una vez m\u00e1s, lo que aqu\u00ed\u00ad tenemos es la historia o verdad \u00abevang\u00e9lica\u00bb.<\/p>\n<p>c) Las observaciones precedentes nos har\u00e1n comprender la importancia extraordinaria de lo que vamos a decir: las variantes e incluso contradicciones en la presentaci\u00f3n de los hech\u00f3s pascuales aparecen en la tercera fase, cuando aquellos cristianos tuvieron la \u00abosad\u00ed\u00ada\u00bb de describir el suceso en cuanto tal (es el estadio correspondiente al relato de las apariciones, en cuya formulaci\u00f3n han intervenido muchos factores. En todo caso, tomar estas descripciones al pie de la letra equivaldr\u00ed\u00ada a desconocer la verdadera naturaleza de estos relatos evang\u00e9licos).<br \/>\nJustificamos, en primer lugar, las afirmaciones inmediatamente anteriores sobre la diversidad e incluso contradicciones en la presentaci\u00f3n de los hechos.<\/p>\n<p>d) Las mujeres se dirigen al sepulcro de Jes\u00fas con aromas para ungir su cad\u00e1ver (as\u00ed\u00ad nos lo presentan Marcos y Lucas). Esta versi\u00f3n contradice la que nos ofrece el evangelio de Juan (19, 39-40), seg\u00fan el cual este acto hab\u00ed\u00ada sido realizado, incluso con magnanimidad, por,Jos\u00e9 de Arimatea y por Nicodemo. El relato de Mateo (28, 11) habla de una \u00abvisita\u00bb al sepulcro. Las visitas a los sepulcros eran normales durante los tres primeros d\u00ed\u00adas (Jn 11, 31-39, el caso de L\u00e1zaro) posteriores al sepelio.<\/p>\n<p>e) Camino del sepulcro, las mujeres se plantean el problema sobre \u00abqui\u00e9n nos remover\u00e1 la piedra de la entrada al monumento\u00bb. \u00bfNo deb\u00ed\u00adan haberse planteado la cuesti\u00f3n antes de tomar la decisi\u00f3n de ir al sepulcro? M\u00e1s a\u00fan: ninguna de las otras versiones evang\u00e9licas hace referencia alguna a este problema. Las mujeres entraron en el sepulcro (as\u00ed\u00ad lo afirma la versi\u00f3n de Marcos y lo mismo hace suponer el relato de Lucas) y all\u00ed\u00ad recibieron la informaci\u00f3n adecuada sobre la desaparici\u00f3n del cad\u00e1ver de Jes\u00fas; esta informaci\u00f3n les fue dada ante el sepulcro, sin entrar en \u00e9l, seg\u00fan el evangelio de Mateo. En el de Juan, la Magdalena se percata del problema, va corriendo a avisar a Pedro, y es \u00e9l, y despu\u00e9s de \u00e9l tambi\u00e9n el disc\u00ed\u00adpulo al que Jes\u00fas tanto quer\u00ed\u00ada, quienes entran en el sepulcro. Finalmente, el descubrimiento del sepulcro vac\u00ed\u00ado, afirmado un\u00e1nimemente por todos los evangelios, es desconocido en el resto del N.T., que silencia absolutamente el hecho.<\/p>\n<p>f) Estamos ante tradiciones distintas. El descubrimiento del sepulcro vac\u00ed\u00ado y las apariciones del Resucitado se muestran tan \u00ed\u00adntimamente ligados en nuestros evangelios que pudieran hacernos pensar que se trata de una \u00fanica tradici\u00f3n. Originariamente fueron dos tradiciones distintas. Una primera prueba nos la ofrece el hecho ya mencionado; en el resto del N.T. son conocidas y narradas las apariciones del Se\u00f1or, pero no se menciona para nada lo relativo al sepulcro vac\u00ed\u00ado. A ella debe a\u00f1adirse que el descubrimiento del sepulcro vac\u00ed\u00ado tuvo lugar, como es natural, en Jerusal\u00e9n, mientras que las apariciones son localizadas en Galilea. (Lucas constituye una excepci\u00f3n al situarlas en Jerusal\u00e9n o en sus cercan\u00ed\u00adas. Las razones que tuvo para ello no es posible explicarlas aqu\u00ed\u00ad. Baste decir que tiene mucho que ver con la concepci\u00f3n literaria de su evangelio, que viaja hacia Jerusal\u00e9n en la persona de Jes\u00fas y, desde la ciudad santa, sigue su camino hasta Roma, en la persona de Pablo en el libro de los Hechos. Volver a Galilea significar\u00ed\u00ada, en esta concepci\u00f3n, un retroceso en el viaje).<\/p>\n<p>g) En este primer momento, el descubrimiento del sepulcro vac\u00ed\u00ado no fue comunicado a los disc\u00ed\u00adpulos, ni \u00e9stos, por tanto, pudieron hacer la comprobaci\u00f3n visual, in situ, de un hecho tan desconcertante. El \u00fanico relato que lo recoge, el del cuarto evangelio, tiene signos inconfundibles de ser una adici\u00f3n posterior al relato original, que s\u00f3lo hablaba de Mar\u00ed\u00ada Magdalena. Ella, despu\u00e9s de la visita de Pedro y del disc\u00ed\u00adpulo amado, se halla de nuevo sola ante el sepulcro. \u00bfEs esto veros\u00ed\u00admil despu\u00e9s que Pedro y el disc\u00ed\u00adpulo amado hab\u00ed\u00adan comprobado lo que ella les hab\u00ed\u00ada anunciado? Ellos desaparecen del sepulcro con la mayor naturalidad del mundo y dejan sola a Mar\u00ed\u00ada Magdalena.\u00bfNo es m\u00e1s veros\u00ed\u00admil que Mar\u00ed\u00ada Magdalena haya protagonizado sola toda la historia y que, posteriormente, se introdujese en el relato de la misma la verificaci\u00f3n llevada a cabo por Pedro y por el disc\u00ed\u00adpulo amado?<br \/>\nA pesar de tratarse de tradiciones distintas, fueron unificadas muy pronto. Era l\u00f3gico que fuese as\u00ed\u00ad. Un narrador jud\u00ed\u00ado que relatase las apariciones de Jes\u00fas ten\u00ed\u00ada que pensar que el sepulcro estaba vac\u00ed\u00ado. Si Jes\u00fas hab\u00ed\u00ada resucitado no pod\u00ed\u00ada seguir en el sepulcro su cad\u00e1ver. Por otra parte, el anuncio de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas ten\u00ed\u00ada que provocar de forma inevitable -sobre todo cuando la proclamaci\u00f3n se hac\u00ed\u00ada en Jesural\u00e9n- la pregunta por su cad\u00e1ver. Bastar\u00ed\u00ada con remitir al sepulcro de Jes\u00fas para deshacer la predicaci\u00f3n de su resurrecci\u00f3n. Y en ello estaban muy interesados los dirigentes jud\u00ed\u00ados.<\/p>\n<p>En la misma l\u00ed\u00adnea debe aducirse el caso frecuente de investigadores de esta historia, que admiten como ver\u00ed\u00addico el hecho del sepulcro vac\u00ed\u00ado, aunque no acepten el mensaje pascual. Sencillamente porque el descubrimiento del sepulcro vac\u00ed\u00ado pertenece al terreno de lo experimentalmente constatable. Y esto no ocurre con la proclamaci\u00f3n de la fe en el Resucitado.<\/p>\n<p>h) El sepulcro vac\u00ed\u00ado es un hecho que no puede ser negado. Las explicaciones recogidas por Mateo sobre el robo del cad\u00e1ver de Jes\u00fas dan por supuesto el hecho. Y la transmisi\u00f3n de este hecho es inseparable de la presencia de las mujeres en el sepulcro. Ellas eran las \u00fanicas que sab\u00ed\u00adan d\u00f3nde estaba y cu\u00e1l era el sepulcro; no lo sab\u00ed\u00adan los disc\u00ed\u00adpulos, que ni siquiera hab\u00ed\u00adan estado en el entierro del Maestro.(Tambi\u00e9n lo sab\u00ed\u00adan Jos\u00e9 de Arimatea y Nicodemo, pero ellos no aparecen en estos relatos).<br \/>\nLa reconstrucci\u00f3n hist\u00f3rica de lo ocurrido encierra grandes dificultades. Lo m\u00e1s probable es que el descubrimiento lo hiciese Mar\u00ed\u00ada Magdalena. A ella se a\u00f1adieron despu\u00e9s las otras mujeres, bien fuese en el sepulcro mismo -lo cual no es improbable- o bien en la tradici\u00f3n posterior que las asoci\u00f3. De hecho, Mar\u00ed\u00ada Magdalena es la \u00fanica que aparece de forma invariable tanto en la lista de los nombres de las mujeres (Mc 15, 40. 47; 16, 1) como en general en la menci\u00f3n de las mujeres en el sepulcro (Mt 28, 1; Lc 24, 10). Mar\u00ed\u00ada Magdalena aparece en todos los textos y adem\u00e1s siempre en primer lugar<br \/>\ni) Lo m\u00e1s sorprendente dentro del relato de Marcos (16, 8). es el silencio de las mujeres despu\u00e9s de su experiencia en el sepulcro. Y no pensemos en razones psicol\u00f3gicas, que nada tienen que ver en la cuesti\u00f3n. El silencio afirmado por Marcos se halla en abierta contraposici\u00f3n a los textos paralelos de los otros tres evangelios. Adem\u00e1s, dicho silencio significar\u00ed\u00ada la desobediencia formal de las mujeres a las indicaciones celestes, que les mandaron comunic\u00e1rselo a los disc\u00ed\u00adpulos y a Pedro. De este modo, ellas, las mujeres, hab\u00ed\u00adan sido constituidas en las primeras mensajeras de la resurrecci\u00f3n. \u00bfPor qu\u00e9 renunciar a un privilegio tan singular?<br \/>\nEl mismo Marcos explica dicho silencio desde el asombro y el miedo. Lo repite por tres veces (16, 5. 8). Y, considerando el hecho mismo de las causas que lo provocaron, es comprensible el silencio: el mismo hecho del sepulcro vac\u00ed\u00ado era ya algo inaudito; a ello se a\u00f1ade la voz del mensajero celeste que lo interpreta -y lo hace, por cierto, utilizando una f\u00f3rmula de fe -; la reacci\u00f3n de las mujeres ante el sepulcro es la misma que comprobamos ante otras apariciones: temor, asombro, duda, desconcierto ante lo inaudito. \u00bfC\u00f3mo admitir que, en Jes\u00fas, se ha hecho ya realidad la esperanza jud\u00ed\u00ada de la resurrecci\u00f3n al fin de los tiempos? La reacci\u00f3n mencionada: asombro, miedo, duda, desconcierto, temor&#8230; son sin\u00f3nimos de la incomprensi\u00f3n y la ceguera. Es la misma reacci\u00f3n que encontramos a lo largo del evangelio, cuando Dios entra en acci\u00f3n. La alegr\u00ed\u00ada vendr\u00ed\u00ada despu\u00e9s, como fruto del encuentro y de la visi\u00f3n del Resucitado. De momento s\u00f3lo existe el temor.<\/p>\n<p>j) El sepulcro vac\u00ed\u00ado, \u00bfes un argumento para demostrar la resurrecci\u00f3n? La raz\u00f3n \u00faltima del silencio que Marcos impone a las mujeres -y s\u00f3lo \u00e9l lo hace- es la convicci\u00f3n siguiente: el sepulcro vac\u00ed\u00ado no es una prueba de la resurrecci\u00f3n. (Tal vez sea conveniente a\u00f1adir que, en la hip\u00f3tesis de que alguien adujese el relato de las mujeres, su testimonio ser\u00ed\u00ada considerado sin valor alguno, ya que en la \u00e9poca carec\u00ed\u00adan de credibilidad y no pod\u00ed\u00adan ser aducidas como testigos en un proceso judicial).<\/p>\n<p>El sepulcro vac\u00ed\u00ado no es una prueba de la resurrecci\u00f3n. No lo fue nunca ni para nadie. Desde este punto de vista, el hecho carece de importancia, tanto en los evangelios como en el resto del A.T. Del milagro del sepulcro vac\u00ed\u00ado debe decirse lo mismo que del resto de los milagros: lo decisivo en todas las historias de apariciones no es el sepulcro vac\u00ed\u00ado en s\u00ed\u00ad mismo -como no es lo decisivo en los relatos de milagros el hecho en s\u00ed\u00ad mismo, por asombroso que parezca-, sino el mensaje de que en \u00e9l, en Jes\u00fas, se ha cumplido lo que \u00e9l anunciaba; en \u00e9l se ha iniciado la resurrecci\u00f3n de los muertos; en \u00e9l ha tenido ya lugar la irrupci\u00f3n del mundo futuro, del que se esperaba la resurrecci\u00f3n; en su resurrecci\u00f3n se han anticipado las realidades que la esperanza jud\u00ed\u00ada ten\u00ed\u00ada puestas en los \u00faltimos d\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>El sepulcro vac\u00ed\u00ado no suscit\u00f3 la fe en nadie; la fe pascual no es fruto de un proceso lento cuyo punto de partida fue el sepulcro vac\u00ed\u00ado (el \u00fanico texto, confuso en este sentido, y que no puede ser aducido como prueba en contra de lo que estamos diciendo, es Jn 20, 8: el disc\u00ed\u00adpulo amado \u00abvio y crey\u00f3\u00bb; est\u00e1 muy claro que no crey\u00f3 porque vio vac\u00ed\u00ado el sepulcro; el sepulcro vac\u00ed\u00ado es presentado en este texto como un \u00absigno\u00bb que, con la ayuda de la Escritura, obliga a pensar en otra realidad m\u00e1s profunda de la que se est\u00e1 viendo); la certeza de la resurrecci\u00f3n tiene su fundamento \u00faltimo y \u00fanico en el encuentro del hombre con el Resucitado. Para quien ha tenido esta experiencia, el sepulcro vac\u00ed\u00ado puede ser un \u00absigno\u00bb de lo ocurrido, de la acci\u00f3n de Dios que llama a la vida, \u00abque da la vida a los muertos y llama a las cosas que no son para que sean\u00bb (Rom 4, 17).<\/p>\n<p>k) El encuentro con el Resucitado es el que explica que en Jerusal\u00e9n, lugar de la crucifixi\u00f3n y de la sepultura, poco despu\u00e9s surgiese una comunidad constituida a partir de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas y sobre la base de la misma. La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas restablece las relaciones rotas: se transmite la noticia a los que hab\u00ed\u00adan huido y, en particular, al que expl\u00ed\u00adcitamente le hab\u00ed\u00ada negado -que era el primero de los ap\u00f3stoles-; de nuevo son buscados por la gracia del perd\u00f3n para continuar el proyecto de Jes\u00fas en la l\u00ed\u00adnea ya perfeccionada del seguimiento al que hab\u00ed\u00adan sido llamados. -> apariciones.<\/p>\n<p>BIBL. \u2014 P. BENOIT, Pasi\u00f3n y resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or, Fax, Madrid, 1971; I. DANIELOU, La Resurrecci\u00f3n, Studium, Madrid, 1971; A. AMMASSARI, La Resurrezione, nell&#8217;insegnamento, nella profezia, nelle apparizioni di Ges\u00fa, Citt\u00e1 Nuova Edit, Roma, 1975; B. RIGAUx, Dieu 1&#8217;a ressuscit\u00e9, Duculot, Bruselas, 1972; U. WILCKENS, La Resurrecci\u00f3n de jes\u00fas. Estudio hist\u00f3rico-cr\u00ed\u00adtico del testimonio b\u00ed\u00adblico, S\u00ed\u00adgueme, 1981.<\/p>\n<p>Felipe F Ramos<\/p>\n<p>FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret<\/b><\/p>\n<p>1.Introducci\u00f3n<\/p>\n<p>(-> Jes\u00fas, sepulcro, apariciones, Pedro, Mar\u00ed\u00ada Magdalena, inmortalidad). El tema de la resurrecci\u00f3n aparece en los escritos tard\u00ed\u00ados del Antiguo Testamento (por ejemplo en Dn 12,1-3) y se utiliza sobre todo para poner de relieve la experiencia de triunfo y retorno a la vida de aquellos que han sido sacrificados y asesinados. Puede vincularse a la experiencia de la inmortalidad*, pero tiene unos rasgos distintos: la vida futura no se funda en el hecho de que el hombre tenga una esencia inmortal, sino en la acci\u00f3n y presencia de Dios, que recoge en su Vida a los muertos y, de un modo especial, a los que han entregado gratuitamente su vida, como Cristo. Pues bien, para los cristianos, la resurrecci\u00f3n no es una teor\u00ed\u00ada sobre Dios, sino experiencia nueva, que ha cambiado su vida: ellos \u00abhan visto\u00bb a Jes\u00fas tras la muerte y confiesan que Dios le ha resucitado (Rom 4,14), de manera que entienden esa resurrecci\u00f3n como centro y sentido de su fe mesi\u00e1nica. Ellos pueden presentar a Jes\u00fas como primog\u00e9nito de entre los muertos (Ap 1,19) y distinguir despu\u00e9s dos o tres resurrecciones: la de Jes\u00fas, ya resucitado, dentro de la misma historia, la del milenio, con el triunfo de los creyentes en este mundo (Ap 20,5.6), y la resurrecci\u00f3n del fin de los tiempos, que se expresar\u00e1 cuando acabe este mundo, en el cielo nuevo y en la tierra nueva (Ap 21-22). Pero estas distinciones resultan en principio secundarias. Lo que define a los cristianos es que ellos \u00abhan visto\u00bb de un modo nuevo a Jes\u00fas y le siguen viendo vivo tras su muerte. \u00bfC\u00f3mo? Esta es la pregunta que define el cristianismo, como indicaremos. A fin de plantearla mejor queremos evocar algunos intentos parciales de comprensi\u00f3n de la pascua de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>(1) Resurrecci\u00f3n. Una forma de entender el fracaso de Jes\u00fas. Algunos autores (como A. Schweitzer) han afirmado que la pretensi\u00f3n de que Jes\u00fas ha resucitado ha sido una forma de justificar su fracaso y de mantener su mensaje. Jes\u00fas hab\u00ed\u00ada anunciado la llegada del reino de Dios y su venida gloriosa como Hijo de Hombre. Pero \u00e9l no vino en su gloria y el Reino no lleg\u00f3 y sus disc\u00ed\u00adpulos, cansados de aguardar, dijeron que hab\u00ed\u00ada resucitado \u00aben esp\u00ed\u00adritu\u00bb, de manera que transformaron su mensaje en esa l\u00ed\u00adnea y fundaron la Iglesia. En un sentido externo, ellos mintieron. Pero en un sentido mucho m\u00e1s profundo ellos ten\u00ed\u00adan raz\u00f3n: Jes\u00fas no hab\u00ed\u00ada vuelto sobre las nubes del cielo, pero est\u00e1 presente como inspirador de una vida nueva en aquellos que le siguieron entonces y que lo siguen haciendo hasta el d\u00ed\u00ada de hoy. Schweitzer pensaba que Jes\u00fas hab\u00ed\u00ada compartido la esperanza apocal\u00ed\u00adptica con Juan Bautista y otros profetas de su tiempo, aguardando la llegada inminente del reino: este mundo cesar\u00e1 y vendr\u00e1 una tierra nueva, donde los justos vivir\u00e1n como \u00e1ngeles del cielo. Educado en la escuela de Daniel o Henoc, pens\u00f3 que ten\u00ed\u00ada que llegar el Hijo de David (Mes\u00ed\u00adas) que despu\u00e9s se mostrar\u00ed\u00ada como juez celeste (Hijo del Hombre) sobre las nubes del cielo. Fund\u00e1ndose en Mc 12,35-37 y Rom 1,3-4, Schweitzer supuso que Jes\u00fas se tom\u00f3 a s\u00ed\u00ad mismo como el descendiente de David y como el futuro Hijo del Hombre, que se revelar\u00ed\u00ada victorioso sobre las nubes del cielo. As\u00ed\u00ad lo anunci\u00f3 y se prepar\u00f3 para ello, actuando como Mes\u00ed\u00adas, para venir muy pronto como Hijo del Humano, mientras sus disc\u00ed\u00adpulos iban extendiendo este mensaje entre las ciudades de Galilea. Pero los disc\u00ed\u00adpulos acabaron su mensaje (Mc 6,30) y todo sigui\u00f3 igual, como si Jes\u00fas no hubiera anunciado el fin del mundo. Pues bien, en ese momento, tras su primer fracaso, Jes\u00fas pens\u00f3 que el esquema total del anuncio mesi\u00e1nico deb\u00ed\u00ada transformarse, introduciendo la visi\u00f3n del Siervo sufriente del Segundo Isa\u00ed\u00adas: primero ten\u00ed\u00ada que  padecer \u00e9l mismo y ser rechazado, para aparecer despu\u00e9s como Mes\u00ed\u00adas-Hijo del Hombre y Siervo de Yahv\u00e9 sobre el cielo. Con esa certeza, Jes\u00fas subi\u00f3 a Jerusal\u00e9n, sabiendo que deb\u00ed\u00ada ser rechazado, y por eso aceler\u00f3 de alg\u00fan modo su muerte. L\u00f3gicamente, amenazados por Jes\u00fas, sacerdotes y romanos le condenaron a muerte, de manera que muri\u00f3 sobre una cruz, con la esperanza de volver muy pronto como triunfador resucitado. Pero \u00e9l se equivoc\u00f3 por segunda vez: sufri\u00f3 por el reino de Dios y el Reino no vino; muri\u00f3 como pretendiente mesi\u00e1nico, pero Dios no le resucit\u00f3, ni le convirti\u00f3 en Hijo del Hombre, lleno de poder sobre la tierra. Esta ha sido la m\u00e1s honda y amarga experiencia de la historia humana: sus dos equivocaciones, la primera en Galilea, la segunda en Jerusal\u00e9n. Pues bien, la Iglesia ha transformado esta segunda equivocaci\u00f3n en principio de su fe pascual, que es la tercera fe cristiana (la primera fue la de un Cristo sin sufrimiento, la segunda la de un Cristo con sufrimiento, la tercera la de una resurrecci\u00f3n oculta, dentro de la Iglesia). En esa l\u00ed\u00adnea, los cristianos creyeron que Jes\u00fas no hab\u00ed\u00ada vuelto como triunfador externo porque hab\u00ed\u00ada resucitado de una forma mejor y m\u00e1s profunda. Toda la historia de la cristiandad, hasta el d\u00ed\u00ada de hoy, constituye para Schweitzer un esfuerzo por interpretar aquella decepci\u00f3n de Jes\u00fas: \u00c2\u00a1no volvi\u00f3 como dijo, pero vino y se hizo presente en el mundo de un modo pascual! Por eso, sus disc\u00ed\u00adpulos, no pudiendo quiz\u00e1 soportar el fracaso de su Maestro e, iluminados por el resplandor de su vida anterior como Mes\u00ed\u00adas anunciado, creyeron verle y le vieron vivo. Se trat\u00f3, sin duda, de un tipo de alucinaciones, pero ellas han definido toda la historia posterior de la Iglesia y del mundo.<\/p>\n<p>(2) Interpretaciones. Jes\u00fas no volvi\u00f3 de un modo externo, pero est\u00e1 presente en la vida de sus seguidores. Desde esa perspectiva se entiende en algunas formulaciones de su resurrecci\u00f3n, (a) Algunos (como R. Bultmann y W. Marxsen) afirman que resucit\u00f3 en la Palabra, de manera que se puede afirmar que el mensaje y la \u00abcosa\u00bb de Jes\u00fas sigue adelante. Jes\u00fas no ha vuelto en la forma en que le esperaban muchos de los suyos, como triunfador apocal\u00ed\u00adptico, pero ha dejado su Palabra o, mejor dicho, est\u00e1 presente en ella, como signo de la gra cia de Dios. As\u00ed\u00ad podemos afirmar que ha resucitado y sigue actuando en el mensaje, que no es puro recuerdo de un pasado pret\u00e9rito, ni simple argumento moralista, sino experiencia de gratuidad y salvaci\u00f3n que sigue actuando en el mundo. Quisieron apagar el mensaje de Jes\u00fas al clavarle en la cruz, pero no lo consiguieron, porque su palabra sigue resonando en el mundo, como Palabra de Dios. En ese sentido se puede y se debe afirmar que ha resucitado de los muertos, (b) Ha resucitado en la vida de los hombres (H. Braun). Jes\u00fas ha sido y sigue siendo m\u00e1s que una palabra, m\u00e1s que un signo de confianza en Dios, pues \u00e9l personifica el valor definitivo del hombre como ser que puede vivir y morir de un modo gratuito, al servicio de los dem\u00e1s, abriendo as\u00ed\u00ad un camino de gracia y comunicaci\u00f3n amorosa sobre el mundo. Fue un hombre aut\u00e9ntico: vivi\u00f3 lo que ense\u00f1aba, encarn\u00f3 su mensaje; no se limit\u00f3 a decir, sino que realiz\u00f3 lo que dec\u00ed\u00ada, muriendo por ello. De esa forma, su compromiso hasta la muerte hizo que muchos pudieran comprometerse como \u00e9l, iniciando un camino m\u00e1s profundo de experiencia humana. La resurrecci\u00f3n constituye, por tanto, una forma simb\u00f3lica de expresar la autoridad mesi\u00e1nica de Jes\u00fas. Tomada de manera literal, ella es una afirmaci\u00f3n mitol\u00f3gica. Mirada como s\u00ed\u00admbolo, ella ratifica la pretensi\u00f3n mesi\u00e1nica de Jes\u00fas, a quien podemos ver, en estos tiempos de muerte de Dios (siglos XX y XXI), como fuente y garant\u00ed\u00ada del valor de la existencia humana.<\/p>\n<p>(3) Experiencia pascual, encuentro con Jes\u00fas como el Viviente. Las interpretaciones anteriores son valiosas, pero, llevadas hasta el final, resultan insuficientes. La experiencia pascual no es un modo de explicar el fracaso de Jes\u00fas, ni una forma de interpretar su presencia en el mensaje y en la vida de los hombres, sino una experiencia de encuentro personal con Jes\u00fas crucificado, que se manifiesta a sus disc\u00ed\u00adpulos como Viviente. Ellos esperaban quiz\u00e1 otra cosa, pero han visto a Jes\u00fas, se han encontrado con \u00e9l, no s\u00f3lo con su vida y su mensaje, sino con \u00e9l en persona, descubri\u00e9ndole vivo, en la Vida de Dios, de tal forma que pueden presentarle como Se\u00f1or glorificado que sustenta la vida de los fieles y la misma realidad del mundo. No le ven  simplemente como Mes\u00ed\u00adas escondido que retornar\u00e1 al final, sino como amigo y salvador presente a quien pueden invocar ya desde ahora diciendo: Mara\u00f1a tha, Se\u00f1or ven (1 Cor 16,22). En ese sentido, por encima de todas las posibles interpretaciones (\u00c2\u00a1por otra parte necesarias!), la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas ha sido para los cristianos una experiencia de encuentro con Jes\u00fas, porque, como dice Flavio Josefo, \u00abaquellos que antes lo hab\u00ed\u00adan amado no dejaron de hacerlo\u00bb (A7 18,64). En este contexto podemos hablar de una \u00abmutaci\u00f3n pascual\u00bb, una forma nueva de ver y sentir la presencia de un hombre a quien han crucificado y que, sin embargo, precisamente porque le han crucificado, sigue vivo, animando su mensaje, continuando su obra. Esta es la mutaci\u00f3n de la pascua, la nueva comprensi\u00f3n y presencia del hombre Jes\u00fas, que se ha opuesto a los principios de la selecci\u00f3n natural, que ratifica el triunfo de los fuertes-ricos, y que viene a presentarse ahora como testigo de la victoria de los expulsados del sistema, de los cojos-mancos-ciegos, de los impuros y pobres. Con ellos y por ellos ha resucitado, como indican las entradas siguientes.<\/p>\n<p>Cf. H. BRAUN, Jes\u00fas, el hombre de Nazaret y su tiempo, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1975; R. BULTMANN, Teolog\u00ed\u00ada del Nuevo Testamento, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1981; Creer v comprender I-II, Studium, Madrid 1974-1976; X. LEON-DUFOUR, Resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas y mensaje pascual, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1973; F. MUSSNER, La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, Sal Terrae, Santander f 97 f; W. MARXSEN, La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas de Nazaret, Herder, Barcelona 1974; S. VIDAL, Los tres proyectos de Jes\u00fas y el cristianismo naciente, BEB ffO, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 2003; A. SCHWEITZER, Investigaci\u00f3n sobre la vida de Jes\u00fas, Edicep, Valencia 1990; G. THEISSEN, La fe b\u00ed\u00adblica. Una perspectiva evolucionista, Verbo Divino, Estella 2002.<\/p>\n<p>RESURRECCI\u00ed\u201cN<br \/>\n2. Apariciones<\/p>\n<p>(-> sepulcro, Mar\u00ed\u00ada Magdalena, Pedro, Doce, Santiago, helenistas, Pablo). Las apariciones de Jes\u00fas no fueron equivocaciones, sino experiencias de presencia personal, y en esa l\u00ed\u00adnea queremos evocarlas. Dentro del conjunto de las apariciones de Jes\u00fas resucitado, que distinguimos de los relatos del sepulcro* vac\u00ed\u00ado, destacan varias l\u00ed\u00adneas o momentos fuertes, que presentamos de un modo separado, aun sabiendo que entre ellas existen muchas conexiones.<\/p>\n<p>(1) Mar\u00ed\u00ada Magdalena. La tradici\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada* Magdalena y de otras mujeres que han visto al Se\u00f1or est\u00e1 en el fondo de todos los evangelios, pero s\u00f3lo aparece de manera expresa en dos textos: \u00abResucitando en la madrugada del primer d\u00ed\u00ada de la semana, Jes\u00fas se apareci\u00f3 primero a Mar\u00ed\u00ada Magdalena&#8230; Ella fue y lo anunci\u00f3 a los que hab\u00ed\u00adan estado con \u00e9l [con Jes\u00fas] que se aflig\u00ed\u00adan y lloraban. Ellos, oyendo que se hallaba vivo y que hab\u00ed\u00ada sido visto por ella, no creyeron\u00bb (Mc 16,9). Esta noticia, recogida en el final can\u00f3nico o posterior de Mc (el libro originario terminaba en 16,8), contiene a mi juicio una tradici\u00f3n aut\u00e9ntica, que sirve para confirmar la certeza de que en el comienzo de la experiencia pascual se encuentra una mujer, la Magdalena. El evangelio de Juan recoge y transforma ese motivo; dice que Mar\u00ed\u00ada fue la primera en ir al sepulcro y que, encontr\u00e1ndolo vac\u00ed\u00ado, avis\u00f3 a Pedro y al otro disc\u00ed\u00adpulo, que vinieron corriendo y se fueron. Ella qued\u00f3 en el jard\u00ed\u00adn del sepulcro y conoci\u00f3 a Jes\u00fas cuando le llam\u00f3 \u00c2\u00a1Mar\u00ed\u00ada!, pidi\u00e9ndole despu\u00e9s que fuera y diera el testimonio a los disc\u00ed\u00adpulos (cf. Jn 20).<\/p>\n<p>(2) Sim\u00f3n Pedro. La aparici\u00f3n de Jes\u00fas a Pedro se encuentra tambi\u00e9n en el fondo de la narraci\u00f3n de Mc 16,7 y de Jn 21,15-17, pero s\u00f3lo ha sido evocada expresamente por Lucas y Pablo. A su vuelta a Jerusal\u00e9n, los caminante de Ema\u00fas* encuentran a los disc\u00ed\u00adpulos reunidos, exclamando: \u00abHa resucitado verdaderamente el Se\u00f1or y se ha aparecido a Sim\u00f3n\u00bb (Lc 24,34). Todo nos permite suponer que esta palabra constituye la confesi\u00f3n de fe de unos cristianos que apoyan su fe sobre el testimonio de Pedro. En esa l\u00ed\u00adnea se sit\u00faa 1 Cor 15,5 cuando presenta la aparici\u00f3n a Pedro como la primera de las apariciones o experiencias pascuales que sirven como fundamento de la fe de la Iglesia: \u00abSe apareci\u00f3 a Cefas y despu\u00e9s a los Doce&#8230;\u00bb. Es muy probable que, conforme a la palabra de Mc 16,7, hayan sido Mar\u00ed\u00ada Magdalena y las mujeres las que han puesto a Pedro en camino hacia Jes\u00fas. Por eso, su visi\u00f3n, siendo primera en sentido oficial (conforme a 1 Cor 15,5), es segunda en sentido hist\u00f3rico, pues estuvo precedida por la experiencia de Mar\u00ed\u00ada y las  mujeres. Sea como fuere, esta experiencia de Pedro se encuentra en el principio de lo que ser\u00e1 despu\u00e9s la vida y misi\u00f3n de los cristianos.<\/p>\n<p>(3) Los Doce. Significativamente, la aparici\u00f3n a los Doce en cuanto tales s\u00f3lo ha sido atestiguada por 1 Cor 15,5, pues en Lc 24,36-49 y Jn 20,19-23 los destinatarios de la experiencia pascual fundante de la Iglesia no fueron los Doce en cuanto tales, sino un grupo indeterminado y quiz\u00e1 m\u00e1s grande de disc\u00ed\u00adpulos (cf. Jn 20,19), reunidos con los Once (los Doce menos Judas: cf. Lc 24,33). Por su parte, los destinatarios de la aparici\u00f3n de Jes\u00fas en el monte de Galilea, seg\u00fan Mt 28,16, fueron los Once, que forman ya un grupo roto y abierto y que no pueden identificarse sin m\u00e1s con los Doce. Pablo, en cambio, recuerda la aparici\u00f3n a los Doce: \u00abOs hago saber, hermanos, el evangelio que os he evangelizado, el que hab\u00e9is recibido, en el que est\u00e1is firmes&#8230; Pues os he transmitido desde el principio lo que yo he recibido: que Cristo muri\u00f3 por nuestros pecados, seg\u00fan las Escrituras, y que fue sepultado y que ha resucitado al tercer d\u00ed\u00ada, seg\u00fan las Escrituras, y que se apareci\u00f3 a Cefas, luego a los Doce, luego se apareci\u00f3 a m\u00e1s de quinientos hermanos de una vez, de los cuales muchos viven hasta ahora, algunos han muerto; despu\u00e9s se apareci\u00f3 a Santiago, despu\u00e9s a todos los ap\u00f3stoles; al \u00faltimo de todos, como a un aborto, se me apareci\u00f3 tambi\u00e9n a m\u00ed\u00ad\u00bb (1 Cor 15,1-8). As\u00ed\u00ad compendia y fundamenta Pablo el Evangelio, presentando su lista oficial de apariciones pascuales de Cristo en el principio de la Iglesia. No es que niegue la aparici\u00f3n primera de Mar\u00ed\u00ada Magdalena y las mujeres, pero no la cita, porque para \u00e9l no tiene car\u00e1cter constitutivo, no es base oficial del surgimiento de la Iglesia. Estas apariciones que Pablo ha citado tienen una funci\u00f3n legitimadora: se han enfrentado y se enfrentan diversas visiones cristianas, representadas por Pedro, Santiago, los Doce, otros ap\u00f3stoles y, en fin, por el mismo Pablo. Pues bien, Pablo reconoce el valor de todas las apariciones, avalando de esa forma la unidad y la multiplicidad de las iglesias, que est\u00e1 fundada en el hecho de que en todas ha venido a expresarse una misma experiencia de pascua, un mismo Se\u00f1or resucitado. Hemos citado ya la funci\u00f3n de Pedro. En un contexto se mejante podemos citar la autoridad de los Doce. Es evidente que los Doce* se toman aqu\u00ed\u00ad en sentido oficial, como un grupo que ha tenido (y quiz\u00e1 tiene a\u00fan, en tiempo de Pablo) una fusi\u00f3n en la Iglesia. Esos Doce no se pueden entender en sentido num\u00e9rico, pues falta Judas, \u00abuno de los Doce\u00bb (cf. Mt 26,14.47; Mc 14,10.43; Jn 6,61). Los once restantes puede cumplir la funci\u00f3n de los Doce, aunque es m\u00e1s probable que para mantener el grupo, en el principio de la Iglesia, se haya nombrado un sustituto de Judas (cf. Hch 1,12-26). Sea como fuere, los Doce han sido por un tiempo (hasta la disoluci\u00f3n del grupo) testigos de Jes\u00fas resucitado.<\/p>\n<p>(4) Las otras apariciones. Presentamos ya, de manera m\u00e1s r\u00e1pida, las restantes apariciones que ha citado Pablo en 1 Cor 15,3-7. (a) Quinientos hermanos. Vienen despu\u00e9s de Pedro y los Doce, y de ellos \u00abmuchos viven hasta ahora, algunos han muerto\u00bb. Estos quinientos pueden ser los miembros de la primera iglesia de Jerusal\u00e9n (en la l\u00ed\u00adnea de Lc 24 y Jn 20, aunque parece preferible vincularlos a las comunidades cristianas de Galilea), que no s\u00f3lo escucharon al Jes\u00fas de la historia, sino que celebraron al Cristo pascual, como puede verse en el fondo de los relatos de las multiplicaciones*. (b) Santiago. Pablo reconoce despu\u00e9s la experiencia pascual de Santiago, el hermano del Se\u00f1or (Gal 1,19). Eso significa que acepta como v\u00e1lida su visi\u00f3n eclesial y su teolog\u00ed\u00ada, aunque \u00e9l haya seguido un camino distinto. Santiago ha terminado siendo representante de la iglesia judeocristiana que ha tenido dificultades para admitir la misi\u00f3n paulina. Entre los diversos caminos o trayectorias de la Iglesia, Santiago representa la l\u00ed\u00adnea m\u00e1s vinculada al judaismo y toma a Jes\u00fas resucitado como culminaci\u00f3n de Israel; por eso, habr\u00ed\u00ada que esperar la conversi\u00f3n del pueblo jud\u00ed\u00ado y s\u00f3lo en un segundo momento se podr\u00ed\u00ada llevar la palabra de Jes\u00fas a los gentiles, (c) Todos los ap\u00f3stoles. Vienen despu\u00e9s de Santiago, pero antes que Pablo. Ellos son al parecer los representantes de la iglesia helenista de Jerusal\u00e9n, a la que alude Hch 6-7; son los primeros ap\u00f3stoles de la Iglesia, en el sentido de enviados o portadores de un mensaje de salvaci\u00f3n universal, abierto por encima de Israel a todos los pueblos. Pablo dice en general \u00abtodos los ap\u00f3stoles\u00bb, no cita ni precisa el n\u00famero.  Pueden ser bastantes, varones y mujeres, creadores de iglesia, (d) Pablo: \u00aby como a \u00faltimo de todos, como a un aborto, se me apareci\u00f3 tambi\u00e9n a m\u00ed\u00ad\u00bb. Es evidente que Pablo se sit\u00faa en la l\u00ed\u00adnea de los helenistas, como culminando un camino que ellos han iniciado y oponi\u00e9ndose de esa manera a Pedro, que est\u00e1 al principio de la lista. Entendidas as\u00ed\u00ad, no todas las apariciones pascuales tuvieron un mismo contenido, ni una misma forma externa. M\u00e1s que apariciones en sentido visionario pueden ser, en general, experiencias de la pascua, vividas en conexi\u00f3n, unas con otras, formando as\u00ed\u00ad un mismo continuo pascual, que Pablo ha sabido reconocer en 1 Cor 15, aunque ha dejado fuera el testimonio de las mujeres.<\/p>\n<p>(5) Sentido de las apariciones. El surgimiento cristiano. La pascua cristiana no se funda ni expresa s\u00f3lo en un conjunto de apariciones, entendidas en forma de experiencias visionarias, pues ellas s\u00f3lo tienen sentido dentro de un contexto de conjunto en el que deben resaltarse los aspectos b\u00e1sicos de la vida y esperanza de Jes\u00fas. Ciertamente, Jes\u00fas anunci\u00f3 el reino de Dios y su muerte fue sentida por muchos como expresi\u00f3n de fracaso. Pero otros pensaron que esa muerte, aceptada por fidelidad al mensaje de Dios, pod\u00ed\u00ada y deb\u00ed\u00ada entenderse como principio de esperanza. Precisamente aquello que parec\u00ed\u00ada m\u00e1s alejado de Dios (\u00c2\u00a1la muerte de un pretendiente mesi\u00e1nico!) pod\u00ed\u00ada y deb\u00ed\u00ada entenderse como expresi\u00f3n de presencia de Dios. Algunos de sus disc\u00ed\u00adpulos \u00absupieron\u00bb que Jes\u00fas segu\u00ed\u00ada presente, como amigo y como mensajero del reino: aquellos que le crucificaron no pudieron ahogar su mensaje, ni destruir su esperanza. Los disc\u00ed\u00adpulos supieron que el \u00abfracaso\u00bb de Jes\u00fas y el hecho de que no viniera de forma gloriosa pod\u00ed\u00ada y deb\u00ed\u00ada entenderse de manera salvadora y as\u00ed\u00ad lo fueron entendiendo en un proceso muy hondo de creatividad evang\u00e9lica; as\u00ed\u00ad descubrieron y sintieron que Jes\u00fas hab\u00ed\u00ada sido transformado por Dios de un modo personal, de manera que pudieron descubrirle como vivo y salvador, ratificando as\u00ed\u00ad su mensaje y tarea de Reino. Esta experiencia de la gloria pascual de Jes\u00fas se encuentra en el origen de la fe cristiana, unida a la experiencia de la llegada futura del Hijo del Hombre, a quien ahora identificaron sin m\u00e1s con el mismo Jes\u00fas. Al gunos siguieron pensando que Jes\u00fas, Hijo de Hombre, ten\u00ed\u00ada que volver muy pronto, pero de tal forma que hasta que volviera ellos deb\u00ed\u00adan seguir proclamando su palabra y manteniendo su obra. Unos acentuaban la pr\u00f3xima venida de Jes\u00fas para Israel; otros pensaban que era necesario anunciar primero su mensaje en todo el mundo. Pero unos y otros afirmaban, con matices distintos, que Jes\u00fas es Aquel que vendr\u00e1, porque se encuentra ya presente entre los suyos, como sabe y dice el testimonio cristiano m\u00e1s antiguo (1 Tes).<\/p>\n<p>(6) Resurrecci\u00f3n. Una experiencia lit\u00fargica. En esta l\u00ed\u00adnea, los primeros himnos de la Iglesia le presentan como Se\u00f1or glorificado que dirige desde ahora no s\u00f3lo la vida de los fieles, sino el mismo despliegue del mundo (cf. Rom l,3s; Flp 2,6s; Col 1,18-20; 1 Pe 3,18-22; 1 Tim 3,16). Jes\u00fas no es simplemente aquel que est\u00e1 raptado y vendr\u00e1 al final, sino el que se revela en poder, reuniendo a sus fieles en una ekklesia o iglesia escatol\u00f3gica; por eso, sus fieles le invocan desde ahora diciendo: Mara\u00f1a tha (Se\u00f1or, ven). As\u00ed\u00ad lo suponen tambi\u00e9n las pr\u00e1cticas sacramentales: la Iglesia proclama el perd\u00f3n de los pecados en nombre y con el poder de un Jes\u00fas a quien concibe presente en los suyos; cuando la Iglesia celebra la eucarist\u00ed\u00ada sabe que el Se\u00f1or se encuentra entre sus fieles; las mismas palabras o logia de Q son mensaje de un Mes\u00ed\u00adas elevado, que tiene autoridad de Reino: \u00abA aquel que me confiese delante de los hombres, le confesar\u00e1 el Hijo del Hombre ante los \u00e1ngeles de Dios&#8230;\u00bb (Lc 12,8-9; cf. Mc 8,38). Quien as\u00ed\u00ad habla no es s\u00f3lo alguien que un d\u00ed\u00ada ha de venir, sino el que est\u00e1 ya glorificado, manifest\u00e1ndose a los suyos con autoridad definitiva. Eso significa que la Iglesia primitiva no se ha limitado a esperar a Jes\u00fas, sino que le venera ya como glorioso. M\u00e1s a\u00fan, entre la venida futura de Jes\u00fas y su triunfo actual no existe oposici\u00f3n, pues en ambos momentos se expresa la misma certeza de que Jes\u00fas es revelador final de Dios: el que vendr\u00e1 y el que ahora act\u00faa se vinculan formando un mismo ser humano glorioso (una persona). La Iglesia primitiva ha podido presentar a Jes\u00fas como anuncio (o comienzo) de la pascua universal (resurrecci\u00f3n de los muertos) porque ella sabe que Jes\u00fas est\u00e1 ya resucitado, como Se\u00f1or glorioso.    (7) Elementos pascuales. La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas no es un elemento marginal en la fe de los creyentes, sino expresi\u00f3n y centro de esa fe, de manera que en ella vienen a expresarse y reciben su sentido todos los s\u00ed\u00admbolos cristianos, (a) La pascua es misterio de Jes\u00fas. Se ha entregado a s\u00ed\u00ad mismo sin reservarse nada. Por eso lo recibe todo, se recibe a s\u00ed\u00ad mismo, en don pascual, como regalo de Dios Padre, (b) La pascua es misterio del Esp\u00ed\u00adritu Santo, a quien los creyentes descubren como principio de vida, amor mutuo del Padre y del Hijo, resurrecci\u00f3n en persona. (c) La pascua es teofan\u00ed\u00ada. Quiz\u00e1 al principio los disc\u00ed\u00adpulos no supieron fijar la novedad pascual e interpretan su experiencia desde perspectivas del entorno (apocal\u00ed\u00adptica, estructura sapiencial, mesianismo pol\u00ed\u00adtico); pero ellos supieron siempre y dijeron que la pascua es obra del Dios, que resucita a su Mes\u00ed\u00adas-Hijo: en ella culmina la historia de Dios, su identidad m\u00e1s honda, de manera que el mismo Dios aparece como aquel que ha resucitado a Jes\u00fas de entre los muertos (cf. Rom 4,24). (d) La pascua es antropofan\u00ed\u00ada. Al principio les cuesta medir las consecuencias de aquello que ha pasado; \u00fanicamente saben que est\u00e1n llenos de Jes\u00fas y lo proclaman de una forma gozosa, pasional, provocativa, esperando la llegada de su Reino; pero pronto ir\u00e1n reconociendo que pascua es irrupci\u00f3n de nueva humanidad, de la vida que supera toda muerte; por eso, contarla es expresar el nuevo nacimiento humano.<\/p>\n<p>Cf. P. CABA, Resucit\u00f3 Cristo, mi esperanza. Estudio exeg\u00e9tico, BAC, Madrid 1986; J. D. CROSSAN, Los or\u00ed\u00adgenes del cristianismo, Sal Terrae, Santander 2002; H. SCHLIER, De la resurrecci\u00f3n de Jesucristo, Descl\u00e9e de Brouwer, Bilbao 1970; A. TORRES QUEIRUGA, Repensar la resurrecci\u00f3n. La diferencia cristiana en la continuidad de las religiones y de la cultura, Trotta, Madrid 2003; S. VIDAL, La resurrecci\u00f3n de Jesi&#8217;is en las cartas de Pablo, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1982; U. WILCKENS, La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas. Estudio hist\u00f3rico-cr\u00ed\u00adtico del testimonio cristiano, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1981.<\/p>\n<p>RESURRECCI\u00ed\u201cN<br \/>\n3.Signos apocal\u00ed\u00adpticos<\/p>\n<p>(-> apariciones, sepulcro, Mateo). Los autores del Nuevo Testamento han vinculado la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas con la llegada del fin de los tiempos, de manera que han podido interpretarla de un modo apocal\u00ed\u00adptico. El problema est\u00e1 en precisar el influjo que los elementos apocal\u00ed\u00adpticos han tenido en la fijaci\u00f3n de esa experiencia pascual. \u00bfQu\u00e9 est\u00e1 primero: la experiencia de que ha llegado el fin de los tiempos o el encuentro con Jes\u00fas en persona? Es evidente que esos rasgos no pueden separarse: los primeros cristianos han visto a Jes\u00fas resucitado como expresi\u00f3n de la llegada del fin de los tiempos. En ese contexto, los documentos m\u00e1s antiguos parecen los m\u00e1s sobrios, como muestra Mc 16,1-8, que habla s\u00f3lo de una tumba vac\u00ed\u00ada y de la palabra del mensajero celeste que invita a las mujeres al encuentro con Jes\u00fas en Galilea (la misi\u00f3n cristiana). A diferencia de eso, algunos documentos posteriores, como el evangelio de Mateo, han querido narrar de alg\u00fan modo el acontecimiento pascual y lo han hecho con rasgos apocal\u00ed\u00adpticos, como indicaremos, comentando sus dos textos de resurrecci\u00f3n, para fijarnos despu\u00e9s en el evangelio ap\u00f3crifo de Pedro.<\/p>\n<p>(1) Mateo 27,51-54. Resurrecci\u00f3n de los muertos en Jerusal\u00e9n<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n<p>La resurrecci\u00f3n de Cristo nos revela el sentido de toda la historia humana y de los acontecimientos que vivimos cada d\u00ed\u00ada; nos lo revela con la palabra de esperanza proclamada por Pedro en el discurso que narran los Hechos de los Ap\u00f3stoles: \u00abNo era posible que la muerte le retuviera\u00bb.  Esta palabra nos sorprende: \u00bfc\u00f3mo que no era posible? Por desgracia, nosotros estamos acostumbrados a la realidad de que la muerte no solamente es posible, sino incluso inevitable, junto con todo lo que la muerte representa: tristeza, odio, guerra, destrucciones. Pero la proclamaci\u00f3n de Pedro nos dice que el misterio de Dios en Cristo resucitado es la victoria sobre la muerte, y sobre todo aquello que en nuestra existencia nos recuerda su sentido y su tristeza.  La resurrecci\u00f3n de Cristo nos revela la direcci\u00f3n de la realidad humana que tiende hacia la vida y, en cada uno de nosotros, hacia la expresi\u00f3n plena de nuestra libertad.  La resurrecci\u00f3n de Cristo restaura nuestra libertad, cura sus ilusiones, le asigna en la historia unas metas aut\u00e9nticas y constructivas. Nos predispone a colaborar con el amor de Dios que da vida a todo, en la humilde y laboriosa espera de esa resurrecci\u00f3n de todo el ser humano y del universo entero, que ya ha empezado en la resurrecci\u00f3n de Cristo, pero que llegar\u00e1 a su plenitud y a su luminosa manifestaci\u00f3n cuando y como quiera el Padre.<\/p>\n<p> Carlo Mar\u00ed\u00ada Martini, Diccionario Espiritual, PPC, Madrid, 1997<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Espiritual<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Los primeros testimonios de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas: 1. Las profesiones de fe; 2. Las f\u00f3rmulas de anuncio; 3. La tradici\u00f3n autorizada de la resurrecci\u00f3n. II. La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas en los evangelios y en los Hechos: 1. El anuncio de la resurrecci\u00f3n junto al sepulcro; 2. Los relatos de aparici\u00f3n de Jes\u00fas resucitado: a) Apariciones de reconocimiento, b) Apariciones de misi\u00f3n; 3. El anuncio de la resurrecci\u00f3n en los Hechos. III. La resurrecci\u00f3n: promesa de Dios y esperanza humana: 1. La resurrecci\u00f3n en el AT y en la tradici\u00f3n jud\u00ed\u00ada; 2. Jes\u00fas anunci\u00f3 su esperanza de resurrecci\u00f3n; 3. La resurrecci\u00f3n de los muertos en los evangelios; 4. La resurrecci\u00f3n de los cristianos; 5. Experiencia hist\u00f3rica y misterio de la resurrecci\u00f3n: a) Lenguaje y modelos expresivos, b) Resurrecci\u00f3n y esperanza humana.<\/p>\n<p>La palabra resurrecci\u00f3n evoca inmediatamente a los lectores el acontecimiento que ocupa el centro de la fe cristiana y que constituye su n\u00facleo unificador y germinador. Los testimonios sobre el acontecimiento de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas son varios y m\u00faltiples, diseminados, y est\u00e1n en el canon de las Escrituras cristianas. De la experiencia inicial se pasa a la formulaci\u00f3n ling\u00fc\u00ed\u00adstica del encuentro con Jes\u00fas resucitado, hasta la comunicaci\u00f3n en forma de anuncio. As\u00ed\u00ad pues, la historia de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas corre paralela a la g\u00e9nesis y al desarrollo de los textos cristianos.<\/p>\n<p>Pero hay un segundo aspecto conexo con la resurrecci\u00f3n. Se trata de la esperanza humana frente a la muerte, que se funda en la fidelidad del Dios vivo, en su dominio, al cual no escapa ni siquiera el reino de la muerte. Los dos aspectos: la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas y la resurrecci\u00f3n de los muertos, se entrecruzan, tanto a nivel de vocabulario y modelos expresivos como al nivel m\u00e1s profundo de experiencia espiritual y religiosa. Jes\u00fas es el primero en afirmar su esperanza frente a la muerte, apelando a la iniciativa de Dios, el viviente, que resucita a los justos y glorifica a los m\u00e1rtires. Por tanto, el tratamiento de este tema debe recorrer la historia de la experiencia cristiana desarrollada en torno a la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas y los precedentes de la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica y jud\u00ed\u00ada respecto a la esperanza humana frente a la muerte.<\/p>\n<p>I. LOS PRIMEROS TESTIMONIOS DE LA RESURRECCI\u00ed\u201cN DE JES\u00daS. Un dato hist\u00f3rico indiscutible es el de la existencia del movimiento cristiano en la primera mitad del siglo 1. Los convertidos del juda\u00ed\u00adsmo y del paganismo que constituyen las primeras comunidades de creyentes se proclaman seguidores de Jes\u00fas de Nazaret, un jud\u00ed\u00ado de Palestina, al que dieron muerte al principio de los a\u00f1os treinta, y que ahora es reconocido, venerado y proclamado en las peque\u00f1as comunidades cristianas como el Cristo (Jrist\u00f3s en griego), el mes\u00ed\u00adas hebreo, el Se\u00f1or (en griego, Kyrios). Los primeros escritos cristianos datables son las cartas de \/ Pablo, de las cuales al menos siete se reconocen un\u00e1nimemente como aut\u00e9nticas. Estas se distribuyen en un lapso de tiempo que corre des-de los principios de los a\u00f1os cincuenta al sesenta d.C. Dentro de estos escritos se pueden reconocer algunas f\u00f3rmulas que son el eco de la vida de fe de las comunidades. Junto a ellas se encuentran tambi\u00e9n frases que re-presentan la proclamaci\u00f3n o el anuncio hecho a los de fuera, jud\u00ed\u00ados y paganos.<\/p>\n<p>1. LAS PROFESIONES DE FE. Las f\u00f3rmulas de profesi\u00f3n de fe m\u00e1s antiguas reflejan el uso del ambiente, de la cultura y de la lengua aramaico-palestinense. Un fragmento de estas profesiones de fe se puede reconocer en la frase referida por Pablo antes de la bendici\u00f3n final en la primera carta a los Corintios: \u00abMaldito sea el que no ama al Se\u00f1or; Maranatha: ven, Se\u00f1or nuestro\u00bb (lCor 16,22). En una carta escrita en griego Pablo cita esta invocaci\u00f3n, que remite al contexto lit\u00fargico de lengua aramaica. En aquel ambiente jud\u00ed\u00ado se llama a Dios en arameo Mareh, en paralelismo con &#8216;Elaha (Dios), y corresponde al griego Kyrios. Una confirmaci\u00f3n de este origen palestinense se podr\u00ed\u00ada obtener de un texto de la Didaj\u00e9, de la segunda mitad del siglo I, donde, al final de la oraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica, se menciona esta declaraci\u00f3n: \u00abSi alguno es santo, venga; si alguien no lo es, que se convierta; Maranath\u00e1. Am\u00e9n\u00bb (Did. X, 6). La expresi\u00f3n aramea Maranatha se puede traducir como invocaci\u00f3n: \u00abMar\u00e1natha, Se\u00f1or, ven\u00bb, o bien como una aclamaci\u00f3n: \u00abMaran-ath\u00e1, el Se\u00f1or viene\u00bb. Este \u00faltimo significado podr\u00ed\u00ada sugerirlo el comentario catequ\u00ed\u00adstico que hace Pablo de la f\u00f3rmula tradicional de las palabras sobre el pan y sobre el c\u00e1liz, enviada a la comunidad de Corinto: \u00abPues siempre que com\u00e9is este pan y beb\u00e9is este c\u00e1liz anunci\u00e1is la muerte del Se\u00f1or hasta que vuelva\u00bb (lCor 11,26).<\/p>\n<p>\u00abJes\u00fas es Se\u00f1or\u00bb corresponde a la profesi\u00f3n de fe referida por Pablo en la misma carta, y se hace depender de la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu de Dios (ICor 12,3b). Esta confesi\u00f3n es para Pablo el criterio para discernir el origen de los dones espirituales o carismas. El ap\u00f3stol vuelve sobre este contenido esencial de la fe cristiana en una amplia reflexi\u00f3n de la carta a los Romanos al final de los a\u00f1os cincuenta. El contenido de la profesi\u00f3n de fe (homologu\u00ed\u00ada) cristiana consiste en esto: \u00abJes\u00fas es el Se\u00f1or\u00bb (Rom 10:9). A \u00e9sta corresponde el fragmento de un himno cristol\u00f3gico, citado por Pablo en la carta a los Filipenses para fundar la comuni\u00f3n profunda entre los creyentes. A la inmersi\u00f3n de Jesucristo en la historia humana, vivida hasta la forma extrema de la muerte de cruz, corresponde la iniciativa eficaz de Dios, que lo ha exaltado sobre todo y le ha dado \u00abun nombre que est\u00e1 por encima de cualquier otro nombre, para que al nombre de Jes\u00fas toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra y en el abismo, y toda lengua confiese que Jesucristo es Se\u00f1or para gloria de Dios Padre\u00bb (Flp 2:10-11).<\/p>\n<p>En resumen, se puede decir que los vestigios de la antigua profesi\u00f3n de fe conservados en los textos de las cartas paulinas se compendian en esta proclamaci\u00f3n solemne del se\u00f1or\u00ed\u00ado de Jesucristo, conexo con su resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p>2. LAS F\u00ed\u201cRMULAS DE ANUNCIO. La comunidad cristiana, que se re\u00fane para el culto, elabora tambi\u00e9n las f\u00f3rmulas y los esquemas para comunicar esta experiencia de fe al ambiente externo, lo mismo al jud\u00ed\u00ado que al griego-pagano. El eco de estas f\u00f3rmulas se encuentra todav\u00ed\u00ada en las cartas paulinas, donde se remite al anuncio fundante inicial para motivar la exhortaci\u00f3n paren\u00e9tica o los desarrollos catequ\u00ed\u00adsticos. Un ejemplo de estas f\u00f3rmulas se encuentra en la primera carta escrita por Pablo a la comunidad de Tesal\u00f3nica. Al t\u00e9rmino de una r\u00e1pida retrospectiva sobre la actividad evangelizadora y sobre el nacimiento de la comunidad cristiana, el ap\u00f3stol puede recordar el cambio de la conversi\u00f3n y de la fe: \u00abDejasteis la idolatr\u00ed\u00ada y os convertisteis para servir al Dios vivo y verdadero, con la esperanza de que su Hijo Jes\u00fas, al que resucit\u00f3 de entre los muertos, vuelva del cielo y nos libre la ira venidera\u00bb(1Ts 1:9-10). La referencia a la conversi\u00f3n como paso del culto de los \u00ed\u00addolos a la fe en el Dios vivo y verdadero remite al contexto del anuncio del evangelio a los paganos. Pero la f\u00f3rmula citada por Pablo sobre la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas tiene su origen en el contexto jud\u00ed\u00ado palestinense, en el cual se proclama la victoria sobre la muerte por iniciativa de Dios.<\/p>\n<p>Esto lo confirma una segunda cita de la misma carta en el contexto m\u00e1s amplio de la catequesis sobre la esperanza cristiana frente a la muerte. A los cristianos en crisis por el deceso de sus parientes, Pablo les insta apremiantemente a no abandonarse a la tristeza \u00abcomo los que no tienen esperanza\u00bb. Y sigue invocando el motivo y el fundamento de la esperanza cristiana: \u00abPorque si creemos que Jes\u00fas ha muerto y ha resucitado, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n reunir\u00e1 consigo a los que murieron unidos a Jes\u00fas\u00bb (ITes 4,14). La primera parte de esta cita paulina menciona el contenido esencial del anuncio cristiano, que es tambi\u00e9n la base de la fe. Jes\u00fas ha muerto y ha resucitado. Esta estructura binaria antit\u00e9tica, donde la resurrecci\u00f3n se contrapone a la muerte, se encuentra en una serie de otros textos distribuidos por las cartas aut\u00e9nticas de Pablo: Rom 4:25; Rom 8:34; Rom 14:9; 2Co 5:15 : \u00abCristo ha muerto y ha vuelto a la vida\u00bb. Esta constancia de las f\u00f3rmulas referidas por Pablo remite a una tradici\u00f3n que est\u00e1 detr\u00e1s de \u00e9l, probablemente de origen judeo-cristiano.<\/p>\n<p>Al mismo ambiente con toda probabilidad hay que hacer remontar la f\u00f3rmula acreditada que cita Pablo al principio de la carta a los Romanos como s\u00ed\u00adntesis del evangelio de Dios (Rom 1:3-4). Este evangelio, dice Pablo, ha sido prometido por medio de los profetas en las Sagradas Escrituras y se refiere al Hijo de Dios. El texto paulino contin\u00faa as\u00ed\u00ad: \u00abNacido de la estirpe de David seg\u00fan la carne, constituido Hijo de Dios en poder seg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu de santificaci\u00f3n por su resurrecci\u00f3n de la muerte, Jesucristo, nuestro Se\u00f1or\u00bb(Rom 1:3b-4). Tambi\u00e9n en esta f\u00f3rmula se puede reconocer la estructura binaria: por una parte, la solidaridad hist\u00f3rica de Jes\u00fas en la l\u00ed\u00adnea del mesianismo dav\u00ed\u00addico, y por otra su exaltaci\u00f3n y constituci\u00f3n en la funci\u00f3n de Hijo de Dios en la l\u00ed\u00adnea del Esp\u00ed\u00adritu de santificaci\u00f3n mediante la resurrecci\u00f3n de los muertos. El doble aspecto de la funci\u00f3n de Jes\u00fas: \u00abseg\u00fan la carne y seg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb, transcribe de modo original la dial\u00e9ctica pascual \u00abmuerto seg\u00fan la carne, resucitado y vuelto a la vida seg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (1Pe 3:18).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, en las cartas de Pablo se encuentran las f\u00f3rmulas que son eco de la fe de las primitivas comunidades cristianas y los esquemas del anuncio hecho hacia fuera, y que se convierten a su vez en s\u00ed\u00adntesis del credo cristiano.<\/p>\n<p>3. LA TRADICI\u00ed\u201cN AUTORIZADA DE LA RESURRECCI\u00ed\u201cN. En la primera carta enviada a la Iglesia de Corinto, a mediados de los a\u00f1os cincuenta, Pablo refiere una s\u00ed\u00adntesis del anuncio cristiano, que est\u00e1 en la base del credo tradicional. El mismo Pablo llama a este texto el \u00abevangelio que \u00e9l ha anunciado\u00bb y que los corintios han recibido. La condici\u00f3n de su eficacia salv\u00ed\u00adfica es conservarlo en la forma en que ha sido anunciado (lCor 15,1-2). Luego el ap\u00f3stol cita las bases del anuncio y del \u00abcredo\u00bb, anteponiendo una f\u00f3rmula protocolar de la tradici\u00f3n autorizada. \u00abOs he transmitido en primer lugar lo que ami vez recib\u00ed\u00ad: que Cristo muri\u00f3 por nuestros pecados, seg\u00fan las Escrituras, que fue sepultado y resucitado al tercer d\u00ed\u00ada, seg\u00fan las Escrituras; y que se apareci\u00f3 a Pedro y luego a los doce\u00bb (lCor 15,3-5). La estructura de la f\u00f3rmula tradicional citada por Pablo est\u00e1 articulada en dos peque\u00f1as unidades, que a su vez est\u00e1n constituidas por dos frases: \u00abMuri\u00f3 por nuestros pecados&#8230;, fue sepultado\/y resucitado&#8230; y se apareci\u00f3\u00bb. El sujeto \u00fanico de estos cuatro verbos es Cristo, aunque la f\u00f3rmula pasiva \u00abfue resucitado&#8230; y fue visto\u00bb remite discretamente a la acci\u00f3n e iniciativa de Dios. El an\u00e1lisis de la estructura gramatical y sint\u00e1ctica -parataxis- confirma el origen judeo-aramaico de esta tradici\u00f3n. Tambi\u00e9n el nombre dado al primer testigo autorizado, \u00abCefas-Pedro\u00bb, remite al mismo ambiente. As\u00ed\u00ad pues, el texto podr\u00ed\u00ada tener su origen en la comunidad biling\u00fce de Jerusal\u00e9n o de Antioqu\u00ed\u00ada de Siria, a mediados de los a\u00f1os treinta. Pero sobre la estructura arcaica originaria se han hecho algunas ampliaciones de tipo interpretativo en clave soteriol\u00f3gica, \u00abpor nuestros pecados\u00bb, y la referencia escritural, que subraya la conformidad con el plan de Dios: \u00abseg\u00fan las Escrituras\u00bb. Tambi\u00e9n la lista de los testigos cualificados, distribuidos en dos grupos, que constituyen, respectivamente, cabeza a Cefas (los doce) y a Santiago (los otros ap\u00f3stoles), se resiente de un trabajo de ampliaci\u00f3n e integraci\u00f3n (lCor 15,5.7). El elenco de los testigos confirma la realidad y exactitud de la experiencia de Cristo resucitado por iniciativa de Dios. S\u00f3lo en una perspectiva secundaria se advierte la funci\u00f3n legitimadora de la aparici\u00f3n de Jes\u00fas a los testigos cualificados, en cuya serie, aunque sea en el fondo, se coloca el mismo Pablo. Pero el intento fundamental es el de definir la eficacia salv\u00ed\u00adfica del anuncio y de la fe que en \u00e9l se funda: \u00abPues bien, tanto ellos como yo, esto es lo que predicamos y lo que hab\u00e9is cre\u00ed\u00addo\u00bb (lCor 15,11).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, la f\u00f3rmula mencionada es m\u00e1s breve que las referidas por Pablo. Representa una especie de s\u00ed\u00adntesis esquem\u00e1tica del anuncio y de la catequesis fundada en la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas. Las f\u00f3rmulas de fe y de anuncio se apoyan en el hecho y acontecimiento de la resurrecci\u00f3n, que es atribuido a la iniciativa de Dios. El protagonista o destinatario de esta acci\u00f3n de Dios es Cristo, que pasa de la muerte a la vida mediante la resurrecci\u00f3n, que tiene como efecto final su exaltaci\u00f3n gloriosa. Los t\u00ed\u00adtulos que resumen esta fe pascual son al mismo tiempo la s\u00ed\u00adntesis del anuncio cristiano. Son atribuidos a Jes\u00fas, proclamado Cristo, Se\u00f1or e Hijo de Dios. En el primer t\u00ed\u00adtulo se afirma la mesianidad trascendente de Jes\u00fas, fundada en su resurrecci\u00f3n. El t\u00ed\u00adtulo de Se\u00f1or expresa el se\u00f1or\u00ed\u00ado de Jes\u00fas, asociado al de Dios. Como hijo, Jes\u00fas lleva a cumplimiento no s\u00f3lo la esperanza mesi\u00e1nica, sino que transmite la dignidad filial mediante el don del Esp\u00ed\u00adritu a todos los creyentes.<\/p>\n<p>II. LA RESURRECCI\u00ed\u201cN DE JES\u00daS EN LOS EVANGELIOS Y EN LOS HECHOS. De la experiencia originaria de la resurrecci\u00f3n, expresada en las f\u00f3rmulas de la fe y del anuncio, se pasa progresivamente a una expresi\u00f3n m\u00e1s articulada en forma narrativa (modelo evang\u00e9lico) o al esquema de anuncio-predicaci\u00f3n, dirigida a los diversos destinatarios jud\u00ed\u00ados o gentiles (Hechos de los Ap\u00f3stoles). Ambas formas responden a los diversos ambientes culturales y a las exigencias de la vida interna de la comunidad que celebra el culto y practica la catequesis de formaci\u00f3n, y responde a las objeciones formuladas por el ambiente externo.<\/p>\n<p>1. EL ANUNCIO DE LA RESURRECCI\u00ed\u201cN JUNTO AL SEPULCRO. El kerigma tradicional mencionado por Pablo en la primera carta a los Corintios alude a la sepultura de Jes\u00fas, pero sin darle particular relieve bajo el aspecto catequ\u00ed\u00adstico o apolog\u00e9tico. Se habla de la sepultura de Jes\u00fas seg\u00fan el esquema biogr\u00e1fico b\u00ed\u00adblico, donde se dice a prop\u00f3sito de todos los reyes: \u00abMuri\u00f3 y fue sepultado\u00bb. Existe, sin embargo, un dato tradicional com\u00fan subyacente a los cuatro evangelios y que se refleja tambi\u00e9n en los Hechos de los Ap\u00f3stoles: Mar 16:1-8; Mat 28:1-8; Luc 24:1-10; Jua 21:1-2. Esta tradici\u00f3n com\u00fan se puede condensar en los puntos siguientes: a) la visita de algunas mujeres, entre las cuales descuella el nombre de Mar\u00ed\u00ada de Magdala; el plural del evangelio de Juan confirma la tradici\u00f3n com\u00fan de un grupo; b) estas mujeres visitan el sepulcro de Jes\u00fas en Jerusal\u00e9n por la ma\u00f1ana temprano: \u00abel primer d\u00ed\u00ada de la semana despu\u00e9s del s\u00e1bado\u00bb; c) el fin es el de completar los ritos f\u00fanebres junto a la tumba de Jes\u00fas, llanto o lamentaciones; d) las mujeres encuentran el sepulcro abierto y vac\u00ed\u00ado, y corren a informar a los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas, entre los cuales destaca la figura de Pedro; e) algunos de los disc\u00ed\u00adpulos, entre ellos Pedro, corren a inspeccionar el sepulcro de Jes\u00fas. Se puede pensar que la base hist\u00f3rica de esta tradici\u00f3n com\u00fan es fidedigna por los siguientes motivos. Ante todo, el papel de las mujeres en la experiencia del sepulcro vac\u00ed\u00ado no puede haber sido inventada, ya que contradice el valor testimonial en el contexto judeo-palestinense. Es probable que la comunidad judeo-cristiana de Jerusal\u00e9n conociera la ubicaci\u00f3n y la identidad de la tumba de Jes\u00fas. La visita de algunas mujeres corresponde a los usos jud\u00ed\u00ados acerca de los ritos f\u00fanebres. Finalmente, el sepulcro vac\u00ed\u00ado no tiene un papel determinante en la catequesis apolog\u00e9tica y en los esquemas de anuncio. Tampoco los relatos de aparici\u00f3n, que insisten en la realidad y la identidad de Jes\u00fas resucitado, remiten a la experiencia y comprobaci\u00f3n de la tumba vac\u00ed\u00ada. Por tanto, este elemento no es funcional ni para la apolog\u00e9tica ni para la catequesis cristiana, por lo cual podr\u00ed\u00ada ser un residuo de una tradici\u00f3n hist\u00f3ricamente atendible.<\/p>\n<p>Sobre la base de esta tradici\u00f3n com\u00fan se alza la interpretaci\u00f3n de cada uno de los textos evang\u00e9licos. El evangelio de Marcos parte de la visita de las mujeres a la tumba de Jes\u00fas para proclamar el anuncio de la resurrecci\u00f3n y el de la aparici\u00f3n a los disc\u00ed\u00adpulos y el de su misi\u00f3n en Galilea (Mar 16:6-7). A este fin, el evangelista ha amplificado algunos elementos de la tradici\u00f3n com\u00fan, enumerando a las tres mujeres que van a la tumba de Jes\u00fas para embalsamar su cuerpo. Tambi\u00e9n la reflexi\u00f3n que hacen las mujeres sobre la piedra del sepulcro, que no se puede retirar por ellas, prepara la aparici\u00f3n y el anuncio del \u00e1ngel int\u00e9rprete. Marcos subraya particularmente la reacci\u00f3n \u00abreligiosa\u00bb de las mujeres ante el enviado celestial: \u00abTuvieron miedo\u00bb. Y como conclusi\u00f3n del anuncio y encargo del \u00e1ngel, Marcos anota: \u00abEllas salieron huyendo del sepulcro, porque se hab\u00ed\u00ada apoderado de ellas el temor y el espanto; y no dijeron nada a nadie porque ten\u00ed\u00adan miedo\u00bb (Mar 16:8). Este extra\u00f1o final de Marcos, que ha estimulado integraciones a finales del siglo 1 y principios del II, corresponde a la perspectiva global de su evangelio. El anuncio de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas junto a su tumba, abierta y vac\u00ed\u00ada, y el encargo de avisar a los disc\u00ed\u00adpulos sobre el encuentro prometido en Galilea son el v\u00e9rtice de la revelaci\u00f3n de Dios, que debe ser acogida con la actitud de discreci\u00f3n y reserva propias de la fe cristiana.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n el evangelio de Mateo se funda en la tradici\u00f3n com\u00fan, que es amplificada e integrada en su perspectiva redaccional. Caracter\u00ed\u00adstico del primer evangelio es el cuadro apocal\u00ed\u00adptico, en el cual se inserta la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas: \u00abDe pronto hubo un gran terremoto; pues un \u00e1ngel del Se\u00f1or baj\u00f3 del cielo, se acerc\u00f3, hizo rodar la losa del sepulcro y se sent\u00f3 en ella. Su aspecto era como un rayo, y su vestido blanco como la nieve\u00bb (Mat 28:2-3). Estos rasgos apocal\u00ed\u00adpticos, tomados del escenario b\u00ed\u00adblico del \u00abd\u00ed\u00ada del Se\u00f1or\u00bb, sirven para expresar el tema de la victoria de Dios sobre la muerte. An\u00e1logamente, Mateo encuadra la muerte de Jes\u00fas en el Calvario en un marco apocal\u00ed\u00adptico: \u00abLa tierra tembl\u00f3 y las piedras se resquebrajaron; se abrieron los sepulcros y muchos cuerpos de santos que estaban muertos resucitaron\u00bb (Mat 27:51-52). La poderosa manifestaci\u00f3n de Dios junto a la tumba de Jes\u00fas provoca la reacci\u00f3n aterrada de los guardias que los jud\u00ed\u00ados colocaron para controlar el sepulcro de Jes\u00fas: \u00abLos guardias temblaron de miedo (por la aparici\u00f3n del \u00e1ngel del Se\u00f1or) y se quedaron como muertos\u00bb (Mat 28:4). En cambio, al grupo de las mujeres -dos en Mateo- el \u00e1ngel le comunica el anuncio pascual, que reproduce sustancialmente el de Marcos. Pero, a diferencia del segundo evangelista, Mateo refiere que las mujeres, aunque abandonaron deprisa el sepulcro, corren con temor y gran alegr\u00ed\u00ada a comunicar el anuncio a los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas. A lo largo del camino tienen el primer encuentro y_la revelaci\u00f3n de Jes\u00fas resucitado. El les renueva el encargo, dado ya por el \u00e1ngel, de ir a anunciar \u00aba mis hermanos que vayan a Galilea y all\u00ed\u00ad me ver\u00e1n\u00bb (Mat 28:9-10).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, el primer evangelista desarrolla el motivo apolog\u00e9tico ya anticipado en la reacci\u00f3n aterrorizada de los guardias ante la aparici\u00f3n del \u00e1ngel del Se\u00f1or junto a la tumba de Jes\u00fas. La secci\u00f3n apolog\u00e9tica de Mateo responde a la pol\u00e9mica contra la resurrecci\u00f3n del ambiente jud\u00ed\u00ado (cf Mat 28:11-15; Mat 27:62-66). Este elemento caracteriza al primer evangelio junto con la aparici\u00f3n de Jes\u00fas a las mujeres en el camino del sepulcro con el encargo del anuncio pascual que han de llevar a los disc\u00ed\u00adpulos, llamados por Jes\u00fas \u00abmis hermanos\u00bb. Es notable el hecho de que entre estos disc\u00ed\u00adpulos no se mencione expresamente a Pedro, como se hace en el texto paralelo de Marcos.<\/p>\n<p>El tercer evangelista, Lucas, relee esta tradici\u00f3n de la visita de las mujeres y del anuncio pascual junto a la tumba de Jes\u00fas de acuerdo con su perspectiva teol\u00f3gica y espiritual. Son dos los \u00e1ngeles que como testigos e int\u00e9rpretes autorizados hacen el anuncio de Jes\u00fas resucitado a las mujeres, las cuales no encuentran en el sepulcro el \u00abcuerpo del Se\u00f1or Jes\u00fas\u00bb (Luc 24:1-4). El mismo autor har\u00e1 intervenir dos \u00e1ngeles int\u00e9rpretes en el momento de la ascensi\u00f3n de Jes\u00fas al cielo (Heb 1:10).<\/p>\n<p>El anuncio pascual conserva algunos rasgos caracter\u00ed\u00adsticos del tercer evangelio. Los \u00e1ngeles invitan a las mujeres atemorizadas a no buscar entre los muertos al que est\u00e1 \u00abvivo\u00bb. Esta presentaci\u00f3n de Jes\u00fas resucitado como \u00abvivo\u00bb responde a la perspectiva lucana (cf Heb 1:3). Luego, el anuncio de la resurrecci\u00f3n se funda en el recuerdo de las palabras prof\u00e9ticas de Jes\u00fas acerca del destino del Hijo del hombre: \u00abRecordad lo que os dijo estando a\u00fan en Galilea, que el Hijo del hombre deb\u00ed\u00ada ser entregado en manos de pecadores, ser crucificado y resucitar al tercer d\u00ed\u00ada\u00bb (Luc 24:6-7). El anuncio de la resurrecci\u00f3n de los \u00e1ngeles a las mujeres junto al sepulcro de Jes\u00fas es el cumplimiento de las palabras prof\u00e9ticas de Jes\u00fas sobre su destino de rechazado por los hombres, pero resucitado por Dios. Pues el hecho de Jes\u00fas crucificado y resucitado responde al plan de Dios, revelado en las Escrituras (cf Luc 9:22; Luc 18:31-33). En la edici\u00f3n lucana falta el encargo hecho a las mujeres de llevar el anuncio a los disc\u00ed\u00adpulos con la cita del encuentro en Galilea. En el texto lucano, Galilea es s\u00f3lo el ambiente en el que Jes\u00fas hizo el anuncio prof\u00e9tico de su muerte y resurrecci\u00f3n. A pesar de esta tendencia del tercer evangelista a excluir a Galilea de las experiencias pascuales, se menciona el hecho de que las mujeres \u00abanunciaron todo esto a los once\u00bb y a todos los dem\u00e1s. S\u00f3lo aqu\u00ed\u00ad enumera Lucas a las mujeres, entre las cuales destaca la figura de Mar\u00ed\u00ada de Magdala, recordada por la tradici\u00f3n com\u00fan.<\/p>\n<p>Pero el evangelista se apresura a indicar que el relato y las palabras de las mujeres no fundan la fe pascual. Pues estas palabras de las mujeres son consideradas \u00abpor los ap\u00f3stoles\u00bb un delirio (Luc 24:9-11; cf 24,22-23). El tercer evangelista refiere tambi\u00e9n la tradici\u00f3n particular de la visita hecha por Pedro, junto con otros, al sepulcro (Luc 24:12; Luc 24:24). Pero tampoco esta visita e inspecci\u00f3n de los disc\u00ed\u00adpulos, que encuentran el sepulcro vac\u00ed\u00ado pero no violado, son origen y fundamento de la fe pascual de la comunidad cristiana: \u00abPedro regres\u00f3 a casa maravillado de lo ocurrido\u00bb (Luc 24:12b).<\/p>\n<p>Esta \u00faltima nota lucana acerca de la visita de Pedro al sepulcro es ampliada por el cuarto evangelista. Juan conoce la tradici\u00f3n com\u00fan, en la que se relata la visita hecha por Mar\u00ed\u00ada de Magdala, \u00abel primer d\u00ed\u00ada de la semana, al rayar el alba, antes de salir el sol\u00bb, a la tumba de Jes\u00fas. La encuentra abierta y vac\u00ed\u00ada. La mujer corre entonces a informar a los disc\u00ed\u00adpulos, los cuales a su vez corren a inspeccionar el sepulcro de Jes\u00fas. En el ambiente juanista se conoce tambi\u00e9n la hip\u00f3tesis de la sustracci\u00f3n del cad\u00e1ver, desarrollada en la secci\u00f3n apolog\u00e9tica de Mateo (cf Jua 20:2.11). Pero el relato de Juan se concentra en el episodio de la visita hecha por Pedro y por el otro disc\u00ed\u00adpulo a la tumba de Jes\u00fas. La escena sirve para llamar la atenci\u00f3n sobre el contraste entre las dos figuras, las de Pedro y del disc\u00ed\u00adpulo. Pedro \u00abve\u00bb los lienzos por el suelo y el sudario con que le hab\u00ed\u00adan envuelto la cabeza a Jes\u00fas, doblado aparte; pero no concluye nada. En cambio, el otro disc\u00ed\u00adpulo \u00abvio y crey\u00f3\u00bb (Jua 20:6-8). En consecuencia, el evangelista termina con una reflexi\u00f3n sobre la relaci\u00f3n entre fe en la resurrecci\u00f3n y Escritura: \u00abPues no hab\u00ed\u00adan a\u00fan entendido la Escritura seg\u00fan la cual Jes\u00fas ten\u00ed\u00ada que resucitar de entre los muertos\u00bb (Jua 20:9). En este caso la reflexi\u00f3n de Juan desarrolla la funci\u00f3n del \u00e1ngel int\u00e9rprete de la tradici\u00f3n sin\u00f3ptica. Es notable tambi\u00e9n el paralelismo entre el \u00abdeb\u00ed\u00ada\u00bb resucitar de entre los muertos de Juan y el de la tradici\u00f3n lucana.<\/p>\n<p>El relato del cuarto evangelio sigue con la historia de Mar\u00ed\u00ada Magdalena, que llora junto al sepulcro de Jes\u00fas. En este contexto se introducen los dos \u00e1ngeles, como en la tradici\u00f3n lucana. Pero no ejercen un papel determinante en la experiencia pascual; sirven \u00fanicamente para reiterar la hip\u00f3tesis de la sustracci\u00f3n del cad\u00e1ver. A la pregunta que hacen a Mar\u00ed\u00ada: \u00abMujer, \u00bfpor qu\u00e9 lloras?\u00bb, ella responde: \u00abSe han llevado a mi Se\u00f1or, y no s\u00e9 d\u00f3nde lo han puesto\u00bb (Jua 20:13). En este punto, el evangelista refiere la cristofan\u00ed\u00ada a Mar\u00ed\u00ada de Magdala, que tiene su paralelo en la tradici\u00f3n referida por Mateo, donde Jes\u00fas se aparece a las mujeres en el camino del sepulcro. El di\u00e1logo con el misterioso personaje del huerto, que al final se revela como el Se\u00f1or, se desarrolla de acuerdo con el esquema de las apariciones de reconocimiento. Termina con el anuncio de la resurrecci\u00f3n hecho a Mar\u00ed\u00ada por el mismo Jes\u00fas en t\u00e9rminos juanistas -\u00absubida al Padre\u00bb- y con el encargo de llevar la buena noticia pascual a los disc\u00ed\u00adpulos: \u00abAnda y di a mis hermanos que me voy con mi Padre y vuestro Padre, con mi Dios y vuestro Dios\u00bb (Jua 20:17). El relato se cierra con la ejecuci\u00f3n de este encargo pascual por parte de Mar\u00ed\u00ada de Magdala, la cual anuncia a los disc\u00ed\u00adpulos: \u00abHe visto al Se\u00f1or\u00bb, y tambi\u00e9n lo que le hab\u00ed\u00ada dicho (Jua 20:18).<\/p>\n<p>Por este an\u00e1lisis de los textos evang\u00e9licos acerca de la visita de las mujeres al sepulcro de Jes\u00fas, que encuentran abierto y vac\u00ed\u00ado, se ve claramente que la tradici\u00f3n com\u00fan sirve para mencionar la primera experiencia y el anuncio de Jes\u00fas resucitado seg\u00fan los esquemas de la tradici\u00f3n kerigm\u00e1tica y seg\u00fan la perspectiva de cada uno de los evangelios.<\/p>\n<p>Un eco de esta interpretaci\u00f3n pascual del sepulcro vac\u00ed\u00ado de Jerusal\u00e9n se encuentra tambi\u00e9n en el segundo libro de la obra de Lucas, los Hechos de los Ap\u00f3stoles. Aqu\u00ed\u00ad se menciona la sepultura de Jes\u00fas por los jud\u00ed\u00ados (cf Heb 13:29). En los discursos misioneros se intenta tambi\u00e9n una interpretaci\u00f3n mesi\u00e1nica de la tumba vac\u00ed\u00ada sobre la base de la ex\u00e9gesis de car\u00e1cter actualizante del Sal 16:10 y de la promesa de 2Sa 7:12; Sal 132:11. El sepulcro vac\u00ed\u00ado de Jes\u00fas es un signo de que \u00e9l es el \u00absanto y justo\u00bb librado de la corrupci\u00f3n, seg\u00fan se le prometi\u00f3 al mes\u00ed\u00adas (Heb 2:25-32; Heb 13:35-37).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, el examen de los textos evang\u00e9licos y el de los Hechos confirma el dato com\u00fan de la tradici\u00f3n acerca de la tumba de Jes\u00fas en Jerusal\u00e9n, conocida en el ambiente de la comunidad judeo-cristiana. Este dato no lo pone en discusi\u00f3n el frente jud\u00ed\u00ado que impugna su significado religioso y mesi\u00e1nico. En aquel ambiente se habla de sustracci\u00f3n del cad\u00e1ver (Mateo y Juan). Pero lo que le interesa a la tradici\u00f3n evang\u00e9lica es el significado del sepulcro de Jes\u00fas, encontrado abierto y vac\u00ed\u00ado. Este hecho es el signo de la victoria de Dios sobre la muerte y la confirmaci\u00f3n de la mesianidad de Jes\u00fas crucificado. Pues la visita de las mujeres al sepulcro de Jes\u00fas el primer d\u00ed\u00ada de la semana es el contexto en el que se hace el anuncio de la resurrecci\u00f3n por parte del \u00e1ngel o \u00e1ngeles enviados por Dios, sobre la base de las palabras de Jes\u00fas o de la Escritura.<\/p>\n<p>2. Los RELATOS DE APARICI\u00ed\u201cN DE JES\u00daS RESUCITADO. El n\u00facleo m\u00e1s antiguo del kerigma referido por Pablo en la primera carta a los \/ Corintios hace referencia a las apariciones de Jes\u00fas y da la lista de los testigos cualificados: Cefas y los doce, Santiago y todos los dem\u00e1s ap\u00f3stoles, as\u00ed\u00ad como los hermanos (cf lCor 15,5-7). Al final de esta lista coloca Pablo su propia experiencia personal de encuentro con Jes\u00fas resucitado (lCor 15,8). En el evangelio de Marcos la aparici\u00f3n de Jes\u00fas a los disc\u00ed\u00adpulos es s\u00f3lo preanunciada, pero no referida. Las que se refieren en el final no marcan o son producto de una s\u00ed\u00adntesis tard\u00ed\u00ada de las tradiciones evang\u00e9licas, rele\u00ed\u00addas en clave popular (Mar 16:9-14). En cambio, las experiencias de apariciones de Jes\u00fas a los disc\u00ed\u00adpulos son referidas ampliamente por los evangelios de Lucas y de Juan. Entre los textos de estos dos evangelios se encuentra una afinidad en la estructura general del relato, as\u00ed\u00ad como en los temas y motivos particulares. Pero lo que llama la atenci\u00f3n al lector actual de los evangelios es la diversa ubicaci\u00f3n de la experiencia de encuentro o aparici\u00f3n de Jes\u00fas a los disc\u00ed\u00adpulos. Se puede distinguir un primer \u00e1mbito de tradiciones, que refiere las experiencias de los disc\u00ed\u00adpulos en Jerusal\u00e9n (Lucas-Hechos, Juan, Mateo, aparici\u00f3n a las mujeres; y tambi\u00e9n Lucas, aparici\u00f3n a los dos disc\u00ed\u00adpulos de Ema\u00fas). Otra serie de experiencias est\u00e1 ambientada en Galilea (Mateo, Juan en el ap\u00e9ndice, Marcos en la final tard\u00ed\u00ada). Tambi\u00e9n los destinatarios de estas manifestaciones o apariciones est\u00e1n distribuidos en diversos grupos. Destaca la figura de Pedro, un\u00e1nimemente mencionado en la s\u00ed\u00adntesis kerigm\u00e1tica y catequ\u00ed\u00adstica de Pablo (lCor 15,5) y en la declaraci\u00f3n de Lucas, referida en el momento en que los dos disc\u00ed\u00adpulos de Ema\u00fas a Jerusal\u00e9n se encuentran con los once y los otros disc\u00ed\u00adpulos. \u00abRealmente, el Se\u00f1or ha resucitado y se ha aparecido a Sim\u00f3n\u00bb (Luc 24:34). Junto a Pedro est\u00e1 el grupo de los once, a los que se a\u00f1aden grupos particulares de otros disc\u00ed\u00adpulos: los siete del ap\u00e9ndice de Juan, los dos de Ema\u00fas, las mujeres y los \u00abhermanos\u00bb.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de esta diversificaci\u00f3n de ambiente y de destinatarios, se puede captar en la actual edici\u00f3n de los textos evang\u00e9licos la diversa presentaci\u00f3n de la experiencia o visi\u00f3n de Jes\u00fas resucitado. Sustancialmente se pueden distinguir dos formas de relato de aparici\u00f3n. Una, en la que se pone el acento en el reconocimiento de Jes\u00fas, subrayando su realidad e identidad. Otra segunda serie de relatos se centra en las palabras de Jes\u00fas, que encarga a los disc\u00ed\u00adpulos la misi\u00f3n.<\/p>\n<p>a) Apariciones de reconocimiento. Los dos evangelios de Lucas y de Juan contienen los relatos en los que Jes\u00fas se aparece a los disc\u00ed\u00adpulos y se da a conocer como el Se\u00f1or. Estos textos siguen un esquema com\u00fan articulado en algunas secuencias fijas. La estructura base se puede reconstruir en estas fases: a) situaci\u00f3n de los disc\u00ed\u00adpulos reunidos; b) iniciativa del resucitado, que se manifiesta o se hace el encontradizo en medio de los disc\u00ed\u00adpulos (saludo); c) reconocimiento de la identidad de Jes\u00fas por medio de sus palabras y de los gestos por \u00e9l realizados; d) separaci\u00f3n de Jes\u00fas del grupo de los disc\u00ed\u00adpulos. Esta afinidad a nivel de estructura y de motivos tem\u00e1ticos remite a un contacto entre las dos tradiciones que est\u00e1n en el origen de los evangelios de Lucas y de Juan. Pero \u00e9stos se distinguen por la diversa perspectiva cristol\u00f3gica y eclesial que se puede deducir del conjunto unitario del texto.<\/p>\n<p>El evangelio de Lucas coloca el relato de la aparici\u00f3n de Jes\u00fas a los disc\u00ed\u00adpulos en el cuadro m\u00e1s amplio de un itinerario de fe que va de la duda y la perplejidad iniciales hasta la plena adhesi\u00f3n de fe (Luc 24:12.52). La visita de Pedro y de los otros disc\u00ed\u00adpulos a la tumba de Jes\u00fas es simplemente la ocasi\u00f3n para subrayar su estupor y consternaci\u00f3n ( Luc 24:12.22-24). En cambio, el v\u00e9rtice de la experiencia pascual se tiene al final, cuando Jes\u00fas es llevado o elevado al cielo: \u00abY ellos lo adoraron y se volvieron a Jerusal\u00e9n llenos de alegr\u00ed\u00ada\u00bb (Luc 24:52).<\/p>\n<p>Un ejemplo de este proceso o itinerario de fe lo representa el episodio de fe de los dos disc\u00ed\u00adpulos de Ema\u00fas. Es un relato t\u00ed\u00adpico de reconocimiento, que utiliza una tradici\u00f3n lucana peculiar. En ella se conserva el recuerdo de una aparici\u00f3n de Jes\u00fas al grupo de los parientes o \u00abhermanos\u00bb. De hecho, uno de los dos protagonistas de la historia de Ema\u00fas, Cleof\u00e1s, es el hermano de Jos\u00e9; por tanto, t\u00ed\u00ado de Jes\u00fas (cf Luc 24:18). El amplio relato lucano centrado en estos dos disc\u00ed\u00adpulos, que dejan la comunidad de Jerusal\u00e9n para volver a su pueblo de Ema\u00fas, insiste en el di\u00e1logo con Jes\u00fas, que se les junta bajo el aspecto de un peregrino. Pero sus \u00abojos -observa el evangelista- eran incapaces de reconocerlo\u00bb (Luc 24:16). S\u00f3lo despu\u00e9s del di\u00e1logo con Jes\u00fas, en el que su palabra y su gesto remiten al recuerdo hist\u00f3rico y a las promesas de Dios consignadas en la Escritura, puede notar el evangelista: \u00abEntonces sus ojos se abrieron y lo reconocieron\u00bb(Luc 24:31). Entre estas dos indicaciones extremas tiene lugar el encuentro de reconocimiento pascual de Jes\u00fas. Ante todo, las palabras de los dos disc\u00ed\u00adpulos manifiestan la profunda crisis que se ha abatido sobre el grupo. Es una relectura del episodio de Jes\u00fas, \u00abprofeta poderoso en obras y palabras ante Dios y ante todo el pueblo\u00bb. Su fin tr\u00e1gico en Jerusal\u00e9n, con la condena a muerte y la crucifixi\u00f3n, ha roto las esperanzas de liberaci\u00f3n mesi\u00e1nica nacional: \u00abNosotros esper\u00e1bamos que \u00e9l ser\u00ed\u00ada el liberador de Israel\u00bb (Luc 24:21). La experiencia del sepulcro vac\u00ed\u00ado de las mujeres y la inspecci\u00f3n por parte de algunos disc\u00ed\u00adpulos no han modificado esta situaci\u00f3n de profunda crisis.<\/p>\n<p>En este punto es la palabra de Jes\u00fas la que hace renacer la esperanza y abre los ojos de los disc\u00ed\u00adpulos. Apela \u00e9l a la palabra prof\u00e9tica de la Escritura, que debe cumplirse en el mes\u00ed\u00adas. El episodio tr\u00e1gico de Jes\u00fas no contradice al designio de Dios, sino que lo lleva a su cumplimiento de manera parad\u00f3jica. Pues el mes\u00ed\u00adas s\u00f3lo entrar\u00e1 en la gloria a trav\u00e9s del sufrimiento. \u00abY empezando por Mois\u00e9s y todos los profetas, les interpret\u00f3 lo que sobre \u00e9l hay en todas las Escrituras\u00bb (Luc 24:27). Esta interpretaci\u00f3n prof\u00e9tica y cristol\u00f3gica de la Escritura recibe su sello en el gesto de Jes\u00fas, que, invitado por los dos disc\u00ed\u00adpulos a sentarse a la mesa con ellos, hace de presidente de ella. Los gestos rituales y la oraci\u00f3n de bendici\u00f3n de la mesa recuerdan los de la \u00faltima y prof\u00e9tica cena antes de la muerte: \u00abSe puso a la mesa con ellos, tom\u00f3 el pan, lo bendijo, lo parti\u00f3 y se lo dio\u00bb (Luc 24:30). Este acto es la revelaci\u00f3n definitiva de Jes\u00fas a los dos disc\u00ed\u00adpulos, que lo pueden reconocer gracias a la palabra de Dios interpretada por \u00e9l y al gesto que remite al don y a la oferta de su vida. Mas en ese momento Jes\u00fas no est\u00e1 ya disponible, porque su modo de ser presente es diverso al de la relaci\u00f3n puramente f\u00ed\u00adsica. Es \u00e9l el que toma la iniciativa de manifestarse o de sustraerse a la relaci\u00f3n con los disc\u00ed\u00adpulos: \u00abPero \u00e9l desapareci\u00f3 de su vista\u00bb (Luc 24:31b). Los dos disc\u00ed\u00adpulos interiorizan la experiencia del encuentro con Jes\u00fas, que tiene su n\u00facleo fecundo en la interpretaci\u00f3n de las Escrituras. Entonces cambian de direcci\u00f3n y vuelven a Jerusal\u00e9n, donde encuentran a los once y a los otros disc\u00ed\u00adpulos. Aqu\u00ed\u00ad, en la comunidad de Jerusal\u00e9n, donde se encuentra el grupo de los disc\u00ed\u00adpulos hist\u00f3ricos de Jes\u00fas, reciben el anuncio pascual: \u00abVerdaderamente, el Se\u00f1or ha resucitado y se ha aparecido a Sim\u00f3n\u00bb (Luc 24:34). Y refieren ellos c\u00f3mo encontraron a Jes\u00fas y le reconocieron en el gesto de la fracci\u00f3n del pan.<\/p>\n<p>Directamente conexa con el episodio de los dos disc\u00ed\u00adpulos de Ema\u00fas est\u00e1 la manifestaci\u00f3n de Jes\u00fas a los once de Jerusal\u00e9n (Luc 24:36-42). Jes\u00fas se aparece en medio del grupo de los disc\u00ed\u00adpulos y los saluda con el anuncio de la paz mesi\u00e1nica. La reacci\u00f3n de los disc\u00ed\u00adpulos, estupefactos y atemorizados, da pie al evangelista para una profundizaci\u00f3n catequ\u00ed\u00adstica, en la cual se subraya la identidad entre el crucificado y Jes\u00fas resucitado, y el realismo de su cuerpo resucitado: \u00abAterrados y llenos de miedo, cre\u00ed\u00adan ver un esp\u00ed\u00adritu. El les dijo: `\u00bfPor qu\u00e9 os asust\u00e1is y dud\u00e1is dentro de vosotros? Ved mis manos y mis pies. Soy yo mismo. Tocadme y ved que un esp\u00ed\u00adritu no tiene carne ni huesos, como veis que tengo yo&#8217;. Dicho esto, les mostr\u00f3 las manos y los pies\u00bb (Luc 24:37-40). La reacci\u00f3n emotiva de los disc\u00ed\u00adpulos remite a un estereotipo de los encuentros con Jes\u00fas, del cual hay huellas tambi\u00e9n en la tradici\u00f3n de Marcos y Mateo (cf Mar 6:49; Mat 14:26 : encuentro de Jes\u00fas con los disc\u00ed\u00adpulos en el lago de noche). En el contexto de la catequesis lucana esta contraposici\u00f3n entre el \u00abfantasma\u00bb y el cuerpo real de Jes\u00fas resucitado responde a una de las caracter\u00ed\u00adsticas dificultades del ambiente greco-helen\u00ed\u00adstico, donde se tiende a confundir la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas y su manifestaci\u00f3n con la supervivencia de los esp\u00ed\u00adritus separados del cuerpo. La ostensi\u00f3n de los signos de la pasi\u00f3n: las manos y los pies, confirma a los disc\u00ed\u00adpulos en la identidad real entre Jes\u00fas crucificado y el Se\u00f1or que se les revela. Una confirmaci\u00f3n ulterior y signo de la plena pertenencia de Jes\u00fas al mundo de los vivos es la petici\u00f3n a los disc\u00ed\u00adpulos de algo que comer; en su presencia, Jes\u00fas come un trozo de pez asado (Luc 24:41-42; cf Luc 8:55). Este aspecto convival de la manifestaci\u00f3n de Jes\u00fas resucitado a los disc\u00ed\u00adpulos se subraya particularmente en la reconstrucci\u00f3n hecha al principio de los Hechos de los Ap\u00f3stoles y en algunos fragmentos de los discursos misioneros (Heb 1:3-4; Heb 10:40-41).<\/p>\n<p>La misma insistencia en el reconocimiento de Jes\u00fas y en el realismo de su corporeidad de resucitado se encuentra en el cuarto evangelio. La presentaci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada de Magdala, con la eliminaci\u00f3n de las otras figuras femeninas, le sirve a Juan para trazar el itinerario ideal de la fe del disc\u00ed\u00adpulo que busca a su Se\u00f1or. Es la iniciativa de Jes\u00fas la que le hace posible a la Magdalena el reconocimiento del misterioso hortelano que le pregunta: \u00abMujer, \u00bfpor qu\u00e9 lloras? \u00bfA qui\u00e9n buscas?\u00bb (Jua 20:15). Las palabras de Jes\u00fas le permiten a Mar\u00ed\u00ada \u00abvolverse\u00bb hacia \u00e9l en la justa actitud de la fe y reconocerlo como \u00absu Se\u00f1or y maestro\u00bb. \u00abJes\u00fas le dijo: `Mar\u00ed\u00ada&#8217;. Ella se volvi\u00f3 y exclam\u00f3 en hebreo: `Rabbun\u00ed\u00ad&#8217; (es decir, maestro)\u00bb (Jua 20:16). Jes\u00fas le recuerda entonces a Mar\u00ed\u00ada la nueva relaci\u00f3n que se ha establecido entre \u00e9l y los disc\u00ed\u00adpulos en virtud de la resurrecci\u00f3n: \u00abSu\u00e9ltame, que a\u00fan no he subido al Padre; anda y di a mis hermanos que me voy con mi Padre y vuestro Padre, con mi Dios y vuestro Dios\u00bb (Jua 20:17). La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, seg\u00fan el cuarto evangelio, es un proceso din\u00e1mico iniciado ya con el don que Jes\u00fas hizo de s\u00ed\u00ad en la muerte y acelerado por la resurrecci\u00f3n, pero que tiene su pleno cumplimiento con la ascensi\u00f3n y glorificaci\u00f3n de Jes\u00fas. El realiza de ese modo la plena y definitiva comuni\u00f3n entre Dios, el Padre, y los hombres, los hermanos.<\/p>\n<p>A esta escena del encuentro de Mar\u00ed\u00ada, figura del disc\u00ed\u00adpulo, y Jes\u00fas sigue en el texto de Juan el encuentro de Jes\u00fas con los otros disc\u00ed\u00adpulos. Esto ocurre en dos fases distintas en el tiempo en un intervalo de ocho d\u00ed\u00adas (Jua 20:19-23.24-29). El primer encuentro tiene lugar la tarde de aquel d\u00ed\u00ada, el primero de la semana. Jes\u00fas se aparece en medio de los disc\u00ed\u00adpulos en el lugar en que est\u00e1n encerrados por miedo a los jud\u00ed\u00ados. El saludo pascual de Jes\u00fas corresponde a su promesa de la paz (Jua 14:27). Sigue la manifestaci\u00f3n de Jes\u00fas, que muestra a los disc\u00ed\u00adpulos las manos y el costado. La novedad respecto al texto lucano es este \u00faltimo particular, que remite a la escena de la muerte de Jes\u00fas, donde el evangelista llama la atenci\u00f3n sobre el costado traspasado por la lanza (Jua 19:33-37). No hay dudas y perplejidades en el grupo de los disc\u00ed\u00adpulos, que \u00abse llenaron de alegr\u00ed\u00ada al ver al Se\u00f1or\u00bb (Jua 20:20b). A esta escena impl\u00ed\u00adcita de reconocimiento, en la que Jes\u00fas aparece como el Se\u00f1or resucitado, id\u00e9ntico al que ha muerto en la cruz, sigue el encargo de misi\u00f3n con una f\u00f3rmula caracter\u00ed\u00adstica juanista: \u00abComo el Padre me envi\u00f3 a m\u00ed\u00ad, as\u00ed\u00ad os env\u00ed\u00ado yo a vosotros\u00bb (Jua 20:21b). El don del Esp\u00ed\u00adritu, comunicado a los disc\u00ed\u00adpulos con el gesto simb\u00f3lico de la creaci\u00f3n inicial (cf G\u00e9n 2:7), capacita a los disc\u00ed\u00adpulos para su cometido de perdonar o retener los pecados en la comunidad (Jua 20:22-23).<\/p>\n<p>A este primer encuentro sigue otro segundo, colocado ocho d\u00ed\u00adas despu\u00e9s, en un plazo semanal, que recuerda los ritmos de las celebraciones comunitarias en la Iglesia primitiva. En esta nueva escena es protagonista Tom\u00e1s, uno de los doce, que representa y concentra la figura del disc\u00ed\u00adpulo dudoso e incr\u00e9dulo. Pues al anuncio hecho por los otros disc\u00ed\u00adpulos: \u00abHemos visto al Se\u00f1or\u00bb, replica \u00e9l con la contraposici\u00f3n caracter\u00ed\u00adstica del cuarto evangelio entre \u00abver\u00bb y \u00abcreer\u00bb: \u00abSi no veo en su$ manos la se\u00f1al de los clavos y no meto mi dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creo\u00bb (Jua 20:25). El nuevo encuentro de Jes\u00fas con los disc\u00ed\u00adpulos sirve para definir el verdadero estatuto del disc\u00ed\u00adpulo creyente. La escena est\u00e1 modelada seg\u00fan el esquema de la precedente: Jes\u00fas aparece en medio de los disc\u00ed\u00adpulos, estando las puertas cerradas; les dirige el saludo pascual de la paz, y luego invita a Tom\u00e1s a verificar la identidad y la realidad de su cuerpo de crucificado: \u00abTrae tu dedo aqu\u00ed\u00ad y mira mis manos; trae tu mano y m\u00e9tela en mi costado, y no seas incr\u00e9dulo, sino creyente\u00bb (Jua 20:27). La reacci\u00f3n de Tom\u00e1s representa la cumbre de la profesi\u00f3n de fe cristol\u00f3gica en el cuarto evangelio: \u00abSe\u00f1or m\u00ed\u00ado y Dios m\u00ed\u00ado\u00bb (Jua 20:28). Entonces Jes\u00fas, en forma de macarismo, traza el estatuto del aut\u00e9ntico disc\u00ed\u00adpulo, que funda su fe no en \u00abver\u00bb, que es s\u00f3lo un elemento limitado de la fe pascual de los disc\u00ed\u00adpulos, sino en su testimonio, que se ha convertido en anuncio y tradici\u00f3n: \u00abHas cre\u00ed\u00addo porque has visto. Dichosos los que creen sin haber visto\u00bb (Jua 20:29).<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n la escena sucesiva, a\u00f1adida en ap\u00e9ndice al cuarto evangelio, conserva algunos rasgos de la manifestaci\u00f3n de Jes\u00fas a los disc\u00ed\u00adpulos a orillas del lago de Tiber\u00ed\u00adades en forma de aparici\u00f3n de reconocimiento. Siete disc\u00ed\u00adpulos vuelven a pescar con Sim\u00f3n Pedro. Despu\u00e9s de una noche infructuosa, ven a Jes\u00fas en la orilla del lago, \u00abpero no sab\u00ed\u00adan que era Jes\u00fas\u00bb (Jua 21:4). Por su palabra, que les invita a echar la red a la parte derecha de la barca, consiguen una pesca maravillosa. Entonces el disc\u00ed\u00adpulo al que Jes\u00fas amaba, que representa al verdadero creyente, se dirige a Pedro diciendo: \u00abEs el Se\u00f1or\u00bb (Jua 21:7). Pedro gana a nado la orilla y encuentra preparado en unas brasas pescado y pan. Luego Jes\u00fas invita a los disc\u00ed\u00adpulos a comer. En este punto observa el evangelista: \u00abNinguno de los disc\u00ed\u00adpulos se atrevi\u00f3 a preguntarle: `\u00bfT\u00fa qui\u00e9n eres?&#8217;, pues sab\u00ed\u00adan que era el Se\u00f1or\u00bb (Jua 21:12). As\u00ed\u00ad pues, tambi\u00e9n \u00e9sta es una escena t\u00ed\u00adpica de reconocimiento, donde la palabra y el gesto convival de Jes\u00fas hacen que los disc\u00ed\u00adpulos pasen de la duda a la plena adhesi\u00f3n de la fe en su presencia. El editor del cuarto evangelio concluye esta escena de reconocimiento con esta observaci\u00f3n: \u00abEsta fue la tercera vez que se apareci\u00f3 a los disc\u00ed\u00adpulos despu\u00e9s de haber resucitado de entre los muertos\u00bb (Jua 21:14).<\/p>\n<p>Un eco de este tema de la duda de los disc\u00ed\u00adpulos en el encuentro con Jes\u00fas resucitado lo tenemos en el primer evangelio, donde se relata la manifestaci\u00f3n de Jes\u00fas a los disc\u00ed\u00adpulos en el monte de Galilea. Los once disc\u00ed\u00adpulos, al ver a Jes\u00fas, \u00abse postraron ante \u00e9l; pero algunos dudaban\u00bb (Mat 28:17). La iniciativa de Jes\u00fas, que se acerca a los disc\u00ed\u00adpulos, y su palabra hacen que los disc\u00ed\u00adpulos pasen de la duda y de la incredulidad a la plena adhesi\u00f3n de la fe.<\/p>\n<p>Los elementos constantes de estos relatos de aparici\u00f3n, donde el acento se pone en el progresivo reconocimiento de Jes\u00fas, se pueden resumir en estos datos. Ante todo se pone de relieve la iniciativa de Jes\u00fas resucitado, que se manifiesta con sus palabras y con gestos a los disc\u00ed\u00adpulos, bien solos, bien reunidos en grupo. Un segundo elemento que se hace resaltar en los relatos evang\u00e9licos es la resistencia de los disc\u00ed\u00adpulos a reconocer al Se\u00f1or y a aceptarlo en la fe. Su duda y perplejidad, diversamente motivadas, son superadas por la palabra de Jes\u00fas y por sus gestos. Este conjunto de datos tiene un valor catequ\u00ed\u00adstico, que corresponde a las diversas intenciones de los evangelistas. Ellos quieren subrayar el realismo de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas y su perfecta identidad. El que ha sido crucificado es ahora el Se\u00f1or resucitado. Los disc\u00ed\u00adpulos han llegado a esta conclusi\u00f3n de fe, superando las resistencias iniciales, gracias a la acci\u00f3n misma del Se\u00f1or, que se ha hecho encontradizo con ellos.<\/p>\n<p>b) Apariciones de misi\u00f3n. Las manifestaciones de Jes\u00fas a los disc\u00ed\u00adpulos est\u00e1n orientadas a la misi\u00f3n. Esta se entrev\u00e9 como tendencia com\u00fan desde el primero y m\u00e1s antiguo esquema de anuncio pascual referido por Pablo. La aparici\u00f3n a Cefas y a los doce, a Santiago y a los otros ap\u00f3stoles, como la hecha de modo excepcional a Pablo, es el origen de su testimonio y misi\u00f3n autorizadas (1Co 15:3ss). Tambi\u00e9n el anuncio hecho a las mujeres junto al sepulcro y la misma manifestaci\u00f3n de Jes\u00fas al grupo de los disc\u00ed\u00adpulos o a particulares est\u00e1n estructuralmente orientados al encargo de misi\u00f3n. Mar\u00ed\u00ada de Magdala en Juan o el grupo de las mujeres (Marcos-Mateo) son encargados de anunciar a los disc\u00ed\u00adpulos el mensaje pascual: el Se\u00f1or ha resucitado (cf Jua 20:18).<\/p>\n<p>Pero son los evangelios de Lucas y Mateo los que refieren los discursos m\u00e1s amplios, en los cuales Jes\u00fas encarga a los disc\u00ed\u00adpulos la misi\u00f3n pascual. Lucas, en la organizaci\u00f3n de su texto de forma unitaria, menciona en la cumbre de la aparici\u00f3n de reconocimiento el encargo de misi\u00f3n (Luc 24:44-49). En sustancia, se trata de una relectura de los textos b\u00ed\u00adblicos en clave cristol\u00f3gica. Esto, por lo dem\u00e1s, es un tema constante del relato pascual lucano (Luc 24:7.25-27.44). Jes\u00fas se dirige a los once, despu\u00e9s de su reconocimiento: \u00abDe esto os hablaba cuando estaba todav\u00ed\u00ada con vosotros: `Es necesario que se cumpla todo lo que est\u00e1 escrito acerca de m\u00ed\u00ad en la ley de Mois\u00e9s, en los profetas y en los salmos&#8217;. Entonces les abri\u00f3 la inteligencia para que entendieran las Escrituras\u00bb (Luc 24:44-45). Despu\u00e9s de esta evocaci\u00f3n del cumplimiento de las palabras prof\u00e9ticas de la Biblia, que da pleno significado al misterio de pascua, Jes\u00fas mismo traza el programa misionero de los disc\u00ed\u00adpulos, fund\u00e1ndolo tambi\u00e9n en el testimonio de la Escritura. Tanto el contenido del anuncio como la determinaci\u00f3n de los destinatarios se establecen sobre la base de la palabra de Dios: \u00abEstaba escrito que el Mes\u00ed\u00adas ten\u00ed\u00ada que sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer d\u00ed\u00ada, y que hay que predicar en su nombre el arrepentimiento y el perd\u00f3n de los pecados a todas las naciones, comenzando por Jerusal\u00e9n\u00bb (Luc 24:46-47). El contenido del anuncio misionero de los disc\u00ed\u00adpulos es el kerigma pascual, la muerte y la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas; y este anuncio se convierte en el fundamento de los dones de Dios en favor de todos los pueblos: \u00abla conversi\u00f3n y el perd\u00f3n de los pecados\u00bb. El programa de la misi\u00f3n de los disc\u00ed\u00adpulos es hist\u00f3rica y geogr\u00e1ficamente definido por Jes\u00fas. Deben esperar en Jerusal\u00e9n el don del Esp\u00ed\u00adritu prometido, que los capacita para el testimonio autorizado (Luc 24:48-49). A ese modelo de la misi\u00f3n pospascual de los disc\u00ed\u00adpulos corresponde el cuadro reconstruido a principios del libro segundo de la obra lucana, los Hechos de los Ap\u00f3stoles. En su \u00faltima manifestaci\u00f3n a los disc\u00ed\u00adpulos, Jes\u00fas les invita a superar las nostalgias de la restauraci\u00f3n mesi\u00e1nico-nacional, prometi\u00e9ndoles, en cambio, la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu Santo, que les hace testigos suyos \u00aben Jerusal\u00e9n, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines de la tierra\u00bb (Heb 1:8).<\/p>\n<p>El evangelio de Juan s\u00f3lo ha conservado un eco de este encargo pascual de misi\u00f3n, porque ya ha hablado ampliamente de ello en el discurso o testamento de adi\u00f3s (cf Jua 20:21). En cambio, el primer evangelio ha centrado el \u00fanico encuentro o aparici\u00f3n de Jes\u00fas a los disc\u00ed\u00adpulos en este tema (Mat 28:16-20). Es el v\u00e9rtice del evangelio entero, que concluye con la autopresentaci\u00f3n de Jes\u00fas y el encargo a los disc\u00ed\u00adpulos de la misi\u00f3n universal. Jes\u00fas se les manifiesta en el monte de Galilea, en el lugar prefijado del encuentro, como el Hijo de Dios constituido en la plenitud de poderes. Luego los env\u00ed\u00ada a \u00abhacer disc\u00ed\u00adpulos en todas las naciones\u00bb por la adhesi\u00f3n a la comunidad mediante el rito bautismal y la observancia de todo lo que \u00e9l ha mandado. La \u00faltima palabra de Jes\u00fas es la promesa mesi\u00e1nica de su presencia de Se\u00f1or hasta el fin de la historia: \u00abY sabed que yo estoy con vosotros todos los d\u00ed\u00adas hasta el fin del mundo\u00bb (Mat 28:20b). De ese modo la promesa del nombre dado a Jes\u00fas, cumplimiento de las expectativas mesi\u00e1nicas, Emanuel, llega con estas palabras finales a su plena verificaci\u00f3n. En resumen, el relato de Mateo representa la autorizaci\u00f3n de la misi\u00f3n universal de los disc\u00ed\u00adpulos, fundada en el reconocimiento del se\u00f1or\u00ed\u00ado de Jes\u00fas resucitado.<\/p>\n<p>Este texto conclusivo del primer evangelio es particularmente significativo, si se tienen presentes algunas anticipaciones prepascuales de la misi\u00f3n de los disc\u00ed\u00adpulos, en las cuales Pedro juega un papel preeminente. El eco de la manifestaci\u00f3n pascual a Pedro, que est\u00e1 en la base de la fe de la comunidad, se encuentra en algunos relatos del evangelio de Mateo. Jes\u00fas se revela a los disc\u00ed\u00adpulos en el lago de noche y salva a Pedro con un gesto simb\u00f3lico (Mat 14:28-33). A Pedro, hijo de Juan, que reconoce la plena mesianidad de Jes\u00fas y su condici\u00f3n de Hijo del Dios vivo, Jes\u00fas le anuncia su funci\u00f3n de fundamento de la comunidad mesi\u00e1nica asociada a su victoria sobre el poder del mal y de la muerte (Mat 16:16-19). Un eco de esta funci\u00f3n de la misi\u00f3n de Pedro, relacionada con la experiencia pascual, lo tenemos en el evangelio de Lucas. Jes\u00fas anuncia la crisis de fe de Pedro, conexa con su pasi\u00f3n; pero al mismo tiempo asegura la superaci\u00f3n de la prueba gracias a su oraci\u00f3n eficaz. De ese modo Pedro podr\u00e1 confirmar la fe de sus hermanos (Luc 22:31-32; cf Luc 24:34). Tambi\u00e9n el cuarto evangelio ha conservado el eco del cometido confiado a Pedro despu\u00e9s de haberse rehabilitado en su fe. El cometido pastoral de Pedro como prolongaci\u00f3n del de Jes\u00fas es transmitido al disc\u00ed\u00adpulo reintegrado a su relaci\u00f3n de amor (Jua 21:15-19). Se trata de un motivo constante de la \u00fanica tradici\u00f3n, reproducida en los varios textos evang\u00e9licos teniendo en cuenta la situaci\u00f3n vital de las comunidades destinatarias de los evangelios.<\/p>\n<p>3. EL ANUNCIO DE LA RESURRECCI\u00ed\u201cN EN LOS HECHOS. A la obra lucana pertenece el segundo libro, conocido como Hechos de los Ap\u00f3stoles, donde la tradici\u00f3n pascual lucana es rele\u00ed\u00adda seg\u00fan una perspectiva cristol\u00f3gica y eclesial particular. En ella se tiende a subrayar la continuidad hist\u00f3rica y salv\u00ed\u00adfica entre las promesas hechas a Israel y su cumplimiento realizado a trav\u00e9s de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas y en la historia de la Iglesia primitiva. El comienzo de los Hechos recoge y relee, con algunos retoques, el final del primer libro, el evangelio (Heb 1:3-11; Luc 24:36-52). En esta secci\u00f3n se relatan de nuevo el encuentro y la manifestaci\u00f3n de Jes\u00fas a los disc\u00ed\u00adpulos. En un contexto convival, se revela como el Se\u00f1or vivo. Despu\u00e9s de haber trazado el programa de la misi\u00f3n mediante el don del Esp\u00ed\u00adritu de lo alto que los capacita para dar testimonio en Jerusal\u00e9n y hasta los confines de la tierra, Jes\u00fas se separa definitivamente de sus disc\u00ed\u00adpulos con la ascensi\u00f3n. De ese modo entra \u00e9l en el mundo de Dios y se sienta a su derecha como Se\u00f1or.<\/p>\n<p>El mensaje relativo a la resurrecci\u00f3n se encuentra en aquellas secciones que marcan el ritmo de los Hechos y que se llaman \u00abdiscursos\u00bb. Se trata, en realidad, de esquemas de anuncio, que utilizan f\u00f3rmulas y modelos arcaicos, pero que est\u00e1n influidos por la revisi\u00f3n redaccional lucana. En efecto, se puede reconstruir un esquema com\u00fan de estos discursos atribuidos a Pedro o a Pablo. A pesar de la diversidad de los destinatarios y de los ambientes: los jud\u00ed\u00ados de Jerusal\u00e9n o de la di\u00e1spora y los greco-paganos de fuera de Palestina, los diversos discursos siguen un desarrollo sustancialmente estereotipado. Por lo que ata\u00f1e al tema de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, se pueden distinguir tres elementos constantes:<br \/>\n1) La contraposici\u00f3n dial\u00e9ctica entre el rechazo de Jes\u00fas por parte de los jud\u00ed\u00ados, los jefes de Jerusal\u00e9n, que lo han condenado a muerte, y la acci\u00f3n eficaz de Dios, que lo ha resucitado de entre los muertos. Pedro en su primer discurso a los jud\u00ed\u00ados de toda la di\u00e1spora, convocados en Jerusal\u00e9n para Pentecost\u00e9s, recuerda con r\u00e1pidos rasgos la vida de Jes\u00fas de Nazaret, hombre acreditado por Dios en medio de ellos con milagros, prodigios y se\u00f1ales, al que \u00abvosotros matasteis por manos de los paganos; pero Dios lo ha resucitado, rompiendo las ligaduras de la muerte, pues era imposible que la muerte dominara sobre \u00e9l\u00bb (Heb 2:22-24).<\/p>\n<p>2) En un segundo momento se insiste en el testimonio dado por los disc\u00ed\u00adpulos acreditados a la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas: \u00abDios ha resucitado a este Jes\u00fas, de lo que todos nosotros somos testigos\u00bb (Heb 2:32).<\/p>\n<p>3) En tercer lugar, se pasa al testimonio de la Escritura. El predicador recuerda algunos textos de la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica, en particular salmos y profetas, para mostrar la conformidad entre la vida de Jes\u00fas, sobre todo su muerte y resurrecci\u00f3n, y el designio de Dios preanunciado en las Escrituras prof\u00e9ticas. Pablo, dirigi\u00e9ndose a los jud\u00ed\u00ados de la di\u00e1spora y a los temerosos de Dios durante una liturgia sinagogal en Antioqu\u00ed\u00ada de Pisidia, proclama en estos t\u00e9rminos el contenido del kerigma: \u00abPorque los habitantes de Jerusal\u00e9n y sus jefes han cumplido, sin saberlo, las palabras de los profetas que se leen cada s\u00e1bado&#8230; Y as\u00ed\u00ad que cumplieron lo que acerca de \u00e9l estaba escrito, lo bajaron del le\u00f1o y lo sepultaron\u00bb (Heb 13:27.29). La referencia constante a las Escrituras permite dar un significado mesi\u00e1nico y salv\u00ed\u00adfico en particular a la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, que se contrapone al esc\u00e1ndalo de la muerte (cf Heb 3:18). Tambi\u00e9n la entronizaci\u00f3n celestial de Jes\u00fas como Se\u00f1or y juez universal corresponde al designio de Dios, anunciado en la Escritura (cf Heb 2:34; Heb 3:22.24; Heb 10:42). Normalmente la predicaci\u00f3n concluye llamando a la conversi\u00f3n para obtener el perd\u00f3n de los pecados y la salvaci\u00f3n (Heb 2:38; Heb 3:26).<\/p>\n<p>El tema de la resurrecci\u00f3n, adem\u00e1s de en los grandes discursos misioneros de los Hechos, se encuentra en otra secci\u00f3n dedicada a la apolog\u00ed\u00ada de Pablo ante las autoridades jud\u00ed\u00adas o las romanas. Estas audiencias del largo proceso paulino son ocasi\u00f3n de dar un testimonio valiente de Jes\u00fas mes\u00ed\u00adas y se\u00f1or. Pablo, ante el sanedr\u00ed\u00adn de Jerusal\u00e9n, resume su posici\u00f3n en estos t\u00e9rminos: \u00abYo soy juzgado por la esperanza en la resurrecci\u00f3n de los muertos\u00bb (Heb 23:6). Esta declaraci\u00f3n, en la perspectiva lucana, de la cual se hace Pablo portavoz, responde a la esperanza hist\u00f3rica de Israel y de los padres (cf Heb 24:21; Heb 26:6; Heb 28:20). De ese modo el anuncio cristiano, en el cual se proclama la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, se sit\u00faa dentro de la historia salv\u00ed\u00adfica; su primer acto lo tiene en las promesas hechas a Israel, y llega a su cumplimiento en la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas; \u00e9sta a su vez se convierte en garant\u00ed\u00ada de esperanza para todos los creyentes.<\/p>\n<p>III. LA RESURRECCI\u00ed\u201cN, PROMESA DE DIOS Y ESPERANZA HUMANA. La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas es el n\u00facleo central de la experiencia cristiana y el fundamento de la fe, en la cual se proclama a Jes\u00fas Cristo y Se\u00f1or. Ella es tambi\u00e9n el cumplimiento de las promesas de Dios, de las cuales es portador el Israel hist\u00f3rico, y que est\u00e1n consignadas en la Sagrada Escritura: la ley, los profetas y los salmos (los Escritos). Int\u00e9rprete de esta esperanza b\u00ed\u00adblica es la tradici\u00f3n jud\u00ed\u00ada, la cual, frente a la muerte, relee su fe en clave de resurrecci\u00f3n. Se comprende entonces que el Jes\u00fas hist\u00f3rico expresara su esperanza ante su propia muerte apelando a la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica y a los modelos ling\u00fc\u00ed\u00adsticos del ambiente jud\u00ed\u00ado. Su resurrecci\u00f3n como victoria definitiva sobre la muerte se convierte en la garant\u00ed\u00ada de vida de todos los hombres, cambiando el significado de la condici\u00f3n humana en el mundo y en la historia.<\/p>\n<p>1. LA RESURRECCI\u00ed\u201cN EN EL AT Y EN LA TRADICI\u00ed\u201cN JUD\u00ed\u008dA. La fe expl\u00ed\u00adcita en la resurrecci\u00f3n de los muertos se encuentra en los textos b\u00ed\u00adblicos del siglo 11 a.C., en la \u00e9poca de la crisis macabea. El primer texto que formula en t\u00e9rminos claros la fe en la resurrecci\u00f3n de los muertos es un p\u00e1rrafo de Daniel. En el contexto de la crisis, evocada en un escenario apocal\u00ed\u00adptico como la gran tribulaci\u00f3n, se anuncia en t\u00e9rminos prof\u00e9ticos la rehabilitaci\u00f3n de los justos y de los m\u00e1rtires: \u00abY muchos de los que duermen en el polvo de la tierra se despertar\u00e1n; unos para la vida eterna, otros para la verg\u00fcenza y la ignominia perpetua. Los santos brillar\u00e1n entonces como el resplandor del firmamento, y los que ense\u00f1aron a muchos la justicia brillar\u00e1n como las estrellas por toda la eternidad\u00bb (Dan 12:2-3). En este texto se afirma claramente la resurrecci\u00f3n de los justos, mientras que para los otros se anuncia la corrupci\u00f3n o la muerte. Los maestros de justicia ser\u00e1n asociados al mundo divino en una condici\u00f3n gloriosa, \u00abcomo el resplandor del firmamento&#8230;, como las estrellas\u00bb. Este texto prof\u00e9tico es el fundamento de la sucesiva tradici\u00f3n jud\u00ed\u00ada reflejada en los textos ap\u00f3crifos. En cambio, la tradici\u00f3n rab\u00ed\u00adnica apelar\u00e1 a la ley (t\u00f3rah) para fundar su creencia en la resurrecci\u00f3n de los muertos.<\/p>\n<p>El segundo texto es el de la historia de los Macabeos, escrito en griego en el siglo II o 1(2Mac 7, donde se relata el martirio de los siete hermanos). En este amplio relato, que refleja la cultura y el gusto ret\u00f3rico de los griegos, la fe en la resurrecci\u00f3n se funda en el poder creador de Dios, que ha hecho el mundo y es el Se\u00f1or de la vida. As\u00ed\u00ad pues, en el libro de los Macabeos se afirma la resurrecci\u00f3n de los justos que han permanecido fieles a Dios tambi\u00e9n a costa de la vida (m\u00e1rtires). Probablemente el texto macabeo representa una precisi\u00f3n y un desarrollo ulterior respecto al p\u00e1rrafo de Daniel, que coloca la resurrecci\u00f3n al fin de los tiempos, en un contexto escatol\u00f3gico. En todo caso, en ambos textos no se intenta definir ni el tiempo ni la modalidad de la resurrecci\u00f3n. Lo que cuenta es la certeza de la resurrecci\u00f3n de los muertos, garantizada por la fidelidad misericordiosa de Dios creador.<\/p>\n<p>Los precedentes b\u00ed\u00adblicos de esta fe en la resurrecci\u00f3n de los muertos, reflejada en los dos textos mencionados, se encuentran en la tradici\u00f3n prof\u00e9tica que va de Oseas a Ezequiel. Los relatos populares de los dos profetas taumaturgos del reino del norte, El\u00ed\u00adas y Eliseo, que recuerdan la resurrecci\u00f3n -llamada a la vida- de dos j\u00f3venes, pueden representar el principio de esta tradici\u00f3n (cf 1Re 17:17-24; 2Re 4:31-37). Pero es un texto de Oseas el que recurre al lenguaje de resurrecci\u00f3n para hablar del trastorno de una situaci\u00f3n de desastre nacional en un contexto de liturgia penitencial (Ose 6:1-3). La misma met\u00e1fora emplea el profeta Ezequiel en la c\u00e9lebre par\u00e1bola de los huesos vivificados por el Esp\u00ed\u00adritu creador de Dios (Eze 37:1-14). Tambi\u00e9n un texto de Isa\u00ed\u00adas, inserto en un contexto apocal\u00ed\u00adptico (Isa 26:19), anuncia la rehabilitaci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica por iniciativa de Dios, sucesiva a la crisis o drama del exilio. En resumen, los textos prof\u00e9ticos, m\u00e1s que hablar de la resurrecci\u00f3n de los muertos, utilizan el lenguaje de la resurrecci\u00f3n para proclamar la fidelidad de Dios, el \u00fanico que puede salvar a su pueblo de la amenaza o que lo rehabilita despu\u00e9s de la crisis de la dispersi\u00f3n. Sin embargo, esta iniciativa eficaz del Dios fiel se convierte en signo o prefiguraci\u00f3n de la salvaci\u00f3n final o escatol\u00f3gica. Y precisamente \u00e9ste es el sentido que tienen los textos prof\u00e9ticos mencionados, en particular de Oseas y Ezequiel, y as\u00ed\u00ad son interpretados por la sucesiva tradici\u00f3n jud\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>En s\u00ed\u00adntesis, la fe en la resurrecci\u00f3n de los muertos en la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica se desarrolla en torno a algunos elementos que est\u00e1n en su origen y que condicionan los desarrollos de su formulaci\u00f3n. La resurrecci\u00f3n de los muertos es la respuesta al drama de la muerte; una respuesta fundada en la fe en Dios, se\u00f1or de la vida y de la muerte (Deu 32:35). Dios creador, fuente y se\u00f1or de la vida, establece con el justo una relaci\u00f3n que ni siquiera la muerte puede interrumpir. La esperanza de los justos, de la cual se hacen portavoces los salmistas, expresa la certeza de la plena comuni\u00f3n con Dios, que no puede ser atacada por la muerte (Sal 16:23; Sal 49:16; Sal 73:23-24). Esta certeza se funda en la justicia de Dios y en su fidelidad a la alianza. Dios justo y misericordioso est\u00e1 en la fuente y en el fundamento de la fe, que en el siglo n se expresa en el modelo ling\u00fc\u00ed\u00adstico cultural de la resurrecci\u00f3n. A la formulaci\u00f3n de este lenguaje y modelo pueden haber contribuido en parte los mitos agrarios y los ciclos estacionales de matriz cananea, y, despu\u00e9s del destierro, el mito persa de la restauraci\u00f3n universal y c\u00f3smica.<\/p>\n<p>Finalmente, el elemento acelerador en el proceso de formulaci\u00f3n del credo b\u00ed\u00adblico en la resurrecci\u00f3n de los muertos es la crisis persa y helen\u00ed\u00adstica. Ante la persecuci\u00f3n de los justos y la muerte de los m\u00e1rtires se renueva la certeza en la victoria y en el triunfo de Dios sobre la muerte, a los cuales asocia \u00e9l a los justos y a los m\u00e1rtires.<\/p>\n<p>La sucesiva tradici\u00f3n jud\u00ed\u00ada se desarrolla seg\u00fan un amplio abanico de concepciones antropol\u00f3gicas y escatol\u00f3gicas. Dados los intercambios entre cultura jud\u00ed\u00ada y helen\u00ed\u00adstica, no puede extra\u00f1ar que se encuentre junto al lenguaje antropol\u00f3gico monista tambi\u00e9n la terminolog\u00ed\u00ada tomada del mundo greco-helen\u00ed\u00adstico, donde se habla de inmortalidad. Sobre el fondo de la fe jud\u00ed\u00ada, reflejada en los textos de la literatura intertestamentaria (ap\u00f3crifos) [\/ Apocal\u00ed\u00adptica], est\u00e1 la gran tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica. Estos textos no se interesan por los particulares descriptivos tomados de la cultura o de la tradici\u00f3n, sino que colocan el acento en el hecho de que los justos son asociados al esplendor de Dios, parangonados a los astros y a los \u00e1ngeles. Ellos participan del triunfo definitivo sobre la muerte y de la plenitud de vida prometida a los que son fieles a Dios y a su ley. Dentro de la pluralidad de concepciones y formulaciones de la esperanza jud\u00ed\u00ada, se distinguen dos modalidades fundamentales: por una parte, el modelo de la resurrecci\u00f3n; por otra, el de la elevaci\u00f3n o ensalzamiento.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n el juda\u00ed\u00adsmo fariseo, que coloca en su interior como art\u00ed\u00adculo de fe la resurrecci\u00f3n de los muertos (Sanh. X, la), presenta una pluralidad de expresiones no siempre coherentes, debida en parte al influjo helen\u00ed\u00adstico. En esta tradici\u00f3n se insiste con acentuado realismo en la corporeidad f\u00ed\u00adsica y en la identidad de los resucitados. La resurrecci\u00f3n de los muertos se hace dimanar de la iniciativa de Dios creador y se deriva del testimonio de la t\u00f3rah.<\/p>\n<p>2. JES\u00daS ANUNCI\u00ed\u201c SU ESPERANZA DE RESURRECCI\u00ed\u201cN. LOS textos evang\u00e9licos citan concordemente una serie de sentencias, en las cuales Jes\u00fas expresa su confianza en Dios ante la amenaza de muerte. En estas sentencias se reflejan diversos modelos ling\u00fc\u00ed\u00adsticos. Un elemento constante es el esquema de anuncio, muerte y resurrecci\u00f3n, que refleja la estructura del kerigma cristiano pospascual. La tradici\u00f3n sin\u00f3ptica com\u00fan refiere tres palabras prof\u00e9ticas de Jes\u00fas sobre su destino en forma de instrucci\u00f3n o catequesis dirigida a los disc\u00ed\u00adpulos (Mar 8:31; Mar 9:31; Mar 10:33-34). El elemento constante en estos tres anuncios se refiere al sujeto o protagonista, el Hijo del hombre, que debe sufrir un destino de humillaci\u00f3n, que culmina en la condena a muerte; pero despu\u00e9s de tres d\u00ed\u00adas debe resucitar (Mar 8:31). La referencia a los \u00abtres d\u00ed\u00adas\u00bb no coincide con la f\u00f3rmula catequ\u00ed\u00adstica \u00abal tercer d\u00ed\u00ada\u00bb. Probablemente la primera expresi\u00f3n reproduce un modo de decir hebreo y de la tradici\u00f3n jud\u00ed\u00ada, en el cual se indica la intervenci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Dios \u00abdespu\u00e9s de breve tiempo\u00bb. A la misma tradici\u00f3n se puede hacer remontar la sentencia prof\u00e9tica de Jes\u00fas sobre la destrucci\u00f3n del templo, interpretada en la tradici\u00f3n sucesiva como anuncio de su resurrecci\u00f3n (Mar 14:58; cf Jua 2:19-20). Tambi\u00e9n las palabras sobre el signo de Jon\u00e1s ponen el acento en esta iniciativa de Dios, que rehabilita al profeta escatol\u00f3gico (Mat 12:38-42; cf Luc 11:29-32).<br \/>\nEn otros t\u00e9rminos, Jes\u00fas formul\u00f3 su esperanza con el lenguaje de la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica y jud\u00ed\u00ada acerca de la intervenci\u00f3n de Dios en favor del justo, del profeta perseguido y del m\u00e1rtir. La novedad en la esperanza de Jes\u00fas consiste en su perspectiva de anunciador e inaugurador del reino de Dios (Mar 14:25; cf 9,1).<\/p>\n<p>3. LA RESURRECCI\u00ed\u201cN DE LOS MUERTOS EN LOS EVANGELIOS. La triple tradici\u00f3n sin\u00f3ptica refiere, en la serie de las controversias de Jes\u00fas con los representantes y los responsables del mundo jud\u00ed\u00ado de Jerusal\u00e9n, un debate acerca de la resurrecci\u00f3n de los muertos (Mat 22:23-33; Mar 12:18-27; Luc 20:27-40). Los interlocutores de Jes\u00fas son los saduceos, los cuales niegan que haya resurrecci\u00f3n (Luc 20:27). Para ridiculizar la esperanza jud\u00ed\u00ada de la resurrecci\u00f3n, defendida de forma fuertemente realista por los fariseos, refieren la historia de la mujer casada sucesivamente con siete hombres en virtud de la ley del levirato. De ese modo muestran la abierta contradicci\u00f3n entre la fe en la resurrecci\u00f3n de los muertos y el tenor de la letra de la t\u00f3rah. La respuesta de Jes\u00fas, citada de forma un\u00e1nime por los evangelios, corrige la mentalidad de los fariseos acerca de la modalidad de la resurrecci\u00f3n y afirma al mismo tiempo decididamente el hecho de la resurrecci\u00f3n por el poder del Dios vivo. Los que resucitan son colocados en una condici\u00f3n diversa de la hist\u00f3rica y mundana, pues son asimilados a los \u00e1ngeles y asociados al mundo espiritual de Dios. En apoyo del hecho de la resurrecci\u00f3n, Jes\u00fas recurre a un texto del Exodo, donde Dios se presenta como el Dios de los padres o de los vivos (Exo 3:6; t\u00f3rah).<\/p>\n<p>Complementarios de este texto evang\u00e9lico sobre la resurrecci\u00f3n de los muertos son algunas secciones del evangelio de Lucas, donde se afronta expresamente el destino individual despu\u00e9s de la muerte. El justo o el que es salvado por Dios participa de la comuni\u00f3n con \u00e9l inmediatamente despu\u00e9s de la muerte (Luc 23:43; cf 14,14; 16,22a). Esta condici\u00f3n de salvaci\u00f3n del justo no excluye la resurrecci\u00f3n escatol\u00f3gica o final. La ense\u00f1anza evang\u00e9lica sobre la resurrecci\u00f3n de los muertos hunde sus ra\u00ed\u00adces en la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica y toma del ambiente de la cultura jud\u00ed\u00ada las f\u00f3rmulas y modalidades expresivas. La novedad la constituye la nueva motivaci\u00f3n y el fundamento de la fe en la resurrecci\u00f3n. Es el anuncio del reino de Dios, ligado al destino personal de Jes\u00fas, que inaugura el tiempo nuevo y definitivo, y se convierte en la segura garant\u00ed\u00ada de victoria sobre la muerte.<\/p>\n<p>4. LA RESURRECCI\u00ed\u201cN DE LOS CRISTIANOS. La catequesis cristiana m\u00e1s amplia sobre la resurrecci\u00f3n la ofrece Pablo en el cap\u00ed\u00adtulo \u00faltimo de la primera carta a los Corintios (1Co 15:1-58). A trav\u00e9s de esta articulada reflexi\u00f3n, fundada en el kerigma y credo tradicional, Pablo responde a las dificultades de los cristianos de Corinto. Hay algunos en aquella comunidad que, aunque adhiri\u00e9ndose al anuncio evang\u00e9lico de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, niegan la resurrecci\u00f3n de los muertos (lCor 15,12). Probablemente esta crisis ha de relacionarse con el dualismo griego, que desemboca en algunos casos en un espiritualismo entusiasta, preludio quiz\u00e1 de aquel movimiento de matiz gn\u00f3stico, que anticipa la resurrecci\u00f3n en la historia (lCor 4,8; cf  2Ti 2:18). La catequesis paulina se desarrolla en dos grandes cuadros. Despu\u00e9s de recordar el acontecimiento fundante: la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, proclamada al principio de la evangelizaci\u00f3n de la comunidad (lCor 15,1-11), el ap\u00f3stol muestra la eficacia salv\u00ed\u00adfica de la resurrecci\u00f3n para todos los creyentes (ICor 15,12-34).<\/p>\n<p>Luego afronta un segundo frente de dificultades acerca del mundo de la resurrecci\u00f3n y la cualidad del cuerpo de los resucitados (ICor 15,35-58). La eficacia salv\u00ed\u00adfica de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas es el coraz\u00f3n mismo del mensaje cristiano. Estar\u00ed\u00ada \u00abvac\u00ed\u00ado\u00bb y ser\u00ed\u00ada ineficaz el anuncio; estar\u00ed\u00ada \u00abvac\u00ed\u00ada\u00bb y ser\u00ed\u00ada ineficaz la fe, si Jes\u00fas no hubiese resucitado. Pues el contenido del anuncio cristiano, que proclama a Jes\u00fas resucitado, ser\u00ed\u00ada una contradicci\u00f3n; y los cristianos, que lo han aceptado y han fundado en \u00e9l su adhesi\u00f3n de fe, estar\u00ed\u00adan a\u00fan en sus pecados, porque la fe en Jes\u00fas no los librar\u00ed\u00ada del destino final, que es la muerte. La eficacia salv\u00ed\u00adfica de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas se funda en la solidaridad que liga a todos los hombres, por una parte con el cabeza Ad\u00e1n, para la muerte, y, por otra, con la nueva cabeza que es Jes\u00fas, para la resurrecci\u00f3n y la vida (ICor 15,20-22). Pablo describe luego en un cuadro apocal\u00ed\u00adptico las sucesivas fases que van desde la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas hasta la instauraci\u00f3n del pleno dominio de Dios (lCor 15,23-28).<\/p>\n<p>En la segunda parte de la catequesis desarrolla Pablo algunas reflexiones acerca del cuerpo y la modalidad de la resurrecci\u00f3n. Existe una discontinuidad real entre el cuerpo que es \u00absembrado\u00bb o sepultado y el cuerpo que resucita; es un cuerpo mortal el que es sembrado, y glorioso el que resucita. Pero esta ruptura no impide a Dios mantener una relaci\u00f3n vital con los que mueren y resucitan. De hecho, es el gesto creador el que ayuda a comprender la resurrecci\u00f3n de los muertos seg\u00fan el modelo de la de Jes\u00fas. Si Ad\u00e1n es el prototipo del ser humano que termina en la muerte, Jes\u00fas, nuevo Ad\u00e1n, constituido mediante la resurrecci\u00f3n en fuente del esp\u00ed\u00adritu vivificador, es el prototipo del ser humano llamado a la resurrecci\u00f3n (1Co 15:44-48). El nuevo cuadro apocal\u00ed\u00adptico trazado por Pablo subraya la necesidad de que todos sean transformados, para que lo que es corruptible sea revestido de incorruptibilidad. Estas afirmaciones de Pablo y su respectivo lenguaje remiten a una tradici\u00f3n ya testimoniada por las primeras cartas y diseminada por casi todo el corpus aut\u00e9ntico del ap\u00f3stol (cf lTes 4,15-18; ,10; Flp 1:21-24; Flp 3:9-14). En el texto m\u00e1s maduro de Romanos, Pablo asocia a la resurrecci\u00f3n de los hijos de Dios y a la manifestaci\u00f3n de su condici\u00f3n de gloria la liberaci\u00f3n del mundo, actualmente sometido a un proceso de degradaci\u00f3n y a la corrupci\u00f3n a causa de su solidaridad con el pecado humano ( Rom 8:18-23).<\/p>\n<p>Las cartas sucesivas de la tradici\u00f3n paulina ven anticipada y garantizada la resurrecci\u00f3n en la solidaridad con Jes\u00fas resucitado, inaugurada por la experiencia bautismal y por la fe (Col 3:1-4; Efe 2:6). En tonos diversos, se expresa la misma realidad en el \u00fanico texto totalmente apocal\u00ed\u00adptico del NT. En el cuadro final del Apocalipsis, despu\u00e9s del choque entre Cristo vencedor y los representantes del mal hist\u00f3rico, el drag\u00f3n, la bestia y el falso profeta, se anuncia la resurrecci\u00f3n de los m\u00e1rtires, asociados para siempre al triunfo real de Cristo (Apo 21:4-6). Esta es la primera resurrecci\u00f3n, que libra a los m\u00e1rtires definitivamente de la muerte. En cambio, se prev\u00e9 una especie de resurrecci\u00f3n para todos los muertos, a fin de comparecer ante el juicio de Dios (Apo 21:12-13).<\/p>\n<p>5. EXPERIENCIA HIST\u00ed\u201cRICA Y MISTERIO DE LA RESURRECCI\u00ed\u201cN. El acontecimiento de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, como el de la resurrecci\u00f3n final o escatol\u00f3gica, escapa a la experiencia directa. Se lo vive en la fe y se lo formula en lenguaje humano para su comunicaci\u00f3n y transmisi\u00f3n seg\u00fan los diversos modelos culturales. Para reconstruir la experiencia hist\u00f3rica de la resurrecci\u00f3n y captar el n\u00facleo central de este misterio de la manifestaci\u00f3n de Dios, hay que tener en cuenta la evoluci\u00f3n del lenguaje, de los modelos culturales y de su impacto en la concepci\u00f3n antropol\u00f3gica y en la perspectiva de la historia humana y del mundo.<\/p>\n<p>a) Lenguaje y modelos expresivos. El vocabulario b\u00ed\u00adblico de la resurrecci\u00f3n gira en torno a dos \u00e1reas fundamentales. La primera est\u00e1 representada por los verbos \u00abvivir-revivir\u00bb, hebr. hajah; la segunda, por los verbos \u00absurgir-resurgir, estar en pie\u00bb, hebr. q\u00fam, heqis, &#8216;amad. Los respectivos verbos griegos, en la versi\u00f3n de los LXX, son: z\u00e9n, zoopoie\u00ed\u00adn, egue\u00ed\u00adrein y anist\u00e1nai. Un tercer \u00e1mbito sem\u00e1ntico minoritario est\u00e1 representado por los verbos \u00abelevar, asumir\u00bb, hebr. laqah, referidos a la experiencia del justo (El\u00ed\u00adas, Henoc), con el correspondiente griego analamb\u00e1nesthai. Entroncando con esta tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica y la respectiva versi\u00f3n griega alejandrina, el NT reproduce y amplifica el lenguaje de resurrecci\u00f3n seg\u00fan dos \u00e1mbitos fundamentales: la resurrecci\u00f3n: \u00abvivir, hacer vivir\u00bb, y la exaltaci\u00f3n, \u00abexaltar\u00bb, gr. hypso\u00fasthai; \u00abglorificar\u00bb, gr. dox\u00e1sthai; \u00absubir\u00bb, gr. anaba\u00ed\u00adnein; \u00abser asumido\u00bb, gr. analamb\u00e1nesthai. Los dos modelos a trav\u00e9s de los cuales se expresa la experiencia de la resurrecci\u00f3n son los de resurgir\/ vivir y ser exaltado\/glorificado. Ambos modelos tienen sus ra\u00ed\u00adces en el contexto jud\u00ed\u00ado palestinense, donde se habla de la rehabilitaci\u00f3n del justo y del m\u00e1rtir. La iniciativa de la resurrecci\u00f3n parte de Dios. Esto se expresa a trav\u00e9s de las formas pasivas de los verbos respectivos. La evoluci\u00f3n de estas formas va desde la simple y breve declaraci\u00f3n hasta la dramatizaci\u00f3n del proceso en fases sucesivas: Jes\u00fas resucitado y vivo es glorificado por Dios, llevado al cielo y entronizado a su diestra (cf Luc 24:50-52; Heb 1:9-11).<\/p>\n<p>Para completar el cuadro del lenguaje y de los modelos expresivos hay que tener en cuenta tambi\u00e9n el vocabulario y los esquemas empleados en los textos del NT para hablar de las apariciones de Jes\u00fas resucitado a los disc\u00ed\u00adpulos. El \u00e1rea ling\u00fc\u00ed\u00adstica privilegiada es la relacionada con los verbos \u00abver\u00bb, gr. hor\u00e1n en la forma pasiva \u00abfue visto\/se hizo ver\u00bb, tomado de la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica de los LXX, donde se pone el acento en la iniciativa de Dios (lCor 15,5; lTim 3,16). Los otros verbos de matriz helen\u00ed\u00adstica son pha\u00ed\u00adnein y phanero\u00fan (Lucas-Hechos y Juan). En la tradici\u00f3n de Pablo se conoce el verbo de la tradici\u00f3n prof\u00e9tica \u00abrevelar\u00bb, gr. apokalyptein (G\u00e1l 1:16). A trav\u00e9s de estos diversos lenguajes se expresa la experiencia real de encuentro y de comunicaci\u00f3n de los disc\u00ed\u00adpulos con Jes\u00fas resucitado, gracias a la iniciativa de Dios.<\/p>\n<p>b) Resurrecci\u00f3n y esperanza humana. La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas hace que los disc\u00ed\u00adpulos lo reconozcan como el Cristo, el Se\u00f1or y el Hijo de Dios [\/ Jesucristo]. Estos t\u00ed\u00adtulos, que resumen la fe cristiana, expresan la nueva relaci\u00f3n de Jes\u00fas con Dios, con la humanidad y con el cosmos. Pues si la resurrecci\u00f3n como acci\u00f3n de Dios escapa al control humano, a trav\u00e9s de la persona de Jes\u00fas que se encuentra con los disc\u00ed\u00adpulos despu\u00e9s de la muerte, la fuerza de la resurrecci\u00f3n se refleja tambi\u00e9n en la historia humana y del mundo. En efecto, cambia la concepci\u00f3n del ser humano en s\u00ed\u00ad y frente a la muerte. Se modifica la visi\u00f3n del ser humano amenazado por la muerte en sus exigencias vitales y de relaciones cumplidas y felices. La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas ilumina ante todo la antropolog\u00ed\u00ada. El ser humano en su unidad profunda de cuerpo personalizado o de persona corp\u00f3rea est\u00e1 destinado a la salvaci\u00f3n total. La resurrecci\u00f3n ilumina no s\u00f3lo el destino humano, sino tambi\u00e9n el del mundo en virtud de la solidaridad que existe desde la historia de la creaci\u00f3n hasta la encarnaci\u00f3n. El mundo, aunque sometido a la caducidad y degradado a causa de la solidaridad en la historia del pecado, aspira a la redenci\u00f3n anticipada por la victoria de Jes\u00fas sobre la muerte. El sentido \u00faltimo de la historia y del mundo es definido por la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, que se convierte no s\u00f3lo en modelo, sino tambi\u00e9n en fuente de aquel dinamismo de liberaci\u00f3n de las fuerzas de muerte que amenazan no s\u00f3lo la vida humana, sino el mundo. La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, acogida como manifestaci\u00f3n hist\u00f3rica de la acci\u00f3n salvadora de Dios, es garant\u00ed\u00ada y anticipaci\u00f3n de aquella plenitud de vida a la cual est\u00e1n destinados todos los seres vivos y el mundo f\u00ed\u00adsico.<\/p>\n<p>BIBL.: AA.VV., La risurrezione, Paideia, Brescia 1974; AA.VV., Dibattito sulla risurrezione di Ges\u00fa, Queriniana, Brescia 1969; AMMASSARI A., La risurrezione nell&#8217;nsegnamento, nella profezia, nelle apparizioni di Ges\u00fa 1, Citt\u00e1 Nuova, Roma 1975; ID. La risurrezione: La gloria del Risorto nelle testimonianze ricevute dalla prima chiesa II, Citt\u00e1 Nuova, Roma 1976; BROWN R.E., La conceziones verginale y \/a risurrezione corporea di Ges\u00fa, Queriniana, Brescia 1977; CABA J., Resucit\u00f3 Cristo, mi esperanza. Estudio exeg\u00e9tico, BAC 475, Madrid 1986; DHANIS E., Resurrexit. Actes du Symposium International sur la R\u00e9surrection de J\u00e9sus (Roma 1970). Libr. Ed. 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Ravasi &#8211; A, Girlanda, Nuevo Diccionario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, San Pablo, Madrid 1990<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda B\u00edblica<\/b><\/p>\n<p>La palabra griega a\u00c2\u00b7n\u00e1\u00c2\u00b7sta\u00c2\u00b7sis, que significa literalmente \u2020\u0153levantamiento; alzamiento\u2020\u009d, se emplea con frecuencia en las Escrituras Griegas Cristianas para referirse a la resurrecci\u00f3n de los muertos. El ap\u00f3stol Pablo cit\u00f3 unas palabras de las Escrituras Hebreas \u2014Oseas 13:14\u2014 que indican que se abolir\u00e1 la muerte y se dejar\u00e1 sin poder al Seol (heb. sche\u00c2\u00b4\u00f3hl; gr. h\u00e1i\u00c2\u00b7des). (1Co 15:54, 55.) Algunas versiones traducen el t\u00e9rmino sche\u00c2\u00b4\u00f3hl por \u2020\u0153sepultura\u2020\u009d y \u2020\u0153hoyo\u2020\u009d. Las Escrituras dicen que es el lugar adonde van los muertos. (G\u00e9 37:35; 1Re 2:6; Ec 9:10.) Los usos de este t\u00e9rmino en las Escrituras Hebreas y los de su equivalente h\u00e1i\u00c2\u00b7des en las Escrituras Griegas Cristianas muestran que no se refiere a una sepultura individual, sino a la sepultura com\u00fan de toda la humanidad. (Eze 32:21-32; Rev 20:13; v\u00e9anse HADES; SEOL.) Dejar sin poder al Seol significar\u00ed\u00ada liberar a los que est\u00e1n en \u00e9l, es decir, vaciar la sepultura com\u00fan de la humanidad. Por supuesto, esto requerir\u00ed\u00ada una resurrecci\u00f3n, es decir, que se levantara de su condici\u00f3n inanimada de muerte o de la sepultura a los que est\u00e1n all\u00ed\u00ad.<\/p>\n<p>Por medio de Jesucristo. Lo expuesto indica que en las Escrituras Hebreas aparece la ense\u00f1anza de la resurrecci\u00f3n. Sin embargo, qued\u00f3 en manos de Jesucristo el \u2020\u0153[arrojar] luz sobre la vida y la incorrupci\u00f3n mediante las buenas nuevas\u2020\u009d. (2Ti 1:10.) Jes\u00fas dijo: \u2020\u0153Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por m\u00ed\u00ad\u2020\u009d. (Jn 14:6.) Por medio de las buenas nuevas acerca de Jesucristo, se aclar\u00f3 c\u00f3mo vendr\u00ed\u00ada la vida eterna y, m\u00e1s a\u00fan, c\u00f3mo recibir\u00ed\u00adan algunos incorrupci\u00f3n. El ap\u00f3stol afirma que la resurrecci\u00f3n es una esperanza segura, y arguye: \u2020\u0153Ahora bien, si de Cristo se est\u00e1 predicando que \u00e9l ha sido levantado de entre los muertos, \u00bfc\u00f3mo dicen algunos entre ustedes que no hay resurrecci\u00f3n de los muertos? Realmente, si no hay resurrecci\u00f3n de los muertos, tampoco ha sido levantado Cristo. Pero si Cristo no ha sido levantado, nuestra predicaci\u00f3n ciertamente es en vano, y nuestra fe es en vano. Adem\u00e1s, tambi\u00e9n se nos halla falsos testigos de Dios, porque hemos dado testimonio contra Dios de que \u00e9l levant\u00f3 al Cristo, pero a quien no levant\u00f3 si los muertos verdaderamente no han de ser levantados. [&#8230;] Adem\u00e1s, si Cristo no ha sido levantado, la fe de ustedes es in\u00fatil; todav\u00ed\u00ada est\u00e1n en sus pecados. [&#8230;] Sin embargo, ahora Cristo ha sido levantado de entre los muertos, las primicias de los que se han dormido en la muerte. Pues, dado que la muerte es mediante un hombre, la resurrecci\u00f3n de los muertos tambi\u00e9n es mediante un hombre\u2020\u009d. (1Co 15:12-21.)<br \/>\nEl propio Cristo resucit\u00f3 a varias personas cuando estuvo en la Tierra. (Lu 7:11-15; 8:49-56; Jn 11:38-44.) La resurrecci\u00f3n seguida de vida eterna solo ser\u00e1 posible mediante \u00e9l. (Jn 5:26.)<\/p>\n<p>Un firme prop\u00f3sito de Dios. Jesucristo se\u00f1al\u00f3 a los saduceos, una secta que no cre\u00ed\u00ada en la resurrecci\u00f3n, que los escritos de Mois\u00e9s registrados en las Escrituras Hebreas \u2014Escrituras que ellos pose\u00ed\u00adan y en las que afirmaban creer\u2014 prueban que hay una resurrecci\u00f3n; aleg\u00f3 que cuando Jehov\u00e1 dijo que era \u2020\u0153el Dios de Abrah\u00e1n y el Dios de Isaac y el Dios de Jacob\u2020\u009d, personajes que en realidad estaban muertos, indic\u00f3 que para El era como si aquellos hombres estuvieran vivos, porque El, \u2020\u0153el Dios, no de los muertos, sino de los vivos\u2020\u009d, se propon\u00ed\u00ada resucitarlos. Mediante su poder, Dios \u2020\u0153vivifica a los muertos y llama las cosas que no son como si fueran\u2020\u009d. Pablo subraya este hecho cuando habla de la fe de Abrah\u00e1n. (Mt 22:23, 31-33; Ro 4:17.)<\/p>\n<p>Dios tiene el poder de resucitar. Para Aquel que tiene el poder de crear al hombre a su propia imagen, con un cuerpo perfecto y con el potencial de expresar a plenitud las maravillosas caracter\u00ed\u00adsticas implantadas en la personalidad humana, no supone ning\u00fan problema insuperable resucitar a una persona. Si el hombre puede grabar y conservar en una videocinta las im\u00e1genes y sonidos de una escena y luego reproducirla gracias a los principios cient\u00ed\u00adficos que Dios ha creado, \u00c2\u00a1cu\u00e1nto m\u00e1s f\u00e1cil ser\u00e1 para el gran Soberano Universal y Creador resucitar a una persona reproduciendo la misma personalidad en un cuerpo reci\u00e9n formado! Con respecto a la revivificaci\u00f3n de las facultades reproductivas de Sara en su edad avanzada, el \u00e1ngel dijo: \u2020\u0153\u00bfHay cosa alguna demasiado extraordinaria para Jehov\u00e1?\u2020\u009d. (G\u00e9 18:14; Jer 32:17, 27.)<\/p>\n<p>C\u00f3mo surgi\u00f3 la necesidad de la resurrecci\u00f3n. En el principio no era necesaria la resurrecci\u00f3n, no era parte del prop\u00f3sito original de Dios para la humanidad, puesto que a los hombres no se les hab\u00ed\u00ada creado para morir. El prop\u00f3sito de Dios, seg\u00fan El mismo indic\u00f3, era llenar la Tierra de seres humanos vivos, no de una raza que se deteriorara y muriera. Su obra era perfecta, y, por ende, sin defecto, imperfecci\u00f3n ni enfermedad. (Dt 32:4.) Jehov\u00e1 bendijo a la primera pareja humana y le dijo que se multiplicara y llenara la tierra. (G\u00e9 1:28.) Esta bendici\u00f3n exclu\u00ed\u00ada la enfermedad y la muerte; Dios no fij\u00f3 una duraci\u00f3n limitada de vida para el hombre, sino que le dijo que morir\u00ed\u00ada si desobedec\u00ed\u00ada. De modo que si no desobedec\u00ed\u00ada, vivir\u00ed\u00ada para siempre. Por su desobediencia, incurrir\u00ed\u00ada en el disfavor de Dios, perder\u00ed\u00ada su bendici\u00f3n y se acarrear\u00ed\u00ada una maldici\u00f3n. (G\u00e9 2:17; 3:17-19.)<br \/>\nPor consiguiente, la muerte se introdujo en la raza humana por la transgresi\u00f3n de Ad\u00e1n. (Ro 5:12.) Debido al pecado de su padre y a la imperfecci\u00f3n resultante, la descendencia de Ad\u00e1n no pod\u00ed\u00ada heredar de \u00e9l la vida eterna, ni siquiera la esperanza de vivir para siempre. Jes\u00fas dijo que \u2020\u02dcun \u00e1rbol podrido no puede producir fruto excelente\u2020\u2122. (Mt 7:17, 18; Job 14:1, 2.) El concepto de la resurrecci\u00f3n fue necesario, o se a\u00f1adi\u00f3, para superar esta incapacidad que tendr\u00ed\u00adan los hijos de Ad\u00e1n que desearan obedecer a Dios.<\/p>\n<p>El prop\u00f3sito de la resurrecci\u00f3n. La resurrecci\u00f3n no solo muestra el poder y la sabidur\u00ed\u00ada ilimitados de Jehov\u00e1, sino tambi\u00e9n su amor y misericordia, y lo vindica, adem\u00e1s, como Aquel que conserva la vida de los que le sirven. (1Sa 2:6.) Como tiene el poder de resucitar, puede llegar al punto de mostrar que sus siervos le ser\u00e1n fieles hasta la mism\u00ed\u00adsima muerte, y puede as\u00ed\u00ad responder a la acusaci\u00f3n de Satan\u00e1s que aseveraba: \u2020\u0153Piel en el inter\u00e9s de piel, y todo lo que el hombre tiene lo dar\u00e1 en el inter\u00e9s de su alma\u2020\u009d. (Job 2:4.) Jehov\u00e1 puede permitir que Satan\u00e1s llegue hasta el extremo de matar a algunos en un esfuerzo vano por apoyar sus falsas acusaciones. (Mt 24:9; Rev 2:10; 6:11.) El hecho de que los siervos de Jehov\u00e1 est\u00e9n dispuestos a entregar la vida en Su servicio prueba que no le sirven por razones ego\u00ed\u00adstas, sino por amor. (Rev 12:11.) Tambi\u00e9n prueba que reconocen a Jehov\u00e1 como el Todopoderoso, el Soberano Universal y el Dios de amor que es capaz de resucitarlos. Prueba, en definitiva, que rinden devoci\u00f3n exclusiva a Jehov\u00e1 por sus maravillosas cualidades, no por razones materiales ego\u00ed\u00adstas. (Consid\u00e9rense algunas exclamaciones de los siervos de Dios registradas en Ro 11:33-36; Rev 4:11; 7:12.) Adem\u00e1s, la resurrecci\u00f3n es un medio del que se vale Jehov\u00e1 a fin de que se lleve a cabo su prop\u00f3sito para la Tierra, seg\u00fan le hab\u00ed\u00ada declarado a Ad\u00e1n. (G\u00e9 1:28.)<\/p>\n<p>Esencial para la felicidad del hombre. La resurrecci\u00f3n de los muertos, una bondad inmerecida de parte de Dios, es esencial para la felicidad de la humanidad y para reparar todo el da\u00f1o, sufrimiento y opresi\u00f3n que le ha sobrevenido a la raza humana como resultado de la imperfecci\u00f3n y las enfermedades, las guerras que ha peleado, los asesinatos y las acciones inhumanas cometidas por los inicuos a instigaci\u00f3n de Satan\u00e1s el Diablo. No podemos ser totalmente felices si no creemos en una resurrecci\u00f3n. El ap\u00f3stol Pablo expres\u00f3 este sentimiento en las siguientes palabras: \u2020\u0153Si solo en esta vida hemos esperado en Cristo, de todos los hombres somos los m\u00e1s dignos de l\u00e1stima\u2020\u009d. (1Co 15:19.)<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1ndo se dio por primera vez la esperanza de la resurrecci\u00f3n? Despu\u00e9s que Ad\u00e1n pec\u00f3 y como consecuencia se acarre\u00f3 la muerte a s\u00ed\u00ad mismo y la introdujo entre sus futuros descendientes, Dios dijo a la serpiente: \u2020\u0153Y pondr\u00e9 enemistad entre ti y la mujer, y entre tu descendencia y la descendencia de ella. El te magullar\u00e1 en la cabeza y t\u00fa le magullar\u00e1s en el tal\u00f3n\u2020\u009d. (G\u00e9 3:15.)<\/p>\n<p>El que caus\u00f3 originalmente la muerte tiene que ser eliminado. Jes\u00fas dijo a los jud\u00ed\u00ados religiosos que se opon\u00ed\u00adan a \u00e9l: \u2020\u0153Ustedes proceden de su padre el Diablo, y quieren hacer los deseos de su padre. Ese era homicida cuando principi\u00f3, y no permaneci\u00f3 firme en la verdad, porque la verdad no est\u00e1 en \u00e9l\u2020\u009d. (Jn 8:44.) Estas palabras prueban que fue el Diablo quien habl\u00f3 por medio de la serpiente, y que fue un homicida desde el principio de su proceder mentiroso y diab\u00f3lico. En la visi\u00f3n que posteriormente Cristo dio a Juan, revel\u00f3 que a Satan\u00e1s el Diablo tambi\u00e9n se le llama \u2020\u0153la serpiente original\u2020\u009d. (Rev 12:9.) Satan\u00e1s se apoder\u00f3 de la humanidad, pues al inducir a Ad\u00e1n a rebelarse contra Dios, consigui\u00f3 tener bajo su influencia a los hijos de Ad\u00e1n. De modo que en la primera profec\u00ed\u00ada, registrada en G\u00e9nesis 3:15, Jehov\u00e1 dio la esperanza de que esta serpiente ser\u00ed\u00ada eliminada. (Comp\u00e1rese con Ro 16:20.) No solo se aplastar\u00e1 a Satan\u00e1s la cabeza, sino que se desbaratar\u00e1n, destruir\u00e1n o deshar\u00e1n todas sus obras. (1Jn 3:8; NM, BAS, CI.) El cumplimiento de esta profec\u00ed\u00ada exige que se anule la muerte ad\u00e1mica, lo que implica una resurrecci\u00f3n de los descendientes de Ad\u00e1n que est\u00e1n en el Seol (Hades) como resultado de los efectos heredados del pecado. (1Co 15:26.)<\/p>\n<p>La esperanza de libertad implica una resurrecci\u00f3n. El ap\u00f3stol Pablo habla de la situaci\u00f3n que Dios permiti\u00f3 que existiese despu\u00e9s que el hombre pec\u00f3, as\u00ed\u00ad como del prop\u00f3sito que tuvo al permitirla: \u2020\u0153Porque la creaci\u00f3n fue sujetada a futilidad [por haber nacido todos en pecado y haber sido condenados a la muerte], no de su propia voluntad [a los hijos de Ad\u00e1n se les trajo al mundo en esta situaci\u00f3n, aunque no lo hab\u00ed\u00adan elegido ni pod\u00ed\u00adan cambiar lo que Ad\u00e1n hab\u00ed\u00ada hecho], sino por aquel [Dios, en su sabidur\u00ed\u00ada] que la sujet\u00f3, sobre la base de la esperanza de que la creaci\u00f3n misma tambi\u00e9n ser\u00e1 libertada de la esclavitud a la corrupci\u00f3n y tendr\u00e1 la gloriosa libertad de los hijos de Dios\u2020\u009d. (Ro 8:20, 21; Sl 51:5.) Con el fin de experimentar el cumplimiento de esta esperanza de gloriosa libertad, los que han muerto tendr\u00ed\u00adan que ser resucitados, libertados de la muerte y de la sepultura. As\u00ed\u00ad que mediante su promesa de una \u2020\u0153descendencia\u2020\u009d venidera que aplastar\u00ed\u00ada la cabeza de la serpiente, Dios coloc\u00f3 una maravillosa esperanza ante la humanidad. (V\u00e9ase DESCENDENCIA, SEMILLA.)<\/p>\n<p>El fundamento de la fe de Abrah\u00e1n. Del registro b\u00ed\u00adblico se desprende que cuando Abrah\u00e1n intent\u00f3 ofrecer a su hijo Isaac, ten\u00ed\u00ada fe en el poder y el prop\u00f3sito de Dios de levantar a los muertos. Como se declara en Hebreos 11:17-19, recibi\u00f3 a Isaac de entre los muertos \u2020\u0153a manera de ilustraci\u00f3n\u2020\u009d. (G\u00e9 22:1-3, 10-13.) El fundamento de la fe de Abrah\u00e1n en una resurrecci\u00f3n era la promesa que Dios le hab\u00ed\u00ada hecho en cuanto a la \u2020\u0153descendencia\u2020\u009d. (G\u00e9 3:15.) Adem\u00e1s, tanto Abrah\u00e1n como Sara ya hab\u00ed\u00adan experimentado algo comparable a una resurrecci\u00f3n cuando Dios revivific\u00f3 sus facultades reproductivas. (G\u00e9 18:9-11; 21:1, 2, 12; Ro 4:19-21.) Job expres\u00f3 una fe similar al decir cuando sufr\u00ed\u00ada intensamente: \u2020\u0153\u00c2\u00a1Oh que en el Seol me ocultaras, [&#8230;] que me fijaras un l\u00ed\u00admite de tiempo y te acordaras de m\u00ed\u00ad! Si un hombre f\u00ed\u00adsicamente capacitado muere, \u00bfpuede volver a vivir? [&#8230;] T\u00fa llamar\u00e1s, y yo mismo te responder\u00e9. Por la obra de tus manos sentir\u00e1s anhelo\u2020\u009d. (Job 14:13-15.)<\/p>\n<p>Resurrecciones anteriores al rescate. Los profetas El\u00ed\u00adas y Eliseo resucitaron a algunas personas. (1Re 17:17-24; 2Re 4:32-37; 13:20, 21.) Sin embargo, los resucitados volvieron a morir, al igual que les ocurri\u00f3 a los que resucit\u00f3 Jes\u00fas cuando estuvo en la Tierra y a los que posteriormente resucitaron los ap\u00f3stoles. Esto muestra que la resurrecci\u00f3n no siempre es para vida eterna.<br \/>\nPuesto que Jes\u00fas hab\u00ed\u00ada resucitado a su amigo L\u00e1zaro, es posible que este estuviera vivo para el Pentecost\u00e9s de 33 E.C., cuando se derram\u00f3 el esp\u00ed\u00adritu santo y se ungi\u00f3 y engendr\u00f3 por esp\u00ed\u00adritu (Hch 2:1-4, 33, 38) a los primeros en recibir el llamamiento celestial. (Heb 3:1.) Aunque la resurrecci\u00f3n de L\u00e1zaro fue parecida a la que realizaron los profetas El\u00ed\u00adas y Eliseo, probablemente le dio la oportunidad de recibir una resurrecci\u00f3n como la de Cristo, que de otro modo no hubiera tenido. \u00c2\u00a1Cu\u00e1nto amor demostr\u00f3 Jes\u00fas con esta acci\u00f3n! (Jn 11:38-44.)<\/p>\n<p>\u2020\u0153Una resurrecci\u00f3n mejor.\u2020\u009d Pablo dice sobre ciertas personas fieles de tiempos antiguos: \u2020\u0153Hubo mujeres que recibieron a sus muertos por resurrecci\u00f3n; pero otros hombres fueron atormentados porque rehusaron aceptar la liberaci\u00f3n por alg\u00fan rescate, con el fin de alcanzar una resurrecci\u00f3n mejor\u2020\u009d. (Heb 11:35.) Estos hombres demostraron su fe en la esperanza de la resurrecci\u00f3n, pues sab\u00ed\u00adan que la vida que ten\u00ed\u00adan en aquel tiempo no era lo m\u00e1s importante. La resurrecci\u00f3n que estas y otras personas experimentaron mediante Cristo tiene lugar despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n de este y su comparecencia en el cielo ante su Padre con el valor de su sacrificio de rescate. En ese tiempo, recompr\u00f3 el derecho a la vida de la raza humana, y pas\u00f3 a ser el \u2020\u0153Padre Eterno\u2020\u009d en potencia. (Heb 9:11, 12, 24; Isa 9:6.) El es \u2020\u0153un esp\u00ed\u00adritu dador de vida\u2020\u009d. (1Co 15:45.) Tiene \u2020\u0153las llaves de la muerte y del Hades [Seol]\u2020\u009d. (Rev 1:18.) Con la autoridad que ahora tiene de conceder vida eterna, al debido tiempo de Dios llevar\u00e1 a cabo una \u2020\u0153resurrecci\u00f3n mejor\u2020\u009d, pues los que la experimenten podr\u00e1n vivir para siempre, sin que tengan que volver a morir inevitablemente. Si son obedientes, continuar\u00e1n viviendo.<\/p>\n<p>Resurrecci\u00f3n celestial. A Jesucristo se le llama \u2020\u0153el primog\u00e9nito de entre los muertos\u2020\u009d (Col 1:18), porque fue el primero en ser resucitado para vida eterna. Su resurrecci\u00f3n fue \u2020\u0153en el esp\u00ed\u00adritu\u2020\u009d, es decir, para vivir en el cielo. (1Pe 3:18.) Adem\u00e1s, cuando se le resucit\u00f3, se le concedi\u00f3 una forma superior de vida y una posici\u00f3n superior a la que hab\u00ed\u00ada tenido en los cielos antes de venir a la Tierra. Recibi\u00f3 inmortalidad e incorrupci\u00f3n, algo que ninguna criatura carnal puede tener, y fue hecho \u2020\u0153m\u00e1s alto que los cielos\u2020\u009d, para ocupar, despu\u00e9s de Jehov\u00e1 Dios, la posici\u00f3n m\u00e1s alta del universo. (Heb 7:26; 1Ti 6:14-16; Flp 2:9-11; Hch 2:34; 1Co 15:27.) Fue el propio Jehov\u00e1 Dios quien lo resucit\u00f3. (Hch 3:15; 5:30; Ro 4:24; 10:9.)<br \/>\nSin embargo, durante los cuarenta d\u00ed\u00adas que siguieron a su resurrecci\u00f3n, Jes\u00fas se apareci\u00f3 a sus disc\u00ed\u00adpulos en diferentes ocasiones y con diversos cuerpos carnales, tal como algunos \u00e1ngeles hab\u00ed\u00adan hecho para aparecerse a ciertos hombres de tiempos antiguos. Al igual que aquellos \u00e1ngeles, Jes\u00fas ten\u00ed\u00ada el poder de formar y desintegrar esos cuerpos a voluntad con el fin de probar visiblemente que hab\u00ed\u00ada sido resucitado. (Mt 28:8-10, 16-20; Lu 24:13-32, 36-43; Jn 20:14-29; G\u00e9 18:1, 2; 19:1; Jos 5:13-15; Jue 6:11, 12; 13:3, 13.) Las muchas veces que se apareci\u00f3, especialmente aquella en la que se manifest\u00f3 ante m\u00e1s de 500 personas, constituyen un testimonio convincente de que verdaderamente resucit\u00f3. (1Co 15:3-8.) Por ello, su resurrecci\u00f3n est\u00e1 muy bien atestiguada y proporciona \u2020\u0153a todos los hombres una garant\u00ed\u00ada\u2020\u009d de que en el futuro habr\u00e1 un d\u00ed\u00ada de juicio o ajuste de cuentas. (Hch 17:31.)<\/p>\n<p>La resurrecci\u00f3n de los \u2020\u0153hermanos\u2020\u009d de Cristo. Los que son \u2020\u0153llamados y escogidos y fieles\u2020\u009d, seguidores de las pisadas de Cristo, sus \u2020\u0153hermanos\u2020\u009d, que han sido engendrados espiritualmente como \u2020\u0153hijos de Dios\u2020\u009d, han recibido la promesa de una resurrecci\u00f3n como la de Cristo. (Rev 17:14; Ro 6:5; 8:15, 16; Heb 2:11.) El ap\u00f3stol Pedro escribi\u00f3 lo siguiente a sus compa\u00f1eros cristianos: \u2020\u0153Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Se\u00f1or Jesucristo, porque, seg\u00fan su gran misericordia, nos dio un nuevo nacimiento a una esperanza viva mediante la resurrecci\u00f3n de Jesucristo de entre los muertos, a una herencia incorruptible e incontaminada e inmarcesible. Est\u00e1 reservada en los cielos para ustedes\u2020\u009d. (1Pe 1:3, 4.)<br \/>\nPedro tambi\u00e9n dijo que la esperanza que poseen son \u2020\u0153preciosas y grandios\u00ed\u00adsimas promesas, para que por estas [&#8230;] lleguen a ser part\u00ed\u00adcipes de la naturaleza divina\u2020\u009d. (2Pe 1:4.) Los \u2020\u0153hermanos\u2020\u009d de Cristo tienen que experimentar un cambio de naturaleza, de humana a \u2020\u0153divina\u2020\u009d, a fin de participar con \u00e9l en su gloria. Han de pasar por una muerte como la de Cristo \u2014manteniendo integridad y renunciando para siempre a la vida humana\u2014 para luego recibir por medio de la resurrecci\u00f3n un cuerpo inmortal e incorruptible como el de \u00e9l. (Ro 6:3-5; 1Co 15:50-57; 2Co 5:1-3.) El ap\u00f3stol Pablo explica que no se resucita el cuerpo; asemeja esa experiencia a una semilla que se planta y brota, pues \u2020\u0153Dios le da un cuerpo as\u00ed\u00ad como le ha agradado\u2020\u009d. (1Co 15:35-40.) Dios resucita al alma, a la persona, con un cuerpo adecuado para el \u00e1mbito en el que resucita.<br \/>\nEn el caso de Jesucristo, entreg\u00f3 su vida humana como sacrificio de rescate en beneficio de la humanidad. El escritor cristiano del libro de Hebreos aplica a Jes\u00fas el Salmo 40, y dice que cuando vino al \u2020\u0153mundo\u2020\u009d como el Mes\u00ed\u00adas de Dios, dijo: \u2020\u0153Sacrificio y ofrenda no quisiste, pero me preparaste un cuerpo\u2020\u009d. (Heb 10:5.) El propio Jes\u00fas coment\u00f3: \u2020\u0153De hecho, el pan que yo dar\u00e9 es mi carne a favor de la vida del mundo\u2020\u009d. (Jn 6:51.) De esto se desprende que Cristo no pod\u00ed\u00ada volver a recibir su cuerpo cuando resucitase y retirar as\u00ed\u00ad el sacrificio que hab\u00ed\u00ada ofrecido a Dios en favor de los hombres. Adem\u00e1s, ya no ten\u00ed\u00ada que vivir m\u00e1s en la Tierra. Su \u2020\u0153casa\u2020\u009d est\u00e1 en los cielos, con su Padre, quien no es de carne, sino un esp\u00ed\u00adritu. (Jn 14:3; 4:24.) Por lo tanto, Jesucristo recibi\u00f3 un glorioso cuerpo inmortal e incorruptible, porque \u2020\u0153\u00e9l es el reflejo de [la] gloria [de Jehov\u00e1] y la representaci\u00f3n exacta de su mismo ser, y sostiene todas las cosas por la palabra de su poder; y despu\u00e9s de haber hecho una purificaci\u00f3n por nuestros pecados se sent\u00f3 a la diestra de la Majestad en lugares encumbrados. De modo que ha llegado a ser mejor que los \u00e1ngeles [que son poderosas personas celestiales], al grado que ha heredado un nombre m\u00e1s admirable que el de ellos\u2020\u009d. (Heb 1:3, 4; 10:12, 13.)<br \/>\nLos hermanos fieles de Cristo, que se unen a \u00e9l en los cielos, renuncian a la vida humana. El ap\u00f3stol Pablo muestra que habr\u00e1n de tener un nuevo cuerpo transformado, o amoldado, para su nueva existencia: \u2020\u0153En cuanto a nosotros, nuestra ciudadan\u00ed\u00ada existe en los cielos, lugar de donde tambi\u00e9n aguardamos con intenso anhelo a un salvador, el Se\u00f1or Jesucristo, que amoldar\u00e1 de nuevo nuestro cuerpo humillado para que se conforme a su cuerpo glorioso, seg\u00fan la operaci\u00f3n del poder que \u00e9l tiene\u2020\u009d. (Flp 3:20, 21.)<\/p>\n<p>Cu\u00e1ndo acontece la resurrecci\u00f3n celestial. La resurrecci\u00f3n celestial de los coherederos de Cristo da comienzo despu\u00e9s que Jesucristo regresa en gloria celestial para dar atenci\u00f3n, en primer lugar, a sus hermanos espirituales. Al propio Cristo se le llama \u2020\u0153las primicias de los que se han dormido en la muerte\u2020\u009d. Luego Pablo dice que cada uno ser\u00e1 resucitado seg\u00fan su propia categor\u00ed\u00ada: \u2020\u0153Cristo las primicias, despu\u00e9s los que pertenecen al Cristo durante su presencia\u2020\u009d. (1Co 15:20, 23.) Estos, como \u2020\u0153la casa de Dios\u2020\u009d, han estado bajo juicio durante su derrotero de vida cristiano, empezando con los primeros de ellos en Pentecost\u00e9s. (1Pe 4:17.) Son \u2020\u0153ciertas [literalmente, \u2020\u0153algunas\u2020\u009d] primicias\u2020\u009d. (Snt 1:18, Besson; Rev 14:4.) A Jesucristo se le puede comparar a las primicias de la cebada que los israelitas ofrec\u00ed\u00adan el 16 de Nis\u00e1n (\u2020\u0153Cristo las primicias\u2020\u009d), y a sus hermanos espirituales como \u2020\u0153primicias\u2020\u009d (\u2020\u0153ciertas primicias\u2020\u009d) se les puede comparar a las primicias del trigo que se ofrec\u00ed\u00adan en el d\u00ed\u00ada del Pentecost\u00e9s, el d\u00ed\u00ada quincuag\u00e9simo a partir del 16 de Nis\u00e1n. (Le 23:4-12, 15-20.)<br \/>\nComo los fieles ungidos han estado bajo juicio, cuando Cristo regresa es el tiempo para darles la recompensa, como prometi\u00f3 a sus once ap\u00f3stoles fieles la noche antes de morir: \u2020\u0153Voy a preparar un lugar para ustedes. Tambi\u00e9n, [&#8230;] vengo otra vez y los recibir\u00e9 en casa a m\u00ed\u00ad mismo, para que donde yo estoy tambi\u00e9n est\u00e9n ustedes\u2020\u009d. (Jn 14:2, 3; Lu 19:12-23; comp\u00e1rese con 2Ti 4:1, 8; Rev 11:17, 18.)<\/p>\n<p>\u2020\u0153Las bodas del Cordero.\u2020\u009d A estos cristianos como cuerpo se les llama su \u2020\u0153esposa\u2020\u009d (en perspectiva). (Rev 21:9.) Est\u00e1n prometidos a \u00e9l en matrimonio y deben ser resucitados para vida en los cielos a fin de tomar parte en \u2020\u0153las bodas del Cordero\u2020\u009d. (2Co 11:2; Rev 19:7, 8.) Esta era la resurrecci\u00f3n que esperaba el ap\u00f3stol Pablo, una resurrecci\u00f3n celestial. (2Ti 4:8.) Para el tiempo de la \u2020\u0153presencia\u2020\u009d de Cristo, todav\u00ed\u00ada est\u00e1n en la Tierra algunos de sus hermanos espirituales, \u2020\u0153invitados a la cena de las bodas del Cordero\u2020\u009d, pero los de ese grupo que ya han muerto reciben el galard\u00f3n en primer lugar por medio de una resurrecci\u00f3n. (Rev 19:9.) Este hecho se explica en 1 Tesalonicenses 4:15, 16: \u2020\u0153Porque esto les decimos por palabra de Jehov\u00e1: que nosotros los vivientes que sobrevivamos hasta la presencia del Se\u00f1or no precederemos de ninguna manera a los que se han dormido en la muerte; porque el Se\u00f1or mismo descender\u00e1 del cielo con una llamada imperativa, con voz de arc\u00e1ngel y con trompeta de Dios, y los que est\u00e1n muertos en uni\u00f3n con Cristo se levantar\u00e1n primero\u2020\u009d.<br \/>\nPablo a\u00f1ade a continuaci\u00f3n: \u2020\u0153Despu\u00e9s nosotros los vivientes que sobrevivamos seremos arrebatados, juntamente con ellos, en nubes al encuentro del Se\u00f1or en el aire; y as\u00ed\u00ad siempre estaremos con el Se\u00f1or\u2020\u009d. (1Te 4:17.) De modo que cuando la muerte da fin a su carrera fiel en la Tierra, los restantes invitados a \u2020\u0153la cena de las bodas del Cordero\u2020\u009d son resucitados inmediatamente para unirse a sus compa\u00f1eros de la clase de la novia en los cielos. No se \u2020\u02dcduermen en la muerte\u2020\u2122 en el sentido de tener que aguardar su resurrecci\u00f3n durante un largo sue\u00f1o, como fue el caso de los ap\u00f3stoles, sino que cuando mueren, son \u2020\u0153cambiados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, durante la \u00faltima trompeta. Porque sonar\u00e1 la trompeta, y los muertos ser\u00e1n levantados incorruptibles, y nosotros seremos cambiados\u2020\u009d. (1Co 15:51, 52.) De todos modos, \u2020\u0153las bodas del Cordero\u2020\u009d no tendr\u00e1n lugar hasta despu\u00e9s que se haya ejecutado juicio sobre \u2020\u0153Babilonia la Grande\u2020\u009d. (Rev 18.) Tras describir la destrucci\u00f3n de esta \u2020\u0153gran ramera\u2020\u009d, Revelaci\u00f3n 19:7 dice: \u2020\u0153Regocij\u00e9monos y llen\u00e9monos de gran gozo, y d\u00e9mosle la gloria, porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado\u2020\u009d. Una vez que todos los 144.000 sean finalmente aprobados y \u2020\u0153sellados\u2020\u009d como fieles y resucitados a los cielos, las bodas podr\u00e1n realizarse.<\/p>\n<p>Primera resurrecci\u00f3n. En Revelaci\u00f3n 20:5, 6 se llama \u2020\u0153primera resurrecci\u00f3n\u2020\u009d a la resurrecci\u00f3n de los que reinar\u00e1n con Cristo. El ap\u00f3stol Pablo tambi\u00e9n se refiere a ella como \u2020\u0153la resurrecci\u00f3n m\u00e1s temprana de entre los muertos [literalmente, la fuera-resurrecci\u00f3n la fuera de los muertos]\u2020\u009d. (Flp 3:11, NM; Rotherham [en ingl\u00e9s]; Int.) La obra Im\u00e1genes verbales en el Nuevo Testamento (de Robertson, 1989, vol. 4, p\u00e1g. 603) dice sobre la expresi\u00f3n que Pablo utiliza en este vers\u00ed\u00adculo: \u2020\u0153Aparentemente, Pablo est\u00e1 aqu\u00ed\u00ad pensando s\u00f3lo [en] la resurrecci\u00f3n de los creyentes de entre los muertos, empleando por ello un doble ex [fuera] (ten exanastasin ten ek nekron). Pablo no est\u00e1 negando una resurrecci\u00f3n general con este lenguaje, pero destaca la de los creyentes\u2020\u009d. La obra Commentaries (de Charles Ellicott, 1865, vol. 2, p\u00e1g. 87) hace la siguiente observaci\u00f3n sobre Filipenses 3:11: \u2020\u0153La resurrecci\u00f3n de los muertos: i. e., como sugiere el contexto, la primera resurrecci\u00f3n (Rev. XX. 5), cuando, en el advenimiento del Se\u00f1or, los muertos en El se levantar\u00e1n primero (1Tesalon. IV. 16), y los vivos ser\u00e1n arrebatados para encontrarse con \u00e9l en las nubes (1Tes. IV. 17); comp\u00e1rese con Lucas XX. 35. La primera resurrecci\u00f3n incluir\u00e1 solo a los verdaderos creyentes, y al parecer preceder\u00e1 en el tiempo a la segunda, la de los no creyentes e incr\u00e9dulos. [&#8230;] Est\u00e1 fuera de lugar en este pasaje toda referencia a una resurrecci\u00f3n meramente de tipo \u00e9tico (Cocceius)\u2020\u009d. Como uno de los significados b\u00e1sicos de la palabra e\u00c2\u00b7xa\u00c2\u00b7n\u00e1\u00c2\u00b7sta\u00c2\u00b7sis es la \u2020\u0153acci\u00f3n de levantarse [de la cama por la ma\u00f1ana]\u2020\u009d, puede significar muy bien una resurrecci\u00f3n que ocurre temprano o, con otras palabras, \u2020\u0153la primera resurrecci\u00f3n\u2020\u009d. La traducci\u00f3n inglesa de Rotherham lee en Filipenses 3:11: \u2020\u0153Si de alg\u00fan modo puedo adelantar a la resurrecci\u00f3n m\u00e1s temprana que es de entre los muertos\u2020\u009d.<\/p>\n<p>Resurrecci\u00f3n terrestre. Mientras Jes\u00fas colgaba del madero, uno de los malhechores que estaban junto a \u00e9l coment\u00f3 que Jes\u00fas no merec\u00ed\u00ada tal castigo, y a continuaci\u00f3n le solicit\u00f3: \u2020\u0153Acu\u00e9rdate de m\u00ed\u00ad cuando entres en tu reino\u2020\u009d. Jes\u00fas respondi\u00f3: \u2020\u0153Verdaderamente te digo hoy: Estar\u00e1s conmigo en el Para\u00ed\u00adso\u2020\u009d. (Lu 23:42, 43.) Jes\u00fas le estaba diciendo en realidad: \u2020\u02dcEn este d\u00ed\u00ada sombr\u00ed\u00ado, cuando el que yo pretenda tener un reino parece muy improbable, t\u00fa expresas fe. Efectivamente, cuando yo entre en mi reino, me acordar\u00e9 de ti\u2020\u2122. (V\u00e9ase PARA\u00ed\u008dSO.) Esta promesa hac\u00ed\u00ada necesario que el malhechor resucitase. Este hombre no era un fiel seguidor de Jesucristo. Hab\u00ed\u00ada tenido una mala conducta, hab\u00ed\u00ada transgredido la Ley, por lo que merec\u00ed\u00ada la pena de muerte. (Lu 23:40, 41.) De modo que no pod\u00ed\u00ada esperar que fuese a recibir la primera resurrecci\u00f3n. Adem\u00e1s, muri\u00f3 cuarenta d\u00ed\u00adas antes de que Jes\u00fas ascendiera al cielo y, por lo tanto, antes del Pentecost\u00e9s, que se celebr\u00f3 diez d\u00ed\u00adas despu\u00e9s de la ascensi\u00f3n y fue cuando Dios ungi\u00f3 por medio de Jes\u00fas a las primeras personas que recibir\u00ed\u00adan la resurrecci\u00f3n celestial. (Hch 1:3; 2:1-4, 33.)<br \/>\nJes\u00fas dijo que el malhechor estar\u00ed\u00ada en el Para\u00ed\u00adso. Esa palabra significa \u2020\u0153parque; jard\u00ed\u00adn o finca de recreo\u2020\u009d. En G\u00e9nesis 2:8, la Septuaginta traduce la palabra hebrea para \u2020\u0153jard\u00ed\u00adn\u2020\u009d (gan) por la griega pa\u00c2\u00b7r\u00e1\u00c2\u00b7dei\u00c2\u00b7sos. El para\u00ed\u00adso en el que estar\u00e1 el malhechor no es el \u2020\u0153para\u00ed\u00adso de Dios\u2020\u009d que se promete en Revelaci\u00f3n 2:7 \u2020\u0153al que venza\u2020\u009d, pues el malhechor no hab\u00ed\u00ada vencido al mundo con Jesucristo. (Jn 16:33.) Por consiguiente, el malhechor no ser\u00e1 miembro del Reino celestial (Lu 22:28-30), sino que ser\u00e1 un s\u00fabdito de ese Reino cuando los que experimentan la \u2020\u0153primera resurrecci\u00f3n\u2020\u009d se sienten sobre tronos para gobernar con Cristo mil a\u00f1os en calidad de reyes establecidos de Dios y de Cristo. (Rev 20:4, 6.)<\/p>\n<p>\u2020\u02dcLos justos y los injustos.\u2020\u2122 El ap\u00f3stol Pablo dijo a un grupo de jud\u00ed\u00ados que tambi\u00e9n abrigaban la esperanza de la resurrecci\u00f3n: \u2020\u0153Va a haber resurrecci\u00f3n as\u00ed\u00ad de justos como de injustos\u2020\u009d. (Hch 24:15.)<br \/>\nLa Biblia muestra con claridad qui\u00e9nes son los \u2020\u0153justos\u2020\u009d. Los primeros en ser declarados justos son los que van a recibir una resurrecci\u00f3n celestial. (Ro 8:28-30.)<br \/>\nLa Biblia tambi\u00e9n llama justos a hombres fieles de la antig\u00fcedad, como Abrah\u00e1n. (G\u00e9 15:6; Snt 2:21.) Muchos de estos hombres se encuentran en la lista del cap\u00ed\u00adtulo 11 de Hebreos, y el escritor dice de ellos: \u2020\u0153Y, no obstante, todos estos, aunque recibieron testimonio por su fe, no obtuvieron el cumplimiento de la promesa, puesto que Dios previ\u00f3 algo mejor para nosotros, para que ellos no fueran perfeccionados aparte de nosotros\u2020\u009d. (Heb 11:39, 40.) De modo que se les perfeccionar\u00e1 despu\u00e9s que se perfeccione a los que tienen parte en \u2020\u0153la primera resurrecci\u00f3n\u2020\u009d.<br \/>\nDespu\u00e9s est\u00e1 la gran muchedumbre, de la que se habla en el cap\u00ed\u00adtulo 7 de Revelaci\u00f3n, cuyos integrantes no forman parte de los 144.000 \u2020\u0153sellados\u2020\u009d, y por consiguiente no tienen la \u2020\u0153prenda\u2020\u009d del esp\u00ed\u00adritu al no haber sido engendrados por \u00e9l. (Ef 1:13, 14; 2Co 5:5.) Las Escrituras dicen que \u2020\u0153salen de la gran tribulaci\u00f3n\u2020\u009d como sobrevivientes de ella, lo que permite ubicar el recogimiento de este grupo en los \u00faltimos d\u00ed\u00adas, poco antes de esa tribulaci\u00f3n. Estas personas son justas por fe, y est\u00e1n vestidas con largas ropas blancas lavadas en la sangre del Cordero. (Rev 7:1, 9-17.) No ser\u00e1 necesario resucitarlas como clase, pero Dios resucitar\u00e1 a su debido tiempo a los fieles de ese grupo que mueran antes de la gran tribulaci\u00f3n.<br \/>\nAdem\u00e1s, hay muchos \u2020\u0153injustos\u2020\u009d enterrados en el Seol (Hades), el sepulcro com\u00fan de la humanidad, o en \u2020\u0153el mar\u2020\u009d, bajo las aguas. En Revelaci\u00f3n 20:12, 13 se habla del juicio de estos y de los \u2020\u0153justos\u2020\u009d a los que se resucita en la Tierra. \u2020\u0153Y vi a los muertos, los grandes y los peque\u00f1os, de pie delante del trono, y se abrieron rollos. Pero se abri\u00f3 otro rollo; es el rollo de la vida. Y los muertos fueron juzgados de acuerdo con las cosas escritas en los rollos seg\u00fan sus hechos. Y el mar entreg\u00f3 los muertos que hab\u00ed\u00ada en \u00e9l, y la muerte y el Hades entregaron los muertos que hab\u00ed\u00ada en ellos, y fueron juzgados individualmente seg\u00fan sus hechos.\u2020\u009d<\/p>\n<p>Cu\u00e1ndo acontece la resurrecci\u00f3n terrestre. Este juicio se ubica en la Biblia durante el reinado milenario de Cristo y sus reyes y sacerdotes asociados. El ap\u00f3stol Pablo dijo que estos \u2020\u0153juzgar\u00e1n al mundo\u2020\u009d. (1Co 6:2.) \u2020\u0153Los grandes y los peque\u00f1os\u2020\u009d, personas de toda condici\u00f3n, estar\u00e1n all\u00ed\u00ad para ser juzgados imparcialmente. Se les juzgar\u00e1 \u2020\u0153de acuerdo con las cosas escritas en los rollos\u2020\u009d que se abrir\u00e1n entonces. Estos no pueden referirse al registro de su vida pasada ni a un conjunto de normas con el que juzgar los hechos de su vida pasada. Como el \u2020\u0153salario que el pecado paga es muerte\u2020\u009d, estas personas ya habr\u00e1n saldado con su muerte sus pecados pasados. (Ro 6:7, 23.) Entonces se les resucitar\u00e1 a fin de que puedan demostrar su actitud hacia Dios y si desean beneficiarse del sacrificio de rescate de Jesucristo para toda la humanidad. (Mt 20:28; Jn 3:16.) Aunque no se les contar\u00e1n sus pecados pasados, necesitar\u00e1n el rescate para ser elevados a la perfecci\u00f3n. Tendr\u00e1n que cambiar su modo de pensar y vivir anterior y amoldarlo a la voluntad y disposiciones divinas para la Tierra y su poblaci\u00f3n. Por ello, \u2020\u0153los rollos\u2020\u009d deber\u00e1n contener la voluntad y la ley de Dios para ellos durante el D\u00ed\u00ada de Juicio, y su fe y obediencia a las instrucciones escritas en estos rollos suministrar\u00e1n la base para el juicio y para al fin escribir sus nombres indeleblemente en el \u2020\u0153rollo de la vida\u2020\u009d.<\/p>\n<p>Resurrecci\u00f3n para vida y para juicio. Jes\u00fas dio esta consoladora seguridad a la humanidad: \u2020\u0153La hora viene, y ahora es, cuando los muertos oir\u00e1n la voz del Hijo de Dios, y los que hayan hecho caso vivir\u00e1n. [&#8230;] No se maravillen de esto, porque viene la hora en que todos los que est\u00e1n en las tumbas conmemorativas oir\u00e1n su voz y saldr\u00e1n, los que hicieron cosas buenas a una resurrecci\u00f3n de vida, los que practicaron cosas viles a una resurrecci\u00f3n de juicio\u2020\u009d. (Jn 5:25-29.)<\/p>\n<p>Un juicio de condenaci\u00f3n. En las susodichas palabras de Jes\u00fas, \u2020\u0153juicio\u2020\u009d traduce el t\u00e9rmino griego kr\u00ed\u00ad\u00c2\u00b7sis. El helenista Parkhurst, en su obra A Greek and English Lexicon to the New Testament (Londres, 1845, p\u00e1g. 342), da los siguientes significados para kr\u00ed\u00ad\u00c2\u00b7sis en las Escrituras Griegas Cristianas: \u2020\u0153I. Juicio; [&#8230;] II. Juicio, justicia, Mat. XXIII. 23. Comp. con XII. 20; [&#8230;] III. Sentencia condenatoria, condenaci\u00f3n, perdici\u00f3n. Marcos III. 29; Juan V. 24, 29; [&#8230;] IV. La causa o base de condenaci\u00f3n o castigo. Juan III. 19; V. Un determinado tribunal de justicia de los jud\u00ed\u00ados. [&#8230;] Mat. V. 21, 22\u2020\u009d.<br \/>\nSi Jes\u00fas hubiera tenido presente un juicio que podr\u00ed\u00ada resultar en vida al hablar de una resurrecci\u00f3n de juicio, no habr\u00ed\u00ada habido ning\u00fan contraste entre esta y la \u2020\u0153resurrecci\u00f3n de vida\u2020\u009d. Por lo tanto, el contexto indica que por \u2020\u0153juicio\u2020\u009d Jes\u00fas se refer\u00ed\u00ada a un juicio con sentencia condenatoria.<\/p>\n<p>Los \u2020\u0153muertos\u2020\u009d que oyeron hablar a Jes\u00fas cuando estuvo en la Tierra. Cuando examinamos las palabras de Jes\u00fas, notamos que algunos de los \u2020\u0153muertos\u2020\u009d estaban escuchando su voz mientras hablaba. Pedro us\u00f3 un lenguaje similar cuando dijo: \u2020\u0153De hecho, con este prop\u00f3sito las buenas nuevas fueron declaradas tambi\u00e9n a los muertos, para que fueran juzgados en cuanto a la carne desde el punto de vista de los hombres, pero vivieran en cuanto al esp\u00ed\u00adritu desde el punto de vista de Dios\u2020\u009d. (1Pe 4:6.) Esto es as\u00ed\u00ad porque los que escuchaban a Cristo estaban \u2020\u02dcmuertos en ofensas y pecados\u2020\u2122 antes de o\u00ed\u00adrle, pero empezar\u00ed\u00adan a \u2020\u02dcvivir\u2020\u2122 espiritualmente al ejercer fe en las buenas nuevas. (Ef 2:1; comp\u00e1rese con Mt 8:22; 1Ti 5:6.)<\/p>\n<p>Juan 5:29 se refiere al fin de un per\u00ed\u00adodo de juicio. Para comprender bien en qu\u00e9 momento se sit\u00faan la \u2020\u02dcresurrecci\u00f3n de vida y la resurrecci\u00f3n de juicio\u2020\u2122 de que habl\u00f3 Jes\u00fas, es muy importante recordar lo que dijo un poco antes en ese mismo contexto respecto a los que viv\u00ed\u00adan entonces y que estaban muertos espiritualmente (como se explica en el subtema \u2020\u02dcPasar de muerte a vida\u2020\u2122). Dijo: \u2020\u0153La hora viene, y ahora es, cuando los muertos oir\u00e1n la voz del Hijo de Dios, y los que hayan hecho caso [literalmente, \u2020\u0153los que hayan o\u00ed\u00addo\u2020\u009d] vivir\u00e1n\u2020\u009d. (Jn 5:25, Int.) Esto indica que no hablaba de los que oyeran audiblemente su voz, sino, m\u00e1s bien, de \u2020\u02dclos que hab\u00ed\u00adan o\u00ed\u00addo\u2020\u2122, es decir, los que despu\u00e9s de o\u00ed\u00adr, aceptaron como verdad lo que hab\u00ed\u00adan o\u00ed\u00addo. Los t\u00e9rminos \u2020\u0153o\u00ed\u00adr\u2020\u009d y \u2020\u0153escuchar\u2020\u009d se usan con mucha frecuencia en la Biblia con el significado de \u2020\u0153hacer caso\u2020\u009d u \u2020\u0153obedecer\u2020\u009d. (V\u00e9ase OBEDIENCIA.) Los que resulten ser obedientes vivir\u00e1n. (Comp\u00e1rese con el uso del mismo t\u00e9rmino griego [a\u00c2\u00b7k\u00f3u\u00c2\u00b7o], \u2020\u0153o\u00ed\u00adr\u2020\u009d o \u2020\u0153escuchar\u2020\u009d, como en Jn 6:60; 8:43, 47; 10:3, 27.) No se les juzga teniendo en cuenta lo que hicieron antes de o\u00ed\u00adr su voz, sino lo que hicieron despu\u00e9s de o\u00ed\u00adrla.<br \/>\nPor lo tanto, cuando Jes\u00fas habl\u00f3 de \u2020\u0153los que hicieron cosas buenas\u2020\u009d y de \u2020\u0153los que practicaron cosas viles\u2020\u009d, se deb\u00ed\u00ada estar colocando al final del per\u00ed\u00adodo de juicio, como si mirase atr\u00e1s en retrospecci\u00f3n o en repaso de las acciones de estos resucitados despu\u00e9s de tener la oportunidad de obedecer o desobedecer las \u2020\u0153cosas escritas en los rollos\u2020\u009d. Solo al final del per\u00ed\u00adodo de juicio se demostrar\u00ed\u00ada qui\u00e9n hab\u00ed\u00ada hecho bien o mal. El resultado para \u2020\u0153los que hicieron cosas buenas\u2020\u009d (seg\u00fan las \u2020\u0153cosas escritas en los rollos\u2020\u009d) ser\u00ed\u00ada la recompensa de vida; para \u2020\u0153los que practicaron cosas viles\u2020\u009d, un juicio con sentencia condenatoria. De modo que la resurrecci\u00f3n habr\u00ed\u00ada resultado ser de vida o de condenaci\u00f3n.<br \/>\nEn la Biblia es frecuente hablar de cosas como si ya se hubieran cumplido, verlas retrospectivamente, desde la \u00f3ptica de su realizaci\u00f3n. No en vano Dios es \u2020\u0153Aquel que declara desde el principio el final, y desde hace mucho las cosas que no se han hecho\u2020\u009d. (Isa 46:10.) As\u00ed\u00ad lo hace Judas cuando dice sobre ciertos hombres que se hab\u00ed\u00adan introducido en la congregaci\u00f3n: \u2020\u0153\u00c2\u00a1Ay de ellos, porque han ido en la senda de Ca\u00ed\u00adn, y por la paga se han precipitado en el curso err\u00f3neo de Balaam, y han perecido [literalmente, \u2020\u0153se destruyeron\u2020\u009d] en el habla rebelde de Cor\u00e9!\u2020\u009d. (Jud 11.) Algunas profec\u00ed\u00adas emplean lenguaje similar. (Comp\u00e1rese con Isa 40:1, 2; 46:1; Jer 48:1-4.)<br \/>\nPor consiguiente, en Juan 5:29 no se hace referencia al mismo asunto que en Hechos 24:15, donde Pablo habla de la resurrecci\u00f3n de \u2020\u02dcjustos y de injustos\u2020\u2122. Pablo alude claramente a los que han tenido una posici\u00f3n justa o injusta delante de Dios durante esta vida, y que ser\u00e1n resucitados. Ellos son \u2020\u0153los que est\u00e1n en las tumbas conmemorativas\u2020\u009d. (Jn 5:28; v\u00e9ase TUMBA CONMEMORATIVA.) En Juan 5:29, Jes\u00fas habla de esas personas despu\u00e9s que salen de las tumbas conmemorativas y despu\u00e9s que, por su proceder durante el reinado de Jesucristo y sus reyes y sacerdotes asociados, hayan resultado ser obedientes, con la \u2020\u0153vida\u2020\u009d eterna como recompensa, o desobedientes y, por lo tanto, merecedores de \u2020\u0153juicio [de condenaci\u00f3n]\u2020\u009d de parte de Dios.<\/p>\n<p>La recuperaci\u00f3n del alma del Seol. El rey David de Israel escribi\u00f3: \u2020\u0153Preve\u00ed\u00ada al Se\u00f1or delante de m\u00ed\u00ad continuamente; porque est\u00e1 a mi diestra, para que yo no sea conmovido [&#8230;] y adem\u00e1s tambi\u00e9n mi carne residir\u00e1 en esperanza. Porque no dejar\u00e1s mi alma en el Hades, ni permitir\u00e1s que tu Santo vea la corrupci\u00f3n\u2020\u009d. (Sl 15:8-11, LXX [16:8-11 NM].) En el d\u00ed\u00ada del Pentecost\u00e9s del a\u00f1o 33 E.C., el ap\u00f3stol Pedro aplic\u00f3 este salmo a Jesucristo cuando explic\u00f3 a los jud\u00ed\u00ados la verdad sobre su resurrecci\u00f3n. (Hch 2:25-31.) Por consiguiente, tanto las Escrituras Hebreas como las Griegas muestran que el \u2020\u0153alma\u2020\u009d de Jesucristo resucit\u00f3. Fue \u2020\u0153muerto en la carne, pero hecho vivo en el esp\u00ed\u00adritu\u2020\u009d. (1Pe 3:18.) \u2020\u0153Carne y sangre no pueden heredar el reino de Dios\u2020\u009d (1Co 15:50), lo que tambi\u00e9n excluye carne y huesos, que no tienen vida a menos que tengan sangre. Esto se debe a que en ella est\u00e1 el \u2020\u0153alma\u2020\u009d, es decir, que es necesaria para la vida de la criatura carnal. (G\u00e9 9:4.)<br \/>\nLas Escrituras muestran sin ambages que no hay un \u2020\u0153alma inmaterial\u2020\u009d separada y distinta del cuerpo. El alma muere cuando muere el cuerpo. Hasta de Jesucristo est\u00e1 escrito que \u2020\u0153derram\u00f3 su alma hasta la mism\u00ed\u00adsima muerte\u2020\u009d. Su alma estaba en el Seol. El no exist\u00ed\u00ada como alma o persona durante ese tiempo. (Isa 53:12; Hch 2:27; comp\u00e1rese con Eze 18:4; v\u00e9ase ALMA.) Por consiguiente, en la resurrecci\u00f3n no se efect\u00faa ninguna uni\u00f3n entre alma y cuerpo. Sin embargo, la persona ha de tener un cuerpo, sea espiritual o terrestre, pues todas las personas, tanto celestiales como terrestres, poseen un cuerpo. Para que vuelva a ser una persona, el que ha muerto debe tener un cuerpo, sea f\u00ed\u00adsico o espiritual. La Biblia dice: \u2020\u0153Si hay cuerpo f\u00ed\u00adsico, tambi\u00e9n lo hay espiritual\u2020\u009d. (1Co 15:44.)<br \/>\nPero, \u00bfvuelven a juntarse las c\u00e9lulas del cuerpo anterior en la resurrecci\u00f3n? \u00bfEs acaso una reproducci\u00f3n exacta del cuerpo anterior, hecho precisamente tal como era cuando la persona muri\u00f3? Las Escrituras responden de manera negativa cuando hablan de la resurrecci\u00f3n de los hermanos ungidos de Cristo: \u2020\u0153No obstante, alguien dir\u00e1: \u2020\u02dc\u00bfC\u00f3mo han de ser levantados los muertos? S\u00ed\u00ad, \u00bfcon qu\u00e9 clase de cuerpo vienen?\u2020\u2122. \u00c2\u00a1Persona irrazonable! Lo que siembras no es vivificado a menos que primero muera; y en cuanto a lo que siembras, no siembras el cuerpo que se desarrollar\u00e1, sino un grano desnudo, sea de trigo o cualquiera de los dem\u00e1s; pero Dios le da un cuerpo as\u00ed\u00ad como le ha agradado, y a cada una de las semillas su propio cuerpo\u2020\u009d. (1Co 15:35-38.)<br \/>\nLos que alcanzan la herencia celestial reciben un cuerpo espiritual, pues Dios se complace en que tengan cuerpos que correspondan al \u00e1mbito celestial. Pero \u00bfqu\u00e9 cuerpo reciben aquellos a quienes Jehov\u00e1 se deleita en dar una resurrecci\u00f3n terrestre? No podr\u00ed\u00ada ser el mismo cuerpo, con exactamente los mismos \u00e1tomos. Cuando una persona muere y es enterrada, el proceso de descomposici\u00f3n convierte el cuerpo en elementos qu\u00ed\u00admicos org\u00e1nicos que la vegetaci\u00f3n absorbe. Cabe la posibilidad de que otras personas coman de esa vegetaci\u00f3n, de modo que los elementos, los \u00e1tomos de la persona muerta, pueden estar en otras muchas personas. Es obvio que cuando se produzca la resurrecci\u00f3n, esos mismos \u00e1tomos no podr\u00e1n estar en la persona resucitada y en todas las dem\u00e1s al mismo tiempo.<br \/>\nEl cuerpo resucitado tampoco tiene por qu\u00e9 ser una copia exacta del cuerpo al momento de la muerte. Si el cuerpo de una persona antes de morir estaba mutilado, \u00bfvolver\u00e1 de la misma manera? Ser\u00ed\u00ada irrazonable, porque pudiera darse el caso de que no estuviera ni siquiera en condici\u00f3n de o\u00ed\u00adr y hacer \u2020\u0153las cosas escritas en los rollos\u2020\u009d. (Rev 20:12.) Digamos que una persona muri\u00f3 por haberse desangrado. \u00bfVolver\u00e1 sin sangre? No, porque no podr\u00ed\u00ada vivir con un cuerpo humano sin sangre. (Le 17:11, 14.) M\u00e1s bien, recibir\u00e1 un cuerpo del agrado de Dios. Como la voluntad y el gusto de Dios es que la persona resucitada obedezca las \u2020\u0153cosas escritas en los rollos\u2020\u009d, deber\u00e1 tener un cuerpo sano, que posea todas sus facultades. (Jes\u00fas resucit\u00f3 a L\u00e1zaro con un cuerpo entero y sano, aunque ya hab\u00ed\u00ada empezado a descomponerse; Jn 11:39.) De esta manera, toda persona podr\u00e1 ser considerada, debida y justamente, responsable de sus hechos durante el per\u00ed\u00adodo de juicio. Sin embargo, no ser\u00e1 perfecto en el momento en que se le resucite, pues tendr\u00e1 que ejercer fe en el sacrificio de rescate de Cristo y recibir los servicios sacerdotales de Cristo y su \u2020\u0153sacerdocio real\u2020\u009d. (1Pe 2:9; Rev 5:10; 20:6.)<\/p>\n<p>\u2020\u02dcPasar de muerte a vida.\u2020\u2122 Jes\u00fas habl\u00f3 de los que \u2020\u02dctienen vida eterna\u2020\u2122 porque oyen sus palabras con fe y obediencia y creen en el Padre que le envi\u00f3. Dijo en cuanto a cada uno de ellos: \u2020\u0153No entra en juicio, sino que ha pasado de la muerte a la vida. Muy verdaderamente les digo: La hora viene, y ahora es, cuando los muertos oir\u00e1n la voz del Hijo de Dios, y los que hayan hecho caso vivir\u00e1n\u2020\u009d. (Jn 5:24, 25.)<br \/>\nLos que han \u2020\u02dcpasado de la muerte a la vida ahora\u2020\u2122 no son los que hab\u00ed\u00adan muerto literalmente y estaban en las sepulturas. Cuando Jes\u00fas dijo estas palabras, toda la humanidad estaba condenada a muerte ante Dios el Juez de todos. Por lo tanto, Jes\u00fas se refer\u00ed\u00ada a personas que estaban muertas en sentido espiritual, a la clase de muertos espirituales que debi\u00f3 tener presente cuando dijo al jud\u00ed\u00ado que quer\u00ed\u00ada ir primero a su casa a enterrar a su padre: \u2020\u0153Contin\u00faa sigui\u00e9ndome, y deja que los muertos entierren a sus muertos\u2020\u009d. (Mt 8:21, 22.)<br \/>\nLos que se han hecho cristianos verdaderos se encontraron en un tiempo entre las personas del mundo que estaban muertas espiritualmente. El ap\u00f3stol Pablo record\u00f3 a la congregaci\u00f3n este hecho, diciendo: \u2020\u0153A ustedes Dios los vivific\u00f3 aunque estaban muertos en sus ofensas y pecados, en los cuales en un tiempo anduvieron conforme al sistema de cosas de este mundo [&#8230;]. Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos am\u00f3, nos vivific\u00f3 junto con el Cristo, aun cuando est\u00e1bamos muertos en ofensas \u2014por bondad inmerecida han sido salvados ustedes\u2014 y nos levant\u00f3 juntos y nos sent\u00f3 juntos en los lugares celestiales en uni\u00f3n con Cristo Jes\u00fas\u2020\u009d. (Ef 2:1, 2, 4-6.)<br \/>\nDe modo que Jehov\u00e1 retir\u00f3 su condenaci\u00f3n debido a que ya no andaban en ofensas y pecados contra Dios y por su fe en Cristo. Los levant\u00f3 de la muerte espiritual y les dio la esperanza de vida eterna. (1Pe 4:3-6.) El ap\u00f3stol Juan describe este cambio de muerte en ofensas y pecados a vida espiritual con estas palabras: \u2020\u0153No se maravillen, hermanos, de que el mundo los odie. Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, porque amamos a los hermanos\u2020\u009d. (1Jn 3:13, 14.)<\/p>\n<p>Una bondad inmerecida de parte de Dios. La provisi\u00f3n de la resurrecci\u00f3n para la humanidad es realmente una bondad inmerecida de Dios, pues El no estaba obligado a suministrarla. Su amor al mundo de la humanidad le impuls\u00f3 a dar a su Hijo unig\u00e9nito a fin de que millones de personas \u2014es m\u00e1s: miles de millones que han muerto sin tener un verdadero conocimiento de Dios\u2014 pudieran recibir la oportunidad de conocerle y amarle, y a fin de que los que le aman y le sirven puedan tener esta esperanza e incentivo para aguantar con fidelidad, incluso hasta la muerte. (Jn 3:16.) Con el fin de consolar a sus compa\u00f1eros cristianos con la esperanza de la resurrecci\u00f3n, el ap\u00f3stol Pablo escribi\u00f3 a la congregaci\u00f3n de Tesal\u00f3nica sobre los que hab\u00ed\u00adan muerto con la esperanza de una resurrecci\u00f3n celestial: \u2020\u0153Adem\u00e1s, hermanos, no queremos que est\u00e9n en ignorancia respecto a los que est\u00e1n durmiendo en la muerte; para que no se apesadumbren ustedes como lo hacen tambi\u00e9n los dem\u00e1s que no tienen esperanza. Porque si nuestra fe es que Jes\u00fas muri\u00f3 y volvi\u00f3 a levantarse, as\u00ed\u00ad, tambi\u00e9n, a los que se han dormido en la muerte mediante Jes\u00fas, Dios los traer\u00e1 con \u00e9l.\u2020\u009d (1Te 4:13, 14.)<br \/>\nDe igual manera, los cristianos no deben apesadumbrarse, como les ocurre a los que no tienen esperanza, por aquellas personas fieles a Dios que han muerto con la esperanza de vivir en la Tierra durante Su Reino mesi\u00e1nico o por los que han muerto sin haber conocido a Dios. Cuando se abra el Seol (Hades), saldr\u00e1n todos los que est\u00e9n all\u00ed\u00ad. La Biblia menciona a muchos de los que all\u00ed\u00ad se encuentran, entre ellos gente de los antiguos Egipto, Asiria, Elam, Mesec, Tubal, Edom y Sid\u00f3n. (Eze 32:18-31.) Jes\u00fas indic\u00f3 que al menos algunas personas impenitentes de Betsaida, Coraz\u00ed\u00adn y Capernaum estar\u00e1n presentes en el D\u00ed\u00ada de Juicio. Aunque su actitud anterior har\u00e1 muy dif\u00ed\u00adcil que se arrepientan, se les dar\u00e1 la oportunidad de hacerlo. (Mt 11:20-24; Lu 10:13-15.)<\/p>\n<p>El rescate se aplicar\u00e1 a todos aquellos por los que se ha pagado. La grandeza y generosidad del amor y la bondad inmerecida de Dios al dar a su Hijo para que \u2020\u02dctodo el que crea en \u00e9l tenga vida\u2020\u2122 no permite una aplicaci\u00f3n limitada del rescate solo a los que Dios escoge para el llamamiento celestial. (Jn 3:16.) De hecho, el sacrificio de rescate de Jesucristo no ser\u00ed\u00ada completo si \u00fanicamente beneficiase a los que pasan a ser miembros del Reino de los cielos. No cumplir\u00ed\u00ada todo el prop\u00f3sito para el que Dios lo ha provisto, pues El se propuso que el Reino tuviera s\u00fabditos terrestres. Jesucristo no solo es el Sumo Sacerdote de los sacerdotes que est\u00e1n con \u00e9l, sino del mundo de la humanidad que vivir\u00e1 cuando sus asociados tambi\u00e9n gobiernen con \u00e9l como reyes y sacerdotes. (Rev 20:4, 6.) El \u2020\u0153ha sido probado en todo sentido igual que nosotros [sus hermanos espirituales], pero sin pecado\u2020\u009d. Por consiguiente, puede condolerse de las debilidades de las personas que se esfuerzan a conciencia por servir a Dios; y a sus reyes y sacerdotes asociados se les ha probado de la misma manera. (Heb 4:15, 16; 1Pe 4:12, 13.) \u00bfA favor de qui\u00e9nes podr\u00ed\u00adan ser sacerdotes, si no fuera a favor de la humanidad, entre la que se cuenta a los que ser\u00e1n resucitados durante el reinado y juicio de mil a\u00f1os?<br \/>\nLos siervos de Dios han esperado ansiosos el d\u00ed\u00ada de la resurrecci\u00f3n. En el planteamiento de sus prop\u00f3sitos, Dios ha fijado el tiempo exacto para ello, cuando su sabidur\u00ed\u00ada y gran paciencia ser\u00e1n completamente vindicadas. (Ec 3:1-8.) Tanto Dios como su Hijo pueden y desean efectuar la resurrecci\u00f3n y la completar\u00e1n en ese tiempo fijado.<\/p>\n<p>Jehov\u00e1 espera gozoso la resurrecci\u00f3n. Jehov\u00e1 y su Hijo deben esperar con gran gozo la completa realizaci\u00f3n de esa obra. Jes\u00fas mostr\u00f3 esta disposici\u00f3n y deseo cuando un leproso le suplic\u00f3: \u2020\u0153\u2020\u02dcSi tan solo quieres, puedes limpiarme.\u2020\u2122 Con esto, \u00e9l se enterneci\u00f3, y extendi\u00f3 la mano y lo toc\u00f3, y le dijo: \u2020\u02dcQuiero. S\u00e9 limpio\u2020\u2122. E inmediatamente la lepra desapareci\u00f3 de \u00e9l, y qued\u00f3 limpio\u2020\u009d. Este conmovedor incidente, que demuestra la bondad y el amor de Cristo a la humanidad, se registr\u00f3 en tres evangelios. (Mr 1:40-42; Mt 8:2, 3; Lu 5:12, 13.) Y sobre el amor de Dios a la humanidad y su deseo de ayudarla, el fiel Job reflexion\u00f3: \u2020\u0153Si un hombre f\u00ed\u00adsicamente capacitado muere, \u00bfpuede volver a vivir? [&#8230;] T\u00fa llamar\u00e1s, y yo mismo te responder\u00e9. Por la obra de tus manos sentir\u00e1s anhelo\u2020\u009d. (Job 14: 14, 15.)<\/p>\n<p>Algunos no ser\u00e1n resucitados. Aunque es verdad que el sacrificio de rescate de Cristo se ofreci\u00f3 para beneficio de toda la humanidad, Jes\u00fas indic\u00f3 que su verdadera aplicaci\u00f3n estar\u00ed\u00ada limitada. Dijo: \u2020\u0153As\u00ed\u00ad como el Hijo del hombre no vino para que se le ministrara, sino para ministrar y para dar su alma en rescate en cambio por muchos\u2020\u009d. (Mt 20:28.) Jehov\u00e1 Dios tiene el derecho de negarse a aceptar un rescate a favor de cualquiera que no considere merecedor. El rescate de Cristo cubre los pecados cometidos como consecuencia de la herencia pecaminosa de Ad\u00e1n; pero una persona puede a\u00f1adir a esos pecados un proceder de pecado deliberado y voluntario, en cuyo caso su muerte se deber\u00ed\u00ada a ese proceder que el rescate no cubre.<\/p>\n<p>El pecado contra el esp\u00ed\u00adritu santo. Jesucristo dijo que el que peque contra el esp\u00ed\u00adritu santo no tendr\u00e1 perd\u00f3n ni en este sistema de cosas ni en el venidero. (Mt 12:31, 32.) La persona que, seg\u00fan el juicio de Dios, peque contra el esp\u00ed\u00adritu santo en este sistema de cosas no obtendr\u00ed\u00ada ning\u00fan beneficio de resucitar, pues como es imposible que se le perdonen los pecados, tal resurrecci\u00f3n resultar\u00ed\u00ada in\u00fatil. Jes\u00fas dict\u00f3 sentencia en el caso de Judas Iscariote al llamarle \u2020\u0153el hijo de destrucci\u00f3n\u2020\u009d. A \u00e9l no le aplicar\u00e1 el rescate, de modo que no resucitar\u00e1, pues su destrucci\u00f3n es una sentencia establecida judicialmente. (Jn 17:12.)<br \/>\nJesucristo dijo a sus opositores, los l\u00ed\u00adderes religiosos jud\u00ed\u00ados: \u2020\u0153\u00bfC\u00f3mo habr\u00e1n de huir del juicio del Gehena [un s\u00ed\u00admbolo de destrucci\u00f3n eterna]?\u2020\u009d. (Mt 23:33; v\u00e9ase GEHENA.) Sus palabras indican que si no se volv\u00ed\u00adan a Dios antes de morir, recibir\u00ed\u00adan un juicio final adverso. La resurrecci\u00f3n no tendr\u00ed\u00ada sentido para ellos, pues no les servir\u00ed\u00ada de nada. Ese tambi\u00e9n parece ser el caso del \u2020\u0153hombre del desafuero\u2020\u009d. (2Te 2:3, 8; v\u00e9ase HOMBRE DEL DESAFUERO.)<br \/>\nPablo dice que los que han conocido la verdad, han sido part\u00ed\u00adcipes del esp\u00ed\u00adritu santo y luego han apostatado, han ca\u00ed\u00addo en un estado del que es imposible \u2020\u0153revivificarlos otra vez al arrepentimiento, porque de nuevo fijan en un madero al Hijo de Dios para s\u00ed\u00ad mismos y lo exponen a verg\u00fcenza p\u00fablica\u2020\u009d. El rescate ya no puede ayudarlos; por esa raz\u00f3n, no ser\u00e1n resucitados. El ap\u00f3stol los asemeja a un campo que solo produce espinos y cardos, por lo que se le rechaza y al fin se le quema. Esto ilustra el futuro que tienen ante ellos: aniquilaci\u00f3n completa. (Heb 6:4-8.)<br \/>\nPablo vuelve a manifestar que para los que \u2020\u0153voluntariosamente [practican] el pecado despu\u00e9s de haber recibido el conocimiento exacto de la verdad, no queda ya sacrificio alguno por los pecados, sino que hay cierta horrenda expectaci\u00f3n de juicio y hay un celo ardiente que va a consumir a los que est\u00e1n en oposici\u00f3n\u2020\u009d. Luego pone una ilustraci\u00f3n: \u2020\u0153Cualquiera que ha desatendido la ley de Mois\u00e9s muere sin compasi\u00f3n, por el testimonio de dos o tres. \u00bfDe cu\u00e1nto m\u00e1s severo castigo piensan ustedes que ser\u00e1 considerado digno el que ha hollado al Hijo de Dios y que ha estimado como de valor ordinario la sangre del pacto por la cual fue santificado, y que ha ultrajado con desd\u00e9n el esp\u00ed\u00adritu de bondad inmerecida? [&#8230;] Es cosa horrenda caer en las manos del Dios vivo\u2020\u009d. El juicio es m\u00e1s severo porque a ellos no solo se les da muerte y se les entierra en el Seol, como les suced\u00ed\u00ada a los violadores de la ley de Mois\u00e9s, sino que van al Gehena, de donde no hay resurrecci\u00f3n. (Heb 10:26-31.)<br \/>\nPedro indica a sus hermanos que por ser \u2020\u0153casa de Dios\u2020\u009d, est\u00e1n bajo juicio, y luego cita de Proverbios 11:31 (LXX) y les advierte del peligro de la desobediencia. En esos vers\u00ed\u00adculos muestra que el juicio actual de ellos podr\u00ed\u00ada finalizar con una sentencia de destrucci\u00f3n eterna, tal como Pablo hab\u00ed\u00ada escrito. (1Pe 4:17, 18.)<br \/>\nEl ap\u00f3stol Pablo tambi\u00e9n menciona que algunos \u2020\u0153sufrir\u00e1n el castigo judicial de destrucci\u00f3n eterna de delante del Se\u00f1or y de la gloria de su fuerza, al tiempo en que \u00e9l viene para ser glorificado con relaci\u00f3n a sus santos\u2020\u009d. (2Te 1:9, 10.) Estas personas no sobrevivir\u00e1n para hallarse bajo el reinado milenario de Cristo, y como su destrucci\u00f3n es \u2020\u0153eterna\u2020\u009d, no ser\u00e1n resucitados.<\/p>\n<p>Resurrecci\u00f3n durante los mil a\u00f1os. Se calcula que la cantidad de personas que han vivido en la Tierra asciende a unos 20.000 millones. Este es un c\u00e1lculo muy liberal, y muchos estudiosos de la materia creen que el total ni siquiera se aproxima a esa cifra. Como ya se ha mostrado anteriormente, no todas esas personas resucitar\u00e1n, pero aun suponiendo que as\u00ed\u00ad fuera, no se producir\u00ed\u00adan problemas alimentarios ni de habitabilidad del planeta. La tierra seca tiene una superficie de unos 148 millones de Km2 (14.800 millones de hect\u00e1reas). Incluso si se dedicara la mitad de esa superficie a otros prop\u00f3sitos, todav\u00ed\u00ada le corresponder\u00ed\u00ada a cada persona m\u00e1s de la tercera parte de una hect\u00e1rea. Esta superficie bastar\u00ed\u00ada para proveer alimento a una persona, sobre todo si se tiene en cuenta que, como ya qued\u00f3 demostrado en el caso de la naci\u00f3n de Israel, la bendici\u00f3n de Dios resulta en abundancia de alimento. (1Re 4:20; Eze 34:27.)<br \/>\nCon respecto a la cuesti\u00f3n de si la Tierra podr\u00e1 producir suficiente alimento, la Organizaci\u00f3n de las Naciones Unidas para la Alimentaci\u00f3n y la Agricultura sostiene que con solo algunas mejoras b\u00e1sicas en la agricultura, la Tierra podr\u00ed\u00ada alimentar hasta nueve veces la poblaci\u00f3n que se prev\u00e9 para el a\u00f1o 2000, incluso en las zonas en desarrollo. (Land, Food and People, Roma, 1984, p\u00e1gs. 16, 17.)<br \/>\nPero, \u00bfc\u00f3mo se podr\u00e1 atender adecuadamente a los miles de millones de resucitados, si se tiene en cuenta que la mayor\u00ed\u00ada de ellos no conoc\u00ed\u00adan a Dios en el pasado y deber\u00e1n aprender a conformarse a Sus leyes? En primer lugar, la Biblia dice que el reino del mundo llega a ser \u2020\u0153el reino de nuestro Se\u00f1or y de su Cristo, y \u00e9l [reina] para siempre jam\u00e1s\u2020\u009d. (Rev 11:15.) Y el principio b\u00ed\u00adblico indica que \u2020\u0153cuando hay juicios procedentes de [Jehov\u00e1] para la tierra, justicia es lo que los habitantes de la tierra productiva ciertamente aprenden\u2020\u009d. (Isa 26:9.) A su debido tiempo, cuando sea necesario hac\u00e9rselo saber a Sus siervos, Dios revelar\u00e1 c\u00f3mo se propone realizar esta obra. (Am 3:7.)<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo ser\u00e1 posible resucitar y educar en solo mil a\u00f1os a los millones de personas que en la actualidad est\u00e1n muertas?<br \/>\nSupongamos, no con \u00e1nimo de profetizar, sino \u00fanicamente a modo de ejemplo, que la \u2020\u0153gran muchedumbre\u2020\u009d de personas justas que sobreviven a \u2020\u0153la gran tribulaci\u00f3n\u2020\u009d (Rev 7:9, 14) se compone de unos 3.000.000 de personas (aproximadamente 1\/1666 de la poblaci\u00f3n mundial actual). Si tras permitir unos cien a\u00f1os para su formaci\u00f3n y para que \u2020\u02dcsojuzguen\u2020\u2122 parte de la Tierra (G\u00e9 1:28), Dios decidiese devolver a la vida a un 3% de esa cantidad, entonces por cada resucitado, habr\u00ed\u00ada 33 personas que podr\u00ed\u00adan atenderle. Puesto que un incremento anual del 3% duplica la cantidad aproximadamente cada veinticuatro a\u00f1os, el n\u00famero total de 20.000 millones de personas podr\u00ed\u00ada resucitar antes de que hubiesen transcurrido cuatrocientos a\u00f1os del Reino de mil a\u00f1os de Cristo, con lo que se dar\u00ed\u00ada suficiente tiempo para educar y juzgar a los resucitados sin afectar la armon\u00ed\u00ada ni el orden de la Tierra. De esta manera, Dios, con su poder y sabidur\u00ed\u00ada infinitos, puede llevar su prop\u00f3sito a un fin glorioso dentro del marco de las leyes y disposiciones que ha dado a la humanidad desde su comienzo, con la bondad inmerecida a\u00f1adida de la resurrecci\u00f3n. (Ro 11:33-36.)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia<\/b><\/p>\n<p>Sumario: 1. Los primeros testimonios de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas: 1. Las profesiones de fe; 2. Las f\u00f3rmulas de anuncio; 3. La tradici\u00f3n autorizada de la resurrecci\u00f3n. II. La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas en los evangelios y en los Hechos: 1. El anuncio de la resurrecci\u00f3n junto al sepulcro; 2. Los relatos de aparici\u00f3n de Jes\u00fas resucitado: a) Apariciones de reconocimiento, b) Apariciones de misi\u00f3n; 3. El anuncio de la resurrecci\u00f3n en los Hechos. III. La resurrecci\u00f3n:promesa de Dios y esperanza humana: 1. La resurrecci\u00f3n en el AT y en la tradici\u00f3n jud\u00ed\u00ada; 2. Jes\u00fas anunci\u00f3 su esperanza de resurrecci\u00f3n; 3. La resurrecci\u00f3n de los muertos en los evangelios; 4. La resurrecci\u00f3n de los cristianos; 5. Experiencia hist\u00f3rica y misterio de la resurrecci\u00f3n: a) Lenguaje y modelos expresivos, b) Resurrecci\u00f3n y esperanza humana.<br \/>\nLa palabra resurrecci\u00f3n evoca inmediatamente a los lectores el acontecimiento que ocupa el centro de la fe cristiana y que constituye su n\u00facleo unificador y germinador. Los testimonios sobre el acontecimiento de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas son varios y m\u00faltiples, diseminados, y est\u00e1n en el canon de las Escrituras cristianas. De la experiencia inicial se pasa a la formulaci\u00f3n ling\u00fc\u00ed\u00adstica del encuentro con Jes\u00fas resucitado, hasta la comunicaci\u00f3n en forma de anuncio. As\u00ed\u00ad pues, la historia de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas corre paralela a la g\u00e9nesis y al desarrollo de los textos cristianos.<br \/>\nPero hay un segundo aspecto conexo con la resurrecci\u00f3n. Se trata de la esperanza humana frente a la muerte, que se funda en la fidelidad del Dios vivo, en su dominio, al cual no escapa ni siquiera el reino de la muerte. Los dos aspectos: la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas y la resurrecci\u00f3n de los muertos, se entrecruzan, tanto a nivel de vocabulario y modelos expresivos como al nivel m\u00e1s profundo de experiencia espiritual y religiosa. Jes\u00fas es el primero en afirmar su esperanza frente a la muerte, apelando a la iniciativa de Dios, el viviente, que resucita a los justos y glorifica a los m\u00e1rtires. Por tanto, el tratamiento de este tema debe recorrer la historia de la experiencia cristiana desarrollada en torno a la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas y los precedentes de la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica y jud\u00ed\u00ada respecto a la esperanza humana frente a la muerte.<br \/>\n2814<br \/>\n1. LOS PRIMEROS TESTIMONIOS O? LA RESURRECCION DE JESUS.<br \/>\nUn dato hist\u00f3rico indiscutible es el de la existencia del movimiento cristiano en ia primera mitad del siglo i. Los convertidos del judaismo y del paganismo que constituyen las primeras comunidades de creyentes se proclaman seguidores de Jes\u00fas de Nazaret, un jud\u00ed\u00ado de Palestina, al que dieron muerte al principio de los a\u00f1os treinta, y que ahora es reconocido, venerado y proclamado en las peque\u00f1as comunidades cristianas como el Cristo (Jrist\u00f3s en griego), el mes\u00ed\u00adas hebreo, el Se\u00f1or (en griego, Kyrios). Los primeros escritos cristianos \u00bfatables son las cartas de \/ Pablo, de las cuales al menos siete se reconocen un\u00e1nimemente como aut\u00e9nticas. Estas se distribuyen en un lapso de tiempo que corre desde los principios de los a\u00f1os cincuenta al sesenta d.C. Dentro de estos escritos se pueden reconocer algunas f\u00f3rmulas que son el eco de la vida de fe de las comunidades. Junto a ellas se encuentran tambi\u00e9n frases que representan la proclamaci\u00f3n o el anuncio hecho a los de fuera, jud\u00ed\u00ados y paganos.<br \/>\n2815<br \/>\n1. Las profesiones de fe.<br \/>\nLas f\u00f3rmulas de profesi\u00f3n de fe m\u00e1s antiguas reflejan el uso del ambiente, de la cultura y de la lengua aramaico-palestinense. Un fragmento de estas profesiones de fe se puede reconocer en la frase referida por Pablo antes de la bendici\u00f3n final en la primera carta a los Corintios: \u2020\u0153Maldito sea el que no ama al<\/p>\n<p>Se\u00f1or; Maranaiha: ven, Se\u00f1or nuestro\u2020\u009d (1Co 16,22). En una carta escrita en griego Pablo cita esta invocaci\u00f3n, que remite al contexto lit\u00fargico de lengua aramaica. En aquel ambiente jud\u00ed\u00ado se llama a Dios en arameo Mareh, en paralelismo con \u2020\u02dcElaha (Dios), y corresponde al griego Kyrios. Una confirmaci\u00f3n de este origen palestinense se podr\u00ed\u00ada obtener de un texto de la Didaj\u00e9, de la segunda mitad del siglo i, donde, al final de la oraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica, se menciona esta declaraci\u00f3n: \u2020\u0153Si alguno es santo, venga; si alguien no lo es, que se convierta; Maran-atha. Am\u00e9n\u2020\u009d (Did. X, 6). La expresi\u00f3n aramea Maranatha se puede traducir como invocaci\u00f3n: \u2020\u0153Maranatha, Se\u00f1or, ven\u2020\u009d, o bien como una aclamaci\u00f3n: \u2020\u0153Maran-atha, el Se\u00f1or viene\u2020\u2122. Este \u00faltimo significado podr\u00ed\u00ada sugerirlo el comentario catequ\u00ed\u00adstico que hace Pablo de la f\u00f3rmula tradicional de las palabras sobre el pan y sobre el c\u00e1liz, enviada a la comunidad de Corinto: \u2020\u0153Pues siempre que com\u00e9is este pan y beb\u00e9is este c\u00e1liz anunci\u00e1is la muerte del Se\u00f1or hasta que vuelva\u2020\u2122 (1Co 11,26).<br \/>\n\u2020\u0153Jes\u00fas es Se\u00f1or\u2020\u009d corresponde a la profesi\u00f3n de fe referida por Pablo en la misma carta, y se hace depender de la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu de Dios (1Co 12,3). Esta confesi\u00f3n es para Pablo el criterio para discernir el origen de los dones espirituales o carismas. El ap\u00f3stol vuelve sobre este contenido esencial de la fe cristiana en una amplia reflexi\u00f3n de la carta a los Romanos al final de los a\u00f1os cincuenta. El contenido de la profesi\u00f3n de fe (homologu\u00ed\u00ada) cristiana consiste en esto: \u2020\u0153Jes\u00fas es el Se\u00f1or\u2020\u009d (Rm 10,9). A \u00e9sta corresponde el fragmento de un himno cristol\u00f3gico, citado por Pablo en la carta a los Filipenses para fundar la comuni\u00f3n profunda entre los creyentes. A la inmersi\u00f3n de Jesucristo en la historia humana, vivida hasta la forma extrema de la muerte de cruz, corresponde la iniciativa eficaz de Dios, que lo ha exaltado sobre todo y le ha dado \u2020\u0153un nombre que est\u00e1 por encima de cualquier otro nombre, para que al nombre de Jes\u00fas toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra y en el abismo, y toda lengua confiese que Jesucristo es Se\u00f1or para gloria de Dios Padre\u2020\u009d (Flp 2,10-11). En resumen, se puede decir que los vestigios de la antigua profesi\u00f3n de fe conservados en los textos de las cartas paulinas se compendian en esta proclamaci\u00f3n solemne del se\u00f1or\u00ed\u00ado de Jesucristo, conexo con su resurrecci\u00f3n.<br \/>\n2816<br \/>\n2. Las f\u00f3rmulas de anuncio.<br \/>\nLa comunidad cristiana, que se re\u00fane para el culto, elabora tambi\u00e9n las f\u00f3rmulas y los esquemas para comunicar esta experiencia de fe al ambiente externo, lo mismo al jud\u00ed\u00ado que al griego-pagano. El eco de estas f\u00f3rmulas se encuentra todav\u00ed\u00ada en las cartas paulinas, donde se remite al anuncio fundante inicial para motivar la exhortaci\u00f3n paren\u00e9tica o los desarrollos catequ\u00ed\u00adsticos. Un ejemplo de estas f\u00f3rmulas se encuentra en la primera carta escrita por Pablo a la comunidad de Tesal\u00f3nica. Al t\u00e9rmino de una r\u00e1pida retrospectiva sobre la actividad evangelizadora y sobre el nacimiento de la comunidad cristiana, el ap\u00f3stol puede recordar el cambio de la conversi\u00f3n y de la fe: \u2020\u0153Dejasteis la idolatr\u00ed\u00ada y os convertisteis para servir al Dios vivo y verdadero, con la esperanza de que su Hijo Jes\u00fas, al que resucit\u00f3 de entre los muertos, vuelva del cielo y nos libre la ira venidera (1 Tes 1,9-10). La referencia a la conversi\u00f3n como paso del culto de los \u00ed\u00addolos a la fe en el Dios vivo y verdadero remite al contexto del anuncio del evangelio a los paganos. Pero la f\u00f3rmula citada por Pablo sobre la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas tiene su origen en el contexto jud\u00ed\u00ado palestinense, en el cual se proclama la victoria sobre la muerte por iniciativa de Dios.<br \/>\nEsto lo confirma una segunda cita de la misma carta en el contexto m\u00e1s amplio de la catequesis sobre la esperanza cristiana frente a la muerte. A los cristianos en crisis por el deceso de sus parientes, Pablo les insta apre-miantemente a no abandonarse a la tristeza \u2020\u0153como los que no tienen esperanza. Y sigue invocando el motivo y el fundamento de la esperanza cristiana: \u2020\u0153Porque si creemos que Jes\u00fas ha muerto y ha resucitado, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n reunir\u00e1 consigo a los que murieron unidos a Jes\u00fas\u2020\u2122 (lTs 4,14). La primera parte de esta cita paulina menciona el contenido esencial del anuncio cristiano, que es tambi\u00e9n la base de la fe. Jes\u00fas ha muerto y ha resucitado. Esta estructura binaria antit\u00e9tica, donde la resurrecci\u00f3n se contrapone a la muerte, se encuentra en una serie de otros textos distribuidos por las cartas aut\u00e9nticas de Pablo: Rom 4,25; 8,34; 14,9; 2Co 5,15: \u2020\u0153Cristo ha muerto y ha vuelto a la vida\u2020\u2122. Esta constancia de las f\u00f3rmulas referidas por Pablo remite a una tradici\u00f3n que est\u00e1 detr\u00e1s de \u00e9l, probablemente de origen judeocris-tiano.<br \/>\nAl mismo ambiente con toda probabilidad hay que hacer remontar la f\u00f3rmula acreditada que cita Pablo al principio de la carta a los Romanos como s\u00ed\u00adntesis del evangelio de Dios (Rm 1,3-4). Este evangelio, dice Pablo, ha sido prometido por medio de los profetas en las Sagradas Escrituras y se refiere al Hijo de Dios. El texto paulino contin\u00faa as\u00ed\u00ad: \u2020\u0153Nacido de la estirpe de David seg\u00fan la carne, constituido Hijo de Dios en poder seg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu de santificaci\u00f3n por su resurrecci\u00f3n de la muerte, Jesucristo, nuestro Se\u00f1or(Rom l,3b-4). Tambi\u00e9n en esta f\u00f3rmula se puede reconocer la estructura binaria: por una parte, la solidaridad hist\u00f3rica de Jes\u00fas en la l\u00ed\u00adnea del mesianismo da-v\u00ed\u00addico, y por otra su exaltaci\u00f3n y constituci\u00f3n en la funci\u00f3n de Hijo de Dios en la l\u00ed\u00adnea del Esp\u00ed\u00adritu de santificaci\u00f3n mediante la resurrecci\u00f3n de los muertos. El doble aspecto de la funci\u00f3n de Jes\u00fas: \u2020\u0153seg\u00fan la carne y seg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu, transcribe de modo original la dial\u00e9ctica pascual \u2020\u0153muerto seg\u00fan la carne, resucitado y vuelto a la vida seg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu (lPe3,18).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, en las cartas de Pablo se encuentran las f\u00f3rmulas que son eco de la fe de las primitivas comunidades cristianas y los esquemas del anuncio hecho hacia fuera, y que se convierten a su vez en s\u00ed\u00adntesis del credo cristiano.<br \/>\n2817<br \/>\n3. La tradici\u00f3n autorizada de la resurrecci\u00f3n.<br \/>\nEn la primera carta enviada a la Iglesia de Corinto, a mediados de los a\u00f1os cincuenta, Pablo refiere una s\u00ed\u00adntesis del anuncio cristiano, que est\u00e1 en la base del credo tradicional. El mismo Pablo llama a este texto el \u2020\u0153evangelio que \u00e9l ha anunciado\u2020\u009d y que los corintios han recibido. La condici\u00f3n de su eficacia salv\u00ed\u00adfica es conservarlo en la forma enquehasidoanunciado(icorl5,1-2). Luego el ap\u00f3stol cita las bases del anuncio y del \u2020\u0153credo\u2020\u009d, anteponiendo una f\u00f3rmula protocolar de la tradici\u00f3n autorizada. \u2020\u0153Os he transmitido en primer lugar lo que a mi vez recib\u00ed\u00ad: que Cristo muri\u00f3 por nuestros pecados, seg\u00fan las Escrituras, que fue sepultado y resucitado al tercer d\u00ed\u00ada, seg\u00fan las Escrituras; y que se apareci\u00f3 a Pedro y luego a los doce\u2020\u009d ico 15,3-5). La estructura de la f\u00f3rmula tradicional citada por Pablo est\u00e1 articulada en dos peque\u00f1as unidades, que a su vez est\u00e1n constituidas por dos frases: \u2020\u0153Muri\u00f3 por nuestros pecados&#8230;, fue sepultado\/y resucitado&#8230; y se apareci\u00f3\u2020\u009d. El sujeto \u00fanico de estos cuatro verbos es Cristo, aunque la f\u00f3rmula pasiva \u2020\u0153fue resucitado&#8230; y fue visto\u2020\u009d remite discretamente a la acci\u00f3n e iniciativa de Dios. El an\u00e1lisis de la estructura gramatical y sint\u00e1ctica -parataxis- confirma el origen judeo-aramaico de esta tradici\u00f3n. Tambi\u00e9n el nombre dado al primer testigo autorizado, \u2020\u0153Cefas-Pedro\u2020\u009d, remite al mismo ambiente. As\u00ed\u00ad pues, el texto podr\u00ed\u00ada tener su origen en la comunidad biling\u00fce de Jerusal\u00e9n o de Antioqu\u00ed\u00ada de Siria, a mediados de los a\u00f1os treinta. Pero sobre la estructura arcaica originaria se han hecho algunas ampliaciones de tipo interpretativo en clave sote-riol\u00f3gica, \u2020\u0153por nuestros pecados\u2020\u009d, y la referencia escritural, que subraya la conformidad con el plan de Dios: \u2020\u0153seg\u00fan las Escrituras\u2020\u009d. Tambi\u00e9n la lista de los testigos cualificados, distribuidos en dos grupos, que constituyen, respectivamente, cabeza a Ce-fas (los doce) y a Santiago (los otros ap\u00f3stoles), se resiente de un trabajo de ampliaci\u00f3n e integraci\u00f3n (1Co 15,5; ico 15,7). El elenco de los testigos confirma la realidad y exactitud de la experiencia de Cristo resucitado por iniciativa de Dios. S\u00f3lo en una perspectiva secundaria se advierte la funci\u00f3n legitimadora de la aparici\u00f3n de Jes\u00fas a los testigos cualificados, en cuya serie, aunque sea en el fondo, se coloca el mismo Pablo. Pero el intento fundamental es el de definir la eficacia salv\u00ed\u00adfica del anuncio y de la fe que en \u00e9l se funda: \u2020\u0153Pues bien, tanto ellos como yo, esto es lo que predicamos y lo que hab\u00e9is cre\u00ed\u00addo\u2020\u009d (1Co 15,11).<br \/>\nAs\u00ed\u00ad pues, la f\u00f3rmula mencionada es m\u00e1s breve que las referidas por Pablo. Representa una especie de s\u00ed\u00adntesis esquem\u00e1tica del anuncio y de la catequesis fundada en la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas. Las f\u00f3rmulas de fe y de anuncio se apoyan en el hecho y acontecimiento de la resurrecci\u00f3n, que es atribuido a la iniciativa de Dios. El protagonista o destinatario de esta acci\u00f3n de Dios es Cristo, que pasa de la muerte a la vida mediante la resurrecci\u00f3n, que tiene como efecto final su exaltaci\u00f3n gloriosa. Los t\u00ed\u00adtulos que resumen esta fe pascual son al mismo tiempo la s\u00ed\u00adntesis del anuncio cristiano. Son atribuidos a Jes\u00fas, proclamado Cristo, Se\u00f1or e Hijo de Dios. En el primer t\u00ed\u00adtulo se afirma la mesianidad trascendente de Jes\u00fas, fundada en su resurrecci\u00f3n. El t\u00ed\u00adtulo de Se\u00f1or expresa el se\u00f1or\u00ed\u00ado de Jes\u00fas, asociado al de Dios. Como hijo, Jes\u00fas lleva a cumplimiento no s\u00f3lo la esperanza mesi\u00e1nica, sino que transmite la dignidad filial mediante el don del Esp\u00ed\u00adritu a todos los creyentes.<br \/>\n2818<br \/>\nII. LA RESURRECCION DE JESUS EN LOS EVANGELIOS Y EN LOS HECHOS.<br \/>\nDe la experiencia originaria de la resurrecci\u00f3n, expresada en las f\u00f3rmulas de la fe y del anuncio, se pasa progresivamente a una expresi\u00f3n m\u00e1s articulada en forma narrativa (modelo evang\u00e9lico) o al esquema de anuncio-predicaci\u00f3n, dirigida a los diversos destinatarios jud\u00ed\u00ados o gentiles (Hechos de los Ap\u00f3stoles). Ambas formas responden a los diversos ambientes culturales y a las exigencias de la vida interna de la comunidad que celebra el culto y practica la catequesis de formaci\u00f3n, y responde a las objeciones formuladas por el ambiente externo.<br \/>\n2819 1. EL ANUNCIO DE LA RESURRECCI\u00ed\u201cN JUNTO AL SEPULCRO.<br \/>\nEl kerigma tradicional mencionado por Pablo en la primera carta a los Corintios alude a la sepultura de Jes\u00fas, pero sin darle particular relieve bajo el aspecto catequ\u00ed\u00adstico o apolog\u00e9tico. Se habla de la sepultura de Jes\u00fas seg\u00fan el esquema biogr\u00e1fico b\u00ed\u00adblico, donde se dice a prop\u00f3sito de todos los reyes: \u2020\u0153Muri\u00f3 y fue sepultado\u2020\u009d. Existe, sin embargo, un dato tradicional com\u00fan subyacente a los cuatro evangelios y que se refleja tambi\u00e9n en los Hechos de los Ap\u00f3stoles: Mc 16,1-8; Mt 28,1-8; Lc 24,1-10; Jn 21,1-2. Esta tradici\u00f3n com\u00fan se puede condensaren los puntos siguientes: a) la visita de algunas mujeres, entre las cuales descuella el nombre de Mar\u00ed\u00ada de Mag-dala; el plural del evangelio de Juan confirma la tradici\u00f3n com\u00fan de un grupo; b) estas mujeres visitan el sepulcro de Jes\u00fas en Jerusal\u00e9n por la ma\u00f1ana temprano: \u2020\u0153el primer d\u00ed\u00ada de la semana despu\u00e9s del s\u00e1bado\u2020\u2122; o) el fin es el de completar los ritos f\u00fanebres junto a la tumba de Jes\u00fas, llanto o lamentaciones; d) las mujeres encuentran el sepulcro abierto y vac\u00ed\u00ado, y corren a informar a los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas, entre los cuales destaca la figura de Pedro; e) algunos de los disc\u00ed\u00adpulos, entre ellos Pedro, corren a inspeccionar el sepulcro de Jes\u00fas. Se puede pensar que la base hist\u00f3rica de esta tradici\u00f3n com\u00fan es fidedigna por los siguientes motivos. Ante todo, el papel de las mujeres en la experiencia del sepulcro vac\u00ed\u00ado no puede haber sido inventada, ya que contradice el valor testimonial en el contexto judeo-palestinense. Es probable que la comunidad judeo-cristiana de Jerusal\u00e9n conociera la ubicaci\u00f3n y la identidad de la tumba de Jes\u00fas. La visita de algunas mujeres corresponde a los usos jud\u00ed\u00ados acerca de los ritos f\u00fanebres. Finalmente, el sepulcro vac\u00ed\u00ado no tiene un papel determinante en la catequesis apolog\u00e9tica y en los esquemas de anuncio. Tampoco los relatos de aparici\u00f3n, que insisten en la realidad y la identidad de Jes\u00fas resucitado, remiten a la experiencia y comprobaci\u00f3n de la tumba vac\u00ed\u00ada. Por tanto, este elemento no es funcional ni para la apolog\u00e9tica ni para la catequesis cristiana, por lo cual podr\u00ed\u00ada ser un residuo de una tradici\u00f3n hist\u00f3ricamente atendible.<br \/>\nSobre la base de esta tradici\u00f3n com\u00fan se alza la interpretaci\u00f3n de cada uno de los textos evang\u00e9licos. El evangelio de Marcos parte de la visita de las mujeres a la tumba de Jes\u00fas para proclamar el anuncio de la resurrecci\u00f3n y el de la aparici\u00f3n a los disc\u00ed\u00adpulos y el de su misi\u00f3n en Galilea (Mc 16,6-7). A este fin, el evangelista ha amplificado algunos elementos de la tradici\u00f3n com\u00fan, enumerando a las tres mujeres que van a la tumba de Jes\u00fas para embalsamar su cuerpo. Tambi\u00e9n la reflexi\u00f3n que hacen las mujeres sobre la piedra del sepulcro, que no se puede retirar por ellas, prepara la aparici\u00f3n y el anuncio del \u00e1ngel int\u00e9rprete. Marcos subraya particularmente la reacci\u00f3n \u2020\u0153religiosa\u2020\u009d de las mujeres ante el enviado celestial:<br \/>\n\u2020\u0153Tuvieron miedo\u2020\u2122. Y como conclusi\u00f3n del anuncio y encargo del \u00e1ngel, Marcos anota: \u2020\u0153Ellas salieron huyendo del sepulcro, porque se hab\u00ed\u00ada apoderado de ellas el temor y el espanto; y no dijeron nada a nadie porque ten\u00ed\u00adan miedo\u2020\u009d (Mc 16,8). Este extra\u00f1o final de Marcos, que ha estimulado integraciones a finales del siglo i y principios del n, corresponde a la perspectiva global de su evangelio. El anuncio de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas junto a su tumba, abierta y vac\u00ed\u00ada, y el encargo de avisar a los disc\u00ed\u00adpulos sobre el encuentro prometido en Galilea son el v\u00e9rtice de la revelaci\u00f3n de Dios, que debe ser acogida con la actitud de discreci\u00f3n y reserva propias de la fe cristiana.<br \/>\nTambi\u00e9n el evangelio de Mateo se funda en la tradici\u00f3n com\u00fan, que es amplificada e integrada en su perspectiva redaccional. Caracter\u00ed\u00adstico del primer evangelio es el cuadro apocal\u00ed\u00adptico, en el cual se inserta la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas: \u2020\u0153De pronto hubo un gran terremoto, pues un \u00e1ngel del Se\u00f1or baj\u00f3 del cielo, se acerc\u00f3, hizo rodar la losa del sepulcro y se sent\u00f3 en ella. Su aspecto era como un rayo, y su vestido blanco como la nieve\u2020\u009d (Mt 28,2-3). Estos rasgos apocal\u00ed\u00adpticos, tomados del escenario b\u00ed\u00adblico del \u2020\u0153d\u00ed\u00ada del Se\u00f1or\u2020\u2122, sirven para expresar el tema de la victoria de Dios sobre la muerte. An\u00e1logamente, Mateo encuadra la muerte de Jes\u00fas en el Calvario en un marco apocal\u00ed\u00adptico: \u2020\u0153La tierra tembl\u00f3 y las piedras se resquebrajaron; se abrieron los sepulcros y muchos cuerpos de santos que estaban muertos resucitaron\u2020\u2122 Mt 27,51-52). La poderosa manifestaci\u00f3n de Dios junto a la tumba de Jes\u00fas provoca la reacci\u00f3n aterrada de los guardias que los jud\u00ed\u00ados colocaron para controlar el sepulcro de Jes\u00fas: \u2020\u0153Los guardias temblaron de miedo (por la aparici\u00f3n del \u00e1ngel del Se\u00f1or) y se quedaron como muertos\u2020\u2122 (Mt 28,4). En cambio, al grupo de las mujeres -dos en Mateo- el \u00e1ngel le comunica el anuncio pascual, que reproduce sustancialmente el de Marcos. Pero, a diferencia del segundo evangelista, Mateo refiere que las mujeres, aunque abandonaron deprisa el sepulcro, corren con temor y gran alegr\u00ed\u00ada a comunicar el anuncio a los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas. A lo largo del camino tienen el primer encuentro y la revelaci\u00f3n de Jes\u00fas resucitado. El les renueva el encargo, dado ya por el \u00e1ngel, de ir a anunciar \u2020\u0153a mis hermanos que vayan a Galilea y all\u00ed\u00ad me ver\u00e1n\u2020\u009d (Mt 28,9-10).<br \/>\n2820<br \/>\nAs\u00ed\u00ad pues, el primer evangelista desarrolla el motivo apolog\u00e9tico ya anticipado en la reacci\u00f3n aterrorizada de los guardias ante la aparici\u00f3n del \u00e1ngel del Se\u00f1or junto a la tumba de Jes\u00fas. La secci\u00f3n apolog\u00e9tica de Mateo responde a la pol\u00e9mica contra la resurrecci\u00f3n del ambiente jud\u00ed\u00ado (Mt 28,11-15; Mt 27,62-66). Este elemento caracteriza al primer evangelio junto con la aparici\u00f3n de Jes\u00fas a las mujeres en el camino del sepulcro con el encargo del anuncio pascual que han de llevar a los disc\u00ed\u00adpulos, llamados por Jes\u00fas \u2020\u0153mis hermanos\u2020\u009d. Es notable el hecho de que entre estos disc\u00ed\u00adpulos no se mencione expresamente a Pedro, como se hace en el texto paralelo de Marcos.<br \/>\nEl tercer evangelista, Lucas, relee esta tradici\u00f3n de la visita de las mujeres y del anuncio pascual junto a la tumba de Jes\u00fas de acuerdo con su perspectiva teol\u00f3gica y espiritual. Son dos los \u00e1ngeles que como testigos e int\u00e9rpretes autorizados hacen el anuncio de Jes\u00fas resucitado a las mujeres, las cuales no encuentran en el sepulcro el \u2020\u0153cuerpo del Se\u00f1or Je-s\u00fas\u2020\u2122(Lc24,1-4). El mismo autor har\u00e1 intervenir dos \u00e1ngeles int\u00e9rpretes en el momento de la ascensi\u00f3n de Jes\u00fas al cielo (Hch 1,10).<br \/>\nEl anuncio pascual conserva algunos rasgos caracter\u00ed\u00adsticos del tercer evangelio. Los \u00e1ngeles invitan a las mujeres atemorizadas a no buscar entre los muertos al que est\u00e1 \u2020\u0153vivo\u2020\u009d. Esta presentaci\u00f3n de Jes\u00fas resucitado como \u2020\u0153vivo\u2020\u009d responde a la perspectiva lucana (Hch 1,3). Luego, el anuncio de la resurrecci\u00f3n se funda en el recuerdo de las palabras prof\u00e9ticas de Jes\u00fas acerca del destino del Hijo del hombre:<br \/>\n\u2020\u0153Recordad lo que os dijo estando a\u00fan en Galilea, que el Hijo del hombre deb\u00ed\u00ada ser entregado en manos de pecadores, ser crucificado y resucitar al tercer d\u00ed\u00ada\u2020\u009d (Lc 24,6-7). El anuncio de la resurrecci\u00f3n de los \u00e1ngeles a las mujeres junto al sepulcro de Jes\u00fas es el cumplimiento de las palabras prof\u00e9ticas de Jes\u00fas sobre su destino de rechazado por los hombres, pero resucitado por Dios. Pues el hecho de Jes\u00fas crucificado y resucitado responde al plan de Dios, revelado en las Escrituras (Lc 9,22; Lc 18,31-33). En la edici\u00f3n lucana falta el encargo hecho a las mujeres de llevar el anuncio a los disc\u00ed\u00adpulos con la cita del encuentro en Galilea. En el texto lucano, Galilea es s\u00f3lo el ambiente en el que Jes\u00fas hizo el anuncio prof\u00e9tico de su muerte y resurrecci\u00f3n. A pesar de esta tendencia del tercer evangelista a excluir a Galilea de las experiencias pascuales, se menciona el hecho de que las mujeres \u2020\u0153anunciaron todo esto a los once\u2020\u009d y a todos los dem\u00e1s. S\u00f3lo aqu\u00ed\u00ad enumera Lucas a las mujeres, entre las cuales destaca la figura de Mar\u00ed\u00ada de Magdala, recordada por la tradici\u00f3n com\u00fan.<br \/>\nPero el evangelista se apresura a indicar que el relato y las palabras de las mujeres no fundan la fe pascual. Pues estas palabras de las mujeres son consideradas \u2020\u0153por los ap\u00f3stoles\u2020\u009d un delirio (Lc 24,9-11 cf Lc 24,22-23). El tercer evangelista refiere tambi\u00e9n la tradici\u00f3n particular de la visita hecha por Pedro, junto con otros, al sepulcro (Lc 24,12; Lc 24,24). Pero tampoco esta visita e inspecci\u00f3n de los disc\u00ed\u00adpulos, que encuentran el sepulcro vac\u00ed\u00ado pero no violado, son origen y fundamento de la fe pascual de la comunidad cristiana: \u2020\u0153Pedro regres\u00f3 a casa maravillado de lo ocurrido\u2020\u009d (Lc 24,12).<br \/>\nEsta \u00faltima nota lucana acerca de la visita de Pedro al sepulcro es ampliada por el cuarto evangelista. Juan conoce la tradici\u00f3n com\u00fan, en la que se relata la visita hecha por Mar\u00ed\u00ada de Magdala, \u2020\u0153el primer d\u00ed\u00ada de la semana, al rayar el alba, antes de salir el sol\u2020\u009d, a la tumba de Jes\u00fas. La encuentra abierta y vac\u00ed\u00ada. La mujer corre entonces a informar a los disc\u00ed\u00adpulos, los cuales a su vez corren a inspeccionar el sepulcro de Jes\u00fas. En el ambiente juanista se conoce tambi\u00e9n la hip\u00f3tesis de la sustracci\u00f3n del cad\u00e1ver, desarrollada en la secci\u00f3n apolog\u00e9tica de Mateo (Jn 20,2; Jn 20,11). Pero el relato de Juan se concentra en el episodio de la visita hecha por Pedro y por el otro disc\u00ed\u00adpulo a la tumba de Jes\u00fas. La escena sirve para llamar la atenci\u00f3n sobre el contraste entre las dos figuras, las de Pedro y del disc\u00ed\u00adpulo. Pedro \u2020\u0153ve\u2020\u009d los lienzos por el suelo y el sudario con que le hab\u00ed\u00adan envuelto la cabeza a Jes\u00fas, doblado aparte; pero no concluye nada. En cambio, el otro disc\u00ed\u00adpulo \u2020\u0153vio y crey\u00f3\u2020\u009d (Jn 20,6-8). En consecuencia, el evangelista termina con una reflexi\u00f3n sobre la relaci\u00f3n entre fe en la resurrecci\u00f3n y Escritura: \u2020\u0153Pues no hab\u00ed\u00adan a\u00fan entendido la Escritura seg\u00fan la cual Jes\u00fas ten\u00ed\u00ada que resucitar de entre los muertos\u2020\u009d (Jn 20,9). En este caso la reflexi\u00f3n de Juan desarrolla la funci\u00f3n del \u00e1ngel int\u00e9rprete de la tradici\u00f3n sin\u00f3ptica. Es notable tambi\u00e9n el paralelismo entre el \u2020\u0153deb\u00ed\u00ada\u2020\u009d resucitar de entre los muertos de Juan y el de la tradici\u00f3n lucana.<br \/>\n2821<br \/>\nEl relato del cuarto evangelio sigue con la historia de Mar\u00ed\u00ada Magdalena, que llora junto al sepulcro de Jes\u00fas. En este contexto se introducen los dos \u00e1ngeles, como en la tradici\u00f3n lucana. Pero no ejercen un papel determinante en la experiencia pascual; sirven \u00fanicamente para reiterar la hip\u00f3tesis de la sustracci\u00f3n del cad\u00e1ver. A la pregunta que hacen a Mar\u00ed\u00ada: \u2020\u0153Mujer, \u00bfpor qu\u00e9 lloras?\u2020\u009d, ella responde: \u2020\u0153Se han llevado a mi Se\u00f1or, y no s\u00e9 d\u00f3nde lo han puesto\u2020\u009d (Jn 20,13). En este punto, el evangelista refiere la cristofan\u00ed\u00ada a Mar\u00ed\u00ada de Mag-dala, que tiene su paralelo en la tradici\u00f3n referida por Mateo, donde Jes\u00fas se aparece a las mujeres en el camino del sepulcro. El di\u00e1logo con el misterioso personaje del huerto, que al final se revela como el Se\u00f1or, se desarrolla de acuerdo con el esquema de las apariciones de reconocimiento. Termina con el anuncio de la resurrecci\u00f3n hecho a Mar\u00ed\u00ada por el mismo Jes\u00fas en t\u00e9rminos juanistas -\u2020\u0153subida al Padre\u2020\u009d- y con el encargo de llevar la buena noticia pascual a los disc\u00ed\u00adpulos: \u2020\u0153Anda y di a mis hermanos que me voy con mi Padre y vuestro Padre, con mi Dios y vuestro Dios\u2020\u009d (Jn 20,17). El relato se cierra con la ejecuci\u00f3n de este encargo pascual por parte de Mar\u00ed\u00ada de Mag-dala, la cual anuncia a los disc\u00ed\u00adpulos: \u2020\u0153Ac visto al Se\u00f1or\u2020\u009d, y tambi\u00e9n lo que le hab\u00ed\u00ada dicho (Jn 20,18).<br \/>\nPor este an\u00e1lisis de los textos evang\u00e9licos acerca de la visita de las mujeres al sepulcro de Jes\u00fas, que encuentran abierto y vac\u00ed\u00ado, se ve claramente que la tradici\u00f3n com\u00fan sirve para mencionar la primera experiencia y el anuncio de Jes\u00fas resucitado seg\u00fan los esquemas de la tradici\u00f3n kerigm\u00e1tica y seg\u00fan la perspectiva de cada uno de los evangelios.<br \/>\nUn eco de esta interpretaci\u00f3n pascual del sepulcro vac\u00ed\u00ado de Jerusal\u00e9n se encuentra tambi\u00e9n en el segundo libro de la obra de Lucas, los Hechos de los Ap\u00f3stoles. Aqu\u00ed\u00ad se menciona la sepultura de Jes\u00fas por los jud\u00ed\u00ados (Hch 13,29). En los discursos misioneros se intenta tambi\u00e9n una interpretaci\u00f3n mesi\u00e1nica de la tumba vac\u00ed\u00ada sobre la base de la ex\u00e9gesis de car\u00e1cter actualizante del Ps 16,10 y de la promesa de 2S 7,12; Ps 132,11. El sepulcro vac\u00ed\u00ado de Jes\u00fas es un signo de que \u00e9l es el \u2020\u0153santo y justo\u2020\u009d librado de la corrupci\u00f3n, seg\u00fan se le prometi\u00f3 al mes\u00ed\u00adas (Hch 2,25-32; Hch 13,35-37).<br \/>\nAs\u00ed\u00ad pues, el examen de los textos evang\u00e9licos y el de los Hechos confirma el dato com\u00fan de la tradici\u00f3n acerca de la tumba de Jes\u00fas en Jerusal\u00e9n, conocida en el ambiente de la comunidad judeo-cristiana. Este dato no lo pone en discusi\u00f3n el frente jud\u00ed\u00ado que impugna su significado religioso y mesi\u00e1nico. En aquel ambiente se habla de sustracci\u00f3n del cad\u00e1ver (Mateo y Juan). Pero lo que le interesa a la tradici\u00f3n evang\u00e9lica es el significado del sepulcro de Jes\u00fas, encontrado abierto y vac\u00ed\u00ado. Este hecho es el signo de la victoria de Dios sobre la muerte y la confirmaci\u00f3n de la mesianidad de Jes\u00fas crucificado. Pues la visita de las mujeres al sepulcro de Jes\u00fas el primer d\u00ed\u00ada de la semana es el contexto en el que se hace el anuncio de la resurrecci\u00f3n por parte del \u00e1ngel o \u00e1ngeles enviados por Dios, sobre la base de las palabras de Jes\u00fas o de la Escritura.<br \/>\n2822<br \/>\n2. LOS RELATOS DE APARICI\u00ed\u201cN de Jes\u00fas resucitado.<br \/>\nEl n\u00facleo m\u00e1s antiguo del kerigma referido por Pablo en la primera carta a los \/ Corintios hace referencia a las apariciones de Jes\u00fas y da la lista de los testigos cualificados: Cefas y los doce, Santiago y todos los dem\u00e1s ap\u00f3stoles, as\u00ed\u00ad como los hermanos (1Co 15,5-7). Al final de esta lista coloca Pablo su propia experiencia personal de encuentro con Jes\u00fas resucitado (1Co 15,8). En el evangelio de Marcos la aparici\u00f3n de Jes\u00fas a los disc\u00ed\u00adpulos es s\u00f3lo preanunciada, pero no referida. Las que se refieren en el final no marcan o son producto de una s\u00ed\u00adntesis tard\u00ed\u00ada de las tradiciones evang\u00e9licas, rele\u00ed\u00addas en clave popular Mc 16,9-14). En cambio, las experiencias de apariciones de Jes\u00fas a los disc\u00ed\u00adpulos son referidas ampliamente por los evangelios de Lucas y de Juan. Entre los textos de estos dos evangelios se encuentra una afinidad en la estructura general del relato, as\u00ed\u00ad como en los temas y motivos particulares. Pero lo que llama la atenci\u00f3n al lector actual de los evangelios es la diversa ubicaci\u00f3n de la experiencia de encuentro o aparici\u00f3n de Jes\u00fas a los disc\u00ed\u00adpulos. Se puede distinguir un primer \u00e1mbito de tradiciones, que refiere las experiencias de los disc\u00ed\u00adpulos en Jerusal\u00e9n (Lucas-Hechos, Juan, Mateo, aparici\u00f3n a las mujeres; y tambi\u00e9n Lucas, aparici\u00f3n a los dos disc\u00ed\u00adpulos de Ema\u00fas). Otra serie de experiencias est\u00e1 ambientada en Galilea (Mateo, Juan en el ap\u00e9ndice, Marcos en la final tard\u00ed\u00ada). Tambi\u00e9n los destinatarios de estas manifestaciones o apariciones est\u00e1n distribuidos en diversos grupos. Destaca la figura de Pedro, un\u00e1nimemente mencionado en la s\u00ed\u00adntesis kerigm\u00e1tica y catequ\u00ed\u00adstica de Pablo (1Co 15,5) y en la declaraci\u00f3n de Lucas, referida en el momento en que los dos disc\u00ed\u00adpulos de Ema\u00fas a Jerusal\u00e9n se encuentran con los once y los otros disc\u00ed\u00adpulos. \u2020\u0153Realmente, el Se\u00f1or ha resucitado y se ha aparecido a Sim\u00f3n\u2020\u009d (Lc 24,34). Junto a Pedro est\u00e1 el grupo de los once, a los que se a\u00f1aden grupos particulares de otros disc\u00ed\u00adpulos: los siete del ap\u00e9ndice de Juan, los dos de Ema\u00fas, las mujeres y los \u2020\u0153hermanos\u2020\u009d.<br \/>\nAdem\u00e1s de esta diversificaci\u00f3n de ambiente y de destinatarios, se puede captar en la actual edici\u00f3n de los textos evang\u00e9licos la diversa presentaci\u00f3n de la experiencia o visi\u00f3n de Jes\u00fas resucitado. Sustancialmente se pueden distinguir dos formas de relato de aparici\u00f3n. Una, en la que se pone el acento en el reconocimiento de Jes\u00fas, subrayando su realidad e identidad. Otra segunda serie de relatos se centra en las palabras de Jes\u00fas, que encarga a los disc\u00ed\u00adpulos la misi\u00f3n.<br \/>\n2823<br \/>\na) Apariciones de reconocimiento.<br \/>\nLos dos evangelios de Lucas y de Juan contienen los relatos en los que Jes\u00fas se aparece a los disc\u00ed\u00adpulos y se da a conocer como el Se\u00f1or. Estos textos siguen un esquema com\u00fan articulado en algunas secuencias fijas. La estructura base se puede reconstruir en estas fases: a) situaci\u00f3n de los disc\u00ed\u00adpulos reunidos; b) iniciativa del resucitado, que se manifiesta o se hace el encontradizo en medio de los disc\u00ed\u00adpulos (saludo); c) reconocimiento de la identidad de Jes\u00fas por medio de sus palabras y de los gestos por \u00e9l realizados; d) separaci\u00f3n de Jes\u00fas del grupo de los disc\u00ed\u00adpulos. Esta afinidad a nivel de estructura y de motivos tem\u00e1ticos remite a un contacto entre las dos tradiciones que est\u00e1n en el origen de los evangelios de Lucas y de Juan. Pero \u00e9stos se distinguen por la diversa perspectiva cristol\u00f3gica y eclesial que se puede deducir del conjunto unitario del texto.<br \/>\nEl evangelio de Lucas coloca el relato de la aparici\u00f3n de Jes\u00fas a los disc\u00ed\u00adpulos en el cuadro m\u00e1s amplio de un itinerario de fe que va de la duda y la perplejidad iniciales hasta la plena adhesi\u00f3n de fe (Lc 24,12; Lc 24,52). La visita de Pedro y de los otros disc\u00ed\u00adpulos a la tumba de Jes\u00fas es simplemente la ocasi\u00f3n para subrayar su estupor y consternaci\u00f3n (Lc 24,12; Lc 24,22-24). En cambio, el v\u00e9rtice de la experiencia pascual se tiene al final, cuando Jes\u00fas es llevado o elevado al cielo: \u2020\u0153Y ellos lo adoraron y se volvieron a Jerusal\u00e9n llenos de alegr\u00ed\u00ada\u2020\u009d (Lc 24,52).<\/p>\n<p>Un ejemplo de este proceso o itinerario de fe lo representa el episodio de fe de los dos disc\u00ed\u00adpulos de Ema\u00fas. Es un relato t\u00ed\u00adpico de reconocimiento, que utiliza una tradici\u00f3n lucana peculiar. En ella se conserva el recuerdo de una aparici\u00f3n de Jes\u00fas al grupo de los parientes o \u2020\u0153hermanos\u2020\u2122. De hecho, uno de los dos protagonistas de la historia de Ema\u00fas, Cleof\u00e1s, es el hermano de Jos\u00e9; por tanto, t\u00ed\u00ado de Jes\u00fas Lc 24,18). El amplio relato lucano centrado en estos dos disc\u00ed\u00adpulos, que dejan la comunidad de Jerusal\u00e9n para volver a su pueblo de Ema\u00fas, insiste en el di\u00e1logo con Jes\u00fas, que se les junta bajo el aspecto de un peregrino. Pero sus \u2020\u0153ojos -observa el evangelista- eran incapaces de reconocerlo\u2020\u009d (Lc 24,16). S\u00f3lo despu\u00e9s del di\u00e1logo con Jes\u00fas, en el que su palabra y su gesto remiten al recuerdo hist\u00f3rico y a las promesas de Dios consignadas en la Escritura, puede notar el evangelista: \u2020\u0153Entonces sus ojos se abrieron y lo reconocieron\u2020\u009d(Lc 24,31). Entre estas dos indicaciones extremas tiene lugar el encuentro de reconocimiento pascual de Jes\u00fas. Ante todo, las palabras de los dos disc\u00ed\u00adpulos manifiestan la profunda crisis que se ha abatido sobre el grupo. Es una relectura del episodio de Jes\u00fas, \u2020\u0153profeta poderoso en obras y palabras ante Dios y ante todo el pueblo\u2020\u009d. Su fin tr\u00e1gico en Jerusal\u00e9n, con la condena a muerte y la crucifixi\u00f3n, ha roto las esperanzas de liberaci\u00f3n mesi\u00e1nica nacional: \u2020\u0153Nosotros esper\u00e1bamos que \u00e9l ser\u00ed\u00ada el liberador de Israel\u2020\u009d (Lc 24,21). La experiencia del sepulcro vac\u00ed\u00ado de las mujeres y la inspecci\u00f3n por parte de algunos disc\u00ed\u00adpulos no han modificado esta situaci\u00f3n de profunda crisis.<br \/>\n2824<br \/>\nEn este punto es la palabra de Jes\u00fas la que hace renacer la esperanza y abre los ojos de los disc\u00ed\u00adpulos. Apela \u00e9l a la palabra prof\u00e9tica de la Escritura, que debe cumplirse en el me-s\u00ed\u00adas. El episodio tr\u00e1gico de Jes\u00fas no contradice al designio de Dios, sino que lo lleva a su cumplimiento de manera parad\u00f3jica. Pues el mes\u00ed\u00adas s\u00f3lo entrar\u00e1 en la gloria a trav\u00e9s del sufrimiento. \u2020\u0153Y empezando por Mois\u00e9s y todos los profetas, les interpret\u00f3 lo que sobre \u00e9l hay en todas las Escrituras\u2020\u009d (Lc 24,27). Esta interpretaci\u00f3n prof\u00e9tica y cristol\u00f3gica de la Escritura recibe su sello en el gesto de Jes\u00fas, que, invitado por los dos disc\u00ed\u00adpulos a sentarse a la mesa con ellos, hace de presidente de ella. Los gestos rituales y la oraci\u00f3n de bendici\u00f3n de la mesa recuerdan los de la \u00faltima y prof\u00e9tica cena antes de la muerte: \u2020\u0153Se puso a la mesa con ellos, tom\u00f3 el pan, lo bendijo, lo parti\u00f3 y se lo dio\u2020\u009d (Lc 24,30). Este acto es la revelaci\u00f3n definitiva de Jes\u00fas a los dos disc\u00ed\u00adpulos, que lo pueden reconocer gracias a la palabra de Dios interpretada por \u00e9l y al gesto que remite al don y a la oferta de su vida. Mas en ese momento Jes\u00fas no est\u00e1 ya disponible, porque su modo de ser presente es diverso al de la relaci\u00f3n puramente f\u00ed\u00adsica. Es \u00e9l el que toma la iniciativa de manifestarse o de sustraerse a la relaci\u00f3n con los disc\u00ed\u00adpulos: \u2020\u0153Pero \u00e9l desapareci\u00f3 de su vista\u2020\u009d (Lc 24,31). Los dos disc\u00ed\u00adpulos interiorizan la experiencia del encuentro con Jes\u00fas, que tiene su n\u00facleo fecundo en la interpretaci\u00f3n de las Escrituras. Entonces cambian de direcci\u00f3n y vuelven a Jerusal\u00e9n, donde encuentran a los once y a los otros disc\u00ed\u00adpulos. Aqu\u00ed\u00ad, en la comunidad de Jerusal\u00e9n, donde se encuentra el grupo de los disc\u00ed\u00adpulos hist\u00f3ricos de Jes\u00fas, reciben el anuncio pascual: \u2020\u0153Verdaderamente, el Se\u00f1or ha resucitado y se ha aparecido a Sim\u00f3n\u2020\u009d (Lc 24,34). Y refieren ellos c\u00f3mo encontraron a Jes\u00fas y le reconocieron en el gesto de la fracci\u00f3n del pan.<br \/>\nDirectamente conexa con el episodio de los dos disc\u00ed\u00adpulos de Ema\u00fas est\u00e1 la manifestaci\u00f3n de Jes\u00fas a los once de Jerusal\u00e9n (Lc 24,36-42). Jes\u00fas se aparece en medio del grupo de los disc\u00ed\u00adpulos y los saluda con el anuncio de la paz mesi\u00e1nica. La reacci\u00f3n de los disc\u00ed\u00adpulos, estupefactos y atemorizados, da pie al evangelista para una profundizaci\u00f3n catequ\u00ed\u00adstica, en la cual se subraya la identidad entre el crucificado y Jes\u00fas resucitado, y el realismo de su cuerpo resucitado: \u2020\u0153Aterrados y llenos de miedo, cre\u00ed\u00adan ver un esp\u00ed\u00adritu. El les dijo: ,Por qu\u00e9 os asust\u00e1is y dud\u00e1is dentro de vosotros? Ved mis manos y mis pies. Soy yo mismo. Tocadme y ved que un esp\u00ed\u00adritu no tiene carne ni huesos, como veis que tengo yo. Dicho esto, les mostr\u00f3 las manos y los pies\u2020\u009d (Lc 24,37-40). La reacci\u00f3n emotiva de los disc\u00ed\u00adpulos remite a un estereotipo de los encuentros con Jes\u00fas, del cual hay huellas tambi\u00e9n en la tradici\u00f3n de Marcos y Mateo (Mc 6,49; Mt 14,26, encuentro Jes\u00fas con los disc\u00ed\u00adpulos en el lago noche). En el contexto de la catequesis lucana esta contraposici\u00f3n entre el \u2020\u0153fantasma\u2020\u009d y el cuerpo real de Jes\u00fas resucitado responde a una de las caracter\u00ed\u00adsticas dificultades del ambiente greco-helen\u00ed\u00adstico, donde se tiende a confundir la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas y su manifestaci\u00f3n con la supervivencia de los esp\u00ed\u00adritus separados del cuerpo. La ostensi\u00f3n de los signos de la pasi\u00f3n: las manos y los pies, confirma a los disc\u00ed\u00adpulos en la identidad real entre Jes\u00fas crucificado y el Se\u00f1or que se les revela. Una confirmaci\u00f3n ulterior y signo de la plena pertenencia de Jes\u00fas al mundo de los vivos es la petici\u00f3n a los disc\u00ed\u00adpulos de algo que comer; en su presencia, Jes\u00fas come un trozo de pez asado (Lc 24,4 1-42; Lc 8,55). Este aspecto convival de la manifestaci\u00f3n de Jes\u00fas resucitado a los disc\u00ed\u00adpulos se subraya particularmente en la reconstrucci\u00f3n hecha al principio de los Hechos de los Ap\u00f3stoles y en algunos fragmentos de los discursos misioneros (Hch 1,3-4; Hch 10,40-41).<br \/>\nLa misma insistencia en el reconocimiento de Jes\u00fas y en el realismo de su corporeidad de resucitado se encuentra en el cuarto evangelio. La presentaci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada de Magdala, con la eliminaci\u00f3n de las otras figuras femeninas, le sirve a Juan para trazar el itinerario ideal de la fe del disc\u00ed\u00adpulo que busca a su Se\u00f1or. Es la iniciativa de Jes\u00fas la que le hace posible a la Magdalena el reconocimiento del misterioso hortelano que le pregunta: \u2020\u0153Mujer, \u00bfpor qu\u00e9 lloras? \u00bfA qui\u00e9n buscas?\u2020\u009d (Jn 20,15). Las palabras de Jes\u00fas le permiten a Mar\u00ed\u00ada \u2020\u0153volverse\u2020\u009d hacia \u00e9l en la justa actitud de la fe y reconocerlo como \u2020\u0153su Se\u00f1or y maestro\u2020\u009d. \u2020\u0153Jes\u00fas le dijo: \u2020\u02dcMar\u00ed\u00ada\u2020\u2122. Ella se volvi\u00f3 y exclam\u00f3 en hebreo: \u2020\u02dcRabbu-n\u00ed\u00ad\u2020\u2122 (es decir, maestro)\u2020\u009d (Jn 20,16). Jes\u00fas le recuerda entonces a Mar\u00ed\u00ada la nueva relaci\u00f3n que se ha establecido entre \u00e9l y los disc\u00ed\u00adpulos en virtud de la resurrecci\u00f3n: \u2020\u0153Su\u00e9ltame, que a\u00fan no he subido al Padre; anda y di a mis hermanos que me voy con mi Padre y vuestro Padre, con mi Dios y vuestro Dios\u2020\u009d (Jn 20,17). La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, seg\u00fan el cuarto evangelio, es un proceso din\u00e1mico iniciado ya con el don que Jes\u00fas hizo de s\u00ed\u00ad en la muerte y acelerado por la resurrecci\u00f3n, pero que tiene su pleno cumplimiento con la ascensi\u00f3n y glorificaci\u00f3n de Jes\u00fas. El realiza de ese modo la plena y definitiva comuni\u00f3n entre Dios, el Padre, y los hombres, los hermanos.<br \/>\n2825<br \/>\nA esta escena del encuentro de Mar\u00ed\u00ada, figura del disc\u00ed\u00adpulo, y Jes\u00fas sigue en el texto de Juan el encuentro de Jes\u00fas con los otros disc\u00ed\u00adpulos. Esto ocurre en dos fases distintas en el tiempo en un intervalo de ocho d\u00ed\u00adas (Jn 20,19-23; Jn 20,24-29). El primer encuentro tiene lugar la tarde de aquel d\u00ed\u00ada, el primero de la semana. Jes\u00fas se aparece en medio de los disc\u00ed\u00adpulos en el lugar en que est\u00e1n encerrados por miedo a los jud\u00ed\u00ados. El saludo pascual de Jes\u00fas corresponde a su promesa de la paz (Jn 14,27). Sigue la manifestaci\u00f3n de Jes\u00fas, que muestra a los disc\u00ed\u00adpulos las manos y el costado. La novedad respecto al texto lucano es este \u00faltimo particular, que remite a la escena de la muerte de Jes\u00fas, donde el evangelista llama la atenci\u00f3n sobre el costado traspasado por la lanza (Jn 19,33-37). No hay dudas y perplejidades en el grupo de los disc\u00ed\u00adpulos, que \u2020\u0153se llenaron de alegr\u00ed\u00ada al ver al Se\u00f1or\u2020\u009d (Jn 20,20). A esta escena impl\u00ed\u00adcita de reconocimiento, en la que Jes\u00fas aparece como el Se\u00f1or resucitado, id\u00e9ntico al que ha muerto en la cruz, sigue el encargo de misi\u00f3n con una f\u00f3rmula caracter\u00ed\u00adstica jua-nista: \u2020\u0153Como el Padre me envi\u00f3 a m\u00ed\u00ad, as\u00ed\u00ad os env\u00ed\u00ado yo a vosotros\u2020\u009d (Jn 20,21). El don del Esp\u00ed\u00adritu, comunicado a los disc\u00ed\u00adpulos con el gesto simb\u00f3lico de la creaci\u00f3n inicial (Gn 2,7), capacita a los disc\u00ed\u00adpulos para su cometido de perdonar o retenerlos pecados en la comunidad (Jn 20,22-23).<br \/>\nA este primer encuentro sigue otro segundo, colocado ocho d\u00ed\u00adas despu\u00e9s, en un plazo semanal, que recuerda los ritmos de las celebraciones comunitarias en la Iglesia primitiva. En esta nueva escena es protagonista Tom\u00e1s, uno de los doce, que representa y concentra la figura del disc\u00ed\u00adpulo dudoso e incr\u00e9dulo. Pues al anuncio hecho por los otros disc\u00ed\u00adpulos: \u2020\u0153Hemos visto al Se\u00f1or\u2020\u009d, replica \u00e9l con la contraposici\u00f3n caracter\u00ed\u00adstica del cuarto evangelio entre \u2020\u0153ver\u2020\u009d y \u2020\u0153creer\u2020\u009d: \u2020\u0153Si no veo en sus manos la se\u00f1al de los clavos y no meto mi dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creo\u2020\u009d (Jn 20,25). El nuevo encuentro de Jes\u00fas con los disc\u00ed\u00adpulos sirve para definir el verdadero estatuto del disc\u00ed\u00adpulo creyente. La escena est\u00e1 modelada seg\u00fan el esquema de la precedente: Jes\u00fas aparece en medio de los disc\u00ed\u00adpulos, estando las puertas cerradas; les dirige el saludo pascual de la paz, y luego invita a Tom\u00e1s a verificar la identidad y la realidad de su cuerpo de crucificado: \u2020\u0153Trae tu dedo aqu\u00ed\u00ad y mira mis manos; trae tu mano y m\u00e9tela en mi costado, y no seas incr\u00e9dulo, sino creyente\u2020\u009d (Jn 20,27). La reacci\u00f3n de Tom\u00e1s representa la cumbre de la profesi\u00f3n de fe cristol\u00f3gica en el cuarto evangelio: \u2020\u0153Se\u00f1or m\u00ed\u00ado y Dios m\u00ed\u00ado\u2020\u009d Jn 20,28). Entonces Jes\u00fas, en forma de maca-rismo, traza el estatuto del aut\u00e9ntico disc\u00ed\u00adpulo, que funda su fe no en \u2020\u0153ver\u2020\u009d, que es s\u00f3lo un elemento limitado de la fe pascual de los disc\u00ed\u00adpulos, sino en su testimonio, que se ha convertido en anuncio y tradici\u00f3n: \u2020\u0153Has cre\u00ed\u00addo porque has visto. Dichosos los que creen sin haber visto\u2020\u009d (Jn 20,29).<br \/>\nTambi\u00e9n la escena sucesiva, a\u00f1adida en ap\u00e9ndice al cuarto evangelio, conserva algunos rasgos de la manifestaci\u00f3n de Jes\u00fas a los disc\u00ed\u00adpulos a orillas del lago de Tiber\u00ed\u00adades en forma de aparici\u00f3n de reconocimiento. Siete disc\u00ed\u00adpulos vuelven a pescar con Sim\u00f3n Pedro. Despu\u00e9s de una noche infructuosa, ven a Jes\u00fas en la orilla del lago, \u2020\u0153pero no sab\u00ed\u00adan que era Jes\u00fas\u2020\u009d (Jn 21,4). Por su palabra, que les invita a echar la red a la parte derecha de la barca, consiguen una pesca maravillosa. Entonces el disc\u00ed\u00adpulo al que Jes\u00fas amaba, que representa al verdadero Creyente, se dirige a Pedro diciendo: \u2020\u0153Es el Se\u00f1or\u2020\u009d (Jn 21,7). Pedro gana a nado la orilla y encuentra preparado en unas brasas pescado y pan. Luego Jes\u00fas invita a los disc\u00ed\u00adpulos a comer. En este punto observa el evangelista: \u2020\u0153Ninguno de los disc\u00ed\u00adpulos se atrevi\u00f3 a preguntarle: \u2020\u02dccT\u00da qui\u00e9n eres?\u2020\u2122, pues sab\u00ed\u00adan que era el Se\u00f1or\u2020\u009d (Jn 21,12). As\u00ed\u00ad pues, tambi\u00e9n \u00e9sta es una escena t\u00ed\u00adpica de reconocimiento, donde la palabra y el gesto convival de Jes\u00fas hacen que los disc\u00ed\u00adpulos pasen de la duda a la plena adhesi\u00f3n de la fe en su presencia. El editor del cuarto evangelio concluye esta escena de reconocimiento con esta observaci\u00f3n: \u2020\u0153Esta fue la tercera vez que se apareci\u00f3 a los disc\u00ed\u00adpulos despu\u00e9s de haber resucitado de entre los muertos\u2020\u009d (Jn 21,14).<br \/>\nUn eco de este tema de la duda de los disc\u00ed\u00adpulos en el encuentro con Jes\u00fas resucitado lo tenemos en el primer evangelio, donde se relata la manifestaci\u00f3n de Jes\u00fas a los disc\u00ed\u00adpulos en el monte de Galilea. Los once disc\u00ed\u00adpulos, al ver a Jes\u00fas, \u2020\u0153se postraron ante \u00e9l; pero algunos dudaban\u2020\u009d (Mt 28,17). La iniciativa de Jes\u00fas, que se acerca a los disc\u00ed\u00adpulos, y su palabra hacen que los disc\u00ed\u00adpulos pasen de la duda y de la incredulidad a la plena adhesi\u00f3n de la fe.<br \/>\nLos elementos constantes de estos relatos de aparici\u00f3n, donde el acento se pone en el progresivo reconocimiento de Jes\u00fas, se pueden resumir en estos datos. Ante todo se pone de relieve la iniciativa de Jes\u00fas resucitado, que se manifiesta con sus palabras y con gestos a los disc\u00ed\u00adpulos, bien solos, bien reunidos en grupo. Un segundo elemento que se hace resaltar en los relatos evang\u00e9licos es la resistencia de los disc\u00ed\u00adpulos a reconocer al Se\u00f1or y a aceptarlo en la fe. Su duda y perplejidad, diversamente motivadas, son superadas por la palabra de Jes\u00fas y por sus gestos. Este conjunto de datos tiene un valor catequ\u00ed\u00adstico, que corresponde a las diversas intenciones de los evangelistas. Ellos quieren subrayar el realismo de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas y su perfecta identidad. El que ha sido crucificado es ahora el Se\u00f1or resucitado. Los disc\u00ed\u00adpulos han llegado a esta conclusi\u00f3n de fe, superando las resistencias iniciales, gracias a la acci\u00f3n misma del Se\u00f1or, que se ha hecho encontradizo con ellos.<br \/>\n2826<br \/>\nb) Apariciones de misi\u00f3n.<br \/>\nLas manifestaciones de Jes\u00fas a los disc\u00ed\u00adpulos est\u00e1n orientadas a la misi\u00f3n.<br \/>\nEsta se entrev\u00e9 como tendencia com\u00fan desde el primero y m\u00e1s antiguo esquema de anuncio pascual referido por Pablo. La aparici\u00f3n a Cefas y a los doce, a Santiago y a los otros ap\u00f3stoles, como la hecha de modo excepcional a Pablo, es el origen de su testimonio y misi\u00f3n autorizadas (1Co 15,3ss). Tambi\u00e9n el anuncio hecho a las mujeres junto al sepulcro y la misma manifestaci\u00f3n de Jes\u00fas al grupo de los disc\u00ed\u00adpulos o a particulares est\u00e1n estructuralmente orientados al encargo de misi\u00f3n. Mar\u00ed\u00ada de Mag-dala en Juan o el grupo de las mujeres (Marcos-Mateo) son encargados de anunciar a los disc\u00ed\u00adpulos el mensaje pascual: el Se\u00f1or ha resucitado (Jn 20,18).<br \/>\nPero son los evangelios de Lucas y Mateo los que refieren los discursos m\u00e1s amplios, en los cuales Jes\u00fas encarga a los disc\u00ed\u00adpulos la misi\u00f3n pascual. Lucas, en la organizaci\u00f3n de su texto de forma unitaria, menciona en la cumbre de la aparici\u00f3n de reconocimiento el encargo de misi\u00f3n (Lc 24,44-49). En sustancia, se trata de una relectura de los textos b\u00ed\u00adblicos en clave cristol\u00f3gica. Esto, por lo dem\u00e1s, es un tema constante del relato pascual lucano (Lc 24,7; Lc 24,25-27; Lc 24,44). Jes\u00fas se dirige a los once, despu\u00e9s de su reconocimiento: \u2020\u0153De esto os hablaba cuando estaba todav\u00ed\u00ada con vosotros: Es necesario que se cumpla todo lo que est\u00e1 escrito acerca de m\u00ed\u00ad en la ley de Mois\u00e9s, en los profetas y en los salmos. Entonces les abri\u00f3 la inteligencia para que entendieran las Escrituras\u2020\u009d (Lc 24,44-45). Despu\u00e9s de esta evocaci\u00f3n del cumplimiento de las palabras prof\u00e9ticas de la Biblia, que da pleno significado al misterio de pascua, Jes\u00fas mismo traza el programa misionero de los disc\u00ed\u00adpulos, fund\u00e1ndolo tambi\u00e9n en el testimonio de la Escritura. Tanto el contenido del anuncio como la determinaci\u00f3n de los destinatarios se establecen sobre la base de la palabra de Dios:<br \/>\n\u2020\u0153Estaba escrito que el Mes\u00ed\u00adas ten\u00ed\u00ada que sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer d\u00ed\u00ada, y que hay que predicar en su nombre el arrepentimiento y el perd\u00f3n de los pecados a todas las naciones, comenzando por Jerusal\u00e9n\u2020\u009d (Lc 24,46-47). El contenido del anuncio misionero de los disc\u00ed\u00adpulos es el kerigma pascual, la muerte y la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas; y este anuncio se convierte en el fundamento de los dones de Dios en favor de todos los pueblos: \u2020\u0153la conversi\u00f3n y el perd\u00f3n de los pecados\u2020\u2122. El programa de la misi\u00f3n de los disc\u00ed\u00adpulos es hist\u00f3rica y geogr\u00e1ficamente definido por Jes\u00fas. Deben esperar en Jerusal\u00e9n el don del Esp\u00ed\u00adritu prometido, que los capacita para el testimonio autorizado (Lc 24,48-49). A ese modelo de la misi\u00f3n pospascual de los disc\u00ed\u00adpulos corresponde el cuadro reconstruido a principios del libro segundo de la obra lucana, los Hechos de los Ap\u00f3stoles. En su \u00faltima manifestaci\u00f3n a los disc\u00ed\u00adpulos, Jes\u00fas les invita a superar las nostalgias de la restauraci\u00f3n mesi\u00e1nico-nacional, prometi\u00e9ndoles, en cambio, la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu Santo, que les hace testigos suyos \u2020\u0153en Jerusal\u00e9n, en toda Judea, en Samar\u00ed\u00ada y hasta los confines de la tierra\u2020\u009d (Hch 1,8).<br \/>\nEl evangelio de Juan s\u00f3lo ha conservado un eco de este encargo pascual de misi\u00f3n, porque ya ha hablado ampliamente de ello en el discurso o testamento de adi\u00f3s (Jn 20,21). En cambio, el primer evangelio ha centrado el \u00fanico encuentro o aparici\u00f3n de Jes\u00fas a los disc\u00ed\u00adpulos en este tema (Mt 28,16-20 ). Es el v\u00e9rtice del evangelio entero, que concluye con la auto-presentaci\u00f3n de Jes\u00fas y el encargo a los disc\u00ed\u00adpulos de la misi\u00f3n universal. Jes\u00fas se les manifiesta en el monte de Galilea, en el lugar prefijado del encuentro, como el Hijo de Dios constituido en la plenitud de poderes. Luego los env\u00ed\u00ada a \u2020\u0153hacer disc\u00ed\u00adpulos en todas las naciones\u2020\u009d por la adhesi\u00f3n a la comunidad mediante el rito bautismal y la observancia de todo lo que \u00e9l ha mandado. La \u00faltima palabra de Jes\u00fas es la promesa mesi\u00e1nica de su presencia de Se\u00f1or hasta el fin de la historia: \u2020\u0153Y sabed que yo estoy con vosotros todos los d\u00ed\u00adas hasta el fin del mundo\u2020\u009d Mt 28,20). De ese modo la promesa del nombre dado a Jes\u00fas, cumplimiento de las expectativas mesi\u00e1nicas, Emanuel, llega con estas palabras finales a su plena verificaci\u00f3n. En resumen, el relato de Mateo representa la autorizaci\u00f3n de la misi\u00f3n universal de los disc\u00ed\u00adpulos, fundada en el reconocimiento del se\u00f1or\u00ed\u00ado de Jes\u00fas resucitado.<br \/>\nEste texto conclusivo del primer evangelio es particularmente significativo, si se tienen presentes algunas anticipaciones prepascualesde la misi\u00f3n de los disc\u00ed\u00adpulos, en las cuales Pedro juega un papel preeminente. El eco de la manifestaci\u00f3n pascual a Pedro, que est\u00e1 en la base de la fe de la comunidad, se encuentra en algunos relatos del evangelio de Mateo. Jes\u00fas se revela a los disc\u00ed\u00adpulos en el lago de noche y salva a Pedro con un gesto simb\u00f3lico (Mt 14,28-33). A Pedro, hijo de Juan, que reconoce la plena mesianidad de Jes\u00fas y su condici\u00f3n de Hijo del Dios vivo, Jes\u00fas le anuncia su funci\u00f3n de fundamento de la comunidad mesi\u00e1nica asociada a su victoria sobre el poder del mal y de la muerte (Mt 16,16-19). Un eco de esta funci\u00f3n de la misi\u00f3n de Pedro, relacionada con la experiencia pascual, lo tenemos en el evangelio de Lucas. Jes\u00fas anuncia la crisis de fe de Pedro, conexa con su pasi\u00f3n; pero al mismo tiempo asegura la superaci\u00f3n de la prueba gracias a su oraci\u00f3n eficaz. De ese modo Pedro podr\u00e1 confirmar la fe de sus hermanos (Lc 22,31-32; Lc 24,34). Tambi\u00e9n el cuarto evangelio ha conservado el eco del cometido confiado a Pedro despu\u00e9s de haberse rehabilitado en su fe. El cometido pastoral de Pedro como prolongaci\u00f3n del de Jes\u00fas es transmitido al disc\u00ed\u00adpulo reintegrado a su relaci\u00f3n de amor (Jn 21,15-19). Se trata de un motivo constante de la \u00fanica tradici\u00f3n, reproducida en los varios textos evang\u00e9licos teniendo en cuenta la situaci\u00f3n vital de las comunidades destinatarias de los evangelios.<br \/>\n2827<br \/>\n3. El anuncio de la resurrecci\u00f3n en los Hechos.<br \/>\nA la obra luca-na pertenece el segundo libro, conocido como Hechos de los Ap\u00f3stoles, donde la tradici\u00f3n pascual lucana es rele\u00ed\u00adda seg\u00fan una perspectiva cristol\u00f3gica y eclesial particular. En ella se tiende a subrayar la continuidad hist\u00f3rica y salv\u00ed\u00adfica entre las promesas hechas a Israel y su cumplimiento realizado a trav\u00e9s de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas y en la historia de la Iglesia primitiva. El comienzo de los Hechos recoge y relee, con algunos retoques, el final del primer libro, el evangelio (Hch 1,3-11; Lc 24,36-52). En esta secci\u00f3n se relatan de nuevo el encuentro y la manifestaci\u00f3n de Jes\u00fas a los disc\u00ed\u00adpulos. En un contexto convival, se revela como el Se\u00f1or vivo. Despu\u00e9s de haber trazado el programa de la misi\u00f3n mediante el don del Esp\u00ed\u00adritu de lo alto que los capacita para dar testimonio en Jerusal\u00e9n y hasta los confines de la tierra, Jes\u00fas se separa definitivamente de sus disc\u00ed\u00adpulos con la ascensi\u00f3n. De ese modo entra \u00e9l en el mundo de Dios y se sienta a su derecha como Se\u00f1or.<br \/>\nEl mensaje relativo a la resurrecci\u00f3n se encuentra en aquellas secciones que marcan el ritmo de los Hechos y que se llaman \u2020\u0153discursos. Se trata, en realidad, de esquemas de anuncio, que utilizan f\u00f3rmulas y modelos arcaicos, pero que est\u00e1n influidos por la revisi\u00f3n redaccional lucana. En efecto, se puede reconstruir un esquema com\u00fan de estos discursos atribuidos a Pedro o a Pablo. A pesar de la diversidad de los destinatarios y de los ambientes: los jud\u00ed\u00ados de Jerusal\u00e9n o de la di\u00e1spora y los greco-paganos de fuera de Palestina, los diversos discursos siguen un desarrollo sustancialmente estereotipado. Por lo que ata\u00f1e al tema de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, se pueden distinguir tres elementos constantes:<br \/>\n1) La contraposici\u00f3n dial\u00e9ctica entre el rechazo de Jes\u00fas por parte de los jud\u00ed\u00ados, los jefes de Jerusal\u00e9n, que lo han condenado a muerte, y la acci\u00f3n eficaz de Dios, que lo ha resucitado de entre los muertos. Pedro en su primer discurso a los jud\u00ed\u00ados de toda la di\u00e1spora, convocados en Jerusal\u00e9n para Pentecost\u00e9s, recuerda con r\u00e1pidos rasgos la vida de Jes\u00fas de Nazaret, hombre acreditado por Dios en medio de ellos con milagros, prodigios y se\u00f1ales, al que \u2020\u0153vosotros matasteis por manos de los paganos; pero Dios lo ha resucitado, rompiendo las ligaduras de la muerte, pues era imposible que la muerte dominara sobre \u00e9l\u2020\u009d Hch 2,22-24).<br \/>\n2) En un segundo momento se insiste en el testimonio dado por los disc\u00ed\u00adpulos acreditados a la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas: \u2020\u0153Dios ha resucitado a este Jes\u00fas, de lo que todos nosotros somos testigos\u2020\u009d Hch 2,32).<br \/>\n3) En tercer lugar, se pasa al testimonio de la Escritura. El predicador recuerda algunos textos de la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica, en particular salmos y profetas, para mostrar la conformidad entre la vida de Jes\u00fas, sobre todo su muerte y resurrecci\u00f3n, y el designio de Dios preanunciado en las Escrituras prof\u00e9ticas. Pablo, dirigi\u00e9ndose a los jud\u00ed\u00ados de la di\u00e1spora y a los temerosos de Dios durante una liturgia sinagogal en Antioqu\u00ed\u00ada de Pisi-dia, proclama en estos t\u00e9rminos el contenido del kerigma: \u2020\u0153Porque los habitantes de Jerusal\u00e9n y sus jefes han cumplido, sin saberlo, las palabras de los profetas que se leen cada s\u00e1bado&#8230; Y as\u00ed\u00ad que cumplieron lo que acerca de \u00e9l estaba escrito, lo bajaron del le\u00f1o y lo sepultaron\u2020\u009d (Hch 13,27; Hch 13,29). La referencia constante a las Escrituras permite dar un significado mesi\u00e1nico y salv\u00ed\u00adfico en particular a la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, que se contrapone al esc\u00e1ndalo de la muerte (Hch 3,18). Tambi\u00e9n la entronizaci\u00f3n celestial de Jes\u00fas como Se\u00f1or y juez universal corresponde al designio de Dios, anunciado en la Escritura (Hch 2,34; Hch 3,22; Hch 3,24; Hch 10,42). Normalmente la predicaci\u00f3n concluye llamando a la conversi\u00f3n para obtener el perd\u00f3n de los pecados y la salvaci\u00f3n (Hch 2,38; Hch 3,26).<br \/>\nEl tema de la resurrecci\u00f3n, adem\u00e1s de en los grandes discursos misioneros de los Hechos, se encuentra en otra secci\u00f3n dedicada a la apolog\u00ed\u00ada de Pablo ante las autoridades jud\u00ed\u00adas o las romanas. Estas audiencias del largo proceso paulino son ocasi\u00f3n de dar un testimonio valiente de Jes\u00fas mes\u00ed\u00adas y se\u00f1or. Pablo, ante el sanedr\u00ed\u00adn de Jerusal\u00e9n, resume su posici\u00f3n en estos t\u00e9rminos: \u2020\u0153Yo soy juzgado por la esperanza en la resurrecci\u00f3n de los muertos\u2020\u009d (Hch 23,6). Esta declaraci\u00f3n, en la perspectiva lucana, de la cual se hace Pablo portavoz, responde a la esperanza hist\u00f3rica de Israel y de los padres (Hch 24,21; Hch 26,6; Hch 28,20). De ese modo el anuncio cristiano, en el cual se proclama la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, se sit\u00faa dentro de la historia salv\u00ed\u00adfica; su primer acto lo tiene en las promesas hechas a Israel, y llega a su cumplimiento en la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas; \u00e9sta a su vez se convierte en garant\u00ed\u00ada de esperanza para todos los creyentes.<br \/>\n2828<br \/>\nIII. LA RESURRECCION, PROMESA DE DIOS Y ESPERANZA HUMANA.<br \/>\nLa resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas es el n\u00facleo central de la experiencia cristiana y el fundamento de la fe, en la cual se proclama a Jes\u00fas Cristo y Se\u00f1or. Ella es tambi\u00e9n el cumplimiento de las promesas de Dios, de las cuales es portador el Israel hist\u00f3rico, y que est\u00e1n consignadas en la Sagrada Escritura: la ley, los profetas y los salmos (los Escritos). Int\u00e9rprete de esta esperanza b\u00ed\u00adblica es la tradici\u00f3n jud\u00ed\u00ada, la cual, frente a la muerte, relee su fe en clave de resurrecci\u00f3n. Se comprende entonces que el Jes\u00fas hist\u00f3rico expresara su esperanza ante su propia muerte apelando a la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica y a los modelos ling\u00fc\u00ed\u00adsticos del ambiente jud\u00ed\u00ado. Su resurrecci\u00f3n como victoria definitiva sobre la muerte se convierte en la garant\u00ed\u00ada de vida de todos los hombres, cambiando el significado de la condici\u00f3n humana en el mundo y en la historia.<br \/>\n2829<br \/>\n1. La resurrecci\u00f3n en el AT y en la tradici\u00f3n judia.<br \/>\nLa fe expl\u00ed\u00adcita en la resurrecci\u00f3n de los muertos se encuentra en los textos b\u00ed\u00adblicos del siglo II a.C, en la \u00e9poca de la crisis macabea. El primer texto que formula en t\u00e9rminos claros la fe en la resurrecci\u00f3n de los muertos es un p\u00e1rrafo de Daniel. En el contexto de la crisis, evocada en un escenario apocal\u00ed\u00adptico como la gran tribulaci\u00f3n, se anuncia en t\u00e9rminos prof\u00e9ticos la rehabilitaci\u00f3n de los justos y de los m\u00e1rtires: \u2020\u0153Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra se despertar\u00e1n; unos para la vida eterna, otros para la verg\u00fcenza y la ignominia perpetua. Los santos brillar\u00e1n entonces como el resplandor del firmamento, y los que ense\u00f1aron a muchos la justicia brillar\u00e1n como las estrellas por toda la eternidad\u2020\u009d (Dn 12,2-3). En este texto se afirma claramente la resurrecci\u00f3n de los justos, mientras que para los otros se anuncia la corrupci\u00f3n o la muerte. Los maestros de justicia ser\u00e1n asociados al mundo divino en una condici\u00f3n gloriosa, \u2020\u0153como el resplandor del firmamento&#8230;, como las estrellas\u2020\u009d. Este texto prof\u00e9tico es el fundamento de la sucesiva tradici\u00f3n jud\u00ed\u00ada reflejada en los textos ap\u00f3crifos. En cambio, la tradici\u00f3n rab\u00ed\u00adnica apelar\u00e1 a la ley (t\u00f3-rah) para fundar su creencia en la resurrecci\u00f3n de los muertos.<br \/>\nEl segundo texto es el de la historia de los Macabeos, escrito en griego en el siglo II ?? (2M 7, donde se relata el martirio de los siete hermanos). En este amplio relato, que refleja la cultura y el gusto ret\u00f3rico de los griegos, la fe en la resurrecci\u00f3n se funda en el poder creador de Dios, que ha hecho el mundo y es el Se\u00f1or de la vida. As\u00ed\u00ad pues, en el libro de los Macabeos se afirma la resurrecci\u00f3n de los justos que han permanecido fieles a Dios tambi\u00e9n a costa de la vida (m\u00e1rtires). Probablemente el texto macabeo representa una precisi\u00f3n y un desarrollo ulterior respecto al p\u00e1rrafo de Daniel, que coloca la resurrecci\u00f3n al fin de los tiempos, en un contexto esca-tol\u00f3gico. En todo caso, en ambos textos no se intenta definir ni el tiempo ni la modalidad de la resurrecci\u00f3n. Lo que cuenta es la certeza de la resurrecci\u00f3n de los muertos, garantizada por la fidelidad misericordiosa de Dios creador.<br \/>\nLos precedentes b\u00ed\u00adblicos de esta fe en la resurrecci\u00f3n de los muertos, reflejada en los dos textos mencionados, se encuentran en la tradici\u00f3n prof\u00e9tica que va de Oseas a Ezequiel. Los relatos populares de los dos profetas taumaturgos del reino del norte, Elias y El\u00ed\u00adseo, que recuerdan la resurrecci\u00f3n -llamada a la vida- de dos j\u00f3venes, pueden representar el principio de esta tradici\u00f3n (IR 17,17-24; 2R 4,31-37). Pero es un texto de Oseas el que recurre al lenguaje de resurrecci\u00f3n para hablar del trastorno de una situaci\u00f3n de desastre nacional en un contexto de liturgia penitencial (Os 6,1-3). La misma met\u00e1fora emplea el profeta Ezequiel en la c\u00e9lebre par\u00e1bola de los huesos vivificados por el Esp\u00ed\u00adritu creador de Dios (Ez 37,1-14). Tambi\u00e9n un texto de Isa\u00ed\u00adas, inserto en un contexto apocal\u00ed\u00adptico (Is 26,19), anuncia la rehabilitaci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica por iniciativa de Dios, sucesiva a la crisis o drama del exilio. En resumen, los textos prof\u00e9-ticos, m\u00e1s que hablar de la resurrecci\u00f3n de los muertos, utilizan el lenguaje de la resurrecci\u00f3n para proclamar la fidelidad de Dios, el \u00fanico que puede salvar a su pueblo de la amenaza o que lo rehabilita despu\u00e9s de la crisis de la dispersi\u00f3n. Sin embargo, esta iniciativa eficaz del Dios fiel se convierte en signo o prefiguraci\u00f3n de la salvaci\u00f3n final o escatol\u00f3gica. Y precisamente \u00e9ste es el sentido que tienen los textos prof\u00e9ticos mencionados, en particular de Oseas y Ezequiel, y as\u00ed\u00ad son interpretados por la sucesiva tradici\u00f3n jud\u00ed\u00ada.<br \/>\n2830<br \/>\nEn s\u00ed\u00adntesis, la fe en la resurrecci\u00f3n de los muertos en la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica se desarrolla en torno a algunos elementos que est\u00e1n en su origen y que condicionan los desarrollos de su formulaci\u00f3n. La resurrecci\u00f3n de los muertos es la respuesta al drama de la muerte; una respuesta fundada en la fe en Dios, se\u00f1or de la vida y de la muerte (Dt 32,35). Dios creador, fuente y se\u00f1or de la vida, establece con el justo una relaci\u00f3n que ni siquiera la muerte puede interrumpir. La esperanza de los justos, de la cual se hacen portavoces los salmistas, expresa la certeza de la plena comuni\u00f3n con Dios, que no puede ser atacada por la muerte SaI 16,23; SaI 49,16; SaI 73,23-24). Esta certeza se funda en la justicia de Dios y en su fidelidad a la alianza. Dios justo y misericordioso est\u00e1 en la fuente y en el fundamento de la fe, que en el siglo II se expresa en el modelo ling\u00fc\u00ed\u00adstico cultural de la resurrecci\u00f3n. A la formulaci\u00f3n de este lenguaje y modelo pueden haber contribuido en parte los mitos agrarios y los ciclos estacionales de matriz cananea, y, despu\u00e9s del destierro, el mito persa de la restauraci\u00f3n universal y c\u00f3smica.<br \/>\nFinalmente, el elemento acelerador en el proceso de formulaci\u00f3n del credo b\u00ed\u00adblico en la resurrecci\u00f3n de los muertos es la crisis persa y helen\u00ed\u00adstica. Ante la persecuci\u00f3n de los justos y la muerte de los m\u00e1rtires se renueva la certeza en la victoria y en el triunfo de Dios sobre la muerte, a los cuales asocia \u00e9l a los justos y a los m\u00e1rtires.<br \/>\nLa sucesiva tradici\u00f3n jud\u00ed\u00ada se desarrolla seg\u00fan un amplio abanico de concepciones antropol\u00f3gicas y escatol\u00f3gicas. Dados los intercambios entre cultura jud\u00ed\u00ada y helen\u00ed\u00adstica, no puede extra\u00f1ar que se encuentre junto al lenguaje antropol\u00f3gico monista tambi\u00e9n la terminolog\u00ed\u00ada tomada del mundo greco-helen\u00ed\u00adstico, donde se habla de inmortalidad. Sobre el fondo de la fe jud\u00ed\u00ada, reflejada en los textos de la literatura intertestamentaria (ap\u00f3crifos) [1 Apocal\u00ed\u00adptica], est\u00e1 la gran tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica. Estos textos no se interesan por los particulares descriptivos tomados de la cultura o de la tradici\u00f3n, sino que colocan el acento en el hecho de que los justos son asociados al esplendor de Dios, parangonados a los astros y a los \u00e1ngeles. Ellos participan del triunfo definitivo sobre la muerte y de la plenitud de vida prometida a los que son fieles a Dios y a su ley. Dentro de la pluralidad de concepciones y formulaciones de la esperanza jud\u00ed\u00ada, se distinguen dos modalidades fundamentales: por una parte, el modelo de la resurrecci\u00f3n; por otra, el de la elevaci\u00f3n o ensalzamiento.<br \/>\n2831<br \/>\nTambi\u00e9n el judaismo fariseo, que coloca en su interior como art\u00ed\u00adculo de fe la resurrecci\u00f3n de los muertos (Sanh. X, la), presenta una pluralidad de expresiones no siempre coherentes, debida en parte al influjo helen\u00ed\u00adstico. En esta tradici\u00f3n se insiste con acentuado realismo en la corporeidad f\u00ed\u00adsica y en la identidad de los resucitados. La resurrecci\u00f3n de los muertos se hace dimanar de la iniciativa de Dios creador y se deriva del testimonio de la t\u00f3rah.<br \/>\n2. Jes\u00fas anunci\u00f3 su esperanza de resurrecci\u00f3n.<br \/>\nLos textos evan-g\u00e9licos citan concordemente una serie de sentencias, en las cuales Jes\u00fas expresa su confianza en Dios ante la amenaza de muerte. En estas sentencias se reflejan diversos modelos ling\u00fc\u00ed\u00adsticos. Un elemento constante es el esquema de anuncio, muerte y resurrecci\u00f3n, que refleja la estructura del kerigma cristiano pospascual. La tradici\u00f3n sin\u00f3ptica com\u00fan refiere tres palabras prof\u00e9ticas de Jes\u00fas sobre su destino en forma de instrucci\u00f3n o catequesis dirigida a los disc\u00ed\u00adpulos (Mc 8,31; Mc 9,31; Mc 10,33-34). El elemento constante en estos tres anuncios se refiere al sujeto o protagonista, el Hijo del hombre, que debe sufrir un destino de humillaci\u00f3n, que culmina en la condena a muerte; pero despu\u00e9s de tres d\u00ed\u00adas debe resucitar (Mc 8,31). La referencia a los \u2020\u0153tres d\u00ed\u00adas\u2020\u009d no coincide con la f\u00f3rmula catequ\u00ed\u00adstica \u2020\u0153al tercer d\u00ed\u00ada\u2020\u009d. Probablemente la primera expresi\u00f3n reproduce un modo de decir hebreo y de la tradici\u00f3n jud\u00ed\u00ada, en el cual se indica la intervenci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Dios \u2020\u0153despu\u00e9s de breve tiempo\u2020\u009d. A la misma tradici\u00f3n se puede hacer remontar la sentencia prof\u00e9tica de Jes\u00fas sobre la destrucci\u00f3n del templo, interpretada en la tradici\u00f3n sucesiva como anuncio de su resurrecci\u00f3n (Mc 14,58; Jn 2,19-20). Tambi\u00e9n las palabras sobre el signo de Jo\u00f1as ponen el acento en esta iniciativa de Dios, que rehabilita al profeta escatol\u00f3gico (Mt 12,38-42; Lc 11,29-32).<br \/>\nEn otros t\u00e9rminos, Jes\u00fas formul\u00f3 su esperanza con el lenguaje de la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica y jud\u00ed\u00ada acerca de la intervenci\u00f3n de Dios en favor del justo, del profeta perseguido y del m\u00e1rtir. La novedad en la esperanza de Jes\u00fas consiste en su perspectiva de anunciador e inaugurador del reino de Dios (Mc 14,25 cf Mc 9,1).<br \/>\n2832<br \/>\n3. La resurrecci\u00f3n de los MUERTOS EN LOS EVANGELIOS.<br \/>\nLa triple tradici\u00f3n sin\u00f3ptica refiere, en la serie de las controversias de Jes\u00fas con los representantes y los responsables del mundo jud\u00ed\u00ado de Jerusal\u00e9n, un debate acerca de la resurrecci\u00f3n de los muertos Mt 22,23-33; Mc 12,18-27; Lc 20,27-40). Los interlocutores de Jes\u00fas son los saduceos, los cuales niegan que haya resurrecci\u00f3n (Lc 20,27). Para ridiculizar la esperanza jud\u00ed\u00ada de la resurrecci\u00f3n, defendida de forma fuertemente realista por los fariseos, refieren la historia de la mujer casada sucesivamente con siete hombres en virtud de la ley del levirato. De ese modo muestran la abierta contradicci\u00f3n entre la fe en la resurrecci\u00f3n de los muertos y el tenor de la letra de la t\u00f3rah. La respuesta de Jes\u00fas, citada de forma un\u00e1nime por los evangelios, corrige la mentalidad de los fariseos acerca de la modalidad de la resurrecci\u00f3n y afirma al mismo tiempo decididamente el hecho de la resurrecci\u00f3n por el poder del Dios vivo. Los que resucitan son colocados en una condici\u00f3n diversa de la hist\u00f3rica y mundana, pues son asimilados a los \u00e1ngeles y asociados al mundo espiritual de Dios. En apoyo del hecho de la resurrecci\u00f3n, Jes\u00fas recurre a un texto del Exodo, donde Dios se presenta como el Dios de los padres o de los vivos Ex 3,6 t\u00f3rah). Complementarios de este texto evang\u00e9lico sobre la resurrecci\u00f3n de los muertos son algunas secciones del evangelio de Lucas, donde se afronta expresamente el destino individual despu\u00e9s de la muerte. El justo o el que es salvado por Dios participa de la comuni\u00f3n con \u00e9l inmediatamente despu\u00e9s de la muerte (Lc 23,43 cf Lc 14,14; Lc 16,22). Esta condici\u00f3n de salvaci\u00f3n del justo no excluye la resurrecci\u00f3n escatol\u00f3gica o final. La ense\u00f1anza evang\u00e9lica sobre la resurrecci\u00f3n de los muertos hunde sus ra\u00ed\u00adces en la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica y toma del ambiente de la cultura jud\u00ed\u00ada las f\u00f3rmulas y modalidades expresivas. La novedad la constituye la nueva motivaci\u00f3n y el fundamento de la fe en la resurrecci\u00f3n. Es el anuncio del reino de Dios, ligado al destino personal de Jes\u00fas, que inaugura el tiempo nuevo y definitivo, y se convierte en la segura garant\u00ed\u00ada de victoria sobre la muerte.<br \/>\n2833<br \/>\n4. La resurrecci\u00f3n de los cristianos.<br \/>\nLa catequesis cristiana m\u00e1s amplia sobre la resurrecci\u00f3n la ofrece Pablo en el cap\u00ed\u00adtulo \u00faltimo de la primera carta a los Corintios (1Co 15,1-58). A trav\u00e9s de esta articulada reflexi\u00f3n, fundada en el kerigma y credo tradicional, Pablo responde a las dificultades de los cristianos de Corinto. Hay algunos en aquella comunidad que, aunque adhiri\u00e9ndose al anuncio evang\u00e9lico de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, niegan la resurrecci\u00f3n de los muertos (1Co 15,12). Probablemente esta crisis ha de relacionarse con el dualismo griego, que desemboca en algunos casos en un espiritualismo entusiasta, preludio quiz\u00e1 de aquel movimiento de matiz gn\u00f3stico, que anticipa la resurrecci\u00f3n en la historia (1Co 4,8; 2Tm 2,18). La catequesis paulina se desarrolla en dos grandes cuadros. Despu\u00e9s de recordar el acontecimiento fundante:<br \/>\nla resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, proclamada al principio de la evangeli-zaci\u00f3n de la comunidad (1Co 15,1-11), el ap\u00f3stol muestra la eficacia salv\u00ed\u00adfica de la resurrecci\u00f3n para todos los creyentes (1Co 15,12-34).<br \/>\nLuego afronta un segundo frente de dificultades acerca del mundo de la resurrecci\u00f3n y la cualidad del cuerpo de los resucitados (1Co 15,35-58). La eficacia salv\u00ed\u00adfica de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas es el coraz\u00f3n mismo del mensaje cristiano. Estar\u00ed\u00ada \u2020\u0153vac\u00ed\u00ado y ser\u00ed\u00ada ineficaz el anuncio; estar\u00ed\u00ada \u2020\u0153vac\u00ed\u00ada y ser\u00ed\u00ada ineficaz la fe, si Jes\u00fas no hubiese resucitado. Pues el contenido del anuncio cristiano, que proclama a Jes\u00fas resucitado, ser\u00ed\u00ada una contradicci\u00f3n; y los cristianos, que lo han aceptado y han fundado en \u00e9l su adhesi\u00f3n de fe, estar\u00ed\u00adan a\u00fan en sus pecados, porque la fe en Jes\u00fas no los librar\u00ed\u00ada del destino final, que es la muerte. La eficacia salv\u00ed\u00adfica de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas se funda en la solidaridad que liga a todos los hombres, por una parte con el cabeza Ad\u00e1n, para la muerte, y, por otra, con la nueva cabeza que es Jes\u00fas, para la resurrecci\u00f3n y la vida (1Co 15,20-22). Pablo describe luego en un cuadro apocal\u00ed\u00adptico las sucesivas fases que van desde la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas hasta la instauraci\u00f3n del pleno dominio de Dios ico 15,23-28). En la segunda parte de la cateque-sis desarrolla Pablo algunas reflexiones acerca del cuerpo y la modalidad de la resurrecci\u00f3n. Existe una discontinuidad real entre el cuerpo que es \u2020\u0153sembrado\u2020\u009d o sepultado y el cuerpo que resucita; es un cuerpo mortal el que es sembrado, y glorioso el que resucita. Pero esta ruptura no impide a Dios mantener una relaci\u00f3n vital con los que mueren y resucitan.<br \/>\n2834<br \/>\nDe hecho, es el gesto creador el que ayuda a comprender la resurrecci\u00f3n de los muertos seg\u00fan el modelo de la de Jes\u00fas. Si Ad\u00e1n es el prototipo del ser humano que termina en la muerte, Jes\u00fas, nuevo Ad\u00e1n, constituido mediante la resurrecci\u00f3n en fuente del esp\u00ed\u00adritu vivificador, es el prototipo del ser humano llamado a la resurrecci\u00f3n (1Co 15,44-48). El nuevo cuadro apocal\u00ed\u00adptico trazado por Pablo subraya la necesidad de que todos sean transformados, para que lo que es corruptible sea revestido de incorruptibilidad. Estas afirmaciones de Pablo y su respectivo lenguaje remiten a una tradici\u00f3n ya testimoniada por las primeras cartas y diseminada por casi todo el corpus aut\u00e9ntico del ap\u00f3stol (lTs 4,15-18 2Co 4,7- 5,10; Flp 1,21-24; Flp 3,9-14). En el texto m\u00e1s maduro de Romanos, Pablo asocia a la resurrecci\u00f3n de los hijos de Dios y a la manifestaci\u00f3n de su condici\u00f3n de gloria la liberaci\u00f3n del mundo, actualmente sometido a un proceso de degradaci\u00f3n y a la corrupci\u00f3n a causa de su solidaridad con el pecado humano<br \/>\nRm 8,18-23).<br \/>\nLas cartas sucesivas de la tradici\u00f3n paulina ven anticipada y garantizada la resurrecci\u00f3n en la solidaridad con Jes\u00fas resucitado, inaugurada por la experiencia bautismal y por la fe (Col 3,1-4; Ef 2,6). En tonos diversos, se expresa la misma realidad en el \u00fanico texto totalmente apocal\u00ed\u00adptico del NT. En el cuadro final del Apocalipsis, despu\u00e9s del choque entre Cristo vencedor y los representantes del mal hist\u00f3rico, el drag\u00f3n, la bestia y el falso profeta, se anuncia la resurrecci\u00f3n de los m\u00e1rtires, asociados para siempre al triunfo real de Cristo (Ap 21,4-6). Esta es la primera resurrecci\u00f3n, que libra a los m\u00e1rtires definitivamente de la muerte. En cambio, se prev\u00e9 una especie de resurrecci\u00f3n para todos los muertos, a fin de comparecer ante el juicio de Dios (Ap 21,12-13).<br \/>\n2835<br \/>\n5. Experiencia hist\u00f3rica y misterio de la resurrecci\u00f3n.<br \/>\nel acontecimiento de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, como el de la resurrecci\u00f3n final o escatol\u00f3gica, escapa a la experiencia directa. Se lo vive en la fe y se lo formula en lenguaje humano para su comunicaci\u00f3n y transmisi\u00f3n seg\u00fan los diversos modelos culturales. Para reconstruir la experiencia hist\u00f3rica de la resurrecci\u00f3n y captar el n\u00facleo central de este misterio de la manifestaci\u00f3n de Dios, hay que tener en cuenta la evoluci\u00f3n del lenguaje, de los modelos culturales y de su impacto en la concepci\u00f3n antropol\u00f3gica y en la perspectiva de la historia humana y del mundo.<br \/>\n2836<br \/>\na) Lenguaje y modelos expresivos.<br \/>\nEl vocabulario b\u00ed\u00adblico de la resurrecci\u00f3n gira en torno a dos \u00e1reas fundamentales. La primera est\u00e1 representada por los verbos \u2020\u0153vivir-revivir\u2020\u009d, hebr. hajah; la segunda, por los verbos \u2020\u0153surgir-resurgir, estar en pie\u2020\u009d, hebr. q\u00fcm, heqis, \u2020\u02dcamad. Los respectivos verbos griegos, en la versi\u00f3n de los LXX, son: z\u00e9n, zoopoiein. egue\u00ed\u00adrein y anist\u00e1nai. Un tercer \u00e1mbito sem\u00e1ntico minoritario est\u00e1 representado por los verbos \u2020\u0153elevar, asumir\u2020\u009d, hebr. laqah, referidos a la experiencia del justo (Elias, Henoc), con el correspondiente griego ana-lamb\u00e1nesthai. Entroncando con esta tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica y la respectiva versi\u00f3n griega alejandrina, el NT reproduce y amplifica el lenguaje de resurrecci\u00f3n seg\u00fan dos \u00e1mbitos fundamentales: la resurrecci\u00f3n:<br \/>\n\u2020\u0153vivir, hacer vivir\u2020\u009d, y la exaltaci\u00f3n, \u2020\u0153exaltar\u2020\u009d, gr. hypso\u00fcsthai; \u2020\u0153glorificar\u2020\u009d, gr. dox\u00e1sthai; \u2020\u0153subir\u2020\u009d, gr. anaba\u00ed\u00adnein; \u2020\u0153ser asumido\u2020\u009d, <*r analambanesthai. Los dos modelos a trav\u00e9s de los cuales se expresa la experiencia de la resurrecci\u00f3n son los de resurgir! vivir y ser exaltado!glorificado. Ambos modelos tienen sus ra\u00ed\u00adces en el contexto jud\u00ed\u00ado palestinense, donde se habla de la rehabilitaci\u00f3n del justo y del m\u00e1rtir. La iniciativa de la resurrecci\u00f3n parte de Dios. Esto se expresa a trav\u00e9s de las formas pasivas de los verbos respectivos. La evoluci\u00f3n de estas formas va desde la simple y breve declaraci\u00f3n hasta la dramatiza-ci\u00f3n del proceso en fases sucesivas: Jes\u00fas resucitado y vivo es glorificado por Dios, llevado al cielo y entronizado a su diestra (Lc 24,50-52; Hch 1,9-11).\nPara completar el cuadro del lenguaje y de los modelos expresivos hay que tener en cuenta tambi\u00e9n el vocabulario y los esquemas empleados en los textos del NT para hablar de las apariciones de Jes\u00fas resucitado a los disc\u00ed\u00adpulos. El \u00e1rea ling\u00fc\u00ed\u00adstica privilegiada es la relacionada con los verbos \u2020\u0153ver\u2020\u009d, gr. hor\u00e1n en la forma pasiva \u2020\u0153fue visto!se hizo ver\u2020\u009d, tomado de la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica de los LXX, donde se pone el acento en la iniciativa de Dios (1Co 15,5; lTm 3,16). Los otros verbos de matriz helen\u00ed\u00adstica sonpha\u00ed\u00adneiny phanero\u00fcn (Lucas-Hechos y Juan). En la tradici\u00f3n de Pablo se conoce el verbo de la tradici\u00f3n prof\u00e9tica \u2020\u0153revelar\u2020\u009d, gr. apo-kalyptein (Ga 1,16). A trav\u00e9s de estos diversos lenguajes se expresa la experiencia real de encuentro y de comunicaci\u00f3n de los disc\u00ed\u00adpulos con Jes\u00fas resucitado, gracias a la iniciativa de Dios.\n2837\nb) Resurrecci\u00f3n y esperanza humana.\nLa resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas hace que los disc\u00ed\u00adpulos lo reconozcan como el Cristo, el Se\u00f1or y el Hijo de Dios [1 Jesucristo]. Estos t\u00ed\u00adtulos, que resumen la fe cristiana, expresan la nueva relaci\u00f3n de Jes\u00fas con Dios, con la humanidad y con el cosmos. Pues s\u00ed\u00ad la resurrecci\u00f3n como acci\u00f3n de Dios escapa al control humano, a trav\u00e9s de la persona de Jes\u00fas que se encuentra con los disc\u00ed\u00adpulos despu\u00e9s de la muerte, la fuerza de la resurrecci\u00f3n se refleja tambi\u00e9n en la historia humana y del mundo. En efecto, cambia la concepci\u00f3n del ser humano en s\u00ed\u00ad y frente a la muerte. Se modifica la visi\u00f3n del ser humano amenazado por la muerte en sus exigencias vitales y de relaciones cumplidas y felices. La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas ilumina ante todo la antropolog\u00ed\u00ada. El ser humano en su unidad profunda de cuerpo personalizado o de persona corp\u00f3rea est\u00e1 destinado a la salvaci\u00f3n total. La resurrecci\u00f3n ilumina no s\u00f3lo el destino humano, sino tambi\u00e9n el del mundo en virtud de la solidaridad que existe desde la historia de la creaci\u00f3n hasta la encarnaci\u00f3n. El mundo, aunque sometido a la caducidad y degradado a causa de la solidaridad en la historia del pecado, aspira a la redenci\u00f3n anticipada por la victoria de Jes\u00fas sobre la muerte. El sentido \u00faltimo de la historia y del mundo es definido por la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, que se convierte no s\u00f3lo en modelo, sino tambi\u00e9n en fuente de aquel dinamismo de liberaci\u00f3n de las fuerzas de muerte que amenazan no s\u00f3lo la vida humana, sino el mundo. La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, acogida como manifestaci\u00f3n hist\u00f3rica de la acci\u00f3n salvadora de Dios, es garant\u00ed\u00ada y anticipaci\u00f3n de aquella plenitud de vida a la cual est\u00e1n destinados todos los seres vivos y el mundo f\u00ed\u00adsico.\n2838\nBIBL.: AA.W., La risurrezione, Paideia, Brescia 1974; AA.W., Dibaltito sulla risurrezionedi Ges\u00fa, Queriniana, Brescia 1969; Ammassari ?., La risurrezione neIl\u2020\u2122insegnamen-\u00ed\u00ado, neila pro fezia, ne\u00fce apparizionidi Ges\u00fa 1, Citt\u00e1 Nuova, Roma 1975; Id. La risurrezione: La gloria del Risorlo neile testimon\u00ed\u00adame ricevule dalia prima chiesa II, Citt\u00e1 Nuova, Roma 1976; Brown RE., La conceziones verginaie yia risurrezione corp\u00f3rea di Ges\u00fa, Queriniana, Brescia 1977; Caba J., Resucit\u00f3 Cristo, mi esperanza. Estudio exeg\u00e9tico, BAC 475, Madrid 1986; Dhanis E., Resurrexit. 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Esegesie Teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica, Edizioni Paoline 1976; Rucksthul E., Pfammatter J., La risurrezione di Ges\u00fa Cristo. Realta salv\u00ed\u00adfica e centro della fede, AVE, Roma 1971; Schl \u00c2\u00a1er H., La resurrecci\u00f3n de Jesucristo, Bilbao 1970; Schmitt J., R\u00e9surrection de J\u00e9sus dans le k\u00e9rygme, la Iradition, la cal\u00e9ch\u00e9se, en \u2020\u0153DBS\u2020\u009d (1982) 487-582; Setdensticker Ph., La risurrezione di Ges\u00fa nel messaggio degli evangelisti, Paideia, Brescia 1979; Id, Testi contem-poranei al messaggio pasquale dei vangeli, Paideia, Brescia 1980; Vidal 5., La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas en las cartas de Pablo, Sig\u00faeme, Salamanca 1982; Wilckens U., Resurrecci\u00f3n, Sig\u00faeme, Salamanca 1981; Zarella P., La risurrezionedi Ges\u00fa, Cittadella, Assisi 1973.\nR. Fabris<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Cat\u00f3lico de Teolog\u00eda B\u00edblica<\/b><\/p>\n<p>1. anastasis (ajnavstasi\u00bb, 386), denota: (I) un levantamiento (ana, arriba, y jistemi, poner en pie) (Luk 2:34  \u00ablevantamiento\u00bb); el Ni\u00f1o iba a ser como una piedra contra la que muchos en Israel tropezar\u00ed\u00adan, en tanto que otros encontrar\u00ed\u00adan en su fortaleza y firmeza un medio de su salvaci\u00f3n y vida espiritual; (II) de la resurrecci\u00f3n de entre los muertos: (a) de Cristo (Act 1:22; 2.31; 4.33; Rom 1:4; 6.5; Phi 3:10; 1Pe 1:3; 3.21); por metonimia, de Cristo como el autor de la resurrecci\u00f3n (Joh 11:25); (b) de aquellos que son de Cristo, en su parusia, v\u00e9ase ADVENIMIENTO (Luk 14:14  \u00abla resurrecci\u00f3n de los justos\u00bb; Luk 20:33,35,36; Joh 5:29a: \u00abla resurrecci\u00f3n de vida\u00bb; 11.24; Act 23:6; 24.15a; 1Co 15:21,42; 2Ti 2:18; Heb 11:35b; Rev 20:5  \u00abla primera resurrecci\u00f3n\u00bb; de ah\u00ed\u00ad que la inserci\u00f3n de \u00abes\u00bb denota la finalizaci\u00f3n de esta resurrecci\u00f3n, de la que Cristo fue \u00ablas primicias\u00bb; 20.6; (c) del resto de los muertos, despu\u00e9s del milenio, cf. Rev 20:5 (Joh 5:29b: \u00abla resurrecci\u00f3n de condenaci\u00f3n\u00bb; Act 24:15b: \u00abde los injustos\u00bb); (d) de aquellos que fueron resucitados en una relaci\u00f3n m\u00e1s inmediata con la resurrecci\u00f3n de Cristo, y que as\u00ed\u00ad ya tuvieron parte en la primera resurrecci\u00f3n (Act 26:23 y Rom 1:4; siendo que en ambos pasajes \u00abmuertos\u00bb es plural; v\u00e9ase Mat 27:52); (e) de la resurrecci\u00f3n mencionada en t\u00e9rminos generales (Mat 22:23; Mc 12.18; Luk 20:27; Act 4:2; 17.18; 23.8; 24.21; 1Co 15:12,13; Heb 6:2); (f) de aquellos que fueron resucitados en los tiempos del AT, para volver a morir (Heb 11:35a, lit. \u00abfuera de resurrecci\u00f3n\u00bb).\u00c2\u00b6 2. exanastasis (ejxanavstasi\u00bb, 1815), (ek, de, desde, o fuera de, y N\u00c2\u00ba 1), Phi 3:11, seguido de ek, lit. \u00abfuera de resurrecci\u00f3n de entre los muertos\u00bb. Para su significado v\u00e9ase LLEGAR, N\u00c2\u00ba 14.\u00c2\u00b6 3. egersis (e[gersi\u00bb, 1454), un levantarse (relacionado con egeiro, levantar). Se utiliza de la resurrecci\u00f3n de Cristo (Mat 27:53).\u00c2\u00b6<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Vine Nuevo testamento<\/b><\/p>\n<p>La idea b\u00ed\u00adblica de resurrecci\u00f3n no se puede en modo alguno comparar con la idea griega de inmortalidad. Seg\u00fan la concepci\u00f3n griega, el alma del hombre, incorruptible por naturaleza, entra en la inmortalidad divina tan luego la muerte la ha liberado de los lazos del cuerpo. Seg\u00fan la concepci\u00f3n b\u00ed\u00adblica, la persona humana entera est\u00e1 destinada por su condici\u00f3n presente a caer en poder de la *muerte: el *alma ser\u00e1 prisionera del seol mientras que el *cuerpo se pudrir\u00e1 en la tumba; pero esto s\u00f3lo ser\u00e1 un estado transitorio del que el hombre resurgir\u00e1 vivo por una gracia divina, como se reincorpora uno levant\u00e1ndose de la tierra en que yac\u00ed\u00ada, como vuelve uno a despertar del sue\u00f1o en que hab\u00ed\u00ada ca\u00ed\u00addo. La idea, formulada ya en el AT, ha venido a ser el centro de la fe y de la esperanza cristianas desde que Cristo mismo volvi\u00f3 a la vida en calidad de \u00abprimog\u00e9nito de entre los muertos\u00bb.<\/p>\n<p>AT. I. EL SE\u00ed\u2018OR DE LA VIDA. Los cultos naturistas del antiguo Oriente asignaban un lugar importante al mito del Dios muerto y resucitado, traducci\u00f3n dram\u00e1tica de una experiencia humana com\u00fan: la del resurgir primaveral de la vida despu\u00e9s de su sopor invernal. Osiris en Egipto, Tammuz en Mesopotamia, Baal en Cana\u00e1n (convertido en Adonis en baja \u00e9poca) eran dioses de este g\u00e9nero. Su drama, acaecido en el *tiempo primordial, se repet\u00ed\u00ada indefinidamente en los ciclos de la naturaleza; actualiz\u00e1ndolo en una representaci\u00f3n sagrada contribu\u00ed\u00adan los ritos -as\u00ed\u00ad se cre\u00ed\u00ada &#8211; a renovar su eficacia, tan importante para poblaciones pastoriles y agr\u00ed\u00adcolas.<\/p>\n<p>Ahora bien, desde los comienzos, la revelaci\u00f3n dei AT rompe absolutamente con esta mitolog\u00ed\u00ada y con los rituales que la acompa\u00f1an. El *Dios \u00fanico es tambi\u00e9n el \u00fanico se\u00f1or de la vida y de la muerte: \u00ab\u00e9l da la muerte y da la vida, hace bajar al seol y subir de \u00e9l\u00bb (1Sa 2,6; Dt 32,39), pues tiene poder sobre el sseol mismo (Am 9,2; Sal 139,8). Tambi\u00e9n la resurrecci\u00f3n primaveral de la naturaleza es efecto de su *palabra y de su *Esp\u00ed\u00adritu (cf. G\u00e9n 1,11s.22. 28; 8,22; Sal 104,29s). Con m\u00e1s raz\u00f3n trat\u00e1ndose de los hombres: \u00e9l es quien rescata su alma de la fosa (Sal 103,4) y les devuelve la vida (Sal 41,3; 80,19); no abandona en el .seol el alma de sus amigos ni les dej\u00f3 ver la corrupci\u00f3n (Sal I6,10s).<\/p>\n<p>Estas expresiones se entienden sin duda en forma hiperb\u00f3lica para significar una preservaci\u00f3n temporal de la muerte. Pero los milagros de resurrecci\u00f3n operados por El\u00ed\u00adas y Eliseo (1Re 17,17-23; 2Re 4,33ss; 13, 21) muestran que Yahveh puede vivificar a los muertos mismos sac\u00e1ndolos del seol, al que hab\u00ed\u00adan descendido. Estos retornos a la vida no tienen evidentemente ya nada que ver con la resurrecci\u00f3n m\u00ed\u00adtica de los dioses muertos, a no ser esta representaci\u00f3n espacial que hace de ellas una subida del abismo infernal a la tierra de los vivos.<\/p>\n<p>II. LA RESURRECCI\u00ed\u201cN DEL PUEBLO DE DIOS. En una primera serie de textos se emplea esta imagen de la resurrecci\u00f3n para traducir la *esperanza colectiva del pueblo de Israel. Este, herido por los *castigos divinos, se puede comparar con un enfermo acechado por la muerte (cf. Is 1,5s) y hasta con un cad\u00e1ver al que la muerte ha convertido en su presa. Pero si se convierte, \u00bfno lo volver\u00e1 Yahveh a la vida? \u00abVenid, volvamos a Yahveh&#8230; A los dos d\u00ed\u00adas nos devolver\u00e1 la vida; al tercer d\u00ed\u00ada nos levantar\u00e1 y viviremos delante de \u00e9l\u00bb (Os 6,Is).<\/p>\n<p>No es esto un mero voto de los hombres, pues no faltan promesas prof\u00e9ticas que atestiguan expresamente que suceder\u00e1 as\u00ed\u00ad. Despu\u00e9s de la prueba del *exilio resucitar\u00e1 Dios a su pueblo como se vuelven a la vida osamentas ya \u00e1ridas (Ez 37,1-14). Despertar\u00e1 a *Jerusal\u00e9n y har\u00e1 que se levante del polvo donde yac\u00ed\u00ada como muerta (Is 51,17; 60,1). Devolver\u00e1 la vida a los muertos, har\u00e1 que se levanten sus cad\u00e1veres, que se despierten los que est\u00e1n acostados sobre el polvo (Is 26,19). Resurrecci\u00f3n metaf\u00f3rica, sin duda, pero ya verdadera liberaci\u00f3n del poder del seol: \u00ab\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 tu peste? \u00c2\u00a1oh muerte! Seol, \u00bfd\u00f3nde est\u00e1 tu contagio?\u00bb (Os 13,14). Dios triunfa, pues, de la muerte en beneficio de su pueblo.<\/p>\n<p>Incluso la parte fiel de Israel pudo caer por un tiempo en poder de los infiernos, como el *Siervo de Yahveh, muerto y sepultado con los malvados (Is 53,8s.12). Pero d\u00ed\u00ada vendr\u00e1 en que, tambi\u00e9n como el Siervo, este *resto justo prolongue sus d\u00ed\u00adas, vea la *luz y comparta los trofeos de la *victoria (Is 53,10ss). Primer esbozo, todav\u00ed\u00ada misterioso, de una promesa de resurrecci\u00f3n, gracias a la cual los justos que sufren ver\u00e1n al fin surgir a su defensor y tomar su causa en su mano (cf. ob 19,25s, reinterpretado por la Vulgata).<\/p>\n<p>III. LA RESURRECCI\u00ed\u201cN INDIVIDUAL. La revelaci\u00f3n da un paso adelante con ocasi\u00f3n de la crisis macabea. La persecuci\u00f3n de Ant\u00ed\u00adoco y la experiencia del martirio plantean entonces en forma aguda el problema de la *retribuci\u00f3n individual. Es una certeza fundamental que haya que aguardar el reinado de Dios y el triunfo final del pueblo de los santos del Alt\u00ed\u00adsimo, anunciados desde muy atr\u00e1s por los or\u00e1culos prof\u00e9ticos: (Dan 7,13s.27; cf. 2,44). Pero \u00bfqu\u00e9 ser\u00e1 de los *santos muertos por la fe? El apocalipsis de Daniel responde: \u00abGran n\u00famero de los que duermen en el pa\u00ed\u00ads del polvo despertar\u00e1n; \u00e9stos son para la vida eterna; los otros, para el oprobio, para el horror eterno\u00bb (Dan 12,2). La imagen de resurrecci\u00f3n empleada por Ezequiel e Is 26 se debe, pues, entender en forma realista: Dios har\u00e1 que los muertos vuelvan a subir del seol para que tengan participaci\u00f3n en el *reino. Sin embargo, la nueva *vida en que entren no ser\u00e1 ya semejante a la vida del mundo presente: ser\u00e1 una vida transfigurada (Dan 12,3). Tal es la esperanza que sostiene a los *m\u00e1rtires en medio de su *prueba: se les puede arrancar la vida corp\u00f3rea; el Dios que crea es tambi\u00e9n el que resucita (2Mac 7,9. 11.22; 14,46); al paso que para los malos no habr\u00e1 resurrecci\u00f3n a la vida (2Mac 7,14).<\/p>\n<p>A partir de este momento la doctrina de la resurrecci\u00f3n se convierte en patrimonio com\u00fan del juda\u00ed\u00adsmo. Si la secta saducea, por prurito de arca\u00ed\u00adsmo, no la admite (cf. Act 23,8) y hasta se burla de ella planteando a prop\u00f3sito de la misma cuestiones rid\u00ed\u00adculas (Mt 22,23-28 p), los fariseos la profesan, as\u00ed\u00ad como la secta de la que proviene el libro de Henoc (probablemente el antiguo esenismo). Pero mientras algunos la interpretan en forma materialista, este libro da de ella una representaci\u00f3n muy espiritualizada: cuando el *alma de los difuntos haya surgido de los infiernos para volver a la vida, entrar\u00e1 en el universo transformado que Dios reserva para el \u00abmundo venidero\u00bb. Tal es tambi\u00e9n la concepci\u00f3n a que se atendr\u00e1 Jes\u00fas: \u00abEn la resurrecci\u00f3n seremos como los \u00e1ngeles del cielo\u00bb (Mt 22,30 p).<\/p>\n<p>NT. I. EL PRIMOGENITO DE ENTRE LOS MUERTOS. 1. Preludios. Jes\u00fas no cree s\u00f3lo en la resurrecci\u00f3n de los justos el \u00faltimo d\u00ed\u00ada. Sabe que el misterio de la resurrecci\u00f3n debe ser inaugurado por \u00e9l, a quien Dios ha dado el dominio de la *vida y de la *muerte. Manifiesta este poder que ha recibido de Dios volviendo a la vida a varios difuntos por los que hab\u00ed\u00adan venido a suplicarle: la hija de Jairo (Mc 5,21-42 p), el hijo de la viuda de Na\u00ed\u00adm (Lc 7,11-17), su amigo L\u00e1zaro (Jn 11). Estas resurrecciones que recuerdan los milagros prof\u00e9ticos son ya el anuncio velado de la suya, que ser\u00e1 de un orden muy diferente.<\/p>\n<p>Jes\u00fas a\u00f1ade predicciones claras: el Hijo del hombre debe morir y resucitar al tercer d\u00ed\u00ada (Mc 8.31; 9, 31; 10,34 p). Es, seg\u00fan Mt, el \u00absigno de Jon\u00e1s\u00bb: el Hijo del hombreestar\u00e1 tres d\u00ed\u00adas y tres noches en el seno de la tierra (Mt 12,40)). Es el signo del *templo: \u00abDestruid este templo y yo lo reedificar\u00e9 en tres d\u00ed\u00adas&#8230;\u00bb; ahora bien, \u00abhablaba del templo de su cuerpo\u00bb (Jn 2,19ss; cf. Mt 26,61 p). Este anuncio de una resurrecci\u00f3n de los muertos se hace incomprensible aun a los mismos doce (cf. Mc 9,10); con m\u00e1s raz\u00f3n a los enemigos de Jes\u00fas, que toman pretexto de \u00e9l para poner guardias en su sepulcro (Mt 27,63s).<\/p>\n<p>2. La experiencia pascual. Los doce no hab\u00ed\u00adan, pues, comprendido que el anuncio de la resurrecci\u00f3n en las Escrituras concern\u00ed\u00ada en primer lugar a Jes\u00fas mismo (In 20,9); por eso su muerte y su sepultura los hab\u00ed\u00adan desesperado (cf. Me 16,14; Lc 24,21-24.37; Jn 20,19). Para inducirlos a creer se requiere nada menos que la experiencia pascual. La del sepulcro vac\u00ed\u00ado no es suficiente para convencerlos, pues podr\u00ed\u00ada explicarse por un sencillo rapto del cad\u00e1ver (Le 24,11s; Jn 20,2): s\u00f3lo Juan cree en seguida (Jn 20,8).<\/p>\n<p>Pero luego comienzan las apariciones del Resucitado. La lista recogida por Pablo (1Cor 15,5ss) y la de los evangelistas no coinciden exactamente, pero el n\u00famero exacto tiene poca importancia. Jes\u00fas aparece \u00abdurante muchos d\u00ed\u00adas\u00bb (Act 13,31); en otro lugar se precisa: \u00abdurante cuarenta d\u00ed\u00adas\u00bb (1,3), hasta la escena significativa de la ascensi\u00f3n. Los relatos subrayan el car\u00e1cter concreto de estas manifestaciones: el que aparece es ciertamente Jes\u00fas de Nazaret; los ap\u00f3stoles lo ven y lo tocan (Lc 24, 36-40; Jn 20, 19-29), comen con \u00e9l (Lc 24,29s.41s; Jn 21,9-13; Act 10, 41). Est\u00e1 presente, no como un fantasma, sino con su propio cuerpo (Mt 28,9; Lc 24,37ss; Jn 20,20.27ss). Sin embargo, este cuerpo est\u00e1 sustra\u00ed\u00addo a las condiciones habituales de la vida terrenal (Jn 20,19; cf. 20, 17). Jes\u00fas repite, s\u00ed\u00ad, los gestos que realizaba durante su vida p\u00fablica, lo cual permite reconocerle (Lc 24,30s; Jn 21,6.12); pero ahora se halla en el estado de *gloria que describ\u00ed\u00adan los apocalipsis jud\u00ed\u00ados.<\/p>\n<p>El pueblo, en cambio, no es espectador de estas apariciones como lo hab\u00ed\u00ada sido de la pasi\u00f3n y de la muerte. Jes\u00fas reserva sus manifestaciones a los *testigos que \u00e9l se ha escogido (Act 2,32; 10,41; 13.31), siendo el \u00faltimo Pablo en el camino de Damasco (lCor 15,8): de los testigos hace sus *ap\u00f3stoles. Se les muestra a ellos ((y no al mundo\u00bb (Jn 14,22), pues el *mundo est\u00e1 cerrado a la fe. Incluso los guardias del sepulcro, aterrorizados por la teofan\u00ed\u00ada misteriosa (Mt 28,4), no ve\u00ed\u00adan a Cristo mismo. Igualmente el hecho de la resurrecci\u00f3n, el momento en que Jes\u00fas resurge de la muerte, es imposible de describir. Mateo se limita a evocarlo en un lenguaje convencional tomado de las Escrituras (Mt 28, 2s): temblor de tierra, claridad deslumbradora, aparici\u00f3n del *\u00e1ngel del Se\u00f1or&#8230; Entramos aqu\u00ed\u00ad en una esfera trascendente que s\u00f3lo pueden traducir las expresiones preparadas por el AT, aun cuando la realidad a que se aplican es en s\u00ed\u00ad misma inefable.<\/p>\n<p>3. El evangelio de la resurrecci\u00f3n en la predicaci\u00f3n apost\u00f3lica. Desde el d\u00ed\u00ada de *pentecost\u00e9s se convierte la resurrecci\u00f3n en el centro de la predicaci\u00f3n apost\u00f3lica, porque en ella se revela el objeto fundamental de la fe cristiana (Act 2,22-35). Este *evangelio de pascua es ante todo el testimonio tributado a un hecho: Jes\u00fas fue crucificado y muri\u00f3; pero Dios lo resucit\u00f3 y por \u00e9l aporta a los hombres la salvaci\u00f3n. Tal es la catequesis de Pedro a los jud\u00ed\u00ados (3,14s) y su confesi\u00f3n ante el sanedr\u00ed\u00adn (4, 10), la ense\u00f1anza de Felipe al eunuco eti\u00f3pico (8,35), la de Pablo a los jud\u00ed\u00ados (13.33; 17,3) y a los paganos (17,31) y su confesi\u00f3n delante de sus jueces (23,6&#8230;). No es otra cosa que el contenido mismo de la experiencia pascual.<\/p>\n<p>Un punto importante se hace notar siempre a prop\u00f3sito de esta experiencia: su conformidad con las Escrituras (cf. lCor 15,3s). Por una parte la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas realiza las promesas prof\u00e9ticas: promesa de la exaltaci\u00f3n gloriosa del *Mes\u00ed\u00adas a la diestra de Dios (Act 2,34; 13,32s), de la glorificaci\u00f3n del *Siervo de Yahveh (Act 4,30; Flp 2,7ss), de la entronizaci\u00f3n del *Hijo del hombre (Act 7,56; cf. Mt 26,64 p). Por otra parte, para traducir este misterio que se sit\u00faa m\u00e1s all\u00e1 de la experiencia hist\u00f3rica com\u00fan, los textos escriturarios suministran un arsenal de expresiones que esbozan sus diversos aspectos: Jes\u00fas es el *santo, al que Dios libra de la corrupci\u00f3n del Hades (Act 2,25-32; 13,35ss; cf. Sal 16,8-11); es el nuevo *Ad\u00e1n, a cuyos pies ha puesto Dios todo (lCor 15,27; Heb 1,5-13; cf. Sal 8); es la *piedra desechada por los constructores y convertida en piedra angular (Act 4, 11; cf. Sal 118,22)&#8230; Cristo glorificado aparece de esta manera como la clave de toda la Escritura, que anticipadamente se refer\u00ed\u00ada a \u00e9l (cf. Lc 24,27.44ss).<\/p>\n<p>4. Sentido y alcance de la resurrecci\u00f3n. A medida que la predicaci\u00f3n apost\u00f3lica confronta la resurrecci\u00f3n y las Escrituras, elabora una interpretaci\u00f3n teol\u00f3gica del hecho. La resurrecci\u00f3n, siendo la glorificaci\u00f3n del Hijo por el Padre (Act 2,22ss; Rom 8,11; cf. Jn 17,1ss), pone el *sello de Dios sobre el acto de *redenci\u00f3n inaugurado por la encarnaci\u00f3n y consumado por la *cruz. Por ella es constituido Jes\u00fas \u00abHijo de Dios en su poder\u00bb (Rom 1,4; cf. Act 13,33; Heb 1,5; 5,5; Sal 2,7), \u00ab*Se\u00f1or y Cristo\u00bb (Act 2,36), (cabeza y salvador\u00bb (Act 5,31), ((juez y Se\u00f1or de los vivos y de los muertos\u00bb (Act 10,42; Rom 14,9; 2Tim 4,1). Habiendo retornado al Padre (Jn 20,17), puede ahora dar a los hombres el *Esp\u00ed\u00adritu prometido (Jn 20,22; Act 2,33). As\u00ed\u00ad se revela plenamente el sentido profundo de su vida terrenal: \u00e9sta era la manifestaci\u00f3n de Dios ac\u00e1 en la tierra, de su amor, de su gracia (2 Tim 1,10; Tit 2,11; 3,4). Manifestaci\u00f3n velada, en la que la *gloria s\u00f3lo era perceptible bajo signos (Jn 1, 11) o durante breves momentos, como el de la *transfiguraci\u00f3n (Le 9,32. 35 p; cf. Jn 1,14). Ahora que Jes\u00fas ha entrado definitivamente en la gloria, la manifestaci\u00f3n contin\u00faa en la Iglesia, por sus *milagros (Act 3,16) y por el don del Esp\u00ed\u00adritu a los hombres que creen (Act 2,38s; 10,44s).<\/p>\n<p>De este modo Jes\u00fas, \u00abprimog\u00e9nito de entre los muertos\u00bb (Act 26,23; Col 1,18; Ap 1,5) ha entrado el primero en este mundo *nuevo (cf. Is 65, 17&#8230;) que es el universo rescatado. Siendo el \u00abse\u00f1or de la gloria\u00bb (ICor 2,8; cf. Sant 2,1; F1p 2,11), es para los hombres el autor de la salvaci\u00f3n (Act 3,6&#8230;). Fuerte con el poder divino, se crea un pueblo santo (lPe 2, 9s), al que arrastra en pos de s\u00ed\u00ad.<\/p>\n<p>II. EL PODER DE LA RESURRECCI\u00ed\u201cN. La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas resuelve el problema de la *salvaci\u00f3n tal como se nos plantea a cada uno de nosotros. Objeto primero de nuestra fe, es tambi\u00e9n la base de nuestra esperanza, cuyo alcance determina. Jes\u00fas resucit\u00f3 \u00abcomo *primicias de los que duermen\u00bb (lCor 15,20); esto funda nuestra espera de la resurrecci\u00f3n el \u00faltimo d\u00ed\u00ada. M\u00e1s a\u00fan: \u00e9l es en persona \u00abla resurrecci\u00f3n y la vida : quien crea en \u00e9l, aunque hubiese muerto, vivir\u00e1\u00bb (Jn 11,25); esto funda nuestra certeza de participar desde ahora en el misterio de la vida nueva, que Cristo nos hace accesible a trav\u00e9s de los signos sacramentales.<\/p>\n<p>1. La resurrecci\u00f3n el \u00faltimo d\u00ed\u00ada. La fe jud\u00ed\u00ada en la resurrecci\u00f3n de los cuerpos fue avalada por Jes\u00fas, con sus perspectivas de integridad corporal recobrada (Lc 14,14) y de radical transformaci\u00f3n (Mt 22,30ss p); si este rasgo falta en el cuadro del \u00faltimo *d\u00ed\u00ada que traza el apocalipsis sin\u00f3ptico (Mt 24 p), es cosa accidental. Sin embargo, esta fe no adquiere su significado definitivo sino despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n personal de Jes\u00fas. La comunidad primitiva tiene conciencia de mantenerse en este punto fiel a la fe jud\u00ed\u00ada (Act 23,6; 24,15; 26,6ss); pero la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas le da ahora ya una base objetiva. Resucitaremos todos porque Jes\u00fas ha resucitado: ((El que resucit\u00f3 a Cristo Jes\u00fas de entre los muertos dar\u00e1 tambi\u00e9n la vida a vuestros cuerpos mortales por su Esp\u00ed\u00adritu que habita en vosotros\u00bb (Rom 8,11; cf. lTes 4,14; lCor 6,14; 15,12-22; 2 Cor 4,14).<\/p>\n<p>En el evangelio de Mateo el relato de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas subraya ya este punto en forma concreta: en el momento en que Jes\u00fas, descendido a los infiernos, vuelve de ellos *vencedor, los justos que aguardaban all\u00ed\u00ad&#8217; su acceso al gozo celestial surgen para hacerle un cortejo nupcial (Mt 27,52s). No se trata de un retorno a la vida terrestre, y el relato habla casi \u00fanicamente de apariciones extra\u00f1as. Pero es una anticipaci\u00f3n de lo que suceder\u00e1 el \u00faltimo d\u00ed\u00ada. \u00bfNo es tambi\u00e9n \u00e9ste el sentido de las resurrecciones milagrosas efectuadas por Jes\u00fas durante su vida?<\/p>\n<p>San Pablo desarrolla mucho m\u00e1s la escenificaci\u00f3n de la resurrecci\u00f3n general: voz del \u00e1ngel, trompeta para reunir a los elegidos, *nubes de la parus\u00ed\u00ada, procesi\u00f3n de los elegidos&#8230; (lTes 4,15ss; 2Tes 1,7s; lCor 15,52). Este marco convencional es cl\u00e1sico en los apocalipsis jud\u00ed\u00ados; pero el hecho fundamental es m\u00e1s importante que estas modalidades. Contrariamente a las concepciones griegas, en las que el alma liberada de los lazos del cuerpo va sola hacia la inmortalidad, la esperanza cristiana implica una restauraci\u00f3n integral de la persona; supone al mismo tiempo una total transformaci\u00f3n del *cuerpo, hecho espiritual, incorruptible e inmortal (ICor 15,35-53). Por lo dem\u00e1s Pablo, en la perspectiva en que se sit\u00faa no aborda el problema &#8216;de las resurrecciones de los malos; s\u00f3lo piensa en la de los justos, participaci\u00f3n en la entrada de Jes\u00fas en la gloria (cf. ICor 15,12&#8230;). La espera de esta \u00abredenci\u00f3n del cuerpo)) (Rom 8,23) es tal que para expresarla el lenguaje cristiano confiere a la resurrecci\u00f3n una especie de inminencia perpetua (cf. ITes 4,17). Sin embargo. la impaciencia de la *esperanza cristiana (cf. 2Cor 5,1-10) no debe conducir a&#8217; vanas especulaciones sobre la fecha del *d\u00ed\u00ada del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>El Apocalipsis traza un cuadro impresionante de la resurrecci\u00f3n de los muertos (Ap 20,11-15). La muerte y el Hades los restituyen a todos para que comparezcan ante el juez, tanto a los malos como a los buenos. Mientras que los malos se hunden en la \u00abmuerte segunda\u00bb, los elegidos entran en una vida nueva, en el seno de un universo transformado que se identifica con el *para\u00ed\u00adso primitivo y con la *Jerusal\u00e9n celestial (Ap 21-22). \u00bfC\u00f3mo expresar de otra manera sino bajo la forma de s\u00ed\u00admbolos una realidad indecible que la experiencia humana no puede alcanzar? Este fresco no est\u00e1 reproducido en el cuarto evangelio. Pero constituye el trasfondo de dos breves alusiones que subrayan sobre todo el papel asignado al Hijo del hombre: los muertos surgir\u00e1n a su llamada (Jn 5, 28; 6,40.44), los unos para la vida eterna, los otros para la condenaci\u00f3n (Jn\u2020\u00a2 5,29).<\/p>\n<p>2. La vida cristiana, resurrecci\u00f3n anticipada. Si Juan desarrolla tan poco el cuadro de la resurrecci\u00f3n final, es que lo ve realizado anticipadamente desde el tiempo presente. L\u00e1zaro saliendo de la tumba representa concretamente a los fieles arrancados a la muerte por la voz de Jes\u00fas (cf. Jn 11,25s). Tambi\u00e9n el serm\u00f3n sobre la obra de vivificaci\u00f3n del Hijo del hombre contiene afirmaciones expl\u00ed\u00adcitas: \u00abLlega la *hora, y ya estamos en ella, en que los muertos oir\u00e1n la voz del Hijo de Dios, y todos los que la hayan o\u00ed\u00addo vivir\u00e1n\u00bb (Jn 5,25). Esta declaraci\u00f3n inequ\u00ed\u00advoca coincide con la experiencia cristiana tal como la expresa la primera ep\u00ed\u00adstola de san Juan: \u00abNosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida&#8230;\u00bb (1Jn 3,14). Quienquiera que posea esta vida no caer\u00e1 nunca en poder de la muerte (Jn 6,50; 11.26; cf. Rom 5,8s). Esta certeza no suprime la espera de la resurrecci\u00f3n final; pero desde ahora transforma una vida que ha entrado en relaci\u00f3n con Cristo.<\/p>\n<p>San Pablo dec\u00ed\u00ada ya lo mismo subrayando el car\u00e1cter pascual de la vida cristiana, participaci\u00f3n real en la vida de Cristo resucitado. Sepultados con \u00e9l en el *bautismo, hemos resucitado tambi\u00e9n con \u00e9l, porque hemos cre\u00ed\u00addo en la fuerza de Dios que lo resucit\u00f3 de entre los muertos (Col 2,12; Rom 6,4ss). La vida *nueva en que entonces entramos no es otra cosa que su vida de resucitado (Ef 2,5s). En efecto, en aquel momento se nos dijo: \u00ab\u00c2\u00a1Despierta, t\u00fa que duermes! Lev\u00e1ntate de entre los muertos y Cristo te iluminar\u00e1\u00bb (Ef 5,14). Esta certeza fundamental rige toda la existencia cristiana. Domina la moral que ahora ya se impone al *hombre nuevo *nacido en Cristo: \u00abResucitados con Cristo buscad las cosas de arriba, donde est\u00e1 Cristo sentado a la diestra de Dios\u00bb (Col 3, 1ss). Esta certeza es tambi\u00e9n la fuente de su *esperanza. En efecto, si el cristiano aguarda con impaciencia la transformaci\u00f3n final de su cuerpo de miseria en cuerpo de gloria (Rom 8,22s; Flp 3,1Os.20s), es que ya posee las arras de este estado futuro (Rom 8,23; 2Cor 5,5). Su resurrecci\u00f3n final no har\u00e1 sino manifestar claramente lo que ya es en la realidad secreta del misterio (Col 3,4).<\/p>\n<p>-> Ascensi\u00f3n &#8211; Bautismo &#8211; Cielo &#8211; Carne &#8211; Cuerpo &#8211; Gloria &#8211; Muerte &#8211; Pascua &#8211; Vida.<\/p>\n<p>LEON-DUFOUR, Xavier, Vocabulario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, Herder, Barcelona, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Vocabulario de las Ep\u00edstolas Paulinas<\/b><\/p>\n<p>Cuando un cristiano pronuncia las dos oraciones del credo de los Ap\u00f3stoles que tienen un tema relacionado, \u00abCreo en Jesucristo \u2026 que resucit\u00f3 al tercer d\u00eda de entre los muertos\u00bb y \u00abcreo en la resurrecci\u00f3n del cuerpo\u00bb, est\u00e1 confesando el car\u00e1cter absolutamente \u00fanico y sobrenatural de la persona de Jesucristo, y la esperanza particular que ha tra\u00eddo a los hombres. Ninguna otra religi\u00f3n del mundo ha elaborado una confesi\u00f3n que incluya afirmaciones como \u00e9stas. Algunas religiones afirman en forma vaga la creencia en la inmortalidad, en una u otra forma; y el juda\u00edsmo, en sus afirmaciones ortodoxas, podr\u00eda, en forma de credo, dar expresi\u00f3n a la idea de una futura resurrecci\u00f3n corporal, pero jam\u00e1s se le ocurrir\u00eda sugerir que su fundador, en alg\u00fan momento y sobre esta tierra, se hubiera levantado de la tumba en una resurrecci\u00f3n corporal.<\/p>\n<p>Si Jes\u00fas de Nazaret realmente se levant\u00f3 de entre los muertos con su propio cuerpo, en el tercer d\u00eda, como lo hab\u00eda anunciado, todas las dem\u00e1s afirmaciones de la fe cristiana adquieren coherencia, incluyendo las que corresponden a nuestro destino final; si tal hecho no ocurri\u00f3 hist\u00f3ricamente, Pablo lo dice, nuestra fe es vana, nuestra predicaci\u00f3n es vana, y todav\u00eda estamos en nuestros pecados. Este hecho ha sido reconocido por creyentes e incr\u00e9dulos en todos los siglos y explica las reiteradas negaciones de la resurrecci\u00f3n desde los d\u00edas de los ap\u00f3stoles hasta ahora.<\/p>\n<ol>\n<li>La nomenclatura de la resurrecci\u00f3n. El sustantivo griego que m\u00e1s se usa para expresar la idea de resurrecci\u00f3n es <em>anastasis<\/em>, derivado del verbo <em>anist\u0113mi<\/em>. El verbo <em>egeir\u014d<\/em> se usa con igual frecuencia en el NT para dar la idea de levantarse de entre los muertos. Es dif\u00edcil detectar alguna diferencia espec\u00edfica en las connotaciones de estas dos palabras en la mente de los autores del NT. En los relatos de los evangelios, ambos se usan en pasajes paralelos; por ejemplo, en Mt. 16:21 y su paralelo Lc. 9:22, la palabra es <em>egeir\u014d<\/em>, pero en Mr. 8:31 es <em>anist\u0113mi<\/em>; en Mt. 17:23 es <em>egeir\u014d<\/em>, pero en el paralelo Mr. 9:31 es <em>anist\u0113mi<\/em>; en el relato de la resurrecci\u00f3n de L\u00e1zaro se usa exclusivamente <em>anist\u0113mi<\/em>. Aun en un concepto tan preciso como el de Dios resucitando a Cristo de los muertos, se usan ambas palabras, por ejemplo, <em>anist\u0113mi<\/em> en Hch. 2:24 y 3:26, y <em>egeir\u014d<\/em> en Hch. 3:15; 4:10; 5:30, etc.<\/li>\n<li>La resurrecci\u00f3n en religiones antiguas. Por muy ricos que hayan sido los legados de los grandes pensadores y de las culturas del mundo antiguo, no han hecho contribuciones a la doctrina de la resurrecci\u00f3n del cuerpo. Cuando una obra imparcial como el <em>Oxford English Dictionary<\/em>, ignora completamente los rituales de Osiris, los mitos griegos y la especulaci\u00f3n zoroastriana, y da como primera definici\u00f3n de la palabra resurrecci\u00f3n, \u00abel hecho de volver Cristo a la vida despu\u00e9s de su muerte y sepultura\u00bb, da testimonio del car\u00e1cter \u00fanico de este hecho en la historia del mundo. Es muy significativo el tratamiento que Toynbee da a la resurrecci\u00f3n de Cristo en <em>Study of History<\/em>. El cap\u00edtulo \u00abChristus Patiens\u00bb est\u00e1 dedicado al tema \u00abcorrespondencias entre la historia de Jes\u00fas y las historias de ciertos salvadores hel\u00e9nicos con la \u2018m\u00e1quina-tiempo\u2019\u00bb. En este intento de tabulaci\u00f3n paralela, Toynbee hace una lista de ochenta y siete hechos y aspectos de la vida de Cristo para los cuales, dice \u00e9l, se pueden encontrar paralelos en las historias de h\u00e9roes de la antig\u00fcedad, comenzando con \u00abel h\u00e9roe es de linaje real\u00bb, y terminando con \u00abla conversi\u00f3n del ejecutor\u00bb. Sin embargo, no hay indicaci\u00f3n alguna que en el mundo antiguo exista una historia digna de ponerse en forma paralela con el relato del NT de la resurrecci\u00f3n de Cristo. Hasta donde uno puede decirlo, Toynbee no cree en la resurrecci\u00f3n de Cristo, pero es interesante que \u00e9l no se cuida siquiera de considerar un supuesto paralelo a este hecho sobrenatural.<\/li>\n<\/ol>\n<p>III. La resurrecci\u00f3n en el Antiguo Testamento. Aunque es verdad que la concepci\u00f3n de la resurrecci\u00f3n no se desarroll\u00f3 en forma completa en Israel, y no se hace frecuente alusi\u00f3n a la resurrecci\u00f3n del cuerpo en el AT, la verdad est\u00e1 all\u00ed, y no solamente en los profetas de Israel. Ciertamente hab\u00eda alguna idea de la posibilidad de resurrecci\u00f3n aun en los d\u00edas de los patriarcas, porque cuando Abraham ofrend\u00f3 a Isaac, estaba convencido que \u00abDios es poderoso para resucitarlo de los muertos, de donde, en sentido figurado, tambi\u00e9n lo volvi\u00f3 a recibir\u00bb (Heb. 11:19). En aquel remoto per\u00edodo, el concepto era expresado con frases tales como \u00abdormir con los padres\u00bb (Gn. 47:3\u20139; Dt. 31:16; 1 R. 1:29), y como dormir infiere un despertar del sue\u00f1o, as\u00ed la sepultura implicaba una resurrecci\u00f3n de los muertos.<\/p>\n<p>El autor de Hebreos (11:35), al hablar de las mujeres que recibieron sus muertos por resurrecci\u00f3n, sin duda se estaba refiriendo a las tres resurrecciones que ocurrieron en los d\u00edas de los Reyes (1 R. 17:17\u201324; 2 R. 4:18\u201337; 13:20\u201325). Sea cual fuere la traducci\u00f3n exacta del dif\u00edcil pasaje de Job 19:26\u201327, hay en \u00e9l una fuerte convicci\u00f3n de la verdad de la resurrecci\u00f3n de entre los muertos (cf. Job 14:13\u201315). El pasaje m\u00e1s importante sobre la resurrecci\u00f3n en el AT es la conclusi\u00f3n de Is. 26:16\u201319. Con esto deben estar ligadas dos declaraciones posteriores de la misma verdad, Os. 6:1\u20132 y el familiar pasaje sobre el valle de los huesos secos, Ez. 37:1\u201314. Es verdad que el sentido primario de estos vers\u00edculos se refiere a una restauraci\u00f3n de Israel; sin embargo, tales predicciones no habr\u00edan tra\u00eddo consuelo al antiguo Israel, si los israelitas de la antig\u00fcedad no fueran participantes de la futura restauraci\u00f3n; y si es as\u00ed, tendr\u00e1n que resucitar de entre los muertos. La misma ense\u00f1anza se presenta en Dn. 12:2, que ciertamente se refiere al fin de la era, y sea cual fuere su sentido simb\u00f3lico o t\u00edpico, presenta enf\u00e1ticamente la creencia en una resurrecci\u00f3n de cuerpos del polvo de la tierra. Adem\u00e1s de estos pasajes b\u00e1sicos, la iglesia del primer tiempo usaba otros pasajes del AT como profec\u00edas o prefiguraciones t\u00edpicas de la resurrecci\u00f3n de Cristo, tales como Jer. 18:3\u20136 y Sal. 88:10.<\/p>\n<p>La fe en la resurrecci\u00f3n en el AT es esperar la venida del Mes\u00edas hacia quien se\u00f1alan definidamente las Escrituras del AT, aquel que con toda certeza iba a sacar a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio (2 Ti. 1:10). El Dios del AT es el Dios eterno que siempre vive, y aunque la muerte vino como consecuencia del pecado, si la redenci\u00f3n ha de tener una victoria completa sobre el pecado y la muerte, debe haber finalmente la segura esperanza de una resurrecci\u00f3n de entre los muertos (v\u00e9ase Edmond Jacob, <em>Theology of the Old Testament<\/em>, Londres, 1958, pp. 308\u2013315).<\/p>\n<p>A medida que la fe en la resurrecci\u00f3n se hizo progresivamente com\u00fan, fue expresada en forma cada vez m\u00e1s creciente durante el per\u00edodo postex\u00edlico y macabeo, y en el tiempo de la venida de Cristo se \u00abhab\u00eda convertido en un dogma casi universalmente aceptado en el juda\u00edsmo palestino y era una prueba de ortodoxia\u00bb (William Fairweather, <em>The Background of the Gospels<\/em>, Edimburgo, 1908, p. 292). La negaci\u00f3n de la resurrecci\u00f3n por parte de los saduceos era una excepci\u00f3n y no expresaba el punto de vista com\u00fan del judaismo del primer siglo.<\/p>\n<ol>\n<li>La resurrecci\u00f3n en el nuevo testamento. El tema de la resurrecci\u00f3n del cuerpo, incluyendo la resurrecci\u00f3n de Cristo, abarca m\u00e1s espacio en el NT que cualquiera de las otras verdades b\u00e1sicas del cristianismo, con la posible excepci\u00f3n de la muerte del Se\u00f1or Jes\u00fas. Raras veces habl\u00f3 Jes\u00fas de su muerte sin pronunciar una predicci\u00f3n de su resurrecci\u00f3n al tercer d\u00eda. Como una indicaci\u00f3n de su poder sobre la muerte, en tres ocasiones hizo volver a la vida a personas que hab\u00edan muerto, y dio a sus disc\u00edpulos el poder de resucitar muertos. Todos los autores de los Evangelios hacen de la resurrecci\u00f3n de Cristo el climax y conclusi\u00f3n de sus relatos. En sus primeras apariciones despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n, todo el \u00e9nfasis del discurso y la conducta de Cristo fue el hecho de haber resucitado de los muertos. Los ap\u00f3stoles fueron elegidos porque eran testigos de su resurrecci\u00f3n. Era el tema b\u00e1sico de la predicaci\u00f3n apost\u00f3lica, seg\u00fan el libro de Los Hechos. Al presentar pruebas de este milagro, la iglesia pudo sacudir los cimientos de las religiones antiguas que entonces predominaban en el mundo mediterr\u00e1neo.<\/li>\n<\/ol>\n<p>En las Ep\u00edstolas del NT, la deidad de Cristo, la certeza de su venida para juzgar al mundo y la esperanza de nuestra resurrecci\u00f3n, se relacionan exclusivamente con el hecho de la resurrecci\u00f3n de Cristo. La resurrecci\u00f3n hist\u00f3rica del Hijo de Dios se convierte en el gran tipo de la resurrecci\u00f3n espiritual de todos los creyentes que pasan de muerte a vida, y estos creyentes reciben la seguridad de que pueden vivir en esta vida presente en el poder de aquella realidad. El ap\u00f3stol Pablo consideraba de tanta importancia la verdad de la resurrecci\u00f3n que le dedic\u00f3 el m\u00e1s largo de los cap\u00edtulos de las ep\u00edstolas del NT. Esta era terminar\u00e1 con la resurrecci\u00f3n de entre los muertos tanto de los justos como de los imp\u00edos: as\u00ed como la resurrecci\u00f3n fue la maravillosa conclusi\u00f3n de la vida encarnada de nuestro Se\u00f1or sobre la tierra, as\u00ed tambi\u00e9n ser\u00e1 la de nuestra vida en este tabern\u00e1culo terrenal, cuando se nos d\u00e9 cuerpos adecuados para una vida celestial, eterna y gloriosa. Si se quita del NT la verdad de la resurrecci\u00f3n, toda su estructura doctrinal cae y la esperanza se desvanece.<\/p>\n<ol>\n<li><em>La ense\u00f1anza de Cristo acerca de la resurrecci\u00f3n<\/em>. Aunque hay cuatro puntos de vista diferentes acerca de Jn. 5:21\u201329, la mayor\u00eda de los int\u00e9rpretes cree que aqu\u00ed se habla tanto de una resurrecci\u00f3n espiritual en el presente inmediato como de una resurrecci\u00f3n f\u00edsica final, \u00faltima. El jueves de la Semana Santa, entre las diversas preguntas que le hicieron a Jes\u00fas para tentarlo, hab\u00eda una propuesta por los saduceos, que negaban que hubiera resurrecci\u00f3n (Mt. 22:24\u201343 y paralelos). Los saduceos, que aceptaban el Pentateuco, insist\u00edan en que una de las razones por las que rechazaban la resurrecci\u00f3n era que no aparec\u00eda all\u00ed. Jes\u00fas concluye su respuesta volviendo a los grandes patriarcas de G\u00e9nesis. Cuando los saduceos dec\u00edan que su Dios era el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, estaban confesando que estos patriarcas estaban vivos, puesto que Dios es Dios de vivos (v\u00e9ase Gn. 50:24; Ex. 2:24 y 6:8; 3:6 y 15:16; 6:3; Lv. 26:42).<\/li>\n<li><em>Los tres milagros de resurrecci\u00f3n del ministerio de Cristo<\/em>. En tres oportunidades Jes\u00fas mismo resucit\u00f3 a los muertos, en lo que podemos llamar un orden progresivo. El primer caso es el del hijo de la viuda de Na\u00edn (Lc. 7:11\u201318). Todos los Sin\u00f3pticos registran la resurrecci\u00f3n de la hija de Jairo en Capernaum (Mt. 9:18\u201319, 23\u201326; Mr. 5:22\u201324, 35\u201343; Lc. 8:40\u201342, 49\u201356). Finalmente, hay un extenso relato de la resurrecci\u00f3n de L\u00e1zaro, que hab\u00eda muerto cuatro d\u00edas antes de la llegada de Cristo a Betania. Llamando a este hombre por su nombre, Jes\u00fas orden\u00f3: \u00abL\u00e1zaro, ven fuera\u00bb (Jn. 11:43). Un factor es com\u00fan en cada uno de estos milagros: Cristo <em>habl\u00f3<\/em> y los muertos <em>oyeron su voz<\/em>, como si \u00e9l se estuviera extendiendo hacia el otro mundo, y el mundo del otro lado de la muerte fuera para \u00e9l accesible y obediente a \u00e9l.<\/li>\n<li><em>Los sepulcros que se abrieron en el momento de la resurrecci\u00f3n de Cristo<\/em>. El relato que Mateo hace de la \u00faltima semana incluye un incidente que no se menciona en otros lugares. \u00abMuchos cuerpos de los santos que hab\u00edan dormido, se levantaron; y saliendo de los sepulcros despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n de \u00e9l, vinieron a la santa ciudad y aparecieron a muchos\u00bb (27:52\u201353). N\u00f3tese que esto ocurri\u00f3 <em>despu\u00e9s<\/em> de la resurrecci\u00f3n de nuestro Se\u00f1or, no la precedi\u00f3. Aqu\u00ed, como en las otras resurrecciones de los Evangelios, hay que suponer que estos individuos no salieron con verdaderos cuerpos resucitados; nuestro Se\u00f1or es el primog\u00e9nito de entre los muertos (Col. 1:18).<\/li>\n<li><em>Los anuncios de Cristo sobre su resurrecci\u00f3n<\/em>. La m\u00e1s osada afirmaci\u00f3n de Cristo fue el anuncio de su resurrecci\u00f3n de entre los muertos el tercer d\u00eda despu\u00e9s de su muerte. El anuncio inicial fue hecho en el comienzo mismo de su ministerio, al mismo tiempo que hablaba de su muerte que se acercaba (Jn. 2:19, 21). Una vez, nuestro Se\u00f1or identific\u00f3 su resurrecci\u00f3n con la experiencia de Jon\u00e1s que estuvo tres d\u00edas y tres noches en el vientre de un gran pez (Mt. 12:40). Las principales afirmaciones de su muerte y resurrecci\u00f3n, con numerosos detalles, fueron hechos inmediatamente despu\u00e9s de la confesi\u00f3n de Pedro (Mt. 16:21; Mr. 8:31; Lc. 9:22) y con ocasi\u00f3n de la transfiguraci\u00f3n (Mt. 17:9, 23; Mr. 9:9, 10, 31). En conformidad con el relato de Marcos, los disc\u00edpulos \u00abguardaron la palabra entre s\u00ed discutiendo qu\u00e9 ser\u00eda aquello de resucitar de los muertos\u00bb. La predicci\u00f3n fue repetida a medida que se acercaban a Jerusal\u00e9n (Mt. 20:19 y paralelos).<\/li>\n<\/ol>\n<p>El elemento tiempo, \u00abel tercer d\u00eda\u00bb, se toma del AT (Lc. 24:46), como el ap\u00f3stol Pablo dijo m\u00e1s adelante: Cristo \u00abresucit\u00f3 al tercer d\u00eda conforme a las Escrituras\u00bb (1 Co. 15:4, llev\u00e1ndonos de regreso a pasajes tales como 1 S. 30:12; 2 R. 20:5, 8; Lv. 7:17\u201318 y especialmente Os. 6:2 y Jon. 1:17). Esto explica el asombro de los disc\u00edpulos al encontrar vac\u00edo el sepulcro de Jos\u00e9 de Arimatea, porque \u00abtodav\u00eda no hab\u00edan entendido la Escritura que era necesario que \u00e9l resucitase de los muertos\u00bb (Jn. 20:9). Si las predicciones de Cristo no se hubieran verificado, si \u00e9l no hubiera resucitado al tercer d\u00eda, la confiabilidad que tenemos acerca de sus dem\u00e1s declaraciones hubiera disminuido o hasta desaparecido por completo; y adem\u00e1s, no estar\u00edamos leyendo en el d\u00eda de hoy el NT, ni adorando a Cristo como el Hijo de Dios.<\/p>\n<ol>\n<li>La resurrecci\u00f3n de Cristo.<\/li>\n<li><em>La realidad de su muerte<\/em>. Es casi axiom\u00e1tico, pero a la vez necesario, decir que la resurrecci\u00f3n supone una muerte previa. Nuestro Se\u00f1or, frecuentemente, anunci\u00f3 que morir\u00eda (v\u00e9ase las referencias en cuanto a las predicciones de su resurrecci\u00f3n). Cuando los soldados se acercaron para quebrarle las piernas, pocas horas despu\u00e9s de haberlo crucificado, dijeron que ya estaba muerto (Jn. 19:33\u201334). Es inconcebible que los jud\u00edos, decididos a destruir a Cristo, hubieran permitido alg\u00fan enga\u00f1o o sustituci\u00f3n en este punto. En el Libro de Los Hechos se hacen repetidas referencias a la muerte de Cristo por medio de siete diferentes verbos griegos: crucificar (2:36), eliminar (2:23, etc.; \u00abmatasteis\u00bb <a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">RV60<\/a>), matar (3:15), ejecutar (5:30, \u00abmatasteis\u00bb, RV60), colgar (5:30), y quienes participaron en este acto son llamados asesinos (7:52; \u00abmatadores\u00bb, RV60). Todo el sistema teol\u00f3gico de las Ep\u00edstolas depende del hecho de que fue Cristo quien fue crucificado y que muri\u00f3 por nuestros pecados. El Credo Apost\u00f3lico afirma la realidad en tres frases sucesivas: \u00abfue crucificado, muerto y sepultado\u00bb. Suponiendo la realidad de la muerte de Cristo, el problema es \u00bffue seguida su muerte cierta por una, igualmente cierta, resurrecci\u00f3n de entre los muertos, un salir de la tumba de aquel que hab\u00eda sido puesto en ella? Las evidencias de la realidad de este hecho estupendo son cuatro: el sepulcro vac\u00edo y el testimonio de los \u00e1ngeles, las apariciones de Cristo despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n, la transformaci\u00f3n sufrida por los ap\u00f3stoles cuyo testimonio fund\u00f3 la iglesia, y la instituci\u00f3n del D\u00eda del Se\u00f1or.<\/li>\n<li><em>La tumba vac\u00eda<\/em>. Ha habido diversos intentos para darle una explicaci\u00f3n racionalista a la tumba vac\u00eda. Se ha argumentado que los disc\u00edpulos robaron el cuerpo, que Jos\u00e9 de Arimatea lo sac\u00f3, que Jes\u00fas sufri\u00f3 un s\u00edncope, que los disc\u00edpulos confundieron el sepulcro donde estaba Jes\u00fas con una tumba que estaba vac\u00eda, que colocaron el cad\u00e1ver en otro lugar. Ante todas estas explicaciones, s\u00f3lo se necesita decir que ninguna es de por s\u00ed digna de cr\u00e9dito ni ha conquistado el respeto general. \u00abEl sepulcro vac\u00edo llega ante nosotros solamente como un hecho, no como un argumento \u2026 La tumba vac\u00eda no es el producto de un candido esp\u00edritu apolog\u00e9tico, un esp\u00edritu no contento con la evidencia de la resurrecci\u00f3n contenida en el hecho de que el Se\u00f1or hab\u00eda aparecido a los suyos y los hab\u00eda vivificado con una nueva vida victoriosa; no es la primera etapa en un proceso que, tanto inconsciente, como voluntariamente, pretende hacer palpable la evidencia, y, hasta donde sea posible, independiente de las cualidades morales hacia las que ya hemos llamado la atenci\u00f3n; es una parte original, independiente y sin intenci\u00f3n alguna del testimonio apost\u00f3lico\u00bb (James Denney, <em>Jesus and the Gospel<\/em>, N.Y., 1909, p. 131). Cualquier teor\u00eda que trate de explicar c\u00f3mo fue quitado el cuerpo de esa tumba se ve confrontada con los relatos de las apariciones de Cristo, en su propio cuerpo, despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n.<\/li>\n<li><em>Apariciones despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n<\/em>. Generalmente, se cuentan diez en n\u00famero, cinco de las cuales ocurren el mismo d\u00eda de la resurrecci\u00f3n: la aparici\u00f3n a Sim\u00f3n Pedro en la madrugada, las dos apariciones a las mujeres y a Mar\u00eda Magdalena en el sepulcro, la caminata por la tarde con los dos que iban a Ema\u00fas, y la reuni\u00f3n nocturna con los diez en el aposento alto. El domingo siguiente, Jes\u00fas se reuni\u00f3 con los once disc\u00edpulos estando presente Tom\u00e1s. Hubo una aparici\u00f3n a Jacobo (1 Co. 15:7) de la cual no tenemos detalles, a varios disc\u00edpulos en el mar de Galilea (Jn. 21:1\u201323), a los ap\u00f3stoles y a m\u00e1s de quinientos hermanos sobre un monte en Galilea (Mt. 28:16\u201320) y finalmente, en Jerusal\u00e9n con ocasi\u00f3n de la ascensi\u00f3n (Lc. 24:50\u201352; Hch. 1:3\u20138). A Pablo se le permiti\u00f3 ver al Se\u00f1or alg\u00fan tiempo despu\u00e9s (1 Co. 5:8). Los siguientes hechos b\u00e1sicos acerca de estas apariciones son dignos de mencionarse: Nuestro Se\u00f1or apareci\u00f3 solamente a creyentes; las apariciones no fueron frecuentes (solamente en cuatro ocasiones despu\u00e9s del domingo de la resurrecci\u00f3n y antes de la ascensi\u00f3n, aproximadamente cuarenta d\u00edas); nada hay de fant\u00e1stico en los detalles de estas apariciones; eran notablemente diferentes en naturaleza: los lugares en que ocurrieron, la longitud del tiempo que le tom\u00f3 a cada una, las palabras que se pronunciaron, la actitud de los ap\u00f3stoles. Sin embargo, todas fueron apariciones <em>corporales<\/em>, y Cristo quiso que sus disc\u00edpulos estuvieran seguros de este hecho (v\u00e9ase Lc. 24:39\u201340; Jn. 20:27). Aparte de la fant\u00e1stica afirmaci\u00f3n, generalmente rechazada en la actualidad, de que todos estos relatos son fraudulentos, las dos teor\u00edas que con m\u00e1s frecuencia se han presentado para explicar estas apariciones son la teor\u00eda de la visi\u00f3n y la teor\u00eda del tel\u00e9grafo. Para contar con una experiencia de visiones, en primer lugar, debe haber una condici\u00f3n psicol\u00f3gica que cree tal estado, en este caso, la ardiente expectaci\u00f3n de los disc\u00edpulos de ver nuevamente al Se\u00f1or. Pero tal expectaci\u00f3n no hab\u00eda tenido tiempo de desarrollarse en la compa\u00f1\u00eda apost\u00f3lica. Las mujeres que fueron al sepulcro en la ma\u00f1ana de la resurrecci\u00f3n ten\u00edan el objetivo de ungir el cuerpo muerto, no de ver al Se\u00f1or resucitado. Cuando vieron al Se\u00f1or se asustaron y pensaron que ve\u00edan un esp\u00edritu, conclusi\u00f3n que Jes\u00fas inmediatamente ech\u00f3 por tierra en forma enf\u00e1tica. Los disc\u00edpulos en el camino de Ema\u00fas estaban deprimidos antes de darse cuenta que quien caminaba con ellos era el Se\u00f1or. Adem\u00e1s, estas apariciones fueron solemnes; no estuvieron llenas de las invenciones fant\u00e1sticas que son tan comunes en las experiencias anormales de visiones supuestas. Aunque ocurrieron a grupos diferentes en diferentes ocasiones, la hip\u00f3tesis de la visi\u00f3n supone que todos estos individuos tuvieron esta experiencia visionaria. M\u00e1s aun, el car\u00e1cter dominante de la iglesia era de trabajo, no de desbordes emocionales: no hay indicaciones que se reunieran para tener experiencias ext\u00e1ticas. Finalmente, las apariciones cesaron repentinamente; ocurri\u00f3 un escaso n\u00famero de ellas, y esto solamente \u00abhasta el d\u00eda en que de entre nosotros fue recibido arriba\u00bb (Hch. 1:22).<\/li>\n<\/ol>\n<p>La teor\u00eda del tel\u00e9grafo (Keim, Streeter y otros) supone que el Se\u00f1or ascendido telegrafi\u00f3 a sus seguidores im\u00e1genes suyas en forma corporal, lo cual convenci\u00f3 a sus disc\u00edpulos que realmente hab\u00edan visto al Se\u00f1or resucitado. Esto no puede ser reconciliado con los hechos de los relatos que tenemos. Por ejemplo, acerca de la caminata a Ema\u00fas, \u00bfhemos de creer que el Se\u00f1or dio una caminata por el cielo, telegrafi\u00f3 su presencia corporal a medida que los disc\u00edpulos avanzaban por el camino, luego se sent\u00f3 a una mesa (en el cielo) y parti\u00f3 el pan, de modo que estos hombres pensaran que estaban comiendo con \u00e9l? \u00bfTelegrafi\u00f3 tambi\u00e9n a la tierra la conversaci\u00f3n? Todos los relatos indican que el Se\u00f1or estaba en medio de ellos. Sin embargo, si \u00e9stas fueran solamente im\u00e1genes suyas, el Se\u00f1or estar\u00eda deliberadamente enga\u00f1ando a los ap\u00f3stoles.<\/p>\n<p>La cuesti\u00f3n principal relacionada con las apariciones tiene que ver con la naturaleza del cuerpo resucitado de Cristo, tan parecido al cuerpo de un hombre que en una ocasi\u00f3n \u00ablos ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen\u00bb (Lc. 24:16), y junto al lago \u00abno sab\u00edan que era Jes\u00fas\u00bb (Jn. 20:14); en realidad, Mar\u00eda Magdalena no reconoci\u00f3 al Se\u00f1or resucitado, y lo confundi\u00f3 con el hortelano, hasta que \u00e9l la llam\u00f3 por su nombre. Mostr\u00f3 a sus disc\u00edpulos las manos y los pies (Lc. 24:20; Jn. 20:20, 27). En una ocasi\u00f3n comi\u00f3, no porque tuviera necesidad, por cierto (Lc. 24:43), y las palabras de Milligan son sabias: \u00abMe parece sabio decir que yo tampoco s\u00e9 ni puedo ofrecer una soluci\u00f3n satisfactoria de este hecho\u00bb. Por otra parte, el cuerpo de Cristo pod\u00eda pasar a trav\u00e9s de los obst\u00e1culos materiales: a trav\u00e9s de los envoltorios en que fue sepultado y a trav\u00e9s de los muros de la sala en que los disc\u00edpulos estaban reunidos la noche del domingo de resurrecci\u00f3n. Tambi\u00e9n pudo desvanecerse de su medio en forma instant\u00e1nea (Lc. 24:31, 36). En este cuerpo, nuestro Se\u00f1or ascendi\u00f3 y la iglesia siempre ha considerado al Se\u00f1or ascendido en forma humana, el resucitado Jes\u00fas de Nazaret y Se\u00f1or de Gloria. Ciertamente hay que identificar el cuerpo con que Cristo apareci\u00f3 a sus disc\u00edpulos con el cuerpo que fue puesto en el sepulcro de Jos\u00e9 de Arimatea, pero ocurri\u00f3 un gran cambio en ese cuerpo cuando Cristo resucit\u00f3 de entre los muertos, aunque no se nos ha revelado la naturaleza del cambio. Sabemos m\u00e1s, quiz\u00e1s, del cuerpo resucitado de nuestro Se\u00f1or por la descripci\u00f3n que Pablo hace de nuestros futuros cuerpos resucitados que por lo que los relatos de los evangelios dicen.<\/p>\n<ol>\n<li><em>Las apariciones de \u00e1ngeles<\/em>. Todos los relatos evang\u00e9licos mencionan las apariciones de \u00e1ngeles en un momento particular despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or el domingo de resurrecci\u00f3n por la ma\u00f1ana (Mt. 28:1\u20138; Mr. 16:5\u20138; Lc. 24:3\u20139, 22\u201323; Jn. 20:11\u201313). Estos no ofrecen m\u00e1s dificultad que las apariciones de \u00e1ngeles en la anunciaci\u00f3n, en la tentaci\u00f3n, etc.<\/li>\n<li><em>Los ap\u00f3stoles transformados<\/em>. El cuarto testimonio b\u00e1sico del hecho de la resurrecci\u00f3n de Cristo es el cambio instant\u00e1neo, profundo y permanente que vino sobre los ap\u00f3stoles cuando, durante los d\u00edas que siguieron a la ma\u00f1ana de la resurrecci\u00f3n, quedaron convencidos que Cristo hab\u00eda resucitado. La cobard\u00eda mostrada inmediatamente antes de la crucifixi\u00f3n se acab\u00f3 para no volver jam\u00e1s y, en su lugar, aparece una valent\u00eda que perdurar\u00e1 a trav\u00e9s de los a\u00f1os venideros hasta la hora del martirio. Se reconoce que ellos fueron por todo lugar predicando a Cristo y la resurrecci\u00f3n: su recompensa fue la persecuci\u00f3n, padecimientos, encarcelamientos y, finalmente, el martirio. Nada pod\u00eda haberlos impulsado hacia los cuatro puntos cardinales, soportando una vida dura por amor de Cristo, sino la convicci\u00f3n que este Cristo hab\u00eda sido resucitado de entre los muertos por Dios, y de ese modo, declarado Hijo de Dios. Sus convicciones fueron reconocidas por el Esp\u00edritu Santo, y fue con \u00abgran poder\u00bb que ellos proclamaron esta verdad (Hch. 4:33). La convicci\u00f3n se hizo contagiosa, de modo que, jud\u00edos y gentiles por igual, fueron convencidos que Cristo hab\u00eda resucitado, y las iglesias brotaron a trav\u00e9s de todo el mundo mediterr\u00e1neo. Los ap\u00f3stoles y sus asociados pod\u00edan predicar la resurrecci\u00f3n de Cristo porque ellos, de esa generaci\u00f3n, hab\u00edan sido testigos de estas cosas (Lc. 24:48; Hch. 1:8).<\/li>\n<li><em>La observancia del D\u00eda del Se\u00f1or<\/em>. Una consecuencia m\u00e1s de la resurrecci\u00f3n se relata en el NT, y es testificada a trav\u00e9s de los siglos siguientes por el cristianismo: el cambio del d\u00eda de culto del s\u00e1bado, el s\u00e9ptimo d\u00eda, tan religiosamente observado por los jud\u00edos a trav\u00e9s del mundo desde los primeros tiempos, al domingo. La frase \u00abel primer d\u00eda de la semana\u00bb no se encuentra en la Escritura hasta la amanecida del d\u00eda de la resurrecci\u00f3n, y es introducida por los Sin\u00f3pticos y Juan en sus relatos de los hechos del d\u00eda de la resurrecci\u00f3n (Mt. 28:1; Mr. 16:2, 9; Lc. 24:1; Jn. 20:1, 19); V\u00e9ase tambi\u00e9n Hch. 20:7; 1 Co. 16:2.<\/li>\n<li><em>La predicaci\u00f3n de la resurrecci\u00f3n en la iglesia primitiva<\/em>. El libro de Los Hechos testifica del hecho de que fue por la predicaci\u00f3n de la resurrecci\u00f3n de Cristo que el mundo fue trastornado. El primer serm\u00f3n, el d\u00eda de Pentecost\u00e9s, se bas\u00f3 en las Escrituras prof\u00e9ticas, en la tumba vac\u00eda y en el Se\u00f1or resucitado. A partir de esa base, el serm\u00f3n demostr\u00f3 que Dios hab\u00eda hecho a Jes\u00fas Se\u00f1or y Cristo, al cual los jud\u00edos hab\u00edan crucificado. Los primeros ap\u00f3stoles tomaron en serio el hecho de que hab\u00edan sido comisionados para ser testigos de estas cosas (Lc. 24:46\u201347). En cuanto a otras referencias acerca de la predicaci\u00f3n de la resurrecci\u00f3n, v\u00e9ase Hch. 2:32; 3:15; 5:32; 10:39; 13:31\u201332; 26:16). Fue a este hecho al que Pablo constantemente recurri\u00f3 en las diversas defensas a que se vio obligado ante los gobernadores de Palestina y Siria: \u00abAcerca de la esperanza y de la resurrecci\u00f3n se me juzga\u00bb (Hch. 23:6; 24:15; 25:9; 26:8, 23).<\/li>\n<li>Implicaciones teol\u00f3gigas de la resurrecci\u00f3n de Cristo.<\/li>\n<li><em>Confirma la veracidad de las ense\u00f1anzas de Cristo<\/em>. Si Cristo dijo en forma definida y detallada, que despu\u00e9s que subieran a Jerusal\u00e9n \u00e9l ser\u00eda muerto y resucitar\u00eda al tercer d\u00eda, y esta predicci\u00f3n se cumpli\u00f3, parecer\u00eda que todo lo dem\u00e1s deber\u00eda tambi\u00e9n ser aceptado como verdad: que su sangre iba a ser derramada para remisi\u00f3n de pecados; que descendi\u00f3 del Padre; que las palabras que hablaba se las hab\u00eda entregado el Padre; que \u00e9l y el Padre eran uno; que \u00e9l era el Hijo de Dios; que todo aquel que cree en \u00e9l tiene vida eterna, y el que reh\u00fasa creer en \u00e9l se condenar\u00e1 eternamente. El sepulcro vac\u00edo y el hecho del Se\u00f1or resucitado debiera asegurarnos para siempre que cuando Jes\u00fas dijo que iba a preparar lugar para nosotros, que \u00e9l vendr\u00eda otra vez y nos recibir\u00eda consigo, que los muertos oir\u00edan la voz del Hijo de Dios y saldr\u00edan de sus sepulcros, y que \u00e9l ser\u00eda el juez para toda la humanidad, \u00e9l estaba diciendo la verdad. Es imposible aceptar la resurrecci\u00f3n de Cristo y albergar dudas acerca de la veracidad de todas las palabras que proceden de sus labios.<\/li>\n<li><em>Su alcance sobre la persona y la obra de Cristo<\/em>. En Ro. 1:4, Pablo declara cu\u00e1l era la creencia universal de la iglesia s\u00f3lo una generaci\u00f3n despu\u00e9s de la vida terrenal del Se\u00f1or. En aquel per\u00edodo, la iglesia reconoc\u00eda a Jes\u00fas como Hijo de David, un ser humano, e Hijo de Dios, un ser divino. El texto dice que este \u00faltimo hecho es declarado \u00abpor la resurrecci\u00f3n de entre los muertos\u00bb.<\/li>\n<\/ol>\n<p>Pablo, adem\u00e1s, afirma que aunque Cristo muri\u00f3 por nuestros pecados, fue resucitado para nuestra justificaci\u00f3n (Ro. 4:25), implicando que el acto divino por el cual los pecadores, debido a la muerte de Cristo, son justificados por un Dios santo y justo, es sellado y declarado por la resurrecci\u00f3n de uno que muri\u00f3 por nosotros.<\/p>\n<ol>\n<li><em>Su relaci\u00f3n con la resurrecci\u00f3n de los creyentes<\/em>. La primera ep\u00edstola de Pedro se inicia con una doxolog\u00eda de la cual no se puede encontrar similar en la literatura de ninguna otra religi\u00f3n o fe en el mundo: \u00abBendito el Dios y Padre de nuestro Se\u00f1or Jesucristo, que seg\u00fan su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrecci\u00f3n de Jesucristo de entre los muertos\u00bb. (1:3\u20134). Qu\u00edtese la frase \u00abpor la resurrecci\u00f3n de Jesucristo de los muertos\u00bb, y el pasaje queda destrozado. Es la fe en el Se\u00f1or Jesucristo lo que nos da esta esperanza viva, fe en uno que venci\u00f3 la muerte despu\u00e9s de enfrentarla, y que ahora vive en la gloria de la resurrecci\u00f3n. Pero aun esto no nos dar\u00eda una esperanza viva a menos que nosotros, que creemos en \u00e9l, seamos identificados con \u00e9l. Esta identificaci\u00f3n nos une con su muerte, con su vida y con su resurrecci\u00f3n. Se nos asegura que \u00abel que resucit\u00f3 al Se\u00f1or Jes\u00fas tambi\u00e9n nos resucitar\u00e1 con Jes\u00fas\u00bb (2 Co. 4:4). El ap\u00f3stol alega que si Cristo no hubiera resucitado, nuestra fe ser\u00eda vana, y todos los que durmieron en Cristo habr\u00edan perecido; pero afirma positivamente: \u00abAhora Cristo ha resucitado de los muertos, primicias de los que durmieron es hecho. Porque por cuanto la muerte entr\u00f3 por un hombre, tambi\u00e9n por un hombre la resurrecci\u00f3n de los muertos \u2026 Cristo las primicias; luego los que son de Cristo en su venida\u00bb (1 Co. 15:20\u201321, 23). El cristiano vive nuevamente la vida de Cristo; nace de nuevo por el poder del Esp\u00edritu Santo; camina como peregrino y extranjero en la tierra, y anda haciendo bienes y viviendo seg\u00fan la voluntad de Dios; puede esperar la oposici\u00f3n y el odio del mundo; est\u00e1 crucificado y muerto al mundo y al pecado; y ahora vive en novedad de vida y tiene la esperanza de ser como Cristo en el d\u00eda de su manifestaci\u00f3n.<\/li>\n<li><em>Su influencia sobre la vida presente del creyente<\/em>. Tanto Cristo como los ap\u00f3stoles enfatizan el hecho de que debemos vivir d\u00eda a d\u00eda en el poder manifestado en la resurrecci\u00f3n de Cristo. El tema b\u00e1sico de Romanos 6 es la relaci\u00f3n del Se\u00f1or resucitado con los cristianos de todas las edades, la esencia de lo cual est\u00e1 en los vv. 4\u20135: \u00abPorque somos sepultados juntamente con \u00e9l para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucit\u00f3 de los muertos por la gloria del Padre, as\u00ed tambi\u00e9n nosotros andemos en novedad de vida. Porque si fuimos plantados juntamente con \u00e9l en la semejanza de su muerte, as\u00ed tambi\u00e9n lo seremos en la de su resurrecci\u00f3n\u00bb. El ap\u00f3stol concluye su argumento con las palabras: \u00abAs\u00ed tambi\u00e9n vosotros, consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jes\u00fas \u2026 presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos\u00bb (vv. 11, 13; v\u00e9ase tambi\u00e9n 7:4; Ro. 8:11; Ef. 1:18\u201320; Fil. 3:10\u201311; Col. 2:13).<\/li>\n<\/ol>\n<p>VII. La resurrecci\u00f3n de los creyentes.<\/p>\n<ol>\n<li><em>La naturaleza del cuerpo resucitado<\/em>. El creyente cristiano no tiene que preguntar si habr\u00e1 para \u00e9l una resurrecci\u00f3n, porque esto lo sabe con convicci\u00f3n; pero con frecuencia se puede presentar en la mente de muchos la pregunta de los creyentes en Corinto: \u00ab\u00bfC\u00f3mo resucitar\u00e1n los muertos? \u00bfCon qu\u00e9 cuerpo vendr\u00e1n?\u00bb (1 Co. 15:35). No hay respuesta para estas preguntas fuera de la revelaci\u00f3n de las Sagradas Escrituras, donde se encuentra la respuesta m\u00e1s elaborada en el cap\u00edtulo 15 de la Primera Ep\u00edstola de Pablo a los Corintios. La primera parte del cap\u00edtulo se preocupa de la resurrecci\u00f3n de Cristo, la certeza de ella y su importancia; la porci\u00f3n central, con los problemas de secuencia en la resurrecci\u00f3n, y la \u00faltima secci\u00f3n, con nuestros cuerpos resucitados. Pablo aqu\u00ed presenta cuatro verdades b\u00e1sicas acerca del cuerpo que poseeremos en gloria: ser\u00e1 id\u00e9ntico con el cuerpo terrenal, aunque habr\u00e1 que tener cuidado en definir el sentido de id\u00e9ntico; tendr\u00e1 las cualidades de incorruptibilidad, belleza y poder; ser\u00e1 un cuerpo espiritual, en contraste con nuestro presente cuerpo natural, y ser\u00e1 semejante al cuerpo del Se\u00f1or Jes\u00fas. Habr\u00e1 similitud entre los cuerpos que ahora tenemos y los de la resurrecci\u00f3n. Nos sentiremos c\u00f3modos con nuestros cuerpo resucitados y nos reconoceremos mutuamente. El cuerpo que sufri\u00f3 la muerte como consecuencia del pecado ser\u00e1 levantado de entre los muertos. Aqu\u00ed surge un misterio: \u00bfen torno a qu\u00e9 ser\u00e1 formado este cuerpo resucitado? Si la espiga de trigo, por ejemplo, debe proceder de un germen vivo que ha sido sepultado en tierra, \u00bfhay alg\u00fan germen oculto en nuestro propio ser en torno al cual Cristo construir\u00e1 nuestros cuerpos resucitados? \u00c9ste era el punto de vista de William Milligan (<em>Resurrection of the Dead<\/em>, Edimburgo, 1894, pp. 122\u2013123).<\/li>\n<li><em>El tiempo de la resurrecci\u00f3n<\/em>. El cap\u00edtulo 15 de Primera de Corintios, especialmente los vv. 20\u201328, contiene m\u00e1s datos acerca del tiempo de la resurrecci\u00f3n que cualquier otro pasaje en el NT. Pablo da la siguiente secuencia de los hechos: Cristo mismo es las primicias, y nosotros seremos resucitados en su venida; \u00e9l debe reinar hasta que todos los enemigos sean puestos bajo sus pies, el \u00faltimo de los cuales es la muerte; cuando haya sometido todo a s\u00ed, entregar\u00e1 el reino a Dios el Padre, y \u00e9l se sujetar\u00e1 a Dios que pone bajo \u00e9l todas las cosas.<\/li>\n<\/ol>\n<p>La resurrecci\u00f3n no es algo que en forma natural pondr\u00e1 fin a la historia humana; es un acontecimiento sobrenatural. Cristo es las primicias de la resurrecci\u00f3n; \u00e9l es la resurrecci\u00f3n; nuestros cuerpos ser\u00e1n semejantes a su cuerpo glorioso; ser\u00e1 en su segunda venida que los muertos oir\u00e1n la voz del Hijo del Hombre y ser\u00e1n resucitados. Todas las cosas se relacionan con la persona y obra de la segunda persona de la divinidad. La historia, la filosof\u00eda y la ciencia humanas nada saben de tal acontecimiento, y, sin Cristo, nadie tiene derecho a esperar tal destino eterno.<\/p>\n<p>VIII. Oposici\u00f3n a la verdad de la resurrecci\u00f3n de Cristo y de los cristianos.<\/p>\n<ol>\n<li><em>En el Nuevo Testamento<\/em>. En el NT se mencionan tres grupos diferentes que repudiaban la resurrecci\u00f3n. Primero, los saduceos (Mt. 22:23; Hch. 23:6\u20138). Luego algunos en la iglesia de Corinto, que dec\u00edan que no hab\u00eda resurrecci\u00f3n de muertos, actitud que podr\u00eda haber derivado de la influencia saducea; pero m\u00e1s probablemente de las incipientes creencias del gnosticismo (1 Co. 15:12). Finalmente, Pablo se refiere a dos hombres, Himeneo y Fileto, que estaban ense\u00f1ando que la resurrecci\u00f3n era ya un acontecimiento del pasado (2 Ti. 2:17\u201318). Estos hombres, y sin duda otros, estaban insistiendo en que la \u00fanica resurrecci\u00f3n prometida en las Escrituras era una resurrecci\u00f3n espiritual o regeneraci\u00f3n, la que ya hab\u00eda ocurrido en el caso de los cristianos, y que no era necesario esperar una resurrecci\u00f3n corporal posterior.<\/li>\n<li><em>En las primeras herej\u00edas<\/em>. La negaci\u00f3n de la resurrecci\u00f3n en las herej\u00edas gn\u00f3sticas fue una plaga que estuvo en la iglesia por muchas d\u00e9cadas, y las referencias a esta herej\u00eda son frecuentes en los escritos de los Padres de la iglesia. En cuanto a referencias, v\u00e9ase Ireneo, <em>Contra las herej\u00edas<\/em>, I, 19:3; Bas\u00edlides, II, 48:2; Justino M\u00e1rtir, <em>Di\u00e1logo<\/em> LXXX; Tertuliano, <em>Prescripci\u00f3n<\/em>, VII. Generalmente se reconoce que la iglesia enfrent\u00f3 en forma exitosa estas ense\u00f1anzas her\u00e9ticas.<\/li>\n<li><em>Entre los de\u00edstas<\/em>. El ataque inicial de los tiempos modernos contra los relatos de los Evangelios sobre la resurrecci\u00f3n fue el de los de\u00edstas, particularmente en las obras de John Toland (1670\u20131722), Anthony Collins (1676\u20131729), Thomas Woolston (1669\u20131731) y Matthew Tindal (1656\u20131733). Estos hombres atacaron todo aspecto importante de la revelaci\u00f3n b\u00edblica que tuviera que ver con la creencia en lo milagroso y sobrenatural, dirigi\u00e9ndolos muy especialmente contra el cumplimiento de las profec\u00edas y los milagros de nuestro Se\u00f1or, incluida la resurrecci\u00f3n corporal. Sin embargo, el de\u00edsmo fue frenado por la masa de literatura apolog\u00e9tica escrita por hombres de gran capacidad en la argumentaci\u00f3n, a la altura de los de\u00edstas. Una de las obras principales de esta literatura es la obra de Gilbert West, <em>Observations on the History and the Evidence of the Rcsurrection of Christ<\/em> (1747).<\/li>\n<li><em>En las literaturas racionalistas francesa y alemana<\/em>. El de\u00edsmo aun no mor\u00eda completamente cuando surgi\u00f3 un nuevo tipo de acercamiento en el ataque a la verdad cardinal de la resurrecci\u00f3n de Cristo, el cual se conoce como cr\u00edtica de los evangelios. Se origin\u00f3 con el erudito alem\u00e1n H.S. Reimarus (1694\u20131768), que dej\u00f3 una cantidad de escritos que atacaban la historicidad de los evangelios, principalmente de la resurrecci\u00f3n, publicados m\u00e1s adelante por el escritor alem\u00e1n G.E. Lessing, entonces bibliotecario del Wolfenbuettel (1774\u20131778). V\u00e9ase A.S. Farrar, <em>Critical History of Free Thought<\/em>, Bampton Lectures for 1862, Londres, 1862, pp. 316\u2013319, 602\u2013604).<\/li>\n<li><em>En la cr\u00edtica b\u00edblica de los siglos diecinueve y veinte<\/em>. A\u00fan se sent\u00eda la influencia de Reimarus cuando David F. Strauss (1808\u20131874) lanz\u00f3 un poderos\u00edsimo ataque en su <em>Leben Jesu<\/em> (1835\u201336), donde desarrollaba la idea de que \u00e9sta era sencillamente una leyenda oriental o mito construido a partir de temas mitol\u00f3gicos que eran corrientes en el primer siglo, punto de vista que a\u00fan se encuentra en algunas obras del liberalismo extremo. A mediados del siglo veinte se ha dado una nueva forma de ataque contra la historicidad de la resurrecci\u00f3n de Cristo. Este ataque fue promovido en forma poderos\u00edsima por Rudolf Bultmann en su esquema para desmitificar el NT. Niega que haya habido resurrecci\u00f3n corporal, aunque no trata de explicar la tumba vac\u00eda y con toda franqueza afirma: \u00abLa resurrecci\u00f3n misma no es un evento de la historia\u00bb. Sin embargo, la iglesia no debe abandonar el tema de la resurrecci\u00f3n: \u00abLa verdadera fe en la resurrecci\u00f3n es fe en la palabra predicada. Si el evento del d\u00eda de la resurrecci\u00f3n es en alg\u00fan sentido un evento adicional al evento de la cruz, se trata nada m\u00e1s que del surgimiento de la fe en el Se\u00f1or resucitado, puesto que fue esta fe la que llev\u00f3 a la predicaci\u00f3n apost\u00f3lica\u00bb (\u00abNew Testament and Mythology\u00bb, en <em>Kerygma and Myth<\/em>, editado por Hans Werner Bartsch, Londres, 1953, pp. 39\u201342). En otras palabras, Bultmann alega que debemos despojar el NT de eventos que participan de un aspecto sobrenatural, porque, as\u00ed lo dice, lo sobrenatural no puede ocurrir en la historia. Pero tienen su lugar: son s\u00edmbolos, y el siglo veinte debe retener la verdad del s\u00edmbolo aun cuando pierda lo que se crey\u00f3 que una vez era la realidad hist\u00f3rica que hab\u00eda tras el s\u00edmbolo. La fe en un Se\u00f1or resucitado estaba all\u00ed, pero no hubo una real resurrecci\u00f3n de entre los muertos.<\/li>\n<li><em>En la enciclopedia sovi\u00e9tica<\/em>. La propaganda comunista rusa quiso eliminar la resurrecci\u00f3n. En la gran Enciclopedia Sovi\u00e9tica se negaba la historicidad de Cristo mismo. En el art\u00edculo \u00abLa Resurrecci\u00f3n de los Muertos\u00bb (1929, vol. XIII, p. 196, traducido por D.V. Benson al ingl\u00e9s para este art\u00edculo) se presentaba la doctrina de la resurrecci\u00f3n en el Credo Niceno, con el comentario: \u00abEste dogma se encuentra como la m\u00e1s decisiva contradicci\u00f3n con el conocimiento cient\u00edfico natural que reconoce el car\u00e1cter ineludible de la muerte como la destrucci\u00f3n de la individualidad con sus peculiaridades f\u00edsicas y ps\u00edquicas\u00bb. El escritor se refier\u00eda al \u00abdogma de la resurrecci\u00f3n de los muertos\u00bb como \u00abuna creencia primitiva peculiar a todos los pueblos incultos\u00bb. No se dan las bases para una declaraci\u00f3n de este tipo, pero el art\u00edculo concluye: \u00abFactualmente hablando, la iglesia contempor\u00e1nea predica solamente la inmortalidad del alma, respecto de la cual los te\u00f3logos no se encuentran en posici\u00f3n de reconciliar este espiritualismo religioso filos\u00f3fico con la burda creencia primitiva en la preservaci\u00f3n o posibilidad de regeneraci\u00f3n de la vida en un cad\u00e1ver\u00bb.<\/li>\n<li><em>La incredulidad de la ciencia moderna<\/em>. La negaci\u00f3n de la resurrecci\u00f3n en nombre de la ciencia moderna, sin embargo, no es exclusiva de los pa\u00edses dominados por el materialismo marxista. En una cuidadosa encuesta hecha entre cient\u00edficos bi\u00f3logos y f\u00edsicos que aparecen en la lista de <em>Who\u2019s Who in America<\/em>, en la que 228 respondieron de las 521 encuestas enviadas, 36 afirmaron su fe en la resurrecci\u00f3n, 142 negaron que Cristo hubiera resucitado de entre los muertos, 28 indicaron que no quer\u00edan expresar opini\u00f3n, y 23 dijeron que no sab\u00edan. Esto significa que solamente uno de cada cinco de los principales cient\u00edficos de los Estados Unidos cree, hoy en d\u00eda, en la resurrecci\u00f3n de Cristo. De los 88 que indicaron que eran miembros de una iglesia protestante, 41 dijeron que no cre\u00edan en la resurrecci\u00f3n, siete que no sab\u00edan y 12 no ten\u00edan opini\u00f3n, (v\u00e9ase mi art\u00edculo \u00abTwenty Century Scientists and the Resurrection of Christ\u00bb, en <em>Christianity Today<\/em>, 15 de abril de 1957, pp. 3\u20136, 22). Si no hay un resurgimiento de la firme creencia en la doctrina cristiana en nuestra generaci\u00f3n, la proporci\u00f3n de respuestas negativas aumentar\u00e1.<\/li>\n<\/ol>\n<p>En vista del bombardeo de la nueva escuela de desmitificaci\u00f3n, de la educaci\u00f3n atea en Rusia, y el creciente dominio de una ciencia naturalista en el mundo occidental, la iglesia debe proponerse la tarea de reexaminar completamente la raz\u00f3n de su creencia en la resurrecci\u00f3n del cuerpo, o debe prepararse para ver que estas dos verdades (la resurrecci\u00f3n de Cristo y la nuestra) se nieguen con una frecuencia cada vez mayor, y que con su eliminaci\u00f3n se desvanezcan varias verdades cardinales relacionadas. Sin embargo, debemos afirmar que el pensamiento moderno no ha desarrollado ninguna raz\u00f3n b\u00e1sica incontrovertible por la que los hombres no puedan todav\u00eda declarar: \u00abCreo en Jesucristo \u2026 que \u2026 resucit\u00f3 de los muertos al tercer d\u00eda\u00bb, y \u00abCreo en \u2026 la resurrecci\u00f3n del cuerpo\u00bb.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00cdA<\/p>\n<p>De la vasta literatura existente sobre el tema, aqu\u00ed damos una lista de relativamente pocos libros. Los primeros tres se incluyen debido a la reputaci\u00f3n que han adquirido y a su extensa influencia a trav\u00e9s de varias generaciones: Thomas Sherlock, <em>The Trial of the Witnesses of the Resurrection of Jesus<\/em>; G. West, <em>Observations on the History and Evidence of the Resurrection of Jesus Christ<\/em>; E.M. Goulburn, <em>The Doctrine of the Resurrection of the Body as Taught in Holy Scripture<\/em>. Dos libros escritos por B.F. Westcott todav\u00eda merecen ser le\u00eddos: <em>The Gospel of the Resurrection y Revelation of the Risen Lord<\/em>. En la primera parte de nuestro siglo aparecieron cuatro de los mejores libros sobre este tema: W. Milligan, <em>The Resurrection of our Lord<\/em>; W.J. Sparrow-Simpson, <em>The Resurrection and Modern Thought<\/em> (en muchos sentidos el libro en ingl\u00e9s m\u00e1s completo y m\u00e1s importante sobre la resurrecci\u00f3n); J. Orr, <em>The Resurrection of Jesus<\/em>; H. Latham, <em>The Risen Master<\/em>; T.J. Thorbum <em>The Resurrection Narratives and Modern Criticism<\/em>; J.M. Shaw, <em>The Resurrection of Christ<\/em>; D. Hayes, <em>The Resurrection Fact<\/em>; C.C. Dobson, <em>The Empty Tomb and the Risen Lord<\/em>; A.M. Ramsey, <em>The Resurrection of Christ: An Essay in Biblical Theology<\/em>.<\/p>\n<p>Wilbur M. Smith<\/p>\n<p><a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\"><\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">RV60 <\/a>Reina-Valera, Revisi\u00f3n 1960<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\"><\/a>Harrison, E. F., Bromiley, G. W., &amp; Henry, C. F. H. (2006). <em>Diccionario de Teologi\u0301a<\/em> (529). Grand Rapids, MI: Libros Desafi\u0301o.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Teolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p><p style='text-align:justify;'><span lang=ES style=''>La caracter\u00edstica m\u00e1s extraordinaria de la predicaci\u00f3n cristiana es el acento que se pone en la resurrecci\u00f3n. Los primeros predicadores estaban seguros de que Cristo se hab\u00eda levantado de entre los muertos, y seguros, en consecuencia, de que los creyentes tambi\u00e9n ser\u00edan resucitados en el d\u00eda se\u00f1alado. Esto los distingui\u00f3 de todos los dem\u00e1s maestros del mundo antiguo. Hay resurrecciones en otras partes, pero ninguna como la de Cristo. En general se trata de relatos mitol\u00f3gicos relacionados con el cambio de estaci\u00f3n y el milagro anual de la primavera. Los evangelios nos hablan de un hombre que realmente muri\u00f3, pero que venci\u00f3 la muerte al levantarse nuevamente. Y si bien es cierto que la resurrecci\u00f3n de Cristo no se parece en nada a lo que encontramos en el paganismo, tambi\u00e9n es cierto que la actitud de los creyentes con respecto a su propia resurrecci\u00f3n, corolario de la de su Se\u00f1or, es radicalmente diferente de todo lo que ocurre en el mundo pagano. Nada hay que sea m\u00e1s caracter\u00edstico del mejor pensamiento de la \u00e9poca, que su desesperanza frente a la muerte. Resulta claro que la resurrecci\u00f3n es de primordial importancia para la fe cristiana.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>El concepto cristiano de la resurrecci\u00f3n debe distinguirse tanto del concepto griego como del jud\u00edo. Los griegos pensaban que el cuerpo era algo que imped\u00eda la verdadera vida, y esperaban el momento en que el alma se liberar\u00eda de su prisi\u00f3n. Conceb\u00edan la vida despu\u00e9s de la muerte en funci\u00f3n de la inmortalidad del alma, pero rechazaban firmemente toda idea de resurrecci\u00f3n (cf. la burla ante la predicaci\u00f3n de Pablo en Hch. 17.32). Los jud\u00edos estaban firmemente persuadidos de los valores del cuerpo, y pensaban que estos no se perder\u00edan, por lo que esperaban la resurrecci\u00f3n del cuerpo. Pero cre\u00edan que ser\u00eda exactamente el mismo cuerpo (<i>Apocalipsis de Baruc <\/i>1.2). Los cristianos pensaban que el cuerpo ser\u00eda resucitado, pero tambi\u00e9n transformado para convertirse en veh\u00edculo adecuado para una vida diferente en la era venidera (1 Co. 15.42ss). El concepto cristiano es, por lo tanto, distintivo.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>I. La resurrecci\u00f3n en el Antiguo Testamento<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>Poco hay sobre la resurrecci\u00f3n en el AT, lo que no quiere decir que no se la mencione, sino que no alcanza prominencia. Los hombres del AT eran muy pr\u00e1cticos, y se concentraban en la tarea de vivir la vida presente al servicio de Dios; poco tiempo ten\u00edan para especular sobre la vida venidera. Adem\u00e1s, no debemos olvidar que viv\u00edan del otro lado de la resurrecci\u00f3n de Cristo, y es esto \u00faltimo lo que da base a la doctrina. A veces empleaban la idea de la resurrecci\u00f3n para expresar la esperanza nacional del renacimiento de la naci\u00f3n (p. ej. Ez. 37). La declaraci\u00f3n m\u00e1s clara sobre la resurrecci\u00f3n del individuo la encontramos en Dn. 12.2, \u201cy muchos de los que duermen en el polvo de la tierra ser\u00e1n despertados, unos para vida eterna, y otros para verg\u00fcenza y confusi\u00f3n perpetua\u201d. Esto claramente contempla la resurrecci\u00f3n, tanto de los justos como de los imp\u00edos, y tambi\u00e9n considera las consecuencias eternas de las acciones humanas. Hay otros pasajes que tratan la resurrecci\u00f3n, principalmente algunos de los salmos (p. ej. Sal. 16.10s; 49.14s). Se disputa el significado preciso de la gran afirmaci\u00f3n de Job (Job 19.25\u201327), pero es dif\u00edcil pensar que no est\u00e9 presente all\u00ed la idea de la resurrecci\u00f3n. A veces los profetas se ocupan del tema tambi\u00e9n (p. ej. Is. 26.19). Pero en general el AT poco nos dice sobre el mismo. Esto quiz\u00e1s se deba a que alguna doctrina sobre la resurrecci\u00f3n exist\u00eda en pueblos como los egipcios y los babilonios. En una \u00e9poca en que el sincretismo constitu\u00eda un grave peligro, este hecho sin duda disuadir\u00eda a los hebreos de prestar demasiada atenci\u00f3n a la idea.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Durante el per\u00edodo intertestamentario, cuando el peligro no era tan inminente, la idea se vuelve mas prominente. No se alcanza uniformidad, y aun en la \u00e9poca del NT los saduceos todav\u00eda negaban que hubiera resurrecci\u00f3n. Pero para entonces la mayor parte de los jud\u00edos ya hab\u00eda aceptado alguna idea acerca de la resurrecci\u00f3n. Generalmente pensaban que el mismo cuerpo volver\u00eda a la vida tal como estaba.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>II. La resurrecci\u00f3n de Cristo<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>En tres ocasiones Cristo volvi\u00f3 a la vida a ciertas personas (la hija de Jairo, el hijo de la viuda de Na\u00edn, y L\u00e1zaro). Pero estos casos no deben tomarse como casos de resurrecci\u00f3n sino de resucitaci\u00f3n. No hay indicaci\u00f3n de que estas personas hayan hecho otra cosa que volver a la vida que hab\u00edan dejado. Y Pablo nos dice expl\u00edcitamente que Cristo es \u201cprimicias de los que durmieron\u201d (1 Co. 15.20). Pero estos milagros nos muestran que Cristo es Se\u00f1or de la muerte. El tema vuelve a hacerse presente en el hecho de que \u00e9l hab\u00eda profetizado que se levantar\u00eda tres d\u00edas despu\u00e9s de su crucifixi\u00f3n (Mr. 8.31; 9.31; 10.34, etc.). Este punto es importante, ya que nos muestra a Cristo en forma suprema como due\u00f1o de la situaci\u00f3n. Y tambi\u00e9n significa que la resurrecci\u00f3n es de primordial importancia, porque en ella est\u00e1 comprometida la veracidad de nuestro Se\u00f1or.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Los evangelios nos dicen que Jes\u00fas fue crucificado, que muri\u00f3, y que al tercer d\u00eda la tumba en que hab\u00eda sido colocado estaba vac\u00eda. Unos \u00e1ngeles les dijeron a algunas mujeres que se hab\u00eda levantado de los muertos. Durante algunas semanas Jes\u00fas apareci\u00f3 peri\u00f3dicamente ante sus seguidores. Pablo menciona algunas de estas apariciones, pero no menciona explicitamente la tumba vac\u00eda, por lo que algunos eruditos sugieren que ella no figuraba en la tradici\u00f3n de la iglesia primitiva. Pero bien podr\u00edamos responder que Pablo da por sentado que la tumba qued\u00f3 vac\u00eda. \u00bfQu\u00e9 otra cosa podr\u00eda significar el que dijera que Jes\u00fas \u201cfue sepultado, y que resucit\u00f3 al tercer d\u00eda \u2026\u201d (1 Co. 15.4)? No ten\u00eda objeto que mencionara expresamente la sepultura si no estaba pensando en la tumba vac\u00eda. Adem\u00e1s, la mencionan los cuatro evangelios. Debe aceptarse como parte de la aut\u00e9ntica tradici\u00f3n cristiana. Algunos han sugerido que los disc\u00edpulos acudieron a una tumba equivocada, en la que un hombre vestido de blanco les dijo, \u201cno est\u00e1 aqu\u00ed\u201d, con lo que quiso decir, \u201cest\u00e1 en otra tumba\u201d. Pero, en primer lugar, esto es pura especulaci\u00f3n, y, en segundo lugar, da pie a un sinn\u00famero de interrogantes. Es imposible sostener que todos se equivocaron de tumba, tanto los amigos como los enemigos. Cuando en las primeras predicaciones se hizo hincapi\u00e9 en la resurrecci\u00f3n, podemos estar seguros de que las autoridades habr\u00edan hecho todo lo posible por encontrar el cuerpo.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Pero si la tumba estaba realmente vac\u00eda parecer\u00eda que s\u00f3lo tenemos tres posibilidades: que sus amigos se llevaron el cuerpo, que se lo llevaron sus enemigos, o que Jes\u00fas resucit\u00f3. Es demasiado dif\u00edcil sostener la primera hip\u00f3tesis. Todas las pruebas de que disponemos nos indican que los disc\u00edpulos no pensaban en la resurrecci\u00f3n, y que la noche del primer viernes santo se los ve como hombres sin esperanza. Eran hombres vencidos, descorazonados, que se ocultaban por miedo a los jud\u00edos. Adem\u00e1s, Mateo nos dice que se coloc\u00f3 una guardia en la tumba, de modo que no pod\u00edan robar el cuerpo, aun cuando hubieran querido hacerlo. Pero lo m\u00e1s incre\u00edble es que estuvieran dispuestos a sufrir posteriormente por predicar la resurrecci\u00f3n, como nos dice el libro de Hechos que realmente ocurri\u00f3. Algunos sufrieron prisi\u00f3n, y Jacobo fue ejecutado. Nadie sufre una pena as\u00ed por sostener una mentira conscientemente. Tambi\u00e9n debemos recordar que cuando la secta cristiana lleg\u00f3 a perturbar suficientemente a las autoridades como para que se la persiguiera, los jefes de los sacerdotes habr\u00edan pagado con gusto por cualquier informaci\u00f3n relativa al robo del cuerpo, y el caso de Judas nos basta para demostrar que podr\u00eda haberse encontrado un traidor en las filas del propio Jes\u00fas. La conclusi\u00f3n a que se llega es que es imposible sostener que los creyentes robaron el cuerpo de Cristo.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Igualmente dif\u00edcil de sostener es la teor\u00eda de que sus enemigos se apoderaron del cuerpo. \u00bfQu\u00e9 motivo hubieran tenido? No encontramos motivo alguno. Haberlo hecho habr\u00eda significado echar a rodar rumores de una resurrecci\u00f3n que seg\u00fan vemos ten\u00edan sumo inter\u00e9s en evitar. Adem\u00e1s, la guardia junto a la tumba hubiera sido un obst\u00e1culo tan grande para ellos como para los amigos del Se\u00f1or. Pero la objeci\u00f3n absolutamente decisiva es que no pudieron mostrar el cuerpo cuando empez\u00f3 la primera predicaci\u00f3n. Pedro y sus compa\u00f1eros pusieron gran empe\u00f1o en hablar de la resurrecci\u00f3n de su Se\u00f1or. Es evidente que ella hizo un gran impacto en la imaginaci\u00f3n de los disc\u00edpulos. Si en esas circunstancias sus enemigos hubieran mostrado el cuerpo de Jes\u00fas, la iglesia cristiana se hubiese disuelto en medio de la burla. El silencio de los jud\u00edos es tan significativo como la predicaci\u00f3n de los cristianos. El hecho de que los enemigos de Jes\u00fas hayan sido incapaces de mostrar su cuerpo es prueba concluyente de que no estaban en condiciones de hacerlo.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Como parece imposible sostener ya sea que sus amigos o sus enemigos robaron el cuerpo, y desde el momento en que la tumba estaba vac\u00eda, nos vemos ante la disyuntiva de aceptar o no la hip\u00f3tesis de la resurrecci\u00f3n, hecho que corroboran las apariciones de Jes\u00fas despu\u00e9s de su resurrecci\u00f3n. En total hubo diez apariciones diferentes, seg\u00fan nos lo dicen los cinco relatos de que disponemos (los cuatro evangelios y 1 Co. 15). No es f\u00e1cil armonizarlos (aunque no es imposible, como a menudo se afirma; el intento que se hizo en la <i>Santa Biblia Anotada de Scofield<\/i>, por ejemplo, puede o no ser la forma correcta de armonizarlos, pero no cabe duda de que demuestra que es posible hacerlo). Las dificultades no hacen m\u00e1s que demostrar que los relatos son independientes. No se trata de una repetici\u00f3n estereotipada de un relato oficial. Adem\u00e1s, existe un notable acuerdo en cuanto a los hechos principales. Hay una gran variedad de testigos. A veces uno o dos vieron al Se\u00f1or, otras veces un n\u00famero mayor, como en el caso de los once ap\u00f3stoles, y una vez un grupo grande de quinientos disc\u00edpuIos. Entre ellos hab\u00eda hombres y mujeres. La mayor parte de las apariciones fueron a creyentes, pero es posible que la aparici\u00f3n a Jacobo se haya producido cuando este todav\u00eda no cre\u00eda. Especialmente importante es la de Pablo. Aqu\u00ed no se trata de un hombre cr\u00e9dulo, sino de un hombre culto que se opon\u00eda enconadamente a los cristianos. Y Pablo es terminante cuando afirma que vio a Jes\u00fas despu\u00e9s de su resurrecci\u00f3n de entre los muertos. Tan seguro estaba de ello que afinc\u00f3 todo el resto de su carrera terrenal en esa certidumbre. El can\u00f3nigo Kennett lo expresa rotundamente cuando dice que Pablo se convirti\u00f3 antes de que se cumplieran cinco a\u00f1os de la crucifixi\u00f3n, y afirma que \u201ca muy pocos a\u00f1os de la \u00e9poca de la crucifixi\u00f3n de Jes\u00fas, las pruebas de su resurrecci\u00f3n estaban en la mente de por lo menos una persona de educaci\u00f3n absolutamente irrefutable\u201d (<i>Interpreter <\/i>5, 1908\u201309, pp. 267).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>No debemos pasar por alto la transformaci\u00f3n de los disc\u00edpulos en todo esto. Como hicimos notar anteriormente, eran hombres vencidos y profundamente desalentados estos seguidores que fueron testigos de la crucifixi\u00f3n, pero poco despu\u00e9s se mostraron dispuestos a ir a la c\u00e1rcel, e incluso a morir, por amor a Cristo. \u00bfQu\u00e9 fue lo que los hizo cambiar de esta manera? Los hombres no corren semejantes riesgos a menos que est\u00e9n seguros de lo que creen. Los disc\u00edpulos estaban completamente convencidos. Quizas deber\u00edamos a\u00f1adir que su certeza se reflejaba en su modo de adorar. Eran jud\u00edos, y los jud\u00edos son tenaces en la adherencia a sus costumbres religiosas. Sin embargo, estos hombres comenzaron a observar el d\u00eda del Se\u00f1or, en memoria semanal de la resurrecci\u00f3n, en lugar del d\u00eda de reposo. En ese d\u00eda del Se\u00f1or celebraban la santa comuni\u00f3n, que no era una conmemoraci\u00f3n de un Cristo muerto, sino una agradecida rememoraci\u00f3n de las bendiciones que les trasmit\u00eda un Se\u00f1or vivo y triunfante. El otro sacramento, el bautismo, era una recordaci\u00f3n de que los creyentes eran sepultados con Cristo, y que resucitaban con \u00e9l (Col. 2.12). La resurreccion daba significado a todo lo que hac\u00edan.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>A veces se dice que Cristo no muri\u00f3 realmente sino que sufri\u00f3 un desmayo, y que luego, en la frescura de la tumba, volvi\u00f3 en s\u00ed. Esto plantea toda una serie de interrogantes. \u00bfC\u00f3mo logr\u00f3 salir de la tumba? \u00bfQu\u00e9 fue de \u00e9l? \u00bfPor qu\u00e9 no tenemos m\u00e1s noticias de \u00e9l? \u00bfCu\u00e1ndo muri\u00f3? Las preguntas se multiplican sin que aparezca respuesta alguna. Algunos han llegado a creer que los disc\u00edpulos fueron v\u00edctimas de alucinaciones. Pero no podemos explicar as\u00ed las apariciones posteriores a la resurrecci\u00f3n. Las alucinaciones les vienen a los que en cierto sentido las est\u00e1n buscando, y no hay indicios de que haya sido as\u00ed en el caso de los disc\u00edpulos. Una vez comenzadas, las alucinaciones tienden a seguir, mientras que las apariciones cesaron abruptamente. Las alucinaciones son fen\u00f3menos individuales, mientras que en este caso hasta quinientas personas vieron al Se\u00f1or en una misma ocasi\u00f3n. No parecer\u00eda tener sentido cambiar un milagro en el plano f\u00edsico por uno en el plano psicol\u00f3gico, que es justamente lo que exige esta teor\u00eda.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>No obstante, en la actualidad muchos estudiosos niegan lisa y llanamente la posibilidad de una resurrecci\u00f3n f\u00edsica. Pueden afirmar rotundamente que \u201clos huesos de Jes\u00fas descansan en el suelo de Palestina\u201d. Pueden decir que Jes\u00fas \u201cresucit\u00f3\u201d en el sentido de que ingres\u00f3 en el <\/span><span style=''>kerygma<\/span><span lang=ES style=''>; los disc\u00edpulos se convencieron de que hab\u00eda sobrevivido en su paso por la muerte y que, por consiguiente, pod\u00edan predicar que estaba vivo. Pueden, tambi\u00e9n, ubicar el cambio en los disc\u00edpulos. Estos hombres hab\u00edan visto que Jes\u00fas era realmente libre, de modo que comenzaron a experimentar lo mismo ellos tambi\u00e9n. Esto significa que se convencieron de que Jes\u00fas no estaba muerto, sino que era una influencia viva. Dos grandes escollos atraviesan la senda de todas las opiniones semejantes a estas. Uno es que no es esto lo que dicen las fuentes. En forma tan elocuente como pueden expresarlo las palabras, nos afirman que Jes\u00fas muri\u00f3, que fue sepultado, y que resucit\u00f3. La segunda dificultad es de tipo moral. No podemos negar que los disc\u00edpulos cre\u00edan que Jes\u00fas hab\u00eda resucitado. Esto fue lo que les dio su empuje, y esto fue, tambi\u00e9n, el tema central de su predicaci\u00f3n. Si Jes\u00fas estaba muerto, entonces Dios ha edificado la iglesia sobre una ilusi\u00f3n, conclusi\u00f3n inaceptable. Adem\u00e1s, tales puntos de vista ignoran la tumba vac\u00eda. Este es un hecho insoslayable. Quiz\u00e1s es digno de menci\u00f3n el hecho de que estas perspectivas son bastante modernas (aunque ocasionalmente han surgido antecesores, cf 2 Ti. 2.17s). No forman parte del cristianismo hist\u00f3rico, y si fueran correctas, casi todos los cristianos han vivido en el m\u00e1s craso error a trav\u00e9s de los siglos en lo que hace a una doctrina cardinal de la fe.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>III. La resurrecci\u00f3n de los creyentes<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>No s\u00f3lo es verdad que Jes\u00fas resucit\u00f3, sino que un d\u00eda tambi\u00e9n resucitar\u00e1n todos los hombres. Jes\u00fas refut\u00f3 el escepticismo de los saduceos sobre este punto con un interesante argumento tomado de la Escritura (Mt. 22.31\u201332). La posici\u00f3n general del NT es que la resurrecci\u00f3n de Cristo trae aparejada la resurrecci\u00f3n de los creyentes. Jes\u00fas dijo, \u201cyo soy la resurrecci\u00f3n y la vida; el que cree en m\u00ed, aunque est\u00e9 muerto, vivir\u00e1\u201d (Jn. 11.25). En varias ocasiones habl\u00f3 de la resurrecci\u00f3n de los creyentes en el \u00faltimo d\u00eda (Jn. 6.39\u201340, 44, 54). Los saduceos se ofendieron porque los ap\u00f3stoles anunciaban \u201cen Jes\u00fas la resurrecci\u00f3n de entre los muertos\u201d (Hch. 4.2). Pablo nos dice que \u201cpor cuanto la muerte entr\u00f3 por un hombre, tambi\u00e9n por un hombre la resurrecci\u00f3n de los muertos. Porque as\u00ed como en Ad\u00e1n todos mueren, tambi\u00e9n por un hombre la resurrecci\u00f3n de los muertos. Porque as\u00ed como en Ad\u00e1n todos mueren, tambi\u00e9n en Cristo todos ser\u00e1n vivificados\u201d (1 Co. 15.21s; cf. 1 Ts. 4.14). De la misma manera, Pedro dice, \u201cnos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrecci\u00f3n de Jesucristo de los muertos\u2019 (1 P. 1.3). Resulta perfectamente claro que los autores de los libros del NT no pensaban que la resurrecci\u00f3n de Cristo fuese un fen\u00f3meno aislado. Se trataba de un gran acto divino, pleno de consecuencias para los hombres. Al resucitar a Cristo, Dios pon\u00eda su sello de aprobaci\u00f3n sobre la obra expiatoria efectuada en la cruz. Demostraba su poder divino frente al pecado y la muerte, al mismo tiempo que su voluntad de salvar a los hombres. Por ello, la resurrecci\u00f3n de los creyentes es consecuencia inmediata de la de su Salvador. Tan caracter\u00edstico de ellos es la resurrecci\u00f3n que Cristo puede hablar de ellos como \u201chijos de Dios, al ser hijos de la resurrecci\u00f3n\u201d (Lc. 20.36).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Esto no quiere decir que todos los que ser\u00e1n resucitados lo ser\u00e1n para bendici\u00f3n. Jes\u00fas habla de la \u201cresurrecci\u00f3n de vida\u201d, pero tambi\u00e9n habla de la \u201cresurrecci\u00f3n de condenaci\u00f3n\u201d (Jn. 5.29). La clara ense\u00f1anza del NT es que <i>todos <\/i>ser\u00e1n resucitados, pero que los que han rechazado a Cristo encontrar\u00e1n que la resurrecci\u00f3n es asunto sumamente grave. Para los creyentes, el hecho de que su propia resurrecci\u00f3n est\u00e1 relacionada con la de su Salvador transforma totalmente la situaci\u00f3n. A la luz de la obra expiatoria realizada a favor de ellos enfrentan la resurrecci\u00f3n con calma y gozo.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Poco dice la Escritura sobre la naturaleza del cuerpo de resurrecci\u00f3n. Pablo dice que se trata de un \u201ccuerpo espiritual\u201d (1 Co. 15.44), lo que a aparentemente significa que satisface las necesidades del esp\u00edritu. Expresamente lo diferencia del \u201ccuerpo f\u00edsico\u201d que tenemos ahora, e inferimos que un \u201ccuerpo\u201d que satisface las necesidades del esp\u00edritu es, en alg\u00fan sentido, diferente del que actualmente conocemos. El cuerpo espiritual tiene las cualidades de incorruptibilidad, gloria, y poder (1 Co. 15.42s). Nuestro Se\u00f1or nos ha ense\u00f1ado que no habr\u00e1 matrimonio despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n, y por lo tanto no habr\u00e1 funci\u00f3n sexual (Mt. 12.25).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Quiz\u00e1s podamos adelantar algo si pensamos en el cuerpo resucitado de Cristo, porque Juan nos dice que \u201cseremos semejantes a \u00e9l\u201d (1 Jn. 3.2), y Pablo indica que el nuestro es un \u201ccuerpo de humillaci\u00f3n\u201d, pero que ser\u00e1 semejante al \u201ccuerpo de la gloria suya\u201d (Fil. 3.21). Aparentemente el cuerpo de resurrecci\u00f3n de nuestro Se\u00f1or fue en alg\u00fan sentido como el cuerpo natural, y en alg\u00fan sentido diferente. As\u00ed, en algunas ocasiones fue reconocido inmediatamente (Mt. 28.9; Jn. 20.19s), pero en otras no (especialmente en el viaje a Ema\u00fas, Lc. 24.16; cf. Jn. 21). Apareci\u00f3 s\u00fabitamente en medio de sus disc\u00edpulos, que estaban reunidos a puertas cerradas (Jn. 20.19), mientras que, por el contrario, desapareci\u00f3 de la vista de los dos que fueron con \u00e9l a Ema\u00fas (Lc. 24.31). Les dijo que ten\u00eda \u201ccarne\u201d y \u201chuesos\u201d (Lc. 24.39). En algunas ocasiones comi\u00f3 (Lc. 24.41\u201343), aunque no podemos asegurar que el alimento material sea una necesidad en la vida posterior a la muerte (cf. 1 Co. 6.13). Parecer\u00eda que el Se\u00f1or resucitado pod\u00eda conformarse o no a las limitaciones de esta vida f\u00edsica seg\u00fan su voluntad, y esto podr\u00eda indicar que cuando resucitemos tendremos facultades similares.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>IV. Consecuencias doctrinales de la resurrecci\u00f3n<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>La significaci\u00f3n cristol\u00f3gica de la resurrecci\u00f3n es considerable. El hecho de que Jes\u00fas haya profetizado que se levantar\u00eda de los muertos al tercer d\u00eda tiene importantes consecuencias para su persona. El que pudo hacer esto es m\u00e1s grande que los hijos de los hombres. No cabe duda de que Pablo considera que la resurrecci\u00f3n de Cristo reviste capital importancia. \u201cSi Cristo no resucit\u00f3\u201d, dice, \u201cvana es entonces nuestra predicaci\u00f3n, vana es tambi\u00e9n vuestra fe \u2026 si Cristo no resucit\u00f3, vuestra fe es vana; a\u00fan est\u00e1is en vuestros pecados\u201d (1 Co. 15.14, 17). La cuesti\u00f3n es que el cristianismo es un evangelio, es la buena nueva acerca de la forma en que Dios envi\u00f3 a su Hijo para que fuese nuestro Salvador. Pero si, en realidad, Cristo no resucit\u00f3, entonces no tenemos ninguna seguridad de que se haya logrado nuestra salvaci\u00f3n. En consecuencia, la realidad de la resurrecci\u00f3n de Cristo tiene un profundo significado. Tambi\u00e9n es importante la resurrecci\u00f3n de los creyentes. Seg\u00fan Pablo, si los muertos no resucitan bien podr\u00edamos adoptar el lema \u201ccomamos y bebamos, porque ma\u00f1ana moriremos\u201d (1 Co. 15.32). Los creyentes no son personas para quienes esta vida es todo. Su esperanza yace en otra parte (1 Co. 15.19). Esto da perspectiva y profundidad a su modo de vivir.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>La resurrecci\u00f3n de Cristo est\u00e1 relacionada con nuestra salvaci\u00f3n, como cuando Pablo dice que Cristo \u201cfue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificaci\u00f3n\u201d (Ro. 4.25; cf. 8.33s). No hay necesidad alguna de entrar aqu\u00ed en el significado preciso del uso de \u201cpor\u201d y \u201cpara\u201d; esta es tarea que incumbe a los comentaristas. Nos limitaremos a hacer notar que la resurrecci\u00f3n de Cristo tiene relaci\u00f3n con el acto central por medio del cual somos salvos. La salvaci\u00f3n no es algo que ocurre aparte de la resurrecci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Tampoco termina all\u00ed. Pablo habla de su deseo de conocer a Cristo \u201cy el poder de su resurrecci\u00f3n\u201d (Fil 3.10), y exhorta as\u00ed a los colosenses: \u201cSi, pues, hab\u00e9is resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba \u2026\u201d (Col. 3.1). Ya les hab\u00eda recordado que fueron sepultados junto con Cristo en el bautismo, y en el mismo sacramento fueron resucitados juntamente con \u00e9l (Col. 2.12). En otras palabras, el ap\u00f3stol ve el mismo poder que levant\u00f3 a Cristo de entre los muertos obrando en los que son de Cristo. La resurrecci\u00f3n es algo que contin\u00faa.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=';text-transform:uppercase'>Bibliograf\u00eda.<\/span><span lang=ES style=''> \u00b0A M. Ramsey, <i>La resurrecci\u00f3n de Cristo<\/i>, 1971; \u00b0W. Marxsen, <i>La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas como problema hist\u00f3rico y teol\u00f3gico<\/i>, 1979; L. Coenen, \u201cResurrecci\u00f3n\u201d, <i>\u00b0DTNT<\/i>, t(t). IV, pp. 88\u201396; J. Danielou, <i>La resurrecci\u00f3n<\/i>, 1971; L. Boff, <i>La resurrecci\u00f3n de Cristo<\/i>, 1980; E. Ruckstuhl, <i>La resurrecci\u00f3n de Jesucristo<\/i>, 1973; V. Wilkens, <i>La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas: Estudio hist\u00f3rico del testimonio b\u00edblico<\/i>, 1981; S. Vidal, <i>La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas en las cartas de san Pablo<\/i>, 1982; X. Le\u00f3n-Dufour, <i>Resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas y mensaje pascual<\/i>, 1978; W. Eichrodt, <i>Teolog\u00eda del Antiguo Testamento<\/i>, 1975, t(t). II, pp. 499\u2013523; K. H. Schelkle, <i>Teolog\u00eda del Nuevo Testamento<\/i>, 1977, t(t). II, pp. 184\u2013214; O. Schilling, \u201cResurrecci\u00f3n\u201d, <i>\u00b0DTB<\/i>, 1967, cols. 909\u2013922; L. Berkhof, <i>Teolog\u00eda sistem\u00e1tica<\/i>, 1972, pp. 411\u2013416, 863\u2013871.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>W. Milligan, <i>The Resurrection of our Lord<\/i>\u00b2, 1883; J. Orr, <i>The Resurrection of Jesus<\/i>, 1909; W. J. Sparrow-Simpson, <i>The Resurrection and Modern Thought<\/i>, 1911; P. Gardner-Smith, <i>The Narratives of the Resurrection<\/i>, 1926; K. Barth, <i>The Resurrection of the Dead<\/i>, <etiqueta id=\"#_ftn174\" name=\"_ftnref174\" title=\"\">trad. <\/etiqueta><etiqueta id=\"#_ftn175\" name=\"_ftnref175\" title=\"\">ing. 1933; A. M. Ramsey, <\/etiqueta><i>The Resurrection of Christ<\/i>, 1946; G. Vos en <etiqueta id=\"#_ftn176\" name=\"_ftnref176\" title=\"\"><i>PTR<\/i><\/etiqueta> 27, 1929, pp. 1\u201335, 193\u2013226; N. Clark, <i>Interpreting the Resurrection<\/i>, 1967; W. Marxsen, <i>The Resurrection of Jesus of Nazareth<\/i>, 1970; L. Coenen, C. Brown en <i>NIDNTT <\/i>3, pp. 257\u2013309.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal align=right style='text-align:right;line-height:normal'><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green'>L.M.<\/span><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;'>Douglas, J. (2000). Nuevo diccionario Biblico : Primera Edicion. Miami: Sociedades B\u00edblicas Unidas.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mat 22:23; Mar 12:18; Luk 20:27 los saduceos, que dicen que no hay r Mat 22:30 porque en la r ni se casar\u00e1n ni se dar\u00e1n Mat 27:53 despu\u00e9s de la r de \u00e9l, vinieron a la Luk 14:14 pero te ser\u00e1 recompensado en la r de Joh 5:29 saldr\u00e1n a r de vida .. &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/resurreccion\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abRESURRECCION\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-3776","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3776","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3776"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3776\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3776"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3776"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3776"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}