{"id":4907,"date":"2016-02-05T00:44:36","date_gmt":"2016-02-05T05:44:36","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/encarnacion\/"},"modified":"2016-02-05T00:44:36","modified_gmt":"2016-02-05T05:44:36","slug":"encarnacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/encarnacion\/","title":{"rendered":"ENCARNACION"},"content":{"rendered":"<p>lat\u00ed\u00adn incarnatio. Acto misterioso de haber tomado carne humana el \u00c2\u00aebo Divino. Desde esta \u00f3ptica ve San Juan a Cristo, quien es la Palabra hecha carne, que vino al mundo a redimir y dar vida a los hombres y a comunicarles los misterios divinos, enviado por Dios, y que una vez concluida su misi\u00f3n en la tierra debe volver a Dios; el evangelista dice: \u2020\u0153Y la Palabra se hizo carne y puso su Morada entre nosotros\u2020\u009d, Jn 1, 14. San Pablo dice que el Hijo de Dios se encarn\u00f3,  \u2020\u0153nacido del linaje de David seg\u00fan la carne\u2020\u009d, Rm 1, 3; 9, 5; 1 Tm 3, 16.<\/p>\n<p>Jes\u00fas  siendo Dios, se hizo plenamente humano y asumi\u00f3 la carne con todas sus consecuencias: Jes\u00fas sinti\u00f3 fatiga, Jn 4, 6; sed, Jn 4, 7; 19, 8; se conmovi\u00f3 con la muerte de su amigo L\u00e1zaro y se ech\u00f3 a llorar, Jn 11, 3336; en todo se hizo humano, en todo fue probado, menos en el pecado, 2 Co 5, 21; Hb 2, 17-18; 4, 15; 5, 5-10; 1 Jn 3, 5; 1 P 2, 22-25; hasta la muerte, Rm 8, 3. Es decir, Cristo renunci\u00f3 a la gloria divina, que le correspond\u00ed\u00ada como hijo de Dios, y asumi\u00f3 el sufrimiento y el sacrificio de la cruz, se despoj\u00f3 de su derecho a ser tratado como Dios, Flp 2, 6.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Digital, Grupo C Service &#038; Design Ltda., Colombia, 2003<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Digital<\/b><\/p>\n<p>La doctrina de la encarnaci\u00f3n se presenta o se asume en la Biblia (Joh 1:14; Rom 8:3; Phi 2:5-11; 1Ti 3:16). Encarnaci\u00f3n viene del lat. y significa ser hecho carne; es decir, humanarse. La doctrina de la encarnaci\u00f3n ense\u00f1a que el Hijo eterno de Dios (ver TRINIDAD) se human\u00f3, sin que de manera alguna disminuyera su naturaleza divina.<\/p>\n<p>En el proceso de un nacimiento ordinario se inicia una nueva personalidad. El nacimiento virginal fue un milagro forjado por el Esp\u00ed\u00adritu Santo, por medio del cual el eterno Hijo de Dios se hizo carne; es decir, tom\u00f3 una naturaleza genuinamente humana adem\u00e1s de su eterna naturaleza divina. Fue un nacimiento virginal, un milagro. Nunca se ha dicho que el Esp\u00ed\u00adritu Santo fuera el padre de Jes\u00fas. Jes\u00fas era completamente Dios, la segunda persona de la Trinidad (Col 2:9) y genuinamente humano (1Jo 4:2-3).<\/p>\n<p>El concilio de Calcedonia, en 451 d. de J.C., declar\u00f3 que Cristo \u2020\u0153debe ser reconocido en sus dos naturalezas inconfundibles, inalterables, indivisibles, e inseparables&#8230; siendo m\u00e1s bien preservadas las propiedades de ambas naturalezas, aunque concurren en una persona&#8230;\u2020\u009d El Breve Catecismo de Westminster, pregunta 21 declara: \u2020\u0153El \u00fanico Redentor elegido por Dios es el Se\u00f1or Jesucristo, quien, siendo el eterno Hijo de Dios, se hizo hombre, y as\u00ed\u00ad fue, y continu\u00f3 si\u00e9ndolo, Dios y hombre, en dos distintas naturalezas y una Persona para siempre.\u2020\u009d La persona que era Dios y con Dios en el principio antes del universo creado, es la misma persona que a causa del cansancio se sent\u00f3 en el pozo de Sicar; la misma persona que desde la cruz exclamara: \u2020\u0153Padre, perd\u00f3nalos.\u2020\u009d La distinci\u00f3n de sus naturalezas significa, y siempre ha significado para la iglesia, que Jes\u00fas es verdaderamente Dios, as\u00ed\u00ad como el Padre y el Esp\u00ed\u00adritu Santo son Dios, y al mismo tiempo, sin confusi\u00f3n o contradicci\u00f3n alguna, es verdaderamente humano como nosotros somos humanos.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Mundo Hispano<\/b><\/p>\n<p>(hacerse carne).<\/p>\n<p> 1- Dios se hizo hombre, sin dejar de ser Dios; siendo Dios y hombre verdadero, Jua 1:14, Rom 8:3.<\/p>\n<p> 2- Naci\u00f3 de mujer: (Gal 4:4), se encarn\u00f3 en las entranas de una Virgen, la m\u00e1s bendita de todas las mujeres, la Virgen Mar\u00ed\u00ada, como hab\u00ed\u00ada profetizado Isa 7:14, : (Luc 1:26-38, Mat 1:18-24).<\/p>\n<p> 3- En Bel\u00e9n parec\u00ed\u00ada un nino, \u00c2\u00a1pero era Dios!. en la Eucarist\u00ed\u00ada, parece pan, \u00c2\u00a1pero es Dios!. Ver: \u00abEucarist\u00ed\u00ada.\u00bb<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano<br \/>\nDr. J. Dominguez<\/p>\n<p>http:\/\/biblia.com\/diccionario\/<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano<\/b><\/p>\n<p>Palabra que se utiliza para se\u00f1alar al hecho de que Dios se hizo hombre, de carne y hueso, en la persona del Se\u00f1or Jes\u00fas. El t\u00e9rmino no aparece as\u00ed\u00ad en la Biblia. Se deriva del uso que las Escrituras hacen de los t\u00e9rminos \u2020\u0153en carne\u2020\u009d (gr. sarx) en relaci\u00f3n con el cuerpo del Se\u00f1or (\u2020\u0153Jesucristo ha venido en carne\u2020\u009d [2Jn 1:7]). Cuando el Se\u00f1or Jes\u00fas resucit\u00f3, dijo a sus disc\u00ed\u00adpulos: \u2020\u0153Palpad, y ved; porque un esp\u00ed\u00adritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo\u2020\u009d (Luc 24:39). La e. es imposible de entender para la raz\u00f3n humana. Este hecho exorbitantemente maravilloso es llamado por Pablo \u2020\u0153el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne\u2020\u009d (1Ti 3:16), cosa que desde los principios mismos de la Iglesia muchos comenzaron a negar, unos diciendo que realmente no era un hombre, otros alegando que s\u00ed\u00ad era humano, pero que no era Dios. La herej\u00ed\u00ada docetista ense\u00f1aba que Cristo hab\u00ed\u00ada sido una especie de aparici\u00f3n y que no hab\u00ed\u00ada \u2020\u0153nacido de mujer\u2020\u009d (Gal 4:4). Los sabelianos del siglo III dec\u00ed\u00adan que Dios se hab\u00ed\u00ada manifestado en tres maneras distintas, tres modos diferentes, no en tres personas, negando as\u00ed\u00ad el car\u00e1cter personal del Esp\u00ed\u00adritu Santo y del Se\u00f1or Jes\u00fas, as\u00ed\u00ad como su e. Las influencias filos\u00f3ficas que vinieron a desembocar en el \u2020\u00a2gnosticismo del siglo II influyeron grandemente en este tipo de pensamiento negador de la e.<\/p>\n<p>Pero la ense\u00f1anza clara, \u2020\u0153indiscutiblemente\u2020\u009d (1Ti 3:16), de las Escrituras es que \u2020\u0153Dios fue manifestado en carne\u2020\u009d. En efecto, los ap\u00f3stoles utilizaron esta doctrina como una especie de \u2020\u0153piedra de toque\u2020\u009d que ayudaba a determinar si una profesi\u00f3n de fe cristiana era genuina o no. Dec\u00ed\u00ada Juan: \u2020\u0153En esto conoced el Esp\u00ed\u00adritu de Dios: Todo esp\u00ed\u00adritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo esp\u00ed\u00adritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios\u2020\u009d (1Jn 4:2). \u2020\u0153Manifestado en carne\u2020\u009d quiere decir, y dice, que el Se\u00f1or Jes\u00fas ten\u00ed\u00ada un cuerpo humano verdadero, sujeto al espacio y al tiempo. Sus l\u00e1grimas ante la tumba de L\u00e1zaro fueron verdaderas l\u00e1grimas y su sangre en la cruz verdadera sangre. Tuvo un cuerpo que sufri\u00f3 cansancio (Jua 4:6), y hambre (Mat 21:18), y sed (Jua 19:28). Su muerte, entonces, fue verdadera muerte. Si \u00e9l no hubiera sido verdadero hombre, de carne y hueso, no habr\u00ed\u00ada podido morir. La resurrecci\u00f3n tampoco tendr\u00ed\u00ada sentido si Cristo no ten\u00ed\u00ada un verdadero cuerpo. Para comentarios sobre la deidad de Cristo: \u2020\u00a2Jesucristo.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Cristiano<\/b><\/p>\n<p>tip, DOCT<\/p>\n<p>ver, TEOFAN\u00ed\u008dAS, GOEL<\/p>\n<p>vet, Del lat. \u00abin\u00bb, y \u00abcaro\u00bb, \u00abcarne\u00bb: el hecho de asumir un cuerpo de carne; el acto por el que el Hijo de Dios se revisti\u00f3 voluntariamente de un cuerno humano y de la naturaleza humana. La encarnaci\u00f3n de Jesucristo es el punto culminante de las revelaciones y manifestaciones procedentes de Dios en el mundo sensible. Por su misma esencia de amor, Dios no quiso quedarse aislado. Quiso manifestarse y, finalmente, encarnarse. Es as\u00ed\u00ad que inicialmente cre\u00f3 a los \u00e1ngeles y a las criaturas celestes, esto es, a los esp\u00ed\u00adritus servidores (He. 1:14); con ellos, al universo sensible que exalta su gloria a los ojos de las criaturas celestes (Sal. 19:1). La materia no es enemiga de Dios, sino un instrumento del que Dios se sirve para manifestar su poder y gloria. Este testimonio del poder divino es de tal claridad, a pesar del desorden que Satan\u00e1s ha introducido en el mundo f\u00ed\u00adsico, que son inexcusables aquellos que reh\u00fasan considerarlo (Ro. 1:20; cp. Hch. 14:17). M\u00e1s a\u00fan que los cielos estrellados y que las estaciones, m\u00e1s a\u00fan que la creaci\u00f3n natural, el hombre, creado \u00aba imagen de Dios\u00bb (Gn. 1:26, 27) ten\u00ed\u00ada que manifestar en la carne la gloria de su Creador: el amor, la rectitud, la inteligencia, el orden, todo ello caracter\u00ed\u00adsticas esenciales de la divinidad. Sabemos c\u00f3mo fue violado este plan divino en el Ed\u00e9n, donde el hombre fue seducido por el enemigo del Se\u00f1or, y vino a quedar bajo el poder de Satan\u00e1s y lleg\u00f3 a ser hijo del Diablo (1 Jn. 3:10). Entonces, Dios empez\u00f3 a manifestarse en hombres-testigos, como p. ej., Enoc, que anduvo con Dios (Jud. 14), No\u00e9 el justo (Gn. 7:1), Abraham, el amigo de Dios. A trav\u00e9s de ellos, Dios revel\u00f3 su voluntad. Despu\u00e9s vino el testimonio colectivo: Israel, que ser\u00ed\u00ada el testigo de Dios a las naciones. Dios se manifest\u00f3 de otra manera, en la Biblia. Se puede llegar a decir, en palabras de Adolphe Monod, que la Escritura (AT y NT) es como \u00abuna encarnaci\u00f3n espiritual\u00bb. Es a trav\u00e9s del mensaje de los escritores inspirados (profetas y pastores), instrumentos escogidos de su revelaci\u00f3n y veh\u00ed\u00adculos de su pensamiento, que Dios ha hablado a los hombres. Sin embargo, a pesar de todos los medios usados, persist\u00ed\u00ada una gran separaci\u00f3n entre el Creador y la criatura. Dios hab\u00ed\u00ada actuado, hablado, pero no hab\u00ed\u00ada venido a\u00fan personalmente a obrar la salvaci\u00f3n, y a restaurar el contacto personal roto en el Ed\u00e9n. Isa\u00ed\u00adas, el gran profeta, expresa la s\u00faplica de toda la humanidad sufriente al clamar: \u00ab\u00c2\u00a1Oh, si rompieses los cielos, y descendieras&#8230;!\u00bb (Is. 63:19). Tambi\u00e9n da la maravillosa promesa: \u00abEsforzaos, no tem\u00e1is; he aqu\u00ed\u00ad que vuestro Dios &#8230;&#8230;; Dios mismo vendr\u00e1, y os salvar\u00e1\u00bb (Is. 35:4). Ciertamente, Dios se hab\u00ed\u00ada aparecido en teofan\u00ed\u00adas (v\u00e9ase), las apariciones del Se\u00f1or a los patriarcas y al pueblo de Israel (Gn. 18:1; 32:28-30; Ex. 3:2-7; 19:20; 24:10; 33:11, etc.). Pero \u00e9stas solamente ten\u00ed\u00adan un car\u00e1cter excepcional y pasajero. El Plan de la salvaci\u00f3n conduc\u00ed\u00ada inevitablemente a la encarnaci\u00f3n, a la venida de Dios en carne, en Jesucristo. Seg\u00fan el AT, el Mes\u00ed\u00adas deb\u00ed\u00ada ser el mismo Jehov\u00e1, el Hijo de Dios \u00fanico capaz de salvar (Sal. 2; 45:7-8; 110; Is .7:14; 9:5; 35:4; 40:9-11; Jer. 23:5-6; Mi. 5:1; Zac. 12:1, 10; 14:3-5). Por otra parte, este Mes\u00ed\u00adas ser\u00ed\u00ada descendencia de la mujer, de la descendencia de Abraham, de Jud\u00e1, y de David (Gn. 3:15; 22:18; 49:10; 2 S. 7:12-16); vendr\u00ed\u00ada a ser var\u00f3n de dolores, y deber\u00ed\u00ada ofrecer su vida en la cruz en sacrificio por el pecado (Is. 53; Sal. 22:1-22; 40:7-9). \u00bfC\u00f3mo pueden ser posibles estas dos cosas? El NT da una luminosa explicaci\u00f3n: \u00abY aquel Verbo fue hecho carne, y habit\u00f3 entre nosotros&#8230; lleno de gracia y de verdad\u00bb (Jn. 1:14). \u00abDios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros d\u00ed\u00adas nos ha hablado por el Hijo\u00bb (He. 1:1, 2). Es tan s\u00f3lo esta manifestaci\u00f3n la que puede apagar la sed del hombre: sed de volver a la relaci\u00f3n con su Creador, de recibir la certidumbre de su amor total y de su salvaci\u00f3n eterna. \u00abEs preciso vivir sin religi\u00f3n, sin Dios en el mundo y sin esperanza, o recibir el misterio de la encarnaci\u00f3n\u00bb (Vinet). Cuando se cumpli\u00f3 el tiempo, Dios envi\u00f3 a Jesucristo al mundo. El Cristo, segunda Persona de la Trinidad, es Dios. \u00abEn El habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad&#8230; todo fue creado por medio de El y para El\u00bb (Col. 1:16; 2:9; cp. 1 Jn. 1:1-18). Es el \u00abcordero sin mancha y sin contaminaci\u00f3n, ya destinado desde antes de la fundaci\u00f3n del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos\u00bb (1 P. 1:20). \u00abEl es la imagen del Dios invisible, el primog\u00e9nito de toda creaci\u00f3n. Porque en El fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra&#8230; Y El es antes de todas las cosas, y todas las cosas en El subsisten\u00bb (Col. 1:15-17). Es el Hijo, a quien Dios \u00abconstituy\u00f3 heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia (sostiene) todas las cosas con la palabra de su poder\u00bb (He. 1:1-3). Jes\u00fas dijo de s\u00ed\u00ad mismo: \u00abAntes que Abraham fuese, yo soy\u00bb (Jn. 8:58). Al mismo tiempo el Salvador es verdaderamente hombre semejante a nosotros en todo a excepci\u00f3n del pecado (He. 2:17; 4:15) si El es el eterno Cristo, es tambi\u00e9n Jes\u00fas de Nazaret, Aquel que es nombrado en los Evangelios m\u00e1s de 80 veces como \u00abel Hijo del hombre\u00bb Jesucristo. De El pudo decir Juan el Bautista: \u00abDespu\u00e9s de m\u00ed\u00ad viene un var\u00f3n el cual es antes de m\u00ed\u00ad porque era primero que yo&#8230; Y yo le vi, y he dado testimonio de que \u00e9ste es el Hijo de Dios\u00bb (Jn. 1:30-34). Pablo habla de Aquel que, nacido de Israel seg\u00fan la carne, es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos (Ro. 9:5 cp Ro. 1:3-4) C\u00f3mo tuviera lugar la encarnaci\u00f3n y c\u00f3mo las dos naturalezas, la divina y la humana, se unieron en la sola persona de Jesucristo, es un misterio que nos sobrepasa. Sin explicarnos este misterio, la Escritura nos afirma simplemente el hecho del nacimiento milagroso. Nacido del Esp\u00ed\u00adritu Santo y de la virgen Mar\u00ed\u00ada (Mt. 1:20-25; Lc. 1:31-35), el Se\u00f1or es perfectamente hombre y perfectamente Dios: hombre, para ser solidario con nuestra raza y para representarnos ante el Padre, como nuestro goel (v\u00e9ase); Dios, para quitar nuestros pecados y para crear en nuestro favor una nueva humanidad. A los que afirman no poder aceptar una doctrina tan inexplicable se les puede preguntar c\u00f3mo explican ellos la uni\u00f3n en el hombre del cuerpo y del esp\u00ed\u00adritu. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 su nexo com\u00fan? \u00bfD\u00f3nde exactamente termina lo uno y comienza lo otro? Este es el misterio de la vida, que constatamos sin poder explicar, de manera similar a la uni\u00f3n de las dos naturalezas en Cristo. En los evangelios, el Cristo afirma serenamente las \u00faltimas consecuencias del hecho de la encarnaci\u00f3n: \u00abEl que me ha visto a M\u00ed\u00ad ha visto al Padre\u00bb (Jn. 14:9). \u00abYo y el Padre uno somos\u00bb (Jn. 10:30). Los jud\u00ed\u00ados que le comprendieron perfectamente tomaron piedras para lapidarlo, porque t\u00fa, siendo hombre, te haces Dios\u00bb (Jn. 10:33). Los ataques contra la doctrina de la encarnaci\u00f3n han sido numerosos desde los primeros siglos. Los gn\u00f3sticos negaban su realidad y la reduc\u00ed\u00adan a una mera apariencia (docetismo). Los arrianos rechazaban la divinidad de Cristo, no viendo en El m\u00e1s que una criatura. En nuestra \u00e9poca la concepci\u00f3n liberal o racionalista sigue esta l\u00ed\u00adnea, pretendiendo que Jes\u00fas fue simplemente un hombre, hijo de Jos\u00e9. Juan se enfrent\u00f3 solemnemente a tal negaci\u00f3n (1 Jn. 4:2-3; 2 Jn. 7-11), denunciando que procede del esp\u00ed\u00adritu del Anticristo. La importancia de la encarnaci\u00f3n es ciertamente fundamental. Por s\u00ed\u00ad sola, da cuenta de la divinidad esencial del Cristo, que comporta su eternidad, su perfecta santidad, sus milagros, su poder, sus demandas absolutas. Al mismo tiempo, explica los hechos que, en vista de todo lo anterior, parecer\u00ed\u00adan contradictorios: Su humillaci\u00f3n, sus limitaciones humanas, sus sufrimientos, su agon\u00ed\u00ada. Porque es evidente que si El \u00abparticip\u00f3 de carne y sangre\u00bb lo hizo a fin de poder morir por nosotros (He. 2:14). El prop\u00f3sito de la encarnaci\u00f3n, as\u00ed\u00ad, no era solamente el de venir a hablarnos y a revelarnos a Dios, sino sobre todo el de dar paso a la cruz. Aquel que era \u00aben forma de Dios\u00bb se despoj\u00f3 a S\u00ed\u00ad mismo; apareci\u00f3 como un simple hombre, y se hizo obediente hasta la muerte de la cruz (Fil. 2:6-11). Dios, con su absoluta perfecci\u00f3n moral, no pod\u00ed\u00ada hacer otra cosa que juzgarnos; y El descendi\u00f3 en la persona de Cristo para ofrecerse para nuestra salvaci\u00f3n. \u00abDios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo&#8230; Al que no conoci\u00f3 pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fu\u00e9semos hechos justicia de Dios en El\u00bb (2 Co. 5:19, 21). Por una gracia incomprensible al volver a tomar su lugar a la diestra del Padre, el Cristo resucitado conserva la marca de su encarnaci\u00f3n. Es el glorificado Hijo del hombre que se mostr\u00f3 a Juan (Ap. 1:12-18); y como tal aparecer\u00e1 en las nubes del cielo (Dn. 7:13-14; Mt. 16:27; 24:30; Ap. 1:7); y es con las marcas de sus sufrimientos y muerte que ser\u00e1 eternamente adorado en el cielo (Ap. 5:6-14). S\u00ed\u00ad, grande es el misterio de la piedad: \u00abAquel que fue manifestado en carne&#8230; cre\u00ed\u00addo en el mundo, ascendido a la gloria\u00bb (1 Ti. 3:16).<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico Ilustrado<\/b><\/p>\n<p>[242]<br \/>\n Misterio cristiano fundamental por el que se cree que el Verbo, Segunda Persona de la divina Trinidad, se hizo hombre, es decir tom\u00f3 carne humana, sin dejar de ser Dios. Por eso la encarnaci\u00f3n como misterio cristiano implica dualidad de naturalezas, memorias, inteligencias y voluntades y unidad de persona en Jes\u00fas, es de Uni\u00f3n hipost\u00e1tica o personal.  (Ver Credo. Ver Jesucristo.  Ver Navidad)<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>Jes\u00fas, el Verbo encarnado<\/p>\n<p>\tJes\u00fas es el Verbo \u00abhecho carne\u00bb (Jn 1,14), \u00abel Hijo unig\u00e9nito que est\u00e1 en el seno del Padre\u00bb (Jn 1,18). La fe cristiana expresa esta verdad de la \u00abEncarnaci\u00f3n\u00bb con la f\u00f3rmula del Credo \u00abPor obra del Esp\u00ed\u00adritu Santo se encarn\u00f3 de Mar\u00ed\u00ada la Virgen y se hizo hombre\u00bb. Siendo Hijo de Dios, por su \u00abcondici\u00f3n divina\u00bb, se hizo \u00absemejante a los hombres\u00bb (Fil 2,6-7).<\/p>\n<p>\tSe puede decir que es el punto central de la fe cristiana y que fundamenta todos los dem\u00e1s temas, especialmente si se le considera en todo el conjunto de la vida de Jes\u00fas, como \u00abvenida\u00bb (Jn 3,15-17) del Hijo de Dios para asumir una humanidad concreta, y como \u00absubida\u00bb al Padre por medio de su muerte y glorificaci\u00f3n (Jn 13,1). Ser\u00e1 siempre un misterio insondable e incluso insospechable si no fuera por la revelaci\u00f3n, puesto que, por la fe, reconocemos en Cristo una sola persona (la del Verbo) y dos naturalezas (la divina, en uni\u00f3n con el Padre y el Esp\u00ed\u00adritu, y la humana).<\/p>\n<p>\tS\u00f3lo a trav\u00e9s de la existencia humana y salv\u00ed\u00adfica de Jes\u00fas (que podemos llamar \u00abpro-existencia\u00bb), descubrimos su realidad divina (su \u00abpre-existencia\u00bb). En sus palabras, su modo de vivir y, especialmente, a trav\u00e9s de su resurrecci\u00f3n, entrevemos su \u00abgloria\u00bb, su realidad de Hijo de Dios hecho nuestro hermano \u00abHemos visto su gloria, la gloria propia del Hijo unig\u00e9nito del Padre, lleno de gracia y de verdad\u00bb (Jn 1,14).<\/p>\n<p>\tEn Jes\u00fas, Dios y hombre verdadero, encontramos la m\u00e1xima cercan\u00ed\u00ada en la historia humana del Hijo de Dios hecho donaci\u00f3n a la humanidad entera (Jn 3,16). No ser\u00ed\u00ada posible la salvaci\u00f3n y redenci\u00f3n universal sin esta realidad de Jes\u00fas, \u00abperfecto Dios y perfecto hombre\u00bb, que quiere \u00absalvar al hombre por medio del hombre\u00bb. Esta es la s\u00ed\u00adntesis de la doctrina cristiana sobre Jes\u00fas Salvador (cfr. Rom 1,1-7; Ef 1; Col 1; Fil 2,5-10).<\/p>\n<p>\tDios, hombre, Salvador<\/p>\n<p>\tPor el hecho de ser verdadero Dios, es engendrado eternamente por el Padre, procede de \u00e9l y es igual a \u00e9l (\u00abconsubstancial\u00bb). Es \u00abla imagen de Dios invisible\u00bb (Col 1,15), \u00abel esplendor de su gloria, la irradiaci\u00f3n de su substancia\u00bb (Heb 1,3). Por el hecho de ser verdadero hombre, es el Hijo \u00abenviado al mundo\u00bb por el Padre, bajo la acci\u00f3n o \u00abunci\u00f3n\u00bb del Esp\u00ed\u00adritu Santo, como Salvador de toda la humanidad (Jn 3,17; 4,42; Lc 4,18). En Cristo, el Verbo encarnado, aparece la m\u00e1xima epifan\u00ed\u00ada del amor de Dios. \u00abSi Dios va en busca del hombre, creado a su imagen y semejanza, lo hace porque lo ama eternamente en el Verbo, y en Cristo lo quiere elevar a la dignidad de hijo adoptivo\u00bb (TMA 7).<\/p>\n<p>\tLa humanidad de Cristo es \u00abvivificante\u00bb, porque es \u00abDios con nosotros\u00bb, el Emmanuel. Por esto, Cristo \u00abmanifiesta plenamente el hombre al mismo hombre y le descubre la dignidad de su vocaci\u00f3n\u00bb (GS 22). S\u00f3lo el misterio de Cristo puede iluminar el misterio del hombre. Cristo, siendo verdadero hombre, salva a la humanidad abri\u00e9ndola a su dimensi\u00f3n trascendente, que s\u00f3lo se resuelve en Dios Amor. \u00abLa naturaleza humana de Cristo pertenece propiamente a la persona divina del Hijo de Dios, que la ha asumido&#8230; El Hijo de Dios comunica a su humanidad su propio modo personal de existir en la Trinidad\u00bb (CEC 470).<\/p>\n<p>\tEl nuevo sentido de la historia<\/p>\n<p>\tLa historia humana es ya otra historia desde la Encarnaci\u00f3n del Hijo de Dios. En el caminar humano, a partir de Cristo, ha surgido una realidad totalmente nueva. Todas las religiones y culturas religiosas pueden ser un camino hacia Dios; pero, en Cristo, Dios es \u00abel camino\u00bb (Jn 14,6), \u00abel esposo\u00bb o consorte (Mt 9,15), el responsable o protagonista, \u00abel Verbo hecho hombre para establecer su tienda de caminante entre nosotros\u00bb (Jn 1,14). \u00abEl Verbo Encarnado es, pues, el cumplimiento del anhelo presente en todas las religiones de la humanidad este cumplimiento es obra de Dios y va m\u00e1s all\u00e1 de toda expectativa humana. Es misterio de gracia&#8230; Cristo es su \u00fanica y definitiva culminaci\u00f3n\u00bb (TMA 6).<\/p>\n<p>\tLa diferencia entre el cristianismo y las religiones no consiste en una comparaci\u00f3n de valores religiosos, sino en la novedad insospechada de que es Dios quien busca al hombre. \u00abEl cristianismo comienza con la Encarnaci\u00f3n del Verbo. Aqu\u00ed\u00ad no es s\u00f3lo el hombre quien busca a Dios, sino que es Dios quien viene en Persona a hablar a los hombres&#8230; buscando al hombre a trav\u00e9s del Hijo\u00bb (TMA 6-7). Jes\u00fas es \u00abla Palabra definitiva de la revelaci\u00f3n&#8230; la autorrevelaci\u00f3n definitiva de Dios\u00bb (RMi 5). \u00abEn Cristo y por Cristo, Dios se ha revelado plenamente a la humanidad y se ha acercado definitivamente a ella\u00bb (RH 11).<\/p>\n<p>\tLa misi\u00f3n a la luz de la Encarnaci\u00f3n<\/p>\n<p>\tLa misi\u00f3n de anunciar la Buena Nueva al mundo entero tiene su punto de partida en la Encarnaci\u00f3n del Verbo y, como origen fontal, la Trinidad de Dios Amor. La misi\u00f3n del Hijo procede del Padre, se realiza bajo la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo y se prolonga en la Iglesia. Anunciar a Cristo, el hombre entre los hombres, no consiste s\u00f3lo en proclamar su verdadera condici\u00f3n de hombre, sino tambi\u00e9n su condici\u00f3n de Hijo de Dios.<\/p>\n<p>\tComo Verbo encarnado, Jes\u00fas es \u00abel \u00fanico Mediador entre Dios y los hombres\u00bb (1Tim 2,5-6), \u00abla palabra definitiva sobre el hombre y sobre la historia\u00bb (TMA 5). El anuncio del evangelio se resume en proclamar que Jes\u00fas, por ser Hijo de Dios y hombre verdadero, es el Salvador de todos los hombres. Todo ap\u00f3stol se puede inspirar en la afirmaci\u00f3n de Pablo \u00abTuvo a bien revelar en m\u00ed\u00ad a su Hijo para que le anunciase entre los gentiles\u00bb (Gal 1,16). Por esta condescendencia divina, \u00ablas multitudes tienen derecho a conocer la riqueza del misterio de Cristo, dentro del cual creemos que toda la humanidad puede encontrar, con insospe\u00c2\u00acchada plenitud, todo lo que busca a tientas acerca de Dios, del hombre y de su destino, de la vida y de la muerte, de la verdad\u00bb (EN 53; cfr. RMi 8).<\/p>\n<p>Referencias Anunciaci\u00f3n, cristolog\u00ed\u00ada, Eucarist\u00ed\u00ada, Jesucristo, redenci\u00f3n, salvaci\u00f3n, Trinidad.<\/p>\n<p>Lectura de documentos LG 3; AG 3; GS 22, 32, 39, 45; RMi 6; CEC 451-483; TMA 1-17, 40-43.<\/p>\n<p>Bibliograf\u00ed\u00ada J. ALFARO, Cristolog\u00ed\u00ada y antropolog\u00ed\u00ada (Madrid, Cristiandad, 1973); C. CHOPIN, El Verbo encarnado y redentor (Barcelona, Herder, 1979); CH. DUQUOC, Cristolog\u00ed\u00ada, ensayo dogm\u00e1tico sobre Jes\u00fas de Nazaret el Mes\u00ed\u00adas (Salamanca, S\u00ed\u00adgueme, 1985; J. ESQUERDA BIFET, Soy Yo, misterio de Cristo, misterio del hombre (Barcelona, Balmes, 1990); O. GONZALEZ DE CARDEDAL, Jes\u00fas de Nazaret ( BAC, Madrid, 1975); J.L. MARTIN DESCALZO, Vida y misterio de Jes\u00fas de Nazaret (Salamanca, S\u00ed\u00adgueme, 1989); E. MURA, La humanidad vivificante de Cristo (Barcelona, Herder, 1957); K. RHANER, W. TH\u00dcSING, Cristolog\u00ed\u00ada. Estudio sistem\u00e1tico y exeg\u00e9tico (Barcelona, Herder, 1975). Ver bibliograf\u00ed\u00ada de Jesucristo, cristolog\u00ed\u00ada, etc.<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>DJN<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nSUMARIO: 1. Logos-Verbo-Palabra se hizo carne. &#8211; 2. Intencionalidad de la palabra \u00abcarne\u00bb. -3. La \u00abcarne\u00bb como habitaci\u00f3n. &#8211; 4. Encarnaci\u00f3n \u00abprogresiva\u00bb.<\/p>\n<p>1. El Logos-Verbo-Palabra se hizo carne<br \/>\nCuando leo el libro del Apocalipsis siempre me llama la atenci\u00f3n la chocante contradicci\u00f3n en que cae el Vidente de Patmos al presentarnos a Cristo vencedor. Le ha descrito de muchas maneras y mediante muchos t\u00ed\u00adtulos: el , el de Reyes Se\u00f1or de Se\u00f1ores, el Cor, su t\u00ed\u00adtulo preferido, que aplica a Jesucristo veintiocho veces. De pronto afirma que su s\u00f3lo \u00e9l lo sabe . La contradicci\u00f3n est\u00e1 servida. Pero el problema no termina ah\u00ed\u00ad. Aumenta nuestro desconcierto en el vers\u00ed\u00adculo siguiente cuando leemos: nombre es Palabra de (Apoc 19, 11-13). Resulta entonces que, por un lado, nombre s\u00f3\u00e9l (Cristo) puede descifrar y, por otro, que el propio Vidente tambi\u00e9n lo ha hecho llam\u00e1ndole de Dios.<\/p>\n<p>Es evidente que cuando Cristo es presentado de esta manera con un nombre enigm\u00e1tico, que s\u00f3lo \u00e9l sabe descifrar, el autor prof\u00e9tico del Apocalipsis no se refiere a ninguno de los que nosotros utilizamos para designar a las personas. En nuestro texto se habla del \u00abnombre\u00bb en el sentido estrictamente b\u00ed\u00adblico. En dicho mundo, el nombre no etiqueta a las personas sino que las define; expresa todo lo que ellas son y significan. Cuando se habla de un nombre que nadie puede descifrar se est\u00e1 utilizando una expresi\u00f3n que nos introduce necesariamente en el misterio. \u00bfQui\u00e9n conoce verdaderamente a Cristo vencedor? El mismo se manifest\u00f3 en este terreno: conoce al Hijo sino el Padre&#8230; (Mt 11, 27). La expresi\u00f3n del Vidente de Patmos es funcional. Est\u00e1 al servicio del misterio que intenta describirnos y nos est\u00e1 diciendo con ella que dicho misterio desborda toda posibilidad de comprensi\u00f3n por parte del hombre.<\/p>\n<p>nombre es Palabra de Dios. Y as\u00ed\u00ad es, en efecto, se llama y es la \u00abpalabra de Dios\u00bb en persona, el Revelador, el que anuncia las cosas \u00faltimas y la suerte definitiva de la historia tal como Dios quiere que ocurran, el que lleva a su consumaci\u00f3n la revelaci\u00f3n de la salvaci\u00f3n y del juicio.<\/p>\n<p>Cuando decimos que se palabra suponemos que, desde siempre, se hab\u00ed\u00ada expresado en ella. La Palabra es la expresi\u00f3n y la concreci\u00f3n del ser mismo de Dios. El Dios expresado desde la eternidad en su Palabra (en \u00abinculturaci\u00f3n\u00bb perfecta) nos da a conocer el plan eterno que el Dios b\u00ed\u00adblico-cristiano ten\u00ed\u00ada desde siempre. Y este plan era hablar, darse a conocer, revelarse, manifestarse, dirigirse al hombre, comunicarle sus designios y deseos, acercarse personalmente a \u00e9l, entrar en relaci\u00f3n de proximidad con \u00e9l en intimidad profunda, regalarle su amistad, buscar un permanente encuentro mutuo.<\/p>\n<p>Esta concreci\u00f3n de Dios en su palabra se ha traducido correctamente en la frase siguiente: de Dios es del hombre. Afirmaci\u00f3n que es v\u00e1lida, sobre todo, a prop\u00f3sito de nuestro Dios. No podemos admitir un Dios mudo, lejano, escondido, abstracto, oculto detr\u00e1s de complicadas e ininteligibles especulaciones filos\u00f3ficas. Queremos seguir viviendo el desconcierto del antiguo Israel ante la proximidad de su Dios: \u00ab\u00bfHay alguna naci\u00f3n que tenga los dioses tan cercanos a ella como lo est\u00e1 Yahv\u00e9, nuestro Dios, siempre que le invocamos? \u00bfHay alg\u00fan pueblo que haya o\u00ed\u00addo, como t\u00fa has o\u00ed\u00addo, la voz del Dios vivo&#8230;?\u00bb (Deut 4, 7. 33).<\/p>\n<p>se Palabra, es decir, se auto-expres\u00f3 de forma perfecta, se reflej\u00f3 totalmente, imprimi\u00f3 su imagen y fotograf\u00ed\u00ada exactas, hizo un calco id\u00e9ntico de su propio ser en su Palabra. Esto ocurri\u00f3 en el principio. En un principio sin principio, que llamamos eternidad. En el marco de la obra creada y del devenir hist\u00f3rico dicha Palabra se hombre. Y su nombre, que es Palabra de Dios, seg\u00fan el Vidente de Patmos, se registr\u00f3 en nuestra historia con el nombre Jes\u00fas de Nazaret.<\/p>\n<p>En los escritos jo\u00e1nicos Jes\u00fas es presentado como la Palabra personal. Presentaci\u00f3n justificada desde la vinculaci\u00f3n del t\u00ed\u00adtulo \u00abLogos-Palabra\u00bb a su persona. Para la comprensi\u00f3n de este t\u00ed\u00adtulo importante dado a Jes\u00fas, para entender a Jes\u00fas como Palabra de Dios, como su palabra personal, es necesario tener en cuenta una serie de consideraciones, deducidas del texto b\u00ed\u00adblico, que enumeramos a continuaci\u00f3n:<\/p>\n<p>1a) El t\u00ed\u00adtulo de Logos-Palabra es exclusivo de los escritos jo\u00e1nicos y, en contra de lo que a veces se dice, no es predominante en ellos. Pr\u00e1cticamente s\u00f3lo aparece en el pr\u00f3logo del evangelio, en el de la primera carta de Juan y en el libro del Apocalipsis (Jn 1, 1. 14;1Jn 1, 1; Apoc 19, 13). Cuatro veces en total. Esta estad\u00ed\u00adstica, cuantitativamente tan poco significativa, tiene una excepcional importancia, como lo pondr\u00e1n de relieve los n\u00fameros siguientes. En ellos aparecer\u00e1 la \u00f3n e interrelaci\u00f3n entre el Logos-Palabra y las palabras Logos-Jes\u00fas. O. Cullmann lo afirma acentuando la estrecha conexi\u00f3n entre el pr\u00f3logo y el resto del evangelio. Cuando en el evangelio, fuera del pr\u00f3logo, es utilizada frecuentemente la palabra logos, en el sentido de palabra de Cristo, desempe\u00f1a una funci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica fundamental: pone al hombre ante la exigencia de una opci\u00f3n fundamental definitiva. Y esto debe ser enmarcado en la teolog\u00ed\u00ada de la identidad del Logos: en el plano de la cristolog\u00ed\u00ada del cuarto evangelio desempe\u00f1a un papel importante la consideraci\u00f3n de la identidad entre el \u00abpreexistente\u00bb, el \u00abterreno\u00bb y el \u00abglorioso\u00bb.<\/p>\n<p>2a) Al afirmar que Jesucristo es la palabra personal de Dios, se quiere decir que ha sido en \u00e9l, en su manifestaci\u00f3n hist\u00f3rica, donde ha adquirido plena justificaci\u00f3n el hablar de la palabra de Dios. El es el fundamento s\u00f3lido que nos permite hablar de la palabra de Dios. Y ello porque nos encontramos no ante una palabra dicha por Dios, al estilo prof\u00e9tico, sino porque palabra es Dios. Se afirma el nuevo modo de ser de Dios. El aspecto controlable del Logos-Palabra preexistentes se halla justificado por su humanidad hablante desde todo su ser y quehacer. La supraterrenalidad divina se describe como inmersa en la terrenalidad humana.<\/p>\n<p>3a) Este fundamento \u00faltimo para poder hablar con prioridad de la palabra de Dios nos explica la frecuencia del t\u00e9rmino \u00ablogos\u00bb en el cuarto evangelio. La sobriedad del vocablo utilizado como t\u00ed\u00adtulo se halla compensada ampliamente por la frecuencia con que aparece como nombre o sustantivo. Y es utilizado para designar la palabra de Jes\u00fas, las palabras pronunciadas por \u00e9l. Hasta tal punto que es inevitable pensar que el evangelista habla de la palabra Jes\u00fas est\u00e1 pensando en Jes\u00fas en Palabra. Si las palabras de Jes\u00fas son tan importantes es porque son manifestaci\u00f3n de la Palabra, que es \u00e9l mismo. Si la palabra de Cristo tiene una eficacia y un papel escatol\u00f3gico es porque Cristo \u00abes\u00bb la Palabra. El Jes\u00fas terreno, su palabra, su vida, su muerte y resurrecci\u00f3n son la realidad de la Palabra preexistente.<\/p>\n<p>4a) La palabra \u00ablogos\u00bb significa revelaci\u00f3n. Este es el primer significado que subyace en el vocablo, la idea de la revelaci\u00f3n. Jesucristo es el Verbo de Dios, que existe antes que el mundo y que, en un momento determinado, fue pronunciado en el mundo. Dicho de otro modo: el oficio revelador est\u00e1 \u00ed\u00adntimamente ligado a la persona de Jes\u00fas Cristo mismo es la encarnaci\u00f3n de la revelaci\u00f3n. No son \u00fanicamente las palabras de Jes\u00fas, sino el hecho mismo de su venida y de su existencia en el mundo son en s\u00ed\u00ad mismos la revelaci\u00f3n que Dios hace al hombre. En el Apocalipsis, el Revelador, el cumplidor de la misi\u00f3n divina por excelencia, tiene como nombre propio el Verbo Dios (Ap 19, 13). Este nombre propio del Revelador indica lo que \u00e9l es: palabra personal de Dios.<\/p>\n<p>5a) De lo afirmado anteriormente se deduce con toda claridad relaci\u00f3n existente entre el Logos y la revelaci\u00f3n, entre Jesucristo y su misi\u00f3n. Cristo es el Verbo de la vida (Jn 1, 4) en su misma persona, la Palabra personal que, arrancando de la eternidad, llega a los hombres para comunicarles lo que \u00e9l es. misi\u00f3n es de su . En \u00faltima instancia nos estamos planteando, desde un punto de vista m\u00e1s o menos singular, la pregunta eterna sobre qui\u00e9n es Jes\u00fas. \u00bfPodemos llegar a \u00e9l desde su , es decir, desde las funciones que realiza?<br \/>\nLa suficiencia de la respuesta sobre qui\u00e9n es Jes\u00fas, partiendo de sus funciones, est\u00e1 justificada porque la dad, es decir, aquello que \u00e9l hace o es para el hombre no es, en realidad, la respuesta \u00faltima. Sencillamente porque lo que Jes\u00fas hace o es para el hombre no lo puede hacer ni ser cualquier hombre. Si Jesucristo lo hace o lo es, es porque es Jes\u00fas. Dicho de otro modo, su funcionalidad -o la consideraci\u00f3n funcional- es inseparable de su persona, de su ser m\u00e1s \u00ed\u00adntimo. En definitiva, dicha funcionalidad se halla inseparablemente unida a la consideraci\u00f3n esencial u ontol\u00f3gica de su persona.<\/p>\n<p>Aplicado esto a la funci\u00f3n concreta de Jes\u00fas en cuanto palabra de Dios, de ser la palabra de Dios para el hombre al que habla, a quien se dirige, a quien interpela, a quien constantemente sit\u00faa ante la necesidad de una decisi\u00f3n por la vida o por la muerte, por la verdad o la mentira, por la luz o las tinieblas&#8230;, esta funcionalidad de Jes\u00fas en cuanto palabra de Dios tiene su justificaci\u00f3n y ra\u00ed\u00adz \u00faltima en que \u00e9l es la de Dios. Si habla al hombre con una autoridad verdaderamente decisiva, ello obedece a que \u00e9l es la palabra de Dios. Su palabra es importante porque es la , no s\u00f3lo porque pronuncia determinadas palabras o inculque determinadas ense\u00f1anzas. En el plano en el que nos estamos moviendo esto significa que su \u00f3n est\u00e1 desde su ser&#8230;<\/p>\n<p>6a) En correspondencia a la densidad de contenido de esta Palabra, no basta o\u00ed\u00adrla con el o\u00ed\u00addo, aunque a veces el \u00abo\u00ed\u00adr la palabra\u00bb tiene ese sentido (Jn 2, 22; 19, 8). Lo importante es el significado teol\u00f3gico de este \u00abo\u00ed\u00adr la palabra\u00bb. Si la palabra que Jes\u00fas anuncia es la revelaci\u00f3n divina, este aspecto esencial de la misma exige al oyente no quedarse en la mera audici\u00f3n material, revelaci\u00f3n divina exige ser aceptada o\u00ed\u00adda con una \u00f3n creyente; la revelaci\u00f3n divina exige su comprensi\u00f3n en la fe con la consiguiente obediencia que la fe impone; exige aceptar la revelaci\u00f3n-manifestaci\u00f3n de Dios en un hombre concreto.<\/p>\n<p>2. Intencionalidad de la palabra \u00abcarne\u00bb<br \/>\nEsto nos obliga a volver nuestra mirada directamente al evangelio de san Juan. \u00danicamente \u00e9l relaciona la presencia de Dios con carne. El Verbo-Logos-Palabra se hizo carne (Jn 1, 14). La aceptaci\u00f3n de dicha presencia se convirti\u00f3 en el cristianismo original en el criterio de la verdadera fe: \u00abEn esto distinguir\u00e9is si son de Dios: aquel que reconozca que Jesucristo es verdadero hombre (= vino en carne, dice el texto griego), es de Dios; el que no lo reconozca como tal, no es de Dios sino del anticristo\u00bb (1Jn 4, 2-3). \u00abPorque han aparecido en el mundo muchos seductores, que no reconocen a Jes\u00fas como el Cristo hecho hombre (= vino en carne). Quien as\u00ed\u00ad lo manifiesta es el seductor, el anticristo\u00bb (2Jn 7).<\/p>\n<p>Junto al anuncio de que Dios hab\u00ed\u00ada venido a nuestro mundo era necesario afirmar \/ modo de dicha venida, el nuevo modo de ser del Verbo-Logos-Palabra desde que aterriz\u00f3 en nuestra historia. Era necesario reconocer la aceptaci\u00f3n plena del ser humano o ser hombre sin abandonar su categor\u00ed\u00ada de Palabra de Dios. Se rotundamente la manifestaci\u00f3n de Dios mediante la utilizaci\u00f3n moment\u00e1nea de un ser humano, a modo de \u00abmedium\u00bb o de \u00abaltavoz\u00bb para darse a conocer y, al mismo tiempo, que se trate de un mito m\u00e1s sobre cualquiera de los m\u00faltiples reveladores a los que han recurrido todas las religiones de la historia.<\/p>\n<p>El Verbo-Logc Palabra se carne Las tres razones que aducimos a continuaci\u00f3n son las m\u00e1s importantes por las que el evangelista eligi\u00f3 el vocablo :<br \/>\na) Con ella se pone de manifiesto, en primer lugar, condescendencia divina. La \u00abcarne\u00bb indica la debilidad, la pobreza y fragilidad del ser humano. Pues bien, Dios se dign\u00f3 hacerse como nosotros; se hizo uno de nosotros; asumi\u00f3 todas las grandezas y limitaciones del ser humano. Se hizo semejante en a nosotros; en todo, menos en el pecado (Heb 4, 15). Esto es lo que comenzaron a llamar los padres griegos la divina (Fip 2, 7ss: \u00ab&#8230;se anonad\u00f3 a s\u00ed\u00ad mismo tomando la condici\u00f3n o la forma (= \u00e9) de esclavo, haci\u00e9ndose semejante a los hombres. Y tenido en lo externo como hombre\u00bb). La \u00abcondescendencia divina\u00bb consiste en la uni\u00f3n de la subliminidad divina con la insignificancia humana. Entre ellas existe una distancia infinita que \u00fanicamente puede salvar el puente de un amor infinito.<\/p>\n<p>Seg\u00fan la mentalidad b\u00ed\u00adblica la encarnaci\u00f3n se halla reflejada en la idea de una venida a la carne entendida de modo existencial e hist\u00f3rico como humanidad fr\u00e1gil, sujeta al sufrimiento y que encuentra su momento culminante en la muerte de cruz, para elevarse a trav\u00e9s de la cruz hacia la transfiguraci\u00f3n de la gloria. La tradici\u00f3n cristiana no se interesa mucho por una encarnaci\u00f3n entendida como realidad esencial, aislada del realismo de la venida temporal e hist\u00f3rica y sobre todo del acontecimiento pascual. No podemos terminar esta primera raz\u00f3n de haber utilizado el evangelista la palabra \u00abcarne\u00bb sin copiar el texto siguiente: \u00abPorque tambi\u00e9n Cristo muri\u00f3 de una vez para siempre por los pecados, el justo por los injustos, con el fin de conducirnos a Dios, habiendo muerto \u00fan la carne, pero siendo vivificado por el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (1 Pe 3, 18).<\/p>\n<p>b) Frente a los gn\u00f3sticos era de vital importancia la existencia en \u00abla carne\u00bb . La gnosis defend\u00ed\u00ada la incomunicabilidad del mundo de arriba, el de Dios, con el de abajo, el del hombre. Para esta mentalidad la afirmaci\u00f3n cristiana \u00fas es Hijo de Dios implicaba la negaci\u00f3n de la verdadera, de la muerte y de la eucarist\u00ed\u00ada. Para los gn\u00f3sticos, Jes\u00fas, a lo sumo, hab\u00ed\u00ada sido medium del que se sirvi\u00f3 el Cristo celeste para comunicar al hombre el conocimiento revelado o la gnosis salvadora. El Cristo celeste hab\u00ed\u00ada \u00abutilizado\u00bb a Jes\u00fas desde el bautismo hasta la pasi\u00f3n en que le abandon\u00f3. Frente a esta tendencia, existente ya en el cuarto evangelio y de modo mucho m\u00e1s acusado en la primera carta de Juan, sus autores insisten de manera muy particular en los tres puntos que los gn\u00f3sticos hac\u00ed\u00adan incompatible con la fe cristiana: la encarnaci\u00f3n (Jn 1, 14; 1Jn 4, 2-4), la muerte (Jn 19, 17-41) y la eucarist\u00ed\u00ada (Jn 6, 51 b-58).<\/p>\n<p>El misterio de la encarnaci\u00f3n era absolutamente incompatible con el mito gn\u00f3stico del revelador c\u00f3smico que desciende y que asciende, sin asumir en esta trayectoria una historia verdaderamente terrena, verdaderamente humana. De ah\u00ed\u00ad que el evangelista deje clara constancia de que en la encarnaci\u00f3n no se trata de un acontecimiento exterior ni de un mito para expresar una obra intemporal de Dios en una esfera abstracta o puramente interior a la conciencia humana, sino de una asunci\u00f3n plena y total del ser hombre sin dejar de ser Logos.<\/p>\n<p>c) Al establecer el realismo de la encarnaci\u00f3n, la mentalidad del evangelista pretende acentuar tambi\u00e9n el realismo de la eucarist\u00ed\u00ada, al que acabamos de hacer alusi\u00f3n. El Logos se carne. Esta es la frase esencial que nos est\u00e1 ocupando. La citamos, una vez m\u00e1s, no por s\u00ed\u00ad misma sino para yuxtaponer a ella la relativa a la eucarist\u00ed\u00ada: Es necesario comer la (en ambos casos, a prop\u00f3sito de la encarnaci\u00f3n y en referencia a la eucarist\u00ed\u00ada es utilizada la misma palabra griega: . La eucarist\u00ed\u00ada es la continuaci\u00f3n o la prolongaci\u00f3n de la encarnaci\u00f3n, aunque sea en una \u00abcarne transfigurada, resucitada\u00bb. Pero el evangelista la pone de relieve para destacar el realismo de ambas. Una confirma a la otra y le da su verdadero sentido. Ya por entonces se negaba el realismo de ambas. \u00abNo confiesan que la eucarist\u00ed\u00ada es la carne del Se\u00f1or\u00bb, afirma Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada. La afirmaci\u00f3n de la realidad de la carne, a prop\u00f3sito de la encarnaci\u00f3n, justifica la afirmaci\u00f3n de la realidad de la eucarist\u00ed\u00ada, aunque en ella la \u00abcarne\u00bb sea visible \u00fanicamente a trav\u00e9s de la fe, que viene en ayuda de la deficiencia de los sentidos, como afirma el himno eucar\u00ed\u00adstico.<\/p>\n<p>d) De la Palabra proceden las palabras y los hechos: \u00e9stos son palabra y \u00e9sta es hecho. Se acent\u00faa as\u00ed\u00ad la intenci\u00f3n y dimensi\u00f3n salv\u00ed\u00adficas de la Palabra hecha carne. Se acent\u00faa igualmente su aspecto de al cual ya nos hemos referido y que ahora vamos a desarrollar brevemente. El cuarto evangelio habla de \u00abpermanecer en la palabra\u00bb (Jn 8, 31), de \u00abguardar la palabra\u00bb (Jn 8, 31) o de la audici\u00f3n creyente de la palabra que da la vida (Jn 5, 24). La palabra de Jes\u00fas identifica de este modo con lo que hoy designamos con el vocablo \u00abkerigma\u00bb. La palabra de Jes\u00fas no es la simple voz articulada, como la expresi\u00f3n de los pensamientos y de los sentimientos de una persona, sino que se identifica con la \u00abpalabra de Dios\u00bb (Jn 17, 14), con la verdad absoluta (Jn 17, 17).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad se establece una especie de no de y vuelta: partiendo del Logos como t\u00ed\u00adtulo cristol\u00f3gico, como designaci\u00f3n personal de Jes\u00fas, se llega a comprender el alcance y la validez de las palabras de Jes\u00fas. Y partiendo de las palabras de Jes\u00fas descubrimos la raz\u00f3n \u00faltima por la cual estas palabras pueden ser aducidas como definitivas. Lo son sencillamente porque son las palabra del Logos, palapronunciadas por la Palabra, palabras en las que, de alg\u00fan modo, se expresa la Palabra.<\/p>\n<p>En todo caso, el Logos es v\u00e9rtice en este camino de ida y vuelta. Y es preciso tener en cuenta que esta afirmaci\u00f3n no queda reducida al \u00e1mbito del evangelio de Juan. Debe extenderse a toda la Biblia. Todas las palabras anteriores, todo el AT, cuanto palabra de Dios, caminan hacia \u00e9sta buscando en ella su verdadero sentido y adquiriendo en ella su finalidad \u00faltima. Y todas las palabras posteriores arrancan de esta Palabra como de \u00fanico fundamento s\u00f3lido: las palabras de la Iglesia en cuanto predicaci\u00f3n y anuncio, en cuanto palabra c\u00faltica, lit\u00fargica y sacramental, la misma palabra eclesial o la Iglesia en cuanto sacramento&#8230; tienen en esta Palabra su aut\u00e9ntica justificaci\u00f3n. Esta Palabra es la que da sentido a la prehistoria cristiana, lo que entendemos como el A. T., y a la historia cristiana, al tiempo y actividad de la Iglesia, despu\u00e9s que fue pronunciada en nuestra historia.<\/p>\n<p>La coincidencia entre lo que Jes\u00fas dice lo que Jes\u00fas es, explica car\u00e1cter de la Palabra de las palabras Jes\u00fas. La suerte del hombre se decide por su actitud ante ella y ante ellas: \u00abEl que cree en \u00e9l no es juzgado; pero el que no cree ya est\u00e1 juzgado, porque no ha cre\u00ed\u00addo en el nombre del Hijo \u00fanico de Dios\u00bb (Jn 3, 18). De este modo se pone de relieve el poder escrutador de la palabra de Dios, su doble dimensi\u00f3n de ser palabra de salvaci\u00f3n o de juicio, de gracia o de desdicha. El autor del Apocalipsis utiliza la misma met\u00e1fora con el fin de presentar a Cristo como juez que act\u00faa con firmeza e imparcialidad (Ap 1, 16; 2, 12; 19, 21).<\/p>\n<p>Esta palabra-hecho salvador exige al hombre situarse seriamente ante ella y decidirse por su oferta; no act\u00faa m\u00e1gicamente; potencia el ser mismo del hombre que se realiza mediante la decisi\u00f3n.<\/p>\n<p>La contemplaci\u00f3n de la encarnaci\u00f3n implica los tres aspectos de la Palabra hecha carne: la preexistencia. la coexistencia y la proexistencia. Todo esto es posible porque el Logos, Cristo, es la Palabra carne. Nuestra extra\u00f1eza ante la afirmaci\u00f3n de la deja de ser tal si tenemos en cuenta la mentalidad jud\u00ed\u00ada que constituye una buena preparaci\u00f3n para la comprensi\u00f3n de la misma. En la mentalidad jud\u00ed\u00ada la preexistencia cronol\u00f3gica no era novedad alguna. Un jud\u00ed\u00ado contempor\u00e1neo de Jes\u00fas no ve\u00ed\u00ada nada extraordinario en que se afirmase dicha preexistencia. Para ellos, todos los hombres eran vistos desde la preexistencia. Porque para Dios ya es realidad todo aquello que puede ocurrir en el devenir del tiempo posterior. Por eso el acento de la presencia de Jes\u00fas prescinde de todo tipo de especulaci\u00f3n cronol\u00f3gica sobre el \u00abahora, el antes o el despu\u00e9s\u00bb.<\/p>\n<p>En cuanto a la coexistencia el \u00abhacerse carne\u00bb subraya plenamente la condici\u00f3n humana con todas las etapas que la componen, desde la concepci\u00f3n hasta el \u00faltimo momento de la realizaci\u00f3n de la propia vida. A ello alude o hace, m\u00e1s bien, clara referencia la expresi\u00f3n de la divina: El Logos asumi\u00f3, acept\u00f3 y vivi\u00f3 nuestra pobreza humana. Remitimos a lo dicho sobre el anonadamiento, sobre la forma (= \u00e9) de siervo, que se opone o est\u00e1 en el extremo opuesto de la forma (= \u00e9) de Dios.<\/p>\n<p>En cuanto a la , la Palabra encarnada encontr\u00f3 muchos modos y formas para seguir presente entre nosotros. Por algo nos hizo la promesa firme de permanecer con nosotros hasta el fin del mundo (Mt 28, 20): presencia en su palabra, en el evangelio, en su Cuerpo, que es la Iglesia, en aquellos hombres que constituyeron sus preferencias mientras vivi\u00f3 entre nosotros, en el amor, en los sacramentos, entre los cuales debemos destacar el de la eucarist\u00ed\u00ada. Juan Pablo II lo ha dicho con bellas y profundas palabras: \u00abEl dos mil ser\u00e1 un a\u00f1o intensamente eucar\u00ed\u00adstico, en el sacramento de la eucarist\u00ed\u00ada el Salvador, encarnado en el seno de Mar\u00ed\u00ada hace veinte siglos, contin\u00faa ofreci\u00e9ndose a la humanidad como fuente de vida divina\u00bb (TMA, 55) y, naturalmente, en su garant\u00ed\u00ada de la vida futura o en la acentuaci\u00f3n de su dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica.<\/p>\n<p>3. La \u00abcarne\u00bb como habitaci\u00f3n<br \/>\nEl car\u00e1cter decisorio de la Palabra, que es Jes\u00fas, y de las palabras, que \u00e9l pronuncia, se explica teniendo en cuenta que la palabra que Dios pronuncia no puede separarse de Dios mismo (Jn 1, 1-2). El Logos es Dios mismo en su revelaci\u00f3n: el Verbo era . El Logos es el Dios que se revela, que se comunica, porque es Dios mismo en acci\u00f3n, tanto en la creaci\u00f3n como en la redenci\u00f3n, aunque de distinto modo y con distinta intensidad. En todo caso, es claro que el Logos es y redentor. Dios ha querido revelarse, autocomunicarse, en una vida humana y a trav\u00e9s de ella. De ah\u00ed\u00ad que toda acci\u00f3n reveladora de Dios sea fundamentalmente cristol\u00f3gica.<\/p>\n<p>La encarnaci\u00f3n de Dios en nuestro mundo convierte a Jes\u00fas en el Esjaton, es decir, en la \u00faltima intervenci\u00f3n de Dios en nuestra historia. Esta es la raz\u00f3n por la cual, como afirma el Papa \u00abcontin\u00faa ofreci\u00e9ndose a la humanidad como fuente de vida divina\u00bb. Su presencia m\u00faltiple entre nosotros nos regala la existencia cristiana, que es la escatol\u00f3gica, la \u00faltima, la nov\u00ed\u00adsima, de tal manera que los no\u00ed\u00adsimos entran en nuestro mundo aqu\u00ed\u00ad y ahora para cada uno. Para lograr esta maravillosa realidad se hizo necesaria la presencia de Dios en medio de su pueblo. Ya el antiguo pueblo de Dios hab\u00ed\u00ada considerado como su m\u00e1xima gloria que \u00absu Dios viviese siempre en medio de ellos\u00bb.<\/p>\n<p>Esta presencia en su culminaci\u00f3n convirti\u00f3 a la encarnaci\u00f3n en una realidad permanente: \u00f3 entre . El verbo correspondiente (= , en hebreo, y con una clara asonancia en el griego ) evoca inevitablemente la presencia de Dios en medio de su pueblo. En el mundo jud\u00ed\u00ado el verbo indicado y la realidad a la que apunta recibieron el nombre de . Con este t\u00e9rmino se expresaba el gran tema y la m\u00e1xima gloria de Israel que estaba centrada en la presencia de Dios en medio de su pueblo, as\u00ed\u00ad como la historia de dicha presencia. Es c\u00e9lebre, y casi id\u00e9ntica a una de las frases de Jes\u00fas, la expresi\u00f3n siguiente: \u00abDonde est\u00e1n dos reunidos en mi nombre para estudiar la Ley, la est\u00e1 en medio de ellos\u00bb. La misma frase es aplicada por Jes\u00fas a su persona (Mt 18, 20).<\/p>\n<p>La carne asumida por el Verbo-Logos-Palabra es la aut\u00e9ntica , con sus matizaciones m\u00e1s profundas e \u00ed\u00adntimas. Entre \u00e9stas destaca la de su presencia , a diferencia de \u00abla tienda\u00bb de los n\u00f3madas, que se desplazaba con ellos e iba adonde ellos fuesen; la encarnaci\u00f3n del Verbo es esta presencia permanente de Dios con su pueblo, con su historia y con el hombre que la realiza. La jud\u00ed\u00ada se halla concretada de manera muy singular en nuestra \u00ed\u00ada. Las diversas presencias de Dios entre los hombres de alg\u00fan modo se concentran y sintetizan en ella: la nueva creaci\u00f3n, la elecci\u00f3n, la vocaci\u00f3n, la promesa, la peregrinaci\u00f3n, la perspectiva del lugar de descanso.<\/p>\n<p>En el presente subt\u00ed\u00adtulo, palabras de Jes\u00fas su filiaci\u00f3n divina pretendemos descubrir la raz\u00f3n \u00faltima por la que tanto Jes\u00fas como sus palabras, \u00e9l en cuanto Palabra personal y su ense\u00f1anza manifestadora de la Palabra, tienen la importancia decisiva que hemos visto. Y esta importancia se halla justificada y respaldada desde su filiaci\u00f3n \u00fanica. es Hijo. Precisamente por eso es el revelador del Padre. El punto de partida de este nuevo paso debe verse en la naturaleza misma de Dios. El Dios b\u00ed\u00adblico-cristiano, nuestro Dios, es invisible: \u00abA Dios nadie le vio jam\u00e1s\u00bb (Jn 1, 18). Por tanto, queda excluida la visi\u00f3n -de la que presum\u00ed\u00adan los gn\u00f3sticos para entrar en comunicaci\u00f3n con Dios- como medio de acceso a \u00e9l. Es preciso que Alguien nos hable de \u00e9l, y que ese alguien lo sepa \u00abde buena tinta\u00bb para que pueda hablarnos de Dios con autoridad, con absoluta fiabilidad: \u00abEl Hijo \u00fanico, que est\u00e1 en el seno del Padre, \u00e9se es el que nos lo ha dado a conocer\u00bb (Jn 1, 18b).<\/p>\n<p>El mismo evangelio de Juan nos orienta de forma clara en esta idea. Junto a la presentaci\u00f3n de Jes\u00fas como Logos -al que es esencial la idea de revelador-revelaci\u00f3n- nos ofrece como expresiones asociadas al Logos las de Ze\u00f3s = Dios, y Monoguen\u00e9s = \u00fanico o unig\u00e9nito. De esta forma se nos est\u00e1 diciendo que la autoridad de la palabra de Jes\u00fas y la de \u00e9l mismo en cuanto Palabra est\u00e1 en la \u00f3n de la actividad de revelador y de su condici\u00f3n de Hijo.<\/p>\n<p>Es cierto que no puede hablarse de la identificaci\u00f3n de Logos y la de Hijo. Cada uno de los t\u00ed\u00adtulos tiene sus caracter\u00ed\u00adsticas propias y espec\u00ed\u00adficas. Sin embargo, tanto Logos como Ze\u00f3s y Monoguen\u00e9s se refieren a un mismo sujeto, que es necesario ver como preexistente, m\u00e1s all\u00e1 del tiempo y del mundo. El Logos es Dios en Dios, mediador de la creaci\u00f3n y portador de la revelaci\u00f3n, y esto de forma absoluta y en virtud de su \u00f3n en la carne. El es el Verbo de Dios en la carne. Cuando nosotros lo encontramos como Palabra y en sus palabras es preciso tener en cuenta todo el proceso de \u00abla teolog\u00ed\u00ada de la palabra\u00bb que, arrancando de la eternidad, llega a nosotros en una trayectoria paulatina y progresiva a trav\u00e9s de todo el A. T. y culminando en la persona de Jes\u00fas, hemos seguido el largo proceso recorrido por el Logos para \u00abhabitar\u00bb en medio de nosotros. En \u00e9l confluye toda la teolog\u00ed\u00ada de la Palabra y de los dem\u00e1s t\u00e9rminos afines, como son, sobre todo, la Ley y la Sabidur\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>En esta misma l\u00ed\u00adnea nos orienta el texto sobre la revelaci\u00f3n concedida a los peque\u00f1os: \u00abYo te alabo, Padre, Se\u00f1or del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a los sabios y discretos y las revelaste a los peque\u00f1uelos. S\u00ed\u00ad, Padre, porque as\u00ed\u00ad te pareci\u00f3 bien. Todo me ha sido concedido por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quisiera revel\u00e1rselo\u00bb (Mt 11, 25-27). Jes\u00fas es, en efecto, el Revelador, pero \u00bfpor qu\u00e9? Porque es el Hijo. Cada vez parece m\u00e1s claro que esta sentencia de Jes\u00fas tiene como base la experiencia dom\u00e9stica. \u00bfQui\u00e9n conoce mejor al padre de la casa que sus hijos? \u00bfQui\u00e9n conoce a los hijos mejor que el padre? Jes\u00fas, partiendo de esta experiencia familiar, se sirve de ella para justificar la revelaci\u00f3n que \u00e9l hace. Puede hacerla porque es el Hijo y conoce bien al Padre y porque el Padre le ha confiado todos sus secretos. En definitiva; Jes\u00fas es el Revelador, la Palabra \u00faltima y definitiva de Dios, es Hijo \u00abque est\u00e1 el seno Padre\u00bb (Jn 1, 18). El \u00abestar en el seno de alguien\u00bb es la imagen que, en el lenguaje humano, indica mayor intimidad, conocimiento m\u00e1s profundo, comunicaci\u00f3n exclusiva, donaci\u00f3n total.<\/p>\n<p>La par\u00e1bola de los vi\u00f1adores homicidas distingue claramente entre los siervos y el Hijo (Mt 21, 3ss). Evidentemente, los siervos son los distintos profetas enviados por Dios a su pueblo. Y la raz\u00f3n por la cual el due\u00f1o de la vi\u00f1a tiene esperanza de que los labradores respetar\u00e1n al \u00faltimo enviado es porque se trata de su Hijo.<\/p>\n<p>La par\u00e1bola constituye una verdadera iluminaci\u00f3n de toda la historia salv\u00ed\u00adfica. Dios quiso que, a lo largo y a lo ancho de la misma, no faltase nunca el ejercicio del ministerio prof\u00e9tico. Los profetas levantaron su voz recordando los \u00abderechos de Dios\u00bb expresados en las cl\u00e1usulas de la alianza. . El \u00faltimo portavoz se halla en la misma l\u00ed\u00adnea prof\u00e9tica. Anuncia las palabras de Dios porque es la Palabra de Dios. Se halla inmerso en el ejercicio del ministerio prof\u00e9tico y al mismo tiempo lo supera. Y ello porque es el Hijo: \u00e9 a mi Hijo. El es el \u00faltimo recurso: Dios habla en su Hijo y por su medio.<\/p>\n<p>4. Encarnaci\u00f3n \u00abprogresiva\u00bb<br \/>\nSeg\u00fan la expresi\u00f3n paulina la encarnaci\u00f3n tuvo lugar cuando \u00ablleg\u00f3 la plenitud de los tiempos\u00bb (Gal 4, 4). Esta afirmaci\u00f3n nos abre claras perspectivas en relaci\u00f3n con el pasado y con el futuro. No cabe duda que existe una diferencia radical entre el tiempo b\u00ed\u00adblico y el tiempo c\u00f3smico. La pregunta es si son tan diferentes que cada uno marche por su camino, que se desarrollen en l\u00ed\u00adneas paralelas, que no haya posibilidad alguna de contacto entre ellos. Decir que el tiempo b\u00ed\u00adblico se desarrolla en el marco mucho m\u00e1s amplio del tiempo c\u00f3smico es una soluci\u00f3n de emergencia depauperadora de una realidad inmensamente rica.<\/p>\n<p>Nosotros hablamos de la encarnaci\u00f3n como de una segunda creaci\u00f3n. El enjuiciamiento obligado de nuestra misma manera de hablar nos obliga a pensar en la creaci\u00f3n primera. Fue la primera salida de Dios de s\u00ed\u00ad mismo. Al menos as\u00ed\u00ad nos lo presenta la Biblia, aunque sea preciso alejarnos del aspecto precient\u00ed\u00adfico de sus planteamientos. La presentaci\u00f3n creacional de la Voluntad Soberana nos exige pensar en un caminar constante, en una evoluci\u00f3n permanente en la que el tiempo, en su globalidad total, alcance su sentido desde \u00abla plenitud de los tiempos\u00bb. Estar\u00ed\u00adamos hablando del sentido c\u00f3smico de la encarnaci\u00f3n. En ella encontrar\u00ed\u00ada el mundo su sentido, su centro y su unidad contemplada, sobre todo, en su perspectiva final.<\/p>\n<p>La acci\u00f3n creadora de Cristo, tan destacada en Col 1, 16-17 \u2014intervenci\u00f3n de Cristo en la creaci\u00f3n\u2014 y la actividad salvadora de Dios son vistas por Pablo como una realizaci\u00f3n hist\u00f3rica de su eterno amor al hombre. El hombre est\u00e1 destinado a reflejar tanto su creaturidad primera, la de ser criatura de Dios, como su creaturidad segunda, el ser criatura de Cristo: \u00abLa verdadera imagen de Dios no est\u00e1 tanto en el principio, sino en la meta de Dios con la humanidad\u00bb (J. Moltmann).<\/p>\n<p>Adoptando la perspectiva evolutiva, desde una concepci\u00f3n global del mundo, el \u00e9nfasis debe ponerse en la realidad \u00faltima, en la parus\u00ed\u00ada como coronaci\u00f3n de la historia, la cual supera en calidad y en novedad al comienzo del mundo. Como dice Teilhard de Chardin \u00abTodas las inverosimilitudes (de la antigua teolog\u00ed\u00ada) desaparecen y las expresiones m\u00e1s atrevidas de Pablo adquieren f\u00e1cilmente un sentido actual cuando el mundo se descubre pendiente, en su aspecto consciente, de un punto de convergencia omega y cuando, en virtud de su encarnaci\u00f3n, Cristo aparece investido de las funciones de omega\u00bb. \u00abEl Cristo de la revelaci\u00f3n, no es m\u00e1s que el punto omega de la evoluci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>\u00bfDifiere mucho el ap\u00f3stol Pablo cuando afirma que en Cristo reside la plenitud o la plenitud de la divinidad corporalmente, Col 1, 19; 2, 9? La \u00abpleromizaci\u00f3n\u00bb (= , en griego, significa llenar copiosamente un recipiente, en este caso una persona) o \u00abcristog\u00e9nesis\u00bb apuntan hacia el triunfo c\u00f3smico de Cristo. La visi\u00f3n din\u00e1mico-evolutiva del mundo ha permitido a Teihard de Chardin integrar las ideas de creaci\u00f3n y redenci\u00f3n en un plano m\u00e1s unitario, donde la figura de Cristo emerge como centro del universo y meta del proyecto creativo divino (punto omega): todo el proceso evolutivo, por dirigirse hacia Cristo, es al mismo tiempo creativo y salv\u00ed\u00adfico.<\/p>\n<p>Frente a la consideraci\u00f3n cl\u00e1sica de la encarnaci\u00f3n para redimir al hombre del pecado, ser\u00e1 necesario recordar que ya Duns Escoto (1274-1308) centra la encarnaci\u00f3n en la predestinaci\u00f3n de Cristo, a quien corresponde el primado de la creaci\u00f3n. De ah\u00ed\u00ad que no sea posible decretar la encarnaci\u00f3n para reparar el pecado del hombre, sino s\u00f3lo para dar a lo creado la posibilidad de realizar la gloria suprema de Dios.<\/p>\n<p>A nosotros se nos exige desprendernos de unas categor\u00ed\u00adas demasiado est\u00e1ticas en una teolog\u00ed\u00ada de la encarnaci\u00f3n y aceptar un tipo de reflexi\u00f3n capaz de integrar m\u00e1s certeramente la creaci\u00f3n y la redenci\u00f3n en el \u00fanico plan salv\u00ed\u00adfico. La encarnaci\u00f3n no puede considerarse simplemente como un segundo tiempo, como una segunda intervenci\u00f3n de Dios, adecuadamente distinta de la intervenci\u00f3n creadora y condicionada por el hecho hist\u00f3rico del pecado. En realidad incluye lo creativo y lo soteriol\u00f3gico como aspectos distintos de una voluntad electiva de Dios sobre el hombre y su mundo. La encarnaci\u00f3n no es un hecho contingente que se a\u00f1ada a una historia ya constituida sin \u00e9l, sino que expresa una ley esencial que regula las relaciones entre Dios y el mundo en la visi\u00f3n cristiana (M. Bordoni).<\/p>\n<p>Si la encarnaci\u00f3n expresa una constante hist\u00f3rica del \u00fanico y eterno plan creacional y salv\u00ed\u00adfico de Dios, la fe cristiana, como respuesta libre y cooperaci\u00f3n del hombre a la realizaci\u00f3n de las intenciones \u00faltimas de los designios de Dios, posee tambi\u00e9n una dimensi\u00f3n de encarnaci\u00f3n. De hecho, el estado \u00abdesencarnado\u00bb. de la fe cristiana ha sido una de las principales causas de la descristianizaci\u00f3m de los ambientes tradicionales de fe y del fracaso de la misi\u00f3n eclesial. Estos hechos exigen recuperar la encarnaci\u00f3n de la fe y mostrar el amor del creyente al hombre y a su mundo. \u00abEl cristianismo s\u00f3lo lograr\u00e1 la salvaci\u00f3n encarn\u00e1ndose seg\u00fan su propia f\u00f3rmula, es decir, poni\u00e9ndose decididamente en el centro y en el v\u00e9rtice de ese movimiento espiritual, social y tangible, que hemos llamado el frente humano\u00bb (Teilhard de Chardin).<\/p>\n<p>Muy probablemente la consideraci\u00f3n y autodenominaci\u00f3n \u00fanica del Encarnado como \u00abHijo del hombre\u00bb sea inseparable de la concepci\u00f3n del hombre en su proceso de realizaci\u00f3n hasta alcanzar la plenitud del ser humano en el , el \u00abEcce Horno\u00bb del evangelio de Juan. > logos palabra; Ecce Homo; revelaci\u00f3n.<\/p>\n<p>BIBL. &#8211; Pueden consultarse muy provechosamente los siguientes comentarios al evangelio de san Juan: R. E. BROWN, evangelio seg\u00fan san luan, Madrid, 1979; R. SCHNACKENBURG, evangelio de Juan, Herder, 1987; X. LE\u00ed\u201cN-DUFOUR, del evangelio de Juan, a partir del a\u00f1o 1989, y todav\u00ed\u00ada falta el \u00faltimo tomo; F. F. RAMOS, seg\u00fan san Juan, en \u00abComentario al Nuevo Testamento\u00bb, Casa de la Biblia y otras editoriales; M. BoRDONI, \u00f3n, en \u00abNuevo Diccionario de Teolog\u00ed\u00ada\u00bb, Cristiandad, 1982; SCHWEIZER, BAUMG\u00ed\u0081RTEL, MEYER, , Sarkik\u00f3s, S\u00e1rkinos, en el magno diccionario TWzNT; A. FEUILLET, Pr\u00f3logo del cuarto evangelio, Madrid, 1970; J. B. METZ, \u00ed\u00ada del mundo, Salamanca, 1970.<\/p>\n<p>F. Ramos<\/p>\n<p>FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret<\/b><\/p>\n<p>(-> Mar\u00ed\u00ada, madre de Jes\u00fas, anunciaci\u00f3n, concepci\u00f3n por el Esp\u00ed\u00adritu, nacimiento, preexistencia). El tema de la encarnaci\u00f3n de Dios en Jes\u00fas se ha expresado en el Nuevo Testamento b\u00e1sicamente de dos formas: por un lado est\u00e1n los textos que suponen o exponen la preexistencia* divina del Hijo de Dios; por otro, los que ponen de relieve la concepci\u00f3n* por el Esp\u00ed\u00adritu, present\u00e1ndola en forma de narraci\u00f3n evan g\u00e9lica. Desde este contexto, retomando el argumento de la concepci\u00f3n* por el Esp\u00ed\u00adritu, evocamos la visi\u00f3n de los evangelios de Lucas y Mateo, que presentan la encarnaci\u00f3n de Dios en forma de nacimiento mesi\u00e1nico, desde dos perspectivas distintas. Los evangelios no tratan de resolver problemas hist\u00f3ricos, sino de entender la figura y obra de Jes\u00fas a partir de su mismo nacimiento. Desde esa base ofreceremos una breve reflexi\u00f3n teol\u00f3gica.<\/p>\n<p>(1) Lucas. La funci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada. El \u00e1ngel (Gabriel = fuerza de Dios) ha saludado a Mar\u00ed\u00ada: Al\u00e9grate, agraciada, el Se\u00f1or est\u00e1 contigo. Evidentemente, ella se turba, como suele suceder en las teofan\u00ed\u00adas y relatos de anunciaciones. Dios le responde: \u00abNo temas, Mar\u00ed\u00ada, pues has hallado gracia ante Dios; y, mira, concebir\u00e1s en tu vientre y dar\u00e1s a luz un hijo y le pondr\u00e1s por nombre Jes\u00fas; \u00e9ste ser\u00e1 Grande, se llamar\u00e1 Hijo del Alt\u00ed\u00adsimo&#8230;\u00bb (Lc 1,30-33). De esta forma se vinculan la esperanza israelita (Jes\u00fas ser\u00e1 Hijo de David) y la esperanza universal humana (se llamar\u00e1 Hijo de Dios). El mismo Dios trascendente ha dirigido su palabra a la mujer Mar\u00ed\u00ada, ofreci\u00e9ndole el m\u00e1s alto misterio de su vida. No es un Dios esposo, pues Mar\u00ed\u00ada se encuentra desposada; y, sin embargo, es Dios que act\u00faa, haciendo surgir dentro de la historia, por medio de Mar\u00ed\u00ada, el hijo mesi\u00e1nico de David, que es Hijo del Alt\u00ed\u00adsimo. Dios mismo es quien supera todas las leyes de la historia, haciendo que Mar\u00ed\u00ada quede gr\u00e1vida de amor y sea madre del Mes\u00ed\u00adas. Pero es ella, la mujer Mar\u00ed\u00ada, quien debe asumir la tarea materna y paterna, dando nombre y vida al hijo divino sobre el mundo. Dios mismo le pide colaboraci\u00f3n. Ella escucha y debe responder, ofreciendo su m\u00e1s alta creatividad de persona humana. Las funciones del var\u00f3n y la mujer se han fecundado, se han unido: ella misma, la mujer Mar\u00ed\u00ada, aparece ahora como expresi\u00f3n humana del misterio paterno y materno de Dios, (a) Mar\u00ed\u00ada es madre del Hijo del Alt\u00ed\u00adsimo&#8230; Ella act\u00faa as\u00ed\u00ad como mediadora del misterio paterno\/materno del mismo Dios, que engendra su misterio (la vida de su Hijo) sobre el mundo. Dios mismo se hace Padre dentro de la historia, por medio de Mar\u00ed\u00ada. Por eso, podemos llamarla rostro materno y paterno de la maternidad original de Dios, (b) Mar\u00ed\u00ada es madre del  Hijo mesi\u00e1nico. Engendrando un Hijo para Dios, ella lo engendra para David, es decir, para la esperanza israelita. \u00bfC\u00f3mo se vinculan la paternidad de David y la de Dios? El \u00e1ngel no lo dice, dejando que sea Mar\u00ed\u00ada la que pregunte, elevando su cuesti\u00f3n ante el misterio. Dios ha revelado a Mar\u00ed\u00ada el m\u00e1s alto secreto: concebir\u00e1s&#8230; Pero, al mismo tiempo, ha dejado que ella misma sea quien decida y responda, como hace, diciendo: \u00abC\u00f3mo suceder\u00e1 esto, pues no conozco var\u00f3n\u00bb (Lc 1,34). Esta pregunta puede interpretarse y se ha interpretado de varias maneras, pero la m\u00e1s obvia es \u00e9sta: le han dicho que concebir\u00e1; ella eleva su voz y pregunta \u00bfd\u00f3nde est\u00e1 el var\u00f3n? Esta es una pregunta l\u00f3gica. Ella no es fil\u00f3sofa como Fil\u00f3n, sino una mujer galilea, de cultura y religi\u00f3n jud\u00ed\u00ada (israelita). Dios le promete un hijo y ella pregunta por el padre. Es l\u00f3gico que sea as\u00ed\u00ad. No le ha dicho a Dios que espere, que debe consultarlo con Jos\u00e9, su desposado. Tampoco le ha dicho que debe consultarlo con sus familiares (con su posible padre humano). Por el contrario, ella se sabe aut\u00f3noma ante Dios y desde su propia autonom\u00ed\u00ada le responde: \u00c2\u00a1no conozco var\u00f3n! Es \u00e9l, el mismo Dios, quien debe responder por medio de su \u00e1ngel y as\u00ed\u00ad lo hace, ofreciendo la palabra suprema de su revelaci\u00f3n: \u00abEl Esp\u00ed\u00adritu Santo vendr\u00e1 sobre ti, la Fuerza del Alt\u00ed\u00adsimo te cubrir\u00e1 con su sombra; por eso, lo que nazca ser\u00e1 Santo, se llamar\u00e1 Hijo de Dios\u00bb (1,35). Dios no es potencia seminal que sustituye al esperma de Abrah\u00e1n, de David o de otro, sino Esp\u00ed\u00adritu de Vida, paternidad fundante que se expresa por medio de Mar\u00ed\u00ada, en el centro de la historia humana, (c) Mar\u00ed\u00ada y Mois\u00e9s. Recordemos la vocaci\u00f3n de Mois\u00e9s* (Ex 3,11-12). Mois\u00e9s hab\u00ed\u00ada recibido ya su encargo b\u00e1sico, pero tiene miedo, se siente d\u00e9bil y pregunta: \u00bfqui\u00e9n soy yo? Dios le responde diciendo: no importa qui\u00e9n eres t\u00fa, sino Qui\u00e9n soy yo. Y as\u00ed\u00ad le dice: Soy el que soy (= El que hago ser), fundando as\u00ed\u00ad la historia israelita. Tambi\u00e9n Mar\u00ed\u00ada ha preguntado, y Dios le ha respondido de manera semejante pero mucho m\u00e1s profunda: Estoy contigo como Esp\u00ed\u00adritu de Vida, har\u00e9 que nazca de ti (por ti) mi propio Hijo. De esta forma, la revelaci\u00f3n de Yahv\u00e9 (= Soy el que Soy, el que hago ser) se concreta y culmina por medio de la mujer Mar\u00ed\u00ada, de mane ra que por ella se expresa su nuevo y m\u00e1s alto misterio de revelaci\u00f3n. El Dios que habla as\u00ed\u00ad, el Dios que act\u00faa suscitando a Jesucristo, su Hijo, por medio de Mar\u00ed\u00ada, es un Dios siempre m\u00e1s grande, Dios Padre-Madre, presencia activa, misterio de amor que se expresa como Esp\u00ed\u00adritu Santo. Dios no es Padre en General, Padre del cosmos actual o del futuro. Ahora descubrimos que \u00e9l es Padre de nuestro Se\u00f1or Jesucristo, como expresar\u00e1 la confesi\u00f3n pascual.<\/p>\n<p>(2) Mateo. Origen divino y humano de Jes\u00fas. Mateo ha interpretado el nacimiento de Jes\u00fas desde una perspectiva israelita, retomando los motivos del \u00e9xodo*: \u00abde Egipto he llamado a mi Hijo\u00bb (Mt 2,15; cf. Os 11,1). Este Hijo al que Dios engendra y llama, sac\u00e1ndolo de Egipto, es, en principio, el pueblo de Israel, personificado ahora en Jesucristo. Sobre esa base ha escrito Mateo su relato, no s\u00f3lo para indicar que Jes\u00fas es Hijo de Dios, sino tambi\u00e9n para mostrar que Dios es Padre y le ha engendrado en el camino de la historia humana (israelita), como descendiente de Abrah\u00e1n y de David. As\u00ed\u00ad debe entenderse la genealog\u00ed\u00ada rnesi\u00e1nica, expresada en los cuarenta y dos antepasados de Cristo (Mt 1,2-18). Para Mateo, como para todo el pensamiento b\u00ed\u00adblico, s\u00f3lo es verdaderamente humano aquel que nace de una historia, en una determinada familia o genealog\u00ed\u00ada. Eso significa que Dios s\u00f3lo puede ser Padre a trav\u00e9s de la historia si engendra en ella al Hijo, introduci\u00e9ndole (haci\u00e9ndole nacer) dentro de una genealog\u00ed\u00ada. Para mostrar eso, Mt ha recogido (y elaborado) una tabla de antepasados israelitas de Jes\u00fas (1,2-17), organiz\u00e1ndola sistem\u00e1ticamente en tres conjuntos de 14 generaciones, que quedan superadas al final desde el Esp\u00ed\u00adritu Santo. En ese contexto se pueden destacar los siguientes motivos, (a) El Padre Dios y las cuatro mujeres irregulares (Mt 1,36). Como Padre mesi\u00e1nico, Dios ha ido guiando la historia humana, el proceso de generaciones que llevan de Abrah\u00e1n (de Ad\u00e1n) a Jesucristo, y se ha expresado de un modo especial a trav\u00e9s de cuatro mujeres irregulares (Tamar, Rahab, Rut, la mujer de Ur\u00ed\u00adas), donde ha venido a reflejarse su providencia creadora. As\u00ed\u00ad se manifiesta como verdadero Padre Dios, revelando su cuidado y revel\u00e1ndose paterno\/materno a trav\u00e9s  de los dif\u00ed\u00adciles caminos de los hombres y mujeres de la historia, (b) El Padre Dios y la mujer Mar\u00ed\u00ada. Concebido por el Esp\u00ed\u00adritu Santo (Mt 1,18-25). El relato de la concepci\u00f3n de Jes\u00fas incluye elementos de car\u00e1cter teol\u00f3gico y antropol\u00f3gico, cristol\u00f3gico y sacral, entre los que destaca el influjo y presencia de Dios, que act\u00faa como Padre, por medio de su Esp\u00ed\u00adritu Santo, haciendo que su Hijo nazca dentro de la historia. All\u00ed\u00ad donde se iba sucediendo la creatividad de los padres de familia, en l\u00ed\u00adnea patriarcalista (s\u00f3lo han aparecido cuatro mujeres irregulares en un total de cuarenta y dos varones patriarcales), destaca ahora la funci\u00f3n m\u00e1s alta de Mar\u00ed\u00ada, la mujer que viene a presentarse como signo de acogida humana del misterio de Dios, seg\u00fan la profec\u00ed\u00ada (una virgen concebir\u00e1 y dar\u00e1 a luz un hijo&#8230; Mt 1,23; cf. Is 7,\u00ed\u008d4). Por eso, Jos\u00e9 (el var\u00f3n israelita) debe \u00abconvertirse\u00bb, superando la ley de generaci\u00f3n de los varones y aceptando la acci\u00f3n y presencia de Dios en Mar\u00ed\u00ada; Jos\u00e9 se hace padre (signo de Dios) en la medida en que renuncia a un tipo de paternidad propia. Naciendo de Mar\u00ed\u00ada virgen, Jes\u00fas ha superado el nivel en que se mueve la genealog\u00ed\u00ada anterior. Ciertamente, por medio de Jos\u00e9, \u00e9l ha sido recibido en una familia israelita, pero no por comuni\u00f3n de sangre, sino por obediencia a Dios y decisi\u00f3n creyente. Desde ah\u00ed\u00ad ha de entenderse el misterio de la paternidad divina, que se introduce a trav\u00e9s de Mar\u00ed\u00ada en la l\u00ed\u00adnea de las genealog\u00ed\u00adas humanas. Jos\u00e9 es para Mt el primero de todos los creyentes: aquel que, trascendiendo el nivel geneal\u00f3gico, expresado a trav\u00e9s de la esperanza dav\u00ed\u00addica humana, ha venido a situarse y nos sit\u00faa ante la creatividad superior de Dios, que engendra a su Hijo dentro de la historia, como salvador de todos los humanos, por obra del Esp\u00ed\u00adritu (cf. Mt 3,17), que es la vida y fuerza de Dios Padre. La biograf\u00ed\u00ada humana de Jes\u00fas (nacimiento, decurso vital, muerte\/pascua) se encuentra definida por el Esp\u00ed\u00adritu de Dios, que le suscita, le acompa\u00f1a y culmina su camino por la pascua.<\/p>\n<p>(3) Encamaci\u00f3n. Un tema de dialogo entre religiones. Frente a una visi\u00f3n dualista, plat\u00f3nica o gn\u00f3stica, donde Dios permanece siempre en un nivel espiritualista, sin hacerse cuerpo, el Dios de Jes\u00fas se encarna y habita entre los hombres (cf. Jn 1,14). Encarnaci\u00f3n significa presencia personal de Dios, que sigue siendo trascendente, haci\u00e9ndose totalmente humano. El judaismo sabe que Dios habla a trav\u00e9s de los profetas, pero a\u00f1ade que se encuentra siempre arriba, en su propia trascendencia. Lo mismo ha proclamado Mahoma en el Cor\u00e1n: Dios habla desde lo alto, no se vuelve palabra de forma humana, humanidad concreta. Tampoco las religiones de Oriente conocen verdadera encarnaci\u00f3n, sino avataras, manifestaciones visibles del Dios invisible, en formas simb\u00f3licas cambiantes, de tipo imaginativo, no en la carne individual de un ser humano. S\u00f3lo el cristianismo es religi\u00f3n de encarnaci\u00f3n: la teofan\u00ed\u00ada o manifestaci\u00f3n de Dios se identifica con la historia concreta de Jes\u00fas, con su persona. Desde esta base podemos distinguir tres tipos de religiones. Las religiones c\u00f3smicas est\u00e1n llenas de hierofan\u00ed\u00adas c\u00f3smicas (cielo y tierra, piedras y animales, \u00e1rboles y fuerzas atmosf\u00e9ricas); pero Dios no se revela en ninguna de ellas de manera plena. Tambi\u00e9n las religiones prof\u00e9ticas se encuentran llenas de palabras y libros de Dios, como atestigua el Antiguo Testamento y el Cor\u00e1n. Pero s\u00f3lo el cristianismo confiesa que \u00abal llegar la plenitud de los tiempos, envi\u00f3 Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley\u00bb (Gal 4,4-5), de tal forma que Jes\u00fas es hombre siendo Hijo de Dios.<\/p>\n<p>(4) Cristianismo, religi\u00f3n de encamaci\u00f3n. Jes\u00fas forma parte de la historia y de la eternidad de Dios. En lenguaje de historia, afirmamos que Jes\u00fas es el Hijo de Dios que nace en el tiempo, de manera que s\u00f3lo en el tiempo podemos encontrarle, no fuera del tiempo, en alg\u00fan tipo de eternidad previa, sino que brota de Dios al estar naciendo (realiz\u00e1ndose) en el mundo; por eso, su misma encarnaci\u00f3n (humanizaci\u00f3n) ha de entenderse como surgimiento divino. Pero, en lenguaje de eternidad, debemos a\u00f1adir que Jes\u00fas Hijo pertenece al misterio fundante de Dios, de manera que no hubo un tiempo en que no fuera. Ninguno de esos dos lenguajes puede tomarse por aislado, sino que los dos han de tomarse unidos, de manera que nos permitan definir a Jes\u00fas como Dios en persona, como el mismo Hijo de Dios humanizado. Avanzando en esa l\u00ed\u00adnea podemos definir a Dios como aquel que es capaz de encarnarse (expresarse) totalmente en un humano  (no en un \u00e1ngel o animal, un vegetal o una estrella). M\u00e1s a\u00fan, Dios no se encama en la humanidad general o en el proceso de la idea, como pod\u00ed\u00ada haber pensado Hegel; ni se expresa en la hondura supramaterial del alma o del esp\u00ed\u00adritu, como pod\u00ed\u00adan a\u00f1adir los neoplat\u00f3nicos y\/o gn\u00f3sticos, sino en un hombre bien concreto: Jes\u00fas de Galilea. L\u00f3gicamente, los diversos momentos de la existencia de Jes\u00fas (recibir el ser, asumirlo de manera personal y compartirlo con otros, entregarlo a los dem\u00e1s&#8230;) son elementos centrales del misterio de la encarnaci\u00f3n. Jes\u00fas es hombre (= un humano) individual, hist\u00f3rico, que ha nacido de otros hombres (de Mar\u00ed\u00ada, su madre), surgiendo de la promesa israelita (por Abrah\u00e1n), en el contexto general de la historia (de Ad\u00e1n). Por eso, siendo individuo, lleva en su suerte la suerte de todos los humanos, de manera que ha podido vincularlos en palabra y esperanza. Pues bien, naciendo de la historia anterior y fundando la que sigue, Jes\u00fas brota del misterio de Dios, que ha querido que su Hijo eterno (superior a todo lo que existe) surja y se exprese en el camino de la historia. Por eso dice Juan que en el principio era el Logos (1,1), para a\u00f1adir que se hizo carne y habit\u00f3 entre nosotros (Jn 1,14).<\/p>\n<p>Cf. R. E. BROWN, El nacimiento del Mes\u00ed\u00adas, Cristiandad, Madrid 1982; M. COLERIDGE, Nueva lectura de la infancia de Jes\u00fas. La narrativa como cristolog\u00ed\u00ada en Lucas 1-2, El Almendro, C\u00f3rdoba 2000; J. MCHUGH, La Madre de Jesils en el Nuevo Testamento, Descl\u00e9e de Brouwer, Bilbao 1978; S. MU\u00ed\u2018OZ IGLESIAS, Los Evangelios de la Infancia I-IV, BAC, Madrid 1987; G. PARRINDER, Avatar y Encamaci\u00f3n. Un estudio comparativo de las creencias hind\u00faes y cristianas, Paid\u00f3s, Barcelona 1993; X. PIKAZA, La nueva figura de Jesils, Estudios B\u00ed\u00adblicos, Verbo Divino, Estella 2003; K. RAHNER y W. TH\u00dcSING, Cristolog\u00ed\u00ada. Estudio teol\u00f3gico y exeg\u00f3tico, Cristiandad, Madrid 1975.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. La presencia de YHWH en medio de su pueblo en el AT.-II. La venida del Hijo de Dios en la carne seg\u00fan el NT: 1. La tensi\u00f3n intr\u00ed\u00adnseca y parad\u00f3jica y las dos \u00abetapas\u00bb del acontecimiento Cristo: \u00abseg\u00fan la carne\u00bb \/\u00bbseg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb; 2. La encarnaci\u00f3n del Hijo de Dios a partir de su condici\u00f3n de preexistencia; 3. La narraci\u00f3n del nacimiento virginal de Jes\u00fas por obra del Esp\u00ed\u00adritu Santo en Mar\u00ed\u00ada; 4. La encarnaci\u00f3n del Hijo de Dios como rebajamiento\/ k\u00e9nosis, hasta la muerte de cruz.-III. Perspectiva dogm\u00e1tica: la encarnaci\u00f3n como acontecimiento trinitario.<\/p>\n<p>Hasta no hace mucho tiempo, en los manuales teol\u00f3gicos cat\u00f3licos, el concepto de encarnaci\u00f3n se usaba para expresar el acto de conjunci\u00f3n entre la naturaleza divina y la naturaleza humana en la persona de Cristo, y consiguientemente para profundizar -gracias a un an\u00e1lisis de car\u00e1cter m\u00e1s bien metaf\u00ed\u00adsico- la constituci\u00f3n ontol\u00f3gica del Verbo encarnado. La vuelta a la historia de la salvaci\u00f3n, a la din\u00e1mica de comprensi\u00f3n del acontecimiento cristol\u00f3gico que nos atestigua el NT., pero tambi\u00e9n a la g\u00e9nesis patr\u00ed\u00adstica del dogma cristol\u00f3gico de Calcedonia, junto con el horizonte cultural moderno y contempor\u00e1neo m\u00e1s atento a la existencialidad y a la historicidad que el antiguo, han permitido colocar el concepto de la encarnaci\u00f3n de Cristo en el contexto hist\u00f3rico m\u00e1s amplio de la preparaci\u00f3n veterotestamentaria, del conjunto global &#8216; del acontecimiento de Jesucristo y, por tanto, ver en \u00e9l la expresi\u00f3n del centro de la historia de la salvaci\u00f3n en el que est\u00e1n llamados a insertarse, de diversas formas, todos los hombres. En esta perspectiva es posible -y hasta necesario- leer la encarnaci\u00f3n como acontecimiento \u00ed\u00adntegramente trinitario, realizado y comprendido en su profundidad y en su significado \u00faltimo a partir del acontecimiento pascual.<\/p>\n<p>I. La presencia de YHWH en medio de su pueblo en el AT<br \/>\nEn realidad, si no es ciertamente posible hablar de \u00abencarnaci\u00f3n\u00bb en el sentido preciso del t\u00e9rmino a prop\u00f3sito del AT -ya que esto supondr\u00ed\u00ada olvidar la radical transcendencia de YHWH-, es sin embargo importante subrayar c\u00f3mo toda la historia de Israel est\u00e1 atravesada por la promesa de la presencia salv\u00ed\u00adfica del Se\u00f1or en medio de su pueblo y tambi\u00e9n, por consiguiente, c\u00f3mo esta promesa est\u00e1 caracterizada por la tensi\u00f3n intr\u00ed\u00adnseca escatol\u00f3gica hacia una meta de presencia definitiva y completa de YHWH en la historia. Baste recordar algunos temas que recorren toda la tradici\u00f3n del AT. Ante todo, la morada de Dios en medio del pueblo de Israel en la tienda del desierto (Ex 25, 22; 33, 7-11; Lev 26, 12) y luego en el templo (1 Re 8, 10-11). En segundo lugar, el tema de la Sabidur\u00ed\u00ada (cf. Job 28, 20ss; Sab 7, 22ss; 16, 12ss; Prov 8, 22ss), a trav\u00e9s de la cual cre\u00f3 Dios todas las cosas, y que planta su tienda en Jacob (Eclo 24, 8); y junto con ellos, los temas de la Palabra eficaz de YHWH (con su papel c\u00f3smico-creativo e hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfico) (cf. G\u00e9n 1; Sal 33, 6; Is 44, 26ss; 55, 10-11), y de la Ley dada por Dios a su pueblo por medio de Mois\u00e9s en el Sina\u00ed\u00ad. Una promesa de esta presencia de YHWH junto a Israel es tambi\u00e9n la que se vislumbra en la revelaci\u00f3n que Dios hace a Mois\u00e9s de su Nombre (cf. Ex 3, 1-15); en efecto, este Nombre -que compendia y manifiesta el rostro de Dios a partir de la experiencia liberadora del Exodo- no significa solamente la absoluta transcendencia del Dios de Israel, sino tambi\u00e9n la promesa de su presencia salv\u00ed\u00adfica, llegando a significar que \u00abpase lo que pase, en cualquier momento, lugar y situaci\u00f3n en que te encuentres, t\u00fa (Israel) me encontrar\u00e1s como un T\u00fa que est\u00e1 delante de ti, un t\u00fa vivo y salv\u00ed\u00adfico que ser\u00e1 en cada ocasi\u00f3n tu presente y tu futuro\u00bb (E. Jacob). Tambi\u00e9n el tema de la gloria (kabod, d\u00f3xa) expresa en el AT la revelaci\u00f3n epif\u00e1nica de la santidad de Dios en la naturaleza, pero sobre todo en la historia de Israel. La gloria es la santidad manifestada (cf. Is 6, 1-4): en los magnalia Dei, signo de su poder puesto al servicio de su amor y de su fidelidad, sobre todo en las teofan\u00ed\u00adas del \u00e9xodo (Ex 16, 10; 24, 15ss; 33, 18), en la manifestaci\u00f3n de su presencia en el templo (1 Re 8, 10-13), tambi\u00e9n en este caso con un alcance escatol\u00f3gico: en cuanto que la gloria del Se\u00f1or \u00abhabitar\u00e1 nuestra tierra\u00bb (Sal 85, 10) y todas las naciones podr\u00e1n contemplarla (Sal 97, 6; Is 62, 2; 66, 18). En particular, ser\u00e1 sobre su Siervo como YHWH \u00abmanifestar\u00e1 su gloria\u00bb (cf. Is 49, 3); hasta la misteriosa figura apocal\u00ed\u00adptica del Hijo del hombre (cf. Dan 7, 9-14) est\u00e1 relacionada, en un texto famoso y enigm\u00e1tico de Ezequiel (cf. 1, 26-28), con la contemplaci\u00f3n de la gloria del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>II. La venida del Hijo de Dios en la carne seg\u00fan el NT<br \/>\nObviamente, estas prefiguraciones anticipadoras o, mejor dicho, esta promesa\/profec\u00ed\u00ada veterotestamentaria, adquieren su pleno significado s\u00f3lo a la luz del acontecimiento gratuito e indeducible de la venida del Hijo de Dios en la carne. Examinando en este sentido el testimonio neotestamentario, podemos distinguir, por comodidad, al menos cuatro momentos o dimensiones en los que se contempla y se transmite este acontecimiento de salvaci\u00f3n: a) la etapa m\u00e1s antigua, que se remonta a la misma predicaci\u00f3n de Jes\u00fas, que concierne por un lado a la tensi\u00f3n parad\u00f3jica entre su humanidad real y su autoridad mesi\u00e1nica, soberana y escatol\u00f3gica, y por otro lado al doble estado (de humillaci\u00f3n\/exaltaci\u00f3n) de su misi\u00f3n, que se pone de relieve a partir de la novedad de la resurrecci\u00f3n; b) la comprensi\u00f3n sucesiva del misterio de la preexistencia divino-trinitaria del Hijo de Dios y del acontecimiento de su encarnaci\u00f3n en la teolog\u00ed\u00ada paulina y joanea; c) la narraci\u00f3n de la historificaci\u00f3n de este acontecimiento gracias a lamaternidad virginal de Mar\u00ed\u00ada en los evangelios de la infancia; y finalmente la interpretaci\u00f3n de la encarnaci\u00f3n del Hijo de Dios como rebajamiento\/ k\u00e9nosis (a partir del famoso texto de Flp 2). En realidad, para acceder a la idea de la encarnaci\u00f3n, hay que percibir antes &#8211;parad\u00f3jicamente&#8211; la realidad de Jes\u00fas de Nazaret como aquel que fue constituido por Dios Mes\u00ed\u00adas y Se\u00f1or (en la resurrecci\u00f3n), y luego corno aquel que est\u00e1 desde siempre (como Hijo unig\u00e9nito) en el seno del Padre. De aqu\u00ed\u00ad el realismo, el valor salv\u00ed\u00adfico y el significado teol\u00f3gico de su \u00abhacerse carne\u00bb. En cada una de estas etapas (o dimensiones) de lectura del acontecimiento de la encarnaci\u00f3n est\u00e1 en realidad presente una clave pascual y una perspectiva esencial trinitaria, que intentaremos destacar en cada ocasi\u00f3n.<\/p>\n<p>1. LA TENSI\u00ed\u201cN INTR\u00ed\u008dNSECA Y PARAD\u00ed\u201cJICA Y LAS DOS \u00abETAPAS\u00bb DEL ACONTECIMIENTO CRISTO: \u00abSEG\u00daN LA CARNE\u00bb Y \u00abSEG\u00daN EL ESP\u00ed\u008dRITU\u00bb. El testimonio evang\u00e9lico de la vida, del kerigma y de la praxis prepascual de Jes\u00fas subrayan con toda evidencia una tensi\u00f3n parad\u00f3jica entre la humanidad real de Jes\u00fas de Nazaret (por ejemplo, experimentando el cansancio y el sufrimiento de la condici\u00f3n terrena, hasta el acontecimiento de la muerte, y con la expresi\u00f3n de una psicolog\u00ed\u00ada humana real, vivida con intensidad y en todos sets matices) y su exous\u00ed\u00ada (autoridad mesi\u00e1nica e incluso supramesi\u00e1nica) soberana y escatol\u00f3gica, que se manifiesta sobre todo en su anuncio del Reino, en su praxis y en los signos portentosos que atestiguan su instauraci\u00f3n, en la llamada de los disc\u00ed\u00adpulos (y en particular en la instituci\u00f3n de los Doce), en el conflicto con los fariseos y los saduceos a prop\u00f3sito de la interpretaci\u00f3n de la Ley y del significado del Templo, y en su misma autoconciencia filial en relaci\u00f3n con Dios&#8211;Abb\u00e1. Esta tensi\u00f3n parad\u00f3jica y tangible es la que hace surgir el interrogante&#8217; crucial: \u00ab\u00bfQui\u00e9n es este que&#8230;?\u00bb (cf. Mt 21, 20); \u00ab\u00bfCon qu\u00e9 autoridad haces esto? \u00bfQui\u00e9n te ha dado esta autoridad?\u00bb (Mt 21, 23 par.). En el evangelio de Juan (en relaci\u00f3n con los debates jerosolimitanos con el juda\u00ed\u00adsmo oficial: cf. cc. 7-10), la cuesti\u00f3n de la paradoja de Jes\u00fas -que atraviesa ya el testimonio sin\u00f3ptico- aparece de forma expl\u00ed\u00adcita: \u00abse trata del esc\u00e1ndalo que se deriva de la realidad humana tangible de Jes\u00fas, de su origen \u00abhumano\u00bb (de Nazaret) y de su extraordinaria autoridad y pretensi\u00f3n mesi\u00e1nica que plantea el problema de los or\u00ed\u00adgenes de esta autoridad ante el que se define de forma dram\u00e1tica la negativa a comprender por parte de los jud\u00ed\u00ados\u00bb&#8216;. Adem\u00e1s, va en el kerigrna prepascual de Jes\u00fas est\u00e1 presente, sobre todo a trav\u00e9s de la f\u00f3rmula central del Hijo del hombre con que autodesigna, la conciencia de una doble etapa del acontecimiento cristol\u00f3gico de la salvaci\u00f3n: la etapa de la humillaci\u00f3n con su culminaci\u00f3n en la pasi\u00f3n y muerte, y la etapa de la exaltaci\u00f3n-glorificaci\u00f3n en la resurrecci\u00f3n (cf., respectivamente, para un ejemplo solamente, Mc 8, 3lss y 14, 62). En el kerigrna pascual primitivo de la Iglesia apost\u00f3lica, a la luz de la resurrecci\u00f3n, el acontecimiento Cristo es comprendido por consiguiente en su globalidad a trav\u00e9s de este doble esquema (cf. Rom 1,.3-4; 1 Pe 3, 18; 1 Tim 3, 16), contraponiendo al Cristo \u00abseg\u00fan la carne\u00bb (sarx), esto es, seg\u00fan su vida hist\u00f3rica y su pasi\u00f3n y muerte, el Cristo \u00abseg\u00fan el esp\u00ed\u00adritu\u00bb (pne\u00fama), o sea, en su exaltaci\u00f3n pascual, en su constituci\u00f3n como Mes\u00ed\u00adas y Kyrios a la derecha del Padre y en su presencia vivificante por medio del Esp\u00ed\u00adritu en la vida de la Iglesia.<\/p>\n<p>2. LA ENCARNACI\u00ed\u201cN DEL HIJO DE DIOS A PARTIR DE SU CONDICI\u00ed\u201cN DE PREEXISTENCIA. El segundo momento fundamental de la comprensi\u00f3n del misterio de la encarnaci\u00f3n se tiene, sobre todo en la teolog\u00ed\u00ada paulina y en la joanea, a partir de la comprensi\u00f3n de la preexistencia de Cristo en el seno del Padre como su Hijo eterno y unig\u00e9nito. Tambi\u00e9n esta segunda etapa de comprensi\u00f3n se arraiga ciertamente en el kerigma y en la autoconciencia singularmente filial del Jes\u00fas hist\u00f3rico, pero se pone igualmente de relieve a partir del acontecimiento pascual. En esta perspectiva, son decisivos ante todo los llamados himnos paulinos. En primer lugar, el himno contenido en la carta a los Filipenses 2, 6-11 (ciertamente prepaulino en su estructura de fondo), que atestigua ya l\u00facidamente las tres etapas de la vida de Cristo: su preexistencia como \u00abigualdad con Dios\u00bb, su humillaci\u00f3n terrena hasta la muerte, su exaltaci\u00f3n pascual. En esta l\u00ed\u00adnea se sit\u00faan Ef 1, 3-14; Col 1, 13-19 y Heb 1, 1-4. Tambi\u00e9n es importante la que ha sido definida como \u00abcristolog\u00ed\u00ada de la epifan\u00ed\u00ada\u00bb, contenida en las cartas pastorales, que parece ser \u00abla m\u00e1s alta expresi\u00f3n paulina del concepto de encarnaci\u00f3n, en cuanto que por un lado implica la preexistencia del prop\u00f3sito divino de gracia (2 Tim 1, 9), y por otro el acontecimiento hist\u00f3rico del \u00abmanifestarse en la carne\u00bb (1 Tim 3, 16), que comprende como un todo indivisible la vida terrena, el acontecimiento pascual con la aparici\u00f3n del Resucitado, la \u00e9poca post-pascual de la predicaci\u00f3n apost\u00f3lica y la apelaci\u00f3n escatol\u00f3gica a la parus\u00ed\u00ada (2 Tim 1, 12)\u00bb, sin olvidar el valor esencial que asume la humanidad del Hijo de Dios hecho hombre en la carta a los Hebreos como presupuesto necesario de su misi\u00f3n soteriol\u00f3gica (cf. Heb 10, 5).<\/p>\n<p>Esta perspectiva teol\u00f3gica es la que se convierte sobre todo en gu\u00ed\u00ada para releer el acontecimiento cristol\u00f3gico en el cuarto evangelio: centrada toda ella en torno al doble movimiento de la salida de Jesucristo del Padre para venir al mundo y de la partida del mundo para volver al Padre. Pero es el pr\u00f3logo el que contiene las afirmaciones m\u00e1s expl\u00ed\u00adcitas y m\u00e1s densas sobre el acontecimiento de la encarnaci\u00f3n como comienzo y dimensi\u00f3n permanente del acontecimiento cristol\u00f3gico. Partiendo de la afirmaci\u00f3n clara de la preexistencia del Hijo de Dios como Logos eterno junto al Padre (Jn 1, 1), la encarnaci\u00f3n se expresa luego en el v. 14a: \u00aby el Verbo se hizo carne (sarx egh\u00e9neto) y vino a habitar (esch\u00e9nosen) en medio de nosotros\u00bb (cf. tambi\u00e9n 1 Jn 1, 1; 4, 2; 2 Jn 2, 7). Con esta densa afirmaci\u00f3n -que consituye sin m\u00e1s la clave de b\u00f3veda de la doctrina cl\u00e1sica y de la formulaci\u00f3n dogm\u00e1tica del misterio de la encarnaci\u00f3n- el cuarto evangelio afirma ante todo la identidad entre el Logos preexistente, el Jes\u00fas encarnado y el Cristo glorioso. Esto subraya, por un lado, el realismo antidoceta del acontecimiento de la encarnaci\u00f3n, por el que el Logosasume entera y plenamente el modo de ser humano (en su realidad de fragilidad y de espera de la salvaci\u00f3n de Dios, expresada con el t\u00e9rmino sarx, hebreo basar); y por otro lado, la singularidad y la definitividad escatol\u00f3gica de la revelaci\u00f3n del rostro de Dios que tiene lugar en Cristo, precisamente como Logos hecho carne (es el mismo concepto expresado en Heb 1, 1-4). Adem\u00e1s, el verbo empleado para expresar el dinamismo del acontecimiento de la encarnaci\u00f3n (egh\u00e9neto, de ghignomai = hacerse, llegar a ser) subraya con fuerza y precisi\u00f3n el movimiento real de Dios a los hombres, de ese arriba hacia abajo que representa la encarnaci\u00f3n, con la consecuencia de problematizar (aunque aqu\u00ed\u00ad de manera solamente indirecta y contemplativa) la concepci\u00f3n ap\u00e1tica e inmutable del Ser divino, t\u00ed\u00adpica de la cultura greco-helenista; la elecci\u00f3n del verbo schen\u00f3o (trad. del verbo shak\u00e1n= plantar la tienda, con referencia al concepto rab\u00ed\u00adnico de la shekin\u00e1 = habitaci\u00f3n de Dios junto a su pueblo), para expresar la venida y la morada estable de Dios entre los hombres, subraya que la encarnaci\u00f3n es el momento supremo y escatol\u00f3gico de la promesa de la venida de YHWH a la historia. Finalmente, hay que advertir el v\u00ed\u00adnculo que se establece en el v. 14b entre la encarnaci\u00f3n, el morar entre los hombres y la contemplaci\u00f3n de la gloria de Dios: \u00abY hemos contemplado su gloria, gloria como Unig\u00e9nito del Padre, lleno de gracia y de verdad\u00bb. El concepto de Juan recuerda la perspectiva de la gloria como santidad manifestada de YHWH (de la que habla el punto 1): la venida del Logos en la carne es el momento escatol\u00f3gico e insuperable (\u00e9l es el Unig\u00e9nito) de la manifestaci\u00f3n de la santidad y de la misericordia de YHWH. Este mismo tema de la gloria que se manifiesta en el rostro del Verbo encarnado y que \u00e9l manifiesta en sus gestos de salvaci\u00f3n y a trav\u00e9s de sus obras (cf. 2, 11; 11, 4-40; 12, 50&#8230;), vincula intr\u00ed\u00adnsecamente el acontecimiento de la encarnaci\u00f3n del Logos con el misterio pascual como manifestaci\u00f3n culminante, en Cristo, de la gloria del Padre\u00bb (cf. 13, 31-32; 17, 5; 17, 24).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, la encarnaci\u00f3n es un movimiento que comprende toda la trayectoria de la existencia hist\u00f3rica de Cristo, como un descender desde el Padre al mundo, hasta el extremo de la cruz, para volver luego a subir hasta \u00e9l (cf. Jn 3, 13.31; 6, 62; 13, 1; 16, 28; 17, 5.24). En esta perspectiva, la encarnaci\u00f3n -como acontecimiento que se refiere a toda la existencia hist\u00f3rica de Jes\u00fas- es el lugar personal donde se revela su filiaci\u00f3n divina y -en consecuencia- la paternidad de Dios, adem\u00e1s de ser el \u00abinstrumento\u00bb salv\u00ed\u00adfico del Esp\u00ed\u00adritu. El libro del Apocalipsis -utilizando la misma terminolog\u00ed\u00ada del pr\u00f3logo del evangelio- mostrar\u00e1 el significado escatol\u00f3gico (en el sentido de metahist\u00f3rico-final) de esta presencia de Dios en Cristo entre los hombres: \u00ab\u00c2\u00a1He aqu\u00ed\u00ad la morada de Dios con los hombres! El vivir\u00e1 entre ellos y ellos ser\u00e1n su pueblo y \u00e9l ser\u00e1 el \u00abDios-con ellos\u00bb\u00bb (21, 3; cf. 21, 22-23).<\/p>\n<p>3. LA NARRACI\u00ed\u201cN DEL NACIMIENTO VIRGINAL DE JES\u00daS POR OBRA DEL ESP\u00ed\u008dRITU SANTO EN MAR\u00ed\u008dA. Es ciertamente a partir de la experiencia postpascual de Jes\u00fas resucitado como Mes\u00ed\u00adas y Se\u00f1or, y de la penetraci\u00f3n en su identidad divina filial como preexistente, como los evangelios de Mateo y de Lucas (a diferencia del de Marcos y del de Juan) nos presentan, en los llamados \u00abevangelios de la infancia\u00bb, la narraci\u00f3n hist\u00f3rica de la encarnaci\u00f3n del Hijo de Dios a trav\u00e9s de la mediaci\u00f3n maternal de Mar\u00ed\u00ada. Los protagonistas de este acontecimiento son, respectivamente, Dios Padre, el Esp\u00ed\u00adritu Santo y Mar\u00ed\u00ada. As\u00ed\u00ad pues, la clave de la narraci\u00f3n es palpablemente, de forma delicada y penetrante, de tipo trinitario, mientras que es la luz del acontecimiento pascual (en donde el Padre \u00abengendr\u00f3\u00bb plenamente a Jes\u00fas como Hijo suyo en su carne glorificada por el Esp\u00ed\u00adritu: cf. la voz sobre la Pascua) la que nos introduce en la din\u00e1mica de este acontecimiento. En efecto, Dios es aquel de quien torna su origen el acontecimiento de la encarnaci\u00f3n (impl\u00ed\u00adcitamente en Mateo, m\u00e1s expl\u00ed\u00adcitamente en Lucas), mientras que su paternidad se pone tambi\u00e9n de manifiesto por la ausencia de una intervenci\u00f3n humana en la concepci\u00f3n de Jes\u00fas; adem\u00e1s, el acontecimiento es atribibuido en los dos casos al Esp\u00ed\u00adritu Santo: \u00ab(Mar\u00ed\u00ada) result\u00f3 que esperaba un hijo por obra del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (Mt 1, 19-20); \u00abEl Esp\u00ed\u00adritu Santo bajar\u00e1 sobre ti y la fuerza del Alt\u00ed\u00adsimo te cubrir\u00e1 con su sombra; por eso al que va a nacer lo llamar\u00e1n \u00absanto\u00bb, hijo de Dios\u00bb (Lc 1,35); finalmente, es tambi\u00e9n decisivo el \u00abfiat\u00bb, la obediencia libre al plan de Dios por parte de Mar\u00ed\u00ada (Le 1,38). El acontecimiento de la encarnaci\u00f3n no tiene, por tanto, corno protagonistas solamente a Dios (Padre, Hijo y Esp\u00ed\u00adritu Santo), que desde lo alto del cielo decide encarnarse y entrar en la historia; es un acontecimiento que tiene como condici\u00f3n de posibilidad la libre adhesi\u00f3n de la criatura humana, que est\u00e1 representada por Mar\u00ed\u00ada (cf. tambi\u00e9n la insistencia, al menos indirecta, en este dato en el kerigma primitivo en G\u00e1l 4,4). En el relato de Mateo y de Lucas, Mar\u00ed\u00ada es vista corno la hija de Si\u00f3n, la s\u00ed\u00adntesis de la historia de Israel que esperaba al enviado de YHWH y que libremente abre las puertas de la humanidad a la llegada de Jes\u00fas. La novedad que se desea subrayar es precisamente \u00e9sta: la encarnaci\u00f3n del Verbo es sinergia entre Dios y la humanidad, es el misterio de la esponsalidad entre Dios y la humanidad, seg\u00fan aquel rico fil\u00f3n que atraviesa todo el AT. En Mateo se da una referencia y una relectura de la profec\u00ed\u00ada mesi\u00e1nica de Is 7,14, la vinculaci\u00f3n de Jos\u00e9 con la casa de David y, en la visita de los \u00abmagos\u00bb, la presentaci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada como el Israel que acoge a las gentes y -con la hu\u00ed\u00adda a Egipto- revive el destierro y el \u00e9xodo; mientras que en Lucas la escena de la anunciaci\u00f3n se describe como la llegada de la alianza gratuita y definitiva (prometida ya a David), y se presenta progresivamente la figura de Mar\u00ed\u00ada como \u00abla hija de Si\u00f3n\u00bb, la \u00abpobre de YHWI-I\u00bb, el nuevo comienzo de la salvaci\u00f3n, el arca de la nueva alianza. En la lectura de Mateo finalmente, el \u00abnombre\u00bb mismo que se le da al hijo de Dios y de Mar\u00ed\u00ada &#8211; Jes\u00fas- se explicita en su significado mesi\u00e1nico: \u00abporque \u00e9l salvar\u00e1 a su pueblo de los pecados\u00bb (1,21) -Yehoshfi&#8217;a significa \u00abYHWH salva\u00bb-; tambi\u00e9n la referencia a Is 7, 14 y la designaci\u00f3n de Jes\u00fas como el Ernmanuel (= Dios-connosotros) subraya el valor escatol\u00f3gico y permanente de la encarnaci\u00f3n de Jes\u00fas: como indicar\u00e1 m\u00e1s tarde Mateo en el resto del evangelio: \u00abdonde haya dos o m\u00e1s reunidos en mi nombre, all\u00ed\u00ad estoy yo en medio de ellos\u00bb (Mt 18, 20), y \u00abyo estoy con vosotros todos los d\u00ed\u00adas, hasta el fin del mundo\u00bb (Mt 28, 20).<\/p>\n<p>4. LA ENCARNACI\u00ed\u201cN DEL HIJO DE DIOS COMO REBAJAMIENTO-KENOSIS, HASTA LA MUERTE DE CRUZ. El famoso texto cristol\u00f3gico de Pablo en la carta a los Filipenses (2, 6-11), que ya hemos recordado, explicita una dimensi\u00f3n fundamental que subyace, en el fondo, a todo el testimonio pre-pascual del acontecimiento de Jesucristo y tambi\u00e9n, al menos impl\u00ed\u00adcitamente, al testimonio post-pascual. En efecto, el hecho de que el Hijo de Dios se haga hombre, a partir de su condici\u00f3n de pre-existencia, nos muestra una caracter\u00ed\u00adstica parad\u00f3jica de Dios mismo: \u00e9l, en el Hijo que es su Palabra (es decir, su revelador) deja su condici\u00f3n divina &#8211; sin abdicar de ella- para asumir una real condici\u00f3n humana. En el texto de la carta a los Filipenses se afirma, por ello, que por un lado Jes\u00fas es igual a Dios, y por otro que no consider\u00f3 esta situaci\u00f3n como una celosa propiedad suya, sino que se despoj\u00f3, se vaci\u00f3 (ek\u00e9nosen) de su ser igual a Dios para asumir una verdadera condici\u00f3n humana. Esta afirmaci\u00f3n tiene ciertamente un valor antropol\u00f3gico: en el sentido de que es una reproposici\u00f3n por parte de Jes\u00fas (el segundo Ad\u00e1n) de la prueba en que fracas\u00f3 el primer Ad\u00e1n. El tr\u00e1gico pecado de \u00e9ste no fue tanto el de querer \u00abser como Dios\u00bb (G\u00e9n 3, 5), como el de querer apropiarse aut\u00f3nomamente y en conflicto con Dios de lo que era sin embargo el destino que \u00e9l le hab\u00ed\u00ada asignado como don. Por el contrario, Cristo es el nuevo Ad\u00e1n, ya que no retiene como un \u00abbot\u00ed\u00adn\u00bb (el fruto de un robo) su igualdad con Dios, sino que al contrario se \u00abvac\u00ed\u00ada\u00bb de \u00e9l por amor, para comunic\u00e1rsela a los hombres, que se convierten as\u00ed\u00ad -con \u00e9l y por \u00e9l- en&#8217; hijos de Dios, en \u00abdioses\u00bb ellos mismos, seg\u00fan la afirmaci\u00f3n del cuarto evangelio (\u00abYo he dicho: \u00c2\u00a1dioses sois!\u00bb: Jn 10, 34, citando el Sal 82, 6).<\/p>\n<p>Pero el contenido m\u00e1s profundo de esta per\u00ed\u00adcopa es ciertamente teol\u00f3gico, teniendo como horizonte necesario de comprensi\u00f3n -como ha subrayado, por ejemplo, U. von Balthasar- el misterio trinitario de Dios. Ante todo, el despojo de Jes\u00fas se ve como relativo a todo el per\u00ed\u00adodo de su existencia: desde la encarnaci\u00f3n hasta la muerte y la muerte en cruz. En segundo lugar, se afirma as\u00ed\u00ad que la caracter\u00ed\u00adstica de Dios es precisamente lo contrario de la que se hab\u00ed\u00ada considerado fundamental en el mundo greco-helenista (y tambi\u00e9n en el sentimiento humano com\u00fan). En la mitolog\u00ed\u00ada griega se hablaba, por ejemplo, de un pht\u00f3nos the\u00f3n, es decir, del hecho de que los dioses son envidiosos de su ser y de su poder. El Dios de Jesucristo, por el contrario, no es solamente el Dios del AT, es decir, aquel que sale al encuentro del hombre y quiere habitar en medio de su pueblo, sino un Dios capaz de renunciar (en cierto modo) a lo que le es m\u00e1s propio, el ser-Dios, para comunic\u00e1rselo a los hombres (cf. tambi\u00e9n 2 Cor 8, 3); y as\u00ed\u00ad precisamente es como muestra la omnipotencia de su Ser como Amor. Esta k\u00e9nosis, en realidad, no significa perder el propio ser divino, sino asumir la condici\u00f3n humana para dar, a trav\u00e9s de ella, su propia vida divina. Este don implica, l\u00f3gicamente, en la condici\u00f3n hist\u00f3rica que asume libremente el Hijo de Dios, una desposesi\u00f3n de s\u00ed\u00ad hasta el abismo de la muerte. Pero al desposeerse de s\u00ed\u00ad, no se aliena, sino que manifiesta lo que \u00e9l es m\u00e1s propiamente, como Dios: Amor, capacidad de darse, siendo as\u00ed\u00ad plenamente \u00e9l mismo (es el misterio de la Trinidad). Podemos decir que la cima de esta desposesi\u00f3n, iniciada con la encarnaci\u00f3n, se manifiesta -en el testimonio de los sin\u00f3pticos- en el grito de abandono de Jes\u00fas en la cruz (cf. Mc 15, 34; Mt 27, 46). Aqu\u00ed\u00ad \u00e9l hace la experiencia del m\u00e1s alto despojo, porque no tiene ni siquiera la experiencia de ser lo que es, es decir, de recibir del Padre aquella divinidad misma que el Padre le dio. En efecto, seg\u00fan Pablo, la asunci\u00f3n de la carne por parte del Hijo de Dios no implica solamente que \u00e9l vive la k\u00e9nosis de ser hombre en su condici\u00f3n de fragilidad, sino que \u00e9l es enviado del Padre en la \u00absemejanza de la carne de pecado\u00bb (Rom 8, 3s), es decir, en una condici\u00f3n de lejan\u00ed\u00ada de Dios (Rom 8, 7s; G\u00e1l 5, 16.19; 6, 8; Ef 2.3). Por eso su k\u00e9nosis lleg\u00f3 hasta hacerse \u00abpecado\u00bb (sacrificio por el pecado) (2 Cor 5, 21), \u00abmaldici\u00f3n\u00bb (G\u00e1l 3, 13) en favor nuestro. En esta perspectiva, la k\u00e9nosis de la encarnaci\u00f3n llevada hasta la muerte en la cruz y hasta la experiencia del abandono se convierte en la explicaci\u00f3n m\u00e1s alta y m\u00e1s concreta del loghion de Jes\u00fas: \u00abEl que pierda su vida, la encontrar\u00e1\u00bb. En efecto, a la luz de la pascua de muerte y de resurrecci\u00f3n, el evangelio de Juan leer\u00e1 en clave cristol\u00f3gica esta afirmaci\u00f3n, desentra\u00f1\u00e1ndola como la expresi\u00f3n sint\u00e9tica y m\u00e1s profunda de la existencia encarnada de Jes\u00fas, llevada hasta el sacrificio consumado en la noche de la lejan\u00ed\u00ada de Dios: \u00abPor eso el Padre me manifiesta su amor, porque yo entrego mi vida y la recojo de nuevo. Nadie me la quita, sino que yo la ofrezco por m\u00ed\u00ad mismo, porque tengo el poder de darla para tomarla de nuevo\u00bb (Jn 10, 17-18).<\/p>\n<p>III. Perspectiva dogm\u00e1tica: la encarnaci\u00f3n como acontecimiento trinitario<br \/>\nDel testimonio b\u00ed\u00adblico podemos deducir, en s\u00ed\u00adntesis, no solamente el dato fundamental del acontecimiento de la encarnaci\u00f3n como elemento constitutivo y caracter\u00ed\u00adstico de la fe cristiana, sino tambi\u00e9n algunas claves hermen\u00e9uticas esenciales para interpretarlo y para desentramarlo correctamente en todo su significado. En primer lugar, se trata de un acontecimiento que hay que colocar en la perspectiva hist\u00f3rica de la voluntad salv\u00ed\u00adfica de autocomunicaci\u00f3n que caracteriza a la revelaci\u00f3n veterotestamentaria y que abarca intencionalmente a toda la humanidad. En segundo lugar, la encarnaci\u00f3n tiene que verse y que leerse como un acontecimiento que, comenzando de modo escatol\u00f3gico con la concepci\u00f3n virginal de Mar\u00ed\u00ada por obra del Esp\u00ed\u00adritu Santo, se extiende y se desarrolla en tensi\u00f3n hacia su consumaci\u00f3n en la hora pascual de la muerte y de la resurrecci\u00f3n. En tercer lugar -y como consecuencia de las dimensiones anteriores-, la encarnaci\u00f3n ha de comprenderse en el horizonte de la autocomunicaci\u00f3n de Dios al hombre como acontecimiento trinitario, que precisamente gracias a la encarnaci\u00f3n (al acontecimiento del Hijo de Dios\/Hijo del hombre) hace part\u00ed\u00adcipes a los hombres de la misma vida divina del amor.<\/p>\n<p>Por tanto, es en este contexto global donde hay que colocar la afirmaci\u00f3n dogm\u00e1tica central del concilio de Calcedonia, que formula con precisi\u00f3n en t\u00e9rminos ontol\u00f3gicos de Jesucristo, \u00abperfecto en la divinidad y perfecto en la humanidad, verdadero Dios y verdadero hombre\u00bb (cf. DS 300-303). En esta afirmaci\u00f3n dogm\u00e1tica la tensi\u00f3n parad\u00f3gica entre la verdadera humanidad de Jes\u00fas de Nazaret y su exous\u00ed\u00ada divina, entre el Cristo \u00abseg\u00fan la carne\u00bb y el Cristo \u00abseg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb, entre el Verbo preexistente y el Verbo encarnado, se expresa correctamente en la clave metaf\u00ed\u00adsica de la composici\u00f3n real del ser de Jesucristo. Se afirman as\u00ed\u00ad dos principios fundamentales de comprensi\u00f3n del acontecimiento cristol\u00f3gico: por un lado, la unidad y unicidad de la persona de Cristo (contra toda forma de modalismo y de separaci\u00f3n nestoriana de dos sujetos), y por otro, la no confusi\u00f3n de las \u00abdos naturalezas\u00bb (contra toda forma de monofisismo divino o humano, como absorci\u00f3n de lo humano en lo divino o como alienaci\u00f3n de lo divino en lo humano). Esta afirmaci\u00f3n -en la intenci\u00f3n de los Padres de la Iglesia, que permiti\u00f3 su formulaci\u00f3n- tiene un claro significado soteriol\u00f3gico, en cuanto que solamente lo que ha sido asumido realmente por Dios, sin confusi\u00f3n ni separaci\u00f3n, queda realmente salvado.<\/p>\n<p>Pero no hay que detenerse en este presupuesto dogm\u00e1tico esencial, ya que s\u00f3lo en el contexto pascual y trinitario del misterio global de Cristo puede comprenserse toda la significaci\u00f3n del acontecimiento de la encarnaci\u00f3n. En efecto, s\u00f3lo as\u00ed\u00ad puede leerse la encarnaci\u00f3n, inseparablemente, como obra del Padre, del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo, con la cooperaci\u00f3n maternal libre y necesaria de Mar\u00ed\u00ada y, en consecuencia como obra redentora y divinizadora de la humanidad. Sint\u00e9ticamente podemos decir que, leyendo la encarnaci\u00f3n como acontecimiento iniciado escatol\u00f3gicamente con la venida del Hijo de Dios al vientre de Mar\u00ed\u00ada y que se consum\u00f3 con su abandono y su muerte en la cruz como retorno al Padre, se debe comprender como la narraci\u00f3n en la historia de Jesucristo de su eterno ser filial en el seno del Padre. En este sentido, la encarnaci\u00f3n tiene que leerse seg\u00fan un ritmo trinitario: el Padre engendra al Hijo en la carne mediante el Esp\u00ed\u00adritu Santo (como es en el Esp\u00ed\u00adritu donde ab aeterno el Padre engendra al Hijo); el Hijo, a su vez, vuelve al Padre en el Esp\u00ed\u00adritu (como es en el Esp\u00ed\u00adritu donde ab aeterno el Hijo se da al Padre). El ser Hijo de Jes\u00fas en la historia tiene por tanto, como comienzo y como meta, el seno del Padre, su paternidad; y tiene como presupuesto y como consumaci\u00f3n la presencia del Esp\u00ed\u00adritu Santo. La generaci\u00f3n (por parte del Padre) y la filiaci\u00f3n (por parte del Hijo encarnado, como recepci\u00f3n activa del mismo ser-Hijo que se lleva a cabo en el darse de nuevo al Padre) abarca todo el espacio de la vida de Cristo: en este contexto, el acto de generaci\u00f3n (por parte del Padre), que comienza en la concepci\u00f3n virginal, se realiza plenamente en el acontecimiento pascual de muerte y resurreci\u00f3n (\u00abT\u00fa eres mi Hijo; yo te he engendrado hoy\u00bb; cf. He 13, 33; Rom 1, 4; Heb 1, 5; 5, 5, en referencia a Sal 2, 17). Si, adem\u00e1s, tambi\u00e9n la filiaci\u00f3n en la carne vivida por el Hijo encarnado se ha de comprender en esta perspectiva din\u00e1mica, hay que decir que efectivamente la cima de la encarnaci\u00f3n (como k\u00e9nosis, o sea, como \u00abvaciamiento\u00bb real de s\u00ed\u00ad mismo por parte del Hijo para hacerse hombre hasta el fondo) no puede menos de ser la participaci\u00f3n en el destino de muerte de la humanidad en particular, en la experiencia del abandono vivido por Cristo en la cruz. Es aqu\u00ed\u00ad donde, de forma parad\u00f3jica, pero real, Jes\u00fas es plenamente humano y solidario con la humanidad alejada de Dios (hasta el punto de no experimentar la presencia del Padre, a quien no invoca ya como Abb\u00e1, sino simplemente como Dios); pero precisamente por esto -habiendo llegado a \u00e9l en su plenitud, su humanidad y su solidaridad con la situaci\u00f3n real de los hombres- \u00e9l es al mismo tiempo plena y definitivamente engendrado en la historia por el Padre como Hijo venido en la carne para la salvaci\u00f3n de sus hermanos (en el acontecimiento de su resurrecci\u00f3n). Sin olvidar que tambi\u00e9n la obra del Esp\u00ed\u00adritu Santo tiene que verse no s\u00f3lo al principio (en la generaci\u00f3n) o en la consumaci\u00f3n (muerte como \u00abdon del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb) del acontecimiento cristol\u00f3gico, sino como dimensi\u00f3n intr\u00ed\u00adnseca y permanente del mismo: en el sentido de que es el Esp\u00ed\u00adritu el que continuamente plasma y hace crecer la libertad de Cristo, madur\u00e1ndola hasta la entrega completa de s\u00ed\u00ad mismo al Padre en la cruz.<\/p>\n<p>En esta perspectiva se ilumina el valor soteriol\u00f3gico de la encarnaci\u00f3n. Ciertamente -como comprendieronmuy bien los Padres- este valor tiene su presupuesto precisamente en la encarnaci\u00f3n como asunci\u00f3n de una carne humana por parte del Verbo. Pero la participaci\u00f3n de los hombres en este acontecimiento de salvaci\u00f3n puede comprenderse y vivirse s\u00f3lo a la luz del acontecimiento pascual de muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo, tanto en el sentido de que en \u00e9l Jesucristo lleva a su consumaci\u00f3n su misi\u00f3n en la carne redimiendo su misma carne humana, en cuanto que la hace part\u00ed\u00adcipe -en el don de s\u00ed\u00ad mismo al Padre- del mismo movimiento de la vida trinitaria del amor (generaci\u00f3n del Padre y don escatol\u00f3gico de s\u00ed\u00ad mismo a \u00e9l), como en el sentido de que, para participar en esta obra gratuita de salvaci\u00f3n, hay que injertarse libremente en el Cristo crucificado y resucitado; en efecto, es por la fe en \u00e9l, por la inserci\u00f3n en \u00e9l, como se recibe el don del Esp\u00ed\u00adritu y, haci\u00e9ndose uno con \u00e9l, consigue ser uno con el Padre (cf. G\u00e1l 3, 28; Jn 17, 21-22). En ste sentido, la encarnaci\u00f3n es el presupuesto ontol\u00f3gico del misterio de Cristo como \u00fanico mediador entre el Padre y los hombres (1 Tim 2, 5): pero esta mediaci\u00f3n tiene que leerse en su profundidad y en su significado a la luz del acontecimiento pascual.<\/p>\n<p>Finalmente, la obra mediadora esencial de Mar\u00ed\u00ada en relaci\u00f3n con el acontecimiento de la encarnaci\u00f3n como concepci\u00f3n virginal ha de extenderse tambi\u00e9n a todo el acontecimiento cristol\u00f3gico. Si la maternidad humano-divina de Mar\u00ed\u00ada es condici\u00f3n de posibilidad, por parte humana, de la encarnaci\u00f3n del Hijo de Dios, la participaci\u00f3n de todos los hombres en el fruto de este acontecimiento no puedeprescindir -misteriosamente- de esta mediaci\u00f3n maternal. La presencia de Mar\u00ed\u00ada al pie de la cruz y la \u00absustituci\u00f3n\u00bb de la maternidad que realiza Jes\u00fas en relaci\u00f3n con Mar\u00ed\u00ada de s\u00ed\u00ad mismo por el disc\u00ed\u00adpulo amado (figura de la humanidad nueva) (Jn 19, 25-27), ilumina ciertamente en la intenci\u00f3n del cuarto evangelio, esta dimensi\u00f3n esencial del misterio de la encarnaci\u00f3n en su consumaci\u00f3n pascual.<\/p>\n<p>[-* Amor; Autocomunicaci\u00f3n; Biblia; Concilios; Creaci\u00f3n; Cruz; Escatolog\u00ed\u00ada; Esp\u00ed\u00adritu Santo; Experiencia; Fe; Helenismo; Hijo; Historia; Iglesia; Inhabitaci\u00f3n; Jesucristo; Juda\u00ed\u00adsmo; Logos; Mar\u00ed\u00ada; Misi\u00f3n, Misiones; Misterio; Naturaleza; Padre; Padres (griegos y latinos); Pascua; Personas divinas; Procesiones; Psicolog\u00ed\u00ada; Reino de Dios; Salvaci\u00f3n; Teolog\u00ed\u00ada y econom\u00ed\u00ada; Transcendencia; Trinidad.]<br \/>\nPiero Coda<\/p>\n<p>PIKAZA, Xabier &#8211; SILANES, Nereo,  Diccionario Teol\u00f3gico. El Dios Cristiano,  Ed. Secretariado Trinitario, Salamanca 1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico El Dios Cristiano<\/b><\/p>\n<p>Verdad central de la fe cristiana con la que se indica la entrada del Hijo (Logos, Verbo, Palabra) eterno de Dios en la historia de los hombres mediante la asunci\u00f3n de una realidad humana (Jes\u00fas de Nazaret, hijo de Mar\u00ed\u00ada) como propia.<\/p>\n<p>El t\u00e9rmino encarnaci\u00f3n es la traducci\u00f3n espa\u00f1ola de la palabra latina incarnatio, versi\u00f3n a su vez del t\u00e9rmino griego s\u00e1rkosis, utilizado por primera vez, al parecer, por san Ireneo (Adv.<\/p>\n<p>haer. III, 19, 2), que con ella expres\u00f3 de forma substantiva la afirmaci\u00f3n central del pr\u00f3logo del 1V evangelio: \u00aby el Verbo se hizo carne\u00bb (\u00abKai o L\u00f3gos sarx egh\u00e9neto\u00bb) (Jn 1,14). En la \u00e9poca de los Padres se us\u00f3 frecuentemente tanto el substantivo como la forma verbal (sark\u00f3omai) en sus diversos tiempos. En las lenguas romances y en ingl\u00e9s permaneci\u00f3 la ra\u00ed\u00adz latina; en alem\u00e1n se tiene significativamente el t\u00e9rmino Menschwerdung (\u00abhacerse hombre\u00bb).<\/p>\n<p>En el Nuevo Testamento no aparece este t\u00e9rmino. Sin embargo, las diversas fuentes, seg\u00fan la etapa de reflexi\u00f3n cristol\u00f3gica y las orientaciones teol\u00f3gicas propias, -ofrecen esquemas y contenidos cristol\u00f3gicos que legitiman su creaci\u00f3n y su uso en \u00e9pocas posteriores. Intentemos encontrarlos y destacarlos.<\/p>\n<p>En un primer momento de anuncio y de reflexi\u00f3n se considera a Jesucristo en su situaci\u00f3n terrena y provisional de rebajamiento, de humillaci\u00f3n, y en su situaci\u00f3n actual permanente de exaltaci\u00f3n, debido a la transformaci\u00f3n de su humanidad en la resurrecci\u00f3n, por obra del poder del Esp\u00ed\u00adritu de Dios (esquema de los dos tiempos : vida \u00bb seg\u00fan la carne\u00bb y \u00abvida seg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb. cf. Rom 1,3; 1 Pe 3,18; 1 Tim 3,16a).<\/p>\n<p>En un segundo momento el anuncio de fe y la meditaci\u00f3n sobre Jesucristo van m\u00e1s all\u00e1 e incluyen en el esquema anterior el descenso a la historia del Hijo de Dios, que vivi\u00f3 entre los hombres en la debilidad de la carne y ahora vive glorioso junto al Padre por el poder del Esp\u00ed\u00adritu (esquema de los tres tiempos). Testigos de esta ampliaci\u00f3n de perspectiva son en particular G\u00e1l 4,4-7 y Flp 2,6-1 1. En estos pasajes est\u00e1 impl\u00ed\u00adcita la preexistencia del Hijo&#8217; as\u00ed\u00ad como en 2 Tim 1,10; Tit 2,11 y 3,4, donde se recurre a la categor\u00ed\u00ada de manifestaci\u00f3n. Sin embargo, la fuente neotestamentaria donde la bajada y la manifestaci\u00f3n se ven como encarnaci\u00f3nihumanizaci\u00f3n del Logos eterno de Dios es el 1V evangelio. En el pr\u00f3logo se habla del Verbo, del Unig\u00e9nito que est\u00e1 junto al Padre desde toda la eternidad y que se hizo carne (hombre en la forma de vida marcada por la caducidad, la debilidad y la muerte) (Jn 1,1-18); del Hijo del hombre que ha bajado del cielo y que vuelve a subir a \u00e9l (cf. Jn 3,13-31); del Hijo enviado al mundo para salvarlo y que vuelve al Padre (cf. Jn 3,16; 13,1); del Verbo de vida que se nos manifest\u00f3 en la historia (cf. 1 Jn 1,1-4). Jes\u00fas es el Hijo de Dios que vino en la carne (cf. 1 Jn 4,2ss; 2 Jn 7). Por eso puede decirse que Juan es la fuente neotestamentaria que inspir\u00f3 la creaci\u00f3n del t\u00e9rmino encarnaci\u00f3n .<\/p>\n<p>Epoca de los Padres &#8211; Como ya hemos dicho, a partir de san Ireneo la Iglesia de los Padres recurre al t\u00e9rmino s\u00e1rkosis incarnatio. Sin embargo, va antes de san Ireneo (cf. Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada, Justino) y m\u00e1s a\u00fan despu\u00e9s de \u00e9l, no solamente el t\u00e9rmino, sino sobre todo la realidad que en \u00e9l se expresaba, constituy\u00f3 el n\u00facleo de la predicaci\u00f3n de Cristo de los Padres de la Iglesia, especialmente de los de cultura griega, La tendencia de fondo de la cultura helen\u00ed\u00adstica en la que estaban llamados a contextualizar la buena nueva de Jesucristo era contraria al valor de la corporeidad, de la sensibilidad, de la materialidad, de la carnalidad; por eso constitu\u00ed\u00ada un impedimento de fondo para el anuncio de la bajada del Eterno, de lo divino, a la carne. Hubo varios cristianos que cedieron a la tentaci\u00f3n de una visi\u00f3n semejante de la realidad: en la meditaci\u00f3n y en el anuncio de Jesucristo algunos negaron su dimensi\u00f3n corporal, o la consideraron s\u00f3lo como aparente o de una naturaleza distinta de la nuestra (docetas y gn\u00f3sticos). Este fue el motivo principal por el que los Padres, fieles al contenido del kerigma neotestamentario, insistieron tanto y tan constantemente en la encamaci\u00f3n real del Verbo\/Hijo de Dios. En contra de las aspiraciones del contexto cultural en que viv\u00ed\u00adan, vieron en ella el acontecimiento de la salvaci\u00f3n por excelencia, con el que el Hijo eterno de Dios decidi\u00f3, por pura dignaci\u00f3n, librar a la criatura de su caducidad, de su debilidad y de la muerte y hacerla part\u00ed\u00adcipe de su vida inmortaI, Los grandes concilios de la \u00e9poca patr\u00ed\u00adstica (Nicea, Efeso, Calcedonia, Constantinopolitano 11 y III, as\u00ed\u00ad como Nicea 11) ofrecen las formulaciones solemnes de la fe de la Iglesia de los Padres en Jesucristo: en su centro est\u00e1 la confesi\u00f3n de la bajada del Hijo eterno de Dios a la historia, su encarnaci\u00f3n como acontecimiento en el que el Dios trascendente se hace cercano, hermano del hombre. Esta concentraci\u00f3n en la encarnaci\u00f3n del LogosiHijo llev\u00f3 sin embargo a la Iglesia de los Padres a dejar un tanto a la sombra la vida hist\u00f3rica de Jes\u00fas y tambi\u00e9n, en parte, la profunda dim\u00e9nsi\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de su muerte y resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p>En la Edad Media, la encarnaci\u00f3n, acogida ya como doctrina cristol\u00f3gica central, fue objeto de discusi\u00f3n entre la escuela tomistaidominicana y escotistaifranciscana: la primera vio su motivaci\u00f3n fundamental en la voluntad divina de redimir a la humanidad ca\u00ed\u00adda en el pecado; la segunda la vio principalmente en el designio de Dios de comunicarse a la creaci\u00f3n en el Hijo para hacerla part\u00ed\u00adcipe de su gloria. La teolog\u00ed\u00ada escol\u00e1stica y neoescol\u00e1stica se movieron durante siglos, hasta hace pocos decenios, en el marco de este planteamiento y de estas diferencias de acento.<\/p>\n<p>La teolog\u00ed\u00ada contempor\u00e1nea, tanto cat\u00f3lica (K. Rahner, H. U. von Balthasar, E. Schillebeeckx, J Alfaro, etc.) como protestante (especialmente K. Barth, W Pannenberg), destaca en todo su valor el tema de la encarnaci\u00f3n, pero centr\u00e1ndolo en el misterio global de Jesucristo, viendo en la encarnaci\u00f3n la ,\u00bbbase\u00bb de un edificio que incluye adem\u00e1s la portada de la revelaci\u00f3n y de la salvaci\u00f3n de la vida hist\u00f3rica de Jes\u00fas, de su muerte\/resurrecci\u00f3n y de su venida gloriosa. Por inspiraci\u00f3n de Teilhard de Chardin, se sit\u00faa a la encarnaci\u00f3niresurrecci\u00f3n del hijo de Dios en el contexto del cosmos en evoluci\u00f3n y se la ve como su fundamento, su cima y su polo de atracci\u00f3n (\u00abPunto Omega\u00bb). En cuanto al problema de un &#8216;\u00bbcambio eventual\u00bb que la encarnaci\u00f3n hubiera supuesto para Dios, algunos te\u00f3logos afirman que, puesto que es perfecto , tiene la capacidad y decidi\u00f3 de hecho hacerse limitado y temporal en lo humano asumido por el Hijo sin perder absolutamente nada de su perfecci\u00f3n.<\/p>\n<p>El pensamiento moderno tiene dificultades en comprender y aceptar la verdad cristiana de la encarnaci\u00f3n. A la raz\u00f3n humana le parece un \u00abmito\u00bb (\u00abEl mito del Dios encarnado\u00bb), con el que la fe cristiana revisti\u00f3 y se esforz\u00f3 en dar sentido trascendente a la ense\u00f1anza y a la vida hist\u00f3rica de Jes\u00fas de Nazaret. Tambi\u00e9n las religiones no cristianas encuentran dificultad en compartir la idea del \u00abDios encarnado\u00bb.<\/p>\n<p>De todas formas, especialmente para el pensamiento teol\u00f3gico cat\u00f3lico, la encarnaci\u00f3n sigue siendo el acontecimiento y la verdad de fe cristiana fundamental, que en cierto sentido incluye a todas las dem\u00e1s: constituye el acontecimiento decisivo con el que Dios, el Eterno, el Creador infinito y trascendente pas\u00f3 el umbral de la diferencia cualitativa con la criatura y se uni\u00f3 a ella insert\u00e1ndose en su vida, en su historia; el hecho en que el Lejano se hizo cercano, en que la Vida asumi\u00f3 la caducidad y la muerte, da a los hombres y al mundo una garant\u00ed\u00ada de significado, de dignidad, de valor incondicionados.<\/p>\n<p>G. Lammarrone<\/p>\n<p>Bibl.: K, Rahner Problemas actuales de cristologia, en Escritos de teolog\u00ed\u00ada, 1V Taurus, , W, Thusing, Cristologia. Estudio sistem\u00e1tico  y exeg\u00e9tico, Barcelona 1975: H, K\u00fang, La encarnaci\u00f3n de Dios, Herder Barcelona 1974 ,&#8217;, J. Alfaro, Cristologia y antropologia, Cristiandad, Madrid 1973:&#8217;C. Duquoc, Cristologia.<\/p>\n<p>Ensavo dogm\u00e1tico sobre Jes\u00fas de Nazaret, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1981: 1, Sanna. Encarnaci\u00f3n, en DTI, 11, 343-357: M. Bordoni, Encarnaci\u00f3n. en NDT 1, 366-389.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Mensaje sobre la encarnaci\u00f3n del Hijo de Dios: 1. Origen de la fe en Jesucristo; 2. Jesucristo, Hijo de Dios y hermano nuestro; 3. Semejante en todo a nosotros, excepto en el pecado; 4. Cristo, revelaci\u00f3n del hombre nuevo. II. Presentaci\u00f3n catequ\u00e9tica de la encarnaci\u00f3n: 1. \u00bfQu\u00e9 es presentar catequ\u00e9ticamente a Jesucristo, Dios encamado?; 2. Luces de la pedagog\u00ed\u00ada de Dios sobre la catequesis de la encarnaci\u00f3n. III. Catequesis de la encarnaci\u00f3n en las distintas etapas: 1. En la etapa adulta (30-65 a\u00f1os); 2. En la etapa de la infancia (0-5 a\u00f1os) y de la ni\u00f1ez (6-11 a\u00f1os); 3. En la etapa de la adolescencia (12-18 a\u00f1os) y de la juventud (19-29 a\u00f1os); 4. En la etapa de los mayores (65 a\u00f1os en adelante). A modo de conclusi\u00f3n: tres acentos transversales.<\/p>\n<p>I. Mensaje sobre la encarnaci\u00f3n del Hijo de Dios<br \/>\nLa palabra encarnaci\u00f3n (del lat\u00ed\u00adn incarnatio) es la traducci\u00f3n del t\u00e9rmino griego s\u00e1rkosis, t\u00e9rmino utilizado por primera vez, al parecer, por san Ireneo (Adv. Haer. III, 19, 2), que significa para la Iglesia \u00abel hecho de que el Hijo de Dios haya asumido una naturaleza humana para llevar a cabo por ella nuestra salvaci\u00f3n\u00bb (CCE 461). As\u00ed\u00ad confiesa la comunidad cristiana: en Jes\u00fas de Nazaret el Hijo de Dios se ha hecho hombre por nuestra salvaci\u00f3n. Dicho en t\u00e9rminos m\u00e1s teol\u00f3gicos, \u00abDios se ha afirmado y comunicado a s\u00ed\u00ad mismo definitiva e incondicionalmente en la historia de Jes\u00fas\u00bb (W. Kasper). \u00bfC\u00f3mo ha nacido esta fe?<br \/>\n1. ORIGEN DE LA FE EN JESUCRISTO. Ante todo, nos preguntamos cu\u00e1l es el origen de la fe en Jesucristo, Hijo de Dios hecho hombre por nuestra salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>a) Jes\u00fas, experimentado como hombre. Los contempor\u00e1neos de Jes\u00fas vieron en \u00e9l a un hombre en el sentido propio y pleno de esta palabra. Un hombre de vida semejante a la nuestra, que llora y goza como nosotros (Jn 11,35; Lc 10,21), que se compadece (Mc 1,41), que hace preguntas para informarse (Mc 6,38; 9,16.21.33), que ignora cu\u00e1ndo llegar\u00e1 el \u00faltimo d\u00ed\u00ada (Mc 13,22), que experimenta angustia mortal ante su pr\u00f3xima crucifixi\u00f3n (Mc 14,34).<br \/>\nb) Jes\u00fas, distinto del Padre. Jes\u00fas jam\u00e1s es confundido con Yav\u00e9, el Dios de Israel. Las fuentes cristianas lo describen como un hombre distinto de ese Dios a quien Jes\u00fas llama Padre (Mc 14,36), a quien ora con confianza (Mc 1,35; Lc 5,16), a quien obedece hasta la muerte (Mc 14,36) y en cuyas manos abandona su vida al dar el \u00faltimo aliento (Lc 23,46).<\/p>\n<p>c) La uni\u00f3n de Jes\u00fas con el Padre. Sin embargo, el comportamiento y la personalidad de Jes\u00fas obligan, incluso antes de la experiencia pascual, a preguntarse qui\u00e9n es este hombre que act\u00faa de manera tan sorprendente y \u00fanica. \u00bfC\u00f3mo se atreve Jes\u00fas a proponer su mensaje m\u00e1s all\u00e1 de la ley de Mois\u00e9s (Mt 5,21-48) pretendiendo revelar la verdadera voluntad de Dios con autoridad soberana? (Mt 11,27). \u00bfC\u00f3mo pretende hacer presente con sus gestos y su vida el reino de Dios entre los hombres? (Mt 12,28; Lc 11,20). \u00bfC\u00f3mo se atreve a ofrecer gratuitamente el perd\u00f3n de Dios a los pecadores? (Mc 2,1-12; Lc 7,36-50). \u00bfC\u00f3mo puede confrontar a todos directamente con Dios, present\u00e1ndose como factor decisivo para la salvaci\u00f3n del ser humano? (Mc 8,35). \u00bfC\u00f3mo se atreve a invocar a Dios como Abb\u00e1 (Mc 14,36) y a vivir con \u00e9l una relaci\u00f3n de confianza filial inaudita? \u00bfQu\u00e9 misterio encierra su persona?<br \/>\nd) La experiencia pascual. La crucifixi\u00f3n puso en entredicho estas pretensiones de Jes\u00fas. Un hombre, condenado por todos y ejecutado de manera tan ignominiosa, no pod\u00ed\u00ada pretender revelar la voluntad de Dios, hacer presente su reino, ofrecer su perd\u00f3n o presentarse como el salvador enviado por el Padre. Sin embargo, al resucitarlo, Dios desautoriza a todos los que lo han rechazado, confirmando y legitimando con su acci\u00f3n resucitadora el mensaje, la vida y la persona de Jes\u00fas (He 2,23-24).<\/p>\n<p>Ante el hecho \u00fanico y sorprendente de la resurrecci\u00f3n, surge obligatoriamente la pregunta sobre la identidad de Jes\u00fas: \u00bfQui\u00e9n es este hombre cuya vida, ya desconcertante por su originalidad y pretensiones, no ha terminado en la muerte como la de todos, sino en su resurrecci\u00f3n? Si Jes\u00fas ha sido resucitado por Dios, esto revela que es un hombre con una relaci\u00f3n \u00fanica con \u00e9l. En ning\u00fan otro encontramos tal uni\u00f3n con Dios. Nadie vive tan inmediatamente desde Dios y para Dios.<\/p>\n<p>2. JESUCRISTO, Huo DE DIOS y HERMANO NUESTRO. Toda la cristolog\u00ed\u00ada no es sino el esfuerzo por expresar, con diferentes lenguajes y f\u00f3rmulas, este misterio central de la fe cristiana: en Jesucristo est\u00e1 Dios compartiendo nuestra condici\u00f3n humana (Jn 1,14) y reconciliando al mundo consigo (2Cor 5,19).<\/p>\n<p>El concilio de Calcedonia (a\u00f1o 451), cuya doctrina es la conclusi\u00f3n de todos los esfuerzos anteriores, se ha constituido en punto de partida que ha de orientar la reflexi\u00f3n posterior. Lo esencial de la cristolog\u00ed\u00ada de Calcedonia se puede resumir as\u00ed\u00ad: No se ha de suprimir en Jes\u00fas su condici\u00f3n divina, pues es \u00abconsustancial con el Padre seg\u00fan la divinidad\u00bb, ni su condici\u00f3n plenamente humana, pues \u00abes consustancial con nosotros seg\u00fan la humanidad, en todo semejante a nosotros excepto en el pecado\u00bb. Sin embargo, esta dualidad de naturaleza ha de ser entendida de tal manera que no se destruya en Jesucristo su uni\u00f3n hipost\u00e1tica o personal, pues \u00abse ha de reconocer a un solo y mismo Cristo Se\u00f1or, Hijo \u00fanico en dos naturalezas, sin confusi\u00f3n, sin cambio, sin divisi\u00f3n, sin separaci\u00f3n\u00bb (Symbolum chalcedonense, DS 301-302; cf CCE 467).<\/p>\n<p>La catequesis ha venido marcada casi exclusivamente por esta cristolog\u00ed\u00ada de Calcedonia, con sus aspectos positivos y tambi\u00e9n con sus riesgos. Nuestra tarea hoy ha de ser confesar esta misma fe con fidelidad, pero tratando de anunciarla de forma significativa al hombre de nuestros d\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>a) Enviado por el Padre y concebido por el Esp\u00ed\u00adritu. La doctrina de Calcedonia se centra en la constituci\u00f3n interna de Cristo y en la relaci\u00f3n existente entre las dos naturalezas y la persona divina. No ha de olvidarse, sin embargo, que en el Nuevo Testamento la encarnaci\u00f3n se anuncia en el horizonte m\u00e1s amplio de la actuaci\u00f3n de la Trinidad. La catequesis no ha de reducirse a presentar la constituci\u00f3n interna de Cristo, sino que ha de recordar la acci\u00f3n del Padre, que tanto am\u00f3 al mundo que le \u00abdio a su Hijo \u00fanico\u00bb (Jn 3,16), y la intervenci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, por cuya acci\u00f3n Jes\u00fas fue concebido (Lc 1,35) y con cuya unci\u00f3n \u00abpas\u00f3 haciendo el bien\u00bb (He 10,38) anunciando a los pobres la buena noticia de la salvaci\u00f3n (Lc 4,18).<br \/>\nb) La realidad concreta de Jesucristo. Las categor\u00ed\u00adas esencialistas empleadas en la teolog\u00ed\u00ada (naturaleza, persona, uni\u00f3n hipost\u00e1tica) ayudan a afirmar la fe de manera metaf\u00ed\u00adsica, pero tienen el riesgo de ofrecer una imagen de Cristo excesivamente abstracta. Jes\u00fas es una naturaleza divina, pero concretamente es el Hijo amado del Padre; es una naturaleza humana, pero concretamente es un jud\u00ed\u00ado nacido en Israel que ha vivido una vida y un destino concretos. Siguiendo los datos evang\u00e9licos, la catequesis se ha de esforzar por presentar la condici\u00f3n humana del Hijo de Dios que \u00abtrabaj\u00f3 con manos de hombre, pens\u00f3 con inteligencia de hombre, obr\u00f3 con coraz\u00f3n de hombre. Nacido de la Virgen Mar\u00ed\u00ada, se hizo verdaderamente uno de nosotros, en todo semejante a nosotros, excepto en el pecado\u00bb (GS 22,2; cf CCE 470).<\/p>\n<p>c) El proceso hist\u00f3rico de la encarnaci\u00f3n. Una confesi\u00f3n de Cristo formulada en categor\u00ed\u00adas est\u00e1ticas puede ayudar a una precisi\u00f3n conceptual, pero puede conducir a ignorar el proceso hist\u00f3rico de la vida de Jes\u00fas y la inserci\u00f3n del Hijo de Dios en la historia humana. La encarnaci\u00f3n no es una realidad acabada en el seno de Mar\u00ed\u00ada. El Hijo de Dios se va haciendo hombre a lo largo de todo el proceso hist\u00f3rico de la vida de Jes\u00fas, que, seg\u00fan testimonio de san Lucas, \u00abcrec\u00ed\u00ada en sabidur\u00ed\u00ada, en estatura y en gracia delante de Dios y de los hombres\u00bb (Lc 2,52). La catequesis ha de saber presentar \u00ablos misterios de la vida de Jes\u00fas\u00bb, para \u00abhacer ver los rasgos de su Misterio durante toda su vida terrestre\u00bb (CCE 514).<br \/>\nd) La solidaridad de Dios con el hombre. Una visi\u00f3n metaf\u00ed\u00adsica de Cristo no ha de impedir ver en \u00e9l al ser humano en quien Dios ha compartido realmente nuestra condici\u00f3n humana, no s\u00f3lo asumiendo una naturaleza como la nuestra, sino conviviendo con nosotros una existencia marcada por la debilidad creatural y el signo del mal. En Cristo \u00abhabita corporalmente toda la plenitud de la divinidad\u00bb (Col 2,9). Este hombre es Dios viviendo nuestra vida. Dios ha querido ser para siempre hombre, con nosotros y para nosotros. Ha querido ser uno de los nuestros, y ya no puede dejar de amar y de interesarse por esta humanidad en la que se ha encarnado y a la que \u00e9l mismo pertenece. Podemos llamar a Jes\u00fas realmente Emanuel, es decir, Dios-con-nosotros (Mt 1,23). No estamos solos. En Jes\u00fas y desde Jes\u00fas, Dios est\u00e1 con nosotros y se nos ofrece como salvador. La catequesis ha de saber mostrarlo a los hombres de hoy.<\/p>\n<p>e) Encarnado por nuestra salvaci\u00f3n. La catequesis de la encarnaci\u00f3n ha de evitar separar el ser de Cristo y su acci\u00f3n salvadora, pues \u00abel Padre envi\u00f3 a su Hijo para ser salvador del mundo\u00bb (Jn 4,14). Hemos de afirmar que, en virtud de la encarnaci\u00f3n, \u00abtoda la vida de Cristo es misterio de redenci\u00f3n\u00bb (CCE 517), pues \u00abDios, por medio de Cristo, estaba reconciliando el mundo, no teniendo en cuenta sus pecados [de los hombres]\u00bb (2Cor 5,19). La encarnaci\u00f3n ha de ser presentada siempre como un misterio de reconciliaci\u00f3n, pues en Cristo se nos ha revelado \u00absu bondad y su amor a los hombres\u00bb (Tit 3,4).<br \/>\nf) Palabra encarnada de Dios. Encarnado en Cristo, Dios nos habla desde este hombre de manera tan directa e inmediata, que a Jes\u00fas no lo podemos considerar como un profeta o un enviado m\u00e1s de Dios. Lo que en \u00e9l escuchamos no es una palabra m\u00e1s. Jes\u00fas mismo es la Palabra de Dios hecha carne (cf Jn 1,14). Dios, que hab\u00ed\u00ada hablado de muchas maneras en el pasado a trav\u00e9s de los profetas, ahora \u00abnos ha hablado por el Hijo\u00bb (Heb 1,1-2). Como dice san Juan de la Cruz, \u00aben darnos, como nos dio, a su Hijo, que es una Palabra suya, que no tiene otra, todo nos lo habl\u00f3 junto y de una vez en esta sola Palabra y no tiene m\u00e1s que hablar\u00bb (Subida del Monte Carmelo II, 22, 3). Por eso, \u00abtoda la vida de Cristo es revelaci\u00f3n del Padre: sus palabras y sus obras, sus silencios y sus sufrimientos, su manera de ser y de hablar. Jes\u00fas puede decir: \u00abQuien me ve a m\u00ed\u00ad, ve al Padre\u00bb (Jn 14,9), y el Padre: \u00abEste es mi Hijo amado; escuchadle\u00bb (Lc 9,35)\u00bb (CCE 516).<\/p>\n<p>3. SEMEJANTE EN TODO A NOSOTROS, EXCEPTO EN EL PECADO. a) El peligro de \u00abdesvirtuar\u00bb la encarnaci\u00f3n. Se ha hablado con frecuencia del \u00abmonofisismo latente de la imagen de Jes\u00fas que anida en muchas cabezas\u00bb (K. Rahner). Para no pocos cristianos, Jesucristo es un ser medio Dios y medio hombre, aunque m\u00e1s Dios que hombre. De hecho, se afirma a veces la divinidad de Cristo de tal modo que se corre el riesgo de anular su verdadera condici\u00f3n humana. Se le atribuyen a Cristo \u00abtodas las perfecciones posibles de la naturaleza humana (cristolog\u00ed\u00ada perfeccionista) y se le otorga una condici\u00f3n que el Se\u00f1or s\u00f3lo ha pose\u00ed\u00addo en su resurrecci\u00f3n. De esta forma, Cristo queda convertido en un personaje extra\u00f1o a nuestra propia experiencia humana, y la encarnaci\u00f3n en una especie de paseo de Dios por el mundo, vestido con ropaje humano\u00bb.<\/p>\n<p>b) La condici\u00f3n \u00abken\u00f3tica\u00bb de Cristo. La catequesis no ha de temer presentar la encarnaci\u00f3n -al Hijo de Dios encarnado- con todo realismo, pues Dios no ha querido vivir la vida de un super-hombre, sino nuestra propia vida. Cristo, \u00abteniendo la naturaleza gloriosa de Dios, no consider\u00f3 como codiciable tesoro el mantenerse igual a Dios, sino que se anonad\u00f3 (ek\u00e9nosen) a s\u00ed\u00ad mismo tomando la naturaleza de siervo, haci\u00e9ndose semejante a los hombres; y, en su condici\u00f3n de hombre, se humill\u00f3 a s\u00ed\u00ad mismo haci\u00e9ndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz\u00bb (Flp 2,6-8). Al hablar de k\u00e9nosis o encarnaci\u00f3n ken\u00f3tica, se quiere afirmar que el Hijo de Dios, durante su vida terrena, ha querido compartir nuestra condici\u00f3n ca\u00ed\u00adda, haci\u00e9ndose uno de nosotros, en solidaridad total con la humanidad.<\/p>\n<p>La catequesis ha de mostrar al Hijo de Dios viviendo nuestra experiencia humana hasta el fondo, y deteni\u00e9ndose s\u00f3lo ante lo imposible. Al esclarecer los l\u00ed\u00admites del abajamiento del Hijo de Dios, s\u00f3lo es necesario excluir el pecado y aquello que, al asumir nuestra condici\u00f3n humana, contradice su misi\u00f3n salvadora y reveladora.<\/p>\n<p>c) Semejante a nosotros. Cristo se ha visto sometido a los condicionamientos de car\u00e1cter biol\u00f3gico, psicol\u00f3gico, hist\u00f3rico o socio-cultural, como cualquier otro ser humano. Ha vivido su libertad humana con esfuerzo y trabajo, con vigilancia y oraci\u00f3n. En Cristo, Dios ha querido conocer personalmente los sufrimientos, limitaciones y dificultades que encuentra un hombre para ser humano (Heb 2,18; 4,15).<\/p>\n<p>Al encarnarse, Dios ha conocido qu\u00e9 es para el hombre gozar y sufrir, trabajar y luchar, confiar en un Padre y experimentar su abandono (Mc 15,34). Ha querido conocer c\u00f3mo se vive desde una conciencia humana la ignorancia, la duda, la b\u00fasqueda dolorosa de la propia misi\u00f3n (Mt 4,1-11; Mc 14,32-42). Ha querido tener experiencia humana de lo que es nuestra pobre vida, acosada por preguntas, miedos y esperanzas.<\/p>\n<p>Cristo ha sufrido tambi\u00e9n en su propia carne y en su propia alma las consecuencias del ego\u00ed\u00adsmo y la injusticia de los hombres. M\u00e1s a\u00fan, ha conocido c\u00f3mo se vive desde la conciencia oscura y limitada del hombre la experiencia de la fe en un Padre que parece abandonarnos en el momento del sufrimiento y de la muerte (Heb 5,8; Mc 15,34; Lc 23,46).<\/p>\n<p>d) Excepto en el pecado. En Cristo no hay pecado. Hemos de excluir en \u00e9l aquello que pueda suponer desobediencia al Padre. Y no porque Dios no haya querido solidarizarse con nosotros hasta las \u00faltimas consecuencias, sino porque la experiencia del pecado es contradictoria en \u00e9l. Lo que necesit\u00e1bamos los hombres no era un Dios que nos acompa\u00f1ara en el pecado, el ego\u00ed\u00adsmo o la injusticia, sino un Dios redentor que nos liberara del mal.<\/p>\n<p>Cuando en el Nuevo Testamento se habla de tentaci\u00f3n o de prueba (peirasmos) en Cristo (Heb 2,18; 4,15; Mc 1,12-13; Mt 4,1-11; Lc 4,1-13), hemos de excluir toda tentaci\u00f3n que pueda provenir de su propio pecado personal o pueda terminar en desobediencia al Padre. Sin embargo, podemos decir que Jes\u00fas se ha encontrado en situaciones que se le han presentado como una dificultad real para comprender y realizar su misi\u00f3n mesi\u00e1nica (las esperanzas pol\u00ed\u00adticas de su pueblo, el fracaso de su predicaci\u00f3n, la crucifixi\u00f3n&#8230;).<\/p>\n<p>Aunque no puede ser contado entre los pecadores, tambi\u00e9n Cristo necesita ser salvado, no de su pecado personal, que no tiene, pero s\u00ed\u00ad de la condici\u00f3n de pecado en la que se ha encarnado el Hijo de Dios. Por eso, la redenci\u00f3n de la humanidad acontece en Cristo antes de comunicarse a los hombres. La pascua de Cristo es nuestra pascua; salvado de la muerte, se convierte en principio de salvaci\u00f3n eterna para nosotros (Heb 5,5-7). Resucitado por el Padre, viene a ser fuente de resurrecci\u00f3n (1Cor 15,20-22) y Esp\u00ed\u00adritu que da vida (ICor 15,45-49; Rom 8,11).<\/p>\n<p>Este abajamiento de Dios encarn\u00e1ndose en nuestra condici\u00f3n ca\u00ed\u00adda, no disminuye ni desfigura su gloria divina, sino que revela su amor a los hombres hasta el extremo (Jn 13,1).<\/p>\n<p>4. CRISTO, REVELACI\u00ed\u201cN DEL HOMBRE NUEVO, a) Cristo, el Hombre Nuevo. \u00abEn realidad, el misterio del hombre nuevo s\u00f3lo se esclarece en el mismo misterio del Verbo encarnado&#8230; Cristo, el nuevo Ad\u00e1n, en la misma revelaci\u00f3n del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocaci\u00f3n\u00bb (GS 22).<\/p>\n<p>Cristo es para los cristianos el Hombre nuevo (Ef 2,15). Por eso, ser hombre es algo que s\u00f3lo en Cristo alcanza su realizaci\u00f3n plena. Y por eso, s\u00f3lo a partir de Cristo se hace inteligible nuestra existencia humana. El es el criterio y la norma de todo lo verdaderamente humano. En \u00e9l descubrimos qu\u00e9 es lo que merece el nombre de humano ante Dios. \u00abEl que sigue a Cristo, hombre perfecto, se perfecciona cada vez m\u00e1s en su propia dignidad de hombre\u00bb (GS 41).<\/p>\n<p>b) La verdadera dignidad del hombre. Cristo es hombre perfecto viviendo enteramente desde Dios y para Dios. En \u00e9l se revela que Dios y el hombre, al contrario de lo que pueda pensar la Ilustraci\u00f3n, no son dos realidades que se oponen la una a la otra. Jes\u00fas es verdaderamente humano no a pesar de, sino precisamente porque existe totalmente desde Dios y para Dios (K. Rahner).<br \/>\nA la luz de la encarnaci\u00f3n, la catequesis ha de mostrar que el hombre no es un ser cerrado en s\u00ed\u00ad mismo. Ser hombre es vivir desde Dios y para Dios. Es falsa la alternativa moderna: Dios o el hombre. Dios es precisamente el Otro que los hombres necesitamos para ser nosotros mismos. En Cristo se nos revela que existir desde Dios y para Dios no disminuye al ser humano, no anula su libertad, no lo hunde en la pasividad o irresponsabilidad, sino que lo conduce a vivir de manera plena ante s\u00ed\u00ad mismo y ante los dem\u00e1s. Por decirlo de manera m\u00e1s concreta, el hombre es humano en la medida en que existe desde y para el amor, la verdad, la justicia y el perd\u00f3n de Dios.<\/p>\n<p>c) El hombre, lugar de encuentro con Dios. Si Dios se ha hecho hombre, esto significa que Dios puede y debe ser encontrado en el hombre. No es necesario abandonar el mundo y alejarnos de los hombres para buscarlo. A Dios lo podemos encontrar en el \u00e1mbito de lo humano. S\u00f3lo indicaremos dos consecuencias: 1) Si Dios se hace hombre en Cristo, aceptarnos plenamente como hombres y luchar por ser verdaderamente humanos es ya acoger a Dios. Tomar la vida humana en serio es empezar a tomar en serio a Dios. Quien acepta su existencia humana con amor y responsabilidad, est\u00e1 aceptando de alguna manera a ese Dios encarnado en nuestra misma humanidad. Una catequesis de talante misionero ha de saber mostrarlo en nuestros d\u00ed\u00adas a quienes buscan sinceramente a Dios. 2) Por otra parte, si Dios se hace hombre en Cristo, acoger al otro hombre es ya acoger a Dios. Donde hay amor sincero e incondicional al otro, especialmente al pobre y necesitado, all\u00ed\u00ad hay amor a ese Dios hecho hombre en Jesucristo (Mt 25,40-45; lJn 3,17; 4,7-8; 4,20).<\/p>\n<p>d) Algunas exigencias de la fe en la encarnaci\u00f3n. La catequesis de la encarnaci\u00f3n ha de mostrar con claridad las exigencias que de ella se derivan. Sugerimos algunas: 1) No es coherente confesar la fe en un Dios que se ha hecho solidario con la humanidad y, al mismo tiempo, organizarse la vida de manera individualista e insolidaria, ajena totalmente al sufrimiento de los dem\u00e1s. 2) No es coherente confesar la fe en un Dios encarnado por la salvaci\u00f3n del hombre y, al mismo tiempo, no encarnarse en la vida ni esforzarse por un mundo m\u00e1s humano y una sociedad m\u00e1s liberada. 3) No es coherente confesar la fe en un Dios hecho hombre para restaurar todo lo humano y, al mismo tiempo, colaborar en la deshumanizaci\u00f3n, atentando contra la dignidad y los derechos de las personas.<\/p>\n<p>II. Presentaci\u00f3n catequ\u00e9tica de la encarnaci\u00f3n<br \/>\n1. \u00bfQUE ES PRESENTAR CATEQUETICAMENTE A JESUCRISTO, DIOS ENCARNADO? Antes de ofrecer algunas orientaciones catequ\u00e9ticas para presentar a Jesucristo, Hijo de Dios encarnado en las diversas edades, conviene clarificar brevemente en qu\u00e9 consiste la presentaci\u00f3n catequ\u00e9tica de Jesucristo, Palabra encarnada, teniendo en cuenta los datos positivos de la cristolog\u00ed\u00ada contempor\u00e1nea, y el horizonte cultural y la sensibilidad de las personas de nuestro tiempo.<\/p>\n<p>a) Presentar catequ\u00e9ticamente a Jesucristo, el Hijo de Dios encarnado: 1) No es s\u00f3lo ofrecer una informaci\u00f3n hist\u00f3rica sobre Jes\u00fas, que puede ser de gran inter\u00e9s para suscitar la admiraci\u00f3n por \u00e9l. Ser cristiano no es s\u00f3lo admirar sus cualidades, sino, sobre todo, vivir la experiencia de saberse salvado por Jesucristo. 2) No es s\u00f3lo ofrecer una explicaci\u00f3n doctrinal sobre Jesucristo. Es necesario que la catequesis exprese la doctrina cristol\u00f3gica de la Iglesia. Pero creer en \u00e9l no es s\u00f3lo despertar la doctrina eclesial sobre Jesucristo; lo m\u00e1s original y fundamental de la fe cristiana es la adhesi\u00f3n personal y viva a \u00e9l. 3) No es probar la divinidad de Jesucristo, como paso primero de su presentaci\u00f3n. El descubrimiento de que en Cristo uno se encuentra con el misterio de Dios no est\u00e1 al comienzo, sino al final de todo un recorrido. Los disc\u00ed\u00adpulos se encontraron con \u00e9l y primeramente lo aceptaron como maestro, profeta, liberador, alguien que hac\u00ed\u00ada el bien. M\u00e1s tarde, habi\u00e9ndolo visto morir en la cruz, vivieron una experiencia decisiva: Jes\u00fas se les impon\u00ed\u00ada lleno de vida. Entonces fueron intuyendo que Dios estaba en \u00e9l. 4) No es ahondar de manera abstracta en su personalidad. Esta profundizaci\u00f3n es leg\u00ed\u00adtima, pero lo que importa en la acci\u00f3n evangelizadora es descubrir a un Cristo concreto y, sobre todo, descubrir qui\u00e9n es Cristo para nosotros. En las primeras comunidades cristianas hablan de Cristo desde una perspectiva salv\u00ed\u00adfica. Cristo interesa porque en \u00e9l nos llega de manera concreta y encarnada la salvaci\u00f3n de Dios.<\/p>\n<p>b) Por eso, presentar catequ\u00e9ticamente a Jesucristo, Dios encarnado, es: 1) Provocar o facilitar el encuentro con \u00e9l. Antes que nada, es hacerlo cre\u00ed\u00adble. Ayudar a las personas a encontrarse con \u00e9l y descubrir el significado que puede tener para sus vidas. Provocar un encuentro personal y transformador con \u00e9l y hacerlo presente en la vida de los cristianos. 2) Anunciar la buena noticia de Jesucristo. A \u00e9l s\u00f3lo se le presenta de manera aut\u00e9ntica, cuando lo presentamos como evangelio, buena noticia. Cuando ayudamos a las personas a descubrir toda la riqueza, la fuerza salvadora, transformadora, liberadora que se encierra en su persona y en su mensaje. Esto es, presentar a Cristo como alguien capaz de responder a las aspiraciones, anhelos e interrogantes de las personas de hoy. Ser cristiano es descubrir desde Cristo cu\u00e1l es la manera m\u00e1s acertada, m\u00e1s humana e interesante de enfrentarnos al problema de la vida y al misterio de la muerte. 3) Dar testimonio de mi experiencia de fe en Jesucristo. Anunciar a Jesucristo es ser testigo, saber contagiar -comunicar- a los dem\u00e1s la propia experiencia de fe en Cristo. El mundo de hoy m\u00e1s que crist\u00f3logos necesita testigos, creyentes que puedan hablar de lo que han experimentado en la fe sobre Cristo, salvador, hermano y amigo, que vive con nosotros y entre nosotros.<\/p>\n<p>2. LUCES DE LA PEDAGOG\u00ed\u008dA DE DIos SOBRE LA CATEQUESIS DE LA ENCARNACI\u00ed\u201cN. En la catequesis del misterio de la encarnaci\u00f3n habr\u00e1n de tenerse en cuenta estas orientaciones de la pedagog\u00ed\u00ada de Dios:<br \/>\na) La pedagog\u00ed\u00ada de la \u00abcondescendencia divina\u00bb (DV 13; cf CCE 684). Esta empieza en el Antiguo Testamento con la presencia ben\u00e9vola de Dios con los patriarcas, los profetas y su pueblo: \u00abYo estar\u00e9 contigo\u00bb (Ex 3,12), \u00abSer\u00e9is mi pueblo y yo ser\u00e9 vuestro Dios\u00bb (Ez 36,28); contin\u00faa con la promesa del Mes\u00ed\u00adas Emanuel, \u00abDios con nosotros\u00bb (Is 7,14), que se cumple en la encarnaci\u00f3n del Hijo de Dios en Mar\u00ed\u00ada de Nazaret: \u00abHabit\u00f3 entre nosotros\u00bb (Jn 1,14), y llega a su plenitud con la resurrecci\u00f3n: \u00abYo estar\u00e9 con vosotros todos los d\u00ed\u00adas hasta el fin del mundo\u00bb (Mt 28,18-20). Por esta pedagog\u00ed\u00ada, afirma el Directorio general para la catequesis, \u00abel evangelio se ha de proponer siempre (desde la vida) para la vida y en la vida de las personas\u00bb (DGC 143; cf 146). Esta pedagog\u00ed\u00ada de la condescendencia tiene mucho que ver con la pedagog\u00ed\u00ada divina de la solidaridad.<\/p>\n<p>b) La pedagog\u00ed\u00ada de la \u00abrevelaci\u00f3n en la historia\u00bb. \u00abLa \u00abeconom\u00ed\u00ada [el plan] de la salvaci\u00f3n\u00bb tiene un car\u00e1cter hist\u00f3rico, pues se realiza en el tiempo: \u00abempez\u00f3 en el pasado, se desarroll\u00f3 y alcanz\u00f3 su cumbre en Cristo; despliega su poder en el presente, y espera su consumaci\u00f3n en el futuro\u00bb (DCG 1971, 44)\u00bb (DGC 107). Este car\u00e1cter hist\u00f3rico de la revelaci\u00f3n salvadora es muy importante para la catequesis de la encarnaci\u00f3n.<br \/>\nLa encarnaci\u00f3n podr\u00ed\u00ada contemplarse ce\u00f1ida al misterio de la navidad; pero este no es m\u00e1s que el punto de partida. La encarnaci\u00f3n, en cambio, se entiende especialmente como misterio de la manifestaci\u00f3n de Dios entre nosotros. Este Cristo revelado, contemplado como Dios encarnado, se descubre progresivamente a lo largo de toda la vida de Jes\u00fas, presencia visible y activa de Dios en la concreta historia humana, alcanza su momento decisivo en la muerte y en la resurrecci\u00f3n y culmina en su parus\u00ed\u00ada o segunda venida (estos \u00faltimos aspectos de la encarnaci\u00f3n se abordan en otras voces). Todos los misterios de la vida privada y p\u00fablica de Jes\u00fas son portadores de se\u00f1ales de su divinidad encarnada. Presente hoy en nuestra historia, nosotros podemos encontrarnos con este Cristo vivo y salvador.<\/p>\n<p>c) La pedagog\u00ed\u00ada de la \u00abgradualidad\u00bb. El mensaje evang\u00e9lico hay que presentarlo \u00ed\u00adntegramente, pero \u00abgradualmente, siguiendo el ejemplo de la pedagog\u00ed\u00ada divina, con la que Dios se ha ido revelando de manera progresiva y gradual. La integridad debe compaginarse con la adaptaci\u00f3n\u00bb (DGC 112). Hay una integridad intensiva del mensaje de la encarnaci\u00f3n, que se concreta en una presentaci\u00f3n global y sencilla de la totalidad del mensaje, seg\u00fan la madurez de los destinatarios, y una integridad extensiva de este mensaje, que se propone \u00abde manera cada vez m\u00e1s amplia y expl\u00ed\u00adcita seg\u00fan la capacidad de los destinatarios y el car\u00e1cter propio de la catequesis\u00bb (DGC 112).<br \/>\nd) La pedagog\u00ed\u00ada de \u00ablas mediaciones y los signos\u00bb. Dios \u00abhabita una luz inaccesible\u00bb (1Tim 6,16). Pero si a Dios no se le puede conocer ni en vivo ni en directo, \u00e9l se da a conocer a trav\u00e9s de mediaciones: \u00abDios, despu\u00e9s de haber hablado [haberse dado a conocer] muchas veces y en diversas formas a nuestros padres por medio de los profetas, en estos d\u00ed\u00adas, que son los \u00faltimos, nos ha hablado por el Hijo\u00bb (Heb 1,1-2). El, hecho uno de nosotros, es el Mediador -la gran mediaci\u00f3n- para conocer al Padre y llegar a su encuentro salvador. El mismo nos ha desvelado -como mediaci\u00f3n personal- la realidad misteriosa de su encarnaci\u00f3n. Y lo sigue haciendo mediante hechos y palabras (DV 2) del Antiguo y del Nuevo Testamento, tanto en su tiempo hist\u00f3rico de Palestina como a trav\u00e9s de sus miembros a lo largo de la historia de la Iglesia. La encarnaci\u00f3n se va desvelando con lenguaje conceptual y con lenguajes simb\u00f3licos (cf DGC 143).<\/p>\n<p>Siguiendo estos principios de la pedagog\u00ed\u00ada de Dios, la catequesis de la encarnaci\u00f3n est\u00e1 atenta a todo lo que ayuda a conocer a los sujetos (sociolog\u00ed\u00ada y psicolog\u00ed\u00ada, en clave humana y religiosa) y los m\u00e9todos y t\u00e9cnicas did\u00e1cticas favorables a una eficaz comunicaci\u00f3n de la fe.<\/p>\n<p>III. Catequesis de la encarnaci\u00f3n en las distintas etapas<br \/>\nEn lo que sigue, se aborda la catequesis de la encarnaci\u00f3n seg\u00fan las edades, destacando algunas pistas metodol\u00f3gicas experimentadas como eficaces y siguiendo el criterio de la prioridad de la catequesis de adultos (DGC 171).<\/p>\n<p>1. EN LA ETAPA ADULTA (30-65 a\u00f1os). a) La edad adulta no es un per\u00ed\u00adodo ni psicol\u00f3gica ni religiosamente homog\u00e9neo. Se distinguen al menos dos per\u00ed\u00adodos: 30-49 a\u00f1os y 50-65 a\u00f1os. El primero volcado hacia el exterior, a la acci\u00f3n y a la creatividad, y el segundo vuelto hacia el interior, a la reflexi\u00f3n sobre el pasado y el futuro.<\/p>\n<p>&#8211; En cuanto a la maduraci\u00f3n humana, la etapa adulta, globalmente, profundiza en las responsabilidades tomadas y siente el reto de la fecundidad: mira en sus hijos a la generaci\u00f3n futura y este hecho suscita el cuidado activo por el bien de los otros y por mejorar el mundo en que vive. Sin embargo, corre el riesgo de desinteresarse del futuro y dejarse autoabsorber por las necesidades y el confort individual. Es el peligro del estancamiento. Avanzada la etapa adulta, suele aparecer la necesidad de discernir los logros y las frustraciones del pasado. A su vez, el clima de responsabilidad que se vive suele suscitar las grandes cuestiones, relacionadas con el sentido de la vida.<\/p>\n<p>&#8211; En el orden de la maduraci\u00f3n cristiana, el primer per\u00ed\u00adodo, de 30 a 49 a\u00f1os, sigue siendo hoy, en general, el tiempo de la ausencia, del alejamiento. Bajo la influencia de un clima secularista, los adultos son al\u00e9rgicos a sentirse protegidos por Dios -autosuficiencia- y dedican menos tiempo a la pr\u00e1ctica religiosa tradicional. No se rechaza la fe, pero en muchos la fe no influye en las opciones vitales ni personales ni familiares ni sociales. Se da una paradoja: un vac\u00ed\u00ado religioso, precisamente en un tiempo tan importante, en que har\u00ed\u00ada falta una fuerte experiencia de fe para iluminar y consolidar la propia concepci\u00f3n de la vida y el campo del amor y del trabajo.<\/p>\n<p>El segundo per\u00ed\u00adodo, de 50 a 65 a\u00f1os, tiende a suscitar las grandes cuestiones como las del sentido de la vida, con un posible resurgir del inter\u00e9s religioso. Se da, frecuentemente, una vuelta a la pr\u00e1ctica religiosa y hasta una mayor disponibilidad para la participaci\u00f3n en lo pastoral, especialmente en mujeres. Hoy por hoy es un per\u00ed\u00adodo de horizontes espirituales y pastorales.<\/p>\n<p>b) Pistas metodol\u00f3gicas para la catequesis de la encarnaci\u00f3n. Tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad distinguiremos las dos etapas de 30-49 a\u00f1os y 50-65 a\u00f1os.<\/p>\n<p>&#8211; Muchos de la etapa 30-49 a\u00f1os se pueden identificar con los adultos bautizados que no recibieron una catequesis adecuada; o que no han culminado realmente la iniciaci\u00f3n cristiana; o que se han alejado de la fe hasta el punto de que han de ser considerados cuasi-catec\u00famenos (CT 44, t\u00ed\u00adtulo del p\u00e1rrafo). Es decir, viven en esa situaci\u00f3n que requiere la catequesis de la iniciaci\u00f3n cristiana, pero comenzando por la precatequesis, en orden a una opci\u00f3n inicial pero s\u00f3lida de fe (cf DGC 62).<\/p>\n<p>&#8211; La catequesis kerigm\u00e1tica o la precatequesis o -seg\u00fan otros- la catequesis de car\u00e1cter misionero comunica, como n\u00facleo propio, a Jesucristo, Palabra de Dios encarnada, en orden a suscitar la adhesi\u00f3n, la conversi\u00f3n gozosa a su Persona; este es el coraz\u00f3n de la experiencia cristiana. Para ello: 1) La catequesis suscitar\u00e1, ante todo, la atenci\u00f3n de las personas hacia sus experiencias m\u00e1s significativas: como el sentido de la vida, la libertad, la vocaci\u00f3n concreta, las responsabilidades familiares, laborales, etc., planteadas a la luz de los valores evang\u00e9licos (cf DGC 117). 2) Al mismo tiempo, les ayudar\u00e1 a pasar por el mismo proceso lento en el conocimiento sobre Jes\u00fas que vivieron los disc\u00ed\u00adpulos, mediante una catequesis narrativa en torno a Cristo adulto y en contacto dialogal con algunos pasajes evang\u00e9licos claves (cristolog\u00ed\u00ada ascendente): Jes\u00fas experimentado como hombre y, a la vez, con una estrecha uni\u00f3n con el Padre, manifestada de diversas maneras; Jes\u00fas, semejante a nosotros en todo, menos en el pecado, y conviviendo con nosotros como Emanuel, Dios con nosotros; ejecutado por los hombres, pero resucitado por el Padre.<\/p>\n<p>Esta catequesis kerigm\u00e1tica o de car\u00e1cter misionero habr\u00e1 de insistir en la presencia actual de Cristo encarnado y resucitado en nuestro mundo, como Alguien que sale a nuestro encuentro y cambia el sentido de nuestra vida y de nuestro quehacer en la sociedad: nos transforma en hombres y mujeres nuevos. Ello se consigue: 1) favoreciendo poco a poco la lectura directa del evangelio; 2) el encuentro con Cristo en la oraci\u00f3n personal y en com\u00fan, y 3) aportando testimonios de personas creyentes que han experimentado el encuentro con el Resucitado, o estableciendo di\u00e1logo con ellas. Todo ello en el clima estimulante que a esta catequesis aporta el grupo cristiano.<\/p>\n<p>&#8211; La catequesis sobre Cristo, Hijo de Dios encarnado, suele resultar m\u00e1s f\u00e1cil con las personas de 50 a 65 a\u00f1os, por las grandes preguntas que vuelven a emerger en esta etapa: nuestro origen, nuestra meta \u00faltima, las causas del mal en el mundo, razones de nuestra responsabilidad, el sentido de nuestra vida&#8230; que, como preguntas \u00faltimas, rayan con el mundo religioso. En este clima (cf DGC 175): 1) Es preciso dedicar un tiempo a la catequesis kerigm\u00e1tica, o precatequesis, que ponga a tono la fe personal por el encuentro con Jes\u00fas, Dios hecho uno de nosotros. No se puede dar por supuesta la conversi\u00f3n religiosa. 2) En relaci\u00f3n con los interrogantes de fondo, la catequesis de adultos, como culminaci\u00f3n de una iniciaci\u00f3n cristiana inacabada (reiniciaci\u00f3n), puede ofrecer diferentes orientaciones y mensajes: reencontrar el sentido de la vida en el seguimiento de Jes\u00fas, hombre nuevo; ejercitarse en la lectura cristiana de la vida desde la mirada de Jes\u00fas; profundizar o completar la iniciaci\u00f3n cristiana: en la liturgia, como acci\u00f3n de Cristo con su Iglesia, en la vivencia de Jes\u00fas vivo en la comunidad y en su Palabra, en las consecuencias de una actitud transformadora del mundo, como miembros de un Dios solidario con la humanidad: compromisos seculares&#8230; 3) T\u00e9ngase presente que en esta situaci\u00f3n, la m\u00e1s propia de la catequesis de adultos, se encuentran las grandes dificultades del itinerario catequ\u00e9tico (resistencias al cambio, autosuficiencia, diferentes crisis), pero tambi\u00e9n puede ser el punto de partida para la promoci\u00f3n de creyentes maduros, de comunidades nuevas y din\u00e1micas, etc. Un cristocentrismo trinitario, comunitario y abierto al mundo, es un impulso para un proyecto renovado de Iglesia1.<\/p>\n<p>2. EN LA ETAPA DE LA INFANCIA (0-5 a\u00f1os) Y DE LA NI\u00ed\u2018EZ (6-11 a\u00f1os). a) El crecimiento humano y religioso de los ni\u00f1os peque\u00f1os -de 0 a 5 a\u00f1os-est\u00e1 muy vinculado a la familia. La identidad del ni\u00f1o, como persona y como creyente, est\u00e1 muy relacionada con la calidad humana y cristiana de su \u00e1mbito familiar: las relaciones paterno-maternas o con personas o familiares que los quieren y cuidan. Respecto de la educaci\u00f3n de la fe de sus hijos, hay muchos padres y madres despreocupados y desorientados, pero tambi\u00e9n un grupo importante dispuesto a prepararse para trasmitir la fe a sus hijos desde su infancia. \u00bfQu\u00e9 pueden hacer los padres para comunicar a los m\u00e1s peque\u00f1os el misterio de Jes\u00fas, Dios y hombre?<br \/>\n&#8211; Antes de hablar de Dios y de Jes\u00fas, es preciso que en casa se den las condiciones b\u00e1sicas para que estas realidades de la fe puedan ser asimiladas por los hijos: 1) Que los padres se quieran y los hijos vean que se quieren. As\u00ed\u00ad habr\u00e1 un clima de confianza, seguridad y convivencia gozosa, en que se puede vivir la fe. 2) Que los padres manifiesten afecto hacia los hijos, con atenci\u00f3n personal a cada uno y a sus cosas, y por encima de lo que digan o hagan. As\u00ed\u00ad los hijos se f\u00ed\u00adan de sus padres y les contemplan como modelos de identificaci\u00f3n y de acci\u00f3n. 3) Que en la familia haya un clima de comunicaci\u00f3n de la pareja entre s\u00ed\u00ad y con los hijos, lo cual evita desconfianzas, agresividades, silencios impuestos&#8230; Este clima favorece la vivencia de fe, porque vivir como creyentes es fundamentalmente fiarse de Dios como Padre y de Jes\u00fas como su Hijo y nuestro hermano, amigo y salvador, y la comunicaci\u00f3n intrafamiliar es un rodaje para la comunicaci\u00f3n confiada con Dios y con Jes\u00fas2.<\/p>\n<p>&#8211; Supuestas estas condiciones afectivo-familiares, los padres han de hablar a sus hijos de Dios y de Jes\u00fas, para despertar la fe orient\u00e1ndola hacia rostros concretos: 1) Los padres, s\u00f3lo con este comportamiento discreto, ya est\u00e1n hablando sin palabras, pues se presentan ante sus peque\u00f1os como signos o mediaciones de Dios y de Jes\u00fas. Dios y Jes\u00fas se dejan intuir en ellos, filtr\u00e1ndose por las rendijas de las bondades humanas, y m\u00e1s a\u00fan cuando los padres son creyentes y viven seg\u00fan el evangelio. 2) Pero los padres han de hablar verbalmente a sus hijos de Dios y de Jes\u00fas, en concreto de Jes\u00fas. Y lo hacen cuando la pareja ora a Jes\u00fas en presencia del ni\u00f1o, por ejemplo, antes de comer; cuando leen con el ni\u00f1o alguna historia de Jes\u00fas, tomada de la Sagrada Escritura y luego dialogan y oran juntos a Jes\u00fas haci\u00e9ndolo de t\u00fa a t\u00fa; cuando lo acompa\u00f1an a acostarse y le ayudan a recorrer lo hecho en el d\u00ed\u00ada para darle gracias y pedirle perd\u00f3n&#8230; \u00abLa educaci\u00f3n a la oraci\u00f3n y la iniciaci\u00f3n a la Sagrada Escritura son aspectos centrales de la formaci\u00f3n cristiana de los peque\u00f1os\u00bb (DGC 178). 3) En estos momentos afectivo-religiosos de los padres con el ni\u00f1o se pueden ir destacando aspectos humanos del Jes\u00fas adulto y signos de su condici\u00f3n divina, que van decant\u00e1ndose en la fe del ni\u00f1o. As\u00ed\u00ad, este va creciendo en esa uni\u00f3n afectiva que \u00e9l va experimentando con su amigo y hermano Jes\u00fas, Hijo de Dios: Jes\u00fas le quiere, le acompa\u00f1a, Jes\u00fas le ayuda a tener contento al Padre, Jes\u00fas le perdona&#8230;<\/p>\n<p>b) La catequesis de la encarnaci\u00f3n en la segunda etapa: la ni\u00f1ez (6-11 a\u00f1os). En la ni\u00f1ez, la catequesis sobre Jes\u00fas, Dios Hombre, ha entrado, hace a\u00f1os, en una situaci\u00f3n delicada y necesitada de mejora. El grupo de familias responsables de la fe de sus hijos que se acaba de describir es minoritario. Muchos llegan a la ni\u00f1ez sin haber despertado esa relaci\u00f3n afectiva con Dios, Padre amoroso, y con Jes\u00fas, su Hijo, amigo y hermano nuestro.<\/p>\n<p>&#8211; El ni\u00f1o sigue muy unido al ambiente familiar en los dos breves per\u00ed\u00adodos de la ni\u00f1ez, de 6 a 9 y de 9 a 11 a\u00f1os, aunque progresivamente va socializ\u00e1ndose en la catequesis parroquial y la educaci\u00f3n escolar: 1) De 6 a 9 a\u00f1os, el ni\u00f1o empieza a salir de su subjetividad y se va abriendo al mundo real. Desea saber y busca los caminos. Entra en una \u00e9poca de mayor calma afectiva. Religiosamente: en principio est\u00e1 abierto a lo religioso. Para \u00e9l, por lo que le han ense\u00f1ado, Dios es Padre y creador. \u00bfJusto o misericordioso? Depende de la familia. Es la edad del primer s\u00ed\u00ad y del primer no a Dios, del despertar de la conciencia moral. 2) De 9 a 11 a\u00f1os, el ni\u00f1o -\u00e9l y ella- vive m\u00e1s hacia fuera; aumenta su deseo de saber con mayor sentido cr\u00ed\u00adtico, pero le gusta lo concreto. En lo religioso, el ni\u00f1o (var\u00f3n) atribuye a Dios la grandeza -lo sabe todo-, la bondad y la fuerza, pero ha disminuido su relaci\u00f3n afectiva con \u00e9l: es el Se\u00f1or del universo y el Dios de la ley (lo que Dios quiere que hagamos). En las celebraciones le interesa qu\u00e9 hay que hacer y los ritos purificadores. La ni\u00f1a, en cambio, mira a Dios como el Dios del amor (lo que es Dios para ella) y en las celebraciones tiende a buscar el encuentro personal con Dios, mediante el simbolismo de los ritos.<\/p>\n<p>Dos planteamientos en la catequesis de Jes\u00fas, Hijo de Dios hecho Hombre:<br \/>\n&#8211; Como muchos ni\u00f1os no han sido iniciados en familia a la amistad con Dios y con Jes\u00fas -despertar religioso-, hay que comenzar la catequesis parroquial -a los 6 a\u00f1os- favoreciendo ese conocimiento vivo y trato amistoso con Dios Padre y con Jes\u00fas, su Hijo y nuestro hermano y amigo.<\/p>\n<p>En los primeros a\u00f1os (6-9) -especialmente en el primero- de la catequesis parroquial, los catequistas han de prepararse para cultivar -dentro de la programaci\u00f3n adaptada al caso- algunos aspectos de la catequesis en familia: clima maternal con los ni\u00f1os; comunicaci\u00f3n fluida y a la vez controlada con ellos; conciencia de ser signo y mediaci\u00f3n de Jes\u00fas para con los ni\u00f1os (ellos van a experimentar a Jes\u00fas en su persona y \u00e9l se va a comunicar con los ni\u00f1os a trav\u00e9s de sus testimonios y sus palabras); narrarles historias de Jes\u00fas y dialogarlas con ellos; iniciarles en la oraci\u00f3n a Jes\u00fas haciendo silencios breves y dialogando con \u00e9l de t\u00fa a t\u00fa.<\/p>\n<p>Las parroquias han de preparar a los catequistas de la ni\u00f1ez -6 a 11 a\u00f1os- a realizar esta iniciaci\u00f3n al conocimiento y trato con Dios y con Jes\u00fas, no s\u00f3lo el primer a\u00f1o, sino durante todos los a\u00f1os de la ni\u00f1ez. Todas las programaciones, adem\u00e1s de los contenidos propios de esta catequesis, estar\u00e1n vertebradas en torno a Jes\u00fas (cristocentrismo) y suscitar\u00e1n el trato familiar con \u00e9l en momentos breves y c\u00e1lidos de oraci\u00f3n y desde \u00e9l con el Padre.<\/p>\n<p>&#8211; Si consta ya logrado ese trato amistoso con Jes\u00fas y con el Padre, la catequesis de Jes\u00fas, Dios y hombre, se favorecer\u00e1 con estos dos pasos metodol\u00f3gicos:<br \/>\n1) De 6 a 9 a\u00f1os: fomentar esa primera amistad con Jes\u00fas, Dios y hombre: imitarle en el amor a su Padre; admirarle y acogerle como Hijo de Dios, nacido hombre de la Virgen Mar\u00ed\u00ada en Bel\u00e9n; contemplarle en pasajes del evangelio: lo que hace y c\u00f3mo lo hace; c\u00f3mo se relaciona con Dios, su Padre; lo que quiere que hagamos: amar a Dios y a los hermanos; el misterio de la pasi\u00f3n, muerte y resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, superando la simple compasi\u00f3n y describiendo que \u00e9l lucha contra las malas actitudes del coraz\u00f3n, pues muere y resucita para salvarnos; aprender a orar como Jes\u00fas y prepararse para unirnos m\u00e1s a \u00e9l en la celebraci\u00f3n de los primeros sacramentos. Adem\u00e1s de hermano y amigo, Jes\u00fas es nuestro maestro. Muy importante: La profundidad de la iniciaci\u00f3n cristiana se mide por la calidad de la relaci\u00f3n del ni\u00f1o con Jes\u00fas, con el Padre (y con el Esp\u00ed\u00adritu), que se favorezca en las catequesis.<\/p>\n<p>2) De 9 a 11 a\u00f1os: dar un paso m\u00e1s en la amistad con Jes\u00fas, Dios y hombre: ante su apertura para conocer cient\u00ed\u00adficamente el mundo, la historia y las personas, este ni\u00f1o adulto necesita adquirir -en dosis breves y sugerentes- un conocimiento global de Jes\u00fas; Jes\u00fas debe ser el centro de la ense\u00f1anza religiosa de esta edad: detalles de la historia y geograf\u00ed\u00ada de Israel (costumbres, estilo de vida&#8230;), pasajes evang\u00e9licos de su vida p\u00fablica, el fondo de su mensaje, causas hist\u00f3ricas y religiosas de su muerte; cobard\u00ed\u00ada, conversi\u00f3n y testimonio de los ap\u00f3stoles&#8230; Necesita, adem\u00e1s, que se le vaya descubriendo el misterio que late en los acontecimientos y personajes que aparecen en los evangelios; una iniciaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica al vocabulario cristiano. Este proceso, explicado para preparar mejor su propia conversi\u00f3n con una mayor admiraci\u00f3n y seguimiento hacia Jes\u00fas, el maestro y amigo entra\u00f1able, Hijo de Dios hecho hombre. A hacer presente la figura de Jes\u00fas le ayudar\u00e1 mucho el recordar a testigos cristianos actuales, la oraci\u00f3n en grupo y la celebraci\u00f3n lit\u00fargica bien participada con otros grupos parroquiales.<\/p>\n<p>3. EN LA ETAPA DE LA ADOLESCENCIA (12-18 a\u00f1os) Y DE LA JUVENTUD (19-29 a\u00f1os). a) La maduraci\u00f3n humana y cristiana de los preadolescentes (12-14 a\u00f1os) est\u00e1 relacionada con los peque\u00f1os grupos. El comienzo de la adolescencia -la preadolescencia- especialmente en las regiones desarrolladas, tiene unas caracter\u00ed\u00adsticas psicol\u00f3gicas y religiosas peculiares. Es un per\u00ed\u00adodo ignorado -mejor, poco elaborado- para educar a los preadolescentes en la fe (cf DGC 181) y adentrarlos en la adolescencia (15 a\u00f1os) debidamente evolucionados.<\/p>\n<p>&#8211; Rasgos humanos y religiosos del preadolescente. 1) En la primera adolescencia, la persona se mete en s\u00ed\u00ad misma, al experimentar energ\u00ed\u00adas misteriosas que la desconciertan y la llevan a perder la seguridad interna y externa de la ni\u00f1ez. Empieza la trabajosa b\u00fasqueda de la personalidad joven, de su nueva identidad. Este es un per\u00ed\u00adodo de especial y confusa inquietud acerca del sentido de la vida, y por tanto de crisis religiosa. Al buscar una nueva identidad personal, busca modelos de identificaci\u00f3n. 2) La crisis religiosa est\u00e1 impulsada por desear razonarlo todo. Las realidades de la fe son razonables, pero esta razonabilidad se adquiere con el tiempo. El apoyo de Dios o el abandono frente al tumulto de la vida son fluctuantes. Dios parece estar lejos, por encima. Mediada esta edad, aparece Dios como Alguien: Se\u00f1or, salvador y Padre que puede convertirse en el confidente que llene sus vac\u00ed\u00ados afectivos: el que comprende y ama y con el que se puede contar. La preadolescente est\u00e1 m\u00e1s inclinada desde el principio a este Dios paternal. Los preadolescentes -ellos y ellas- m\u00e1s que buscar conocer a Dios, quieren sentirle. El Dios que les satisface es el Dios humano en Cristo, acogedor y perdonador; el Dios del coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00bf Un doble planteamiento en la educaci\u00f3n de la fe sobre Jes\u00fas, Dios encarnado? Los ni\u00f1os que han participado en el proceso completo de la catequesis de la ni\u00f1ez (6-11 a\u00f1os) se integran bien en la catequesis de la preadolescencia y la superan con un rendimiento creyente positivo. Los que s\u00f3lo fueron catequizados hasta celebrar la primera penitencia y eucarist\u00ed\u00ada y, al cabo de tres a\u00f1os, vuelven a los grupos preadolescentes tienen m\u00e1s dificultades para asumir esta catequesis. Ante esta doble situaci\u00f3n, algunas orientaciones y pistas metodol\u00f3gicas:<br \/>\nEn la edad de 12-14 a\u00f1os, por los rasgos psicol\u00f3gico-religiosos recordados y, m\u00e1s a\u00fan, si no han completado la catequesis de la ni\u00f1ez (9-11 a\u00f1os), la catequesis de la iniciaci\u00f3n cristiana conviene que adquiera un acento de llamada a adherirse, a convertirse a Jes\u00fas (conversi\u00f3n religiosa). La fe de la ni\u00f1ez, clara y segura, queda en estos a\u00f1os empa\u00f1ada por las dudas, el vaiv\u00e9n de sus sentimientos humanos y religiosos, la soledad experimentada, etc. El preadolescente busca una nueva amistad con \u00e9l distinta de la de la infancia, y quiz\u00e1 el primer encuentro y amistad con Jes\u00fas, si no se dio en el corto per\u00ed\u00adodo de catequesis en la primera ni\u00f1ez (6-9 a\u00f1os).<\/p>\n<p>En esta situaci\u00f3n religiosa, unos m\u00e1s y otros menos, todos los preadolescentes viven una situaci\u00f3n de nueva evangelizaci\u00f3n (cf DGC 58c), en la cual la catequesis iniciatoria habr\u00e1 de acentuar la precatequesis (cf DGC 62). La nueva personalidad balbuciente que emerge en el preadolescente necesita la acogida fraterna de los catequistas, su testimonio como modelos creyentes de identificaci\u00f3n y las catequesis centradas en la persona de Jes\u00fas, para interiorizarlo en su nueva situaci\u00f3n antropol\u00f3gico-religiosa. Ser\u00e1 muy conveniente agrupar a los preadolescentes: por un lado, los que desde ni\u00f1os han continuado la catequesis a\u00f1o tras a\u00f1o, pues su crisis religiosa suele ser menor, y, por otro, los que, tras unos a\u00f1os de ausencia, vuelven a la catequesis quiz\u00e1 bastante desconcertados en su religiosidad.<\/p>\n<p>&#8211; Pistas metodol\u00f3gicas. 1) Es preciso tener muy presentes las experiencias sociales y psicol\u00f3gico-religiosas propias de la edad, para iluminarlas desde la fe. Centrar el mensaje en la persona de Jes\u00fas, Dios y hombre como nosotros, como el gran modelo de identificaci\u00f3n que inspira a los preadolescentes, les ayuda y les hace crecer como personas, como hijos de Dios y como hermanos y amigos de Jes\u00fas y d\u00e9 los dem\u00e1s. 2) Utilizar el testimonio de personas -de ayer y de hoy- destacadas en el seguimiento de Jes\u00fas y significativas para los grupos, empezando por el testimonio del propio catequista. 3) Iniciar a la oraci\u00f3n, sobre todo en relaci\u00f3n con Jes\u00fas, Dios hecho hombre. Realizar celebraciones moderadamente creativas, bien preparadas y realizadas, en que se viva a Cristo presente y activo en ellas como salvador y liberador. 4) Usar una metodolog\u00ed\u00ada activa y participativa, incluso dentro de otras actividades pastorales m\u00e1s globales (cf DGC 184).<\/p>\n<p>Todo para promover -sobre todo en los momentos fuertes- la relaci\u00f3n personal con Jes\u00fas, Hijo de Dios y hermano nuestro, una visi\u00f3n de la vida como la suya, unas buenas experiencias celebrativas, unos criterios morales y un rodaje en la vida social seg\u00fan el estilo de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>b) La maduraci\u00f3n humana y cristiana de los adolescentes (15-18 a\u00f1os).<\/p>\n<p>&#8211; Rasgos humanos y religiosos del adolescente. \u00abEl r\u00e1pido y tumultuoso cambio cultural y social, el crecimiento num\u00e9rico de j\u00f3venes, el alargamiento de la etapa de la juventud&#8230;, la falta de trabajo y, en ciertos pa\u00ed\u00adses, las condiciones permanentes de subdesarrollo, las presiones de la sociedad de consumo&#8230;, todo ayuda a perfilar el mundo de los adolescentes y j\u00f3venes como tiempo de espera, a veces de desencanto y de insatisfacci\u00f3n, incluso de angustia y de marginaci\u00f3n. El alejamiento de la Iglesia, o al menos la desconfianza hacia ella, est\u00e1 presente en muchos como actitud de fondo\u00bb (DGC 182). Esta descripci\u00f3n sociorreligiosa de los j\u00f3venes empieza a ser realidad especialmente en los a\u00f1os de esta adolescencia adulta.<\/p>\n<p>Los adolescentes, en general, en busca de sentido para su vida y en plena crisis religiosa, experimentan desde la necesidad de un ser trascendente que les apoye, consuele y d\u00e9 seguridad y confianza, hasta que \u00abDios es enemigo del hombre\u00bb, que \u00abla religi\u00f3n adormece\u00bb o \u00abla religi\u00f3n es in\u00fatil\u00bb. No obstante, muchos sienten una fuerte tendencia a la solidaridad, al compromiso social e incluso a la experiencia religiosa, cristiana o no, incluida la m\u00ed\u00adstica ecol\u00f3gica, deportiva, etc.<\/p>\n<p>Pues bien, no pocos de estos adolescentes, de ambientes cristianos y no cristianos, frecuentan la catequesis de confirmaci\u00f3n para culminar la iniciaci\u00f3n cristiana hacia los 17-18 a\u00f1os. Despu\u00e9s, algunos perseveran en grupos de referencia; una buena parte no se agrupan, y bastantes se alejan casi totalmente de la pr\u00e1ctica de la fe. \u00bfC\u00f3mo mejorar, en esta catequesis espec\u00ed\u00adfica, al menos el anuncio de Jes\u00fas, el Dios Encarnado?<br \/>\n&#8211; El principio catequ\u00e9tico es claro: \u00abLa propuesta expl\u00ed\u00adcita de Cristo al joven del evangelio (Mt 19,16-22) es el coraz\u00f3n de la catequesis; propuesta dirigida a todos los j\u00f3venes y a su medida, en la comprensi\u00f3n atenta de sus problemas. En el evangelio&#8230; Jesucristo&#8230; les revela [a los j\u00f3venes] su singular riqueza y&#8230; a la vez les compromete en un proyecto de crecimiento personal y comunitario de valor decisivo para la sociedad y para la Iglesia\u00bb (DGC 183). \u00bfC\u00f3mo traducir estos criterios en realidad pastoral?<br \/>\nCon los adolescentes que han permanecido en la catequesis de la iniciaci\u00f3n cristiana durante la ni\u00f1ez y la preadolescencia y se han inscrito en la de confirmaci\u00f3n, se suele dedicar una primera parte breve a la convocatoria o precatecumenado para estimular su fe (cf DGC 185), y el resto, que es la mayor parte, al catecumenado como sugiere el Directorio (DGC 184-185; cf tambi\u00e9n DGC 82-83), para ahondar en su vida cristiana y afianzarla en la confirmaci\u00f3n, como servicio misionero al mundo.<\/p>\n<p>Con los adolescentes bautizados que no han participado en la catequesis de ni\u00f1os y preadolescentes, o lo han hecho s\u00f3lo durante la preparaci\u00f3n a la primera penitencia y primera eucarist\u00ed\u00ada, dejando despu\u00e9s un largo vac\u00ed\u00ado catequ\u00e9tico hasta su inscripci\u00f3n para la confirmaci\u00f3n (DGC 184), sugerimos las pistas siguientes en lo referente a la catequesis de la encarnaci\u00f3n: 1) Durante un tiempo amplio de la preparaci\u00f3n a la confirmaci\u00f3n, practicar la catequesis kerigm\u00e1tica o de car\u00e1cter misionero (cf DGC 185). Estos adolescentes llegan a esta catequesis necesitados de la conversi\u00f3n inicial a Cristo salvador, pero muy en relaci\u00f3n con sus problemas e intereses. 2) Para ello y de forma complementaria, convendr\u00e1 presentar a Jes\u00fas como modelo de identificaci\u00f3n de valores \u00e9ticos apetecibles para el adolescente: autoridad dialogante, libertad, amor, solidaridad, justicia&#8230; que conducen a la realizaci\u00f3n personal y del propio grupo y al servicio de la sociedad. 3) Presentar a Jes\u00fas Hijo de Dios, amigo y hermano nuestro, mediante los signos que \u00e9l mismo ofrece -apolog\u00e9ticamente- de que no es s\u00f3lo un ser humano: su relaci\u00f3n original con Dios, como Padre&#8230; El es el Emanuel, presente y solidario con nosotros; el salvador y liberador de nuestras fragilidades corporales, psicol\u00f3gicas y morales -personales y sociales- e Hijo de Dios, pero semejante en todo a nosotros, excepto en el pecado. 4) Constatar que damos nuestra adhesi\u00f3n a su persona de Dios-hombre como respuesta a su llamada gratuita y secreta: encarnado s\u00f3lo por amor a nosotros, por nuestra salvaci\u00f3n. Profundizar en esta conversi\u00f3n religiosa y \u00e9tica a Jes\u00fas, para poder darse a uno mismo y dar ante otros raz\u00f3n de la propia identidad cristiana. 5) Presentar a Jes\u00fas como revelaci\u00f3n del hombre nuevo: como revelador de la dignidad de la persona humana y como reconciliador. Asimismo ayudar a descubrir que Jes\u00fas impulsa una fe comprometida con los dem\u00e1s y con el mundo, como exigencia de la encarnaci\u00f3n, que hay que ir traduciendo en estilo de vida concreto desde los valores que Jes\u00fas ha vivido y nos propone. 6) Utilizar la pedagog\u00ed\u00ada divina de los testigos cristianos y del cultivo progresivo de la oraci\u00f3n personal y comunitaria, como mediaciones imprescindibles para alcanzar la experiencia de encuentro con Jes\u00fas. 7) Por fin, estimular a participar en unas celebraciones pedag\u00f3gicamente dosificadas y preparadas para descubrir la presencia viva de Jes\u00fas en el coraz\u00f3n de las mismas, en uni\u00f3n con la comunidad participante. Cultivar el lenguaje simb\u00f3lico.<\/p>\n<p>&#8211; Durante el \u00faltimo tercio de la preparaci\u00f3n a la confirmaci\u00f3n, realizar una catequesis ya en clave de iniciaci\u00f3n cristiana. Alcanzado el nivel de fe-conversi\u00f3n inicial, este \u00faltimo tramo se puede dedicar a: 1) La catequesis de confirmaci\u00f3n, con su n\u00facleo central, el esp\u00ed\u00adritu de Jes\u00fas, acompa\u00f1ante e impulsor de la vida cristiana, personal y social, con todas sus consecuencias; con su explicaci\u00f3n significativa sobre los ritos del sacramento, el clima religioso de la celebraci\u00f3n y su significado pentecostal, la renovaci\u00f3n del bautismo y del seguimiento de Jes\u00fas. 2) La propuesta de acompa\u00f1amiento espiritual personal, que les oriente a experimentarse habitados y guiados por el esp\u00ed\u00adritu de Jes\u00fas, mediante la asimilaci\u00f3n de los criterios del evangelio. 3) La formaci\u00f3n cristiana para el despu\u00e9s, es decir, para los grupos de referencia dentro de la comunidad m\u00e1s amplia (la parroquia&#8230;), que afianzan y garantizan la vida sacramental, comunitaria, de compromiso, de revisi\u00f3n de vida y de educaci\u00f3n permanente (cf DGC 184-185).<\/p>\n<p>c) La maduraci\u00f3n humana y cristiana de los j\u00f3venes (19-29 a\u00f1os). La catequesis al servicio de la iniciaci\u00f3n cristiana (cf DGC 65-68) es escasa en la Iglesia durante esta etapa. Esta catequesis est\u00e1 vinculada a los sacramentos del bautismo, la confirmaci\u00f3n y la eucarist\u00ed\u00ada y, por tanto, ya se ha concluido para los 18-19 a\u00f1os. Es decir, la catequesis org\u00e1nica, sistem\u00e1tica, integral y b\u00e1sica no se realiza ya -en principio- en la etapa de la juventud, a no ser excepcionalmente. \u00bfHay, entonces, lugar para esta catequesis en la d\u00e9cada 19-29 a\u00f1os?<br \/>\n&#8211; La madurez humana de los j\u00f3venes se mueve entre la intimidad y el aislamiento. En la transici\u00f3n de los 20 a\u00f1os se busca mayor intimidad en las relaciones, conseguir mayor responsabilidad y autonom\u00ed\u00ada, crearse una identidad propia, caminar hacia un proyecto de vida. En el decenio siguiente (20-30 a\u00f1os) se busca el equilibrio entre la intimidad amorosa con otra persona y la tendencia al aislamiento. El proyecto de vida comienza a realizarse a trav\u00e9s del trabajo y del amor. Las relaciones sociales se limitan a pocas personas. Apetece adquirir m\u00e1s responsabilidades, pero con cierto realismo. La transici\u00f3n de los 30 a\u00f1os centra a la persona en s\u00ed\u00ad misma: el proyecto de vida pide realismo, mayor inter\u00e9s por la profesi\u00f3n y nuevas metas personales (casarse, tener hijos&#8230;). La paternidad-maternidad lleva a centrarse en los hijos. Va surgiendo en los adultos la interdependencia, s\u00ed\u00adntesis de la necesidad de autonom\u00ed\u00ada y dependencia.<\/p>\n<p>&#8211; En cuanto a la madurez cristiana, se puede decir de este per\u00ed\u00adodo lo que se dijo de la actual etapa de la adultez joven (30-50 a\u00f1os): es el tiempo de la ausencia, del alejamiento de las instituciones. Los j\u00f3venes no aceptan ser tratados como ni\u00f1os y dedican menos tiempo a las pr\u00e1cticas religiosas tradicionales. Incluso los practicantes est\u00e1n ausentes del voluntariado pastoral (animadores de tiempo libre, catequistas&#8230;). Durante la mayor parte de este per\u00ed\u00adodo son practicantes ocasionales (preparaci\u00f3n al matrimonio, a los sacramentos de los hijos&#8230;). En general, viven un vac\u00ed\u00ado religioso y pastoral durante un per\u00ed\u00adodo tan importante y fecundo, precisamente cuando necesitan una buena experiencia de fe para iluminar y consolidar su propia concepci\u00f3n de la vida y el campo del trabajo y del amor3.<\/p>\n<p>&#8211; Se ve necesaria una fuerte inversi\u00f3n pastoral al servicio de este per\u00ed\u00adodo de la juventud en el campo catequ\u00e9tico, a pesar de su dificultad. \u00bf Qu\u00e9 se hace y qu\u00e9 se deber\u00ed\u00ada hacer en relaci\u00f3n a la catequesis de la encarnaci\u00f3n? 1) Se realiza la catequesis o educaci\u00f3n permanente (DGC 51 y nota 64; 69-72) en aquellos grupos y comunidades de referencia, nacidos del proceso catequ\u00e9tico preconfirmatorio (cf DGC 257 final y 264). Ser\u00e1 muy provechoso profundizar en la espiritualidad cristoc\u00e9ntrica-trinitaria (cf DGC 98-100) y de car\u00e1cter liberador (cf DGC 103-104), y en el proyecto personal de vida cristiana para la conversi\u00f3n permanente (DGC 56). Es preciso dar la m\u00e1xima importancia y atenci\u00f3n a estos grupos o comunidades de referencia que nacen como opci\u00f3n cristiana, apoyados en los sacramentos de la iniciaci\u00f3n, especialmente en la confirmaci\u00f3n (cf DGC 264). 2) Se debe realizar la catequesis kerigm\u00e1tica o precatequesis (DGC 62, 185) con aquellas parejas alejadas o indiferentes que soliciten libremente y con cierta actitud de b\u00fasqueda, para s\u00ed\u00ad o para sus hijos, alg\u00fan sacramento, con el fin de alcanzar, bajo la luz del Esp\u00ed\u00adritu, la conversi\u00f3n inicial a Cristo salvador. Como catequesis kerigm\u00e1tica, ser\u00e1 eminentemente cristoc\u00e9ntrica y significativa para la vida de las personas, como salvaci\u00f3n y liberaci\u00f3n (cf DGC 98, 116, 101, 103). Los cursillos de preparaci\u00f3n al matrimonio \u00bfse mueven en general en esta direcci\u00f3n? 3) Excepcionalmente, con personas concretas, interesadas en madurar su fe y ser coherentes con ella, ser\u00e1 preciso realizar una catequesis que complete la iniciaci\u00f3n cristiana de los solicitantes (DGC 67, 183-185).<\/p>\n<p>4. EN LA ETAPA DE LOS MAYORES (65 a\u00f1os en adelante). Las personas de la tercera edad son \u00abun don de Dios a la Iglesia y a la sociedad, a las que hay que dedicar todo el cuidado de una catequesis adecuada\u00bb (DGC 186).<\/p>\n<p>&#8211; Si la persona ha llegado a esta edad con una fe s\u00f3lida y rica (DGC 187), el mensaje del Dios encarnado revestir\u00e1 la forma de una catequesis o educaci\u00f3n permanente de la fe que, en momentos oportunos, profundizar\u00e1 en la persona de Jes\u00fas, en su relaci\u00f3n con el Padre y el Esp\u00ed\u00adritu (cristocentrismo trinitario) y en su relaci\u00f3n con la historia humana y el mundo, como mensaje liberador y salvador (cf DGC 101-104).<\/p>\n<p>&#8211; Si las personas viven una fe m\u00e1s o menos oscurecida y una d\u00e9bil pr\u00e1ctica cristiana (DGC 187), la catequesis de la encarnaci\u00f3n insistir\u00e1 en la precatequesis, de car\u00e1cter misionero (catequesis kerigm\u00e1tica), que les proporcione la luz y la experiencia religiosa propias de la conversi\u00f3n inicial.<\/p>\n<p>&#8211; Si las personas llegan a esta edad con profundas heridas en el alma y en el cuerpo (DGC 187), la catequesis de Jes\u00fas, Dios-hombre, les introducir\u00e1 en un clima comunitario en que experimenten la acogida amorosa de Jes\u00fas en sus grupos eclesiales, hasta recuperar su confianza en Dios y en Jes\u00fas. Y continuar\u00e1 en forma de catequesis ocasional que, a pesar de sus experiencias negativas, llegue a provocarles actitudes de invocaci\u00f3n, de perd\u00f3n y de paz interior (DGC 187, final), hasta entrar en la catequesis o educaci\u00f3n permanente de la que se habla m\u00e1s arriba.<\/p>\n<p>En todas estas situaciones se ha de ofrecer a todos los destinatarios a Cristo, como esperanza de toda persona, que nos llevar\u00e1 al encuentro definitivo con el Padre.<\/p>\n<p>A modo de conclusi\u00f3n: tres acentos transversales<br \/>\nA lo largo del art\u00ed\u00adculo se han acentuado tres principios catequ\u00e9ticos fundamentales: 1) el cristocentrismo trinitario, sin el cual se \u00abcorrer\u00ed\u00ada el riesgo de traicionar la originalidad del mensaje cristiano\u00bb (DGC 100); 2) la urgencia misionera de la conversi\u00f3n, pues \u00abs\u00f3lo a partir de la conversi\u00f3n&#8230; la catequesis propiamente dicha podr\u00e1 desarrollar su tarea espec\u00ed\u00adfica de educaci\u00f3n de la fe\u00bb (DGC 62), y 3) la iniciaci\u00f3n a la misi\u00f3n: del compromiso por la justicia y del anuncio expl\u00ed\u00adcito de Jesucristo (cf DGC 86, 104).<\/p>\n<p>El secreto de la catequesis sobre Jes\u00fas, el Hijo de Dios encarnado, est\u00e1 en que la relaci\u00f3n de \u00e9l con toda persona no es s\u00f3lo de quien llama a quien responde y lo sigue como desde fuera, sino en que, ya antes de que el mensaje de la encarnaci\u00f3n haya llegado a los o\u00ed\u00addos de cada persona, \u00e9l, Jes\u00fas, Dios encarnado, la ha incorporado ya a s\u00ed\u00ad: \u00e9l mismo, \u00abel Hijo de Dios con su encarnaci\u00f3n se ha unido, en cierto modo, con todo hombre\u00bb (GS 22). Somos transformados en hijos, porque estamos en \u00e9l, y a nosostros s\u00f3lo nos queda aceptar, si queremos; somos seguidores suyos, porque estamos en \u00e9l y a nosotros nos corresponde decir: \u00abqueremos\u00bb, si queremos libremente serlo. Actuando como \u00e9l, porque es \u00e9l quien vive en nosotros (cf G\u00e1l 2,20), a no ser que frenemos con nuestra libertad el dinamismo de su vida en nosotros. Vivimos como cristianos, en la medida en que libremente vivimos en Cristo encamado.<\/p>\n<p>NOTAS: 1. Cf E. ALBERICH-A. BINZ, Catequesis de adultos, CCS, Madrid 1994, 64-75. &#8211; 2. Cf J. A. PAGOLA, Catequesis cristol\u00f3gicas, Idatz, San Sebasti\u00e1n 1990. &#8211; 3. Cf E. ALBERICH-A. BINZ, o.c., 73-74.<\/p>\n<p>BIBL.: AA.VV., La educaci\u00f3n en la fe, un reto para la familia creyente, Obispado de Bilbao 1992; BORDONI M., Encarnaci\u00f3n, en BARBAGLIO G.-DIENICH S. (dirs.), Nuevo diccionario de teolog\u00ed\u00ada I, Cristiandad, Madrid 1982, 366-389; CENTRO NACIONAL SALESIANO DE PASTORAL JUVENIL, Itinerario de educaci\u00f3n en la fe V-VII (14-18 a\u00f1os), CCS, Madrid 1995-1996; DELEGACI\u00ed\u201cN DIOCESANA DE EDUCACI\u00ed\u201cN CRISTIANA, Catecumenado de adultos 1, Pamplona-Iru\u00f1a 1995. Gu\u00ed\u00ada y carpeta de participantes; EQUIPO CONSILIARIOS CVX BERCHMANS, Jesucristo. Catecumenado para universitarios 1, Sal Terrae, Santander 19923; ERIKSON E. H., Infancia y sociedad, Horm\u00e9, Buenos Aires 1976, 222-247; FORTE B., Jes\u00fas de Nazaret. Historia de Dios. Dios de la historia, San Pablo, Madrid 1983; GONZ\u00ed\u0081LEZ FAUS J. I., La humanidad nueva. Ensayo de cristolog\u00ed\u00ada (2 vols.), Mensajero, Madrid 1974; GUERRERO J. 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Jes\u00fas, camino, verdad y vida, San Pablo, Madrid 19973.<\/p>\n<p>Jos\u00e9 Antonio Pagola<br \/>\n Equipo de Euskal-Herria<\/p>\n<p>M. Pedrosa, M. Navarro, R. L\u00e1zaro y J. Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n<p>I. Introducci\u00f3n y notas previas<br \/>\n1. La doctrina acerca de &#8211; Jesucristo es el misterio central del &#8212; cristianismo, que toma su nombre de Cristo. La doctrina sobre el -> Dios uno, que como persona infinita y trascendente al mundo crea, conserva y dirige a su fin la realidad mundana, sobre la naturaleza (o esencia) y dignidad del &#8211;> hombre, con su eterno destino en la bienaventuranza, y sobre la unidad entre el amor a Dios y al pr\u00f3jimo como \u00faltimo sentido y realizaci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de la existencia humana, sin duda es tambi\u00e9n fundamental para el cristianismo y la Iglesia, y forma parte de la jerarqu\u00ed\u00ada de verdades que constituyen el mensaje singular del cristianismo. Pero ese triple campo doctrinal recibe su contenido espec\u00ed\u00adficamente cristiano y su fundamento \u00faltimo del mensaje sobre Jesucristo. S\u00f3lo en \u00e9l y en la unidad y la diferencia entre Dios y el mundo que en \u00e9l se dan, aparece clara la relaci\u00f3n mutua de Dios al mundo y, por ende, 1a esencia propia de Dios como amor que se comunica a s\u00ed\u00ad mismo. En Cristo se manifiesta la suprema dignidad y la esencia \u00faltima del hombre como radical apertura a Dios, y tambi\u00e9n la garant\u00ed\u00ada hist\u00f3ricamente palpable de que este destino del hombre logra su meta. En \u00e9l, el amor a Dios y el amor al pr\u00f3jimo est\u00e1n unidos de la&#8217; forma m\u00e1s \u00ed\u00adntima, pues la \u00fanica persona del Dios-hombre es el destinatario de ambos, y as\u00ed\u00ad el amor al hombre recibe su suprema dignidad.<\/p>\n<p>2. El nexo de la doctrina de la encarnaci\u00f3n con el conjunto de la fe cristiana puede aclararse sin m\u00e1s ya en esta nota introductoria. El cristianismo es el acontecimiento escatol\u00f3gico e hist\u00f3rico de la comunicaci\u00f3n que Dios hace de s\u00ed\u00ad mismo al hombre. Esto significa: la aut\u00e9ntica concepci\u00f3n fundamental del cristianismo acerca del mundo (incluida la persona espiritual) y de su relaci\u00f3n a Dios, no radica en la doctrina sobre la creaci\u00f3n (por b\u00e1sica que ella sea), sino en la experiencia salv\u00ed\u00adfica realizada en la historia de que el Dios santo, absoluto e infinito, por su libre gracia, pues \u00e9l es el amor libre, quiere comunicarse \u00abhacia afuera\u00bb, a lo no divino. Y porque quiere comunicarse de esa manera, \u00e9l ha creado el mundo como destinatario de la donaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo. As\u00ed\u00ad, la autocomunicaci\u00f3n de Dios, aun siendo la meta que todo lo configura, sin embargo, no se convierte en derecho de la criatura finita, sino que permanece siempre libre gracia del amor divino. Dios crea \u00ablo exterior> para comunicar el \u00abinterior\u00bb de su amor. Ese \u00abexterior\u00bb no es un presupuesto independiente de Dios, sino que constituye la posibilidad creada por su libertad de comunicarse a s\u00ed\u00ad mismo, de suerte que la diferencia con relaci\u00f3n a \u00e9l procede tambi\u00e9n de \u00e9l mismo. Lo mismo que el mundo y la criatura espiritual, tambi\u00e9n la comunicaci\u00f3n de Dios tiene su historia. En efecto, ella, aunque sustente desde el principio la historia del mundo como sentido \u00faltimo y entelequia gratuita, sin embargo, en medio de aqu\u00e9lla tiene su propia historia y se manifiesta cada vez m\u00e1s claramente, llegando a su punto cumbre y a su aparici\u00f3n irreversible en la fase escatol\u00f3gica de esa historia de &#8211;> salvaci\u00f3n, fase que se ha inaugurado con Jesucristo. Por eso jesucristo, en cuanto Verbo encarnado de Dios, es: a) la suprema comunicaci\u00f3n de Dios, la cual se produce en la encarnaci\u00f3n. Efectivamente, aqu\u00ed\u00ad Dios, en tal medida es el que hace donaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo, que el \u00abdestinatario\u00bb de la misma es puesto por la voluntad absoluta de que dicha donaci\u00f3n sea eficaz, es decir, sea aceptada (ipsa assumptione creatur, como dice Agust\u00ed\u00adn). La comunicaci\u00f3n de Dios mismo crea, pues, el acto de su aceptaci\u00f3n (en el esp\u00ed\u00adritu substancial de una criatura y en su acto libre y definitivo), y al mismo tiempo \u00e9l se apropia lo creado de esta manera para manifestar su voluntad y enajenarse de su condici\u00f3n divina (en el apartado iv ofreceremos una exposici\u00f3n m\u00e1s amplia y detallada de este punto).<\/p>\n<p>b) En cuanto este esp\u00ed\u00adritu creado, en el que Dios acepta al hombre y el hombre acepta a Dios, por su esencia es una parte del mundo; con la aceptaci\u00f3n creada de la autocomunicaci\u00f3n divina (= Jesucristo), en principio, tambi\u00e9n Dios ha aceptado al mundo para su salvaci\u00f3n, y en jesucristo esa aceptaci\u00f3n se ha hecho hist\u00f3ricamente palpable e irrevocable. En la e. (que incluye la realizaci\u00f3n de la vida de Jes\u00fas, su muerte y resurrecci\u00f3n; -> redenci\u00f3n) se decidi\u00f3 y manifest\u00f3 la historia del mundo como historia victoriosa de salvaci\u00f3n y no de perdici\u00f3n.<\/p>\n<p>3. La e. es un -> misterio en cuanto lo es tambi\u00e9n la posibilidad de la comunicaci\u00f3n de Dios mismo a lo finito, as\u00ed\u00ad como el hecho de que esa posibilidad de autocomunicaci6n pueda alcanzar su punto cumbre en la e. Y, finalmente, la indeductible facticidad de la encarnaci\u00f3n precisamente en Jes\u00fas de Nazaret es un factor en el todo concreto de este misterio. Sin embargo, la libertad de la encarnaci\u00f3n puede mirarse como una sola libertad con la de la comunicaci\u00f3n de Dios al mundo por la gracia. En efecto, la esencia de la aceptaci\u00f3n de una realidad mundana en medio de la unidad del mundo debida a la encarnaci\u00f3n, implica ya la fundamental voluntad de Dios de santificar y redimir al mundo como tal; y a la inversa (cf. luego en iii), la definitiva aparici\u00f3n hist\u00f3rica de la \u00fanica voluntad de Dios respecto de la comunicaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo al mundo y respecto de la aceptaci\u00f3n querida por \u00e9l, o sea, la aparici\u00f3n del mediador absoluto y escatol\u00f3gico, impl\u00ed\u00adcitamente lleva ya consigo la encarnaci\u00f3n.<\/p>\n<p>4. C\u00f3mo la concepci\u00f3n que el Jes\u00fas hist\u00f3rico ten\u00ed\u00ada de s\u00ed\u00ad mismo coincide objetivamente con lo que significa la encarnaci\u00f3n del Logos, se muestra en el art\u00ed\u00adculo -> Jesucristo (cf. tambi\u00e9n -> Trinidad). Es evidente que la experiencia de la resurrecci\u00f3n de Cristo tuvo una importancia esencial para interpretar el testimonio de Jes\u00fas sobre s\u00ed\u00ad mismo; y en consecuencia no puede dudarse que el relato acerca de las palabras y acciones en que aparece la autointerpretaci\u00f3n del Jes\u00fas anterior a pascua est\u00e1 formulado, con raz\u00f3n, desde la perspectiva del kerygma sobre el resucitado y como momento del mismo. Esta resurrecci\u00f3n no ha de entenderse solamente como una milagrosa confirmaci\u00f3n externa de las palabras de Jes\u00fas (como si no tuviera ninguna relaci\u00f3n interna con ella), sino que en s\u00ed\u00ad misma es el fundamental acontecimiento escatol\u00f3gico de la salvaci\u00f3n, el cual, interpretado exacta y adecuadamente, hace aparecer a Jes\u00fas como el salvador absoluto e implica as\u00ed\u00ad lo que se entiende por encarnaci\u00f3n.<\/p>\n<p>II. La doctrina del Nuevo Testamento sobre Jes\u00fas<br \/>\nBasta con exponer aqu\u00ed\u00ad brevemente la doctrina del NT sobre Jes\u00fas (yendo m\u00e1s all\u00e1 del testimonio dado por el Jes\u00fas hist\u00f3rico sobre \u00e9l mismo). En cuanto, de una parte, esta doctrina ense\u00f1a expresamente la preexistencia de Cristo y, de otra, toda la \u00bb cristolog\u00ed\u00ada ascensional\u00bb del Nuevo Testamento (Jes\u00fas el Mes\u00ed\u00adas y siervo de Dios glorificado por el Padre a trav\u00e9s de la pasi\u00f3n y resurrecci\u00f3n), se da impl\u00ed\u00adcitamente en la doctrina cl\u00e1sica de la Iglesia, con tal no se tergiverse en parte o totalmente en sentido monofisita; no es problema especialmente dif\u00ed\u00adcil comprobar la identidad del dogma de la Iglesia con la cristolog\u00ed\u00ada del NT. Con ello no se niega que, dentro de esta cristolog\u00ed\u00ada del NT, se hallen concepciones muy diversas (que, sin embargo, no se eliminan unas a otras), seg\u00fan el predominio (en el plano gnoseol\u00f3gico y en el ontol\u00f3gico) de un esquema de ascensi\u00f3n o descenso y, dentro de ese esquema, se determine m\u00e1s o menos exactamente el punto mismo de partida. Es tambi\u00e9n evidente que, dentro de la historia de jes\u00fas y de la cristolog\u00ed\u00ada neotestamentaria, hay determinados conceptos (Hijo de Dios, Hijo del hombre, Mes\u00ed\u00adas o Cristo, etc.) que recorren una historia de interpretaci\u00f3n, ahondamiento y perfeccionamiento, de modo que no cabe suponer que ellos tengan el mismo sentido en todos los contextos. Cf. adem\u00e1s &#8211;> Jesucristo y -> cristolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>III. La doctrina del magisterio eclesi\u00e1stico<br \/>\n1. Su preparaci\u00f3n en la evoluci\u00f3n hist\u00f3rica del dogma<br \/>\nLos textos de una \u00abteolog\u00ed\u00ada ascensional\u00bb en el NT, tales como G\u00e1l 4, 4; 1 Cor 2, 8; Flp 2, 5-11; Col 2, 9; Heb 1, 3; Rom 1, 3s; Jn 1, 14, etc., muestran c\u00f3mo, ya en la \u00e9poca del NT, la experiencia sobre el hombre Jes\u00fas fue vertida en enunciados de los fieles sobre el Hijo preexistente de Dios aparecido en la carne. As\u00ed\u00ad se comprende que la temprana cristolog\u00ed\u00ada hasta el siglo iv pudiera f\u00e1cilmente superar una mutilada cristolog\u00ed\u00ada ascensional (Jes\u00fas interpretado como un Mes\u00ed\u00adas meramente humano: ebionitas) y que las controversias cristol\u00f3gicas de los primeros siglos, por extra\u00f1o que parezca, afectaran m\u00e1s bien a la cuesti\u00f3n de la relaci\u00f3n del Hijo preexistente con el Padre (&#8211;>arrianismo, sabelianismo, ->modalismo), de modo que no pertenecen a este contexto, o plantearan el problema de c\u00f3mo hab\u00ed\u00ada de entenderse m\u00e1s exactamente la \u00abcarne\u00bb en que el Hijo de Dios apareci\u00f3 entre nosotros como revelador del Padre y mediador de la salvaci\u00f3n. En el -> docetismo la carne se volatiliza completamente. En una extrema (apolinarismo) o moderada (Atanasio) teor\u00ed\u00ada del logos-sarx, la espiritualidad humana de Jes\u00fas es negada en oriente, o por lo menos no se aprecia bastante como magnitud teol\u00f3gica. En occidente, la explicaci\u00f3n del misterio de Cristo a base de conceptos teol\u00f3gicos se va desarrollando sin grandes roces desde Tertuliano, pasando por Novaciano, Ambrosio y Agust\u00ed\u00adn, hasta desembocar en la f\u00f3rmula cl\u00e1sica de Le\u00f3n i a mediados del siglo v. La persona \u00fanica (ya as\u00ed\u00ad Tertuliano) tiene un doble status (Spiritus [divinidad], caro: Tertuliano), es unus, aunque posee utrumque (divinitas -corpus, caro, nostra natura: Ambrosio); sin embargo todav\u00ed\u00ada se dice a menudo (sin negar por ello la unidad de la persona) que el Verbo del Padre asumi\u00f3 a un hombre, y no precisamente la \u00abnaturaleza humana\u00bb, como decimos ahora. M\u00e1s dif\u00ed\u00adcil fue el curso de la evoluci\u00f3n en oriente. Cierto que ya en Or\u00ed\u00adgenes se da el axioma de que el hombre s\u00f3lo puede estar completamente redimido si el Logos asumi\u00f3 toda la realidad humana, con alma y cuerpo. Pero la explicaci\u00f3n te\u00f3rica de la unidad entre el Logos y la \u00abcarne\u00bb (el hombre, la humanidad), y por tanto la explicaci\u00f3n de la comunicaci\u00f3n de idiomas, ofrece notables dificultades.<\/p>\n<p>La distinci\u00f3n entre hip\u00f3stasis y fisis se fue elaborando muy lentamente en la teolog\u00ed\u00ada de la Trinidad, y a\u00fan se tard\u00f3 m\u00e1s en aplicar esta distinci\u00f3n de modo general a la cristolog\u00ed\u00ada. Pr\u00f3sopon (como principio de unidad en la escuela de -> Antioqu\u00ed\u00ada) pod\u00ed\u00ada interpretarse f\u00e1cilmente como principio de mera \u00abunidad moral\u00bb, de suerte que los predicados sobre Cristo deb\u00ed\u00adan distribuirse entre dos sujetos substanciales distintos. Esa tendencia en el &#8211;>nestorianismo pasa a ser una afirmaci\u00f3n decisiva. Por otra parte, los modelos m\u00e1s antiguos de representaci\u00f3n, que explicaban la unidad de lo divino y lo humano como una \u00abmezcla\u00bb o la presentaban como la unidad entre el cuerpo y el alma (tambi\u00e9n en el occidente, p. ej., Agust\u00ed\u00adn; cf. Dz 40), tampoco eran muy apropiados para acentuar adecuadamente la unidad y la diferencia de lo divino y lo humano en Cristo. En lucha contra el nestorianismo, la teolog\u00ed\u00ada alejandrina trat\u00f3 de expresar la verdadera unidad substancial del \u00fanico Cristo, Dios y hombre, mediante el concepto fisis (o mediante los t\u00e9rminos hip\u00f3stasis, prosopon, que todav\u00ed\u00ada ten\u00ed\u00adan un sentido equivalente). As\u00ed\u00ad, en una f\u00f3rmula que procede de la cristolog\u00ed\u00ada apolinarista del logos-sarx, Cirilo, y con \u00e9l el concilio de Efeso en cierto modo, habla todav\u00ed\u00ada de la \u00fanica physis (naturaleza) del Logos encarnado o de su naturaleza encarnada (cf. Dz 115, 117), sin prop\u00f3sito de negar con ello la plena humanidad y su distinci\u00f3n de la divinidad. Pero luego el monofisismo (Eutiques) abusa de la f\u00f3rmula. S\u00f3lo el concilio de Calcedonia aporta claridad terminol\u00f3gica: prosopon, hipostasis, se entienden en el mismo sentido, significando el sujeto substancial y (aqu\u00ed\u00ad) el principio unificante de las naturalezas; physis (o\u00fasia, natura) ya no se entiende terminol\u00f3gicamente en el mismo sentido que hyp\u00f3stasis o persona, sino que (como en la doctrina de la Trinidad) significa el principio por el que un sujeto \u00faltimo recibe su determinaci\u00f3n objetiva y realiza una actividad espec\u00ed\u00adfica. Sin embargo, a la vez hemos de notar que esta terminolog\u00ed\u00ada no est\u00e1 fijada con precisi\u00f3n y no se desarrolla a base de principios claros, sino que se aplica inmediatamente a los enunciados cristol\u00f3gicos. As\u00ed\u00ad no debe sorprendernos que muchos puntos queden oscuros &#8211; ala postre hasta hoy d\u00ed\u00ada &#8211; y est\u00e9n a merced de la interpretaci\u00f3n filos\u00f3fica y teol\u00f3gica de escuelas y te\u00f3logos particulares. Esto significa que, si se quiere deslindar el verdadero sentido teol\u00f3gicamente obligatorio de dichos conceptos (positiva y negativamente), hay que orientarse una y otra vez por la sencilla idea creyente de que justamente este uno concreto, que obra y nos sale al paso, es verdadero Dios y verdadero hombre; ambos predicados no dicen lo mismo y, sin embargo, lo que ellos expresan pertenece a un solo sujeto. Despu\u00e9s del concilio de Calcedonia, la historia posterior de la cristolog\u00ed\u00ada es la lucha dogm\u00e1tica con el -> monotelismo. En lo dem\u00e1s, empero, casi no hay historia del dogma, sino s\u00f3lo de la teolog\u00ed\u00ada. Se intenta definir m\u00e1s exactamente las nociones empleadas.<\/p>\n<p>Dentro de la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica, pueden observarse sutiles variaciones entre una cristolog\u00ed\u00ada que acent\u00faa m\u00e1s la distinci\u00f3n de naturalezas, y otra que resalta su unidad en la persona \u00fanica; se consideran las consecuencias que se siguen de la uni\u00f3n hipost\u00e1tica para la naturaleza humana de Cristo (su gracia, su ciencia, la manera como la hyp\u00f3stasis influye sobre la naturaleza humana, la cuesti\u00f3n de la \u00abconciencia\u00bb de Cristo, la posibilidad de una libertad humana bajo el se\u00f1or\u00ed\u00ado del Logos, etc.); se hacen ensayos para entender la \u00abunidad\u00bb de la persona divina como consecuencia de otra realidad ontol\u00f3gica (p. ej., el moderno tomismo: la existencia del Logos actualiza por s\u00ed\u00ad mismo la naturaleza humana de Cristo y la une as\u00ed\u00ad consigo). Pero todo esto s\u00f3lo interesa al pastor de almas en cuanto le hace ver que, con la cl\u00e1sica f\u00f3rmula de Calcedonia, a\u00fan vigente, la teolog\u00ed\u00ada, la predicaci\u00f3n y la piedad no han, agotado la forma de expresarse sobre el tema de la encarnaci\u00f3n.<\/p>\n<p>2. La doctrina oficial de la Iglesia<br \/>\na) Caracter\u00ed\u00adstica general. La doctrina del magisterio eclesi\u00e1stico est\u00e1 formulada en forma objetiva y \u00f3ntica, es decir, a manera de enunciados sobre Jesucristo \u00aben s\u00ed\u00ad\u00bb, sin conexi\u00f3n expl\u00ed\u00adcita con la cuesti\u00f3n de c\u00f3mo nosotros encontramos a jes\u00fas en la experiencia hist\u00f3rica y en la fe, y con la pregunta de c\u00f3mo partiendo de la peculiaridad de este encuentro (que es el \u00faltimo y absoluto encuentro con Dios, tal como \u00e9l es en s\u00ed\u00ad, en medio de nuestra historia m\u00e1s concreta), podemos lograr y entender mejor precisamente esta cristolog\u00ed\u00ada \u00f3ntica. Esa doctrina tiene su concepto clave en la distinci\u00f3n entre &#8211;> persona y -> naturaleza y, por ende, en la f\u00f3rmula de la uni\u00f3n hipost\u00e1tica, tal como fue insuperablemente elaborada en la ense\u00f1anza del concilio de Calcedonia.<\/p>\n<p>b) La doctrina fundamental. El Verbo (Logos) eterno (o sea, preexistente), el Hijo del Padre, como segunda persona de la Trinidad hizo suya, por la uni\u00f3n hipost\u00e1tica (Dz 148, 217) una naturaleza humana, creada en el tiempo, con cuerpo y alma espiritual, tomada de Mar\u00ed\u00ada virgen, que es verdadera madre del hombre asumido. Y la hizo suya en verdadera, substancial (Dz 114ss) y definitiva (Dz 86s, 283) unidad (contra el &#8211; nestorianismo). En la producci\u00f3n de la uni\u00f3n concurrieron las tres personas divinas (Dz 284, 429); pero s\u00f3lo el Verbo se uni\u00f3 con la naturaleza humana (Dz 392; contra tos patripasianos), sin perjuicio de la diferencia, sin mezcla, entre la naturaleza divina y la humana incluso despu\u00e9s de la uni\u00f3n (&#8211;>monofisismo), haci\u00e9ndose as\u00ed\u00ad verdadero hombre. Por tanto, a la \u00fanica persona del Verbo le pertenecen dos naturalezas: la divina y la humana, sin mezcla ni separaci\u00f3n (Dz 143s, 148); un solo y mismo sujeto es Dios y hombre. S\u00ed\u00adguese que de un solo y mismo sujeto pueden predicarse las realidades de las dos naturalezas; y, por tanto, de este sujeto \u00fanico, nombrado por una de las naturalezas, pueden predicarse las propiedades de la otra (comunicaci\u00f3n de idiomas, Dz 291). Esta uni\u00f3n hipost\u00e1tica pertenece a los misterios absolutos de la fe (Dz 1462, 1669).<\/p>\n<p>c) La verdadera filiaci\u00f3n divina de Jesucristo. Si se nombra a este solo y mismo Jesucristo, hemos de decir que es: verdadero Dios (Dz 54, 86, 148, 224, 290, 994, 2027-2031); Hijo consubstancial del Padre (Dz 86, 554, 1597; -> arrianismo); su Verbo (Dz 118, 224), Dios de Dios, engendrado, no creado (Dz 13, 39s, 54), unig\u00e9nito (Dz 6, 13, 86); una persona de la Trinidad (Dz 216, 222, 255, 708 ); creador de todas las cosas (Dz 54, 86, 422), eterno (Dz 54, 66) e impasible (Dz 26); por ser hijo verdadero y consubstancial no es hijo adoptivo (Dz 289, 309s, 311ss) como nosotros (contra el adopcionismo y una determinada forma teol\u00f3gica del Assumptus-Homo). Esta divinidad de Cristo es tambi\u00e9n el presupuesto de su funci\u00f3n de mediador en la redenci\u00f3n, de los oficios de Cristo y de las excelencias que, aun en su naturaleza humana, consubstancial con nosotros, lo distinguen de nosotros, a pesar de que estas propiedades le convienen tambi\u00e9n en cuanto \u00e9l es hombre.<\/p>\n<p>d) Este mismo Jesucristo es verdadero hombre: 1 \u00c2\u00b0, tiene verdadero cuerpo, pasible (antes de la resurrecci\u00f3n) (Dz 13, 111a, 148, 480, 708), no un cuerpo aparente (Dz 20, 344, 462, 710) o celeste (Dz 710); en el momento de la concepci\u00f3n, su cuerpo se uni\u00f3 con la persona del Verbo (Dz 205), pero conservando como forma esencial un alma espiritual y racional (Dz 216, 480). Por tanto, Jesucristo posee un alma humana, sensible y espiritual, creada, no eternamente preexistente (Dz 204, 13, 25, llla, 148, 216, 255, 283, 290, 480, 710). De ah\u00ed\u00ad se sigue que es herej\u00ed\u00ada todo docetismo y toda teolog\u00ed\u00ada extrema del logos-sarx (p. ej., el apolinarismo: Dz 65, 85). As\u00ed\u00ad Jesucristo es consubstancial con nosotros (Dz 149), hijo de Ad\u00e1n, formado de una madre en manera verdaderamente humana, de nuestra misma sangre y hermano nuestro (Dz 40 et passim). Por eso hay que confesar contra el monotelismo la voluntad propia del hombre Jesucristo, libre y creada, distinta de la voluntad divina del Logos, pero en plena armon\u00ed\u00ada con ella (Dz 251ss, 288ss, 1465). La voluntad humana de Jes\u00fas ten\u00ed\u00ada su operaci\u00f3n proporcionada (Dz 144, 148, 262-269, 288-293, 710), por la que \u00e9l, con verdadero temor de Dios (Dz 310, 343, 387), estaba sometido a sus disposiciones (Dz 285 ).<\/p>\n<p>2 \u00c2\u00b0 En esta humanidad (y no por causa de ella) Jesucristo es hijo natural del Padre, digno de adoraci\u00f3n (Dz 120, 221, 1561; aun respecto de su coraz\u00f3n: Dz 1563; sangre de Cristo), impecable (Dz 122, 148, 224, 711; ConLac vii 560s), santo (con santidad substancial por la uni\u00f3n hipost\u00e1tica y con santidad accidental por la gracia santificante). El ten\u00ed\u00ada el don de la integridad (exenci\u00f3n de la concupiscencia), el poder de hacer milagros (Dz 121, 215, 1790, 2084) y una ciencia correspondiente a su misi\u00f3n (con inclusi\u00f3n de la visi\u00f3n de Dios desde el principio: Dz 248, 1790, 2032-2035, 2183ss, 2289; contra los agnoetas); pero, antes de la resurrecci\u00f3n, no era impasible ni carec\u00ed\u00ada de los defectos naturales (Dz 429, 708). En virtud de su humanidad le corresponden determinados oficios.<\/p>\n<p>3 \u00c2\u00b0 Las afirmaciones del magisterio (extraordinario) de la Iglesia sobre la vida y obra de Cristo, si prescindimos de la doctrina sobre la redenci\u00f3n (-> satisfacci\u00f3n, &#8211;> soteriolog\u00ed\u00ada), son relativamente escasas. Por lo general, este tema se trata en la predicaci\u00f3n ordinaria comentando los textos de la Escritura.<\/p>\n<p>IV. La doctrina sobre la encarnaci\u00f3n en la predicaci\u00f3n actual<\/p>\n<p>I. La e. es un misterio de fe con todas sus implicaciones, que son: la imposibilidad de forzar la libre adhesi\u00f3n creyente a \u00e9l, el car\u00e1cter parad\u00f3jico de su formulaci\u00f3n, su apariencia \u00abescandalosa\u00bb para la soberbia de un racionalismo aut\u00f3nomo que s\u00f3lo acepta lo evidente. Pero un misterio no es un mito, ni un milagro, o sea, no puede entenderse ni predicarse como algo con que el hombre no debe contar seriamente dentro del \u00e1mbito de su propia experiencia, siempre que el campo de esa &#8211;>experiencia no se reduzca, con un esp\u00ed\u00adritu racionalista y t\u00e9cnico, al \u00e1mbito de lo verificable emp\u00ed\u00adricamente. Esto significa que en el hombre debe darse cierta posibilidad de pensar y esperar este misterio, si bien esa capacidad aprior\u00ed\u00adstica de entender ha de actualizarse mediante el encuentro concreto con \u00e9l y con la predicaci\u00f3n acerca del mismo. En consecuencia la predicaci\u00f3n debe guardarse (m\u00e1s que antes) de dar a la proclamaci\u00f3n de este misterio cierto sabor \u00abmitol\u00f3gico\u00bb. Se cae en ese peligro siempre que la naturaleza humana de Cristo es presentada como librea de Dios, en la cual est\u00e1 envuelto el Logos para manifestarse a trav\u00e9s de ella, como una especie de marioneta, manipulable desde fuera, de la que Dios se sirve a manera de un mero \u00abinstrumento\u00bb material, para darse a conocer en el escenario de la historia universal. Ahora bien, esto supone la confirmaci\u00f3n de la doctrina que a continuaci\u00f3n vamos a exponer.<\/p>\n<p>2. La naturaleza humana de Cristo, que pertenece a la persona del Logos, ha de entenderse de forma que Jesucristo sea en realidad y en plena verdad hombre, con todo lo que forma parte del ser humano: una conciencia creada que, adorando, se siente a infinita distancia de Dios; una subjetividad y libertad humana y espont\u00e1nea, con una historia propia, la cual, por ser historia de Dios mismo, por estar unido con \u00e9l, no pierde, sino que gana independencia. Unidad con Dios e independencia son precisamente magnitudes que crecen en la misma proporci\u00f3n, no en proporci\u00f3n inversa, como resalta ya M\u00e1ximo Confesor (PG 91, 97 A). El acto divino de la uni\u00f3n es formalmente en s\u00ed\u00ad mismo el acto de la liberaci\u00f3n de la realidad creada para su independencia activa de cara a Dios. Esto significa que la actual cristolog\u00ed\u00ada (en la predicaci\u00f3n y en la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica) tiene que reproducir, por as\u00ed\u00ad decir, aquella historia de la \u00abcristolog\u00ed\u00ada ascensional\u00bb que, ya dentro del Nuevo Testamento, entre la experiencia del Jes\u00fas hist\u00f3rico y la teolog\u00ed\u00ada de Pablo y de Juan, con sus f\u00f3rmulas relativas a la glorificaci\u00f3n se transform\u00f3 con tanta rapidez en una doctrina sobre la e. del Hijo preexistente y Logos de Dios. Se ha de predicar la e. de forma que la experiencia del Jes\u00fas concreto e hist\u00f3rico, en tal medida se haga profunda y radical, que se convierta en la vivencia de una absoluta y definitiva cercan\u00ed\u00ada de Dios al mundo y a nuestra existencia a trav\u00e9s de Cristo. Y esa cercan\u00ed\u00ada s\u00f3lo se acepta conscientemente, sin abreviaciones ni reservas, si conservan su validez y son entendidas las f\u00f3rmulas cl\u00e1sicas de la cristolog\u00ed\u00ada. Se puede, pues, experimentar en primer lugar a Jes\u00fas como un \u00abprofeta\u00bb que, con nueva fuerza creadora, fue tocado por el misterio de Dios y, viviendo a la vez con toda naturalidad a base de la historia de su propio mundo, predic\u00f3 a Dios como padre y la apremiante cercan\u00ed\u00ada del reino de Dios. Aun dentro de la cristolog\u00ed\u00ada ortodoxa tenemos la posibilidad y el derecho de ver una conciencia de Jes\u00fas aut\u00e9nticamente hist\u00f3rica, pues la m\u00e1s honda trascendencia espiritual, siempre presente, de su ser hacia la inmediatez de Dios (llamada en la teolog\u00ed\u00ada escol\u00e1stica visi\u00f3n inmediata de Dios por el alma de Jes\u00fas), no excluye una verdadera historicidad de su vida religiosa hacia Dios como \u00faltimo horizonte y situaci\u00f3n fundamental de su existencia humana. Pero este profeta no se concibe simplemente como uno de los muchos despertadores -surgidos aqu\u00ed\u00ad y all\u00ed\u00ad de una aut\u00e9ntica y radical relaci\u00f3n religiosa del hombre a Dios en medio de una historia abierta hacia un futuro indeterminado, sino como el definitivo autor de la salvaci\u00f3n eterna, en cuya persona, muerte y resurrecci\u00f3n est\u00e1 presente la alianza definitiva entre Dios y el hombre, la cual es experimentado como tal en su resurrecci\u00f3n. No se siente como mero profeta de un \u00abreino de Dios\u00bb que no se d\u00e9 a\u00fan en absoluto, que todav\u00ed\u00ada haya de venir, ni de un reino (o salvaci\u00f3n) que subsista independientemente de su persona y que, como tal, sea solamente objeto de su palabra, sino que \u00e9l en persona es ese reino, de suerte que en la relaci\u00f3n con \u00e9l se decide la salvaci\u00f3n eterna de cada hombre. Ahora bien, un autor as\u00ed\u00ad de la salvaci\u00f3n (n\u00f3tese que \u00absalvaci\u00f3n\u00bb se entiende como meta definitiva o escatol\u00f3gica de la historia, sobre el trasfondo de un acontecer hist\u00f3rico que, \u00abde suyo\u00bb, pudiera siempre ser de otra manera y continuar marchando hacia lo indeterminado, y sobre el trasfondo de un Dios que \u00abde suyo\u00bb tiene infinitas posibilidades) implica lo que nosotros llamamos e. Por qu\u00e9 el concepto de autor absoluto de la salvaci\u00f3n implica la \u00abencarnaci\u00f3n\u00bb de Dios, vamos a exponerlo con un poco m\u00e1s de precisi\u00f3n bajo otro aspecto.<\/p>\n<p>3. En la actual situaci\u00f3n de la historia del esp\u00ed\u00adritu (desde el comienzo de la edad moderna, con su giro desde el cosmocentrismo griego, que piensa partiendo de la \u00abcosa\u00bb material, al moderno antropocentrismo, el cual parte del sujeto que piensa y quiere la \u00abcosa\u00bb como primer modelo para elaborar la cuesti\u00f3n del ser en general), es posible y necesario traducir la cristolog\u00ed\u00ada \u00f3ntica (sin suprimirla ni dudar de su validez permanente) a una cristolog\u00ed\u00ada transcendental opto-l\u00f3gica, precisamente para entender mejor la cristolog\u00ed\u00ada cl\u00e1sica. Usando una f\u00f3rmula sumamente sencilla, esto significa que el hombre, desde lo hondo de su ser, es una cuesti\u00f3n absolutamente ilimitada sobre Dios, y que \u00e9l no se ocupa en esta pregunta como si fuera simplemente uno de los muchos problemas que pueden atraer su atenci\u00f3n. Lo cual se pone de manifiesto por el hecho de que la referencia trascendental a Dios en el conocimiento y la libertad (como posibilidad permanentemente abierta desde Dios, no como subjetividad aut\u00f3noma) es la condici\u00f3n, que se da siempre en forma no refleja, de la posibilidad de todo conocimiento y acci\u00f3n libre del hombre. Esta trascendencia se realiza desde luego en una multiplicidad espacial y temporal de actos \u00abaccidentales del hombre\u00bb, que constituyen su historia; pero justamente esa multiplicidad est\u00e1 sostenida por el acto fundamental de la trascendencia, que es la esencia del hombre. Este acto fundamental (en cuanto precede a la realizaci\u00f3n de la libertad del hombre) es a una la pura procedencia de Dios y la pura ordenaci\u00f3n a \u00e9l, es la abertura a Dios constantemente producida por \u00e9l en el acto de la creaci\u00f3n. Dicha apertura es a la vez una pregunta dirigida a la libertad as\u00ed\u00ad constituida acerca de si quiere aceptar o rechazar esa trascendencia, y se comporta tambi\u00e9n como una potentia oboedientialis para la comunicaci\u00f3n de Dios mismo como posible, pero libre, y suprema respuesta suya a la pregunta qu\u00e9 es el hombre (cf. -> gracia, -> redenci\u00f3n). Ahora bien, si la posici\u00f3n de esa pregunta, qu\u00e9 es el hombre, y la aceptaci\u00f3n de este preguntar por Dios mismo se producen con tal fuerza creadora, que la pregunta es puesta como condici\u00f3n de la posibilidad de la respuesta que se da en la comunicaci\u00f3n de Dios mismo a la humanidad, y ello de forma que: a) el prop\u00f3sito de dicha comunicaci\u00f3n y de su aceptaci\u00f3n por parte del hombre pone en cuanto voluntad absoluta (y no s\u00f3lo condicionada) esta potentia oboedientialis, la pregunta infinita qu\u00e9 es el hombre, y la pone porque el prop\u00f3sito de respuesta es absoluto; b) esta promesa absoluta (es decir, que implica su aceptaci\u00f3n en una predestinaci\u00f3n formal) de la comunicaci\u00f3n divina a la criatura espiritual en general se manifiesta en una aparici\u00f3n hist\u00f3rica irreversible; de ah\u00ed\u00ad se deduce como consecuencia que semejante unidad de pregunta y respuesta absoluta es en un lenguaje ontol\u00f3gico lo mismo que la unio hypostatica en el lenguaje \u00f3ptico. Pues, bajo tales presupuestos, la \u00abpregunta\u00bb (qu\u00e9 es el hombre) constituye un elemento interno de la respuesta misma. En efecto, si la respuesta no s\u00f3lo procede simplemente de Dios como autor, sino que es estrictamente \u00e9l mismo, y si la pregunta (como libremente aceptada por ella misma e inclinada hacia la respuesta, como pregunta que admite la respuesta) est\u00e1 puesta como factor del Dios que se da a s\u00ed\u00ad mismo en respuesta (= se comunica a s\u00ed\u00ad mismo); en tal caso la posici\u00f3n de la \u00abpregunta\u00bb, como momento interno de la respuesta, es una realidad distinta de Dios, pero que le pertenece de la manera m\u00e1s estricta, es realidad suya propia. Partiendo de aqu\u00ed\u00ad se podr\u00ed\u00ada mostrar m\u00e1s a fondo que la diferencia \u00absin mezcla\u00bb entre lo divino y humano en Cristo brota de la voluntad unificante de la autocomunicaci\u00f3n de Dios, que la \u00abcreaci\u00f3n\u00bb de lo humano se hace aqu\u00ed\u00ad (como dice ya Agust\u00ed\u00adn) por la \u00abaceptaci\u00f3n\u00bb misma, que la \u00abalianza\u00bb (como, en principio, ha acentuado rectamente K. Barth) sostiene la creaci\u00f3n. Lo que acabamos de expresar s\u00f3lo puede comprenderse y valorarse justamente, si lo dicho se entiende con estricto rigor ontol\u00f3gico, es decir, si se admite el presupuesto de que esp\u00ed\u00adritu, conciencia, libertad y transcendencia no son epifen\u00f3menos accidentales de una realidad (a la postre concebida como \u00abcosa\u00bb), sino que constituyen la verdadera esencia del ser, el cual, en cada ente est\u00e1 impedido para llegar a s\u00ed\u00ad mismo por el \u00abno ser\u00bb de la materia: actus de se illimitatus limitatur potentia realiter distincta, dir\u00ed\u00ada el tomista (cf. Dz 3601ss, 3618). Partiendo de ah\u00ed\u00ad se comprende tambi\u00e9n que se produzca la entrega (o donaci\u00f3n irreversible y victoriosa) de Dios mismo al mundo (por la gracia divinizante) y que ella tenga en el \u00fanico Dios-hombre su aparici\u00f3n hist\u00f3ricamente irreversible y victoriosa, y su presencia hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfica. Adem\u00e1s, as\u00ed\u00ad aparece claramente que el Dios-hombre, por una parte, como el acontecimiento totalmente singular pertenece a la \u00fanica historia de salvaci\u00f3n (el descenso de Dios al mundo se produce propter nostram salutem), y, por otra parte, no constituye un \u00abestudio\u00bb separado de divinizaci\u00f3n, sin el cual la restante divinizaci\u00f3n del mundo (por la gracia) pudiera concebirse como un estadio inferior. Finalmente se comprende tambi\u00e9n que el misterio de la e. radica, por una parte, en el misterio de la comunicaci\u00f3n divina al mundo (misterio que a su vez se hace comprensible por el impulso del hombre a la absoluta cercan\u00ed\u00ada respecto de Dios, el cual est\u00e1 soportado por dicha comunicaci\u00f3n; y por esto la e. queda preservada frente a la impresi\u00f3n de ser algo milagroso y extr\u00ed\u00adnseco), y, por otra parte, en que esta e. acontece precisamente en Jes\u00fas de Nazaret.<\/p>\n<p>4. Una inteligencia de la e. (que naturalmente no suprime su car\u00e1cter de misterio) puede lograrse tambi\u00e9n desde otro punto de vista, que en la actualidad debe tenerse necesariamente en cuenta si ese misterio ha de predicarse a los \u00abpaganos\u00bb incr\u00e9dulos. El hombre de hoy posee una concepci\u00f3n \u00abevolutiva\u00bb del mundo; m\u00ed\u00adrase a s\u00ed\u00ad mismo (a la humanidad) profundamente envuelto en el r\u00ed\u00ado de la historia, el mundo tiene para \u00e9l una \u00abhistoria natural\u00bb, no es una magnitud est\u00e1tica, sino gen\u00e9tica. La historia de la naturaleza y del mundo forman una unidad. Y la historia total y \u00fanica es experimentada y vista como un acontecer \u00abdirigido hacia arriba\u00bb, prescindiendo de la manera de caracterizar la estructura formal de la altura cada vez mayor hacia la cual se eleva cada fase de la historia (por ej., creciente interioridad, progresiva intervenci\u00f3n en la totalidad de la realidad, creciente unidad y complejidad de los entes particulares). Si esta historia ha de producir realmente algo nuevo (es decir, superior, con mayor poder\u00ed\u00ado \u00f3ntico y no simplemente \u00abotra\u00bb cosa) y ha de producirlo, no obstante, por s\u00ed\u00ad misma; en tal caso, la transici\u00f3n de una fase y forma de la historia a otra nueva s\u00f3lo puede caracterizarse como un \u00abtranscenderse a s\u00ed\u00ad misma\u00bb. Ahora bien, este transcenderse hacia lo superior, aun cuando ex supposito es acci\u00f3n del ente hist\u00f3rico mismo, s\u00f3lo puede acaecer en virtud del ser absoluto de Dios, el cual, sin convertirse en elemento esencial del ente finito en su devenir, por su conservaci\u00f3n y cooperaci\u00f3n creadora y como futuro (que por lo menos en forma impl\u00ed\u00adcita mueve desde s\u00ed\u00ad y es apetecido en cuanto fin) opere dicha transcendencia del ser finito como obra de \u00e9ste. Si este concepto de la transcendencia de s\u00ed\u00ad mismo se entiende como movimiento divino, y \u00e9ste se concibe como donaci\u00f3n de la transcendencia de s\u00ed\u00ad mismo; en tal caso, la evoluci\u00f3n del mundo material y espiritual puede entenderse como historia una, sin que dentro de esta unidad del mundo y de la historia puedan negarse o ignorarse por eso las diferencias esenciales. Como sabemos por la revelaci\u00f3n de Dios, que interpreta la suprema experiencia de la gracia que se da en la existencia: el sumo, absoluto y definitivo acto de trascendencia del ser creado, que sostiene todos los precedentes y les da su \u00faltimo sentido y finalidad, es la autotranscendencia del esp\u00ed\u00adritu creado por la recepci\u00f3n inmediata del misterio infinito, del ser de Dios mismo. Esta autotranscendencia necesita en un sentido absolutamente singular de la \u00abcooperaci\u00f3n\u00bb divina. Vista desde aqu\u00e9lla, esta cooperaci\u00f3n divina se llama comunicaci\u00f3n gratuita de Dios. La historia del mundo y del esp\u00ed\u00adritu, que tiene lugar en graduales actos de transcendencia por parte del ser creado, est\u00e1 sostenida por la comunicaci\u00f3n de Dios, lo cual tiene como presupuesto la acci\u00f3n por la que Dios en su actividad eficiente crea lo distinto de \u00e9l, mientras que ella misma es la causa primera y el fin \u00faltimo del mundo f\u00e1ctico. Postrera y suprema transcendencia del ser finito y radical autocomunicac\u00ed\u00ad\u00f3n de Dios son los dos aspectos de lo que acontece en la historia. Aqu\u00ed\u00ad nunca deben olvidarse dos puntos. En primer lugar, el hacia \u00abd\u00f3nde\u00bb de este trascender es siempre el misterio incomprensible de Dios. Con lo cual, todo camino hacia el futuro est\u00e1 determinado, entre otras cosas, por esta peculiaridad del t\u00e9rmino, es camino hacia lo desconocido, que permanece abierto.<\/p>\n<p>Con lo cual todo transcenderse es esperanza y confianza amorosa en una realidad substra\u00ed\u00adda por completo a nuestra disposici\u00f3n, la cual se comunica como amor incomprensible. Y adem\u00e1s, la historia del trascenderse es historia de la libertad, y, por ende, de la posible (y efectiva) culpa y del \u00abno\u00bb a esta din\u00e1mica hist\u00f3rica, es historia de la interpretaci\u00f3n falsa (o sea, aut\u00f3noma) de la autotrascendencia y, con ello, de las posibilidades de fracasar absoluta y definitivamente en la consecuci\u00f3n del fin \u00faltimo. Luego, dentro de esta doble posibilidad de la historia de la libertad, tambi\u00e9n tienen su puesto necesario la renuncia, la \u00abcruz\u00bb y la muerte.<\/p>\n<p>Ahora bien, esta historia de la comunicaci\u00f3n de Dios y de la transcendencia de la criatura, que es la historia de la creciente divinizaci\u00f3n del mundo, no acontece solamente en la profundidad de la conciencia libre, sino que, en medio de la unidad del hombre multidimensional y de la din\u00e1mica de la gracia para la transfiguraci\u00f3n de todo lo creado, tiene una peculiar dimensi\u00f3n hist\u00f3rica. En efecto, aparece y se crea su dimensi\u00f3n tangible en lo que llamamos historia de &#8211;> salvaci\u00f3n en el sentido aut\u00e9ntico y corriente; y \u00e9ste es el lugar donde acontecen la comunicaci\u00f3n de Dios mismo y el trascenderse de la criatura (m\u00e1s concretamente, del hombre). Cuando la comunicaci\u00f3n de Dios y la transcendencia del hombre llegan en medio de la historia concreta a su punto culminante, absoluto e irreversible, es decir, cuando Dios est\u00e1 ah\u00ed\u00ad, en el tiempo y el espacio, incondicional e irrevocablemente, y la transcendencia del hombre llega justamente a esa total pertenencia a Dios; entonces se da lo que en t\u00e9rminos cristianos se llama e. Con ello se da un cristocentrismo del cosmos y de la historia misma de la libertad. Pero esto no ha de entenderse como si \u00abs\u00f3lo\u00bb en Cristo el mundo se transcendiera en forma absoluta. El acto de trascendencia se realiza m\u00e1s bien en la realidad entera del mundo, en cuanto todo lo material se transciende a s\u00ed\u00ad mismo dentro de lo espiritual y personal, y s\u00f3lo como componente de lo espiritual (en \u00e1ngeles y hombres) existir\u00e1 definitivamente en la consumaci\u00f3n, alcanzando en la plenitud definitiva de la creaci\u00f3n espiritual la suprema cercan\u00ed\u00ada a Dios, al ser absoluto e infinito. En ese sentido, propiamente, Cristo no constituye un \u00abestadio superior\u00bb del autotrascenderse del esp\u00ed\u00adritu y de la comunicaci\u00f3n divina, como si hubi\u00e9ramos de preguntarnos por qu\u00e9 se da una sola vez y no es alcanzada, en una especie de \u00abpancristismo\u00bb, por toda criatura espiritual. El Logos encarnado es m\u00e1s bien culminaci\u00f3n y centro de la divinizaci\u00f3n del mundo, en cuanto \u00e9l alcanza su realidad como \u00abindividuo\u00bb cuando la divinizaci\u00f3n del mundo llega en la gracia y la gloria a su punto culminante e irreversible y a su victoria manifestada hist\u00f3ricamente. Porque Dios se promete al mundo, hay Cristo; \u00e9l no es s\u00f3lo un posible comunicador de una salvaci\u00f3n, si quiere realizar esa comunicaci\u00f3n, sino que en s\u00ed\u00ad mismo es esta comunicaci\u00f3n aparecida en forma irrevocable e hist\u00f3rica (lo cual no hace superfluas la cruz y la resurrecci\u00f3n, sino que las implica: -> redenci\u00f3n).<\/p>\n<p>5. Sobre la cuesti\u00f3n de por qu\u00e9 el dogma cristiano afirma que se ha hecho hombre el Hijo del Padre, el Logos divino como segunda persona del Dios trino, y no otra persona divina, remitimos al art\u00ed\u00adculo sobre la -> Trinidad. La inteligencia de los dos tratados (Trinidad y e.) tiene una relaci\u00f3n de condicionamiento rec\u00ed\u00adproco. Porque la Trinidad \u00abecon\u00f3mica\u00bb es la \u00abinmanente\u00bb y viceversa, la \u00abPalabra\u00bb en que el Padre (el Dios sin principio), sin dejar de ser incomprensible, nos descubre su propia realidad (de modo que la Palabra tiene que ser consubstancial con el Padre) es tambi\u00e9n necesaria para nuestra inteligencia del Logos \u00abinmanente\u00bb del Padre, y viceversa.<\/p>\n<p>6. Por estas consideraciones (bastante incompletas si tenemos en cuenta el estado de la teolog\u00ed\u00ada actual) y otras parecidas, la predicaci\u00f3n de hoy debe crear en el oyente del mensaje cristiano el a priori necesario para que pueda \u00abllegarle\u00bb la doctrina sobre la e. y no le produzca la impresi\u00f3n de ser una mera representaci\u00f3n mitol\u00f3gica.<\/p>\n<p>Karl Rahner<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\">Las palabras encarnaci\u00f3n o encarnar no aparecen en la Biblia. Sin embargo, las dos palabras que componen el t\u00e9rmino \u00abencarnaci\u00f3n\u00bb, a saber, <em>in carne<\/em> (<em>en sarki<\/em>), aparecen varias veces en el NT, con un verbo para describir sea la encarnaci\u00f3n en s\u00ed o la obra del Cristo encarnado. De este modo, las Ep\u00edstolas de Juan hablan de Jesucristo que \u00abha venido en carne\u00bb (1 Jn. 4:2; 2 Jn. 7), Romanos habla de que fue enviado \u00aben \u2026 carne\u00bb (Ro. 8:3), y el antiguo himno de 1 Timoteo habla de que \u00abfue manifestado en carne\u00bb (1 Ti. 3:16). Por otro lado, la Primera Ep\u00edstola de Pedro dice que \u00absufri\u00f3 en la carne\u00bb (1 P. 4:1) y que \u00abmuri\u00f3 en la carne\u00bb (3:18), En Efesios, que hizo la paz aboliendo \u00aben su carne\u00bb las enemistades (Ef. 2:15), y en Colosenses, que nos reconcili\u00f3 \u00aben su cuerpo de carne\u00bb (Col. 1:21, 22). Pero el vers\u00edculo central y m\u00e1s abarcador est\u00e1 en Jn. 1:14, \u00abY el Verbo se hizo carne (<em>kai ho logos sarx egeneto<\/em>)\u00bb. Explicaremos la <em>encarnaci\u00f3n<\/em> exponiendo estas palabras.<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\">\n<li>Ho logos. El sujeto de esta oraci\u00f3n recibe su significado y sustancia tanto de su complemento <em>sarx<\/em> como de los vers\u00edculos precedentes. A \u00e9l se le atribuye eternidad: \u00abEn el principio era Verbo\u00bb; y en una forma totalmente directa y clara, deidad: \u00aby el Verbo era Dios\u00bb. Se le describe como el creador de todas las cosas: \u00abtodas las cosas por \u00e9l fueron hechas\u00bb; poseedor e impartidor de vida: \u00aben \u00e9l estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres\u00bb; tambi\u00e9n se le describe como \u00abla luz verdadera\u00bb. De manera que el Logos que vino a ser carne era en s\u00ed mismo eterno, Dios, Creador, vida y luz. Al considerar el resto del vers\u00edculo no debemos ni por un momento olvidar la identidad y naturaleza del sujeto.<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">El pr\u00f3logo no hace la afirmaci\u00f3n directa de: \u00abDios se hizo carne\u00bb. Porque aunque declara que \u00abel Verbo era Dios\u00bb, tambi\u00e9n dice en el mismo lugar, \u00aby el Verbo era con Dios\u00bb, esto es, cierta diferenciaci\u00f3n, la cual aqu\u00ed s\u00f3lo se insin\u00faa; pero que ser\u00e1 explicada m\u00e1s adelante en el Evangelio cuando se hagan referencias al Padre, al Hijo y al Esp\u00edritu Santo (Paracleto). Con todo, es del todo propio, y por cierto necesario, decir, a la vez que hacemos la diferencia, con John Wesley, \u00ab\u00a1Ved a la Deidad encubierta en la carne! \u00a1Salve, la Deidad encarnada!\u00bb<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\">\n<li>Sarx. No es f\u00e1cil determinar el significado exacto que \u00abcarne\u00bb tiene en este contexto. En el NT tiene varios significados: por ejemplo, se puede referir a la substancia f\u00edsica misma que comprende el cuerpo animal (p. ej. 1 Co. 15:39), o la vida creada sobre la tierra (p. ej., 1 P. 1:24, que cita Is. 40:6ss.); no cabe duda que <em>sarx<\/em> en Jn. 1:14 incluye estos dos significados. El Verbo se hizo hombre. En otras palabras, como encarnado, ten\u00eda el cuerpo animal de un hombre y tambi\u00e9n un alma humana. Su existencia encarnada estaba sujeta a todas las necesidades, limitaciones y sensaciones de la vida humana. En cuanto al tercer sentido de la palabra, la gran mayor\u00eda es de la opini\u00f3n que aqu\u00ed no se debe incluir el sentido de pecaminosidad en <em>sarx<\/em>. El que el Hijo de Dios se haya hecho carne envuelve una unidad con el hombre pecaminoso suficiente como para llevar sobre s\u00ed el pecado y destruirlo, lo que hace justicia a vers\u00edculos como Ro. 8:3 (\u00abenviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado\u00bb), 2 Co. 5:21 (\u00abAl que no conoci\u00f3 pecado, por nosotros lo hizo pecado) y G\u00e1. 3:13 (\u00abCristo \u2026 hecho por nosotros maldici\u00f3n\u00bb).<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">III. Egeneto. Esta palabra debe considerarse como estando en aposici\u00f3n al <em>\u0113n<\/em> que se repite cuatro veces en los vv. 1\u20132. En el principio era el Verbo, y era con Dios, y era Dios. Pero ahora el Verbo se hizo carne. Esto es, mientras los vers\u00edculos anteriores hablaban del estado y actividad continua de la Palabra, ahora se habla de un estado completamente nuevo y diferente. La Palabra era Dios; pero ahora el Verbo viene a ser algo que no era, carne. Sin embargo, llega a ser esto sin dejar de ser lo que era eternamente, Dios. Adem\u00e1s, <em>egeneto<\/em> expresa la actividad de la Palabra, ya que el sentido no es \u00abfue hecho\u00bb (pasivo) como traduce la <a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">RV<\/a> 1960 y 1977, sino \u00abse hizo\u00bb (esto es, \u00aba s\u00ed mismo\u00bb). En obediencia completa y gozosa a la voluntad del Padre, el Verbo voluntariamente se hizo a s\u00ed mismo carne por el bien de su amada creaci\u00f3n. Ninguna compulsi\u00f3n exterior movi\u00f3 a la Palabra a hacerse carne. Tom\u00f3 nuestra carne de su propia voluntad y deliberadamente para consumar nuestra salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">BIBLIOGRAF\u00cdA<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">D.M. Baillie, <em>God was in Christ<\/em>; Karl Barth, <em>Church Dogmatics<\/em>, I\/2, chap. 2; J. Gresham Machen, <em>The Virgin Birth of Christ<\/em>; E. Stauffer, <em>Theol. d. neuen Testaments<\/em>, chap. 3; H. Vogel, <em>Christologie<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">T.H.L. Parker<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\"><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">RV <\/a>Revised Version<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\"><\/a>Harrison, E. F., Bromiley, G. W., &amp; Henry, C. F. H. (2006). <em>Diccionario de Teologi\u0301a<\/em> (204). Grand Rapids, MI: Libros Desafi\u0301o.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Teolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p><p style='text-align:justify;'><span ><\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>I. Significado del t\u00e9rmino<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>Los t\u00e9rminos \u201cencarnaci\u00f3n\u201d y \u201cencarnado\u201d no son b\u00edblicos, pero el equivalente gr. del lat. <\/span><span style=''>in carne<\/span><span lang=ES style=''> (<\/span><span style=''>en sarki<\/span><span lang=ES style=''>, \u201cen carne\u201d) aparece en algunas declaraciones importantes del NT sobre la persona y la obra de Jesucristo. El himno que cita 1 Ti. 3.16 habla de que \u201cDios fue manifestado en carne\u201d. Juan atribuye al esp\u00edritu del anticristo toda negaci\u00f3n de que Jesucristo \u201cha venido en carne\u201d (1 Jn. 4.2; 2 Jn. 7). Pablo dice que Cristo realiz\u00f3 su obra de reconciliaci\u00f3n \u201cen su cuerpo de carne\u201d (Col. 1.22; cf. Ef. 2.15), y que al enviar a su Hijo \u201cen semejanza de carne de pecado\u201d, Dios \u201cconden\u00f3 al pecado en la carne\u201d (Ro. 8.3). Pedro afirma que Cristo muri\u00f3 por nosotros \u201cen la carne\u201d (<\/span><span style='font-family: \"Charis SIL\"'>sarki<\/span><span lang=ES style=''>, dativo de referencia: 1 P. 3.18; 4.1). Todos estos textos refuerzan, desde diferentes \u00e1ngulos, la misma verdad: que fue precisamente por su venida y su muerte \u201cen la carne\u201d que Cristo asegur\u00f3 nuestra salvaci\u00f3n. La teolog\u00eda llama encarnaci\u00f3n a su venida, y expiaci\u00f3n a su muerte.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>\u00bfQu\u00e9 significa *\u201ccarne\u201d en estos textos? En la Biblia este t\u00e9rmino (heb. <\/span><span style=''>b&#257;&#347;&#257;r, \u0161<sup>e<\/sup>&#275;r<\/span><span lang=ES style=''> gr. <\/span><span style='font-family: \"Charis SIL\"'>sarx<\/span><span lang=ES style=''>) tiene fundamentalmente un significado fisiol\u00f3gico: \u201ccarne\u201d es la materia s\u00f3lida que, junto con la sangre los huesos, compone el organismo f\u00edsico de hombres y animales (cf. Gn. 2.21; Lc. 24.39; 1 Co. 15.50). Como el pensamiento hebreo relaciona los \u00f3rganos f\u00edsicos con las funciones ps\u00edquicas, encontramos que en el AT \u201ccarne\u201d puede abarcar tanto los aspectos psicol\u00f3gicos como los f\u00edsicos de la vida personal del hombre (cf. el paralelismo entre \u201ccarne\u201d y \u201ccoraz\u00f3n\u201d, Sal. 73.26, y entre \u201ccarne\u201d y \u201calma\u201d, Sal. 63.1). Este t\u00e9rmino, sin embargo, tiene m\u00e1s que una simple significaci\u00f3n antropol\u00f3gica. La Biblia ve la carne f\u00edsica como un s\u00edmbolo teol\u00f3gicamente significativo, como un s\u00edmbolo, vale decir, del tipo de vida creada y dependiente que el hombre comparte con los animales, un tipo de vida que se deriva de Dios y que, a diferencia de la vida de Dios mismo, requiere un organismo f\u00edsico que la sustente en su actividad caracter\u00edstica. De aqu\u00ed que \u201ccarne\u201d se ha convertido en t\u00e9rmino gen\u00e9rico para hombres o animales, u hombres y animales conjuntamente (cf. Gn. 6.12; 7.15, 21s), considerados como criaturas de Dios, cuya vida en la tierra s\u00f3lo dura el per\u00edodo relativamente corto durante el cual Dios les proporciona el soplo de vida. \u201cCarne\u201d, en este sentido teol\u00f3gicamente formulado, no es en consecuencia algo que el hombre <i>tiene<\/i>, sino algo que \u00e9l <i>es<\/i>. Su marca es la debilidad y la fragilidad como criatura (Is. 40.6), y en este sentido contrasta con \u201cesp\u00edritu\u201d, la energ\u00eda eterna e inconmovible que es de Dios y es Dios (Is. 31.3; cf. 40.6\u201331).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Por lo tanto, decir que Jesucristo vino y muri\u00f3 \u201cen la carne\u201d equivale a decir que vino y muri\u00f3 sujeto al estado y las condiciones de la vida f\u00edsica y ps\u00edquica creadas: en otras palabras, que el que muri\u00f3 era hombre. Pero tambi\u00e9n afirma el NT que el que muri\u00f3 era y sigue siendo eternamente Dios. La f\u00f3rmula que encierra la encarnaci\u00f3n, entonces, es la de que en alg\u00fan sentido Dios, sin dejar de ser Dios, fue hecho hombre. Esto es lo que Juan afirma en el pr\u00f3logo de su evangelio: \u201cel Verbo\u201d (el agente de Dios en la creaci\u00f3n, que \u201cen el principio\u201d, antes de la creaci\u00f3n, no solamente \u201cera con Dios\u201d, sino que \u00e9l mismo \u201cera Dios\u201d, Jn. 1.1\u20133) \u201cfue hecho carne\u201d (Jn. 1.14).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>II. Origen de la creencia<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>Semejante afirmaci\u00f3n, considerada en forma abstracta contra el fondo del monote\u00edsmo veterotestamentario, podr\u00eda parecer una blasfemia o un absurdo, como en realidad lo ha considerado siempre el juda\u00edsmo ortodoxo. Parecer\u00eda significar que el divino Hacedor se convirti\u00f3 en una de sus propias criaturas, lo que ser\u00eda, <i>prima facie<\/i>, una contradicci\u00f3n en t\u00e9rminos teol\u00f3gicos. \u00bfDe d\u00f3nde vino entonces la convicci\u00f3n que inspir\u00f3 a Juan a emitir una declaraci\u00f3n tan extra\u00f1a? \u00bfDe d\u00f3nde surgi\u00f3 la creencia de la iglesia primitiva de que Jes\u00fas de Nazaret era Dios encarnado? Tomando como base la suposici\u00f3n de que no surgi\u00f3 de lo que Jes\u00fas mismo dijo e hizo, sino que se origin\u00f3 posteriormente, se ha tratado de buscar su origen en especulaciones jud\u00edas sobre un Mes\u00edas sobre humano y preexistente, o en los mitos polite\u00edstas sobre dioses-redentores, caracter\u00edsticos de las religiones de misterio helen\u00edsticas y los cultos gn\u00f3sticos. Pero actualmente se reconoce ampliamente que estos intentos han fracasado; en parte debido a que las diferencias entre estas fantas\u00edas jud\u00edas y gentiles y la cristolog\u00eda del NT han resultado ser invariablemente m\u00e1s sustanciales y profundas que sus superficiales semejanzas; y en parte porque se ha demostrado que en los dichos innegables del Jes\u00fas hist\u00f3rico en los evangelios sin\u00f3pticos hay una virtual afirmaci\u00f3n de deidad, y que una virtual aceptaci\u00f3n de esta afirmaci\u00f3n result\u00f3 ser fundamental para la fe y el culto de la iglesia palestina primitiva, como lo evidencian los primeros cap\u00edtulos de Hechos (cuya historicidad sustancial rara vez se disputa en la actualidad). La \u00fanica explicaci\u00f3n que resuelve los hechos es que el impacto de la vida, el ministerio, la muerte, y la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas convencieron a sus disc\u00edpulos de su deidad personal aun antes de su ascensi\u00f3n. Por cierto que esto es justamente lo que nos trasmite el cuarto evangelio (v\u00e9ase especialmente Jn. 20.28ss). En armon\u00eda con esto el libro de Hechos nos dice que los primeros cristianos oraban a Jes\u00fas como Se\u00f1or (7.59), incluso antes de Pentecost\u00e9s (1.21: el \u201cSe\u00f1or\u201d que elige a los ap\u00f3stoles sin duda es \u201cel Se\u00f1or Jes\u00fas\u201d del vv. 21, cf. vv. 3); que, a partir del d\u00eda de Pentecost\u00e9s, comenzaron a bautizar en su nombre (2.38; 8.16; 19.5) ; que invocaban y depositaban fe en su nombre (e. d. en \u00e9l mismo: 3.16; 9.14; 22.16; cf. 16.31); y que lo proclamaron como aquel que ofrece arrepentimiento y remisi\u00f3n de pecados (5.31). Todo esto demuestra que aun cuando al principio no se hubiese afirmado claramente en palabras la deidad de Jes\u00fas (y Hechos no ofrece indicaciones de que se lo haya hecho), sin embargo formaba parte de la fe con la que los primeros cristianos viv\u00edan y oraban. <i>Lex orandi lex credendi<\/i>. La formulaci\u00f3n teol\u00f3gica de la creencia en la encarnaci\u00f3n fue posterior, pero la creencia en s\u00ed, aunque se la haya expresado incoherentemente, existi\u00f3 en la iglesia desde el principio.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>III. La perspectiva de los escritores del Nuevo Testamento<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>Es importante tener en cuenta la naturaleza y los l\u00edmites del inter\u00e9s que da motivo al pensamiento neotestamentario acerca de la encarnaci\u00f3n, particularmente el de Pablo, Juan, y el autor de Hebreos, que tratan el tema en forma relativamente completa. En ninguna parte los escritores del NT toman en cuenta, y mucho menos tratan, las cuestiones metaf\u00edsicas relativas al modo en que se llev\u00f3 a cabo la encarnaci\u00f3n o las cuestiones psicol\u00f3gicas acerca del estado de encarnaci\u00f3n, cuestiones tan prominentes en las discusiones cristol\u00f3gicas a partir del ss. IV. Su inter\u00e9s en la persona de Cristo no es filos\u00f3fico y especulativo, sino religioso y evang\u00e9lico. Hablan de Cristo, no como si se tratara de un problema metaf\u00edsico, sino como un Salvador divino; y todo lo que afirman acerca de su persona tiene como inspiraci\u00f3n el deseo de glorificarlo exhibiendo su obra y afirmando su posici\u00f3n central en el prop\u00f3sito redentor de Dios. Nunca tratan de desentra\u00f1ar el misterio de su persona; les bast\u00f3 proclamar la encarnaci\u00f3n como un hecho real, como parte de la secuencia de poderosas obras por medio de las cuales Dios obr\u00f3 la salvaci\u00f3n para los pecadores. El \u00fanico sentido en el que los escritores del NT trataron alguna vez de explicar la encarnaci\u00f3n fue mostrando que ella concuerda con el plan general de Dios para la redenci\u00f3n del g\u00e9nero humano (v\u00e9ase, p. ej., Ro. 8.3; Fil. 2.6\u201311; Col. 1.13\u201322; Jn. 1.18; 1 Jn. 1.1\u20132.2, y el argumento principal de Hebreos, 1\u20132; 4.14\u20135.10; 7.1\u201310.18).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>La exclusividad de este inter\u00e9s evangelico arroja luz sobre el hecho, que de otra manera resultar\u00eda desconcertante, de que en ninguna parte el NT reflexiona sobre el *nacimiento virginal de Jes\u00fas como si diese testimonio de la conjunci\u00f3n de la deidad y la humanidad en su persona, l\u00ednea de pensamiento que ha ocupado extensamente a la teolog\u00eda posterior. Este silencio no significa necesariamente que los escritores neotestamentarios hayan ignorado el nacimiento virginal, como han supuesto algunos. Esto queda suficientemente explicado por el hecho de que el inter\u00e9s del NT en Jes\u00fas estaba en otro tema, el de su relaci\u00f3n con el prop\u00f3sito redentor de Dios. La prueba de ello la tenemos en la forma en que Mateo y Lucas, los dos evangelistas que se ocupan de narrarlo, relatan el nacimiento virginal. Ambos escritores se ocupan de destacar, no la constituci\u00f3n especial de la persona nacida en forma tan milagrosa, sino el hecho de que por dicho nacimiento milagroso Dios comenz\u00f3 a cumplir su intenci\u00f3n, ya anunciada desde mucho antes, de visitar y redimir a su pueblo (cf. Mt. 1.21ss; Lc. 1.31ss, 68\u201375; 2.10s, 29\u201332). La \u00fanica significaci\u00f3n que ellos, o los otros escritores neotestamentarios, ven en la encarnaci\u00f3n tiene car\u00e1cter directamente soteriol\u00f3gico. La teor\u00eda especulativa escotista, popularizada por Westcott, de que la encarnaci\u00f3n tuvo primariamente el sentido de perfeccionar la creaci\u00f3n, y s\u00f3lo en forma secundaria e incidental la redenci\u00f3n de los pecadores, no encuentra el menor apoyo en el NT.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Los escritores apost\u00f3licos ven claramente que tanto la deidad como la humanidad de Jesucristo son fundamentales para su obra de salvaci\u00f3n. Comprenden que precisamente porque Jes\u00fas es Dios Hijo deben considerar su revelaci\u00f3n del pensamiento y los deseos del Padre como perfecta y definitiva (cf. Jn. 1.18; 14.7\u201310; He. 1.1s), y su muerte como la suprema demostraci\u00f3n del amor de Dios hacia los pecadores, y su voluntad de bendecir a los creyentes (cf. Jn. 3.16; Ro. 5.5\u201310; 8.32; 1 Jn. 4.8\u201310). Comprenden que el hecho de ser Jes\u00fas el Hijo de Dios es lo que garantiza la infinita duraci\u00f3n, la perfecci\u00f3n inmaculada, y la eficacia ilimitada de su servicio como sumo sacerdote (He. 7.3, 16, 24\u201328). Ven claramente que fue en virtud de su deidad que pudo derrotar y destruir al diablo, el \u201chombre fuerte armado\u201d que manten\u00eda a los pecadores sujetos a servidumbre (He. 2.14s; Ap. 20.1; cf, Mr. 3.27; Lc. 10.17s; Jn. 12.31s; 16.11). Tambi\u00e9n ven que era necesario que el Hijo de Dios \u201cse hiciera carne\u201d, porque solamente as\u00ed pod\u00eda ocupar su lugar como el \u201csegundo hombre\u201d por medio del cual Dios se relaciona con la raza (1 Co. 15.21s, 47ss; Ro. 5.15\u201319); solamente as\u00ed pod\u00eda mediar entre Dios y los hombres (1 Ti. 2.5); y solamente as\u00ed pod\u00eda morir por los pecados, porque s\u00f3lo la carne puede morir. (Por cierto que el concepto de la \u201ccarne\u201d est\u00e1 tan relacionado con la muerte que el NT se niega a aplicar el t\u00e9rmino a la humanidad de Jesucristo en su estado glorificado e incorruptible; \u201clos d\u00edas de su carne\u201d (He. 5.7) significa la vida de Cristo en la tierra hasta su muerte en la cruz.)<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Era de esperar, por lo tanto, que el NT tratara toda negaci\u00f3n de que Jesucristo era verdaderamente divino y verdaderamente humano como una herej\u00eda digna de condenaci\u00f3n y destructiva para el evangelio; y efectivamente as\u00ed ocurre. La \u00fanica negaci\u00f3n de esta naturaleza que conoce es la cristolog\u00eda doc\u00e9tica (tradicionalmente la de Cerinto), que negaba la realidad de la \u201ccarne\u201d de Jesucristo (1 Jn. 4.2s), y en consecuencia su muerte f\u00edsica (\u201csangre\u201d, 1 Jn. 5.6). Juan la denuncia en sus dos primeras ep\u00edstolas como un error mortal inspirado por el esp\u00edritu del anticristo, una negaci\u00f3n enga\u00f1osa del Padre y el Hijo (1 Jn. 2.22\u201325; 4.1\u20136; 5.5\u201312; 2 Jn. 7, 9ss). Generalmente se piensa que el hecho de que el Evangelio de Juan recalca la realidad de la experiencia de Jes\u00fas en cuanto a la debilidad humana (cansancio, 4.6; sed, 4.7; 19.28; l\u00e1grimas, 11.33ss) tiene por objeto cortar de ra\u00edz este mismo error doc\u00e9tico.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>IV. Elementos de la doctrina del Nuevo Testamento<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>El significado de la afirmaci\u00f3n neotestamentaria de que \u201cJesucristo ha venido en carne\u201d puede considerarse bajo tres subt\u00edtulos.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><i><span lang=ES style=''>a. La persona encarnada<\/span><\/i><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>El NT define uniformemente la identidad de Jes\u00fas en funci\u00f3n de su relaci\u00f3n con el Dios \u00fanico del monote\u00edsmo veterotestamentario (cf. 1 Co. 8.4, 6; 1 Ti. 2.5; con Is. 43.10s; 44.6). La definici\u00f3n b\u00e1sica es que Jes\u00fas es el Hijo de Dios. Esta identificaci\u00f3n se basa en el pensamiento y las ense\u00f1anzas del propio Jes\u00fas. Su conciencia de ser \u201cel Hijo\u201d, en un sentido \u00fanico, que lo aparta del resto de los hombres, databa de la \u00e9poca en que ten\u00eda trece a\u00f1os por lo menos (Lc. 2.49), y le fue confirmada en su bautismo por la voz del Padre desde el cielo. \u201cT\u00fa eres mi Hijo amado\u201d (Mr. 1.11; cf. Mt. 3.17; Lc. 3.22; <\/span><span style=''>agap&#275;tos<\/span><span lang=ES style=''>, que aparece en los tres registros de la declaraci\u00f3n divina, lleva impl\u00edcita la idea del \u201c\u00fanico amado\u201d, que se repite luego en la par\u00e1bola, Mr. 12.6; cf. los t\u00e9rminos similares pronunciados desde el cielo en la transfiguraci\u00f3n, Mr. 9.7; Mt. 17.5). Cuando se le pregunt\u00f3 en el juicio bajo juramento si \u00e9l era \u201cel Hijo de Dios\u201d (frase que en los labios del sumo sacerdote probablemente no significaba otra cosa que \u201cMes\u00edas dav\u00eddico\u201d), Marcos y Lucas nos dicen que Jes\u00fas contest\u00f3 afirmativamente, lo que en realidad equival\u00eda a una declaraci\u00f3n de deidad personal: <\/span><span style=''>eg&#333; eimi<\/span><span lang=ES style=''> (as\u00ed Mr. 14.62; Lc. 22.70 tiene: \u201cvosotros dec\u00eds [e. d. correctamente] que <\/span><span style=''>eg&#333; eimi<\/span><span lang=ES style=''>\u201d). <\/span><span style=''>eg&#333; eimi<\/span><span lang=ES style=''>, el \u201cyo soy\u201d enf\u00e1tico, eran palabras que ning\u00fan jud\u00edo se atrev\u00eda a pronunciar porque expresaban identificaci\u00f3n con Dios (Ex. 3.14). Jes\u00fas, que seg\u00fan Marcos hab\u00eda empleado estos t\u00e9rminos anteriormente de una manera igualmente sugestiva (Mr. 6.50; cf. 13.6; y cf. la larga serie de dichos que incluyen las palabras <\/span><span style=''>eg&#333; eimi<\/span><span lang=ES style=''> en el Evangelio de Juan: Jn. 4.26; 6.35; 8.12; 10.7, 11; 11.25; 14.6; 15.1; 18.5ss), evidentemente quiso dejar bien aclarado que el car\u00e1cter de Hijo divino que reclamaba para s\u00ed no era nada menos que la deidad personal. Fue por esta \u201cblasfemia\u201d que se lo conden\u00f3.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Las referencias de Jes\u00fas a s\u00ed mismo como \u201cel Hijo\u201d aparecen siempre en contextos que lo muestran cerca de Dios en forma \u00fanica, y favorecido de manera \u00fanica por Dios. Son relativamente pocas en los evangelios sin\u00f3pticos (Mt. 11.27 = Lc. 10.22; Mr. 13.32 = Mt. 24.36; cf. Mr. 12.1\u201311), pero numerosas en Juan, tanto en las propias palabras de Jes\u00fas como en el comentario del evangelista. Seg\u00fan Juan, Jes\u00fas es el \u201c\u00fanico\u201d (<\/span><etiqueta id=\"#_ftn344\" name=\"_ftnref344\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt; ;color:green;text-transform:uppercase'>\u00b0vrv2<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style=''>, \u201cunig\u00e9nito\u201d) Hijo de Dios (<\/span><span style='font-family: \"Charis SIL\"'>monogen&#275;s<\/span><span lang=ES style=' '>: 1.14, 18; 3.16, 18). Existe eternamente (8.58; cf. 1.1s). Se mantiene en una relaci\u00f3n inmutable de perfecto amor, uni\u00f3n, y comuni\u00f3n con el Padre (1.18; 8.16, 29; 10.30; 16.32). Como Hijo no obra independientemente (5.19) y vive para glorificar a su Padre (17.1, 4), haciendo su voluntad (4.34; 5.30; 8.28s). Vino al mundo porque el Padre lo \u201cenvi\u00f3\u201d (42 referencias) y le dio una misi\u00f3n que cumplir (4.34; 17.4; cf. 19.30). Vino en el nombre de su Padre, o sea como su representante (5.43); y debido a que todo lo que dijo e hizo concordaba con el mandato recibido del Padre (7.16ss; 8.26ss; 12.49s; 14.10), su vida en la tierra revel\u00f3 al Padre perfectamente (14.7ss). Cuando dice que su Padre es m\u00e1s grande que \u00e9l (14.28; cf. 10.29) evidentemente se refiere, no a una inferioridad esencial o circunstancial, sino al hecho de que la subordinaci\u00f3n a la voluntad y la iniciativa del Padre le es natural y necesaria. El Padre es m\u00e1s grande que \u00e9l porque en relaci\u00f3n al Padre siempre est\u00e1 en su naturaleza el actuar libre y gozosamente como Hijo. Pero esto no significa que deba estar subordinado al Padre en la estimaci\u00f3n y la adoraci\u00f3n de los hombres. Justamente lo contrario, porque el Padre busca la gloria del Hijo, tanto como el Hijo busca la gloria del Padre. El Padre ha confiado al Hijo las dos grandes tareas de dar vida y ejecutar juicio, \u201cpara que todos honren al Hijo como honran al Padre\u201d (5.21ss). Esto equivale a decir que el Padre quiere que todos los hombres act\u00faen como Tom\u00e1s (20.28), y reconozcan al Hijo en los mismos t\u00e9rminos en que deben reconocer al Padre, o sea como \u201cSe\u00f1or m\u00edo, y Dios m\u00edo\u201d.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>El NT contiene otras l\u00edneas de pensamiento, aunque subordinadas a la divina condici\u00f3n de Hijo, que tambi\u00e9n proclaman la deidad de Jes\u00fas de Nazaret. Podemos mencionar las m\u00e1s importantes: (i) Juan identifica al <i>Verbo <\/i>divino y eterno con el Hijo personal de Dios, Jesucristo (Jn. 1.1\u201318; cf. 1 Jn. 1.1\u20133; Ap. 19.13; * <span style='text-transform:uppercase'>Logos<\/span>). (ii) Pablo habla del Hijo como \u201cla<i> imagen<\/i> de Dios\u201d, tanto en su estado encarnado (2 Co. 4.4) como en el preencarnado (Col. 1.15), y en Fil. 2.6 afirma que antes de la encarnaci\u00f3n Jesucristo exist\u00eda en \u201cforma\u201d (<\/span><span style=''>morf&#275;<\/span><span lang=ES style=''>) de Dios, frase cuya ex\u00e9gesis exacta se discute, pero que casi seguramente tradujo bien J. B. <etiqueta id=\"#_ftn345\" name=\"_ftnref345\" title=\"\">Phillips como \u201csiempre \u2026 Dios por naturaleza\u201d. He. 1.3 llama al Hijo \u201cel resplandor de su gloria (la de Dios), y la <\/etiqueta><i>imagen misma de su sustancia<\/i>\u201d. Resulta claro que estas afirmaciones, hechas dentro de un marco de referencia monote\u00edsta que excluye toda idea de dos dioses, significan: (1) que el Hijo es personalmente divino y ontol\u00f3gicamente uno con el Padre; (2) que el Hijo personifica perfectamente todo lo que hay en el Padre; o si queremos expresarlo en forma negativa, que no hay aspecto o elemento constituyente en cuanto a deidad o car\u00e1cter que tenga el Padre y no lo tenga el Hijo. (iii) Pablo puede aplicar una profec\u00eda veterotestamentaria relativa a la invocaci\u00f3n \u201cdel Se\u00f1or\u201d (Yahv\u00e9h) al Se\u00f1or Jes\u00fas, indicando de esa manera que ella tiene su verdadero cumplimiento en \u00e9l (Ro. 10.13, citando de Jl. 2.32; cf. Fil. 2.10s, que es un reflejo de Is. 45.23). En forma similar, el autor de la Ep\u00edstola a los Hebreos cita la exhortaci\u00f3n de Mois\u00e9s a los \u00e1ngeles para que adoren a Dios (Dt. 32.43, <span style='text-transform:uppercase'>LXX<\/span>), y la declaraci\u00f3n del salmista: \u201cTu trono, oh Dios, es eterno y para siempre\u201d (Sal. 45.6), como palabras dichas por el Padre con referencia a su Hijo (He. 1.6, 8). Esto demuestra que ambos autores consideran a Jes\u00fas como divino. (iv) La costumbre invariable de los escritores neotestamentarios de referirse a Jes\u00fas como \u201cSe\u00f1or\u201d\u2014t\u00edtulo que se daba a los dioses en la religi\u00f3n helen\u00edstica (cf. 1 Co. 8.5), y que invariablemente utiliza la <span style='text-transform: uppercase'>LXX<\/span> para traducir el nombre divino\u2014parecer\u00eda un impl\u00edcito reconocimiento de deidad.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><i><span lang=ES style=''>b. La naturaleza de la encarnaci\u00f3n<\/span><\/i><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>Cuando el Verbo \u201cse hizo carne\u201d no abandon\u00f3 su deidad, ni la redujo o contrajo, ni tampoco dej\u00f3 de ejercer las funciones divinas que hab\u00eda ejercido anteriormente. Se nos dice que \u00e9l es quien mantiene el orden en la creaci\u00f3n, y quien da y mantiene la vida (Col. 1.17; He. 1.3; Jn. 1.4), y por cierto que estas funciones no quedaron en suspenso durante el tiempo que vivi\u00f3 en la tierra. Cuando vino al mundo \u201cse despoj\u00f3 a s\u00ed mismo\u201d de la gloria exterior (Fil. 2.7; Jn. 17.5), y en ese sentido \u201cse hizo pobre\u201d (2 Co. 8.9), pero esto no significa en absoluto una reducci\u00f3n de sus poderes divinos, como pretenden sugerir las supuestas teor\u00edas de la kenosis. El NT recalca m\u00e1s bien que la deidad del Hijo no se redujo coma consecuencia de la encarnaci\u00f3n. En el hombre Cristo Jes\u00fas, dice Pablo, \u201chabita corporalmente toda la plenitud de la deidad\u201d (Col. 2.9; cf. 1.19).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>La encarnaci\u00f3n del Hijo de Dios, por lo tanto, no signific\u00f3 una disminuci\u00f3n de la deidad, sino la adquisici\u00f3n de humanidad. No es que Dios Hijo vino a morar dentro de un ser humano, como har\u00eda posteriormente el Esp\u00edritu. (La equiparaci\u00f3n de la encarnaci\u00f3n con una simple morada es la base de la herej\u00eda nestoriana.) M\u00e1s bien se trata de que el Hijo de Dios en persona comenz\u00f3 a vivir una vida plenamente humana. No se trata de que simplemente se envolvi\u00f3 en un cuerpo humano, ocupando el lugar de su alma, como sosten\u00eda Apolinario, sino de que tom\u00f3 para s\u00ed un alma humana tanto como un cuerpo humano, o sea que ingres\u00f3 en la experiencia de la vida ps\u00edquica humana a la vez que f\u00edsica. Su humanidad fue completa; se hizo \u201cJesucristo <i>hombre<\/i>\u201d (1 Ti. 2.5; cf. Ga. 4.4; He. 2.14\u201317). Y su humanidad es permanente. Aunque actualmente est\u00e1 exaltado, \u201csigue siendo Dios y hombre en dos naturalezas diferentes y una sola persona para siempre\u201d (<i>Catecismo breve de Westminster<\/i>, Q. 21; cf. He. 7.24).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><i><span lang=ES style=''>c. El estado encarnado<\/span><\/i><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-top:0cm;margin-right:0cm;margin-bottom:0cm; margin-left:18.0pt;margin-bottom:.0001pt;text-indent:-18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>(i)<\/span><span style=''>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/span><span lang=ES style=''> Fue un estado de <i>dependencia<\/i> y <i>obediencia<\/i>, porque la encarnaci\u00f3n no cambi\u00f3 la relaci\u00f3n entre el Padre y el Hijo. Mantuvieron su relaci\u00f3n en indestructible comuni\u00f3n; el Hijo dec\u00eda y hac\u00eda lo que el Padre le hab\u00eda dicho que deb\u00eda decir y hacer, sin ir m\u00e1s all\u00e1 de la voluntad de su Padre en ning\u00fan momento (cf. la primera tentaci\u00f3n, Mt. 4.2ss). Debemos explicar, sin duda, la ignorancia que profes\u00f3 tener sobre el momento de su retorno (Mr. 13.32), no como una mentira piadosa (Aquino), ni como prueba de que hab\u00eda dejado de lado su conocimiento divino a fin de encarnarse (teor\u00edas ken\u00f3ticas), sino simplemente como que no era la voluntad del Padre que tuviera este conocimiento en su mente en ese momento. Como Hijo, no quer\u00eda ni procuraba saber m\u00e1s de lo que el Padre quer\u00eda que supiera.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-top:0cm;margin-right:0cm;margin-bottom:0cm; margin-left:18.0pt;margin-bottom:.0001pt;text-indent:-18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>(ii)<\/span><span style=''>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/span><span lang=ES style=''> Fue un estado de <i>pureza<\/i> e <i>impecabilidad<\/i>, porque la encarnaci\u00f3n no cambi\u00f3 la naturaleza ni el car\u00e1cter del Hijo. En varios pasajes podemos comprobar que su vida entera transcurri\u00f3 sin pecado (2 Co. 5.21; 1 P. 2.22; He. 4.15; cf. Mt. 3.14\u201317; Jn. 8.46; 1 Jn. 2.1s). Es evidente que estaba libre de todo v\u00ednculo con el pecado original en Ad\u00e1n dado que no tuvo necesidad de morir por sus propios pecados (cf. He. 7.26), y por lo tanto pudo morir en forma vicaria y representativa, tomando el justo el lugar de los injustos o pecadores (cf. 2 Co. 5.21; Ro. 5.16ss; G\u00e1. 3.13; 1 P. 3.18). El que era puro e impecable, y que no pod\u00eda pecar, surgen del hecho de que sigui\u00f3 siendo Dios Hijo (cf. Jn. 5.19, 30). Le era tan imposible desviarse de la voluntad del Padre en el estado encarnado como anteriormente. Su deidad garantizaba el que alcanzar\u00eda en la carne esa pureza que constitu\u00eda requisito previo para morir como \u201ccordero sin mancha y sin contaminaci\u00f3n\u201d (1 P. 1.19).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-top:0cm;margin-right:0cm;margin-bottom:0cm; margin-left:18.0pt;margin-bottom:.0001pt;text-indent:-18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>(iii)<\/span><span style=''>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/span><span lang=ES style=''> Fue un estado de <i>tentaci\u00f3n<\/i> y <i>conflicto moral<\/i>, porque la encarnaci\u00f3n fue un verdadero ingreso a las condiciones de vida moral del hombre. Aunque por ser Dios no estaba en \u00e9l ceder ante la tentaci\u00f3n, como hombre tuvo que luchar contra la tentaci\u00f3n a fin de vencerla. Lo que le aseguraba su deidad no era el que no se sentir\u00eda tentado a alejarse de la voluntad del Padre, ni tampoco que se ver\u00eda libre de la tensi\u00f3n y la congoja que crean en el alma las repetidas e insidiosas tentaciones, sino que, cuando fuera tentado, luchar\u00eda y vencer\u00eda, como lo hizo justamente ante las tentaciones iniciales de su ministerio mesi\u00e1nico (Mt. 4.1ss). El autor de la Ep\u00edstola a los Hebreos recalca el hecho de que en virtud de su experiencia directa tanto de lo que es la tentaci\u00f3n como del costo de la obediencia, est\u00e1 en condiciones de ofrecer al creyente afligido compasi\u00f3n efectiva y ayuda (He. 2.18; 4.14ss; 5.2, 7ss). (* <span style='text-transform: uppercase'>Jesucristo, Vida y ense\u00f1anzas de<\/span> )<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=';text-transform:uppercase'>Bibliograf\u00eda.<\/span><span lang=ES style=''> \u00b0D. M. Baillie, <i>Dios estaba en Cristo<\/i>, 1960; \u00b0L Berkhof, <i>Teolog\u00eda sistem\u00e1tica<\/i>, 1965; \u00b0O. Cullmann, <i>Cristolog\u00eda del Nuevo Testamento<\/i>, 1965; R. H. Fuller, <i>Fundamentos de la cristolog\u00eda neotestamentaria<\/i>, 1979, 281 pp.; S, Mowinckel, <i>El que ha de venir<\/i>, 1975; R. Guardini, <i>La realidad humana del Se\u00f1or<\/i>, 1966; C. H. Dodd, <i>El fundador del cristianismo<\/i>, 1980; M. M. Gonz\u00e1lez Gil, <i>Cristo, el misterio de Dios<\/i>, 1976, t(t). I y II.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>J. Denney, <i>Jesus and the Gospel<\/i>, 1908; P. T. Forsyth, <i>The Person and Place of Jesus Christ<\/i>, 1909; H. R. Mackintosh, <i>The Doctrine of the Person of Jesus Christ<\/i>, 1912; A. E. J. Rawlinson, <i>The New Testament Doctrine of the Christ<\/i>, 1926; L. Hodgson, <i>And was made Man<\/i>, 1928; E. Brunner, <i>The Mediator<\/i>, <etiqueta id=\"#_ftn346\" name=\"_ftnref346\" title=\"\">trad. <\/etiqueta><etiqueta id=\"#_ftn347\" name=\"_ftnref347\" title=\"\">ing. 1934; D. M. Baillie, <\/etiqueta><i>God was in Christ<\/i>, 1948; L. Berkhof, <i>Systematic Theology<\/i><sup>4<\/sup>, 1949, pp. 305\u2013330; G. C. Berkouwer, <i>The Person of Christ<\/i>, 1954; K. Barth, <i>Church Dogmatics<\/i>, I, 2, 1956, pp. 122\u2013202; V. Taylor, <i>The Person of Christ in New Testament Teaching<\/i>, 1958; O. Cullmann,<i>The Christology of the New Testament<\/i>, trad. ing. 1960; W. Pannenberg,<i> Jesus\u2014God and Man<\/i>, trad. ing. 1968; C. F. D. Moule,<i> The Origin of Christology<\/i>, 1977.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal align=right style='text-align:right;line-height:normal'><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><etiqueta id=\"#_ftn348\" name=\"_ftnref348\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt; ;color:green'>J.I.P.<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;'>Douglas, J. (2000). Nuevo diccionario Biblico : Primera Edicion. Miami: Sociedades B\u00edblicas Unidas.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>lat\u00ed\u00adn incarnatio. Acto misterioso de haber tomado carne humana el \u00c2\u00aebo Divino. 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