{"id":5043,"date":"2016-02-05T00:54:57","date_gmt":"2016-02-05T05:54:57","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/infierno\/"},"modified":"2016-02-05T00:54:57","modified_gmt":"2016-02-05T05:54:57","slug":"infierno","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/infierno\/","title":{"rendered":"INFIERNO"},"content":{"rendered":"<p>v. Abad\u00f3n, Hades, Seol<br \/>\nMat 5:22 fatuo, quedar\u00e1 expuesto al i de fuego<br \/>\nMat 5:29 no que todo tu cuerpo sea echado al i<br \/>\nMat 10:28 destruir el alma y el cuerpo en el i<br \/>\nMat 18:9 teniendo dos ojos ser echado en el i de<br \/>\nMat 23:15 le hac\u00e9is dos veces m\u00e1s hijo del i que<br \/>\nMat 23:33 \u00bfc\u00f3mo escapar\u00e9is .. condenaci\u00f3n del i<br \/>\nLuk 12:5 temed .. tiene poder de echar en el i<br \/>\nJam 3:6 y ella misma es inflamada por el i<br \/>\n2Pe 2:4 arroj\u00e1ndolos al i los entreg\u00f3 a prisiones<\/p>\n<hr>\n<p>Ver seol.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Digital, Grupo C Service &#038; Design Ltda., Colombia, 2003<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Digital<\/b><\/p>\n<p>La existencia real del infierno es irrefutablemente ense\u00f1ada en las Escrituras tanto como un lugar para el malo ya muerto como una condici\u00f3n de retribuci\u00f3n para el no redimido (p. ej., Eze 3:18; Dan 12:2).<\/p>\n<p>Seol, que es en un sentido indiferentemente el lugar para todos los muertos (comparar Job 3:13-22), en otro es el destino del malo (Psa 9:17; Psa 49:14). Es importante tomar en cuenta las notas de la RVA en tales referencias, porque algunas versiones err\u00f3neamente traducen Seol como infierno o formalizan todos los casos como la tumba.<\/p>\n<p>La naturaleza del infierno se indica por la repetida referencia al castigo eterno (Mat 25:46), fuego eterno (Mat 18:8; Jud 1:7), las cadenas eternas (Jud 1:6), el pozo del abismo (Rev 9:2, Rev 9:11), las tinieblas de afuera (Mat 8:12), la ira de Dios (Rom 2:5), la segunda muerte (Rev 21:8); eterna perdici\u00f3n, excluidos de la presencia de Dios (2Th 1:9) y pecado eterno (Mar 3:29).<\/p>\n<p>La duraci\u00f3n est\u00e1 expl\u00ed\u00adcitamente indicada en el NT. La palabra eterna (aionios) se deriva del verbo aion, que se refiere a una edad o duraci\u00f3n. Las Escrituras hablan de dos aeons, o edades: la edad presente y la edad venidera (Mat 12:32; Mar 10:30; Luk 18:30; Eph 1:21). La edad presente \u2014este mundo\u2014 siempre se presenta como temporal en contraste con la edad venidera, la cual ser\u00e1 interminable. As\u00ed\u00ad como la vida eterna del cre-yente ser\u00e1 interminable, tambi\u00e9n lo ser\u00e1 el aspecto retributivo del infierno en la edad infinita. En cada una de las referencias en donde aionios se aplica al castigo futuro del malo, indiscutiblemente implica una duraci\u00f3n interminable (Mat 18:8; Mat 25:41, Mat 25:46; Mar 3:29; 2Th 1:9; Heb 6:2; Jud 1:7).<\/p>\n<p>Hay tres ideas b\u00e1sicas asociadas con el concepto del infierno: ausencia de rectitud (Mar 3:29), separaci\u00f3n de Dios (Joh 3:36) y juicio (Mat 8:12; Mat 25:31-46).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Mundo Hispano<\/b><\/p>\n<p>(las partes bajas).<\/p>\n<p> Es el lugar donde van los malos que mueren en pecado mortal. Algunas biblias traducen \u00abgehenna\u00bb, en vez de \u00abinfierno\u00bb, que es lo mismo: (Mat 5:22, Mat 5:29 Mar 9:43-49). Aparece 12 veces en el Nuevo Testamento. Ver \u00abGehenna\u00bb.<\/p>\n<p> &#8211; Jes\u00fas se refiere a \u00e9l en los t\u00e9rminos m\u00e1s solemnes y terribles, Mat 5:22, Mat 5:29-30, Mat 10:28, Mat 18:9, Mat 23:15, Mat 23:33, Mat 25:41, Mat 25:46, , Luc 12:5.<\/p>\n<p> &#8211; Como sufrimiento horrible, durante el d\u00ed\u00ada y la noche, sin descansar de sufrir. Lo describe como \u00abfuego eterno\u00bb, \u00ablago de fuego y azufre\u00bb: (Mat 18:8, Mat 25:41, Rev 14:10, Rev 19:20, Rev 20:10).<\/p>\n<p> &#8211; Es \u00abeterno\u00bb, para siempre, Mat 18:8-9, Mat 25:41, Mat 25:46, Luc 16:19-31.<\/p>\n<p> &#8211; El grado de castigo ser\u00e1 medido seg\u00fan el grado de la culpa, Mat 10:15, Mat 23:14, Luc 12:47-48.<\/p>\n<p> &#8211; \u00bfCu\u00e1ntos van al infierno?: Jesus habla de esto 4 veces, y las 4 dice que son \u00abmuchos\u00bb los que van al infierno, Mat 7:13, Mat 7:22, Mat 22:14, Luc 13:23-30.<\/p>\n<p> El \u00abHades\u00bb, \u00abSheol\u00bb y \u00bb Abadon\u00bb, son tres t\u00e9rminos que se usan en la Biblia donde van los muertos, adem\u00e1s del Cielo y el Infierno. A veces no son eternos, se sale de ellos; a veces son lugares malos, otras no. Aparecen mas de 70 veces en la Biblia, y merecen un estudio profundo, porque pueden corresponder, en ciertos lugares, a los t\u00e9rminos \u00abLimbo de los Justos\u00bb, \u00abde los Ninos\u00bb, o \u00abPurgatorio\u00bb.<\/p>\n<p> (Sal 16:10, Hech.2:Hec 27:31, Rev 1:18, Rev 8:11, Rev 20:13-14, Job 20:6). Ver \u00abLimbo\u00bb, \u00abPurgatorio\u00bb.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano<br \/>\nDr. J. Dominguez<\/p>\n<p>http:\/\/biblia.com\/diccionario\/<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano<\/b><\/p>\n<p>El lugar de eterno castigo para los que rechazan el amor de Dios. Para examinar la doctrina del i. hay que comentar las palabras Seol, Hades y Abad\u00f3n y Gehenna.<\/p>\n<p>Seol. Para los hebreos el Seol era el mundo de los muertos. As\u00ed\u00ad, Jacob dec\u00ed\u00ada: \u2020\u0153Descender\u00e9 enlutado a mi hijo hasta el Seol\u2020\u009d (Gen 37:35). Se utilizan muchas otras palabras para aludir al destino de los muertos: \u2020\u0153la tierra\u2020\u009d (1Sa 28:13; Jon 2:6); \u2020\u0153la tierra del olvido\u2020\u009d (Sal 88:12); \u2020\u0153el polvo\u2020\u009d (Gen 3:19; Isa 26:5); \u2020\u0153el abismo\u2020\u009d (Isa 14:15); \u2020\u0153el sepulcro\u2020\u009d (Pro 28:17); \u2020\u0153el silencio\u2020\u009d (Sal 94:17; Sal 115:17); \u2020\u0153lo profundo de la tierra\u2020\u009d (Eze 31:14); \u2020\u0153tierra de tinieblas y de sombra de muerte\u2020\u009d (Job 10:21-22).<\/p>\n<p>\u2020\u0153Descender al Seol\u2020\u009d es morir (Gen 42:38; Num 16:30). Dios habla de un fuego que ha encendido all\u00ed\u00ad (Deu 32:22). Job dijo que \u2020\u0153el que desciende al Seol no subir\u00e1\u2020\u009d (Job 7:9), pero Ana expres\u00f3 que Dios \u2020\u0153hace descender al Seol, y hace subir\u2020\u009d (1Sa 2:6). El Seol es un sitio abajo, profundo (Job 11:8); sitio de tinieblas (Job 17:13). El Seol arrebata a los pecadores (Job 24:19); est\u00e1 descubierto delante de Dios (Job 26:6); all\u00ed\u00ad van los malos (Sal 9:17); pero el Mes\u00ed\u00adas no ser\u00ed\u00ada dejado all\u00ed\u00ad (Sal 16:10); nadie puede evitar el poder del Seol (Sal 89:48); pero ni aun el Seol est\u00e1 fuera del alcance de Dios (Sal 139:8). Debe notarse que el Seol, presentado como morada de los muertos, es una manera en que el AT se refiere a alg\u00fan tipo de existencia posterior a la muerte. \u2020\u00a2Alma. \u2020\u00a2Estado intermedio. \u2020\u00a2Eternidad. \u2020\u00a2Inmortalidad.<\/p>\n<p>Abad\u00f3n. (\u2020\u0153Lugar de destrucci\u00f3n o perdici\u00f3n\u2020\u009d). Es sin\u00f3nimo de Seol. El t\u00e9rmino viene de una ra\u00ed\u00adz que significa \u2020\u0153corromper\u2020\u009d. Se\u00f1ala el oscuro lugar de los muertos. Job lo menciona junto con la muerte (Job 28:22) y el Seol (Job 26:6), diciendo que el Abad\u00f3n \u2020\u0153no tiene cobertura\u2020\u009d ante Dios. Tambi\u00e9n Proverbios hace lo mismo (Pro 15:11; Pro 27:20). En el Abad\u00f3n son castigados los ad\u00falteros (Job 31:12). Es un lugar que no se sacia de recibir muertos, en la misma forma en que no se sacian los ojos del lascivo (Pro 27:20). All\u00ed\u00ad no se proclama la verdad de Dios ni se cuenta su misericordia (Sal 88:11), pero aun as\u00ed\u00ad el conocimiento de Dios alcanza hasta all\u00ed\u00ad (Pro 15:11). En el NT s\u00f3lo hay una menci\u00f3n de Abad\u00f3n, en Apo 9:11, donde se nos presenta al \u2020\u0153\u00e1ngel del abismo\u2020\u009d, rey de unos seres que salen del \u2020\u0153pozo del abismo\u2020\u009d. Su nombre es Abad\u00f3n, y en griego, \u2020\u00a2Apoli\u00f3n.<\/p>\n<p>Hades. Al traducir el AT al griego ( \u2020\u00a2Septuaginta) fue necesario buscar una palabra que fuera equivalente al hebreo sheol. Se escogi\u00f3 Hades porque en la cultura griega ese nombre se aplicaba primero al dios del pa\u00ed\u00ads de los muertos y luego al mismo lugar. Para los griegos la morada de los muertos era subterr\u00e1nea, un sitio oscuro, triste y sombr\u00ed\u00ado, donde reinaba Plut\u00f3n. Consecuentemente, donde el AT pone el t\u00e9rmino sheol los traductores pusieron \u2020\u0153Hades\u2020\u009d. Los autores del NT heredan ese uso. As\u00ed\u00ad, se dice que \u2020\u00a2Capernaum ser\u00ed\u00ada abatida \u2020\u0153hasta el Hades\u2020\u009d (Mat 11:23). La iglesia batalla contra \u2020\u0153las puertas del Hades\u2020\u009d, que no podr\u00e1n resistirla (Mat 16:18); el rico que no quiso dar migajas al mendigo \u2020\u00a2L\u00e1zaro muri\u00f3 y \u2020\u0153en el Hades alz\u00f3 sus ojos\u2020\u009d (Luc 16:23); pero el Cristo resucitado tiene \u2020\u0153las llaves de la muerte y del Hades\u2020\u009d (Apo 1:18); y llegar\u00e1 un d\u00ed\u00ada en que \u2020\u0153la muerte y el Hades\u2020\u009d entregar\u00e1n los muertos que hay en ellos antes de ser ambos lanzados \u2020\u0153al lago de fuego\u2020\u009d (Apo 20:13-14).<\/p>\n<p>Gehenna. Este t\u00e9rmino, tan utilizado por el Se\u00f1or Jes\u00fas (once veces) y por Santiago, traducido al espa\u00f1ol como \u2020\u0153i.\u2020\u009d (Mat 5:22, Mat 5:29-30; Mat 10:28; Mat 18:9; Mat 23:15, Mat 23:33; Mar 9:43, Mar 9:45, Mar 9:47; Luc 12:5; Stg 3:6) es una transliteraci\u00f3n del nombre hebreo del \u2020\u0153valle del hijo de \u2020\u00a2Hinom\u2020\u009d, donde se depositaba la basura de Jerusal\u00e9n, se quemaban los animales muertos y otros desechos, por lo cual sal\u00ed\u00ada de \u00e9l humo d\u00ed\u00ada y noche. Esto hizo que con el tiempo se usara en lenguaje figurado como equivalente al i.<br \/>\ni. es descrito con un lenguaje que utiliza mucho la palabra \u2020\u0153fuego\u2020\u009d, y de \u00e9l se dir\u00ed\u00ada que es \u2020\u0153eterno\u2020\u009d (Mat 18:8), horrible (Heb 10:27) y un \u2020\u0153horno\u2020\u009d (Mat 13:42). Se le llama \u2020\u0153las tinieblas de afuera\u2020\u009d (Mat 8:12); lugar donde ser\u00e1 \u2020\u0153el lloro y el crujir de dientes\u2020\u009d (Mat 22:13). All\u00ed\u00ad ser\u00e1n castigados los hip\u00f3critas (Mat 24:51). Es un lugar \u2020\u0153preparado para el diablo y sus \u00e1ngeles\u2020\u009d pero a \u00e9l ir\u00e1n los hombres que no practicaron la misericordia (Mat 25:41).<br \/>\nel sheol se presentaba en el AT como uno y el mismo lugar, morada de los muertos. La revelaci\u00f3n posterior muestra una divisi\u00f3n. En el sheol existe un para\u00ed\u00adso, o \u2020\u00a2Seno de Abraham, adonde van los justos y un i., adonde van los malos. Pero despu\u00e9s del juicio final, s\u00f3lo se nos habla del cielo, de un lado, y del otro, el \u2020\u0153lago de fuego que arde con azufre\u2020\u009d donde son lanzados la bestia, el falso profeta (Apo 19:20), el diablo (Apo 20:10), la muerte y el Hades. \u2020\u0153Esta es la muerte segunda\u2020\u009d (Apo 20:14).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Cristiano<\/b><\/p>\n<p>V\u00e9anse CASTIGO ETERNO, DESCENSO (de Cristo a los infiernos), SEOL.<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico Ilustrado<\/b><\/p>\n<p>[296]   La creencia cristiana sobre el Infierno se expresa en la afirmaci\u00f3n de que las almas que mueren en pecado mortal, es decir en actitud de oposici\u00f3n a Dios, van al infierno. Y entiende por infierno el estado o situaci\u00f3n de alejamiento divino (pena de da\u00f1o), acompa\u00f1ado de sufrimiento enorme por haber perdido la dicha que Dios hab\u00ed\u00ada ofrecido. Ese estado de desdicha y dolor ser\u00e1 inmutable, permanente y consciente.<\/p>\n<p>    Terminado el tiempo de la vida, nada puede cambiar por toda la eternidad. Las palabras de Juan: \u00abYa est\u00e1 la segur a la ra\u00ed\u00adz del \u00e1rbol. &#8230; y todo \u00e1rbol que no da fruto ser\u00e1 cortado y echado al fuego&#8230; y a un fuego que no se apaga.\u00bb (Mt. 2. 8-12), son el s\u00ed\u00admbolo de esa definitiva situaci\u00f3n de quien, libre en la vida, no act\u00faa como Dios quiere y espera.<\/p>\n<p>    La obstinaci\u00f3n del condenado que a s\u00ed\u00ad mismo se excluye del Reino de Dios y se niega a adherirse al bien durante su estado de viador es la puerta del misterio de la condenaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    No es la palabra \u00abinfierno\u00bb la que impresiona: es el misterio de la perdici\u00f3n eterna que en ella se esconde. Infierno no significa otra cosa que \u00absubterr\u00e1neo\u00bb, subsuelo, abismo, averno, lugar inferior. La Biblia griega de los LXX, que citan los textos originales del Nuevo Testamento, pone el t\u00e9rmino \u00abHades\u00bb o \u00aba-bbysos\u00bb (abismo) para traducir el t\u00e9rmino hebreo de \u00absheol\u00bb o lugar de los muertos.<\/p>\n<p>    En ese lugar colocaba la mentalidad antigua, oriental y griega, las divinidades nocivas, del mismo modo que se situaban las buenas en las alturas, en el Olimpo los griegos y en el firmamento los babil\u00f3nicos y persas.<\/p>\n<p>    Pero la idea de infierno se precisa en el pensamiento jud\u00ed\u00ado tard\u00ed\u00ado y en el cristiano primitivo, como el lugar de castigo donde los malos en este mundo se convierten en r\u00e9probos para toda la eternidad. Es un lugar inferior de la tierra; pero evidentemente es una forma de hablar, pues ni puede localizarse en espacio concreto ni responde a delimitaci\u00f3n precisa ni para las almas ni para los cuerpos despu\u00e9s de su resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p>    A los condenados se le llama r\u00e9probos. Est\u00e1n con su alma en esa situaci\u00f3n. Y despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n de todos los hombres, se hallar\u00e1n tambi\u00e9n con sus cuerpos.<\/p>\n<p>    El misterio del castigo eterno debe entenderse en doble sentido: en cuanto castigo y en cuanto a perpetuo o eterno. Ambos son los rasgos que la Escritura y la Tradici\u00f3n.<\/p>\n<p>    En ambas, la idea del castigo est\u00e1 tan clara que no es posible negar su existencia seg\u00fan la fe cristiana. Ni es posible ignorar el car\u00e1cter voluntario y libre de los condenados.<\/p>\n<p>    1. El infierno en la Escritura<\/p>\n<p>     La Biblia alude al infierno como \u00ablugar de los muertos\u00bb, a donde Cristo lleg\u00f3 y liber\u00f3 a los justos que esperaban su llegada. Pero all\u00ed\u00ad quedaron los r\u00e9probos que no hab\u00ed\u00adan querido aprovecharse de su misericordia divina.  En ese lugar habr\u00ed\u00ada, pues, diversos compartimentos o situaciones.<\/p>\n<p>    1.1. Antiguo Testamento<br \/>\n    En el Antiguo Testamento se intuye el castigo de los malvados y se habla de forma muy difusa del mismo.<\/p>\n<p>    El Profeta Jerem\u00ed\u00adas alude a la \u00abignominia eterna dada por Dios\u00bb (Jer. 23.40) y pide al Se\u00f1or que su furor \u00abno se mantenga eternamente\u00bb (Jer. 17.4).<\/p>\n<p>    Otros textos prof\u00e9ticos: Mal. 1.4; Abd 10: Baruc 4. 35 se refieren a la ira divina interminable y atroz. Job recuerda que los que \u00abno obedecen, perecen para siempre.\u00bb (Job. 4.20)<\/p>\n<p>    En las Cr\u00f3nicas se recuerda que \u00abel que no obedece a Dios, es rechazado por El eternamente\u00bb. (2 Cro. 28.9).<\/p>\n<p>    Y en los Salmos se pide a Dios que no confunda a sus seguidores para toda la eternidad (Salm. 30. 2; 70. 1;<br \/>\n    Pero son las palabras de Jes\u00fas, o que los evangelistas ponen en labios de Jes\u00fas, las que resultan n\u00ed\u00adtidamente definitorias del castigo eterno. El mismo Se\u00f1or pronuncia el rechazo de los que no cumplido con la ley natural de la compasi\u00f3n: \u00abApartaos de m\u00ed\u00ad, \u00c2\u00a1malditos! Id al fuego eterno, preparado para Satan\u00e1s y sus \u00e1ngeles\u00bb. (Mt. 25. 41)   La comparaci\u00f3n m\u00e1s frecuente que se atribuye a Jes\u00fas es la del fuego de la Gehena, probable lugar de consumo de desperdicios urbanos en el torrente inferior de la ciudad.<\/p>\n<p>   \u00abEl que llame a su hermano racca (renegado) ser\u00e1 reo del fuego de la Gehena.\u00bb (Mt. 5.22). \u00abM\u00e1s vele perder un ojo, que con los dos ser arrojado para siempre la Gehena\u00bb (Mc. 9.47). Adem\u00e1s otros textos aluden a tal castigo: Lc. 12.5;  Mt. 5.30;  Mt. 18.9.<\/p>\n<p>    Y en cuanto al rechazo eterno, Jes\u00fas tambi\u00e9n pronunci\u00f3 con claridad el car\u00e1cter irreversible del alejamiento de Dios; Mt. 18.8;  Mt. 25.41.  Lo dijo expl\u00ed\u00adcitamente: \u00abLos malos ir\u00e1n al fuego eterno\u00bb. (Mt. 25. 46). \u00abY el que blasfeme contra el Esp\u00ed\u00adritu Santo, no tendr\u00e1 perd\u00f3n nunca, antes ser\u00e1 reo de pecado eterno.\u00bb (Mc. 3. 29)<\/p>\n<p>     Los Ap\u00f3stoles continuaron con la claridad del mensaje, centrado en la realidad y en la eternidad del castigo. Los Escritos que de su inspiraci\u00f3n salieron son contundentes al respecto.<\/p>\n<p>    San Pablo afirm\u00f3 que los que obren mal en el mundo \u00abser\u00e1n castigados a eterna ruina, lejos de la faz del Se\u00f1or y de la gloria de su poder.\u00bb (2 Tes. 1. 6; Rom. 2. 6-9; Hebr. 10. 26-31).<\/p>\n<p>    Esa ense\u00f1anza se repite en diversos lugares: 2 Petr. 2. 6; se expresa con temor y con compasi\u00f3n, por no poder lograr la conversi\u00f3n del malvado, y en relaci\u00f3n a los \u00e1ngeles y a los hombres: a los \u00e1ngeles: \u00abporque no guardaron la fidelidad Dios y por eso los tiene atados con ligaduras eternas bajo las tinieblas.\u00bb (Jud. 7 y 13). Y a los hombres que no cumplen la ley divina, porque \u00ablos rebeldes se atraer\u00e1n sobre s\u00ed\u00ad mismos la condenaci\u00f3n.\u00bb (Rom. 13.2)<\/p>\n<p>    En el Apocalipsis tambi\u00e9n se dice con nitidez: \u00abLos imp\u00ed\u00ados tendr\u00e1n su parte en el estanque que arde con fuego y azufre&#8230; Ser\u00e1n atormentados d\u00ed\u00ada y noche por los siglos de los siglos.\u00bb (Apoc. 21. 8; y 20. 10)<\/p>\n<p>    La abundancia de pasajes y la claridad de los mismos puede dejar impresi\u00f3n de desconcierto y engendrar sentimientos de terror. As\u00ed\u00ad aconteci\u00f3 en muchos ascetas, de cuyos ejemplos de penitencia est\u00e1 llena la Historia de la Iglesia y cuyo recuerdo permanece en los retablos de los templos y en las salas de los museos enriquecidos con el arte medieval y barroco (Mar\u00ed\u00ada Magdalena, S. Antonio abad, S. Jer\u00f3nimo, S. Bruno, S. Romualdo, etc.)<\/p>\n<p>    Pero la correcta ex\u00e9gesis de los textos, situados en sus contextos, lleva a la conclusi\u00f3n de que la mirada de los hagi\u00f3grafos se halla dirigida hacia el Cristo misericordioso que vino a traer la salvaci\u00f3n, respetando la libertad electiva de los seguidores, y no la condenaci\u00f3n expiando sus debilidades.<\/p>\n<p>     En el fondo todos los textos est\u00e1n diciendo: \u00abOs estar\u00e9 recordando en todo momento estas cosas aunque ya las sep\u00e1is.\u00bb (2. Petr. 1. 12). Para que, \u00abaunque se\u00e1is tenidos por tristes, est\u00e9is eternamente alegres.\u00bb (2 Cor. 6. 10)<\/p>\n<p>     2. la Tradici\u00f3n un\u00e1nime<br \/>\n    Los Padres dieron testimonio un\u00e1nime de la realidad del infierno desde los primeros tiempos y resaltaron la necesidad de pensar en \u00e9l infierno para luchar contra el pecado y las tentaciones.<br \/>\n  P. Nieremberg. En \u00abDiferencia entre lo temporal y eterno\u00bb<br \/>\n    La creencia de que \u00ablos que mueren en pecado mortal van a la condenaci\u00f3n del infierno\u00bb, estuvo expresada ya en los S\u00ed\u00admbolos primitivos. (Denz. 40)<\/p>\n<p>    Los testimonios en este sentido se multiplicaron en todos los grandes te\u00f3logos de esos siglos. Seg\u00fan San Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada, \u00abtodo aquel que, por su p\u00e9sima doctrina, corrompiera la fe de Dios por la cual fue crucificado Jesucristo, ir\u00e1 al fuego inextinguible, \u00e9l y los que le escuchan.\u00bb (Sobre Ef. 16. 2).<\/p>\n<p>    San Justino fundaba el castigo del infierno en la idea de la justicia divina. \u00abEsa justicia no deja sin castigo a todo el que transgrede la ley.\u00bb (Apol. II. 6 y Apol. 18. 4; 21, 6; 28. 1)<\/p>\n<p>    Es normal que en un tema como el del infierno, las costumbres y los lenguajes de cada \u00e9poca se hayan hecho notar en el tono y talante de los diversos testimonios. Pero la diversidad de lenguajes nunca eclips\u00f3 la unanimidad con la que la Iglesia testific\u00f3 la realidad del castigo eterno para los pecadores empedernidos y empe\u00f1ados en su propio pecado.<\/p>\n<p>    En el III Concilio de Valence se declaraba: \u00abCreemos que nadie se condena por juicio previo, sino por merecimiento de su propia iniquidad. Y que los mismos malos se pierden, no porque no pudieron ser buenos, sino por que no quisieron serlo y por su propia culpa permanecieron en la masa de condenaci\u00f3n por su culpa original y tambi\u00e9n por la actual.\u00bb (Den 321)<\/p>\n<p>    3. Naturaleza del infierno<br \/>\n    De la Sda. Escritura s\u00f3lo se desprende la existencia del castigo para quienes no quieren acoger la misericordia y se alejan libremente de Dios por el pecado. Es la Teolog\u00ed\u00ada posterior la que multiplic\u00f3 sus reflexiones y sus intentos de aclaraci\u00f3n sobre la realidad del infierno.<\/p>\n<p>    En general fue la \u00e9poca Escol\u00e1stica la que m\u00e1s \u00abrazon\u00f3\u00bb sobre esa realidad, a partir de los datos b\u00ed\u00adblicos y de la Tradici\u00f3n. Distingui\u00f3 dos elementos en el suplicio del infierno: la pena de da\u00f1o (suplicio de privaci\u00f3n de Dios) y la pena de sentido (suplicio para los sentidos). Es la doctrina habitual de la Iglesia, sobre la que hay pocas definiciones dogm\u00e1ticas y muchas consideraciones asc\u00e9ticas.<\/p>\n<p>    La pena de da\u00f1o, la esencial, corresponde al alejamiento voluntario de Dios, a quien se rechaza por el pecado mortal. Supone una aversi\u00f3n malvada y la conciencia dolorosa de alejamiento, que en vida procede de debilidad voluntaria, de malicia consentida o de ignorancia interesada y preferida; pero que, luego de la muerte, se transforma en estable, al haberse querido mantener sin arrepentimiento. Es incomprensible que pueda darse tal aberraci\u00f3n, pero el hombre es libre para quererla.<\/p>\n<p>    La pena de sentido es complementaria y supone la participaci\u00f3n de las partes o principios que componen la naturaleza humana: la espiritual que llamamos alma con sus capacidades an\u00ed\u00admicas de inteligencia y voluntad; y la material que es el cuerpo con sus potencias sensoriales.<\/p>\n<p>    3.1. La pena de da\u00f1o<br \/>\n    Se halla atestiguada por la Escritura y la Tradici\u00f3n, confluyendo ambas en la obsesi\u00f3n del pecador en mantenerse en el pecado mortal. La esencia de ese estado es el rechazo a la uni\u00f3n con Dios. Cuando se consolida como definitiva al morir, genera la pena y dolor del da\u00f1o. Es tan grande cuanto grandioso e infinito es el don perdido, que es el mismo Dios. El condenado es consciente de lo que ha perdido y su ser, creado y nacido para la felicidad, sufre la desgracia y el vac\u00ed\u00ado angustioso de la privaci\u00f3n de la visi\u00f3n beat\u00ed\u00adfica de Dios.<\/p>\n<p>    En \u00e9l resuena eternamente el rechazo divino: \u00abNo os conozco, apartaos malditos al fuego eterno, creado para Satan\u00e1s y sus \u00e1ngeles.\u00bb (Mt. 25. 12; Lc. 13. 27; 14. 24; Apoc. 22):<\/p>\n<p>    La raz\u00f3n del rechazo est\u00e1 en la injusticia de no dar a Dios lo que le corresponde: la adoraci\u00f3n y el amor. S. Pablo habla de esa injusticia cuando dice: \u00ab\u00bfNo sab\u00e9is que los injustos no poseer\u00e1n el Reino de Dios?\u00bb (1 Cor. 6. 6)<\/p>\n<p>    Apenas si podemos entender o decir m\u00e1s de esa pena. Pero racionalmente sospechamos que tiene que ser inmensa. Si no se dice infinita, es por la naturaleza contingente de la criatura humana.<\/p>\n<p>    3.2. La pena de sentido<br \/>\n    La pena sensible, la de los sentidos, es complementaria. Aunque sea la que m\u00e1s impresiona a nuestra mente sensorial, es mera consecuencia de la esencial, que es la de da\u00f1o.<\/p>\n<p>    Consiste en los tormentos causados en el alma por la angustia y amargura de haber legado a tal estado; y en el cuerpo por los misteriosos efectos del \u00abfuego eterno\u00bb.<\/p>\n<p>    La Sagrada Escritura habla repetidamente de ese \u00abfuego eterno del infierno\u00bb (Mt. 3.10; 13.42: 18.8; 25.41; Lc. 3.17) al que son arrojados los condenados. Lo simboliza en el \u00abllanto y el crujir de dientes.\u00bb (Mt. 8.12), imagen del dolor y la desesperaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    El fuego del infierno fue entendido en sentido metaf\u00f3rico por algunos Padres antiguos, como Or\u00ed\u00adgenes y San Gregorio Niseno; y por algunos te\u00f3logos posteriores, los cuales interpretaban la expresi\u00f3n \u00abfuego\u00bb como imagen de los dolores puramente espirituales.<\/p>\n<p>    El Magisterio de la Iglesia no ha condenado esta forma de entender el sentido del fuego, teniendo en cuenta de que la realidad f\u00ed\u00adsica de la combusti\u00f3n de alguna sustancia a muy alta temperatura no es compatible con la realidad extraf\u00ed\u00adsica de la otra vida. Pero la mayor parte de los escritores cristianos no admiten que se trate de un mero juego verbal simb\u00f3lico y, dada la insistencia del t\u00e9rmino y la realidad tremenda del castigo, se inclinan a pensar en algo como misterioso, doloroso verdaderamente real.<\/p>\n<p>    La acci\u00f3n de ese \u00abfuego real\u00bb, f\u00ed\u00adsico o no f\u00ed\u00adsico, sobre seres puramente espirituales la explica Santo Tom\u00e1s, siguiendo a San Agust\u00ed\u00adn y a San Gregorio Magno, como \u00absujeci\u00f3n o dependencia\u00bb de los esp\u00ed\u00adritus a la materia, que es causa de dolor y act\u00faa como instrumento de la justicia divina. (Supl. S. Th. 70. 3)<\/p>\n<p>    Evitar las descripciones puramente gratuitas de mentes exaltadas que intentan sugerir formas de tormento de las que no habla la Escritura, incluso localizar el dolor en la parte del cuerpo con la que se ha pecado: comida, avaricia, lujuria, no parece ni teol\u00f3gico ni psicol\u00f3gico. Son met\u00e1foras irrelevantes e ingenuas en nada concordes con la raz\u00f3n.<\/p>\n<p>     4. Propiedades del Infierno<br \/>\n    La realidad del infierno tiene que ver con la libertad y la conciencia, con la responsabilidad y la inteligencia de quien en vida ha querido mantenerse en el mal y despreciar la inmensa ayuda que Dios ofrece a los hombres.<\/p>\n<p>    4.1. Personal<br \/>\n    Por eso, el tormento del infierno es siempre algo individual y diferenciado, seg\u00fan el estado personal de cada conciencia pecadora. La responsabilidad  propia no puede ser complicada con los pecados cometidos por colectividades y grupos de pertenencia.<\/p>\n<p>    El sentido colectivo de pena en los tiempos del Antiguo Testamento ten\u00ed\u00ada m\u00e1s resonancia, por la cultura en que se mov\u00ed\u00adan los hagi\u00f3grafos. As\u00ed\u00ad vemos que el castigo de Sodoma (19. 23-25) se llev\u00f3 por delante a todos los habitantes, al margen de su edad o situaci\u00f3n. Y que todos los primog\u00e9nitos de Egipto fueron arrasados por el \u00e1ngel exterminador (Ex. 12. 29-31). O que, con Cor\u00e9, Dat\u00e1n y Abir\u00e1n, (Num. 16. 27-34) bajaron al abismo sus mujeres y sus ni\u00f1os.<\/p>\n<p>    El Nuevo Testamento resalta m\u00e1s la responsabilidad de la conciencia personal de los individuos, de modo que cada uno debe pagar por sus pecados y no por los ajenos.<\/p>\n<p>    4.2. Eternidad<br \/>\n    La eternidad de las penas infernales es lo que m\u00e1s impresiona al tratar este misterio y lo que dej\u00f3 temblorosos a los poetas, pintores y artistas de todos los tiempos y \u00e1mbitos cristianos.<\/p>\n<p>    Las penas del infierno durar\u00e1n para siempre. El Concilio IV de Letr\u00e1n, en 1215, declar\u00f3: \u00abLos r\u00e9probos recibir\u00e1n con el diablo suplicio eterno\u00bb (Denz. 429). Y Benedicto XII defini\u00f3 en Enero de 1336: \u00abLas almas de los que salen de este mundo en pecado mortal actual son llevadas al infierno inmediatamente despu\u00e9s de la muerte para ser castigadas con penas infernales.\u00bb (Denz. 531).<\/p>\n<p>    Desde los tiempos de Or\u00ed\u00adgenes, siempre hubo te\u00f3logos y escritores que tuvieron serias dificultades para aceptar la eternidad de las penas, apoy\u00e1ndose en la infinita misericordia divina y pensando que deber\u00ed\u00ada haber alguna forma misteriosa por la cual Dios terminar\u00ed\u00ada perdonando a los condenados, por obstinados que resultaran. La teor\u00ed\u00ada origenista de la \u00abapocat\u00e1stasis\u00bb, o regeneraci\u00f3n final, ya fue rechazada por un S\u00ed\u00adnodo de Constantinopla en el 543 (Denz. 211). Y la ense\u00f1anza de la Iglesia se mantuvo siempre en la defensa de la inmutabilidad de las penas una vez  que ha terminado  el tiempo de esta vida.<\/p>\n<p>    La Sagrada Escritura afirma expl\u00ed\u00adcitamente esa eternidad, recogiendo datos del Antiguo Testamento, pero sobre todo interpretando las palabras del mismo Cristo.<\/p>\n<p>    Los Profetas hablaron de \u00abeterna verg\u00fcenza y confusi\u00f3n\u00bb (Dan 12. 2) para los malos. Los libros sapienciales insistieron en el \u00abcastigo sempiterno\u00bb (Sab. 4. 16). Otros libros aludieron incluso al \u00abfuego eterno\u00bb (Jdth. 16. 21).<\/p>\n<p>    El t\u00e9rmino \u00abeterno\u00bb, que luego se recoger\u00e1 repetidamente en el Nuevo Testamento (Mt. 18. 8; Mt. 25. 41 y 46; Jd. 7; 2 Tes. 1. 6) no puede entenderse de otra forma que en su sentido natural: perpetuo, permanente, inacabado, interminable. Cualquier tergiversaci\u00f3n supone apartes de la verdad evang\u00e9lica.<\/p>\n<p>    Es lo mismo que decir \u00abfuego inextinguible\u00bb (Mt. 3. 12; Mc. 9. 42; Lc. 4. 31) o de la \u00abgehenna, donde el gusano no muere ni el fuego se extingue\u00bb (Mc. 9. 46; Lc. 47. 5). Es ni m\u00e1s ni menos que reflejar que el tiempo se ha terminado y ya nada cambiar\u00e1.<\/p>\n<p>    La doctrina cristiana se fundamenta en que, pasado el tiempo de prueba que es el de vida, la voluntad de los condenados est\u00e1 obstinada inconmoviblemente en el mal; y que es incapaz de verdadera penitencia o conversi\u00f3n. Tal obstinaci\u00f3n se explica por haber terminado el momento de la gracia de Dios.<\/p>\n<p>    Es misteriosa esa decisi\u00f3n divina de que el tiempo de prueba es temporal y no perpetuo. Pero es as\u00ed\u00ad. La explicaci\u00f3n de Santo Tom\u00e1s: Summa Th. I. II. 85. 2 ad 3 y Suppl. 98. 2. 5 y 6, se apoya en la inmutabilidad divina. Y la Teolog\u00ed\u00ada tomista se esfuerza por reflejar la voluntad divina misericordiosa, en la voluntad salv\u00ed\u00adfica universal, pero dejando en claro que Dios hizo al hombre libre y respeta misteriosamente esa libertad. Lo que realmente importa es conocer lo que Dios quiso que fuera y no lo que el hombre piensa que pudiera haber sido.<\/p>\n<p>    4.3. Desigualdad<br \/>\n    Otro rasgo de las penas del infierno es la desigualdad y la dependencia de las malas acciones cometidas en vida y de las que no hubo arrepentimiento. El sentido de justicia reclama la adaptaci\u00f3n de la pena a los delitos.<\/p>\n<p>    Los Concilios de Lyon y Florencia lo afirmaron expl\u00ed\u00adcitamente: \u00abLas almas de los condenados son afligidas con penas desiguales.\u00bb (Denz. 464 y 693). Probablemente hay que entender esa diferencia, no s\u00f3lo de la pena de sentido, sino tambi\u00e9n de la intensidad como se har\u00e1 presente en cada condenado la pena de da\u00f1o, aunque \u00e9sta sea la fundamental del infierno.<\/p>\n<p>    Jes\u00fas amenazaba a los habitantes de Coroza\u00ed\u00adn y Betsaida que su impenitencia merecer\u00ed\u00ada un castigo mucho m\u00e1s severo que el de los habitantes de Tiro y Sid\u00f3n. (Mt. 11. 22). Y a los escribas les auguraba un juicio m\u00e1s severo que a otros pecadores (Lc. 20. 47). No era preciso esa diferenciaci\u00f3n, pues parece de sentido com\u00fan el que, si lo pecados son muy diferentes en malicia y en conciencia de responsabilidad y que var\u00ed\u00adan mucho en n\u00famero, las penas es preciso que sean tambi\u00e9n diferentes.<\/p>\n<p>    San Agust\u00ed\u00adn ense\u00f1aba: \u00abLa desdicha ser\u00e1 m\u00e1s soportable a unos condenados que a otros\u00bb (Enchir. XI. 7). Y la diferencia no estar\u00e1 s\u00f3lo en la resignaci\u00f3n o aguante de los condenados, sino de la intensidad de la pena<br \/>\n    4.4. Consciente<br \/>\n    El condenado conservar\u00e1 la conciencia de su estado y la certeza de que se halla en \u00e9l por su propia voluntad, la cual se habr\u00e1 de tal manera fijado en el mal que le incapacitar\u00e1 eternamente para arrepentirse.<\/p>\n<p>    No deja de ser un misterio el c\u00f3mo puede darse esa situaci\u00f3n, pues trasciende todos los datos de experiencia humana desde los cuales los hombres podemos comprender las cosas. Pero ser\u00e1 as\u00ed\u00ad, sin duda alguna.<\/p>\n<p>    Precisamente esa claridad de la propia situaci\u00f3n y el saber que se pudo haber salvado con s\u00f3lo aprovechar las gracias de un Dios que le amaba y quer\u00ed\u00ada de verdad su felicidad eterna, ser\u00e1 el motivo central de su sufrimiento.<\/p>\n<p>    Esta presunci\u00f3n de conocimiento en el condenado est\u00e1 relacionada con la certeza de que Dios hizo a los hombres libres y les dej\u00f3 elegir sus caminos.<\/p>\n<p>    4.5. Obstinada<br \/>\n    A pesar de su dolor, los condenados estar\u00e1n obstinados en su situaci\u00f3n, pues para ellos se ha terminado el tiempo de elecci\u00f3n y su realidad se ha paralizado. Lo comentan muchos Padres y se admiran de que los condenados mantengan el \u00abodio a Dios\u00bb de forma inmutable, siendo esa situaci\u00f3n el motivo de su distanciamiento eterno.<\/p>\n<p>    No ser\u00e1 Dios el que los odiar\u00e1, pues Dios no puede odiar a las criaturas que el mismo hizo. Pero respetar\u00e1 la opci\u00f3n que en vida hicieron de alejarse de El para siempre.<\/p>\n<p>    El emblema del Apocalipsis aplicado a los demonios, es ilustrador: \u00abLucharon encarnizadamente el Drag\u00f3n y con sus \u00e1ngeles contra Miguel y lo suyos, pero fueron vencidos y arrojados del cielo para siempre.\u00bb (Apoc. 12 7-8)<\/p>\n<p>    5. Situaci\u00f3n de los demonios<\/p>\n<p>    Los \u00e1ngeles condenados desde el principio, cuando el Se\u00f1or Dios hizo la \u00abcreaci\u00f3n invisible\u00bb del mundo, son una de las principales referencia del infierno de los condenados.<\/p>\n<p>    Esos seres diab\u00f3licos, \u00e1ngeles ca\u00ed\u00addos, han sido asociados con frecuencia a la administraci\u00f3n de los castigos del infierno. La doctrina cristiana no habla de ellos, pero nada apoya el que ellos tengan alguna influencia o actuaci\u00f3n sobre los condenados.<\/p>\n<p>    Es preciso superar los antropomorfismos al respecto, sobre todo si se les atribuye con met\u00e1foras o creencias ingenuas algunas atribuciones improcedentes. Son seres misteriosos, de los cuales s\u00f3lo sabemos por la revelaci\u00f3n que existen y est\u00e1n condenados. Nada avala que sean muchos o pocos, que haya entre ellos clases o niveles o que sean todos iguales, que act\u00faen m\u00e1s o menos en la tierra o que se hallen eternamente e inmutablemente alejados de la tierra.<\/p>\n<p>    Sin duda que atribuirles la consideraci\u00f3n de atormentadores y carceleros de los seres humanos, intentando hacer sufrir a sus \u00abclientes\u00bb, sobre los cuales tiene un poder especial, no deja de ser una ingenua creencia.<\/p>\n<p>   La tradici\u00f3n cristiana, basada en diversos textos b\u00ed\u00adblicos, atribuye a los demonios cierta capacidad tentadora en este mundo: Jn. 8.44; Apoc. 12.9; 1 Jn. 5. 18-19. Jn. 17. 15. Pero poco se puede decir con respecto al otro.<\/p>\n<p>   Por eso, en catequesis, es mejor rectificar ciertas creencias que rozan la superstici\u00f3n que potencias las ideas sobre la funci\u00f3n de protagonistas de los demonios en el castigo del infierno.<\/p>\n<p>    San Ambrosio escrib\u00ed\u00ada: \u00abEl Se\u00f1or ha borrado vuestro pecado y borrado vuestras faltas. El os protege y guarda contra las astucias del diablo que os combate, para que el enemigo, que tiene la costumbre de engendrar la falta, no os sorprenda. Quien conf\u00ed\u00ada en Dios, no tema al demonio, porque \u00absi Dios est\u00e1 con nosotros, \u00bfquien estar\u00e1 contra nosotros?\u00bb (Rom. 8.31).\u00bb  (Sacram. 5.30)<\/p>\n<p>    6. Infierno y piedad popular<br \/>\n    Tambi\u00e9n es importante el resaltar que la idea del infierno ha suscitado m\u00faltiples apoyos para la vida de los cristianos de todos los tiempos.<\/p>\n<p>    Ha inspirado a los predicadores penitenciales y a los cristianos, ha llenado de sentimientos nobles los tiempos cuaresmales y ha permitido entender mejor la grandeza del misterio redentor de Jes\u00fas. Ha ayudado con fuerza a rechazar el pecado y el abuso de los d\u00e9biles y a cultivar la necesidad de la reparaci\u00f3n y del arrepentimiento.<\/p>\n<p>    El temor de Dios es un sentimiento cristiano profundo y positivo, con dimensiones naturales necesarias para hombres de carne y hueso, y con aspectos sobrenaturales a los que se llega poco a poco cuando hay rectitud de intenci\u00f3n.<\/p>\n<p>    Un naturalismo ingenuo que ignora el saludable temor de Dios como fuente de la sabidur\u00ed\u00ada de quien aprende con \u00e9l a huir del mal es mal criterio para acompa\u00f1ar al cristiano en su camino hacia la salvaci\u00f3n<br \/>\n    El temor al infierno es fuente de piedad y de agradecimiento a Dios que nos salva y protege. Hay que ver ese temor como algo estrechamente nacido de la Escritura: Rom. 13.7 1 Tim. 5. 14; 1 Petr. 3. 14;<br \/>\n    Cuando se sigue el consejo de Pedro: \u00abMantened el temor de Dios en todas las cosas.\u00bb (1. Petr.  2.18) o el de Pablo: \u00abAvanzad en la santidad mediante el temor de Dios.\u00bb (2. Cor. 7.1), es f\u00e1cil darse cuenta de que la vida es una lucha en la que cada uno puede caer, sobre todo si es arrogante y vanidoso ante las propias fuerzas: \u00abEl que crea que est\u00e1 pie, que tema no caiga\u00bb. (1 Cor. 10.12)<\/p>\n<p>     7. Catequesis e infierno<\/p>\n<p>     Como misterio cristiano, en la Catequesis hay que presentar el misterio del castigo eterno con naturalidad y con oportunidad. Una postura racionalista que lo menosprecie es tan perjudicial para la recta presentaci\u00f3n del mensaje evang\u00e9lico y para la fe serena como una polarizaci\u00f3n temerosa en su realidad.<\/p>\n<p>     7.1. Temor al infierno<\/p>\n<p>     Trento indic\u00f3 que el miedo al infierno es saludable y beneficioso para el cristiano: \u00abSi alguno dijere que el miedo al infierno, por el que, doli\u00e9ndonos de los pecados nos refugiamos en la misericordia divina o nos abstenemos de pecar, es pecado o hace peores a los pecadores, sea anatema. (Denz. 818)<\/p>\n<p>   &#8211; Debemos en catequesis recordar el infierno y saber armonizarlo con el sentido de la filiaci\u00f3n divina, pues \u00abhemos recibido el esp\u00ed\u00adritu de adopci\u00f3n no el temor de la servidumbre.\u00bb (Rom. 8.15)<\/p>\n<p>   &#8211; Se debe repudiar las formas excesivamente descriptivas del infierno, as\u00ed\u00ad como las im\u00e1genes escabrosas del mismo, las cu\u00e1les se apoyan m\u00e1s en la pena de sentido que en la de da\u00f1o, lo cual es desvirtuar la esencia del infierno.<\/p>\n<p>    7.2. Problemas especiales<br \/>\n    La catequesis sobre el infierno debe estar presidida de cierta serenidad y rehuir toda espectacularidad, con descripciones escabrosas y poco apoyadas en la Sda. Escritura.<\/p>\n<p>   &#8211;  Al llega a ciertas edades, la preadolescencia y adolescencia, se corre el peligro de no saber armonizar la idea de la predestinaci\u00f3n o de la presciencia divina, con el hecho de la posible condenaci\u00f3n de quien se obstine en el pecado. Conviene no resaltar en esos momentos evolutivos las figuras escabrosas del infierno, sino la idea de la misericordia divina que siempre da la ayuda para salvarse.<\/p>\n<p>   &#8211;  Determinadas cuestiones relacionadas con el infierno a veces pueden perturbar la mente de catequizandos m\u00e1s sensibles o reflexivos. Tales son el n\u00famero de los que se salvan (Mt. 7. 13-14), la existencia de pecado contra el Esp\u00ed\u00adritu que \u00abno se perdonan ni en esta vida ni en la otra\u00bb (Mt. 12.31), la libertad ante pecados \u00abirresistibles\u00bb, la posibilidad de arrepentirse en la muerte.<\/p>\n<p>   &#8211; Es peligroso reemplazar la verdadera doctrina cristiana sobre el infierno por la presentaci\u00f3n de cuestiones m\u00e1s curiosas que piadosas o m\u00e1s propias de un gusto mas casu\u00ed\u00adstico del dogma y de la moral que del evang\u00e9lico, que debe siempre ser el predilecto.<\/p>\n<p>   &#8211; La buena catequesis sobre el infierno es la que se apoya en las mismas ense\u00f1anzas de Jes\u00fas, las cu\u00e1les se basan m\u00e1s en sus palabras de perd\u00f3n y misericordia que en sus amenazas de castigo o de rechazo.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>Por el hecho de haber sido creado a imagen de Dios, que es Amor, \u00abel hombre no puede encontrar su propia plenitud, si no es en la entrega de s\u00ed\u00ad mismo a los dem\u00e1s\u00bb (GS 24). Si el ser humano no se construye libremente como donaci\u00f3n, se destruye a s\u00ed\u00ad mismo, encerr\u00e1ndose en la soledad y frustraci\u00f3n. Entonces se construir\u00ed\u00ada como un absurdo, un ser al rev\u00e9s, que llevar\u00ed\u00ada a la p\u00e9rdida del encuentro con Dios Amor en el m\u00e1s all\u00e1. Pero Dios quiere que todos se salven (cfr. Jn 3,16-17).<\/p>\n<p>\tEsta realidad demuestra la dignidad y responsabilidad de la persona humana y la trascendencia de sus actos libres. El encuentro con Dios, al que aspira esencialmente todo ser humano, se puede frustrar para siempre. El reverso del ser humano, que deber\u00ed\u00ada construirse amando, es la decisi\u00f3n libre de apartarse definitivamente del primer Amor que ha creado a los hombres por amor y para construirse en el amor a Dios y a los hermanos. Todo lo hizo el mismo primer Amor.<\/p>\n<p>\tLa vida humana es preparaci\u00f3n e iniciaci\u00f3n de una vida definitiva. En todo momento de la vida, el ser humano puede (por gracia de Dios que no se niega a nadie) reorientarse hacia el amor. Todo ser humano es recuperable, aunque fuera en el \u00faltimo momento. Pero \u00abmorir en pecado mortal sin estar arrepentido ni acoger el amor misericordioso de Dios, significa permanecer separados de El para siempre por nuestra propia y libre elecci\u00f3n. Este estado de autoexclusi\u00f3n definitiva de la comuni\u00f3n con Dios y con los bienaventurados es lo que se designa con la palabra \u00abinfierno\u00bb\u00bb (CEC 1033).<\/p>\n<p>\tEl ser humano ya no podr\u00ed\u00ada ser feliz si se separara definitivamente de Dios. Esta separaci\u00f3n eterna e irreversible (achacable s\u00f3lo a la responsabilidad humana) ser\u00ed\u00ada fuente de un dolor inexplicable, por sentirse el hombre apartado de Dios (\u00abpena de da\u00f1o\u00bb) y por verse a s\u00ed\u00ad mismo como el reverso de todos los seres que son expresi\u00f3n de Dios que es Amor (\u00abpena de sentido\u00bb).<\/p>\n<p>\tCristo mismo, que ama a cada uno hasta dar la vida por todos, ha hablado de este posible fracaso como de \u00abfuego inextinguible\u00bb (Mc 9,48) y de \u00abtormento eterno\u00bb por la \u00abseparaci\u00f3n\u00bb definitiva de Dios (Lc 16,26; Mt 25,41-46). S\u00f3lo Cristo nos puede desvelar este misterio, porque \u00aben la misma revelaci\u00f3n del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al mismo hombre y le descubre la sublimidad de su vocaci\u00f3n\u00bb (GS 22).<\/p>\n<p>\tLa par\u00e1bola del rico epul\u00f3n y del pobre L\u00e1zaro, as\u00ed\u00ad como la narraci\u00f3n del juicio final (donde nos examinar\u00e1n de amor), brotaron del mismo coraz\u00f3n de Cristo que hab\u00ed\u00ada narrado con alegr\u00ed\u00ada la conversi\u00f3n y el regreso del hijo pr\u00f3digo a la casa del Padre. Este mensaje de Jes\u00fas es una llamada universal a la conversi\u00f3n, es decir, a la \u00abvuelta\u00bb a los planes de Dios Amor en Cristo.<\/p>\n<p>Referencias Cielo, escatolog\u00ed\u00ada, juicio particular y final, salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Lectura de documentos CEC 1033-1037; LG 48.<\/p>\n<p>Bibliograf\u00ed\u00ada C. POZO, Teolog\u00ed\u00ada del m\u00e1s all\u00e1 ( BAC, Madrid, 1981) 423-462 (la retribuci\u00f3n del imp\u00ed\u00ado); K. RAHNER, Infierno, en Sacramentum Mundi (Barcelona, Herder, 1972ss) III, 903-907; J.L. RUIZ DE LA PE\u00ed\u2018A, La otra dimensi\u00f3n (Sal Terrae, Santander, 1986) 251-271 (la muerte eterna); Idem, La pascua de la creaci\u00f3n. Escatolog\u00ed\u00ada ( BAC, Madrid, 1996) cap. VIII.<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>En el A. T., la palabra seol, de origen incierto, indicaba un lugar de sombras, en el fondo de la tierra, donde bajaban todos los muertos, buenos y malos, sin distinci\u00f3n alguna, del que no pueden subir y en el que llevaban una vida disminuida, olvidada y sin posibilidad de alabar a Dios. Este lugar fue poco a poco considerado como el reino de la muerte. Al progresar la doctrina sobre la resurrecci\u00f3n, el seol, traducido por hades en la versi\u00f3n griega y usado as\u00ed\u00ad en el N. T. Progresivamente se va definiendo m\u00e1s. Se suponen ya compartimentos, que separan a los buenos de los malos (cf. Lc 16, 19-31). Cristo \u00abbaj\u00f3 a los infiernos\u00bb (dogma del credo cristiano), es decir, a esta morada de los muertos, para triunfar de la muerte con su resurrecci\u00f3n y llevar consigo en esperanza el triunfo de sus redimidos (cf. Act 2, 24-31; Ef 4, 9; 1 Pe 3, 19-21; 4, 6). Desde entonces el hades o la muerte no tiene poder y ha de soltar a sus muertos. Su poder, indirecto, s\u00f3lo abarcar\u00e1 a los imp\u00ed\u00ados, los que hayan rechazado a Jes\u00fas y su victoria. Para \u00e9stos, el castigo del hades ser\u00e1 como el infierno, identificado a veces con la gehenna (adaptaci\u00f3n griega del hebreo gehnn\u00f3n, \u00abvalle de Hinnon\u00bb), al sur de Jerusal\u00e9n, maldito por el culto idol\u00e1trico a Molok, donde la literatura jud\u00ed\u00ada localizaba el castigo, por el fuego, de los imp\u00ed\u00ados (cf. Mt 5, 22-30; 10, 28; 23, 15; Mc 9, 4347; Lc 12, 5); lugar de suplicio de fuego (Mt 3, 12; 5, 22; 13, 42. 50; 18, 8; Mc 9, 43-47); un fuego eterno que no se acaba nunca (Mt 13, 12; 18, 8; 25, 41; Mc 9, 33. 47; Lc 3, 17), donde ser\u00e1 el llanto y el crujir de dientes (Mt 13, 50; 24, 51), donde hay un gusano que corroe eternamente a los que all\u00ed\u00ad est\u00e1n (Mc 9, 48), lugar, por fin, de tinieblas (Mt 8, 12; 22, 13; 25, 30). Con todo este lenguaje literario se quiere indicar el tormento espantoso que all\u00ed\u00ad sufrir\u00e1n los condenados. Pero el seol, el hades, el infierno o los infiernos, reino y poder de la muerte, ha sido abierto y vencido por la bajada a \u00e9l de Jesucristo y por su resurrecci\u00f3n. Desde entonces queda como infierno eterno con suplicio s\u00f3lo para los que rechacen a Jesucristo. -> \u00ed\u00adptica.<\/p>\n<p>E. M. N.<\/p>\n<p>FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret<\/b><\/p>\n<p>(-> Hades, Sheol, condena, pena de muerte, exclusi\u00f3n, fuego, muerte). Las religiones que no ponen en su centro la gracia de Dios y la libertad (individualidad) del hombre no pueden hablar de infierno o condena final, pues en ellas todo se mantiene en un eterno retorno de vida y de muerte. S\u00f3lo las religiones que acent\u00faan la experiencia de la gracia* y dejan al hombre en manos de su propia libertad* (como el judaismo y el cristianismo) pueden hablar de un infierno o condena definitiva, interpretada como castigo* de Dios, en la l\u00ed\u00adnea de un judaismo, cristianismo e islam ya estructurados. En esa l\u00ed\u00adnea, el Antiguo Testamento en cuanto tal apenas puede hablar de infierno, a no ser en sus \u00faltimos estratos y de un modo simb\u00f3lico, como en Dn 12,2 (\u00abY muchos de los que duermen en el polvo de la tierra ser\u00e1n despertados, unos para vida eterna, y otros para verg\u00fcenza y confusi\u00f3n perpetua\u00bb) y en el libro de la Sabidur\u00ed\u00ada (destrucci\u00f3n de los injustos). El infierno, como lugar y estado perdurable de los condenados, no aparece de un modo inequ\u00ed\u00advoco y expl\u00ed\u00adcito en el conjunto de la Biblia; por otra parte, en el Nuevo Testamento, el infierno deber\u00ed\u00ada entenderse desde la gracia de Dios en Cristo, que es m\u00e1s fuerte que todas  las posibles condenas de los hombres. Sea como fuere, el nombre infierno proviene de la versi\u00f3n latina de la Biblia (la Vulgata), que traduce con esa palabra diversos nombres y conceptos de la Biblia hebrea, que en general tienen un sentido gen\u00e9rico de muerte o de mundo inferior (Sheol) donde se cree que est\u00e1n los que han muerto.<\/p>\n<p>(1) Im\u00e1genes fundamentales. El tema del infierno recibe en la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica diversos sentidos y aplicaciones. (a) Se puede hablar del infierno de los \u00e1ngeles perversos, que han sido condenados a vivir en un \u00ababismo de columnas de fuego que descienden\u00bb, como templo invertido, donde penan y purgan su pecado (1 Hen 21,7-10). \u00abAqu\u00ed\u00ad permanecer\u00e1n los \u00e1ngeles que se han unido a las mujeres. Tomando muchas formas, ellos han corrompido a los hombres y los seducen, para que hagan ofrendas a los demonios como a dioses, hasta el d\u00ed\u00ada del gran juicio en que ser\u00e1n juzgados, hasta que sean destruidos. Y sus mujeres, las que han seducido a los \u00e1ngeles celestes, se convertir\u00e1n en sirenas\u00bb (1 Hen 19,1-3). En esa l\u00ed\u00adnea se sit\u00faa el simbolismo de Mt 5,41, donde Jes\u00fas, Hijo de Hombre, dir\u00e1 a los injustos: \u00abapartaos de m\u00ed\u00ad, malditos, al fuego eterno, preparado para el diablo y para sus \u00e1ngeles\u00bb (Mt 25,41). Los hombres pueden participar, seg\u00fan eso, de una condena eterna, que deriva de la falta de solidaridad que han mostrado con los necesitados, (b) Se puede hablar de un infierno entendido como \u00abverg\u00fcenza y confusi\u00f3n perpetua\u00bb, propia de aquellos que resucitan al fin de los tiempos para la condena (Dn 12,2). Aqu\u00ed\u00ad no se destaca el fuego de la destrucci\u00f3n, como en el caso anterior, sino la \u00abfalta de honor\u00bb, la deshonra de aquellos que no participan en el brillo de la gloria de Dios, (c) El signo m\u00e1s utilizado del infierno es la Gehenna. Parece claro que Jes\u00fas ha puesto de relieve la imagen de la Gehenna, peque\u00f1o valle hacia el sur de Jerusal\u00e9n donde se quemaban las basuras de la ciudad, como signo de perdici\u00f3n. Esta imagen se encuentra especialmente vinculada con el pecado del esc\u00e1ndalo: \u00absi tu mano te escandaliza, c\u00f3rtatela&#8230;; te es mejor entrar manco en el Reino que ir con las dos manos a la Gehenna\u00bb (cf. Mc 9,42-46 par). Ella aparece tambi\u00e9n en textos paren\u00e9ticos, en los que se invita a no tener miedo a los que pueden quitar la vida, pero no pueden mandar al hombre a la Gehenna, como puede hacerlo Dios (cf. Mt 10,38; Lc 12,5). Es evidente que esta imagen pone de relieve el riesgo de perdici\u00f3n en que se encuentra el hombre, pero quiz\u00e1 no puede aplicarse sin m\u00e1s a un tipo de infierno eterno.<\/p>\n<p>(2) Un relato popular. Un tipo de infierno aparece tambi\u00e9n en relatos populares, como en la par\u00e1bola de L\u00e1zaro, el mendigo, y del rico sin misericordia: \u00abAconteci\u00f3 que muri\u00f3 el mendigo, y fue llevado por los \u00e1ngeles al seno de Abrah\u00e1n; y muri\u00f3 tambi\u00e9n el rico, y fue sepultado. En el Hades alz\u00f3 sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abrah\u00e1n, y a L\u00e1zaro en su seno. Entonces, gritando, dijo: Padre Abrah\u00e1n, ten misericordia de m\u00ed\u00ad y env\u00ed\u00ada a L\u00e1zaro para que moje la punta de su dedo en agua y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama. Pero Abrah\u00e1n le dijo: Hijo, acu\u00e9rdate que recibiste tus bienes en tu vida, y L\u00e1zaro, males; pero ahora \u00e9ste es consolado aqu\u00ed\u00ad, y t\u00fa atormentado. Adem\u00e1s de todo esto, una gran sima est\u00e1 puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quieran pasar de aqu\u00ed\u00ad a vosotros no pueden, ni de ah\u00ed\u00ad pasar ac\u00e1\u00bb (Lc 16,22-26). Significativamente, el texto no habla ya de la Gehenna, sino del Hades, entendido en su sentido antiguo de Sheol, mundo inferior de los que han muerto. Pero ya no es un Sheol-Hades neutral, al que van todos los muertos, sino que aparece como lugar de fuego-tormento. Por eso, se eleva a su lado la imagen del \u00abseno de Abrah\u00e1n\u00bb, vinculado sin duda a las promesas de salvaci\u00f3n relacionadas con los patriarcas (como en Mt 8,11 yen Mc 12,26).<\/p>\n<p>(3) Relato apocal\u00ed\u00adptico y experiencia cristiana. Siguiendo tradiciones orientales, el Ap concibe el lugar\/estado de ruptura y destrucci\u00f3n total de los humanos como estanque o lago de fuego* V azufre que arde sin cesar (Ap 19,20; 20,10.14.15; 21,8), al parecer en el fondo de la tierra, como pozo del abismo*. No es el Hades de la tradici\u00f3n griega, donde los muertos esperan a\u00fan la salvaci\u00f3n, sino el estado final de aquellos que no han querido recibir al Cristo Cordero y no est\u00e1n inscritos en su Libro* y\/o en la Ciudad final, la nueva Jerusal\u00e9n (cf. 2,10-15); es lugar de muerte sin fin. A pesar de las im\u00e1genes de  Ap 14,9-11, el Apocalipsis no insiste en la condena o fracaso de los perversos como castigo-dolor, sino como muerte (no vida). Por eso, en contra de la tradici\u00f3n simb\u00f3lica posterior, reflejada por ejemplo en la Divina Comedia de Dante, el Ap no ha situado en paralelo el cielo y el infierno; a su juicio, s\u00f3lo existe una culminaci\u00f3n verdadera: la ciudad de los justos (Ap 21,1-22,5); el infierno no est\u00e1 al lado del cielo, como si fuera el otro platillo de una balanza judicial, sino que es s\u00f3lo una posibilidad de no recibir la gloria que Dios ofrece a todos los hombres en Cristo. Por eso, el infierno cristiano s\u00f3lo puede plantearse desde la experiencia pascual, que no ratifica la estructura judicial anterior, de tipo sim\u00e9trico, donde hay condenados y salvados, en la l\u00ed\u00adnea del conocimiento del bien y del mal (Gn 2-3) o de la divisi\u00f3n que la teolog\u00ed\u00ada del pacto israelita ha marcado entre la vida y la muerte (Dt 30,15), y que ha pasado a la visi\u00f3n paren\u00e9tica de Mt 25,31-46 (con derecha e izquierda, salvaci\u00f3n y condena). En principio, el mensaje pascual del cristianismo es s\u00f3lo experiencia de salvaci\u00f3n, que se funda en el amor de Dios, que ha dado a los hombres su propia vida, la vida de su Hijo (cf. Jn 3,16; Rom 8,32). Desde esa perspectiva deben replantearse todos los datos b\u00ed\u00adblicos anteriores, incluido el lenguaje de Jes\u00fas sobre la Gehenna y la amenaza de Mt 25,41. Ese replanteamiento no es una labor de pura ex\u00e9gesis literal de la Biblia, sino de interpretaci\u00f3n social y cultural del conjunto de la Iglesia. En este campo queda por hacer una gran labor, que resultar\u00e1 esencial en los pr\u00f3ximos decenios de la teolog\u00ed\u00ada y de la vida de la Iglesia, cuando se superen en ella una serie de supuestos legales y ontol\u00f3gicos que han venido determin\u00e1ndola desde el surgimiento de las iglesias establecidas de Occidente, a partir del siglo IV d.C. Pero una vez que se replantea el tema del infierno escatol\u00f3gico (del fuego final de un juicio de Dios) debe plantearse con mucha m\u00e1s fuerza el tema del infierno hist\u00f3rico, creado por la injusticia de los hombres que oprimen a otros hombres y por los diversos tipos de enfermedad y opresi\u00f3n que sufren especialmente los pobres. Este es el infierno del que se ocup\u00f3 realmente Jes\u00fas; de ese infierno quiso liberar a los hombres y mujeres, para que pudieran vivir a la luz de la libertad y del gozo del reino de Dios. Las par\u00e1bolas en las que hay un reino del diablo que se opone al de Dios (como algunas de Mt 13 y 25) pertenecen a la ret\u00f3rica de la Iglesia, m\u00e1s que al mensaje de Jes\u00fas, a no ser que se interpreten en forma de advertencia, para que los hombres no construyan sobre este mundo un infierno.<\/p>\n<p>(4) El infierno de Jes\u00fas (sepulcro*, gracia*, resurrecci\u00f3n*). El credo oficial m\u00e1s antiguo de la Iglesia (el apost\u00f3lico o romano) dice que Cristo baj\u00f3 a los infiernos, poniendo as\u00ed\u00ad de relieve el momento final de su historia humana. S\u00f3lo desde esa perspectiva se puede entender la posibilidad de un infierno cristiano, (a) Baj\u00f3 a los infiernos. Quien no muere del todo no ha vivido plenamente: no ha experimentado la impotencia abismal, el desvalimiento pleno de la existencia. Jes\u00fas ha vivido en absoluta intensidad; por eso muere en pleno desamparo. Ha desplegado la riqueza del amor; por eso muere en suma pobreza, preguntando por Dios desde el abismo de su angustia. De esa forma se ha vuelto solidario de los muertos. S\u00f3lo es solidario quien asume la suerte de los otros. Bajando hasta la tumba, sepultado en el vientre de la tierra, Jes\u00fas se ha convertido en compa\u00f1ero de aquellos que mueren, iniciando, precisamente all\u00ed\u00ad, el camino ascendente de la vida, (b) Jes\u00fas fue enterrado y su sepulcro es un momento de su despliegue salvador (cf. Mc 15,42-47 y par; 1 Cor 15,4). S\u00f3lo quien muere de verdad, volviendo a la tierra, puede resucitar de entre los muertos. Jes\u00fas ha bajado al lugar de no retorno, para iniciar all\u00ed\u00ad el retorno verdadero. Como Jon\u00e1s \u00abque estuvo en el vientre del cet\u00e1ceo tres d\u00ed\u00adas y tres noches&#8230;\u00bb (Mt 12,40), as\u00ed\u00ad estuvo Jes\u00fas en el abismo de la muerte, para resucitar de entre los muertos (Rom 10,7-9). En el foso de la muerte ha penetrado Jes\u00fas y su presencia solidaria ha conmovido las entra\u00f1as del infierno, como dice la tradici\u00f3n: \u00abLa tierra tembl\u00f3, las rocas se rajaron, las tumbas se abrieron y muchos de los cuerpos de los santos que hab\u00ed\u00adan muerto resucitaron\u00bb (Mt 27,5152). De esa forma ha realizado su tarea rnesi\u00e1nica: \u00abSufri\u00f3 la muerte en su cuerpo, pero recibi\u00f3 vida por el Esp\u00ed\u00adritu. Fue entonces cuando proclam\u00f3 la victoria incluso a los esp\u00ed\u00adritus encar  celados que fueron rebeldes, cuando antiguamente, en tiempos de No\u00e9&#8230;\u00bb (1 Pe 3,18-19). Se ha dicho que esos esp\u00ed\u00adritus encarcelados eran los humanos del tiempo del diluvio, como supone la liturgia, pero la ex\u00e9gesis moderna piensa que ellos pueden ser los \u00e1ngeles perversos que en tiempo del diluvio fomentaron el pecado, siendo por tanto encadenados. No empez\u00f3 a morir cuando expir\u00f3 en la cruz y le bajaron al sepulcro; hab\u00ed\u00ada empezado cuando se hizo solidario con el dolor y destrucci\u00f3n de los hombres, compartiendo la suerte de los expulsados de la tierra. Jes\u00fas hab\u00ed\u00ada descendido ya en el mundo al infierno de los locos, los enfermos, los que estaban angustiados por las fuerzas del abismo: ha asumido la impotencia de aquellos que padecen y perecen aplastados por las fuerzas opresoras de la tierra, llegando de esa forma hasta el infierno de la muerte.<\/p>\n<p>(5) Un texto lit\u00fargico. Jes\u00fas y Ad\u00e1n. La liturgia, continuando en la l\u00ed\u00adnea simb\u00f3lica de los textos anteriores, relaciona a Jes\u00fas con Ad\u00e1n, el hombre originario que le aguarda desde el fondo de los tiempos, como indica una antigua homil\u00ed\u00ada pascual: \u00ab\u00bfQu\u00e9 es lo que hoy sucede? Un gran silencio envuelve la tierra: un gran silencio y una gran soledad. Un gran silencio, porque el Rey se ha dormido en la carne y ha despertado a los que dorm\u00ed\u00adan desde antiguo. Dios ha muerto en la carne y ha puesto en conmoci\u00f3n al abismo. Va a buscar a nuestro primer padre, como si \u00e9ste fuera la oveja perdida. Quiere visitar a los que viven en tinieblas y sombras de muerte (cf. Mt 4,16). El, que es al mismo tiempo Dios e Hijo de Dios, va a librar de sus prisiones y de sus dolores a Ad\u00e1n y Eva. El Se\u00f1or, teniendo en sus manos las armas vencedoras de la cruz, se acerca a ellos. Al verlo, nuestro primer padre Ad\u00e1n, asombrado por tan gran acontecimiento, exclama y dice a todos: mi Se\u00f1or est\u00e9 con todos. Y Cristo, respondiendo, dice a Ad\u00e1n: y con tu esp\u00ed\u00adritu. Y, tom\u00e1ndolo por la mano, lo levanta dici\u00e9ndole: Despierta, t\u00fa que duermes, lev\u00e1ntate de entre los muertos y Cristo ser\u00e1 tu luz (cf. Ef 5,14). Yo soy tu Dios que, por ti y por todos los que han de nacer de ti, me he hecho tu hijo. Y ahora te digo que tengo el poder de anunciar a los que est\u00e1n encadenados: \u00c2\u00a1salid!; y a los que se encuentran en ti nieblas: \u00c2\u00a1levantaos! Y a ti te mando: despierta, t\u00fa que duermes, pues no te cre\u00e9 para que permanezcas cautivo en el abismo; lev\u00e1ntate de entre los muertos, pues yo soy la vida de los muertos. Lev\u00e1ntate, obra de mis manos; lev\u00e1ntate, imagen m\u00ed\u00ada, creado a mi semejanza. Lev\u00e1ntate, salgamos de aqu\u00ed\u00ad, porque t\u00fa en m\u00ed\u00ad y yo en ti formamos una sola e indivisible persona\u00bb (PG 43, 439. Liturgia Horas, s\u00e1bado santo). Jes\u00fas ha descendido hasta el infierno para encarnarse plenamente, compartiendo la suerte de aquellos que mueren. Pero al mismo tiempo ha descendido para anunciarles la victoria del amor sobre la muerte, viniendo como gran evangelista que proclama el mensaje de liberaci\u00f3n definitiva, visitando y rescatando a los cautivos del infierno. Por eso, la palabra de la Iglesia le sit\u00faa frente a Ad\u00e1n, humano universal, el primero de los muertos.<\/p>\n<p>(6) Christus V\u00ed\u00adctor. Hasta el sepulcro de Ad\u00e1n ha descendido Jes\u00fas, como todos los hombres penetrando hasta el lugar donde la muerte reinaba, manteniendo cautivos a individuos y pueblos. Ha descendido all\u00ed\u00ad para rescatar a los muertos (cf. Mt 11,4-6; Lc 4,18-19), apareciendo de esa forma como Christus V\u00ed\u00adctor, Mes\u00ed\u00adas vencedor del demonio y de la muerte. Su descenso al infierno para destruir el poder de la muerte constituye de alg\u00fan modo la culminaci\u00f3n de su biograf\u00ed\u00ada mesi\u00e1nica, el triunfo decisivo de sus exorcismos*, de toda su batalla* contra el poder de lo diab\u00f3lico. Lo que Jes\u00fas empez\u00f3 en Galilea, curando a unos endemoniados, lo ha culminado con su muerte, descendiendo al lugar de los muertos, para liberarles a todos del Gran Diablo infernal. Tomado en un sentido literalista, este misterio (descendi\u00f3 a los infiernos) parece resto m\u00ed\u00adtico, palabra que hoy se dice y causa asombro o rechazo entre los fieles. Sin embargo, entendido en su sentido m\u00e1s profundo, constituye el culmen y clave de todo el Evangelio. Aqu\u00ed\u00ad se ratifica la encarnaci\u00f3n redentora de Jes\u00fas: sus curaciones y exorcismos, su ense\u00f1anza de amor y libertad.<\/p>\n<p>(7) \u00bfEs posible un infierno cristiano? Desde las observaciones anteriores y teniendo en cuenta todo el proceso de la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica, con la muerte y resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, se puede hablar de dos infiernos, (a) Hay un primer in-  fiemo, al que Jes\u00fas ha descendido del todo por solidaridad con los expulsados de la tierra y por morir con los condenados de la historia. Este es el infierno de la destrucci\u00f3n donde los humanos acababan (acaban) penetrando al final de una vida que conduce sin cesar hasta la tumba. Hab\u00ed\u00ada sobre el mundo otros infiernos de injusticia, soledad y sufrimiento, aunque s\u00f3lo el de la muerte era total y decisivo. Pero Jes\u00fas ha derribado sus puertas, abriendo as\u00ed\u00ad un camino que conduce hacia la plena libertad de la vida (a la resurrecci\u00f3n), en \u00e1mbito de gracia. En ese infierno sigue viviendo gran parte de la humanidad, condenada al hambre, sometida a la injusticia, dominada por la enfermedad. El mensaje de Jes\u00fas nos invita a penetrar en ese infierno, para solidarizarnos con los que sufren y abrir con ellos y para ellos un camino de vida (Mt 25,31-46). (b) Hay un segundo infierno o condena irremediable de aquellos que rechazando el don de Cristo y oponi\u00e9ndose de forma voluntaria a la gracia de su vida, pueden caer en la oscuridad y muerte sin fin (por su voluntad y obstinaci\u00f3n definitiva). As\u00ed\u00ad lo suponen algunas formulaciones b\u00e1sicas donde se habla de premio para unos y castigo para otros (cf. Dn 12,23). Esta visi\u00f3n culmina parab\u00f3licamente en Mt 25,31-46, donde Jes\u00fas dice a los de su derecha \u00abvenid, benditos de mi Padre, heredad el Reino, preparado para vosotros\u00bb y a los de su izquierda \u00abapartaos de m\u00ed\u00ad, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus \u00e1ngeles\u00bb. Tomadas al pie de la letra, esas palabras suponen que hay cielo e infierno, como posibilidades paralelas de salvaci\u00f3n y condena para los hombres. Pero debemos recordar que \u00e9se es un lenguaje de par\u00e1bola y par\u00e9nesis, no de juicio legalista, como aquel que Jes\u00fas ha superado en su Evangelio (cf. Mt 7,1 par). Ese segundo infierno es una posibilidad, pero no en el sentido en que es posibilidad el cielo de la plenitud escatol\u00f3gica, fundada en la resurrecci\u00f3n de Cristo.<\/p>\n<p>(8) Dios s\u00f3lo quiere la vida. La Biblia cristiana, tal como ha culminado en la pascua de Cristo, formulada de manera definitiva por los evangelios y cartas de Pablo, s\u00f3lo conoce un final: la vida eterna de los hombres liberados, el reino de Dios, que se expresa en la resurrecci\u00f3n de Cristo. En ese sentido te nemos que decir que, estrictamente hablando, s\u00f3lo existe salvaci\u00f3n, pues Cristo ha muerto para liberar a los humanos de su infierno. Pero desde esa base de salvaci\u00f3n b\u00e1sica podemos y debemos hablar tambi\u00e9n de la posibilidad de una muerte segunda (cf. Ap 2,11; 20,6.14; 21,8), que ser\u00ed\u00ada un infierno infernal, una condena sin remedio (sin esperanza de otro Cristo). En la l\u00ed\u00adnea de ese infierno segundo quedar\u00ed\u00adan aquellos que, a pesar del amor y perd\u00f3n universal de Cristo, prefieren quedarse en su violencia, de manera que no aceptan, ni en este mundo ni en el nuevo de la pascua, la gracia mesi\u00e1nica del Cristo. Sabemos que Jes\u00fas no ha venido a condenar a nadie; pero si alguien se empe\u00f1a en mantenerse en su ego\u00ed\u00adsmo y violencia, puede convertirse \u00e9l mismo (a pesar de la gracia de Jes\u00fas) en condena perdurable. Hemos dicho \u00abpuede\u00bb y as\u00ed\u00ad quedamos en la posibilidad, dejando todas las cosas en manos de la misericordia salvadora de Dios, que tiene formas y caminos de salvaci\u00f3n para todos, aunque nosotros no podamos comprenderlos desde la situaci\u00f3n actual de injusticia y de muerte, de infierno, del mundo.<\/p>\n<p>Cf. R. AGUIRRE, Ex\u00e9gesis de Mt 27,51b-53. Para una teolog\u00ed\u00ada de la muerte de Jes\u00fas en el evangelio de Mateo, Seminario, Vitoria 1980; J. ALONSO D\u00ed\u008dAZ, En lucha con el misterio. El alma jud\u00ed\u00ada ante los premios y castigos y la vida ultraterrena, Sal Terrae, Santander 1967, G. AULEN, Lc triomplie du Christ, Aubier, Par\u00ed\u00ads 1970; L. BOUYER, Lc myst\u00e9re pascal, Par\u00ed\u00ads 1957; W. J. DALTON, Christ&#8217;s proclamation to the Spirits. A study of 1 Pe 3,18; 4,6, Istituto B\u00ed\u00adblico, Roma 1965; J. L. Ruiz DE LA PE\u00ed\u2018A, El hombre y su muerte, Aldecoa, Burgos 1971; La pascua de la nueva creaci\u00f3n. Escatolog\u00ed\u00ada, BAC, Madrid 1996; H. U. VON BALTHASAR, \u00abEl misterio pascual\u00bb, Mysterium Salutis III\/II, Madrid 1971, 237-265.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n<p>El infierno es la cristalizaci\u00f3n eterna de la situaci\u00f3n de condenaci\u00f3n de los que mueren alejados por voluntad propia del plan divino de salvaci\u00f3n de la humanidad realizado en Jesucristo. Dios no quiere la condenaci\u00f3n de nadie, sino que todos se salven. Cristo salv\u00f3 ya objetivamente a todos los hombres con su muerte y su resurrecci\u00f3n. Es justo, entonces. esperar y &#8211; desear que se realicen los deseos de salvaci\u00f3n de Dios sobre todos los hombres: \u00e9sta es la certeza que nos viene del valor universal de la Pascua de Cristo. Pero tambi\u00e9n es justo hablar del infierno para comprender que el mensaje evang\u00e9lico no es un optimismo f\u00e1cil, sino el esfuerzo salv\u00ed\u00adfico realizado por la gracia divina, que requiere la colaboraci\u00f3n de la naturaleza humana restaurada, para hacer perseverar al hombre en una fe activa a fin de alcanzar la eterna bienaventuranza, El infierno es entonces la posibilidad negativa de que alguien pueda perder culpablemente la salvaci\u00f3n eterna.<\/p>\n<p>El Antiguo Testamento, con el desarrollo del tema del Sheol como residencia com\u00fan para todos los difuntos hasta ser el lugar de castigo para los imp\u00ed\u00ados, nos ofrece una preparaci\u00f3n del tema del infierno. Para indicar el infierno, el t\u00e9rmino Sheol fue sustituido por el de Ben o Ge HinnOn (Gehena), nombre del valle meridional de Jerusal\u00e9n en donde en la \u00e9poca pagana se realizaban sacrificios humanos, imitados por Israel (2 Cr 28,3), s\u00ed\u00admbolo de oprobio, que se convirti\u00f3 en estercolero donde se quemaban las inmundicias de la ciudad. Ya los profetas ven en \u00e9l el s\u00ed\u00admbolo del futuro infierno (Jer 7 32 1s 66,24). La apocal\u00ed\u00adptica jud\u00ed\u00ada habla ampliamente y en t\u00e9rminos muy descriptivos del Sheol como castigo. En el Nuevo Testamento se describe tambi\u00e9n el infierno, pero con una intenci\u00f3n paren\u00e9tica y salv\u00ed\u00adfica; se expone con cierta dureza de lenguaje la posibilidad del infierno, no para provocar un terror inmovilizante, sino para que el hombre sepa que existe esta posibilidad y que se d\u00e9 cuenta de la seriedad de la invitaci\u00f3n constante de Cristo a la metanoia para entrar en el Reino de los cielos. Primero el Bautista (Mt 3,12), pero luego sobre todo Jes\u00fas.<\/p>\n<p>hablan en varias ocasiones del infierno como tormento (Mc 9 48), como noche antropol\u00f3gica (Mt 8,i2; 22,13: 25,30), como suplicio del fuego eterno (Mt 18,8; 25 41), como Gehena del fuego (Mt 5,22&#8217;29), como horno ardiente (Mt 13,42.50), como situaci\u00f3n que hace llorar y rechinar los dientes de rabia por la salvaci\u00f3n perdida para siempre por propia culpa (Lc 13,28; Mt 8,12;13,42.50; 22,13; 24,51; 25,30). El Apocalipsis habla del infierno como oc\u00e9ano o estanque de fuego y azufre, s\u00ed\u00admbolos de castigo va en el Antiguo Testamento y aplicados ahora a los imp\u00ed\u00ados y al Anticristo como muerte definitiva o segunda (Ap 14,10; 20,10; 21,8; etc.), En Pablo se abandona el car\u00e1cter descriptivo del infierno, pero se conserva su contenido tr\u00e1gico de p\u00e9rdida de la herencia del Reino de Dios por no haber aceptado la palabra de la predicaci\u00f3n sobre Cristo muerto y resucitado (1 Cor 1,18: 2 Cor 4,3) no haber hecho las obras que exige \u00e9l evangelio (1 Cor 6,10). El infierno va ligado a la parus\u00ed\u00ada de Cristo: en ella los impios pierden para siempre la visi\u00f3n de Dios (2 Tes 1 ,7 &#8211; 1 0).<\/p>\n<p>Desde los Padres hasta los te\u00f3logos modernos el dato del infierno no se puso nunca en discusi\u00f3n, a pesar de que se le representaba con unas formas y unos intereses bastante distintos por unos y por otros. El Magisterio ha codificado la existencia real del infierno y su comienzo inmediato despu\u00e9s de la muerte para aquellos que se lo merecen, en diversas intervenciones y decisiones doctrinales (DS 72; 76; 801; 852; 858: 1002; 1306; 1351; 1539; 1573), negando la existencia de una apocat\u00e1stasis final o infierno ad tempus (DS 41 1).<\/p>\n<p>El planteamiento doctrinal resulta bastante mesurado, sin que se especifique nada sobre la condici\u00f3n concreta del infierno, o sea, sobre la modalidad de las penas, de las que se dice sin embargo que no son iguales para todos los condenados (DS 858; 1306); tampoco se habla de la topografta infernal, etc.<\/p>\n<p>La \u00fanica distinci\u00f3n se refiere al contenido de la pena del infierno que es poena damni, es decir, p\u00e9rdida perpetua de la visi\u00f3n de Dios, pero tambi\u00e9n poena sensus, que indica la situaci\u00f3n dolorosa del infierno (DS 780) y que prev\u00e9 la implicaci\u00f3n de la corporeidad humana despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n de los muertos. La teolog\u00ed\u00ada de hoy prefiere abandonar las cuestiones teol\u00f3gicas, por otra parte insolubles, sobre el 1ugar del infierno, la modalidad de las penas, el n\u00famero de los condenados, etc., que tanto estimaba la teolog\u00ed\u00ada de los siglos pasados, prefiriendo presentar el infierno como aquella situaci\u00f3n post mortem, no querida por Dios, sino provocada por el hombre, que puede tener ya su fase incoativa en la historia para cristalizar luego para siempre en la escatolog\u00ed\u00ada. As\u00ed\u00ad se subraya la importancia de la vida hist\u00f3rica &#8211; del hombre en relaci\u00f3n con su destino eterno; es en la vida terrena donde se configura la bienaventuranza y la condenaci\u00f3n, seg\u00fan se adhiera uno totalmente al misterio de Cristo o se muestre indiferente o -peor a\u00fan- contrario al mismo.<\/p>\n<p>Existe, por tanto, la posibilidad de que el hombre se pierda definitivamente, por no alcanzar nunca la estructura antropol\u00f3gica perfecta: y esto ha de anunciarse tambi\u00e9n hoy, por fidelidad al kerigma integral de Jes\u00fas y de la Iglesia apost\u00f3lica. El infierno es entonces la falta de cumplimiento definitivo.<\/p>\n<p>la imperfecci\u00f3n eterna del hombre, su fracaso global en cuanto p\u00e9rdida definitiva de la relaci\u00f3n con Dios y con su obra de salvaci\u00f3n y de la perfecci\u00f3n del hombre. Como tal, el infierno es una situaci\u00f3n eterna, irreversible, en cuanto que ese aspecto es consiguiente al alejamiento del hombre respecto a Dios: es un rechazo de Dios que se hace irreversible y del que Dios toma nota, llevando a cabo una ratificaci\u00f3n substancial del mismo.<\/p>\n<p>T, Stancati<\/p>\n<p>Bibl.: K. Rahner lnfierno, en SM. III, 903907. C. Pozo, La retribuci\u00f3n del impio, en Teologia del m\u00e1s all\u00e1, Ed, Cat\u00f3lica. Madrid 1980, 423-462; J L, Ruiz de la Pe\u00f1a. La, muerte eterna. en La otra dimensi\u00f3n, Sal Terrae. Santander 1986, 251-271.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>Palabra que emplean la traducci\u00f3n cat\u00f3lica Torres Amat, la Versi\u00f3n Valera de 1909 y otras para traducir el t\u00e9rmino hebreo sche\u00c2\u00b4\u00f3hl y el griego h\u00e1i\u00c2\u00b7des. Torres Amat no es consecuente en la traducci\u00f3n de sche\u00c2\u00b4\u00f3hl, pues lo traduce (a veces con a\u00f1adidos en bastardillas) \u2020\u0153infierno(s)\u2020\u009d 42 veces; \u2020\u0153sepulcro\u2020\u009d 17 veces; \u2020\u0153muerte\u2020\u009d 2 veces, y \u2020\u0153sepultura\u2020\u009d, \u2020\u0153mortuorias\u2020\u009d, \u2020\u0153profundo\u2020\u009d, \u2020\u0153a punto de morir\u2020\u009d y \u2020\u0153abismo\u2020\u009d 1 vez cada una. En la Versi\u00f3n Valera de 1909, sche\u00c2\u00b4\u00f3hl se traduce \u2020\u0153infierno\u2020\u009d 11 veces, \u2020\u0153sepulcro\u2020\u009d 30 veces, \u2020\u0153sepultura\u2020\u009d 13 veces, \u2020\u0153abismo\u2020\u009d 3 veces, \u2020\u0153profundo\u2020\u009d 4 veces, \u2020\u0153huesa\u2020\u009d 2 veces, \u2020\u0153fosa\u2020\u009d 2 veces y \u2020\u0153hoyo\u2020\u009d 1 vez. Esta misma versi\u00f3n siempre traduce h\u00e1i\u00c2\u00b7des por \u2020\u0153infierno(s)\u2020\u009d, traducci\u00f3n que siguen las versiones Torres Amat, Sc\u00ed\u00ado de San Miguel y N\u00e1car-Colunga, salvo en Hechos 2:27, 31.<br \/>\nNo obstante, otras versiones actuales son m\u00e1s uniformes en la traducci\u00f3n. Por ejemplo, la Versi\u00f3n Valera (revisi\u00f3n de 1960) translitera la palabra original como \u2020\u0153seol\u2020\u009d 65 veces y emplea \u2020\u0153profundo\u2020\u009d 1 vez, mientras que utiliza \u2020\u0153Hades\u2020\u009d siempre que aparece en las Escrituras Griegas. Otro tanto ocurre con la palabra griega Gu\u00e9\u00c2\u00b7en\u00c2\u00b7na que, aunque algunos la vierten por \u2020\u0153infierno\u2020\u009d (8 veces en la Versi\u00f3n Valera de 1909), se suele transliterar en la mayor\u00ed\u00ada de las traducciones espa\u00f1olas.<br \/>\nCon respecto al uso de \u2020\u0153infierno\u2020\u009d para traducir estas palabras originales del hebreo y del griego, el Diccionario Expositivo de Palabras del Nuevo Testamento (de W. E. Vine, 1984, vol. 2, p\u00e1g. 187) dice: \u2020\u0153HADES [&#8230;]. Corresponde con \u2020\u02dcSheol\u2020\u2122 en el AT [Antiguo Testamento]. En la RV [Revisi\u00f3n de 1909 de la Versi\u00f3n Valera] del AT y del NT, ha sido desafortunadamente traducido \u2020\u02dcinfierno\u2020\u2122\u2020\u009d.<br \/>\nLa Collier\u2020\u2122s Encyclopedia (1986, vol. 12, p\u00e1g. 28) dice con respecto al \u2020\u0153infierno\u2020\u009d: \u2020\u0153Primero representa al Seol hebreo del Antiguo Testamento y al Hades griego de la Septuaginta y del Nuevo Testamento. Puesto que el Seol de los tiempos veterotestamentarios se refer\u00ed\u00ada simplemente a la morada de los muertos sin indicar distinciones morales, la palabra \u2020\u02dcinfierno\u2020\u2122, seg\u00fan se entiende hoy d\u00ed\u00ada, no es una traducci\u00f3n id\u00f3nea\u2020\u009d.<br \/>\nEs precisamente su acepci\u00f3n moderna lo que hace que el t\u00e9rmino \u2020\u0153infierno\u2020\u009d sea una traducci\u00f3n tan poco \u2020\u02dcid\u00f3nea\u2020\u2122 de las palabras b\u00ed\u00adblicas originales. La Nueva Enciclopedia Larousse (1981, vol. 5, p\u00e1g. 5201) dice bajo \u2020\u0153Infierno\u2020\u009d: \u2020\u0153Originariamente, la voz designaba lo que queda situado \u2020\u02dcm\u00e1s abajo\u2020\u2122 o \u2020\u02dcinferior\u2020\u2122 al espectador\u2020\u009d. As\u00ed\u00ad pues, la palabra \u2020\u0153infierno\u2020\u009d originalmente no comunic\u00f3 ninguna idea de calor o tormento, sino simplemente la de un lugar \u2020\u0153m\u00e1s abajo\u2020\u009d o \u2020\u0153inferior\u2020\u009d, de modo que su significado era muy similar al del sche\u00c2\u00b4\u00f3hl hebreo. Es interesante que incluso en la actualidad esta palabra significa, seg\u00fan la misma enciclopedia, \u2020\u0153lugar subterr\u00e1neo en que sienta la rueda y artificio con que se mueve la m\u00e1quina de la tahona\u2020\u009d.<br \/>\nEl significado que se le da hoy a la palabra \u2020\u0153infierno\u2020\u009d es el mismo que tiene en la Divina Comedia de Dante y el Para\u00ed\u00adso Perdido de Milton, que es completamente ajeno a la definici\u00f3n original de la palabra. Sin embargo, la idea de un \u2020\u0153infierno\u2020\u009d de tormento ardiente se remonta a mucho antes de Dante o Milton. La Grolier Universal Encyclopedia (1971, vol. 9, p\u00e1g. 205) dice bajo \u2020\u0153Infierno\u2020\u009d: \u2020\u0153Los hind\u00faes y los budistas ven el infierno como un lugar de purificaci\u00f3n espiritual y restauraci\u00f3n final. La tradici\u00f3n isl\u00e1mica lo considera un lugar de castigo eterno\u2020\u009d. La idea de sufrir despu\u00e9s de la muerte tambi\u00e9n se halla entre las ense\u00f1anzas religiosas paganas de los pueblos antiguos de Babilonia y Egipto. Las creencias babilonias y asirias hablaban de un \u2020\u0153mundo de ultratumba [&#8230;] plagado de horrores, [&#8230;] presidido por dioses y demonios de gran fuerza y fiereza\u2020\u009d. Los antiguos escritos religiosos de los egipcios, si bien no dec\u00ed\u00adan que hubiese lugar donde se padeciese eternamente en el fuego, hablaban de la existencia de un \u2020\u0153mundo inferior\u2020\u009d en el que hab\u00ed\u00ada \u2020\u0153calderas\u2020\u009d para arrojar a los r\u00e9probos. (The Religion of Babylonia and Assyria, de Morris Jastrow, Jr., 1898, p\u00e1g. 581; El Libro de los Muertos, edici\u00f3n de Juan B. Bergua, Madrid, 1964, p\u00e1gs. 82-85.)<br \/>\nEl dogma del \u2020\u0153infierno\u2020\u009d ha sido una ense\u00f1anza fundamental de la cristiandad durante muchos siglos, por lo que no extra\u00f1a en lo m\u00e1s m\u00ed\u00adnimo el comentario publicado en The Encyclopedia Americana (1956, vol. 14, p\u00e1g. 81): \u2020\u0153Ha causado mucha confusi\u00f3n y desconcierto el que los primeros traductores de la Biblia tradujesen sistem\u00e1ticamente el Seol hebreo y el Hades y el Gehena griegos por la palabra infierno. La simple transliteraci\u00f3n de esas palabras en ediciones revisadas de la Biblia no ha bastado para paliar de modo importante esta confusi\u00f3n y malentendido\u2020\u009d. Sin embargo, tal transliteraci\u00f3n y el que las palabras originales se traduzcan de manera consecuente permite que el estudiante de la Biblia haga una comparaci\u00f3n exacta de los textos en los que aparecen estas palabras originales, y llegue a una comprensi\u00f3n objetiva y correcta de su verdadero significado. (V\u00e9anse GEHENA; HADES; SEOL; SEPULCRO; T\u00ed\u0081RTARO.)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia<\/b><\/p>\n<p>Desde el punto de vista de la revelaci\u00f3n o de la historia de la teolog\u00ed\u00ada, la representaci\u00f3n del infierno como lugar y estado de perdici\u00f3n definitiva del hombre, se remonta en primer lugar al concepto vetero-testamentario del scheol como \u00ablugar\u00bb y estado de los muertos (mundo inferior). Tras una larga historia de reflexi\u00f3n, la interpretaci\u00f3n de tal estado poco a poco se fue diferenciando cualitativamente de acuerdo con la vida previa, buena o mala, de los muertos, con lo que el scheol de la condenaci\u00f3n (1QH 3, 19) pas\u00f3 a ser entendido como la suerte definitiva de los malos (Gehenna; cf. LThK v 445s [bibl. ] ). Tambi\u00e9n dej\u00f3 sentir su influencia efectiva en la formaci\u00f3n de esta idea la representaci\u00f3n de un fuego judicial en el valle de Hinnom (Jer 7, 32; 19, 6; Is 66, 24).<\/p>\n<p>2. De acuerdo con la teolog\u00ed\u00ada de su tiempo, Jes\u00fas (al igual que el Bautista, habla en sus amenazas escatol\u00f3gicas del i. como lugar del castigo eterno, que ha sido dispuesto no s\u00f3lo para el demonio y sus \u00e1ngeles (Mt 25, 41), sino tambi\u00e9n para todos los que rechazan con una actitud incr\u00e9dula y negativa la salvaci\u00f3n ofrecida por Dios (Mt 5, 29 par; 13, 42.50; 22, 13, etc.). El i. es un lugar en el que arde un fuego inextinguible, eterno (Mt 5, 22; 13, 42.50; 18, 9, etc.), donde se dan las tinieblas y el gemir y rechinar de dientes (Mt 8, 12; 22, 13; 25, 30, etc.). Id\u00e9ntica es la caracterizaci\u00f3n de Ap 14, 10; 20, 10; 21, 8. Pablo, con un lenguaje teol\u00f3gico abstracto, habla del i. como la corrupci\u00f3n eterna, el ocaso y la perdici\u00f3n (2 Tes 1, 9, etc\u00e9tera; Rom 9, 22; Flp 3, 19; 2 Tes 2, 10, etc\u00e9tera).<\/p>\n<p>3. El magisterio eclesi\u00e1stico ense\u00f1a la existencia del i. (Dz 16 40 429 464 693 717 835 840; cf. la interpretaci\u00f3n m\u00e1s adelante 4c) y su duraci\u00f3n eterna contra la doctrina de la -> apocat\u00e1stasis de Or\u00ed\u00adgenes y de otros padres (Dz 211). Con una eliminaci\u00f3n (hermen\u00e9uticamente importante) de modelos temporales de representaci\u00f3n aplicados a la vida de los muertos, el magisterio eclesi\u00e1stico subraya, contra la doctrina de un estado intermedio de los condenados antes del juicio universal, la inmediata existencia del i. despu\u00e9s de la muerte (Dz 464 531). M\u00e1s all\u00e1 de una cierta distinci\u00f3n entre la privaci\u00f3n de la visi\u00f3n de Dios (poena damni) y los tormentos (poena sensus [Dz 410]), no hay declaraciones oficiales acerca del tipo de los castigos del infierno, aun cuando la doctrina del magisterio habla de diferencias en tales castigos (Dz 464 693).<\/p>\n<p>4. Desde el punto de vista sistem\u00e1tico y kerygm\u00e1tico hay que hacer estas observaciones sobre la doctrina del infierno.<\/p>\n<p>a) Para una idea correcta del tema han de tenerse en cuenta todas las reglas de hermen\u00e9utica de las afirmaciones escatol\u00f3gicas (-> escatolog\u00ed\u00ada, -> nov\u00ed\u00adsimos), que tambi\u00e9n deben tomarse en consideraci\u00f3n de cara a la predicaci\u00f3n sobre el i. Esto significa que cuanto la Escritura dice sobre el i., de acuerdo con el car\u00e1cter escatol\u00f3gico de la amenaza, no debe entenderse como un reportaje anticipado acerca de algo que alg\u00fan d\u00ed\u00ada ocurrir\u00e1, sino como descubrimiento de la situaci\u00f3n en la que el hombre llamado se encuentra ahora realmente. Ese hombre es el sujeto que se halla ante una decisi\u00f3n de consecuencias irreversibles; es \u00e9l quien puede perderse definitivamente al rechazar el ofrecimiento de la salvaci\u00f3n divina. Las met\u00e1foras con las que Jes\u00fas describe la perdici\u00f3n definitiva del hombre, como posibilidad que le amenaza ahora, son im\u00e1genes (fuego, gusano, tinieblas, etc.) que est\u00e1n tomadas de la -> apocal\u00ed\u00adptica contempor\u00e1nea. Todas quieren decir lo mismo: la posibilidad de la perdici\u00f3n definitiva del hombre y su alejamiento de Dios en todas las dimensiones de su existencia. Partiendo de aqu\u00ed\u00ad se puede conocer que, por ejemplo, la cuesti\u00f3n discutida de si el \u00abfuego\u00bb del i. debe entenderse metaf\u00f3ricamente o en un sentido \u00abreal\u00bb est\u00e1 ya mal planteada. Pues el \u00abfuego\u00bb (y palabras semejantes) significa de modo figurado una cosa que, por pertenecer radicalmente al m\u00e1s all\u00e1, nunca puede expresarse en sus propios \u00abfen\u00f3menos\u00bb y as\u00ed\u00ad, incluso cuando aparentemente se la designa en forma muy abstracta, siempre se la menciona en \u00abimagen\u00bb. Asimismo el \u00abperderse\u00bb es una expresi\u00f3n figurada. Con esto no interpretamos el \u00abfuego\u00bb de forma \u00abpsicol\u00f3gica\u00bb. Este se refiere al aspecto transcendente a la conciencia, a la dimensi\u00f3n c\u00f3smica y objetiva de la perdici\u00f3n. Del mismo modo que la bienaventuranza en la proximidad inmediata de Dios significa la apertura amorosa y beatificante al mundo transfigurado, que sigue siendo el mundo humano y f\u00ed\u00adsico que nos rodea, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n la perdici\u00f3n implica una definitiva oposici\u00f3n al mundo permanente y perfecto, la cual se convierte en tormento. Por tanto son superfluas las especulaciones acerca del \u00ablugar\u00bb del infierno. En todo caso no podemos situarlo en el espacio c\u00f3smico accesible a nuestra experiencia.<\/p>\n<p>b) Desde el punto de vista kerygm\u00e1tico cabe decir lo siguiente en orden a la predicaci\u00f3n sobre el i.: \u00abEl desarrollo teol\u00f3gico del dogma no puede pues, hacerse razonablemente situando en primer plano una especulaci\u00f3n objetiva sobre el m\u00e1s all\u00e1, sino que ha de llevarse a cabo mostrando sobre todo el sentido existencial de las afirmaciones acerca del i. Por tanto no puede ser tarea de la teolog\u00ed\u00ada el dise\u00f1o de hechos concretos y detallados del m\u00e1s all\u00e1 (p. ej., en lo relativo al n\u00famero de los condenados y a la crueldad de sus tormentos, etc.). Al contrario, su misi\u00f3n sigue siendo mantener el dogma del i. en todo el rigor de sus exigencias reales, para cumplir as\u00ed\u00ad el prop\u00f3sito de la revelaci\u00f3n, que es conducir al hombre a dominar su vida teniendo en cuenta la posibilidad real de una condenaci\u00f3n eterna e imponer una seriedad radical a la existencia. La fundamental referencia a este sentido salv\u00ed\u00adfico del dogma debe ser, pues, la pauta y el hilo conductor de toda especulaci\u00f3n\u00bb (J. Ratzinger: LThK2 v 448).<\/p>\n<p>c) Hasta qu\u00e9 punto se realiza de hecho en el hombre esta posibilidad de eterna perdici\u00f3n tampoco la revel\u00f3 claramente Jes\u00fas en sus discursos acerca del juicio, si consideramos la aut\u00e9ntica naturaleza de los mismos como una llamada a la decisi\u00f3n. En dependencia de eso, tampoco existe decisi\u00f3n alguna del magisterio eclesi\u00e1stico, cuyas manifestaciones deben entenderse de la misma manera que los discursos de Jes\u00fas acerca del juicio, de los que son una repetici\u00f3n. Por esta raz\u00f3n la predicaci\u00f3n del p\u00falpito no deber\u00ed\u00ada invocar las visiones de los santos, ni las revelaciones privadas, ni las opiniones teol\u00f3gicas. Una actitud positiva o negativa respecto a este problema, que se situase fuera del contexto de esa llamada a la decisi\u00f3n, estar\u00ed\u00ada de antemano en contradicci\u00f3n con el sentido de los enunciados relativos al i. Hay que compaginar las afirmaciones acerca del poder de la universal voluntad -> salv\u00ed\u00adfica de Dios (en -> salvaci\u00f3n), de la -> redenci\u00f3n de todos en Cristo y de la obligaci\u00f3n de esperar la salvaci\u00f3n con la afirmaci\u00f3n relativa a la posibilidad real de una condenaci\u00f3n eterna. Por eso se debe rechazar toda utilizaci\u00f3n ligera del dogma del i. (p. ej., en la predicaci\u00f3n sobre el pecado), en especial si se pretende infundir un temor servil, que no justifica, y que actualmente no es fidedigno para los hombres. La predicaci\u00f3n acerca del i. debe descubrir al hombre de hoy toda la seriedad de la p\u00e9rdida de la salvaci\u00f3n eterna que le amenaza, seriedad que \u00e9l ha de aceptar de lleno sin contar marginalmente con una -> apocat\u00e1stasis. Junto a la clara acentuaci\u00f3n del i. como posibilidad de eterno endurecimiento, debe alentar igualmente una entrega confiada y llena de esperanza a la infinita -> misericordia de Dios.<\/p>\n<p>d) La eternidad del infierno puede y debe explicarse hoy (de acuerdo con Tom\u00e1s de Aquino) como consecuencia y no como causa o realidad independiente de la obstinaci\u00f3n interna (como negativa a la gracia dada para la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica), la cual a su vez proviene de la naturaleza de la  libertad y no est\u00e1 en contradicci\u00f3n con ella, puesto que la libertad es voluntad y posibilidad de poner lo definitivo, y no la posibilidad de una revisi\u00f3n siempre renovada de las decisiones; y puesto que la -> \u00abeternidad\u00bb no es la duraci\u00f3n temporal que se esconde tras la historia de la libertad, sino el estado definitivo de la historia realizado por el hombre; en consecuencia el i. es eterno, y as\u00ed\u00ad constituye una manifestaci\u00f3n de la justicia de Dios. No hay que entender el i. como una radical medida punitiva, impuesta accesoriamente por un Dios vengador, que castiga a aquel que se enmendar\u00ed\u00ada con la remisi\u00f3n de este castigo. Dios s\u00f3lo \u00abact\u00faa\u00bb en el castigo del infierno en cuanto no arroja al hombre de la realidad definitiva que \u00e9l mismo se ha creado y no lo arranca de su contradicci\u00f3n al mundo como creaci\u00f3n divina. Por esta raz\u00f3n es poco adecuado para entender el i. el modelo de un castigo vindicativo, propio de la sociedad civil, que imponi\u00e9ndolo se protege contra los perturbadores de su orden.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: 1. EN LA HISTORIA DE LAS RELIGIONES: Billerbeck IV 1016-1165; KSnig H 1 634 s (Reg. s. v. 7enseits) 669 (Reg. s. v. Unterwelt); J. Jeremias: ThW I 9 149-150 655 s; J. Kroll, Gott und Halle. Der Mythos vom Descensuskampfe (Darmstadt 1964). &#8211; 2. EN Le, SAGRADA ESCRITURA: P. Volz, Die Eschatologie der j\u00fcdischen Gemeinde im ntl. Zeitalter (T 21934) 256-272; Eichrodt I 58 s 143-147; E. SJdberg, Gott und die S\u00fcnde im palestinensischen Judentum (St  B 1938). &#8211; 3. EN LA TEOLOG\u00ed\u008dA SISTEM\u00ed\u0081TICA: Schmaus D IV l2 452-510 (bibl.); Rahner IV 411-440 (Principios teol\u00f3gicos de la hermen\u00e9utica de las declaraciones escatol\u00f3gicas); H. U. v. Balthasar, Eschatologie: FThH 403-421; A. Winklhofer, Das Kommen seines Reiches (F 21967) 82-108 315-322; RGG3 III 406 s; DSAM IV 729-745 (bibl.); K. Adam, Zum Problem der Apokatastasis: ThQ 131 (1951) 129-138; F. Schauer, Was ist es um die Halle? (St 1956); G. Bardy y otros, L&#8217;enfer (P 1950); J. Stufier, Die Theorie der freiwilligen Verstocktheit (I 1905); J. Dani\u00e9lou, Vom Geheimnis der Geschichte (St 1956); M. Richard: DThC V 28-120; J. P. O&#8217;Connell, The Eschatology of St. Jerome (Mundelein [Ill.) 1948); M. Pontifex, The Doctrine of Hell: DR 71 (1953) 135-152; S. Merkle, Augustin tibor die Unterbrechung der Hallestrafen: Aurelius Augustinus, bajo la dir. de M. Grabmann  J. Mausbach (Ka 1930) 197-201; W. Kreck, Die Zukunft des Gekommenen. Grundproblem der Eschatologie (Mn 1961) 139-148; J. B. Agar, The Doom of the Lost: ExpT 22 (1910-11) 207 ss; A. Roets, De hel: CollBrugGand 9 (1963) 190-210; F. v. HJgel, What do we mean by heaven and wbat do we mean by hell? Essays and Addresses on the Philosophy of Religion (Lo 1949-51) 195-224. &#8211; 4. EN LA PASTORAL: B. Schuler, Die H811e. &#8211; ist sie wirklich ein seelsorgliches Problem?: ThGl 45 (1955) 348-358.<\/p>\n<p>Karl Rahner<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n<p>A. NOMBRE geenna (geevnna, 1067) representa el t\u00e9rmino hebreo Ge-Hinnom (el valle de Tofet) y una palabra aramea correspondiente. Se encuentra doce veces en el NT, once de ellas en los Evangelios Sin\u00f3pticos, y en cada caso es mencionado por el mismo Se\u00f1or. El que le diga a su hermano, fatuo (v\u00e9ase bajo INSENSATO), quedar\u00e1 expuesto \u00abal infierno de fuego\u00bb (Mat 5:22); es mejor arrancar (descripci\u00f3n metaf\u00f3rica de una ley irrevocable) un ojo que haga caer a su poseedor, que no que \u00abtodo su cuerpo sea echado al infierno\u00bb (v. 29); similarmente con la mano (v. 30). En Mat 18:8,9 se repiten las amonestaciones, con una menci\u00f3n adicional al pie. Aqu\u00ed\u00ad, tambi\u00e9n la advertencia va dirigida a la persona misma, a la que se refiere evidentemente el t\u00e9rmino \u00abcuerpo\u00bb en el cap. 5. En el v. 8, \u00abel fuego eterno\u00bb es mencionado como la condenaci\u00f3n, d\u00e1ndose el car\u00e1cter de la regi\u00f3n por la misma regi\u00f3n, quedando ambos aspectos combinados en la frase \u00abel infierno de fuego\u00bb (v. 9). El pasaje de Mc 9.43-47 es paralelo al de Mat 18: En este se a\u00f1aden descripciones m\u00e1s extensas, como \u00abfuego que no puede ser apagado\u00bb y \u00abdonde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga\u00bb. El hecho de que Dios \u00abdespu\u00e9s de haber quitado la vida, tiene poder de echar en el infierno\u00bb, constituye una raz\u00f3n para que se le tema con el temor que preserva del mal hacer (Luk 12:5); el pasaje paralelo a este en Mat 10:28 declara, no el arrojamiento adentro, sino la p\u00e9rdida que sigue, esto es, la destrucci\u00f3n (no la p\u00e9rdida del ser, sino del bienestar) del \u00abalma y el cuerpo en el infierno\u00bb. En Mat_23 el Se\u00f1or denuncia a los escribas y fariseos, que, al proselitizar a alguien, lo hac\u00ed\u00adan \u00abdos veces m\u00e1s hijos del infierno\u00bb que ellos mismos (v. 15), siendo esta frase expresiva de car\u00e1cter moral, y anuncia la imposibilidad de que escapen \u00abde la condenaci\u00f3n del infierno\u00bb (v. 33). En Jam 3:6 se describe el infierno como la fuente del mal hecho por el mal uso de la lengua. Aqu\u00ed\u00ad la palabra significa los poderes de las tinieblas, cuyas caracter\u00ed\u00adsticas y destino son los del infierno.\u00c2\u00b6 Para t\u00e9rminos descriptivos del infierno, v\u00e9anse, p.ej., Mat 13:42; 25.46; Phi 3:19; 2Th 1:9; Heb 10:39; 2Pe 2:17; Jud_13; Rev 2:11; 19.20; 20.6, 10, 14; 21.8. Notas: (1) Para \u00abinfierno\u00bb como traducci\u00f3n de Hades, como sucede en la RV, v\u00e9ase HADES. B. Verbo tartaroo (tartarovw, 5020), v\u00e9ase ARROJAR, N\u00c2\u00ba 5.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Vine Nuevo testamento<\/b><\/p>\n<p>Jesucristo descendi\u00f3 a los infiernos, el condenado desciende al infierno: estos dos art\u00ed\u00adculos de fe designan dos gestos diferentes y suponen dos condiciones diferentes. Las *puertas de los infiernos adonde descendi\u00f3 Jesucristo se abrieron para dar suelta a sus cautivos, mientras que el infierno adonde desciende el condenado se cierra para siempre tras \u00e9l. Sin embargo, la palabra es la misma, lo cual no es mera coincidencia ni paralelismo arbitrario, sino una l\u00f3gica profunda y expresi\u00f3n de una verdad capital. Los infiernos son, como el infierno, el reino de la *muerte, y sin Cristo no habr\u00ed\u00ada en el mundo m\u00e1s que un solo infierno y una sola muerte, la muerte eterna, la muerte en posesi\u00f3n de todo su poder. Si existe una \u00abmuerte segunda\u00bb (Ap 21,8), separable de la primera, es que Jesucristo con su muerte destruy\u00f3 el reinado de la muerte. Por haber bajado Jes\u00fas a los infiernos, los infiernos no son ya el infierno, pero lo ser\u00ed\u00adan si no hubiese bajado; tienen relaci\u00f3n con el infierno y llevan sus rasgos, por lo cual en el *juicio final los infiernos, el Hades, vienen a parar en el infierno y en su puesto normal en el estanque de fuego (Ap 20, 14). He ah\u00ed\u00ad por qu\u00e9, si bien las im\u00e1genes del infierno en el AT son todav\u00ed\u00ada ambiguas y no tienen todav\u00ed\u00ada car\u00e1cter absoluto, sin embargo, Jesucristo las utiliza para designar la condenaci\u00f3n eterna; es que son m\u00e1s que im\u00e1genes, son la realidad de lo que ser\u00ed\u00ada el mundo sin \u00e9l.<\/p>\n<p>AT. 1. LAS REPRESENTACIONES DE BASE. 1. Los infiernos, morada de los muertos. En el antiguo Israel los infiernos, el seol, son \u00abel punto de cita de todos los vivos\u00bb (Job 30,23). Como otros muchos pueblos, tambi\u00e9n Israel imagina la vida de ultratumba de los muertos como una *sombra de existencia, sin valor y sin alegr\u00ed\u00ada. El leal es el marco que re\u00fane estas sombras: se lo imagina como una tumba, \u00abun agujero\u00bb, \u00abun pozo\u00bb, \u00abuna fosa\u00bb (Sal 30,10; Ez 28, 8) en lo m\u00e1s profundo de la tierra (Dt 32,22), m\u00e1s all\u00e1 del abismo subterr\u00e1neo (Job 26,5; 38,16s), donde reina una obscuridad profunda (Sal 88,7.13), donde \u00abla claridad misma se parece a la *noche sombr\u00ed\u00ada\u00bb (Job 10,21s). All\u00e1 \u00abdescienden\u00bb todos los vivientes (Is 38,18; Ez 31,14) y ya no volver\u00e1n a subir jam\u00e1s (Sal 88, 10; Job 7,9). No pueden ya alabar a Dios (Sal 6,6), esperar en su justicia (88,11ss) o \u00e9n su fidelidad (30, 10; Is 38,18). Es el desamparo total (Sal 88,6).<\/p>\n<p>2. Los poderes infernales desencadenados sobre la tierra. Descender a estos infiernos colmado de d\u00ed\u00adas, al final de una vejez dichosa, para \u00abencontrarse uno con sus *padres\u00bb (G\u00e9n 25,8), tal es la suerte com\u00fan de la humanidad (Is 14,9-15; Job 3,11-21) y as\u00ed\u00ad nadie tiene por qu\u00e9 quejarse. Pero con mucha frecuencia el leal no aguarda esta hora ; como un monstruo insaciable (Prov 27,20; 30, 16) acecha la presa y la arrebata en pleno vigor (Sal 54,16). \u00abEn el mediod\u00ed\u00ada de sus d\u00ed\u00adas\u00bb ve Ezequ\u00ed\u00adas abr\u00ed\u00adrsele \u00ablas *puertas del leo!\u00bb (Is 38,10). Esta irrupci\u00f3n de las fuerzas infernales \u00absobre la tierra de los vivos\u00bb (38, 11) es el drama y el esc\u00e1ndalo (Sal 18,6; 88,4s).<\/p>\n<p>II. EL INFIERNO DE LOS PECADORES. Este esc\u00e1ndalo es uno de los resortes de la revelaci\u00f3n. El aspecto tr\u00e1gico de la *muerte manifiesta el desorden del mundo, y uno de los ejes del pensamiento religioso israelita est\u00e1 en descubrir que este desorden es fruto del *pecado. A medida que se va afirmando esta conciencia, los rasgos del infierno adoptan una figura cada vez m\u00e1s siniestra. Abre sus fauces para englutir a Kor\u00e9, Dat\u00e1n y Abir\u00f3n (N\u00fam 16,32s), pone en juego todo su poder para devorar \u00abla gloria de Si\u00f3n y a su muchedumbre ruidosa, sus gritos, su alegr\u00ed\u00ada\u00bb (Is 5, 14), hace desaparecer a los *imp\u00ed\u00ados en el espanto (Sal 73,19).<\/p>\n<p>Israel conoci\u00f3 dos im\u00e1genes especialmente expresivas de este fin terror\u00ed\u00adfico : la consunci\u00f3n por las llamas, de Sodoma y de Gomorra (G\u00e9n 19,23; Am 4,11; Sal 11,6) y la devastaci\u00f3n del paraje de Tofet, en el valle de la Gehena, lugar de placer destinado a convertirse en lugar de horror, donde \u00abse ver\u00e1n los cad\u00e1veres de los que se rebelaron contra m\u00ed\u00ad, cuyo gusano no morir\u00e1 y cuyo fuego no se extinguir\u00e1\u00bb (Is 66,24).<\/p>\n<p>La muerte en el *fuego, y perpetu\u00e1ndose indefinidamente en la corrupci\u00f3n son ya las im\u00e1genes evang\u00e9licas del infierno. Es un infierno, que no es ya el infierno, por decirlo as\u00ed\u00ad, \u00abnormal\u00bb que era el leo!, sino un infierno que se puede decir ca\u00ed\u00addo del *cielo, \u00abvenido de Yahveh\u00bb (G\u00e9n 19,24). Si re\u00fane \u00abel abismo sin fondo\u00bb y \u00abla lluvia de fuego\u00bb (Sal 140,11), la imagen del seol y el recuerdo de Sodoma, es que este infierno est\u00e1 encendido por \u00abel soplo de Yahveh\u00bb (Is 30,33) y por el \u00abardor de su *ira\u00bb (30,27).<\/p>\n<p>Este infierno prometido a los pecadores no pod\u00ed\u00ada ser la suerte de los justos, sobre todo cuando \u00e9stos, para mantenerse fieles a Dios, ten\u00ed\u00adan que sufrir la *persecuci\u00f3n de los pecadores y a veces la muerte. Es l\u00f3gico que del \u00abpa\u00ed\u00ads del polvo\u00bb, el seol tradicional, donde duermen confundidos los santos y los imp\u00ed\u00ados, despierten \u00e9stos para \u00abel horror eterno\u00bb y sus v\u00ed\u00adctimas despierten \u00abpara la *vida eterna\u00bb (Dan 2,12). Y mientras el Se\u00f1or entrega a los justos su recompensa, \u00abarma a la creaci\u00f3n para castigar a sus enemigos\u00bb (Sab 5,15ss). El infierno no se localiza ya en lo profundo de la tierra, sino que es \u00abel universo desencadenado contra los insensatos\u00bb (5,20). Los evangelios utilizan estas im\u00e1genes: \u00abEn la morada de los muertos\u00bb donde el rico es \u00abatormentado por las llamas\u00bb reconoce a L\u00e1zaro \u00aben el seno de Abraham\u00bb, pero entre ellos se abre infranqueable \u00abun gran abismo\u00bb (Le 16,23-26). Fuego y abismo, la *ira de Dios y la *tierra que se abre, la *maldici\u00f3n de Dios y la hostilidad de la *creaci\u00f3n, tal es el infierno.<\/p>\n<p>NT. I CRISTO HABLA DEL INFIERNO. Si acaso es problem\u00e1tico sacar de la par\u00e1bola del rico avariento, que se sirve de las representaciones jud\u00ed\u00adas, una afirmaci\u00f3n decisiva del Se\u00f1or sobre el infierno, en todo caso hay que tomar en serio a Jes\u00fas cuando utiliza las m\u00e1s violentas y m\u00e1s despiadadas im\u00e1genes escritur\u00ed\u00adsticas del infierno: \u00abel llanto y crujir de dientes en el horno ardiente\u00bb (Mt i3,42), \u00abla gehena, donde su gusano no muere y el *fuego no se apaga\u00bb (Mc 9,43-48; cf. Mt 5,22), donde Dios puede \u00abperder el *alma y el *cuerpo\u00bb (Mt 10,28).<\/p>\n<p>La gravedad de estas afirmaciones est\u00e1 en que son formuladas por el mismo que tiene poder para arrojar al infierno. Jes\u00fas no habla s\u00f3lo del infierno como de una realidad amenazadora: anuncia que \u00e9l mismo \u00abenviar\u00e1 a sus \u00e1ngeles a arrojar en el horno ardiente a los fautores de iniquidad\u00bb (Mt 13,41s) y pronunciar\u00e1la *maldici\u00f3n: \u00ab\u00c2\u00a1Apartaos de m\u00ed\u00ad, malditos, al fuego eterno!\u00bb (Mt 25, 41). El Se\u00f1or es quien declara: \u00abNo os *conozco\u00bb (25,12), \u00abArrojadlos fuera, a las tinieblas\u00bb (25,30).<\/p>\n<p>II. JESUCRISTO DESCENDI\u00ed\u201c A LOS INFIERNOS. La bajada de Cristo a los infiernos es un art\u00ed\u00adculo de fe y es, en efecto, un dato cierto del NT. Si es muy dif\u00ed\u00adcil determinar el valor de ciertos textos y lo que fue su \u00abpredicaci\u00f3n a los esp\u00ed\u00adritus que estaban en la prisi\u00f3n, incr\u00e9dulos en otro tiempo&#8230; en los d\u00ed\u00adas en que No\u00e9 constru\u00ed\u00ada el arca\u00bb (lPe 3,19s), lo cierto es que esta bajada de Jes\u00fas a los infiernos significa a la vez la realidad de su *muerte de hombre y su triunfo sobre la misma. Si \u00abDios lo libr\u00f3 de los horrores del Hades\u00bb (es decir, del seol, Act 2,24), lo hizo sumergi\u00e9ndole primero en ellos, aunque sin abandonarle jam\u00e1s (2,31). Si Cristo en el misterio de la ascensi\u00f3n \u00absubi\u00f3 por encima de todos los cielos\u00bb, es que tambi\u00e9n hab\u00ed\u00ada \u00abbajado a las regiones inferiores de la tierra\u00bb, y esta siniestra bajada era necesaria para que pudiera \u00abllenar todas las cosas\u00bb y reinar como Se\u00f1or sobre el universo (Ef 4,9s). La fe cristiana confiesa que Jesucristo es el se\u00f1or en el cielo despu\u00e9s de haber ascendido de entre los muertos (Rom 10,e-10).<\/p>\n<p>III. LAS PUERTAS INFERNALES, FORZADAS. Por su muerte triunf\u00f3 Cristo del \u00faltimo enemigo, la *muerte (lCor 15,26), y forz\u00f3 las puertas infernales. La muerte y el Hades hab\u00ed\u00adan estado siempre al descubierto a la mirada de Dios (Am 9,2; Job 26,6) y ahora se ven obligados a restituir los muertos que retienen (Ap 20,13; cf. Mt 27,52s). Hasta la muerte del Se\u00f1or era el infierno \u00abel punto de cita de toda carne\u00bb, el t\u00e9rmino fatal de llegada de una humanidad exilada de Dios, y nadie ped\u00ed\u00ada salir antes de Cristo, \u00abprimicias de los que duermen\u00bb (1Cor 15,20-23), \u00abprimog\u00e9nito de entre los muertos\u00bb (Ap 1,5). Para la humanidad condenada en *Ad\u00e1n a la muerte y a la separaci\u00f3n de Dios, la *redenci\u00f3n es la abertura de las *puertas infernales, el don de la vida eterna. La *Iglesia es el fruto y el instrumento de esta victoria (Mt 16,18).<\/p>\n<p>Pero Cristo, ya antes de su venida, es prometido y esperado. El hombre del AT, en la medida en que acoge esta promesa, ve iluminarse sus infiernos con una claridad que se convierte en certeza. Y viceversa, en la medida en que la rechaza se convierten sus infiernos en infierno, \u00e9l mismo se sume en un abismo, en el que el poder de *Sat\u00e1n se hace m\u00e1s horroroso. Finalmente, cuando aparece Jesucristo, \u00ablos que no obedecen a su Evangelio&#8230; son castigados con una p\u00e9rdida eterna, alejados de la faz del Se\u00f1or\u00bb (2Tes 1,8s) y \u00aben el estanque de fuego\u00bb se encuentran con la muerte y el Hades (Ap 20,14s).<\/p>\n<p>-> Castigos &#8211; Ira &#8211; Fuego &#8211; Juicio &#8211; Maldici\u00f3n &#8211; Muerte &#8211; Pecado &#8211; Retribuci\u00f3n &#8211; Sat\u00e1n.<\/p>\n<p>LEON-DUFOUR, Xavier, Vocabulario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, Herder, Barcelona, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Vocabulario de las Ep\u00edstolas Paulinas<\/b><\/p>\n<ol>\n<li style=\"text-align: justify;\">El Antiguo Testamento. La versi\u00f3n <a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">RV<\/a> 1909 traduce <em>\u0161\u04d9\u02be\u00f4l<\/em> como \u00abinfierno\u00bb, mientras la versi\u00f3n de 1960 en forma correcta pone la transliteraci\u00f3n <em>Seol<\/em>, el nombre del lugar de los muertos (Gn. 37:35). El uso paralelo de <em>\u0161a\u1e25a\u1e6f<\/em> (\u00absepulcro\u00bb, \u00absepultura\u00bb) como en Job 33:24 y Sal. 30:9, indica el horror con que los hombres miraban al ineludible paso por \u00e9l (Sal. 89:48). Las distinciones terrenales subsisten (Is. 14:9) pero los que est\u00e1n en Seol son apartados de Dios y de los hombres (2 S. 12:23; Job 7:9). Dios est\u00e1 presente en el Seol (Job. 26:6; Sal. 139:8), pero no se puede hacer contacto con \u00e9l (Sal. 6:5). Aunque la traducci\u00f3n \u00abinfierno\u00bb puede dar una idea equivocada, hay referencias que conectan Seol con la maldad cometida en vida (Sal. 9:17; Pr. 5:5); Is. 14:15 y Ez. 32:23 podr\u00edan referirse a lugares especiales del Seol destinados para los malvados (v\u00e9ase <em>Destrucci\u00f3n<\/em>). En forma similar, la luz comienza a brillar para los justos (v\u00e9ase <em>Hades<\/em>) (Sal. 16:10; 49:15; Pr. 15:24).<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">El Nuevo Testamento. <em>Geenna<\/em> se traduce \u00abinfierno\u00bb. El hebreo <em>ge\u02be hinn\u014dm<\/em> (\u00abvalle de Hinom\u00bb, 2 R. 23:10) explica el nombre, y el uso que se daba al lugar (un basural, un lugar de fuego perpetuo y de inmundicia) explica el uso de la palabra. La indignidad final que se ofrec\u00eda al criminal ejecutado era que su cuerpo fuese echado en la Gehena (Mt. 5:22). De aqu\u00ed su uso para designar el estado espiritual final de los imp\u00edos en Mt. 10:28 y Mr. 9:43 (v\u00e9ase <em>Destrucci\u00f3n<\/em>).<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">John Alexander Motyer<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\"><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">RV <\/a>Revised Version<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\"><\/a>Harrison, E. F., Bromiley, G. W., &amp; Henry, C. F. H. (2006). <em>Diccionario de Teologi\u0301a<\/em> (317). Grand Rapids, MI: Libros Desafi\u0301o.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Teolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p><p style='text-align:justify;'><span lang=ES style=''>El t\u00e9rmino \u201cinfierno\u201d en el NT traduce la voz gr. que se translitera como \u201cgehena\u201d (Mt. 5.22, 29\u201330; 10.28; 18.9; 23.15, 33; Mr. 9.43, 45, 47; Lc. 12.5; Stg. 3.6). Este nombre se deriva del heb. <\/span><span style=' '>g\u00ea(ben)(b<sup>e<\/sup>n\u00ea) hinn&#333;m<\/span><span lang=ES style=''>, valle (del hijo\/de los hijos) de Hinom, valle cercano a Jerusal\u00e9n (Jos. 15.8; 18.16) en el que se sacrificaban ni\u00f1os pas\u00e1ndolos por el fuego como parte de ciertos ritos paganos (2 R. 23.10; 2 Cr. 28.3; 33.6; Jer. 7.31; 32.35). Su derivaci\u00f3n original es oscura, pero es casi seguro que Hinom fuese el nombre de alguna persona. En escritos jud\u00edos posteriores gehena lleg\u00f3 a significar el lugar de castigo para los pecadores (<i>Asunci\u00f3n de Mois\u00e9s<\/i> 10.10; 2 Esdras 7.36). Se lo describ\u00eda como un lugar de fuego inextinguible; la idea general del fuego como modo de expresar el juicio divino se encuentra en el AT (Dt. 32.22; Dn. 7.10). La literatura rab\u00ednica contiene diversas opiniones acerca de qui\u00e9n sufrir\u00eda el castigo eterno. Era com\u00fan pensar que los sufrimientos de algunos terminar\u00edan mediante la aniquilaci\u00f3n, y que el fuego de la gehena en ciertos casos era un purgatorio (<i>Rosh Hashanah<\/i> 16b\u201317a; <i>Baba Mezi\u2019a<\/i> 58b; Misn\u00e1, <i>Eduyoth<\/i> 2.10). Pero los que sosten\u00edan estas doctrinas tambi\u00e9n ense\u00f1aban la realidad del castigo eterno para ciertas clases de pecadores. Tanto esta literatura como la ap\u00f3crifa afirman la creencia en una retribuci\u00f3n eterna (cf. Judit 16.17; <i>Salmos de Salom\u00f3n<\/i> 3.13).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>La ense\u00f1anza del NT apoya esta antigua creencia. El fuego del infierno es inextinguible (Mr. 9.43) y eterno (Mt. 18.8), y su castigo es lo opuesto a la vida eterna (Mt. 25.46). No se supere en ninguna parte que los que entran al infierno volver\u00e1n a salir de all\u00ed alg\u00fan d\u00eda. No obstante, el NT permite la posibilidad de que, si bien el infierno como manifestaci\u00f3n de la ira implacable de Dios contra el pecado es infinita, puede no serlo la existencia de quienes sufren en \u00e9l. Resulta dif\u00edcil reconciliar el cumplimiento final de todo el universo en Cristo (Ef. 1.10; Col. 1.20) con la imperecedera existencia de los que lo rechazan. Algunos entendidos han afirmado que castigo eterno es el que lo es en sus efectos; de cualquier manera, eterno no necesariamente significa que no tendr\u00e1 fin, sino que quiere decir, \u201clarga duraci\u00f3n que se extiende hasta el horizonte mental del escritor\u201d (J. A. Beet). Por otra parte, Ap. 20.10 indica un tormento consciente y sin fin para el diablo y sus agentes, aunque en un pasaje altamente simb\u00f3lico, y algunos hasta afirmar\u00edan que un fin semejante espera a los seres humanos que en \u00faltima instancia se niegan a arrepentirse. De cualquier modo, no debe permitirse que nada desmerezca la seriedad de las advertencias de nuestro Se\u00f1or acerca de la terrible realidad del juicio de Dios en el mundo venidero.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>En Stg. 3.6 la gehena, como el pozo del abismo de Ap. 9.1ss; 11.7, aparece como la fuente del mal en la tierra.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Las met\u00e1foras neotestamentarias sobre el castigo eterno no son uniformes. Adem\u00e1s de fuego, se lo describe como tinieblas (Mt. 25.30; 2 P. 2.17), muerte (Ap. 2.11), perdici\u00f3n y exclusi\u00f3n de la presencia del Se\u00f1or (2 Ts. 1.9; Mt. 7.21\u201323), y una deuda que hay que pagar (Mt. 5.25\u201326).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Solamente en 2 P. 2.4 encontramos el verbo <\/span><span style=''>tartaro&#333;<\/span><span lang=ES style=''>, traducido en <\/span><span lang=ES style='font-size:10.0pt;; color:green;text-transform:uppercase'>\u00b0vrv2<\/span><span lang=ES style=''> como \u201carrojar al infierno\u201d, y en la <etiqueta id=\"#_ftn139\" name=\"_ftnref139\" title=\"\">Pes. \u201carrojar a las regiones inferiores\u201d. <\/etiqueta><i>Tartaros<\/i> es la palabra cl\u00e1sica para el lugar de castigo eterno, pero aqu\u00ed se la aplica a la esfera intermedia de castigo para los angeles ca\u00eddos.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=';text-transform:uppercase'>Bibliograf\u00eda.<\/span><span lang=ES style=''> H. Bietenhard, \u201cInfierno\u201d,<i> DTNT<\/i>, t(t). II, pp. 347\u2013353; R. Lachenschmidt, \u201cInfierno\u201d, <i>Sacramentum mundi<\/i>, 1972, t(t). III, cols. 903\u2013910; K. H. Schelkle, <i>Teolog\u00eda del Nuevo Testamento<\/i>, 1978, t(t). IV, pp. 176\u2013184; J. Micht, \u201cInfierno\u201d, <i>\u00b0DTB<\/i>, 1967, cols. 512\u2013515; L. BofF, <i>Hablemos de la otra vida<\/i>, 1978.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>J. A. Beet, <i>The Last Things<\/i>, 1905; S. D. F. Salmond, <i>The Christian Doctrine of Inmortality<\/i>, 1907; J. W. Wenham, <i>The Goodness of God<\/i>, 1974; H. Bietenhard, <i>NIDNTT <\/i>2, pp. 205\u2013210; J. Jeremias, <i>TDNT <\/i>1, pp. 9s., 146\u2013149, 657s.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal align=right style='text-align:right;line-height:normal'><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><etiqueta id=\"#_ftn140\" name=\"_ftnref140\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt; ;color:green'>D.K.I.<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;'>Douglas, J. (2000). Nuevo diccionario Biblico : Primera Edicion. Miami: Sociedades B\u00edblicas Unidas.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico<\/b><\/p>\n<p><h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 Nombre y lugar del Infierno<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-2\">2 Existencia del Infierno<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-3\">3 Eternidad del Infierno<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-4\">4 Impenitencia de los Condenados<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-5\">5 Poena Damni<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-6\">6 Poena Sensus<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-7\">7 Dolores Accidentales de los Condenados<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-8\">8 Caracter\u00edsticas de las Penas del Infierno<\/li>\n<\/ul>\n<h2>Nombre y lugar del Infierno<\/h2>\n<p>                       El t\u00e9rmino hell es  af\u00edn con \u201ccueva\u201d (caverna) y \u201chueco\u201d. Es un sustantivo formado de las palabras anglosajonas helan o behelian, \u201cesconder\u201d. Este verbo tiene el mismo primitivo que el lat\u00edn occulere y celare y que el  griego Kaluptein.   As\u00ed, por derivaci\u00f3n, hell denota un lugar oscuro y oculto. En la antigua  mitolog\u00eda escandinava, Hel era la repulsiva  diosa del inframundo. Solo aquellos ca\u00eddos en batalla pueden entrar al Valhalla; el resto cae al Hel en el inframundo, aunque no todos, sin embargo, al lugar de castigo para los criminales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En su uso teol\u00f3gico infierno (infernus) es un lugar de castigo despu\u00e9s de la muerte. Los  te\u00f3logos distinguen cuatro significados del t\u00e9rmino infierno:\n<\/p>\n<ul>\n<li>infierno, en el sentido estricto del t\u00e9rmino, o el lugar de castigo para los condenados, sean estos demonios u hombres;<\/li>\n<li>el  limbo de los infantes (limbus parvulorum), donde son confinados y padecen cierto tipo de castigo aquellos que murieron con solo el pecado original y sin pecado mortal;<\/li>\n<li> el limbo de los Padres (limbus patrum), en donde las almas de los justos que murieron antes de  Cristo esperaban su admisi\u00f3n al cielo; pues mientras tanto el cielo estaba cerrado para ellos como castigo por el pecado de  Ad\u00e1n;<\/li>\n<li> el Purgatorio, donde los justos que mueren en pecado venial, o que a\u00fan tienen una deuda de la pena temporal por el pecado, son limpiados por el sufrimiento antes de su admisi\u00f3n al cielo.<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">El presente art\u00edculo trata solamente del infierno en el sentido estricto del t\u00e9rmino.\n<\/p>\n<p>La palabra latina  infernus (inferum, inferi), la  griega \u201chades\u201d (ades) y la  hebrea sheol (SHAL)  corresponden a la palabra hell.   Infierno se deriva de la ra\u00edz in; por lo tanto designa al infierno como un lugar dentro y debajo  de la tierra. Aides, formada a partir de la ra\u00edz rid, ver, y el privativo \u0152\u00b1 denota un lugar invisible, escondido y oscuro; por lo tanto es similar al t\u00e9rmino hell.   La derivaci\u00f3n de sheol es  dudosa.  Generalmente se supone que viene de la ra\u00edz hebrea SH`L=SHAL cuyo significado es \u201cestar hundido en, estar vac\u00edo\u201d; en consecuencia denota una cueva o un lugar debajo de la tierra.       En el Antiguo Testamento, ( Set. hades; Vulg. infernus) sheol se usa bastante en general para designar el reino de los muertos, de los  buenos ( G\u00e9n. 37,35) as\u00ed como de los malos ( N\u00fam. 16,30); significa infierno en el sentido estricto del t\u00e9rmino, as\u00ed como tambi\u00e9n el limbo de los Padres.<br \/>\nPero, como el limbo de los Padres termin\u00f3 en el momento de la Ascensi\u00f3n de  Cristo, ades ( Vulg. Infernus) en el Nuevo Testamento siempre designa el infierno de los condenados.   Desde la Ascensi\u00f3n de Cristo, los justos ya no descienden al mundo inferior, sino que moran en el cielo (2  Cor. 5,1). Sin embargo, en el Nuevo Testamento, el t\u00e9rmino Gehena (geena) se usa con mayor frecuencia con preferencia a ades, como un nombre para el lugar de castigo de los condenados.  Gehenna es el hebreo g\u00ea-hinnom ( Neh. 11,30), o la forma larga g\u00ea-ben-hinnom (Josu\u00e9 15,8) y g\u00ea-ben\u00ea-hinnom (2  Rey. 23,10) \u00abvalle de los hijos de Ben Hinnom\u00bb. Hinnom parece ser el nombre de una persona no conocida de otro modo.  El Valle de Hinnom est\u00e1 al sur de Jerusal\u00e9n y hoy es llamado Wadi er-rababi.        En d\u00edas anteriores fue  notorio por ser la escena del horrible culto a Moloc. Por este motivo, Jos\u00edas lo  profan\u00f3 (2 Rey. 23,10), Jerem\u00edas lo  maldijo (Jer. 7,31-33) y los jud\u00edos lo mantuvieron como abominaci\u00f3n, quienes, en consecuencia, utilizaron el nombre de este valle para designar la morada de los condenados (Targ. Jon.,  G\u00e9n. 3,24; Henoch, c. XXVI), y Cristo adopt\u00f3 ese uso del t\u00e9rmino.    <\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Adem\u00e1s de \u201chades\u201d y \u201cgehena\u201d encontramos en el Nuevo Testamento muchos otros nombres para la morada de los condenados.   Se le llama \u201cinfierno inferior\u201d ( Vulg. tartarus T\u00e1rtaro) (2  Ped. 2,4), \u00ababismo\u00bb ( Lc. 8,31 y en otros lugares), \u00ablugar de tormentos\u00bb (Lc. 16,28), \u00ablago de fuego\u00bb ( Apoc. 19,20 y en otros lugares), \u00abhorno de fuego\u00bb ( Mt. 13,42.50), \u00abfuego inextinguible\u00bb (Mt. 3,12 y en otros lugares), \u00abfuego eterno\u00bb (Mt. 18,8; 25,41;  Jud. 7), \u00abtinieblas de fuera\u00bb (Mat. 8,12; 22,13; 25,30), \u00abniebla\u00bb o \u00abtormenta de oscuridad\u00bb (2 Ped. 2,17; Jud. 13).  El estado de los condenados es llamado \u00abdestrucci\u00f3n\u00bb (apoleia,  Fil. 3,19 y en otros lugares), \u00abperdici\u00f3n\u00bb (olethros,  1 Tim. 6,9), \u00abdestrucci\u00f3n eterna\u00bb (olethros aionios,  2 Tes. 1,9), \u00abcorrupci\u00f3n\u00bb (phthora,  G\u00e1l. 6,8), \u00abmuerte\u00bb ( Rom. 6,21), \u00absegunda muerte\u00bb (Apoc. 2,11 y en otros lugares).\n<\/p>\n<p>\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 el infierno? Algunos opinaban que el infierno est\u00e1 en todas partes, que los condenados est\u00e1n en libertad de vagar por todo el universo, pero llevan consigo su castigo. Los partidarios de esta doctrina fueron llamados ubiquistas o ubiquitarios; entre ellos, por ejemplo, Johann Brenz, un suabo,  te\u00f3logo  protestante del siglo XVI.   Sin embargo, esa opini\u00f3n ha sido rechazada universal y merecidamente; pues est\u00e1 m\u00e1s de acuerdo con su estado de castigo que los condenados est\u00e9n limitados en sus movimientos y confinados a un lugar definido.    Por otra parte, si el infierno es un fuego real, no puede estar en todas partes, especialmente despu\u00e9s de la consumaci\u00f3n del mundo cuando la tierra y el cielo sean renovados.  Se ha hecho toda clase de conjeturas en cuanto a su ubicaci\u00f3n; se ha sugerido que el infierno est\u00e1 situado en alguna isla lejana en el mar o en los dos polos de la tierra; Swinden, un ingl\u00e9s del siglo XVIII, se imaginaba que estaba en el sol; algunos se lo asignaron a la luna, otros, a Marte; otros lo colocaban m\u00e1s all\u00e1 de los confines del universo [[[Stephan Wiest | Wiest]], \u201cInstit. theol.\u201d, VI (1789), 869].<br \/>\nLa Biblia parece indicar que el infierno est\u00e1 dentro de la tierra, pues describe el infierno como un abismo a donde descienden los malvados. Incluso leemos que la tierra se abre y los malvados se hunden dentro el infierno ( N\u00fam. 16,31 ss.;  Sal. 55(54),16; Isa\u00edas 5,14;  Eze. 26,20;  Fil. 2,10, etc.).     \u00bfEs \u00e9sta una mera met\u00e1fora para ilustrar el estado de separaci\u00f3n de Dios?  Aunque Dios es omnipresente, se dice que \u00c9l habita en el cielo, porque la luz y grandeza de las estrellas y el firmamento son las manifestaciones m\u00e1s brillantes de su infinito esplendor.   Pero los condenados est\u00e1n totalmente alejados de Dios; por lo tanto, se dice que su lugar est\u00e1 lo m\u00e1s remoto posible de su morada, lejos del cielo y de su luz y, por lo tanto, escondido en los abismos oscuros de la tierra.  Despertador cristiano   Sin embargo, no se ha presentado una raz\u00f3n convincente para aceptar una interpretaci\u00f3n metaf\u00f3rica con preferencia al significado m\u00e1s natural de las palabras de las Escrituras.      De ah\u00ed que los  te\u00f3logos generalmente aceptan la opini\u00f3n de que el infierno est\u00e1 realmente dentro de la tierra.  La Iglesia no ha decidido nada sobre este tema; por lo tanto podemos decir que el infierno es un lugar definido, pero d\u00f3nde est\u00e1, no lo  sabemos. San Juan Cris\u00f3stomo nos recuerda: \u201cNo debemos preguntarnos d\u00f3nde est\u00e1 el infierno, sino c\u00f3mo vamos a escapar de \u00e9l.\u201d (En Rom., hom. XXXI, n. 5, en P.G., LX, 674).    San Agust\u00edn dice: \u201cEs mi opini\u00f3n que la naturaleza del infierno-fuego y la ubicaci\u00f3n del infierno no son conocidos por ning\u00fan hombre  a no ser que el Esp\u00edritu Santo se lo d\u00e9 a conocer mediante una revelaci\u00f3n especial\u201d (De Civ. Dei, XX, XVI, en P.L., XLI, 682).   En otros textos expresa la opini\u00f3n que el infierno est\u00e1 debajo de la tierra (Retract., II, XXIV, n. 2 en P.L., XXXII, 640).  San Gregorio el Grande escribi\u00f3: \u201cNo me atrevo a decidir esta cuesti\u00f3n. Algunos piensan que el infierno est\u00e1 en alg\u00fan lugar de la tierra; otros creen que est\u00e1 debajo de la tierra\u201d (Dial., IV, XLII, en P.L., LXXVII, 400; cf. Patuzzi, \u201cDe sede inferni\u201d, 1763;  Gretser, \u201cDe subterraneis animarum receptaculis\u201d, 1595).<\/p>\n<h2>Existencia del Infierno<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Infierno existe, es decir, todos aquellos que mueren en  pecado mortal personal, como enemigos de Dios e indignos de la vida  eterna, ser\u00e1n severamente castigados por Dios despu\u00e9s de la muerte.  Sobre la naturaleza del pecado mortal, vea  PECADO; sobre el comienzo inmediato del castigo despu\u00e9s de la muerte, vea  JUICIO PARTICULAR.  En cuanto al destino de aquellos que mueren libres de pecado mortal personal, pero s\u00ed en pecado original, vea  LIMBO (limbus parvulorum).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por supuesto, todos aquellos que niegan la existencia de Dios o la inmortalidad del alma  niegan la existencia del infierno.   As\u00ed entre los  jud\u00edos, los saduceos, entre los  gn\u00f3sticos, los seleucianos, y en nuestros tiempos, los  materialistas,  pante\u00edstas, etc., niegan la existencia del infierno. Pero aparte de \u00e9stos, si hacemos abstracci\u00f3n de la eternidad de las penas del infierno, la doctrina nunca ha enfrentado oposici\u00f3n digna de menci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La existencia del infierno se prueba en primer lugar en la Biblia.  Siempre que  Cristo y los Ap\u00f3stoles hablan del infierno presuponen el conocimiento de su existencia ( Mt. 5,29; 8,12; 10,28; 13,42; 25,41.46;  2 Tes. 1,8;  Apoc. 21,8, etc.).  En el \u00abDie christliche Eschatologie in den Stadien ihrer Offenbarung im Alten und Neuen Testament\u00bb, de Atzberger, Friburgo, 1890, se puede encontrar un desarrollo muy completo del argumento  b\u00edblico, sobre todo en lo que se refiere al Antiguo Testamento.  Tambi\u00e9n los  Padres, desde los primeros tiempos, son un\u00e1nimes en la ense\u00f1anza de que los malvados ser\u00e1n castigados despu\u00e9s de la muerte.   Y en prueba de su doctrina apelan tanto a la Escritura como a la raz\u00f3n (cf.  Ignacio, \u00abAd Eph.\u00bb, V,16; \u00abMartyrium s. Polycarpi\u00bb, II, n. 3; XI, n. 2;  Justino, \u00abApol.\u00bb, II, n. 8, en P.G., VI, 458; Aten\u00e1goras, \u00abDe resurr. mort.\u00bb, c. XIX, en P.G., VI, 1011;  Ireneo, \u00abAdv. haer.\u00bb, V, XXVII, n. 2, en P.G., VII, 1196; Tertuliano, \u00abAdv. Marc.\u00bb, I, c. XXVI, en P.L., IV, 277).   Para citas a partir de las ense\u00f1anzas patr\u00edsticas vea Atzberger, \u00abGesch. der christl. Eschatologie innerhalb der vornicanischen Zeit\u00bb (Friburgo, 1896);  Petavio, \u00abDe Angelis\u00bb, III, IV ss.\n<\/p>\n<p>  La Iglesia profesa su fe en el Credo de Atanasio: \u201cLos que han hecho el bien ir\u00e1n a la vida  eterna y los que han hecho el mal, al fuego eterno\u201d ( Denzinger, \u201cEnchiridion\u201d, 10ma ed., 1908, n.40). La Iglesia ha definido esta verdad repetidamente, por ejemplo, en la profesi\u00f3n de fe hecha en el  Segundo Concilio de Lyon (Denx, n. 464) y en el Decreto de Uni\u00f3n en el Concilio de Florencia (Denz, N. 693):  \u201cLas almas de los que mueren en pecado mortal o s\u00f3lo en pecado original, bajan inmediatamente al infierno, para ser visitados, sin embargo, con penas desiguales\u201d (poenis disparibus).<br \/>\nSi nos abstraemos de la eternidad de su castigo, la existencia del infierno puede ser demostrada incluso por la luz de la mera raz\u00f3n. En su santidad y justicia, as\u00ed como en su sabidur\u00eda, Dios debe vengar la violaci\u00f3n del orden moral de tal modo que se preserve, al menos en general, alguna proporci\u00f3n entre la gravedad del pecado y severidad del castigo.  Pero es evidente a partir de la experiencia que Dios no siempre hace esto en la tierra; por lo tanto el infligir\u00e1 el castigo despu\u00e9s de la muerte. M\u00e1s a\u00fan, si todos los hombres estuvieran totalmente convencidos de que el pecador no necesita temer a ning\u00fan tipo de castigo despu\u00e9s de la muerte, el orden moral y social se ver\u00eda seriamente amenazado.   Sin embargo, la sabidur\u00eda divina no puede permitir eso.  Nuevamente, si no hubiera justo castigo m\u00e1s all\u00e1 del que ocurre frente a nuestros ojos aqu\u00ed en la tierra, tendr\u00edamos que considerar a Dios extremadamente indiferente al bien y al mal, y de ning\u00fan modo podr\u00edamos dar cuenta de su justicia y santidad.  Tampoco se puede decir: los malvados ser\u00e1n castigados pero no por castigo positivo; pues ya sea que la muerte sea el fin de su existencia, o por la p\u00e9rdida de la rica recompensa del bien, disfrutar\u00e1n de alg\u00fan grado menor de felicidad.   Estos son  subterfugios arbitrarios y vanos, sin apoyo de ninguna raz\u00f3n v\u00e1lida; el castigo definido es la recompensa natural del mal. Adem\u00e1s, la debida proporci\u00f3n entre el dem\u00e9rito y el castigo se har\u00eda imposible a trav\u00e9s de una aniquilaci\u00f3n indiscriminada de todos los imp\u00edos.     Y, finalmente, si los hombres  supieran que a sus pecados no les sigue el sufrimiento, la mera amenaza de aniquilaci\u00f3n al momento de morir,  y menos a\u00fan la perspectiva de alg\u00fan grado menor de beatitud,  no ser\u00eda suficiente para disuadirlos de pecar.<br \/>\nAdem\u00e1s, la raz\u00f3n entiende f\u00e1cilmente que en la pr\u00f3xima vida el justo ser\u00e1  feliz como premio a sus virtudes (ver  CIELO).  Pero el castigo del mal es la contraparte natural de la recompensa a la virtud. Por lo tanto, tambi\u00e9n habr\u00e1 castigo por el pecado en la pr\u00f3xima vida. En consecuencia, encontramos entre todas las naciones la creencia que los malhechores mal ser\u00e1n castigados despu\u00e9s de la muerte.   Los Condenados al Infierno. Apocalipsis.   Esta convicci\u00f3n universal de la  humanidad es una prueba adicional de la existencia del infierno.   Pues es imposible que, respecto a las cuestiones fundamentales de su ser y su destino, todos los hombres deban caer en el mismo error; de otro modo, el poder de la raz\u00f3n  humana ser\u00eda esencialmente deficiente, y el orden de \u00e9ste mundo estar\u00eda indebidamente envuelto en el misterio; sin embargo, esto resulta repugnante tanto para la naturaleza como para la sabidur\u00eda del  Creador.   Sobre la creencia de todas las naciones en la existencia del infierno, vea cf. Luken, \u00abDie Traditionen des Menschengeschlechts\u00bb (2da ed., Munster, 1869); Knabenbauer, \u00abDas Zeugnis des Menschengeschlechts fur die Unsterblichkeit der Seele\u00bb (1878).   Los pocos hombres que a pesar de la convicci\u00f3n moralmente universal de la raza humana, niegan la existencia del infierno son en su mayor\u00eda  ateos y  epic\u00fareos. Pero si la opini\u00f3n de tales hombres sobre la cuesti\u00f3n fundamental de nuestro ser pudiese ser la \u00fanica verdadera, la apostas\u00eda ser\u00eda el camino a la luz, a la verdad y a la sabidur\u00eda.<\/p>\n<h2>Eternidad del Infierno<\/h2>\n<p>  Muchos admiten la existencia del infierno, pero niegan la eternidad de sus castigos. Los condicionalistas sostienen s\u00f3lo una hipot\u00e9tica inmortalidad del alma y afirman que luego de sufrir cierta cantidad de castigo, las almas de los malvados ser\u00e1n aniquiladas.   Entre los  gn\u00f3sticos, los  valentinianos mantienen la  doctrina, y m\u00e1s tarde tambi\u00e9n Arnobio, los  socinianos, muchos  protestantes tanto en el pasado como en nuestros d\u00edas, especialmente en los \u00faltimos tiempos ( E. White, \u201cLife in Christ\u201d, Nueva York, 1877).   Los universalistas ense\u00f1an que al final todos los condenados, al menos todas las almas  humanas, alcanzar\u00e1n la bienaventuranza (apokatastasis ton panton, restitutio omnium, seg\u00fan  Or\u00edgenes). Esto uno de los principios de los origenistas y los misericordes, de quienes habla  San Agust\u00edn (De Civ. Dei, XXI, XVIII, n. 1, en P.L., XLI, 732).     Hubo seguidores  individuales a esta opini\u00f3n en todos los siglos; por ej.   Escoto Eri\u00fagena; en particular, muchos protestantes  racionalistas de los \u00faltimos siglos defendieron esta creencia, por ej. en Inglaterra, Farrar, \u201cEternal Hope\u201d (cinco sermones predicados en la Abad\u00eda de Westminster, Londres y Nueva York, 1878).  Entre los cat\u00f3licos,  Hirscher y Schell recientemente han expresado la opini\u00f3n de que aquellos que no mueren en estado de gracia a\u00fan pueden  convertirse despu\u00e9s de la muerte si no son demasiado malvados e impenitentes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La  Sagrada Biblia es muy expl\u00edcita en la ense\u00f1anza de la eternidad de las penas del infierno. Los tormentos de los condenados durar\u00e1n por los siglos de los siglos ( Apoc., 14,11; 19,3; 20,10).  Ellos son eternos igual que son eternas las [[felicidad | alegr\u00edas. del cielo ( Mt. 25,46).  Cristo dijo de Judas: \u00ab\u00a1M\u00e1s le valdr\u00eda a ese hombre no haber nacido!\u201d (Mt. 26,24).  Pero esto no habr\u00eda sido cierto si Judas habr\u00eda de ser alg\u00fan d\u00eda liberado del infierno y admitido a la felicidad eterna.  Una vez m\u00e1s, Dios dice de los condenados: \u201csu  gusano no morir\u00e1, su fuego no se apagar\u00e1\u201d (Isa\u00edas 66,24;  Mc. 9,43.45.47).   El fuego del infierno es llamado repetidamente eterno e inextinguible.  La ira de Dios permanece sobre los condenados ( Juan 3,36); son vasos de la c\u00f3lera divina ( Rom. 9,22); no poseer\u00e1n el Reino de Dios ( 1 Cor. 6,10;  G\u00e1l. 5,21), etc.   Las objeciones aducidas a partir de la Escritura contra esta  doctrina son tan insignificantes que no vale la pena discutirlas en detalle.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La ense\u00f1anza de los  Padres no es menos clara y decisiva (cf.  Petavio, \u201cDe Angelis\u201d, III, VIII).   Nosotros simplemente recordamos el testimonio de los m\u00e1rtires que a menudo declararon que estaban contentos con sufrir dolor de breve duraci\u00f3n con tal de escapar de los  eternos tormentos; e.g. \u201cMartyrium Polycarpi\u201d, c. II (cf. Atzberger, \u201cGeschichte\u201d, II, 612 ss.).   Es verdad que Or\u00edgenes cay\u00f3 en el error en este punto y precisamente por este error fue condenado por la Iglesia (Canones adv. Origenem ex Justiniani libro adv. Or\u00edgenes, can. IX;  Hardouin, III, 279 E;  Denz., n. 211).   En vano se hicieron intentos para socavar la autoridad de estos c\u00e1nones (cf. Dickamp, \u201cDie origenistischen Streitigkeiten\u201d, M\u00fcnster, 1899, 137).    Adem\u00e1s incluso en Or\u00edgenes encontramos las ense\u00f1anzas  ortodoxas sobre la eternidad de las penas del infierno; pues en sus obras el  fiel  cristiano fue una y otra vez victorioso sobre el  fil\u00f3sofo que duda.    Gregorio de Nisa parece haber favorecido los errores de Or\u00edgenes; muchos, sin embargo,  creen que se puede demostrar que sus declaraciones est\u00e1n en armon\u00eda con la doctrina  cat\u00f3lica.   Pero las sospechas que se le han adjudicado a ciertos pasajes de  Gregorio de Nazianzo y a  Jer\u00f3nimo decididamente no tienen justificaci\u00f3n (cf.  Pesch, \u201cTheologische Zeitfragen\u201d, 2da series, 190 ss.).   La Iglesia profesa su fe en la eternidad de las penas del infierno en t\u00e9rminos claros en el Credo de Atanasio (Denz., nn. 40), en decisiones doctrinales aut\u00e9nticas (Denz, nn. 211, 410, 429, 807, 835, 915), y en incontables pasajes de su liturgia; ella nunca  ora por los condenados. Por lo tanto, m\u00e1s all\u00e1 de la posibilidad de duda, la Iglesia expresamente ense\u00f1a la eternidad de las penas del infierno como una verdad de fe que nadie puede negar o cuestionar sin caer en herej\u00eda manifiesta.\n<\/p>\n<p>  Pero \u00bfcu\u00e1l es la actitud de la pura raz\u00f3n hacia esta  doctrina? As\u00ed como Dios debe designar alg\u00fan t\u00e9rmino fijo para el momento del juicio, luego del cual el  justo entrar\u00e1 en segura posesi\u00f3n de una felicidad que nunca jam\u00e1s perder\u00e1 en toda la eternidad, as\u00ed tambi\u00e9n es apropiado que luego de la expiraci\u00f3n de ese t\u00e9rmino, al malvado le ser\u00e1 cortada  toda esperanza de conversi\u00f3n y felicidad.   Pues la malicia de los hombres no puede forzar a Dios a prolongar el tiempo de prueba destinado y a concederles una y otra vez, sin fin, el poder de decidir su suerte por la eternidad.   Cualquier obligaci\u00f3n de actuar de esta manera, ser\u00eda indigna de Dios, porque lo har\u00eda dependiente del capricho de la malicia  humana, le quitar\u00eda a sus amenazas gran parte de su eficacia y le ofrecer\u00eda a la presunci\u00f3n humana el alcance m\u00e1s amplio y el m\u00e1s fuerte incentivo. Dios realmente ha designado el fin de esta vida presente, o el momento de la muerte, como el t\u00e9rmino de la prueba del hombre.      .  Pues en ese momento se produce en nuestra vida un cambio esencial y trascendental; del estado de uni\u00f3n con el cuerpo, el alma pasa a una vida aparte. Ning\u00fan otro instante claramente definido de nuestra vida es de igual importancia.  Por lo tanto, debemos concluir que la muerte es el final de nuestra prueba; pues es convenido que nuestro juicio deber\u00eda terminar en un momento de nuestra existencia tan prominente y significativo de tal modo que sea f\u00e1cilmente percibido por todo hombre. En consecuencia, es la creencia de toda la gente que la retribuci\u00f3n eterna es dispensada inmediatamente despu\u00e9s de la muerte.  Esta convicci\u00f3n de la  humanidad es una prueba adicional de nuestra tesis. Finalmente, no se proveer\u00eda suficientemente la preservaci\u00f3n del orden moral y social si los hombres supieran que el momento del juicio continuar\u00e1 despu\u00e9s de la muerte.<br \/>\n   Muchos creen que la raz\u00f3n no puede dar ninguna prueba concluyente para la eternidad de las penas del infierno, sino que simplemente puede demostrar que esta  doctrina no entra\u00f1a ninguna contradicci\u00f3n.   Puesto que la Iglesia no ha tomado ninguna decisi\u00f3n sobre este punto, cada cual es completamente libre de asumir esta opini\u00f3n.   Como es evidente, el autor de este art\u00edculo no la sostiene. Admitimos que Dios podr\u00eda haber extendido el momento del juicio m\u00e1s all\u00e1 de la muerte; sin embargo, de haberlo hecho, habr\u00eda permitido al hombre  conocer sobre ello y habr\u00eda hecho las correspondientes provisiones para el mantenimiento del orden moral en esta vida.  Podr\u00edamos admitir adem\u00e1s que no es intr\u00ednsecamente imposible para Dios aniquilar al pecador luego de cierta cantidad definida de castigo, pero esto estar\u00eda menos conforme con la naturaleza del alma  inmortal del hombre; y, en segundo t\u00e9rmino, no conocemos ning\u00fan dato que nos d\u00e9 derecho a suponer que Dios actuar\u00eda de tal manera.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se presenta la objeci\u00f3n de que no hay proporci\u00f3n entre el breve momento del pecado y un castigo eterno. \u00bfPero por qu\u00e9 no? Ciertamente, admitimos una proporci\u00f3n entre una  buena acci\u00f3n moment\u00e1nea y su recompensa eterna, no, es cierto, una proporci\u00f3n de duraci\u00f3n, sino una proporci\u00f3n entre la ley y su sanci\u00f3n correspondiente.  Nuevamente, el pecado es una ofensa contra la autoridad  infinita de Dios, y el pecador est\u00e1 de alguna manera consciente de esto, aunque imperfectamente. En consecuencia, en el pecado hay una aproximaci\u00f3n a la malicia infinita, la cual merece castigo eterno.  Finalmente, hay que recordar que, aunque el acto de pecar es breve, la culpa del pecado permanece para siempre, pues en la pr\u00f3xima vida, el pecador no se aparta de su pecado por una conversi\u00f3n sincera.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se objeta tambi\u00e9n que el \u00fanico objeto del castigo debe ser reformar al malhechor. Esto no es verdad.   Adem\u00e1s del castigo infligido para corregir, tambi\u00e9n hay castigos para la satisfacci\u00f3n de la justicia. Pero la justicia demanda que quien se desv\u00ede del camino correcto en su b\u00fasqueda de la felicidad, no encuentre su felicidad, sino que la pierda.   La eternidad de las penas del infierno responde a esta demanda de justicia. Y, adem\u00e1s, el temor al infierno en realidad disuade a muchos de pecar; y, as\u00ed, y en tanto es una amenaza de Dios, el castigo eterno tambi\u00e9n sirve para la reforma de la moral. Pero, si Dios amenaza al hombre con las penas del infierno, \u00c9l debe tambi\u00e9n llevar a cabo su amenaza si el hombre no le presta atenci\u00f3n y no evita pecar.\n<\/p>\n<p>  Para resolver otras objeciones, cabe se\u00f1alar:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2022\tDios no solo es  infinitamente  bueno, \u00c9l es infinitamente sabio,  justo y  santo.<br \/>\n\u2022\tNinguno es arrojado al infierno si no lo merece plena y totalmente.<br \/>\n\u2022\tEl pecador persevera por siempre en su mala disposici\u00f3n.<br \/>\n\u2022\tNo debemos considerar el castigo  eterno del infierno como una serie de t\u00e9rminos de castigo distintos o separados, como si Dios estuviese por siempre una y otra vez pronunciando una nueva sentencia e infligiendo nuevas penas como si \u00c9l no pudiese satisfacer nunca su deseo de venganza.  El infierno es, especialmente a los ojos de Dios, uno e indivisible en su totalidad; no es sino una sentencia y una pena.  Podemos representarnos un castigo de intensidad indescriptible como en cierto sentido el equivalente a un castigo eterno; esto nos puede ayudar a ver mejor c\u00f3mo Dios permite al pecador caer al infierno &#8212;c\u00f3mo la justa indignaci\u00f3n de Dios puede permitir finalmente que caiga al infierno un hombre que hace tabla rasa de todas las advertencias divinas, que fracasa en aprovechar toda la paciente indulgencia que Dios le ha mostrado, y quien en desenfrenada desobediencia est\u00e1 absolutamente inclinado a precipitarse al castigo eterno.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En s\u00ed mismo, no es en rechazo al dogma cat\u00f3lico el suponer que Dios pueda a veces, por v\u00eda de excepci\u00f3n, liberar un alma del infierno. As\u00ed algunos argumentan a partir de una  falsa interpretaci\u00f3n de  1 Pedro 1,19 ss., que  Cristo liber\u00f3 a varias almas condenadas con ocasi\u00f3n de su descenso al infierno.   Otros fueron enga\u00f1ados por cuentos no confiables a la creencia de que las  plegarias de  Gregorio el Grande rescataron al Emperador Trajano del infierno. Pero ahora los  te\u00f3logos son un\u00e1nimes en ense\u00f1ar que tales excepciones nunca han ocurrido ni ocurrir\u00e1n, una ense\u00f1anza que debe ser aceptada.  Si esto es verdad, \u00bfc\u00f3mo puede la Iglesia  orar en el ofertorio de la  Misa por los difuntos:  \u201cLibera animas omnium fidelium defunctorum de poenis inferni et de profundo lacu\u201d etc.?  Muchos piensan que la Iglesia usa estas palabras para designar el purgatorio. Sin embargo, pueden ser explicadas m\u00e1s f\u00e1cilmente si tenemos en cuenta el esp\u00edritu peculiar de la liturgia de la Iglesia; a veces ella refiere sus  plegarias no al tiempo que son dichas, sino al tiempo para el cual son dichas.   As\u00ed, el ofertorio en cuesti\u00f3n se refiere al momento cuando el alma est\u00e1 a punto de abandonar el cuerpo, aunque es realmente dicha alg\u00fan tiempo despu\u00e9s de tal momento; y como si estuviese realmente en el lecho de muerte del  creyente, el sacerdote le implora a Dios que preserve  sus almas del infierno. Pero sea cual sea la explicaci\u00f3n preferida, esto permanece cierto, que, al decir este ofertorio la Iglesia intenta implorar s\u00f3lo aquellas gracias que el alma a\u00fan es capaz de recibir, a saber, la gracia de una muerte  feliz o la liberaci\u00f3n del purgatorio.\n<\/p>\n<h2>Impenitencia de los Condenados<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los condenados est\u00e1n ratificados en el mal; cada acto de su voluntad es maligno e inspirado en el odio a Dios. Esta es la ense\u00f1anza com\u00fan de la teolog\u00eda; Santo Tom\u00e1s  lo establece en varios pasajes. Sin embargo, algunos han mantenido la opini\u00f3n que, aunque los condenados no pueden realizar ninguna acci\u00f3n sobrenatural, todav\u00eda son capaces de realizar, de vez en cuando alg\u00fan hecho naturalmente bueno; hasta ahora, la Iglesia no ha condenado esta opini\u00f3n. El autor de este art\u00edculo sostiene que la ense\u00f1anza com\u00fan es la verdadera; porque en el infierno, la separaci\u00f3n del poder santificante del amor Divino, es total. Muchos afirman que esta inhabilidad de hacer buenas obras es f\u00edsica, y asignan el impedimento de toda gracia como su causa pr\u00f3xima; al hacer esto, toman el t\u00e9rmino gracias en su significado m\u00e1s amplio, es decir, toda cooperaci\u00f3n Divina tanto en buenas acciones naturales como sobrenaturales. Entonces, los condenados nunca pueden escoger entre actuar fuera del amor de Dios y la virtud y actuar fuera del odio a Dios. El odio es el \u00fanico motivo en su poder; y no tienen otra alternativa que aquella de mostrar su odio a Dios escogiendo una acci\u00f3n maligna por sobre otra. La \u00faltima y real causa de su impenitencia es el estado de pecado que libremente escogen como su porci\u00f3n sobre la tierra y sobre la cual pasaron, sin conversi\u00f3n, a la otra vida y a ese estado de permanencia (status termini) por naturaleza debido a criaturas racionales y a una actitud de mente incambiable. Bastante en consonancia con su estado final, Dios les otorga solo aquella cooperaci\u00f3n que corresponde a la actitud que libremente escogieron como suya en esta vida. Por esto, los condenados no pueden sino odiar a Dios y hacer el mal, mientras que el justo en el cielo o en el purgatorio, es inspirado solamente por amor a Dios, no pueden sino hacer el bien.  Por lo tanto, tambi\u00e9n, las obras de los reprobados, en tanto est\u00e1n inspiradas en el odio a Dios, no son pecados formales, sino solo materiales, porque son realizados sin el requisito de libertad para la imputabilidad moral. El pecado formal que comete el reprobado es solo aquel que, cuando de entre varias acciones en su poder, deliberadamente escoge aquella que contiene la mayor malicia. Por tales pecados formales, los condenados no incurren en ning\u00fan aumento esencial de castigo, porque en el estado final la misma posibilidad y el permiso Divino de pecar son en s\u00ed mismos un castigo y, m\u00e1s a\u00fan, una sanci\u00f3n de la ley moral podr\u00eda parecer bastante sin sentido.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De lo que se ha dicho se sigue que el odio que las almas perdidas tienen hacia Dios, es voluntario s\u00f3lo en su causa; y la causa es el pecado deliberado el cual fue cometido en la tierra y por el cual merecieron reprobaci\u00f3n. Es tambi\u00e9n obvio que Dios no es responsable por los pecados materiales de odio de los reprobados porque si les otorga Su cooperaci\u00f3n en sus actos pecaminosos como tambi\u00e9n si les reh\u00fasa toda motivaci\u00f3n al bien, El act\u00faa bastante de acuerdo con la naturaleza de su estado. Por lo tanto, sus pecados no son m\u00e1s imputables a Dios que las blasfemias de un hombre en un estado de total intoxicaci\u00f3n, aunque no son proferidas sin la asistencia Divina. El reprobado lleva consigo la primera causa de impenitencia; es la culpa del pecado que  ha cometido en la tierra y con el cual ha pasado a la eternidad. La causa pr\u00f3xima de impenitencia en el infierno es que Dios deniega toda gracia y todo impulso por el bien. No ser\u00eda intr\u00ednsecamente imposible para Dios llevar a los condenados al arrepentimiento; aunque tal curso ser\u00eda mantenerlos fuera del estado de reprobaci\u00f3n final.  La opini\u00f3n que el rechazo Divino a toda gracia y de motivaci\u00f3n al bien es la causa pr\u00f3xima de impenitencia, es sostenida por muchos te\u00f3logos, y en particular por Molina. Su\u00e1rez la considera probable. Scoto y V\u00e1squez sostienen puntos de vista similares. Incluso los Padres y Santo Tom\u00e1s pueden ser entendidos en este sentido.  Es por esto que Santo Tom\u00e1s ense\u00f1a (De verit., Q. xxiv, a.10) que la causa principal de impenitencia es la justicia Divina la cual reh\u00fasa dar a los condenados toda gracia. Sin embargo, muchos te\u00f3logos p.ej. Su\u00e1rez, defiende la opini\u00f3n que los condenados son solo moralmente incapaces de bien; tienen el poder f\u00edsico, pero las dificultades en sus caminos son tan grandes que nunca podr\u00e1n ser superadas. Los condenados nunca pueden desviar su atenci\u00f3n de sus horrendos tormentos, y al mismo tiempo saben que han perdido toda esperanza. Por ello, la desesperanza y el odio a Dios, su justo Juez, es casi inevitable e incluso el m\u00e1s m\u00ednimo buen impulso se torna moralmente imposible. La Iglesia a\u00fan no ha decidido esta cuesti\u00f3n. El autor del presente art\u00edculo, se inclina por la opini\u00f3n de Molina. Pero, si los condenados con impenitentes, \u00bfcomo pueden las Escrituras (Sabidur\u00eda, v) decir que se arrepienten de su pecado? Deploran con la mayor intensidad el castigo, pero no la malicia del pecado;  a esto se aferran mas tenazmente que nunca. Si tuvieran la oportunidad, cometer\u00edan el pecado de nuevo, sin duda no por su gratificaci\u00f3n, la cual encuentran ilusoria, sino por cabal odio a Dios. Se sienten avergonzados de su insensatez por buscar la felicidad en el pecado, pero no de la malicia del pecado en s\u00ed mismo (St. Tom\u00e1s, Teol. comp., c. cxxv).\n<\/p>\n<h2>Poena Damni<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">La poena damni, o dolor de p\u00e9rdida, consiste en la p\u00e9rdida de visi\u00f3n beat\u00edfica y por ello, en una  separaci\u00f3n total de todos los poderes del alma de Dios, no pudiendo encontrar siquiera la menor paz o descanso. Es acompa\u00f1ado por la p\u00e9rdida de todo don sobrenatural; p\u00e9rdida de fe. Los caracteres impresos por los sacramentos solo permanecen para mayor confusi\u00f3n de quien los lleva. El dolor de p\u00e9rdida no es la mera ausencia de bienaventuranza superior, sino que tambi\u00e9n es el dolor positivo m\u00e1s intenso. El vac\u00edo total del alma hecha para el disfrute de la verdad infinita y bondad infinitas, causa en el reprobado una angustia inconmensurable. Su conciencia que Dios, sobre Quien depende completamente, es su enemigo, es abrumadora. Su conciencia de haber perdido por su propio desatino, por incumplimiento las m\u00e1s altas bendiciones por placeres transitorios e ilusorios, los humilla y deprime m\u00e1s all\u00e1 de toda medida. El deseo de felicidad, inherente en su misma naturaleza, completamente insatisfecho y ya sin la capacidad de encontrar ninguna compensaci\u00f3n por la p\u00e9rdida de Dios por el placer ilusorio, los deja  completamente miserables. M\u00e1s a\u00fan, est\u00e1n plenamente concientes que Dios es infinitamente feliz y por lo tanto su odio y deseo impotente de injuriarlo los llena de extrema amargura. Y lo mismo es cierto en relaci\u00f3n con todos los amigos de Dios que disfrutan la gloria del cielo. El dolor de p\u00e9rdida es la misma esencia del castigo eterno. Si los condenados contemplaran cara a cara a Dios, el infierno mismo, empero su fuego, ser\u00eda una especie de cielo. De tener ellos alguna uni\u00f3n con Dios, aunque no sea precisamente uni\u00f3n de visi\u00f3n beat\u00edfica, el infierno ya no ser\u00eda infierno, sino una especie de purgatorio. Y, sin embargo, el dolor de p\u00e9rdida no es sino la consecuencia natural de aquella aversi\u00f3n a Dios que yace en la naturaleza de todo pecado mortal.\n<\/p>\n<h2>Poena Sensus<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">El poena sensus, o dolor de sentido, consiste en el tormento del fuego, tan frecuentemente mencionado en la Sagrada Biblia. De acuerdo a la gran mayor\u00eda de los te\u00f3logos, el t\u00e9rmino fuego, denota un fuego material, y por lo tanto, fuego real. Sostenemos estas ense\u00f1anzas como absolutamente verdaderas y correctas. Sin embargo, no debemos olvidar dos cosas: De Catarinus (m. 1553) hasta nuestros tiempos no han habido te\u00f3logos deficientes que interpreten el t\u00e9rmino fuego de las Escrituras en forma metaf\u00f3rica, como denotando un fuego incorp\u00f3reo; y en segundo lugar,  hasta ahora la Iglesia no ha censurado su opini\u00f3n. Algunos de los Padres tambi\u00e9n pensaron en una explicaci\u00f3n metaf\u00f3rica. Sin embargo, las Escrituras y la tradici\u00f3n hablan una y otra vez del fuego del infierno, y no hay suficientes razones para considerar el t\u00e9rmino como una mera met\u00e1fora. Se argumenta: \u00bfC\u00f3mo puede un fuego material atormentar demonios o almas humanas antes de la resurrecci\u00f3n del cuerpo? Pero, si nuestra alma est\u00e1 as\u00ed unida al cuerpo como para ser profundamente sensible al dolor del fuego, \u00bfporqu\u00e9 el Dios omnipotente es incapaz de enlazar incluso los esp\u00edritus puros a alguna sustancia material de tal manera que sufran un tormento mas o menos similar al dolor del fuego el cual el alma puede sentir en la tierra? La respuesta indica, en la medida de lo posible, c\u00f3mo debemos formarnos una idea del dolor del fuego el cual sufren los demonios. Los te\u00f3logos han elaborado varias teor\u00edas sobre este tema, las cuales, sin embargo, no deseamos detallar aqu\u00ed (el actual estudio de Franz Schmid \u201cQuaestiones selectae ex theol. dogm.\u201d, Paderborn, 1891, q. iii; tambi\u00e9n Guthberlet, \u201cDie poena sensus\u201d en \u201cKatholik\u201d, II, 1901, 305 sqq., 385 sqq.). Es bastante superfluo agregar que la naturaleza del fuego infernal es diferente de aquel de nuestra vida ordinaria; por ejemplo, continua quemando sin la necesidad de renovar constantemente la provisi\u00f3n de  combustible. Queda bastante indeterminado \u00bfc\u00f3mo podemos formarnos un concepto en detalle?; nosotros sabemos meramente que es corp\u00f3reo. Los demonios sufren el tormento del fuego incluso cuando, por permiso Divino abandonan los confines del infierno y rondan sobre la tierra. \u00bfC\u00f3mo sucede esto?, es incierto. Podemos asumir que se mantienen encadenados inseparablemente a una porci\u00f3n de ese fuego. El dolor de sentido es la consecuencia natural de aquel desordenado  recodo en las creaturas las cuales est\u00e1n involucradas en todo pecado mortal. Conviene decir que quien busca placer prohibido debe encontrar dolor como recompensa.. (Cf. Heuse, \u201cDas Feuer der H\u00f6lle\u201d en \u201cKatholik\u201d, II, 1878, 225 sqq., 337 sqq., 486 sqq., 581 sqq.; \u201cEtudes religieuses\u201d, L, 1890, II, 309, report of an answer of the Poenitentiaria, 30 April, 1890; Knabenbauer, \u201cIn Matth., xxv, 41\u201d.)\n<\/p>\n<h2>Dolores Accidentales de los Condenados<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">De acuerdo con los te\u00f3logos, los dolores de p\u00e9rdida y el dolor de sentido constituyen la esencia misma del infierno, el primero es, sin dudas por lejos la parte m\u00e1s espantosa del castigo. Aunque los condenados tambi\u00e9n sufren varios castigos \u201caccidentales\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed como los benditos en el cielo est\u00e1n libres de todo dolor, as\u00ed tambi\u00e9n, por otro lado, los condenados nunca experimentan ni siquiera el menor placer real. En el infierno, la separaci\u00f3n de la influencia bienaventurada del amor Divino ha llegado a su consumaci\u00f3n. Los reprobados deben vivir en el  seno de los condenados; y su estallido de odio o de reproche en que gozan de sus sufrimientos, y sus deformes presencias, son una siempre fresca fuente de tormento. La reuni\u00f3n del alma y el cuerpo luego de la Resurrecci\u00f3n ser\u00e1 un castigo especial para los reprobados, aunque no habr\u00e1 ning\u00fan cambio esencial en el dolor de sentido que ya est\u00e1n sufriendo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En cuanto a los castigos de los condenados por sus pecados veniales, ver Suarez, \u201cDe peccatis\u201d, disp. vii, s. 4.\n<\/p>\n<h2>Caracter\u00edsticas de las Penas del Infierno<\/h2>\n<li>Las penas del infierno difieren en grado de acuerdo al dem\u00e9rito. Esto es cierto no solo en relaci\u00f3n con el dolor de sentido, sino tambi\u00e9n al dolor de p\u00e9rdida. Un mayor odio a Dios, una conciencia m\u00e1s v\u00edvida del abandono total de bondad Divina, una mayor inquietud  por satisfacer el deseo natural de beatitud con cosas externas a Dios, un sentido m\u00e1s agudo de verguenza y confusi\u00f3n ante el desatino de haber buscado felicidad en el gozo terrenal \u2013 todo esto implica como su correlaci\u00f3n una m\u00e1s completa y dolorosa separaci\u00f3n de Dios. <\/li>\n<li>Las penas del infierno son esencialmente inmutables; no hay intermedios temporales o alivios pasajeros. Algunos Padres y te\u00f3logos, en particular el poeta Prudencio, expres\u00f3 la opini\u00f3n que en algunos determinados d\u00edas Dios otorga a los condenados cierto respiro y que adem\u00e1s de esto, las plegarias de los creyentes les obtienen para ellos otros intervalos de descansos ocasionales. La Iglesia nunca ha condenado esta opini\u00f3n en t\u00e9rminos expresos. Pero ahora los te\u00f3logos est\u00e1n justa y un\u00e1nimemente rechaz\u00e1ndola. Santo Tom\u00e1s la condena severamente (In IV Sent., dist. xlv, Q. xxix, cl.1). [Cf. Merkle, \u201cDie Sabbatruhe in der H\u00f6lle\u201d in \u201cRomische Quartalschrift\u201d (1895), 489 sqq.; ver tambi\u00e9n Prudencio.]<br \/>\nSin embargo, no est\u00e1n excluidos, los cambios accidentales en las penas del infierno.  As\u00ed puede ser  que los reprobados sean a veces m\u00e1s y a veces menos atormentados por sus alrededores. Especialmente luego del \u00faltimo juicio habr\u00e1 un aumento accidental en el castigo; porque  nunca jam\u00e1s se les permitir\u00e1 a los demonios abandonar los confines del infierno sino que ser\u00e1n finalmente prisioneros por toda la eternidad y las almas de los  hombres reprobados ser\u00e1n atormentadas en uni\u00f3n con sus cuerpos deformes.<\/li>\n<li>El infierno es el estado de la m\u00e1s grande y completa desgracia, como es evidente luego de todo lo que se ha dicho. Los condenados no tienen ninguna especie de gozo, y les hubiera sido mejor para ellos, no haber nacido (Mat., xxvi, 24). No hace mucho tiempo, Mivart (El Siglo Diecinueve, Dic, 1892., Febr. y Abr., 1893) defendi\u00f3 la opini\u00f3n que las penas podr\u00edan decrecer con el tiempo y que al final su sino ser\u00eda tan extremadamente triste; que finalmente alcanzar\u00edan cierta felicidad y preferir\u00edan la existencia a la aniquilaci\u00f3n; y aunque continuar\u00edan a\u00fan sufriendo el castigo simb\u00f3licamente descrito como un fuego por la Biblia, a\u00fan as\u00ed no podr\u00edan odiar a Dios m\u00e1s y el m\u00e1s desafortunado entre ellos ser\u00eda m\u00e1s feliz que muchos empobrecidos en esta vida. Es bastante obvio que todo esto es opuesto a las Escrituras y a las ense\u00f1anzas de la Iglesia. Los art\u00edculos citados condenados por la Congregaci\u00f3n del Indice del Santo Oficio el 14 y 19 de Julio de 1893 (cf. \u201cCivilt\u00e0 Cattolia\u201d, I, 1893, 672). <\/li>\n<p style=\"text-align: justify;\">PETER LOMBARD, IV sent., dist. xliv, xlvi, y sus comentaristas; STO. TOMAS, I:64 y Suplemento 9:97, y sus comentaristas; SUAREZ, De Angelis, VIII; PATUZZI, De futuro impiorum statu (Verona, 1748-49; Venecia, 1764); PASSAGLIA, De aeternitate poenarum deque igne inferno (Rome, 1854); CLARKE, Eternal Punishment and Infinite Love in The Month, XLIV (1882), 1 sqq., 195 sqq., 305 sqq.; RIETH, Der moderne Unglaube und die ewigen Strafen in Stimmen aus Maria-Laach, XXXI (1886), 25 sqq., 136 sqq.; SCHEEBEN-K\u00dcPPER, Die Mysterien des Christenthums (2nd ed., Freiburg, 1898), sect. 97; TOURNEBIZE, Opinions du jour sur les peines d&#8217;Outre-tombe (Paris, 1899); JOS. SACHS, Die ewige Dauer der H\u00f6llenstrafen (Paderborn, 1900); BILLOT, De novissimis (Rome, 1902); PESCH, Praelect. dogm., IX (2nd. ed., Freiburg, 1902), 303 sqq.; HURTER, Compendium theol. dogm., III (11th ed., Innsbruck, 1903), 603 sqq.; STUFLER, Die Heiligkeit Gottes und der ewige Tod (Innsbruck, 1903); SCHEEBEN-ATZBERGER, Handbuch der kath. Dogmatik, IV (Freiburg, 1903), sect. 409 sqq.; HEINRICH-GUTBERLET, Dogmatische Theologie, X (M\u00fcnster, 1904), sect. 613 sqq.; BAUTZ, Die H\u00f6lle (2nd. ed., Mainz, 1905); STUFLER, Die Theorie der freiwilligen Verstocktheit und ihr Verh\u00e4ltnis zur Lehre des hl. Thomas von Aquin (Innsbruck, 1905); varios manuales recientes de teolog\u00eda dogm\u00e1tica (POHLE, SPECHT, etc.); HEWIT, Ignis \u00c6ternus in The Cath. World, LXVII (1893), 1426; BRIDGETT in Dub. Review, CXX (1897), 56-69; PORTER, Eternal Punishment en The Month, July, 1878, p. 338.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">JOSEPH HONTHEIM .Transcrito por Michael T. Barrett<br \/>\nDedicado a las Pobres Almas del Purgatorio<br \/>\nTraducido por Carolina Eyzaguirre A.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Selecci\u00f3n de im\u00e1genes: Jos\u00e9 G\u00e1lvez Kr\u00fcger\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fuente de las im\u00e1genes: Google books.[1]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Edici\u00f3n de im\u00e1genes: Juan Manuel Parra.\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>v. Abad\u00f3n, Hades, Seol Mat 5:22 fatuo, quedar\u00e1 expuesto al i de fuego Mat 5:29 no que todo tu cuerpo sea echado al i Mat 10:28 destruir el alma y el cuerpo en el i Mat 18:9 teniendo dos ojos ser echado en el i de Mat 23:15 le hac\u00e9is dos veces m\u00e1s hijo del &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/infierno\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abINFIERNO\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-5043","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5043","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=5043"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5043\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=5043"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=5043"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=5043"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}