{"id":4336,"date":"2016-02-05T00:22:32","date_gmt":"2016-02-05T05:22:32","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/tradicion\/"},"modified":"2016-02-05T00:22:32","modified_gmt":"2016-02-05T05:22:32","slug":"tradicion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/tradicion\/","title":{"rendered":"TRADICION"},"content":{"rendered":"<p>Mat 15:2; Mar 7:5 quebrantan la t de los ancianos<br \/>\nMat 15:6 hab\u00e9is invalidado el .. por vuestra t<br \/>\nMar 7:3, 8 los jud\u00edos, aferr\u00e1ndose a la t de los<br \/>\nGal 1:14 mucho m\u00e1s celoso de las t de mis padres<br \/>\nCol 2:8 seg\u00fan las t de los hombres, conforme a<\/p>\n<hr>\n<p>Tradici\u00f3n    (gr. par\u00e1dosis, literal y b\u00ed\u00adblicamente \u00ab[instrucci\u00f3n] transmitida\u00bb, es decir, de una persona a otra, o de una generaci\u00f3n a la siguiente; \u00abtradici\u00f3n\u00bb).  En los Evangelios es la interpretaci\u00f3n oral acumulada del AT, particularmente de la ley de Mois\u00e9s, dada por los escribas.  Se la llamaba ley oral (Torah she baal peh) en los c\u00ed\u00adrculos fariseos y en la literatura rab\u00ed\u00adnica.  Cuando se trataba de la transmisi\u00f3n, la palabra que se empleaba era qabal\u00e2h, el equivalente de par\u00e1dosis, pero este t\u00e9rmino tambi\u00e9n se aplicaba a ciertos materiales escritos, especialmente a la hagi\u00f3grafa (escritura sagrada).  Los fariseos y los rabinos que sucedieron a los escribas consideraban que la ley  oral era de origen divino, en pie de igualdad con la ley escrita y, por lo tanto, ten\u00ed\u00ada la misma autoridad.  Ya fuera escrito u oral, todo lo     legal recib\u00ed\u00ada el nombre de Halak\u00e1, en contraste con Haggad\u00e1, \u00aberudici\u00f3n\u00bb, \u00abdoctrina\u00bb, que inclu\u00ed\u00ada todo lo que no era legal (como ser metaf\u00ed\u00adsica, teolog\u00ed\u00ada, historia, leyendas y par\u00e1bolas).  M\u00e1s tarde, el conjunto de la tradici\u00f3n oral se puso por escrito y se lo preserv\u00f3 en la Mishn\u00e1 y en el Talmud (v\u00e9ase CBA 5: 97-101).  La consideraci\u00f3n que le ten\u00ed\u00adan los fariseos a la ley oral no era compartida por otras    sectas jud\u00ed\u00adas: los saduceos, los esenios y m\u00e1s tarde los cristianos. Los fariseos se refer\u00ed\u00adan a estas ense\u00f1anzas como \u00abla tradici\u00f3n de los ancianos\u00bb (Mat 15:2), y Jes\u00fas la llam\u00f3 \u00abvuestra tradici\u00f3n\u00bb (vs 3, 6) o \u00abtradici\u00f3n de los hombres\u00bb, en el sentido de que era de origen    humano y no divino (Mar 7:8). Aunque aconsej\u00f3 que se respetara la tradici\u00f3n oral por ser la continuaci\u00f3n de las ense\u00f1anzas de Mois\u00e9s    (Mat 23:2, 3), una y otra vez nuestro Se\u00f1or declar\u00f3 que la gran masa de interpretaciones humanas era in\u00fatil, porque su efecto consist\u00ed\u00ada    en frustrar o a lo menos oscurecer \u00abel mandamiento de Dios\u00bb (cf Mar 7:1-9).  El error fundamental de \u00abla tradici\u00f3n de los ancianos\u00bb era que enceguec\u00ed\u00ada a los hombres respecto a la necesidad de una religi\u00f3n que surgiera del coraz\u00f3n, y hac\u00ed\u00ada de la observancia de ciertas formas externas el instrumento esencial para la salvaci\u00f3n y la aceptaci\u00f3n por parte de Dios.  En las ep\u00ed\u00adstolas se usa la palabra \u00abtradici\u00f3n\u00bb (par\u00e1dosis; cf G\u00e1. 1:14) tambi\u00e9n para referirse a las ense\u00f1anzas de Pablo, aunque la RVR traduce el t\u00e9rmino por \u00abinstrucciones\u00bb, \u00abdoctrina\u00bb y \u00abense\u00f1anza\u00bb (1Co 11:2; 2Th 2:15; 3:6).  Trampa.  V\u00e9ase Lazo.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Evang\u00e9lico<\/b><\/p>\n<p>(gr., paradosis, entrega, oral o por escrito). Este t\u00e9rmino no aparece en el AT hebreo En el NT se mencionan tres clases de tradiciones.<\/p>\n<p>Primeramente, y la del uso m\u00e1s com\u00fan, es la clase de tradici\u00f3n entregada por los padres o ancianos jud\u00ed\u00ados, y que constituy\u00f3 la ley oral que muchos jud\u00ed\u00ados consideraban de igual autoridad que la ley revelada por Mois\u00e9s. En verdad, los fariseos tend\u00ed\u00adan a hacer a estas tradiciones de autoridad aun mayor que las Escrituras. Los fariseos se exasperaban con Cristo porque \u00e9l ignoraba sus tradiciones y permit\u00ed\u00ada que sus disc\u00ed\u00adpulos lo hicieran tambi\u00e9n (Mat 15:2-6; Mar 7:1-13). Pablo hace referencia a su celo anterior por las tradiciones de sus padres (Gal 1:14). Algunos eruditos sostienen que Col 2:8 se refiere a herej\u00ed\u00adas judaicas, pero el \u00e9nfasis parece ser sobre el origen humano y no necesariamente jud\u00ed\u00ado de estas ense\u00f1anzas y, as\u00ed\u00ad, una segunda clase de tradici\u00f3n. La tercera clase de tradici\u00f3n es la de las verdades del evangelio que Pablo ense\u00f1\u00f3 (1Co 11:2, 2Th 2:15; 2Th 3:6).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Mundo Hispano<\/b><\/p>\n<p>(transmitir diciendo).<\/p>\n<p> La Biblia es la Palabra de Dios \u00abescrita\u00bb la Tradici\u00f3n es la Palabra de Dios \u00abvivida y predicada\u00bb.<\/p>\n<p> Algunos Protestantes dicen que no admiten la Tradici\u00f3n, que no tienen Tradici\u00f3n, \u00c2\u00a1y se estan enganando a s\u00ed\u00ad mismos!, porque viven el cristianismo de una forma espec\u00ed\u00adfica, y tienen sus \u00abservicios\u00bb de forma espec\u00ed\u00adfica, \u00c2\u00a1y eso es \u00abTradici\u00f3n\u00bb!. y eso mismo que viven, lo predican, \u00c2\u00a1y eso es Tradici\u00f3n! . y es distinta la de los Luteranos o Pentecostales o Evangelistas.<\/p>\n<p> ?Todav\u00ed\u00ada m\u00e1s! Ning\u00fan Luterano, o Adventista o Presbiteriano lo es porque lo \u00abley\u00f3\u00bb en la Biblia, \u00c2\u00a1porque las palabras \u00abLuterano\u00bb, \u00abAdventista\u00bb y \u00abPresbiteriano\u00bb ni siquiera estan en la Biblia!. lo son, por la Tradici\u00f3n, porque alguien les habl\u00f3 o los llev\u00f3 a esa iglesia, les gust\u00f3 c\u00f3mo viv\u00ed\u00adan, y se qued\u00f3 ah\u00ed\u00ad. La Biblia nos dice que la fe nos viene por el \u00aboir\u00bb, no por el \u00ableer\u00bb: (Rom 10:17).<\/p>\n<p> Algo muy importante: As\u00ed\u00ad como hay interpretaciones buenas y malas de la Biblia, lo mismo hay tradiciones buenas y malas, verdaderas y falsas, y por eso la Biblia nos advierte que conservemos las \u00abbuenas\u00bb y no nos dejemos enganar por las malas: \u00abManteneos firmes y mantened las tradiciones que hab\u00e9is recibido de nosotros de viva voz. Mirad que nadie os engane con filosof\u00ed\u00adas y vanas falacias, fundadas en tradiciones humanas\u00c2\u00b0: (2Te 2:15, Col. 2; g),: (Ver Mt.15, Mc.7, 1Co 11:2). La mejor forma de \u00ablibrarse\u00bb de falsas interpretaciones de la Biblia y de malas tradiciones, es seguir las ensenanzas e interpretaciones de la \u00fanica Iglesia de Cristo, su interpretaci\u00f3n de la Biblia y su \u00abTradici\u00f3n\u00bb. Ver \u00abIglesia\u00bb. El Antiguo Testamento fue transmitido por la Tradici\u00f3n: (Mat 15:1-9, Gal 1:14), y lo mismo, por la tradici\u00f3n, nos transmitieron los Ap\u00f3stoles el Evangelio: (Luc 1:2, 1Co 11:2, 2Te 2:152Te 3:6, 2Ti 2:2, 2Ti 3:14, 2Pe 2:20-21, 2Pe 3:16, 1Co 15:3-9).<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano<br \/>\nDr. J. Dominguez<\/p>\n<p>http:\/\/biblia.com\/diccionario\/<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano<\/b><\/p>\n<p>Este t\u00e9rmino se deriva del lat. tradere, que significa \u2020\u0153trasmitir\u2020\u009d, \u2020\u0153pasar a\u2020\u009d, siempre con la idea de costumbres, doctrinas o pensamientos. No se utiliza en el AT, pero hay un t\u00e9rmino hebreo que fue utilizado en forma equivalente. Es masoret, que tiene la idea de \u2020\u0153uni\u00f3n\u2020\u009d, \u2020\u0153v\u00ed\u00adnculo\u2020\u009d, tal como aparece en Eze 20:37 (\u2020\u0153Os har\u00e9 pasar bajo la vara, y os har\u00e9 entrar en los v\u00ed\u00adnculos del pacto\u2020\u009d). Entre los jud\u00ed\u00ados, se entiende por t. a la disciplina que establece la forma correcta de interpretar y practicar la ley. Como la profec\u00ed\u00ada ces\u00f3 despu\u00e9s de \u2020\u00a2Esdras o \u2020\u00a2Malaqu\u00ed\u00adas, los ancianos de Israel fueron estableciendo en sucesivas generaciones algunos comentarios y aclaraciones al texto b\u00ed\u00adblico que llegaron a adquirir una gran autoridad.<\/p>\n<p>En el NT se usa frecuentemente la palabra paradosis, equivalente a t. Cuando nuestro Se\u00f1or Jesucristo ense\u00f1aba en las sinagogas de su tiempo, tuvo que enfrentarse con la \u2020\u0153t. de los ancianos\u2020\u009d, muchas de las cuales en realidad se apartaban de la verdad divina y sustitu\u00ed\u00adan la palabra de Dios con las opiniones de rabinos y sabios. Una de ellas, por ejemplo, se relacionaba con la actitud de eludir el mandamiento de honrar a los padres. La t. de los ancianos dec\u00ed\u00ada que si alguien consagraba a Dios sus recursos econ\u00f3micos, ya no ten\u00ed\u00ada que compartirlos con sus progenitores porque pertenec\u00ed\u00adan a Dios ( \u2020\u00a2Corb\u00e1n [Mat 15:1-9]). El Se\u00f1or Jes\u00fas, citando al profeta Isa\u00ed\u00adas, dijo, refiri\u00e9ndose al pueblo de Israel: \u2020\u0153En vano me honran, ense\u00f1ando como doctrinas mandamientos de hombres\u2020\u009d (Mar 7:6-7).<br \/>\nense\u00f1anzas del Se\u00f1or y sus ap\u00f3stoles, por otra parte, fueron trasmitidas a los primeros creyentes como una nueva t. As\u00ed\u00ad, Pablo escribe a los Corintios: \u2020\u0153Os alabo &#8230; porque en todo os acord\u00e1is de m\u00ed\u00ad, y reten\u00e9is las instrucciones [paradosis] tal como os las entregu\u00e9\u2020\u009d (1Co 11:2). Las frases que usa Pablo constituyen una buena descripci\u00f3n de la forma en que los rabinos entend\u00ed\u00adan la t. (\u2020\u0153Porque yo recib\u00ed\u00ad del Se\u00f1or lo que tambi\u00e9n os he ense\u00f1ado&#8230;\u2020\u009d [1Co 11:23]). Tambi\u00e9n Pablo escribi\u00f3 a los Tesalonicenses: \u2020\u0153As\u00ed\u00ad que &#8230; estad firmes, y retened la doctrina [paradosis] que hab\u00e9is aprendido, sea por palabra, o por carta nuestra\u2020\u009d (2Te 2:15).<br \/>\nIglesia Cat\u00f3lica ense\u00f1a que esa t. continu\u00f3 estableci\u00e9ndose o elabor\u00e1ndose al mismo tiempo que se completaba el \u2020\u00a2canon del NT. Y que luego ha llegado hasta nosotros, junto con el texto neotestamentario, como regla de fe. Los protestantes rechazan ese concepto. Aceptando s\u00f3lo como regla de fe y pr\u00e1ctica lo expuesto por el texto del NT, sin atenci\u00f3n alguna a cualquier tradici\u00f3n que entre en contradicci\u00f3n con \u00e9l, pues no se debe ense\u00f1ar \u2020\u0153como doctrinas\u2020\u009d lo que son s\u00f3lo \u2020\u0153mandamientos de hombres\u2020\u009d.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Cristiano<\/b><\/p>\n<p>tip, DOCT<\/p>\n<p>ver, JUSTIFICACI\u00ed\u201cN, LEY, OBRAS, SALVACI\u00ed\u201cN<\/p>\n<p>vet, Gr. \u00abparadosis\u00bb, un \u00abtransmitir\u00bb, ya sea oralmente, ya por escrito; una ense\u00f1anza transmitida de una a otra persona. Se usa en el NT en sentido positivo y negativo. En el negativo, es usado en la disputa entre el Se\u00f1or y los fariseos acerca de \u00abla tradici\u00f3n de los ancianos\u00bb (Mt. 15:1-9; Mr. 7:1-13). La tradici\u00f3n oral jud\u00ed\u00ada parece haber sido de tres clases: (a) Pretendidas leyes dadas por Mois\u00e9s oralmente a los setenta ancianos, adem\u00e1s de la Ley escrita, y que los fariseos consideraban tan vinculantes como ella; (b) decisiones de jueces, que vinieron a sentar precedentes directores de futuras decisiones; (c) interpretaciones de las Escrituras dadas por grandes rabinos, y que finalmente llegaron a ser consideradas con la misma reverencia que las Escrituras del AT. De la comparaci\u00f3n de los pasajes de Mateo y Marcos es evidente que el Se\u00f1or Jes\u00fas atac\u00f3 la pretensi\u00f3n de revelaci\u00f3n adicional (esto es, \u00abde los ancianos\u00bb). Al a\u00f1adir a la Palabra de Dios se hab\u00ed\u00adan hecho culpables: (a) Hab\u00ed\u00adan dejado los mandamientos de Dios (Mr. 7:8); (b) hab\u00ed\u00adan desechado el mandamiento de Dios (Mr. 7:9, V.M.); (c) hab\u00ed\u00adan quebrantado, o transgredido, el mandamiento de Dios (Mt. 15:3); (d) hab\u00ed\u00adan invalidado el mandamiento de Dios (Mt. 15:6; Mr. 7:13). As\u00ed\u00ad, por la pretensi\u00f3n de una tradici\u00f3n oral suplementaria de la escrita, el mandamiento de Dios quedaba: (a) echado a un lado o ignorado; (b) desatendido en sus demandas; (c) manipulado y violado; por \u00faltimo, (d) quedaba invalidado, vaciado de todo contenido, al ser sustituido por una norma humana. Otra menci\u00f3n de tradici\u00f3n en sentido negativo es en Col. 2:8. En este pasaje hay exegetas que ven las ense\u00f1anzas judaicas de los falsos maestros. Aunque puede haber algo de verdad en ello, es evidente que aqu\u00ed\u00ad el t\u00e9rmino se usa con mayor amplitud que en lo que respecta a la tradici\u00f3n jud\u00ed\u00ada. El t\u00e9rmino \u00abtradiciones de los hombres\u00bb parece referirse al origen meramente humano, en contraste con el divino, de las falsas ense\u00f1anzas de Colosas, que parecen haber tenido caracter\u00ed\u00adsticas gn\u00f3sticas, una mezcla de filosof\u00ed\u00ada griega mezclada con conceptos populares del juda\u00ed\u00adsmo de entonces. El sentido positivo, se usa de la instrucci\u00f3n dada antes de que la revelaci\u00f3n del NT hubiera finalizado (1 Co. 11:2, trad. \u00abinstrucciones\u00bb; 2 Ts. 2:15, \u00abdoctrina\u00bb; 2 Ts. 3:6, \u00abense\u00f1anza\u00bb). Aqu\u00ed\u00ad se refiere a la transmisi\u00f3n oral, al ministerio de ense\u00f1anza, mediante el cual transmit\u00ed\u00ada el cuerpo de doctrina cristiana (2 Ts. 3:6) y las instrucciones concretas dadas a las iglesias de Corinto y de Tesal\u00f3nica (2 Ts. 2:15; 1 Co. 11:2). En todo caso, esta \u00abtradici\u00f3n\u00bb, esta ense\u00f1anza, es la dada por los ap\u00f3stoles, y quedar\u00ed\u00ada cristalizada en sus escritos. En las Escrituras no se contempla la transmisi\u00f3n oral de la revelaci\u00f3n divina. La ense\u00f1anza, evidentemente, debe ser oral en muchos casos, pero debe sujetarse en todo a las Escrituras (1 Co. 4:6). El ap\u00f3stol Pablo, en su despedida, encomienda a los fieles, no a las jerarqu\u00ed\u00adas de la iglesia y a sus ense\u00f1anzas y tradiciones, sino \u00aba Dios, y a la palabra de su gracia\u00bb (Hch. 20:28-32). Los ap\u00f3stoles eran los depositarios y transmisores de la ense\u00f1anza divina, y este dep\u00f3sito que ellos dejaron, la palabra apost\u00f3lica, es lo que la Iglesia tiene que conservar, proclamar y vivir (cfr. Lc. 1:2; He. 2:3-4; 2 P. 1:12-20; 3:15-16; 1 Jn. 1:1-4; Jud. 3, 17. En amplios sectores de la cristiandad actual se da un intenso paralelo con la situaci\u00f3n del juda\u00ed\u00adsmo oficial de la \u00e9poca del Se\u00f1or. Apelando a una \u00abtradici\u00f3n\u00bb que es transmitida por su \u00abmagisterio\u00bb, por ejemplo, la Iglesia de Roma mantiene doctrinas como las del culto a Mar\u00ed\u00ada, \u00abmediadora de todas las gracias\u00bb, invalidando la clara declaraci\u00f3n de que \u00abhay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre\u00bb (1 Ti. 2:5); de la misa como repetici\u00f3n del sacrificio de Cristo en la cruz, por la cual Cristo es ofrecido, y los m\u00e9ritos de este sacrificio son aplicados \u00aba los vivos y a los muertos\u00bb, invalidando las claras declaraciones de las Escrituras acerca de la singularidad, irrepetibilidad y eficacia absoluta y eterna de la obra consumada de Cristo en la cruz (He. 7:24-28; 9:11-12; 24:28; 10:1-18), y muchas otras que no se pueden mencionar por falta de espacio (v\u00e9anse JUSTIFICACI\u00ed\u201cN, LEY, OBRAS, SALVACI\u00ed\u201cN, etc.). Bibliograf\u00ed\u00ada: Gonzaga, J.: \u00abConcilios\u00bb (International Publications, Grand Rapids, 1965); Grau, J.: \u00abEl fundamento apost\u00f3lico\u00bb (Ediciones Evang\u00e9licas Europeas, Barcelona, 1973); Edersheim, A.: \u00abThe Live and Time of Jesus the Messiah\u00bb (Wm. Eerdmans, Grand Rapids, reimpr. 1981); Lacueva, F.: \u00abCatolicismo Romano\u00bb (Cl\u00ed\u00ade, Terrassa, 1972); Stott, J. R. W.: \u00abLas controversias de Jes\u00fas\u00bb (Certeza, Buenos Aires, 1975).<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico Ilustrado<\/b><\/p>\n<p>[204][024]<\/p>\n<p>    Comunicaci\u00f3n o transmisi\u00f3n de noticias por v\u00ed\u00ada oral y mediante conservaci\u00f3n de los contenidos o mensajes en la memoria colectiva natural en las sociedades. Supone la transmisi\u00f3n de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    1. Concepto de Tradici\u00f3n<\/p>\n<p>    En lenguaje religioso, la Tradici\u00f3n alude a esa presencia misteriosa de mensajes religiosos (misterios, celebraciones, deberes morales) que Dios ha querido emplear para que la verdad revelada se mantenga en la humanidad y, de manera especial en la Iglesia cristiana.<\/p>\n<p>    En griego se denomina \u00abparadosis\u00bb (opini\u00f3n o ense\u00f1anza cercana) a la verdad o mensaje que, como doctrina, narraci\u00f3n o costumbre, se ha transmite de una generaci\u00f3n a la otra a lo largo de los siglos y se considera procedente de los Ap\u00f3stoles. Es la manera de explicar que la Revelaci\u00f3n divina es el origen de los misterios que no tienen referencia en la Sda. Escritura (Inmaculada concepci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada, por ejemplo).<\/p>\n<p>    Se denomina \u00abkerigma ekklesiastikon\u00bb a la predicaci\u00f3n eclesi\u00e1stica que se apoya en esa \u00abparadoxis\u00bb o practica vital cristiana. En las Iglesias de Occidente se llam\u00f3 sin m\u00e1s \u00abtradici\u00f3n\u00bb o transmisi\u00f3n y por parte de los te\u00f3logos medievales se la dio tanta importancia como a la Sagrada Escritura.<\/p>\n<p> 2. Sentido y valor<br \/>\n    El sentido de \u00abTradici\u00f3n, en sentido estricto, se explica en el Concilio Vaticano II como \u00abla transmisi\u00f3n de lo que los Ap\u00f3stoles ense\u00f1aron, que se conserva en la Iglesia por la asistencia del Esp\u00ed\u00adritu Santo y cuya comprensi\u00f3n va creciendo ya por la contemplaci\u00f3n y el estudio de los creyentes que meditan en su coraz\u00f3n ya por la percepci\u00f3n \u00ed\u00adntima que experimentan de las cosas espirituales, ya por el anuncio de aquellos que con el episcopado recibieron el carisma cierto de la verdad&#8230; Las ense\u00f1anzas de los Santos Padres testifican la presencia viva de esta Tradici\u00f3n, cuyos tesoros se comunican a la pr\u00e1ctica y a la vida de la Iglesia creyente y orante\u00bb. (Dei Verbum 8)<\/p>\n<p>    La Tradici\u00f3n no es un complemento de la Escritura Sagrada, sino una forma de profundizar los elementos, aspectos y rasgos del mismo mensaje escrito. La misma Revelaci\u00f3n est\u00e1 en ambos dep\u00f3sitos, que se complementan en la oferta del mismo el misterio cristiano.<\/p>\n<p>    Cuando en esa Tradici\u00f3n o transmisi\u00f3n hay verdades, valores o datos que se consideran b\u00e1sicos en el misterio revelado, se habla de Tradici\u00f3n en sentido estricto. Se piensa que el misterio proviene de la acci\u00f3n iluminadora del Esp\u00ed\u00adritu Santo y se asocia a la fuerza inspiradora divina. Entonces se buscan las reglas para discernir la fe revelada.<\/p>\n<p>    Pero los hechos, relatos y datos secundarios var\u00ed\u00adan con el paso del tiempo, ya que cada transmisor adorna el contenido seg\u00fan su fantas\u00ed\u00ada y sus intereses.<\/p>\n<p>     Hay cuestiones de tradici\u00f3n oral que se ha conservado en la memoria de las comunidades. Pero pronto esas realidades o recuerdos pasaron a ser tradici\u00f3n escrita, pues hubo testigos o escritores que lo dejaron consignado en sus documentos. En este sentido, una doctrina o instituci\u00f3n que no est\u00e1 en la Sda. Escritura, pero se atestigua repetida y persistentemente por los \u00abtestigos de esa tradici\u00f3n\u00bb se la considera un argumento fuerte sobre su procedencia divina, aunque no se halle expl\u00ed\u00adcita en la Sagrada Escritura.<\/p>\n<p>     En lo que se refiere al mensaje religioso, mediante las f\u00f3rmulas doctrinales o lit\u00fargicas o en los textos sagrados, existe la certeza teol\u00f3gica de que Dios tambi\u00e9n se halla presente con su Providencia en la transmisi\u00f3n de la verdad en sus creyentes. El mantiene lo esencial del mensaje en la Escritura y en la Tradici\u00f3n.<\/p>\n<p>     Por esta creencia, la Tradici\u00f3n junto a la Sda. Escritura, es la regla de fe segura en lo que a moral, culto y doctrina cristiana se refiere.<\/p>\n<p>     3. Diversas sensibilidades<\/p>\n<p>     El tema de la Tradici\u00f3n es una cuesti\u00f3n que enfrent\u00f3 a los cat\u00f3licos con los luteranos desde lo primeros momentos, cuando un principio b\u00e1sico de la Reforma fue \u00abs\u00f3lo la Escritura\u00bb y en Roma se recalc\u00f3 que, en cuestiones de fe y moral, cuenta tambi\u00e9n el criterio de Tradici\u00f3n.<\/p>\n<p>    Se discuti\u00f3 durante siglos si Cristo comunic\u00f3 a los Ap\u00f3stoles ense\u00f1anzas orales que quedaron latentes en las comunidades cristianas fundadas por ellos, aunque no hayan sido recogidos en la Escritura (Sacramento de la Unci\u00f3n de enfermos. diferencias entre obispos y presb\u00ed\u00adteros, por ejemplo). El principio protestante es la aceptaci\u00f3n de la Biblia como exclusiva fuente de fe y de vida cristiana. El postulado cat\u00f3lico es que la Tradici\u00f3n, el Magisterio y la Comunidad tienen referencias que completan e interpretan la Palabra Sagrada contenida en la Escritura.<\/p>\n<p>    En las Iglesias de Oriente, incluidas las Ortodoxas o separadas de Roma, la sensibilidad ante la Tradici\u00f3n fue siempre muy fuerte y determinante.<\/p>\n<p>    Los Orientales se aferraron a los recuerdos de los primeros escritores, de los primeros Concilios y de las primeras plegarias, que se conservan para apoyar en esos arsenales la clarificaci\u00f3n de las cuestiones religiosas. Admiten por lo general la instituci\u00f3n divina y la autoridad de los Obispos. Asumen la infalibilidad e indefectibilidad de la Iglesia. Pero se refugian en la Tradici\u00f3n primera para negar la singularidad de la Iglesia de Roma y la autoridad personalizada del Obispo de la Ciudad Eterna.<\/p>\n<p>    4. Cultivo de la Tradici\u00f3n<br \/>\n    As\u00ed\u00ad como la Escritura Santa es una fuente cerrada en lo que a contenido se refieren, la Tradici\u00f3n es un manantial vivo que sigue brotando aguas puras, siempre nuevas, pero siempre procedentes del mismo manantial.<\/p>\n<p>    La Escritura recogi\u00f3 lo que Jes\u00fas ense\u00f1\u00f3 ante el deseo de guardar los dichos y los hechos del Maestro. Quedaron escritas algunas de las cosas que Jes\u00fas dijo e hizo y, una vez escritos y asumidos por la Iglesia, ya no se puede a\u00f1adir en ellos nada nuevo o diferente de lo recibido.<\/p>\n<p>    Sin embargo la Tradici\u00f3n es algo que se ha confiando a la Comunidad cristiana. Esta comunidad es viva, peregrina, cambiante y flexible. Explora en su interior lo que ha recibido en dep\u00f3sito y hace lo posible por iluminar su significado, su alcance, su influencia en la vida de las personas y de los grupos.<\/p>\n<p>    Todo cat\u00f3lico que desee dar raz\u00f3n de su fe y de los principios que profesa se tiene que acercar a la \u00abTradici\u00f3n\u00bb general de la Iglesia entera y mirar con simpat\u00ed\u00ada las \u00abtradiciones\u00bb religiosas de la comunidad en la que vive. Entonces puede entender que es s\u00f3lo a la luz de lo que se vive y se ha vivido en su entorno como podr\u00e1 entender y atender los misterios cristianos que la Iglesia guarda para hacerlos llegar a todos los hombres.<\/p>\n<p>   Incluso cuando quiere entender y promulgar la doctrina que hay en las Escrituras, en el Antiguo y en el Nuevo Testamento, tiene que hacerlo a la luz de la Tradici\u00f3n, ya que es la ella la que da las pautas de como deben entenderse y vivirse los diversos mensajes expl\u00ed\u00adcitamente consignados en la Escritura.<\/p>\n<p>    Seg\u00fan la doctrina paulina, la autoridad de la Iglesia es fundamental para salvaguardar la verdad. Y es la tradici\u00f3n la que se inspira en esa verdad que la Iglesia guarda, y es la Iglesia la que los guarda inspir\u00e1ndose a su vez en la Tradici\u00f3n.<\/p>\n<p>    Sin la Tradici\u00f3n, los mismos textos escritos de la Biblia, y menos los relativos al Antiguo Testamento, se pueden entender con claridad y autenticidad.<\/p>\n<p>    La autoridad tiene una protecci\u00f3n divina especial por cuanto se inspira en la conservaci\u00f3n del mensaje revelado que se ha mantenido desde que Cristo lo dio a sus seguidores. Ellos no fueron predicando un libro, el Evangelio, sino un mensaje que s\u00f3lo m\u00e1s tarde qued\u00f3 grabado en un libro. Esa conciencia de continuidad es el fundamento del primer anuncio de la fe. Y es anterior incluso a la Escritura. Por eso la Tradici\u00f3n ha sido desde el principio mirada con veneraci\u00f3n y con profundidad y no tienen raz\u00f3n los protestantes cuando la rechazan para quedarse s\u00f3lo y exclusivamente con la Escritura.<\/p>\n<p>    El mismo Jes\u00fas fundament\u00f3 el valor de la Tradici\u00f3n cuando prometi\u00f3 su continua presencia: \u00abMe quedar\u00e9 con vosotros hasta la consumaci\u00f3n de los siglos\u00bb. La Tradici\u00f3n tiene valor y da seguridad, porque el mismo Jes\u00fas est\u00e1 entre sus seguidores. Si no estuviera, es evidente que la Tradici\u00f3n se reducir\u00ed\u00ada simplemente a recuerdos y se sabe que los recuerdos, a medida que el tiempo pasa, se deterioran y pueden fallar.<\/p>\n<p>    Esa permanencia se hace presente en la predicaci\u00f3n y en la plegaria, en la caridad y en solidaridad, en la exploraci\u00f3n del misterio y en su anuncio a todos los hombres. Por eso, lo mismo que Jes\u00fas confirmaba sus palabras con sus obras, ped\u00ed\u00ada a sus disc\u00ed\u00adpulos que obraran de modo que todos creyeran al ver sus buenas obras. Los milagros eran los sellos divinos de su misi\u00f3n.<\/p>\n<p>    5. Rasgos de la Tradici\u00f3n<br \/>\n    La Tradici\u00f3n se caracteriza por la continuidad como rasgo que mejor define su esencia. Eso significa consistencia, permanencia, seriedad. Lo mismo creemos hoy que hace mil a\u00f1os. La doctrina revelada por Dios y llevada a la plenitud por el mismo Cristo no cambia nunca. Y por eso podemos confiar en lo que siempre se ha ense\u00f1ado.<\/p>\n<p>    El lenguaje puede continuar. Pero el mensaje es inmutable, lo cual que no quiere decir que no sea clarificable y profundizable.<\/p>\n<p>   &#8211; La claridad y la estabilidad es lo que se consigue con esa permanencia y continuidad de las ense\u00f1anzas.<\/p>\n<p>   &#8211; La universalidad y la realidad de que en todos los lugares del mundo se asume la misma verdad y la misma expresividad, supone continuidad en la fe personal y eclesial y garant\u00ed\u00ada de ortodoxia.<\/p>\n<p>   &#8211; La fidelidad y la veneraci\u00f3n no se prestan a la Tradici\u00f3n por s\u00ed\u00ad misma, sino al mensaje que late en la Tradici\u00f3n, que es lo que importa. Si s\u00f3lo se mira a la Tradici\u00f3n por s\u00ed\u00ad misma, se cae en el \u00abtradicionalismo\u00bb y en la rutina.<\/p>\n<p>     Pero la permanencia de la doctrina que la Tradici\u00f3n conlleva la convierte en criterio de vida cristiana. Ello no quiere decir que, en cuanto a las formas, la Tradici\u00f3n lo es todo. Es bueno someterse a pr\u00e1cticas pasajeras de tiempos pasados. Pero hay que actualizarse continuamente, sobre todo cuando se habla y se vive en ambientes juveniles.<\/p>\n<p>     La Tradici\u00f3n no es meramente aceptaci\u00f3n conceptual, sino expresi\u00f3n vital de lo que se siente en el interior del alma.<\/p>\n<p>     Y, si es vital es fiducial, es moral y es cultual, ya que la Tradici\u00f3n no hace referencia s\u00f3lo a lo que se cree o se confiesa, sino tambi\u00e9n a lo que se ora y a la pr\u00e1ctica de cada d\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>     La Tradici\u00f3n fue, pues, una cosa querida por Jes\u00fas, que hizo referencia a ella en sus mensajes. Pero tambi\u00e9n conden\u00f3 las tradiciones de los fariseos si con ellas olvidaban la Ley. Pero tales ense\u00f1anzas no formaron un eco diferente de la misi\u00f3n dada a su Iglesia, a sus Ap\u00f3stoles, de predicar la verdad por todo el mundo. La Tradici\u00f3n no es m\u00e1s que el eco permanente de sus ense\u00f1anzas que se hallan latentes en los disc\u00ed\u00adpulos que se fueron sucediendo ininterrumpidamente a lo largo de los siglos.<\/p>\n<p>    Los que siguieron a los Ap\u00f3stoles ense\u00f1an tradicionalmente no porque no puedan inventar cosas nuevas, sino por que no tiene sentido que inventen. Su misi\u00f3n es transmitir la verdad, e interpretarla de forma autorizada, no inventarla. Ellos ense\u00f1an lo que ellos mismos aprendieron.<\/p>\n<p>     6. Testigos de la Tradici\u00f3n<\/p>\n<p>     Se debe distinguir entre la tradici\u00f3n dogm\u00e1tica o transmisi\u00f3n de la verdad revelada, y las tradiciones piadosas, como son las celebraciones, las costumbres lit\u00fargicas, las plegarias y devociones, las narraciones o las \u00abrevelaciones\u00bb y comunicaciones sobrenaturales que se han dado en el mundo.<\/p>\n<p>     La Iglesia (Magisterio, Comunidad, Te\u00f3logos, Pastores, Evangelizadores) admite que Dios puede intervenir en la vida de los hombres y que ello genera recuerdos, devociones y preferencias de piedad. Pero no define ni autoriza nada de forma solemne y formal, salvo a aquellas cosas que considera que m\u00e1s o menos directamente tienen que ver con el dep\u00f3sito de la fe.<\/p>\n<p>    En lo dem\u00e1s lo que hace es declarar \u00abnegativamente\u00bb su verosimilitud o su compatibilidad con la doctrina cristiana: \u00abque no contiene nada contra la fe y las buenas costumbres\u00bb. En lo que verdaderamente se relaciona con la fe, es donde m\u00e1s prudentemente act\u00faa observando y valorando los testigos de la Tradici\u00f3n.<\/p>\n<p>   &#8211; Son los Escritores sagrados, sobre todo de los primeros siglos (Los Padres de la Iglesia), los que se ha distinguido por su doctrina excelente (Doctores)<\/p>\n<p>   &#8211; Explora las plegarias y liturgias de las Comunidades celebrativas, sobre todo de aquellas que tuvieron en sus or\u00ed\u00adgenes especiales relaciones con los Ap\u00f3stoles.<\/p>\n<p>   &#8211; Mira con atenci\u00f3n las ense\u00f1anzas de los mensajeros y evangelizadores del mensaje cristiano: de los m\u00e1rtires, de los confesores, de los santos m\u00e1s carism\u00e1ticos.<\/p>\n<p>   &#8211; Recuerda las ense\u00f1anzas, aprobaciones y condenas, de los Concilios y de las reuniones eclesiales que se dieron con abundancia durante siglos<\/p>\n<p>   &#8211; Es fina observadora de las expresiones sociales y art\u00ed\u00adsticas, literarias y musicales, que han recogido el sentir de los fieles, el cual cobra una fuerza singular cuando es un\u00e1nime y prolongado.<\/p>\n<p>     7. Catecismos y Tradici\u00f3n<br \/>\n    Especial resonancia tiene para la exploraci\u00f3n tradicional el amplio abanico de catecismos que se han ido dando en la Historia. La maravillosa unidad alcanzada en la ense\u00f1anza eclesial se manifiesta en estos documentos escritos, que los Obispos han ido ofreciendo a los fieles y que constituye un hermoso y singular testimonio de la verdad religiosa.<\/p>\n<p>     Los catecismos no son libros teol\u00f3gicos para discutir o promover determinadas teor\u00ed\u00adas o doctrinas. Son ofertas doctrinales de los sucesores de los Ap\u00f3stoles a sus fieles. Popularizan y propagan las verdades cristianas, algunas veces a nivel de toda la Iglesia (Catecismo de San P\u00ed\u00ado V o del Concilio de Trento de 1597; y el \u00abCatecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica\u00bb, de Juan Pablo II presentado en 1992 por la Constituci\u00f3n Apost\u00f3lica \u00abFidei depositum\u00bb). Pero los miles restantes en todos los tiempos y de todos los pa\u00ed\u00adses, hechos o autorizados por los Obispos de cada Di\u00f3cesis o por las Conferencias episcopales nacionales, son los mejores testigos de la tradici\u00f3n en lo que a mensaje cristiano se refiere.<\/p>\n<p>     El Educador de la fe, el catequista, el profesor de religi\u00f3n, tiene necesidad de tener una especial sensibilidad ante las ense\u00f1anzas tradicionales de la Iglesia. Con frecuencia encontrar\u00e1 dificultades, pues es m\u00e1s cautivador presentar cosas nuevas y dar sorpresas a quienes son destinatarios de sus ense\u00f1anzas. Mas har\u00e1 bien en reservar el lenguaje de la novedad para las formas y para los lenguajes y salvaguardar como sea la verdad en el fondo y en el mensaje. Sin esa actitud correr\u00e1 el riesgo de muchos yerros y el precio del error es la p\u00e9rdida de fe de quien lo soporta.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>DicEc<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nEl tema de la Tradici\u00f3n fue la parte m\u00e1s delicada de la DV. En efecto, la cuesti\u00f3n se planteaba as\u00ed\u00ad en los a\u00f1os anteriores al Concilio: \u00bfLa Tradici\u00f3n transmite o no alguna verdad revelada que no est\u00e9 contenida en la Escritura? Despu\u00e9s del concilio de Trento (cf DENZINGER-H\u00dcNERMANN, 1501) fue com\u00fan la primera alternativa, y as\u00ed\u00ad se interpret\u00f3 mayoritariamente en la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica (cf los ejemplos pr\u00f3ximos de H. Lennerz de la Universidad Gregoriana de Roma, promotor de la teor\u00ed\u00ada de las \u00abdos fuentes\u00bb a partir de su Mariolog\u00ed\u00ada de 1957, y del divulgad\u00ed\u00adsimo manual latino de Teolog\u00ed\u00ada Fundamental de J. Salaverri de 1950, profesor de la Universidad Pontificia Comillas). El texto preparatorio de la DV se alineaba claramente en la alternativa de la \u00abdoble fuente\u00bb de la Revelaci\u00f3n y esto provoc\u00f3 el rechazo mayoritario de los padres conciliares. No fue hasta las dos \u00faltimas sesiones cuando se replante\u00f3 con nuevas coordenadas, lo que posibilit\u00f3 su aprobaci\u00f3n final.<\/p>\n<p>El cambio de perspectiva operado parti\u00f3 de un estudio m\u00e1s particularizado del decreto tridentino que puso de relieve el car\u00e1cter s\u00f3lo interpretativo de la Tradici\u00f3n en lo que toca a la Fe, puesto que, como afirma santo Tom\u00e1s, en la Escritura se encuentran \u00ablas verdades necesarias para la salvaci\u00f3n\u00bb (ST I-II, gq.106, 108). La Tradici\u00f3n, en cambio, tiene car\u00e1cter s\u00f3lo constitutivo para el resto, es decir, para \u00abla disciplina y las costumbres\u00bb. Este enfoque dej\u00f3 v\u00ed\u00ada libre para una l\u00ed\u00adnea de conciliaci\u00f3n propuesta por el Vaticano II que evidencia la diferencia entre los datos constitutivos de la Escritura y la funci\u00f3n criteriol\u00f3gica de la Tradici\u00f3n. De esta forma queda superado el sentido dado a la \u00abteor\u00ed\u00ada de las dos fuentes\u00bb, m\u00e1s propia de la comprensi\u00f3n cat\u00f3lica mayoritaria, y la de la \u00absola Escritura\u00bb, m\u00e1s propia del pensamiento protestante.<\/p>\n<p>N\u00f3tese adem\u00e1s que la DV usa la palabra tradici\u00f3n en dos sentidos: por un lado, siguiendo su uso m\u00e1s divulgado, para describir aquello que no est\u00e1 escrito en la Escritura (cf la propia palabra \u00abtradici\u00f3n\u00bb en min\u00fascula), y, por otro lado, y que es lo m\u00e1s relevante y novedoso en la DV, para exponer el proceso de transmisi\u00f3n viviente de la Revelaci\u00f3n en la Iglesia (cf sobre todo con la palabra sin\u00f3nima \u00abtransmisi\u00f3n\u00bb, el mismo t\u00ed\u00adtulo del cap. II: \u00abLa transmisi\u00f3n de la revelaci\u00f3n\u00bb y las expresiones Evangelio, Predicaci\u00f3n apost\u00f3lica e Iglesia). A partir de la aportaci\u00f3n conciliar y de los estudios y reflexiones que la han proseguido se puede descubrir el principio cat\u00f3lico de Tradici\u00f3n entendido como \u00abla Escritura en la Iglesia\u00bb.<\/p>\n<p>De esta forma la Tradici\u00f3n,  transmite la Revelaci\u00f3n a trav\u00e9s de \u00abla Escritura en la Iglesia\u00bb, la cual, \u00abcon su ense\u00f1anza, su vida, su culto, conserva y transmite a todas las edades lo que es y lo que cree\u00bb gracias al \u00abEsp\u00ed\u00adritu Santo, por quien la voz viva del Evangelio resuena en la Iglesia, y por ella al mundo entero\u00bb (DV 8). Los diversos testimonios de esta tradici\u00f3n, desde los santos padres, la liturgia, los credos, los textos conciliares, las intervenciones magisteriales, hasta el mismo testimonio de los santos y la vida de los cristianos, son importantes para conocerla, y aunque no son la tradici\u00f3n misma, son su actualizaci\u00f3n significativa. Y cuando estos son ejercicio del Magisterio realizan \u00abla misi\u00f3n de interpretar aut\u00e9nticamente la palabra de Dios, no por encima de ella sino a su servicio\u00bb (DV 10).<\/p>\n<p>De esta forma, el principio cat\u00f3lico de Tradici\u00f3n, \u00abla Escritura en la Iglesia\u00bb, intenta superar las puras interrelaciones entre Escritura, Tradici\u00f3n y Magisterio para centrarse en su unidad org\u00e1nica en torno a la Iglesia, que es la Tradici\u00f3n viviente y el eje de toda la transmisi\u00f3n de la Revelaci\u00f3n a trav\u00e9s de los tiempos (cf DV 7-12). Adem\u00e1s, fiel a la concepci\u00f3n sacramental de la Iglesia propia del Vaticano II, se comprende que cada testimonio concreto de la tradici\u00f3n es un \u00absigno-tipol\u00f3gico\u00bb acerca de la comprensi\u00f3n eclesial de la Escritura, ya sea vinculante o ya sea indicativo seg\u00fan el grado de la declaraci\u00f3n magisterial correspondiente.<\/p>\n<p>N\u00f3tese adem\u00e1s que la Dei Verbum  describe la Tradici\u00f3n de forma totalmente novedosa con la f\u00f3rmula \u00abviva vox Evangelii\u00bb (DV 8), que recuerda un motivo luterano hom\u00f3nimo. En efecto, Lutero tratando del Evangelio subraya su car\u00e1cter \u00aboral\u00bb y \u00abvivo\u00bb, como verbum vocale y viva vox.  He aqu\u00ed\u00ad un texto significativo suyo con sorprendentes paralelismos con la DV 8: \u00abel Evangelio (=  DV) no es propiamente aquello que est\u00e1 escrito en los libros y concebido en la letra, sino una predicaci\u00f3n oral y una palabra viva y una voz (viva vox  = DV) que resuena en todo el mundo (resonat in mundo  = DV) que viene p\u00fablicamente invocada y escuchada por todos los sitios\u00bb (WA 12.259,8-12). La expresi\u00f3n \u00abviva vox Evangelii\u00bb resume perfectamente las m\u00faltiples afirmaciones de Lutero sobre el Evangelio como expresi\u00f3n oral de la palabra prometida, equivalente al \u00abVerbum Dei\u00bb, que es el medio de conocimiento y de vida, m\u00e1s a\u00fan, la vida misma (cf WA 30.1,5; 42,57&#8230;).<\/p>\n<p>Sobre el origen m\u00e1s inmediato de esta f\u00f3rmula debe observarse que DV 8 retoma literalmente la frase propuesta precisamente por Y. Congar, perito de la subcomisi\u00f3n doctrinal, que dec\u00ed\u00ada as\u00ed\u00ad: viva vox Evangelii resonat in Ecclesia et per Ecclesiam in mundo.  Se trata de una formulaci\u00f3n que recoge sus estudios hist\u00f3rico-teol\u00f3gicos sobre la tradici\u00f3n, donde relanza el concepto de \u00abtradici\u00f3n viviente\u00bb \u2014concepto que est\u00e1 en el fondo de la DV\u2014 forjado por J. A. M\u00f3hler. Este es descrito por Y. Congar como quien retom\u00f3 la idea cl\u00e1sica de la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica, atestiguada expl\u00ed\u00adcitamente ya en el siglo XVI por el obispo M. P\u00e9rez Ayala, que habla del Evangelium  como viva vox, y  por el cardenal Osio, que trata del Evangelium vivum, y  cubierta por pensadores protestantes como G. E. Lessing y F. D. E. Schleiermacher, sobre la anterioridad cronol\u00f3gica y el primado de la \u00abpalabra viviente\u00bb. Por esto no es extra\u00f1o que M\u00f3hler afirmara en este contexto y de forma novedosa que \u00abla tradici\u00f3n es el evangelio vivo y  completo predicado  por los ap\u00f3stoles\u00bb, donde resuena claramente la expresi\u00f3n luterana y despu\u00e9s usada por el Vaticano II de viva vox Evangelii.<br \/>\nAs\u00ed\u00ad, la Dei Verbum  relanza una visi\u00f3n din\u00e1mica y personal de la Tradici\u00f3n, enraizada en Cristo, que se identifica con el Evangelio (palabra citada cinco veces en singular en DV 3, 7, 8, 17) y hecha voz viva en la Iglesia gracias a la presencia de su Esp\u00ed\u00adritu: he aqu\u00ed\u00ad pues la gran riqueza de la expresi\u00f3n Evangelio,  tanto porque favorece la recuperaci\u00f3n de la prioridad de la palabra de Dios, tan justamente subrayada por la tradici\u00f3n de la Reforma, como por su articulaci\u00f3n eclesial, acentuada precisamente por la tradici\u00f3n cat\u00f3lica.<\/p>\n<p>Christopher O\u00c2\u00b4Donell &#8211; Salvador Pi\u00e9-Ninot, Diccionario de Eclesiolog\u00ed\u00ada, San Pablo, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Eclesiolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p>La ense\u00f1anza apost\u00f3lica \u00abentregada\u00bb a la Iglesia<\/p>\n<p>\tLos acontecimientos y el mensaje de Jes\u00fas se predicaron especialmente desde el d\u00ed\u00ada de Pentecost\u00e9s. La comunidad eclesial estaba pendiente de \u00abla ense\u00f1anza de los Ap\u00f3stoles\u00bb (Hech 2,42). Los contenidos de esta ense\u00f1anza se \u00abentregaron\u00bb a la comunidad eclesial de todos los tiempos. Es la \u00abTradici\u00f3n\u00bb. En ella se garantiza el canon o lista de los libros de la Escritura y el verdadero significado de los contenidos escritur\u00ed\u00adsticos (cfr. DV 9).<\/p>\n<p>\tLo que Jes\u00fas \u00abhizo y ense\u00f1\u00f3\u00bb qued\u00f3 redactado en la Escritura del Nuevo Testamento (Hech 1,1) y se contin\u00fao predicando, celebrando y viviendo en la comunidad eclesial, tambi\u00e9n por medio de los sucesores de los Ap\u00f3stoles. \u00abLa Tradici\u00f3n y la Escritura est\u00e1n estrechamente unidas y compenetradas; manan de la misma fuente, se unen en un mismo caudal, corren hacia el mismo fin\u00bb (DV 9).<\/p>\n<p>\tLa \u00abTradici\u00f3n\u00bb abarca, pues, todo \u00ablo que los Ap\u00f3stoles transmitieron\u00bb, es decir, \u00abtodo lo necesario para una vida santa y para una fe creciente del Pueblo de Dios; as\u00ed\u00ad la Iglesia con su ense\u00f1anza, su vida, su culto, conserva y transmite a todas las edades lo que es y lo que cree&#8230; Dios sigue hablando con la Esposa de su Hijo amado\u00bb (DV 8).<\/p>\n<p>\tTransmite y explica los contenidos de la revelaci\u00f3n<\/p>\n<p>\tLa revelaci\u00f3n es ya definitiva y completa en Cristo, y ha quedado escrita en la Escritura y tambi\u00e9n comunicada a la posteridad por la Tradici\u00f3n. El Esp\u00ed\u00adritu Santo, que inspir\u00f3 las Escrituras, sigue ayudando a la Iglesia a conservar, profundizar y transmitir los contenidos de la revelaci\u00f3n. En este sentido se puede decir que \u00abesta Tradici\u00f3n apost\u00f3lica va creciendo en la Iglesia con la ayuda del Esp\u00ed\u00adritu Santo; es decir, crece la comprensi\u00f3n de las palabras e instituciones transmitidas\u00bb, porque \u00abla Iglesia camina a trav\u00e9s de los siglos hacia la plenitud de la verdad, hasta que se cumplan en ella plenamente las palabras de Dios\u00bb (DV 8).<\/p>\n<p>\tEl mensaje de Jes\u00fas, tal como \u00e9l lo predic\u00f3, como lo predicaron y lo transmitieron los Ap\u00f3stoles, y como qued\u00f3 redactado en la Escritura, est\u00e1 realizando un camino de mayor comprensi\u00f3n y vivencia. El mismo mensaje evang\u00e9lico se hace \u00abvoz viva\u00bb gracias al Esp\u00ed\u00adritu Santo que \u00abva introduciendo a los fieles en la verdad plena y hace que habite en ellos intensamente la palabra de Cristo (cfr. Col 3,16)\u00bb (DV 8). Habr\u00e1 que garantizar la autenticidad de la Tradici\u00f3n por un proceso de discernimiento eclesial Magisterio, liturgia, santos, creyentes.<\/p>\n<p>\tHistoria de la palabra siempre viva de Jes\u00fas<\/p>\n<p>\tLa historia de la Iglesia es historia de la palabra viva del mensaje de Jes\u00fas. Ya no se puede prescindir de esta historia de gracia y de luces del Esp\u00ed\u00adritu, para comprender los contenidos de la revelaci\u00f3n escrita. Los documentos de los Santos Padres y de la liturgia, del magisterio y de los santos, son los lugares privilegiados para encontrar los hitos de esa historia de gracia que llamamos Tradici\u00f3n. Conservando y profundizando los datos recibidos, se afrontan con nuevas luces las nuevas situaciones de la Iglesia y del mundo. La fidelidad a la Tradici\u00f3n se convierte en renovaci\u00f3n de la Iglesia llamada siempre a mayor santidad y a la misi\u00f3n de evangelizar a todos los pueblos.<\/p>\n<p>Referencias Apostolicidad de la Iglesia, Escritura, inspiraci\u00f3n, magisterio, predicaci\u00f3n, renovaci\u00f3n, revelaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Lectura de documentos DV 7-10; VS 27; CEC 74-83.<\/p>\n<p>Bibliograf\u00ed\u00ada Y. CONGAR, La tradici\u00f3n y las tradiciones (San Sebasti\u00e1n, Dinor, 1966); H. De LUBAC, L&#8217;Ecriture dans la Tradition (Paris 1966); R. FISICHELLA, La revelaci\u00f3n evento y credibilidad (Salamanca, S\u00ed\u00adgueme, 1989); K. RAHNER, J. RATZINGER, Revelaci\u00f3n y Tradici\u00f3n (Barcelona, Herder, 1971); J. R\u00e9MOND, R. SESBOUE, La Tradition dans l&#8217;Eglise (Paris 1989); J.M\u00c2\u00aa ROVIRA BELLOSO, La Tradici\u00f3n, en Introducci\u00f3n a la teolog\u00ed\u00ada ( BAC, Madrid, 1996) cap. VII; B. De XIBERTA, La Tradici\u00f3n y su problem\u00e1tica actual (Barcelona 1964).<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>DJN<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nEs la transmisi\u00f3n, oral o escrita, de historias, noticias, narraciones, etc., de una generaci\u00f3n a otra. La tradici\u00f3n oral es anterior a la escrita. En el A. T., la escritura comienza pr\u00e1cticamente en la \u00e9poca de la monarqu\u00ed\u00ada; hasta entonces tenemos la tradici\u00f3n oral. Hay las cuatro fuentes famosas, que coleccionaron y redactaron, a veces con aportaci\u00f3n propia, las tradiciones existentes: la tradici\u00f3n yahvista (J), que se escribe en el Sur; la eloh\u00ed\u00adsta (E), que se escribe en el Norte; son las dos m\u00e1s antiguas (reinos de David y Salom\u00f3n), y su fusi\u00f3n se hace despu\u00e9s de la destrucci\u00f3n de Samaria (a\u00f1o 721); la deuteronomista (D), que deriva de la eloh\u00ed\u00adsta (a\u00f1o 621); despu\u00e9s del destierro se crea la tradici\u00f3n sacerdotal (P); exist\u00ed\u00ada tambi\u00e9n una tradici\u00f3n prof\u00e9tica, repensada y profundamente meditada en el destierro; los salmistas y los sabios reflexionan tambi\u00e9n sobre todo el material preexistente. Todo qued\u00f3 escrito seg\u00fan la cl\u00e1sica divisi\u00f3n de los libros, en los libros hist\u00f3ricos, prof\u00e9ticos y did\u00e1cticos, que la Iglesia conoce con el nombre de A. T. Aparte de estas tradiciones can\u00f3nicas hab\u00ed\u00ada otra, llamada de los ancianos (Mt 7,5), centrada fundamentalmente en la esfera moral, que se alimentaba de la casu\u00ed\u00adstica, de f\u00f3rmulas absurdas y de rid\u00ed\u00adculas minucias, y que Jesucristo rechaza de plano (Mt 15,3-11; Mc 7,8-13).<\/p>\n<p>A partir de Jesucristo se crea la tradici\u00f3n del N. T., cuyo creador es el mismo Jesucristo, que imparte unas ense\u00f1anzas a los ap\u00f3stoles y a las gentes, que \u00e9l ha o\u00ed\u00addo del Padre (Jn 15,15); los ap\u00f3stoles reciben la misi\u00f3n de ense\u00f1ar a todo el mundo lo que Jesucristo les ha dado a conocer (Mt 28,19-20). El Evangelio, antes de ser escrito, fue un evangelio predicado, transmitido de palabra de unos a otros. San Pablo, fan\u00e1tico en otro tiempo, pero liberado ya, de las tradiciones ancestrales (G\u00e1l 1,14), dice a los de Corinto que les transmite la tradici\u00f3n, que \u00e9l ha recibido, sobre la Eucarist\u00ed\u00ada (1 Cor 11,23) y sobre la muerte y resurrecci\u00f3n de Jesucristo (1 Cor 15,3); al propio tiempo ordena a Timoteo que transmita a los dem\u00e1s su ense\u00f1anza (2 Tim 2,2). Los autores del N. T. pusieron por escrito para generaciones sucesivas gran parte de la tradici\u00f3n, que arranca de Jesucristo; pero parte de ella se qued\u00f3 sin escribir; lo que qued\u00f3 sin escribir es lo que la Iglesia llama \u00abtradici\u00f3n oral\u00bb o \u00abtradici\u00f3n apost\u00f3lica\u00bb, que la Iglesia recibe y guarda en el dep\u00f3sito de la revelaci\u00f3n y que, al igual que la Escritura, tiene car\u00e1cter normativo.<\/p>\n<p>E. M. N.<\/p>\n<p>FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret<\/b><\/p>\n<p>Existe un fen\u00f3meno amplio que recoge en unidad org\u00e1nica las palabras, los gestos, los comportamientos espirituales, las intervenciones dogm\u00e1ticas y pastorales con las que toda la comunidad cristiana, asistida (aunque ya no inspirada, como ocurr\u00ed\u00ada con los profetas y los ap\u00f3stoles) por el Esp\u00ed\u00adritu Santo, y en la escucha constante de la ense\u00f1anza de los ap\u00f3stoles, partiendo de la Escritura y vali\u00e9ndose de los distintos ministerios \u2014entre ellos destaca el magisterio jer\u00e1rquico\u2014 acoge a lo largo de los siglos la Palabra de Dios, la palabra de la cruz, la palabra prof\u00e9tica y apost\u00f3lica oral y escrita, la actualiza, ora con ella, la defiende de las falsas interpretaciones, la mantiene viva y eficaz dentro de las situaciones humanas que se van sucediendo, la proclama y la hace presente en cada \u00e9poca.  Este fen\u00f3meno complejo \u2014dif\u00ed\u00adcil de definir en su conjunto\u2014, esta matriz siempre viva, es la llamada Tradici\u00f3n.  La Tradici\u00f3n designa el contexto vital en el que la Palabra de Dios es transmitida de una generaci\u00f3n cristiana a otra. Y es precisamente este contexto vital el que ayuda a cada creyente y a las distintas comunidades a acercarse a la Sagrada Escritura de forma que, por un lado, est\u00e9 libre de errores y deformaciones y,  por el otro, sea rico,41  fecundo, sonoro, capaz de sugerir los caminos concretos mediante los cuales Jes\u00fas, Palabra viva de Dios, a trav\u00e9s de la eucarist\u00ed\u00ada, la Biblia y la predicaci\u00f3n de la Iglesia, hace que cada hombre se convierta en Palabra de Dios \u2014kerigma\u2014 para su entorno y para su \u00e9poca.<\/p>\n<p> Carlo Mar\u00ed\u00ada Martini, Diccionario Espiritual, PPC, Madrid, 1997<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Espiritual<\/b><\/p>\n<p>Es propio del ser humano transmitir los contenidos que constituyen parte de su historia. Transmitir es un acto t\u00ed\u00adpico de la cultura que tiende a conservar los elementos que la caracterizan, como la investigaci\u00f3n, la reflexi\u00f3n y las expresiones materiales y espirituales m\u00e1s significativas. Puesto que el hombre vive constantemente en una tensi\u00f3n entre la propia finitud y el sentido de trascendencia que lo acompa\u00f1a, la tradici\u00f3n le permite mantener viva esta tensi\u00f3n y expresarla como fen\u00f3meno universal. Mediante la tradici\u00f3n, los grupos \u00e9tnicos y culturales se comunican entre s\u00ed\u00ad y la historia de un pueblo se le da a conocer a otro. El instrumento esencial de la tradici\u00f3n es el lenguaje, en su expresi\u00f3n m\u00e1s amplia, ya que permite la comunicaci\u00f3n y la transmisi\u00f3n de los contenidos, creando a su vez con ello m\u00e1s tradici\u00f3n. Con la tradici\u00f3n cada uno se forma a s\u00ed\u00ad mismo y se forja su personalidad, se autocomprende como inserto en una genealog\u00ed\u00ada que lo ha preparado y  que lo sigue condicionando, pero sobre todo descubre que es creador de una nueva tradici\u00f3n y transmisor primero entre sus contempor\u00e1neos. En una palabra, es un dato adquirido por la reflexi\u00f3n especulativa el hecho de que sin tradici\u00f3n no se da ninguna posibilidad de comprensi\u00f3n de uno mismo ni de la historia.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n la Iglesia conoce su tradici\u00f3n, que le permite concebirse como sujeto hist\u00f3rico con la tarea espec\u00ed\u00adfica de la transmisi\u00f3n. En la concepci\u00f3n teol\u00f3gica de tradici\u00f3n se suelen distinguir tres elementos que forman conjuntamente el fen\u00f3meno: el proceso de la transmisi\u00f3n, que, t\u00e9cnicamente, se define como actus tradendi; el contenido que se transmite, definido como traditum o traditio objectiva; y los sujetos de la tradici\u00f3n, llamados tradentes o traditio subjetiva. En el origen de la tradici\u00f3n cristiana est\u00e1 la persona misma de Jes\u00fas de Nazaret, que, convocando a su alrededor a un grupo de disc\u00ed\u00adpulos, les transmiti\u00f3 su propia ense\u00f1anza para que la mantuviesen \u00ed\u00adntegra y se la comunicasen a todos los que creyeran en su predicaci\u00f3n. En efecto, su rnandamiento final se resume en estas palabras: \u00bb Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra: id, pues, y haced disc\u00ed\u00adpulos m\u00ed\u00ados a todos los pueblos, bautiz\u00e1ndolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo, ense\u00f1andoles a observar todo lo que os he transmitido a vosotros\u00bb (Mt 28,1820). A la luz de esta palabra, la comunidad primitiva fue tomando progresivamente conciencia de la tarea y de la misi\u00f3n que se le hab\u00ed\u00ada confiado : transmitir universalmente y en todos los tiempos la palabra de salvaci\u00f3n del Se\u00f1or, tal como se la hab\u00ed\u00ada transmitido a ella el mismo Jes\u00fas de parte del Padre.<\/p>\n<p>En este proceso, la comunidad ve constantemente presente la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu del Resucitado que la acompa\u00f1a en la conservaci\u00f3n \u00ed\u00adntegra y pura de todo lo que el Maestro le hab\u00ed\u00ada confiado, y al mismo tiempo se abre a s\u00ed\u00ad misma para crear una tradici\u00f3n que logre expresar la fe de siempre a las generaciones futuras.<\/p>\n<p>Ya desde los primeros siglos, provocada por las primeras herej\u00ed\u00adas, la comunidad especifica ulteriormente este concepto llegando a distinguir entre la Escritura y la Tradici\u00f3n. En contra de las sectas -gn\u00f3sticas, se empieza a formular un primer criterio de tradici\u00f3n que se centra en la regula tidei. Ireneo y Tertuliano fueron los primeros en explicitar el concepto de los verdaderos transmisores del kerigma, es decir, los ap\u00f3stoles, porque mediante la imposici\u00f3n de manos hicieron a sus sucesores los transmisores garantizados de la verdadera y correcta tradici\u00f3n. La s\u00ed\u00adntesis de toc\u00ed\u00ado este procedimiento es formulada por Vicente de L\u00e9rins con una f\u00f3rmula que pas\u00f3 a ser cl\u00e1sica en toda la historia de la teolog\u00ed\u00ada para descubrir e interpretar la verdadera Tradici\u00f3n de la Iglesia: \u00abquod ubique, quod semper, quod ab omnibus creditum est\u00bb.<\/p>\n<p>El concilio de Trento tom\u00f3 una postura fundamental. En la sesi\u00f3n 1V, con el Decretum de libris sacris et de traditionibus recipiendis, Trento ofrece una ense\u00f1anza que puede sintetizarse en estos puntos: a) La Iglesia debe permanecer \u00aben la pureza del Evangelio\u00bb, es decir, ligada al acontecimiento Jesucristo, que constituye la fuente \u00fanica y \u00faltima de la verdad de fe y de la norma moral; por consiguiente, \u00e9l es la misma continuidad de la revelaci\u00f3n. b) La revelaci\u00f3n est\u00e1 contenida y mediada necesariamente \u00bb en los libros sagrados y en las tradiciones no escritas\u00bb; el concilio, por consiguiente, reconoce dos mediaciones de la Palabra de Dios: la Escritura y la Tradici\u00f3n. c) Se definen las tradiciones no escritas en las que el Evangelio se transmite como todo aquello que \u00bb a partir de la voz del propio Cristo, de los ap\u00f3stoles bajo la inspiraci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, ha llegado hasta nosotros como transmitido de mano en mano\u00bb (DS 1501).<\/p>\n<p>A partir de Trento hasta el concilio Vaticano II es posible ver una triple interpretaci\u00f3n teol\u00f3gica del concepto de tradici\u00f3n: a) La teor\u00ed\u00ada de \u00ablas dos fuentes\u00bb tiende a distinguir la Escritura y la Tradici\u00f3n como dos fuentes independientes que transmiten cada una parte (\u00abpartim\u00bb) de la revelaci\u00f3n. b) La teor\u00ed\u00ada de \u00abla suficiencia de la Escritura\u00bb, propone que la Escritura contiene ya en s\u00ed\u00ad la parte suficiente de la revelaci\u00f3n, por lo que la Tradici\u00f3n tiene s\u00f3lo un papel interpretativo y explicativo del contenido b\u00ed\u00adblico. c) La teor\u00ed\u00ada de \u00abla suficiencia relativa de la Escritura\u00bb se sit\u00faa como s\u00ed\u00adntesis de las dos anteriores y sostiene la unidad de la Escritura y de la Tradici\u00f3n; mientras que la Escritura contiene la substancia de las verdades reveladas, su plenitud le viene de la tradici\u00f3n.<\/p>\n<p>Con la Constituci\u00f3n dogm\u00e1tica Dei Verbum, el Vaticano II propone una ense\u00f1anza renovada sobre la Tradici\u00f3n, m\u00e1s coherente con la nueva comprensi\u00f3n de lo que es la revelaci\u00f3n. Se presenta m\u00e1s bien la tradici\u00f3n a la luz de categor\u00ed\u00adas personalistas, recuperando as\u00ed\u00ad a la persona de Jesucristo como fuente y sujeto de tradici\u00f3n, ya que \u00e9l a su vez transmite lo que ha recibido del Padre. Se la presenta como un don que es participado y que, por tanto, tiene que permanecer \u00ed\u00adntegro para siempre de todas formas, se inserta en un proceso hist\u00f3rico que garantiza su progreso (DV 7-8). La visi\u00f3n teol\u00f3gica del Vaticano II sobre la tradici\u00f3n favorece la superaci\u00f3n de las tres teor\u00ed\u00adas presentadas y garantiza el hallazgo de la ense\u00f1anza genuina de Trento. En efecto, la Escritura y la Tradici\u00f3n \u00bb brotan de la misma fuente divina\u00bb, \u00abest\u00e1n estrechamente unidas y se comunican entre s\u00ed\u00ad\u00bb, hasta el punto de formar \u00aben cierto modo una sola cosa\u00bb. En efecto, la sagrada Escritura \u00abes Palabra de Dios en cuanto que est\u00e1 escrita por inspiraci\u00f3n\u00bb y \u00abse transmite \u00ed\u00adntegramente por la santa tradici\u00f3n\u00bb (DV 9).<\/p>\n<p>En la relaci\u00f3n entre la Escritura y la Tradici\u00f3n, el concilio cede a una f\u00f3rmula de compromiso -que, de todas formas, resulta clara si la ponemos a la luz de la ense\u00f1anza sobre la revelaci\u00f3n y la Iglesia-, cuando dice: \u00abLa Iglesia alcanza la certeza sobre todas las cosas reveladas, no s\u00f3lo a partir de la Escritura\u00bb (DV 9); al no definir un contenido formal, est\u00e1 claro que el concilio deja sitio para la investigaci\u00f3n y la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica.<\/p>\n<p>La tradici\u00f3n en la vida de la Iglesia es un hecho esencial, ya que, seg\u00fan las palabras de la Dei Verbum, \u00abcontribuye a la conducta santa del pueblo de Dios y al incremento de la fe\u00bb (DV 8); por tanto, es necesario que, una vez definida, se establezcan tambi\u00e9n los criterios a trav\u00e9s de los cuales se haga posible el reconocimiento de sus contenidos, su valor normativo y el sujeto capacitado para su recta interpretaci\u00f3n.<\/p>\n<p>R. Fisichella<\/p>\n<p>Bibl.: J M. Rovira Belloso, Tradici\u00f3n, en CFC, 1392-1403; K. H. Weger, Tradici\u00f3n, en SM, VI, 692-703; Y Congar La Tradici\u00f3n y las tradiciones, 2 vols., Dinor San Sebasti\u00e1n 1966; K. Rahner &#8211; J Ratzinger, Revelaci\u00f3n. Tradici\u00f3n, Herder Barcelona 1971; R. Fisichella, La revelaci\u00f3n: evento y credibilidad S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1989.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: 1. Tradici\u00f3n entendida como fen\u00f3meno de la cultura humana; 2. El principio cristiano de la tradici\u00f3n; 3. El concepto teol\u00f3gico de tradici\u00f3n; 4. Normas y criterios de la tradici\u00f3n (norma suprema, norma primaria, norma subordinada; criterios de pertenencia; criterios hermen\u00e9uticos); 5. Pragm\u00e1tica de la tradici\u00f3n.<\/p>\n<p>H.J. Pottmeyer<br \/>\nLa tradici\u00f3n del cristianismo, como cualquier otra tradici\u00f3n, puede contemplarse bajo m\u00faltiples aspectos: de una manera general, en cuanto fen\u00f3meno de la cultura humana, en la perspectiva de la antropolog\u00ed\u00ada y de la historia; o como momento de la propia identidad, desde el punto de vista de la autocomprensi\u00f3n del grupo que la sustenta; en este caso, de los cristianos. El te\u00f3logo cristiano reflexiona sobre la tradici\u00f3n cristiana tanto en cuanto fen\u00f3meno cultural como en la perspectiva de la fe cristiana. La fe cristiana comprende la tradici\u00f3n cristiana como un acontecimiento cuyos autores son los hombres y Dios.<\/p>\n<p>Como en cualquier tradici\u00f3n distinguimos tambi\u00e9n en la tradici\u00f3n cristiana el contenido transmitido (traditum o traditio obiectiva), el hecho de la transmisi\u00f3n y de la recepci\u00f3n Cactus tradenti el recipiendi o traditio activa) y los sujetos de la tradici\u00f3n (tradentes o traditio subiectiva). Mientras que las otras disciplinas teol\u00f3gicas se interesan m\u00e1s por los documentos y los contenidos de la tradici\u00f3n cristiana (ex\u00e9gesis, dogm\u00e1tica) o por sus sujetos (historia de la Iglesia), la teolog\u00ed\u00ada fundamental reflexiona sobre la relaci\u00f3n fundamental de los contenidos, el hecho y los sujetos de la tradici\u00f3n, as\u00ed\u00ad como sobre las normas y criterios de la verdadera tradici\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>I. TRADICI\u00ed\u201cN ENTENDIDA COMO FEN\u00ed\u201cMENO DE LA CULTURA HUMANA. La actitud respecto a la tradici\u00f3n es hoy contradictoria. Por un lado, se impugna por principio la autoridad y el valor de la tradici\u00f3n, y por otro se va imponiendo el parecer de que latradici\u00f3n es indispensable para el hombre particular y para la sociedad.<\/p>\n<p>La p\u00e9rdida b\u00e1sica de autoridad de todas las tradiciones se funda por un lado en la experiencia de que muchos de los conocimientos y formas de conducta transmitidos han quedado anticuados y superados por el progreso cient\u00ed\u00adfico-t\u00e9cnico y social. Esta experiencia apoya la creciente pretensi\u00f3n del hombre en la Edad Moderna de darse a s\u00ed\u00ad mismo motivaciones deforma aut\u00f3noma mediante la raz\u00f3n. Para esta pretensi\u00f3n que lo abarca todo, la tradici\u00f3n se ha convertido en prejuicio y en lideolog\u00ed\u00ada, de las que el hombre ha de emanciparse caminando hacia una libertad sin cortapisas. Entretanto, la crisis del hombre moderno favorece un cambio de mentalidad. Reconocemos que la p\u00e9rdida total de la tradici\u00f3n pone en peligro la libertad y la humanidad.<\/p>\n<p>Sin embargo, la vuelta a una relaci\u00f3n con la tradici\u00f3n de vivencia inmediata, como la promueven ciertos movimientos de la New-Age, o la mera restauraci\u00f3n y conservaci\u00f3n de tradiciones particulares como quiere el tradicionalismo fundamentalista, no es posible ni deseable. La conquista de la autorresponsabilidad adulta no deber\u00ed\u00ada hacerse dando marcha atr\u00e1s. Hoy es posible y exigible una actitud cr\u00ed\u00adtica frente a la tradici\u00f3n que distinga entre lo que vale y lo que no vale en las tradiciones y haga suyas las tradiciones valiosas con una libre decisi\u00f3n. La actitud cr\u00ed\u00adtica frente a la tradici\u00f3n cuenta ya con una larga historia. En nuestro \u00e1mbito cultural comienza con el paso del mito al logos en la filosof\u00ed\u00ada griega; se encuentra en el AT y en el NT y, no en \u00faltimo lugar, en Jes\u00fas.<\/p>\n<p>El hombre es un ser de tradici\u00f3n. Recibe tradiciones y las transmite, crea tradiciones y las liquida: La tradici\u00f3n es un acontecimiento cultural, social y personal. La tradici\u00f3n es un elemento constitutivo de la cultura humana. Se basa en dos hechos antropol\u00f3gicos b\u00e1sicos: primero en la finitud, mortalidad e historicidad del hombre, y luego en la necesidad de organizar experiencias, conocimientos y habilidades adquiridos por otros, para que pueda surgir y desplegarse una cultura. Se transmiten habilidades, costumbres, ritos, normas, relatos y doctrinas. La tradici\u00f3n est\u00e1 ligada ante todo al lenguaje. El lenguaje es el medio de transmisi\u00f3n y \u00e9l mismo tradici\u00f3n. El lenguaje y la escritura muestran que tambi\u00e9n hay que desarrollar y transmitir la capacidad de tradici\u00f3n. A esto se debe tambi\u00e9n que se establezcan determinadas funciones, como las de sacerdotes, ense\u00f1antes, jueces y maestros, e instituciones, como el culto, el derecho, la escuela y el teatro.<\/p>\n<p>En el aspecto social, la tradici\u00f3n se puede designar como un proceso comunicativo diacr\u00f3nico y sincr\u00f3nico. La tradici\u00f3n ejerce dos funciones sociales: primero, obra suscitando grupos y continuidad; la comunidad basada en la tradici\u00f3n es a la vez medio y producto de la tradici\u00f3n. Adem\u00e1s act\u00faa como descarga y da orientaci\u00f3n; porque, ante la multitud de posibilidades de percepci\u00f3n, de pensamiento y de actuaci\u00f3n que pueden paralizar al hombre, pone a disposici\u00f3n determinados modelos o \u00abguiding patterns\u00bb de percepci\u00f3n, de pensamiento y de acci\u00f3n. A fin de asegurar las tradiciones normativas, toda comunidad tradicional desarrolla instancias de control-En el proceso comunicativo de la tradici\u00f3n influyen constitutivamente los transmisores, los receptores y lo transmitido.<\/p>\n<p>La tradici\u00f3n puede fomentar o poner en peligro la personalidad del hombre. El hecho de nacer el hombre en el seno de una determinada comunidad tradicional y ser influido por ella significa dos cosas: primeramente, la tradici\u00f3n hace posible el desarrollo de la personalidad; por otro lado, puede determinar al hombre impidiendo o estorbando el libre despliegue de su comprensi\u00f3n y de su obrar. Por eso la tradici\u00f3n es a la vez destino y reto. La apropiaci\u00f3n personal, es decir, libre e inteligente, de la tradici\u00f3n motiva una actitud cr\u00ed\u00adtica respecto a la tradici\u00f3n. La apropiaci\u00f3n personal de la tradici\u00f3n requiere su interpretaci\u00f3n. El transmisor y el receptor deben relacionar la. tradici\u00f3n con su respectiva situaci\u00f3n y experiencia e interpretar rec\u00ed\u00adprocamente la experiencia recordada y presente, si no se quiere que el recuerdo vivo se transforme en tradicionalismo muerto. La tradici\u00f3n viva es interpretaci\u00f3n y exige interpretaci\u00f3n; comprende continuidad e innovaci\u00f3n. Por eso el proceso de la tradici\u00f3n no carece nunca de conflictos.<\/p>\n<p>De todo esto se sigue la cooperaci\u00f3n de los sujetos y de lo transmitido en el proceso vivo de la tradici\u00f3n. Los transmisores y .receptores transmiten y reciben lo transmitido interpret\u00e1ndolo. Por otra parte, lo transmitido determina, marca y transforma tanto a los transmisores como a los receptores, y adem\u00e1s el proceso de la tradici\u00f3n, sus formas e instituciones.<\/p>\n<p>La tradici\u00f3n cristiana, como acontecimiento de comunicaci\u00f3n e interacci\u00f3n que tiene por protagonistas a hombres, est\u00e1 sujeta a las mismas condiciones y leyes antropol\u00f3gicas. Por eso se la puede analizar y valorar tambi\u00e9n desde la antropolog\u00ed\u00ada y la historia, en cuanto toman en cuenta la autocomprensi\u00f3n cristiana. Sus resultados son importantes tambi\u00e9n para el te\u00f3logo, porque permiten conocer el car\u00e1cter humano e hist\u00f3rico del hecho de la tradici\u00f3n cristiana y llaman su atenci\u00f3n sobre las condiciones que impiden o favorecen la mediaci\u00f3n cristiana de la tradici\u00f3n. Pero desde la perspectiva- teol\u00f3gica, la tradici\u00f3n cristiana no es simplemente la variante religiosa y cristiana de un fen\u00f3meno cultural humano general: El principio cristiano de la tradici\u00f3n se funda m\u00e1s bien en que Dios se ha revelado en Israel y en Jesucristo de una vez por todas como salvaci\u00f3n de los hombres. De ah\u00ed\u00ad se sigue la necesidad de comunicar y transmitir el conocimiento de este acontecimiento y su fuerza redentora a todas las.generaciones ulteriores.<\/p>\n<p>2. EL PRINCIPIO CRISTIANO DE LA TRADICI\u00ed\u201cN. El proceso cristiano de la tradici\u00f3n comienza con Jes\u00fas. El anuncia la ley y los profetas de Israel como normativos y los interpreta cr\u00ed\u00adticamente apelando a la voluntad de Dios (Mt 5,17-48; 15,1-20; Me 5,713). En el per\u00ed\u00adodo neotestamentario, junto a la tradici\u00f3n de Israel, interpretada en referencia a Jesucristo, el testimonio de los ap\u00f3stoles sobre \u00e9l se convierte en nuevo fundamento de la tradici\u00f3n cristiana. Transmitido primero oralmente, este testimonio es consignado por escrito en la Biblia del NT.<\/p>\n<p>Ya en Pablo aparece claramente la figura del ap\u00f3stol como testigo y transmisor primero y autorizado de la tradici\u00f3n cristiana. Es ap\u00f3stol: 1) el que es testigo de la autorrevelaci\u00f3n de Dios en Jesucristo; 2) el que es enviado por el Se\u00f1or para anunciar la palabra de Dios (G\u00e1l 1, i 5-17). Pablo mismo no es solamente testigo inmediato del resucitado; sino que es tambi\u00e9n transmisor del testimonio de los primeros ap\u00f3stoles sobre la \u00faltima cena y la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas (1Cor 11,23-25; 15,1-7), de la profesi\u00f3n de fe (Rom 1,1-4; 4,24-25; 10,9) y de los himnos de las comunidades (Flp 2,5-11). Como Jes\u00fas, tambi\u00e9n<br \/>\nPablo observa una actitud critica frente a -la tradici\u00f3n. Protesta contra el tradicionalismo judeo-cristiano e insiste en e1 verdadero reconocimiento de Jesucristo como principio de la interpretaci\u00f3n del mensaje de Jes\u00fas (G\u00e1l 2,5-6; Flp 3,$-I1).<\/p>\n<p>En Pablo, como en los restantes escritos del AT y del NT, est\u00e1 claro que la tradici\u00f3n tiene lugar como constante interpretaci\u00f3n de nuevos acontecimientos y situaciones (la interpretaci\u00f3n del \u00e9xodo referida a la cautividad babil\u00f3nica en los profetas, la interpretaci\u00f3n del mensaje de Jes\u00fas del amor sin l\u00ed\u00admites de Dios referido a la vocaci\u00f3n de los gentiles en Pablo, la interpretaci\u00f3n de la tradici\u00f3n de Jes\u00fas a la luz de la pascua por los evangelios). La interpretaci\u00f3n, como la realizan Pablo y los otros hagi\u00f3grafos, es no s\u00f3lo la expresi\u00f3n de la necesidad general de la interpretaci\u00f3n, si la tradici\u00f3n ha de ser algo vivo. La constante reinterpretaci\u00f3n es en la Biblia expresi\u00f3n de la verdad de que el Se\u00f1or vive y est\u00e1 inmediatamente presente en cada \u00e9poca y en ella es de nuevo testimoniado. As\u00ed\u00ad pues, la Biblia transmite no s\u00f3lo los contenidos de la tradici\u00f3n, sino tambi\u00e9n modelos de su interpretaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Al aumentar la lejan\u00ed\u00ada temporal de los or\u00ed\u00adgenes, surge la autoridad de los primeros testigos apost\u00f3licos y la referencia a la cadena sin soluci\u00f3n de los transmisores como garant\u00ed\u00ada de la fiel conservaci\u00f3n del kerigma. Esto comienza en Lucas (Le 1,1-4), y lleva a la idea de la transmisi\u00f3n doctrinal en las cartas pastorales (1Tim 1,18; 4,11; 2Tim 1,13-14; 2,2; 2Pe 3,2) y a la explicitaci\u00f3n del principio cristiano de la tradici\u00f3n en Ireneo y Tertuliano.. Para asegurar la tradici\u00f3n apost\u00f3lica se institucionaliza la cadena de testigos en forma de sucesi\u00f3n apost\u00f3lica de los obispos. Como testigos de la tradici\u00f3n apost\u00f3lica y mediante la imposici\u00f3n de manos son enviados por Cristo los obispos como sucesores de los ap\u00f3stoles, convirti\u00e9ndose en transmisores aut\u00e9nticos. Su autoridad se funda durante mucho tiempo sobre todo en el contenido, no en el aspecto formal: su doctrina. debe estar de acuerdo en cuanto al contenido con la doctrina de los ap\u00f3stoles y de las Iglesias madres de fundaci\u00f3n apost\u00f3lica, as\u00ed\u00ad como con la Sagrada Escritura. Como prueba de la coincidencia del contenido sirve, entre otras cosas, el consenso.<\/p>\n<p>Ya pronto surge la cuesti\u00f3n de los criterios de la verdadera tradici\u00f3n. Como demostraci\u00f3n de la coincidencia del contenido con la tradici\u00f3n apost\u00f3lica mencionan Ireneo y Agust\u00ed\u00adn el consenso de los padres y la regula fidei o regula veritatis. La regula fidei no est\u00e1 por encima de la Sagrada Escritura ni designa el magisterio eclesi\u00e1stico. M\u00e1s bien consta de los pasajes m\u00e1s claros de la Sagrada Escritura: \u00abde scripturarum planioribus locis et ecclesiae auctoritate\u00bb (AUGUSTINUS, Doctr. chi. IIl, 2, 2: CCL 32,77s) y forma el primer canon de la Iglesia. Vicente de Ler\u00ed\u00adn describe en su Commonitorium (434) la praxis corriente para el hallazgo de la verdad en la Iglesia del tiempo de los Padres. A1 hacerlo puede referirse a.Jos concilios de Nicea y Efeso. Como criterios de la verdadera doctrina com\u00fan menciona, \u00e9l universitas, antiquitas y consensio (del concilio y de los Padres) (Commonit., 2;3; 29,41: \u00abquod ubique; quod semper, quod ab omnibus\u00bb). Junto a la apostolicidad, se considera la catolicidad como propiedad esencial de la verdadera tradici\u00f3n. El concilio representa para Vicente el nexo. entre el consenso sincr\u00f3nico y el diacr\u00f3nico. Pero las conclusiones del concilio indican consenso universal s\u00f3lo mediante su recepci\u00f3n por la totalidad de la Iglesia.<\/p>\n<p>En la \u00e9poca siguiente el concepto de revelaci\u00f3n se entiende tan ampliamente que; adem\u00e1s de la tradici\u00f3n de origen apost\u00f3lico, se consideran tambi\u00e9n inspiradas y con id\u00e9ntica obligatoriedad prescripciones y usos eclesi\u00e1sticos posteriores. A esto se a\u00f1ade que, en lugar. de la legitimaci\u00f3n material, de la tradici\u00f3n por el consenso con el kerigma apost\u00f3lico, aparece cada vez m\u00e1s su legitimaci\u00f3n formal por la (relativa) antig\u00fcedad o por la autoridad eclesi\u00e1stica. Semejante concepci\u00f3n de la tradici\u00f3n amenaza con inmunizar a la Iglesia contra cualquier intento de reforma que apele al origen apost\u00f3lico. No se recuerda ya el aviso de Tertuliano de que Cristo se llam\u00f3 la verdad, y no la costumbre (De virg. vel. I, 1: CCL 1,1209). Los humanistas y reformadores provocan a la Iglesia a una inteligencia m\u00e1s cr\u00ed\u00adtica de la tradici\u00f3n. Para ello pueden apelar a Pablo y a algunos padres de la Iglesia:<br \/>\nLutero al principio s\u00f3lo quiere rechazar aquellas tradiciones que no cuentan con la autoridad de la Sagrada Escritura, a fin de hacer valer de nuevo el puro evangelio. Pero luego sustituye el principio de tradici\u00f3n por el principio de la Escritura (sola Scriptura). Con ello permanece estancado en la controversia de la Edad Media tard\u00ed\u00ada: como la Iglesia de su tiempo amenaza con olvidar la primac\u00ed\u00ada de la Sagrada Escritura y con subordinar la normativa material del kerigma apost\u00f3lico a la normativa formal de la tradici\u00f3n eclesi\u00e1stica, en r\u00ed\u00adgida contraposici\u00f3n, la Escritura se convierte para Lutero en la \u00fanica norma particular material y formal (\u00abSacra Scriptura su\u00c2\u00a1 ipsius interpres\u00bb ).<\/p>\n<p>La reforma induce al concilio de Trento a formular un concepto m\u00e1s cr\u00ed\u00adtico de la tradici\u00f3n. En el Decretum de libris sacris et de traditionibus recipiendis, de 1546 (DS 1501-1505), el concilio acepta el deseo de Lutero de conservar en la Iglesia la \u00abpuritas ipsa Evangelii\u00bb. El evangelio es la ente de toda verdad salv\u00ed\u00adfica y de la ordenaci\u00f3n cristiana de la vida, que \u00ab(et) in libris scriptis et sine scripto traditionibus\u00bb se contienen. A estas tradiciones se las califica m\u00e1s exactamente como \u00abab ipsius Christi ore ab Apostolis acceptae, aut ab ipsis Apostolis Spiritu Sancto dictante quasi per manus traditae ad nos usque pervenerunt\u00bb. Todos los libros del AT y del NT y las tradiciones inspiradas que se remontan a los ap\u00f3stoles, \u00abtum ad fidem, tum ad mores pertinentes\u00bb, son aceptadas y veneradas por la Iglesia \u00abpar\u00c2\u00a1 pietatis affectu ac reverentsa\u00bb.<\/p>\n<p>Con ello se limitan cr\u00ed\u00adticamente las tradiciones vinculantes: \u00e9stas deben referirse a la fe y la moral y remontarse a los ap\u00f3stoles. Positivamente se dice tambi\u00e9n que el evangelio es la \u00fanica fuente de la verdad salvifica, punto de vista \u00e9ste din\u00e1mico, con el cual enlazar\u00e1 el Vaticano II. Queda abierto cu\u00e1les son los contenidos vinculantes de la tradici\u00f3n; y queda abierta tambi\u00e9n la cuesti\u00f3n de la suficiencia material de la Escritura. Mas como el concilio habla de \u00abtradiciones\u00bb en plural, insin\u00faa su distinci\u00f3n material de la Escritura en lugar de distinguirlas, de la Escritura solamente en cuanto a la modalidad. Se queda en la coexistencia externa de las dos formas de mediaci\u00f3n del evangelio. A1 concilio le interesa principalmente la insuficiencia modal o hermen\u00e9utica de la Sagrada Escritura: nadie puede interpretar la Escritura, en cuanto se refiere a la fe y la moral, en oposici\u00f3n al consenso un\u00e1nime de los Padres o a aquel sentido que sostiene la Iglesia, la \u00fanica que puede juzgar sobre el verdadero sentido y la interpretaci\u00f3n de la Escritura (DS 1507).<\/p>\n<p>Despu\u00e9s del concilio tridentino vuelve a imponerse, por controvertidos intereses teol\u00f3gicos, la distinci\u00f3n material entre Escritura y tradici\u00f3n. Apelando al concilio, se ense\u00f1a que el evangelio est\u00e1 contenido partim en la Escritura y partim en la tradici\u00f3n oral; f\u00f3rmula que el concilio hab\u00ed\u00ada sustituido por,la m\u00e1s abierta et-et. As\u00ed\u00ad se llega a hablar de las dos fuentes de la revelaci\u00f3n (\u00abteor\u00ed\u00ada de las dos fuentes\u00bb de la revelaci\u00f3n). Esta concepci\u00f3n afirma la insuficiencia material de la Escritura. Est\u00e1, adem\u00e1s, la concepci\u00f3n de la insuficiencia meramente modal o hermen\u00e9utica, seg\u00fan la cual la Escritura necesita completarse con la tradici\u00f3n s\u00f3lo para su recta inteligencia. De la doctrina del concilio de que s\u00f3lo la Iglesia puede juzgar sobre el verdadero sentido de la Escritura se deduce luego el monopolio de su interpretaci\u00f3n por el magisterio eclesi\u00e1stico, de forma que \u00e9ste aparece cada vez m\u00e1s como el \u00fanico representante de la tradici\u00f3n.<\/p>\n<p>S\u00f3lo el Vaticano II, en su constituci\u00f3n dogm\u00e1tica\/ Dei Verbum (1965), saca del callej\u00f3n sin salida de la controversia teol\u00f3gica sobre la delimitaci\u00f3n de Escritura y tradici\u00f3n (DV 710). Enlazando con las palabras del concilio tridentino sobre el evangelio como la \u00fanica fuente de toda verdad salv\u00ed\u00adfica (DV 7), explica que la tradici\u00f3n sagrada y la Sagrada Escritura brotan de la misma fuente divina y constituyen una unidad org\u00e1nica (DV 9). Se subraya el rango de la Escritura dentro del proceso de la tradici\u00f3n: la Escritura \u00abes palabra de Dios en cuanto que, por inspiraci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu divino, se consign\u00f3 por escrito\u00bb; la tradici\u00f3n transmite, conserva y explica la palabra de Dios (DV 9).<br \/>\nCon esto se define la relaci\u00f3n entre Escritura y tradici\u00f3n m\u00e1s bien modalmente; es decir, en la tradici\u00f3n, entendida como transmisi\u00f3n de la palabra de Dios mediante la interpretaci\u00f3n de la Escritura, \u00abson entendidas m\u00e1s a fondo las Sagradas Escrituras y se tornan constantemente eficaces\u00bb. (DV, 8). La cuesti\u00f3n de la suficiencia material de la Escritura no quiso decidirla el concilio. La,indicaci\u00f3n de que la Iglesia por la tradici\u00f3n \u00abconoce el canon \u00ed\u00adntegro de los sagrados libros\u00bb (DV 8) no se ha de entender en el sentido de que la tradici\u00f3n tenga un contenido particular; la elecci\u00f3n de los libros can\u00f3nicos hay que explicarla m\u00e1s bien partiendo del examen de la canonicidad de su contenido que adquiere la Iglesia en la familiaridad con estos libros. Tambi\u00e9n se puede entender en sentido modal la f\u00f3rmula de compromiso: \u00abLa Iglesia no toma de la sola Sagrada Escritura su certeza acerca de todas las cosas reveladas\u00bb (DV 9).<\/p>\n<p>La nueva determinaci\u00f3n de la relaci\u00f3n entre Escritura y tradici\u00f3n, y en particular de la inteligencia de la tradici\u00f3n misma, es posible gracias, a la profundizaci\u00f3n del concepto de revelaci\u00f3n (DV 2-6) y de la Iglesia (Lumen gentium):<br \/>\nAs\u00ed\u00ad como se entiende la revelaci\u00f3n no ya en el sentido de mera comunicaci\u00f3n de verdades particulares, sino como autocomunicaci\u00f3n vivificadora del Dios trino, por medio de la cual habla \u00e9l a los hombres como amigos (DV 2), de la misma manera la tradici\u00f3n no se entiende ya tampoco como simple colecci\u00f3n de verdades particulares, sino como \u00abpresencia viva\u00bb de la palabra de Dios, de suerte que Dios \u00absigue conversando siempre con la esposa de su Hijo amado\u00bb (DV 8).<\/p>\n<p>&#8211; As\u00ed\u00ad como la revelaci\u00f3n no se presenta ya cual simple instrucci\u00f3n, sino que tiene lugar \u00abpor obras y palabras\u00bb (DV 2), as\u00ed\u00ad la tradici\u00f3n se realiza en \u00abla doctrina, la vida y el culto\u00bb de la Iglesia (DV 8).<\/p>\n<p>&#8211; As\u00ed\u00ad como la Iglesia entera es el pueblo de Dios en camino hacia la plenitud del reino de Dios, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n \u00abel pueblo cristiano entero est\u00e1 unido a sus pastores\u00bb(DV 10), representantes de la tradici\u00f3n. La comprensi\u00f3n de la palabra de Dios que se transmite crece no s\u00f3lo por la predicaci\u00f3n de los pastores, sino tambi\u00e9n \u00abpor la contemplaci\u00f3n y estudio de los creyentes\u00bb y \u00abpor la \u00ed\u00adntima inteligencia de las cosas espirituales\u00bb (DV 8).<\/p>\n<p>Con ello el Vaticano II recupera una comprensi\u00f3n total y unitaria de la tradici\u00f3n y de su funci\u00f3n en la vida de la Iglesia y destaca su dimensi\u00f3n teol\u00f3gica e hist\u00f3rica. Es verdad que apenas se tematiza la funci\u00f3n cr\u00ed\u00adtica de la Escritura frente a la tradici\u00f3n no-b\u00ed\u00adblica. A pesar de este desider\u00e1tum ecum\u00e9nico, que sigue abierto, qued\u00f3 superada en lo esencial la controvertida oposici\u00f3n teol\u00f3gica en lo que se refiere a la relaci\u00f3n entre Escritura y tradici\u00f3n. As\u00ed\u00ad lo confirman m\u00faltiples documentos ecum\u00e9nicos (Montreal 1963, Malta -1972, ete.).<\/p>\n<p>3. EL CONCEPTO TEOL\u00ed\u201cGICO DE TRADICI\u00ed\u201cN. La tradici\u00f3n cristiana puede entenderse teol\u00f3gicamente como la constante autotransmisi\u00f3n de la palabra de Dios en virtud del Esp\u00ed\u00adritu Santo mediante el ministerio de la Iglesia para la salvaci\u00f3n de todos los hombres. El sujeto primordial de la historia de su testimonio, comprensi\u00f3n e interpretaci\u00f3n en la Iglesia es la palabra misma de Dios, hecha hombre en Jesucristo y presente de manera viva en el Esp\u00ed\u00adritu Santo. La Iglesia es sujeto ministerial de la tradici\u00f3n del evangelio. S\u00f3lo el Esp\u00ed\u00adritu capacita a la Iglesia para transmitir aut\u00e9nticamente la palabra de Dios. Por eso la Iglesia invoca al Esp\u00ed\u00adritu como fuerza cada vez que se hace de nuevo presente la palabra de &#8216;Dios, cuando celebra en la palabra y el sacramento la memoria evocadora de Jesucristo.<\/p>\n<p>El contenido constitutivo de la tradici\u00f3n es la autocomunicaci\u00f3n de Dios que se revela. Su punto culminante es la entrega por Dios de su propio Hijo en manos de los hombres por todos nosotros (Rom 8,32; 4,25), y al mismo tiempo la autoentrega del mismo Jesucristo (Ef 5,2). La acci\u00f3n redentora de Dios se transmite en la palabra de la predicaci\u00f3n y en la fracci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica del pan (ICor 11,23), no s\u00f3lo verbal, sino realmente (tradici\u00f3n verbal y real).<\/p>\n<p>La forma constitutiva de la tradici\u00f3n es el testimonio de fe de los ap\u00f3stoles y de sus comunidades \u00aben la doctrina, la vida y el culto\u00bb (DV 8), pues en su fe encontr\u00f3 la revelaci\u00f3n la primera respuesta de la Iglesia realizada por el mismo Esp\u00ed\u00adritu. La Sagrada Escritura del NT, inspirada por el Esp\u00ed\u00adritu. Santo, da testimonio de la fe apost\u00f3lica (traditio constitutiva).y es por lo mismo norma para la tradici\u00f3n eclesial continua (traditio interpretativa el explicativa).<\/p>\n<p>Contenido y forma han de corresponderse. As\u00ed\u00ad como al contenido constitutivo de la tradici\u00f3n pertenecen la communicatio de Dios mismo y de su Hijo encarnado y la communio con Dios, as\u00ed\u00ad pertenecen a la forma constitutiva de la tradici\u00f3n en las comunidades apost\u00f3licas la communio con Dios y de unos con otros por la communicatio en la palabra de la predicaci\u00f3n, en la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada y en la c\u00e1ritas y en la diacon\u00ed\u00ada. La correspondencia entre contenido y forma es la norma para la Iglesia ulterior.<\/p>\n<p>4. NORMAS Y CRITERIOS DE LA TRADICI\u00ed\u201cN. La norma suprema (norma suprema, norma non normata) de la fe cristiana y de su tradici\u00f3n es \u00fanicamente la palabra de Dios, que en Jesucristo tom\u00f3 carne y permanece presente en el Esp\u00ed\u00adritu Santo, y no una de sus formas de testimonio. Pues la palabra de Dios da testimonio de s\u00ed\u00ad en la Sagrada Escritura, en la doctrina, la liturgia y la vida de la Iglesia y en los corazones de los creyentes (2Cor 3,3; 1Tes 4,9; 1Jn 2,28); pero, gracias a su car\u00e1cter escatol\u00f3gico, no queda absorbida en ninguna de sus formas de testimonio. M\u00e1s bien promueve la multiplicidad y fecundidad de testigos siempre nuevos.<\/p>\n<p>La norma primaria (norma normata primaria) entre las manifestaciones de la palabra de Dios es la Sagrada Escritura, en la cual est\u00e1 consignado el testimonio de los profetas y los ap\u00f3stoles, y que la Iglesia acepta por la fe como obra especial del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Como testimonio de la traditio constitutiva, sirve de norma e inspira la tradici\u00f3n eclesial posterior, y por ello se la puede designar como \u00absuprema fidei regula\u00bb (DV 21) respecto a las instancias testimoniales subordinadas.<\/p>\n<p>La norma subordinada (norma normata secundaria) entre las manifestaciones de la palabra de Dios es la tradici\u00f3n vinculante de la fe de la Iglesia, la traditio interpretativa el explicativa. En virtud de la presencia permanente de Cristo en su Iglesia (Mt 28,20) y de la continua asistencia del Esp\u00ed\u00adritu Santo (Jn 14,16; 16,13), que le asegura a la Iglesia que no ser\u00e1 destruida (la indefectibilidad) (Mt 16,18), conf\u00ed\u00ada la Iglesia en que el Esp\u00ed\u00adritu la conserve como \u00abcolumna y fundamento de la verdad\u00bb (1Tim 3,15). Por eso el sentido de la fe del pueblo entero de Dios (LG 12) y, en determinadas condiciones, el magisterio del colegio episcopal y del papa (LG 25) son infalibles. Las diversas instancias testimoniales se designan en la Iglesia como t lugares teol\u00f3gicos. De acuerdo con la comprensi\u00f3n global de la tradici\u00f3n (traditio obiectiva el activa), hoy no entendemos ya los lugares teol\u00f3gicos solamente como lugar de hallazgo de las objetivaciones de la tradici\u00f3n de la fe eclesial, sino tambi\u00e9n como testimonios activos de la tradici\u00f3n de la fe.<\/p>\n<p>De las normas en cuanto principios de la fe y de su tradici\u00f3n referidos al contenido distinguimos los criterios. Entendemos por \u00e9stos las notas externas o de contenido de una tradici\u00f3n particular, que permite examinar cr\u00ed\u00adticamente su pertenencia a la tradici\u00f3n vinculante de la fe de la Iglesia o su verdadero sentido..<\/p>\n<p>Los criterios de pertenencia a la tradici\u00f3n vinculante de la fe de la Iglesia, cuya demostraci\u00f3n se realiza por comprobaci\u00f3n hist\u00f3rica o actual, son: 1) el consenso diacr\u00f3nico (antiquitas); 2) el consenso sincr\u00f3nico (universitas), y 3) la claridad formal, por la cual una verdad es declarada por el magisterio de los pastores y los te\u00f3logos como revelada o como necesaria para la salvaguarda y explicaci\u00f3n de la revelaci\u00f3n (formalitas).<\/p>\n<p>Los criterios hermen\u00e9uticos para descubrir el verdadero sentido; la importancia del contenido y .el significado presente de una tradici\u00f3n de fe son: 1) la investigaci\u00f3n hist\u00f3rica, que explica las condiciones hist\u00f3ricas del nacimiento y formulaci\u00f3n de una tradici\u00f3n; 2) la trascendencia salvffica, en orden a la cual hay que interpretar la tradici\u00f3n conforme a la intenci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Dios (DV 8: \u00abLo que los ap\u00f3stoles transmitieron comprende todo lo que contribuye a que el pueblo de Dios lleve vida santa y se acreciente la fe\u00bb; DV 11: \u00abpara nuestra salvaci\u00f3n fue consignado en las Sagradas Escrituras\u00bb; 3) la l jerarqu\u00ed\u00ada de las verdades (UR I l), seg\u00fan la cual la importancia normativa de una tradici\u00f3n ha de determinarse en el contexto de la tradici\u00f3n total, y 4) \u00ablos l signos de los tiempos\u00bb (GS 4,.11), que permiten u\u00f1a interpretaci\u00f3n, con referencia a la \u00e9poca, de una tradici\u00f3n sobre la doctrina y la praxis.<\/p>\n<p>5. PRAGM\u00ed\u0081TICA DE LA TRADICI\u00ed\u201cN. Junto a la t\u00f3pica de los lugares teol\u00f3gicos de la tradici\u00f3n, de su criteriolog\u00ed\u00ada y hermen\u00e9utica, deber\u00ed\u00ada desarrollar la teolog\u00ed\u00ada fundamental tambi\u00e9n una- pragm\u00e1tica de la tradici\u00f3n. Hasta ahora el inter\u00e9s pragm\u00e1tico de la doctrina de la tradici\u00f3n en la ,teolog\u00ed\u00ada fundamental se ha limitado casi exclusivamente alas formas de acci\u00f3n del magisterio jer\u00e1rquico. Pero si se entiende la tradici\u00f3n como un hecho vivo, en el que participan muchos sujetos -pastores, te\u00f3logos y el resto de los creyentes y sus Iglesias locales- con funciones distintas, es preciso ampliar la consideraci\u00f3n pragm\u00e1tica. El concilio Vaticano 11 ha reconocido (DV 23; OE 6; UR 16-17) la existencia leg\u00ed\u00adtima de una pluralidad de tradiciones eclesi\u00e1sticas orientales como expresi\u00f3n de la riqueza del \u00abpatrimonio indiviso de la Iglesia universal\u00bb (OE 1). En el aspecto pragm\u00e1tico se deduce de ah\u00ed\u00ad la exigencia de configurar la ordenaci\u00f3n eclesial de modo que pueda desarrollarse el concurso activo de todos los creyentes y su comunicaci\u00f3n e interacci\u00f3n rec\u00ed\u00adprocas. Lo que vale para la communio fidehum dentro de las Iglesias orientales (l Iglesia, VIII) ha de repercutir tambi\u00e9n en la configuraci\u00f3n de la Iglesia total como communio eccIesiarum en forma de procesos consultivos y conciliares.<\/p>\n<p>El derecho a sostener y configurar activamente la tradici\u00f3n de la Iglesia significa el deber de los creyentes de adquirir la necesaria competencia para ser testigos verdaderos y fieles del evangelio. La tradici\u00f3n activa supone la escucha de la palabra de Dios y la recepci\u00f3n de la existente tradici\u00f3n de fe en la Iglesia e incluye la met\u00e1noia del pensamiento y de la acci\u00f3n.<\/p>\n<p>BIBL.: BEUMER J., La tradition orale, en Histoire des dogmes VI, Par\u00ed\u00ads 1967; BUNNENBERG J., Lebendige Treue zum Ursprung. Das Traditionsverstdndnis Y. Congars, Mainz 1989; CONGAR Y., Tradici\u00f3n y vida de la Iglesia, Andorra 1964; ID, La tradici\u00f3n y las tradiciones, San Sebasti\u00e1n 1966; DULLEs A., Das I7. 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La palabra griega pa\u00c2\u00b7r\u00e1\u00c2\u00b7do\u00c2\u00b7sis significa literalmente \u2020\u0153lo dado junto a\u2020\u009d, de donde adquiere el sentido de \u2020\u0153lo que se transmite oralmente o por escrito\u2020\u009d. (1Co 11:2, Int.) En las Escrituras Griegas Cristianas, la palabra se emplea tanto para tradiciones v\u00e1lidas o aceptables relacionadas con la adoraci\u00f3n verdadera, como para tradiciones err\u00f3neas o cuya observancia se ten\u00ed\u00ada por perjudicial y censurable.<br \/>\nLos jud\u00ed\u00ados adoptaron muchas tradiciones a trav\u00e9s de los siglos. Estas ten\u00ed\u00adan que ver con cosas como el modo de vestir y de tratar asuntos sociales, como bodas y entierros. (Jn 2:1, 2; 19:40.) Tambi\u00e9n hubo aspectos del culto jud\u00ed\u00ado del siglo I E.C. que se convirtieron en costumbre o tradici\u00f3n, como usar vino en la comida de la Pascua y celebrar la rededicaci\u00f3n del templo. (Lu 22:14-18; Jn 10:22.) Jes\u00fas y sus ap\u00f3stoles no se opusieron a estas costumbres aunque sab\u00ed\u00adan que la Ley no las exig\u00ed\u00ada. Cuando la sinagoga se convirti\u00f3 en un lugar com\u00fan de adoraci\u00f3n para los jud\u00ed\u00ados, surgi\u00f3 la tradici\u00f3n de adorar all\u00ed\u00ad todos los s\u00e1bados. Lucas dice que Jes\u00fas tambi\u00e9n asist\u00ed\u00ada, \u2020\u0153seg\u00fan su costumbre\u2020\u009d. (Lu 4:16.)<\/p>\n<p>Tradiciones desaprobadas. Sin embargo, los l\u00ed\u00adderes religiosos jud\u00ed\u00ados a\u00f1adieron a la Palabra escrita muchas tradiciones verbales que consideraban indispensables para la adoraci\u00f3n verdadera. Pablo (Saulo), como fariseo, sigui\u00f3 con extraordinario celo las tradiciones del juda\u00ed\u00adsmo antes de su conversi\u00f3n al cristianismo. Por supuesto, entre esas tradiciones estaban tanto las no censurables como las reprobables. El seguir los \u2020\u0153mandatos de hombres como doctrinas\u2020\u009d le llev\u00f3 a ser un perseguidor de cristianos. (Mt 15:9.) Por ejemplo, los fariseos \u2020\u02dcno com\u00ed\u00adan a menos que se lavasen las manos hasta el codo, teniendo firmemente asida la tradici\u00f3n de los hombres de otros tiempos\u2020\u2122. (Mr 7:3.) Esos hombres no adoptaron dicha pr\u00e1ctica por motivos de higiene, sino, m\u00e1s bien, como un ritual ceremonial que supuestamente ten\u00ed\u00ada m\u00e9rito religioso. (V\u00e9ase LAVARSE LAS MANOS.) Cristo mostr\u00f3 que no hab\u00ed\u00ada base para criticar a sus disc\u00ed\u00adpulos por no seguir ese y otros \u2020\u0153mandatos de hombres\u2020\u009d superfluos. (Mt 15:1, 2, 7-11; Mr 7:4-8; Isa 29:13.) Adem\u00e1s, debido a su tradici\u00f3n concerniente al \u2020\u0153corb\u00e1n\u2020\u009d (un don dedicado a Dios), los l\u00ed\u00adderes religiosos hab\u00ed\u00adan invalidado la Palabra de Dios, y as\u00ed\u00ad traspasaron su mandato. (Ex 20:12; 21:17; Mt 15:3-6; Mr 7:9-15; v\u00e9ase CORB\u00ed\u0081N.)<br \/>\nNi Jes\u00fas ni sus disc\u00ed\u00adpulos citaron jam\u00e1s la tradici\u00f3n oral jud\u00ed\u00ada para apoyar sus ense\u00f1anzas, sino que, por el contrario, se remitieron a la Palabra escrita de Dios. (Mt 4:4-10; Ro 15:4; 2Ti 3:15-17.) Despu\u00e9s de la fundaci\u00f3n de la congregaci\u00f3n cristiana, regirse por las tradiciones jud\u00ed\u00adas no b\u00ed\u00adblicas equival\u00ed\u00ada a una \u2020\u0153forma de conducta infructuosa\u2020\u009d que los jud\u00ed\u00ados hab\u00ed\u00adan \u2020\u02dcrecibido por tradici\u00f3n de sus antepasados [gr. pa\u00c2\u00b7tro\u00c2\u00b7pa\u00c2\u00b7ra\u00c2\u00b7d\u00f3\u00c2\u00b7tou, \u2020\u0153transmitida de padres\u2020\u009d]\u2020\u2122. (1Pe 1:18.) Al hacerse cristianos, aquellos jud\u00ed\u00ados abandonaron sus tradiciones. Cuando algunos falsos maestros de Colosas instaron a los cristianos a adoptar esa forma de adoraci\u00f3n, Pablo desaprob\u00f3 \u2020\u0153la filosof\u00ed\u00ada y el vano enga\u00f1o seg\u00fan la tradici\u00f3n de los hombres\u2020\u009d. Deb\u00ed\u00ada referirse especialmente, a las tradiciones del juda\u00ed\u00adsmo. (Col 2:8, 13-17.)<\/p>\n<p>Tradiciones cristianas. Vista la tradici\u00f3n como informaci\u00f3n transmitida oralmente o mediante ejemplo, la informaci\u00f3n que el ap\u00f3stol Pablo recibi\u00f3 directamente de Jes\u00fas pudo transmitirse apropiadamente a las congregaciones cristianas como tradici\u00f3n cristiana aceptable. Ese fue el caso, por ejemplo, de la celebraci\u00f3n de la Cena del Se\u00f1or. (1Co 11:2, 23.) Las ense\u00f1anzas y el ejemplo que pusieron los ap\u00f3stoles constituyeron una tradici\u00f3n v\u00e1lida. Por lo tanto, Pablo, que hab\u00ed\u00ada trabajado arduamente con sus manos a fin de no ser una carga econ\u00f3mica para sus hermanos (Hch 18:3; 20:34; 1Co 9:15; 1Te 2:9), pod\u00ed\u00ada instar a los cristianos tesalonicenses \u2020\u02dca que se apartasen de todo hermano que anduviese desordenadamente y no seg\u00fan la tradici\u00f3n [pa\u00c2\u00b7r\u00e1\u00c2\u00b7do\u00c2\u00b7sin]\u2020\u2122 que hab\u00ed\u00adan recibido. Aquel que no quisiera trabajar no estaba siguiendo el excelente ejemplo o tradici\u00f3n de los ap\u00f3stoles. (2Te 3:6-11.)<br \/>\nLas \u2020\u0153tradiciones\u2020\u009d necesarias para la adoraci\u00f3n limpia e incontaminada con el tiempo se incluyeron en las Escrituras inspiradas. Por lo tanto, las tradiciones \u2014o preceptos\u2014 que transmitieron Jes\u00fas y sus ap\u00f3stoles, y que eran esenciales para la vida, no se dejaron en forma oral para que se distorsionasen con el paso del tiempo, sino que se registraron con exactitud en la Biblia para el beneficio de los cristianos que viviesen en per\u00ed\u00adodos posteriores. (Jn 20:30, 31; Rev 22:18.)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia<\/b><\/p>\n<p>Dios se ha revelado a los hombres y ha consumado su propia revelaci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica en la vida y en la doctrina del Verbo encarnado, de manera que hasta la parus\u00ed\u00ada no es posible una nueva revelaci\u00f3n p\u00fablica de Dios a los hombres. Por el encuentro con Cristo, por la fe en su palabra y por la aceptaci\u00f3n de su gracia, el hombre recibe su salvaci\u00f3n sobrenatural. \u00bfPero c\u00f3mo la plenitud de la revelaci\u00f3n de Dios permanece inc\u00f3lume y sin falsificaci\u00f3n a trav\u00e9s de los siglos y llega a cada uno de los hombres, de manera que \u00e9stos se sepan llamados y exigidos por la palabra real de Dios y no por una de las muchas palabras de los hombres?<br \/>\nLa respuesta cristiana a esta pregunta suena: por la t. de la -> Iglesia. La palabra y los dones de la gracia de Dios en Cristo alcanzan al hombre por la t. de la Iglesia. El misterio de Cristo permanece presente en la historia porque hay una comunidad de fieles que, en la realizaci\u00f3n de la vida, c\u00ed\u00ade la doctrina y del culto, con la asistencia del Esp\u00ed\u00adritu Santo conserva la -> palabra de Dios a trav\u00e9s de todo el cambio de la historia.<\/p>\n<p>I. La importancia de la tradici\u00f3n para el hombre en general<br \/>\nLo que la t. significa para la vida humana en general, se puede comprender clar\u00ed\u00adsimamente en la realizaci\u00f3n de la -> libertad humana. La espiritualidad del hombre, que trasciende hacia un absoluto y que como tal se da previamente a todo objeto particular y concreto de la facultad de elecci\u00f3n, o sea, la -> trascendencia de la libertad humana, posibilita la libertad de elecci\u00f3n y le da al mismo tiempo su seriedad religiosa: all\u00ed\u00ad donde el hombre act\u00faa con libertad real, se decide siempre de cara a lo absoluto, a Dios. Sin embargo, esta \u00abexperiencia\u00bb de la trascendencia de la libertad jam\u00e1s es aprehensible; m\u00e1s bien, es experimentada y sabida \u00abjunto con\u00bb el objeto concreto de la elecci\u00f3n. Pero la corporeidad de la libertad humana condiciona que el hombre s\u00f3lo pueda realizar su disposici\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo, orientada a lo definitivo y a lo absoluto. Saliendo hacia el otro, hacia el \u00ab-> mundo\u00bb. Pero este otro, en el que m\u00e1s propiamente puede aprehenderse la experiencia de la trascendencia en la realizaci\u00f3n de la libertad, y en el que se hace palpable la realidad de la libertad y la seriedad de la responsabilidad, es el otro hombre. El libre devenir de la persona se produce en primera l\u00ed\u00adnea por el contacto y el comportamiento con la otra persona, de manera que el t\u00fa humano es constitutivo para la libertad propia de cada uno.<\/p>\n<p>Pero en el otro hombre tambi\u00e9n nos sale siempre al paso la -> historia, en \u00e9l nos encontramos con lo indisponible de lo devenido libremente. El espacio libertad del individuo no es solamente, y no es en primera l\u00ed\u00adnea, el espacio con un contenido inalterable, pensado a partir de una naturaleza abstracta, sino que la acci\u00f3n propia de la libertad del hombre est\u00e1 siempre acu\u00f1ada tambi\u00e9n por la historia de otros. En el trato con su medio ambiente, en el aprendizaje del idioma, en la recepci\u00f3n de determinadas formas de pensar, en las maneras devalorar, enjuiciar, experimentar, en la concepci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo, el hombre asume la historia que ya vive en otros hombres, recibe necesariamente aquello que otros han pensado, enjuiciado y valorado antes que \u00e9l. Lo cual significa que el hombre vive siempre de la t. En su propio devenir libre hacia lo definitivo, el hombre s\u00f3lo puede ser y hacerse \u00e9l mismo como quien est\u00e1 ya acu\u00f1ado interiormente por la t., y s\u00f3lo como el as\u00ed\u00ad acu\u00f1ado puede tomar posici\u00f3n frente a su mundo circundante, aceptar o rechazar lo transmitido.<\/p>\n<p>Naturalmente, esta determinaci\u00f3n hist\u00f3rica del hombre en su libertad es sentida y conocida con fuerza diferente en las distintas \u00e9pocas y en los distintos estadios culturales. En correspondencia con ello, cada hombre se comporta distintamente con su t. seg\u00fan el tiempo en que vive: la toma como cosa \u00abnatural\u00bb y evidente o la pone en duda (m\u00e1s o menos radicalmente), por conocerla como producto libre, como algo que no debe ser necesariamente as\u00ed\u00ad. Surge as\u00ed\u00ad la cr\u00ed\u00adtica a la t., es decir, la cuesti\u00f3n: Qu\u00e9 es lo que en lo transmitido tiene valor permanente, o sea, qu\u00e9 es lo que puede o, en ciertas circunstancias, debe ser modificado? Aqu\u00ed\u00ad no podemos entrar en el estudio de la importancia y problem\u00e1tica de la ley natural como norma permanente de toda cr\u00ed\u00adtica a la t. Advirtamos, sin embargo, que all\u00ed\u00ad donde una t. se ha formado en virtud de un suceso hist\u00f3rico y este suceso ha alcanzado una significaci\u00f3n permanente, la norma de una posible cr\u00ed\u00adtica a la t. es primordialmente el \u00abretorno a la fuente\u00bb, la investigaci\u00f3n de lo originariamente, hecho, opinado.<\/p>\n<p>II. La concepci\u00f3n cat\u00f3lica de la tradici\u00f3n<br \/>\n1. La tradici\u00f3n viva<br \/>\nEn cuanto es religi\u00f3n basada en una -> revelaci\u00f3n, el cristianismo se funda sobre un hecho hist\u00f3rico: la vida, la doctrina y la muerte de -> Jes\u00fas de Nazaret y la fe de los ap\u00f3stoles en la &#8211; resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas. Los ap\u00f3stoles experimentaron este hecho hist\u00f3rico de \u00abJes\u00fas de Nazaret\u00bb como su propio acontecimiento salv\u00ed\u00adfico, obrado por Dios, y lo conocieron al mismo tiempo como el suceso definitivo de la salvaci\u00f3n para toda la humanidad. Por esto, en cumplimiento del encargo del Se\u00f1or, dieron testimonio de \u00e9l. El testimonio apost\u00f3lico en palabras y signos constituye el fundamento permanente de toda t. cristiana. Pero este testimonio mismo tiene conciencia de que no es mera transmisi\u00f3n verbal y memorial de un hecho pret\u00e9rito, que perviva s\u00f3lo en el recuerdo subjetivo y permanezca efectivo como simple \u00abidea\u00bb. M\u00e1s bien es el Se\u00f1or resucitado mismo, con su Esp\u00ed\u00adritu Santo, quien en el testimonio de los ap\u00f3stoles creyentes exige la fe del hombre, ofrece su gracia y regala su vida.<\/p>\n<p>Es un m\u00e9rito permanente del concilio Vaticano II el haber liberado el concepto cat\u00f3lico de t. de la estrechez en que hab\u00ed\u00ada incurrido, sobre todo en el per\u00ed\u00adodo postridentino. En la Constituci\u00f3n dogm\u00e1tica sobre la revelaci\u00f3n divina la t. no es en primera l\u00ed\u00adnea un contenido siempre igual, transmitido en frases y pr\u00e1cticas; m\u00e1s bien la t. de la Iglesia es la fe vivida: \u00abLa Iglesia, en su doctrina, en su vida y en su culto perpet\u00faa y transmite a todas las generaciones todo lo que ella es, todo lo que ella cree\u00bb (n\u00c2\u00ba. 8). T. en sentido amplio no es, por consiguiente, en primer lugar un \u00abalgo\u00bb, un hecho objetivado; en el sentido pleno de la palabra no es ni exclusivamente la transmisi\u00f3n de la palabra de Dios en la sagrada -> Escritura, ni la transmisi\u00f3n de verdades no escritas o formas de piedad. T. es la fe vivida de la Iglesia, la cual nunca se agota con su formulaci\u00f3n expl\u00ed\u00adcita, puesto que, primero, en esta fe act\u00faa Cristo mismo, y, segundo, no toda experiencia de la fe puede someterse a reflexi\u00f3n y expresarse adecuadamente. Por ello la fe vivida de la Iglesia y su inteligencia de s\u00ed\u00ad misma son tambi\u00e9n la norma \u00faltima de la cr\u00ed\u00adtica intraeclesi\u00e1stica a la tradici\u00f3n. De ello deberemos hablar todav\u00ed\u00ada m\u00e1s tarde. Notemos aqu\u00ed\u00ad solamente lo siguiente: as\u00ed\u00ad entendida, la t. no s\u00f3lo precede temporalmente a cualquier fijaci\u00f3n por escrito de la fe, sino que es tambi\u00e9n el fondo de toda fe. Precisamente el hombre, tambi\u00e9n en el \u00e1mbito \u00abprofano\u00bb, encuentra la t. ya en la realizaci\u00f3n viva de la historia por otros y est\u00e1 acu\u00f1ado por esta realizaci\u00f3n, la t. vivida de la fe cristiana no es algo exterior a aqu\u00e9l que crece o vive en el \u00e1mbito cultural cristiano, no es algo que no le afecte; m\u00e1s bien, qui\u00e9ralo o no, \u00e9l est\u00e1 siempre afectado por la t. cristiana. El hombre del \u00e1mbito cultural cristiano s\u00f3lo se hace \u00e9l mismo en discusi\u00f3n con la t., en la aceptaci\u00f3n de la t. vivida o en la repulsa a la misma (cf. tambi\u00e9n -> Escritura y tradici\u00f3n).<\/p>\n<p>2. El contenido de la tradici\u00f3n<br \/>\nAhora bien, aunque la t. de la Iglesia vaya m\u00e1s lejos que la palabra escrita, expresada en frase y sometida a reflexi\u00f3n, o que la palabra unida al signo (-> sacramentos), sin embargo, por otro lado, la fe cristiana debe ser enunciable y delimitable. Debe darse necesariamente la posibilidad de formular la fe fundada en un hecho hist\u00f3rico, de tal manera que permanezca inteligible para todas las \u00e9pocas, puesto que el suceso hist\u00f3rico mismo no es repetible. Por ello es tambi\u00e9n un fen\u00f3meno general el hecho de que una comunidad exprese su fe por escrito. Esto hizo tambi\u00e9n la Iglesia primitiva. En el s. i la \u00abpredicaci\u00f3n apost\u00f3lica\u00bb encontr\u00f3 su expresi\u00f3n en los escritos del NT. Sin embargo, la sagrada -> Escritura es m\u00e1s que, p. ej., el primer eslab\u00f3n en una cadena de libros que constituyeran la t. escrita y a los que siguieran otros de igual valor. En cuanto este testimonio escrito de la fe de la Iglesia originaria ha sido querido por Dios como magnitud permanentemente normativa para los tiempos posteriores de la Iglesia, ha sido inspirado inmediatamente por \u00e9l: Dios es su autor, por m\u00e1s que tenga tambi\u00e9n un autor humano. Con ello la sagrada Escritura es la palabra de Dios, a la que permanece siempre vinculada la conciencia creyente de la Iglesia posterior; \u00e9sta vive y se nutre de dicha palabra y debe orientarse por ella. Tambi\u00e9n el -> magisterio eclesi\u00e1stico tiene s\u00f3lo una funci\u00f3n de oyente y servidor frente a la t. de la Iglesia originaria, puesta por escrito en la sagrada Escritura e inspirada por Dios.<\/p>\n<p>Pero, \u00bfqu\u00e9 hemos de decir sobre la t. posbiblica de la Iglesia, sobre aquellas verdades de fe que se han formulado por primera vez en una \u00e9poca posterior, y que como tales no pueden encontrarse en los escritos del NT, pues son \u00absolamente\u00bb la actualizaci\u00f3n de la fe cristiana en una \u00e9poca determinada? \u00bfC\u00f3mo debe comportarse el cat\u00f3lico con la t. de su Iglesia? Que hay, y debe haber, una tal t. postb\u00ed\u00adblica &#8211; no s\u00f3lo dentro de la Iglesia cat\u00f3lica &#8211; y que esta t. en ciertas circunstancias pueda ser norma de la pertenencia a la Iglesia, es un hecho que se desprende de la historicidad de la Iglesia. Pero \u00bfhemos de afirmar, con la teolog\u00ed\u00ada protestante, que toda t. postb\u00ed\u00adblica en principio est\u00e1 siempre abierta a una posible revisi\u00f3n, de manera que s\u00f3lo pueda valer como \u00fanico criterio de t. el texto literal de la sagrada Escritura? Los reformadores exig\u00ed\u00adan, y esto a primera vista puede parecer l\u00f3gico, un retorno a la fuente, es decir, a la sagrada Escritura, para descargar a la Iglesia del lastre acumulado en el curso de los siglos.<\/p>\n<p>No podemos exponer aqu\u00ed\u00ad el crecimiento y el desarrollo del concepto cat\u00f3lico de t., especialmente desde el concilio de Trento hasta el concilio Vaticano ii. Pero es comprensible que la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica asumiera el planteamiento de los reformadores e intentara justificar su t. remont\u00e1ndola al tiempo apost\u00f3lico, bien mediante una prueba de Escritura (no siempre lograda), bien mediante la idea de una \u00absegunda fuente\u00bb de revelaci\u00f3n, a saber, la t. oral, procedente de los ap\u00f3stoles. Ahora bien, aqu\u00ed\u00ad hemos de pensar lo siguiente: aunque los escritos del NT se consideren como una obra compilada m\u00e1s o menos casualmente de diversos autores, la cual de suyo no pretende exponer sin lagunas el contenido de fe de la Iglesia originaria, y con ello se pueda aceptar tranquilamente que la fe de la Iglesia primitiva bajo cierto aspecto era m\u00e1s amplia que lo consignado en los escritos del NT; sin embargo, no hay ning\u00fan fundamento que fuerce a la afirmaci\u00f3n de que los escritos del NT, como norma permanente querida por Dios para todos los tiempos de la Iglesia posterior, materialmente no contienen por completo el caudal esencial de la fe cristiana. Adem\u00e1s, para el pensamiento de nuestro tiempo, con su conciencia hist\u00f3rica, es dif\u00ed\u00adcilmente concebible que tales contenidos de la fe, no consignados en la Escritura, hayan permanecido inc\u00f3lumes a trav\u00e9s de los siglos, con su cambio de idiomas y culturas.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed\u00ad estar\u00ed\u00ada fuera de lugar un recurso precipitado a la asistencia del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Tambi\u00e9n la apelaci\u00f3n a lo que la Iglesia ha cre\u00ed\u00addo y ense\u00f1ado \u00absiempre\u00bb es problem\u00e1tica por el mismo motivo. Y la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica debe permitir que las Igllesias protestantes le planteen todav\u00ed\u00ada otra pregunta. Si bien ser\u00ed\u00ada incomprensible que no hubiera ninguna actualizaci\u00f3n de la Escritura y de la fe cristiana en conformidad con los tiempos, e incluso una actualizaci\u00f3n irrevocable (pensemos en los primeros concilios cristol\u00f3gicos y trinitarios), sin embargo, por otro lado, no es evidente que los dogmas marianos de los \u00faltimos tiempos, con los que en este contexto se argumenta una y otra vez, representen una actualizaci\u00f3n v\u00e1lida para siempre de la Escritura. Y as\u00ed\u00ad se plantea tambi\u00e9n para el cat\u00f3lico la cuesti\u00f3n, que \u00e9l debe negar a priori, de si aqu\u00ed\u00ad ha sido definido como revelaci\u00f3n algo \u00abnuevo\u00bb que \u00abs\u00f3lo\u00bb ha crecido en el tiempo postapost\u00f3lico, y que quiz\u00e1 no sea sino una antigua y venerable expresi\u00f3n de devoci\u00f3n.<\/p>\n<p>Sobre esto debemos decir en general: En principio no hay ninguna afirmaci\u00f3n de fe del tiempo posbiblico (de esta t. se trata aqu\u00ed\u00ad) que no sea expresable tambi\u00e9n de otra manera. Esto, a su vez, no significa que toda reflexi\u00f3n de fe se pueda designar con un nombre cualquiera. Pero una proclamaci\u00f3n viva de la fe exige, adem\u00e1s de la fidelidad a la revelaci\u00f3n y a su t. hist\u00f3rica, una traducci\u00f3n y matizaci\u00f3n nueva del contenido de fe transmitido. Semejante \u00abtraducci\u00f3n\u00bb, ya por el mero hecho de que, partiendo de las experiencias del tiempo respectivo, debe hablar la lengua de este tiempo, seguramente enunciar\u00e1 con palabras diferentes el dogma de la fe cat\u00f3lica, que sin embargo permanece siempre igual. Las palabras cambian su significaci\u00f3n en el curso de la historia; seg\u00fan la situaci\u00f3n en que se pronuncian, seg\u00fan los destinatarios a que se dirigen, modifican el contenido de su enunciado; de manera que tambi\u00e9n la repetici\u00f3n literal de afirmaciones del magisterio en el pasado ser\u00ed\u00ada en el fondo una traducci\u00f3n.<\/p>\n<p>Hay que pensar adem\u00e1s que las afirmaciones dogm\u00e1ticamente obligatorias de la Iglesia s\u00f3lo pueden tener esta obligatoriedad cuando se trata de verdades que Dios ha revelado para nuestra salvaci\u00f3n. Si todo servicio a la palabra, incluido el del magisterio aut\u00e9ntico, est\u00e1 bajo la autoridad de la sagrada Escritura, y si los libros de la Escritura ense\u00f1an \u00abcon seguridad, fidelidad y sin error solamente las verdades que Dios quiso consignar en la Escritura para nuestra salvaci\u00f3n\u00bb (Vaticano Sobre la revelaci\u00f3n, n.\u00c2\u00b0 11); en consecuencia, esto mismo debe decirse tambi\u00e9n sobre las afirmaciones infalibles de la t. eclesi\u00e1stica postapost\u00f3lica. Tambi\u00e9n ellas deben ser examinadas a la luz de su historicidad, a la luz de la afirmaci\u00f3n salvifica que dirig\u00ed\u00adan a los hombres de su tiempo. S\u00f3lo entonces puede emprenderse el intento de traducir al lenguaje de nuestro tiempo los contenidos tradicionales de la fe as\u00ed\u00ad cristalizados. Un trasplante irreflexivo de afirmaciones del magisterio en el pasado al momento actual de la Iglesia puede precisamente falsificarlos. Y, finalmente, habr\u00ed\u00ada que pensar todav\u00ed\u00ada lo que sigue: el concilio Vaticano H ha acu\u00f1ado la expresi\u00f3n, citada entretanto muchas veces, de la \u00abjerarqu\u00ed\u00ada de verdades\u00bb (Ecumenismo, n.\u00c2\u00b0 11). No es de extra\u00f1ar que en el transcurso de una historia de dos milenios se formen en una comunidad de fe pr\u00e1cticas y formas de piedad que, como cosas no definidas, deben quedar siempre abiertas a un examen cr\u00ed\u00adtico, ni que surja tambi\u00e9n aquella t. que pertenece inalienablemente a la substancia cristiana de la fe, aunque haya nacido de una situaci\u00f3n hist\u00f3rica de la Iglesia. Si se toma en serio el principio de una jerarqu\u00ed\u00ada de verdades, \u00e9ste no significa que el creyente pueda negar alguna que otra verdad de fe definida en la historia de la Iglesia, pero s\u00ed\u00ad que puede conceder con conciencia tranquila que una doctrina de fe definida por la Iglesia en un tiempo, con una forma de pensar y en una situaci\u00f3n determinadas, para \u00e9l est\u00e1 demasiado lejos del mensaje central del cristianismo, y nada o poco le dice en su vida religiosa pr\u00e1ctica. El cat\u00f3lico, aunque reconozca la verdad permanente de los contenidos definidos de la fe, puede confiar algunas cosas a su fe impl\u00ed\u00adcita.<\/p>\n<p>Para la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica es cosa evidente que no todo lo revelado debe pertenecer al saber de fe necesario para la salvaci\u00f3n, y parece asimismo obvio que la verdad de un dogma no depende de si el cristiano particular lo conoce o no como una actualizaci\u00f3n de la Escritura y de la fe cristiana importante para su vida. Y esto tiene tanta mayor validez, seg\u00fan lo insin\u00faa la jerarqu\u00ed\u00ada de verdades, con relaci\u00f3n a aquellas doctrinas de fe que (p. ej., los dogmas marianos) no se refieren en forma muy inmediata y manifiesta a la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Dios con el hombre acontecida en Cristo, aunque s\u00f3lo sea porque el cristiano de una \u00e9poca posterior ya no comprende, o todav\u00ed\u00ada no comprende, la verdad salv\u00ed\u00adfica contenida para \u00e9l en estos enunciados.<\/p>\n<p>En tales condiciones no vemos por qu\u00e9, con la protecci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo (claramente atestiguada por la Escritura) a toda la Iglesia, no se pueda dar un progreso y un crecimiento en la comprensi\u00f3n de las cosas y palabras transmitidas (cf. Vaticano II, Sobre la revelaci\u00f3n, n\u00c2\u00ba. 8), y esto de manera tal que la Iglesia como un todo (la Iglesia como un todo es infalible: cf. Vaticano ii, Constituci\u00f3n dogm\u00e1tica sobre la Iglesia, n.\u00c2\u00b0 12) conozca un aspecto determinado de la te como obligatorio no s\u00f3lo para su propio tiempo, sino tambi\u00e9n para todo el tiempo de la Iglesia, y lo declare como tal. No es que por un tal reconocimiento de la t. la palabra de Dios quede entregada a la \u00abarbitrariedad\u00bb de un magisterio humano (el papal, p. ej.), puesto que s\u00f3lo puede ser definido lo que desde tiempos es cre\u00ed\u00addo por la Iglesia y es conocido como perteneciente a la sustancia de la fe. Una definici\u00f3n del magisterio que haya brotado de la piedad privada de un papa o de una minor\u00ed\u00ada, de hecho no se ha dado nunca y no puede darse en absoluto. Viceversa, es simplemente inconcebible que, p. ej., las afirmaciones cristol\u00f3gicas de los primeros concilios (que como tales no est\u00e1n contenidas en la Escritura) puedan ser negadas jam\u00e1s por un creyente, o que la esclavitud (tolerada en tiempos del NT) pueda jam\u00e1s volver a conciliarse con la imagen cristiana del hombre.<\/p>\n<p>Si se piensa que, en todo caso, la fe en Jes\u00fas de Nazaret no puede darse al hombre s\u00f3lo en las letras muertas de la Escritura, sino que ha de comunic\u00e1rsele en la fe viva y en la confesi\u00f3n de los creyentes, que en principio \u00e9sta es la manera como Dios ofrece categorialmente su gracia a los hombres, entonces queda justificada la confianza creyente en la asistencia del Esp\u00ed\u00adritu Santo, prometida por el Se\u00f1or mismo a su comunidad, en las \u00faltimas decisiones y articulaciones de la fe. Entonces se reconocer\u00e1 c\u00f3mo es totalmente posible que una fe vivida se pueda a su vez articular de tal manera que esta articulaci\u00f3n se conozca permanentemente como revelada en Jesucristo, y eso incluso cuando las propias persuasiones en este o aquel punto ya no compartan la fe del pasado, ya no puedan apropi\u00e1rsela ni reproducirla. Por la fe en la t. de su Iglesia el cat\u00f3lico no est\u00e1 entregado a la arbitrariedad de un magisterio humano, ni al eventual estado cient\u00ed\u00adfico de la ex\u00e9gesis, ni a su propia fuerza intelectual; m\u00e1s bien, \u00e9l, no precisamente como hombre particular, pero s\u00ed\u00ad en comunidad con todos los que comparten su fe, sabe que en las \u00faltimas y decisivas cuestiones de fe est\u00e1 bajo la gu\u00ed\u00ada del Esp\u00ed\u00adritu Santo, tambi\u00e9n en el tiempo posb\u00ed\u00adblico, y sabe ante todo que su propia fe perder\u00ed\u00ada la necesaria garant\u00ed\u00ada moral si, una verdad perteneciente a la sustancia de la fe y definida como tal por la Iglesia Universal, ma\u00f1ana o en cualquier tiempo pudiera suprimirse de nuevo, pudiera ser declarada falsa y nula. \u00abDe donde se sigue que la Iglesia no deriva solamente de la Escritura su certeza acerca de todas las verdades reveladas\u00bb (Vaticano H, Sobre la revelaci\u00f3n, n.0 9).<\/p>\n<p>De la t. en sentido estricto, tratada hasta ahora (o de su contenido), es decir, de las verdades definidas por la Iglesia en el tiempo postapost\u00f3lico, debe distinguirse el amplio torrente de las tradiciones formadas en el curso de la historia de la Iglesia. Frente a esta t., que de suyo no pretende ser infalible o irreversible, el cat\u00f3lico se comportar\u00e1 ante todo como se comporta tambi\u00e9n frente a la historicidad profana, es decir, no se entregar\u00e1 a la opini\u00f3n pobre y simplista de que \u00e9l y su tiempo \u00abfinalmente\u00bb han alcanzado ahora la conciencia recta de la fe y la piedad, y de que todo lo transmitido es revisable por cualquiera y fijable de nuevo en todo tiempo. Precisamente en cuestiones de fe, que son ampliamente independientes del progreso t\u00e9cnico de las ciencias naturales, debe contarse con que los tiempos anteriores en muchos puntos tuvieran persuasiones m\u00e1s acertadas, y quiz\u00e1s tambi\u00e9n una mayor gracia. Y, adem\u00e1s, una sociedad institucionalizada, como lo es la Iglesia, necesita leyes y prescripciones, sin las cuales la comunidad caer\u00ed\u00ada en una pluralidad que destruir\u00ed\u00ada necesariamente todo v\u00ed\u00adnculo de uni\u00f3n y con ello la comunidad misma.<\/p>\n<p>Pero, por otro lado, el cristiano, precisamente en un tiempo muy consciente de la historicidad del hombre y tambi\u00e9n de la Iglesia, deber\u00e1 conservar la apertura para poner en tela de juicio lo transmitido, para buscar nuevas formas de vida y formulaciones religiosas en correspondencia con su propio tiempo. Esto es posible en la Iglesia simplemente porque no todo, por antiguo y venerable que sea (si se toma en serio la significaci\u00f3n de los carismas en la Iglesia de Dios, puede ser deber moral oponerse a ciertos puntos transmitidos), tiene que ser necesariamente inspirado y querido por el Esp\u00ed\u00adritu de Dios; y, sobre todo, lo correcto para un determinado tiempo de la Iglesia no tiene por qu\u00e9, en el cambio de la sociedad y de las culturas, ser igualmente v\u00e1lido para todas las \u00e9pocas. Por m\u00e1s que un cristiano sensato deba ser consciente de los l\u00ed\u00admites de sus propios puntos de vista, por m\u00e1s que deba respetar la t. o las tradiciones incluso en afirmaciones no definidas, por m\u00e1s que deba pensar y reflexionar seriamente sobre las orientaciones papales; no obstante, una contradicci\u00f3n a estas tradiciones no separa de la Iglesia. Puede darse, como ya se ha mencionado, que el cristiano particular o un grupo de cristianos tenga que alejarse, contra la protesta de la Iglesia jer\u00e1rquica, de una forma o afirmaci\u00f3n religiosa ca\u00ed\u00adda en desuso. Semejante cambio de lo transmitido en una Iglesia que no escribe solamente en sus anales p\u00e1ginas gloriosas, sino que es tambi\u00e9n Iglesia de pecadores, se hizo en el pasado casi \u00fanicamente por obra de carism\u00e1ticos, y seguramente en el futuro esto no ser\u00e1 de otro modo. Es de prever que tales hombres sufrir\u00e1n en la Iglesia hasta el l\u00ed\u00admite de lo imaginable, pues, como miembros de una Iglesia institucionalizada, deber\u00e1n someterse a ciertas prescripciones y medidas disciplinares. De todos modos, hemos de pedir a la Iglesia jer\u00e1rquica que abra sus o\u00ed\u00addos al Esp\u00ed\u00adritu de Dios y reconozca una pluralidad leg\u00ed\u00adtima en la Iglesia cat\u00f3lica.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: Cf. la bibl. de desarrollo de los -> dogmas, -> Escritura y tradici\u00f3n, -> Magisterio, -> Libertad. &#8211; J. Ranft, Der Ursprung des kath. Traditionprinzips (W\u00fc 1931); J. R. Geiselmann, Lebendiger Glaube aus geheiligter \u00fcberlieferung (Mz 1942); O. M\u00fcller, Zum Begriff der Tradition in der Theologie der letzten hundert Jahre: MThZ 4 (1953) 164-186; O. Cullmann, Die Tradition als exeget., histor. und theol. Problem (Z 1954); H. Backt &#8211; H. Fries &#8211; J. R. Geiselmann, Die m\u00fcndl. \u00fcberlieferung (dir. M. Schmaus) (Mn 1957); E. Kinder, Schrift und Tradition: Die Katholizit\u00e4t der Kirche (dir. H. Asmusen &#8211; G St\u00e4hlin) (St 1957) 7-79; J. Pieper, \u00fcber den Begriff der Tradition (K\u00f6 &#8211; Opladen 1958); J. 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Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n<p>paradosis (paravdosi\u00bb, 3862), transmisi\u00f3n abajo o adelante (relacionado con paradidomi, transmitir, entregar), denota tradici\u00f3n, y de ah\u00ed\u00ad, por metonimia: (a) las ense\u00f1anzas de los rabinos, sus interpretaciones de la ley, que por ellas quedaba virtualmente anulada (Mat 15:2,3,6; Mc 7.3,4,8,9,13; Gl 1. 14; Col 2:8); (b) la ense\u00f1anza apost\u00f3lica (1Co 11:2  \u00abinstrucciones\u00bb, RV, RVR, VM; Besson: \u00abense\u00f1anzas\u00bb, texto; \u00abtradiciones\u00bb, margen), de instrucciones con respecto a las reuniones de los creyentes, instrucciones de mayor alcance que las ordenanzas en un sentido limitado; en 2Th 2:15, de la doctrina cristiana en general, donde el empleo que hace el ap\u00f3stol de la palabra constituye una negaci\u00f3n de que lo que \u00e9l predicaba se originara en s\u00ed\u00ad mismo, y una afirmaci\u00f3n de su autoridad de parte de Dios (cf. paralambano, recibir, 1Co 11:23; 15.3); en 2Th 3:6 se emplea de instrucciones acerca de la conducta diaria.\u00c2\u00b6<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Vine Nuevo testamento<\/b><\/p>\n<p>La existencia de una tradici\u00f3n es un hecho com\u00fan a todas las sociedades humanas. Lo que asegura su continuidad espiritual es el hecho de que de una generaci\u00f3n a otra, ideas, costumbres, etc., se transmiten en forma estable (traditio = transmisi\u00f3n). Particularmente, desde el punto de vista religioso, creencias, ritos, formularios de oraci\u00f3n o de canto, etc., se transmiten con una solicitud muy particular. En las sociedades que rodean al mundo de la Biblia la tradici\u00f3n religiosa est\u00e1 adem\u00e1s integrada en todo el conjunto de las tradiciones humanas que constituyen la civilizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El vocabulario moderno emplea, sin embargo, la palabra tradici\u00f3n en dos sentidos diferentes. Unas veces designa con \u00e9l un contenido transmitido de edad en edad (por ejemplo la tradici\u00f3n cultual d\u00e9 Egipto), otras, un modo de transmisi\u00f3n caracterizado por su notable estabilidad y en el que la escritura s\u00f3lo desempe\u00f1a un papel secundario y hasta nulo (de esta manera se puede calificar de tradicional la civilizaci\u00f3n sumeria, y todav\u00ed\u00ada m\u00e1s las civilizaciones puramente orales). En relaci\u00f3s\u2020\u00a2 con este hecho general la tradici\u00f3n propia de la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica presenta a la vez semejanzas y peculiaridades originales.-<br \/>\nAT. I. TRANSMISI\u00ed\u201cN DE UN DEP\u00ed\u201cSITO SAGRADO. No cabe duda de que bajo la antigua ley hay en Israel transmisi\u00f3n de un dep\u00f3sito sagrado, por tanto tradici\u00f3n. Conforme al estatuto particular que posee entonces el *pueblo de Dios, este dep\u00f3sito abarca todos los aspectos de la vida: tanto los recuerdos de historia, como las creencias que en ellos arraigan, las formas de oraci\u00f3n lo mismo que la sabidur\u00ed\u00ada que regula la vida pr\u00e1ctica, los ritos y gestos cultuales y las costumbres y el derecho. La transmisi\u00f3n de este dep\u00f3sito es la que da a Israel su fisonom\u00ed\u00ada particular y asegura su continuidad espiritual, desde la \u00e9poca patriarcal hasta los umbrales del NT.<\/p>\n<p>Si este dep\u00f3sito es sagrado, no lo es s\u00f3lo por ser un legado de las generaciones pasadas, como en todas las tradiciones humanas. Lo es, ante todo, por ser de origen divino: en la base de las creencias hay una *revelaci\u00f3n dada a Israel por los enviados de Dios; en la base del derecho y de las costumbres por \u00e9l reguladas hay prescripciones positivas enuncia-das en nombre de Dios por los depositarios de sus voluntades. Evidentemente estos elementos positivos debidos a la revelaci\u00f3n no excluyen ciertos elementos m\u00e1s antiguos tomados del medio oriental y asumidos por la revelaci\u00f3n misma; pero s\u00f3lo \u00e9sta funda el car\u00e1cter sagrado de la tradici\u00f3n que de ella depende.<\/p>\n<p>La tradici\u00f3n del pueblo de Dios, as\u00ed\u00ad definida en su relaci\u00f3n con la revelaci\u00f3n, que constituye su originalidad, combina dos caracteres complementarios. Por una parte la estabilidad : sus elementos fundamentales quedan fijados, en materia de creencias, de derecho, de *culto (mono-te\u00ed\u00adsmo, doctrina de la *alianza, costumbres venidas de los patriarcas y ley mosaica, etc.). Por otra parte el progreso : la revelaci\u00f3n misma se desarrolla a medida que nuevos enviados divinos completan la obra desus predecesores en funci\u00f3n de las necesidades concretas de su tiempo. Este progreso sigue naturalmente la marcha de la historia, pero no est\u00e1 sometido \u00fanicamente a los puros azares de la evoluci\u00f3n cultural, como sucede en las otras tradiciones religiosas, donde el sincretismo est\u00e1 a la orden del d\u00ed\u00ada. Tambi\u00e9n en esto afirma su originalidad la tradici\u00f3n de Israel.<\/p>\n<p>II. MODO DE TRANSMISI\u00ed\u201cN. 1. Formas literarias y medios de vida. Para transmitirse este dep\u00f3sito sagrado adopta necesariamente forma literaria: relatos, leyes, sentencias, himnos, rituales, etc., son sus medios de expresi\u00f3n. Ahora bien, tambi\u00e9n tales formas son determinadas por el uso y en este sentido son tradicionales. En gran parte corresponden a los g\u00e9neros literarios utilizados en las culturas de los pueblos vecinos (Cana\u00e1n, Mesopotamia, Egipto). Sin embargo, aqu\u00ed\u00ad se reflejan las particularidades de la tradici\u00f3n doctrinal de Israel: la literatura b\u00ed\u00adblica tiene su manera propia de tratar ciertos g\u00e9neros comunes, como las *leyes o los or\u00e1culos prof\u00e9ticos; tiene su fondo original de expresi\u00f3n, clis\u00e9s a que recurren m\u00e1s o menos todos los autores; tiene sus g\u00e9neros predilectos, adaptados al mensaje que ha de transmitir. El estudio de estos g\u00e9neros es por tanto indispensable para la inteligencia de la tradici\u00f3n misma, puesto que permite captar al vivo la historia de su formaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Permite tambi\u00e9n ver por qu\u00e9 canales se transmite la tradici\u00f3n a trav\u00e9s de las generaciones. En efecto, las formas que adopta est\u00e1n en estrecha relaci\u00f3n con los medios o ambientes que la transmiten y con las funciones que desempe\u00f1a en la vida del pueblo de Dios: ense\u00f1anza de los *sacerdotes, guardianes de la ley y del culto; predicaci\u00f3n de los *profetas; *sabidur\u00ed\u00ada pr\u00e1ctica de los escribas&#8230; Cada ambiente tiene sus tradiciones propias y sus g\u00e9neros preferidos; pero se notan tambi\u00e9n numerosas interferencias, debidas a los contactos entre los diferentes medios y a la unidad fundamental de la misma tradici\u00f3n israelita.<\/p>\n<p>En el punto de partida los materiales tradicionales se transmiten por v\u00ed\u00ada oral, bajo formas adaptadas a este modo de transmisi\u00f3n: relatos religiosos ligados a los santuarios o a las fiestas; formularios jur\u00ed\u00addicos; rituales, himnos, formularios de oraci\u00f3n; discursos sacerdotales o prof\u00e9ticos; sentencias de sabidur\u00ed\u00ada, etc. Finalmente, en el marco de esta tradici\u00f3n oral nacen textos escritos, en gran parte alimentados por ella. As\u00ed\u00ad la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica cristaliza poco a poco en las sagradas *Escrituras que con el tiempo van adquiriendo una importancia creciente: compuestas bajo el influjo del *Esp\u00ed\u00adritu Santo, suministran al pueblo de Dios la regla divina de su fe y de su vida.<\/p>\n<p>2. Escritura y tradici\u00f3n. En el juda\u00ed\u00adsmo pr\u00f3ximo a la era cristiana el legado de la tradici\u00f3n antigua se conserva esencialmente bajo esta forma escrita. Sin embargo, el *pueblo de Dios no es un mero agregado de creyentes agrupados en torno a un *libro: es una instituci\u00f3n organiza-da. Por eso, paralelamente a la Escritura, subsiste en \u00e9l una tradici\u00f3n viva que contin\u00faa, a su manera, la de los siglos pasados, aunque por derecho no puede aspirar a la misma autoridad normativa que la Escritura. Se la halla en los medios sacerdotales, entre los doctores y has-ta en el seno de las sectas en que se divide el juda\u00ed\u00adsmo. Es objeto de una verdadera t\u00e9cnica de transmisi\u00f3n, esencialmente fundada en el contacto personal entre el maestro y sus *disc\u00ed\u00adpulos: el maestro transmite, entrega (masar) y el disc\u00ed\u00adpulo recibe (aram. qabbel) lo que deber\u00e1 repetir (heb. sanah; aram. tenah) a su vez. Esta tradici\u00f3n en el sentido fuerte del t\u00e9rmino (hebr. qabbala; gr. paradosis) es conocida por el NT: Marcos cita la \u00abtradici\u00f3n de los mayores\u00bb (Mc 7,5.13 p), y Pablo las \u00abtradiciones de mis *padres\u00bb (G\u00e1l 1, 14). Este legado se a\u00f1ade a las Escrituras para formar \u00ablas tradiciones que leg\u00f3 Mois\u00e9s\u00bb (Act 6,14), pues los escribas hacen que su origen se remonte al pasado m\u00e1s remoto con el fin de reforzar su autoridad. Por lo dem\u00e1s, su transmisi\u00f3n oral constituye la cuna de una nueva literatura que se desarrolla en torno a la Biblia, desde la traducci\u00f3n de la Biblia en griego (Setenta) y en arameo (Targum) hasta los escritos rab\u00ed\u00adnicos, pasando por los libros ap\u00f3crifos y la producci\u00f3n literaria de las sectas (p. e. Qumr\u00e1n). Pero la tradici\u00f3n tard\u00ed\u00ada, que revelan estos libros, no se debe confundir con la tradici\u00f3n oral primitiva, de la que se alimentaron los escritos can\u00f3nicos.<\/p>\n<p>NT. I. LA TRADICI\u00ed\u201cN EN LOS OR\u00ed\u008dGENES CRISTIANOS. 1. Jes\u00fas y la \u00abtradici\u00f3n de los mayores\u00bb. Desde el principio marc\u00f3 Jes\u00fas su independencia respecto a la tradici\u00f3n jud\u00ed\u00ada de su tiempo. Lo esencial del legado tradicional conservado en las Escrituras no se pone en tela de juicio: la ley y los profetas no se deben abolir, sino cumplir, realizar (Mt 5,17). En cambio, la \u00abtradici\u00f3n de los mayores\u00bb no goza de este mismo privilegio: es cosa completamente humana que podr\u00ed\u00ada incluso anular la ley (Le 7,8-13); as\u00ed\u00ad Jes\u00fas deja que sus disc\u00ed\u00adpulos se emancipen de ella y \u00e9l mismo proclama su caducidad.<\/p>\n<p>Pero al mismo tiempo \u00e9l en persona se comporta como un maestro que *ense\u00f1a, no a la manera de los escribas &#8211; repitiendo una tradici\u00f3n recibida -, sino como hombre que posee *autoridad (cf. Mc 1,22.27); y sus *disc\u00ed\u00adpulos reciben la misi\u00f3nde repetir sus ense\u00f1anzas (Mt 28,19s). M\u00e1s a\u00fan: innova hasta en sus actos : perdona los pecados (Mt 9,1-8), comunica a los hombres la gracia de la salvaci\u00f3n, inaugura signos nuevos que ordena repetir a ejemplo suyo (lCor 11,23ss). Con sus palabras y sus actos da, pues, origen a una &#8216;nueva tradici\u00f3n, que sucede a la de los mayores como base de interpretaci\u00f3n de las Escrituras.<\/p>\n<p>2. La tradici\u00f3n apost\u00f3lica. Efectivamente, en la Iglesia se comprueba la existencia de esta tradici\u00f3n, definida en un vocabulario tornado del juda\u00ed\u00adsmo. El hecho se nota sobre todo en Pablo, versado por su formaci\u00f3n primera en las t\u00e9cnicas de la pedagog\u00ed\u00ada jud\u00ed\u00ada. A los tesalonicenses \u00abdio instrucciones\u00bb de parte del Se\u00f1or Jes\u00fas (lTes 4,2), y ellos \u00abrecibieron su ense\u00f1anza\u00bb (lTes 4,1). Les conjura que \u00abguarden firmemente las tradiciones (paradoseis) que han aprendido de \u00e9l, oralmente o por carta\u00bb (2 Tes 2,15). Dice a los filipenses: \u00abLo que hab\u00e9is aprendido, recibido, o\u00ed\u00addo de m\u00ed\u00ad y observado en m\u00ed\u00ad, eso es lo que deb\u00e9is practicar\u00bb (Flp 4,9). Y a los corintios precisa: \u00abOs he transmitido en primer lugar lo que yo mismo hab\u00ed\u00ada recibido\u00bb (iCor 15,3), \u00abYo he recibido del Se\u00f1or lo que yo a mi vez os he transmitido\u00bb (11,23); en el primer caso se trata de un sumario doctrinal relativo a la muerte y a la resurrecci\u00f3n de Cristo; en el segundo, de un relato lit\u00fargico de la Cena. El objeto de la tradici\u00f3n apost\u00f3lica consiste, pues, tanto en actos como en palabras.<\/p>\n<p>Tales hechos hacen pensar que los materiales esenciales de esta tradici\u00f3n, ya antes de Pablo, como tambi\u00e9n luego en el marco de su predicaci\u00f3n, fueron sometidos a una t\u00e9cnica de transmisi\u00f3n an\u00e1loga a la de la tradici\u00f3n jud\u00ed\u00ada. Ahora bien, es-tos materiales constituyen la sustancia misma de la vida de la Iglesia yla trama del *Evangelio, regla de la fe y de la conducta cristiana. Por eso Lucas puede escribir en el pr\u00f3logo de su obra que \u00abmuchos han tratado de componer un relato de los acontecimientos [evang\u00e9licos], tal como los han transmitido los que fueron desde el principio testigos y servidores de la palabra\u00bb (Lc 1,2). Las colecciones evang\u00e9licas no hacen, pues, m\u00e1s que consignar por escrito una tradici\u00f3n ya existente. Paralelamente a ellas, la Iglesia conserva los gestos y las costumbres legadas por Cristo y practicadas por los ap\u00f3stoles.<\/p>\n<p>3. De la tradici\u00f3n a la Escritura. La tradici\u00f3n apost\u00f3lica tiene sus \u00f3rganos de transmisi\u00f3n. En primer lugar los *ap\u00f3stoles, que la \u00abrecibieron\u00bb de Cristo en persona; Pablo es uno de ellos gracias a la revelaci\u00f3n del camino de Damasco (G\u00e1l 1,1.16). Luego, los maestros que reciben mandato de los ap\u00f3stoles y a los que \u00e9stos conf\u00ed\u00adan la autoridad en las comunidades cristianas (lTim 1,3ss; 4,11; 2Tim 4,2; Tit 1,9; 2,1; 3,1.8). Esta tradici\u00f3n se vierte en formas apropiadas a su naturaleza y a las diferentes funciones que desempe\u00f1a en las comunidades cristianas: desde los relatos sobre Jes\u00fas hasta las profesiones de fe (lCor 15,1ss), desde los formularios lit\u00fargicos (iCor 11, 23ss; Mt 28,19) hasta las oraciones comunes (Mt 6,9-13) y hasta a los himnos cristianos (Flp 2,6-11; Ef 5,14; ITim 3,16; Ap 7,12; etc.), desde las reglas de vida que provienen de Jes\u00fas hasta los esquemas de homil\u00ed\u00adas bautismales (lPe 1,13&#8230;), y as\u00ed\u00ad sucesivamente. El estudio de la tradici\u00f3n apost\u00f3lica exige, pues, una atenci\u00f3n constante a los g\u00e9neros literarios testimoniados en el NT. En efecto, \u00e9ste es, en su diversidad, su expresi\u00f3n formal ocasional, efectuada de modo definitivo bajo el *carisma de la.inspiraci\u00f3n. Como en el AT, la tradici\u00f3n nacida de Cristo y transmitida por los ap\u00f3stoles viene a desembocar as\u00ed\u00ad en la *Escritura.<\/p>\n<p>II. CAR\u00ed\u0081CTER DE LA TRADICI\u00ed\u201cN CRISTIANA. 1. Fuente: la autoridad de Cristo. En el AT la tradici\u00f3n final-mente cristalizada en la Escritura ten\u00ed\u00ada por fundamento la autoridad de los enviados de Dios. En el NT se distingue de la \u00abtradici\u00f3n de los mayores\u00bb (Mt 15,2) y de toda \u00abtradici\u00f3n humana\u00bb (Col 2,8) por el hecho de fundarse en la *autoridad de Cristo. Cristo habl\u00f3 y obr\u00f3 (Act 1,1) dando a sus disc\u00ed\u00adpulos una interpretaci\u00f3n normativa de las antiguas Escrituras (Mt 5,20-48), instruy\u00e9ndolos acerca de lo que habr\u00ed\u00adan de ense\u00f1ar en su *nombre (28,20), d\u00e1ndoles un ejemplo vivo de lo que habr\u00ed\u00adan de hacer (Jn 13,15; Flp 2,5; iCor 11,1). As\u00ed\u00ad como la doctrina predica-da por \u00e9l no era de \u00e9l, sino de aquel que le hab\u00ed\u00ada enviado (Jn 7,16), del mismo modo la tradici\u00f3n apost\u00f3lica sigue conservando en si misma la impronta de Cristo salvador, cuyo esp\u00ed\u00adritu, prescripciones y gestos conserva exactamente. Pero si, caso de no disponer de una palabra precisa de Cristo (cf. lCor 7,25), un ap\u00f3stol emite un parecer personal para resolver un problema pr\u00e1ctico planteado por la vida cristiana, lo hace con la misma autoridad: \u00bfno tiene el \u00abpensamiento de Cristo\u00bb (lCor 2, 16)? En efecto, el *Esp\u00ed\u00adritu de Cristo resucitado mora con los suyos para ense\u00f1arles todas las cosas (Jn 14, 26) y guiarlos en la verdad entera (Jn 16,13). As\u00ed\u00ad pues, no hay diferencia entre la autoridad de los ap\u00f3stoles y la de su Maestro: \u00abEl que os escucha, me escucha; el que os rechaza, me rechaza y rechaza a aquel que me ha enviado\u00bb (Le 10,16).<\/p>\n<p>2. Tradici\u00f3n apost\u00f3lica y tradici\u00f3n de la Iglesia. Si la tradici\u00f3n apost\u00f3lica goza as\u00ed\u00ad de una autoridad \u00fanica, que por lo mismo alcanza a las Escrituras en que ha cristalizado, no por ello se la debe oponer a la tradici\u00f3n de la Iglesia, haciendo de esta una tradici\u00f3n puramente humana, an\u00e1loga a la del juda\u00ed\u00adsmo que fue abolida por Cristo. De la una a la otra hay una continuidad real.<\/p>\n<p>a) Continuidad en el objeto transmitido. La tradici\u00f3n de la era apost\u00f3lica, sin ser propiamente creadora, constitu\u00ed\u00ada todav\u00ed\u00ada un medio en el cual progresaba la revelaci\u00f3n a medida que los ap\u00f3stoles explicitaban el sentido de las palabras y de los actos de Jes\u00fas. La tradici\u00f3n eclesi\u00e1stica es \u00fanicamente conservadora. Su norma qued\u00f3 ya fijada en el NT: \u00abGuarda el dep\u00f3sito\u00bb (1Tim 6,20; 2Tim 1,13s), y este dep\u00f3sito es la tradici\u00f3n apost\u00f3lica. Esta no puede ya recibir elementos verdaderamente nuevos: la *revelaci\u00f3n est\u00e1 cerrada. Su desarrollo en la historia de la Iglesia es de otro orden; no hace sino explicitar las virtualidades con-tenidas en el dep\u00f3sito apost\u00f3lico. Naturalmente la Escritura, testigo inspirado de la tradici\u00f3n apost\u00f3lica, desempe\u00f1a un papel capital en esta conservaci\u00f3n fiel del dep\u00f3sito : es su piedra de toque esencial. Sin embargo, nada nos asegura que todos los elementos del dep\u00f3sito original se consignaran en ella expl\u00ed\u00adcitamente. M\u00e1s a\u00fan: s\u00f3lo la tradici\u00f3n viva conserva una cosa que la Escritura no est\u00e1 en condiciones de comunicar: la inteligencia profunda de los textos inspirados, obra del *Esp\u00ed\u00adritu que act\u00faa en la Iglesia. Gracias a ella, la *palabra fijada en la Escritura sigue siendo siempre la palabra viva de Cristo Se\u00f1or.<\/p>\n<p>b) Continuidad en los \u00f3rganos de transmisi\u00f3n. La tradici\u00f3n de la Iglesia no se transmite en una colectividad an\u00f3nima, sino en una sociedad estructurada y jer\u00e1rquica ; y \u00e9sta no es una mera organizaci\u00f3n humana, sino el *cuerpo mismo de Cristo go-bernado por su Esp\u00ed\u00adritu, en el que las funciones de gobierno perpet\u00faan a trav\u00e9s de los siglos las de los ap\u00f3stoles, disponiendo de su autoridad. Tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad las ep\u00ed\u00adstolas pastora-les establecen normas (p. e. lTim 4, 6s.16; 5,17ss; 6,2-14; 2Tim 1,13s; 2,14ss; 3,14-4,5; Tit 1,9ss; 2,1.7s). Muestran que el criterio del aut\u00e9ntico dep\u00f3sito apost\u00f3lico conservado en la tradici\u00f3n de la Iglesia no es la Escritura sola, sino, conjuntamente, la garant\u00ed\u00ada de los que recibieron la misi\u00f3n de velar por \u00e9l y la gracia para desempe\u00f1ar esta funci\u00f3n: el mismo Esp\u00ed\u00adritu que inspir\u00f3 las Escrituras contin\u00faa asisti\u00e9ndoles (1Tim 4,14; 2Tim 1,6).<\/p>\n<p>c) Continuidad en las formas fundamentales en que se ha fijado literariamente la tradici\u00f3n. Esta permanencia de las formas traduce en forma sensible la permanencia de las funciones y de los medios de vida en la Iglesia. Sin duda los g\u00e9neros evolucionar\u00e1n en la literatura eclesi\u00e1stica con el andar de los tiempos y con las culturas. Pero por encima de esta evoluci\u00f3n las obras m\u00e1s di-versas quedar\u00e1n profundamente marcadas por las formas de la tradici\u00f3n apost\u00f3lica fijada en el NT, y ciertos documentos muy antiguos, sin gozar de una autoridad id\u00e9ntica a la de la Escritura, pueden incluso hacer muy directamente eco a la tradici\u00f3n apost\u00f3lica (s\u00ed\u00admbolos y formularios lit\u00fargicos de la era subapost\u00f3lica).<\/p>\n<p>Sentado esto, importa hacer dos observaciones. 1) Es esencial a la tradici\u00f3n eclesi\u00e1stica evolucionar en sus formas contingentes para conservar el dep\u00f3sito apost\u00f3lico adaptando su presentaci\u00f3n a las \u00e9pocas y a las mentalidades de los hombres a quienes se transmite. 2) Importa no atribuir a la tradici\u00f3n en que est\u00e1 implicada la Iglesia en cuanto tal, todas las formas contingentes que hapodido revestir, y todas las tradiciones &#8211; de valor muy diverso &#8211; que han podido nacer en el transcurso de las edades sucesivas. Pero es evidente que al NT no se le puede pedir la soluci\u00f3n directa de los problemas planteados por esta tradici\u00f3n eclesi\u00e1stica, puesto que, por definici\u00f3n, \u00e9sta no surgi\u00f3 sino a partir del momento en que qued\u00f3 cerrado el canon de los libros inspirados.<\/p>\n<p>-> Escritura &#8211; Ense\u00f1ar &#8211; Revelaci\u00f3n.<\/p>\n<p>LEON-DUFOUR, Xavier, Vocabulario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, Herder, Barcelona, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Vocabulario de las Ep\u00edstolas Paulinas<\/b><\/p>\n<ol>\n<li style=\"text-align: justify;\">Definici\u00f3n. \u00abEn los Padres de la iglesia, la tradici\u00f3n (<em>paradosis<\/em>, <em>traditio<\/em>) significa la revelaci\u00f3n hecha por Dios y entregada a su pueblo fiel por medio de la boca de sus profetas y ap\u00f3stoles. No significa pasar de arriba hacia abajo, sino transmitir\u00bb (<em>Oxford Dictionary of the Christian Church<\/em>, Oxford University Press, London, 1957, p. 1369). <em><a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">HERE<\/a><\/em> (xii, p. 411) est\u00e1 m\u00e1s cerca del uso popular cuando afirma: \u00abLa palabra \u2018tradici\u00f3n\u2019 significa etimol\u00f3gicamente \u2018transmisi\u00f3n\u2019. El concepto de \u2018tradici\u00f3n\u2019, implica por lo tanto (a) un \u2018dep\u00f3sito\u2019 que es transmitido y (b) \u2018depositarios\u2019, es decir, personas que est\u00e1n en posesi\u00f3n de los dep\u00f3sitos y a los que se comisiona para preservarlos y transmitirlos con \u00e9xito a sus sucesores\u00bb. Sin embargo, el uso popular, incluso entre los te\u00f3logos, enfatiza el aspecto no escrito de la tradici\u00f3n, lo cual es normalmente tenido como menos confiable que los documentos escritos. <em><a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">JewEnc<\/a><\/em> (xii, p. 213) define la tradici\u00f3n como \u00abdoctrinas y dichos transmitidos oralmente de padres a hijos y preservados de esta manera por el pueblo\u00bb. En nuestro entendimiento de la tradici\u00f3n, debemos distinguir claramente entre aquello que es tenido oficialmente como un \u00abdep\u00f3sito\u00bb: memorias del pasado de cierta antig\u00fcedad, y las costumbres que en virtud del uso algunos las consideran obligatorias.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Tradici\u00f3n oral. Con raz\u00f3n el estudioso se muestra esc\u00e9ptico hacia informaci\u00f3n basada en un largo per\u00edodo de memoria popular. La investigaci\u00f3n reciente ha establecido que tal tradici\u00f3n es fundamentalmente confiable donde dicha tradici\u00f3n ha existido en una sociedad estable, ha sido recitada en las principales fiestas religiosas o seculares y que se puede verificar por documentos escritos (cf. Albright, <em>From the Stone Age to Christianity<\/em>, pp. 33ss., 40\u201343). Todas estas condiciones estaban presentes en el Antiguo Israel. Nyberg (<em>Studien zum Hoseabuch<\/em>) argumenta que la tradici\u00f3n oral de por lo menos algunos de los primeros libros del AT es de hecho la mejor garant\u00eda de su exactitud en lugar de los escritos de aquel tiempo.<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">III. Tradici\u00f3n y Escritura. Sin entrar en la dif\u00edcil y controversial cuesti\u00f3n de la formaci\u00f3n del canon de la Escritura, es evidente que porciones considerables de la informaci\u00f3n que se encuentra en ella deben haberse transmitido oralmente a trav\u00e9s de un per\u00edodo corto o largo de tiempo (cf. 2 Ti. 1:13; 2:2; 1 Co. 15:13; 11:23, etc.). Pocos cuestionar\u00edan la afirmaci\u00f3n de K. Barth: \u00abEs evidente que existe una tradici\u00f3n anterior a la Sagrada Escritura y en la que se basa la Sagrada Escritura: \u00e9ste es el camino que va desde la revelaci\u00f3n como tal hasta su certificaci\u00f3n escritural\u00bb (<em>Church Dogmatics<\/em>, T &amp; T Clark, Edinburgh, 1956, I, 2, p. 552).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esto no da a la tradici\u00f3n una coexistencia autoritativa con la Escritura. Tan pronto como la Sagrada Escritura comienza a existir por inspiraci\u00f3n divina, toda la tradici\u00f3n queda al margen, incluso aunque pudiera probarse su veracidad debe ceder a la autoridad de la Escritura y ser interpretada por ella. Te\u00f3ricamente podr\u00eda ilustrar la verdad, pero no puede interpretarla.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es enteramente ileg\u00edtimo tratar de penetrar a partir de la Escritura a la tradici\u00f3n detr\u00e1s de ella como lo hace especialmente la Cr\u00edtica de Formas (v\u00e9ase), con la esperanza de llegar a la verdad m\u00e1s objetiva. Esto es ignorar la realidad de la inspiraci\u00f3n e ignora que tanto en el AT como en el NT encontramos una tradici\u00f3n cuidadosamente establecida y transmitida por aqu\u00e9lla, no con memorias inciertas que pudieran enredarse en la transmisi\u00f3n.<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\">\n<li>El valor de la tradici\u00f3n. Valoramos el testimonio hist\u00f3rico de la tradici\u00f3n, cuando encontramos evidencias que la tradici\u00f3n ha sido cuidadosamente preservada, aunque la subordinamos a la iluminaci\u00f3n del Esp\u00edritu en la interpretaci\u00f3n de la Escritura. El ejemplo m\u00e1s patente de esto es el Texto Masor\u00e9tico del AT. Aunque \u00e9ste no tom\u00f3 su forma definitiva actual entre el siglo sexto al noveno d.C., los descubrimientos de Qumr\u00e1n han confirmado el texto conson\u00e1ntico en su forma presente en el primer siglo a.C., con lo que un n\u00famero creciente de eruditos no se muestran muy dispuestos a dejarlo a menos que el sentido y las tradiciones divergentes lo exijan.<\/li>\n<li>Las limitaciones de la tradici\u00f3n. Es un hecho evidente que cuando recurrimos a la ex\u00e9gesis anterior a la \u00e9poca nicena en busca de m\u00e1s luz para los pasajes dif\u00edciles del NT, encontramos que dicha ex\u00e9gesis contiene los puntos de vista m\u00e1s divergentes. Esto ense\u00f1a claramente que no hab\u00eda una tradici\u00f3n teol\u00f3gica autoritativa que vinculara a los ap\u00f3stoles con el segundo siglo. Esto se confirma por los escritos de los padres postap\u00f3stolicos, todos los cuales se desviaron de las normas del NT en algunos sentidos. Es claro que la \u00fanica tradici\u00f3n que tiene alg\u00fan viso de relaci\u00f3n con la iglesia apost\u00f3lica es el tipo de an\u00e9cdotas que coleccion\u00f3 Pap\u00edas.<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">Encontramos mucho de esto en la tradici\u00f3n jud\u00eda. Josefo, como sacerdote y fariseo, tuvo acceso a las dos fuentes principales de la tradici\u00f3n de su tiempo. Sin embargo, poco valor podr\u00eda atribuirse a las pocas adiciones que \u00e9l hace al relato b\u00edblico en sus <em>Antig\u00fcedades<\/em>. Incluso para los per\u00edodos postex\u00edlicos e intertestamentarios \u00e9l nos agrega poco que sea nuevo hasta que \u00e9l mismo se basa en las obras de Nicol\u00e1s de Damasco, historiador de Herodes el Grande. En la Mishnah encontramos una adecuada evidencia de una tradici\u00f3n c\u00faltica y sacerdotal de gran antig\u00fcedad, pero en tanto que \u00e9sta nos ayuda para reconstruir el trasfondo c\u00faltico de la vida de Cristo (p. ej., Edersheim, <em>The Temple<\/em>), es a\u00fan incierta como para ser autoritativa en la interpretaci\u00f3n del AT. La tradici\u00f3n rab\u00ednica que se encuentra en el Talmud y Midrashim, con la excepci\u00f3n de algunos pasajes antiguos de la Mishnah, no puede usarse sin gran cuidado para el per\u00edodo antes del a\u00f1o 70 d.C. y cuanto m\u00e1s se acerca al per\u00edodo macabeo\u2014\u00e9ste puede ignorarse para todo lo anterior\u2014menos confiable es. Tampoco Qumr\u00e1n ha revelado a los esenios como poseedores de una tradici\u00f3n v\u00e1lida. En otras palabras, no existe una tradici\u00f3n v\u00e1lida jud\u00eda o cristiana que nos capaciten o nos den una interpretaci\u00f3n autorizada de la Escritura.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">BIBLIOGRAF\u00cdA<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>HERE<\/em>; E. Nielsen, <em>Oral Tradition<\/em>; C. Salmon, <em>The Infallibility of the Church<\/em>, chap. V; Karl Barth, <em>Church Dogmatics<\/em>, E.T. I, 2, pp. 547\u2013572, II, 2, pp. 458ss.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">H.L. Ellison<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\"><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\"><em>HERE <\/em><\/a><em>Hastings\u2019 Encyclopaedia of Religion and Ethics<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\"><em>JewEnc <\/em><\/a><em>Jewish Encyclopaedia<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\"><\/a>Harrison, E. F., Bromiley, G. W., &amp; Henry, C. F. H. (2006). <em>Diccionario de Teologi\u0301a<\/em> (613). Grand Rapids, MI: Libros Desafi\u0301o.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Teolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p><p style='text-align:justify;'><span lang=ES style=''>(gr. <\/span><span style=''>paradosis<\/span><span lang=ES style=''>). Aquello que se transmite, particularmente ense\u00f1anzas transmitidas por un maestro a sus disc\u00edpulos. El concepto est\u00e1 presente con frecuencia aun cuando no se mencione la palabra. Las referencias principales en los evangelios aparecen en Mt. 15 y Mr. 7, y se relacionan con la tradici\u00f3n jud\u00eda.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>I. Tradici\u00f3n judaica<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>La palabra tradici\u00f3n no aparece en el AT, pero entre los dos testamentos hubo muchas ense\u00f1anzas para explicar el AT que fueron agregadas por los rabinos. La tradici\u00f3n se perpet\u00faa pasando del maestro al alumno, y ya en la \u00e9poca de Jes\u00fas hab\u00eda adquirido su ubicaci\u00f3n al lado de las Escrituras. La igualaci\u00f3n del comentario humano con la revelaci\u00f3n divina fue condenada por el Se\u00f1or. Con la tradici\u00f3n se \u201ctransgrede\u201d la Palabra de Dios, se la \u201cquebranta\u201d, se la \u201cinvalida\u201d, se la hace a un lado, se la rechaza (Mt. 15.3, 6; Mr. 7.8\u20139, 13). Las doctrinas impartidas por la tradici\u00f3n son \u201cmandamientos de hombres\u201d (Mt. 15.9; Mr. 7.6\u20137).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>II. La tradici\u00f3n cristiana<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>Jes\u00fas consideraba que su propia ense\u00f1anza, entregada a sus disc\u00edpulos en forma de comentario, estaba al mismo nivel que la Palabra de Dios. As\u00ed, en el Serm\u00f3n del monte Jes\u00fas cit\u00f3 partes de la Ley, pero puso al lado de la misma sus propias palabras, \u201cpero yo os digo \u2026\u201d (Mt. 5.22, 28, 32, 34, 39, 44; cf. 6.25). El justificativo para proceder de ese modo lo encontramos en su propia persona. Como Mes\u00edas ungido por el Esp\u00edritu, Palabra de Dios hecha carne, s\u00f3lo \u00e9l pod\u00eda ofrecer un comentario v\u00e1lido y autorizado sobre esa Palabra inspirada por el Esp\u00edritu. Del mismo modo las ep\u00edstolas realzan la persona de Cristo en contraste con la tradici\u00f3n. En Col. 2.8 Pablo advierte contra el peligro de ser presa de \u201cfilosof\u00edas y huecas sutilezas, seg\u00fan las tradiciones de los hombres \u2026 y no seg\u00fan Cristo\u201d. As\u00ed, en G\u00e1. 1.14, 16 Pablo abandon\u00f3 la tradici\u00f3n de los ancianos cuando Dios le revel\u00f3 a su Hijo; Cristo no s\u00f3lo dio origen a la verdadera tradici\u00f3n sino que la constituye \u00e9l mismo.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>La tradici\u00f3n cristiana en el NT tiene tres elementos: (<i>a<\/i>) los hechos de Cristo (1 Co. 11.23; 15.3; Lc. 1.2, donde \u201cense\u00f1aron\u201d es traducci\u00f3n de <\/span><span style=''>paredosan<\/span><span lang=ES style=''>); (<i>b<\/i>) la interpretaci\u00f3n teol\u00f3gica de dichos hechos; v\u00e9ase, p. ej., todo el argumento de 1 Co. 15; (<i>c<\/i>) el modo de vida que surge de ellos (1 Co. 11.2; 2 Ts. 2.15; 3.6\u20137). En Jud. 3 la \u201cfe que ha sido una vez dada\u201d abarca estos tres elementos (cf. Ro. 6.17).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Cristo fue dado a conocer por el testimonio apost\u00f3lico; por lo tanto, los ap\u00f3stoles afirman que la tradici\u00f3n trasmitida por ellos deb\u00eda ser recibida como autorizada (1 Co. 11.2; 2 Ts. 2.15; 3.6). V\u00e9ase tambi\u00e9n Ef. 4.20\u201321, donde los lectores no hab\u00edan o\u00eddo a Cristo en la carne, pero en cambio hab\u00edan o\u00eddo el testimonio apost\u00f3lico acerca de \u00e9l. Cristo mand\u00f3 a los ap\u00f3stoles que dieran testimonio de \u00e9l porque ellos hab\u00edan estado con \u00e9l desde el principio; tambi\u00e9n les prometi\u00f3 el don del Esp\u00edritu que hab\u00eda de guiarlos a toda verdad (Jn. 13.26\u201327; 16.13). Esta combinaci\u00f3n de testimonio ocular y testimonio guiado por el Esp\u00edritu produjo una \u201ctradici\u00f3n\u201d verdadera y v\u00e1lida como complemento del AT. As\u00ed, 1 Ti. 5.18 y 2 P. 3.16 colocan la tradici\u00f3n apost\u00f3lica a la par de las Escrituras y la describen como tal.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Una influyente escuela teol\u00f3gica de cr\u00edtica de las formas cuestiona la validez hist\u00f3rica de la tradici\u00f3n neotestamentaria, afirmando que en dicha tradici\u00f3n los cristianos quer\u00edan proclamar al Cristo de la fe m\u00e1s bien que transmitir hechos hist\u00f3ricos. Este inter\u00e9s a su vez los llev\u00f3 a colorear el relato con sus creencias, y por lo tanto la tarea del erudito b\u00edblico consiste en identificar aquello que originalmente pertenec\u00eda a Cristo, y aquello que ha sido agregado por los cristianos primitivos. B. Gerhardsson cuestiona la validez de este presupuesto de la cr\u00edtica de las formas. Se\u00f1ala que los m\u00e9todos sumamente rigurosos de transmisi\u00f3n de la tradici\u00f3n en las escuelas rab\u00ednicas tard\u00edas pueden remontarse a los tiempos del NT. M\u00e9todos tales como el de aprender de memoria, aprendiendo al pie de la letra las palabras mismas dichas por el maestro, el de condensar el material en textos breves, y el uso de libretas para anotaciones eran todos comunes en los d\u00edas de Cristo. Los ap\u00f3stoles y la iglesia primitiva tambi\u00e9n tomaban con toda seriedad la transmisi\u00f3n fidedigna de una tradici\u00f3n v\u00e1lida acerca de Cristo, y no les satisfac\u00eda la transmisi\u00f3n inconsciente de una tradici\u00f3n diluida por la predicaci\u00f3n. Cuando se tiene en cuenta, tambi\u00e9n, el car\u00e1cter \u00fanico de Jes\u00fas a los ojos de la iglesia primitiva, resulta claro que la posibilidad de que se hayan hecho agregados al relato se vuelve aun m\u00e1s remota.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>La obra de Gerhardsson provoc\u00f3 una reacci\u00f3n muy fuerte que cuestionaba la validez de retrotraer al per\u00edodo de la iglesia primitiva los m\u00e9todos de las escuelas rab\u00ednicas posteriores, y se\u00f1alaba el car\u00e1cter distintivo de la ense\u00f1anza cristiana en comparaci\u00f3n con la ense\u00f1anza jud\u00eda contempor\u00e1nea. Si bien Gerhardsson puede haber exagerado su punto de vista, ha demostrado que el ambiente en que fueron escritos los evangelios exig\u00eda la transmisi\u00f3n correcta de la tradici\u00f3n, mientras que no interesaba en la misma medida el completar los hechos con mejoras imaginarias, como han cre\u00eddo algunos entendidos. Las exhortaciones de Pablo relativas a la \u201ctradici\u00f3n\u201d adquieren mayor significaci\u00f3n en este contexto. El oficio apost\u00f3lico estaba limitado a los testigos oculares y, como \u00fanicamente los testigos oculares pod\u00edan dar un testimonio fiel de Cristo en su vida, muerte y resurrecci\u00f3n, la verdadera tradici\u00f3n tambi\u00e9n tiene que ser apost\u00f3lica. Esto lo reconoci\u00f3 la iglesia en a\u00f1os posteriores, cuando se elabor\u00f3 finalmente el canon del NT sobre la base del car\u00e1cter apost\u00f3lico de los libros a incluir. La tradici\u00f3n apost\u00f3lica fue oral en un momento, pero para nosotros est\u00e1 cristalizada en los escritos apost\u00f3licos que contienen el testimonio de que Cristo es Dios, seg\u00fan testimoniaron movidos por el Esp\u00edritu. Otras ense\u00f1anzas, si bien pueden ser instructivas y \u00fatiles, como tambi\u00e9n dignas de nuestra seria consideraci\u00f3n, no pueden aspirar a ser colocadas a la par del AT y el NT como autorizadas, sin que al hacerlo se pongan de manifiesto los mismos defectos por los que la tradici\u00f3n jud\u00eda mereci\u00f3 la condenaci\u00f3n de nuestro Se\u00f1or.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=';text-transform:uppercase'>Bibliograf\u00eda.<\/span><span lang=ES style=''> R. Latourelle, <i>Teolog\u00eda de la revelaci\u00f3n<\/i>, 1977; G. Auzou, <i>Tradici\u00f3n b\u00edblica<\/i>, 1959; L. Alonso Sch\u00f6kel, <i>Comentario a la constituci\u00f3n Dei Verbum sobre la divina revelaci\u00f3n<\/i>, 1969; P. Lengsfeld, \u201cTradici\u00f3n y Sagrada Escritura\u201d, <i>Mysterium salutis<\/i>, 1974, t(t). I, pp. 522\u2013555; <etiqueta id=\"#_ftn568\" name=\"_ftnref568\" title=\"\">id., \u201cLa tradici\u00f3n en el per\u00edodo co<\/etiqueta>nstitutivo de la revelaci\u00f3n\u201d, <i>Mysterium salutis<\/i>, t(t). I, pp. 287\u2013337; K. Rahner, \u201cEscritura y tradici\u00f3n, <i>Sacramentum mundi<\/i>, 1976, t(t). II, cols. 771\u2013779; J. N. D. Kelly, <i>Primitivos credos cristianos<\/i>, 1980.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>O. Cullmann, \u201cThe Tradition\u201d, en <i>The Early Church<\/i>, 1956, pp. 59ss; B. Gerhardsson, <i>Memory and Manuscript<\/i>, 1961, esp. pp. 122\u2013170; id., <i>Tradition and Transmission in Early Christianity<\/i>, 1964; R. P. C. Hanson, <i>Tradition in the Early Church<\/i>, 1962; Y. M. J. Congar, <i>Tradition and Traditions<\/i>, 1966; F. F. Bruce, <i>Tradition Old and New<\/i>, 1970.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal align=right style='text-align:right;line-height:normal'><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><etiqueta id=\"#_ftn569\" name=\"_ftnref569\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt; ;color:green'>D.J.V.L.<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;'>Douglas, J. (2000). Nuevo diccionario Biblico : Primera Edicion. Miami: Sociedades B\u00edblicas Unidas.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mat 15:2; Mar 7:5 quebrantan la t de los ancianos Mat 15:6 hab\u00e9is invalidado el .. por vuestra t Mar 7:3, 8 los jud\u00edos, aferr\u00e1ndose a la t de los Gal 1:14 mucho m\u00e1s celoso de las t de mis padres Col 2:8 seg\u00fan las t de los hombres, conforme a Tradici\u00f3n (gr. par\u00e1dosis, literal &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/tradicion\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abTRADICION\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-4336","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4336","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4336"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4336\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4336"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4336"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4336"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}