{"id":5016,"date":"2016-02-05T00:53:10","date_gmt":"2016-02-05T05:53:10","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/henoc\/"},"modified":"2016-02-05T00:53:10","modified_gmt":"2016-02-05T05:53:10","slug":"henoc","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/henoc\/","title":{"rendered":"HENOC"},"content":{"rendered":"<p>nombre de var\u00f3n en el A. T.   1. Hijo de Ca\u00ed\u00adn y padre de Irad. Ca\u00ed\u00adn construy\u00f3 la ciudad primera ciudad de que se tenga noticia en las Escrituras y le puso por nombre H., como se lee en Gn 4, 17. M\u00e1s adelante, en otros lugares, H. es hijo de Y\u00e9red,  hijo \u00e9ste de Mahalalel, de la descendencia de Set, Gn 5, 18; 1 Cro 1, 2-3; igualmente en la genealog\u00ed\u00ada lucana de Jes\u00fas, Lc 3, 37. De setenta y cinco a\u00f1os engendr\u00f3 a Matusal\u00e9n y, despu\u00e9s, otros hijos e hijas, Gn 5, 21-22.<\/p>\n<p>Vivi\u00f3 H. trescientos sesenta y cinco a\u00f1os  cifra perfecta, el a\u00f1o solar tiene ese n\u00famero de d\u00ed\u00adas, Gn 5, 23. \u2020\u0153Henoc anduvo con Dios y desapareci\u00f3 porque Dios se lo llev\u00f3\u2020\u009d, se dice en Gn 5, 24, es decir fue arrebatado por Dios, y es un ejemplo de piedad en tradici\u00f3n jud\u00ed\u00ada, mencionado en varios pasajes b\u00ed\u00adblicos en este sentido: en Sb 4, 10, se alude a su vida de justo por lo que fue arrebatado; Ben Sir\u00e1 lo pone como ejemplo para todas las generaciones, Si 44, 16; 49, 14; H. es puesto como modelo de fe en Hb 11, 5, donde se dice que no muri\u00f3, por su fe fue trasladado por Dios.   A H. se le atribuyen obras ap\u00f3crifas, como el Libro de H. En Judas 1416,  sobre los falsos doctores, hay dos referencias a este texto, Henoc 1, 9; 5, 5. Del Libro de H., el m\u00e1s importante de la literatura apocal\u00ed\u00adptica ap\u00f3crifa, fue encontrada una versi\u00f3n en Abisinia, conocida como H. et\u00ed\u00adope, por estar en este idioma. Se cree que fue escrito en hebreo o en arameo, por los fragmentos encontrados de \u00e9l en los manuscritos del mar Muerto, en Qumram. Se cree que este H. et\u00ed\u00adope es traducci\u00f3n de una versi\u00f3n en griego.  2. Hijo de Madi\u00e1n y nieto de Abraham y Quetur\u00e1, Gn 25, 4; 1 Cro 1, 33. 3. Hijo de Rub\u00e9n y nieto de Jacob, de los que entraron en Egipto con el  patriarca, padre del clan henoquita, Gn 46, 9; Ex 6, 14; Nm 26, 5; 1 Cro 5, 3.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Digital, Grupo C Service &#038; Design Ltda., Colombia, 2003<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Digital<\/b><\/p>\n<p>V\u00e9ase ENOC.<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico Ilustrado<\/b><\/p>\n<p>[011]<\/p>\n<p>      Nombre del patriarca que fue padre del longevo Matusal\u00e9n (Gn. 5.21) y \u00abanduvo en el mundo\u00bb 365 a\u00f1os\u00bb.  El texto b\u00ed\u00adblico dice que \u00abno fue visto m\u00e1s, porque Dios se lo llev\u00f3\u00bb. Al no explicitar el texto su muerte, se gener\u00f3 la leyenda primitiva de su supervivencia en espera del final de los tiempos.<\/p>\n<p>     Esa leyenda dio lugar a ciertas referencias b\u00ed\u00adblicas posteriores, debido a la originalidad de su figura. Aparecen en el Antiguo Testamento: Ecclo. 44. 16 y 49. 14; y tambi\u00e9n en el Nuevo: Lc. 3. 37 o Hebr. 11. 5, incluso Jds. 14 y ss.<\/p>\n<p>     En la literatura extrab\u00ed\u00adblica, tanto jud\u00ed\u00ada como cristiana, tuvo resonancias especiales. El libro ap\u00f3crifo de Henoc, del siglo II, escrito en hebreo o arameo le da importancia decisiva, de manera que la Iglesia copta todav\u00ed\u00ada lo considera inspirado por Dios.<\/p>\n<p>     Otro Henoc cita la Biblia: fue el primer hijo de Ca\u00ed\u00adn (4. 17-24).<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>DJN<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nSan Lucas cita a Henoc en la lista geneal\u00f3gica de Jes\u00fas, como padre de Matusal\u00e9n e hijo de Jaret (Lc 3,37). Hay tres libros ap\u00f3crifos de Henoc: eti\u00f3pico, eslavo y hebreo, seg\u00fan la lengua en que se conserva. Libro eti\u00f3pico de Henoc. Entre todos los ap\u00f3crifos jud\u00ed\u00ados es \u00e9ste, sin duda, el m\u00e1s interesante, pues contiene la concepci\u00f3n doctrinal y religiosa del pueblo jud\u00ed\u00ado en los tiempos mesi\u00e1nicos. Tiene seis partes: 1) La angelolog\u00ed\u00ada (cap. 1-36): viaje de Henoc por la tierra, el infierno y los \u00e1ngeles; se describe el juicio futuro, la ca\u00ed\u00adda de los \u00e1ngeles y el castigo; relaci\u00f3n de los \u00e1ngeles con las hijas de los hombres, de las que nacen los gigantes. 2) Libro de las par\u00e1bolas (cap. 37-71): suerte futura de los pecadores y de los justos; juicio que hace \u00abel elegido\u00bb, el Hijo del hombre, el Mes\u00ed\u00adas. 3) Libro astron\u00f3mico (cap. 72-82): leyes por las que se rige el curso del sol, de las estrellas, de los vientos, etc. 4) Libro de las visiones (cap. 83-90): historia del mundo, desde Ad\u00e1n hasta el Mes\u00ed\u00adas, en dos visiones: los hombres est\u00e1n representados por diferentes animales. 5) Apocalipsis de las semanas (cap. 93, 91, 15-17): divide en diez semanas el curso del mundo, de las que ya han pasado siete y faltan solamente tres. 6) Libro de la edificaci\u00f3n (cap. 91,105): exhortaciones y bendiciones para los imp\u00ed\u00ados. Cierra un breve ep\u00ed\u00adlogo con fragmentos de un libro de No\u00e9. El libro carece de unidad; en su mayor parte es de origen jud\u00ed\u00ado y escrito en el siglo II a. de C.; fue tenido en gran veneraci\u00f3n por los Santos Padres, que le citan muchas veces; le cita tambi\u00e9n San Judas en el vers\u00ed\u00adculo 14 de la carta apost\u00f3lica; algunos aseguran que hay interpolaciones cristianas, por lo menos cuando habla del Mes\u00ed\u00adas como \u00abel Hijo del hombre\u00bb en el libro de las par\u00e1bolas. Henoc eslavo: Libro de los secretos de Henoc. El argumento es apocal\u00ed\u00adptico: las visiones de Henoc en el viaje que hizo por los siete cielos, acompa\u00f1ado de los \u00e1ngeles. Fue escrito en Palestina en la primera mitad del siglo 1 d. de C., en lengua griega y traducido luego al eslavo. Henoc hebraico: Escrito en hebreo, despu\u00e9s del a\u00f1o 70 d. de C., y trata de revelaciones secretas. >ap\u00f3crifos.<\/p>\n<p>E.M.N.<\/p>\n<p>FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret<\/b><\/p>\n<p>(-> apocal\u00ed\u00adptica, \u00e1ngeles, violaci\u00f3n). Personaje m\u00ed\u00adtico-simb\u00f3lico de los principios de la historia israelita. Puede tener un car\u00e1cter ambiguo, aunque acaba siendo b\u00e1sicamente positivo. En torno a su figura se ha elaborado una amplia literatura, llamada hen\u00f3quica, en la que se ha interpretado el sentido del pecado y la posible liberaci\u00f3n de los hombres, desde una perspectiva apocal\u00ed\u00adptica.    (1) Figura. La figura de Henoc ha sido interpretada de diversas formas, desde el Pentateuco hasta las experiencias visionarias posteriores de la C\u00e1bala jud\u00ed\u00ada. (a) El Libro de los Vigilantes (1 Fien 6-36), que forma parte del \u00abPentateuco de Henoc\u00bb, transmitido desde antiguo como un texto \u00fanico (1 Henoc), ofrece la interpretaci\u00f3n m\u00e1s consistente de la figura de Henoc. Este libro recoge el tema del diluvio (que aparece en Gn 6-9) y lo re interpreta a partir de la \u00abinvasi\u00f3n programada de los Vigilantes (\u00e1ngeles custodios pervertidos) y desde la perspectiva de un personaje llamado Henoc, que aparec\u00ed\u00ada dos veces en el G\u00e9nesis: una de forma ambigua o negativa, como hijo de Ca\u00ed\u00adn y representante de la primera ciudad del mundo (Gn 4,17), y otra de forma positiva, como hijo de Yared: \u00abHenoc vivi\u00f3 un total de 365 a\u00f1os. Trat\u00f3 con Dios y despu\u00e9s desapareci\u00f3, porque Dios se lo llev\u00f3\u00bb (Gn 5,21-24). Esta segunda perspectiva se ha impuesto y se ha desarrollado en la tradici\u00f3n apocal\u00ed\u00adptica, que le presenta como \u00abjoven\u00bb (vivi\u00f3 s\u00f3lo el tiempo de un ciclo solar, 365 a\u00f1os, en una \u00e9poca en que otros patriarcas llegaban casi a los 1.000 a\u00f1os) y que le denomina \u00abamigo de Dios\u00bb, que le llev\u00f3 a su gloria sin morir (como si hubiera comido del \u00e1rbol de la vida, que Ad\u00e1n-Eva no pudieron tomar). El libro del Eclesi\u00e1stico (Ben Sira) le presenta tambi\u00e9n como Sabio excelso y Predicador penitencial: \u00abCamin\u00f3 con el Se\u00f1or y fue trasladado, como ejemplo de penitencia [LXX: tnetanoias; Vulg: ut det gentibus paenitentiam\u00bb (Eclo 44,16); \u00abPocos ha habido en el mundo como Henoc; tambi\u00e9n \u00e9l fue arrebatado en persona\u00bb (Eclo 9,13). Lo mismo hace el Libro de los Jubileos, escrito hacia el 130 a.C. (casi dos siglos despu\u00e9s de 1 Hen 3-36), que asume y unifica gran parte de las visiones precedentes, present\u00e1ndole como figura ejemplar, signo o prototipo de la humanidad: \u00abHenoc&#8230; fue el primero que aprendi\u00f3 la escritura, la doctrina y sabidur\u00ed\u00ada, y escribi\u00f3 en un libro las se\u00f1ales del cielo, seg\u00fan el orden de sus meses&#8230; Vio en visi\u00f3n nocturna, en sue\u00f1o, lo acontecido y lo que suceder\u00e1 y lo que ocurrir\u00e1 al g\u00e9nero humano en sus generaciones hasta el d\u00ed\u00ada del juicio&#8230; Henoc estuvo con los \u00e1ngeles&#8230; Ellos le mostraron cuanto hay en la tierra y en los cielos, y el poder del sol, y lo escri bi\u00f3 todo. Exhort\u00f3 a los \u00abvigilantes\u00bb que hab\u00ed\u00adan prevaricado con las hijas de los hombres, pues hab\u00ed\u00adan comenzado a unirse con las hijas de la tierra, cometiendo abominaci\u00f3n, y dio testimonio contra todos ellos. Fue elevado de entre los hijos del g\u00e9nero humano y lo enviamos al jard\u00ed\u00adn del Ed\u00e9n para gloria y honor. Y all\u00ed\u00ad est\u00e1 escribiendo sentencias y juicios eternos y toda la maldad de los hijos de los hombres\u00bb (Jub 4,17-19.20-24).<\/p>\n<p>(2) Interpretaciones. El testimonio m\u00e1s importante sigue siendo el de 1 Hen 6-36, que vincula a Henoc con los Vigilantes o \u00e1ngeles ca\u00ed\u00addos, a quienes Dios hab\u00ed\u00ada destinado para \u00abense\u00f1ar al g\u00e9nero humano a hacer leyes y justicia sobre la tierra\u00bb. No se sabe si eran custodios personales, es decir, guardianes de cada individuo, como ense\u00f1ar\u00e1 m\u00e1s tarde una tradici\u00f3n jud\u00ed\u00ada y cristiana, o custodios de la humanidad en su conjunto; pero, en contra de su obligaci\u00f3n, pues deb\u00ed\u00adan guiar y vigilar a los hombres para bien, les seducen, como saben otras tradiciones, que hablan de guardianes perversos de los hombres. Henoc es, seg\u00fan eso, el signo de una nueva antropolog\u00ed\u00ada, cuyos rasgos principales son \u00e9stos: formamos parte de un \u00abmundo ang\u00e9lico\u00bb que nos vincula con Dios, pero all\u00ed\u00ad donde ese mundo se adultera o perturba, por sexo y\/o violencia, venimos a caer en manos de lo demon\u00ed\u00adaco; nuestra vida est\u00e1 inmersa en una gran batalla que nos sobrepasa y que nosotros no podemos controlar, de manera que m\u00e1s que agentes somos v\u00ed\u00adctimas de un destino c\u00f3smico, que tiene unos rasgos parecidos a los de la tragedia griega; signos clave del pecado son la atracci\u00f3n sexual y la lucha por el poder, que provienen de los \u00e1ngeles perversos y que pervierten al hombre, convirti\u00e9ndole en fuente de violencia y muerte.<\/p>\n<p>(3) Mito b\u00e1sico: los \u00e1ngeles violadores. Est\u00e1 vinculado a la invasi\u00f3n de los vigilantes*: \u00abEn aquellos d\u00ed\u00adas, cuando se multiplicaron los hijos de los hombres, sucedi\u00f3 que les nacieron hijas bellas y hermosas. Las vieron los \u00e1ngeles, los hijos de los cielos, las desearon y se dijeron: \u00c2\u00a1Ea, escoj\u00e1monos de entre los hombres y engendremos hijos!&#8230;\u00bb (1 Hen 6,1\u20147,1). Este es el mito de la lucha universal, desatada por los \u00e1ngeles invasores, que lo tienen todo en su altura celeste, menos dos cosas que desean y  son propias de los hombres: mujeres y guerra (sangre sexual, sangre de violencia). Habitaban en el cielo, disfrutaban de todo lo que puede desearse, pero les faltaba sangre y sexo: violencia y erotismo. Bajaron y perturbaron el mundo, iniciando as\u00ed\u00ad un gran desastre c\u00f3smico y humano, en el que aparecen todos implicados: los varones como representantes de los esp\u00ed\u00adritus violentos; las mujeres como hembras atractivas violadas&#8230; y todos, unos y otros, pose\u00ed\u00addos por un tipo de ciega violencia diab\u00f3lica. Conforme al mito expl\u00ed\u00adcito del libro de Henoc, a causa de esta invasi\u00f3n de los vigilantes, las mujeres aprendieron a seducir, los hombres a fabricar espadas, cuchillos, escudos, petos, metales de guerra y adornos para excitar los deseos (1 Hen 8,1). El mundo entero se volvi\u00f3 violencia (artes de guerra) y corrupci\u00f3n sexual (artes de enga\u00f1o) y la historia fue batalla universal entre varones\/demonios guerreros y mujeres perversas. As\u00ed\u00ad estall\u00f3 y se extendi\u00f3 la destrucci\u00f3n de conjunto, como una moderna guerra de galaxias que provoca el desastre de la vida de nuestro planeta. As\u00ed\u00ad se vincularon los diversos elementos de la destrucci\u00f3n c\u00f3smica, (a) Se quebr\u00f3 el orden afectivo y familiar, con la perversi\u00f3n de varones y mujeres, violados por los \u00e1ngeles ca\u00ed\u00addos de los cielos, (b) Se pervirti\u00f3 el orden social, con la lucha de todos contra todos, en guerra universal de hombres y esp\u00ed\u00adritus perversos, (c) La guerra tom\u00f3 dimensiones c\u00f3smicas y planetarias, pues intervinieron en ella no s\u00f3lo los hombres y algunos \u00e1ngeles\/demonios particulares, sino los mismos arkhontes o esp\u00ed\u00adritus de los siete* grandes astros que definen (y deb\u00ed\u00adan defender) el orden de los cielos. Esta gran guerra se expres\u00f3 en forma de diluvio* universal. Ciertamente, se pod\u00ed\u00ada evocar tambi\u00e9n un fuego c\u00f3smico, provocando una especie de estallido o ruina de todos los astros. Pero la tradici\u00f3n hablaba m\u00e1s bien, por lo menos en la tierra, de un diluvio universal, interpretado como destrucci\u00f3n ecol\u00f3gica suprema. Dios hab\u00ed\u00ada dado a los hombres la tierra, para que la cultivaran e hicieran habitable. Pero los hombres, pervertidos por los \u00e1ngeles ca\u00ed\u00addos, en borrachera de sangre y de sexo, destruyeron la tierra. Si Dios no interviniera y comenzara con Henoc (y con No\u00e9) una etapa nueva, todo habr\u00ed\u00ada terminado. De esa forma se expresa, en clave m\u00ed\u00adtica o simb\u00f3lica, la perversi\u00f3n universal, que desborda y sobrepasa el plano de la historia de los hombres. Eso significa que el pecado (que se reflejaba previamente en las figuras y las obras de Ca\u00ed\u00adn y Lamec) hab\u00ed\u00ada venido a convertirse en un des-astre (perversi\u00f3n astral) que los diversos escritores del ciclo de Henoc entendieron como principio de un posible fin del mundo. Estos libros del ciclo de Henoc, con sus visiones de la perversi\u00f3n c\u00f3smica y de la destrucci\u00f3n universal, se encuentran muy cerca de la literatura y simbolog\u00ed\u00ada apocal\u00ed\u00adptica desarrollada por muchos videntes, en los decenios de miedo que han marcado el final del siglo XX.<\/p>\n<p>(4) Henoc, el sabio. La teofan\u00ed\u00ada. La primera parte del libro de 1 Henoc, llamada \u00abDe los vigilantes\u00bb (1 Hen 6-36), se centra en una gran teofan\u00ed\u00ada a trav\u00e9s de la cual el autor quiere ofrecer una justificaci\u00f3n o aval divino de su visi\u00f3n del juicio de la historia, elaborando de esa forma un texto cl\u00e1sico de \u00abascenso m\u00ed\u00adstico\u00bb o teofan\u00ed\u00ada. Henoc penetra hasta la entra\u00f1a del misterio donde se le manifiesta el Dios invisible, confirmando la sentencia de condena ya dictada en contra de los vigilantes* y de sus aliados, (a) Los tres momentos del ascenso. Esta visi\u00f3n de Dios (que puede situarse en la l\u00ed\u00adnea de las m\u00e1s famosas de la Biblia: Is 6; Ez 1; Dn 7; Ap 4) est\u00e1 al servicio del tali\u00f3n y sirve para confirmar la sentencia de condena, negando as\u00ed\u00ad la gracia o el perd\u00f3n de Dios para los culpables. Tres son los planos o momentos de ese ascenso de Henoc, que \u00absube hasta el misterio\u00bb de la gloria y dureza de un Dios que sigue aislado y no se encarna en la historia de los hombres. Podemos dividir la escena distinguiendo dos casas y un trono. [Primera casa]: Henoc sube hacia la altura de Dios y tras el primer muro celeste descubre una gran casa, construida al mismo tiempo de hielo y fuego: \u00abEntr\u00e9 en esta casa que es ardiente como fuego y fr\u00ed\u00ada como granizo, donde no hay ning\u00fan deleite; y el miedo me obnubil\u00f3 y el terror me sobrecogi\u00f3. Ca\u00ed\u00ad de bruces temblando y tuve una visi\u00f3n\u00bb. All\u00ed\u00ad, en el gran vac\u00ed\u00ado en que se cruzan y coinciden los contrarios, entre c\u00ed\u00adrculos astrales de vivientes querubines, empieza el misterio (1 Hen 14,8-15). [Segunda casa]: Dejando la anterior, Henoc entra en otra ca  sa mucho m\u00e1s grande, \u00aby sus puertas estaban todas abiertas ante m\u00ed\u00ad; estaba construida de lenguas de fuego y era en todo tan espl\u00e9ndida, ilustre y grande que no puedo contaros tanta gloria y grandeza\u00bb. Su suelo era fuego; por encima hab\u00ed\u00ada rel\u00e1mpagos y \u00f3rbitas astrales; su techo de fuego abrasador. Este es el lugar de Dios (1 Hen 14,15-17). [El Trono y la Majestad]: Henoc descubre un Trono, brillante como el sol, donde se sienta la Gran Majestad \u00abcon su t\u00fanica m\u00e1s brillante que el sol y m\u00e1s resplandeciente que el granizo, de modo que ninguno de los \u00e1ngeles pod\u00ed\u00ada entrar siquiera (a esta casa); y el aspecto del rostro del Glorioso y Excelso no puede verlo tampoco ning\u00fan hombre carnal. Fuego abrasador hay a su alrededor, gran fuego se alza ante \u00e9l, y no hay quien se le acerque de los que hay a su alrededor; mir\u00ed\u00adadas de mir\u00ed\u00adadas hay ante \u00e9l, pero \u00e9l no requiere santo consejo. Los Sant\u00ed\u00adsimos (\u00e1ngeles) que est\u00e1n cerca de \u00e9l no se alejan de d\u00ed\u00ada ni de noche, ni se apartan de \u00e9l&#8230;\u00bb (1 Hen 14,18-22). Este sal\u00f3n judicial es testigo de un juicio sin gracia ni misericordia. El ascenso contemplativo nos ha llevado a un tipo de \u00abdesierto\u00bb donde se distinguen y vinculan los poderes que parecen m\u00e1s opuestos (primera casa), un desierto que aparece despu\u00e9s como espacio lleno de atracciones (segunda casa). Centro de ese espacio y realidad originaria es Dios, a quien podemos vislumbrar como Majestad y Gloria sedente sobre un trono. Nunca se ha visto su figura, nadie ha podido contemplar su rostro, ni siquiera los \u00e1ngeles que habitan m\u00e1s cerca de su fuego. Es un Dios que est\u00e1 arriba como Se\u00f1orJuez, no se ha encarnado en la historia, no es tampoco gracia, sino majestad imponente, pero los hombres, representados por Henoc, pueden realizar un camino de ascenso interior y contemplarle en la oscuridad. Nos hallamos por tanto ante una antropolog\u00ed\u00ada que se expresa en forma de experiencia visionaria, (b) La revelaci\u00f3n de Dios. En esa l\u00ed\u00adnea, superando todas las razones, viene a revelarse la Raz\u00f3n de Dios, como gloria y fuerza, que se expresa a trav\u00e9s del juicio supremo, que aparece como palabra de condena para los pecadores. No hay en ese Dios ning\u00fan atisbo de ternura, no hay di\u00e1logo de amor ni coraz\u00f3n: no existe el perd\u00f3n que los grandes profetas intuyeron al hablar del matrimonio de Dios y de su pueblo (Os, Jr, Ez&#8230;), ni tampoco la entrega amorosa que los cristianos han visto en Jes\u00fas a quien contemplan como gracia encarnada. El Se\u00f1or a quien se busca aqu\u00ed\u00ad es un Dios de juicio y fuego, alguien cuyo rostro no puede contemplarse, pues no se ha encarnado en el rostro de los pobres (en la l\u00ed\u00adnea de la mejor tradici\u00f3n can\u00f3nica jud\u00ed\u00ada y mesi\u00e1nica cristiana). Pues bien, ese Dios sin rostro (ni Henoc le ha contemplado) es Dios de palabra, que puede hablar, diciendo sentencias muy claras de juicio: \u00abMc llam\u00f3 por su boca y me dijo: Ac\u00e9rcate aqu\u00ed\u00ad, Henoc, y escucha mi santa Palabra\u00bb (1 Hen 10,24). Sin duda, esa palabra de juicio puede interpretarse como presupuesto y principio de salvaci\u00f3n para los justos, pero \u00e9sta es una salvaci\u00f3n por juicio y no por gracia. Seguimos estando en el plano del tali\u00f3n que el evangelio de Jes\u00fas ha superado. El Dios de Henoc no es gracia fundante y libertad responsable, abierta al perd\u00f3n, como fuente de vida que se abre a todos los hombres, sino tali\u00f3n de venganza ya decidida, que planea por encima de la historia. S\u00f3lo sobre esa base de tali\u00f3n es posible la llamada prof\u00e9tica, entendida como elecci\u00f3n, para los justos o videntes apocal\u00ed\u00adpticos.<\/p>\n<p>Cf. P. GRELOT, \u00abLa l\u00e9gende d\u2020\u2122Enoch dans les Apocryphes dans la Bible\u00bb, RSAR 46 (1958) 5-26, \u00ed\u008d8i-2I0;P. SACCHI, LApocalittica Gindaica e la sita Storia, Paideia, Brescia 1990; X. PIKAZA, Antropolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 2006; J. VANDERKAM, \u00abThe Theophany of Henoc\u00bb, VT23 (1973) 129-150.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\">(Griego Enoch)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es el nombre del hijo de Ca\u00edn (G\u00e9n. 4,17-18), el de un sobrino de Abraham (G\u00e9n 25,4), del primog\u00e9nito de Rub\u00e9n (G\u00e9n 46,9), y del hijo de Jared y padre de Matusal\u00e9n (G\u00e9n 5,18ss.).  Este \u00faltimo patriarca es \u00e9l m\u00e1s ilustre portador del nombre.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En tiempos del nacimiento de Matusal\u00e9n, Henoc ten\u00eda sesenta y cinco a\u00f1os de edad, \u00aby el total de los a\u00f1os de Henoc fue de trescientos sesenta y cinco a\u00f1os\u201d (G\u00e9n 5,23).  Contrario a la expresi\u00f3n \u00aby muri\u00f3\u00bb utilizada en los perfiles de los dem\u00e1s patriarcas, el texto dice de Henoc: \u00aby anduvo con Dios, y desapareci\u00f3 porque Dios se lo llev\u00f3.\u00bb (G\u00e9n 5,24). El autor inspirado de la Ep\u00edstola a los Hebreos 11,5 a\u00f1ade: \u00abPor la fe Henoc fue trasladado, de modo que no vio la muerte\u00bb.  En el libro del Eclesi\u00e1stico 44,16 y 49,14 se expone la misma verdad sobre el patriarca. En la Ep\u00edstola de San Judas (v. 14 y 15), nos muestran a Henoc como un profeta, anunciando el juicio de Dios sobre los pecadores imp\u00edos. Algunos escritores suponen que  San Judas cit\u00f3 tales palabras del tal titulado ap\u00f3crifo Libro de Henoc (ver ap\u00f3crifo); pero, ya que no se ajustan al contexto (et\u00edope), es m\u00e1s razonable asumir que fueron interpolados dentro del libro ap\u00f3crifo del texto de San Judas. El  ap\u00f3stol debi\u00f3  haber tomado las palabras de la tradici\u00f3n jud\u00eda.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<b>Bibliograf\u00eda<\/b>:  HAGEN, Lexicon Biblicum (Par\u00eds, 1907), II, 485 sq.; CHASE, Diccionario de la Biblia (New York, 1900), I, 705.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Fuente<\/b>:   Maas, Anthony. \u00abHenoch.\u00bb The Catholic Encyclopedia. Vol. 7. New York: Robert Appleton Company, 1910. <br \/>http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/07218a.htm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Traducido por An\u00f3nimo de Borinquen.  lhm\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>nombre de var\u00f3n en el A. T. 1. Hijo de Ca\u00ed\u00adn y padre de Irad. Ca\u00ed\u00adn construy\u00f3 la ciudad primera ciudad de que se tenga noticia en las Escrituras y le puso por nombre H., como se lee en Gn 4, 17. 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