{"id":4930,"date":"2016-02-05T00:46:34","date_gmt":"2016-02-05T05:46:34","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/eucaristia\/"},"modified":"2016-02-05T00:46:34","modified_gmt":"2016-02-05T05:46:34","slug":"eucaristia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/eucaristia\/","title":{"rendered":"EUCARISTIA"},"content":{"rendered":"<p>griego eu, bien, kharizestai, dar gracias. Acci\u00f3n de gracias.<\/p>\n<p>Nombre  que los cristianos le dieron a la cena del Se\u00f1or o fracci\u00f3n del pan  Hch 2, 42-46; 1 Co 10, 16. Este t\u00e9rmino se us\u00f3 para designar la liturgia eucar\u00ed\u00adstica, celebraci\u00f3n del sacrificio del cuerpo y la sangre de Cristo bajo las apariencias de pan y vino, en el a\u00f1o 110, por San Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Esta liturgia  centro de la vida de la Iglesia cat\u00f3lica, conmemora la \u00faltima cena del Se\u00f1or con sus disc\u00ed\u00adpulos, antes de la pasi\u00f3n, Mt 26, 26-29; Mc 14,  22-25; Lc 22, 15-20; 1 Co 11, 23-25. Sobre la fracci\u00f3n del pan en la Iglesia primitiva, encontramos varios textos en los Hechos de los Ap\u00f3stoles. En la Iglesia de Jerusal\u00e9n, dice el ap\u00f3stol Lucas que los fieles \u2020\u0153acud\u00ed\u00adan asiduamente a la ense\u00f1anza de los ap\u00f3stoles, a la comuni\u00f3n, a la fracci\u00f3n del pan y a las oraciones\u2020\u009d, Hch 2, 42. En el tercer viaje apost\u00f3lico, de vuelta a Jerusal\u00e9n, Pablo pasa unos d\u00ed\u00adas en Tr\u00f3ade, donde se reune con los creyentes para partir el pan, Hch 20, 7 y 11.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Digital, Grupo C Service &#038; Design Ltda., Colombia, 2003<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Digital<\/b><\/p>\n<p>(acci\u00f3n de gracias).<\/p>\n<p> l- Prefigurada en el man\u00e1: Jua 6:31, Ex. 16.<\/p>\n<p> 2- Institu\u00ed\u00adda por Jesucristo: Mt.26, Lc. 22, Mc.14, 1 Cor.11.<\/p>\n<p> 3- Bajo las apariencias de pan y vino est\u00e1 realmente Jesucristo, su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad. En Bel\u00e9n parec\u00ed\u00ada un \u00abnino\u00bb, y era un nino, \u00c2\u00a1pero era Dios realmente!. en la Eucarist\u00ed\u00ada, parece \u00abpan\u00bb, es \u00abpan\u00bb, \u00c2\u00a1pero es Dios realmente!, hasta m\u00e1s humilde que en Bel\u00e9n.<\/p>\n<p> &#8211; En el Serm\u00f3n de Pan de Vida, Jes\u00fas nos repite 10 veces, que \u00abEl\u00bb es el \u00abpan de vida\u00bb, que tenemos que comer su Carne y beber su Sangre realmente, y que si no comemos su Carne y no bebemos su Sangre, no tendremos vida en nosotros: Jua 6:35-58.<\/p>\n<p> &#8211; Para Pablo es tan \u00abreal\u00bb, que quien la come indignamente, es \u00abreo\u00bb, \u00abculpable\u00bb del Cuerpo y de la Sangre del Senor: (1Co 11:27), y, anade, \u00abse come y se bebe su propia condenaci\u00f3n\u00bb: (1Co 11:29).<\/p>\n<p> 4- Es el \u00abSacrificio Eterno\u00bb de  Num 28:3 y Exo 29:42. Como es eterno, tiene que estar tambi\u00e9n en el Cielo eternamente, \u00c2\u00a1y ahi est\u00e1!, como nos lo muestra Juan en Rev 5:6, es \u00abel Cordero de pie como degollado\u00bb, la causa y raz\u00f3n de todas glorias del Cielo. y como es eterno, tiene que existir ahora mismo, \u00c2\u00a1y existe!, en el Santo Sacrificio de la Misa que el mismo Jes\u00fas \u00aborden\u00f3\u00bb en Luc 22:19, y cuya orden repite Pablo, dici\u00e9ndonos que cuantas veces com\u00e9is este pan, anunciais la muerte del Senor: (1Co 11:2426.Ver \u00abMisa\u00bb.<\/p>\n<p> 5- La Santa Misa es la renovaci\u00f3n del Sacrificio del Calvario, prefigurado en el Cordero Pascual de Ex. 12. Es el gran milagro del tiempo y del espacio, no es que se \u00abrepita\u00bb el Sacrificio del Calvario, sino que es exactamente el mismo Sacrificio, ahora \u00abincruento\u00bb, \u00c2\u00a1pero el mismo!, Mat 26:26-28, Jua 1:29, Jua 6:35-71, 1Co 10:20-22, 1Co 11:25-30.<\/p>\n<p> 6- Es dogma de fe del cristianismo.<\/p>\n<p> &#8211; Declarado por Jes\u00fas en el Serm\u00f3n del Pan de Vida de Jua 6:35 a 7:1.<\/p>\n<p> &#8211; Declarado por Pablo, en  1Co 11:25-30.<\/p>\n<p> &#8211; Declarado por la Iglesia, con la autoridad de Mat 16:19 y 18:18, en varios Concilios docenas de veces: (Trento, Vaticano II, entre otros).<\/p>\n<p> 7- Es nuestro alimento \u00abdiario\u00bb.<\/p>\n<p> &#8211; Es el \u00abpan nuestro de cada d\u00ed\u00ada\u00bb, de Mat 6:9, el \u00abPan de Vida\u00bb de Jua 6:35-70 y del que habla Pablo en 1Co 10:2022 : (la mesa del Senor).<\/p>\n<p> &#8211; Si no lo comemos, \u00abno tendremos vida en nosotros\u00bb, dice Jes\u00fas en Jua 6:53 . \u00c2\u00a1y \u00abcada d\u00ed\u00ada\u00bb! Y Pablo anade que, el comerlo sin discernir, es la raz\u00f3n de que hay tantos cristianos \u00abd\u00e9biles, enfermizos y como muertos\u00bb,  1Co 11:29-30.<\/p>\n<p> 8-Disposiciones para recibirla: En gracia de Dios: Mat 22:1-14, Jua 11:56; porque no se puede dar perlas a los perros, Mat 7:6.<\/p>\n<p> Reconciliarse con el hermano: Mat 5:23-24 : No se puede ir a Comulgar, odiando al hermano, o con rencores en el coraz\u00f3n. Quien hace eso \u00abse come y se bebe su propia condenaci\u00f3n\u00bb, 1Co 11:27.<\/p>\n<p> Con fe, de que es el mismo Jesus, tan real como cuando viv\u00ed\u00ada en Palestina, Mat 8:8.<\/p>\n<p> \u00abDiscernimiento\u00bb realmente creyendo y valor\u00e1ndolo m\u00e1s que si fueran un mill\u00f3n de d\u00f3lares. Quien lo recibe \u00absin discernir\u00bb, est\u00e1 \u00abd\u00e9bil, enfermizo, como muerto\u00bb, dice Pablo en 1Co 11:29-30.<\/p>\n<p> 9 &#8211; Los primeros cristianos lo viv\u00ed\u00adan \u00abcada d\u00ed\u00ada\u00bb, siguiendo la orden de Cristo: (Hec 2:42), y era la raz\u00f3n de su unidad y amor, de Hec 2:43-46.<\/p>\n<p> 10- El Anticristo ser\u00e1 lo primero que trate de abolir cuando venga, \u00c2\u00a1y ya est\u00e1 con nosotros!, nos dice 1Jn 4:3. Ver \u00abAbominable Desolacion\u00bb: Hay \u00abya\u00bb muchas iglesias, que se llaman \u00abcristianas\u00bb, pero que no celebran la Eucaristia, o \u00abno disciernen\u00bb, celebr\u00e1ndola como si fuera s\u00f3lo un \u00abs\u00ed\u00admbolo\u00bb, o como algo sin mucha importancia.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano<br \/>\nDr. J. Dominguez<\/p>\n<p>http:\/\/biblia.com\/diccionario\/<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano<\/b><\/p>\n<p>[420]<\/p>\n<p>     El cristianismo posee un dogma y un misterio singular que no tiene comparaci\u00f3n con ning\u00fan dogma o misterio de las dem\u00e1s religiones de la tierra. Es la Eucarist\u00ed\u00ada. En ella est\u00e1 la presencia sacramental del mismo Cristo en las comunidades de sus seguidores.<\/p>\n<p>    Los datos de este misterio y dogma son asombrosos: &#8211; El mismo Jes\u00fas, Hijo de Dios, se mantiene en sus templos, iglesias y capillas, en donde se venera de modo especial en el altar. Se  conserva una \u00abreserva\u00bb del pan ofrecido y transformado en el sacrificio eucar\u00ed\u00adstico.<\/p>\n<p> &#8211; Los enfermos, presos y necesitados pueden beneficiarse de la uni\u00f3n total con sus hermanos a trav\u00e9s de \u00e9l. Y se aprovecha su conservaci\u00f3n para venerarlo como recuerdo vivo del Se\u00f1or.<\/p>\n<p> &#8211; Se mantiene en un sagrario o dep\u00f3sito, que act\u00faa como de santuario. Y muchos creyentes multiplican sus muestras de respeto al Se\u00f1or all\u00ed\u00ad presente de manera misteriosa y real. A lo largo de la Historia ese culto eucar\u00ed\u00adstico ha multiplicado las muestras art\u00ed\u00adsticas de todo tipo y, sobre todo, los gestos de fe y de plegaria con este motivo.<\/p>\n<p>   &#8211; Los cristianos acuden a la celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00ed\u00ada cada domingo y las iglesias se llenan de personas creyentes que oran y recuerdan a Jes\u00fas, y no simplemente \u00abcumplen con la Iglesia\u00bb asistiendo a ese acto religioso.<\/p>\n<p>   &#8211; Se celebra con devoci\u00f3n en muchos ambientes el recuerdo de ciertos d\u00ed\u00adas como el Jueves Santo, en el cual Jes\u00fas celebr\u00f3 la Pascua con los disc\u00ed\u00adpulos.<\/p>\n<p>   &#8211; Muchos grupos cristianos adultos y juveniles selectos se re\u00fane para celebrar el Sacrificio de la Eucarist\u00ed\u00ada y sienten la presencia del Se\u00f1or en medio de ellos.<\/p>\n<p>   &#8211; Se han multiplicado en la Historia las devociones y las tradiciones eucar\u00ed\u00adsticas. Su han promovido cofrad\u00ed\u00adas y asociaciones para adorar al Se\u00f1or oculto en las especies de pan y de vino. Se multiplican los actos religiosos que tienen como centro a Cristo presente en el altar.<\/p>\n<p>      1. Sacramento de amor<\/p>\n<p>      Hay quien puede sentir dudas de que sea tan real la presencia de Cristo en medio de sus seguidores. Pero son muchos lo que creen en ella y llaman al signo sensible de esa presencia, el pan y el vino, el sacramento del amor. Aceptan con fe la realidad del milagro y del misterio.<\/p>\n<p>    1.1. Sacramento de recuerdo<br \/>\n    La presencia de Jes\u00fas en las especies eucar\u00ed\u00adsticas de pan y de vino, substancias reales antes y apariencias o accidentes despu\u00e9s de la transformaci\u00f3n, se realiz\u00f3 cuando El mismo se lo comunic\u00f3 a sus Ap\u00f3stoles en la \u00faltima Cena. Luego se repiti\u00f3 cuantas veces ellos y sus sucesores repitieron lo que el Se\u00f1or hizo y les mand\u00f3 hacer.<\/p>\n<p>    Interesa recoger c\u00f3mo lo refleja el Evangelio, pues es la fuente de nuestra fe en tan singular misterio. Si el mismo Jes\u00fas no lo hubiera dicho con claridad, nos costar\u00ed\u00ada mucho concebir una maravilla semejante.<\/p>\n<p>    S. Lucas lo relata as\u00ed\u00ad: \u00abCuando lleg\u00f3 la hora, Jes\u00fas se puso a la mesa con sus disc\u00ed\u00adpulos. Entonces les dijo: Cu\u00e1nto he deseado celebrar esta Pascua con vosotros antes de mi muerte! Pues os digo que no volver\u00e9 a comerla hasta que la realice en el Reino de Dios.<\/p>\n<p>    Despu\u00e9s tom\u00f3 pan, dio gracias a Dios, lo parti\u00f3 y se lo dio a los disc\u00ed\u00adpulos diciendo: Tomad esto y comed todos de ello, pues esto es mi cuerpo, que ser\u00e1 entregado por vosotros. Haced siempre esto en recuerdo m\u00ed\u00ado.<\/p>\n<p>    Y lo mismo hizo con la copa, despu\u00e9s de haber cenado, y les dijo: Esta copa es la nueva alianza, confirmada con mi sangre y que va a ser derramada.\u00bb (Lc. 22. 19-20)<\/p>\n<p>    Los otros evangelistas a\u00f1aden algunos pormenores. S. Mateo y S. Marcos dicen sobre la distribuci\u00f3n del c\u00e1liz: \u00abBebed todos de \u00e9l, porque esto es mi sangre, que va a ser derramada por todos para el perd\u00f3n de los pecados. No volver\u00e9 a beber del fruto de la vid hasta el d\u00ed\u00ada en que lo beba de nuevo con vosotros en el Reino de mi Padre\u00bb (Mc. 14. 23-26 y Mt. 26. 27-30)<\/p>\n<p>    Los datos fundamentales de la instituci\u00f3n de la Eucarist\u00ed\u00ada se hallan lo suficientemente claros para entender que Jes\u00fas quer\u00ed\u00ada dejar algo m\u00e1s que un recuerdo, pero que fuera tambi\u00e9n \u00abmemorial de presencia\u00bb, a los seguidores. Y ese memorial lo escondi\u00f3 en el pan y en el vino que les reparti\u00f3 y que le indic\u00f3 que los repitieran y los repartieran siempre: \u00abCuantas veces hiciereis esto, lo har\u00e9is en memoria m\u00ed\u00ada.\u00bb (Lc. 22.19).<\/p>\n<p>    Es emocionante c\u00f3mo describe la Eucarist\u00ed\u00ada el ap\u00f3stol Pablo. A los hermanos de Corinto les dice: \u00abOs voy a relatar una tradici\u00f3n que yo recib\u00ed\u00ad del Se\u00f1or. Y es que el mismo Se\u00f1or Jes\u00fas, en la noche en que iba a ser entregado, tom\u00f3 pan, dio gracias, lo parti\u00f3 y dijo: \u00abEsto es mi cuerpo. Os lo entrego por vosotros. Haced esto en memoria m\u00ed\u00ada\u00bb. Y del mismo modo, despu\u00e9s de cenar, tom\u00f3 la copa y dijo: \u00abEsta copa es la nueva alianza sellada con mi sangre. Cada vez que beb\u00e1is de ella, hacedlo en memoria m\u00ed\u00ada\u00bb. Por eso, cada vez que com\u00e9is de este pan o beb\u00e9is de este c\u00e1liz, est\u00e1is proclamando la muerte del Se\u00f1or, en espera de que El venga.<\/p>\n<p>    Por lo mismo, quien come de este pan y bebe de esta copa de manera indigna se hace culpable de haber profanado el cuerpo y la sangre del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>    Examine cada uno su conciencia antes de comer del pan y de beber de la copa. Quien come y bebe sin tomar conciencia de que se trata del cuerpo y de la sangre del Se\u00f1or, come y bebe su propio castigo. Y ah\u00ed\u00ad ten\u00e9is la causa de tantos achaques y enfermedades, e incluso muertes, que se dan entre vosotros.\u00bb (1 Cor. 11.20-30)<\/p>\n<p>      1.2. Sacramento de presencia<br \/>\n    Lo m\u00e1s significativo de la celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00ed\u00ada es la presencia del Se\u00f1or. Jes\u00fas siempre est\u00e1 espiritualmente con aquellos que le aman y creen en \u00e9l. Lo est\u00e1 en cada persona que vive en gracia, es decir en su santa amistad. Y lo est\u00e1 en cada comunidad que refleja y encarna grupalmente la Comunidad total de su Iglesia.<\/p>\n<p>    Pero, en la Celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica, su presencia se hace m\u00e1s sensible, m\u00e1s significativa, m\u00e1s testimonial y m\u00e1s misteriosa. Todo esto significa la palabra \u00absacramental\u00bb, a la que aludimos para reflejar el hecho de que se halla realmente en las especies o apariencias del pan y del vino, una vez que han sido \u00abconsagradas\u00bb por las palabras santas del que preside la Asamblea, que s\u00f3lo puede serlo el que haya sido \u00abordenado\u00bb para esta funci\u00f3n lit\u00fargica y eclesial.<\/p>\n<p>    Esta presencia no es f\u00e1cil de aceptar, si no se tiene fe. No es posible de comprobar, pues es un hecho misterioso que est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de nuestros sentidos. Pero sabemos que as\u00ed\u00ad es, pues el mismo Jes\u00fas lo dijo con claridad. La Iglesia, recogiendo la palabra de Jes\u00fas, as\u00ed\u00ad lo ha ense\u00f1ado siempre.<\/p>\n<p>    Las palabras sagradas que el ministro celebrante pronuncia en el momento de la consagraci\u00f3n, en la Eucarist\u00ed\u00ada, son las \u00fanicas v\u00e1lidas para garantizar esa presencia. Son las mismas que Jes\u00fas pronunci\u00f3: \u00abEsto es mi cuerpo&#8230; Este es el c\u00e1liz de mi sangre&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>     1.3. Sacramento de compromiso<br \/>\n    La Eucarist\u00ed\u00ada se ha convertido en la Historia de la Iglesia, por decisi\u00f3n del mismo Se\u00f1or, en el v\u00ed\u00adnculo de la uni\u00f3n de todos los miembros del Cuerpo M\u00ed\u00adstico. Es la fuerza de todos los que forman el Pueblo de Dios. El Concilio Vaticano II dice: \u00abParticipando realmente en el cuerpo del Se\u00f1or por la fracci\u00f3n del pan eucar\u00ed\u00adstico, somos elevados a una comuni\u00f3n con El y entre nosotros. Precisamente porque el pan es uno, somos muchos en un solo cuerpo, pues todos participamos de ese \u00fanico pan (1 Cor. 10. 17). As\u00ed\u00ad todos nosotros nos convertimos en miembros de ese Cuerpo y cada uno es miembro del otro.\u00bb (Lumen Gent.7)<\/p>\n<p>    Por eso la Eucarist\u00ed\u00ada no es un mero rito, sino el memorial de la entrega de Jes\u00fas a la muerte redentora que nos compromete a vivir en consecuencia.<\/p>\n<p>    Implica para todos los creyentes la disposici\u00f3n a entregarse por los dem\u00e1s para salvarlos. Siempre se asoci\u00f3 la Eucarist\u00ed\u00ada al apostolado, al sacrificio, a la evangelizaci\u00f3n y a la solidaridad fraterna con todos hombres.<\/p>\n<p>    Para la Iglesia entera, la Eucarist\u00ed\u00ada es fuerza, valent\u00ed\u00ada y amor universal; en ella se unen todos los hombres, al dirigir hacia el Se\u00f1or, que est\u00e1 oculto en el pan y en el vino, la esperanza, la alegr\u00ed\u00ada, la acci\u00f3n de gracias y los grandes deseos de paz y de amor universal. La Iglesia es cat\u00f3lica gracias a la unidad que facilita la fe en el Se\u00f1or presente y a la celebraci\u00f3n del mismo misterio redentor, actualizado en todos los lugares del mundo y a trav\u00e9s de todos los siglos, en el Misterio de la Eucarist\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>     2. Transubstanciaci\u00f3n<br \/>\n    Desde antiguo se ha llamado \u00abtransubstanciaci\u00f3n\u00bb, o transformaci\u00f3n sustancial, al cambio del pan y del vino en el cuerpo y sangre de Jes\u00fas. Los accidentes o apariencias siguen id\u00e9nticos despu\u00e9s del hecho, pero la realidad es otra diferente, aunque los sentidos no lo perciben. All\u00ed\u00ad est\u00e1 Jesucristo para quien quiera verlo con los ojos de la fe.<\/p>\n<p>    Para realizar este milagro sobrenatural es preciso estar revestido del car\u00e1cter sacerdotal que concede el Sacramento del Orden. Por eso, s\u00f3lo el sacerdote puede celebrar aut\u00e9nticamente la Eucarist\u00ed\u00ada. S\u00f3lo \u00e9l puede ser ministro de esta singular conversi\u00f3n sustancial.<\/p>\n<p>     2.1. El dogma<br \/>\n    Cristo est\u00e1 presente en el sacramento del altar por transubstanciarse el pan y el vino en su cuerpo y en su persona.<\/p>\n<p>    Hay que ahondar en esta realidad, pues tenemos cierta inclinaci\u00f3n a identificar el pan con su cuerpo y el vino con su sangre, olvidando que el dogma y el misterio reclaman la unidad: pan y vino se hacen \u00abcuerpo, sangre, alma y divinidad\u00bb, es decir todo Jesucristo.<\/p>\n<p>    Es evidente que este dogma exige fe. Y que la transubstanciaci\u00f3n, el cambio de sustancia, s\u00f3lo por la fe es admisible. Ni la F\u00ed\u00adsica ni la Filosof\u00ed\u00ada bastan para entenderlo. La F\u00ed\u00adsica conduce a una visi\u00f3n experimental: nada cambia en las estructuras materiales del pan antes y despu\u00e9s del milagro trasformador (almid\u00f3n en forma de harina cocida hab\u00ed\u00ada en el pan y agua, pigmentos, alcohol, hab\u00ed\u00ada en el vino). Exactamente lo mismo se percibe en ambos elementos despu\u00e9s. La Filosof\u00ed\u00ada: la metaf\u00ed\u00adsica, la l\u00f3gica, la psicolog\u00ed\u00ada o la sociolog\u00ed\u00ada, pueden multiplicar sus argumentos en favor o en contra de la posibilidad de este hecho. Pero nada en firme puede concluir la raz\u00f3n por escaparse de sus argumentos de cualquier explicaci\u00f3n emp\u00ed\u00adrica.<\/p>\n<p>      Se trata de un \u00abmisterio\u00bb de fe y no de un \u00abacontecimiento\u00bb. La raz\u00f3n termina all\u00ed\u00ad donde empieza lo sobrenatural.<\/p>\n<p>      A Lutero, por ejemplo, se le hac\u00ed\u00ada duro admitir el \u00abcambio\u00bb de sustancia (transubstanciaci\u00f3n) y prefer\u00ed\u00ada hablar de coincidencia o doble existencia (consustanciaci\u00f3n o impanaci\u00f3n).<\/p>\n<p>     A otros modernos les resulta inexplicable tal acontecimiento y hablan  de  \u00abtransfinalizaci\u00f3n\u00bb, \u00abtransignificaci\u00f3n\u00bb, \u00abtransfiguraci\u00f3n\u00bb, entendiendo que sigue el pan o el vino, pero adquieren nueva referencia espiritual, nueva figura, nueva significaci\u00f3n, sin atreverse a decir \u00abnueva realidad\u00bb, nueva substancia. Es decir, niegan el milagro objetivo por no ser comprobable y prefieren la explicaci\u00f3n metaf\u00f3rica, en cuanto el alimento material se hace alimento de alma por  est\u00ed\u00admulo de la fe y signo la comunidad.<\/p>\n<p>     Reducen la \u00abEucarist\u00ed\u00ada\u00bb a una impresi\u00f3n, a la acci\u00f3n de gracias, pero nada m\u00e1s. Ciertamente es eso, pero no solamente eso. Adem\u00e1s es realidad de presencia, cambio de substancia, autenticidad de nueva esencia.<\/p>\n<p>     Lo importante no es hacer teor\u00ed\u00adas explicativas sobre la Eucarist\u00ed\u00ada, sino explorar, captar, sostener y defender lo que Jes\u00fas quiso instituir o establecer. Y eso es lo que ense\u00f1a la Iglesia en su Tradici\u00f3n y en su Magisterio.<\/p>\n<p>     2. 2. Aclaraci\u00f3n y no explicaci\u00f3n<\/p>\n<p>     La doctrina de la Iglesia sobre el dogma de la transubstanciaci\u00f3n no es susceptible de explicaci\u00f3n, pues se trata de un misterio de fe. Pero el Concilio de Trento fue claro: \u00abSi alguno dijere que en el sacramento permanece la sustancia de pan y de vino al mismo tiempo que el cuerpo y la sangre de Cristo y negare la real y verdadera transformaci\u00f3n de toda la substancia de pan y de vino en el cuerpo y sangre del Se\u00f1or Jes\u00fas, que sea condenado\u00bb (Denz. 884; y antes, Denz. 355, 430 y 465)<\/p>\n<p>    El t\u00e9rmino \u00abtransubstanciaci\u00f3n\u00bb se comenz\u00f3 a emplear en el siglo XII: el Maestro Rolando, m\u00e1s tarde Papa con el nombre de Alejandro III hacia 1150 lo emple\u00f3 ya; Esteban de Tournai, hacia 1160, lo explic\u00f3; y en la carta de Inocencio III \u00abCum marthae circa\u00bb, del 29 de Noviembre de 1202, lo proclama, siendo la primera vez que aparece tal explicaci\u00f3n en documento oficial de la Iglesia. (Denz. 414)<\/p>\n<p>    En la Iglesia griega se comenz\u00f3 a usar despu\u00e9s del II Concilio de Lyon (1274); se recogi\u00f3 de la teolog\u00ed\u00ada latina y se tradujo por \u00abmetaousiosis\u00bb (cambio de substancia o esencia, de ousia)<\/p>\n<p>    Desde entonces, el concepto se fue imponiendo en la Teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica y present\u00e1ndose como un reclamo para explicar la doctrina y para ilustrar la fe. Los que aceptan el mensaje cat\u00f3lico que hay detr\u00e1s de este t\u00e9rmino asumen que un cambio de sustancia se produce; y los sentidos no tienen nada que decir ante la realidad invisible. Ante ellos hay pan y vino, pero ante la fe est\u00e1 el mismo Cristo real, f\u00ed\u00adsica y verdaderamente.<\/p>\n<p>    Los que lo contradicen van, desde la frontal negaci\u00f3n del hereje (\u00abes s\u00f3lo pan de recuerdo\u00bb, Calvino) hasta el intento h\u00e1bil de explicar lo inexplicable. Muchos fil\u00f3sofos o te\u00f3logos buscan t\u00e9rminos paralelos, teor\u00ed\u00adas nominalistas o argucias oscuras, sin conseguir claridad, aunque s\u00ed\u00ad logran enredar con ingeniosas novedades los conceptos misteriosos.<\/p>\n<p> 2.3. Claridad y misterio<br \/>\n    Al Catequista y al educador de la fe, que no deben caer en la trampa de pretender explicar lo que es inexplicable, les interesa desarrollar una clara terminolog\u00ed\u00ada que responda a las ense\u00f1anzas de la Iglesia.<\/p>\n<p>    Deben hablar de una conversi\u00f3n o cambio del pan y del vino en el cuerpo y sangre de Jes\u00fas. Esa conversi\u00f3n se hace por el signo o palabra del sacerdote, a quien Cristo ha dado el poder de realizar la transubstanciaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    Es necesario que brille el hecho milagroso, por lo tanto lo que se halla m\u00e1s all\u00e1 de las leyes de la naturaleza y de los reclamos experimentales de los sentidos. Conviene que destaque el hecho de fe: acontece porque Dios ha querido, no porque la Iglesia lo ense\u00f1a. Si la Iglesia lo conoce, ense\u00f1a y alienta a que se acepte, es porque el mismo Jes\u00fas se lo ha comunicado a ella. La aceptaci\u00f3n debe proceder del humilde acto de fe del hombre.<\/p>\n<p>    No es suficiente el razonamiento o la pol\u00e9mica. A la fe no se llega discutiendo, sino explorando la Palabra de Dios. Se trata de un milagro \u00fanico y diferente de cualquier otro.<\/p>\n<p>    Los cambios que se dan en la naturaleza y que estudia cualquier escolar en sus libros: el hidr\u00f3geno y ox\u00ed\u00adgeno que se hace agua, el cobre y esta\u00f1o hechos bronce, el hierro y el carbono hechos acero, no valen para entender la naturaleza. Ni siquiera valen los evang\u00e9licos, como el agua convertida en vino en Cana. Aquello fue otra cosa. La transformaci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica es \u00fanica.<\/p>\n<p>    Por motivos pedag\u00f3gicos, los t\u00e9rminos eucar\u00ed\u00adsticos se deben usar con precisi\u00f3n, aunque no sean claros: especies eucar\u00ed\u00adsticas, transubstanciaci\u00f3n mejor que transformaci\u00f3n, accidentes o apariencias, naturaleza, presencia, etc.<\/p>\n<p>    El concepto metaf\u00ed\u00adsico, no f\u00ed\u00adsico o natural, de sustancia, es el \u00fanico que a veces puede entrar en juego con personas mayores con alguna capacidad de abstracci\u00f3n. Es el que sirve para expresar la idea del cambio de realidad. Es preferible al de conversi\u00f3n, a fin de que no quede afectado por el relativismo de las modernas ideas cient\u00ed\u00adficas sobre la estructura de la materia (indeterminaci\u00f3n, estructuraci\u00f3n cu\u00e1ntica, etc.). La Eucarist\u00ed\u00ada est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de todas esas teor\u00ed\u00adas. Su concepto de sustancia es diferente.<\/p>\n<p>     La conversi\u00f3n puede entenderse como un milagro por el que Dios destruye o aniquila una sustancia: el pan y el vino, y la sustituye por otra, la del mismo Cristo. No es esa la explicaci\u00f3n de la Iglesia, sino que el pan y el vino no se destruyen, sino que se convierten, se transforman, en el cuerpo y sangre de Cristo. Todo lo que sobrepase esta f\u00f3rmula es elucubraci\u00f3n, no explicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>     Tampoco es v\u00e1lida la antigua explicaci\u00f3n de la escuela escotista: la introducci\u00f3n o \u00abadductio\u00bb. Dios introducir\u00ed\u00ada el cuerpo y sangre de Cristo bajo especies (apariencias) de pan y vino. A la oscuridad de la explicaci\u00f3n se a\u00f1ade la imprecisi\u00f3n de los t\u00e9rminos. Por ello resulta poco \u00fatil, y hasta llega a ser rechazable si insin\u00faa la continuidad del pan y el vino junto con el cuerpo y sangre.<\/p>\n<p>    Menos valiosa es la teor\u00ed\u00ada de la \u00abreproducci\u00f3n\u00bb de algunos tomistas, que por cierto se alejan bastante de las claras palabras metaf\u00ed\u00adsicas de la Suma Teol\u00f3gica. Esa reproducci\u00f3n equivaldr\u00ed\u00ada a volver a producir el cuerpo entero de Cristo en el pan y vino, del mismo modo que se produjo en el seno de Mar\u00ed\u00ada una primera vez, aunque en la Eucarist\u00ed\u00ada acontece por v\u00ed\u00ada de milagro.<\/p>\n<p>    El modo como se expresaron los antiguos Padres de la Iglesia es m\u00e1s \u00abcatequ\u00ed\u00adstico\u00bb: transubstanciaci\u00f3n, presencia misteriosa de Jes\u00fas, realidad, cambio, conversi\u00f3n por amor, comuni\u00f3n y comunicaci\u00f3n. Son todas ellas palabras y las palabras valen lo que valen las ideas que las vivifican.<\/p>\n<p>     2.4. Testimonios<\/p>\n<p>     Detr\u00e1s de los comentarios de los Padres antiguos est\u00e1 la persuasi\u00f3n del milagro y del poder de Jes\u00fas para quedarse real y misteriosamente en la forma o apariencias del pan y del vino.<\/p>\n<p>     Jes\u00fas tuvo la clara intenci\u00f3n, y los disc\u00ed\u00adpulos la entendieron con luminosa precisi\u00f3n, de \u00abquedarse\u00bb. Eligi\u00f3 las formas de pan y vino. Pod\u00ed\u00ada haber elegido otras, pero no lo hizo. Se escondi\u00f3 en forma de comida.<\/p>\n<p>     Sus seguidores entendieron que cada vez que actualizaran el recuerdo con la repetici\u00f3n de la misma acci\u00f3n, renovar\u00ed\u00adan su presencia real. Si de momento su mente qued\u00f3 eclipsada por el desconcierto de lo inminente, cuando vino el Esp\u00ed\u00adritu Santo y sus ojos se iluminaron, se desvel\u00f3 la clara intenci\u00f3n de Jes\u00fas. Y ellos lo hicieron muchas veces despu\u00e9s: \u00abPermac\u00ed\u00adan unidos orando y celebrando la fracci\u00f3n del pan.\u00bb (Hech. 2. 43).<\/p>\n<p>     El m\u00e1s antiguo testimonio de la tradici\u00f3n que expl\u00ed\u00adcita su fe en la presencia real de Cristo en la Eucarist\u00ed\u00ada se lo debemos a San Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada (+ hacia el 107). Dec\u00ed\u00ada en una de sus cartas: \u00abSe mantienen alejados de la Eucarist\u00ed\u00ada y de la oraci\u00f3n, porque no quieren confesar que la Eucarist\u00ed\u00ada es la carne de nuestro Salvador Jesucristo, carne que sufri\u00f3 por nuestros pecados y fue resucitado por la benignidad del Padre\u00bb (Smyrn. 7, 1). Y en otra a\u00f1ad\u00ed\u00ada: \u00abTened cuidado de no celebrar m\u00e1s que una sola Eucarist\u00ed\u00ada; porque no hay m\u00e1s que una sola carne de nuestro Se\u00f1or Jesucristo y no hay m\u00e1s que un c\u00e1liz para reuni\u00f3n de su sangre\u00bb. (Philad. 4)<\/p>\n<p>    Tambi\u00e9n Tertuliano escribi\u00f3: \u00abJes\u00fas tom\u00f3 el pan, lo distribuy\u00f3 a sus disc\u00ed\u00adpulos y lo hizo su cuerpo diciendo: \u00abEste es mi cuerpo.\u00bb (Adv. Marc.Iv 40). Y San Cirilo de Jerusal\u00e9n precisaba: \u00abEn una ocasi\u00f3n, con una mera indicaci\u00f3n suya, convirti\u00f3 agua en vino durante las bodas de Can\u00e1 de Galilea, y \u00bfno va a ser digno de creerse que El convierte el vino en su sangre?\u00bb (Cat. myst. 4. 2)<\/p>\n<p>     Es interesante recoger el gusto que tienen los Padres antiguos en buscar analog\u00ed\u00adas b\u00ed\u00adblicas cuanto tratan de explicar el misterio eucar\u00ed\u00adstico: Gregorio de Nisa y Juan Damasceno hablan de los alimentos que comemos y se \u00abconvierten en carne\u00bb;  S. Ambrosio de Mil\u00e1n se refiere a la conversi\u00f3n de la vara de Mois\u00e9s en serpiente o a la transformaci\u00f3n del agua de los r\u00ed\u00ados de Egipto en sangre. San Justino (m\u00e1rtir hacia 165) describ\u00ed\u00ada la Eucaristia como un banquete permanente y transformante: \u00abNo recibimos estos manjares como si fueran pan ordinario y bebida ordinaria, sino como otra cosa.<\/p>\n<p>     As\u00ed\u00ad como Jesucristo Salvador nuestro se hizo carne por la Palabra de Dios y tom\u00f3 carne y sangre para salvarnos, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n nos han ense\u00f1ado que el manjar convertido en Eucarist\u00ed\u00ada por las palabras de una oraci\u00f3n procedente de El, se transforma en nosotros. Y ese manjar es, que es \u00e9l mismo, es la carne y la sangre del que se encarn\u00f3 por nosotros\u00bb. (Apol. 66. 2)<\/p>\n<p>  2.5. Doctrina universal<br \/>\n    La doctrina cat\u00f3lica sobre la Eucarist\u00ed\u00ada lleg\u00f3 a su cumbre con la clarividencia de San Agust\u00ed\u00adn y despu\u00e9s con la sutileza de Sto. Tom\u00e1s de Aquino.<\/p>\n<p>    San Agust\u00ed\u00adn ha sido frecuentemente malinterpretado por diversas corrientes heterodoxas. Pero pocas veces se han usado sus intuiciones eucar\u00ed\u00adsticas para dudar del doga, por ser sus palabras  claras y precisas.<\/p>\n<p>     Refiri\u00e9ndose a la instituci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica dice en un serm\u00f3n: \u00abEl pan aquel que veis sobre el altar, santificado por la palabra de Dios, es el cuerpo de Cristo; aquel c\u00e1liz, o m\u00e1s bien el contenido del c\u00e1liz, santificado por la palabra de Dios, es La sangre de Cristo\u00bb (Serm. 227). Y en otro insiste: \u00abCristo se tuvo a s\u00ed\u00ad mismo en sus propias manos cuando dijo, mientras ofrec\u00ed\u00ada su cuerpo a sus disc\u00ed\u00adpulos: \u00abEste es m\u00ed\u00ad cuerpo.\u00bb (Serm. 1.10)<\/p>\n<p>     Santo Tom\u00e1s tendr\u00ed\u00ada clar\u00ed\u00adsimos ya los conceptos y redact\u00f3 sublimes himnos a la Eucarist\u00ed\u00ada, integrados en la liturgia de la Iglesia a lo largo de los siglos. Tal es himno procesional del Corpus Christi a \u00e9l atribuido. Resalta el valor de este misterio de la presencia real por diversos motivos, pero sobre todo como signo del amor de Cristo al llegar la plenitud de los tiempos. (Summa Th III. 75. 1)<\/p>\n<p> El hermoso himno de Sto. Tom\u00e1s de Aquino<br \/>\n  3. Las especies sacramentales<br \/>\n    El centro del misterio eucar\u00ed\u00adstico se halla en el contraste que existe entre la sublime grandeza del Dios encarnado en Jes\u00fas y el humilde pan hecho de granos de trigo y o el humilde vino fabricado con las uvas de la vid.  En la humildad de la materia se esconde la sublimidad de la gracia divina.<\/p>\n<p>    3.1. Permanencia de las especies<br \/>\n    La Iglesia ense\u00f1a lo que Jes\u00fas hizo: que el misterio de presencia se halla en las especies de pan y vino, las cuales permanecen despu\u00e9s de la transubstanciaci\u00f3n. No hay cambio natural en el milagro eucar\u00ed\u00adstico, como lo hay en el enfermo sanado o en el muerto resucitado.<\/p>\n<p>    No hay ninguna percepci\u00f3n sensible en la transformaci\u00f3n y transubstanciaci\u00f3n de las sustancias. Por eso se llama a la Eucarist\u00ed\u00ada milagro de fe, porque s\u00f3lo con la fe se puede entender, explcar y aceptar lo que acontece detr\u00e1s de lo que se ve con los sentidos.<\/p>\n<p>    El Concilio de Trento proclam\u00f3 muy fuerte que en la Eucarist\u00ed\u00ada no hay nada que explicar, sino que todo es para creer. Pero que si alguien niega la realidad del cambio, se halla fuera de la fe cat\u00f3lica.<\/p>\n<p>    3.2 Realidad de las especies<\/p>\n<p>    La Iglesia reclama como condici\u00f3n del sacramento eucar\u00ed\u00adstico que las especies sean el pan y el vino naturales. El pan tiene que ser de trigo por disciplina, no por necesdad. Es muy probable que Jes\u00fas us\u00f3, como la mayor parte de la gente sencilla, en pan de cebada, pues sabemos que el trigo estaba intervenido por la autoridad romana y sus precios eran notablemente superiores.<\/p>\n<p>    La validez del sacramento reclama el pan natural, es decir el procedente de harina de trigo, o de cebada o tal vez de otro cereal similar, no diferente. En la medida en que se use otros productos alejados del trigo o productos que se alejan del s\u00ed\u00admbolo del pan, permanecer\u00e1 la duda sobre la autenticidad, o tal vez la nulidad, por ausencia de la simbolizaci\u00f3n que Cristo perfil\u00f3 y la Iglesia transmiti\u00f3 en la acci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica.<\/p>\n<p>    Si el pan es fermentado o \u00e1cimo no se altera su naturaleza de pan. Pero, si no es pan natural, aunque est\u00e9 hecho de harina (como son productos suced\u00e1neos hechos con pastas), no ser\u00e1 asumible como signo. Igual acontece con el origen del pan: si procede de trigo nacido en la tierra, de cultivos hidrop\u00f3nicos o de otros  artificiales, nada importa mientras no se afecte la realidad natural del pan y encaje en la simbolizaci\u00f3n que Cristo dese\u00f3.<\/p>\n<p>    Algo parecido se debe decir del vino. Debe ser vino natural, es decir fruto de la vid. Si se halla configurado como vino o si sigue siendo mosto, si procede de la vid natural o ha sido obtenido de cultivos \u00abartificiales de la vid\u00bb, en nada afecta la realidad del s\u00ed\u00admbolo sacramental. Pero si se trata de productos l\u00ed\u00adquidos no procedentes de la vid, aunque se les llame vinos, o de otros l\u00ed\u00adquidos (infusiones, alcoholes o bebidas sociales) no identificados con el vino, en nada responde a la identidad eucar\u00ed\u00adstica.<\/p>\n<p>    Las especies sacramentales del pan y del vino conservan su realidad natural despu\u00e9s de la transubstanciaci\u00f3n: color, sabor, peso, y hasta su estructura f\u00ed\u00adsicoqu\u00ed\u00admica: almid\u00f3n, hidratos de carbono, agua, alcoholes, etc.)<\/p>\n<p>    De poco valen las hip\u00f3tesis f\u00ed\u00adsicas o metaf\u00ed\u00adsicas para explicar los cambios: las aristot\u00e9licas, las cartesianas, las kantianas o las einstenianas. Lo que siempre ser\u00e1 verdad es lo que ya recordaba S. Agust\u00ed\u00adn: \u00abLo que veis es un pedazo de pan y un c\u00e1liz esto es lo que os dicen vuestros ojos. Pero vuestra fe os ense\u00f1a lo siguiente: \u00abEl pan es el cuerpo de Cristo; el c\u00e1liz, la sangre de Cristo.\u00bb (Serm 272). Santo Tom\u00e1s lo recordar\u00e1 siglos despu\u00e9s: \u00abLos sentidos perciben, despu\u00e9s de la consagraci\u00f3n, todos los accidentes del pan y del vino que quedan sin cambiar.\u00bb (Summa Th. III 75. 5)   4. El modo de presencia<br \/>\n    La presencia de Cristo en la Eucarist\u00ed\u00ada es substancial, no f\u00ed\u00adsica o biol\u00f3gica, lo que quiere decir que est\u00e1 como persona real no como organismo vivo. Eso significa, ense\u00f1a la Iglesia, que est\u00e1 de forma aut\u00e9ntica en cuanto al ser, no de forma natural en cuanto al vivir.<\/p>\n<p>    Es misteriosa tal presencia, pero es as\u00ed\u00ad y cualquier transpolaci\u00f3n al terreno f\u00ed\u00adsico o fisiol\u00f3gico, con sus manos, con su cabeza, con su coraz\u00f3n, con su mirada, con su escucha, conduce a err\u00f3neos antropomorfismos alejados de la realidad eucar\u00ed\u00adstica.<\/p>\n<p>     4.1. Presencia total de Cristo<\/p>\n<p>     En la Eucarist\u00ed\u00ada est\u00e1n verdaderamente presentes el cuerpo y sangre de Cristo, juntamente con su alma y divinidad, Todo Cristo est\u00e1 en toda la especie, sea \u00e9sta grande o peque\u00f1a, compacta o fragmentada. En todo un enorme cop\u00f3n con formas consagradas est\u00e1 todo Cristo de forma unitaria; y en una part\u00ed\u00adcula peque\u00f1a est\u00e1 Cristo entero sin ninguna divisi\u00f3n. Igual acontece con el c\u00e1liz: esta en el c\u00e1liz grande y en el peque\u00f1o, en uno s\u00f3lo o en diez repartidos.<\/p>\n<p>    El concilio de Trento se entretuvo en precisar c\u00f3mo hab\u00ed\u00ada de entenderse esa presencia real: \u00abEl que negare que en la Eucarist\u00ed\u00ada se halla verdadera, real y substancialmente el cuerpo y la sangre de Cristo con su alma y su divinidad y por lo tanto que est\u00e1 todo Cristo plena y unitariamente, que sea condenado.\u00bb (Denz. 883)<\/p>\n<p>    Carece de sentido, en consecuencia, cualquier ingenua localizaci\u00f3n de partes y formas sensoriales de presencia. El sinsentido m\u00e1s frecuente es situar la sangre en la especie de vino y el cuerpo, sin sangre, en el pan. Esta manera de separar la figura de Cristo contradice el modo de presencia, que no es el Cristo muerto y yacente sino el vivo.<\/p>\n<p>    Por eso es inexacto considerar a Cristo inm\u00f3vil y sufriente, silencioso y resignado, y no como hombre Dios glorificado y trascendente. Las expresiones propias de la piedad cristiana: \u00abprisionero del sagrario\u00bb, \u00abesclavo de los siervos de Dios\u00bb, \u00abcoraz\u00f3n llagado\u00bb, son correctas en piedad por lo que insin\u00faan, pero incorrectas metaf\u00ed\u00adsicamente por lo que materialmente describen.<\/p>\n<p>     Es f\u00e1cil entender entonces que no se debe separar la realidad de Cristo y que hay que ordenar la comprensi\u00f3n de esa presencia mediante un esfuerzo de abstracci\u00f3n, proporcionado a la edad y cultura de cada fiel creyente. Es la figura de Cristo vivo y misteriosamente activo la que hay que descubrir en la Eucarist\u00ed\u00ada, no la figura est\u00e1tica de un museo que ostenta un Cristo sufriente y coronado de espinas, de un Cristo yacente en brazos de Mar\u00ed\u00ada, de un Cristo triunfante saliendo del sepulcro o de un Cristo exultante con el resplandor de la divinidad sentado a la derecha del Padre.<\/p>\n<p>     El Cristo de la Eucarist\u00ed\u00ada es el Cristo natural y sobrenatural sin m\u00e1s: el hombre Dios que vivi\u00f3, muri\u00f3 y resucit\u00f3, el que permanece vivo y glorificado. Ciertamente es dif\u00ed\u00adcil salir del tiempo y del espacio que ocupa el cuerpo. En la mente poco formada, como es la infantil, es casi imposible superar la fantas\u00ed\u00ada y por eso el ni\u00f1o lo \u00absupone\u00bb silencioso, agazapado, viendo sin ser visto. Pero hay que hacer esfuerzos por no materializar su presencia real sin exagerar la dimensi\u00f3n m\u00ed\u00adstica o la metaf\u00ed\u00adsica.<\/p>\n<p>    En catequesis es preferible insistir en el hecho de que est\u00e1, aunque no entendamos c\u00f3mo est\u00e1. Y no es bueno detenerse en detalles prolijos que resultar\u00e1n siempre inexactos e inaceptables.<\/p>\n<p>    4.2. Comer la carne de Jes\u00fas<br \/>\n    En la catequesis eucar\u00ed\u00adstica conviene tambi\u00e9n cultivar cierta capacidad metaf\u00f3rica para no llegar a visiones err\u00f3neas, con resabios de antropofagia. En el discurso que Jes\u00fas pronunci\u00f3 ante los disc\u00ed\u00adpulos de Cafarnaum y recoge, o recuerda, Juan, cap\u00ed\u00adtulo 6, se multiplican expresiones que se aplicaron siempre a la Eucarist\u00ed\u00ada, aunque exeg\u00e9ticamente tienen un sentido m\u00e1s amplio y se refieren a la palabra de Dios.<\/p>\n<p>    Las palabras del Se\u00f1or: comer mi carne, beber mi sangre, mi carne es comida, mi sangre es bebida, etc. pueden ser entendidas como alusiones a la ingesti\u00f3n de las especies sacramentales y con ellas de la realidad misteriosa de Cristo sacramentalizado. Pero se prestan, si no hay una buena educaci\u00f3n terminol\u00f3gica y conceptual, a repetir la escena de los disc\u00ed\u00adpulos.<\/p>\n<p>    Muchos de ellos se marcharon diciendo: \u00abDura es esta doctrina, \u00bfqui\u00e9n es el que podr\u00e1 tragarla? Y desde entonces dejaron de seguirle.\u00bb (Jn. 6.66).<\/p>\n<p>    Es preferible cultivar la fe y la sencillez de los verdaderos Ap\u00f3stoles de Jes\u00fas. De ellos dijo en esa ocasi\u00f3n el mismo Cristo: \u00abOs digo que nadie puede acercarse a m\u00ed\u00ad, si el Padre no se lo concede&#8230;  Y dijo a los doce  \u00ab\u00c2\u00a1Qu\u00e9! \u00bftambi\u00e9n vosotros quer\u00e9is dejarme?   Tomando la palabra Sim\u00f3n Pedro le respondi\u00f3: Y \u00bfa qui\u00e9n iremos, Se\u00f1or? S\u00f3lo T\u00fa tienes palabras de vida eterna y  ahora sabemos ya y creemos que eres el ungido de Dios.\u00bb (Jn. 6.69)<\/p>\n<p> 4.3. En cada especie<br \/>\n    Interesa tambi\u00e9n resaltar que en la Eucarist\u00ed\u00ada Cristo se encuentra plenamente en cada especie, en la de pan y en la de vino, sin que haya ninguna diferencia entre ambas en lo que a presencia total de Cristo se refiere.<\/p>\n<p>    La diferencia es en cuanto signo sensible, que al ser doble representa mejor la realidad del cuerpo y de la carne y la realidad de la sangre y de la vida.<\/p>\n<p>     Fue el Concilio de Constanza, para salir al paso de los errores de los husitas, los cuales exig\u00ed\u00adan la comuni\u00f3n bajo las dos especies como necesaria, el que proclam\u00f3 el dogma de la unidad de presencia en la dualidad de especies sacramentales. En la sesi\u00f3n del 15 de Junio de 1415 proclam\u00f3: \u00abHa de creerse firm\u00ed\u00adsimamente que, lo mismo bajo la especie de pan que bajo la especie de vino, se halla verdaderamente el cuerpo y la sangre de Cristo\u00bb. (Denz. 626)<\/p>\n<p>     En nada altera la realidad eucar\u00ed\u00adstica de la comuni\u00f3n, el hacerlo bajo las dos especies como se hizo hasta el siglo XIII o siembre usual en Oriente, o el hacerlo bajo la sola especie de pan como lo hicieron los laicos en Occidente desde el siglo XIII. En una y en otra forma la participaci\u00f3n sacramental es exactamente equivalente.<\/p>\n<p>     4.4. En cada parte<\/p>\n<p>     No es correcto entender la presencia de Cristo en la Eucarist\u00ed\u00ada de una forma f\u00ed\u00adsica: distribuida su realidad corporal de forma extensiva, con partes fuera de partes en terminolog\u00ed\u00ada cartesiana. En cada parte de cada especie se encuentra la totalidad de Cristo, como en cada parte del cuerpo humano se encuentra la totalidad del alma, sin que pueda \u00e9sta dividirse seg\u00fan la divisi\u00f3n de los miembros del cuerpo.<\/p>\n<p>     Donde est\u00e1 la sustancia de pan antes de la consagraci\u00f3n est\u00e1 la totalidad de Cristo despu\u00e9s de ella. La presencia eucar\u00ed\u00adstica es metaf\u00ed\u00adsica, sobrenatural y substancial. Por lo tanto a la manera de como en cada fragmento de pan se halla toda la sustancia de pan, en cada parte de la especie eucar\u00ed\u00adstica se halla la totalidad de Cristo.<\/p>\n<p>     Se puede pues distribuir la Eucarist\u00ed\u00ada entre muchos o pocos, en forma de doble especie o de una de ellas, con fragmentos grandes o peque\u00f1os. En nada afectan esos rasgos a la real recepci\u00f3n del cuerpo y sangre de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>    Al igual que en la Ultima Cena todos los Ap\u00f3stoles participaron del pan que el Se\u00f1or les daba y bebieron del vino que el Se\u00f1or les ofrec\u00ed\u00ada en la copa, en la acci\u00f3n lit\u00fargica de la Eucarist\u00ed\u00ada, sea realizada en un grupo muy peque\u00f1o o en una masa inmensa de fieles, la participaci\u00f3n es singular (cada uno) y global (todos reciben a Cristo).<\/p>\n<p>    Otra cosa es si claramente se puede aceptar la presencia de Cristo en una \u00abpart\u00ed\u00adcula imperceptible\u00bb o en una peque\u00f1a \u00abgota invisible\u00bb, desprendida o remanente en una patena o en un c\u00e1liz, y si hay que multiplicar de forma improcedente los cuidados purificatorios posteriores al acto celebrativo. Entre los \u00abte\u00f3logos del sentido com\u00fan\u00bb, domina la impresi\u00f3n de que la presencia de Cristo en la Eucarist\u00ed\u00ada no es m\u00e1gica sino sacramental. Es decir, no se halla vinculada a la realidad f\u00ed\u00adsica (pan procedente de almid\u00f3n o zumo de la vid elaborado como vino), sino a la entidad sacramental (signo sensible de la gracia).<\/p>\n<p>    En la medida en que no sea perceptible o juiciosamente aceptable como pan y como vino una \u00abpartecita\u00bb, no habr\u00ed\u00ada de considerarse su realidad sacramental. Sobran pues las muestras escrupulosas de protecci\u00f3n de part\u00ed\u00adculas o de gotas imperceptibles, carentes de significaci\u00f3n sacramental. Ello no obsta a que las especies eucar\u00ed\u00adsticas merecen el m\u00e1ximo respeto en todas sus partes y tama\u00f1os o que roza la l\u00ed\u00adnea del sacrilegio cualquier irreverencia o desconsideraci\u00f3n para con ellas.<\/p>\n<p>    4.5. Duraci\u00f3n de la presencia real<\/p>\n<p>   Despu\u00e9s de efectuada la consagraci\u00f3n, el cuerpo y la sangre de Cristo est\u00e1n presentes de manera permanente en la Eucarist\u00ed\u00ada. La doctrina luterana rebaj\u00f3 la presencia eucar\u00ed\u00adstica al momento celebrativo del recuerdo del Se\u00f1or, que los seguidores de Lutero llamar\u00ed\u00adan luego \u00abLa Cena\u00bb.<\/p>\n<p>   El Concilio de Trento sali\u00f3 al paso de esa reducci\u00f3n declarando que despu\u00e9s del acto celebrativo, Cristo sigue presente en las especies sacramentales en tanto dura f\u00ed\u00adsicamente la sustancia de pan y de vino. Esta presencia estable y permanente fue entendida ya por los primeros cristianos., pues guardaban adecuadamente el pan consagrado para ofrecerlo a los enfermos o a los encarcelados que no pod\u00ed\u00adan asistir a la celebraci\u00f3n de la comunidad y ten\u00ed\u00adan as\u00ed\u00ad la oportunidad de participar en los misterios sagrados.<\/p>\n<p>    Por otra parte, esta fe de la Iglesia desarrollar\u00ed\u00ada con el tiempo un fecundo culto eucar\u00ed\u00adstico en base a la firme fe de la presencia del se\u00f1or: sagrarios y torres eucar\u00ed\u00adsticas, exposiciones, procesiones, bendiciones con el Sant\u00ed\u00adsimo, celebraciones de diverso tipo, etc.<\/p>\n<p>    Los Padres antiguos multiplicaron sus testimonios sobre la bondad de este culto y sobre la fe en la presencia eucar\u00ed\u00adstica postcelebrativa. Por ejemplo San Cirilo de Alejandr\u00ed\u00ada comentaba: \u00abOigo que algunos dicen que la m\u00ed\u00adstica eulogia [la eucarist\u00ed\u00ada] no aprovecha nada para la santificaci\u00f3n, si alg\u00fan resto de ella quedare para el d\u00ed\u00ada siguiente. Son necios los que afirman tales cosas; porque Cristo no se cambia y su santo cuerpo no se transforma, sino que la virtud de bendici\u00f3n y la gracia vivificante est\u00e1n siempre en El\u00bb (Ep. ad Calosyrium).<\/p>\n<p>   4.6. Final de la presencia real<\/p>\n<p>   La presencia real termina cuando las especies de vino y pan se deterioran de tal forma que dejan de ser tales. La raz\u00f3n est\u00e1 en la sacramentalidad de esas especies, que son signo de presencia de Cristo.<\/p>\n<p>    Por eso cuando el pan se ha deteriorado de manera que ya no es pan o el vino se ha \u00abavinagrado\u00bb de forma que ya no es vino, es preciso declarar que la presencia sacramental ha concluido.<\/p>\n<p>    Esto acontece r\u00e1pidamente en la comuni\u00f3n, donde en poco minutos se digiere la especie eucar\u00ed\u00adstica y se termina la especie sacramental. Y sucede m\u00e1s lentamente cuando no hay renovaci\u00f3n oportuna de tales especies y se concluye la presencia eucar\u00ed\u00adstica.<\/p>\n<p>    No es bueno pensar antropom\u00f3rficamente, como si Cristo se marchara f\u00ed\u00adsicamente de esas especies, de forma intempestiva o de forma suavemente progresiva. Simplemente se trata de su ausencia, m\u00e1s que de su ausentaci\u00f3n, que acontece al terminar la dimensi\u00f3n sacramental del pan o del vino.<\/p>\n<p>    No es correcta la interpretaci\u00f3n de algunos de la ausencia de Cristo en el caso del trato irreverente o sacr\u00ed\u00adlego de las especies sacramentales. Cristo no deja de estar presente cuando las especies son objeto de profanaci\u00f3n o de trato sacr\u00ed\u00adlego. Permanece mientras haya pan o vino consagrado.<\/p>\n<p>   Otra cosa es que Cristo en esos casos sufra en su entidad humano-divina glorificada. Evidentemente que su presencia no implica ni localidad ni pasibilidad ni sensibilidad. Lo que sufre en una profanaci\u00f3n es la especie eucar\u00ed\u00adstica, no el Se\u00f1or eucar\u00ed\u00adstico<\/p>\n<p>   5. Adorabilidad de la Eucarist\u00ed\u00ada<\/p>\n<p>   A Cristo, presente en la Eucarist\u00ed\u00ada, se le debe culto de verdadera adoraci\u00f3n, es decir de latr\u00ed\u00ada, como resultado natural de su car\u00e1cter divino, pues tambi\u00e9n Dios est\u00e1 presente en la Eucarist\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>   Es bueno hacer caer en la cuenta, sobre todo a los catequizandos, que no se adora el pan y el vino, que son cosas limitadas. Se adora a Cristo entero, que est\u00e1 realmente en lo que se presenta ya como pan y como vino, pero que no lo son despu\u00e9s de la tansubstanciaci\u00f3n.<\/p>\n<p>   El culto latr\u00e9utico se entiende directamente a la divinidad. Las especies sacramentales son el soporte de esa divinidad misteriosamente oculta en ellas.<\/p>\n<p>   La tradici\u00f3n de la Iglesia ha generado un abundante culto eucar\u00ed\u00adstico por este motivo. El objeto total de este culto de latr\u00ed\u00ada es la Persona de Jes\u00fas, bajo las especies sacramentales. Estas \u00faltimas son apoyo, ocasi\u00f3n y circunstancia, pero no son veneradas por s\u00ed\u00ad mismas, pues de otra forma se incurrir\u00ed\u00ada en cierta magia no cristiana.<\/p>\n<p>   El Concilio de Trento conden\u00f3 la acusaci\u00f3n de los Reformadores que denominaba idol\u00e1trico tal culto por no diferencia la realidad de Cristo presente y la apariencia de los accidentes eucar\u00ed\u00adsticos.<\/p>\n<p>   Mientras que en Oriente el culto a la Eucarist\u00ed\u00ada se restringi\u00f3 a la celebraci\u00f3n del sacrificio eucar\u00ed\u00adstico y se fundament\u00f3 en la presencia real, en Occidente se desarroll\u00f3 desde la Edad Media en diversas formas que alimentaron la piedad de los fieles.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>Instituci\u00f3n y significado<\/p>\n<p>\tJes\u00fas instituy\u00f3 la Eucarist\u00ed\u00ada en la \u00faltima cena, al celebrar la fiesta de la Pascua con el cordero pascual. Sus palabras indican presencia (\u00abmi cuerpo, mi sangre\u00bb), sacrificio (\u00abmi cuerpo inmolado\u00bb, \u00abmi sangre derramada\u00bb) y comuni\u00f3n (\u00abtomad y comed&#8230; bebed\u00bb) (Mt 26, 26-28; Mc 14, 22-24; Lc 22, 15.19-22; 1Cor 11,23-26). Como \u00abmemorial\u00bb de la pasi\u00f3n, fue la m\u00e1xima expresi\u00f3n de su amor \u00abHabiendo amado a los suyos, los am\u00f3 hasta el extremo\u00bb (Jn 13,1). Es un misterio que s\u00f3lo se capta por la fe (cfr. Jn 6,63-68), \u00abacogiendo con fe las palabras del Se\u00f1or\u00bb (Santo Tom\u00e1s).<\/p>\n<p>\tLa Eucarist\u00ed\u00ada recibe diversos nombres acci\u00f3n de gracias (Eucarist\u00ed\u00ada), banquete o cena del Se\u00f1or, \u00abfracci\u00f3n del pan\u00bb (Hech 2,42), synaxis (asamblea), memorial de la pasi\u00f3n y resurrecci\u00f3n, santo sacrificio, Santa Misa (por el \u00abenv\u00ed\u00ado\u00bb o \u00abmissio\u00bb final para hacer de la vida una Eucarist\u00ed\u00ada)&#8230; En cualquiera de esos aspectos hay que armonizar la presencia, el sacrificio y la comuni\u00f3n sacramental.<\/p>\n<p>\tEn la Eucarist\u00ed\u00ada se realiza de modo especial, m\u00e1s que en otro momento lit\u00fargico, \u00abel ejercicio del sacerdocio de Jesucristo\u00bb (SC 7). Cristo se une a los creyentes para que \u00abla cabeza y sus miembros\u00bb sean una misma oblaci\u00f3n al Padre en el Esp\u00ed\u00adritu Santo (ib\u00ed\u00addem). El \u00fanico sacrificio de Cristo, desde la encarnaci\u00f3n hasta su glorificaci\u00f3n, que tiene su punto culminante en la muerte y resurrecci\u00f3n, se hace presente en nuestro espacio y en nuestro tiempo por medio de la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica. Cristo, Sacerdote, v\u00ed\u00adctima y altar, nos une a su realidad sacerdotal para que podamos celebrar con \u00e9l y en \u00e9l la misma oblaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\tCuando Jes\u00fas instituy\u00f3 la eucarist\u00ed\u00ada, tambi\u00e9n instituy\u00f3 el servicio sacerdotal \u00abHaced esto en memoria m\u00ed\u00ada\u00bb (Lc 22,19). S\u00f3lo el ministro ordenado realiza el servicio de presidencia, pronunciando eficazmente las palabras del Se\u00f1or y obrando en su nombre y persona, como representante de Cristo Esposo, pero es toda la comunidad eclesial, en cada uno de los creyentes, la que se hace oblaci\u00f3n, se ofrece y ofrece (cfr. LG 11).<\/p>\n<p>\tPresencia, sacrificio, sacramento (comuni\u00f3n)<\/p>\n<p>\tLa presencia de Jes\u00fas resucitado entre nosotros (Mt 28,20) tiene su m\u00e1xima expresi\u00f3n en la Eucarist\u00ed\u00ada, que es, al mismo tiempo, sacramento y sacrificio, es decir, pan partido y donaci\u00f3n plena al Padre para nuestra redenci\u00f3n. Su presencia actualiza el misterio pascual y sacrificio de muerte y resurrecci\u00f3n, para comunicarse a los creyentes en unidad de vida y en sinton\u00ed\u00ada de vivencias. En la eucarist\u00ed\u00ada, Cristo se hace presente como sacrificio y como banquete. Es \u00abnuestra Pascua\u00bb (1Cor 5,7) y nuestro \u00abman\u00e1\u00bb o \u00abpan de vida\u00bb (Jn 6,35ss), para unirnos a la entrega (oblaci\u00f3n) de su vida, de su muerte y de su resurrecci\u00f3n. \u00abNosotros nos convertimos en aquello que recibimos\u00bb (San Le\u00f3n Magno).<\/p>\n<p>\tLa presencia es por la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo en la \u00absubstancia\u00bb del pan y del vino, para transformarlos en el cuerpo y sangre de Jes\u00fas (por \u00abtransubstanciaci\u00f3n\u00bb). El sacrificio es actualizaci\u00f3n del \u00fanico sacrificio de Cristo, que ahora \u00e9l ofrece con la Iglesia. Los frutos de la comuni\u00f3n (en relaci\u00f3n con la presencia y el sacrificio) se resumen en la uni\u00f3n con Cristo (cfr. Jn 6,56-57). \u00abLa Eucarist\u00ed\u00ada entra\u00f1a un compromiso en favor de los pobres\u00bb (CEC 1397). La comuni\u00f3n en los \u00faltimos momentos de la vida se llama \u00abvi\u00e1tico\u00bb, porque prepara para entrar en la patria definitiva (cfr. CEC 1524-1525)<\/p>\n<p>\tLa comunidad eclesial, que ha celebrado la eucarist\u00ed\u00ada, busca espont\u00e1neamente momentos de adoraci\u00f3n, reparaci\u00f3n y manifestaci\u00f3n festiva y ambiental, puesto que Cristo sigue presente de modo permanente bajo las especies eucar\u00ed\u00adsticas. La celebraci\u00f3n y adoraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica son el momento culminante de la experiencia contemplativa de la Iglesia, porque en ese sacramento-sacrificio-comuni\u00f3n encuentra su verdadera raz\u00f3n de ser hacerse pan partido como el Se\u00f1or.<\/p>\n<p>\tInvocaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo y escatolog\u00ed\u00ada<\/p>\n<p>\tSi en cada sacramentos encontramos la \u00abmemoria\u00bb (\u00aban\u00e1mnesis\u00bb) del misterio pascual y la \u00abinvocaci\u00f3n\u00bb (\u00abep\u00ed\u00adclesis\u00bb) del Esp\u00ed\u00adritu Santo, todo ello se encuentra de modo especial en la Eucarist\u00ed\u00ada como \u00abmemorial de la pasi\u00f3n\u00bb, donde \u00abel alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la gloria venidera\u00bb (SC 47). Seg\u00fan Santo Tom\u00e1s, es \u00abel sacramento de los sacramentos\u00bb, porque \u00abtodos los sacramentos est\u00e1n ordenados a \u00e9ste como a su fin\u00bb. Por esto en la eucarist\u00ed\u00ada celebramos la Pascua de Cristo, es decir, el misterio de su muerte y glorificaci\u00f3n, de donde proviene nuestra salvaci\u00f3n y todos los sacramentos. S\u00f3lo a partir de este misterio, recobra sentido la vida de la Iglesia y de toda la comunidad humana.<\/p>\n<p>\tLa invocaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo (\u00abep\u00ed\u00adclesis\u00bb) recuerda su venida al seno de Mar\u00ed\u00ada, cuando ella dijo el \u00abs\u00ed\u00ad\u00bb para concebir virginalmente al Verbo en su seno (Lc 1,38), ahora la Iglesia, con Mar\u00ed\u00ada y como ella, responde con un \u00abs\u00ed\u00ad\u00bb, es decir, con el \u00abam\u00e9n\u00bb final de la oraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica.<\/p>\n<p>\tEn la Eucarist\u00ed\u00ada, la Iglesia se reconfirma en su camino escatol\u00f3gico. Efectivamente, el pan y el vino, simbolizados ya en el sacrificio de Melquisedec (Gen 14,18), indican que todo el trabajo y toda la vida humana van pasando, por Cristo, a la realidad definitiva del \u00abcielo nuevo y tierra nueva\u00bb (Apoc 21,1). Por esto, al recordar y hacer presente al Se\u00f1or, \u00abanunciamos su muerte hasta que vuelva\u00bb (1Cor 11,26). Es \u00abla prenda de la vida eterna\u00bb (SC 47). Por la eucarist\u00ed\u00ada, todo el cosmos y toda la humanidad ya est\u00e1n pasando a la realidad gloriosa del final de los tiempos.<\/p>\n<p>\tLa celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica tiene dos momentos principales, que constituyen \u00abun solo acto de culto\u00bb (SC 56) la liturgia de la palabra y la del sacrificio (ofertorio y plegaria eucar\u00ed\u00adstica). Lo que se anuncia en la celebraci\u00f3n de la palabra (el misterio pascual), se hace presente de modo especial en la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica. Esta realidad lit\u00fargica, de acci\u00f3n de gracias y de alabanza al Padre, se prolonga en toda la Iglesia y en toda la vida cristiana. Por ser el sacrificio de Cristo, es tambi\u00e9n sacrificio de la Iglesia. En este sentido, la eucarist\u00ed\u00ada no termina nunca, sino que tiende a transformar toda la humanidad en Cuerpo m\u00ed\u00adstico de Cristo y en Pueblo sacerdotal (1Pe 2,5-8; Apoc 5,10).<\/p>\n<p>\tConstrucci\u00f3n de la Iglesia misionera<\/p>\n<p>\tCon el bautismo y la confirmaci\u00f3n, la Eucarist\u00ed\u00ada es la culminaci\u00f3n de la iniciaci\u00f3n cristiana. \u00abLa eucarist\u00ed\u00ada construye la Iglesia\u00bb (RH 20) y la Iglesia hace posible la eucarist\u00ed\u00ada. Al comer de mismo pan, llegamos a ser un mismo cuerpo por la comuni\u00f3n fraterna y eclesial \u00abporque aun siendo muchos, somos un solo pan y un solo cuerpo, pues todos participamos de un solo pan\u00bb (1Cor 10,17). La eucarist\u00ed\u00ada es \u00abel signo de la unidad y v\u00ed\u00adnculo de caridad\u00bb (San Agust\u00ed\u00adn; cfr. SC 47).<\/p>\n<p>\tEn la Eucarist\u00ed\u00ada se participa plenamente del misterio pascual, puesto que es la \u00abfuente y cumbre de toda la vida cristiana\u00bb (LG 11), la \u00abfuente y culminaci\u00f3n de toda la evangelizaci\u00f3n\u00bb (PO 5). A la Eucarist\u00ed\u00ada se orientan todos los sacramentos, as\u00ed\u00ad como los ministerios prof\u00e9ticos, cultuales y de caridad (cfr. SC 10). Ella \u00abcontiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo mismo, nuestra Pascua\u00bb (PO 5). Es, pues, \u00abel compendio y la suma de nuestra fe\u00bb (CEC 1327).<\/p>\n<p>\tLa Eucarist\u00ed\u00ada se hace \u00abmisi\u00f3n\u00bb como encargo de comunicarla a toda la humanidad \u00abBebed de ella todos, porque \u00e9sta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos (todos) para perd\u00f3n de los pecados\u00bb (Mt 26,28). Por esto,  \u00ablos trabajos apost\u00f3licos se ordenan a que, una vez hechos hijos de Dios por la fe y el bautismo, todos se reunan, alaben a Dios en medio de la Iglesia, participen en el sacrificio y coman la cena del Se\u00f1or\u00bb (SC 10).<\/p>\n<p>\tPor la celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00ed\u00ada, se evangeliza a la comunidad eclesial y se la hace evangelizadora. \u00abNo se edifica ninguna comunidad cristiana si no tiene como ra\u00ed\u00adz y quicio la celebraci\u00f3n de la sant\u00ed\u00adsima eucarist\u00ed\u00ada&#8230; Esta celebraci\u00f3n, para que sea sincera y cabal, debe conducir lo mismo a las obras de caridad y de mutua ayuda que a la acci\u00f3n misional y a las varias formas del testimonio cristiano\u00bb (PO 6).<\/p>\n<p>Referencias Adoraci\u00f3n, domingo, misterio pascual, sacramentos, sacrificio, unidad de la Iglesia.<\/p>\n<p>Lectura de documentos SC 10, 47-58; LG 11; PO 5-6; CEC 610-611, 1322-1419; CIC 807-958. \u00abMysterium Fidei\u00bb (Pablo VI); \u00abDominicae cenae\u00bb (Juan Pablo II).<\/p>\n<p>Bibliograf\u00ed\u00ada J. ALDAZABAL, Claves para la eucarist\u00ed\u00ada (Barcelona 1982); J. BACIOCCHI, La eucarist\u00ed\u00ada (Barcelona, Herder, 1969); J. CABA, Cristo, pan de vida. Teolog\u00ed\u00ada eucar\u00ed\u00adstica del IV evangelio ( BAC, Madrid, 1993); A. CUVA, Vita nello Spirito e celebrazione eucaristica (Lib. Edit. Vaticana 1994); F.X. DURWELL, La eucarist\u00ed\u00ada, sacramento pascual (Salamanca, S\u00ed\u00adgueme, 1982); J. ESQUERDA BIFET, Copa de bodas, Eucarist\u00ed\u00ada, vida cristiana y misi\u00f3n (Barcelona, Balmes, 1986); M. GESTEIRA, La eucarist\u00ed\u00ada, misterio de comuni\u00f3n (Madrid 1983); CH. JOURNET, La Misa, presencia del sacrificio de la cruz (Bilbao, Descl\u00e9e, 1962); J.A. JUNGMANN, El sacrificio de la Misa ( BAC, Madrid, 1968); J.A. SAYES, El misterio eucar\u00ed\u00adstico ( BAC, Madrid, 1986); J. SOLANO, Textos eucar\u00ed\u00adsticos primitivos ( BAC, Madrid, 1978-1979); J.M.R. TILLARD, L&#8217;Eucharistie P\u00e2que de l&#8217;Eglise (Paris, Descl\u00e9e, 1969); M. TOURIAN, La eucarist\u00ed\u00ada, memorial del Se\u00f1or (Salamanca, S\u00ed\u00adgueme, 1965); B. VELADO, Vivamos la santa Misa ( BAC, Madrid, 1986); T. URKIRI, Adoremos al Se\u00f1or sacramentado (Madrid, Soc. Educ. Atenas, 1989); P. VISENTIN, Eucarist\u00ed\u00ada, en Nuevo Diccionario de Liturgia (Madrid, Paulinas, 1987) 729-759.<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>DJN<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nSUMARIO: 1. introductorias. 1.1. Nombres de la eucarist\u00ed\u00ada con base b\u00ed\u00adblica. 1.2. La fundamentaci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada en la \u00faltima cena y nuevos planteamientos. 1.3. Criterios a tener en cuenta en el estudio b\u00ed\u00adblico de la eucarist\u00ed\u00ada. &#8211; 2. La Eucarist\u00ed\u00ada seg\u00fan los relatos de la Instituci\u00f3n (Mt 26, 26-29; Mc 14, 22-25; Lc 22, 14-20; 1Cor 11, 23-26). 2.1. La \u00faltima cena y sus desarrollos eucar\u00ed\u00adsticos seg\u00fan los relatos de la instituci\u00f3n: a) El relato m\u00e1s antiguo de la Cena del Se\u00f1or; b) Los relatos de instituci\u00f3n de la Eucarist\u00ed\u00ada y las tradiciones de donde proceden; c) Historicidad de la \u00daltima Cena; d) Desarrollo de la \u00daltima Cena de Jes\u00fas y la Eucarist\u00ed\u00ada de la Iglesia primitiva; e) La celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00ed\u00ada como mandato del Se\u00f1or. 2.2. Referencia cristol\u00f3gica a la muerte violenta de Jes\u00fas y significado sacramental de la \u00faltima cena: a) La \u00daltima Cena y su referencia a la pr\u00f3xima muerte de Jes\u00fas; b) La presencia sacramental de Cristo en la Eucarist\u00ed\u00ada. &#8211; 3. Las comidas de Jes\u00fas durante su ministerio p\u00fablico en su relaci\u00f3n con la \u00daltima Cena en la noche de su entrega y la Eucarist\u00ed\u00ada a partir de Pascua. 3.1. Las comidas de Jes\u00fas de Nazaret como signos de la llegada del reino y de la misericordia de Dios: a) Las comidas de Jes\u00fas con pecadores y marginados como signo de la cercan\u00ed\u00ada de Dios al mundo pecador; b) El distintivo de la misi\u00f3n de Jes\u00fas. 3.2. Jes\u00fas como servidor de sus disc\u00ed\u00adpulos en su misi\u00f3n terrenal y, sobre todo, en la \u00faltima cena: a) Jes\u00fas como servidor, sobre todo, en su comida de despedida; b) Jes\u00fas sacramentaliza su amor antes de separarse de sus disc\u00ed\u00adpulos; c) Las multiplicaciones de los panes como signos de la generosidad y abundancia de la salvaci\u00f3n escatol\u00f3gica.<\/p>\n<p>1. Cuestiones introductorias<\/p>\n<p>1.1. de la eucarist\u00ed\u00ada con base b\u00ed\u00adblica<br \/>\nEn el NT y la literatura patr\u00ed\u00adstica m\u00e1s antigua encontramos expresiones que designan de forma muy general a la Eucarist\u00ed\u00ada, tales como \u00abreunirse\u00bb (en griego \u00e9rjeszai: l Cor 11, 17-18. 33-34), \u00abreunirse en com\u00fan\u00bb (literalmente: \u00abestar o reunirse lo mismo\u00bb; \u00ab\u00e9inai\/syn\u00e9rjeszai ep\u00ed\u00ad to aut\u00f3\u00bb: He 2, 44; l Cor 11, 20; 13, 23) y \u00abreuni\u00f3n\u00bb (\u00absynaxis\u00bb: 1 Clem 34, 7), mientras que hallamos otras, como \u00abEucarist\u00ed\u00ada\u00bb y \u00abpartir el pan\u00bb o \u00abpartici\u00f3n del pan\u00bb, que la designan por alg\u00fan aspecto particular, o sea, el todo por la parte. El nombre de Eucarist\u00ed\u00ada se encuentra bien fundado en los cuatro relatos de la instituci\u00f3n, en los que las palabras sacramentales de Jes\u00fas van precedidas de una plegaria de \u00abacci\u00f3n de gracias\u00bb (\u00abeujarist\u00e9in\u00bb, \u00abdar gracias\u00bb) y de \u00abbendici\u00f3n\u00bb (\u00abeulog\u00e9in\u00bb, \u00abbendecir\u00bb) (Mt 26, 26-27; Mc 14, 22-23; Lc 22, 17. 19; l Cor 11, 24; cf. 10, 16). La \u00abacci\u00f3n de gracias\u00bb y \u00abbendici\u00f3n\u00bb es un aspecto importante de la Eucarist\u00ed\u00ada en cuanto \u00absacrificio de alabanza\u00bb (en hebreo, sacrificio \u00abtod\u00e1\u00bb; cf. CateclglCat, n\u00fam. 1359-1361). De este aspecto de la Eucarist\u00ed\u00ada se trata en el art. \u00abSacrificio de la Nueva Alianza\u00bb. A partir de la primera mitad del siglo II tender\u00e1 a hacerse com\u00fan la palabra \u00abEucarist\u00ed\u00ada\u00bb (Didaj\u00e9 9, 1; Ignacio, , 8, 1; Justino, Apolog\u00ed\u00ada, 66, 1). En cambio, las expresiones \u00abpartir el pan\u00bb o \u00abpartici\u00f3n del pan\u00bb, aunque b\u00ed\u00adblicas, no llegar\u00e1n a imponerse (Mt 26, 26; Mc 14, 22; Lc 24, 30; He 2, 42. 46; 20, 7. 11; 27, 35; 1 Cor 10, 16; 11, 24). Las locuciones \u00abpartir el pan\u00bb o \u00abpartici\u00f3n del pan\u00bb se derivan del gesto del padre de familia, que despu\u00e9s de la bendici\u00f3n y acci\u00f3n de gracias comenzaba la comida jud\u00ed\u00ada rompiendo el pan \u00fanico en pedazos, que distribu\u00ed\u00ada entre los comensales. Es \u00e9ste tambi\u00e9n el acto m\u00e1s significativo de la cena eucar\u00ed\u00adstica o celebraci\u00f3n lit\u00fargica de los cristianos, que recordaba el gesto de Jes\u00fas en la Ultima Cena y acompa\u00f1aba las palabras con las que identificaba su cuerpo con el pan, y a la vez subrayaba la uni\u00f3n de todos los participantes (He 2, 46; 1 Cor 10, 16-17).<\/p>\n<p>Otra expresi\u00f3n muy b\u00ed\u00adblica e importante para nombrar la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica de la Iglesia, que en tiempo de P estaba a\u00fan unida a la comida en com\u00fan o \u00e1gape fraterno, es la de \u00abCena del Se\u00f1or\u00bb (1 Cor 11, 20). \u00abCena del Se\u00f1or\u00bb es traducci\u00f3n de la expresi\u00f3n griega \u00abkyriak\u00f3n deipnon\u00bb. \u00abDeipnon\u00bb era la comida principal del mundo grecorromano, pero tambi\u00e9n de los jud\u00ed\u00ados en tiempo de Jes\u00fas, que comenzaba al caer la tarde y se prolongaba hasta bien entrada la noche (cf. Jn 13. 30; He 20, 7). El adjetivo \u00abkyriak\u00f3n\u00bb (=\u00bbconcerniente al Se\u00f1or\u00bb, \u00abdominical\u00bb) expresa dos connotaciones principales: por una parte, significa que la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica se remonta a la \u00daltima Cena que el Se\u00f1or Jes\u00fas celebr\u00f3 con sus disc\u00ed\u00adpulos antes de su pasi\u00f3n, por otra, que Cristo, el Se\u00f1or exaltado a la derecha del Padre y glorificado, est\u00e1 presente en ella como el que convida, y no s\u00f3lo en el recuerdo de los participantes (Lc 22, 19; 1 Cor 11, 24-25), sino, sobre todo, en los elementos sacramentales de la comida misma, pan y vino consagrados (1 Cor 10, 16-17; 11, 24b. 25b. 27-29). Este nombre ha perdurado en la liturgia romana, pero s\u00f3lo aplicado a la misa vespertina del Jueves Santo, en el que se conmemora la instituci\u00f3n de la Eucarist\u00ed\u00ada. Dado que hasta muy recientemente la Eucarist\u00ed\u00ada s\u00f3lo se celebraba por la ma\u00f1ana, es l\u00f3gico que no se la designase con el nombre de \u00abCena\u00bb, salvo el d\u00ed\u00ada del Jueves Santo, en el que el recuerdo de su instituci\u00f3n parec\u00ed\u00ada reclamar de forma excepcional esta expresi\u00f3n, a la vez que la nueva reforma lit\u00fargica la recomendaba.<\/p>\n<p>1.2. fundamentaci\u00f3n de la \u00ed\u00ada en la \u00faltima cena y nuevos planteamientos<br \/>\nAl estudiar la Eucarist\u00ed\u00ada y su relaci\u00f3n con Jes\u00fas de Nazaret trataremos de poner de relieve c\u00f3mo las celebraciones de las primeras comunidades cristianas, seg\u00fan los testimonios del NT, se entroncan hist\u00f3rica y teol\u00f3gicamente con la Ultima Cena de Jes\u00fas con los doce en el cen\u00e1culo de Jerusal\u00e9n. Esta afirmaci\u00f3n no admite atenuaci\u00f3n alguna, como ser\u00ed\u00ada la de intentar buscar el origen primero de la Eucarist\u00ed\u00ada no en la Ultima Cena, sino en las comidas que celebraba Jes\u00fas de Nazaret durante su ministerio p\u00fablico con sus disc\u00ed\u00adpulos o seguidores, bien como invitado en casa de personas importantes preocupadas por la pureza legal, como era el caso de los fariseos (Lc 7, 36-50; 14, 1. 7-14), y de los considerados impuros, como los pecadores y publicanos (Mt 9, 9-13; Mc 2, 13-13; Lc 5, 27-32; 19, 5-10), o como anfitri\u00f3n, cual le describen los relatos de las multiplicaciones milagrosas de los panes y los peces (Mt 14, 13-21; Mc 6, 30-44; Lc 9, 10-17; Jn 6, 1-14; Mt 15, 32-39; Mc , 1-10), haciendo caso omiso de la \u00daltima Cena, que celebr\u00f3 con los doce la v\u00ed\u00adspera de ser entregado. Naturalmente confluyen en la Eucarist\u00ed\u00ada tambi\u00e9n aspectos de las comidas que celebrara Jes\u00fas con sus disc\u00ed\u00adpulos y las multitudes que le acompa\u00f1aban en Galilea as\u00ed\u00ad como de las comidas pascuales en que se manifiesta como Resucitado (Lc 24, 13-35; Jn 21, 12-14), pero es la \u00daltima Cena el origen de su instituci\u00f3n, al que se remiten en primer lugar todos los relatos de la instituci\u00f3n del NT.<\/p>\n<p>El exegeta protestante H. Lietzmann afirm\u00f3 ya en 1926 que no s\u00f3lo exist\u00ed\u00ada en la Iglesia primitiva el modelo -por as\u00ed\u00ad decir, can\u00f3nico- de la Eucarist\u00ed\u00ada jerosolimitana que hac\u00ed\u00ada referencia a la \u00daltima Cena y muerte del Se\u00f1or y de la que proceden tanto la tradici\u00f3n paulino-lucana (1 Cor 11, 23-26; Lc 22, 19-20) como la marquino-mateana (Mc 14, 22-24; Mt 26, 26-28), sino otros modelos como el que \u00e9l cree ver reflejado en Mt 26, 29; Mc 14, 25; Lc 22, 15-18, en la liturgia de Serapi\u00f3n (siglo IV en Egipto) y en la \u00e9 9, 1-10, 7 (tal vez hacia el a\u00f1o 100 d. C., en Siria-Palestina), en donde no se mencionan las palabras de la consagraci\u00f3n y se invierte el orden de los elementos eucar\u00ed\u00adsticos -primero el c\u00e1liz, luego el pan- as\u00ed\u00ad como en las expresiones de Lc 24, 30. 35; He 2, 42. 46; 20, 7. 11; 27, 35, que podr\u00ed\u00adan insinuar una Eucarist\u00ed\u00ada bajo una sola especie: el modelo de la Eucarist\u00ed\u00ada bajo una sola especie se derivar\u00ed\u00ada de las comidas de Jes\u00fas con sus seguidores durante el ministerio p\u00fablico en Galilea y no har\u00ed\u00ada referencia a la muerte del Se\u00f1or. La hip\u00f3tesis, seg\u00fan la cual habr\u00ed\u00ada existido una forma de Eucarist\u00ed\u00ada sin referencia a la Ultima Cena y muerte de Jes\u00fas y con un orden a la inversa (p. ej. 9, 1-10, 7) no tiene apenas fundamento hist\u00f3rico, ya que la interpretaci\u00f3n del texto de la . 9, 1-10, 7 es sumamente controvertida a\u00fan hoy d\u00ed\u00ada entre los especialistas, sin que se haya llegado a una soluci\u00f3n com\u00fanmente aceptable; la apelaci\u00f3n a la liturgia de Serapi\u00f3n no convence, debido a su fecha relativamente tard\u00ed\u00ada. Por lo que se refiere a los textos lucanos que hablan s\u00f3lo de la Eucarist\u00ed\u00ada bajo la especie del pan, no est\u00e1 claro si se trata de una sin\u00e9cdoque, con la que se nombra el todo por la parte (as\u00ed\u00ad muy probablemente en He 2, 42. 46; 20, 7. 11; cf. Lc 22, 14-20) o de una comida sin Eucarist\u00ed\u00ada (Lc 24, 30. 35; He 27, 35). Respecto a Mc 14, 25 y par. no hay raz\u00f3n para distinguir dos relatos de la \u00daltima Cena: el primero sacrificial, que refiere las palabras del c\u00e1liz de la alianza; el segundo (Mc 14, 22. 25, sin la acci\u00f3n sacramental y palabras sobre el c\u00e1liz); no se excluyen la perspectiva sacrificial y escatol\u00f3gica, sino que se complementan. Por tanto las conclusiones de Lietzmann carecen de fundamento hist\u00f3rico s\u00f3lido.<\/p>\n<p>Autores m\u00e1s recientes, sobre todo protestantes, llevados por la euforia del \u00abJes\u00fas hist\u00f3rico\u00bb y un cierto ecumenismo f\u00e1cil, tratan de explicar la Eucarist\u00ed\u00ada de la Iglesia a trav\u00e9s de la comensalidad del \u00abJes\u00fas hist\u00f3rico\u00bb o incluso reinterpretan la Ultima Cena como una comida de hermandad, subrayando la importancia del c\u00e1liz que pasa de mano en mano (Mc 14, 23b) y quitando importancia a las palabras consecratorias de Jes\u00fas; de esta forma se quisiera convertir la Eucarist\u00ed\u00ada en algo no exclusivo, sino hacerla abierta a todos los simpatizantes de Jes\u00fas de Nazaret (as\u00ed\u00ad B. Kollmann 1990; Klaus Berger 1995). Uno de los \u00faltimos intentos por querer demostrar que en la Iglesia primitiva habr\u00ed\u00ada existido un pluralismo en el modo de entender la Eucarist\u00ed\u00ada, si bien conflictivo, es el del exegeta anglicano B. Chilton (Feast of Me, 1994), que ha tratado de determinar, mediante el m\u00e9todo sociol\u00f3gico, las sucesivas transformaciones que habr\u00ed\u00adan experimentado la pr\u00e1ctica y teolog\u00ed\u00ada de la Eucarist\u00ed\u00ada desde sus or\u00ed\u00adgenes, que \u00e9l ve en las comidas que Jes\u00fas celebrara con sus seguidores en Galilea, hasta las teolog\u00ed\u00adas eucar\u00ed\u00adsticas del EvJn y Ap, pasando por la interpretaciones de Pedro y Santiago, a quien se habr\u00ed\u00ada opuesto en\u00e9rgicamente Pablo (Gal 2), hasta que se impuso la s\u00ed\u00adntesis de Eucarist\u00ed\u00ada que se refleja en los sin\u00f3pticos, que no modificar\u00e1 m\u00e1s tarde esencialmente el EvJn. Especialmente, los cap\u00ed\u00adtulos de esta monograf\u00ed\u00ada dedicados a la Ultima Cena as\u00ed\u00ad como a las concepciones cristolol\u00f3gicas y reinterpretaciones de la Ultima Cena de Pedro y Santiago no convencen al lector cr\u00ed\u00adtico, ya que no tiene en cuenta estudios serios de los \u00faltimos treinta a\u00f1os acerca de los relatos de la instituci\u00f3n de la Cena del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>1.3. a tener en cuenta en el estudio b\u00ed\u00adblico de la eucarist\u00ed\u00ada<br \/>\nEl lector cr\u00ed\u00adtico interesado en la reconstrucci\u00f3n veros\u00ed\u00admil del proceso que dio origen a la Eucarist\u00ed\u00ada, punto culminante de la vida eclesial cristiana, debe tener en cuenta los siguientes criterios: 1. Es un error partir de una imagen hipot\u00e9tica de un Jes\u00fas ficticio o de gusto personal, sin tomar en serio los testimonios del NT, cuando se quiere emitir un juicio sobre un dicho o hecho de Jes\u00fas. 2. El \u00fanico punto de partida seguro para un estudio fiable de Jes\u00fas de Nazaret son los testimonios de los evangelios y dem\u00e1s libros del NT, otras fuentes como el EvTom\u00e1s son controvertidas entre los especialistas y no cambian substancialmente la imagen de Jes\u00fas de Nazaret que nos aportan los evangelios can\u00f3nicos y el NT. 3. El punto de partida para el estudio b\u00ed\u00adblico de la Eucarist\u00ed\u00ada lo constituyen los relatos de la Ultima Cena as\u00ed\u00ad como los dem\u00e1s testimonios acerca de la Eucarist\u00ed\u00ada en sus contextos literarios respectivos, detr\u00e1s de los cuales est\u00e1n la experiencia y testimonio de los primeros disc\u00ed\u00adpulos; otros cauces para llegar a Jes\u00fas de Nazaret no existen o son ilusorios. 4. La elaboraci\u00f3n de formas, supuestamente \u00abm\u00e1s originales y primitivas\u00bb, de la celebraci\u00f3n de la Cena del Se\u00f1or por medio del \u00abm\u00e9todo de las formas y de la tradici\u00f3n\u00bb -cuya limitaci\u00f3n no hay que perder de vista-, no conducir\u00e1 m\u00e1s que a resultados hipot\u00e9ticos y m\u00e1s o menos probables. Aunque sea posible descubrir como aut\u00e9nticas palabras o hechos de Jes\u00fas por el \u00abm\u00e9todo de las formas\u00bb o de la \u00abhistoria de la tradici\u00f3n\u00bb, es, sin embargo, imposible recuperar el contexto significativo e interpretativo en que sucedieron, prescindiendo del NT. S\u00f3lo los evangelios y Pablo en sus narraciones o relatos de la Eucarist\u00ed\u00ada nos interpretan aut\u00e9nticamente los hechos y dichos de Jes\u00fas en la Ultima Cena. 5. Con estas observaciones no se quiere dar a entender que el investigador b\u00ed\u00adblico, en un segundo estadio, no deba tratar de reconstruir de forma razonable y veros\u00ed\u00admil los hechos y dichos hist\u00f3ricos de Jes\u00fas y comprender cada vez mejor su significado inagotable; esta funci\u00f3n de la ex\u00e9gesis b\u00ed\u00adblica corresponde a la de la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica de hacer la verdad m\u00e1s inteligible y razonable, sin tratar de convertirla en algo puramente racional, lo que ser\u00ed\u00ada caer en el racionalismo. 6. El lector cristiano, sobre todo cat\u00f3lico, dispone de otros criterios decisivos, como el magisterio infalible de la Iglesia respecto a la Eucarist\u00ed\u00ada as\u00ed\u00ad como la pr\u00e1ctica lit\u00fargica de la Iglesia y la pr\u00e1ctica personal eucar\u00ed\u00adstica; la ex\u00e9gesis est\u00e1 obligada tambi\u00e9n a reconocer sus l\u00ed\u00admites.<\/p>\n<p>2. La Eucarist\u00ed\u00ada seg\u00fan los relatos de la Instituci\u00f3n (Mt 26, 26-29; Mc 14, 22-25; Lc 22, 14-20; 1Cor 11, 23-26)<br \/>\n2.1. \u00faltima cena y sus desarrollos eucar\u00ed\u00adsticos seg\u00fan los relatos de la instituci\u00f3n<br \/>\n) El relato m\u00e1s antiguo de la Cena Se\u00f1or. Aunque los cuatro relatos difieran unos de otros en detalles, coinciden, sin embargo, en lo esencial. El relato m\u00e1s antiguo es el de P en 1 Cor 11, 23-26 (cf. tambi\u00e9n 10, 16). La primera carta a los Corintios fue escrita en Efeso, al final del a\u00f1o 53 o del 54 d. C., o sea, 23 \u00f3 24 a\u00f1os aproximadamente despu\u00e9s de Pascua. La tradici\u00f3n referente a la Eucarist\u00ed\u00ada afirma P haberla recibido del Se\u00f1or a trav\u00e9s de los ap\u00f3stoles o comunidades cristianas ya existentes (11, 23); no es, pues, ning\u00fan invento de P, lo cual es a\u00fan m\u00e1s evidente, si se tiene en cuenta que P tiene que hab\u00e9rselas en las dos cartas a los Corintios con una iglesia rebelde y sumamente cr\u00ed\u00adtica, algunos de cuyos miembros no est\u00e1n dispuestos a obedecer al Ap\u00f3stol. Podemos sostener con fundamento que Saulo tuvo ocasi\u00f3n de conocer la tradici\u00f3n de la Eucarist\u00ed\u00ada, incluso de la boca de Pedro, despu\u00e9s de su conversi\u00f3n y bautismo (aproximadamente entre los a\u00f1os 33 y 36) y de participar en ella en Damasco (He 9, 25; 2Cor 11, 33; G\u00e1l 1, 17), ciertamente en Jerusal\u00e9n (He 9, 27-29; G\u00e1l 1, 18) y Antioqu\u00ed\u00ada (He 11, 25-26; 13, 1-3). La Eucarist\u00ed\u00ada no se basa en un mito sino en una acci\u00f3n hist\u00f3rica de Jes\u00fas de Nazaret. El exegeta protestante W. Marxsen afirma al respecto que la forma m\u00e1s primitiva de la tradici\u00f3n paulina (1 Cor 11, 23-25) est\u00e1 tan cerca de la \u00daltima Cena de Jes\u00fas y la tradici\u00f3n de la iglesia de Jerusal\u00e9n que no hubo tiempo para que se formase una leyenda piadosa cultual en torno al origen de la Eucarist\u00ed\u00ada; \u00e9l cree que 1 Cor 11, 23-25 es un testimonio fidedigno y aut\u00e9ntico de la Ultima Cena (W. MARXSEN: 12 (1952\/53) 303).<\/p>\n<p>b) Los de instituci\u00f3n de la Eucarist\u00ed\u00ada y las tradiciones de donde proceden. Los evangelistas redactan sus respectivos evangelios m\u00e1s tarde que P: Mc alrededor del a\u00f1o 70, Mt y Lc entre los a\u00f1os 75 y 90; Jn hacia el a\u00f1o 95. Los evangelistas tampoco inventan sino que trasmiten tradiciones, cuyo contexto originario, sobre todo en Mt y Mc, parece haber sido la liturgia eucar\u00ed\u00adstica antes de que las introdujeran en sus evangelios, como manifiesta el estilo lit\u00fargico, solemne, reducido a los elementos esenciales, algo estereotipado. Los relatos de la instituci\u00f3n de la Eucarist\u00ed\u00ada de los sin\u00f3pticos aparecen en su lugar actual como piezas intercaladas en el contexto general del relato de la Pasi\u00f3n. Es, pues, muy probable que tanto P como los evangelistas sin\u00f3pticos hayan tomado de la liturgia eclesial los relatos de la instituci\u00f3n de la Eucarist\u00ed\u00ada, lo cual refuerza a\u00fan m\u00e1s su valor hist\u00f3rico, sin que haya que excluir otros canales, como el de tradiciones orales extralit\u00fargicas, pues Pablo se informar\u00ed\u00ada en sus visitas a Pedro en Jerusal\u00e9n sobre este tema. El relato de la Ultima Cena seg\u00fan Mc es el m\u00e1s antiguo de los sin\u00f3pticos, siendo el de Mt una elaboraci\u00f3n del de Mc, con pocas variantes, mientras que Lc presenta una forma mixta entre la versi\u00f3n de Mc y una tradici\u00f3n af\u00ed\u00adn a la de 1Cor 11, 23b-25. Las tradiciones de las que dependen los relatos de Mc\/Mt y P\/Lc, que llamamos respectivamente tradici\u00f3n (=M) y antioquena (=A), no dependen la una de la otra, sino que se remontan a la tradici\u00f3n jerosolimitana, m\u00e1s antigua, de la Ultima Cena. Habr\u00ed\u00ada que distinguir, adem\u00e1s, dentro de la iglesia de Jerusal\u00e9n entre la rama de lengua (M) y griega en torno a Esteban (A). Respecto a las palabras de la instituci\u00f3n de la Eucarist\u00ed\u00ada, la tradici\u00f3n (=A) parece haber conservado mejor las palabras de Jes\u00fas y el desarrollo de la Ultima Cena que la tradici\u00f3n : el estilo de las palabras de la instituci\u00f3n de es menos estereotipado que en ; la menci\u00f3n \u00abdespu\u00e9s de \u00bb de ha sido suprimida en , aunque \u00abpor muchos\u00bb de es ciertamente la expresi\u00f3n original de Jes\u00fas, mientras que \u00abpor vosotros\u00bb es una adaptaci\u00f3n griega de . Algunos exegetas (Sch\u00fcrmann; Merklein; Klauck; L\u00e9on-Dufour; Gnilka) dan preferencia a la versi\u00f3n por haber trasmitido m\u00e1s fielmente las palabras de Jes\u00fas. Otros exegetas, en cambio, (Jeremias; K\u00e1semann; Benoit; Dupont; Lohse, S\u00f3ding) se inclinan por . Seg\u00fan \u00e9stos \u00faltimos el texto de ser\u00ed\u00ada el m\u00e1s antiguo por raz\u00f3n de los semitismos y rezar\u00ed\u00ada as\u00ed\u00ad: \u00abEsto es cuerpo; esta es sangre la alianza que se derrama por muchos\u00bb; seg\u00fan los primeros, en cambio, el texto m\u00e1s primitivo y original ser\u00ed\u00ada el de la tradici\u00f3n , que reconstruir\u00ed\u00adamos as\u00ed\u00ad: \u00abEsto es cuerpo que se por los muchos; este \u00e1liz es la nueva alianza en mi sangre\u00bb. De todas formas, las transformaciones de la tradici\u00f3n en los cuatro relatos no han sido sustanciales ni afectan al contenido doctrinal y las adiciones redaccionales de los evangelistas y P son escasas. Adem\u00e1s de los temas de la entrega en forma sacramental de Jes\u00fas a sus disc\u00ed\u00adpulos, referencia a su muerte pr\u00f3xima y alianza, hay que subrayar en los cuatro relatos la escatol\u00f3gica (Mt 26, 29; Mc 14, 25; Lc 22, 18; 1 Cor 11, 26), aunque el tema escatol\u00f3gico de 1 Cor 11, 26 ciertamente se derive de una tradici\u00f3n distinta de la de los sin\u00f3pticos y se refiera directamente a la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica de la comunidad pospascual, mientras que la espera escatol\u00f3gica del Reino en los sin\u00f3pticos refleja la situaci\u00f3n de Jes\u00fas en la \u00daltima Cena. En todos los relatos se expresa el valor infinito e inapreciable de la muerte de Jes\u00fas, que abre la puerta a la realizaci\u00f3n del Reino pleno y definitivo.<\/p>\n<p>) Historicidad de la \u00daltima Cena. Los cuatro relatos coinciden en que la instituci\u00f3n de la Eucarist\u00ed\u00ada tuvo lugar la noche en que Jes\u00fas iba a ser entregado, concretamente en la Ultima Cena que celebr\u00f3 con los doce la noche antes de su muerte. Seg\u00fan los sin\u00f3pticos la instituci\u00f3n de la Eucarist\u00ed\u00ada tuvo lugar al anochecer del d\u00ed\u00ada de la preparaci\u00f3n de la Pascua jud\u00ed\u00ada en el trascurso de la cena pascual jud\u00ed\u00ada (Mt 26, 17-25; Mc 14, 12-21; Lc 22, 7-14). Una cuesti\u00f3n sin resolver, que no podemos tratar aqu\u00ed\u00ad, es si la Ultima Cena fue una cena pascual, como parecen afirmar los sin\u00f3pticos, o simplemente una comida de despedida, como parece afirmar el EvJn; los argumentos en uno y otro sentido parecen contrarrestarse. Desde el punto cristol\u00f3gico sacramental la discusi\u00f3n no tiene mayor importancia, ya que si el EvJn no parece considerar como cena pascual la cena de despedida de Jes\u00fas, le presenta como el cordero pascual, que muri\u00f3 en la hora en que los corderos pascuales eran sacrificados en el templo (cf. Jn 19, 14; cf. tambi\u00e9n 1, 29. 36; tambi\u00e9n tal vez 19, 36).<\/p>\n<p>En los relatos de la Cena hay detalles que confirman la historicidad de las acciones significativas de la \u00daltima Cena: la \u00fanica copa, la fracci\u00f3n del pan, la bendici\u00f3n, el contexto de la pasi\u00f3n, las palabras de Jes\u00fas y los gestos que las acompa\u00f1an (H. Sch\u00fcrmann). En la tradici\u00f3n m\u00e1s primitiva de la \u00daltima Cena aparec\u00ed\u00adan ya unidos el motivo sacrificial de la muerte de Jes\u00fas como expiaci\u00f3n y el de la alianza. Es improbable que la tradici\u00f3n m\u00e1s primitiva incluyera s\u00f3lo, sin interpretaci\u00f3n de la muerte de Jes\u00fas, las palabras escuetas: \u00abEsto es mi cuerpo\u00bb y \u00abEsta es sangre\u00bb. Lo m\u00e1s probable es, pues, que ya Jes\u00fas mismo en la Ultima Cena interpretase su muerte salv\u00ed\u00adficamente, con los motivos de alianza y expiaci\u00f3n. Sin estos motivos quedar\u00ed\u00ada aislado y sin explicaci\u00f3n el dicho que casi todos los exegetas atribuyen a Jes\u00fas como aut\u00e9ntico: \u00abEn verdad os digo que no beber\u00e9 ya m\u00e1s del fruto de la vid hasta el d\u00ed\u00ada aquel en que lo beba nuevo (aclaraci\u00f3n de Mt: vosotros) en el reino de Dios\u00bb (Mc 14, 25). Por encima de su muerte ya cercana y m\u00e1s all\u00e1 de ella reafirma y promete Jes\u00fas la pr\u00f3xima venida y plena realizaci\u00f3n del Reino. Su muerte no significa la aniquilaci\u00f3n del mensajero y mensaje del Reino; al contrario, su muerte simboliza su total entrega a Dios por los disc\u00ed\u00adpulos con los que sella Jes\u00fas en la Cena una nueva alianza, instituyendo un nuevo orden, escatol\u00f3gico, de salvaci\u00f3n, que tendr\u00e1 su realizaci\u00f3n plena m\u00e1s all\u00e1 de la muerte. Las apariciones del Resucitado despu\u00e9s de Pascua corroborar\u00e1n la promesa de Jes\u00fas en Mc 14, 25.<\/p>\n<p>d) de la \u00daltima Cena de Jes\u00fas la Eucarist\u00ed\u00ada de la primitiva. Las palabras sacramentales sobre el pan fueron pronunciadas por Jes\u00fas al principio de la comida, mientras que las palabras sobre el c\u00e1liz tuvieron lugar al final de la misma. Seg\u00fan el rito jud\u00ed\u00ado tomaba el padre de familia el pan, que ten\u00ed\u00ada forma de torta, y pronunciaba la bendici\u00f3n sobre \u00e9l: \u00abBendito seas t\u00fa, Se\u00f1or, Dios nuestro, Rey del mundo, que sacas el pan de la tierra\u00bb. A lo que los comensales respond\u00ed\u00adan con un \u00abam\u00e9n\u00bb. El padre de familia romp\u00ed\u00ada el pan y daba a cada uno de los comensales un trozo, que lo tomaban al mismo tiempo, d\u00e1ndose as\u00ed\u00ad por comenzada la comida. Acabada la comida, tomaba el padre de familia la copa de vino, la llamada \u00abcopa de bendici\u00f3n\u00bb, que era exactamente la tercera y \u00faltima copa de la cena, la levantaba y pronunciaba sobre ella la acci\u00f3n de gracias: \u00abBendito seas t\u00fa, Se\u00f1or, Dios nuestro, Rey del mundo, que mantienes a todo el mundo con tu bondad, favor y misericordia\u00bb. Los comensales respond\u00ed\u00adan con un \u00abam\u00e9n\u00bb y beb\u00ed\u00adan luego todos la tercera copa. Precisamente la acci\u00f3n que daba comienzo a la cena pascual jud\u00ed\u00ada y la que la conclu\u00ed\u00ada, las escogi\u00f3 Jes\u00fas para pronunciar las palabras sacramentales sobre los elementos eucar\u00ed\u00adsticos del pan y el vino con los que se identificaba \u00e9l en persona y a los que confer\u00ed\u00adan eficacia sacramental. La expresi\u00f3n \u00abdespu\u00e9s de cenar\u00bb de los relatos paulino y lucano indican que las palabras y acciones sacramentales sobre el pan y el vino originariamente se encontraban separadas, como en la comida jud\u00ed\u00ada (1 Cor 11, 25a; Lc 22, 20a; cf. tambi\u00e9n 1 Cor 10, 16: el c\u00e1liz de bendici\u00f3n es la copa final con que se conclu\u00ed\u00ada la comida). Probablemente en los a\u00f1os siguientes a Pascua en Jerusal\u00e9n, Damasco y Antioqu\u00ed\u00ada las acciones sacramentales sobre el pan y la copa ten\u00ed\u00adan lugar, como en la Ultima Cena, al principio y al final de la comida eucar\u00ed\u00adstica respectivamente. La mayor\u00ed\u00ada de los exegetas opinan que en Corinto las palabras y gestos de la instituci\u00f3n de la Eucarist\u00ed\u00ada sobre el pan y el vino no estaban ya separados, como en la Ultima Cena, sino que hab\u00ed\u00adan sido extra\u00ed\u00addos de su marco original y combinados y que formaban una unidad netamente eucar\u00ed\u00adstica, aunque la preced\u00ed\u00ada a\u00fan el \u00e1gape fraterno (cf. 1, 20-22. 33-34). M\u00e1s tarde la Eucarist\u00ed\u00ada se independizar\u00ed\u00ada completamente del \u00e1gape, \u2014a no muy tardar tambi\u00e9n en Corinto, como ya parece insinuar P (11, 22). La ayuda a los m\u00e1s necesitados se habr\u00ed\u00ada seguido realizando, p. ej., por medio de colectas, cuya pr\u00e1ctica no era desconocida en Corinto (1 Cor 16, 1-2), si bien las mencionadas por P se hac\u00ed\u00adan para ayudar a la iglesia de Jerusal\u00e9n. Los sin\u00f3pticos muestran claramente que la celebraci\u00f3n propiamente eucar\u00ed\u00adstica estaba separada, ya en su tiempo, de la comida en com\u00fan o \u00e1gape.<\/p>\n<p>) La celebraci\u00f3n de la \u00ed\u00ada como mandato del Se\u00f1or. La Iglesia apost\u00f3lica intuy\u00f3 muy pronto que las dos acciones sacramentales sobre el pan y el vino constitu\u00ed\u00adan la esencia de la \u00daltima Cena o Cena del Se\u00f1or. Lc y P mencionan el mandato de repetir la Cena del Se\u00f1or, mientras que lo omiten Mt y Mc: P lo trae a continuaci\u00f3n de las palabras sobre el pan eucar\u00ed\u00adstico y el c\u00e1liz respectivamente: \u00abHaced esto en memoria m\u00ed\u00ada\u00bb (1 Cor 11, 24b); \u00abhacedlo, cada vez que lo beb\u00e1is, en memoria m\u00ed\u00ada\u00bb (11, 25b). Lc lo menciona s\u00f3lo despu\u00e9s de las palabras sobre el pan (Lc 22, 19c) y se encuentra en el llamado relato largo de la Eucarist\u00ed\u00ada de Lc 22, 15-20, que hoy se considera generalmente como el original, a diferencia del corto (22, 15-19a). Seg\u00fan las palabras de P la celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00ed\u00ada tiene que continuar en la Iglesia hasta la venida del Se\u00f1or (11, 26). Dada la trascendencia de la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica en la que el Se\u00f1or se hace presente, a la vez que es \u00e9l quien invita, y en la que la Iglesia entera se concentra y reafirma en la unidad (1 Cor 10, 16-17), es l\u00f3gico que s\u00f3lo el ministro que ha recibido la ordenaci\u00f3n sacerdotal sea el designado para presidir en la persona de Cristo (in persona Christi) la Eucarist\u00ed\u00ada y pronunciar las palabras de la consagraci\u00f3n. No es posible fundamentar aqu\u00ed\u00ad b\u00ed\u00adblicamente con m\u00e1s detalle el ministerio sacerdotal: cf. el art. \u00abSacramentos\u00bb derivados de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>2.2. cristol\u00f3gica a la muerte violenta de Jes\u00fas significado sacrade la \u00faltima cena<br \/>\n) La \u00daltima Cena su referencia a la \u00f3xima muerte de Jes\u00fas. Los relatos de la instituci\u00f3n de la Eucarist\u00ed\u00ada enmarcan la \u00daltima Cena en el contexto de la Pasi\u00f3n de Jes\u00fas. Seg\u00fan P aqu\u00e9lla tuvo lugar \u00abla noche en que iba a ser entregado\u00bb (1 Cor 11, 23a) y seg\u00fan Lc 22, 15: \u00abantes de padecer\u00bb, que equivale a decir: \u00abantes de (cf. Lc 24, 26. 46; He 1, 3; 3, 18; 17, 3; cf. tambi\u00e9n 26, 23). Tambi\u00e9n el contexto literario de la narraci\u00f3n de la Pasi\u00f3n en que Mt y Mc colocan la Ultima Cena, las palabras sobre el c\u00e1liz (Mt 26, 28; Mc 14. 24) as\u00ed\u00ad como el dicho de Jes\u00fas de que no volver\u00e1 a beber del fruto de la vid hasta que lo haga en el Reino de su Padre o de Dios (Mt 26, 29; Mc 14, 25; Lc 22, 16) hacen referencia a su muerte pr\u00f3xima. La trayectoria de la vida de Jes\u00fas as\u00ed\u00ad como la acci\u00f3n simb\u00f3lica de la purificaci\u00f3n del templo, sin excluir su especial conocimiento divino, apuntan hacia el hecho de que Jes\u00fas en la \u00daltima Cena cont\u00f3 realmente con la cercan\u00ed\u00ada de su muerte. Su muerte fue una consecuencia de entrega completa al Reino. Jes\u00fas no tuvo s\u00f3lo una \u00abpreexistencia\u00bb, sino que su vida entera fue una \u00abpro-existencia\u00bb (=\u00bbexistencia para&#8230;\u00bb: as\u00ed\u00ad el exegeta cat\u00f3lico H. Sch\u00fcrmann), es decir, su vida fue un vivir exclusivamente para el Padre y los hombres. As\u00ed\u00ad se comprende que su muerte no fuera algo casual sino que aconteci\u00f3 por voluntad del Padre (Mt 16, 21; Mt 20, 28; Mt 26, 24. 54; Mc 8, 31; 9, 12; 10, 45; Lc 9, 22; 17, 25; 22, 37; 24, 7. 26). Si el lector comprende que la existencia de Jes\u00fas estuvo volcada plenamente en su amor al Padre y en la salvaci\u00f3n de los hombres, comprender\u00e1 que Jes\u00fas ten\u00ed\u00ada que morir de forma violenta por raz\u00f3n de su amor infinito al Padre y a los hombres, dada su oposici\u00f3n frontal al odio del mundo. No era ciertamente su muerte lo que Dios Padre quer\u00ed\u00ada directamente de \u00e9l, sino su amor total, lo cual no era posible sin la entrega de su vida humana, dada la condici\u00f3n pecadora del mundo.<\/p>\n<p>) La presencia sacramental de Cristo en la Eucarist\u00ed\u00ada. Las palabras de la instituci\u00f3n de la Eucarist\u00ed\u00ada coinciden en lo esencial a pesar de las peque\u00f1as diferencias: por una parte, Jes\u00fas su cuerpo y sangre con el pan y c\u00e1liz eucar\u00ed\u00adsticos, por otra, afirma que su cuerpo y sangre se o derrama por los hombres, sea que como en P y Lc la expresi\u00f3n \u00abpor vosotros\u00bb se refiera m\u00e1s directamente a la comunidad que celebra la Eucarist\u00ed\u00ada (1Cor 11, 24b; Lc 22, 20c) o como en Mt y Mc fa expresi\u00f3n \u00abpor muchos\u00bb vaya m\u00e1s all\u00e1 del recinto en que se celebra la Eucarist\u00ed\u00ada (26, 28b; Mc 14, 23c). Las palabras sobre el pan y el vino se han de entender en el sentido de que la persona de Jes\u00fas est\u00e1 y se da enteramente respectivamente tanto bajo la especie del pan como del vino (DH 1729).<\/p>\n<p>Tampoco se han de entender en el sentido de que las palabras consecratorias significan primer lugar o, menos a\u00fan, \u00f3lo la uni\u00f3n de los disc\u00ed\u00adpulos que participan de la comuni\u00f3n; si Jes\u00fas no est\u00e1 realmente presente bajo las especies de pan y vino, no hay tampoco verdadera uni\u00f3n sacramental. La situaci\u00f3n tan trascendental del momento exige que Jes\u00fas no hable en par\u00e1bolas o met\u00e1foras: las \u00faltimas palabras de despedida, antes de morir, no pueden convertirse en un acertijo (cf. Jn 16, 29).<\/p>\n<p>La expresi\u00f3n \u00abpor muchos\u00bb equivale en la mentalidad sem\u00ed\u00adtica a \u00abpor todos\u00bb, es decir, \u00aba un n\u00famero incontable de personas\u00bb, supuesta naturalmente, la fe. El demostrativo \u00abesto\u00bb o \u00ab\u00e9ste\u00bb traduce el pronombre griego neutro \u00abt\u00fato\u00bb. La palabra eficaz de Jes\u00fas opera una transformaci\u00f3n en los elementos de pan y vino al referirse a ellos con el pronombre \u00abesto\u00bb (\u00abtuto&#8217;) e identificarlos con su cuerpo y sangre. Si lo traducimos por el pronombre espa\u00f1ol \u00abesto\u00bb, significa que lo que los sentidos perciben como pan o vino se ha convertido por la palabra eficaz de Jes\u00fas en el \u00abcuerpo\u00bb y \u00absangre\u00bb de Cristo, es decir, en su persona real y concreta; si, en cambio, lo traducimos por \u00ab\u00e9ste\u00bb o \u00ab\u00e9sta\u00bb, se da a entender que lo que era \u00abrealidad \u00faltima\u00bb del pan -en el lenguaje teol\u00f3gico tradicional \u00absubstancia\u00bb- ha dejado de serlo por haberse convertido en el \u00abcuerpo\u00bb y \u00absangre\u00bb de Cristo. En el fondo no hay diferencia alguna real. Las palabras sobre el pan traducidas al espa\u00f1ol adquieren la siguiente forma: \u00abEsto o \u00e9ste es mi cuerpo\u00bb, (Mt 26, 26; Mc 14, 22), a lo que a\u00f1ade Lc 22, 19b: \u00abque se entrega por vosotros\u00bb, mientras que la adici\u00f3n paulina es concisa: \u00abel\u00bb (cuerpo que se entrega: aclaraci\u00f3n para hacer m\u00e1s inteligible la expresi\u00f3n de P) \u00abpor vosotros\u00bb (1 Cor 11, 24).<\/p>\n<p>La traducci\u00f3n de las palabras sobre el c\u00e1liz es algo m\u00e1s complicada, ya que \u00e9stas son m\u00e1s ricas en matices teol\u00f3gicos: \u00abEsta es sangre de la alianza, que se derrama por muchos\u00bb (Mt\/Mc), a lo que a\u00f1ade Mt: \u00abpara el perd\u00f3n de los pecados\u00bb. La f\u00f3rmula de Pablo\/Lc es la siguiente: \u00abEste c\u00e1liz es la nueva alianza en mi sangre\u00bb, a lo que a\u00f1ade Lc: \u00abque se depor vosotros\u00bb, que est\u00e1 inspirada en la de Mt\/Mc. El verbo \u00abes\u00bb no se debe entender como una pura comparaci\u00f3n o s\u00ed\u00admil, sino que significa que el pan y el vino se han convertido realmente en el cuerpo y sangre de Jes\u00fas. Conviene saber que la frase de Jes\u00fas en arameo carec\u00ed\u00ada de un verbo correspondiente al espa\u00f1ol \u00abes\u00bb (griego \u00abestira&#8217;), pero esto no afecta al sentido. Los exegetas observan que la tradici\u00f3n es y A, de las que dependen respectivamente los relatos de Mt\/Mc y Lc\/1 Cor, denotan ya un gran inter\u00e9s sarespecto a los elementos de pan y vino consagrados; se podr\u00ed\u00ada hablar de una concentraci\u00f3n sacramental, sobre todo en Mt\/Mc, mientras que en Lc\/1 Cor 11, 24-25 aparece m\u00e1s acentuado el aspecto sacrificial de la entrega de Jes\u00fas a la muerte. O sea, la fe de la Iglesia primitiva, ya antes de P, tom\u00f3 en serio las palabras de Jes\u00fas que se identificaba sacramentalmente con el pan y vino consagrados. P no rechaza el sacramentalismo de los corintios (cf. 10, 3-4. 16-17), sino que lo corrige, haciendo expresa referencia a la cruz y poniendo en guardia contra la falsa confianza. En Jn 6, 51-63 se encuentran muy marcados los aspectos eucar\u00ed\u00adsticos de la presencia real y sacrificio.<\/p>\n<p>En esta l\u00ed\u00adnea continuar\u00e1 Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada. Al identificar el pan y el vino con su cuerpo y sangre Jes\u00fas se entrega en persona, con su existencia concreta, y se dona a sus disc\u00ed\u00adpulos en la \u00daltima Cena como el que se est\u00e1 entregando a la muerte en la Cruz. El cristiano corre el peligro de olvidar como los corintios la actitud de entrega de s\u00ed\u00ad mismo a Dios y los hermanos.<\/p>\n<p>En las celebraciones eucar\u00ed\u00adsticas despu\u00e9s de Pascua Jes\u00fas se ofrecer\u00e1 al Padre por sus disc\u00ed\u00adpulos como el crucificado, resucitado y exaltado a la derecha de Dios. Su nueva condici\u00f3n \u00abpneum\u00e1tica\u00bb, es decir, espiritual divina, har\u00e1 posible que Jes\u00fas est\u00e9 presente sacramentalmente bajo las especies eucar\u00ed\u00adsticas. Jes\u00fas no habla en la \u00daltima Cena en el lenguaje metaf\u00f3rico de las par\u00e1bolas de los evangelios y en las im\u00e1genes del EvJn, p. ej., \u00abYo soy el pan de vida\u00bb o \u00abYo soy la luz del mundo\u00bb, sino en sentido literal y real: en el pan y vino consagrados se entrega Jes\u00fas con su persona y realidad concretas. Si toda su vida fue una entrega total al Padre y a los hombres, ahora con su muerte la entrega llega a su culmen (Jn 13, 1). La imagen del Siervo de Yahv\u00e9 que sufre la muerte vicaria (\u00abpor muchos\u00bb: cf. Is 53, 4-12) tiene su pleno cumplimiento en Jes\u00fas (Rom 5, 19).<\/p>\n<p>3. Las comidas de Jes\u00fas durante su ministerio p\u00fablico en su relaci\u00f3n con la \u00daltima Cena en la noche de su entrega y la Eucarist\u00ed\u00ada a partir de Pascua<br \/>\n3.1. comidas de Jes\u00fas Nazaret como de la llegada del reino y de la misericordia de Dios<br \/>\na) Las comidas Jes\u00fas pecadores y marginados como signo de la cercan\u00ed\u00ada Dios al mundo pecador. La Ultima Cena de Jes\u00fas y su celebraci\u00f3n por parte de los cristianos despu\u00e9s de Pascua retoman los motivos de las comidas de Jes\u00fas durante su ministerio p\u00fablico en Galilea. Jes\u00fas no s\u00f3lo proclam\u00f3 con palabras la cercan\u00ed\u00ada del Reino en cuanto invitaci\u00f3n a todos los hombres, sin distinci\u00f3n, a participar en \u00e9l y, de manera especial, a los pobres y marginados, sino que lo demostr\u00f3 con sus acciones milagrosas, bien curando a enfermos y liberando a los posesos del poder del demonio o participando en las comidas con publicanos y pecadores y dando de comer a las muchedumbres hambrientas que le segu\u00ed\u00adan. Mc hace seguir a la curaci\u00f3n del paral\u00ed\u00adtico, al que a la vez cura y perdona los pecados (2, 1-12), la llamada de Lev\u00ed\u00ad y el banquete en su casa, en el que participan no s\u00f3lo Jes\u00fas y sus disc\u00ed\u00adpulos, sino tambi\u00e9n publicanos y pecadores (2, 13-17; cf. Mt 9, 9-13; Lc 5, 27-32). Las palabras con que Jes\u00fas responde a sus cr\u00ed\u00adticos preocupados por la normas jud\u00ed\u00adas de la pureza legal, que deb\u00ed\u00ada tener en cuenta todo jud\u00ed\u00ado piadoso y observante y Jes\u00fas contraven\u00ed\u00ada, al reunirse con publicanos y pecadores o dejarse tocar por mujeres (Lc 7, 39), tienen un car\u00e1cter program\u00e1tico, sobre todo, si se tiene en cuenta que se encuentran casi al principio del evangelio de Mc: \u00abNo he venido a llamar a los justos sino a los pecadores\u00bb (2, 17).<\/p>\n<p>b) distintivo de la misi\u00f3n de Jes\u00fas. Jes\u00fas no gozaba de buena fama entre los jud\u00ed\u00ados observantes de su tiempo; su reproche de que era un \u00abcomil\u00f3n y borracho\u00bb no es una creaci\u00f3n de los evangelistas, sino que reflejan un hecho hist\u00f3ricamente cierto de que sus enemigos le consideraban como tal, ya que es inveros\u00ed\u00admil que los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas hubieran inventado una afrenta tal contra su maestro. El reproche contra Jes\u00fas y su comparaci\u00f3n con el modo distinto de comportarse Juan el Bautista se encuentran en Mt y Lc, que lo han tomado de la antiqu\u00ed\u00adsima colecci\u00f3n de dichos sobre el ministerio galilaico de Jes\u00fas: \u00abHa venido el hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: Este es un comil\u00f3n y un borracho, amigo de publicanos y pecadores\u00bb (Mt 11, 19; Lc 7, 34). Es evidente que el que Jes\u00fas se deje invitar a banquetes, y precisamente por gentes de mala reputaci\u00f3n, es algo que le distingue llamativamente del asceta \u00abJuan, el Bautista, que ni com\u00ed\u00ada ni beb\u00ed\u00ada\u00bb (Mt 11, 18\/Lc 7, 33). El reino de Dios, que Jes\u00fas anuncia, tiene una faceta humana, que le es esencial: Dios se acerca a los hombres, m\u00e1s a\u00fan, sobre todo, a los m\u00e1s pecadores que no rechazan su invitaci\u00f3n y los acoge misericordiosamente en su compa\u00f1\u00ed\u00ada. El hecho de participar en comidas con pecadores y publicanos es un rasgo caracter\u00ed\u00adstico de la misi\u00f3n de Jes\u00fas y significa que Dios por su medio acepta a los marginados y m\u00e1s despreciables de la sociedad.<\/p>\n<p>c) Las de los panes como signos de la generosidad y abundancia de la salvaci\u00f3n escatol\u00f3gica. En las multiplicaciones milagrosas de los panes y los peces en Galilea es Jes\u00fas quien convida a las muchedumbres y sacia su hambre. En el mundo helenista y romano del tiempo de Jes\u00fas los reyes y personas importantes mostraban su generosidad con las gentes de una ciudad organizando comidas a veces gigantescas al aire libre; como prueba de agradecimiento recib\u00ed\u00adan de la ciudad el t\u00ed\u00adtulo honor\u00ed\u00adfico de bienhechor. Las multiplicaciones milagrosas de los panes son acciones simb\u00f3licas con las que Jes\u00fas alud\u00ed\u00ada a la venida pr\u00f3xima del Reino y manifestaba su poder y misericordia para con los que le segu\u00ed\u00adan, reflejo del poder y misericordia de Dios (Mc 6, 34-43; cf. Mt 14, 13-21; Lc 9, 10-17; Jn 6, 1-14; Mc 8, 1-10; cf. Mt 15, 32-39). Por medio de las acciones de Jes\u00fas realiza Dios la salvaci\u00f3n, ya que Jes\u00fas es su enviado y act\u00faa en lugar de Dios; sus acciones tienen, por tanto, una eficacia \u00ed\u00adfico-sacramental.<\/p>\n<p>d) Las comidas de Jes\u00fas con toda clase de gente signo del amor que reclama la venida del reino. La comunicaci\u00f3n humana y participaci\u00f3n en banquetes y comidas compartidas a que Jes\u00fas asiste son algo tan esencial a su manera de concebir el Reino que \u00e9ste viene descrito por \u00e9l con im\u00e1genes (Mt 8, 11-12) y par\u00e1bolas (Mt 22, 1-14\/Lc 14, 15-24; Lc 15, 23-31) que nos lo presentan como un banquete al que todos los hombres est\u00e1n invitados, si bien son precisamente los de peor reputaci\u00f3n como los publicanos, las prostitutas (Mt 21, 31) y los marginados de la sociedad as\u00ed\u00ad como los pobres, inv\u00e1lidos, los ciegos y cojos (14, 21) los que aceptan la invitaci\u00f3n. Dios les acoge por medio de Jes\u00fas, y su acogida significa que el reino anunciado por \u00e9l ha comenzado a realizarse ya, lo cual es una anticipaci\u00f3n de su realizaci\u00f3n definitiva en plenitud. Su realizaci\u00f3n actual est\u00e1 a\u00fan en ciernes, que Jes\u00fas compara al min\u00fasculo grano de mostaza (Mt 13, 31-32; Mc 4, 30-32; Lc 13, 18-19), y consiste en que el participante, especialmente por medio de los banquetes y comidas en que Jes\u00fas est\u00e1 presente, recibe ya el perd\u00f3n de los pecados (Lc 19, 9-10) y goza de su compa\u00f1\u00ed\u00ada y benevolencia, que alcanzar\u00e1 su plenitud cuando tenga lugar el convite escatol\u00f3gico junto con los antiguos patriarcas (Mt 8, 11; 13, 29). Una se\u00f1al de que el reino de Dios est\u00e1 pr\u00f3ximo es la acogida de sus mensajeros en un pueblo o ciudad y su participaci\u00f3n en la mesa com\u00fan: \u00abQuedaos en la casa, comiendo y bebiendo lo que tengan. Si lleg\u00e1is a un pueblo y os reciben bien, comed lo que os sirvan&#8230; y decidles: El reino de Dios est\u00e1 cerca de vosotros\u00bb (Lcl0, 7-9). La mesa compartida es un indicio de que el Reino est\u00e1 cerca de los que se reparten el pan.<\/p>\n<p>3.2. Jes\u00fas servidor de sus disc\u00ed\u00adpulos en misi\u00f3n terrenal y, sobre todo, en la \u00faltima cena<br \/>\na) Jes\u00fas como , sobre todo, en su de despedida. Jes\u00fas aparece en los evangelios no s\u00f3lo participando en los banquetes de los publicanos y pecadores que le invitan a comer en sus casas (Mc 2, 13-17; Lc 19, 1-10), como invitado por fariseos (Lc 7, 36-50; 14, 1) o invitando, a su vez, como rey generoso al convite de bodas del Reino a todos los hombres (Mt 22, 1-14; Lc 14, 15-24), sino que aparece sirviendo y llega incluso a designarse como el esclavo que sirve a sus disc\u00ed\u00adpulos: \u00abYo estoy en medio de vosotros como uno que sirve (Lc 22, 27). Muestra su amor sin l\u00ed\u00admites hacia sus disc\u00ed\u00adpulos, lav\u00e1ndoles los pies en la \u00daltima Cena como se\u00f1al de su entrega a la muerte por ellos (cf. Jn 13, 1-20). Esta actitud de Jes\u00fas corresponde a su misi\u00f3n: \u00abEl hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos\u00bb (Mc 10, 45). El esclavo en la sociedad de entonces ten\u00ed\u00ada que estar pendiente casi exclusivamente de la voluntad y mandatos de su se\u00f1or. Jes\u00fas exige de sus disc\u00ed\u00adpulos total disponibilidad, pero no pide m\u00e1s de lo que practica \u00e9l mismo con respecto al Padre: \u00abAs\u00ed\u00ad tambi\u00e9n vosotros, cuando hay\u00e1is hecho lo que se os haya ordenado, decid: Somos siervos in\u00fatiles; hemos hecho lo que deb\u00ed\u00adamos hacer\u00bb (Lc 17, 10). Toda la vida terrenal de Jes\u00fas es \u00abproexistencia\u00bb, es decir, una existencia orientada total y radicalmente hacia el Padre y la salvaci\u00f3n de los hombres. La expresi\u00f3n , que ha sido acu\u00f1ada por el exegeta cat\u00f3lico H. Sch\u00fcrmann y hace recordar la palabra , ha tenido aceptaci\u00f3n entre los exegetas cat\u00f3licos y su concepto es, a mi parecer, af\u00ed\u00adn al de \u00f3n u ofrenda de s\u00ed\u00ad mismo al Padre por los dem\u00e1s hombres. Toda su vida es ofrenda de s\u00ed\u00ad mismo (Jn 17, 19). Jn ha expresado certeramente este rasgo esencial de la existencia de Jes\u00fas, al explicar el porqu\u00e9 de la expulsi\u00f3n de los vendedores del templo: \u00abEl celo de tu casa me devora\u00bb (Jn 2, 17). Esa tensi\u00f3n permanente por anunciar y realizar el reino, aunque sea de modo incipiente, le acarrear\u00e1 la muerte violenta. Su \u00faltimo intento de llamar a la conversi\u00f3n, como es la expulsi\u00f3n de los vendedores del templo, es, muy probablemente, la causa de que se decida matarle.<\/p>\n<p>b) Jes\u00fas su amor antes de separarse de sus \u00ed\u00adpulos. El anuncio prof\u00e9tico referente al banquete escatol\u00f3gico en el que Jes\u00fas va a participar muy pronto, que reproducen los tres sin\u00f3pticos en el relato de la Ultima Cena, es con toda probabilidad un dicho aut\u00e9ntico de Jes\u00fas, que relaciona los banquetes de su vida p\u00fablica con la Ultima Cena y el banquete escatol\u00f3gico del reino: \u00abOs digo que a partir de ahora no beber\u00e9 de este fruto de la vid hasta el d\u00ed\u00ada aquel en que lo beba con vosotros nuevo en el reino de mi Padre (Mt 26, 29; Mc 14, 25; Lc 22, 18). Lc ha subrayado a\u00fan m\u00e1s la relaci\u00f3n entre la \u00faltima cena pascual con sus disc\u00ed\u00adpulos y la cena escatol\u00f3gica: \u00abCon deseo he deseado comer esta pascua con vosotros antes de padecer. Porque os digo que no la comer\u00e9 hasta que tenga su realizaci\u00f3n en el reino de Dios\u00bb (Lc 22, 15-16). A continuaci\u00f3n toma el c\u00e1liz y manda distribuirle entre los disc\u00ed\u00adpulos (v. 17), pronunciando el anuncio prof\u00e9tico antes mencionado (v. 18). Jes\u00fas anuncia a sus disc\u00ed\u00adpulos que a partir de este momento no va a celebrar m\u00e1s comidas con sus disc\u00ed\u00adpulos; su muerte pr\u00f3xima va a poner t\u00e9rmino a las comidas con sus disc\u00ed\u00adpulos en la tierra. Jes\u00fas pens\u00f3 en el futuro de sus disc\u00ed\u00adpulos despu\u00e9s de su muerte. Jes\u00fas instituye un modo de perpetuar las comidas con sus disc\u00ed\u00adpulos a un nivel superior, sacramental, al dar su cuerpo y sangre en la Eucarist\u00ed\u00ada bajo la forma de pan y vino; su entrega bajo las especies de pan y de vino a los disc\u00ed\u00adpulos anticipa su entrega en la muerte redentora. El amor de Jes\u00fas encarnado en la entrega del pan y vino eucar\u00ed\u00adsticos es el mismo amor que se entrega a la muerte propiciatoria \u00abpor los muchos\u00bb (cf. Jn 13, 1 y Mt 26, 28b; Mc 14, 24b; Lc 22, 19b. 20b; 1 Cor 11, 24b). As\u00ed\u00ad como los dem\u00e1s sacramentos tienen su origen el d\u00ed\u00ada de pascua de resurrecci\u00f3n, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n la Eucarist\u00ed\u00ada, el vino (Mc 14, 25): la presencia nueva de Jes\u00fas, \u00abpneum\u00e1tica\u00bb, que traspasa paredes (Jn 20, 19. 26; cf. tambi\u00e9n Lc 24, 36) hace posible que el pan y vino consagrados se conviertan en su cuerpo y sangre, de tal modo que con Pablo podamos hablar de \u00abalimento y bebida \u00bb (en griego \u00f3n, es decir, \u00abtransformado por Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb) (1 Cor 10, 3-4). El anuncio prof\u00e9tico de Jes\u00fas de que participar\u00ed\u00ada en el banquete escatol\u00f3gico con sus disc\u00ed\u00adpulos despu\u00e9s de su muerte se comienza a realizar con su resurrecci\u00f3n, a lo cual aluden algunas de las apariciones en que Jes\u00fas se manifiesta por medio de una comida (Lc 24, 30-31; Jn 21, 12-13). Despu\u00e9s de Pascua \u00abla partici\u00f3n del pan\u00bb, o sea, la celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00ed\u00ada, junto con la ense\u00f1anza de los ap\u00f3stoles, la uni\u00f3n fraterna y las oraciones ser\u00e1n los rasgos principales de la vida lit\u00fargica de la comunidad de Jerusal\u00e9n (He 2, 42. 46). Cf. de San Pablo, Monte Carmelo, Burgos, \u00ed\u00ada, p\u00e1gs. 498-517.<\/p>\n<p>Rodr\u00ed\u00adguez Ruiz<\/p>\n<p>FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret<\/b><\/p>\n<p>1.Presentaci\u00f3n y textos<\/p>\n<p>(bendici\u00f3n, comida, alimentos, Jes\u00fas, gracia). La eucarist\u00ed\u00ada o acci\u00f3n de gracias vinculada a la entrega de Jes\u00fas, que se expresa en el pan compartido, constituye el misterio o signo fundamental del cristianismo. Ella expresa el sentido e identidad del mensaje y de la vida de Jes\u00fas, que se centra en el pan y el vino de la vida que se celebra y comparte de un modo mesi\u00e1nico.<\/p>\n<p>(1) Terminolog\u00ed\u00ada. Eucarist\u00ed\u00ada y eulog\u00ed\u00ada. Son las palabras b\u00e1sicas de la liturgia cristiana, vinculadas a la tradici\u00f3n israelita. La eulog\u00ed\u00ada (en hebreo berakah, de barak) se encuentra muy enraizada en la liturgia y experiencia antigua de Israel, donde se vincula no s\u00f3lo con las bendiciones de Dios a los  hombres, sino tambi\u00e9n con las de los hombres a Dios. Por el contrario, el t\u00e9rmino eukharistia aparece s\u00f3lo en los textos m\u00e1s tard\u00ed\u00ados y s\u00f3lo en la Biblia de los LXX. En el Nuevo Testamento, en principio, esas dos palabras pueden resultar intercambiables, como supone el relato de la multiplicaci\u00f3n de Mc 8,1-10, donde se dice que Jes\u00fas toma el pan y, dando gracias (eukharist\u00e9sas: 8,6), lo parti\u00f3 y lo dio a sus disc\u00ed\u00adpulos, para que los repartieran a la gente, a\u00f1adiendo despu\u00e9s que tom\u00f3 los peces y bendiciendo (eulog\u00e9sas: 8,7) mand\u00f3 que los repartiesen. As\u00ed\u00ad se ha establecido un paralelo entre eucarist\u00ed\u00ada (sobre el pan) y etdog\u00ed\u00ada (sobre los peces). De todas formas, el uso de las palabras puede ser variable, como muestra el hecho de que en la primera multiplicaci\u00f3n Marcos s\u00f3lo ha empleado una palabra (eucarist\u00ed\u00ada: Mc 6,41), mientras que Mateo emplea en cada multiplicaci\u00f3n una distinta: etdog\u00ed\u00ada, bendici\u00f3n, en la primera (Mt 14,19) y eucarist\u00ed\u00ada, acci\u00f3n de gracias, en la segunda (Mt 15,36). Por otra parte, tanto Mc 14,2223 como Mt 26,26-27 emplean las dos palabras en un contexto ya directamente \u00abeucar\u00ed\u00adstico\u00bb: etdog\u00ed\u00ada para el pan y eucarist\u00ed\u00ada para el vino. Eso significa que las dos tienden a identificarse, aunque, estrictamente hablando, s\u00f3lo a Dios se puede dar gracias: por eso, la eucarist\u00ed\u00ada se dirige siempre a \u00e9l. Por el contrario, la bendici\u00f3n puede (y debe) dirigirse a Dios, pero tambi\u00e9n a sus dones de la naturaleza o de la tierra, como indican muchos manuscritos de Mc 8,7, conforme a los cuales Jes\u00fas no habr\u00ed\u00ada bendecido a Dios sobre los panes, sino que habr\u00ed\u00ada bendecido directamente los panes, como dones de Dios. Desde una perspectiva israelita, resulta m\u00e1s significativa la etdog\u00ed\u00ada, pues la mayor parte de las oraciones jud\u00ed\u00adas tienen forma de berakah, de manera que el gesto principal es el de bendecir a Dios. A pesar de eso, quiz\u00e1 por su vinculaci\u00f3n con kharis, gracia, la palabra eucarist\u00ed\u00ada ha terminado siendo dominante, de manera que es la \u00fanica que aparece en Pablo (cf. 1 Cor 11,24) y en Lucas 22,19.<\/p>\n<p>(2) \u00daltima cena de Jes\u00fas, \u00bfcena pascual? (pascua*, muerte*). La investigaci\u00f3n exeg\u00e9tica ha discutido intensamente el car\u00e1cter pascual o no pascual de la Cena de Jes\u00fas (cf. Mc 14,12-32; Mt 26,17-35; Lc 22,7-34; Jn 13-17). Co mo seguir\u00e9 diciendo, pienso que no fue una cena pascual estrictamente dicha, aunque se celebr\u00f3 en contexto de pascua. (a) No fue cena pascual. Algunos investigadores, partiendo de Jn 19,3137, suponen que Jes\u00fas fue crucificado la tarde de la vigilia de pascua, es decir, en el momento en que se estaban matando en el templo los corderos, que los jud\u00ed\u00ados fieles cenar\u00ed\u00adan esa noche, como alimento y signo de liberaci\u00f3n. En esa l\u00ed\u00adnea, 1 Cor 5,7b indicar\u00ed\u00ada que la muerte de Jes\u00fas fue una especie de ant\u00ed\u00adtesis de la pascua tradicional jud\u00ed\u00ada. L\u00f3gicamente, la \u00faltima cena, celebrada una noche antes, no pudo ser pascual (en sentido jud\u00ed\u00ado), sino cena de despedida amistosa y dram\u00e1tica, (b) Fue cena pascual. Otros, tomando en un sentido historicista la referencia de Mc 14,12 par (donde los disc\u00ed\u00adpulos le preguntan a Jes\u00fas d\u00f3nde quiere celebrar la pascua), suponen que la \u00faltima cena tuvo lugar en la misma noche de pascua, es decir, despu\u00e9s que hab\u00ed\u00adan sido sacrificados los corderos en el templo. Eso significar\u00ed\u00ada que Jes\u00fas comi\u00f3 el cordero al mismo tiempo que el resto de los fieles jud\u00ed\u00ados, pero cambi\u00f3 de un modo significativo el rito antiguo, fij\u00e1ndose de un modo especial en el pan y el vino, a los que confiri\u00f3 un sentido nuevo, vinculado a su propia entrega por el Reino. Estas son las opiniones principales, aunque hay otros autores que buscan soluciones intermedias, afirmando que hab\u00ed\u00ada diversas dataciones de pascua, una oficial, otras de grupos marginales.<\/p>\n<p>(3) \u00daltima cena. Cena mesi\u00e1nica. Pienso que la \u00faltima cena de Jes\u00fas fue una celebraci\u00f3n de amistad y despedida mesi\u00e1nica, no liturgia jud\u00ed\u00ada estricta de pascua, (a) Faltan en la Cena de Jes\u00fas tres elementos principales de la pascua (pan \u00e1zimo, cordero pascual, hierbas amargas). Ser\u00ed\u00ada asombroso que Jes\u00fas no hubiera aludido a esos signos de la tradici\u00f3n, si celebraba la Pascua jud\u00ed\u00ada: las hierbas amargas pod\u00ed\u00adan expresar su sufrimiento, el cordero su muerte, los \u00e1zimos el nuevo pan del Reino, (b) Las autoridades jud\u00ed\u00adas no quer\u00ed\u00adan que la muerte de Jes\u00fas aconteciera el d\u00ed\u00ada de la fiesta, como hubiera sucedido si la \u00faltima cena fuera cena de pascua. Por otra parte, muchos elementos de la pasi\u00f3n resultan dif\u00ed\u00adciles de entender en el caso de que la \u00faltima cena y prendimiento se hu  bieran realizado la noche de pascua: la reuni\u00f3n del Sanedr\u00ed\u00adn o Consejo Sacerdotal a lo largo de esa noche de fiesta, la liberaci\u00f3n de Barrab\u00e1s al d\u00ed\u00ada siguiente (tendr\u00ed\u00adan que haberle liberado para celebrar la pascua), los diversos movimientos de la gente (hist\u00f3ricos o no), que ser\u00ed\u00adan contrarios al descanso del d\u00ed\u00ada de pascua: Sim\u00f3n de Cirene vuelve del campo, Jos\u00e9 de Arimatea compra una s\u00e1bana, etc. Por todo eso, y por la forma en que Jes\u00fas asume y recrea los signos del pan y del vino, pensamos que se trata de una cena mesi\u00e1nica, con rasgos pascuales (el entorno de la fiesta de pascua), pero tambi\u00e9n pentecostales, de agradecimiento y de nacimiento de la nueva comunidad mesi\u00e1nica.<\/p>\n<p>(4) Relatos evang\u00e9licos. Sentido general. El sentido de la \u00faltima cena en los evangelios (y sobre todo en el de Marcos) ha de entenderse desde una perspectiva literaria y teol\u00f3gica: Marcos ha querido ejemplificar la oposici\u00f3n entre los disc\u00ed\u00adpulos (que se empe\u00f1an en comer la pascua jud\u00ed\u00ada, siguiendo fieles a las tradiciones rituales del pueblo: Mc 14,12) y Jes\u00fas, que les ofrece una comida distinta de aquella que le piden. Por eso, ha introducido la Cena en contexto de pascua jud\u00ed\u00ada, para indicar as\u00ed\u00ad mejor la novedad de Jes\u00fas frente a ella. Significativamente, la \u00abcelebraci\u00f3n pascual\u00bb es una propuesta de los disc\u00ed\u00adpulos: quieren sacrificar la pascua al modo jud\u00ed\u00ado, es decir, formando con Jes\u00fas una comunidad limpia, de puros observantes. No han entendido la novedad del Evangelio y as\u00ed\u00ad, como representantes de la esperanza nacional israelita, proponen a Jes\u00fas que celebre la pascua. Ellos proponen y Jes\u00fas acepta, pero no para celebrar con ellos la gloria de la identidad ritual, de los puros jud\u00ed\u00ados, sino para mostrarles, en el mismo centro de su comida, que van a rechazarle (Mc 14,18-21.27-31), mostrando as\u00ed\u00ad que esa pascua ha perdido su sentido, dentro de su mesianismo. El problema para Marcos no es hist\u00f3rico (no se trata de saber la noche exacta en que Jes\u00fas tom\u00f3 su Cena), sino teol\u00f3gico: quiere mostrar la novedad de Jes\u00fas frente a la pascua jud\u00ed\u00ada. El camino de Jes\u00fas no ha culminado en una pascua ritual jud\u00ed\u00ada, sino todo lo contrario: en su fidelidad al Reino y en la entrega de su vida, que los disc\u00ed\u00adpulos tendr\u00e1n que retomar desde Galilea (Mc 14,28), abandonando el lugar de la pascua nacional jud\u00ed\u00ada que es Jerusal\u00e9n. Por eso nos parece preferible la dataci\u00f3n del evangelio de Jn, que supone que la \u00faltima cena de Jes\u00fas no fue cena pascual, porque \u00e9l fue crucificado precisamente en la v\u00ed\u00adspera de la pascua, cuando empezaban a sacrificarse los corderos que deb\u00ed\u00adan comerse despu\u00e9s.<\/p>\n<p>(5) Textos de instituci\u00f3n (Mc 14,2224 par) (pan*, vino*). Pienso que la \u00faltima cena (eucarist\u00ed\u00ada*) no puede entenderse de modo estrictamente pascual, sino como cena de despedida, de manera que en ella Jes\u00fas puede aparecer como iniciador de una liturgia que, por un lado, se arraiga en las tradiciones jud\u00ed\u00adas del pan y del vino y, por otro, queda vinculada a su propia entrega. Resulta actualmente arriesgado reproducir los diferentes momentos de esa Cena, pero podemos y debemos fijar su novedad, partiendo de unos s\u00ed\u00admbolos b\u00e1sicos que Jes\u00fas no ha tenido que crear, pues estaban ah\u00ed\u00ad: el pan y el vino de las grandes fiestas de las primicias, celebradas a lo largo del a\u00f1o, el pan y vino que diversos tipos de esenios compart\u00ed\u00adan de un modo festivo, celebrando la presencia de Dios y esperando su manifestaci\u00f3n futura. Jes\u00fas ha evocado el sentido de su vida en esos signos, que van m\u00e1s all\u00e1 de la pascua jud\u00ed\u00ada (centrada en cordero, panes \u00e1zimos y hierbas amargas), descubriendo y expresando en ellos el sentido de su entrega por el Reino. Su gesto ha estado precedido por acciones y palabras muy significativas: a lo largo de su tiempo de mensaje, Jes\u00fas ha compartido el pan y el vino con los pecadores, ha multiplicado los panes y los peces en el campo, ha evocado el sentido de su vida en par\u00e1bolas relacionadas con el tema (sembrador y vi\u00f1ador). Lo que ahora dice y hace debe interpretarse desde lo que ha sido su misi\u00f3n anterior, de forma que se cumpla su palabra esencial: \u00abYo dispongo en favor de vosotros del Reino, como mi Padre ha dispuesto de \u00e9l en favor m\u00ed\u00ado, para que com\u00e1is y beb\u00e1is en mi mesa\u00bb (Lc 22,29-30). Conforme a un texto de una tradici\u00f3n antigua, Jes\u00fas hab\u00ed\u00ada dicho: \u00abEn verdad os digo, algunos de los aqu\u00ed\u00ad presentes no gustar\u00e1n la muerte hasta que vean venir el reino de Dios con poder\u00bb (Mc 9,1). Pues bien, la tradici\u00f3n posterior afirmar\u00e1 que ese Reino, cuya venida cronol\u00f3gica no podemos preci  sar, est\u00e1 ya presente en el misterio eucar\u00ed\u00adstico: Jes\u00fas no se limita a invitar a sus amigos al vino futuro de su Reino (vino* 4: beber en el Reino: Mc 14,25), sino que regala su propio cuerpo y sangre (pan y vino), en anticipo de ese Reino, mientras ellos siguen viviendo sobre el mundo. As\u00ed\u00ad se concreta y actualiza aquella palabra escatol\u00f3gica.<\/p>\n<p>(6) Variantes. Las palabras de la instituci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica se han transmitido en dos variantes principales, (a) Pablo y Lucas: \u00abEl Se\u00f1or Jes\u00fas, la noche en que fue entregado, tom\u00f3 pan, y dando gracias, lo parti\u00f3 y dijo: Esto es mi Cuerpo (dado) por vosotros. Haced esto en memoria m\u00ed\u00ada. De igual modo tom\u00f3 la copa, despu\u00e9s de cenar diciendo: Esta copa es la Nueva Alianza en mi Sangre. Cuantas veces la bebiereis hacedlo en memoria m\u00ed\u00ada\u00bb (1 Cor 11,2325). Lucas sigue b\u00e1sicamente el texto de Pablo sobre el pan (Lc 22,19) y tambi\u00e9n la primera parte del texto sobre la copa, omitiendo el final (cuantas veces lo bebiereis hacedlo en memoria m\u00ed\u00ada, Lc 22,20), aunque hay algunos manuscritos muy importantes (como el D), que omiten la segunda parte de la palabra sobre el pan y todo lo relacionado con la copa, como seguiremos indicando), (b) Marcos y Mateo: \u00abY mientras com\u00ed\u00adan, Jes\u00fas tom\u00f3 pan, pronunci\u00f3 la bendici\u00f3n, lo parti\u00f3, se lo dio y dijo: Tomad, esto es mi Cuerpo. Tom\u00f3 luego una copa y, dando gracias, se la dio y bebieron todos de ella. Y les dijo: Esta es la Sangre de mi Alianza, derramada por muchos (Mc 14,22-24). Mateo 26,26-29 ha introducido dos variantes en la palabra sobre la copa: dice \u00abbebed de ella todos\u00bb y a\u00f1ade que la sangre ha sido derramada \u00abpara perd\u00f3n de los pecados\u00bb. Tendr\u00ed\u00adamos por tanto dos tradiciones eucar\u00ed\u00adsticas: una podr\u00ed\u00ada llamarse por comodidad antioquena (1 Cor, Lucas); otra romana o palestina (Marcos y Mateo).<\/p>\n<p>(7) An\u00e1lisis de los textos. El texto m\u00e1s antiguo ser\u00ed\u00ada el que Pablo ha recibido de la tradici\u00f3n y ha fijado en los 50, a los veinte a\u00f1os de la muerte de Jes\u00fas. M\u00e1s reciente parece el de Marcos, aunque resulta sensiblemente id\u00e9ntico al de Pablo, (a) El texto de Pablo, de claro sentido lit\u00fargico, est\u00e1 marcado por la doble indicaci\u00f3n de haced esto en memoria m\u00ed\u00ada y por el paralelismo, aunque imperfecto, entre el pan y el vino: se supone que el recuerdo del pan es frecuente (haced esto, sin limitaciones), mientras que el del vino queda limitado (cuantas veces la bebiereis&#8230;). Esto significa que pudo existir una eucarist\u00ed\u00ada diaria del pan (vinculada a la comida cotidiana), mientras que la del vino ser\u00ed\u00ada m\u00e1s solemne y rara (ligada a la posibilidad de que lo hubiera en la casa de la iglesia), (b) El texto de Lucas depende de Pablo, como indica su vocabulario. La palabra sobre el vino no se encuentra en el D (Codex Bezae) y en otros manuscritos de la tradici\u00f3n occidental, y es muy posible que faltara en su evangelio, b\u00e1sicamente interesado en la pascua (pan), no en el vino (cf. Lc 22,15-16; 24,35). En esa l\u00ed\u00adnea se podr\u00ed\u00ada recordar que Hechos habla de la Fracci\u00f3n del Pan, no de la fiesta del vino (cf. Hch 2,42.46; 20,7.11). Quiz\u00e1 algunas iglesias conoc\u00ed\u00adan una eucarist\u00ed\u00ada s\u00f3lo con pan, poniendo de relieve la unidad del Cuerpo de Cristo. Se impuso, sin embargo, y triunf\u00f3 en la Iglesia universal la eucarist\u00ed\u00ada del pan y del vino, como muestran los manuscritos posteriores de Lucas, (c) El texto de Marcos debe interpretarse en clave narrativa: no es un formulario lit\u00fargico (como el Pablo), sino un relato fundacional que recoge y fundamenta la acci\u00f3n de la Iglesia. Por eso, Jes\u00fas no repite las palabras rituales haced esto&#8230; pues el mismo g\u00e9nero literario (que es narrativo y no lit\u00fargico) introduce el pan y el vino de un modo normal en la comida, de manera que no necesita explicarse su sentido. Jes\u00fas toma el pan, lo bendice, lo parte y lo entrega, en gesto que pertenece a una liturgia normal de comida amistosa (celebraci\u00f3n de las primicias o despedida); s\u00f3lo m\u00e1s tarde, cuando ya lo est\u00e1n comiendo, le atribuye un nuevo sentido: \u00abesto es mi Cuerpo\u00bb. Lo mismo, y de manera m\u00e1s marcada, sucede con el vino: Jes\u00fas da gracias al modo normal jud\u00ed\u00ado y lo ofrece a sus disc\u00ed\u00adpulos; s\u00f3lo despu\u00e9s, mientras beben, les explica: \u00ab\u00e9sta es la Sangre de mi Alianza\u00bb. Lo que se ha llamado en la Iglesia presencia real de Jes\u00fas en las especies del pan y del vino resulta aqu\u00ed\u00ad inseparable del gesto de comer y beber, (d) Mateo acepta el texto de Marcos, introduciendo unas ligeras variaciones de tipo explicativo o teol\u00f3gico. Son explicativas las a\u00f1adiduras: tomad y comed, bebed todos. M\u00e1s importancia tiene el a\u00f1adido sobre la Sangre de la Alianza que ha sido  derramada por o en favor (con peri, no hyper) de muchos para perd\u00f3n de los pecados. De esa forma ha destacado en el rito de la Cena un lenguaje y signo sacrificial, interpretando el gesto de Jes\u00fas (y de la Iglesia que lo asume) en perspectiva de purificaci\u00f3n de los pecados. La interpretaci\u00f3n sacrificial estaba ya en el fondo de Marcos y Lucas, que hab\u00ed\u00adan presentado el vino como sangre derramada por vosotros (o por muchos: todos), en l\u00ed\u00adnea de Alianza. Podemos suponer que el mismo Jes\u00fas hab\u00ed\u00ada entendido su mensaje y destino en la l\u00ed\u00adnea de las celebraciones pentecostales. Por eso es normal que su Cena haya sido signo y plenitud de la alianza de Dios con los hombres. Mateo ha dado un paso m\u00e1s, vinculando en Jes\u00fas las fiestas de la alianza y la expiaci\u00f3n, para perd\u00f3n de los pecados. De esa forma ha culminado la comprensi\u00f3n sacrificial de la eucarist\u00ed\u00ada. Pero los signos principales siguen siendo el pan y vino que est\u00e1n en el centro del rito de la cena.<\/p>\n<p>Cf. J. L. Espinel, La Eucarist\u00ed\u00ada del Nuevo Testamento, San Esteban, Salamanca 1980; J. Jerem\u00ed\u00adas, La \u00faltima Cena. Palabras de Jesi&#8217;is, Cristiandad, Madrid 1980; X. LEon-Dufour, La fracci\u00f3n del pan. Cubo y existencia en el Nuevo Testamento, Cristiandad, Madrid 1983; L. Maldonado, La plegaria eucar\u00ed\u00adstica, BAC, Madrid 1967; E. Nodet y E. Taylor, Origins of Christianity, Glazier, Collegeville MI 1998; X. Pikaza, Fiesta del pan, fiesta del vino, Verbo Divino, Salamanca 2006.<\/p>\n<p>EUCARIST\u00ed\u008dA<br \/>\n2. Variantes y elementos<\/p>\n<p>(-> comida, Iglesia). La eucarist\u00ed\u00ada forma parte del despliegue de las diversas iglesias, que asumen y celebran el recuerdo de Jes\u00fas en el pan y vino de la mesa compartida. Algunos autores han pensado que al principio de la Iglesia hab\u00ed\u00adan existido dos tipos de eucarist\u00ed\u00adas. En este contexto queremos evocar el testimonio de un documento extrab\u00ed\u00adblico (la Didaj\u00e9) y presentar algunos alimentos eucar\u00ed\u00adsticos que han empleado, al menos espor\u00e1dicamente, las diversas iglesias.<\/p>\n<p>(1) Eucarist\u00ed\u00ada* galilea, eucarist\u00ed\u00ada jerosolimitana. Habr\u00ed\u00ada una eucarist\u00ed\u00ada m\u00e1s galilea, de tipo judeocristiano, que estar\u00ed\u00ada simbolizada en las multiplicaciones*, con pan y pescado reales y abundantes, para saciar el hambre de todos los que vienen. Esta celebraci\u00f3n de los panes y peces podr\u00ed\u00ada ser anterior (e independiente) de la muerte y pascua de Jes\u00fas, como una fiesta de fraternidad y comida, ofrecida a todos y en especial a los necesitados. Habr\u00ed\u00ada una eucarist\u00ed\u00ada m\u00e1s jerosolimitana, abierta desde Jerusal\u00e9n hacia los gentiles, con pan y vino simb\u00f3licos, que acaban separ\u00e1ndose de la comida real. Ella ser\u00ed\u00ada una recreaci\u00f3n sacral de la muerte y pascua de Jes\u00fas, con un fondo hist\u00f3rico, vinculado a la \u00faltima cena. Sin negar cierto valor a esa postura, pienso que las dos eucarist\u00ed\u00adas tienen un fondo com\u00fan, de manera que pueden y deben vincularse.<\/p>\n<p>(2) Panes y peces. Pan y vino. La eucarist\u00ed\u00ada de los panes y los peces desemboca en la celebraci\u00f3n pascual del pan y el vino. Por su parte la eucarist\u00ed\u00ada del pan y el vino s\u00f3lo conserva su sentido mesi\u00e1nico all\u00ed\u00ad donde se arraiga en las comidas hist\u00f3ricas de Jes\u00fas. As\u00ed\u00ad lo han supuesto y narrado, de formas convergentes, los cuatro evangelios, situando las multiplicaciones (pan y peces) en una trayectoria abierta a la celebraci\u00f3n de la Cena (pan y vino) y viceversa. Marcos y Mateo sit\u00faan el relato de la cena en el conjunto de la biograf\u00ed\u00ada kerigm\u00e1tica de Jes\u00fas, de manera que no ofrecen (como 1 Cor 11,24-25) el texto de un ritual, sino un recuerdo hist\u00f3rico. Por eso, en principio, ellos no tienen necesidad de evocar la repetici\u00f3n ritual: \u00abhaced esto\u00bb. Las r\u00fabricas del rito no resultan necesarias en su texto. L\u00f3gicamente, sus relatos de instituci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica no van contra la celebraci\u00f3n eclesial repetida con pan y vino. Pero sus textos, y especialmente el de Marcos, podr\u00ed\u00adan interpretarse conforme a este esquema: (a) Hay una eucarist\u00ed\u00ada del pan y los peces, propia de la historia de Jes\u00fas en Galilea. Es la celebraci\u00f3n diaria de la vida compartida, de la apertura de Jes\u00fas hacia los pecadores y las multitudes, comida de solidaridad y gozo anticipado del Reino, (b) Hay una eucarist\u00ed\u00ada de la Cena de Jes\u00fas, que Mc 14,22-24 (y Mt 26,26-29) concibe de alg\u00fan modo como \u00fanica. Es la eucarist\u00ed\u00ada del final de Jes\u00fas, la Cena de su entrega. Ella se celebr\u00f3 s\u00f3lo una vez y expresa el sentido y permanencia de la donaci\u00f3n y muerte de Jes\u00fas, en favor de todos. Por eso el texto no dice que se repita, (c) Retorno. Desde la eucarist\u00ed\u00ada de la Cena hay que volver a la eucarist\u00ed\u00ada de las multiplicaciones, como supone el joven de la pascua, que pide a las mujeres de la tumba vac\u00ed\u00ada que vayan a Galilea, donde ver\u00e1n a Jes\u00fas (cf. Mc 16,1-8). Por eso, la eucarist\u00ed\u00ada de la Cena ha de actualizarse en la comida con los marginados y pecadores, en la multiplicaci\u00f3n de panes y peces de la vida de real, con los hambrientos del mundo. En ese sentido pensamos que la eucarist\u00ed\u00ada de Jerusal\u00e9n, con el pan y vino de la Cena, marc\u00f3 un momento irrepetible en la din\u00e1mica del Evangelio, un momento que, parad\u00f3jicamente, debe actualizarse en la vida de la Iglesia que se inicia en Galilea, en torno a los signos del pan y los peces&#8230; Enigm\u00e1tica y gozosamente, el vino aparece ah\u00ed\u00ad, el vino de la entrega de Jes\u00fas y de la fiesta de Dios, unido al pan que es cuerpo de fraternidad mesi\u00e1nica. Pero la uni\u00f3n final de pan y vino, con la entrega de la vida, s\u00f3lo puede alcanzarse y celebrarse donde se reasume, una y otra vez, la eucarist\u00ed\u00ada galilea, unida al compromiso en favor de los excluidos, con las multiplicaciones de los panes y los peces.<\/p>\n<p>(3) La Iglesia posterior ha ratificado la eucarist\u00ed\u00ada del pan y vino, situ\u00e1ndola en un contexto pascual, como si fuera el \u00fanico signo de celebraci\u00f3n cristiana. Hubiera sido bueno que insistiera tambi\u00e9n en el modelo de la eucarist\u00ed\u00ada galilea. Desde esa base se podr\u00e1n distinguir dos tipos de celebraci\u00f3n cristiana, (a) Puede haber una \u00abeucarist\u00ed\u00ada diaria de la fracci\u00f3n del pan\u00bb, en la l\u00ed\u00adnea de Hechos (cf. 2,42-46; 20,7.11), acompa\u00f1ada quiz\u00e1 por los peces. Esta ser\u00ed\u00ada la eucarist\u00ed\u00ada de la comida fraterna, que se expresa en la comunicaci\u00f3n econ\u00f3mica, ratificada cada d\u00ed\u00ada en el servicio a los pobres, (b) Puede y debe haber una eucarist\u00ed\u00ada dominical festiva, donde recibe su sentido el doble signo del pan y del vino, celebraci\u00f3n gozosa de la vida, en memoria de Jes\u00fas resucitado. Esta parece ser la novedad cristiana m\u00e1s antigua, en clave ritual: los seguidores de Jes\u00fas han aceptado el ritmo semanal jud\u00ed\u00ado, pero han cambiado el d\u00ed\u00ada y motivo de la celebraci\u00f3n: recuerdan a Jes\u00fas cada Domingo (= D\u00ed\u00ada del Dominus o Se\u00f1or), tomando en su honor el pan y el vino, en comunicaci\u00f3n sacral y social. Una eucarist\u00ed\u00ada dominical celebrada cada d\u00ed\u00ada tiene poco sentido. Desde mediados del siglo II (como muestran las controversias pascuales), los cristianos comenzaron a celebrar una pascua anual, en el domingo m\u00e1s cercano al plenilunio de primavera. Esa celebraci\u00f3n no a\u00f1ade nada a la eucarist\u00ed\u00ada m\u00e1s antigua de la Iglesia, pero sirve para situarla en el trasfondo de las fiestas anuales del judaismo antiguo. De esa forma, la liturgia cristiana, que ten\u00ed\u00ada s\u00f3lo un ritmo semanal, empieza a tener otro anual. El Nuevo Testamento no ha resuelto el ritmo de la eucarist\u00ed\u00ada, sino que deja abiertos unos caminos que la Iglesia debe explorar y recorrer: la fijaci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica depende de la tradici\u00f3n antigua y de la creatividad actual de la Iglesia.<\/p>\n<p>(4) El testimonio de la Didaj\u00e9*. Ofrece una interpretaci\u00f3n importante de la eucarist\u00ed\u00ada, aludiendo, quiz\u00e1, al posible ministro presidente de la celebraci\u00f3n. Hasta ahora las palabras de la \u00abinstituci\u00f3n\u00bb (\u00c2\u00a1haced esto en memoria m\u00ed\u00ada!: Lc 22,19; 1 Cor 11,24-25) iban dirigidas a toda la comunidad. Adem\u00e1s, ning\u00fan texto del Nuevo Testamento relacionaba ministerios eclesiales y presidencia eucar\u00ed\u00adstica (si se puede utilizar esta palabra). En principio, tampoco la Didaj\u00e9 lo hace. As\u00ed\u00ad puede hablar de bautismo y eucarist\u00ed\u00ada (Did 7-10), sin decir quien dirige o realiza el rito, aunque se puede suponer que intervienen profetas y maestros (cf. Did 10,7; 11,9). Pues bien, despu\u00e9s de haber afirmado que la comunidad se re\u00fane a fin de partir el pan el d\u00ed\u00ada del Se\u00f1or (14,1), como para asegurar la rectitud del rito, el texto a\u00f1ade: escogeos, pues, obispos y di\u00e1conos (15,1). Se puede suponer que ellos est\u00e1n al servicio de la celebraci\u00f3n, interpretada como sacrificio puro (thysia kathar\u00e1: 14,1), de manera que la Iglesia empieza a entenderse en claves lit\u00fargicas, en las que se incluye un tipo de sacralidad. Desde ah\u00ed\u00ad sigue el texto: \u00abTodo el que tenga contienda con su compa\u00f1ero no se junte con vosotros hasta que no se haya reconciliado, para no profanar vuestro sacrificio. Porque \u00e9ste es el sacrificio que dijo el Se\u00f1or: en todo lugar y todo tiempo se me ofrece un sacrificio puro, porque yo soy Rey grande, dice el Se\u00f1or, y mi nombre es admirable entre las naciones\u00bb (Did 14,2-3, con cita de Mal 1,11.14). El tema de la relaci\u00f3n entre reconciliaci\u00f3n entre hermanos (entre hombres) y ofrenda a Dios aparec\u00ed\u00ada tambi\u00e9n en Mt 5,23-24, pero con un sentido muy distinto. Mateo supon\u00ed\u00ada que es la comunidad la que tiene que reconciliarse con aquel que tenga algo contra ella, antes  de realizar la ofrenda; de esa manera pon\u00ed\u00ada el amor al pr\u00f3jimo por encima del sacrificio. La Didaj\u00e9 parece situarse en la l\u00ed\u00adnea inversa: lo m\u00e1s importante no es el amor al pr\u00f3jimo y la reconciliaci\u00f3n, sino la posibilidad de que se celebre la eucarist\u00ed\u00ada, entendida ya como sacrificio, en la l\u00ed\u00adnea del Antiguo Testamento (no de Jes\u00fas). De esa forma, la Cena del Se\u00f1or se interpreta como sacrificio: como forma suprema de reverenciar a Dios. Los cristianos pueden unlversalizar el culto divino (cumpliendo de esa forma la profec\u00ed\u00ada de Mal 1,11.14: \u00c2\u00a1en todo tiempo y lugar se me ofrece un sacrificio puro!), cosa que los jud\u00ed\u00ados nacionales no pudieron hacer, por limitarse precisamente a un pueblo. Los cristianos aparecen as\u00ed\u00ad como pueblo sacerdotal (verdadero Israel) y como pueblo universal, de manera que sus comunidades, esparcidas por la tierra, celebran el aut\u00e9ntico sacrificio. De esa forma, la Didaj\u00e9 tiende a resacralizar la vida de los fieles, en una l\u00ed\u00adnea contraria a la federaci\u00f3n* de sinagogas jud\u00ed\u00adas, que se re\u00fanen en torno a la LeyPalabra. Los nuevos dirigentes de la Iglesia (obispos-di\u00e1conos, que sustituyen a los profetas-maestros) aparecen como sumos sacerdotes (unir Did 13,3 con 15,1-2), que ofrecen el sacrificio universal. Los estratos m\u00e1s antiguos de la Didaj\u00e9 parec\u00ed\u00adan reflejar una visi\u00f3n m\u00e1s rnesi\u00e1nica de la Iglesia, pero despu\u00e9s el libro asume elementos m\u00e1s sacrales (sacrificiales) y de esa forma interpreta a la Iglesia como instituci\u00f3n cultual. Sus ministros siguen siendo todav\u00ed\u00ada inspectores (obispos) y servidores (di\u00e1conos), subordinados a la comunidad; pero a medida que los profetas se establecen en las comunidades y ellas nombran obispos y di\u00e1conos para su organizaci\u00f3n interior, \u00e9stos se van identificando con los sacerdotes del Antiguo Testamento, de manera que reciben incluso el diezmo sacral del pueblo. En esa l\u00ed\u00adnea, la fracci\u00f3n del pan pierde su car\u00e1cter de abundancia mesi\u00e1nica y comuni\u00f3n personal, abierta a los pobres y excluidos, para configurarse como rito sacrificial del recuerdo de Jes\u00fas, que exige sacerdotes honrados, con poder sobre el resto de los fieles. La Didaj\u00e9 no los instituye a\u00fan, pero avanza en esa direcci\u00f3n.<\/p>\n<p>(5) Elementos enc\u00e1usticos antiguos. Algunos cristianos primitivos tomaban diversos alimentos sagrados, que han ido cayendo en desuso, de forma que s\u00f3lo han quedado el pan y vino, vinculados al mensaje, vida y muerte de Jes\u00fas. Evoco aqu\u00ed\u00ad una tabla no exhaustiva de ellos. (1) Pan y vino o pan y vino mezclado con agua. Eucarist\u00ed\u00ada normativa de la Iglesia actual. (2) Pan y bebida (o copa), sin precisar su contenido.<\/p>\n<p>Cf. 1 Cor 10,3-16; 11,23-28; Did 10,3; Ignacio, Rom 7,3; Fil 4; Justino, Apol. I, 66; Dial. 41,70-117 (la copa parece aludir siempre al vino). (3) Pan y agua: Ebionitas (Ireneo, Ad. Haer. V, 1,3); judeocristianos gn\u00f3sticos (Epifanio, Flaer. 30,16); Encratitas (Clemente de Alejandr\u00ed\u00ada, Paed. II, 2, 32; Strom. I, 19,96); Marcionitas (Epifanio, Flaer. 12,3; etc.); Acuarios (Filastre, Liber de Haer. 77; Agust\u00ed\u00adn, De Haer. 64). (4) Pan solo: fracci\u00f3n del pan, sin mencionar copa o bebida (Hch 2,42.46; 20,7.11). (5) Pan y pescado: multiplicaciones (Mc 6,38 par), textos de banquetes funerarios. (6) Pez solo (refrigerio): muchos manuscritos de Lc 24,42, ritos funerarios, en iglesias marginales. (7) Pez y miel: algunos manuscritos de Lc 24,42. La miel se ha seguido ofreciendo a los ne\u00f3fitos. (8) Leche, como signo de nuevo nacimiento: Clemente de Alejandr\u00ed\u00ada, Paed. I, 39, 41, 44, 45, 50; etc. (9) Leche y miel, en recuerdo de la entrada en la tierra prometida: Hip\u00f3lito: C\u00e1nones (\u00e1rabes) 142-149. (10) Lacticinios o quesos: Artotyritas (cf. Passio Perpet. et Felic. 4; Epifanio, Haer. 49; etc.). (11) Aceite con pan y legumbres: Acta Thomae, 29; Excerpta ex Theodoro (cf. Clemente de Alejandr\u00ed\u00ada PG 9,696). (12) Sal (sacramentum sal\u00ed\u00ads): cf. Agust\u00ed\u00adn, Conf. I, 11,17; De catech, rud. XXVI, 50; Juan Di\u00e1cono, Ep. ad Senarium, c. 3; Sacramentarlos latinos: Benedictio sal\u00ed\u00ads dandum catechumenis. (13) Alimentos obscenos: como esperma y sangre menstrual, en ciertos gn\u00f3sticos (Pistis Sophia 147).<\/p>\n<p>Cf. P. AUDET, La Didach\u00e9. Instructions des Apotres, Gabalda, Par\u00ed\u00ads 1958; X. BASURKO, Para vivir el domingo, Verbo Divino, Estella 1997; Para comprender la Eucarist\u00ed\u00ada, Verbo Divino, Estella 1993; A. FAIVRE, Ordonner la Fratemit\u00e9. Pouvoir d\u2020\u2122innover et Retour \u00e1 l&#8217;ordre dans lEglise ancienne, Cerf, Par\u00ed\u00ads 1992; A. VON HARNACK, Brot und Wasser. Die eucliaristisclien Elemente bei Justin, Hinrichs, Leipzig 1891; E. NODET y E. TAYLOR, The Origins of Christianity, Grazier, Collegeville MI 1998; J. TAYLOR, \u00bfDe d\u00f3nde vino el cristianismo?, Agora 13, Verbo Divino, Estella 2003; E. TOUR\u00ed\u201cN DEL PIE, \u00abComer con Jes\u00fas. Su significaci\u00f3n escatol\u00f3gica y eucar\u00ed\u00adstica\u00bb, RET 55 (1995) 285-329.429-486.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: 1. Pastoral de la preparaci\u00f3n. 1.1. Principios doctrinales que rigen la celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00ed\u00ada: a) Principios teol\u00f3gicos; b) Principios de reforma; 1.2. Algunos puntos concretos del \u00abantes\u00bb eucar\u00ed\u00adstico: a) El altar, el amb\u00f3n y la sede; b) El entorno celebrativo; c) Los ministerios. 1.3. Aspectos nucleares de la pastoral de la celebraci\u00f3n: a) Las moniciones; b) Los cantos; c) Liturgia de la Palabra. &#8211; 3. Pastoral \u00abdespu\u00e9s de\u00bb la celebraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Tres son las dimensiones que comprende la pastoral de la Eucarist\u00ed\u00ada: su adecuada preparaci\u00f3n, su digna celebraci\u00f3n y su vital inserci\u00f3n. O, si se prefiere, el antes, el en y el despu\u00e9s de la celebraci\u00f3n.<\/p>\n<p>1. Pastoral de la preparaci\u00f3n<br \/>\nLa pastoral de la preparaci\u00f3n se refiere, por una parte, a los principios doctrinales que constituyen el estatuto teol\u00f3gico y lit\u00fargico de la celebraci\u00f3n y, por otra, a todo lo que lo relacionado con la adecuaci\u00f3n del entorno celebrativo.<\/p>\n<p>1.1. Principios doctrinales que rigen la celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00ed\u00ada<br \/>\nLos documentos conciliares Sacrosanctum Concilium (2.10.41.47), Lumen gentium (3.7.11.26.28.50), Gaudium et Spes (38), Presbyterorum ordinis (2. 5. 8. 13. 14. 18) y Christus Dominus (15. 30), y los posconciliares Eucharisticum mysterium, Institutio generalis missalis romani y Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, entre otros, aportan lo que lo que podr\u00ed\u00adamos llamar los &#8216;altiora principia&#8217; previos y concomitantes a la celebraci\u00f3n, para que \u00e9sta sea de hecho el lugar por antonomasia donde acontece la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Estos principios pueden agruparse en dos grandes bloques: los teol\u00f3gicos y los de reforma.<\/p>\n<p>a) Principios teol\u00f3gicos. El principio teol\u00f3gico por excelencia y del que dependen todos los dem\u00e1s es que la Eucarist\u00ed\u00ada es el sacramento del sacrificio de Cristo, puesto que \u00abnuestro Salvador, en la \u00faltima cena, la noche en que le traicionaban, instituy\u00f3 el sacrificio eucar\u00ed\u00adstico, con el cual iba a perpetuar por los siglos, hasta su vuelta, el sacrificio de la Cruz y a confiar as\u00ed\u00ada su Esposa, la Iglesia, el memorial de su muerte y resurrecci\u00f3n: sacramento de piedad, signo de unidad, v\u00ed\u00adnculo de caridad, banquete pascual, en el cual se recibe como alimento a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la gloria venidera\u00bb (SC 47).<\/p>\n<p>De este principio deriva que la Eucarist\u00ed\u00ada sea el lugar privilegiado de la presencia salv\u00ed\u00adfica de Cristo, una acci\u00f3n conjunta del entero Cuerpo m\u00ed\u00adstico, Cabeza y miembros, la causa que origina y la epifan\u00ed\u00ada que manifiesta a la Iglesia, la fuente y la cumbre de la vida de la Iglesia, el centro del que arranca y al que converge el ministerio de los obispos y presb\u00ed\u00adteros y la vida de todos los fieles.<\/p>\n<p>Este bagaje doctrinal ha de ser conocidos antes de la celebraci\u00f3n. Si los fieles desconocen o no ahondan en la centralidad de la Eucarist\u00ed\u00ada en la vida de la comunidad cristiana y en las implicaciones que conlleva para su vida personal, familiar, profesional y social, suceder\u00e1 que o no se sentir\u00e1n atra\u00ed\u00addos por ella y la volver\u00e1n las espaldas, o estar\u00e1n en ella como extra\u00f1os y mudos espectadores, o su participaci\u00f3n ser\u00e1 meramente externa y, por ello, carente de frutos de vida cristiana.<\/p>\n<p>La catequesis lit\u00fargica sobre el misterio eucar\u00ed\u00adstico ha recibido un tratamiento deficiente en la pastoral durante estos \u00faltimos a\u00f1os. Los liturgos y pastores suelen explicar esta deficiencia por la provisionalidad, rapidez y amplitud de las reformas del Ordinario, Leccionario y Misal, las cuales han dificultado, cuando no impedido, la catequesis que exig\u00ed\u00adan tales cambios.<\/p>\n<p>Una vez concluida la reforma, la pastoral no puede aplazar por m\u00e1s tiempo una catequesis que, con una pedagog\u00ed\u00ada imbuida de profundidad, claridad, paciencia y constancia, lleve hasta el coraz\u00f3n de los fieles que la Eucarist\u00ed\u00ada es 1) el misterio que actualiza sacramentalmente el sacrificio que Jesucristo realiz\u00f3 de una vez por todas en el altar de la Cruz y que la Iglesia, ministros y fieles, hace presente en cada uno de los altares en torno a los cuales se congrega, sobre todo, cada domingo; 2) la fuente de la que todos y cada uno de los fieles sacan, sobre todo mediante la comuni\u00f3n sacramental, la fuerza necesaria para hacer de su vida un altar en el que coofrecen el sacrificio de su propia existencia; 3) aquello sin lo cual es imposible edificar una comunidad cristiana parroquial; y 4) el misterio que origina y al que remite la reserva eucar\u00ed\u00adstica, que la Iglesia destina principalmente para la comuni\u00f3n de los moribundos y enfermos, pero que hace tambi\u00e9n objeto de adoraci\u00f3n p\u00fablica y privada, consciente de que Jesucristo, sacerdote y v\u00ed\u00adctima en el altar, contin\u00faa presente en las Sagradas Especies.<\/p>\n<p>b) Principios de reforma. El concilio Vaticano II contiene un ampl\u00ed\u00adsimo abanico de reformas, con su correspondiente justificaci\u00f3n doctrinal, tanto de car\u00e1cter general -pero aplicables tambi\u00e9n a la Eucarist\u00ed\u00ada- de tipo espec\u00ed\u00adfico.<\/p>\n<p>&#8211; Los principales principios generales son, entre otros, los siguientes: 1\u00c2\u00b0) todos los fieles, en cuanto que participan del sacerdocio de Cristo, tienen la capacidad y responsabilidad -el derecho y el deber, en t\u00e9rminos jur\u00ed\u00addicos- de participar de modo pleno en las celebraciones lit\u00fargicas (SC 14a-b), especialmente en la Eucarist\u00ed\u00ada, a la que est\u00e1 intr\u00ed\u00adnsecamente ordenado y finalizado el Bautismo. 2\u00c2\u00b0) La participaci\u00f3n plena se realiza mediante la correcta comprensi\u00f3n y vivencia de los ritos y oraciones (cf SC passim). 3\u00c2\u00b0) Esta participaci\u00f3n es inviable sin una concienzuda catequesis a los fieles (cf. SC 14), que los pastores deben fomentar con diligencia y paciencia (cf. SC 19) 4\u00c2\u00b0) Dicha catequesis supone ciencia y experiencia lit\u00fargica en los pastores, de modo que puedan ser verdaderos testigos maestros de su grey (cf. SC 14). 5\u00c2\u00b0) Las celebraciones lit\u00fargicas no son acciones privadas ni exclusivas de los ministros sagrados o de los fieles, sino \u00abcelebraciones de la Iglesia (&#8230;) a la que pertenecen, manifiestan e implican\u00bb (SC 26); por eso, las celebraciones lit\u00fargicas son, en cierto sentido, \u00abconcelebraciones\u00bb, es decir, acciones que realizan conjuntamente los ministros y fieles, cada uno de los cuales cumple su propia funci\u00f3n, que, siendo esencialmente distintas, se interrelacionan y complementan; por eso, \u00abcada cual, ministro o fiel, al desempe\u00f1ar su oficio, har\u00e1 todo y s\u00f3lo lo que le corresponde\u00bb (SC 28). 6\u00c2\u00b0) La Palabra de Dios ha se ser proclamada con \u00ablecturas m\u00e1s abundantes, m\u00e1s variadas y m\u00e1s apropiadas\u00bb (SC 35-2), con el fin de iluminar el sentido del misterio que se celebra, fomentar la fe y acrecentar la participaci\u00f3n (cf. SC 24. 35); 7\u00c2\u00b0) La liturgia contiene una gran instrucci\u00f3n para el pueblo fiel, pero es, \u00absobre todo, un acto de culto\u00bb (SC 33). 8\u00c2\u00b0) La reforma no persigue ante todo un cambio, aunque sea general y profundo de los ritos, sino \u00abla plena y activa participa participaci\u00f3n de todo el pueblo\u00bb (SC 14) en la liturgia, por ser \u00e9sta la \u00abfuente primaria y necesaria en la que han de beber los fieles el esp\u00ed\u00adritu cristiano\u00bb (SC 14; cf. SC 21).<\/p>\n<p>Tal participaci\u00f3n exige que los ritos \u00abresplandezcan por su noble sencillez, sean breves y claros, eviten las repeticiones in\u00fatiles, est\u00e9n bien adaptados y no necesiten muchas explicaciones\u00bb (SC 34). 9\u00c2\u00b0) La \u00abliturgia no agota toda la actividad de la Iglesia\u00bb (SC 9) ni \u00abla participaci\u00f3n lit\u00fargica abarca toda la vida espiritual\u00bb (SC 12), ni siquiera la misma celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica, puesto \u00abque en el mismo sacrificio de la Misa pedimos al Se\u00f1or que, &#8216;recibida la ofrenda de la v\u00ed\u00adctima espiritual&#8217;, haga de nosotros una &#8216;ofrenda eterna&#8217; para s\u00ed\u00ad\u00bb (SC 12).<\/p>\n<p>Todos estos principios son aplicables, m\u00e1s a\u00fan lo son de modo especial, a la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica y se enmarcan en \u00ablo previo\u00bb exigido para ponerla al abrigo o rescatarla de cualquier exteriorismo o unilateralidad. La &#8216;pastoral de preparaci\u00f3n&#8217; a la Eucarist\u00ed\u00ada deber\u00e1 tener la suficiente sinceridad para preguntarse si el pueblo cristiano que participa habitualmente en las eucarist\u00ed\u00adas dominicales conoce o desconoce estos principios, cu\u00e1les son las acciones que en este sentido se han realizado durante los a\u00f1os de posconcilio, si la catequesis ha tenido suficiente profundidad, claridad y constancia, qu\u00e9 &#8216;sinton\u00ed\u00ada &#8216; o &#8216;diston\u00ed\u00ada&#8217; existe entre nuestras celebraciones eucar\u00ed\u00adsticas y estos principios, y en qu\u00e9 grado est\u00e1 influyendo su aplicaci\u00f3n u omisi\u00f3n en la vitalidad o decadencia de nuestras comunidades cristianas.<\/p>\n<p>&#8211; Los principios espec\u00ed\u00adficos m\u00e1s destacables son los siguientes: 1\u00c2\u00b0) \u00abLas dos partes de que consta la Misa, a saber: la liturgia de la Palabra y la eucar\u00ed\u00adstica, est\u00e1n tan \u00ed\u00adntimamente unidas que constituyen un solo acto de culto\u00bb (SC 56).Esto explica que el Concilio exhortase \u00abvehemente a los pastores de almas para que en la catequesis instruyan cuidadosamente a los fieles acerca de la participaci\u00f3n en toda la misa, sobre todo, los domingos y d\u00ed\u00adas festivos\u00bb (SC 56). 2\u00c2\u00b0) La participaci\u00f3n exige que los fieles comprendan bien los ritos y oraciones del entramado celebrativo del misterio eucar\u00ed\u00adstico, de modo que sean capaces de comprender y responder a la Palabra de Dios, fortalecerse en la Mesa del Se\u00f1or, dar gracias a Dios y \u00abofrecerse a s\u00ed\u00ad mismos al ofrecer la hostia inmaculada no s\u00f3lo por manos del sacerdote sino juntamente con \u00e9l\u00bb (SC 48). 3\u00c2\u00b0) Las lecturas de la Sagrada Escritura abren con tal amplitud \u00ablos tesoros de la Biblia\u00bb que cada tres a\u00f1os, se leen \u00abal pueblo las partes m\u00e1s significativas\u00bb (SC 51). 4\u00c2\u00b0) La homil\u00ed\u00ada es \u00abparte de la misma liturgia\u00bb y \u00abse recomienda encarecidamente\u00bb; \u00abm\u00e1s a\u00fan, en las misas dominicales y festivas con asistencia de pueblo no se omite nunca, a no ser por causa grave\u00bb (SC 52). Su naturaleza consiste en ser \u00abuna proclamaci\u00f3n de las maravillas obradas por Dios en la historia de la salvaci\u00f3n o misterio de Cristo, que est\u00e1 siempre presente y obra en nosotros, sobre todo en la liturgia\u00bb; por eso sus \u00abfuentes principales son la Sagrada Escritura y la liturgia\u00bb (SC 35-2). 5\u00c2\u00b0) La Plegaria Eucar\u00ed\u00adstica es el centro de toda la celebraci\u00f3n (cfr. IGMR), la &#8216;cumbre de la cumbre&#8217;. 6\u00c2\u00b0) La comuni\u00f3n sacramental es \u00abla participaci\u00f3n m\u00e1s perfecta en la misa\u00bb (SC 55); de ah\u00ed\u00ad que se recomiende \u00abespecialmente\u00bb que los fieles \u00abreciban del mismo sacrificio el Cuerpo del Se\u00f1or\u00bb (SC 55).<\/p>\n<p>Estos grandes principios est\u00e1n en la base y son la clave de comprensi\u00f3n de toda la reforma lit\u00fargica eucar\u00ed\u00adstica. Tras casi cuatro d\u00e9cadas de aprobaci\u00f3n, tienen plena vigencia y actualidad, y son todav\u00ed\u00ada el principal e ineludible referente de una \u00abpastoral de preparaci\u00f3n\u00bb a la Eucarist\u00ed\u00ada, de la que pueda esperarse una verdadera renovaci\u00f3n de nuestras comunidades y de cada uno de sus miembros. El mayor reto pastoral del \u00abantes\u00bb de la celebraci\u00f3n es, sin duda, el de la catequesis lit\u00fargica, adaptada a la edad, situaci\u00f3n existencial, grado de cultura religiosa y vivencia cristiana de los fieles. No exageraban los Padres conciliares cuando, adem\u00e1s de pedir que se realizase \u00abpor todos los medios\u00bb (SC 35-3), la calificaban \u00abcomo una de las funciones principales de fiel dispensador de los misterios de Dios\u00bb (SC 19) y hac\u00ed\u00adan depender de ella una buena parte del fruto de la reforma que proyectaban (cf. SC 14, 43-46, etc.).<\/p>\n<p>1.2. Algunos puntos concretos del \u00abantes\u00bb eucar\u00ed\u00adstico<br \/>\nLa Eucarist\u00ed\u00ada se celebra ordinariamente en la iglesia parroquial. En ella se re\u00fane y forma la asamblea eucar\u00ed\u00adstica, compuesta por los ministros y los fieles. \u00bfQu\u00e9 incidencias y exigencias pastorales con-IlevIn la preparaci\u00f3n del lugar, entorno, ministros y asamblea en orden a realizar una celebraci\u00f3n adecuada?<br \/>\na) El altar, el amb\u00f3n y la sede. La iglesia tiene dos grandes espacios celebrativos: el presbiterio y la nave. El primero est\u00e1 reservado a los ministros; el segundo es propio de los fieles. La pastoral debe disponer estos espacios de modo que, por una parte, quede patente que los ministros y los fieles forman el \u00fanico pueblo de Dios, convocado y congregado para celebrar la Eucarist\u00ed\u00ada y, por otra, su diferencia ontol\u00f3gica y ministerial. El presbiterio y la nave, por tanto, han de disponerse de modo que manifiesten la unidad del pueblo de Dios y la diversidad de ministerios. La unidad se manifiesta por la cercan\u00ed\u00ada y la diversidad por la separaci\u00f3n y disposici\u00f3n.<\/p>\n<p>&#8211; El altar. Concretamente, el altares el lugar reservado al ministro que preside mientras actualiza el sacrificio, puesto que es en \u00e9l donde \u00e9ste se confecciona, se ofrece y se prepara para darlo en comuni\u00f3n. El altar es, por tanto, el ara en que se realiza sacramentalmente el \u00fanico sacrificio de la Cruz, la mesa del Se\u00f1or en torno a la cual se congrega el \u00fanico Pueblo de Dios, y el centro de la acci\u00f3n de gracias eucar\u00ed\u00adstica. Seg\u00fan esto, el altar debe trasparentar que es s\u00ed\u00admbolo de Cristo, Sacerdote, V\u00ed\u00adctima y Altar de su propio sacrificio, y s\u00ed\u00admbolo de los cristianos que, al formar un solo cuerpo con su Cabeza, son altares espirituales en los que se ofrece a Dios el sacrificio de una vida santa.<\/p>\n<p>La naturaleza y simbolismo del altar requieren que de suyo haya solamente uno en cada iglesia. Esta es la norma general para las iglesias de nueva construcci\u00f3n; si excepcionalmente hay que construir m\u00e1s de un altar, se ubican en capillas separadas de la nave de la iglesia (cf. OGMR 267). En el supuesto de iglesias antiguas conviene respetar su estructura arquitect\u00f3nica, sobre todo cuando son art\u00ed\u00adsticas, lo cual no obsta para que el altar sea adaptado teniendo en cuenta todas las circunstancias que concurren.. Por otra parte, \u00abla mesa del altar fijo ha de ser de piedra y, adem\u00e1s, de un solo bloque de piedra natural\u00bb (CIC, c. 1236-1), aunque las Conferencias Episcopales pueden permitir otros materiales dignos y s\u00f3lidos (cf. CIC, c. 1236-1). Adem\u00e1s, en las iglesias de nueva construcci\u00f3n el altar debe estar exento para que la Eucarist\u00ed\u00ada pueda celebrarse de cara al pueblcy ser realmente el centro hacia el que converge la asamblea de los fieles.<\/p>\n<p>El altar tiene como accesorios los manteles y corporales, la cruz, los candelabros con velas y las flores. La cruz se coloca o \u00absobre el altar o junto a \u00e9l\u00bb, pero \u00abbien visible para la comunidad reunida\u00bb (OGMR 270); de este modo, se simboliza mejor la unicidad del sacrificio de Cristo y la relaci\u00f3n que dice el sacrificio de la Misa al de la Cruz.<\/p>\n<p>No han sido pocos ni peque\u00f1os los esfuerzos realizados para recuperar la dignidad y el simbolismo del altar; de hecho, en la pr\u00e1ctica totalidad de iglesias, antiguas y modernas, el altar est\u00e1 exento y de cara al pueblo, hacia \u00e9l converge naturalmente la atenci\u00f3n de los fieles, y sus materiales son dignos. Sin embargo, son muchos los detalles que apuntan hacia una todav\u00ed\u00ada deficiente interiorizaci\u00f3n de la teolog\u00ed\u00ada del altar: uso indiscriminado del mismo para funciones que le son ajenas -por ejemplo, los ritos introductorios y conclusivos-, colocaci\u00f3n de objetos y utensilios impropios (hojas volanderas, papeles varios, libros), &#8216;adaptaci\u00f3n&#8217; para usos inadmisibles (amplificador del micr\u00f3fonos, libros para uso lit\u00fargico u otros fines), insignificancia de la cruz (desproporcionada en sus dimensiones, carente de nobleza y dignidad), descuido en detalles de limpieza, cuidado y buen gusto, etc. En ocasiones se han hecho cr\u00f3nicas soluciones provisionales, a todas luces inadecuadas.<\/p>\n<p>&#8211; El amb\u00f3n. El altar es la mesa del pan del Cuerpo de Cristo; el amb\u00f3n, la del pan de su Palabra. Ambas mesas est\u00e1n interrelacionadas y comparten nobleza, dignidad y simbolismo. El sacramento sin la Palabra f\u00e1cilmente se convertir\u00ed\u00ada en realidad insignificante, incomprensible y cuasim\u00e1gica. La Palabra sin altar perder\u00ed\u00ada su significado m\u00e1s profundo y su genuina orientaci\u00f3n. Hay todo un dinamismo que va desde la Palabra hasta la fe y el sacramento, y vuelve desde el sacramento, pasando por la fe hasta la Palabra. Dos realidades profundamente unidas, m\u00e1s a\u00fan, inseparables. La Palabra tiene como mesa propia y exclusiva el amb\u00f3n.<\/p>\n<p>Esta es la base teol\u00f3gica sobre la que se apoya su dignidad, destinaci\u00f3n y caracter\u00ed\u00adsticas, tal y como las define la Ordenaci\u00f3n General del Misal Romano: \u00abEl amb\u00f3n -dice- es un lugar elevado, fijo, dotado de adecuada disposici\u00f3n y nobleza, de modo que corresponda a la dignidad de la Palabra de Dios y del Cuerpo de Cristo y que ayude, del mejor modo posible, durante la liturgia de la Palabra, a la audici\u00f3n y atenci\u00f3n por parte de los fieles. Por eso, teniendo en cuenta la disposici\u00f3n de cada iglesia, hay que conjugar arm\u00f3nicamente el altar y el amb\u00f3n\u00bb (OGMR 272).<\/p>\n<p>La pastoral tiene ante s\u00ed\u00ad un reto tan importante como inaplazable: hacer que el amb\u00f3n sea el altar de la Palabra de Dios. Es decir, el lugar reservado para que Dios hable a su Pueblo, Cristo anuncie su evangelio y, en su nombre, el ministro que preside lo aplique al misterio que se celebra con el fin de que sea mejor participado. El amb\u00f3n es, por tanto, el lugar al que \u00fanicamente acceden el lector, el salmista y el homileta, en el que s\u00f3lo tiene cabida el leccionario y el evangeliario, y desde el cual se proclama exclusivamente la Palabra de Dios. Las moniciones, los cantos, los avisos, etc. no se realizan desde el amb\u00f3n; los libros tampoco se apilan en \u00e9l, ni siquiera por razones de funcionalidad. En otro orden de cosas, la dignidad de la Palabra de Dios est\u00e1 exigiendo que el amb\u00f3n adquiera en su disposici\u00f3n, belleza, ornato y cuidado una nobleza de la que a\u00fan carece en muchos casos. Este es un campo espec\u00ed\u00adfico de la pastoral del \u00abantes\u00bb de la celebraci\u00f3n.<\/p>\n<p>&#8211; La c\u00e1tedra o sede. La c\u00e1tedra es la sede reservada al obispo que preside la comunidad cultual, sobre todo la eucar\u00ed\u00adstica. La c\u00e1tedra y la sede son, de suyo, la misma realidad, aunque suele reservarse el nombre de c\u00e1tedra a la sede del obispo y el de sede a la del presb\u00ed\u00adtero. Es s\u00ed\u00admbolo de autoridad y magisterio, como ponen de relieve las c\u00e1tedras paleocristianas de Cristo sedente, que ense\u00f1a como maestro a los Ap\u00f3stoles. La liturgia actual insiste en ese doble simbolismo de presidencia y magisterio; por eso recomienda que est\u00e9 situada \u00abde cara al pueblo -a no ser que lo impida la estructura del edificio u otra circunstancia\u00bb- y en lugar que haga visible \u00abla comunicaci\u00f3n entre el sacerdote y la asamblea de los fieles\u00bb (OGMR 271).<\/p>\n<p>La sede es el lugar donde se sit\u00faa el celebrante desde que saluda al altar, al comienzo de la celebraci\u00f3n, hasta el inicio de los ritos de presentaci\u00f3n de ofrendas; y desde que termina la comuni\u00f3n hasta el final de la misa. En ese doble movimiento de separaci\u00f3n y proximidad entre el altar -lugar reservado al sacrificio- y la sede hay toda una teolog\u00ed\u00ada de la celebraci\u00f3n, que no pueden negar u oscurecer los comportamientos del que preside. Por otra parte, la dignidad y significatividad de la sede reclaman que est\u00e9 construida con materiales nobles y conforme a los c\u00e1nones de la est\u00e9tica, dignidad y sencillez. La pastoral del \u00abantes\u00bb de la celebraci\u00f3n tiene en la sede una asignatura pendiente en lo que respecta a ubicaci\u00f3n, simbolismo y funcionalidad.<\/p>\n<p>b) El entorno celebrativo. Se entiende por entorno celebrativo el conjunto de elementos que, de una u otra forma, entran a formar parte de la celebraci\u00f3n. Adem\u00e1s del lugar &#8211; al que acabamos de referirnos- pueden mencionarse los vasos sagrados, los libros y vestiduras lit\u00fargicas, y otros que podemos englobar en el cap\u00ed\u00adtulo de &#8216;varios&#8217;. El entorno es para la celebraci\u00f3n lo que el marco a una pintura, la m\u00fasica de fondo en un lugar de trabajo, \u00abel clima\u00bb y \u00abel ambiente\u00bb que se respira en un lugar de convivencia, trabajo y diversi\u00f3n. No es necesario recurrir a ning\u00fan tipo de casu\u00ed\u00adstica; pero es innegable que un banquete de bodas no se sirve en unos platos sucios y en un mantel sin planchar, y nadie acude a una entrevista importante con los zapatos rotos.<\/p>\n<p>El entorno celebrativo tiene que caracterizarse por la sencillez, la dignidad, la limpieza, el decoro y, siempre que sea posible, una noble belleza. La pobreza cristiana no es sin\u00f3nimo de descuido, desidia o falta de buen gusto. La pastoral no puede minusvalorar los mil y un detalles relacionados con el entorno celebrativo, que van desde uno misal en buen estado hasta un c\u00e1liz bien dorado, pasando por un purificador limpio y un alba planchada. A la belleza y dignidad que han caracterizado siempre la liturgia de la Iglesia -como patentiza el &#8216;patrimonio art\u00ed\u00adstico eclesial&#8217;- se une la sensibilidad de nuestro tiempo por las formas de presentaci\u00f3n y la calidad de los productos, y por todo lo que denote sencillez, funcionalidad y buen gusto.<\/p>\n<p>c) Los ministerios. La celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica tiene unos determinados &#8216;actores&#8217;: el ministro que preside, los dem\u00e1s ministros ordenados -si los hay-, los ministros no ordenados y los dem\u00e1s fieles. A cada uno de ellos corresponde realizar una funci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica, pero con conciencia de formar parte de un todo y de cumplir un servicio. El concilio acu\u00f1\u00f3 una frase lapidaria: \u00abEn las celebraciones lit\u00fargicas, cada cual, ministro o simple fiel, al desempe\u00f1ar su oficio, har\u00e1 todo y s\u00f3lo lo que le corresponde por la naturaleza de la acci\u00f3n y las normas lit\u00fargicas\u00bb (SC 28).<\/p>\n<p>La \u00abpastoral de preparaci\u00f3n\u00bb debe individuar, por una parte, cu\u00e1les son las funciones propias de cada uno de los ministros, ordenados o no, y de los fieles en la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica; y, de otra, prepararlos para su correcto ejercicio, de modo que no se produzcan omisiones, repeticiones, confusiones o anulaciones en los diversos ministerios. M\u00e1s en concreto, qu\u00e9 funciones son propias y exclusivas del ministro que preside, de los ac\u00f3litos, lectores, salmista, schola de cantores, monitores y de los fieles (la enumeraci\u00f3n no exhaustiva) y cu\u00e1les son comunes de toda la asamblea; y preparar a cada uno de ellos para realizar su funci\u00f3n en consonancia con el misterio en que participa y el ministerio o servicio que ejerce.<\/p>\n<p>&#8211; El ministro que preside tiene una doble responsabilidad pastoral, derivada de su condici\u00f3n de celebrante y de responsable de la celebraci\u00f3n.<\/p>\n<p>En cuanto ministro celebrante debe conocer: 1) los grandes tesoros celebrativos del misal actual, 2) las leyes que han inspirado la composici\u00f3n del leccionario, 3) el amplio margen que concede la ley lit\u00fargica en vistas a impulsar una sana creatividad (elecci\u00f3n del formulario del propio de la misa, de la Plegaria Eucar\u00ed\u00adstica y, dentro de ella, tambi\u00e9n del prefacio), 4) el sentido de las oraciones presidenciales, especialmente de la Plegaria Eucar\u00ed\u00adstica, 5) el modo de proclamar los textos: las lecturas b\u00ed\u00adblicas, cada uno de los elementos que integran la Plegaria Eucar\u00ed\u00adstica, etc., 6) y la importancia pastoral de la misa dominical, as\u00ed\u00ad como la de los grandes acontecimientos cristianos: Bautismo, Confirmaci\u00f3n y Primera Comuni\u00f3n, matrimonio y exequias.<\/p>\n<p>Como responsable de la celebraci\u00f3n tiene las siguientes tareas: 1) disponer el entorno celebrativo, con el fin de que todo pueda desarrollarse con dignidad y piedad; 2) catequizar y preparar a los dem\u00e1s ministros de modo que cada uno conozca sus funciones espec\u00ed\u00adficas y sea capaz de realizarlas adecuadamente; 3) impartir al pueblo una catequesis b\u00e1sica y fundamental sobre el significado de la eucarist\u00ed\u00ada, especialmente de la dominical, y lo que las partes que en ella le corresponden, as\u00ed\u00ad como capacitarle para que participe mediante las aclamaciones, respuestas, cantos, etc.; 4) preparar los textos de las moniciones y seleccionar los cantos; y 5) crear un equipo lit\u00fargico que se responsabilice de la recta disposici\u00f3n de todo el entorno celebrativo y de la preparaci\u00f3n te\u00f3rica y pr\u00e1ctica de los monitores, lectores, ac\u00f3litos, cantores, etc.<\/p>\n<p>&#8211; Los ministros instituidos o de facto: lector, ac\u00f3lito, cantor, etc. deben prepararse para desempe\u00f1ar su funci\u00f3n con verdadera competencia. Para ello se requiere que conozcan cu\u00e1l es su ministerio espec\u00ed\u00adfico y el modo pr\u00e1ctico de realizarlo. Dentro de los ministerios tienen especial importancia la selecci\u00f3n y preparaci\u00f3n de los lectores y cantores; por eso han de ser bien seleccionados y preparados. Algunos criterios b\u00e1sicos de selecci\u00f3n de los lectores son los siguientes: personas adultas, no ni\u00f1os; competentes en la lectura (sin defectos en la voz, pronunciaci\u00f3n, tono, etc.); capaces de entender y trasmitir el mensaje que proclaman; y cristianos cuya vida no cause sorpresa o esc\u00e1ndalo en los fieles. Los cantores, especialmente el salmista, han de tener buena voz, destreza y gusto en la ejecuci\u00f3n, af\u00e1n de servir al texto y a la asamblea, y capacidad para trasmitir el sentido y sentimiento de las composiciones que ejecutan. La pastoral ha dado un paso importante, al introducir de hecho estos ministerios en la celebraci\u00f3n. Ahora tiene ante s\u00ed\u00ad la tarea inaplazable de trascender la mera presencia de estos ministerios, creando un buen equipo de lectores y cantores, llenos de competencia t\u00e9cnica, b\u00ed\u00adblica y lit\u00fargica, y con una vida cristiana en armon\u00ed\u00ada con la funci\u00f3n que desempe\u00f1an en la asamblea.<\/p>\n<p>&#8211; Los dos grandes protagonistas de la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica son el ministro celebrante y la asamblea, como lo manifiestan las celebraciones en las que las circunstancias de edad, condici\u00f3n, formaci\u00f3n, etc. impiden la presencia y ejercicio de los ministerios; de ah\u00ed\u00ad que incluso cuando \u00e9stos existen, su importancia es inferior a la del pueblo. El era el protagonista al que se refer\u00ed\u00ada el Vaticano II cuando ped\u00ed\u00ada la participaci\u00f3n plena en la eucarist\u00ed\u00ada. Consecuentemente, los ministros est\u00e1n al servicio del pueblo, no el pueblo al servicio de los ministros. La pastoral \u00abdel antes\u00bb de la celebraci\u00f3n tiene una important\u00ed\u00adsima, inaplazable y dif\u00ed\u00adcil tarea de catequesis lit\u00fargica, que ense\u00f1e al pueblo el sentido global y particular de la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica, qu\u00e9 partes le son propias, cu\u00e1l es su significado y c\u00f3mo se ejecutan de hecho. Esta catequesis es tanto m\u00e1s necesaria y urgente por cuanto se parte del supuesto de que ha sido realizada, siendo as\u00ed\u00ad que no se ha dado o no se ha dado con la extensi\u00f3n, intensidad y pedagog\u00ed\u00ada que exig\u00ed\u00ada la reforma.<\/p>\n<p>1.3. Aspectos nucleares de la pastoral de la celebraci\u00f3n<br \/>\nLa pastoral de la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica es sumamente amplia y desborda los objetivos y extensi\u00f3n de este art\u00ed\u00adculo. Por ello, nos fijaremos en algunos puntos que revisten especial importancia objetiva o circunstancial. Concretamente, en las moniciones, los cantos, la liturgia de la Palabra, con especial referencia al salmo responsorial y la homil\u00ed\u00ada, la Plegaria eucar\u00ed\u00adstica y algunos ritos preparatorios a la comuni\u00f3n.<\/p>\n<p>a) Las moniciones. Las moniciones son una respuesta concreta a las exigencias de actualizaci\u00f3n y de la mistagogia del misterio. Pueden ser didascal\u00ed\u00adas o moniciones en sentido estricto. Las primeras tratan de ayudar a la asamblea a entrar en el misterio; por eso, no deben pretender decirlo todo y su estilo es evocativo. Las segundas son exhortaciones que estimulan la participaci\u00f3n, el compromiso moral o el esfuerzo asc\u00e9tico; tratan de crear actitudes y su estilo es interpelante. La experiencia atestigua que no resulta f\u00e1cil tener una idea clara sobre su g\u00e9nero literario. Son un instrumento tan importante como ambiguo; m\u00e1s a\u00fan, pueden sobrecargar la celebraci\u00f3n y resultar sofocantes. Adem\u00e1s, pueden convertirse en una tentaci\u00f3n para sustituir los gestos y el canto por la palabra, en una liturgia en la que la verbosidad es ya excesiva. Por otra parte, con frecuencia se convierten en minihomil\u00ed\u00adas, par\u00e9nesis pesadas y catequesis extempor\u00e1neas. Dado su car\u00e1cter coloquial, exigen competencia, sobriedad, brevedad, claridad y sencillez; cualidades imposibles en la pr\u00e1ctica si no se preparan previamente. Las moniciones son pronunciadas por el ministro que preside -en el caso de las presidenciales: monici\u00f3n inicial, `Orad, hermanos&#8217;, al inicio de la Plegaria Eucar\u00ed\u00adstica, introducci\u00f3n al Padre Nuestro, etc.- o por los dem\u00e1s ministros. Desde el punto de vista pastoral, las mejores moniciones son como la sal: s\u00f3lo se advierten en el sabor que imprimen a la celebraci\u00f3n, no cuando se hacen notar.<\/p>\n<p>b) Los cantos. El canto es uno de los pocos signos lit\u00fargicos que han resistido la erosi\u00f3n general de los s\u00ed\u00admbolos; incluso es un valor en alza. Actualmente es uno de los elementos simb\u00f3licos m\u00e1s eficaces para la participaci\u00f3n. Pueden cantarse los di\u00e1logos, las oraciones, algunos elementos de la Plegaria eucar\u00ed\u00adstica (el prefacio, el relato de la instituci\u00f3n, la doxolog\u00ed\u00ada final, el am\u00e9n), el evangelio, los cantos previstos en el misal (Kyrie, Gloria, Credo, Sanctus, Agnus Dei), la bendici\u00f3n final.<\/p>\n<p>Las melod\u00ed\u00adas son fundamentalmente de tres clases: gregorianas, gregorianizadas y modernas. Las gregorianas y gregorianizadas que aparecen en la segunda edici\u00f3n del Misal son sencillas; las modernas suelen ser un poco m\u00e1s adornadas.<\/p>\n<p>El canto puede convertirse -y de hecho as\u00ed\u00ad ha sucedido con frecuencia- en un elemento ambiguo, cuando no distorsionante del misterio, tanto por el texto como, sobre todo, por la melod\u00ed\u00ada y el instrumental que la acompa\u00f1a. Pastoralmente es preciso un discernimiento guiado por los criterios siguientes: 1) los cantos m\u00e1s importantes de la celebraci\u00f3n son el Sanctus y el Agnus Dei; su texto es intocable para no distorsionar o empobrecer su sentido; 2) el texto es m\u00e1s importante que la melod\u00ed\u00ada, por lo que es \u00e9sta quien est\u00e1 al servicio de aqu\u00e9l, no a la inversa; 3) los mejores textos son los que se toman o inspiran en la Sagrada Escritura; 4) los cantos han de responder al tiempo lit\u00fargico, a la celebraci\u00f3n, al momento de la misma, a las circunstancias de el asamblea (fiesta, luto, grupo, grandes masas); 5) la competencia y dotes musicales de los cantores son prerrequisito importante; 6) la receptividad de la asamblea es un criterio importante; 7) no deben ser acogidos los cantos que por el texto, la m\u00fasica o ambas cosas impiden o dificultan la participaci\u00f3n consciente y piadosa.<\/p>\n<p>c) Liturgia de la Palabra. La liturgia de la Palabra es un conjunto complejo y multidimensional, compuesto de segmentos significativos, los cuales responden a una l\u00f3gica que se concatena arm\u00f3nicamente con toda la celebraci\u00f3n. En la liturgia de la Palabra se advierte la din\u00e1mica de una acci\u00f3n unitaria y progresiva: un movimiento descendente (la proclamaci\u00f3n) y ascendente (la respuesta); la bipolaridad del anuncio (lecturas y homil\u00ed\u00ada) y de la oraci\u00f3n (el salmo y la plegaria universal); y la alternancia de palabra y canto. Las implicaciones pastorales que todo esto comporta son m\u00faltiples. Entre ellas sobresalen las implicadas y derivadas de la presencialidad de Cristo en la Palabra, la mediaci\u00f3n inmediata de los lectores y del di\u00e1cono, la mediaci\u00f3n mediata del homileta y la respuesta del pueblo.<\/p>\n<p>&#8211; Presencialidad de Cristo en la Palabra. La Palabra no consiste en vocablos sino en el evento que se celebra. La teolog\u00ed\u00ada de la presencia real de Cristo en su Palabra, a la que tan sensibles eran los Padres de la Iglesia, ha sido redescubierta y recupedada por la teolog\u00ed\u00ada lit\u00fargica actual y sancionada por el concilio Vaticano II, que en la constituci\u00f3n de liturgia no tuvo inconveniente en afirmar que cuando se proclaman las lecturas en la celebraci\u00f3n lit\u00fargica, \u00abDios habla a su pueblo y Cristo anuncia su evangelio\u00bb (SC 7). La Escritura que se lee en la Misa no es, por tanto, tan s\u00f3lo un mensaje que se anuncia con la finalidad de catequizar e instruir. Es, sobre todo, un contacto vivo y personal con el Hijo de Dios, Palabra encarnada. Por eso, la liturgia de la Palabra es un encuentro de los disc\u00ed\u00adpulos con su Se\u00f1or, m\u00e1s a\u00fan, una comuni\u00f3n con El: es el di\u00e1logo de Dios con su pueblo. Eso conlleva que la liturgia y, en concreto la de la Misa, sea el marco natural de la Escritura, la cual se hace realidad viva y por ello se revela plenamente y se despliega en toda su fuerza.<\/p>\n<p>La Palabra de Dios nunca lo es tanto como en la liturgia eucar\u00ed\u00adstica. Es ah\u00ed\u00ad donde las maravillas obradas por Dios a lo largo de la historia de la salvaci\u00f3n no s\u00f3lo vienen narradas sino tambi\u00e9n presencializadas, hechas contempor\u00e1neas y actuales al pueblo, de modo que \u00e9ste pueda insertarse en ellas y prorrumpir en una explosi\u00f3n de acci\u00f3n de gracias, alabanza y gozo.<\/p>\n<p>Una verdadera celebraci\u00f3n de la Palabra requiere necesariamente familiaridad con la esa Palabra y actitud de escucha. La familiaridad es un d\u00e9ficit hist\u00f3rico de nuestras comunidades cristianas que han estado secularmente distanciadas de la Sagrada Escritura. La misma liturgia de la Palabra ha pasado por largos siglos de decadencia. Por fortuna ha sido rehabilitada de nuevo, sobre todo con la inclusi\u00f3n de m\u00e1s y mejores lecturas y el uso de la lengua vern\u00e1cula, sin contar los grandes esfuerzos pastorales que se han realizado.<\/p>\n<p>No obstante, los progresos en el conocimiento de la Biblia y de su funci\u00f3n en la liturgia son todav\u00ed\u00ada muy peque\u00f1os: interesa poco y se comprende menos. La lengua vern\u00e1cula es un buen instrumento, pero no el \u00fanico. Junto a \u00e9l se coloca la catequesis b\u00ed\u00adblica, que hoy por hoy sigue siendo lo m\u00e1s indispensable y urgente. Un aspecto concreto de la misma ha de consistir en hacer tomar conciencia de que la Palabra no es &#8216;un absoluto&#8217; y &#8216;algo cerrado en s\u00ed\u00ad mismo&#8217; sino que vive y act\u00faa en un clima de fe, puesto que es palabra salv\u00ed\u00adfica, y est\u00e1 orientada a la liturgia m\u00e1s estrictamente eucar\u00ed\u00adstica, a la que prepara por la fe que suscita y acrecienta y en la que encuentra su plena realizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>&#8211; Palabra y ministerios. En este contexto no es dif\u00ed\u00adcil comprender que la pastoral lit\u00fargica tiene el reto de lograr que los lectores est\u00e9n iniciados en la Palabra, los salmistas sean capaces de rezar y hacer rezar con la Palabra, y los homiletas se pongan al servicio de la Palabra sin instrumentalizarla. Son ellos quienes ejercen una verdadera mediaci\u00f3n para que Dios se comunique y revele a los hombres a trav\u00e9s de la estructura ritual y sacramental. La distancia en el tiempo y la diversidad cultural de la Escritura quedan superadas mediante un procedimiento interpretativo. La impreparaci\u00f3n y la improvisaci\u00f3n pueden hacer ineficaces en buena medida esta parte de la celebraci\u00f3n. Los ministros de la Palabra cumplen con la asamblea el servicio de hacer presente al Se\u00f1or. Cuanto mayor sea el sentido de su ministerialidad, tanto mejor ser\u00e1 la comunicaci\u00f3n entre Dios y su pueblo.<\/p>\n<p>La tradici\u00f3n lit\u00fargica ha distribuido siempre las lecturas entre diversos ministros. El ideal es que haya tantos lectores cuantas sean las lecturas. Los domingos son tres: el Profeta, el Ap\u00f3stol y el Evangelio. Su proclamaci\u00f3n no es una funci\u00f3n presidencial sino ministerial. Su ministerio no se agota con la mera proclamaci\u00f3n. Al no ser actores impersonales, deben ser pose\u00ed\u00addos por la Palabra, de modo que el testimonio cristiano de su vida es un requisito necesario y precioso para la autenticidad del anuncio. Ser ministro de la Palabra es, por tanto, algo mucho m\u00e1s serio y exigente que una proclamaci\u00f3n meramente mec\u00e1nica y ritual.<\/p>\n<p>&#8211; Palabra y homil\u00ed\u00ada. En la primera descripci\u00f3n de la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica dominical que conocemos, san Justino se refiere expresamente a la homil\u00ed\u00ada y explica cu\u00e1les son su naturaleza, finalidad y ministro. Despu\u00e9s que el lector ha le\u00ed\u00addo la Palabra de Dios, se\u00f1ala, \u00abel que preside, hace una exhortaci\u00f3n e invitaci\u00f3n a que imitemos estos bellos ejemplos\u00bb (Apolog\u00ed\u00ada primera, 67). La homil\u00ed\u00ada es, pues, la conversaci\u00f3n familiar del pastor con su pueblo para ayudarle a responder mejor al mensaje que Dios le ha dirigido en la Palabra proclamada, con la finalidad de ayudarle a participar mejor en la celebraci\u00f3n y a encarnarlo despu\u00e9s en la vida cotidiana. La homil\u00ed\u00ada est\u00e1 encadenada, por tanto, a esta triple fidelidad: a la Palabra de Dios, a la asamblea y al misterio que se celebra.<\/p>\n<p>La primera fidelidad exige que el homileta capte cu\u00e1l es el mensaje nuclear que Dios quiere trasmitir a su pueblo, sin tergiversaciones, reduccionismos e instrumentalizaciones. Tal fidelidad s\u00f3lo est\u00e1 garantizada cuando el homileta se siente ministro y servidor de la Palabra de Dios en la Iglesia, pues es ella la \u00fanica depositaria de la verdad viva y salvadora. La fidelidad al mensaje exige un talante pastoral de corte prof\u00e9tico, gracias al cual el homileta tiene conciencia de ir al pueblo no por propia iniciativa sino enviado por Dios para hablarle de parte suya, trasmiti\u00e9ndole con exquisita fidelidad lo que El quiere trasmitirle, incluso cuando las exigencias de Dios sean tales que pidan cambios de vida radicales y, en consecuencia, puedan originar en el pueblo displicencia, rechazo y persecuci\u00f3n.<\/p>\n<p>La fidelidad a la comunidad celebrante tiene m\u00faltiples exigencias pastorales, pues se trata de ayudarle a captar el mensaje que Dios le trasmite en este \u00abaqu\u00ed\u00ad\u00bb y \u00abahora\u00bb, prestarle su plena adhesi\u00f3n y as\u00ed\u00ad celebrar &#8216;en esp\u00ed\u00adritu y verdad&#8217; el evento salv\u00ed\u00adfico de la Eucarist\u00ed\u00ada, primero en el rito y despu\u00e9s en la propia existencia. Esta fidelidad es imposible si el homileta no posee un conocimiento verdadero de los problemas, necesidades, situaciones, carismas y vocaciones de la asamblea, pues ser\u00ed\u00ada una homil\u00ed\u00ada desencarnada. Por este motivo recomienda el Vaticano II que \u00abla predicaci\u00f3n sacerdotal&#8230; no debe exponer la Palabra de Dios s\u00f3lo de un modo general y abstracto, sino aplicando la verdad perenne del Evangelio a las circunstancias de la vida\u00bb (PO 4).<\/p>\n<p>El estilo de la predicaci\u00f3n de Jesucristo es un modelo perfecto para el homileta de todos los tiempos, incluido los actuales; pues supo decir las verdades m\u00e1s profundas del misterio del Reino con un lenguage sencillo y a la vez bell\u00ed\u00adsimo, y con un estilo comprensible para el sabio Nicodemo y para los iletrados pastores, labradores y pescadores. La `homil\u00ed\u00ada del camino de Ema\u00fas&#8217; es un ejemplo concreto de adaptaci\u00f3n y, por ello, de fidelidad.<\/p>\n<p>La fidelidad al misterio comporta la inserci\u00f3n de la Palabra de Dios en la Eucarist\u00ed\u00ada que se est\u00e1 celebrando, haciendo de puente entre la Palabra y el rito. La homil\u00ed\u00ada no tiene, en efecto, la finalidad primaria, mucho menos \u00fanica, de anunciar a Cristo, explicar su mensaje y lograr la respuesta del pueblo; pretende, m\u00e1s bien, realizar una verdadera mistagogia, es decir, introducir en el misterio eucar\u00ed\u00adstico que se est\u00e1 actualizando, para que la asamblea lo viva en plenitud, ofreciendo, por manos del ministro y unido a \u00e9l, el sacrificio de Cristo y ofreci\u00e9ndose con El para, desde esta vivencia, celebrar despu\u00e9s el sacrificio de la propia existencia en el altar del coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>Desde esta perspectiva no resulta dif\u00ed\u00adcil comprender que la homil\u00ed\u00ada es un acto presidencial y pastoral de primera magnitud; el m\u00e1s importante del ministerio prof\u00e9tico de un pastor durante toda la semana. Los Padres de la Iglesia fueron muy conscientes de ello, como lo atestiguan sus m\u00faltiples homil\u00ed\u00adas dominicales y festivas, que siguen siendo mod\u00e9licas en contenido, estilo y lenguaje. La Iglesia, no sin una especial iluminaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, ha redescubierto y revalorizado en nuestros d\u00ed\u00adas la homil\u00ed\u00ada, sobre todo la dominical, mandando que los ministros que presiden la Eucarist\u00ed\u00ada la realicen obligatoriamente todos los domingos y d\u00ed\u00adas festivos de precepto en las misas con pueblo (cf. SC 52; CIC 767-2).<\/p>\n<p>Esto no comporta que la homil\u00ed\u00ada sea un ministerio f\u00e1cil; muy al contrario, siempre ha entra\u00f1ado una dificultad objetiva, sobre todo por las exigencias que conlleva la Palabra de Dios. Quiz\u00e1s hoy resulta a\u00fan m\u00e1s dif\u00ed\u00adcil, cuando no \u00abdificil\u00ed\u00adsima\u00bb, en palabras del Vaticano II (cf. PO 4), debido al ate\u00ed\u00adsmo, agnosticismo, indiferencia e ignorancia religiosa del mundo moderno, que tan negativamente est\u00e1 afectando a nuestras comunidades. Los pastores no deben amilanarse como Jon\u00e1s, huyendo a la superficialidad, inconcreci\u00f3n o halago, pues esa retirada podr\u00ed\u00ada convertirse en traici\u00f3n, como lo fue de hecho la de los malos pastores del antiguo Pueblo de Dios.<\/p>\n<p>d) La liturgia eucar\u00ed\u00adstica. La liturgia de la Palabra anuncia y proclama lo que actualiza la liturgia Eucar\u00ed\u00adstica: son dos aspectos del misterio de Cristo, dos momentos complementarios. Desde este momento el rito modifica topogr\u00e1ficamente el eje celebrativo, pasando del amb\u00f3n al altar. Ahora, a diferencia de la liturgia de la Palabra, el protagonista es sacerdote, no los ministros: \u00e9l es quien realiza el papel de mediador y ministro de Cristo. La liturgia eucar\u00ed\u00adstica comporta tres momentos, que no pueden ponerse en el mismo plano, pues tienen diversa intensidad: la preparaci\u00f3n de los dones, la plegaria eucar\u00ed\u00adstica y la comuni\u00f3n. Los gestos y palabras son los mismos que us\u00f3 Jes\u00fas en la \u00faltima cena: tom\u00f3 el pan, lo bendijo, lo parti\u00f3 y se lo dio, y pronunci\u00f3 las palabras institucionales. Existe en esto plena continuidad y coherencia con las liturgias de Oriente y occidente, que a lo largo los siglos han construido la Liturgia eucar\u00ed\u00adstica a partir de los verbos: tomar =preparaci\u00f3n de los dones; bendecir=plegaria eucar\u00ed\u00adstica; partir=fracci\u00f3n del pan; dar=comuni\u00f3n. Los aspectos pastorales implicados en la liturgia ecuar\u00ed\u00adstica son muchos. Fij\u00e9monos en algunos que tienen un relieve especial, objetivo o coyuntural.<\/p>\n<p>&#8211; La preparaci\u00f3n de los dones no es ahora un rito ofertorial, como lo era en el Ordo Misae anterior, sino de presentaci\u00f3n de las ofrendas en el altar. A Dios, en efecto, no se le ofrece pan y vino, sino el pan y el vino santificados y consagrados, es decir, convertidos en el Cuerpo y Sangre de Cristo; y eso tiene lugar en la an\u00e1mnesis que sigue al relato institucional. Ahora bien, esta realidad hace que la presentaci\u00f3n de los dones no sea una mera preparaci\u00f3n de ofrendas, sino que expresa tambi\u00e9n la participaci\u00f3n de los fieles en el sacrificio de Cristo, mediante la aportaci\u00f3n de unos dones que har\u00e1n posible ese sacrificio: el pan y el vino y las ofrendas son dones de la creaci\u00f3n ya humanizados por el trabajo, que ayudan a la comunidad a dar gracias a Dios y a hacer verdadera la Eucarist\u00ed\u00ada. El rito se refiere, por tanto, m\u00e1s a la acci\u00f3n de los fieles que han dado los dones, que a la del sacerdote que dispone el pan y el vino sobre el altar.<\/p>\n<p>Los gestos de este momento son sobre todo pr\u00e1cticos, tienen una importancia relativa y no est\u00e1n aislados del conjunto. Por eso, no hay que enfatizarlos, pues se romper\u00ed\u00ada el ritmo de la celebraci\u00f3n, en la que hay momentos fuertes y m\u00e1s tranquilos, y est\u00e1n concatenados los diversos elementos. Por otra parte, la presentaci\u00f3n de los dones no se refiere s\u00f3lo al pan y al vino, sino tambi\u00e9n a las dem\u00e1s ofrendas que hacen los fieles: productos agr\u00ed\u00adcolas o manufacturados propios de la regi\u00f3n o pa\u00ed\u00ads, que ofertan los fieles en algunas ocasiones m\u00e1s solemnes, y las que hacen de modo ordinario en lo que se denomina com\u00fanmente como \u00abla colecta\u00bb. Esta deber\u00ed\u00ada realizarse siempre antes que el ministro vaya al altar o inicie la preparaci\u00f3n del pan y vino, y ser colocada no encima sino junto al altar, para que aparezca unida a los dones para el sacrificio y pueda as\u00ed\u00ad ser de alg\u00fan modo trasformada y ofrecida a Dios; con ello aparecer\u00ed\u00ada tambi\u00e9n que las obras de caridad y culto que con ellas se realice, proceden y est\u00e1n enraizadas en la Eucarist\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Algunas conferencias episcopales, como la Espa\u00f1ola, se han visto obligadas a reorientar este rito, indicando que se realice con sencillez, sobriedad y verdad. No es verdadera, por un ejemplo, una ofrenda que, concluida la celebraci\u00f3n, se devuelve al presunto donante, pues la donaci\u00f3n incondicional pertenece a la naturaleza de la ofrenda. Probablemente sea \u00e9sta una de las partes menos comprendidas de la celebraci\u00f3n.<\/p>\n<p>&#8211; La plegaria eucar\u00ed\u00adstica. As\u00ed\u00ad como la Eucarist\u00ed\u00ada es el coraz\u00f3n de la liturgia cristiana, la Plegaria eucar\u00ed\u00adstica es, a su vez, el coraz\u00f3n de la Eucarist\u00ed\u00ada; pues es en ella donde se act\u00faa como en ning\u00fan otro momento la acci\u00f3n de Cristo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo, donde acontece la representaci\u00f3n y ofrecimiento sacramental del sacrificio de Cristo y donde se prepara la mesa del Cuerpo del Se\u00f1or que ser\u00e1 luego dado y recibido en comuni\u00f3n. La Plegaria eucar\u00ed\u00adstica es, por tanto, una especie de concentraci\u00f3n de toda la historia de la salvaci\u00f3n. Esto explica que todas las liturgias -antiguas y modernas, de Oriente y Occidente- hayan primado su contenido, lenguaje y gestos, en \u00ed\u00adntima dependencia, por otra parte, de lo que hizo el Se\u00f1or en la \u00faltima cena. Los textos que la historia nos ha legado -que han servido de fuente de inspiraci\u00f3n de los de los compuestos &#8216;en \u00e9poca reciente- atestiguan que se trata de una Plegaria que est\u00e1 formada por varios elementos, que se desarrolla seg\u00fan a una din\u00e1mica interna bien precisa: ep\u00ed\u00adclesis, an\u00e1mnesis, acci\u00f3n de gracias y doxolog\u00ed\u00ada, y que es pronunciada por el ministro que preside. La Plegaria eucar\u00ed\u00adstica no es, por tanto, un conjunto de oraciones yuxtapuestas o coordinadas ni un conglomerado de elementos heterog\u00e9neos, sino una \u00fanica oraci\u00f3n en la que cada una de las partes expresa un aspecto y est\u00e1 unida a las dem\u00e1s en \u00ed\u00adntima dependencia interna y literaria.<\/p>\n<p>En el caso de la plegaria eucar\u00ed\u00adstica de la actual liturgia romana estos elementos son expresados y ordenados seg\u00fan este esquema: 1) di\u00e1logo introductorio, 2) Prefacio, 3) postsanto, 4) ep\u00ed\u00adclesis de consagraci\u00f3n, 5) relato institucional y aclamaci\u00f3n anamn\u00e9tica, 6) an\u00e1mnesis, 7) ep\u00ed\u00adclesis de comuni\u00f3n, 8) intercesiones, 9) doxolog\u00ed\u00ada, y 10) am\u00e9n conclusivo. La distinci\u00f3n y concatenaci\u00f3n es m\u00e1s perceptible en las de nueva composici\u00f3n, pero tambi\u00e9n se pueden individuar en el cl\u00e1sico Canon Romano. Lo m\u00e1s peculiar de la Plegaria eucar\u00ed\u00adstica romana es la concentraci\u00f3n de la acci\u00f3n de gracias en el prefacio y la doble ep\u00ed\u00adclesis; adem\u00e1s, en el caso del Canon, el doble bloque de intercesiones, antes y despu\u00e9s del relato institucional. Esto no quiere decir que todas ellas sean iguales, sino que manteniendo una estructura id\u00e9ntica y unos contenidos sustancialmente iguales, cada una tiene sus caracter\u00ed\u00adsticas propias.<\/p>\n<p>Desde el punto de vista pastoral son m\u00faltiples los frentes que tiene abiertos la Plegaria eucar\u00ed\u00adstica; he aqu\u00ed\u00ad algunos.<\/p>\n<p>1\u00c2\u00b0) En primer lugar, es necesario que en la celebraci\u00f3n aparezca como la parte constitutiva y estructurante de toda la celebraci\u00f3n, es decir, como la meta hacia la que se encamina y de la que deriva toda la celebraci\u00f3n. No es infrecuente que cause la impresi\u00f3n contraria, por la ca\u00ed\u00adda de intensidad de la participaci\u00f3n de los fieles, por las prisas del celebrante y por la duraci\u00f3n. Los dos d\u00e9ficits m\u00e1s notorios son, por parte de los fieles, su escasa y d\u00e9bil participaci\u00f3n y, por parte de los ministros, su deficiente presidencia.<\/p>\n<p>La participaci\u00f3n de los fieles viene exigida por lo que constituye el n\u00facleo de la Eucarist\u00ed\u00ada, sacrificio de Cristo; la asamblea debe unirse a \u00e9l para agradecer las obras divinas realizadas en la historia de salvaci\u00f3n y para ofrecer, el sacrificio coofreci\u00e9ndose juntamente con \u00e9l. Esta participaci\u00f3n no se logra s\u00f3lo porque los fieles intervengan m\u00e1s, ni por la mera multiplicaci\u00f3n de las plegarias eucar\u00ed\u00adsticas. El silencio no es sin\u00f3nimo de pasividad.<\/p>\n<p>Existe un silencio activo, hecho de atenci\u00f3n y de tensi\u00f3n, de receptividad consciente y de aportaci\u00f3n personal.<\/p>\n<p>Los fieles necesitan una catequesis que les libere de la falsa impresi\u00f3n de que lo que dice el ministro no tiene nada que ver con ellos; y de una educaci\u00f3n asc\u00e9tica de concentraci\u00f3n y esfuerzo, sin los cuales se cae en una caricatura celebrativa, que confunde participaci\u00f3n con exterioridad y est\u00e1 condenado a la ineficacia. El ministro que preside habla en plural, es decir: como Cristo Cabeza, que asocia consigo a toda la asamblea. Su ministerio no es tarea f\u00e1cil, pues sus actitudes y comportamientos oracionales pueden favorecer o dificultar la participaci\u00f3n de la asamblea.<\/p>\n<p>Por otra parte, su elecci\u00f3n puede condicionar la participaci\u00f3n de la asamblea, tanto si repite invariablemente la misma plegaria eucar\u00ed\u00adstica como si elige seg\u00fan sus gustos y preferencias personales, y no seg\u00fan la naturaleza de la celebraci\u00f3n y las necesidades pastorales de la asamblea. Una plegaria pronunciada deprisa, sin unci\u00f3n y fervor, de manera plana (como si todo tuviese la misma importancia y sentido) o con afectaci\u00f3n y al modo de un actor de teatro son un contrasigno de la centralidad de la Plegaria eucar\u00ed\u00adstica. Al contrario, una Plegaria eucar\u00ed\u00adstica dicha con piedad y amor, en la que cada palabra y cada gesto tienen su sentido y entonaci\u00f3n promueve m\u00e1s f\u00e1cilmente la participaci\u00f3n de todos. Entre dos plegarias eucar\u00ed\u00adsticas, una cuidada y otra descuidada, se tiene la misma impresi\u00f3n que al escuchar una sinfon\u00ed\u00ada magistral interpretada por una filarm\u00f3nica profesional y por una orquesta de aficionados.<\/p>\n<p>2\u00c2\u00b0) Toda la Plegaria eucar\u00ed\u00adstica, m\u00e1s a\u00fan, toda la Misa es una acci\u00f3n de gracias. Ahora bien, es caracter\u00ed\u00adstica peculiar de la liturgia romana concentrar \u00e9sta en el prefacio. Eso explica que no sea un elemento m\u00e1s, sino que tenga un relieve especial.<\/p>\n<p>Originariamente hubo muchos prefacios; despu\u00e9s quedaron reducidos a unos pocos, debido a que perdieron su debida orientaci\u00f3n; el Misal actual contiene unos cien prefacios, n\u00famero que se ha visto incrementado en los misales vern\u00e1culos y con la publicaci\u00f3n m\u00e1s reciente de las misas de la Virgen. M\u00e1s en concreto: Adviento 4, Navidad 3, Cuaresma 9, Pasi\u00f3n del Se\u00f1or 2, Tiempo pascual 5 + 2 propios de la Ascensi\u00f3n + 1 propio de Pentecost\u00e9s, Tiempo Ordinario 8, comunes 7, fiestas y misterios del Se\u00f1or 10, Dedicaci\u00f3n de una iglesia 2, Esp\u00ed\u00adritu Santo 2, Fiestas de los Santos y de la Virgen: 20 + los de la Colecci\u00f3n de Misas de la Virgen, misas rituales 7, y diversas celebraciones, 7 de los cuales 5 son de difuntos.<\/p>\n<p>Estos prefacios se pueden usar con las plegarias eucar\u00ed\u00adsticas I, II y III, con lo que la celebraci\u00f3n se enriquece mucho en lo doctrinal y en lo participativo. Este patrimonio tiene que ponerse al abrigo del desuso o del uso monocorde, que llevar\u00ed\u00ada a una dilapidaci\u00f3n inexorable y a un empobrecimiento de la celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00ed\u00ada. No se trata, ciertamente, de convertir la Plegaria Eucar\u00ed\u00adstica en un tratado de teolog\u00ed\u00ada o en una s\u00ed\u00adntesis de la historia de la salvaci\u00f3n. Pero esto no conlleva olvidar que las maravillas que Dios ha obrado a favor nuestro son incontables y que el pueblo de Dios debe reconocerlas, actualizarlas y celebrarlas. El prefacio es un himno transido de estupor por esas magnalia Dei, proclam\u00e1ndolas y agradeci\u00e9ndolas. Por lo dem\u00e1s, conviene no dar la impresi\u00f3n de que el prefacio y la aclamaci\u00f3n del Santo son una unidad aut\u00f3noma o una introducci\u00f3n de la Plegaria eucar\u00ed\u00adstica; al contrario es parte y comienzo de esa Plegaria.<\/p>\n<p>3\u00c2\u00b0) El relato de la instituci\u00f3n y consagraci\u00f3n. En la Plegaria eucar\u00ed\u00adstica la Iglesia cumple el mandato y el testamento de su Se\u00f1or: \u00abHaced esto en conmemoraci\u00f3n m\u00ed\u00ada\u00bb. Toda ella es, por tanto, una plegaria consecratoria, como sucede en otras plegarias sacramentales, por ejemplo las de ordenaci\u00f3n del obispo, presb\u00ed\u00adtero y di\u00e1cono. Ahora bien, como ocurre en esos supuestos, no toda ella es igualmente consacratoria en todas sus partes, sino que hay momentos m\u00e1s y menos fuertes, esenciales e integrales, seg\u00fan la distinci\u00f3n cl\u00e1sica de la teolog\u00ed\u00ada, que Pablo VI ha conservado en los nuevos ritos sacramentales de la Confirmaci\u00f3n, Unci\u00f3n y Orden. El relato de la instituci\u00f3n y consagraci\u00f3n es el momento fuerte por antonomasia, el esencial de la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica, aquel en el que se concentra de tal modo el poder de Cristo y del Esp\u00ed\u00adritu que representa verdaderamente \u00ablo mismo que hizo el Se\u00f1or\u00bb, y, por ello, hace que lo que ahora \u00abnosotros hacemos\u00bb para obedecer su mandato, se identifique con \u00ablo que \u00e9l hizo\u00bb. Todos los dem\u00e1s elementos de la Plegaria eucar\u00ed\u00adstica contribuyen a su modo al \u00abhaced esto\u00bb, como contribuyen los ojos y los pies a la existencia del cuerpo humano. Pero al igual que ese cuerpo existir\u00ed\u00ada aunque careciera de tales \u00f3rganos, la Plegaria eucar\u00ed\u00adstica tampoco dejar\u00ed\u00ada de ser consecratoria si careciera, por ejemplo, del prefacio, las intercesiones y la doxolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>El relato de la instituci\u00f3n y la consagraci\u00f3n son, siguiendo el mismo s\u00ed\u00admil, el coraz\u00f3n de la Plegaria Eucar\u00ed\u00adstica, su momento cumbre. No se trata de resucitar una teolog\u00ed\u00ada validista y reductiva, como si la celebraci\u00f3n de la Plegaria eucarist\u00ed\u00ada se redujese a pronunciar las palabras consecratorias, sino de tomar conciencia que s\u00f3lo en este momento acontece a nivel de signo lo que el Se\u00f1or hizo en la \u00faltima cena, que tom\u00f3 el pan en sus manos, dio gracias, y se lo dio a los Ap\u00f3stoles, invit\u00e1ndoles a comerlo porque era su cuerpo, es decir, El mismo. Y de modo semejante con el c\u00e1liz. Subyace una gran realidad teol\u00f3gica en la secuencia celebrativa que forman la ep\u00ed\u00adclesis que implora la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu para consagrar los dones, el relato-consagraci\u00f3n de esos dones, y el ofrecimiento de los dones consagrados.<\/p>\n<p>El relato de la instituci\u00f3n y consagraci\u00f3n tiene que aparecer, por tanto, como el momento culminante de la Plegaria Eucar\u00ed\u00adstica por el modo de realizar los gestos, decir las palabras y crear el climax adecuado. Ahora se est\u00e1 introduciendo el uso de teatralizar ciertos gestos y partir el pan al pronunciar las palabras \u00ablo parti\u00f3\u00bb: no es \u00e9ste el momento de la fracci\u00f3n ni es la Eucarist\u00ed\u00ada un mimo de la Ultima Cena. En este caso, como en tantos otros, la realizaci\u00f3n amorosa de la norma establecida en el Misal asegura una celebraci\u00f3n sobria pero profundamente verdadera.<\/p>\n<p>4\u00c2\u00b0) La an\u00e1mnesis. El Se\u00f1or mand\u00f3 no s\u00f3lo \u00abhacer esto\u00bb, sino hacerlo en memoria suya. Hacer memoria, celebrar el memorial es \u00abanunciar la muerte del Se\u00f1or\u00bb, es decir hacer eficaz la presencia viva y operante del Resucitado y anticipar el reino escatol\u00f3gico. El memorial hace que nuestra alabanza no sea s\u00f3lo verbal, como si se tratase de un simple recuerdo, de una narraci\u00f3n. En la an\u00e1mnesis la Iglesia hace un acto profundo de fe en la verdad de lo que ha hecho en el relato-consagraci\u00f3n. Ella es consciente de que ha obedecido fielmente, que ha cumplido amorosamente el mandato de su Se\u00f1or y, por ello, que tiene delante, de modo sacramental pero real, el sacrificio que su Se\u00f1or ofreci\u00f3 de una vez por todas. Ella celebra ese memorial, haci\u00e9ndolo presente. El memorial no es, por tanto, un mero recuerdo, la narraci\u00f3n de algo que aconteci\u00f3 hace cerca de dos mil a\u00f1os. Es la representaci\u00f3n sacramental del \u00fanico sacrificio redentor. Consciente de lo que tiene ante s\u00ed\u00ad, la Iglesia ofrece agradecida al Padre el sacrificio de la nueva y eterna alianza y se ofrece juntamente con \u00e9l.<\/p>\n<p>La pastoral debe descubrir que \u00e9ste es el verdadero ofertorio de la misa, el momento en el que la Iglesia ofrece al Padre el sacrificio de su Hijo Jesucristo, y ella, toda entera y cada uno de los miembros, se ofrece junto con El. Es \u00e9ste un momento de m\u00e1xima tensi\u00f3n participativa, pues todos y cada uno de los all\u00ed\u00ad presentes han de sentirse y hacerse miembros unidos a Cristo Cabeza; y unidos de modo victimal, sacrificial, como su victimada y sacrifica est\u00e1 su Cabeza. Se trata, en definitiva, de hacerse con Cristo sacrificio, ofrenda espiritual, hostia viva, existencia dada al Padre con la misma radicalidad, universalidad y gratuidad de Cristo, que entreg\u00f3 su vida hasta la muerte, para cumplir los designios salvadores del Padre en favor de todos los hombres.<\/p>\n<p>Mientras los fieles no asuman con su verdad este momento, ser\u00e1 muy dif\u00ed\u00adcil que se adentren en el misterio que celebran y vean la necesidad ineludible de plantear su existencia en clave de amorosa entrega a los designios del Padre y hacer, en consecuencia, de su vida entera: proyectos, ilusiones, alegr\u00ed\u00adas, penas, trabajos, etc. una ofrenda que derive y prepare la Eucarist\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Este era el horizonte que contemplaba el Vaticano II cuando afirmaba que la Iglesia desea ardientemente \u00abque los cristianos no asistan a este misterio de fe como extra\u00f1os y mudos espectadores sino que (&#8230;) aprendan a ofrecerse a s\u00ed\u00ad mismos al ofrecer la hostia inmaculada no s\u00f3lo por manos del sacerdote, sino juntamente con \u00e9l\u00bb, de forma que \u00abse perfeccionen d\u00ed\u00ada a d\u00ed\u00ada por Cristo Mediador en la uni\u00f3n con Dios y entre s\u00ed\u00ad, para que, finalmente, Dios sea todo en todos\u00bb (SC 48).<\/p>\n<p>5\u00c2\u00b0) La ep\u00ed\u00adclesis. La presencia operante del Esp\u00ed\u00adritu Santo en la Iglesia, en los sacramentos y, dentro de ellos, en la Eucarist\u00ed\u00ada es uno de los grandes descubrimientos de la teolog\u00ed\u00ada dogm\u00e1tica, lit\u00fargica, espiritual y pastoral de los \u00faltimos decenios, como fruto del retorno a las fuentes originarias de la fe y de la plegaria.<\/p>\n<p>Las primeras generaciones cristianas, comenzando por la de los Hechos de los Ap\u00f3stoles, eran muy conscientes del papel irreemplazable que corresponde al Esp\u00ed\u00adritu en la econom\u00ed\u00ada salv\u00ed\u00adfica. Tal conciencia qued\u00f3 reflejada en la Plegaria Eucar\u00ed\u00adstica, como atestigua la que se ha conservado en la Tradici\u00f3n Apost\u00f3lica de san Hip\u00f3lito y en las dem\u00e1s paleoan\u00e1foras, tanto de Oriente como de Occidente.<\/p>\n<p>Es verdad que en el Canon Romano no se hace menci\u00f3n expl\u00ed\u00adcita del Esp\u00ed\u00adritu Santo ni antes ni despu\u00e9s del relato institucional, pero parece que a El se refieren algunos textos de esa Plegaria cl\u00e1sica. De hecho, cuando se compusieron en el posconcilio las nuevas plegarias eucar\u00ed\u00adsticas, uno de los criterios adoptados en su composici\u00f3n fue mantener la doble ep\u00ed\u00adclesis, por considerarse que \u00e9sa es una de las peculiaridades de la plegaria eucar\u00ed\u00adstica romana. De cualquier modo, las plegarias de nueva composici\u00f3n tienen una ep\u00ed\u00adclesis expl\u00ed\u00adcita de consagraci\u00f3n y otra de comuni\u00f3n, lo cual supone un gran enriquecimiento.<\/p>\n<p>En la primera se pide al Padre que env\u00ed\u00ade el Esp\u00ed\u00adritu -por cuya intervenci\u00f3n el Verbo-Hijo de Dios se encarn\u00f3 en el seno pur\u00ed\u00adsimo de Mar\u00ed\u00ada- para que trasforme el pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo; en la segunda, que ese mismo Esp\u00ed\u00adritu santifique y trasforme a los comulgantes en un solo cuerpo y en un solo esp\u00ed\u00adritu; es decir: se pide que se realice primero el Cuerpo Eucar\u00ed\u00adstico de Cristo y despu\u00e9s su Cuerpo Eclesial. Uno y otro no se realizan sin la intervenci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo.<\/p>\n<p>La invocaci\u00f3n al Padre por medio de Cristo para que env\u00ed\u00ade al Esp\u00ed\u00adritu muestra la actitud orante de la Iglesia, que no dispone de poderes y dones: todo lo que posee y distribuye proviene de Dios y lo recibe como don. Y lo que es don no puede exigirse, sino suplicarse. El gesto del sacerdote -con sus manos levantadas y abiertas, y el esp\u00ed\u00adritu reverente- muestra a la Iglesia reunida en asamblea para suplicar y recibir del Padre el Esp\u00ed\u00adritu, don supremo y principio de todo don. Las palabras del Se\u00f1or, repetidas por el sacerdote en el relato institucional, son las que cambian el pan y el vino, pero esas palabras adquieren capacidad y fuerza por el Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>No se trata de dos acciones diversas, sino de una sola: Cristo glorificado act\u00faa por medio del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Ahora bien, la presencia eucar\u00ed\u00adstica, fruto de la primera invocaci\u00f3n-acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, no es est\u00e1tica sino que tiende a que los comulgantes puedan unirse o comunicar con la persona de Cristo. Para ello, se requiere la intervenci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo; por eso existe la segunda ep\u00ed\u00adclesis o invocaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Todos los textos de las nuevas plegarias eucar\u00ed\u00adsticas manifiestan con claridad cu\u00e1l es el fruto de esa participaci\u00f3n en el Cuerpo de Cristo: la gracia de la uni\u00f3n entre los participantes, la unidad de la Iglesia, llamada a convertirse en el cuerpo con Cristo, m\u00e1s a\u00fan, en un solo cuerpo animado por el \u00fanico Esp\u00ed\u00adritu, unificador y santificador. Este mismo Esp\u00ed\u00adritu convertir\u00e1 la existencia cristiana en una prolongaci\u00f3n del acto sacramental: una ofrenda viva en Cristo realizada por la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo.<\/p>\n<p>La pastoral lit\u00fargica tiene aqu\u00ed\u00ad un reto importante, tanto en lo que respecta al uso de todas las plegarias eucar\u00ed\u00adsticas como a la comprensi\u00f3n y vivencia de la presencia y acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu en la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica.<\/p>\n<p>&#8211; La paz. Despu\u00e9s del Padre Nuestro, el sacerdote recita una oraci\u00f3n dirigida a Cristo que dijo a los Ap\u00f3stoles \u00abmi paz os dejo, mi paz os doy\u00bb, para que conceda a su Iglesia \u00abla paz y la unidad\u00bb; despu\u00e9s dirige el saludo \u00abla paz del Se\u00f1or est\u00e9 siempre con vosotros\u00bb, invitando a intercambiar \u00abfraternalmente la paz\u00bb; luego viene el canto del Cordero de Dios que concluye con la s\u00faplica \u00abdanos la paz\u00bb. El don de la paz es pedido, obtenido y distribuido: desde Cristo baja a todos y une en El a los que van a comulgar en el banquete de su sacrificio mediante la comuni\u00f3n de su Cuerpo y de su Sangre. Todo el contexto del rito aclara de qu\u00e9 paz se trata: no es una paz cualquiera, sino la paz de Cristo, la paz que brota de la reconciliaci\u00f3n del hombre con Dios, obtenido por Cristo-con su muerte y resurrecci\u00f3n. El es su autor y mediador, m\u00e1s a\u00fan, es la misma paz, la reconciliaci\u00f3n de los hombres con Dios y entre s\u00ed\u00ad.<\/p>\n<p>El gesto de la paz no es, por tanto, un simple gesto de amistad y de saludo, o de felicitaci\u00f3n, sino de profunda comuni\u00f3n en Cristo. Antes de participar en la misma mesa eucar\u00ed\u00adstica del mismo pan es preciso demostrar el sentido de la comuni\u00f3n fraterna: somos la comunidad de los hijos de Dios reconciliados por Cristo, unidos en plena y alegre comuni\u00f3n. \u00c2\u00a1Qu\u00e9 lejos est\u00e1 en -no pocos casos- de su genuino sentido el actual rito de la paz! \u00bfSer\u00e1 posible, concluida la celebraci\u00f3n, expandir en la vida ordinaria la paz de Jesucristo, si en la celebraci\u00f3n desvirtuamos o trivializamos el hondo sentido del exigente \u00abdaos fraternalmente la paz\u00bb?<br \/>\n&#8211; La comuni\u00f3n. Los dones son presentados para ser consagrados, ofrecidos y comulgados. El Cuerpo y la Sangre de Cristo, ofrecidos por nuestros pecados, nos son dados para que los comamos y bebamos. La comuni\u00f3n es, por tanto, no simple comuni\u00f3n sino comuni\u00f3n sacrificial, comuni\u00f3n en el Cuerpo entregado y en la Sangre derramada por nuestros pecados y los de todo el mundo. La comuni\u00f3n no es tampoco \u00abun a\u00f1adido\u00bb, una devoci\u00f3n o un premio; es, m\u00e1s bien, la conclusi\u00f3n l\u00f3gica, natural, de una misma acci\u00f3n, en la que deber\u00ed\u00adan participar todos los que han tomado parte hasta ahora en la celebraci\u00f3n; (de ah\u00ed\u00ad que los pastores deban recordar las advertencias de san Pablo (1 Cr 11, 27-29) respecto a hacerlo en gracia de Dios, adquirida por la pertinente confesi\u00f3n sacramental (cf. CIC, c. 916; CCE 1385 y 1457).<\/p>\n<p>Ante el \u00abtomad y comed\u00bb del Se\u00f1or, la respuesta coherente deber\u00ed\u00ada ser comulgar el Cuerpo que se nos ofrece para que lo comamos. Por otra parte, el gesto deber\u00ed\u00ada mostrar que existe plena continuidad entre tomar el pan-consagrarlo-ofrecerlocomerlo, la cual que no aparece cuando es distinto el pan consagrado-ofrecido, y el pan comido. En otras palabras, los fieles deber\u00ed\u00adan comulgar las hostias consagradas en la celebraci\u00f3n en la que est\u00e1n tomando parte, en lugar de comulgar las reservadas en el Sagrario.<\/p>\n<p>Ciertamente, no es menor ni distinto el don que est\u00e1 reservado del que est\u00e1 en el altar; pero el lenguaje de los gestos, que es el propio de la liturgia, contribuye a clarificar u oscurecer la verdad de lo que se celebra. Se comprende que los pastores encuentren dificultades pr\u00e1cticas en las misas muy concurridas, sobre todo, cuando se trata de grandes aglomeraciones. En cambio, se comprende menos que eso ocurra los d\u00ed\u00adas ordinarios y los domingos. Los d\u00ed\u00adas feriales incluso ser\u00ed\u00ada posible usar formas grandes que se fraccionar\u00ed\u00adan en la misma celebraci\u00f3n, mostrando as\u00ed\u00ad que es verdad que \u00abtodos comemos del mismo pan\u00bb, Cristo, con la consiguiente e ineludible consecuencia de \u00abconvertirnos en un mismo pan\u00bb con Cristo y con los hermanos.<\/p>\n<p>2. Pastoral \u00abdespu\u00e9s de\u00bb la celebraci\u00f3n<br \/>\nA casi dos mil a\u00f1os de distancia impresiona la respuesta de los m\u00e1rtires del Abitene a quienes les apresaban: \u00abS\u00ed\u00ad sab\u00ed\u00adamos que est\u00e1 prohibido reunirnos en domingo, pero nosotros no podemos pasar sin celebrarlo\u00bb. Ellos, como los dem\u00e1s primeros cristianos, no conceb\u00ed\u00adan un domingo sin reunirse en asamblea y celebrar la Eucarist\u00ed\u00ada, pues era ah\u00ed\u00ad donde se encontraban con el Resucitado, que se hac\u00ed\u00ada presente entre ellos de forma tan invisible como verdadera. \u00abSin Eucarist\u00ed\u00ada no hay domingo\u00bb, se convirti\u00f3 pronto en un axioma vital cristiano. La presencia del Resucitado -del Kyrios, del Se\u00f1or- entre los suyos por medio de la Eucarist\u00ed\u00ada -que como se sabe condicion\u00f3 incluso la denominaci\u00f3n del domingo kiriake emera, -dies Domini, d\u00ed\u00ada del Se\u00f1or- era la fuente de la que sacaban luz y fuerza para llevar una existencia admirada por todos, seg\u00fan la carta a Diogneto, y ser testigos de Cristo incluso sufriendo el martirio. La Eucarist\u00ed\u00ada est\u00e1, por tanto, en el centro de la fe y vida de la Iglesia desde sus mismos or\u00ed\u00adgenes.<\/p>\n<p>La historia del domingo y, m\u00e1s en concreto, de la eucarist\u00ed\u00ada dominical no hace sino ratificar esta persuasi\u00f3n. Tras todos los avatares y vaivenes de esa historia late siempre la misma persuasi\u00f3n teol\u00f3gico-existencial: la Eucarist\u00ed\u00ada pertenece a la esencia del domingo; por tanto, es necesario conservarla, incluso recurriendo a un precepto grave que estimule, sobre todo, a los cristianos menos fervorosos.<\/p>\n<p>Los frutos cosechados quiz\u00e1s puedan evaluarse mejor confrontando la vida de los cristianos que, a pesar de sus debilidades y pecados, participan con asiduidad en la misa de cada domingo y la de aquellos que no lo hacen nunca. No le faltaba raz\u00f3n a Guardini cuando dec\u00ed\u00ada, incluso po\u00e9ticamente, que la vida de las parroquias se eval\u00faa por la proyecci\u00f3n de la sombra del campanario. Cuanto mayor es el n\u00famero de los fieles que se dejan acariciar por ella al venir a la misa dominical cada semana, tanto mayor ser\u00e1 la vitalidad cristiana de esa comunidad. Los mismos fieles comparten esta opini\u00f3n y tienen la convicci\u00f3n arraigada de que la Eucarist\u00ed\u00ada dominical est\u00e1 en el centro de su vida.<\/p>\n<p>Justamente por esto, los documentos del \u00faltimo concilio insisten en afirmar que la Eucarist\u00ed\u00ada es la \u00abfuente y cumbre de la vida cristiana\u00bb (LG 11), la \u00abfuente y cumbre de toda evangelizaci\u00f3n\u00bb (PO 5), \u00abfuente de la vida de la Iglesia\u00bb (UR 15). Pablo VI incluso lleg\u00f3 a decir: \u00abSi la sagrada liturgia ocupa el primer puesto en la vida de la Iglesia, el misterio eucar\u00ed\u00adstico es como el coraz\u00f3n y centro de la sagrada liturgia, en cuanto es la fuente de la vida que nos purifica y corrobora de modo que ya no vivamos para nosotros mismos sino para Dios y nos unamos entre nosotros con el v\u00ed\u00adnculo de la caridad\u00bb (Mysterium fidei). Tanta insistencia no s\u00f3lo pretende inculcar una convicci\u00f3n personal sobre lo que es la Eucarist\u00ed\u00ada, sino ayudar a convertirla efectivamente en el momento culminante de nuestra existencia cristiana y en la fuente de la que se saca la gracia y fuerza necesaria para ser disc\u00ed\u00adpulos verdaderos y cre\u00ed\u00adbles de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo lograrlo? En primer lugar, tomando parte activa en la celebraci\u00f3n, de modo que cada d\u00ed\u00ada nuestra participaci\u00f3n sea m\u00e1s verdadera y m\u00e1s intensa.<\/p>\n<p>Esta participaci\u00f3n -que siendo insuficiente condiciona, a la vez, todo lo dem\u00e1s-tiene que desembocar en una existencia en la que cada uno convierte en hostia, v\u00ed\u00adctima, ofrenda espiritual su vida profesional, familiar y social.<\/p>\n<p>La pastoral lit\u00fargica ha dado ya pasos importantes dentro de la celebraci\u00f3n. Bastar\u00ed\u00ada recordar el esfuerzo desplegado en las homil\u00ed\u00adas y moniciones para unir la liturgia de la Palabra con la liturgia estrictamente eucar\u00ed\u00adstica y para estimular la comuni\u00f3n sacramental. Queda mucho trecho por recorrer, pero estamos en el camino. En cambio, se tiene la impresi\u00f3n de que el itinerario que va desde la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica a la vida y desde la vida a la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica se encuentra en una situaci\u00f3n que no va mucho m\u00e1s all\u00e1 que una buena declaraci\u00f3n de principios.<\/p>\n<p>Sin embargo, es preciso realizar ese itinerario, pues s\u00f3lo y en la medida en que cada comunidad cristiana y cada uno de los miembros que la integran diga su misa en el altar de su coraz\u00f3n, ser\u00e1 realidad que la Eucarist\u00ed\u00ada es el centro de la vida de la Iglesia y de cada cristiano. La misa que se celebra en el altar de cada comunidad parroquial debe ser fuente que riega y hace madurar frutos abundantes de servicio, de entrega, de compromiso por la justicia y la paz, de solidaridad con todos los hombres sin distinci\u00f3n de raza y condici\u00f3n, especialmente con los m\u00e1s pobres y necesitados, de convivencia y comprensi\u00f3n, en una palabra: de vida con obras.<\/p>\n<p>Los presb\u00ed\u00adteros que tienen cura de almas han de sacar de la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica la fuerza prof\u00e9tica para anunciar a Cristo muerto y resucitado con claridad y constancia; el alimento que nutre su caridad pastoral, hasta convertirse en el buen pastor que se sacrifica, que da la vida por todas sus ovejas; en la corriente que vivifica su ministerio sacramental, sobre todo el del Bautismo, Confirmaci\u00f3n y Reconciliaci\u00f3n. Con la Palabra suscitan y alimentan la fe de sus ovejas y con la fe les conducen hasta el sacramento; y, al contrario, desde el sacramento, se sienten impulsados a crear comunidades que comulguen a Cristo por la fe en su Palabra antes que y a fin de que puedan comulgarlo en la Eucarist\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>BIBL. &#8211; Dada la abundante bibliograf\u00ed\u00ada sobre la materia, remitimos a algunos Manuales de liturgia m\u00e1s recientes. J. A. ABAD, La celebraci\u00f3n del Misterio cristiano, Pamplona 2000; J. L\u00ed\u201cPEZ, La liturgia de la Iglesia, Madrid (BAC, Col. Sapientia fidei), 1994; A. G. MARTIMORT, La oraci\u00f3n de la Iglesia, Barcelona 1987; y a las obras -y bibliograf\u00ed\u00ada adjunta-: J. ALDAZ\u00ed\u0081BAL, La Eucarist\u00ed\u00ada, Barcelona 1999, pp.; y V. RAFFA, Liturgia eucar\u00ed\u00adstica, Roma 1999, pp.199-493.<\/p>\n<p>Jos\u00e9 Antonio Abad<\/p>\n<p>Vicente M\u00c2\u00aa Pedrosa &#8211; Jes\u00fas Sastre &#8211; Ra\u00fal Berzosa (Directores), Diccionario de Pastoral y Evangelizaci\u00f3n, Diccionarios \u00abMC\u00bb, Editorial Monte Carmelo, Burgos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Pastoral y Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>La eucarist\u00ed\u00ada, con toda la econom\u00ed\u00ada sacramental que encierra, es el \u00absigno\u00bb querido por el mismo Cristo y por \u00e9l continuamente repetido, nada menos que con una presencia personal y real, para mediar entre el \u00absigno\u00bb definitivo e inagotable del amor de Dios que es la pascua, y el signo de su Iglesia. Esta es, en efecto, la comunidad de aquellos que \u00abse acuerdan\u00bb de Jesucristo y de su misterio pascual, y que en virtud del propio Cristo, que se hace presente entre ellos mediante la eucarist\u00ed\u00ada,    se aman como \u00e9l los ama y, dando testimonio del amor hacia todos, intentan introducir a todos en esta comuni\u00f3n de amor que viene de Dios.  Por eso conviene superar un concepto un tanto impersonal y mec\u00e1nico de la relaci\u00f3n entre eucarist\u00ed\u00ada e Iglesia, como si la Iglesia, hecha por la eucarist\u00ed\u00ada, fuera una entidad separada de la libertad, de la inteligencia, de la correspondencia de los bautizados. No hay verdadera y plena eucarist\u00ed\u00ada sin la participaci\u00f3n personal del creyente&#8230;  La eucarist\u00ed\u00ada es verdaderamente entendida y acogida no s\u00f3lo cuando se hacen determinadas cosas respecto a ella (cuando la celebramos, cuando la adoramos, cuando la recibimos con las debidas disposiciones, etc.), o cuando se hacen determinadas cosas a partir de ella (cuando nos queremos, cuando luchamos por la justicia, etc.), sino tambi\u00e9n y, sobre todo, cuando se convierte en el \u00abmodo\u00bb, la fuente y el modelo operativo que da su impronta a la vida comunitaria y personal de los creyentes. En la eucarist\u00ed\u00ada se hace presente y operante en la Iglesia el Cristo del misterio pascual. Es el Hijo que escucha obediente la palabra del Padre. Es el Hijo que en el momento de dar su vida por amor, encuentra en la dram\u00e1tica y dulce plegaria que dirige a su \u00abAbb\u00e1\u00bb. el valor, la medida, la norma de su comportamiento hacia los hombres. Por tanto, la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica se realiza a s\u00ed\u00ad misma cuando consigue que los creyentes den \u00absu cuerpo y su sangre\u00bb, como Cristo, por los hermanos, y, puestos de rodillas, en actitud de escucha y acogida, reconozcan que todo esto es don del Padre.<\/p>\n<p> Carlo Mar\u00ed\u00ada Martini, Diccionario Espiritual, PPC, Madrid, 1997<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Espiritual<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Precedentes en las religiones y en el AT.: 1. En las religiones: banquete y sacrificio de \u00abcomuni\u00f3n\u00bb; 2. El convite en el AT.-II. La Eucarist\u00ed\u00ada y la Trinidad en el NT: 1. Sin\u00f3pticos; 2. Juan; 3. Cartas de Pablo; 4. Hechos y Apocalipsis.-III. Eucarist\u00ed\u00ada y Trinidad en la tradici\u00f3n patr\u00ed\u00adstica: 1. Eucarist\u00ed\u00ada y Trinidad en la tradici\u00f3n anterior a Nicea; 2. La Eucarist\u00ed\u00ada y la Trinidad en la patr\u00ed\u00adstica posterior.-IV. Eucarist\u00ed\u00ada y Trinidad en las an\u00e1foras eucar\u00ed\u00adsticas: 1. Referencias m\u00e1s antiguas; 2. An\u00e1foras \u00abanamn\u00e9ticas\u00bb y \u00abepicl\u00e9ticas\u00bb.-V. Eucarist\u00ed\u00ada y Trinidad. Dimensi\u00f3n ecum\u00e9nica: 1. El di\u00e1logo cat\u00f3lico-luterano; 2. El di\u00e1logo cat\u00f3lico-anglicano; 3. El di\u00e1logo Iglesia cat\u00f3lica-Iglesia reformada; 4. El Documento de Les Dombes (1972); 5. Los documentos de \u00abFe y Constituci\u00f3n\u00bb; 6. El di\u00e1logo cat\u00f3lico-metodista; 7. El di\u00e1logo Iglesia cat\u00f3lica &#8211; Iglesia ortodoxa.-VI. Trinidad-Eucarist\u00ed\u00ada-Iglesia.<\/p>\n<p>I. Precedentes en las religiones y en el Antiguo Testamento<br \/>\n1. EN LAS RELIGIONES: BANQUETE Y SACRIFICIO DE \u00abCOMUNI\u00ed\u201cN\u00bb. El alimento representa una forma importante de \u00abcomuni\u00f3n\u00bb del hombre con la divinidad, en las religiones ancestrales. Para los antiguos pueblos cazadores o recolectores, la oblaci\u00f3n sacrificial iba vinculada en buena parte al sustento cotidiano: de la caza (o de los frutos recogidos al azar), una porci\u00f3n -la \u00abofrenda primicial\u00bb- era reservada para la divinidad. Con un doble sentido: como \u00abdesacralizaci\u00f3n\u00bb del alimento -que permit\u00ed\u00ada al hombre adue\u00f1arse de algo que se consideraba posesi\u00f3n de la divinidad y don suyo-; y a la vez como \u00absacralizaci\u00f3n\u00bb, o intento de devoluci\u00f3n agradecida a Dios de los bienes recibidos de \u00e9l.<\/p>\n<p>Este sentido de comuni\u00f3n pervivir\u00e1 en las religiones agrarias. Con el cultivo de la tierra, el hombre empieza a disponer de un peculio propio. Ofreciendo a Dios los frutos de su trabajo, o los animales dom\u00e9sticos, el ser humano hace oblaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo, al dar aquello que constitu\u00ed\u00ada su \u00fanico sustento. En este per\u00ed\u00adodo la oblaci\u00f3n (aunque m\u00e1s ritualizada) sigue unida al banquete: una parte del animal, sacrificado para servir de alimento al hombre, era ofrecida a la divinidad y quemada no en un fuego sagrado, sino en el mismo hogar en el que se aderezaba el alimento. La ofrenda sacrificial ten\u00ed\u00ada lugar en la casa -o en \u00e9l entorno humano-, a\u00fan no en el templo.<\/p>\n<p>Luego, la sobreabundancia de bienes conducir\u00e1 a una mayor ritualizaci\u00f3n del sacrificio: a la oblaci\u00f3n de cosas superfluas, a la disociaci\u00f3n entre banquete y sacrificio y a una acentuaci\u00f3n del sacrificio como pura inmolaci\u00f3n (y m\u00e1s a\u00fan: como combusti\u00f3n -incluso total- de la v\u00ed\u00adctima en el holocausto). Sobreviene as\u00ed\u00ad la desvinculaci\u00f3n entre la vida del oferente y el sacrificio ritual ofrecido, as\u00ed\u00ad como entre el \u00e1mbito \u00absacro\u00bb del templo (el terrenos) y el profano. Algo que los profetas recriminar\u00e1n a Israel.<\/p>\n<p>Sin embargo, nunca se perdi\u00f3 del todo -en la antig\u00fcedad- la uni\u00f3n entre sacrificio y banquete (o \u00absacrificio de comuni\u00f3n\u00bb). De hecho en Israel el holocausto (o combusti\u00f3n de la v\u00ed\u00adctima) es una costumbre tard\u00ed\u00ada, mientras aparecen como m\u00e1s antiguos, en el culto, los convites sacrificiales (cf. 1 Sam 1,4-18; 9,12s; 14, 31-35), o sagrados (Lev 10,12-18), unidos a la fiesta y al regocijo en presencia de Yahv\u00e9 (cf. Dt 12,4-18; 6,10-17), y a la comuni\u00f3n con \u00e9l (cf. 2 Sam 9,7; 2 Re 25,27-30). En ellos se otorga la paz (G\u00e9n 43,25) y la protecci\u00f3n divinas (Jue 19,15s)&#8217;.<\/p>\n<p>2. EL CONVITE EN EL AT. No hay en el AT referencia alguna al misterio de la Trinidad (ajeno al radical mono-te\u00ed\u00adsmo jud\u00ed\u00ado). Pero cabr\u00ed\u00ada hablar de ciertos precedentes, pues \u00abel Nuevo Testamento est\u00e1 latente en el Antiguo\u00bb. Lo que nos permitir\u00ed\u00ada ver, en el AT, ciertos \u00abvestigios\u00bb o \u00absignos umbr\u00e1tiles\u00bb de un misterio que encontrar\u00e1 su revelaci\u00f3n plena en el Nuevo.<\/p>\n<p>En el AT cabe se\u00f1alar dos antecedentes principales.<\/p>\n<p>1) La actuaci\u00f3n de Yahv\u00e9, de su Sabidur\u00ed\u00ada y de su Esp\u00ed\u00adritu: la alianza y elbanquete. a) Las actuaciones de Yahv\u00e9 se desdoblan en una triple vertiente. En primer lugar como Creador de todas las cosas, incluso del alimento para el hombre (cf. G\u00e9n 1,11s.29). El abre su mano y sacia de favores a todo viviente. Hace fructificar los campos, que se visten de mieses, dando al hombre el trigo y la vid, el pan y el vino (cf. Sal 64,10-14; 81,16; 103,14-15.27; 145,15), signos de riqueza y fertilidad. Por eso la bendici\u00f3n de los patriarcas a sus hijos implora de Yahv\u00e9 una numerosa des-cendencia, junto con \u00abla abundancia de trigo, de vino y aceite\u00bb (cf. G\u00e9n 27,28: Dt 8,8s; Jl 2,24; Zac 9,17).<\/p>\n<p>En el \u00e9xodo, Yahv\u00e9 se muestra adem\u00e1s como el que alimenta y sostiene al pueblo hambriento, y le env\u00ed\u00ada el man\u00e1 (Ex 16; N\u00fam 11; Dt 8; cf. Sal 78,32ss; 105,40; 106,13-15; Sab 16,20-29). A su vez, en el Sina\u00ed\u00ad, el sacrificio de la alianza culmina en un banquete: despu\u00e9s de la aspersi\u00f3n de la sangre, Mois\u00e9s, Aar\u00f3n y los setenta ancianos vieron a Yahv\u00e9, el Dios de Israel, \u00aby comieron y bebieron\u00bb (Ex 24,8-11). Un convite que es signo vivo de la comuni\u00f3n-alianza entre Dios y su pueblo.<\/p>\n<p>Finalmente Yahv\u00e9 aparece como el anfitri\u00f3n del banquete escatol\u00f3gico del reino: \u00e9l preparar\u00e1 sobre el monte Si\u00f3n un convite universal, para \u00abtodos los pueblos\u00bb (Is 25 6-8). Dios mismo parece ser, adem\u00e1s del dador, el don salv\u00ed\u00adfico que se ofrece al hombre, en un convite donde culminan el reinado de Dios y la plenitud de la salvaci\u00f3n. Otra invitaci\u00f3n similar a un banquete universal ser\u00e1 -para el Deuteroisa\u00ed\u00adassigno de una nueva \u00abalianza sempiterna\u00bb (Is 55,1-5; cf. Prov 9,1-6).<\/p>\n<p>b) El convite de la Sabidur\u00ed\u00ada de Yahv\u00e9. La Sabidur\u00ed\u00ada se presenta como un atributo de la divinidad: es \u00abuna efusi\u00f3n de la gloria del Omnipotente\u00bb, \u00abreflejo de la luz eterna\u00bb e \u00abimagen o irradiaci\u00f3n de su excelencia\u00bb (Sab 7,25s; cf. 7,22 a 8,8). Pero a la vez muestra cierta personalidad junto a Dios (habla y act\u00faa como consejera, o como arquitecto que colabora en la creaci\u00f3n divina: Prov 8,22-31; cf. 1 al 9). Surgida de la boca del Alt\u00ed\u00adsimo y enviada a Israel (Eclo 24), \u00abmat\u00f3 sus v\u00ed\u00adctimas y mezcl\u00f3 su vino\u00bb; aderez\u00f3 su mesa y prepar\u00f3 un fest\u00ed\u00adn al que invita a los sencillos para que adquieran la sabidur\u00ed\u00ada: \u00abvenid y comed mi pan y bebed mi vino\u00bb (Prov 9,1-6). Tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad (como en Is 55,1-5) lo que se da en alimento es la misma Sabidur\u00ed\u00ada divina: \u00abVenid a mi cuantos me dese\u00e1is y saciaos de mis frutos\u00bb, porque recordarme y poseerme es m\u00e1s dulce que la miel. \u00abLos que me coman quedar\u00e1n con hambre de m\u00ed\u00ad y los que me beban quedar\u00e1n de mi sedientos\u00bb (Ecclo 24,25-29). Este fest\u00ed\u00adn de la Sabidur\u00ed\u00ada se identifica con la Palabra de Dios, verdadero alimento para el hombre: Ezequiel habla del libro de la Ley que Yahv\u00e9 le da a comer: \u00abllena tu vientre e hinche tus entra\u00f1as de este rollo que te ofrezco. Lo com\u00ed\u00ad y me supo a mieles\u00bb. Entonces el Esp\u00ed\u00adritu se posesiona del profeta, impuls\u00e1ndolo a proclamar la palabra que le ha servido de alimento (Ez 3,1-5.10-15; cf. Jer 15,16).<\/p>\n<p>c) Tambi\u00e9n el Esp\u00ed\u00adritu de Yahv\u00e9 aparece unido al alimento otorgado por Dios. Yahv\u00e9 env\u00ed\u00ada su Esp\u00ed\u00adritu y crea y repuebla la faz de la tierra (Sal 104,27-30; Job 34,14s; Eclo 12, 7). Con la donaci\u00f3n de un \u00abEsp\u00ed\u00adritu nuevo\u00bb, fuente y principio de una \u00abalianza nueva\u00bb, vosotros ser\u00e9is mi pueblo \u00aby yo llamar\u00e9 al trigo y lo multiplicar\u00e9 y no tendr\u00e9is hambre. Multiplicar\u00e9 los frutos de los \u00e1rboles y los de los campos\u00bb (Ez 36,27). El Esp\u00ed\u00adritu act\u00faa como dador de vida y de sustento.<\/p>\n<p>2) La tr\u00ed\u00adada anterior (Yahv\u00e9, su Sabidur\u00ed\u00ada y su Esp\u00ed\u00adritu) puede encontrar su mejor expresi\u00f3n en la \u00abtriunidad\u00bb bajo la que Yahv\u00e9 se manifiesta a Abrah\u00e1n en figura de \u00abtres hombres\u00bb (G\u00e9n 18,1s; o como Yahv\u00e9 y sus \u00abdos \u00e1ngeles\u00bb: Gn 18,22;19,1). Abrah\u00e1n se postra ante ellos, invit\u00e1ndolos a comer; y ordena a Sara preparar unos panes y leche, y sacrificar un ternero, \u00aby se lo puso todo ante ellos\u00bb, permaneciendo a su lado (G\u00e9n 18,6-8) en actitud de atento servicio. En un curioso juego entre el singular y el plural, Abrah\u00e1n llama a los tres personajes \u00abSe\u00f1or m\u00ed\u00ado\u00bb, usando acto seguido el plural: \u00abos traer\u00e9 un bocado de pan, os confortar\u00e9is y seguir\u00e9is\u00bb (v. 1.5)<br \/>\nEn el banquete uno de los misteriosos invitados anuncia la maternidad de Sara, a pesar de su vejez, pues \u00abnada hay imposible para Yahv\u00e9\u00bb (G\u00e9n 18,13-14). Y promete a Abrah\u00e1n una futura descendencia, \u00abun pueblo grande y fuerte\u00bb, al que rendir\u00e1n pleites\u00ed\u00ada todas las naciones (G\u00e9n 18, 17s); y que nacer\u00e1 de Isaac, el \u00abhijo \u00fanico\u00bb (a la vez que \u00abhijo de la visitaci\u00f3n\u00bb de Yahv\u00e9: cf. G\u00e9n 21). As\u00ed\u00ad, en el convite, la presencia de Yahv\u00e9 -en \u00abtres personas\u00bb-, se muestra como fuente de vida, as\u00ed\u00ad como de una comunidad -el pueblo numeroso- que surge de la poderosa palabra de Yahv\u00e9.<\/p>\n<p>La escena se repite con Lot, sobrino de Abrah\u00e1n. \u00abLevant\u00e1ronse los tres varones y se dirigieron hacia Sodoma\u00bb (G\u00e9n 18,16), donde Lot los invita \u00aba su casa, les prepar\u00f3 de comer, y coci\u00f3 panes \u00e1zimos, y comieron\u00bb (G\u00e9n 19,1-3). Este banquete se convierte en fuente de gracia y de juicio: es el origen de la salvaci\u00f3n de Lot y su familia, conducidos fuera de la ciudad por los misteriosos personajes; e inicio de la ira de Yahv\u00e9 por la liviandad de los moradores de Sodoma (Gn 19,9ss).<\/p>\n<p>El pintor ruso Andrei Rublev (1425) inmortaliz\u00f3 este relato en el famoso icono de la Trinidad: donde tres personajes con el bast\u00f3n en la mano, sentados en torno a una mesa, entrelazan su mirada en un gesto de amorosa unidad e identidad misteriosa.<\/p>\n<p>II. La Eucarist\u00ed\u00ada y la Trinidad en el Nuevo Testamento<br \/>\n1. En los Sin\u00f3pticos est\u00e1 poco desarrollado el binomio \u00abEucarist\u00ed\u00ada-Trinidad\u00bb. El convite s\u00f3lo aparece enmarcado en la relaci\u00f3n Padre (reino de Dios)-Jes\u00fas el Hijo, tanto en las comidas durante la vida de Jes\u00fas como en la \u00faltima cena. En cambio es dif\u00ed\u00adcil encontrar pasajes que relacionen al Esp\u00ed\u00adritu con el convite. S\u00f3lo Lucas, en el contexto del Padrenuestro, y tomando pie de la bondad de un padre terreno que da pan -y no una piedra- al hijo que se lo pide, dice: \u00abcu\u00e1nto m\u00e1s vuestro Padre celestial dar\u00e1 el Esp\u00ed\u00adritu Santo a los que se lo pidan\u00bb (Lc 11,5-13), estableciendo cierta relaci\u00f3n entre el don del pan y del Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>Respecto a los convites en la vida de Jes\u00fas, las par\u00e1bolas propugnan una estrecha conexi\u00f3n entre el fest\u00ed\u00adn y la presencia actuante del reino de Dios. Mateo, y en especial Lucas, hablan del futuro banquete del reino como abierto a todos los pueblos, mientras los hijos de Israel ser\u00e1n echados fuera (cf. Mt 8,11-12 y Lc 13,15; y en par\u00e1bolas: Mt 22,2-10 y Lc 14,16-24). Pero sobre todo resalta el gesto ins\u00f3lito de Jes\u00fas al invitar a los pecadores, apelando &#8211;como \u00faltima raz\u00f3n- a una sabidur\u00ed\u00ada escondida (cf. Mt 11,18s), que no es otra que la del padre del hijo pr\u00f3digo, quien invita a \u00e9ste a un banquete (Lc 15). Jes\u00fas afirma as\u00ed\u00ad que el reinado de Dios (que \u00e9l encarna ya en los milagros y el convite) se remonta al gesto de \u00abcomuni\u00f3n\u00bb del mismo Padre celestial, abierto no s\u00f3lo a los cercanos sino tambi\u00e9n a los alejados.<\/p>\n<p>Este dinamismo culmina en la \u00faltima cena, que Jes\u00fas vincula expresamente con el banquete del reino de Dios (Mc 14,25; Lc 22,16-18; o \u00abde mi Padre\u00bb: Mt 26,29). Lucas incluso identifica el reino del Padre con el reino de Jes\u00fas, y su mesa con la mesa del Padre (Lc 22,29-30), destacando a\u00fan m\u00e1s la identidad de la cena con el banquete escatol\u00f3gico (cf. Is 25, 6-8). Si bien en todo este contexto de convite no hay referencia alguna al Esp\u00ed\u00adritu, sino s\u00f3lo al Padre y al Hijo en su mutua relaci\u00f3n.<\/p>\n<p>2. En el evangelio de Juan encontrar\u00e1 un notable desarrollo la dimensi\u00f3n trinitaria de la eucarist\u00ed\u00ada. As\u00ed\u00ad se refleja en el discurso del Pan de vida (Jn 6), y en la \u00faltima cena (Jn 14 a 16).<\/p>\n<p>El discurso del pan de vida contiene la formulaci\u00f3n trinitaria m\u00e1s expl\u00ed\u00adcita de los evangelios en relaci\u00f3n con la eucarist\u00ed\u00ada. Destaca, en primer lugar, la iniciativa del Padre, que habiendo alimentado a Israel con el man\u00e1, ahoranos da el \u00abverdadero pan del cielo\u00bb: la persona de Jes\u00fas, \u00abpan de Dios que baj\u00f3 del cielo y da la vida al mundo\u00bb (Jn 6,31-34). Adem\u00e1s de \u00abpan del cielo\u00bb y \u00abpan de Dios\u00bb, Jes\u00fas se llama tambi\u00e9n \u00abpan de vida\u00bb: \u00abYo soy el pan de vida: el que viene a mi, ya no tendr\u00e1 m\u00e1s hambre; y el que cree en mi jam\u00e1s tendr\u00e1 sed\u00bb (Jn 6,35; cf. 48-50)5. Esta relaci\u00f3n inicial Padre-Hijo, dar\u00e1 paso luego a una afirmaci\u00f3n cristol\u00f3gica: \u00abYo soy el pan vivo bajado del cielo; si alguno come de este pan, vivir\u00e1 para siempre\u00bb (Jn 6,51). El \u00abpan de vida\u00bb que procede del Padre, aparece ahora como el \u00abpan vivo\u00bb: Cristo, que vive por el Padre, y da su carne y su sangre para la vida del mundo, en la entrega de s\u00ed\u00ad mismo (en la muerte y resurrecci\u00f3n) prolongada en su donaci\u00f3n como alimento para nosotros (Jn 6,51-57). A trav\u00e9s de la fe y la comida, el creyente participa de la comuni\u00f3n de vida eterna que el Padre \u00abviviente\u00bb comunica al Hijo (Jn 6,57-58).<\/p>\n<p>Esta comuni\u00f3n de vida entre el Padre y el Hijo, de la que participamos por el Pan de vida, no acaece al margen del Esp\u00ed\u00adritu en cuanto dador de vida, y que se manifiesta sobre todo a partir de un Jes\u00fas que sube \u00aball\u00ed\u00ad donde estaba antes\u00bb, por su resurrecci\u00f3n y exaltaci\u00f3n a la diestra del Padre. De ah\u00ed\u00ad la importancia del Esp\u00ed\u00adritu para la eucarist\u00ed\u00ada: sin \u00e9l los dones -y a\u00fan la misma carne y sangre- ser\u00ed\u00adan algo inerte, no vivo ni vivificador, pues \u00abel Esp\u00ed\u00adritu es el que da vida; la carne sola no aprovecha para nada. Y las palabras que yo os he hablado son Esp\u00ed\u00adritu y Vida\u00bb (Jn 6,62-63). Esta conjunci\u00f3n: Vida (del Padre), Palabra viva (de Jes\u00fas, Pan vivo e Hijo del hombre) y Esp\u00ed\u00adritu vivificador, resumeel discurso del Pan de vida como fuente de comuni\u00f3n con la Trinidad.<\/p>\n<p>1 Jn 5,6-8 relaciona el Esp\u00ed\u00adritu con la eucarist\u00ed\u00ada (si bien ahora con la sangre del Se\u00f1or). El Esp\u00ed\u00adritu de la verdad respalda la fe en Jes\u00fas, el Hijo de Dios, \u00abque vino por medio del agua y la sangre\u00bb. Porque \u00abtres son los que dan testimonio: el Esp\u00ed\u00adritu, el agua y la sangre, y estos tres son uno\u00bb. El sentido trinitario se acent\u00faa en la conocida glosa de la Vulgata: \u00abporque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Esp\u00ed\u00adritu Santo, y estos tres son uno. Y tres son los que dan testimonio en la tierra: el Esp\u00ed\u00adritu, el agua y la sangre, y estos tres son uno\u00bb<br \/>\nLa dimensi\u00f3n trinitaria reaparece en la \u00faltima cena, donde Jes\u00fas se sit\u00faa en relaci\u00f3n con el Padre y el Esp\u00ed\u00adritu. En un primer pasaje (Jn 14,7-26) Jes\u00fas afirma que \u00e9l est\u00e1 en el Padre y el Padre en \u00e9l. Por ser igual al Padre, ambos poseen el mismo Esp\u00ed\u00adritu, y por eso puede comunic\u00e1rnoslo. En este contexto Jes\u00fas asegura: \u00abvendr\u00e9 a vosotros\u00bb para establecer una comuni\u00f3n vital por la que \u00abyo vivo y vosotros vivir\u00e9is\u00bb, porque \u00abyo estoy en mi Padre, vosotros en mi y yo en vosotros\u00bb. Comuni\u00f3n vital que no acaece al margen de la eucarist\u00ed\u00ada. Otro texto (Jn 15,9-13.26-27) habla del amor del Padre prolongado en el Hijo, y en el que deben permanecer los disc\u00ed\u00adpulos. Para ello vendr\u00e1 el Esp\u00ed\u00adritu \u00abque yo os enviar\u00e9 de parte del Padre\u00bb. Esta comuni\u00f3n de amor incluye la vertiente eclesial as\u00ed\u00ad como la eucar\u00ed\u00adstica: la uni\u00f3n entre los sarmientos y la vid. Un tercer pasaje vuelve a subrayar la comuni\u00f3n vital entre el Padre y el Hijo, que nos es comunicada a trav\u00e9s del Esp\u00ed\u00adritu: \u00ab\u00e9l me glorificar\u00e1, porque tomar\u00e1 de lo m\u00ed\u00ado y os lo dar\u00e1 a conocer. Todo cuanto tiene el Padre es m\u00ed\u00ado: por eso os he dicho que tomar\u00e1 de lo mio y os lo dar\u00e1 a conocer\u00bb (Jn 16,13-15).<\/p>\n<p>Para Juan, pues, no basta con la comuni\u00f3n con la \u00abcarne y la sangre\u00bb, sino que es preciso participar de la vida divina -o \u00abvida eterna\u00bb-, a trav\u00e9s del Esp\u00ed\u00adritu, comuni\u00f3n viva entre el Padre y el Hijo. Por eso el efecto \u00faltimo de la eucarist\u00ed\u00ada -seg\u00fan Juan- \u00abes introducir al creyente en la vida trinitaria\u00bb, como se desprende de la f\u00f3rmula de la mutua inmanencia entre Cristo y el Padre, y entre el \u00abcomulgante\u00bb y Cristo: \u00abEl que come mi carne y bebe mi sangre est\u00e1 en mi y yo en \u00e9l\u00bb. Y as\u00ed\u00ad como \u00abyo vivo por el Padre, el que me come vivir\u00e1 por mi\u00bb<br \/>\n3. En las cartas de Pablo cabe apelar al \u00abpan espiritual (pneumatik\u00f3n br\u00f3ma)\u00bb y la \u00abbebida espiritual (pneumatik\u00f3n poma)\u00bb, que alimentaron al pueblo de Israel en el desierto, pues beb\u00ed\u00adan de la \u00abroca espiritual (pneumatik\u00e9s petras)\u00bb que era Cristo (1 Cor 10,1-4). En este pasaje -similar al de Jn 6, aunque anterior- se presupone a Dios como dador de ese alimento espiritual (cf. v.6) que es Cristo mismo como don, anticipado en y por el Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>Otro texto nos habla del Esp\u00ed\u00adritu Santo como factor de unidad y de comuni\u00f3n en el \u00fanico cuerpo (eclesial) de Cristo, a\u00fan siendo muchos sus miembros. Dado que todos hemos sido \u00abbautizados en un s\u00f3lo Esp\u00ed\u00adritu\u00bb y todos \u00abhemos bebido de un mismo Esp\u00ed\u00adritu\u00bb, formamos todos un solo cuerpo (1 Cor 12,12-13), siendo \u00abuno mismo el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb, \u00abuno mismo el Se\u00f1or\u00bb y \u00abuno mismo el Dios (Padre) que obra en todos todas las cosas\u00bb (1 Cor 12, 4-11). Estos pasajes son el colof\u00f3n de los cap. 10 y 11 de 1 Cor, que tratan de la eucarist\u00ed\u00ada. De modo que, para Pablo, \u00abla eucarist\u00ed\u00ada, penetrada del Pneuma divino, nos lo comunica como fuerza que nos integra en la unidad del cuerpo de Cristo (cf. 1 Cor 12,13)\u00bb. En realidad todos -jud\u00ed\u00ados o griegos, hombres o mujeres- hemos sido hechos uno en Cristo, y por ello hijos por medio del Esp\u00ed\u00adritu de su Hijo (cf. Rom 8,3.9.11.14; G\u00e1l 3,28 a 4,7). Por eso para Pablo la \u00abcomuni\u00f3n\u00bb (koinon\u00ed\u00ada) dice relaci\u00f3n al cuerpo de Cristo, tanto eclesial como eucar\u00ed\u00adstico (cf. 1 Cor 10,16-17; Rom 12,5), as\u00ed\u00ad como a la Trinidad: \u00abla gracia del Se\u00f1or Jesucristo, el amor de Dios y la comuni\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (2 Cor 13,13; cf. tambi\u00e9n 2 Cor 1,21-22; Ef 1,3-14; Flp 2,1).<\/p>\n<p>4. En los Hechos de los Ap\u00f3stoles y en el Apocalipsis. En los Hechos, la \u00abcomuni\u00f3n\u00bb se refiere sobre todo a la Iglesia; pero tambi\u00e9n a la \u00abfracci\u00f3n del pan\u00bb. He 2, 44 as\u00ed\u00ad como 4, 32 insisten en que los fieles \u00abtodo lo pose\u00ed\u00adan en com\u00fan\u00bb: \u00abviv\u00ed\u00adan unidos\u00bb y \u00abten\u00ed\u00adan un s\u00f3lo coraz\u00f3n y un alma sola\u00bb. Al mismo tiempo se resalta la \u00abalabanza a Dios (Padre)\u00bb (He 2, 47) y la proclamaci\u00f3n de la \u00abpalabra de Dios\u00bb con libertad (He 4, 31). Pero sobre todo ambos textos relacionan la fracci\u00f3n del pan con la resurrecci\u00f3n de Cristo y la efusi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu. As\u00ed\u00ad He 2, 44 viene a continuaci\u00f3n de Pentecost\u00e9s y del anuncio de Pedro: Cristo, \u00abexaltado a la diestra de Dios y recibida del Padre la promesa del Esp\u00ed\u00adritu Santo, lo derram\u00f3\u00bb sobre vosotros (He 2, 33). Fruto de esa donaci\u00f3n es precisamente laescucha de la ense\u00f1anza de los ap\u00f3stoles, y sobre todo la perseverancia en la fracci\u00f3n del pan y en la oraci\u00f3n (He 2, 41-42). A su vez, He 4, 31-33 va unido al testimonio, \u00abcon gran poder\u00bb, de la \u00abresurrecci\u00f3n del Se\u00f1or Jes\u00fas\u00bb, y a una nueva efusi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu (\u00abtodos fueron llenos del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb). En ambos pasajes se hace patente, pues, la referencia al Padre, al Hijo y al Esp\u00ed\u00adritu, como fuente de la que provienen la fracci\u00f3n del pan y la \u00abcomuni\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>El Apocalipsis habla de la cena del Se\u00f1or (\u00abyo entrar\u00e9 y cenar\u00e9 con \u00e9l y \u00e9l conmigo\u00bb) en relaci\u00f3n con el reino (trono) de Cristo y del Padre (Ap 3,20-21). Adem\u00e1s apela a la liturgia celestial de adoraci\u00f3n y alabanza dirigida \u00abal que est\u00e1 sentado en el trono y al Cordero\u00bb (Ap 4,8-11 y 5), que apacienta a los santos y los gu\u00ed\u00ada a las fuentes de agua viva (Ap 7,15-17). Otro pasaje menciona las bodas del Cordero y la Esposa, en conexi\u00f3n con el reino y la alabanza tributada a Dios (Ap 19,4-9). Aunque en estos pasajes se alude s\u00f3lo al Padre y a Jes\u00fas el Hijo, sin referencia expresa al Esp\u00ed\u00adritu, al final el Apocalipsis vuelve a hablar del r\u00ed\u00ado de agua viva que brota del trono de Dios y del Cordero, y de la adoraci\u00f3n a Dios en relaci\u00f3n con el Esp\u00ed\u00adritu (y la Iglesia como Esposa): \u00abEl Esp\u00ed\u00adritu y la Esposa dicen: Ven\u00bb. \u00abS\u00ed\u00ad, vengo pronto. Ven Se\u00f1or Jes\u00fas. Am\u00e9n\u00bb (Ap 22,lss.9.16-17.20). La conjunci\u00f3n entre el Esp\u00ed\u00adritu y el \u00abmaranatha\u00bb (ven, Se\u00f1or) -que ten\u00ed\u00ada un sentido cristol\u00f3gico-eucar\u00ed\u00adstico en la Iglesia primera- y la adoraci\u00f3n a Dios, implican un indudable sentido trinitario.<\/p>\n<p>III. Eucarist\u00ed\u00ada y Trinidad en la tradici\u00f3n patr\u00ed\u00adstica<br \/>\n1. EUCARIST\u00ed\u008dA Y TRINIDAD EN LA TRADICI\u00ed\u201cN ANTERIOR A NICEA. La antigua tradici\u00f3n est\u00e1 en dependencia de Pablo y Juan. La Didach\u00e9 conserva una plegaria lit\u00fargica a Dios Padre creador, que \u00abdiste a los hombres comida y bebida para su disfrute, para que te den gracias. Mas a nosotros nos hiciste gracia de comida y bebida espiritual y de vida eterna (pneumatik\u00e9n troph\u00e9n kai poton kai z\u00e1\u00e9n ai\u00f3nion) por tu siervo (Jes\u00fas). Se conjugan aqu\u00ed\u00ad el don del Padre (charis) y la acci\u00f3n de gracias (eucharist\u00ed\u00ada). A su vez la \u00abcomida y bebida espiritual\u00bb recuerda la expresi\u00f3n de Pablo en 1 Cor 10,3-4, probable alusi\u00f3n al Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada (+ 110), siguiendo a Juan, recuerda que Cristo procede del Padre, en \u00e9l est\u00e1 y a \u00e9l retorna. Por la gracia que viene de su Nombre (Dios Padre), los fieles se congregan en una misma fe en Jesucristo, \u00abpartiendo un solo pan, medicina de inmortalidad, y alimento para vivir por siempre en Jesucristo\u00bb. Y desea \u00abel pan de Dios, que es la carne de Jesucristo\u00bb y \u00abpor bebida su sangre, amor incorruptible\u00bb. En este contexto, Ignacio menciona al Padre y al Hijo, pero no al Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>Justino (+ 165) alude varias veces a la plegaria eucar\u00ed\u00adstica. Una vez recibidos los dones, el obispo \u00abalaba y glorifica al Padre de todas las cosas por el nombre del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo, y da gracias\u00bb. Y \u00aben todo lo que ofrecemos, bendecimos al Creador del universo por medio de su Hijo Jesucristo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb. Y en otro pasaje: \u00abDamos culto al Hacedor del universo\u00bb, dirigi\u00e9ndole \u00abpreces e himnos por habernos creado\u00bb y por sus dones. \u00abHonramos tambi\u00e9n a Jesucristo\u00bb, maestro y salvador, \u00abHijo del mismo Dios verdadero, a quien ponemos en el segundo lugar\u00bb, as\u00ed\u00ad \u00abcomo al Esp\u00ed\u00adritu prof\u00e9tico, a quien situamos en el tercero\u00bb. Y a\u00f1ade: al \u00abverdadero Dios, Padre de la justicia\u00bb, \u00abal Hijo que de \u00e9l procede\u00bb y \u00abal Esp\u00ed\u00adritu prof\u00e9tico, rendimos culto y adoraci\u00f3n, honr\u00e1ndolos con raz\u00f3n y verdad\u00bb. El mismo esquema (aunque sin menci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu) aparece en el Di\u00e1logo con Trit\u00f3n: Jes\u00fas \u00abnos mand\u00f3 ofrecer el pan de la eucarist\u00ed\u00ada en memoria de la pasi\u00f3n que \u00e9l padeci\u00f3 por los hombres\u00bb, para que \u00abjuntos demos gracias a Dios por haber creado el mundo\u00bb por amor al hombre. En realidad, \u00abDios atestigua de antemano que le son agradables todos los sacrificios que se le ofrecen en nombre de Jesucristo\u00bb: \u00ablos de la eucarist\u00ed\u00ada del pan y el vino\u00bb. Y no hay un lugar en \u00abque no se ofrezcan por el nombre de Jes\u00fas crucificado, oraciones y acciones de gracias al Padre\u00bb, Creador de todo.<\/p>\n<p>Ireneo de Lyon (+ 202) relaciona igualmente el pan y el vino de la creaci\u00f3n de Dios, con el pan y el vino (transformado por Jes\u00fas) en Can\u00e1, y que culminan en la eucarist\u00ed\u00ada. El Dios creador da \u00abal g\u00e9nero humano, por medio de su Hijo, la bendici\u00f3n de la comida y la gracia de la bebida\u00bb. Relaciona adem\u00e1s la funci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu con el sacrificio y la ofrenda eucar\u00ed\u00adstica: la Iglesia \u00abofrece en todo el mundo a Dios, que nos da los alimentos, las primicias de sus dones\u00bb, \u00abproclamando la uni\u00f3n y la comuni\u00f3n de la carne y el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb. Porque \u00abel pan, de la tierra, al recibir la invocaci\u00f3n de Dios, no es pan ordinario sino eucarist\u00ed\u00ada, constituida por dos elementos, uno terreno y otro espiritual\u00bb. En la santificaci\u00f3n de los dones intervienen el Esp\u00ed\u00adritu, y la Sabidur\u00ed\u00ada (y el Verbo) de Dios: como el trigo surge de la tierra \u00abmultiplicado por el Esp\u00ed\u00adritu de Dios\u00bb, as\u00ed\u00ad los dones por la Sabidur\u00ed\u00ada \u00aby el Logos de Dios se hacen eucarist\u00ed\u00ada: cuerpo y sangre de Cristo&#8217;. Y en otro pasaje sobre el sacrificio, afirma: \u00abEn todo lugar la Iglesia hace oblaciones a Dios, Creador del universo, por medio de Jesucristo\u00bb. Por eso, fuera de la Iglesia no hay sacrificio, \u00abporque no recibieron al Verbo, por cuya mediaci\u00f3n se hacen las ofrendas a Dios\u00bb. Y en otra oraci\u00f3n, con reminiscencias lit\u00fargicas, dice: \u00abYo te invoco, Se\u00f1or Dios de Abrah\u00e1n, Dios de Isaac y Dios de Jacob e Israel, Padre de nuestro Se\u00f1or Jesucristo\u00bb, que hiciste el cielo y la tierra, verdadero y \u00fanico Dios: \u00abpor nuestro Se\u00f1or Jesucristo danos tambi\u00e9n el reino del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb.<\/p>\n<p>Algo m\u00e1s tarde, Clemente de Alejandr\u00ed\u00ada (+ 215) (en conexi\u00f3n con Jn 6) considera la eucarist\u00ed\u00ada como don del Padre (m\u00e1s por la encarnaci\u00f3n que por la creaci\u00f3n): \u00abEl pan vivo, el pan que dio el Padre, es el Hijo, para aquellos que quieran comerle. Y el pan que yo dar\u00e9 -dice- es mi carne\u00bb: carne \u00abque, en la eucarist\u00ed\u00ada, da al que \u00e9l alimenta; o bien su cuerpo que es la Iglesia, pan celeste, asamblea santa\u00bb. Muestra una concepci\u00f3n singular de la obra del Esp\u00ed\u00adritu, que le lleva a considerar la \u00abcarne\u00bb como \u00abEsp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb, \u00abporque la carne es obra suya\u00bb; y la \u00absangre\u00bb como el Logos, \u00abporque como sangre abundante, el Logos ha sido vertido en la vida. La mezcla de ambos es el Kyrios\u00bb, que \u00abes Pneuma y Logos\u00bb. Pues el Kyrios Jes\u00fas, Logos de Dios, \u00abes Pneuma hecho carne, carne celeste santificada\u00bb. \u00abEste alimento es don del Padre\u00bb. La formulaci\u00f3n resulta imprecisa, si bien se insiste en la humanidad de Jes\u00fas transida por el Logos y el Esp\u00ed\u00adritu, y prolongada en los dones.<\/p>\n<p>Para poder beber el vino nuevo del reino, afirma Cipriano (+ 258), tenemos que ofrecer antes \u00abvino (con agua) en el sacrificio de Dios Padre y de Cristo\u00bb (lo que parece referirse al sacrificio que ambos han legado a la Iglesia). Y en la misma clave sacrificial afirma: \u00abno puede ser santificada la oblaci\u00f3n all\u00ed\u00ad donde no est\u00e1 el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb&#8216;.<\/p>\n<p>Comentando el Padrenuestro, algunos autores ven en la petici\u00f3n del pan una referencia a la eucarist\u00ed\u00ada como \u00abdon del Padre\u00bb creador y salvador. Para Tertuliano (+ 220) y Cipriano la eucarist\u00ed\u00ada es el pan nuestro que pedimos al Padre y que \u00e9l nos otorga cada d\u00ed\u00ada\u00bb. Para Or\u00ed\u00adgenes (+ 253) es sobre todo el Padre la fuente primera de la eucarist\u00ed\u00ada. Jes\u00fas \u00abrecibe de Dios\u00bb el pan y el vino, \u00abse los da a \u00e9l, y \u00e9l los da a los que son dignos de recibir de Dios el pan y el c\u00e1liz\u00bb. \u00abJes\u00fas recibe siempre del Padre pan para los comensales que celebran el fest\u00ed\u00adn con \u00e9l, da gracias, lo parte y lo da a sus disc\u00ed\u00adpulos\u00bb. Pero es necesario ascender \u00abal piso superior\u00bb, donde la mesa est\u00e1 ya preparada, y \u00abdonde, tomando del Padre un c\u00e1liz y dando gracias (Jes\u00fas) se lo pasa a los que ascendieren con \u00e9l\u00bb. Y en otro pasaje: \u00abCreo que el Esp\u00ed\u00adritu Santo suministra la materia de los dones de Dios\u00bb; materia que \u00abes producida por Dios, es procurada por Cristo y subsiste seg\u00fanel Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb. Aunque el contexto es ambiguo, esta f\u00f3rmula trinitaria parece referirse a la eucarist\u00ed\u00ada. Finalmente la Didascal\u00ed\u00ada de los Ap\u00f3stoles contempla la obra del Esp\u00ed\u00adritu en la Eucarist\u00ed\u00ada y en la Escritura: \u00abla oraci\u00f3n es escuchada por medio del Esp\u00ed\u00adritu Santo; la Eucarist\u00ed\u00ada es santificada por medio del Esp\u00ed\u00adritu Santo, y las Escrituras son sagradas porque son palabras del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb. Por eso los que poseen el Esp\u00ed\u00adritu pueden participar de ellas&#8217;.<\/p>\n<p>Tras la vinculaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu con la santificaci\u00f3n de la oblaci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica, late la idea del \u00absacrificium\u00bb como \u00absacrum facere\u00bb, como \u00abconsagraci\u00f3n\u00bb de la ofrenda por obra del Esp\u00ed\u00adritu de Dios, que la convierte as\u00ed\u00ad en la presencia de la oblaci\u00f3n salvadora para nosotros. Tal como se refleja en esta ep\u00ed\u00adclesis consecratoria prenicena: \u00abVenga Se\u00f1or tu Santo Esp\u00ed\u00adritu. P\u00f3sese sobre esta oblaci\u00f3n de tus siervos, bend\u00ed\u00adgala y santif\u00ed\u00adquela, para que por ella alcancen propiciaci\u00f3n de las culpas, perd\u00f3n de los pecados\u00bb y esperanza de \u00abvida nueva en los cielos\u00bb.<\/p>\n<p>2. LA EUCARIST\u00ed\u008dA Y LA TRINIDAD EN LA PATR\u00ed\u008dSTICA POSTERIOR. Con la controversia antiarriana la relaci\u00f3n Eucarist\u00ed\u00ada y Trinidad va a recibir un nuevo impulso y nuevas matizaciones. Ya que en la antigua Iglesia la experiencia de la eucarist\u00ed\u00ada era aducida como una prueba importante en la lucha contra las herej\u00ed\u00adas, seg\u00fan el principio de san Ireneo: \u00abla creencia concuerda con la eucarist\u00ed\u00ada, y la eucarist\u00ed\u00ada confirma la creencia\u00bb.<\/p>\n<p>a) Contra los arrianos, los Padres apelan a la \u00abConsustancialidad\u00bb entre Cristo y nosotros por la eucarist\u00ed\u00ada para demostrar la consustancialidad entre el Padre y el Hijo. De manera que si el Padre y el Hijo no fuesen \u00abde la misma naturaleza\u00bb, en la eucarist\u00ed\u00ada s\u00f3lo participar\u00ed\u00adamos de la carne y la sangre de un hombre, Jes\u00fas, pero no de la naturaleza divina y de la \u00abvida eterna\u00bb del Padre, comunicada al Hijo (en el Esp\u00ed\u00adritu). As\u00ed\u00ad lo formula Atanasio (+373): Jes\u00fas di\u00f3 su carne \u00abcomo alimento celestial y manjar espiritual. Pues las palabras que yo os he dicho, dijo, son Esp\u00ed\u00adritu y vida\u00bb, para que nadie piense \u00abque el Se\u00f1or es puro hombre, sino que al oir tambi\u00e9n Esp\u00ed\u00adritu, reconozca que era Dios el que estaba en el cuerpo\u00bb. Identifica adem\u00e1s al Esp\u00ed\u00adritu con el pan celestial -el pan nuestro del futuro (epiousios)- que pedimos en el Padrenuestro, y que es la carne del Se\u00f1or, pan de vida por el Esp\u00ed\u00adritu. \u00abPues la carne del Se\u00f1or es Esp\u00ed\u00adritu que vivifica, ya que fue concebida del Esp\u00ed\u00adritu vivificador. Y lo nacido del Esp\u00ed\u00adritu es Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (Jn 3,6).<\/p>\n<p>En el debate antiarriano destaca Hilario de Poitiers (+ 367), quien excluye la mera uni\u00f3n por amor entre el Padre y el Hijo, porque Cristo est\u00e1 en nosotros \u00abpor la verdad de la naturaleza\u00bb y no \u00abpor la mera concordia de la voluntad\u00bb. Pues el Verbo hecho carne s\u00f3lo puede d\u00e1rsenos en alimento, \u00abmezclando la naturaleza de su carne a su naturaleza eterna bajo el sacramento en que nos hab\u00ed\u00ada de comunicar su carne\u00bb. Por eso \u00abel que niegue que el Padre est\u00e1 en Cristo por naturaleza (naturaliter), niegue antes que \u00e9l est\u00e1 en Cristo o que Cristo est\u00e1 en \u00e9l por naturaleza (naturaliter)\u00bb. La eucarist\u00ed\u00ada es, pues, \u00abel sacramento de la perfecta unidad\u00bb y la verdadera comuni\u00f3n de Cristo con el Padre y de todos nosotros con Cristo y con el Padre. Pues vivimos por Cristo, igual que \u00e9l vive por el Padre (cf. Jn 6,57-58). Ahora bien, \u00absi nosotros vivimos por \u00e9l (Cristo) seg\u00fan la carne\u00bb, participando de la naturaleza de \u00e9sta, \u00ab\u00bfc\u00f3mo, si \u00e9l vive por el Padre, no ha de tener en s\u00ed\u00ad al Padre por naturaleza seg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu?\u00bb. No se trata, pues, de una mera uni\u00f3n \u00abpor sumisi\u00f3n y voluntad religiosa\u00bb ni en la Trinidad (entre el Padre y el Hijo) ni en el sacramento (entre Cristo y nosotros), sino de una unidad o uni\u00f3n m\u00e1s profunda, que Hilario no duda en calificar de \u00abnatural\u00bb o \u00abpor naturaleza\u00bb (que acaece en el plano del \u00abser\u00bb, y no del mero amor, o del \u00abquerer\u00bb)\u00bb.<\/p>\n<p>De modo similar, para Cirilo de Jerusal\u00e9n (+ 386), al participar del cuerpo y sangre de Cristo, nos hacemos \u00abconcorp\u00f3reos y consangu\u00ed\u00adneos\u00bb suyos, y \u00abconsortes de la naturaleza divina\u00bb. Recalca adem\u00e1s el valor de la ep\u00ed\u00adclesis para la santificaci\u00f3n de la ofrenda sacrificial, haci\u00e9ndola aceptable al Padre: \u00abpedimos a Dios\u00bb que \u00abenv\u00ed\u00ade su santo Esp\u00ed\u00adritu sobre la oblaci\u00f3n, para que haga del pan y el vino cuerpo y sangre de Cristo. Pues todo lo que tocare el Esp\u00ed\u00adritu Santo, sera santificado y transformado\u00bb. As\u00ed\u00ad se realiza \u00bb sacrificio espiritual, culto incruento\u00bb.<\/p>\n<p>Seg\u00fan Efr\u00e9n el Sirio (+ 372), Jes\u00fas tom\u00f3 pan com\u00fan, lo bendijo y consagr\u00f3 \u00aben el nombre del Padre y en el nombre del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb y lo di\u00f3 a sus disc\u00ed\u00adpulos. \u00abAl pan llam\u00f3 cuerpo suyo vivo, y lo llen\u00f3 de s\u00ed\u00ad mismo y del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb. Por eso, dice, \u00abcomed en \u00e9l Esp\u00ed\u00adritu Santo; porque es verdadero cuerpo m\u00ed\u00ado\u00bb.<\/p>\n<p>En Occidente, Optato de Milevi (t 385) habla del altar donde est\u00e1n \u00ablosmiembros de Cristo, donde fue invocado el Dios omnipotente y a donde baj\u00f3 el Esp\u00ed\u00adritu Santo rogado&#8217;. Mientras Ambrosio (+ 397) apela a la palabra creadora de Dios, capaz de cambiar la naturaleza: as\u00ed\u00ad lo hizo por medio de su Esp\u00ed\u00adritu en la encarnaci\u00f3n. Un cambio similar acaece en la eucarist\u00ed\u00ada. Y, como Hilario, afirma: \u00abJesucristo es hijo de Dios no por gracia, como los hombres, sino como Hijo de la sustancia del Padre; as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n es su verdadera carne la que comemos\u00bb. Por eso, aunque recibimos el sacramento \u00abbajo una semejanza\u00bb, participamos \u00abdel poder y la gracia de la verdadera naturaleza\u00bb divina. En el sacramento \u00abest\u00e1 Cristo, porque es el cuerpo de Cristo. Pero no es alimento corporal, sino espiritual\u00bb, \u00abporque el cuerpo de Dios es un cuerpo espiritual, el cuerpo de Cristo es cuerpo de divino Esp\u00ed\u00adritu\u00bb, puesto que \u00abCristo es Esp\u00ed\u00adritu\u00bb.<\/p>\n<p>Juan Cris\u00f3stomo (+ 407) subraya con vigor la funci\u00f3n de las tres divinas personas en la eucarist\u00ed\u00ada: \u00abDios te invita a su mesa y te ofrece all\u00ed\u00ad a su Hijo\u00bb. Pero sin la potencia y la gracia del Esp\u00ed\u00adritu no acaece la salvaci\u00f3n, ya que sin \u00e9l \u00abno pueden realizarse el cuerpo y la sangre m\u00ed\u00adsticos\u00bb28. Adem\u00e1s \u00abla gracia del Esp\u00ed\u00adritu Santo, que todo lo penetra, es la que lleva a cabo el m\u00ed\u00adstico sacrificio\u00bb, pues \u00aba\u00fan siendo el hombre el que act\u00faa, Dios es quien obra por su medio\u00bb. Es \u00e9sta una celebraci\u00f3n \u00abdonde hay tantos hermanos, donde est\u00e1 el Esp\u00ed\u00adritu Santo, donde ocupan el centro Jes\u00fas y su Padre\u00bb. Y es un culto espiritual, no carnal, donde Cristo, \u00abel que se sienta a la diestra del Padre\u00bb, est\u00e1 presente, sacrificado e inmolado\u00bb, y a donde \u00abviene el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb.<\/p>\n<p>b) Las controversias cristol\u00f3gicas. Alejandr\u00ed\u00ada y Antioqu\u00ed\u00ada. Te\u00f3filo de Alejandr\u00ed\u00ada (+ 412) reprocha a Or\u00ed\u00adgenes el no reconocer que \u00abel pan del Se\u00f1or, en el que se muestra el cuerpo del Salvador\u00bb partido para nuestra santificaci\u00f3n, as\u00ed\u00ad como el c\u00e1liz, son santificados \u00abpor la invocaci\u00f3n y la venida del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb. Pues Cristo, que se da en la eucarist\u00ed\u00ada, no es un puro hombre sino el \u00abHijo de Dios vivo, uno de la Trinidad. Es a la vez sacerdote y v\u00ed\u00adctima, sacrificio y oblaci\u00f3n: el mismo que acepta el sacrificio y que es ofrecido, sin dividir en dos su persona divina indivisible, ni la unidad indivisa de la Trinidad\u00bb.<\/p>\n<p>La disociaci\u00f3n que Nestorio establece entre la realidad humana y la divina en Jes\u00fas, reduce su carne y sangre a las de un mero hombre. A \u00e9l se enfrenta Cirilo de Alejandr\u00ed\u00ada (+ 444), afirmando la comuni\u00f3n no con un hombre, sino con el Verbo de Dios hecho carne. Pues los dones son santificados \u00abpor el Padre, mediante el Hijo, en el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb. Ya que \u00abtoda gracia y todo don perfecto vienen a nosotros del Padre (cf. Sant 1,17) por el Hijo en el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb. Por eso, \u00abhecha la acci\u00f3n de gracias, y alabando al Hijo a la vez que a Dios Padre con el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb, nos acercamos a la mesa santa para ser \u00abvivificados y bendecidos tanto corporal como espiritualmente. Pues recibimos en nosotros al Verbo de Dios Padre, hecho hombre por nosotros, el cual es vida y vivificador\u00bb. Dios Padre, creador, es \u00abvida por naturaleza\u00bb, emitiendo \u00abcomo un fulgor a Cristo, vida tambi\u00e9n \u00e9l\u00bb, ya que como Verbo procede \u00absustancialmente de la vida. Por eso todo lo vivifica el Dios y Padre por el Hijo en el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb, a trav\u00e9s de la carne de Cristo, hecha por el Verbo viva y vivificadora. Pero Cristo no s\u00f3lo es fuente de vida y de unidad por ser a la vez Dios y hombre, sino que adem\u00e1s se requiere la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, por el que nos fusionamos unos con otros y con Dios. Pues si Cristo hace de muchos uno, el Esp\u00ed\u00adritu debe ayudarnos tambi\u00e9n a superar nuestra individualidad reduci\u00e9ndonos a la unidad plena. \u00abPorque as\u00ed\u00ad como la virtud de la santa carne hace concorp\u00f3reos a aquellos en quienes est\u00e1\u00bb, as\u00ed\u00ad \u00abun \u00fanico e indivisible Esp\u00ed\u00adritu de Dios, habitando en todos, los re\u00fane en una unidad espiritual\u00bb. De este modo, \u00absiendo uno el Esp\u00ed\u00adritu que habita en nosotros, estar\u00e1 tambi\u00e9n en nosotros el \u00fanico Dios, Padre de todos, el cual por el Hijo hace uno, entre si y con \u00e9l, a todos los que participan de su Esp\u00ed\u00adritu\u00bb. Por tanto, \u00abtodos somos uno en el Padre, en el Hijo y en el Esp\u00ed\u00adritu Santo, en la comuni\u00f3n de la carne de Cristo y del \u00fanico Esp\u00ed\u00adritu\u00bb. Valga, como resumen, este pasaje: \u00aben nosotros est\u00e1 el Hijo corporalmente como hombre, mezclado y unido con nosotros por la m\u00ed\u00adstica bendici\u00f3n (eucarist\u00ed\u00ada); y est\u00e1 tambi\u00e9n espiritualmente como Dios por la fuerza y la gracia de su propio Esp\u00ed\u00adritu, restaurando nuestro esp\u00ed\u00adritu para una vida nueva y haci\u00e9ndonos part\u00ed\u00adcipes de su divina naturaleza. As\u00ed\u00ad aparece Cristo como v\u00ed\u00adnculo de nuestra uni\u00f3n con Dios Padre, pues nos junta consigo como hombre y con Dios en cuanto que como Dios inexiste \u00e9l por naturaleza en su propio Padre&#8217;. Y contra Nestorio: \u00abcomemos la propia carne del Verbo hecha vivificadora, porque fue de aqu\u00e9l que vive por el Padre\u00bb; y nopor una participaci\u00f3n extr\u00ed\u00adnseca y accidental sino por naturaleza, como engendrado por el Padre. Y as\u00ed\u00ad \u00absomos vivificados total y absolutamente, pues permanece en nosotros el Verbo, no s\u00f3lo de una manera divina por el santo Esp\u00ed\u00adritu, sino tambi\u00e9n de una manera humana\u00bb por su carne y sangre. Por eso, \u00abparticipando del Esp\u00ed\u00adritu Santo, nos unimos con Cristo, Salvador de todos, y entre nosotros: y somos todos concorp\u00f3reos\u00bb, pues \u00abpor el cuerpo de Cristo nos unimos con \u00e9l y con los dem\u00e1s\u00bb<br \/>\nSi Cirilo (Escuela Alejandrina) subraya la \u00ed\u00adntima uni\u00f3n entre la carne y el Verbo en Jes\u00fas, Teodoro de Mopsuestia (+ 428) (Escuela Antioquena) contempla al Esp\u00ed\u00adritu como el v\u00ed\u00adnculo que une en Jes\u00fas ambas naturalezas, y el que otorga a su humanidad la divinizaci\u00f3n plena en la resurrecci\u00f3n. De igual modo la eucarist\u00ed\u00ada se lleva a cabo \u00abpor el descenso del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb, que transforma los dones en carne y sangre de Cristo, espiritual y vivificadora para los fieles, comunic\u00e1ndoles as\u00ed\u00ad la \u00abinmortalidad\u00bb. Y \u00e9l es quien \u00abda la vida\u00bb eterna al cuerpo, tanto eucar\u00ed\u00adstico como eclesial; pues Cristo s\u00f3lo puede darnos la vida eterna (cf. Jn 6,54.62s) en la medida en que \u00e9l mismo \u00abha pasado a una naturaleza inmortal\u00bb: lo que le adviene \u00abpor la naturaleza del Esp\u00ed\u00adritu vivificador\u00bb, ya que \u00e9l no pod\u00ed\u00ada darlo por la mera \u00abnaturaleza de la carne\u00bb. De modo similar el pan y el c\u00e1liz son \u00abel cuerpo y sangre de Cristo, en que los transforma el descenso de la gracia del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb. Y s\u00f3lo entonces, cuando el pan \u00abha recibido el Esp\u00ed\u00adritu Santo y su gracia, conduce a los que lo comen al gozo de la inmortalidad\u00bb: pero \u00abno por su naturaleza, sino por el Esp\u00ed\u00adritu que habita en \u00e9l\u00bb; de igual manera que el Se\u00f1or, de quien el pan es la figura, \u00abrecibi\u00f3 la inmortalidad y la di\u00f3 a los dem\u00e1s, no posey\u00e9ndola \u00e9l por su propia naturaleza\u00bb. Pero el Esp\u00ed\u00adritu, no s\u00f3lo es vivificador de los dones y de las personas en la eucarist\u00ed\u00ada, sino tambi\u00e9n del cuerpo eclesial: \u00abel pan es uno s\u00f3lo y uno solo es el cuerpo de Cristo\u00bb, en el que se ha transformado el pan por la \u00absola venida del Esp\u00ed\u00adritu Santo, del cual todos participamos por igual, ya que todos somos por igual el \u00fanico cuerpo de Cristo\u00bb. Y as\u00ed\u00ad como \u00abpor el nuevo nacimiento y el Esp\u00ed\u00adritu Santo hemos venido a ser todos el \u00fanico cuerpo de Cristo, tambi\u00e9n por el \u00fanico alimento de los misterios sacros, que nos nutre por la gracia del Esp\u00ed\u00adritu, entramos todos en la \u00fanica comuni\u00f3n de Cristo\u00bb (cf. 1 Cor 10,17 y 12,13). As\u00ed\u00ad, adem\u00e1s de Cristo, el Esp\u00ed\u00adritu que es fuente de comuni\u00f3n vital entre Cristo y el Padre, lo es tambi\u00e9n entre Cristo y nosotros en la eucarist\u00ed\u00adai4. El transforma los dones en alimento espiritual e inmortal, y a las personas en el \u00fanico cuerpo de Cristo, santificando la oblaci\u00f3n y el \u00absacrificio\u00bb de este cuerpo (eclesial), y haci\u00e9ndolo grato al Padre.<\/p>\n<p>Nilo de Ancira (+430) insiste en la importancia de la ep\u00ed\u00adclesis: pues \u00abantes de las palabras del sacerdote y del descenso del Esp\u00ed\u00adritu Santo, las oblaciones no son sino puro pan y vino ordinario\u00bb; pero despu\u00e9s de la \u00abep\u00ed\u00adclesis y la venida del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb vivificador, los dones son ya cuerpo y sangre de Cristo<br \/>\nc) Cristo: sacerdote que ofrece, y Dios a quien se ofrece. A consecuencia de la lucha antiarriana, se impondr\u00e1 la tesisde que Cristo es a la vez el sacerdote que ofrece y la divinidad a la que se ofrece el culto. Peligra asi la idea -tan cara a la liturgia- de la salvaci\u00f3n y la gracia provenientes del Padre por el Hijo Jesucristo en el Esp\u00ed\u00adritu, mientras que por medio del mismo Hijo en el Esp\u00ed\u00adritu se ofrece al Padre todo honor y gloria. Esta dimensi\u00f3n \u00abhist\u00f3ricosalv\u00ed\u00adfica\u00bb de la Trinidad, expresada en el dinamismo lit\u00fargico: \u00abeucarist\u00ed\u00ada\u00bb al Padre, \u00aban\u00e1mnesis\u00bb del Hijo y \u00abep\u00ed\u00adclesis\u00bb del Esp\u00ed\u00adritu -en una actuaci\u00f3n diferenciada de las personas- ir\u00e1 dando paso a la Divinidad como principio y fin de toda la actuaci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica, descendente y ascendente.<\/p>\n<p>Un exponente de esta mentalidad es Agust\u00ed\u00adn de Hipona (+ 430), que -aunque te\u00f3logo de la Trinidad- no descuella por una especial atenci\u00f3n a la clave eucarist\u00ed\u00ada-trinidad. Habla del cuerpo y sangre de Cristo como \u00abmemorial de la pasi\u00f3n del Se\u00f1or para el que lo recibe; sacramento visible por intervenci\u00f3n de los hombres, pero santificado por la acci\u00f3n invisible del Esp\u00ed\u00adritu Santo, al actuar Dios por medio de instancias diversas\u00bb. Agust\u00ed\u00adn, sin embargo, tiende a una minusvaloraci\u00f3n de las funciones de cada una de las tres personas, acentuando la \u00abdivinidad\u00bb. As\u00ed\u00ad el \u00abhombre Cristo Jes\u00fas, hecho mediador entre Dios y los hombres (cf. 1 Tim 2,5), aunque admite y recibe el sacrificio en la forma de Dios junto con el Padre, bajo la forma de siervo, m\u00e1s quiso ser incruento sacrificio que recibirlo\u00bb. Pues Cristo en cuanto Hijo \u00fanico es sacerdote, y es v\u00ed\u00adctima en la carne que ofrece. Pero esta \u00abcarne de nuestro sacrificio\u00bb, tan grata para el que ofrece como para el que recibe la ofrenda, es a la vez \u00abcuerpo (eclesial) de nuestro Sacerdote\u00bb. De este modo Cristo, como mediador, \u00abpermanece uno con aqu\u00e9l a quien ofrece (Dios), se hace uno con aqu\u00e9l por quien se ofrece (el hombre), y uno mismo es el que ofrece y lo que es ofrecido\u00bb.<\/p>\n<p>Teodoreto de Ciro (t 460) mantiene en el Oriente una postura similar: ahora Cristo, seg\u00fan la carne, \u00abes sacerdote, no ofreciendo \u00e9l mismo algo, sino siendo cabeza de los que ofrecen. Pues llama a la Iglesia cuerpo suyo, y por medio de ella desempe\u00f1a su sacerdocio como hombre; mas como Dios acepta las oblaciones\u00bb.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n queda minusvalorada la funci\u00f3n \u00abPadre-Hijo\u00bb en Fulgencio de Ruspe (+ 532), para quien \u00abel sacrificio no se ofrece a s\u00f3lo el Padre, sino que un sacrificio \u00fanico se ofrece al Padre y al Hijo juntamente; mas ellos (los arrianos) creen que inmolan en honor de s\u00f3lo el Padre\u00bb. Esta inmolaci\u00f3n ofrecida al Padre y al Hijo no significa \u00abque el Hijo haya de anteponerse al Padre, sino porque no se creyese que el Engendrado era en algo menor que el Engendrador\u00bb. As\u00ed\u00ad pues los fieles \u00abdeben saber en adelante que todo obsequio de honor y sacrificio saludable lo ofrece la Iglesia cat\u00f3lica por igual al Padre y al Hijo y al Esp\u00ed\u00adritu Santo, es decir, a la santa Trinidad\u00bb. Y no contradice \u00e9sto el que la oraci\u00f3n se dirija al Padre, porque \u00abal mencionar el nombre del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo, al final de la oraci\u00f3n, demuestra no haber diferencia alguna en la Trinidad\u00bb. Y as\u00ed\u00ad, \u00abcuando la intenci\u00f3n del que sacrifica se dirige al Padre, el obsequio del sacrificio se ofrece a toda la Trinidad\u00bb. Pero entonces, \u00bf\u00bbpor qu\u00e9 si se ofrece el sacrificio a toda la Trinidad, se pide s\u00f3lo el env\u00ed\u00ado del Esp\u00ed\u00adritu para santificar el don de nuestra ofrenda\u00bb, como si esto no pudieran hacerlo el Padre o el Hijo? Es que cuando \u00abpedimos al Padre el Esp\u00ed\u00adritu Santo para la consagraci\u00f3n (o santificaci\u00f3n) del sacrificio\u00bb (que lo es \u00abde toda la Iglesia\u00bb), lo que se pide es que se conserve \u00absin ruptura el cuerpo de Cristo\u00bb eclesial, y por tanto aquella \u00abunidad de la caridad\u00bb, que deber\u00e1 reinar entre nosotros \u00abpor el don del Esp\u00ed\u00adritu, que es el mismo Esp\u00ed\u00adritu del Padre y del Hijo, porque la santa unidad, igualdad y caridad de la Trinidad, que por naturaleza es un solo y verdadero Dios\u00bb, santifica a la Iglesia haci\u00e9ndola verdadero cuerpo y sacrificio de Cristo, su cabeza. Por eso \u00abDios s\u00f3lo recibe con agrado el sacrificio de la verdad y la comuni\u00f3n cat\u00f3lica; porque al conservar en ella su caridad difundida por el Esp\u00ed\u00adritu Santo (Rom 5,5), el mismo Dios hace a la Iglesia sacrificio agradable a s\u00ed\u00ad mismo\u00bb. Fulgencio entiende la comuni\u00f3n con la Trinidad desde nuestra incorporaci\u00f3n \u00absacrificial\u00bb a ella por la comuni\u00f3n en la caridad, impulsada por el Esp\u00ed\u00adritu (cuyo \u00abdescenso\u00bb no es \u00ablocal\u00bb, pues ya estaba en los que imploran su venida). Por eso, al hacer la conmemoraci\u00f3n de la muerte de Cristo por amor a nosotros, \u00abpedimos que se nos conceda la caridad por la venida del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb, de modo que tambi\u00e9n nosotros seamos crucificados con Cristo participando de su misma caridad. As\u00ed\u00ad \u00abpor el don de la caridad se nos otorga el ser de verdad lo que celebramos m\u00ed\u00adsticamente en el sacrificio\u00bb: un solo cuerpo; o, lo que es lo mismo: \u00abque seamos uno en el Padre y el Hijo\u00bb. As\u00ed\u00ad pues \u00abel Esp\u00ed\u00adritu Santo santifica el sacrificio de la Iglesia cat\u00f3lica, y por eso el pueblo cristiano permanece en la fe y la caridad; mientras cada uno de los fieles, por el don del Esp\u00ed\u00adritu, come y bebe dignamente el cuerpo y la sangre del Se\u00f1or\u00bb.<\/p>\n<p>Isidoro de Sevilla (+ 636) vincula al Esp\u00ed\u00adritu con la santificaci\u00f3n del sacrificio: \u00abSe llama sacrificio como algo hecho sagrado (quasi sacrum factum) porque se consagra con preces m\u00ed\u00adsticas en memoria de la pasi\u00f3n del Se\u00f1or\u00bb. Tomado \u00abde los frutos de la tierra (Creador), se santifica y se hace sacramento, actuando invisiblemente el Esp\u00ed\u00adritu de Dios\u00bb. Y apelando a la liturgia, resalta su dimensi\u00f3n trinitaria: la alabanza al Padre, la memoria de Cristo y la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu. En la an\u00e1fora, \u00abpara la santificaci\u00f3n de la oblaci\u00f3n\u00bb se invita \u00abal conjunto de creaturas terrestres y potencias celestiales, a la alabanza de Dios\u00bb. Luego viene \u00abla conformaci\u00f3n del sacramento, para que la oblaci\u00f3n que se ofrece a Dios, santificada por el Esp\u00ed\u00adritu Santo, se conforme al cuerpo y la sangre de Cristo\u00bb. Pues por la gracia del Esp\u00ed\u00adritu \u00abson santificadas las cosas que se traen (al altar)\u00bb, de forma que los dones, santificados \u00abpor el Esp\u00ed\u00adritu Santo, pasan a ser sacramento del cuerpo divino (divini corporis)\u00bb.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, Juan Damasceno (+749) centra tambi\u00e9n su atenci\u00f3n en el binomio Dios (Padre-Hijo) &#8211; Esp\u00ed\u00adritu, acentuando de tal modo la divinidad de Jes\u00fas, que habla del nacimiento, pasi\u00f3n y muerte del Creador, e identifica las palabras de Jes\u00fas en la cena con la palabra creadora de Dios. En consecuencia, la eucarist\u00ed\u00ada es la \u00abcarne divinizada\u00bb mediante \u00abla fuerza fecundante del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Pues as\u00ed\u00ad como todocuanto Dios hizo, lo hizo por la operaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb, tambi\u00e9n ahora \u00e9ste \u00abobra cosas que sobrepasan la naturaleza\u00bb. \u00abEl cuerpo est\u00e1 verdaderamente unido a la divinidad\u00bb, pues el \u00abpan y el vino se transforman en el cuerpo y sangre de Dios\u00bb por el Esp\u00ed\u00adritu por quien el Verbo se encarn\u00f3 en Mar\u00ed\u00ada. As\u00ed\u00ad pues, el pan y vino \u00abpor la ep\u00ed\u00adclesis y la venida del Esp\u00ed\u00adritu, se cambian de modo sobrenatural en el cuerpo y sangre de Cristo\u00bb. Y siguiendo a los antiguos Padres, afirma: por la eucarist\u00ed\u00ada \u00abparticipamos de la divinidad de Jes\u00fas\u00bb. Por eso se llama y es \u00abcomuni\u00f3n (koin\u00f3n\u00ed\u00ada), porque por ella comulgamos con Cristo y recibimos su carne y su divinidad; y nos unimos y comulgamos unos con otros, ya que al participar de un mismo pan, todos somos un mismo cuerpo de Cristo y una misma sangre, y venimos a ser miembros unos de los otros, por ser concorp\u00f3reos (syss\u00f3moi) de Cristo\u00bb. As\u00ed\u00ad \u00ablos que reciben el santo cuerpo de Cristo y beben su sangre\u00bb, \u00abcomulgan (koin\u00f3noi) con la naturaleza divina: ya que las dos naturalezas est\u00e1n hipost\u00e1ticamente unidas, sin separaci\u00f3n, en el cuerpo de Cristo que recibimos. Y de las dos naturalezas participamos\u00bb. La Trinidad sufre aqu\u00ed\u00ad una cierta reducci\u00f3n cristol\u00f3gica, quedando el Padre un tanto suplantado por la divinidad del Hijo \u00abpantocrator\u00bb.<\/p>\n<p>IV. Eucarist\u00ed\u00ada y Trinidad en las an\u00e1foras eucar\u00ed\u00adsticas.<\/p>\n<p>1. REFERENCIAS M\u00ed\u0081S ANTIGUAS. \u00abLa estructura trinitaria constituye uno de los rasgos comunes m\u00e1s sobresalientes de las an\u00e1foras de las distintas tradiciones lit\u00fargicas\u00bb. Esto se refleja ya en la Didach\u00e9 9 y 10, as\u00ed\u00ad como en Clemente Romano: \u00abA ti, \u00fanico que puedes hacer esos bienes (Dios Padre)\u00bb. A ti \u00abte confesamos como sumo sacerdote y protector de nuestras almas Jesucristo\u00bb. Cristo es el mediador de la alabanza y de la \u00abeucarist\u00ed\u00ada\u00bb de la Iglesia al Padre<br \/>\nSeg\u00fan el Martirio de Policarpo, \u00e9ste se ofrece como egregio cordero dispuesto al sacrificio. La oraci\u00f3n que pronuncia -similar a una plegaria lit\u00fargica- tiene una estructura trinitaria: \u00abSe\u00f1or Dios omnipotente, Padre de tu amado y bendito siervo Jes\u00fas\u00bb. \u00abTe bendigo porque me consideraste digno\u00bb de participar \u00aben el c\u00e1liz de Cristo, para resurrecci\u00f3n de eterna vida\u00bb en \u00abla incorrupci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Por eso te alabo, te bendigo y te glorifico\u00bb por medio del eterno \u00absumo sacerdote, Jesucristo, tu siervo amado, por el cual sea gloria a ti con el Esp\u00ed\u00adritu Santo, ahora y siempre\u00bb<br \/>\nLa misma perspectiva trinitaria (desde una clave hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfica) se refleja en Tertuliano, la Tradici\u00f3n apost\u00f3lica y Or\u00ed\u00adgenes. Para Tertuliano \u00abla oraci\u00f3n y la acci\u00f3n de gracias se deben ofrecer a Dios en la Iglesia por medio de Jesucristo, sacerdote universal del Padre\u00bb. Y la Tradici\u00f3n apost\u00f3lica de Hip\u00f3lito: \u00abTe damos gracias, oh Dios, por medio de tu amado siervo Jesucristo\u00bb, al que enviaste como Salvador y Redentor nuestro. Y despu\u00e9s del relato institucional y la an\u00e1mnesis, prosigue: \u00abTe pedimos que env\u00ed\u00ades tu santo Esp\u00ed\u00adritu a la oblaci\u00f3n de la santa Iglesia. Congreg\u00e1ndola en la unidad, da a todos los participantes\u00bb que \u00abte alabemos y glorifiquemos por medio de tu siervo Jesucristo, a quien sea honor ygloria, al Padre y al Hijo con el Esp\u00ed\u00adritu Santo, en tu santa Iglesia, ahora y siempre\u00bb. Or\u00ed\u00adgenes insiste asimismo en la dimensi\u00f3n trinitaria de la oraci\u00f3n (lit\u00fargica), que debe dirigirse \u00aba Dios Padre por medio de Jesucristo en el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb .<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, el concilio de Hipona (393), al que asisti\u00f3 Agust\u00ed\u00adn, respalda esta antigua tradici\u00f3n de la Iglesia: \u00abNadie en las preces (lit\u00fargicas) invoque al Padre en lugar del Hijo, o al Hijo en lugar del Padre. Y cuando se asiste al altar, la oraci\u00f3n debe ir siempre dirigida al Padre\u00bb. \u00abLa Iglesia prenicena no concibe que la plegaria eucar\u00ed\u00adstica vaya dirigida a Jesucristo\u00bb, ni tampoco a las tres divinas personas conjuntamente. Lo que \u00abimprime a la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica el dinamismo propio de la historia de salvaci\u00f3n, que en ella se proclama y se celebra\u00bb<br \/>\n2. AN\u00ed\u0081FORAS \u00abANAMNETICAS\u00bb Y \u00abEPICLETICAS\u00bb. SENTIDO TRINITARIO. De por s\u00ed\u00ad las an\u00e1foras contienen una secci\u00f3n anamn\u00e9tica (\u00abmemores\u00bb: confesi\u00f3n y acci\u00f3n de gracias al Padre por la creaci\u00f3n y conmemoraci\u00f3n de la obra salvadora de Cristo) y otra epicl\u00e9tica (\u00abmemento\u00bb: deprecaci\u00f3n a Dios -invocando al Esp\u00ed\u00adritu- en favor de la Iglesia). Por lo que estas claves no son mutuamente excluyentes -dado que la an\u00e1mnesis y la ep\u00ed\u00adclesis se dan siempre-, sino que indican la prevalencia de una u otra dimensi\u00f3n, as\u00ed\u00ad como el \u00e1mbito en el que se sit\u00faa el relato institucional: bien en el marco del memorial (entre el \u00absanctus\u00bb y la ep\u00ed\u00adclesis), o en el deprecativo (entre dos ep\u00ed\u00adclesis).<\/p>\n<p>1) An\u00e1foras anamn\u00e9ticas. Es propio de estas an\u00e1foras el esquema: prefacio-sanctus-postsanctus-relato institucional-an\u00e1mnesis (conmemoraci\u00f3n; oblaci\u00f3n de los dones) y una \u00fanica epiclesis, en la que se pide tanto la transformaci\u00f3n de la oblata en \u00abcuerpo sacramental\u00bb de Cristo, como de la comunidad en su \u00abcuerpo escatol\u00f3gico\u00bb. Siguen luego las intercesiones (\u00abmementos\u00bb) por la Iglesia.<\/p>\n<p>Cabe distinguir un doble tipo de an\u00e1foras anamn\u00e9ticas.<\/p>\n<p>a) Una de car\u00e1cter m\u00e1s claramente trinitario, destaca la memoria de la creaci\u00f3n y la historia salv\u00ed\u00adfica, para dar paso al memorial cristol\u00f3gico, en cuyo marco se sit\u00faa el relato institucional. Esta anamnesis desemboca (seg\u00fan el esquema \u00abmemores-offerimus-petimus\u00bb) en la oblaci\u00f3n (a veces acci\u00f3n de gracias) y en la deprecaci\u00f3n-ep\u00ed\u00adclesis, o petici\u00f3n al Padre para que acepte los dones y env\u00ed\u00ade al Esp\u00ed\u00adritu para que realice en la comunidad lo que \u00e9sta celebra en el sacramento.<\/p>\n<p>Prevalece aqu\u00ed\u00ad un doble dinamismo: uno descendente, del Padre Creador, por Cristo (en clave memorial), y otro ascendente como oblaci\u00f3n (acci\u00f3n de gracias) y deprecaci\u00f3n al Padre para que env\u00ed\u00ade al Esp\u00ed\u00adritu. Este esquema aparece (con diversos matices) en las an\u00e1foras de las Constituciones Apost\u00f3licas y la Tradici\u00f3n Apost\u00f3lica de Hip\u00f3lito. Destaca especialmente el talante trinitario en las an\u00e1foras de la Liturgia de Santiago, la Alejandrina de san Basilio y en la Liturgia de san Juan Cris\u00f3stomo, que recalcan la alabanza y la acci\u00f3n de gracias tributada al Padre por la creaci\u00f3n, la rememoraci\u00f3n bist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfaca (en referencia a la vida y la pasi\u00f3n de Cristo) y la ep\u00ed\u00adclesis del Esp\u00ed\u00adritu con los \u00abmementos\u00bb por la Iglesia.<\/p>\n<p>b) Otras an\u00e1foras resaltan la dimensi\u00f3n cristol\u00f3gica: la alabanza se dirige a Cristo; lo que impide que el relato de instituci\u00f3n y la \u00abconmemoraci\u00f3n\u00bb desemboquen en un \u00abofferimus\u00bb o \u00abmemorial cultual\u00bb expl\u00ed\u00adcito, sustitu\u00ed\u00addo por una deprecaci\u00f3n o ep\u00ed\u00adclesis dirigida al Padre. Este esquema es propio de la liturgia hisp\u00e1nica y de la galicana (dependientes de la tradici\u00f3n sirio-antioquena). Si bien en la ep\u00ed\u00adclesis de la liturgia \u00abhispana\u00bb no hay menci\u00f3n expl\u00ed\u00adcita del Esp\u00ed\u00adritu (aunque esto no excluya un sentido oblacional, pues se pide al Padre que santifique y bendiga las ofrendas puestas en el altar); mientras que en la liturgia \u00abgalicana\u00bb, adem\u00e1s de una breve bendici\u00f3n al Padre al principio de la an\u00e1fora, la deprecaci\u00f3n dirigida a \u00e9l pide el env\u00ed\u00ado del \u00abEsp\u00ed\u00adritu de santificaci\u00f3n\u00bb sobre los dones y los participantes.<\/p>\n<p>2) An\u00e1foras \u00abepicl\u00e9ticas\u00bb. Se caracterizan por la brevedad de la secci\u00f3n anamn\u00e9tica y un mayor desarrollo de la dimensi\u00f3n \u00abepicl\u00e9tica\u00bb o de intercesi\u00f3n. El relato institucional queda enmarcado en un contexto deprecativo de \u00abmementos\u00bb. Este g\u00e9nero se divide en las siguientes clases:<br \/>\na) La estructura sir\u00ed\u00adaco-oriental. Estas an\u00e1foras apenas muestran una dimensi\u00f3n trinitaria: resaltan poco la funci\u00f3n del Padre, con un escaso desarrollo de la vertiente anamn\u00e9tica. La acci\u00f3n de gracias por la creaci\u00f3n y la salvaci\u00f3n es gen\u00e9rica. Muy escueta es tambi\u00e9n la memoria cristol\u00f3gica, unida a una deprecaci\u00f3n por la Iglesia, que desemboca en \u00abla conmemoraci\u00f3n del cuerpo y la sangre de Cristo\u00bb (sin relato institucional en algunos casos). Se pide luego el descenso del Esp\u00ed\u00adritu sobre \u00abla oblaci\u00f3n de tus siervos\u00bb, para la remisi\u00f3n de los pecados. Tal es el esquema de la liturgia de los ap\u00f3stoles (Adai y Mari), y de la an\u00e1fora 3a de san Pedro Ap\u00f3stol (Sarar). Sin embargo, en el segundo caso, la deprecaci\u00f3n no se dirige al Padre, sino a Cristo, que viene a ser el centro de la celebraci\u00f3n: y no s\u00f3lo del memorial sino incluso de la oblaci\u00f3n (ofrecida a \u00e9l como Dios). Tambi\u00e9n a Cristo se dirige la ep\u00ed\u00adclesis, pidi\u00e9ndole que env\u00ed\u00ade su \u00abEsp\u00ed\u00adritu vivo y santo\u00bb.<\/p>\n<p>b) La estructura alejandrina. Incorpora abundantes intercesiones, incluso en el prefacio. Desp\u00e9s del \u00absanctus\u00bb viene una primera epiclesis, el relato institucional, la an\u00e1mnesis y otra segunda epiclesis. Este es el caso de la an\u00e1fora de Serapi\u00f3n y la de san Marcos. Ambas coinciden en una primera alabanza al Creador por parte de las creaturas, y una rememoraci\u00f3n de la historia de salvaci\u00f3n. Es muy escueta, en ambas, la \u00abmemoria cristol\u00f3gica\u00bb. En la an\u00e1fora de Serapi\u00f3n sorprende la petici\u00f3n al Padre (la ep\u00ed\u00adclesis) pidiendo que llene con su potencia \u00abeste sacrificio vivo, oblaci\u00f3n incruenta\u00bb, antes del relato institucional. Este se prolonga inmediatamente en una 2a ep\u00ed\u00adclesis, dirigida tambi\u00e9n al Padre. En ella se le pide que env\u00ed\u00ade a su \u00absanto Verbo\u00bb para la transformaci\u00f3n de los dones y de las personas, pero sin menci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu. En cambio se refleja un mayor sentido trinitario en las intercesiones, dirigidas al Padre, por el Hijo en el Esp\u00ed\u00adritu. En la an\u00e1fora de Marcos, aunque coincidente con la anterior, se destaca m\u00e1s la funci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, que aparece en la la ep\u00ed\u00adclesis (santificaci\u00f3n del sacrificio), en el relato institucional (\u00abllen\u00f3 -el c\u00e1liz- del Esp\u00ed\u00adritu Santo y lo di\u00f3 a sus ap\u00f3stoles\u00bb), y en la 2a ep\u00ed\u00adclesis (que pide la venida del Esp\u00ed\u00adritu para transformaci\u00f3n de los dones y de los participantes.<\/p>\n<p>c) La estructura del canon romano. La an\u00e1fora romana cl\u00e1sica es tambi\u00e9n de tipo epicl\u00e9tico. La secci\u00f3n anamn\u00e9tica se reduce al prefacio, con escaso desarrollo de la dimensi\u00f3n hist\u00f3ricosalv\u00ed\u00adfica. La primera ep\u00ed\u00adclesis o deprecaci\u00f3n -como en los casos anteriores- empieza pidiendo la santificaci\u00f3n de los dones: \u00abte dignes aceptar y bendecir estos dones, este sacrificio santo\u00bb. A la intercesi\u00f3n por la Iglesia y el \u00abmemento\u00bb, le sigue una ep\u00ed\u00adclesis (\u00abquam oblationem\u00bb), implorando la bendici\u00f3n de la ofrenda, para que se convierta en el cuerpo y sangre de Cristo. (\u00abCommunicantes\u00bb y \u00abHanc igitur\u00bb son plegarias tard\u00ed\u00adas, mera amplificaci\u00f3n del \u00abmemento\u00bb y el \u00abquam oblationem\u00bb). Sigue el relato institucional y la an\u00e1mnesis en su triple vertiente: \u00abmemores\u00bb (conmemoraci\u00f3n de la pasi\u00f3n, resurrecci\u00f3n y ascensi\u00f3n de Cristo\u00bb); \u00abofferimus\u00bb (oblaci\u00f3n del \u00abpan de vida eterna y el c\u00e1liz de salvaci\u00f3n\u00bb); \u00abpetimus\u00bb (petici\u00f3n a Dios para que acepte la oblaci\u00f3n). Y luego otra segunda ep\u00ed\u00adclesis (\u00abSupplices te rogamus\u00bb), implorando la santificaci\u00f3n de los dones y de los participantes, aunque sin menci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>Existe un cierto paralelismo entre la an\u00e1fora romana y las hisp\u00e1nicas: si bien \u00e9stas desarrollan m\u00e1s la dimensi\u00f3n anamn\u00e9tica, trasladando a despu\u00e9s del relato institucional toda la secci\u00f3n epicl\u00e9tica que en el canon romano aparece antes.<\/p>\n<p>Las dem\u00e1s an\u00e1foras de la liturgia romana actual mantienen el car\u00e1cter epicl\u00e9tico (aunque con un mayor desarrollo de la dimensi\u00f3n anamn\u00e9tica, sobre todo la 4a). Todas conservan la doble ep\u00ed\u00adclesis (referida expresamente al Esp\u00ed\u00adritu Santo) antes y despues del relato institucional, y el \u00abmemores-offerimuspetimus\u00bb, con las deprecaciones por la Iglesia, y por los vivos y difuntos.<\/p>\n<p>V. Eucarist\u00ed\u00ada y Trinidad. Dimensi\u00f3n ecum\u00e9nica<br \/>\n1. EL DI\u00ed\u0081LOGO CAT\u00ed\u201cLICO-LUTERANO. 1) \u00abLa Eucarist\u00ed\u00ada como sacrificio\u00bb (EE.UU. 1967) es el primer documento ecum\u00e9nico, que abre el di\u00e1logo luterano-cat\u00f3lico. Las referencias trinitarias se enmarcan primero en una clave \u00absacrificial\u00bb: por Cristo, nuestro Sumo Sacerdote e Intercesor, con \u00e9l y en \u00e9l, ofrecemos al Padre, en el poder del Esp\u00ed\u00adritu Santo, nuestra alabanza, acci\u00f3n de gracias e intercesi\u00f3n\u00bb. As\u00ed\u00ad la asamblea \u00abofrece a Cristo\u00bb al consentir \u00aben ofrecerse a si misma por medio de \u00e9l, al Padre en el poder del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb. La Trinidad aparece relacionada adem\u00e1s con la \u00abactualizaci\u00f3n\u00bb del misterio: pues aunque \u00ablo que Dios hizo en la encarnaci\u00f3n, vida, muerte y resurrecci\u00f3n\u00bb de Cristo sea irrepetible, la eucarist\u00ed\u00ada no se reduce a una pura memoria del pasado, sino que \u00abDios actualiza (estos misterios) a trav\u00e9s del Esp\u00ed\u00adritu Santo, haci\u00e9ndonos as\u00ed\u00ad participar de Cristo\u00bb (1 Cor 1,9). (Donde, en vez de apelar al Resucitado, se destaca la actuaci\u00f3n de Dios por el Esp\u00ed\u00adritu.) Por \u00faltimo, se afirma la presencia real de Cristo como fruto, no de la fe de los creyentes sino de la acci\u00f3n de Dios y del \u00abpoder del Esp\u00ed\u00adritu Santo por medio de la palabra\u00bb<br \/>\n2) El documento \u00abLa Cena del Se\u00f1or\u00bb (1978) comienza con una breve confesi\u00f3n trinitaria: \u00abla eucarist\u00ed\u00ada nos vincula al misterio primordial del Dios uno y trino\u00bb. El Padre celestial es origen primero y fin \u00faltimo del misterio eucar\u00ed\u00adstico. \u00abEl Hijo de Dios hecho hombre, por quien, con quien, y en quien la eucarist\u00ed\u00ada se realiza, es su centro viviente\u00bb (omitiendo, al final, la l\u00f3gica referencia al Esp\u00ed\u00adritu).<\/p>\n<p>Es muy positiva, en el documento, la estructuraci\u00f3n de sus contenidos desde una clave trinitaria expl\u00ed\u00adcita. A partir de la doxolog\u00ed\u00ada -\u00abpor, con y en Cristo\u00bb-, empieza destacando la dimensi\u00f3n cristol\u00f3gica: Cristo instituye la eucarist\u00ed\u00ada y ordena celebrarla (por \u00e9l); se entrega a si mismo en la presencia real (con \u00e9l); y de la comuni\u00f3n (en \u00e9l) surge la Iglesia cuerpo de Cristo, con la intervenci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu vivificador, que hace de muchos un pueblo y un solo cuerpo. En el cap\u00ed\u00adtulo titulado \u00aben la unidad del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb, se recuerda c\u00f3mo Cristo actu\u00f3 impulsado por el Esp\u00ed\u00adritu, instituyendo as\u00ed\u00ad la eucarist\u00ed\u00ada. As\u00ed\u00ad tambi\u00e9n la Iglesia invoca al Esp\u00ed\u00adritu para ser renovada y confortada, y para obtener la caridad y la fe sin las que no podr\u00ed\u00ada celebrar la eucarist\u00ed\u00ada, por la que los creyentes forman un solo cuerpo por la gracia del Esp\u00ed\u00adritu Santo (y cita 1 Cor 12,13 y 10,17). Por el Esp\u00ed\u00adritu se da una transfusi\u00f3n de vida entre Cristo y su cuerpo eclesial, por la que \u00abnos transformamos en aquello que recibimos\u00bb, constituyendo as\u00ed\u00ad la \u00abcomuni\u00f3n de los santos\u00bb: la uni\u00f3n con Cristo y con los comulgantes de todo tiempo y lugar (incluso con \u00ablos que nos han precedido en el signo de la fe y han sido llamados a la comuni\u00f3n permanente con Dios\u00bb). Pero todo este dinamismo desemboca en la \u00abglorificaci\u00f3n del Padre\u00bb, ya que \u00abla comuni\u00f3n con Cristo, en la que nos introduce la eucarist\u00ed\u00ada por la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu Santo, conduce finalmente al Padre eterno\u00bb. Por eso la eucarist\u00ed\u00ada es confesi\u00f3n de fe, proclamaci\u00f3n de la grandeza del Creador y de su misericordia salvadora, manifestada en la entrega del Hijo hasta la muerte. Es acci\u00f3n de gracias (\u00abbendici\u00f3n\u00bb) de la Iglesia al Padre por todos sus beneficios, e intercesi\u00f3n por todos, que la Iglesia realiza unida a Cristo, intercesor ante el Padre (cf. Heb 7,25). Y sacrificio de alabanza: asumidos en la vida, muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo, somos \u00abincorporados -como miembros suyos- a su sacrificio reconciliador\u00bb que nos dispone a la propia entrega y a ofrecer por Cristo \u00absacrificios espirituales en servicio del mundo\u00bb (Rom 12,1; 1 Pe 2,5).<\/p>\n<p>Otra referencia trinitaria, en la segunda parte, dice relaci\u00f3n al sacrificio. Los miembros del cuerpo de Cristo se unen de tal modo a \u00e9ste, que participan en la adoraci\u00f3n, la oblaci\u00f3n y el sacrificio que Jes\u00fas ofrece al Padre. As\u00ed\u00ad la asamblea \u00abofrece a Cristo al consentir ser ofrecida por \u00e9l al Padre, por la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb. Finalmente insiste en la importancia del ministerio para la eucarist\u00ed\u00ada (recalcado por los cat\u00f3licos): en \u00e9l acaece una actualizaci\u00f3n sacramental de la acci\u00f3n \u00absacerdotal por la que (Cristo) se ofreci\u00f3 una vez por todas al Padre en el Esp\u00ed\u00adritu Santo, y se entreg\u00f3 a sus fieles para que sean uno con \u00e9l\u00bb<br \/>\n3) En el documento \u00abCaminos hacia la comuni\u00f3n\u00bb (1980) \u00e9sta aparece como don del Dios trino<br \/>\n2. EL DI\u00ed\u0081LOGO CAT\u00ed\u201cLICO-ANGLICANO. El documento de Windsor (1971) hace hincapi\u00e9 en la acci\u00f3n de Dios como Padre, que nos convoca a una relaci\u00f3n filial con \u00e9l y a una nueva relaci\u00f3n fraternal con los otros por Cristo en el Esp\u00ed\u00adritu. Relaci\u00f3n que, iniciada en el bautismo, se ahonda en la eucarist\u00ed\u00ada. Respecto a la \u00abpresencia real\u00bb se advierte como por la an\u00e1fora, en cuanto \u00aboraci\u00f3n de acci\u00f3n de gracias, y palabra de fe dirigida al Padre, el pan y el vino se convierten en el cuerpo y sangre de Cristo por la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo&#8217;. La \u00abAclaraci\u00f3n al documento de Windsor\u00bb (Salisbury 1979) afirma, acerca del sacrificio: \u00aben la celebraci\u00f3n de este memorial, Cristo en el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb incorpora a la iglesia al dinamismo de su oblaci\u00f3n (al Padre).<\/p>\n<p>3. EL DI\u00ed\u0081LOGO IGLESIA CAT\u00ed\u201cLICA-IGLESIA REFORMADA. El documento \u00abLa presencia de Cristo en la Iglesia y en el mundo\u00bb (1977) parte de \u00abla presencia de Cristo en el mundo\u00bb para referirse a \u00abla Iglesia como signo eficaz de esa presencia\u00bb, y luego a la eucarist\u00ed\u00ada. Desde esta perspectiva se habla de la presencia de Dios como Creador y Se\u00f1or de la historia, de Cristo -en el mundo- como redentor y revelador de la infinita sabidur\u00ed\u00ada y el amor del Padre; y del Esp\u00ed\u00adritu, que \u00abafirma y manifiesta la resurrecci\u00f3n, y realiza la nueva creaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Al referirse a la eucarist\u00ed\u00ada predomina la clave \u00abascendente\u00bb, en la referencia a Cristo resucitado y exaltado, que nos hace cuerpo suyo comunic\u00e1ndonos su vida y haci\u00e9ndose presente por el Esp\u00ed\u00adritu. De aqu\u00ed\u00ad que enmarque las referencias trinitarias en una clave \u00aboblatidva\u00bb: en la acci\u00f3n de gracias y la rememoraci\u00f3n se hace presente Cristo \u00abofreci\u00e9ndose a Dios en sacrificio de agradable olor\u00bb (Ef 5,2). Por eso, \u00absantificada por su Esp\u00ed\u00adritu, la Iglesia se ofrece al Padre, por, con y en su Hijo Jesucristo\u00bb, convirti\u00e9ndose ella misma \u00aben sacrificio vivo de acci\u00f3n de gracias\u00bb. Cristo, \u00aben la ofrenda que \u00e9l hace de si mismo al Padre por el Esp\u00ed\u00adritu eterno (cf. Heb 9,14), nos ofrece tambi\u00e9n a nosotros en \u00e9l\u00bb. De manera que, en la eucarist\u00ed\u00ada, \u00abel Padre eterno, por su amor a Cristo y por medio de \u00e9l, acoge y recrea en el Esp\u00ed\u00adritu Santo al mundo ca\u00ed\u00addo\u00bb. En cuanto a la presencia de Cristo se afirma que \u00e9sta debe entenderse desde la \u00abconsustancialidad\u00bb de Cristo con nosotros, en la que se nos comunica la \u00abconsustancialidad\u00bb misma de Cristo, el Hijo, con el Padre y el Esp\u00ed\u00adritu en su mutua inmanencia divina (cf. Jn 17,21ss). En cambio resalta poco la ep\u00ed\u00adclesis del Esp\u00ed\u00adritu en la liturgia, cuyo \u00fanico fin es completar la memoria de Cristo con la comuni\u00f3n amorosa con \u00e9l\u00bb.<\/p>\n<p>4. EL DOCUMENTO DE LES DOMBES (1972) MUESTRA UNA ACERTADA ESTRUCTURA TRINITARIA. La eucarist\u00ed\u00ada es, en primer t\u00e9rmino, \u00abacci\u00f3n de gracias al Padre\u00bb: bendici\u00f3n (berakah) y sacrificio de alabanza por la creaci\u00f3n y redenci\u00f3n. Es memorial y \u00aban\u00e1mnesis\u00bb de la vida, muerte y resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas: \u00abrepresentaci\u00f3n y anticipaci\u00f3n\u00bb de la salvaci\u00f3n realizada por \u00e9l, presente en la eucarist\u00ed\u00ada. Con \u00e9l la Iglesia se ofrece a s\u00ed\u00ad misma al presentar \u00abal Padre el sacrificio \u00fanico\u00bb del Hijo. La eucarist\u00ed\u00ada es adem\u00e1s don del Esp\u00ed\u00adritu. Pues \u00abCristo, en su intercesi\u00f3n celeste, pide al Padre que env\u00ed\u00ade su Esp\u00ed\u00adritu a sus hijos\u00bb. \u00abInvocado sobre la asamblea, sobre el pan y el vino, el Esp\u00ed\u00adritu es el que hace a Cristo realmente presente, nos lo da y nos lo hace discernir\u00bb. En \u00e9l se nos da tambi\u00e9n el \u00abgusto anticipado del reino de Dios\u00bb. Este documento (siguiendo el de EE.UU. 1967) insiste adem\u00e1s en que la presencia de Cristo no depende de la fe sino de la palabra del Se\u00f1or y del poder de su Esp\u00ed\u00adritu, que convierte en sacramento al pan y el vino. Es nueva e interesante la menci\u00f3n de la Trinidad en el marco de \u00abla eucarist\u00ed\u00ada y la misi\u00f3n en el mundo\u00bb. El mundo est\u00e1 presente en la acci\u00f3n de gracias al Padre por la creaci\u00f3n; en el memorial y la intercesi\u00f3n de Cristo por el mundo entero, y en la invocaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu cara a la transformaci\u00f3n del mundo y la instauraci\u00f3n de la nueva creaci\u00f3n.<\/p>\n<p>5. LOS DOCUMENTOS DE \u00abFE Y CONSTITUCI\u00ed\u201cN\u00bb. 1) El Documento de Accra (1974), \u00abBautismo, Eucarist\u00ed\u00ada y Ministerio\u00bb, inspirado en el de Dombes, concibe tambi\u00e9n la eucarist\u00ed\u00ada desde la \u00abacci\u00f3n de gracias al Padre\u00bb; desde la \u00aban\u00e1mnesis o memorial (representaci\u00f3n y anticipaci\u00f3n) de Cristo\u00bb (destacando la acci\u00f3n de gracias y la intercesi\u00f3n de Cristo, que incorpora la oraci\u00f3n de la Iglesia; y nuestra participaci\u00f3n en su sacrificio por la conversi\u00f3n); y la \u00abinvocaci\u00f3n y el don del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (por quien se nos da el \u00abpreludio del reino de Dios\u00bb). Desde esta perspectiva acent\u00faa la vinculaci\u00f3n entre \u00aban\u00e1mnesis\u00bb y \u00abep\u00ed\u00adclesis\u00bb, as\u00ed\u00ad como el car\u00e1cter epicl\u00e9tico de toda la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica. En este marco trinitario adquiere relieve la eucarist\u00ed\u00ada como fuente de comuni\u00f3n del cuerpo eclesial de Cristo; y por ello de uni\u00f3n y solidaridad en la vida, superando toda divisi\u00f3n. Desde aqu\u00ed\u00ad se plantea tambi\u00e9n la misi\u00f3n de la Iglesia en el mundo<br \/>\n2) El \u00abDocumento de Lima\u00bb (1982), \u00abBautismo, Eucarist\u00ed\u00ada y Ministerio\u00bb, recoge y profundiza el dinamismo trinitario de los anteriores. En una vertebraci\u00f3n claramente trinitaria (que preside todo su desarrollo) concibe la eucarist\u00ed\u00ada como acci\u00f3n de gracias al Padre, como an\u00e1mnesis o memorial de Cristo y como invocaci\u00f3n y actuaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu. Pero la clave trinitaria se va repitiendo en cada uno de sus tres cap\u00ed\u00adtulos. As\u00ed\u00ad, en el primero, se insiste en la acci\u00f3n de gracias -sacrificio de alabanza- por la creaci\u00f3n, redenci\u00f3n y santificaci\u00f3n provenientes del Padre. Lo que acaece a trav\u00e9s de Cristo. La eucarist\u00ed\u00ada anticipa as\u00ed\u00ad \u00ablo que el mundo llegar\u00e1 a ser: un ofrecimiento e himno de alabanza al Creador, una comuni\u00f3n universal en el cuerpo de Cristo, un reino de justicia, amor y paz en el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb.<\/p>\n<p>El segundo cap\u00ed\u00adtulo recuerda como, por el memorial de Cristo crucificado y resucitado, \u00e9l mismo est\u00e1 presente con su obra salv\u00ed\u00adfica, actualizando la salvaci\u00f3n para nosotros y anticipando el futuro reino de Dios. Unida a Cristo, Hijo y Sumo Sacerdote, la Iglesia recuerda agradecida la acci\u00f3n redentora del Padre, y se incorpora a la intercesi\u00f3n de Cristo por la salvaci\u00f3n del mundo.<\/p>\n<p>El tercero se centra en el Esp\u00ed\u00adritu, que \u00abhace realmente presente para nosotros, en el convite eucar\u00ed\u00adstico, a Cristo crucificado y resucitado\u00bb. A\u00f1adiendo una nueva profesi\u00f3n trinitaria: \u00abel origen primario del acontecimiento eucar\u00ed\u00adstico, y su meta final, es el Padre. Sucentro vital, es el Hijo de Dios encarnado, por quien y en quien se lleva a cabo. El Esp\u00ed\u00adritu Santo es la fuerza inconmensurable de amor que lo hace posible y que contin\u00faa haci\u00e9ndolo efir caz\u00bb. Por \u00faltimo, el \u00ablazo que une la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica y el misterio de ; Dios trino, manifiesta la funci\u00f3n del 1 Esp\u00ed\u00adritu Santo como la del Dios uno que hace presente\u00bb la palabra de Jes\u00fas, Esta palabra garantiza que la Iglesia ser\u00e1 escuchada, cuando \u00abpide al Padre el don del Esp\u00ed\u00adritu para que se haga realidad el acontecimiento eucar\u00ed\u00adstico: la presencia real de Cristo crucificado y resucitado, que da su vida por toda la humanidad\u00bb. Luego se habla de la transformaci\u00f3n de los dones por la palabra de Cristo y el poder del Esp\u00ed\u00adritu, as\u00ed\u00ad como de la santificaci\u00f3n de la Iglesia. De hecho toda la acci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica tiene un car\u00e1cter epicl\u00e9tico. Por&#8217; \u00faltimo, el Esp\u00ed\u00adritu en \u00abla eucarist\u00ed\u00ada nos otorga el anticipo del reino de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>Una nueva alusi\u00f3n trinitaria al hablar del banquete futuro del reino y la nueva creaci\u00f3n. La incorporaci\u00f3n del mundo a la eucarist\u00ed\u00ada acaece \u00aben la acci\u00f3n de gracias al Padre, cuando la Iglesia habla en nombre de toda la creaci\u00f3n; en el memorial de Cristo, donde la Iglesia, unida a la intercesi\u00f3n de su Sumo Sacerdote, ora por el mundo; y en la plegaria en la que se solicita el don del Esp\u00ed\u00adritu Santo, donde la Iglesia implora la santificaci\u00f3n y la nueva crear ci\u00f3n\u00bb61. El documento de Lima ofrece la formulaci\u00f3n m\u00e1s rica sobre la relaci\u00f3n eucar\u00ed\u00adst\u00ed\u00ada y Trinidad.<\/p>\n<p>6. EL DI\u00ed\u0081LOGO CAT\u00ed\u201cLICO-METODISTA. La \u00abRelaci\u00f3n de Denver\u00bb (1971), en el cap\u00ed\u00adtulo sobre la eucarist\u00ed\u00ada, alude a la presencia real y a la dimensi\u00f3n sacrificial, pero no contiene referencia trinitaria alguna. La \u00abRelaci\u00f3n de Dublin\u00bb (1976), bajo el influjo del Documento de Windsor, reconoce a la eucarist\u00ed\u00ada -de forma un tanto gen\u00e9rica- \u00abcomo sacramento del evangelio\u00bb y \u00abexpresi\u00f3n plena del amor de Dios en Jesucristo por el poder del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb. Aunque luego, al aludir a la conmemoraci\u00f3n de la muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo en la que culmina la acci\u00f3n creadora de Dios, no se menciona al Esp\u00ed\u00adritu Santo. Como tampoco se alude al Esp\u00ed\u00adritu en el contexto del \u00absacrificio de entrega\u00bb, por el que \u00abnos unimos con Cristo en su autodonaci\u00f3n jubilosa y obediente al Padre\u00bb. Por \u00faltimo, la \u00abRelaci\u00f3n de Honolulu\u00bb (1981) hace mayor hincapi\u00e9 en la Trinidad y en la obra del Esp\u00ed\u00adritu Santo, pero no en relaci\u00f3n con la eucarist\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>7. EL DI\u00ed\u0081LOGO IGLESIA CAT\u00ed\u201cLICA-IGLESIA ORTODOXA. Mayor relevancia tiene el documento sobre \u00abEl misterio de la Iglesia y la Eucarist\u00ed\u00ada a la luz del misterio de la sant\u00ed\u00adsima Trinidad\u00bb (1982). Aunque de forma menos estructurada, este texto recalca especialmente la actuaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, a trav\u00e9s del cual se hace presente Cristo creando la comuni\u00f3n eclesial e incorpor\u00e1ndonos a su oblaci\u00f3n. Pues \u00abla misi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu permanece unida a la del Hijo\u00bb. Por eso el Esp\u00ed\u00adritu manifiesta a Cristo &#8211;en su obra salvadora y en su evangelio- a trav\u00e9s de la \u00aban\u00e1mnesis\u00bb o el memorial; \u00e9l actualiza para nosotros la acci\u00f3n salvadora de Cristo, realizada de una vez por todas, y por eso transforma los dones en cuerpo y sangre del Se\u00f1or, creando la comuni\u00f3n de todos los participantes en el cuerpo (eclesial) de Cristo. En realidad la celebraci\u00f3n entera es una ep\u00ed\u00adclesis del Esp\u00ed\u00adritu. Y a\u00fan m\u00e1s: la Iglesia misma vive \u00abperpetuamente en estado de ep\u00ed\u00adclesis\u00bb. El texto acaba conjugando el doble dinamismo, descendente y ascendente (la \u00abcomuni\u00f3n\u00bb y la \u00aboblaci\u00f3n\u00bb) en aquella \u00abconsumaci\u00f3n en la unidad\u00bb, que no es otra que la eucarist\u00ed\u00ada y la Iglesia en su uni\u00f3n indisoluble. Pues \u00abel misterio eucar\u00ed\u00adstico se realiza en la plegaria que une las palabras de la Palabra (Logos) hecha carne (en la instituci\u00f3n), con la ep\u00ed\u00adclesis\u00bb en la que la Iglesia \u00absuplica al Padre, por medio del Hijo, que env\u00ed\u00ade al Esp\u00ed\u00adritu, para que en la \u00fanica oblaci\u00f3n del Hijo hecho carne todo sea consumado en la unidad\u00bb. De este modo, por la eucarist\u00ed\u00ada, \u00ablos creyentes se unen a Cristo que se ofrece, junto con ellos, al Padre\u00bb; a la vez que se ofrecen en sacrificio los unos en favor de los otros igual que Cristo se ofreci\u00f3 al Padre por todos. \u00abEsta consumaci\u00f3n en la unidad, realizada a la vez por el Hijo y el Esp\u00ed\u00adritu, actuando en referencia al Padre y sus designios, coincide con la Iglesia en su plenitud\u00bb.<\/p>\n<p>VI. Trinidad-Eucarist\u00ed\u00ada-Iglesia: un \u00fanico \u00abmisterio de comuni\u00f3n\u00bb<br \/>\n1. LA COMUNI\u00ed\u201cN EN EL NUEVO-TESTAMENTO. 1) La comuni\u00f3n en el Padre, el Hijo y el Esp\u00ed\u00adritu. a) \u00abFiel es Dios (Padre), por quien hab\u00e9is sido llamados a la comuni\u00f3n de su Hijo Jesucristo\u00bb (1 Cor 1,9). La gracia y fidelidad de Dios (cf..Ef 1,18:4,1.4) son el origen de la \u00abconvocaci\u00f3n\u00bb y el llamamiento de los creyentes (los \u00absantos convocados\u00bb: kl\u00e9toi hagioi: Rom 1,6-7; 1 Cor 1,2.24) a la comuni\u00f3n (koin\u00f3n\u00ed\u00ada) escatol\u00f3gica del \u00abreino de Dios\u00bb anticipado en la Iglesia.<\/p>\n<p>b) \u00abNuestra comuni\u00f3n es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo\u00bb (1 Jn 1,3). La comuni\u00f3n de los elegidos y convocados por Dios (koin\u00f3n\u00ed\u00ada-ekkles\u00ed\u00ada) se concreta en Cristo como alianza nueva entre Dios y el hombre: a trav\u00e9s de nuestra incorporaci\u00f3n a su cuerpo eclesial y eucar\u00ed\u00adstico. Pues la \u00abcomuni\u00f3n del cuerpo de Cristo\u00bb radica en que \u00abmuchos somos un solo cuerpo, porque todos participamos de un mismo pan\u00bb (1 Cor 10,16s; Rom 12,5). Esta comuni\u00f3n es comuni\u00f3n en la vida, muerte y resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, y por ello en el evangelio (Flp 1,5; cf. 2,1; 3,10) y en la unidad de la fe y del amor: \u00abtodos los que cre\u00ed\u00adan viv\u00ed\u00adan unidos\u00bb (He 2,42.44),<br \/>\nc) La \u00abcomuni\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (2 Cor 13,13; Flp 2,1) remite al Esp\u00ed\u00adritu como consumador de la unidad en la Trinidad -pues \u00e9l es el v\u00ed\u00adnculo infinito de amor entre el Padre y el Hijo-; y a la vez como el plenificador de la comuni\u00f3n, tanto eclesial como eucar\u00ed\u00adstica: \u00e9l gu\u00ed\u00ada a la Iglesia (convocada por el Padre y cuerpo de Cristo) hacia la plena \u00abcomuni\u00f3n de los santos\u00bb (cf. G\u00e1l 5,16-18.22-23; 1 Cor 12,4-11.13).<\/p>\n<p>Esta \u00abcomuni\u00f3n\u00bb vital con el Padre, el Hijo y el Esp\u00ed\u00adritu acaece en la \u00abfracci\u00f3n del pan\u00bb como \u00absynaxis\u00bb o \u00abcongregaci\u00f3n\u00bb a la vez eucar\u00ed\u00adstica y eclesial (cf. Hch 2,42; 4,32). Resumen de todo ello es el doble dinamismo, descendente y ascendente, de la \u00abcomuni\u00f3n\u00bb: la trilog\u00ed\u00ada charis (gracia) -koin\u00f3n\u00ed\u00ada y diakon\u00ed\u00ada (comuni\u00f3n-ser&#8217;x vicio) &#8211; leitourg\u00ed\u00ada (o eulog\u00ed\u00ada: culto), res.&#8217; ponde a la acci\u00f3n de la Trinidad: Iza gracia \u00abdescendente\u00bb del Padre genera, la \u00abcomuni\u00f3n\u00bb en el cuerpo \u00abentrega&#8230;. do\u00bb de Cristo al mundo (y por ello en la entrega y el servicio mutuos en la vida), que a su vez devienen, por la ac+s ci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, culto \u00abascendente\u00bb y sacrificio agradable a Dios por Jesucristo (cf. 1 Pe 2,5; Heb 13,15).<\/p>\n<p>2. LA COMUNI\u00ed\u201cN EN EL VATICANO II. El Vaticano I reduc\u00ed\u00ada la comuni\u00f3n eclesial a la \u00abcomuni\u00f3n jer\u00e1rquica\u00bb, o a la estricta \u00abcomuni\u00f3n de los miembros con la cabeza visible\u00bb, el papa. Ya que el Se\u00f1or eligi\u00f3 a Pedro para que conservase \u00aben la unidad de la comuni\u00f3n y de la fe\u00bb a los fieles y a la jerarqu\u00ed\u00ada (DS 3051). El Vaticano II ampli\u00f3 notablemente esta perspectiva. Y aunque en su primer documento (SC 13) asumi\u00f3 como punto de partida la \u00abcomuni\u00f3n con la sede apost\u00f3lica\u00bb, se abri\u00f3 luego hacia una visi\u00f3n m\u00e1s enriquecedora, ahondando en la dimensi\u00f3n trinitaria, eclesiol\u00f3gica y eucar\u00ed\u00adstica. Se\u00f1alemos sus principales aportaciones:<br \/>\n1) Dimensi\u00f3n trinitaria de la comuni\u00f3n. La comuni\u00f3n es primero con Dios Padre, que invita al hombre a la participaci\u00f3n en la vida intratrinitaria divina (GS 18.19.21; UR 7.15). Es tambi\u00e9n comuni\u00f3n con Cristo, vida, caridad y verdad (LG 9), y acaece por la incorporaci\u00f3n a su cuerpo (LG 50; GS 32; AG 3). Es, por \u00faltimo, comuni\u00f3n en el Esp\u00ed\u00adritu, \u00abprincipio de la unidad de la Iglesia\u00bb, quien realiza \u00abla comuni\u00f3n de los fieles, y los congrega en Cristo\u00bb (UR 2), sobre todo \u00aben la comuni\u00f3n y en la fracci\u00f3n del pan\u00bb(LG 13), otorgando diversos dones y carismas, y a la vez unific\u00e1ndolos en la comuni\u00f3n y por el ministerio\u00bb (LG 4; AG 4).<\/p>\n<p>2) Dimensi\u00f3n eclesial y eucar\u00ed\u00adstica de la comuni\u00f3n. a) La comuni\u00f3n \u00abeclesial\u00bb se verifica: como \u00abcomuni\u00f3n de la Iglesia\u00bb en su dimensi\u00f3n m\u00ed\u00adstica: por la \u00ed\u00adntima vinculaci\u00f3n de muchos miembros en un s\u00f3lo cuerpo de Cristo (SC 69). Y como \u00abcomuni\u00f3n eclesi\u00e1stica\u00bb, por la intercomuni\u00f3n entre las Iglesias particulares, cuya pluralidad debe tender a la \u00abunidad\u00bb (LG 13; AG 22), a la \u00abcomuni\u00f3n entre comunidades\u00bb (AG 37; OE 2), o a la \u00abplena comuni\u00f3n\u00bb (UR 1.3.4.13). Esta comuni\u00f3n entre las Iglesias coincide con la comuni\u00f3n \u00abcat\u00f3lica\u00bb o universal (AG 19.20).<br \/>\nb) La comuni\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica, en la que acaece la uni\u00f3n entre Cristo y su cuerpo eclesial, pues \u00abparticipando del cuerpo del Se\u00f1or, somos elevados a la comuni\u00f3n con \u00e9l y entre nosotros\u00bb (LG 7). La eucarist\u00ed\u00ada es \u00abla cena de la comuni\u00f3n fraterna\u00bb, anticipaci\u00f3n del convite y la comensalidad del reino de Dios (GS 38).<\/p>\n<p>3) Dimensi\u00f3n pr\u00e1ctica o vital: la comuni\u00f3n en la vida. El Nuevo Testamento destaca la comuni\u00f3n de sentimientos, y la de bienes en beneficio de los m\u00e1s necesitados (Rom 15,26; 2 Cor 8,4; 9,13; Heb 13,15). Las colectas de Pablo son signo de esa comuni\u00f3n fraternal. Tambi\u00e9n el Vaticano II resalta la comuni\u00f3n de bienes: el pueblo de Dios \u00abfue constitu\u00ed\u00addo por Cristo cara a la comuni\u00f3n de vida, de caridad y de verdad\u00bb (LG 9). Lo que debe darse tambi\u00e9n entre las Iglesias locales (UR 14).<\/p>\n<p>3. LA COMUNI\u00ed\u201cN TRINITARIA COMO PRINCIPIO DE LA COMUNIDAD ECLESIAL Y EUCARISTICA. a) La Iglesia universal es una \u00abcomunidad de comunidades\u00bb que debe ser constru\u00ed\u00adda desde la fe y el amor. Pero, a semejanza de la Trinidad, la unidad en este caso no es algo que se a\u00f1ade a la multiplicidad de las Iglesias; antes bien \u00e9stas deber\u00e1n abrirse a la Iglesia universal o \u00abcat\u00f3lica\u00bb, que \u00absubsiste\u00bb en ellas (de modo similar a como la divinidad subsiste en las tres personas sin negarlas y a la vez \u00e9stas convergen y coinciden en la unidad de naturaleza). La \u00abtensi\u00f3n en la comuni\u00f3n\u00bb entre la Iglesia local y la universal debe acaecer sin que \u00e9sta elimine a aquella, antes bien sepa respetar su idiosincrasia, su cultura, sus caracter\u00ed\u00adsticas, sin absorberlas.<\/p>\n<p>b) En segundo lugar es preciso destacar a la Iglesia como comuni\u00f3n ella misma: como pueblo de Dios y cuerpo de Cristo. Lo cual significa que todos los miembros de la Iglesia, sin excepci\u00f3n alguna, son por igual cuerpo del Se\u00f1or (y no unos m\u00e1s que los otros), anticipando as\u00ed\u00ad la \u00abcomuni\u00f3n de los santos\u00bb escatol\u00f3gica, donde no habr\u00e1 diferencia alguna entre los santos. La \u00fanica diversidad viene por los distintos carismas o ministerios que el Esp\u00ed\u00adritu otorga dentro de la unidad del cuerpo y en favor de \u00e9ste. Como en la Trinidad lo m\u00e1s importante es la identidad radical de las tres personas (y su igualdad) en el ser divino; aunque ello no excluya la diferencia de funci\u00f3n entre las mismas. Tambi\u00e9n la comuni\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica iguala a los diversos estamentos de la Iglesia: a cl\u00e9rigos y a laicos, a todos los creyentes. Pues a todos se da por igual Cristo en la comuni\u00f3n y no a unos m\u00e1s que a otros. De manera que no recibe en mayor grado a Cristo el obispo que el laico sino todos por igual. Por eso el Vaticano II resalta la importancia de la corresponsabilidad (o \u00abconciliariedad\u00bb) en la Iglesia, entre los obispos entre si, entre \u00e9stos y el papa, y de toda la jerarqu\u00ed\u00ada con el pueblo de Dios (y no s\u00f3lo de \u00e9ste con la jerarqu\u00ed\u00ada). Es desde esa mutua conjunci\u00f3n desde donde el Esp\u00ed\u00adritu hace crecer a la Iglesia \u00aby perfecciona su comuni\u00f3n, con la unidad\u00bb (UR 2).<\/p>\n<p>c) En este mismo marco de comuni\u00f3n eclesial y ecuar\u00ed\u00adstica habr\u00e1 que situar la funci\u00f3n del primado romano (que ostenta el \u00abprimado en la caridad\u00bb, seg\u00fan Ireneo) y de la jerarqu\u00ed\u00ada de la Iglesia. Es significativo el hecho de que tanto la elecci\u00f3n de Pedro, como la determinaci\u00f3n de la funci\u00f3n y el ministerio de los Doce, acaezcan, seg\u00fan Lucas y Juan, en un contexto eucar\u00ed\u00adstico. Es en la \u00faltima cena (y por ello en un contexto fundamental de comuni\u00f3n y de comunidad) donde Jes\u00fas confiere a Pedro la misi\u00f3n de confirmar a sus hermanos (cf. Lc 22,31ss). A su vez, en el contexto del pan de vida, seg\u00fan Juan (6,67-70) es donde Pedro confiesa a Jes\u00fas como Mes\u00ed\u00adas venido de Dios. Y todo ello en un marco en el que Jes\u00fas disocia radicalmente (cara a los Doce) toda equiparaci\u00f3n entre el gobierno de la Iglesia y el de los poderes terrenales (cf. Lc 22,24-27; Jn 6,15). Porque se trata de regir a la familia de los hijos de Dios, a la Iglesia como comuni\u00f3n y fraternidad -cuerpo de Cristo y templo de su Esp\u00ed\u00adritu ella misma en su totalidad-. Y no a una mera sociedad humana constitu\u00ed\u00adda por extra\u00f1os.<\/p>\n<p>4. TRINIDAD-IGLESIA-EUCARISTIA: UN \u00daNICO MISTERIO DE COMUNI\u00ed\u201cN. Siendo la Trinidad el misterio de comuni\u00f3n por excelencia, por el que las tres personas est\u00e1n radicalemente unidas en una misma vida y un mismo ser (as\u00ed\u00ad como en un mismo sentir, conocer y querer), es de esta comuni\u00f3n trinitaria de donde deriva la \u00abcomuni\u00f3n de los santos\u00bb, escatol\u00f3gica, aunque anticipada en la Iglesia: como una multiplicidad de granos de trigo que constituyen un solo pan celestial y un solo cuerpo de Cristo. La Iglesia, como la eucarist\u00ed\u00ada, viene a ser as\u00ed\u00ad \u00absacramentum Trinitatis\u00bb: signo eficaz no s\u00f3lo de la presencia salvadora de Cristo sino de la comuni\u00f3n vital con el misterio intradivino. Por eso cabe afirmar de la Trinidad lo que el Vaticano II dice de la eucarist\u00ed\u00ada como fuente y cumbre de la vida de la Iglesia (LG 11): \u00aben el Padre, por el Hijo, en el Esp\u00ed\u00adritu, radica la verdadera fuente, as\u00ed\u00ad como la culminaci\u00f3n de todo el misterio eclesial y eucar\u00ed\u00adstico\u00bb<br \/>\n[-> Adoraci\u00f3n; Amor; Antioquenos, Padres; Atanasio, san y Alejandrinos; Biblia; Comunidad; Comuni\u00f3n; Ecumenismo; Encarnaci\u00f3n; Ep\u00ed\u00adclesis; Esp\u00ed\u00adritu Santo; Hijo; Hilario de Poitiers, san; Iglesia; Ireneo, san; Jesucristo; Misterio; Padre; Padres (griegos y latinos); Pascua; Pentecost\u00e9s; Reino; Religi\u00f3n, religiones; Salvaci\u00f3n; Trinidad; Vaticano II.]<br \/>\nManuel Gesteira Garza<\/p>\n<p>14<\/p>\n<p>EXISTENCIALISMO<\/p>\n<p>SUMARIO: I. Introducci\u00f3n.-II. Or\u00ed\u00adgenes hist\u00f3ricos: 1. Kierkegaard; 2. En el siglo XX.-III. El existencialismo alem\u00e1n: 1. Jaspers; 2. Heidegger.-IV El existencialismo franc\u00e9s: 1. Sartre y el existencialismo ateo; 2. Marcel y el existencialismo cristiano.-V. Temas b\u00e1sicos.-VI. Actualidad<\/p>\n<p>I. Introducci\u00f3n<br \/>\nLa popularizaci\u00f3n del t\u00e9rmino existencialismo ( a veces filosofia de la existencia) lo convirti\u00f3 en el signo identificador de una gran parte del pensamiento europeo, sobre todo despu\u00e9s de la segunda guerra mundial; por ello, el t\u00e9rmino sirvi\u00f3 para denominar corrientes tan heterog\u00e9neas y alcanz\u00f3 tal amplitud que, como ya reconoc\u00ed\u00ada Sartre en 1946, \u00abno significa absolutamente nada\u00bb. Los numerosos intentos por identificar unos temas comunes a pensamientos tan heterog\u00e9neos no han podido pasar de generalidades puesto que \u00abexistencialismo\u00bb fue mucho m\u00e1s que una(s) filosof\u00ed\u00ada(s): en las d\u00e9cadas de 1940 y 1950 signific\u00f3 una actitud integral ante el mundo y la vida, con poderosas influencias en pol\u00ed\u00adtica, en la creaci\u00f3n literaria y po\u00e9tica, en el cine, en la moda, etc. Por eso, se ha podido decir que, antes que unas tesis intelectuales, el existencialismo fue una \u00abactitud\u00bb vital. En tal caso, el camino m\u00e1s fecundo parece ser una delimitaci\u00f3n hist\u00f3rica de tan complejo y disperso movimiento.<\/p>\n<p>II. Or\u00ed\u00adgenes hist\u00f3ricos<br \/>\nHist\u00f3ricamente el existencialismo aparece como una consecuencia del estrepitoso derrumbamiento del idealismo alem\u00e1n que sigui\u00f3 a la muerte de Hegel. Ese derrumbamiento propici\u00f3 una desconfianza hacia la validez de los conceptos universales y abstractos y una denuncia de cualquier camino racionalista que otorgue primac\u00ed\u00ada a las ideas por su incapacidad para hacer justicia a la realidad concreta. Por ello, no es suficiente caracterizar el existencialismo con la afirmaci\u00f3n gen\u00e9rica: \u00abla existencia precede a la esencia\u00bb -caracterizaci\u00f3n adoptada por el propio Sartre-, pues todo depende de c\u00f3mo se entienda el t\u00e9rmino existencia.<\/p>\n<p>1. KIERKEGAARD. Los existencialistas contempor\u00e1neos reconocen como maestro com\u00fan al escritor dan\u00e9s S. Kierkegaard (1813-1855), autor de una obra muy amplia y dispersa. Kierkegaard nunca pretendi\u00f3 ofrecer una alternativa \u00abfilos\u00f3fica\u00bb al idealismo que detestaba, sino que se trata de un escritor cristiano, cuyo tema obsesivo es la imposibilidad para todo pensamiento racional y mundano de acceder a la originalidad del cristianismo. Cualquier intento de esclarecer racionalmente el cristianismo o de introducir en \u00e9l estructuras organizativas eclesi\u00e1sticas (\u00abcristiandad\u00bb) es una paganizaci\u00f3n que pasa por alto el dato fundamental: la paradoja de Cristo, Dios hecho hombre, que sufre y resucita. Kierkegaard pone en primer plano la irreductibilidad del existente singular, que es una posibilidad cuya realidad depende de una decisi\u00f3n, la cual comporta siempre el peligro de un injustificable salto en el abismo. En el \u00abestadio religioso\u00bb s\u00f3lo es v\u00e1lida la relaci\u00f3n inconmensurable de cada individuo con su Dios, relaci\u00f3n que rompe toda l\u00f3gica y normatividad universal (\u00abestadio \u00e9tico\u00bb) en el instante privilegiado y decisorio de la existencia; Abrah\u00e1n, llamado personalmente por Dios y dispuesto a quebrantar toda ley \u00e9tica sacrificando a su propio hijo, es el s\u00ed\u00admbolo por excelencia de la actitud religiosa, la \u00fanica capaz de esclarecer la paradoja de la existencia.<\/p>\n<p>2. EN EL SIGLO XX. Algunos motivos presentes en el pensamiento de Kierkegaard fueron retomados m\u00e1s de medio siglo despu\u00e9s de su muerte en un contexto cultural e intelectual muy distinto y con prop\u00f3sitos tambi\u00e9n distintos. El ambiente de desilusi\u00f3n que sigui\u00f3 en Centroeuropa a la primera guerra mundial encontr\u00f3 en la obra del escritor dan\u00e9s argumentos para el rechazo de algunos de los ideales b\u00e1sicos de la modernidad ilustrada, a los que se consideraba responsables del desastre europeo, y dio p\u00e1bulo a actitudes pesimistas y desconfiadas respecto al valor de cualquier v\u00ed\u00ada racional. Te\u00f3logos reformados tan importantes &#8216;como K. Barth o P. Tillich, fil\u00f3sofos como Jaspers, Unamuno y, en parte, Heidegger pusieron en marcha un primer n\u00facleo del existencialismo contempor\u00e1neo, que se difunde sobre todo en Alemania y tiene un marcado corte acad\u00e9mico.<\/p>\n<p>III. El existencialismo alem\u00e1n<br \/>\n1. JASPERS. La publicaci\u00f3n en 1919 de la obra de Jaspers Psicolog\u00ed\u00ada de las cosmovisiones puede tomarse como la iniciaci\u00f3n del existencialismo contempor\u00e1neo; se trata de una obra a caballoentre la psicolog\u00ed\u00ada y la filosof\u00ed\u00ada, enlg que ya aparecen los conceptos b\u00e1sicos que ser\u00e1n ampliamente desarrollados por el autor en Filosofia (1932). Ef tema central del pensamiento de Jas,, pers (1883-1969), un autor procedente de la psiquiatr\u00ed\u00ada, es el contraste entre la inobjetivabilidad de la existencia siempre situada y el ansia de transcendencia de la raz\u00f3n. La raz\u00f3n no puede objetivar la existencia singular y esta se revela en las \u00absituaciones-l\u00ed\u00admite\u00bb (enferme-dad, muerte, etc.), por lo que la filosof\u00ed\u00ada debe ser un \u00abesclarecimiento de la existencia\u00bb. La raz\u00f3n siempre se encuentra \u00absituada\u00bb y, por eso, fracasa en su af\u00e1n de acceder a la transcendencia; esa transcendencia s\u00f3lo se manifiesta como \u00ablo envolvente\u00bb y es accesible en forma de \u00abcifras\u00bb que nunca pueden convenirse en \u00abobjeto\u00bb de conocimiento cient\u00ed\u00adfico. Ante ello, s\u00f3lo es eficaz la \u00abfe filos\u00f3fica\u00bb, que no se identifica (ni se opone) a la fe revelada, pues se mueve en el plano de una creencia racional que la raz\u00f3n es incapaz de demostrar satisfactoriamente. Despu\u00e9s de la segunda guerra mundial, exilado en Suiza desde la \u00e9poca del nazismo, Jaspers, un autor con amplias preocupaciones human\u00ed\u00adsticas, fue moderando el tono de su obra y se fue acercando m\u00e1s a posturas kantianas.<\/p>\n<p>2. HEIDEGGER. S\u00f3lo por su fuerte influencia hist\u00f3rica sobre el existencialismo, debe mencionarse la obra de M. Heidegger (1889-1976), un fil\u00f3sofo cuya relaci\u00f3n con el existencialismo no pasa finalmente de ser extr\u00ed\u00adnseca. Sin embargo, su gran obra Ser y tiempo fue considerada por muchos como la obra central y la fuente de inspiraci\u00f3n delexistencialismo filos\u00f3fico. La centralidad del ente llamado Dasein (\u00abser-ah\u00ed\u00ad\u00bb), su descripci\u00f3n como aquel ente cuya esencia se funda en su \u00abexistencia\u00bb -esto es, en su apertura, como aclar\u00f3 luego el autor- exige una anal\u00ed\u00adtica de sus estructuras existenciales (\u00abexistenciarios\u00bb). Dentro de esa anal\u00ed\u00adtica existencial aparecen conceptos claves como los de mundanidad, autenticidad, angustia, nada, temporalidad o ser para la muerte. Sin embargo, se trata de estructuras ontol\u00f3gicas en las que se manifiesta el ser, cuya presencia determina la peculiaridad del Dasein, y no de descripciones \u00ab\u00f3nticas\u00bb. Por ello, la relaci\u00f3n de Heidegger con el existencialismo es s\u00f3lo externa (algunos temas comunes, aunque son temas fundamentales) pues se mueven en planos muy distintos. En su escrito Carta sobre el &#8216;humanismo\u00bb (1947) Heidegger se distancia de cualquier compromiso con el existencialismo mostrando que su objetivo filos\u00f3fico es el sentido del ser, para lo cual la anal\u00ed\u00adtica del Dasein era s\u00f3lo un camino.<\/p>\n<p>IV. El existencialismo franc\u00e9s<br \/>\nDespu\u00e9s de la segunda guerra mundial, el existencialismo adquiri\u00f3 una gran difusi\u00f3n cultural hasta convertirse en ideolog\u00ed\u00ada identificadora de toda una \u00e9poca. Este momento es predominantemente franc\u00e9s y rompe con el anterior estilo acad\u00e9mico, extendi\u00e9ndose por la mayor parte del continente europeo y por Latinoam\u00e9rica.<\/p>\n<p>1. SARTRE Y EL EXISTENCIALISMO ATEO. Una parte decisiva en esta difusi\u00f3n corresponde a las extraordinariasdotes de pol\u00ed\u00adgrafo (fil\u00f3sofo, ensayista, articulista, novelista, dramaturgo, etc.) de J.-P. Sartre (1905-1980), el gran \u00abpont\u00ed\u00adfice\u00bb del existencialismo, secundado por su compa\u00f1era S. de Beauvoir y, durante alg\u00fan tiempo, por el riguroso M. Merleau-Ponty y el gran escritor A. Camus. S\u00fa emblem\u00e1tica novela La n\u00e1usea (1938) insiste en la contingencia y gratuidad de toda existencia, la cual carece de cualquier fundamento y de cualquier objetivo transcendente, por lo que se agota en el compromiso tr\u00e1gico de una decisi\u00f3n rodeada por un horizonte de absurdo. Su gran obra filos\u00f3fica El ser y la nada (1943) explica esto desde la dualidad de las categor\u00ed\u00adas ontol\u00f3gicas del \u00abser-en-s\u00ed\u00ad\u00bb y \u00abser-paras\u00ed\u00ad\u00bb; el existente es un ser para s\u00ed\u00ad (pura conciencia, nada) que busca dotarse de alguna esencia consistente que apuntale su fragilidad, con lo que ser convertir\u00ed\u00ada en ser en s\u00ed\u00ad; pero esto es imposible porque eso significar\u00ed\u00ada negarse como ser para s\u00ed\u00ad, por lo que \u00abel hombre es una pasi\u00f3n in\u00fatil\u00bb. En su famosa conferencia El existencialismo es un humanismo (1946) Sartre reivindica un humanismo de tinte heroico dentro de un horizonte de total inmanencia en el que la existencia es un incesante combate por el absurdo, un tema que Camus trat\u00f3 magn\u00ed\u00adficamente en El mito de S\u00ed\u00adsifo y al que Sartre dio amplias prolongaciones en algunas de sus m\u00e1s celebradas piezas teatrales.<\/p>\n<p>2. MARCEL Y EL EXISTENCIALISMO CRISTIANO. Al lado de esta l\u00ed\u00adnea dominante se ha distinguido lo que se llam\u00f3 un \u00abexistencialismo positivo\u00bb o \u00abexistencialismo cristiano\u00bb, en el que se incluyen los rusos exilados Sestov o Berdiaev y, sobre todo, G. Marcel (1889-1973), que se dio a conocer con un Diario metaf\u00ed\u00adsico (1927) y tambi\u00e9n recurri\u00f3 a las piezas teatrales para difundir su pensamiento. Cr\u00ed\u00adtico radical de todo idealismo y racionalismo, convertido al catolicismo, Marcel recupera algunos temas de la tradici\u00f3n interiorista, habitual en el pensamiento franc\u00e9s desde Montaigne, Descartes y Pascal. Colocando en el centro de su visi\u00f3n existencial la esperanza, Marcel reclama un lugar para el misterio, m\u00e1s all\u00e1 del \u00e1mbito de los \u00abproblemas\u00bb, y se convierte en un cr\u00ed\u00adtico de la civilizaci\u00f3n actual defendiendo un espacio para el ser por encima del \u00abtener\u00bb. Su personalidad intelectual influy\u00f3 poderosamente en muchos pensadores, sobre todo franceses y, despu\u00e9s del rechazo del existencialismo en la enc\u00ed\u00adclica Humani generis (1950), se fue distanciando de las posturas m\u00e1s radicales del existencialismo. En ese mismo sentido cabr\u00ed\u00ada ver la postura del personalista E. Mounier, quien en su difundida obra Introducci\u00f3n a los existencialismos (1946) reivindica para el personalismo cristiano la originalidad de algunos temas b\u00e1sicos del existencialismo.<\/p>\n<p>V. Temas b\u00e1sicos<br \/>\nEsta complejidad del desarrollo hist\u00f3rico va decantando unos problemas b\u00e1sicos que distinguen el clima intelectual del existencialismo. Su oposici\u00f3n radical contra los excesos de todo \u00absistema\u00bb con pretensiones absolutas abre el camino para una visi\u00f3n dram\u00e1tica (a veces, incluso tr\u00e1gica) de la existencia, cuya radical finitud se sostiene fr\u00e1gilmente sobre el horizonte de la nada. Se ha podido decir, no sin raz\u00f3n, que esto es producto de una radicalizaci\u00f3n del creacionismo cristiano, en el que la originalidad de la persona exige un compromiso integral que confiere al existencialismo un matiz \u00abreligioso\u00bb, patente en sus or\u00ed\u00adgenes, pero que no desaparecer\u00ed\u00ada del todo incluso en su rama radicalmente atea. El existencialismo ateo rechaza de plano cualquier invocaci\u00f3n de alg\u00fan horizonte transcendente como evasi\u00f3n y se mantiene en una exigente \u00e9tica situacionista. Otros existencialistas parecen dejar abierta alguna posibilidad, insistiendo siempre en la, decisi\u00f3n personal. Los existencialistas cristianos protestan airadamente contra los intentos de reducir a Dios a un concepto racional y destacan la singularidad personal, as\u00ed\u00ad como el car\u00e1cter existencial de la experiencia religiosa sin poder evitar siempre los escollos de un irracionalismo fide\u00ed\u00adsta.<\/p>\n<p>VI. Actualidad<br \/>\nHist\u00f3ricamente el existencialismo aparece como una ideolog\u00ed\u00ada propia de una \u00e9poca pesimista y desenga\u00f1ada, que vio fracasar los grandes ideales de la modernidad e hizo de ese fracaso el horizonte de su existencia. Por ello, el existencialismo perdi\u00f3 audiencia a medida que ese ambiente se fue debilitando y se fueron olvidando los desastres de las guerras. Es el propio Sartre quien establece su carta de defunci\u00f3n cuando, al comienzo de la Cr\u00ed\u00adtica de la raz\u00f3n dial\u00e9ctica (1960), denunciaba su propio existencialismo anterior como una \u00abideolog\u00ed\u00ada parasitaria\u00bb propia de una\u00e9poca ya superada. El individualismo radical basado en una concepci\u00f3n de la intersubjetividad como conflicto insuperable (\u00abel infierno son los otros\u00bb: Sartre), su incapacidad para integrar positivamente lo que significa el conocimiento cient\u00ed\u00adfico y el desarrollo t\u00e9cnico, el car\u00e1cter insostenible de una \u00e9tica heroica alimentada en el absurdo fueron algunos de sus puntos m\u00e1s d\u00e9biles, para los que no encontr\u00f3 respuesta adecuada. El pensamiento actual parece muy alejado del clima existencialista; de \u00e9l resta quiz\u00e1 la denuncia de cualquier idolatr\u00ed\u00ada frente a la ciencia y la t\u00e9cnica, la desconfianza ante las desmesuradas pretensiones del racionalismo moderno, as\u00ed\u00ad como la singularidad del existente que desborda cualquier sistema.<\/p>\n<p>[ &#8211; Esperanza; Jesucristo; Filosofa; Misterio; Psicolog\u00ed\u00ada.]<br \/>\nAntonio Pintor-Ramos<\/p>\n<p>PIKAZA, Xabier &#8211; SILANES, Nereo,  Diccionario Teol\u00f3gico. El Dios Cristiano,  Ed. Secretariado Trinitario, Salamanca 1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico El Dios Cristiano<\/b><\/p>\n<p>Es el sacramento central de la Iglesia, centro de culto Y de la vida cristiana. En su etimolog\u00ed\u00ada griega, eucarist\u00ed\u00ada significa \u00bb acci\u00f3n de gracias, agradecimiento\u00bb; el Nuevo Testamento la utiliza para traducir el t\u00e9rmino hebreo bemkah (bendici\u00f3n). La berakah, que los jud\u00ed\u00ados pronuncian sobre todas las cosas, es un acto de fe y de confesi\u00f3n del  nombre de Dios. Es una alabanza entusiasta basada en la admiraci\u00f3n por aquel que ha realizado maravillas incre\u00ed\u00adbles. En la bendici\u00f3n solemne al final de la comida, los jud\u00ed\u00ados daban gracias por el alimento que hab\u00ed\u00adan tomado. en el que ve\u00ed\u00adan un signo de la bondad del Creador que comunica su vida a los fieles, y por la tierra prometida que lo hab\u00ed\u00ada producido, signo de aquella salvaci\u00f3n que Dios hab\u00ed\u00ada asegurado a su pueblo. As\u00ed\u00ad pues, la berakah b\u00ed\u00adblica se basa en el recuerdo (an\u00e1mnesis) de los beneficios extraordinarios recibidos, y se apoya en una confianza absoluta- en el Se\u00f1or. El evangelista Lucas, al hablar de la \u00faltima Cena de Jes\u00fas, nos dice que, despu\u00e9s de haber dado gracias (eucharist\u00e9sas), tom\u00f3 el pan, lo parti\u00f3 y se lo dio a los ap\u00f3stoles (Lc 22,19). Tambi\u00e9n antes hab\u00ed\u00ada dado gracias sobre el c\u00e1liz, Encontramos esta misma expresi\u00f3n para el c\u00e1liz en Mt 26,27 y en Mc 14,23). En 1 Cor 11 se utiliza el verbo eucharist\u00e9o (y. 24) para la acci\u00f3n de gracias sobre el pan. El substantivo \u00abeucarist\u00ed\u00ada\u00bb pas\u00f3 luego, a partir del siglo 11, para designar todo el rito.<\/p>\n<p>La eucarist\u00ed\u00ada es el sacramento central del septenario sacramental, ya que es el sacramento que hace presente al mismo Cristo. Pero es un sacramento complejo, va que la Cena del Se\u00f1or es ante todo e1 memorial eficaz de su \u00fanico sacrificio, el rito sacramental que actualiza la Pascua. Pero ha sido instituido para la Iglesia para permitirle recibir, mediante la comuni\u00f3n, el fruto del sacrificio de su Se\u00f1or, uni\u00e9ndose a \u00e9l en la ofrenda al Padre. Por eso la eucarist\u00ed\u00ada es al mismo tiempo e indisolublemente el signo sacramental eficaz que hace presente el sacrificio de Cristo y su Persona, su Humanidad, su Cuerpo y Sangre, para que lo recibamos en comuni\u00f3n. Es al mismo tiempo sacrificio y sacramento. Cristo es el sacerdote invisible, que se sirve del ministro visible como instrumento; es v\u00ed\u00adctima sacrificial, que se hace presente sacramentalmente en los signos del pan y del vino; es alimento para los creyentes que participan de la comuni\u00f3n.<\/p>\n<p>Celebrando \u00aben memoria\u00bb de Jesucristo el sacramento de su Pascua, la Iglesia revive en la fe el acontecimiento de su muerte y resurrecci\u00f3n, fundamento perenne de la nueva alianza, da gracias al Padre por lo que hace por los hombres mediante su Hijo. proclama que la obra de salvaci\u00f3n ha llegado a su cumplimiento en Jesucristo. el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo. Pero si la eucarist\u00ed\u00ada es un memorial en el que se actualiza la Pascua del Se\u00f1or lo es no tanto en funci\u00f3n de Cristo, en el que ha tenido su cumplimiento perfecto y perenne \u00abla obra de la redenci\u00f3n humana y de la perfecta glorificaci\u00f3n de Dios,)  (SC 5), sino en funci\u00f3n de la Iglesia, como su principio y desarrollo, a fin de hacerla participar cada vez m\u00e1s de aquel misterio de gracia. El misterio pascual, en su forma de memorial, se \u00abrepiten entonces en el tiempo, para llegar a cada uno de los hombres y a cada una de las comunidades, de modo que la salvaci\u00f3n pase de la Cabeza que la realiz\u00f3 a cada uno de sus miembros.<\/p>\n<p>La asamblea eucar\u00ed\u00adstica, memorial del Se\u00f1or muerto y resucitado, es lo que es en virtud del Esp\u00ed\u00adritu de Jes\u00fas, que la congrega y unifica. El Esp\u00ed\u00adritu Santo hace de la eucarist\u00ed\u00ada la experiencia fundamental de la Iglesia. Suscita la presencia del Cuerpo \u00danico de Cristo, sacramental y m\u00ed\u00adstico, y el de la comunidad que participa en ella. Es lo que pide la Iglesia: \u00abSanto eres en verdad, Se\u00f1or, fuente de toda santidad; por eso te pedimos que santifiques estos dones con la efusi\u00f3n de tu Esp\u00ed\u00adritu, de manera que sean para nosotros Cuerpo y Sangre de Jesucristo, nuestro Se\u00f1or&#8230; Te pedimos humildemente que el Esp\u00ed\u00adritu Santo congregue en la unidad a cuantos participamos del Cuerpo Sangre de Cristo\u00bb (Misal romano, Segunda plegaria eucar\u00ed\u00adstica). Para que finalmente la eucarist\u00ed\u00ada se realice como Pascua de la Iglesia, en toda su plenitud y en toda su verdad, es necesaria la comuni\u00f3n, que no es un a\u00f1adido al memorial de la Iglesia, sino que se identifica con \u00e9l, va que es en esa comuni\u00f3n donde el memorial recibe verdaderamente su actuaci\u00f3n: lo traduce y le hace alcanzar su objetivo, va que la eucarist\u00ed\u00ada es por su naturaleza una comida pascual, un banquete en el que hay que participar. La v\u00ed\u00adctima inmolada es para el alimento, y por tanto para el crecimiento y la realizaci\u00f3n de la Iglesia: comiendo de un solo pan y bebiendo de un solo c\u00e1liz, los fieles s\u00e9 convierten en la \u00abofrenda viva\u00bb, asimilados a Cristo, la victima pascual.<\/p>\n<p>Pero el que no participa de la comuni\u00f3n bloquea la orientaci\u00f3n intrinseca del memorial-banquete. va que el Se\u00f1or dej\u00f3 su cuerpo entregado para ser comido, su sangre derramada para ser bebida: comiendo y bebiendo, se cumple la memoria del Se\u00f1or como acogida en la fe y como adhesi\u00f3n a las cosas maravillosas que Dios ha realizado por los hombres.<\/p>\n<p>Cuando celebra la eucarist\u00ed\u00ada y se alimenta del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, la Iglesia forma un solo cuerpo con Aquel que se ha convertido para nosotros en redenci\u00f3n (cf. 1 Cor 1,301)se sumerge en la resurrecci\u00f3n que es 1 a fuerza universal de la salvaci\u00f3n (Flp 3, 21); es la Esposa, asociada a su Se\u00f1or en el misterio de la salvaci\u00f3n. Todo el misterio de la salvaci\u00f3n est\u00e1 contenido en la eucarist\u00ed\u00ada (S. Th. III, q. 83, a. 41;) y la ofrenda del sacrificio de la misa, plena reactualizaci\u00f3n sacramental del misterio pascual, es el culto m\u00e1s alto y perfecto dirigido a Dios. Por eso la celebraci\u00f3n de la misa, acci\u00f3n de Cristo y del pueblo de Dios ordenado jer\u00e1rquicamente, constituye el centro de la vida cristiana; y, en consecuencia, todas las dem\u00e1s acciones sagradas y todas las actividades de la vida cristiana se encuentran en \u00ed\u00adntima relaci\u00f3n con ella. La eucarist\u00ed\u00ada, si es el centro de la vida cristiana, llega a ser tambi\u00e9n el centro de la Iglesia local; la Iglesia saca de ella su continuo alimento y su fuerza: en la comunidad, que se reune para la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica, se hace presente el mismo Cristo, y la participaci\u00f3n en su Cuerpo y Sangre no hace sino que nos transformemos en lo que recibimos. La eucarist\u00ed\u00ada es, por tanto, sacramento de unidad, aut\u00e9ntica acci\u00f3n cultual sacerdotal, celebrada en la com\u00fan ofrenda sacrificial de todo el pueblo de Dios, estructurado jer\u00e1rquicamente: el ejemplo por excelencia de esta unidad, nos recuerda el Vaticano II, se tiene \u00aben la participaci\u00f3n plena y activa de todo el pueblo santo de Dios en las mismas celebraciones liturgicas particularmente en la misma eucarist\u00ed\u00ada, en una misma oraci\u00f3n, junto al \u00danico altar donde preside el obispo, rodeado de su presbiterio y ministros\u00bb (SC 41). Se reparte el \u00danico pan para que se convierta en alimento de todos: de esta manera todos se convierten a un solo cuerpo en la comuni\u00f3n del \u00danico Pan de vida, Jesucristo.<\/p>\n<p>       En torno a la eucaristia, la Iglesia se recoge en oraci\u00f3n para la adoraci\u00f3n de Aquel que se conserva sobre todo para el vi\u00e1tico. Manteni\u00e9ndose junto al Cristo Se\u00f1or- en el sacramento eucaristico, los fieles gozan de su intima familiaridad con \u00e9l y alcanzan un aumento de fe, de esperanza y de caridad, fomentando las justas disposiciones para celebrar el memorial del Se\u00f1or y recibir frecuentemente aquel Pan que se les ha dado.<\/p>\n<p>R. Gerardi<\/p>\n<p>Bibl.: A, Gerken, Teolog\u00ed\u00ada de la eucarist\u00ed\u00ada, San Pablo, Madrid 1991: F X. Durwell. La eucarist\u00ed\u00ada, misterio pascual  S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1982; M. Gesteira, La eucarist\u00ed\u00ada, misterio de comuni\u00f3n, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1992.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. El mensaje de la eucarist\u00ed\u00ada en la reflexi\u00f3n de la Iglesia: 1. La eucarist\u00ed\u00ada, sacramento de la iniciaci\u00f3n cristiana; 2. La eucarist\u00ed\u00ada, fuente y cumbre de la vida cristiana; 3. Del gesto de Jes\u00fas a la acci\u00f3n de la Iglesia; 4. S\u00ed\u00adntesis teol\u00f3gica; 5. Presencia de Cristo en la eucarist\u00ed\u00ada; 6. La eucarist\u00ed\u00ada, realizaci\u00f3n de la Iglesia; 7. La celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada a la espera del banquete escatol\u00f3gico. II. Presentaci\u00f3n catequ\u00e9tica de la eucarist\u00ed\u00ada: 1. La pedagog\u00ed\u00ada de Dios en funci\u00f3n del mensaje de la eucarist\u00ed\u00ada; 2. Algunos contenidos del mensaje eucar\u00ed\u00adstico con pistas metodol\u00f3gicas; 3. Una catequesis de la eucarist\u00ed\u00ada para las diversas edades.<\/p>\n<p>I. El mensaje de la eucarist\u00ed\u00ada en la reflexi\u00f3n de la Iglesia<br \/>\nEl sacramento de la eucarist\u00ed\u00ada incluye dos aspectos esenciales: 1) Como sacramento de iniciaci\u00f3n representa la culminaci\u00f3n del proceso inici\u00e1tico, por la que el cristiano accede a la plena identificaci\u00f3n con Cristo; 2) como sacramento de la existencia cristiana, y por tanto celebrado repetidamente a lo largo de toda la vida, est\u00e1 en funci\u00f3n del progreso y la edificaci\u00f3n espiritual del cristiano.<\/p>\n<p>1. LA EUCARIST\u00ed\u008dA, SACRAMENTO DE LA INICIACI\u00ed\u201cN CRISTIANA. Seg\u00fan el Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica, \u00abla sagrada eucarist\u00ed\u00ada culmina la iniciaci\u00f3n cristiana. Los que han sido elevados a la dignidad del sacerdocio real por el bautismo y configurados m\u00e1s profundamente con Cristo por la confirmaci\u00f3n, participan por medio de la eucarist\u00ed\u00ada con toda la comunidad, en el sacrificio mismo del Se\u00f1or\u00bb (CCE 1322; cf IC 57-58, 101ss).<\/p>\n<p>Seg\u00fan el Vaticano II, la eucarist\u00ed\u00ada es \u00abfuente y cumbre de toda la vida cristiana\u00bb (LG 11), \u00abcentro y cima\u00bb (AG 9), \u00abra\u00ed\u00adz y quicio\u00bb de la comunidad cristiana (PO 6). De esta forma, el camino de incorporaci\u00f3n al misterio pascual del cristiano, iniciado con el bautismo y enriquecido con la confirmaci\u00f3n, llega a su plenitud sacramental con la participaci\u00f3n en el banquete eucar\u00ed\u00adstico, donde se gustan ya de antemano los bienes de la vida eterna. Seg\u00fan el Ritual de la iniciaci\u00f3n cristiana de adultos, los reci\u00e9n bautizados son introducidos solemnemente en la asamblea cristiana reunida, para participar por primera vez en la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada: \u00abDe esta forma participan con toda la comunidad en la acci\u00f3n del sacrificio y recitan el padrenuestro, mostrando as\u00ed\u00ad el esp\u00ed\u00adritu de filiaci\u00f3n que han recibido con el bautismo&#8230; Con la comuni\u00f3n del Cuerpo entregado y la Sangre derramada confirman los dones recibidos y gustan de antemano los de la eternidad\u00bb (RICA 36). De esta forma los bautizados y confirmados alcanzan su identificaci\u00f3n con Cristo, son incorporados plenamente a la comunidad eclesial y, a trav\u00e9s de esta primera participaci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica, \u00abencuentran la coronaci\u00f3n de su iniciaci\u00f3n\u00bb (RICA 36; cf IC 106). Por esta primera participaci\u00f3n plena del misterio pascual consiguen aquella madurez cristiana que les permite vivir y ejercer con toda entereza la nueva vida a la que renacieron con el bautismo.<\/p>\n<p>2. LA EUCARIST\u00ed\u008dA, FUENTE Y CUMBRE DE LA VIDA CRISTIANA. Pero, adem\u00e1s de ser la culminaci\u00f3n del proceso de la iniciaci\u00f3n cristiana, la eucarist\u00ed\u00ada es, en adelante, \u00abcentro y cima de toda la vida cristiana\u00bb, como fuente primordial de la que se alimenta toda nuestra existencia cristiana.<\/p>\n<p>Los sacramentos son medios eficaces de la gracia. Todos ellos, en su peculiaridad espec\u00ed\u00adfica, nos incorporan al misterio pascual de Cristo. En este sentido, la eucarist\u00ed\u00ada es el sacramento por antonomasia. Como ning\u00fan otro sacramento dice relaci\u00f3n directa a la obra redentora de Cristo: \u00abNuestro Salvador, en la \u00faltima cena, la noche que le traicionaban, instituy\u00f3 el sacrificio eucar\u00ed\u00adstico de su cuerpo y sangre, con el cual iba a perpetuar por los siglos, hasta su vuelta, el sacrificio de la cruz, y a confiar as\u00ed\u00ad a su esposa, la Iglesia, el memorial de su muerte y resurrecci\u00f3n: sacramento de piedad, signo de unidad, v\u00ed\u00adnculo de caridad, banquete pascual, en el cual se recibe como alimento a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la gloria venidera\u00bb (SC 47).<\/p>\n<p>Bajo la forma de memorial de la \u00faltima cena de Jes\u00fas con sus ap\u00f3stoles, es la perpetuaci\u00f3n en el tiempo del \u00fanico sacrificio de la cruz. Como celebraci\u00f3n sacramental, la eucarist\u00ed\u00ada es expresi\u00f3n y realizaci\u00f3n de comuni\u00f3n del creyente con el mismo cuerpo vivificado del Salvador. De esta forma, la vida propia de Cristo resucitado, se expande por todos los miembros que forman su cuerpo en forma de alimento espiritual.<\/p>\n<p>3. DEL GESTO DE JES\u00daS A LA ACCI\u00ed\u201cN DE LA IGLESIA. Los textos del Nuevo Testamento se refieren frecuentemente al lugar central que la \u00abfracci\u00f3n del pan\u00bb (He 2,42.46; 20,7.11; Lc 24,30) o la \u00abcena del Se\u00f1or\u00bb (lCor 11,20) ocupaban en la vida de las comunidades primitivas. Estas expresiones designan la reuni\u00f3n cristiana donde se hac\u00ed\u00ada memoria de la cena de despedida que Jes\u00fas celebr\u00f3 con sus disc\u00ed\u00adpulos \u00abla noche en que fue entregado\u00bb (lCor 11,23).<\/p>\n<p>Son cuatro los relatos que tenemos de la \u00faltima cena, formulados a partir de una doble tradici\u00f3n: Pablo-Lucas y Marcos-Mateo (1 Cor 11,17-34; Mc 14,12-26; Mt 26,17-30; Lc 22,7-23). Todos ellos coinciden en insertar el gesto de Jes\u00fas en el marco del banquete pascual jud\u00ed\u00ado. Este ten\u00ed\u00ada una doble significaci\u00f3n: acci\u00f3n de gracias al Dios de la alianza por la liberaci\u00f3n de Egipto (Ex 12,1-28) y expresi\u00f3n del deseo de la liberaci\u00f3n plena en el reino mesi\u00e1nico. El hecho de que la \u00faltima cena de Jes\u00fas est\u00e9 en relaci\u00f3n estrecha con la cena pascual hace que su gesto signifique el paso del acontecimiento de la pascua del \u00e9xodo jud\u00ed\u00ado a la pascua de la liberaci\u00f3n definitiva fundada en el aut\u00e9ntico sacrificio de Cristo, \u00abofrecido una vez para siempre\u00bb (Heb 7,24-27; 9,12.26.28; 10,10; Rom 6,10; l Pe 3,18).<\/p>\n<p>De esta forma, la acci\u00f3n de Jes\u00fas en la \u00faltima cena se convierte en \u00abuna acci\u00f3n prof\u00e9tica que anticipa el misterio de la cruz del d\u00ed\u00ada siguiente: antes de verse apresado por los enemigos, se entrega voluntariamente a sus amigos haciendo de su vida un don para cuantos crean en \u00e9l: el pan partido equivale a su cuerpo entregado, y el vino&#8230; es su sangre derramada\u00bb1. La fracci\u00f3n del pan y el reparto de la copa por parte de Jes\u00fas son la \u00abpar\u00e1bola en acci\u00f3n de lo que ser\u00e1 su muerte, que presiente\u00bb2. Este gesto prof\u00e9tico viene explicado por las palabras que lo acompa\u00f1an: \u00abEsto es mi cuerpo, que es entregado por vosotros&#8230; Este c\u00e1liz es la nueva alianza sellada con mi sangre, que es derramada por vosotros\u00bb (Lc 22,19-20).<\/p>\n<p>La participaci\u00f3n del alimento repartido -cuerpo entregado y sangre derramada por la multitud- nos presenta a Jes\u00fas como el Siervo de Yav\u00e9 que da su vida por los pecadores (Is 52,13-53,12; cf 42,6; 49,8), abriendo el camino de la reconciliaci\u00f3n de la multitud con Dios y sellando con su sangre la nueva alianza. La muerte, expresi\u00f3n m\u00e1xima de la entrega de Jes\u00fas por todos los hombres, aparece como el sacrificio de la alianza definitiva entre Dios y los hombres, el \u00fanico y verdadero sacrificio agradable a Dios (Heb 9,11-28). Por las caracter\u00ed\u00adsticas de los dones simb\u00f3licos -pan y vino- este testamento adquiere forma de comida familiar. Esta comunidad de mesa celebrada en memoria del Se\u00f1or, se convierte en signo de relaci\u00f3n, di\u00e1logo, perd\u00f3n, amor, comuni\u00f3n y solidaridad, elevando a experiencia cristiana la comunidad de mesa practicada por Jes\u00fas con publicanos y pecadores (Mt 9,9-13; 11,19; Lc 7,36-50; 15,11-32; 19,1-10). As\u00ed\u00ad la comunidad de mesa se convierte en expresi\u00f3n de la reconciliaci\u00f3n con Dios y de la reconciliaci\u00f3n mutua de los comensales.<\/p>\n<p>Los disc\u00ed\u00adpulos, y con ellos la Iglesia toda, recibieron la orden de perpetuar este gesto: \u00abhaced esto en memoria m\u00ed\u00ada\u00bb (1Cor 11,26) \u00abhasta que \u00e9l venga\u00bb (1Cor 11,24-26; Lc 22,19). De esta forma la Iglesia, con la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada, perpet\u00faa en el tiempo la presencia eficaz de esta vida entregada por la vida del mundo. La eucarist\u00ed\u00ada es el alimento de la Iglesia peregrina, mientras avanza hacia la plenitud de salvaci\u00f3n. Por ser comida del cuerpo y sangre del Se\u00f1or, es ya pregustaci\u00f3n en el tiempo de la vida de resurrecci\u00f3n que Cristo posee en plenitud y que prometi\u00f3 a todos los que crean en \u00e9l (Jn 6,53-58).<\/p>\n<p>4. S\u00ed\u008dNTESIS TEOL\u00ed\u201cGICA. a) Acci\u00f3n de gracias. A partir de finales del siglo I, el nombre que prevaleci\u00f3 para designar la celebraci\u00f3n del memorial del Se\u00f1or fue el de eucarist\u00ed\u00ada: acci\u00f3n de gracias. En las comidas festivas jud\u00ed\u00adas hab\u00ed\u00ada dos bendiciones y una acci\u00f3n de gracias, que se pronunciaba sobre el pan y la copa, o sobre un animal sacrificado en el templo. Este reconocimiento agradecido hac\u00ed\u00ada entrar en comuni\u00f3n con Dios. Ahora, el gesto de Jes\u00fas nos manifiesta que esta comuni\u00f3n en el amor de Dios se realiza en la pascua del Hijo. Los cuatro relatos b\u00ed\u00adblicos nos hablan de una acci\u00f3n de gracias sobre los dones: Pablo y Lucas sobre el pan y la copa, Mateo y Marcos sobre la copa. De esta forma, en toda repetici\u00f3n de la cena del Se\u00f1or se da gracias a Dios por el gran acontecimiento de la muerte y resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, la verdadera y definitiva pascua. Cuando la comunidad se re\u00fane en torno a la mesa eucar\u00ed\u00adstica, renueva su reconocimiento y acci\u00f3n de gracias por las obras maravillosas del amor de Dios para con su creaci\u00f3n (cf CCE 1359), pero de forma particular y definitiva por la obra de la nueva creaci\u00f3n, llevada a t\u00e9rmino por la muerte y resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>b) Celebraci\u00f3n de la pascua definitiva. Jes\u00fas expresa el car\u00e1cter expiatorio de su muerte por la multitud a trav\u00e9s del gesto de elevar los dones que van a ser consumidos a la categor\u00ed\u00ada de cuerpo que ser\u00e1 entregado y sangre que ser\u00e1 derramada. Con ello se apunta al sentido martirial que Jes\u00fas da a su muerte futura para la salvaci\u00f3n de los hombres. En cuanto Jes\u00fas entrega como alimento a los ap\u00f3stoles los elementos, as\u00ed\u00ad elevados a cuerpo y sangre, pone de manifiesto que su muerte acaece en bien de los hombres. A semejanza de los alimentos que, cuando son sumidos, pierden su entidad propia y se convierten en vida de los que los reciben, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n ahora el cuerpo entregado y la sangre derramada son el alimento de la verdadera vida de los hombres.<\/p>\n<p>Por las palabras que Jes\u00fas pronuncia sobre el pan y el vino, estos elementos simbolizan su misma persona, en cuanto entregada, sacrificada por el bien de los hombres. En el mundo sem\u00ed\u00adtico cuerpo no significa \u00fanicamente corporeidad, sino la persona entera. Igualmente la sangre, como sustancia de la vida comprende a todo el ser vivo. En este caso, el ser vivo que derrama su sangre y entrega su vida por los hombres. Jes\u00fas se presenta como el cordero pascual que sustituye al cordero pascual jud\u00ed\u00ado. Jes\u00fas mismo entrega su vida como el aut\u00e9ntico cordero capaz de sellar con su sangre la definitiva alianza de Dios con los hombres: \u00abEste es el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo\u00bb (Jn 1,29). Por ello, la celebraci\u00f3n de la cena del Se\u00f1or ser\u00e1 la cena del aut\u00e9ntico cordero, y la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada, la celebraci\u00f3n de la pascua definitiva.<\/p>\n<p>c) Perpetuaci\u00f3n del sacrificio pascual. Cristo muri\u00f3 realmente una sola vez -epaphax = \u00abuna vez para siempre\u00bb (Rom 6,10; Heb 7,27; 9,12; 10,10)-, obrando as\u00ed\u00ad, con el sacrificio de su vida, la salvaci\u00f3n del g\u00e9nero humano. Pero el misterio pascual de Cristo se extiende a toda la historia humana. Por la resurrecci\u00f3n \u00abparticipa de la eternidad divina y domina as\u00ed\u00ad todos los tiempos y en ellos se mantiene permanentemente presente\u00bb (CCE 1085), entra en la conciencia humana y se hace realmente efectivo por su condici\u00f3n de memorial. En efecto, por la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu, la comunidad reunida evoca el acontecimiento hist\u00f3ricamente ya pasado y, haciendo memoria de \u00e9l, se implica y sumerge plenamente en \u00e9l. En esta implicaci\u00f3n la comunidad se deja determinar en el presente por aquel dinamismo que acompa\u00f1\u00f3 y se hizo actuante en el acontecimiento pasado. El memorial no es simple recuerdo de los hechos pasados, sino la evocaci\u00f3n de estos hechos como actualmente configuradores. De esta forma se perpet\u00faa en la historia el gesto inicial y todo su dinamismo renovador, convirti\u00e9ndolo en acontecimiento originante.<\/p>\n<p>En la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada, la Iglesia evoca el gesto pascual de Jes\u00fas y se sumerge as\u00ed\u00ad en el mismo misterio pascual de la \u00fanica muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo, haci\u00e9ndonos part\u00ed\u00adcipes de la nueva vida.<\/p>\n<p>El dinamismo sacramental del memorial explica que el \u00fanico sacrificio de Cristo en la cruz permanece presente y activo en la historia: \u00abCada vez que la comunidad cristiana, proclamando su fe con acci\u00f3n de gracias, hace ante Dios el memorial del sacrificio hist\u00f3rico de Jes\u00fas, el Esp\u00ed\u00adritu hace presente, en el pan y en la copa de la cena fraternal, aquello cuya par\u00e1bola en acci\u00f3n hab\u00ed\u00ada realizado Jes\u00fas la noche en que fue entregado, el s\u00ed\u00admbolo prof\u00e9tico: la ofrenda del cuerpo y de la sangre por la salvaci\u00f3n del mundo; en una palabra: el sacrificio de la cruz que el Padre recibi\u00f3 y sell\u00f3 en la resurrecci\u00f3n inaugurando un mundo nuevo\u00bb3. El memorial hace que cuando la Iglesia celebra la eucarist\u00ed\u00ada, pueda ofrecer de nuevo este \u00fanico sacrificio de Cristo realizado \u00abuna vez por siempre\u00bb. Por la pertenencia a su cuerpo, la Iglesia \u00abparticipa en la ofrenda de su cabeza&#8230; [De esta forma] en la eucarist\u00ed\u00ada, el sacrificio de Cristo es tambi\u00e9n sacrificio de los miembros de su cuerpo\u00bb (CCE 1368).<\/p>\n<p>d) Comuni\u00f3n con el Resucitado. La participaci\u00f3n de la mesa del Se\u00f1or nos obliga a poner atenci\u00f3n tanto a su gesto como a sus palabras. La tradici\u00f3n ha conservado estas dos versiones: \u00abEsto es mi cuerpo, que es entregado por vosotros&#8230; Este c\u00e1liz es la nueva alianza sellada con mi sangre\u00bb (lCor 11,24-25). O, seg\u00fan la otra tradici\u00f3n: \u00abTomad y comed, esto es mi cuerpo&#8230; Bebed todos, porque esta es mi sangre, la sangre de la nueva alianza, que ser\u00e1 derramada por todos para remisi\u00f3n de los pecados\u00bb (Mt 26,26-28). De ah\u00ed\u00ad se desprende que la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada nos pone en comuni\u00f3n con el cuerpo y la sangre de Jes\u00fas ante la inminencia de su muerte. A trav\u00e9s de la comuni\u00f3n con este cuerpo y esta sangre, el creyente entra en contacto con el poder redentor de esta muerte.<\/p>\n<p>La comida y la bebida indignas del pan y del c\u00e1liz equivalen a un pecado para con \u00abel cuerpo y la sangre del Se\u00f1or\u00bb (lCor 11,27). Ello es \u00fanicamente posible porque entre el pan y el cuerpo, y entre el c\u00e1liz y la sangre existe un v\u00ed\u00adnculo de identidad. Se trata de un v\u00ed\u00adnculo que va mucho m\u00e1s all\u00e1 de una simple figuraci\u00f3n del cuerpo a trav\u00e9s del pan, y de la sangre a trav\u00e9s del c\u00e1liz; pero que, seg\u00fan los textos neotestamentarios, tampoco podemos entender como una identificaci\u00f3n de tipo material fisicista. Ya san Agust\u00ed\u00adn insist\u00ed\u00ada en que el cuerpo eucar\u00ed\u00adstico es sacramental, y san Ambrosio de Mil\u00e1n subrayaba la funci\u00f3n esencial del Esp\u00ed\u00adritu. Se trata del modo de presencia del cuerpo de Cristo.<\/p>\n<p>5. PRESENCIA DE CRISTO EN LA EUCARIST\u00ed\u008dA. La fe afirma la presencia real de Cristo en la eucarist\u00ed\u00ada. Pero \u00abuna cosa es el hecho de que Cristo est\u00e9 presente en la eucarist\u00ed\u00ada y otra cosa es la explicaci\u00f3n que nosotros podemos o debemos dar de este hecho\u00bb4.<\/p>\n<p>a) Cuerpo y sangre resucitados. La realidad actual del Se\u00f1or es la del Cristo resucitado. Es decir, es aquel que vivi\u00f3 y muri\u00f3, y vivificado ahora por la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu para no morir m\u00e1s, est\u00e1 sentado a la derecha del poder de Dios (He 2,32-36). Por tanto, la realidad expresada en el misterio de la eucarist\u00ed\u00ada es la presencia del Se\u00f1or resucitado. Una posterior determinaci\u00f3n de las caracter\u00ed\u00adsticas de cuerpo resucitado, escapa a toda descripci\u00f3n humana. Como primer paso, cabe afirmar que el cuerpo de Cristo presente en la eucarist\u00ed\u00ada no es solamente el cuerpo camal e hist\u00f3rico de Jes\u00fas de Nazaret. Es ciertamente este cuerpo, pero ya resucitado y ensalzado a la derecha de Dios, cuerpo espiritual (iCor 15,42-49,) y que \u00fanicamente puede ser captado por la fe.<\/p>\n<p>b) Presencia sacramental. La realidad de la eucarist\u00ed\u00ada es el don del Se\u00f1or. A diferencia de otras formas de presencia y donaci\u00f3n, \u00aben su Palabra, en la oraci\u00f3n de su Iglesia&#8230;, en los pobres, los enfermos, los presos, en los sacramentos&#8230;, en el sacrificio de la misa y en la persona del ministro\u00bb (CCE 1373), en la cena el Se\u00f1or se nos da realmente a trav\u00e9s de los s\u00ed\u00admbolos espec\u00ed\u00adficos de pan y vino. Estos elementos expresan, con todo el realismo posible, el don de s\u00ed\u00ad mismo que Cristo hace a los creyentes como alimento y alianza. Jes\u00fas usa de los s\u00ed\u00admbolos de pan y vino, comida y bebida, para expresar el don de su vida en bien de los hombres. Por eso, por ser la eucarist\u00ed\u00ada el don de Cristo, pan de vida, el signo del pan no puede reducirse a un simple revestimiento exterior del don entregado: el pan consagrado \u00abpertenece a la revelaci\u00f3n, a la manifestaci\u00f3n de la realidad profunda de la mesa del Se\u00f1or. Por \u00e9l el Se\u00f1or se da como verdadero pan de vida. Si se quita este sacramentum del pan, la cualidad misma del don desaparece. De este modo, [el creyente] afirma que por la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo incoada en la ep\u00ed\u00adclesis, el pan pertenece a la realidad profunda del Se\u00f1or que se da de forma misteriosa\u00bb5.<\/p>\n<p>c) Realidad y verdad de la presencia. Esta presencia actuada por la invocaci\u00f3n y acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu es una presencia real. Pero en el momento de la invocaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, esta presencia real \u00abno tiene a\u00fan toda su verdad\u00bb6. Tiene toda su verdad en el momento en que el creyente acoge esta presencia. Por ser presencia de un don, ser\u00e1 siempre una presencia para el otro. A trav\u00e9s de la recepci\u00f3n del don, se provoca un fortalecimiento de las relaciones entre donante y receptor. Y esta es la realidad profunda que hay que mantener y expresar. Ser elemento y medio de relaci\u00f3n entre el que se da y el que recibe.<\/p>\n<p>La esencia de la eucarist\u00ed\u00ada est\u00e1 en ser medio supremo simb\u00f3lico de estrechamiento de las relaciones personales con aquel que se entreg\u00f3 y contin\u00faa entreg\u00e1ndose. El dinamismo interpersonal nace en el momento que nace la aut\u00e9ntica relaci\u00f3n: atenci\u00f3n, intercambio y comunicaci\u00f3n al que est\u00e1 presente. La presencia de entrega en el pan y el vino consagrados exige tambi\u00e9n la acogida por parte del creyente para que el ofrecimiento se convierta en presencia real y verdadera. De esta forma \u00aba los que realizan el memorial del acontecimiento pascual se les ofrece realmente, por la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu, el don de Jes\u00fas, que entrega su cuerpo y su sangre para la salvaci\u00f3n. Corresponde a ellos acogerlo en la fe para entrar en comuni\u00f3n verdadera con \u00e9l\u00bb7.<\/p>\n<p>M\u00e1s complicado resulta querer explicar el alcance de la conversi\u00f3n ontol\u00f3gica de los elementos de pan y vino a partir de un sistema filos\u00f3fico determinado. No en vano se ha intentado en los \u00faltimos decenios una nueva comprensi\u00f3n de la categor\u00ed\u00ada transustanciaci\u00f3n, autentificada por Trento (CCE 1376), a trav\u00e9s de las de transfinalizaci\u00f3n o transignificaci\u00f3n. Pero se trata de los primeros tanteos en esta direcci\u00f3n, y por ello se hace dif\u00ed\u00adcil dejar a un lado la f\u00f3rmula empleada desde Trento. Esta realidad de la presencia es la que justifica el \u00abculto de adoraci\u00f3n que se debe al sacramento de la eucarist\u00ed\u00ada, no solamente durante la misa, sino tambi\u00e9n fuera de su celebraci\u00f3n\u00bb (CCE 1378).<\/p>\n<p>d) Alimento de vida eterna. La incorporaci\u00f3n personal del don ofrecido en la eucarist\u00ed\u00ada se realiza en el creyente mediante la manducaci\u00f3n, expresi\u00f3n suprema de la apropiaci\u00f3n. Se trata, como dice san Agust\u00ed\u00adn, de una \u00abmanducaci\u00f3n por la fe\u00bb. El pan que se come y el c\u00e1liz que se bebe son el s\u00ed\u00admbolo sacramental de la presencia real de la persona que se da por medio de ellos. El cuerpo que se recibe es todo el cuerpo de Cristo. Es decir, el cuerpo de Jes\u00fas que encarn\u00f3 en la historia una forma de actuar, de confiar en Dios, de tratar al pr\u00f3jimo, a los pobres y marginados&#8230; que se entreg\u00f3 realmente hasta la muerte en bien de todos los hombres y que fue exaltado por el poder del Esp\u00ed\u00adritu a la derecha de Dios. Es, por tanto, un cuerpo que vivi\u00f3, muri\u00f3 y vive resucitado a la derecha de Dios.<\/p>\n<p>Por eso la eucarist\u00ed\u00ada es alimento de vida eterna. Alimento que inserta al creyente en el camino pascual de Cristo, alimento en el tiempo presente para un aut\u00e9ntico seguimiento de Jes\u00fas. La comuni\u00f3n del cuerpo de Cristo es, pues, el acto de inserci\u00f3n en el mismo dinamismo del mismo Esp\u00ed\u00adritu que resucit\u00f3 a Jes\u00fas a la derecha del Padre.<\/p>\n<p>Comer el cuerpo de Cristo significa dejarse vivificar ya en el tiempo presente por la vida que brota de su resurrecci\u00f3n. Por eso \u00abla eucarist\u00ed\u00ada es s\u00ed\u00admbolo sacramental que expresa y produce la solidaridad con la vida que llev\u00f3 Jes\u00fas; y la solidaridad tambi\u00e9n entre los creyentes que participan del mismo sacramento\u00bb8. De esta forma, la eucarist\u00ed\u00ada se convierte en la comida de la vida compartida: compartida con Cristo gracias al don de su cuerpo y compartida con los dem\u00e1s comensales que participan del mismo don.<\/p>\n<p>6. LA EUCARIST\u00ed\u008dA, REALIZACI\u00ed\u201cN DE LA IGLESIA. El evangelio de Juan no relata la instituci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada. Pero justamente all\u00ed\u00ad donde los sin\u00f3pticos sit\u00faan la instituci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada, Juan coloca la escena del lavatorio de los pies. El marco del relato lo constituyen, por una parte, las palabras de Jes\u00fas: habiendo \u00abamado a los suyos&#8230; los am\u00f3 hasta el fin\u00bb (Jn 13,1), y, por otra, la pregunta que al final de la escena dirige a sus disc\u00ed\u00adpulos: \u00ab\u00bfEntend\u00e9is lo que os he hecho? Vosotros me llam\u00e1is el Maestro y el Se\u00f1or; y dec\u00ed\u00ads bien, porque lo soy. Pues si yo, el Se\u00f1or y el Maestro, os he lavado los pies; tambi\u00e9n vosotros os los deb\u00e9is lavar unos a otros. Yo os he dado ejemplo, para que hag\u00e1is vosotros lo mismo que he hecho yo\u00bb (Jn 13,12-15).<\/p>\n<p>Es muy f\u00e1cil leer estas palabras de Jes\u00fas como una exigencia moralizante de servicio para con los hermanos. Pero el sentido aut\u00e9ntico apunta a una realidad mucho m\u00e1s profunda: no se trata de celebrar la eucarist\u00ed\u00ada y despu\u00e9s intentar estrechar los lazos de relaci\u00f3n a trav\u00e9s de un comportamiento de servicio. La eucarist\u00ed\u00ada es comuni\u00f3n con Jes\u00fas que se entrega y, como tal, expansi\u00f3n suprema del don que caracteriza su vida a la vida de los que reciben su cuerpo. Es cuerpo entregado para que todo aquel que comulgue con \u00e9l comulgue con la entrega a los dem\u00e1s. Su propia vida nos alimenta, nos transforma y convierte. En la eucarist\u00ed\u00ada el creyente se une a Cristo como el sarmiento a la vid (Jn 15,1 ss.), la primera vez como coronaci\u00f3n de todo el proceso de iniciaci\u00f3n, y despu\u00e9s como afianzamiento y fortalecimiento de esta uni\u00f3n.<\/p>\n<p>La eucarist\u00ed\u00ada, como toda celebraci\u00f3n sacramental, es la asunci\u00f3n de las ilusiones y convicciones personales de la fe en el \u00e1mbito de la comunidad reunida, para que sean fortalecidas y transformadas por la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu, a trav\u00e9s del memorial del Se\u00f1or, que se entreg\u00f3 a s\u00ed\u00ad mismo en servicio a los hombres. Por eso la eucarist\u00ed\u00ada no puede ser reducida a don de vida al individuo como tal, sino al hombre como miembro del cuerpo de Cristo. El amor y el servicio fraternal son la realidad de la nueva criatura que vive y act\u00faa como miembro del cuerpo de Cristo. El nuevo ser recibido es el amor del Padre para con su creaci\u00f3n, vivido como don y entrega a los hombres por el Hijo y transformador del coraz\u00f3n de los hombres por la fuerza del \u00abEsp\u00ed\u00adritu, que habita en vosotros\u00bb (Rom 8,11). La nueva criatura vive de este amor y vive en este amor. La eucarist\u00ed\u00ada, \u00abfuente y cumbre de la vida cristiana\u00bb es comuni\u00f3n con el amor que crea comuni\u00f3n. Por ello la eucarist\u00ed\u00ada es celebraci\u00f3n del amor del Padre que, por el Hijo, en el Esp\u00ed\u00adritu Santo, crea Iglesia.<\/p>\n<p>7. LA CELEBRACI\u00ed\u201cN DE LA EUCARIST\u00ed\u008dA A LA ESPERA DEL BANQUETE ESCATOL\u00ed\u201cGICO. La cena del Se\u00f1or es pregustaci\u00f3n en la historia de esta vida eterna. Pero la plenitud de esta vida nos est\u00e1 reservada para el banquete del reino del Padre celestial. Ya en los relatos de la \u00faltima cena se subraya esta perspectiva escatol\u00f3gica, al conservarnos estas palabras de Jes\u00fas pronunciadas despu\u00e9s de la bendici\u00f3n del c\u00e1liz: \u00abOs digo que ya no beber\u00e9 m\u00e1s de este fruto de la vid hasta el d\u00ed\u00ada en que beba con vosotros un vino nuevo en el reino de mi Padre\u00bb (Mt 26,29; Mc 14,25). 0 tambi\u00e9n: \u00abOs digo que ya no la comer\u00e9 [esta pascua] hasta que se cumpla en el reino de Dios\u00bb (Lc 22,16). Por eso, la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada entre nosotros es el anuncio del cumplimiento total y plenitud de las promesas de Dios que se realizar\u00e1 al final de los tiempos, en el banquete celestial.<\/p>\n<p>II. Presentaci\u00f3n catequ\u00e9tica de la eucarist\u00ed\u00ada<br \/>\n1. LA PEDAGOG\u00ed\u008dA DE DIOS EN FUNCI\u00ed\u201cN DEL MENSAJE DE LA EUCARIST\u00ed\u008dA. La actual sociolog\u00ed\u00ada religiosa afirma que la Iglesia realiza hoy la labor de educaci\u00f3n de la fe, con personas marcadas por una cultura secularizada (ChL 4), de car\u00e1cter pluralista e influida por los medios de comunicaci\u00f3n-la imagen. Por eso, a la hora de aplicar los principios que el nuevo Directorio general para la catequesis (DGC) se\u00f1ala, sobre la pedagog\u00ed\u00ada de Dios, fuente y modelo de la pedagog\u00ed\u00ada de la fe (3a parte, cap. 1), hemos optado por ce\u00f1irnos a tres de ellos: la dimensi\u00f3n mist\u00e9rica de la eucarist\u00ed\u00ada, su centralidad en torno a Cristo y su manifestaci\u00f3n a trav\u00e9s de los s\u00ed\u00admbolos y experiencias.<\/p>\n<p>a) Catequesis mist\u00e9rica. \u00abLa catequesis es una pedagog\u00ed\u00ada que se inserta y sirve al di\u00e1logo de la salvaci\u00f3n entre Dios y la persona, poniendo de relieve debidamente el destino universal de la salvaci\u00f3n; en lo que concierne a Dios, subraya la iniciativa divina, la motivaci\u00f3n amorosa, la gratuidad, el respeto a la libertad; en lo que se refiere al hombre, pone en evidencia la dignidad del don recibido y la exigencia de crecer constantemente en \u00e9l\u00bb (DGC 143b).<br \/>\nEste principio iluminador indica la importancia, en toda catequesis sobre la eucarist\u00ed\u00ada, de algunos aspectos del mensaje cristiano como eucarist\u00ed\u00ada y acci\u00f3n de gracias, comuni\u00f3n con el Resucitado y presencia de Cristo en la eucarist\u00ed\u00ada. Lo m\u00e1s fontal en la catequesis de la eucarist\u00ed\u00ada es presentar la entrega -impregnada de injusticias y generosidad- del Cristo hist\u00f3rico, y la presencia gratuita del Resucitado. Esto lo necesita especialmente el hombre de hoy. El hombre posmoderno, desconfiado de todo y nihilista sin angustia, \u00e1vido inconsciente de buenas noticias, necesita saber que Dios es, ante todo, buena noticia, presencia salvadora y vivificante, comida que garantiza calidad de vida para todas las edades y anticipo de nuevos cielos y nueva tierra, en los que habite la justicia (2Pe 3,13).<\/p>\n<p>b) Catequesis cristoc\u00e9ntrica. La pedagog\u00ed\u00ada divina insiste en el reconocimiento de la centralidad de Jesucristo, Palabra de Dios hecha carne (DGC 143). En la exposici\u00f3n teol\u00f3gica tambi\u00e9n se ha tenido presente esta dimensi\u00f3n, vinculando la eucarist\u00ed\u00ada a la pascua, hecho central del misterio de Jesucristo: Cristo, aut\u00e9ntico cordero pascual; Cristo, servidor sacrificado; Cristo, liberador por su muerte y resurrecci\u00f3n; Cristo, pan de vida. Jes\u00fas, como signo de esta alianza pascual, se hace grano de trigo que cae en tierra, muere y da mucho fruto (cf Jn 12,23-24).<\/p>\n<p>La eucarist\u00ed\u00ada es una experiencia de fe, un encuentro personal con Cristo viviente, que quiere comunicarnos cada vez m\u00e1s su alegr\u00ed\u00ada, su fuerza y la novedad y plenitud de vida que \u00e9l, como Se\u00f1or resucitado, posee y por su Esp\u00ed\u00adritu nos comunica. Si la eucarist\u00ed\u00ada es la meta de la iniciaci\u00f3n cristiana, debe presentarse tambi\u00e9n como la fuente primordial en la que se alimenta toda nuestra existencia cristiana, implicando a toda nuestra persona.<\/p>\n<p>c) La pedagog\u00ed\u00ada de los signos y de las experiencias humanas. Seg\u00fan el nuevo Directorio, \u00abla catequesis se hace pedagog\u00ed\u00ada de signos, en la que se entrecruzan hechos y palabras, ense\u00f1anza y experiencia\u00bb (DGC 143). 1) Los s\u00ed\u00admbolos lit\u00fargicos. La conexi\u00f3n entre la liturgia y la catequesis nos facilita, al catequizar la eucarist\u00ed\u00ada, un camino espec\u00ed\u00adfico para proceder seg\u00fan otra l\u00ed\u00adnea de la pedagog\u00ed\u00ada divina: la mistagogia. La liturgia sacramental es rica en signos que nos permiten pasar de lo visible a lo invisible. El lenguaje simb\u00f3lico es el medio adecuado para acercarnos al misterio sacramental de Cristo. 2) Las experiencias humanas. Nuestra vida cotidiana nos depara tambi\u00e9n una rica gama de experiencias que nos facilita la comprensi\u00f3n del sentido de la eucarist\u00ed\u00ada. Es ante todo un gesto de amistad y comuni\u00f3n. Sirve para confirmar un acuerdo, un pacto, una alianza. Puede significar reconciliaci\u00f3n. En un d\u00ed\u00ada de despedida, como en el caso de Jes\u00fas, significa entrega de la vida y de las opciones vitales a favor de una causa humanitaria.<\/p>\n<p>d) Resumen. He aqu\u00ed\u00ad tres claves de la pedagog\u00ed\u00ada divina para presentar la eucarist\u00ed\u00ada al hombre de hoy: 1) la eucarist\u00ed\u00ada como entrega y presencia gratuitas de Dios (acci\u00f3n de gracias y adoraci\u00f3n); 2) la eucarist\u00ed\u00ada como dinamismo pascual de Jesucristo resucitado (presencia vivificante del Resucitado, y 3) la eucarist\u00ed\u00ada como signo del amor sin l\u00ed\u00admites de Dios a la humanidad y de la fuerza del servicio generoso por los hermanos (s\u00ed\u00admbolo din\u00e1mico de gratuidad y de amor fraterno). Y a\u00f1adimos una cuarta clave, recordada en los sacramentos del bautismo y confirmaci\u00f3n: 4) La eucarist\u00ed\u00ada como condescendencia de Dios, por la que sale a nuestro encuentro, acept\u00e1ndonos tal como estamos y somos, cercano, amigo y salvador, especialmente en su Hijo encarnado, hecho sacrificio de liberaci\u00f3n.<\/p>\n<p>2. ALGUNOS CONTENIDOS DEL MENSAJE EUCAR\u00ed\u008dSTICO CON PISTAS METODOL\u00ed\u201cGICAS. En este apartado seleccionamos algunas propuestas de contenidos fundamentadas en las fuentes de la revelaci\u00f3n y adaptadas a la situaci\u00f3n religiosa de las personas en la cultura actual, que pueden servir para integrar estos contenidos en distintas programaciones.<\/p>\n<p>a) La eucarist\u00ed\u00ada como t\u00e9rmino de la iniciaci\u00f3n cristiana. Unidad de los tres sacramentos. La eucarist\u00ed\u00ada es el sacramento que sella definitivamente la iniciaci\u00f3n cristiana, empezada en el bautismo y completada en la confirmaci\u00f3n (CCE 1322; cf IC 28, 45-47). No debemos perder de vista que antiguamente los tres sacramentos de la iniciaci\u00f3n -bautismo, confirmaci\u00f3n, eucarist\u00ed\u00ada- se celebraban y recib\u00ed\u00adan juntos seg\u00fan el orden indicado y dentro de la gran vigilia pascual. Por ello, es importante que los que se acercan a participar plenamente en la eucarist\u00ed\u00ada por primera vez -sean ni\u00f1os, j\u00f3venes o adultos- sean catequizados para renovar antes, con una fe m\u00e1s consciente, las promesas del bautismo y la profesi\u00f3n de fe.<br \/>\nb) La eucarist\u00ed\u00ada como alimento de la vida del cristiano:<br \/>\n&#8211; La eucarist\u00ed\u00ada dominical. La eucarist\u00ed\u00ada acompa\u00f1a la vida de los cristianos a trav\u00e9s, sobre todo, de la celebraci\u00f3n dominical. Si el domingo es el d\u00ed\u00ada de la resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or, es natural que, desde los primeros tiempos del cristianismo, la mejor manera de celebrarlo se haya llevado a cabo mediante la participaci\u00f3n en la eucarist\u00ed\u00ada, memorial de su muerte y resurrecci\u00f3n (cf DD 34; cf IC 51-52).<\/p>\n<p>&#8211; La asamblea cristiana, la palabra de Dios, la caridad fraterna, la fiesta y la alegr\u00ed\u00ada son elementos del domingo que adquieren significaci\u00f3n a partir de la eucarist\u00ed\u00ada9.<\/p>\n<p>&#8211; La eucarist\u00ed\u00ada, anuncio y realizaci\u00f3n de liberaci\u00f3n. Jes\u00fas, al realizar el gesto provocador de acercarse a todo tipo de gente de su pueblo, fariseos y pecadores, manifestaba un gran s\u00ed\u00admbolo del Reino. Dios reina acerc\u00e1ndose a los hombres como el samaritano al tendido en la cuneta, el padre al hijo pr\u00f3digo, el pastor a la oveja perdida. As\u00ed\u00ad Jes\u00fas mostraba cu\u00e1nto quer\u00ed\u00ada Dios a los hombres. En Jes\u00fas, Dios se acercaba (condescend\u00ed\u00ada [cf DGC 146]) a enjugar las l\u00e1grimas, perdonaba, se pon\u00ed\u00ada de parte de los pobres, destru\u00ed\u00ada la muerte.<\/p>\n<p>La catequesis eucar\u00ed\u00adstica da conciencia de que la liberaci\u00f3n manifestada en Jes\u00fas se hace realidad hoy para nosotros en ella. Comunidad eucar\u00ed\u00adstica es una comunidad inconformista con el presente del mundo, que come y bebe no para divertirse, sino para robustecerse en la marcha por la transformaci\u00f3n de la tierra en Reino de fraternidad10.<\/p>\n<p>Pero la eucarist\u00ed\u00ada tiene, adem\u00e1s, la energ\u00ed\u00ada de la liberaci\u00f3n definitiva, y as\u00ed\u00ad nos anticipa aquella vida nueva que ser\u00e1 felicidad plena en la vida inmortal de Dios, y que nosotros -como decimos- queremos vivir y adelantar aqu\u00ed\u00ad y ahora a trav\u00e9s de todo aquello que haga de nuestro mundo un mundo m\u00e1s humano y fraterno (CCE 1402-1405).<\/p>\n<p>&#8211; La eucarist\u00ed\u00ada y la liberaci\u00f3n en la vida cristiana de cada d\u00ed\u00ada. Concretando m\u00e1s el inconformismo expresado respecto de nuestro mundo, la catequesis de la eucarist\u00ed\u00ada quiere tener presente la uni\u00f3n de fe y vida. Es necesario que este misterio de amor, que celebramos en la eucarist\u00ed\u00ada, produzca frutos todos los d\u00ed\u00adas y cure los males m\u00e1s difundidos hoy, llev\u00e1ndonos a todos a interesarnos por el hermano, a ayudarlo, a cambiar situaciones y hasta estructuras que ofenden gravemente la dignidad humana11.<\/p>\n<p>Toda eucarist\u00ed\u00ada nos exige el compromiso y, al mismo tiempo, quiere ponernos en disposici\u00f3n para renunciar a nosotros mismos y vivir con todos como hijos de Dios.<\/p>\n<p>c) El camino de las Escrituras, en especial el Nuevo Testamento. Los textos b\u00ed\u00adblicos que deben vertebrar las catequesis sobre la eucarist\u00ed\u00ada, sacramento de la iniciaci\u00f3n cristiana y sacramento, a la vez, que alimenta la vida cristiana normal, son los del anuncio, la promesa y la instituci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada. Pero las fuentes evang\u00e9licas contienen otros pasajes que, combinados con los anteriores, nos permiten presentar las muchas riquezas de este sacramento. Ofrecemos tres propuestas de catequesis.<\/p>\n<p>&#8211; Primera propuesta. Recrear el clima en el que se instituy\u00f3 la eucarist\u00ed\u00ada ser\u00e1 una buena metodolog\u00ed\u00ada para adentrarse en la profundidad de lo que el sacramento significa. Para ello, leemos los relatos de los cuatro evangelistas (Mt 26,26-30; Mc 14,22-26; Lc 14,24-32; In 13,1-15) que nos ofrecer\u00e1n las distintas caras del mismo acontecimiento, junto con la profunda intensidad de sentimientos que all\u00ed\u00ad se vivieron y que nosotros tambi\u00e9n queremos revivir. Imaginemos el ambiente: la muerte de Jes\u00fas que se ve pr\u00f3xima, la tensi\u00f3n, el cari\u00f1o mutuo&#8230;<\/p>\n<p>&#8211; Segunda propuesta: El texto pascual de los disc\u00ed\u00adpulos de Ema\u00fas (Lc 24,13-35). Con estas pistas se aborda una catequesis eucar\u00ed\u00adstica en orden a personas que tienen crisis de fe y se encuentran necesitadas de una nueva evangelizaci\u00f3n (cf DGC 58c), que se realiza mediante una catequesis kerigm\u00e1tica o una precatequesis (cf DGC 62). En este pasaje, en definitiva, Cristo glorioso nos invita a recorrer con \u00e9l el camino, como hiciera un d\u00ed\u00ada con los disc\u00ed\u00adpulos de Ema\u00fas. Se lleva a cabo en cuatro momentos: 1) La crisis (Lc 24,13-24); 2) el tiempo de la Palabra (24,25-27); 3) la Mesa (24,28-31), y 4) superada la crisis, el regreso a la comunidad y la realizaci\u00f3n de la misi\u00f3n.<\/p>\n<p>Para personas creyentes, este pasaje sirve para clarificar el camino que se ha de seguir para reactivar la vida cristiana.<\/p>\n<p>&#8211; Tercera propuesta. Una v\u00ed\u00ada de acceso a la vivencia de la eucarist\u00ed\u00ada puede ser sintetizar los aspectos fundamentales del misterio eucar\u00ed\u00adstico en siete verbos para otras tantas sesiones: 1) tener hambre; 2) compartir mesa; 3) recordar; 4) entregar; 5) anticipar el Reino en el hoy y para el mundo futuro; 6) tragarse (asimilar la mentalidad) a Jes\u00fas; 7) bendecir y dejarse bendecir, en las dos dimensiones: de alabanza y de compartir12.<\/p>\n<p>3. UNA CATEQUESIS DE LA EUCARIST\u00ed\u008dA PARA LAS DIVERSAS EDADES. Desde el comienzo de este apartado advertimos que la catequesis sobre la eucarist\u00ed\u00ada para las distintas edades tendr\u00e1 mucha relaci\u00f3n con la catequesis por edades relativa a los sacramentos iniciatorios del bautismo y la confirmaci\u00f3n que se presenta en este Diccionario. Las alusiones y referencias ser\u00e1n frecuentes.<\/p>\n<p>a) Adultos (de 30 a 65 a\u00f1os) y j\u00f3venes (19-29 a\u00f1os). Estos adultos y j\u00f3venes (a excepci\u00f3n de algunos matices), se encuentran normalmente en cuatro situaciones distintas de fe: 1) Unos son catec\u00famenos que realizan el proceso catequ\u00e9tico en un catecumenado bautismal. 2) Otros son cristianos bautizados, incluso practicantes, que completan su iniciaci\u00f3n cristiana en grupos de catequesis de inspiraci\u00f3n catecumenal. Los dos grupos cultivan una catequesis iniciatoria o reiniciatoria. 3) Otros son bautizados alejados de la fe, que est\u00e1n en situaci\u00f3n de nueva evangelizaci\u00f3n y, con frecuencia, son padres de ni\u00f1os, preadolescentes y adolescentes, que acuden a la catequesis parroquial. Necesitan una catequesis kerigm\u00e1tica o precatequesis. 4) Otros, en fin, son cristianos practicantes dominicales, a quienes ha de proporcion\u00e1rseles una catequesis permanente.<\/p>\n<p>&#8211; Para una catequesis sobre la eucarist\u00ed\u00ada en un catecumenado (estricto) de adultos y j\u00f3venes y para una catequesis de adultos de inspiraci\u00f3n catecumenal. Tanto los catec\u00famenos como los catequizandos adultos y j\u00f3venes ya disponen de un nivel de fe suficiente -mediante el precatecumenado o la precatequesis- como para adentrarse en el misterio eucar\u00ed\u00adstico.<\/p>\n<p>En los catec\u00famenos adultos la dificultad para asumir el misterio de la eucarist\u00ed\u00ada est\u00e1 en lo que esta encierra de misterio, con matices muy variados. En cambio, las dificultades de esta catequesis eucar\u00ed\u00adstica para adultos cristianos proviene, adem\u00e1s, de su praxis, es decir, de experimentar la rutina de acudir a la eucarist\u00ed\u00ada a\u00f1os y a\u00f1os sin mejora sensible en su vida cristiana. \u00bfQu\u00e9 elementos se han de poner en juego para ayudar a asimilar vitalmente este misterio central cristiano?<br \/>\nEn cuanto a contenidos del mensaje eucar\u00ed\u00adstico: 1) La cena del Se\u00f1or, memorial de la liberaci\u00f3n de Israel (pascua) mediante el cordero sacrificado, y de nuestra liberaci\u00f3n integral mediante la muerte y resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, el Se\u00f1or. 2) La eucarist\u00ed\u00ada, actualizaci\u00f3n de la nueva alianza de Dios con nosotros, mediante Cristo sacrificado y resucitado. 3) La eucarist\u00ed\u00ada, comida familiar de los hijos de Dios en que comemos a Cristo, pan de vida, y entramos en comuni\u00f3n con \u00e9l. 4) La eucarist\u00ed\u00ada, acci\u00f3n de gracias a Dios y de alabanza por su amor y sus dones. 5) La eucarist\u00ed\u00ada, sacrificio de comuni\u00f3n entre los hermanos y compromiso de entrega a los m\u00e1s pobres. 6) Descripci\u00f3n viva de la din\u00e1mica de la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>En cuanto a pistas pedag\u00f3gicas: 1) Un gran medio audiovisual es la narraci\u00f3n -la teolog\u00ed\u00ada narrativa- de los datos de la historia del Antiguo y del Nuevo Testamento y de la historia de la Iglesia, en especial de los primeros siglos, a la vez que se ofrece la significaci\u00f3n cristiana de los mismos. 2) Pedagog\u00ed\u00ada mistag\u00f3gica de la eucarist\u00ed\u00ada, a partir de s\u00ed\u00admbolos como la comunidad-asamblea, los ritos de entrada, la Palabra, el pan y el vino, la plegaria eucar\u00ed\u00adstica, la comuni\u00f3n, el env\u00ed\u00ado, etc. 3) Pedagog\u00ed\u00ada de las experiencias humanas subyacentes a la eucarist\u00ed\u00ada: reunirse, celebrar, comer, participar, recordar, esperar, compartir&#8230; 4) Para los ne\u00f3fitos, el principal lugar de la mistagogia lo constituyen las llamadas misas para los ne\u00f3fitos, es decir, las misas de los domingos del tiempo pascual. En estas eucarist\u00ed\u00adas, adem\u00e1s de la comunidad de los fieles reunida y de la participaci\u00f3n de los misterios, los ne\u00f3fitos encuentran un alimento especial en las lecturas del Leccionario del ciclo A, sumamente adecuadas para profundizar en el misterio eucar\u00ed\u00adstico (cf RICA 40). No obstante, antes de la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada del S\u00e1bado santo, tambi\u00e9n son un aprendizaje para la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica los ritos lit\u00fargicos que van a impulsar el crecimiento de los catec\u00famenos, como son: celebraciones de la Palabra, la participaci\u00f3n en la primera parte de la misa, bendiciones y exorcismos menores (sacramentales) y los ritos de transici\u00f3n de etapa a etapa (cf RICA 19). 5) Para los adultos cristianos que cultivan una catequesis reiniciatoria, el mejor instrumento de catequesis mistag\u00f3gica es celebrar en momentos oportunos la eucarist\u00ed\u00ada, reflexionando despu\u00e9s sobre alguno de sus ritos o signos, para profundizar en el misterio eucar\u00ed\u00adstico (cf RICA 40; IC 48-50, 132). Tambi\u00e9n pueden ser buen medio de profundizaci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica las celebraciones optativas de las entregas del credo, padrenuestro, la Biblia, etc. (cf RICA 25; IC 133).<\/p>\n<p>&#8211; Los bautizados, alejados de la fe, padres y madres de muchos de nuestros catequizandos de todas las edades, necesitan una nueva evangelizaci\u00f3n y, por tanto, de inmediato, una catequesis kerigm\u00e1tica o precatequesis (cf DGC 58, 62; IC 129). Estas familias j\u00f3venes, en efecto, vienen generalmente con motivo de la primera penitencia y primera eucarist\u00ed\u00ada de sus hijos. Si la comunidad cristiana tiene sensibilidad misionera, se dar\u00e1 cuenta no s\u00f3lo de que vienen de lejos, sino tambi\u00e9n de si tienen alg\u00fan inter\u00e9s o inquietud por el evangelio, al menos, por apoyar \u00e1 sus hijos. Si fuera as\u00ed\u00ad, antes que la catequesis sobre la eucarist\u00ed\u00ada, habr\u00ed\u00ada que abordar con estas familias la revitalizaci\u00f3n de su fe mediante la llamada precatequesis (cf DGC 62).<\/p>\n<p>Efectivamente, un buen n\u00famero de estos padres j\u00f3venes (30-45 a\u00f1os) manifiestan una actitud de indiferencia religiosa. Otros, asegurando ser creyentes, se han alejado de la pr\u00e1ctica dominical. Otros, en fin, sin dejar de practicar, han perdido su confianza en la Iglesia. Estas situaciones permiten realizar con los padres una llamada a la recuperaci\u00f3n de la fe.<\/p>\n<p>Con el primer grupo de padres -alejados indiferentes- que responden motivados, pero libremente, a la convocatoria, se puede seguir una precatequesis a partir de sus experiencias humanas profundas: valoraci\u00f3n de la dignidad humana; falta de valores en la educaci\u00f3n; convivir, una necesidad y un problema; el anhelo de vivir en justicia y solidaridad; b\u00fasqueda de la felicidad; vivir para ser o vivir para tener; aspiraci\u00f3n a vivir los valores democr\u00e1ticos; el acoso del dolor y de las debilidades morales \u00bfpuede tener sentido?; etc. Es la precatequesis para la catequesis del sacramento del bautismo de adultos (30-65 a\u00f1os) y j\u00f3venes (19-29 a\u00f1os). Tanto en el caso de adultos no bautizados, como en el de adultos bautizados pero religiosamente indiferentes, el primer paso que han de dar es la conversi\u00f3n a Jes\u00fas, el Se\u00f1or. En nuestro caso -la eucarist\u00ed\u00ada- se realiza mediante una precatequesis (cf DGC 62) que englobe la propia vida humana. S\u00ed\u00adgase la pista all\u00ed\u00ad sugerida, sobre todo en los dos \u00faltimos p\u00e1rrafos.<\/p>\n<p>Con los padres creyentes, pero no practicantes, y con los que sienten desconfianza hacia la Iglesia -creyentes y, en alg\u00fan sentido, alejados-la precatequesis podr\u00ed\u00ada realizarse abordando, de forma actualizada, aspectos de la fe o de la moral que para ellos han perdido credibilidad: la imagen de un Dios justiciero por la de Padre bueno y misericordioso con todos; un Cristo salvador del hombre e incluso resucitado, pero ajeno a sus esperanzas y angustias de cada d\u00ed\u00ada, por un Jes\u00fas viviente, presente y acompa\u00f1ante de cada persona y de la humanidad; una Iglesia, considerada como enemiga de la libertad y del lado de los poderosos, por una Iglesia servidora de la promoci\u00f3n humana y de los pobres; una moral centrada en el pecado mortal y en la condenaci\u00f3n eterna por una moral de la caridad y de las bienaventuranzas.<\/p>\n<p>Reavivada la fe en estos adultos j\u00f3venes -padres de familia-, puede seguirse una catequesis de adultos sobre la eucarist\u00ed\u00ada, que les prepare para la celebraci\u00f3n de la de sus hijos. Estas precatequesis piden al menos una reuni\u00f3n mensual, bien convocada y preparada a lo largo de un curso.<\/p>\n<p>&#8211; Los cristianos practicantes dominicales tambi\u00e9n han de alimentar su fe en el misterio de la eucarist\u00ed\u00ada. Siendo para ellos la eucarist\u00ed\u00ada de cada domingo el alimento principal de su vida cristiana, los responsables de la comunidad han de proporcionarles -cada 2 o 3 a\u00f1os- un ciclo de breves reflexiones sobre los aspectos centrales de la misa dominical. Es su catequesis permanente. Se podr\u00e1n aprovechar algunos domingos del tiempo ordinario para predicar algunas homil\u00ed\u00adas sobre la eucarist\u00ed\u00ada, en relaci\u00f3n con los propios ritos y s\u00ed\u00admbolos de la celebraci\u00f3n.<\/p>\n<p>b) Ni\u00f1os (6-9 a\u00f1os y 9-11 a\u00f1os). De acuerdo con una costumbre consolidada, es en esta etapa en la que, de ordinario, tiene lugar de manera organizada el segundo paso de la iniciaci\u00f3n cristiana: la llamada primera comuni\u00f3n. Con la preparaci\u00f3n a la celebraci\u00f3n de los sacramentos (penitencia y eucarist\u00ed\u00ada) se comienza la primera formaci\u00f3n org\u00e1nica de la fe del ni\u00f1o y su incorporaci\u00f3n consciente a la vida de la Iglesia (cf DGC 178d). En la adolescencia y primera juventud (12-18, 20 a\u00f1os) se suele dar de hecho, en muchas Iglesias particulares, el tercer y \u00faltimo paso de la iniciaci\u00f3n cristiana, con el catecumenado para la celebraci\u00f3n de la confirmaci\u00f3n y la participaci\u00f3n en la eucarist\u00ed\u00ada de la comunidad adulta (cf DGC 18Id). A todo este per\u00ed\u00adodo, con todos sus medios religioso-familiares, catequ\u00e9ticos y sacramentales, el Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica lo llama catecumenado posbautismal. \u00abNo se trata -dice- s\u00f3lo de la necesidad de una instrucci\u00f3n posterior al bautismo, sino del desarrollo necesario de la gracia bautismal en el crecimiento de la persona. Es el momento propio de la catequesis (iniciatoria)\u00bb (CCE 1231; cf DGC 51b).<\/p>\n<p>&#8211; La catequesis de la eucarist\u00ed\u00ada para los ni\u00f1os de las edades sacramentales (6-9 a\u00f1os) tiene sus ra\u00ed\u00adces principalmente en el clima familiar y tambi\u00e9n en el de otras comunidades cristianas educativas: la escuela y la catequesis de la comunidad cristiana. No basta que estas susciten el sentido de Dios y de Jes\u00fas: tambi\u00e9n han de estimular en los ni\u00f1os, a su medida, \u00ablos valores humanos subyacentes en la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada: la acci\u00f3n comunitaria, el saludo, la capacidad de escucha y tambi\u00e9n de pedir y de otorgar perd\u00f3n, la expresi\u00f3n de agradecimiento, la experiencia de las acciones simb\u00f3licas, del convite fraternal, de la celebraci\u00f3n festiva\u00bb 13.<\/p>\n<p>La catequesis parroquial ofrecer\u00e1 a los ni\u00f1os los conocimientos sobrios que sobre el misterio eucar\u00ed\u00adstico presentan los catecismos y los materiales did\u00e1cticos. En el proceso pedag\u00f3gico quiz\u00e1 sea suficiente en este per\u00ed\u00adodo partir de las comidas festivas. A los ni\u00f1os les gusta comer con los mayores, en familia, al celebrar acontecimientos importantes. Todos los detalles de la fiesta son para los ni\u00f1os signos de alegr\u00ed\u00ada, de encuentro, de amor compartido. Ayudarles, despu\u00e9s a descubrir que la reuni\u00f3n-comida de la eucarist\u00ed\u00ada es la fiesta que Jes\u00fas ide\u00f3 para que todos nos encontr\u00e1ramos alegres con \u00e9l, como amigos y hermanos. Llevarles a participar en la escucha de la Palabra, en la acci\u00f3n de gracias al Padre por Jes\u00fas, el Se\u00f1or, animado por el Esp\u00ed\u00adritu, y la comida del cuerpo de Cristo nuestro salvador. Motivar, por fin, a los ni\u00f1os a tomar parte en la eucarist\u00ed\u00ada, comida fraterna de los cristianos adultos.<\/p>\n<p>Un camino experiencial para abrir a los ni\u00f1os a la vida lit\u00fargica -tambi\u00e9n a la eucarist\u00ed\u00ada- es la pedagog\u00ed\u00ada de la participaci\u00f3n en celebraciones de diverso g\u00e9nero, mediante las cuales, \u00abpor la fuerza misma de la celebraci\u00f3n, los ni\u00f1os perciben m\u00e1s f\u00e1cilmente algunos elementos lit\u00fargicos tales como el saludo, el silencio, la alabanza com\u00fan, sobre todo aquella que se realiza cantando\u00bb14.<\/p>\n<p>Aunque la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada est\u00e1 concebida para personas adultas en la fe, los ni\u00f1os que asisten a ella con sus padres -durante los a\u00f1os de la catequesis presacramental y aun antes- pueden desarrollar cierta sensibilidad favorable a la celebraci\u00f3n. No suceder\u00e1 esto por el conocimiento, sino por la sinton\u00ed\u00ada afectivo-intuitiva con que los ni\u00f1os se acercan a las personas y a los acontecimientos. Estas experiencias religiosas, un poco cuidadas por los padres y responsables de la celebraci\u00f3n, marcan para toda la vida, por la fuerza festivo-testimonial de los padres y de la asamblea.<\/p>\n<p>Si los padres son indiferentes, pero desean proporcionar a sus hijos una formaci\u00f3n cristiana, se les debe invitar, al menos, a que les eduquen en los valores humanos arriba indicados y a que tomen parte en las reuniones con otros padres y en las celebraciones no eucar\u00ed\u00adsticas que se realicen con los ni\u00f1os de la catequesis.<\/p>\n<p>&#8211; La catequesis eucar\u00ed\u00adstica para los ni\u00f1os de 9-11 a\u00f1os suele ofrecerles conocimientos m\u00e1s sistem\u00e1ticos sobre la eucarist\u00ed\u00ada, como lo pide su evoluci\u00f3n intelectual. T\u00e9ngase en cuenta, no obstante, su tendencia a la extraversi\u00f3n psicol\u00f3gica, que les suele privar de la interioridad necesaria para crecer en la experiencia de fe. Por eso, con estos ni\u00f1os tambi\u00e9n es muy \u00fatil la pedagog\u00ed\u00ada de la participaci\u00f3n en celebraciones de diverso g\u00e9nero. En bastantes Iglesias diocesanas la catequesis de iniciaci\u00f3n cristiana contin\u00faa hasta la celebraci\u00f3n de la confirmaci\u00f3n al final de la preadolescencia (14 a\u00f1os) o de la adolescencia (17-18 a\u00f1os). No obstante, tambi\u00e9n hay di\u00f3cesis en que la iniciaci\u00f3n cristiana concluye con la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada en la ni\u00f1ez adulta, para lo cual el catecismo diocesano o regional desarrolla los temas eucar\u00ed\u00adsticos en esta direcci\u00f3n.<\/p>\n<p>El Directorio para las misas con ni\u00f1os es un instrumento pedag\u00f3gico que debe ser m\u00e1s conocido y utilizado para la catequesis y la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada con todos los ni\u00f1os (6-11 a\u00f1os).<\/p>\n<p>c) Los adolescentes (12-14 y 15-18 a\u00f1os). En esta edad distinguimos la primera adolescencia -preadolescencia- y la adolescencia adulta. La diferencia psicol\u00f3gico-evolutiva es importante.<\/p>\n<p>&#8211; Los preadolescentes (12-14 a\u00f1os). Todo cuanto se ha recordado de las caracter\u00ed\u00adsticas de esta edad a prop\u00f3sito del bautismo de preadolescentes, as\u00ed\u00ad como lo indicado sobre el tipo de catequesis para esta edad, necesitada de conversi\u00f3n religiosa a Dios, al Se\u00f1or, mediante una precatequesis o catequesis kerigm\u00e1tica (cf DGC 62) y de una catequesis iniciatoria un tanto flexible, sirve para la catequesis sobre la eucarist\u00ed\u00ada. Tambi\u00e9n es aplicable a esta las orientaciones pedag\u00f3gicas all\u00ed\u00ad indicadas para los sacramentos de la iniciaci\u00f3n.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed\u00ad dos pistas concretas para el acceso al misterio de la eucarist\u00ed\u00ada. 1) Primera, el preadolescente vive valores como el compa\u00f1erismo en el grupo, el compartir en com\u00fan, el abrirse a otros en su necesidad de comunicarse&#8230; que tienen mucho que ver con esa cumbre del compartir que se celebra con Jes\u00fas en la eucarist\u00ed\u00ada: \u00abmi cuerpo entregado por&#8230;\u00bb, \u00abmi sangre derramada por&#8230;\u00bb, y cuando se pasa a la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica en clima de narraci\u00f3n y contemplaci\u00f3n&#8230; 2) Segunda, el preadolescente necesita de alguien que camine con \u00e9l, alguien en quien apoyarse, que lo valore y le ayude a autoestimarse&#8230; Esta necesidad de alguien puede ayudarle a descubrir, en la gran variedad de signos de la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica, la presencia de Jes\u00fas: la Palabra, la comunidad, de manera especial el  pan y el vino consagrados&#8230;; tambi\u00e9n, los que le ayudan y necesitan de su ayuda. \u00c2\u00a1Urge salir al encuentro de los otros que me necesitan! Los apoyos b\u00ed\u00adblicos ser\u00ed\u00adan: \u00abHaced esto en memoria m\u00ed\u00ada\u00bb. \u00abNo tem\u00e1is&#8230; soy yo\u00bb; \u00abNo teng\u00e1is miedo&#8230; Yo estoy y estar\u00e9 con vosotros\u00bb&#8230; \u00abEl Se\u00f1or es mi pastor&#8230;\u00bb (Salmo 22), \u00abLavaos los pies unos a otros&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>&#8211; Los adolescentes (15-18 a\u00f1os). La situaci\u00f3n normal, en muchas comunidades cristianas, para abordar la catequesis eucar\u00ed\u00adstica a esta edad suele ser la preparaci\u00f3n a la confirmaci\u00f3n, que culmina con la celebraci\u00f3n de esta dentro de la eucarist\u00ed\u00ada, en la que los j\u00f3venes en ciernes ingresan conscientes en la comunidad adulta. Asumimos cuanto se dice en este Diccionario, a prop\u00f3sito de la confirmaci\u00f3n, sobre la situaci\u00f3n religiosa de estos adolescentes, sobre el tipo de catequesis preconfirmatoria que suele hacerse, y del estilo de proceso catecumenal que convendr\u00ed\u00ada hacer (desde el punto primero al sexto).<\/p>\n<p>En cuanto a la catequesis eucar\u00ed\u00adstica, lo que m\u00e1s necesitan los adolescentes es descubrir el sentido de la celebraci\u00f3n; y esto depende de su relaci\u00f3n de intimidad con Cristo y del descubrimiento de su grupo como c\u00e9lula de Iglesia, unido a otros grupos de Iglesia.<\/p>\n<p>En efecto: 1) La relaci\u00f3n de intimidad con Cristo abarcar\u00ed\u00ada progresivamente: Jes\u00fas, como h\u00e9roe a quien admirar; Jes\u00fas como referente a quien observar e imitar; Jes\u00fas como amigo con quien confidenciarse; Jes\u00fas como presencia interior (Dios encarnado, vivo y vivificador), en quien confiar absolutamente; Jes\u00fas como salvador, por quien sentirse liberado en plenitud, y Jes\u00fas como se\u00f1or y maestro a quien seguir -a quien vivir- con los dem\u00e1s disc\u00ed\u00adpulos. 2) El descubrimiento del propio grupo como sacramento de la Iglesia aporta a los adolescentes una fuerte carga de liberaci\u00f3n de soledad e impulso de comuni\u00f3n y misi\u00f3n. Comprueban que es el grupo el que los abre a los dem\u00e1s, les da seguridad; en \u00e9l comparten la vida, la fe y la esperanza; les impulsa a vivir el proyecto de vida de Jes\u00fas; en \u00e9l experimentan la com\u00fanuni\u00f3n con el Padre y la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu&#8230;, y la urgencia de salir al mundo.<\/p>\n<p>Desde estas dos experiencias cristianas se puede desarrollar una buena mistagogia o pedagog\u00ed\u00ada que les lleve a acoger el misterio de la eucarist\u00ed\u00ada: escuchar la narraci\u00f3n de la cena pascual jud\u00ed\u00ada y la cena de Jes\u00fas; nosotros somos ese pueblo-familia que celebra en gozo y hace memoria de su liberaci\u00f3n hoy, que toma conciencia de su identidad, que participa de la comida que fortalece, que se sabe enviado a los hermanos, a\u00fan no liberados, que reclaman con urgencia la salvaci\u00f3n integral de Jes\u00fas&#8230; A su vez, la eucarist\u00ed\u00ada, celebrada con este vigor comunitario, cristoc\u00e9ntrico y liberador, vigoriza estas dos experiencias: la de la intimidad con Jes\u00fas y la de la Iglesia -grupo eclesial- como comunidad de liberaci\u00f3n y fraternidad, abierta a las necesidades de los hermanos.<\/p>\n<p>d) Las personas mayores (de 65 a\u00f1os en adelante). El nuevo DGC contempla a las personas mayores no como un \u00abobjeto pasivo, m\u00e1s o menos molesto\u00bb (DGC 186), sino con una mirada de fe, \u00abcomo un don de Dios a la Iglesia y a la sociedad, a las que hay que dedicar el cuidado de una catequesis adecuada; tienen a ello el mismo derecho y deber que los dem\u00e1s cristianos\u00bb (DGC 186).<\/p>\n<p>Esta catequesis con personas mayores est\u00e1 muy condicionada por su salud: si est\u00e1n internadas en una residencia y gozan de buena salud; si est\u00e1n en su casa o en la de sus hijos y si pueden salir o est\u00e1n impedidas para hacerlo. Nos referimos aqu\u00ed\u00ad a aquellos mayores que pueden reunirse en alg\u00fan local parroquial o residencial, vivan donde vivan.<\/p>\n<p>Las personas mayores pueden llegar a esta edad: unas con una fe s\u00f3lida y rica; otras con una fe m\u00e1s o menos oscurecida y una d\u00e9bil pr\u00e1ctica cristiana (cf DGC 187a). Ante estas dos situaciones generales, sugerimos algunas orientaciones diferenciadas para la catequesis sobre la eucarist\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>&#8211; Los mayores con una fe s\u00f3lida debieran ser invitados a una formaci\u00f3n permanente en la fe, haciendo, a lo largo del a\u00f1o, un ciclo de catequesis sobre los sacramentos. Para tratar la catequesis de la eucarist\u00ed\u00ada, ser\u00ed\u00ada provechoso desarrollarla recorriendo el esquema de la celebraci\u00f3n: rito de entrada, liturgia de la Palabra, liturgia eucar\u00ed\u00adstica, rito de la comuni\u00f3n y ritos de despedida. El breve desarrollo de cada parte podr\u00ed\u00ada hacerse explicando los diversos s\u00ed\u00admbolos eucar\u00ed\u00adsticos que aparecen en cada parte y que contienen un aspecto importante del misterio eucar\u00ed\u00adstico. La catequesis se extender\u00ed\u00ada en varias sesiones. Ser\u00e1 provechoso -si es posible- poner un \u00e9nfasis especial, dentro de la misa dominical con la tercera edad, en aquella parte que ha sido recientemente catequizada. Es importante exponer las consecuencias para la vida cristiana que entra\u00f1a la rica realidad de la eucarist\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>&#8211; Los mayores con una fe oscurecida y pr\u00e1ctica deficiente. La clave es un di\u00e1logo con estas personas -en encuentros distintos- impregnado de testimonio evang\u00e9lico por parte del catequista-animador cristiano (cf IC 124ss). Los contenidos de los di\u00e1logos pueden ser las experiencias humanas subyacentes a cada una de las partes de la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada: reunirse, escuchar, actitud de acci\u00f3n de gracias, el hecho de despedirse y el regalo de despedida, comer juntos, clima de fiesta&#8230; Despu\u00e9s de desarrollar -en coloquio- cada experiencia, ayudar a ver c\u00f3mo se encuentra esa experiencia en alguna parte de la misa, explicitando la relaci\u00f3n con Jes\u00fas nuestro hermano y salvador. Es procedente aportar datos hist\u00f3ricos de c\u00f3mo los primeros cristianos celebraban la eucarist\u00ed\u00ada. Se puede tantear la posibilidad de celebrar una eucarist\u00ed\u00ada dom\u00e9stica bien preparada y hacer, en otro encuentro, una reflexi\u00f3n -revisi\u00f3n- de c\u00f3mo se vivi\u00f3 el conjunto de la celebraci\u00f3n y las partes m\u00e1s importantes.<\/p>\n<p>NOTAS: 1. TORA, Eucarist\u00ed\u00ada, 431. &#8211; 2. J. M. R. TILLARD, La eucarist\u00ed\u00ada, sacramento de la comuni\u00f3n eclesial, en LAURENT B.-REFOULE R., Iniciaci\u00f3n a la pr\u00e1ctica de la teolog\u00ed\u00ada III. Dogm\u00e1tica 2, Cristiandad, Madrid 1985, 405. -3 Ib, 409. &#8211; 4. J. M. CASTILLO, Eucarist\u00ed\u00ada, en FLORIST\u00ed\u0081N C.-TAMAYO J. J. (eds.), Conceptos fundamentales del cristianismo, Trotta, Madrid 1993, 442. &#8211; 5. J. M. R. TILLARD, o.c., 416. &#8211; 6. Ib. &#8211; 7. Ib, 420. &#8211; 8. J. M. CASTILLO, o.c., 432. &#8211; 9. Cf DD 32-45; 55-58; OBISPOS DE EUSKAL-HERRIA, Carta pastoral de cuaresma y pascua, Celebraci\u00f3n cristiana del domingo, Idatz, San Sebasti\u00e1n 1993, 36. &#8211; 10 Cf J. C. R. GARC\u00ed\u008dA PAREDES, Iniciaci\u00f3n cristiana y eucarist\u00ed\u00ada. Teolog\u00ed\u00ada particular de los sacramentos, San Pablo, Madrid 1997&#8242;, 233-238. &#8211; 11. Cf JUAN PABLO II, Carta sobre el Misterio y culto de la eucarist\u00ed\u00ada, 1980. -12 Cf D. ALEIXANDRE, \u00bfNo se abrasaba nuestro coraz\u00f3n? Caminos de acceso a la eucarist\u00ed\u00ada, Sal Terrae, Santander 1997, 19. &#8211; 13 Directorio para las misas con ni\u00f1os 9, Actualidad catequ\u00e9tica 71-72 (1975) 16. &#8211; &#8216;4 lb, 14.<\/p>\n<p>BIBL.: Adem\u00e1s de la citada en notas, ALDAZ\u00ed\u0081BAL J., Claves para la Eucarist\u00ed\u00ada, CPL, Barcelona 1987; Eucarist\u00ed\u00ada y fraternidad, CPL, Barcelona 1993; ARTO A., Psicolog\u00ed\u00ada evolutiva, CCS, Madrid 1993; Itinerario de la educaci\u00f3n de la fe, CCS, Madrid 1997; BOROBIO D., Proyecto de iniciaci\u00f3n cristiana, Descl\u00e9e de Brouwer, Bilbao 1980; CABIE R., La misa, sencillamente, CPL, Barcelona 1995, 431-445; COFFY R., Feu aix\u00f3 que \u00e9s el meu memorial, Publicacions de l&#8217;Abadia de Montserrat, Montserrat 1982; DURwELL F. X., La eucarist\u00ed\u00ada, sacramento pascual, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1986; FARNES SCHERER P., La celebraci\u00f3n del misterio cristiano seg\u00fan el \u00abCatecismo de la Iglesia cat\u00f3lica\u00bb, en GONZ\u00ed\u0081LEZ DE CARDEDAL 0.-MART\u00ed\u008dNEZ J. A. (eds.), El catecismo posconciliar, San Pablo, Madrid 1993, 132-151; FLORIST\u00ed\u0081N C., Para comprender el catecumenado, Verbo Divino, Estella 1989; GESTEIRA M., La eucarist\u00ed\u00ada, misterio de comuni\u00f3n, Cristiandad, Madrid 1983; GOMIS J., La misa, el domingo, la vida, CPL, Barcelona 1995; JEREMIAS J., La \u00faltima cena. Palabras de Jes\u00fas, Cristiandad, Madrid 1980; JoURNEL P., La misa ayer y hoy, Herder, Barcelona 1988; LEBON J., Para vivir la liturgia, Verbo Divino, Estella 1987; LEON-DUFOUR X., La fracci\u00f3n del pan. Culto y existencia en el Nuevo Testamento, Cristiandad, Madrid 1983; LLIGADAS J., La misa dominical, paso a paso, CPL, Barcelona 1995; LLOPIS J., Compartir el pan y el perd\u00f3n, CCS, Madrid 1996; O\u00ed\u2018ATIBIA I., Eucarist\u00ed\u00ada, en FLORIST\u00ed\u0081N C.-TAMAYO J. J. (eds.), Conceptos fundamentales de pastoral, Cristiandad, Madrid 19832, 309-323; RuFFw1 E., Eucarist\u00ed\u00ada, en DE FIORES S.-GOFFI T. (dirs.), Nuevo diccionario de espiritualidad, San Pablo, Madrid 19914, 659-680; SORAZU E., Celebrar desde los s\u00ed\u00admbolos, CCS, Madrid 1994; TILLARD J. M. R., Carne de la Iglesia, carne de Cristo. En las fuentes de la eclesiolog\u00ed\u00ada de comuni\u00f3n, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1994.<\/p>\n<p>Josep Castany\u00e9 Subirana,<br \/>\nRam\u00f3n Oller Hereu<br \/>\ny Domingo Pedrosa Ar\u00e9s<\/p>\n<p>M. Pedrosa, M. Navarro, R. L\u00e1zaro y J. Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO &#8211; I. Espiritualidad de un misterio: 1. Eucarist\u00ed\u00ada y memorial. 2. Eucarist\u00ed\u00ada banquete. 3. Eucarist\u00ed\u00ada sacrificio &#8211; II. Espiritualidad de una presencia: 1. Alogia cristiana, di\u00e1logo y diaconia. 2. Obediencia y misi\u00f3n &#8211; III. Espiritualidad de una celebraci\u00f3n: 1. Celebraci\u00f3n, culto y edificaci\u00f3n. 2. Celebraci\u00f3n, culto y caridad.<\/p>\n<p>I. Espiritualidad de un misterio<br \/>\n1. EUCARIST\u00ed\u008dA Y MEMORIAL &#8211; El lenguaje lit\u00fargico, expresi\u00f3n de una tradici\u00f3n cristiana cualificada, habla de la eucarist\u00ed\u00ada como del \u00abmysterium fidei\u00bb por excelencia. Seg\u00fan una convicci\u00f3n f\u00e1cil de encontrar tambi\u00e9n fuera del mundo de los simples fieles, la raz\u00f3n por la cual la eucarist\u00ed\u00ada merece este apelativo se deriva del hecho de que, en su realidad profunda, trasciende desde todos los puntos de vista la capacidad de comprensi\u00f3n humana y la posibilidad de una simple explicaci\u00f3n racional. En realidad, la raz\u00f3n m\u00e1s verdadera es otra: la eucarist\u00ed\u00ada merece ser considerada como el \u00abmysterium fidei\u00bb, porque expresa en t\u00e9rminos particularmente llamativos y realiza en una medida suprema la econom\u00ed\u00ada salv\u00ed\u00adfica con que el Dios cristiano se manifiesta y obra en la historia. Desde este punto de vista, la tradici\u00f3n lit\u00fargica, que centra su atenci\u00f3n en la eucarist\u00ed\u00ada, no est\u00e1 absolutamente en contraste con la tradici\u00f3n catequ\u00ed\u00adstica, seg\u00fan la cual los principales misterios de la fe son: el de la Trinidad y el de la encarnaci\u00f3n del Verbo. Las dos tradiciones son perfectamente convergentes, porque si es cierto que los misterios de la Trinidad y de la encarnaci\u00f3n son la fuente y la estructura b\u00e1sica de la historia de la salvaci\u00f3n, la eucarist\u00ed\u00ada es el criterio hermen\u00e9utico m\u00e1s seguro del misterio de la encarnaci\u00f3n y, por l\u00f3gica consecuencia, del mismo misterio trinitario.<\/p>\n<p>La indicaci\u00f3n de que, para una lectura aut\u00e9ntica, global y unitaria de las verdades cristianas fundamentales, hay que seguir una trayectoria l\u00f3gica \u00fanica, que se remonta desde la eucarist\u00ed\u00ada a la encarnaci\u00f3n y, despu\u00e9s, a la Trinidad, nos viene de la misma ense\u00f1anza neotestamentaria. La ex\u00e9gesis contempor\u00e1nea hace observar justamente que todos los relatos sin\u00f3pticos de la instituci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada pretenden hacernos ver en el gesto eucar\u00ed\u00adstico la explicitaci\u00f3n del significado del misterio pascual (desde la pasi\u00f3n a la muerte y a la resurrecci\u00f3n) y de toda la l\u00f3gica salv\u00ed\u00adfica. Mas este intento es particularmente evidente en el relato de Lucas (cap. 22); en efecto, apart\u00e1ndose de Marcos y de Mateo, de acuerdo con un plan teol\u00f3gico bien preciso, coloca el episodio de la disputa entre los ap\u00f3stoles, que quer\u00ed\u00adan establecer qui\u00e9n de ellos era el m\u00e1s grande, inmediatamente despu\u00e9s del relato de la instituci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica. La lecci\u00f3n que Jes\u00fas da a todos es la clave interpretativa de la eucarist\u00ed\u00ada: \u00abMas \u00e9l les dijo: Los reyes de las naciones las tiranizan y sus pr\u00ed\u00adncipes reciben el nombre de bienhechores. Pero entre vosotros no ha de ser as\u00ed\u00ad, sino que el mayor entre vosotros ser\u00e1 como el m\u00e1s joven, y el jefe como el que sirve. En efecto, \u00bfqui\u00e9n es mayor, el que se sienta a la mesa o el que sirve? \u00bfNo es el que se sienta a la mesa? Pues bien, yo estoy en medio de vosotros como el que sirve\u00bb (22,25-27). En estas afirmaciones de Jes\u00fas, en las cuales podr\u00ed\u00adamos sentirnos tentados a ver s\u00f3lo una fuerte invitaci\u00f3n al ejercicio de la humildad, tenemos en cambio la indicaci\u00f3n de la l\u00f3gica que llev\u00f3 a Jes\u00fas a instituir la eucarist\u00ed\u00ada y, mediante la eucarist\u00ed\u00ada, a darnos el punto de vista desde el cual se debe leer el misterio de la encarnaci\u00f3n y de Dios mismo.<\/p>\n<p>Reflexionando a distancia de siglos sobre las ra\u00ed\u00adces profundas de las que brotaron las m\u00e1s clamorosas herej\u00ed\u00adas de los primeros siglos cristianos -como el docetismo y el arrianismo-, es posible darse cuenta de que todo proviene de una distorsi\u00f3n de perspectiva. Si se intenta interpretar el ser y el obrar de Dios desde un punto de vista puramente racional, no se puede menos de concluir que un \u00abser trascendente\u00bb, como Dios, no puede entrar efectivamente en la historia y en el mundo hasta aceptar una aut\u00e9ntica dimensi\u00f3n humana sin dejar de ser \u00e9l mismo. De lo cual se sigue que, si la Escritura habla de un Dios que se hace hombre, en realidad hay que concluir que es un Dios que finge ser hombre (docetismo) o, m\u00e1s l\u00f3gicamente, que es s\u00f3lo una criatura que ejerce las funciones de un Dios. En definitiva, cuando se usa la l\u00f3gica humana como criterio interpretativo supremo y exclusivo de los misterios de la salvaci\u00f3n, no se consigue aceptar, y menos a\u00fan comprender, lo que la palabra de Dios ense\u00f1a y lo que la acci\u00f3n de Dios realiza en la historia. En consecuencia, se hace violencia a la palabra de Dios y se altera la historia con tal de hacerla entrar en los esquemas de nuestra racionalidad. De este modo la fe no es ya aceptaci\u00f3n, sino dominio. El misterio eucar\u00ed\u00adstico invierte esta perspectiva y pone de relieve que el Dios de Cristo afirma su trascendencia, no distanci\u00e1ndose de los hombres, sino ofreci\u00e9ndoles su propia alianza; es un Dios que env\u00ed\u00ada a su propio Hijo al mundo y a la historia, no para dominarla y hacerse servir, sino para servir a los hombres hasta hacerse su alimento y la fuente de su salvaci\u00f3n. La eucarist\u00ed\u00ada, pues. es el gesto supremo de fidelidad a una econom\u00ed\u00ada salv\u00ed\u00adfica proveniente de un Dios que no se rige seg\u00fan la l\u00f3gica del poder y del dominio, sino del servicio y de la donaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Abordando el misterio eucar\u00ed\u00adstico desde este \u00e1ngulo de vista, es posible obtener de \u00e9l indicaciones muy valiosas para establecer algunos aspectos espec\u00ed\u00adficos de la religiosidad y de la espiritualidad cristiana.<\/p>\n<p>a) Ante todo, est\u00e1 la caracter\u00ed\u00adstica m\u00e1s t\u00ed\u00adpica y profunda de la fe cristiana. La fe cristiana, en efecto, a diferencia de cualquier otra fe religiosa, no consiste s\u00f3lo en la aceptaci\u00f3n de verdades que trascienden la capacidad de investigaci\u00f3n racional y que, por tanto, no pueden nacer sino de una revelaci\u00f3n divina; la fe cristiana es, ante todo, aceptaci\u00f3n de una l\u00f3gica nueva. Tambi\u00e9n nuestra fe conlleva una apertura fundamental de la raz\u00f3n a la escucha y a la aceptaci\u00f3n de informaciones que no se derivan de la experiencia y de la especulaci\u00f3n humana; mas esta apertura, aunque necesaria, no es suficiente, porque, una vez aceptadas, las verdades reveladas podr\u00ed\u00adan ser le\u00ed\u00addas e interpretadas seg\u00fan una l\u00f3gica humana; es exactamente lo que hicieron las corrientes gn\u00f3sticas de que se hablaba antes; aun aceptando las informaciones provenientes de la revelaci\u00f3n, malinterpretaban su sentido y anulaban su valor salv\u00ed\u00adfico. No siempre se reflexiona bastante sobre el hecho de que la conversi\u00f3n primera y m\u00e1s radical del cristiano es la de la fe y que la \u00abmetanoia\u00bb que conlleva no puede reducirse a la renovaci\u00f3n del juicio y del comportamiento \u00e9tico, sino que es antes incluso una inversi\u00f3n de perspectiva a la hora de leer e interpretar lo real.<\/p>\n<p>b) Llegados a este punto, podemos advertir que la noci\u00f3n misma de \u00abmisterio\u00bb, entendido s\u00f3lo como \u00abverdad superior no contraria a nuestra raz\u00f3n, verdad que creemos porque Dios nos la ha revelado\u00bb, es una noci\u00f3n restrictiva, m\u00e1s en consonancia con la cultura hel\u00e9nica que con la mentalidad b\u00ed\u00adblica. Seg\u00fan esta aceptaci\u00f3n, el misterio viene a ser el contexto de una colisi\u00f3n inevitable entre un Dios que no se deja descubrir y un hombre que quiere saber m\u00e1s sobre \u00e9l; la teolog\u00ed\u00ada, a su vez, corre el peligro de entender mal la verdadera naturaleza del servicio que debe prestar a la fe; en efecto, en lugar de proponerse desentra\u00f1ar la nueva l\u00f3gica salv\u00ed\u00adfica y las nuevas perspectivas de vida de que son portadores los contenidos de la fe, presume de servir a la fe transform\u00e1ndose en una b\u00fasqueda curiosa, iluminista y absolutamente nada formativa. Precisamente la eucarist\u00ed\u00ada es la que nos muestra que el \u00abmisterio\u00bb, antes que una verdad sobre la que indagar, es un acontecimiento salv\u00ed\u00adfico por el que hay que dejarse arrastrar; es el gesto de un Dios amigo, cuyo amor es tan grande que trastorna y supera los esquemas racionales del hombre, y no un \u00abjerogl\u00ed\u00adfico\u00bb ante el cual ha de rendirse la capacidad especulativa humana; el car\u00e1cter misterioso de Dios suscita confianza, no competencia. La eucarist\u00ed\u00ada nos dice que para llegar a un conocimiento verdadero y a una doctrina correcta sobre Dios, hay que partir de la historia de sus gestos de salvaci\u00f3n, y no del intento de encerrar la historia salv\u00ed\u00adfica en los esquemas de una doctrina prefabricada. Enlazando el misterio con la historia antes que con la doctrina, puede descubrirse la eucarist\u00ed\u00ada tambi\u00e9n en su aspecto m\u00e1s importante, a saber, como el \u00abmemorial\u00bb por excelencia.<\/p>\n<p>c) La importancia del papel de la \u00abmemoria\u00bb dentro de la religiosidad cristiana est\u00e1 ya impl\u00ed\u00adcitamente proclamada al afirmarse que nuestra fe se funda en una historia antes y m\u00e1s que en una doctrina; pero tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad hemos de subrayar que la memoria cristiana responde a una l\u00f3gica propia, que no encuentra correspondencia en otros contextos.<\/p>\n<p>Todas las religiones positivas conceden un notable valor a la memoria; tambi\u00e9n su fe apela a la ense\u00f1anza de un fundador o de un profeta, a los gestos realizados por ellos y a los documentos escritos, en los cuales sus ense\u00f1anzas y gestos est\u00e1n contenidos, se transmiten y se consideran sagrados y normativos. En algunas religiones primitivas la memoria constituye la base de la actividadculto-ritual, y en el \u00e1mbito de la religiosidad m\u00e1gica, la fidelidad a la tradici\u00f3n en la repetici\u00f3n de los gestos rituales es absolutamente condici\u00f3n indispensable para su eficacia salv\u00ed\u00adfica. Por lo dem\u00e1s, cada civilizaci\u00f3n tiene sus epopeyas, en las cuales lila figuras y los gestos de los h\u00e9roes se han conservado y transmitido como un patrimonio que es preciso custodiar celosamente y al que no es posible renunciar. No obstante, de un an\u00e1lisis atento se desprende que en estos contextos el papel atribuido a la memoria no es nunca un gesto de verdadera fidelidad a la historia. Incluso cuando esta memoria no se reduce a una actitud nost\u00e1lgica con la que nos consolamos frente a un presente decepcionante trayendo al recuerdo tiempos felices y gloriosos ya irremediablemente pasados, se trata en todo caso de una memoria cuya funci\u00f3n es de pura conservaci\u00f3n de algunos valores irrenunciables en cuanto insuperables bajo todos los aspectos. Resumiendo: en los contextos indicados la memoria, o tiene una funci\u00f3n alienante, como puede serlo el intento de hacer aceptable el presente con el recuerdo del pasado, o tiene la funci\u00f3n de cerrarle a la historia cualquier apertura al futuro, por estimar que el \u00fanico camino para gozar de un hoy y un ma\u00f1ana satisfactorios es regular el hoy y el ma\u00f1ana sobre la base de la experiencia de ayer.<\/p>\n<p>El memorial cristiano se sit\u00faa fuera de esta \u00f3ptica por m\u00e1s de una raz\u00f3n; ante todo, no es s\u00f3lo un recuerdo nost\u00e1lgico, sino una representaci\u00f3n efectiva del acontecimiento salv\u00ed\u00adfico, de suerte que implica en el acontecimiento mismo a los que hacen memoria de \u00e9l; en segundo lugar, lo que se trae a la memoria no es simplemente una experiencia humana merecedora de ser recordada por considerarla v\u00e1lida, sino la experiencia de un encuentro entre Dios y el hombre cuya validez no puede apreciarse en un nivel puramente fenomenol\u00f3gico; en tercer lugar, porque el memorial cristiano no es un retorno al pasado s\u00f3lo para imitarlo, sino para hacer desde \u00e9l un juicio salv\u00ed\u00adfico del presente, en orden a una programaci\u00f3n v\u00e1lida del futuro. Todos los sacramentos cristianos son un memorial; pero los sin\u00f3pticos y san Pablo vinculan la memoria cristiana particularmente a la eucarist\u00ed\u00ada; y la raz\u00f3n es la aludida antes: la eucarist\u00ed\u00ada expl\u00ed\u00adcita la econom\u00ed\u00ada de encarnaci\u00f3n y de salvaci\u00f3n m\u00e1s que ning\u00fan otro misterio, en virtud de lo cual se convierte en la norma por la que todo disc\u00ed\u00adpulo debe configurarse para poderse insertar en la directriz salv\u00ed\u00adfica trazada por Cristo. Ya santo Tom\u00e1s, que en armon\u00ed\u00ada con la ense\u00f1anza teol\u00f3gica m\u00e1s corriente en su tiempo ve\u00ed\u00ada en todo signo sacramental una apertura al pasado (signum rememorativum), al presente (signum indicativum) y al futuro (signum prognosticum), ense\u00f1aba que esta triple significaci\u00f3n es particularmente evidente en la eucarist\u00ed\u00ada, en la cual se hace memoria de la pasi\u00f3n de Cristo (\u00abrecolitur memoria passionis eius\u00bb), se alcanza la justicia cristiana (\u00abmens impletur gratia\u00bb) y nos ponemos en camino hacia la escatolog\u00ed\u00ada (\u00abet futurae gloriae nobis pignus datur\u00bb). Pero con mayor autoridad que santo Tom\u00e1s -si bien de \u00e9l toma los textos-, la misma liturgia nos presenta el misterio eucar\u00ed\u00adstico como el cl\u00e1sico ejemplo de \u00abmemorial cristiano\u00bb. Lo importante, sin embargo, es darse cuenta de que el memorial no es nunca s\u00f3lo un instrumento ofrecido al individuo para permitirle comprobar su justa inserci\u00f3n en la obra salv\u00ed\u00adfica, sino que es antes todav\u00ed\u00ada un momento constitutivo de la misma comunidad de salvaci\u00f3n. Al mandar celebrar la eucarist\u00ed\u00ada en memoria suya, Cristo mismo pretendi\u00f3 ofrecer a la comunidad de sus disc\u00ed\u00adpulos la mejor ocasi\u00f3n para someterse al juicio salv\u00ed\u00adfco de Dios; quiso dotarla del criterio m\u00e1s v\u00e1lido para comprobar hasta qu\u00e9 punto se edifica y obra seg\u00fan la l\u00f3gica salv\u00ed\u00adfica que Dios ha introducido en la historia.<\/p>\n<p>Mas en este punto es preciso analizar en detalle los contenidos de la memoria eucar\u00ed\u00adstica para ver bajo qu\u00e9 aspectos verifica Dios y juzga la autenticidad de la colaboraci\u00f3n hist\u00f3rica de la Iglesia y de los cristianos individualmente.<\/p>\n<p>2. EUCARIST\u00ed\u008dA BANQUETE &#8211; De lo que se hace memoria en todos los sacramentos es de los misterios de la vida de Cristo; sin embargo, la diversidad de los signos sacramentales especifica los aspectos particulares bajo los cuales se conmemoran y representan los misterios de Cristo. Es de fundamental importancia a este prop\u00f3sito darse cuenta de que el memorial eucar\u00ed\u00adstico se celebra en forma de convite.<\/p>\n<p>La reflexi\u00f3n teol\u00f3gica y la misma piedad de los fieles no han olvidado jam\u00e1s el papel significativo que representan el pan y el vino en el \u00e1mbito de la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica; sin embargo, desde mucho tiempo a esta parte la significaci\u00f3n de estos elementos se ha teorizado sobre todo en relaci\u00f3n con la presencia real de Cristo y con su condici\u00f3n de alimento espiritual para nosotros, dejando en la sombra el hecho de que el pan y el vino hacen de la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica ante todo un banquete. Indudablemente no hay banquete sin alimento; pero el significado de un banquete no puede reducirse al gesto de tomar un alimento para asegurar la subsistencia. El comer humano es algo diverso al alimentarse de un animal; comer alcanza su forma humana haci\u00e9ndose banquete y la dimensi\u00f3n humana del comer s\u00f3lo se pone de manifiesto cuando se realiza en com\u00fan. La mesa expresa y crea comuni\u00f3n ante todo entre los comensales; pero a trav\u00e9s del alimento servido establece un v\u00ed\u00adnculo de solidaridad con la realidad infrahumana en todos aquellos aspectos (sabor, aroma, color, forma, etc\u00e9tera) de que el hombre puede posesionarse y hacerse int\u00e9rprete para afirmar valores mucho m\u00e1s altos que los que son propios de la realidad misma. A esto se debe que el alt\u00ed\u00adsimo valor simb\u00f3lico de la mesa haya sido utilizado en todos los contextos religiosos para expresar, junto con la comuni\u00f3n de los hombres con las cosas y de los hombres entre s\u00ed\u00ad, la comuni\u00f3n de los hombres con Dios.<\/p>\n<p>El banquete eucar\u00ed\u00adstico conserva toda esta carga simb\u00f3lica humano-c\u00f3smico-religiosa, y el nuevo rito de la misa lo expresa magn\u00ed\u00adficamente cuando, haci\u00e9ndose eco de la \u00abberakah\u00bb jud\u00ed\u00ada, nos hace decir: \u00abBendito seas, Se\u00f1or, Dios del universo, por este pan (vino), fruto de la tierra (vid) y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; \u00e9l ser\u00e1 para nosotros pan de vida y bebida de salvaci\u00f3n\u00bb. Por otra parte, el simbolismo del banquete eucar\u00ed\u00adstico trasciende con mucho el ya rico simbolismo natural. Prescindiendo de la cuesti\u00f3n de si la \u00faltima cena fue o no un banquete pascual, lo cierto es en todo caso que los relatos neotestamentarios de la instituci\u00f3n leen el banquete eucar\u00ed\u00adstico en la perspectiva del misterio pascual de Cristo, que es la verdadera realizaci\u00f3n de todos los valores preanunciados en la pascua jud\u00ed\u00ada. Si la pascua jud\u00ed\u00ada era la memoria ritual de la epopeya del \u00e9xodo, la cual, adem\u00e1s de la liberaci\u00f3n en la esclavitud, hab\u00ed\u00ada contemplado el nacimiento del pueblo de Dios y sobre todo la estipulaci\u00f3n de la alianza, la eucarist\u00ed\u00ada es la celebraci\u00f3nde la nueva y eterna alianza, pactada con la sangre de Cristo. Desde este punto de vista, la dimensi\u00f3n convival es, sin lugar a dudas, el aspecto m\u00e1s determinante del memorial eucar\u00ed\u00adstico; expresa el efecto primero y m\u00e1s fundamental de la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica divina, que es la convocaci\u00f3n en Cristo de los hombres nuevos a la \u00fanica gran familia, de la que Dios es padre y Cristo el primog\u00e9nito de muchos hermanos.<\/p>\n<p>El banquete eucar\u00ed\u00adstico es ante todo memoria de este misterio de convocaci\u00f3n comunitaria que Dios ha realizado en Cristo; pero, en el mismo momento en que el convite eucar\u00ed\u00adstico es memoria actualizadora del acontecimiento de ayer, se convierte en criterio verificador de la comuni\u00f3n eclesial de hoy. Leyendo los Hechos de los Ap\u00f3stoles nos damos cuenta de que los disc\u00ed\u00adpulos de los primeros tiempos, firmemente convencidos de haber sido convocados por Dios a una comunidad \u00fanica, estaban igualmente persuadidos de que la forma m\u00e1s significativa para testimoniar su seguimiento de Cristo y su compromiso de dar gloria a Dios, consist\u00ed\u00ada precisamente en hacer fraternidad y comuni\u00f3n. Como era inevitable, esta determinaci\u00f3n suya no careci\u00f3 de tentaciones: y los mismos Hechos nos hacen saber que algunos, en lugar de construir su comunidad en torno a Cristo, es decir, en torno a una realidad que no consiente discriminaciones de ning\u00fan tipo, intentaron construirla sobre la base de un clan familiar (los parientes de Jes\u00fas) o bien sobre la base racial (cristianos de origen jud\u00ed\u00ado en oposici\u00f3n a los cristianos de origen helen\u00ed\u00adstico) (He 6). Mas, para el prop\u00f3sito de nuestro estudio, es particularmente interesante examinar la tentaci\u00f3n que, seg\u00fan el testimonio de Pablo (1 Cor 11,17-34), se manifestaba dentro de la misma celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica. Al reunirse en nombre de la misma fe en Cristo para el mismo fin de rememorar su muerte, los cristianos de Corinto se encuentran juntos en una misma celebraci\u00f3n y ello les parece suficiente. Creen que su comunidad-comuni\u00f3n queda debidamente expresada y realizada por la convergencia en una unidad estructural, aunque su vida est\u00e9 dividida. Sus discriminaciones durante la agape fraterna (unos comen demasiado y otros demasiado poco), ya inconvenientes porque desmienten el significado del gesto ritual realizado, lo son a\u00fan mucho m\u00e1s porque constituyen el signo evidente de una divisi\u00f3n m\u00e1s profunda existente ya en la vida cotidiana. La unidad ritual y la misma unidad en la fe no son todav\u00ed\u00ada la comunidad-comuni\u00f3n cristiana; por eso el banquete eucar\u00ed\u00adstico se convierte en un juicio sobre la iglesia de Corinto, la cual, comiendo del \u00fanico pan y bebiendo del \u00fanico c\u00e1liz, sin ser una comunidad fraterna efectiva, come y bebe su propia condenaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero la originalidad m\u00e1s profunda del significado del banquete eucar\u00ed\u00adstico no se agota en este punto. Al subrayar que la comunidad nace, no tanto de la convergencia de los hombres en una ideolog\u00ed\u00ada religiosa \u00fanica o en una tradici\u00f3n ritual com\u00fan, sino de la com\u00fan aceptaci\u00f3n de una vida fraterna que debe establecerse inevitablemente entre quienes aceptan a Dios como padre com\u00fan y a Cristo como hermano primog\u00e9nito, no hemos establecido todav\u00ed\u00ada los criterios \u00faltimos en que esta comunidad se inspira y por los cuales se rige. Si el banquete eucar\u00ed\u00adstico fuese s\u00f3lo una invitaci\u00f3n a transformar la comunidad religiosa en una comuni\u00f3n efectiva de vida de los hombres con Dios y de los hombres entre s\u00ed\u00ad, nos dar\u00ed\u00ada una informaci\u00f3n ciertamente valiosa, pero no sustancialmente diversa de la que pueden transmitir los gestos cultuales de otras religiosidades evolucionadas. Tambi\u00e9n en este caso la originalidad de la fe cristiana, m\u00e1s aun que en la novedad de la informaci\u00f3n, est\u00e1 en la originalidad de la l\u00f3gica con que se debe interpretar la informaci\u00f3n. Los valores de la \u00abcomunidad\u00bb, adem\u00e1s de en un contexto religioso, son claramente admisibles tambi\u00e9n en la simple consideraci\u00f3n racional; las instancias de lo social jam\u00e1s han sido tan teorizadas -por la filosof\u00ed\u00ada, por las ciencias del hombre y, sobre todo, por la pol\u00ed\u00adtica-como en nuestros d\u00ed\u00adas. Sin embargo, en estos contextos la comunidad es a lo m\u00e1s un valor en cierto modo instrumental: hacer comunidad \u00abpara\u00bb conseguir algo que de otra manera no se puede conseguir, aunque sea un valor m\u00e1s alto, como podr\u00ed\u00ada ser una justicia mejor: en otras palabras, se trata de una comunidad que se afirma y se rige por la l\u00f3gica del tener m\u00e1s para ser m\u00e1s.<\/p>\n<p>El banquete eucar\u00ed\u00adstico echa abajo esta l\u00f3gica, al menos bajo dos aspectos; ante todo, porque estructura la comunidad no sobre la l\u00f3gica del tener para ser, sino del dar para ser; en segundo lugar, porque no proyecta la comunidad como el medio m\u00e1s eficaz para realizar una mayor justicia, sino que nos informa de que el mejor medio de ser justos, seg\u00fan el plan de Dios, consiste en hacer comunidad. En la perspectiva eucar\u00ed\u00adstica, no es la justicia la que regula la comunidad, sino la comunidad la que regula la justicia. La comunidad, por tanto, no es algo que se puede perseguir y querer dentro de unos t\u00e9rminos m\u00ed\u00adnimos -es decir, tanto cuanto baste para conseguir un fin-, sino en t\u00e9rminos m\u00e1ximos, porque la comunidad es la justicia del hombre y la gloria de Dios ya presente en el mundo y en la historia.<\/p>\n<p>Sin embargo, para comprender mejor esta verdad hay que pasar de la consideraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada-banquete a la de eucarist\u00ed\u00ada-sacrificio.<\/p>\n<p>3. EUCARIST\u00ed\u008dA SACRIFICIO &#8211; En la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica occidental, la consideraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada-sacrificio prevaleci\u00f3 ciertamente sobre la consideraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada-banquete y, en todo caso, las dos consideraciones se desarrollaron en forma excesivamente aut\u00f3noma, como si se tratase de dos aspectos no necesariamente interdependientes o, a lo sumo, relacionables s\u00f3lo extr\u00ed\u00adnsecamente. Sin embargo, el hecho de que el aspecto sacrificial haya sido tenido en mayor consideraci\u00f3n, si bien no del todo justificable, resulta muy comprensible; en realidad, los relatos neotestamentarios de la instituci\u00f3n resaltan la estrech\u00ed\u00adsima relaci\u00f3n existente entre el gesto eucar\u00ed\u00adstico y la muerte de Cristo y, desde los or\u00ed\u00adgenes, la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica fue siempre considerada el \u00abmemorial\u00bb del sacrificio del Calvario. La formulaci\u00f3n de una noci\u00f3n no espec\u00ed\u00adficamente cristiana de sacrificio, adem\u00e1s de hacer problem\u00e1tica la demostraci\u00f3n de que la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica es ella misma un sacrificio y no s\u00f3lo el recuerdo de un sacrificio, hizo dif\u00ed\u00adcil percibir el profundo lazo que une la dimensi\u00f3n sacrificial con la convival de la eucarist\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Este dato se destaca particularmente en la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica posterior a la \u00e9poca de la reforma protestante. Frente a la impugnaci\u00f3n de la naturaleza sacrificial de la eucarist\u00ed\u00ada, propugnada por el protestantismo de los or\u00ed\u00adgenes, la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica insisti\u00f3 en que la manera mejor de desmantelar toda opini\u00f3n contraria era la de precisar la noci\u00f3n de sacrificio, para pasar luego a demostrar su apl\u00ed\u00adcab\u00ed\u00adlidad a la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica. Prescindiendo de toda consideraci\u00f3n sobre si era o no oportuno este modo de proceder, subsiste el hecho de que la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica, en el supuesto de que la noci\u00f3n de sacrificio fuese sustancialmente homog\u00e9nea en todos los contextos religiosos, en vez de obtener \u00e9sta del contexto b\u00ed\u00adblico la sac\u00f3 de la historia de las religiones; involuntariamente se ced\u00ed\u00ada una vez m\u00e1s a la tentaci\u00f3n de interpretar un dato de fe con una l\u00f3gica no del todo conforme a la l\u00f3gica de la fe. De ah\u00ed\u00ad se derivaron innumerables discusiones para establecer si el elemento m\u00e1s espec\u00ed\u00adfico del sacrificio era la oblaci\u00f3n o la inmolaci\u00f3n. Estas discusiones est\u00e1n hoy en buena medida superadas y carecen de inter\u00e9s para el prop\u00f3sito de nuestro estudio; pero, entretanto, por haber dejado en la sombra la ense\u00f1anza b\u00ed\u00adblica, que hace de todo sacrificio siempre y ante todo un gesto de alianza, el valor expiatorio y propiciatorio del sacrificio se impuso a otros valores no menos importantes.<\/p>\n<p>Al acentuar el aspecto expiatorio del sacrificio del Calvario, la reflexi\u00f3n feo\u2020\u00a2 l\u00f3gica pudo creer que daba un justo relieve a la econom\u00ed\u00ada de la alianza destacando c\u00f3mo el Hijo de Dios y hermano nuestro, que exp\u00ed\u00ada en la cruz todos nuestros pecados, es simult\u00e1neamente el mayor signo del amor de Dios por nosotros (1 Jn 4,9-10) y el testimonio m\u00e1s excelso del amor del hombre a Dios. Mas si nos limitamos a ver en la cruz un hecho de expiaci\u00f3n, resulta notablemente dif\u00ed\u00adcil entenderla tambi\u00e9n como el signo m\u00e1s grande del amor de Dios por su Cristo; respecto a \u00e9l, el Padre m\u00e1s que amor parece mostrar una justicia inflexible y, al menos bajo este aspecto, la cruz parece incapaz de conciliar las exigencias del amor con las de la justicia.<\/p>\n<p>En realidad, la perspectiva cambia completamente si se lee el misterio del Calvario seg\u00fan la l\u00f3gica puesta ya de manifiesto por la eucarist\u00ed\u00ada: la l\u00f3gica de hacerse grande haci\u00e9ndose peque\u00f1o y de realizarse d\u00e1ndose. Puesto que \u00e9sta es la l\u00f3gica a la que corresponde el ser mismo y toda actuaci\u00f3n de Dios, la cruz es verdaderamente la \u00abgloria\u00bb de Dios en el mundo y la crucifixi\u00f3n es la m\u00e1xima exaltaci\u00f3n que el Padre puede hacer del Hijo en la historia. La cruz no es s\u00f3lo el gran signo del amor de Dios y de Cristo por nosotros y del amor de Cristo al Padre, sino tambi\u00e9n el mayor signo de amor del Padre a Cristo. Pues bien, la relaci\u00f3n profunda que une indisolublemente el aspecto sacrificial con el convival de la eucarist\u00ed\u00ada es dada por esta l\u00f3gica de la cruz; adem\u00e1s de ser el principio de vida fundamental en que debe anclarse todo cristiano, la l\u00f3gica de la cruz se convierte en la estructura sustentadora de la comunidad cristiana y en el criterio comprobador de su autenticidad. Si la eucarist\u00ed\u00ada-banquete proclama que la salvaci\u00f3n est\u00e1 en hacer comunidad, la eucarist\u00ed\u00ada-sacrificio ense\u00f1a c\u00f3mo debe hacerse esta comunidad para poder ser salv\u00ed\u00adfica.<\/p>\n<p>En esta perspectiva, el sacrificio de Cristo se convierte en una verdadera fuente de liberaci\u00f3n para la comunidad misma, as\u00ed\u00ad como para los respectivos individuos. Las comunidades humanas, incluso cuando nacen de convicciones nobles y profundas, como, por ejemplo, de la voluntad sincera de rec\u00ed\u00adproca aceptaci\u00f3n de los semejantes, no pueden regularse m\u00e1s que sobre la base del compromiso; no sabiendo c\u00f3mo conciliar el bien com\u00fan con la libertad individual, la racionalidad humana impone l\u00ed\u00admites a la libertad de los individuos para garantizar un espacio indispensable a la libertad de todos. En cambio, la comunidad cristiana resuelve el problema de la aparente inconciliabilidad entre las exigencias del bien com\u00fan y la exigencia de la autoafirmaci\u00f3n del individuo, construy\u00e9ndose seg\u00fan la ense\u00f1anza y el ejemplo de Cristo, que se\u00f1ala en la suprema donaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad al pr\u00f3jimo por amor de Dios la \u00fanica v\u00ed\u00ada que se puede recorrer para alcanzar las cimas de la autoafirmaci\u00f3n. Las comunidades humanas para salvar una situaci\u00f3n de compromiso que se rige por un equilibrio notablemente inestable, tienen necesidad de protegerla con leyes y estructuras que, incluso cuando no son represivas, resultan de todas formas limitadoras. La comunidad cristiana, en la medida en que es verdaderamente ella misma y se construye en torno a Cristo, es soberanamente libre, porque se regula s\u00f3lo por el amor de donaci\u00f3n. Es altamente indicativo el hecho de que el ap\u00f3stol Pablo en la primera carta a los Corintios, despu\u00e9s de haber hablado del significado comunitario de la memoria eucar\u00ed\u00adstica de la muerte de Cristo (c.11) y de haber deducido que los diversos carismas superan la dial\u00e9ctica de competencia, aceptando e intentando ser masivamente ellos mismos para poder prestar en t\u00e9rminos \u00f3ptimos su servicio a los dem\u00e1s y a la comunidad (c.12), concluya con su magnifico himno al amor (c.13). Quiz\u00e1 ning\u00fan documento neotestamentario ha sabido captar con tanto acierto la relaci\u00f3n entre eucarist\u00ed\u00ada-sacrificio y eucarist\u00ed\u00ada-banquete para deducir de ah\u00ed\u00ad el dinamismo vital de la comunidad cristiana.<\/p>\n<p>Avanzando, seg\u00fan este orden de ideas, es m\u00e1s f\u00e1cil comprender tambi\u00e9n el verdadero significado del aspecto expiatorio del sacrificio de Cristo. En la cultura ampliamente dominante hasta hace alg\u00fan tiempo, la pena se consideraba fuente de expiaci\u00f3n por corresponder a la ley del tali\u00f3n: quien se equivoca debe desandar el camino recorrido y volver a empezarlo; un abuso de libertad ha de sanarse mediante determinada coartaci\u00f3n de la libertad, as\u00ed\u00ad como la b\u00fasqueda desordenada de la propia satisfacci\u00f3n ha de saldarse aceptando y soportando un sufrimiento. Actualmente el valor educativo de este procedimiento se impugna con raz\u00f3n, bien porque la pena tiene muchas veces s\u00f3lo una funci\u00f3n vindicativa, bien porque s\u00f3lo podr\u00ed\u00ada conminarse en orden al restablecimiento de un orden preconstituido al margen de un juicio valorativo sobre la bondad del orden mismo. En cualquier caso, en este contexto cultural se corre el peligro de reconocer un valor a la pena y al sufrimiento en cuanto tales. El misterio eucar\u00ed\u00adstico, al poner de relieve la relaci\u00f3n sacrificio-convite, da a la pena y a la expiaci\u00f3n un significado radicalmente diverso. El sufrimiento y la pena que acompa\u00f1an al sacrificio de la cruz son un hecho de expiaci\u00f3n, porque son, en cualquier caso, un gesto de amor oblativo a Dios y de servicio amoroso a la comunidad; una cruz que implicase un sufrimiento ilimitado y que no se resolviese efectivamente en un hecho de amor y de servicio, no ser\u00ed\u00ada cristiana. Desde este punto de vista, la relaci\u00f3n sacrificio-convite del misterio eucar\u00ed\u00adstico destaca tambi\u00e9n la l\u00ed\u00adnea de continuidad existente entre la econom\u00ed\u00ada salv\u00ed\u00adfica hist\u00f3rica y la escatol\u00f3gica. Dentro de la historia, la l\u00f3gica de la cruz va normalmente acompa\u00f1ada del sufrimiento, pero no se identifica con el sufrimiento; si esta identificaci\u00f3n fuese absolutamente inevitable, la l\u00f3gica de la cruz se agotar\u00ed\u00ada en la historia y no podr\u00ed\u00ada prolongarse en la escatolog\u00ed\u00ada. En realidad, aunque en la escatolog\u00ed\u00ada quede eliminado todo dolor, llanto y muerte, la l\u00f3gica de la cruz seguir\u00e1 y encontrar\u00e1 su m\u00e1xima exaltaci\u00f3n; en efecto, al estar la comunidad escatol\u00f3gica totalmente regulada por el principio cristiano de afirmarse d\u00e1ndose, nunca como en la escatolog\u00ed\u00ada ser\u00e1 la cruz la \u00abgloria de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>Pero adem\u00e1s de estas indicaciones, que, por otra parte, nos permiten afirmar que una espiritualidad eucar\u00ed\u00adstica rectamente entendida puede procurarle a la ascesis y a la b\u00fasqueda de la perfecci\u00f3n cristiana una justa perspectiva eclesial e hist\u00f3rica, adem\u00e1s de individual y escatol\u00f3gica, nos urge subrayar que en una visi\u00f3n m\u00e1s completa de la eucarist\u00ed\u00ada-misterio es m\u00e1s f\u00e1cil distinguir el significado salv\u00ed\u00adfico de la misma presencia real.<\/p>\n<p>II. Espiritualidad de una presencia<br \/>\nYa desde la \u00e9poca de la controversia berengariana (s. xl) y, por tanto, mucho antes de la reforma protestante, el tema de la presencia real, en cuerpo, alma y divinidad, de Cristo en la eucarist\u00ed\u00ada goz\u00f3 de una situaci\u00f3n privilegiada, tanto en las ense\u00f1anzas del magisterio de la Iglesia como en la teolog\u00ed\u00ada. El hecho resulta comprensible, puesto que esta verdad, rica y constantemente documentada por toda la tradici\u00f3n lit\u00fargica y doctrinal de la Iglesia, tiene un significado y una funci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de primer orden. Hay que reconocer, sin embargo, que la exigencia de defender \u00ed\u00adntegramente el dogma frente a reiterados ataques impuls\u00f3 no s\u00f3lo a la teolog\u00ed\u00ada, sino tambi\u00e9n a la liturgia y a la misma piedad de los fieles, a subrayar la realidad de la presencia m\u00e1s en su objetividad que en su dimensi\u00f3n de presencia personal. La historia del nacimiento o del desarrollo de algunas formas de culto solemne a la eucarist\u00ed\u00ada -por ejemplo, la pr\u00e1ctica de elevar la hostia y el c\u00e1liz despu\u00e9s de la consagraci\u00f3n (principios del s. xm), la fiesta del Corpus Domini (.Historia de la espiritualidad III, 13], las procesiones, las cuarenta horas, las horas de adoraci\u00f3n, etc.- demuestra el florecimiento y los efectos ben\u00e9ficos de la piedad eucar\u00ed\u00adstica que ha alimentado durante siglos a la comunidad cristiana; pero da tambi\u00e9n la impresi\u00f3n de que la finalidad dominante de esta actividad cultual es la de afirmar la preciosa realidad de la presencia del cuerpo de Cristo. La piedad eucar\u00ed\u00adstica se ha expresado excelentemente en la adoraci\u00f3n y en la alabanza, en la acci\u00f3n de gracias y tambi\u00e9n en la reparaci\u00f3n de eventuales ofensas o profanaciones inferidas a la eucarist\u00ed\u00ada; pero menos excelentemente en un clima de encuentro y en formas donde la eucarist\u00ed\u00ada no es s\u00f3lo objeto de culto, sino fuente de di\u00e1logo y promotora del mismo. Para numerosos fieles, en especial para los menos apercibidos, la misma comunidad eucar\u00ed\u00adstica asume la apariencia de posesi\u00f3n y casi de captura del cuerpo de Cristo m\u00e1s que de encuentro de personas o, al menos, de un encuentro donde Cristo no s\u00f3lo tiene la funci\u00f3n de escuchar. Pero lo m\u00e1s sorprendente es que algunos grandes maestros de espiritualidad, al presentar la contemplaci\u00f3n como la v\u00ed\u00ada maestra para conseguir la experiencia m\u00ed\u00adstica, han omitido la v\u00ed\u00ada sacramental y, en especial, la eucar\u00ed\u00adstica. Con sorpresa descubrieron algunos centros de espiritualidad, siguiendo las indicaciones de san.. Buenaventura, y sobre todo a trav\u00e9s de, los tratados de Tom\u00e1s de Jes\u00fas (1564 1627) y de sus disc\u00ed\u00adpulos, la v\u00ed\u00ada eucar\u00ed\u00adstica como la segunda fuente de experiencia m\u00ed\u00adstica. Sin embargo, resulta m\u00e1s sorprendente a\u00fan el que \u00ab&#8230;los te\u00f3ricos de la contemplaci\u00f3n ignoren la, eucarist\u00ed\u00ada\u00bb; porque si es cierto que puede haber diversos caminos para conseguir la experiencia m\u00ed\u00adstica, lo es igualmente que la espiritualidad eucar\u00ed\u00adstica no puede separarse de la contemplaci\u00f3n. M\u00e1s a\u00fan: si existe un misterio que, adem\u00e1s de ser objeto de contemplaci\u00f3n, puede ayudarnos a comprender la verdadera naturaleza de la contemplaci\u00f3n cristiana, la cual no puede reducirse jam\u00e1s a una pura admiraci\u00f3n est\u00e9tica o est\u00e1tica, sino que es siempre coparticipaci\u00f3n dialogal, ese misterio es justamente la eucarist\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 una de las razones que podr\u00ed\u00adan explicar el que la presencia real haya podido ser cre\u00ed\u00adda y teol\u00f3gicamente interpretada incluso sin recurrir a la analog\u00ed\u00ada del encuentro intersubjetivo y personal, estriba en el hecho de que se haya considerado la presencia eucar\u00ed\u00adstica como una presencia muda, como si Cristo eucar\u00ed\u00adstico fuese alguien a quien se puede hablar pero que no se puede escuchar. Todo esto proviene, a su vez. de una limitada capacidad de lectura de los signos sacramentales y, m\u00e1s a\u00fan, de una interpretaci\u00f3n no correcta de la funci\u00f3n de la teolog\u00ed\u00ada, a la que se le encomienda el cometido de indagar y de desentra\u00f1ar el misterio m\u00e1s que de escuchar el mensaje y traducirlo en servicio a la fe.<\/p>\n<p>1. ALOGIA CRISTIANA. DI\u00ed\u0081LOGO Y DIACON\u00ed\u008dA &#8211; En las observaciones precedentemente formuladas sobre la verdadera naturaleza de los misterios cristianos se destacaba que son acontecimientos por los que hay que dejarse arrastrar m\u00e1s que verdades sobre las cuales indagar. Por desgracia la mente humana, especialmente en nuestro contexto cultural, incluso cuando no especula sobre verdades abstractas, no deja de considerar la realidad con preocupaciones de eficiencia. Incluso cuando el hombre no se pregunta brutalmente: \u00ab\u00bfPara qu\u00e9 sirve?\u00bb, y se contenta con decir m\u00e1s sencillamente: \u00ab\u00bfQu\u00e9 es?\u00bb, subsiste el hecho de que, frente a una realidad cualquiera, prefiere adoptar la actitud de la investigaci\u00f3n y no de la contemplaci\u00f3n gratuita y de la admiraci\u00f3n. La realidad no le interesa por s\u00ed\u00ad misma, sino por la ventaja que procura o por la utilizaci\u00f3n que de ella puede hacerse o, a lo sumo, por la explicaci\u00f3n que se le puede dar. Es, en definitiva, una actitud de dominio y no de simple aceptaci\u00f3n y de solidaridad. De esta tendencia y manera casi exclusiva de abordar la realidad sale comprometida la misma capacidad de di\u00e1logo.<\/p>\n<p>A menudo es dif\u00ed\u00adcil establecer si entre dos personas que se hablan prevalece la voluntad de escucha rec\u00ed\u00adproca, la necesidad de conocerse y de aceptarse o, m\u00e1s bien, la voluntad de imponer las propias ideas y de hacer prevalecer las razones propias como las m\u00e1s justas y v\u00e1lidas. Tambi\u00e9n la mayor o menor parte de escucha que una persona presta a otra, se encuentra a veces contagiada por el deseo de sorprender s\u00f3lo los puntos d\u00e9biles de las palabras ajenas o, m\u00e1s f\u00e1cilmente, los puntos de convergencia con las convicciones de uno. Se sigue de ah\u00ed\u00ad que, frecuentemente, la capacidad y el deseo de b\u00fasqueda del hombre se resuelven en un p\u00e9simo servicio a la verdad y en una fuente de divisiones entre los hombres, sobre todo cuando se trata de b\u00fasqueda y de formaci\u00f3n religiosa.<\/p>\n<p>Hasta qu\u00e9 punto esta actitud est\u00e1 en contraste con la l\u00f3gica de la \u00abalianza\u00bb y de la fe, lo ense\u00f1aba ya elocuentemente el ep\u00ed\u00adlogo del libro de Job. A Job y al grupo de amigos que se hab\u00ed\u00adan esforzado de mil modos, pero in\u00fatilmente, por ver c\u00f3mo la justicia de Dios pod\u00ed\u00ada conciliarse con las calamidades y los sufrimientos de un justo, Dios les dirige sus preguntas con sutil sarcasmo: \u00ab\u00bfQui\u00e9n es ese que enturbia mi consejo con palabras insensatas?\u00bb (38,2); \u00ab\u00bfA\u00fan disputar\u00e1 el censor con el Omnipotente? El que critica a Dios, \u00bfva a replicar?\u00bb (40,2). Job comprender\u00e1 la lecci\u00f3n y exclamar\u00e1: \u00abHeme aqu\u00ed\u00ad, mezquino soy; \u00bfqu\u00e9 puedo responderte? Pongo la mano en la boca\u00bb (40,4); \u00abAs\u00ed\u00ad, he hablado sin cordura de maravillas dif\u00ed\u00adciles para m\u00ed\u00ad, y que no comprendo\u00bb (42,3).<\/p>\n<p>A veces, en particular cuando se trata de la presencia real, se tiene la impresi\u00f3n de que tambi\u00e9n la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica es responsable de una presunci\u00f3n como la de Job. Preocupada por establecer la naturaleza, el modo y el cu\u00e1ndo, ha descuidado demasiado manifiestamente describir el \u00abporqu\u00e9\u00bb; los mismos signos sacramentales (el pan y el vino para un banquete), que cualifican la presencia de Cristo como presencia para un encuentro, para un di\u00e1logo salv\u00ed\u00adfico y, en consecuencia, para un servicio, han sido utilizados preferentemente s\u00f3lo para se\u00f1alar el \u00abd\u00f3nde\u00bb de la presencia real.<\/p>\n<p>Que la actitud de escucha tiene una importancia fundamental para toda la religi\u00f3n revelada es bastante evidente; pero en el caso de la religiosidad b\u00ed\u00adblica lo es de manera particular. Entre las experiencias religiosas del pueblo de Israel, una de las m\u00e1s relevantes fue la de haber encontrado un Dios que habla; mientras que, por una parte, los jud\u00ed\u00ados estaban justamente orgullosos de confrontar la grandeza de su Dios con la nulidad de los \u00abdioses mudos\u00bb de las dem\u00e1s naciones, por otra, eran profundamente conscientes de que el silencio de Dios era el castigo m\u00e1s grande que se les pod\u00ed\u00ada imponer. En efecto, en la palabra de Dios se contiene la promesa de la salvaci\u00f3n; y puesto que la palabra divina es fiel y eficaz, el hombre encuentra en ella no s\u00f3lo luz, sost\u00e9n y gu\u00ed\u00ada, sino la prenda de la salvaci\u00f3n; por el contrario, el silencio de Dios significa ruptura y, por tanto, condena.<\/p>\n<p>Todo esto, sin embargo, parece hacer problem\u00e1tica e il\u00f3gica la presencia silenciosa de Cristo eucar\u00ed\u00adstico; pero esta problem\u00e1tica desaparece cuando se tiene presente que Cristo es el am\u00e9n del Padre, la \u00faltima palabra que, adem\u00e1s de dar sentido cumplido a todo el proceso salv\u00ed\u00adfico precedente, se convierte en su criterio hermen\u00e9utico. Despu\u00e9s de Cristo no es ya posible ning\u00fan discurso salv\u00ed\u00adfico m\u00e1s rico o diverso que el que se nos ha propuesto en \u00e9l, y su mismo silencio es elocuente y sintom\u00e1tico al menos por dos motivos. Ante todo, porque se convierte en un silencio que interpela; Cristo es una palabra definitiva e irrevocablemente pronunciada, que incita al hombre a una respuesta de asentimiento o de rechazo; en segundo lugar, porque crea el \u00fanico espacio dentro del cual puede situarse el di\u00e1logo del hombre con su Dios; Cristo es el \u00fanico verdadero objeto del di\u00e1logo religioso, y cualquier tema que, directa o indirectamente, no enlace con \u00e9l, no ser\u00ed\u00ada un tema pertinente. El Cristo silencioso de la eucarist\u00ed\u00ada es, en definitiva, una propuesta salv\u00ed\u00adfica que el cristiano debe sopesar y profundizar en todo su contenido, porque, al aceptarla para establecer comuni\u00f3n con Cristo, debe explicitarla y actualizarla en cada momento y en cada lugar.<\/p>\n<p>La alogia (silencio) eucar\u00ed\u00adstica, que podemos considerar tambi\u00e9n como gesto supremo de fidelidad por parte de Cristo a la l\u00f3gica de la cruz, se convierte, pues, en un servicio ulterior a la comunidad creyente, para indicarle la modalidad con que tambi\u00e9n ella debe realizar su servicio en beneficio de todos los hombres. Si el di\u00e1logo silencioso entre el creyente y el Cristo eucar\u00ed\u00adstico indica que el hombre puede encontrarse verdaderamente con su Salvador s\u00f3lo en una actitud de aceptaci\u00f3n rec\u00ed\u00adproca \u00abgratuita\u00bb (Cristo debe ser aceptado por lo que es antes incluso que por lo que dice o por lo que hace, lo mismo que Cristo ha aceptado a los hombres), se convierte por ello tambi\u00e9n en la norma \u00faltima a que los creyentes deben atenerse en el desarrollo de su misi\u00f3n salv\u00ed\u00adfica en el mundo.<\/p>\n<p>La raz\u00f3n de ser de la Iglesia en el mundo es indudablemente la de significar la presencia de la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica divina en el tiempo y en el espacio, y de orientar al mundo a abrirse a la acci\u00f3n de Dios; pero justamente la presencia eucar\u00ed\u00adstica ense\u00f1a que el punto de partida de la significaci\u00f3n y de la orientaci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica es la aceptaci\u00f3n gratuita, amorosa, de todo hombre y de toda realidad. El cristiano, de la afirmaci\u00f3n de que existe un solo y \u00fanico Dios, saca la convicci\u00f3n de que todos los hombres son hermanos, por encima de toda distinci\u00f3n de raza o de sexo, de clase social o de cultura; pero esta convicci\u00f3n se ve ulteriormente confirmada y especificada por el misterio eucar\u00ed\u00adstico. La diacon\u00ed\u00ada que la Iglesia y, por consiguiente, todo cristiano, debe ejercer en el mundo es ante todo un servicio de acogida y de escucha de las necesidades de todos y, en particular, de los que no tienen voz para hacerse escuchar o peso pol\u00ed\u00adtico para hacerse valer. El tema de la pobreza de la Iglesia encuentra en la eucarist\u00ed\u00ada su significado m\u00e1s profundo; educada a escuchar a su Salvador silencioso, la Iglesia, m\u00e1s a\u00fan que en la pobreza de riquezas o de medios, expresa su pobreza en la capacidad de escucha de toda invocaci\u00f3n humana, a\u00fan la m\u00e1s d\u00e9bil. La primera salvaci\u00f3n que puede ofrecer al mundo es la de garantizar a todos los d\u00e9biles, en el esp\u00ed\u00adritu y en el cuerpo, la posibilidad liberadora de ser escuchados. La condici\u00f3n misionera de la Iglesia, antes que en hablar, se realiza en escuchar; antes que en un anuncio, se cumple en una aceptaci\u00f3n.<\/p>\n<p>2. OBEDIENCIA Y MISI\u00ed\u201cN &#8211; En el lenguaje cristiano es insistente la justa afirmaci\u00f3n de que Jesucristo es el Se\u00f1or y el Hijo de Dios hecho hombre; no obstante, si quisi\u00e9ramos destacar el aspecto con el que Jes\u00fas mismo gustaba de calificarse, habr\u00ed\u00ada que buscarlo en el hecho de presentarse como el \u00abenviado\u00bb del Padre. En efecto, se trata del aspecto m\u00e1s expresivo tanto de la funci\u00f3n como de la personalidad de Cristo; en \u00faltima instancia, la reflexi\u00f3n cristiana logra captar en Cristo la verdadera dignidad de Hijo de Dios s\u00f3lo partiendo de la noci\u00f3n de \u00abmisi\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Jes\u00fas pone gran cuidado en subrayar que su raz\u00f3n de ser en el mundo y por el mundo est\u00e1 en hacer la voluntad del Padre (In 4,34). Cristo no administra como propia ni su existencia ni su actividad; y todos los misterios de su vida, desde la encarnaci\u00f3n a la pasi\u00f3n y muerte, son un gesto de aut\u00e9ntica obediencia al Padre. En esta perspectiva, el misterio eucar\u00ed\u00adstico no es otra cosa que la \u00faltima consecuencia de la misi\u00f3n-obediencia, que da sentido al ser y al obrar de Jes\u00fas. Enviado como supremo signo de amor del Padre a toda la humanidad, Jes\u00fas expresa y realiza totalmente en la eucarist\u00ed\u00ada esta l\u00f3gica de donaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Mas no es esto todo. La fe cristiana transfiere \u00ed\u00adntegramente la noci\u00f3n de \u00abmisi\u00f3n\u00bb a la de \u00abapostolado\u00bb; ahora bien, si ap\u00f3stol significa enviado, Cristo es ap\u00f3stol antes y m\u00e1s que ning\u00fan otro; y puesto que la raz\u00f3n fundamental por la que ha sido enviado es la de dar testimonio del Padre, es l\u00f3gico concluir que lo que Cristo es, junto con lo que hace y ense\u00f1a, es sustancialmente un testimonio de la persona, de la obra y de la palabra del Padre. En Cristo apostolado y testimonio est\u00e1n en estrech\u00ed\u00adsima conexi\u00f3n y mantienen una referencia mutua constante; en \u00e9l, el apostolado m\u00e1s que obra de proselitismo es profetismo, y su testimonio no es s\u00f3lo coherencia sino anticipaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Se sigue de ah\u00ed\u00ad que la eucarist\u00ed\u00ada, en su entidad de gesto sumo de misi\u00f3n y de obediencia, se convierte tambi\u00e9n en forma suprema de testimonio prof\u00e9tico y anticipador; prof\u00e9tico, porque anuncia y encierra en s\u00ed\u00ad toda la promesa salv\u00ed\u00adfica del Padre; anticipador, porque da un gusto anticipado de la salvaci\u00f3n escatol\u00f3gica, la cual habr\u00e1 de consistir en la perfecta comuni\u00f3n, en Cristo, de los hombres con Dios y entre s\u00ed\u00ad.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad, la eucarist\u00ed\u00ada da una ulterior informaci\u00f3n paradigm\u00e1tica sobre la vocaci\u00f3n misionera de la Iglesia. Mientras que el Cristo silencioso compromete a la Iglesia a ser misionera con una actitud de acogida gratuita y de escucha amorosa de todos los hombres, el Cristo ap\u00f3stol-testigo obliga a la Iglesia a desarrollar su misi\u00f3n en el mundo en t\u00e9rminos de apostolado-testimonio.<\/p>\n<p>Por desgracia, en el decurso de los siglos la noci\u00f3n y, en consecuencia, el compromiso de apostolado y de testimonio han sido indebidamente separados y casi fatalmente empobrecidos; mientras que, por un lado, el testimonio qued\u00f3 a menudo reducido a la simple coherencia en virtud de la cual se intenta obrar en conformidad con cuanto se piensa, por otro, el apostolado se convirti\u00f3 preferentemente en una forma de proselitismo religioso. Aun prescindiendo del hecho de que, entendidos de ese modo, el testimonio y sobre todo el apostolado han perdido al menos parcialmente la fisonom\u00ed\u00ada de un servicio, se han derivado de ello dos consecuencias desagradables. Mientras se sigui\u00f3 pidiendo a todos el compromiso del testimonio, el apostolado fue visto como una misi\u00f3n que pod\u00ed\u00ada limitarse a algunos. En segundo lugar, mientras el testimonio, entendido como coherencia y buen ejemplo, se convert\u00ed\u00ada s\u00f3lo en testimonio de uno mismo -es decir, de las convicciones que uno ten\u00ed\u00ada y de su capacidad de traducir en hechos lo que pensaba- en lugar de testimonio del Padre y de su Cristo, el apostolado se convirti\u00f3 tan s\u00f3lo en \u00abdifusi\u00f3n de un mensaje\u00bb en vez de oferta de una anticipaci\u00f3n prof\u00e9tica de la salvaci\u00f3n hasta el punto de permitir la experiencia hist\u00f3rica real, aunque parcial, de la belleza y de la validez del plan y de la l\u00f3gica salv\u00ed\u00adfica divina.<\/p>\n<p>Desde este punto de vista, la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica no es s\u00f3lo un juicio de Dios sobre la autenticidad cristiana de los individuos (1 Cor 11,28-34), sino ya antes sobre la fidelidad con que la Iglesia cumple su misi\u00f3n. Despu\u00e9s de todo, la eucarist\u00ed\u00ada ense\u00f1a a la Iglesia y a cada uno de los fieles que la obediencia cristiana no es tanto la aceptaci\u00f3n pasiva de una voluntad superior que obligue a renunciar incluso a los valores m\u00e1s grandes de la propia personalidad, cuanto la implicaci\u00f3n en un plan salv\u00ed\u00adfico que obliga a ser en grado sumo uno mismo, para ser tambi\u00e9n en grado sumo testigo de Aquel que nos ha enviado.<\/p>\n<p>III. Espiritualidad de la celebraci\u00f3n<br \/>\nNo obstante la riqueza de su contenido, la eucarist\u00ed\u00ada es siempre una celebraci\u00f3n y, al menos desde este punto de vista, parece que se la puede equiparar a las celebraciones que encuentran amplio espacio en todo contexto religioso. Indudablemente, como lo hemos ya destacado cuando hablamos de la eucarist\u00ed\u00ada-banquete, las celebraciones cristianas no repudian, sino que los asumen, todos los valores positivos intr\u00ed\u00adnsecos a los gestos simb\u00f3licos con que los hombres entienden y expresan los principios fundamentales de la existencia y las m\u00faltiples relaciones que enlazan al hombre con la trascendencia y la realidad infrahumana. Sin embargo, la eucarist\u00ed\u00ada, v\u00e9rtice de: toda celebraci\u00f3n cristiana, tiene una originalidad propia innegable que no, puede reducirse s\u00f3lo al car\u00e1cter espec\u00ed\u00adfico de sus significados, sino que se extiende a su eficacia formativa particular.<\/p>\n<p>1. CELEBRACI\u00ed\u201cN. CULTO Y EDIFICACI\u00ed\u201cN &#8211; La celebraci\u00f3n cultual, en cualquier contexto religiosa, sirve de base siempre y simult\u00e1neamente a una doble intencionalidad: una es la voluntad de tributar un obligado homenaje a la divinidad, y otra la de expresar uno concepci\u00f3n global y org\u00e1nica de la realidad; de hecho, en esta concepci\u00f3n es donde est\u00e1 impl\u00ed\u00adcitamente inscrita toda norma \u00fatil para una gesti\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de la historia. Por lo mismo, en la celebraci\u00f3n religiosa se encuentran inevitablemente mito y gnosis, y el gesto cultual es a la vez aceptaci\u00f3n de una realidad trascendental inexpresable fuera de un lenguaje m\u00ed\u00adtico-ritual, y proyecci\u00f3n de una historia que no puede construirse en t\u00e9rminos positivos si no es en relaci\u00f3n con la tradici\u00f3n misma. Mas en este punto comienza ya la celebraci\u00f3n cristiana a especificarse frente a las otras celebraciones religiosas.<\/p>\n<p>Si se tiene presente que tambi\u00e9n el mito, aunque configurable de suyo como g\u00e9nero cultural y literario, es en todo caso una forma de gnosis, no resulta dif\u00ed\u00adcil concluir que, detr\u00e1s de la actividad cultual de las religiosidades no cristianas (no b\u00ed\u00adblicas), s\u00f3lo est\u00e1 el esfuerzo humano por encontrar una situaci\u00f3n \u00f3ptima, ya sea ante la divinidad, ya ante la historia. La eficacia salv\u00ed\u00adfica atribuible a la gnosis que sustenta la actividad cultual es, pues, resultado del empe\u00f1o humano; es un intento de dar una disposici\u00f3n ordenada a la realidad y a la existencia vinculando una y otra a las fuentes del ser. En estas actividades cultuales existe siempre el deseo de establecer una situaci\u00f3n de solidaridad con la divinidad y con el cosmos, pero se trata de una solidaridad buscada y no ofrecida; es una solidaridad que corresponde a una aspiraci\u00f3n humana profunda, pero que, sin embargo, no puede convertirse en esperanza efectiva, al menos en la medida en que no tiepe en frente de parte de la divinidad una promesa igualmente efectiva. Se trata, en suma, de una actividad que, al no nacer en un clima de alianza declarada y profunda, s\u00f3lo puede crear una actitud de dependencia y, en \u00faltimo an\u00e1lisis, de competici\u00f3n. En este contexto se forma y crece la exasperada noci\u00f3n de \u00absagrado\u00bb (separado, destinado exclusivamente a la divinidad) y una animaci\u00f3n sacralizante que, adem\u00e1s de apartar del compromiso hist\u00f3rico, introduce en la historia un principio de notable discriminaci\u00f3n entre hombres sagrados y no sagrados, entre realidades sagradas y realidades profanas.<\/p>\n<p>Por el contrario, la eucarist\u00ed\u00ada -que, como se dec\u00ed\u00ada, es el v\u00e9rtice de toda celebraci\u00f3n cristiana- da la visi\u00f3n exacta y m\u00e1s exhaustiva de la capacidad edificante de la actividad cultual de la Iglesia. Es sabido que para una larga y ya consolidada tradici\u00f3n teol\u00f3gica y catequ\u00e9tica, la comunidad cristiana dice claramente pretender cuatro fines en la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica: la adoraci\u00f3n, la acci\u00f3n de gracias, la propiciaci\u00f3n y la impetraci\u00f3n. No es \u00e9ste el momento de hacer una valoraci\u00f3n cr\u00ed\u00adtica de este esquema cuaternario, ni de indagar el verdadero sentido de una celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica con tales fines; baste poner de relieve que cada uno de \u00e9stos crea una situaci\u00f3n de alianza y no de competencia.<\/p>\n<p>a) Entre las distintas actitudes religiosas, la adoraci\u00f3n es la que expresa con mayor evidencia la total dependencia del hombre frente a Dios, cuya absoluta soberan\u00ed\u00ada se afirma. Ya el AT hab\u00ed\u00ada proclamado con insistencia que el culto de adoraci\u00f3n no debe tributarse a nadie que no sea el \u00fanico verdadero Dios, y en esta perspectiva la Biblia nos habla frecuentemente de los celos de Dios. Sin embargo, es tambi\u00e9n el AT, adelant\u00e1ndose al NT, el que nos proporciona el significado antropol\u00f3gico de este mandamiento primero y fundamental del. dec\u00e1logo. Los celos de Dios no nacen de una voluntad hegem\u00f3nica o del deseo ego\u00ed\u00adsta de no compartir con otros un homenaje que quiere recibir de manera exclusiva, sino de una actitud de fidelidad al hombre y del deseo de liberar al hombre de dependencias humillantes y, en consecuencia, no promocionantes. Al fabricarse \u00ed\u00addolos y adorarlos, el hombre se convertir\u00ed\u00ada en esclavo, bien de criaturas que en realidad deben estar sometidas a \u00e9l, bien de personas humanas, cuya dignidad y ser no son superiores ni distintos a los de cualquier otra. Dios nos ha ense\u00f1ado desde el principio a rechazar el \u00abculto de la personalidad\u00bb.<\/p>\n<p>Mas el culto cristiano de adoraci\u00f3n se construye y promociona al hombre por una raz\u00f3n a\u00fan m\u00e1s profunda. Adorar a Dios significa glorificarlo; tambi\u00e9n el mundo cristiano, siguiendo las ense\u00f1anzas b\u00ed\u00adblicas, ha comprendido y afirmado siempre que la gloria de Dios es la grandeza del hombre: \u00abGloria Dei, vivens homo\u00bb. En este sentido, la adoraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica es paradigm\u00e1tica; pues, teniendo como objeto la persona \u00fanica del Hijo de Dios hecho hombre, el cual afirma su se\u00f1or\u00ed\u00ado en su actitud de total donaci\u00f3n al hombre, se convierte en la expresi\u00f3n m\u00e1s clara de la s\u00ed\u00adntesis gloria de Dios-liberaci\u00f3n y promoci\u00f3n humana. En sustancia, el misterio eucar\u00ed\u00adstico nos ense\u00f1a que aquello por lo que Dios debe ser glorificado se entrelaza admirablemente con aquello por lo que Dios debe ser objeto de gratitud; gloria y acci\u00f3n de gracias son como la urdimbre y la trama de un \u00fanico tejido religioso salv\u00ed\u00adfico, y no sin motivo el lenguaje cristiano ha cre\u00ed\u00addo que el apelativo \u00abeucarist\u00ed\u00ada\u00bb (acci\u00f3n de gracias) es el m\u00e1s apto para expresar uno de los aspectos m\u00e1s espec\u00ed\u00adficos del misterio y, en \u00faltima instancia, todo el misterio en su globalidad.<\/p>\n<p>b) Mas, a prop\u00f3sito de este aspecto de la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica, tambi\u00e9n hay que poner de relieve sus puntos constructivos y promocionantes. Aunque la gratitud es un sentimiento y una actitud que implica cierta dependencia del beneficiado respecto al benefactor, ciertamente no se la ha de considerar como una actitud humillante, pues, muy al contrario, honra al hombre que la profesa. No obstante, la \u00abacci\u00f3n de gracias\u00bb del lenguaje lit\u00fargico cristiano expresa mucho m\u00e1s que el simple \u00abagradecimiento\u00bb; en efecto, subraya una vez m\u00e1s y bajo un aspecto nuevo la dialogicidad del encuentro salv\u00ed\u00adfico Dios-hombre. Si, por una parte, el creyente tiene la profunda convicci\u00f3n de vivir como esfumado en un mundo de gratuidad (todo es gracia porque todo es don del Padre de todo bien), por otra, es consciente de que el Padre lo llama a liberar de cada realidad recibida todos los valores positivos que encierra, a fin de testimoniar y evidenciar la bondad y la gratuidad de los dones divinos. Para hacerlo as\u00ed\u00ad, el hombre debe usar y realizar los dones recibidos con la misma l\u00f3gica de gratuidad con que Dios los ha ofrecido. El hombre que utiliza y se sirve de las cosas con un talante posesivo y ego\u00ed\u00adsta y seg\u00fan una l\u00f3gica eficientista, adem\u00e1s de no dar gracias a Dios, falta al respeto a las personas y a las cosas, impidi\u00e9ndoles manifestar su origen gracioso. Si la humanidad viviera una espiritualidad eucar\u00ed\u00adstica, ser\u00ed\u00ada una humanidad fraternalmente mucho m\u00e1s justa y eliminar\u00ed\u00ada de ra\u00ed\u00adz todo problema ecol\u00f3gico. La liturgia eucar\u00ed\u00adstica lo proclama de modo excelente cuando, al comienzo mismo de la gran oraci\u00f3n eucol\u00f3gica, nos hace decir que dar gracias siempre y en todo lugar al Se\u00f1or, Padre santo, Dios omnipotente y eterno, no s\u00f3lo es nuestro deber, sino verdaderamente cosa buena y justa y fuente de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>c) Siguiendo en este orden de consideraciones, el misterio eucar\u00ed\u00adstico tambi\u00e9n da sentido claramente promocional al fin propiciatorio. Para constatarlo basta con que nos remitamos a cuanto se ha dicho sobre la eucarist\u00ed\u00ada-sacrificio; sin embargo es obligado recordar que la eucarist\u00ed\u00ada no nos permite reducir la propiciaci\u00f3n a un mero gesto de expiaci\u00f3n o a una s\u00faplica de perd\u00f3n, dirigida a una divinidad justamente enojada por alguna ofensa. Al poner de relieve la estrech\u00ed\u00adsima relaci\u00f3n existente entre la gloria de Dios y la realizaci\u00f3n de toda la realidad creada, la eucarist\u00ed\u00ada, adem\u00e1s de confirmar la idea cristiana de que el pecado tiene siempre y simult\u00e1neamente una dimensi\u00f3n vertical (ofensa de Dios) y otra horizontal (desorden c\u00f3smico), ense\u00f1a que la propiciaci\u00f3n implica, junto con el justo reconocimiento de la soberan\u00ed\u00ada divina, una reordenaci\u00f3n del mundo y de la historia. La justicia divina, al aceptar un sacrificio como expiaci\u00f3n del pecado, no se atiene a la l\u00f3gica de la ley del tali\u00f3n, sino que pretende mostrar la exigencia del amor de donaci\u00f3n como \u00fanico camino para superar el ego\u00ed\u00adsmo y construir un mundo justo. Adem\u00e1s, el hecho de que la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica implique en una actitud de propiciaci\u00f3n no s\u00f3lo a los pecadores sino tambi\u00e9n a los justos, dice claramente que la penitencia cristiana y el compromiso de reordenamiento, adem\u00e1s de exigir la eliminaci\u00f3n del mal, requiere un esfuerzo constante por adelantar en el bien.<\/p>\n<p>d) Mas esta observaci\u00f3n abre tambi\u00e9n una nueva consideraci\u00f3n sobre el significado que el cristianismo da a la oraci\u00f3n de impetraci\u00f3n. Los datos que el misterio eucar\u00ed\u00adstico nos ofrece acerca de este tema son numerosos y ricos; ante la dificultad de elegir, baste subrayar algunos de los m\u00e1s importantes. Una de las objeciones m\u00e1s frecuentes concernientes a la oraci\u00f3n de petici\u00f3n proviene del hecho de que parece favorecer una concepci\u00f3n mitol\u00f3gica de Dios. La petici\u00f3n que el hombre dirige a su Dios parece fundarse en la insostenible doble presunci\u00f3n de que la oraci\u00f3n del hombre es suficiente para mejorar la historia y, sobre todo, de que ello es posible porque el hombre consigue con su oraci\u00f3n hacer que Dios cambie sus planes. Pero la impetraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica camina decididamente en direcciones diversas. Si, por un lado, la oraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica funda y legitima la petici\u00f3n del hombre porque le obliga a profesar la certeza de su fe de que todo es gracia y don de Dios, por otro, le fuerza a reconocer que todo nos ha sido ya dado en Cristo. Cualquier otra gracia que el creyente pida al Padre no puede ser m\u00e1s que una prolongaci\u00f3n y una actualizaci\u00f3n de lo que hace de Cristo la plenitud y la totalidad de la gracia. En otras palabras, pedir nuevas gracias a Dios no significa proponerle un cambio de acci\u00f3n, sino la prolongaci\u00f3n -para el aqu\u00ed\u00ad y el ahora- de la perenne econom\u00ed\u00ada de la encarnaci\u00f3n. La renovaci\u00f3n cotidiana de la impetraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica no tiene como fin plegar la voluntad divina a la insistencia de nuestra s\u00faplica, sino abrir pacientemente nuestra inteligencia a una progresiva comprensi\u00f3n del gran don que es Cristo e inclinar nuestra voluntad a amar y a querer lo que Dios am\u00f3 y quiso en Cristo. En este sentido, la impetraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica, lejos de ser una tentativa alienante de descargar en la omnipotencia divina la soluci\u00f3n de nuestros problemas, es asunci\u00f3n de responsabilidades.<\/p>\n<p>2. CELEBRACI\u00ed\u201cN, CULTO Y CARIDAD &#8211; Por lo menos durante diez siglos, la comunidad cristiana no reconoci\u00f3 otra forma de culto eucar\u00ed\u00adstico diversa o distinta de la celebraci\u00f3n sacrificial: la misa. El hecho de que las especies eucar\u00ed\u00adsticas fuesen devotamente conservadas para administrar el vi\u00e1tico a los enfermos o que fuesen a veces enviadas de una iglesia local a otra, como signo de unidad y de comuni\u00f3n de vida, no hab\u00ed\u00ada suscitado actividades cultuales comunitarias particulares o formas devocionales individuales en relaci\u00f3n con la eucarist\u00ed\u00ada. La pr\u00e1ctica de conservar las especies consagradas, incluso despu\u00e9s de la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica, es una prueba irrefutable de la convicci\u00f3n tradicional de fe en que la presencia real perdura tambi\u00e9n despu\u00e9s de la celebraci\u00f3n de la misa; pero esta presencia real no era objeto de culto. En el fondo, esta pr\u00e1ctica testimonia que la comunidad cristiana no sent\u00ed\u00ada la necesidad de nuevas formas de culto eucar\u00ed\u00adstico, porque en la misa se ve\u00ed\u00ada una s\u00ed\u00adntesis suficientemente rica y, por tanto, omnicomprensiva de cualquier significado religioso y de cualquier eficacia formativa que el culto eucar\u00ed\u00adstico puede y debe tener. Aunque hay opiniones divergentes sobre las circunstancias que dieron origen al nacimiento y al desarrollo de m\u00faltiples actividades cultuales eucar\u00ed\u00adsticas, en el plano hist\u00f3rico es cierto que la aparici\u00f3n de un culto eucar\u00ed\u00adstico distinto de la misa coincide con el despuntar de las primeras controversias en torno a la realidad de la presencia de Cristo en la eucarist\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>No es \u00e9ste el lugar adecuado para analizar detalladamente la historia y la naturaleza de las formas m\u00e1s conocidas de culto y de piedad eucar\u00ed\u00adstica; baste recordar que, desde las primeras \u00abostensiones\u00bb del pan consagrado durante la misa, se pas\u00f3 a las \u00abexposiciones\u00bb y a las adoraciones solemnes de la eucarist\u00ed\u00ada fuera de la misa; de \u00e9stas se derivan tanto las actividades culturales p\u00fablicas y comunitarias (fiesta del Corpus Christi, bendiciones eucar\u00ed\u00adsticas, procesiones eucar\u00ed\u00adsticas, cuarenta horas y, m\u00e1s recientemente, congresos eucar\u00ed\u00adsticos), como las formas de culto y de piedad privada (horas de adoraci\u00f3n, visita al SS. Sacramento, comuni\u00f3n espiritual, etc\u00e9tera). Es indudable que estas actividades cultuales, favorecidas e incrementadas por la autoridad eclesial, se han convertido en otras tantas fuentes de espiritualidad y de vida cristiana, lo mismo individual que asociada. Muchos santos pudieron estructurar su vida asc\u00e9tica, orientar su camino de perfecci\u00f3n y alcanzar la experiencia m\u00ed\u00adstica ejercitando este culto; adem\u00e1s, muchas asociaciones de inspiraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica (cofrad\u00ed\u00adas del SS. Sacramento, congregaciones religiosas, ligas eucar\u00ed\u00adsticas, etc\u00e9tera) han sido aut\u00e9nticas escuelas de formaci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>Con todo, es cierto que la coincidencia entre la necesidad de subrayar la fe en la presencia real y el nacimiento de las nuevas formas de culto eucar\u00ed\u00adstico ha podido condicionar en forma no del todo positiva la piedad cristiana. Entre los condicionamientos de mayor relieve debemos recordar el proceso de objetivaci\u00f3n de la presencia real, transformada casi en fin en s\u00ed\u00ad misma, y, en consecuencia, la afirmaci\u00f3n de un cierto triunfalismo eucar\u00ed\u00adstico y de algunas formas de piedad inspiradas en el sentimentalismo m\u00e1s que en las grandes verdades de la fe. En la exposici\u00f3n solemne eucar\u00ed\u00adstica, por ejemplo, se ve el equivalente de un \u00abCristo entronizado en los altares\u00bb; en las procesiones, una marcha triunfal de Cristo; las horas de adoraci\u00f3n y las visitas al SS. Sacramento fueron sugeridas a veces con la intenci\u00f3n de arrancar al \u00abDivino Prisionero\u00bb de los altares de una soledad grande y deprimente. En este lenguaje, al presente superado, de algunos libros de piedad o de cierta oratoria, podr\u00ed\u00ada advertirse al menos una buena dosis de intemperancia verbal, que no compromete en modo alguno la nobleza de las intenciones o el impulso de una fe sincera; pero es innegable que con ello la piedad eucar\u00ed\u00adstica quedaba alterada de alguna forma, as\u00ed\u00ad como incapacitada para captar el significado m\u00e1s profundo y formativo de la presencia real. Tanto m\u00e1s que este hecho ha permitido, en tiempos m\u00e1s recientes, que se confundiese la justa impugnaci\u00f3n de las deformaciones pietistas con la menos justa impugnaci\u00f3n de actividades cultuales y de pr\u00e1cticas de piedad que en s\u00ed\u00ad mismas conservan su validez educativa.<\/p>\n<p>Las exposiciones solemnes, las procesiones y las adoraciones privadas son leg\u00ed\u00adtimamente recuperables en la medida en que no implican contradicci\u00f3n alguna con la econom\u00ed\u00ada salv\u00ed\u00adfica, a la cual corresponde la instituci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada, y en la medida en que se mantengan abiertas a un justo \u00e9nfasis antropol\u00f3gico. Si, por una parte, hay que devolver a estas actividades cultuales la debida relaci\u00f3n con la misa -an\u00e1logamente a lo que se establece en la instrucci\u00f3n Eucharisticum Mysterium (1967) a prop\u00f3sito de la comuni\u00f3n sacramental hecha \u00abextra Missam\u00bb-, por otra, es preciso desentra\u00f1ar con mucha claridad el mensaje salv\u00ed\u00adfico que incluye para nuestro presente. As\u00ed\u00ad como la comuni\u00f3n sacramental, en cualquier momento que se haga, es siempre una implicaci\u00f3n en la acci\u00f3n sacrificial eucar\u00ed\u00adstica, y no se la puede instrumentalizar para fines puramente privados, por m\u00e1s nobles que puedan ser, de la misma manera toda actividad cultual y toda pr\u00e1ctica de piedad eucar\u00ed\u00adstica deben ser una prolongaci\u00f3n del encuentro dialogal, cuyos contenidos han quedado ya fijados por Cristo al instituir la eucarist\u00ed\u00ada. En este sentido, la exposici\u00f3n y la adoraci\u00f3n solemnes deben significar para los que toman parte en ellas reconocimiento y exaltaci\u00f3n de la l\u00f3gica que llev\u00f3 a Cristo a hacerse presente en la eucarist\u00ed\u00ada: la l\u00f3gica de hacerse grande volvi\u00e9ndose peque\u00f1o, de afirmarse d\u00e1ndose, de ganar la propia vida perdi\u00e9ndola. Las procesiones eucar\u00ed\u00adsticas deben ser, a su vez, una proclamaci\u00f3n de nuestra voluntad de adaptar a la l\u00f3gica de Cristo, no s\u00f3lo nuestras opciones y nuestras actividades, sino tambi\u00e9n nuestras estructuras y nuestros contextos de vida, como las calles, las plazas, los ambientes de trabajo, etc\u00e9tera, a los cuales se lleva a Cristo. En una palabra, hay que devolver a toda forma de culto eucar\u00ed\u00adstico la posibilidad de transformarse en un juicio salv\u00ed\u00adfico sobre nosotros, sobre nuestro tiempo, sobre nuestro mundo, sobre nuestra realidad cotidiana.<\/p>\n<p>Para alcanzar este fin ser\u00e1 preciso, sin embargo, recordar que la eucar\u00ed\u00adstica no es la presencia real exclusiva y \u00fanica de Cristo en su Iglesia. Refiri\u00e9ndose a cuanto se hab\u00ed\u00ada ense\u00f1ado en la constituci\u00f3n \u00abSacrosanctum concilium\u00bb (c. 1, n. 7) del Vat.II, la enc\u00ed\u00adclica Mysterium ftdei (1965), de Pablo VI, afirma que la presencia real de Cristo en su Iglesia es m\u00faltiple: est\u00e1 realmente presente en la oraci\u00f3n de la Iglesia, en su ejercicio de &#8216;las obras de misericordia, en su tendencia escatol\u00f3gica, animada por la fe y por la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu de caridad, en el anuncio de la palabra, en la acci\u00f3n de gobierno y de gu\u00ed\u00ada del pueblo de Dios mediante la jerarqu\u00ed\u00ada, en la celebraci\u00f3n de los sacramentos y, en particular, en la eucarist\u00ed\u00ada. La peculiaridad de la presencia eucar\u00ed\u00adstica no quita nada a la realidad de las otras presencias, las cuales si, por una parte, sirven de ayuda para explicitar la verdadera raz\u00f3n de la presencia realeucar\u00ed\u00adstica, por otra, encuentran su fin en la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica, que sellar\u00e1 el encuentro comunitario, no s\u00f3lo de todos los hijos de Dios, sino de todas las vocaciones cristianas y de su testimonio hist\u00f3rico.<\/p>\n<p>M\u00e1s arriba se hac\u00ed\u00ada observar que, al acentuar de manera exasperada la realidad de la presencia eucar\u00ed\u00adstica hasta hacerla casi fin en s\u00ed\u00ad misma, se da al culto y a la piedad eucar\u00ed\u00adsticos un tono triunfalista que est\u00e1 en contradicci\u00f3n con la econom\u00ed\u00ada salvifica, de la que el misterio de la eucarist\u00ed\u00ada forma parte. La teolog\u00ed\u00ada contempor\u00e1nea, al profundizar y ensanchar la comprensi\u00f3n de la que se ha convenido en llamar la \u00abv\u00ed\u00ada de la presencia real\u00bb, o sea, la transustanciaci\u00f3n, ha puesto con raz\u00f3n de relieve que la mutaci\u00f3n real del pan y del vino en cuerpo y sangre de Cristo implica necesariamente tambi\u00e9n una mutaci\u00f3n real del significado (transignificaci\u00f3n) y del fin (transfinalizaci\u00f3n) de los elementos que constituyen el signo sacramental. Si exponer la fe se limitase aqu\u00ed\u00ad a destacar la dimensi\u00f3n ontol\u00f3gica de la mutaci\u00f3n misteriosa que tiene lugar en el sacramento eucar\u00ed\u00adstico, se har\u00ed\u00ada de forma incompleta y no formativa. Por otra parte, no es posible hablar de manera constructiva de transignificaci\u00f3n y de transfinalizaci\u00f3n, si no se dan contenidos efectivos al nuevo significado y al nuevo fin atribuible al pan y al vino eucar\u00ed\u00adstico.<\/p>\n<p>Estos contenidos, que no pueden ser producto de la fe subjetiva, est\u00e1n indicados precisamente por las diversas formas de presencia real que Cristo establece en su Iglesia. Jesucristo est\u00e1 presente en alma y cuerpo en la eucarist\u00ed\u00ada para significarnos que nuestras obras de misericordia le hacen verdaderamente presente en la historia cuando no se agotan en el cuidado de las necesidades del esp\u00ed\u00adritu, sino que se extienden a la realizaci\u00f3n del hombre integral; para significarnos que el anuncio de su palabra le hace realmente presente cuando consiente, junto a la escucha de la promesa de salvaci\u00f3n, una experiencia parcial, pero efectiva de la salvaci\u00f3n, que \u00e9l ha venido a traer; y lo que se ha dicho a manera de ejemplo de la presencia real en las obras de misericordia y en el anuncio de evangelizaci\u00f3n puede aplicarse f\u00e1cilmente a la presencia real en la acci\u00f3n pastoral de la jerarqu\u00ed\u00ada y en la tendencia escatol\u00f3gica de todo el pueblo de Dios. Mas, puesto que las diversas presencias reales de Cristo en la vida de la Iglesia se extienden, en definitiva, a todas las formas de aut\u00e9ntica vida cristiana con que los bautizados introducen la salvaci\u00f3n en la historia, es decir, a todas las vocaciones cristianas que actualizan, cada una seg\u00fan la moci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica del Esp\u00ed\u00adritu y en comuni\u00f3n entre s\u00ed\u00ad, la riqueza del misterio de Cristo salvador, se sigue de ah\u00ed\u00ad que la presencia real eucar\u00ed\u00adstica, al dar a cada vocaci\u00f3n su justo significado, expresa tambi\u00e9n el fin al que cada una est\u00e1 orientada. La estructura de la iniciaci\u00f3n cristiana&#8217;, que coloca a la eucarist\u00ed\u00ada en el v\u00e9rtice, es ya una clara indicaci\u00f3n en este sentido. El Esp\u00ed\u00adritu de Cristo, que hace de cada bautizado un hombre nuevo y suscita en la confirmaci\u00f3n los g\u00e9rmenes de la vocaci\u00f3n con que cada uno ha de desempe\u00f1ar su papel de testigo de la salvaci\u00f3n en la historia, es un Esp\u00ed\u00adritu de unidad que orienta a cada vocaci\u00f3n hacia la comunidad-comuni\u00f3n. La eucarist\u00ed\u00ada es la celebraci\u00f3n de esta convergencia y, al paso que ense\u00f1a que cada vocaci\u00f3n debe ser ella misma para expresar la m\u00e1xima fidelidad al Esp\u00ed\u00adritu, proclama que el \u00fanico camino abierto a la realizaci\u00f3n suprema del propio carisma es hacer de \u00e9l un servicio a los otros carismas.<\/p>\n<p>Desde este punto de vista, la eucarist\u00ed\u00ada nos ayuda a comprender mejor dos caracter\u00ed\u00adsticas fundamentales de las diversas vocaciones cristianas: una -la m\u00e1s evidente- es la que exige de toda vocaci\u00f3n una apertura eclesial radical: la multiplicidad de las vocaciones espara la unidad de la Iglesia; otra, la que obliga a toda vocaci\u00f3n a ser un signo de la catolicidad dentro de su misma condici\u00f3n espec\u00ed\u00adfica; es decir, a dar un testimonio que, si bien consiste en la afirmaci\u00f3n de determinados valores que son propios y exclusivos de una vocaci\u00f3n, es, sin embargo, evocativa tambi\u00e9n de los valores que son propios de las otras.<\/p>\n<p>El ejemplo m\u00e1s f\u00e1cil puede verse en dos vocaciones aparentemente tan dispares como la virginidad y el matrimonio. La afirmaci\u00f3n de que la virginidad y el matrimonio deben ser un momento de la edificaci\u00f3n de la Iglesia parece del todo pac\u00ed\u00adfica; pero en realidad es preciso subrayar que ni la virginidad ni el matrimonio dan un testimonio cristiano efectivo cuando se afirman s\u00f3lo como fidelidad al ideal de una vida que una y otro implican. El matrimonio es verdaderamente cristiano cuando, adem\u00e1s de realizar la uni\u00f3n conyugal seg\u00fan el proyecto cristiano, mantiene a la pareja abierta a las exigencias de toda la comunidad eclesial y no s\u00f3lo a las de la comunidad conyugal o familiar; la virginidad es verdaderamente cristiana cuando, adem\u00e1s de no implicar ninguna infidelidad al ideal virginal, no se cierra en s\u00ed\u00ad misma, sino que se convierte en un servicio eclesial. En esta apertura eclesial de las vocaciones particulares se injerta luego su catolicidad: la virginidad, aun distingui\u00e9ndose del matrimonio en ser renuncia al amor conyugal, debe hacerse evocativa de la vocaci\u00f3n matrimonial, situ\u00e1ndose como actitud amorosa capaz de actuar, si bien en forma diversa, todos los valores positivos encerrados en el amor conyugal; a su vez, el amor conyugal, aunque en su modalidad espec\u00ed\u00adfica, debe ser capaz de significar todos los valores positivos que est\u00e1n impl\u00ed\u00adcitos en la vocaci\u00f3n virginal [>Celibato y virginidad; >Familia; >Celebraci\u00f3n lit\u00fargica II, 2, b].<\/p>\n<p>Por desgracia, estas indicaciones que se siguen para las vocaciones cristianas de su finalizaci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica, no siempre se han tomado en la debida consideraci\u00f3n y, como en el caso de la virginidad y del matrimonio, se ha derivado de ello una lectura contrapuesta y casi antag\u00f3nica, que legitima m\u00e1s de lo necesario la afirmaci\u00f3n de la una como estado de perfecci\u00f3n de santidad privilegiada y hace del otro s\u00f3lo una situaci\u00f3n, ciertamente honesta y salv\u00ed\u00adfica, pero de perfecci\u00f3n deficiente. Sin embargo, el ejemplo m\u00e1s apropiado para demostrar las consecuencias negativas que se siguen de no hacer el suficiente hincapi\u00e9 en la ordenaci\u00f3n de todas las vocaciones a la eucarist\u00ed\u00ada, es otro. Es sabido que el sacerdocio ministerial (m\u00e1s exactamente habr\u00ed\u00ada que decir el ministerio sacerdotal) ha sido considerado durante mucho tiempo como la \u00fanica forma verdadera de sacerdocio en la Iglesia, mientras que el com\u00fan a todo el pueblo de Dios se mir\u00f3 como un sacerdocio casi s\u00f3lo metaf\u00f3rico. No es improbable que estas convicciones se derivaran de una reacci\u00f3n pol\u00e9mica contra las tesis de los reformadores m\u00e1s que de una reflexi\u00f3n de fe; el hecho es que la presidencia eucar\u00ed\u00adstica -justamente reservada a los sacerdotes ministros- pudo teorizarse independientemente del sacerdocio que todo fiel ejerce actuando la propia vocaci\u00f3n; lo cual contribuy\u00f3 a establecer ulteriormente una indebida ruptura entre clero y laicado, que el Vat. II ha intentado remediar. Si en la eucarist\u00ed\u00ada no convergieran los testimonios de todas las vocaciones cristianas, a la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica le faltar\u00ed\u00ada lo que hace de ella el sacrificio de la Iglesia junto con el sacrificio de Cristo. La presidencia eucar\u00ed\u00adstica es ciertamente \u00abun\u00bb carisma; pero lo es como servicio a los otros carismas, que en la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica dan gloria a Dios realizando el misterio de la Iglesia \u00abuna en la multiplicidad\u00bb.<\/p>\n<p>E. Ruffini<br \/>\nBIBIL.-AA. VV., Plegarias eucar\u00ed\u00adsticas de todos los pa\u00ed\u00adses, PPC, Madrid 1976.-Borobio, D, Eucarist\u00ed\u00ada para el pueblo, Descl\u00e9e, Bilbao 1981.-Bouyer, L, Eucarist\u00ed\u00ada, teolog\u00ed\u00ada y espiritualidad de la oraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica, Herder, Barcelona 1989.-Burgaleta, J, Oraciones eucar\u00ed\u00adsticas: cantos para el tiempo nuevo, Perpetuo Socorro, Madrid 1977.-Durrwell, F. X, La eucarist\u00ed\u00ada, misterio pascual, S\u00ed\u00adgueme, Sala-manca 1982.-Duasaut, L, L&#8217;Eucharistie, p\u00e2ques de toute la vie. D\u00ed\u00adakronie symbolique de l&#8217;Eucharistie, Cerf, Par\u00ed\u00ads 1972.-Espinel Marcos, J. L, La cena del Se\u00f1or, acci\u00f3n prof\u00e9tica, PPC, Madrid 1976.-Espinel Marcos, J. L, La eucarist\u00ed\u00ada del Nuevo Testamento, San Esteban, Salamanca 1980.-Galdeano, J G, Eucarist\u00ed\u00ada dom\u00e9stica y por grupos, Perpetuo Socorro, Madrid 1971.-Garrone, G. M, La eucarist\u00ed\u00ada, salvaguardia de la fe, Catequ\u00e9tica Salesiana, Madrid 1976.-Guerin, P. La palabra y el pan, Sal Terrae, Santander 1977.-Jungmann, .1. A, El sacrificio de la Misa, Ed. Cat\u00f3lica, Madrid 1968.-Maldonado, L, La plegaria eucar\u00ed\u00adstica, Ed. Cat\u00f3lica 1967.-Thurian, M, La eucarist\u00ed\u00ada. Memorial del Se\u00f1or, sacrificio de acci\u00f3n de gracias y de intercesi\u00f3n, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1965.-Pedro, &#8216;A. de, La nueva celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica, Sal Terrae, Santander 1976.-S\u00e1nchez Caro, J. M, La gran oraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica. Textos de ayer y de hoy, \u00abLa Muralla\u00bb, Madrid 1969.-Solano, J, Textos eucar\u00ed\u00adsticos primitivos, 2 vols., Ed. Cat\u00f3lica, Madrid 1952.<\/p>\n<p>S. de Fiores &#8211; T. Goffi &#8211; Augusto Guerra, Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Ediciones Paulinas, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Espiritualidad<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO. I. Origen y evoluci\u00f3n de la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica: 1. Centralidad del tema; 2. Punto de partida: el gesto de la \u00faltima cena; 3. Cristo, \u00abde siervo a Kyrios\u00bb; 4. De la liturgia de la cena jud\u00ed\u00ada a la cristiana; 5. Nombres de la eucarist\u00ed\u00ada; 6. Formaci\u00f3n de las oraciones eucar\u00ed\u00adsticas en las diferentes liturgias; 7. La celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica: las grandes etapas de su evoluci\u00f3n hist\u00f3rica &#8211; Il. La celebraci\u00f3n de la misa: din\u00e1mica y significados: 1. La comunidad que se re\u00fane (asamblea y rito de entrada); 2. Comunidad que escucha (liturgia de la palabra); 3. Comunidad convival (ofertorio); 4. Comunidad que da gracias (oraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica): a) &#8230; proclamando las obras de Dios, b) &#8230;celebrando el memorial de la pascua del Se\u00f1or, c) &#8230; invocando al Esp\u00ed\u00adritu Santo, d) &#8230; ofreciendo el sacrificio de la nueva alianza, e) &#8230; ofreci\u00e9ndonos a nosotros mismos en sacrificio espiritual, f) &#8230; formando todos un solo cuerpo, g) &#8230;invocando al Esp\u00ed\u00adritu Santo sobre los comunicantes, h) &#8230; comunicando con la iglesia de la tierra y la del cielo, i) intercediendo por todos, j) La doxolog\u00ed\u00ada final; 5. Comunidad de comuni\u00f3n y participaci\u00f3n (el rito de comuni\u00f3n y de despedida); 6. Comunidad enviada a la misi\u00f3n; 7. A la espera del banquete final.<\/p>\n<p>I. Origen y evoluci\u00f3n de la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica<br \/>\n1. CENTRALIDAD DEL TEMA. \u00abLa celebraci\u00f3n de la misa, como acci\u00f3n de Cristo y del pueblo de Dios ordenado jer\u00e1rquicamente, es el centro de toda la vida cristiana para la iglesia universal y local, y para todos los fieles individualmente\u00bb. La afirmaci\u00f3n clara y solemne con que se inicia el primer cap\u00ed\u00adtulo del nuevo misal (= OGMR 1), haci\u00e9ndose eco de tantas tomas de posici\u00f3n del Vat. II, no es dif\u00ed\u00adcil de justificar, si en la celebraci\u00f3n de la misa se toma la presencia din\u00e1mica e irradiante del misterio de Cristo en singular, esto es, en la globalidad del acto de su redenci\u00f3n, o en plural, como presencia de los misterios de Cristo, o sea, de los aspectos o momentos del \u00fanico acontecimiento salv\u00ed\u00adfico. De hecho, la repetici\u00f3n de las celebraciones no hace sino poner en contacto o canalizar en el tiempo la \u00abinagotable riqueza\u00bb de Cristo, por lo que es verdad que aqu\u00ed\u00ad se halla el centro, la cima y la fuente de la que deriva cualquier otra gracia en la iglesia (cf SC 10).<\/p>\n<p>La eucarist\u00ed\u00ada es totalizante y finalizante, bien respecto al conjunto de los sacramentos (vistos como un todo org\u00e1nico), bien respecto a toda la celebraci\u00f3n lit\u00fargica de la iglesia en su dimensi\u00f3n m\u00e1s amplia, que abarca el ciclo del a\u00f1o lit\u00fargico y el cursus semanal y cotidiano al ritmo de la liturgia de las Horas, como constelaciones de momentos orantes y adorantes que giran en torno al sol. De hecho, es sabido que el officium laudis brota, en el fondo, del sacrificium laudis del altar, como su dilataci\u00f3n y prolongaci\u00f3n (cf PO 6). Analizando los ricos contenidos del misterio eucar\u00ed\u00adstico, veremos c\u00f3mo realmente no hay ning\u00fan aspecto de la vida y de la misi\u00f3n de la iglesia que no est\u00e9 en estrecha relaci\u00f3n con la misa, y esto sin caer en la ingenuidad del panliturgismo (cf SC 12). Los temas b\u00ed\u00adblico, teol\u00f3gico, espiritual, pastoral, misional y ecum\u00e9nico se entrelazan f\u00e1cilmente en torno a nuestra celebraci\u00f3n, por no hablar del amplio campo de las artes (m\u00fasica, arquitectura&#8230;) y de las ciencias humanas (leyes de la -> comunicaci\u00f3n, -> lenguaje cultural&#8230;), problemas a los que no nos es posible dar aqu\u00ed\u00ad todo el desarrollo necesario.<\/p>\n<p>2. PUNTO DE PARTIDA: EL GESTO DE LA \u00daLTIMA CENA. Es un dato universalmente conocido y aceptado que nuestra eucarist\u00ed\u00ada tiene su origen y deriva sus l\u00ed\u00adneas esenciales del gesto que Jes\u00fas cumpli\u00f3 en la \u00faltima cena con sus disc\u00ed\u00adpulos, y del que nos han llegado cuatro narraciones diferentes ordenadas en dos l\u00ed\u00adneas paralelas: Marcos-Mateo y Pablo-Lucas. Estas narraciones de la instituci\u00f3n, tal y como justamente nos advierten los exegetas, no deben tomarse como puras relaciones hist\u00f3ricas de los hechos: en las diversas redacciones, aunque sean tambi\u00e9n sustancialmente concordes, se siente la influencia del uso lit\u00fargico un tanto diferenciado seg\u00fan las exigencias de las primitivas comunidades cristianas. As\u00ed\u00ad se nos muestra r\u00e1pidamente la complejidad de los problemas que subyacen, si se quiere determinar con absoluto rigor cu\u00e1l fue el n\u00facleo primitivo del que todo ha tomado origen (por ejemplo, las ipsissima verba et gesta de Cristo); la cuidadosa g\u00e9nesis con que se han organizado las primeras celebraciones eucar\u00ed\u00adsticas; las l\u00ed\u00adneas de desarrollo sobre las que con el paso del tiempo se han configurado las diversas tradiciones lit\u00fargicas, especialmente por lo que se refiere al sentido preciso y a la estructura fundamental de las an\u00e1foras u oraciones eucar\u00ed\u00adsticas. No podemos seguir aqu\u00ed\u00ad los sutiles an\u00e1lisis y las discusiones que a\u00fan mantienen los especialistas. Remiti\u00e9ndonos a la bibliograf\u00ed\u00ada, para quien sienta inter\u00e9s hist\u00f3rico-cient\u00ed\u00adfico, aqu\u00ed\u00ad deseamos tocar solamente algunos puntos que iluminan el sentido de la eucarist\u00ed\u00ada y sobre los cuales hay algunas conclusiones bastante pac\u00ed\u00adficas.<\/p>\n<p>3. CRISTO, \u00abDE SIERVO A KYRIOS\u00bb. \u00bfQu\u00e9 quiso significar Jes\u00fas con los gestos y las palabras del cen\u00e1culo la tarde del jueves santo? \u00bfQu\u00e9 pretendi\u00f3 dejar a la iglesia instituyendo la eucarist\u00ed\u00ada?; o, vistas las cosas desde la otra parte: \u00bfc\u00f3mo entendieron las primeras comunidades cristianas el gesto de la cena?<br \/>\nParece una conclusi\u00f3n seriamente fundada en la ex\u00e9gesis moderna, incluida la no cat\u00f3lica, que el Jes\u00fas prepascual se vio a s\u00ed\u00ad mismo y ley\u00f3 su destino de profeta-mes\u00ed\u00adas en la misteriosa figura del siervo de Yav\u00e9, que sufre y da su vida por la salvaci\u00f3n de los hermanos (cf especialmente Is 53). Si es \u00e9sta la m\u00e1s antigua cristolog\u00ed\u00ada discernible en el fondo del NT y que ha dejado muchas huellas en los evangelios (por ejemplo, en Mar 10:45 y paralelos: \u00abEl Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida para la redenci\u00f3n de muchos\u00bb), no es imposible tampoco captar el significado de las palabras pronunciadas sobre el pan, sobre todo en la forma usada por Pablo (\u00ab&#8230; cuerpo que se da por vosotros\u00bb, 1Co 11:24) o por Lucas (\u00ab&#8230; cuerpo que por vosotros es entregado\u00bb,1Co 22:19), quienes no habr\u00ed\u00adan hecho otra cosa que explicitar de manera m\u00e1s comprensible para las comunidades helen\u00ed\u00adsticas algo ya contenido, visto el contexto, en la f\u00f3rmula aramaico-petrina (\u00abEsto es mi cuerpo\u00bb, Mar 14:22; Mat 26:26), si se la considera m\u00e1s primitiva. En las palabras relativas al c\u00e1liz de la \u00absangre derramada por vosotros\u00bb (Lev 22:20; cf 1Co 11:25) o \u00abpor muchos\u00bb (seg\u00fan Mar 14:24, a quien Mat 26:28 a\u00f1ade: \u00abpara remisi\u00f3n de los pecados\u00bb), el sentido se hace a\u00fan m\u00e1s claro en la l\u00ed\u00adnea del siervo sufriente.<\/p>\n<p>En otras palabras: Jes\u00fas, pocas horas antes del sacrificio cruento del Calvario hacia el que tend\u00ed\u00ada y en el que ahora ya estaba precipit\u00e1ndose, cumple una acci\u00f3n prof\u00e9tica, o sea, anticipa y se compromete con gestos-palabras en la realidad que est\u00e1 a punto de aferrarlo, o se entrega voluntariamente en la cena de la que arranca todo el drama de la pasi\u00f3n: \u00abLo que est\u00e1s haciendo, hazlo pronto\u00bb (Jua 13:28), dice al disc\u00ed\u00adpulo traidor, que sale de noche para concertar su entrega a los enemigos. Si todo esto despu\u00e9s se incluye, como es opini\u00f3n com\u00fan, en el marco celebrativo de la cena pascual hebrea, cuando se consum\u00ed\u00ada el cordero inmolado para la fiesta; o por lo menos, de modo m\u00e1s general (ya que la cuesti\u00f3n cronol\u00f3gica permanece abierta y sigue discuti\u00e9ndose entre los especialistas), se hace coincidir la cena y la muerte de Jes\u00fas con las solemnidades pascuales -todos saben que \u00e9stas giraban en torno a la inmolaci\u00f3n y comida del cordero, identificado por Pablo con Cristo mismo (1Co 5:7) y quiz\u00e1 tambi\u00e9n por Juan Bautista (\u00abHe aqu\u00ed\u00ad el Cordero de Dios&#8230;\u00bb, Jua 1:36)-, entonces el significado global de la primera eucarist\u00ed\u00ada celebrada por Jes\u00fas y continuada despu\u00e9s por mandato suyo (\u00abHaced esto en recuerdo m\u00ed\u00ado\u00bb, Luc 22:19) en las primeras comunidades cristianas no ofrece dudas.<\/p>\n<p>Hablando en t\u00e9rminos m\u00e1s modernos: la muerte real de Cristo en la cruz no ten\u00ed\u00ada en s\u00ed\u00ad misma nada de lit\u00fargico-ritual; pero en la \u00faltima cena eligi\u00f3 \u00e9l personalmente los signos y los ritos (llamados despu\u00e9s sacramentales) bajo los que quer\u00ed\u00ada que se perpetuase lo que hab\u00ed\u00ada hecho en su gran hora, capacitando a los ap\u00f3stoles para hacer otro tanto. Esto es lo que se quiere decir cuando se afirma que Jes\u00fas ha instituido el sacramento del cuerpo entregado y la sangre derramada, con el que ha establecido la nueva alianza en el amor, en lugar de la antigua, ya superada.<\/p>\n<p>Si \u00e9sta es la verdadera interpretaci\u00f3n de las cosas, tal y como la comunidad cristiana las ha comprendido desde el principio, parece m\u00e1s bien pobre la presentaci\u00f3n de una teolog\u00ed\u00ada manual\u00ed\u00adstica propia de un tiempo ya pasado, reflejada tambi\u00e9n en las f\u00f3rmulas del viejo catecismo, que tras las controversias sobre la presencia real tend\u00ed\u00ada toda ella a demostrar, a trav\u00e9s del estudio anal\u00ed\u00adtico de las palabras de Jes\u00fas, ante todo la realidad del \u00abverdadero cuerpo, sangre, alma y divinidad\u00bb. En cambio, es esencial a la eucarist\u00ed\u00ada, ya desde la primera intenci\u00f3n de Jes\u00fas, no s\u00f3lo la presencia f\u00ed\u00adsica (por as\u00ed\u00ad decirlo) de su verdadero cuerpo, sino la din\u00e1mica de un cuerpo que se da y se sacrifica hasta derramar su sangre por nosotros. La eucarist\u00ed\u00ada, en cuanto es sacramento (presencia real), no se puede tener sino dentrodel acto que celebra o ritualiza el sacrificio de Cristo, o sea, hace presente el gesto del siervo de Yav\u00e9, que se ofrece libremente como v\u00ed\u00adctima por sus hermanos.<\/p>\n<p>Falta todav\u00ed\u00ada un elemento para tener la fisonom\u00ed\u00ada completa y aut\u00e9ntica de la eucarist\u00ed\u00ada transmitida por las generaciones apost\u00f3licas. Parece un dato pac\u00ed\u00adfico que el mandamiento de Jes\u00fas de hacer lo que \u00e9l hab\u00ed\u00ada hecho no fue cumplido por los ap\u00f3stoles sino despu\u00e9s de la pascua y la ascensi\u00f3n; mejor a\u00fan, despu\u00e9s del env\u00ed\u00ado del Esp\u00ed\u00adritu Santo en pentecost\u00e9s. Sin embargo, en aquel per\u00ed\u00adodo los ap\u00f3stoles hab\u00ed\u00adan tenido otros encuentros convivales con Jes\u00fas convertido en el Se\u00f1or resucitado, y esto, se\u00f1alan los historiadores, dej\u00f3 huella en la eucarist\u00ed\u00ada primitiva, que posteriormente influy\u00f3 en toda la sucesiva evoluci\u00f3n lit\u00fargica.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad, la eucarist\u00ed\u00ada cristiana, permaneciendo fiel a su primera forma originaria, no ha sido sentida y vivida solamente como repetici\u00f3n de la cena de despedida, toda ella envuelta en la atm\u00f3sfera triste y tr\u00e1gica de aquella \u00abnoche en que Jes\u00fas fue traicionado\u00bb y que iniciaba su pasi\u00f3n, sino que tambi\u00e9n ha asumido los rasgos de la otra experiencia, inolvidable, convival, toda ella transida de gozo, cuando \u00ablos disc\u00ed\u00adpulos se llenaron de gozo viendo al Se\u00f1or\u00bb (Jua 20:20). Por tanto, la presencia de Jes\u00fas, que se encuentra de nuevo entre los suyos en la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica, no es solamente la del que se ofrece en sacrificio, por amor, sino tambi\u00e9n la del que ha sido exaltado y ha recibido el \u00abnombre que est\u00e1 sobre cualquier otro nombre\u00bb (Flp 2:9). En otras palabras: el Cristo de la eucarist\u00ed\u00ada es el siervo sufriente que se ha convertido en el Kyrios.<\/p>\n<p>Es muy diferente celebrar el gesto de amor de Jes\u00fas en la \u00faltima cenadesde el lado de ac\u00e1 de la pascua (presencia del sacrificio-pasi\u00f3n en la misa, como en muchas exposiciones teol\u00f3gicas y espirituales del pasado), o celebrar el mismo acontecimiento desde el lado de all\u00e1 de la pascua, esto es, cuando la muerte sacrificial se ha hecho victoriosa, ha desembocado en la gloria y, por tanto, ha ya resuelto de una vez por todas el problema de la salvaci\u00f3n para todos. Esta es la eucarist\u00ed\u00ada celebrada por los primeros cristianos y transmitida a todas las generaciones sucesivas como acontecimiento pascual completo. La s\u00ed\u00adntesis m\u00e1s breve y eficaz la tenemos en el binomio siervo-Kyrios, que expresa las dos caras del \u00fanico acontecimiento salv\u00ed\u00adfico.<\/p>\n<p>4. DE LA LITURGIA DE LA CENA JUD\u00ed\u008dA A LA CRISTIANA. Hasta ahora hemos prestado atenci\u00f3n al contenido del gesto esencial llevado a cabo por Jes\u00fas en la instituci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica. Ahora debemos ampliar la mirada al marco lit\u00fargico-ritual dentro del que ha insertado los elementos nuevos.<\/p>\n<p>Prescindiendo siempre de la cuesti\u00f3n hist\u00f3rica sobre si se trat\u00f3 propiamente de la cena jud\u00ed\u00ada y cu\u00e1ndo la celebr\u00f3 Jes\u00fas con sus disc\u00ed\u00adpulos, el inter\u00e9s hacia el que apunta la investigaci\u00f3n de los estudiosos de hoy es la individualizaci\u00f3n precisa del rito y de las oraciones de la mesa que se usaban en el juda\u00ed\u00adsmo contempor\u00e1neo, de las que Jes\u00fas debi\u00f3 servirse y que inspiraron despu\u00e9s el g\u00e9nero literario y la estructura fundamental de las an\u00e1foras u oraciones eucar\u00ed\u00adsticas sucesivas. Esto no quiere decir que las composiciones cristianas siguieron a pie juntillas los formularios jud\u00ed\u00ados: Jes\u00fas mismo aport\u00f3 novedades y cambios, siendo imitado despu\u00e9s por las comunidades cristianas primitivas; pero ciertas l\u00ed\u00adneascaracter\u00ed\u00adsticas de la liturgia jud\u00ed\u00ada originaria se pueden todav\u00ed\u00ada hoy reconocer y ofrecen \u00fatiles claves de lectura tambi\u00e9n para nuestros textos actuales.<\/p>\n<p>Los intensos estudios sobre un terreno tan delicado (entre otras cosas por la escasez de documentos contempor\u00e1neos) est\u00e1n muy lejos de haber alcanzado conclusiones seguras y un\u00e1nimemente compartidas; de todas formas, se pueden indicar dos posiciones que en los \u00faltimos tiempos se reparten el terreno. En torno a los a\u00f1os 1958-75 domin\u00f3 la tesis de Audet&#8217;, que cre\u00ed\u00ada descubrir el g\u00e9nero literario de la Berakah tanto bajo las oraciones judaicas en cuesti\u00f3n cuanto bajo las cristianas eucar\u00ed\u00adsticas de las que tratamos. Considerando pr\u00e1cticamente -y tambi\u00e9n indebidamente, seg\u00fan los estudiosos m\u00e1s modernos- sin\u00f3nimos los t\u00e9rminos bendecir (hebreo, berek; griego, euloghein) y dar gracias (hebreo, h\u00f3dah; griego, eucharistein), hab\u00ed\u00ada llegado a intuir esta estructura de base tripartita: una bendici\u00f3n (Berakah); la anamnesis o memorial de los mirabilia Dei; una bendici\u00f3n final en forma de inclusi\u00f3n o doxolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Estudios posteriores (de Ligier, Taller, Rouwhorst) consideran artificioso y mal documentado este hipot\u00e9tico g\u00e9nero literario que formar\u00ed\u00ada la base de nuestra eucarist\u00ed\u00ada, y acuden de manera m\u00e1s general a las formas de oraci\u00f3n de la mesa que con toda verosimilitud se usaban en tiempos de Jes\u00fas, y que en su conjunto comportan el siguiente desenvolvimiento ritual: I) bendici\u00f3n inicial (breve) con fracci\u00f3n y distribuci\u00f3n del pan; II) comida; III) todo se conclu\u00ed\u00ada con una f\u00f3rmula m\u00e1s amplia llamada en hebreo Birkat-ha-Mazon, que ser\u00ed\u00ada verdaderamente la base de nuestras oraciones eucar\u00ed\u00adsticas.<\/p>\n<p>Esta f\u00f3rmula eucol\u00f3gica se articulaba en tres partes: I) una breve bendici\u00f3n (\u00abBendito seas t\u00fa, Se\u00f1or, que das alimento al mundo entero&#8230;\u00bb); II) una solemne acci\u00f3n de gracias (por el don de la tierra prometida, de la alianza, de la ley, de la vida y del alimento); III) una oraci\u00f3n de s\u00faplica en forma de bendici\u00f3n, que expresa confianza en el Dios grande y bueno, que hoy, ma\u00f1ana y hasta la eternidad colmar\u00e1 de sus dones a Israel. La Birkat-ha-Mazon, en s\u00ed\u00adntesis, consta de un cuerpo central m\u00e1s largo, que desarrolla la acci\u00f3n de gracias, introducida por una breve bendici\u00f3n y terminada con una oraci\u00f3n de intercesi\u00f3n.<\/p>\n<p>C\u00f3mo y por qu\u00e9 etapas intermedias a partir de esta base (usada, seg\u00fan la hip\u00f3tesis, por Jes\u00fas mismo) se ha formado nuestra an\u00e1fora eucar\u00ed\u00adstica (que se acerca bastante a ella), es imposible determinarlo con toda precisi\u00f3n, dado el actual estado de los documentos. Parece que entre la segunda y tercera estrofa se han intercalado los elementos nuevos que corresponden a nuestro Sanctus (introducido m\u00e1s tarde, a cuanto parece) y a la trilog\u00ed\u00ada central (en estrecha conexi\u00f3n rec\u00ed\u00adproca): narraci\u00f3n de la instituci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica, an\u00e1mnesis, ep\u00ed\u00adclesis. M\u00e1s all\u00e1, sin embargo, de las referencias fragmentarias o alusiones eucar\u00ed\u00adsticas que se pueden recoger de los m\u00e1s antiguos escritos cristianos (Didaj\u00e9, Ep\u00ed\u00adstola de Clemente Romano, Justino, Tertuliano, Constituciones Apost\u00f3licas VII y VIII. Didascalia Apostolorum) o que deducimos de las primeras an\u00e1foras conocidas (la primera, la de la Tradici\u00f3n de Hip\u00f3lito, ya perfectamente construida, se podr\u00ed\u00ada decir, o la m\u00e1s particular de Addai y Mari, y sobre todo en los casos m\u00e1s evolucionados de la an\u00e1fora de Serapi\u00f3n o del canon romano), la primitiva oraci\u00f3n de la mesa jud\u00ed\u00ada es reconocible s\u00f3lo como palimpsesto, y no podemos construir un verdadero \u00e1rbol geneal\u00f3gico de las f\u00f3rmulas cristianas catalogadas despu\u00e9s como oraciones eucar\u00ed\u00adsticas.<\/p>\n<p>5. NOMBRES DE LA EUCARIST\u00ed\u008dA. La riqueza y variedad de los nombres empleados para designar la eucarist\u00ed\u00ada seg\u00fan los diversos tiempos y lugares indica una pluralidad de aspectos y su respectiva complejidad, que se deseaba expresar a trav\u00e9s de esos nombres sin lograr evidentemente que \u00e9stos fueran considerados adecuados a las exigencias. A veces se refieren al contenido profundo del misterio celebrado; otras veces, en cambio, se toman de alg\u00fan rito o signo m\u00e1s bien extr\u00ed\u00adnseco.<\/p>\n<p>El nombre m\u00e1s antiguo que aparece en el NT es el que usa Pablo: cena del Se\u00f1or (1Co 11:20 y contexto), o bien fracci\u00f3n del pan (paralelamente al verbo partir el pan), que se halla en Lucas (1Co 24:35) y en Hechos (1Co 2:42.46; 1Co 20:7.11; 1Co 27:35). Antiqu\u00ed\u00adsimo, pues se encuentra ya en la Didaj\u00e9 (c. 9-10.14), es el t\u00e9rmino tan significativo de eucarist\u00ed\u00ada (acci\u00f3n de gracias y alabanza), que ser\u00e1 posteriormente el m\u00e1s frecuente y extendido en Oriente y Occidente, como se puede ver en los m\u00e1s antiguos escritos tanto cristianos como gn\u00f3sticos, y en los primeros documentos lit\u00fargicos.<\/p>\n<p>Muy com\u00fan y antiguo es tambi\u00e9n el t\u00e9rmino ofrecer-ofrenda: oblatio en lat\u00ed\u00adn, prosphor\u00e1 en griego, que entre los sirios pasar\u00e1 a ser kurbons, don. An\u00e1fora, en cambio, designa directamente la parte central de la misa, aludiendo al formulario de la oraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica. El dominicum (usado en Africa y Roma) pod\u00ed\u00ada indicar el rito eucar\u00ed\u00adstico, el lugar de la reuni\u00f3n o el d\u00ed\u00ada del Se\u00f1or (domingo). M\u00e1s gen\u00e9ricoes el t\u00e9rmino sacrum o sacrum facere, an\u00e1logo al actio-agere (san Ambrosio) o agenda (m\u00e1s tard\u00ed\u00ado), que expresa el cumplimiento de la acci\u00f3n sacra por excelencia, y que ha dejado huella en la liturgia romana hasta nuestros d\u00ed\u00adas en el canon actionis (\u00abnorma de actuaci\u00f3n\u00bb) o infra actionem, como se puede leer en el misal.<\/p>\n<p>Algo semejante sucede en el griego con el vocablo leitourgia, que designa inicialmente el conjunto de las ceremonias p\u00fablicas o la celebraci\u00f3n del oficio divino; despu\u00e9s, a partir del s. Ix, indica simplemente la misa. Con Cipriano y Agust\u00ed\u00adn, especialmente, se afirma la terminolog\u00ed\u00ada de sacrificium, que, reasumida por el medievo, adquirir\u00e1 tanta importancia dogm\u00e1tica para subrayar uno de los aspectos m\u00e1s esenciales de la misa.<\/p>\n<p>Los dem\u00e1s t\u00e9rminos se refieren no a la acci\u00f3n de los ministros, sino a la del pueblo, especialmente a sus reuniones, como el latino conecta (usado en Africa con este sentido m\u00e1s general), aunque sea m\u00e1s famoso su equivalente griego syn\u00e1xis (pasado tambi\u00e9n a Occidente) para indicar la sagrada asamblea que se re\u00fane a celebrar la eucarist\u00ed\u00ada, y despu\u00e9s la celebraci\u00f3n misma. El acto de reunirse todos juntos para celebrar la eucarist\u00ed\u00ada puede expresar muy bien la totalidad. En cambio parece extra\u00f1o que en Occidente con el nombre missa (normalmente entendido como missio o dimissio) haya prevalecido el acto contrario, el despedir, aunque se le quiera considerar como un acto sacro acompa\u00f1ado de una bendici\u00f3n final. En pie queda el hecho de que el nombre misa entre nosotros se ha impuesto sobre todo, mientras que eucarist\u00ed\u00ada, para los fieles de hoy, m\u00e1s que una actio sacra que ha de hacerse comunitariamente, evoca la presencia real del cuerpo de Cristo fuera de la misa: significativo empobrecimiento, reflejado tambi\u00e9n en la historia de los nombres.<\/p>\n<p>6. FORMACI\u00ed\u201cN DE LAS ORACIONES EUCAR\u00ed\u008dSTICAS EN LAS DIFERENTES LITURGIAS. A trav\u00e9s de los documentos m\u00e1s antiguos y de las primeras an\u00e1foras se intuyen cada vez m\u00e1s los elementos que formar\u00e1n el esqueleto de la oraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica cl\u00e1sica: bendici\u00f3n o acci\u00f3n de gracias, que cada vez tendr\u00e1 m\u00e1s por objeto no s\u00f3lo (o ya no) al Dios creador y salvador de Israel, sino la perfecta y definitiva redenci\u00f3n llevada a cabo por Cristo.<\/p>\n<p>Esta solemne acci\u00f3n de gracias, en principio, desemboca r\u00e1pida y universalmente (pero todav\u00ed\u00ada falta en la an\u00e1fora de Hip\u00f3lito) en el canto del Sanctus. Sigue (tras alguna f\u00f3rmula de uni\u00f3n) la narraci\u00f3n de la instituci\u00f3n (excepcionalmente ausente en alg\u00fan caso, como en el texto de Addai y Mari); o bien, al menos en alguna tradici\u00f3n -como en el tipo alejandrino-, antes de ella aparece una invocaci\u00f3n al Esp\u00ed\u00adritu Santo (ep\u00ed\u00adclesis) para implorar de modo m\u00e1s general la santificaci\u00f3n de las ofrendas (como en el caso citado de Addai y Mari), o, cada vez m\u00e1s directa y expl\u00ed\u00adcitamente, para que el Esp\u00ed\u00adritu act\u00fae sobre el pan y el vino transform\u00e1ndolos en el cuerpo y sangre de Cristo.<\/p>\n<p>Tras la narraci\u00f3n de la cena, obedeciendo al mandamiento de Jes\u00fas, se hace memoria expl\u00ed\u00adcita o se celebra el memorial (anamnesis) no s\u00f3lo de \u00e9l o del jueves santo, sino de todo su -> misterio pascual de muerte y resurrecci\u00f3n hasta su parus\u00ed\u00ada, y entonces la iglesia est\u00e1 en condiciones de ofrecer el gran sacrificio de la nueva alianza, que puede recibir diversas denominaciones: desde la oblatio munda preanunciada por Malaqu\u00ed\u00adas (1,11) y ahora realizada en Cristo, a la oblaci\u00f3n (o sacrificio) espiritual (oblatio rationabilis seg\u00fan el canon romano), que alude a la logik\u00e9 thys\u00ed\u00ada de san Pablo (Rom 12:1), o bien se puede llamar, con la terminolog\u00ed\u00ada de Heb 12:15, hostiam laudis (tambi\u00e9n con la variante de sacrificium laudis), siempre para expresar el sacrificio pascual del Se\u00f1or, que implica no s\u00f3lo ritos o v\u00ed\u00adctimas externas, sino, como ha sucedido en \u00e9l, la donaci\u00f3n-inmolaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo y de la propia vida concreta.<\/p>\n<p>En este momento coloca la mayor\u00ed\u00ada de las liturgias orientales la cl\u00e1sica ep\u00ed\u00adclesis (invocaci\u00f3n al Esp\u00ed\u00adritu Santo para la transformaci\u00f3n de las especies sacramentales), atribuy\u00e9ndole, sobre todo m\u00e1s tarde, en pol\u00e9mica con los latinos, valor propiamente consagratorio. El mismo Esp\u00ed\u00adritu es invocado inmediatamente despu\u00e9s, para que act\u00fae sobre la comunidad eclesial celebrante, a fin de que en la participaci\u00f3n de los santos misterios realice cada vez m\u00e1s su unidad con Cristo y entre los hermanos por el v\u00ed\u00adnculo rec\u00ed\u00adproco, obteniendo el mayor fruto de gracia y santificaci\u00f3n. El efecto objetivo sobre los dones, por tanto, y el fruto subjetivo en los participantes se pone en estrecha dependencia de la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu que se debe implorar. El canon romano, como se sabe, no hace una menci\u00f3n expl\u00ed\u00adcita del Esp\u00ed\u00adritu Santo ni antes ni despu\u00e9s de la consagraci\u00f3n (laguna colmada en las nuevas oraciones eucar\u00ed\u00adsticas posconciliares); pero tiene oraciones an\u00e1logas, insistiendo especialmente en la idea de ofrenda del sacrificio, por lo que evoca como modelos los sacrificios de Abel, de Abrah\u00e1n y de Melquisedec.<\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n, en gran parte delas liturgias orientales imitadas por nuestras nuevas an\u00e1foras, vienen las intercesiones, mientras que el canon romano sit\u00faa su memento un poco antes y un poco despu\u00e9s de la narraci\u00f3n de la instituci\u00f3n. En cualquier caso, se ora por todas las intenciones de la iglesia y del mundo, especialmente por las intenciones de los oferentes, abarcando vivos y difundos, uni\u00e9ndose tambi\u00e9n a la iglesia de los santos y bienaventurados que ya han alcanzado la meta celeste. La gran oraci\u00f3n sacerdotal termina con una doxolog\u00ed\u00ada solemne (que vuelve a tomar el tono inicial de alabanza), y todo se sella con el Am\u00e9n de la asamblea.<\/p>\n<p>El estudio comparado de las -> plegarias eucar\u00ed\u00adsticas en Oriente y en Occidente muestra la existencia de una gran riqueza y variedad (con alguna singularidad), que testifica el esfuerzo por traducir un mismo contenido a las diversas lenguas y culturas; pero a la vez presenta una admirable armon\u00ed\u00ada de elementos esenciales en la estructura, los cuales, evidentemente, se remontan a un punto de partida preciso: la \u00faltima cena, los banquetes pascuales con el Se\u00f1or victorioso y, en el estrato m\u00e1s profundo, ciertos rasgos de la liturgia jud\u00ed\u00ada de la mesa.<\/p>\n<p>7. LA CELEBRACI\u00ed\u201cN EUCAR\u00ed\u008dSTICA: LAS GRANDES ETAPAS DE SU EVOLUCI\u00ed\u201cN HIST\u00ed\u201cRICA. Limit\u00e1ndonos a las l\u00ed\u00adneas m\u00e1s esenciales, recordemos que en la \u00e9poca m\u00e1s antigua la celebraci\u00f3n ten\u00ed\u00ada un car\u00e1cter preferentemente dom\u00e9stico y familiar por lo exiguo de las asambleas participantes, por la uni\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada con la cena del agape (separadas muy pronto por motivo de los f\u00e1ciles abusos que pod\u00ed\u00adan verificarse y de los que se queja ya san Pablo en 1Co 11:21-22) y por la ausencia de lugares p\u00fablicos de culto propios de los cristianos, especialmente en \u00e9poca de persecuci\u00f3n.<\/p>\n<p>Esta simplicidad originaria, a medida que el cristianismo se difunde y aumenta el n\u00famero de sus adeptos en los centros m\u00e1s importantes del mundo grecorromano (pi\u00e9nsese en Jerusal\u00e9n, Antioqu\u00ed\u00ada, Alejandr\u00ed\u00ada, Roma, Cartago, Mil\u00e1n, Lyon), experimenta nuevos desarrollos, entre otras cosas debido a la organizaci\u00f3n del clero en sus diferentes grados, y crea tambi\u00e9n, seg\u00fan las particulares situaciones culturales y locales, diversas tradiciones lit\u00fargicas, que con el tiempo formar\u00e1n las llamadas familias lit\u00fargicas, con un patrimonio m\u00e1s o menos rico de ritos y formularios bien caracterizados.<\/p>\n<p>Es interesante notar c\u00f3mo en la primera descripci\u00f3n de la misa que poseemos fuera del NT, la de Justino (1 Apol. 67), hacia la mitad del s. II, vemos ya el esqueleto de nuestra misa con estos elementos: lectura de las memorias de los ap\u00f3stoles; homil\u00ed\u00ada del presidente de la celebraci\u00f3n, seguida de una ora-oraci\u00f3n de los fieles, concluida con el beso de la paz; ofrenda y gran oraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica; comuni\u00f3n de los presentes (enviada tambi\u00e9n a los ausentes); recogida de limosnas para los pobres. Sobre una base tradicional com\u00fan conocida por todos, cada iglesia local y cada presidente (entonces era normalmente el obispo) era libre de improvisar las f\u00f3rmulas de oraci\u00f3n \u00abseg\u00fan su capacidad\u00bb; aunque, como es natural, los grandes centros y las grandes personalidades acabaron por imponerse y ser seguidos o imitados por las iglesias menores, las cuales adoptaron los formularios que parec\u00ed\u00adan m\u00e1s adecuados para expresar tanto el dato recibido como la fe vivida en las comunidades particulares.<\/p>\n<p>Limit\u00e1ndonos a la liturgia romana, carecemos de informaciones sobre su fisonom\u00ed\u00ada primitiva: sabemos que se us\u00f3 la lengua griega hasta el s. Hl; es totalmente oscuro el origen del canon romano (que hallamos citado a partir del s. mi con Ambrosio, por ejemplo), y que entre nosotros ha quedado como la \u00fanica oraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica hasta nuestros d\u00ed\u00adas. El comienzo de la misa hasta el s. v lo constitu\u00ed\u00adan simplemente las lecturas: faltaba todav\u00ed\u00ada nuestro rito de entrada, que se hizo solemne cuando el clero, numeroso ya, organiz\u00f3 un desfile procesional con cantos hacia el altar. Algo parecido sucedi\u00f3 con la presentaci\u00f3n de las ofrendas u ofertorio, con el rito de la paz y de la comuni\u00f3n, y tambi\u00e9n, podr\u00ed\u00ada decirse, con todo el conjunto de ritos y c\u00e1nticos. M\u00e1s a\u00fan, se considera que en el \u00e1rea occidental dominada por Roma fue precisamente la misa papal la que sirvi\u00f3 de modelo para todas las dem\u00e1s formas m\u00e1s reducidas de la celebraci\u00f3n.<\/p>\n<p>La \u00e9poca patr\u00ed\u00adstica, as\u00ed\u00ad como llev\u00f3 al florecimiento conocido de la teolog\u00ed\u00ada (ss. Iv-v), as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n cre\u00f3 pr\u00e1cticamente el cl\u00e1sico fondo eucol\u00f3gico romano de las oraciones, concretado especialmente en las tres grandes colecciones de los sacramentarios llamados Veronense (o Leoniano), Gelasiano y Gregoriano. An\u00e1logamente se desarroll\u00f3 el repertorio de c\u00e1nticos (llamado antifonario), confiado a la schola cantorum.<\/p>\n<p>Junto al -> domingo, el n\u00facleo m\u00e1s primitivo, y al ciclo pascual (que empez\u00f3 a organizarse desde el s. II: -> Triduo pascual), a partir del s. IV se perfila y crece el ciclo natalicio [-> Navidad\/Epifan\u00ed\u00ada], m\u00e1s el santoral [-> Santos, Culto de los], que se ir\u00e1 enriqueciendo progresivamente, y de este modo se forma el conjunto de fiestas y tiempos que llamamos -> a\u00f1o lit\u00fargico. Naturalmente, tambi\u00e9n el ambiente y espacio de la celebraci\u00f3n [-> Lugares de celebraci\u00f3n] se ir\u00e1n ampliando en la bas\u00ed\u00adlica, con la gran aula para el pueblo y el presbiterio reservado al clero, sin I olvidar el altar y la c\u00e1tedra para el obispo, el amb\u00f3n y las vestiduras lit\u00fargicas [-> Objetos lit\u00fargicos\/ Vestiduras], cada vez m\u00e1s caracter\u00ed\u00adsticas e incluso suntuosas.<\/p>\n<p>Con un lenguaje diferente del nuestro era pac\u00ed\u00adficamente aceptada la fe en el verdadero cuerpo y sangre de Cristo recibidos en la eucarist\u00ed\u00ada, y tambi\u00e9n en la realidad de su sacrificio actualizado mediante la celebraci\u00f3n memorial de la iglesia, aunque hay escuelas y corrientes de pensamiento que acent\u00faan m\u00e1s el realismo, como en la l\u00ed\u00adnea antioquena o en san Ambrosio, mientras que en otros lugares se tiende m\u00e1s hacia el simbolismo (como en la escuela alejandrina y, bajo ciertos aspectos, tambi\u00e9n en san Agust\u00ed\u00adn), hasta llegar a crear algunas dificultades de interpretaci\u00f3n, especialmente m\u00e1s tarde, cuando se tender\u00e1 a contraponer err\u00f3neamente s\u00ed\u00admbolo y realidad.<\/p>\n<p>En resumen, la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica se fue asemejando cada vez m\u00e1s a un drama sacro, distribuido entre diversos actores con papeles bien precisos e incluso con libros distintos: el sacramentario del celebrante, el leccionario (posteriormente subdividido en evangeliario y epistolario) para el di\u00e1cono y subdi\u00e1cono, el antifonario para los cantores, mientras que el pueblo no necesitaba ning\u00fan libro especial para las respuestas y ciertos c\u00e1nticos del ordinario: Kyrie, Sanctus, etc\u00e9tera.<\/p>\n<p>El medievo no os\u00f3 tocar esta estructura esencial de la misa; pero, como no lograba ya entender el car\u00e1cter unitario de la oraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica, por ejemplo, fragment\u00f3 el texto en m\u00faltiples partes u oraciones sucesivas, que conclu\u00ed\u00adan con el Per Christum Dominum nostrum. Amen (a\u00f1adi\u00e9ndoles adem\u00e1s numerosas se\u00f1ales de la cruz y genuflexiones en diversos puntos). As\u00ed\u00ad pues, el medievo no tuvo la fuerza creadora de la \u00e9poca antigua, por lo cual se limit\u00f3 a utilizar el rico tesoro de oraciones heredado del pasado, salvo alguna que otra creaci\u00f3n; en cambio se desfog\u00f3 de otros modos, introduciendo, por ejemplo, varias oraciones privadas del sacerdote o de los ministros, componiendo otros tipos de textos lit\u00fargicos (o paralit\u00fargicos) como himnos, secuencias y tropos, a\u00f1adidos o intercalados dentro de otros cantos tradicionales.<\/p>\n<p>M\u00e1s grave es el hecho de que el pueblo se fue encontrando marginado de la celebraci\u00f3n activa por varias razones: porque no pod\u00ed\u00ada ya entender el lat\u00ed\u00adn; porque el clero, muy numeroso y con una nueva mentalidad eclesiol\u00f3gica, comenz\u00f3 a monopolizar casi todas las partes y los c\u00e1nticos de la asamblea, e incluso las respuestas m\u00e1s simples acabaron poco a poco por reservarse s\u00f3lo al ministro, ante la inercia y mutismo casi total del pueblo: \u00e9ste, como mucho, se dedic\u00f3 a sus oraciones y devociones privadas, que a veces no ten\u00ed\u00adan nada que ver con el sentido y desenvolvimiento de la misa.<\/p>\n<p>Cuando posteriormente en las \u00f3rdenes mon\u00e1sticas, y a continuaci\u00f3n con el crecimiento de las nuevas filas de los mendicantes, se multiplic\u00f3 el n\u00famero de los sacerdotes, \u00e9stos en sus conventos comenzaron a celebrar la misa por devoci\u00f3n personal (incluso varias veces en el mismo d\u00ed\u00ada, sacando as\u00ed\u00ad mayor beneficio de las limosnas); de este modo la misa ya no pod\u00ed\u00adaser -como lo hab\u00ed\u00ada sido hasta entonces- un acto comunitario, pues faltaba el pueblo y los ministros adecuados. En la pr\u00e1ctica, el sacerdote vino a absorber y desempe\u00f1ar, \u00e9l solo, las partes de todos los otros actores, confeccion\u00e1ndose tambi\u00e9n el libro que lo conten\u00ed\u00ada todo junto, y que se llam\u00f3 Misal plenario. Lo peor fue que esta forma de celebraci\u00f3n, comprensible para la devoci\u00f3n privada, sin dar= se cuenta fue considerada casi la misa-tipo, llev\u00e1ndola tal cual ante la comunidad cristiana reunida en asamblea. Se llegar\u00e1 as\u00ed\u00ad a la plena clericalizaci\u00f3n de la liturgia, con una misa celebrada para el pueblo y ante el pueblo, presente ahora como espectador solamente, sin ninguna participaci\u00f3n activa en el rito mismo. Si los laicos ejerc\u00ed\u00adan alguna funci\u00f3n en la celebraci\u00f3n (como los cantores en la schola), era s\u00f3lo por delegaci\u00f3n del clero, considerado como el \u00fanico capaz de cumplir a fondo los ritos y actos lit\u00fargicos (y esto hasta el Vat. II).<\/p>\n<p>Por otra parte, las conocidas controversias medievales sobre la presencia real (en el s. ix) y las sucesivas profundizaciones de la escol\u00e1stica con resultados apreciables por lo que respecta a la clarificaci\u00f3n y refuerzo de la fe&#8211;desviaron la atenci\u00f3n hacia otros aspectos que en cierta medida influyeron como fuerza centr\u00ed\u00adfuga sobre el n\u00facleo esencial del sacrificio-memorial y favorecieron una concepci\u00f3n demasiado fixista, est\u00e1tica y cosificada del cuerpo y la sangre del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>Mientras tanto, la comuni\u00f3n se hab\u00ed\u00ada hecho cada vez m\u00e1s rara (incluso en los ambientes piadosos), y ya no era el acto normal de toda la familia cristiana de los bautizados reunida alrededor de la mesa com\u00fan para participar en el sacrificio de la nueva alianza y construiras\u00ed\u00ad su unidad en Cristo. La comuni\u00f3n se transform\u00f3 tambi\u00e9n en un acto de devoci\u00f3n privada, y con frecuencia ten\u00ed\u00ada lugar fuera de la celebraci\u00f3n de la misa, con el acento puesto en la adoraci\u00f3n de la presencia real. Por eso se la recibe de rodillas y directamente en la boca, en general bajo una sola especie.<\/p>\n<p>El concilio de Trento no aport\u00f3 novedades de relieve en este sector, sino que, frente a la oleada de los reformadores protestantes que amenazaba con desbaratar todo el edificio tradicional (aunque tambi\u00e9n pon\u00ed\u00ada en evidencia alguno de sus lados d\u00e9biles, hoy abandonados), se limit\u00f3 a defender, repetir y reforzar los datos adquiridos de la doctrina y praxis cat\u00f3lica. As\u00ed\u00ad, contra el excesivo subjetivismo y simbolismo de una determinada interpretaci\u00f3n protestante, el Tridentino reafirm\u00f3 el aspecto ontol\u00f3gico-metaf\u00ed\u00adsico de la aut\u00e9ntica presencia real, q\u00fae se prolonga m\u00e1s all\u00e1 de la celebraci\u00f3n del santo sacrificio, el cual, por otra parte, bajo otros signos, es considerado id\u00e9ntico al de la cruz. Contra el intento de reapropiaci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada por la comunidad cristiana, por el que se hab\u00ed\u00ada llegado a negar incluso el sacerdocio jer\u00e1rquico, el concilio se preocup\u00f3 por salvar este elemento irrenunciable, pero acab\u00f3 por perpetuar y acentuar las distancias entre clero y pueblo. Con la sucesiva reforma de san P\u00ed\u00ado V (el misal que lleva su nombre tiene la fecha de 1570) se lleg\u00f3, por primera vez en Occidente, a una casi total y r\u00ed\u00adgida uniformidad ritual, que sin duda recogi\u00f3 y conserv\u00f3 muchas riquezas del pasado, pero bajo la cubierta de hierro de un rubricismo minucioso y excesivo, dependiendo absolutamente y tambi\u00e9n exclusivamente (incluso para los &#8211; alejados pa\u00ed\u00adses de misi\u00f3n) de la autoridad central romana.<\/p>\n<p>En la \u00e9poca postridentina se levant\u00f3 de vez en cuando alguna voz (Muratori, s\u00ed\u00adnodo de Pistoia, Rosmini) para modificar o intentar una reforma que saliese al encuentro de las exigencias pastorales del pueblo (en la lengua lit\u00fargica, es una participaci\u00f3n m\u00e1s activa); pero s\u00f3lo el trabajo paciente y de amplias miras del -> Movimiento lit\u00fargico prepar\u00f3 inmediatamente el terreno a la renovaci\u00f3n del Vat. II. As\u00ed\u00ad, primero se redescubrieron los tesoros de la liturgia antigua (Gu\u00e9ranger), despu\u00e9s se establecieron las bases teol\u00f3gicas y se empez\u00f3 a impulsar concretamente una participaci\u00f3n m\u00e1s activa de la comunidad cristiana (Beauduin, Guardini, Parsch); finalmente, con el retorno general a las fuentes b\u00ed\u00adblico-patr\u00ed\u00adstico-lit\u00fargicas, se clarificaron cada vez m\u00e1s algunos conceptos clave, que renovaron la teor\u00ed\u00ada y la praxis m\u00e1s all\u00e1 de la s\u00ed\u00adntesis escol\u00e1stico-tridentina y de las controversias interconfesionales sucesivas.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad resurgi\u00f3 la amplia noci\u00f3n de mysterium [-> Misterio], por el que el acontecimiento hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfico de Cristo se puede reactualizar bajo la envoltura de los signos sacramentales (Casel); an\u00e1logamente se redescubri\u00f3 la importante categor\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica de.-> memorial (o de celebraci\u00f3n memorial), que ha contribuido recientemente a aproximar las posiciones protestante y cat\u00f3lica acerca de la realidad sacrificial de la misa; es tambi\u00e9n importante la recuperaci\u00f3n de la expresi\u00f3n pueblo de Dios todo \u00e9l sacerdotal, prof\u00e9tico y real, aunque est\u00e9 (para los cat\u00f3licos) estructurado jer\u00e1rquicamente bajo la gu\u00ed\u00ada de los pastores, pero en s\u00ed\u00ad mismo \u00fanica comunidad capaz de efectuar actos lit\u00fargicos cada uno a su nivel&#8211; ya en virtud de su bautismo, y no por delegaci\u00f3n jur\u00ed\u00addica o por benigna concesi\u00f3n de nadie (SC 14), como reconoce la primera l\u00ed\u00adnea de la Ordenaci\u00f3n General del Misal Romano de Pablo VI, presentando globalmente \u00abla celebraci\u00f3n de la misa, como acci\u00f3n de Cristo y del pueblo de Dios ordenado jer\u00e1rquicamente\u00bb (n. 1).<\/p>\n<p>Falsamente en nuestros d\u00ed\u00adas, quiz\u00e1 por ignorancia hist\u00f3rica o pobreza de esp\u00ed\u00adritu, este misal ha sido contrapuesto al de san P\u00ed\u00ado V. En el nuevo rito no se contradice ninguna verdad fundamental; s\u00f3lo que el conjunto ahora se mueve dentro de una visi\u00f3n m\u00e1s amplia -sacramental y eclesiol\u00f3gica&#8211;, que forma parte con todo derecho de la tradici\u00f3n cat\u00f3lica que se remonta al NT y al pensamiento teol\u00f3gico de la \u00e9poca patr\u00ed\u00adstica y de la praxis lit\u00fargica anterior a la sistematizaci\u00f3n medieval escol\u00e1stica; la cual, si fue benem\u00e9rita en algunos aspectos, se puede considerar deficiente y reductiva en otros (como sucede frecuentemente en toda s\u00ed\u00adntesis). Por eso ha hecho bien el nuevo Misal Romano, a impulsos del Vat. II, no encerr\u00e1ndose en el horizonte limitado de algunos siglos de historia, sino abri\u00e9ndose en los l\u00ed\u00admites de lo posible a todas las riquezas de una tradici\u00f3n bimilenaria y a los preciosos tesoros custodiados tambi\u00e9n por otras iglesias hermanas, especialmente en Oriente.<\/p>\n<p>II. La celebraci\u00f3n de la misa: din\u00e1mica y significados<br \/>\n1. LA COMUNIDAD QUE SE REUNE (ASAMBLEA Y RITO DE ENTRADA). La iglesia es, por su mismo nombre, la comunidad de los reunidos; pero dentro de la gran convocaci\u00f3n de la fe completada por la incorporaci\u00f3n bautismal en Cristo hay otras convocaciones m\u00e1s particulares, como la eucar\u00ed\u00adstica. As\u00ed\u00ad, la iglesia no se nos presenta s\u00f3lo como una estructura realizada de una vez para siempre, sino tambi\u00e9n como un acontecimiento que se realiza constantemente.<\/p>\n<p>Para llevar a cabo la eucarist\u00ed\u00ada se necesita la iglesia (a la que Jes\u00fas ha confiado su don) y es necesario hacer iglesia junto con los hermanos, bajo la presidencia de un sacerdote-pastor que representa a Cristo en medio de nosotros. Esta es la raz\u00f3n del convenire in unum, del que ya habla san Pablo (1 Cor 1I,18ss), y de la descripci\u00f3n de Justino cuando se conduce al neo-bautizado a la asamblea de los fieles, o bien cuando el domingo los fieles se re\u00fanen desde los diferentes lugares de la ciudad y del campo en un mismo lugar (1 Apol. 65-67) para celebrar la eucarist\u00ed\u00ada. En realidad, todav\u00ed\u00ada hoy, en el d\u00ed\u00ada del Se\u00f1or resucitado, los cristianos se reconocen iglesia y quieren hacer iglesia, saliendo del c\u00ed\u00adrculo estrecho de las personas y de las actividades habituales para reunirse con la gran familia de Dios.<\/p>\n<p>La misa dominical, por tanto, no es solamente un precepto jur\u00ed\u00addico que hay que satisfacer o una tradici\u00f3n respetable del propio ambiente; nunca es un acto aut\u00f3nomo; si se la entiende bien, es siempre una adhesi\u00f3n nueva y libre (en fe) a la convocaci\u00f3n (expresada a veces incluso por un signo como las campanas) que es al mismo tiempo eclesial y eucar\u00ed\u00adstica. Incluso m\u00e1s all\u00e1 de la obligaci\u00f3n jur\u00ed\u00addica y de la rutina, el cristiano iluminado sabe que es fiesta en esa pascua semanal, y desea hacer fiesta con los hermanos. El encuentro con el Se\u00f1or resucitado se goza no aisl\u00e1ndose o poniendo entre par\u00e9ntesis a los hermanos, sino ante todo haciendo con ellos iglesia-comunidad.<\/p>\n<p>El cristiano que ha entrado en este orden de ideas teme incluso que la propia ausencia (injustificada) pueda \u00abempeque\u00f1ecer el cuerpo de Cristo [= la iglesia]\u00bb (Didascalia Apostolorum II, 59,1-2), o sea, disminuir la fiesta y la comuni\u00f3n fraterna, y por tanto debilitar tambi\u00e9n la fuerza testimonial de la celebraci\u00f3n de la pascua del Se\u00f1or. As\u00ed\u00ad pues, el reunirse para la eucarist\u00ed\u00ada no es algo marginal o una simple promesa de lo que se har\u00e1 despu\u00e9s, sino que afecta ya a la naturaleza intr\u00ed\u00adnseca de la iglesia y del misterio eucar\u00ed\u00adstico, aunque de momento nos encontremos en la primera vertiente del itinerario. Por algo ya desde los or\u00ed\u00adgenes fueron intercambiables las expresiones cuerpo de Cristo y koinonia-comuni\u00f3n con el doble sentido eclesial y eucar\u00ed\u00adstico. Se trata de realidades inseparables, en perfecta continuidad entre s\u00ed\u00ad: se puede hacer eucarist\u00ed\u00ada s\u00f3lo all\u00ed\u00ad donde hay una iglesia leg\u00ed\u00adtimamente reunida; y, viceversa, es imposible no construir el cuerpo de la iglesia all\u00ed\u00ad donde se celebra y se recibe el verdadero cuerpo de Cristo.<\/p>\n<p>Por este camino se llega a superar una cierta concepci\u00f3n de la iglesia en perspectiva solamente universalista, como era frecuente en nuestra teolog\u00ed\u00ada occidental, en perjuicio de las iglesias locales que realizan y actualizan la iglesia universal en un determinado lugar y tiempo, dando as\u00ed\u00ad corporeidad y concreci\u00f3n a lo que, de otro modo, podr\u00ed\u00ada quedar en una idea vaga y abstracta. Naturalmente, las iglesias locales eucar\u00ed\u00adsticas son aut\u00e9nticas y leg\u00ed\u00adtimas s\u00f3lo si est\u00e1n abiertas a las dem\u00e1s, hasta formar juntas la \u00fanica iglesia de Cristo, tambi\u00e9n bajo la gu\u00ed\u00ada (para quien es cat\u00f3lico) del sucesor de Pedro. As\u00ed\u00ad la comunidad eucar\u00ed\u00adstica particular sigue siendo algo concreto, pero al mismo tiempo se abre a todas las dem\u00e1s dimensiones, incluida la misionera, como veremos.<\/p>\n<p>De aqu\u00ed\u00ad se siguen dos consecuencias pr\u00e1cticas. Por una parte, la asamblea eucar\u00ed\u00adstica deber\u00ed\u00ada convertirse en algo as\u00ed\u00ad como una epifan\u00ed\u00ada-evidenciaci\u00f3n de lo que es la iglesia cuando sabe poner en movimiento y revalorizar para el bien com\u00fan todos los carismas y ministerios presentes en la comunidad, sin excluir los talentos naturales (necesarios, por ejemplo, para un buen lector, cantor u organista). Desempe\u00f1ando cada uno el propio papel y haciendo \u00abtodo y s\u00f3lo aquello que le corresponde\u00bb (cf OGMR 58) -empezando por el celebrante, que preside y dirige la acci\u00f3n com\u00fan, pero no impone sus gestos ni sus opciones, sino que se deja ayudar y aconsejar por sus colaboradores y por el mismo pueblo en lo que a \u00e9l respecta (OGMR 73; 313)- no ser\u00e1 dif\u00ed\u00adcil conseguir la fisonom\u00ed\u00ada espec\u00ed\u00adfica y la perfecta armon\u00ed\u00ada entre sacerdocio jer\u00e1rquico y sacerdocio bautismal, as\u00ed\u00ad como tambi\u00e9n desarrollar, entre los datos propuestos por el rito y acogidos con sincero respeto, las capacidades creativas que surjan en la comunidad o en los diferentes actores de la celebraci\u00f3n.<\/p>\n<p>La otra consecuencia est\u00e1 en saber traducir la rica teolog\u00ed\u00ada de la comunidad que se re\u00fane en asamblea eucar\u00ed\u00adstica en signos y gestos, o sea, en expresiones y experiencia concreta para todos los presentes. En la ra\u00ed\u00adz de esto se halla ciertamente la fe con que se acepta la convocaci\u00f3n y se va al encuentro de los hermanos, con el coraz\u00f3n y el traje de fiesta. Por eso es muy apropiado un gesto de acogida fraterna en el umbral mismo del edificio sacro, completado por la mejor distribuci\u00f3n de la asamblea dentro del aula y en relaci\u00f3n al altar, que es el eje de toda la celebraci\u00f3n (lo cual recuerda la importancia de los signos arquitect\u00f3nicos y lit\u00fargicos en toda subelleza y relativa funcionalidad: -> Arquitectura; -> Arte).<\/p>\n<p>Para comenzar bien, cuando ya est\u00e1 todo preparado (tambi\u00e9n las personas que desempe\u00f1ar\u00e1n una parte activa), tenemos el consiguiente rito de entrada, que, aun no siendo una de las estructuras m\u00e1s importantes de la misa ni remont\u00e1ndose a sus or\u00ed\u00adgenes, ofrece de todas formas buenas posibilidades a una inteligente utilizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00abCuando se ha reunido el pueblo\u00bb, como dice el nuevo rito de la misa, se efect\u00faa la primera procesi\u00f3n de entrada del sacerdote y de los ministros, acompa\u00f1ada del canto, que aqu\u00ed\u00ad reviste una importancia del todo particular, tanto para animar a la asamblea presente (que por primera vez se expresa en com\u00fan), cuanto para ofrecer la clave -cuando texto y m\u00fasica son verdaderamente adecuados- que introduce en el sentido de la fiesta o del tiempo lit\u00fargico correspondiente. Al llegar a la sede, el celebrante saluda al pueblo (incluso prescindiendo de las f\u00f3rmulas que se sugieren) para crear el clima adecuado al momento y a la situaci\u00f3n concreta que se est\u00e1n viviendo.<\/p>\n<p>Sigue una breve pausa de silencio para una toma interior de conciencia ante Dios de nuestros pecados y de la solidaridad que nos une a los pecados de nuestros hermanos y de todo el mundo. De aqu\u00ed\u00ad se deriva la comunitaria y rec\u00ed\u00adproca confesi\u00f3n de culpas con la petici\u00f3n de la misericordia divina, expresada eventualmente con un canto lit\u00e1nico (Kyrie o algo semejante), que en los domingos ordinarios y en las fiestas se completa con un himno de alabanza (Gloria), como anuncio casi de la gran alabanza-eucarist\u00ed\u00ada que poco despu\u00e9s resonar\u00e1 en el centro de la misa. La comunidad reunida est\u00e1 compuesta de pecadores, pero perdonados, reconciliados en Cristo, que sienten ya la alegr\u00ed\u00ada de la salvaci\u00f3n tras el humilde reconocimiento de su verdad existencial.<\/p>\n<p>El rito de entrada se cierra con la oraci\u00f3n presidencial o colecta, en la que el sacerdote se hace int\u00e9rprete de todos, presentando a Dios deseos y sentimientos comunes, casi siempre relacionados con la fiesta o misterio que se celebra. Es una de las tres grandes oraciones sacerdotales que, como firmes columnas de apoyo (al principio, a mitad y al final), sostienen, con la oraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica, el edificio o el dinamismo de la celebraci\u00f3n. Formuladas frecuentemente en el estilo cl\u00e1sico, conciso y eficaz de la -> eucolog\u00ed\u00ada romana (especialmente la colecta), a veces son verdaderas joyas, que con pocos trazos sintetizan el sentido de la fiesta o el mensaje central que se encierra en las lecturas, casi abriendo los \u00e1nimos a acoger la palabra que va a resonar.<\/p>\n<p>2. COMUNIDAD QUE ESCUCHA (LITURGIA DE LA PALABRA). Tras la reuni\u00f3n y la primera puesta en marcha de la comunidad celebrante, que en el rito de entrada ya ha revelado su fisonom\u00ed\u00ada y sus componentes, con las diferentes intervenciones del sacerdote, de los ministros, de los cantores y del pueblo, ahora la liturgia de la palabra constituye el primer gran polo que forma el armaz\u00f3n de la misa junto con el otro polo esencial: la liturgia sacrificial (del ofertorio en adelante).<\/p>\n<p>Cuando toda la asamblea se sienta y entre el -> silencio religioso de todos se proclama la palabra del Se\u00f1or, se produce algo as\u00ed\u00ad como la visibilizaci\u00f3n de la iglesia en cuanto comunidad a la escucha, que es una de sus notas fundamentales. Sabemos que la misa antigua empezaba precisamente por este momento caracter\u00ed\u00adstico, que expresa lo esencial de la religi\u00f3n b\u00ed\u00adblico-cristiana en cuanto no inventada o construida a partir del esfuerzo y de la investigaci\u00f3n del hombre -que desde abajo intentar\u00ed\u00ada entrar en comuni\u00f3n con Dios-, sino todo lo contrario: Dios ha tomado la iniciativa, Dios ha abierto el di\u00e1logo dirigi\u00e9ndose a su pueblo; en fin, Dios \u00abnos ha amado a nosotros\u00bb (cf 1Jn 4:10) y se nos adelanta siempre.<\/p>\n<p>Ciertamente, Dios, al revelarse, pretende establecer una relaci\u00f3n con todos los hombres de ayer, de hoy y de siempre; pero muchos no han conocido todav\u00ed\u00ada este don, de modo que la iglesia es la porci\u00f3n de humanidad que, por la misericordia y benevolencia divinas, ha sido alcanzada y convocada por esta palabra; y por eso, con fe, se pone a la escucha, se abre al di\u00e1logo, se deja interpelar y cuestionar cuando es necesario. Se trata de un momento sumamente importante no s\u00f3lo en el desenvolvimiento del rito, sino en todo el arco de la historia de salvaci\u00f3n, siempre en acto tambi\u00e9n para nosotros: aquella palabra revelada de hecho hace tantos siglos por boca del profeta, de Jes\u00fas o de san Pablo, en la intenci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, autor principal, se dirig\u00ed\u00ada desde el principio tambi\u00e9n a esta comunidad de oyentes; pero solamente ahora, al entrar en contacto con estos fieles, esa palabra espera una respuesta de ellos, est\u00e1 en condici\u00f3n de encarnarse en cada uno de ellos, en sus vidas. En cierto sentido, se puede decir que el designio de Dios no est\u00e1 completo, no alcanza la finalidad que se hab\u00ed\u00ada propuesto desde el principio hasta que la comunidad de hoy y los fieles particulares no han dado la respuesta, \u00fanica e irrepetible, que corresponde a cada uno seg\u00fan la llamada y la medida de los dones recibidos.<\/p>\n<p>Es muy importante, pues, que en la celebraci\u00f3n concreta este momento se cuide con mucha atenci\u00f3n en todos los aspectos: desde la proclamaci\u00f3n, que (incluso t\u00e9cnicamente) ha de ser perceptible para todos, a la dicci\u00f3n clara y reposada, al modo o arte de leer, que puede ayudar en buena medida a la comprensi\u00f3n del texto (y esto supone no una improvisaci\u00f3n, sino una preparaci\u00f3n pr\u00f3xima y remota del lector que tenga ciertas dotes naturales), hasta, por fin, el recogimiento profundo de toda la asamblea, en la convicci\u00f3n de que Cristo en persona est\u00e1 hablando a su pueblo (cf SC 33). Tambi\u00e9n merece atenci\u00f3n el salmo responsorial, que normalmente deber\u00ed\u00ada ser cantado (entre solista y comunidad), como el eco l\u00ed\u00adrico a la interpelaci\u00f3n divina, y la aclamaci\u00f3n del aleluya antes del evangelio, que hace resaltar este momento como la culminaci\u00f3n de la liturgia Verbi, tras la tradicional lectio prophetica (del AT) y la lectio apostolica (generalmente de san Pablo).<\/p>\n<p>Es como vivir constantemente en s\u00ed\u00adntesis la historia de la salvaci\u00f3n, en la que todos estamos comprometidos hasta su \u00e1pice (Cristo), cuando el mismo Dios se hace palabra para nosotros. La bella costumbre lit\u00fargica de acompa\u00f1ar la lectura del evangelio con velas e incienso sigue siendo oportuna, como signo que educa al pueblo de Dios a percibir la solemnidad y eficacia de ese momento en que todos estamos a punto de entrar en contacto con Cristo, luz y palabra definitiva del Padre dirigida a nosotros.<\/p>\n<p>Es dif\u00ed\u00adcil exagerar la importancia del momento en que, precisamente en la eucarist\u00ed\u00ada, se acoge la palabra de Dios, por la estrecha conexi\u00f3n entre los dos dones tantas veces subrayada por los padres: Ces\u00e1reo de Aries, haci\u00e9ndose eco de san Agust\u00ed\u00adn, no teme afirmar que la \u00abpalabra de Cristo no es menos que el cuerpo de Cristo\u00bb (Sermo 78,2); y san Ambrosio ya hab\u00ed\u00ada dicho que se bebe el Cristo del c\u00e1liz de la Escritura como del c\u00e1liz eucar\u00ed\u00adstico (Enarr. in Sal 1:33). M\u00e1s com\u00fan y frecuente es la recomendaci\u00f3n de los padres, tanto en Oriente como en Occidente, de no dejar perderse ninguna de las palabras divinas escuchadas, as\u00ed\u00ad como al recibir en la mano (seg\u00fan la costumbre de entonces) el cuerpo de Cristo se debe poner atenci\u00f3n en no dejar caer al suelo ninguna part\u00ed\u00adcula del pan consagrado. Semejante es el cl\u00e1sico discurso del doble banquete preparado (mensa Verbi et mensa sacramenti), que ha pasado de la predicaci\u00f3n patr\u00ed\u00adstica a la Imitaci\u00f3n de Cristo (IV, 11) y al Vat. II (SC 51; DV 21).<\/p>\n<p>Se atribuye particular eficacia a la palabra de Dios ante todo por el hecho de que es proclamada dentro de la celebraci\u00f3n misma del misterio de Cristo; m\u00e1s a\u00fan, es una parte integrante del mismo, hasta formar \u00abun solo acto de culto\u00bb con el otro polo de la liturgia sacrificial propiamente dicha (SC 56). Estamos bien lejos, como se ve, de un clima escol\u00e1stico donde se aprenden nociones, o tambi\u00e9n de una lecci\u00f3n catequ\u00ed\u00adstica m\u00e1s laudable: per Verbum el sacramentum se hace presente (y ejerce su influjo) el mismo acontecimiento salv\u00ed\u00adfico de Cristo. Por eso los padres no tem\u00ed\u00adan comparar de alguna manera las dos componentes de la celebraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Otro aspecto de la liturgia de la palabra en la misa merece subrayarse, y es el hecho de que aqu\u00ed\u00ad la escucha no tiene lugar aisladamente, sino en el momento preciso en que se hace iglesia con los dem\u00e1s hermanos. Un hombre como san Gregorio Magno, apasionado lector y comentador de la Escritura, llegaa confesar de s\u00ed\u00ad mismo que con frecuencia, leyendo y releyendo un texto cuyo ,sentido no hab\u00ed\u00ada logrado descubrir, \u00absituado ante los hermanos, lo he comprendido\u00bb (In Ez. 1. II, Hom. II, 1). No extra\u00f1a que el tesoro de la palabra de Dios, entregado a la iglesia comunidad, tenga aqu\u00ed\u00ad su locus proprius para su aut\u00e9ntica lectura y comprensi\u00f3n, tanto si nos referimos a  la gran iglesia como a la leg\u00ed\u00adtima comunidad reunida, especialmente para revivir la totalidad del misterio de Cristo.<\/p>\n<p>Desde este punto de vista aparece claro que la liturgia de la palabra no se debe considerar s\u00f3lo como un preludio o pre\u00e1mbulo de la celebraci\u00f3n propiamente sacramental, sino que es ya comuni\u00f3n con el Verbo (en la fe y en la adhesi\u00f3n amorosa), tan eficaz y necesaria como la otra comuni\u00f3n, seg\u00fan la mente de los padres. Or\u00ed\u00adgenes no se equivocaba cuando insist\u00ed\u00ada en la necesidad de comer el Verbo bajo la especie de la palabra, y llegar por este camino a la manducaci\u00f3n perfecta, tambi\u00e9n sacramental, del cuerpo y sangre de Cristo: es como decir que una comuni\u00f3n introduce en la otra.<\/p>\n<p>E introduce tambi\u00e9n, se podr\u00ed\u00ada a\u00f1adir, en el sentido y contenido propiamente sacrificial de la misa; porque si tenemos en nosotros el auditus fidei (cf G\u00e1l 3:2-5), se engendra tambi\u00e9n la oboedientia fidei (cf Rom 1:5); o sea, la comuni\u00f3n con la palabra nos pone en la actitud de aquel que se ofreci\u00f3 en sacrificio haci\u00e9ndose obediente hasta la muerte de cruz (cf Flp 2:8), o, con otras palabras, nos hace entrar \u00aben los mismos sentimientos que tuvo Cristo\u00bb (ib,Flp 2:5), el siervo que se entrega totalmente en don por los hermanos.<\/p>\n<p>Sobre este trasfondo se puede comprender tambi\u00e9n la funci\u00f3n de la homil\u00ed\u00ada, acto propiamente lit\u00fargico, puesto que no se limita a ilustrar el mensaje objetivo de las lecturas como en una lecci\u00f3n exeg\u00e9tica o catequ\u00ed\u00adstica, sino que debe provocar a la comunidad que escucha a llegar hasta el fondo en las exigencias de la fe, de la conversi\u00f3n, del seguimiento de Cristo cueste lo que cueste, incluso llevando tras \u00e9l la cruz, o entreg\u00e1ndose como \u00e9l en una donaci\u00f3n de amor. La comunidad en el Credo expresa como en un gran am\u00e9n su adhesi\u00f3n de fe a todas las grandes obras de Dios y al mensaje de su palabra. Como conclusi\u00f3n, antes de pasar a la segunda parte de la misa, la comunidad de la escucha y de la fe \u00fanica, confesada juntos, se hace comunidad orante con la \u00aboraci\u00f3n de los fieles\u00bb por todas las necesidades propias, de los hermanos y del mundo entero.<\/p>\n<p>3. COMUNIDAD CONVIVAL (OFERTORIO). Con el ofertorio se entra en la parte estrictamente sacramental de la misa, donde cambia completamente el escenario (aunque anteriormente hemos subrayado su profunda continuidad): el sacerdote con los ministros y todo el centro de inter\u00e9s se trasladan ahora de la sede de la liturgia de la palabra y del amb\u00f3n a la mesa del altar (traslado de un polo al otro de la celebraci\u00f3n que se deber\u00ed\u00ada poner realmente en evidencia).<\/p>\n<p>Los nuevos elementos que entran en juego exigen claramente una comunidad convival: se ve una mesa-altar, que es preparada (ahora, y no antes) con pan, vino y los respectivos vasos sagrados y manteles. Por s\u00ed\u00ad mismo el significado original de esta primera etapa, que se llama ofertorio, se reduce a bien poco: a llevar y colocar sobre la mesa la materia que sirve para el sacrificio y el banquete. Bastar\u00ed\u00ada con pronunciar sobre las ofrendas la consiguiente \u00aboraci\u00f3n sobre las ofrendas\u00bb (la segunda de las tres grandes oraciones presidenciales) para que el ofertorio fuese perfecto; m\u00e1s a\u00fan, estar\u00ed\u00ada dentro de sus justos l\u00ed\u00admites, expresando lo que es esencial a su funci\u00f3n, sin a\u00f1adiduras que pueden crear malentendidos a los fieles y, especialmente, ir en perjuicio del gran offerimus central, que no se encuentra en este punto de la celebraci\u00f3n, sino despu\u00e9s de la consagraci\u00f3n, cuando la iglesia tiene en sus manos, para confiarla al Padre, la V\u00ed\u00adctima de valor infinito. El desarrollo del rito del ofertorio, por tanto, aun conteniendo elementos que pueden ser positivos si se los entiende bien, corre siempre el riesgo de oscurecerle al pueblo la percepci\u00f3n de la verdadera ofrenda esencial de la misa. La reforma lit\u00fargica que ha seguido el Vat. II ha intentado simplificar y reducir esta parte para concentrar la atenci\u00f3n en las cosas m\u00e1s importantes, pero no lo ha logrado plenamente por la oposici\u00f3n que ha encontrado a ello.<\/p>\n<p>De todas formas, la simple preparaci\u00f3n y disposici\u00f3n en el altar de  la materia del sacrificio ha llevado, con el paso del tiempo, a varios desarrollos interesantes: de la solemne procesi\u00f3n del ofertorio (acompa\u00f1ada del canto correspondiente), en la que los fieles mismos o algunos representantes suyos llevaban el pan y el vino al celebrante, uni\u00e9ndose con frecuencia otras ofrendas para los pobres o para la iglesia (de esto ha quedado una huella en la limosna que tradicionalmente se recoge en este momento), a la atenci\u00f3n dirigida hacia la materia del pan y del vino, que ha conducido a notables profundizaciones (desde san Ireneo, defensor de la bondad de la materia frente a los gn\u00f3sticos). Evidentemente, la elecci\u00f3n del pan y del vino proviene de la cena misma de Jes\u00fas; pero no se trata de -> elementos puramente naturales, porque est\u00e1n cargados de una larga historia religiosa, tanto universal (especialmente si se recuerdan los banquetes sagrados o los convites para expresar o sellar relaciones humanas de amistad o pactos de alianza) cuanto en relaci\u00f3n con la historia de Israel: baste mencionar aqu\u00ed\u00ad la ofrenda de pan y vino de Melquisedec.<\/p>\n<p>Si originalmente quiz\u00e1 el binomio pan-vino en el \u00e1rea mediterr\u00e1nea indicaba la totalidad de una comuni\u00f3n convival y, en el caso de Cristo, la totalidad de una vida (cuerpo y sangre) consumada y ofrecida por amor, la tradici\u00f3n cristiana desde la Didaj\u00e9 ha querido ver en \u00e9l el misterio de unidad simbolizado por el pan formado por muchos granos de trigo y por el vino de muchas uvas. La sensibilidad moderna, por su parte, tiende a subrayar otro aspecto, que puede integrarse en la s\u00ed\u00adntesis eucar\u00ed\u00adstica: cada trozo de pan (como cada trago de vino) no es fruto solamente de la tierra y de la naturaleza, sino del trabajo e inteligencia del hombre, que supone la colaboraci\u00f3n de muchos desde el trabajo del campo al pan ya preparado sobre la mesa.<\/p>\n<p>Este aspecto encuentra hoy un eco en la oraci\u00f3n sobre el pan y sobre el vino (\u00abBendito seas, Se\u00f1or&#8230;\u00bb), inspirada claramente en la antigua bendici\u00f3n jud\u00ed\u00ada, que tambi\u00e9n Jes\u00fas debi\u00f3 usar. Adem\u00e1s, el colocarnos a nosotros mismos en la oferta del c\u00e1liz puede ponerse en relaci\u00f3n con el breve rito de echar en el vino algunas gotas de agua, gesto en el que ya san Cipriano ve\u00ed\u00ada la ofrenda de la comunidad, inseparable de la ofrenda de la sangre de Cristo (Efe 63:13). Los otros signos del actual ofertorio, o son secundar\u00ed\u00ados (como el lavarse las manos para expresar todav\u00ed\u00ada la necesidad de purificaci\u00f3n), o bien, insistiendo excesivamente en la idea de ofrenda, corren el riesgo de quitar importancia a la cl\u00e1sica oratio super oblata, o m\u00e1s a\u00fan a la verdadera ofrenda central expresada en la an\u00e1fora. La base c\u00f3smica y humana del ofertorio es positiva y queda como punto de partida que insin\u00faa levemente un gesto de oferta a la espera de desarrollos muy diversos.<\/p>\n<p>4. COMUNIDAD QUE DA GRACIAS (ORACI\u00ed\u201cN EUCAR\u00ed\u008dSTICA). a) &#8230; proclamando las obras de Dios. Si antes se hizo alguna alusi\u00f3n, ahora la din\u00e1mica celebrativa entra en el coraz\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada cuando, en un tono l\u00ed\u00adrico y solemne, invita, mediante un di\u00e1logo vibrante (y antiqu\u00ed\u00adsimo) a la asamblea a subir a las cumbres (por as\u00ed\u00ad decirlo) de la participaci\u00f3n interior y exterior &#8212;\u00abverdaderamente es justo y necesario, es nuestro deber y salvaci\u00f3n\u00bb- para cantar un himno de alabanza a Dios reconociendo todas las maravillas que ha hecho con nosotros. La primera parte de este solo del celebrante se llama praefatio (originalmente, parece, no tanto un decir antes cuanto un decir ante, como dirigiendo una llamada a alguien); pero la invitaci\u00f3n paulatinamente se ensancha, afectando a \u00e1ngeles y santos, al universo entero, formando como un inmenso coro, que canta la gloria de Dios con el triple Sanctus.<\/p>\n<p>En la liturgia latina la proclamaci\u00f3n de las magnalia Dei a veces toma una forma bastante sint\u00e9tica (como en la an\u00e1fora II), y en los prefacios de las diversas fiestas se concentra con frecuencia en el misterio que se celebra ese d\u00ed\u00ada; pero en otros casos (como en la an\u00e1fora IV), entre el prefacio y el Vere Sanctus (f\u00f3rmula de uni\u00f3n que vadel trisagio a la narraci\u00f3n de la instituci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica), el tema se abre a todo el horizonte de la historia salv\u00ed\u00adfica, que culmina en la pascua de Cristo y en el don de su Esp\u00ed\u00adritu. Pero el centro, la nota dominante es siempre una sola: la necesidad incontenible de dar gracias a Dios por todo lo que ha hecho en Cristo por nuestra salvaci\u00f3n. Est\u00e1 claro que incluso a nivel pastoral y lit\u00fargico resulta pobre y desfasada una celebraci\u00f3n que no eduque ni sepa hacer participar a la asamblea en esta alegre gratitud propia de los que han sido salvados (por lo menos con el canto del Sanctus).<\/p>\n<p>b) &#8230; celebrando el memorial de la pascua del Se\u00f1or. La clave que explica por qu\u00e9 la oraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica se ha convertido en una proclamaci\u00f3n de alabanza-agradecimiento est\u00e1 en la relaci\u00f3n intr\u00ed\u00adnseca, ya indicada m\u00e1s arriba, que une la eucarist\u00ed\u00ada con la pascua del Se\u00f1or. Sin embargo, aqu\u00ed\u00ad, en el centro de la celebraci\u00f3n, no se trata solamente de expresar un sentimiento de gozo por las maravillas realizadas por Jes\u00fas en el pasado. Por orden suya, narrando y repitiendo palabras y gestos suyos en la \u00faltima cena, nosotros hacemos memoria (no s\u00f3lo psicol\u00f3gica o mental) o (en lenguaje b\u00ed\u00adblico-lit\u00fargico) celebramos el memorial, que quiere decir: representamos\/ reactualizamos lo que en la cena \u00e9l quiso realizar y expresar en \u00ed\u00adntima conexi\u00f3n con la ofrenda sacrificial cruenta que iba a consumar dentro de pocas horas sobre el Calvario.<\/p>\n<p>De todas formas, ya sabemos que nuestra misa contiene el sacrificio de Cristo en el sentido juanista de la exaltaci\u00f3n en cruz, cuando el Hijo del hombre \u00abatraer\u00e1 a todos hacia s\u00ed\u00ad\u00bb (cf Jua 12:32), all\u00ed\u00ad donde su muerte no se ve separada de sus frutos y la humillaci\u00f3n del Hijo obediente hasta la muerte ha sido infinitamente agradable al Padre mereciendo la glorificaci\u00f3n pascual. Se trata, por tanto, de una muerte vista ya como victoriosa, o de una \u00abbeata pasi\u00f3n\u00bb, como se expresa el canon romano, que la liturgia ha cantado de varias maneras, tendentes todas ellas a expresar con fuerza la misma s\u00ed\u00adntesis (cf Regnavit a ligno Deus! o los dos himnos triunfales de la pasi\u00f3n: Vexilla Regis prodeunt o Pange, lingua, gloriosi proelium certaminis). De aqu\u00ed\u00ad el tono eucar\u00ed\u00adstico (no doloroso) con que se celebra en la iglesia el sacrificio sacramental, que bajo los signos de la cena reactualiza siempre el \u00fanico sacrificio de la cruz.<\/p>\n<p>El cuerpo representado por el pan es verdaderamente para nosotros \u00abel cuerpo entregado y roto\u00bb, que ha sido ofrecido de una vez por todas en el Calvario, y la sangre es verdaderamente la que fue derramada entonces para la redenci\u00f3n del mundo; pero ahora consummatum est (Jua 19:30), todo se ha cumplido; el acto definitivo de toda la historia de la salvaci\u00f3n en su antes y su despu\u00e9s, ya ha tenido lugar y se ha asegurado el final positivo, vayan como vayan (en la apariencia que nosotros vemos) los avatares humanos. Por la celebraci\u00f3n memorial y real tenemos en nuestras manos \u00abel pan de vida y el c\u00e1liz de salvaci\u00f3n\u00bb (canon romano), que son m\u00e1s fuertes que cualquier otro acontecimiento hist\u00f3rico. Por la inseparabilidad del binomio muerte-resurrecci\u00f3n no puede celebrarse sacramentalmente la una sin la otra. Ser\u00e1 como mucho, a lo largo del a\u00f1o lit\u00fargico, una cuesti\u00f3n de acentos, seg\u00fan se trate del tiempo de la pasi\u00f3n o del tiempo pascual; pero cada eucarist\u00ed\u00ada es pascua. Y si la iglesia concentra en dos d\u00ed\u00adas (\u00fanicos en todo el a\u00f1o)toda su atenci\u00f3n \u00fanicamente en Cristo crucificado (viernes santo) o sepultado (s\u00e1bado santo), en esos dos d\u00ed\u00adas prefiere no renovar el sacrificio sacramental antes de bajar el tono pascual de la eucarist\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>c) &#8230; invocando al Esp\u00ed\u00adritu Santo. En la actual econom\u00ed\u00ada pospascual, que implica tambi\u00e9n pentecost\u00e9s, esto es, el don del Esp\u00ed\u00adritu como primicias de la pascua del Se\u00f1or -\u00abprimicia para los creyentes\u00bb, como dice la an\u00e1fora IV-, no es posible celebrar un sacramento, y menos a\u00fan el que se llama sant\u00ed\u00adsimo sacramento por excelencia, sin la presencia y la acci\u00f3n misteriosa del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Sin referirnos a la cl\u00e1sica tradici\u00f3n lit\u00fargico-patr\u00ed\u00adstica oriental, tan rica en pneumatolog\u00ed\u00ada tambi\u00e9n en lo que se refiere al mundo sacramental, podemos citar aqu\u00ed\u00ad a san Agust\u00ed\u00adn: el elemento que ponemos sobre el altar \u00abno es consagrado por ser un sacramento tan grande, sino mediante la invisible acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (De Trin. 1. IV, 4,10); todav\u00ed\u00ada en la edad media resonaba esta misma doctrina, por ejemplo en Pascasio Radberto: \u00abel verdadero cuerpo de Cristo con fuerza divina es consagrado en el altar por el sacerdote in verbo Christi per Spiritum Sanctum\u00bb (De Corp. et Sang. Domini, IV, 3).<\/p>\n<p>Por tanto, la eficacia de las palabras de Cristo, pronunciadas en la \u00faltima cena, no excluye, sino que implica la acci\u00f3n misteriosa de la virtus Spiritus Sancti, que en las nuevas oraciones eucar\u00ed\u00adsticas es invocado de manera solemne con la imposici\u00f3n de manos sobre los dones inmediatamente antes de la tradicional consagraci\u00f3n con las palabras de Cristo. No carece de significado ecum\u00e9nico el hecho de haber explicitado esta ep\u00ed\u00adclesis (que en el canon romano estaba comolatente), especialmente para nuestros hermanos orientales (quienes, sin embargo, normalmente colocan su ep\u00ed\u00adclesis, a la que atribuyen verdadera fuerza consagratoria, despu\u00e9s y no antes de nuestra consagraci\u00f3n).<\/p>\n<p>En cualquier caso, la presencia y la secreta acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, que envuelve y da eficacia a toda la celebraci\u00f3n memorial, y toca tambi\u00e9n a toda la comunidad presente (como inmediatamente veremos), es una componente actualmente ineliminable de la verdadera fisonom\u00ed\u00ada eucar\u00ed\u00adstica, sobre la que es oportuno volver a llamar la atenci\u00f3n de los fieles, subrayando la unidad pascua-pentecost\u00e9s y mostrando c\u00f3mo la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica y santificadora de Cristo, que se prolonga hoy en la iglesia y en los sacramentos, es inseparable de la virtus activa de su Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>d) &#8230; ofreciendo el sacrificio de la nueva alianza. Si la celebraci\u00f3n memorial con la invocaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo tiene la fuerza de hacer presente aqu\u00ed\u00ad y ahora todo lo que Jes\u00fas realiz\u00f3 y expres\u00f3 con el gesto de la \u00faltima cena en conexi\u00f3n con la inmolaci\u00f3n de la cruz y la pascua (unido en un todo), es porque \u00e9l quer\u00ed\u00ada incluirnos y hacernos part\u00ed\u00adcipes del sacrificio de la \u00abnueva y eterna alianza\u00bb, perteneci\u00e9semos a la generaci\u00f3n que fuese, a lo largo del tiempo. A trav\u00e9s de nuestro sacrificio sacramental, \u00e9l nos hace continuamente contempor\u00e1neos de la cruz, y hace de aquel acontecimiento algo contempor\u00e1neo a nosotros. Participando con fe en aquel acontecimiento, estamos unidos en la \u00fanica y definitiva alianza, sellada con la sangre de Cristo, \u00abv\u00ed\u00adctima de reconciliaci\u00f3n\u00bb (an\u00e1fora III) que trae la paz a todo el mundo.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, la raz\u00f3n de ser de la econom\u00ed\u00ada sacramental est\u00e1 en lavoluntad de Cristo de ponerse en manos de la iglesia y de cada uno de nosotros para que podamos finalmente ofrecer, por nuestra salvaci\u00f3n y la de todo el mundo, la v\u00ed\u00adctima de valor infinito, o sea, no ya a medida del hombre, y por tanto con la misma amplitud y eficacia que aquella ofrenda tuvo la primera vez sobre el altar de la cruz. Entonces se ofreci\u00f3 en una espl\u00e9ndida y tremenda soledad -aunque lo hac\u00ed\u00ada por nosotros-, cargado con todos nuestros pecados y \u00abatray\u00e9ndonos a todos hacia s\u00ed\u00ad\u00bb; ahora somos nosotros los oferentes, con \u00e9l y por \u00e9l, prendidos en el mismo movimiento de donaci\u00f3n, de obediencia al Padre, de verdadero culto (el de su relaci\u00f3n filial), de reconciliaci\u00f3n completa con Dios y entre nosotros. En \u00e9l, nos ha dicho el Vat. II (SC 5, citando una antigua oraci\u00f3n lit\u00fargica), \u00abnostrae reconciliationis processit perfecta placatio, et divini cultus nobis est indita plenitudo \u00ab.<\/p>\n<p>Por eso, despu\u00e9s de haber cumplido el mandato de Jes\u00fas (\u00abHaced esto en conmemoraci\u00f3n m\u00ed\u00ada\u00bb), por el que se hace presente no s\u00f3lo el cuerpo y la sangre de Cristo, sino tambi\u00e9n el sacrificio de la nueva alianza para que se haga nuestro, la iglesia se apresura a declarar, en la riqu\u00ed\u00adsima f\u00f3rmula del canon romano (pero con sus equivalentes en todas las dem\u00e1s an\u00e1foras): Unde et memore.s&#8230; offerimus. Parafraseando un poco, se podr\u00ed\u00ada traducir: \u00abEn el memorial sacramental que por tu mandato estamos celebrando, somos conscientes de tener en nuestras manos el \u00fanico sacrificio de nuestra salvaci\u00f3n: por esto lo ofrecemos&#8230;\u00bb Lo importante es precisamente lo que aqu\u00ed\u00ad ocupa el centro: integrar nuestras comunidades en este gran offerimus, que en la incisiva f\u00f3rmula del canon romano lleva como \u00fanico sujeto \u00abnosotros, tus siervos, y todo tu pueblo santo\u00bb (la coordinada et plebs tua sancto quiere subrayar la unicidad del sujeto oferente en este momento, sin negar para nada la distinci\u00f3n entre sacerdocio jer\u00e1rquico, que habla en nombre de todos, y sacerdocio com\u00fan, propio de todos los bautizados).<\/p>\n<p>e) &#8230; ofreci\u00e9ndonos a nosotros mismos en sacrificio espiritual. No se puede ser verdaderamente cooferentes sin ser co-ofrecidos, como nos recordaba ya la enc\u00ed\u00adclica Mediator Dei, de P\u00ed\u00ado XII (1947). \u00abLa iglesia cada d\u00ed\u00ada, ofreciendo a Cristo, aprende a ofrecerse a s\u00ed\u00ad misma\u00bb, dice un texto cl\u00e1sico de san Agust\u00ed\u00adn (De Civitate Dei X, 20); m\u00e1s a\u00fan, es \u00e9sta la \u00fanica forma verdadera de hacer memoria en \u00e9l, no tan s\u00f3lo repitiendo ritualmente sus gestos y palabras, sino entrando en sus sentimientos. Para poder recibir con sinceridad ese cuerpo entregado, debemos vivir nuestra vida cristianamente haci\u00e9ndonos a nosotros mismos don, sea cual sea nuestra vocaci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica. Para poder hacer nuestro y ofrecer ese sacrificio en el que Jes\u00fas se ha hecho obediente hasta la muerte, debemos consumir nuestra existencia en una total obediencia a la voluntad del Padre, llevando a t\u00e9rmino plenamente su proyecto de amor sobre nosotros. \u00abNadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos\u00bb (Jua 15:13). Estamos celebrando precisamente su gesto de amor, que exige de nosotros otro tanto.<\/p>\n<p>No podemos a\u00f1adir objetivamente nada al sacrificio \u00fanico y perfecto de Cristo, que ya ha merecido todo, como sabemos, y es sobreabundante para todas las necesidades de salvaci\u00f3n y santificaci\u00f3n del mundo entero. Si hoy lo hacemos presente en la celebraci\u00f3n memorialde esta comunidad, es precisamente para que produzca ahora el sacrificio espiritual de nosotros mismos, del que nos habla todo el NT (cf, por ejemplo, Rom 12,lss). El sacrificio sacramental en que participamos se orienta al sacrificio real de nosotros mismos; y el primero es in\u00fatil para nosotros si no asume nuestra vida concreta con los sufrimientos y fatigas de cada d\u00ed\u00ada, pero tambi\u00e9n con las alegr\u00ed\u00adas, con las intenciones y oraciones que llevamos en el coraz\u00f3n por nosotros y por todo el mundo, con el deseo o la necesidad de alabar y dar gracias a Dios, de interceder o expiar. La celebraci\u00f3n alcanza su verdadera finalidad cuando hacemos de toda nuestra vida una sola ofrenda, un solo sacrificio con la ofrenda y el sacrificio de Cristo, o una sola alabanza, acci\u00f3n de gracias, intercesi\u00f3n, expiaci\u00f3n, que por nuestra parte no tienen ning\u00fan valor sino en cuanto est\u00e1n insertados en el culto perfecto que s\u00f3lo Cristo puede expresar por nosotros y con nosotros; para esto precisamente \u00e9l se hace presente con su ofrenda y su sacrificio sobre el altar.<\/p>\n<p>De este modo, las plegarias eucar\u00ed\u00adsticas no expresan s\u00f3lo el offerimus que tiene por objeto a Cristo y su sacrificio, sino que piden que el mismo Se\u00f1or \u00abnos transforme en ofrenda permanente\u00bb (an\u00e1fora III) o que todos seamos por su Esp\u00ed\u00adritu \u00abv\u00ed\u00adctima viva para tu alabanza\u00bb (an\u00e1fora IV). El canon romano, al pedir que nuestra ofrenda sea agradable a Dios como la de Abel, Abrah\u00e1n o Melquisedec, supone en nosotros una actitud de disponibilidad interior y de donaci\u00f3n igual de generosa que la suya, si fuera necesario.<\/p>\n<p>f) &#8230; formando todos un solo cuerpo. La unidad de sacrificio y de vida conlleva tambi\u00e9n la unidad de la persona en Cristo. No podemos incorporarnos a \u00e9l por la eucarist\u00ed\u00ada sin con-corporarnos tambi\u00e9n entre nosotros. La expresi\u00f3n t\u00ed\u00adpica proviene de san Pablo, que nos ve a todos (jud\u00ed\u00ados y gentiles) como \u00abmiembros de un mismo cuerpo\u00bb (cf Efe 3:6).<\/p>\n<p>Estamos aqu\u00ed\u00ad tocando un efecto caracter\u00ed\u00adstico de la eucarist\u00ed\u00ada, en el centro mismo de la tradici\u00f3n cristiana patr\u00ed\u00adstica y medieval: si hasta ahora en gran medida se nos ha presentado a \u00abla iglesia que hace la eucarist\u00ed\u00ada\u00bb, ahora las relaciones se invierten: \u00abes la eucarist\u00ed\u00ada la que hace a la iglesia\u00bb, seg\u00fan el conocido axioma. Cristo nos da su cuerpo para hacernos cada vez m\u00e1s su cuerpo, y as\u00ed\u00ad d\u00ed\u00ada a d\u00ed\u00ada construye la iglesia. \u00abPorque no hay m\u00e1s que un pan, todos formamos un solo cuerpo, pues todos participamos del mismo pan\u00bb (l Cor 10,17).<\/p>\n<p>Despu\u00e9s la escol\u00e1stica denominar\u00e1 a este efecto, ya puesto fuertemente en evidencia por san Agust\u00ed\u00adn (y sirvi\u00e9ndose tambi\u00e9n de su terminolog\u00ed\u00ada), la res (realidad) por excelencia o el fruto \u00faltimo al que se orienta toda la estructura sacramental de la eucarist\u00ed\u00ada. Baste con una cita: \u00abla res (o efecto \u00faltimo) -escribe santo Tom\u00e1s- de este sacramento es la unidad del cuerpo m\u00ed\u00adstico\u00bb (S. Th. 111, q. 73, a. 3). Si hay, pues, una unidad que precede y debe preceder a la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada -porque si estamos separados tan s\u00f3lo de un \u00fanico hermano no podemos acercarnos a ofrecer nuestra ofrenda en el altar, seg\u00fan la advertencia de Mt 5,23&#8211;, hay tambi\u00e9n una unidad que sigue, o sea, que crece y se desarrolla por obra de la gracia sacramental propia de este sacramento.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad las an\u00e1foras lo ponen de manifiesto, pidiendo para \u00abcuantos compartimos este pan y este c\u00e1liz (ser) congregados en unsolo cuerpo por el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (an\u00e1fora IV y textos paralelos de las otras a este respecto). Los signos de unidad y de ofrenda de nosotros mismos ya insinuados en el rito del ofertorio con la materia del pan y vino encuentran aqu\u00ed\u00ad su cumplimiento m\u00e1s alto y son presentados en conexi\u00f3n con el don del cuerpo de Cristo y con la acci\u00f3n inseparable de su Esp\u00ed\u00adritu, aunque sea con la mirada puesta ya en la cercana comuni\u00f3n. En sustancia, la idea es que no se puede crecer en la uni\u00f3n con Cristo sin crecer simult\u00e1neamente en la uni\u00f3n fraterna (que es, por otra parte, su condici\u00f3n previa por la compenetraci\u00f3n rec\u00ed\u00adproca).<\/p>\n<p>g) &#8230; invocando al Esp\u00ed\u00adritu Santo sobre los comunicantes. Merece menci\u00f3n aparte la segunda ep\u00ed\u00adclesis, as\u00ed\u00ad llamada, o sea, una segunda invocaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, ya no sobre los dones, sino sobre la comunidad de los celebrantes y comunicantes, para que puedan obtener el mayor fruto posible de un don tan grande. Las nuevas an\u00e1foras ponen en relaci\u00f3n con la acci\u00f3n interior del Esp\u00ed\u00adritu sobre todo los dos \u00faltimos frutos de la eucarist\u00ed\u00ada m\u00e1s arriba recordados: formar verdaderamente con nuestra vida un solo sacrificio-oferta, y un solo cuerpo con Cristo en uni\u00f3n con nuestros hermanos. Porque estamos \u00abcongregados en un solo cuerpo por el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb, podemos convertirnos en \u00abv\u00ed\u00adctima viva para tu alabanza\u00bb (an\u00e1fora IV; cf tambi\u00e9n, para la primera parte, el paralelo en la an\u00e1fora II). E incluso la an\u00e1fora 111 pide que seamos \u00abllenos de su Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb para que se produzcan en nosotros los verdaderos frutos de la eucarist\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>En esta ardiente petici\u00f3n de la venida del Esp\u00ed\u00adritu Santo sobre los que participan en el rito hay una profunda lecci\u00f3n de teolog\u00ed\u00ada y espiritualidad sacramental: no debemos esperar ning\u00fan efecto m\u00e1gico. \u00bfDe qu\u00e9 sirve, en efecto, la grandeza del don que se nos ofrece en el signo sobre el altar objetivamente, si no sabemos insertarnos y apropiarnos personalmente de esa riqueza? Por eso es indispensable la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, que personaliza e interioriza el don, crea las disposiciones necesarias dentro de nosotros y, sobre todo, crea la unidad con la ofrenda-sacrificio de Cristo y entre nosotros. Es como Jes\u00fas, que hablaba y explicaba a los disc\u00ed\u00adpulos \u00ablos misterios del reino\u00bb; pero, consciente de su poca capacidad de comprender, a\u00f1ad\u00ed\u00ada tambi\u00e9n (cf, por ejemplo, Jua 13:6-7; Luc 9:44-46): \u00abEl Esp\u00ed\u00adritu Santo os lo ense\u00f1ar\u00e1 todo, y os recordar\u00e1 cuanto os he dicho\u00bb (cf Jua 14:26 : ib,Jua 16:12-14).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, como en la primera ep\u00ed\u00adclesis se invoca al Esp\u00ed\u00adritu sobre el pan y el vino para que los transforme en el cuerpo y la sangre del Se\u00f1or, del mismo modo aqu\u00ed\u00ad se lo invoca sobre la comunidad para que la disponga a entrar profundamente en el misterio que est\u00e1 celebrando y obtenga del mismo el mayor fruto, lo cual de otro modo ser\u00ed\u00ada imposible, ya que todo es don y procede del gran Don que es la persona misma del Esp\u00ed\u00adritu Santo.<\/p>\n<p>h) &#8230; comunicando con la iglesia de la tierra y la del cielo. Con diversas colocaciones en el desenvolvimiento de la oraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica y sin seguir un orden constante, la comunidad cristiana que celebra la eucarist\u00ed\u00ada sinti\u00f3 desde los primeros siglos la necesidad de expresar su profunda unidad con la iglesia peregrinante en la tierra, pero tambi\u00e9n con la que ha llegado ya a la gloria del cielo.<\/p>\n<p>A este respecto es t\u00ed\u00adpico el communicantes del canon romano, que tiene la particularidad de dividir tanto la memoria de los santos cuanto las intercesiones antes y despu\u00e9s de la consagraci\u00f3n, mientras que las nuevas an\u00e1foras se conforman al uso com\u00fan de las liturgias orientales, que prefieren la colocaci\u00f3n en la segunda parte. El n\u00facleo esencial consiste, de todas formas, en sentirse en plena sinton\u00ed\u00ada con la hermosa realidad eclesial que se llama comuni\u00f3n de los santos, y que se refiere sobre todo a esa parte bienaventurada que desde t Mar\u00ed\u00ada (aqu\u00ed\u00ad precisamente tuvo lugar la primera menci\u00f3n lit\u00fargica de la madre del Se\u00f1or) a los ap\u00f3stoles, los m\u00e1rtires y todos los dem\u00e1s t santos goza ya con Cristo e intercede por nosotros.<\/p>\n<p>Se muestra as\u00ed\u00ad otra dimensi\u00f3n de la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica -y de la liturgia en general-: en este momento fuerte se siente que nuestra celebraci\u00f3n, mientras se desenvuelve sobre la tierra, est\u00e1 en contacto, m\u00e1s a\u00fan, forma parte de una liturgia considerablemente m\u00e1s amplia, que abarca tambi\u00e9n el cielo, donde se canta y se reza con nosotros y por nosotros, tal y como nos hacen intuir ciertas escenas inolvidables del Apocalipsis.<\/p>\n<p>i) &#8230; intercediendo por todos. Ya en el modelo jud\u00ed\u00ado que subyace a nuestras oraciones eucar\u00ed\u00adsticas, como hemos visto [-> supra, I, 4], la alabanza y acci\u00f3n de gracias por los beneficios de Dios se complementaba con la intercesi\u00f3n y s\u00faplica a Dios para que renovase ahora sus maravillas y nunca falte su indefectible asistencia al pueblo elegido. Exaltando la benevolencia de Dios en el pasado (oraci\u00f3n memorial y eucar\u00ed\u00adstica), se alimentaba la confianza en su ayuda para el presente y para el futuro. En nuestro caso, hall\u00e1ndonos tan cerca de la fuente de toda gracia, identificada con el sacrificio redentor de Cristo actualizado ante nosotros y para nosotros, era m\u00e1s que natural que la iglesia expresara las intenciones que afectan a sus propias necesidades y, m\u00e1s en general, a las del mundo.<\/p>\n<p>Este es el motivo del cl\u00e1sico memento de vivos y difuntos, antiguamente acompa\u00f1ado de la lectura de los d\u00ed\u00adpticos, o sea, de las intenciones m\u00e1s particulares, con los nombres de las personas que se deseaba recordar y los nombres que hab\u00ed\u00ada que leer cada vez, desde el papa, los obispos y las diversas clases del clero hasta la comunidad concreta de los simples fieles, en relaci\u00f3n con las circunstancias y las necesidades que se estaban viviendo en el momento hist\u00f3rico. Aqu\u00ed\u00ad, naturalmente, encontraba su lugar tambi\u00e9n la antiqu\u00ed\u00adsima oraci\u00f3n por los difuntos, que eran recordados cuando se creaba un vac\u00ed\u00ado en la comunidad o cuando ven\u00ed\u00adan recomendados por alg\u00fan fiel en particular.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad, la eucarist\u00ed\u00ada, sobre todo en la an\u00e1fora, se hace s\u00ed\u00adntesis y modelo de toda la oraci\u00f3n cristiana, bajo todos sus aspectos, para todas las necesidades, empezando siempre, eso s\u00ed\u00ad, por la alabanza y acci\u00f3n de gracias a Dios por sus innumerables beneficios en favor nuestro, cuando todav\u00ed\u00ada no merec\u00ed\u00adamos nada o ni siquiera lo busc\u00e1bamos, mientras que \u00e9l nos ha amado primero.<\/p>\n<p>j) La doxolog\u00ed\u00ada final. De todo lo que hemos dicho hasta ahora se desprende con naturalidad que la an\u00e1fora desemboque, con una especie de inclusi\u00f3n final que se remite decididamente al tema dominante desde los primeros acentos, en una grandiosa glorificaci\u00f3n conclusiva, donde se recoloca vigorosamente en el centro de todo al \u00fanico Mediador y Salvador (\u00abPor Cristo, con \u00e9l y en \u00e9l&#8230;\u00bb), que \u00aben la unidad del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb hace retornar todo al Padre (\u00abtodo honor y toda gloria&#8230;\u00bb), seg\u00fan el cl\u00e1sico esquema trinitario, que es el soporte de toda aut\u00e9ntica oraci\u00f3n cristiana, sobre todo de la lit\u00fargica, y en un momento solemne como el nuestro.<\/p>\n<p>A la grandiosidad de este final in crescendo corresponde la ratificaci\u00f3n por parte de la asamblea celebrante con el Am\u00e9n m\u00e1s importante de todo el rito de la misa; ese Am\u00e9n que, seg\u00fan el testimonio de san Jer\u00f3nimo (In Gal. comment. I, 2), resonaba como un trueno en las antiguas bas\u00ed\u00adlicas romanas, como adhesi\u00f3n interior y comunitaria de fe, de participaci\u00f3n plena y gozosa en la salvaci\u00f3n llevada a cabo por Cristo.<\/p>\n<p>5. COMUNIDAD DE COMUNI\u00ed\u201cN Y PARTICIPACI\u00ed\u201cN (EL RITO DE COMUNI\u00ed\u201cN Y DE DESPEDIDA). Despu\u00e9s del rito introductorio del ofertorio y de la gran oraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica, ahora el desarrollo de la misa se encamina hacia la consumaci\u00f3n del sacrificio y la parte conclusiva de la celebraci\u00f3n. Desde el ofertorio, todos los elementos m\u00e1s o menos se eligen y miran hacia la participaci\u00f3n del banquete sacramental, habiendo indicado el mismo Jes\u00fas el modo de encuentro con \u00e9l. La ordenaci\u00f3n puede ser diversa seg\u00fan las \u00e9pocas y los diferentes ritos, que modifican alg\u00fan elemento; pero el fondo es com\u00fan, y nuestra liturgia sigue esta l\u00ed\u00adnea.<\/p>\n<p>En primer lugar, por lo menos desde san Gregorio Magno en adelante, encontramos el padrenuestro, que por su dignidad sirve como puente entre la solemne oraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica y el rito de la comuni\u00f3n. Algunas de sus peticiones, especialmente, parecen ponerlo en estrecha conexi\u00f3n con la eucarist\u00ed\u00ada, como la petici\u00f3n del \u00abpan nuestro de cada d\u00ed\u00ada\u00bb (o \u00absupersustancial\u00bb) -que una cierta interpretaci\u00f3n bastante difundida en la \u00e9poca patr\u00ed\u00adstica entend\u00ed\u00ada como referido al pan eucar\u00ed\u00adstico- y sobre todo la petici\u00f3n del perd\u00f3n a Dios y a los hermanos (\u00abPerd\u00f3nanos, como&#8230;\u00bb), como disposici\u00f3n necesaria para poder comulgar (especialmente en la predicaci\u00f3n agustiniana). El padrenuestro se completa con el simbolismo final (\u00abL\u00ed\u00adbranos, Se\u00f1or&#8230;\u00bb), que desarrolla las \u00faltimas peticiones de la oraci\u00f3n del Se\u00f1or, y hoy tambi\u00e9n en la liturgia romana se a\u00f1ade todav\u00ed\u00ada una antigua doxolog\u00ed\u00ada-aclamaci\u00f3n del pueblo: \u00abTuyo es el reino&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>Sigue a continuaci\u00f3n la oraci\u00f3n del sacerdote por la paz ad intra y ad extra de la iglesia, a la que se a\u00f1ade la f\u00f3rmula de tradici\u00f3n jud\u00ed\u00ada del augurio de paz (Paz vobis), y entonces toda la asamblea de los presentes es invitada a darse un abrazo fraterno (u otro signo equivalente). En los textos y en los ritos, tal como hoy est\u00e1n, se insiste demasiado en esta parte en el tema de la paz, sin duda porque se quiere acentuar la gran advertencia de Jes\u00fas, que antepone la reconciliaci\u00f3n fraterna a cualquier otra ofrenda sobre el altar (cf Mat 5:24).<\/p>\n<p>Tiene lugar, finalmente, la fractio panis, gesto de gran importancia ya en la \u00faltima cena de Jes\u00fas, como sabemos, y que en la comunidad primitiva lleg\u00f3 a dar nombre a toda la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica (cf Luc 24:35; Heb 2:46). El gesto familiar de quien presid\u00ed\u00ada la mesa, que part\u00ed\u00ada el \u00fanico pan para distribuir los trozos entre todos los presentes, era bastante simple, pero tambi\u00e9n significativo para expresar la comunicaci\u00f3n entre todos; y, de hecho, Pablo se servir\u00e1 de \u00e9l (1Co 10:17) para inculcar nuestra unidad en Cristo, dado que participamos todos del mismo pan repartido y del mismo c\u00e1liz.<\/p>\n<p>Naturalmente, esto supone la verdad del signo tambi\u00e9n en la materia que utilizamos, pues la manera de confeccionar las hostias en los tiempos modernos -cada vez m\u00e1s c\u00e1ndidas y sutiles para construir sobre ello toda una pseudom\u00ed\u00adstica muy de moda en cierta literatura de devoci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica y todav\u00ed\u00ada hoy, por ejemplo, en ciertos c\u00e1nticos populares- parece bastante alejada del signo humilde, pero vivo, concreto y familiar elegido por Jes\u00fas. Aunque para esto se podr\u00ed\u00ada aducir como excusa la practicidad de las hostias individuales, por lo menos se deber\u00ed\u00ada ser fieles a las muchas recomendaciones de documentos oficiales (sin excluir los OGMR 56, h), que invitan a comulgar regularmente con hostias consagradas en la misma misa a la que se asiste, seg\u00fan la l\u00f3gica de las cosas.<\/p>\n<p>El canto del Agnus Dei acompa\u00f1a, seg\u00fan la duraci\u00f3n, la fracci\u00f3n del pan y tambi\u00e9n el breve rito de la immixtio, o sea, introducir en el c\u00e1liz un peque\u00f1o fragmento de la hostia consagrada, probablemente para significar la unidad del mismo sacrificio y de la misma v\u00ed\u00adctima presente en el cuerpo y en la sangre. En Roma antiguamente se enviaban fragmentos como \u00e9se a los que celebraban en otras iglesias para expresar la comuni\u00f3n en el mismo sacrificio.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de una oraci\u00f3n del sacerdote (dicha en voz baja, por su cuenta) se entra directamente en el rito de la comuni\u00f3n: el celebrante muestra el pan santo a los fieles e invita a todos al banquete, mientras sugiere sentimientos de humildad con las conmovedoras palabras del centuri\u00f3n del evangelio: \u00abSe\u00f1or, no soy digno&#8230;\u00bb A continuaci\u00f3n comulga con el pan y el c\u00e1liz, mientras los fieles a su vez se dirigen hacia el altar, si es posible cantando (seg\u00fan la antiqu\u00ed\u00adsima y universal costumbre recomendada todav\u00ed\u00ada hoy por la iglesia), para expresar (si el c\u00e1ntico es adecuado al momento) alegr\u00ed\u00ada y uni\u00f3n \u00ed\u00adntima tanto con el Se\u00f1or cuanto con los hermanos que se sientan a la misma mesa preparada por el amor divino. Cabe subrayar este estilo de comuni\u00f3n para superar cierta piedad m\u00e1s bien individualista e intimista, mientras que la eucarist\u00ed\u00ada, en su naturaleza intr\u00ed\u00adnseca y en la forma en que fue instituida (banquete fraterno), si bien implica una profunda participaci\u00f3n personal, es un acto en s\u00ed\u00ad mismo comunitario. Aqu\u00ed\u00ad es donde la iglesia se construye cada d\u00ed\u00ada y cierra cada vez m\u00e1s sus filas. Un texto autorizado del Vat. II llega a decir: \u00abNinguna comunidad cristiana se edifica si no tiene su ra\u00ed\u00adz y quicio en la celebraci\u00f3n de la sant\u00ed\u00adsima eucarist\u00ed\u00ada, por la que debe, consiguientemente, comenzarse toda educaci\u00f3n en el esp\u00ed\u00adritu de comunidad\u00bb (PO 6).<\/p>\n<p>El texto citado contin\u00faa diciendo que de aqu\u00ed\u00ad toman impulso tambi\u00e9n las diversas obras de caridad y de mutua ayuda. Es cl\u00e1sico el pensamiento insinuado en la Didaj\u00e9 y usado tantas veces en la predicaci\u00f3n patr\u00ed\u00adstica: \u00bfc\u00f3mo es posible ser admitidos a participar juntos de los bienes del cielo, y no ser capaces despu\u00e9s de compartir con los hermanos los bienes de la tierra? Para un cristiano consciente del don recibido resultan absurdos e intolerables el hambre y la miseria de una parte tan grande de la humanidad, mientras una minor\u00ed\u00ada nada en la abundancia y dilapida las riquezas de todos para construir armas de muerte. La participaci\u00f3n de la mesa eucar\u00ed\u00adstica no puede ser un mero acto ritual, cerrado en s\u00ed\u00ad mismo, sin abrirse, en la vida concreta, a un serio compromiso de reconciliaci\u00f3n y caridad fraterna. As\u00ed\u00ad pues, corremos el riesgo de caer en la falsedad \u00abcada vez que comemos este cuerpo entregado y esta sangre derramada\u00bb si no nos ponemos respectivamente en la misma disponibilidad hacia el don.<\/p>\n<p>Naturalmente, la convivalidad tiene aqu\u00ed\u00ad su punto culminante, por lo que ser\u00ed\u00ada obvia la comuni\u00f3n de toda la comunidad presente. Sabemos que en la antig\u00fcedad, terminada la liturgia de la palabra, se desped\u00ed\u00ada expresamente a los catec\u00famenos, los excomulgados y a cuantos se hallaban por alg\u00fan motivo impedidos para acercarse a la mesa del altar. Tambi\u00e9n hoy, naturalmente, hacen falta las debidas disposiciones (\u00abexam\u00ed\u00adnese el hombre\u00bb, advierte san Pablo, para no \u00abcomer y beber su propia condenaci\u00f3n\u00bb en lo que es un don de amor y exige amistad con Dios y con los hermanos: cf 1Co 11:28-30); pero sigue siendo una extra\u00f1a anomal\u00ed\u00ada el hecho de que una gran parte de nuestros adultos presentes (con esc\u00e1ndalo especialmente de los ni\u00f1os, quiz\u00e1 de los propios hijos) acepten como bautizados la invitaci\u00f3n al banquete dominical, consider\u00e1ndose, por tanto, todos como hijos de familia igualmente invitados, y cuando se trata de participar hasta el fondo con la comuni\u00f3n se mantengan aparte, como si fueran extra\u00f1os o tan s\u00f3lo espectadores.<\/p>\n<p>Este es un comportamiento en el fondo il\u00f3gico, si se piensa que, si uno quiere hacer propios los frutos espec\u00ed\u00adficos del sacrificio eucar\u00ed\u00adstico, no tiene otra v\u00ed\u00ada que la divinamente indicada: consumar personalmente el sacrificio con la comuni\u00f3n sacramental. Todas las devociones eucar\u00ed\u00adsticas y las comuniones espirituales pueden ser algo bello y precioso, pero solamente las palabras del Se\u00f1or tienen una garant\u00ed\u00ada divina; pues \u00e9l, adem\u00e1s de la invitaci\u00f3n categ\u00f3rica repetida constantemente: \u00abtomad y comed y bebed todos de \u00e9l\u00bb, declar\u00f3 expl\u00ed\u00adcitamente: \u00abSi alguien come de este pan, vivir\u00e1 eternamente&#8230; Si no comiereis la carne del Hijo del hombre y no bebiereis su sangre, no tendr\u00e9is vida en vosotros\u00bb (Jua 6:51-53). La praxis de los cristianos que no acogen la invitaci\u00f3n hasta el fondo y se retraen o se abstienen de realizar la uni\u00f3n completa ofrecida por el Se\u00f1or, hace a veces a los cristianos unos subalimentados (espiritualmente), que no gozan ni manifiestan una relaci\u00f3n vital con el Se\u00f1or.<\/p>\n<p>Es natural que un acto tan importante como la comuni\u00f3n tenga un antes y un despu\u00e9s en el rito mismo: el gran reconocimiento agradecido oficial lo expresa el sacerdote con la \u00aboraci\u00f3n despu\u00e9s de la comuni\u00f3n\u00bb, una de las tres oraciones presidenciales, en la que, junto a la manifestaci\u00f3n del m\u00e1s vivo y gozoso reconocimiento, con frecuencia se pide al Se\u00f1or que los frutos de la comuni\u00f3n sean eficaces y duraderos para todos. Sin embargo, antes de esta importante oraci\u00f3n dicha en nombre de la comunidad, puede intercalarse oportunamente un c\u00e1ntico de acci\u00f3n de gracias (salmo o himno adecuado), pero sobre todo no deber\u00ed\u00ada faltar una breve pausa de silencio para la oraci\u00f3n personal de cada uno, fundiendo as\u00ed\u00ad las leg\u00ed\u00adtimas exigencias de los particulares con las de la comunidad.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de los eventuales avisos a la asamblea, el saludo final y la bendici\u00f3n del sacerdote (a veces solemnizada o enriquecida con una \u00aboraci\u00f3n sobre el pueblo\u00bb) cierran breve y eficazmente el gran rito antes de la despedida oficial.<\/p>\n<p>6. COMUNIDAD ENVIADA A LAMISI\u00ed\u201cN. Si la despedida ritual (Ite, missa est) hist\u00f3ricamente no se debe interpretar como un env\u00ed\u00ado expl\u00ed\u00adcito a la misi\u00f3n, es cierto que la asamblea eucar\u00ed\u00adstica est\u00e1 formada por un pueblo que, ya por su mismo bautismo, es todo \u00e9l misionero y no puede cerrarse en s\u00ed\u00ad mismo. Cada vez que es convocado en torno al banquete eucar\u00ed\u00adstico revive y acepta de nuevo libremente su llamada; sabe, sin embargo, que \u00e9sta es universal y ha de alcanzar a todos los hombres por medio de la obra de todos.<\/p>\n<p>Con otras palabras: el banquete eucar\u00ed\u00adstico no est\u00e1 nunca, como en los cultos mist\u00e9ricos, reservado a una \u00e9lite de iniciados, sino que, aun suponiendo la adhesi\u00f3n inicial de la fe (completada por el bautismo), es esencialmente abierto y din\u00e1mico, orientado hacia la invitaci\u00f3n y convocaci\u00f3n de todos para la salvaci\u00f3n del mundo entero. Recordamos la profec\u00ed\u00ada de Isa\u00ed\u00adas (Jua 25:6-7), que tantas veces aparece en la liturgia: \u00abYav\u00e9 de los ej\u00e9rcitos brindar\u00e1 a todos los pueblos en esta monta\u00f1a un fest\u00ed\u00adn de ping\u00fces manjares, un fest\u00ed\u00adn de buenos vinos, de ping\u00fces manjares jugosos, de buenos vinos, purificados. Y quitar\u00e1 en esta monta\u00f1a el velo de luto que velaba a todos los pueblos&#8230;\u00bb<br \/>\nPor eso cada eucarist\u00ed\u00ada, especialmente en la reuni\u00f3n dominical, es preludio y signo de este gran fest\u00ed\u00adn de todos los pueblos sobre el monte Si\u00f3n. Las par\u00e1bolas evang\u00e9licas del banquete muestran esta irresistible tensi\u00f3n hacia la universalidad, que el rechazo de Israel no podr\u00e1 frenar, sino que ser\u00e1 m\u00e1s bien ocasi\u00f3n para una dilataci\u00f3n mayor, cuando los pueblos \u00abvendr\u00e1n de oriente y de occidente, del norte y del mediod\u00ed\u00ada, y estar\u00e1n a la mesa en el reino de Dios\u00bb (Luc 13:29). Tambi\u00e9n los excluidos (en el contexto socio: religioso de entonces) ser\u00e1n admitidos: ciegos, cojos, sordos, y especialmente los pecadores, ser\u00e1n rehabilitados y puestos en condiciones de participar en el fest\u00ed\u00adn (cf Mat 9:9-13; Luc 7:36-50; ib 19,1-10).<\/p>\n<p>La comunidad de mesa con Jes\u00fas o convivalidad, tan fuertemente acentuada en el evangelio y revivida por nosotros en cada banquete eucar\u00ed\u00adstico, es inseparable de este impulso din\u00e1mico misionero abierto hacia la dilataci\u00f3n del reino sin confines, haciendo caer todas las barreras de raza y de condici\u00f3n social, superando todas las divisiones, las discriminaciones y las alienaciones producidas por el pecado del hombre. Jes\u00fas en su sacrificio muri\u00f3 precisamente \u00abpara reunir en uno a los hijos de Dios dispersos\u00bb (Jua 11:52) y para \u00abatraer todos hacia s\u00ed\u00ad\u00bb desde lo alto de la cruz (ib 12,32). La misa tiene la misma dimensi\u00f3n y la misma eficacia misionera que la cruz; y esto intr\u00ed\u00adnsecamente, no s\u00f3lo en la intenci\u00f3n que nosotros podamos darle.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed\u00ad, pues, la colocaci\u00f3n justa de la eucarist\u00ed\u00ada: es siempre realidad intermedia o convocaci\u00f3n parcial entre el banquete pascual de Jes\u00fas y el fest\u00ed\u00adn universal de las naciones, al que se refiere necesariamente y que prepara cada vez, si somos conscientes y nos educamos como comunidad para entrar en este impulso misionero, que, naturalmente, debe prolongarse m\u00e1s all\u00e1 de la celebraci\u00f3n ritual. Es aqu\u00ed\u00ad donde la iglesia, convocada incesantemente por la misericordia de Dios, se hace por su parte convocante para llamar y hacer part\u00ed\u00adcipes de todos los bienes recibidos a todos los hombres (a diferencia de Israel, que se encerr\u00f3 en s\u00ed\u00ad mismo).<\/p>\n<p>7. A LA ESPERA DEL BANQUETE FINAL. Ilustrada la fisonom\u00ed\u00ada misionera de la asamblea eucar\u00ed\u00adstica, se descubre inmediatamente tambi\u00e9n su dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica. Ya alud\u00ed\u00ada a ello Jes\u00fas en la \u00faltima cena (cf Luc 22:18), y san Pablo presenta la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica como una solemne proclamaci\u00f3n de la muerte victoriosa del Se\u00f1or \u00abhasta que venga\u00bb (1Co 11:26). No extra\u00f1a, por tanto, la tensi\u00f3n escatol\u00f3gica de la primera comunidad cristiana con el caracter\u00ed\u00adstico grito de invocaci\u00f3n Marana tha (\u00abVen, Se\u00f1or Jes\u00fas\u00bb), repetido especialmente en las reuniones eucar\u00ed\u00adsticas (desde la Didaj\u00e9 X).<\/p>\n<p>La eucarist\u00ed\u00ada, memorial de la pascua del Se\u00f1or, no solamente nos remite al pasado, a un acontecimiento que se ha cumplido en la historia anterior, recordando la pasi\u00f3n-muerte-resurrecci\u00f3n-ascensi\u00f3n, sino que tambi\u00e9n se abre a la perspectiva futura: \u00abhasta que vuelvas\u00bb, cantamos despu\u00e9s de la consagraci\u00f3n. En realidad, la resurrecci\u00f3n de Cristo inaugura ya el nuevo mundo del futuro, y en su humanidad glorificada ha comenzado ya la transfiguraci\u00f3n \u00abdel cielo nuevo y de la tierra nueva\u00bb (Apo 21:1). Por eso, desde la primera generaci\u00f3n cristiana, participar en la eucarist\u00ed\u00ada quer\u00ed\u00ada decir recibir \u00abuna semilla de inmortalidad\u00bb, un \u00abant\u00ed\u00addoto contra la muerte\u00bb, un ius ad gloriam tambi\u00e9n para nuestro cuerpo, una prenda de la resurrecci\u00f3n-transfiguraci\u00f3n final.<\/p>\n<p>Con esta triple dimensi\u00f3n del tiempo (pasado-presente-futuro), t\u00ed\u00adpica de la econom\u00ed\u00ada sacramental, la eucarist\u00ed\u00ada no es solamente un banquete conmemorativo, sino tambi\u00e9n anticipativo, porque la pascua del Se\u00f1or ya es victoria segura sobre la muerte y sobre todas las potencias enemigas, ya es liberaci\u00f3n-reconciliaci\u00f3n-unificaci\u00f3n de todo en Cristo. Partiendo del humilde pan y vino de la creaci\u00f3n, llegando al Cristo resucitado y a la gracia vivificante del Esp\u00ed\u00adritu Santo, en la misa vivimos todo el poema de la salvaci\u00f3n, que abarca cielo y tierra. El momento de la eucarist\u00ed\u00ada es la punta m\u00e1s avanzada, en la que la iglesia toca ya el futuro al que atiende, mientras sus energ\u00ed\u00adas se ponen en movimiento para que el reino llegue ya desde ahora a la historia. As\u00ed\u00ad cada celebraci\u00f3n es vi\u00e1tico, etapa en el camino de la esperanza hacia la tierra prometida, pero a la vez fuerza nueva para llenar de la gloria celeste todo la realidad presente.<\/p>\n<p>P. Visentin<\/p>\n<p>D. Sartore &#8211; A, M. Triacca (eds.), Nuevo Diccionario de Liturgia, San Pablo, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Liturgia<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Las riquezas de la eucarist\u00ed\u00ada. II. La praxis eucar\u00ed\u00adstica en la Iglesia primitiva: 1. La eucarist\u00ed\u00ada como \u00abfractio panis\u00bb; 2. Un antiguo ejemplo de celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica; 3. La celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada en Corinto. III. El relato de la instituci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada: 1. En Pablo y Lucas; 2. En Marcos y Mateo. IV. Significado teol\u00f3gico de las palabras y de los gestos en la instituci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada: 1. El cuerpo y la sangre de Cristo; 2. El simbolismo del pan y del vino; 3. La eucarist\u00ed\u00ada como memorial; 4. La eucarist\u00ed\u00ada como nueva alianza. V. La doctrina eucar\u00ed\u00adstica en Juan: 1. La alianza nueva y el mandamiento del amor; 2. El discurso eucar\u00ed\u00adstico. VI. Iglesia y eucarist\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>I. LAS RIQUEZAS DE LA EUCARIST\u00ed\u008dA. La eucarist\u00ed\u00ada ha sido siempre el centro de la vida de la Iglesia, de la que constituye el \u00abmysterium fidei\u00bb por excelencia. Seg\u00fan los diversos tiempos y las diferentes sensibilidades se ha acentuado un aspecto m\u00e1s bien que otro, puesto que en realidad en ella se entrecruzan en parte todas las verdades que hay que creer y vivir.<\/p>\n<p>En estos \u00faltimos tiempos, por ejemplo, se ha intentado acentuar el aspecto eclesial y social de la eucarist\u00ed\u00ada. Pensemos en el tema del congreso eucar\u00ed\u00adstico internacional de Lourdes (1981): \u00abJesucristo, pan partido por un mundo nuevo\u00bb. La Conferencia Episcopal italiana, el 22 de mayo de 1983, promulg\u00f3 un documento con este t\u00ed\u00adtulo significativo: \u00abEucarist\u00ed\u00ada, comuni\u00f3n y comunidad\u00bb, poniendo a la eucarist\u00ed\u00ada en el centro de toda la renovaci\u00f3n eclesial, descubriendo que, si es verdad que la Iglesia hace la eucarist\u00ed\u00ada, tambi\u00e9n es verdad que \u00abes la eucarist\u00ed\u00ada la que hace a la Iglesia\u00bb (H. de Lubac).<\/p>\n<p>Al intentar exponer una reflexi\u00f3n unitaria sobre la doctrina de la eucarist\u00ed\u00ada en el NT, no nos detendremos \u00fanicamente en las palabras de la instituci\u00f3n, sino que captaremos todos los signos de su presencia, explorando sobre todo la praxis viva de la Iglesia.<\/p>\n<p>II. LA PRAXIS EUCAR\u00ed\u008dSTICA EN LA IGLESIA PRIMITIVA. Pues bien, lo m\u00e1s interesante es que la Iglesia primitiva desde sus or\u00ed\u00adgenes practicaba la eucarist\u00ed\u00ada, aunque no la llamaba con este nombre. En efecto, el sustantivo eucharist\u00ed\u00ada para designar la liturgia eucar\u00ed\u00adstica s\u00f3lo aparece por el 110 d.C. con Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada (Philad. 4,1; Smyrn. 7,1; etc\u00e9tera) y hacia el 150 con Justino (Apol. 1,66). En el NT las dos \u00fanicas designaciones son \u00abfracci\u00f3n del pan\u00bb y \u00abcena del Se\u00f1or\u00bb, probablemente para acentuar la dimensi\u00f3n social, que pod\u00ed\u00ada perderse si se reduc\u00ed\u00ada la eucarist\u00ed\u00ada a una mera \u00abacci\u00f3n de gracias\u00bb, es decir, a una relaci\u00f3n exclusiva o casi exclusiva con Dios.<\/p>\n<p>1. LA EUCARIST\u00ed\u008dA COMO \u00abFRACTIO PANIS\u00bb. En este sentido es muy importante el testimonio del libro de los Hechos. Al describir en un sumario r\u00e1pido la vida de la primitiva comunidad de Jerusal\u00e9n, Lucas la ve caracterizada por cuatro elementos: los nuevos creyentes \u00aberan constantes en escuchar la ense\u00f1anza de los ap\u00f3stoles, en la uni\u00f3n fraterna, en partir el pan y en las oraciones\u00bb (Heb 2:42).<\/p>\n<p>Estos cuatro t\u00e9rminos nos permiten vislumbrar con notable aproximaci\u00f3n lo que realmente significan: \u00abla ense\u00f1anza (didaj\u00e9) de los ap\u00f3stoles\u00bb deber\u00ed\u00ada significar la evangelizaci\u00f3n m\u00e1s profunda de los creyentes, entre los cuales se creaba de este modo una comuni\u00f3n fraterna (koin\u00f3nia) m\u00e1s \u00ed\u00adntima, basada sobre todo en la misma fe. Esto llevaba a poner libremente en com\u00fan los mismos bienes materiales, como consecuencia natural del creer com\u00fan (v. 45).<\/p>\n<p>La \u00abfracci\u00f3n del pan\u00bb (kl\u00e1sis to\u00fa \u00e1rtou) es un gesto lit\u00fargico que repite exactamente el que hizo Jes\u00fas en la \u00faltima cena, y quiere expresar el compartir que lleva consigo este gesto, t\u00ed\u00adpicamente jud\u00ed\u00ado. Las \u00aboraciones\u00bb que siguen deb\u00ed\u00adan ser, seg\u00fan el tipo de la t\u00f3dah (= alabanza) jud\u00ed\u00ada, celebraciones y alabanzas a Dios por sus intervenciones salv\u00ed\u00adficas, cuya cima estaba representada precisamente por lo que la eucarist\u00ed\u00ada quer\u00ed\u00ada significar en la intenci\u00f3n de Cristo: estas \u00aboraciones\u00bb pod\u00ed\u00adan sacarse de la rica tradici\u00f3n del AT, o bien ser creadas ex novo dentro del clima de entusiasmo de los primeros creyentes.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n lo que se dice en el vers\u00ed\u00adculo 46 parece referirse entonces a la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada: \u00abTodos los d\u00ed\u00adas acud\u00ed\u00adan juntos al templo, part\u00ed\u00adan el pan [kl\u00f3ntes \u00e1rton] en las casas, com\u00ed\u00adan juntos con alegr\u00ed\u00ada y sencillez de coraz\u00f3n\u00bb. No parece que se trate en este caso de banquetes comunes, sino de aut\u00e9nticas celebraciones eucar\u00ed\u00adsticas, hechas no ya en el templo, en donde no habr\u00ed\u00adan tenido ya ning\u00fan sentido, puesto que eran como una especie de ant\u00ed\u00adtesis, sino en las casas privadas, con la alegr\u00ed\u00ada (agall\u00ed\u00adasis) que este encuentro de fe no pod\u00ed\u00ada menos de suscitar. Es el t\u00e9rmino kl\u00e1\u00f3 (partir en trozos), utilizado s\u00f3lo para la eucarist\u00ed\u00ada, el que obliga a esta interpretaci\u00f3n.<\/p>\n<p>2. UN ANTIGUO EJEMPLO DE CELEBRACI\u00ed\u201cN EUCAR\u00ed\u008dSTICA. Por lo dem\u00e1s, siguiendo a\u00fan con el libro de los Hechos, hay un episodio caracter\u00ed\u00adstico que confirma el uso de la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica en las casas particulares, y adem\u00e1s en d\u00ed\u00ada de domingo.<\/p>\n<p>En su tercer viaje misionero, al volver a Jerusal\u00e9n, Pablo se detiene siete d\u00ed\u00adas en Tr\u00f3ade: \u00abEl primer d\u00ed\u00ada de la semana nos reunimos para partir el pan (kl\u00e1sai \u00e1rton). Pablo, que deb\u00ed\u00ada marcharse al d\u00ed\u00ada siguiente, estuvo hablando con ellos hasta medianoche\u00bb (Heb 20:7), de modo que el peque\u00f1o Eutico, que estaba sentado en la ventana, se durmi\u00f3, cay\u00f3 del tercer piso y lo levantaron ya cad\u00e1ver. Pero el ap\u00f3stol le restituy\u00f3 prodigiosamente la vida. Luego subi\u00f3, \u00abparti\u00f3 el pan (kl\u00e1sas t\u00f3n \u00e1rton) y comi\u00f3, estuvo hablando (homilesas) hasta el alba y se march\u00f3\u00bb (Heb 20:11).<\/p>\n<p>Es evidente por todo el conjunto que se est\u00e1 hablando de la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica: por dos veces aparece la expresi\u00f3n \u00abpartir el pan\u00bb. Adem\u00e1s, hay una referencia a la prolongada \u00abhomil\u00ed\u00ada\u00bb de Pablo, que deb\u00ed\u00ada ser muy probablemente una ilustraci\u00f3n del misterio eucar\u00ed\u00adstico.<\/p>\n<p>3. LA CELEBRACI\u00ed\u201cN DE LA EUCARIST\u00ed\u008dA EN CORINTO. Siguiendo a\u00fan en el terreno de la praxis eclesial, tambi\u00e9n es significativo lo que ocurr\u00ed\u00ada en la comunidad de Corinto, en donde Pablo hab\u00ed\u00ada predicado por el 51-52 y donde hab\u00ed\u00ada nacido, por iniciativa de alg\u00fan generoso cristiano, una pr\u00e1ctica bastante curiosa: antes de celebrar la eucarist\u00ed\u00ada propiamente dicha, probablemente tambi\u00e9n para esperar a los retrasados, tomaban juntos una cena para favorecer la fraternidad y ayudar a los m\u00e1s pobres. De esta manera la eucarist\u00ed\u00ada adquir\u00ed\u00ada adem\u00e1s su dimensi\u00f3n social; no era solamente una celebraci\u00f3n cultual, sino que entraba en la vida intentando transformarla.<\/p>\n<p>Pero el hecho es que no lleg\u00f3 a alcanzarse este objetivo, de lo que Pablo se queja amargamente: \u00abCuando os reun\u00ed\u00ads en com\u00fan, ya no es eso comer la cena del Se\u00f1or. Porque cada cual se adelanta a comer su propia cena; y mientras uno pasa hambre, otro se emborracha&#8230; \u00bfQu\u00e9 os voy a decir? \u00bfHe de felicitaros? En esto no os puedo felicitar\u00bb (ICor 11,20-22).<\/p>\n<p>Prescindiendo de todas las buenas intenciones que pod\u00ed\u00adan haber inducido a aquellos cristianos a introducir la pr\u00e1ctica de un banquete fraternal antes de la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada, Pablo interviene para eliminar aquellos abusos que her\u00ed\u00adan la caridad. Y lo hace recordando simplemente las circunstancias en que se hab\u00ed\u00ada instituido la eucarist\u00ed\u00ada y el significado que le hab\u00ed\u00ada querido dar Jes\u00fas con sus gestos y sus palabras: \u00abYo recib\u00ed\u00ad del Se\u00f1or lo que os he transmitido: que Jes\u00fas, el Se\u00f1or, en la noche que fue entregado tom\u00f3 pan&#8230;\u00bb (1Co 11:23).<\/p>\n<p>III. EL RELATO DE LA INSTITUCI\u00ed\u201cN DE LA EUCARIST\u00ed\u008dA. Es importante esta referencia a la \u00abtradici\u00f3n\u00bb que el ap\u00f3stol \u00abtransmiti\u00f3\u00bb fielmente a los cristianos de Corinto (51-52 d.C.). Con ello nos remontamos a los tiempos anteriores a su predicaci\u00f3n en Corinto; a su experiencia realizada en la comunidad de Antioqu\u00ed\u00ada, que practicaba ya la liturgia eucar\u00ed\u00adstica, y cuyo formulario parece referir san Pablo, casi id\u00e9ntico al que encontramos en Lucas.<\/p>\n<p>Esto nos lleva precisamente a los or\u00ed\u00adgenes mismos de la liturgia eucar\u00ed\u00adstica, quiz\u00e1 al 40 d.C., es decir, a pocos a\u00f1os despu\u00e9s de la muerte de Jes\u00fas, tiempo totalmente insuficiente para que se verificase aquel cambio de significado en que ha pensado H. Lietzmann, seg\u00fan el cual inicialmente la eucarist\u00ed\u00ada habr\u00ed\u00ada sido la celebraci\u00f3n de un banquete festivo en espera del pr\u00f3ximo retorno del Hijo del hombre; al trasladarse luego al mundo helenista, bajo la influencia de la religi\u00f3n de los misterios se habr\u00ed\u00ada convertido en la evocaci\u00f3n de la muerte sacrificial de Cristo [\/Pascua III; \/Comida III].<\/p>\n<p>1. EN PABLO Y LUCAS. Pero ahora que hemos empezado a hablar de la \u00abtradici\u00f3n\u00bb de la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica, evidente en Pablo, hay que decir que tambi\u00e9n en los tres sin\u00f3pticos, que nos transmiten la narraci\u00f3n de la instituci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada, el relato es de tipo cultual-etiol\u00f3gico, es decir, se intenta dar una fundamentaci\u00f3n \u00abhist\u00f3rica\u00bb que \u00abmotive\u00bb el rito, sin pretender con ello ofrecer todos los elementos que pudieron intervenir en aquel hecho fundador. Esto no quiere decir que el hecho haya sido inventado, sino tan s\u00f3lo que es referido por la importancia \u00abfundante\u00bb que tiene, sin perderse en todos los detalles que hayan podido acompa\u00f1arlo.<\/p>\n<p>Es lo que escribe X. L\u00e9on-Dufour despu\u00e9s de un atento examen cr\u00ed\u00adtico, especialmente del texto de Marcos. \u00abEs obligado concluir que el relato no pretende directamente referir un episodio biogr\u00e1fico, sino proclamar una acci\u00f3n fundante. En su culto, los cristianos se han referido siempre a la cena y al acto de Jes\u00fas, cuyo alcance teol\u00f3gico han procurado manifestar. \u00bfQuiere decir esto que el relato es un producto de la pr\u00e1ctica eucar\u00ed\u00adstica y que en s\u00ed\u00ad mismo no tiene valor hist\u00f3rico? Tal deducci\u00f3n ser\u00ed\u00ada excesiva\u00bb (La fracci\u00f3n del pan, 116).<\/p>\n<p>Y el autor lo demuestra con muchas pruebas: semitismos -como \u00abpartir el pan\u00bb, \u00abbendecir\u00bb, etc.- que habr\u00ed\u00adan sonado mal a los o\u00ed\u00addos griegos; Jes\u00fas hace circular una sola copa de vino, en contra del uso com\u00fan entre los jud\u00ed\u00ados de aquel tiempo de utilizar varias copas, etc.<\/p>\n<p>La tradici\u00f3n que se deriva de Pablo puede definirse como tradici\u00f3n \u00abantioquena\u00bb, precisamente porque proviene de dicha Iglesia; a ella se refiere tambi\u00e9n Lucas, que tiene muchos puntos de contacto con Pablo, como se ve f\u00e1cilmente por la confrontaci\u00f3n de ambos textos (ICor 11,23-26; Luc 22:19-20).<\/p>\n<p>Sin entrar en detalles exeg\u00e9ticos, nos gustar\u00ed\u00ada solamente llamar la atenci\u00f3n sobre algunos elementos comunes, que caracterizan a la tradici\u00f3n antioquena: 1) el a\u00f1adido de la invitaci\u00f3n a repetir lo que hizo Jes\u00fas: \u00abHaced esto en memoria m\u00ed\u00ada\u00bb, que en Lucas s\u00f3lo se dice para el pan y en Pablo tambi\u00e9n para el c\u00e1liz; 2) \u00abin recto\u00bb se quiere afirmar que la copa constituye y representa la alianza, que se presenta aqu\u00ed\u00ad como \u00abnueva\u00bb, naturalmente siempre por medio de la sangre; el acento recae en la alianza, como resultado del don de amor de Cristo; 3) tanto Lucas como Pablo subrayan la separaci\u00f3n entre la consagraci\u00f3n del pan y la del vino (\u00abdespu\u00e9s de cenar\u00bb), que reconstruye mejor el fondo hist\u00f3rico, a diferencia de Marcos y de Mateo, que han liturgizado m\u00e1s el relato eliminando toda separaci\u00f3n entre los dos gestos; 4) a prop\u00f3sito del cuerpo se dice claramente que se \u00abentrega\u00bb a la muerte \u00abpor vosotros\u00bb, casi dialogando con los presentes; 5) en lo que se refiere a la sangre, Lucas dice expresamente que \u00abes derramada por vosotros\u00bb, esto es, dada en ofrenda sacrificial. Pablo no refiere estas palabras, pero a\u00f1ade un comentario que expresa este mismo concepto: \u00abPues siempre que com\u00e9is este pan y beb\u00e9is este c\u00e1liz anunci\u00e1is la muerte del Se\u00f1or hasta que vuelva\u00bb (1Co 11:26).<\/p>\n<p>2. EN MARCOS Y MATEO. Para tener el cuadro completo del relato de la instituci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada, no podemos olvidar los textos de Marcos y de Mateo, que podemos calificar de tradici\u00f3n \u00abmarciana\u00bb, ya que tendr\u00ed\u00ada su prototipo en el segundo evangelista; otros la llaman tambi\u00e9n \u00abjerosolimitana\u00bb, porque recoger\u00ed\u00ada la liturgia de aquellas Iglesias (p.ej., J. Jeremias, que durante mucho tiempo consider\u00f3 la de Marcos como la tradici\u00f3n m\u00e1s antigua, sobre todo por el mayor n\u00famero de semitismos que contiene).<\/p>\n<p>Entre las diferencias m\u00e1s destacadas est\u00e1 lo que se dice del c\u00e1liz, que es identificado m\u00e1s directamente con la sangre de Cristo, que fundamenta la alianza: \u00abEsta es mi sangre, la sangre de la alianza\u00bb. Se dice adem\u00e1s que la sangre \u00abser\u00e1 derramada por la multitud\u00bb (peri poll\u00f3n), lo cual remite casi autom\u00e1ticamente al cuarto poema del siervo de Yhwh: \u00abEl, que llevaba los pecados de muchos e interced\u00ed\u00ada por los malhechores\u00bb (Isa 53:12). Adem\u00e1s, san Mateo, por su propia cuenta, a\u00f1ade el comentario teol\u00f3gico: \u00abpara remisi\u00f3n de los pecados\u00bb, que mira a poner de relieve la libre entrega de Jes\u00fas a la muerte.<\/p>\n<p>IV. SIGNIFICADO TEOL\u00ed\u201cGICO DE LAS PALABRAS Y DE LOS GESTOS EN LA INSTITUCI\u00ed\u201cN DE LA EUCARIST\u00ed\u008dA. En este punto conviene que intentemos una profundizaci\u00f3n teol\u00f3gica del sentido de las palabras y de los gestos que realiz\u00f3 Jes\u00fas durante la que fue su \u00faltima cena y que \u00e9l ordena repetir en recuerdo suyo.<\/p>\n<p>Es evidente que \u00e9l realiza unos gestos verdaderos, pero simb\u00f3licos, de los que los ap\u00f3stoles en aquellos momentos no debieron comprender casi nada: algo an\u00e1logo a los gestos de los antiguos profetas, que no significaban solamente, sino que realizaban lo que significaban. Como cuando Ezequiel tuvo que afeitarse la cabeza y dejar que el viento se llevara sus cabellos, y Dios le dice: \u00abDir\u00e1s a la casa de Israel: Esto dice el Se\u00f1or Dios: Esta es la ciudad de Jerusal\u00e9n&#8230;\u00bb (Eze 5:5). Se trata del anuncio de la dispersi\u00f3n en el destierro, que de hecho se verificar\u00e1; en el gesto simb\u00f3lico del profeta est\u00e1 contenida en cierto sentido la realidad.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad, cuando Jes\u00fas dice: \u00abEsto es mi cuerpo\u00bb, o bien: \u00abEsto es mi sangre\u00bb, intenta establecer una relaci\u00f3n verdadera y objetiva entre aquellos elementos materiales y el misterio de su muerte, que encontrar\u00e1 su coronaci\u00f3n en la resurrecci\u00f3n. \u00bfPuede llamarse todo esto \u00abtransustanciaci\u00f3n\u00bb, como propone el concilio de Trento, aunque sin presentarlo como dogma, o de alguna otra manera, como sugieren ciertos te\u00f3logos modernos? Creo que carece de importancia: lo que sigue siendo verdad es que aquellas palabras crean una situaci\u00f3n nueva en aquellos elementos comunes de la alimentaci\u00f3n humana, por lo que realmente realizan una misteriosa presencia de Cristo como actualmente vivo, pero que se entreg\u00f3 a la muerte por nosotros.<\/p>\n<p>1. EL CUERPO Y LA SANGRE DE CRISTO. En este sentido hay que entender bien la doble referencia al \u00abcuerpo\u00bb y a la \u00absangre\u00bb. No se trata de dos elementos constitutivos del hombre que, separados entre s\u00ed\u00ad, intenten representar un estado de muerte, como se dice muchas veces. Deben entenderse m\u00e1s bien sobre el fondo de la antropolog\u00ed\u00ada semita. El t\u00e9rmino s\u00f3ma (cuerpo) corresponde casi seguramente al basar hebreo (s\u00e1rx, como dice Jua 6:51-59), que significa al hombre en cuanto ser fr\u00e1gil y perecedero: las palabras que a\u00f1aden Pablo y Lucas (\u00abque se entrega por vosotros\u00bb, \u00abque es entregado por vosotros\u00bb) se\u00f1alan claramente el destino de Jes\u00fas a la muerte, en cuanto muerte salv\u00ed\u00adfica. Por eso podr\u00ed\u00adamos traducir la expresi\u00f3n \u00abEsto es mi cuerpo\u00bb por \u00abLo que estoy haciendo (pan partido y repartido) significa de antemano la ofrenda de mi persona por vosotros\u00bb.<\/p>\n<p>Por lo que se refiere a la \u00absangre\u00bb, tambi\u00e9n ella expresar\u00ed\u00ada un concepto t\u00ed\u00adpicamente semita: la sangre es considerada como \u00abel alma de la vida\u00bb y pertenece s\u00f3lo a Dios (Lev 17:11-14). Por eso estaba severamente prohibido matar a un hombre (G\u00e9n 9:6), es decir, \u00abderramar\u00bb su sangre. Al hablar de su \u00absangre derramada\u00bb, Jes\u00fas intenta referirse a la muerte violenta que muy pronto habr\u00ed\u00adan de darle los hombres, pero que de hecho ser\u00e1 \u00aben favor nuestro\u00bb, por nuestra salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Se trata por tanto de dos elementos, los del cuerpo y de la sangre, que expresan la misma realidad, es decir, la libre entrega de Cristo a la muerte sin eludir las consecuencias \u00faltimas que su actuaci\u00f3n hab\u00ed\u00ada desencadenado en el \u00e1nimo ya exacerbado de sus adversarios. En fin de cuentas, pod\u00ed\u00ada tomar o s\u00f3lo el pan o s\u00f3lo el vino para significar todo esto.<\/p>\n<p>2. EL SIMBOLISMO DEL PAN Y DEL VINO. Pero Jes\u00fas emple\u00f3 el pan y el vino para expresar no solamente su muerte, sino tambi\u00e9n su entrega en alimento a los hombres para encontrarse con ellos en la celebraci\u00f3n festiva de un banquete, del que estos elementos son \/s\u00ed\u00admbolo e instrumento al mismo tiempo.<\/p>\n<p>Efectivamente, en la perspectiva b\u00ed\u00adblica el pan designa el alimento indispensable para vivir; proviene de la omnipotencia del Creador, que se lo concede a quienes lo piden (Exo 23:25; Sal 78:20; Sal 104:15; Sal 146:7; etc.). Precisamente por esta relaci\u00f3n que tiene con la vida se presta muy bien para significar el banquete escatol\u00f3gico: \u00abDichoso el que coma el pan en el convite del reino de Dios\u00bb (Luc 14:15).<\/p>\n<p>El vino, por su parte, no indica tanto el elemento primordial para la vida como la plenitud de la vida en el gozo. Simboliza el aspecto agradable de la existencia, la amistad, el amor, la exultaci\u00f3n; tambi\u00e9n se le usa para designar la alegr\u00ed\u00ada celestial (Am\u00f3 9:14; Ose 2:24; Jer 31:12; etc.).<\/p>\n<p>De todo lo que venimos diciendo resulta claro que la eucarist\u00ed\u00ada, aun \u00abproclamando la muerte del Se\u00f1or\u00bb, es un acontecimiento festivo, ya que celebra la presencia del resucitado en medio de los suyos en el acto de darse a s\u00ed\u00ad mismo como dispensador de la vida en aquellos elementos que significan la exaltaci\u00f3n de esta vida. La eucarist\u00ed\u00ada no se detiene en la muerte, sino que se abre a la vida; no es la conmemoraci\u00f3n de un muerto, sino la exaltaci\u00f3n de un viviente que se sienta con los suyos en la mesa del banquete en el tiempo, esperando que llegue el banquete de la eternidad.<\/p>\n<p>3. LA EUCARIST\u00ed\u008dA COMO MEMORIAL. Esto explica por qu\u00e9, en espera de ese acontecimiento escatol\u00f3gico, tiene que repetirse el gesto realizado por \u00e9l: \u00abHaced esto en memoria m\u00ed\u00ada\u00bb, seg\u00fan la tradici\u00f3n que hemos llamado antioquena.<\/p>\n<p>No est\u00e1 del todo claro el significado de esta expresi\u00f3n. Seg\u00fan J. Jeremias querr\u00ed\u00ada decir: \u00abHaced esto para que Dios se acuerde de m\u00ed\u00ad\u00bb, es decir, para que tenga en cuenta mi entrega por los hombres. Pensamos m\u00e1s bien que con esa expresi\u00f3n Jes\u00fas quiere decir no s\u00f3lo que se repita el gesto realizado por \u00e9l, sino que \u00abnos acordemos\u00bb de \u00e9l con la plenitud de significado salv\u00ed\u00adfico que quiso darle a la instituci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada, que por eso mismo no es un acontecimiento aislado en la historia, sino que se hace continuamente presente con los efectos y las exigencias de amor contenidos en \u00e9l.<\/p>\n<p>Todo esto se comprende mejor si se tiene en cuenta el significado del \u00abrecordar\u00bb (zakar) hebreo, que no es una mera evocaci\u00f3n del pasado, sino m\u00e1s bien la reproducci\u00f3n de su fuerza y de su eficacia. As\u00ed\u00ad, por ejemplo, cuando se pide a Dios que \u00abse acuerde\u00bb de sus fieles o de Israel, se pretende invitarle a que intervenga para repetir sus gestos salv\u00ed\u00adficos: \u00abSe\u00f1or, te lo suplico, acu\u00e9rdate de m\u00ed\u00ad; dame las fuerzas tan s\u00f3lo una vez m\u00e1s\u00bb, grita Sans\u00f3n (Jue 16:28) cuando est\u00e1 a punto de castigar a los filisteos. As\u00ed\u00ad rezan tambi\u00e9n los salmistas en sus lamentaciones individuales (Sal 25:7, etc.) o colectivas (Sal 74:2; Sal 106:4).<\/p>\n<p>La invitaci\u00f3n de Jes\u00fas a hacer lo que \u00e9l hizo \u00aben memoria\u00bb (eis an\u00e1mnisin) de \u00e9l tiene su paralelismo en las palabras de Mois\u00e9s, cuando ordena la anamnesis pascual: \u00abEste d\u00ed\u00ada ser\u00e1 memorable (zikkar\u00f3n) para vosotros y lo celebrar\u00e9is como fiesta del Se\u00f1or, como instituci\u00f3n perpetua de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n\u00bb ( Exo 12:14). Pues bien, sabemos que para los hebreos la celebraci\u00f3n de la pascua no era solamente el recuerdo de un suceso pasado, sino tambi\u00e9n su reactualizaci\u00f3n, en el sentido de que Dios estaba dispuesto a ofrecer de nuevo a su pueblo la salvaci\u00f3n que necesitaba en otras nuevas circunstancias hist\u00f3ricas. De esta manera el pasado irrump\u00ed\u00ada en el presente, ferment\u00e1ndolo con su fuerza salv\u00ed\u00adfica.<\/p>\n<p>En conclusi\u00f3n, podemos decir que el \u00abHaced esto en memoria m\u00ed\u00ada\u00bb no es s\u00f3lo una invitaci\u00f3n a repetir un gesto cultual, sino a revivir por entero su significado salv\u00ed\u00adfico. De esta forma queda claro que el culto se convierte en vida y hace realmente \u00abpresente\u00bb a Cristo en el mundo a trav\u00e9s de los frutos de su sacrificio.<\/p>\n<p>4. LA EUCARIST\u00ed\u008dA COMO NUEVA ALIANZA. La doctrina eucar\u00ed\u00adstica se profundiza, si examinamos ahora la f\u00f3rmula sobre la \/alianza, con las variantes que caracterizan sobre todo a la tradici\u00f3n antioquena: \u00abEste c\u00e1liz es la nueva alianza sellada con mi sangre, que es derramada por vosotros\u00bb (Luc 22:20).<\/p>\n<p>Ante todo, en las palabras de Jes\u00fas hay una referencia a la alianza pactada con Dios en el Sina\u00ed\u00ad con la aspersi\u00f3n de la sangre de las v\u00ed\u00adctimas sobre el pueblo y sobre el altar, s\u00ed\u00admbolo de Dios, como queriendo expresar la comuni\u00f3n de Dios con su pueblo, que se compromete por su parte a observar todas las \u00abpalabras\u00bb de la alianza: \u00abMois\u00e9s tom\u00f3 la sangre y la derram\u00f3 sobre el pueblo diciendo: \u00abEsta es la sangre de la alianza que el Se\u00f1or ha hecho con vosotros mediante todas estas palabras\u00bb (Exo 24:8).<\/p>\n<p>A la luz de esto est\u00e1 claro que el rito eucar\u00ed\u00adstico, precisamente por la evocaci\u00f3n de la \u00absangre derramada\u00bb, no puede menos de asumir un valor sacrificial, que vale por la medida de amor expresado en el ofrecimiento libre de Cristo hasta la muerte, y no por la materialidad del hecho en s\u00ed\u00ad mismo.<\/p>\n<p>Por otra parte, la alianza nueva de la que hablan Pablo y Lucas remite ciertamente a los textos de Jer 31:31-34 : \u00abVienen d\u00ed\u00adas -dice el Se\u00f1or- en que yo har\u00e9 con la casa de Israel y la casa de Jud\u00e1 una alianza nueva&#8230;\u00bb Aquella fidelidad que reclamaba la alianza y que Israel nunca supo dar y mantener se cumple ahora con el gesto de Cristo, que expresa su fidelidad total a Dios hasta la muerte y la exige de todos aquellos que se adhieren a \u00e9l repitiendo el gesto lit\u00fargico: es el Esp\u00ed\u00adritu, en cuanto don del resucitado, el que desde dentro nos dar\u00e1 la fuerza de actuar las exigencias de la nueva alianza, que requiere tambi\u00e9n un amor nuevo.<\/p>\n<p>De este modo la eucarist\u00ed\u00ada se convierte realmente en el n\u00facleo central de la vida cristiana, en donde la fe alimenta la vida y la vida ahonda y estimula la fe. Y todo ello no de forma aislada, sino bajo el signo de la alianza comunitaria.<\/p>\n<p>V. LA DOCTRINA EUCAR\u00ed\u008dSTICA EN JUAN. En este punto podemos tambi\u00e9n preguntarnos por qu\u00e9 Juan no nos ha transmitido el relato de la instituci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica.<\/p>\n<p>1. LA ALIANZA NUEVA Y EL MANDAMIENTO DEL AMOR. Juan nos ofrece algo equivalente cuando, al comienzo de la historia de la pasi\u00f3n, describe el lavatorio de los pies y nos refiere la conclusi\u00f3n que Jes\u00fas deduce de \u00e9l: \u00abYo os he dado ejemplo, para que hag\u00e1is vosotros lo mismo que he hecho yo\u00bb (Jua 13:15). Sigue luego con insistencia el recuerdo del mandamiento del amor: \u00abOs doy un mandamiento nuevo: que os am\u00e9is unos a otros. Que como yo os he amado, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n os am\u00e9is unos a otros. En esto reconocer\u00e1n todos que sois mis disc\u00ed\u00adpulos, en que os am\u00e1is unos a otros\u00bb (Jua 13:34-35).<\/p>\n<p>La alianza nueva exige un mandamiento nuevo, el del amor, que est\u00e1 contenido y expresado en su forma m\u00e1s alta precisamente en lo que quiere ser y significar la eucarist\u00ed\u00ada; se da una correspondencia evidente de contenidos teol\u00f3gicos entre el texto de Juan y los ya examinados de los sin\u00f3pticos.<\/p>\n<p>X. L\u00e9on-Dufour distingue una doble tradici\u00f3n del acontecimiento eucar\u00ed\u00adstico: una cultual, que es la que hemos examinado hasta ahora, y la que \u00e9l llama \u00abtestamentaria\u00bb, que ser\u00ed\u00ada t\u00ed\u00adpica de Juan y tendr\u00ed\u00ada ciertos residuos en los sin\u00f3pticos en donde se habla de beber el \u00abvino nuevo\u00bb en el reino del Padre (cf Mar 14:25; Mat 26:29; Luc 22:14-18). La tradici\u00f3n testamentaria transmitir\u00ed\u00ada ante todo los \u00faltimos deseos de un moribundo, para poder asegurarse una presencia en medio de su comunidad; en cierto sentido completa la tradici\u00f3n cultual y le da un significado, impidiendo su formalizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Personalmente encontramos esta intuici\u00f3n muy estimulante, ya que, sobre todo, nos permite resolver una objeci\u00f3n que algunos han planteado: \u00abEl hecho de que Juan sustituye totalmente la tradici\u00f3n cultual por la testamentaria, \u00bfsignifica que ha querido impugnar la pr\u00e1ctica sacramental de su tiempo? No sin exageraci\u00f3n algunos cr\u00ed\u00adticos mantienen tal opini\u00f3n. Pero Juan no impugna, sino que complementa. Lleva a t\u00e9rmino la tradici\u00f3n sin\u00f3ptica, no en el sentido de que conozca textualmente sus distintas versiones, sino en el de que profundiza y condensa su testimonio. Esto vale tanto para las palabras de Jes\u00fas (todo se centra en la fe en su persona) como para sus acciones (la mayor\u00ed\u00ada de los milagros narrados simbolizan la vida cristiana: caminar, ver, vivir)\u00bb (o.c., 315).<\/p>\n<p>2. EL DISCURSO EUCAR\u00ed\u008dSTICO. Que Juan no pone en entredicho la tradici\u00f3n cultual nos parece que se deduce tambi\u00e9n del llamado \u00abdiscurso eucar\u00ed\u00adstico\u00bb, recogido en 6,26-65, despu\u00e9s del milagro de la multiplicaci\u00f3n de los panes.<\/p>\n<p>Sin entrar en la multiplicidad de los problemas de car\u00e1cter tanto cr\u00ed\u00adtico como exeg\u00e9tico que presenta el texto, digamos enseguida que para nosotros el texto es unitario, y por tanto fundamentalmente eucar\u00ed\u00adstico, aun cuando en la primera parte (6,26-47) se hable sobre todo de la \u00abfe\u00bb, tambi\u00e9n en forma de \u00abcomida\u00bb, como presupuesto para acceder al misterio eucar\u00ed\u00adstico. Este se explicita m\u00e1s bien al final: \u00abYo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivir\u00e1 eternamente; y el pan que yo dar\u00e9 es mi carne por la vida del mundo&#8230; Os aseguro que si no com\u00e9is la carne del Hijo del hombre y no beb\u00e9is su sangre no tendr\u00e9is vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitar\u00e9 en el \u00faltimo d\u00ed\u00ada. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre vive en m\u00ed\u00ad y yo en \u00e9l. Como el Padre que me ha enviado vive y yo vivo por el Padre, as\u00ed\u00ad el que me come vivir\u00e1 por m\u00ed\u00ad&#8230;\u00bb (6,51-58).<\/p>\n<p>De este texto tan rico nos gustar\u00ed\u00ada destacar al menos tres ideas:<br \/>\na) La primera es que Juan no utiliza la expresi\u00f3n \u00abcuerpo\u00bb, sino \u00abcarne\u00bb (s\u00e1rx), que es el t\u00e9rmino t\u00e9cnico empleado por \u00e9l para describir la encarnaci\u00f3n: \u00abY el Verbo se hizo carne\u00bb (1,14). Como ya hemos recordado, s\u00e1rx sirve para designar al hombre en cuanto fr\u00e1gil, tomado en la totalidad de su ser; efectivamente, en el \u00faltimo vers\u00ed\u00adculo que hemos citado Jes\u00fas dice: \u00abEl que me come vivir\u00e1 por m\u00ed\u00ad\u00bb (v. 57). Por eso los dos elementos (\u00abcarne\u00bb y \u00absangre\u00bb) no quieren expresar dos partes de Jes\u00fas, sino su \u00abpersona\u00bb en cuanto entregada a la muerte: \u00abY el pan que yo dar\u00e9 es mi carne por la vida del mundo \u00ab(v. 51). Hay aqu\u00ed\u00ad una clara referencia al relato sin\u00f3ptico (\u00abcuerpo dado por vosotros&#8230;, sangre derramada por vosotros&#8230; \u00ab).<\/p>\n<p>b) La segunda cosa es que Jes\u00fas se presenta aqu\u00ed\u00ad, m\u00e1s que en los sin\u00f3pticos, como dador de vida. Yo dir\u00ed\u00ada que el hecho de su muerte, que est\u00e1 tambi\u00e9n presente sin duda alguna, queda superado por la afirmaci\u00f3n de la \u00abvida\u00bb que \u00e9l distribuye a quienes comen y beben de \u00e9l. La eucarist\u00ed\u00ada en Juan es un hecho m\u00e1s festivo: \u00c2\u00a1la resurrecci\u00f3n domina ya el cuadro!<br \/>\nc) En este trasfondo de pensamiento la eucarist\u00ed\u00ada se muestra m\u00e1s ligada a la vida: \u00abEl que come mi carne y bebe mi sangre vive en m\u00ed\u00ad y yo en \u00e9l\u00bb (v. 56). Introduce una mayor intimidad con Cristo; realiza de verdad el sentido de alianza nueva, de la que habl\u00e1bamos antes. Dejando un poco de lado el aspecto cultual, Juan hace destacar m\u00e1s la repercusi\u00f3n que la eucarist\u00ed\u00ada tiene en la vida.<\/p>\n<p>Esta repercusi\u00f3n se percibe igualmente en la confrontaci\u00f3n que Jes\u00fas, estimulado por los mismos jud\u00ed\u00ados, que contraponen a la multiplicaci\u00f3n de los panes el antiguo milagro del man\u00e1 (6,31-32; cf Ex 16), hace con el propio man\u00e1: \u00abVuestros padres comieron el man\u00e1 en el desierto y murieron. Este es el pan que baja del cielo; el que come de \u00e9l no muere\u00bb (6,49-50). Jes\u00fas admite el paralelismo \u00absimbolizante\u00bb entre el man\u00e1 y la eucarist\u00ed\u00ada; pero esta \u00faltima, respecto a aqu\u00e9l, tiene la ventaja de dar una vida que no acaba. Y esto porque \u00abel pan que baja del cielo\u00bb es Cristo mismo en la totalidad de su misterio. Solamente la fe permite tener acceso a \u00e9l y alimentarse de \u00e9l, asimilando su fuerza vital: \u00abEl que coma de este pan vivir\u00e1 eternamente\u00bb (6,51).<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, no hay que olvidar que el man\u00e1 era el alimento milagroso para todo el pueblo de Israel; del mismo modo, la eucarist\u00ed\u00ada va destinada no tanto a los individuos cuanto a la comunidad de los creyentes. Pero cada uno participa personalmente de la comida que est\u00e1 preparada para todos.<\/p>\n<p>VI. IGLESIA Y EUCARIST\u00ed\u008dA. Hay adem\u00e1s otro texto, de san Pablo, que invita a insertar m\u00e1s en la vida la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica, haciendo de ella un elemento de cohesi\u00f3n eclesial, tal como es en su naturaleza de signo y de don de alianza. Es cuando Pablo, hablando de las carnes inmoladas a los \u00ed\u00addolos (\u00abidolotitos\u00bb), proh\u00ed\u00adbe a los cristianos de Corinto que participen de la comida de esas carnes con ocasi\u00f3n de los banquetes paganos; en ese caso se dar\u00ed\u00ada una verdadera \u00abcommunicatio in sacris\u00bb con los paganos, con el consiguiente alejamiento de la comunidad eclesial, desmintiendo en la pr\u00e1ctica el sentido mismo de la eucarist\u00ed\u00ada: \u00abOs hablo como a personas inteligentes: juzgad lo que os digo. El c\u00e1liz de bendici\u00f3n que bendecimos, \u00bfno es la comuni\u00f3n con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, \u00bfno es la comuni\u00f3n con el cuerpo de Cristo? Puesto que s\u00f3lo hay un pan, todos formamos un solo cuerpo, pues todos participamos del mismo pan\u00bb (1Co 10:15-17).<\/p>\n<p>Aqu\u00ed\u00ad hay dos cosas muy importantes que subrayar. Ante todo, el hecho de que la participaci\u00f3n en la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica pone en comuni\u00f3n (koin\u00f3n\u00ed\u00ada) con la sangre y con el cuerpo del Se\u00f1or, es decir, con su persona, que vive ahora en la gloria del Padre: el genitivo que aqu\u00ed\u00ad se emplea (\u00abcomuni\u00f3n del cuerpo\u00bb), y que es exclusivo del NT, se\u00f1ala no tanto un contacto como una compenetraci\u00f3n: realmente el creyente que come y bebe del cuerpo y de la sangre del Se\u00f1or forma una sola cosa con su Se\u00f1or, reviviendo l\u00f3gicamente sus sentimientos y sus disposiciones.<\/p>\n<p>Pero hay adem\u00e1s una segunda cosa que se deriva del texto, y es la relaci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada con la Iglesia en cuanto \u00abcuerpo\u00bb: \u00abPuesto que s\u00f3lo hay un pan, todos formamos un solo cuerpo, pues todos participamos del mismo pan\u00bb (v. 17). Obs\u00e9rvese la insistencia del Pablo en decir \u00abpan\u00bb; esto es muy importante, porque el pan sigue siendo tal, pero con una relaci\u00f3n nueva con la presencia efectiva de Cristo en la eucarist\u00ed\u00ada. M\u00e1s importante todav\u00ed\u00ada es la afirmaci\u00f3n de que \u00abformamos un solo cuerpo\u00bb porque \u00abparticipamos del mismo pan\u00bb. A nuestro juicio hay aqu\u00ed\u00ad una referencia expl\u00ed\u00adcita a la \/Iglesia como \u00abcuerpo\u00bb articulado, compuesto de diversos miembros y funciones ministeriales y carism\u00e1ticas, de las que se hablar\u00e1 en el cap\u00ed\u00adtulo 12. Por tanto, es la \u00fanica eucarist\u00ed\u00ada la que hace a la Iglesia como asamblea de los creyentes, reproponi\u00e9ndoles en el rito sacramental toda la realidad salv\u00ed\u00adfica que se nos ha ofrecido en Cristo, muerto y resucitado por nosotros.<\/p>\n<p>Para intentar explicar c\u00f3mo sucede esto, quiz\u00e1 podamos recurrir a la idea de \u00abpersonalidad corporativa\u00bb, que es tan familiar a Pablo, como se deduce del cap\u00ed\u00adtulo 5 de la carta a los Romanos, donde habla de los dos Adanes: \u00abSeg\u00fan esta perspectiva, Pablo dice que el cuerpo de Jes\u00fas resucitado nos incorpora, de manera que todos estamos unidos a \u00e9l y dependemos de \u00e9l por un v\u00ed\u00adnculo constitutivo y permanente. Es, una vez m\u00e1s, la idea de koin\u00f3n\u00ed\u00ada en sentido fuerte, pero vista ahora en su efecto para todos los creyentes. El cuerpo eclesial de Cristo que se ha constituido por el bautismo contin\u00faa model\u00e1ndose y recibiendo la vida a trav\u00e9s de la comida eucar\u00ed\u00adstica, y ello de un modo privilegiado\u00bb (X. L\u00e9on-Dufour, o. e., 272).<\/p>\n<p>BIBL.: AA.VV., La Cena del Signore, en \u00abParola, Spirito e Vita\u00bb 7 (1979); BENOIT P., I racconti dell&#8217;stituzione eucaristica e il loro valore, en Esegesi e teologia, II, Ed. Paoline, Roma 1965, 163-204; BOISMARD M.E., L&#8217;Eucharistie selon St. Paul, en \u00abLumi\u00e9re et Vie\u00bb 31 (1957) 93-106; CAZELLES H., Eucharistie, b\u00e9n\u00e9diction et sacrifice dans PA. Testament, en \u00abLa Maison Dieu\u00bb 123 (1975) 7-28; COPPENS J., L&#8217;Eucharistie n\u00e9otestamentaire, en Ex\u00e9g\u00e9se et Th\u00e9ologie 11, Gembloux, Par\u00ed\u00ads 1968, 262-281; DE LUBAC H., Corpus mysticum. L&#8217;Eucharistie et l \u00e9glise au Moyen-Age, Par\u00ed\u00ads 1944; DESCAMPS A., Les origins de \/&#8217;Eucharistie, en L&#8217;Eucharistie, symbole el r\u00e9alit\u00e9, Gembloux, Par\u00ed\u00ads 1970, 57-125; DUPONT J., \u00abCeci est mon corps. Ceci est mon sang\u00bb; en \u00abNRT\u00bb 80 (1958) 1025-1041; DURRWELL F.X., La Eucarist\u00ed\u00ada, sacramento pascual, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1982; Equipo \u00abF.T. Toulousse\u00bb, La eucarist\u00ed\u00ada en la Biblia, Verbo Divino, Estella 1982; GALBIATI E., L &#8216;Eucaristia nena Bibbia, Mil\u00e1n 19802; GIRAUDO G., La struttura letteraria della preghiera eucaristica. Saggio Bulla genesi letteraria di una forma. Toda veterotestamentaria, Beraka giudaica, Anafora cristiana (Analecta Biblica 92), Roma 1981; JEREMIAS J., La \u00faltima cena. Palabras de Jes\u00fas, Madrid 1980; LEON-DUFOUR X., La fracci\u00f3n del pan. Culto y existencia en el Nuevo Testamento, Cristiandad, Madrid 1983; MANARANCHE A., Ceci est mon corps, Par\u00ed\u00ads 1975; PATSCH H., Abendmahl und historischer Jesus, Stuttgart 1972; SCHORMANN H., Der Paschamahlbericht: Lk 22&#8230;, 3 vols., M\u00fcnster 1953, 1955, 1956; THURIAN M., La eucarist\u00ed\u00ada. Memorial del Se\u00f1or, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1967.<\/p>\n<p>S. Cipriani<\/p>\n<p>P Rossano &#8211; G. Ravasi &#8211; A, Girlanda, Nuevo Diccionario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, San Pablo, Madrid 1990<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda B\u00edblica<\/b><\/p>\n<p>Sumario: 1. Las riquezas de la eucarist\u00ed\u00ada. II. La praxis eucar\u00ed\u00adstica en la Iglesia primitiva: 1. La eucarist\u00ed\u00ada como \u2020\u0153fractio pa\u00f1is\u2020\u009d; 2. Un antiguo ejemplo de celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica; 3. La celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada en Corinto. III. El relato de la instituci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada: 1. En Pablo y Lucas; 2. En Marcos y Mateo. IV. Significado teol\u00f3gico de \u00c2\u00a1aspalabras y de los gestos en \u00c2\u00a1a instituci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada: 1. El cuerpo y la sangre de Cristo; 2. El simbolismo del pan y del vino; 3. La eucarist\u00ed\u00ada como memorial; 4. La eucarist\u00ed\u00ada como nueva alianza. V. La doctrina eucar\u00ed\u00adstica en Juan: 1. La alianza nueva y el mandamiento del amor; 2. El discurso eucar\u00ed\u00ads-tico. VI. Iglesia y eucarist\u00ed\u00ada.<br \/>\n981<br \/>\n1. LAS RIQUEZAS DE LA EUCARISTIA.<br \/>\nLa eucarist\u00ed\u00ada ha sido siempre el centro de la vida de la Iglesia, de la que constituye el \u2020\u0153mysterium fidei\u2020\u009d por excelencia. Seg\u00fan los diversos tiempos y las diferentes sensibilidades se ha acentuado un aspecto m\u00e1s bien que otro, puesto que en realidad en ella se entrecruzan en parte todas las verdades que hay que creer y vivir.<br \/>\nEn estos \u00faltimos tiempos, por ejemplo, se ha intentado acentuar el aspecto eclesial y social de la eucarist\u00ed\u00ada. Pensemos en el tema del congreso eucar\u00ed\u00adstico internacional de Lourdes (1981): \u2020\u0153Jesucristo, pan partido por un mundo nuevo\u2020\u009d. La Conferencia Episcopal italiana, el 22 de mayo de 1983, promulg\u00f3 un documento con este t\u00ed\u00adtulo significativo: \u2020\u0153Eucarist\u00ed\u00ada, comuni\u00f3n y comunidad\u2020\u009d, poniendo a la eucarist\u00ed\u00ada en el centro de toda la renovaci\u00f3n eclesial, descubriendo que, si es verdad que la Iglesia hace la eucarist\u00ed\u00ada, tambi\u00e9n es verdad que \u2020\u0153es la eucarist\u00ed\u00ada la que hace a la Iglesia\u2020\u009d (H. de Lubac).<br \/>\nAl intentar exponer una reflexi\u00f3n unitaria sobre la doctrina de la eucarist\u00ed\u00ada en el NT, no nos detendremos \u00fanicamente en las palabras de la instituci\u00f3n, sino que captaremos todos los signos de su presencia, explorando sobre todo la praxis viva de la Iglesia.<\/p>\n<p>982<br \/>\nII. LA PRAXIS EUCARISTICA EN LA IGLESIA PRIMITIVA.<br \/>\nPues bien, lo m\u00e1s interesante es que la Iglesia primitiva desde sus or\u00ed\u00adgenes practicaba la eucarist\u00ed\u00ada, aunque no la llamaba con este nombre. En efecto, el sustantivo eucharist\u00ed\u00ada para designar la liturgia eucar\u00ed\u00adstica s\u00f3lo aparece por el 110 d.C. con Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada (Philad. 4,1; Smyrn. 7,1; etc\u00e9tera) y hacia el 150 con Justino (Apol. 1,66). En el NT las dos \u00fanicas designaciones son \u2020\u0153fracci\u00f3n del pan\u2020\u009d y \u2020\u0153cena del Se\u00f1or, probablemente para acentuar la dimensi\u00f3n social, que pod\u00ed\u00ada perderse si se reduc\u00ed\u00ada la eucarist\u00ed\u00ada a una mera \u2020\u0153acci\u00f3n de gracias\u2020\u2122, es decir, a una relaci\u00f3n exclusiva o casi exclusiva con Dios.<br \/>\n983<br \/>\n1. La eucarist\u00ed\u00ada como fractio PANIS\u2020\u2122.<br \/>\nEn este sentido es muy importante el testimonio del libro de los Hechos. Al describir en un sumario r\u00e1pido la vida de la primitiva comunidad de Jerusal\u00e9n, Lucas la ve caracterizada por cuatro elementos: los nuevos creyentes \u2020\u0153eran constantes en escuchar la ense\u00f1anza de los ap\u00f3stoles, en la uni\u00f3n fraterna, en partir el pan y en las oraciones\u2020\u009d (Hch 2,42).<br \/>\nEstos cuatro t\u00e9rminos nos permiten vislumbrar con notable aproximaci\u00f3n lo que realmente significan: \u2020\u0153la ense\u00f1anza (didaj\u00e9)de los ap\u00f3stoles\u2020\u009d deber\u00ed\u00ada significar la evangeliza-ci\u00f3n m\u00e1s profunda de los creyentes, entre los cuales se creaba de este modo una comuni\u00f3n fraterna (koi-ndnia) m\u00e1s \u00ed\u00adntima, basada sobre todo en la misma fe. Esto llevaba a poner libremente en com\u00fan los mismos bienes materiales, como consecuencia natural del creer com\u00fan (y. 45).<br \/>\nLa \u2020\u0153fracci\u00f3n del pan\u2020\u009d (klasis to\u00fa \u00e1rtou) es un gesto lit\u00fargico que repite exactamente el que hizo Jes\u00fas en la \u00faltima cena, y quiere expresar el compartir que lleva consigo este gesto, t\u00ed\u00adpicamente jud\u00ed\u00ado. Las \u2020\u0153oraciones\u2020\u009d que siguen deb\u00ed\u00adan ser, seg\u00fan el tipo de la t\u00f3dah (= alabanza) jud\u00ed\u00ada, celebraciones y alabanzas a Dios por sus intervenciones salv\u00ed\u00adficas, cuya cima estaba representada precisamente por lo que la eucarist\u00ed\u00ada quer\u00ed\u00ada significar en la intenci\u00f3n de Cristo: estas \u2020\u0153oraciones\u2020\u009d pod\u00ed\u00adan sacarse de la rica tradici\u00f3n del AT, o bien ser creadas ex novo dentro del clima de entusiasmo de los primeros creyentes.<br \/>\nTambi\u00e9n lo que se dice en el vers\u00ed\u00adculo 46 parece referirse entonces a la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada:<br \/>\n\u2020\u0153Todos los d\u00ed\u00adas acud\u00ed\u00adan juntos al templo, part\u00ed\u00adan el pan (kl\u00f3ntes arton] en las casas, com\u00ed\u00adan juntos con alegr\u00ed\u00ada y sencillez de coraz\u00f3n\u2020\u2122. No parece que se trate en este caso de banquetes comunes, sino de aut\u00e9nticas celebraciones eucar\u00ed\u00adsticas, hechas no ya en el templo, en donde no habr\u00ed\u00adan tenido ya ning\u00fan sentido, puesto que eran como una especie de ant\u00ed\u00adtesis, sino en las casas privadas, con la alegr\u00ed\u00ada (agall\u00ed\u00adasis) que este encuentro de fe no pod\u00ed\u00ada menos de suscitar. Es el t\u00e9rmino kl\u00e1o (partir en trozos), utilizado s\u00f3lo para la eucarist\u00ed\u00ada, el que obliga a esta interpretaci\u00f3n.<br \/>\n984<br \/>\n2. Un antiguo ejemplo de celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica.<br \/>\nPor lo dem\u00e1s, siguiendo a\u00fan con el libro de los Hechos, hay un episodio caracter\u00ed\u00adstico que confirma el uso de la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica en las casas particulares, y adem\u00e1s en d\u00ed\u00ada de domingo.<br \/>\nEn su tercer viaje misionero, al volver a Jerusal\u00e9n, Pablo se detiene siete d\u00ed\u00adas en Tr\u00f3ade: \u2020\u0153El primer d\u00ed\u00ada de la semana nos reunimos para partir el pan (klasai \u00e1rton). Pablo, que deb\u00ed\u00ada marcharse al d\u00ed\u00ada siguiente, estuvo hablando con ellos hasta medianoche\u2020\u009d (Hch 20,7), de modo que el peque\u00f1o Eutico, que estaba sentado en la ventana, se durmi\u00f3, cay\u00f3 del tercer piso y lo levantaron ya cad\u00e1ver. Pero el ap\u00f3stol le restituy\u00f3 prodigiosamente la vida. Luego subi\u00f3, \u2020\u0153parti\u00f3 el pan (kl\u00e1sas ton \u00e1rton) y comi\u00f3, estuvo hablando (homilesas) hasta el alba y se march\u00f3\u2020\u009d (20,11).<br \/>\nEs evidente por todo el conjunto que se est\u00e1 hablando de la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica: por dos veces aparece la expresi\u00f3n \u2020\u0153partir el pan. Adem\u00e1s, hay una referencia a la prolongada \u2020\u0153homil\u00ed\u00ada de Pablo, que deb\u00ed\u00ada ser muy probablemente una ilustraci\u00f3n del misterio eucar\u00ed\u00adstico.<br \/>\n985<br \/>\n3. La celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada en Corinto.<br \/>\nSiguiendo a\u00fan en el terreno de la praxis eclesial, tambi\u00e9n es significativo lo que ocurr\u00ed\u00ada en la comunidad de Corinto, en donde Pablo hab\u00ed\u00ada predicado por el 51-52 y donde hab\u00ed\u00ada nacido, por iniciativa de alg\u00fan.generoso cristiano, una pr\u00e1ctica bastante curiosa: antes de celebrar la eucarist\u00ed\u00ada propiamente dicha, probablemente tambi\u00e9n para esperar a los retrasados, tomaban juntos una cena para favorecer la fraternidad y ayudar a los m\u00e1s pobres. De esta manera la eucarist\u00ed\u00ada adquir\u00ed\u00ada adem\u00e1s su dimensi\u00f3n social; no era solamente una celebraci\u00f3n cultual, sino que entraba en la vida intentando transformarla.<br \/>\nPero el hecho es que no lleg\u00f3 a alcanzarse este objetivo, de lo que Pablo se queja amargamente:<br \/>\n\u2020\u0153Cuando os reun\u00ed\u00ads en com\u00fan, ya no es eso comer la cena del Se\u00f1or. Porque cada cual se adelanta a comer su propia cena; y mientras uno pasa hambre, otro se emborracha&#8230; \u00bfQu\u00e9 os voy a decir? \u00bfAc de felicitaros? En esto no os puedo felicitar\u2020\u009d (1Co 11,20-22).<br \/>\nPrescindiendo de todas las buenas intenciones que pod\u00ed\u00adan haber inducido a aquellos cristianos a introducir la pr\u00e1ctica de un banquete fraternal antes de la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada, Pablo interviene para eliminar aquellos abusos que her\u00ed\u00adan la caridad. Y lo hace recordando simplemente las circunstancias en que se hab\u00ed\u00ada instituido la eucarist\u00ed\u00ada y el significado que le hab\u00ed\u00ada querido dar Jes\u00fas con sus gestos y sus palabras: \u2020\u0153Yo recib\u00ed\u00ad del Se\u00f1or lo que os he transmitido: que Jes\u00fas, el Se\u00f1or, en la noche que fue entregado tom\u00f3 pan&#8230;\u2020\u009d (1Co 11,23).<br \/>\n986<br \/>\nIII. EL RELATO DE LA INSTITUCION DE LA EUCARISTIA.<br \/>\nEs importante esta referencia a la \u2020\u0153tradici\u00f3n\u2020\u009d que el ap\u00f3stol \u2020\u0153transmiti\u00f3\u2020\u009d fielmente a los cristianos de Corinto (51-52 d.C). Con ello nos remontamos a los tiempos anteriores a su predicaci\u00f3n en Corinto; a su experiencia realizada en la comunidad de Antioqu\u00ed\u00ada, que practicaba ya la liturgia eucar\u00ed\u00adstica, y cuyo formulario parece referir san Pablo, casi id\u00e9ntico al que encontramos en Lucas.<br \/>\nEsto nos lleva precisamente a los or\u00ed\u00adgenes mismos de la liturgia eucar\u00ed\u00adstica, quiz\u00e1 al 40 d.C, es decir, a pocos a\u00f1os despu\u00e9s de la muerte de Jes\u00fas, tiempo totalmente insuficiente para que se verificase aquel cambio de significado en que ha pensado H. Lietzmann, seg\u00fan el cual inicial-mente la eucarist\u00ed\u00ada habr\u00ed\u00ada sido la celebraci\u00f3n de un banquete festivo en espera del pr\u00f3ximo retorno del Hijo del hombre; al trasladarse luego al mundo helenista, bajo la influencia de la religi\u00f3n de los misterios se habr\u00ed\u00ada convertido en la evocaci\u00f3n de la muerte sacrificial de Cristo [1 Pascua III; \/ Comida III].<br \/>\n987<br \/>\n1. En Pablo y Lucas.<br \/>\nPero ahora que hemos empezado a hablar de la \u2020\u0153tradici\u00f3n\u2020\u009d de la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica, evidente en Pablo, hay que decir que tambi\u00e9n en los tres sin\u00f3pticos, que nos transmiten la narraci\u00f3n de la instituci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada, el relato es de tipo cultual-etiol\u00f3gico, es decir, se intenta dar una funda-mentaci\u00f3n \u2020\u02dchist\u00f3rica que \u2020\u0153motive\u2020\u009d el rito, sin pretender con ello ofrecer todos los elementos que pudieron intervenir en aquel hecho fundador. Esto no quiere decir que el hecho haya sido inventado, sino tan s\u00f3lo que es referido por la importancia \u2020\u0153fundante\u2020\u2122 que tiene, sin perderse en todos los detalles que hayan podido acompa\u00f1arlo.<br \/>\nEs lo que escribe X. L\u00e9on-Dufour despu\u00e9s de un atento examen cr\u00ed\u00adtico, especialmente del texto de Marcos. \u2020\u0153Es obligado concluir que el relato no pretende directamente referir un episodio biogr\u00e1fico, sino proclamar una acci\u00f3n fundante. En su culto, los cristianos se han referido siempre a la cena y al acto de Jes\u00fas, cuyo alcance teol\u00f3gico han procurado manifestar. \u00bfQuiere decir esto que el relato es un producto de la pr\u00e1ctica eucar\u00ed\u00adstica y que en s\u00ed\u00ad mismo no tiene valor hist\u00f3rico? Tal deducci\u00f3n ser\u00ed\u00ada excesiva\u2020\u009d (La fracci\u00f3n del pan, 116).<br \/>\nY el autor lo demuestra con muchas pruebas: semitismos -como \u2020\u0153partir el pan\u2020\u2122, \u2020\u0153bendecir, etc.- que habr\u00ed\u00adan sonado mal a los o\u00ed\u00addos griegos; Jes\u00fas hace circular una sola copa de vino, en contra del uso com\u00fan entre los jud\u00ed\u00ados de aquel tiempo de utilizar varias copas, etc.<br \/>\nLa tradici\u00f3n que se deriva de Pablo puede definirse como tradici\u00f3n \u2020\u0153antioquena\u2020\u2122, precisamente porque proviene de dicha Iglesia; a ella se refiere tambi\u00e9n Lucas, que tiene muchos puntos de contacto con Pablo, como se ve f\u00e1cilmente por la confrontaci\u00f3n de ambos textos (1Co 11,23-26; Lc 22,19-20).<br \/>\nSin entrar en detalles exeg\u00e9ticos, nos gustar\u00ed\u00ada solamente llamar la atenci\u00f3n sobre algunos elementos comunes, que caracterizan a la tradici\u00f3n antioquena: 1) el a\u00f1adido de la invitaci\u00f3n a repetir lo que hizo Jes\u00fas: \u2020\u0153Haced esto en memoria m\u00ed\u00ada\u2020\u2122, que en Lucas s\u00f3lo se dice para el pan y en Pablo tambi\u00e9n para el c\u00e1liz; 2) \u2020\u0153in recto\u2020\u009d se quiere afirmar que la copa constituye y representa la alianza, que se presenta aqu\u00ed\u00ad como \u2020\u0153nueva\u2020\u2122, naturalmente siempre por medio de la sangre; el acento recae en la alianza, como resultado del don de amor de Cristo; 3) tanto Lucas como Pablo subrayan la separaci\u00f3n entre la consagraci\u00f3n del pan y la del vino (despu\u00e9s de cenar\u2020\u2122), que reconstruye mejor el fondo hist\u00f3rico, a diferencia de Marcos y de Mateo, que han litur-gizado m\u00e1s el relato eliminando toda separaci\u00f3n entre los dos gestos; 4) a prop\u00f3sito del cuerpo se dice claramente que se \u2020\u0153entrega\u2020\u009d a la muerte \u2020\u0153por vosotros\u2020\u2122, casi dialogando con los presentes; 5) en lo que se refiere a la sangre, Lucas dice expresamente que \u2020\u0153es derramada por vosotros\u2020\u2122, esto es, dada en ofrenda sacrificial. Pablo no refiere estas palabras, pero a\u00f1ade un comentario que expresa este mismo concepto: \u2020\u0153Pues siempre que com\u00e9is este pan y beb\u00e9is este c\u00e1liz anunci\u00e1is la muerte del Se\u00f1or hasta que vuelva\u2020\u009d (1Co 11,26).<br \/>\n988<br \/>\n2. En Marcos y Mateo.<br \/>\nPara tener el cuadro completo del relato de la instituci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada, no podemos olvidar los textos de Marcos y de Mateo, que podemos calificar de tradici\u00f3n \u2020\u0153marciana\u2020\u2122, ya que tendr\u00ed\u00ada su prototipo en el segundo evangelista; otros la llaman tambi\u00e9n \u2020\u02dcjerosolimitana\u2020\u009d, porque recoger\u00ed\u00ada la liturgia de aquellas Iglesias (p.ej., J. Jerem\u00ed\u00adas, que durante mucho tiempo consider\u00f3 la de Marcos como la tradici\u00f3n m\u00e1s antigua, sobre todo por el mayor n\u00famero de semitismos que contiene).<br \/>\nEntre las diferencias m\u00e1s destacadas est\u00e1 lo que se dice del c\u00e1liz, que es identificado m\u00e1s directamente con la sangre de Cristo, que fundamenta la alianza: \u2020\u0153Esta es mi sangre, la sangre de la alianza\u2020\u2122. Se dice adem\u00e1s que la sangre \u2020\u0153ser\u00e1 derramada por la multitud \u2020\u0153(peri poll\u00f3n), lo cual remite casi autom\u00e1ticamente al cuarto poema del siervo de Yhwh: \u2020\u02dcEl, que llevaba los pecados de muchos e interced\u00ed\u00ada por los malhechores\u2020\u009d (Is 53,12). Adem\u00e1s, san Mateo, por su propia cuenta, a\u00f1ade el comentario teol\u00f3gico: \u2020\u0153para remisi\u00f3n de los pecados\u2020\u009d, que mira a poner de relieve la libre entrega de Jes\u00fas a la muerte.<br \/>\n989<br \/>\nIV. SIGNIFICADO TEOLOGico DE LAS PALABRAS Y DE LOS GESTOS EN LA INSTITUCION DE LA EUCARIST\u00ed\u008dA.<br \/>\nEn este punto conviene que intentemos una profundizaci\u00f3n teol\u00f3gica del sentido de las palabras y de los gestos que realiz\u00f3 Jes\u00fas durante la que fue su \u00faltima cena y que \u00e9l ordena repetir en recuerdo suyo.<br \/>\nEs evidente que \u00e9l realiza unos gestos verdaderos, pero simb\u00f3licos, de los que los ap\u00f3stoles en aquellos momentos no debieron comprender casi nada: algo an\u00e1logo a los gestos de los antiguos profetas, que no significaban solamente, sino que realizaban lo que significaban. Como cuando Ezequiel tuvo que afeitarse la cabeza y dejar que el viento se llevara sus cabellos, y Dios le dice: \u2020\u0153Dir\u00e1s a la casa de Israel: Esto dice el Se\u00f1or Dios: Esta es la ciudad de Jerusa-l\u00e9n&#8230;\u2020\u2122 (Ez 5,5). Se trata del anuncio de la dispersi\u00f3n en el destierro, que de hecho se verificar\u00e1; en el gesto simb\u00f3lico del profeta est\u00e1 contenida en cierto sentido la realidad.<br \/>\nAs\u00ed\u00ad, cuando Jes\u00fas dice: \u2020\u0153Esto es mi cuerpo\u2020\u2122, o bien: \u2020\u0153Esto es mi sangre\u2020\u2122, intenta establecer una relaci\u00f3n verdadera y objetiva entre aquellos elementos materiales y el misterio de su muerte, que encontrar\u00e1 su coronaci\u00f3n en la resurrecci\u00f3n. \u00bfPuede llamarse todo esto \u2020\u02dctransustanciaci\u00f3n\u2020\u2122, como propone el concilio de Trento, aunque sin presentarlo como dogma, o de alguna otra manera, como sugieren ciertos te\u00f3logos modernos? Creo que carece de importancia: lo que sigue siendo verdad es que aquellas palabras crean una situaci\u00f3n nueva en aquellos elementos comunes de la alimentaci\u00f3n humana, por lo que realmente realizan una misteriosa presencia de Cristo corno actualmente vivo, pero que se entreg\u00f3 a la muerte por nosotros.<br \/>\n990<br \/>\n1. El cuerpo y la sangre de Cristo.<br \/>\nEn este sentido hay que entender bien la doble referencia al \u2020\u0153cuerpo\u2020\u009d y a la \u2020\u02dcsangre\u2020\u2122. No se trata de dos elementos constitutivos del hombre que, separados entre s\u00ed\u00ad, intenten representar un estado de muerte, como se dice muchas veces. Deben entenderse m\u00e1s bien sobre el fondo de la antropolog\u00ed\u00ada semita. El t\u00e9rmino soma (cuerpo) corresponde casi seguramente al basar hebreo (s\u00e1rx, como dice Jn 6,51-59), que significa al hombre en cuanto ser fr\u00e1gil y perecedero: las palabras que a\u00f1aden Pablo y Lucas (\u2020\u0153que se er\u00ed\u00adtrega por vosotros\u2020\u009d, \u2020\u0153que es entregado por vosotros\u2020\u009d) se\u00f1alan claramente el destino de Jes\u00fas a la muerte, en cuanto muerte salv\u00ed\u00adfica. Por eso podr\u00ed\u00adamos traducir la expresi\u00f3n \u2020\u0153Esto es mi cuerpo\u2020\u009d por \u2020\u0153Lo que estoy haciendo (pan partido y repartido) significa de antemano la ofrenda de mi persona por vosotros\u2020\u009d.<br \/>\nPor lo que se refiere a la \u2020\u02dcsangre\u2020\u2122, tambi\u00e9n ella expresar\u00ed\u00ada un concepto t\u00ed\u00adpicamente semita: la sangre es considerada como \u2020\u0153el alma de la vida\u2020\u009d y pertenece s\u00f3lo a Dios (Lv 17,11-14). Por eso estaba severamente prohibido matar a un hombre (Gn 9,6), es decir, \u2020\u0153derramar\u2020\u009d su sangre. Al hablar de su \u2020\u0153sangre derramada\u2020\u009d, Jes\u00fas intenta referirse a la muerte violenta que muy pronto habr\u00ed\u00adan de darle los hombres, pero que de hecho ser\u00e1 \u2020\u0153en favor nuestro\u2020\u009d, por nuestra salvaci\u00f3n.<br \/>\nSe trata por tanto de dos elementos, los del cuerpo y de la sangre, que expresan la misma realidad, es decir, la libre entrega de Cristo a la muerte sin eludir las consecuencias \u00faltimas que su actuaci\u00f3n hab\u00ed\u00ada desencadenado en el \u00e1nimo ya exacerbado de sus adversarios. En fin de cuentas, pod\u00ed\u00ada tomar o s\u00f3lo el pan o s\u00f3lo el vino para significar todo esto.<br \/>\n991<br \/>\n2. El simbolismo del pan y del vino.<br \/>\nPero Jes\u00fas emple\u00f3 el pan y el vino para expresar no solamente su muerte, sino tambi\u00e9n su entrega en alimento a los hombres para encontrarse con ellos en la celebraci\u00f3n festiva de un banquete, del que estos elementos son \/ s\u00ed\u00admbolo e instrumento al mismo tiempo.<br \/>\nEfectivamente, en la perspectiva b\u00ed\u00adblica el pan designa el alimento indispensable para vivir; proviene de la omnipotencia del Creador, que se lo concede a quienes lo piden (Ex 23,25; SaI 78,20; SaI 104,15; SaI 146,7 etc. ). Precisamente por esta relaci\u00f3n que tiene con la vida se presta muy bien para significar el banquete escatol\u00f3gico: \u2020\u0153Dichoso el que coma el pan en el convite del reino de Dios\u2020\u009d (Lc 14,15).<br \/>\nEl vino, por su parte, no indica tanto el elemento primordial para la vida como la plenitud de la vida en el gozo. Simboliza el aspecto agradable de la existencia, la amistad, el amor, la exultaci\u00f3n; tambi\u00e9n se le usa para designar la alegr\u00ed\u00ada celestial (Am 9,14; Os 2,24; Jr 31,12 etc. ).<br \/>\nDe todo lo que venimos diciendo resulta claro que la eucarist\u00ed\u00ada, aun \u2020\u0153proclamando la muerte del Se\u00f1or\u2020\u009d, es un acontecimiento festivo, ya que celebra la presencia del resucitado en medio de los suyos en el acto de darse a s\u00ed\u00ad mismo como dispensadorde la vida en aquellos elementos que significan la exaltaci\u00f3n de esta vida. La eucarist\u00ed\u00ada no se detiene en la muerte, sino que se abre a la vida; no es la conmemoraci\u00f3n de un muerto, sino la exaltaci\u00f3n de un viviente que se sienta con los suyos en la mesa del banquete en el tiempo, esperando que llegue el banquete de la eternidad.<br \/>\n992<br \/>\n3. La eucarist\u00ed\u00ada como memorial.<br \/>\nEsto explica por qu\u00e9, en espera de ese acontecimiento escatol\u00f3gico, tiene que repetirse el gesto realizado por \u00e9l: \u2020\u0153Haced esto en memoria m\u00ed\u00ada\u2020\u009d, seg\u00fan la tradici\u00f3n que hemos llamado antioquena.<br \/>\nNo est\u00e1 del todo claro el significaA do de esta expresi\u00f3n. Seg\u00fan J. Jerem\u00ed\u00adas querr\u00ed\u00ada decir: \u2020\u0153Haced esto para que Dios se acuerde de m\u00ed\u00ad\u2020\u009d, es decir, para que tenga en cuenta mi entrega por los hombres. Pensamos m\u00e1s bien que con esa expresi\u00f3n Jes\u00fas quiere decir no s\u00f3lo que se repita el gesto realizado por \u00e9l, sino que \u2020\u0153nos acordemos\u2020\u009d de \u00e9l con la plenitud de significado salv\u00ed\u00adfico que quiso darle a la instituci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada, que por eso mismo no es un acontecimiento aislado en la historia, sino que se hace continuamente presente con los efectos y las exigencias de amor contenidos en \u00e9l.<br \/>\nTodo esto se comprende mejor si se tiene en cuenta el significado del \u2020\u0153recordar\u2020\u009d (zakar) hebreo, que no es una mera evocaci\u00f3n del pasado, sino m\u00e1s bien la reproducci\u00f3n de su fuerza y de su eficacia. As\u00ed\u00ad, por ejemplo, cuando se pide a Dios que \u2020\u0153se acuerde\u2020\u009d de sus fieles o de Israel, se pretende invitarle a que intervenga para repetir sus gestos salv\u00ed\u00adficos: \u2020\u0153Se\u00f1or, te lo suplico, acu\u00e9rdate de m\u00ed\u00ad; dame las fuerzas tan s\u00f3lo una vez m\u00e1s\u2020\u009d, grita Sans\u00f3n (Jc 16,28) cuando est\u00e1 a punto de castigar a los filisteos. As\u00ed\u00ad rezan tambi\u00e9n los salmistas en sus lamentaciones individuales (Ps 25,7, etc.) o colectivas (SaI 74,2; SaI 106,4).<br \/>\nLa invitaci\u00f3n de Jes\u00fas a hacer lo que \u00e9l hizo \u2020\u0153en memoria\u2020\u009d (eis anam-nesin) de \u00e9l tiene su paralelismo en las palabras de Mois\u00e9s, cuando ordena la anamnesis pascual: \u2020\u0153Este d\u00ed\u00ada ser\u00e1 memorable (zikkar\u00f3n) para vosotros y lo celebrar\u00e9is como fiesta del Se\u00f1or, como instituci\u00f3n perpetua de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n\u2020\u009d Ex 12,14). Pues bien, sabemos que para los hebreos la celebraci\u00f3n de la pascua no era solamente el recuerdo de un suceso pasado, sino tambi\u00e9n su reactualizaci\u00f3n, en el sentido de que Dios estaba dispuesto a ofrecer de nuevo a su pueblo la salvaci\u00f3n que necesitaba en otras nuevas circunstancias hist\u00f3ricas. De esta manera el pasado irrump\u00ed\u00ada en el presente, ferment\u00e1ndolo con su fuerza salv\u00ed\u00adfica.<br \/>\nEn conclusi\u00f3n, podemos decir que el \u2020\u0153Haced esto en memoria m\u00ed\u00ada\u2020\u009d no es s\u00f3lo una invitaci\u00f3n a repetir un gesto cultual, sino a revivir por entero su significado salv\u00ed\u00adfico. De esta forma queda claro que el culto se convierte en vida y hace realmente \u2020\u0153presente\u2020\u009d a Cristo en el mundo a trav\u00e9s de los frutos de su sacrificio.<br \/>\n993<br \/>\n4. La eucarist\u00ed\u00ada como nueva alianza.<br \/>\nLa doctrina eucar\u00ed\u00adstica se profundiza, si examinamos ahora la f\u00f3rmula sobre la \/ alianza, con las variantes que caracterizan sobre todo a la tradici\u00f3n antioquena: \u2020\u0153Este c\u00e1liz es la nueva alianza sellada con mi sangre, que es derramada por vosotros\u2020\u009d (Lc 22,20).<br \/>\nAnte todo, en las palabras de Jes\u00fas hay una referencia a la alianza pactada con Dios en el Sina\u00ed\u00ad con la aspersi\u00f3n de la sangre de las v\u00ed\u00adctimas sobre el pueblo y sobre el altar, s\u00ed\u00admbolo de Dios, como queriendo expresar la comuni\u00f3n de Dios con su pueblo, que se compromete por su parte a observar todas las \u2020\u0153palabras\u2020\u009d de la alianza: \u2020\u0153Mois\u00e9s tom\u00f3 la sangre y la derram\u00f3 sobre el pueblo diciendo: \u2020\u0153Esta es la sangre de la alianza que el Se\u00f1or ha hecho con vosotros mediante todas estas palabras\u2020\u009d (Ex 24,8).<br \/>\nA la luz de esto est\u00e1 claro que el rito eucar\u00ed\u00adstico, precisamente por la evocaci\u00f3n de la \u2020\u0153sangre derramada, no puede menos de asumir un valor sacrificial, que vale por la medida de amor expresado en el ofrecimiento libre de Cristo hasta la muerte, y no por la materialidad del hecho en s\u00ed\u00ad mismo.<br \/>\nPor otra parte, la alianza nueva de la que hablan Pablo y Lucas remite ciertamente a los textos de Jerem\u00ed\u00adas 31,31-34: \u2020\u0153Vienen d\u00ed\u00adas -dice el Se\u00f1or- en que yo har\u00e9 con la casa de Israel y la casa de Jud\u00e1 una alianza nueva&#8230; \u2020\u0153Aquella fidelidad que reclamaba la alianza y que Israel nunca supo dar y mantener se cumple ahora con el gesto de Cristo, que expresa su fidelidad total a Dios hasta la muerte y la exige de todos aquellos que se adhieren a \u00e9l repitiendo el gesto lit\u00fargico: es el Esp\u00ed\u00adritu, en cuanto don del resucitado, el que desde dentro nos dar\u00e1 la fuerza de actuar las exigencias de la nueva alianza, que requiere tambi\u00e9n un amor nuevo.<br \/>\nDe este modo la eucarist\u00ed\u00ada se convierte realmente en el n\u00facleo central de la vida cristiana, en donde la fe alimenta la vida y la vida ahonda y estimula la fe. Y todo ello no de forma aislada, sino bajo el signo de la alianza comunitaria.<br \/>\n994<br \/>\nV. LA DOCTRINA EUCARISTICA EN JUAN.<br \/>\nEn este punto podemos tambi\u00e9n preguntarnos por qu\u00e9 Juan no nos ha transmitido el relato de la instituci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica.<br \/>\n995<br \/>\n1. La alianza nueva y el mandamiento del amor.<br \/>\nJuan nos ofrece algo equivalente cuando, al comienzo de la historia de la pasi\u00f3n, describe el lavatorio de los pies y nos refiere la conclusi\u00f3n que Jes\u00fas deduce de \u00e9l: \u2020\u0153Yo os he dado ejemplo, para que hag\u00e1is vosotros lo mismo que he hecho yo\u2020\u009d (Jn 13,15). Sigue luego con insistencia el recuerdo del mandamiento del amor: \u2020\u0153Os doy un mandamiento nuevo: que os am\u00e9is unos a otros. Que como yo os he amado, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n os am\u00e9is unos a otros. En esto reconocer\u00e1n todos que sois mis disc\u00ed\u00adpulos, en que os am\u00e1is unos a otros\u2020\u2122 (Jn 13,34-35).<br \/>\nLa alianza nueva exige un mandamiento nuevo, el del amor, que est\u00e1 contenido y expresado en su forma m\u00e1s alta precisamente en lo que quiere ser y significar la eucarist\u00ed\u00ada; se da una correspondencia evidente de contenidos teol\u00f3gicos entre el texto de Juan y los ya examinados de los sin\u00f3pticos.<br \/>\nX. L\u00e9on-Dufour distingue una doble tradici\u00f3n del acontecimiento eucar\u00ed\u00adstico: una cultual, que es la que hemos examinado hasta ahora, y la que \u00e9l llama \u2020\u0153testamentaria\u2020\u009d, que ser\u00ed\u00ada t\u00ed\u00adpica de Juan y tendr\u00ed\u00ada ciertos residuos en los sin\u00f3pticos en donde se habla de beber el \u2020\u0153vino nuevo\u2020\u2122 en el reino del Padre (Mc 14,25; Mt 26,29; Lc 22,14-18). La tradici\u00f3n testamentaria transmitir\u00ed\u00ada ante todo los \u00faltimos deseos de un moribundo, para poder asegurarse una presencia en medio de su comunidad; en cierto sentido completa la tradici\u00f3n cultual y le da un significado, impidiendo su formalizaci\u00f3n.<br \/>\nPersonalmente encontramos esta intuici\u00f3n muy estimulante, ya que, sobre todo, nos permite resolver una objeci\u00f3n que algunos han planteado:<br \/>\n\u2020\u0153El hecho de que Juan sustituye totalmente la tradici\u00f3n cultual por la testamentaria, \u00bfsignifica que ha querido impugnar la pr\u00e1ctica sacramental de su tiempo? No sin exageraci\u00f3n algunos cr\u00ed\u00adticos mantienen tal opini\u00f3n. Pero Juan no impugna, sino que complementa. Lleva a t\u00e9rmino la tradici\u00f3n sin\u00f3ptica, no en el sentido de que conozca textualmente sus distintas versiones, sino en el de que profundiza y condensa su testimonio. Esto vale tanto para las palabras de Jes\u00fas (todo se centra en la fe en su persona) como para sus acciones (la mayor\u00ed\u00ada de los milagros narrados simbolizan la vida cristiana: caminar, ver, vivir)\u2020\u009d (o.c, 315).<br \/>\n996<br \/>\n2. El discurso eucaristico.<br \/>\nQue Juan no pone en entredicho la tradici\u00f3n cultual nos parece que se deduce tambi\u00e9n del llamado \u2020\u0153discurso eucar\u00ed\u00adstico\u2020\u2122, recogido en 6,26-65, despu\u00e9s del milagro de la multiplicaci\u00f3n de los panes.<br \/>\nSin entrar en la multiplicidad de los problemas de car\u00e1cter tanto cr\u00ed\u00adtico como exeg\u00e9tico que presenta el texto, digamos enseguida que para nosotros el texto es unitario, y por tanto fundamentalmente eucar\u00ed\u00adstico, aun cuando en la primera parte (6,26-47) se hable sobre todo de la \u2020\u02dcfe\u2020\u2122, tambi\u00e9n en forma de \u2020\u0153comida\u2020\u2122, como presupuesto para acceder al misterio eucar\u00ed\u00adstico. Este se expl\u00ed\u00adcita m\u00e1s bien al final: \u2020\u0153Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivir\u00e1 eternamente; y el pan que yo dar\u00e9 es mi carne por la vida del mundo&#8230; Os aseguro que si no com\u00e9is la carne del Hijo del hombre y no beb\u00e9is su sangre no tendr\u00e9is vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitar\u00e9 en el \u00faltimo d\u00ed\u00ada. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre vive en m\u00ed\u00ad y yo en \u00e9l. Como el Padre que me ha enviado vive y yo vivo por el Padre, as\u00ed\u00ad el que me come vivir\u00e1 por m\u00ed\u00ad&#8230;\u2020\u009d (6,51-58).<br \/>\n997<br \/>\nDe este texto tan rico nos gustar\u00ed\u00ada destacar al menos tres ideas:<br \/>\na) La primera es que Juan no utiliza la expresi\u00f3n \u2020\u0153cuerpo\u2020\u2122, sino \u2020\u0153carne\u2020\u009d (s\u00e1rx), que es el t\u00e9rmino t\u00e9cnico empleado por \u00e9l para describir la encarnaci\u00f3n: \u2020\u0153Y el Verbo se hizo carne \u2020\u0153(1,14). Como ya hemos recordado, s\u00e1rx sirve para designar al hombre en cuanto fr\u00e1gil, tomado en la totalidad de su ser; efectivamente, en el \u00faltimo vers\u00ed\u00adculo que hemos citado Jes\u00fas dice: \u2020\u0153El que me come vivir\u00e1 por m\u00ed\u00ad\u2020\u009d (y. 57). Por eso los dos elementos (\u2020\u0153carne\u2020\u009d y \u2020\u0153sangre\u2020\u009d) no quieren expresar dos partes de Jes\u00fas, sino su \u2020\u0153persona\u2020\u009d en cuanto entregada a la muerte: \u2020\u0153Y el pan que yo dar\u00e9 es mi carne por la vida del mundo\u2020\u009d (y. 51). Hay aqu\u00ed\u00ad una clara referencia al relato sin\u00f3ptico (\u2020\u0153cuerpo dado por vosotros&#8230;, sangre derramada por vosotros&#8230;\u2020\u2122).<br \/>\nb) La segunda cosa es que Jes\u00fas se presenta aqu\u00ed\u00ad, m\u00e1s que en los sin\u00f3pticos, como dador de vida. Yo dir\u00ed\u00ada que el hecho de su muerte, que est\u00e1 tambi\u00e9n presente sin duda alguna, queda superado por la afirmaci\u00f3n de la \u2020\u0153vida\u2020\u009d que \u00e9l distribuye a quienes comen y beben de \u00e9l. La eucarist\u00ed\u00ada en Juan es un hecho m\u00e1s festivo: \u00c2\u00a1la resurrecci\u00f3n domina ya el cuadro!<br \/>\nc) En este trasfondo de pensamiento la eucarist\u00ed\u00ada se muestra m\u00e1s ligada a la vida: \u2020\u0153El que come mi carne y bebe mi sangre vive en m\u00ed\u00ad y yo en \u00e9l\u2020\u009d (y. 56). Introduce una mayor intimidad con Cristo; realiza de verdad el sentido de alianza nueva, de laque habl\u00e1bamos antes. Dejando un poco de lado el aspecto cultual, Juan hace destacar m\u00e1s la repercusi\u00f3n que la eucarist\u00ed\u00ada tiene en la vida.<br \/>\nEsta repercusi\u00f3n se percibe igualmente en la confrontaci\u00f3n que Jes\u00fas, estimulado por los mismos jud\u00ed\u00ados, que contraponen a la multiplicaci\u00f3n de los panes el antiguo milagro del man\u00e1 (6,31-32; Ex 16), hace con el propio man\u00e1: \u2020\u0153Vuestros padres comieron el man\u00e1 en el desierto y murieron. Este es el pan que baja del cielo; el que come de \u00e9l no muere\u2020\u009d (6,49-50). Jes\u00fas admite el paralelismo \u2020\u0153simbolizante\u2020\u009d entre el man\u00e1 y la eucarist\u00ed\u00ada; pero esta \u00faltima, respecto a aqu\u00e9l, tiene la ventaja de dar una vida que no acaba. Y esto porque \u2020\u0153el pan que baja del cielo\u2020\u009d es Cristo mismo en la totalidad de su misterio. Solamente la fe permite tener acceso a \u00e9l y alimentarse de \u00e9l, asimilando su fuerza vital: \u2020\u0153El que coma de este pan vivir\u00e1 eternamente\u2020\u009d (6,51).<br \/>\nAdem\u00e1s, no hay que olvidar que el man\u00e1 era el alimento milagroso para todo el pueblo de Israel; del mismo modo, la eucarist\u00ed\u00ada va destinada no tanto a los individuos cuanto a la comunidad de los creyentes. Pero cada uno participa personalmente de la comida que est\u00e1 preparada para todos.<br \/>\n998<br \/>\nVI. IGLESIA Y EUCARISTIA.<br \/>\nHay adem\u00e1s otro texto, de san Pablo, que invita a insertar m\u00e1s en la vida la celebraci\u00f3n eucarist\u00ed\u00adca, haciendo de ella un elemento de cohesi\u00f3n eclesial, tal como es en su naturaleza de signo y de don de alianza. Es cuando Pablo, hablando de las carnes inmoladas a los \u00ed\u00addolos (\u2020\u02dcidolotitos\u2020\u009d), prohibe a los cristianos de Corinto que participen de la comida de esas carnes con ocasi\u00f3n de los banquetes paganos; en ese caso se dar\u00ed\u00ada una verdadera \u2020\u0153communicatio in sacris\u2020\u009dcon los paganos, con el consiguiente alejamiento de la comunidad eclesial, desmintiendo en la pr\u00e1ctica el sentido mismo de la eucarist\u00ed\u00ada: \u2020\u0153Os hablo como a personas inteligentes: juzgad lo que os digo. El c\u00e1liz de bendici\u00f3n que bendecimos, \u00bfno es la comuni\u00f3n con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, \u00bfno es la comuni\u00f3n con el cuerpo de Cristo? Puesto que s\u00f3lo hay un pan, todos formamos un solo cuerpo, pues todos participamos del mismo pan(lCor 10,15-1 7).<br \/>\nAqu\u00ed\u00ad hay dos cosas muy importantes que subrayar. Ante todo, el hecho de que la participaci\u00f3n en la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica pone en comuni\u00f3n (koinon\u00ed\u00ada) con la sangre y con el cuerpo del Se\u00f1or, es decir, con su persona, que vive ahora en la gloria del Padre: el genitivo que aqu\u00ed\u00ad se emplea (comuni\u00f3n del cuerpo\u2020\u2122), y que es exclusivo del NT, se\u00f1ala no tanto un contacto como una compenetraci\u00f3n: realmente el creyente que come y bebe del cuerpo y de la sangre del Se\u00f1or forma una sola cosa con su Se\u00f1or, reviviendo l\u00f3gicamente sus sentimientos y sus disposiciones.<br \/>\n999<br \/>\nPero hay adem\u00e1s una segunda cosa que se deriva del texto, y es la relaci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada con la Iglesia en cuanto \u2020\u0153cuerpo\u2020\u2122: \u2020\u0153Puesto que s\u00f3lo hay un pan, todos formamos un solo cuerpo, pues todos participamos del mismo pan\u2020\u009d (y. 17). Obs\u00e9rvese la insistencia del Pablo en decir \u2020\u0153pan\u2020\u2122; esto es muy importante, porque el pan sigue siendo tal, pero con una relaci\u00f3n nueva con la presencia efectiva de Cristo en la eucarist\u00ed\u00ada. M\u00e1s importante todav\u00ed\u00ada es la afirmaci\u00f3n de que \u2020\u0153formamos un solo cuerpo\u2020\u2122 porque \u2020\u0153participamos del mismo pan. A nuestro juicio hay aqu\u00ed\u00ad una referencia expl\u00ed\u00adcita a la \u00c2\u00a1Iglesia como \u2020\u0153cuerpo\u2020\u2122 articulado, compuesto de diversos miembros y funciones ministeriales y carism\u00e1ticas, de las que se hablar\u00e1 en el cap\u00ed\u00adtulo 12. Por tanto, es la \u00fanica eucarist\u00ed\u00ada la que hace a la Iglesia como asamblea de los creyentes, reproponi\u00e9ndoles en el rito sacramental toda la realidad salv\u00ed\u00adfica que se nos ha ofrecido en Cristo, muerto y resucitado por nosotros.<br \/>\nPara intentar explicar c\u00f3mo sucede esto, quiz\u00e1 podamos recurrir a la idea de \u2020\u0153personalidad corporativa\u2020\u2122, que es tan familiar a Pablo, como se deduce del cap\u00ed\u00adtulo 5 de la carta a los Romanos, donde habla de los dos Adanes: \u2020\u0153Seg\u00fan esta perspectiva, Pablo dice que el cuerpo de Jes\u00fas resucitado nos incorpora, de manera que todos estamos unidos a \u00e9l y dependemos de \u00e9l por un v\u00ed\u00adnculo constitutivo y-permanente. Es, una vez m\u00e1s, la idea de koinon\u00ed\u00ada en sentido fuerte, pero vista ahora en su efecto para todos los creyentes. El cuerpo eclesial de Cristo que se ha constituido por el bautismo contin\u00faa model\u00e1ndose y recibiendo la vida a trav\u00e9s de la comida eucar\u00ed\u00adstica, y ello de un modo privilegiado\u2020\u009d (X. L\u00e9on-Dufour, o.c, 272).<br \/>\n1000<br \/>\nBIBL.: AA.W., La Cena del Signore, en \u2020\u0153Parola, Spirito e Vita\u2020\u2122 7 (1979); Benoit ?., 1 rac-cortti dell \u2020\u02dcistiluzione eucar\u00ed\u00adstica e 1! loro valore, en Esegesie teolog\u00ed\u00ada, II, Ed. Paoline, Roma 1965, 163-204; Boismard M.E., L\u2020\u2122Eucharistie selon Si. Paul, en \u2020\u0153Lumiereet Vie\u2020\u009d31 (1957)93-106; Cazelles H., Eucharistie, b\u00e9n\u00e9dictionelsa-crifice dans VA. Tesiament, en \u2020\u0153La Maison Dieu\u2020\u2122 123 (1975) 7-28; CoppensJ., L\u2020\u2122Eucharistie neo-teslamentaire, en Ex\u00e9g\u00e9se et Th\u00e9ologie II, Gem-bloux, Par\u00ed\u00ads 1968, 262-281; De Lubac H., Corpus myslicum. L\u2020\u2122Eucharistie etl\u2020\u2122\u00e9glise au Mo-yen-A ge, Par\u00ed\u00ads 1944; Descamps ?., Les origins de .i\u2020\u2122Eucharistie, en L\u2020\u2122Eucharistie, symbole \u00e9ir\u00e9alit\u00e9, Gembloux, Par\u00ed\u00ads 1970, 57-125; DupontJ., \u2020\u0153Ceciestmon corps. Ceciestmon sang\u2020\u009d, en \u2020\u0153NRT\u2020\u2122 80(1958)1025-1041; Durrwell F.X., La Eucarist\u00ed\u00ada, sacramento pascual, Sig\u00faeme, Salamanca 1982; Equipo \u2020\u0153F.T. Toulousse, La eucarist\u00ed\u00ada en la Biblia, Verbo Divino, Estella 1982; Galbiati E., L\u2020\u2122Eucaristianella Bibbia, Mil\u00e1n 19802; Giraudo G., La struttura \u00c2\u00a1enerar\u00ed\u00ada della preghiera eucar\u00ed\u00adstica. Saggio sulla genesi Ietter\u00e1ria di una forma. Toda veierotestamenta-ria, Beraka giudaica, An\u00e1fora cristiana (Analec-ta B\u00ed\u00adblica 92), Roma 1981; Jerem\u00ed\u00adas J., La \u00faltima cena. Palabras de Jes\u00fas, Madrid 1980; L\u00e9on-Dufour X., La fracci\u00f3n del pan. Culto y existencia en el Nuevo Testamento, Cristiandad, Madrid 1983; Manaranche ?., Ceci est mon corps, Par\u00ed\u00ads 1975; Patsch H., AbendmaM und r historischer Jes\u00fas, Stmtgart 1972; Sch\u00fcrmann H., DerPaschamahlbericht: Lk 22&#8230;, 3 vols., M\u00fcnster 1953,1955,1956;ThurianM., La eucarist\u00ed\u00ada. Memorial del Se\u00f1or, Sig\u00faeme, Salamanca 1967.:<br \/>\nS. Cipriani<br \/>\n1001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Cat\u00f3lico de Teolog\u00eda B\u00edblica<\/b><\/p>\n<p>A) S\u00ed\u00adntesis teol\u00f3gica del misterio eucar\u00ed\u00adstico.<\/p>\n<p>B) Teor\u00ed\u00adas sobre el sacrificio eucar\u00ed\u00adstico.<\/p>\n<p>A) S\u00ed\u008dNTESIS TEOL\u00ed\u201cGICA DEL MISTERIO EUCAR\u00ed\u008dSTICO<\/p>\n<p>I. Concepto<br \/>\nE. es el nombre con que ya desde el siglo i se designa el ->sacramento de la cena del Se\u00f1or, celebrada seg\u00fan el ejemplo y las instrucciones de Jes\u00fas. El t\u00e9rmino mismo expresa aspectos esenciales de la e. Enlaza con la \u00abacci\u00f3n de gracias\u00bb de Jes\u00fas en la \u00faltima cena (Lc 22, 19; 1 Cor 11, 24; Mc 14, 23; Mt 26, 27), y como traducci\u00f3n del concepto hebreo berakah, significa la alabanza de Dios recordando sus grandes acciones. La palabra griega, lo mismo que el verbo correspondiente eu-jarist-ein, significa literalmente el \u00abbuen comportamiento del agraciado\u00bb; y por cierto, no s\u00f3lo &#8211; como en el griego profano &#8211; el sentimiento de gratitud, sino tambi\u00e9n su manifestaci\u00f3n externa. La gratitud presupone siempre la concesi\u00f3n de un don, que s\u00f3lo se hace real a trav\u00e9s de aqu\u00e9lla. En la gratitud el don alcanza su eficacia y su presencia. En el caso del sacramento eclesi\u00e1stico de la cena el don consiste en la realidad salv\u00ed\u00adfica instituida por Jes\u00fas, la cual es Cristo mismo con su ser y su obra. Esa realidad es reconocida con palabras de gratitud en una oraci\u00f3n de mesa, es invocada para que penetre en los manjares, y as\u00ed\u00ad se hace objetivamente presente en ellos y alcanza su eficacia en la palabra y los dones de la cena. Por esto ya muy pronto la oraci\u00f3n y luego los dones consagrados a trav\u00e9s de ella reciben el nombre de e. De ah\u00ed\u00ad se desprende la siguiente definici\u00f3n: e. es la actualizaci\u00f3n de la realidad salv\u00ed\u00adfica de Jes\u00fas mediante las palabras de gratitud pronunciadas sobre el pan y el vino.<\/p>\n<p>II. La instituci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada por el Jes\u00fas hist\u00f3rico<br \/>\nLa Iglesia celebra la e. en virtud de la potestad y del encargo que le dio Jes\u00fas. La instituci\u00f3n de la cena por el Jes\u00fas hist\u00f3rico es el fundamento decisivo de toda la pr\u00e1ctica y del dogma eucar\u00ed\u00adsticos. Esta convicci\u00f3n actualmente es discutida. Una tendencia radical de la teolog\u00ed\u00ada protestante niega la instituci\u00f3n del sacramento tal como est\u00e1 descrita en el NT y en la liturgia. Esa tendencia deriva la idea sacramental de la concepci\u00f3n de la Iglesia primitiva acerca de su propio ser y de su cena. El hecho hist\u00f3rico de la vida del Se\u00f1or con relaci\u00f3n a la e. ser\u00ed\u00adan \u00fanicamente los banquetes que \u00e9l celebr\u00f3 con sus disc\u00ed\u00adpulos, y tambi\u00e9n con los pecadores, como anticipaci\u00f3n de la comunidad escatol\u00f3gica. Despu\u00e9s de la muerte de Jes\u00fas, prosigue dicha tendencia, sus disc\u00ed\u00adpulos continuaron la \u00abfracci\u00f3n del pan\u00bb en com\u00fan, y la entendieron igualmente como una anticipaci\u00f3n del suceso escatol\u00f3gico, creyendo que al hacer esto el Se\u00f1or glorificado se hallaba invisiblemente en medio de ellos. La comunidad de la cena se concibi\u00f3 a s\u00ed\u00ad misma como \u00abcuerpo de Cristo\u00bb, como \u00abnueva instituci\u00f3n (diatheke) de Dios en virtud de la sangre (de la muerte cruenta) de Jes\u00fas\u00bb, y expres\u00f3 esta concepci\u00f3n de s\u00ed\u00ad misma en la interpretaci\u00f3n de las palabras pronunciadas sobre el pan y el vino. Por primera vez la piedad de la comunidad helenista entendi\u00f3 la presencia de Cristo como una cosa vinculada a los elementos de la cena; lo cual est\u00e1 atestiguado en Marcos. Por tanto, la as\u00ed\u00ad concebida presencia real de Jes\u00fas en los manjares consagrados es solamente una interpretaci\u00f3n helenista, que no puede compartirse actualmente. Seg\u00fan esta opini\u00f3n, la verdadera \u00faltima cena de Jes\u00fas es un simple banquete de despedida, sin especial importancia dogm\u00e1tica. La cena descrita y entendida en el NT, concretamente en Marcos, como instituci\u00f3n y presencia real de Jesucristo, es una retroproyecci\u00f3n cristol\u00f3gica en la vida de Jes\u00fas de la cena comunitaria que celebraba con sentido escatol\u00f3gico la Iglesia primitiva. Frente a esta tesis, que tiende claramente a despojar la figura de Jes\u00fas de su car\u00e1cter mesi\u00e1nico, y frente a la -> desmitizaci\u00f3n, la instituci\u00f3n de la cena eucar\u00ed\u00adstica por el Jes\u00fas hist\u00f3rico reviste hoy una importancia especial. Hablan en favor de tal instituci\u00f3n &#8211; si no se quiere insistir en la originalidad del contenido de la cena &#8211; la antig\u00fcedad y el origen de la tradici\u00f3n. Su testigo m\u00e1s antiguo, Pablo, entronca su relato (1 Cor 11, 23ss) con una tradici\u00f3n recibida, que en \u00faltimo t\u00e9rmino procede de Jes\u00fas. Notas t\u00ed\u00adpicas de la forma de hablar de Jes\u00fas (especialmente en la perspectiva escatol\u00f3gica: Lc 22, 16ss; Mc 14, 25) roboran este dato. En el colorido arameo del lenguaje de todos los relatos puede reconocerse su radicaci\u00f3n en el suelo sem\u00ed\u00adtico; su antig\u00fcedad y forma pueden remontarse hasta los a\u00f1os cuarenta lo cual supone que apenas queda tiempo y espacio para una progresiva evoluci\u00f3n cristol\u00f3gica por obra de la comunidad helenista. Apunta tambi\u00e9n hacia el Jes\u00fas hist\u00f3rico el hecho de que las dos corrientes de la tradici\u00f3n, Pablo-Lucas y Marcos-Mateo, si bien discrepan en la redacci\u00f3n y en la teolog\u00ed\u00ada, sin embargo, coinciden en la concepci\u00f3n del contenido esencial de la cena. Las diferencias ling\u00fc\u00ed\u00adsticas han de atribuirse a los portadores de la tradici\u00f3n, y la coincidencia objetiva de su concepci\u00f3n se debe indudablemente a que la tradici\u00f3n procede de Jes\u00fas. Finalmente tiene su importancia la circunstancia de que, no es precisamente la propugnada desconexi\u00f3n de la cena respecto de la vida de Jes\u00fas, sino al contrario, su inclusi\u00f3n en ella y su explicaci\u00f3n por la totalidad de esta vida, lo que esclarece el verdadero car\u00e1cter del sacramento y hace posible una interpretaci\u00f3n arm\u00f3nica.<\/p>\n<p>El contenido decisivo de su vida, su funci\u00f3n mesi\u00e1nica, lo realiza Jes\u00fas cumpliendo la misi\u00f3n del siervo de Yahveh descrita en el Deuteroisa\u00ed\u00adas. El, como mensajero soberano de Dios, anuncia e inicia una nueva fase salv\u00ed\u00adfica, y, como m\u00e1rtir, toma sobre s\u00ed\u00ad el sufrimiento de una expiaci\u00f3n representativa por \u00ablos pecados de los muchos\u00bb. Este programa mueve ya a Jes\u00fas cuando recibe de Juan \u00abel bautismo de penitencia para el perd\u00f3n de los pecados\u00bb (Mc 1, 4). Pero la asunci\u00f3n de la culpa ajena de los hombres implica tambi\u00e9n la necesidad de morir. Cuanto m\u00e1s adelanta su vida, tanto m\u00e1s pone Jes\u00fas la muerte ante sus propios ojos y ante los de sus disc\u00ed\u00adpulos, una muerte que en todo caso le amenaza como peligro procedente de las autoridades jud\u00ed\u00adas. La muerte es para Jes\u00fas, no un mero suceso, sino una realidad consciente y querida, que \u00e9l afirma como necesidad hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfica, decidi\u00e9ndose libremente por ella (Lc 12, 50). La absoluta disposici\u00f3n a cumplir la misi\u00f3n de morir por parte del siervo de Dios aparece (prescindiendo de las palabras sobre el precio del rescate: Mc 10, 45) en las predicciones de la pasi\u00f3n (Mc 8, 31; 9, 31; 10, 32), que, en su n\u00facleo, son aut\u00e9nticas profec\u00ed\u00adas de Jes\u00fas, pero, en la forma como se hallan en el NT, constituyen ampliaciones interpretativas de la Iglesia primitiva a base de su conocimiento acerca del transcurso real de la pasi\u00f3n. Jes\u00fas mantiene un s\u00ed\u00ad obediente a su sufrimiento como expiaci\u00f3n representativa a trav\u00e9s de dolores externos e internos, incluso en la angustia de muerte, en la tortura y en el abandono de Dios. Adem\u00e1s de su muerte, Jes\u00fas predice tambi\u00e9n su resurrecci\u00f3n; pues, efectivamente, seg\u00fan Is 52, 13 y 53, 10ss, el siervo de Yahveh en premio por su muerte expiatoria experimenta una rehabilitaci\u00f3n triunfal y es elevado a un rango cultual. En la profec\u00ed\u00ada de Jes\u00fas sobre su resurrecci\u00f3n brilla la certeza victoriosa de que su muerte, que \u00e9l acepta por pura intenci\u00f3n de expiar y con obediencia incondicional a la voluntad del Padre, obtendr\u00e1 el reconocimiento de aqu\u00e9l. Esta muerte es un sacrificio martirial, en el cual no sucede como en el sacrificio cultual, donde un don determinado representa al que sacrifica y simboliza su entrega a Dios, sino que el mismo que sacrifica hace de don con su corporalidad concreta y realiza la entrega sacrificial en forma cruenta. Jes\u00fas pod\u00ed\u00ada estar seguro de que Dios aceptar\u00ed\u00ada su ofrenda sacrificial, su cuerpo, y de que, por tanto, la llenar\u00ed\u00ada con nueva vida. As\u00ed\u00ad la muerte de Jes\u00fas lleva consigo la resurrecci\u00f3n como consecuencia interna, como momento esencial, a pesar de la diferencia temporal en la realizaci\u00f3n de ambos sucesos. De hecho, para el cuarto evangelista, la elevaci\u00f3n de Jes\u00fas a la cruz significa tambi\u00e9n su exaltaci\u00f3n a la gloria (Jn 3, 14; 8, 28; 12, 32ss).<\/p>\n<p>Con esta disposici\u00f3n a morir y con la firme convicci\u00f3n de que el sacrificio de su vida encuentra aceptaci\u00f3n en el Padre e inicia una nueva situaci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica, Jes\u00fas celebra la \u00faltima cena y la instituye como testamento, en el cual \u00e9l compendia todo su ser y su obrar mesi\u00e1nicos, los condensa en un don salv\u00ed\u00adfico visible, incluso comestible, y los deja en herencia como un sacramento. As\u00ed\u00ad, la cena del Se\u00f1or no s\u00f3lo ha de explicarse por el conjunto de la vida de Jes\u00fas, sino que es esta totalidad condensada en un s\u00ed\u00admbolo. Su esencia se manifiesta ya por su peculiaridad como banquete de despedida (Lc 22, l5ss; Mc 14, 25), ceremonia que el juda\u00ed\u00adsmo tard\u00ed\u00ado atribuye a los patriarcas moribundos. Con este banquete el hombre de Dios hace referencia a su cercana muerte, en \u00e9l imparte sus bendiciones especiales y deposita toda la cosecha de su vida llena de Dios. Adem\u00e1s, seg\u00fan los sin\u00f3pticos, la \u00faltima fiesta de Jes\u00fas es cena pascual, aunque seg\u00fan Jn 18, 28 tenga lugar antes del t\u00e9rmino oficial de la pascua; en todo caso est\u00e1 temporalmente cercana a \u00e9sta, y se halla influida ritualmente por ella (la explicaci\u00f3n de los manjares y la sucesi\u00f3n pan-cena-c\u00e1liz) y penetrada por la atm\u00f3sfera espiritual de la fiesta jud\u00ed\u00ada, como memoria cultual de la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Yahveh. Sin embargo, el NT nunca interpreta la e. partiendo de la pascua. Una clave adecuada para la comprensi\u00f3n de la cena nos la ofrece la idea b\u00ed\u00adblica del signo prof\u00e9tico (\u00f3t), es decir, de la acci\u00f3n prof\u00e9tica. Este fen\u00f3meno pretende ser, no s\u00f3lo el vestido simb\u00f3lico de una verdad, o una anticipaci\u00f3n en imagen de un suceso futuro, sino tambi\u00e9n la realizaci\u00f3n inicial de un designio divino. All\u00ed\u00ad, un acontecimiento dispuesto por Dios, no s\u00f3lo es anunciado con palabras, sino que es producido causalmente y comienza a realizarse; no s\u00f3lo se representa simb\u00f3licamente en una acci\u00f3n, sino que es anticipado y as\u00ed\u00ad realizado ya. El signo prof\u00e9tico es un signum ef ficax de la acci\u00f3n divina. En este \u00e1mbito causal espec\u00ed\u00adficamente divino sit\u00faa Jes\u00fas su cena: a) \u00e9l anuncia con palabras el sacrificio de su muerte, que funda la salvaci\u00f3n; b) lo representa simb\u00f3licamente por la entrega de los manjares como su cuerpo y su sangre, y lo hace presente; c) convierte estos dones en el cuerpo sacrificado de su persona.<\/p>\n<p>a) Todas las narraciones sit\u00faan la acci\u00f3n en el horizonte de su muerte. La primitiva forma apost\u00f3lica de narraci\u00f3n, que puede reconocerse en Pablo y en Lucas, hace esto ya por la indicaci\u00f3n del tiempo (la noche en que iba a ser entregado) y por la adici\u00f3n, a las palabras sobre el pan, de un participio, indispensable para entender el texto y por tanto aut\u00e9ntico: \u00abentregado por muchos\u00bb (iper poll\u00f3n en vez de im\u00f3n es la forma primitiva que puede reconstruirse a base de Mc 14, 24). Con claro apoyo en Is 53, 12, la muerte de Jes\u00fas aparece aqu\u00ed\u00ad como entrega martirial de su persona (sobre soma v\u00e9ase c), del siervo paciente de Yahveh. La misma concepci\u00f3n late en la segunda sentencia: \u00abeste c\u00e1liz es la nueva alianza en mi sangre\u00bb. El predicado \u00abla nueva alianza\u00bb se apoya en el t\u00ed\u00adtulo de siervo de. Yahveh, de Is 42, 6 y 49, 8, y caracteriza a Jes\u00fas como fundador de la alianza. Pero \u00e9l cumple esta misi\u00f3n \u00aben su sangre\u00bb, es decir, por su derramamiento de sangre. El concepto b\u00ed\u00adblico \u00absangre\u00bb contiene la nota \u00abderramada\u00bb, como lo muestra la adici\u00f3n expl\u00ed\u00adcita \u00abderramada por muchos\u00bb en Mc 14, 24, es decir, en lugar y a favor de la totalidad de los hombres; en todo caso aqu\u00ed\u00ad se hace uso de Is 53, 10. Tambi\u00e9n el n\u00facleo de la frase diferente de Marcos sobre el c\u00e1liz: \u00abesta es mi sangre de la alianza\u00bb, pone ante los ojos la muerte violenta de Jes\u00fas, si bien bajo un aspecto un poco distinto. Esta f\u00f3rmula tiene su modelo en Ex 24, 8, y caracteriza ante todo el contenido del c\u00e1liz como la \u00absangre\u00bb del sacrificio cultual separada de la carne; y luego caracteriza tambi\u00e9n la muerte de Jes\u00fas como una acci\u00f3n cultual, como separaci\u00f3n de la sangre y la carne. As\u00ed\u00ad, la muerte de Jes\u00fas aparece en todas las narraciones sobre la acci\u00f3n de la cena como el suceso determinante.<\/p>\n<p>b) La muerte sacrificial as\u00ed\u00ad afirmada en las palabras es simbolizada todav\u00ed\u00ada por Jes\u00fas mediante un signo sensible. El actualiza su entrega al Padre por los hombres mediante la consagraci\u00f3n de los manjares para convertirlos en su persona y mediante su donaci\u00f3n a los hombres para que los coman. El acto de tomar (= elevar) los elementos, as\u00ed\u00ad como su bendici\u00f3n y consagraci\u00f3n para hacerlos cuerpo y sangre, muestra la donaci\u00f3n de los mismos a Dios y la entrega de Jes\u00fas al Padre. En cuanto Jes\u00fas luego aleja de s\u00ed\u00ad los manjares como cuerpo y sangre suyos y los da a los hombres, hace visible la entrega martirial de sus substratos vitales a la muerte por aqu\u00e9llos, pero tambi\u00e9n la recuperaci\u00f3n de los mismos en la resurrecci\u00f3n. Pero no s\u00f3lo el acto de la donaci\u00f3n, sino tambi\u00e9n la peculiaridad de lo donado como comida y bebida hace patente que su muerte, e incluso su existencia humana en general, sucede por (iper) los hombres, en su lugar y para su bien. As\u00ed\u00ad como la entidad de la comida y la bebida es totalmente para los hombres, as\u00ed\u00ad como ellas pierden su ser propio, pasando a formar parte del hombre y a edificar su existencia, del mismo modo Jes\u00fas (ya en la encarnaci\u00f3n) es para los hombres, les pertenece, y \u00e9l entrega su vida en la muerte para posibilitar la vida de \u00e9stos ante Dios. Pero en definitiva el don ofrecido en la cena no es meramente un medio externo de representar su entrega sacrificial en la cruz, sino que es la \u00fanica y misma ofrenda de la cruz, la realidad concreta del hombre Jes\u00fas. Y con ello est\u00e1 dada tambi\u00e9n y asegurada la identidad interna de los dos actos, as\u00ed\u00ad como la presencia actual de la entrega cruenta de s\u00ed\u00ad mismo en la cruz, dentro de la oblaci\u00f3n incruenta de s\u00ed\u00ad mismo en la cena.<\/p>\n<p>c) Pues por la fuerza divina de sus palabras determinativas, Jes\u00fas convierte el pan y el vino en su persona sacrificada. El t\u00e9rmino \u00abcuerpo\u00bb, como traducci\u00f3n de un equivalente sem\u00ed\u00adtico, en boca de Jes\u00fas significa, no s\u00f3lo una parte del hombre, p. ej., el cuerpo a diferencia de la sangre o del alma, sino el hombre entero en su corporalidad concreta. Igualmente la \u00absangre\u00bb, como substancia de la vida (Dt 12, 23; Lev 17, 11 14), para los semitas significa el ser vivo unido a la sangre, sobre todo cuando \u00e9l sufre una muerte violenta (G\u00e9n 4, 10; 2 Mac 8, 3; Mt 27, 4 25, Act 5, 28 entre otros); designa, pues, la persona en el estado de derramar sangre. Los participios a\u00f1adidos a las palabras sobre el pan (Lc 22, 19) y el c\u00e1liz (Mc 14, 24), as\u00ed\u00ad como la originaria caracterizaci\u00f3n apost\u00f3lica del c\u00e1liz: \u00abla nueva alianza\u00bb, indican con m\u00e1s precisi\u00f3n que la persona de Jes\u00fas es la figura salv\u00ed\u00adfica del siervo de Dios. Ciertamente la identidad esencial de los elementos bendecidos con la persona de Jes\u00fas, o (seg\u00fan el tradicional lenguaje escol\u00e1stico) la presencia real (som\u00e1tica) de Jes\u00fas en los manjares de la cena no puede fundamentarse en el estin de las palabras determinativas, puesto que este t\u00e9rmino en muchos enunciados b\u00ed\u00adblicos tiene tambi\u00e9n un sentido metaf\u00f3rico. Pero la presencia real queda insinuada por la estructura de la frase en las palabras de bendici\u00f3n, la cual se distingue de los enunciados puramente simb\u00f3licos; en efecto, un indeterminado sujeto neutro es determinado por un predicado muy concreto. Y se explica mejor todav\u00ed\u00ada por el car\u00e1cter de la cena como signo prof\u00e9tico, en el cual la acci\u00f3n y la palabra tienen la fuerza divina de hacer lo que significan. Puede fundamentarse tambi\u00e9n en el acto de la distribuci\u00f3n, que subraya la naturaleza de lo distribuido indicada en las palabras. Exeg\u00e9ticamente queda asegurada, en \u00faltimo t\u00e9rmino, por la interpretaci\u00f3n normativa de la cena en el NT, principalmente por la de Pablo y de Juan. Seg\u00fan esta interpretaci\u00f3n en la cena se hace presente la persona corporal de Jes\u00fas, pero no a la manera est\u00e1tica de un objeto, sino como siervo de Dios que en su muerte sacrificial produce la salvaci\u00f3n para todos nosotros, y m\u00e1s exactamente como don sacrificial del siervo de Dios que se entrega en la cruz. La presencia real de la persona est\u00e1 al servicio de la presencia actual de la acci\u00f3n del sacrificio, y se une con ella para formar un todo org\u00e1nico. As\u00ed\u00ad la e. se convierte en un permanecer presente, a manera de comida, del suceso salv\u00ed\u00adfico constituido en forma de sacrificio, el cual es \u00abJes\u00fas\u00bb, en el que la persona y la obra constituyen una unidad indisoluble.<\/p>\n<p>El mandato institucional touto poieite eis ten \u00e9men anamnesin da a la Iglesia tambi\u00e9n la potestad de hacer lo que hizo Jes\u00fas. Ese mandato ordena la igualdad formal de las reproducciones con la cena originaria de Jes\u00fas, les confiere el poder\u00ed\u00ado de su eficacia divina, subraya y asegura su igualdad de contenido con aqu\u00e9lla y entre s\u00ed\u00ad, en cuanto las caracteriza como memoria de Jes\u00fas. Anamnesis en sentido b\u00ed\u00adblico significa, no s\u00f3lo la presencia subjetiva de una magnitud en la conciencia y la acci\u00f3n de los que recuerdan, sino tambi\u00e9n la repercusi\u00f3n y la presencia objetivas de una realidad en otra, especialmente la repercusi\u00f3n y la presencia de las acciones salv\u00ed\u00adficas de Dios en el culto. Pues \u00e9ste es ya en el AT el medio cualificado en el que la instituci\u00f3n de la alianza llega a ser un suceso actual. El sentido de la frase puede describirse aproximadamente del siguiente modo: haced esto (que yo he hecho) con el fin y el efecto de la presencia m\u00ed\u00ada, o de la realidad salv\u00ed\u00adfica que se da en m\u00ed\u00ad.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de narrar la instituci\u00f3n, el NT explica ya fundamental y normativamente para toda ex\u00e9gesis y dogm\u00e1tica lo que Jes\u00fas instituy\u00f3. Pablo da testimonio de la presencia real y som\u00e1tica de Jes\u00fas cuando ense\u00f1a que el pan partido y el c\u00e1liz bendecido son participaci\u00f3n en el cuerpo y la sangre de Jes\u00fas (1 Cor 10, 16), cuando deriva la unidad de todos los cristianos como un solo cuerpo (Cristo) de que todos comen un mismo pan (1 Cor 10, 17), cuando declara que la recepci\u00f3n indigna del cuerpo de Jes\u00fas es causa del juicio de Dios (1 Cor 11, 27-31). En cuanto el ap\u00f3stol compara la cena del Se\u00f1or con los banquetes en los sacrificios jud\u00ed\u00ados y paganos (1 Cor 10, 18-22), la presenta tambi\u00e9n como una acci\u00f3n de sacrificar. El banquete del sacrificio presupone y hace presente la muerte del don sacrificado. Juan ciertamente no ofrece ninguna narraci\u00f3n de la instituci\u00f3n, pero s\u00ed\u00ad un amplio anuncio de la e. en el gran discurso de la promesa (6, 26-63), que en su conjunto est\u00e1 concebido de cara al sacramento. Su tema es el verdadero pan del cielo. Este, en su dimensi\u00f3n espiritual (procede del cielo y transmite la vida), est\u00e1 realizado en el hombre hist\u00f3rico Jes\u00fas (Jn 6, 16-51b), y por cierto, como realidad f\u00ed\u00adsica, como comida en sentido literal, en su \u00abcarne\u00bb, que est\u00e1 destinada a ser la salvaci\u00f3n del mundo y ha de comerse realmente (\u00abmasticar\u00bb), e igualmente su sangre ha de beberse como verdadera bebida (6, 51c-58). Pero ese comer y beber presupone el sacrificio de Jes\u00fas. El sorprendente t\u00e9rmino sarx en relaci\u00f3n con la \u00absangre\u00bb ha de entenderse, no como una parte del sacrificio separada de \u00e9sta, sino como una designaci\u00f3n del hombre Jes\u00fas en su totalidad, seg\u00fan se demuestra por 1, 14 y por el pronombre personal en 6, 57 (el que \u00abme\u00bb come). En la e. permanece presente el descenso de Jes\u00fas desde el mundo celeste, su encarnaci\u00f3n para la entrega en sacrificio (6, 57s). Pero en la e. tambi\u00e9n ejerce su eficacia la ascensi\u00f3n de Jes\u00fas (6, 62), en cuanto \u00e9sta posibilita la misi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu (7, 39; 16, 7) y con ello nuestra cena sacramental (6, 63). Pues lo que en \u00e9l comunica verdaderamente la vida es, no la carne en cuanto tal, sino el \u00abPneuma\u00bb unido con ella, con lo cual se significa lo divino de Jes\u00fas (cf. 1 Cor 15, 45). Tambi\u00e9n para Juan la e. es la presencia en una cena cultual de la realidad salv\u00ed\u00adfica de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>III. Configuraci\u00f3n lit\u00fargica de la cena en la Iglesia<br \/>\nLo esencial de la cena del Se\u00f1or lo recibi\u00f3 la Iglesia por instituci\u00f3n de Jes\u00fas mismo, a saber, la consagraci\u00f3n del pan y del vino para convertirlos en cuerpo y sangre de Jesucristo, y su entrega a los participantes como comida y bebida. Este n\u00facleo decisivo fue revestido de un marco lit\u00fargico, que ha estado sometido a cambios. La primera comunidad celebraba el sacramento -como Jes\u00fas en el acto de la instituci\u00f3n &#8211; en medio de una comida fraternal, siguiendo este orden: pan, comida, c\u00e1liz (cf. la noticia: \u00abdespu\u00e9s de la cena\u00bb 1 Cor 11, 25; Lc 22, 20). Pero ya pronto los actos sacramentalmente importantes en torno al pan y al vino pasaron a formar una unidad al final de la comida, seg\u00fan se refleja en las narraciones de la instituci\u00f3n en Mt y Mc y tambi\u00e9n en Did 9-10. En el transcurso ulterior de la evoluci\u00f3n, la acci\u00f3n propiamente sacramental fue separada de la comida y qued\u00f3 unida al culto matutino. As\u00ed\u00ad surgi\u00f3 la forma cl\u00e1sica de la e., v\u00e1lida todav\u00ed\u00ada en la actualidad, la \u00abmisa\u00bb, atestiguada ya en Justin (Apol. i, 67) hacia el a\u00f1o 160. En esa forma se expresa la persuasi\u00f3n de que el sacramento s\u00f3lo puede realizarse con una fe plena, alimentada por la palabra de Dios. Primero la cena se celebraba (preferentemente) el d\u00ed\u00ada del Se\u00f1or, el domingo (Act 20, 7; Did 14, 1; JUSTINO, Apol. I, 67), luego, en el siglo IV, tambi\u00e9n los mi\u00e9rcoles y los viernes, y m\u00e1s tarde cada d\u00ed\u00ada (el primer testimonio de esto se halla en Agust\u00ed\u00adn).<\/p>\n<p>La celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica como una comida es el signo fundamental, el que m\u00e1s llama la atenci\u00f3n en el fen\u00f3meno hist\u00f3rico de la e. Ese signo apareci\u00f3 m\u00e1s claramente todav\u00ed\u00ada cuando los participantes tra\u00ed\u00adan y daban los dones de la comida. Pero la Iglesia expresa el sentido de su acci\u00f3n en la palabra, en la oraci\u00f3n sobre los dones. Ya muy pronto entiende su acci\u00f3n como e., como reconocimiento agradecido y aceptaci\u00f3n de la salvaci\u00f3n creada por Cristo, que aqu\u00ed\u00ad se concreta y actualiza simb\u00f3licamente. La salvaci\u00f3n es invocada sobre los dones y hacia su interior mediante una oraci\u00f3n solemne (prefacio). Sobre todo las liturgias orientales exponen aqu\u00ed\u00ad toda la obra salv\u00ed\u00adfica de Dios en Cristo, bien en forma extensa (liturgia de Hip\u00f3lito, liturgia clementina, liturgia de Santiago y liturgia copta de Basilio), o bien de manera resumida (liturgia apost\u00f3lica, liturgia de Juan Cris\u00f3stomo). En occidente desde el siglo iv, en armon\u00ed\u00ada con la configuraci\u00f3n hist\u00f3rica del a\u00f1o lit\u00fargico, la econom\u00ed\u00ada de Dios se divide en temas particulares y en el \u00abprefacio\u00bb se resalta especialmente el misterio concreto de la respectiva festividad. La oraci\u00f3n solemne de acci\u00f3n de gracias culmina en la narraci\u00f3n de la instituci\u00f3n, la cual pone la muerte de Jes\u00fas en el centro de la acci\u00f3n y consagra el pan y el vino para convertirlos en el don del sacrificio, que es Jes\u00fas. Por eso, seg\u00fan el testimonio de la patr\u00ed\u00adstica, e. significa objetivamente lo mismo que anamnesis, y ambos conceptos destacan un rasgo esencial y fundamental del sacramento. Bajo este aspecto la e. es el sacrificio de Jesucristo hecho presente en un s\u00ed\u00admbolo memorial. Pero la forma de presencia no s\u00f3lo consiste en la palabra lit\u00fargica, sino tambi\u00e9n en la acci\u00f3n de la Iglesia, a saber, en su oblaci\u00f3n, con lo cual queda resaltado un segundo rasgo fundamental de la e. Ya desde el principio, citando a Mal 1, lis, la Iglesia afirma que ella en la e. se sacrifica tambi\u00e9n a s\u00ed\u00ad misma. En su acci\u00f3n de gracias espiritual, y tambi\u00e9n en la donaci\u00f3n y oferta de los elementos materiales, que posibilitan la realizaci\u00f3n del sacramento, la Iglesia ve un sacrificio de los cristianos. Pero con esta acci\u00f3n la Iglesia no quiere erigir un sacrificio aut\u00f3nomo junto al de Cristo, sino que en principio y de antemano pretende solamente hacer visible y apropiarse el sacrificio de Jes\u00fas. La oblaci\u00f3n cultual de los dones, en la cual la Iglesia se sacrifica a s\u00ed\u00ad misma, constituye una apta representaci\u00f3n del sacrificio de Jes\u00fas. El hecho de que la oblaci\u00f3n de los dones es esencialmente una anamnesis de este sacrificio, lo expresa la liturgia misma en las reflexiones que siguen a la narraci\u00f3n de la instituci\u00f3n: unde et \u00abmemores\u00bb passionis et ressurrectionis&#8230; \u00abofferimus\u00bb de tuis donis. En el marco y en virtud de la e., que tiene su centro esencial en la narraci\u00f3n de la instituci\u00f3n, se realiza tambi\u00e9n la presencia del cuerpo y sangre de Cristo por la conversi\u00f3n consagrante de los dones. De ah\u00ed\u00ad que las liturgias orientales contin\u00faen el reflexivo \u00abunde et memores of ferimus\u00bb con la \u00abepiclesis\u00bb por la consagraci\u00f3n (conversi\u00f3n) de los dones. Para interpretar el sentido de esto ha de tenerse en cuenta que la Iglesia en todo ese paso reflexiona sobre su acci\u00f3n (anterior) y se hace consciente de la naturaleza de la misma, o sea, que la epiclesis &#8211; tambi\u00e9n y precisamente en su forma deprecativa &#8211; no tiende a producir por primera vez la consagraci\u00f3n, sino que pretende mostrar expl\u00ed\u00adcitamente la fuerza consagrante y la finalidad de toda la acci\u00f3n, sobre todo la de la e., centrada en la narraci\u00f3n de la instituci\u00f3n. El sacrificio de la cena as\u00ed\u00ad realizado halla su conclusi\u00f3n esencial y necesaria en el acto de comer los dones sacrificados. Por lo menos la comuni\u00f3n del sacerdote, que a la vez representa al pueblo, no puede faltar en ninguna misa, pues la erige el signo decisivo (el de la cena). Hasta el siglo xii tambi\u00e9n los fieles comulgaban bajo las dos especies, incluso en la Iglesia latina. Desde entonces, por motivos pr\u00e1cticos, se impuso la comuni\u00f3n bajo una sola especie, que era ya usual para ni\u00f1os, enfermos y comuniones dom\u00e9sticas. Esta comuni\u00f3n bajo una sola especie tiene el fundamento dogm\u00e1tico de su posibilidad (no precisamente el fundamento de su origen) en la doctrina de la concomitancia que entonces se desarroll\u00f3. Seg\u00fan esa doctrina, en el cuerpo hecho presente en virtud de la conversi\u00f3n substancial, por concomitancia est\u00e1n tambi\u00e9n presentes la sangre, el alma y la divinidad. El concilio Vaticano u abre una nueva \u00e9poca con la permisi\u00f3n de la comuni\u00f3n bajo las dos especies en algunos casos, de la concelebraci\u00f3n y del uso de la lengua vern\u00e1cula, y especialmente con su nueva reflexi\u00f3n sobre la esencia de la e. (->liturgia, C).<\/p>\n<p>IV. Doctrina del magisterio<br \/>\nDonde la Iglesia expresa m\u00e1s profunda y ampliamente su concepci\u00f3n de la e. es en la -> liturgia A, que constituye una manifestaci\u00f3n decisiva del magisterio ordinario. En nuestros d\u00ed\u00adas, despu\u00e9s de la enc\u00ed\u00adclica de P\u00ed\u00ado XII, Mediator Dei, el magisterio extraordinario resalta insistentemente esta idea en la constituci\u00f3n sobre la liturgia del Vaticano ii. Concilios anteriores, rechazando ciertas falsificaciones her\u00e9ticas, definieron infaliblemente (aunque en forma capaz de evoluci\u00f3n) determinados aspectos esenciales del sacramento; as\u00ed\u00ad el concilio iv de Letr\u00e1n, los concilios de Constanza y de Trento (sesiones XIII, xxi, xxu). Los concilios unionistas de Ly\u00f3n (ii) (1275) y de Florencia formulan para los orientales la inteligencia escol\u00e1stica de la fe. Cuando en la primera edad media se agudiz\u00f3 el decidido simbolismo de Agust\u00ed\u00adn y la presencia real de Cristo -en reacci\u00f3n contra un vulgar realismo f\u00ed\u00adsico &#8211; qued\u00f3 volatilizada en una presencia simb\u00f3lica y meramente espiritual, lo cual sucedi\u00f3 de una manera todav\u00ed\u00ada suave y moderada en la primera disputa sobre la e. por obra de Ratramno (impugnado por Pascasio Radberto) y de una manera ya extremada y her\u00e9tica en la segunda disputa sobre la e. provocada por Berengario de Tours (a quien combatieron especialmente Durando de Troarn, Lanfranco, Guitmundo de Aversa); despu\u00e9s de muchos s\u00ed\u00adnodos locales, por fin el concilio Lateranense iv defini\u00f3 la identidad entre los dones consagrados y el cuerpo y la sangre hist\u00f3ricos de Cristo en virtud de una transubstanciaci\u00f3n, de una conversi\u00f3n de la esencia de las cosas naturales en la esencia del cuerpo y sangre de Cristo (Dz 430 [802]). Esta doctrina queda roborada y precisada en el concilio de Constanza contra Wicleff (Dz 581ss [1151ss], 626 [1198s]) y contra Juan Hus (Dz 666s [1256s]), y en el concilio de Trento contra los reformadores, de los cuales Zwinglio y Calvino negaban la presencia real, y Lutero s\u00f3lo la admit\u00ed\u00ada sosteniendo la presencia simult\u00e1nea de las dos substancias. Esos concilios ense\u00f1an: La e. contiene el cuerpo y la sangre de Jes\u00fas no s\u00f3lo como un signo o una fuerza, sino real, verdadera y esencialmente, en virtud de una transubstanciaci\u00f3n; \u00fanicamente permanecen las especies de pan y de vino. En cada una de las especies (ya en Dz 626 [11991), es m\u00e1s, en cada una de sus partes, est\u00e1 Cristo entero, no s\u00f3lo durante la comuni\u00f3n, sino tambi\u00e9n antes y despu\u00e9s; as\u00ed\u00ad presente, \u00e9l es digno de adoraci\u00f3n; Cristo es sumido realmente (Dz 883-890 [1651-16581); en la Iglesia latina los fieles comulgan leg\u00ed\u00adtimamente bajo una sola especie (Dz 934ss [1731ss]). Contra todos los reformadores, el concilio de Trento (ses. xxii) proclama dogm\u00e1ticamente que la ->misa no es un mero sacrificio de alabanza y de acci\u00f3n de gracias, ni un mero recuerdo del sacrificio de la cruz, sino un verdadero y aut\u00e9ntico sacrificio, en el cual los sacerdotes ofrecen el cuerpo y la sangre de Cristo. Es un sacrificio propiciatorio por los vivos y difuntos, sin restar nada al de la cruz (Dz 948952 [1751-17551). El concilio explica la misa como representaci\u00f3n, memoria y aplicaci\u00f3n del sacrificio de la cruz, aunque no define esos aspectos (Dz 938 [1740]). El mismo sacerdote y v\u00ed\u00adctima de la cruz es el que act\u00faa en la misa a trav\u00e9s de los sacerdotes; s\u00f3lo cambia la forma de la oblaci\u00f3n (Dz 940 [17431). La identidad de la acci\u00f3n misma del sacrificio que ah\u00ed\u00ad est\u00e1 implicada, es afirmada expl\u00ed\u00adcitamente por el Catecismo Romano (ii, 4, 74). Seg\u00fan P\u00ed\u00ado xii (enc\u00ed\u00adclica Mediator Dei: Dz 2300 [3854]), la presencia por separado del cuerpo y de la sangre de Cristo en virtud de la consagraci\u00f3n, simboliza la separaci\u00f3n de los mismos en la muerte de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>El sacramento es realizado solamente por el sacerdote ordenado (Lateranense iv: Dz 430 [8021), independientemente de su santidad personal (concilio de Constanza: Dz 584 [1154]), sobre todo en la consagraci\u00f3n (P\u00ed\u00ado xzi: Dz 2300 [3852]; Vaticano ii, Const. De Ecclesia II 10, 111 28). P\u00ed\u00ado xii y especialmente el concilio Vaticano ii subrayan expresamente la participaci\u00f3n activa de los fieles en la realizaci\u00f3n de la e. Estos sacrifican no s\u00f3lo a trav\u00e9s del sacerdote, sino adem\u00e1s junto con \u00e9l (Dz 2300 [38521; Vaticano zi, Const. De Liturgia ii 48); ellos dan gracias y reciben la sagrada comuni\u00f3n (Vaticano ii, Const. De Ecclesia 11, 10.11).<\/p>\n<p>Por la preocupaci\u00f3n pastoral de que ciertas tendencias modernas podr\u00ed\u00adan reducir el contenido de la e., Pablo vi, en la enc\u00ed\u00adclica Mysterium fidei, del 3 de septiembre de 1965 (AAS 57 [1965] 753-774), acent\u00faa con nueva insistencia la presencia real del cuerpo y de la sangre de Cristo en virtud de la transubstanciaci\u00f3n, exigiendo que se conserve la terminolog\u00ed\u00ada tradicional de la Iglesia, y afirma adem\u00e1s la continuaci\u00f3n de la presencia de Cristo en la e. tambi\u00e9n despu\u00e9s de la misa y la legitimidad de la adoraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica y de la misa privada. Una \u00abtransignificaci\u00f3n\u00bb o \u00abtransfinalizaci\u00f3n\u00bb, seg\u00fan la cual el pan y el vino reciben un nuevo significado como signo de la entrega de Jes\u00fas en la e., no es suficiente para interpretar la acci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica. M\u00e1s bien, la nueva significaci\u00f3n y la nueva finalidad de los signos se basan en el hecho de que ellos, en virtud de la transubstanciaci\u00f3n, reciben una nueva realidad \u00f3ntica.<\/p>\n<p>V. Explicaci\u00f3n teol\u00f3gica<br \/>\nUna teolog\u00ed\u00ada que se sienta obligada a una profunda inteligencia de la fe todav\u00ed\u00ada ha de elaborar sistem\u00e1ticamente una amplia y ponderada inteligencia conjunta de la e., la cual conserve su rico contenido, comprenda su estructura esencial, esclarezca conceptualmente los multiformes aspectos de su esencia y los ordene adecuadamente en el conjunto. Siendo la e. el encuentro m\u00e1s \u00ed\u00adntimo e intenso del Cristo glorificado con los cristianos peregrinos, ella no puede explicarse satisfactoriamente tan s\u00f3lo con categor\u00ed\u00adas objetivas y est\u00e1ticas, sino que ha de describirse tambi\u00e9n con categor\u00ed\u00adas personales y din\u00e1micas, pero evitando un mero simbolismo y funcionalismo. En la e. el Se\u00f1or glorificado sale al encuentro del hombre, no bajo la figura propia de su gloria, sino bajo una figura simb\u00f3lica, que \u00e9l hace suya como forma de manifestaci\u00f3n. Cristo sale al encuentro de los hombres, ocult\u00e1ndose y descubri\u00e9ndose a la vez, bajo el signo sacramental de una cena. En \u00e9l hace presente para nosotros aqu\u00ed\u00ad y ahora y nos aplica eficazmente el sacrificio de su vida, con el que adquiri\u00f3 para todos la salvaci\u00f3n. El hecho de que Cristo realice su sacrificio en forma de una cena, no es un mero decreto externo, sino que obedece a una cierta analog\u00ed\u00ada interna de ambas magnitudes. Dentro de la historia de salvaci\u00f3n esta vinculaci\u00f3n fue prefigurada en los banquetes sacrificiales del AT, de los cuales el canon romano cita el de Abel, el de Abraham y el de Melquisedec, as\u00ed\u00ad como en los sacrificios sangrientos de animales, que desembocaban en un banquete sacrificial. Tal conexi\u00f3n se basa objetivamente en la aptitud de la comida para expresar la donaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo que hace quien sacrifica, su entrega por los otros, su comunidad con ellos. Adem\u00e1s de esto el banquete recibe una directa estructura sacrificial por el ofrecimiento -realizado ya en el juda\u00ed\u00adsmo y por Jes\u00fas &#8211; de sus elementos a Dios. As\u00ed\u00ad la entrega cruenta de Jes\u00fas en el sacrificio adquiere una presencia adecuada como banquete que es un sacrificio y como sacrificio que es un banquete, como oblaci\u00f3n y entrega de los manjares.<\/p>\n<p>En la celebraci\u00f3n de la e. el Cristo pneum\u00e1tico est\u00e1 presente desde el primer momento como ministro principal, como sumo sacerdote que se ofrece a s\u00ed\u00ad mismo por nosotros, y como se\u00f1or del banquete que se nos da a s\u00ed\u00ad mismo. Podemos ver ah\u00ed\u00ad la principal presencia actual de la persona de Cristo (en cuanto sujeto del sacrificio). Esa presencia se transmite y representa visiblemente la realidad salv\u00ed\u00adfica de la Iglesia, que es la aparici\u00f3n terrestre y la faz visible del supremo sacerdocio celeste de Jesucristo, es su \u00abcuerpo\u00bb y el sacramento fundamental de la redenci\u00f3n. Cristo ha entregado a la Iglesia su sacrificio cruento como incruento sacrificio ritual (cf. concilio de Trento, Dz 938 [1740]). En su celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica cada comunidad es representante de la Iglesia universal. Mas para que el sacrificio de los cristianos pueda ser realmente id\u00e9ntico con el de Cristo, los que lo realizan han de estar cultualmente vinculados al supremo sacerdocio de Cristo y participar de \u00e9l. Deben ostentar la estructura de Cristo en forma interna, \u00f3ntica y cultual. Esa estructura se posee por el \u00abcar\u00e1cter sacramental\u00bb, que se confiere en diversos grados de intensidad por el ->bautismo, la -> confirmaci\u00f3n y las -> \u00f3rdenes sagradas, garantiza la condici\u00f3n de miembro de la Iglesia y con ello capacita para el culto. La capacitaci\u00f3n para la plena actualizaci\u00f3n del sacrificio de Cristo se recibe por el car\u00e1cter de la ordenaci\u00f3n sacerdotal. Cristo realiza ahora su sacrificio \u00abpor el ministerio de los sacerdotes\u00bb (Dz 940 [17431), y, viceversa, el sacerdote act\u00faa \u00abin persona Christi\u00bb (Dz 698 [1321]; Vaticano zr, Const. De Ecclesia, u 10, iii 28). El car\u00e1cter bautismal y (en m\u00e1yor medida) el de la confirmaci\u00f3n capacitan para la correalizaci\u00f3n activa del sacrificio en la oblaci\u00f3n, acci\u00f3n de gracias y comuni\u00f3n. Seg\u00fan el concilio Vaticano ii (Const. De Liturgia, u 48) tambi\u00e9n los fieles ofrecen la v\u00ed\u00adctima inmaculada, no s\u00f3lo a trav\u00e9s del sacerdote, sino, adem\u00e1s, juntamente con \u00e9l, y se ofrecen a s\u00ed\u00ad mismos (Const. De Ecclesia, ii 10.11). La comunidad celebrante no s\u00f3lo recibe el fruto de la redenci\u00f3n bajo la forma de comida, sino que tambi\u00e9n realiza activamente la acci\u00f3n redentora, ratifica a posteriori para s\u00ed\u00ad el sacrificio que previamente consum\u00f3 Cristo sin la colaboraci\u00f3n de la comunidad, reconoce este sacrificio hecho no s\u00f3lo en bien suyo, sino tambi\u00e9n en su lugar. A trav\u00e9s del s\u00ed\u00admbolo de la comida, por la oblaci\u00f3n, consagraci\u00f3n y recepci\u00f3n de los dones del banquete, se apropia y hace visible y fruct\u00ed\u00adfero ese sacrificio. Pero con ello no a\u00f1ade ning\u00fan valor nuevo a la obra de Jes\u00fas. Su m\u00e9rito consiste en aprehender los m\u00e9ritos de Jes\u00fas como \u00fanico camino de salvaci\u00f3n. Su verdadero sacrificio no es un intento de salvaci\u00f3n por s\u00ed\u00ad misma, ni una repetici\u00f3n del sacrificio de la cruz, sino una manifestaci\u00f3n visible, una apropiaci\u00f3n hic et nunc de \u00e9ste. Seg\u00fan esto, donde la Iglesia realiza m\u00e1s profundamente su esencia es en la eucarist\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Ahora bien, para que los cristianos actualicen el \u00fanico sacrificio de Jes\u00fas, no s\u00f3lo se requiere que su ser quede esencialmente configurado por la persona salvadora de Cristo (en el banquete sacramental), sino tambi\u00e9n que su actuaci\u00f3n est\u00e9 acu\u00f1ada por la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Jesucristo. Esto \u00faltimo acontece por el hecho de que ellos por principio celebran la e. como anamnesis de esta obra de redenci\u00f3n. Anamnesis significa aqu\u00ed\u00ad no s\u00f3lo la presencia subjetiva en la conciencia del celebrante que recuerda, sino tambi\u00e9n la actualizaci\u00f3n objetiva, el estar de lo recordado en la obra y la palabra cultuales. La anamnesis es adem\u00e1s, no una mera parte limitada en el transcurso de la misa, sino un rasgo esencial y fundamental que la domina toda desde el principio hasta el final. Y en algunos lugares concretos (principalmente en el unde et memores) se hace m\u00e1s expl\u00ed\u00adcito ese rasgo general y se reflexiona sobre \u00e9l. Como anamnesis, la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica es la presencia actual de la acci\u00f3n del sacrificio de Cristo, la cual empez\u00f3 con la encarnaci\u00f3n y lleg\u00f3 a su culminaci\u00f3n en la cruz, en la muerte y en la glorificaci\u00f3n de Jes\u00fas. Dicha presencia brilla ya en la forma cultual de la ofrenda de los dones, en los que la Iglesia se consacrifica a s\u00ed\u00ad misma, y es invocada sobre las ofrendas y hacia su interior en las palabras de acci\u00f3n de gracias, particularmente en el relato de la instituci\u00f3n, que como forma del sacramento es un constitutivo esencial. En \u00e9l, el sacerdote habla sobre los dones en el estilo directo de Jes\u00fas. As\u00ed\u00ad, haciendo las veces de la persona de Cristo, el sacerdote se muestra como \u00fanico representante pleno de la persona de Jes\u00fas, y s\u00f3lo por sus palabras, penetradas por la fuerza de Cristo, la ofrenda sacrificial de la Iglesia se hace id\u00e9ntica con el don del sacrificio de Cristo, que es \u00e9l mismo como hombre. Y la acci\u00f3n sacrificial de la Iglesia se muestra irrevocablemente una con el sacrificio de Jes\u00fas. La doble consagraci\u00f3n, bien entendida como disposici\u00f3n total y soberana de Jes\u00fas sobre su cuerpo y su sangre, o bien, seg\u00fan Mc 14, 24, como separaci\u00f3n de los dos elementos vitales, simboliza y actualiza en todo caso la muerte de Cristo, en cuanto hace presente a Jes\u00fas como v\u00ed\u00adctima. La presencia actual del sacrificio de Cristo se objetiva en la presencia real som\u00e1tica de su persona como v\u00ed\u00adctima (objeto del sacrificio) y est\u00e1 anclada en ella; pero la presencia real se realiza en el horizonte y como momento de la acci\u00f3n sacrificial. Este hecho, importante para la estructura fundamental de la e., se muestra todav\u00ed\u00ada en lo siguiente: al sacrificio pertenece esencialmente su aceptaci\u00f3n por Dios; el sacrificio real es el aceptado por Dios. Dios acepta el sacrificio de la Iglesia porque es la presencia actual del sacrificio de Cristo. Ahora bien, del mismo modo que Dios acept\u00f3 la v\u00ed\u00adctima de la cruz y, como signo de esto, en la resurrecci\u00f3n llen\u00f3 su cuerpo con nueva vida, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n acepta la ofrenda de la Iglesia, id\u00e9ntica con la del sacrificio de Cristo, y la llena de su vida, la convierte en la persona corporal de Jes\u00fas. La conversi\u00f3n afecta a la \u00absubstancia\u00bb, que aqu\u00ed\u00ad significa el metaemp\u00ed\u00adrico, aut\u00e9ntico y \u00faltimo n\u00facleo esencial de las unidades de sentido que el hombre llama pan y vino. Este n\u00facleo es transformado y pasa a ser la esencia de la persona corporal de Jes\u00fas. Pero permanece la imagen emp\u00ed\u00adrica (las especies) de los alimentos, la cual muestra la presencia corporal de Cristo y su finalidad \u00faltima, que est\u00e1 en ser comido, pues a eso tienden los alimentos. La conversi\u00f3n es as\u00ed\u00ad preparaci\u00f3n del banquete sacrificial, en el que llega a su consumaci\u00f3n el sacrificio. Pero el don del sacrificio hace las veces del donador, y su aceptaci\u00f3n por Dios significa que en principio \u00e9l acepta tambi\u00e9n a quien sacrifica; y en este orden salv\u00ed\u00adfico dicha aceptaci\u00f3n se realiza como comunicaci\u00f3n de Dios mismo a la persona aceptada. En la comuni\u00f3n los hombres se apropian en la forma m\u00e1s \u00ed\u00adntima la oblaci\u00f3n de Jes\u00fas, que as\u00ed\u00ad los lleva hacia el Padre. La presencia real som\u00e1tica de Jes\u00fas posibilita el m\u00e1s profundo encuentro de Cristo con los cristianos, y la comuni\u00f3n, fin \u00faltimo del s\u00ed\u00admbolo del banquete y acto imprescindible por lo menos del sacerdote, consuma el sacrificio eucar\u00ed\u00adstico como parte esencial y no s\u00f3lo integrante (as\u00ed\u00ad P\u00ed\u00ado XII: DS 3854). Seg\u00fan esto la estructura fundamental de la e. es la presencia aplicativa de la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Jes\u00fas en un banquete sacrificial.<\/p>\n<p>Si preguntamos por los fundamentos internos en virtud de los cuales un hecho pasado puede hacerse presente, hay que nombrar en primer lugar la esencia del sujeto que produce ese hecho. Las acciones salv\u00ed\u00adficas de Jes\u00fas, como actos de la persona eterna del logos, tiene un car\u00e1cter perenne, son siempre simult\u00e1neas con el tiempo caduco de la tierra. Adem\u00e1s, est\u00e1n conservadas de alguna manera en la humanidad glorificada de Jes\u00fas, la cual seg\u00fan Tom\u00e1s de Aquino (ST, ni, q. 62 a. 5; q. 64 a. 3) es el instrumentum coniunctum operante del Glorificado. Las pasadas acciones salv\u00ed\u00adficas, conservadas en la persona divina y en la naturaleza humana de Jes\u00fas, tienen la capacidad de adquirir una nueva presencia en el espacio y el tiempo por y en un s\u00ed\u00admbolo lleno de realidad. En ese s\u00ed\u00admbolo aparece otro ser, que actualiza all\u00ed\u00ad su esencia y desarrolla el dinamismo de \u00e9sta. La aut\u00e9ntica naturaleza del s\u00ed\u00admbolo en cuanto tal no es su propia realidad f\u00ed\u00adsica por s\u00ed\u00ad misma, sino la capacidad de mostrar y hacer presente la realidad originaria que \u00e9l significa. En virtud de su potestad autoritativa, Jes\u00fas vincul\u00f3 tan \u00ed\u00adntimamente la cena a su sacrificio, que \u00e9ste desarrolla su esencia y se manifiesta en aqu\u00e9lla.<\/p>\n<p>En el horizonte y como momento de la presencia y aplicaci\u00f3n de la acci\u00f3n sacrificial de Cristo, se produce tambi\u00e9n la presencia real som\u00e1tica de Jes\u00fas como v\u00ed\u00adctima. El Cristo entero se hace verdadera, real y esencialmente presente y operante, y por cierto, bajo cada una de las especies y de sus partes, e incluso despu\u00e9s de la misa, mientras se conserven las especies, la realidad emp\u00ed\u00adrica del pan y del vino como alimentos. En virtud de esta presencia la e. es digna de adoraci\u00f3n, pero de una adoraci\u00f3n que no puede olvidar la conexi\u00f3n con el sacrificio de Jes\u00fas. La escol\u00e1stica, que no entendi\u00f3 los t\u00e9rminos cuerpo y sangre en el totalitario sentido b\u00ed\u00adblico de persona corporal, sino como partes anat\u00f3micamente delimitadas, sirvi\u00e9ndose de la idea de la concomitancia (al cuerpo pertenece la sangre; ambos implican el alma; el hombre Jes\u00fas incluye la divinidad) asegur\u00f3 la totalidad de la presencia de Cristo. La comuni\u00f3n bajo una sola especie se debe a puntos de vista pr\u00e1cticos; es dogm\u00e1ticamente leg\u00ed\u00adtima, pero lit\u00fargicamente no es la forma ideal. Desde el concilio iv de Letr\u00e1n y el de Trento, el dogma de la presencia real som\u00e1tica de Jes\u00fas es expresado mediante el concepto de \u00abtransubstanciaci\u00f3n\u00bb (conversi\u00f3n substancial), tomado en una acepci\u00f3n m\u00e1s popular que filos\u00f3fica. Lo que ah\u00ed\u00ad se afirma dogm\u00e1tica o infaliblemente es, no una determinada concepci\u00f3n (p. ej. la aristot\u00e9lica) de la filosof\u00ed\u00ada de la naturaleza sobre la substancia y su expresi\u00f3n terminol\u00f3gica, sino solamente la realidad cre\u00ed\u00adda de que la verdadera presencia del cuerpo de Jes\u00fas bajo las especies implica un cambio \u00f3ntico en \u00e9stas, de que la esencia metaemp\u00ed\u00adrica de los alimentos consagrados ya no es la que les corresponde como pan y vino naturales, sino la del cuerpo y sangre de Cristo, que ha transformado la naturaleza de aqu\u00e9llos. C\u00f3mo deba entenderse esta conversi\u00f3n en t\u00e9rminos de filosof\u00ed\u00ada de la naturaleza, depende de qu\u00e9 haya de entenderse por substancia f\u00ed\u00adsica y, en consecuencia, de c\u00f3mo deban concebirse en relaci\u00f3n con ella las manifestaciones emp\u00ed\u00adricas del pan y del vino (todo eso est\u00e1 sin esclarecer). Los diversos intentos de interpretaci\u00f3n son -> teolog\u00famenos y tienen la dignidad de \u00e9stos, pero no poseen valor de ->dogma.<\/p>\n<p>En consecuencia la e. se presenta como la presencia sacramental y la aplicaci\u00f3n de la acci\u00f3n sacrificial (decisiva para la salvaci\u00f3n de todos) que es Jes\u00fas mismo en el banquete sacrificial de la Iglesia instituido por \u00e9l. La e. es: el don supremo del Se\u00f1or; la glorificaci\u00f3n inicial de las realidades mundanas; la inclusi\u00f3n del cuerpo en la gloria de la redenci\u00f3n; el v\u00ed\u00adnculo de la m\u00e1s \u00ed\u00adntima unidad de los hombres con Dios y entre ellos; un principio decisivo de la catolicidad temporal y espacial de la Iglesia, y la m\u00e1s profunda realizaci\u00f3n de su esencia.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: S\u00ed\u00adntesis generales: Catholicisme IV 630-659; A. Piolanti, El misterio eucar\u00ed\u00adstico (Rialp Ma 1958); RGG3 I 10-51; H. 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Este sentido, el m\u00e1s ordinario en el griego profano, se halla igualmente en la Biblia griega, particularmente en las relaciones humanas (Sab 18,2; 2Mac 2,27; 12,31; Act 24,3; Rom 16,4). Para con Dios, la *acci\u00f3n de gracias (2Mac 1,11; lTes 3,9; lCor 1,14; Col 1,12) adopta de ordinario la forma de una oraci\u00f3n (Sab 16,28; lTes 5,17s; 2Cor 1,11; Col 3,17; etc.), por ejemplo, al principio de las cartas paulinas (p,e., lTes 1,2). Entonces converge naturalmente con la *bendici\u00f3n que celebra las \u00abmaravillas\u00bb de Dios, pues estas maravillas se expresan para el hombre en beneficios que dan a la *alabanza un matiz de reconocimiento; en estas condiciones la acci\u00f3n de gracias va acompa\u00f1ada de una anamnesis por la que la *memoria evoca el pasado (Jdt 8,25s; Ap 11,17s), y el eukharistein equivale al eulogein (lCor 14,16ss). Esta eulog\u00ed\u00ada-eucarist\u00ed\u00ada se halla particular-mente en las comidas jud\u00ed\u00adas, cuyas bendiciones alaban y dan gracias a Dios por los alimentos que ha dado a los hombres. Pablo habla en este sentido de comer con \u00abeucarist\u00ed\u00ada\u00bb (Rom 14,6; lCor 10,30; lTim 4,3s). 2. El uso de Jes\u00fas y el uso cristiano. En la primera multiplicaci\u00f3n de los panes pronuncia Jes\u00fas una \u00abbendici\u00f3n\u00bb seg\u00fan los sin\u00f3pticos (Mt 14, 19 p), una \u00abacci\u00f3n de gracias\u00bb seg\u00fan Jn 6,11.23; en la segunda multiplicaci\u00f3n Mt 15,36 menciona una \u00abacci\u00f3n de gracias\u00bb, mientras que Mc 8,6s habla de una \u00abacci\u00f3n de gracias\u00bb sobre el pan y de \u00abbendici\u00f3n\u00bb sobre los peces. Esta equivalencia pr\u00e1ctica aconseja no distinguir en la \u00faltima cena la \u00abbendici\u00f3n\u00bb sobre el pan (Mt 26,26 p; cf. Lc 24,30) y la \u00abacci\u00f3n de gracias\u00bb sobre la *copa (Mt 26,27 p). Por lo dem\u00e1s, Pablo habla inversamente de la \u00abacci\u00f3n de gracias\u00bb sobre el pan (ICor 11,24) y de la \u00abbendici\u00f3n\u00bb sobre la copa (ICor 10,16).<\/p>\n<p>En realidad, la palabra eucarist\u00ed\u00ada ha prevalecido en el uso cristiano para designar la acci\u00f3n instituida por Jes\u00fas la v\u00ed\u00adspera de su muerte. Pero no hay que olvidar que este t\u00e9rmino expresa una *alabanza de las maravillas de Dios tanto y m\u00e1s que un agradecimiento por el bien que de ellas obtienen los hombres. Por este acto decisivo en que Jes\u00fas confi\u00f3 a unos alimentos el valor eterno de su muerte redentora, consum\u00f3 y fij\u00f3 por todos los siglos el homenaje de s\u00ed\u00ad mismo y de todas las cosas a Dios, que es lo propio de la religi\u00f3n y que es lo esencial de su obra de salvaci\u00f3n y su persona ofrecida en la cruz y en la eucarist\u00ed\u00ada es toda la humanidad con el universo por marco. que retornan al Padre. Esta riqueza de la eucarist\u00ed\u00ada, que la sit\u00faa en el centro del *culto cristiano, la hallamos en textos densos que hay que analizar m\u00e1s detalladamente.<\/p>\n<p>II. INSTITUCI\u00ed\u201cN Y CELEBRACI\u00ed\u201cN PRIMITIVA. 1. Los relatos. Cuatro textos del NT refieren la instituci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica: Mt 26,26-29; Mc 14,22-25; Lc 22,15-20; ICor 11,23ss. Lo que Pablo \u00abtransmite\u00bb as\u00ed\u00ad despu\u00e9s de haberlo \u00abrecibido\u00bb parece sin duda ser una tradici\u00f3n lit\u00fargica; y lo mismo se debe decir de los textos sin\u00f3pticos, cuya concisi\u00f3n lapidaria contrasta con el contexto: reflejos preciosos de la manera como las primeras Iglesias celebraban la cena del Se\u00f1or. Sus semejanzas y sus divergencias se explican por este origen. La redacci\u00f3n m\u00e1s arameizante de Mc puede reproducir la tradici\u00f3n palestina, mientras que la de Pablo, un poco m\u00e1s grecizada, reflejar\u00ed\u00ada la de las Iglesias de Antioqu\u00ed\u00ada o de Asia Menor. Mt representa sin duda la misma tradici\u00f3n que Mc, con algunas variantes o adiciones que pueden todav\u00ed\u00ada ser de origen lit\u00fargico. En cuanto a Lc, plantea problemas delicados y diversamente resueltos: sus vv. 15-18 pueden representar una tradici\u00f3n arcaica muy diferente de las otras o bien, m\u00e1s probablemente, una amplificaci\u00f3n sacada por Lucas mismo de Mc 14,25; en cuanto a 19-20, que hay que tener por aut\u00e9nticos contra los testigos que omiten 19b-20, se los considera ya como una combinaci\u00f3n de Mc y de 1Cor hecha por Lc mismo, ya otra forma de la tradici\u00f3n de las Iglesias helen\u00ed\u00adsticas, que constituir\u00e1, por tanto, un tercer testigo lit\u00fargico al lado de Mc\/Mt y de iCor. Por lo dem\u00e1s, las variantes entre estos diferentes textos son de menor importancia, excepto la orden de reiteraci\u00f3n, omitida por Mc\/Mt, pero que el testimonio de iCor\/Lc y la probabilidad interna inducen a aceptar como primitiva.<\/p>\n<p>2. El marco hist\u00f3rico. Otro problema del que depende la interpretaci\u00f3n de estos textos es su marco hist\u00f3rico. Para los sin\u00f3pticos fue ciertamente una comida pascual (Mc 14,12-16 p); pero seg\u00fan Jn 18,28; 19,14.31, la pascua no se celebr\u00f3 hasta el d\u00ed\u00ada siguiente, la tarde del viernes. Se ha intentado todo para explicar esta divergencia ; sea contradiciendo a Juan que habr\u00ed\u00ada retrasado un d\u00ed\u00ada para obtener el simbolismo de la muerte de Jes\u00fas a la hora misma de la inmolaci\u00f3n del cordero pascual (Jn 19,14.36), sea pretendiendo que la pascua se hubiese celebrado aquel a\u00f1o el jueves y el viernes respectiva-mente por diferentes grupos de jud\u00ed\u00ados, sea imaginando una pascua esenia celebrada la noche del martes, y a la que se habr\u00ed\u00ada unido Jes\u00fas. Lo mejor parece ser admitir que Jes\u00fas, sabiendo que morir\u00ed\u00ada en el momento mismo de la pascua, se anticip\u00f3 un d\u00ed\u00ada, evocando en su \u00faltima cena el rito pascual en forma suficiente para poder empalmar con \u00e9l su I[ evo rito, que ser\u00e1 el rito pascual del NT: esta soluci\u00f3n respeta la cronolog\u00ed\u00ada de Jn y tiene suficientemente en cuenta la presentaci\u00f3n de los sin\u00f3pticos.<\/p>\n<p>3. Comida religiosa y comida del Se\u00f1or. En efecto, en los textos de la instituci\u00f3n late una perspectiva pascual, mucho m\u00e1s que la perspectiva de alguna comida jud\u00ed\u00ada solemne, o la de una comida esenia, con las que se ha tratado de explicarlos. La secuencia inmediata pan\/vino, en la \u00faltima Cena como en las comidas de Qumr\u00e1n, es un contacto superficial y sin trascendencia, pues en los textos evang\u00e9licos puede resultar de un resumen lit\u00fargico, en el que s\u00f3lo se conservar\u00ed\u00adan los dos elementos importantes de la \u00faltima comida de Jes\u00fas, el pan al principio y la tercera copa al final, habi\u00e9ndose suprimido todo el intervalo; por lo dem\u00e1s, hay un vestigio revelador de este intervalo en los t\u00e9rminos \u00abdespu\u00e9s de la comida\u00bb, que en 1Cor 11,25 preceden a la copa. Adem\u00e1s, en las comidas esenias de Qumr\u00e1n falta la teolog\u00ed\u00ada pascual que evocan las pa-labras de Jes\u00fas y que es gratuito considerar como un elemento posterior debido a la influencia de Pablo o de las Iglesias helen\u00ed\u00adsticas. El ceremonial bien reglamentado de la comida esenia, an\u00e1logo al de m\u00e1s de una comida de cofrad\u00ed\u00adas jud\u00ed\u00adas de aquella \u00e9poca, puede a lo sumo evocar lo que ser\u00ed\u00adan las comidas ordinarias de Jes\u00fas y de sus disc\u00ed\u00adpulos y lo que ser\u00ed\u00adan luego las comidas de \u00e9stos despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n cuando se reunieron de nuevo como en otro tiempo en torno al maestro, seguros por otra parte de tenerlo siempre entre ellos a t\u00ed\u00adtulo de kyrios resucitado y vivo para siempre.<\/p>\n<p>En efecto, no se deber\u00ed\u00ada descubrir siempre la eucarist\u00ed\u00ada en las comidas cotidianas que los primeros hermanos de Jerusal\u00e9n tomaban con regocijo partiendo el pan en sus casas (Act 2,42.46). Esta fracci\u00f3n del pan puede no ser m\u00e1s que una comida ordinaria, religiosa, s\u00ed\u00ad, como toda comida sem\u00ed\u00adtica, centrada aqu\u00ed\u00ad en el recuerdo y la espera del maestro resucitado, y a la que se a\u00f1ad\u00ed\u00ada la eucarist\u00ed\u00ada propiamente dicha cuando se renovaban las palabras y los gestos del Se\u00f1or para entrar en comuni\u00f3n con su presencia misteriosa mediante el pan y el vino, transformando as\u00ed\u00ad una comida ordinaria en \u00abcomida del Se\u00f1or\u00bb (1Cor 11,20-34). Esta eucarist\u00ed\u00ada, despojada del rito jud\u00ed\u00ado, vino ciertamente a ser m\u00e1s que anual, quiz\u00e1 semanal (Act 20,7.11); pero nos falta informaci\u00f3n, como tampoco podemos decidir en diferentes textos si se trata de una \u00abfracci\u00f3n del pan\u00bb ordinaria o de la eucarist\u00ed\u00ada propiamente dicha (Act 27,35; y ya Lc 24,30.35).<\/p>\n<p>III. LA EUCARIST\u00ed\u008dA, SACRAMENTO DE NUTRICI\u00ed\u201cN. 1. La comida, signo religioso. La eucarist\u00ed\u00ada, instituida durante una comida, es un rito de nutrici\u00f3n. Desde los tiempos m\u00e1s remotos, particularmente en el mundo semita, reconoci\u00f3 el hombre a los alimentos un valor sagrado, debido a la munificencia de la divinidad y a su aptitud para procurar la vida. Pan, agua, vino, frutos, etc., son bienes por los que se bendice a Dios. La comida misma tiene valor religioso, pues la comida en com\u00fan establece v\u00ed\u00adnculos sagrados entre los comensales, y entre ellos y Dios.<\/p>\n<p>2. De las figuras a la realidad. As\u00ed\u00ad en la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica *alimentos y comida sirven para expresar la comunicaci\u00f3n de vida que hace Dios a su pueblo. El *man\u00e1 y las codornices del *Exodo, as\u00ed\u00ad como el *agua que brot\u00f3 de la roca de Horeb (Sal 78,20-29), son otras tantas realidades simb\u00f3licas (1Cor 10,3s) que prefiguran el *don verdadero que sale de la boca de Dios (Dt 8,3; Mt 4,4), la *palabra, verdadero *pan bajado del cielo (Ex 16,4).<\/p>\n<p>Ahora bien, estas figuras se realizan en Jes\u00fas. El es el \u00abpan de vida\u00bb, primero por su palabra que abre la vida eterna a los que creen (Jn 6, 26-51a), luego por su *carne y su *sangre dados como comida y bebida (Jn 6,51b-58). Estas palabras que anuncian la eucarist\u00ed\u00ada las dijo Jes\u00fas despu\u00e9s de haber alimentado milagrosamente a la multitud en el desierto (Jn 6,1-15). El don que promete y que opone al man\u00e1 (Jn 6,31s.49s) enlaza as\u00ed\u00ad con las maravillas del \u00e9xodo, al mismo tiempo que se sit\u00faa en el horizonte del banquete mesi\u00e1nico, imagen de la felicidad celestial familiar al juda\u00ed\u00adsmo (Is 25,6; escritos rab\u00ed\u00adnicos) y al NT (Mt 8,11; 22,2-14; Lc 14,15; Ap 3,20; 19,9). 3. La comida del Se\u00f1or, memorial y promesa. La \u00faltima cena es como la \u00faltima preparaci\u00f3n del banquete mesi\u00e1nico en que Jes\u00fas volver\u00e1 a encontrarse con los suyos despu\u00e9s de la prueba cercana. La \u00abpascua cumplida\u00bb (Lc 22,15s) y el \u00abvino nuevo\u00bb (Mc 14,25 p) que gustar\u00e1 con ellos en el reino de Dios, los prepara en esta \u00faltima comida haciendo que el pan y el vino signifiquen la realidad nueva de su cuerpo y de su sangre.<\/p>\n<p>El rito de la comida pascual le ofrece la ocasi\u00f3n apropiada y procurada. Las palabras que en ella pronunciaba el padre de familia sobre los diversos alimentos, muy en particular sobre el pan y sobre la tercera copa, les confer\u00ed\u00adan cierto poder de evocaci\u00f3n del pasado y de esperanza del porvenir, hasta tal punto que los comensales al recibirlos reviv\u00ed\u00adan realmente las pruebas del Exodo y viv\u00ed\u00adan por adelantado las promesas mesi\u00e1nicas. Jes\u00fas usa a su vez de ese poder creador que el esp\u00ed\u00adritu sem\u00ed\u00adtico reconoce a la palabra, y todav\u00ed\u00ada lo aumenta con su autoridad soberana. Dando al pan y al vino su nuevo sentido, no los explica, sino que los transforma. No interpreta, sino que decide, decreta: esto es mi cuerpo, es decir, en adelante lo ser\u00e1. La c\u00f3pula \u00absers, que seguramente faltaba en el original arameo, no bastar\u00ed\u00ada por s\u00ed\u00ad sola para justificar este realismo, pues puede tambi\u00e9n expresar \u00fanicamente un significado en im\u00e1genes : \u00abla siega es el fin del mundo; los segadores son los \u00e1ngeles\u00bb (Mt 13,39). La situaci\u00f3n es la que exige aqu\u00ed\u00ad un sentido fuerte. Jes\u00fas no propone una *par\u00e1bola en la que objetos concretos ayudar\u00ed\u00adan a comprender una realidad abstracta; preside una comida, en la que las bendiciones rituales confieren a los alimentos un valor de otro orden. Y en el caso de Jes\u00fas este valor es de una amplitud y de un realismo incomparables, que le vienen de la realidad que est\u00e1 en juego: una muerte redentora que a trav\u00e9s de una resurrecci\u00f3n desemboca en la vida escatol\u00f3gica.<\/p>\n<p>IV. LA EUCARIST\u00ed\u008dA, SACRAMENTO DE UN SACRIFICIO. 1. El anuncio de la muerte redentora. Muerte redentora, pues el cuerpo ser\u00e1 \u00abdado por vosotros\u00bb (Le; ICor tiene s\u00f3lo \u00abpor vosotros\u00bb, con variantes poco garantizadas); la sangre ser\u00e1 \u00abderramada por vosotros\u00bb (Lc) o \u00abpor una multitud\u00bb (Mc\u00c2\u00a1Mt). El hecho mismo de que pan y vino se separen sobre la mesa evoca la separaci\u00f3n violenta del cuerpo y de la sangre; Jes\u00fas anuncia claramente su muerte pr\u00f3xima y la presenta como un *sacrificio, comparable con el de las v\u00ed\u00adctimas cuya sangre sell\u00f3 en el Sina\u00ed\u00ad la primera *alianza (Ex 24,5-8), y hasta con el del *cordero pascual, en la medida en que el juda\u00ed\u00adsmo de entonces lo consideraba tambi\u00e9n como un sacrificio (cf. ICor 5,7).<\/p>\n<p>Pero hablando Jes\u00fas de sangre \u00abderramada por muchos\u00bb con miras a una \u00abnueva alianza\u00bb, debe de pensar tambi\u00e9n en el siervo de Yahveh, cuya vida fue \u00abderramada\u00bb, que carg\u00f3 con los pecados de \u00abmuchos\u00bb (Is 53,12), y al que Dios design\u00f3 como \u00abalianza del pueblo y luz de las naciones\u00bb (Is 42,6; cf. 49,8). Ya anteriormente se hab\u00ed\u00ada atribuido elpapel del siervo (Le 4,17-21) y hab\u00ed\u00ada reivindicado la misi\u00f3n de dar como \u00e9l su vida \u00abcomo rescate por muchos\u00bb (Mc 10,45 p; Is 53). Aqu\u00ed\u00ad da a entender que su muerte inminente va a reemplazar los sacrificios de la antigua alianza y a iibrar a los hombres, no de una *cautividad temporal, sino de la del *pecado, como Dios lo hab\u00ed\u00ada exigido al siervo. Va a instaurar la \u00abnueva alianza\u00bb que hab\u00ed\u00ada anunciado Jerem\u00ed\u00adas (Jer 31, 31-34).<\/p>\n<p>2. La comuni\u00f3n en el sacrificio. Ahora bien, lo m\u00e1s nuevo es que Jesucristo encierra la riqueza de este sacrificio en alimentos. En Israel, como en todos los pueblos antiguos, se acostumbraba percibir los frutos de un sacrificio consumiendo la v\u00ed\u00adctima; esto era unirse a la ofrenda y a Dios que la aceptaba (ICor 10,18-21). Los fieles de Jes\u00fas, comiendo su cuerpo inmolado y bebiendo su sangre, tendr\u00e1n parte en su sacrificio, haciendo suya su ofrenda de amor y benefici\u00e1ndose de la gracia que por su parte opera. A fin de que puedan hacerlo en todas partes y siempre escoge Jes\u00fas alimentos muy corrientes para convertirlos en su carne y en su sangre en estado de v\u00ed\u00adctima; por esto tambi\u00e9n ordena a sus disc\u00ed\u00adpulos que repitan a ejemplo suyo las palabras que por su autoridad operar\u00e1n este cambio. De esta manera les da una participaci\u00f3n delegada en su *sacerdocio.<\/p>\n<p>En adelante los cristianos, cada vez que reproducen este gesto o se asocian a \u00e9l, \u00abanuncian la muerte del Se\u00f1or hasta que venga\u00bb (lCor 11,26), puesto que la presencia sacramental que realizan es la de Cristo en estado de sacrificio. Lo hacen \u00aben *memoria suya\u00bb (ICor 11,25; Lc 22,19), es decir, que rememoran con la fe su acto redentor o, quiz\u00e1 mejor, lo hacen presente al recuerdo de Dios (cf. Lev 24,7; N\u00fam 10,9s; Eclo 50,16; Act 10,4.31), como una ofrenda incesantemente renovada, que atrae su gracia. Anamnesis que comporta el recuerdo admirativo y agradecido de las maravillas de Dios, la mayor de las cuales es el sacrificio de su Hijo para procurar a los hombres la salvaci\u00f3n. Maravilla de amor en la que \u00e9stos participan uni\u00e9ndose por la *comuni\u00f3n al cuerpo del Se\u00f1or, y en \u00e9l a todos sus miembros (lCor 10,14-22). Sacramento del sacrificio de Cristo es la eucarist\u00ed\u00ada: sacramento de la caridad, de la uni\u00f3n en el *cuerpo de Cristo.<\/p>\n<p>V. LA EUCARIST\u00ed\u008dA, SACRAMENTO ESCATOL\u00ed\u201cGICO. 1. Permanencia del sacrificio de Cristo en el mundo nuevo. Lo que da todo su realismo al simbolismo de estos gestos y de estas palabras es la realidad del mundo nuevo en el que introducen. La muerte de Cristo desemboca en la verdadera *vida que no acaba nunca (Rom 6, 9s); es la era escatol\u00f3gica, de los \u00abbienes futuros\u00bb, al lado de la cual la era presente no es sino una \u00absombra\u00bb (Heb 10,1; cf. 8,5; Col 2,17). Su sacrificio se ha hecho \u00abuna vez para siempre\u00bb (Heb 7,27; 9,12.26ss; 10,10; 1Pe 3,18); su sangre reemplaz\u00f3 definitivamente la sangre in-eficaz de las v\u00ed\u00adctimas de la antigua alianza (Heb 9,12ss.18-26; 10,1-10); la nueva alianza, cuyo *mediador es \u00e9l (Heb 12,24; cf. 13,20), ha suprimido la antigua (Heb 8,13) y procura la *herencia eterna (Heb 9,15); ahora ya nuestro sumo sacerdote est\u00e1 sentado a la diestra de Dios (Heb 8,1; 10,12) \u00abhabi\u00e9ndonos adquirido una *redenci\u00f3n eterna\u00bb (Heb 9,12; cf. 5,9), \u00absiempre vivo para interceder por nosotros\u00bb (Heb 7,25; cf. 9, 24) por su \u00absacerdocio inmutable\u00bb (Heb 7,24). Su sacrificio, pasado en cuanto a su realizaci\u00f3n contingente en el tiempo de nuestro mundo caduco, est\u00e1 siempre, presente en el mundo nuevo en que \u00e9l ha entrado, por la ofrenda de s\u00ed\u00ad mismo que no cesa de hacer al Padre.<\/p>\n<p>2. Por la eucarist\u00ed\u00ada, el cristiano entra realmente en comuni\u00f3n con este mundo nuevo. Ahora bien, la eucarist\u00ed\u00ada pone al creyente en contacto con el sumo sacerdote siempre vivo en su estado de v\u00ed\u00adctima. El paso del pan al cuerpo y del vino a la sangre, que en ella se opera, reproduce en su forma sacramental el paso del *mundo antiguo al nuevo, paso que llev\u00f3 a cabo Jesucristo yendo por la muerte a la vida. El rito pascual, como el Exodo que conmemoraba, era ya en s\u00ed\u00ad mismo un rito de paso o tr\u00e1nsito: de la cautividad de Egipto a la libertad de la tierra prometida, y luego, m\u00e1s y m\u00e1s, de la cautividad del sufrimiento, del pecado, de la muerte a la libertad de la felicidad, de la justicia, de la vida. Pero en tal rito los bienes mesi\u00e1nicos eran s\u00f3lo objeto de *esperanza, y los alimentos que se bendec\u00ed\u00adan no pod\u00ed\u00adan hacerlos *gustar sino en forma simb\u00f3lica. En la pascua de Cristo, esto ha cambiado, pues la era mesi\u00e1nica ha llegado efectivamente con su resurrecci\u00f3n, y en \u00e9l se han adquirido los bienes prometidos. Las palabras y los gestos que en otro tiempo s\u00f3lo pod\u00ed\u00adan simbolizar los bienes futuros, pueden ahora realizar bienes actuales.<\/p>\n<p>El cuerpo y la sangre eucar\u00ed\u00adsticos no son, pues, s\u00f3lo el *memorial simb\u00f3lico de un acontecimiento ya pasado; son toda la realidad del mundo escatol\u00f3gico en que vive Cristo. La eucarist\u00ed\u00ada, como todo el mundo sacramental, cuyo centro es, procura al creyente todav\u00ed\u00ada sumergido en el viejo mundo, el contacto f\u00ed\u00adsico con Cristo en toda la realidad de su nuevo ser, resucitado, \u00abespiritual\u00bb (cf. Jn 6,63).<\/p>\n<p>Los alimentos que la eucarist\u00ed\u00ada asume cambian de existencia y se convierten en el verdadero \u00abpan de los \u00e1ngeles\u00bb (Sal 78,25; cf. Sab 16,20), el alimento de la nueva era. Por su presencia en el altar, Cristo muerto y resucitado est\u00e1 realmente presente en su disposici\u00f3n eterna de sacrificio. Por esta raz\u00f3n la misa es un sacrificio, id\u00e9ntico al sacrificio hist\u00f3rico de la cruz por toda la ofrenda amante de Cristo que lo constituye, distinto \u00fanicamente por las circunstancias de tiempo y de lugar en que se reproduce. Por la eucarist\u00ed\u00ada une la *Iglesia en todo lugar y tiempo hasta el fin del mundo las alabanzas y las ofrendas de los hombres al sacrificio perfecto de alabanza y de ofrenda, de \u00abeucarist\u00ed\u00ada\u00bb en una palabra, \u00fanico que tiene valor delante de Dios y \u00fanico que las valoriza (cf. Heb 13,10.15).<\/p>\n<p>-> Acci\u00f3n de gracias &#8211; Alianza &#8211; Bendici\u00f3n &#8211; Comuni\u00f3n &#8211; Cuerpo de Cristo &#8211; Culto &#8211; Alabanza &#8211; Man\u00e1 &#8211; Alimento &#8211; Pan &#8211; Comida &#8211; Sacerdocio &#8211; Sacrificio &#8211; Sangre &#8211; Vino.<\/p>\n<p>LEON-DUFOUR, Xavier, Vocabulario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, Herder, Barcelona, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Vocabulario de las Ep\u00edstolas Paulinas<\/b><\/p>\n<p><div><span lang=\"es\">V\u00e9ase <\/span><i><span lang=\"es\">Cena Del Se\u00f1or<\/span><\/i><i><span lang=\"es\">, <\/span><\/i><i><span lang=\"es\">Sacramentos<\/span><\/i><span lang=\"es\">.<\/span><\/div>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Teolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p>\n            Vea tambi\u00e9n Eucarist\u00eda como Sacrificio, Eucarist\u00eda como Sacramento y  <\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(Griego eucharistia, acci\u00f3n de gracias).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El nombre dado al  Sant\u00edsimo Sacramento del altar en su doble aspecto de  Sacramento y Sacrificio de la Misa, y en el cual Jesucristo est\u00e1  realmente presente bajo las especies de  pan y  vino.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se le da otras denominaciones, tales como \u00abCena del Se\u00f1or\u00bb (Coena Domini), \u00abMesa del Se\u00f1or\u00bb (Mensa Domini), el \u00abCuerpo del Se\u00f1or\u00bb (Corpus Domini), y el \u00abSant\u00edsimo\u00bb (Sanctissimum), a los cuales se puede a\u00f1adir las siguientes expresiones, y en cierto modo alterado su significado primitivo: \u00abAgape\u00bb (Fiesta del Amor), \u201cEulogia\u201d (bendici\u00f3n), \u00abPartir del Pan\u00bb, \u201cSinaxis\u201d (asamblea), etc.; pero el antiguo t\u00edtulo \u201cEucharistia\u201d que aparece en escritores tan antiguos como  Ignacio, San Justino e  Ireneo, ha tomado precedencia en la terminolog\u00eda t\u00e9cnica de la Iglesia y sus  teolog\u00eda.  La expresi\u00f3n \u201cSant\u00edsimo Sacramento del Altar\u201d, introducida por  Agust\u00edn, en la actualidad est\u00e1 casi totalmente restringido a los tratados populares y  catequ\u00e9ticos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta extensa nomenclatura, que describe el gran misterio desde puntos de vista tan diferentes, es en s\u00ed misma prueba suficiente de la posici\u00f3n central que la Eucarist\u00eda ha ocupado desde las \u00e9pocas m\u00e1s primitivas, tanto en el  culto divino y servicios de la Iglesia como en la vida de fe y devoci\u00f3n que anima a sus miembros.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Iglesia  honra a la Eucarist\u00eda como a uno de sus misterios m\u00e1s altos, puesto que por su sublimidad e incomprensibilidad no desmerece en nada de los conexos misterios de la Sant\u00edsima Trinidad y la Encarnaci\u00f3n.  Estos tres misterios constituyen una tr\u00edada maravillosa, que muestra la caracter\u00edstica esencial del cristianismo, como una religi\u00f3n de misterios que trascienden en mucho a las capacidades de la raz\u00f3n, para resplandecer con todo su brillo y esplendor, y eleva al  catolicismo, el m\u00e1s fiel guardi\u00e1n y conservador de nuestra herencia cristiana, muy por encima de todas las  religiones  paganas y no cristianas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La conexi\u00f3n org\u00e1nica de esta misteriosa tr\u00edada se discierne claramente si consideramos la gracia divina bajo el aspecto de una comunicaci\u00f3n personal de Dios.  As\u00ed, en el seno de la Sant\u00edsima Trinidad, Dios Padre, por virtud de la generaci\u00f3n  eterna, comunica su naturaleza divina a  Dios Hijo, \u201cel Hijo \u00fanico que est\u00e1 en el seno del Padre\u201d ( Juan 1,18), mientras que el Hijo de Dios, en virtud de la uni\u00f3n hipost\u00e1tica, comunica a su vez la naturaleza divina recibida de su Padre a su naturaleza  humana formada en el seno de la  Virgen Mar\u00eda (Jn. 1,14), para que as\u00ed, como  Dios-Hombre, oculto bajo las especies eucar\u00edsticas, pueda entregarse a su Iglesia, que, como una tierna madre, cuida y alimenta m\u00edsticamente en su propio seno a este su m\u00e1ximo tesoro, y diariamente lo pone ante sus hijos como alimento espiritual de sus almas.  As\u00ed la Trinidad, la Encarnaci\u00f3n y la Eucarist\u00eda est\u00e1n efectivamente soldadas como una preciosa cadena, que de manera maravillosa liga al cielo con la tierra, a Dios con el hombre, uni\u00e9ndoles m\u00e1s \u00edntimamente y manteni\u00e9ndoles as\u00ed unidos.  Por el mismo hecho que el misterio de la Eucarist\u00eda trasciende a la raz\u00f3n, ning\u00fan  te\u00f3logo cat\u00f3lico puede intentar ninguna explicaci\u00f3n  racionalista de ella, basada en una hip\u00f3tesis meramente natural ni buscar comprender una de las m\u00e1s sublimes verdades de la religi\u00f3n cristiana como la conclusi\u00f3n espont\u00e1nea de procesos  l\u00f3gicos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La  ciencia moderna de las religiones comparadas se esfuerza, dondequiera que puede, en descubrir en las religiones paganas \u201cparalelismos hist\u00f3rico-religiosos\u201d que se correspondan con elementos te\u00f3ricos y pr\u00e1cticos del cristianismo, y en dar as\u00ed una explicaci\u00f3n de este \u00faltimo por medio de las primeras.  Incluso donde hay una analog\u00eda discernible entre el banquete eucar\u00edstico y la ambros\u00eda y el n\u00e9ctar de los antiguos dioses griegos, o el haoma de los iranios, o el soma de los antiguos  hind\u00faes, debemos sin embargo ser muy cautos para no extender una mera analog\u00eda hasta un paralelismo propiamente dicho, puesto que la Eucarist\u00eda cristiana no tiene nada en absoluto en com\u00fan con estos alimentos paganos, cuyo origen se encuentra en el m\u00e1s grosero  culto a los  \u00eddolos y a la naturaleza.  Lo que nos hace descubrir en particular es una nueva prueba de la racionalidad de la religi\u00f3n cat\u00f3lica, a partir de la circunstancia de que Jesucristo de una manera maravillosamente condescendiente responde al ansia natural del coraz\u00f3n humano de un alimento que le sustente para la inmortalidad, un deseo expresado en muchas religiones paganas, al dispensar a la humanidad su propia Carne y Sangre.  Todo lo que es hermoso, todo lo que es verdadero en las religiones naturales, se lo ha apropiado el cristianismo, y como un espejo c\u00f3ncavo ha reunido los dispersos y a menudo distorsionados rayos de verdad en su foco com\u00fan y los env\u00eda de nuevo refulgentes en perfectos haces de luz.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es sola la Iglesia, \u201ccolumna y fundamento de la verdad\u201d, imbuida y dirigida por el Esp\u00edritu Santo, la que garantiza a sus hijos a trav\u00e9s de su  infalible ense\u00f1anza la plena y no adulterada revelaci\u00f3n de Dios.  Por consiguiente, es la primera obligaci\u00f3n de los cat\u00f3licos adherirse a lo que la Iglesia propone como la \u201cnorma inmediata de fe\u201d ( regula fidei proxima), que, en lo relativo a la Eucarist\u00eda, se expone de una manera particularmente clara y detallada en las Sesiones XIII, XXI y XXII del Concilio de Trento.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La quintaesencia de estas decisiones doctrinales consiste en esto:  \u201cque en la Eucarist\u00eda el Cuerpo y la Sangre del Dios-hombre est\u00e1n verdadera, real y sustancialmente presentes para el alimento de nuestras almas, por raz\u00f3n de la transubstanciaci\u00f3n del  pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, y que en este cambio de sustancias se contiene tambi\u00e9n el incruento Sacrificio del Nuevo Testamento.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estas tres verdades principales&#8212;Sacrificio, Sacramento y Presencia Real&#8212;se consideran con m\u00e1s detalle en los siguientes art\u00edculos:\n<\/p>\n<ul>\n<li> Sacrificio de la Misa,<\/li>\n<li> Eucarist\u00eda como Sacramento, y<\/li>\n<li> Presencia Real de Cristo en la Eucarist\u00eda.<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<b>Fuente<\/b>:  Pohle, Joseph. \u00abEucharist.\u00bb The Catholic Encyclopedia. Vol. 5. New York: Robert Appleton Company, 1909.  <br \/>http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/05572c.htm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Traducido por Francisco V\u00e1zquez.  L M H.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Selecci\u00f3n de im\u00e1genes: Jos\u00e9 G\u00e1lvez Kr\u00fcger\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Enlaces relacionados con Eucarist\u00eda<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[1] Pompa festiva en la solemne translacion del santissimo&#8230;\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[2] Devocionario Eucar\u00edstico\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sant\u00edsimo Sacramento\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Enlaces externos<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[3] La Confesi\u00f3n de Fernando Casanova 01 &#8211; Estoy en Casa EWTN.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[4] La Confesi\u00f3n de Fernando Casanova 02 &#8211; Estoy en Casa EWTN.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[5] La Confesi\u00f3n de Fernando Casanova 03 &#8211; Estoy en Casa EWTN.\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>griego eu, bien, kharizestai, dar gracias. Acci\u00f3n de gracias. Nombre que los cristianos le dieron a la cena del Se\u00f1or o fracci\u00f3n del pan Hch 2, 42-46; 1 Co 10, 16. Este t\u00e9rmino se us\u00f3 para designar la liturgia eucar\u00ed\u00adstica, celebraci\u00f3n del sacrificio del cuerpo y la sangre de Cristo bajo las apariencias de pan &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/eucaristia\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abEUCARISTIA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-4930","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4930","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4930"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4930\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4930"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4930"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4930"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}