{"id":4687,"date":"2016-02-05T00:35:17","date_gmt":"2016-02-05T05:35:17","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/asuncion-de-maria\/"},"modified":"2016-02-05T00:35:17","modified_gmt":"2016-02-05T05:35:17","slug":"asuncion-de-maria","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/asuncion-de-maria\/","title":{"rendered":"ASUNCION DE MARIA"},"content":{"rendered":"<p>para la Iglesia cat\u00f3lica, es la subida al cielo de la Virgen Mar\u00ed\u00ada, en cuerpo y alma. Acerca de este tema, no existen  referencias en las Sagradas Escrituras, sino en los escritos ap\u00f3crifos y pseudoep\u00ed\u00adgrafos, como el protoevangelio de Santiago, as\u00ed\u00ad como en algunas leyendas, en la tradici\u00f3n y devoci\u00f3n a la Virgen Mar\u00ed\u00ada desde tiempos de los primeros cristianos. De acuerdo con lo anterior, la muerte de Mar\u00ed\u00ada se celebraba el 15 de agosto, acontecimiento este que en la Iglesia oriental se denomina la Dormici\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada, que es la misma fecha que el calendario lit\u00fagico de la Iglesia cat\u00f3lica estableci\u00f3 para la fiesta de la A. de la Virgen.<\/p>\n<p>El papa P\u00ed\u00ado IX en 1854, dio a conocer la bula, mediante la cual defini\u00f3 como dogma de fe la Inmaculada Concepci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada, es decir, que la Virgen fue concebida sin pecado original, seg\u00fan sosten\u00ed\u00adan desde la Edad Media los franciscanos, a los cuales se opon\u00ed\u00ada la comunidad de los dominicos. Unido a lo anterior, el evangelista Lucas dice que la Virgen concibi\u00f3 a Jes\u00fas del Esp\u00ed\u00adritu Santo Lc 1, 35. Entonces, libre Mar\u00ed\u00ada de pecado, su cuerpo no estaba sujeto a corrupci\u00f3n, por lo que subi\u00f3 al cielo en cuerpo y alma, y tal cual lo defini\u00f3, como dogma de fe, en noviembre de 1950, el papa P\u00ed\u00ado XII, mediante la constituci\u00f3n apost\u00f3lica Dios munificient\u00ed\u00adsimo.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Digital, Grupo C Service &#038; Design Ltda., Colombia, 2003<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Digital<\/b><\/p>\n<p>[256]<\/p>\n<p>    La creencia antigua de que Mar\u00ed\u00ada hab\u00ed\u00ada recibido el privilegio de ser llevada en cuerpo y alma al cielo, en compa\u00f1\u00ed\u00ada de su amado hijo, fue proclamada doctrina de la Iglesia por el Papa P\u00ed\u00ado XII de forma oficial. Pero hab\u00ed\u00adan transcurrido para entonces 19 siglos de trayectoria de la creencia, si es que ya a mediados del siglo I Mar\u00ed\u00ada hab\u00ed\u00ada muerto en Efeso o en Jerusal\u00e9n y los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas hab\u00ed\u00adan sido conscientes de que su sepulcro hab\u00ed\u00ada quedado vac\u00ed\u00ado por un designio providencial de Dios.<\/p>\n<p>    Desde los primeros tiempos, se tuvo la seguridad de que la Madre del Se\u00f1or hab\u00ed\u00ada seguido la misma trayectoria de su Hijo: vivir para el Reino, morir para cumplir el plan divino, volver a la vida para alentar la esperanza de los dem\u00e1s, subir a los cielos para seguir haciendo una labor de mediaci\u00f3n y de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>     Evidentemente que la diferencia con Jes\u00fas se hizo patente sin fantas\u00ed\u00adas, como las que luego alentaron los escritos ap\u00f3crifos. La recta interpretaci\u00f3n de esa creencia hizo claras las distinciones: Jes\u00fas subi\u00f3 a la gloria del Padre por su propio poder; sin embargo, Mar\u00ed\u00ada fue llevada por el poder de su Hijo (Asunci\u00f3n, no ascensi\u00f3n).<\/p>\n<p>    Jes\u00fas qued\u00f3 a la derecha del Padre para juzgar a vivos y a muertos; Mar\u00ed\u00ada qued\u00f3 junto al Hijo, por asociaci\u00f3n, para seguir una misi\u00f3n de colaboraci\u00f3n; Jes\u00fas entr\u00f3 en su propia gloria y para ejercer su divino poder; Mar\u00ed\u00ada se uni\u00f3, para siempre y en bien de la Iglesia, a la gloria y al poder de sus Hijo divino.<\/p>\n<p>    En ese estado dichoso y singular, bien puede ella ser llamada Reina del Universo, Mediadora de las gracias, Auxiliadora de los pecadores, Modelo de los hombres, Madre de la Iglesia, Protectora de la humanidad y mil t\u00ed\u00adtulos m\u00e1s que se le han atribuido a lo largo de los siglos.<\/p>\n<p>    1. Muerte de Mar\u00ed\u00ada<br \/>\n    El punto de partida de esa creencia fue, desde los primeros tiempos, el hecho de la muerte de Mar\u00ed\u00ada, cuando se terminaron sus d\u00ed\u00adas mortales. Entonces, como a todos los dem\u00e1s, le lleg\u00f3 la hora de dejar de vivir. Los dem\u00e1s fueron al sepulcro. Ella, por singular designio divino, fue llevada al cielo con su Hijo.<\/p>\n<p>    Ning\u00fan dato hist\u00f3rico queda al respecto: d\u00f3nde vivi\u00f3, c\u00f3mo vivi\u00f3, cu\u00e1nto vivi\u00f3 en los a\u00f1os posteriores a la muerte de Jes\u00fas. Lo \u00fanico que sabemos es fue vinculada a Juan, el amado, en la cruz.<\/p>\n<p>    Y sabemos, o intuimos, por qu\u00e9 vivi\u00f3: por la voluntad de su Hijo; y para qu\u00e9 vivi\u00f3: s\u00f3lo para cumplir la voluntad de su Hijo. Su cualidad de criatura humana la somet\u00ed\u00ada a las leyes de la naturaleza mortal. Pero, su dignidad de Madre de Dios, hizo pensar a los primeros cristianos que su tr\u00e1nsito a la otra vida debi\u00f3 revestir caracteres singulares.<\/p>\n<p>    1.1. Datos y tradici\u00f3n<br \/>\n    Las diversas opiniones y tradiciones sobre su muerte, dormici\u00f3n o tr\u00e1nsito, se han apoyado m\u00e1s en la fantas\u00ed\u00ada de los comentaristas que en informaciones veros\u00ed\u00admiles o confluyentes. La m\u00e1s s\u00f3lida fue la tradici\u00f3n de que, despu\u00e9s de un tiempo en Palestina, tal vez en Jerusal\u00e9n, se traslad\u00f3 con Juan a Efeso. Acaso fue en la primera persecuci\u00f3n contra los seguidores de su Hijo (a\u00f1o 34), cuando muri\u00f3 Esteban, o en la segunda que estall\u00f3 con Herodes Agripa (a\u00f1o 44), en la que muri\u00f3 Santiago.<\/p>\n<p>    Si vivi\u00f3 63 o 70 a\u00f1os, como dicen diversas leyendas o pretendidas revelaciones (como la de Santa Br\u00ed\u00adgida), poco antiguas por otra parte, en nada afectan a la tradici\u00f3n cristiana, la cual la mira entregada plenamente a la obra y a la comunidad de los seguidores del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>    Cuando lleg\u00f3 el momento querido por Dios, Mar\u00ed\u00ada concluy\u00f3 su vida de muerte natural, sin que se pueda decir m\u00e1s. Pudo ser de enfermedad o de ancianidad, con clara consciencia o con una suave \u00abdormici\u00f3n\u00bb, como prefirieron decir los cristianos orientales.<\/p>\n<p>     Tal vez aconteci\u00f3 en Efeso, donde seg\u00fan la tradici\u00f3n vivi\u00f3 con el disc\u00ed\u00adpulo amado, Juan, y donde se conserva el llamado sepulcro de Mar\u00ed\u00ada, en el que pudieron reposar sus restos hasta el momento del tr\u00e1nsito. O tal fue en Jerusal\u00e9n, de donde hab\u00ed\u00ada partido para su Reino su divino Hijo. No hay datos fidedignos m\u00ed\u00adnimos al respecto. Las creencias fundadas se detienen en el sentido de que la muerte de Mar\u00ed\u00ada fue un hecho natural, lleno de paz, de amor a Dios y de consuelo para los cristianos de la Iglesia primitiva, a la que ella ayud\u00f3 a afianzarse en los primeros momentos.<\/p>\n<p>    1.2. Creencias y testimonios.<\/p>\n<p>    Los primeros Padre reconocen y declaran que Mar\u00ed\u00ada tuvo que morir de verdad, porque su divino Hijo hab\u00ed\u00ada muerto. As\u00ed\u00ad lo expresan Or\u00ed\u00adgenes (Com. a Juan 2. 12), San Efr\u00e9n (Himnos 15. 2), San Jer\u00f3nimo (contra Rufo 11. 5), San Agust\u00ed\u00adn (In Joan. 8.9), por citar algunos significativos o que mejor resumieron la primera mariolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>    Pero otras opiniones diferentes se extendieron ya en los siglos V y VI. La forma de pasar al cielo, en las tradiciones diferentes, aluden a la vida de amor divino y de expectativa que llev\u00f3 cada vez m\u00e1s intensa. Su partida fue m\u00e1s un sue\u00f1o de amor a Dios que un espasmo violento de agon\u00ed\u00ada. La idea de la \u00abdormici\u00f3n\u00bb fue muy explotada en la liturgia de las Iglesias orientales.<\/p>\n<p>    En esa situaci\u00f3n, es la \u00fanica criatura inmortal (a imitaci\u00f3n de El\u00ed\u00adas y de Henoc, en interpretaci\u00f3n de los promotores de esa opini\u00f3n). Y la raz\u00f3n estuvo en su ausencia de pecado. Si ella no hab\u00ed\u00ada conocido el pecado, \u00abpor el cual entr\u00f3 la muerte en el mundo\u00bb (Rom. 5. 12 y 8. 10), no ten\u00ed\u00ada por qu\u00e9 morir. As\u00ed\u00ad lo pensaba en el siglo VI el presb\u00ed\u00adtero Timoteo de Jerusal\u00e9n, (Oraci\u00f3n sobre Sime\u00f3n), que afirm\u00f3 que, llevada al cielo, se manten\u00ed\u00ada inmortal por deseo de su divino y omnipotente Hijo.<\/p>\n<p>    Pero los seguidores de esta idea de inmortalidad fueron escasos en n\u00famero y significaci\u00f3n, en contrapartida con la mayor parte de los Padres y escritores, defensores de la mortalidad de Mar\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>    En la Edad Media la creencia en la muerte de Mar\u00ed\u00ada fue general. El Papa Adriano I envi\u00f3 al emperador Carlomagno entre el 784 y el 791 un Sacramentarium, en el que se contiene la oraci\u00f3n que refleja la creencia pontificia: \u00abVenerada es por nuestra parte, Se\u00f1or, esta festividad que nos recuerda la muerte temporal de la Madre de Dios.\u00bb<br \/>\n    La muerte de Mar\u00ed\u00ada no fue castigo del pecado, pues ella no tuvo pecado. Fue natural sujeci\u00f3n a las leyes de la naturaleza, queridas e impuestas por Dios a su misma Madre. Adem\u00e1s, con ella no hizo otra cosa que imitar a su divino Hijo, el cual tambi\u00e9n muri\u00f3 cuando lleg\u00f3 el momento de cumplir los planes divinos.<\/p>\n<p>    2. Asunci\u00f3n al cielo<br \/>\n    Sin que podamos precisar c\u00f3mo ni cu\u00e1ndo, la creencia primitiva de la Iglesia fue que, despu\u00e9s de morir, el cuerpo de la que no hab\u00ed\u00ada conocido la corrupci\u00f3n del pecado tampoco conoci\u00f3 la corrupci\u00f3n del sepulcro. A su debido tiempo y de la forma que s\u00f3lo Dios sabe, fue tomada por su Hijo y llevada al cielo.<\/p>\n<p>    Pero la cuesti\u00f3n que dividi\u00f3 en el pasado las opiniones fue si fue simplemente un traslado de su cuerpo sagrado como signo de su dignidad y a imitaci\u00f3n del cuerpo de su Hijo, o si hubo mucho m\u00e1s que eso: resurrecci\u00f3n, vida, actividad espiritual, etc. Su vuelta a la vida por la reuni\u00f3n de su alma con su cuerpo fue lo m\u00e1s defendido.<\/p>\n<p>    Aunque suponga entrar un poco en la especulaci\u00f3n y en el intento ingenuo de querer comprender lo incomprensible y de explicar lo inexplicable, lo que se debe decir es que Mar\u00ed\u00ada vive en \u00abel cielo\u00bb, no en el firmamento; que \u00absubi\u00f3\u00bb misteriosamente, no materialmente; y que su existencia no es ahora natural sino sobrenatural, pero real. Y que la mente del hombre no es capaz de abarcar este hecho o situaci\u00f3n, pues no es lo mismo invisible que sobrenatural.<\/p>\n<p>    2.1. Raz\u00f3n doctrinal<br \/>\n    La doctrina religiosa es clara, sencilla y universal: Mar\u00ed\u00ada fue llevada al cielo en cuerpo y en alma. Est\u00e1 viva y tiene una funci\u00f3n eclesial permanente por decisi\u00f3n divina. Es algo que Dios ha querido y como tal debe ser asumido.<\/p>\n<p>    Las explicaciones de los comentaristas resultaron muy diversas a lo largo de los siglos. Fueron desde la suposici\u00f3n de una vida ulterior din\u00e1mica, consciente, al estilo de la que tuvo en la tierra, vinculada con los seguidores de Jes\u00fas a lo largo de los siglos, hasta una visi\u00f3n m\u00e1s simb\u00f3lica, m\u00ed\u00adstica, vaporosa. Pero la orientaci\u00f3n eclesial fue superando ambos extremos demasiado humanos, ante el predominio de una interpretaci\u00f3n sobrenatural, ajena a todas las categor\u00ed\u00adas naturales que se puedan imaginar desde la experiencia humana.<\/p>\n<p>    Lo mejor ante las diversas opiniones y comentarios es situar la Asunci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada en clave de misterio. El dogma que la Iglesia definir\u00ed\u00ada (P\u00ed\u00ado XII, 1950) ya muy recientemente, quedar\u00ed\u00ada condensado en conceptos y terminolog\u00ed\u00adas sencillas: elevaci\u00f3n, uni\u00f3n de cuerpo y alma, al final de su vida terrena, por voluntad de Dios, a ejemplo de Jes\u00fas, etc. La definici\u00f3n centr\u00f3 la atenci\u00f3n y la intenci\u00f3n en el hecho y no en sus circunstancias. La primera creencia se transform\u00f3 as\u00ed\u00ad en dogma (en doctrina obligatoria de creer). Defini\u00f3 la Asunci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada al cielo y su efecto: la presencia permanente all\u00ed\u00ad en cuerpo y alma.<\/p>\n<p>    Todo lo dem\u00e1s: si muri\u00f3 o no, si ahora vive en forma consciente o no, si fue pronto o tarde, si lo supieron los Ap\u00f3stoles como experiencia directa o por creencia difusa posterior, no entra en el texto de la definici\u00f3n.<\/p>\n<p>    Lo normal es pensar que Mar\u00ed\u00ada recibi\u00f3 de Dios un tipo de vida resucitada misteriosa e inexplicable naturalmente. Y es f\u00e1cil de entender que su situaci\u00f3n desde entonces es semejante a la de su divino Hijo: es decir, vive y act\u00faa desde el cielo en conformidad con los planes de Dios, piensa y ama, se relaciona y se proyecta, pero todo ello en forma \u00absobrenatural\u00bb y no f\u00ed\u00adsica o natural.<\/p>\n<p>  2. 2. Aspectos parciales<br \/>\n    En el misterio hermoso y consolador de su Asunci\u00f3n, Mar\u00ed\u00ada nos se\u00f1ala a los dem\u00e1s el camino que hemos de seguir y el ideal al que hemos de aspirar.<\/p>\n<p>    Subi\u00f3 en cuerpo y alma a los cielos y se\u00f1al\u00f3 el destino de todos los humanos, aunque ellos conozcan la corrupci\u00f3n de sus cuerpos en el sepulcro. Y esto suena como contrasentido en el mundo presente, lleno de ciencia, sensorialidad y demostraciones emp\u00ed\u00adricas. Por eso, la Asunci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada escapa a las leyes cosmol\u00f3gicas y, por tanto, a las posibilidades de explicaci\u00f3n racional.<\/p>\n<p>    Nunca como hoy el sendero del cielo se infravalora tanto y se desea tanto la permanencia en la tierra. Mar\u00ed\u00ada sube al cielo, para decirnos lo mismo que Jes\u00fas nos dijo al marchar: \u00abEn casa de mi Padre hay muchas moradas. Una vez que me haya ido y os haya preparado lugar, volver\u00e9 y os llevar\u00e9 conmigo, a fin de que pod\u00e1is estar donde yo voy a estar a partir de ahora\u00bb.  (Jn. 14.1-3)<\/p>\n<p>    2.3. Argumentos diversos<br \/>\n    La defensa de la Asunci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada se apoya al m\u00e1ximo en determinadas razones de conveniencia, de preeminencia y de excelencia. La principal de ellas est\u00e1 en la dignidad de Madre de Dios, que lo fue con toda su persona: con su cuerpo en la gestaci\u00f3n y con su alma en la disposici\u00f3n. El cuerpo, en el cu\u00e1l se hab\u00ed\u00ada formado el cuerpo de Jes\u00fas, no parec\u00ed\u00ada compatible con la corrupci\u00f3n del sepulcro. Y el alma de la Madre del Se\u00f1or, la base de su persona, no deber\u00ed\u00ada quedar separada del cuerpo.<\/p>\n<p>    Su participaci\u00f3n en la obra redentora de Cristo, en la encarnaci\u00f3n, en la evangelizaci\u00f3n, en la pasi\u00f3n, reforzaba esa raz\u00f3n de conveniencia, pues ella, por ser Madre del Redentor, tuvo misi\u00f3n singular en la trayectoria terrena de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>    Era conveniente que, despu\u00e9s de consumado el curso de su vida sobre la tierra, recibiera el fruto pleno de la redenci\u00f3n, que consiste en la glorificaci\u00f3n del cuerpo y del alma, la cual recibi\u00f3 despu\u00e9s de subir al cielo.<\/p>\n<p>    La \u00e9poca escol\u00e1stica conoci\u00f3 muchos testimonios a favor de esta creencia primitiva. Se apoy\u00f3 en la originalidad de Mar\u00ed\u00ada, ensalzada por la Escritura Sagrada como llena de gracia, y en el argumento de que la muerte fue el castigo del pecado original que Mar\u00ed\u00ada no hab\u00ed\u00ada conocido. Si el castigo termin\u00f3 con la sanci\u00f3n de \u00abvolver a la tierra, para convertirse en polvo\u00bb (Gn. 3. 17), Mar\u00ed\u00ada no fue portadora de la causa del castigo, el pecado, y no deber\u00ed\u00ada recibir la pena del mismo, la corrupci\u00f3n.<\/p>\n<p>    En consecuencia, ella deber\u00ed\u00ada recibir de Dios un trato diferente por su cualidad de santa, de virgen fecunda y, es lo m\u00e1s importante, de Madre suya, singularmente amada. Es f\u00e1cil simpatizar con el razonamiento que fueron perfilando en este per\u00ed\u00adodo los grandes te\u00f3logos marianos, basados en su inmunidad de todo pecado.<\/p>\n<p>    2.4. Ecos b\u00ed\u00adblicos<br \/>\n    Lo m\u00e1s dif\u00ed\u00adcil siempre result\u00f3 entresacar en la Sda. Escritura argumentos claros o aproximados al respecto. De hecho, aunque la creencia en la Asunci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada fue compartida con normalidad desde los primeros tiempos, los apoyos b\u00ed\u00adblicos fueron fr\u00e1giles y hubo que compensar con piedad popular su carencia.<\/p>\n<p>    Los te\u00f3logos aluden a veces al sentido t\u00ed\u00adpico de diversos pasajes para iluminar con ellos el misterio de la asunci\u00f3n corporal. Entre los m\u00e1s citados, se hallan el emblema de la mujer del Apocalipsis \u00abtriunfadora del gran Drag\u00f3n\u00bb (Apoc. 12. 1); el Salmo 131. 8, que habla de c\u00f3mo Yaweh \u00ablleva a sus elegidos al lugar del descanso\u00bb; o la pregunta del Cantar de los Cantares (8. 5): \u00ab\u00bfQui\u00e9n es \u00e9sta que sube del desierto[en la Vulgata se a\u00f1ade: rebosante de delicias], recostada sobre su amado?\u00bb<br \/>\n    Algunos te\u00f3logos posteriores quisieron enlazar tambi\u00e9n, con el G\u00e9nesis, cap\u00ed\u00adtulo 3, la glorificaci\u00f3n corporal de Mar\u00ed\u00ada. Se insinuar\u00ed\u00ada en el mismo pasaje en que se habla, como un signo m\u00e1s, de la victoria de la mujer sobre los poderes del mal.<\/p>\n<p>   El dogma se apoy\u00f3 sobre todo con las razones s\u00f3lidas de los te\u00f3logos y escritores, sin necesidad de explorar demasiado la Escritura.<\/p>\n<p>    3. Evoluci\u00f3n del dogma<br \/>\n    Las creencias primitivas se pierden en las actitudes religiosas generales de los primeros cristianos. Pero hay un hilo conductor constante, que es la conciencia de la singularidad de Mar\u00ed\u00ada, en cuanto Madre de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>    3.1. Tiempos antiguos<br \/>\n    La idea de la Asunci\u00f3n corporal de la Virgen se halla expresada inicialmente en los relatos ap\u00f3crifos sobre el tr\u00e1nsito de la Virgen, que datan de los siglos V y VI. Aunque tales relatos no posean valor hist\u00f3rico ni dogm\u00e1tico, conviene hacer distinci\u00f3n entre su importancia como eco de creencias ambientales de cierta difusi\u00f3n y su valor objetivo de doctrina religiosa de algunas comunidades.<\/p>\n<p>    Nadie duda de que, al margen de los detalles fantasiosos que recogen, reflejan una simpat\u00ed\u00ada m\u00e1s o menos divulgada por la creencia. Un ap\u00f3crifo copto del S. VI llega a poner la fecha de la muerte el 18 de Enero y el dato de que 112 d\u00ed\u00adas despu\u00e9s, es decir el 15 de Agosto, se hall\u00f3 su sepulcro vac\u00ed\u00ado.<\/p>\n<p>    Parece que fue en Jerusal\u00e9n donde por primera vez se conmemor\u00f3 tal festividad el 15 de Agosto, fecha que pas\u00f3 a ser de aceptaci\u00f3n universal cuando el emperador Mauricio mand\u00f3 hacia el a\u00f1o 600 celebrarla en todo su reino.<\/p>\n<p>    El primer escrito eclesi\u00e1stico de cierto valor teol\u00f3gico que habla de la Asunci\u00f3n corporal de Mar\u00ed\u00ada es el comentario de Gregorio de Tours (+ 594), que lo da como hecho indiscutible (Mir\u00e1cula 1. 4). Sigue en su argumentaci\u00f3n el relato ap\u00f3crifo del siglo V, el \u00abTr\u00e1nsito de la Bienaventurada Virgen Mar\u00ed\u00ada\u00bb. Este texto se divulg\u00f3 en diversas lenguas: griego, lat\u00ed\u00adn, copto, siriaco incluso \u00e1rabe.<\/p>\n<p>    Para entonces ya se celebraba la fiesta de la muere de Mar\u00ed\u00ada en la Iglesia de Oriente, por ejemplo en Antioqu\u00ed\u00ada. En otros lugares se hac\u00ed\u00ada, el domingo antes de Navidad.<\/p>\n<p>    Se conservan diversos sermones antiguos en honor del tr\u00e1nsito de Mar\u00ed\u00ada, el primero de los cu\u00e1les es el del Obispo Teotectos de Palestina que, hacia el 550, argumenta sobre la raz\u00f3n de tal privilegio. Considera como raz\u00f3n fundamental el que Mar\u00ed\u00ada est\u00e1 viva, en cuerpo y alma, en el cielo, a fin de poder interceder por los cristianos: \u00abHasta cuando estaba en la tierra, moraba ya en el cielo y hablaba con los \u00e1ngeles y era la embajadora de la humanidad ante el Rey sin m\u00e1cula. El la glorific\u00f3 verdaderamente y la glorificar\u00e1 mucho m\u00e1s.\u00bb<br \/>\n    Las ense\u00f1anzas asuncionistas se hacen ya normales desde el siglo VIII, en escritos como los de Modesto de Jerusal\u00e9n (hacia 700), de Germ\u00e1n de Constantinopla (+ 733), de Andr\u00e9s de Creta (+ 740), de Juan de Damasco (+ 749) y de Teodoro de Estudi\u00f3n (+ 826).<\/p>\n<p>    En Occidente, la celebraci\u00f3n de la Asunci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada se divulg\u00f3 tambi\u00e9n desde el siglo VII. Algunos textos sobre este hecho, como un serm\u00f3n hacia el a\u00f1o 700 atribuido a Germ\u00e1n de Constantinopla, tuvieron amplia difusi\u00f3n.<\/p>\n<p>    3. 2. Tiempos medievales<br \/>\n    Los siglos medievales fueron ya prol\u00ed\u00adficos en confesiones asuncionistas. Por ejemplo, el martirologio de Usuardo, del siglo VIII, que se le\u00ed\u00ada en el coro de muchos conventos y cabildos, admit\u00ed\u00ada y proclamaba la Asunci\u00f3n como fiesta de gran devoci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>    Tal vez la m\u00e1s clara, sistem\u00e1tica e influyente de las argumentaciones fue la que apareci\u00f3 en el tratado \u00abAd interrogate\u00bb, atribuido a S. Agust\u00ed\u00adn, pero ciertamente redactado hacia el siglo XII. En \u00e9l se apoya la raz\u00f3n \u00faltima de la Asunci\u00f3n en la Maternidad divina y en la carencia de pecado original. Ser\u00ed\u00adan los argumentos m\u00e1s s\u00f3lidos y definitivos y los grandes te\u00f3logos del XII y XIII se basar\u00ed\u00adan en sus razones para explicar el misterio asuncionista.<\/p>\n<p>    As\u00ed\u00ad vemos en S. Bernardo que, en cuatro sermones sobre el tema, la acepta como presente en el cielo, aunque no acierta a explicar la realidad de su asunci\u00f3n en cuerpo. Y lo mismo ocurre en S. Anselmo, que explicita la acci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada en el cielo de forma exaltada, seg\u00fan su estilo literario, sin llegar a afirmaciones contundentes sobre su presencia viva y resucitada.<\/p>\n<p>    Las razones de Santo Tomas de Aquino, como todas las suyas, son l\u00f3gicas y objetivas, con un fuerte sabor cristol\u00f3gico que es su nota teol\u00f3gica distintiva. En S. Buenaventura, los afectos cobran m\u00e1s importancia que las razones. Ambos santos representan ya las dos corrientes mayoritarias de dominicos y franciscano, los cuales, en este dogma, a diferencia del inmaculista, estuvieron muy concordes y medidos. Los carmelitas, servitas, cartujos y otras Ordenes contempor\u00e1neas, as\u00ed\u00ad como algunas de las militares, tuvieron tal creencia de forma uniforme en sus actos de piedad y en sus predicaciones.<\/p>\n<p>    3. 3. Los tiempos renacentistas<br \/>\n    Diversos escritores del siglo XV y del XVI cantaron las grandezas de Mar\u00ed\u00ada, ya presente en el cielo en cuerpo y alma. El excelente catequista que fue Juan Gerson, canciller de la Universidad de Par\u00ed\u00ads, resaltaba en su obra \u00abEl Magn\u00ed\u00adficat\u00bb el inestimable cuidado que desde el cielo ejerce la Santa Madre del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>    El ardiente predicador S. Bernardino de Siena (+1444), en sus a veces exagerados sermones populares se encomienda al amoroso y gran poder que ejerce la Madre de Dios y a las ayudas que otorga a sus devotos.<\/p>\n<p>    Las diversas Ordenes que, despu\u00e9s de la Reforma protestante y de la reacci\u00f3n de Trento se van ellas mismas reformando, coinciden en sus devociones asuncionistas y en los escritos de sus reformadores, como es el caso de Sta. Teresa de Jes\u00fas, se ensalzan sin vacilaci\u00f3n las grandezas de Mar\u00ed\u00ada que vive y reina en el cielo.<\/p>\n<p>    En la reforma del Breviario que hizo P\u00ed\u00ado V en 1568 se dio relevancia a la fiesta de la Asunci\u00f3n corporal de Mar\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>    La devoci\u00f3n a la fiesta de la Asunci\u00f3n cobr\u00f3 enorme auge en el mundo cat\u00f3lico a partir del siglo XVII, que se hizo universal y familiar.<\/p>\n<p>    En 1668 tuvo lugar en Francia una pol\u00e9mica con diversos escritos en torno a la Asuncion. Estuvo motivada por haber vuelto a poner en vigor el cabildo de Ntre. Dame de Par\u00ed\u00ads la lectura diaria del martirologio de Usuardo, suprimido un siglo antes. Algunos autores, como Juan Launoy (+ 1678) defendieron el punto de vista de Usuardo y su expl\u00ed\u00adcita alabanza del hecho asuncionista como dogma religioso, aunque todav\u00ed\u00ada no definido, pero que algunos trataban de reducir a simple y popular creencia.<\/p>\n<p>    Benedicto XIV (1740-1758) reclam\u00f3 la doctrina de la Asunci\u00f3n como \u00abuna piadosa y probable opini\u00f3n\u00bb, pero sin querer por ello decir como Papa que perteneciera al dep\u00f3sito de la fe.<\/p>\n<p>    En el siglo XIX, dentro del esp\u00ed\u00adritu de la restauraci\u00f3n postnapole\u00f3nica, se fueron incrementando los deseos de muchos de que esta verdad fuera proclamada como dogma por la Iglesia.<\/p>\n<p>    El a\u00f1o 1849 se elevaron a la Sede Apost\u00f3lica las primeras peticiones organizadas por diversos Obispos, a fin de que se declarara esta doctrina como dogma de fe. Veinte a\u00f1os despu\u00e9s, en el Concilio ecum\u00e9nico Vaticano I fueron casi doscientos los Obispos que suscribieron una solicitud en favor de la definici\u00f3n. Aunque los efectos fueron nulos por motivo de la abrupta interrupci\u00f3n del Concilio, la tendencia fue transform\u00e1ndose de arroyo en r\u00ed\u00ado cada vez m\u00e1s caudaloso. Desde comienzos de siglo XX, las peticiones se incrementaron.<\/p>\n<p>    Y fue ya a mediados de siglo cuando, despu\u00e9s de que el episcopado en pleno respondiera de forma casi un\u00e1nime a una consulta oficial del Papa P\u00ed\u00ado XII en 1946, cuando se precis\u00f3 la definici\u00f3n dogm\u00e1tica. El mismo Papa proclam\u00f3 la doctrina un\u00e1nime del Magisterio ordinario y la fe universal del pueblo cristiano el  1 de Noviembre de 1950, con la Constituci\u00f3n apost\u00f3lica \u00abMunificent\u00ed\u00adissimus Deus\u00bb. Las palabras definitorias eran precisas y estudiadas: \u00abPara gloria de Dios omnipotente, para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte, para aumento de la gloria de la misma augusta Madre y gozo y regocijo de toda la Iglesia, por la autoridad de nuestro Se\u00f1or Jesucristo, de los Santos ap\u00f3stoles Pedro y Pablo y por la nuestra propia, proclamamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen Mar\u00ed\u00ada, cumplido el curso de su vida terrestre, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial.\u00bb<\/p>\n<p>     4. Asunci\u00f3n y catequesis<\/p>\n<p>     La presencia viva y activa de Mar\u00ed\u00ada en el cielo, es decir despu\u00e9s del hecho de su asunci\u00f3n, es un objeto de fe cat\u00f3lica y no solamente una leyenda, una f\u00e1bula o una creencia tradicional. Tal es la doctrina religiosa objeto de ense\u00f1anza y tambi\u00e9n es fuente de inspiraci\u00f3n de vida cristiana<br \/>\n    Ambos aspectos implican compromisos en la catequesis.<\/p>\n<p>    4.1. Ense\u00f1anza doctrinal<br \/>\n    Lo primero es convertirlo en objeto de ense\u00f1anza. En cuanto dogma requiere clara y serena presentaci\u00f3n, en conformidad con la edad y madurez espiritual de los catequizandos.<\/p>\n<p>    Se debe presentar con perspectiva eclesial, es decir a la luz de lo que la Iglesia ense\u00f1a, y no con dimensi\u00f3n personal. Por eso en la presentaci\u00f3n de este misterio objeto de fe debe primar las expresiones y los planteamientos eclesiales y no las ocurrencias personales o pasajeras.<\/p>\n<p>    Por eso debe ser puesto en su sitio, lo que es equivalente a decir que no debe ser desenfocado en su importancia, pero tampoco minimizado. Si Jes\u00fas ha querido que su Madre est\u00e9 en cuerpo y en alma en el cielo, como s\u00ed\u00admbolo y recuerdo de lo que va a ser el porvenir de cada uno de sus seguidores, mal har\u00ed\u00ada el catequista en resaltar s\u00f3lo los aspectos marginales del dogma, a costa de su verdadera perspectiva cristol\u00f3gica, escatol\u00f3gica y eclesial.<\/p>\n<p>    4.2. Fuente de piedad<br \/>\n    Es misterio cristiano con gran fuerza para animar la piedad de los cristianos. En la catequesis hay que saber aceptar y aprovechar su dimensi\u00f3n moral, digna de hacerse notar. Ha calado hondamente en la Iglesia, tanto en sus pastores y te\u00f3logos, como en el pueblo fiel.<\/p>\n<p>    Es recuerdo permanente del destino humano y por eso aliento a la esperanza de nuestra resurrecci\u00f3n de la carne, de nuestra vida perdurable, de la confianza en que seguiremos el mismo camino que abri\u00f3 la Madre del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>    Debemos mirar a Mar\u00ed\u00ada en el cielo, no como simple figura decorativa de la corte celestial, aunque la situemos en el lugar m\u00e1s excelente, sino como consuelo, modelo y reclamo que ayudara a los mortales a situarse ante la eternidad.<\/p>\n<p>    Por eso la piedad cristiana la ha llenado de invocaciones y t\u00ed\u00adtulos vinculados con su activa labor con los peregrinos de esta vida, que la miran como estrella de la ma\u00f1ana, pero tambi\u00e9n de la tarde.<\/p>\n<p>    Se la llama Reina de los \u00e1ngeles, pero tambi\u00e9n se la considera \u00abReina de los ap\u00f3stoles, Reina de los m\u00e1rtires, Reina de las v\u00ed\u00adrgenes, Reina de los confesores, Reina de los pecadores, Reina del mundo y la paz\u00bb. (Letan\u00ed\u00adas lauretanas)<\/p>\n<p>    Dentro de la visi\u00f3n del Cuerpo M\u00ed\u00adstico de Cristo (1. Cor. 12), de la Vid llena de savia (Jn.15.1-7), de la Barca en la que trabajan los pescadores del Se\u00f1or (Mc. 6. 51. Lc. 5.7), Mar\u00ed\u00ada tiene un puesto destacado. Pero no lo tienen en cuanto figura hist\u00f3rica que vivi\u00f3 en la tierra y culmin\u00f3 su carrera mortal, sino en cuanto Madre de todos los hombres que sigue viva y atenta sus caminos.<\/p>\n<p>    Esta dimensi\u00f3n de piedad vital es elemento catequ\u00ed\u00adstico de primer orden a todas las edades. Lo es, sobre todo, en los momentos madurativos, en los que el adolescente y el joven asumen sus compromisos cristianos m\u00e1s conscientes.<\/p>\n<p>    4.3. Consignas.<\/p>\n<p>    Por eso el educador de la fe har\u00e1 bien en clarificar sus criterios en este terreno doctrinal y pastoral.<\/p>\n<p>    4.3.1. Mar\u00ed\u00ada vive<br \/>\n    La consideraci\u00f3n de que Mar\u00ed\u00ada vive y Reina de forma activa, debe mover a los catequistas a resaltar la tarea salv\u00ed\u00adfica que ejerce con los cristianos. Har\u00e1 de Mar\u00ed\u00ada un est\u00ed\u00admulo para el compromiso cristiano.<\/p>\n<p>    La catequesis debe mirar esta verdad religiosa como fuente fecunda de actitudes personales o colectivas, siempre operativas: sentido de la oraci\u00f3n, invitaci\u00f3n a las obras de caridad, sensibilidad ante los deberes profesionales, etc. Ella nos ayuda en el camino, pero es preciso actuar con responsabilidad y conciencia. Mar\u00ed\u00ada est\u00e1 en el cielo porque cumpli\u00f3 la voluntad de Dios. Nosotros iremos al cielo si cumplimos esa misma y santa voluntad cada d\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>    4.3.2 Es un misterio<br \/>\n    Es preciso clarificar la naturaleza del dogma, superando las leyendas y las curiosidades ingenuas de los ap\u00f3crifos, que rozan el terreno e la superstici\u00f3n si es que determinados detalles no incurren en ella. El educador resaltar\u00e1 lo esencial del misterio, que es la fidelidad de Mar\u00ed\u00ada a Jes\u00fas y no la perspectiva antropom\u00f3rficas con que a veces lo adornamos: trono, luces, flores, sonrisas tiernas, colores vivos, en la iconograf\u00ed\u00ada mariana.<\/p>\n<p>    Hay que fomentar la fe en la verdad que es objeto del misterio, no s\u00f3lo en las figuras humanas y sensibles en que lo simbolizamos o apoyamos.<\/p>\n<p>    La Asunci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada, como todo misterio cristiano, tiene que presentarse con la sobriedad, claridad y solidez de lo dogm\u00e1tico.<\/p>\n<p>    4.3.3. Es el modelo<br \/>\n    Mar\u00ed\u00ada, subida al cielo en cuerpo y alma, anima a los cristianos continuamente a mirar la vida eterna como la llamada definitiva del hombre y la vida presente como el tr\u00e1nsito temporal u contingente hacia ella.<\/p>\n<p>    Por lo tanto, hay que ense\u00f1ar a relativizar los ideales y anhelos de este mundo y hay que magnificar los que transportan al hombre hacia la vida eterna. Entre ambos no hay oposici\u00f3n, sino complementaci\u00f3n. Se debe contemplar a la Madre de Dios glorificada m\u00e1s con fe que con admiraci\u00f3n, m\u00e1s con alegr\u00ed\u00ada que con sorpresa. Ella es modelo de armon\u00ed\u00ada entre su misi\u00f3n doble: la terrenal y la celestial, entre lo que hizo en la tierra y lo que hace en el cielo.<\/p>\n<p>    Con frecuencia la ascesis cristiana tiende a resaltar cierta contradicci\u00f3n entre ambas dimensiones. Las l\u00ed\u00adneas antropol\u00f3gicas de la vida moderna no van por ese camino. Mar\u00ed\u00ada puede convertirse en un modelo, camino o reclamo para lograr la sinton\u00ed\u00ada entre ambas vidas, pues ella tiene la clave: la voluntad divina. Es lo que dio sentido a su vida terrena, y la raz\u00f3n de ser de su actuaci\u00f3n en el cielo.<\/p>\n<p>    4.3.4. Es ideal cristiano<br \/>\n    La oraci\u00f3n y la pr\u00e1ctica de las virtudes que se resaltan en la Asunci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada: grandeza de \u00e1nimo, elevaci\u00f3n de miras, amor a Jes\u00fas&#8230; son un programa excelente para los educadores de la fe, que pueden apoyarse en un soporte firme, como es el atractivo de un modelo materno y de una mujer sublimada hasta los umbrales de lo divino. Fidelidad, generosidad, rechazo del pecado, virginidad, delicadeza, esp\u00ed\u00adritu de oraci\u00f3n, presencia de Dios&#8230; etc., se hallan en el recordatorio que la Asunci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada representa para todos los cristianos de buena voluntad.<\/p>\n<p>    El saber presentar a Mar\u00ed\u00ada como modelo de esas actitudes radicales del cristiano supone el mejor apoyo did\u00e1ctico para una buena catequesis, sobre todo en las edades de la infancia adulta, de la preadolescencia y de la juventud. IDEAS PARA UNA CATEQUESIS SOBRE LA ASUNCI\u00ed\u201cN DE MARIA Mois\u00e9s subi\u00f3 al SINAI   1\u00c2\u00aa subida: Ex.19.1 a 20.21: &#8211; El pueblo qued\u00f3 atr\u00e1s.<\/p>\n<p>   &#8211; Tuvo miedo y huy\u00f3.<\/p>\n<p>   &#8211; Se hizo un \u00ed\u00addolo y lo ador\u00f3<br \/>\n    2\u00c2\u00aa subida Ex. 34. 1-13.<\/p>\n<p>   &#8211; Obtuvo el perd\u00f3n.<\/p>\n<p>   &#8211; Nuevas tablas de la Ley<\/p>\n<p>   &#8211; Mois\u00e9s establece el culto FIGURA DE MARIA   Cercan\u00ed\u00ada a Yaweh, Dios.  Habla cara a cara con El. El\u00ed\u00adas asciende al cielo:   Arrebatado. 2 Rey. 2.1-13 Ha sido el mensajero de Dios Ha recibido una palabra santa Ha cumplido una misi\u00f3n salvadora Ha luchado por el Reino de Dios Ha sido perseguido por su fe Es el final de su misi\u00f3n prof\u00e9tica FIGURA DE MARIA<\/p>\n<p>     Arrebatado por el celo de Dios<\/p>\n<p>     Recogido por un carro de fuego<\/p>\n<p>     Dej\u00f3 tras de si el manto Asunci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada  Semejante a Mois\u00e9s. &#8211; Al servicio del pueblo elegido.  &#8211; Dando fortaleza a los Ap\u00f3stoles. &#8211; Cumpliendo la vocaci\u00f3n divina.  &#8211; Encarnando en s\u00ed\u00ad la Palabra eterna<br \/>\n   &#8211; Siendo testigo de su venida.<\/p>\n<p>   Semejante a El\u00ed\u00adas<br \/>\n   &#8211; Llena del celo divino.<\/p>\n<p>   &#8211; Mensaje con una vida fiel y pura.  &#8211; Preocupada por los hombres.<\/p>\n<p>   &#8211; Sensible en los dolores ajenos<br \/>\n   &#8211; Fuerte hasta la cruz     A la Asunci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada   Tu alma noble, acoger\u00e1 en sus brazos el Verbo concebido en tus entra\u00f1as; y ella, sin cuerpo, extender\u00e1 tus brazos con otras formas de abrazar extra\u00f1as;<br \/>\n    y \u00e9l tambi\u00e9n le dar\u00e1 dulces abrazos (oye, que as\u00ed\u00ad tu gran dolor enga\u00f1as) tu cuerpo al fin se quedar\u00e1 en la tierra feliz si mucho tiempo en s\u00ed\u00ad lo encierra.<\/p>\n<p>   M\u00e1s ungidos con b\u00e1lsamos s\u00fcaves, y con largos obsequios venerado, con graves prosas e himnos graves ser\u00e1 en Getseman\u00ed\u00ad luego enterrado;   \u00e1ngeles santos, cuan cantoras aves, entre el coro de ap\u00f3stoles sagrado y entre mil otros \u00ed\u00adnclitos varones, al cielo entonar\u00e1 dulces canciones.<\/p>\n<p>   Y el Sepulcro cerrado, dulce archivo de tal tesoro, el cristian\u00ed\u00adsimo noble, muerto a su pena y a tu gloria vivo, en profunda oraci\u00f3n quedar\u00e1 inmoble;<br \/>\n    batiendo pues el tiempo fugitivo con pluma infatigable el primer moble, el dichoso vendr\u00e1 tercero d\u00ed\u00ada de siempre eterna y \u00faltima alegr\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>    El alba entonces bordar\u00e1 de flores el prado y de arreboles el oriente; su lengua pulir\u00e1n los ruise\u00f1ores, espejar\u00e1n las aguas su corriente;<br \/>\n    el aire se ornar\u00e1 de resplandores, y el mismo sol de luz m\u00e1s excelente de suavidad la tierra y de consuelo y de inmenso placer y fiesta el cielo.<\/p>\n<p>    En esta pura aurora deleitable tu alma pura al cuerpo generoso ser\u00e1 unida por modo inexplicable, y un nuevo ser le infundir\u00e1 glorioso;<br \/>\n    belleza ilustre, agilidad notable, luz que al planeta venza luminoso, impasibilidad y sutileza sobre toda mortal naturaleza.<\/p>\n<p>    Del sepulcro saldr\u00e1s resucitada, \u00c2\u00a1oh Virgen!, y los \u00e1ngeles atentos en m\u00fasica conforme y regalada te ta\u00f1er\u00e1n suaves instrumentos;<br \/>\n    y en procesi\u00f3n alegre y concertada rasgar\u00e1n los m\u00e1s puros elementos otros muchos, tu fiesta celebrando, tu gloria viendo, tu valor cantando.<\/p>\n<p>   (Diego de Hojeda. La Cristiada. XI)<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>Glorificada en cuerpo y alma<\/p>\n<p>\tCon la profesi\u00f3n de fe en la Asunci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada a los cielos, la Iglesia reconoce su glorificaci\u00f3n en cuerpo y alma, como fruto de la muerte y resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas \u00abTerminado el curso de la vida terrena, en alma y cuerpo fue asunta a la gloria celestial y enaltecida por el Se\u00f1or como Reina del Universo, para que se asemejar\u00e1 m\u00e1s plenamente a su Hijo, Se\u00f1or de los que dominan (Apoc 19,16) y vencedor del pecado y de la muerte\u00bb (LG 59).<\/p>\n<p>\tAunque esta verdad (de la \u00abdormici\u00f3n\u00bb de Mar\u00ed\u00ada) era ya cre\u00ed\u00adda en la Iglesia desde los inicios (consta al menos desde San Epifanio, siglo IV), fue definida como dogma por P\u00ed\u00ado XII en 1950 (enc. \u00abMunificentisimus Deus\u00bb). La victoria de Cristo Redentor se expresa en  Mar\u00ed\u00ada, \u00abla gran se\u00f1al\u00bb (Apoc 12,1), como figura de la Iglesia entera, que tambi\u00e9n ser\u00e1 glorificada en la resurrecci\u00f3n del final de los tiempos.<\/p>\n<p>\tSus t\u00ed\u00adtulos son todos maternos<\/p>\n<p>\tEn la Asunci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada aparece la \u00ed\u00adntima relaci\u00f3n entre la Inmaculada Concepci\u00f3n, la virginidad, la maternidad divina. La corrupci\u00f3n del cuerpo por la muerte es fruto del pecado original, del que carece Mar\u00ed\u00ada. De su carne virginal tom\u00f3 carne el Verbo, Hijo de Dios, por obra del Esp\u00ed\u00adritu Santo. En cada t\u00ed\u00adtulo o gracia recibida por Mar\u00ed\u00ada transparenta la realidad del misterio de Cristo, Hijo de Dios, hombre, Salvador.<\/p>\n<p>\tLa glorificaci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada incluye tambi\u00e9n su \u00abRealeza\u00bb, en el sentido de ser \u00abcoronada\u00bb por el hecho de ser Madre de Cristo Rey, asociada a su obra salv\u00ed\u00adfica, excelsa por la santidad. Es, pues Reina por maternidad, por asociaci\u00f3n y por excelencia. As\u00ed\u00ad la declar\u00f3 P\u00ed\u00ado XII en 1954 (enc. \u00abAd caeli Reginam\u00bb).<\/p>\n<p>\tEn todos los t\u00ed\u00adtulos de Mar\u00ed\u00ada hay que descubrir su maternidad espiritual. Su Asunci\u00f3n y Realeza la indican como Madre que ya puede acompa\u00f1ar realmente a sus hijos y a toda la Iglesia, en el camino hacia el encuentro definitivo con Cristo, como \u00abla gran se\u00f1al&#8230; la mujer vestida de sol\u00bb (Apoc 12,1). As\u00ed\u00ad puede entenderse su \u00abpresencia activa y materna\u00bb (cfr. RMa 1,3,24), puesto que su ser, glorificado en Cristo, ya no est\u00e1 condicionado al espacio y al tiempo.<\/p>\n<p>\tFigura de la Iglesia y cercana a todos<\/p>\n<p>\tMar\u00ed\u00ada es figura de la Iglesia en cada uno de su t\u00ed\u00adtulos. \u00abLa Iglesia ha alcanzado en la Sant\u00ed\u00adsima Virgen la perfecci\u00f3n\u00bb (LG 65). La Asunci\u00f3n y Realeza indican una glorificaci\u00f3n final que, como fruto de la resurrecci\u00f3n de Cristo, ya se ha realizado en Mar\u00ed\u00ada. La Iglesia tiende, en su camino de peregrinaci\u00f3n, hacia esa misma meta \u00abLa Madre de Jes\u00fas&#8230; ya glorificada en los cielos en cuerpo y alma, es la imagen y princi\u00c2\u00acpio de la Iglesia que ha de ser consumada en el futuro siglo\u00bb (LG 68). \u00abLa Iglesia ha alcanzado en la Sant\u00ed\u00adsima Virgen la perfecci\u00f3n\u00bb (LG 65). Somos un pueblo sacerdotal y real (1Pe 2,9), que encuentra en Mar\u00ed\u00ada su figura excelsa.<\/p>\n<p>\tEsta realidad mariana, de Asunta y Reina, la hace m\u00e1s cercana, con la posibilidad de seguir asociada a Cristo resucitado presente en la Iglesia. Ella est\u00e1 presente de modo activo y materno. Por esto, \u00aben esta tierra, hasta que llegue el d\u00ed\u00ada del Se\u00f1or (cfr 2 Pe 3,10), antecede con su luz al Pueblo de Dios peregrinante como signo de esperanza y de consuelo hasta que llegue el d\u00ed\u00ada del Se\u00f1or\u00bb (LG 68).<\/p>\n<p>\tDimensi\u00f3n misionera de la Asunci\u00f3n<\/p>\n<p>\tUna fe viva y comprometida en la Asunci\u00f3n y Realeza de Mar\u00ed\u00ada se expresar\u00e1 en actitudes espirituales y apost\u00f3licas inserci\u00f3n en la realidad presente para hacerla pasar a la glorificaci\u00f3n en Cristo resucitado, tendencia escatol\u00f3gica hacia el encuentro final con Cristo, actitud de esperanza como confianza y tensi\u00f3n hacia el m\u00e1s all\u00e1, aprecio del ser humano integral cuya unidad (de cuerpo y alma) no puede quedar separada definitivamente por la muerte, gozo pascual en la \u00abcomuni\u00f3n de los santos\u00bb y en Cristo resucitado que ya ha comunicado su glorificaci\u00f3n a Mar\u00ed\u00ada su Madre y nuestra, dependencia gozosa de la presencia activa y materna de Mar\u00ed\u00ada, compromiso misionero de trabajar por la construcci\u00f3n de \u00abla nueva humanidad que Cristo, vencedor de la muerte, suscita por su Esp\u00ed\u00adritu en el mundo\u00bb (PO 16).<\/p>\n<p>Referencias Escatolog\u00ed\u00ada, Inmaculada, Mar\u00ed\u00ada, mariolog\u00ed\u00ada, resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p>Lectura de documentos LG 59; CEC 966.<\/p>\n<p>Bibliograf\u00ed\u00ada AA.VV., Biblioteca Assumptionis B.V. Mariae (Romae 1948ss); AA.VV., Mariae potestas regalis, en Ecclesia et Maria (Roma 1959) V, 1-237; A.G. AIELLO, Sviluppo del dogma e tradizione a proposito della defizione dell&#8217;Assunzione di Maria (Roma, Citt\u00ed\u00a0 Nuova, 1979); O. DOMINGUEZ, Mar\u00ed\u00ada asociada a Cristo en su triunfo, en Enciclopedia mariana posconciliar (Madrid, Coculsa, 1975) 391-399; S. FOLGADO, La Asunci\u00f3n de Maria a la luz de la nueva antropo\u00c2\u00aclogia cat\u00f3lica Estudios Marianos 42 (1978) 147-188; J. GALOT, Le myst\u00e8re de l&#8217;Assomption, en Maria (Paris 1949-1971) VII, 153-237; G.M. ROSCHINI, La royaut\u00e9 de Marie, en Maria I, 601-618; A. SERRA, S. MEO, etc., Asunci\u00f3n, en Nuevo Diccionario de Mariolog\u00ed\u00ada (Madrid, Paolinas, 1988) 258-289.<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>para la Iglesia cat\u00f3lica, es la subida al cielo de la Virgen Mar\u00ed\u00ada, en cuerpo y alma. 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