{"id":4260,"date":"2016-02-05T00:20:25","date_gmt":"2016-02-05T05:20:25","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/tentacion\/"},"modified":"2016-02-05T00:20:25","modified_gmt":"2016-02-05T05:20:25","slug":"tentacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/tentacion\/","title":{"rendered":"TENTACION"},"content":{"rendered":"<p>v. Prueba<br \/>\nMat 6:13; Luk 11:4 no nos metas en t .. l\u00edbranos<br \/>\n26:41<\/p>\n<hr>\n<p>Tentaci\u00f3n    (heb. mass\u00e2h, \u00abprueba\u00bb, \u00abdificultad\u00bb; gr. peirasm\u00f3s, \u00abprueba\u00bb, \u00abdificultad\u00bb, \u00abtentaci\u00f3n\u00bb, \u00abincitaci\u00f3n\u00bb).  1.  Los t\u00e9rminos que han sido traducidos de esta manera describen generalmente cualquier situaci\u00f3n que tenga que enfrentar una persona y que implique una prueba de su car\u00e1cter.  En Deu 4:34, 7:19 y 29:3 se tradujo mass\u00e2h por \u00abpruebas\u00bb en la RVR, y se usa para referirse a una circunstancia que puede fortalecer el car\u00e1cter.  En Luk 4:13 el diablo tent\u00f3 a Cristo, o 1149 lo prob\u00f3, con la intenci\u00f3n de quebrantar su decisi\u00f3n de obedecer a Dios.  En las dem\u00e1s referencias que encontramos en el NT, \u00abtentaci\u00f3n\u00bb tiene que ver, en general, con cualesquiera situaciones que podr\u00ed\u00adan debilitar la comuni\u00f3n de la persona con Dios, pero que si se las resiste pacientemente podr\u00ed\u00adan fortalecer la fe y el car\u00e1cter.  Por eso los cristianos pod\u00ed\u00adan \u00abtener por gozo\u00bb cuando ca\u00ed\u00adan en \u00abdiversas pruebas [tentaciones]\u00bb (Jam 1:2; cf v 12), esto es, cuando encontraban dificultades que pon\u00ed\u00adan a prueba la realidad de su experiencia cristiana.  En Psa 95:8 la palabra mass\u00e2h es Masah,* un nombre propio.  2.  Lugar de la tentaci\u00f3n de Jes\u00fas en el desierto (Mat 4:1; Luk 4:1) y el de la monta\u00f1a a cuya cima lo llev\u00f3 el diablo (Mat 4:8); todav\u00ed\u00ada sin identificaci\u00f3n. La fig 501 muestra uno de los sitios en que se cree que ocurri\u00f3 el hecho.  501. El as\u00ed\u00ad llamado \u00abMonte de la tentaci\u00f3n\u00bb en el desierto de Jud\u00e1, cerca de Jeric\u00f3.  Te\u00f1ido.  Rara vez se menciona el arte del te\u00f1ido en la Biblia (Exo 25:5; 26:14; Eze 23:15; Jdg 5:30; Job 38:14), aunque la evidencia arqueol\u00f3gica muestra que era ampliamente conocido en la antigua Palestina.  En Tell Beit Mirsim se desenterraron 6 piletas de te\u00f1ido (fig 502).  Varias bateas y otros utensilios muestran que se los usaban para te\u00f1ir buenos tejidos.  En Gezer se descubri\u00f3 una instalaci\u00f3n proveniente del per\u00ed\u00adodo helen\u00ed\u00adstico.  Bib.: W. F. Albright, The Archacology of Palestine and the Bible [La arqueolog\u00ed\u00ada de Palestina y la Biblia] (Nueva York, 19353), pp 119, 120.  502. Bateas de una planta de te\u00f1ido encontradas en Tell Beid Mirsim.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Evang\u00e9lico<\/b><\/p>\n<p>acci\u00f3n de inducir a una persona a hacer el mal, instigaci\u00f3n a pecar. Tambi\u00e9n, puesta a prueba. Eva cay\u00f3 en tentaci\u00f3n cuando comi\u00f3 del fruto prohibido, Gn 3, 1-6. Jes\u00fas fue tentado por Satan\u00e1s, Mt 4, 1-11; Lc 4, 1-13; Mc 1, 12 s.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Digital, Grupo C Service &#038; Design Ltda., Colombia, 2003<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Digital<\/b><\/p>\n<p>(poner en prueba, probar).<\/p>\n<p> Tentaci\u00f3n, prueba, lucha, es la vida del hombre sobre la tierra: (Job 7:1, Efe 6:11-12).<\/p>\n<p> Hay dos clases de pruebas: Tentar a hacer el mal, y a hacer el bien: Dios nunca puede tentar a hacer el mal, eso lo hace Satan\u00e1s, que es el tentador del ma: (Stg 1:13, Mat 4:1-3, 1Te 3:5). Dios hace dos cosas: Permite que Satan\u00e1s tiente, como en Job 1:6-12, Job 2:37. y Dios prueba: (tienta) a hacer el bi\u00e9n, como prob\u00f3 a Abraham, pidi\u00e9ndole que sacrificara a su hijo Isaac, quedando, por la prueba, robustecida la fe de Abraham: (Gen 22:1, Heb 11:17, 1Pe 1:6). una tercera cosa segura es que Dios no permitir\u00e1 que se\u00e1is tentados contra vuestras fuerzas, antes dispondr\u00e1 con la tentaci\u00f3n el \u00e9xito para que podais resistirla: (1Co 10:13).<\/p>\n<p> Otro punto importante es que si Satan\u00e1s es autor de la tentaci\u00f3n, la tentaci\u00f3n procede de la concupiscencia del hombre, de la avaricia, del orgullo o depresi\u00f3n en la prosperidad o pobreza, de la gloria mundana, de la presunci\u00f3n: (Stg 1:14, 1Ti 6:9,  Pro 28:30, Pro 30:9, Mat 4:2-3). y, adem\u00e1s, las malas compan\u00ed\u00adas sirven de medio para producirla: (Pro 1:10, Pro 16:29).<\/p>\n<p> Todos tendremos tentaciones, aun los justos, como Job, David, Pedro, y el mismo Cristo: (]ob.1:6-12, 2Sa 11:2, Mar 14:67-71, Mt.4). y cada tentaci\u00f3n, aunque dolorosa, es para fortalecer nuestra fe, que se acrisola con el fuego: (1Pe 1:6-7)., y, aunque Dios tiene dispuesta la victoria, el hombre tiene que hacer varias cosas para vencer.<\/p>\n<p> &#8211; Resistir en la fe, Efe 6:16, 1Pe 5:9.<\/p>\n<p> &#8211; Velar para no caer, Mat 26:41, 1Pe 5:8.<\/p>\n<p> &#8211; Orar, Mat 6:13, Mat 20:41.<\/p>\n<p> &#8211; Evitar la ocasi\u00f3n, Pro 4:14-15.<\/p>\n<p> &#8211; Evitar las malas compan\u00ed\u00adas, Prov.l.<\/p>\n<p> 10,Pro 16:29.<\/p>\n<p> ?Sent\u00ed\u00ados gozosos en las tentaciones: Lea la bienaventuranza de los que la padecen y la vencen, Stg 1:2-4, Stg 1:12, Job 42:10-17, Luc 15:22-24).<\/p>\n<p> Las 3 Tentaciones_de Jes\u00fas: Lucas 4 y Mateo 4 nos describen c\u00f3mo \u00abJes\u00fas fue llevado por el Esp\u00ed\u00adritu Santo al desierto, para ser tentado por el diablo, por 40 d\u00ed\u00adas\u00bb. Marcos tambi\u00e9n lo menciona en 1:13.<\/p>\n<p> T\u00fa y yo tambi\u00e9n seremos tentados por el diablo, \u00c2\u00a1y por tiempo!, zpor 40 d\u00ed\u00adas?. en nuestro \u00abdesierto\u00bb, como si Dios nos hubiera dejado de la mano . y ser\u00e1 como a Jes\u00fas, precisamente cuando nos pongamos a \u00aborar\u00bb, para emprender a hacer algo bueno. A los malos, el diablo no necesita tentarlos, \u00c2\u00a1ya los tiene encadenados!.<\/p>\n<p> Nos va a tentar de las tres mismas formas que tent\u00f3 a Jesus, con el \u00abplacer\u00bb, el \u00abpoder\u00bb y la \u00abfama\u00bb, incitando nuestro ego\u00ed\u00adsmo y orgullo, y conduci\u00e9ndonos a la \u00abdesobediencia a Dios\u00bb, que fue como venci\u00f3 a Eva.<\/p>\n<p> Lo venceremos con Jes\u00fas en nuestro coraz\u00f3n, y con la \u00abPalabra de Dios\u00bb en nuestros labios: Jes\u00fas, las tres veces us\u00f3 el \u00abescrito est\u00e1\u00bb; y las tres veces us\u00f3 el libro Deuteronomio, el libro de la \u00abobediencia a Dios\u00bb, que parece Jes\u00fas se lo sab\u00ed\u00ada muy bien. : Primera Tentaci\u00f3n: Convierte estas piedras en pan, porque Jes\u00fas ten\u00ed\u00ada hambre. No s\u00f3lo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios: (Deu 8:3).<\/p>\n<p> A ti y a m\u00ed\u00ad, nos va a tentar tambi\u00e9n usando nuestras necesidades naturales de manutenci\u00f3n, desarrollo y descanso, con \u00abplaceres\u00bb de comida, bebida, sexo, confort, pereza, ocio.<\/p>\n<p> Segunda Tentaci\u00f3n: Te dar\u00e9 todo el poder y gloria de los reinos del mundo si me adoras. Jes\u00fas le contest\u00f3: A1 Senor, tu Dios, adorar\u00e1s, y a El solo servir\u00e1s: (Deu 6:13).<\/p>\n<p> A ti y a m\u00ed\u00ad, tambi\u00e9n nos tentar\u00e1 con el \u00abpoder\u00bb de las riquezas, del dinero, de la posici\u00f3n social, del honor. nos ofrecer\u00e1 hasta \u00c2\u00a1poder tanto como Dios!, o \u00c2\u00a1saber tanto como Dios!, como a Eva. y como hace a muchos espiritistas, santeros, brujos, astr\u00f3logos. \u00c2\u00a1aunque sea mentira!, porque Satan\u00e1s sabe muy bien que nunca lo puede dar.<\/p>\n<p> Tercera Tentaci\u00f3n: Aqu\u00ed\u00ad el diablo, us\u00f3 tambi\u00e9n la Biblia, que se la sabe de memoria, el Sal 91:12 : Subi\u00f3 a Jes6s al pin\u00e1culo del templo, y le dijo: Echate abajo, y no te pasar\u00e1 nada, porque escrito est\u00e1 \u00absus \u00e1ngeles te sostendr\u00e1n en sus manos\u00bb. Jes\u00fas le contest\u00f3: Ap\u00e1rtate, Satan\u00e1s, porque escrito est\u00e1 \u00abNo tentar\u00e1s al Senor tu Dios\u00bb: (Deu 6:16).<\/p>\n<p> A ti y a m\u00ed\u00ad tambi\u00e9n nos tentar\u00e1 con la \u00abfama\u00bb, el \u00e9xito inmediato y espectacular, del predicador, del sanador de enfermos, del cantante, del pol\u00ed\u00adtico. \u00c2\u00a1o hasta con el \u00e9xito en tu pequena ganga, o profesi\u00f3n, o trabajo!. y nos cegar\u00e1, haci\u00e9ndonos ver que todo es bueno, hasta la injusticia, y el odio, o el crimen, o el baile, o el juego. con tal de conseguir el poder, la fama o el placer que creemos \u00abmerecer\u00bb en la vida.<\/p>\n<p> Jes\u00fas venci\u00f3 a Satan\u00e1s: En su vida p\u00fablica, privada, en la cruz. y siempre por su \u00abobediencia\u00bb. La Virgen Mar\u00ed\u00ada y los cristianos, vencieron y siguen venciendo a Satan\u00e1s: Ver \u00abDiablo\u00bb.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano<br \/>\nDr. J. Dominguez<\/p>\n<p>http:\/\/biblia.com\/diccionario\/<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano<\/b><\/p>\n<p>El sentido b\u00ed\u00adblico de esta palabra se relaciona con la idea de poner a prueba una cosa. El vocablo hebreo massa o massah se traduce como \u2020\u0153prueba\u2020\u009d en Deu 4:34; Deu 7:19 y 29:3 (\u2020\u0153\u00bfO ha intentado Dios venir a tomar para s\u00ed\u00ad una naci\u00f3n de en medio de otra naci\u00f3n, con pruebas, con se\u00f1ales &#8230;\u2020\u009d). Es una situaci\u00f3n en la cual se combinan los conceptos de presiones f\u00ed\u00adsicas y emocionales conducentes a demostrar la calidad de algo. La palabra massa proviene de una ra\u00ed\u00adz que habla de fundir un metal. Un lugar en el desierto recibi\u00f3 el nombre de \u2020\u0153Masah\u2020\u009d porque all\u00ed\u00ad los hijos de Israel \u2020\u0153tentaron a Jehov\u00e1, diciendo: \u00bfEst\u00e1, pues, Jehov\u00e1 entre nosotros, o no?\u2020\u009d (Exo 17:7). Por eso luego se hizo la prohibici\u00f3n: \u2020\u0153No tentar\u00e9is a Jehov\u00e1 vuestro Dios, como lo tentasteis en Masah\u2020\u009d (Deu 6:16). Se lee en el Sal 78:18 : \u2020\u0153Pues tentaron a Dios en su coraz\u00f3n, pidiendo comida a su gusto\u2020\u009d. El \u00e9nfasis de la palabra, entonces, est\u00e1 en probar a una persona para que demuestre algo, como \u2020\u0153la reina de Sab\u00e1\u2020\u009d que visit\u00f3 a Salom\u00f3n para \u2020\u0153probarle con preguntas dif\u00ed\u00adciles\u2020\u009d. (1Re 10:1).<\/p>\n<p>Otra palabra que se usa es nasa, que significa poner a prueba, tantear, ensayar un metal. Dios mismo prueba a sus hijos, como fue el caso de Abraham, a quien Dios prob\u00f3 cuando le pidi\u00f3 que sacrificara a Isaac (Gen 22:1). Un falso profeta puede ser, en realidad, una prueba para la fe de los oyentes (\u2020\u0153&#8230; no dar\u00e1s o\u00ed\u00addo a las palabras de tal profeta &#8230; porque Jehov\u00e1 vuestro Dios os est\u00e1 probando&#8230;\u2020\u009d [Deu 13:3]). Cuando Dios prueba a una persona, lo hace con el prop\u00f3sito santo de refinar su car\u00e1cter (\u2020\u0153&#8230; para que yo lo pruebe si anda en mi ley, o no\u2020\u009d [Exo 16:4]). Las mismas naciones cananeas sirvieron \u2020\u0153para probar con ellas a Israel, si procuraban o no seguir el camino de Jehov\u00e1\u2020\u009d (Jue 2:22).<br \/>\nel NT, la palabra equivalente es peirasmos, traducido como t., y peirazo como el verbo tentar o probar. Dios no puede ser sometido a prueba por nadie (Stg 1:13), pero los seres humanos s\u00ed\u00ad. Por eso el Se\u00f1or Jes\u00fas, como hombre, fue sometido a t. El mismo Esp\u00ed\u00adritu Santo le llev\u00f3 al desierto para ese fin (Mat 4:1-11). Ese hecho demuestra que la t. del Se\u00f1or ten\u00ed\u00ada por prop\u00f3sito, del lado de Dios, el probar su calidad humana. De parte de Satan\u00e1s, llamado el tentador, sin embargo, el prop\u00f3sito era seducir para llevar al pecado y destruir la obra de Dios. Ese sentido negativo de la t. a veces es el que m\u00e1s se utiliza cuando se habla del asunto, pero no es la idea b\u00e1sica de las Escrituras.<br \/>\n, sin duda, natural que deseemos no ser probados, por lo cual el Se\u00f1or Jes\u00fas nos ense\u00f1\u00f3 a orar diciendo: \u2020\u0153Y no nos metas en t., mas l\u00ed\u00adbranos del mal\u2020\u009d (Mat 6:13). Pero una cosa es cuando somos probados por Dios para refinar nuestro car\u00e1cter y otra cuando el mundo, Satan\u00e1s o nuestra propia carne (o muchas veces todos combinados a una) procuran seducirnos hacia el mal. Las ofertas del mundo, o de Satan\u00e1s, sin embargo, no tendr\u00ed\u00adan ning\u00fan efecto si no estuviera en nuestro interior la concupiscencia (\u2020\u0153&#8230; cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atra\u00ed\u00addo y seducido\u2020\u009d [Stg 1:14]). Afortunadamente, \u2020\u0153sabe el Se\u00f1or librar de t. a los piadosos&#8230;\u2020\u009d (2Pe 2:9). Y cuando una persona \u2020\u0153soporta la tentaci\u00f3n\u2020\u009d, obtiene una bienaventuranza (Stg 1:12).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Cristiano<\/b><\/p>\n<p>tip, DOCT<\/p>\n<p>ver, TENTACIONES DEL SE\u00ed\u2018OR<\/p>\n<p>vet, heb. \u00abmassah\u00bb, gr. \u00abpeirasmos\u00bb). En las Escrituras se presentan tres caracteres diferentes de tentaci\u00f3n: (a) \u00abDios tent\u00f3 a Abraham\u00bb cuando le orden\u00f3 que le ofreciera Isaac (Gn. 22:1). Con ello, puso su fe a prueba. Las revisiones 1960 y 1977 de Reina-Valera traducen \u00abprob\u00f3\u00bb y \u00abpuso a prueba\u00bb, respectivamente. Pablo habla de su aguij\u00f3n en la carne como su \u00abtentaci\u00f3n\u00bb (\u00abprueba\u00bb en las ya citadas revisiones). (b) Los israelitas tentaron a Dios. \u00abTentaron a Dios en su coraz\u00f3n, pidiendo comida a su gusto\u00bb (Sal. 78:18). Pusieron en duda que Dios pudiera poner mesa para ellos en el desierto. Hubo otras ocasiones en que dijeron: \u00ab\u00bfEst\u00e1, pues, Jehov\u00e1 entre nosotros, o no?\u00bb (Ex. 17:7). Se tiene que se\u00f1alar que cuando Israel pon\u00ed\u00ada a Dios a prueba era en realidad que ellos estaban siendo probados por El: cfr. Sal. 95:9 con Dt. 8:2 y 33:8 (donde el \u00abpiadoso\u00bb es Israel). El Se\u00f1or Jesucristo rehus\u00f3 poner a Dios a prueba cuando fue tentado por Satan\u00e1s para que se arrojara al vac\u00ed\u00ado a fin de que los \u00e1ngeles lo preservaran (Mt. 4:5-7, etc.). El pecado de Anan\u00ed\u00adas y Safira fue tentar al Esp\u00ed\u00adritu del Se\u00f1or (Hch. 5:9). (c) Tentaci\u00f3n al mal. Esta tentaci\u00f3n asalta al hombre, de una parte, del exterior. Satan\u00e1s, el Tentador, busca constantemente empujarnos al mal (Mt. 4:3; 1 Co. 7:5; 2 Co. 11:3; 1 Ts. 3:5); el mundo tambi\u00e9n despliega sus atracciones, intentando alejar al creyente de Dios (1 Jn. 2:15-17). La fuente m\u00e1s poderosa de tentaci\u00f3n, sin embargo, es nuestra propia carne: \u00abCada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atra\u00ed\u00addo y seducido\u00bb (Stg. 1:14). As\u00ed\u00ad, la tentaci\u00f3n al mal halla en el hombre ca\u00ed\u00addo una adecuada caja de resonancia, aparte de todos los apetitos pecaminosos que surgen de la naturaleza ca\u00ed\u00adda del hombre. No es Dios quien nos tienta a pecar (Stg. 1:13). Mediante la tentaci\u00f3n, Ad\u00e1n y Eva tuvieron la facultad de elegir entre la dependencia de Dios o actuar siguiendo una voluntad independiente y opuesta a la de Dios (Gn. 3). Cristo mismo, en tanto que Hijo del Hombre, se vio ante la tentaci\u00f3n, aunque, como en el caso de Ad\u00e1n antes de pecar, puramente externa, \u00absin pecado\u00bb (He. 4:15); tambi\u00e9n los s\u00fabditos del Milenio ser\u00e1n tentados, habiendo estado hasta el final de aquel per\u00ed\u00adodo al abrigo de las astucias del Tentador (Ap. 20:3, 8). Sin embargo, el Se\u00f1or es fiel, y no permite que seamos tentados m\u00e1s all\u00e1 de nuestra capacidad, d\u00e1ndonos junto con el hecho de la tentaci\u00f3n la salida, a fin de que podamos aguantar (1 Co. 10:13). Ante el gran per\u00ed\u00adodo de tentaci\u00f3n que viene sobre el mundo, da a los creyentes una especial promesa (Ap. 3:10). En todo caso, el creyente debe velar en oraci\u00f3n, para no caer en tentaci\u00f3n (Mt. 26:41; cfr. Lc. 8:13), sabiendo que el Se\u00f1or pas\u00f3 por amargas pruebas y tentaciones en Su encarnaci\u00f3n, pudiendo socorrernos, y que se compadece de nuestras debilidades (He. 2:18; 4:15).<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico Ilustrado<\/b><\/p>\n<p>[431]<\/p>\n<p>      Es la insinuaci\u00f3n oculta o expl\u00ed\u00adcita para hacer el mal. (tentare, poner a prueba en lat\u00ed\u00adn). En la asc\u00e9tica cristiana se ha entendido siempre como un asalto a la voluntad de una persona para que act\u00fae en forma no conveniente.<\/p>\n<p>    En el hombre hay una tendencia al bien y otra al mal, a vengarse y a ser compasivo, a gozar contra la ley y obedecer por responsabilidad. La lucha entre el bien y el mal se halla arraigada en el coraz\u00f3n humano, mirado individualmente y valorado como realidad colectiva de la humanidad. Esa tendencia o tentaci\u00f3n natural no es en s\u00ed\u00ad misma un desorden, un pecado, sino una debilidad. Si se convierte en acto deliberado de la voluntad humana, si se consiente en ella, entonces se entra en la desviaci\u00f3n \u00e9tica o espiritual. Pero, si es s\u00f3lo tendencia, no es desviaci\u00f3n.<\/p>\n<p>     Las tentaciones deben ser dominadas y vencidas en sus ra\u00ed\u00adces: evitando las ocasiones, desarrollando h\u00e1bitos contrarios para cuando llegue la invitaci\u00f3n interior de la naturaleza o la exterior de los otros estimulantes: del mundo, de la gente, de las circunstancias, ocasionalmente de las potencias diab\u00f3licas en la medida en que Dios les consienta tentar a los hombres. Si se ha fortalecido la voluntad, hay pocas posibilidades de que la tentaci\u00f3n venza. Si no hay fortaleza en la mente y en el coraz\u00f3n, hay pocos recursos para no consentir en la insinuaci\u00f3n al mal.<\/p>\n<p>    Los medios del cristiano que en la asc\u00e9tica tradicional se han propuesto para vencer las tentaciones son directos; voluntad firme de resistir, superaci\u00f3n por la lucha, etc.; y a veces tambi\u00e9n pueden ser indirectos: oraci\u00f3n, esp\u00ed\u00adritu de penitencia, ayudas de amigos, reflexi\u00f3n serena, desviaciones oportunas, etc.<\/p>\n<p>    Las tentaciones nunca vienen de Dios, porque Dios no puede incitar al mal. Pero s\u00ed\u00ad pueden ser toleradas por El para probar nuestra fidelidad, nuestra fortaleza y nuestra sinceridad.<\/p>\n<p>    Lo que no se debe hacer de ninguna manera es sospechar f\u00e1cil intervenciones sobrenaturales cuando determinadas alteraciones ponen en juego esa fidelidad y fortaleza. El demonio no tienta si Dios no lo permite. La carne, o el cuerpo, no tienta si s\u00f3lo refleja tendencias naturales. El mundo no tienta sino a quien se pone al alcance del mal o del malvado.<\/p>\n<p>    En educaci\u00f3n es conveniente personalizar las tentaciones. Es el propio yo el que origina muchas de las insinuaciones desordenadas, si la inteligencia no clarifica las realidades morales y la voluntad no se cultiva para ser due\u00f1a de las decisiones.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>El ser humano tiende siempre hacia la verdad y el bien, pero tambi\u00e9n se encuentra en situaciones de oscuridad y de debilidad. Al mismo tiempo, las tendencias, b\u00e1sicamente buenas, de las facultades est\u00e1n desordenadas como consecuencia del pecado original, expres\u00e1ndose frecuentemente por los llamados vicios capitales. La persona, a\u00fan manteniendo su libertad, est\u00e1 fuertemente condicionada respecto al ambiente sociocultural y a la propia realidad psicosom\u00e1tica y hereditaria.<\/p>\n<p>\tLlamamos \u00abtentaciones\u00bb a las incitaciones al pecado, que provienen de la propia naturaleza desordenada, los malos ejemplos o estimulantes externos y del esp\u00ed\u00adritu del mal. Por esto se puede hablar de los \u00abtres enemigos\u00bb del ser humano la carne (o naturaleza humana), el mundo y el demonio (cfr. 1Jn 2,16).<\/p>\n<p>\tEn una de las peticiones del \u00abPadre nuestro\u00bb, pedimos a Dios \u00abNo nos dejes caer en la tentaci\u00f3n\u00bb. Aunque \u00abDios ni es tentado por el mal ni tienta a nadie\u00bb (Sant 1,13), a veces permite que seamos tentados, no m\u00e1s por encima de nuestras fuerzas, para probar nuestra virtud (cfr. Rom 5,3-4). Por esto, le pedimos luz para discernir y fuerza para decidirnos por el bien.<\/p>\n<p>\tHabr\u00e1 que distinguir siempre entre el sentir la tentaci\u00f3n y el consentirla voluntariamente. Al experimentar la tentaci\u00f3n, todav\u00ed\u00ada se puede superarla, puesto que Dios no permite ninguna tentaci\u00f3n que supere nuestras fuerzas, sino que concede la posibilidad de \u00abpoderla resistir con \u00e9xito\u00bb (1Cor 10,13).<\/p>\n<p>\tLas tentaciones se vencen, seg\u00fan el ejemplo y la doctrina de Jes\u00fas, con la vigilancia y la oraci\u00f3n (cfr Mt 26, 41). Teniendo en cuenta la propia libertad y responsabilidad, reforzadas por la actitud de fe, oraci\u00f3n y de sacrificio, se pueden superar todas las tentaciones. Jes\u00fas en el desierto, con oraci\u00f3n y ayuno, indic\u00f3 el modo de vencer la tentaciones que resum\u00ed\u00adan los mesianismos falsos de todas las \u00e9pocas (cfr. Mt 4,1-11).<\/p>\n<p>Referencias Demonio, mal, pecado, vicios capitales.<\/p>\n<p>Lectura de documentos CEC 2846-2849.<\/p>\n<p>Bibliograf\u00ed\u00ada N. BROX, F. SCHOLZ, Tentaci\u00f3n, en Conceptos fundamentales de teolog\u00ed\u00ada (Madrid, Cristiandad, 1979) II, 735-743; R. GUARDINI, Meditaciones teol\u00f3gicas (Madrid, Cristiandad, 1965) 419-453; H. HAAG, El problema del mal (Barcelona, Herder, 1981); J. NAVONE, Tentaci\u00f3n, en Nuevo Diccionario de Espiritualidad (Madrid, Paulinas, 1991) 1824-1838.<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>DJN<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nCuando la tentaci\u00f3n viene de Dios, es una prueba que Dios pone al hombre para purificar y medir su fe y su fidelidad (Ex 16,4; 20,20; Dt 8,2; Jue 2,22), nunca para empujar al mal; en este \u00faltimo sentido, Dios jam\u00e1s tienta (Sant 1,12-15). En el A. T. son cl\u00e1sicas las pruebas que Dios puso a nuestros primeros padres (Gen 3,1-19), a Abrah\u00e1n (G\u00e9n 22,1-14) y a Job (Sab 2,24). Entre las pruebas de Dios (adversidades, enfermedades, dolor) resaltan las que Dios enviar\u00e1 a la humanidad entera al fin de los tiempos (Mt 24,21-28). El hombre tambi\u00e9n puede tentar a Dios, desconfiando de su omnipotencia, de su fidelidad y de su providencia; es como una protesta, como una contestaci\u00f3n al modo de actuar divino; en este sentido es famosa la murmuraci\u00f3n, la contestaci\u00f3n del pueblo elegido en Mas\u00e1 o Merib\u00e1 (rebeli\u00f3n, contestaci\u00f3n, murmuraci\u00f3n) (Ex 17,17; Jn 6,41.43.52); tambi\u00e9n puede tentarle pidi\u00e9ndole un milagro (Is 7,11-12; Mt 12,38-39; 16,1; Lc 11,28; Jn 6,30). Cuando la tentaci\u00f3n no es de Dios, es una seducci\u00f3n, una positiva incitaci\u00f3n al mal; puede venir del Diablo, el Tentador, soberano de este mundo (Lc 8,13; Jn 12,31); del mundo (1 Jn 12,16) o de la concupiscencia, de las pasiones humanas (Rom 7,8; Sant 1,14). Dios prueba o deja tentar s\u00f3lo hasta cierto l\u00ed\u00admite, pues el hombre nunca es tentado por encima de sus fuerzas y tiene siempre a mano la victoria por la fe (1 Cor 10,13; 2 Pe 2,9). Una vez superada la prueba o la tentaci\u00f3n, el hombre adquiere solidez en la virtud y en la fe. Por eso el hombre debe pedir a Dios no que le libre de toda tentaci\u00f3n, sino que no le deje caer en ella (Mt 6,13; Lc 11,4). Israel fue tentado en el desierto y cay\u00f3 en las tentaciones. Jesucristo fue tambi\u00e9n tentado por el Diablo en el desierto, para corregir con su entrega absoluta a Dios las tentaciones de los israelitas, del mismo g\u00e9nero que las que El sufri\u00f3: uso inmenso del poder divino (Dt 8,3; Mt 4,4), vanagloria (Dt 6,16; Mt 4,7) y ambici\u00f3n (Dt 6,13; Mt 4,10). Jesucristo fue tentado m\u00e1s veces a lo largo de su vida: por Pedro, a quien llama Satan\u00e1s (Mt 16,23); por las multitudes que quieren proclamarle rey (Jn 6,15); por los jerifaltes jud\u00ed\u00ados, que le incitan a que baje de la cruz (Mt 27,42; Mc 15,30); y siempre sale vencedor. Esta actuaci\u00f3n de Jesucristo es el modelo y, sobre todo, la fuerza que asegura la victoria diaria del cristiano y la de la Iglesia, y de una manera especial ante la tentaci\u00f3n de Sat\u00e1n, por medio del anticristo, en los tiempos que preceder\u00e1n a la parus\u00ed\u00ada (Mt 24,21-28; Mc 13,14-23; Lc 21,20-24).<\/p>\n<p>E. M. N.<\/p>\n<p>FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret<\/b><\/p>\n<p>La tentaci\u00f3n, en todas las dimensiones y en sus diversas intensidades, representa una perturbaci\u00f3n del equilibrio espiritual del hombre, que no consiguen dominar su propia complejidad psicosom\u00e1tica y espiritual; en una palabra, es una incitaci\u00f3n al pecado. La concupiscencia, substrato que desencadena la turbaci\u00f3n del equilibrio del hombre, persigue sus fines particulares que no respetan el bien com\u00fan ni sintonizan con \u00e9l, sino s\u00f3lo con las propias necesidades u orientaciones, independientemente de toda perspectiva de bien moral universal. Al no poder orientarse hacia el bien, en este sentido, este estado de cosas angustia al hombre, porque permanece en \u00e9l mismo incluso cuando, en obediencia a Dios, lo combate y rechaza. La tentaci\u00f3n sigue afianzandose en el hombre como adhiri\u00e9ndose a su naturaleza, lo cual hace pensar que no tiene que darse a\u00fan por descontado el discurso sobre la salvaci\u00f3n individual. S\u00f3lo a trav\u00e9s de la fe y de la ascesis, la libertad y la responsabilidad del hombre pueden vencer la tentaci\u00f3n. \u00abLo que nos mueve al pecado es un elemento de la condici\u00f3n humana que preexiste a nuestra libre decisi\u00f3n \u00bb (J Navone). Y esta preexistencia puede entenderse bien en aquellas situaciones externas como son los condicionamientos sociales y ps\u00ed\u00adquicos, bien en algunos determinismos gen\u00e9ticos y espirituales que minan al hombre.- La tentaci\u00f3n, cuando se juzga de sus efectos en el terreno moral, debe insertarse en este cuadro de articulaciones y determinismos, atendiendo adem\u00e1s &#8211; al cuadro som\u00e1tico y espiritual del individuo, para verificar su responsabilidad y los m\u00e1rgenes de su libertad real.<\/p>\n<p>G. Bove<\/p>\n<p>Bibl.: J Navone, Tensaci\u00f3tl, en NDE, 13381349: J, 1, Gonz\u00e1lez Faus, Las sensaciones de Jes\u00fas y la sensaci\u00f3n cristiana, en La teolog\u00ed\u00ada de cada d\u00ed\u00ada, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1977. W Bitter El bien y el mal en psicolog\u00ed\u00ada, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1968: Ch, A. Bernard, Las tentaciones, en Teolog\u00ed\u00ada espiritual, Atenas, Madrid 1944, 302ss.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Definici\u00f3n &#8211; II. Ilusiones atractivas y deseos ilusorios &#8211; III. El significado del tentador &#8211; IV. Aversio a Deo, conversio ad creaturam &#8211; V. Colapso moral: 1. Ideas ilusorias: 2. La desesperanza &#8211; VI. El camino de la muerte: 1. I.a sensualidad: 2. La posesividad: 3. El intelectualismo: 4. El egocentrismo: 5. Monote\u00ed\u00adsmo radical &#8211; VII. El yo autocreador: 1. La voluntad humana absolutizada: 2. La incredulidad: 3. El autoenga\u00f1o: 4. Apetitos desordenados: 5. La divisi\u00f3n del hombre &#8211; VIII. Tentaci\u00f3n social &#8211; IX. La superaci\u00f3n: las tentaciones de Jes\u00fas: 1. La primera tentaci\u00f3n: 2. La segunda tentaci\u00f3n: 3. La tercera tentaci\u00f3n &#8211; X. Las renuncias bautismales: 1. Exigencia de la familiaridad con Dios: 2. Participaci\u00f3n en la autodonaci\u00f3n de Cristo.<\/p>\n<p>La tentaci\u00f3n expresa la proclividad humana a la ca\u00ed\u00adda grave moral y espiritual, a la disgregaci\u00f3n personal y social. Los individuos y las naciones pueden verse \u00abtentados\u00bb a proseguir pol\u00ed\u00adticas de autodestrucci\u00f3n; unos y otras est\u00e1n sujetos a la \u00abtentaci\u00f3n\u00bb de actuar de una forma irrazonable e irresponsable. Las tentaciones apelan al lado m\u00e1s oscuro del hombre: a las potencialidades, presentes en cada uno de nosotros, de egocentrismo ilimitado, de soberbia y presunci\u00f3n, de ambici\u00f3n despiadada, deshonestidad y enga\u00f1o; a la potencialidad de odio, hostilidad y abuso de los dem\u00e1s, unas veces de forma persuasiva, otras veces de forma brutal. Son capacidades latentes, escondidas bajo una variedad de actitudes virtuosas aparentes, de valores aparentemente aut\u00e9nticos. de comportamientos presuntamente respetables. La tentaci\u00f3n puede estar adormecida, mas nunca ausente; puede ser contrastada, pero no eliminada. El cristiano necesita orar siempre para no caer en la tentaci\u00f3n. La vida cristiana es una constante confrontaci\u00f3n v unasuperaci\u00f3n continua de la tentaci\u00f3n a faltar gravemente a los compromisos con Dios y con el pr\u00f3jimo, sin los cuales no puede darse a ning\u00fan nivel una vida aut\u00e9nticamente humana. La tentaci\u00f3n se afronta esforz\u00e1ndose en poner al desnudo la falsedad de ciertas ideas, de ciertos credos, de afectos, deseos, im\u00e1genes y asuntos. intentando reconocer todas estas cosas en lo que son realmente ante Dios.<\/p>\n<p>I. Definici\u00f3n<br \/>\nK. Rahner y H. Vorgrimler definen la tentaci\u00f3n como \u00abla incitaci\u00f3n al pecado\u00bb. Estos autores explican que la libertad humana necesita, para actuarse, conocer por experiencia los valores, ya sean reales o aparentes. En la medida en que esta motivaci\u00f3n, necesaria para la actividad de la vida humana, toma forma de concupiscencia, la motivaci\u00f3n al mal moral asume su aspecto caracter\u00ed\u00adstico de tentaci\u00f3n, tal como se verifica tras la ca\u00ed\u00adda en el actual orden de cosas. La concupiscencia persigue, en efecto, su propio bien particular, independientemente del bien moral universal del hombre, y, por lo tanto, nunca puede integrarse por completo en la opci\u00f3n fundamental del hombre por el bien. Esta tentaci\u00f3n sigue existiendo en el hombre aun cuando por obediencia a Dios la rechace; coexiste con esta misma actitud de rechazo y. en consecuencia, oscurece a los ojos del hombre su propia situaci\u00f3n. De ello se deriva que el hombre no puede dar presuntuosamente por descontada su propia salvaci\u00f3n. Al mismo tiempo, el hecho de que persista la tentaci\u00f3n no destruye la libertad y la responsabilidad del hombre (Mt 26,41). La fe y la esperanza (Ef 6,16) y el ascetismo activo puede vencer la tentaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Lo que nos impulsa al pecado es un elemento de la condici\u00f3n humana que existe antes de nuestra decisi\u00f3n libre. Este elemento puede entenderse como el contexto hist\u00f3rico en que vivimos (los principados y las dominaciones), o bien como nuestras personales disposiciones interiores (sarx). Los principados y las dominaciones, es decir, el conjunto de fuerzas mundanas que cargan el ambiente con valores opuestos a los revelados en Cristo. El mundo hostil a Dios es todo lo que en el mundo incita al pecado y lo concretiza en el contexto humano. Aunque los cristianos no pueden dejar de estar \u00aben el\u00bb mundo (Jn 17,11), tampoco pueden ser \u00abdel mundo\u00bb (Jn 18,36). Sarx es todo lo que en el hombre opone resistencia al don del Esp\u00ed\u00adritu Santo (1 Cor 5,5; G\u00e1l 6,16ss).<\/p>\n<p>II. Ilusiones atractivas y deseos ilusorios<br \/>\nEn su b\u00fasqueda de valores aut\u00e9nticos, el hombre est\u00e1 tentado a creer que todo su bienestar se funda solamente en s\u00ed\u00ad mismo, en una sola persona o en un solo objeto. Es la tentaci\u00f3n de transferir todas las posibles motivaciones humanas a un \u00fanico objeto creado que el hombre debe poseer para ser feliz. El hombre es tentado de ego\u00ed\u00adsmo, de preocupaci\u00f3n exclusiva por su propio inter\u00e9s y su propio crecimiento, tendiendo a concentrarse totalmente en s\u00ed\u00ad mismo. Es tentado a rechazar la autotrascendencia y a pensar que s\u00f3lo en s\u00ed\u00ad mismo puede encontrar luz y amor. Es tentado por deseos ilusorios, por un g\u00e9nero de vida existente \u00fanicamente en la fantas\u00ed\u00ada. que le protege contra la realidad, tergiversa los acontecimientos cotidianos, amortigua el choque de la verdad y le mantiene en un mundo ficticio de su invenci\u00f3n. El hombre es tentado a seguir la luz crepuscular de la fantas\u00ed\u00ada y de la ilusi\u00f3n; una vida falsa, en la que no se siente llamado a responder a los valores externos a s\u00ed\u00ad mismo, valores que deber\u00ed\u00ada respetar, cultivar y fomentar. El hombre es tentado a esconderse de los dem\u00e1s, presentando una imagen de s\u00ed\u00ad mismo que no es aut\u00e9ntica. Es tentado a servirse de los dem\u00e1s para satisfacerse a s\u00ed\u00ad mismo; a manipularlos en nombre de la amistad y del amor, para subyugarlos a sus propios deseos. El miedo y la inseguridad le tientan a esconderse de todo lo que podr\u00ed\u00ada proyectar luz sobre su necesidad de ayuda: porque eldesarrollo aut\u00e9ntico de la vida del yo est\u00e1 condicionado por una c\u00e1ndida apertura a las realidades personales. de los dem\u00e1s y del mundo. La tentaci\u00f3n quisiera alienar definitivamente al hombre de su ser verdadero y real, del solo y \u00fanico mundo en que puede gozar de una existencia aut\u00e9ntica. Si el diablo es \u00abmentiroso y padre de la mentira\u00bb (Jn 8,44). su programa se cuenta entre los peores enga\u00f1os para la vida del \u00abyo\u00bb.<\/p>\n<p>III. El significado del tentador<br \/>\nSatan\u00e1s. o el diablo, aparece frecuentemente en la Biblia como el responsable de la tentaci\u00f3n, como aquel que se atreve a tentar incluso a Cristo. Aparece como el pr\u00ed\u00adncipe de este mundo (Jn 12,31), representante de todos los falsos ideales que dominan a la sociedad. Satan\u00e1s se viste de \u00e1ngel de luz (2 Cor 11,14) y bajo las falsas apariencias de amigo incita al hombre a oponerse a Dios. Sus tentaciones van asociadas a la separaci\u00f3n de Dios, al dominio del mundo secular (Mt 4.8ss), al poder de manipulaci\u00f3n de las mentes humanas (Mt 4,3) y a la negaci\u00f3n [>Diablo\/ exorcismo Il]. Satan\u00e1s tienta al hombre para que se niegue a reconocer y aceptar la verdad de su propia realidad particular y de la realidad general. Este rechazo encaja en el deseo de dominar la realidad con la idea de destruir la verdad cuando \u00e9sta repugna. La ingrata necesidad de mirar de frente a la verdad negada es la base de la evasi\u00f3n y de la violencia. Las tentaciones de Satan\u00e1s tienen el car\u00e1cter de obligaciones contractuales: \u00abNadie puede ser esclavo de dos se\u00f1ores&#8230; No pod\u00e9is servir a Dios y al dinero\u00bb (Mt 6,24). El hecho que aqu\u00ed\u00ad se sobreentiende es que todo hombre ha elegido aliarse con el verdadero Dios o con su adversario; el hecho de que todo hombre se ha sometido a un poder m\u00e1s alto para obtener lo que considera mejor en la vida: el hecho de que cada uno est\u00e1 obligado por un contrato que lo vincula al poder. El hombre reconoce impl\u00ed\u00adcitamente la imposibilidad de llevar una existencia independiente, que al mismo tiempo sea completamente segura y est\u00e9 garantizada contra la necesidad.<\/p>\n<p>La idea que nos hacemos de Satan\u00e1s est\u00e1 condicionada por nuestro modo de entender la tentaci\u00f3n. San Ignacio de Loyola, por ejemplo, indica a Satan\u00e1s como \u00abel enemigo del g\u00e9nero humano\u00bb, definici\u00f3n esta que alude a la hostilidad de la tentaci\u00f3n contra el aut\u00e9ntico bienestar del hombre en cuanto individuo y en cuanto miembro de la sociedad. La exclusi\u00f3n de Satan\u00e1s del para\u00ed\u00adso terrestre y el hecho de que est\u00e9 \u00ababandonado a s\u00ed\u00ad mismo\u00bb caracterizan a la tentaci\u00f3n como el prop\u00f3sito de alejar al hombre de la comuni\u00f3n con Dios, induci\u00e9ndole a buscar una existencia falsamente independiente. Satan\u00e1s, como s\u00ed\u00admbolo de una existencia personal absolutamente cerrada en s\u00ed\u00ad misma y alienada, en conflicto con cualquier otra existencia, refleja el car\u00e1cter nihilista de la tentaci\u00f3n, que no atribuye valor a nada, sino a la propia obstinaci\u00f3n. Tambi\u00e9n refleja la separaci\u00f3n entre Dios y el \u00abpropio peque\u00f1o dios\u00bb personal.<\/p>\n<p>Jacques Lacarri\u00e9re. en su historia de los monjes del desierto de la cristiandad antigua, alude al car\u00e1cter interior de la tentaci\u00f3n y cuenta de cierto asceta que, atento a la llegada de un observador con el presentimiento o la certeza de que se trataba del diablo, terminaba a veces por descubrir que ese visitador, ya bastante cercano para ser reconocido, no era otro que \u00e9l mismo, su propio desdoblamiento, que ven\u00ed\u00ada a su encuentro desde un lejano horizonte.<\/p>\n<p>IV. \u00abAversio a Deo, conversio ad creaturam\u00bb<br \/>\nLa tentaci\u00f3n se concibe como una seducci\u00f3n a la que es probable que ceda el hombre. Jes\u00fas amonesta a sus disc\u00ed\u00adpulos a rezar para no caer en tentaci\u00f3n. El motivo de esta invitaci\u00f3n es que, a pesar de la buena disposici\u00f3n del esp\u00ed\u00adritu, la carne sigue siendo d\u00e9bil (Mt 26,41). En este mismo sentido hay que entender la oraci\u00f3n del Se\u00f1or cuando nos hace pedir al Padre que no nos deje caer en la tentaci\u00f3n (Mt 6,13). Seg\u00fan el pensamiento b\u00ed\u00adblico del Antiguo Testamento, impl\u00ed\u00adcito en esta petici\u00f3n, Dios puede perfectamente inducir a la tentaci\u00f3n, como hizo con Job y con Abrah\u00e1n. La oraci\u00f3n pide que el cristiano sea liberado de la seducci\u00f3n del pecado, en el sentido de una liberaci\u00f3n asegurada como la que aparece en la literatura apocal\u00ed\u00adptica, donde la tentaci\u00f3n es una caracter\u00ed\u00adstica de las tribulaciones escatol\u00f3gicas (Ap 3,10; 2 Pe 2,9) &#8216;.<\/p>\n<p>Como incitaci\u00f3n al pecado, la tentaci\u00f3n implica una aversio a Deo, que ha de entenderse a la vez como una conversio ad creaturam. Lleva impl\u00ed\u00adcito en s\u00ed\u00ad misma el pecado fundamental de la idolatr\u00ed\u00ada, la tendencia a fundamentar la propia vida en las criaturas, quiz\u00e1 en s\u00ed\u00ad mismo, y a entender la vida y a darle significado en t\u00e9rminos de simples criaturas finitas, excluyendo ese sentido y ese valor definitivos que se revelan en Jesucristo. La tentaci\u00f3n es una incitaci\u00f3n a dar a la criatura una importancia que compete exclusivamente a Dios; el \u00fanico resultado de todo esto no puede ser otro que una terrible distorsi\u00f3n de nuestra existencia. San Pablo, hablando de la perversi\u00f3n de la vida humana ocasionada por el pecado, culmina su razonamiento se\u00f1alando que la idolatr\u00ed\u00ada es la fuente de este desorden: \u00abTrocaron la verdad de Dios por la mentira y adoraron y dieron culto a la criatura en lugar de al creador\u00bb (Rom 1,25).<\/p>\n<p>El hombre es tentado a idolatrarse a s\u00ed\u00ad mismo y a su poder, y ello le hace caer en los pecados de soberbia, que, en \u00faltimo t\u00e9rmino, son quiz\u00e1 los m\u00e1s destructivos y terribles, porque perturban las relaciones entre hombre y hombre. El Antiguo Testamento ha sabido ver la trascendencia que adquiere entre los seres humanos la aspiraci\u00f3n a ser dioses (G\u00e9n 3,5; 11,6). Pero la tentaci\u00f3n del hombre a idolatrarse a s\u00ed\u00ad mismo y a ser dios de s\u00ed\u00ad mismo se cuenta entre los abogados defensores de un cristianismo \u00absin religi\u00f3n\u00bb, que han ca\u00ed\u00addo ellos mismos bajo la influencia de id\u00e9ntico tipo de antropolatr\u00ed\u00ada. En el extremo opuesto, la tentaci\u00f3n de idolatrar las cosas lleva a pecados de laxismo y de codicia. Es la tentaci\u00f3n t\u00ed\u00adpica de la era tecnol\u00f3gica y de la sociedad de consumo, en las que la multiplicaci\u00f3n de los instrumentos de la t\u00e9cnica ha hecho crecer, a su vez, las necesidades y los deseos. El resultado de ello es la tentaci\u00f3n de medir el valor \u00faltimo de los individuos y de la sociedad por su capacidad de producir y poseer todos los instrumentos y lo que de ellos se deriva. La consecuencia deshumanizante y despersonalizadora se advierte en el hundimiento de las relaciones humanas a todo nivel, basado en la falta de respeto a los pobres en su calidad de individuos, de clase social y de naciones del Tercer Mundo. Un resultado diametralmente opuesto a la caridad fraterna, que comunica al mundo el sentido de Cristo.<\/p>\n<p>La tentaci\u00f3n puede tambi\u00e9n ser sin\u00f3nimo de un compromiso mal orientado, como el que se traduce en actos pecaminosos. Mal orientado, porque, en definitiva, hace al hombre esclavo y extra\u00f1o a su propio ser, a su pr\u00f3jimo y a Dios. En la terminolog\u00ed\u00ada de Paul Tillich, la tentaci\u00f3n posee la capacidad de transformar cualquier cosa no definitiva en un centro de inter\u00e9s definitivo. El compromiso mal planteado se convierte en el punto focal de un inter\u00e9s existencial aberrante, que acaba destruyendo el ser de quien es fiel a semejante compromiso. La adoraci\u00f3n del verdadero Dios es liberaci\u00f3n de la fuerza seductora y mort\u00ed\u00adfera de la idolatr\u00ed\u00ada, liberaci\u00f3n obtenida mediante la encarnaci\u00f3n. muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo, gracias al cual nos fue dado el poder de ser hijos del Padre, hermanos del Hijo y posesores del Esp\u00ed\u00adritu del Padre y del Hijo. Testigo de esta liberaci\u00f3n es el cristiano, que llama al Padre \u00abAbba\u00bb y que hace del Padre el centro vital de su ser consciente de Jes\u00fas. As\u00ed\u00ad es como el Padre responde a la petici\u00f3n del Hijo de que nos libre del mal. El se sit\u00faa en el centro de nuestra conciencia amorosa, liber\u00e1ndonos de las influencias seductoras y mort\u00ed\u00adferas de los dioses falsos.<\/p>\n<p>V. Colapso moral<br \/>\nLa tentaci\u00f3n es incitaci\u00f3n a la pecaminosidad, a la privaci\u00f3n de un amor total, una dimensi\u00f3n radical de falta de amor. Esta dimensi\u00f3n, como la describe Bernard Lonergan, puede estar velada por una superficialidad prolongada por la evasi\u00f3n de los interrogantes \u00faltimos. por el apego a cuanto el mundo ofrece para desafiar nuestra inventiva, debilitar nuestro cuerpo y distraer nuestra mente. Pero esta evasi\u00f3n no puede durar por siempre, y entonces aparece la inquietud por la falta de realizaci\u00f3n personal, por la b\u00fasqueda de diversi\u00f3n, por la carencia de alegr\u00ed\u00ada, por la ausencia de paz, y aparece el disgusto, un disgusto depresivo o un disgusto man\u00ed\u00adaco, hostil y hasta violento frente al g\u00e9nero humano.<\/p>\n<p>1. IDEAS ILUSORIAS &#8211; La tentaci\u00f3n puede entenderse tambi\u00e9n en t\u00e9rminos de colapso, hundimiento y disoluci\u00f3n. Lo que los individuos, la sociedad y la cultura han construido lentamente con gran fatiga, puede hundirse por el solo hecho de haber cedido a la tentaci\u00f3n de ideas ilusorias. \u00bfPueden los valores aut\u00e9nticos, tan fatigosamente conquistados, sostener el paso exorbitante del placer carnal, de la riqueza y del poder? Existe la tentaci\u00f3n de considerar la religi\u00f3n como un consuelo ilusorio para las almas m\u00e1s d\u00e9biles, como una especie de opio que los ricos proporcionan a los pobres para amansarlos, como una proyecci\u00f3n m\u00ed\u00adtica hacia el cielo de la excelencia del hombre. Al principio no a todas las religiones se las declara ilusorias, sino solamente a alguna en concreto: as\u00ed\u00ad, no todos los preceptos morales se rechazan como ineficaces e in\u00fatiles: no toda verdad es rechazada, sino s\u00f3lo algunos tipos de metaf\u00ed\u00adsica. a los que se liquida como simples patra\u00f1as. Pero a partir de este mismo momento, la eliminaci\u00f3n de una parte genuina del todo significa que una totalidad anterior ha sido mutilada, que un cierto equilibrio se ha roto y que todo lo dem\u00e1s se falsear\u00e1 en el intento de compensar lo que falta&#8217;. La creciente disoluci\u00f3n inducir\u00e1 a los hombres a una mayor divisi\u00f3n, incomprensi\u00f3n, desconfianza, miedo, hostilidad, odio, violencia. Impulsar\u00e1 a los hombres al escepticismo intelectual, moral y religioso; minar\u00e1 la base de la autotrascendencia intelectual, moral y religiosa.<\/p>\n<p>La tentaci\u00f3n es una presi\u00f3n a fallar en lo que constituye la esencia de la espiritualidad cristiana, que, te\u00f3rica como pr\u00e1cticamente, debe abarcar una visi\u00f3n del mundo, una celosa custodia de los valores que le son propios y una serie completa de instrumentos capaces de realizar tales valores. El pecado fundamental de la idolatr\u00ed\u00ada entra\u00f1a el desfonde de cada uno de estos tres \u00f3rdenes de cosas: una criatura domina nuestra visi\u00f3n del mundo, nuestra escala de valores y el sentido de nuestro servicio. Esta misma criatura se convierte en centro constante de las actitudes de fondo, de los temas y modelos de nuestra vida interior: se hace fundamento definitivo de nuestra experiencia y de nuestro modo de entender y de juzgar las cosas.<\/p>\n<p>2. LA DESESPERANZA &#8211; La tentaci\u00f3n del pecado es de manera impl\u00ed\u00adcita una tentaci\u00f3n a la desesperanza: a abandonar la esperanza rechazando voluntariamente tanto nuestra consciente y reconocida dependencia de nuestros semejantes y de Dios como nuestro deber de buscar la perfecci\u00f3n y la salvaci\u00f3n en armon\u00ed\u00ada con ellos. La tentaci\u00f3n puede asumir la forma de la indiferencia moral (pereza), que esquiva el esfuerzo necesario para seguir a Cristo y prefiere su propia visi\u00f3n del mundo, sus propios valores, a los revelados en Cristo por la gracia de Dios. Los que pierden la esperanza han cedido a la tentaci\u00f3n de vivir exclusivamente para s\u00ed\u00ad mismos; rechazan arbitrariamente la posibilidad de volver a cifrar su esperanza en Cristo; se rebelan por tener que depender de alguien para su realizaci\u00f3n personal. En definitiva, toda resistencia a la gracia ofrecida es una forma de desesperanza; es tambi\u00e9n una forma de idolatr\u00ed\u00ada, en la que el hombre se comporta como peque\u00f1o dios de s\u00ed\u00ad mismo, fundando en s\u00ed\u00ad mismo todas sus esperanzas.<\/p>\n<p>La tentaci\u00f3n incita al hombre a poner su esperanza en lo ilusorio: le ofrece una falsa promesa. El id\u00f3latra queda preso en la trama de una promesa que nadie puede cumplir fuera del verdadero Dios. El verdadero Dios es quien efectivamente realiza lo que sus rivales s\u00f3lo saben prometer con palabras. Todos los dioses dan a los individuos un modelo de verdad, de realidad y de bondad en que basar las decisiones cotidianas de la vida. Quien se conf\u00ed\u00ada a un modelo falso violenta la realidad y pretende obtener de \u00e9l lo que \u00e9ste nunca podr\u00e1 darle. El verdadero Dios es fiel a su palabra y capaz de cumplir sus promesas, porque es el Se\u00f1or de toda la realidad; en efecto, es un Dios cuyas promesas trascienden con mucho las del m\u00e1s pr\u00f3digo de los \u00ed\u00addolos. Los escritores b\u00ed\u00adblicos exhortan a los hombres a reflexionar sobre las gestas poderosas (magnalia Dei) con las que Dios mantiene sus promesas. Por el contrario, la tentaci\u00f3n incita al hombre a escoger un camino hacia la felicidad que se aniquila por s\u00ed\u00ad solo.<\/p>\n<p>VI. El camino de la muerte<br \/>\nJes\u00fas utiliz\u00f3 alguna vez las im\u00e1genes del \u00abcamino\u00bb y de la \u00abpuerta\u00bb para describir el sendero del hombre hacia la perdici\u00f3n o hacia la salvaci\u00f3n. En los Hechos de los Ap\u00f3stoles, los cristianos se definen como los seguidores de un \u00abcamino\u00bb. El antiguo texto cristiano de la Didaj\u00e9 empieza con estas palabras: \u00abHay dos caminos: el camino de la vida y el camino de la muerte, y la diferencia entre ambos es muy grande\u00bb (>Itinerario espiritual III, 1].<\/p>\n<p>Pues bien, al igual que hay muchos tipos de error, mientras que la verdad es s\u00f3lo una, as\u00ed\u00ad el n\u00famero de las puertas o caminos posibles abiertos a la perdici\u00f3n es infinito, mientras que los caminos de la vida se funden todos en uno: amar a Dios con todo el coraz\u00f3n, con toda elalma, con toda la mente y con todas las fuerzas, y amar a los dem\u00e1s en Dios. Los caminos de la felicidad definitiva (para\u00ed\u00adso) y de la infelicidad definitiva (infierno) se refieren no s\u00f3lo al estado final y eterno de la autoconciencia del hombre, sino tambi\u00e9n al estado interior de esta autoconciencia aqu\u00ed\u00ad y ahora. El reino de Dios y el reino de Satan\u00e1s son realidades presentes, y los diversos caminos que conducen a ellos se refieren a ciertos modos, respectivamente aut\u00e9nticos o falsos, de pensar, de desear y de actuar en el mundo. En este sentido, la tentaci\u00f3n es una incitaci\u00f3n a una existencia falsa, a todo lo que en el hombre se opone a Cristo y lleva al rechazo definitivo y duradero de las exigencias propias del verdadero yo, del yo inteligente, racional, responsable y capaz de amar.<\/p>\n<p>1. LA SENSUALIDAD &#8211; La tentaci\u00f3n puede entenderse como incitaci\u00f3n al camino de la muerte, que Bernard Tyrrell describe como \u00abpuertas del infierno\u00bb en su an\u00e1lisis fenomenol\u00f3gico de la existencia inaut\u00e9ntica. La tentaci\u00f3n de la sensualidad empuja al hombre a la b\u00fasqueda del placer y a esquivar el dolor por encima de todo; a vivir ateni\u00e9ndose \u00fanicamente a lo que le agrade, a la autocondescendencia y al hedonismo; a vivir dominado por el deseo y por el miedo, y no por lo que constituye un valor y un significado aut\u00e9ntico.<\/p>\n<p>2. LA POSESIVIDAD &#8211; La tentaci\u00f3n de la codicia, posesividad, ofrece una amplia gama de articulaciones. Se est\u00e1 dominado por el deseo de poseer objetos materiales, de tener personalidad, audiencia, seguidores, fama. Todo esto a que el avariento se aferra hace presa en \u00e9l y domina como un \u00ed\u00addolo su conciencia personal. Esencialmente carente de confianza en Dios, el codicioso no sabe comprender que el acto fundamental del hombre consiste en dejar que sea Dios quien lo realice, en dejar que el reino de Dios venga a \u00e9l. Al no permitir que le llegue el reino de Dios, acaba por no poseer nada: \u00abAl que no tiene, aun lo que tiene se le quitar\u00e1\u00bb (Mc 4,25).<\/p>\n<p>3. EL INTELECTUALISMO &#8211; El intelectualismo es la tentaci\u00f3n que incita a buscar la propia gloria y la autorrealizaci\u00f3n en la posesi\u00f3n del saber. Mediante la posesi\u00f3n del saber, el intelectualista intenta conquistar el poder sobre los dem\u00e1s, y lo usa como arma para humillar o rebajar a los otros, elev\u00e1ndose a s\u00ed\u00ad mismo. No considera la verdad como algo que ha recibido gratuitamente y que, por lo tanto, debe transmitir gratuitamente, sino m\u00e1s bien como \u00absu\u00bb saber, separ\u00e1ndose as\u00ed\u00ad de todos los dem\u00e1s hombres.<\/p>\n<p>4. EL EGOCENTRISMO &#8211; El egocentrismo es la tentaci\u00f3n de transformar en absoluto la propia persona o la de los dem\u00e1s. Las corrientes actuales de la psicolog\u00ed\u00ada, de la filosof\u00ed\u00ada y de la religi\u00f3n, que insisten sobre el hecho de que el hombre y no Dios es el centro y se\u00f1or de las cosas, est\u00e1n librando realmente una batalla en favor de la personolatr\u00ed\u00ada, el culto de la persona. La conciencia egoc\u00e9ntrica no llega a percibir el Fundamento del Ser. La conciencia interpersonal concentra su atenci\u00f3n en la interacci\u00f3n entre el yo y los dem\u00e1s. No es capaz de captar el trasfondo sin el cual nunca podr\u00ed\u00ada aparecer el primer plano. El centro de inter\u00e9s constituido por la interpersonalidad de los individuos tienta al hombre a ignorar la verdad de lo que \u00e9l es verdaderamente. El egoc\u00e9ntrico se toma a s\u00ed\u00ad mismo y a los dem\u00e1s seres humanos como \u00fanica fuente de amor, de esperanza y de luz en el mundo. El egocentrismo tienta al hombre en direcci\u00f3n a un \u00absistema de vida\u00bb, ilusorio, ignorante, obnubilado y enfermo, que puede curarse tan s\u00f3lo por la aceptaci\u00f3n del Dios trascendente, en el que todas las cosas subsisten y son.<\/p>\n<p>Todas las \u00abpuertas del infierno\u00bb son otras tantas tentaciones de idolatr\u00ed\u00ada. El hombre sensual hace un \u00ed\u00addolo de sus propios sentidos. EI hombre posesivo transforma en \u00ed\u00addolo el tener, mientras que el intelectualista idolatra sus propios esquemas, sus ideas y sus hip\u00f3tesis.<\/p>\n<p>5. MONOTE\u00ed\u00adSMO RADICAL &#8211; Todos estos \u00ed\u00addolos quedan eliminados por el monote\u00ed\u00adsmo radical: el reconocimiento existencial expl\u00ed\u00adcito de que s\u00f3lo Dios es absoluto y de que todas las cosas creadas se valoran, se juzgan y se aman a la luz del Amor-Inteligencia en que tienen existencia. El monote\u00ed\u00adsta radical se da cuenta de que el amor del pr\u00f3jimo va inseparablemente unido al amor de Dios; pero adora a Dios \u00fanicamente y sabe que s\u00f3lo mediante el don del Esp\u00ed\u00adritu de amor, difundido en su propio coraz\u00f3n, puede amar a los dem\u00e1s con fidelidad, perseverancia, abnegaci\u00f3n y compromiso real. Las bienaventuranzas expresan el esp\u00ed\u00adritu del monote\u00ed\u00adsmo radical, tal como lo entendi\u00f3 Jes\u00fas en su misi\u00f3n curativa e iluminadora, as\u00ed\u00ad como el poder de Dios, que libera al hombre de la tendencia espiritualmente fatal a hacerse absoluto, de buscar la salvaci\u00f3n de la propia vida, que, como avis\u00f3 Jes\u00fas, terminar\u00ed\u00ada por perderla.<\/p>\n<p>VII. El yo autocreador<br \/>\nLa \u00e9tica cristiana, seg\u00fan Stanley Hauerwas, afronta una tentaci\u00f3n que constituye otra variante de la idolatr\u00ed\u00ada: el concebirse a s\u00ed\u00ad mismo como su propio creador. La definici\u00f3n del hombre como art\u00ed\u00adfice de s\u00ed\u00ad mismo no s\u00f3lo ha llevado a la imposibilidad de explicar afirmaciones fundamentales que ocupan el centro de la vida cristiana, sino que tambi\u00e9n ha situado a la \u00e9tica actual en la incapacidad de hallar un punto de encuentro con las formas modernas que asume la condici\u00f3n humana. La \u00e9tica actual ha reproducido la ilusi\u00f3n de poder y de grandeza de los hombres, porque no ha sido capaz de poner de relieve las categor\u00ed\u00adas capaces de ofrecerles la justa valoraci\u00f3n de su condici\u00f3n de seres finitos, limitados y pecadores. Por eso no ha satisfecho su cometido moral.<\/p>\n<p>1. LA VOLUNTAD HUMANA ABSOLUTIZADA &#8211; Al hacer de la voluntad humana la fuente de todo valor, nos alejamos de la intuici\u00f3n cl\u00e1sica, tanto del cristiano como del fil\u00f3sofo, para la cual la medida \u00faltima de la bondad moral y espiritual ha de buscarse fuera de nosotros mismos. La imagen dominante del hombre art\u00ed\u00adfice confina a Dios en el universo del \u00abcompletamente otro\u00bb, dejando el mundo a merced de cualquier destino que quiera atribuirle la absoluta libertad del hombre; aunque se afirme que est\u00e1 presente y se lo defina como el Dios de la historia, su papel se reduce a confirmar la irreversible marcha de la creatividad humana. En semejante visi\u00f3n de las cosas, cualquier atracci\u00f3n capaz de dirigir la vida hacia el ser creador y redentor de Dios resulta incomprensible. La \u00e9tica y la espiritualidad cristiana se vuelven pelagianas en este contexto; el fin de la vida cristiana es el recto obrar, y no la visi\u00f3n de Dios obtenida por la gracia de compartir la mente v el coraz\u00f3n de Cristo.<\/p>\n<p>2. LA INCREDULIDAD &#8211; La tentaci\u00f3n impele a la incredulidad, al rechazo de la visi\u00f3n de Dios en el sentido que le da Lonergan, de fe como \u00abojo del amor\u00bb, sin la cual el mundo es demasiado malo para que Dios sea bueno, para que un Dios bueno pueda existir. La fe es el ojo del amor, la convicci\u00f3n de que todas las cosas concurren al bien de aquellos que aman a Dios (Rom 8,28); ella reconoce el significado \u00faltimo de la consumaci\u00f3n del hombre. Esta convicci\u00f3n puede ser minada, sin embargo, en sus ra\u00ed\u00adces por la desatenci\u00f3n, por las distracciones que dominan el centro de la conciencia del hombre. \u00ab&#8230; Se ahogan en los cuidados, riquezas y placeres de la vida y no llegan a la madurez\u00bb (Lc 8,14). Los cuidados, las riquezas y los placeres encuentran el modo de convertirse en fines en s\u00ed\u00ad mismos y pueden transformarse en ocasiones de que los hombres se miren s\u00f3lo a s\u00ed\u00ad mismos, antes que a Dios, en la b\u00fasqueda de su realizaci\u00f3n personal. La tentaci\u00f3n saca fuerzas de la angustia y de la necedad humanas.<\/p>\n<p>3. EL AUTOENGA\u00ed\u2018O &#8211; El \u00e9xito en la vida espiritual no puede quedar suficientemente asegurado s\u00f3lo con un buen comienzo y con un \u00ed\u00admpetu vigoroso. Exige vigilancia y cuidados constantes para no caer v\u00ed\u00adctimas del propio autoenga\u00f1o en una atm\u00f3sfera de ambig\u00fcedad y de oscuridad que acabe en el pecado manifiesto. San Ignacio de Loyola, en sus Ejercicios espirituales, advierte que el esp\u00ed\u00adritu del mal atrae y tienta a los hombres con objetos de suyo indiferentes, lo que equivale a decir que de ninguna manera son pecaminosos. El esp\u00ed\u00adritu del mal intenta cercenar la libertad de los hombres, ofusc\u00e1ndolos con la ilusi\u00f3n de una libertad mayor. Bajo la apariencia de bien, busca enajenar de Dios el coraz\u00f3n y la mente humanos. En consecuencia, la vida debe ser controlada para que sea aut\u00e9nticamente cristiana; una vida en la que el sujeto es consciente de lo que tiene lugar en el interior de sus pensamientos y de sus deseos.<\/p>\n<p>4. APETITOS DESORDENADOS &#8211; Muchas tentaciones arrancan del desorden de nuestros apetitos naturales: el impulso instintivo a extender la mano hacia todo lo que es o parece ser bueno para nuestra naturaleza en t\u00e9rminos de comida, bebida, amistad, reputaci\u00f3n, \u00e9xito, amor, respeto, afecto, etc. Nuestras necesidades, ya se ha advertido, son otras tantas oportunidades para el diablo. Cada una de ellas es una expresi\u00f3n particular de nuestro deseo de crecer o de conservar nuestra vida o, en el caso del apetito sexual, del deseo de preservar la vida de la especie. En estas mismas necesidades, todas de por s\u00ed\u00ad portadoras de vida, existe una ambivalencia que las puede pervertir, convirti\u00e9ndolas en instrumentos de muerte. Sin vigilancia, autodisciplina y autocontrol, nuestras necesidades fundamentales pueden apartar de Dios nuestra mente y nuestro coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>5. LA DIVISI\u00ed\u201cN DEL HOMBRE &#8211; El Vat. II habla de la \u00abdivisi\u00f3n del hombre\u00bb (GS 10; 13); en el hombre hay tendencias espont\u00e1neas o insuprimibles, que contrastan con otras tendencias y con el curso inevitable de la naturaleza. Si el Nuevo Testamento habla del impulso espont\u00e1neo que suscita el Esp\u00ed\u00adritu Santo en los corazones de los fieles hacia el bien, tambi\u00e9n habla de los impulsos espont\u00e1neos hacia el mal existentes en el hombre en cuanto \u00abcarnal\u00bb y \u00abanimal\u00bb, es decir, en cuanto que no est\u00e1 animado por el Esp\u00ed\u00adritu (Rom 1,24; 13,14; G\u00e1l 5,16-17; Ef 2,3; 4,24). La palabra epithymia es, por lo tanto, ambivalente; pero designa, en general, la inclinaci\u00f3n al pecado, opuesta a la vida del Esp\u00ed\u00adritu. Aquel que todav\u00ed\u00ada no est\u00e1 regenerado se encuentra sometido al dominio de las \u00abconcupiscencias\u00bb (1 Tes 5,6; Tit 3.3). El hombre inserto en Cristo est\u00e1 liberado de este dominio, pero debe luchar continuamente para mantener su libertad (Rom 6,12; Col 3,5). La tensi\u00f3n entre el impulso al bien y el impulso al mal sit\u00faa al hombre en un ambiente de prueba, del que solamente lo libera Cristo (Rom 7).<\/p>\n<p>En el hombre queda siempre un residuo ps\u00ed\u00adquico no polarizado hacia el valor que la persona ha elegido como norma de su propia vida. La concupiscencia puede ser o bien un impulso activo hacia un valor que no encaja en el desarrollo y la maduraci\u00f3n aut\u00e9ntica de la persona, o bien lo que se sustrae a la magnanimidad y a la generosidad, se rebela contra riesgos razonables y se bloquea en formas infantiles puramente receptivas de la socialidad. La tentaci\u00f3n entra\u00f1a el rechazo del compromiso personal de desarrollarse y equivale a una fuerza destructiva. El Vat. II, sabedor de la lucha dram\u00e1tica entre el bien y el mal que caracteriza a la vida humana, afirma lo siguiente: \u00abEl hombre se nota incapaz de dome\u00f1ar con eficacia por s\u00ed\u00ad solo los ataques del mal, hasta el punto de sentirse como aherrojado entre cadenas\u00bb (GS 13).<\/p>\n<p>VIII. Tentaci\u00f3n social<br \/>\nEl hombre es tentado a cometer los pecados propios del ambiente en que vive. Los pecados, unidos de alguna forma entre s\u00ed\u00ad, tientan al hombre tanto porque provocan la imitaci\u00f3n como porque suscitan una reacci\u00f3n igualmente pecaminosa. El impulso a la b\u00fasqueda del propio bien individual y terrestre, excluyendo toda norma superior, constituye s\u00f3lo un aspecto de la tentaci\u00f3n como fuerza que inclina a los hombres a pecar y les impide construir una aut\u00e9ntica vida humana. Hablando de la divisi\u00f3n del hombre, el Vat. II afirma: \u00abConocieron a Dios, pero no le glorificaron como a Dios. Oscurecieron su est\u00fapido coraz\u00f3n&#8230; y prefirieron servir a la criatura, no al Creador\u00bb (GS 13).<\/p>\n<p>Pero la tentaci\u00f3n no puede considerarse como un hecho puramente individual. El hombre es un ser social, y por eso, como en toda su vida, tambi\u00e9n en las relaciones con Dios cualquier postura que tome queda influida por el comportamiento, ya pasado, ya presente, de los dem\u00e1s, y a su vez influye en los hombres para bien o para mal.<\/p>\n<p>La demagogia pol\u00ed\u00adtica en nombre de la grandeza de la patria ha sido muchas veces una tentaci\u00f3n fatal para pueblos enteros. La demagogia pol\u00ed\u00adtica tienta a un pueblo con las promesas mesi\u00e1nicas, las cuales habr\u00e1n de resolver todos los problemas nacionales de mayor categor\u00ed\u00ada, y acaba llev\u00e1ndolo a la defraudaci\u00f3n y a la exacerbaci\u00f3n. El realismo cristiano ha puesto siempre de relieve que ni siquiera las reformas sociales de mayor \u00e9xito son capaces de eliminar la cruz de la vida de los hombres y de la sociedad. Los falsos salvadores dicen que poseen la panacea de todos los problemas humanos a condici\u00f3n de que estemos dispuestos a seguir sus ejemplos, y seducen al pueblo prometiendo una sociedad ut\u00f3pica con un lenguaje que enmascara su sed de dominio.<\/p>\n<p>En el estado actual del hombre, ning\u00fan orden social es totalmente satisfactorio. En cualquier caso, tenemos la obligaci\u00f3n de trabajar para obtener un orden mejor que el existente en la actualidad. Los iluminados revolucionarios tientan a las masas con un idealismo ut\u00f3pico de origen emotivo, que elude la determinaci\u00f3n de las injusticias reales que se sufren. En general, se oponen a la tarea de ocuparse de injusticias espec\u00ed\u00adficas; prefieren partir del presupuesto de que el orden social est\u00e1 corrompido, explotado y maduro para ser derribado. Establecida esta premisa, todo lo que el orden social al que se refieren tiene de bueno no puede ser otra cosa que un mal arteramente camuflado, concebido para disuadir a los radicales de su intento revolucionario. Toda reforma o cambio que no sea la revoluci\u00f3n es contrarrevolucionario. Empujan a las masas al odio civil contra todos aquellos que no pertenecen a su movimiento o a su partido pol\u00ed\u00adtico, creando una especie de demonolog\u00ed\u00ada, seg\u00fan la cual quienes no se adhieren a ellos son demonios dignos de toda violencia y castigo, mientras que ellos son \u00ab\u00e1ngeles\u00bb iluminados, sin pecado, \u00ab\u00e1ngeles custodios\u00bb del aut\u00e9ntico bien del pueblo entero.<\/p>\n<p>El racismo crea otra especie de demonolog\u00ed\u00ada, seg\u00fan la cual se concibe a los extranjeros como \u00abdiablos\u00bb, como s\u00ed\u00admbolos de una amenaza contra la integridad y la existencia de la sociedad. La demagogia racista tienta a las masas a mirar a los extranjeros con suspicacia, como una amenaza contra los valores del statu quo, y a atribuirles la culpa de lo que no va bien en el pa\u00ed\u00ads.<\/p>\n<p>El capitalismo desenfrenado de la sociedad consumista tienta a las masas mediante el bombardeo de la publicidad a que acepten valores falsos, explotando todo medio a su alcance para promover sus productos. La publicidad er\u00f3tica se convierte en seductora para la venta de productos cualesquiera. La pornograf\u00ed\u00ada, la droga y la violencia excesivas del cine se presentan como diversiones para las masas, implicando una visi\u00f3n ilusoria del bienestar humano y seduciendo a las masas con falsas promesas mediante los medios de comunicaci\u00f3n social. Enga\u00f1an, mienten. pretenden que una vida indisciplinada es una vida \u00ablibre\u00bb, \u00abfeliz\u00bb y \u00abaut\u00e9ntica\u00bb. La pornograf\u00ed\u00ada, la droga y la violencia en cualquiera de sus formas venden bien sus productos, prometiendo una diversi\u00f3n inmediata, pero tarde o temprano hacen a sus clientes incapaces de disfrutar de la verdadera felicidad humana.<\/p>\n<p>IX. La superaci\u00f3n: las tentaciones de Jes\u00fas<br \/>\nTodo el desarrollo de la vida cristiana puede describirse como un proceso de superaci\u00f3n de la tentaci\u00f3n orientado a posibilitar el cumplimiento de la total restauraci\u00f3n en Cristo (Ef 1,4-10). Esto significa, en otras palabras, una fe que supera todo lo que corresponde \u00fanicamente a lo que los ojos pueden ver y la raz\u00f3n humana entender; significa esperanza, que supera las tentaciones de caer en la impaciencia y en el desaliento ante los caminos de Dios; significa superar con la caridad cualquier tipo de compromiso en el servicio de Dios.<\/p>\n<p>Una comprensi\u00f3n adecuada desde la fe de la tentaci\u00f3n de Cristo en el destierro puede ayudarnos a comprender nuestra tentaci\u00f3n. Las narraciones evang\u00e9licas hacen notar que la tentaci\u00f3n sufrida por Cristo fue uno de los acontecimientos particularmente significativos de su vida. Las narraciones evang\u00e9licas pretenden instruir a la comunidad cristiana sobre la reiterada situaci\u00f3n humana de tentaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La tentaci\u00f3n de Jes\u00fas no se describe como un acontecimiento aislado, sino que se enlaza con la descripci\u00f3n del bautismo de Cristo por obra de Juan. Son dos hechos que forman las fases de un \u00fanico misterio. La tentaci\u00f3n va unida tambi\u00e9n con todo lo que sigue en la vida p\u00fablica de Cristo hasta su conclusi\u00f3n con la muerte y la resurrecci\u00f3n. Lucas hace notar este v\u00ed\u00adnculo con las palabras que concluyen su descripci\u00f3n de la escena en el desierto: \u00abEl diablo se alej\u00f3 de \u00e9l hasta el tiempo oportuno\u00bb (4,13).<\/p>\n<p>Satan\u00e1s tienta a Jes\u00fas para hacerle abandonar el tipo de papel mesi\u00e1nico que ten\u00ed\u00ada intenci\u00f3n de desarrollar como mes\u00ed\u00adas paciente. Satan\u00e1s invita a Jes\u00fas a buscar otro modo de cumplir su misi\u00f3n. Esta misma tentaci\u00f3n se presenta en formas diversas a lo largo de todo el curso de la vida p\u00fablica. La familia le anima a realizar milagros en d\u00ed\u00adas de fiesta (Jn 7,1-4). Los escribas y los fariseos intentan forzar su ministerio para adaptarlo a sus nociones preconcebidas de salvaci\u00f3n de Israel (Jn 7,10ss). Sus disc\u00ed\u00adpulos insisten en que no vaya a Jerusal\u00e9n para que no le maten (Mt 16,21-23; Lc 9,22). Por \u00faltimo, su misma humanidad rechaza en Getseman\u00ed\u00ad el sufrimiento y la muerte inminentes (Le 22,42ss). En la superaci\u00f3n de todas estas tentaciones, Cristo decide libremente adherirse a su misi\u00f3n en el modo predispuesto por la infinita sabidur\u00ed\u00ada de su Padre.<\/p>\n<p>Cristo rechaza libremente y con decisi\u00f3n la continua provocaci\u00f3n que quiere hacerle abandonar su misi\u00f3n por un suced\u00e1neo m\u00e1s f\u00e1cilmente realizable; era tentado a preferir el juicio de una \u00absabidur\u00ed\u00ada\u00bb creada al juicio de la sabidur\u00ed\u00ada divina. La respuesta de Cristo a Satan\u00e1s es parte integrante del proceso de redenci\u00f3n. En el calvario, Jes\u00fas elimin\u00f3 el mal con su obediente aceptaci\u00f3n de la muerte basada en la libre opci\u00f3n de adherirse a la voluntad del Padre. Al someterse voluntariamente a la muerte, Cristo opuso un rechazo definitivo a la tentaci\u00f3n de hallar otro medio para realizar la salvaci\u00f3n del hombre. Su opci\u00f3n libre establece el modelo de respuesta humana a la existencia de criatura en oposici\u00f3n a la falsa elecci\u00f3n de Ad\u00e1n. Su rechazo de las sugerencias de Satan\u00e1s en el desierto forma parte de esa elecci\u00f3n continua que constituye la esencia misma de la actividad redentora de Cristo.<\/p>\n<p>El modo en que Satan\u00e1s se dirige a Cristo para tentarle representa tanto los modos equivocados con que Cristo habr\u00ed\u00ada podido buscar la salvaci\u00f3n de los hombres como las falsas fuentes de salvaci\u00f3n que los hombres mismos van buscando en el curso de su vida.<\/p>\n<p>1. LA PRIMERA TENTACI\u00ed\u201cN &#8211; La primera y la segunda tentaci\u00f3n (en el orden de Mateo 4,1-11; cf Lc 4,1-13) comienzan con la expresi\u00f3n \u00abSi t\u00fa eres el Hijo de Dios&#8230;\u00bb. Esto indica que se trata de tentaciones mesi\u00e1nicas, con las que se rechazan las ideas mesi\u00e1nicas que ellas mismas representan. La primera tentaci\u00f3n de transformar las piedras en pan corresponde a la propuesta de un \u00abevangelio social\u00bb, dirigido exclusivamente a la mejora de las condiciones materiales de vida. Esta perspectiva es desechada como inadecuada, porque la vida que Cristo ha venido a comunicar no puede reducirse al puro y simple bienestar del cuerpo ni a la vida vegetativa y sensitiva; ello ser\u00ed\u00ada olvidar que la persona vive m\u00e1s propiamente en su pensamiento, en su amor y en su libertad. La necesidad de proveer al sustento necesario para la vida tienta al hombre a dejarse absorber excesivamente por el problema de la seguridad material. Arriesgar o incluso sacrificar la salud f\u00ed\u00adsica, y hasta la vida, para salvaguardar y desarrollar el propio nivel verdaderamente personal de vida no es un comportamiento com\u00fan, sino que exige amplitud de miras y valor. El temor a cualquier peligro que pueda amenazar la propia seguridad y prosperidad corporal tienta al hombre a olvidar los valores personales m\u00e1s aut\u00e9nticos. La respuesta de Cristo de que el hombre vive tambi\u00e9n de la palabra que viene de la boca de Dios afirma el primado de los propios intereses espirituales. La misma afirmaci\u00f3n aparece expl\u00ed\u00adcita en el discurso de la monta\u00f1a: \u00abBuscad primero el reino y su justicia y todo eso se os dar\u00e1 por a\u00f1adidura\u00bb (Mt 6,33). La palabra de vida que sale de la boca de Dios es la fuerza creadora que gobierna pr\u00f3vidamente nuestra vida material hasta en sus m\u00ed\u00adnimos detalles; pero constituye una fuente de vida todav\u00ed\u00ada m\u00e1s rica cuando, en la revelaci\u00f3n, act\u00faa para alimentar las profundidades personales del vivir humano. El hombre est\u00e1 tentado a perder la perspectiva justa; la respuesta de Cristo pone de relieve una falsa jerarqu\u00ed\u00ada de Satan\u00e1s y de los valores humanos.<\/p>\n<p>2. LA SEGUNDA TENTACI\u00ed\u201cN &#8211; Al superar la segunda tentaci\u00f3n, la de lanzarse desde el pin\u00e1culo del templo, Jes\u00fas rechaza el recurso a lo sensacional como m\u00e9todo para inducir a creer en su misi\u00f3n mesi\u00e1nica, as\u00ed\u00ad como la tentaci\u00f3n de recoger resultados tangibles e inmediatos. Es la tentaci\u00f3n de tentar a Dios, de \u00abforzar la mano\u00bb de Dios y poner a prueba al mismo Dios. Esta tentaci\u00f3n nos hace recordar a Job, que pide a Dios que se justifique y d\u00e9 una explicaci\u00f3n de sus m\u00e9todos. La impaciencia por la lentitud con que obra la providencia de Dios tienta al hombre a hacer que pase inadvertida la cruz. Satan\u00e1s dice a Cristo que ponga a Dios a prueba para controlar si es fiel a sus promesas. La respuesta de Cristo deja entender que el amor de predilecci\u00f3n que alimenta el Padre hacia \u00e9l no actuar\u00e1 ni se manifestar\u00e1 seg\u00fan las exigencias de una mera l\u00f3gica humana. Pertenece a la l\u00f3gica divina el hecho de que el amor del Padre al Hijo y el del Hijo al Padre encuentre su expresi\u00f3n en la respuesta de la cruz, menos tangible, menos inmediata, pero, en definitiva, omnicomprensiva. Esta tentaci\u00f3n es el punto de encuentro entre la l\u00f3gica divina y la l\u00f3gica de la \u00abrazonabilidad\u00bb humana. Para la razonabilidad humana existe, y persiste la tentaci\u00f3n de dar consejos a Dios y de reprenderlo por los m\u00e9todos que usa. El hombre prefiere actuar a su modo al realizar el bien, y muchas veces busca la soluci\u00f3n m\u00e1s espectacular. Pero despu\u00e9s de haber preferido nuestros juicios, anteponi\u00e9ndolos a la sabidur\u00ed\u00ada divina que nos ha sido transmitida en la revelaci\u00f3n, recurrimos a Dios para que ejerza poderes extraordinarios con los que poner remedio a nuestra necedad. \u00abLanzarse al peligro s\u00f3lo para dar a Dios la ocasi\u00f3n de hacer milagros no es fe, sino presunci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>3. LA TERCERA TENTACI\u00ed\u201cN &#8211; La tercera tentaci\u00f3n es la de adorar a Satan\u00e1s para conquistar el dominio del mundo, y esto es, naturalmente, la idolatr\u00ed\u00ada: estimar lo creado m\u00e1s que al Creador. Jes\u00fas rechaza la idea de elegir como objetivo final el poder terreno. El rechazo de este \u00ed\u00addolo est\u00e1 presente en todo el trayecto de su misi\u00f3n de obedecer s\u00f3lo al Padre. Rechaza idolatrar a cualquier ser. el propio ser o la humanidad. En esta tentaci\u00f3n Jes\u00fas revela el verdadero origen del reino como don del Padre al Hijo. El don es referido a la adoraci\u00f3n. al servicio y a la obediencia'\u00bb. El \u00abpadre de la mentira\u00bb pone tanto el don como el servicio y la adoraci\u00f3n en relaci\u00f3n consigo mismo en lugar de con Dios. Todo lo que Cristo hace lo hace porque es voluntad del Padre; en consecuencia, toda su acci\u00f3n es lit\u00fargica, consagrada y sustra\u00ed\u00adda a lo profano. \u00abPor ellos yo me consagro, para que tambi\u00e9n ellos sean santificados en la verdad\u00bb (Jn 17,19). La muerte de Jes\u00fas en la cruz es coherente con toda su vida y con su misi\u00f3n de amor y de obediente autodonaci\u00f3n al Padre. El reino que Jes\u00fas comunica es el don del Padre y de nadie m\u00e1s; y nadie puede hacer la experiencia de su realidad \u00absi el Padre que me envi\u00f3 no lo atrae\u00bb (Jn 6,44). Jes\u00fas comunica el don del reino del Padre del modo querido por \u00e9ste: \u00abYo hago siempre lo que le agrada a \u00e9l\u00bb (Jn 8,29). La cruz es el modo elegido por el Padre: \u00abCuando sea levantado de la tierra, atraer\u00e9 a todos hacia m\u00ed\u00ad\u00bb (Jn 12.31-33). La cruz vence todo servilismo, toda distorsi\u00f3n y toda alienaci\u00f3n, de las que el hombre cae v\u00ed\u00adctima por la idolatr\u00ed\u00ada; vence toda oposici\u00f3n al amor del Padre de una vez para siempre en Cristo y por medio de Cristo. Es la respuesta divina a la tentaci\u00f3n de alcanzar la felicidad \u00faltima mediante la autoafirmaci\u00f3n, la autoaserci\u00f3n y la b\u00fasqueda de s\u00ed\u00ad mismos. Dios Padre es el bien definitivo, y su reino se funda y se comunica siguiendo su camino.<\/p>\n<p>X. Las renuncias bautismales<br \/>\nLas tres tentaciones est\u00e1n estrechamente unidas a la renuncia que el cristiano debe hacer del mundo en cuanto enemigo de Dios, renuncia que se hace en el bautismo. Renunciar al mundo quiere decir renunciar a la actitud mental que considera a este mundo como un sistema cerrado del que se excluye al Creador; una actitud que destruye las mismas cosas que se aman. El m\u00e1ximo placer, el m\u00e1ximo \u00e9xito, el m\u00e1ximo dominio sobre los dem\u00e1s ha venido a ser el ideal de la vida, y esto es contrario a Dios. Para renunciar al mundo, el cristiano debe renunciar a la idolatr\u00ed\u00ada, a la adoraci\u00f3n de una criatura, tanto si es la riqueza como el progreso humano, el sexo o el programa del partido, cosas todas ellas inferiores a la dignidad del hombre, llamado a participar de la vida misma de Dios.<\/p>\n<p>1. EXIGENCIA DE LA FAMILIARIDAD CON Dios &#8211; Una renuncia de tal envergadura no es f\u00e1cil para el cristiano. En realidad, es imposible sin la familiaridad con Dios, que induce a un aut\u00e9ntico sentido de dependencia y de sumisi\u00f3n a \u00e9l. Sin ella el cristiano se enga\u00f1ar\u00e1 a s\u00ed\u00ad mismo creyendo que sirve a Dios, mientras que en la pr\u00e1ctica no har\u00e1 otra cosa que servir al mundo, y ser\u00e1 sordo a las sugerencias del Esp\u00ed\u00adritu Santo. O bien podr\u00e1 ser tentado a denunciar la malicia intr\u00ed\u00adnseca del mundo y apartarse de \u00e9l lo m\u00e1s posible. Entonces aquellos que adoran al mundo saludar\u00e1n con alegr\u00ed\u00ada su decisi\u00f3n, porque a la adoraci\u00f3n de Dios en quien todo subsiste ellos prefieren las tinieblas y el culto de s\u00ed\u00ad, de sus deseos y de sus ideas. \u00abSeremos como Dios y no reconoceremos a otros dioses que a nosotros mismos\u00bb, es el grito del mundo. \u00abAdorar\u00e1s al Se\u00f1or tu Dios, y a \u00e9l s\u00f3lo servir\u00e1s\u00bb, es el grito del cristiano. Pero el suyo ser\u00e1 un grito vano e ineficaz si no le da sentido con su propia dedicaci\u00f3n a su trabajo, con su sed de justicia y de verdad dentro de la vida p\u00fablica y privada y con su amor a los hombres sus semejantes, partiendo de su propia familia y demostrando as\u00ed\u00ad que la fe en Cristo no es un obst\u00e1culo al progreso de este mundo, sino una condici\u00f3n aut\u00e9ntica para su realizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Con el bautismo nos hacemos \u00abotros Cristos\u00bb y compartimos su esfuerzo, que dur\u00f3 toda su vida y se vio coronado por la victoria en la cruz, para superar las tentaciones de Satan\u00e1s. Con el bautismo, el Esp\u00ed\u00adritu que ha resucitado a Jes\u00fas de entre los muertos vive tambi\u00e9n en nosotros (Rom 8,11), porque somos inmersos en la vida de la Trinidad. Nuestro crecimiento en la vida divina se lleva a cabo solamente en proporci\u00f3n con lo que morimos a nosotros mismos y nos entregamos completamente a Dios, porque la vida de la Trinidad es vida de donaci\u00f3n. No hay nada de lo que posee el Padre que no sea totalmente del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo, y nada de lo que tiene el Hijo deja de ser totalmente del Padre y del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Si tenemos que vivir la vida de la Trinidad ratificando nuestro bautismo, es necesario vencer toda tentaci\u00f3n de sustraer cualquier cosa de nuestra vida al Padre. En el momento de la muerte nos lo pedir\u00e1 todo. Cada momento de la vida del cristiano se entiende como una prueba para el momento de la muerte, cuando libre y obedientemente se ofrece a Dios. La oferta libre denota en \u00e9l ausencia de idolatr\u00ed\u00ada; el ofrecimiento obediente es signo de plenitud de amor. Libertad y obediencia son los signos salv\u00ed\u00adficos de la cruz y de sus frutos en la vida del cristiano. Son signos de su fidelidad al don de Dios recibido en el bautismo.<\/p>\n<p>La tentaci\u00f3n cubre un per\u00ed\u00adodo de tiempo mayor que el que habitualmente llamamos \u00abel momento de la tentaci\u00f3n\u00bb. Todas las experiencias de la vida y toda la realidad presente en ellas son objeto de juicios seg\u00fan dos escalas de valores opuestas: los valores contenidos en los misterios de Cristo y los que est\u00e1n presentes en las \u00abobras y vanidades\u00bb de Satan\u00e1s. En nuestra vida personal hay un desaf\u00ed\u00ado constante a los valores cristianos; un desaf\u00ed\u00ado (tentaci\u00f3n) al que respondemos continuamente en una medida m\u00e1s o menos profunda, condicion\u00e1ndonos as\u00ed\u00ad a nosotros mismos por aquellas instancias espec\u00ed\u00adficas en las que esos valores pueden ser m\u00e1s agudamente sometidos a discusi\u00f3n.<\/p>\n<p>2. PARTICIPACI\u00ed\u201cN EN LA AUTODONACI\u00ed\u201cN DE CRISTO &#8211; Es esencialmente con esta actitud de respuesta a la tentaci\u00f3n como Cristo salv\u00f3 al g\u00e9nero humano en el momento culminante de la redenci\u00f3n en el Calvario. En este contexto, todo momento y todo acto de nuestra vida se a\u00f1aden al contenido de nuestra autodonaci\u00f3n en uni\u00f3n con Cristo al Padre; y ese contenido es distinto para cada uno de nosotros, porque cada uno tiene su propio papel distinto en el cuerpo de Cristo. Porque nada hay en el mundo que no pertenezca a Cristo, no existe tampoco ninguna actividad humana irrelevante para el reino de Cristo. La obra de cada cristiano que pretenda llevar su granito de arena al orden, a la belleza y al progreso de este mundo es tambi\u00e9n una aportaci\u00f3n al reino de Cristo. Sin embargo, el cristiano se dedica al mundo poniendo su confianza en Dios, y no en su propia idea del progreso. Puede parecer que Dios destruye nuestros esfuerzos y que nos traspasa corno traspas\u00f3 a Cristo en la cruz; pero es en nuestra debilidad donde Dios manifiesta su poder (2 Cor 12,9), y s\u00f3lo cuando se lo hayamos dado todo a \u00e9l nos volver\u00e1 a llevar a la vida. Este es el misterio de la cruz, gracias al cual el Padre nos atrae hacia s\u00ed\u00ad, liber\u00e1ndonos de nosotros mismos; gracias al cual el Padre nos da poder para desbaratar toda tentaci\u00f3n que pretenda impedirnos ser hijos suyos, siendo su Hijo el \u00abprimog\u00e9nito entre muchos hermanos\u00bb (Rom 8,29).<\/p>\n<p>J. Navone<br \/>\nBIBL.-AA. VV., El mal est\u00e1 en nosotros, Fomento de Cultura, Valencia 1959.-AA. VV., La tentaci\u00f3n del superhombre, Ediciones Evang\u00e9licas Europeas, Barcelona 1974.-AA. VV., l.a tentaci\u00f3n contra la esperanza, Centro de Estudios Sociales, Valle de los Ca\u00ed\u00addos (Madrid) 1979.-AA. VV., Realidad del pecado, Madrid 1962.-Antony, O, Entre dos fuegos, Clie, Tarrasa 1979.-Bitter, W, El bien y el mal en psicolog\u00ed\u00ada, S\u00ed\u00adgueme. Salamanca 1968.-Boff, L, Y no nos dejes caer en la tentaci\u00f3n&#8230;, en Padrenuestro, Paulinas, Madrid 1982, pp. 127-155.-Bonhoeffer, D, Tentaci\u00f3n, Aurora, B. Aires 1977.-Ferrier, F, El mal, piedra de esc\u00e1ndalo, Casal i Vall, Andorra 1967.-Gonz\u00e1lez Faus, J. 1, Las tentaciones de Jes\u00fas y la tentaei\u00f3n cristiana, en La teolog\u00ed\u00ada de cada d\u00ed\u00ada, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1977.-Guardini, R, Meditaciones teol\u00f3gicas, Cristiandad, Madrid 1965, pp. 419-453.-Haag. H, El diablo. Su existencia como problema, Herder, Barcelona 1978.-Haag, H, El problema del mal, Herder, Barcelona 1981.-Jerphagnon. L, El mal y la existencia, Nova Terra. Barcelona 1966.-Lucas, J. B. de, Las tentaciones, Nacional, Madrid 1964.-Villalmonte, A. El pecado original, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1978.-Cf bibl. de las voces Diablo v Padrenuestro.<\/p>\n<p>S. de Fiores &#8211; T. Goffi &#8211; Augusto Guerra, Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Ediciones Paulinas, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Espiritualidad<\/b><\/p>\n<p>1. La esencia de la t. ha de entenderse partiendo de que el hombre, como ser deficiente, est\u00e1 ordenado a una perfecci\u00f3n que lo transciende. El impulso a la perfecci\u00f3n personal y, por tanto, moral, es su orientaci\u00f3n &#8211; debida a su propio esp\u00ed\u00adritu y a la gracia &#8211; hacia sus pr\u00f3jimos y hacia Dios (-> acto moral; -> amor al pr\u00f3jimo). Tal impulso o tendencia s\u00f3lo se realiza en la medida de la apertura a la trascendencia, al misterio de Dios experimentado, pero incomprensible; cosa que sucede en la ordenaci\u00f3n de todos los actos categoriales al fin del -> hombre. Esta ordenaci\u00f3n del hombre a la perfecci\u00f3n est\u00e1 expuesta a m\u00faltiples riesgos, pues \u00e9l une en s\u00ed\u00ad una multitud de tendencias que, en fuerza de la afectividad que les es propia, empujan de suyo con relativa autonom\u00ed\u00ada al cumplimiento inmanente, si no son ordenadas por el obrar racional y libre del hombre a las exigencias del desarrollo de la -> persona hacia algo que la trasciende. La necesidad de una integraci\u00f3n consciente de los distintos apetitos particulares resulta de que, como consecuencia de la inseguridad instintiva y de la constituci\u00f3n concupiscente, la tendencia a la realizaci\u00f3n de apetitos particulares puede pasar unilateralmente a primer plano de la conciencia y de la sensibilidad. De aqu\u00ed\u00ad proviene la posibilidad de la t. Seg\u00fan eso, en definitiva la t. consiste siempre en el peligro de perturbar la ordenaci\u00f3n \u00f3ptima y din\u00e1mica al perfeccionamiento constante por medio de acciones que atentan contra esta aspiraci\u00f3n.<\/p>\n<p>La raz\u00f3n de tales t. pueden ser en primer lugar causas ex\u00f3genas, p. ej., modificaciones endocrinas, fantas\u00ed\u00adas y recuerdos no dominados, estados de excitaci\u00f3n afectiva como consecuencia de represiones, etc.; pero tambi\u00e9n desilusiones por causa del pr\u00f3jimo, la experiencia de los propios l\u00ed\u00admites, falsas estimaciones de la voluntad de Dios y otros datos del super-yo y del mundo circundante, que no son inmediatamente dirigibles.<\/p>\n<p>El hombre no es inmediatamente responsable de esas t., que son m\u00e1s bien un hecho forzoso, el cual va anejo a nuestra dependencia respecto de estructuras dadas y realidades exteriores. Hay que distinguirlas en principio del conflicto de conciencia, en que se da una pugna entre varios deberes objetivos aceptados por la conciencia (cf. sistemas morales [-> moral, B]). En la t., por lo contrario, en oposici\u00f3n a un valor que corresponde a la persona en su totalidad, pasa a primer plano un valor moral particular y, por ende, s\u00f3lo condicional, cuya realizaci\u00f3n (por lo menos en la manera como aparece en el momento de la t.) es reconocida como contraria al bien de la persona.<\/p>\n<p>Para que pueda hablarse, pues, de t., el valor particular no debe aparecer de tal forma en el primer plano de la conciencia que no sea ya posible una elecci\u00f3n entre \u00e9l y el valor personal. Tal ser\u00ed\u00ada, de una parte, el caso si, por ignorancia o error, no fuera posible la reflexi\u00f3n sobre la significaci\u00f3n del valor particular, o se diera, de otra parte, una fijaci\u00f3n forzosa de car\u00e1cter neur\u00f3tico o psicopatol\u00f3gico sobre el valor particular, y as\u00ed\u00ad se suprimiera la libre elecci\u00f3n (-> enfermedades mentales, -> psicopatolog\u00ed\u00ada). En tales circunstancias, consiguientemente, no puede hablarse de pecado al seguir semejantes apetitos (que contradicen al bien de la persona). Seg\u00fan eso, hay una responsabilidad inmediata limitada cuando el impulso de que procede la t. es tan fuerte &#8211; por los motivos que fuere -, que queda disminuida la visi\u00f3n del alcance de la t. y entorpecida o paralizada la fuerza de voluntad para resistirla. En el consentimiento a tales t., se habla de pecados de flaqueza (peccata infirmitatis).<\/p>\n<p>Estas t. provenientes de causas ex\u00f3genas pueden provocar, por su parte, tendencias end\u00f3genas da\u00f1osas al mejor desenvolvimiento de la persona, las cuales son capaces de influir tambi\u00e9n en la aspiraci\u00f3n cognoscitiva por represiones. Tal es el caso cuando el hombre consciente voluntariamente a las t. o sucumbe a ellas llevado por sus tendencias (p. ej., sucumbe a influencias da\u00f1osas en la educaci\u00f3n). En la medida que estas tendencias nacen instintivamente, el hombre tampoco es responsable de las t. que de ellas resultan. Pero en cuanto han sido originadas por el consentimiento voluntario a t. ex\u00f3genas, el hombre es responsable de ellas, pues fueron libremente queridas in causa (p. ej., en fen\u00f3menos man\u00ed\u00adacos, complejos de odio acumulado, etc.). Ello quiere decir que la posibilidad de t. end\u00f3genas resulta a la postre de la vinculaci\u00f3n del hombre a estructuras previas de ordenaci\u00f3n, de naturaleza transcendental o categorial, y tambi\u00e9n de su individual desarrollo personal.<\/p>\n<p>Con su raz\u00f3n limitada, s\u00f3lo limitadamente puede el hombre dominar de una ojeada las posibilidades concretas de realizarse a s\u00ed\u00ad mismo. De ah\u00ed\u00ad que su decisi\u00f3n de un acto determinado en orden a la propia realizaci\u00f3n sea siempre arriesgada, en cuanto el hombre s\u00f3lo limitadamente puede calcular los efectos de tal decisi\u00f3n para la propia perfecci\u00f3n, v puede consiguientemente fracasar en ella. Una decisi\u00f3n moral \u00f3ptima se da cuando el riesgo se calcula de manera que se equilibren el factor de seguridad y el de inseguridad en el obrar. Desde el punto de vista de la psicolog\u00ed\u00ada profunda, una t. se da siempre que la integraci\u00f3n de los instintos no est\u00e1 garantizada y surge la tendencia a intentar esa integraci\u00f3n en forma demasiado t\u00ed\u00admida o demasiado ligera. En el primer caso, por querer proceder con demasiada seguridad, el hombre fracasar\u00ed\u00ada por no aprovechar plenamente sus posibilidades; en el segundo, porque procede arrogantemente y obra a la ligera contra estructuras previas de ordenaci\u00f3n y anula as\u00ed\u00ad aquellas posibilidades. Seg\u00fan esto, en la t. se pone en peligro la relaci\u00f3n trascendente de la acci\u00f3n humana. Por su superaci\u00f3n, tal relaci\u00f3n queda liberada de nuevo y a su vez profundizada. Seg\u00fan que las t. amenacen al hombre en el n\u00facleo de su existencia s\u00f3lo perif\u00e9ricamente o lesionen su mayor perfeccionamiento, los actos morales resultantes ser\u00e1n m\u00e1s o menos graves, independientemente de que el grado diverso de lesi\u00f3n se deba a la importancia del objeto para el tentado o bien a la intensidad de la relaci\u00f3n libre con la acci\u00f3n.<\/p>\n<p>2. B\u00ed\u00adblicamente, la t. se interpreta: a) como prueba de Dios. As\u00ed\u00ad, seg\u00fan afirmaciones del AT, sobre todo en los primeros libros, Dios quiere adrede poner a prueba la fidelidad de su pueblo, del pueblo de su alianza (Ex 15, 25; 16, 4; 20, 20; Jn 2, 22; 3, 1.4), y de creyentes particulares, as\u00ed\u00ad Abraham, cuya t. es aducida constantemente como ejemplo (G\u00e9n 22, 1; Eclo 44, 20; 1 Mac 2, 52; Heb 11, 17), o Job, cuyo temor de Dios permite el Se\u00f1or que sea probado por Sat\u00e1n con sufrimientos (Job 1, lls; 2, 5; \u00e9l permite tambi\u00e9n las t. que de ah\u00ed\u00ad resultan: Job 7, 1; 10, 17; 16, 10; 19, 12). En la literatura sapiencial posterior, por influjo helen\u00ed\u00adstico, aparece m\u00e1s fuertemente la idea de t. como medio de purificaci\u00f3n y educaci\u00f3n (Sab 3, 5; 11, 9; cf. 2, 1-6; 4, 17; 33 [36], 1; cf. Sant 1, 2.12; Heb 11, 17.37).<\/p>\n<p>b) Como seducci\u00f3n por los poderes del mal. As\u00ed\u00ad la t. diab\u00f3lica de los primeros padres (G\u00e9n 3, 1-7). En este punto, el pensamiento judaico ve claro que, por encima de las malas inclinaciones del hombre, las t. son obra del diablo y sus esp\u00ed\u00adritus, y s\u00f3lo pueden vencerse con la ayuda de Dios.<\/p>\n<p>Esta idea del &#8211; diablo como gran tentador gana importancia en el NT. La supone la petici\u00f3n del padrenuestro (Mt 6, 13 = Lc 11, 4) y el aviso de Jes\u00fas a sus disc\u00ed\u00adpulos en Getseman\u00ed\u00ad (Mc 14, 38 par). Tambi\u00e9n Pablo ve en la t. la acci\u00f3n de Sat\u00e1n (1 Tes 3, 5; 1 Cor 7, 5), pero atestigua a la vez que Dios da fuerza para resistirla (1 Cor 10, 13). De manera semejante, el Apocalipsis atribuye la t. a Sat\u00e1n (12, 9; 13, 14; 19, 20; 20, 3.8.10); y Sant 1, 13s resalta expresamente que la t. no viene de Dios. En la literatura apocal\u00ed\u00adptica la t. es mirada como caracter\u00ed\u00adstica de las tribulaciones escatol\u00f3gicas (Dan 12, 10; 1 Pe 1, 6; 4, 12; 2 Pe 2, 9; Ap 3, 10), y particularmente en Heb es vista como superable en Cristo (cf. 4, 15; 2, 18; cf. tambi\u00e9n Ap 3, 10). Porque en Cristo es vencido el imperio de Sat\u00e1n sobre este -> e\u00f3n.<\/p>\n<p>3. Puesto que, en \u00faltimo t\u00e9rmino, las t. consisten en el peligro de cerrar al hombre el camino de su ordenaci\u00f3n a la perfecci\u00f3n, para vencerlas moralmente son necesarios sobre todo el deseo de la perfecci\u00f3n y, consiguientemente, la apertura a la -> gracia, que se manifiestan en el amor a la virtud en general y en particular. As\u00ed\u00ad se produce la integraci\u00f3n de las tendencias particulares en el servicio a la perfecci\u00f3n del hombre.<\/p>\n<p>Comoquiera que la raz\u00f3n inmediata de las t. son primeramente causas ex\u00f3genas, el esfuerzo moral debe concentrarse en dominar esas causas. Sin embargo, hay que tener de antemano en cuenta que la posibilidad de ser tentados va necesariamente aneja a nuestra condici\u00f3n de criaturas. La gracia no suprime esa condici\u00f3n, aunque nos da serenidad frente a todas las t. por la confianza en la ayuda de Dios, de suerte que, a la postre, la t. efectiva debe soportarse con humilde resignaci\u00f3n. Dadas las m\u00faltiples causas de las t., son realmente posibles muchos medios para vencerlas. En casos extremos, se puede recurrir a tratamiento m\u00e9dico y a la psicoterapia. Pero siempre, estimando prudentemente la propia debilidad y sintiendo la responsabilidad de nuestros deberes, habremos de evitar ocasiones innecesarias de pecado (Ef 5, 15). A menudo la mejor manera de evitar la t. es una adecuada distracci\u00f3n. Pero lo que importa sobre todo es un constante esfuerzo por corregir prejuicios y predecisiones ajenos a la realidad que est\u00e1n fijados en el super-yo. Para ello es tan necesario un amor lo m\u00e1s incondicional posible a la verdad y al bien, como una confrontaci\u00f3n paciente y sin prejuicios con los datos emp\u00ed\u00adricos (-> higiene mental).<\/p>\n<p>Para vencer las t. que dependen de causas ex\u00f3genas, es menester una constante formaci\u00f3n de la conciencia. Para reducir o superar las t., esa formaci\u00f3n ha de tender a un equilibrio lo m\u00e1s ponderado posible entre la satisfacci\u00f3n y sublimaci\u00f3n de las tendencias, pues s\u00f3lo as\u00ed\u00ad se mantiene el equilibrio, necesario para la perfecci\u00f3n, entre la apertura a la transcendencia y la dependencia de lo inmanente, y puede tenerse debidamente en cuenta el car\u00e1cter din\u00e1mico e hist\u00f3rico del deber moral, singular en cada caso. S\u00f3lo as\u00ed\u00ad, en efecto, se evita el sobrestimar o subestimar las propias posibilidades y se ponen de manera \u00f3ptima al servicio de la perfecci\u00f3n de la persona nuestras vinculaciones a estructuras previas de ordenaci\u00f3n.<\/p>\n<p>De ah\u00ed\u00ad se sigue adem\u00e1s que las t. procedentes de causas end\u00f3genas s\u00f3lo pueden eliminarse en la medida en que se corrijan, dentro del marco de lo posible, falsas actitudes voluntarias por medio de posiciones tan prudentes como decididas respecto de las causas.<\/p>\n<p>4. Una equilibrada educaci\u00f3n pastoral tendr\u00e1 que evitar la tendenciosa simplificaci\u00f3n en la visi\u00f3n de los dones y tareas \u00abtentadores\u00bb. Pues en tal simplificaci\u00f3n la realidad acostumbra a interpretarse mediante una proyecci\u00f3n ficticia de la misma, desplazando o suprimiendo uno o varios de sus aspectos y, por tanto, tergivers\u00e1ndola. La oraci\u00f3n recomendada por la Escritura (Mc 14, 38), la constante vigilancia (Lc 8, 13; 21, 36) y sobre todo la firmeza en la virtud (Lc 22, 28; cf. Mc 13, 13 par; Ap 2, 10), que opera constancia (Sant 1, 2s), ser\u00e1n la mejor ayuda para ello, si buscan natural y sencillamente lo verdadero y bueno en cuanto es concretamente cognoscible y realizable, y as\u00ed\u00ad tratan de dominar la vida con la confianza en Dios, que en la t. no quiere nuestra ca\u00ed\u00adda, sino nuestra prueba (Ap 3,5).<\/p>\n<p>5. Tentar a Dios consiste: a) b\u00ed\u00adblicamente, en la provocaci\u00f3n osada de la ira de Dios, que radica en la desconfianza de la providencia de Dios; as\u00ed\u00ad cuando en el desierto se amotin\u00f3 el pueblo y dud\u00f3 de la voluntad salvadora de Dios (Ex 17, 2.7; De 6, 16; 9, 22; Sal 95, 8-11; Heb 3,8s), o cuando en el NT Jes\u00fas rechaza como un tentar a Dios la sugerencia de que entienda mundanamente su misi\u00f3n mesi\u00e1nica (Mt 4,7 par). En 1 Cor 10, 9 y Act 3 se amonesta a los creyentes a que no tienten a Dios como los antiguos israelitas. En Act 5, 9 el intento de enga\u00f1ar a la Iglesia es mirado como un tentar al Esp\u00ed\u00adritu del Se\u00f1or, y en 15, 10 Pedro califica de t. de Dios el intento de cargar sobre los gentiles el yugo de la ley.<\/p>\n<p>b) Moralmente, el tentar a Dios ha de mirarse como una provocaci\u00f3n a Dios que traiciona la -\u00bb esperanza, pues quien as\u00ed\u00ad procede no espera de Dios la salvaci\u00f3n, sino que quiere dominar el destino humano por la propia fuerza y la propia voluntad. La t. de Dios puede manifestarse en las m\u00e1s diversas formas, desde el c\u00e1lculo temerario de la disposici\u00f3n de Dios al perd\u00f3n, de suerte que ya no se espera la salvaci\u00f3n eterna \u00abcon temor y temblor\u00bb (Flp 2, 12), hasta los juicios supersticiosos de Dios, y en \u00faltimo t\u00e9rmino se funda siempre en una falsa idea de Dios, que niega e idolatriza el soberano misterio del Dios que nos ama libremente.<\/p>\n<p>6. La t. de Jes\u00fas narradas en Mc 1, 12s; Mt 4, 1-11 y Lc 4, 1-13 requieren una ex\u00e9gesis matizada bajo la perspectiva de la historia de las formas, la cual ponga de relieve la idea mesi\u00e1nica de Cristo que late en los relatos. Seg\u00fan esa ex\u00e9gesis, Jes\u00fas habr\u00ed\u00ada traicionado su misi\u00f3n mesi\u00e1nica si hubiera ca\u00ed\u00addo en la t. de no presentarse, a pesar de su dignidad mesi\u00e1nica, como el \u00absiervo\u00bb obediente de Dios y como el segundo Mois\u00e9s que resiste a la murmuraci\u00f3n de Israel. Las t. de Jes\u00fas por parte de los fariseos (Mc 8,11 par; Mc 10, 2 par; 12, 15 par; Mt 22, 35; Lc 10, 25) tienen tambi\u00e9n por fin poner a prueba la misi\u00f3n mesi\u00e1nica del Se\u00f1or. En contraste con ello, la t. de Jes\u00fas en Getseman\u00ed\u00ad (Mc 14, 32-42 par) tiene por objeto expreso la posibilidad de que Jes\u00fas sea tentado, la cual en Heb 2, 18; 4, 15 es interpretada como signo de su semejanza con nosotros en todo, excepto en el pecado. Jes\u00fas vence la t. por la aceptaci\u00f3n de la pasi\u00f3n (cf. Heb 5, 7-9) &#8211; la posibilidad de la derrota queda evidentemente descartada -y as\u00ed\u00ad se hace nuestro modelo, que nos capacita para seguirle.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: H. Seesemann: ThW VI (1954) 23-33; P. Valloton, Essai d&#8217;une doctrine de la tentation (P 1954); I. Owen, Temptation and Sin (Evansville 1958); K. P. K\u00f6ppen, Die Auslegung der Versuchungeschichte (T 1961) (bibl.); La Tentation: Lumiere et Vie 10 (1961) fase. Nr. 53; H\u00e4ring I (Fr 71963) 386-389 (hihi.); N. Brox &#8211; F. Scholz: HThG II 778-786 (hihi.); E. Gr\u00fcnewald, Tiefenpsychologische Aspekte zur Situation der V.: Rahner GW II 568-578; Mons de S\u00e9gur, Las tentaciones y el pecado (Ed Paul B Aires); 1. B. de Lucas, Las tentaciones (Nacional Ma 1964).<\/p>\n<p>Waldemar Molinski<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\">La palabra espec\u00edfica que indica el acto de la tentaci\u00f3n en el AT es la conjugaci\u00f3n <em>pi\u02bfel<\/em> de <em>niss\u0101h<\/em>. En 1 S. 17:39 se usa la palabra para probar la armadura. En Gn. 22:1 niss\u0101h caracteriza el mandato de Dios a Abraham para que ofreciera a Isaac como una ofrenda en la tierra de Moriah. Un uso similar del t\u00e9rmino se encuentra en Ex. 16:4; 20:20; Dt. 8:2, 16; 33:3; Sal. 26:2; 2 Cr. 33:31; y otros. Un sentido similar tiene esta palabra cuando se aplica a las terribles y extraordinarias plagas de Dios contra Egipto (Dt. 4:34).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El mismo t\u00e9rmino t\u00e9cnico se aplica a aquellos actos de los hombres que desaf\u00edan a Dios para que \u00e9ste muestre su veracidad y justicia. Describe las ideas y hechos inicuos a trav\u00e9s de los cuales, los hombres por medio de la duda, desobediencia e incredulidad, se oponen a la voluntad revelada de Dios, poniendo a prueba de esta manera sus perfecciones. El ejemplo m\u00e1s destacado de este tipo de pecado ocurre cuando Israel murmura contra Jehov\u00e1 en Refidim. Uno de los nombres que Mois\u00e9s le da al lugar consecuentemente es \u00abMasah\u00bb, prueba (Ex. 17:2, 7; Dt. 6:16; cf. Sal. 78:18, 41, 56; 95:9; 106:14).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El t\u00e9rmino <em>niss\u0101h<\/em> se aplica rara vez, si es que sucede en el AT, en relaci\u00f3n a la influencia sat\u00e1nica en el pecado de los hombres. Sin embargo, la esencia de la tentaci\u00f3n en este sentido est\u00e1 claramente revelada en el relato de la ca\u00edda y en el papel de Satan\u00e1s en la aflicci\u00f3n de Job (Gn. 3:1\u201313; Job 1\u20132:10). Eva responde a Dios: \u00abLa serpiente me enga\u00f1\u00f3 (<em>hi\u0161\u0161i\u02be an\u00ee<\/em>) y com\u00ed\u00bb (Gn. 3:13; cf. <em>exapata\u014d<\/em> en 2 Co. 11:3; 1 Ti. 2:14). La decepci\u00f3n juega una parte importante en la tentaci\u00f3n sat\u00e1nica. Satan\u00e1s evita un ataque frontal inmediato contra el mandamiento probatorio de Dios y las consecuencias anunciadas. En lugar de ello, \u00e9l siembra la semilla de la duda, la incredulidad y la rebeli\u00f3n. La tentaci\u00f3n de Eva es t\u00edpica. Ella es llevada a sentir que Dios necia e infelizmente ha negado al hombre un objetivo bueno. De esta manera, Satan\u00e1s tienta a Eva para que ella pruebe la veracidad, bondad y justicia de Dios. En las pruebas de Job, la estrategia es diferente aunque el fin perseguido es el mismo; el rechazo de la voluntad y camino de Dios como justos y buenos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El NT refleja la traducci\u00f3n de <em>niss\u0101h<\/em> con <em>ekpeirads\u014d<\/em>, etc., en la <a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">LXX<\/a> (Mt. 4:7; Heb. 3:8, 9; 1 Co. 10:9). En estos pasajes la tentaci\u00f3n pecaminosa a Dios se refiere mediante referencias o citas al AT. Sin embargo, Pedro la emplea en el mismo sentido en conexi\u00f3n con el pecado de Anan\u00edas y Safira (Hch. 5:9), y las recomendaciones entregadas a los cristianos gentiles (Hch. 15:10).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El uso adicional de <em>peirads\u014d<\/em> y formas relacionadas es complejo. Las palabras pueden referirse a circunstancias exteriores que prueban la fe del creyente y que est\u00e1n encaminadas a fortalecer la fe (Stg. 1:2; 1 P. 1:6). Aunque estas circunstancias deben entenderse como bajo el control absoluto de Dios, no es prominente atribuir la causa expl\u00edcita de ellas a Dios. Quiz\u00e1 sea permisible aqu\u00ed razonar utilizando una analog\u00eda. Pablo, por ejemplo, reconoce que su aguij\u00f3n en la carne est\u00e1 bajo el control soberano de Dios (2 Co. 12:8, 9); aunque el \u00abaguij\u00f3n\u00bb sea un \u00abmensajero de Satan\u00e1s\u00bb (2 Co. 12:7). El mismo fen\u00f3meno puede observarse desde dos aspectos. <em>Peirasmon<\/em> es una prueba a la fe de uno. La prueba es controlada y en un sentido hasta enviada por Dios. Pero Dios no es el autor de las tentaciones del pecado que algunas pruebas parecen traer consigo. El creyente puede regocijarse en la prueba porque detecta el buen prop\u00f3sito de Dios en ella. (Stg. 1:2\u20134, 12). Pero el uso subjetivo de las situaciones de pruebas, la incitaci\u00f3n interna al pecado en conexi\u00f3n con las tentaciones y pruebas no es y no puede ser la obra de Dios. La tentaci\u00f3n aqu\u00ed, en el sentido estricto de la palabra, llega a la manifestaci\u00f3n. La persuasi\u00f3n al pecado y la rebeli\u00f3n impaciente es la obra de Satan\u00e1s (Ap. 2:9; 1 P. 5:8, 9; cf. 1 Ts. 3:5). En esto, \u00e9l es inmensamente ayudado por el poder enga\u00f1oso de <em>epizumia<\/em>, la lascivia, en la antigua naturaleza (Stg. 1:14, 15). Aunque, por lo general, el papel que Satan\u00e1s juega en la tentaci\u00f3n no se menciona sino que se da por sentado, en 1 Corintios 7:5 Pablo expl\u00edcitamente advierte a los cristianos para que observen su responsabilidad con respecto a las relaciones maritales, \u00abpara que no os tiente Satan\u00e1s a causa de vuestra incontinencia\u00bb (cf. Mt. 4:1; Lc. 4:2; Mr. 1:13).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Jes\u00fas ense\u00f1a a los disc\u00edpulos a orar, \u00aby no nos metas en tentaci\u00f3n, mas l\u00edbranos del mal\u00bb (Mt. 6:13), y la Biblia est\u00e1 repleta de advertencias a ser vigilantes a causa de la presencia siempre peligrosa de la tentaci\u00f3n (Lc. 22:40; G\u00e1. 6:1; 1 P. 5:8, 9). Pero la Biblia asegura al creyente que Dios proveer\u00e1 una salida de la tentaci\u00f3n (1 Co. 10:13), y que \u00absabe el Se\u00f1or librar de tentaci\u00f3n a los piadosos \u2026\u00bb. (2 P. 2:9a).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Jes\u00fas fue repetidamente \u00abtentado\u00bb por los l\u00edderes jud\u00edos (Mr. 8:11; y otros). Pero estas tentaciones se dirigieron tanto para que Jes\u00fas se viera obligado a probar su mesianismo en t\u00e9rminos de las presunciones de sus enemigos, como para mostrarle incapaz de ser un verdadero rab\u00ed (Lc. 10:25), u obligarle a hacer declaraciones auto-incriminatorias (Mr. 12:15; cf. Lc. 23:2).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Jes\u00fas estuvo sujeto a la tentaci\u00f3n durante su ministerio (cf. Lc. 4:13; 22:28). Pero su gran tentaci\u00f3n es la tentaci\u00f3n crucial en la historia de la redenci\u00f3n (Mt. 4:1 y paralelos). Esta tentaci\u00f3n lo confronta a uno con la pregunta, \u00ab\u00bfc\u00f3mo pudo el Hijo de Dios sin pecado ser tentado realmente?\u00bb. Concediendo que \u00e9l tuviera deseos en su naturaleza humana, \u00bfqu\u00e9 fuerza pod\u00eda tener la tentaci\u00f3n en una persona divina que no pod\u00eda ser tentada? Los esfuerzos para resolver el problema corren el riesgo de deteriorar el \u00absin pecado\u00bb de Heb. 4:15 o de hacer de la tentaci\u00f3n algo irreal. Nuestro entendimiento de la materia se ve oscurecido por el hecho de que nuestra experiencia de ser tentados nos inclina a ceder a la tentaci\u00f3n. Esto no ocurri\u00f3 con Jes\u00fas, y sin embargo la tentaci\u00f3n fue real, por lo que \u00abes poderoso para socorrer a los que son tentados\u00bb (Heb. 2:18).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">M.G. Kyle relaciona la gran tentaci\u00f3n descrita en 1 Jn. 2:15\u201317 con la tentaci\u00f3n de Eva en el Ed\u00e9n (Art. \u00abTemptation, Psychology of\u00bb, <em><a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">ISBE<\/a><\/em>). Aunque los detalles de esta conexi\u00f3n pueden discutirse, la necesidad de la tentaci\u00f3n ante la ca\u00edda de Ad\u00e1n es evidente. Jes\u00fas <em>triunf\u00f3<\/em> sobre Satan\u00e1s con su uso inmediato y obediente de la Palabra de Dios. El demostr\u00f3 as\u00ed que estaba calificado para ser el \u00abpostrer Ad\u00e1n\u00bb. En el comienzo de su ministerio, demostr\u00f3 la verdad de 1 Jn. 3:8b, \u00abPara esto apareci\u00f3 el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">BIBLIOGRAF\u00cdA<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">E.L. Anderson en <em>ISBE<\/em>; L. Berkhof, <em>Systematic Theology<\/em>, pp. 219\u2013226; Gesenius; Grimm-Thayer; M.G. Kyle en <em>ISBE<\/em>; H. Seeseman en <em><a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">TWNT<\/a><\/em>; C.M. Stuart en <em>ISBE<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Carl G. Kromminga<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\"><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">LXX <\/a>Septuagint<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\"><em>ISBE <\/em><\/a><em>International Standard Bible Encyclopaedia<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\"><em>TWNT <\/em><\/a><em>Theologisches Woerterbuch zum Neuen Testament<\/em> (Kittel)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\"><\/a>Harrison, E. F., Bromiley, G. W., &amp; Henry, C. F. H. (2006). <em>Diccionario de Teologi\u0301a<\/em> (595). Grand Rapids, MI: Libros Desafi\u0301o.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Teolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p><p style='text-align:justify;'><span lang=ES style=''>La idea b\u00edblica de la tentaci\u00f3n no es fundamentalmente la de seducci\u00f3n, como ocurre en el uso moderno, sino la de juzgar a una persona o ponerla a prueba; lo que puede hacerse con el caritativo prop\u00f3sito de probar o mejorar su car\u00e1cter, como as\u00ed tambi\u00e9n con el fin malicioso de poner al descubierto su debilidad, o sorprenderlo en una mala acci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>El sustantivo heb. es <\/span><span style=''>mass\u00e2<\/span><span lang=ES style=''> (<etiqueta id=\"#_ftn193\" name=\"_ftnref193\" title=\"\">trad. \u201ctentaci\u00f3n\u201d), y los verbos heb. son <\/etiqueta><\/span><span style=''>m&#257;s\u00e2<\/span><span lang=ES style=''> (generalmente trad. \u201ctentar\u201d) y <\/span><span style=' '>b&#257;&#7717;an<\/span><span lang=ES style=''> (generalmente trad. \u201cprobar\u201d: met\u00e1fora tomada de la refinaci\u00f3n de metales). La <etiqueta id=\"#_ftn194\" name=\"_ftnref194\" title=\"\"><span style='text-transform:uppercase'>LXX<\/span><\/etiqueta> y el NT utilizan como equivalentes el sust. <i>peirasmos <\/i>y los verbos <\/span><span style=''>(ek)peiruz&#333;<\/span><span lang=ES style=''> y <\/span><span style=''>dokimaz&#333;<\/span><span lang=ES style=''>; este \u00faltimo corresponde, en significado, a <\/span><span style=' '>b&#257;&#7717;an<\/span><span lang=ES style=''>.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>La idea de probar a una persona aparece en toda la Biblia en relaci\u00f3n con diferentes nociones.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>1. El hombre prueba a su pr\u00f3jimo de la misma manera en que prueba su armadura (1 R. 10.1; <etiqueta id=\"#_ftn195\" name=\"_ftnref195\" title=\"\">cf. 1 S. 17.39: <\/etiqueta><\/span><span style=''>m&#257;s\u00e2<\/span><span lang=ES style=''> en ambas ocasiones), para explorar y medir sus capacidades. Los evangelios nos hablan de que sus oponentes jud\u00edos, con resentido escepticismo, \u201ctentaron\u201d a Cristo (\u201clo probaron\u201d, podr\u00edamos decir) para ver si pod\u00edan obligarlo a demostrar o tratar de probar su mesianismo en los propios t\u00e9rminos de ellos (Mr. 8.11); para ver si su doctrina era defectuosa o poco ortodoxa (Lc. 10.25); y para ver si pod\u00edan sorprenderlo en declaracioncs autoincriminatorias (Mr. 12.15).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>2. El hombre debe probarse a s\u00ed mismo antes de participar de la Cena del Se\u00f1or (1 Co. 11.28: <\/span><span style=''>dokimaz&#333;<\/span><span lang=ES style=''>), y tambi\u00e9n en otras ocasiones (2 Co. 13.5: <\/span><span style='font-family: \"Charis SIL\"'>peiraz&#333;<\/span><span lang=ES style=' '>) para no hacerse presuntuoso y enga\u00f1arse en cuanto a su condici\u00f3n espiritual. El cristiano debe probar sus \u201cobras\u201d (<etiqueta id=\"#_ftn196\" name=\"_ftnref196\" title=\"\">e. d. lo que hace con su vida) para no desviarse y perder su recompensa (G\u00e1. 6.4). El conocimiento sobrio de uno mismo, emanado de un disciplinado au<\/etiqueta>toescrutinio es un elemento b\u00e1sico de la piedad b\u00edblica.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>3. El hombre prueba a Dios cuando su comportamiento constituye en realidad un abierto desaf\u00edo a demostrar la verdad de sus palabras y la bondad y justicia de sus caminos (Ex. 17.2; Nm. 14.22; Sal. 78.18, 41, 56; 95.9; 106.14; Mal. 3.15; Hch. 5.9; 15.10). El top\u00f3nimo Masah es un permanente memorial de una de esas tentaciones (Ex. 17.7; Dt. 6.16). Incitar de esta manera a Dios constituye una extrema irreverencia, y Dios mismo lo prohibe (Dt. 6.16; cf. Mt. 4.7; 1 Co. 10.9ss). En todas las tribulaciones el pueblo de Dios debe esperar en \u00e9l con calma y paciencia, y confiando en que a su debido tiempo \u00e9l satisfar\u00e1 su necesidad seg\u00fan su promesa (cf. Sal. 27.7\u201314; 37.7; 40; 130.5ss; Lm. 3.25ss; Fil. 4.19).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>4. Dios prueba al hombre coloc\u00e1ndolo en situaciones que revelan la calidad de su fe y devoci\u00f3n, de modo que todos puedan ver lo que hay en su coraz\u00f3n (Gn. 22.1; Ex. 16.4; 20.20; Dt. 8.2, 16; 13.3; Jue. 2.22; 2 Cr. 32.31). Al someterlos a prueba de esta manera los purifica, como se purifica el metal en el crisol del refinador (Sal. 66.10; Is. 48.10; Zac. 13.9; 1 P. 1.6s; cf. Sal. 119.67, 71); fortalece su paciencia y madura su car\u00e1cter cristiano (Stg. 1.2ss, 12; cf. 1 P. 5.10); y les hace tener mayor seguridad en el amor de Dios (cf. Gn. 22.15ss; Ro. 5.3ss). Por su fidelidad en \u00e9pocas de prueba, el hombre llega a ser <\/span><span style='font-family: \"Charis SIL\"'>dokimoi<\/span><span lang=ES style=''>, \u201caprobado\u201d, a la vista de Dios (Stg. 1.12; 1 Co. 11.19).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>5. Satan\u00e1s prueba al pueblo de Dios manipulando las circunstancias dentro de los l\u00edmites que Dios le permite (cf. Job 1.12; 2.6; 1 Co. 10.13), a fin de tratar de que se desv\u00eden de la voluntad de Dios. El NT lo conoce como \u201cel tentador\u201d (<\/span><span style='font-family: \"Charis SIL\"'>ho peiraz&#333;n<\/span><span lang=ES style=' '>, Mt. 4.3; 1 Ts. 3.5), el implacable enemigo de Dios y los hombres (1 P. 5.8; Ap. 12). El cristiano debe estar constantemente en guardia (Mr. 14.38; G\u00e1. 6.1; 2 Co. 2.11) y activo (Ef. 6.10ss; Stg. 4.7; 1 P. 5.9) contra el diablo, porque trata constantemente de hacerlo caer, ya sea abrum\u00e1ndolo con el peso de la tribulaci\u00f3n o el dolor (Job 1.11\u20132.7; 1 P. 5.9; Ap. 2.10; cf. 3.10; He. 2.18), o estimul\u00e1ndolo para que satisfaga en forma equivocada sus deseos naturales (Mt. 4.3s; 1 Co. 7.3), o torn\u00e1ndolo complaciente, descuidado o demasiado consciente de sus derechos (G\u00e1. 6.1; Ef. 4.27), o proponi\u00e9ndose una falsa representaci\u00f3n de Dios y engendrando falsas ideas acerca de su verdad y su voluntad (Gn. 3.1\u20135; cf. 2 Co. 11.3; Mt. 4.5ss; 2 Co. 11.14; Ef. 6.11). Mt. 4.5s nos demuestra que Satan\u00e1s puede, incluso, citar (y aplicar mal) la Escritura con este prop\u00f3sito. Pero Dios promete que siempre estara disponible un camino de liberaci\u00f3n cuando permite que Satan\u00e1s tiente al cristiano (1 Co. 10.13; 2 P. 2.9; cf. 2 Co. 12.7\u201310).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>La filosof\u00eda neotestamentaria de la tentaci\u00f3n se alcanza combinando estas dos l\u00edneas de pensamiento. Las \u201cpruebas\u201d (Lc. 22.28; Hch. 20.19; Stg. 1.2; 1 P. 1.6; 2 P. 2.9) son tanto obra de Dios como del diablo. Se trata de situaciones de prueba en las que el siervo de Dios se ve frente a nuevas posibilidades de bien y de mal, y est\u00e1 expuesto a un n\u00famero de est\u00edmulos para elegir este \u00faltimo. Desde este punto de vista las tentaciones son obra de Satan\u00e1s; pero Satan\u00e1s es tambi\u00e9n instrumento de Dios, a la vez que su enemipo (cf. Job 1.11s; 2.5s), y es Dios mismo en \u00faltima instancia quien pone a sus siervos en el camino de la tentaci\u00f3n (Mt. 4.1; 6.13), permitiendo que Satan\u00e1s trate de seducirlos para lograr objetivos ben\u00e9ficos propios. Sin embargo, aunque el hombre no se ve expuesto a tentaciones aparte de la voluntad de Dios, el est\u00edmulo a hacer el mal no proviene de Dios ni expresa su mandato (Stg. 1.12s). El deseo que empuja hacia el pecado no es de Dios, sino del hombre, y es fatal sucumbir a \u00e9l (Stg. 1.14ss). Cristo ense\u00f1\u00f3 a sus disc\u00edpulos que deb\u00edan pedir a Dios que no los expusiera a la tentaci\u00f3n (Mt. 6.13), y a velar y orar para \u201cno caer\u201d en tentaci\u00f3n (o sea ceder ante su presi\u00f3n) toda vez que Dios decida probarlos por medio de ella (Mt. 26.41).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>La tentaci\u00f3n no es pecado, porque Cristo fue tentado en la misma forma en que lo somos nosotros, y sin embargo se mantuvo sin pecado (He. 4.15; cf. Mt. 4.1ss; Lc. 22.28). La tentaci\u00f3n se convierte en pecado solamente cuando se acepta la sugerencia de pecado y se cae en \u00e9l.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=';text-transform:uppercase'>Bibliograf\u00eda.<\/span><span lang=ES style=''> D. Bonhoeffer, <i>Tentaci\u00f3n<\/i>, 1977; W. Schneider, \u201cTentaci\u00f3n\u201d, <etiqueta id=\"#_ftn197\" name=\"_ftnref197\" title=\"\"><i>\u00b0DTNT<\/i><\/etiqueta>, <etiqueta id=\"#_ftn198\" name=\"_ftnref198\" title=\"\">t(t). IV, <\/etiqueta><etiqueta id=\"#_ftn199\" name=\"_ftnref199\" title=\"\">pp. 251\u2013254; C. G. Kromminga, \u201cTentaci\u00f3n\u201d, <\/etiqueta><etiqueta id=\"#_ftn200\" name=\"_ftnref200\" title=\"\"><i>\u00b0DT<\/i><\/etiqueta>, 1985, pp. 513\u2013514; L. Berkhof, <i>Teolog\u00eda sistem\u00e1tica<\/i>, 1972, pp. 265ss; G. Gerleman, \u201cTentar\u201d, <etiqueta id=\"#_ftn201\" name=\"_ftnref201\" title=\"\"><i>\u00b0DTMAT<\/i><\/etiqueta>, t(t). II, cols. 100\u2013102.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Arndt; H. Seeseman en <etiqueta id=\"#_ftn202\" name=\"_ftnref202\" title=\"\"><i>TDNT <\/i><\/etiqueta>6, pp. 23\u201326; M. Dods en <etiqueta id=\"#_ftn203\" name=\"_ftnref203\" title=\"\"><i>DCG<\/i><\/etiqueta>; R. C. Trench, <i>Synonyms of the New Testament<\/i><sup>10<\/sup>, pp. 267ss; W. Schneider, C. Brown, H. Haarbeck, <etiqueta id=\"#_ftn204\" name=\"_ftnref204\" title=\"\"><i>NIDNTT <\/i><\/etiqueta>3, pp. 798\u2013811.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal align=right style='text-align:right;line-height:normal'><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><etiqueta id=\"#_ftn205\" name=\"_ftnref205\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt; ;color:green'>J.I.P.<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;'>Douglas, J. (2000). Nuevo diccionario Biblico : Primera Edicion. Miami: Sociedades B\u00edblicas Unidas.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico<\/b><\/p>\n<p>\n      (Lat\u00edn tentare, tratar o probar). <\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Tentaci\u00f3n es tomada aqu\u00ed como la incitaci\u00f3n a pecar, ya sea por la persuasi\u00f3n o por la propuesta de alg\u00fan bien o placer.  Puede ser simplemente externa, como fue en el caso de las tentaciones de Cristo en el desierto luego de un ayuno de cuarenta d\u00edas; o tambi\u00e9n puede ser interna, puesto que hay un asalto real sobre la voluntad de la persona.  A veces surge debido a la propensi\u00f3n al mal inherente en nosotros a causa del pecado original. Algunas es directamente adjudicadle a la intervenci\u00f3n del diablo, el cual puede llenar la imaginaci\u00f3n con un asunto-materia pecaminoso y avivar las bajas pasiones del alma. Ambas causas est\u00e1n frecuentemente en el hecho. La tentaci\u00f3n no es en s\u00ed misma el pecado. No importa cuan v\u00edvida sea la imagen imp\u00eda, no importa cuan fuerte sea la inclinaci\u00f3n a transgredir la ley, no importa cuan vehemente sea la sensaci\u00f3n de satisfacci\u00f3n il\u00edcita, mientras no haya consentimiento de la voluntad, no hay pecado.   La misma esencia del pecado en cualquier grado es que debe ser acto de la voluntad humana. Atacar no es sin\u00f3nimo de rendir. Esto, que es bastante obvio, es importante especialmente para aqu\u00e9llos que est\u00e1n buscando servir a Dios incansablemente, pero se encuentran asediados por tentaciones de todos lados. Ellos est\u00e1n expuestos a tomar la fiereza y repetici\u00f3n del asalto como prueba de que han ca\u00eddo. Un director espiritual sabio indicara el error de esta conclusi\u00f3n y as\u00ed proveer\u00e1   consuelo y fortaleza a estas almas atormentadas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Las tentaciones deben ser combatidas evitando, en lo posible, las ocasiones que les dan lugar, recurriendo a la oraci\u00f3n y fomentando dentro de uno mismo un esp\u00edritu de humilde desconfianza en nuestras propias fuerzas y de ilimitada confianza en Dios.  La resistencia que un cristiano debe ofrecer no siempre es directa. A veces, particularmente cuando es cuesti\u00f3n de reiteradas sugerencias interiores hacia el mal, puede ser \u00fatil utilizar un m\u00e9todo indirecto, es decir, simplemente ignorarlas y poner la atenci\u00f3n completamente en otro asunto.  Las tentaciones como tal nunca vienen de Dios. Son permitidas por \u00c9l para darnos una oportunidad de adiestrar nuestra virtud y dominio propio y adquirir m\u00e9ritos  El hecho de la tentaci\u00f3n, no importa que tanto se asome ella a la vida de las personas, no significa que uno est\u00e9 bajo proscripci\u00f3n.  Ciertamente, los que Dios llama a las m\u00e1s altas cumbres de la santidad son de hecho los que deben esperar tener que luchar fieramente con las tentaciones m\u00e1s numerosas y temibles que le puedan caer a cualquier ser humano.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\"><b>Bibliograf\u00eda<\/b>:  LEHMKUHL, Teolog\u00eda moral (Friburgo, 1887); M\u00dcTZ, Christliche Ascetik (Paderborn, 1907); HENSE, Die Versuchungen (Freiburg, 1884); SCARAMELLI, Directorium asceticum.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<b>Fuente:<\/b>  Delany, Joseph. \u00abTemptation.\u00bb The Catholic Encyclopedia. Vol. 14. New York: Robert Appleton Company, 1912.<br \/>\n<br \/>http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/14504a.htm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Traducido por Esteban Philipps.  L H M.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Selecci\u00f3n de im\u00e1genes; Jos\u00e9 G\u00e1lvez Kr\u00fcger\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>v. Prueba Mat 6:13; Luk 11:4 no nos metas en t .. l\u00edbranos 26:41 Tentaci\u00f3n (heb. mass\u00e2h, \u00abprueba\u00bb, \u00abdificultad\u00bb; gr. peirasm\u00f3s, \u00abprueba\u00bb, \u00abdificultad\u00bb, \u00abtentaci\u00f3n\u00bb, \u00abincitaci\u00f3n\u00bb). 1. Los t\u00e9rminos que han sido traducidos de esta manera describen generalmente cualquier situaci\u00f3n que tenga que enfrentar una persona y que implique una prueba de su car\u00e1cter. 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