{"id":5035,"date":"2016-02-05T00:54:20","date_gmt":"2016-02-05T05:54:20","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/humildad\/"},"modified":"2016-02-05T00:54:20","modified_gmt":"2016-02-05T05:54:20","slug":"humildad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/humildad\/","title":{"rendered":"HUMILDAD"},"content":{"rendered":"<p>v. Mansedumbre<br \/>\nPro 15:33 el temor .. y a la honra precede la h<br \/>\nPro 22:4 y vida son la remuneraci\u00f3n de la h y del<br \/>\nAct 20:19 sirviendo al Se\u00f1or con toda h, y con<br \/>\nEph 4:2 con toda h .. soport\u00e1ndoos con paciencia<br \/>\nPhi 2:3 antes bien con h, estimando cada uno<br \/>\nCol 2:18 nadie .. afectando h y culto a los \u00e1ngeles<br \/>\nCol 2:23 en h y en duro trato del cuerpo; pero no<br \/>\nCol 3:12 de h, de mansedumbre, de paciencia<br \/>\n1Pe 5:5 revest\u00edos de h; porque; Dios resiste a los<\/p>\n<hr>\n<p>lat\u00ed\u00adn humilitas. Es bajarse, rebajarse, de humillar, esto es,  doblar, bajar, rebajar. Este t\u00e9rmino se le aplica en el A. T. al pobre, al desvalido, al oprimido, al que sufre, Dt 24, 14; 1 S 2, 8; Sal 12 (11), 6; 74 (73), 21; 82 (81), 3; Pr 16, 19; 22, 22; Si 29, 8. Tambi\u00e9n es una virtud que resulta del sentimiento de nuestra bajeza ante Dios. Por esto se dice que \u2020\u0153Yahv\u00e9h enriquece y despoja, abate y ensalza. Levanta del polvo al humilde alza del muladar al indigente para sentarlo junto a los nobles\u2020\u009d, 1 S 2, 7-8. La h,, por tanto, significa sumisi\u00f3n y confianza, es decir, fe, en Yahv\u00e9h, para soportar las pruebas que le pone al hombre, como la que toc\u00f3 a Abraham cuando le pidi\u00f3 sacrificar a su propio hijo Isaac; para no engre\u00ed\u00adrse y ensoberbecerse en la prosperidad, como el mismo Yahv\u00e9h se lo recuerda a su pueblo, pues la elecci\u00f3n, la promesa de la Tierra Prometida y la Alianza provienen del amor puro de \u00e9l, de lo cual el hombre no puede olvidarse, Dt 8, 7-20.<\/p>\n<p>En el N. T.  el concepto de h. es el mismo, y Cristo se pone a s\u00ed\u00ad mismo como ejemplo de h., pues siendo el Hijo de Dios, se someti\u00f3 a la condici\u00f3n humana, se encarn\u00f3, y a los padecimiento de la cruz, por lo que dijo: \u2020\u0153aprended de m\u00ed\u00ad, que soy manso y humilde de coraz\u00f3n\u2020\u009d, Mt 11, 29.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Digital, Grupo C Service &#038; Design Ltda., Colombia, 2003<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Digital<\/b><\/p>\n<p>El t\u00e9rmino humildad y sus relacionados sustantivo y verbo, humilde, traducen varias palabras heb. del AT; y varios derivados del gr. tapeinoo del NT. El significado apunta a varias direcciones, pero el pensamiento central es ser libre de orgullo: humildad, mansedumbre, modestia, benignidad. Existe lo que puede llamarse falsa humildad (Col 2:18, Col 2:23), o humillaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo (BA). Dios humilla a las personas para guiarlas a la obediencia (Deu 8:2). El humillarnos delante de Dios es una de las condiciones para obtener su favor (2Ch 7:14), y es una de sus demandas supremas (Mic 6:8). Dios mora con el humilde (Isa 57:15). Se nos estimula a la humildad (Pro 15:33; Pro 18:12; Pro 22:4).<\/p>\n<p>Para los griegos la humildad era algo d\u00e9bil y despreciable, pero Jes\u00fas la estableci\u00f3 como el fundamento del car\u00e1cter (Mat 5:3, Mat 5:5; Mat 18:4; Mat 23:12; Luk 14:11; Luk 18:14). Por su humildad Jes\u00fas atrajo a la gente (Mat 11:28-30; Joh 13:1-20; Rev 3:20). Pablo hizo hincapi\u00e9 en la humildad de Jes\u00fas (2Co 8:9; Phi 2:1-11), exhort\u00e1ndonos a ser humildes uno para con el otro (Rom 12:10; 1Co 13:4-6; Phi 2:3-4), y habl\u00f3 de s\u00ed\u00ad mismo como un ejemplo (Act 20:19). Pedro tambi\u00e9n exhort\u00f3 a mostrar humildad ante los hermanos y ante Dios (1Pe 5:5-6). La humildad es resultado de la acci\u00f3n de Dios, las circunstancias, otra gente, nosotros mismos, o de cualquiera o todos \u00e9stos en nuestra vida.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Mundo Hispano<\/b><\/p>\n<p>(de \u00absuelo\u00bb, \u00abtierra\u00bb).<\/p>\n<p> Sumisi\u00f3n, modestia. reconocer la verdad, aceptar la propia realidad delante de Dios y de los hombres, de que soy polvo y en polvo me voy a convertir.<\/p>\n<p> (Gen 3:19).<\/p>\n<p> &#8211; Jes\u00fas era humilde, Mat 11:29. y, por humillarse fu\u00e9 ensalzado, Fi12Cr 2:8-10.<\/p>\n<p> &#8211; La humildad es muy necesaria al cristiano.<\/p>\n<p> &#8211; Para seguir a Cristo, Mat 11:25-26, Mat 18:1-5, Mat 21:15-17, Mat 23:12, Luc 1:53, , Jn.939-41.<\/p>\n<p> &#8211; Para entrar en el Reino, Mat 19:1315.<\/p>\n<p> &#8211; Para la oraci\u00f3n, Mat 15:21-28, Luc 7:1-10, Luc 18:9-14.<\/p>\n<p> &#8211; Para servir,Mat 823:11, Mat 26:30-35.<\/p>\n<p> &#8211; Para comprender y disculpar, Mat 7:1-5, Luc 7:41-45.<\/p>\n<p> &#8211; Peligro de la soberbia, Mat 23:12, Luc 1:51, Luc 14:7-11, Luc 18:14, Luc 22:66-71.<\/p>\n<p> &#8211; Recompensa de la humildad, Mat 23:12, Luc 1:48-49, 52,Luc 14:7-11, Luc 18:14.<\/p>\n<p> &#8211; Falsa humildad, hipocres\u00ed\u00ada, Col 2:1823, Mt.23, Mc.12, Lc.20.<\/p>\n<p> &#8211; Humildad de la Virgen Mar\u00ed\u00ada, Lc.<\/p>\n<p> 38 y 48.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano<br \/>\nDr. J. Dominguez<\/p>\n<p>http:\/\/biblia.com\/diccionario\/<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano<\/b><\/p>\n<p>La persona que se coloca a s\u00ed\u00ad misma en una actitud de no exigir los merecimientos que le corresponden, o que renuncia a ellos por amor a otras personas, ejecuta el acto de humillarse. En ese sentido Dios, siendo grande y poderoso, \u2020\u0153se sienta en las alturas\u2020\u009d, pero \u2020\u0153se humilla a mirar en el cielo y en la tierra\u2020\u009d (Sal 113:5-6). \u2020\u0153Jehov\u00e1 es excelso, y atiende al humilde\u2020\u009d (Sal 138:6). Escribiendo a los filipenses, Pablo les puso el sublime ejemplo del Se\u00f1or Jes\u00fas, \u2020\u0153el cual, siendo en forma de Dios, no estim\u00f3 el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despoj\u00f3 a s\u00ed\u00ad mismo &#8230; se humill\u00f3&#8230;\u2020\u009d (Flp 2:5-11). El Se\u00f1or dijo: \u2020\u0153Aprended de m\u00ed\u00ad, que soy manso y humilde de coraz\u00f3n\u2020\u009d (Mat 11:29). Por lo tanto, en imitaci\u00f3n al ejemplo de Dios, el humillarse constituye una virtud, contrapuesta siempre en la Escritura al pecado de la soberbia y el orgullo. \u2020\u0153Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes\u2020\u009d (Pro 3:34; Stg 4:10; 1Pe 5:5). \u2020\u0153La soberbia del hombre le abate; pero al humilde de esp\u00ed\u00adritu sustenta la honra\u2020\u009d (Pro 29:23).<\/p>\n<p>Ante la grandeza y santidad de Dios lo que corresponde al ser humano es adoptar una actitud de rechazo a toda pretensi\u00f3n u orgullo, inclin\u00e1ndose ante \u00e9l en pleno acatamiento de su voluntad. A eso se le llama \u2020\u0153humillarse\u2020\u009d delante de Dios. Pero en ese caso el hombre no est\u00e1 abandonando o renunciando a nada, sino simplemente reconociendo la realidad. Esto debe hacerse en todo momento, pero sobre todo cuando Dios se manifiesta en juicio. La Biblia describe la vida de muchos reyes que pecaron contra Dios y no se humillaron. Pero aquellos que lo hicieron y buscaron el arrepentimiento recibieron perd\u00f3n y prosperidad. Si el pueblo pecaba, pero luego se humillaba ante Dios y ped\u00ed\u00ada su perd\u00f3n \u00e9l oir\u00ed\u00ada desde los cielos (2Cr 7:14). Por ejemplo, cuando \u2020\u00a2Sisac invadi\u00f3 a Jud\u00e1 en tiempos de \u2020\u00a2Roboam, \u2020\u0153los pr\u00ed\u00adncipes de Israel y el rey se humillaron, y dijeron: Justo es Jehov\u00e1\u2020\u009d. Por su humillaci\u00f3n, Dios no permiti\u00f3 que fueran destruidos (2Cr 12:6-7). Tambi\u00e9n el rey \u2020\u00a2Acab se humill\u00f3 delante de Dios, y evit\u00f3 as\u00ed\u00ad un juicio (1Re 21:27-29).<br \/>\nt\u00e9rmino \u2020\u0153humilde\u2020\u009d se utiliza tambi\u00e9n de forma gen\u00e9rica para referirse a los pobres, los desamparados y marginados. Dios oye \u2020\u0153el deseo de los humildes\u2020\u009d (Sal 10:17). Una cosa es humillarse y otra es ser humillado. Se humilla a una persona cuando se le trata mal, o por debajo del respeto que merece, o cuando se le destruye, o cuando se le averg\u00fcenza injustamente. Dios prometi\u00f3 humillar a los enemigos de Israel si \u00e9ste le obedec\u00ed\u00ada (Deu 9:3; Deu 33:29). El abuso sexual a una mujer constitu\u00ed\u00ada una humillaci\u00f3n y era castigado con la muerte (Deu 22:23-27). David confiesa: \u2020\u0153Antes que fuera yo humillado, descarriado andaba&#8230;. Bueno me es haber sido humillado, para que aprenda tus estatutos\u2020\u009d (Sal 119:67, Sal 119:71).<br \/>\ncuanto a la evaluaci\u00f3n que la persona haga de s\u00ed\u00ad misma, la h. no consiste en una autodifamaci\u00f3n o en hablar mal de uno mismo. El creyente no debe tener \u2020\u0153m\u00e1s alto concepto de s\u00ed\u00ad que el que debe tener\u2020\u009d, sino que ha de pensar de \u2020\u0153s\u00ed\u00ad con cordura, conforme a la medida de fe que Dios reparti\u00f3 a cada uno\u2020\u009d (Rom 12:3). Pero en cuanto a la comparaci\u00f3n con los dem\u00e1s, debe considerar \u2020\u0153a los dem\u00e1s como superiores a \u00e9l mismo\u2020\u009d, lo cual le conducir\u00e1 a no hacer nada \u2020\u0153por contienda o vanagloria\u2020\u009d y actuar\u00e1 siempre \u2020\u0153con h.\u2020\u009d (Flp 2:3).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Cristiano<\/b><\/p>\n<p>vet, Aquella actitud que reconoce el propio lugar bajo la condici\u00f3n de criatura de Dios, opuesta a la presunci\u00f3n, afectaci\u00f3n u orgullo. La persona humilde reconoce su dependencia de Dios, no busca el dominio sobre sus semejantes, sino que aprende a darles valor por encima de s\u00ed\u00ad mismo (Jb. 22:29; Sal. 10:17; Pr. 3:34; 29:23; Is. 57:15; Ro. 12:16). Dios mismo atiende a los humildes (2 Co. 7:6), y les da gracia (1 P. 5:5). A su tiempo, Dios exaltar\u00e1 a los humildes sobre los soberbios que los oprimen (Sal. 147:6; Lc. 1:52). El Se\u00f1or Jes\u00fas es el paradigma de la humildad, pues siendo Dios de gloria, se humill\u00f3 asumiendo naturaleza humana, y dio en todos sus pasos el verdadero ejemplo de humildad en todos sus tratos con los que le rodeaban (Mt. 11:29; cfr. Jn. 13:2-14; Mt. 23:8-12; Mr. 10:42-45). La verdadera humildad se distingue de la forma falsa de humildad que lleva a una hipocres\u00ed\u00ada. Se trata, m\u00e1s que de un voluntario desprecio de uno mismo, de una honesta valoraci\u00f3n de uno mismo como criatura y de la adquisici\u00f3n de la consciencia de que nada somos ni tenemos que no nos haya sido dado por Dios, y que todo ello es a fin de que podamos servir con la actitud de coraz\u00f3n regida por el Esp\u00ed\u00adritu Santo, y descrita, bajo el nombre de \u00abfruto del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb, en su multiformidad en G\u00e1. 5:22, 23.<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico Ilustrado<\/b><\/p>\n<p>[327]<\/p>\n<p>     Virtud cristiana que tiene la persona sencilla y virtuosa que sit\u00faa sus cualidades o m\u00e9ritos por debajo de lo que realmente los dem\u00e1s consideran justo. Lo contrario es la soberbia, que lleva a ensalzarse sin bases objetivas y reales.<\/p>\n<p>     La humildad es virtud evang\u00e9lica recomendada por Cristo y por sus seguidores. En siete textos evang\u00e9licos la recuerda Jes\u00fas y en 31 ocasiones los otros escritos neotestamentarios recogen el t\u00e9rmino \u00abtapeinos\u00bb (humilde) o \u00abtaipenoo\u00bb (humillarse)<\/p>\n<p>     Por eso la Iglesia proclam\u00f3 pronto el mensaje de la humildad. \u00abAprended de m\u00ed\u00ad, que soy manso y humilde de coraz\u00f3n.\u00bb (Mt. 11.29). \u00abEl que se ensalza ser\u00e1 humillado, el que se humilla ser\u00e1 ensalzado.\u00bb (Lc. 14.11). Y siempre consider\u00f3 a Mar\u00ed\u00ada Sant\u00ed\u00adsima como modelo de este valor: \u00abEl se\u00f1or ha puesto sus ojos en la humildad de su esclava\u00bb (Lc. 1.48)<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>Reconocer los dones de Dios y la propia realidad<\/p>\n<p>\tLa virtud de la \u00abhumildad\u00bb indica el reconocimiento de la propia realidad como \u00abhumus\u00bb, tierra. Todos los seres, tambi\u00e9n el hombre, provienen de la nada por una acci\u00f3n divina que los ha creado. Reconocer pr\u00e1cticamente esta realidad, supone reconocer los dones recibidos y tambi\u00e9n la propia limitaci\u00f3n humana. En este sentido \u00abla humildad es la base de la oraci\u00f3n\u00bb (CEC 2559).<\/p>\n<p>\tEn la revelaci\u00f3n del Antiguo Testamento se llega a presentar a los \u00abpobres\u00bb y humildes (\u00abanawim\u00bb) como predilectos de Dios (cfr. Is 10,2; Sal 34,19). Son frecuentemente los marginados de la sociedad, pero tambi\u00e9n los que se someten a la ley de Dios o son fieles en cumplir su misi\u00f3n (al estilo de Mois\u00e9s y los profetas). Para los tiempos mesi\u00e1nicos, Dios quiere un \u00abpueblo humilde y pobre\u00bb (Sof 3,12).<\/p>\n<p>\tLa actitud humilde de Jes\u00fas y de su Madre<\/p>\n<p>\tJes\u00fas, el Siervo de Yahv\u00e9 (cfr. Is 53), redimi\u00f3 la humanidad por medio de su actitud de obediencia y \u00abhumillaci\u00f3n\u00bb o anonadamiento (cfr. Fil 2,5-11). Su vida escondida de Nazaret y su sinton\u00ed\u00ada con los pobres, se puede resumir en la actitud de un \u00abcoraz\u00f3n, manso y humilde\u00bb (Mt 11,29; cfr. Sof 3,12). Su filiaci\u00f3n divina no le imped\u00ed\u00ada reconocer que todo cuanto ten\u00ed\u00ada, especialmente su doctrina, era del Padre (Jn 7,16). Su humildad se traduce en \u00abobediencia\u00bb al Padre y en compasi\u00f3n y servicio respecto a los hermanos.<\/p>\n<p>\tMar\u00ed\u00ada, la Madre de Dios, fue la primera en vivir este mensaje mesi\u00e1nico, ya sea por la obediencia a la Palabra y voluntad de Dios (cfr. Lc 1,38), como por la actitud de servicio y de reconocimiento de la propia \u00abnada\u00bb (cfr. Lc 1,39-48). Esa humildad es radical pobreza interior, en vistas a la fidelidad a los planes de Dios. Los santos, como San Francisco de As\u00ed\u00ads, han optado por imitar la humildad de Jes\u00fas y Mar\u00ed\u00ada, porque en el Hijo de Dios, aparece que \u00abDios es humildad\u00bb.<\/p>\n<p>\tHumildad ministerial y misionera<\/p>\n<p>\tEl camino del \u00e9xito en la evangelizaci\u00f3n pasa por la \u00abhumildad\u00bb y pobreza b\u00ed\u00adblica, como actitud de abandono confiado y comprometido en las manos de Dios (cfr. 1Pe 5,6-7). La actitud apost\u00f3lica es siempre de servicio (\u00abministerial\u00bb), a modo de \u00abinstrumento vivo de Cristo\u00bb (PO 12).<\/p>\n<p>\tEl ap\u00f3stol no es un patr\u00f3n, que pueda hacer y deshacer los contenidos y los signos eclesiales, sino un imitador de Cristo servidor de todos. Su servicio es de \u00abentrega total, humilde y generosa, a la Iglesia\u00bb (PDV 21). Con esta \u00abhumildad\u00bb se construye la comunidad, basada en \u00abla unidad que es fruto del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (Ef 4,2).<\/p>\n<p>Referencias Adoraci\u00f3n, bienaventuranzas, cruz, Magn\u00ed\u00adficat, ministerios, Nazaret, obediencia, oraci\u00f3n, pobreza, Providencia, virtudes.<\/p>\n<p>Lectura de documentos PO 15; CEC 525 (Jes\u00fas), 724 (Mar\u00ed\u00ada), 2096-2097, 2559, 2613, 2779.<\/p>\n<p>Bibliograf\u00ed\u00ada A. GELIN, Los pobres de Jahv\u00e9 (Barcelona, Nova Terra, 1965); L. GILEN, Amor propio y personalidad (Barcelona, Herder, 1980); D. MONGILLO, Humildad, en Nuevo Diccionario de Espiritualidad (Madrid, Paulinas, 1991) 913-924; A. MURRAY, Humildad (Tarrasa, Clie, 1980); E. PRZYWARA, Humildad, paciencia y amor. Las tres virtudes cristianas (Barcelona, Herder, 1964).<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>La primera significaci\u00f3n es la de baja condici\u00f3n social. El pobre socialmente se identifica en el profeta Sofon\u00ed\u00adas con el humilde, d\u00e1ndose as\u00ed\u00ad el tr\u00e1nsito de lo social a lo espiritual. La Virgen es pobre y humilde (Lc 1,48). El humilde es un predilecto de Dios, que ensalza a los humildes y humilla a los soberbios y a los orgullosos (Mt 23,12; Lc 1,52; 3,5; 14,11; 18,14). Jesucristo se proclama manso, es decir, dulce y humilde de coraz\u00f3n (Mt 11,29). Ense\u00f1a la humildad como virtud esencial de los miembros del Reino (Mt 5,3; 9,30; 12,16; 17,9; 18,4; 19,30; 20,16. 26; 23,8.12; 7,36; 9,8.34; 10,31.42; Lc 9,21.46-47; 14,7-8 17,10; 18,1314; 22,24; Jn 13,12). El humilde no es el que hace actos de humildad, sino el que se siente pobre, desprovisto de todo, incapacitado para toda obra buena, pero con una gran confianza en Dios, en quien lo puede todo y de quien lo espera todo. >pobres.<\/p>\n<p>. M.N.<\/p>\n<p>FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret<\/b><\/p>\n<p>La humildad es una palabra que no nos cansamos  de  repetir,   pero  cuyas  implicaciones  no siempre es f\u00e1cil comprender. En general, podr\u00ed\u00adamos decir que la humildad es lo contrario de la soberbia que describe el magn\u00ed\u00adficat: \u00abDispersa a los soberbios de coraz\u00f3n\u00bb. Los soberbios son los que creen ser alguien, los que tienen un concepto tan alto de s\u00ed\u00ad mismos que llegan a hacer de \u00e9l una raz\u00f3n de vida, creen que los dem\u00e1s tienen que ponerse a su servicio, y que ni siquiera hay que darles las gracias porque lo que hacen es su obligaci\u00f3n. Es la actitud que Pablo estigmatiza otras veces en sus cartas. Por ejemplo, cuando escribe a los Romanos, dice as\u00ed\u00ad: \u00abNo se\u00e1is altivos, antes bien poneos al nivel de los sencillos. Y no se\u00e1is autosuficientes\u00bb, La actitud humilde es la de aquel que no se hincha ni se engr\u00ed\u00ade.  Es importante reflexionar sobre la actitud del \u00abno saber\u00bb; siempre es \u00fatil, pero en la relaci\u00f3n con Dios es indispensable. De hecho, \u00abnosotros no sabemos orar como es debido\u00bb.  Muchas veces no conseguimos orar bien porque    empezamos por la presunci\u00f3n de saber orar, en cambio, deber\u00ed\u00adamos empezar siempre confesando: \u00abSe\u00f1or, no s\u00e9 orar; s\u00e9 que no soy capaz\u00bb. Esta es ya una oraci\u00f3n porque deja sitio al Esp\u00ed\u00adritu al que tenemos que invocar.  La dimensi\u00f3n social de la humildad es ausencia de pretensiones y atenci\u00f3n a los dem\u00e1s. \u00abHe procurado estar entre vosotros sin pretensiones, sin exigir nada especial para m\u00ed\u00ad, sino preocup\u00e1ndome por cada uno de vosotros\u00bb, dir\u00ed\u00ada Pablo.  La humildad es ser sociables sin pretensiones, ser afectuosos, sol\u00ed\u00adcitos, llenos de atenciones por los dem\u00e1s. La humildad como virtud social significa tambi\u00e9n ser distinguidos, correctos, discretos, profundamente educados, tener una delicadeza que conquista el coraz\u00f3n porque se nota que no es ostentaci\u00f3n. No hay nada que conmueva m\u00e1s a aquellas personas que saben que no cuentan mucho dentro de la sociedad, que verse tratadas con sumo respeto y sentirse reconocidas.<\/p>\n<p> Carlo Mar\u00ed\u00ada Martini, Diccionario Espiritual, PPC, Madrid, 1997<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Espiritual<\/b><\/p>\n<p>\u00abAprended de m\u00ed\u00ad, que soy manso y humilde de coraz\u00f3n\u00bb (Mt 11,191. Toda reflexi\u00f3n sobre la humildad tiene que , subrayar, por consiguiente, su especificidad cristiana, que hunde sus ra\u00ed\u00adces en la persona de Jes\u00fas, misterio y recapitulaci\u00f3n de la revelaci\u00f3n de Dios. Podemos, sin embargo, encontrar huellas de la misma fuera de la revelaci\u00f3n. Para los griegos la regla de la moral es la \u00abmedida\u00bb justa; el hombre encuentra su propia grandeza, dentro de la conciencia de su ser mortal, en la megalopsych\u00ed\u00ada, la magnanimidad, que es tambi\u00e9n un justo medio entre la vanidad y la pusilanimidad (as\u00ed\u00ad Arist\u00f3teles en la Etica). Tambi\u00e9n para los latinos la humildad es la virtud por la que uno es consciente de su propia realidad.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, los humiles son las personas de mezquina condici\u00f3n social, los insignificantes. S\u00f3lo en el lat\u00ed\u00adn eclesi\u00e1stico toma este t\u00e9rmino un significado moral y religioso, resumiendo en s\u00ed\u00ad mismo t\u00e9rminos y conceptos b\u00ed\u00adblicos. En el Antiguo Testamento, de la ra\u00ed\u00adz hebrea &#8216;anah (estar doblado, apretado) se derivan &#8216;ani y &#8216;anaw, ordinariamente en plural &#8216;anawim. Su significado original es el de hombre pobre, en la miseria, oprimido. Remite a la categor\u00ed\u00ada de personas a las que protegen las leyes de la alianza (Ex 22,24; Lv 19,10; Dt 24,12- 151, y cuya opresi\u00f3n denuncian tanto los profetas (1s 3,14s; Am 8,41 como la literatura sapiencial (Job 24,4- 141. Con la primera predicaci\u00f3n prof\u00e9tica se a\u00f1ade al t\u00e9rmino una connotaci\u00f3n religiosa: el valor del que se pone libremente en el estado de &#8216;ani frente a Dios (Am 2,7; Sof 2,31. La predilecci\u00f3n de Yahveh por sus pobres (1s 10,2: Sal 86,ls) se conjuga con su predilecci\u00f3n por los humildes (Sal 34,19. 2 Cr 12,71; a ellos les da su gracia (Prov 3,34; Sal 25,9. Eclo 3,201 y su sabidur\u00ed\u00ada (Prov 1 1,21;) es su rey (Jdt 9,III. Las principales figuras que encaman la humildad son Mois\u00e9s (Nm 12,31, el Siervo de Yahveh (1s 531 y el mismo Mes\u00ed\u00adas (Zac 9,9s). Israel expresa y crece en la humildad a trav\u00e9s del culto (Sal 103. 2 Sm 6,16.22; Sal 131, verdadero preludio al esp\u00ed\u00adritu evang\u00e9lico de la humildad). La traducci\u00f3n de los Setenta recoge el lema &#8216;anah de cuatro maneras: adem\u00e1s de ptOch\u00f3s (indigente) y de tenes (necesitado), tienen especial importancia tapein\u00f3s, de baja condici\u00f3n y con el sentido religioso de actitud ante Dios, y pra\u00fas, manso, inclinado hacia el pr\u00f3jimo. Estos dos \u00faltimos t\u00e9rminos guardan relaci\u00f3n con la confesi\u00f3n de fe en Yahveh y aparecen juntos en Sof 3,12: \u00abHar\u00e9 que permanezca en medio de ti un pueblo humilde (pra\u00fas) y pobre (tapein\u00f3s) n. A esta profec\u00ed\u00ada se refiere el logio,.l de Mt 11,29. Probablemente Jes\u00fas dijo: \u00abYo soy &#8216;anwana (el arameo por &#8216;anaw) \u00ab. Al afirmar que es \u00abpobre de Yahveh\u00bb, es decir \u00abmanso y humilde de coraz\u00f3n\u00bb. Jes\u00fas subraya la presencia escatol\u00f3gica del Reino en su misma persona. Tenemos aqu\u00ed\u00ad en s\u00ed\u00adntesis toda la ense\u00f1anza y el comportamiento existencial de Jes\u00fas: la humildad con el Padre (el ser humilde, tapeinos, en la obediencia a su voluntad: Jn 6,57. 8,29. 17,4); la humildad con los hombres (ser manso, pra\u00fas, en la compasi\u00f3n y en el servicio: Mt 8.16s; 9,12s. 35s1. Ef fundamento de esta humildad \u00abexistencial\u00bb de Jes\u00fas es su verdadera y propia humildad \u00abontol\u00f3gica\u00bb. Pablo expresa este misterio en el himno de Flp 1 : a la k\u00e9nosis de la encarnaci\u00f3n (y 7) corresponde la tape\u00ed\u00adnosis ante el Padre, vivida en obediencia hasta la muerte en la cruz (y 8). Mar\u00ed\u00ada fue la primera en asimilar la novedad evang\u00e9lica de la humildad (Lc 1,381 y, como verdadera \u00abpobre de Yahveh\u00bb (Lc 1,481, se puso en seguimiento del Hijo hasta la cruz (Jn 19, 251. Ella es la primera de aquellos \u00abpobres de esp\u00ed\u00adritu\u00bb que Jes\u00fas proclama bienaventurados.<\/p>\n<p>Si Lc 6,20 es probablemente el logion original, Mt 5,3 explicita el pensamiento de Jes\u00fas (cf. Mt 18,14. 23,12: Lc 14,11: 18,141, tambi\u00e9n con la bienaventuranza de los mansos (Mt 5,5; cf. Sal 37 11 seg\u00fan la traducci\u00f3n de los Setenta). Junto a la humildad para con Dios (Hch 20,19. 2 Cor 12,9; G\u00e1l 6,3: 1 Pe 5,5s; Santi,6- 101, la comunidad cristiana debe vivir una humildad fraternal y mutua (Rom 12,161, con una \u00abmente humilde\u00bb, la tapeinorrosyne: Ef 4,2; Flp 2,2-4; Col 3,12: 1 Pe 3,8-5,5s.<\/p>\n<p>En la reflexi\u00f3n patr\u00ed\u00adstica la humildad suele referirse directamente a Cristo, como a su fundamento. Para Or\u00ed\u00adgenes Jes\u00fas es maestro de humildad (1,.1 Levit. 10, 21: la ense\u00f1a en la encamaci\u00f3n (1,.1 lib. Iud. 3,1): s\u00f3lo podemos aprenderla de \u00e9l (Contra Celsum 6, 15). Para Hilario, su humildad es nuestra nobleza, ya que somos renovados en la carne que \u00e9l tom\u00f3 (De Trinitate 2, 25). Para Ambrosio Cristo es \u00abprincipium humilitatis\u00bb (De fide 3, 7 52; De virginitate 9, 51). Agust\u00ed\u00adn es el primero en reivindicar la especificidad cristiana de la humildad. La verdadera humildad no se encuentra en los fil\u00f3sofos, va que es concedida por Dios, que quiso hacerse humilde por nosotros (cf. Enarrationes 2 in Psalmos 31, 18;Tractatus in Ioannis evang. 25, 16). A trav\u00e9s de la encarnaci\u00f3n y de la pasi\u00f3n Cristo se hizo \u00abmagister humilitatis verbo et exemplo\u00bb (Sermo 62, 1) y \u00abdoctor humilitatis\u00bb (Enarrationes 2 in Psalmos 31, 18).<\/p>\n<p>Dentro de la experiencia mon\u00e1stica y religiosa, la humildad adquiere una particular importancia, vivida y descrita con acentos y matices distintos. Para los Padres del desierto la humildad es la disposici\u00f3n fundamental para el crecimiento espiritual; se la obtiene a trav\u00e9s del cansancio corporal, de la consideraci\u00f3n de los pecados personales y de la oraci\u00f3n continua (cf. Apophthegmata Sisoe 13). Casiano relaciona la humildad con la pobreza interior radical (I,.lstitutio,.les 12, 31); la humildad del coraz\u00f3n nace de la humildad de la mente (Collationes 18, 1 1) y conduce a la perfecci\u00f3n. En los ambientes mon\u00e1sticos nace la teor\u00ed\u00ada sobre los diversos grados de humildad. Casiano tiene diez \u00abindicia humilitatis\u00bb (Institutiones 4, 39, 2), que se convierten en doce en la Regula magistri.<\/p>\n<p>De aqu\u00ed\u00ad saca san Benito los doce escalones de la humildad: en paralelo con la escala de Jacob, por ellos se puede \u00abexaltatione descendere et humilitate ascenderen hacia la \u00abcaritas Dei\u00bb (Regula Benedicti 7). Bernardo tiene un tratado sobre los grados de la humildad: Cristo es siempre la \u00abvia humilitatisn (Sermo 42 super Cant. 1, 1); la humildad que se deriva del conocimiento es necesaria, pero fr\u00ed\u00ada, mientras que la humildad ardiente del amor reside en la voluntad (Ib. 6, 81: la voluntad del humilde es la que transforma las humillaciones en humildad (Sermo 34 super Cant. 3). Por el mismo camino cristol\u00f3gico del amor procede Francisco de As\u00ed\u00ads: la humildad es hermana de la pobreza (Salut Virt. 2) y las dos juntas se convierten en regla de vida para sus hermanos (Reg. ,.10,.1 bull 9 1; Reg. bull. 6, 29. En la espiritualidad franciscana la humildad aparecer\u00e1 como la ra\u00ed\u00adz de la perfecci\u00f3n evang\u00e9lica: s\u00f3lo se la encuentra en la fe en Cristo, trascendiendo las capacidades naturales del hombre (Buenaventura, De pefectione evangelica, y solutio). Tom\u00e1s hace una s\u00ed\u00adntesis equilibrada con la \u00e9tica de Arist\u00f3teles. La humildad es una virtud moral, parte potencial de la templanza m\u00e1s general (5. Th. 11-11, q. 161, a. 1 -6): es principalmente una actitud ante Dios (q. 161, a. 1 ad 5; a. 2, ad 3:<br \/>\na. 3). La humildad sigue teniendo la mayor importancia en los escritores espirituales. Para la Imitaci\u00f3n de Cristo, la humildad es la base necesaria para acercarse al misterio trinitario (1 , 1 , 6): con ella es como se comprende la Escritura (1 , 5, 10). En la m\u00ed\u00adstica renana y flamenca la humildad es una de las condiciones indispensables para la contemplaci\u00f3n. Ignacio de Loyola habla de tres (o cuatro) grados de humildad: sumisi\u00f3n a la voluntad de Dios, rechazo de todo tipo de pecado, imitaci\u00f3n de Cristo, pobre y humilde (Ejercicios espirituales 164- 168). As\u00ed\u00ad pues, la humildad se inserta cada vez m\u00e1s en la reflexi\u00f3n m\u00ed\u00adstica. Para Teresa de Jes\u00fas la humildad es el fundamento de la vida espiritual (Castillo interior 7 4, 8: cf. tambi\u00e9n Juan de la Cruz, Noche oscura, 1, 12s). En el siglo XVII nacer\u00e1 la identificaci\u00f3n de la humildad con el anonadamiento de s\u00ed\u00ad mismo (cf. Berulle, Tratado de la abnegaci\u00f3n interior).<\/p>\n<p>S\u00f3lo Francisco de Sales conserva un  equilibrio cl\u00e1sico. En el siglo pasado deben recordarse las figuras de Carlos de Foucauld (la humildad como elecci\u00f3n radical del \u00faltimo lugar) y Teresa de Lisieux: el \u00abcamino de la infancia espiritual\u00bb llevar\u00e1 a Teresa a la m\u00e1s alta m\u00ed\u00adstica en un profundo sentido de abandono y de esperanza en Dios (Novissima verba, 6 de agosto).<\/p>\n<p>Una breve s\u00ed\u00adntesis tendr\u00e1 que reconocer que fuera de la revelaci\u00f3n cristiana la humildad no ha ido m\u00e1s all\u00e1 de la recta valoraci\u00f3n de las propias limitaciones. La referencia a un Dios personal, trascendente y creador, da a la humildad su primera caracter\u00ed\u00adstica  de reconocimiento del ser creatural, del l\u00ed\u00admite existencial, vivido tambi\u00e9n como condici\u00f3n pecadora. Buenaventura las llama \u00abhumilitas veritatis\u00bb y \u00abhumilitas severitatis\u00bb (De perfectione evang. 1). Tanto para los Padres como para los m\u00ed\u00adsticos, la humildad es una actitud general del esp\u00ed\u00adritu, que mueve a la obediencia a la voluntad del Padre y al servicio al pr\u00f3jimo. Para Agust\u00ed\u00adn la humildad abre a la acogida de la salvaci\u00f3n: \u00abcape prius humilitatem Dei&#8230;, cape ergo humilitatem Christin, refiri\u00e9ndose a Mt 11,29 (Sermo 117, 10, 17). De esta manera volvemos a las palabras de Jes\u00fas, revelaci\u00f3n del Padre (Jn 1,18). Con Francisco de As\u00ed\u00ads podemos decir entonces que Dios \u00abes humildad\u00bb (Alabanzas del Dios altisimo, 4). La actitud humilde de Cristo manifiesta en la historia que la humildad est\u00e1 en el centro de la vida divina: es la percepci\u00f3n inmediata de su amor (1 Jn 4,8.16). \u00bfAcaso la k\u00e9nosis del Hijo no remite a un misterio ken\u00f3tico que se ha de situar en el centro de la Trinidad? La teolog\u00ed\u00ada cl\u00e1sica ve la subsistencia de las Personas divinas en sus relaciones: su ser es un esse ad; est\u00e1n  en perfecto ek-stasis. De este modo, la acogida de la Persona de Jes\u00fas en el seguimiento evang\u00e9lico introduce a los humildes en el misterio de la humildad de Dios.<\/p>\n<p>Y. Mauro<\/p>\n<p> Bibl.: P Adnes. Humilit\u00e9, en DSp, VIII 1,  l136-ll87. D. Mongillo, Humildad, en NDE, 665-674; Humildad en SM, III, 555-557; A. Gelin, Los pobres de Jahv\u00e9 Nova Terra, Barcelona 1965; A, Murray, Humildad Clie, Tarrasa 1980; E. Przywara. Humildad paciencia, amor, Las tres virtudes cristianas, Herder Barcelona 1964.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Problem\u00e1tica &#8211; II. La revelaci\u00f3n neotestamentaria: 1. El vocabulario; 2. El binomio manso-humilde; 3. En la humildad de Jesucristo &#8211; III. El hombre humilde: 1. La humildad fundamental; 2. La reconstrucci\u00f3n de la unidad.<\/p>\n<p>I. Problem\u00e1tica<br \/>\nHumildad es uno de los t\u00e9rminos m\u00e1s ambiguos -se presta a muchos equ\u00ed\u00advocos- del lenguaje espiritual y religioso. Con el pretexto de salvaguardar sus exigencias se han legitimado falaces abdicaciones. Su crecimiento va unido a toda maduraci\u00f3n de la personalidad moral y religiosa. Su desarrollo acompa\u00f1a y estimula, la liberaci\u00f3n de la libertad desde sus expresiones iniciales hasta las metas supremas. Su falsificaci\u00f3n avala los actos arbitrarios de los poderosos y los servilismos de los miserables.<\/p>\n<p>Considero la humildad como una prerrogativa que califica al hombre en si mismo y en las relaciones que construye, y que brota del amor y define el concepto de la realidad y de la vida. Es un estilo de vida que se expresa en el reconocimiento de la dignidad humana en uno mismo y en los dem\u00e1s, y que crece en comuni\u00f3n con Jesucristo, en el respeto del Padre y en la laboriosa construcci\u00f3n de las relaciones entre los seres humanos. Es una actitud articulada que se nutre de pobreza y dignidad. Es un camino de identidad, no una reivindicaci\u00f3n de autonom\u00ed\u00adas. Es un reconocimiento de derivaci\u00f3n, no una proclamaci\u00f3n de anonimato o de nulidad. Es una afirmaci\u00f3n de talentos que hay que negociar y no enterrar. Es solidaridad que construir por el camino largo y paciente del convencimiento, alejando las tentaciones de coacci\u00f3n o de manipulaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La humildad huye del formalismo farisaico y de las autosuficiencias orgullosas; del servilismo pordiosero, esnobista, simbi\u00f3tico, pegajoso, y de todas las exaltaciones desp\u00f3ticas y ultrajantes. Rehuye la resignaci\u00f3n desesperada, abdicante, que hace de la pereza parasitaria el \u00e1rbitro del l\u00ed\u00admite de las posibilidades humanas, as\u00ed\u00ad como la presunci\u00f3n temeraria que induce a manipular la realidad y a intentar el absurdo.<\/p>\n<p>La humildad crece en el riesgo de las realizaciones y de las opciones, no olvida el l\u00ed\u00admite y la precariedad, libera las aspiraciones: combate el fatalismo, que considera espont\u00e1nea la transformaci\u00f3n de las situaciones y la eliminaci\u00f3n de los des\u00f3rdenes, que retrasan y desv\u00ed\u00adan el crecimiento de la humanidad; reequilibra los deseos y modera las pretensiones ambiciosas e idol\u00e1tricas, que hunden sus ra\u00ed\u00adces en el terreno fecundo de las \u00e1vidas codicias (cf Col 3,5).<\/p>\n<p>Antes que una serie de actitudes que adoptar, la humildad es un modo de ser y de relacionarse. Caracteriza al hombre en el modo de valorar y aceptarse a s\u00ed\u00ad mismo y en la posici\u00f3n que adopta en el mundo y frente a Dios. Es dimensi\u00f3n antropol\u00f3gica, y se configura seg\u00fan la orientaci\u00f3n de quien la vive y el contexto en el que est\u00e1 inscrito.<\/p>\n<p>Las representaciones de la humildad var\u00ed\u00adan de acuerdo con el juicio con que el hombre se valora a s\u00ed\u00ad mismo, su propia posici\u00f3n en el mundo y ante Dios, las situaciones y los estilos de existencia. Como calificativo del hombre en sus relaciones sociales, es un estilo de participaci\u00f3n y de obediencia, el cual var\u00ed\u00ada seg\u00fan el modo de concebir a ambas. Pero relacionadas entre s\u00ed\u00ad, la humildad se considera bien como moderaci\u00f3n de la autopresunci\u00f3n, del orgullo y de las complejas situaciones en que una y otro se expresan, como abnegaci\u00f3n y renuncia que el hombre se impone o acepta, o bien como calificativo de la libertad que madura en el modo de vivir las tensiones y los conflictos. En relaci\u00f3n con Dios es liberaci\u00f3n del reconocimiento y de la alabanza, del temor filial; erradica las tendencias a la autosuficiencia id\u00f3latra, las cuales impiden reconocerlo en solidaridad con los dem\u00e1s y en servicio liberado y liberador en el mundo.<\/p>\n<p>Estas posiciones se diferencian seg\u00fan una gama minuciosa y abarcan desde el \u00e9nfasis que se pone en las actitudes frente a los condicionantes externos hasta la atenci\u00f3n a las disposiciones de confiado abandono a Dios, de docilidad al Esp\u00ed\u00adritu, de sentido equilibrado de s\u00ed\u00ad mismo. Una rese\u00f1a de las \u00f3pticas desde las que se ha le\u00ed\u00addo la humildad corre el riesgo de ser reductiva. Me limito a algunas referencias a manera de ejemplo. La interpretaci\u00f3n \u00e9tico-moralista oscila entre la tendencia a la descripci\u00f3n minuciosa de los comportamientos que deber\u00ed\u00adan caracterizarla y la que hace de ella una orientaci\u00f3n gen\u00e9rica y abstracta carente de concreci\u00f3n. M\u00e1s precisa es la lectura teol\u00f3gica, que la considera articulada en la caridad, estilo de libertad, expresi\u00f3n de filial temor de Dios, capacidad de permanecer insertos en los conflictos de la historia para promover sus soluciones. Todav\u00ed\u00ada m\u00e1s ricos son los an\u00e1lisis que la sit\u00faan en un contexto hist\u00f3rico salvifico y le reconocen una connotaci\u00f3n prevalentemente cristol\u00f3gica. La referencia principal est\u00e1 en el pasaje de Mt 11,29: \u00abCargad con mi yugo sobre vosotros, y aprended de m\u00ed\u00ad, que soy manso y humilde de coraz\u00f3n, yencontrar\u00e9is descanso para vuestras almas\u00bb.<\/p>\n<p>II. La revelaci\u00f3n neotestamentarla<br \/>\n1. EL VOCABULARIO &#8211; No son muchos los contextos en los que aparecen palabras emparentadas con tapemos, que es el equivalente neotestamentario a humilde. No aparece en Marcos ni en el corpus joaneo, y la mayor parte de las veces se encuentra en un logion estructurado conforme a la oposici\u00f3n entre humildes y orgullosos, entre rebajar y levantar: quien se rebaja ser\u00e1 levantado, y viceversa (Mt 23,12; Lc 1,52; 14,11; 18,4; 2 Cor 11,7; Sant 1,9: 4,10; 1 Pe 5,6).<\/p>\n<p>De otros textos se deduce que es \u00abhumilde\u00bb el camino que Dios ha elegido y quiere, y en el cual introduce a los pobres y a los peque\u00f1os, a los que privilegia frente a los ricos y a los poderosos (Lc 1,52; cf Sof 2,3; Mt 5,3: Lc 6,20); a los que consuela (2 Cor 7,6), a los cuales, como ya se hab\u00ed\u00ada dicho en Prov 3,34, da la gracia de que priva a los soberbios (1 Pe 5,5; Sant 4,6); es la actitud con que se caracteriza a Jes\u00fas (Mt 11,29; cf 21,5) y el camino que recorri\u00f3 hasta la meta suprema (Flp 2,8); la que distingue a la hija de Si\u00f3n, al pueblo de Dios, a Mar\u00ed\u00ada (Lc 1,48); la que Pablo observ\u00f3 en el servicio al Se\u00f1or (He 20,19); la que Jes\u00fas inculca (Mt 18,4) e intentan fomentar los ap\u00f3stoles (Rom 12,16; Ef 4,2; Flp 2,3; Col 3,12; Sant 4,10; 1 Pe 5,5.6).<\/p>\n<p>En Ef 4,2 y en Col 3,12 se encuentra la combinaci\u00f3n manso-humilde, si bien en la forma abstracta de mansedumbre-humildad y en ambos casos la humildad va unida a la macrothymia, a la paciencia y al aguante. En Col 3,12 la humildad se une a la splanchma, compasi\u00f3n, que es la actitud de donde brota como de una fuente la acci\u00f3n de Jes\u00fas. A la luz de esta mediaci\u00f3n se ve que el coraz\u00f3n humilde, que en el logion de Mt 11,29 alza y lleva las cargas pesadas, es rico en misericordia y en compasi\u00f3n hacia la miseria humana. En una ocasi\u00f3n el t\u00e9rmino expresa tambi\u00e9n la condici\u00f3n del cuerpo destinado a ser transfigurado por Cristo (Flp 3,21).<\/p>\n<p>Tenemos, por \u00faltimo, el contexto muy discutido de Col 2,18 y 23, en el que tapeinofrosyne, combinada con otras actitudes, parece tener un significado peyorativo y expresa m\u00e1s bien aquella mentalidad falsa que aprisiona en lamezquindad, que vincula al cumplimiento de pr\u00e1cticas poco importantes y a comportamientos afectados y enga\u00f1osos.<\/p>\n<p>Especialmente encontramos en el vocabulario paulino el verbo kauchaomai, que, como sin\u00f3nimo y como contrario, designa la dignidad valiente de la persona humilde y denota las falsificaciones a que conduce la pueril autosuficiencia, que quisiera hacerse valer incluso frente a Dios. Las versiones modernas recurren a las expresiones m\u00e1s diversas para traducir los derivados de este verbo, que designa las realidades m\u00e1s dispares. De hecho expresa la pretendida seguridad del hombre autosufiriente, que est\u00e1 satisfecho y se vanagloria de la justicia de sus obras (los judaizantes, cf Rom 2,17-23) o de la sutileza y perspicacia de sus intuiciones (los helenizantes, cf Rom 1,18ss), y que no ve u olvida que cuanto el hombre es o tiene s\u00f3lo es don y gracia de Dios (cf Rom 3,27: 11,18; 1 Cor 1,29.31; 4,7; G\u00e1l 6,13). Pero el mismo verbo expresa tambi\u00e9n la digna, serena y en cierto sentido fuerte confianza en Dios (Rom 5,11; 15,17) que Jesucristo confiere como don suyo a quienes en la fe se abren a su acci\u00f3n (cf Rom 5,2.3.11; 2 Cor 10,17ss; 12,9-10; Sant 1,9-10). Esta confianza no tiene nada que ver con la pretenciosa arrogancia (Sant 4,16). mantiene viva la alegr\u00ed\u00ada de la comuni\u00f3n y sostiene en el trabajo, en las tribulaciones (cf Rom 5,3) y en las responsabilidades del ministerio (Flp 1,26; 2,16; cf tambi\u00e9n 2 Cor 1,12.14; 5,12; 10,8ss; 12,1ss; 1 Tes 2,19).<\/p>\n<p>En el corpus paulino se encuentran tambi\u00e9n algunos otros vocablos que caracterizan las deformaciones de la orgullosa exaltaci\u00f3n que se manifiesta en actitudes de vanagloria, autoexaltaci\u00f3n, arrogancia, ceguera obstinada, etc., que proliferan en abundancia en el hombre que falsifica su dignidad de criatura y de hijo de Dios.<\/p>\n<p>El an\u00e1lisis no puede detenerse aqu\u00ed\u00ad. Los calificativos a que he hecho referencia generalmente se mencionan en grupos terminol\u00f3gicos junto a otros a los que van estrechamente unidos o contrapuestos y de los cuales no se puede prescindir cuando se intenta precisar su significado&#8217;.<\/p>\n<p>2. EL BINOMIO MANSO-HUMILDE &#8211; Pero en el mismo momento en que se subraya la necesidad de superar un an\u00e1lisis atom\u00ed\u00adstico y lexicogr\u00e1fico tropezamos con la dificultad de las numerosas listas de vicios y virtudes existentes en el Nuevo Testamento, que difieren mucho unas de otras y no permiten llevar a cabo una reducci\u00f3n homog\u00e9nea. Para limitarnos a la pareja manso-humilde de Mt 11.29, A. Resct. pens\u00f3 en un verdadero y aut\u00e9ntico topos literario de tres t\u00e9rminos, el primero de los cuales, epieiches, no aparecer\u00ed\u00ada en el pasaje Mt 11,29. Se hace eco de este autor A. von Harnack, el cual el a\u00f1o 1920 avanzaba la hip\u00f3tesis de que en el cristianismo habr\u00ed\u00ada dos esquemas ternarios: fe, esperanza y caridad, para caracterizar la actitud religiosa, y modestia (epieicheia)-mansedumbre-humildad, para caracterizar y sintetizar la actitud \u00e9tica. Esta hip\u00f3tesis, aunque resulte sugestiva, no es corroborada por los textos. Estos, si bien convalidan la conexi\u00f3n manso y humilde, tanto en el Antiguo Testamento (Is 26,6 y Sof 3,12) como en el Nuevo (Ef 4,2 y Col 3,12. pero bajo la forma abstracta de humildad-mansedumbre), no presentan nunca el conjunto epieicheia-mansedumbre-humildad. Un acercamiento a la epieicheia se realiza gracias al concepto de mansedumbre, al que va unida en 2 Cor 1,11 y en Tit 2,3, mientras en Col 3,12 se une a paciencia y bondad, dando la impresi\u00f3n de que todas en su conjunto se derivan y especifican de los sentimientos (la Vulgata traduce \u00abv\u00ed\u00adscera\u00bb) de misericordia, de los que deben revestirse los elegidos de Dios, los santos y los predilectos. En Ef 4,2 se encuentra el esquema ternario humildad-mansedumbre-paciencia, que va unido a la exhortaci\u00f3n a comportarse de una forma digna de la vocaci\u00f3n recibida y a conservar la unidad del Esp\u00ed\u00adritu en la radicalidad de sus dimensiones.<\/p>\n<p>Aunque se siga la hip\u00f3tesis m\u00e1s com\u00fan, que s\u00f3lo une t\u00e9rminos manso y humilde, queda abierto el problema del significado de los t\u00e9rminos considerados aisladamente y en su conjunto. Y puesto que el adjetivo manso se aplica a Jesucristo en dos de las tres ocasiones en que lo usa Mateo, diciendo que es manso y humilde de coraz\u00f3n (11,29) y que viene a Jerusal\u00e9n como un rey manso (21,5), y s\u00f3lo una vez se aplica a los mansos en las bienaventuranzas (5,5), es de observar que la interpretaci\u00f3n primaria de estos calificativos debe buscarse en el contexto cristol\u00f3gico o en el paren\u00e9tico.<\/p>\n<p>Muchos consideran que el t\u00e9rmino humilde de Mt 11,29 es sin\u00f3nimo del pobre de esp\u00ed\u00adritu de la bienaventuranza de Mt 5,3 y, reduciendo humildad a pobreza, asumen para la explicaci\u00f3n de esta \u00faltima toda la problem\u00e1tica de la interpretaci\u00f3n, bien exclusivamente social o espiritual, bien espiritual y sociol\u00f3gica a la vez, de la pobreza en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. Los or\u00ed\u00adgenes de este acercamiento son muy lejanos.<\/p>\n<p>Ya los padres de la Iglesia identificaron alas humildes con los pobres de esp\u00ed\u00adritu. Esta interpretaci\u00f3n ha sido recogida por muchos exegetas contempor\u00e1neos y revalorizada a consecuencia de los descubrimientos de Qumr\u00e1n. \u00abLa humildad de la que hemos hablado para definir la actitud interior de los pobres de esp\u00ed\u00adritu -concluye Dupont- tiene la ventaja de hacernos comprender tanto la interpretaci\u00f3n corriente de los primeros siglos cristianos como una preocupaci\u00f3n que se manifiesta en otros contextos del mismo Evangelio. A pesar de eso, el t\u00e9rmino es &#8216;un peu gros&#8217; para traducir exactamente la &#8216;nuance&#8217; de la expresi\u00f3n que nos interesa. Para decir `humilde de coraz\u00f3n&#8217;, Mt 11,29 usa ta peinos t\u00e9i kardiai, y se puede pensar que la actitud de `los pobres de esp\u00ed\u00adritu&#8217; no corresponde perfectamente a la actitud de un sphephal r\u00f3ah. El `pobre de esp\u00ed\u00adritu&#8217; no es precisamente aquel que &#8216;se rebaja a s\u00ed\u00ad mismo&#8217; (Mt 18,4; 23,12)&#8230; La pobreza espiritual puede recibir el nombre de humildad; pero no la que lleva a hacerse peque\u00f1os, como aquellos que no valen nada&#8230;, el pobre de esp\u00ed\u00adritu lo soporta todo con paciencia\u00bb.<\/p>\n<p>Los exegetas que consideran que los pobres de esp\u00ed\u00adritu de la primera bienaventuranza y los mansos de la tercera son id\u00e9nticos y reflejan a las mismas personas\u00bb, al interpretar como humildes a los primeros toman en el mismo sentido a los segundos, y consideran casi semejantes a los mansos, a los humildes y a los pobres de esp\u00ed\u00adritu. Tambi\u00e9n en relaci\u00f3n con los mansos, los exegetas se preguntan si se trata de una actitud que se limita a las relaciones interhumanas o abarca tambi\u00e9n las relaciones con Dios o bien ambas a la par, y si se trata de una disposici\u00f3n prevalentemente psicol\u00f3gica e interna de un modo de existir conectado ante todo con la situaci\u00f3n sociol\u00f3gica de opresi\u00f3n y de alienaci\u00f3n en que viven las personas. Muchos consideran sin\u00f3nimos incluso a los calificativos con que se designa a Jesucristo en Mt 11,29. Dupont, despu\u00e9s de haber advertido que \u00abla tradici\u00f3n paren\u00e9tica de los primeros cristianos de lengua griega es sensible a la estrecha vinculaci\u00f3n que une la dulzura y la humildad\u00bb, considera que esta vinculaci\u00f3n no es originaria del pensamiento griego, sino que se deriva como herencia de la lengua y del pensamiento sem\u00ed\u00adtico, en el que la humildad y la dulzura constituyen dos aspectos de la misma actitud de esp\u00ed\u00adritu. Piensa tambi\u00e9n que en la tradici\u00f3n griega, totalmente distinta en esto de la tradici\u00f3n hebrea, el t\u00e9rmino \u00abmanso\u00bb designa al hombre tranquilo, pac\u00ed\u00adfico, al que soporta las contradicciones, al que no es violento ni agresivo. La mansedumbre es una prerrogativa de quienes detentan el poder, pero no va unida a la humildad. Por el contrario, es la tradici\u00f3n hebrea quien piensa que no se da una aut\u00e9ntica dulzura si no est\u00e1 fundada en la humildad y considera a ambas como aspectos inseparables de la \u00fanica an\u00e1w\u00f3h, que es la pobreza humilde, dulce y paciente del verdadero israelita. La mansedumbre subraya el car\u00e1cter sereno, fuerte y paciente de la humildad, que se manifiesta sobre todo en las relaciones con los dem\u00e1s y que induce a elaborar las situaciones que contrastan con ella como reflejo del abandono a Dios, de la paz que sigue a la conciencia de estar en su amor.<\/p>\n<p>El an\u00e1lisis literario nos lleva a reconocer una estrecha analog\u00ed\u00ada entre humildad-mansedumbre-pobreza de esp\u00ed\u00adritu y se orienta a explicarla en el \u00e1mbito de la amplia y compleja categor\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica de la pobreza de esp\u00ed\u00adritu. Para no quedar empantanados en las discusiones que contraponen a los que la interpretan en una perspectiva psico-individual con los que la consideran prevalentemente desde una \u00f3ptica socio-pol\u00ed\u00adtica; a los que hacen de ella una prerrogativa de las relaciones interpersonales con los que defienden su car\u00e1cter prevalentemente religioso y teologal, es oportuno considerarla como una dimensi\u00f3n totalizante de la actitud del convertido. Es el comportamiento digno que madura entre los miembros del pueblo que Dios ha querido por aliado. La reflexi\u00f3n puede plantearse tambi\u00e9n en la perspectiva que se deduce del contexto cristol\u00f3gico del logion de Mt 11,29.humilde de coraz\u00f3n, tiene una estructura discutible y compleja. Sus elementos fundamentales son: un logion relativo al acontecimiento del reino, de car\u00e1cter apocal\u00ed\u00adptico; la acci\u00f3n de gracias al Padre, Se\u00f1or del cielo y de la tierra, por la revelaci\u00f3n rehusada a los sabios y a los inteligentes y concedida a los peque\u00f1os (nepiois) (Mt 11,25-26; Lc 10,21); un logion sobre el conocimiento del Padre por parte del Hijo y sobre las relaciones misteriosas que unen al Padre y al Hijo (Mt 11,27: Lc 10,22); por las afinidades profundas con el cuarto evangelio se le califica de jo\u00e1nico; un tercer logion, ausente en Lc y presente solamente en Mt (11,28-30), tiene car\u00e1cter sapiencial y presenta a Jes\u00fas como sabidur\u00ed\u00ada del Padre, que invita a los hombres a acercarse a \u00e9l (cf Prov 9,5; Ecl 24,19; 6,9-18; 51,23-27), y est\u00e1 construido sobre el paralelismo, puesto de relieve por algunos estudiosos, entre los vers\u00ed\u00adculos 28 y 29:<\/p>\n<p>Invitaci\u00f3n: Venid a m\u00ed\u00ad (28).<\/p>\n<p>&#8211; Invitaci\u00f3n: Cargad con mi yugo (poneos en mi seguimiento, en mi escuela, seguid la ense\u00f1anza que yo os doy) (29).<\/p>\n<p>Calificativo de quien invita: Yo soy manso y humilde de coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>&#8211; Los llamados: Todos vosotros que est\u00e1is fatigados y oprimidos.<\/p>\n<p>Los llamados: Son se\u00f1alados \u00fanicamente por el t\u00e9rmino \u00abvosotros\u00bb y son los mismos del vers\u00ed\u00adculo 28.<\/p>\n<p>&#8211; Promesa: Yo os confortar\u00e9.<\/p>\n<p>Promesa: Encontrar\u00e9is descanso para vuestras almas.<\/p>\n<p>Legitimaci\u00f3n de la promesa: Mi yugo es suave y mi carga es ligera (30).<\/p>\n<p>Entre la invitaci\u00f3n y la promesa del vers\u00ed\u00adculo 28 est\u00e1 la indicaci\u00f3n de los llamados, calificados con dos participios (kopiontes y pefortismenoi), que evidencian su penosa situaci\u00f3n. En el vers\u00ed\u00adculo 29, el que invita es calificado con dos adjetivos que expresan su actitud y su disponibilidad a satisfacer las aspiraciones de los llamados, a constituir una situaci\u00f3n que contraste con la de disgusto y fatiga que a ellos les oprime: Este \u00abdescanso\u00bb no deriva de la desresponsabilizaci\u00f3n de los llamados, sino de su adhesi\u00f3n a la llamada a ponerse en su seguimiento y a asumir el peso de su ense\u00f1anza \u00ab, a sustituir el yugo que obliga a hacer cosas y a llevar cargas con la comuni\u00f3n de seguimiento, escucha, di\u00e1logo, con la persona que toma sobre s\u00ed\u00ad su peso y, en consecuencia, libera su vida.<\/p>\n<p>Los estudiosos no est\u00e1n de acuerdo a la hora de concretar qui\u00e9nes son los destinatarios indicados en el logion, el tipo de pesar que los oprime (probablemente el peso de las observancias farisaicas) y, consecuentemente, si presentan car\u00e1cter antifarisaico o no. El texto actual de Mateo revela una estrecha vinculaci\u00f3n entre los diversos elementos de esta per\u00ed\u00adcopa, en especial entre los oprimidos del vers\u00ed\u00adculo 28 y los peque\u00f1os del vers\u00ed\u00adculo 25.<\/p>\n<p>Ir a Jes\u00fas y aceptar su invitaci\u00f3n a ser seguidores suyos significa establecer con \u00e9l una relaci\u00f3n \u00ed\u00adntima y profunda, someterse al mismo yugo que \u00e9l lleva y llevarlo con \u00e9l, pues nos invita a que le ayudemos, no a que lo sustituyamos. Se lo acepta en su misma persona; en \u00e9l, que voluntariamente realiza el benepl\u00e1cito del Padre, que quiere una nueva alianza con el hombre. La comuni\u00f3n con \u00e9l es participaci\u00f3n de su existencia, de su pensamiento, de su forma de ver y actuar; es adhesi\u00f3n total de conocimiento y de complacencia en el Padre y de amor vivificante para el hombre; significa aceptar el vernos integrados en la fuente misma de sus orientaciones y comportamientos, en su \u00abcoraz\u00f3n\u00bb manso, humilde y pobre, en la ra\u00ed\u00adz de su ser para encontrar alivio y paz, para dar frutos para la vida del mundo. La comuni\u00f3n con \u00e9l no ocurre en un terreno neutral; pide que actuemos unidos y nos introduce en intimidad, su misma donde germina la adoraci\u00f3n del Padre y la misericordia para con la humanidad: nos estimula a dejar la condici\u00f3n de vida que fatiga y oprime, para compartir su paz en la obediencia al Padre, que lo ha enviado a anunciar el evangelio de salvaci\u00f3n a los pobres (Le 4,18s) y a los descarriados (Mc 2,17), a reconciliar con su amor la soberbia que hac\u00ed\u00ada a los hombres extra\u00f1os a Dios y enemigos entre s\u00ed\u00ad.<\/p>\n<p>Jes\u00fas no es un legislador o un maestro m\u00e1s indulgente que los dem\u00e1s, ni un soberano con pretensiones menos desp\u00f3ticas o lisonjas f\u00e1ciles y enga\u00f1osas. Es el vencedor-vencido, que experiment\u00f3 el abandono del Padre, que recorri\u00f3 solo el camino de la cruz (cf Mt 27,46; Mc 15,34) y que bebi\u00f3 el c\u00e1liz hasta la \u00faltima gota. La humildad es en \u00e9l expresi\u00f3n de la exigencia radical del amor que une en el Esp\u00ed\u00adritu al Padre y a la humanidad; en la humillaci\u00f3n y en la gloria de la cruz revel\u00f3 el significado y la meta \u00faltima de la invitaci\u00f3n a compartir el yugo, es decir, el estilo de amor del Padre, fuente de todo amor, foco y camino de alianza indisoluble y definitiva.<\/p>\n<p>Dios, a quien el hombre acepta y ama en Jesucristo, es un Dios hecho hombre: un Dios amor, sacrificio, don y k\u00e9nosis; un Dios que se limita para levantar al hombre de su miseria, para hacerlo hijo en el Hijo, ambiente, sujeto y t\u00e9rmino de su revelaci\u00f3n. La condici\u00f3n de Dios en Jesucristo es la locura (cf 1 Cor 1,18ss.25), que pone a prueba la fe del hombre. Para creer en el \u00abhumilde y manso\u00bb es necesario ser transformado por la humildad de Dios. Dios es glorioso y poderoso, pero su gloria y su poder no son los que ambiciona el hombre que rehuye su humanidad; es del estilo del amor de Jesucristo, que manifest\u00f3 su poder y su gloria supremos en la impotencia y el deshonor de la cruz; que se prohibe todo repliegue sobre si mismo y revela su majestad en la disponibilidad en favor de los dem\u00e1s, en la discreci\u00f3n y en la ternura con que los asocia a s\u00ed\u00ad mismo para tomar sobre s\u00ed\u00ad el sufrimiento que lo intercepta y lo paraliza en el camino, para colmarlo de paz.<\/p>\n<p>El sufrimiento es la miseria m\u00e1s com\u00fan, inequ\u00ed\u00advoca expresi\u00f3n de finitud y l\u00ed\u00admite. Jes\u00fas se compadeci\u00f3, lo acept\u00f3, lo padeci\u00f3, lo elimin\u00f3 y lo vaci\u00f3 en su ra\u00ed\u00adz, indicando en el amor el camino y la condici\u00f3n de la humanidad renovada. La vulnerabilidad al sufrimiento de los dem\u00e1s es camino de paz y perfecci\u00f3n cuando alimenta la solicitud del amor que lucha para superarlo. Jesucristo ha vencido su ra\u00ed\u00adz, al maligno, que es fuente de ego\u00ed\u00adsmo, autogarant\u00ed\u00ada, afirmaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad, voluntad de poder que domina y hace esclavos, seduce y manipula; y ha librado al amor que respeta y es impaciente, que es vigilante y fuerte, que se da y exige, que comunica disponibilidad de s\u00ed\u00ad y apertura al misterio. Quien no va eliminando el sufrimiento del hombre no camina por el sendero humilde ni lleva el yugo de Jesucristo.<\/p>\n<p>III. El hombre humilde<br \/>\n1. LA HUMILDAD FUNDAMENTAL &#8211; El contexto de la humildad en el cristianismo es un contexto hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfico. Por un lado, conecta con la compleja situaci\u00f3n por la que el hombre se rebel\u00f3 contra el proyecto de Dios en el origen mismo de su historia; por otro. enlaza con la liberaci\u00f3n de la situaci\u00f3n humana que se produce en Jesucristo. La revelaci\u00f3n neotestamentaria subraya repetidas veces que el camino por el que el hombre debe caminar ahora es un sendero de humillaci\u00f3n y que es consecuencia de una decisi\u00f3n de Dios. \u00abYa que el mundo por la propia sabidur\u00ed\u00ada no reconoci\u00f3 a Dios en la sabidur\u00ed\u00ada divina, quiso Dios \u00bb salvar a los creyentes por la locura\u00bb de la predicaci\u00f3n\u00bb (1 Cor 1,21). Este pensamiento vuelve a aflorar en Rom 1,28: \u00abComo no procuraron tener conocimiento cabal de Dios, Dios los entreg\u00f3 a una mente depravada&#8230;\u00bb. La percepci\u00f3n del abismo que media entre la condici\u00f3n en que vive el hombre y la condici\u00f3n de las aspiraciones alimenta permanentemente la tentaci\u00f3n de frustraci\u00f3n, de rebeli\u00f3n y de rechazo. Reconocer la realidad tal como es, aceptar la explicaci\u00f3n que se nos da de ella, seguir el remedio propuesto es un conjunto de actitudes que somete al hombre a una prueba radical.<\/p>\n<p>En este contexto nace o muere la humildad. Su ra\u00ed\u00adz \u00faltima, el criterio de valoraci\u00f3n de sus exigencias, no es un sentido abstracto de moderaci\u00f3n y de racionalidad. La humildad es el \u00abcamino\u00bb, la pedagog\u00ed\u00ada elegida por Dios, y a ella debe conformarse el hombre en su recorrido. Los acontecimientos, los conflictos que lo ponen a prueba, se incluyen en un plano misterioso, en el que el hombre debe aceptarse, dejarse tomar, confiarse sin l\u00ed\u00admites y reservas, con libertad y amor. Es vida humilde rechazar la visi\u00f3n de la vida calificada como \u00abnecia sabidur\u00ed\u00ada de este mundo\u00bb (1 Cor 1,20), abrirse a la visi\u00f3n revelada en Jesucristo y descrita con gran inmediatez en 1 Cor 1,17-31. No se trata del simple paso de un modo de ser a otro m\u00e1s racional, m\u00e1s humano o m\u00e1s riguroso; se trata de la conversi\u00f3n desde el reconocimiento de los \u00ab\u00ed\u00addolos\u00bb a la aceptaci\u00f3n de la revelaci\u00f3n del Padre en Jesucristo.<\/p>\n<p>La humildad es condici\u00f3n radical, en la que madura el \u00abs\u00ed\u00ad\u00bb a Dios, que exige \u00abrenunciar al maligno\u00bb para adherirse a Jesucristo en el camino de la encarnaci\u00f3n (cf Ordo del bautismo). Es el antipecado, la antisoberbia, el vaciamiento de la situaci\u00f3n, de hoy y de siempre, la cual induce al hombre a no reconocer a Dios-Hombre, a rebelarse y a suplantarlo, a contrastar su proyecto sobre el hombre. Es adhesi\u00f3n al camino construido por Jes\u00fas con la obediencia de su carne (cf Col 1,22: Ef 2,14-16). La humildad es relaci\u00f3n personal, es elecci\u00f3n de Dios en Jesucristo y rechazo del maligno y de sus obras.<\/p>\n<p>Cuando de esta dimensi\u00f3n radical se pasa a la determinaci\u00f3n de las actitudes, de los modos de pensar en que el humilde se expresa a nivel individual y social, se verifica un deslizamiento de planos en que las situaciones se vuelven falsas cuando se las absolutiza y se las hace un\u00ed\u00advocas. La humildad fundamental se concretiza y crece en las visualizaciones hist\u00f3ricas, pero no se reduce a ninguna de sus manifestaciones; las exige, las vivifica y las trasciende. Cuando el hombre deja de extraer su inspiraci\u00f3n de la comuni\u00f3n de vida con el Esp\u00ed\u00adritu y empieza a inspirar su vida y su conducta en las prescripciones, en las normas, en los modos de actuar, se verifica una inversi\u00f3n de planos y el hombre se convierte en siervo de la instituci\u00f3n en lugar de siervo del Esp\u00ed\u00adritu. La humildad pasa del reconocimiento de alabanza del plan de Dios en Jesucristo a la observancia de las formas de cortes\u00ed\u00ada social, de las reglas del buen vivir y del prudente y digno planteamiento de las relaciones. El humilde de coraz\u00f3n vive y crece en Jesucristo, se deja llevar por su Esp\u00ed\u00adritu al valorar situaciones y personas con verdad y rectitud. El Esp\u00ed\u00adritu de Dios en Jesucristo es fuente \u00fanica y suprema, en la que se inspira el creyente y que le vivifica al asumir con plena libertad interior las instituciones y las normas; no las falsifica, no las idolatra, sino que las toma en lo que son y resiste a su pretensi\u00f3n de imponerse como absoluto, como fuente primaria de valoraci\u00f3n e inspiraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Este proceso de reconocimiento de las jerarqu\u00ed\u00adas, que lleva a dar y a conservar el primer puesto a lo que es primario, empieza con la conversi\u00f3n y perdura a lo largo de la existencia. Implica la conmoci\u00f3n y la reestructuraci\u00f3n total de la vida. No se consigue a base de correcciones superficiales del punto de mira, realizadas con sagaz destreza psicopedag\u00f3gica y maduradas bajo la influencia de razonamientos rigurosamente dial\u00e9cticos. Al reconocimiento de Dios en Jesucristo se llega \u00fanicamente por el camino de la conversi\u00f3n yen ella echa ra\u00ed\u00adces y adquiere vida la humildad fundamental, que es el primer componente de ese misterioso proceso al que Juan da el nombre de nueva generaci\u00f3n o nacimiento de Dios.<\/p>\n<p>En Jesucristo y de Jesucristo nace el hombre al coraz\u00f3n manso y humilde y aprende a ser manso y humilde de coraz\u00f3n. Jesucristo, que es l\u00e1 fuente de la humildad, constituye tambi\u00e9n su paradoja y su esc\u00e1ndalo. Es para el hombre soberbio una piedra rechazada (Mt 21,42 y paralelos), signo de contradicci\u00f3n (Le 2,34) y piedra de toque. Quien lo acepta encuentra con \u00e9l la redenci\u00f3n y la libertad, mientras que quien lo rechaza vive la angustia de la negativa (He 26,14). Jesucristo es la prueba suprema que el hombre debe superar para hacerse y mantenerse humilde. Aprender a vivir como hombre salvado significa escucharlo y seguir su doctrina.<\/p>\n<p>Jes\u00fas, que revela al hombre el camino humano, se nos presenta de una forma desconcertante. Su camino y sus juicios no son los que el hombre querr\u00ed\u00ada (cf Is 55,8; Rom 11,33). Su camino es un camino de pobreza, de rigor, de mansedumbre, que contrasta con la aspiraci\u00f3n a la fuerza, al poder, al resultado seguro, etc. Inspirarse en un crucificado, en un vencedor que sale victorioso mediante la derrota, es necedad para quien no cree y es poder de Dios para quien cree (cf 1 Cor 1,18ss), pero es el poder del misterio, de la abnegaci\u00f3n total y sin reservas (cf Mt 16,24; Mc 8,34; Le 9,23). Su camino se manifiesta y crece en la humillaci\u00f3n, en la contrariedad permanente de tener que vivir el \u00abesc\u00e1ndalo y la necedad de la cruz\u00bb (cf 1 Cor 1,24), que deja de ser tal cuando el residuo de jud\u00ed\u00ado y gentil que contin\u00faa vigente en el converso queda vencido y superado.<\/p>\n<p>La \u00abnecedad\u00bb suprema, la crisis m\u00e1s radical de este camino es la muerte, la irracionalidad del deber morir y de las condiciones en que se verifica. La muerte es el jaque mate, la insidia de todos los proyectos y de todas las iniciativas \u00abracionales\u00bb. Nadie es capaz de ofrecer garant\u00ed\u00adas a la persona que toma y realiza tales iniciativas. Por mucho que el hombre intente razonar sobre ello, esta extrema manifestaci\u00f3n de lo no racional pone un l\u00ed\u00admite y un impedimento. Jesucristo se presenta como aquel que ha vencido a la muerte (2 Tim 1,10), pero despu\u00e9s de haberse sometido a ella. El hombre que quiere vencerla debe escuchar antes aquello de \u00ab&#8230; si el grano de trigo no muere&#8230;\u00bb (Jn 12,24) y \u00abel que ama su vida la pierde&#8230;\u00bb (Jn 12,25). Dios ha sometido al hombre a la humillaci\u00f3n de la muerte en un mundo de liberaci\u00f3n redentora no preservativa; ser\u00e1 liberado del pecado, del odio, de la enemistad, de la injusticia, de la afrenta, del fracaso, del fallo, etc., pero despu\u00e9s que los haya sufrido y cuando haya vivido el sufrimiento de la gran distancia que separa los deseos y las realizaciones, las aspiraciones y los resultados.<\/p>\n<p>El plan de Dios, sus silencios, sus preferencias y sus caminos constituyen un esc\u00e1ndalo permanente para el hombre que quisiera racionalizar, programar, ordenar todas las cosas. Encuentra la paz no en la eliminaci\u00f3n de las contrariedades y de los conflictos, sino vivi\u00e9ndolos hasta el fondo, cesando de interrogarse y de hacerse interpelar por la vida, no pretendiendo eliminar las contradicciones, vivi\u00e9ndolas y empe\u00f1\u00e1ndose en resolverlas.<\/p>\n<p>La humildad no es un modo de comportarse o de pensar, decidido sobre la base de una valoraci\u00f3n pesimista de las propias prerrogativas y posibilidades confrontadas de forma falaz con las de los dem\u00e1s. Es verdad y reconocimiento de Dios; es un \u00abs\u00ed\u00ad\u00bb al Padre en Jesucristo, que vive en su Iglesia. El soberbio no reconoce a Dios y no se reconoce hombre, falsifica las relaciones, no acepta la soberan\u00ed\u00ada de Dios y su propia creaturalidad. La huida de Dios es huida del hombre y de las propias responsabilidades. De esta situaci\u00f3n sale cuando comienza a aceptarse como hombre, a complacerse en lo que a Dios complace (cf Mt 3,17 par.); es decir, cuando no fracciona a Jesucristo, sino que se acepta, se quiere y se reconoce en \u00e9l. La consolaci\u00f3n de la humillaci\u00f3n de vivir es vivir la humillaci\u00f3n de convertirse y hacerse \u00abpeque\u00f1o\u00bb como un ni\u00f1o (Mt 18,4), lo que significa \u00abnacer\u00bb a la \u00fanica condici\u00f3n en que es posible el ingreso en el reino (ib), eligiendo caminar por la senda que el Padre ha preferido (Mt 11,25).<\/p>\n<p>La humildad no se desarrolla ni madura en abstracto, sino que crece en la prueba de las humillaciones, que impiden los planes y las aspiraciones del hombre. Estas humillaciones son indefinidas y es in\u00fatil determinarlas. La experiencia de cada uno lleva a localizarlas y discernirlas. La reacci\u00f3n a estas situaciones, aunque variable, asume una fisonom\u00ed\u00ada inequ\u00ed\u00advoca cuando se orienta constructivamente a la persona. Por eso la humildad no es una actitud abstracta o de contornos difuminados; es una vida en Jesucristo; en \u00e9l madura el hombre los comportamientos caracter\u00ed\u00adsticos de los hijos de Dios y ciudadanos del reino, la fortaleza que modera la ambici\u00f3n de resolver con la violencia el problema humano, la perseverancia en caminar por el sendero que \u00e9l recorri\u00f3 y la inventiva para no empobrecer con c\u00e1lculos mezquinos la dignidad de la imagen de Dios.<\/p>\n<p>Este acto de confianza se realiza sin garant\u00ed\u00adas previas. Da la vida despu\u00e9s, y no antes, de haber sido aceptado. Hace fecundos, pero \u00fanicamente a quienes aceptan su vida: razonables, pero en su verdad. El humilde no practica idolatr\u00ed\u00adas, no hace c\u00e1lculos, no jerarquiza ni privilegia, sino que se adhiere a Cristo-camino y le sigue all\u00ed\u00ad donde va. No tiene trabas aprior\u00ed\u00adsticas anticipadas y maniqueas de estilos de existencia. Su \u00fanico deseo es estar en camino y, en consecuencia, marchar por el camino que es Cristo y en el que Cristo le introduce; lo que quiere es connaturalizarse con sus preferencias.<\/p>\n<p>La humildad se robustece en el amor; es un estilo de manifestar amor. Se acepta y madura en un contexto de confianza; exime al hombre de la preocupaci\u00f3n de garantizarse a s\u00ed\u00ad mismo; lo atrae hacia quien lo ama, fundamenta la paz, que consigue la comuni\u00f3n con el amado; induce a sintonizar con aqu\u00e9l, a tomar sobre s\u00ed\u00ad la preocupaci\u00f3n y el sufrimiento de los dem\u00e1s, a asumir la iniciativa de hacer la vida diferente, de moderar la solicitud y la preocupaci\u00f3n por s\u00ed\u00ad mismo, estableciendo para todos condiciones de existencia nuevas.<\/p>\n<p>Este amor no es espont\u00e1neo reconocimiento del otro, sino que se estructura en la pobreza y en la unicidad. El hombre quiere darse una garant\u00ed\u00ada a s\u00ed\u00ad mismo y no acepta verse envuelto por y con el otro; quiere ser amado, pero no en el riesgo de la novedad, respetando el misterio del otro, que exige el abandono de los modelos \u00abgarantizados\u00bb y de las normas \u00abexperimentadas\u00bb, para abrirse en su propia irrepetibilidad y ofrecer inesperadas posibilidades de andadura, compartiendo las responsabilidades y la vida. La humildad madura en el equilibrio y en armon\u00ed\u00ada fr\u00e1gil y delicada entre amor a s\u00ed\u00ad mismo y a los dem\u00e1s, vividos y vistos en la perspectiva del amorde Dios; va unida a la realidad de la persona y tiende a corregir la forma de representarse las relaciones y a considerarlas tales como son, no como se las quisiera.<\/p>\n<p>La distancia entre representaci\u00f3n y realidad es como el l\u00ed\u00admite matem\u00e1tico. El hombre es lo que es, no lo que considera que es, y el yo de cada uno vive y deviene en \u00f3smosis con los dem\u00e1s. De esta forma el camino de la humildad oscila entre el ya y el todav\u00ed\u00ada no, en un proceso sin fin. La meta es llegar a ser como estamos llamados a ser; vencer la falsificaci\u00f3n que anida en la pretensi\u00f3n de conquistar el amor, de ser amados seg\u00fan la representaci\u00f3n que el hombre se obstina en conseguir. La humildad se nutre y sirve de alimento a la paz del deseo, vive del equilibrio que surge de la articulaci\u00f3n entre ser amado, querer ser amado y amar. Sus opciones se hacen aut\u00e9nticas cuando el hombre realiza la justicia, cuando est\u00e1 contento de Dios y en Dios y trabaja para hacer m\u00e1s humana la condici\u00f3n de todos los hombres en el mundo, para secundar a quien y a lo que permite avanzar en esta direcci\u00f3n seg\u00fan la valoraci\u00f3n de cada situaci\u00f3n en particular.<\/p>\n<p>2. LA RECONSTRUCCI\u00ed\u201cN DE LA UNIDAD &#8211; La humildad se piensa y se legitima sobre la base del modo de existir y de comportarse, de la propia posici\u00f3n en el mundo y de las opciones que el hombre adopta; antes de conceptualizarla hay que vivirla. Muchas veces existe una desviaci\u00f3n entre lo que es el hombre y lo que piensa ser, y viceversa, entre la representaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo, encarnada en el modo de ser, y la representaci\u00f3n que va unida a las proclamaciones verbales con las que el hombre se autocalifica. \u00c2\u00a1Cu\u00e1nta mentira se esconde en el farise\u00ed\u00adsmo de muchos comportamientos y proclamaciones humildes!<br \/>\nEl par\u00e1metro de la templanza y de la humildad es la persona, no su representaci\u00f3n; es el ser, es el hombre que piensa en su cuerpo. El cuerpo, para no reducirse a mera envoltura del esp\u00ed\u00adritu, debe sintonizar con la orientaci\u00f3n del mismo. El hombre de cuerpo aut\u00e9ntico tiene un pensamiento humilde y supera la disociaci\u00f3n entre vida y pensamiento. La humildad es un estilo humano, se expresa en el modo de existir. de situarse y de instalarse en la realidad.<\/p>\n<p>La proclamaci\u00f3n de esta posibilidad puede inducir a pensar que ya ha ocurrido, que se ha realizado, y a olvidar el hecho de que es una meta y que debe ser conquistada. Con demasiada frecuencia la orientaci\u00f3n de la vida no la se\u00f1ala la mente, sino el cuerpo, que no tiene hambre en la medida y en el momento que ser\u00ed\u00adan de desear y que no secunda al hombre en la medida y en la forma en que podr\u00ed\u00ada. El hombre que se educa construye un organismo homog\u00e9neo a su orientaci\u00f3n, a su tendencia a la belleza, a la armon\u00ed\u00ada, a la salud, y se desarrolla con criterios dictados por la higiene, por el deporte, por la est\u00e9tica, etc. Dir\u00ed\u00ada que el hombre no est\u00e1 verdaderamente en paz con Dios mientras el cuerpo no est\u00e1 pacificado. El hombre se construye la casa. El coraz\u00f3n, los ojos, los movimientos humildes son reflejo y condici\u00f3n de un hombre humilde. El cuerpo disociado, dividido del esp\u00ed\u00adritu, falsifica las aspiraciones que estructuran al hombre y aspira, por ejemplo, al existir infinito, total y para siempre; tiene nostalgia de totalidad, de plenitud; se convierte en sujeto de codicia violenta y de ansiedad incontrolada. El organismo disociado tiene nostalgia de quien le falta al hombre, lo quiere todo para s\u00ed\u00ad y sustituye lo que le falta con una ansiedad homog\u00e9nea con su origen, proporcionada a la realidad a la que se orienta el hombre. El organismo del hombre, estructurado para secundar la tendencia de infinito, no pierde su estructura cuando el hombre no busca lo infinito, sino que se desintegra del complejo en el que ten\u00ed\u00ada sentido y desarrolla una energ\u00ed\u00ada de infinito para realidades finitas. El reenganche y la unidad del hombre se produce no cuando el hombre se decide a llevarlo a cabo, sino cuando de hecho lo reconstruye.<\/p>\n<p>La humildad no margina al organismo, no le priva de sus dinamismos, ni los extirpa; reconstruye la unidad y reequilibra en el todo las energ\u00ed\u00adas alienadas en el desprendimiento. La meta no es un cuerpo que deje de desear, sino orientar el deseo para que el hombre pueda realizar su misi\u00f3n humana con todo su ser. Sujeto de esta acci\u00f3n no es el cuerpo ni el alma, sino el hombre; el hombre es hombre y mujer. Hombre-mujer, esp\u00ed\u00adritu-cuerpo, deben unirse, y la unidad es por Dios y para Dios. El hombre vive esta realidad en el estado de disociaci\u00f3n; pero puede ser superada y esta superaci\u00f3n se realiza cuando el hombre se construye en humildad por el camino de la verdadera vida.<\/p>\n<p>D. Mongillo<\/p>\n<p>BIBL.-B\u00e9lorgey, G, La humildad seg\u00fan san Benito, Perpetuo Socorro, Madrid 1962.-Galera, J. A, Humildad y personalidad, Mundo Cristiano, Madrid 1971.-Gelin, A. Los pobres de Jahv\u00e9, Nova Terra, Barcelona 1965.-Gilen, L. Amor propio y humildad: aproximaci\u00f3n psicol\u00f3gica a la personalidad religiosa, Herder, Barcelona 1980.-Gonz\u00e1lez Ruiz, J. M, Pobreza evang\u00e9lica y promoci\u00f3n humana, Nova Terra, Barcelona 1976.-Herraiz, M, S\u00f3lo Dios basta, Espiritualidad, Madrid 1981.-Ledesma, A, Conceptos espirituales y morales, Edit. Nacional, Madrid 1978.-Murray, A, Humildad, Clic, Tarrasa 1980.-Pecci, G. La pr\u00e1ctica de la humildad, Rialp. Madrid 1978.-Przywara, E. Humildad, paciencia, amor. Las tres virtudes cristianas, Herder, Barcelona 1964.-Rizzi, A, Esc\u00e1ndalo y bienaventuranza de la pobreza, Paulinas, Madrid 1978.<\/p>\n<p>S. de Fiores &#8211; T. Goffi &#8211; Augusto Guerra, Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Ediciones Paulinas, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Espiritualidad<\/b><\/p>\n<p>TEOLOG\u00ed\u008dA MORAL<br \/>\nSUMARIO<br \/>\nI. Introducci\u00f3n.<br \/>\nII. Aspecto hist\u00f3rico:<br \/>\n1. La humildad en el mundo grecorromano;<br \/>\n2. Sagrada Escritura:<br \/>\n    a) Antiguo Testamento,<br \/>\n    b) Nuevo Testamento;<br \/>\n3. Los padres de la Iglesia;<br \/>\n4. Santo Tom\u00e1s;<br \/>\n5. La humildad en los modernos:<br \/>\n    a) Teolog\u00ed\u00ada de la reforma,<br \/>\n    b) Teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica.<br \/>\nIII. Aspecto sistem\u00e1tico:<br \/>\n1. Sentido moral:<br \/>\n    a) Concepciones err\u00f3neas de la humildad,<br \/>\n    b) Conocimiento de s\u00ed\u00ad: regla directiva de la humildad,<br \/>\n    c) Dignidad humana y cristiana: fundamento de la humildad,<br \/>\n    d) Humildad, sus actos y sus propiedades,<br \/>\n    e) Humildad como esp\u00ed\u00adritu de servicio,<br \/>\n    f) Humidad magn\u00e1nima del compromiso;<br \/>\n2. Sentido teol\u00f3gico de la humildad:<br \/>\n    a) Humildad y justificaci\u00f3n<br \/>\n    b) Humildad y virtudes teologales,<br \/>\n    c) Humildad y esp\u00ed\u00adritu de perd\u00f3n,<br \/>\n    d) Humildad obediente,<br \/>\n    e) Humildad y moral social.<br \/>\nIV. Megalomania, rostro moderno de la soberbia.<br \/>\nV. Educaci\u00f3n en la humildad.<\/p>\n<p>1. Introducci\u00f3n<br \/>\nNinguna virtud ha sido tan discutida en la historia del cristianismo como la humildad. Las mayores dificultades surgieron en el per\u00ed\u00adodo de la reforma, en el siglo pasado y a principios del nuestro por parte de los maestros de la sospecha (K. Marx, F. Nietzsche, S. Freud). Hoy es muy dif\u00ed\u00adcil comprender (nivel te\u00f3rico) y vivir (nivel pr\u00e1ctico) est\u00e1 virtud en un mundo en el que el hombre tiene una estima exagerada de s\u00ed\u00ad, en una b\u00fasqueda continua de autoafirmaci\u00f3n. El anhelo at\u00e1vico de la autosuficiencia y de la autonom\u00ed\u00ada personal, favorecidos hoy por la t\u00e9cnica, ha llevado a muchos a adoptar una actitud de independencia de todo y de todos, incluso de Dios, y a excluir del propio horizonte la virtud de la humildad. La negaci\u00f3n de la humildad no se da s\u00f3lo en el individualismo existencialista, sino tambi\u00e9n en el colectivo fascista de ayer y marxista de hoy, donde la persona no es considerada m\u00e1s que como parte de un todo. Una exposici\u00f3n sobre la humildad moral es ipso facto un discurso sobre el hombre (antropol\u00f3gico), sobre Dios (teol\u00f3gico) y sobre la relaci\u00f3n entre Dios y el hombre (hist\u00f3ricosalv\u00ed\u00adfico). El hombre de hoy se pregunta por qu\u00e9 debe someterse como sus antepasados, por qu\u00e9 debe ser humilde con el pr\u00f3jimo si no es inferior a \u00e9l en dignidad, y qu\u00e9 significa, en definitiva, ser humilde.<\/p>\n<p>II. Aspecto hist\u00f3rico<br \/>\nI. LA HUMILDAD EN EL MUNDO GRECORROMANO. La moral de los griegos, desde S\u00f3crates en adelante, se basaba en el principio \u00abcon\u00f3cete a ti mismo\u00bb, escrito en el templo de Delfos. En la interpretaci\u00f3n d\u00e9lfica, esto significaba: \u00abrecuerda que eres mortal, y no un dios\u00bb, mientras que la interpretaci\u00f3n socr\u00e1tica era de car\u00e1cter moral: conciencia del propio ser nada \u00e9tico, del propio deficere, de ser insuficiente (N. HARTMANN Etica, 2,227). Para Arist\u00f3teles, el hombre tiene una funci\u00f3n en el mundo seg\u00fan sus dotes; si en virtud de ellas tiende a las cosas grandes, es magn\u00e1nimo; si a las peque\u00f1as es modesto (Eth. IV, 7,1123b,4). Plat\u00f3n, al exigir del hombre que se conformara a las leyes de la justicia (Leg., 4,716) o al orden preexistente de la raz\u00f3n (Teet., 191a), en cierto modo ense\u00f1aba la humildad. El mundo griego no ten\u00ed\u00ada el concepto de un Dios creador y trascendente; por eso no pod\u00ed\u00ada conocer la humildad respecto a Dios. Los mismos estoicos, que aconsejaban la modestia, la paciencia, el autodominio, no tomaban en consideraci\u00f3n la humildad respecto a Dios, debido a su visi\u00f3n pante\u00ed\u00adsta dei mundo (B. H\u00ed\u0081RING, La ley de Cristo III, 78). Los Padres orientales (Or\u00ed\u00adgenes y Juan Cris\u00f3stomo) descubren en los escritos de los fil\u00f3sofos referencias a la virtud de la humildad, mientras que los Padres occidentales (Agust\u00ed\u00adn y Jer\u00f3nimo), al insistir en la \u00ed\u00adndole espec\u00ed\u00adficamente cristiana de esta virtud, no la advierten (P. ADNES, Humilt\u00e9, 1152). Luego, en el medievo, san Alberto y santo Tom\u00e1s la descubrir\u00e1n en los escritos de Arist\u00f3teles y de Cicer\u00f3n (S. Th., II-II, q. 161, a. 4).<\/p>\n<p>2. SAGRADA ESCRITURA. a) Antiguo Testamento. En el AT no se habla de humildad de Dios, sino s\u00f3lo de humildad del hombre, y se la ve en el comportamiento obediente y sumiso a Dios y a los jefes del pueblo. El hombre se siente movido a la actitud humilde para con Dios por la conciencia de que es creado por \u00e9l y de \u00e9l depende su vida (G\u00e9n 2:7; G\u00e9n 18:27). La pobreza socio-econ\u00f3mica lleva al israelita a una actitud religioso-moral de confianza en Dios, y no en los hombres o en los bienes materiales. La misma etimolog\u00ed\u00ada lo comprueba: los dos adjetivos ani y anah (ser bajo, plegado, inclinado) describen bien la pobreza, ya como actitud interior, ya como situaci\u00f3n material (W. GRUNDMANN, Tapeinos,G\u00e9n 13:836; P. ADN$S, Humilt\u00e9, 1144). En los libros sapienciales el t\u00e9rmino anawah pierde las connotaciones socioecon\u00f3micas, pasando a expresar s\u00f3lo una actitud interior (Pro 15:33; Pro 18:22; Sir 3:17-20). El temor de Dios engendrado por la conciencia del l pecado (Sal 50), la obediencia y la sumisi\u00f3n a su voluntad (Sof 2:3; 2Re 22:19), el reconocimiento de los dones recibidos (Isa 6:3), la apertura a la gracia divina (Pro 3:34) y la consiguiente glorificaci\u00f3n (1Sa 2:7; Pro 15:33) son otros tantos elementos conexos con la actitud del humilde. Hombres ejemplares por la humildad son Mois\u00e9s (N\u00fam 12:3), Abrah\u00e1n (G\u00e9n 18), Jerem\u00ed\u00adas (Jer 1), Gede\u00f3n (Jue 6), el siervo de Yhwh (Isa 53:4-10) y el mes\u00ed\u00adas (Zac 9:9). Pruebas dolorosas, como el destierro y la consiguiente pobreza revistieron un car\u00e1cter pedag\u00f3gico moral (Sof 2:3; Sof 3:1113), porque a trav\u00e9s de ellas Israel aprend\u00ed\u00ada la humildad por un lado con las miserias, y por otro con la intervenci\u00f3n providente de Dios (M.F. LACAN, Umilt\u00e1, 1162).<\/p>\n<p>b) Nuevo Testamento. En el NT la humildad posee ya las connotaciones de una virtud moral, si bien para una definici\u00f3n exhaustiva habr\u00e1 que esperar al pensamiento de los Padres y de los te\u00f3logos medievales. La humildad de Jes\u00fas, modelo para sus disc\u00ed\u00adpulos, nos es conocida a trav\u00e9s de sus palabras y de su vida. Se presenta a s\u00ed\u00ad mismo como \u00abmanso y humilde de coraz\u00f3n\u00bb (Mat 11:29). $u sumisi\u00f3n obediente a la voluntad del Padre es fruto de su amor (Jua 3:34), que se manifiesta en la renuncia a la gloria, que sin embargo le corresponde; es la humildad del que ha venido a servir y no a ser servido (Mat 20:28; Flp 2:1-2), complaciendo al Padre hasta la muerte, amando a los disc\u00ed\u00adpulos hasta lavarles los pies (Jua 13:1ss; Flp 2:8). La humildad de Jes\u00fas es expresi\u00f3n sublime del esp\u00ed\u00adritu de servicio. La humildad de Mar\u00ed\u00ada, como la de Jes\u00fas, no proviene de la conciencia del pecado o de la humana debilidad, sino de la toma de conciencia de la fuerza que proviene de Dios (Luc 1:48a.52b). La humildad de los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas tiene dos referencias: Dios y los hermanos. El cristiano debe ser humilde como su maestro, debe seguirle (Flp 2:5), y, porque se somete a \u00e9l (1Pe 5:5; Stg 4:6), encuentra gracia y benevolencia ante el Se\u00f1or (Stg 4:10; 1Pe 5:6). A este prop\u00f3sito, san Pablo exhorta a los fieles a considerar a los dem\u00e1s mejores que uno mismo; y san Pedro escribe: \u00ab&#8230; Dios se enfrenta a los soberbios, pero da su gracia a los humildes\u00bb (1Pe 5:5).<\/p>\n<p>3. LOS PADRES DE LA IGLESIA. Or\u00ed\u00adgenes, respondiendo a las cr\u00ed\u00adticas de Celso, seg\u00fan el cual los cristianos hab\u00ed\u00adan hecho indigna del hombre la humildad ense\u00f1ada por Plat\u00f3n, afirma que ella es la ra\u00ed\u00adz de la salvaci\u00f3n (In Jn.,1Pe 28:19) y de las virtudes, igual que la soberbia lo es de los vicios (Hom. 9 in Ez., 2). Para Or\u00ed\u00adgenes, lo que en la Biblia aparece como tapeinosis (humildad) equivale a la atuphia (ausencia de soberbia) y a la metrotes (justa medida, modestia) de los fil\u00f3sofos (Hom. in Lc.,1Pe 8:4-5 : SC 87, 169). Juan Cris\u00f3stomo llama a la humildad madre, ra\u00ed\u00adz y fundamento de todas las virtudes (Hom. 30 in At., 3: PG 60,261; In At 30,2: PG 60,255). San Agust\u00ed\u00adn resume toda la vida cristiana en la ant\u00ed\u00adtesis soberbia-humildad, acentuando su car\u00e1cter espec\u00ed\u00adficamente cristiano. Toda virtud es don de Dios (De civ.  Deu 1:19, Deu 1:25 : CSL 48,696). Todas las virtudes cardinales son manifestaciones de la caridad (Mor. Eccl. I, 15: PL 32,1322). La humildad es el fundamento de todo el edificio espiritual (Serm. 69,1,2: PL 38,441) y se aprende de Cristo, doctor y maestro de humildad, que la ense\u00f1\u00f3 verbo et exemplo (Serm. 62,1: PL 38,415). Para Agust\u00ed\u00adn, la humildad es el principio, el camino y la c\u00faspide de la conversi\u00f3n a Dios, y est\u00e1 unida al conocimiento de s\u00ed\u00ad mismo tambi\u00e9n como pecador (Tract. 25, In Ev. Jn., 6,16: PL 35, 1604; Serm. 137,4,4: PL 38,756). San Benito de Nursia, en su Regla, presenta la humildad como el fundamento, madre y maestra de toda virtud y del mismo amor. San Bernardo, en su tratado De gradibus humilitatis et superbiae, escribe as\u00ed\u00ad: \u00abHumilitas est virtus, qua homo verissima su\u00c2\u00a1 cognitione sibi ipsi vilescit\u00bb (la humildad es la virtud gracias a la cual el hombre, por medio de un verdadero conocimiento de s\u00ed\u00ad, se reputa de baja condici\u00f3n) (1,2: PL 182,942). Fruto de la humildad es la verdad, que es su primer grado; sucesivamente, la humildad dispone a la caridad, que es el segundo, donde el hombre al rebajarse ama al pr\u00f3jimo desinteresadamente; finalmente, la humildad desemboca en la contemplaci\u00f3n de la verdad de Dios, que es el tercer grado (3,6: PL 182,944). En el primer grado obrar\u00e1 el Hijo, en el segundo el Esp\u00ed\u00adritu Santo, en el tercero Dios Padre (7,20: PL 182,952).<\/p>\n<p>4. SANTO ToM\u00ed\u0081s. En el esquema de las virtudes de la Summa Theologiae se coloca a la humildad entre las virtudes anexas a la templanza, concretamente a la modestia. El motivo de tal colocaci\u00f3n se debe al principio de la sistematizaci\u00f3n tomaslana, que toma en consideraci\u00f3n no la materia ni el sujeto, sino el modo de obrar de las virtudes (In 3 Sent., 3,2,1; S. 7h., II-11, q. 164, a. 4, ad 2). La consecuci\u00f3n de los bienes, tanto morales como espirituales, exige dos virtudes: una para frenar y moderar las aspiraciones exageradas del hombre, y es la humildad; la otra para preservar al hombre del abatimiento y estimularlo a la conquista de las cosas grandes, y es la magnanimidad (S. Th., II-II, q. 161, a. 1).<\/p>\n<p>La humildad implica el conocimiento de la persona, de las capacidades naturales y sobrenaturales, para saber cu\u00e1l es el puesto asignado al hombre por Dios en su plan redentor (a. 2, ad 3; a. 5). El Aquin\u00e1te, aunque asigna a la humildad un puesto modesto, le atribuye un papel importante en la vida moral; siguiendo a los padres, la considera como el fundamento removens prohibens de la vida moral, capaz de eliminar la soberbia, de hacer al hombre sumiso a Dios y de disponerlo a su gracia (a. 5, ad 2). En el pensamiento de santo Tom\u00e1s la humildad tiene tres puntos de referencia: hacia s\u00ed\u00ad mismo: ateni\u00e9ndose a las reglas de la recta raz\u00f3n, la humildad le aclara al hombre la estima exacta de las dotes propias (a. 6); hacia los dem\u00e1s: la humildad, que regula las relaciones con Dios, influye tambi\u00e9n en las relativas al pr\u00f3jimo: \u00abla humildad propiamente se refiere&#8230; a la reverencia con que el hombre se somete a Dios&#8230; Sin embargo uno puede pensar que en el pr\u00f3jimo hay un bien que \u00e9l no tiene, o bien que en s\u00ed\u00ad mismo hay un mal que no encuentra en los dem\u00e1s; y as\u00ed\u00ad puede ponerse por debajo del pr\u00f3jimo\u00bb (a. 3); hacia Dios: la actitud humilde ante Dios no tiene nada que ver con la humillaci\u00f3n: \u00abel hombre se eleva tanto m\u00e1s cuanto m\u00e1s se somete a Dios con humildad\u00bb (a. 2, ad 2).<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo conseguir la humildad? Santo Tom\u00e1s indica dos caminos: el primero y principal es la gracia, ya que la humildad, como todas las virtudes, proviene de ella como principio operativo; el segundo es el esfuerzo personal. Como todas las virtudes aut\u00e9nticas, la humildad es una virtud infundida por Dios (a. 5, ad 2).<\/p>\n<p>5. LA HUMILDAD EN LOS MODERNOS. a) Teolog\u00ed\u00ada de la reforma. Lutero rechaza la concepci\u00f3n de la humildad como causa de la gracia y del m\u00e9rito para la vida eterna. Coherentemente con su teolog\u00ed\u00ada sobre la justificaci\u00f3n por medio de la fe, considera a la humildad como efecto de la justificaci\u00f3n por medio de la fe en Jesucristo (KARL-HEINZ ZUR MirHLEN, Demut-Reformation, 474s). Calvino ve en la humildad la s\u00ed\u00adntesis de la vida cristiana, coflsistente en el conocimiento de s\u00ed\u00ad y en la renuncia propia como la esencia de la penitencia proveniente de la fe de los elegidos seg\u00fan la predestinaci\u00f3n (ib, 477). En la ilustraci\u00f3n alemana se comienza a revalorizar el contenido moral de la humildad. J.L. Mosheim, A.J. Baumgarten y el mismo 1. Kant la conciben como la autovaloraci\u00f3n de la propia dignidad interior; estima de s\u00ed\u00ad como ser moral. Para Kant, la humildad es conciencia y sentimiento de la nulidad del propio valor moral frente a la ley; s\u00f3lo la ley es t\u00e9rmino de comparaci\u00f3n, y no otro hombre (ib, 481). Para A. Ritschl, la humildad es expresi\u00f3n de la perfecci\u00f3n cristiana; estamos lejos de la concepci\u00f3n pietista de la humildad como abnegaci\u00f3n y rebajamiento de s\u00ed\u00ad (ib). W. Hermann, en la l\u00ed\u00adnea de A. Ritschl, concibe la humildad como la vida interior que Cristo ofrece al cristianismo; como prontitud para \u00abrenunciar voluntariamente a los fines prefijados para la propia vida\u00bb y a \u00abdarse al servicio de los dem\u00e1s\u00bb (ib, 482).<\/p>\n<p>b) Teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica. M. Scheler, en su obra de revalorizaci\u00f3n de las virtudes, tiene en la mente las objeciones formuladas por F. Nietzsche contra la virtud en general, y contra la humildad en particular. Para F. Nietzsche, la humildad es expresi\u00f3n del resentimiento moral de los d\u00e9biles, un ideal peligroso y calumnioso para ocultar el miedo mezquino de afrontar la vida con decisi\u00f3n y fuerza. Scheler, realizando un an\u00e1lisis fenomenol\u00f3gico de las virtudes, presenta la humildad como la m\u00e1s delicada, la m\u00e1s misteriosa y la m\u00e1s hermosa de las virtudes cristianas, e incluso como la virtud cristiana por excelencia (Zur Rehabilitierung, 17ss; Das Resentiment, 88ss). En la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica, tanto espiritual como moral, la humildad ha tenido siempre un puesto. Es m\u00e1s, desde hace unos decenios asistimos a un intento de \u00abpromoci\u00f3n\u00bb de la humildad. En D. Lbttin, la humildad y la obediencia est\u00e1n unidas a la virtud de religi\u00f3n (Morale Fond, 22), y B. H\u00e1ring la concibe como una aut\u00e9ntica virtud cardinal cristiana (La ley de Cristo III, 78). Nosotros estamos de acuerdo con T.S. Centi, que, respondiendo a los te\u00f3logos cat\u00f3licos que en sus teolog\u00ed\u00adas promueven la humildad, escribe: \u00abEn el fondo, tenemos el habitual error de perspectiva; se confunde la nobleza de la virtud con su formalidad. Pero es preciso insistir con santo Tom\u00e1s en que se rectifiquen tales perspectivas, si queremos salvar el orden l\u00f3gico de la moral cristiana, d\u00e1ndole un orden sistem\u00e1tico verdaderamente razonable\u00bb (La Somma Teologica, 21,17).<\/p>\n<p>III. Aspecto sistem\u00e1tico<br \/>\n1. SENTIDO MORAL. a) Concepciones err\u00f3neas de la humildad. Varias e insidiosas han sido las objeciones formuladas contra la virtud de la humildad en el curso de los siglos. Se reaccionaba preferentemente contra la concepci\u00f3n pasiva y est\u00e1tica de la naturaleza humana -que ten\u00ed\u00ada su expresi\u00f3n religioso-moral en el quietismo de M. Molinos (P. POURRAT, Qui\u00e9tisme, en DthC 15, 1454-1565) y en el jansenismo franc\u00e9s-, seg\u00fan el cual la humildad era pasividad, no s\u00f3lo en la experiencia religiosa, sino tambi\u00e9n en la moral; sumisi\u00f3n a la injusticia y al poder; resignaci\u00f3n a la propia condici\u00f3n de vida; servilismo indigno del hijo de Dios; renuncia a los propios derechos humanos y cristianos, y, finalmente, cierre individualista en s\u00ed\u00ad mismo. M\u00e1s tarde P. de B\u00e9rulle (j&#8217; 1629), J. Eudes ( j&#8217; 1680), N. Malebranche (j&#8217; 1715) y otros concibieron la humildad como \u00abaniquilamiento\u00bb, \u00ababnegaci\u00f3n\u00bb (P. ADNES, Humilit\u00e9, 1177-78). Finalmente, en nuestros d\u00ed\u00adas, J. Pieper, al afirmar que la humildad no es una actitud de autolesi\u00f3n, de rebajamiento del propio ser y de la propia actividad, vuelve a colocar en una justa perspectiva la problem\u00e1tica (Sulla temperat:za, 85-86).<\/p>\n<p>b) Conocimiento de s\u00ed\u00ad: regla directiva de la humildad. En el curso de los siglos se ha estimado que la humildad estaba dirigida por el conocimiento, por la voluntad o por un sentimiento interior. La regla directiva de la humildad consiste en el conocixpienta de s\u00ed\u00ad, y se la encuentra en el axioma de S\u00f3crates y de los estoicos \u00abcon\u00f3cete a ti mismo\u00bb, y sucesivamente en el de san Agust\u00ed\u00adn y de la m\u00ed\u00adstica cristiana, para los cuales la humildad consiste en andar seg\u00fan la verdad (SANTA TERESA, Morada 6, C. lO; SANTA CATALINA DE SIENA, 11 Dialogo IV, 7); san Bernardo distingui\u00f3 la \u00abhumllitas veritatis et affectionis\u00bb (Sermo 42 in Cn. 6: PL 183, 990), y san Buenaventura la \u00abhumilitas veritatis et severitatis\u00bb (De perfectione evangelica, 5,123): la primera nace de la conciencia de la condici\u00f3n de criatura, la segunda de la conciencia de pecado. El conocimiento de s\u00ed\u00ad y del puesto propio en el mundo creado y salvado por Dios es la norma de la humildad consigo mismo, respecto al mundo, respecto a los dem\u00e1s y respecto a Dios (S. Th., II-II, q. 161, a. 5, ad 2).<\/p>\n<p>c) Dignidad humana y cristiana: fundamento de la humildad. Com\u00fanmente se ve el origen de la humildad en la bajeza. Ya S\u00f3crates fundaba la modestia en la insuficiencia de s\u00ed\u00ad (N. HARTMANN, Etica, 2,227), y los estoicos en el \u00absensum propnae vacuitatis\u00bb (SAN ALBERTO MAGNO, In Eth. IV, 2,2,296). En el AT y en el NT la conciencia de la dependencia del hombre como criatura y como pecador es el motivo fundamental de la actitud humilde. San Agust\u00ed\u00adn, santo Tom\u00e1s y la teolog\u00ed\u00ada cristiana se colocaron en esta l\u00ed\u00adnea. La conciencia de la propia inconsistencia y debilidad fue luego influenciada por la teolog\u00ed\u00ada protestante. Un doble conocimiento est\u00e1 en el origen de la humildad: el de nuestra condici\u00f3n de criaturas y el de la culpa por los pecados. Pero esos elementos definen el aspecto negativo de esta virtud. Para una concepci\u00f3n positiva e integral hay que tener presente un aspecto esencial ulterior: el reconocimiento de la dignidad de la naturaleza humana y de la gracia. El hombre creado por Dios y salvado por Cristo por la gracia del Esp\u00ed\u00adritu Santo no puede dejar de reconocer la gratuidad de todos los dones recibidos: los dones de la inteligencia y de la libertad, de la gracia y de todas las virtudes con ella conexas. Justamente la conciencia de ser una \u00abnada\u00bb moral a pausa de la propia infidelidad, pero igualmente la conciencia de haber recibido la semejanza con Dios y con Cristo, forman el rostro de la aut\u00e9ntica virtud cristiana de la humildad.<\/p>\n<p>d) Humildad, sus actos y sus propiedades. La humildad es la virtud moral que consiste en tener de s\u00ed\u00ad mismos aquella estima y respeto que corresponden a la verdad de la propia configuraci\u00f3n en el mundo creado y salvado por Dios, en la \u00f3ptica de la elevaci\u00f3n a hijos de Dios, pero siempre perfectibles. Es una virtud que no excluye el gozo y la satisfacci\u00f3n de los bienes que se poseen, con tal de que no se los atribuya a uno mismo, sino a Dios, dador de todo bien. En virtud de esto podemos enumerar cuatro actos principales de humildad: dar gracias al Se\u00f1or y a los dem\u00e1s por el bien recibido y no fomentar rencor por la ingratitud humana; saber recibir con gratitud el bien de los dem\u00e1s, reconociendo la propia indigencia de bien, de verdad, etc.; saber dar el bien y saber darse a s\u00ed\u00ad mismo a los dem\u00e1s; pedir perd\u00f3n al Senot y al pr\u00f3jimo por el mal hecho y perdonar a nuestra vez.<\/p>\n<p>La humildad posee dos aspectos: a trav\u00e9s del negativo -que pone el acento en la conciencia del pecado y de la consiguiente sanci\u00f3n- el hombre soporta las humillaciones y las dificultades que no ahorra la vida; en cambio, a trav\u00e9s del aspecto positivo -que subraya la dignidad humana y cristiana- el hombre es inducido a ser m\u00e1s generoso en dar y m\u00e1s agradecido en recibir.<\/p>\n<p>e) Humildad como esp\u00ed\u00adritu de servicio. El humilde se da siempre a s\u00ed\u00ad mismo en los dones que otorga, lo cual es la actitud de Jes\u00fas: \u00abEl Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos\u00bb (Mat 20:28). Semejante esp\u00ed\u00adritu de servicio no es m\u00e1s que manifestaci\u00f3n del amor don, de que habla el Vat. II: \u00abEl hombre, \u00fanica criatura terrestre a la que Dios ha ardo por si misma, no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de s\u00ed\u00ad mismo a los dem\u00e1s\u00bb (GS 24). En estas palabras se resumen la tendencia del hombre a la autorrealizaci\u00f3n personal (encontrarse plenamente) y el modo de obtenerla (a trav\u00e9s del don desinteresado de s\u00ed\u00ad), o sea, el esp\u00ed\u00adritu de servicio. La humildad como esp\u00ed\u00adritu de servicio repercute en beneficio de la comunidad entera y no s\u00f3lo de la autorrealizaci\u00f3n personal; por eso es indispensable que los miembros de la comunidad cristiana, viviendo el uno para el otro, tengan una actitud interior de servicio (W. GRUNDMANN, Tapeinos, 885-886).<\/p>\n<p>f) Humildad magn\u00e1nima del compromiso. No es cierta la afirmaci\u00f3n de W. Sch\u00fctz, seg\u00fan el cual santo Tom\u00e1s resuelve el problema de la relaci\u00f3n entre la magnanimidad y la humildad mediante la relaci\u00f3n entre la naturaleza (magnanimidad aristot\u00e9lica) y la supernaturaleza evang\u00e9lica (humildad) (Demut, 58). Para santo Tom\u00e1s estas dos virtudes no se contraponen, sino que se completan rec\u00ed\u00adprocamente (S. Th., II-II q. 129, a. 3, ad 4; q. 161, a. 1). En efecto, la aspiraci\u00f3n a la autorrealizaci\u00f3n mediante el don desinteresado de s\u00ed\u00ad, si no est\u00e1 sostenida por la aspiraci\u00f3n a las cosas grandes, falla. Si un justo orgullo sin la humildad corre el riesgo de deslizarse hacia la presunci\u00f3n y la vanidad, la humildad sin un justo orgullo se convierte en abyecci\u00f3n, falta de dignidad e hipocres\u00ed\u00ada (N. HARTMANN, Etica, 2,289). La humildad permite reconocer con gratitud que esta fuerza es un don de Dios, y la magnanimidad induce a dedicarla a la construcci\u00f3n del mundo personal y social. No existe un t\u00e9rmino apto para designar la relaci\u00f3n entre humildad y magnanimidad; por eso la formulamos con el binomio humildad magn\u00e1nima y magnanimidad humilde.<\/p>\n<p>2. SENTIDO TEOL\u00ed\u201cGICO DE LA HUMILDAD. a) Humildad y justificaci\u00f3n. En la historia del cristianismo han sido dos las posiciones respecto a la relaci\u00f3n entre la humildad y la gracia de la justificaci\u00f3n: la humildad es conditio sine qua non de la justificaci\u00f3n (1Pe 5:5 : \u00abDios se enfrenta a los soberbios, pero da su gracia a los humildes\u00bb); la humildad es fruto de la justificaci\u00f3n. La primera posici\u00f3n est\u00e1 representada generalmente por los Padres y por la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica; la segunda, por la teolog\u00ed\u00ada protestante. La humildad, seg\u00fan la concepci\u00f3n cat\u00f3lica, le permite al hombre abrirse a la acci\u00f3n de Dios; es el fundamento removens prohibens de la justificaci\u00f3n (S.Th., II-II, q. 161, a. 5, ad 2). Para la teolog\u00ed\u00ada protestante, en cambio, la gracia est\u00e1 en la base de todas las virtudes, y por consecuencia la humildad es su efecto y expresi\u00f3n vital (KARL-HEINZ ZUR M\u00dcHLEN, Demut, 476). La conciliaci\u00f3n de estas dos tendencias se encuentra en san Pablo: \u00abPues es Dios el que obra en vosotros el querer y el obrar seg\u00fan su voluntad\u00bb (Flp 2:13). Por eso lo que santo Tom\u00e1s dice de la humildad como predisposici\u00f3n del hombre a tener acceso a los bienes espirituales y divinos y como virtud infusa, se debe encuadrar en la perspectiva unitaria del orden de la salvaci\u00f3n (a. 5, ad 4). Existe la humildad inicial como condici\u00f3n y predisposici\u00f3n (es la actitud del publicano) suscitada por la gracia divina, o al menos por la gracia actual; y existe la humildad perfecta como efecto y resultado de la gracia.<\/p>\n<p>b) Humildad y virtudes teologales. La relaci\u00f3n entre la humildad y las \/virtudes teologales es similar a la que existe entre la humildad y la gracia de justificaci\u00f3n. Tanto en los Padres como en los te\u00f3logos modernos, las mismas expresiones designan tambi\u00e9n la relaci\u00f3n humildad-virtudes teologales; la primera es fruto de las segundas, y tambi\u00e9n condici\u00f3n y fundamento de todas las virtudes. Tal relaci\u00f3n no impide, sin embargo, que exista una dial\u00e9ctica, sobre todo entre humildad y virtudes teologales, por una parte, y elemento \u00abdivino\u00bb y elemento \u00abhumano\u00bb en las virtudes, por otra. Lo mismo para san Agust\u00ed\u00adn que para san Buenaventura (y luego para la teolog\u00ed\u00ada protestante), la humildad se funda en la fe (De perfectione vitae II). Para B. H\u00e1ring, la humildad es expresi\u00f3n de fe, esperanza y caridad por una parte, y condici\u00f3n suya por otra (La ley de Cristo III, 82-89). A1 principio, el humilde acepta la ley que Dios le ofrece por medio de la fe, la confianza en la ayuda divina por medio de la esperanza y la uni\u00f3n con Dios por medio de la caridad; pero luego la plenitud y la madurez de las virtudes teologales hacen brotar la perfecta humildad.<\/p>\n<p>c) Humildad y esp\u00ed\u00adritu de perd\u00f3n. Uno de los actos de humildad, como se ha dicho anteriormente, es pedir perd\u00f3n y perdonar. Ejemplos de ello son el hilo pr\u00f3digo de la par\u00e1bola evang\u00e9lica, que, al volver a casa, se dirige al padre con estas palabras: \u00abHe pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo\u00bb (Luc 15:21), y el publicano que dice: \u00abOh Dios, ten compasi\u00f3n de m\u00ed\u00ad, pecador\u00bb (Luc 18:13). La oraci\u00f3n del publicano se inspira en el Sal 51: \u00abTen compasi\u00f3n, oh Dios, cancela mi pecado\u00bb; y: \u00abun coraz\u00f3n contrito y humillado, t\u00fa, oh Dios, no lo desprecias\u00bb (vv. 9 y 19). As\u00ed\u00ad como el hombre cae en pecado a causa de su soberbia, as\u00ed\u00ad se eleva por medio de la humildad (G. CASIANO, Institutiones XII,Luc 8:1 : SC 109,460). La actitud humilde, el reconocimiento de ser pecador y la confianza en la ayuda de Dios son ya causados por la gracia, al menos actual; pero el m\u00e9rito del hijo pr\u00f3digo y del publicano consiste en haber secundado la obra de la gracia, dej\u00e1ndose guiar por ella hasta lograr el perd\u00f3n de los pecados, la infusi\u00f3n de la gracia habitual y la plenitud de la verdadera virtud cristiana de la humildad.<\/p>\n<p>d) Humildad obediente. La experiencia de la dependencia de los otros (padres, maestros, superiores de cualquier clase) jalona cada uno de los momentos de nuestra vida. As\u00ed\u00ad llega el hombre a la conclusi\u00f3n de que \u00abno es Dios ni es como Dios\u00bb (J. PIEPER, Sulla temperanza, 90). Pero en su vida hay sitio para la dependencia obediente, que -seg\u00fan santo Tom\u00e1s- brota de la sumisi\u00f3n a Dios (S.Th., II-11, q. 161, a. 3, ad 1). Por eso la obediencia a los otros no ha de ser fruto solamente de los v\u00ed\u00adnculos sociales, sino que debe originarse de la dependencia de Dios y del amor al Se\u00f1or (I Pe 2,13).<\/p>\n<p>e) Humildad y moral social. La persona humilde siente la responsabilidad hacia la comunidad y el bien com\u00fan. \u00abLa profunda y r\u00e1pida transformaci\u00f3n de la vida exige con suma urgencia que no haya nadie que, por despreocupaci\u00f3n frente a la realidad o por pura inercia, se conforme con una \u00e9tica meramente individualista\u00bb (GS 30). El humilde no puede ser ni esclavo del mundo, envileciendo su dignidad y abdicando de su grandeza (JUAN PABLO II, Redemptor hominis, 16), ni tirano arrogante e insensible a las exigencias del equilibrio natural del mundo; debe esforzarse por ser humilde administrador en nombre de Dios, que es el \u00fanico se\u00f1or de todos y de todo lo creado (G\u00e9n 1:28). El hombre forma parte del mundo, y al mismo tiempo, lo trasciende; por tanto, la superioridad que le permite someter la naturaleza para satisfacer sus necesidades no le consiente despreciarla y explotarla indiscriminadamente. La humildad como esp\u00ed\u00adritu de entrega y de servicio empuja al hombre a combatir los males de la condici\u00f3n humana de cualquier tipo: econ\u00f3micos, pol\u00ed\u00adticos, culturales, nacionales e internacionales, y no le permite permanecer pasivo e inoperante. As\u00ed\u00ad pues, aun siendo la humildad una realidad moral de la persona, est\u00e1n ligadas a ella responsabilidades sociales y comunitarias que no pueden quedar desatendidas (RADLER, DemutEtisch, 486).<\/p>\n<p>IV. Megaloman\u00ed\u00ada, rostro moderno de la soberbia<br \/>\nLa soberbia es la pretensi\u00f3n del hombre de tener autonom\u00ed\u00ada absoluta sobre el bien y sobre el mal. Tendencia ya presente en los or\u00ed\u00adgenes de la humanidad, no consiste en el deseo de ser \u00abgrandes\u00bb, sino en jactarse de conseguir esa grandeza con las propias fuerzas. Se presenta bajo varias formas, siendo las m\u00e1s graves los vicios contra las virtudes teologales: la negativa a creer, esperar y amar; las menos graves son el exagerado cuidado de s\u00ed\u00ad mismo, la susceptibilidad, el desprecio de la vida ajena, atribuirse virtudes que no se poseen, ufanarse de las que se poseen, subestimar la bondad de los dem\u00e1s o exagerar sus defectos&#8230; La soberbia aleja de la verdad; santo Tom\u00e1s observa que los soberbios pierden la relaci\u00f3n afectiva con la verdad: \u00abal complacerse en su excelencia, desprecian el valor de la verdad\u00bb (S. Th., II-II, q. 162, a. 3, ad 1). D. Bonh\u00f6ffer a\u00f1ade: \u00abExiste una verdad sat\u00e1nica. Su naturaleza consiste esencialmente en negar todo lo que es real, adoptando las apariencias de la verdad. Vive del odio contra la realidad, contra el mundo que Dios ha creado y amado&#8230; La verdad de Dios juzga lo creado por amor; en cambio, la verdad de Satan\u00e1s lo hace por envidia y por odio\u00bb (Etica, 261). El hombre dominado por la soberbia raramente alaba, le gusta criticar, dif\u00ed\u00adcilmente pide y m\u00e1s dif\u00ed\u00adcilmente a\u00fan agradece y casi nunca reconoce su culpabilidad. La \u00e9tica laica de hoy no conoce la humildad, y por lo tanto tampoco la soberbia; habla s\u00f3lo de megaloman\u00ed\u00ada, que coincide con la soberbia si es una actitud interior, y con la vanidad si es una actitud exterior.<\/p>\n<p>V. Educaci\u00f3n en la humildad<br \/>\nLa conditio sine qua non de la educaci\u00f3n en la humildad cristiana es la presentaci\u00f3n \u00ed\u00adntegra de ella. El educador debe afinar la sensibilidad del educando a los dones divinos naturales y sobrenaturales y guiarlo al conocimiento de sus propios defectos y pecados. Debe ense\u00f1ar a orar pidiendo perd\u00f3n y dando gracias, porque en la oraci\u00f3n personal y comunitaria es donde se infunden los actos propios de la aut\u00e9ntica humildad cristiana. El educador debe sacar a la luz el mal para combatirlo, pero m\u00e1s a\u00fan debe premiar y alabar el bien para evitar el predominio del aspecto negativo. Es preciso que la educaci\u00f3n en la humildad cristiana se base en la evidencia de la total dependencia de Dios en todas las dimensiones de la vida presentada en la perspectiva de la historia de la salvaci\u00f3n, que tiene su punto central en Cristo y su realizaci\u00f3n en la Iglesia por medio del Esp\u00ed\u00adritu Santo.<\/p>\n<p>[l Educaci\u00f3n moral; l Fortaleza; l Prudencia; l Virtud; l Virtudes teologales].<\/p>\n<p>BIBL.: AI)NES P., Humilit\u00e9, en \u00abDSp\u00bb7 (1968) 1136-1187; BONHtSFFEa D., Etica, Estela, Barcelona 1968 DOLHAGARAY B., Humilit\u00e9, en \u00abDThC\u00bb 7 (1927) 322-329; GRUNDMANN W., Tapeinos, en \u00abGLNT\u00bb 13 (1981) 823-892; HXRING B., La ley de Cristo III, Herder, Barcelona 1973; HARTMATIN N., Etica, Guida, N\u00e1poles 1970; KARL-HEIN,ZZUaMOHLEN Demut-ReformationNeuzeit, en Theologische Realenzyklop\u00fcdie, t. 8, Walter de Gruyter, Berl\u00ed\u00adn 1981, 474-483; LACAN M.F., Umilt\u00e1, en Dizionario di teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica, Marietti, Tur\u00ed\u00adn 1965, 1161-I 164; LorrIrr O., M\u00f3rale jondamentale, Descl\u00e9e, Par\u00ed\u00ads 1954; MorrctLLO D., Humildad, en Nuevo diccionario de espiritualidad, Paulinas, Madrid 1991&#8242;, 913-924; I&#8217;IEPEa J., Sulla temperanza, Morcelliana, Brescia 1965; PRZYWARA E., Humildad, paciencia y amor, Herder, Barcelona 1964 RADLER A., Demut-Ethisch, en Theologische Realenziklop\u00fcdie, t. 8, 483488; SCHELER M., Zur Rehabilitierung der Tugend. Die Demut, en Vom Umsturz der Werte, Francke Verlag, Berna 19554, 17-26; In, Das Ressentiment im Aufbau der Moralen, ib, 35-147; ScH\u00fcrz W., Demut, en Historisches Wtirterbuch der Philosophie, t. 2, Swabe und C. Verlag, Basilea-Stutgart 1972, 57-59.<\/p>\n<p>E. Kaczynski<\/p>\n<p>Compagnoni, F. &#8211; Piana, G.- Privitera S., Nuevo diccionario de teolog\u00ed\u00ada moral, Paulinas, Madrid,1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda Moral<\/b><\/p>\n<p>Virtud contrapuesta al orgullo o la arrogancia. No es debilidad, sino una disposici\u00f3n mental que agrada a Jehov\u00e1.<br \/>\nEn las Escrituras Hebreas la palabra \u2020\u0153humildad\u2020\u009d se deriva de una ra\u00ed\u00adz (`a\u00c2\u00b7n\u00e1h) que significa \u2020\u0153afligido; humillado; oprimido\u2020\u009d. Las palabras derivadas de esta ra\u00ed\u00adz se han traducido de varias maneras: \u2020\u0153humildad\u2020\u009d, \u2020\u0153mansedumbre\u2020\u009d, \u2020\u0153aflicci\u00f3n\u2020\u009d, etc. Otros dos verbos hebreos que tienen que ver con la \u2020\u0153humildad\u2020\u009d son ka\u00c2\u00b7n\u00e1` (literalmente, \u2020\u0153someter[se]\u2020\u009d) y scha\u00c2\u00b7f\u00e9l (literalmente, \u2020\u0153ser o hacerse bajo\u2020\u009d). En las Escrituras Griegas Cristianas, la palabra ta\u00c2\u00b7pei\u00c2\u00b7no\u00c2\u00b7fro\u00c2\u00b7s\u00fd\u00c2\u00b7ne, que procede de las palabras ta\u00c2\u00b7pei\u00c2\u00b7n\u00f3\u00c2\u00b7o, \u2020\u0153humillar\u2020\u009d, y fren, \u2020\u0153mente\u2020\u009d, se traduce \u2020\u0153humildad\u2020\u009d y \u2020\u0153humildad mental\u2020\u009d.<br \/>\nPara ser humildes tenemos que razonar sobre nuestra relaci\u00f3n personal con Dios y con nuestro semejante seg\u00fan se indica en la Biblia, y luego poner en pr\u00e1ctica los principios aprendidos. La palabra hebrea hith\u00c2\u00b7rap\u00c2\u00b7p\u00e9s, que se traduce \u2020\u0153hum\u00ed\u00adllate\u2020\u009d, significa literalmente \u2020\u0153pisot\u00e9ate\u2020\u009d. Expresa muy bien la acci\u00f3n a la que hace referencia el sabio en Proverbios: \u2020\u0153Hijo m\u00ed\u00ado, si has salido fiador por tu semejante, [&#8230;] si has sido cogido en un lazo por los dichos de tu boca, [&#8230;] has ca\u00ed\u00addo en la palma de la mano de tu semejante: Ve y hum\u00ed\u00adllate [pisot\u00e9ate], e inunda con importunaciones a tu semejante. [&#8230;] L\u00ed\u00adbrate\u2020\u009d. (Pr 6:1-5.) En otras palabras: echa a un lado tu orgullo, reconoce tu error, endereza los asuntos y busca perd\u00f3n. Jes\u00fas exhort\u00f3 a que las personas se humillasen delante de Dios como si fueran un ni\u00f1o, y que en vez de tratar de ser prominentes, ministrasen o sirviesen a sus hermanos. (Mt 18:4; 23:12.)<br \/>\nTambi\u00e9n se aprende humildad cuando se pasa por una experiencia que hace humillar el esp\u00ed\u00adritu. Jehov\u00e1 dijo a Israel que los hab\u00ed\u00ada humillado haci\u00e9ndolos vagar cuarenta a\u00f1os por el desierto a fin de ponerlos a prueba para ver lo que hab\u00ed\u00ada en su coraz\u00f3n, y para hacerles saber que \u2020\u0153no solo de pan vive el hombre, sino que de toda expresi\u00f3n de la boca de Jehov\u00e1 vive el hombre\u2020\u009d. (Dt 8:2, 3.) Sin duda muchos de los israelitas se beneficiaron de esta dura experiencia y se hicieron m\u00e1s humildes debido a ella. (Comp\u00e1rese con Le 26:41; 2Cr 7:14; 12:6, 7.) Si una persona o una naci\u00f3n reh\u00fasa humillarse o aceptar disciplina humillante, a su debido tiempo sufrir\u00e1 humillaci\u00f3n. (Pr 15:32, 33; Isa 2:11; 5:15.)<\/p>\n<p>Le agrada a Dios. La humildad tiene un gran valor a los ojos de Jehov\u00e1. Aunque Dios no le debe nada a la humanidad, debido a su bondad inmerecida est\u00e1 dispuesto a mostrar misericordia y favor a los que se humillan delante de El. Esas personas muestran que no conf\u00ed\u00adan o se jactan en s\u00ed\u00ad mismos, sino que buscan a Dios y desean hacer su voluntad. Como dijeron los escritores cristianos inspirados Santiago y Pedro, \u2020\u0153Dios se opone a los altivos, pero da bondad inmerecida a los humildes\u2020\u009d. (Snt 4:6; 1Pe 5:5.)<br \/>\nJehov\u00e1 oye incluso a aquellos que en el pasado han practicado vilezas, si verdaderamente se humillan delante de El y le ruegan que les extienda su misericordia, El los oye. Al promover la adoraci\u00f3n falsa en el pa\u00ed\u00ads, el rey Manas\u00e9s de Jud\u00e1 sedujo a los habitantes de Jud\u00e1 y Jerusal\u00e9n \u2020\u0153para que hicieran peor que las naciones que Jehov\u00e1 hab\u00ed\u00ada aniquilado de delante de los hijos de Israel\u2020\u009d. Sin embargo, despu\u00e9s que Jehov\u00e1 permiti\u00f3 que Manas\u00e9s fuese llevado cautivo al rey de Asiria, \u2020\u0153sigui\u00f3 humill\u00e1ndose mucho a causa del Dios de sus antepasados. Y sigui\u00f3 orando a El, de modo que El se dej\u00f3 rogar por \u00e9l y oy\u00f3 su petici\u00f3n de favor y lo restaur\u00f3 en Jerusal\u00e9n a su gobernaci\u00f3n real; y Manas\u00e9s lleg\u00f3 a saber que Jehov\u00e1 es el Dios verdadero\u2020\u009d. As\u00ed\u00ad fue como Manas\u00e9s aprendi\u00f3 la humildad. (2Cr 33:9, 12, 13; comp\u00e1rese con 1Re 21:27-29.)<\/p>\n<p>Da la gu\u00ed\u00ada debida. El que se humilla delante de Dios puede esperar que El lo gu\u00ed\u00ade y ayude. Sobre Esdras recay\u00f3 la dif\u00ed\u00adcil tarea de dirigir el viaje de regreso de Babilonia a Jerusal\u00e9n de m\u00e1s de 1.500 hombres, sin contar a los sacerdotes, los netineos, las mujeres y los ni\u00f1os. Adem\u00e1s, llevaban consigo una gran cantidad de oro y plata para hermosear el templo de Jerusal\u00e9n. Necesitaban protecci\u00f3n en el viaje, pero Esdras no quiso pedir al rey de Persia una escolta militar, lo que hubiera significado ampararse en el poder humano, m\u00e1xime cuando anteriormente le hab\u00ed\u00ada dicho: \u2020\u0153La mano de nuestro Dios est\u00e1 sobre todos los que lo buscan para bien\u2020\u009d. Por lo tanto, proclam\u00f3 un ayuno para que el pueblo se humillase delante de Jehov\u00e1. Pidieron ayuda a Dios, y El los escuch\u00f3 y protegi\u00f3 de las emboscadas, de modo que pudieron realizar el viaje sin incidentes. (Esd 8:1-14, 21-32.) Dios favoreci\u00f3 a Daniel, mientras este estaba en el exilio en Babilonia, envi\u00e1ndole un \u00e1ngel con una visi\u00f3n debido a que se hab\u00ed\u00ada humillado ante El en su b\u00fasqueda de gu\u00ed\u00ada y entendimiento. (Da 10:12.)<br \/>\nLa humildad guiar\u00e1 a la persona por la senda verdadera y le traer\u00e1 gloria, puesto que Dios es el que ensalza y abate. (Sl 75:7.) \u2020\u0153Antes de un ruidoso estrellarse el coraz\u00f3n del hombre es altanero, y antes de la gloria hay humildad.\u2020\u009d (Pr 18:12; 22:4.) Por lo tanto, el que por su altivez busca prestigio fracasar\u00e1, como le sucedi\u00f3 al rey Uz\u00ed\u00adas de Jud\u00e1, que se ensoberbeci\u00f3 y usurp\u00f3 los deberes sacerdotales: \u2020\u0153Tan pronto como se hizo fuerte, su coraz\u00f3n se hizo altivo aun hasta el punto de causar ruina, de modo que actu\u00f3 infielmente contra Jehov\u00e1 su Dios y entr\u00f3 en el templo de Jehov\u00e1 para quemar incienso sobre el altar del incienso\u2020\u009d. Cuando se enfureci\u00f3 con los sacerdotes porque lo corrigieron, se le hiri\u00f3 con lepra. (2Cr 26:16-21.) La falta de humildad descarri\u00f3 a Uz\u00ed\u00adas para su propia perdici\u00f3n.<\/p>\n<p>Es una ayuda en tiempo de adversidad. La humildad es de gran ayuda al enfrentarse al desaf\u00ed\u00ado de la adversidad. Si sobreviene calamidad, la humildad ayuda a aguantar y perseverar, as\u00ed\u00ad como a continuar sirviendo a Dios. El rey David pas\u00f3 por muchas adversidades. Fue perseguido como un proscrito por el rey Sa\u00fal. Pero nunca se quej\u00f3 de Dios ni se ensalz\u00f3 a s\u00ed\u00ad mismo por encima del ungido de Jehov\u00e1. (1Sa 26:9, 11, 23.) Cuando pec\u00f3 contra Jehov\u00e1 debido a sus relaciones con Bat-seba, y Nat\u00e1n, el profeta de Dios, le censur\u00f3 con gran firmeza, David se humill\u00f3 delante de Dios. (2Sa 12:9-23.) M\u00e1s tarde, cuando cierto benjamita llamado Sime\u00ed\u00ad empez\u00f3 a invocar el mal sobre David p\u00fablicamente, y su oficial Abisai quiso matarlo por haber sido tan irrespetuoso con el rey, David demostr\u00f3 humildad. Respondi\u00f3 a Abisai: \u2020\u0153Miren que mi propio hijo, que ha salido de mis mismas entra\u00f1as, anda buscando mi alma; \u00c2\u00a1y cu\u00e1nto m\u00e1s ahora un benjaminita! [&#8230;] Quiz\u00e1s vea Jehov\u00e1 con su ojo, y Jehov\u00e1 realmente me restaure el bien en vez de su invocaci\u00f3n de mal este d\u00ed\u00ada\u2020\u009d. (2Sa 16:5-13.) Despu\u00e9s David cens\u00f3 al pueblo en contra de la voluntad de Jehov\u00e1. El relato lee: \u2020\u0153Y el coraz\u00f3n de David empez\u00f3 a darle golpes despu\u00e9s de haber contado as\u00ed\u00ad al pueblo. Por consiguiente, David dijo a Jehov\u00e1: \u2020\u02dcHe pecado much\u00ed\u00adsimo en lo que he hecho [&#8230;] he obrado muy tontamente\u2020\u2122\u2020\u009d. (2Sa 24:1, 10.) Aunque fue castigado, sigui\u00f3 siendo rey; su humildad le permiti\u00f3 recobrar el favor de Jehov\u00e1.<\/p>\n<p>Una cualidad de Dios. Jehov\u00e1 Dios dice de s\u00ed\u00ad mismo que es humilde. No se trata de que sea inferior en algo ni de que deba sumisi\u00f3n a nadie. Su humildad radica en que ejerce misericordia y gran compasi\u00f3n para con los humildes pecadores. El que hasta se interese en los pecadores y haya provisto a su Hijo como sacrificio por los pecados de la humanidad es una expresi\u00f3n de su humildad. Jehov\u00e1 Dios ha permitido la iniquidad durante unos seis mil a\u00f1os, as\u00ed\u00ad como que la humanidad viniese a la existencia a pesar de que su padre Ad\u00e1n hab\u00ed\u00ada pecado. Por su bondad inmerecida, mostr\u00f3 misericordia a la descendencia de Ad\u00e1n, d\u00e1ndoles la oportunidad de alcanzar la vida eterna. (Ro 8:20, 21.) Todo ello pone de manifiesto la humildad de Dios, junto con sus otras excelentes cualidades.<br \/>\nEl rey David vio y apreci\u00f3 esta cualidad en la bondad inmerecida que Dios ejerci\u00f3 con \u00e9l. Despu\u00e9s que Jehov\u00e1 le hab\u00ed\u00ada librado de la mano de todos sus enemigos, cant\u00f3: \u2020\u0153T\u00fa me dar\u00e1s tu escudo de salvaci\u00f3n, y tu humildad es lo que me hace grande\u2020\u009d. (2Sa 22:36; Sl 18:35.) Aunque Jehov\u00e1 se sienta en su lugar ensalzado en los m\u00e1s altos cielos y con la m\u00e1xima dignidad, sin embargo, puede decirse: \u2020\u0153\u00bfQui\u00e9n es como Jehov\u00e1 nuestro Dios, aquel que est\u00e1 haciendo su morada en lo alto? Est\u00e1 condescendiendo en tender la vista sobre cielo y tierra, y levanta al de condici\u00f3n humilde desde el polvo mismo; ensalza al pobre del mism\u00ed\u00adsimo pozo de cenizas, para hacer que se siente con nobles, con los nobles de su pueblo\u2020\u009d. (Sl 113:5-8.)<\/p>\n<p>La humildad de Jesucristo. Cuando Jesucristo estuvo en la Tierra, puso el mejor ejemplo de humildad como siervo de Dios. La noche antes de su muerte se ci\u00f1\u00f3 con una toalla, y lav\u00f3 y sec\u00f3 los pies de cada uno de sus doce ap\u00f3stoles, un servicio que acostumbraban a efectuar los criados y los esclavos. (Jn 13:2-5, 12-17.) El hab\u00ed\u00ada dicho a sus disc\u00ed\u00adpulos: \u2020\u0153El que se ensalce ser\u00e1 humillado, y el que se humille ser\u00e1 ensalzado\u2020\u009d. (Mt 23:12; Lu 14:11.) El ap\u00f3stol Pedro, que estuvo presente esa noche, record\u00f3 el excelente ejemplo que puso Jes\u00fas de vivir de acuerdo con sus palabras. M\u00e1s tarde aconsej\u00f3 a sus compa\u00f1eros creyentes: \u2020\u0153Todos ustedes c\u00ed\u00ad\u00f1anse con humildad mental los unos para con los otros [&#8230;]. Hum\u00ed\u00adllense, por lo tanto, bajo la poderosa mano de Dios, para que \u00e9l los ensalce al tiempo debido\u2020\u009d. (1Pe 5:5, 6.)<br \/>\nEl ap\u00f3stol Pablo estimula a los cristianos a tener la misma actitud mental que tuvo Jesucristo. Llama la atenci\u00f3n a la elevada posici\u00f3n que ten\u00ed\u00ada el Hijo de Dios en su existencia prehumana con su Padre Jehov\u00e1 en los cielos, y a que estuvo dispuesto a despojarse a s\u00ed\u00ad mismo tomando la forma de esclavo para llegar a ser semejante a los hombres. Pablo a\u00f1ade: \u2020\u0153M\u00e1s que eso, al hallarse [Jes\u00fas] a manera de hombre, se humill\u00f3 y se hizo obediente hasta la muerte, s\u00ed\u00ad, muerte en un madero de tormento\u2020\u009d. Las palabras de Jes\u00fas en cuanto a la recompensa que recibe el que se humilla resultaron absolutamente veraces en su propio caso, puesto que el ap\u00f3stol a\u00f1ade: \u2020\u0153Por esta misma raz\u00f3n, tambi\u00e9n, Dios lo ensalz\u00f3 a un puesto superior y bondadosamente le dio el nombre que est\u00e1 por encima de todo otro nombre\u2020\u009d. (Flp 2:5-11.)<br \/>\nPero es a\u00fan m\u00e1s sobresaliente el hecho de que aunque Cristo goza de una posici\u00f3n tan ensalzada, cuando ejerza \u2020\u02dctoda autoridad en el cielo y sobre la tierra\u2020\u2122 para llevar a cabo la voluntad de Dios respecto a la Tierra (Mt 28:18; 6:10), al final de su reinado de mil a\u00f1os su humildad no habr\u00e1 cambiado. Por eso las Escrituras dicen: \u2020\u0153Pero cuando todas las cosas le hayan sido sujetadas, entonces el Hijo mismo tambi\u00e9n se sujetar\u00e1 a Aquel que le sujet\u00f3 todas las cosas, para que Dios sea todas las cosas para con todos\u2020\u009d. (1Co 15:28.)<br \/>\nJesucristo dijo de s\u00ed\u00ad mismo: \u2020\u0153Soy de genio apacible y humilde de coraz\u00f3n\u2020\u009d. (Mt 11:29.) Cuando se present\u00f3 a la gente de Jerusal\u00e9n como su rey, cumpli\u00f3 la profec\u00ed\u00ada que dec\u00ed\u00ada de \u00e9l: \u2020\u0153\u00c2\u00a1Mira! Tu rey mismo viene a ti. Es justo, s\u00ed\u00ad, salvado; humilde, y cabalga sobre un asno, aun sobre un animal plenamente desarrollado, hijo de un asna\u2020\u009d. (Zac 9:9; Jn 12:12-16.) Cuando desde su ensalzada posici\u00f3n celestial ataca a los enemigos de Dios, se le da prof\u00e9ticamente el mandato: \u2020\u0153En tu esplendor sigue adelante al \u00e9xito; cabalga en la causa de la verdad y la humildad y la justicia\u2020\u009d. (Sl 45:4.) Por lo tanto, los que son humildes pueden regocijarse aunque hayan sufrido quebranto y maltrato a manos de personas orgullosas y altaneras, ya que pueden derivar consuelo de las palabras: \u2020\u0153Busquen a Jehov\u00e1, todos ustedes los mansos de la tierra, los que han practicado Su propia decisi\u00f3n judicial. Busquen justicia, busquen mansedumbre. Probablemente se les oculte en el d\u00ed\u00ada de la c\u00f3lera de Jehov\u00e1\u2020\u009d. (Sof 2:3.)<br \/>\nLas palabras de Jehov\u00e1 a Israel antes de la destrucci\u00f3n de Jerusal\u00e9n advirtieron y consolaron a los humildes, pues El dijo que actuar\u00ed\u00ada en favor suyo a su debido tiempo: \u2020\u0153Entonces remover\u00e9 de en medio de ti a los tuyos que altivamente se alborozan; y nunca m\u00e1s ser\u00e1s altiva en mi santa monta\u00f1a. Y ciertamente dejar\u00e9 permanecer en medio de ti un pueblo humilde y de condici\u00f3n abatida, y realmente se refugiar\u00e1n en el nombre de Jehov\u00e1\u2020\u009d. (Sof 3:11, 12.) La humildad verdaderamente resultar\u00e1 en la salvaci\u00f3n de muchos, tal como est\u00e1 escrito: \u2020\u0153A la gente humilde la salvar\u00e1s; pero tus ojos est\u00e1n contra los altivos, para rebajarlos\u2020\u009d. (2Sa 22:28.) De modo que tenemos la seguridad de que el rey Jesucristo, que cabalga en la causa de la verdad, de la humildad y de la justicia, salvar\u00e1 a su pueblo, que se humilla ante \u00e9l y ante su Padre, Jehov\u00e1.<\/p>\n<p>Los cristianos deben cultivar la humildad. Despu\u00e9s que el ap\u00f3stol Pablo aconseja a sus compa\u00f1eros cristianos que se vistan de la nueva personalidad que \u2020\u0153va haci\u00e9ndose nueva seg\u00fan la imagen de Aquel que la ha creado\u2020\u009d, dice: \u2020\u0153De consiguiente, como escogidos de Dios, santos y amados, v\u00ed\u00adstanse de los tiernos cari\u00f1os de la compasi\u00f3n, la bondad, la humildad mental, la apacibilidad y la gran paciencia\u2020\u009d. (Col 3:10, 12.) Citando del excelente ejemplo de Cristo, les exhorta a considerar \u2020\u0153con humildad mental que los dem\u00e1s [siervos de Dios] son superiores a [ellos]\u2020\u009d. (Flp 2:3.) De nuevo hace el llamamiento: \u2020\u0153Est\u00e9n dispuestos para con otros del mismo modo como lo est\u00e1n para consigo mismos; no tengan la mente puesta en cosas encumbradas, sino d\u00e9jense llevar con las cosas humildes. No se hagan discretos a sus propios ojos\u2020\u009d. (Ro 12:16.)<br \/>\nEn esta misma l\u00ed\u00adnea Pablo dice a los cristianos de la ciudad de Corinto: \u2020\u0153Porque, aunque soy libre respecto de toda persona, me he hecho el esclavo de todos, para ganar el mayor n\u00famero de personas. Y por eso a los jud\u00ed\u00ados me hice como jud\u00ed\u00ado, para ganar a jud\u00ed\u00ados; a los que est\u00e1n bajo ley me hice como bajo ley, aunque yo mismo no estoy bajo ley, para ganar a los que est\u00e1n bajo ley. A los que est\u00e1n sin ley me hice como sin ley, aunque yo no estoy sin ley para con Dios, sino bajo ley para con Cristo, para ganar a los que est\u00e1n sin ley. A los d\u00e9biles me hice d\u00e9bil, para ganar a los d\u00e9biles. Me he hecho toda cosa a gente de toda clase, para que de todos modos salve a algunos\u2020\u009d. (1Co 9:19-22.) Se necesita verdadera humildad para hacer esto.<\/p>\n<p>Obra en favor de la paz. La humildad promueve la paz. La persona humilde no lucha contra sus hermanos cristianos para defender sus supuestos \u2020\u0153derechos\u2020\u009d personales. El ap\u00f3stol razon\u00f3 que aunque ten\u00ed\u00ada libertad para hacer todas las cosas, har\u00ed\u00ada solo lo que fuera edificante, y si algo en particular molestaba la conciencia de un hermano, dejar\u00ed\u00ada de hacerlo. (Ro 14:19-21; 1Co 8:9-13; 10:23-33.)<br \/>\nTambi\u00e9n requiere humildad el mantener la paz poniendo en pr\u00e1ctica el consejo de Jes\u00fas de perdonar a los dem\u00e1s los pecados que cometan contra nosotros. (Mt 6:12-15; 18:21, 22.) Cuando alguien ofende a otra persona, supone una prueba para su humildad obedecer el mandato de dirigirse al ofendido y admitir el error pidiendo perd\u00f3n (Mt 5:23, 24), y en el caso de que sea el ofendido el que se dirige al ofensor, solo el amor y la humildad podr\u00e1n mover al ofensor a reconocer su error y a actuar inmediatamente para enderezar los asuntos. (Mt 18:15; Lu 17:3; comp\u00e1rese con Le 6:1-7.) No obstante, la paz que tal humildad produce tanto al individuo como a la organizaci\u00f3n sobrepasa cualquier sentimiento de humillaci\u00f3n; adem\u00e1s, esa acci\u00f3n humilde desarrolla y fortalece en la persona la excelente cualidad de la humildad.<\/p>\n<p>Esencial para la unidad de la congregaci\u00f3n. La humildad ayudar\u00e1 al cristiano a estar contento con lo que tiene y a mantener el gozo y el equilibrio. La interdependencia de la congregaci\u00f3n cristiana, seg\u00fan lo ilustr\u00f3 el ap\u00f3stol en 1 Corintios, cap\u00ed\u00adtulo 12, se basa en la obediencia, la humildad y la sumisi\u00f3n al orden teocr\u00e1tico. Por lo tanto, aunque a los varones de la congregaci\u00f3n se les dice: \u2020\u0153Si alg\u00fan hombre est\u00e1 procurando alcanzar un puesto de superintendente, desea una obra excelente\u2020\u009d, tambi\u00e9n se les recuerda que no busquen ambiciosamente un puesto de responsabilidad, como, por ejemplo, el de ser maestros de la congregaci\u00f3n, puesto que estos \u2020\u0153[recibir\u00e1n] juicio m\u00e1s severo\u2020\u009d. (1Ti 3:1; Snt 3:1.)<br \/>\nTodos, tanto hombres como mujeres, deber\u00ed\u00adan ser sumisos a los que llevan la delantera y esperar que Jehov\u00e1 les d\u00e9 cualquier nombramiento o asignaci\u00f3n de servicio, puesto que de El procede el nombramiento. (Sl 75:6, 7.) Tal como dijeron algunos de los levitas, hijos de Cor\u00e9: \u2020\u0153He escogido estar de pie al umbral en la casa de mi Dios m\u00e1s bien que ir de ac\u00e1 para all\u00e1 en las tiendas de la iniquidad\u2020\u009d. (Sl 84:10.) Lleva tiempo desarrollar tal humildad verdadera. Cuando las Escrituras enumeran de aquellos a quienes se nombrar\u00ed\u00ada para el puesto de superintendente, especifican que no deber\u00ed\u00ada nombrarse a nadie reci\u00e9n convertido, \u2020\u0153por temor de que se hinche de orgullo y caiga en el juicio pronunciado contra el Diablo\u2020\u009d. (1Ti 3:6.)<\/p>\n<p>Humildad falsa. A los cristianos se les advierte que su humildad no sea solo superficial, para que no lleguen a estar \u2020\u0153[hinchados] sin debida raz\u00f3n por su disposici\u00f3n de \u00e1nimo carnal\u2020\u009d. El que es verdaderamente humilde no pensar\u00e1 que el Reino de Dios o la entrada en \u00e9l tiene que ver con lo que come o bebe, o con lo que evita comer o beber. La Biblia indica que uno puede comer y beber, o bien abstenerse de tomar ciertas cosas si cree que debe hacerlo debido a su salud o su conciencia. No obstante, si alguien piensa que se gana el favor de Dios siguiendo o abandonando determinadas pr\u00e1cticas como el comer, beber o tocar ciertas cosas, u observar ciertos d\u00ed\u00adas religiosos, no se da cuenta de que dichas pr\u00e1cticas tienen \u2020\u0153una apariencia de sabidur\u00ed\u00ada en una forma autoimpuesta de adoraci\u00f3n y humildad ficticia, un tratamiento severo del cuerpo; pero no son de valor alguno en combatir la satisfacci\u00f3n de la carne\u2020\u009d. (Col 2:18, 23; Ro 14:17; G\u00e1l 3:10, 11.)<br \/>\nLa falsa humildad en realidad puede resultar en que el individuo se haga altivo, puesto que puede llegar a pensar que es justo debido a sus propios m\u00e9ritos, o puede sentir que lleva a cabo sus fines, sin darse cuenta de que no puede enga\u00f1ar a Jehov\u00e1. Si se hace altivo, con el tiempo ser\u00e1 humillado de una manera que no le gustar\u00e1. Ser\u00e1 abatido, y cabe la posibilidad de que sea para su propia destrucci\u00f3n. (Pr 18:12; 29:23.)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia<\/b><\/p>\n<p>I. Escritura<br \/>\n1. Antiguo Testamento<br \/>\nPuesto que Yahveh como Dios creador ha dado al hombre su existencia y lo conserva en ella, puesto que Yahveh es tambi\u00e9n el Se\u00f1or de la historia y del pueblo jud\u00ed\u00ado y de cada hombre, y puesto que \u00e9l, como donador y don de la salvaci\u00f3n escatol\u00f3gica, garantiza el sentido de la historia de su pueblo escogido, de cada individuo y de la humanidad entera; consecuentemente la actitud adecuada frente a Dios s\u00f3lo puede ser la h. Por eso la h. es una de las propiedades fundamentales del devoto del AT: G\u00e9n 32, 11; N\u00fam 12, 3 (\u00abMois\u00e9s era hombre muy humilde, el m\u00e1s manso de cuantos moraban sobre la tierra\u00bb), y los profetas incitan constantemente a una actitud humilde ante Yahveh, para que su ira no caiga sobre Israel (Am 6, 8; Jer 13, 16; Is 49, 13; 61, is; Miq 6, 8). El salvador escatol\u00f3gico es visto como una figura humilde: \u00abHe aqu\u00ed\u00ad que a ti viene tu rey; es justo y victorioso; viene humilde y montado en una asna\u00bb (Zac 9, 9). En cuanto aqu\u00ed\u00ad (como ya en Mois\u00e9s) la exigencia de la h. afecta tambi\u00e9n a aquellos miembros de la alianza que participan de la autoridad de Yahveh, se insin\u00faa ya la visi\u00f3n neotestamentaria de la h. Tambi\u00e9n los salmos expresan repetidamente la certeza de que el auxilio de Yahveh est\u00e1 con los humildes (Sal 25, 9; 131; 149, 4). Para la literatura sapiencial la humildad consiste sobre todo en someterse al orden divino del mundo (Job 22, 29; Prov 3, 34; 11, 2; 18, 12; 22, 4; Eclo 3, 17ss; 3, 20; 19, 26). Por eso la actitud de la humildad comprende tambi\u00e9n el recto conocimiento de s\u00ed\u00ad mismo: \u00abHijo, conserva tu alma en la humildad, y j\u00fazgate como t\u00fa mereces\u00bb (Eclo 10, 31).<\/p>\n<p>2. Nuevo Testamento<br \/>\nAnte la llegada del reino de Dios, el hombre ha de mostrarse humilde (Mc 10, 15 par), para que as\u00ed\u00ad alcance la justificaci\u00f3n (Mc 12, 38 par; Luc 1, 48; 14, 11); ning\u00fan hombre supera a otro en m\u00e9ritos, a no ser en el m\u00e9rito de una mayor h. (Lc 18, 9-14). Jes\u00fas mismo da un ejemplo de la recta postura de h. Del mismo modo que Jes\u00fas, como enviado del Padre, cumple su voluntad con h., as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n los hombres han de comportarse con h. frente al reino de Dios, que llega en Jesucristo: \u00ab&#8230; \u00c2\u00b5&#038;OeTe &#038;n&#8217; \u00e1[,o\u00fc, ST6 apa05 ed[,i xai ra7reLv\u00f3s T(i xapS\u00ed\u00ada \u00bb (Mt 11, 29); \u00abPorque ejemplo os he dado, para que, como yo he hecho con vosotros, tambi\u00e9n vosotros lo hag\u00e1is. De verdad os lo aseguro: el esclavo no es mayor que su se\u00f1or, ni el enviado mayor que el que lo env\u00ed\u00ada\u00bb (Jn 13, 15). Lo decisivamente nuevo es aqu\u00ed\u00ad (aunque eso de alg\u00fan modo estuviera ya preparado, p. ej., en el pensamiento del acercamiento irrevocable de Dios, proclamado por Os y Ez) que Dios se ha mostrado humilde en Jesucristo. Esa es la raz\u00f3n de que los cristianos en sus relaciones mutuas deban cultivar una postura de h. (Flp 2, 5-11). La h., que est\u00e1 \u00ed\u00adntimamente unida con el amor (1 Cor 10, 24; 13, 4), debe ser la postura fundamental frente al hermano (Rom 12, 9s).<\/p>\n<p>II. Teolog\u00ed\u00ada<br \/>\nLa doctrina cristiana de la h. se desarroll\u00f3 en continua contraposici\u00f3n al general menosprecio de la misma en la antig\u00fcedad (menosprecio que puede explicarse en parte por las circunstancias sociales). Agust\u00ed\u00adn profundiza el antiguo pensamiento de la h. haciendo hincapi\u00e9 en el car\u00e1cter pecador del hombre: Tu homo cognosce, quia homo es. Tota humilitas tua ut cognoscas te (Tract. in Io. 25, 16). Tom\u00e1s de Aquino aspira nuevamente a una s\u00ed\u00adntesis con la doctrina aristot\u00e9lica de la magnanimidad (ST ii-ii q. 129 a. 3 ad 4). Y, realmente, la h. cristiana recibe su sello, no del rebajamiento, sino del desprendimiento. Cristo es el prototipo sin par de la h. en el radicalismo singular de su magnanimidad (\u00abnadie tiene mayor amor&#8230;\u00bb). En cuanto toda virtud concreta tanto puede ser una autoafirmaci\u00f3n de la soberbia como un movimiento del amor, la h. pasa a ser la virtud cristiana. Esto no est\u00e1 en contradicci\u00f3n con la determinaci\u00f3n de la caridad como forma omnium virtutum, pues, m\u00e1s bien quiere dejar en claro que la h. es la \u00abfaz\u00bb espec\u00ed\u00adficamente cristiana de la caridad (cf. la contraposici\u00f3n: eros como aspiraci\u00f3n; agape como amor que condesciende humildemente). La actitud de la antig\u00fcedad frente a la h. fue transmitida a la edad moderna (Nietzsche) sobre todo por el renacimiento. La posibilidad y la necesidad de automanipulaci\u00f3n del hombre, que aparecen cada vez m\u00e1s claramente en la era t\u00e9cnica, crean un sentimiento de vida que dif\u00ed\u00adcilmente permite ver el valor de la h. Sin embargo, la experiencia, que crece en igual medida, del condicionamiento y riesgo del hombre podr\u00ed\u00ada dar acceso a la h. cristiana en su sentido m\u00e1s amplio. No podemos decir todav\u00ed\u00ada en qu\u00e9 medida esta h. en su funci\u00f3n da testimonio se diferencia del mero af\u00e1n de objetividad y sobria veracidad.<\/p>\n<p>Alvaro Huerga<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n<p>I. LA HUMILDAD Y SUS GRADOS. La humildad b\u00ed\u00adblica es primeramente la modestia que se opone a la vanidad. El modesto, sin pretensiones irrazonables, no se f\u00ed\u00ada de su propio juicio (Prov 3,7; Rom 12,3.16; cf. Sal 131,1). La humildad que se opone a la soberbia se halla a un nivel m\u00e1s Profundo: es la actitud de la criatura pecadora ante el omnipotente y el tres veces santo: el humilde reconoce que ha recibido de Dios todo lo que tiene (ICor 4,7); siervo in\u00fatil (Le 17,10), no es nada por s\u00ed\u00ad mismo (G\u00e1l 6,3), sino pecador (Is 6,3ss; Le 5,8). A este humilde que se abre a la gracia (Sant 4,6 = Prov 3,34), Dios le glorificar\u00e1 (1Sa 2,7s: Prov 15,33).<\/p>\n<p>Incomparablemente m\u00e1s profunda todav\u00ed\u00ada es la humildad de Cristo, que por su rebajamiento nos salva y que invita a sus disc\u00ed\u00adpulos a servir a sus hermanos por amor (Lc 22,26s) a fin de que Dios sea glorificado en todos (IPe 4,10s).<\/p>\n<p>II. LA HUMILDAD DEL PUEBLO DE Dios. Israel aprende primeramente la humildad haciendo la experiencia de la omnipotencia (*poder) del Dios que le salva y que es el \u00fanico alt\u00ed\u00adsimo. Conserva viva esta experiencia conmemorando las gestas de Dios en su *culto; este culto es una escuela de humildad; el israelita, al alabar y dar gracias imita la humildad de David que danza delante del arca (2Sa 6, 16.22) para glorificar a Dios, al que todo le debe (Sal 103).<\/p>\n<p>Israel hizo tambi\u00e9n la experiencia de la pobreza en la prueba colectiva de la derrota y del *exilio o en la prueba individual de la *enfermedad y de la opresi\u00f3n de los d\u00e9biles. Estas humillaciones le hicieron adquirir conciencia de la impotencia radical del hombre y de la miseria del pecador que se separa de Dios. As\u00ed\u00ad se inclina el hombre a volverse a Dios con coraz\u00f3n contrito (Sal 51, 19), con esa humildad, hecha de dependencia total y de docilidad confiada, que inspira las s\u00faplicas de los salmos (Sal 25; 106; 130; 131). Los que alaban a Dios y le suplican que los salve se dan con frecuencia el nombre de \u00ab*pobres\u00bb (Sal 22,25.27; 34,7; 69,33s); esta palabra que designaba primeramente la clase social de los infortunados, adopta un sentido religioso a partir de Sofon\u00ed\u00adas: *buscar a Dios es buscar la pobreza, que es la humildad (Sof 2,3). Despu\u00e9s del d\u00ed\u00ada de Yahveh, el \u00abresto\u00bb del pueblo de Dios ser\u00e1 \u00abhumilde y pobre\u00bb (Sof 3,12; gr. praus y tapeinos; cf. Mt 11,29; Ef 4,2).<\/p>\n<p>En el AT los modelos de esta humildad son *Mois\u00e9s, el m\u00e1s humilde de los hombres (N\u00fam 12,3) y el misterioso *siervo que, por su humilde sumisi\u00f3n hasta la muerte, realiza el designio de Dios (Is 53,4-10). Al retorno del exilio, profetas y sabios predicar\u00e1n la humildad. El Alt\u00ed\u00adsimo habita con aqu\u00e9l que es humilde de esp\u00ed\u00adritu y tiene coraz\u00f3n contrito (Is 57,15; 66,2). \u00abEl fruto de la humildad es el temor de Dios, riqueza, gloria y vida\u00bb (Prov 22,4). \u00abCuanto m\u00e1s grande seas, m\u00e1s debes abajarte para hallar gracia delante del Se\u00f1or\u00bb (Eclo 3,18; cf. Dan 3,39: la oraci\u00f3n del ofertorio \u00abIn spiritu humilitatis\u00bb). Finalmente, al decir del \u00faltimo profeta, el Mes\u00ed\u00adas ser\u00e1 un rey humilde; entrar\u00e1 en Si\u00f3n montado en un pollino (Zac 9,9). Verdaderamente el Dios de Israel, rey de la creaci\u00f3n, es el \u00abDios de los humildes\u00bb (Jdt 9,1ls).<\/p>\n<p>III. LA HUMILDAD DEL HIJO DE DIOS. Jes\u00fas es el Mes\u00ed\u00adas humilde anunciado por Zacar\u00ed\u00adas (Mt 21,5). Es el Mes\u00ed\u00adas de los humildes, a los que proclama bienaventurados (Mt 5,4= Sal 37,11; gr. praus = el humilde al que su sumisi\u00f3n a Dios hace *paciente y *manso). Jes\u00fas bendice a los *ni\u00f1os y los presenta como modelos (Mc 10,15s). Para ser como uno de esos peque\u00f1uelos, a quienes Dios se revela y que son los \u00fanicos que entrar\u00e1n en el *reino (Mt 11, 25; I8,3s), hay que aprender de Cristo, \u00abmaestro manso y humilde de coraz\u00f3n\u00bb (Mt 11,29) Ahora bien, este maestro no es solamente un hombre; es el Se\u00f1or venido a salvar a los pecadores tomando una carne semejante a la suya (Rom 8, 3). Lejos de buscar su gloria (Jn 8,50), se humilla hasta lavar los pies a sus disc\u00ed\u00adpulos (Jn 13,14ss); \u00e9l, igual a Dios, se anonada hasta morir en cruz por nuestra redenci\u00f3n (Flp 2,6ss; Mc 10,45; cf. Is 53). En Jes\u00fas no s\u00f3lo se revela el poder divino, sin el cual no existir\u00ed\u00adamos, sino tambi\u00e9n la caridad divina, sin la cual estar\u00ed\u00adamos perdidos (Lc 19,10).<\/p>\n<p>Esta humildad (\u00absigno de Cristo\u00bb, dice san Agust\u00ed\u00adn) es la del Hijo de Dios, la de la caridad. Hay que seguir el camino de esta humildad \u00abnueva\u00bb para practicar el mandamiento nuevo de la caridad (Ef 4, 2; IPe 3,8s; \u00abdonde est\u00e1 la humildad, all\u00ed\u00ad est\u00e1 la caridad,>, dice san Agust\u00ed\u00adn). Los que \u00abse revisten de humildad en sus relaciones mutuas\u00bb (IPe 5,5; Col 3,12) buscan los intereses de los otros y se ponen en el \u00faltimo lugar (Flp 2,3s; ICor 13,4s). En la serie de los *frutos del Esp\u00ed\u00adritu pone Pablo la humildad al lado de la fe (G\u00e1l 5,22s); estas dos actitudes (rasgos esenciales de Mois\u00e9s, seg\u00fan Eclo 45,4) est\u00e1n, en efecto, conexas, siendo ambas actitudes de abertura a Dios, de sumisi\u00f3n confiada a su gracia y a su palabra.<\/p>\n<p>IV. LA OBRA DE Dios EN LOS HUMILDES. Dios mira a los humildes y se inclina hacia ellos (Sal 138,6; 113, 6s); en efecto, no glori\u00e1ndose sino en su flaqueza (2Cor 12,9), se abren al poder de la gracia, que no es en ellos est\u00e9ril (ICor 15,10). No s\u00f3lo el humilde obtiene el perd\u00f3n de sus pecados (Lc 18,14), sino que la *sabidur\u00ed\u00ada del todopoderoso gusta de manifestarse por medio de los humildes, a los que el mundo desprecia (ICor 1,25.28s). De una virgen humilde, que s\u00f3lo quiere ser su sierva, hace Dios la madre de su Hijo. nuestro Se\u00f1or (Le 1,38.43).<\/p>\n<p>El que se humilla en la prueba bajo la omnipotencia del Dios de toda gracia y participa en las humillaciones de Cristo crucificado, ser\u00e1, como Jes\u00fas, exaltado por Dios a su hora y participar\u00e1 de la gloria del Hijo de Dios (Mt 23,12: Rom 8. 17; Flp 2,9ss; IPe 5,6-10). Con todos los humildes cantar\u00e1 eternamente la santidad y el amor del Se\u00f1or, que ha hecho en ellos cosas grandes (Lc 1,46-53: Ap 4.8-II; 5,11-14).<\/p>\n<p>En el AT la palabra de Dios lleva al hombre a la gloria por el camino de una humilde sumisi\u00f3n a Dios, su creador y su salvador. En el NT, la palabra de Dios se hace carne para conducir al hombre a la cima de la humildad que consiste en servir a Dios en los hombres, en humillarse por amor para glorificar a Dios salvando a los hombres.<\/p>\n<p>-> Ni\u00f1o &#8211; Soberbia &#8211; Pobres.<\/p>\n<p>LEON-DUFOUR, Xavier, Vocabulario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, Herder, Barcelona, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Vocabulario de las Ep\u00edstolas Paulinas<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\">En los escritos cl\u00e1sicos, la humildad era despreciada como servil (J.B. Lightfoot, <em>Commentary on Philippians<\/em>, 2:3); pero se le da un lugar muy alto en la ense\u00f1anza y el ejemplo b\u00edblicos, como en Abraham (Gn. 18:27), Mois\u00e9s (Nm. 12:3), los profetas (Mi. 6:8), y Juan el Bautista (Jn. 3:26\u201330). El NT sac\u00f3 <em>tapeinofrosun\u0113<\/em> de la oscuridad (aparte de los cognados en la <a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">LXX<\/a> Pr. 29:23; Sal. 130:2) a una posici\u00f3n de importancia. Ante Dios, el hombre es humillado como criatura (Gn. 18:27) y pecador (Lc. 18:9\u201314) y no tiene de qu\u00e9 jactarse (Ro. 7:18; G\u00e1. 6:3). Correspondiendo a la humildad de Cristo en la redenci\u00f3n (Fil. 2:8; 2 Co. 8:9), la humildad es la esencia de la fe salvadora (Ro. 3:27). El llamamiento cristiano por el Esp\u00edritu Santo (1 Co. 1:29\u201331) excluye todo orgullo de raza o religi\u00f3n (Fil. 3:4\u20137), estado social (Mt. 23:6\u201311; Mr. 10:43\u201345) o persona (1 Jn. 2:16). Positivamente la ense\u00f1anza de Cristo da como modelo de humildad natural la de un ni\u00f1o (Mt. 18:1\u20134; Mr. 9:33\u201337), y como ejemplo de ella el servicio sin ego\u00edsmo (Jn. 13:1\u201317; Lc. 22:24\u201327). La mayordom\u00eda cristiana involucra el tomar todas las oportunidades como que son proporcionadas por Dios (Lc. 16:1\u201312; 19:11\u201327), y en tal ministerio por Cristo la humildad es la clave (1 P. 5:3\u20136; 1 Co. 15:10; Lc. 17:10). La disposici\u00f3n humilde es caracter\u00edstica del sufrimiento (Job 1:21; Fil. 4:12; 1 P. 3:14, 15; 5:5, 7) y de la verdadera comuni\u00f3n de la iglesia (Ro. 12:16; Ef. 4:2; Fil. 2:3; Col. 3:12). Solamente Col. 2:18, 23 alude a una falsa humildad, un ascetismo mal conducido, muy pagado de s\u00ed mismo que volvi\u00f3 a aparecer m\u00e1s adelante en la historia de la iglesia. Calvino (<em>Instituci\u00f3n<\/em> II.ii.11; III.vii.4; xii.6, 7) es digno de notar por sus citas patr\u00edsticas y por una declaraci\u00f3n reformada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">George J.C. Marchant<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\"><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">LXX <\/a>Septuagint<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\"><\/a>Harrison, E. F., Bromiley, G. W., &amp; Henry, C. F. H. (2006). <em>Diccionario de Teologi\u0301a<\/em> (302). Grand Rapids, MI: Libros Desafi\u0301o.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Teolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p><p style='text-align:justify;'><span lang=ES style=''>La importancia de esta virtud surge del hecho de que es parte del car\u00e1cter de Dios. En el Sal. 113.5\u20136 se representa a Dios como incomparablemente elevado y grande, y sin embargo se humilla a prestar atenci\u00f3n a las cosas que han sido creadas; mientras que en el Sal. 18.35 (cf. 2 S. 22.36) se atribuye la grandeza del siervo de Dios a la humildad (benignidad) que Dios le ha demostrado.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>En todos los pasajes del AT que mencionan esta cualidad recibe alabanza (p. ej. Pr. 15.33; 18.12), y a menudo las bendiciones de Dios recaen sobre los que la poseen. Mois\u00e9s es vindicado en raz\u00f3n de ella (Nm. 12.3), mientras que Belsasar es reprendido por Daniel (5.22) porque no ha sacado provecho de la experiencia anterior de Nabucodonosor, que podr\u00eda haber provocado en \u00e9l una actitud de humildad. 2 Cr., en particular, la hace el criterio por el cual se ha de juzgar el desempe\u00f1o de sucesivos reyes.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Este t\u00e9rmino est\u00e1 estrechamente relacionado, en derivaci\u00f3n, con la aflicci\u00f3n, que a veces recae sobre los hombres por la acci\u00f3n de su pr\u00f3jimo, cosa que a menudo se atribuye directamente al prop\u00f3sito de Dios, pero que siempre est\u00e1 calculada para producir humildad de esp\u00edritu.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>En forma similar, en el NT, en Mt. 23.12 y paralelos, se emplea la misma palabra para expresar el castigo que merece la arrogancia (la humillaci\u00f3n) y el requisito previo de la promoci\u00f3n (la humildad). En el primer caso es un estado de bajeza que sobrevendr\u00e1 por el juicio de Dios. En el segundo es un esp\u00edritu de humildad que permite que Dios env\u00ede la bendici\u00f3n del adelanto o progreso. Tambi\u00e9n Pablo la usa en Fil. 4.12 para describir su aflicci\u00f3n, pero se apresura a aclarar que la virtud reside en la aceptaci\u00f3n de la experiencia, de modo que una condici\u00f3n impuesta desde afuera se convierte en la ocasi\u00f3n para la manifestaci\u00f3n de la actitud correspondiente dentro de la persona. En la misma ep\u00edstola (2.8) el escritor cita un ejemplo que debemos emular. la humildad de Cristo, que deliberadamente dej\u00f3 de lado su prerrogativa divina y se humill\u00f3 progresivamente, recibiendo a su debido tiempo la exaltaci\u00f3n que inevitablemente ha ser el corolario.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Como ocurre con todas las virtudes, es posible simular la humildad; y el peligro est\u00e1 claramente expuesto en la carta que Pablo dirige a los colosenses. Cualquiera sea la traducci\u00f3n del dif\u00edcil pasaje de Col. 2.18, es evidente que tanto all\u00ed como en 2.23 el ap\u00f3stol se refiere a un impostor. A pesar de todas las apariencias de humildad, los falsos maestros en realidad est\u00e1n hinchados por el concepto que tienen de su propia importancia. Al colocar su propio sistema especulativo en contraposici\u00f3n con la revelaci\u00f3n de Dios, niegan precisamente lo que su ascetismo parecer\u00eda proclamar. Pablo advierte a sus lectores contra esta falsa humildad, y en 3.12 los exhorta a que su humildad sea genuina.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=';text-transform:uppercase'>Bibliograf\u00eda.<\/span><span lang=ES style=''> W. Bauder, H.-H. Esser, L. Coenen, \u201cHumildad\u201d, <etiqueta id=\"#_ftn481\" name=\"_ftnref481\" title=\"\"><i>\u00b0DTNT<\/i><\/etiqueta>, t(t). II, pp. 314\u2013321; O. Schaffner, \u201cHumildad\u201d, <i>Conceptos fundamentales de teolog\u00eda<\/i>, 1966, t(t). II, pp. 277\u2013287; J. Jeremias, <i>Las par\u00e1bolas de Jes\u00fas<\/i>, 1970.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>W. Baudel, H.-H. Esser, <i>NIDNTT<\/i> 2, pp. 256\u2013264; <i>TDNT<\/i> 5, pp. 939; 6, pp. 37\u201340, 865\u2013882; 8, pp. 1\u201326.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal align=right style='text-align:right;line-height:normal'><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><etiqueta id=\"#_ftn482\" name=\"_ftnref482\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt; ;color:green'>F.S.F.<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;'>Douglas, J. (2000). Nuevo diccionario Biblico : Primera Edicion. Miami: Sociedades B\u00edblicas Unidas.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\">La palabra humildad significa abajamiento o sumisi\u00f3n y se deriva del lat\u00edn humilitas o, como dice Santo Tom\u00e1s de Aquino, de humus:  la tierra que pisamos.  Aplicada a personas y cosas designa aquello despreciable, innoble o de condici\u00f3n pobre; como decimos ordinariamente, algo de poco valor.  As\u00ed decimos que un hombre es de origen humilde o que una casa es una vivienda humilde.  Restringido a personas, se entiende humildad en el sentido de aflicciones o padecimientos que pueden ser causados por agentes externos, como cuando un hombre humilla a otro provoc\u00e1ndole dolor o sufrimiento.  Es en este sentido que los dem\u00e1s pueden infligirnos humillaciones y someternos a ellas.  Humildad, en un sentido m\u00e1s elevado y \u00e9tico es aquello por lo que un hombre tiene una modesta apreciaci\u00f3n de su propio valor y se somete a otros.  Conforme a este significado ning\u00fan hombre puede humillar a otro sino s\u00f3lo a s\u00ed mismo, y esto s\u00f3lo puede lograrlo adecuadamente mediante la ayuda de la gracia divina.  Tratamos aqu\u00ed a la humildad en este sentido, en el de la virtud de la humildad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Puede definirse a la virtud de la humildad como:  \u201cUna cualidad por la que una persona considerando sus propios defectos tiene una pobre opini\u00f3n de s\u00ed misma, y se somete voluntariamente a Dios y a los dem\u00e1s por amor a Dios.\u201d  San Bernardo la define como:  \u201cUna virtud por la que un hombre, conoci\u00e9ndose a s\u00ed mismo como realmente es, se rebaja\u00bb.  Estas definiciones coinciden con la de Santo Tom\u00e1s:  \u201cLa virtud de la humildad\u00bb, dice, \u00abconsiste en mantenerse dentro de los propios l\u00edmites, sin tratar de alcanzar cosas que est\u00e1n sobre uno, sino someti\u00e9ndose a la autoridad del superior\u00bb (Suma Contra Gentiles, lb.  IV, cap. LV, tr. Rickaby).<br \/>\nPara evitar caer en una idea err\u00f3nea de humildad, es necesario explicar c\u00f3mo debemos valorar nuestros dones en relaci\u00f3n con los de los dem\u00e1s en caso de tener que hacer una comparaci\u00f3n. La humildad no exige que consideremos que los dones y gracias que nos ha concedido Dios en el orden sobrenatural son de menor valor que los dones y gracias similares que vemos en otros. Nadie deber\u00eda estimar menos en s\u00ed mismo que en los dem\u00e1s estos dones de Dios que deben ser valorados sobre todas las cosas seg\u00fan las palabras de San Pablo \u00abpara conocer las gracias que Dios nos ha otorgado\u00bb (1 Cor. 2,12). Tampoco exige la humildad que en nuestra estimaci\u00f3n demos un menor valor a los dones naturales que tenemos que a aquellos similares o inferiores de nuestros pr\u00f3jimos; caso contrario, como ense\u00f1a Santo Tom\u00e1s, esto har\u00eda que todos se consideraran m\u00e1s pecadores o ignorantes que su pr\u00f3jimo; pues el Ap\u00f3stol sin perjuicio a la humildad fue capaz de decir:  \u201cNosotros somos jud\u00edos de nacimiento y no gentiles pecadores\u00bb (G\u00e1l. 2,15).  Sin embargo, un hombre puede valorar un bien en su pr\u00f3jimo que no posee en s\u00ed mismo, o reconocer un defecto o mal en s\u00ed mismo que no ve en su pr\u00f3jimo, de forma que cuando alguien se humilla a s\u00ed mismo ante un semejante o alguien inferior, lo hace porque considera que esa persona es, de alg\u00fan modo, su superior. Por eso, podemos interpretar las expresiones de humildad de los santos como verdaderas y sinceras. Adem\u00e1s, su gran amor a Dios hizo que vieran la malicia de sus faltas y pecados bajo una luz m\u00e1s clara que la que se da ordinariamente a personas que no son santos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las cuatro virtudes cardinales son prudencia, justicia, fortaleza y templanza, y todas las dem\u00e1s virtudes morales est\u00e1n adheridas a ellas como partes intr\u00ednsecas, potenciales o subjetivas.  La humildad est\u00e1 anexa a la virtud de la templanza como parte potencial, porque la templanza incluye todas aquellas virtudes que refrenan o expresan los movimientos desordenados de nuestros deseos o apetitos.  La humildad es una virtud moderadora o represiva que se opone al orgullo y la vanagloria o a ese esp\u00edritu dentro de nosotros que nos lleva a querer cosas que est\u00e1n m\u00e1s all\u00e1 de nuestras fuerzas o capacidad, y por lo tanto est\u00e1 incluida en la templanza de la misma forma que la mansedumbre, que reprime la ira, es parte de la misma virtud. De lo dicho podemos concluir que la humildad no es la principal ni la mayor de las virtudes. Las virtudes teologales ocupan el primer lugar, seguidas de las intelectuales ya que \u00e9stas dirigen inmediatamente la raz\u00f3n del hombre al bien.  En el orden de las virtudes la justicia va primero que la humildad, y as\u00ed deber\u00eda ubicarse tambi\u00e9n la obediencia por ser parte de la justicia.  Sin embargo, se dice que la humildad es el cimiento del edificio espiritual, aunque en un sentido inferior a aquel por el que la fe es conocida como tal.  La humildad es la virtud primera en cuanto elimina los obst\u00e1culos a la fe&#8212;per modum removens prohibens, como expresa Santo Tom\u00e1s.  Elimina el orgullo y sujeta al hombre a y lo hace un digno receptor de la gracia conforme a las palabras de Santiago:  \u201cDios resiste al soberbio y da su gracia al humilde\u00bb (Stgo. 4,6).  La fe es la principal y la virtud fundamental positiva de todas las virtudes infusas, porque es por ella que podemos dar el primer paso en la vida sobrenatural y en nuestro acercamiento a Dios:  \u201cPorque aquel que se acerca a Dios, debe creer que \u00c9l existe y que recompensa a los que lo buscan\u00bb (Heb. 11,6). La humildad, en la medida en que parece mantener la mente y el coraz\u00f3n sometidos a la raz\u00f3n y a Dios, cumple una funci\u00f3n propia en relaci\u00f3n con la fe y todas las dem\u00e1s virtudes, y puede ser por lo tanto considerada como una virtud universal.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es, en consecuencia, una virtud necesaria para la salvaci\u00f3n y como tal impuesta por Nuestro Divino Salvador, especialmente cuando dijo a sus disc\u00edpulos:  \u201cAprended de m\u00ed que soy manso y humilde de coraz\u00f3n: y encontrar\u00e9is descanso para vuestras almas\u00bb (Mt. 11,29) Tambi\u00e9n ense\u00f1a sobre esta virtud mediante estas palabras: \u00abBienaventurados ser\u00e9is cuando os insulten, persigan y calumnien por mi causa: Alegraos y regocijaos porque vuestra recompensa ser\u00e1 muy grande en el cielo\u00bb (Mt. 5,11-12).  Del ejemplo de Cristo y sus santos podemos aprender la pr\u00e1ctica de la humildad que Santo Tom\u00e1s explica (Contra Gentiles, lb. III, 135):  \u201cLa aceptaci\u00f3n voluntaria de humillaciones es una pr\u00e1ctica de humildad no en cada uno y en todos los casos sino cuando se realiza con un fin necesario:  ya que siendo la humildad una virtud, no hace nada en forma indiscreta. Por lo tanto no es humildad sino un absurdo aceptar todas y cada humillaci\u00f3n:  pero cuando la virtud exige realizar algo corresponde a la humildad no dejar de realizarlo, por ejemplo no rehusar prestar un servicio inferior cuando la caridad exige ayudar al pr\u00f3jimo&#8230; Incluso, a veces, aunque no sea deber aceptar humillaciones, es un acto de virtud hacerlo con el fin de alentar a otros a trav\u00e9s del ejemplo para que puedan soportar m\u00e1s f\u00e1cilmente lo que se les impone:  un general a veces deber\u00e1 ocupar el puesto de soldado raso para alentar al resto. A veces podemos hacer un uso virtuoso de la humildad como remedio. Si la mente de alguien se inclinara a la vanagloria indebida, puede beneficiosamente usar en forma moderada las humillaciones, ya sea impuestas por s\u00ed mismo o por otro, para medir la exaltaci\u00f3n de su alma coloc\u00e1ndose al mismo nivel que la clase m\u00e1s baja de la comunidad en la realizaci\u00f3n de las peores tareas\u00bb\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Doctor Ang\u00e9lico asimismo explica la humildad de Cristo con las siguientes palabras:  \u201cLa humildad no es propia de Dios por no tener superior, al estar por encima de todo&#8230; Pero aunque la virtud de la humildad no pueda aplicarse a Cristo en Su naturaleza divina, s\u00ed puede aplic\u00e1rsele en su naturaleza humana y su divinidad hace que su humildad sea m\u00e1s digna de alabanza porque la dignidad de la persona se suma al m\u00e9rito de la humildad. Y no puede haber una dignidad m\u00e1s grande para un hombre que ser Dios. Por lo tanto la mayor de las alabanzas le corresponde a la humildad del Dios Hombre, quien para rescatar los corazones de los hombres de la gloria del mundo al amor de la gloria divina, eligi\u00f3 aceptar no una muerte com\u00fan sino la muerte m\u00e1s ignominiosa\u00bb (Suma Contra Gent. tr. Rickaby, lb. IV, cap. IV; cf. lb. III, cap. CXXXVI).  San Benito establece en su regla doce grados de humildad. San Anselmo, citado por Santo Tom\u00e1s menciona siete. Estos grados est\u00e1n aprobados y explicados por Santo Tom\u00e1s en su \u00abSuma Teol\u00f3gica\u00bb (II-II:  161:6). Los vicios que se oponen a la humildad son soberbia:  como defecto, y una exagerada complacencia o desprecio de s\u00ed mismo lo que constituir\u00eda un exceso de humildad. Esto podr\u00eda considerarse despectivo para una persona con un cargo o naturaleza sagrada; o podr\u00eda servir s\u00f3lo para fomentar el orgullo en otras personas mediante adulaciones indebidas que ocasionar\u00edan pecados de tiran\u00eda, arbitrariedad y arrogancia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La virtud de la humildad no puede practicarse en una forma externa que ocasione dichos vicios o actos en los dem\u00e1s.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\nFuente:  Devine, Arthur. \u00abHumility.\u00bb The Catholic Encyclopedia. Vol. 7. New York: Robert Appleton Company, 1910.  <br \/>http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/07543b.htm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Traducido por Felicitas Mar\u00eda Costa.  L H M\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>v. 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