{"id":4769,"date":"2016-02-05T00:37:51","date_gmt":"2016-02-05T05:37:51","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/bienaventuranza\/"},"modified":"2016-02-05T00:37:51","modified_gmt":"2016-02-05T05:37:51","slug":"bienaventuranza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/bienaventuranza\/","title":{"rendered":"BIENAVENTURANZA"},"content":{"rendered":"<p>prosperidad y felicidad. Visi\u00f3n beat\u00ed\u00adfica de Dios en el cielo. En los libros sapienciales y en los Salmos, abundan las expresiones  para significar que la b., la felicidad o la dicha, proviene de practicar la justicia Sal 106 (105), 3; Pr 20, 7; de guardar los preceptos de Yahv\u00e9h Sal 119 (118), 1-3; Is 56, 2; de guardar y cumplir la ley Pr 29, 18; del temor a Yahv\u00e9h Sal 112 (111), 1; 128 (127), 1; Si 34, 15. Bienaventurado, dichoso, el que sigue los caminos de la Sabidur\u00ed\u00ada Pr 8, 32; Si 14, 20-21; 37, 24; quien encuentra la prudencia 25, 9; quien se acoge, espera en Yahv\u00e9h y en \u00e9l pone su confianza Sal 2, 12; 34 (33), 9; 40 (39) 5; 84 (83), 13; Pr 16, 20; Is 30, 18; el de coraz\u00f3n puro, en quien no hay fraude alguno, Sal 32 (31), 2; Si 14, 1-2; el que se compadece del pobre y del d\u00e9bil Sal 41 (40), 2; Pr 14, 21.<\/p>\n<p>En el Serm\u00f3n de la Monta\u00f1a  est\u00e1n las bienaventuranzas por excelencia, y que resumen el mensaje de Cristo. En Mt 5, 3-20, las bienaventuranzas son ocho, y la felicidad prometida, el Reino de los Cielos, est\u00e1 garantizada en la palabra de Cristo, y la conseguir\u00e1n quienes practiquen en sus vidas las exigencias que se hacen en la primera parte de cada b. En Lc 6, 20-26, las bienaventuranzas son cuatro y cuatro maldiciones.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Digital, Grupo C Service &#038; Design Ltda., Colombia, 2003<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Digital<\/b><\/p>\n<p>El hombre quiere la felicidad, a la que llama *vida, *paz, *gozo, *re-poso, *bendici\u00f3n, *salvaci\u00f3n. Todos estos bienes est\u00e1n diversamente incluidos en la f\u00f3rmula por la que se declara a alguien feliz o desgracia-do. Cuando el \u00absabio\u00bb proclama: \u00ab\u00c2\u00a1Dichosos los pobres! \u00c2\u00a1Desgraciados los ricos!\u00bb, no quiere pronunciar ni una *bendici\u00f3n que proporcione la felicidad, ni una *maldici\u00f3n que produzca la infelicidad, sino exhortar en nombre de su experiencia de felicidad, a seguir los caminos que conducen a ella.<\/p>\n<p>AT. Para comprender el alcance y el significado de numerosas m\u00e1ximas de sabidur\u00ed\u00ada que parecen rastreras, hay que situarlas en el clima religioso en que fueron enunciadas. En efecto, si bien la bienaventuranza supone siempre que su fuente est\u00e1 en Dios, conoce, no obstante, una evoluci\u00f3n lenta que va de lo terrenal a lo celestial.<\/p>\n<p>I. DIOS Y LA BIENAVENTURANZA.<\/p>\n<p>1. Felicidad y gloria en Dios. A diferencia de los dioses griegos, saluda-dos ordinariamente con el t\u00ed\u00adtulo de \u00abbienaventurados\u00bb porque encarnan el sue\u00f1o del hombre, la Biblia no se detiene en la felicidad de Dios (cf. lTim 1,11; 6,15), que no tiene punto de comparaci\u00f3n con la felicidad a que ella aspira. Dios es, en cambio, un Dios de *gloria, lo cual sugiere una segunda diferencia: mientras que los dioses griegos gozan de su felicidad sin preocuparse especialmente por la suerte de los humanos, Yahveh se inclina con solicitud hacia todos los hombres, especialmente hacia su pueblo; la bienaventuranza del hombre deriva de la *gracia divina, es participaci\u00f3n de su gloria.<\/p>\n<p>2. La bienaventuranza es Dios mismo. A trav\u00e9s de las proclamaciones que abundan en la &#8216;literatura sapiencial, el lector de la Biblia descubre en qu\u00e9 consiste la verdadera felicidad y por qu\u00e9 debe buscarla. Dichoso el que teme a Yahveh: ser\u00e1 poderoso, bendecido (Sal 112,1s), tendr\u00e1 numerosos hijos (Sal 128,1ss). Si quiere procurarse vida, salvaci\u00f3n, bendici\u00f3n, riqueza (Prov 3,10), debe seguir los caminos divinos (Sal 1,1), caminar en la ley (Sal 119,1), escuchar la sabidur\u00ed\u00ada (Prov 8,34s), hallarla (Prov 3,13s), ejercitarse en ella (Eclo 14,20), cuidarse del pobre (Sal 41,2), en una palabra, ser justo.<\/p>\n<p>Por estos motivos invita el sabio a los *caminos de la verdadera felicidad; sin embargo, no limita su horizonte a &#8216;la *retribuci\u00f3n deseada, o m\u00e1s bien muestra que la recompensa esperada es Dios en persona. La l\u00f3gica del sabio cede entonces ante la experiencia del fiel piadoso que ha comprendido que con Dios lo tiene todo y puede vivir en una *confianza sin l\u00ed\u00admites: no se ex-presa ning\u00fan motivo, sino una simple afirmaci\u00f3n. \u00abDichosos los que esperan en \u00e9l\u00bb (Is 30,8). \u00abDichoso el hombre que conf\u00ed\u00ada en ti\u00bb (Sal 84,13; cf. Sal 2,12; 65,5; 146,5). Si, pues, el israelita teme a Dios, observa su ley, escucha la sabidur\u00ed\u00ada, es que espera la felicidad como recompensa, pero en definitiva lo que espera es a Dios en persona (Sal 73,25).<\/p>\n<p>II. DE LA FELICIDAD TERRENA A LA CELESTIAL. As\u00ed\u00ad se precisa el \u00e1pice divino de la bienaventuranza. Sin embargo, no por eso debemos des-conocer los caminos que conducen a ella: esto ser\u00ed\u00ada ignorar &#8216;la mentalidad tanto del hombre en general como de Israel. Para descubrir que s\u00f3lo Dios realiza la felicidad se requiere a veces upa decepci\u00f3n (Sal 118,8s; 146,3s); ordinariamente su-pone esto una lenta depuraci\u00f3n del *deseo.<\/p>\n<p>1. La bienaventuranza terrena. La felicidad es la *vida, una vida que durante mucho tiempo se identific\u00f3 con la vida terrena. Esta es la felicidad del pueblo que tiene por Dios a Yahveh: tener hijos de buena estatura, hijas hermosas, graneros llenos, numerosos reba\u00f1os, finalmente la *paz (Sal 144,12-15). Y las bienaventuranzas detallan estos bienes del hombre en la esfera nacional, familiar o personal. Tener un rey digno de este nombre (Eclo 10,16s), una esposa sensata (Eclo 25,8), excelente (26,1), gran fortuna, adquirida debidamente y sin hacerse esclavo de ella (31,8; ser prudente (25,9), no pecar con la lengua (14,1), tener compasi\u00f3n de los desgraciados (Prov 14,21), no tener nada que reprocharse (Eclo 14,2). En una palabra, llevar una vida digna de este nombre y para ello ser educado por Dios mismo (Sal 94,12). Desde luego, est\u00e1 bien lamentarse por el que acaba de morir; pero los llantos no deben durar demasiado, pues un pesar funesto impedir\u00ed\u00ada gozar bien de la ventura terrenal (Eclo 38,16-23).<\/p>\n<p>2. Hacia la bienaventuranza celestial. A este retrato del *justo dichoso le falta todav\u00ed\u00ada la dimensi\u00f3n de &#8216;la vida eterna. Los valores se mqdifican al ser ilustrados por \u00e9sta. La experiencia ense\u00f1aba ya que no hab\u00ed\u00ada que apreciar la felicidad de un hombre antes de la hora final (Eclo 11,28); con el libro de la Sabidur\u00ed\u00ada, la virtud aventaja al gozo de tener posteridad por lo que se refiere a la apreciaci\u00f3n de la felicidad : se proclama dichosos a los seres est\u00e9riles si son justos (Sab 3,13so). As\u00ed\u00ad los sabios coinciden con lo que los salmos de los *pobres proclamaban ya cuando ve\u00ed\u00adan el bien absoluto en la confianza en Yahveh (p.e., Sal 73,23-28).<\/p>\n<p>NT. Con la venida de Cristo se dan virtualmente todos los bienes, puesto que en \u00e9l halla finalmente la bienaventuranza su realizaci\u00f3n; y por \u00e9l se dar\u00e1 el Esp\u00ed\u00adritu Santo, suma de todos los bienes.<\/p>\n<p>1. LA BIENAVENTURANZA Y CRISTO.<\/p>\n<p>Jes\u00fas no es sencillamente un sabio de gran experiencia, sino uno que vive plenamente la bienaventuranza que propone.<\/p>\n<p>1. Las \u00abBienaventuranzas\u00bb, situadas en el frontispicio del serm\u00f3n inaugural de Jes\u00fas, ofrecen el programa de la felicidad cristiana (Mt 5,3-12; Lc 6,20-26). Jes\u00fas viene de parte de Dios a decir un s\u00ed\u00ad solemne a las promesas del AT; se da el reino de los cielos, se suprimen las necesidades y las aflicciones, se otorga en Dios la misericordia y la vida. En efecto, si bien ciertas bienaventuranzas se pronuncian en futuro, la primera, que contiene virtualmente las otras, va a actualizarse desde ahora.<\/p>\n<p>Pero hay m\u00e1s. Las bienaventuranzas son un s\u00ed\u00ad pronunciado por Dios en Jes\u00fas. Mientras que el AT llegaba a identificar la bienaventuranza con Dios mismo, Jes\u00fas se presenta a su vez como el que *cumple y realiza la aspiraci\u00f3n a la felicidad: el *reino de los cielos est\u00e1 presente en \u00e9l. M\u00e1s a\u00fan, Jes\u00fas quiso \u00abencarnar\u00bb las bienaventuranzas vivi\u00e9ndolas perfectamente, mostr\u00e1ndose \u00abmanso y -humilde de coraz\u00f3n\u00bb (Mt 11,29).<\/p>\n<p>2. Todas las dem\u00e1s proclamaciones evang\u00e9licas tienden igualmente a mostrar que Jes\u00fas est\u00e1 en el centro de la bienaventuranza. Se \u00abbeatifica\u00bb a Mar\u00ed\u00ada por haber dado a luz al Salvador (Lc 1,48; 11,27), por haber cre\u00ed\u00addo 1,45); con esto ella misma anuncia la bienaventuranza de todos los que, escuchando la palabra de Dios (11,28), creer\u00e1n sin haber *visto (Jn 20,29). \u00c2\u00a1Ay de los fariseos (Mt 23,13-32), de Judas (26,24), de las ciudades incr\u00e9dulas (11,21)! \u00c2\u00a1Dichoso Sim\u00f3n, al que el Padre revel\u00f3 en Jes\u00fas al Hijo del Dios vivo (Mt 16,17)! \u00c2\u00a1Dichosos los ojos que han visto a Jes\u00fas (13,16)! \u00c2\u00a1Dichosos sobre todo los disc\u00ed\u00adpulos que, esperan-do el retorno del Se\u00f1or, ser\u00e1n fieles, vigilantes (Mt 24,46), dedicados completamente al servicio unos de otros (Jn 13,17)!<br \/>\nII. Los VALORES DE CRISTO. Mientras que el AT se esforzaba t\u00ed\u00admida-mente por a\u00f1adir a los valores terrenos de la riqueza y del \u00e9xito, el valor de la justicia en la pobreza y en el fracaso, Jes\u00fas adopta la posici\u00f3n contraria al deseo terrenal del hombre. Desde ahora los dichosos de este mundo no son ya los ricos, los satisfechos, a los que se halaga, sino los que tienen hambre y que lloran, los pobres y los perseguidos (cf. lPe 3,14; 4,14). Esta inversi\u00f3n de los valores era posible por aquel que es todo valor.<\/p>\n<p>Dos bienaventuranzas mayores comprenden todas las otras: la *pobreza, con su cortejo de las *obras de *justicia, de *humildad, de *mansedumbre, de *pureza, de *misericordia, de solicitud por la *paz; luego la *persecuci\u00f3n por amor de Cristo. Pero estos mismos valores no son nada sin Jes\u00fas que les da todo su sentido. As\u00ed\u00ad s\u00f3lo el que haya visto a Cristo en el centro de su fe puede oir las bienaventuranzas del Apocalipsis. Dichoso si las escucha (Ap 1,3; 22,7), si se mantiene vigilante (16,15), pues ese tal es llamado a las nupcias del cordero (19,9), para la resurrecci\u00f3n (20,6). Incluso si debe dar su vida en *testimonio, no debe perder los \u00e1nimos: \u00ab\u00c2\u00a1Bienaventurados los muertos que mueren en el Se\u00f1or!\u00bb (14,13).<\/p>\n<p>&#8211;> Cielo &#8211; Consolaci\u00f3n &#8211; Gloria &#8211; Gustar &#8211; Alegr\u00ed\u00ada &#8211; Reposo.<\/p>\n<p>LEON-DUFOUR, Xavier, Vocabulario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, Herder, Barcelona, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Vocabulario de las Ep\u00edstolas Paulinas<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>prosperidad y felicidad. Visi\u00f3n beat\u00ed\u00adfica de Dios en el cielo. 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