{"id":4935,"date":"2016-02-05T00:46:54","date_gmt":"2016-02-05T05:46:54","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/familia\/"},"modified":"2016-02-05T00:46:54","modified_gmt":"2016-02-05T05:46:54","slug":"familia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/familia\/","title":{"rendered":"FAMILIA"},"content":{"rendered":"<p>v. Casa, Descendencia, Hijo, Linaje, Posteridad, Simiente<br \/>\nGen 12:3; 28:14<\/p>\n<hr>\n<p>en el A. T., hebreo, bet, casa, bethab, casa paterna, la familia m\u00e1s extensa, mispajah, clan, grupo de familias, familia con un tronco com\u00fan; en el N. T., oikos, casa. Despu\u00e9s de la tribu y la estirpe, la f. es la comunidad m\u00e1s peque\u00f1a, a cuya cabeza estaba el padre, Ex 12, 3; Jc 17,  5; 1 S 1, 4. La uni\u00f3n del hombre y la mujer fue instituida por Dios, Gn 1,  27; 2, 20-24, como indisoluble. Sin embargo, este paradigma de la f., la legislaci\u00f3n sobre la misma, con frecuencia no se cumple en la realidad,  como sucedi\u00f3 en la \u00e9poca patriarcal, cuando la poligamia era corriente.<\/p>\n<p>En la monarqu\u00ed\u00ada  la situaci\u00f3n fue similar, el rey David tuvo su har\u00e9n, 2 S 3, 2-5. En el N. T., Jes\u00fas ratifica el ideal de f. del A. T., Mt 19, 5; Mc 10,  7-8; 1 Co 7, 1-10; Ef 5, 31. San Pablo, sobre los deberes de la familia cristiana, inicia con los que se deben el hombre y la mujer, la pareja,  \u2020\u0153Sed sumisos los unos a los otros en el temor de Cristo\u2020\u009d, Ef 5, 21; \u2020\u0153Hijos,  obedeced a vuestros padres en el Se\u00f1or\u2020\u009d, Ef 6, 1.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Digital, Grupo C Service &#038; Design Ltda., Colombia, 2003<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Digital<\/b><\/p>\n<p>(heb., mispahah, bayith, casa; gr. oika, patria, casa, clan). En un marco patriarcal el padre era la cabeza de la familia, con autoridad sobre su esposa, hijos, hijas solteras y a veces los hijos casados y sus familias, as\u00ed\u00ad como los primos y sus familias y posiblemente los abuelos y hasta los bisabuelos (Gen 46:8-26). Los miembros adicionales de la casa incluidos en la designaci\u00f3n de familia ser\u00ed\u00adan las concubinas, los sirvientes, los esclavos, las visitas y a veces los prisioneros de guerra. Se practicaba algo de poligamia y esto tambi\u00e9n hac\u00ed\u00ada que la unidad familiar fuera m\u00e1s extensa.<\/p>\n<p>En un sentido m\u00e1s amplio, familia tambi\u00e9n pod\u00ed\u00ada significar clan, tribu o aldea, y las frases como la casa de David (Isa 7:13) o la casa de Israel (Eze 9:9; Eze 18:30) muestran que en t\u00e9rminos m\u00e1s amplios la casa pod\u00ed\u00ada comprender toda la naci\u00f3n. Algunas de las familias que volvieron del exilio en Babilonia comprend\u00ed\u00adan varios cientos de miembros (Ezr 8:1-4).<\/p>\n<p>Un v\u00ed\u00adnculo com\u00fan de sangre un\u00ed\u00ada a los miembros de la familia extendida o clan, quienes se llamaban hermanos (1Sa 20:29). Los miembros del clan aceptaban la responsabilidad comunal por asistir, proteger, compartir el trabajo, ser leales y cooperar para el bienestar general de la familia. Al ir enfoc\u00e1ndose cada vez m\u00e1s la unidad familiar el sentido de responsabilidad comunal fue disminuyendo y los llamados de atenci\u00f3n sobre las responsabilidades hacia las viudas y los hu\u00e9rfanos se volvieron m\u00e1s frecuentes (Isa 1:17; Jer 7:6). Las disputas familiares disminuyeron ya que la venganza por el honor de los miembros de la familia extendida ya no era com\u00fan, aunque a veces se practicaba y se esperaba (2Sa 3:27; 2Sa 16:8; 2Ki 9:26; Neh 4:14).<\/p>\n<p>Las pr\u00e1cticas y los festivales religiosos frecuentemente estaban orientados hacia la familia, especialmente la Pascua, que era celebrada como una comida religiosa y ofrenda de acci\u00f3n de gracias familiar (Exo 12:3-4, Exo 12:46). En la \u00e9poca patriarcal, antes de que la adoraci\u00f3n se centralizara en el templo y luego en la sinagoga, los padres ofrec\u00ed\u00adan el sacrificio a Dios (Gen 31:54).<\/p>\n<p>En el NT se hace poca referencia a la familia, salvo para reforzar el matrimonio mon\u00f3gamo y censurar el divorcio (Mat 5:27-32; Mat 19:3-12; Mar 10:2-12; Luk 16:18). Pablo refuerza los deberes de los miembros de la familia (Eph 5:22\u2014Eph 6:9; Col 3:18-22). Reitera la responsabilidad econ\u00f3mica rec\u00ed\u00adproca de los miembros (1Ti 5:4, 1Ti 5:8) y la importancia de ense\u00f1ar la religi\u00f3n en el hogar (Eph 6:4). Pablo tambi\u00e9n insisti\u00f3 claramente en el papel subordinado de las mujeres en la familia (1Co 11:3; Eph 5:22-24, Eph 5:33; Col 3:18; comparar tambi\u00e9n 1Pe 3:1-7). En la iglesia primitiva \u2014en la cual, al no haber templos, los cultos se realizaban en hogares privados\u2014 los convertidos frecuentemente eran familias enteras (2Ti 1:5) o todos los miembros de la casa (Act 16:15, Act 16:31-34).<\/p>\n<p>El padre era responsable por el bienestar econ\u00f3mico de aquellos sobre los cuales ten\u00ed\u00ada autoridad. Pod\u00ed\u00ada venderse la familia entera por haberse endeudado y se esperaba que los t\u00ed\u00ados y los primos evitaran que la propiedad familiar pasara a manos ajenas (Lev 25:25; Jer 32:6-15). Las ense\u00f1anzas de la historia, religi\u00f3n, leyes y costumbres hebreas pasaban de padre a hijo en el marco familiar (Exo 10:2; Exo 12:26; Deu 4:9; Deu 6:7) y se reforzaban con los numerosos ritos celebrados dentro de la casa, frecuentemente asociados con las comidas en familia.<\/p>\n<p>La lista de las posesiones del hombre inclu\u00ed\u00ada a su esposa, siervos, esclavos, bienes y animales (Exo 20:17; Deu 5:21). Hasta la frase \u2020\u0153tomar una mujer\u2020\u009d viene de una frase que signfica convetirse en el amo de una esposa (Deu 24:1). Aunque la esposa se dirig\u00ed\u00ada al esposo en t\u00e9rminos subordinados, la posici\u00f3n de la esposa era m\u00e1s alta que la del resto de la casa. La responsabilidad principal de la madre era la de producir hijos, preferentemente varones. Un gran n\u00famero de varones, que se convert\u00ed\u00adan en trabajadores a una edad temprana, aseguraba la prosperidad econ\u00f3mica y la seguridad futura de la familia.<\/p>\n<p>A lo largo de la vida la mujer estaba sujeta a la autoridad protectora de un pariente var\u00f3n; como hija, la del padre y como esposa, la del marido. Si enviudaba, el pariente var\u00f3n m\u00e1s cercano se convert\u00ed\u00ada en su protector y (bajo las provisiones matrimoniales del levirato) en su redentor.<\/p>\n<p>La dote pagada por el novio al padre de su prometida, aunque no era un precio de compra directamente, ten\u00ed\u00ada la intenci\u00f3n de compensar al padre por la p\u00e9rdida de los servicios de la hija (comparar Gen 29:18, Gen 29:27; Exo 22:16-17; 1Sa 18:25; 2Sa 3:14). Despu\u00e9s del matrimonio la novia normalmente iba a vivir con la familia del esposo. As\u00ed\u00ad se convert\u00ed\u00ada en parte de ese grupo familiar extendido y estaba sujeta a su autoridad. Aparte del deber primario de tener hijos (Gen 1:28; Gen 9:1), la responsabilidad principal de la esposa era la organizaci\u00f3n de la casa: alimento, ropa y animales dom\u00e9sticos. En muchas familias se buscaba su opini\u00f3n para tomar decisiones y se respetaban sus ideas (Exo 20:12; Pro 19:26; Pro 20:20; Ecc 3:1-16).<\/p>\n<p>Para la \u00e9poca persa la posici\u00f3n de la esposa mostraba se\u00f1ales marcadas de mejoramiento. Ten\u00ed\u00ada su propia posici\u00f3n en los juegos, los teatros y los festivales religiosos. Las mujeres a veces administraban propiedades y negocios (Pro 31:16, Pro 31:18, Pro 31:24; Act 16:14).<\/p>\n<p>La ley de la primogenitura prove\u00ed\u00ada una porci\u00f3n doble de la herencia como el derecho de nacimiento del hijo mayor (Deu 21:17; Gen 25:24, Gen 25:26; Gen 38:27-30; Gen 43:33). Se pod\u00ed\u00ada perder el derecho a la primogenitura como resultado de una ofensa seria (Gen 35:22; Gen 49:3-4; 1Ch 5:1), se la pod\u00ed\u00ada renunciar o vender voluntariamente como hizo Esa\u00fa con Jacob (Gen 25:29-34). David le dio el reino a su hijo menor, Salom\u00f3n (1Ki 2:15), a pesar de una ley que proteg\u00ed\u00ada al hijo mayor del favoritismo de un padre hacia un hermano menor (Deu 21:15-17). En una familia que no ten\u00ed\u00ada varones, la hija pod\u00ed\u00ada heredar la propiedad (Num 27:8).<\/p>\n<p>Se pinta claramente la condici\u00f3n inferior de la hija en la sociedad patriarcal. Se la pod\u00ed\u00ada vender a la esclavitud o al concubinato para posiblemente ser vendida nuevamente (Exo 21:7-11). Hasta su misma vida estaba a disposici\u00f3n de su padre. Tanto hijos como hijas pod\u00ed\u00adan ser muertos por desobedecer a la cabeza de la familia. Abraham estaba dispuesto a sacrificar a su hijo Isaac (Gen 22:1-14). Jud\u00e1 orden\u00f3 quemar a Tamar por sospechar que ella, una viuda, hab\u00ed\u00ada tenido relaciones sexuales con un hombre que no pertenec\u00ed\u00ada a la familia de su esposo (Gen 38:11-26), cuando normalmente se habr\u00ed\u00ada esperado que se casara con un pariente del esposo y de hecho estaba comprometida con su hermano.<\/p>\n<p>Con el advenimiento de la ley mosaica, el padre ya no pod\u00ed\u00ada matar a sus hijos sin referir el caso a las autoridades. Es as\u00ed\u00ad que los ancianos atend\u00ed\u00adan acusaciones de desobediencia, glotoner\u00ed\u00ada y borrachera, las cuales se pod\u00ed\u00adan castigar con la muerte por apedreamiento de ser hallados culpables los acusados (Deu 21:20-21). Sin embargo, los hijos ya no pod\u00ed\u00adan ser considerados responsables por las ofensas de sus padres (Deu 24:16). Para la \u00e9poca del rey David, exist\u00ed\u00ada el derecho de la apelaci\u00f3n final al monarca mismo (2Sa 14:4-11).<\/p>\n<p>Con frecuencia no se consultaba ni a los varones ni a las mujeres cuando se les escog\u00ed\u00adan los compa\u00f1eros de matrimonio. El matrimonio muchas veces era una alianza o un contrato entre familias y se consideraba que los deseos del individuo no eran dignos de consideraci\u00f3n. Aunque se los amaba y valoraba, no se consent\u00ed\u00ada a los hijos (Ecc 30:9-12). Como responsable de la disciplina de la familia, el padre no perdonaba la vara (Pro 13:24; Pro 22:15; Pro 29:15-17). En la \u00e9poca postex\u00ed\u00adlica, la educaci\u00f3n m\u00e1s formal del hijo var\u00f3n se llevaba a cabo dentro del \u00e1mbito de la sinagoga, y justo antes de la \u00e9poca de Cristo se introdujo una forma de educaci\u00f3n general en Palestina.<\/p>\n<p>En el AT la relaci\u00f3n entre Dios e Israel se expresa en t\u00e9rminos familiares tales como esposa (Jer 3:20; Hos 2:19 ss.), hija (Hos 31:22), hijos (Hos 3:14) o desposorio (Hos 2:2). El NT usa im\u00e1genes matrimoniales para describir la relaci\u00f3n entre Cristo y la iglesia (2Co 11:2; Eph 5:25-33; Rev 19:7; Rev 21:9) y se hace referencia a la iglesia como la casa o familia de Dios (Gal 6:10; Eph 2:19; Eph 3:15; 1Pe 4:17).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Mundo Hispano<\/b><\/p>\n<p>(Ver \u00abMatrimonio\u00bb).<\/p>\n<p> &#8211; Deberes de los esposos, Ver \u00abEsposo\u00bb.<\/p>\n<p> &#8211; Deberes de los hijos: \u00c2\u00a1obedecer!, para que se\u00e1is felices y teng\u00e1is larga vida sobre la tierra, Efe 5:1-3, Ectco.3.<\/p>\n<p> &#8211; Sagrada Familia, Mat 2:13-23, Mc.6.<\/p>\n<p> 1-3, Luc 2:15-52, Jua 6:42.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano<br \/>\nDr. J. Dominguez<\/p>\n<p>http:\/\/biblia.com\/diccionario\/<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano<\/b><\/p>\n<p>Grupo de personas relacionadas entre s\u00ed\u00ad por v\u00ed\u00adnculos de consanguinidad o legales (matrimonio). Entre los israelitas el concepto era m\u00e1s amplio, pues tambi\u00e9n pod\u00ed\u00ada influir la cercan\u00ed\u00ada geogr\u00e1fica para que alguien fuera considerado parte de una f. Para los hebreos la f. era una unidad religiosa, adem\u00e1s de social (Exo 12:3). La f. israelita era esencialmente patriarcal. Los individuos se agrupaban en f., \u00e9stas formaban un clan, los clanes una tribu y las tribus \u2020\u0153el pueblo de Israel\u2020\u009d. La palabra \u2020\u0153clan\u2020\u009d no se usa en la Biblia, pero el concepto aparece con el uso en plural de f. (\u2020\u0153&#8230; la tribu que Jehov\u00e1 tomare, se acercar\u00e1 por sus f.; y la f. que Jehov\u00e1 tomare, se acercar\u00e1 por sus casas; y la casa que Jehov\u00e1 tomare, se acercar\u00e1 por los varones\u2020\u009d [Jos 7:14]). Las ideas de casa y familia muchas veces aparecen unidas, de manera que se hablaba de criar una f. como \u2020\u0153edificar la casa\u2020\u009d (Deu 25:9-10). Era usual que los miembros de una f. se dedicaran a la pr\u00e1ctica de un mismo oficio, por lo cual a veces se identificaban por ello (\u2020\u0153&#8230;las familias de los que trabajan lino en Bet-asbea\u2020\u009d [1Cr 4:21]).<\/p>\n<p>Exist\u00ed\u00ada una gran solidaridad entre los miembros del grupo familiar, como puede verse por el deber que exist\u00ed\u00ada del \u2020\u0153vengador de la sangre\u2020\u009d (Num 35:12, Num 35:19), seg\u00fan el cual un pariente ten\u00ed\u00ada que ejecutar la pena de muerte sobre el asesino de un miembro del grupo. Si un pariente se ve\u00ed\u00ada en necesidad de vender su libertad por causa de deudas, uno de los miembros del grupo deb\u00ed\u00ada rescatarlo. Lo mismo pasaba si vend\u00ed\u00ada una propiedad por razones de pobreza (Lev 25:25, Lev 25:47-49).<br \/>\nestablecieron en el Pentateuco prohibiciones para las uniones sexuales entre parientes cercanos. Se consideraban as\u00ed\u00ad al padre, a la madre, a la esposa del padre, la hermana (fuera hija del padre o de la madre), la nieta (fuera hija de un hijo o de una hija), la hija de la esposa del padre, la hermana del padre o t\u00ed\u00ada, la hermana de la madre o t\u00ed\u00ada, el hermano del padre y su esposa, la esposa del hijo o nuera y la esposa del hermano o cu\u00f1ada (Lev 18:6-18; Lev 20:11-17). Aunque se permit\u00ed\u00ada la poligamia, no se pod\u00ed\u00ada tomar por esposa a una mujer junto con su hija, o con una nieta (Lev 18:17; Lev 20:14). Tampoco se permit\u00ed\u00ada el matrimonio con dos hermanas, mientras viviera una de ellas (Lev 18:18). Es evidente que algunas de estas prohibiciones no exist\u00ed\u00adan en tiempos patriarcales, puesto que \u2020\u00a2Sara era medio hermana de Abraham (Gen 20:12) y Jacob cas\u00f3 con dos hermanas, \u2020\u00a2Lea y \u2020\u00a2Raquel (Gen 29:21-28).<br \/>\npadre, como cabeza de la f., era el due\u00f1o de las propiedades. Deb\u00ed\u00ada cuidar de su f. con benevolencia, mostrando amor a todos sus miembros, pero no era raro que se establecieran diferencias, como el caso de Isaac y Rebeca, que prefer\u00ed\u00adan, el uno a \u2020\u00a2Esa\u00fa y la otra a Jacob (Gen 25:28). La bendici\u00f3n patriarcal que se describe en Gn. 27 en cuanto a estos dos hijos, estaba relacionada con los derechos de herencia y la distribuci\u00f3n del patrimonio familiar.<br \/>\nmadre, aunque subordinada al marido, ocupaba un puesto de honor y autoridad, como puede verse en los casos de Sara (Gen 21:12) y la esposa de \u2020\u00a2Manoa (Jue 13:23). Ese papel especial se ve con m\u00e1s relevancia en el tratamiento que se daba a las progenitoras de los reyes, que son llamadas reinas madres, como puede verse por el tratamiento que dio Salom\u00f3n a Betsab\u00e9 (1Re 2:19). El rey Asa \u2020\u0153priv\u00f3 a su madre Maaca de ser reina madre, porque hab\u00ed\u00ada hecho un \u00ed\u00addolo de Asera\u2020\u009d -1Re 15:13). Si una mujer enviudaba y no ten\u00ed\u00ada un hijo que pudiera ser el responsable, pasaba a ser la cabeza de la f. (2Re 8:1-6). El no tener ese hijo, a\u00f1adido a la ausencia del esposo, pon\u00ed\u00ada a las viudas en situaci\u00f3n de desventaja social, en un desamparo. Por eso se hac\u00ed\u00ada \u00e9nfasis en el deber de protegerlas (\u2020\u0153No torcer\u00e1s el derecho del extranjero ni del hu\u00e9rfano, ni tomar\u00e1s en prenda la ropa de la viuda\u2020\u009d [Deu 24:17]).<br \/>\nconsideraba una gran desgracia el no tener hijos, como puede verse por la expresi\u00f3n de Raquel a Jacob (\u2020\u0153Dame hijos, o si no, me muero\u2020\u009d [Gen 30:1]). As\u00ed\u00ad, la abundancia de hijos era tenida como una bendici\u00f3n (\u2020\u0153Bienaventurado el hombre que llen\u00f3 su aljaba de ellos\u2020\u009d [Sal 127:5]). La educaci\u00f3n de los hijos varones era responsabilidad mayormente de la madre mientras eran ni\u00f1os, pero pasaba a ser responsabilidad principal del padre a partir de cierta edad. En el caso de las muchachas la educaci\u00f3n estaba siempre a cargo de la madre. El control paterno sobre las hijas inclu\u00ed\u00ada el derecho de darlas en matrimonio. Si una hija enviudaba, usualmente retornaba a la casa del padre (Gen 38:11).<br \/>\nhonra a los padres, motivo de uno de los Diez Mandamientos (Exo 20:12), era una cosa exigida y loada. La primera manifestaci\u00f3n de esa honra era la obediencia (\u2020\u0153Cada uno temer\u00e1 a su madre y a su padre\u2020\u009d [Lev 19:3]). Tan importante se le consideraba que el infringir ese mandamiento era penado con la muerte (Exo 21:15; Lev 20:9; Deu 21:18-21; Deu 27:16). El incumplimiento del mandato de honrar a los padres era tomado como una demostraci\u00f3n de decadencia social. As\u00ed\u00ad, Ezequiel profetiza: \u2020\u0153Al padre y a la madre despreciaron en ti; al extranjero trataron con violencia en medio de ti\u2020\u009d (Eze 22:7). El t\u00e9rmino \u2020\u0153hermano\u2020\u009d era usado a menudo para referirse a primos y hasta parientes relativamente lejanos. As\u00ed\u00ad, Abraham llama a Lot \u2020\u0153hermano\u2020\u009d (Gen 13:8), y se habla de la persona que ser\u00ed\u00ada \u2020\u0153sumo sacerdote entre sus hermanos\u2020\u009d (Lev 21:10).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Cristiano<\/b><\/p>\n<p>vet, = \u00abcasa\u00bb, \u00abcasa paterna\u00bb. Era la sociedad m\u00e1s peque\u00f1a en el culto, derecho y econom\u00ed\u00ada. Los hijos varones casados y su prole pertenec\u00ed\u00adan tambi\u00e9n a la familia en tanto viv\u00ed\u00ada el padre de familia. El cabeza de familia (el padre, por lo general) era el responsable \u00fanico del culto religioso (Jue. 17:5), ten\u00ed\u00ada poder judicial (Gn. 42:37) y deb\u00ed\u00ada asegurar el porvenir de la familia, a la cual pertenec\u00ed\u00adan tambi\u00e9n los esclavos y los bienes familiares (cfr. Ex. 20:7). Esta \u00abfuerte\u00bb posici\u00f3n de la familia correspond\u00ed\u00ada a los usos de un tiempo en el que una autoridad superior apenas pod\u00ed\u00ada ser eficaz. Llevados al temor de que cualquier desajuste de la solidaridad familiar provocara el hundimiento de las mismas bases en las que descansaba la sociedad jud\u00ed\u00ada, se intimaba de manera convincente la obediencia a los padres (cfr. Ex. 20:12; 21:15; Dt. 5:16; Lv. 19:3). Y ciertas leyes que hoy nos parecen b\u00e1rbaras, como las del levirato, no ten\u00ed\u00adan otro fin que defender la familia. Despu\u00e9s de la conquista de Cana\u00e1n la familia fue perdiendo poco a poco la mayor parte de sus derechos, es decir, le fueron arrebatados por el poder central. En la familia se educaba a los hijos y se les introduc\u00ed\u00ada en el culto y en el trabajo profesional (Dt. 6:20 s.; Si. 7:23 ss.; 30:1-30). La familia deb\u00ed\u00ada cuidar de sus miembros ancianos y enfermos. El prestigio de una madre de familia crec\u00ed\u00ada con el n\u00famero de sus hijos. Los libros sapienciales tienen consejos muy atinados y pertinentes en cuanto a las obligaciones de los hijos para con los padres (Pr. 17:1; 19:26; 20:20; 28:24; 31:10-31). Los principales centros de la vida comunitaria de las primeras iglesias cristianas fueron \u00abcasas\u00bb, cuyos responsables se hab\u00ed\u00adan convertido al cristianismo (Hch. 11:24; 16:15, 31-34; Flm. 2). A los cristianos les es licito llamarse familiares de Dios, pues pertenecen a su familia (Ef. 2:19). El Reino de Dios tiene preferencia sobre la familia (Mr. 6:4; 10:29; Mt. 10:37; Lc. 14:26).<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico Ilustrado<\/b><\/p>\n<p>[820]<\/p>\n<p>    Es la instituci\u00f3n natural en el orden biol\u00f3gico, social, moral y espiritual, en la que nacen y viven los hombres. Es la plataforma de la sociedad para asegurar la convivencia humana. Y es la fuente de los valores, h\u00e1bitos y v\u00ed\u00adnculos espirituales, manantial peremne de las mejores riquezas de la vida sobre todo moral y religiosa.<\/p>\n<p>     1. Lo que es<br \/>\n    Familia equivale en biolog\u00ed\u00ada y sociolog\u00ed\u00ada a \u00abgrupo de individuos equivalentes\u00bb, aunque luego se transpola a las ciencias morales y a la psicolog\u00ed\u00ada conservando la referencia a las caracter\u00ed\u00adsticas comunes y la igualdad de tronco de procedencia.<\/p>\n<p>   La familia humana se crea por la \u00abconyugalidad\u00bb, que es uni\u00f3n entre personas de diverso sexo, las cuales se unen para promover la procreaci\u00f3n de nuevos seres. La conyugalidad se despliega en \u00abpaternidad\u00bb y \u00abmaternidad\u00bb en referencia a la prole, en \u00abfiliaci\u00f3n\u00bb en referencia a los progenitores y en \u00abfraternidad\u00bb, que son los v\u00ed\u00adnculos establecidos entre los miembros procedentes de los mismos padres.<\/p>\n<p>    Incluso las interrelaciones que se establecen por motivo de consanguinidad genera la \u00abparentalidad\u00bb, o relaci\u00f3n motivada por los lazos de los mismos padres.<\/p>\n<p>    Son pues diversas esferas de relaci\u00f3n natural las que se establecen y es amplio el abanico de conexiones naturales las que hacen de soporte a la familia.<\/p>\n<p>    Los v\u00ed\u00adnculos de parentesco o matrimonio generan un inmenso abanico de relaciones interpersonales, que van de lo afectivo a lo jur\u00ed\u00addico y de lo moral a lo social. La naturaleza es la base de la sociedad precisamente en cuanto el ser humano es \u00abfamiliar\u00bb por necesidad y en cuanto los primeros estadios de la vida no pueden desarrollarse correctamente sin esos v\u00ed\u00adnculos insustituibles.<\/p>\n<p>    Idealmente, la familia proporciona a sus miembros seguridad biol\u00f3gica en los primeros a\u00f1os, pero en todo tiempo les ofrece protecci\u00f3n, compa\u00f1\u00ed\u00ada, apoyo y socializaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    La estructura y el papel de la familia var\u00ed\u00adan seg\u00fan la cultura y la sociedad en donde se vive. La familia nuclear, formada por var\u00f3n y mujer con sus hijos, es la unidad principal de las sociedades m\u00e1s industrializadas o urbanizadas. Pero todav\u00ed\u00ada quedan amplios sectores en los que la poligamia genera otro tipo de familia de otra significaci\u00f3n.<\/p>\n<p>     En los ambientes m\u00e1s tradicionales el n\u00facleo m\u00ed\u00adnimo de la pareja y la prole se integra en otra \u00f3rbita m\u00e1s amplia y parental constituida por abuelos, t\u00ed\u00ados, primos, suegros, consuegros, nueras, cu\u00f1ados y otros elementos cuya terminolog\u00ed\u00ada se diversifica en las lenguas desarrolladas y se simplifica en la idea de \u00abhermanos\u00bb en los grupos \u00e9tnicos m\u00e1s antiguos de los pueblos orientales.<\/p>\n<p>    Los n\u00facleos \u00abampliados\u00bb suelen ser muy respetuosos con los patriarcas (los ancianos), generadores de esa sociedad cercana y consangu\u00ed\u00adneamente vinculada.<\/p>\n<p>    En algunos entornos culturales ese concepto de familia se ampl\u00ed\u00ada m\u00e1s, a los siervos, criados, paisanos m\u00e1s allegados. Se habla entonces de la familia heril o extensiva. En ocasiones, se restringe a la unidad monoparental, en donde los hijos viven s\u00f3lo con el padre o con la madre en situaci\u00f3n de solter\u00ed\u00ada, viudedad o divorcio y separaci\u00f3n, caso frecuente en las sociedades m\u00e1s industrializadas.<\/p>\n<p>    Y no hay que olvidar que en ocasiones se distorsiona el concepto familiar con determinas pretensiones, como la de considerar familia a parejas monosexuales que pretenden simular las relaciones y v\u00ed\u00adnculos de las heterosexuales. Incluso se mira, como \u00abfamilia extensiva\u00bb, a grupos m\u00faltiples y variopintos en los que la promiscuidad genera cercan\u00ed\u00ada m\u00e1s o menos estable, como acontece en ciertas comunas de marginados, o automarginados, inspirados en creencias religiosas sectarias, en h\u00e1bitos culturales novedosos, en reacciones defensivas.<\/p>\n<p>   2. Evoluci\u00f3n hist\u00f3rica   En las sociedades muy primitivas los n\u00facleos familiares se relacionaban prioritariamente por v\u00ed\u00adnculos de parentesco y consanguinidad. Se conviv\u00ed\u00ada y se generaban nuevos seres en el clan que incrementaban el foco originario. La familia se identificaba casi por completo con la estirpe, tribu o etnia. Aunque el ejercicio sexual supon\u00ed\u00ada cierta autonom\u00ed\u00ada excluyente de la pareja por exigencia psicorg\u00e1nicas y naturales, los v\u00ed\u00adnculos de filiaci\u00f3n o fraternidad se difuminaban en la colectividad.<\/p>\n<p>    Caza, pesca, cultivo agr\u00ed\u00adcola, defensa, eran funci\u00f3n de los varones. La mujer cuidaba de los hijos hasta su emancipaci\u00f3n, cocinaba, allegaba en lo posible alimentos y los preparaba para la comida, por lo general compartida y repartida.<\/p>\n<p>    Cuando aparecen las culturas bien organizadas comienza la familia a ser independiente del grupo \u00e9tnico, aunque integrada en \u00e9l. Y se multiplican los enlaces con miembros de otros grupos por compra, conquista o acuerdo.<\/p>\n<p>    Y el ritmo de la independizaci\u00f3n de la pareja se acelera a medida que los siglos pasan y los estadios culturales se desenvuelven.<\/p>\n<p>    2.1. Familia oriental.<\/p>\n<p>    Las culturas primitivas de Oriente promovieron las familias \u00abreligiosas\u00bb, en las que el padre era, en cierto sentido, encarnaci\u00f3n y representante de la divinidad. La mujer y los hijos le tributaban un culto quasirreligioso. Se manten\u00ed\u00adan dependientes por v\u00ed\u00adnculos cercanos a lo cultual. Era el padre el que transmit\u00ed\u00ada las creencias y las normas morales vinculadas a la divinidad. Y la obediencia era en ellas precepto divino m\u00e1s que exigencia natural.<\/p>\n<p>    As\u00ed\u00ad era la familia babil\u00f3nica o mesopot\u00e1mica, patriarcal, estable, \u00abse\u00f1orial\u00bb. En ella la esposa, o las esposas principales, y las concubinas, sobre todo esclavas, estaban el servicio del \u00abse\u00f1or\u00bb.<\/p>\n<p>    La poligamia era condici\u00f3n de mayor fecundidad y los hijos se miraban como la mayor bendici\u00f3n celeste, pues en ellos se prolongaba cada una de las personalidades patriarcales, incluso m\u00e1s all\u00e1 de la muerte.<\/p>\n<p>    El padre era el responsable de todos los hijos y era dominador de todas sus esposas, que le \u00abtributaban\u00bb obediencia, reverencia y veneraci\u00f3n.<\/p>\n<p>    Esta familia late en los escritos b\u00ed\u00adblicos, sobre todo del Antiguo Testamento, y se mantiene en las culturas inspiradas en los patronos orientales: el hinduismo, el budismo y el islamismo o religi\u00f3n de la fidelidad.<\/p>\n<p>    2.2. Familia patronal.<\/p>\n<p>    A medida que en Occidente se fue imponiendo la cultura griega con el expansi\u00f3n helen\u00ed\u00adstica de los tres siglos anteriores a Cristo, y el derecho romano, que era tributario de la filosof\u00ed\u00ada griega, se hizo norma en el mundo romanizado, el estilo de familia vari\u00f3 a formas m\u00e1s contractuales y jur\u00ed\u00addicas.<\/p>\n<p>    Lo religioso desapareci\u00f3 o se mitig\u00f3 como ingrediente y como inspiraci\u00f3n; y lo jur\u00ed\u00addico se sobrepuso. El patriarcado oriental fue desplazado por el patronazgo o se\u00f1or\u00ed\u00ado legal. El esposo se hizo patr\u00f3n, propietario, due\u00f1o; la esposa se convirti\u00f3 en matrona, se\u00f1ora dependiente, generadora de hijos.<\/p>\n<p>    La familia se construy\u00f3 como matrimonio (matris-munium, oficio de madre) y como patrimonio (patris-munium). Basta analizar estos t\u00e9rminos para entender que la madre, la matrona, tiene por misi\u00f3n engendrar hijos y su sitio es el hogar. Y el padre, el patr\u00f3n, debe allegar bienes y recursos y representar a todos.<\/p>\n<p>    Esa familia grecorromana fue resultado del derecho que reg\u00ed\u00ada el contrato, los deberes y las respuestas obligadas por ley. El matrimonio funcionaba como contrato. Y los hijos eran el resultado estipulado de ese contrato, por lo que eran \u00abpropiedad\u00bb, aunque desigual, de los contratantes. El padre era el que representaba en la resp\u00fablica, en la sociedad, a la familia.<\/p>\n<p>    Aunque en los tiempos primitivos en los hogares romanos, m\u00e1s etruscos que latinos, se veneraba a los lares y penates, la familia no era lugar de culto. Para esa labor estaban los templos y los altares de las ciudades.<\/p>\n<p>    Al ser romanizados, y cristianizados, los pueblos b\u00e1rbaros que destruyeron el imperio romano, al menos en Occidente, se asumi\u00f3 en toda Europa ese estilo de familia jur\u00ed\u00addica, que se perpetu\u00f3 hasta nuestros d\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>    2.3. Familia humanista<br \/>\n    La llegada del humanismo y la superaci\u00f3n de los aspectos rurales de la Europa feudal, suscit\u00f3 el nacimiento de una familia m\u00e1s convivencial que jur\u00ed\u00addica y m\u00e1s humanista que sacral. Se impuso poco a poco la supremac\u00ed\u00ada de los valores morales, afectivos y convivenciales, sobre los meramente jur\u00ed\u00addicos.<\/p>\n<p>    Se despert\u00f3 el sentido de la dignidad de la personas. Se puso en entredicho las dependencias (esclavos, siervos, esposas obedientes). Se promovi\u00f3, no s\u00f3lo por motivos religiosos sino tambi\u00e9n sociales, la fidelidad, la libertad, la cultura femenina, la educaci\u00f3n de los hijos fuera del hogar.<\/p>\n<p>    Se abrieron nuevas formas de convivencia y se promocion\u00f3 la vida social de la mujer, por lo que estimul\u00f3 la cultura femenina y el ideal de la mujer libre desplaz\u00f3 a la simple matrona del hogar.<\/p>\n<p>   2.4. Familia residencial<br \/>\n    Los movimientos sociales y las formas convivenciales que suscitaron la industrializaci\u00f3n y la movilidad social del siglo XVIII y luego la revoluci\u00f3n comercial y la emigraci\u00f3n del XIX obligaron a grandes masas humanas a dejar las estructuras rurales, patriarcales y m\u00e1s religiosas, y a instalarse en lugares de trabajo regulado por horarios, por especializaciones, con precariedad e inseguridad y con salarios reducidos con frecuencia.<\/p>\n<p>    En esas condiciones no era f\u00e1cil disponer de vivienda desahogada, pues el trabajo no daba para ella; y, en consecuencia, tampoco era f\u00e1cil mantener un hogar arm\u00f3nico. La vivienda se reduc\u00ed\u00ada a residencia para pernoctar m\u00e1s que para convivir.<\/p>\n<p>    El marido trabajador buscaba otros lugares de esparcimiento, si contaba con tiempo libre en las fiestas; y la mujer sent\u00ed\u00ada el deseo del compartir con las dem\u00e1s mujeres fuera de la casa, si es que casa se ten\u00ed\u00ada. Los hijos tambi\u00e9n se lanzaban a la calle o al campo para llevar una vida m\u00e1s extrafamiliar que hogare\u00f1a. El hogar sehizo residencial m\u00e1s que vital.<\/p>\n<p>    Esa familia industrial, laboral, cada vez m\u00e1s tecnificada, pero menos conjuntada, ya no ten\u00ed\u00ada tiempo para rezar ni sent\u00ed\u00ada el gusto de acudir unida a los actos de culto de los templos. Se increment\u00f3 la individualidad y la disgregaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    2.5. Los modelos actuales<br \/>\n    Es evidente que en los tiempos actuales se superponen o perviven los cuatro modelos indicados, pues esos dise\u00f1os no son excluyentes entre s\u00ed\u00ad, arrastran ecos de tradici\u00f3n y herencia cultural y f\u00e1cilmente se adaptan a las diversas preferencias personales en funci\u00f3n de los intereses y cultivos personales que se hacen bajo el peso de diversas circunstancias: ideales b\u00ed\u00adblicos en \u00e1mbitos cristianos, contratos y acuerdos prematrimoniales a la luz de experiencias ajenas; valoraci\u00f3n de estilo modernos que superan tradiciones, etc.<\/p>\n<p>    En la familia actual nuevas incidencias o influencias vienen a implicar lo que es el dise\u00f1o frecuente que se dibuja al menos en Occidente. Entre ellos podemos citar algunos: &#8211;  La familia rural proporcionaba el trabajo, manten\u00ed\u00ada los usos y costumbres, aseguraba la educaci\u00f3n, incluso la formaci\u00f3n religiosa. Sin embargo en la vida urbana actual esas actividades salen normalmente del hogar. Puesto que los padres trabajan ambos, la educaci\u00f3n se conf\u00ed\u00ada a \u00abotros\u00bb, sobre todo al Estado, que la declara con frecuencia obligatoria y gratuita, al menos en sus niveles b\u00e1sicos. Sobre todo es el trabajo de la madre lo que condiciona esta pr\u00e1ctica de la \u00abeducaci\u00f3n exterior\u00bb ya que, al tender como mujer a realizarse profesionalmente fuera del hogar, implica relaciones diferentes con los hijos y con el esposo.<\/p>\n<p> &#8211;  La composici\u00f3n familiar ya no se perfila desde la perspectiva de tener hijos, cuantos m\u00e1s mejor. La natalidad se controla con m\u00e9todos adecuados (birth control) e incluso se legaliza el aborto para los no queridos. Muchas familias se programan sin hijos o se admite la unidad como criterio o ideal.<\/p>\n<p> &#8211; La familia pierde la estabilidad de otros tiempos. Los hijos se emancipan prematuramente. La igualdad de var\u00f3n y mujer supera la tradicional dependencia de todos con respecto al padre.<\/p>\n<p>    Se instala en las actitudes y en los criterios la responsabilidad compartida y repartida. Cuando la desavenencia llega o la convivencia se dificulta, la familia se rompe con facilidad, pues el divorcio es f\u00e1cil con s\u00f3lo deshacer de mutuo acuerdo, por consenso f\u00e1cil o por intermediaci\u00f3n judicial si no hay consenso. Pocos entienden la separaci\u00f3n como la profanaci\u00f3n de un v\u00ed\u00adnculo sagrado y o se averg\u00fcenzan con el estigma social que en otros tiempos ese hecho significaba.<\/p>\n<p>   &#8211; La movilidad residencial y la mayor libertad econ\u00f3mica de ambos c\u00f3nyuges, incluso los apoyos sociales (educaci\u00f3n gratuita, seguridad social en la enfermedad, etc.), consiguen que la persona sea mucho m\u00e1s libre en la familia y no se halle dependiente de los dem\u00e1s cuando ya no hay armon\u00ed\u00ada con ellos.<\/p>\n<p>   &#8211; Un porcentaje elevado de hogares actuales suponen la convivencia de nueva pareja con hijos de padres anteriores. Ello genera otro tipo de relaci\u00f3n familiar y suscita condiciones nuevas en la formaci\u00f3n de los hijos, nuevos estilos y v\u00ed\u00adnculos afectivos, nuevos h\u00e1bitos de conducta y de comunicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>   &#8211; Incluso se va instalando en la sociedad el nombre de familia para otras categor\u00ed\u00adas convivenciales: parejas de hecho sin v\u00ed\u00adnculos legales ni, por supuesto, morales o religiosos, emparejamientos temporales o matrimonios a prueba, hasta convivencias, a veces reconocidas y basadas en la legalidad, de parejas que no responden a los patronos biol\u00f3gicos de la bisexualidad radical del ser humano.<\/p>\n<p>    Las parejas homosexuales se instalan en una sociedad \u00abprogresista\u00bb y rozan en ocasiones lo grotesco: se amparan en leyes similares a las que regulan la vida intersexual, llegan incluso a reclamar, y a veces a obtener, la adopci\u00f3n de ni\u00f1os como hijos, incluso intentan y consiguen la generaci\u00f3n de hijos mediante personas contratadas (madres de alquiler o inseminaci\u00f3n a distancia).<\/p>\n<p>    Es dif\u00ed\u00adcil diferenciar en algunos ambientes y para bastantes personas, lo que hay en estos planteamientos de libertad y de libertinaje, lo que es simple y pura aberraci\u00f3n natural y lo que son patrones culturales cambiantes. 3. Familia cristiana<br \/>\n    Evidentemente todo este panorama de nuevas realidades familiares, o pseudofamiliares, suscita una convulsi\u00f3n en la estructura y en los criterios de la familia cristiana. Sin embargo algo dice que el alma familiar permanece estable y refluye entre las alteraciones sociales en b\u00fasqueda de su identidad, la cual tiene por manantial el amor conyugal, por cauce la convivencia con los hijos engendrados o esperados, por finalidad la felicidad natural y sobrenatural de lo que es innegociable, que es el plan de Dios.<\/p>\n<p>    Y ello se hace compatible con cualquier esquema, con el babil\u00f3nico, el grecorromano, el humanista y tambi\u00e9n el industrial, siempre que se respete la identidad esencial de la comunidad de personas que se juntan por amor y se abren a la nueva vida que est\u00e1n destinadas a engendrar.<\/p>\n<p>    Por eso el matrimonio cristiano no es un mero contrato, sino algo m\u00e1s sutil y sublime. Es el signo sensible del amor de Cristo y la Iglesia y, como signo, la fuente de la gracia conyugal y \u00abfamiliar\u00bb. Y la familia, en consecuencia, no se define por la generaci\u00f3n de hijos al estilo animal, sino por el amor a los hijos al estilo espiritual de quien ama en plenitud a los hijos que son dones de Dios.<br \/>\n  3.1. Mensaje b\u00ed\u00adblico<br \/>\n    La familia en el mensaje cristiano se presenta como un don de Dios que hay que agradecer, cultivar, defender y hacer crecer. Es lo que late en la Palabra divina y la Sagrada Escritura recoge con cierto respeto y admiraci\u00f3n.<\/p>\n<p>    En el orden natural se presenta ya en la Biblia como un plan de Dios: \u00abCreced y multiplicaos\u00bb (Gen. 1.28). Y \u00abconoci\u00f3 el var\u00f3n a su mujer Eva y dio a luz a Ca\u00ed\u00adn&#8230; y luego tuvo a Abel.. y m\u00e1s adelante conoci\u00f3 a su mujer y engendr\u00f3 a Set&#8230; Y viv\u00f3 Ad\u00e1n luego ochocientos a\u00f1os y tuvo hijos e hijas\u00bb. (Gn. 4.1 y 5.4)<\/p>\n<p>    En la visi\u00f3n providencialista de la Historia humana que aparece en la Biblia como un proyecto de vida, el reclamo a la familia se va repitiendo a lo largo de los siglos, desde No\u00e9 y sus hijos (Gen. 9. 1 y 7) hasta los diversos patriarcas que  encarnan los hitos del pueblo de Dios: Gen. 6. 12. 3; Gen. 15.4; Gen 24.6.<\/p>\n<p>    Dios quiso la familia porque cre\u00f3 la especie humana como realidad de seres bisexuales. Y quiso que los hijos se desarrollaran dentro del contexto paternal: Tob. 8. 5-9; Ecclo. 3. 1-16 y 7. 18-28; Prov.31. 10-30; Job. 12.13.<\/p>\n<p>    Por eso hizo al hombre dependiente de los progenitores y a los padres protectores naturales de su descendencia. Record\u00f3 a los hijos el deber sagrado de obedecer a los padres (Ex. 20.12). Y a los padres le exigi\u00f3 el deber de educar y cuidar a los hijos (Prov. 10.1 y 13.1)<\/p>\n<p>    En el Nuevo Testamento la visi\u00f3n de la familia sigue en parte el sentido religioso de la Escritura antigua, pero se afirma m\u00e1s la dependencia de los hijos y el deber de fomentar la vida del hogar (Rom. 16.3; Gal. 1.15). Cristo mismo fue hijo de una familia maravillosa.<\/p>\n<p>    3.2. Visi\u00f3n de la Iglesia<br \/>\n    La historia cristiana ha multiplicado las ense\u00f1anzas sobre la familia de una manera continua y siempre en la misma direcci\u00f3n: la familia es un don de Dios. Es insustituible y no se reduce a una instituci\u00f3n social m\u00e1s entre otras instituciones. Es m\u00e1s bien el eco de la presencia divina y la plataforma en donde el ni\u00f1o aprende a amar a Dios y a responder a los misterios de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    Entre los documentos eclesiales recientes, ninguno como la Constituci\u00f3n pastoral \u00abGaudium et Spes\u00bb del Concilio Vaticano II y la Exhortaci\u00f3n Apost\u00f3lica \u00abFamiliarium consortium\u00bb han ofrecido planteamientos m\u00e1s claros, sistem\u00e1ticos y contundentes sobre lo que la familia es en la vida de las personas y de los creyentes. Ella representa para la formaci\u00f3n de la conciencia y de la inteligencia de los hijos la primera fuente de la verdad y constituye el primer eco de la trascendencia.<\/p>\n<p>    El Vaticano II declara con claridad: \u00abLa salvaci\u00f3n de la persona y de la sociedad humana y cristiana est\u00e1 estrechamente ligada al buen ser de la comunidad familiar y conyugal&#8230; Y no en todas partes brilla por igual la dignidad de esta instituci\u00f3n, pues aparece nublada a veces por la poligamia, por la lacra del divorcio, por el llamado amor libre y otras deformaciones an\u00e1logas&#8230; (Gaud. et Spes. 47)<\/p>\n<p>    En esta llamada de atenci\u00f3n est\u00e1n las l\u00ed\u00adneas espec\u00ed\u00adficas de la catequesis familiar. El objetivo es realizar el verdadero ser de la familia: porque  \u00abla familia es una escuela, una humanidad m\u00e1s rica&#8230; Es el lugar donde se encuentran diferentes generaciones y donde se ayudan mutuamente a crecer en sabidur\u00ed\u00ada humana y a armonizar los derechos individuales con las dem\u00e1s exigencias de la vida social\u00bb (Gaud. et Spes 52).<\/p>\n<p>    Y de forma m\u00e1s expl\u00ed\u00adcita y cercana la Exhortaci\u00f3n \u00abFamiliaris consortium\u00bb de Juan Pablo II dice: \u00abLos padres han de ser para sus hijos los primeros anunciadores de la fe con su palabra y con su ejemplo. Ellos han de fomentar la vocaci\u00f3n personal de cada uno y, si el caso llega, la vocaci\u00f3n hacia el estado consagrado\u00bb (N. 21)<\/p>\n<p>  4. Catequesis familiar<\/p>\n<p>      La catequesis familiar es la primera y m\u00e1s importante de todas las acciones pedag\u00f3gicas en favor de la educaci\u00f3n de la fe y de la conciencia. En primer lugar hay que hablar de catequesis \u00abde la familia\u00bb. Y en segundo lugar es preciso clarificar el sentido de la catequesis \u00aben la familia\u00bb cristiana.<\/p>\n<p>    4.1. Catequesis de la familia<br \/>\n    Implica que todos los miembros de la familia necesitan una autentica formaci\u00f3n moral y religiosa para ponerse cada uno en lugar. Y esa formaci\u00f3n se la deben dar entre s\u00ed\u00ad con sentido de proyecci\u00f3n y no s\u00f3lo con intenci\u00f3n de enriquecimiento interior. La familia madura y consciente de lo que es la fe cristiana, siente la vocaci\u00f3n a proyectar al entorno en el que vive como signo sensible de la gracia matrimonial, lo que ella ha recibido carism\u00e1ticamente. Al aludir al concepto de carisma, hay que recordar que la familia debe gozar en primer lugar de la gracia divina. Pero esa gracia es eclesial y, por lo tanto, debe proyectarse a los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>    Por eso entendemos por catequesis \u00abde la familia\u00bb, el ejemplo de vida y plenitud cristiana que se ofrece cuando se vive la fe en comunidad, cuando se es ejemplo de armon\u00ed\u00ada evang\u00e9lica, de paz y de responsabilidad, cuando se ofrecen los propios criterios a los dem\u00e1s y a todos se da ejemplo de vida seg\u00fan el Evangelio.<\/p>\n<p>    Para dar ejemplo de vida cristiana no necesitan los miembros de la familia, los padres y los hijos, otra cosa que la actitud de fe ante la vida, la pr\u00e1ctica de la caridad y la vivencia de la esperanza.<\/p>\n<p>   Por eso es bueno recordar que la catequesis familiar no es s\u00f3lo una acci\u00f3n \u00abad intra\u00bb, para beneficio de los componentes, sino tambi\u00e9n \u00abad extra\u00bb, para testimonio evangelizador de toda la Iglesia. Los protagonistas de cada familia cristiana deben ofrecer su vida de fe como espejo para los que no tienen tanta como ellos y deben ayudar con desinter\u00e9s y generosidad a todos lo que necesitan apoyo en su entorno. La familia que vive la fe y educa en la fe a sus miembros irradia luz y caridad.<\/p>\n<p>    En la primitiva Iglesia la principal plataforma de evangelizaci\u00f3n era la familia cristiana mensajera del amor de Dios y cauce de la gracia divina. En los tiempos actuales se dice a los padres creyentes que \u00abel designio de Dios creador y redentor es que la familia cristiana descubra no s\u00f3lo su identidad, lo que es, sino tambi\u00e9n su misi\u00f3n, lo que debe hacer&#8230; Ella recibe la misi\u00f3n de custodiar, revelar y comunicar el amor, como reflejo vivo y como participaci\u00f3n real en el amor de Dios a la humanidad y en el amor de Cristo Se\u00f1or a la Iglesia, su esposa\u00bb.<\/p>\n<p>     (Fam. consort. 17) 4.2. Catequesis en la familia<br \/>\n    Es decisiva la acci\u00f3n misionera de los padres con respecto a los hijos, y de los mismos c\u00f3nyuges entre s\u00ed\u00ad.<\/p>\n<p>    El mensaje de la salvaci\u00f3n llega a los hombres a trav\u00e9s de las mediaciones humanas. El testimonio de los padres es lo que m\u00e1s cautiva el coraz\u00f3n y la mente de los hijos. A trav\u00e9s de \u00e9l, de su vida y de sus virtudes, m\u00e1s que de sus palabras y de sus explicaciones, los hijos descubren el mensaje evang\u00e9lico.<\/p>\n<p>    Con todo tambi\u00e9n es necesario disponer de cauces y de formas m\u00e1s organizadas y expl\u00ed\u00adcitas para ofrecer la instrucci\u00f3n religiosa, la formaci\u00f3n de la conciencia y la iluminaci\u00f3n de la inteligencia, sobre todo a medida que los hijos van creciendo y necesitan m\u00e1s s\u00f3lida y sistem\u00e1tica cultura religiosa.<\/p>\n<p>    Pero la familia no es una escuela cristiana, es decir una entidad did\u00e1ctica, con un dise\u00f1o curricular de instrucci\u00f3n religiosa. Tampoco es un grupo de catequesis parroquial con un plan anual. Es otra cosa. Es un hogar de convivencia y en \u00e9l se descubre el mensaje cristiano por medio de la vivencia y del contacto personal. Por eso hay que evitar dise\u00f1ar la catequesis familiar como si fuera cuesti\u00f3n de unos momentos semanales de instrucci\u00f3n o pudiera reducirse a la presentaci\u00f3n de un plan de temas doctrinales, de plegarias o de experiencias previstas de antemano .<\/p>\n<p>    Esa catequesis es, o debe ser, continua, natural, espont\u00e1nea. En todo momento los padres tienen que estar preparados para un consejo, para una aclaraci\u00f3n, para un buen ejemplo. Toda oportunidad es buena para infundir criterios o rectificar errores, para se\u00f1alar pistas y prevenir desviaciones, sobre todo para suscitar sentimientos de amor a Dios y de vida evang\u00e9lica.<\/p>\n<p>    Con frecuencia es una catequesis m\u00e1s bien indirecta, sobre todo cuando los hijos han crecido. Se hace apoy\u00e1ndose en procedimientos que m\u00e1s o menos consciente y planificadamente se pueden prever y buscar con habilidad, prudencia y mucho amor a los hijos, seg\u00fan su personalidad, su edad y su libertad.<\/p>\n<p>    Entre los medios de catequesis indirecta que se pueden sugerir a las familias cristianas algunos merecen atenci\u00f3n prioritaria:<\/p>\n<p>   &#8211; la elecci\u00f3n de buenos colegios cristianos, en donde se cuidan los programas de instrucci\u00f3n religiosa;<\/p>\n<p>   &#8211; la asistencia a catequesis parroquiales desde los primeros a\u00f1os de la vida infantil, atendiendo con especial esmero a los catecumenados que preparan para la iniciaci\u00f3n sacramental: eucarist\u00ed\u00ada, penitencia, confirmaci\u00f3n, el matrimonio cuando el momento llega;<\/p>\n<p>   &#8211; la facilitaci\u00f3n de buenas lecturas o de programas audiovisuales o similares, entre los que no hay que olvidar los inform\u00e1ticos en ambientes m\u00e1s tecnificados;<\/p>\n<p>   &#8211; la animaci\u00f3n a la pertenencia a algunos grupos de vida cristiana: cofrad\u00ed\u00adas, congregaciones infantiles o juveniles, escultismo, seg\u00fan las posibilidades o la existencia y los intereses del hogar;<\/p>\n<p>   &#8211; la oferta de buenas compa\u00f1\u00ed\u00adas, creando condiciones de convivencia adecuadas a las posibilidades y evitando la pertenencia o inclusi\u00f3n en grupos religiosos cerrados que, a la larga, provocan repulsa en muchos j\u00f3venes cuando crecen y superan los estadios infantiles;<\/p>\n<p>   &#8211; la protecci\u00f3n contra malas experiencias o contra des\u00f3rdenes y esc\u00e1ndalos desproporcionados para la capacidad de asimilaci\u00f3n que a cada edad se pueda tener, hecho que hoy puede resultar tentaci\u00f3n frecuente contra la que los padres nunca se pondr\u00e1n suficientemente en guardia.<\/p>\n<p>   5. Crecimiento cristiano en familia<br \/>\n    La catequesis familiar es algo m\u00e1s que una pr\u00e1ctica o un plan. Es una vida y es un deber sagrado de todos los padres, que con ella se convierten en doblemente padres: por la fe, pues ya lo son por la naturaleza.<\/p>\n<p>    La paternidad y maternidad biol\u00f3gica es tan fuerte que no hay relaci\u00f3n humana m\u00e1s intensa e \u00ed\u00adntima que ella. Y el no respetar sus leyes de afecto, de dependencia y de convivencia se convierten en una aberraci\u00f3n.<\/p>\n<p>    Pero, en clave evang\u00e9lica, la paternidad y maternidad espiritual por medio de la gestaci\u00f3n de la educaci\u00f3n de la fe, engendra una relaci\u00f3n superior: es el v\u00ed\u00adnculo del amor espiritual y de la fe, datos inmensamente superiores a lo biol\u00f3gico y naturales, basados en la consanguinidad. Los padres cristianos deben recordar que son m\u00e1s padres por educar cristianamente a sus hijos que por engendrarlos corporalmente.<\/p>\n<p>    Por eso deben seguir con verdadero inter\u00e9s y amor el desarrollo espiritual de sus hijos y recordar sus especiales y singulares v\u00ed\u00adnculos de amor cristiano con respecto a ellos.<\/p>\n<p>    5.1. En la infancia elemental<br \/>\n    En el comienzo de la vida, los padres son los primeros dirigentes espirituales de sus hijos y comentan, alientan, impulsan, explican y transmiten todo lo que a la religi\u00f3n se refieren.<\/p>\n<p>    Deben recordar lo importante que es el despertar de la fe y deben preparar su hogar, desde la decoraci\u00f3n en la que no debe faltar alguna imagen inspiradora de buenas impresiones, hasta la protecci\u00f3n adecuada contra la basura televisiva que puede perturbar la mente y la afectividad.<\/p>\n<p>    5.2. En la infancia superior<br \/>\n    Los padres debe mantenerse como elemento de referencia y frecuente oportunidad de dialogo. Los padres catequizan ayudando a crecer en la fe y en la vida cristiana. Alentando con su ejemplo y con su palabra la vida sacramental y la plegaria familiar. Deben ofrecer a sus hijos est\u00ed\u00admulos, modelos y dedicaci\u00f3n directa en los trabajos de apoyo y seguimiento en todo lo que se hace en la escuela, en la parroquia o en los grupos de pertenencia.<\/p>\n<p>   5.3. En la juventud   Los padres siguen teniendo una misi\u00f3n b\u00e1sica de referencia cuando lo hijo crecen y les llega la hora de independizarse del hogar. Aunque la madurez progresiva hace a los hijos m\u00e1s aut\u00f3nomos en lo religioso y moral, y su vida tiende a desenvolverse en el exterior del hogar, donde halla las bases de aprovisionamiento intelectual y sus cauces de desarrollo moral y religiosos, los padres no terminan su misi\u00f3n.<\/p>\n<p>   Saben ofrecer un consejo, brindar una lectura, comentar una incidencia y sobre todo ofrecer el testimonio de su vida cristiana personal y matrimonial.<\/p>\n<p>    5.4. En los momentos dif\u00ed\u00adciles<br \/>\n    Cuando llegan las dificultades, el hogar cristiano es siempre refugio y apoyo, aliento y fuente de clarificaci\u00f3n, con los consejos discretos y con los alientos precisos y oportunos.<\/p>\n<p>    Los momentos de crisis y de sufrimientos suelen momentos singulares para una catequesis de reforzamiento que los padres creyentes nunca dejan de aprovechar.<\/p>\n<p>    5.5. Durante toda la vida<br \/>\n    La misi\u00f3n catequ\u00ed\u00adstica de la familia nunca termina del todo, por adultos e independientes que se hayan hecho los hijos y por aut\u00f3nomos que caracterialmente resulten. El recuerdo gratificante de un padre honrado y de una madre piadosa son apoyos religiosos que perduran toda la vida y fuente de inspiraci\u00f3n religiosa permanente.<\/p>\n<p>    El modelo del hogar y de los progenitores tiende a reproducirse cuando los miembros crecidos del hogar emigran para generar sus propias c\u00e9lulas de vida nueva. Cuando el hogar ha cumplido con su deber \u00abcatequ\u00ed\u00adstico\u00bb, lo hijos llevan g\u00e9rmenes de vida cristiana y antes o despu\u00e9s esas semillas se transforman en flores y luego en frutos que se perpet\u00faan en el tiempo y en el espacio.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>Realidad familiar<\/p>\n<p>\tLa familia es una comunidad humana estable que tiene sus ra\u00ed\u00adces en el v\u00ed\u00adnculo de la sangre y se apoya en la realidad matrimonial. Seg\u00fan las culturas y \u00e9pocas, puede ser m\u00e1s amplia (patriarcal) o m\u00e1s restringida (nuclear). En una perspectiva sociol\u00f3gica aut\u00e9ntica, la familia es \u00abescuela de humanidad m\u00e1s completa y m\u00e1s rica\u00bb (GS 52). La familia es \u00abla c\u00e9lula primera y vital de la sociedad\u00bb (AA 11). Es un dato constatable que \u00abel futuro de la humanidad se fragua en la familia\u00bb (FC 86).<\/p>\n<p>\tEn ella se encuentra \u00abla \u00ed\u00adntima comunidad conyugal de vida y amor\u00bb (GS 48). Est\u00e1 compuesta principalmente por los esposos, los hijos y otros (ascendientes o parientes). Por esto es ella misma la llamada a \u00abdefender la dignidad y la leg\u00ed\u00adtima autonom\u00ed\u00ada de la familia\u00bb (AA 11) vivienda, educaci\u00f3n, trabajo, convivencia&#8230; En ella tienen lugar las relaciones interpersonales que son base y escuela de la convivencia humana. En la familia se ejercita el servicio de la autoridad y la relaci\u00f3n de sumisi\u00f3n y de colaboraci\u00f3n responsable<\/p>\n<p>\tPerspectiva cristiana<\/p>\n<p>\tEn una perspectiva cristiana m\u00e1s profunda, la familia es vivencia del amor esponsal de Cristo a su Iglesia, en la fe, esperanza y caridad. Es \u00abun santuario dom\u00e9stico de la Iglesia\u00bb (AA 11). En ella, por su origen sacramental, la Iglesia encuentra \u00absu cuna\u00bb (FC 15). En el cristianismo se ha tenido siempre como modelo de vida familiar a la Sagrada Familia en Bel\u00e9n y Nazaret. Por ser \u00abIglesia dom\u00e9stica\u00bb (LG 11), en ella se expresa la realidad eclesial de \u00abmisterio\u00bb (presencia de Cristo), \u00abcomuni\u00f3n\u00bb (vida fraterna) y \u00abmisi\u00f3n\u00bb (funci\u00f3n evangelizadora). En ella todo creyente debe encontrar una escuela de vocaci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>\tLa familia aparece como una expresi\u00f3n de la Iglesia \u00abmisterio\u00bb. Dios le ha comunicado su amor creador para continuar y perfeccionar la creaci\u00f3n. Por el sacramento, la familia es colaboradora tambi\u00e9n en la nueva creaci\u00f3n, que es participaci\u00f3n en la vida de Cristo. Los hijos se engendran para que puedan ser hijos adoptivos de Dios por el Esp\u00ed\u00adritu (Gal 4,5-6), \u00abhijos en el Hijo\u00bb (Ef 1,5; cfr. GS 22). Mar\u00ed\u00ada, \u00abla mujer\u00bb, es modelo, intercesora y ayuda de esta nueva fecundidad (Gal 4,4).<\/p>\n<p>\tEl ambiente normal en que se aprende a vivir la realidad de Iglesia \u00abcomuni\u00f3n\u00bb es la familia (\u00abla Iglesia dom\u00e9stica\u00bb), donde cada uno de los componentes se hace donaci\u00f3n generosa y gratuita a los dem\u00e1s. La presencia activa de Jes\u00fas en el sacramento del matrimonio y a partir de \u00e9l, hace posible esta donaci\u00f3n desinteresada, que construye la comuni\u00f3n familiar y que es indispensable para construir la sociedad entera.<\/p>\n<p>\tFamilia evangelizada y evangelizadora<\/p>\n<p>\tEn la realidad de la familia como \u00abmisi\u00f3n\u00bb, \u00ablos padres han de ser para con sus hijos los primeros predicadores de la fe, tanto con su palabra como con su ejemplo, y han de fomentar la vocaci\u00f3n propia de cada uno, y con especial cuidado la vocaci\u00f3n sagrada\u00bb (LG 11). Por esta realidad eclesial, \u00abla familia est\u00e1 llamada a anunciar, celebrar y servir el Evangelio de la vida\u00bb (EV 92). La familia \u00abtiene la misi\u00f3n de custodiar, revelar y comunicar el amor\u00bb (FC 17).<\/p>\n<p>\tLa familia es evangelizada y tambi\u00e9n se hace evangelizadora. Se evangeliza ella misma, con palabras y testimonio, iniciando el camino de la oraci\u00f3n y la preparaci\u00f3n sacramental, por medio de la catequesis familiar y la educaci\u00f3n en los valores humanos y cristianos. La familia tiene tambi\u00e9n la capacidad de ser evangelizadora hacia fuera, en la comunidad eclesial y en la sociedad humana, colaborando en las obras sociales y de educaci\u00f3n (especialmente en la escuela), caridad y apostolado (cfr. AA 11). Su acci\u00f3n evangelizadora es, pues, intrafamiliar, intraeclesial, interfamiliar y hacia toda la sociedad.<\/p>\n<p>Referencias Educaci\u00f3n, matrimonio, mujer, Nazaret, Sagrada Familia, vida.<\/p>\n<p>Lectura de documentos GS 47-52; AA 11; EN 71; RMi 80; FC (todo el documento); CEC 1655-1657, 2196-2233, 2685.<\/p>\n<p>Bibliograf\u00ed\u00ada AA.VV., La familia, posibilidad humana y cristiana (Madrid, Acci\u00f3n Cat\u00f3lica, 1977); AA.VV., La familia en la Iglesia misionera (Burgos 1984); D. BOUREAU, La mission des parents, perspectives conciliaires (Paris, Cerf, 1970); Carta de los derechos de la familia, presentada por la Santa Sede a todas las personas, instituciones y autoridades interesadas en la misi\u00f3n de la familia en el mundo contempor\u00e1neo (22 oct. 1983); (Conferencia Episcopal Espa\u00f1ola) Matrimonio y familia hoy (Madrid, PPC, 1979); G. FLOREZ, Matrimonio y familia ( BAC, Madrid, 1995); B. FORCANO, La familia en la sociedad de hoy, problemas y perspectivas (Valencia, CEP, 1975); G. GATTI, Genitori, educatori alla fede nella Chiesa oggi (Torino, Leumann, LDC 1978; C. MURPHY O&#8217;CONNOR, The Family of the Church (London, Darton L. and Todd, 1984); F. MUSGROVE, Familia, educaci\u00f3n y sociedad (Estella, Verbo Divino, 1975); G. PASTOR, Sociolog\u00ed\u00ada de la familia (Salamanca, S\u00ed\u00adgueme, 1988); A. SARMIENTO, J. ESCRIVA-IVARS, Enchiridion Familiae (Madrid, Rialp, 1992); S. SPREAFICO, Famiglia cristiana, Chiesa domestica (Roma 1991); A. VILLAREJO, El matrimonio y la familia en la \u00abFamiliaris consortio\u00bb (Madrid, San Pablo, 1984).<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>(-> casa, Iglesia). El Antiguo Testamento no toma como base la vida de los individuos, sino la vida de los peque\u00f1os conjuntos sociales: los particulares en cuanto tales (sobre todo los hijos y las mujeres) se valoran en su relaci\u00f3n con el orden familiar, de manera que no tienen verdadera autonom\u00ed\u00ada, en un contexto donde domina el padre* (patriarcalismo). Otros estratos de la literatura israelita (como Ez 18,17-20 o el libro de la Sabidur\u00ed\u00ada), y especialmente el evangelio de Jes\u00fas, han matizado esa visi\u00f3n \u00aborg\u00e1nica\u00bb del ser humano, introduciendo en ella dos correctivos b\u00e1sicos: cada ser humano vale por s\u00ed\u00ad mismo y no s\u00f3lo por su vinculaci\u00f3n familiar, de manera que los hu\u00e9rfanos-viudas-extranjeros, que no tienen familia, han de ser privilegiados ante Dios; la comunidad de los creyentes ha de abrirse de un modo especial a los que carecen de familia establecida (est\u00e1n fuera del campo de protecci\u00f3n de las leyes sociales). Desde ah\u00ed\u00ad queremos trazar algunos rasgos b\u00e1sicos de la visi\u00f3n de la familia, desde la perspectiva b\u00ed\u00adblica, en l\u00ed\u00adnea jud\u00ed\u00ada y cristiana.<\/p>\n<p>(1) Punto de partida. La familia jud\u00ed\u00ada. El judaismo es religi\u00f3n de familia y por eso los representantes principales de la tradici\u00f3n sagrada no son los sacerdotes y obispos (como en el cristianismo tradicional), sino los padres y especialmente el padre que dirige el rito de la circuncisi\u00f3n (cf. Gn 17,24; 21,4), preside la fiesta de pascua y transmiten su identidad nacional a los hijos (cf. Dt 6,20-25). Los representantes de la religi\u00f3n cristiana no son los padres sino los obispos y presb\u00ed\u00adteros, que presiden y dirigen los ritos (bautismo, eucarist\u00ed\u00ada, penitencia). Por el contrario, la primera instituci\u00f3n jud\u00ed\u00ada es la familia, de manera que el judaismo es una reuni\u00f3n de buenas familias que mantienen y cultivan la tradici\u00f3n de los antepasados. El judaismo sanciona el re cuerdo de los padres-patriarcas, que no son divinos (como en otros pueblos), pero s\u00ed\u00ad muy importantes, pues garantizan la elecci\u00f3n y las promesas: ellos (Abrah\u00e1n, Isaac, Jacob y los Doce) definen el surgimiento del pueblo. Estos padres de familia formaban el consejo de ancianos (zeqnenim), que fueron la autoridad definitiva (y casi \u00fanica) en la federaci\u00f3n de tribus: eran los representantes de familias y clanes, que forman la asamblea permanente (legislativa, ejecutiva, judicial) del pueblo (Ex 3,16; Nm 11,16; Dt 5,23). M\u00e1s que recuerdo del pasado, ellos son instituci\u00f3n viviente. Cada familia repite y encarna el modelo patriarcal, con el padre var\u00f3n como garante de Dios y transmisor de las promesas, en l\u00ed\u00adnea geneal\u00f3gica. En esta l\u00ed\u00adnea se mantiene la tradici\u00f3n jud\u00ed\u00ada, que en tiempos de Jes\u00fas ha puesto de relieve la autoridad de los presb\u00ed\u00adteros, entendidos como los padres de las familias importantes, que representan la continuidad del pueblo y son el poder establecido de forma engendradora (masculina) de tipo geneal\u00f3gico.<\/p>\n<p>(2) La familia propia no es un valor absoluto. Los mismos jud\u00ed\u00ados sab\u00ed\u00adan que la familia no tiene un valor absoluto, pues en ciertos momentos resulta necesario superarla, por fidelidad a Dios y a su ley: \u00abSi tu hermano, hijo de tu madre, tu hijo o tu hija, o la mujer que reposa en tu seno, o el amigo tuyo que es como t\u00fa mismo, te incita diciendo&#8230; \u00c2\u00a1vamos y sirvamos a otros dioses!&#8230;, no acceder\u00e1s ni le escuchar\u00e1s, ni se apiadar\u00e1 de \u00e9l tu vista, ni le compadecer\u00e1s ni encubrir\u00e1s, sino que le denunciar\u00e1s sin falta; tu mano ser\u00e1 la primera que descargue sobre \u00e9l para hacerle morir\u00bb (Dt 13,7-11). La fe en Dios y la unidad nacional se elevan sobre la familia, como recuerda Fil\u00f3n de Alejandr\u00ed\u00ada: \u00abPorque s\u00f3lo un lazo de parentesco debemos tener, un solo s\u00ed\u00admbolo de amistad: el complacer a Dios, el decir y hacer todo movidos por la piedad. Los llamados lazos de paren  tesco por consanguineidad de nuestros antepasados, y aquellas vinculaciones resultantes de los matrimonios y de otras causas similares, deben ser dejados de lado, a no ser que conduzcan firmemente a esa misma meta, es decir, a la honra de Dios, la cual es el indisoluble lazo de toda afecci\u00f3n capaz de unir. Los que tal cosa hicieren lograr\u00e1n a cambio un parentesco m\u00e1s augusto y santo\u00bb (Spec. Legis 1,317318). Desde esa base han surgido en Israel grupos especiales de solidaridad religiosa como los esenios y terapeutas, que formaban comunidades intensas en l\u00ed\u00adnea de contemplaci\u00f3n y pureza, rompiendo (o dejando en segundo plano) otros aspectos de la vida de familia. Eso significa que dentro del mismo judaismo pod\u00ed\u00adan darse fen\u00f3menos de ruptura y desarraigo, en plano religioso y social.<\/p>\n<p>(3) El movimiento de Jes\u00fas puede inscribirse en el fondo anterior, pero con una diferencia: esenios y terapeutas s\u00f3lo acogen en su comunidad a los puros, como har\u00e1n los fariseos; por el contrario, Jes\u00fas y sus amigos siguen abriendo su casa a los marginados del entorno (publ\u00ed\u00adcanos, prostitutas, pobres, impuros). Hab\u00ed\u00ada en aquel tiempo varios tipos de familia: la familia extensa, con casa propiamente dicha, con hacienda, parientes y criados, pod\u00ed\u00ada vivir con m\u00e1s fidelidad las normas de pureza israelita; la familia peque\u00f1a y m\u00e1s pobre, formada por esposos con dos o tres hijos, sol\u00ed\u00ada tener un sentido distinto de propiedad, de honor-verg\u00fcenza, y adem\u00e1s resultaba para ella m\u00e1s dif\u00ed\u00adcil vivir seg\u00fan las normas exigentes de pureza que estaban introduciendo los fariseos; hab\u00ed\u00ada, finalmente, un fuerte desarraigo: muchos no ten\u00ed\u00adan casa o compa\u00f1\u00ed\u00ada honrosa, tanto en el contexto rural como en el urbano, de manera que abundaban los pobres, leprosos, enfermos y expulsados de la sociedad, personas sin familia. Precisamente a estos \u00faltimos, que no pod\u00ed\u00adan formar parte de los grupos de pureza ni de las buenas familias, se dirigi\u00f3 el mensaje de Jes\u00fas. Jes\u00fas ha buscado su familia o grupo entre los expulsados de la casa de pureza israelita: no ha venido a buscar a los sanos, sino a los enfermos (cf. Mc 2,17 par), y de un modo especial a los pecadores, con quienes ha compartido la mesa (cf. Mc 2,16). La tradici\u00f3n le presenta como amigo de publicanos y pecadores (cf. Mt 11,19). Con ellos y para ellos ha querido fundar una familia de reino. En ese contexto puede situarse el principio de la par\u00e1bola del sembrador, que siembra semilla de Dios en todas las tierras y no s\u00f3lo en aquellas que parece que est\u00e1n bien preparadas (cf. Mc 4,4-8). De esa forma, desde los marginados del judaismo nacional y de otros sistemas de sacralidad excluyente, ha querido suscitar una familia nueva, en la que son primeros los m\u00e1s peque\u00f1os, los ni\u00f1os y los pobres, los excluidos y expulsados de todos los sistemas de poder del mundo (cf. Mt 18,1-15 par).<\/p>\n<p>(4) Miembros de la familia mesi\u00e1nica. Entre los miembros primeros de la familia mesi\u00e1nica de Jes\u00fas podemos citar \u00e9stos: (a) Los pobres en sentido material, hambrientos y enfermos, aquellos que no pueden disponer de bienes de este mundo, conforme a la primera bienaventuranza (cf. Lc 6,20-21). (b) Los que lloran, tristes y afligidos, que no pueden alcanzar consuelo en este mundo, los que viven en el margen del llanto y la locura, conforme a la segunda bienaventuranza (cf. Lc 6,21). (c) Los oprimidos bajo el poder\u00ed\u00ado de los grandes, humillados de la tierra, marginados de la cultura, expulsados del sistema social de dignidades, como supone el Canto de Mar\u00ed\u00ada (Lc 1,52) y Mt 25,3146. (d) Los pecadores, expulsados del espacio legal israelita, aquellos que no pueden ni siquiera recibir el consuelo de pensarse significativos, due\u00f1os de su vida y su futuro sobre el mundo (cf. Mc 2,13-22). (e) Los ni\u00f1os y todos aquellos que aparecen como menos importantes, porque no pueden mandar, ni dirigir, ni imponerse sobre nadie, pues se encuentran en manos de los otros (Mc 9,33-37; 10,13-16). (f) Aquellos que no cuentan, al menos dentro de un contexto social de pureza patriarcalista, centrado en los valores nacionales de Israel; entre ellos se han citado a veces mujeres y soldados (cf. Mt 8,5-13; Mt 14,21 par). A favor de \u00e9stos ha empezado Jes\u00fas a edificar su Reino. No ha buscado a los grandes, que podr\u00ed\u00adan ayudarle con armas, pol\u00ed\u00adtica o dinero, sino que ha salido por plazas y calles (cf. Lc 14,15-24), llamando a ca\u00ed\u00addos y arrojados (cf. Mt 9,35-38), enfermos e incapaces. Significativamente ha dejado fuera de esa familia de Reino a los celotas, fuertes y expertos militares, a  los sacerdotes de familias lev\u00ed\u00adticas puras, defensoras del orden legal establecido, a los fariseos, separados del mundo corrompido, y a los apocal\u00ed\u00adpticos que congregaban un resto bueno para el juicio. Como profeta de los pobres, que se abre a todos los hombres, ha proclamado su mensaje, escogiendo como portadores y destinatarios de su Reino a los \u00faltimos y pobres.<\/p>\n<p>(5) Disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas, creadores de familia. No ha buscado a unos disc\u00ed\u00adpulos para que se salven s\u00f3lo ellos (pues ha ofrecido salvaci\u00f3n a los pobres, pecadores y perdidos de la tierra), sino para que le acompa\u00f1en en la tarea de anunciar y ofrecer el Reino a todos. Por eso, sus disc\u00ed\u00adpulos no pueden formar un sistema sacral separado, que excluye a los de fuera (como cierto judaismo e iglesia posterior), sino que ellos han de ser portadores y signo de una llamada universal, mensajeros de una salvaci\u00f3n que les sobrepasa (cf. Mc 3,32-35; 6,7-13). Los enviados de Jes\u00fas, itinerantes del Reino, han de ponerse al servicio de todos, empezando por los excluidos de los sistemas del mundo, pues precisamente ellos, marginados y pecadores, son portadores de la gracia de Dios, abierta a la boda y banquete del Reino, (a) El Reino es familia de pobres, que celebran la boda de amor, banquete al que todos est\u00e1n convocados. Por eso ha de extenderse de forma exc\u00e9ntrica, abierta a los excluidos, y en ella encuentran lugar buenos y malos, pobres y aquellos que ayudan a los pobres, cojos-mancos-ciegos de todos los caminos y plazas de la tierra (cf. Lc 14,15-24; Mt 22,1-10; 25,3146). (b) Al servicio de esa familia y banquete est\u00e1n los compa\u00f1eros y amigos de Jes\u00fas, a quienes \u00e9l mismo ha convocado (cf. Mc 1,16-20; 2,15; 3,1319; 6,7-12; Lc 8,2-3; etc.), para que formen con gentes que vienen de todas las m\u00e1rgenes del mundo (publ\u00ed\u00adcanos y prostitutas, hambrientos y enfermos), una comunidad o c\u00ed\u00adrculo de escucha y palabra (cf. Mc 3,35) que ha de abrirse a todos los hombres. En ella se incluyen las doce tribus de Israel (cf. Mt 19,28) y aquellos que vienen de oriente y occidente para el gran banquete (cf. Mt 8,11), en el que se incluyen los pobres y aquellos que sirven a los pobres (cf. Mt 10,5-14 par; 25,31-46).<\/p>\n<p>(6) Elementos de la familia mesi\u00e1nica. El judaismo nacional (sinagogas*) se ha constituido como religi\u00f3n de buenas familias (l\u00ed\u00adnea geneal\u00f3gica*), cumplidoras de un tipo de Ley*, definida por los escribas*, que mantienen unidos a los miembros del pueblo elegido, (a) Hermanos, hermanas y madres de Jes\u00fas. En una l\u00ed\u00adnea convergente puede entenderse, seg\u00fan Mc 3,20-35, el intento de algunos parientes de Jes\u00fas (Santiago*), vinculados de alg\u00fan modo a los escribas: \u00abY sus parientes, al enterarse, salieron para llevarle a la fuerza, pues dec\u00ed\u00adan: \u00c2\u00a1Est\u00e1 fuera de s\u00ed\u00ad!&#8230; Y llegaron su madre y sus hermanos y, qued\u00e1ndose fuera, le mandaron llamar. La gente estaba sentada a su alrededor, y le dijeron: \u00c2\u00a1Mira! Tu madre y tus hermanos est\u00e1n fuera y te buscan. Respondiendo les dijo: \u00bfQui\u00e9nes son mi madre y mis hermanos? Y mirando en torno a los que estaban sentados a su alrededor, en corro, a\u00f1adi\u00f3: \u00c2\u00a1He aqu\u00ed\u00ad mi madre y mis hermanos. Pues quien cumple la voluntad de Dios, \u00e9se es mi hermano, mi hermana y mi madre\u00bb (Mc 3,21.31-35). El texto comienza diciendo que los parientes hab\u00ed\u00adan querido llevar a Jes\u00fas porque: \u00c2\u00a1est\u00e1 loco! (Mc 3,21). Despu\u00e9s sigue la escena de la disputa de Jes\u00fas con los escribas (3,22-30), que le acusan de estar endemoniado, porque rompe la unidad sagrada del grupo de Israel. En esa misma l\u00ed\u00adnea se sit\u00faan, seg\u00fan Marcos, los parientes. Los escribas han dictado su sentencia negativa, expulsando a Jes\u00fas del pueblo israelita (Mc 3,22-30). Los familiares, en cambio, parece que desean ayudarle, separ\u00e1ndole de la mala compa\u00f1\u00ed\u00ada de gentes que le rodean (publ\u00ed\u00adcanos, pecadores), para llevarle al lugar de pureza, a la buena casa familiar (judeocristiana) donde su mensaje puede ser asumido y aceptado en Israel (incluso por los escribas). Pues bien, Jes\u00fas responde con un doble gesto, (a) Condena a los escribas, diciendo que pecan contra el Esp\u00ed\u00adritu Santo, pues no quieren recibir a los posesos y a los locos, sino seguir separados, en su situaci\u00f3n de superioridad, amparados por una ley que ellos manejan, (b) No acepta el control de sus familiares, pero no les condena de forma absoluta. Ciertamente, rechaza la autoridad que ellos pretenden tener sobre \u00e9l, pero acepta, con un sentido distinto, la funci\u00f3n y nombre de sus hermanos\/as y madres en un camino de Reino abierto para todos. De esa forma ofrece las bases de la  nueva familia rnesi\u00e1nica, formada por aquellos que escuchan a Dios y se convierten con Jes\u00fas en hermanos, hermanas y madres. Podemos suponer que Jes\u00fas est\u00e1 en la \u00abcasa\u00bb de la iglesia, con la multitud que le busca, escucha y rodea, formando su nueva comunidad, mientras que sus familiares antiguos vienen y quieren llevarle. Ellos no entran, ni se sientan en corro en torno a Jes\u00fas, ni quieren formar parte de la compa\u00f1\u00ed\u00ada que le rodea, sino que le exigen que salga, que vuelva a la \u00abbuena\u00bb familia de los limpios israelitas, sin mezclarse con los impuros.<\/p>\n<p>(7) Palabra de Jes\u00fas, palabra creadora de familia. Pues bien, Jes\u00fas no escucha a sus familiares, sino que responde \u00ab\u00bfQui\u00e9nes son mi madre y mis hermanos?\u00bb, mostrando as\u00ed\u00ad que quiere ser fiel a una familia m\u00e1s extensa y profunda de hermanos y madres, como indica su gesto y palabra de\u00ed\u00adctica, razonada, preformativa. (a) De\u00ed\u00adctica. Jes\u00fas mira a su entorno y descubre a la gente que le busca, le escucha y rodea. Permanecen sentados a su lado, en gesto de comuni\u00f3n. Iban y ven\u00ed\u00adan, como transe\u00fantes de la vida, enfermos, impuros, marginados, pero han encontrado un lugar a su vera y se han sentado en su casa, de forma sedentaria, en corro de igualdad. No est\u00e1n unos sobre otros, unos imponiendo, otros sufriendo, sino todos sentados, mir\u00e1ndose y conversando. Jes\u00fas les se\u00f1ala con el dedo y dice: \u00c2\u00a1Estos son mi madre y mis hermanos! (Mc 3,35). Por ahora no hace nada, se limita a constatar. No est\u00e1 solo, necesitado de madre y hermanos que le cuiden. Tiene otra familia, est\u00e1 a gusto con ella, (b) Razonada. Jes\u00fas desvela los principios de la nueva fraternidad: \u00ab\u00c2\u00a1Pues quien cumple la voluntad de Dios&#8230;!\u00bb (3,35). Esta no es una familia de buena genealog\u00ed\u00ada, de nobleza de raza o dinero, de cultura superior o de nobleza de costumbres. Al contrario, en ella caben todos, por amor y gracia. Esta es la familia de los que \u00abcumplen\u00bb la voluntad de Dios, es decir, de los que se dejan amar. Los escribas de Jerusal\u00e9n y los familiares de Jes\u00fas seg\u00fan la carne pensar\u00e1n que est\u00e1 rompiendo las se\u00f1as de identidad de los jud\u00ed\u00ados (o judeocristianos). Pero Jes\u00fas mantiene su gesto y recibe en su familia a los posesos, leprosos, expulsados, buscando con ellos una fraternidad universal, desde la voluntad de Dios. (c) Perfonnativa (3,35). Jes\u00fas no se limita a mostrar (\u00e9stos son&#8230;) y a razonar (pues quien&#8230;), sino que \u00e9l mismo crea lo que dice: \u00ab\u00c2\u00a1Estos son mi hermano, mi hermana y mi madre!\u00bb.<\/p>\n<p>(8) Iglesia, familia de Jes\u00fas. De esa manera suscita la familia de aquellos que se encuentran a su lado. No ha venido a confirmar lo que ya existe, sino a proclamar y realizar lo nuevo (reino de Dios) sobre la tierra (Mc 1,14-15), construyendo la familia rnesi\u00e1nica. Jes\u00fas no est\u00e1 solo; a su lado hay hombres y mujeres que le buscan, le escuchan y acompa\u00f1an, realizando su camino, de manera que son sus madres, hermanos y hermanas, (a) En la Iglesia hay lugar para las madres, personas mayores que le van acompa\u00f1ando (ayudando) en el camino de la vida, expandiendo de esa forma una experiencia vinculada quiz\u00e1 a su madre original, Mar\u00ed\u00ada (cf. Mc 6,3). Esta es una iglesia sin padres (que tampoco aparecen en ella). En la familia de Jes\u00fas hay hermanos, hermanas y madres&#8230; pero no padres en el viejo sentido patriarcal jud\u00ed\u00ado de jefes de familia, presb\u00ed\u00adteros que imponen las viejas tradiciones (cf. Mc 7,3; cf. tambi\u00e9n Mc 10,28-30, donde faltan los padres), (b) La Iglesia es lugar de hermanos y hermanas, sin distinci\u00f3n o jerarqu\u00ed\u00ada de sexos, es lugar donde caben por igual varones y mujeres, en c\u00ed\u00adrculo que impide la imposici\u00f3n jer\u00e1rquica de unos sobre otros. En ella no hay sacerdotes y escribas que dictan su ley desde arriba, sino hermanos, hermanas y madres. (c) El principio que vincula a esa familia de Jes\u00fas es la voluntad del Dios (Mc 3,35). Pensaban los escribas que esa voluntad se expresa por la ley. Los familiares quer\u00ed\u00adan vincularla a su derecho geneal\u00f3gico jud\u00ed\u00ado. Pues bien, la voluntad de Dios act\u00faa para Mc all\u00ed\u00ad donde Jes\u00fas ofrece a los humanos un espacio familiar concreto (en corro) y extenso (abierto a todos los que no tienen casa en el mundo).<\/p>\n<p>Cf. S. C. BARTON, Discipleship and fainily ties in Mark and Matthew, SNTS Mon. Ser 80, Cambrige University Press 1994; N. GOTTWALD, The Tribes of Yahweh. A Sociology of the Religi\u00f3n of Liberated Israel 1250-1050 B.C.E., Orbis, Maryknoll 1979; S. GUIJARRO, Fidelidades en conflicto. La ruptura con la familia por causa del discipulado y de la misi\u00f3n en la tradici\u00f3n sin\u00f3ptica, Universidad Pontificia, Salamanca 1998; M. HENGEL, Seguimiento y carisma. La radicalidad de la llamada de Jesi&#8217;is, Sal Terrae, Santander 1981; M. NAVA RRO, Marcos, Verbo Divino, Estella 2006; X. PIKAZA, Sistema, libertad, iglesia. Las instituciones del Nuevo Testamento, Trotta, Madrid 2001; G. THEISSEN, Sociolog\u00ed\u00ada del movimiento de Jesi&#8217;is, Sal Terrae, Santander 1979.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 significa \u00abhacerse pr\u00f3jimo\u00bb en una familia? Es algo que no se refiere inmediatamente al \u00abhacer\u00bb, sino al \u00abser\u00bb, es decir, penetra en ese profundo misterio de la proximidad que es el sentido y el fundamento de toda la existencia familiar, y de donde nace justamente el compromiso de \u00abhacer\u00bb.  La primera misi\u00f3n de la familia cristiana \u2014custodia de la proximidad de Dios\u2014 es la de ofrecer a todos los hermanos de fe y al mundo en general \u2014aunque \u00e9ste no lo entienda\u2014 el testimonio de Dios como don, como alguien que se ha expropiado para poder habitar en el hombre, que ha querido tener al hombre en una comuni\u00f3n indisoluble consigo mismo.  Esta no parece ser tarea f\u00e1cil. En los tiempos actuales, y a partir de las m\u00e1s variadas provocaciones, se inventan y se proponen formas de vida familiar que se parecen demasiado a una convivencia provisional, a un contrato de trabajo, a una comuni\u00f3n de vida que podemos iniciar e interrumpir a nuestro arbitrio. El testimonio limpio, fuerte, valiente de lo que es una familia seg\u00fan el proyecto de Dios, se convierte no tanto en nuestro modo de hacernos pr\u00f3jimo\u00bb como en el \u00fanico, exclusivo, insustituible esfuerzo por mantener viva una proxi  midad que nos ha sido dada y de la que somos testigos.  Evidentemente todo esto se tiene que traducir en obras: \u00abBrille de tal modo vuestra luz delante de los hombres que, al ver vuestras buenas obras, den gloria a vuestro Padre que est\u00e1 en los cielos\u00bb.  \u00abHacerse pr\u00f3jimo\u00bb quiere decir todo esto, pero todo ha de depender de \u00abser pr\u00f3jimo\u00bb. Y, tanto la custodia del \u00abser pr\u00f3jimo\u00bb en virtud de la proximidad de Dios, como la iniciativa de \u00abhacerse pr\u00f3jimo\u00bb para el servicio de los hermanos, dependen de ese momento misterioso \u2014quiz\u00e1 dif\u00ed\u00adcil de encontrar en medio de los agotadores ritmos de la jornada, pero a la vez precioso e insustituible\u2014 de la oraci\u00f3n familiar.<\/p>\n<p> Carlo Mar\u00ed\u00ada Martini, Diccionario Espiritual, PPC, Madrid, 1997<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Espiritual<\/b><\/p>\n<p>La familia es la primera comunidad humana, basada en el \u00abv\u00ed\u00adnculo de la sangre\u00bb, es decir, caracterizada por una homogeneidad fundamental de orden biol\u00f3gico, psicol\u00f3gico, afectivo y cultural. Es la c\u00e9lula primaria y fundamental de la sociedad y est\u00e1 compuesta de esposos, hijos y, eventualmente, los ascendientes y colaterales que cohabitan.<\/p>\n<p> El an\u00e1lisis hist\u00f3rico y sociol\u00f3gico  revela que la instituci\u00f3n familiar ha asumido configuraciones distintas en las diversas culturas y \u00e9pocas de la historia. Cada cultura conoce sus propios modelos de familia, que casi siempre resultan coherentes con el universo de valores que sirven de apoyo y &#8211; de trama a esa cultura.<\/p>\n<p> Los profundos cambios sociales y culturales de la sociedad en los \u00faltimos  siglos han dado origen a importantes transformaciones en las estructuras y en la vida, provocando el paso de la llamada familia \u00bb patriarcal&#8217; a la familia \u00abnuclear&#8217;. La familia \u00abpatriarcal \u00ab, t\u00ed\u00adpica de la cultura agr\u00ed\u00adcola, era normalmente una familia amplia, constituida por el conjunto estrechamente coordinado de varios n\u00facleos familiares que conviv\u00ed\u00adan bajo un mismo techo, en torno a un mismo patrimonio y bajo la autoridad com\u00fan del cabeza- de familia. Era m\u00e1s bien una uni\u00f3n de familias que una uni\u00f3n de personas; ten\u00ed\u00ada su propia suficiencia cultural, educativa y hasta econ\u00f3mica.<\/p>\n<p>El fen\u00f3meno de la industrializaci\u00f3n  y de la urbanizaci\u00f3n que se ha verificado en los tiempos modernos ha llevado a unidades familiares m\u00e1s peque\u00f1as. Ha surgido as\u00ed\u00ad la familia \u00abnuclear\u00bb, compuesta normalmente de los esposos y de uno-dos-tres hijos. De este modo la familia ha perdido sus funciones sociales, educativas y econ\u00f3micas, que le aseguraban estabilidad, pero ha descubierto, a costa de una mayor fragilidad y habilidad, su funci\u00f3n m\u00e1s aut\u00e9ntica y una nueva manera de ser como  lugar de relaciones interpersonales.<\/p>\n<p>basadas en el amor y en la libertad de  opci\u00f3n. Naturalmente, tambi\u00e9n la familia \u00bb nuclear\u00bb tiene sus innegables y desventajas: la soledad de peligros, los esposos a merced de sus problemas afectivos y educativos, la exclusi\u00f3n de los ancianos de funciones familiares reconocidas y significativas, etc.<\/p>\n<p>Desde el punto de vista cristiano, hay que decir que la Palabra de Dios relativiza todo modelo familiar. no impone su propio modelo, que sea paradigm\u00e1tico para cualquier otro. Como ocurre con otros sectores de la vida social, indica un conjunto de valores en orden a los cuales puede y tiene que ser juzgado todo modelo familiar. La intuici\u00f3n axiol\u00f3gica fundamental que sugiere la fe es que tambi\u00e9n la vida familiar tiene que constituir una experiencia de caridad, que representa, seg\u00fan la fe, la realidad m\u00e1s \u00ed\u00adntima del hombre salvado y el valor m\u00e1s importante de su existencia moral.<\/p>\n<p>En esta perspectiva es necesario  captar en su justo significado las indicaciones de \u00e9tica familiar que andan dispersas por la Biblia. Trat\u00e1ndose de un sistema de normas fuertemente situado en su propio tiempo, es necesario captar algunos valores de fondo, todav\u00ed\u00ada actuales, m\u00e1s bien que dar unas cuantas normas espec\u00ed\u00adficas de comportamiento espec\u00ed\u00adficas, y muchas veces caducas. Las orientaciones fundamentales que pueden sacarse de la Biblia -en particular del Nuevo Testamento- en el tema de moral familiar pueden reducirse a tres grandes \u00e1reas tem\u00e1ticas: ej Ante todo, la relalivizaci\u00f3n radical de la familia. Jes\u00fas afirma la primac\u00ed\u00ada del Reino: \u00abEl que ama a su padre o a su madre m\u00e1s que a m\u00ed\u00ad, no es digno de m\u00ed\u00ad: y el que ama a su hijo o a su hija m\u00e1s que a m\u00ed\u00ad, no es digno de m\u00ed\u00ad\u00bb (Mt 10,37 y par.). Los v\u00ed\u00adnculos familiares tienen que pasar a segundo plano frente a la llamada de Dios y no pueden ser un obst\u00e1culo para la propia  santificaci\u00f3n. Tambi\u00e9n por esta v\u00ed\u00ada se ir\u00e1 afirmando progresivamente el principio de la libre opci\u00f3n de la pareja y la afirmaci\u00f3n de los derechos del individuo respecto a los intereses del grupo familiar (por ejemplo, en orden a la elecci\u00f3n del estado de vida religioso).<br \/>\nb) La segunda indicaci\u00f3n es la paridad estructural entre el hombre y la mujer (G\u00e1l 3,28). De manera progresiva, aunque fatigosamente y no sin contradicciones, se va asumiendo esta igualdad radical como criterio regulador de las relaciones entre el marido y la mujer dentro de la familia.<\/p>\n<p>c) Un tercer grupo de orientaciones  es el que representan las reglas de comportamiento a las que tienen que someterse respectivamente los padres y los hijos. Son los criterios que se re(lucen al amor rec\u00ed\u00adproco (Col 3,18s); a la sumisi\u00f3n (Ef 5,21; 1 Pe 3,9), aunque no absoluta, sino entendida siempre seg\u00fan la l\u00f3gica del Reino; al cumplimiento fiel de los mutuos derechos y deberes de los diversos componentes de la comunidad familiar.. Juan Pablo II ha sintetizado de esta  manera, en la Familiaris consortio (1981), las tareas en que encuentra su actuaci\u00f3n concreta la misi\u00f3n de la familia cristiana en nuestros d\u00ed\u00adas:<br \/>\na) La formaci\u00f3n de una comunidad  de personas. La familia, definida por el Vaticano II como \u00ab\u00ed\u00adntima comunidad de vida y de amor\u00bb (GD 48), tiene la misi\u00f3n de hacerse cada vez m\u00e1s lo que es, es decir, comunidad de vida y amor (cf. FC 17).<\/p>\n<p>b) El servicio a la vida. Esta funci\u00f3n  se cumple tanto en la transmisi\u00f3n de la vida como en la obra educativa y en un servicio m\u00faltiple a la vida (adopci\u00f3n y acogimiento; asistencia a los ancianos, enfermos, minusv\u00e1lidos, etc.).<\/p>\n<p>c) La participaci\u00f3n en el desarrollo a  la sociedad. La familia, en cuanto \u00abc\u00e9lula primera y &#8211; vital de la sociedad \u00bb (AA 11), est\u00e1 llamada a ser escuela de socialidad, lugar e instrumento de humanizaci\u00f3n y de responsabilizaci\u00f3n de la sociedad (cf. FC 43).<\/p>\n<p>d) La participaci\u00f3n en la vida y misi\u00f3n de la Iglesia. La familia, lo mismo que es c\u00e9lula de la sociedad, es tambi\u00e9n c\u00e9lula de la comunidad cristiana, hasta el punto de poder llamarse \u00abiglesia dom\u00e9stica\u00bb (LG 1 1). Y esto no s\u00f3lo porque forma cristianos, sino tambi\u00e9n porque ofrece su propia aportaci\u00f3n  pastoral espec\u00ed\u00adfica para difundir capilarmente los valores cristianos en la sociedad (cf. FC 69).<\/p>\n<p> G. Cappelli<\/p>\n<p> Bibl.: G. Pastor, Sociolog\u00ed\u00ada de la familia, Sigueme. Salamanca 1988; M. Vidal, Familia. en DET 253-258; Conferencia episcopal espa\u00f1ola, Matrimonio y familia hoy, PPC, Madrid 1979; B. Forca\u00f1o, La familia en la Sociedad de hoy. Problemas y perspectivas CEP, Valencia 1975; La familia, en Concilium 260 (1995).<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Espiritualidad familiar y sacramento del matrimonio &#8211; II. El matrimonio cristiano entre \u00abmodelo sociol\u00f3gico\u00bb y \u00ablugar teol\u00f3gico\u00bb &#8211; III. El camino de la espiritualidad familiar &#8211; IV. La tipicidad de la espiritualidad familiar: 1. Espiritualidad de pareja; 2. Espiritualidad laical; 3. Espiritualidad encarnada; 4. Espiritualidad eclesial &#8211; V. El alimento de la espiritualidad conyugal: 1. Palabra; 2. Penitencia; 3. Eucarist\u00ed\u00ada &#8211; VI. Las bienaventuranzas y la vida de familia &#8211; VII. La espiritualidad familiar al servicio del mundo: el \u00abministerio\u00bb conyugal.<\/p>\n<p>I. Espiritualidad familiar y sacramento del matrimonio<br \/>\nEn relaci\u00f3n con la espiritualidad familiar y conyugal son posibles diversas aproximaciones y, consiguientemente, diversas definiciones de la misma. La perspectiva que adoptamos quiere ser esencialmente fenomenol\u00f3gica y existencial, por lo cual, m\u00e1s que a analizar en abstracto las caracter\u00ed\u00adsticas y las peculiaridades de tal espiritualidad, tiende a \u00abdescribir\u00bb lo que es o deber\u00ed\u00ada ser el modo de vivir como cristianos el matrimonio y la familia. Es sobre todo a nivel de existencia cristiana donde m\u00e1s f\u00e1cilmente emergen las afinidades y, al par, las divergencias de las diversas espiritualidades; las afinidades, porque todo estado de vida es.-tr \u00abseguimiento\u00bb e \u00abimitaci\u00f3n\u00bb de Cristo; y tambi\u00e9n las divergencias, porque la forma de \u00abseguimiento\u00bb y de \u00abimitaci\u00f3n\u00bb exigida a los esposos cristianos se sit\u00faa en un nivel diferente y se expresa en formas peculiares. Basta pensar en la diversa relaci\u00f3n que se establece en lo concerniente a la sexualidad; tanto los casados como los consagrados est\u00e1n llamados a vivir su sexualidad en Cristo; pero los primeros, por as\u00ed\u00ad decir, a trav\u00e9s de ella; los otros, por encima de ella (si bien jam\u00e1s contra ella, pues llegar\u00ed\u00adan a la desintegraci\u00f3n de su misma vida afectiva). Tambi\u00e9n la dimensi\u00f3n comunitaria de la vida cristiana asume una tonalidad particular en la vida de familia, as\u00ed\u00ad como la invitaci\u00f3n a vivir las bienaventuranzas evang\u00e9licas se encuadra en un contexto diverso y en una diversa situaci\u00f3n existencial. Especificidad, pues, de la espiritualidad familiar, si bien en el contexto de un llamamiento universal a la santidad, que se dirige a todos los cristianos independientemente de su estado de vida.<\/p>\n<p>A la luz de estas premisas, la espiritualidad familiar podr\u00ed\u00ada definirse como el camino por el que el hombre y la mujer unidos en el matrimonio-sacramento crecen juntos en la fe, en la esperanza y en la caridad y testimonian a los otros, a los hijos y al mundo, el amor de Cristo que salva.<\/p>\n<p>Este proceso de crecimiento caracteriza la espiritualidad del matrimonio y de la vida de familia, la cual se sit\u00faa sobre todo a nivel de experiencia, mientras que el fundamento teol\u00f3gico de esta espiritualidad ha de buscarse en la reflexi\u00f3n sobre el sentido del matrimonio en el \u00e1mbito general de la teolog\u00ed\u00ada de los sacramentos.<\/p>\n<p>En esta existencia cristiana dentro del matrimonio globalmente considerada pueden contemplarse dos \u00e1mbitos relativamente distintos, aunque habitualmente conexos entre s\u00ed\u00ad: la espiritualidad conyugal o de pareja, que se realiza en la relaci\u00f3n entre hombre y mujer en el matrimonio y que est\u00e1 caracterizada y marcada por el sentimiento amoroso y, en consecuencia, por la dimensi\u00f3n afectiva y por la rec\u00ed\u00adproca integraci\u00f3n en el plano de la sexualidad y de la vida com\u00fan, mas sobre todo por el sacramento; la espiritualidad de la familia, que enlaza con la primera, pero que se extiende, a trav\u00e9s de la paternidad y de la maternidad, a la relaci\u00f3n entre padres e hijos, definida por la dimensi\u00f3n afectiva parental y filial y en consonancia con las diversas edades.<\/p>\n<p>Una espiritualidad familiar entendida en sentido lato comienza ya con la espiritualidad del noviazgo, contemplada como itinerario de fe hacia el sacramento y la vida cristiana de pareja; y comprende tambi\u00e9n la espiritualidad de la viudez [>.muerte-resurrecci\u00f3n V. 3], o, incluso, la de la soledad (cuando uno de los c\u00f3nyuges se ve abandonado por el otro o se queda de hecho solo), puesto que tambi\u00e9n estas condiciones de vida -en alg\u00fan modo marcadas, por anticipaci\u00f3n o por prolongaci\u00f3n, por el sacramento del matrimonio- son urgidas a realizarse en t\u00e9rminos de espiritualidad, o sea de crecimiento en la fe y en el amor. Elemento constante de estos diversos modos de situarse ante el matrimonio es la capacidad de tender a la plenitud de la existencia cristiana hic et nunc, esto es, en la concreci\u00f3n de una determinada situaci\u00f3n hist\u00f3rica, en la capacidad de leer lo que ocurre no simplemente como \u00absuceso\u00bb, sino como \u00abacontecimiento\u00bb; no como tiempo cronol\u00f3gico, sino como kair\u00f3s, es decir, como tiempo de gracia y de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Tal existencia cristiana dentro del matrimonio se basa en la fe, radica en la palabra de Dios, se coloca en una l\u00ed\u00adnea de continuidad con los otros sacramentos. De la oscura e impl\u00ed\u00adcita intuici\u00f3n de que amor, sexualidad y procreaci\u00f3n dicen de alg\u00fan modo relaci\u00f3n a la esfera de lo sacro, se pasa, en el matrimonio cristiano, a la expl\u00ed\u00adcita conciencia de la estructura constitucionalmente religiosa de la relaci\u00f3n entre hombre y mujer y, por ende, a la comprensi\u00f3n de su car\u00e1cter espec\u00ed\u00adficamente sacramental, en virtud del cual los c\u00f3nyuges cristianos no son s\u00f3lo testimonio de un amor humano total y fiel, sino que tambi\u00e9n \u00absignifican el misterio de unidad y amor fecundo entre Cristo y la Iglesia\u00bb (Ef 5,32; LG 11) y participan del mismo, a tal punto que la ordenaci\u00f3n de toda la vida conyugal a la santidad (LG 11) se presenta como el natural coronamiento de este nuevo modo de ser \u00abcomo pareja\u00bb en la Iglesia. Modo \u00abnuevo\u00bb no porque se d\u00e9 un salto del amor del hombre al amor de Dios, sino porque es el mismo amor humano, en todas sus aut\u00e9nticas manifestaciones, el cual \u00abes asumido en el amor divino y se rige y enriquece por la virtud redentorade Cristo y la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de la Igle sia\u00bb (GS 48) hasta hacer del pacto nupcial un \u00absacramento\u00bb y de la vida conyugal una especie de \u00abconsagraci\u00f3n\u00bb<br \/>\nEn esta perspectiva, la espiritualidad conyugal y familiar se presenta como el camino por el que la vocaci\u00f3n a la santidad, com\u00fan a todos los fieles (LG 39ss), se realiza en la espec\u00ed\u00adfica condici\u00f3n vital del matrimonio y de la familia; no por encima de ella, ni tampoco s\u00f3lo trav\u00e9s de ella, sino pura y simplemente en ella. La vida conyugal, el \u00abaqu\u00ed\u00ad\u00bb y \u00abahora\u00bb constituido por el c\u00f3nyuge, los hijos, la profesi\u00f3n, la casa, el barrio (en una palabra, todo el complejo de realidades humanas que constituyen la sustancia de la vida de familia), son el \u00ablugar\u00bb, mucho m\u00e1s teol\u00f3gico que sociol\u00f3gico, en el que Dios expresa su llamada a la santidad y se propone como \u00abimangen\u00bb que la familia cristiana est\u00e1 de alg\u00fan modo destinada a expresar y traducir en su \u00e1mbito espec\u00ed\u00adfico (GS 4$). Precisamente por estar hechos ad imaginem Dei vivi, los c\u00f3nyuges cristianos han de vivir \u00abunidos\u00bb y est\u00e1n llamados a una santidad (GS 52) que es, al mismo tiempo, don de Dios y respuesta del hombre, tendencia escatol\u00f3gica y compromiso mundano, \u00abfraternidad de caridad\u00bb (LG 41) dentro de la familia y servicio a los hermanos en la sociedad yen la Iglesia. El matrimonio supera de este modo su dimensi\u00f3n exclusivamente institucional, jur\u00ed\u00addica y social, para recuperar por entero toda su densidad teol\u00f3gica y sacramental.<\/p>\n<p>II. El matrimonio cristiano,<br \/>\nentre \u00abmodelo sociol\u00f3gico\u00bb y \u00ablugar teol\u00f3gico\u00bb<br \/>\nEn la perspectiva existencial y din\u00e1mica que se acaba de exponer, la espiritualidad conyugal y familiar se constituye no s\u00f3lo la relaci\u00f3n a la objetividad del dato sacramental, sino tambi\u00e9n en relaci\u00f3n a la historicidad de las situaciones. La \u00abidentidad cristiana\u00bb del matrimonio no puede, por consiguiente. buscarse s\u00f3lo a nivel teol\u00f3gico, sino tambi\u00e9n en perspectiva hist\u00f3rica. Aqu\u00ed\u00ad se da, entre creyentes y no creyentes, el \u00absalto cualitativo\u00bb dentro de la aparente identidad de situaciones. Es innegable que los cristianos \u00abse casan como los otros, y como los otros tienen hijos\u00bb (Carta a Diogneto, V. 1-2); pero de lo que precisamente se trata es de captar en toda su intensidad el significado de este como. La vocaci\u00f3n del cristiano, desde este punto de vista, es la de ser al mismo tiempo igual y diverso; mas precisamente por eso las modificaciones que afectan, por ejemplo, al ordenamiento jur\u00ed\u00addico y social de la familia, no le dejan indiferente, sobre todo cuando se trata de introducir en las estructuras normativas algunos valores fundamentales que tienen su origen e inspiraci\u00f3n profundos en el mensaje cristiano, como es el caso del mismo reconocimiento jur\u00ed\u00addico de la fundamental igualdad en el \u00e1mbito de la familia entre hombre y mujer (G\u00e1l 3,28) o de la instauraci\u00f3n entre padres e hijos de relaciones que se plantean en t\u00e9rminos no de dominio, sino de servicio (Mt 20, 25ss), deparando as\u00ed\u00ad un punto esencial de referencia al necesario e ineludible ejercicio de la autoridad. La misma estructura jur\u00ed\u00addica de la familia no es. bajo este aspecto, indiferente, ya que puede favorecer u obstaculizar esa \u00abcualidad humana\u00bb de la relaci\u00f3n entre hombre y mujer y entre padres e hijos, que representa el contexto en que est\u00e1 llamada a realizarse tambi\u00e9n la espiritualidad familiar.<\/p>\n<p>Toda la historia teol\u00f3gica del matrimonio puede explicarse a la luz de un tipo de doble ley, la de la alternancia de los modelos de la familia y la de la permanencia de una vocaci\u00f3n sustancialmente \u00fanica a la santidad. Flan sido las diversas generaciones cristianas, m\u00e1s que la teolog\u00ed\u00ada (y, desde luego, no la palabra de Dios), las que a veces no han resistido a la tentaci\u00f3n de \u00absacralizar\u00bb y, por ende, de hacer permanentes los modelos sociol\u00f3gicos de matrimonio, carg\u00e1ndoles de un significado teol\u00f3gico que no ten\u00ed\u00adan ni pod\u00ed\u00adan tener. La espiritualidad familiar cristiana no est\u00e1 llamada a asumir como definitivo modelo alguno, sino a asumirlos y, al par, juzgarlos a todos. As\u00ed\u00ad se establecen a lo largo de la historia diversas formas de existencia cristiana en el matrimonio, pero siempre en el \u00e1mbito de la misma \u00abnovedad\u00bb cristiana. Novedad que se sit\u00faa no tanto ni sobre todo en el plano \u00e9tico (valores como la unidad, la fidelidad y la fecundidad pueden ser, al menos en parte, acogidos e incluso vividos por el no cristiano), cuanto en el plano teol\u00f3gico. Comprender el valor de la fidelidad, de la unidad, de la fecundidad y del servicio a los dem\u00e1s, no es lo que caracteriza de suyo al matrimonio, sino la conciencia de que todo esto no es una conquista del hombre y de su raz\u00f3n, sea religiosa o laica, sino don de Dios y, por ende, gracia. Luego no se trata tanto de contraponer otros valores a los viejos, como si espiritualidad familiar cristiana quisiera decir en sustancia algo diverso al amor humano vivido en toda su plenitud y riqueza, cuanto de tomar conciencia de que lo antiguo del matrimonio, su milenario devenir, se hace nuevo en Cristo y con Cristo.<\/p>\n<p>La absoluta novedad del mensaje cristiano del matrimonio, as\u00ed\u00ad como el hecho de que est\u00e9, por as\u00ed\u00ad decir, situada y fechada (comienza con la muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo), marca al par su absolutez e historicidad: absolutez, porque no hay ni habr\u00e1 jam\u00e1s otra \u00abnovedad\u00bb que no sea la de Cristo; historicidad, porque esta novedad est\u00e1, de hecho, situada existencialmente y es percibida de manera distinta por cada pareja en las diversas \u00e9pocas o en el curso de su existencia. De ah\u00ed\u00ad el car\u00e1cter definitivo y a la vez transitorio de toda forma de vida cristiana en el matrimonio, perenne en algunos sentidos, pasajera bajo otros aspectos. Constante de toda aut\u00e9ntica espiritualidad familiar cristiana -independientemente del condicionamiento ejercido sobre ella por el variar de los \u00abmodelos\u00bb sociol\u00f3gicos de familia patriarcal ayer, nuclear hoy, tal vez comunitaria ma\u00f1ana-, constantemente mantiene una radical relaci\u00f3n con Cristo y se constituye en lugar de salvaci\u00f3n, de gracia y de servicio, en la convicci\u00f3n de que este \u00abconstituirse\u00bb no es nunca s\u00f3lo empe\u00f1o y capacidad del hombre, sino ante todo y sobre todo don de Dios.<\/p>\n<p>Cuando la familia cristiana adopta esta perspectiva, su espiritualidad supera la tentaci\u00f3n del sociologismo, escapa al peligro de dar en alg\u00fan modo un revestimiento teol\u00f3gico a una realidad sociol\u00f3gica y efect\u00faa el paso decisivo de la categor\u00ed\u00ada humana de \u00abmodelo\u00bb a la teolog\u00ed\u00ada de imagen. Aqu\u00ed\u00ad est\u00e1 el sentido del \u00abgiro teol\u00f3gico\u00bb al que la espiritualidad cristiana se siente incitada frente a la realidad antropol\u00f3gica en la que se halla inmersa, tomando cada vez m\u00e1s clara conciencia de que el amor humano corre constantemente el riesgo de partir del hombre y acabar en el hombre, de encontrar siempre y s\u00f3lo al hombre, cuando su destino es partir del hombre para encontrar la \u00abimagen\u00bb de Dios en la existencia cristiana de la pareja. Vivir como cristianos el matrimonio termina entonces coincidiendo con la capacidad de vivir la experiencia de la vida de familia en el doble y a la vez \u00fanico horizonte de la historia y de la fe.<\/p>\n<p>III. El camino de la espiritualidad familiar<br \/>\nLa b\u00fasqueda de la santidad en el matrimonio no constituye ciertamente una novedad en la vida de la Iglesia, sino que es una constante suya, porque en cada \u00e9poca hist\u00f3rica y en cada ambiente cultural y social ha habido c\u00f3nyuges cristianos que han experimentado su existencia como dimensi\u00f3n de fe, de amor, de servicio a Dios. Lo que s\u00ed\u00ad parece relativamente nuevo es la reflexi\u00f3n cr\u00ed\u00adtica que la teolog\u00ed\u00ada y la espiritualidad han ido elaborando sobre esta experiencia, hasta el punto de inducir a afirmar que la \u00abespiritualidad familiar\u00bb no como praxis, sino como elaboraci\u00f3n sistem\u00e1tica, es una realidad bastante reciente, que coincide casi con las vicisitudes del \u00faltimo medio siglo&#8217;. Esto no ha de ser motivo de estupor, porque el fallido desarrollo de la espiritualidad familiar, despu\u00e9s de las primeras intuiciones de la edad patr\u00ed\u00adstica, no es otra cosa que un aspecto de la insuficiente profundizaci\u00f3n del tema de la existencia cristiana bajo el perfil de la espiritualidad de los laicos, en general y en particular (espiritualidad del trabajo, de la profesi\u00f3n, de la vida social). Junto a estas razones de orden general pueden apreciarse algunas espec\u00ed\u00adficas, vinculables a condicionamientos que no han cesado de influir negativamente en la vida de la comunidad eclesial y que explican en parte el dificil camino de la espiritualidad familiar, incluso en nuestros d\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>La primera y fundamental raz\u00f3n de tal retraso ha de buscarse en la acentuaci\u00f3n de la dimensi\u00f3n mon\u00e1stica y clerical, en sentido lato, que se efectu\u00f3 sobre todo a partir del medioevo. De resultas ha tenido lugar un tipo de transferencia de modelos de la espiritualidad monacal a la laical en general, y a la familiar en particular. En lugar de profundizar las l\u00ed\u00adneas generales comunes a cada forma de existencia cristiana (tanto en la virginidad como en el matrimonio), se ha considerado la vida consagrada como una especie de modelo con el cual deb\u00ed\u00ada confrontarse y en base al cual deb\u00ed\u00ada juzgarse la vida conyugal, a la que se ten\u00ed\u00ada por v\u00e1lida en la medida en que era capaz de adecuarse a la virginidad y en alg\u00fan modo de reproducirla. De ah\u00ed\u00ad la inevitable infravaloraci\u00f3n de la dimensi\u00f3n espec\u00ed\u00adficamente nupcial de la vida laical; si el modelo de la vida cristiana no es el amor, sino la continencia, una espiritualidad que excluye, m\u00e1s a\u00fan, que debe necesariamente excluir de manera permanente la forma virginal de la castidad, es por fuerza una forma de vida marginal, perteneciente incluso a un nivel inferior. An\u00e1logamente, si el modelo de vida cristiana no es la ordenaci\u00f3n de los bienes materiales a Dios, sino la pobreza entendida como renuncia, la vida familiar, que no puede prescindir del uso de los bienes, se convierte por necesidad en el p\u00e1lido reflejo de un ideal de perfecci\u00f3n que s\u00f3lo puede buscarse en otra parte. El hecho, nada infrecuente, de que en los siglos pasados esposos y esposas, y sobre todo viudos (las listas de la santidad can\u00f3nica est\u00e1n llenas de ejemplos), se refugiasen en el convento, es \u00ed\u00adndice de esta irreflexiva identificaci\u00f3n entre vida conventual y \u00abestado de perfecci\u00f3n\u00bb, como si la vida laical fuera necesariamente una forma subalterna de existencia cristiana. En el mismo contexto debe subrayarse el hecho de que hasta \u00e9poca relativamente reciente, sobre todo en el mundo cat\u00f3lico, los maestros y los escritores de espiritualidad, y ante todo los te\u00f3logos, vivieran como norma su existencia fuera de la condici\u00f3n conyugal, de modo que con mucha frecuencia ten\u00ed\u00adan una imagen sustancialmente desenfocada (cuando no incluso deformada por ese punto de escucha de la patolog\u00ed\u00ada conyugal, y no de su fisiolog\u00ed\u00ada. que ha sido y sigue siendo en muchos aspectos el confesonario). Es preciso saltar casi desde los primeros siglos a la edad contempor\u00e1nea para encontrar una espiritualidad familiar no s\u00f3lo vivida, sino cr\u00ed\u00adticamente analizada, en una palabra, consciente.<\/p>\n<p>La segunda raz\u00f3n del retraso de la reflexi\u00f3n sobre la espiritualidad conyugal es su insuficiente elaboraci\u00f3n teol\u00f3gica a nivel de eclesiolog\u00ed\u00ada y de teolog\u00ed\u00ada de los sacramentos. En una eclesiolog\u00ed\u00ada que antes del Vaticano II miraba como categor\u00ed\u00ada fundamental la de la jerarqu\u00ed\u00ada y como estructura sustentadora la obediencia, deb\u00ed\u00ada quedar poco margen para una espiritualidad que tiene que ser de participaci\u00f3n, de condivisi\u00f3n, de comuni\u00f3n (mientras que en el pasado los esposos cristianos, como el resto de los laicos, parec\u00ed\u00adan ser en la comunidad cristiana esencialmente mero lugar de escucha, y no un pueblo de Dios que sabe a la vez hablar y escuchar). Y en una teolog\u00ed\u00ada del matrimonio proclive a desarrollar, sobre todo, las categor\u00ed\u00adas jur\u00ed\u00addicas de la contractualidad, de la indisolubilidad, de la obligatoriedad (m\u00e1s que las b\u00ed\u00adblicas de pacto, de amor y de alegr\u00ed\u00ada), era natural que prevaleciese una consideraci\u00f3n abstracta sobre la \u00abesencia\u00bb y sobre los \u00abfines\u00bb del matrimonio, o sobre las condiciones en que se instaura o deja de existir, m\u00e1s bien que sobre aquello que lo constituye como cristiano en la perspectiva de la salvaci\u00f3n. De ah\u00ed\u00ad una atenci\u00f3n privilegiada prestada a la relaci\u00f3n entre sacramento y sociedad civil, especialmente en lo relativo a la disputa sobre el control de la instituci\u00f3n, m\u00e1s bien que a la relaci\u00f3n entre sacramento y comunidad eclesial. Este es el defecto de muchas, por otra parte ricas, construcciones teol\u00f3gicas, mientras que algunas intuiciones de pensadores como A. Rosmini y M. J. Scheeben no ser\u00ed\u00adan reconsideradas hasta un siglo despu\u00e9s, en la l\u00ed\u00adnea de una nueva comprensi\u00f3n del matrimonio como sacramento y de la Iglesia en cuanto comuni\u00f3n.<\/p>\n<p>No es, pues, aventurado fechar el movimiento de espiritualidad conyugal a partir de la Casti connubii, de P\u00ed\u00ado XI (1930), con la cual empieza una nueva fase de la reflexi\u00f3n del magisterio. Este es, en efecto, el punto de partida de un vasto movimiento de espiritualidad familiar, que se extiende bien pronto a todo el mundo cat\u00f3lico y que se afirma en conexi\u00f3n con una serie de fen\u00f3menos internos y externos a la Iglesia, desde la laicizaci\u00f3n del matrimonio como instituci\u00f3n a la secularizaci\u00f3n de la vida; desde la difusi\u00f3n de las pr\u00e1cticas neomaltusianas hasta el cambio de actitud frente a la sexualidad; desde el establecimiento de reg\u00ed\u00admenes totalitarios que pretenden sustituir a la familia en su funci\u00f3n educativa hasta la agudizaci\u00f3n de la tensi\u00f3n entre las generaciones. En este contexto, la Iglesia se somete a s\u00ed\u00ad misma a un amplio proceso de revisi\u00f3n cr\u00ed\u00adtica, que hallar\u00e1 en la doctrina sobre el matrimonio del Vat. II un punto de referencia fundamental y en las diversas asociaciones y movimientos de espiritualidad conyugal el lugar natural en que el tema de la espiritualidad conyugal se convierte de andamiaje teol\u00f3gico, a veces abstracto, en concreta praxis de vida.<\/p>\n<p>Todo esto sucede debido a los r\u00e1pidos cambios sociales y culturales, que obligan a recuperar sin demora la originalidad cristiana del matrimonio, y ello, m\u00e1s que en ant\u00ed\u00adtesis, en dial\u00e9ctica con una imagen sociol\u00f3gica de matrimonio hoy ya en crisis en el \u00e1mbito de Occidente. En el momento en que antiguas estructuras caen o est\u00e1n para caer, la comunidad cristiana parece redescubrir el matrimonio y la familia, no tanto como \u00faltima trinchera que defender cuanto como peque\u00f1o grupo capaz de reestructurar sobre bases nuevas todo el tejido eclesial y de ayudar al laico a vivir como cristiano la realidad secular en que est\u00e1 inserto. De ah\u00ed\u00ad el vasto proceso de revisi\u00f3n cr\u00ed\u00adtica a que se someten las estructuras pastorales, a instancias precisamente del redescubrimiento de los valores de la espiritualidad cristiana, para ver si siguen o no siendo aptas para formar cristianos adultos, capaces de vivir fielmente su vocaci\u00f3n, asumida no como realidad sociol\u00f3gica condicionante, sino como apremiante realidad de gracia. A una comunidad polarizada \u00fanicamente en torno al carisma de la virginidad consagrada, le sucede una comunidad que va redescubriendo la pluralidad de vocaciones, carismas y ministerios eclesiales en el cuadro de la llamada \u00fanica y fundamental de los cristianos a la santidad.<\/p>\n<p>No debe olvidarse, por fin, la aportaci\u00f3n de los hermanos separados a esta renovada reflexi\u00f3n sobre el matrimonio, de acuerdo con el progreso del movimiento ecum\u00e9nico y la renovada toma de contacto con la espiritualidad protestante y oriental&#8217;.<\/p>\n<p>IV. La tipicldad de la espiritualidad familiar<br \/>\nAlgunas caracter\u00ed\u00adsticas fundamentales definen la espiritualidad de la familia y evidencian su originalidad y novedad.<\/p>\n<p>1. ESPIRITUALIDAD DE PAREJA &#8211; Ante todo, es una espiritualidad de pareja; no ya en el sentido de que excluya de su horizonte a los otros miembros de la familia, cuando los hay (en particular, los hijos), sino porque, entre los bautizados que constituyen esa comunidad que es la familia cristiana, s\u00f3lo los esposos hacen el pacto sacramental que los convierte en una entidad nueva. Por eso la espiritualidad conyugal se define sobre todo como tendencia hacia la unidad, entendida como elemento al par constitutivo y din\u00e1mico del sacramento del matrimonio y como llamamiento a una plenitud que obtendr\u00e1 su perfecci\u00f3n s\u00f3lo en el horizonte de las \u00faltimas realidades. A esta luz, el matrimonio no es un evento que se realiza de una vez por todas, sino el instrumento de una vocaci\u00f3n a ser cada m\u00e1s \u00ablos dos una sola carne\u00bb (G\u00e9n 2,24). Aqu\u00ed\u00ad se descubre el sentido profundo de la \u00abdescripci\u00f3n\u00bb que Pablo hace del matrimonio como \u00abmisterio grande en orden a Cristo y a la Iglesia\u00bb (Ef 5,32); el matrimonio de los cristianos es compromiso de testimoniar existencialmente entre los hombres el v\u00ed\u00adnculo, de otro modo indescifrable, mediante el cual Cristo e Iglesia son asimismo \u00abdos en uno\u00bb. Caminar hacia una unidad cada vez m\u00e1s profunda, en la certeza de que Cristo es el autor y la plenitud de esta unidad, constituye el itinerario fundamental de la espiritualidad conyugal.<\/p>\n<p>En este camino emergen algunos valores que son al par humanos y cristianos:<\/p>\n<p>\u2020\u00a2 la fidelidad.. fidelidad al otro significa tambi\u00e9n fidelidad al proyecto de Dios sobre ambos;<br \/>\n\u2020\u00a2 la solidaridad, entendida como un \u00absobrellevar mutuamente las cargas\u00bb (G\u00e1l 6,2), incluso en el plano espiritual, cuando el c\u00f3nyuge inocente \u00abse hace\u00bb pecador con el c\u00f3nyuge pecador y el c\u00f3nyuge arrepentido ofrece al otro la oportunidad de participar con \u00e9l en la alegr\u00ed\u00ada de la conversi\u00f3n;<br \/>\n\u2020\u00a2 la originalidad, en el sentido de que, en la com\u00fan vocaci\u00f3n a la unidad y al crecimiento en Cristo propios de todos los esposos bautizados, cada pareja es llamada a un itinerario propio de crecimiento, a trav\u00e9s de los acontecimientos, las opciones cotidianas y cualquier otro medio del que el Esp\u00ed\u00adritu se sirva para indicar el camino.<\/p>\n<p>2. ESPIRITUALIDAD LAICAL &#8211; La espiritualidad familiar es. por otra parte, t\u00ed\u00adpicamente laical, en el sentido de que se expresa en las realidades mundanas y seculares (LG 31), las cuales son, por un lado, los instrumentos a trav\u00e9s de los cuales el Esp\u00ed\u00adritu llama incesantemente a los esposos a caminar juntos hacia el Amor, y, por otro, la \u00abmateria\u00bb de un ofertorio cotidiano, de una \u00abliturgia de la vida\u00bb que asume y rescata en la persona de Cristo la \u00abmundanidad\u00bb de los eventos y de los sentimientos humanos. Estas realidades son, por un lado, el amor, la sexualidad y la fecundidad, y, por otro, la casa, que es el lugar donde se viven estas dimensiones; el trabajo, entendido no s\u00f3lo como derecho personal y servicio que se presta en general a la sociedad, sino como esfuerzo y servicio de amor a los familiares; la pol\u00ed\u00adtica, entendida como el contexto en que la familia es llamada a colaborar por la sociedad. Lo es igualmente la alegr\u00ed\u00ada, que, en la plenitud del amor, en la dulzura de la comprensi\u00f3n rec\u00ed\u00adproca, en el estupor de la vida que se renueva, es instrumento de participaci\u00f3n com\u00fan en el gozo pascual de Cristo, ocasi\u00f3n de agradecimiento y de alabanza; y tambi\u00e9n el dolor, componente ineludible de la experiencia humana, que se traduce en adhesi\u00f3n de la familia al misterio de la cruz; no s\u00f3lo los grandes dolores, efem\u00e9rides de la existencia, sino tambi\u00e9n los menores e incluso los m\u00e1s peque\u00f1os de la vida diaria, las molestias, la fatiga del vivir juntos, la experiencia del l\u00ed\u00admite en el coraz\u00f3n del amor, son hechos constructivos de una unidad espiritual dirigida hacia los horizontes de una caridad que \u00abno tendr\u00e1 fin\u00bb (1 Cor 13,8).<\/p>\n<p>3. ESPIRITUALIDAD ENCARNADA &#8211; Entre las realidades en que se expresa la espiritualidad familiar y conyugal, ocupan un puesto singular el amor y la sexualidad, puesto que definen la esencia humana del matrimonio y, precisamente por ello, son tambi\u00e9n el instrumento de su misma sustancia sacramental.<\/p>\n<p>Comprender que la participaci\u00f3n en el misterio pascual de Cristo, el crecimiento com\u00fan en la fe, en la esperanza y en la caridad, la com\u00fan respuesta al Esp\u00ed\u00adritu, que incesantemente hace resonar su llamamiento en el coraz\u00f3n de los esposos, pasan tambi\u00e9n a trav\u00e9s de las dimensiones tan humildes y terrenas del amor conyugal y del don sexual no es siempre f\u00e1cil, especialmente a nivel de experiencia, por la misma pobreza de los signos, que, pese a la densidad de su significado, parecen inadecuados en comparaci\u00f3n con el \u00abgran misterio\u00bb que deben expresar y representar. Tal inadecuaci\u00f3n, perceptible tambi\u00e9n, y quiz\u00e1 m\u00e1s, en los momentos del abandono amoroso humanamente total y perfecto, descubre en cierto modo el \u00abvac\u00ed\u00ado\u00bb que debe ser colmado por la fe; la fe exige que la pobreza humana sea rescatada por la riqueza de Cristo, quela aspiraci\u00f3n a la plenitud del amor sea asumida por el Esp\u00ed\u00adritu, que invita a elevarse; que la rigidez de los limites psicol\u00f3gicos y fisiol\u00f3gicos, a veces insuperables, sea rota por la esperanza de la unidad perfecta en la caridad, que encontrar\u00e1 cumplimiento en el reino del Padre.<\/p>\n<p>Y, sin embargo, el don sexual en el amor es. tambi\u00e9n para los esposos cristianos, factor de alegr\u00ed\u00ada, momento determinante y constructivo de la realidad de pareja a que asimismo el sacramento los llama (GS 49), elemento fundamental, si bien no \u00fanico y quiz\u00e1 caduco a la larga de su comuni\u00f3n de vida. Por eso es de suma importancia, para la existencia cristiana de la pareja, caminar con claridad y paciencia incluso en el plano de la experiencia sexual: con claridad, para no supervalorar, ni tampoco subvalorar, este \u00e1mbito de la vida conyugal; con paciencia, porque la castidad conyugal es tambi\u00e9n una larga conquista, como cualquier otra dimensi\u00f3n moral de la existencia entre dos, que pasa por altibajos, retrocesos y magn\u00ed\u00adficas recuperaciones. Lo que importa es que en este camino la pareja no conf\u00ed\u00ade sobre todo en s\u00ed\u00ad misma, sino que tenga la l\u00facida conciencia de que Cristo llama y sostiene, y de que a la oscuridad de la crucifixi\u00f3n sigue la alegr\u00ed\u00ada de la resurrecci\u00f3n. Este llamamiento a la paciencia y esta promesa de plenitud est\u00e1n, por lo dem\u00e1s, contenidos de modo transparente en el desemboque normal de la intimidad sexual, que es el hijo. La fecundidad constituye, sin duda, un valor en el plano humano; es intr\u00ed\u00adnsecamente un gesto constructivo, un acto de fe en el hombre, una mirada m\u00e1s al fondo y por encima del sufrimiento y de los errores del pasado y del presente, un puente tendido hacia el futuro. En la perspectiva de la espiritualidad conyugal, la fecundidad es tambi\u00e9n llamada del Padre a salir del mundo a dos de la pareja para hacerse don com\u00fan al mundo. Esta \u00abvocaci\u00f3n\u00bb est\u00e1 claramente ya presente en el don sexual, en cuanto instrumento de la procreaci\u00f3n; por eso es una vocaci\u00f3n que concierne a todas las parejas cristianas, incluso a las que no tienen hijos. En efecto, no puede darse esterilidad en el matrimonio cristiano, llamado a hacerse servicio de amor a todos los peque\u00f1os, los pobres y los marginados; destinado a convertir en \u00abpadre\u00bb y \u00abmadre\u00bb a los esposos, tengan o no hijos, a trav\u00e9s de las opciones de generosa disponibilidad que ellos pueden efectuar en la Iglesia y en la sociedad (AA 11).<\/p>\n<p>4. ESPIRITUALIDAD ECLESIAL &#8211; La orientaci\u00f3n a la fecundidad funda as\u00ed\u00ad la cuarta y fundamental caracter\u00ed\u00adstica de la espiritualidad conyugal: su eclesialidad. Es relativamente reciente, como la historia de la espiritualidad conyugal lo evidencia, la intuici\u00f3n de que a la espiritualidad de la pareja le hace falta un respiro eclesial, so pena de perder, a la larga. fuerza y vitalidad, cuando no de llegar incluso a la esterilidad. Tal conciencia forma parte del camino recorrido por la comunidad cristiana con la ayuda tanto de la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica como de la experiencia concreta de la vida de las parejas cristianas. Se trata de la toma de conciencia de que la espiritualidad familiar no afecta s\u00f3lo a la pareja y a la familia, sino que es una realidad eclesial; no separa, sino que inserta cada vez m\u00e1s profundamente en el contexto de las relaciones eclesiales a los cristianos que viven el matrimonio y la familia. No podr\u00ed\u00ada ser de otro modo. si el matrimonio es \u00absigno\u00bb de Iglesia (Ef 5,32) y la familia \u00abexperiencia de Iglesia\u00bb (LG 11; AA 11). En el signo de la eclesialidad se verifica continuamente el paso y la interacci\u00f3n entre espiritualidad conyugal y familiar. La familia es iglesia en cuanto comunidad de bautizados; lugar abierto a la acogida y a la escucha de todas las personas y de todos los carismas; \u00abpeque\u00f1a iglesia\u00bb (tamquam domesticum sanctuarium Ecclesiae: AA 11) que, no obstante, se abre al mundo y que, pese a estar f\u00ed\u00adsicamente circunscrita por los muros dom\u00e9sticos (velut Ecclesia domestica; LG 11), no por ello est\u00e1 menos disponible a las necesidades de todo el pueblo de Dios, precisamente porque se siente part\u00ed\u00adcipe del mismo y de alguna manera responsable.<\/p>\n<p>De aqu\u00ed\u00ad nace una espiritualidad eclesial, y m\u00e1s propiamente de comuni\u00f3n, que puede hallar en la espiritualidad t\u00ed\u00adpica de la vida de familia (com\u00fan, si bien en formas diversas, al ni\u00f1o y al muchacho, al joven y al anciano, al hombre y a la mujer) su momento de actualizaci\u00f3n y verificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En la l\u00ed\u00adnea de esta reflexi\u00f3n se puede intentar poner en marcha un tratado sobre la espiritualidad de las comunidades interfamiliares, que a menudo comprenden sea n\u00facleos familiares, sea personas particulares o j\u00f3venes no casados. Se trata de experiencias iniciales que a\u00fan est\u00e1n buscando una fisonom\u00ed\u00ada precisa, pero que, cuando nacen por opci\u00f3n meditada, con esp\u00ed\u00adritu de servicio a los otros y como est\u00ed\u00admulo para la superaci\u00f3n de estructuras consideradas ya vac\u00ed\u00adas de contenido cristiano, son ricas de generosidad y de fe. El ideal de \u00abiglesia dom\u00e9stica\u00bb puede asumir, en estas tentativas comunitarias, un peso de gran importancia, si la inteligencia pastoral de quien tiene la responsabilidad en las iglesias locales se empe\u00f1a en que experiencias nacientes y en b\u00fasqueda no sean aisladas y separadas del contexto eclesial y se preocupa por crear instrumentos y ocasiones que ayuden a que florezca una espiritualidad original (familiar, pero tambi\u00e9n conyugal; comunitaria, pero no conventual), que podr\u00e1 dar frutos impensados de fe y de caridad para todo el pueblo de Dios.<\/p>\n<p>Los grupos de espiritualidad conyugal y familiar constituyen tambi\u00e9n una experiencia de iglesia muy v\u00e1lida para las parejas de esposos. El grupo, en efecto, puede ser un espacio ideal para los esposos en la comunidad eclesial, en el cual concienciarse y madurar sus espec\u00ed\u00adficos valores conyugales. El m\u00e9todo del encuentro fraterno, del intercambio generoso de los dones de cada uno, de la rec\u00ed\u00adproca disponibilidad, determina una experiencia de comuni\u00f3n que induce al grupo y a quien en \u00e9l se alimenta a abrirse a la comunidad local, m\u00e1s amplia, y a hacerse cargo de sus problemas.<\/p>\n<p>V. El alimento de la espiritualidad conyugal<br \/>\nLa espiritualidad conyugal nace de la fe, vive en la esperanza y se expresa en la caridad. Fundamento de toda espiritualidad cristiana, la fe, la esperanza y la caridad son acogidas como don del Esp\u00ed\u00adritu y vividas en modo peculiar en el \u00e1mbito de la vida de familia. La fe se torna confianza y fidelidad a Dios y al otro; la esperanza, empe\u00f1o por la construcci\u00f3n del reino y por la realizaci\u00f3n de la justicia a trav\u00e9s del testimonio y de la presencia de la familia; la caridad, don recibido y aceptado del Esp\u00ed\u00adritu y difundido entre los hermanos y en la comunidad. La palabra de Dios alimenta la fe; la conversi\u00f3n y el arrepentimiento sostienen la esperanza; la experiencia del amor restituye su sentido profundo a la eucarist\u00ed\u00ada y la convierte realmente en acci\u00f3n de gracias.<\/p>\n<p>1. PALABRA &#8211; La palabra es, pues, alimento de la fe. En la palabra de Dios, la familia cristiana adquiere claridad, confronta con ella su vida y opciones, por ella se convierte y reemprende el camino cotidiano. Existe, por consiguiente, en la vida de las familias y de los esposos cristianos un \u00abmomento de la palabra\u00bb, que es factor constructivo de la \u00abpeque\u00f1a iglesia\u00bb dom\u00e9stica. Tal momento puede asumir diversa extensi\u00f3n; puede consistir simplemente en el empe\u00f1o por escuchar atenta y reflexiva-mente la palabra proclamada en las liturgias dominicales (empe\u00f1o a cumplir-se fiel y responsablemente); o puede desplegarse en formas m\u00e1s amplias, en las cuales, aun atribuyendo un valor fundamental a la palabra proclamada, se practica tambi\u00e9n una lectura dom\u00e9stica de la palabra, lectura sugerida por hechos ocasionales, como los tiempos lit\u00fargicos o aniversarios familiares particulares. La reflexi\u00f3n sobre la palabra, le\u00ed\u00adda o escuchada, lleva a la familia a una actitud com\u00fan de agradecimiento, de oraci\u00f3n, de humildad ante Dios, a una espera confiada del perd\u00f3n.<\/p>\n<p>2. PENITENCIA &#8211; La palabra mueve a la familia a la penitencia cristiana, a reconocerse pecadores, a poner su confianza en el amor del Padre y, en este amor, a recomenzar la tarea y la alegr\u00ed\u00ada de vivir. En particular, en el plano de la espiritualidad conyugal, la penitencia puede recobrar su significado comunitario pleno, por encima de ese proceso reductivo de privatizaci\u00f3n que lo hab\u00ed\u00ada oscurecido en no peque\u00f1a medida. En las celebraciones penitenciales comunitarias los esposos entran con su identidad de pareja: portadores, como todos, de sus pecados personales y sociales, pero tambi\u00e9n de faltas que les afectan espec\u00ed\u00adficamente en cuanto pareja y comunidad familiar; mas al mismo tiempo disponibles para saborear juntos la alegr\u00ed\u00ada del perd\u00f3n y del retorno a la casa del Padre. Convencidos de que las culpas personales se reflejan en su realidad conyugal como y m\u00e1s que en todo el cuerpo de la Iglesia, los c\u00f3nyuges cristianos piden perd\u00f3n tambi\u00e9n a los otros y, en primer lugar, al \u00abotro\u00bb por excelencia, el esposo o la esposa. A esta luz asume un significado particular el intercambio de la paz en la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica, en la cual los esposos,al participar juntos, son signo de la reconciliaci\u00f3n alcanzada y, al mismo tiempo, interpelaci\u00f3n a una constante conversi\u00f3n.<\/p>\n<p>3. EUCARIST\u00ed\u008dA &#8211; En la espiritualidad conyugal, como en cualquier otra forma de espiritualidad, la eucarist\u00ed\u00ada constituye el momento central y constructivo; la eucarist\u00ed\u00ada edifica el matrimonio cristiano en su dimensi\u00f3n hist\u00f3rica, concreta, din\u00e1mica. Recibiendo el cuerpo de Cristo, que se reparte, y su sangre, derramada por todos, los esposos se hacen el uno al otro el don irrevocable de si mismos y, al par, el don com\u00fan a todos los hermanos; y confirman asimismo en Cristo el don total de su ser conyugal, de su conyugalidad. A trav\u00e9s de la eucarist\u00ed\u00ada se recapitulan en Cristo (Col 1,19) todos esos valores sagrados y seculares que forman el tejido de la vida de la pareja; es Cristo, en efecto, no la buena voluntad de los esposos, el que redime continuamente las realidades humanas y las hace capaces de convertirse en instrumento de crecimiento sobrenatural. El es, en la eucarist\u00ed\u00ada, el \u00abDios con nosotros\u00bb (Mt 1,23) continuamente entregado por la salvaci\u00f3n del mundo; es tambi\u00e9n el Dios que llama mediante el Esp\u00ed\u00adritu; por eso en la eucarist\u00ed\u00ada la pareja recoge el llamamiento a caminar hacia una dimensi\u00f3n conyugal que sea una participaci\u00f3n cada vez m\u00e1s plena y signo cada vez m\u00e1s transparente del amor CristoIglesia. En este sentido, la condici\u00f3n conyugal se convierte tambi\u00e9n, de alg\u00fan modo, en una eucarist\u00ed\u00ada, en un memorial perenne y viviente del amor fiel y sacrificial de Cristo por el hombre (1 Cor 11,25ss). Pero la eucarist\u00ed\u00ada edifica tambi\u00e9n, al par que la comuni\u00f3n conyugal, la comuni\u00f3n familiar: fundamenta en la Iglesia la iglesia dom\u00e9stica. Los diversos momentos de la vida dom\u00e9stica, las ocasiones de vivir juntos pueden convertirse entonces en una prolongaci\u00f3n y un anuncio, a nivel humano y educativo, de la fiesta, de la cena, del encuentro con los hermanos, a quienes el Se\u00f1or llama a su eucarist\u00ed\u00ada. Esta densidad evocativa y significativa de los gestos habituales de la vida en familia resulta m\u00e1s evidente en la inminencia de la \u00abpreparaci\u00f3n\u00bb a los sacramentos de la iniciaci\u00f3n cristiana&#8217;, que no podr\u00ed\u00ada, si es verdaderamente tal, dejar de implicar a toda la familia. En el \u00e1mbito de la fecunda relaci\u00f3n entre eucarist\u00ed\u00ada y espiritualidad familiar, se sit\u00faa asimismo la experiencia de las \u00abmisas dom\u00e9sticas\u00bb, destinadas, por cierto, no a separar a las familias del cuerpo eclesial, sino m\u00e1s bien a hacerles experimentar el sentido y el valor de su entidad de peque\u00f1as comunidades de iglesia.<\/p>\n<p>Palabra, penitencia, eucarist\u00ed\u00ada forman el tejido de la plegaria conyugal y familiar que, precisamente en cuanto comunitaria, no puede dejar de arraigar profundamente en estas realidades. En momentos espec\u00ed\u00adficos y m\u00e1s reposados (retiros, ejercicios espirituales, encuentros de reflexi\u00f3n y de revisi\u00f3n de vida), la plegaria conyugal adquiere vigor y frescura; mientras que en las ocasiones recurrentes en la vida cotidiana (las comidas, el domingo, las grandes fiestas lit\u00fargicas, los dolores, las alegr\u00ed\u00adas, los acontecimientos del mundo) recibe el est\u00ed\u00admulo para hacer presente en la comunidad familiar a Cristo, que escucha, ama y perdona.<\/p>\n<p>VI. Las bienaventuranzas y la vida de familia<br \/>\nPalabra, penitencia y eucarist\u00ed\u00ada acompa\u00f1an a la familia cristiana en su caminar peculiar a trav\u00e9s de las realidades mundanas hacia la santidad, y la llevan a comprender el sentido profundo de las bienaventuranzas evang\u00e9licas (Mt 5,3ss; Lc 6,20ss), las cuales tienen que ser vividas por los esposos en clave conyugal y por la familia entera en la dimensi\u00f3n laical espec\u00ed\u00adfica de la espiritualidad familiar.<\/p>\n<p>\u2020\u00a2 La paz es aspiraci\u00f3n constante de la vida conyugal y familiar: una paz entendida no tanto como ausencia de contrastes (\u00e9stos son inevitables en el plano humano), sino como conciliaci\u00f3n de las diversidades personales en la comuni\u00f3n profunda, que es don del Esp\u00ed\u00adritu. Esta paz es tambi\u00e9n misericordia, por ser fruto de una actitud interior de humildad, que hace que cada uno se reconozca limitado, pecador, necesitado del perd\u00f3n de Dios y de los hermanos. En virtud de esta actitud, se perdonan las ofensas del pr\u00f3jimo, en la seguridad de que, a quien perdona y en la medida en que perdona, Dios le perdona.<\/p>\n<p>\u2020\u00a2 La justicia, ideal al que tan sensible es el hombre contempor\u00e1neo, encuentra en el \u00e1mbito conyugal y familiar una singular posibilidad de que sea vivida en el plano de la espiritualidad. La justicia consiste, ante todo, en una actitud de respeto, profundo y convencido, a la diversidad de las personas; un respeto que tiene su ra\u00ed\u00adz en la conciencia de que Dios es la fuente y la riqueza de toda diversidad. El reconocimiento de la personalidad de la mujer en el \u00e1mbito familiar se basa en la justicia; de aqu\u00ed\u00ad deriva el empe\u00f1o concreto por una equitativa divisi\u00f3n de las tareas y de los deberes, en una variedad y elasticidad de servicios y de roles, de suerte que en el \u00e1mbito de la pareja conyugal no se registren jam\u00e1s formas de opresi\u00f3n del uno sobre el otro ni continuas confrontaciones pol\u00e9micas, sino que se arreglen las diferencias en din\u00e1mica armon\u00ed\u00ada, que nace del respeto y halla su plenitud en el amor. La justicia es gu\u00ed\u00ada indispensable de la vida familiar y punto de referencia de un amor parental. que el instinto y las limitaciones humanas podr\u00ed\u00adan hacer posesivo, oprimente, contrastante con las reales exigencias de crecimiento de las personas.<\/p>\n<p>\u2020\u00a2 Las persecuciones y el sufrimiento tampoco son extra\u00f1as al horizonte de la familia. Existe un tipo de \u00abpersecuci\u00f3n\u00bb que todos los cristianos experimentan en diversa medida: el de la incomprensi\u00f3n y a veces el desprecio o la calumnia. La pareja cristiana, precisamente por los valores que trata de destacar con sus opciones y su vida, es a menudo blanco de esta sutil persecuci\u00f3n, que va en los casos concretos desde la marginaci\u00f3n social de hecho de las familias numerosas hasta las insinuaciones infamantes por la resistencia a faltar a los propios principios en el plano de la moral sexual y de la fidelidad. Estas y otras actitudes abierta o sutilmente persecutorias son el banco de prueba de la fortaleza y de la fe de las parejas cristianas y el \u00ablugar\u00bb en el que experimentan el llamamiento universal a las bienaventuranzas.<\/p>\n<p>VII. La espiritualidad familiar<br \/>\nal servicio del mundo: el \u00abministerio\u00bb conyugal<br \/>\nEl camino de la familia cristiana por la v\u00ed\u00ada de la profundizaci\u00f3n de la propia espiritualidad, como seguimiento del Se\u00f1or en su espec\u00ed\u00adfico estado de vida, s\u00f3lo es posible si la pareja conyugal, gozne de la familia, no se a\u00ed\u00adsla, sino que con una clara y viva conciencia eclesial, como se ha visto, se arraiga vitalmente en la Iglesia, en la cual se basa y sobre la cual constantemente reconstruye su identidad cristiana. En esta perspectiva, la espiritualidad conyugal alcanza cumplidamente su dimensi\u00f3n de \u00abcarisma\u00bb, de \u00abservicio\u00bb, de \u00abministerio\u00bb, en la l\u00ed\u00adnea doctrinal indicada por el Vaticano II y recogida por el magisterio episcopal s. Se trata de un \u00abministerio\u00bb t\u00ed\u00adpicamente laical, no propia o t\u00e9cnicamente \u00abordenado\u00bb, que siempre es fecundo y que nace como respuesta a la llamada que Dios continuamente dirige a la pareja para que crezca en la gracia y se d\u00e9 generosamente.<\/p>\n<p>Ministerio del signo: los esposos son signo de amor, de unidad, de tensi\u00f3n escatol\u00f3gica, de fidelidad a la alianza, en relaci\u00f3n con todos los grandes temas b\u00ed\u00adblicos del amor y del matrimonio.<\/p>\n<p>Ministerio de la vida, f\u00ed\u00adsica (procreaci\u00f3n) y espiritual (educaci\u00f3n, adopci\u00f3n, hospitalidad, servicio). Si la transmisi\u00f3n de la vida entra en el \u00e1mbito de la \u00abnaturalidad\u00bb del matrimonio como instituci\u00f3n, el anuncio del evangelio en la familia supera ese \u00e1mbito y asume un significado aut\u00e9nticamente eclesial.<\/p>\n<p>Ministerio del servicio al mundo: en la comunidad civil (escuela, barrio, asociaciones de padres) lo mismo que en la comunidad eclesial (ayuda a los casados, catequesis a los ni\u00f1os y muchachos, compromiso con los otros c\u00f3nyuges y especialmente con las parejas que pasan momentos dif\u00ed\u00adciles).<\/p>\n<p>Sobre todo debe recuperarse el sentido profundo del \u00abministerio educativo\u00bb de la familia cristiana, dirigido al crecimiento global de las personas, a promoverlas, a ofrecer el ambiente y los instrumentos id\u00f3neos para guiarlas a la madurez en la autonom\u00ed\u00ada, en la capacidad cr\u00ed\u00adtica y en la libertad de los hijos de Dios. La pareja cristiana es instada a ser la estructura sustentadora de una familia capaz de hallar en su interior esa libertad radical, esa novedad de relaciones no dictadas por la carne ni la sangre, sino por la \u00abvida nueva\u00bb (In 3,5) que Cristo da mediante el bautismo. Por esta v\u00ed\u00ada, mediante el esfuerzo cotidiano y tenaz por reducir el propio ego\u00ed\u00adsmo para que crezca la caridad, don del Esp\u00ed\u00adritu, la familia se realiza velut Ecclesia domestica. En tal perspectiva, el servicio educativo ya no es s\u00f3lo el que prestan los padres a los hijos en el per\u00ed\u00adodo de la edad evolutiva, sino que es el empe\u00f1o reciproco y global de la familia, en un continuo intercambio de dones y de relaciones, para que todos y cada uno alcancen la \u00abmedida de la plenitud de Cristo\u00bb (Ef 4,13). Este es tambi\u00e9n el significado y el valor del servicio que pueden prestar a la comunidad eclesial las parejas de esposos conscientes de su original carisma de casados, que las hace id\u00f3neas para el ejercicio de un ministerio especifico, que s\u00f3lo parcial e imperfectamente podr\u00ed\u00adan cumplir quienes en la Iglesia son portadores de otros dones y de otros carismas.<\/p>\n<p>A trav\u00e9s de la comprensi\u00f3n de su rol en la comunidad cristiana, la familia, explicitando al m\u00e1ximo las caracter\u00ed\u00adsticas de su espiritualidad, redescubre su vocaci\u00f3n misionera. La pareja se hace consciente de estar en el mundo, mejor, de ser mundo, para orientarlo a Dios. Toda la espiritualidad conyugal y familiar adquiere as\u00ed\u00ad sentido a la luz de una categor\u00ed\u00ada esencial, aut\u00e9nticamente evang\u00e9lica, que resume todo el sentido de la misi\u00f3n de Cristo: el \u00abser para los otros\u00bb. La pareja cristiana no es para s\u00ed\u00ad, sino para los otros; no s\u00f3lo los otros m\u00e1s directos y cercanos (el c\u00f3nyuge y los hijos), sino todos los hombres. Precisamente por ser consciente de que Dios la ama)( la enriquece con el don precioso del matrimonio-sacramento, la pareja cristiana es instada a hacerse testigo y anunciadora en el mundo del amor de Dios en la forma particular que ella lo vive y experimenta, la del amor nupcial y parental. En este sentido, la familia es el lugar en que el amor de Dios, encarnado y, por as\u00ed\u00ad decir, verificado en el amor entre el hombre y la mujer, es no s\u00f3lo acogido en uno mismo, sino dado a los otros, a trav\u00e9s del testimonio de vida, la entrega a la evangelizaci\u00f3n y el compromiso apost\u00f3lico (AA 11). Precisamente por ser capaces de vivir su existencia dentro del horizonte de la fe, los c\u00f3nyuges cristianos est\u00e1n llamados no s\u00f3lo a ser dignos de su vocaci\u00f3n, sino a ser testigos ante el mundo de la perenne validez del mensaje evang\u00e9lico, como fuerza capaz de fermentar desde dentro todas las realidades temporales y realizarlas en su doble dimensi\u00f3n hist\u00f3rica y escatol\u00f3gica.<\/p>\n<p>En la vida de la familia cristiana, la categor\u00ed\u00ada de misi\u00f3n asume as\u00ed\u00ad un rol de decisiva importancia. El \u00abir\u00bb, el \u00abanunciar\u00bb, el \u00abbautizar\u00bb, el \u00abtestimoniar\u00bb (Mi 28,19) no son s\u00f3lo cometido de la Iglesia jer\u00e1rquica, sino tarea de todos los cristianos. Una espiritualidad familiar adulta y madura no puede dejar de redescubrir esta su \u00ed\u00adntima orientaci\u00f3n misionera, y no solamente en el \u00e1mbito de los muros dom\u00e9sticos. La dimensi\u00f3n misionera de la existencia se convierte as\u00ed\u00ad en el constante punto de referencia de una vida familiar vivida en toda su plenitud y riqueza, en la obediencia al Padre, en el seguimiento del Hijo y en la fidelidad del Esp\u00ed\u00adritu, que la anima y sostiene. Por esta v\u00ed\u00ada, la familia cristiana elude el riesgo de una lectura intimista de la propia espiritualidad y se hace compromiso en la historia, lugar donde la Iglesia se hace mundo para asumirlo y para hacerlo \u00abnueva criatura\u00bb en Cristo (2 Cor 5,17).<\/p>\n<p>Gianna y Giorgio Campanini<br \/>\nBIBL.-AA. VV., La familia, posibilidad humana y cristiana, Acci\u00f3n Cat\u00f3lica, Madrid 1977.-AA. VV., La familia. Doctrina de la Iglesia cat\u00f3lica acerca de la familia, el matrimonio y la educaci\u00f3n, Delegaci\u00f3n Nacional de la Familia, Madrid 1975.-AA. VV., El amor m\u00e1s fuerte que la muerte, Euram\u00e9rica, Madrid 1962.-AA. VV., La familia. Sus problemas actuales. Speiro, El Vedat de Torrente 1980.-AA. VV., La familia, di\u00e1logo recuperable, Karp\u00f3s. Madrid 1976.-Anson. E, C\u00f3mo mantener unida a la familia que ora, Clie, Terrosa 1980.-Conferencia Ep. Espa\u00f1ola, Matrimonio y familia, hoy, PPC, Madrid 1979.-Cooper, D, La muerte de la familia, Ariel, Barcelona 1981.-Forcano, B, La familia en la sociedad de hoy. Problemas y perspectivas&#8230;, Cep, Valencia 1975.-G\u00f3mez R\u00ed\u00ados, M, Familia abierta y comprometida (una alternativa creyente), PPC, Madrid 1981.-Guti\u00e9rrez, G, El amor lo puede todo (temas de reflexi\u00f3n familiar), Sal Terrae, Santander 1975.-Iceta, M, Hogares en oraci\u00f3n. 25 esquemas de oraci\u00f3n familiar, Ed. SM, Madrid 1979.-(ceta, M, Vivir en pareja. Hacia una espiritualidad conyugal, ENS, Barcelona 1979.-Kothen, R. Hacia una m\u00ed\u00adstica familiar, Apostolado Prensa, Madrid 1954.-Lochet. P. de. A la medida de su amor, Euram\u00e9rica, Madrid 1961.-Tisserand, E, \u00bfFamilia o comunidad? \u00bfQu\u00e9 es lo que puede ponerse en com\u00fan?, Paulinas, Madrid 1979.<\/p>\n<p>S. de Fiores &#8211; T. Goffi &#8211; Augusto Guerra, Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Ediciones Paulinas, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Espiritualidad<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: Introducci\u00f3n &#8211; I. Aspectos de la tradici\u00f3n: 1. Influencias jud\u00ed\u00adas; 2. La primitiva tradici\u00f3n cristiana; 3. La edad patr\u00ed\u00adstica (ss. tv-v) &#8211; II. Nuevas perspectivas teol\u00f3gicas y lit\u00fargicas: 1. Perspectivas teol\u00f3gicas; 2. La reforma lit\u00fargica y la familia &#8211; III. Propuestas pastorales. Conclusi\u00f3n.<\/p>\n<p>Introducci\u00f3n<br \/>\nLa familia, en estos \u00faltimos a\u00f1os, ocupa el centro de la reflexi\u00f3n, del compromiso pastoral y de la misma experiencia de la iglesia. El S\u00ed\u00adnodo de los Obispos de 1980 trat\u00f3 de las \u00abtareas de la familia cristiana en&#8217; el mundo de hoy\u00bb: de \u00e9l brot\u00f3 la exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica Familiaris consortio (= FC), de Juan Pablo II (1981), que corona toda una serie de intervenciones significativas del m\u00e1s reciente magisterio de los papas y la investigaci\u00f3n pastoral de las iglesias locales<br \/>\nPero m\u00e1s all\u00e1 del magisterio oficial y de los programas pastorales de las iglesias, o quiz\u00e1 como primer fruto de ellos, en el contexto de perplejidad y de esperanzas que rodean a la familia en nuestra sociedad, se est\u00e1 delineando un hecho nuevo, que asume proporciones notables: los cristianos de hoy redescubren cada vez m\u00e1s la familia, no s\u00f3lo para comprometerse concretamente en la soluci\u00f3n de sus muchos problemas, sino para vivirsu vida familiar como una experiencia de iglesia.<\/p>\n<p>A partir de esta renovada conciencia eclesial y del compromiso de muchas familias cristianas de vivir como iglesias dom\u00e9sticas se plantea en t\u00e9rminos nuevos y m\u00e1s existenciales el problema de la relaci\u00f3n entre familia y liturgia, bien en el sentido de una participaci\u00f3n de la familia como tal en las celebraciones lit\u00fargicas de la iglesia (tal vez celebradas en su misma casa), bien en el sentido de una preparaci\u00f3n y de una prolongaci\u00f3n en el ambiente dom\u00e9stico del culto de la iglesia.<\/p>\n<p>El tema de esta contribuci\u00f3n nuestra se abre a varias perspectivas, en parte nuevas: comenzaremos preguntando a la m\u00e1s antigua tradici\u00f3n de la iglesia, a la luz de la tradici\u00f3n jud\u00ed\u00ada, para despu\u00e9s afrontar la posibilidad pastoral que se abre hoy a la vida religiosa de las familias cristianas, llamadas, tambi\u00e9n en este aspecto, a interpretar y presentar nuevos modelos de experiencia cristiana, adaptados y crelbles para el mundo de hoy.<\/p>\n<p>I. Aspectos de la tradici\u00f3n<br \/>\nEl redescubrimiento de muchos aspectos de la tradici\u00f3n m\u00e1s antigua ha estado en la base de la reciente -> reforma lit\u00fargica, pero todav\u00ed\u00ada son insuficientes y parciales las investigaciones sobre la liturgia y la oraci\u00f3n familiar en el pasado: poco se sabe de la antig\u00fcedad cristiana, casi nada del medievo y de la experiencia de la reforma protestante, mientras que se ha prestado escasa atenci\u00f3n a la tradici\u00f3n oriental. Estamos muy lejos de poder componer en una sola imagen los datos parciales recogidos. No se trata de volver la mirada al pasado para traspasar nuestras preocupaciones a las generaciones m\u00e1s antiguas, ni de interpretar fragmentos destacados de la experiencia cristiana con nuestra mentalidad actual. Nuestro inter\u00e9s por los primeros siglos est\u00e1 determinado por la convicci\u00f3n de que son ,decisivos para asistir al nacimiento de una oraci\u00f3n y de una liturgia en el seno de la comunidad y de la familia cristiana y, por tanto, para captar en su sentido originario algunos modelos dignos de ser recuperados y conservados.<\/p>\n<p>En los or\u00ed\u00adgenes del cristianismo es con frecuencia un hogar dom\u00e9stico el origen y punto de partida de la evangelizaci\u00f3n y de la formaci\u00f3n de una comunidad eclesial, por lo que la iglesia nace como una gran familia. Por tanto, no resulta extra\u00f1o que pueda haber \u00absimetr\u00ed\u00ada y mimetismo entre la vida espiritual de la comunidad familiar y de la comunidad eclesial, entre la liturgia de una y otra asamblea\u00bb&#8216;. Pero para comprender los aspectos familiares del culto cristiano de los or\u00ed\u00adgenes, nos parece indispensable detenernos, al menos brevemente, sobre el ambiente religioso en que se desarroll\u00f3 inicialmente el cristianismo.<\/p>\n<p>1. INFLUENCIAS JUD\u00ed\u008dAS. Aludimos solamente a la existencia de un culto familiar en la antigua civilizaci\u00f3n religiosa grecorromana, sobre todo en su forma originaria, cuando cada familia ten\u00ed\u00ada sus dioses, su culto de los muertos, sus ritos, sus fiestas, sus f\u00f3rmulas de oraci\u00f3n, con el pater familias como sacerdote \u00fanico y \u00e1rbitro de la vida religiosa de la familia. Esta tradici\u00f3n, en absoluto un\u00ed\u00advoca en el \u00e1rea mediterr\u00e1nea antigua, ha tenido dos tipos de influjos, que representan solamente un aspecto de la relaci\u00f3n m\u00e1s general entre las formas religiosas paganas y la liturgia cristiana: una cierta continuidad religiosa, aunque profundamente repensada; y la formaci\u00f3n de una praxis cristiana alternativa.<\/p>\n<p>Mayor importancia ha tenido para la liturgia cristiana la tradici\u00f3n jud\u00ed\u00ada, en la que el culto familiar ha conservado siempre una importancia fundamental, a trav\u00e9s de lo que se llama las sucesivas formas de aparici\u00f3n del pueblo de Dios<br \/>\nEl \u00e1mbito familiar es, en el per\u00ed\u00adodo del nomadismo, el \u00fanico lugar de culto: estrechamente unidos a la familia est\u00e1n el sacrificio, la alianza, la circuncisi\u00f3n, las bendiciones divinas, la misma concepci\u00f3n del \u00abDios de Abrah\u00e1n, de Isaac, de Jacob\u00bb. En el sucesivo desarrollo religioso de este pueblo se imponen otros dos lugares de culto (el templo y, despu\u00e9s, la sinagoga), pero la familia y el clan siguen siendo el centro de la vida religiosa. \u00abEstas c\u00e9lulas sociol\u00f3gicas primitivas&#8230; -escribe N. F\u00fcglister- en todos los estadios de la historia de Israel han sido las unidades primarias m\u00e1s o menos claramente visibles, seg\u00fan las ocasiones. Esto puede apreciarse, entre otras, en la fiesta de la pascua. Aunque ella celebre el recuerdo de la liberaci\u00f3n, que constituye el ser y el devenir del pueblo de Dios, tambi\u00e9n su ambiente vital propio y originario es la familia. An\u00e1logamente, en el NT, la iglesia se concreta en las diversas comunidades familiares, y no es el \u00faltimo motivo de esto el hecho de que se celebre en las casas particulares el rito de la eucarist\u00ed\u00ada, concebida en analog\u00ed\u00ada con la pascua.<\/p>\n<p>En el juda\u00ed\u00adsmo del tiempo de Jes\u00fas este car\u00e1cter familiar es t\u00ed\u00adpico de las principales manifestaciones del culto jud\u00ed\u00ado: la celebraci\u00f3n de la pascua est\u00e1 unida al templo de Jerusal\u00e9n, pero tiene lugar en el \u00e1mbito familiar y seg\u00fan modalidades familiares (cf funciones del cabeza de familia; preguntas del ni\u00f1o y haggad\u00e1h; vers\u00ed\u00adculos alternados, etc.); las comidas (sobre todo la del s\u00e1bado), cuyo constante car\u00e1cter religioso se explicita del mejor modo en las bendiciones, que reconocen los alimentos y las bebidas como un don de Dios, creador de todas las cosas; las bendiciones: ocupan un lugar importante no s\u00f3lo en las comidas, sino en toda la vida del jud\u00ed\u00ado piadoso, que reconoce y agradece a Dios origen de todo, actuando como sacerdote de la creaci\u00f3n; la oraci\u00f3n, elemento constante del culto familiar jud\u00ed\u00ado, sobre todo el shem\u00e1 por la ma\u00f1ana y por la tarde, la profesi\u00f3n de fe del pueblo de Dios: Dan 6:11 y Sal 55:18 nos dan testimonio de la oraci\u00f3n tres veces al d\u00ed\u00ada; Tob 8:5-7 nos presenta el ejemplo de la oraci\u00f3n de dos esposos la noche del d\u00ed\u00ada de su matrimonio; es significativa, a partir del exilio, la costumbre de orar vueltos hacia el templo de Jerusal\u00e9n y la uni\u00f3n de la oraci\u00f3n de Israel con el triple sacrificio del templo, que encubre una concepci\u00f3n de la oraci\u00f3n como sacrificio espiritual; los ritos dom\u00e9sticos: desde el gesto materno de encender la l\u00e1mpara de la tarde al mezuz\u00e1 (estuche del shem\u00e1 sobre los dinteles), a las costumbres familiares unidas a las fiestas de Israel (tabern\u00e1culos, expiaci\u00f3n, a\u00f1o nuevo, dedicaci\u00f3n, purim, semanas).<\/p>\n<p>Igualmente en el juda\u00ed\u00adsmo contempor\u00e1neo llama la atenci\u00f3n la importancia que conservan la familia y la casa como lugares de culto, pero tambi\u00e9n el continuo entrelazarse del culto oficial con la vida familiar en sus varios momentos,<br \/>\n2. LA PRIMERA TRADICI\u00ed\u201cN CRISTIANA. Jes\u00fas vivi\u00f3 en todos sus aspectos la vida familiar cultual jud\u00ed\u00ada, as\u00ed\u00ad como particip\u00f3 en las fiestas y peregrinaciones de su pueblo.<\/p>\n<p>Jes\u00fas acoge y reconoce la familia humana, pero la supera y perfecciona en una comunidad donde los hombres son hijos de Dios y donde los lazos del Esp\u00ed\u00adritu Santo cuentan m\u00e1s que los de la sangre (cf Lev 2:49; Lev 8:21; Lev 11:28). La comunidad de los disc\u00ed\u00adpulos gravita al principio en torno al cen\u00e1culo (Heb 1:13s; Heb 2:1; Heb 12:12); la fracci\u00f3n del pan se celebra en las casas (Heb 2:46), y \u00abtodos los d\u00ed\u00adas no cesaban de ense\u00f1ar y anunciar la buena nueva de Cristo Jes\u00fas en el templo y en las casas\u00bb (Heb 5:42).<\/p>\n<p>La expresi\u00f3n \u00abiglesia dom\u00e9stica\u00bb se remonta a san Pablo, unida a un m\u00e9todo apost\u00f3lico centrado en la familia: \u00ablas comunidades del primer cristianismo se organizaron en familias, en grupos familiares emparentados y en casas: la casa era a la vez n\u00facleo comunitario y lugar de encuentro\u00bb.<\/p>\n<p>Por otra parte, como ha se\u00f1alado A. Hamman, de las cartas de Pablo y de los Hechos de los Ap\u00f3stoles brota la \u00abestructura eucar\u00ed\u00adstica del hogar cristiano\u00bb: Pablo pone los fundamentos para comprender la relaci\u00f3n entre eucarist\u00ed\u00ada y matrimonio (cf EF 5,25); los Hechos enlazan las comidas de los cristianos con la alabanza a Dios (Heb 2:47); la actitud eucar\u00ed\u00adstica, as\u00ed\u00ad como el compromiso de la comuni\u00f3n y la esperanza cristiana, en el recuerdo y la espera del Se\u00f1or, impregnaban toda la vida de la familia y se expresaban con mayor fuerza en la fracci\u00f3n del pan y, en general, en toda experiencia convival cristiana: \u00abAun separada del banquete, la eucarist\u00ed\u00ada conserva la cualidad del banquete, y el banquete cristiano, cualidad eucar\u00ed\u00adstica&#8230;, \u00e9ste es el fundamento de la vida espiritual del hogar, y se expresa a trav\u00e9s de diferentes gestos lit\u00fargicos.<\/p>\n<p>Cuando las comunidades crecen y se encuentran lugares estables de culto, la celebraci\u00f3n dom\u00e9stica de la eucarist\u00ed\u00ada subsiste en circunstancias particulares, quiz\u00e1 unidas a una comida (cf Cipriano, Efe 57:3; Efe 63:15), mientras se desarrolla la praxis de llevar a casa el pan consagrado (cf, por ejemplo, Tertuliano, De or. 19). El agape, pronto separado de la eucarist\u00ed\u00ada mayor, es experiencia de caridad y de comuni\u00f3n: el uso de textos de bendici\u00f3n subraya su uni\u00f3n con la eucarist\u00ed\u00ada, a veces con el lucernario (cf Trad. ap. 25).<\/p>\n<p>Ya entre los jud\u00ed\u00ados el banquete ten\u00ed\u00ada siempre un cierto car\u00e1cter sagrado; pero para los primeros cristianos todo banquete familiar estaba transido del recuerdo de los banquetes de Jes\u00fas con los suyos; casi como una prolongaci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada, asum\u00ed\u00ada valor de signo de comuni\u00f3n eclesial y de esperanza cristiana.<\/p>\n<p>No faltan textos de oraci\u00f3n cristiana antes, durante y despu\u00e9s de las comidas, donde se perciben los ecos de las oraciones de la Didaj\u00e9<br \/>\nFuera de la sinaxis eucar\u00ed\u00adstica y de su resonancia convival, algunos testimonios espor\u00e1dicos dejan transparentar una experiencia de oraci\u00f3n familiar, en casas frecuentemente se\u00f1aladas con inscripciones que ped\u00ed\u00adan la presencia del Se\u00f1or e invocaban su bendici\u00f3n, y marcadas en el muro oriental con una cruz, signo bautismal y escatol\u00f3gico, que determinaba tambi\u00e9n un lugar y una orientaci\u00f3n para los orantes. Los cristianos de los or\u00ed\u00adgenes conceb\u00ed\u00adan la oraci\u00f3n como una condici\u00f3n, un estado ininterrumpido; pero expresaron tambi\u00e9n muy pronto la convicci\u00f3n, continuando con la tradici\u00f3n jud\u00ed\u00ada, de que determinados tiempos fuertes pod\u00ed\u00adan representar una realizaci\u00f3n cualificada del mandato del Se\u00f1or de orar siempre \u00ab. En la oraci\u00f3n cristiana, adem\u00e1s de la orientaci\u00f3n ternaria de la tradici\u00f3n jud\u00ed\u00ada (tercia, sexta, nona), aparece pronto la revalorizaci\u00f3n e interpretaci\u00f3n cristiana de la ma\u00f1ana y de la tarde (las legitimae orationes de Tertuliano), en relaci\u00f3n con Cristo, \u00absol y d\u00ed\u00ada\u00bb (Cipriano), mientras la oraci\u00f3n nocturna, atestiguada por la Trad. ap. y Tertuliano, asume un t\u00ed\u00adpico car\u00e1cter conyugal. Entre los contenidos de esta oraci\u00f3n, junto con la lectura de la palabra, identificamos ante todo el padrenuestro (Didaj\u00e9), que Tertuliano llama breviarium totius evangelii; despu\u00e9s los salmos, pero tambi\u00e9n creaciones nuevas cristianas (himnos y c\u00e1nticos espirituales), como sabemos ya por san Pablo (cf, por ejemplo, Col 3:12-17).<\/p>\n<p>La oraci\u00f3n de la tarde se debi\u00f3 unir muy pronto al rito de encender la l\u00e1mpara (cf el antiqu\u00ed\u00adsimo himno F\u00f3s hilar\u00f3n, atestiguado por Basilio), mientras la Trad. ap. (c. 36) testimonia la existencia de una reuni\u00f3n lit\u00fargica por la ma\u00f1ana, en la que pod\u00ed\u00adan participar los fieles.<\/p>\n<p>Podemos sacar algunas indicaciones significativas de los tres primeros siglos: la centralidad de la eucarist\u00ed\u00ada y su irradiaci\u00f3n en la convivalidad y en toda la vida familiar; la tendencia a situar el d\u00ed\u00ada cristiano, no santificado todav\u00ed\u00ada normalmente por la eucarist\u00ed\u00ada, bajo el mismo signo de la eucarist\u00ed\u00ada dominical, como todo el a\u00f1o bajo el signo de la pascua; entre el culto p\u00fablico de la iglesia y la oraci\u00f3n familiar y privada los confines se difuminan y las influencias son rec\u00ed\u00adprocas: \u00abNo existe todav\u00ed\u00ada la dolorosa ruptura que caracteriza la oraci\u00f3n familiar del medievo, obligada, ante una liturgia clericalizada e incomprendida, a construirse otro mundo de oraci\u00f3n, m\u00e1s comprensible, m\u00e1s simple y significativo\u00bb.<\/p>\n<p>3. LA EDAD PATR\u00ed\u008dSTICA (SS. IV-V). En los siglos siguientes, cuando la liturgia de la iglesia se institucionaliza y se celebra establemente en edificios de culto [-> Lugares de celebraci\u00f3n], tenemos testimonios de tres formas religiosas que conservan un car\u00e1cter familiar: la oraci\u00f3n de la mesa; una cierta simbiosis entre la realizaci\u00f3n p\u00fablica y familiar de la oraci\u00f3n de la ma\u00f1ana y de la tarde; reuniones de oraci\u00f3n kerigm\u00e1tica, inspiradas en la lectura de la palabra de Dios.<\/p>\n<p>Es sobre todo precioso el testimonio de san Juan Cris\u00f3stomo sobre la experiencia religiosa de la familia cristiana como \u00abpeque\u00f1a iglesia\u00bb. Citamos los textos m\u00e1s significativos:<br \/>\na) Ser\u00e1 obligaci\u00f3n constante de los padres crear en su casa un clima profundamente religioso: \u00abEl marido&#8230; no busque otra cosa, en las acciones y palabras, que el modo de llevar su propia familia a una mayor piedad; tambi\u00e9n la madre custodiar\u00e1 la casa, pero tendr\u00e1 una preocupaci\u00f3n mayor que \u00e9sta: que toda su familia haga lo que se refiere al reino de los cielos\u00bb<br \/>\nb) Particularmente exhorta san Juan Cris\u00f3stomo a hacer de la propia casa una iglesia mediante la lectura y meditaci\u00f3n de la palabra y la transmisi\u00f3n a los familiares de loque se escuche en la iglesia: \u00abVuelto a casa, prepara una doble mesa, una de alimentos, otra de la sagrada lectura. Que el marido repita lo que se ha dicho, y la mujer acoja la ense\u00f1anza. Haz de este modo de tu casa una iglesia&#8230;\u00bb \u00ab. Esta transmisi\u00f3n de la palabra de Dios se ilustra con im\u00e1genes delicadas y eficaces: el hombre, que lleva a casa las flores m\u00e1s bellas de su paseo; la golondrina, que alimenta a sus peque\u00f1os&#8230; Todos, hasta los m\u00e1s peque\u00f1os, deben sentirse activamente comprometidos a recibir la palabra de Dios para vivirla juntos.<\/p>\n<p>c) La casa es iglesia cuando se hace lugar de encuentro para la oraci\u00f3n: \u00abHaz de tu peque\u00f1a casa una iglesia. En efecto, donde est\u00e1n el salmo, la oraci\u00f3n, los c\u00e1nticos de los profetas, no fallar\u00e1 quien quiera llamar iglesia a tal reuni\u00f3n\u00bb. \u00abCristo mismo se har\u00e1 presente en una mesa familiar que sea momento de oraci\u00f3n&#8230; As\u00ed\u00ad tambi\u00e9n este lugar se transformar\u00e1 en una iglesia\u00bb. El santo vuelve con frecuencia a la oraci\u00f3n de las comidas, exhortando a dar gracias al Se\u00f1or: \u00abUna mesa donde nos sentamos y de donde nos levantamos rezando nunca carecer\u00e1 de nada y ser\u00e1 para nosotros fuente inagotable de todo tipo de bienes&#8230; As\u00ed\u00ad pues, es necesario dar gracias a Dios al principio y al final\u00bb.<br \/>\nd) Menores, pero significativos, son los testimonios de san Juan Cris\u00f3stomo sobre la oraci\u00f3n de la ma\u00f1ana y de la tarde: \u00abAntes de dormir y al despertaron, dad gracias a Dios\u00bb\u00bb. \u00abLos iniciados saben que cada d\u00ed\u00ada se recitan oraciones, por la ma\u00f1ana y por la tarde, por el mundo entero&#8230;\u00bb\u00bb. Incluso habla \u00e9l de la oraci\u00f3n nocturna, hecha en casa por el hombre y la mujer, y en la que son tambi\u00e9n invitados a participar los hijos: \u00abHe aqu\u00ed\u00ad lo que tengo que decir a los hombres y a las mujeres: doblad las rodillas, gemid, pedid al Se\u00f1or que os sea propicio. El se deja convencer con m\u00e1s facilidad por estas oraciones nocturnas, cuando transform\u00e1is el tiempo dedicado al reposo en tiempo de l\u00e1grimas&#8230; Hacedlo tambi\u00e9n vosotros, los hombres, y no s\u00f3lo las mujeres&#8230; Si ten\u00e9is hijos, despertadlos y que vuestra casa se haga realmente una iglesia durante la noche\u00bb 22.<\/p>\n<p>Si hubi\u00e9semos de resumir los datos m\u00e1s significativos, deber\u00ed\u00adamos hacer resaltar la uni\u00f3n de la oraci\u00f3n familiar con la eucarist\u00ed\u00ada; el a\u00f1o lit\u00fargico y la liturgia de las Horas; una interacci\u00f3n profunda entre oraci\u00f3n\/liturgia y vida.<\/p>\n<p>Esta relaci\u00f3n vital y este equilibrio, que siguieron siendo t\u00ed\u00adpicos de la tradici\u00f3n oriental, no se han conservado en Occidente.<\/p>\n<p>Los desarrollos de la tradici\u00f3n en el medievo y en las \u00e9pocas recientes han sido poco estudiados. Pensamos que ser\u00ed\u00ada interesante investigar estos sectores: la oraci\u00f3n por la ma\u00f1ana y por la tarde; la oraci\u00f3n en las comidas; los ejercicios piadosos y, en particular, el rosario y el angelus; las resonancias familiares del a\u00f1o lit\u00fargico; los aspectos dom\u00e9sticos de la celebraci\u00f3n de los sacramentos y de las exequias; las diversas formas de bendici\u00f3n familiar; las experiencias de lectura y oraci\u00f3n b\u00ed\u00adblica en familia, especialmente en los ambientes de la reforma protestante.<\/p>\n<p>La ->I secularizaci\u00f3n y los cambios sociol\u00f3gicos que han atacado a la familia en los pa\u00ed\u00adses occidentales han puesto en peligro numerosas formas de oraci\u00f3n tradicional, pero otras se est\u00e1n difundiendo por efecto de una nueva concepci\u00f3n eclesial de la familia cristiana y de una pastoral renovada.<\/p>\n<p>II. Nuevas perspectivas teol\u00f3gicas y lit\u00fargicas<br \/>\nEn la renovaci\u00f3n general de ideas y posturas pastorales, que han sido causa y efecto del Vat. II, en las \u00faltimas d\u00e9cadas han podido madurar nuevas perspectivas teol\u00f3gicas y lit\u00fargicas sobre los principales valores en torno a la oraci\u00f3n y a la liturgia familiar.<\/p>\n<p>1. PERSPECTIVAS TEOL\u00ed\u201cGICAS. El primer aspecto indicado es una de las se\u00f1ales m\u00e1s notables que se puede captar en el pueblo de Dios: un n\u00famero cada vez mayor de familias cristianas tienden a comprenderse y experimentarse como iglesias dom\u00e9sticas. Ya lo subrayaba Pablo VI: \u00abNos alegramos de que este sentimiento eclesial de la familia cristiana se vaya despertando y difundiendo en la comunidad cristiana dom\u00e9stica, frecuentemente de manera ejemplar y edificante\u00bb&#8216;,. Es un gran descubrimiento, que ha ido hallando cada vez nuevas expresiones significativas en el magisterio de los m\u00e1s recientes pont\u00ed\u00adfices.<\/p>\n<p>La primera ra\u00ed\u00adz de una comprensi\u00f3n eclesial de la familia nace del descubrimiento de los grandes valores b\u00ed\u00adblicos del pueblo de Dios (elecci\u00f3n, alianza, consagraci\u00f3n, promesa, etc.) en la espec\u00ed\u00adfica actuaci\u00f3n familiar, y se desarrolla en la consideraci\u00f3n de la familia como imagen de la Trinidad, c\u00e9lula del cuerpo m\u00ed\u00adstico de Cristo, lugar de carismas y servicios rec\u00ed\u00adprocos, peque\u00f1a iglesia dom\u00e9stica, expresi\u00f3n original, aunque incompleta, de la gran iglesia.<\/p>\n<p>El segundo aspecto es el concepto de liturgia del Vat. II como \u00abejercicio del sacerdocio de Jesucristo\u00bb, en el que \u00abasocia siempre consigo a su amad\u00ed\u00adsima esposa la iglesia, que invoca a su Se\u00f1or y por \u00e9l tributa culto al Padre eterno\u00bb (SC 7).<\/p>\n<p>Un tercer aspecto es la profundizaci\u00f3n del sacerdocio universal de los fieles, ejercitado por todo el pueblo cristiano en la vida cotidiana y en la participaci\u00f3n en la liturgia, que encuentra una actuaci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica en el sacramento del matrimonio, del que nace la familia cristiana. \u00abEste es -subraya Juan Pablo II el cometido sacerdotal que la familia cristiana puede y debe ejercer en \u00ed\u00adntima comuni\u00f3n con toda la iglesia, a trav\u00e9s de las realidades cotidianas de la vida conyugal y familiar. De esta manera la familia cristiana es llamada a santificarse y a santificar a la comunidad eclesial y al mundo\u00bb (FC 55).<\/p>\n<p>Aun teniendo presente que la familia es una realizaci\u00f3n incompleta de la iglesia y que no posee ministerios ordenados, la comprensi\u00f3n de la familia como iglesia dom\u00e9stica y de la liturgia como culto de la iglesia (y por tanto ejercicio del sacerdocio cristiano) ya ha contribuido a poner nuevas bases para el discurso acerca de una liturgia familiar, que puede abrirse todav\u00ed\u00ada a perspectivas m\u00e1s amplias.<\/p>\n<p>2. LA REFORMA LIT\u00daRGICA Y LA FAMILIA. Ciertamente se puede afirmar que la reciente reforma lit\u00fargica ha tenido una consideraci\u00f3n de la familia demasiado reductiva como sujeto de la liturgia de la iglesia o, en cualquier caso, como comunidad que toma parte en las celebraciones de la iglesia. A este respecto es muy interesante lo que afirma Juan Pablo II: \u00abUna finalidad importante de la plegaria de la iglesia dom\u00e9stica es la de constituir para los hijos la introducci\u00f3n natural a la oraci\u00f3n lit\u00fargica propia de toda la iglesia; en el sentido de preparar a ella y de extenderla al \u00e1mbito de la vida personal, familiar y social. De aqu\u00ed\u00ad deriva la necesidad de una progresiva participaci\u00f3n de todos los miembros de la familia cristiana en la eucarist\u00ed\u00ada, sobre todo los domingos y d\u00ed\u00adas festivos, y en los otros sacramentos, de modo particular en los de la iniciaci\u00f3n cristiana de los hijos. Las directrices conciliares han abierto una nueva posibilidad a la familia cristiana, que ha sido colocada entre los grupos a los que se recomienda la celebraci\u00f3n comunitaria del oficio divino. Pondr\u00e1n asimismo cuidado las familias cristianas en celebrar, incluso en casa y de manera adecuada a sus miembros, los tiempos y festividades del a\u00f1o lit\u00fargico\u00bb (FC 61).<\/p>\n<p>Vamos a pasar revista a los rituales renovados, para se\u00f1alar los aspectos familiares de la celebraci\u00f3n y de la participaci\u00f3n lit\u00fargica.<\/p>\n<p>En el Ritual de la iniciaci\u00f3n cristiana de adultos se atribuye una importancia particular a los familiares en la introducci\u00f3n de los catec\u00famenos (Observaciones generales 7), y en particular al padrino, que es como una \u00abextensi\u00f3n espiritual de la misma familia\u00bb y \u00abayudar\u00e1 a los padres para que el ni\u00f1o llegue a profesar la fe y a expresarla en su vida\u00bb (ib, 8).<\/p>\n<p>En el Ritual del bautismo de ni\u00f1os, mientras se excluye, salvo en peligro de muerte, la celebraci\u00f3n del sacramento en casas privadas, se ponen de manifiesto continuamente las responsabilidades de los padres al pedir el bautismo y prepararse para \u00e9l, la necesidad de una participaci\u00f3n consciente, las tareas que se les conf\u00ed\u00adan, el compromiso de guiar a los ni\u00f1os a la maduraci\u00f3n de la fe y a la futura participaci\u00f3n de la confirmaci\u00f3n y la eucarist\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n el Ritual de la confirmaci\u00f3n repite que \u00ab&#8230; a los padres cristianos corresponde ordinariamente mostrarse sol\u00ed\u00adcitos por la iniciaci\u00f3n de los ni\u00f1os a la vida sacramental\u00bb y que ellos manifiesten tambi\u00e9n esta conciencia \u00abpor medio de su activa participaci\u00f3n en la celebraci\u00f3n de los sacramentos\u00bb (n. 3). Es sobre todo la familia la que representa al pueblo de Dios (cf n. 4).<\/p>\n<p>La constituci\u00f3n SC ha llamado la atenci\u00f3n sobre la especial relaci\u00f3n existente entre la eucarist\u00ed\u00ada y el matrimonio, pidiendo que \u00e9ste se celebre \u00abhabitualmente&#8230; dentro de la misa\u00bb (n. 78). \u00abLa eucarist\u00ed\u00ada -reafirma Juan Pablo II- es la fuente misma del matrimonio cristiano&#8230; Y en el don eucar\u00ed\u00adstico de la caridad, la familia cristiana halla el fundamento&#8230;\u00bb (FC 57).<\/p>\n<p>El Directorio para las misas con ni\u00f1os reafirma que la formaci\u00f3n lit\u00fargica de los ni\u00f1os \u00aba la familia cristiana corresponde principalmente\u00bb (n. 10). \u00abSi despu\u00e9s los mismos ni\u00f1os, al participar en la misa, tienen junto a ellos a sus padres y otros miembros de la familia, quedar\u00e1 fuertemente consolidada la espiritualidad familiar\u00bb (n. 16).<\/p>\n<p>La Instrucci\u00f3n de la misa para grupos particulares (1969) considera la posibilidad de la eucarist\u00ed\u00ada celebrada en casa, con las adaptaciones establecidas en el documento, tambi\u00e9n para los \u00abgrupos familiares reunidos en torno a personas enfermas o ancianas, impedidas para salir de casa\u00bb (A. Pardo, o.c., 200), o para los \u00abgrupos familiares reunidos para velar a un difunto o por alguna otra circunstancia religiosa excepcional\u00bb (ib).<\/p>\n<p>\u00abEl esp\u00ed\u00adritu cristiano de las familias se desarrolla poderosamente si los ni\u00f1os participan en estas misas en compa\u00f1\u00ed\u00ada de sus padres y de otros miembros de la familia\u00bb (n. 16) (A. Pardo, Liturgia de la eucarist\u00ed\u00ada, col. Libros de la comunidad, Ed. Paulinas, etc., Madrid 1979, 229).<\/p>\n<p>En el Misal de Pablo VI hallamos referencias expl\u00ed\u00adcitas a la familia en la fiesta de la sagrada Familia y en un formulario ponla familia en las misas por diversas circunstancias. De la fiesta de la sagrada Familia, ahora m\u00e1s significativamente relacionada con el misterio de navidad (domingo en la octava de navidad), y del conjunto de las lecturas y oraciones surgen tres ideas fundamentales: Dios, autor y fundamento de la vida familiar, y, por tanto, la familia en la historia de la salvaci\u00f3n; la asunci\u00f3n, en el misterio de la encarnaci\u00f3n, de la misma experiencia familiar, a la que se propone como modelo la familia de Nazaret; la constante orientaci\u00f3n de la liturgia a no considerar la familia cristiana en s\u00ed\u00ad misma, sino siempre en el m\u00e1s amplio contexto de la familia Dei.<br \/>\nEl ritual del Sacramento del matrimonio, sacramento que fundamenta y expresa el pacto nupcial entre los esposos haci\u00e9ndolo \u00abs\u00ed\u00admbolo de la uni\u00f3n de Cristo con la iglesia\u00bb, invoca sobre la pareja la bendici\u00f3n dada por Dios a la \u00abprimera comunidad humana, la familia\u00bb (n. 35), y se refiere repetidamente en la oraci\u00f3n, en perspectiva de futuro, a la familia que nace, a su comuni\u00f3n de vida, a su misi\u00f3n en la iglesia y en el mundo.<\/p>\n<p>En el ritual para la Ordenaci\u00f3n del obispo, de los presb\u00ed\u00adteros y de los di\u00e1conos se prev\u00e9 que los ordenados administren la comuni\u00f3n bajo las dos especies a los fieles.<\/p>\n<p>La dimensi\u00f3n comunitaria del pecado y de la reconciliaci\u00f3n, resaltada en el nuevo Ritual de la penitencia (n. 5), tiene una gran relevancia familiar, como aparece en los mismos esquemas de examen de conciencia propuestos en el ap\u00e9ndice. Esta importante perspectiva vuelve a recobrarla Juan Pablo II: \u00abLa celebraci\u00f3n de este sacramento adquiere un significado particular para la vida familiar. En efecto, mientras mediante la fe descubren c\u00f3mo el pecado contradice no s\u00f3lo la alianza con Dios, sino tambi\u00e9n la alianza de los c\u00f3nyuges y la comuni\u00f3n de la familia, los esposos y todos los miembros de la familia son alentados al encuentro con Dios, `rico en misericordia&#8217;, el cual, infundiendo su amor m\u00e1s fuerte que el pecado, reconstruye y perfecciona la alianza conyugal y la comuni\u00f3n familiar\u00bb (FC 58).<\/p>\n<p>Por su parte, el Ritual de la unci\u00f3n y de la pastoral de los enfermos subraya que en el servicio de caridad prestado a los enfermos, \u00ab&#8230;tanto en la lucha contra la enfermedad y en el amor a los que sufren como en la celebraci\u00f3n de los sacramentos de los enfermos&#8230; la familia de los enfermos tiene una parte primordial\u00bb (nn. 33-34). Por otra parte, tanto el rito de la unci\u00f3n como el de la comuni\u00f3n de los enfermos y del vi\u00e1tico se celebran normalmente en casa, con la participaci\u00f3n amorosa y consciente de los familiares.<\/p>\n<p>El Ritual de exequias prev\u00e9 una \u00abvigilia en casa de los difuntos\u00bb, en la que se ora varias veces por los familiares que sufren, mientras que el inicio del verdadero y propio rito f\u00fanebre puede comenzar en la casa del difunto, con una atenci\u00f3n afectuosa a los familiares. En los Praenotanda, en efecto, se establece que, \u00abal preparar la celebraci\u00f3n de las exequias, los sacerdotes considerar\u00e1n&#8230; tambi\u00e9n el dolor de los familiares y las necesidades de su vida cristiana\u00bb (n. 18) (A. Pardo, o. c., 267).<\/p>\n<p>Es significativa la afirmaci\u00f3n de la Ordenaci\u00f3n general de la liturgia de las Horas: \u00abConviene, finalmente, que la familia, que es como un santuario dom\u00e9stico dentro de la iglesia, no s\u00f3lo ore en com\u00fan, sinoque adem\u00e1s lo haga recitando algunas partes de la liturgia de las Horas cuando resulte oportuno, con lo que se sentir\u00e1 m\u00e1s insertada en la iglesia\u00bb (n. 27) (A. Pardo, o.c., 309). Y Pablo VI, en la exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica Marialis cultus (= MC), de 1974, tras citar este texto, a\u00f1ade: \u00abNo debe quedar sin intentar nada para que esta clara indicaci\u00f3n halle en las familias cristianas una creciente y gozosa aplicaci\u00f3n\u00bb (n. 53). Por otra parte, en las preces de laudes y v\u00ed\u00adsperas, en las que se capta de forma tan inmediata el pulso de nuestro tiempo, la tem\u00e1tica familiar aflora con bastante frecuencia.<\/p>\n<p>No podemos olvidar el tema de las -> bendiciones, acciones de la iglesia en las que se alaba a Dios por sus beneficios y se invoca su salvaci\u00f3n sobre los hombres. Algunas est\u00e1n reservadas a los ministros ordenados, pero otras son confiadas tambi\u00e9n a los laicos, y muchas de \u00e9stas -en forma tradicional o nueva- son de car\u00e1cter familiar: pi\u00e9nsese en las bendiciones de la mesa, en las bendiciones dadas a los hijos antes de irse a descansar o en la de a\u00f1o nuevo. La iglesia romana ha introducido en su praxis lit\u00fargica renovada el libro titulado De Benedictionibus (= El Bendicional), que dedica su primera parte, cap\u00ed\u00adtulo primero, a las bendiciones en la vida de familia. Al introducir este tipo de bendiciones en un libro lit\u00fargico oficial, \u00abentra en la liturgia de la iglesia un fragmento de las costumbres familiares\u00bb\u00bb.<\/p>\n<p>En la celebraci\u00f3n anual de los misterios de Cristo siempre ha tenido una gran funci\u00f3n pedag\u00f3gica y espiritual la preparaci\u00f3n y la resonancia que los diversos momentos del -> a\u00f1o lit\u00fargico tienen en la vida familiar. Es necesario admitir que la reforma lit\u00fargica se preocup\u00f3 poco de este sector; por eso nos parece tambi\u00e9n de gran actualidad la ya citada orientaci\u00f3n de Juan Pablo II: \u00abPondr\u00e1n asimismo cuidado las familias cristianas en celebrar, incluso en casa, de manera adecuada a sus miembros, los tiempos y festividades del a\u00f1o lit\u00fargico\u00bb (FC 61).<\/p>\n<p>La reforma lit\u00fargica ha dado tambi\u00e9n principios generales para un replanteamiento de los ejercicios piadosos en armon\u00ed\u00ada con la sagrada liturgia (cf SC 13). Algunos de ellos forman tradicionalmente parte de la vida religiosa de la familia. Pablo VI, por ejemplo, ha recomendado a las familias particularmente el rosario, \u00abv\u00e1stago germinado sobre el tronco secular de la liturgia cristiana\u00bb, notando que \u00abno es dif\u00ed\u00adcil comprender c\u00f3mo el rosario es un piadoso ejercicio inspirado en la liturgia y que, si es practicado seg\u00fan la inspiraci\u00f3n originaria, conduce naturalmente a ella sin traspasar su umbral\u00bb (MC 48).<\/p>\n<p>M\u00e1s en general, la profundizaci\u00f3n de la concepci\u00f3n de la iglesia y de la oraci\u00f3n misma han puesto en claro la exigencia de que se difunda, renovando la praxis tradicional, una aut\u00e9ntica experiencia de oraci\u00f3n familiar, \u00abzona intermedia entre la oraci\u00f3n comunitaria del culto p\u00fablico y la oraci\u00f3n privada\u00bb 28. Ya el Vat. II hab\u00ed\u00ada presentado la oraci\u00f3n com\u00fan como un momento irrenunciable de la vida de una familia que se autoconsidera iglesia: \u00abLa familia ha recibido directamente de Dios la misi\u00f3n de ser la c\u00e9lula primera y vital de la sociedad. Cumplir\u00e1 esta misi\u00f3n si, por la mutua piedad de sus miembros y la oraci\u00f3n en com\u00fan dirigida a Dios, se ofrece como santuario dom\u00e9stico de la iglesia\u00bb (AA 11). Y Pablo VI insiste: \u00ab&#8230; porque si fallase este elemento, faltar\u00ed\u00ada el car\u00e1cter mismo de la familia como iglesia dom\u00e9stica. Por eso, debe esforzarsepara instaurar en la vida familiar la oraci\u00f3n en com\u00fan\u00bb (MC 52).<\/p>\n<p>Este an\u00e1lisis de los nuevos rituales y de las m\u00e1s recientes directivas del magisterio, a la luz de la recuperaci\u00f3n de los valores fundamentales de los que hemos tratado, permite articular el tema familia\/ liturgia a diferentes niveles.<\/p>\n<p>a) La familia como sujeto de la liturgia, en un triple sentido: cuando celebra sola una acci\u00f3n lit\u00fargica (como en el caso de la liturgia de las Horas o de ciertas bendiciones); cuando participa como tal en una acci\u00f3n lit\u00fargica, celebrada quiz\u00e1 en su misma casa (eucarist\u00ed\u00ada, penitencia, unci\u00f3n de los enfermos, ritos f\u00fanebres, etc.); cuando la familia prepara, prolonga o revive en su propio \u00e1mbito la liturgia de la iglesia (a\u00f1o lit\u00fargico, sacramentos, etc\u00e9tera).<\/p>\n<p>b) La familia como objeto de la liturgia: en el sentido de que a ella se refiera alg\u00fan rito lit\u00fargico o se efect\u00fae para ella, se ore por ella o se trate de ella, sobre todo en la t eucolog\u00ed\u00ada, proponiendo una interpretaci\u00f3n, una imagen o un modelo de familia cristiana.<\/p>\n<p>c) Finalmente, el discurso se refiere tambi\u00e9n a algunas formas de -> religiosidad popular de car\u00e1cter familiar, animadas por el esp\u00ed\u00adritu de la liturgia, especialmente en relaci\u00f3n con el a\u00f1o lit\u00fargico; y, en general, a las diversas expresiones de la oraci\u00f3n familiar, inspirada por la lectura de la palabra de Dios.<\/p>\n<p>III. Propuestas pastorales<br \/>\nEl desarrollo de una relaci\u00f3n m\u00e1s profunda entre familia y liturgia puede madurar solamente a partir de una aut\u00e9ntica espiritualidad familiar que sepa ser cada vez m\u00e1s consciente y creativa 29. Nace de la palabra de Dios y tiene su expresi\u00f3n m\u00e1s fuerte en la participaci\u00f3n lit\u00fargica y en la oraci\u00f3n com\u00fan, y pretende realizar en la vida concreta el esp\u00ed\u00adritu de .las bienaventuranzas. Est\u00e1 animada por la convicci\u00f3n de los padres y los hijos de ser llamados, con una \u00fanica vocaci\u00f3n, a vivir juntos la alianza, el pacto de amor de Dios con su pueblo y a ser testigos del evangelio en la propia situaci\u00f3n concreta, comprendida como un momento de la historia de salvaci\u00f3n. Sinti\u00e9ndose iglesia dom\u00e9stica, se comprometen a ser \u00abun solo coraz\u00f3n y una sola alma\u00bb, creciendo juntos en la fe, en la esperanza y en la caridad, ayud\u00e1ndose y edific\u00e1ndose unos a otros.<\/p>\n<p>Pero si la familia cristiana tiende con intensidad particular a hacer suyo el ideal de la comuni\u00f3n eclesial, no se sentir\u00e1 menos llamada a participar de la misi\u00f3n de la iglesia, haci\u00e9ndose cada vez m\u00e1s protagonista de la pastoral y de la vida de comunidad cristiana parroquial con su palabra, su acci\u00f3n y su mismo testimonio.<\/p>\n<p>La profundizaci\u00f3n y difusi\u00f3n de una experiencia familiar cristiana m\u00e1s marcadamente eclesial podr\u00e1 hacer surgir con mayor intensidad la familia en el movimiento lit\u00fargico, dando vida a una fase m\u00e1s t\u00ed\u00adpicamente familiar en la renovaci\u00f3n lit\u00fargica. Dentro de ciertos l\u00ed\u00admites, compartimos lo que escribe P. Dufresne: \u00abLas familias en particular, una vez convencidas de la necesidad de tener una expresi\u00f3n propia, deben dar vida a una liturgia asimismo propia. Les toca a ellas tomar la iniciativa, intentar experiencias, redescubrir s\u00ed\u00admbolos que sean realmente significativos para ellas en el mundo de hoy. En este trabajo de creaci\u00f3n de una liturgia familiar toca a los pastoresla misi\u00f3n de abrir pistas, indicar posibilidades, dar orientaciones, establecer los puntos de partida, suscitar iniciativas y coordinar las experiencias, confront\u00e1ndolas con las de los dem\u00e1s y con la herencia del pasado\u00bb<br \/>\nPero esta postura, a nuestro parecer, no carece de ambig\u00fcedad: no nos parece que tenga en cuenta lo incompleto de la familia como realizaci\u00f3n de la iglesia, con los consiguientes l\u00ed\u00admites intr\u00ed\u00adnsecos de cara a la concepci\u00f3n de una liturgia familiar. M\u00e1s a\u00fan, precisamente en la participaci\u00f3n en la liturgia es donde la familia se realiza en la m\u00e1s amplia dimensi\u00f3n eclesial. Esto, sin embargo, no es \u00f3bice para que se reconozcan espacios m\u00e1s amplios para toda la dimensi\u00f3n familiar de la vida lit\u00fargica, que se expresa en los diferentes niveles mostrados por el an\u00e1lisis de los rituales, y que puede ciertamente hallar expresi\u00f3n m\u00e1s espont\u00e1nea y rica.<\/p>\n<p>En este sentido, los datos m\u00e1s significativos de la tradici\u00f3n pueden representar la base para futuros desarrollos. Trataremos de poner en claro algunas perspectivas:<br \/>\na) Un redescubrimiento de la relaci\u00f3n originaria entre eucarist\u00ed\u00ada y comensalidad cristiana podr\u00ed\u00ada llevar en algunas circunstancias a la recuperaci\u00f3n del agape (car\u00e1cter memorial, social, eclesial, escatol\u00f3gico); pero sobre todo podr\u00ed\u00ada inspirar m\u00e1s profundamente la oraci\u00f3n de las comidas, con una atenci\u00f3n particular a su dimensi\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica. Esta oraci\u00f3n de la mesa puede asumir diversas modalidades, experimentadas por muchas familias: f\u00f3rmulas fijas o variadas, recitadas por el cabeza de familia o por otros miembros, como, por ejemplo, el hijo m\u00e1s peque\u00f1o; breves vers\u00ed\u00adculos dialogados, un momento de silencio cerrado por una oraci\u00f3n; oraciones espont\u00e1neas por turno, un canto, etc.<\/p>\n<p>b) La participaci\u00f3n en la eucarist\u00ed\u00ada, en que la familia se realiza m\u00e1s plenamente como iglesia dom\u00e9stica, puede abrir posibilidades diversas a una liturgia familiar: ante todo, la eucarist\u00ed\u00ada dominical en la parroquia, en la que toman parte juntos todos los componentes de la familia; en circunstancias particulares, como en las m\u00e1s hermosas fiestas familiares, tambi\u00e9n la eucarist\u00ed\u00ada ferial; la misa dom\u00e9stica, celebrada en casa de una familia que invita y acoge a otras familias, en circunstancias particulares o como momento fuerte en el camino de fe de un grupo de familias que se re\u00fane en torno a la palabra de Dios. Tales celebraciones podr\u00e1n asumir algunas modalidades familiares t\u00ed\u00adpicas: preparaci\u00f3n del altar, participaci\u00f3n de grandes y peque\u00f1os en la oraci\u00f3n universal, colecta de ofrendas para alguna finalidad particular, presentaci\u00f3n de motivos de agradecimiento y compromiso, canciones y oraciones de car\u00e1cter familiar, etc. \u00bb<br \/>\nc) La liturgia de las Horas ha sido presentada por Pablo VI como \u00abcumbre a la que puede llegar la oraci\u00f3n dom\u00e9stica\u00bb (MC 54). Esta indicaci\u00f3n merece ser comprendida y acogida mejor a la luz de ciertas consideraciones. La primera es \u00e9sta: la familia que se re\u00fane para la celebraci\u00f3n de la liturgia de las Horas se hace ella misma y por s\u00ed\u00ad misma sujeto de una acci\u00f3n lit\u00fargica de la iglesia; a pesar de las apariencias y prejuicios contrarios, esta forma de oraci\u00f3n eclesial, adem\u00e1s de ser muy significativa por su riqueza de inspiraci\u00f3n y de contenido, se presta bien a una interpretaci\u00f3n familiar, por su car\u00e1cter dial\u00f3gico y coral, por la posibilidad de participar con intervenciones diferentes, por su misma estructura abierta a la oraci\u00f3n espont\u00e1nea y a la meditaci\u00f3n silenciosa. Pero, pese a estas constataciones verificadas por la experiencia, estamos de acuerdo con los que piden y buscan, para una valoraci\u00f3n familiar de la liturgia de las Horas, un mayor espacio de adaptaci\u00f3n recordando lo que prev\u00e9 la Ordenaci\u00f3n general: \u00abImporta, sobre todo, que la celebraci\u00f3n no resulte r\u00ed\u00adgida ni complicada, ni preocupada tan s\u00f3lo de cumplir con las normas meramente formales, sino que responda a la verdad de la cosa. Hay que esforzarse en primer lugar por que los esp\u00ed\u00adritus est\u00e9n movidos por el deseo de la genuina oraci\u00f3n de la iglesia y resulte agradable celebrar las alabanzas divinas\u00bb (OGLH 279. V\u00e9ase en A. Pardo, Liturgia de los nuevos rituales y del oficio divino, col. Libros de la comunidad, Ed. Paulinas, etc., Madrid 1980, 354).<\/p>\n<p>d) Tambi\u00e9n la participaci\u00f3n en algunos sacramentos y sacramentales puede tener un car\u00e1cter dom\u00e9stico y familiar: pensemos ante todo en los ritos que se celebran en casa, como la unci\u00f3n de enfermos, la comuni\u00f3n de enfermos, la vigilia en casa del difunto o el primer momento del rito f\u00fanebre; el. aspecto familiar del sacramento de la penitencia, que se puede expresar tambi\u00e9n en familia por una preparaci\u00f3n y acci\u00f3n de gracias comunitarios; la resonancia familiar de los sacramentos de la iniciaci\u00f3n cristiana, de la misa de primera comuni\u00f3n: momentos de la historia de una familia que ofrecen a todos sus componentes la posibilidad de asociarse a un camino de fe y vivir un sacramento como un acontecimiento de gracia para toda la familia, esforz\u00e1ndose por superar los problemas, condicionamientos y dificultades diversas que con frecuencia comprometen el significado m\u00e1s profundo de estas experiencias cristianas \u00ab.<\/p>\n<p>e) La iglesia dom\u00e9stica vive el a\u00f1o lit\u00fargico en comuni\u00f3n con la gran iglesia, no s\u00f3lo como un factor sumamente eficaz de formaci\u00f3n permanente, sino como un itinerario de vida cristiana, en el que Cristo nos hace participar de sus misterios para asemejarnos cada vez m\u00e1s a \u00e9l y para unirnos cada vez m\u00e1s a su iglesia. Todo esto se realiza por la participaci\u00f3n en las celebraciones de la iglesia, pero con una irradiaci\u00f3n en la vida familiar que inspira no solamente costumbres tradicionales y muchos aspectos del folclore, sino tambi\u00e9n encuentros de oraci\u00f3n, ritos dom\u00e9sticos, celebraciones familiares centradas en la palabra de Dios: pi\u00e9nsese, por ejemplo, en el tiempo de navidad, en la \u00abcorona de adviento\u00bb, en la novena de navidad en familia, encuentros de oraci\u00f3n para la inauguraci\u00f3n del bel\u00e9n o del \u00e1rbol de navidad, etc. En cambio, no nos parece oportuno, en las situaciones eclesiales normales, favorecer celebraciones alternativas a las de la iglesia, como cuando se habla de \u00abvigilia pascual en familia\u00bb. Otra cosa muy diferente es una integraci\u00f3n e interpretaci\u00f3n familiar de la liturgia de la iglesia. Aqu\u00ed\u00ad se pueden valorar elementos tradicionales o dar espacio a una nueva -> creatividad que exprese la vitalidad religiosa y las particulares exigencias de la familia.<\/p>\n<p>f) Tambi\u00e9n pueden ser un desarrollo de la liturgia familiar las bendiciones, a trav\u00e9s de las cuales, en particulares circunstancias de la vida dom\u00e9stica, se alaba al Se\u00f1or y se le da gracias por sus beneficios, implorando tambi\u00e9n para el futuro su protecci\u00f3n paterna. La bendici\u00f3n no se agota necesariamente en una oraci\u00f3n, sino que \u00e9sta podr\u00e1 ser precedida por la palabra de Dios y acompa\u00f1ada por un peque\u00f1o rito (imposici\u00f3n de manos, signo de la cruz, aspersi\u00f3n con agua bendita): ser\u00e1 un ejercicio del sacerdocio universal y del ministerio conyugal de los padres, que da significado a determinadas circunstancias de la vida familiar, las cuales se convierten en ocasi\u00f3n para volverse hacia Dios, d\u00e1ndole gracias y pidiendo su ayuda.<\/p>\n<p>g) M\u00e1s en general se puede aludir al problema de la oraci\u00f3n familiar entendida como experiencia cotidiana de una familia cristiana. Es un problema, ante todo, de fe y de sentido eclesial; pero es tambi\u00e9n un problema pr\u00e1ctico: de organizaci\u00f3n, de formas concretas, de ritmos justos, adecuados a las condiciones de vida de personas diferentes que viven juntas. Ya hemos aludido a la liturgia de las Horas, a la oraci\u00f3n de la mesa y a la tradici\u00f3n del rosario en casa. Todav\u00ed\u00ada podemos hacer referencia, entre las formas m\u00e1s comunes, a la oraci\u00f3n de la ma\u00f1ana y de la tarde, y quiz\u00e1 m\u00e1s f\u00e1cilmente a esta \u00faltima: hay pocas f\u00f3rmulas breves que sirvan de marco a un momento de oraci\u00f3n m\u00e1s personal y espont\u00e1nea, inspirada en la jornada transcurrida, introducida por una breve lectura b\u00ed\u00adblica. Pero algunas familias prefieren dar a su oraci\u00f3n com\u00fan un ritmo menos frecuente; por ejemplo, una frecuencia semanal, a trav\u00e9s de un encuentro en torno a la palabra de Dios que se hace reflexi\u00f3n, revisi\u00f3n de vida, intercambio de experiencias y de dones espirituales, y programaci\u00f3n com\u00fan de un compromiso cristiano, vivido en la multiplicidad de las experiencias cotidianas, pero con \u00abun solo coraz\u00f3n y un alma sola\u00bb. \u00abSabemos muy bien -anota Pablo VI- que las nuevas condiciones de vida delos hombres no favorecen hoy momentos de reuni\u00f3n familiar y que, incluso cuando esto tiene lugar, no pocas circunstancias hacen dif\u00ed\u00adcil convertir el encuentro de familia en ocasi\u00f3n para orar. Dif\u00ed\u00adcil, sin duda. Pero es tambi\u00e9n una caracter\u00ed\u00adstica del obrar cristiano no rendirse a los condicionamientos ambientales, sino superarlos; no sucumbir ante ellos, sino hacerles frente. Por eso, las familias que quieren vivir plenamente la vocaci\u00f3n y la espiritualidad propia de la familia cristiana, deben desplegar toda clase de energ\u00ed\u00adas para marginar las fuerzas que obstaculizan el encuentro familiar y la oraci\u00f3n en com\u00fan\u00bb (MC 54).<\/p>\n<p>Conclusi\u00f3n<br \/>\nHemos presentado muchas posibilidades, sin proponer opciones y determinaciones concretas. En efecto, pensamos que se trata de recuperar e indicar modelos y fragmentos de experiencia que puedan entrar en una b\u00fasqueda que s\u00f3lo las familias particulares pueden hacer, construyendo d\u00ed\u00ada a d\u00ed\u00ada su camino de fe y de vida eclesial.<\/p>\n<p>Como es verdad que \u00abla sagrada liturgia no agota toda la actividad de la iglesia\u00bb (SC 9), as\u00ed\u00ad es tambi\u00e9n evidente que la familia es iglesia dom\u00e9stica s\u00f3lo cuando celebra, ora y escucha la palabra; pero estos momentos cualificados de realizaci\u00f3n eclesial, buscados con amor y frecuentemente con verdadera imaginaci\u00f3n creadora, cuentan entre las expresiones m\u00e1s significativas y prometedoras de un nuevo sensus ecclesiae, que ya muchas familias cristianas viven con una intensidad y conciencia que quiz\u00e1 las generaciones precedentes no han conocido.<\/p>\n<p>[-> Grupos particulares; -> Ni\u00f1os; -> J\u00f3venes]<br \/>\nD. Sartore<br \/>\nBIBLIOGRAF\u00ed\u008dA:  Iceta M., Hogares en oraci\u00f3n, Ed. SM, Madrid 1979; Galdeano J.G., Calendario y liturgia familiar, Perpetuo Socorro, Madrid 1976; Ledogar R., Bendici\u00f3n de la mesa y eucarist\u00ed\u00ada. Cuestiones planteadas desde las ciencias sociales, en \u00abConcilium\u00bb 52 (1970) 272-285; Llabres P., La oraci\u00f3n familiar. Orientaci\u00f3n y valoraci\u00f3n lit\u00fargica, en \u00abPhase\u00bb 48, 536-542; Pratt I., Oraci\u00f3n en el hogar. Testimonio de una madre de familia, en \u00abConcilium\u00bb 52 (1970) 253-258. VV.AA., Oraciones y c\u00e1nticos en familia del hombre de nuestros d\u00ed\u00adas, en \u00abConcilium\u00bb 52 (1970) 286-302.<\/p>\n<p>D. Sartore &#8211; A, M. Triacca (eds.), Nuevo Diccionario de Liturgia, San Pablo, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Liturgia<\/b><\/p>\n<p>TEOLOG\u00ed\u008dA MORAL<br \/>\nSUMARIO: I. La familia entre teolog\u00ed\u00ada y antropolog\u00ed\u00ada. II. La \u00e9tica familiar de la Biblia. III. Relaciones padres-hijos. IV. Relaciones entre familia y sociedad. V. Las virtudes de la vida de familia. VI. Entre Iglesia y mundo.<\/p>\n<p>La \u00abmoral familiar\u00bb se puede considerar como el conjunto de valores y normas que regulan los comportamientos de los diversos componentes de la comunidad familiar. En esta definici\u00f3n bastante amplia se incluye tambi\u00e9n el \u00e1mbito de las relaciones de pareja (\u00ab\u00e9tica conyugal&#8217;, para el que, sin embargo, se remite al art\u00ed\u00adculo sobre l matrimonio; en \u00e9l se afrontar\u00e1n en particular los problemas de la \/sexualidad conyugal y de la \/procreaci\u00f3n responsable; aqu\u00ed\u00ad, en cambio, se analizan sobre todo las relaciones entre padres e hijos y entre familia y sociedad, aun a sabiendas de que \u00e9stos no cubren todo el arco de la \u00abmoral familiar\u00bb ampliamente entendida.<\/p>\n<p>I. La familia entre teolog\u00ed\u00ada y antropolog\u00ed\u00ada<br \/>\nCuando se quiere trazar un cuadro de \u00e9tica familiar cristiana, el problema primero y fundamental que se plantea es el de establecer qu\u00e9 normas pueden definirse real y aut\u00e9nticamente \u00abcristianas\u00bb y, como tales, considerarse originales y especificas<br \/>\n[l Especificidad (de la moral cristiana)]. Precisamente en este punto se aprecia una diferenciaci\u00f3n significativa entre \u00e9tica conyugal y \u00e9tica familiar; mientras la primera, arraigada en el sacramento del matrimonio, se sit\u00faa en la \u00f3ptica nueva instaurada por Cristo, la segunda est\u00e1 menos directamente caracterizada en sentido sacramental y puede situarse dentro de la amplia esfera de los gestos y comportamientos inspirados en la l \u00abnueva ley\u00bb del evangelio. La originalidad y, para ciertos aspectos, la unicidad de la \u00e9tica cristiana tienen, por consiguiente, como objeto preferente la relaci\u00f3n de pareja-s\u00f3lo esta relaci\u00f3n est\u00e1 marcada por \u00abel misterio\u00bb sacramental-, y s\u00f3lo indirectamente y de pasada por el \u00e1mbito de la vida familiar.<\/p>\n<p>En esta perspectiva las normas que en un sentido amplio pertenecen al \u00e1rea de la \u00abmoral familiar\u00bb est\u00e1n sujetas a un evidente proceso de desarrollo hist\u00f3rico y, en ciertos aspectos, de relativizaci\u00f3n; proceso del que no quedan exentas, al menos en algunos de sus aspectos, las propias referencias b\u00ed\u00adblicas, por estar vinculadas a la cultura de la \u00e9poca no menos que a valores permanentes. Fuertemente condicionadas como est\u00e1n por el contexto social, tales referencias b\u00ed\u00adblicas presentan un estilo de relaciones entre hombre y mujer, padres e hijos y familia y sociedad estrechamente ligado a la cultura del \u00e1rea mediterr\u00e1nea de la \u00e9poca, pudi\u00e9ndose por tanto volver a formular en culturas y contextos profundamente distintos s\u00f3lo en t\u00e9rminos generales y sin pretensi\u00f3n alguna de una nueva actualizaci\u00f3n, excepci\u00f3n hecha de ciertas grandes orientaciones de fondo que siempre deben inspirar la vida interna de la familia, la primera de las cuales es la exigencia de amor mutuo y de servicio rec\u00ed\u00adproco.<\/p>\n<p>Debido a la estrecha relaci\u00f3n existente en el \u00e1mbito de la moral familiar entre dato cultural y dato teol\u00f3gico, tarea y prop\u00f3sito fundamentales de la \u00e9tica familiar cristiana no son el elaborar y crear un sistema de normas formalmente diferentes de las que regulan la vida de los no creyentes, sino el asumir y situar en un horizonte espiritual m\u00e1s amplio un sistema de normas basado en valores compatibles con el evangelio o, en otras palabras, el situar y entender esas normas en la perspectiva de la salvaci\u00f3n. A este respecto puede servir de paradigma un texto cl\u00e1sico de la primitiva Iglesia: \u00abLos cristianos&#8230; se acomodan a los usos locales en el vestir, en la alimentaci\u00f3n, en el modo de comportarse. Y, sin embargo, en su manera de vivir manifiestan la maravillosa paradoja, reconocida por todos, de su sociedad espiritual&#8230; Se casan y tienen hijos como todos, pero no abandonan a los reci\u00e9n nacidos. Ponen a disposici\u00f3n mutua la mesa, pero no las mujeres\u00bb (Carta a Diogneto V, 1-7). Es decir, los cristianos desarrollan su vida familiar \u00abcomo los dem\u00e1s\u00bb, pero se distinguen de los no creyentes en dos puntos decisivos: viven en \/fidelidad y no abandonan a los reci\u00e9n nacidos (aman y respetan la vida). En ambos casos se trata de elementos permanentes de la \u00e9tica familiar cristiana, al amparo de los cambios de estilo de vida por el paso de una cultura de base patriarcal a la que caracteriza a las modernas sociedades industriales.<\/p>\n<p>Aun trat\u00e1ndose de elementos que caracterizan la existencia de la familia cristiana, la fidelidad conyugal, el amor y el respeto a la vida no constituyen por s\u00ed\u00ad mismos valores propiamente cristianos y no son suficientes para fundamentar una moral familiar cristiana plena. Esta tiene que ser resultado de la s\u00ed\u00adntesis entre valores espec\u00ed\u00adficos del cristiano y valores comunes, al menos por propensi\u00f3n, a todos los humanos. De aqu\u00ed\u00ad deriva la parcial relatividad de las normas orientadoras de la vida de la familia cristiana. Por otra parte, incluso la capacidad de encarnarse en la historia pone de manifiesto un aspecto caracter\u00ed\u00adstico de la vocaci\u00f3n de la familia cristiana, a saber: su actitud de respeto a la voluntad de Dios, tal como \u00e9sta se manifiesta en una gran variedad de situaciones, m\u00e1s all\u00e1 de las cuales, sin embargo, es siempre posible realizar en sentido evang\u00e9lico las opciones fundamentales de la propia vida de relaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Unidos por la fe en determinados valores, creyentes y no creyentes se diferencian entre s\u00ed\u00ad no tanto por la materialidad de los gestos y de las posturas que estructuran la vida de la familia, cuanto por el sentido \u00faltimo a atribuir a sentimientos y gestos formalmente id\u00e9nticos para todos y que, para el no creyente, se sit\u00faan en un horizonte mundano, mientras que para el creyente tienen un significado preciso en orden a la historia de la salvaci\u00f3n. En \u00faltima instancia, id\u00e9nticos valores, compartidos por unos y por otros, relacionan, bien a los humanos entre s\u00ed\u00ad, bien a los humanos con Dios. Queda perfilada as\u00ed\u00ad la tarea fundamental de la \u00e9tica familiar cristiana, consistente en hacer propios y en asumir en la medida de lo posible los valores positivos de la cultura de la propia \u00e9poca, as\u00ed\u00ad como en cuestionar los modelos y estilos de vida al uso cuando \u00e9stos se apartan de la \u00e9tica evang\u00e9lica, cosa que sucede a menudo en lo relativo a los valores de la fidelidad y de la apertura a la vida. No se trata, pues, de elaborar una \u00e9tica familiar alternativa a la de la propia \u00e9poca (empresa, por otra parte, imposible), sino de aprovechar y valorar los aspectos positivos dejas distintas culturas para, en expresi\u00f3n reiterada de Pablo, asumirlos y recrearlos \u00aben el Se\u00f1or\u00bb. De esta manera, lo que podr\u00ed\u00ada aparecer simplemente una \u00abantropolog\u00ed\u00ada\u00bb se convierte propiamente en una \u00abteolog\u00ed\u00ada\u00bb.<\/p>\n<p>II. La \u00e9tica familiar de la Biblia<br \/>\nLas precedentes reflexiones preliminares eran necesarias para captar en su justo significado las referencias a la \u00e9tica familiar que aparecen en la Biblia, tanto en el AT como en el NT. A trav\u00e9s de ellas el lector actual saca la impresi\u00f3n de encontrarse ante una \u00e9tica familiar arcaica, patriarcal, \u00abmachista\u00bb a menudo. Ello es debido a que se trata de un sistema de normas muy arraigado en la propia \u00e9poca. De \u00e9l hay que extraer valores de fondo que sean actuales, y no pautas de comportamiento espec\u00ed\u00adficas y a menudo caducas. En este sentido las orientaciones fundamentalmente deducibles de la Biblia -yen particular del NT- en el tema de moral familiar se pueden compendiar en tres grandes \u00e1reas tem\u00e1ticas.<\/p>\n<p>a) La referencia primera y fundamental apunta hacia la radical relativizaci\u00f3n de la familia. En un contexto en el que los deberes hacia el grupo familiar se presentaban a menudo como absolutamente prioritarios, Jes\u00fas proclama en\u00e9rgicamente la primac\u00ed\u00ada del reino: \u00abEl que quiere a su padre o a su madre m\u00e1s que a m\u00ed\u00ad, no es digno de m\u00ed\u00ad\u00bb (Mat 10:37 y par.). Los v\u00ed\u00adnculos familiares deben pasar a un segundo plano frente a la llamada de Dios y, si son un obst\u00e1culo a la propia santificaci\u00f3n, deben anularse de la misma manera que se corta un miembro del propio cuerpo cuando se convierte en motivo de esc\u00e1ndalo (Mat 18:8). En general, los intereses del grupo familiar no pueden llevar nunca al sacrificio de las leg\u00ed\u00adtimas exigencias de la persona. Es tambi\u00e9n \u00e9sta la v\u00ed\u00ada por la que se ir\u00e1 afianzando progresivamente en la legislaci\u00f3n can\u00f3nica y en la moral el principio de la libre elecci\u00f3n del c\u00f3nyuge, principio que representa hist\u00f3ricamente el punto clave para el afianzamiento de la preeminencia de los derechos del individuo respecto a los intereses del grupo familiar (reflexiones an\u00e1logas pueden hacerse en relaci\u00f3n con la elecci\u00f3n del estado de vida religioso m\u00e1s all\u00e1 incluso de las expectativas del grupo familiar).<\/p>\n<p>b) La segunda referencia apunta hacia la igualdad estructural entre hombre y mujer (G\u00e1l 3:28), igualdad aceptada progresivamente, aunque con esfuerzos y no sin contradicciones internas, como criterio regulador de las relaciones entre mando y mujer dentro de la familia. Persisten, es cierto, diferencias entre hombre y mujer. En este sentido, hay numerosos textos del AT y del mismo NT que podr\u00ed\u00adan leerse en una \u00f3ptica de subordinaci\u00f3n de la mujer al hombre. Pero estas diferencias no son ya ni definitivas ni sustanciales; parecen ser m\u00e1s bien provisionales y accidentales, vinculadas a la cultura de las distintas \u00e9pocas, con las que la propia \u00e9tica cristiana debe contrastarse, y no a la naturaleza profunda de la humanidad en su bipolaridad masculina y femenina. La \u00e9tica familiar cristiana se basa en esta igualdad radical, la cual, ya en la pr\u00e1ctica de las comunidades cristianas primitivas, era tambi\u00e9n y ante todo igualdad ante Dios -incluso en las obligaciones relativas al ejercicio de la misi\u00f3n y de la propagaci\u00f3n del evangelioe igualdad ante la ley moral, puesto que son iguales para el hombre y para la mujer las normas reguladoras de los aspectos fundamentales de la relaci\u00f3n conyugal, el primero de los cuales es la relaci\u00f3n de pareja. Resulta particularmente significativo el que, desde los comienzos, el deber de la fidelidad se haya propuesto como imperativo moral tanto para el hombre como para la mujer, as\u00ed\u00ad como el que la condena de la fornicaci\u00f3n y de la impureza concierna por igual a ambos.<\/p>\n<p>c) Un tercer grupo de orientaciones \u00e9ticas apunta en general a las reglas de comportamiento a las que padres e hijos est\u00e1n respectivamente sometidos y que reflejan las prescripciones contenidas en diversos \u00abc\u00f3digos familiares\u00bb que el NT nos ha transmitido. Los criterios pueden resumirse en el amor mutuo ( Col 3:18s); la sumisi\u00f3n (Efe 5:21; 1Pe 3:9), aunque \u00e9sta nunca es absoluta, sino entendida siempre seg\u00fan la l\u00f3gica del reino; el fiel cumplimiento, en general, de los derechos y deberes mutuos por parte de los distintos componentes de la familia, derechos y deberes formalmente an\u00e1logos, si no id\u00e9nticos, a los de los no creyentes, pero que el cristiano hace suyos bajo una \u00f3ptica renovada.<\/p>\n<p>III. Relaciones padres-hijos<br \/>\nAunque los \u00abc\u00f3digos familiares\u00bb del NT se\u00f1alan algunos grandes criterios inspiradores de las relaciones internas de familia, estas orientaciones deben, sin embargo, volverse continuamente a plantear y a actualizar teniendo en cuenta la espec\u00ed\u00adfica situaci\u00f3n hist\u00f3rica en que vive la familia. No tiene nada de extra\u00f1o que, en un contexto eminentemente patriarcal, los escritos del NT, y en particular las cartas de inspiraci\u00f3n paulina, hagan hincapi\u00e9 sobre todo en el deber de sumisi\u00f3n que tienen los hijos (extensivo a la servidumbre y a los mismos esclavos, en cuanto miembros tambi\u00e9n ellos de la \u00abcasa\u00bb entendida como conjunto), retomando y parafraseando el mandamiento del dec\u00e1logo \u00abhonra a tu padre y a tu madre\u00bb, que el mismo Jes\u00fas hizo reiteradamente suyo (Mat 15:4; Mat 19:19). En el \u00e1mbito, sin embargo, de las relaciones entre padres e hijos, el evangelio introduce la nueva categor\u00ed\u00ada del \u00abservicio\u00bb, que, aun sin excluir la de \u00abautoridad\u00bb, en cierta manera la supera definitivamente (Mat 20:26), eliminando la tradicional relaci\u00f3n de sumisi\u00f3n. Entender el ejercicio de la autoridad como el cumplimiento de un servicio implica que el que est\u00e1 arriba haga del que est\u00e1 abajo el centro de sus propias preocupaciones. En esta perspectiva queda minado de base cualquier culto familiar a la autoridad como situaci\u00f3n permanente de superioridad, en la misma medida en que se invierte por completo la tradicional relaci\u00f3n entre \u00abpeque\u00f1os\u00bb y \u00abgrandes\u00bb, ya que son los peque\u00f1os quienes tienen el puesto de honor en el reino y, consiguientemente, tambi\u00e9n esa parcial y limitada anticipaci\u00f3n y prefiguraci\u00f3n del reino que es la familia cristiana.<\/p>\n<p>Una dedicaci\u00f3n total y gratuita, basada en la l\u00f3gica de la donaci\u00f3n y entendida como centro de toda actitud educativa aut\u00e9ntica, sustituye a un cuidado de los hijos que en la familia patriarcal no era siempre desinteresado, pues de alguna manera estaba motivado por la espera de una contrapartida futura y, consiguientemente, basado en parte en la \u00abl\u00f3gica del intercambio\u00bb. Esto no significa, por parte de los hijos, excluir la obediencia y la sumisi\u00f3n cuando se soliciten y sean necesarias, sino m\u00e1s bien realizar en el Se\u00f1or su relaci\u00f3n de subordinaci\u00f3n provisional, como paso de alguna manera obligado en el camino de la realizaci\u00f3n plena de s\u00ed\u00ad mismos. En esta perspectiva la autoridad familiar se presenta como estructuralmente \u00abex-c\u00e9ntrica\u00bb, por cuanto su centro no se halla en s\u00ed\u00ad misma, sino fuera de s\u00ed\u00ad (en los hijos y no en los padres), y a la vez como estructuralmente provisional, es decir, destinada a durar s\u00f3lo hasta que el proceso de desarrollo haya llegado a su t\u00e9rmino. Por su doble caracter\u00ed\u00adstica de \u00abservicio\u00bb desempe\u00f1ado en el amor y de provisionalidad esencial, la autoridad familiar puede proponerse como tipo ideal de toda forma de autoridad ejercida en el esp\u00ed\u00adritu del evangelio.<\/p>\n<p>Las relaciones padres-hijos no pueden ser realmente \u00abparitarias\u00bb en sus comienzos debido a la evidente divergencia existente en las posiciones de partida. Dentro de esas relaciones existe, sin embargo, un amplio espacio para la realizaci\u00f3n de justicia en todas sus formas: en la expresi\u00f3n del propio afecto, no privilegiando una de las partes en detrimento de la otra, ni por parte de los padres ni por parte de los hijos; en la gesti\u00f3n y reparto de los bienes materiales de los que la familia tiene necesidad para vivir y que tienden espont\u00e1neamente a transmitirse de padres a hijos bajo la forma de patrimonio familiar. A este respecto hay que evitar todo tipo de discriminaci\u00f3n, as\u00ed\u00ad como un igualitarismo raso, para lo cual habr\u00e1 que prestar atenci\u00f3n a las situaciones concretas y no a las exigencias abstractas de una justicia entendida como nivelaci\u00f3n pura y simple de posiciones, desatenta con las necesidades reales, actuales y previsibles en un futuro, de todos los componentes de la familia, necesidades que ser\u00e1n inevitablemente diversas. \u00abDar a cada uno lo suyo\u00bb significa, desde este punto de vista, tener en cuenta no s\u00f3lo los derechos, iguales por tendencia, sino tambi\u00e9n las necesidades, desiguales por tendencia (GS 52).<\/p>\n<p>Estas obligaciones de justicia tienen evidentemente las caracter\u00ed\u00adsticas de la bilateralidad: corresponde a los padres criar y educar a los hijos, y corresponde a los hijos amar y respetar a los padres incluso haci\u00e9ndose cargo del problema de la vejez de \u00e9stos. M\u00e1s all\u00e1 del contexto patriarcal en que han tenido origen, conservan permanente actualidad las referencias b\u00ed\u00adblicas relativas a los deberes para con los ancianos (Si 3,ls). Las dificultades que la sociedad moderna interpone al ejercicio de los deberes de asistencia a los miembros ancianos de la familia no pueden inducir a dejar silenciado este aspecto de la vida de relaci\u00f3n de la familia. Corresponder\u00e1 siempre a la colectividad, a trav\u00e9s de circunspectas intervenciones de pol\u00ed\u00adtica social, el crear las condiciones favorables para la integraci\u00f3n de los ancianos en la sociedad y para el mantenimiento de v\u00ed\u00adnculos lb m\u00e1s estrechos posibles entre las diversas generaciones.<\/p>\n<p>El t\u00e9rmino natural del proceso educativo ser\u00e1 el crecimiento de los hijos (y, en ciertos aspectos, de los mismos padres) a trav\u00e9s del ejercicio humilde y desinteresado de la autoridad en la libertad; una libertad que debe ser garantizada frente a la tendencia instintiva de los padres a transferir a los hijos la propia personalidad y las propias expectativas, sobre todo en lo que respecta a la elecci\u00f3n de estado de vida, la elecci\u00f3n del futuro c\u00f3nyuge y el ejercicio del trabajo y de la profesi\u00f3n.<\/p>\n<p>En el plano de la educaci\u00f3n en la fe corresponde a los padres la obligaci\u00f3n de dar a conocer los valores evang\u00e9licos en su totalidad; ahora bien, estos valores los deber\u00e1n testimoniar, vivir y proponer m\u00e1s que imponer, sabedores de que la generaci\u00f3n f\u00ed\u00adsica nunca es autom\u00e1ticamente generaci\u00f3n espiritual; la fe es el resultado de un encuentro personal e irrepetible entre la llamada de Dios y la libre respuesta humana; un encuentro que los padres cristianos pueden favorecer, pero nunca predeterminar.<\/p>\n<p>IV. Relaciones entre familia y sociedad<br \/>\nLa moral familiar no tiene su \u00e1mbito exclusivo de ejercicio en el interior de las paredes dom\u00e9sticas, sino que se extiende tambi\u00e9n a la relaci\u00f3n entre familia y sociedad. Es \u00e9ste un aspecto poco tratado en el pasado por la \u00e9tica tradicional, pero que ha vuelto a ser presentado en toda su importancia por el reciente magisterio de la Iglesia (JUAN PABLO II, Familiaris consortio, 42ss).<\/p>\n<p>La familia tiene el preciso deber de concurrir a la humanizaci\u00f3n de la sociedad y a la promoci\u00f3n de las personas. Precisamente porque es estructuralmente un punto de encuentro entre \u00abp\u00fablico\u00bb y \u00abprivado\u00bb, la familia no puede aislarse en su propia intimidad (la cual, entendida de una manera privada, se convertir\u00ed\u00ada en una realidad falseada y deformada), sino que est\u00e1 reclamada para hacerse cargo de los problemas de la sociedad circundante. Ante todo, el restablecimiento de esta relaci\u00f3n resulta condici\u00f3n casi indispensable para el correcto cumplimiento de la tarea educativa en las sociedades industriales avanzadas, caracterizadas por u\u00f1a fuerte incidencia de la esfera p\u00fablica en la vida familiar.<\/p>\n<p>De ah\u00ed\u00ad que, en una \u00e9tica familiar cristiana atenta a las exigencias de los tiempos, deba introducirse necesariamente el deber de la 1 participaci\u00f3n en los diversos niveles en los que \u00e9sta tiene expresi\u00f3n: concurriendo a la gesti\u00f3n del territorio en sus diversas formas, desde la organizaci\u00f3n de los poderes locales a la tutela del medio ambiente; colaborando en el buen funcionamiento de las instituciones escolares a trav\u00e9s de la presencia en los \u00f3rganos de cogesti\u00f3n; comprometi\u00e9ndose apromocionar en la sociedad intervenciones de pol\u00ed\u00adtica familiar y social encaminadas a la superaci\u00f3n o, al menos, a la contenci\u00f3n de los fen\u00f3menos de marginaci\u00f3n, exclusi\u00f3n y pobreza cr\u00f3nica. Si en \u00e9pocas pasadas, caracterizadas por una neta distinci\u00f3n entre p\u00fablico y privado, la \u00e9tica familiar se remit\u00ed\u00ada exclusivamente al \u00e1rea de lo privado, en el mundo moderno los l\u00ed\u00admites entre p\u00fablico y privado se han vuelto l\u00e1biles y escurridizos; y, consiguientemente, una \u00e9tica familiar cristiana no puede evitar el hacerse tambi\u00e9n cargo de las relaciones entre familia y sociedad.<\/p>\n<p>V. Las virtudes de la vida de familia<br \/>\nExpresi\u00f3n t\u00ed\u00adpica de la \u00e9tica familiar cristiana es el ejercicio de las virtudes propias de la vida de familia. La fe sostiene y robustece las opciones morales de la familia, impidiendo que \u00e9stas se diluyan en un legalismo formal; la esperanza favorece la capacidad de mirar hacia el futuro y de abrirse a la vida; la caridad alienta desde dentro de las relaciones entre los c\u00f3nyuges, el servicio educativo y el compromiso en la sociedad civil.<\/p>\n<p>En el contexto de la vida de familia encuentran tambi\u00e9n espacio las virtudes tradicionales de la vida religiosa, dentro de una perspectiva t\u00ed\u00adpicamente familiar y, consiguientemente, laica:<br \/>\n&#8211; la obediencia, entendida como entrega mutua en el amor de unos a los otros, del esposo a la esposa, de los hijos a los padres (y tambi\u00e9n viceversa en cierto sentido);<br \/>\n&#8211; la castidad, vista como realizaci\u00f3n de una relaci\u00f3n de pareja que, sin renunciar a las leg\u00ed\u00adtimas expresiones de la sexualidad, no convierta, sin embargo, el gesto sexual en un absoluto, sino que sea capaz de integrarlo arm\u00f3nicamente en la plenitud de la vida personal;<br \/>\n&#8211; la pobreza, vivida no como rechazo abstracto de los bienes materiales, de los que, por otra parte, necesita la familia para poder vivir y dar cumplimiento a sus propias tareas educativas, sino como relativizaci\u00f3n de la esfera econ\u00f3mica, que fuera de la familia es frecuentemente vivenciada como omniabarcadora y que, en cambio, debe ser devuelta a su funci\u00f3n instrumental.<\/p>\n<p>Entre las paredes dom\u00e9sticas se cultivan as\u00ed\u00ad mismo las virtudes t\u00ed\u00adpicamente familiares de la sencillez, la capacidad de servicio, la hospitalidad, la actitud de acogida, sobre todo en lo que respecta a los \u00ab\u00faltimos\u00bb y a los marginados, para los que parece no haber ya sitio en una sociedad que ha erigido en absolutos al individualismo, la competencia la exasperada b\u00fasqueda del bienestar y del \u00e9xito y que tambi\u00e9n por esto parece estar estructuralmente condenada a generar siempre nuevas pobrezas, a las que no se podr\u00e1 poner remedio sin las energ\u00ed\u00adas espirituales y morales que encuentran su alimento en una vida familiar vivida gozosamente en el Se\u00f1or.<\/p>\n<p>En el centro de este estilo de vida tejido con las virtudes cristianas tradicionales encarnadas en las formas y en los estilos caracter\u00ed\u00adsticos de la vida de familia se encuentra la capacidad de la familia cristiana para realizarse como aut\u00e9ntica \u00abcomunidad de vida y de amor\u00bb (GS 48). De esta comuni\u00f3n profunda entre las personas deriva tambi\u00e9n la capacidad para efectuar una opci\u00f3n concreta de servicio.<\/p>\n<p>VI. Entre Iglesia y mundo<br \/>\nLa familia necesita insertarse en la comunidad cristiana con el fin de que adquiera conciencia de su misi\u00f3n eclesial y al mismo tiempo se abra a los problemas del mundo. En la comunidad eclesial &#8211;sobre todo en su expansi\u00f3n territorial m\u00e1s inmediata-<br \/>\nmente perceptible, es decir, en la parroquia) la familia encuentra el lugar en el que sus opciones morales pueden ser iluminadas, apoyadas, incluso contrastadas, al confrontarse con otras experiencias de servicio, como el celibato sacerdotal, la vida religiosa y las diversas formas de servicio al reino. En el marco de un proyecto de vida cristiana m\u00e1s abarcador, la familia puede individuar mejor el espacio \u00e9tico que le es peculiar, en la perspectiva de mediaci\u00f3n entre Iglesia y mundo, que es expresi\u00f3n caracter\u00ed\u00adstica de su vocaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Esta mediaci\u00f3n \u00e9tica se ejerce por la doble v\u00ed\u00ada del testimonio y de la profec\u00ed\u00ada: con el testimonio la familia cristiana verifica, en la humildad de los peque\u00f1os gestos cotidianos, la verdad profunda y la posibilidad de llevar a cabo en la pr\u00e1ctica las exigencias \u00e9ticas del evangelio, ciertamente duras; con la profec\u00ed\u00ada la familia cristiana se inserta en la historia para hacer suyos los valores positivos (pero tambi\u00e9n para denuncias los aspectos negativos) de la cultura de la propia \u00e9poca. La familia cristiana debe hacer esta inserci\u00f3n sin ceder a la tentaci\u00f3n de crear en torno a s\u00ed\u00ad peque\u00f1os reductos alternativos que, tarde o temprano, correr\u00ed\u00adan el riesgo de transformarse en guetos. En este dif\u00ed\u00adcil equilibrio entre testimonio de unos valores y denuncia valiente de cualquier ofensa hecha a las personas se juega la capacidad de la familia cristiana de ser portadora en la historia humana de una propuesta \u00e9tica propia y original.<\/p>\n<p>[\/Divorcio civil; \/Fidelidad e indisolubilidad; \/Matrimonio].<\/p>\n<p>BIBL.: AA.VV., Familia creyente y mundo actual, PPC, Madrid 1982; AA.VV., Lafamilia: una visi\u00f3n plural, Univ. Pont. de Salamanca 1987; AA.VV., II matrimonio via al\u00ed\u00ada santit\u00e1, Ancora, Mil\u00e1n 1980; CAMPANIM G., Familia, 747-760, en NDE, Paulinas, Madrid 19914; CAMPos S. del, El ciclo vital de la familia espa\u00f1ola, Real Academia de Ciencias Morales y Pol\u00ed\u00adticas, Madrid 1980; DELEGACI\u00f3N DE PASTORAL FAMILIAR DE MADRID, El s\u00ed\u00adnodo de la familia. Selecci\u00f3n de intervenciones de los padres sinodales, Paulinas, Madrid 1981; DONATI P., Familia, en Diccionario de sociolog\u00ed\u00ada, Paulinas, 1986; FLAUDRINJ.L., Or\u00ed\u00adgenes de la familia moderna, Grijalbo, Barcelona 1979; FROMM E. y otros, La familia, Pen\u00ed\u00adnsula, Barcelona 1970; G\u00f3MEZ Rlos M., Familia abierta y comprometida, PPC Madrid 1981; HORTELANDA., Yo-t\u00fa, comunidaddeamor, Paulinas, Madrid 199(4; KONIG R., La familia en nuestro tiempo, Siglo XXI, Madrid 1981; L\u00e9vv STRAUSS C. y otros, Pol\u00e9mica sobre el origen y la universalidad de la familia, Anagrama, Barcelona 1974; MARRONCLE J., Vivir a gusto en la pareja, conocerse y reconocerse, Paulinas, Madrid 1985; MUSGRAVE F., Familia, educaci\u00f3n y sociedad, Verbo Divino Estella 1975; PASTOR G., Sociolog\u00ed\u00ada de la familia, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1981; PIANA G., Famiglia comunit\u00e1 di fede, Ave, Roma 1970; RENAU J., Meditaciones para una pareja, Paulinas, Madrid 1986; ROF CARRALLOy otros, Lafamilia, di\u00e1logo recuperable, Karp\u00f3s, Madrid 1976 Ruiz G. La familia frente al evangelio, PPC, Madrid 1984; SANTELLI L., Familia, en Diccionario de ciencias de la educaci\u00f3n 966-976, Paulinas, Madrid 1990; TISSERAND E., \u00bfFamilia o comunidad?, Paulinas, Madrid 1979; VIDAL M., Familia y valores \u00e9ticos, PPC, Madrid 1986; VILLAREJO A., El matrimonio y la familia en la \u00abFamiliares consortio&#8217;; Paulinas, Madrid 1984; WINNICOTT D. W., La familia y el desarrollo del individuo, Horm\u00e9, Bs. Aires 1980.<\/p>\n<p>G. Campanini<\/p>\n<p>Compagnoni, F. &#8211; Piana, G.- Privitera S., Nuevo diccionario de teolog\u00ed\u00ada moral, Paulinas, Madrid,1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda Moral<\/b><\/p>\n<p>El t\u00e9rmino hebreo misch\u00c2\u00b7pa\u00c2\u00b7j\u00e1h (familia) no solo significa conjunto de ascendientes y descendientes de un mismo linaje, sino, por extensi\u00f3n, tribu, pueblo o naci\u00f3n. La palabra griega correspondiente, pa\u00c2\u00b7tri\u00c2\u00b7\u00e1, tambi\u00e9n tiene un sentido amplio. Jehov\u00e1 Dios es el originador de la familia. Es el Padre de su familia celestial y Aquel a quien \u2020\u02dctoda familia en la tierra debe su nombre\u2020\u2122. (Ef 3:14, 15.) Jehov\u00e1 form\u00f3 la primera familia humana, y se propuso que con este medio se llenara la Tierra. Adem\u00e1s, permiti\u00f3 que Ad\u00e1n, aunque hab\u00ed\u00ada pecado, tuviera una familia e hijos \u2020\u0153a su semejanza, a su imagen\u2020\u009d. (G\u00e9 5:3.) Desde entonces, ha mostrado con claridad en su Palabra que concede una gran importancia a las facultades de procreaci\u00f3n que ha dado al hombre, y por medio de las cuales el ser humano puede perpetuar su nombre y linaje familiar en la Tierra. (G\u00e9 38:8-10; Dt 25:5, 6, 11, 12.)<\/p>\n<p>La estructura familiar y su conservaci\u00f3n. La familia era la unidad b\u00e1sica en la sociedad hebrea antigua. Estaba configurada como un gobierno: el padre ejerc\u00ed\u00ada la jefatura y era responsable ante Dios, mientras que la madre hac\u00ed\u00ada las veces de subdirectora con autoridad sobre los hijos en el \u00e1mbito dom\u00e9stico. (Hch 2:29; Heb 7:4.) La unidad familiar era un reflejo en peque\u00f1a escala de la gran familia de Dios. En la Biblia, se representa a Dios como esposo de la \u2020\u0153Jerusal\u00e9n de arriba\u2020\u009d, de la que se dice que es madre de Sus hijos. (G\u00e1l 4:26; comp\u00e1rese con Isa 54:5.)<br \/>\nLa familia de la \u00e9poca de los patriarcas pudiera compararse en algunos aspectos a una corporaci\u00f3n moderna. Sus miembros pose\u00ed\u00adan algunas cosas en exclusiva, pero por lo general las propiedades eran un bien com\u00fan y el padre se encargaba de administrarlas. Si en el seno familiar alguien comet\u00ed\u00ada un mal, se consideraba como una ofensa contra toda la familia y, en particular, contra el cabeza de la casa. El oprobio reca\u00ed\u00ada sobre \u00e9l y se le hac\u00ed\u00ada responsable de tomar las medidas necesarias para corregir el mal. (G\u00e9 31:32, 34; Le 21:9; Dt 22:21; Jos 7:16-25.)<br \/>\nLa norma original de Dios para la familia fue la monogamia. Aunque la poligamia lleg\u00f3 a ser una pr\u00e1ctica com\u00fan, siempre fue contraria a la norma dictada originalmente por Dios. Sin embargo, permiti\u00f3 que existiese hasta que llegase el momento de restablecer la norma original, lo que ocurri\u00f3 con la llegada de la congregaci\u00f3n cristiana. (1Ti 3:2; Ro 7:2, 3.) En el pacto de la Ley, Dios no solo reconoci\u00f3 la existencia de la poligamia, sino que la regul\u00f3, de modo que la unidad familiar permaneciera viva e intacta. No obstante, el propio Jehov\u00e1 hab\u00ed\u00ada dicho: \u2020\u0153Por eso el hombre dejar\u00e1 a su padre y a su madre, y tiene que adherirse a su esposa, y tienen que llegar a ser una sola carne\u2020\u009d. Tiempo despu\u00e9s, su Hijo cit\u00f3 estas mismas palabras y a\u00f1adi\u00f3: \u2020\u0153De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Por lo tanto, lo que Dios ha unido bajo un yugo, no lo separe ning\u00fan hombre\u2020\u009d. (G\u00e9 2:24; Mt 19:4-6.) La Biblia muestra que Ad\u00e1n solo tuvo una esposa, que vino a ser \u2020\u02dcla madre de todo el que ha vivido\u2020\u2122. (G\u00e9 3:20.) Lo mismo puede decirse de los tres hijos de No\u00e9, que dieron comienzo a la repoblaci\u00f3n de la Tierra despu\u00e9s del diluvio universal; eran hijos de padres mon\u00f3gamos y cada uno llev\u00f3 consigo a trav\u00e9s del Diluvio a una sola esposa. (G\u00e9 8:18; 9:1; 1Pe 3:20.)<\/p>\n<p>Bajo el pacto de la Ley. En los Diez Mandamientos que Dios dio a Israel se recalca la unidad familiar. El quinto mandamiento dice: \u2020\u0153Honra a tu padre y a tu madre\u2020\u009d, que es el primer mandamiento con una promesa impl\u00ed\u00adcita. (Dt 5:16; Ef 6:2.) La rebeld\u00ed\u00ada de un hijo en contra de sus padres constitu\u00ed\u00ada una rebeli\u00f3n tanto contra el sistema de gobierno establecido por Dios como contra Dios mismo. Si golpeaba a su padre o a su madre, los maldec\u00ed\u00ada o llegaba a ser un rebelde incorregible, deb\u00ed\u00ada ser ejecutado. (Ex 21:15, 17; Le 20:9; Dt 21:18-21.) Los hijos deb\u00ed\u00adan mostrar el debido respeto a sus padres, y aquel que tratara a su padre o madre con desprecio ser\u00ed\u00ada maldito. (Le 19:3; Dt 27:16.)<br \/>\nEl s\u00e9ptimo mandamiento \u2014\u2020\u0153No debes cometer adulterio\u2020\u009d\u2014 prohib\u00ed\u00ada cualquier uni\u00f3n sexual entre una persona casada y otra ajena al v\u00ed\u00adnculo matrimonial. (Ex 20:14.) Se esperaba que todos los ni\u00f1os nacieran en el seno de una familia. Los hijos ileg\u00ed\u00adtimos no eran reconocidos como miembros de la congregaci\u00f3n de Israel, y a sus descendientes no se les permit\u00ed\u00ada llegar a serlo hasta la d\u00e9cima generaci\u00f3n. (Dt 23:2.)<br \/>\nEn tanto que el s\u00e9ptimo mandamiento, que prohib\u00ed\u00ada el adulterio, serv\u00ed\u00ada para salvaguardar la unidad familiar, el d\u00e9cimo, prohib\u00ed\u00ada los malos deseos, proteg\u00ed\u00ada adem\u00e1s la integridad de la familia propia, as\u00ed\u00ad como el hogar y la familia del semejante. Este mandamiento proteg\u00ed\u00ada lo m\u00e1s entra\u00f1able y vinculado a la vida de familia: esposa, casa, sirvientes, animales y dem\u00e1s posesiones. (Ex 20:17.)<br \/>\nBajo el ordenamiento de la Ley, se guard\u00f3 un minucioso registro geneal\u00f3gico. Adem\u00e1s, la herencia de la tierra como patrimonio familiar reforz\u00f3 mucho m\u00e1s la condici\u00f3n indivisible de la familia. El registro geneal\u00f3gico fue de particular importancia en el caso del linaje de Jud\u00e1 y, posteriormente, en el de su descendiente David. Como la promesa de la llegada del rey mesi\u00e1nico a trav\u00e9s de estas familias era conocida, se llev\u00f3 un meticuloso registro del parentesco familiar de este linaje. Y aunque es cierto que la Ley no aboli\u00f3 la poligamia, protegi\u00f3 la integridad de la familia y conserv\u00f3 intacto el registro geneal\u00f3gico por medio de una rigurosa legislaci\u00f3n que regulaba la poligamia. La Ley no dio amparo en ning\u00fan momento ni a la permisividad ni a la promiscuidad sexual. Los hijos que nac\u00ed\u00adan de relaciones pol\u00ed\u00adgamas o de concubinato se consideraban leg\u00ed\u00adtimos, hijos de hecho y de derecho de su progenitor. (V\u00e9ase CONCUBINA.)<br \/>\nLa Ley prohibi\u00f3 expl\u00ed\u00adcitamente alianzas matrimoniales con las siete naciones cananeas que ser\u00ed\u00adan expulsadas de la Tierra Prometida. (Dt 7:1-4.) Por no cumplir con este mandato, la naci\u00f3n de Israel cay\u00f3 en el lazo del culto a dioses falsos y finalmente fue v\u00ed\u00adctima del cautiverio a manos de sus enemigos. Un ejemplo notorio de este grave pecado fue el de Salom\u00f3n. (Ne 13:26.) Esdras y Nehem\u00ed\u00adas pusieron en marcha un activo programa de reformas entre los israelitas repatriados, que hab\u00ed\u00adan contaminado sus familias y al propio Israel cas\u00e1ndose con mujeres extranjeras. (Esd 9:1, 2; 10:11; Ne 13:23-27.)<br \/>\nCuando Dios envi\u00f3 a su Hijo unig\u00e9nito a la Tierra, hizo que naciera en el seno de una familia. Le procur\u00f3 un padre adoptivo temeroso de Dios y una madre amorosa. Jes\u00fas se mantuvo sujeto a sus padres durante su infancia, respet\u00e1ndolos y obedeci\u00e9ndolos. (Lu 2:40, 51.) Incluso mientras agonizaba en el madero de tormento mostr\u00f3 respeto e inter\u00e9s amoroso por su madre, probablemente viuda para entonces, cuando le dijo: \u2020\u0153\u00c2\u00a1Mujer, ah\u00ed\u00ad est\u00e1 tu hijo!\u2020\u009d, y al disc\u00ed\u00adpulo que \u00e9l amaba: \u2020\u0153\u00c2\u00a1Ah\u00ed\u00ad est\u00e1 tu madre!\u2020\u009d. De este modo instruy\u00f3 a su disc\u00ed\u00adpulo para que la llevara a su hogar y cuidara de ella. (Jn 19:26, 27.)<\/p>\n<p>\u00bfDe qu\u00e9 manera realza la Biblia la importancia de la familia en la congregaci\u00f3n cristiana?<br \/>\nEn la congregaci\u00f3n cristiana la familia es la unidad b\u00e1sica de la comunidad de cristianos verdaderos. En las Escrituras Griegas Cristianas puede hallarse mucha informaci\u00f3n sobre las relaciones familiares. Como en el Israel antiguo, al hombre se le dignifica con la jefatura de la familia; la mujer dirige la casa bajo la supervisi\u00f3n general de su esposo y en sujeci\u00f3n a \u00e9l. (1Co 11:3; 1Ti 2:11-15; 5:14.) Despu\u00e9s de comparar a Jes\u00fas con un esposo y cabeza de familia, cuya \u2020\u02dcesposa\u2020\u2122 es la congregaci\u00f3n, Pablo aconseja a los esposos que ejerzan la jefatura con amor y a las esposas, que respeten y se sujeten a sus esposos. (Ef 5:21-33.) A los hijos se les manda que obedezcan a sus padres, y en particular al padre se le encomienda la responsabilidad de criar a sus hijos en la disciplina y regulaci\u00f3n mental de Jehov\u00e1. (Ef 6:1-4.)<br \/>\nEl hombre casado que ocupa un puesto de superintendente en la congregaci\u00f3n cristiana ha de apegarse a normas elevadas, como corresponde a un cabeza de familia. Debe presidir su casa apropiadamente y tener a sus hijos en sujeci\u00f3n, de modo que no sean ingobernables ni se les acuse de conducta disoluta, pues, como razona Pablo al asemejar la familia a la congregaci\u00f3n, \u2020\u0153si de veras no sabe alg\u00fan hombre presidir su propia casa, \u00bfc\u00f3mo cuidar\u00e1 de la congregaci\u00f3n de Dios?\u2020\u009d. (1Ti 3:2-5; Tit 1:6.) La esposa recibe la exhortaci\u00f3n de amar a su esposo y a sus hijos, ser hacendosa y sujetarse a su esposo. (Tit 2:4, 5.)<br \/>\nJes\u00fas predijo que la oposici\u00f3n a la verdad de Dios ocasionar\u00ed\u00ada divisi\u00f3n en las familias. (Mt 10:32-37; Lu 12:51-53.) Pero el ap\u00f3stol Pablo, teniendo presente el bienestar del c\u00f3nyuge incr\u00e9dulo y de los hijos, inst\u00f3 encarecidamente a los creyentes a no romper los lazos familiares. Tambi\u00e9n recalc\u00f3 el gran valor de la relaci\u00f3n de familia cuando se\u00f1al\u00f3 que Dios considera \u2020\u02dcsantos\u2020\u2122 a los hijos peque\u00f1os, aun cuando el c\u00f3nyuge incr\u00e9dulo no est\u00e9 limpio de pecados sobre la base de fe en Cristo. De hecho, es posible que tenga las mismas pr\u00e1cticas que Pablo dijo que ten\u00ed\u00adan algunos cristianos antes de aceptar las buenas nuevas acerca del Cristo. (1Co 7:10-16; 6:9-11.) El consejo de Pablo a la pareja sobre el d\u00e9bito conyugal es otra salvaguarda de la unidad de la familia cristiana. (1Co 7:3-5.)<br \/>\nEl fomentar la asociaci\u00f3n cristiana en el seno familiar result\u00f3 ser una bendici\u00f3n para muchas familias, pues, como dijo Pablo, \u2020\u0153esposa, \u00bfc\u00f3mo sabes que no salvar\u00e1s a tu esposo? O, esposo, \u00bfc\u00f3mo sabes que no salvar\u00e1s a tu esposa?\u2020\u009d. (1Co 7:16.) Este hecho se pone de manifiesto en algunos de los saludos que Pablo dirigi\u00f3 en sus cartas a determinadas familias. Hubo creyentes que tuvieron el privilegio de ofrecer sus casas para las reuniones de la congregaci\u00f3n. (Ro 16:1-15.) El misionero cristiano Felipe, por ejemplo, fue un padre de familia, cuyas cuatro hijas fueron cristianas celosas, que tuvo la bendici\u00f3n de hospedar por alg\u00fan tiempo en su casa de Cesarea al ap\u00f3stol Pablo y a sus compa\u00f1eros de viaje. (Hch 21:8-10.) A la propia congregaci\u00f3n cristiana se la denomina \u2020\u0153casa de Dios\u2020\u009d, cuyo integrante principal y cabeza es Jesucristo. Esta \u2020\u0153casa\u2020\u009d le reconoce como la Simiente por medio de la cual se bendecir\u00e1n todas las familias de la Tierra. (1Ti 3:15; Ef 2:19; Col 1:17, 18; G\u00e9 22:18; 28:14.)<br \/>\nLas Escrituras inspiradas predijeron que se producir\u00ed\u00ada un ataque frontal contra la instituci\u00f3n familiar, que fuera de la congregaci\u00f3n cristiana traer\u00ed\u00ada como consecuencia el desmoronamiento de los principios morales y de la sociedad humana. Pablo, por su parte, dijo que \u2020\u0153en per\u00ed\u00adodos posteriores\u2020\u009d aparecer\u00ed\u00adan doctrinas inspiradas por demonios, como la \u2020\u02dcprohibici\u00f3n de casarse\u2020\u2122, y que \u2020\u0153en los \u00faltimos d\u00ed\u00adas\u2020\u009d surgir\u00ed\u00ada un estado de desobediencia a los padres, deslealtad y falta de \u2020\u0153cari\u00f1o natural\u2020\u009d, que llegar\u00ed\u00ada a ser com\u00fan aun entre personas que tendr\u00ed\u00adan \u2020\u0153una forma de devoci\u00f3n piadosa\u2020\u009d. Luego advierte a los cristianos que se aparten de esa clase de personas. (1Ti 4:1-3; 2Ti 3:1-5.)<br \/>\nBabilonia la Grande, la enemiga de la \u2020\u0153mujer\u2020\u009d de Dios (G\u00e9 3:15; G\u00e1l 4:27) y de la \u2020\u0153novia\u2020\u009d de Cristo (Rev 21:9), identificada en la Biblia como una gran \u2020\u0153ramera\u2020\u009d, es una organizaci\u00f3n que comete fornicaci\u00f3n con los reyes de la Tierra. Se dice que es \u2020\u0153madre de las rameras y de las cosas repugnantes de la tierra\u2020\u009d \u2014lo que indica que engendra \u2020\u0153hijas\u2020\u009d entregadas a la prostituci\u00f3n\u2014 y que promueve indiferencia a las instituciones de Dios y a Sus mandatos, como, por ejemplo, las normas que contribuyen a la integridad familiar. (Rev 17:1-6.) Ha procurado inducir a otros a prostituirse y lo ha conseguido, engendrando muchas \u2020\u0153rameras\u2020\u009d, todo con el fin de evitar que la \u2020\u0153novia\u2020\u009d de Cristo conserve su pureza. No obstante, para regocijo y bendici\u00f3n de todo el universo, la \u2020\u0153novia\u2020\u009d ha salido victoriosa, manteni\u00e9ndose limpia y casta, digna de ser parte de la \u2020\u0153familia\u2020\u009d de Jehov\u00e1 como \u2020\u0153esposa\u2020\u009d de Jesucristo. (2Co 11:2, 3; Rev 19:2, 6-8; v\u00e9anse MATRIMONIO y otros parentescos familiares bajo sus nombres respectivos.)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia<\/b><\/p>\n<p>En la actual predicaci\u00f3n sobre la f. hay que unir un realismo moderno con una profunda visi\u00f3n teol\u00f3gica. No pueden convencer ya unos rasgos demasiado rom\u00e1nticos, patriarcales, sentimentales de la imagen de la f. La predicaci\u00f3n tampoco debe proyectar una imagen de la f. abstracta y separada de los datos actuales, sino que debe penetrar con inteligencia en la peculiaridad, las dificultades y las posibilidades de la f. de hoy.<\/p>\n<p>I. Aspectos naturales de la instituci\u00f3n 1. Familia y matrimonio<br \/>\nLa f. procede del -> matrimonio, el matrimonio est\u00e1 ordenado a la f. Si en los tiempos poco desarrollados, como en el Antiguo Testamento, se carg\u00f3 el acento sobre la comunidad familiar con vistas a la descendencia y a la gran asociaci\u00f3n (estirpe, tribu) y el matrimonio individual qued\u00f3 casi absorbido por la f. (como en la antigua China), hoy d\u00ed\u00ada, en cambio, el matrimonio va siendo considerado cada vez m\u00e1s como el n\u00facleo decisivo de la f. De la relaci\u00f3n personal entre los esposos, que m\u00e1s tarde es fundamento de la f., procede la descendencia. Este conocimiento, b\u00e1sico ya en G\u00e9n 2 y en Ef 5, determina asimismo las explicaciones del Vaticano u (Constituci\u00f3n pastoral sobre la Iglesia en el mundo de hoy, n .o 47-52). Aqu\u00ed\u00ad se habla del amor matrimonial en lugar preeminente y de la manera m\u00e1s prolija; pero m\u00e1s tarde se subraya, evidentemente, con la misma intensidad que este amor se desarrolla en la descendencia y en la f. de acuerdo con el orden de la naturaleza. \u00abSin descuidar los restantes fines del matrimonio, hay que decir que la aut\u00e9ntica configuraci\u00f3n del amor matrimonial y la manera toda de la vida familiar que resulta de ah\u00ed\u00ad tienden a que los casados colaboren firmemente y con disposici\u00f3n con el amor del creador y redentor, quien mediante ellos multiplica y enriquece su familia de d\u00ed\u00ada en d\u00ed\u00ada. El matrimonio no s\u00f3lo ha sido instituido para la procreaci\u00f3n de los hijos, sino que la peculiaridad de la indisoluble comunidad personal y el bien de los hijos exigen que el mutuo amor de los esposos se manifieste de manera recta, que crezca y madure. Si por esto el hijo tantas veces deseado no llega, el matrimonio subsiste no obstante como indivisa comunidad de vida y conserva su valor as\u00ed\u00ad como su indisolubilidad\u00bb (IM, n .o 48-50).<\/p>\n<p>2. Familia y naci\u00f3n<br \/>\nEsta f. (no el matrimonio) es la c\u00e9lula original de la vida nacional. Ella une los sexos as\u00ed\u00ad como las generaciones, introduce la joven generaci\u00f3n en la vida y en la naci\u00f3n. Realiza en el \u00e1mbito m\u00e1s peque\u00f1o una variedad magn\u00ed\u00adfica de relaciones, porque abarca completamente a las personas part\u00ed\u00adcipes y las vincula en el amor. La sociolog\u00ed\u00ada de la familia ha de investigar esas m\u00faltiples relaciones y determinarlas en sus diferencias, teniendo en cuenta el sexo, la posici\u00f3n y la edad de los miembros de la f. Esto \u00faltimo insin\u00faa el hecho de que dichas relaciones deben ser consideradas, no s\u00f3lo desde el punto de vista de lo est\u00e1tico en la instituci\u00f3n, sino tambi\u00e9n bajo el prisma de su evoluci\u00f3n temporal.<\/p>\n<p>Para desarrollar esta multiplicidad, se requiere un adecuado espacio vital (vivienda) y tiempo, pero, adem\u00e1s de esto, una vigilancia sensible y afinada en todo. La pastoral debe ayudar a desarrollar esta riqueza y hacerla palpable, y no ha de limitarse unilateralmente a moralizar o sacralizar, pues, de lo contrario, las mismas leyes de la unidad e indisolubilidad del matrimonio, de la piedad entre padres e hijos no parecen dignas de cr\u00e9dito.<\/p>\n<p>3. Familia como comunidad<br \/>\na) La comunidad de sexo y sangre. Las relaciones \u00ed\u00adntimas entre var\u00f3n y mujer marcan a ambos ya en el plano puramente fisiol\u00f3gico y biol\u00f3gico, especialmente a la mujer, por el intercambio de semen y hormonas, ya, adem\u00e1s, en el plano de los sentimientos. Por otra parte, la doctrina de la herencia ha confirmado experimentalmente que ambos progenitores imprimen sus caracter\u00ed\u00adsticas corporales y, con ello, transmiten sus disposiciones originales. Los -+ padres transmiten la vida, su vida, y ven as\u00ed\u00ad en los hijos el fruto y a la vez la continuaci\u00f3n de ella.<\/p>\n<p>La procedencia seg\u00fan la sangre desempe\u00f1a en el Antiguo Testamento un papel decisivo desde el punto de vista hist\u00f3rico salv\u00ed\u00adfico (semen Abrahae). Incluso trat\u00e1ndose de Cristo, en el Nuevo Testamento se enumera dos veces el \u00e1rbol geneal\u00f3gico. Es cierto que en el NT el parentesco de sangre ha perdido esa importancia veterotestamentaria, introduci\u00e9ndose en su lugar otras formas de unidad (cf. Rom 4-5; 9). Pero, como estructura procedente de la creaci\u00f3n, dicho parentesco no ha perdido aqu\u00ed\u00ad su importancia.<\/p>\n<p>b) La comunidad material econ\u00f3mica. Aqu\u00ed\u00ad tiene lugar un intenso intercambio de bienes y de servicios sobre una base determinada, no por el comercio, sino por el amor; se da un comunismo perfecto, de acuerdo con la f\u00f3rmula cl\u00e1sica: todos dan seg\u00fan sus posibilidades, todos reciben seg\u00fan su necesidad. Un comunismo tan perfecto s\u00f3lo aqu\u00ed\u00ad es posible, pues en ninguna otra parte fuera de aqu\u00ed\u00ad rigen unas relaciones personales tan profundas y completas. Pero este \u00abcomunismo de amor\u00bb es a la vez llamada e incitaci\u00f3n a la generosidad, a la entrega, al esp\u00ed\u00adritu de sacrificio, al propio vencimiento.<\/p>\n<p>c) Comunidad de almas y de esp\u00ed\u00adritus. En el trato diario, fundado en el amor, la confianza, el aprecio y el respeto, tiene lugar asimismo el intercambio de ideas, convicciones y sentimientos, se realiza una comunidad incomparable donde se comparten la alegr\u00ed\u00ada y el dolor, los \u00e9xitos y las pruebas. Los misterios de la vida bien pronto hicieron de la familia un lugar com\u00fan de culto (el sagrado fuego del hogar). Aun cuando el sacrificio esencial de la cristiandad no se ofrece en la familia, sino en un lugar oficial y especialmente consagrado de la comunidad, por proceder del unig\u00e9nito hijo de Dios y no de los hombres, sin embargo, la familia sigue siendo un lugar sagrado, donde se guarda en com\u00fan sentimientos y convicciones religiosas, los cuales son transmitidos a la siguiente generaci\u00f3n y, sobre todo, traducidos a la realidad de la vida diaria. La f. es la que lleva al ni\u00f1o a bautizar y lo introduce por primera vez en las verdades y realidades de la fe.<\/p>\n<p>d) Comunidad de educaci\u00f3n. La moderna psicolog\u00ed\u00ada y pedagog\u00ed\u00ada ha confirmado un conocimiento latente en la primitiva experiencia de la humanidad, a saber, el hecho de que el hombre queda sellado definitivamente en los primeros a\u00f1os de la vida, mucho antes de que su entendimiento pueda distinguir con sentido cr\u00ed\u00adtico, pues, por una parte, a esa edad \u00e9l es sumamente susceptible y maleable, y, por otra parte, entonces los conocimientos y las percepciones le son ofrecidos con el amor m\u00e1s personal e intenso. Y lo que m\u00e1s profundamente penetra en el hombre es lo que entra a trav\u00e9s del coraz\u00f3n. De ah\u00ed\u00ad que para la pastoral revista una importancia decisiva el hecho de que la f. y la vida familiar est\u00e9n. configuradas por una religiosidad sana, personal, madura y vital. La comunidad de educaci\u00f3n puede tener un sentido inverso: \u00abLos hijos &#8211; como miembros vivos de la f. contribuyen a su manera a la santificaci\u00f3n de los padres\u00bb (IM, n .o 48d).<\/p>\n<p>e) Comunidad de generaciones. En la f. se realiza la m\u00e1s original e intensa convivencia de generaciones por la descendencia y la comunidad de vida. Pero, de todos modos, en la -> sociedad din\u00e1mica presente ya no desempe\u00f1a aquel papel fundamental de tiempos anteriores. Los conocimientos y las experiencias de generaciones pret\u00e9ritas ya no se transmiten sola o principalmente en la f., sino, adem\u00e1s, a trav\u00e9s de escuelas y asociaciones, libros, bibliotecas y museos, a trav\u00e9s de la prensa y la radio. Por su parte los ancianos se han hecho independientes en el aspecto material de la ayuda de la generaci\u00f3n m\u00e1s joven. Los ahorros, los seguros de vejez, las instituciones p\u00fablicas, los hospitales y asilos de ancianos han asumido los servicios antiguamente prestados por los hijos. A pesar de esto, la convivencia de generaciones mantiene su importancia, sobre todo en el \u00e1mbito espiritual moral.<\/p>\n<p>4. La transformaci\u00f3n de la vida familiar en la sociedad industrial<br \/>\nLa sociedad industrial (-> industrialismo) ha transformado poderosamente el tipo de vida familiar. Ni siquiera la estructura \u00ed\u00adntima de la f. ha escapado a sus efectos. Los elementos esenciales se mantienen en pie, pero desde muchos puntos de vista reciben nueva forma y nuevas acentuaciones. Es muy importante para la predicaci\u00f3n y la formaci\u00f3n religiosa el percibir estas transformaciones y no abandonarse a prototipos ya superados. Se debe discernir cuidadosamente cu\u00e1ndo en estas transformaciones se trata de una descomposici\u00f3n, o de una modificaci\u00f3n de una forma hist\u00f3ricamente condicionada, o de algo que quiz\u00e1 constituye un progreso con relaci\u00f3n a las exigencias aut\u00e9nticas cristianas.<\/p>\n<p>a) Supresi\u00f3n de la autarqu\u00ed\u00ada econ\u00f3mica de la antigua f . En la casa de campo se produc\u00ed\u00ada casi todo lo que se necesitaba. Lo producido iba destinado en su mayor parte al consumo personal. Esto creaba una cierta simplicidad y estrechez del c\u00ed\u00adrculo de vida, pero tambi\u00e9n creaba una amplia independencia respecto al mercado, al comercio con otros hombres, a la coyuntura y las corrientes de la moda. Pero, sobre todo, esa casa significaba trabajo com\u00fan y destino com\u00fan. Y era a la vez una oferta de trabajo y una organizaci\u00f3n laboral, un hospital y un seguro de enfermedad, un seguro de vejez y un asilo de ancianos, un lugar de asesoramiento profesional (si es que esta cuesti\u00f3n se planteaba) y un lugar de ense\u00f1anza, un centro de asesoramiento matrimonial y una agencia matrimonial, etc.<\/p>\n<p>Pero, junto con esto, hab\u00ed\u00ada tambi\u00e9n una gran necesidad de mano de obra propia de la f. Por eso, todo hijo significa ya en sus primeros a\u00f1os una ayuda econ\u00f3mica, la abundancia de hijos implicaba riqueza econ\u00f3mica (y social); de ah\u00ed\u00ad que en todas las culturas agr\u00ed\u00adcolas del mundo, en China como en \u00ed\u0081frica, en Rusia como en la tierra de Fuego, hubiera un gran n\u00famero de hijos. Dicha abundancia se daba adem\u00e1s a causa de la gran mortalidad infantil y porque era necesaria para el crecimiento de la humanidad. Se trataba menos de un problema moral que de una cuesti\u00f3n de tipo econ\u00f3mico y social. La actual f, de la sociedad industrial ha sufrido una atrofia funcional muy fuerte desde el punto de vista econ\u00f3mico y social; y en todo sigue una corriente contraria a la descrita. En lugar de esto se subrayan las funciones espirituales morales.<\/p>\n<p>b) Tambi\u00e9n desde el punto de vista espiritual la autarqu\u00ed\u00ada de la antigua f. era muy grande. En un tiempo en el que no hab\u00ed\u00ada escuelas, asociaciones, prensa, radio y televisi\u00f3n, los ni\u00f1os lo aprend\u00ed\u00adan casi todo de sus padres. All\u00ed\u00ad era relativamente f\u00e1cil el transmitir a los hijos como herencia las ideas y convicciones vitales de los padres. Actualmente hay innumerables influencias espirituales procedentes de fuera que act\u00faan sobre los miembros de la f. y sobre la f. misma. Las invitaciones a la pol\u00e9mica espiritual, a la asimilaci\u00f3n personal, a la propia convicci\u00f3n se han hecho incomparablemente mayores. La tradici\u00f3n ha perdido fuerza e importancia.<\/p>\n<p>c) El n\u00famero de los miembros de la f. era mayor en el mundo rural bajo dos aspectos. El n\u00famero de los hijos y de los parientes que viv\u00ed\u00adan bajo un techo o por lo menos muy cerca era mayor. Igualmente la vinculaci\u00f3n entre generaciones (padres, abuelos, bisabuelos e hijos) era considerada como algo natural y fortalec\u00ed\u00ada la fuerza de la tradici\u00f3n. Por eso, el parentesco desempe\u00f1aba una funci\u00f3n m\u00e1s importante desde el punto de vista social y pol\u00ed\u00adtico. Hoy d\u00ed\u00ada el parentesco desempe\u00f1a un papel muy inferior bajo estos dos aspectos: la presi\u00f3n social de la f. es considerablemente menor, y la libertad e independencia de los individuos se ha hecho mayor y m\u00e1s exigente.<\/p>\n<p>d) Con la gran autarqu\u00ed\u00ada econ\u00f3mico-social y espiritual de la f. se relacionaba asimismo la posici\u00f3n extraordinariamente fuerte del padre de f., tanto frente a la mujer como frente a los hijos. Se trataba de la \u00e9poca patriarcal, la cual estaba fundamentada, no tanto en convicciones morales y religiosas (el valor fundamentante de \u00e9stas era s\u00f3lo secundario, derivado), cuanto en los hechos sociales y culturales. El padre era a la vez el que dirig\u00ed\u00ada la explotaci\u00f3n de la empresa familiar, el patrono de sus \u00aballegados\u00bb, el maestro, administrador y se\u00f1or de los bienes de la familia, etc. En la actualidad la autoridad paterna descansa menos en sus funciones econ\u00f3micas (las cuales est\u00e1n reguladas -incluso legalmente-, limitadas y sometidas a la coacci\u00f3n) que en sus cualidades personales y espirituales, en su car\u00e1cter.<\/p>\n<p>e) Para completar esto hemos de referirnos a la inmovilidad local, social y espiritual de la antigua f., en contraposici\u00f3n a la movilidad de la sociedad industrial. Ella debilita una vez m\u00e1s la tradici\u00f3n y la hace parcialmente imposible (en la ciudad no se puede llevar en absoluto la misma vida que en el campo, ni desde el punto de vista profesional y econ\u00f3mico, ni desde el cultural y religioso).<\/p>\n<p>f) En el \u00e1mbito espiritual hay que a\u00f1adir a esto que actualmente, en parte como consecuencia de las transformaciones antes descritas, la conciencia de la individualidad y la necesidad de libertad se han fortalecido en el individuo y hacen valer sus derechos. Esto puede presionar nuevamente a la f. e incluso hacerla estallar, pues en todos los terrenos reina una t\u00f3nica de \u00abemancipaci\u00f3n\u00bb y a la vez de exposici\u00f3n m\u00e1s intensa a toda clase de influencias de la gran sociedad. Pero esta situaci\u00f3n puede conducir a una profundizaci\u00f3n espiritual del individuo y de las relaciones con los dem\u00e1s hombres.<\/p>\n<p>5. Algunos rasgos fundamentales de la f. moderna<br \/>\nDe todo esto se deduce con claridad que la antigua f. estaba asegurada mucho m\u00e1s intensamente por las funciones econ\u00f3micas, sociales, culturales y tradicionales y que, por el contrario, la f. de la sociedad moderna depende mucho m\u00e1s de sus fuerzas espirituales, sociales, morales y religiosas. Esto significa una mayor vulnerabilidad y labilidad, pero tambi\u00e9n una grarr oportunidad y un quehacer personal as\u00ed\u00ad como pastoral.<\/p>\n<p>a) Tanto la cohesi\u00f3n de la f. como su ordenaci\u00f3n \u00e9tico-religiosa y autoritativa exigen un mayor compromiso personal. La cohesi\u00f3n de la f. no est\u00e1 asegurada suficientemente ni desde el punto de vista econ\u00f3mico-social ni desde el jur\u00ed\u00addico (posibilidad del divorcio). Esa situaci\u00f3n reclama un m\u00e1s intenso desarrollo de las fuerzas espirituales que contribuyen a la uni\u00f3n y cohesi\u00f3n de la f. La pastoral tiene que hacer hincapi\u00e9, menos en los mandamientos y las prohibiciones y m\u00e1s en el desarrollo de las fuerzas internas de la entrega y de disponibilidad al sacrificio, de responsabilidad y fidelidad aceptada libremente.<\/p>\n<p>b) Aqu\u00ed\u00ad corresponde a la mujer y a la formaci\u00f3n de la mujer una importancia especial. Es don y tarea de la mujer sobre todo el contribuir al desarrollo de todo lo espiritual. Se plantea aqu\u00ed\u00ad justamente y con urgencia la cuesti\u00f3n de si nuestra formaci\u00f3n de las j\u00f3venes y su educaci\u00f3n tiene suficientemente en cuenta esta tarea; de si, centr\u00e1ndose unilateralmente en la formaci\u00f3n cient\u00ed\u00adfica, profesional y deportiva, no se descuidan en exceso las fuerzas afectivas, el sentimiento y el amor. Hemos de aceptar con satisfacci\u00f3n una m\u00e1s amplia formaci\u00f3n de la mujer, as\u00ed\u00ad como su mayor equiparaci\u00f3n al hombre y a su mayor autonom\u00ed\u00ada. Pero, m\u00e1s all\u00e1 de esto, no se puede relegar excesivamente a segundo t\u00e9rmino, en oposici\u00f3n al orden primitivo de la sociedad patriarcal, la profesi\u00f3n original de la mujer, consistente en ser compa\u00f1era del hombre y madre; junto a la igualdad no se puede eliminar o dejar a un lado de desigualdad (que no es lo mismo que inferioridad y menosprecio). Con esto quedar\u00ed\u00ada falseada la peculiaridad y misi\u00f3n t\u00ed\u00adpica de la mujer, en perjuicio propio.<\/p>\n<p>c) La posici\u00f3n y misi\u00f3n del hombre, del esposo y padre presenta espec\u00ed\u00adficas exigencias caracteriol\u00f3gicas y espirituales. Quiz\u00e1 la afirmaci\u00f3n paulina seg\u00fan la cual el hombre es cabeza de la mujer deba interpretarse de manera nueva, a saber, en el sentido de que el hombre es la cabeza nata de la comunidad matrimonial y familiar. Aqu\u00ed\u00ad se hallar\u00ed\u00adan contenidos la fundamentaci\u00f3n, la limitaci\u00f3n y el sentido de su posici\u00f3n. fastos no le confieren un puesto preeminente, sino una misi\u00f3n de servicio. El hombre tiene tanta potestad, cuanta autoridad y direcci\u00f3n necesiten el matrimonio y la familia, la mujer y los hijos. Esto variar\u00e1 seg\u00fan la peculiaridad y la edad de cada uno.<\/p>\n<p>d) Gracias a la escuela, a las circunstancias sociales, a la legislaci\u00f3n y al cuidado del Estado, los hijos han llegado a ser menos dependientes de los padres, m\u00e1s aut\u00f3nomos. Esto hace m\u00e1s dif\u00ed\u00adcil la educaci\u00f3n, pero tambi\u00e9n m\u00e1s espiritual. Base de la educaci\u00f3n no son tanto la autoridad y la obediencia cuanto la confianza y el servicio.<\/p>\n<p>e) En la sociedad actual, las relaciones de parentesco se han debilitado y sobre todo se han hecho menos evidentes. Pero esas relaciones no deber\u00ed\u00adan menospreciarse, sobre todo como protecci\u00f3n contra el aislamiento y en orden al enriquecimiento vital de los ni\u00f1os, sino que deber\u00ed\u00adan fomentarse sobre una nueva base y con mayor libertad e independencia.<\/p>\n<p>f) Esto mismo puede decirse de la edad. Las personas de edad se han hecho m\u00e1s independientes, desde el punto de vista material, de sus hijos y parientes. Las familias j\u00f3venes tienen derecho e incluso obligaci\u00f3n de configurar su vida en forma m\u00e1s libre y aut\u00f3noma. Una relaci\u00f3n buena, cordial, entre las diversas generaciones con respeto de la libertad mutua, puede ser para ambas partes una gran adquisici\u00f3n espiritual. Hay que formular de manera nueva las obligaciones para con los ancianos.<\/p>\n<p>6. La f. en la sociedad industrial<br \/>\nComo la sociedad industrial est\u00e1 amenazada por la masificaci\u00f3n, la mecanizaci\u00f3n y la p\u00e9rdida del alma por el anonimato y aislamiento, por la burocratizaci\u00f3n y omnipotencia del Estado, la f. en su nueva forma tiene una funci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica en orden a la protecci\u00f3n de la personalidad, de la singularidad, de la libertad, de la moralidad, de la inmediata responsabilidad para con los otros y, no en \u00faltimo t\u00e9rmino, de la religi\u00f3n.<\/p>\n<p>II. Teolog\u00ed\u00ada de la familia<br \/>\nUna teolog\u00ed\u00ada propia de la f. sigue siendo un desider\u00e1tum. Pero resulta posible apuntar algunos rasgos esenciales.<\/p>\n<p>1. Como el matrimonio y la f. est\u00e1n claramente fundados en el orden de la creaci\u00f3n gozan de una especial dignidad y consagraci\u00f3n. Se relacionan de una manera mucho m\u00e1s inmediata con la naturaleza y la existencia del &#8211;>hombre que, p. ej., el Estado. Por esto est\u00e1n determinados y regulados de modo m\u00e1s inmediato por la naturaleza y su Creador.<\/p>\n<p>2. Es insostenible desde el punto de vista b\u00ed\u00adblico y teol\u00f3gico la unilateral acentuaci\u00f3n del papel del padre con detrimento de ambos c\u00f3nyuges. Tanto G\u00e9n 2 como Ef 5 lo atestiguan. El sacramento es un rito para consagrar, no a los padres, sino a los esposos; sirve en primer t\u00e9rmino e inmediatamente al matrimonio y al amor matrimonial, y s\u00f3lo de manera derivada a la paternidad y maternidad. Como el matrimonio es un sacramento duradero y el amor matrimonial se desarrolla naturalmente en la paternidad, tambi\u00e9n \u00e9sta participa de la dignidad y gracia del sacramento. La fecundidad pertenece sin duda, desde el punto de vista b\u00ed\u00adblico y teol\u00f3gico, a la funci\u00f3n esencial del matrimonio.<\/p>\n<p>3. Las tentativas teol\u00f3gicas de derivar la f. inmediatamente de la Trinidad divina deben considerarse fracasadas. Ciertamente la vida, el amor, la fecundidad y comunidad en su forma m\u00e1s general tienen su fuente original en la vida, el amor, la fecundidad y la tripersonalidad de Dios. Pero la detallada fundamentaci\u00f3n de esto constituye una especulaci\u00f3n teol\u00f3gica, que podr\u00e1 ser muy espiritual y hasta sugestiva y valiosa, pero se aleja excesivamente de la base b\u00ed\u00adblica para que merezca calificarse de demostraci\u00f3n teol\u00f3gica.<\/p>\n<p>4. El orden del matrimonio y de la familia. La ex\u00e9gesis ha ido descubriendo que algunas indicaciones de la sagrada Escritura sobre la autoridad y la obediencia, el orden y los fines del matrimonio, la posici\u00f3n de la mujer, etc., est\u00e1n condicionadas por el tiempo en que se hicieron. Como es l\u00f3gico, se ha procurado extraer de tales formulaciones lo que esencialmente mantienen en plena vigencia. Algo de esto se ha dicho en i.<\/p>\n<p>5. Lo mismo en el Decreto sobre los laicos (n .o 11) que en la Constituci\u00f3n pastoral sobre la Iglesia en el mundo (n\u00c2\u00b0 47-52), el Vaticano II subraya la singular importancia y misi\u00f3n del matrimonio y de la f. tanto con relaci\u00f3n a los individuos como con relaci\u00f3n a la sociedad y la Iglesia. \u00abLa salvaci\u00f3n de la persona as\u00ed\u00ad como de la sociedad humana y cristiana est\u00e1 \u00ed\u00adntimamente ligada con el bienestar de la comunidad matrimonial y familiar\u00bb (IM, n .o 47, 50-52). El Decreto sobre los laicos, n\u00c2\u00b0 11, dice: \u00abComo el creador de todas las cosas ha determinado la comunidad matrimonial como origen y fundamento de la sociedad humana y por medio de su gracia la ha convertido en un gran misterio en Cristo y en su Iglesia, el apostolado de los esposos y de la f. tiene una peculiar significaci\u00f3n para la Iglesia as\u00ed\u00ad como para la sociedad civil&#8230; La f. ha recibido de Dios la misi\u00f3n de ser la c\u00e9lula fundamental y vital de la sociedad.\u00bb \u00abPor esta raz\u00f3n la f. no debe cerrarse en s\u00ed\u00ad misma de una forma ego\u00ed\u00adsta o temerosa, sino que tiene que influir dentro de la Iglesia y de la sociedad\u00bb (ibid.). Los pastores de almas deben atender por su parte de manera muy especial a la f. (IM, n\u00c2\u00b0 52; Decreto sobre los laicos, n\u00c2\u00b0 11) y ayudarla en sus necesidades. \u00abLos sacerdotes deben recibir una formaci\u00f3n conveniente sobre la cuesti\u00f3n de la f., y, mediante una apropiada actividad pastoral, mediante la predicaci\u00f3n de la palabra de Dios, por medio de la celebraci\u00f3n de la liturgia y otros auxilios espirituales, deben fomentar la vocaci\u00f3n de los consortes en su vida matrimonial y familiar, fortalecerlos humana y pacientemente en las dificultades, consolidarlos en el amor, para que surjan familias que influyan m\u00e1s all\u00e1 de su propio \u00e1mbito.\u00bb<br \/>\nLa pastoral ha ca\u00ed\u00addo muchas veces en dos extremos unilaterales. Algunas veces ha pagado su tributo al individualismo religioso y se ha dedicado aisladamente a los \u00abestados de vida\u00bb individuales (ni\u00f1os, hombres, mujeres, j\u00f3venes, se\u00f1oritas), pero raras veces ha tomado en consideraci\u00f3n la f. como comunidad; basta s\u00f3lo con pensar en la ordenaci\u00f3n del culto divino y de la administraci\u00f3n de los sacramentos, en las asociaciones y sus repercusiones en la vida familiar, en la dificultad y tard\u00ed\u00ada acogida de las visitas domiciliarias. Por otra parte, en lo relativo a la misma vida familiar, la pastoral se ha fijado demasiado unilateralmente en la moralidad (moral sexual y regulaci\u00f3n de nacimientos), en la sacramentalidad y autoridad, y ha considerado demasiado poco la realidad total humana, especialmente el valor, la plenitud y lo polifac\u00e9tico del amor matrimonial. En este punto hay que llenar grandes lagunas en la predicaci\u00f3n y la pastoral, apoy\u00e1ndose de manera decisiva en la citada Constituci\u00f3n.<\/p>\n<p>6. Si en cierto sentido el hombre constituye un compendio de la multiplicidad de lo existente, la f. es de manera especial la s\u00ed\u00adntesis y la armon\u00ed\u00ada viviente de la multipolaridad y de las tensiones. Materia y esp\u00ed\u00adritu, inclinaci\u00f3n y libertad, sexo y amor, personalidad y comunidad, pasado (en los antepasados) y futuro (en los hijos), tradici\u00f3n e individualidad, autoafirmaci\u00f3n y entrega, naturaleza y gracia est\u00e1n entrelazadas en la f. de una forma \u00fanica, personal y a la vez relacionada con la humanidad, constituyendo as\u00ed\u00ad una unidad fruct\u00ed\u00adfera que engendra y configura la vida. Los detalles aparentemente m\u00e1s irrelevantes, como signo y expresi\u00f3n del amor y de la fidelidad, alcanzan en ella la m\u00e1s elevada significaci\u00f3n humana y toda una plenitud de gracia. La diversidad y las tensiones son aqu\u00ed\u00ad no tanto origen de conflictos, cuanto fuente de fecundidad. Como en el fundamento de la f. se encuentra la consagraci\u00f3n sacramental del amor matrimonial y \u00e9ste alcanza en ella su pleno desarrollo, toda la amplitud de la creaci\u00f3n se convierte aqu\u00ed\u00ad de alg\u00fan modo en gracia sacramental y en medio para la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: F. Engels, Der Ursprung der F., des Privateigentums and des Staates (Z 1884, reimpr. St 1948); idem, Urgeschichte der F. (St 1890); L. H. Morgan, Die Urgesellschaft. Untersuchungen \u00fcber den Fortschritt der Menschheit&#8230; (St &#8211; B 1891, 21921); F. M\u00fcller-Lyer, Die Entwicklungsstufen der Menschheit, III: Formen der Ehe, der F. and der Verwandtschaft (Mn 1911), IV: Die F. (Mn 1924); P\u00ed\u00ado XI, Casti connubii: AAS 22 (1930) 539-592; W. Koppers, La famille chez les peuples primitifs (P 1931); R. Thurnwald, Die menschliche Gesellschaft in ihren ethno-soziologischen Grundlagen, II: Werden, Wandel and Gestaltung von F., Verwandtschaft and Blinden (B 1932); H. Dams, Vom Sinn and Zweck der Ehe (Br 1935); A. Vierkandt, F., Volk and Staat in ihren gesellschaftlichen Lebensvorgangen (St 1936); H. Mukkermann, Der Sinn der Ehe (Bo 1938); E. Burgess-H. J. Locke, The Family. From Institution to Companionship (NY 1945, 21953); W. Schmidt, Amor, Matrimonio, Familia (Subirana, Ba 1933); R. K\u00f3nig, Materialien zur Soziologie der F. (Berna 1946); C. B. Zimmermann, Family and Civilisation (NY 1947); G. Ermecke, Der Familiarismus als Ordnungsidee and Ordnungsideal des sozialen Lebens (Pa 1947); M. Mead, The Contemporary American Family as an Anthropologist sees it: HIS 53 (1948) 543 ss; J. Sirjamaki, Culture Configurations in the American Family: ibid. 464 ss; R. Anshen (dir), The Family. Its Function and Destiny (Ny 1949); S. Schlesinger, The Family in Soviet Russia (Lo 1949); S. de Lestapis, La pareja humana (Ba 1971); Chronique Sociale de France, 50 Ans d&#8217;$volution familiale (P 1950); R. Foster, Marriage and Family Relationship (NY 1950); H. G\u00fcnther, Formen and Urgeschichte der Ehe (GS 21951); G. Wurzbacher, Leitbilder des gegenwartigen deutschen F.lebens (Dortmund 1951, St 21954); J. Lacroix, Hat die F. versagt? (Offenburg 1952); H. Mukkermann, Die F. im Lichte der Lebensgesetze (Bo 1952); H. Schelsky, Wandlungen der deutschen F. in der Gegenwart (Dortmund 1953, 21954); J. Hdffner, Matrimonio y familia (Rialp. Ma); C. Zimmermann, El matrimonio y la familia (I E Pol Ma 1964); J. Violett, Vom Wesen and Geheimnis der F. (Sa 1953); J. Sirjamaki, The American Family in the Twentieth Century (C [Mass.] 1953); E. R. Groves, The Family and its Relationship (NY 1953); A. G. Truxal &#8211; F. F. Merill, The Family in American Culture (NY 1953); B. Haring, Soziologie der F. (Sa 1954); E. Pfeil, Soziologie der GroBstadt-F.: Soziologie, ein Lehr- and Handbuch zur modernen Gesellschaftskunde, bajo la dir. de A. Gehlen and H. Schelsky (D &#8211; Ko 1955); R. K\u00f3nig, Soziologie der F.: ibid.; W. F. Ogburn &#8211; M. F. Nimkoff, Technology and the Changing Family (C [Mass.] 1955); A. Frank-Duquesne, Sch\u00f3pfung and Zeugung. Philosophic and Mystik der Ehe (D 1955); A. and R. Scherer &#8211; J. Dorneich (dir.), Ehe and F.: WB der Politik H. 7 (Fr 1956); J. Fischer, Ehe and Elternschaft, 2 vols. (H 1956); J. Leipoldt, Die Frau in der antiken Welt and im Urchristentum (L 21956); StL6 11 972-1046 (bibl.); Semaines Sociales de France 1957 (Bordeaux), 18 Themen \u00fcber \u00abFamille 1957\u00bb (Ly 1958); F. Heer, Ehe in der Welt (Nil 21958); B. Haring, El matrimonio en nuestro tiempo (Herder Ba 1968); H. Begemann, Strukturwandel der F. (H 1960); A. Auer, Cristiano cara al mundo (V. Divino Estella 1964); J. Delcourt, Famille et civilisation urbaine (Bru 1960); Th. Bovet, Ehekunde. Die j\u00fcngste Wissenschaft von der altesten Lebensordnung I-11 (T 1961); S. Gebauer, F. and Staat. Handbuch zur F.politik in Europa (Hei &#8211; B 1961); G. W\u00fcst (dir.), Ehe and F. heute and morgen (Au 1962); L. Rosenmayr, F.beziehungen and Freizeitgewohnheiten jugendlicher Arbeiter (W &#8211; Mn 1963); H. Ringeling, Die Frau in der heutigen F.: ZEvE 8 (1964) 129-143; Jahrbuch des Instituts fur christliche Sozialwissenschaft der Westf8lischen Wilhelms-Universitat M\u00fcnster V (Mr 1964); E. GSssmann, Mann and Frau in F. and Offentlichkeit (Mn 1964) ; R. Mehl, Die F. lebt. Eine Ehe- and F.ethik der Gegenwart (G\u00fc 1964); E. de Lestapis, Amor e instituci\u00f3n familiar (Descl\u00e9e Bil 1964); M. Wingen, F.politik (Pa 1964); P. Grelot, Mann and Frau nach der hl. Schrift (Mz 1964); W. Heinen, Wenden and Reifen des Menschen in Ehe and F. (Mr 1965); J. Leclercq, La familia (Herder Ba 51967); G. Truffer, Das prophetische Zeichen. Die F. in der Sicht der Bibel (Z 1965); J. Leclercq, Matrimonio natural y matrimonio cristiano (Herder Ba 1967); P. Adn\u00e9s, El Matrimonio (Herder Ba 1969); Constitutio pastoralis: De ecclesia in mundo huius temporis (R 1965) nn. 47-52; F. E. von Gagern, Eheliche Partnerschaft (Mn 71966); E. Schillebeeckx, Le mariage I (P 1967); E. J. de Smedt, Las relaciones entre padre e hijos (Herder Ba 1967); P. E. Charbonneau, Sentido cristiano del matrimonio (Herder Ba 1967); G. Clauser, El ABC de los padres (Herder Ba 1972); A. M. Henry, Los dificultades de amar (Herder Ba 1971).<\/p>\n<p>Jakob David<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n<p>mishpajah (hj;P;v]]]mi , 4940), \u00abfamilia; clan\u00bb. Una forma de este vocablo hebreo aparece en ugar\u00ed\u00adtico y p\u00fanico, con el mismo significado de \u00abfamilia\u00bb o \u00abclan\u00bb. El t\u00e9rmino se ha encontrado en los rollos del Mar Muerto y est\u00e1 presente en el hebreo de la Mishnah y el hebreo moderno. Mishpajah aparece 300 veces en el Antiguo Testamento hebreo. El primer caso del vocablo se encuentra en Gen 8:19  \u00abTodos los animales, y todo reptil y toda ave, todo lo que se mueve sobre la tierra seg\u00fan sus especies, salieron del arca\u00bb (rvr; \u00abseg\u00fan sus familias\u00bb rvr, lba). El vocablo est\u00e1 relacionado con la ra\u00ed\u00adz verbal shipjah, modalidad verbal que no se encuentra en el Antiguo Testamento. Otra forma del nombre es pejah (\u00abcriada\u00bb), como en Gen 16:2  \u00abDijo, pues, Sarai a Abram \u2020\u00a6 ru\u00e9gote que entres a mi sierva\u00bb (rv). El nombre mishpajah se usa casi siempre en el Pentateuco (hasta 154 veces en N\u00fameros) y en los libros hist\u00f3ricos, pero pocas veces en la literatura po\u00e9tica (5 veces) y en los libros prof\u00e9ticos. Todos los miembros de un grupo emparentados por sangre o que a\u00fan estaban conscientes de alguna consanguinidad pertenec\u00ed\u00adan al \u00abclan\u00bb o \u00abfamilia extendida\u00bb. Sa\u00fal argument\u00f3 que debido a que proced\u00ed\u00ada del menor de los \u00abclanes\u00bb no le correspond\u00ed\u00ada ser rey (1Sa 9:21). Este mismo significado define a los miembros de la familia extendida de Rahab a quienes se les perdon\u00f3 la vida en Jeric\u00f3: \u00abSacaron a toda su parentela, y los pusieron fuera del campamento de Israel\u00bb (Jos 6:23 rvr). Por tanto, el \u00abclan\u00bb era una divisi\u00f3n importante dentro de la \u00abtribu\u00bb. El libro de N\u00fameros registra un censo de los l\u00ed\u00adderes y miembros de las tribus de acuerdo a sus \u00abfamilias\u00bb (Num_1-4; 26). Cuando se reclamaba venganza en casos de crimen capital, todo el clan pod\u00ed\u00ada involucrarse: \u00abY toda la familia se ha levantado contra tu sierva, diciendo: \u00abEntrega al homicida para matarlo por la vida de su hermano a quien mat\u00f3, y quitemos tambi\u00e9n al heredero\u00bb. As\u00ed\u00ad apagar\u00e1n la brasa que me ha quedado, y no dejar\u00e1n a mi esposo nombre ni reliquia sobre la tierra\u00bb (2Sa 14:7 nrv). Otro derivado del significado de \u00abdivisi\u00f3n\u00bb o \u00abclan\u00bb es el uso idiom\u00e1tico de \u00abclase\u00bb o \u00abgrupo\u00bb, como por ejemplo las \u00abfamilias\u00bb de los animales que salieron del arca (Gen 8:19) o las \u00abfamilias\u00bb de las naciones (Psa 22:28; 96.7; cf. Gen 10:5). Aun la promesa de Dios a Abraham incluye a las naciones: \u00abBendecir\u00e9 a los que te bendigan, y al que te maldiga, maldecir\u00e9. Y en ti ser\u00e1n benditas todas las familias de la tierra\u00bb (Gen 12:3 lba). El significado m\u00e1s restringido de mishpajah es semejante a nuestro uso de \u00abfamilia\u00bb y tambi\u00e9n al del hebreo moderno. Abraham envi\u00f3 su siervo a sus parientes en Padam-aram para que procurase una esposa para Isaac (Gen 24:38). La \u00abley de redenci\u00f3n\u00bb se aplicaba tambi\u00e9n a los parientes cercanos de una familia: \u00abPodr\u00e1 ser rescatado despu\u00e9s de haberse vendido. Uno de sus hermanos lo podr\u00e1 rescatar. O lo podr\u00e1 rescatar su t\u00ed\u00ado, o un hijo de su t\u00ed\u00ado; o lo podr\u00e1 rescatar un pariente cercano de su familia. Y si consigue lo suficiente, se podr\u00e1 rescatar a s\u00ed\u00ad mismo\u00bb (Lev 25:48-49 rva). En la Septuaginta, varias palabras se usan para traducir a mishpajah: demos (\u00abpueblo; populacho; multitud\u00bb, pule (\u00abtribu\u00bb; \u00abnaci\u00f3n\u00bb; \u00abpueblo\u00bb) y patria (\u00abfamilia\u00bb; \u00abclan\u00bb). Las versiones en castellano lo traducen \u00abfamilia, familiares\u00bb, \u00abparientes, parentela\u00bb, \u00ablinajes\u00bb, \u00abespecies\u00bb, \u00abgrupos\u00bb, etc.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Vine Antiguo Testamento<\/b><\/p>\n<p>A. NOMBRES 1. genos (gevno\u00bb, 1085), V\u00e9ase CLASE, N\u00c2\u00ba 1. 2. oikia (oijkiva, 3614) se traduce \u00abfamilia\u00bb en 1Co 6:15: V\u00e9anse CASA, A, N\u00c2\u00ba 2, MORADA. 3. patria (patriav, 3965), primariamente ascendencia, linaje. Significa en el NT, familia o tribu. En la LXX se usa de personas relacionadas, en un sentido m\u00e1s amplio que oikos (v\u00e9ase N\u00c2\u00ba 4), pero m\u00e1s restringido que fule, tribu (p.ej., Exo 12:3; Num 32:28). Se usa de la familia de David (Luk 2:4); en el sentido m\u00e1s amplio de nacionalidades, razas (Act 3:25); en Eph 3:15 la referencia es a todos aquellos que est\u00e1n espiritualmente relacionados con Dios el Padre, siendo El el autor de su relaci\u00f3n espiritual con El como hijos suyos, quedando unidos entre s\u00ed\u00ad en una comuni\u00f3n familiar (patria est\u00e1 relacionado con pater, padre): la RV traduce \u00abparentela\u00bb. Cremer (p. 474) defiende la traducci\u00f3n de Lutero: \u00abtodos los que llevan el nombre de hijos\u00bb. La frase, sin embargo, es lit.: \u00abcada familia\u00bb.\u00c2\u00b6 4. oikos (oi\u00bb, 3624) significa: (a) morada, casa; relacionado con oikeo, morar; (b) una familia, y as\u00ed\u00ad traducido en Act 16:15; 1Co 1:16; 1Ti 5:4; v\u00e9ase tambi\u00e9n CASA, A, N\u00c2\u00ba l (b). V\u00e9ase TEMPLO. 5. oikodespotes (oijkodespovth\u00bb, 3617), se\u00f1or de una casa (oikos, casa; despotes, se\u00f1or, amo). Se traduce \u00abse\u00f1or de la casa\u00bb en Mc 14.14 (RV, RVR); ser\u00ed\u00ada m\u00e1s adecuado traducir \u00abse\u00f1or de la casa\u00bb en Mat 10:25; Luk 13:25, y 14.21, donde el contexto muestra que se destaca la autoridad del cabeza de familia, en lugar de \u00abpadre de familia\u00bb; otros pasajes son Mat 13:27,52; 20.1,11; 21.33; 24.43; Luk 12:32; 22.11, en todos ellos traducido \u00abpadre de familia\u00bb. V\u00e9anse PADRE, SE\u00ed\u2018OR.\u00c2\u00b6 B. Adjetivo oikeios (oijkei`o\u00bb, 3609), relacionado con oikos (v\u00e9ase A, N\u00c2\u00ba 4). Significa principalmente de, o perteneciente, a una casa y, cuando se trata de personas, miembros de la familia (Gl 6.10: \u00abde la familia de la fe\u00bb; Eph 2:19  \u00abmiembros de la familia de Dios\u00bb; en ambos pasajes, RV traduce \u00abdom\u00e9sticos\u00bb; 1Ti 5:8  \u00ablos de su casa\u00bb). V\u00e9ase CASA, C, N\u00c2\u00ba 1, etc.\u00c2\u00b6<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Vine Nuevo testamento<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\">Hist\u00f3ricamente, la familia es el primer grupo social que emerge entre los hombres y que contiene en su forma primitiva los g\u00e9rmenes tanto del estado como de la iglesia. Es tanto un bien en s\u00ed misma como un medio para promover el bien. Su prop\u00f3sito es (1) f\u00edsico: engendrar hijos y (2) moral: educar a los individuos para disminuir su individualidad en aras de una unidad superior. As\u00ed \u00abla educaci\u00f3n no es principalmente tarea de la escuela, o incluso del estado, sino de la familia\u00bb (E. Brunner, <em>The Divine Imperative<\/em>, p. 512).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La palabra hebrea <em>mi\u0161p\u0101h\u0101h<\/em>\u00bb, \u00abuna conexi\u00f3n familiar de individuos\u00bb, llega a significar tambi\u00e9n clan, tribu o naci\u00f3n (Nm. 3:15; Jue. 13:2; Am. 3:1, 2). En Jue. 6:15 \u00abfamilia\u00bb es <em>elep<\/em>, es decir, \u00abmil\u00bb (como en 1 S. 10:19; Mi. 5:2). El equivalente m\u00e1s com\u00fan del NT es patria (de <em>pat\u0113r<\/em>, \u00abpadre\u00bb), traducida ocasionalmente \u00ablinaje\u00bb (Lc. 2:4, que la <a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">RV60<\/a> traduce por \u00abfamilia\u00bb al igual que en Hch. 3:25 en donde adem\u00e1s aparece la idea de \u00abparentesco\u00bb, \u00abcong\u00e9nere\u00bb). En Hch. 7:13 \u00ablinaje\u00bb (RV60) es <em>genos<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el antiguo Israel, la familia era una importante unidad social y administrativa. La ley y la adoraci\u00f3n estaban en manos de los \u00abancianos\u00bb, es decir las cabezas de familias, por mucho tiempo despu\u00e9s del establecimiento en Cana\u00e1n. Una mujer (v\u00e9ase) se miraba como la posesi\u00f3n m\u00e1s absoluta de su marido, de ah\u00ed el <em>m\u014dhar<\/em>, \u00abprecio de compra\u00bb, pagado a su padre (Ex. 22:17). Ella se valoraba principalmente por la crianza de los hijos; el fracaso conduc\u00eda a la pr\u00e1ctica de la poligamia y el divorcio. En la creaci\u00f3n, aparece una noble concepci\u00f3n del matrimonio donde se dice que Eva \u00abes la ayuda id\u00f3nea\u00bb para \u00e9l (Gn. 2:18). Tambi\u00e9n la monogamia se deduce de Gn. 2:24 y en la insistencia prof\u00e9tica (cf. Oseas) de que Israel es la esposa de Jehov\u00e1 con exclusi\u00f3n de todas las dem\u00e1s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Parece que Cristo relega a la familia a un lugar secundario en Mt. 10:36s.; Lc. 14:26; pero tambi\u00e9n para \u00e9l \u00abfue una base de entrenamiento para grandes sentimientos y deberes\u00bb (E.F. Scott) y la tuvo como modelo para su nuevo orden como nos muestra el \u00abPadre Nuestro\u00bb. Toda la vida de la familia verdadera procede de Dios (Ef. 3:15).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">V\u00e9ase <em>Matrimonio<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">BIBLIOGRAF\u00cdA<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Arndt; <a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">A-S<\/a>; D.S. Adam, <em>Handbook of Christian Ethics<\/em>, p\u00e1r. 218\u2013232; W.F. Lofthouse, <em>Family and State<\/em>; E.F. Scott, <em>Man and Society in the New Testament<\/em>, pp. 73\u201375.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">L.E.H. Stephens-Hodge<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\"><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">RV60 <\/a>Reina-Valera, Revisi\u00f3n 1960<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">A-S <\/a>Abbott-Smith, <em>Manual Greek Lexicon of the NT<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\"><\/a>Harrison, E. F., Bromiley, G. W., &amp; Henry, C. F. H. (2006). <em>Diccionario de Teologi\u0301a<\/em> (259). Grand Rapids, MI: Libros Desafi\u0301o.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Teolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p>\n  T\u00e9rmino derivado del lat\u00edn famulus, sirviente, y familia, sirvientes de la casa, o casa (cf. Oscan famel, sirviente). En el per\u00edodo romano cl\u00e1sico la familia raramente inclu\u00eda a los padres o los hijos. Su derivado ingl\u00e9s se us\u00f3 frecuentemente en tiempos antiguos para describir a todas las personas del c\u00edrculo dom\u00e9stico, padres, hijos y sirvientes. El uso actual, sin embargo, excluye a sirvientes, y restringe la palabra familia al grupo social fundamental formado por la uni\u00f3n, m\u00e1s o menos permanente, de un hombre con una mujer, o de uno o m\u00e1s hombres con una o m\u00e1s mujeres, y sus hijos. Si la cabeza del grupo comprende s\u00f3lo a un hombre y una mujer tenemos la familia mon\u00f3gama, como distinci\u00f3n de aquellas sociedades dom\u00e9sticas que viven en condiciones de poligamia, poliandria o promiscuidad. <\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ciertos escritores antropol\u00f3gicos de la \u00faltima mitad del siglo XIX, como Bachofen (Das Mutterrecht, Stuttgart, 1861), Morgan (La sociedad antigua, Londres, 1877), Mc&#8217;Lennan (La teor\u00eda patriarcal, Londres, 1885), Lang (La costumbre y el mito, Londres, 1885), y Lubbock (El origen de la civilizaci\u00f3n y la primitiva condici\u00f3n del hombre, Londres, 1889), crearon y desarrollaron la teor\u00eda que el modo original de la familia era aquel en que todas las mujeres de un grupo, horda o tribu, pertenec\u00edan promiscuamente a todos los hombres de la comunidad. Siguiendo la primac\u00eda de Engels (El origen de la familia, la propiedad privada, y el Estado, tr del alem\u00e1n, Chicago, 1902), muchos escritores socialistas adoptaron esta teor\u00eda realmente como la m\u00e1s armoniosa con su interpretaci\u00f3n materialista de historia. Las principales consideraciones adelantadas en su favor son: la asunci\u00f3n de que en los tiempos primitivos toda la propiedad era com\u00fan, y que esta condici\u00f3n llev\u00f3 naturalmente a la comunidad de mujeres; ciertas declaraciones hist\u00f3ricas de escritores antiguos como Estrab\u00f3n, Herodoto y Plinio; la pr\u00e1ctica de la promiscuidad, en una fecha comparativamente tard\u00eda, por algunos pueblos salvajes, como los indios de California y unas tribus abor\u00edgenes de India; el sistema de trazar la descendencia y el parentesco a trav\u00e9s de la madre, que prevaleci\u00f3 entre algunos pueblos primitivos; y ciertas costumbres anormales de antiguas razas, como la prostituci\u00f3n religiosa, el llamado jus prim\u00e6 noctis, la prestaci\u00f3n de la esposa a los visitantes, la convivencia de los sexos antes del matrimonio, etc.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En ning\u00fan momento esta teor\u00eda ha obtenido la aceptaci\u00f3n general, incluso entre escritores no cristianos, y es completamente rechazada por algunas de las mejores autoridades, por ejemplo Westermarck (La historia del matrimonio humano, Londres, 1901) y Letourneau (La evoluci\u00f3n del matrimonio, tr. del franc\u00e9s, Nueva York, 1888). En respuesta a los argumentos antedichos, Westermarck y otros se\u00f1alan que la hip\u00f3tesis de un comunismo primitivo no ha sido demostrada por ning\u00fan medio, por lo menos en su formulaci\u00f3n extrema; aquella propiedad en com\u00fan de las cosas no lleva necesariamente a la comunidad de esposas, la familia y las relaciones pol\u00edticas est\u00e1n sujetas a otros motivos m\u00e1s all\u00e1 de los puramente econ\u00f3micos; que los testimonios de historiadores cl\u00e1sicos en la materia son inconclusos, vagos, y fragmentarios y se refieren s\u00f3lo a unos pocos casos; que los modernos casos de promiscuidad son aislados y excepcionales, y pueden atribuirse a la degeneraci\u00f3n en lugar de a supervivencias primitivas; que la pr\u00e1ctica de seguir el parentesco a trav\u00e9s de la madre encuentra amplia explicaci\u00f3n en otros hechos adem\u00e1s de la incertidumbre supuesta de la paternidad, y que nunca fue universal; que sobre las relaciones sexuales anormales citadas, es m\u00e1s obvia y satisfactoria su explicaci\u00f3n por otras circunstancias, religiosas, pol\u00edticas y sociales, que por la hip\u00f3tesis de la primitiva promiscuidad; y, finalmente, esa evoluci\u00f3n que vista superficialmente, parece apoyar esta hip\u00f3tesis, est\u00e1 en la realidad contra ella, ya que las uniones entre el var\u00f3n y la hembra de la mayor parte de las especies animales superiores muestran un grado de estabilidad y unicidad que tienen un gran parecido a la familia mon\u00f3gama.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La m\u00e1xima concesi\u00f3n que Letourneau har\u00e1 hacia la teor\u00eda en discusi\u00f3n es que \u201cesa promiscuidad se puede haber adoptado por ciertos peque\u00f1os grupos, m\u00e1s probablemente por ciertas asociaciones o hermandades\u00bb (op. cit., p\u00e1g. 44). Westermarck no vacila en decir: \u00abLa hip\u00f3tesis de promiscuidad, en lugar de la pertenencia, como piensa el profesor Giraud-Teulon, es la clase de hip\u00f3tesis que son cient\u00edficamente permisibles sin tener ning\u00fan fundamento real, y es esencialmente no cient\u00edfica\u00bb (op. cit., p\u00e1g. 133). La teor\u00eda de que el modo original de la familia era la poligamia o la poliandria incluso es menos digna de cr\u00e9dito o consideraci\u00f3n. En lo fundamental, el veredicto de los escritores cient\u00edficos est\u00e1 en armon\u00eda con la doctrina de la Escritura sobre el origen y el modo normal de la familia: \u201cPor tanto, dejar\u00e1 el hombre a su padre y a su madre y se unir\u00e1 a su esposa: y ser\u00e1n una sola carne\u00bb (Gen., 2, 24). \u00abDe manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios uni\u00f3 no lo separe el hombre.\u201d (Mt. 19, 6). Desde el principio, por consiguiente, la familia supuso la uni\u00f3n de un hombre con una mujer.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mientras la monogamia fue el modo prevaleciente de la familia antes de Cristo, estaba limitada de deferentes maneras por la pr\u00e1ctica de la poligamia en muchos pueblos. Esta pr\u00e1ctica era en general m\u00e1s com\u00fan entre las razas sem\u00edticas que entre los arios. Era m\u00e1s frecuente entre los jud\u00edos, egipcios y medos, que entre las personas de India, los griegos o los romanos. Existi\u00f3 en mayor extensi\u00f3n entre las razas no civilizadas, aunque algunas de \u00e9stas estuvieron libres de ellas. Es m\u00e1s, incluso en esas naciones en que se practicaba la poligamia, civilizadas o primitivas, normalmente se restringi\u00f3 a una peque\u00f1a minor\u00eda de la poblaci\u00f3n, como los reyes, los jefes, los nobles y los ricos. La poliandria era igualmente practicada, pero con considerablemente menor frecuencia. Seg\u00fan Westermarck, la monogamia era de lejos el modo m\u00e1s com\u00fan de matrimonio \u00abentre los pueblos primitivos de los que tenemos alg\u00fan conocimiento directo\u00bb (op. cit., p\u00e1g. 459). Por otro lado, el divorcio estaba en boga pr\u00e1cticamente entre todos los pueblos en una medida mucho mayor que la poligamia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La facilidad con que el marido y esposa pod\u00edan disolver su uni\u00f3n constituye uno de los m\u00e1s grandes borrones en la civilizaci\u00f3n de la Roma cl\u00e1sica. Generalmente hablando, la posici\u00f3n de la mujer era muy baja en todas las naciones, civilizadas y primitivas, antes de la venida de Cristo. Entre los b\u00e1rbaros, se convert\u00edan frecuentemente en esposas a trav\u00e9s de su captura o compra; incluso entre los pueblos m\u00e1s avanzados la esposa era generalmente propiedad de su marido, su objeto, su esclava. En ninguna parte el marido fue limitado por la misma ley de fidelidad matrimonial que la esposa, y en muy pocos casos fue compelido para conceder a ella iguales derechos en materia de divorcio. El infanticidio era pr\u00e1ctica universal y la patria potestas del padre romano le entregaba el derecho de vida y muerte incluso sobre sus hijos adultos. En una palabra, los miembros m\u00e1s d\u00e9biles de la familia eran por todas partes inadecuadamente protegidos contra el m\u00e1s fuerte.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Familia Cristiana\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cristo no s\u00f3lo restaur\u00f3 a la familia a su tipo original como algo santo, permanente, y mon\u00f3gamo, sino que elev\u00f3 el contrato del que se origina a la dignidad de sacramento, y as\u00ed puso a la propia familia en el plano de lo sobrenatural. La familia es santa ya que es cooperadora con Dios, procreando hijos, que son destinados a ser hijos adoptivos de Dios, e instruy\u00e9ndolos para su reino. La uni\u00f3n entre el marido y la esposa es definitiva hasta la muerte (Mt 19, 6 ss.; Lc 16, 18; Mc 10, 11; I Cor 7, 10; ver MATRIMONIO, DIVORCIO). Que \u00e9ste es el modo m\u00e1s alto de uni\u00f3n conyugal, y la mejor soluci\u00f3n para el bienestar de la familia y de la sociedad, aparecer\u00e1 ante cualquiera que compare desapasionadamente los efectos morales y materiales que surgen de ella con los de la pr\u00e1ctica del divorcio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aunque el divorcio ha obtenido a un mayor o menor aceptaci\u00f3n entre la mayor\u00eda de los pueblos desde el principio hasta ahora, \u00abhay evidencia abundante que el matrimonio ha venido a ser m\u00e1s perdurable, sobretodo, a medida que la raza humana ha crecido a mayores niveles de cultura\u00bb (Westermarck, op. cit., p\u00e1g. 535).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aunque se han hecho esfuerzos para demostrar que el divorcio est\u00e1 en todo caso prohibido por la ley moral de la naturaleza, no han convencido por si mismos, sin mencionar nada de ciertos hechos de la historia del Antiguo Testamento, la indisolubilidad absoluta del matrimonio es no obstante el ideal a que la ley natural apunta y por consiguiente es lo que se espera en un orden que es sobrenatural. En la familia, recreada por Cristo, no existe nada semejante a la poligamia (vea las referencias dadas en este p\u00e1rrafo, y POLIGAMIA). Esta condici\u00f3n, tambi\u00e9n est\u00e1 de acuerdo con el ideal de la naturaleza. De hecho, la poligamia no se condena en ning\u00fan caso por la ley natural, pero es generalmente incoherente con el bienestar razonable de la esposa y los hijos y el desarrollo moral apropiado del marido. Debido a estas cualidades de durabilidad y unidad, la familia cristiana implica una real y definitiva igualdad entre marido y esposa. Tienen los mismos derechos en materia de la primaria relaci\u00f3n conyugal, igual llamada a la fidelidad mutua e iguales obligaciones para hacer real esta fidelidad. Son igualmente culpables cuando violan estas obligaciones y merecen igual perd\u00f3n cuando se arrepienten.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La esposa no es esclava ni propiedad de su marido, sino su consorte y compa\u00f1era. La familia cristiana es sobrenatural ya que se origina en un sacramento. A trav\u00e9s del sacramento del matrimonio, marido y esposa obtienen e incrementan la gracia santificante y el derecho a la gracia actual, necesaria para el apropiado cumplimiento de todos los deberes de la vida familiar, y la relaci\u00f3 entre marido y esposa, padres e hijos, es sobrenaturalizada y santificada. El fin y el ideal de la familia cristiana son igualmente sobrenaturales, a saber, la salvaci\u00f3n de padres e hijos, y la uni\u00f3n entre Cristo y su Iglesia. \u00abMaridos, amad a vuestras esposas, como Cristo am\u00f3 a su iglesia y se entreg\u00f3 por ella\u00bb, dice San Pablo (Ef 25). La intimidad de la uni\u00f3n matrimonial, la casi identificaci\u00f3n de marido y esposa, se ve en la cita: \u201cAs\u00ed deben los hombres amar a sus esposas, como a sus propios cuerpos. \u00c9l que as\u00ed ama a su esposa, se ama a s\u00ed mismo\u00bb (Ef. 28).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De estos hechos generales de la familia cristiana, pueden deducirse r\u00e1pidamente las relaciones particulares que existen entre sus miembros. Partiendo de que el hombre y la mujer, por regla general, no est\u00e1n normalmente completos como individuos, sino que son m\u00e1s bien dos partes complementarias de un organismo social en el que sus necesidades materiales, morales y espirituales reciben mutua satisfacci\u00f3n, un requisito primario de su uni\u00f3n es el amor mutuo. \u00c9ste no incluye meramente el amor de los sentidos, que es esencialmente ego\u00edsta, ni necesariamente ese amor sentimental que los antrop\u00f3logos llaman rom\u00e1ntico, sino, sobretodo, un amor racional o afecto que procede del reconocimiento de unas cualidades de mente y coraz\u00f3n y que impele a cada uno a buscar el bienestar del otro. As\u00ed, la asociaci\u00f3n \u00edntima y prolongada de marido y esposa, necesariamente trae a la superficie sus cualidades menos nobles y amables y, como el criar de los hijos implica muchos sufrimientos, la necesidad de un amor desinteresado y la capacidad de sacrificarse, son evidentemente muy importantes.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las obligaciones de mutua fidelidad han sido expuestas suficientemente arriba. Las funciones particulares de marido y esposa en la familia son determinadas por sus diferentes naturalezas y por su relaci\u00f3n con el fin primario de la familia, es decir, con la procreaci\u00f3n de los hijos. Siendo el proveedor de la familia y superior a la esposa, tanto en fuerza f\u00edsica como en las cualidades mentales y morales que son necesarias para el ejercicio de la autoridad, el marido es naturalmente la cabeza de la familia, incluso \u00abla cabeza de la esposa\u00bb, en el lenguaje de San Pablo. Esto no significa que la esposa sea la esclava del marido, su sirviente o su s\u00fabdita. Ella es su igual, tanto como ser humano y como miembro de la sociedad conyugal, salvo que cuando existe una discordancia en asuntos que pertenecen al gobierno dom\u00e9stico, ella, como norma, se somete. Exigir para ella una autoridad completamente igual a la del esposo es tratar a la mujer como igual al hombre en una materia en que la naturaleza los ha hecho desiguales. Por otro lado, el cuidado y direcci\u00f3n de los detalles de la casa pertenecen naturalmente a la esposa, porque ella est\u00e1 mejor capacitada para estas tareas que el marido.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Siendo que el fin primario de la familia es la procreaci\u00f3n de los hijos, el marido o la esposa que esquivan este deber por cualquier motivo, sea espiritual o moral, reducen a la familia a un nivel antinatural y no cristiano. Esto es absolutamente cierto cuando la ausencia de descendencia se ha procurado por cualquiera de los m\u00e9todos artificiales e inmorales tan en boga actualmente. Cuando la uni\u00f3n conyugal ha sido bendecida con los hijos, ambos padres adquieren, seg\u00fan sus respectivas funciones, el deber de sostener y educar a esos miembros inmaduros de la familia. Su formaci\u00f3n moral y religiosa es, en su mayor parte, tarea de la madre, mientras que la tarea de atender sus necesidades f\u00edsicas e intelectuales recae principalmente en el padre. Hasta qu\u00e9 punto las diferentes necesidades de los hijos ser\u00e1n cubiertas, variar\u00e1 seg\u00fan la habilidad y los recursos de los padres. Finalmente, los hijos deben, generalmente hablando, a los padres amor impl\u00edcito, reverencia y obediencia, hasta que hayan alcanzado su mayor\u00eda y despu\u00e9s, amor, reverencia y un grado razonable de ayuda y obediencia,.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las relaciones externas m\u00e1s importantes de la familia son, naturalmente, aquellas que existen entre ella y el Estado. Seg\u00fan la concepci\u00f3n cristiana, la familia, en lugar del individuo, es la unidad social y la base de la sociedad civil. Decir que la familia es la unidad social no implica que es el fin para el que el individuo es un medio; el bienestar del individuo es un fin para ambos, la familia y el Estado, as\u00ed como de cualquier otra organizaci\u00f3n social. Significa que el Estado est\u00e1 formalmente preocupado por la familia como tal y no meramente por el individuo. Esta distinci\u00f3n es de gran importancia pr\u00e1ctica; all\u00ed donde el Estado ignora o descuida a la familia, con la vista puesta s\u00f3lo en el bienestar del individuo, el resultado es una fuerte tendencia hacia la desintegraci\u00f3n de \u00e9ste. La familia es la base de sociedad civil, ya que la mayor\u00eda de las personas debe pasar pr\u00e1cticamente toda su vida en su c\u00edrculo, sea como miembro o como cabeza. Solamente en la familia el individuo puede ser debidamente criado, educado y recibir la formaci\u00f3n de su car\u00e1cter que le har\u00e1 un buen hombre y un buen ciudadano.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ya que el hombre medio no emplear\u00e1 toda su energ\u00eda productiva si nos es bajo el est\u00edmulo de sus responsabilidades, la familia es indispensable desde un punto de vista puramente econ\u00f3mico. Luego la familia no puede desempe\u00f1ar sus funciones debidamente a menos que los padres tengan el control total sobre la crianza y la educaci\u00f3n de los hijos, s\u00f3lo sujeta a la necesaria vigilancia estatal para prevenir un grave abandono de su bienestar. Consecuentemente, hablando generalmente y con la concesi\u00f3n debida para condiciones particulares, el estado excede su autoridad cuando provee las necesidades materiales del ni\u00f1o sustray\u00e9ndolo de la influencia paternal o especificando la escuela a la que debe asistir. La familia cristiana en la historia se ha demostrado inmensamente superior a la familia no cristiana, como consecuencia de estos conceptos e ideales. Ha mostrado la mayor fidelidad entre marido y esposa, mayor reverencia de los hijos hacia los padres, mayor protecci\u00f3n de los miembros m\u00e1s d\u00e9biles por los m\u00e1s fuertes y, en general, un reconocimiento m\u00e1s completo de la dignidad y derechos de todos dentro de su c\u00edrculo. Su mayor gloria es indudablemente su efecto en la posici\u00f3n de mujer. A pesar de las dificultades \u2013en su mayor parte con respecto a la propiedad, educaci\u00f3n y una pr\u00e1cticamente reconocida doble norma moral&#8211; que la mujer cristiana ha sufrido, ha logrado un grado de dignidad, respeto y autoridad, que podr\u00edamos buscar en vano en la sociedad conyugal fuera de la Cristiandad. El factor principal en esta mejora han sido las ense\u00f1anzas cristianas sobre la castidad, la igualdad conyugal, la santidad de la maternidad y el fin sobrenatural de la familia, junto con el modelo cristiano e ideal de la vida familiar, la Sagrada Familia de Nazaret.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La pretensi\u00f3n de algunos escritores de que, aquello que la Iglesia ense\u00f1a y practica sobre la virginidad y celibato, constituye una degradaci\u00f3n y deterioro de la familia, no s\u00f3lo nace de una visi\u00f3n falsa y perversa de estas pr\u00e1cticas, sino que contradice los hechos hist\u00f3ricos. Aunque siempre ha tenido la virginidad en un honor m\u00e1s alto que el matrimonio, la Iglesia nunca ha confirmado la extrema visi\u00f3n, atribuida a algunos escritores asc\u00e9ticos, de que el matrimonio es solo una concesi\u00f3n a la carne, una clase de indulgencia carnal tolerada. A sus ojos el rito matrimonial ha sido siempre un sacramento, el estado de casado un estado santo, la familia una instituci\u00f3n Divina y la vida familiar la condici\u00f3n normal para la gran mayor\u00eda de humanidad. De hecho, su ense\u00f1anza sobre la virginidad y la manifestaci\u00f3n de miles de sus hijos e hijas que ejemplifican esa ense\u00f1anza, ha constituido en toda \u00e9poca una exaltaci\u00f3n m\u00e1s eficaz de la castidad en general y, por consiguiente, de la castidad interior tanto como sin la familia. La ense\u00f1anza y el ejemplo se han combinado para convencer a los casados, no menos que a los solteros, que la pureza y la continencia son deseables y posibles en la pr\u00e1ctica. Hoy, como siempre, precisamente es en esas comunidades d\u00f3nde se honra la virginidad en las que el ideal de la familia es m\u00e1s alto y sus relaciones son m\u00e1s puras.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Peligros para la Familia\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entre \u00e9stos est\u00e1 la exaltaci\u00f3n del individuo por el estado a expensas de la familia, que ha venido desde la Reforma ((cf. the Rev. Dr. Thwing, in Bliss, \u00abEnciclopedia de la Reforma Social\u201d), y la moderna facilidad del divorcio (vease DIVORCIO) que puede remontarse a la misma fuente. El mayor culpable en este \u00faltimo aspecto son los Estados Unidos, pero la tendencia parece ser la de facilitarlo en la mayor\u00eda de los pa\u00edses en los que se permite el divorcio. La autorizaci\u00f3n legal y la aprobaci\u00f3n popular de la disoluci\u00f3n del lazo matrimonial, no s\u00f3lo rompe las familias existentes, sino que anima a matrimonios precipitados y produce una visi\u00f3n laxa de la obligaci\u00f3n de fidelidad conyugal. Otro peligro es la limitaci\u00f3n deliberada del n\u00famero de hijos en la familia. Esta pr\u00e1ctica tienta a los padres a pasar por alto el fin principal de la familia y a considerar su uni\u00f3n solamente como un medios de satisfacci\u00f3n mutua. Adem\u00e1s, lleva a una disminuci\u00f3n de la capacidad de auto-sacrificio en todos los miembros de la familia. Estrechamente conectada con estos dos males del divorcio y la restricci\u00f3n artificial de nacimientos, est\u00e1 la general laxitud de opini\u00f3n con respecto a la inmoralidad sexual. Entre sus causas est\u00e1 la disminuci\u00f3n de la influencia de la religi\u00f3n, la ausencia de instrucci\u00f3n religiosa y moral en las escuelas y el \u00e9nfasis aparentemente m\u00e1s d\u00e9bil puesto sobre el grave pecado contra la castidad por aqu\u00e9llos cuya instrucci\u00f3n moral no ha estado bajo los auspicios cat\u00f3licos. Sus efectos principales son la aversi\u00f3n a casarse, la infidelidad matrimonial, y la contracci\u00f3n de enfermedades que producen la infelicidad dom\u00e9stica y familias est\u00e9riles.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La vida ociosa y fr\u00edvola de las mujeres, esposas e hijas, en muchas familias adineradas es tambi\u00e9n una amenaza. Por las posiciones que defienden, el modo de vida que llevan y los ideales que acarician, muchas de estas mujeres nos recuerdan un poco el het\u00e6r\u00e6 de la Atenas cl\u00e1sica . Para ello gozan de gran libertad, y ejercen gran influencia sobre sus maridos y padres, y su principal funci\u00f3n parece ser entretenerlos, mejorar su prestigio social, atender a su vanidad, vestir bien y reinar como reinas sociales. Se han liberado de cualquier auto-sacrificio serio en beneficio del marido o de la familia, mientras el marido ha declarado igualmente su independencia de cualquier interpretaci\u00f3n estricta del deber de fidelidad conyugal. La uni\u00f3n entre ellos no es suficientemente moral y espiritual, es excesivamente sensual, social y est\u00e9tica. Y el mal ejemplo de esta concepci\u00f3n de la vida familiar se extiende m\u00e1s all\u00e1 de aqu\u00e9llos que pueden ponerla en practica. Todav\u00eda otro peligro es el declive de la autoridad familiar en todas las clases, la desobediencia y falta de respeto impuesta y exhibida por los hijos. Sus consecuencias son la imperfecta disciplina en la familia, el defectuoso car\u00e1cter moral de los hijos y la infelicidad multiplicada de todos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Finalmente, est\u00e1 el peligro, f\u00edsico y moral, que amenaza la familia debido al firme incremento de la presencia creciente de mujeres en la industria. En 1900, el n\u00famero de mujeres por encima de los diecis\u00e9is a\u00f1os empleadas en los Estados Unidos era de 4.833.630, m\u00e1s del doble del n\u00famero de ocupadas en 1880 y qu\u00e9 constitu\u00edan el 20 por ciento del n\u00famero total de mujeres mayores de diecis\u00e9is a\u00f1os en el pa\u00eds, considerando que el n\u00famero de trabajadores en 1880 formaba s\u00f3lo el 16 por ciento de la misma franja de la poblaci\u00f3n femenina. En las ciudades de Am\u00e9rica dos mujeres de cada siete son las que mantiene la familia (ver Informe Especial del Censo americano, \u00abMujeres en el Trabajo\u00bb). Esta condici\u00f3n implica un aumento de la proporci\u00f3n de mujeres casadas en el trabajo como asalariadas, un aumento de la proporci\u00f3n de mujeres que son f\u00edsicamente menos capaces de llevar a cabo las tareas de la vida familiar, una proporci\u00f3n m\u00e1s peque\u00f1a de matrimonios, un aumento en la proporci\u00f3n de mujeres que, debido a una idea enga\u00f1osa de independencia, est\u00e1n poco dispuestas a casarse, y un debilitamiento de los lazos familiares y de la autoridad dom\u00e9stica. \u00abEn 1890, 1 mujer casada entre 22 era la sustentadora; en 1900, 1 de 18\u00bb (ibid.). Quiz\u00e1s la peor consecuencia y la m\u00e1s llamativa del trabajo de las mujeres casadas en la industria es el aumento de la proporci\u00f3n de muerte entre los ni\u00f1os. Entre los ni\u00f1os menores de un a\u00f1o la proporci\u00f3n en 1900, en todos los Estados Unidos, era del 165 por 1000, pero era del 305 en Fall River, d\u00f3nde la proporci\u00f3n de mujeres casadas empleadas era mayor. Como causa suprema de todos estos peligros para la familia est\u00e1n el decaimiento de la religi\u00f3n y el crecimiento de una visi\u00f3n materialista de la vida, as\u00ed el futuro de la familia depender\u00e1 del punto en que estas fuerzas puedan controlarse. Y la experiencia parece demostrar que no puede haber t\u00e9rmino medio entre el ideal materialista del divorcio, tan sencillo como que la uni\u00f3n matrimonial se termina por el deseo de las partes, y el ideal cat\u00f3lico de matrimonio completamente indisoluble.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Adem\u00e1s de las autoridades citadas en el texto, merecen una menci\u00f3n particular los siguientes: DEVAS, Estudios de la Vida Familiar (Londres, 1886); RICHE, La Familia, tr. SADLIER (Nueva York, 1896); COULANGES, La antigua ciudad, tr. SMALL (Boston, 1901); BOSANQUET, La Familia (Londres, 1906); THWING, La Familia (Boston, 1887); BLISS, Enciclopedia de la Reforma Social (Nueva York, 1907); ST CKL In Kirchenlexikon; La grande encyclopedia; PERRONE, De Matrimonio Christiano (Li, ge 1862); el trabajo de Westermarck contiene una bibliograf\u00eda muy amplia en aspectos antropol\u00f3gicos y sociol\u00f3gicos del tema. HOWARD, Historia de las Instituciones Matrimoniales (Chicago, 1904).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nota del traductor: Ciertamente la relaci\u00f3n mujer-trabajo ha sufrido, sin menoscabo de lo mencionado en el art\u00edculo, grandes transformaciones. Tambi\u00e9n han aparecido nuevos y graves peligros, en especial en todo lo relacionado con la fecundaci\u00f3n artificial y temas anexos, el gran incremento de las pr\u00e1cticas abortivas, la \u201clegalizaci\u00f3n\u201d de extra\u00f1os modos de familia y, como consecuencia ya anunciada en el art\u00edculo, un grave deterioro de la moral sexual y familiar Sobre la actuales ense\u00f1anzas de la Iglesia, en relaci\u00f3n con el tema, se pueden consultar, entre otros, los siguientes documentos:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De S.S Juan Pablo II<br \/>\nMulieris Dignitatem (15 de agosto de 1988) Juan Pablo II<br \/>\nFamiliaris Consortio (22 de noviembre de 1981) Juan Pablo II\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Del Pontificio Consejo para la Familia<br \/>\nCarta de los Derechos de la Familia (22 de octubre de 1983)<br \/>\nVademecum para los confesores sobre algunos temas de moral conyugal (1997)<br \/>\nSexualidad Humana: Verdad y Significado (1995)<br \/>\nPreparaci\u00f3n al Sacramento del Matrimonio (1996)<br \/>\nDeclaraci\u00f3n sobre la disminuci\u00f3n de la fecundidad en el mundo (27 de febrero de 1998)<br \/>\nDeclaraci\u00f3n del Pontificio Consejo para la Familia acerca de la Resoluci\u00f3n del Parlamento Europeo del 16\/3\/2000 sobre equiparaci\u00f3n entre familia y &#8216;uniones de hecho&#8217;.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Existen otro muchos documentos, especialmente con motivo de los Encuentros Mundiales de las Familias.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">JOHN A. RYAN<br \/>\nTrascrito por Bobie Jo M. Bilz<br \/>\nTraducido por Quique Sancho. En agradecimiento al Se\u00f1or por mi esposa M\u00aa Jos\u00e9 y nuestros hijos: Miguel, Daniel, Miriam. Irene, El\u00edas, \u00c1ngela, M\u00aa de Loreto, Ester M\u00aa, Samuel M\u00aa, Cristina M\u00aa, M\u00aa de la Paloma y Juan M\u00aa\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>v. Casa, Descendencia, Hijo, Linaje, Posteridad, Simiente Gen 12:3; 28:14 en el A. T., hebreo, bet, casa, bethab, casa paterna, la familia m\u00e1s extensa, mispajah, clan, grupo de familias, familia con un tronco com\u00fan; en el N. T., oikos, casa. Despu\u00e9s de la tribu y la estirpe, la f. es la comunidad m\u00e1s peque\u00f1a, a &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/familia\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abFAMILIA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-4935","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4935","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4935"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4935\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4935"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4935"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4935"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}