{"id":5041,"date":"2016-02-05T00:54:47","date_gmt":"2016-02-05T05:54:47","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/imagen\/"},"modified":"2016-02-05T00:54:47","modified_gmt":"2016-02-05T05:54:47","slug":"imagen","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/imagen\/","title":{"rendered":"IMAGEN"},"content":{"rendered":"<p>v. Dios, Estatua, Figura, \u00cddolo, Semejanza<br \/>\nGen 1:26 dijo .. Hagamos al hombre a nuestra<br \/>\nExo 20:4; Deu 5:8 no te har\u00e1s i, ni .. semejanza<br \/>\nDeu 4:16 i de figura alguna, efigie de var\u00f3n o<br \/>\nJdg 17:3 hacer una i de talla y una de fundici\u00f3n<br \/>\nPsa 78:58 le provocaron a celo con sus i de talla<br \/>\nPsa 97:7 todos los que sirven a las i de talla, los<br \/>\nIsa 40:18 \u00bfa qu\u00e9, pues .. o que i le compondr\u00e9is?<br \/>\nIsa 41:29 viento y vanidad son sus i fundidas<br \/>\nIsa 44:9 los formadores de i .. ellos son vanidad<br \/>\nJer 8:19 \u00bfpor qu\u00e9 me hicieron airar con sus i de<br \/>\nJer 50:38 es tierra de \u00eddolos, y se entontecen con i<br \/>\nDan 2:31 ve\u00edas .. una gran i. Esta i, que era muy<br \/>\nZec 13:2 quitar\u00e9 de la .. los nombres de las i<br \/>\nMat 22:20; Luk 20:24 dijo: \u00bfDe qui\u00e9n es esta i, y<br \/>\nAct 19:35 es guardiana .. de la i venida de<br \/>\nRom 1:23 en semejanza de i de hombre corruptible<br \/>\nRom 8:29 hechos conformes a la i de su Hijo, para<br \/>\n1Co 11:7 el var\u00f3n .. es i y gloria de Dios; pero<br \/>\n1Co 15:49 as\u00ed como hemos tra\u00eddo la i del terrenal<br \/>\n2Co 3:18 somos transformados .. en la misma i<br \/>\nCol 1:15 es la i del Dios invisible, el primog\u00e9nito<br \/>\nHeb 1:3 siendo .. la i misma de su sustancia<br \/>\nRev 14:11 no tienen reposo .. que adoran .. su i<\/p>\n<hr>\n<p>lat\u00ed\u00adn imago. Representaci\u00f3n concreta de algo, una cosa, una persona. En el G\u00e9nesis se dice que Dios cre\u00f3 al hombre a su i. y semejanza, Gn 1, 26, en donde i. dar\u00ed\u00ada la idea de igualdad, pero enseguida dice y semejanza, con lo que se excluye aqu\u00ed\u00ad entender de tal manera i. Adem\u00e1s, tampoco dice el pasaje en qu\u00e9 consisten esa i. y esa semejanza. Algunos interpretan aqu\u00ed\u00ad i., en el sentido de que el hombre fue dotado por Dios con inteligencia y voluntad que le permiten relacionarse con \u00e9l. Para otros el hombre es i. de Dios porque recibi\u00f3 del Creador el dominio sobre los dem\u00e1s seres vivos. El t\u00e9rmino tiene diferentes usos en la Biblia, puede significar parecido f\u00ed\u00adsico entre personas,  de Set se dice que era la i. de su padre Ad\u00e1n, Gn 5, 3. Una de las acepciones del t\u00e9rmino m\u00e1s comunes, es la que tiene el significado de \u00ed\u00addolo, es decir una imagen material en la que se cree reside un ser superior al hombre, un dios, al que se le rinde culto. Las Escrituras se prohiben rotundamente las im\u00e1genes, primero la de Yahv\u00e9h, Dios no es representable, es el Dios invisible, Ex 20, 4; Dt 4, 15-19. Luego en el  Deuteronomio, las de los dioses de las naciones paganas, la  \u00c2\u00ae idolatr\u00ed\u00ada, y considera esas im\u00e1genes e \u00ed\u00addolos carentes de toda realidad. Postrarse ante esta im\u00e1genes es una traici\u00f3n a Dios, Sal 78 (77), 58; los profetas llaman a estas pr\u00e1cticas paganas adulterio, Jr 9, 1 y 12-13. El pueblo de Israel estaba rodeado de pueblos politeistas e id\u00f3latras, cuyas costumbres penetraron su cultura, de ah\u00ed\u00ad la prohibici\u00f3n en el A. T., as\u00ed\u00ad como en el N.<\/p>\n<p>T. Hch 7, 43; 15, 20; 17, 29; Rm 1, 23; 2, 22.<\/p>\n<p>En el N. T.  la imagen de Dios es Jesucristo, 2 Co 4, 4; el Dios invisible del A. T. se hace visible en \u00e9l, Col 1, 15; Jes\u00fas es el resplandor de la gloria de Dios, la impronta de su sustancia, Hb 1, 3. Jes\u00fas le dice a Felipe, quien le hab\u00ed\u00ada pedido que le mostrara al Padre: \u2020\u0153El que me ha visto a m\u00ed\u00ad, ha visto al Padre\u2020\u009d, Jn 14, 9.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Digital, Grupo C Service &#038; Design Ltda., Colombia, 2003<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Digital<\/b><\/p>\n<p>(semejanza).<\/p>\n<p> Cada hombre y cada mujer est\u00e1n hechos a imagen y semejanza de Dios, son libres, como Dios, e inmortales, como Dios, y espiritales como Dios, Ge,1:26-27.<\/p>\n<p> La ca\u00ed\u00adda del hombre destruy\u00f3, pero no aniquil\u00f3 esta imagen. La restauraci\u00f3n de esta imagen comienza con la regeneraci\u00f3n por la fe, en el Bautismo, forj\u00e1ndose una \u00abnueva criatura\u00bb, participante de la \u00abnaturaleza de Dios\u00bb Ro. 6, 2Co 5:17, 2Pe 1:4.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano<br \/>\nDr. J. Dominguez<\/p>\n<p>http:\/\/biblia.com\/diccionario\/<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano<\/b><\/p>\n<p>Es la representaci\u00f3n visual o mental que se tiene de un objeto. A veces se llama i. al objeto mismo. As\u00ed\u00ad, las representaciones de dioses por la v\u00ed\u00ada de estatuas o pinturas son llamadas i. (\u2020\u0153No te har\u00e1s i.\u2020\u009d [Exo 20:4]). El t\u00e9rmino i. tiene tambi\u00e9n la connotaci\u00f3n de \u2020\u0153parecido\u2020\u009d, \u2020\u0153semejanza\u2020\u009d, \u2020\u0153apariencia\u2020\u009d. La prohibici\u00f3n de la \u2020\u00a2idolatr\u00ed\u00ada no solamente abarcaba toda la fantasiosa creatividad que la mente humana expres\u00f3 en forma de estatuas, pinturas, bajos y altos relieves, sino tambi\u00e9n la representaci\u00f3n del mismo Jehov\u00e1. As\u00ed\u00ad, no se pod\u00ed\u00ada elaborar una estatua de \u2020\u00a2Baal, o \u2020\u00a2Astart\u00e9, o \u2020\u00a2Bel. Tampoco se pod\u00ed\u00ada, como hizo \u2020\u00a2Jeroboam, establecer un \u2020\u0153culto a Jehov\u00e1\u2020\u009d representado en los becerros que ten\u00ed\u00ada en \u2020\u00a2Bet-el y \u2020\u00a2Dan. La imaginaci\u00f3n humana, por m\u00e1s poderosa que sea, no puede jam\u00e1s concebirlo en t\u00e9rminos materiales, puesto que Dios es esp\u00ed\u00adritu y trascendente a los conceptos de espacio y tiempo. Todo intento de representarlo equivale a un intento de reducirlo. Dios siempre cuid\u00f3 de que aquellos que de veras creen en \u00e9l mantengan un claro sentido de esa su trascendencia espiritual. Para la i. de Dios en el hombre. \u2020\u00a2Hombre.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Cristiano<\/b><\/p>\n<p>tip, LEYE<\/p>\n<p>ver, DIVINIDADES PAGANAS, IDOLATR\u00ed\u008dA, \u00ed\u008dDOLOS, CABEZA sit,<\/p>\n<p>vet, Este t\u00e9rmino se refiere, por una parte, a las im\u00e1genes de talla y fundici\u00f3n relacionadas con la idolatr\u00ed\u00ada, y que la ley prohib\u00ed\u00ada estrictamente a los israelitas. En Hch. 19:23 ss. se menciona la creencia popular de que la imagen de Diana guardada en el templo de Efeso hab\u00ed\u00ada venido del mismo J\u00fapiter. (V\u00e9anse DIVINIDADES PAGANAS, IDOLATR\u00ed\u008dA, \u00ed\u008dDOLOS.). Pero el t\u00e9rmino \u00abimagen\u00bb tiene otros usos muy importantes. Por ejemplo, Dios dijo, al crear al hombre: \u00abHagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y se\u00f1oree&#8230; Y cre\u00f3 Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo cre\u00f3\u00bb (Gn. 1:26, 27; 5:1; 9:6). El t\u00e9rmino que se emplea aqu\u00ed\u00ad por imagen es \u00abtselem\u00bb, que se usa tambi\u00e9n de las im\u00e1genes de culto id\u00f3latra y de la gran imagen de Dn. 2. A pesar de la ca\u00ed\u00adda, el hombre sigue siendo portador de la imagen de Dios. Al hablar del hombre como cabeza de la mujer, se declara que \u00e9l no debe cubrirse la cabeza, por cuanto \u00ab\u00e9l es imagen y gloria de Dios\u00bb (1 Co. 11:7; v\u00e9ase CABEZA). Santiago hace una afirmaci\u00f3n general: \u00ablos hombres&#8230; est\u00e1n hechos a la semejanza de Dios\u00bb (Stg. 3:9). Hasta qu\u00e9 punto el hombre es imagen y semejanza de Dios despu\u00e9s de la Ca\u00ed\u00adda puede quedar ilustrado con una analog\u00ed\u00ada. Es evidente que una imagen es una representaci\u00f3n. Cuando al Se\u00f1or le mostraron un denario al hacerle la pregunta sobre el tributo (Mt. 22:15-22), pregunt\u00f3: \u00ab\u00bfDe qui\u00e9n es la imagen&#8230;?\u00bb La respuesta fue: \u00abDe C\u00e9sar.\u00bb Puede que la imagen no estuviera bien hecha. Puede que hubiera estado desgastada y abollada, como sucede frecuentemente con las monedas. Sin embargo, esto no afectaba al hecho de que se trataba de la imagen de C\u00e9sar. Era su representaci\u00f3n, y la de nadie m\u00e1s. As\u00ed\u00ad, el hombre, como cabeza de los seres creados en relaci\u00f3n con la tierra es la imagen de Dios: a \u00e9l le fue dado el dominio sobre todo ser vivo que se mueve sobre la tierra, en el mar, y en el aire. Naturalmente, esto deber\u00ed\u00ada ser en sujeci\u00f3n a Dios. La semejanza va m\u00e1s lejos. En el hombre hay una semejanza moral y mental con Dios. No s\u00f3lo representa a Dios en la tierra, sino que, aunque limitado en el tiempo y en el espacio, y ser creado, puede, por su semejanza con Dios, llegar a tener una relaci\u00f3n personal con Dios. El hombre es una imagen abollada y sucia de Dios, al haber ca\u00ed\u00addo en pecado, y no tiene m\u00e1s posibilidad de esta relaci\u00f3n que la provista por la gracia de Dios por la muerte de Cristo. Esta obra de la gracia de Dios, cuando es aplicada en el coraz\u00f3n del hombre por medio de la fe, lo regenera espiritualmente y lo lleva a una nueva vida. En el concepto imagen entra tambi\u00e9n la ca\u00ed\u00adda. Ad\u00e1n pec\u00f3, y muri\u00f3 espiritualmente. En relaci\u00f3n con Dios, heredamos esta condici\u00f3n de Ad\u00e1n, y por naturaleza estamos muertos en delitos y pecados. El hecho de nuestra condici\u00f3n de mortal por causa del pecado heredado de Ad\u00e1n, Pablo lo atribuye a que \u00abhemos tra\u00ed\u00addo la imagen del terrenal (Ad\u00e1n)\u00bb (1 Co. 15:49). En el mismo vers\u00ed\u00adculo anuncia, sin embargo, que los creyentes, que ya ahora hemos recibido la imagen de Cristo, a la que vamos siendo conformados en nuestras vidas, \u00abtraeremos tambi\u00e9n la imagen del (hombre) celestial\u00bb en nuestros propios cuerpos glorificados. Cristo es la verdadera imagen de Dios. Es en El, Dios el Hijo que se hizo hombre, que se halla de una manera perfecta y plena \u00abla imagen del Dios invisible&#8230; porque en \u00e9l habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad\u00bb (Col. 1:15; 2:9).<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico Ilustrado<\/b><\/p>\n<p>[553]<\/p>\n<p>    Figura reproducida por diversos procedimientos t\u00e9cnicos (escultura, pintura, bordado, grabado, etc.) Puede ser o no ser art\u00ed\u00adstica. Y puede recoger un contenido y un mensaje religioso o profano.<\/p>\n<p>    El uso religioso de im\u00e1genes plante\u00f3 un problema en la Iglesia de Oriente en tiempos medievales. La tradici\u00f3n cristiana del uso del arte sagrado convirti\u00f3 a las im\u00e1genes de todo tipo en apoyo usual en la conservaci\u00f3n y promoci\u00f3n de la piedad cristiana y en lenguaje pedag\u00f3gico para la educaci\u00f3n de la fe.  (Ver Icono, Iconograf\u00ed\u00ada y Dul\u00ed\u00ada 4)<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>La imagen est\u00e1 hecha para recordar a la persona que representa. La segunda ley del Dec\u00e1logo reza as\u00ed\u00ad: \u00abNo te har\u00e1s imagen alguna de Dios\u00bb (Ex 20, 4). La ley proh\u00ed\u00adbe que el hombre represente a Dios, haciendo de El una imagen material. La raz\u00f3n profunda de esta prohibici\u00f3n est\u00e1 en que la imagen, hecha tan s\u00f3lo para recordar a la persona que representa, puede, con el tiempo, convertirse en objeto de culto (cf. Sab 14, 12-21). El culto a Dios en el A. T. debe estar desprovisto de im\u00e1genes, porque El es trascendente, invisible, inaccesible. Nadie ha visto nunca a Dios (Jn 1, 18). Ni se le puede exactamente traducir en lenguaje humano, ni se le puede presencializar en una imagen. Es el irrepresentable. Entre Dios y el hombre hay una distancia insalvable; presencializarle en le\u00f1o labrado, piedra esculpida o metal fundido es pr\u00e1cticamente un sacrilegio. Nadie puede fabricar una imagen de Dios (Dt 4, 15-19). La \u00fanica imagen viva de Dios es el hombre (G\u00e9n 1, 26-27; Rom 8, 29). Imagen de Dios, en sentido perfecto, es Jesucristo (2 Cor 4, 4; Flp 2, 6). Las im\u00e1genes est\u00e1n prohibidas por cuanto pueden recibir culto idol\u00e1trico. Deben hacerse \u00fanicamente para recordar a la persona representada, jam\u00e1s para sustituirla (Mc 12, 16; Lc 20, 24). En San Pablo se proh\u00ed\u00adbe s\u00f3lo la adoraci\u00f3n de im\u00e1genes paganas (1 Tes 1, 9; 1 Cor 5, 10; 10, 7). En las catacumbas aparecen ya las primeras im\u00e1genes del cristianismo. > revelaci\u00f3n.<\/p>\n<p>E. M. N.<\/p>\n<p>FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret<\/b><\/p>\n<p>(-> arte, hombre, idolatr\u00ed\u00ada, Dios). El tema del hombre como imagen de Dios y el de la prohibici\u00f3n de las im\u00e1genes constituye uno de los elementos centrales de la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica.<\/p>\n<p>(1) Hombre, imagen de Dios. El tema aparece en el relato de la creaci\u00f3n: \u00abY dijo Elohim: hagamos al hombre [&#8216;adanv. ser humano] a nuestra imagen y semejanza; que domine sobre los peces del mar, las aves&#8230; Y cre\u00f3 Dios [\u2020\u02dcElohim] al ser humano a su imagen: a imagen de Elohim lo cre\u00f3, var\u00f3n y mujer los cre\u00f3. Y les bendijo Elohim y les dijo: creced, multiplicaos, llenad la tierra y sometedla\u00bb (Gn 1,26-28). El hombre es imagen de Elohim, Dios universal, m\u00e1s que de Yahv\u00e9, Dios especial de la historia israelita, que se sit\u00faa m\u00e1s all\u00e1 de todas las im\u00e1genes del cosmos (cf. Ex 20,4; Dt 5,8). Entre los rasgos b\u00e1sicos del texto del G\u00e9nesis citamos los que siguen, (a) Elohim dice \u00abhagamos\u00bb, utilizando una expresi\u00f3n que se puede entender de varias formas: Dios habla con sus \u00e1ngeles (Elohim, seres divinos), de forma que el hombre aparece como imagen de lo ang\u00e9lico en el mundo; Dios medita y reflexiona consigo mismo, en comunicaci\u00f3n prepositiva, para indicar de esa manera que el hombre brota de su reflexi\u00f3n interna; Dios es pluralidad vital que habla consigo mismo (como en la Trinidad cristiana). Sea como fuere, la creaci\u00f3n del hombre constituye un momento privilegiado del despliegue de la Palabra de Dios que ha creado al hombre por gracia especial, porque quiere y le quiere, dici\u00e9ndose a s\u00ed\u00ad mismo \u00abhagamos\u00bb, de manera que podemos afirmar que el hombre surge en el mismo interior de la divinidad. Dios se responsabiliza de los hombres, pero, al mismo tiempo, supone que los hombres deben asumir su responsabilidad y por eso dice con ellos: \u00abhagamos\u00bb. Este Dios\/Elohim refleja y repite en el hombre su misma realidad divina, de manera que podemos aplicarle al hombre las notas que sabemos de Dios, (b) El hombre es imagen de Dios porque habla, colaborando as\u00ed\u00ad en la creaci\u00f3n. El texto anterior (Gn 1,2-24) hab\u00ed\u00ada dicho que Dios crea a trav\u00e9s de la palabra. Siendo imagen de Dios, el hombre ha de crear de esa manera: sabe decir y dice las mismas palabras de Dios (aunque por ahora parezca receptor pasivo), (c) El hombre es imagen de Dios porque sabe mirar como mira Dios, descubriendo que \u00ablas cosas eran (y son) buenas\u00bb (cf. Gn 1,12.18.21.25.31). (d) Es imagen de Dios porque domina: Dios preside por su palabra y su mirada sobre todo lo que existe (luz y firmamento, aguas y tierra, plantas y animales). El hombre preside sobre los vivientes de su entorno (plantas y animales), proyectando en ellos su armon\u00ed\u00ada, como creador, no como destructor, del mundo, (e) Es imagen de Dios porque puede descansar, participando as\u00ed\u00ad del s\u00e1bado divino (cf. Gn 2,2-3). Plantas y animales est\u00e1n m\u00e1s lejos de Dios porque no guardan el s\u00e1bado, no saben distinguir d\u00ed\u00adas de d\u00ed\u00adas, tiempos de tiempos, seg\u00fan el ritmo de los astros (Gn 1,14-18). S\u00f3lo el hombre sabe y puede guardar el s\u00e1bado, imitando as\u00ed\u00ad a Dios: se retira y distiende, sin quedar prendido y perdido entre las cosas, que van siempre cambiando y est\u00e1n siempre fatigadas, pero sin alejarse de ellas, (f) El hombre es imagen de Dios porque es var\u00f3n y mujer. Dios ha dicho \u00abhagamos\u00bb y ha surgido el ser humano como imagen de su vida invisible, como var\u00f3n y mujer. Por eso, ellos dos son imagen de Dios por el modo concreto en que existen, abierto el uno al otro, en complementariedad de existencia y acci\u00f3n. De esta forma, su dualidad (var\u00f3n y hembra) deja de ser un fen\u00f3meno biol\u00f3gico (propio de otros animales) y se convierte en misterio teol\u00f3gico, (g) El hombre es imagen de Dios porque puede crecer, multiplicarse, dominar la tierra&#8230; Ciertamente, comparte con los animales el brotar y multiplicarse; pero lo hace de otra manera, desde su propia humanidad, siendo as\u00ed\u00ad fuente de vida personal que se expresa a trav\u00e9s de los hijos. As\u00ed\u00ad entendido, el hombre, var\u00f3n y mujer, es la verdadera teofan\u00ed\u00ada. No tenemos que buscar el signo de Dios fuera (en las estrellas); no tenemos que hacer grandes argumentos de tipo cosmol\u00f3gico o social para llegar a lo divino. Dios se muestra en lo m\u00e1s hondo, sencillo e inmediato: en la misma realidad humana, en la concreci\u00f3n misteriosa del var\u00f3n y la mujer, abiertos uno al otro, creadores ambos, en su misteriosa dualidad.<\/p>\n<p>(2) Prohibici\u00f3n de las im\u00e1genes de Dios (idolatr\u00ed\u00ada*). La prohibici\u00f3n de las im\u00e1genes se encuentra esencialmente vinculada a la confesi\u00f3n de la unidad de Dios, pero dice algo m\u00e1s: no se trata s\u00f3lo de afirmar que Dios es \u00abuno\u00bb (\u00fanico, exclusivo: cf. shem\u00e1*, Dt 5,4), de manera que no haya a su lado otros dioses, sino de poner de relieve su trascendencia y libertad, (a) Ley b\u00e1sica. A Dios no se le puede fijar en ninguna co  sa (imagen, signo, idea), porque \u00e9l es El que Es (Ex 3,14) y porque act\u00faa liberando a los hebreos, desde su propia trascendencia, porque \u00e9l quiere (Ex 20,2; Dt 5,6; cf. 27,15). Por eso, el texto sigue: \u00abNo fabricar\u00e1s escultura (pesel), imagen (termina) alguna de lo que hay en el cielo, arriba, abajo en la tierra o en los mares, por debajo de la tierra\u00bb (cf. Ex 20,4; Dt 5,8). Esta prohibici\u00f3n rechaza de forma apod\u00ed\u00adctica (sin condiciones ni reservas) la tendencia del hombre racional (que desea lograr una raz\u00f3n o imagen definitiva de Dios) y el deseo del hombre constructor (que quiere ser capaz de hacerlo o dominarlo todo), dici\u00e9ndole \u00abno fabricar\u00e1s\u00bb. Ella nos sit\u00faa ante dos l\u00ed\u00admites primordiales: el l\u00ed\u00admite de Dios o de la realidad m\u00e1s alta (que nosotros no podemos conocer) y nuestro l\u00ed\u00admite como seres humanos (no podemos fabricarlo todo). Este pasaje y prohibici\u00f3n supone que el hombre tiene un apetito constructivo y posesivo, de manera que se siente capaz de penetrar en la esencia supratemporal de la realidad y de crearla o dominarla por s\u00ed\u00ad mismo, (b) La diferencia de Dios. Al prohibir las im\u00e1genes de Dios, la Biblia alude no s\u00f3lo a sus figuras exteriores (\u00ed\u00addolos de madera o bronce), sino incluso a las representaciones mentales de su realidad (las ideas sobre Dios). Por eso, en principio, no podemos atribuir a Dios los rasgos de los grandes poderes del cielo, de la tierra o del abismo, ni llamarle ni siquiera padre, pues ese mismo nombre puede convertirse en \u00ed\u00addolo o figura falsa. En esa l\u00ed\u00adnea contin\u00faa hablando el Deuteronomio: \u00ab(Recordad)&#8230; el d\u00ed\u00ada que en estuvisteis delante de Yahv\u00e9, vuestro Dios, en el monte Horeb, cuando Yahv\u00e9 me dijo: Re\u00faneme al pueblo, para que yo les haga o\u00ed\u00adr mis palabras, para que aprendan a temerme todos los d\u00ed\u00adas que vivieren&#8230; Y habl\u00f3 Yahv\u00e9 con vosotros de en medio del fuego: o\u00ed\u00adais la voz de sus palabras, sin ver figura alguna, s\u00f3lo se o\u00ed\u00ada una voz. Y El os comunic\u00f3 su alianza&#8230; Guardaos mucho de esto, pues ninguna figura visteis el d\u00ed\u00ada que Yahv\u00e9 habl\u00f3 con vosotros de en medio del fuego. No os pervirt\u00e1is y hag\u00e1is para vosotros escultura, imagen de figura alguna, efigie de var\u00f3n o hembra, imagen de animales terrestres, imagen de aves que vuelan por el aire, de reptiles del suelo, de peces que nadan por el agua, debajo la tierra&#8230;\u00bb (Dt 4,11-20). Sin duda, Dios habla y escuchamos su palabra personal, pero no podemos confundirle con ninguna de las realidades de la tierra; no podemos llamar a Dios padre ni madre, sino s\u00f3lo escucharle, escuchando nuestra m\u00e1s honda voz interna. No podemos hacer imagen de Dios porque con ello destruimos el car\u00e1cter m\u00e1s hondo de nuestra vida, somos im\u00e1genes de Dios al ser humanos y al serlo de un modo consecuente (cf. Gn 1,28). Eso supone que la religi\u00f3n se identifica con el mismo despliegue de la humanidad.<\/p>\n<p>Cf. J. S. CROATTO, El hombre en el mundo. Creaci\u00f3n y designio-Estudio de G\u00e9nesis 1:1-2:3, La Aurora, Buenos Aires 1974; J. JERWELL, Imago Del Gn 1. 26f im Sp\u00e1tjudentum, in der gnosis und in den paulinischen Briefen, FRLANT 76, Vandenhoeck, Gotinga 1960; J. L. Ruiz DE LA PE\u00ed\u2018A, Imagen de Dios. Antropolog\u00ed\u00ada teol\u00f3gica fundamental. Sal Terrae, Santander 1988, 19-60. WESTERMANN, G\u00e9nesis I, Ausgburg, Mine\u00e1polis 1984; H. WILDBERGER, \u00abDas Abbild Gottes. Gn 1,2630&#8243;\u00bb, TliZ 21 (1965) 245-259.481-501.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n<p>La categor\u00ed\u00ada de \u00abimagen\u00bb representa sin duda el quicio de la antropolog\u00ed\u00ada cristiana. Pero no puede hablarse adecuadamente de ella sin referirse a la persona y a la obra de Jesucristo. Seg\u00fan la ense\u00f1anza del concilio Vaticano II, \u00abel misterio del hombre no se aclara de verdad, sino en el misterio del Verbo encarnado. Ad\u00e1n, el primer hombre, era en efecto figura del que hab\u00ed\u00ada de venir, Cristo el Se\u00f1or. Cristo, el nuevo Ad\u00e1n, en la revelaci\u00f3n misma del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocaci\u00f3n\u00bb (GS 22).<\/p>\n<p>Presentando al hombre como imagen semejante de Dios, la Biblia (cf. Gn 1,26-27) no pretende tanto dar una definici\u00f3n de \u00e9l como poner de relieve la dimensi\u00f3n esencial y t\u00ed\u00adpica que est\u00e1 constituida por la relacionalidad. Y lo hace a partir del dato primordial de la obra creadora: si Dios ha dado la vida al hombre, lo ha hecho para que fuera el compa\u00f1ero de una alianza destinada a durar eternamente. Bajo este aspecto hay que recordar algunas acepciones complementarias presentes en la categor\u00ed\u00ada en cuesti\u00f3n: existe una cierta conformidad entre la copia (el hombre) y el ejemplar (Dios), por lo que hay que decir que el hombre desempe\u00f1a el papel de representante de Dios ante la creaci\u00f3n entera; adem\u00e1s, el hombre est\u00e1 llamado a compartir con el Creador el ejercicio de la soberan\u00ed\u00ada sobre el mundo: el impulso hacia Dios que le hace descubrir su propia dimensi\u00f3n esencial religiosa representa finalmente la prueba de una pertenencia y ..J de un destino radical a \u00e9l. Tambi\u00e9n hay que recordar que la dignidad y el valor intangibles de la persona humana, incluidas las causalidades y capacidades m\u00e1s peculiares como la inteligencia, la voluntad, la libertad y el amor solidario, encuentran en la categor\u00ed\u00ada de imagen su fundamento \u00faltimo y m\u00e1s adecuado.<\/p>\n<p> La Tradici\u00f3n cristiana afirma que  s\u00f3lo Jesucristo es la imagen verdadera y perfecta de Dios (cf. Col 1,15a; 2 Cor 4,4; Heb 1,3a): este t\u00ed\u00adtulo remite directamente a la funci\u00f3n de revelador definitivo de Dios que le compete a Jes\u00fas en virtud de su identidad de Hijo preexistente, que vive como encarnado en la misma comuni\u00f3n amorosa que lo une desde siempre con el Padre en el Esp\u00ed\u00adritu Santo. Por consiguiente, s\u00f3lo \u00e9l es capaz de expresarlo, de darlo a conocer y de hacerlo accesible con la aplicaci\u00f3n del t\u00ed\u00adtulo a la relaci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica con el hombre, se formulan al menos dos tesis fundamentales.<\/p>\n<p>La primera, que afecta a la funci\u00f3n de  mediador que desempe\u00f1a Cristo va en la creaci\u00f3n (cf. 1 Cor S,6; Col 1,16; Jn 1,3.10; Heb 1,2), afirma que el hombre ha sido creado por Dios a imagen de Cristo, el cual, siendo tambi\u00e9n el hombre verdadero y perfecto, constituye el ejemplar arquet\u00ed\u00adpico. La segunda tesis, complementaria de la anterior, se basa en el hecho de que el Cristo Salvador es tambi\u00e9n el centro y J el fin de toda la creaci\u00f3n para asignar al hombre, convertido en nueva criatura por el bautismo, la meta de la conformidad o semejanza con \u00e9l, que ser\u00e1 total solamente cuando llegue su Parus\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p> Y Battaglia<\/p>\n<p> Bibl.: G. Barbaglio, Imagen, en DTI, III,  131-145: Ad\u00e1n, en CFT. 1, 27-42: O, Flender Imagen, \u00abeikon\u00bb, en DTNT 340-341: J L. Ruiz de la Pe\u00f1a, Imagen de Dios, Sal Terrae,  Santander 1988: C, Spicq, Dios y el hombre, seg\u00fan el Nuevo Testamento, Secretariado  Trinitario, Salamanca 1979; B. Rey, Creados en Cristo Jes\u00fas, FAX, Madrid 1968.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Premisas b\u00ed\u00adblicas: 1. Prohibici\u00f3n de las im\u00e1genes; 2. El hombre, imagen de Dios; 3. Cristo, imagen de Dios &#8211; II. La lucha iconoclasta y la veneraci\u00f3n de las im\u00e1genes &#8211; III. El icono en la espiritualidad bizantina: 1. La iconograf\u00ed\u00ada como ministerio: 2. La iconograf\u00ed\u00ada, arte divino &#8211; IV. La imagen sagrada en la espiritualidad occidental &#8211; V. La civilizaci\u00f3n de la imagen y su espiritualidad: 1. Secularizaci\u00f3n de la imagen y posibilidad de un arte sagrado; 2. \u00bfSalvar\u00e1 al mundo la belleza?<\/p>\n<p>I. Premisas b\u00ed\u00adblicas<br \/>\n1. PROHIBICI\u00ed\u201cN DE LAS IM\u00ed\u0081GENES &#8211; \u00abNO har\u00e1s escultura, ni imagen alguna de lo que hay arriba en el cielo, o aqu\u00ed\u00ad abajo en la tierra o en el agua bajo tierra. No te postrar\u00e1s ante ella ni la servir\u00e1s\u00bb (Ea 20,4s). La prohibici\u00f3n rigurosa de hacer im\u00e1genes (ordinariamente de seres humanos y de animales) est\u00e1 motivada en la religi\u00f3n mosaica por el peligro de la idolatr\u00ed\u00ada, tan difundida entre los pueblos cercanos. Su fundamento es la abssoluta trascendencia de Dios respecto a la creaci\u00f3n (\u00e9l es el Se\u00f1or que lo ha creado todo, su soberan\u00ed\u00ada domina sobre todo) y su inequ\u00ed\u00advoca y pura espiritualidad (por eso no es posible representarlo sensiblemente). Dios se manifiesta a los sentidos en las \u00abteofan\u00ed\u00adas\u00bb; pero no en s\u00ed\u00ad mismo, sino en su gloria y poder, de manera que la trascendencia y la espiritualidad quedan rigurosamente a salvo (cf Ex 33,18-23). Yahv\u00e9 es un Dios escondido, impenetrable a los sentidos ya la inteligencia (cf Is 45,15). A pesar de la prohibici\u00f3n de las im\u00e1genes, exist\u00ed\u00ada en Israel una iconograf\u00ed\u00ada sagrada; pera es interesante se\u00f1alar que las representaciones no eran de h\u00e9roes o de personajes sagrados, sino memorias de sucesos, de acciones salv\u00ed\u00adficas de Dios.<\/p>\n<p>El Nuevo Testamento contin\u00faa en cierto modo la tradici\u00f3n mosaica, pero cambi\u00e1ndola de significado. Los cristianos que permanecen firmes en la fe, a diferencia de los ap\u00f3statas, se niegan a adorar la \u00abestatua de la bestia\u00bb (Ap 13,14s; etc.), o sea, del emperador. En efecto, Jes\u00fas devuelve al C\u00e9sar lo que es del C\u00e9sar, pero reserva rigurosamente para Dios lo que es de Dios. La imagen del emperador grabada en la moneda dice que el derecho a la moneda corresponde al C\u00e9sar y que con ello se le satisface sin que pueda exigir m\u00e1s (cf Mc 12.16 y par.). La imagen se mantiene en su valor secular sin repercusi\u00f3n alguna religiosa. El cristianismo primitivo, a diferencia de los cultos sincretistas contempor\u00e1neos, no reconoce a la iconograf\u00ed\u00ada un valor aut\u00f3nomo de culto, centr\u00e1ndose para repetir la presencia de Dios en la palabra y en los sacramentos. Pero muy pronto aparecen s\u00ed\u00admbolos y figuras decorativas que recuerdan los misterios de la salvaci\u00f3n en torno a la persona de Jes\u00fas y de los ap\u00f3stoles.<\/p>\n<p>2. El. HOMBRE. IMAGEN DE DIOS &#8211; Si es imposible y enga\u00f1oso representar una imagen de Dios, ya que es el creador espiritual y trascendente, sin embargo un reflejo o una huella del mismo est\u00e1 presente en la creaci\u00f3n. Esta idea, m\u00e1s bien tard\u00ed\u00ada en su formulaci\u00f3n, va precedida de otra, m\u00e1s central y recalcada, la del hombre creado \u00aba imagen y semejanza\u00bb de Dios (G\u00e9n 1,26). Esta \u00faltima tiene probablemente un origen mitol\u00f3gica pues se encuentran analog\u00ed\u00adas en la literatura babil\u00f3nica: antes de crear al hombre, Dios dibuja sobre una plancha de bronce la criatura que ha de ser formada. El hecho de que Dios cree al hombre como imagen de s\u00ed\u00ad mismo no quiere indicar en primer lugar la espiritualidad del hombre, sino m\u00e1s bien su origen divino y su car\u00e1cter central en la creaci\u00f3n, a la que tiene que dominar. La imagen de Dios en el hombre es un dato \u00f3ntico, que se transmite con la generaci\u00f3n (cf G\u00e9n 5,1s. junto con G\u00e9n 5,3) y constituye la dignidad del hombre (cf G\u00e9n 9.6: el que hiere el cuerpo del hombre ultraja la gloria misma de Dios).<\/p>\n<p>Precisamente la noci\u00f3n de \u00abgloria\u00bb puede ayudarnos a comprender lo que significa \u00abimagen de Dios\u00bb. El hombre ha sido hecho un poco inferior a Dios, coronado de gloria y esplendor (cf Sal 8,6s). Gloria indica la manifestaci\u00f3n del poder interior. Por tanto, el hombre participa de la realidad divina precisamente en eso: en su \u00abpeso\u00bb, en su valor, que lo convierte en expresi\u00f3n del poder y de la gloria de Dios. Esto puede resultarnos m\u00e1s claro si pensamos que en todo el mundo antiguo, especialmente en el griego, la imagen no es la representaci\u00f3n de un objeto, como si estuviera en lugar de ese objeto, sino m\u00e1s bien una irradiaci\u00f3n, una manifestaci\u00f3n visible de la esencia de la cosa misma. No es la obra de arte, sino la cosa misma en su esplendor, en su valor, la que es imagen sensible de su realidad \u00ed\u00adntima. L\u00f3gicamente esto vale de manera especial para el hombre. La Biblia acoge de buen grado todo lo que en las especulaciones griegas pod\u00ed\u00ada servir para expresar la idea del hombre como imagen de Dios, sin quitarle nada a la trascendencia divina ni a la prohibici\u00f3n de hacer im\u00e1genes de \u00e9l. Bajo la influencia helen\u00ed\u00adstica se ve la imagen de Dios en la espiritualidad del hombre (cf Eclo 17,3ss,que hay que entender no en forma dualista: no se excluye la corporeidad, sino que se la implica en la imagen como manifestaci\u00f3n sensible) y en la inmortalidad perdida por el pecado (cf Sab 2,23s). En el Nuevo Testamento este significado de In palabra imagen est\u00e1 confirmado en 1 Cor 11,7s, donde se dice que el hombre es imagen y reflejo de Dios, mientras que la mujer es reflejo del hombre, ya qpe el hombre no ha sido sacado de la mujer, sino al rev\u00e9s. Esto no debe entenderse l\u00f3gicamente como negaci\u00f3n de la espiritualidad de la mujer, sino que alude a la imagen como derivaci\u00f3n y reflejo sensible. Lo mismo se confirma en 1 Cor 15,49: pero aqu\u00ed\u00ad el origen terreno se\u00f1ala la imagen de Ad\u00e1n, mientras que el origen celestial se\u00f1ala la imagen del Cristo escatol\u00f3gico. Seg\u00fan Pablo, el hombre tiene que conformarse con Cristo (cf Rom 8,29), que es la imagen de Dios (cf Col 1.15; 2 Cor 4.4), de forma din\u00e1mica, anticipando una realidad escatol\u00f3gica y restaurando as\u00ed\u00ad, en una nueva creaci\u00f3n, la imagen del creador (cf Col 3,10). En efecto, el cristiano, con la cara descubierta. refleja como en un espejo la gloria del Se\u00f1or y el Se\u00f1or, que es esp\u00ed\u00adritu, lo transforma constantemente a imagen suya (cf 2 Cor 3,18).<\/p>\n<p>3. CRISTO, IMAGEN DE DIOS &#8211; Est\u00e1 claro que en el Nuevo Testamento hay un gran enriquecimiento de significados. Cristo mismo es imagen de Dios, en el sentido de que refleja plenamente en s\u00ed\u00ad mismo la sustancia del Padre (cf Col 1,15). As\u00ed\u00ad pues, en Cristo la noci\u00f3n de imagen asume su significado m\u00e1s realista; es la cosa misma como duplicada, pero no en n\u00famero, sino en el sentido de una derivaci\u00f3n que es reflejo perfecto y total. Pues bien, esa imagen del Padre, que es desde siempre el Hijo en el seno de Dios, es conocida sensiblemente en el Verbo hecho carne (Jn 1,14; 14,9). Si Cristo es palabra eterna del Padre dicha ahora en el mundo definitivamente, entonces el hombre se hace semejante a la imagen cuando acoge la palabra en la fe y la hace fructificar. Si Cristo es sacramento del Padre, entonces el cristiano en los sacramentos se conforma con Cristo crucificado y resucitado y participa de la gloria de su imagen. El valor soteriol\u00f3gico y escatol\u00f3gico de la palabra y de los sacramentos se basa totalmente en el hecho de que Cristo realiza perfectamente y absorbe por completo el significado de la imagen de Dios. Todo lo que hay de artificial y esp\u00fareo en la imagen reproducida respecto a la realidad, desaparece en el cristianismo al ser absorbido en la carne de Cristo, que se convierte en \u00ab\u00f3rgano de la divinidad\u00bb (san Atanasio). Por eso el antiguo r\u00e9gimen de la ley era \u00absombra\u00bb respecto a la imagen misma de la realidad (cf Heb 10,1), que se ha manifestado en Jesucristo. Pero s\u00f3lo la fe puede captar esa sustancia de las realidades que no se ven (cf Heb 11,1), la divinidad oculta y manifestada en la carne de Cristo. Por la fe hoy vemos todav\u00ed\u00ada como en un espejo, de manera confusa; en cambio, entonces veremos cara a cara; hoy conocemos de modo imperfecto, entonces conoceremos como somos conocidos (cf 1 Cor 13,12). El pecado consiste en confundir la gloria de Dios incorruptible con la reproducci\u00f3n de la simple imagen del hombre corruptible y animal (cf Rom 1,23); el pecado aqu\u00ed\u00ad no es s\u00f3lo la idolatr\u00ed\u00ada, sino la privaci\u00f3n de la gloria de Dios en el hombre mediante acciones inmorales que manchan el origen divino de la imagen, de forma que el hombre se hace semejante a lo que adora y se embrutece en consecuencia. En efecto, el pecado, seg\u00fan la tradici\u00f3n rab\u00ed\u00adnica recibida por Pablo, si no destruye por completo la imagen, la oscurece, sin embargo, profundamente; m\u00e1s a\u00fan, hace que entre la muerte en el mundo<br \/>\nII. La lucha iconoclasta y la veneraci\u00f3n de las im\u00e1genes<br \/>\nLa Iglesia antigua, tanto en Oriente como en Occidente, ofreci\u00f3 seria resistencia a reconocer un valor cultual a las im\u00e1genes sagradas, o sea, a las representaciones de Cristo, de Mar\u00ed\u00ada y de los santos, con una intenci\u00f3n religiosa. Ni el Antiguo ni el Nuevo Testamento, bien entendidos, prohib\u00ed\u00adan el arte, la producci\u00f3n de im\u00e1genes profanas. Pero la imagen religiosa encontraba resistencias no tanto, o no solamente, por el peligro de idolatr\u00ed\u00ada. En efecto, esas producciones en el \u00e1mbito del cristianismo nunca pretendieron tener un valor cultual aut\u00f3nomo, en s\u00ed\u00ad mismas, como en el paganismo. Se trataba m\u00e1s bien de profundos motivos teol\u00f3gicos; hab\u00ed\u00ada que preservar el car\u00e1cter de imagen divina para las realidades primarias, a saber, la creaci\u00f3n, el hombre, Cristo, en contraste con las realidades secundarias, osea, la obra de arte. Esto estaba tambi\u00e9n en consonancia con la misma concepci\u00f3n plat\u00f3nica, seg\u00fan la cual la obra de arte deb\u00ed\u00ada considerarse como imagen \u00abumbr\u00e1til\u00bb (cf Plat\u00f3n, Rep., 598b), Es significativa la repulsa que Eusebio de Cesarea opone a la exigencia de Constantino de tener una imagen de Cristo: no es posible representar con colores muertos y sin vida a ese Jes\u00fas que ya en la tierra era una irradiaci\u00f3n de la gloria divina (cf PG 20,1545). Es evidente que, aparte del peligro de la idolatr\u00ed\u00ada, se trataba de una especie de \u00abayuno figurativo\u00bb para tutelar el valor propio del sacramento, esto es, la imagen de Cristo glorioso, reflejada y presente en la Iglesia y en los sacramentos.<\/p>\n<p>Pero precisamente esta finalidad, funcional y pedag\u00f3gica respecto a los misterios cristianos o sacramentos del Cristo glorioso, fue la que abri\u00f3 en Occidente las puertas al uso did\u00e1ctico y catequ\u00e9tico de las sagradas im\u00e1genes. Gregorio Magno rechaza la adoraci\u00f3n de las im\u00e1genes, pero acoge su uso didasc\u00e1lico y pedag\u00f3gico: \u00abLo que para los lectores la escritura es la imagen para los ojos de los no instruidos, ya que hasta los ignorantes ven en ella lo que tienen que imitar, leyendo en ella hasta los que no saben leer\u00bb (Ep., 11,13). En una palabra, la imagen llega a adquirir un valor complementario y colateral al de la palabra (las famosas \u00abbiblias de los pobres\u00bb), capaz como la palabra de suscitar la admiraci\u00f3n por las acciones salv\u00ed\u00adficas de Dios, la fe en Cristo, la relaci\u00f3n filial con el Padre.<\/p>\n<p>Oriente (sobre todo el bizantino) tom\u00f3 otra direcci\u00f3n. El presupuesto te\u00f3rico son las especulaciones de Fil\u00f3n y la metaf\u00ed\u00adsica de Plotino, aun cuando la inspiraci\u00f3n sigue siendo profunda y exclusivamente b\u00ed\u00adblica. M\u00e1s a\u00fan, aqu\u00ed\u00ad la filosof\u00ed\u00ada de la imagen consigue que se mantenga el car\u00e1cter central de los contenidos teol\u00f3gicos; la cuesti\u00f3n cristol\u00f3gica, entre la antropolog\u00ed\u00ada y la doctrina trinitaria, sigue siendo todav\u00ed\u00ada la cuesti\u00f3n nuclear precisamente en virtud de una est\u00e9tica teol\u00f3gica que tiene su punto de apoyo en la especulaci\u00f3n sobre la imagen. Puede afirmarse que la lucha por el reconocimiento del valor cultual de las im\u00e1genes constituye la \u00faltima gran disputa cristol\u00f3gica del Oriente y de la Iglesia antigua. El n\u00facleo teol\u00f3gico era b\u00ed\u00adblico y com\u00fan a la catolicidad. Cristo es la imagen del Padre, el Esp\u00ed\u00adritu refleja al Hijo; el hombre ha sido hecho a imagen del Dios trino, y la salvaci\u00f3n consiste en asumir cada vez m\u00e1s la semejanza con Dios, hasta la gloria. Pero el n\u00facleo especulativo es peculiar: la imagen vale por su relaci\u00f3n con el origen; por eso la semejanza tiene un car\u00e1cter de revelaci\u00f3n, de manifestaci\u00f3n sensible de la gloria invisible. Est\u00e1 claro que aqu\u00ed\u00ad se pone en discusi\u00f3n el dogma de la encarnaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El concilio de Hieria (a\u00f1o 754), cima de la tendencia iconoclasta, niega que se pueda ofrecer una imagen propia y verdadera de Cristo, ya que deber\u00ed\u00ada representar su naturaleza divina. Pero esto es imposible, ya que la naturaleza divina es absolutamente infinita e imposible de pintar. Por otra parte, representar s\u00f3lo la naturaleza humana de Cristo ser\u00ed\u00ada como caer en una forma de nestorianismo, que separa las dos naturalezas, negando la uni\u00f3n hipost\u00e1tica. Por consiguiente, representar im\u00e1genes de Cristo, adem\u00e1s de imposible, es perjudicial, puesto que esas im\u00e1genes separar\u00ed\u00adan la humanidad de la divinidad y su culto ser\u00ed\u00ada fatalmente descaminado (aunque no se cayese en la idolatr\u00ed\u00ada). Como se ve, el iconoclasmo estima imposible una est\u00e9tica teol\u00f3gica, esto es, la posibilidad de que la gloria divina se manifieste en la forma de la materia y pueda percibirse en ella.<\/p>\n<p>El concilio segundo de Nicea (a\u00f1o 787), favorable a la veneraci\u00f3n de las im\u00e1genes, aclar\u00f3 precisamente que, al ser Cristo imagen de Dios Padre, hace posible la percepci\u00f3n de su sustancia. Cuando se encarn\u00f3 el Hijo, la materia misma se vio elevada a la gloria de la uni\u00f3n hipost\u00e1tica con la divinidad y fue hecha entonces capaz de representar, suponiendo la fe, la manifestaci\u00f3n de la gloria. Por tanto, las representaciones de Cristo suponen la fe y exigen la prosh\u00ed\u00adnesis (veneraci\u00f3n). El acto cultual, la verdadera y propia adoraci\u00f3n (latreia), se dirige a la cosa representada (prototipo), que se manifiesta y toma forma visible en la imagen. La disputa sobre el culto a las im\u00e1genes se hizo a\u00fan m\u00e1s \u00e1spera debido a las implicaciones pol\u00ed\u00adticas.<\/p>\n<p>Los Libros carolinos (a\u00f1o 790) de los te\u00f3logos de Carlomagno insisten en que las im\u00e1genes no pueden ni deben ser adoradas. Observaci\u00f3n perfectamente justa, pero que no ten\u00ed\u00ada en cuenta la distinci\u00f3n bizantina entre latreia y prosk\u00ed\u00adnesis. Conviene observar que el Occidente, m\u00e1s secular, admitir\u00e1 el valor \u00abpropio\u00bb de la obra de arte, peroser\u00e1 menos sensible a reconocer en ella el valor \u00abteol\u00f3gico\u00bb de la gloria. Santo Tom\u00e1s de Aquino, muy riguroso como de ordinario, ve la \u00abutilidad\u00bb de la.- imagen en su triple funci\u00f3n: como instrumento de informaci\u00f3n, o sea, para instruir a los que no saben leer; como ayuda para la memoria de los misterios de la salvaci\u00f3n, y como est\u00ed\u00admulo para la devoci\u00f3n (cf In IV Sent., 1. III, dist. IX, a. 2, sol. 2, ad 3).<\/p>\n<p>Surge, por otra parte, el problema sem\u00e1ntico, o sea, cu\u00e1l es el nexo que hay entre signo y significado. Santo Tom\u00e1s capta perfectamente el movimiento intencional. que a trav\u00e9s del signo termina en el significado. Por eso admite que la imagen de Cristo debe ser adorada, ya que aqu\u00ed\u00ad el movimiento del signo al significado termina en Cristo mismo (cf S. Th., III, q. 25, a. 3). Pero se mantiene firme el car\u00e1cter central del hombre, criatura racional, al que s\u00f3lo se le debe reverencia en cuanto imagen de Dios y lugar propio de la semejanza.<\/p>\n<p>No es extra\u00f1o entonces que san Bernardo de Claraval vea en la multiplicaci\u00f3n de las obras de arte la quintaesencia del lujo y una amenaza para la vida espiritual. Exige sobriedad de im\u00e1genes en la arquitectura mon\u00e1stica, dejando para los obispos las ricas catedrales. El antropocentrismo occidental inclina fatalmente la espiritualidad de la imagen hacia la relaci\u00f3n hombre-sociedad&#8217;.<\/p>\n<p>III. El icono en la espiritualidad bizantina<br \/>\n1. LA ICONOGRAF\u00ed\u008dA COMO MINISTERIO &#8211; Por las premisas b\u00ed\u00adblicas y teol\u00f3gicas es f\u00e1cil vislumbrar el lugar que las iglesias bizantinas u ortodoxas asignan a la contemplaci\u00f3n de las im\u00e1genes (o \u00abiconos\u00bb) de Cristo, de la Virgen y de los santos. Esas im\u00e1genes no tienen s\u00f3lo un valor did\u00e1ctico o conmemorativo de los misterios salv\u00ed\u00adficos, ni se contentan con suscitar solamente la devoci\u00f3n, sino que poseen un verdadero y propio valor dogm\u00e1tico y ocupan un lugar de primer plano en la econom\u00ed\u00ada eclesial. \u00abEl arte sagrado del icono no ha sido inventado por los artistas. Es una instituci\u00f3n que viene de los santos padres y de la tradici\u00f3n de la Iglesia\u00bb (Concilio de Constantinopla, a\u00f1o 843: Mansi XIII, 252c). El iconoclasmo peca de docetismo, porque no sabe reconocer la epifan\u00ed\u00ada de lo invisible en lo visible; se muestra insensible al realismo evang\u00e9lico, a lo sagrado en la historia; niega a la santidad la capacidad de transfigurar la naturaleza. As\u00ed\u00ad pues, atacar a los iconos significa atacar al estado mon\u00e1stico, al culto de los santos, a la misma maternidad divina de Mar\u00ed\u00ada y, en \u00faltimo an\u00e1lisis, a la encarnaci\u00f3n del Verbo.<\/p>\n<p>En la econom\u00ed\u00ada eclesial el icono no es s\u00f3lo complementario did\u00e1ctica y pedag\u00f3gicamente de la palabra como en Occidente, sino que se coloca al lado de la liturgia, que afecta al tiempo sagrado, y de la arquitectura, que afecta al espacio sagrado, en una multiplicidad epif\u00e1nica de la \u00fanica santidad de Dios en la Iglesia y en el cosmos. M\u00e1s a\u00fan: la visi\u00f3n adquiere cierta primac\u00ed\u00ada sobre la palabra, ya que capta el elemento sensible del Verbo encarnado en la forma espiritual e impregnada de santidad que nos ofrece la energ\u00ed\u00ada del Esp\u00ed\u00adritu Santo. No sustituye ciertamente a los sacramentos, pero como una especie de sacramental anticipa en cierto modo la percepci\u00f3n de la gloria final y revela ya ahora la belleza del reino celestial. Por este motivo los icon\u00f3grafos aspirantes ten\u00ed\u00adan que medirse ante todo con el icono de la transfiguraci\u00f3n, ten\u00ed\u00adan que asimilar la teolog\u00ed\u00ada \u00abtab\u00f3rica\u00bb. Pintar iconos es un verdadero y aut\u00e9ntico misterio. En el manual de iconograf\u00ed\u00ada sagrada se dice: \u00abEl sagrado ministerio de la representaci\u00f3n iconogr\u00e1fica comenz\u00f3 entre los ap\u00f3stoles&#8230; El sacerdote nos presenta el cuerpo del Se\u00f1or en los servicios lit\u00fargicos en virtud de sus palabras&#8230;; el pintor, a trav\u00e9s de las im\u00e1genes\u00bb [T. Bolsakov (ed.) Podlinnik, Mosc\u00fa 1903]. Por eso el icon\u00f3grafo tiene que prepararse para la pintura con oraciones y ayunos, con ascesis y santidad. Es que el icono est\u00e1 hecho para la contemplaci\u00f3n sensible de la divinidad invisible y santa. Venerar los iconos no es un puro acto de reverencia, enriquecido por una conmoci\u00f3n devota: \u00abA trav\u00e9s de la representaci\u00f3n iconogr\u00e1fica, vemos espiritualmente con nuestros ojos carnales al mismo que es invisible&#8230; Por medio de esta visi\u00f3n, nuestra mente se eleva al deseo y al amor divino; el aprecio que mostramos al icono se transfiere al prototipo del mismo.., y ya ahora en esta tierra quedamos iluminados y penetrados de la luz del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (Jos\u00e9 de Volokolamsk). A trav\u00e9s de la percepci\u00f3n de la santidad, que se transparenta en la forma sensible, quedamos nosotros santificados por la energ\u00ed\u00ada del Esp\u00ed\u00adritu Santo.<\/p>\n<p>Esto supone aquella antropolog\u00ed\u00ada de los padres griegos que, despu\u00e9s de san Agust\u00ed\u00adn, nos resulta extra\u00f1a a los occidentales. La naturaleza, para los padrea griegos, no estaba separada de lo sobre1 natural, sino que concurr\u00ed\u00ada en una, \u00fanica sinergia humano-divina a la restauraci\u00f3n del para\u00ed\u00adso y a la theiosis (divinizaci\u00f3n) de los hombres. En una palabra, se manten\u00ed\u00ada un dinamismo no s\u00f3lo antropol\u00f3gico, sino tambi\u00e9n c\u00f3smico hacia la divinizaci\u00f3n, aunque a coste ciertamente de la consistencia ontol\u00f3gica aut\u00f3noma de lo creado.<\/p>\n<p>2. LA ICONOGRAF\u00ed\u008dA. ARTE DIVINO &#8211; Esto mismo se manifiesta tambi\u00e9n en los c\u00e1nones pict\u00f3ricos establecidos por la, \u00abGu\u00ed\u00ada de los icon\u00f3grafos\u00bb (s.Ix). Las t\u00e9cnicas art\u00ed\u00adsticas quedan totalmente absorbidas por el contenido, que no es la representaci\u00f3n, sino la \u00abimagen\u00bb, contenida por la representaci\u00f3n, o sea, los arquetipos divinos, que s\u00f3lo pueden revelar la fe y el Esp\u00ed\u00adritu. El pintor ha de captar las estructuras espirituales escondidas. No ya la esencia divina, que permanece oculta, pero s\u00ed\u00ad las energ\u00ed\u00adas divinas. Por eso, aunque es arte figurativa, no es retrato ni arte abstracta. Ser\u00ed\u00ada retrato si diera espacio a los elementos ps\u00ed\u00adquicos (la expresi\u00f3n, el gesto, la pose, el movimiento, etc.). Ser\u00ed\u00ada arte abstracta si no captase las estructuras pneum\u00e1ticas. El rostro de Jes\u00fas no es un retrato, sino icono de su presencia. La estilizaci\u00f3n desmaterializa las formas para permitir la revelaci\u00f3n de la transparencia final y celesial de la carne. De los santos hay que saber captar no tanto al \u00abhombre interior\u00bb -que podr\u00ed\u00ada conducir al enga\u00f1o de identificarlo con la introspecci\u00f3n psicol\u00f3gica-, sino m\u00e1s bien al \u00abhombre celestial\u00bb, al que viene junto con Cristo en la parus\u00ed\u00ada. La ausencia de perspectiva y libertad a la hora de definir las relaciones entre las dimensiones reales de los seres y de las cosas (en los \u00e1ngeles de la Trinidad de Rublev la proporci\u00f3n entre el cuerpo y la cabeza es el doble de la real) permiten un \u00abextra\u00f1amiento\u00bb visual que centra la atenci\u00f3n en lo inteligible. La bidimensionalidad engendra una perspectiva \u00abinvertida\u00bb (las l\u00ed\u00adneas se acercan al espectador), dando la impresi\u00f3n de que los personajes salen del icono y vienen al encuentro de uno. La falta de claroscuros y los colores vivos, ordenados seg\u00fan c\u00e1nones crom\u00e1ticos en parte fijos y en parte sumamente libres, expresan el mediod\u00ed\u00ada de la encarnaci\u00f3n (s\u00f3lo el hades y el pecado son el simple negro; v\u00e9ase la Natividad, la Crucifixi\u00f3n, etc.; pero no hay drama, sino s\u00f3lo k\u00e9nosis). Todo es luz; pero no se ve la fuente de la luz, ya que \u00e9sta es el mismo icono. En su inmensa y recogida inmovilidad hay un infinito juego de energ\u00ed\u00adas santificantes que invaden al espectador. El icono m\u00e1s famoso es, sin duda, la Trinidad de Andrei Rublev (a\u00f1o 1425). El concilio de los Cien Cap\u00ed\u00adtulos, siglo y medio m\u00e1s tarde, la erigi\u00f3 en modelo de la iconograf\u00ed\u00ada y de todas las representaciones de la Trinidad. Se encuentra en Mosc\u00fa, en la iglesia de la Asunci\u00f3n. Una disposici\u00f3n can\u00f3nica, que no se respeta, prohibe las reproducciones en papel de los iconos y su venta comercial&#8217;.<\/p>\n<p>[>Oriente cristiano VI, 3].<\/p>\n<p>IV. La Imagen sagrada en la espiritualidad occidental<br \/>\nEl Occidente, ajeno a cargar la producci\u00f3n de im\u00e1genes con semejantes contenidos dogm\u00e1ticos, m\u00e1s riguroso en la conservaci\u00f3n del car\u00e1cter de \u00abimagen de Dios\u00bb para las realidades primarias (Cristo, el hombre, la naturaleza como creaci\u00f3n) y la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu santificador para los signos sacramentales, orientado hacia una antropolog\u00ed\u00ada m\u00e1s \u00e9tico-pr\u00e1ctica y, por tanto, m\u00e1s secular, no por ello hay que decir que est\u00e1 privado de una espiritualidad de la imagen. Al contrario, experimentar\u00e1 una dolorosa tensi\u00f3n entre la secularidad de la imagen y la concreci\u00f3n santificante de la encarnaci\u00f3n, que marcar\u00e1 de modo dial\u00e9ctico y din\u00e1mico el desarrollo mismo de la civilizaci\u00f3n frente a la inmovilidad epif\u00e1nica del mundo bizantino y ortodoxo.<\/p>\n<p>Ya en la Edad Media, como consecuencia de las cruzadas y de las peregrinaciones a Tierra Santa, se desarrolla un simbolismo centrado en la cruz, relacionado con una piedad marcadamente dolorista (identificaci\u00f3n de los sufrimientos del fiel con los sufrimientos de Cristo crucificado). Se desarrolla la devoci\u00f3n a las cinco llagas y la del Viacrucis; se difunden las reproducciones de los instrumentos de la pasi\u00f3n y las representaciones del crucificado. Tambi\u00e9n en la iconograf\u00ed\u00ada mariana se subraya m\u00e1s la humanidad de la virgen madre dolorosa al pie de la cruz que el misterio de la theotokos (madre de Dios). M\u00e1s que el arte figurativa (desarrollada ya desde antiguo en las \u00abbiblias de los pobres\u00bb y en las miniaturas de los libros lit\u00fargicos mon\u00e1sticos) prevalece el arte dram\u00e1tico (v\u00e9anse las laudes o representaciones sagradas, sugeridas de ordinario por la liturgia pascual) y el pl\u00e1stico (objetos en madera y en piedra, donde el crucifijo ocupa un lugar privilegiado).<\/p>\n<p>Pero la s\u00ed\u00adntesis de todo esto se conseguir\u00e1 en la catedral g\u00f3tica, donde la figuraci\u00f3n y la pl\u00e1stica se entrecruzan en infinitos juegos decorativos, did\u00e1cticos y esc\u00e9nicos, encerrados en el mundo del espacio sagrado, verdadera s\u00ed\u00adntesis de la ciudad medieval. Aqu\u00ed\u00ad dispondr\u00e1n de libre juego incluso las representaciones del ed\u00e9n y del apocalipsis que expresan una relaci\u00f3n especial de Cristo con la naturaleza y con los animales, y toda una selva de s\u00ed\u00admbolos que expresan una vasta cultura, tanto en las relaciones tipol\u00f3gicas entre el Antiguo y el Nuevo Testamento como en los presupuestos neoplat\u00f3nicos, tanto en las referencias a la experiencia lit\u00fargica como en las alusiones a la vida social.<\/p>\n<p>Ser\u00e1 precisamente la figuraci\u00f3n pict\u00f3rica la que mejor exprese la crisis de la espiritualidad occidental. Si el beato Ang\u00e9lico expresa todav\u00ed\u00ada la teolog\u00ed\u00ada dominicana dentro de los c\u00e1nones iconogr\u00e1ficos cl\u00e1sicos o bien ligados a la gran lecci\u00f3n bizantina, Giotto rompe, con la introducci\u00f3n de la perspectiva, uno de los principales presupuestos de ese arte. Con \u00e9l y despu\u00e9s de \u00e9l ocurre algo grave en la iconograf\u00ed\u00ada; algo que sigue una peculiaridad presente ya desde siempre en la espiritualidad occidental: la irrupci\u00f3n en la imagen de la humanidad hist\u00f3rica y social de los temas religiosos. El arte sagrado occidental expresar\u00e1 siempre, por eso mismo, la tensi\u00f3n y el drama entre lo humano y lo divino. El punto de ruptura y de choque dram\u00e1tico ser\u00ed\u00ada siempre, en \u00faltimo an\u00e1lisis, el crucificado. Esta teolog\u00ed\u00ada de la cruz, en la cual se acumulan todos los males y ruindades de la humanidad, se expresa hasta el paroxismo y de modo plenamente luterano en los dibujos de Gr\u00fcnewald. Aqu\u00ed\u00ad el crucificado es injuriado por un pueblo, m\u00e1s a\u00fan que por la soldadesca, lleno de vicios y de rabia sat\u00e1nica. El crucificado extiende sus brazos sobre el madero de la cruz doblado como una ballesta. En la Tentaci\u00f3n de San Antonio la naturaleza humana, corrompida irremediablemente, produce monstruos y demonios que atacan al santo, que grita: \u00ab\u00bfD\u00f3nde estabas, buen Jes\u00fas, d\u00f3nde estabas? \u00bfPor qu\u00e9 no acudiste en seguida a sanar mis heridas?\u00bb. Tambi\u00e9n se advierte el eco proletario de la revuelta de los campesinos en las ropas desgarradas, en el paisaje desnudo y alucinante, para expresar la categor\u00ed\u00ada del \u00abvaciamiento\u00bb m\u00fcntzeriano.<\/p>\n<p>La reforma no podr\u00e1 seguir por el camino iconogr\u00e1fico, ya que no reconoce en el hombre pecador la permanencia de la imagen de Dios. La naturaleza humana produce solamente monstruos (como en el Bosco y en Br\u00fcghel) y la salvaci\u00f3n no viene de la imagen, de la visi\u00f3n, sino s\u00f3lo de la palabra.<\/p>\n<p>Lutero consideraba la imagen como una adiphoron, ni buena ni mala. Zwinglio y Calvino luchan decididamente contra el culto de las im\u00e1genes. Pero la conciencia de la mundanidad de la imagen se ha impuesto ya claramente. El concilio de Trento recita en la profesi\u00f3n de fe: \u00abMantengo firmemente que hay que tener y conservar las im\u00e1genes de Cristo, de la siempre virgen Madre de Dios y de los dem\u00e1s santos, a las cuales hay que mostrar la debida veneraci\u00f3n\u00bb. San Roberto Belarmino, en contraste con santo Tom\u00e1s, considera la veneraci\u00f3n de las im\u00e1genes como algo m\u00e1s humilde que la veneraci\u00f3n de la persona; se ha hecho problem\u00e1tica la relaci\u00f3n entre el signo y el significado (religioso). Los comentarios del Tridentino sobre teor\u00ed\u00ada del arte exigen una verdad libre del error para la imagen y proponen una venustas spiritualis en contra de la venustas procax.<\/p>\n<p>Todo el arte cat\u00f3lico de la contrarreforma se resentir\u00e1 de esta tensi\u00f3n entre la mundanidad y el misticismo. Y no podemos decir que se alcanzara siempre el equilibrio. Es dudoso que el Extasis de santa Teresa de Bernini exprese el arrebato m\u00ed\u00adstico m\u00e1s bien que el orgasmo de los sentidos; y, ciertamente, detr\u00e1s del manierismo devoto, como en Rubens, se esconde muchas veces una sensualidad corporal profana. Existen -y se multiplican- los temas religiosos, pero no se da ya la coincidencia mec\u00e1nica con la inspiraci\u00f3n sagrada o con la transparencia m\u00ed\u00adstica de lo trascendente en la imagen. La tela se divide en dos: los acontecimientos terrenos de abajo tienen una r\u00e9plica en el cielo, arriba, y un movimiento de nubes y cuerpos angelicales une al cielo con la tierra; lo trascendente tiene que ser representado espacialmente porque no est\u00e1 ya encarnado en la imagen terrena. Si lo trascendente no est\u00e1 ya mec\u00e1nicamente presente en la imagen secular, a pesar del manierismo devoto, entonces tiene que ser conquistado laboriosa, mente. En el Cristo de Vel\u00e1zquez la sutil sensualidad apol\u00ed\u00adnea del cuerpo de Cristo est\u00e1 totalmente contenida y absorbida en una luz m\u00ed\u00adstica, tierna, tranquilizante y santificadora; el rostro inclinado y semiescondido hace vislumbrar el misterio, ya compuesto, del sufrimiento por amor; el arte se conjuga con la piedad; frente a ese cuadro no es imposible rezar: \u00abAlma de Cristo, santif\u00ed\u00adcame; cuerpo de Cristo, s\u00e1lvame; sangre de Cristo, embri\u00e1game; agua del costado de Cristo, l\u00e1vame; pasi\u00f3n de Cristo, conf\u00f3rtame; oh buen Jes\u00fas, \u00f3yeme; en tus llagas esc\u00f3ndeme&#8230;\u00bb. Una recuperaci\u00f3n que no tiene nada que envidiar a la espiritualidad del icono ni a la plegaria hesic\u00e1stica y que, al mismo tiempo, no se deja arrastrar por una tr\u00e1gica teolog\u00ed\u00ada de la cruz luterana, en la que el hombre est\u00e1 irremediablemente corrompido y en el crucificado est\u00e1n ausentes el Padre y el Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>En la piedad popular cat\u00f3lica existe tambi\u00e9n una imagen que no tiene pretensiones art\u00ed\u00adsticas, aunque es s\u00ed\u00admbolo, y quiz\u00e1 m\u00e1s que s\u00ed\u00admbolo, de una recta comprensi\u00f3n de la humanidad de Cristo: la imagen del Sdo. Coraz\u00f3n. Puede discutirse sobre el buen gusto de esa representaci\u00f3n, pero no cabe dudar de su valor dogm\u00e1tico ni de su eficacia santificante. Para derrotar al rigorismo jansenista y al terror de la ira de Dios por la naturaleza corrompida, Cristo ofrece su coraz\u00f3n herido y ardiente, expresando que la misericordia de Dios se encarna en un coraz\u00f3n humano, en el misterio de su caridad, y que, por consiguiente, todo coraz\u00f3n humano es capaz, a pesar de sus pecados, del movimiento misionero y santificador de la caridad.<\/p>\n<p>V. La civilizaci\u00f3n de la Imagen y su espiritualidad<br \/>\n1. SECULARIZACI\u00ed\u201cN DE LA IMAGEN Y POSIBILIDAD DE UN ARTE SAGRADO &#8211; Por lo dicho hasta ahora queda claro que el valor sagrado del arte no puede confiarse a la opci\u00f3n del tema religioso, sino que debe derivar de una inspiraci\u00f3n o intuici\u00f3n que capte en la realidad la huella del creador, en el hombre la imagen de Dios, en Cristo un rayo visible de la divinidad invisible\u00c2\u00b0. Pues bien, en el siglo de la Ilustraci\u00f3n se fragment\u00f3 precisamente la primera idea. El pensamiento moderno pone de relieve el hecho de que en la naturaleza no se reconoce ya la huella del creador, sino s\u00f3lo la emoci\u00f3n ps\u00ed\u00adquica del hombre frente a la percepci\u00f3n visual. Partiendo de esta justa observaci\u00f3n pasa a hablar de una secularizaci\u00f3n que constituir\u00ed\u00ada para el hombre la \u00abp\u00e9rdida del centro\u00bb, la \u00abmuerte de la luz\u00bb. El arte abstracto de nuestro siglo ser\u00ed\u00ada la \u00faltima descomposici\u00f3n de la realidad, que tiene como ra\u00ed\u00adz el extra\u00f1amiento de la verdad&#8217;.<\/p>\n<p>Esto mismo puede mirarse tambi\u00e9n bajo otro aspecto. Sabemos que la noci\u00f3n b\u00ed\u00adblica de imagen comprende no s\u00f3lo la relaci\u00f3n del hombre con Dios, sino tambi\u00e9n la relaci\u00f3n del hombre con los dem\u00e1s en el dominio de la naturaleza. Me parece exacto afirmar que la primera relaci\u00f3n se ha hecho hoy m\u00e1s problem\u00e1tica y que es m\u00e1s marcadamente objeto de fe, mientras que la segunda tiende a ocupar todo el terreno. As\u00ed\u00ad pues, la coyuntura actual de la civilizaci\u00f3n permanece todav\u00ed\u00ada en el campo de la teolog\u00ed\u00ada de la imagen, aunque con graves tensiones y contradicciones internas. La responsabilidad del arte secular cristiano es la de reconstruir, en la intuici\u00f3n, una imagen terrena del hombre reconciliado con sus posibilidades hist\u00f3ricas y sociales en una relaci\u00f3n pac\u00ed\u00adfica con la naturaleza. Esto no puede conseguirse m\u00e1s que por la unidad entre lo verdadero, lo bueno y lo hermoso, pero de manera distinta de como se hizo en la era sacral&#8217;.<\/p>\n<p>2. \u00bfSALVAR\u00ed\u0081 AL MUNDO LA BELLEZA? &#8211; La asc\u00e9tica cristiana ha hablado siempre de una vigilancia de la vista y de una modestia corporal como regla para la fruici\u00f3n y la producci\u00f3n de im\u00e1genes de s\u00ed\u00ad mismo o de la realidad circundante. La intenci\u00f3n era, y sigue siendo, no producir y no gozar de representaciones que ofenden a la dignidad de la persona humana y ensucian la gloria de Dios. Esta indicaci\u00f3n sigue siendo v\u00e1lida, pero tiene que entenderse e insertarse en una antropolog\u00ed\u00ada teol\u00f3gica m\u00e1s amplia, capaz de captar el cambio actual de la historia con sus problemas. Se trata de comprender lo que se ha llamado la civilizaci\u00f3n de la imagen.<\/p>\n<p>Hoy la imagen no establece ya, como en la Edad Media, una relaci\u00f3n entre productores y espectadores de tipo artesanal, cuando en la imagen producida se pod\u00ed\u00ada reconocer visual y sensorialmente un mundo org\u00e1nico de valores (en la unidad entre la belleza, la verdad y la bondad) reconocido universalmente. La invenci\u00f3n de la imprenta con caracteres movibles (Gutenberg) desplaz\u00f3 ya la religiosidad hacia una profundizaci\u00f3n cr\u00ed\u00adtica y hacia el juicio privado (Lutero: la Biblia, el primer libro impreso y el m\u00e1s difundido, como norma absoluta de la fe), reduciendo las artes pl\u00e1sticas y figurativas, a pesar de la contrarreforma, a valores visuales nuevos y colaterales. La divisi\u00f3n social del trabajo organizado industrialmente, por una parte, y el nacimiento de la fotograf\u00ed\u00ada, del cine, de la imagen publicitaria y de la televisi\u00f3n, por otra, han hecho que explote de nuevo la civilizaci\u00f3n de la imagen, pero con caracter\u00ed\u00adsticas distintas.<\/p>\n<p>La imagen se sit\u00faa como medio de comunicaci\u00f3n, ordinariamente de masas, y en gran parte como homogeneizaci\u00f3n en torno al consumo dictado por la producci\u00f3n. De manera que la cr\u00ed\u00adtica de la imagen tiende a convertirse en la cr\u00ed\u00adtica de la sociedad, en la revelaci\u00f3n del desarraigo del hombre, de sus malestares sociales\u00bb. La espiritualidad de la imagen debe guardarse entonces de volverse reflejo ideol\u00f3gico (o pura protesta) de la imagen desdibujada de Dios.<\/p>\n<p>Se plantea en nuevos t\u00e9rminos, cada vez m\u00e1s actuales, el problema de un valor salv\u00ed\u00adfico de la imagen, primero secular y despu\u00e9s sagrada. \u00bfTiene sentido aquel grito de Dostoyevski: \u00abLa belleza salvar\u00e1 al mundo\u00bb? Esto supone una ampliaci\u00f3n de la teolog\u00ed\u00ada tridentina de la gracia, que no puede entenderse ya s\u00f3lo como realidad ontol\u00f3gica interior (participaci\u00f3n de la vida divina), integrada apenas en clave personalista (amistad con Dios, capacidad de di\u00e1logo, etc.) o existencialista (horizonte aut\u00e9ntico, decisi\u00f3n por lo existencial er\u00ed\u00adstico, etc.). Quedar\u00ed\u00ada completamente apartado el elemento sensible y est\u00e9tico (gracia en el sentido de belleza). Sin embargo, la visi\u00f3n del Verbo encarnado no es solamente de gloria escatol\u00f3gica y de tipo puramente intelectual, sino tambi\u00e9n sensible. Por consiguiente, tambi\u00e9n debe serlo la gracia, que es anticipaci\u00f3n de la visi\u00f3n<br \/>\nPor otra parte, en la sociedad industrial la producci\u00f3n de im\u00e1genes es de las pocas producciones de objetos cuyo valor de uso no consiste en ser destruido, ni se agota por completo en la funci\u00f3n de reproducci\u00f3n, de distribuci\u00f3n, de servicio. Permanece para ser vista. Su fruici\u00f3n sigue siendo contemplativa; se satisface en el juicio: es hermoso de ver. Es anticipaci\u00f3n de la victoria de la contemplaci\u00f3n sobre el homo oeconomicus. Libera el principio de placer de la pura entrega a la vitalidad, del consumismo, de lo \u00fatil, para alimentarse de lo bello. Es un consumo que no destruye el objeto ni lo fetichiza como valor de intercambio. Pero esto supone que ha de ser liberado el horno faber. S\u00f3lo cuando el trabajo como actividad sensible socialmente \u00fatil se encuentre con la producci\u00f3n de im\u00e1genes bellas, se podr\u00ed\u00ada alcanzar esa uni\u00f3n de visi\u00f3n intelectual y visi\u00f3n sensible que enriquece en el hombre la imagen de Dios, reflejo de su poder. De lo contrario, la imagen no ser\u00ed\u00ada \u00abreal\u00bb, no ser\u00ed\u00ada manifestaci\u00f3n sensible de la cosa, sino s\u00f3lo epifan\u00ed\u00ada del desarraigo del hombre. S\u00f3lo el trabajo \u00abhermoso\u00bb y lo \u00abhermoso\u00bb del trabajo puede producir im\u00e1genes de gracia, que solidaricen a los hombres, que preparen la explosi\u00f3n de la gloria dentro de la humanidad.<\/p>\n<p>La espiritualidad cristiana de la imagen secular recuerda las condiciones teologales y \u00e9ticas de las desviaciones hist\u00f3ricas de la falsa imagen del hombre para una nueva apropiaci\u00f3n de la gloria incluso en el terreno est\u00e9tico. Entonces el problema de la \u00e9tica de la imagen, el problema del arte cristiano o de la imagen en la liturgia y en la devoci\u00f3n no ser\u00e1n temas separados de las vicisitudes hist\u00f3ricas del hombre.<\/p>\n<p>P. Mariotti<br \/>\nBIBL.-AA. VV., Simbolismo y arte en la liturgia, en \u00abConcilium\u00bb. 152 (1980).-AA. VV. An\u00e1lisis de las im\u00e1genes, Tiempo Contempor\u00e1neo, B. Aires 1972.-Antiseri. D. El problema del lenguaje religioso, Cristiandad, Madrid 1976.-Bissonnier, H, La expresi\u00f3n, valor cristiano, Marfil, Alcoy 1967.-Cavarnos. C. Orthodox iconography, Inst. for byzantine and modern greek Studies, Belmont 1977.-Hu1m\u00e9, F. E, Symbolism in christian art, Blandfottt Press, Poole 1976.-Mondin, B, \u00bfC\u00f3mo hablar de Dios hoy?, Paulinas, Madrid 1979.-Moor\u00e9, A. C. Iconography of religious: an introduction, Fortress Press, Filadelfia 1977.-Onasch, K. Russian icons, Phaidon, Oxford 1977.-Rtcoeur, P, La met\u00e1fora viva, Cristiandad, Madrid 1981.-Roso de Luna, M, El simbolismo de las religiones del mundo y el problema de la fidelidad, Eyras. Madrid 1977.-Thibault Laulan, A. M, La imagen en la sociedad contempor\u00e1nea, Fundamentos, Madrid 1976 &#8211; Thibault Laulan. A. M, El lenguaje de la imagen&#8230; Estudio psicoling\u00fc\u00ed\u00adstico de las im\u00e1genes visuales en secuencias, Marova, Madrid 1973.-Yerro Belmonte, M, Sociolog\u00ed\u00ada de la imagen, Sala, Madrid 1974.-V\u00e9ase bibl. de S\u00ed\u00admbolos espirituales y de Artista.<\/p>\n<p>S. de Fiores &#8211; T. Goffi &#8211; Augusto Guerra, Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Ediciones Paulinas, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Espiritualidad<\/b><\/p>\n<p>Representaci\u00f3n o semejanza de una persona o cosa. (Mt 22:20.)<br \/>\nEn la Biblia las im\u00e1genes suelen estar relacionadas con la idolatr\u00ed\u00ada, aunque no siempre es as\u00ed\u00ad. Por ejemplo, cuando Dios cre\u00f3 al hombre, dijo: \u2020\u0153Hagamos al hombre a nuestra imagen [o: \u2020\u0153sombra; parecido\u2020\u009d], seg\u00fan nuestra semejanza\u2020\u009d. (G\u00e9 1:26, 27, nota.) El Hijo de Dios dijo que su Padre es \u2020\u0153un Esp\u00ed\u00adritu\u2020\u009d, lo que descarta cualquier semejanza f\u00ed\u00adsica entre Dios y el hombre. (Jn 4:24.) M\u00e1s bien, el hombre tiene cualidades que reflejan las de su Creador celestial, cualidades que le distinguen claramente de la creaci\u00f3n animal. (V\u00e9ase AD\u00ed\u0081N n\u00fam. 1.) A pesar de estar hecho a la imagen de su Creador, el hombre no ten\u00ed\u00ada que ser adorado o venerado.<br \/>\nDel mismo modo que el propio hijo de Ad\u00e1n, Set, quien naci\u00f3 en imperfecci\u00f3n, fue hecho a la \u2020\u0153semejanza [de Ad\u00e1n], a su imagen\u2020\u009d (G\u00e9 5:3), el que Ad\u00e1n fuese hecho en el principio a la semejanza de Dios lo identificaba como su hijo terrestre. (Lu 3:38.) A pesar de que el hombre hab\u00ed\u00ada ca\u00ed\u00addo en la imperfecci\u00f3n, despu\u00e9s del Diluvio del tiempo de No\u00e9, se cit\u00f3 como base para la ley divina que autorizaba a los humanos a aplicar la pena capital a los asesinos el que la humanidad hubiese sido hecha originalmente a la imagen de Dios. (G\u00e9 9:5, 6; v\u00e9ase VENGADOR DE LA SANGRE.) En las instrucciones cristianas sobre la cobertura de la cabeza de la mujer, se le dice al var\u00f3n cristiano que no deber\u00ed\u00ada cubrirse, puesto que el hombre \u2020\u0153es la imagen y gloria de Dios\u2020\u009d, mientras que la mujer es la gloria del var\u00f3n. (1Co 11:7.)<\/p>\n<p>\u00bfReflej\u00f3 Jes\u00fas siempre al mismo grado su semejanza con el Padre?<br \/>\nEl Hijo primog\u00e9nito de Dios, que m\u00e1s tarde lleg\u00f3 a ser el hombre Jes\u00fas, es la imagen de su Padre. (2Co 4:4.) Puesto que obviamente fue a ese Hijo a quien Dios dijo: \u2020\u0153Hagamos al hombre a nuestra imagen\u2020\u009d, la semejanza del Hijo con su Padre, el Creador, existi\u00f3 desde que fue creado. (G\u00e9 1:26; Jn 1:1-3; Col 1:15, 16.) Cuando estuvo en la Tierra como hombre perfecto, reflej\u00f3 las cualidades y la personalidad de su Padre al mayor grado posible dentro de las limitaciones humanas, de manera que pudo decir: \u2020\u0153El que me ha visto a m\u00ed\u00ad ha visto al Padre tambi\u00e9n\u2020\u009d. (Jn 14:9; 5:17, 19, 30, 36; 8:28, 38, 42.) Esta semejanza, sin embargo, se hizo a\u00fan m\u00e1s patente cuando se le resucit\u00f3 a vida espiritual y Jehov\u00e1 Dios, su Padre, le dio \u2020\u0153toda autoridad [&#8230;] en el cielo y sobre la tierra\u2020\u009d. (1Pe 3:18; Mt 28:18.) Puesto que Dios ensalz\u00f3 a Jes\u00fas \u2020\u0153a un puesto superior\u2020\u009d, este reflej\u00f3 entonces la gloria de su Padre a un grado todav\u00ed\u00ada mayor que antes de descender de los cielos para venir a la Tierra. (Flp 2:9; Heb 2:9.) Ahora es la \u2020\u0153representaci\u00f3n exacta de su mismo ser [de Dios]\u2020\u009d. (Heb 1:2-4.)<br \/>\nDios predetermina a todos los miembros ungidos de la congregaci\u00f3n cristiana para ser \u2020\u0153hechos conforme a la imagen de su Hijo\u2020\u009d. (Ro 8:29.) Cristo Jes\u00fas es su modelo, no solo en su patr\u00f3n de vida, a medida que siguen sus pisadas e imitan su derrotero y caminos, sino tambi\u00e9n en su muerte y resurrecci\u00f3n. (1Pe 2:21-24; 1Co 11:1; Ro 6:5.) Habiendo llevado la \u2020\u0153imagen [terrestre] de aquel hecho de polvo [Ad\u00e1n]\u2020\u009d, posteriormente llevan como criaturas celestiales \u2020\u0153la imagen del celestial [\u00faltimo Ad\u00e1n, Cristo Jes\u00fas]\u2020\u009d. (1Co 15:45, 49.) Durante su vida terrestre, tienen el privilegio de \u2020\u0153[reflejar] como espejos la gloria de Jehov\u00e1\u2020\u009d que brilla para ellos procedente del Hijo de Dios, transform\u00e1ndose progresivamente en esa misma imagen, que es un reflejo de la gloria divina. (2Co 3:18; 4:6.) Por consiguiente, Dios crea en ellos una nueva personalidad, que es un reflejo o imagen de sus propias cualidades divinas. (Ef 4:24; Col 3:10.)<\/p>\n<p>El uso impropio de las im\u00e1genes. Si bien se espera que los humanos imiten y se esfuercen por reflejar las cualidades de su Padre celestial, y amolden su vida al ejemplo de su Hijo, la Biblia condena la veneraci\u00f3n de im\u00e1genes en el culto. En la Ley que se le di\u00f3 a Israel qued\u00f3 claramente manifiesto el desagrado de Dios por dicha pr\u00e1ctica. No se prohibi\u00f3 solo el que se hiciesen im\u00e1genes talladas, sino que se hiciese \u2020\u0153forma\u2020\u009d alguna de cosas que se hallasen en el cielo, la tierra o el mar, con el fin de rendirles adoraci\u00f3n. (Ex 20:4, 5; Le 26:1; Isa 42:8.) Pod\u00ed\u00adan estar hechas de materiales y de formas muy diversas \u2014madera, metal o piedra; talladas, fundidas, repujadas o esculpidas; con forma humana, animal, de aves, de objetos inanimados o de simples formas simb\u00f3licas\u2014, pero en ning\u00fan caso aprobaba Dios que se venerasen. Hacer im\u00e1genes era para Dios un \u2020\u02dcacto ruinoso\u2020\u2122, una comisi\u00f3n de mal, algo detestable y ofensivo que pod\u00ed\u00ada resultar en la maldici\u00f3n de Dios sobre todo el que las hiciese. (Dt 4:16-19, 23-25; 27:15; N\u00fa 33:52; Isa 40:19, 20; 44:12, 13; Eze 7:20.) Decorarlas con oro y plata no las hac\u00ed\u00ada menos repulsivas a los ojos de Dios ni evitaba que fuesen inmundas y que se las calificara de \u2020\u0153\u00c2\u00a1Nada m\u00e1s que mugre!\u2020\u009d. (Dt 7:5, 25; Isa 30:22.)<br \/>\nSu empleo en la adoraci\u00f3n es para Dios inexcusable, pues atenta contra la raz\u00f3n y el intelecto, manifiesta necedad, razonamiento superficial y cegarse a la realidad de los hechos. (Isa 44:14-20; Jer 10:14; Ro 1:20-23.) Las im\u00e1genes no beneficiaban en nada y, por ser objetos mudos e inanimados, no pod\u00ed\u00adan dar conocimiento, gu\u00ed\u00ada o protecci\u00f3n, y eran algo de que avergonzarse. (Isa 44:9-11; 45:20; 46:5-7; Hab 2:18-20.) Las declaraciones prof\u00e9ticas de Jehov\u00e1 que predec\u00ed\u00adan con exactitud acontecimientos futuros frustraron las pretensiones de los israelitas infieles de atribuir el curso de los acontecimientos a sus \u00ed\u00addolos. (Isa 48:3-7.)<br \/>\nA pesar de las advertencias divinas, los israelitas y otras personas intentaron tontamente combinar el uso de im\u00e1genes con la adoraci\u00f3n al Dios verdadero, Jehov\u00e1. (Ex 32:1-8; 1Re 12:26-28; 2Re 17:41; 21:7.) En el tiempo de los jueces hubo una mujer que hasta santific\u00f3 unas piezas de plata en honor a Jehov\u00e1 y luego las emple\u00f3 para hacer una imagen religiosa. (Jue 17:3, 4; 18:14-20, 30, 31.) Antes de la destrucci\u00f3n de Jerusal\u00e9n a manos de Babilonia, se hab\u00ed\u00adan introducido im\u00e1genes detestables en el recinto del templo; a una de estas se la llam\u00f3 \u2020\u0153s\u00ed\u00admbolo de celos\u2020\u009d, lo que parece una alusi\u00f3n al acto de incitar a Dios a celos, d\u00e1ndole a aquella imagen el honor que le correspond\u00ed\u00ada a Jehov\u00e1. (Eze 8:3-12; Ex 20:5.)<br \/>\nSin embargo, por mandato de Jehov\u00e1, y por lo tanto apropiadamente, se hicieron representaciones de plantas, flores, animales y hasta de querubines. Eran representaciones simb\u00f3licas relacionadas con la adoraci\u00f3n de Dios y no se les daba veneraci\u00f3n ni culto alguno por medio de oraciones ni sacrificios. (V\u00e9ase \u00ed\u008dDOLO, IDOLATR\u00ed\u008dA.)<\/p>\n<p>Las im\u00e1genes del libro de Daniel. En el segundo a\u00f1o de la gobernaci\u00f3n de Nabucodonosor (contando desde el tiempo de la conquista de Jerusal\u00e9n en 607 a. E.C.), el rey babilonio tuvo un sue\u00f1o que le perturb\u00f3 notablemente y le impidi\u00f3 dormir. Parece que el rey no pudo recordar el contenido de aquel sue\u00f1o, por lo que pidi\u00f3 a sus sabios y sacerdotes que le revelasen el sue\u00f1o y su interpretaci\u00f3n. Los sabios babilonios, pese a alardear de sus aptitudes como reveladores de lo oculto, fueron incapaces de satisfacer la petici\u00f3n del rey. Como consecuencia, fueron sentenciados a muerte, lo que tambi\u00e9n puso en peligro la vida de Daniel y de sus tres compa\u00f1eros. Con la ayuda de Jehov\u00e1, Daniel fue capaz, no solo de revelar el sue\u00f1o, sino tambi\u00e9n su interpretaci\u00f3n. Sus manifestaciones de agradecimiento y alabanza despu\u00e9s de que se le revel\u00f3 el secreto realzan a Jehov\u00e1 como la Fuente de la sabidur\u00ed\u00ada y del poder, y aquel que \u2020\u0153cambia tiempos y sazones, remueve reyes y establece reyes\u2020\u009d. (Da 2:1-23.) Es evidente que el sue\u00f1o fue dirigido por Dios, y sirvi\u00f3 para ilustrar en t\u00e9rminos prof\u00e9ticos el inexorable poder divino sobre el curso de los acontecimientos humanos.<br \/>\nNabucodonosor vio en su sue\u00f1o una imagen de forma humana, inmensa y pavorosa, con un cuerpo compuesto por diferentes metales cuya calidad \u2014comenzando desde la cabeza\u2014 iba decreciendo, aunque ganaba en dureza. La imagen comenzaba con oro y terminaba con hierro. Sin embargo, los pies y los dedos de los pies eran de barro mezclado con hierro. Una piedra que hab\u00ed\u00ada sido cortada de una monta\u00f1a tritur\u00f3 la imagen, hasta que qued\u00f3 convertida en polvo; posteriormente, la piedra llen\u00f3 toda la Tierra. (Da 2:31-35.)<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 significan las partes de la imagen del sue\u00f1o de Nabucodonosor?<br \/>\nLa imagen est\u00e1 relacionada con la dominaci\u00f3n de la Tierra y el prop\u00f3sito de Jehov\u00e1 Dios respecto a esa dominaci\u00f3n, seg\u00fan la interpretaci\u00f3n inspirada de Daniel. La cabeza de oro represent\u00f3 a Nabucodonosor, quien, por permiso divino, hab\u00ed\u00ada llegado a ser el gobernante m\u00e1s poderoso del mundo y, lo que es m\u00e1s importante, hab\u00ed\u00ada derribado al reino t\u00ed\u00adpico de Jud\u00e1. Sin embargo, cuando Daniel dijo: \u2020\u0153T\u00fa mismo eres la cabeza de oro\u2020\u009d, parece que no limit\u00f3 el significado de la cabeza \u00fanicamente a Nabucodonosor. Puesto que las otras partes del cuerpo simbolizaban reinos, la cabeza debi\u00f3 representar la dinast\u00ed\u00ada de reyes babilonios desde Nabucodonosor hasta la ca\u00ed\u00adda de Babilonia, en los d\u00ed\u00adas del rey Nabonido y su hijo Belsasar. (Da 2:37, 38.)<br \/>\nEl reino representado por los pechos y brazos de plata ser\u00ed\u00ada la potencia medopersa, que derrot\u00f3 a Babilonia en el a\u00f1o 539 a. E.C. Fue \u2020\u0153inferior\u2020\u009d a la dinast\u00ed\u00ada babilonia, pero no en el sentido de que dominara sobre un territorio menor o tuviera menos poder\u00ed\u00ado militar o econ\u00f3mico. La superioridad de Babilonia tal vez se deba al hecho de que esta potencia fue la que derrib\u00f3 el reino t\u00ed\u00adpico de Dios en Jerusal\u00e9n, una distinci\u00f3n que no ostentaba Medo-Persia. La dinast\u00ed\u00ada medopersa de gobernantes mundiales finaliz\u00f3 con Dar\u00ed\u00ado III Codomano, cuyas fuerzas fueron completamente derrotadas por Alejandro de Macedonia en el a\u00f1o 331 a. E.C. Grecia ser\u00ed\u00ada la potencia que corresponder\u00ed\u00ada con el vientre y los muslos de cobre de la imagen. (Da 2:39.)<br \/>\nAunque dividido, el Imperio griego o hel\u00e9nico mantuvo su dominaci\u00f3n hasta que finalmente fue absorbido por el poder creciente de Roma. Por lo tanto, la potencia mundial romana aparece simbolizada en la imagen por las piernas de hierro, un metal inferior, pero m\u00e1s duro. La historia ha dejado un extenso registro de la fuerza de Roma para quebrar y aplastar a los reinos opositores, tal como indicaba la profec\u00ed\u00ada. (Da 2:40.) Sin embargo, Roma por s\u00ed\u00ad sola no encaja con todo lo que representan las piernas y los pies de la imagen, pues la gobernaci\u00f3n del Imperio romano no dur\u00f3 hasta la conclusi\u00f3n del sue\u00f1o prof\u00e9tico, cuando se corta la piedra simb\u00f3lica de la monta\u00f1a y tritura toda la imagen, para a continuaci\u00f3n llenar toda la Tierra.<br \/>\nPor ello, algunos comentaristas b\u00ed\u00adblicos opinan como M. F. Unger, quien dijo: \u2020\u0153El sue\u00f1o de Nabucodonosor descifrado por Daniel describe el devenir y el fin de los \u2020\u02dctiempos de los gentiles\u2020\u2122 (Lu 21:24; Rev 16:19), es decir, de la potencia mundial gentil que ha de ser destruida con la segunda venida de Cristo. [&#8230;] Los diez dedos corresponden a la condici\u00f3n en la que se hallar\u00e1 la dominaci\u00f3n mundial gentil cuando d\u00e9 contra ella la piedra cortada (Dan. 2:34, 35). [&#8230;] Con el primer advenimiento de Cristo no se produjo el repentino golpe de la piedra contra la imagen ni se dio la condici\u00f3n representada por los diez dedos\u2020\u009d. (Unger\u2020\u2122s Bible Dictionary, 1965, p\u00e1g. 516.) Daniel mismo le dijo a Nabucodonosor que el sue\u00f1o ten\u00ed\u00ada que ver con \u2020\u0153lo que ha de ocurrir en la parte final de los d\u00ed\u00adas\u2020\u009d (Da 2:28), y puesto que la piedra simb\u00f3lica representa al reino de Dios, es de esperar que la dominaci\u00f3n prefigurada por las piernas y los pies de hierro de la imagen habr\u00ed\u00ada de extenderse hasta el tiempo en que se estableciera ese Reino y tomara acci\u00f3n para \u2020\u0153[triturar] y [poner] fin a todos estos reinos\u2020\u009d. (Da 2:44.)<br \/>\nLa historia muestra que aunque el Imperio romano sigui\u00f3 existiendo en la forma del Sacro Imperio Romano Germ\u00e1nico, con el tiempo dio paso a un poder creciente, Gran Breta\u00f1a, que otrora hab\u00ed\u00ada sido parte del imperio. Debido a la estrecha afinidad entre Gran Breta\u00f1a y Estados Unidos, as\u00ed\u00ad como al hecho de que normalmente han obrado de com\u00fan acuerdo, se suele llamar a ambas naciones potencia mundial angloamericana, la potencia de la historia mundial que domina en la actualidad.<br \/>\nLa mezcla de hierro y barro en los dedos de la gran imagen ilustra gr\u00e1ficamente la condici\u00f3n que se habr\u00ed\u00ada de presentar al final de la dominaci\u00f3n pol\u00ed\u00adtica mundial. En las Escrituras se usa el barro en sentido metaf\u00f3rico para representar al hombre hecho del polvo de la tierra. (Job 10:9; Isa 29:16; Ro 9:20, 21.) Por consiguiente, en la interpretaci\u00f3n de Daniel el barro se relaciona con \u2020\u0153la prole de la humanidad\u2020\u009d, y el que se mezcle con el hierro hace que lo simbolizado por los diez dedos de la imagen resulte fr\u00e1gil. Esto indica que la fuerza f\u00e9rrea de la forma final de dominaci\u00f3n mundial que ejercen los reinos terrestres experimenta un debilitamiento y una falta de cohesi\u00f3n. (Da 2:41-43.) El hombre com\u00fan tendr\u00ed\u00ada una mayor influencia en los asuntos de gobierno. Como en la Biblia el n\u00famero \u2020\u0153diez\u2020\u009d se emplea consecuentemente para representar totalidad (v\u00e9ase N\u00daMERO), los diez dedos representar\u00ed\u00adan a todo el sistema mundial de gobiernos humanos existente cuando se establece el reino de Dios y toma acci\u00f3n en contra de las potencias mundiales. (Comp\u00e1rese con Rev 17:12-14.)<br \/>\nLa imagen de oro que tiempo despu\u00e9s erigi\u00f3 Nabucodonosor en la llanura de Dura no est\u00e1 relacionada directamente con la imagen inmensa del sue\u00f1o. En vista de sus dimensiones \u201460 codos (27 m.) de altura y tan solo 6 codos (2,7 m.) de anchura (o una proporci\u00f3n de 10 a 1)\u2014, no parece probable que haya sido una estatua de forma humana, a menos que tuviese un pedestal muy alto, m\u00e1s alto que la estatua misma. La proporci\u00f3n de la figura humana en cuanto a altura y anchura es de 4 a 1. Por consiguiente, es posible que la imagen solo haya sido de naturaleza simb\u00f3lica, tal vez como los obeliscos del antiguo Egipto. (Da 3:1.)<\/p>\n<p>La imagen de la bestia salvaje. Despu\u00e9s de ver una bestia salvaje de siete cabezas que ascend\u00ed\u00ada del mar, el ap\u00f3stol Juan vio en visi\u00f3n a una bestia de dos cuernos que ascend\u00ed\u00ada de la tierra. Esta hablaba como un drag\u00f3n y dec\u00ed\u00ada a los que moran sobre la Tierra \u2020\u02dcque hiciesen una imagen a la bestia salvaje [de siete cabezas]\u2020\u2122. (Rev 13:1, 2, 11-14.) En la Biblia se usan repetidas veces las bestias como s\u00ed\u00admbolos de gobiernos pol\u00ed\u00adticos. Por lo tanto, la imagen de la bestia salvaje de siete cabezas debe ser alguna entidad que refleje las caracter\u00ed\u00adsticas e intenciones del sistema pol\u00ed\u00adtico mundial que domina la Tierra, representado por la bestia salvaje de siete cabezas. L\u00f3gicamente, esta imagen tambi\u00e9n deber\u00ed\u00ada tener siete cabezas y diez cuernos, como la bestia salvaje que asciende del mar a la que representa. Es de inter\u00e9s destacar que en el cap\u00ed\u00adtulo 17 de Revelaci\u00f3n se describe a otra bestia salvaje de siete cabezas, pero distinta de la que asciende del mar. Tanto el significado de esta bestia como el de la bestia salvaje de siete cabezas y el de la bestia de dos cuernos se explica en el art\u00ed\u00adculo BESTIAS SIMB\u00ed\u201cLICAS.<br \/>\nDespu\u00e9s de mencionarla por primera vez en el cap\u00ed\u00adtulo 13 de Revelaci\u00f3n, se suele hacer referencia a la imagen de la bestia junto con la bestia salvaje, particularmente con relaci\u00f3n a la adoraci\u00f3n de esa bestia salvaje y al hecho de recibir su marca, cosas de las que tambi\u00e9n participa la imagen de la bestia. (Rev 14:9-11; 15:2; 16:2; 19:20; 20:4; v\u00e9ase MARCA.)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia<\/b><\/p>\n<p>1. eikon (eijkwvn, 1504) denota imagen. Este t\u00e9rmino incluye las dos ideas de representaci\u00f3n y manifestaci\u00f3n. \u00abLa idea de perfecci\u00f3n no reside en la palabra misma, sino que tiene que ser encontrada en el contexto\u00bb (Lightfoot); los siguientes casos muestran con claridad las distinciones entre la semejanza imperfecta y perfecta. Esta palabra se usa: (1) de una imagen en una moneda, no una mera semejanza (Mat 22:20; Mc 12.16; Luk 20:24); tambi\u00e9n de una estatua o representaci\u00f3n similar, m\u00e1s que una semejanza (Rom 1:23; Rev 13:14,15, tres veces; 14.9,11; 15.2; 16.2; 19.20; 20.4); de los descendientes de Ad\u00e1n como portadores de su imagen (1Co 15:49), siendo cada uno de ellos una representaci\u00f3n derivada del prototipo; (2) de cosas relacionadas con cosas espirituales (Heb 10:1), negativamente, de la ley como siendo \u00absombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas\u00bb, esto es, no la forma esencial y sustancial de ellas. El contraste ha sido asemejado a la diferencia entre una estatua y la sombra que ella arroja; (3) de las relaciones entre Dios el Padre, Cristo, y el hombre: (a) del hombre tal como fue creado como representaci\u00f3n visible de Dios (1Co 11:7), un ser que se corresponde con el original. La condici\u00f3n del hombre como criatura ca\u00ed\u00adda no ha borrado totalmente la imagen; sigue siendo capaz de llevar responsabilidad, sigue teniendo cualidades correspondientes a las divinas, como el amor a la bondad y a la belleza, que no se hallan en ning\u00fan animal. En la ca\u00ed\u00adda el hombre dej\u00f3 de ser un veh\u00ed\u00adculo perfecto para la representaci\u00f3n de Dios. La gracia de Dios en Cristo cumplir\u00e1 a\u00fan m\u00e1s que lo que perdi\u00f3 Ad\u00e1n; (b) de personas regeneradas, en su condici\u00f3n de representaciones morales de lo que es Dios (Col 3:10; cf. Eph 4:24); (c) de creyentes, en su estado glorificado, no meramente en cuanto a que sean semejantes a Cristo, sino represent\u00e1ndole (Rom 8:29; 1Co 15:49). Aqu\u00ed\u00ad la perfecci\u00f3n es obra de la gracia divina; los creyentes tienen a\u00fan que representar, no a alguien como El, sino lo que El es en s\u00ed\u00ad mismo, tanto en su cuerpo espiritual como en su car\u00e1cter moral; (d) de Cristo en relaci\u00f3n con Dios (2Co 4:4  \u00abla imagen de Dios\u00bb), esto es esencial y absolutamente la expresi\u00f3n y representaci\u00f3n perfectas del arquetipo, Dios el Padre; en Col 1:15  \u00abla imagen del Dios invisible\u00bb da el pensamiento adicional sugerido por la palabra \u00abinvisible\u00bb, de que Cristo es la representaci\u00f3n visible y manifestaci\u00f3n de Dios a los seres creados. La semejanza expresada en esta manifestaci\u00f3n est\u00e1 involucrada en las relaciones esenciales en la Deidad, y es por ello singular y perfecta; \u00abel que me ha visto a m\u00ed\u00ad, ha visto al Padre\u00bb (Joh 14:9). \u00abEl calificativo \u00abinvisible\u00bb \u2020\u00a6 no debe confinarse a la percepci\u00f3n de los sentidos corporales, sino que debe incluir tambi\u00e9n la percepci\u00f3n del ojo interior\u00bb (Lightfoot).\u00c2\u00b6 En cuanto a t\u00e9rminos sin\u00f3nimos, jomoima, semejanza, destaca el parecido con un arquetipo, aunque el parecido pueda no ser derivado, en tanto que eikon es una semejanza derivada (v\u00e9ase SEMEJANZA); eidos, forma, apariencia, aspecto, es una apariencia, \u00abno necesariamente basada en la realidad\u00bb (v\u00e9ase FORMA, N\u00c2\u00ba 4); skia es \u00abuna semejanza oscurecida\u00bb (v\u00e9ase SOMBRA); morfe es \u00abforma, como indicaci\u00f3n del ser interior\u00bb (Abbott-Smith); v\u00e9ase FORMA. Para carakter, v\u00e9ase N\u00c2\u00ba 2. 2. carakter (carakthvr, 5481) denota, en primer lugar, una herramienta para grabar (de carasso, cortar dentro, absorber; cf. en castellano, car\u00e1cter, caracter\u00ed\u00adstico); luego, una estampa o impresi\u00f3n, como sobre una moneda o un sello, en cuyo caso el sello o cu\u00f1o que hace una impresi\u00f3n lleva la imagen que produce, y, viceversa, todas las caracter\u00ed\u00adsticas de la imagen se corresponden respectivamente con las del instrumento que las ha producido. En el NT se usa metaf\u00f3ricamente en Heb 1:3, del Hijo de Dios como \u00abla imagen misma de su sustancia\u00bb (margen RVR77: \u00ablit.: impronta\u00bb). Esta frase expresa el hecho de que el Hijo \u00abes a la vez personalmente distinto de, y con todo literalmente igual a, aquel de cuya esencia El es la impronta adecuada\u00bb (Liddon). El Hijo de Dios no es meramente su imagen (su carakter), sino que es la imagen o impronta de su sustancia, o esencia. Es el hecho de la completa similaridad lo que este t\u00e9rmino destaca, en comparaci\u00f3n con las mencionadas al final del N\u00c2\u00ba 1.\u00c2\u00b6 En la LXX, Lev 13:28, \u00abla marca (de la inflamaci\u00f3n)\u00bb.\u00c2\u00b6 \u00abEn Joh 1:1-3, Col 1:15-17 y Heb 1:2,3, la funci\u00f3n especial de crear y de sostener el universo es adscrita a Cristo bajo sus t\u00ed\u00adtulos de \u00abPalabra\u00bb, \u00abImagen\u00bb, e \u00abHijo\u00bb, respectivamente. La condici\u00f3n de Creador que se predica de El no es la de un mero instrumento o art\u00ed\u00adfice en la formaci\u00f3n del mundo, sino la de aquel \u00abpor medio de quien, en quien y para quien\u00bb todas las cosas han sido hechas, y por quien todas las cosas subsisten. Esto implica la afirmaci\u00f3n de su deidad verdadera y absoluta\u00bb (Laidlaw, en Hastings\u2020\u2122 Bible Dictionary). Nota: El t\u00e9rmino similar caragma, marca (v\u00e9anse ESCULTURA y MARCA), tiene el significado m\u00e1s limitado de la cosa estampada o acu\u00f1ada, sin denotar la caracter\u00ed\u00adstica especial de aquello que la produce (p.ej., Rev 13:16,17). 3. eidolon (ei[dwlon, 1497), \u00ed\u00addolo. Se traduce imagen en Rev 9:20; v\u00e9ase .<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Vine Nuevo testamento<\/b><\/p>\n<p>Nadie en este mundo ha visto ni puede *ver a Dios Padre: se da a conocer en sus im\u00e1genes (cf. Jn 1,18). Antes de la revelaci\u00f3n plenaria que hace de s\u00ed\u00ad mismo a trav\u00e9s de la imagen por excelencia que es su Hijo Jesucristo. comenz\u00f3 en la antigua alianza a hacer brillar ante los hombres su *gloria reveladora. La *sabidur\u00ed\u00ada de Dios, \u00abpura emanaci\u00f3n de su gloria)) e \u00abimagen de su excelencia\u00bb (Sab 7,25s), revela ya ciertos aspectos de Dios; y el *hombre, creado con el poder de dominar la naturaleza y gratificado con la inmortalidad, constituye ya una imagen viva de Dios. Sin embargo, la prohibici\u00f3n de las im\u00e1genes en el *culto de Israel expresaba como en negativo lo serio de este t\u00ed\u00adtulo dado al hombre y preparaba por v\u00ed\u00ada negativa la venida del hombre Dios, \u00fanica imagen en la que se revela plenamente el Padre.<\/p>\n<p>1. LA PROHIBICI\u00ed\u201cN DE LAS IM\u00ed\u0081GENES. Este precepto del dec\u00e1logo (Dt 27, 15; Ex 20,4; Dt 4,9-28), aunque aplicado con m\u00e1s o menos rigor en el transcurso de los siglos, constituye un hecho f\u00e1cil de justificar cuando se trata de los falsos dioses (*\u00ed\u00addolos), pero m\u00e1s dif\u00ed\u00adcil de explicar cuando se trata de las im\u00e1genes de Yahveh. Los autores sagrados no pretenden reaccionar principalmente contra una representaci\u00f3n sensible, habituados como estaban a los antropomorfismos, sino que m\u00e1s bien quieren luchar contra la magia idol\u00e1trica y preservar la trascendencia de *Dios. Dios manifiesta su gloria no ya a trav\u00e9s de los becerros de oro (Ex 32; IRe 12,26-33) y de las im\u00e1genes hechas de mano de hombre, sino a trav\u00e9s de las obras de su *creaci\u00f3n (Os 8,5s; Sab 13; Rom 1,19-23); ni tampoco se deja Dios conmover por medio de im\u00e1genes de que el hombre dispone a su talante, sino libremente, a trav\u00e9s de los corazones, por la sabidur\u00ed\u00ada, por su Hijo, ejerce su acci\u00f3n salvadora.<\/p>\n<p>II. EL HOMBRE, IMAGEN DE DIOS.<\/p>\n<p>AT. El peso de esta expresi\u00f3n no viene tanto de la palabra misma, empleada ya a prop\u00f3sito de la creaci\u00f3n del hombre en los poemas babil\u00f3nicos y egipcios, cuanto del contexto general del AT: el *hombre est\u00e1 hecho a imagen no de un dios, concebido tambi\u00e9n a imagen del hombre, sino de un Dios de tal manera trascendente que est\u00e1 prohibido hacer su imagen; s\u00f3lo Dios puede aspirar a este t\u00ed\u00adtulo que expresa su m\u00e1s alta dignidad (G\u00e9n 9,6).<\/p>\n<p>Seg\u00fan el relato de G\u00e9n 1, ser a imagen de Dios, a su semejanza, comporta el poder de dominar sobre el mundo de las criaturas (G\u00e9n 1,26ss) y tambi\u00e9n, a lo que parece, el poder, si ya no de crear, por lo menos de procrear seres vivos a imagen de Dios (G\u00e9n 1,27s; 5,lss; cf. Le 3,38). Los textos del AT desarrollan ordinariamente el primer tema, el del dominio (Sal 8; Eclo 17). Al mismo tiempo la imagen de Dios, ya se utilice o no expl\u00ed\u00adcitamente en los textos, se enriquece con puntualizaciones y complementos. En el Sal 8 parece identificarse con un estado de \u00abgloria y de esplendor\u00bb, \u00abpoco inferior (al) de un ser divino)). En Sab 2,23, el hombre no es ya solamente \u00aba\u00bb imagen de Dios, expresi\u00f3n imprecisa que dejaba la puerta abierta a ciertas interpretaciones rab\u00ed\u00adnicas, sino que es propiamente \u00abimagen\u00bb de Dios. Finalmente, en este mismo pasaje se ha hecho expl\u00ed\u00adcito un elemento importante de semejanza entre Dios y el hombre, a saber, la inmortalidad. El juda\u00ed\u00adsmo alejandrino (cf. Fil\u00f3n) por su parte distingue dos creaciones seg\u00fan los dos relatos del G\u00e9nesis: s\u00f3lo el hombre celestial es creado a imagen de Dios, mientras que el hombre terrenal es sacado del polvo. Esta especulaci\u00f3n sobre los dos Adanes ser\u00e1 reasumida y transformada por san Pablo (lCor 15).<\/p>\n<p>NT. No s\u00f3lo el NT aplica diferentes veces al hombre la expresi\u00f3n \u00abimagen de Dios\u00bb (ICor 11,7; Sant 3,9), sino que con bastante frecuencia utiliza y desarrolla el tema. As\u00ed\u00ad el mandamiento de Cristo : \u00abSed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto\u00bb (Mt 5,48) aparece como una consecuencia y una exigencia de la doctrina del hombre, imagen de Dios. Lo mismo se puede decir de un \u00e1grafon de Cristo referido por Clemente de Alejandr\u00ed\u00ada: \u00abver a tu hermano es ver a Dios\u00bb, convicci\u00f3n que impone el respeto del pr\u00f3jimo (Sant 3,9; cf. G\u00e9n 9,6) y funda nuestro amor para con \u00e9l: ((El que no ama a su hermano, al que ve, no amar\u00e1 a Dios, al que no ve)) (1Jn 4,20). Pero esta imagen imperfecta y pecadora que es el hombre, exige una superaci\u00f3n, esbozada ya en la sabidur\u00ed\u00ada viejotestamentaria y realizada por Cristo.<\/p>\n<p>III. LA SABIDUR\u00ed\u008dA, IMAGEN DE LA EXCELENCIA DE DIOS. El hombre no es sino una imagen imperfecta; la sabidur\u00ed\u00ada, por el contrario, es \u00abun espejo sin mancha de la actividad de Dios, una imagen de la excelencia de Dios\u00bb (Sab 7,26). Como \u00e9sta existe \u00abdesde el principio, antes del origen de la tierra\u00bb (Prov 8,23), se puede decir que dirigi\u00f3 la creaci\u00f3n del hombre. As\u00ed\u00ad se comprenden ciertas especulaciones del juda\u00ed\u00adsmo alejandrino, de las que se hallan ecos en Fil\u00f3n. Para \u00e9ste, la imagen de Dios, que es el logos, es el instrumento de que Dios se sirvi\u00f3 en la creaci\u00f3n, el arquetipo, el ejemplar, el principio, el hijo primog\u00e9nito, conforme al cual cre\u00f3 Dios al hombre.<\/p>\n<p>IV. CRISTO, IMAGEN DE Dios. Esta expresi\u00f3n se halla s\u00f3lo en las ep\u00ed\u00adstolas de Pablo. Sin embargo, la idea no est\u00e1 ausente del evangelio seg\u00fan san Juan. Entre Cristo y el que le env\u00ed\u00ada, entre el *Hijo \u00fanico que revela a su Padre y el *Dios invisible (Jn 1,18) hay una uni\u00f3n tal (Jn 5, 19; 7,16; 8,28s; 12,49) que supone algo m\u00e1s que una mera delegaci\u00f3n : la *misi\u00f3n de Cristo rebasa la de los *profetas, teniendo afinidad con la de la *palabra y de la *sabidur\u00ed\u00ada divina; supone que Cristo es un reflejo de la gloria de Dios (Jn 17, 5.24); supone entre Cristo y su Padre una semejanza que se expresa claramente en esta afirmaci\u00f3n, en la que hallamos, si ya no la palabra, por lo menos el tema de la imagen : \u00abEl que me ha visto, ha visto al Padre\u00bb (Jn 14,9).<\/p>\n<p>San Pablo, aunque utiliza a prop\u00f3sito del hombre la doctrina del G\u00e9nesis (1Cor 11,7), sabe tambi\u00e9n cuando se presenta el caso servirse de las interpretaciones rab\u00ed\u00adnicas y fil\u00f3nicas del doble *Ad\u00e1n, que aplica aqu\u00ed\u00ad a Cristo mismo (ICor 15,49) y m\u00e1s tarde al hombre nuevo (Col 3,10). Pero finalmente a la luz de la sabidur\u00ed\u00ada, imagen perfecta, reconoce a Cristo el t\u00ed\u00adtulo de imagen de Dios (2Cor 3,18-4,4). En lo sucesivo Pablo, sin abandonar estas diferentes fuentes de inspiraci\u00f3n, se esfuerza por estrechar todav\u00ed\u00ada m\u00e1s de cerca el *misterio de Cristo: Cristo es imagen por filiaci\u00f3n en Rom 8, 29. Y seg\u00fan Col 3,10, en cuanto imagen dirige la *creaci\u00f3n del *hombre nuevo. Sacando partido de esta convergencia de elementos antiguos y de datos nuevos, la noci\u00f3n de imagen de Dios, tal como Pablo la aplica a Cristo, especialmente en Col 1,15, resulta muy compleja y muy rica: semejanza, pero semejanza espiritual y perfecta, por una *filiaci\u00f3n anterior a la creaci\u00f3n ; representaci\u00f3n, en su sentido m\u00e1s fuerte, del Padre invisible; soberan\u00ed\u00ada c\u00f3smica del *Se\u00f1or, que marca con su impronta el mundo visible y el mundo invisible; imagen de Dios seg\u00fan la inmortalidad: primog\u00e9nito entre los muertos; sola y \u00fanica imagen que garantiza la unidad de todos los seres y la unidad del plan divino; principio de la creaci\u00f3n y principio de la restauraci\u00f3n por una nueva creaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Todos estos elementos constituyen otras tantas fuerzas de atracci\u00f3n sobre el hombre que, imagen imperfecta y pecadora, tiene necesidad de esta imagen perfecta, a saber, de Cristo, para descubrir y realizar su destino original: bajo la acci\u00f3n del Se\u00f1or se transforma, en efecto, el cristiano de gloria en gloria en esta imagen del Hijo, primog\u00e9nito de una multitud de hermanos (2Cor 3,18; Rom 8,29).<\/p>\n<p>&#8211;> Ad\u00e1n &#8211; Hombre &#8211; \u00ed\u008ddolos.<\/p>\n<p>LEON-DUFOUR, Xavier, Vocabulario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, Herder, Barcelona, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Vocabulario de las Ep\u00edstolas Paulinas<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\">La imagen de Dios es un tema recurrente en la revelaci\u00f3n b\u00edblica. La imagen es una dote exclusiva para el hombre en la creaci\u00f3n (Gn. 1:26), mancillada pero no destruida por la ca\u00edda (v\u00e9ase <em>Hombre<\/em> para la exposici\u00f3n del hombre como imagen de Dios; este art\u00edculo trata especialmente de Cristo como la imagen del Dios invisible). El Dec\u00e1logo prohibi\u00f3 hacer \u00eddolos de la Deidad. Como Esp\u00edritu, Dios es invisible e incorp\u00f3reo, y no puede ser localizado en el espacio y en el tiempo; el \u00fanico portador de la imagen divina en el mundo creado es el hombre mismo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dado que el universo fue dise\u00f1ado con prop\u00f3sito redentor (Ap. 13:8), sin duda la imagen de Dios originalmente creada en la naturaleza humana anunciaba la restauraci\u00f3n personal de esa imagen por el Hijo encarnado. El hombre, como corona del universo, fue tra\u00eddo a la existencia por la palabra de creaci\u00f3n, palabra que no era solamente instrumental (Gn. 1:3, 6, 9, etc.) sino personal (Jn. 1:3). El eterno Hijo fue un agente activo en la creaci\u00f3n as\u00ed como en la redenci\u00f3n del hombre, y el hombre es en s\u00ed mismo en alg\u00fan sentido, un espejo del Logos (Jn. 1:4, 9a). Sin embargo, la Escritura siempre habla de la Divinidad, y no del Hijo solo cuando especifica la imagen divina en el hombre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Logos eterno mismo fue quien revel\u00f3la imagen absoluta de Dios asumiendo la humanidad (Jn. 1:14, 18). La doctrina de la encarnaci\u00f3n divina (v\u00e9ase) centralmente significa que Jesucristo es la suprema revelaci\u00f3n de Dios, la imagen misma del Padre invisible: \u00abEl que me ha visto, ha visto al Padre\u00bb (Jn. 14:9). La ense\u00f1anza clara de la Escritura es que Jes\u00fas de Nazaret es la suprema y expresa imagen de Dios, y no simplemente una imagen creada. Los dogmatistas de anta\u00f1o contrastaban la imagen divina en Cristo como <em>Imago substantialis<\/em>, con la imagen divina en el hombre como <em>Imago accidentalis<\/em>. La palabra <em>eik\u014dn<\/em> se usa de Jesucristo en 2 Co. 4:4 y Col. 1:15\u201317, mientras Heb. 1:2s. habla del \u00abresplandor\u00bb de la gloria de Dios y de la imagen misma o impresi\u00f3n de su sustancia. En contexto, estos pasajes hablan de Cristo en su relaci\u00f3n con el Padre como Hijo eterno, m\u00e1s que de su papel como Redentor encarnado; de aqu\u00ed que ellos apoyan la doctrina de su personalidad esencialmente divina y Deidad preexistente, describiendo la gloria de su persona. El pasaje de Hebreos emplea la expresi\u00f3n \u00abImagen\u00bb en forma muy similar a como Jn. 1:1\u20133 y Col. 1:15\u201317 emplean los t\u00e9rminos \u00abVerbo\u00bb e \u00abHijo\u00bb para designar a Cristo como creador, sustentador y gobernador de todas las cosas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, como Redentor y portador de una humanidad cabal, Cristo es la imagen indeformada de Dios en la naturaleza humana. Cuando en el NT se trata la nueva creaci\u00f3n del hombre, Jes\u00fas es uniformemente presentado como el prototipo de la humanidad redimida (cf. Fil. 3:21; Col. 3:10s.). En el Esp\u00edritu Santo y por medio de \u00e9l, el Cristo resucitado y exaltado habita en los creyentes regenerados, renov\u00e1ndolos en verdad y justicia. Puesto que Cristo venci\u00f3 el pecado en la carne, y levant\u00f3 la naturaleza humana a la gloria en su resurrecci\u00f3n y ascensi\u00f3n, la humanidad ca\u00edda nuevamente tiene la perspectiva de la gloria espiritual a trav\u00e9s de una conformidad final y completa a la imagen de Cristo (1 Jn. 3:2).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">V\u00e9ase tambi\u00e9n <em>Cristolog\u00eda<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Carl F.H. Henry<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\"><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\"><\/a>Harrison, E. F., Bromiley, G. W., &amp; Henry, C. F. H. (2006). <em>Diccionario de Teologi\u0301a<\/em> (309). Grand Rapids, MI: Libros Desafi\u0301o.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Teolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p><p style='text-align:justify;'><span lang=ES style=''>Este t\u00e9rmino denota una representaci\u00f3n material, generalmente de una deidad. A diferencia del t\u00e9rmino \u201c\u00eddolo\u201d, que tiene tono peyorativo, \u201cimagen\u201d es objetivamente descriptivo. En todo el Cercano Oriente de la antig\u00fcedad hab\u00eda numerosas im\u00e1genes de diferentes deidades en templos y otros lugares sagrados, tales como los santuarios al aire libre; muchas casas particulares tambi\u00e9n ten\u00edan un nicho en el que se colocaba la imagen de la deidad protectora familiar. Las im\u00e1genes eran generalmente antropom\u00f3rficas (en forma humana), aunque tambi\u00e9n se empleaba mucho la imagen teriom\u00f3rfica (en forma de animal), particularmente en Egipto.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>La forma de la imagen, especialmente de los ejemplos teriom\u00f3rficos, frecuentemente evocaba alguna caracter\u00edstica prominente de la deidad que representaba; de este modo, la imagen de un toro (p. ej. de \u00c9l en Cana\u00e1n) representaba el poder y la fertilidad del dios. El fin principal de la imagen no era ofrecer una representaci\u00f3n visual de la deidad, sino ser lugar de residencia del esp\u00edritu de la deidad, lo que le permit\u00eda al dios estar presente en muchos lugares diferentes en forma f\u00edsica y simult\u00e1nea. El que adoraba frente a una imagen no admit\u00eda necesariamente que ofrec\u00eda sus oraciones a la figura de metal o madera en s\u00ed, sino que probablemente consideraba que la imagen era una \u201cproyecci\u00f3n\u201d o corporizaci\u00f3n de la deidad. Naturalmente, los que en Israel negaban toda realidad a la deidad representada por im\u00e1genes aseguraban que los adoradores de deidades ajenas rend\u00edan homenaje a un simple trozo de madera y piedra (* <span style='text-transform:uppercase'>Idolatr\u00eda<\/span>).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Las im\u00e1genes se fabricaban de diferentes maneras. Para las im\u00e1genes de fundici\u00f3n (<\/span><span style='font-family: \"Charis SIL\"'>mass&#275;k\u00e2<\/span><span lang=ES style=' '>) se colaba cobre, plata u oro en un molde. La imagen labrada (<\/span><span style='font-family: \"Charis SIL\"'>pesel<\/span><span lang=ES style=''>) se esculp\u00eda en piedra o madera; las im\u00e1genes de madera pod\u00edan revestirse con metales preciosos (cf. Is. 40.19). V\u00e9ase Is. 41.6\u20137; 44.12\u201317.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>I. En el Antiguo Testamento<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><i><span lang=ES style=''>a. Im\u00e1genes de dioses extra\u00f1os. Aunque la ley del Pentateuco proh\u00edbe la fabricaci\u00f3n y la adoraci\u00f3n de im\u00e1genes (Ex. 20.4\u20135), y los profetas condenaron esta pr\u00e1ctica (p. ej. Jer. 10.3\u20135; Os. 11.2), su uso fue com\u00fan en Israel durante las \u00e9pocas anteriores al exilio (Jue. 6.25; 1 R. 11.5\u20138; 16.31\u201333), y en algunas ocasiones, aun dentro del templo mismo (2 R. 21.3\u20135, 7).<\/span><\/i><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='line-height:normal'><i><span lang=ES style=''>b. Im\u00e1genes de Yahv\u00e9h. Las piedras (<\/span><\/i><i><span style='font-family: \"Charis SIL\"'>ma&#7779;&#7779;&#275;&#7687;\u00f4&#7791;<\/span><\/i><i><span lang=ES style=''>) erigidas por los patriarcas (p. ej. Gn. 28.18, 22; 35.14) quiz\u00e1s originalmente se consideraban como im\u00e1genes (al igual que los \u00e1rboles sagrados; cf. Gn. 21.33), pero posteriormente se prohibieron (Asera, Dt. 16.21), o se interpretaron simplemente como objetos conmemorativos (cf. Gn. 31.45\u201350; Jos. 4.4\u20139). M\u00e1s tarde, los yahvistas puros denunciaron las im\u00e1genes de Yahv\u00e9h: el becerro de oro en Sina\u00ed (Ex. 32.1\u20138), la imagen (* <span style='text-transform:uppercase'>Efod<\/span>) que hizo Gede\u00f3n (Jue. 8.26\u201327), los becerros de oro en Dan y Bet-el (1 R. 12.28\u201330), el becerro de Samaria (Os. 8.6).<\/span><\/i><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><i><span lang=ES style=''>c. El hombre como imagen de Dios. En algunos textos de G\u00e9nesis (1.26\u201327; 5.2; 9.6) se dice que el hombre fue creado \u201ca imagen de Dios\u201d, \u201ca semejanza\u201d de Dios. Aunque muchos int\u00e9rpretes han procurado ubicar la \u201cimagen\u201d de Dios en la raz\u00f3n, la creatividad, el habla, o la naturaleza espiritual del hombre, es m\u00e1s probable que lo que fue hecho a imagen de Dios haya sido el ser humano total, y no alguna parte o aspecto de \u00e9l en particular. La totalidad del hombre, cuerpo y alma, es la imagen de Dios; el hombre es la imagen corporal del Dios incorp\u00f3reo. Como en el antiguo Cercano Oriente, el hombre, como imagen de Dios, lo representa mediante su participaci\u00f3n en el soplo o esp\u00edritu divino (<etiqueta id=\"#_ftn74\" name=\"_ftnref74\" title=\"\">cf.<\/etiqueta> Gn. 2.7; quiz\u00e1s tambi\u00e9n el Esp\u00edritu de Dios est\u00e9 incluido en la forma plural del verbo \u201chagamos\u201d en 1.26; cf. la referencia al Esp\u00edritu de Dios en 1.2). El papel del hombre como se\u00f1or de la tierra est\u00e1 determinado por su creaci\u00f3n como imagen de Dios (1.27). En el resto del antiguo Cercano Oriente generalmente se considera al rey como la imagen de Dios, pero en Gn. 1 es toda la humanidad la que act\u00faa como visir y representante de Dios. Es significativo que aun despu\u00e9s de la ca\u00edda se habla del hombre como imagen de Dios: la fuerza de Gn. 9.6 depende de la creencia de que el hombre representa a Dios, de modo que el da\u00f1o que se hace a un hombre es un da\u00f1o hecho a Dios mismo (cf. <etiqueta id=\"#_ftn75\" name=\"_ftnref75\" title=\"\">tamb. Stg. 3.9).<\/etiqueta><\/span><\/i><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=';text-transform:uppercase'>Bibliograf\u00eda.<\/span><span lang=ES style=''> P. van Imschoot, <i>Teolog\u00eda del Antiguo Testamento<\/i>, 1969, <etiqueta id=\"#_ftn76\" name=\"_ftnref76\" title=\"\">pp. <\/etiqueta>340\u2013345; G. von Rad, <i>Teolog\u00eda del Antiguo Testamento<\/i>, 1978, <etiqueta id=\"#_ftn77\" name=\"_ftnref77\" title=\"\">t(t). II, pp. 436\u2013439; E. Jacob, <\/etiqueta><i>Teolog\u00eda del Antiguo Testamento<\/i>, 1969, pp.160\u2013165; H. W. Wolff, <i>Antropolog\u00eda del Antiguo Testamento<\/i>, 1975, pp. 215\u2013222.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><i><span lang=ES style=''>Sobre im\u00e1genes en general<\/span><\/i><span lang=ES style=''>: K. H. Bernhardt, <i>Gott und Bild<\/i>, 1956; E. D. van Buren, <etiqueta id=\"#_ftn78\" name=\"_ftnref78\" title=\"\"><i>Or <\/i><\/etiqueta>10, 1941, pp. 65\u201392; A. L. Oppenheim, <i>Ancient Mesopotamia<\/i>, 1964, pp. 171\u2013227.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><i><span lang=ES style=''>Sobre la imagen de Dios en el hombre<\/span><\/i><span lang=ES style=''>: D. Cairns, <i>The Image of God in Man<\/i>, 1953; G. C. Berkouwer, <i>Man: The Image of God<\/i>, 1962; D. J. A. Clines, <etiqueta id=\"#_ftn79\" name=\"_ftnref79\" title=\"\"><i>TynB <\/i><\/etiqueta>19, 1968, pp. 53\u2013103; J. Barr, <etiqueta id=\"#_ftn80\" name=\"_ftnref80\" title=\"\"><i>BJRL <\/i><\/etiqueta>51, 1968\u20139, pp. 11\u201326; J. M. Miller, <etiqueta id=\"#_ftn81\" name=\"_ftnref81\" title=\"\"><i>JBL <\/i><\/etiqueta>91, 1972, pp. 289\u2013304; T. N. D. Mettinger, <etiqueta id=\"#_ftn82\" name=\"_ftnref82\" title=\"\"><i>ZAW <\/i><\/etiqueta>86, 1974, pp. 403\u2013424; J. F. A. Sawyer, <etiqueta id=\"#_ftn83\" name=\"_ftnref83\" title=\"\"><i>JTS <\/i><\/etiqueta>25, 1974, pp. 418\u2013426.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal align=right style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt; text-align:right;line-height:normal'><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><etiqueta id=\"#_ftn84\" name=\"_ftnref84\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt; ;color:green'>D.J.A.C.<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>II. En el Nuevo Testamento<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>La ense\u00f1anza neotestamentaria edifica sobre el fundamento del <etiqueta id=\"#_ftn85\" name=\"_ftnref85\" title=\"\">AT, en el que se describe al hombre (en el fundamental pasaje de Gn. 1.26s) como el representante de Dios en la tierra, y como vicerregente y mayordomo de la creaci\u00f3n. La mejor forma de interpretar el t\u00e9rmino <\/etiqueta>es funcionalmente, y lo que se tiene en vista es el destino del hombre como tal (v\u00e9ase, en particular, el ensayo de D. J. A. Clines para detalles y apoyo exeg\u00e9tico).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Esta ense\u00f1anza se repite en 1 Co. 11.7 y Stg. 3.9; ambos afirman la continuidad de la posici\u00f3n del hombre en el orden creado como reflejo de la \u201cgloria\u201d divina, a pesar de la pecaminosidad humana. En el <etiqueta id=\"#_ftn86\" name=\"_ftnref86\" title=\"\">NT, sin embargo, se pone el acento m\u00e1s en la persona de Jesucristo, a quien se llama \u201cimagen de Dios\u201d (2 Co. 4.4; Col. 1.15; ambos pasajes tien<\/etiqueta>en forma de credo, sobre un fondo de pol\u00e9mica, como oposici\u00f3n a nociones falsas o inadecuadas que se expresaban corrientemente). La posici\u00f3n de Cristo como la \u201cimagen\u201d del Padre deriva de la unicidad de su relaci\u00f3n como preexistente. \u00c9l es el Logos desde toda la eternidad (Jn. 1.1\u201318), y por ello puede reflejar fielmente y plenamente la gloria del Dios invisible. V\u00e9ase tambi\u00e9n He. 1.1\u20133 y Fil. 2.6\u201311, en los que se emplean expresiones paralelas para aclarar la relaci\u00f3n \u00fanica de Jesucristo con Dios. \u201cImagen\u201d (o sus t\u00e9rminos equivalentes \u201cforma\u201d, \u201cgloria\u201d) no sugiere un simple parecido con Dios, o un paradigma de su persona, sino m\u00e1s bien una participaci\u00f3n en la vida divina y, m\u00e1s aun, una \u201cobjetivaci\u00f3n\u201d de la esencia de Dios, de modo que el que es por naturaleza invisible adquiere expresi\u00f3n visible en la figura de su Hijo (v\u00e9ase la argumentaci\u00f3n en R. P. Martin, <etiqueta id=\"#_ftn87\" name=\"_ftnref87\" title=\"\">op. cit., pp. 112s).<\/etiqueta><\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>De este modo Cristo es el \u201cpostrer Ad\u00e1n\u201d (1 Co. 15.45), que va a la cabeza de una nueva humanidad que recibe su vida de \u00e9l. As\u00ed Jesucristo es a la vez la \u201cImagen\u201d \u00fanica y el prototipo de los que gracias a \u00e9l tienen conocimiento de Dios y vida en Dios (Ro. 8.29; 1 Co. 15.49; 2 Co. 3.18; 1 Jn. 3.2).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>La expresi\u00f3n \u201cimagen de Dios\u201d est\u00e1 \u00edntimamente relacionada con el \u201cnuevo hombre\u201d (Ef. 4.24; Col. 3.10s; cf. G\u00e1. 3.28). Esto sirve para recordarnos que hay aspectos sociales importantes en el significado de \u201cimagen\u201d en tanto se reproduce en vidas humanas, tanto en la confraternidad de la iglesia como en el papel del hombre como custodio de la naturaleza (He. 2.8, con referencia a Sal. 8).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Tambi\u00e9n es necesario reconocer una dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica. El cumplimiento del plan de Dios para la humanidad en Cristo espera la parus\u00eda, en la que la existencia mortal de los cristianos se transformar\u00e1 en una semejanza perfecta a su Se\u00f1or (1 Co. 15.49; Fil. 3.20\u201321), y de esta manera se restaurar\u00e1 completamente la imagen de Dios en el hombre.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=';text-transform:uppercase'>Bibliograf\u00eda.<\/span><span lang=ES style=''> K. H. Schelkle, <i>Teolog\u00eda del Nuevo Testamento, <\/i>1975, t(t). I, pp. 129\u2013131; W. Mundle, O. Flender, J. Gess, L. Coenen, \u201cImagen\u201d, <etiqueta id=\"#_ftn88\" name=\"_ftnref88\" title=\"\"><i>\u00b0DTNT<\/i><\/etiqueta>, t(t). II, pp. 338\u2013344; O. Schilling, \u201cImagen y semejanza\u201d, <etiqueta id=\"#_ftn89\" name=\"_ftnref89\" title=\"\"><i>\u00b0DTB<\/i><\/etiqueta>, 1967, cols. 501\u2013507.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Morton Smith, <i>The Image of God<\/i>, 1958; D. J. A. Clines, <i>TynB <\/i>19, 1968, pp. 53\u2013103 (bibliograf\u00eda); J. Jervell, <i>Imago Dei. Gen. 1, 26f. im Sp\u00e4tjudentum, in der Gnosis und in den paulinischen Briefen, <\/i>1960; F.-W. Eltester, <i>Eikon im Neuen Testament<\/i>, 1958; R. Scroggs, <i>The Last Adam<\/i>, 1966; y R. P. Martin, <i>Carmen Christi. Philippians 2:5\u201311<\/i>, 1967; <etiqueta id=\"#_ftn90\" name=\"_ftnref90\" title=\"\">id., <\/etiqueta><etiqueta id=\"#_ftn91\" name=\"_ftnref91\" title=\"\">art. \u201cImage\u201d, en <\/etiqueta><etiqueta id=\"#_ftn92\" name=\"_ftnref92\" title=\"\"><i>NIDNTT <\/i><\/etiqueta>2, pp. 284\u2013293.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Sobre las cuestiones dogm\u00e1ticas, v\u00e9ase G. C. Berkouwer, <i>Man: The Image of God<\/i>, 1962.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal align=right style='text-align:right;line-height:normal'><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><etiqueta id=\"#_ftn93\" name=\"_ftnref93\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green'>R.P.M.<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;'>Douglas, J. (2000). Nuevo diccionario Biblico : Primera Edicion. Miami: Sociedades B\u00edblicas Unidas.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>v. Dios, Estatua, Figura, \u00cddolo, Semejanza Gen 1:26 dijo .. 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