{"id":5306,"date":"2016-02-05T01:18:39","date_gmt":"2016-02-05T06:18:39","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/parusia\/"},"modified":"2016-02-05T01:18:39","modified_gmt":"2016-02-05T06:18:39","slug":"parusia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/parusia\/","title":{"rendered":"PARUSIA"},"content":{"rendered":"<p>segunda venida de Cristo en la que se juzgar\u00e1 a los vivos y a los muertos.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Digital, Grupo C Service &#038; Design Ltda., Colombia, 2003<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Digital<\/b><\/p>\n<p>ver ESCATOLOG\u00ed\u00adA<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Mundo Hispano<\/b><\/p>\n<p>(venida, presencia).<\/p>\n<p> Palabra usada para referirse a la Segunda venida de Cristo; la palabra no est\u00e1 en la Biblia, pero s\u00ed\u00ad su traducci\u00f3n, \u00abvenida\u00bb: (Mat 24:3). Ver \u00abEscatolog\u00ed\u00ada\u00bb.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano<br \/>\nDr. J. Dominguez<\/p>\n<p>http:\/\/biblia.com\/diccionario\/<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano<\/b><\/p>\n<p>\u2020\u00a2Escatolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Cristiano<\/b><\/p>\n<p>[248]<\/p>\n<p>     Aludimos con este t\u00e9rmino a la venida segunda del Se\u00f1or, creencia que desde los primeros tiempos cristianos ha estado clavada en el coraz\u00f3n de la Iglesia y constituye el manantial de la esperanza de los seguidores del Evangelio.<\/p>\n<p>    La realidad del retorno es indudable dogm\u00e1ticamente. Al fin del mundo, Cristo, rodeado de majestad, vendr\u00e1 de nuevo para juzgar a los hombres.<\/p>\n<p>    El S\u00ed\u00admbolo apost\u00f3lico confiesa: \u00abY desde all\u00ed\u00ad ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos\u00bb. De manera parecida se expresan los s\u00ed\u00admbolos posteriores, haci\u00e9ndose eco de los testimonios evang\u00e9licos. El Se\u00f1or subi\u00f3 a los cielos, pero prometi\u00f3 con claridad su regreso: \u00abVer\u00e9is al Hijo del hombre sentado a la diestra del Todopoderoso venir sobre las nubes.\u00bb (Mc. 14. 62 y Mt. 26. 64). Y la palabra que qued\u00f3 flotando entre los seguidores, que le vieron alejarse en la Ascensi\u00f3n, no dej\u00f3 lugar a duda: \u00abEse Jes\u00fas, que acaba de subir de vuestro lado al cielo, vendr\u00e1 como lo hab\u00e9is visto marcharse.\u00bb<br \/>\n    El s\u00ed\u00admbolo nicenoconstantinopolitano a\u00f1ade \u00abcum gloria\u00bb, con majestad y brillo, al igual que los dem\u00e1s s\u00ed\u00admbolos o declaraciones de la fe cristiana, que recogen expresiones similares. (Denz. 40, 86, 54, 287, 429)<\/p>\n<p>     1. Realidad de la venida<br \/>\n    Jes\u00fas predijo varias veces su segunda venida (parusia) al fin de los tiempos: \u00abEl Hijo del hombre ha de venir en la gloria de su Padre, con sus \u00e1ngeles, y entonces dar\u00e1 a cada uno seg\u00fan sus obras.\u00bb (Mt 16. 27;  Mc. 8, 38; Lc. 9. 26). Y lo aclar\u00f3 con detalles, que en sus oyentes deb\u00ed\u00adan recordar, sin duda, y despertar resonancias prof\u00e9ticas: \u00abEntonces aparecer\u00e1 la se\u00f1al del Hijo del hombre en el cielo, y se lamentar\u00e1n todas las tribus de la tierra, y ver\u00e1n al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo con poder y majestad grande.\u00bb (Mt. 24. 30; Mc. 13. 26; Lc. 21. 27)<\/p>\n<p>    Ese estandarte aludido no puede ser otro, seg\u00fan frecuente comentario de los Padres y escritores de los primeros tiempos, que la cruz en la que entreg\u00f3 su vida, acto supremo de su misi\u00f3n de Redentor.<\/p>\n<p>    La repetida frase de \u00abvenir sobre las nubes del cielo\u00bb tiene evidente sabor prof\u00e9tico. Implica majestad, misterio, supremac\u00ed\u00ada y ruptura con las realidades de este mundo.<\/p>\n<p>    Basta recoger y comparar textos prof\u00e9ticos: Is. 13. 10; Dn. 7. 13-14; Zac. 12. 10-14, para advertir que Jes\u00fas refleja con sus alusiones or\u00e1culos conocidos por sus oyentes.<\/p>\n<p>    Son numerosas las visiones de los videntes antiguos que sit\u00faan su atenci\u00f3n, y su referencia al poder divino, en el \u00e1mbito et\u00e9reo y majestuoso del firmamento. Es la se\u00f1al del triunfo final, como reflejan los or\u00e1culos: Dan. 7. 13; y como dicen los evangelistas en repetidas ocasiones, haci\u00e9ndose eco de esos anuncios de los Profetas: Mt. 25. 31; 26. 64; Lc. 17. 24 y 26; Jn. 6. 39; Hech. 1. 11.<\/p>\n<p>    Los seguidores de Jes\u00fas insistieron en esa esperanza escatol\u00f3gica. Ella fue el soporte de su fe kerigm\u00e1tica inicial. Ellos entendieron al principio que era inminente la venida del Reino del Se\u00f1or, sin acertar a diferenciar bien entre el reino terrenal y el otro \u00abreino prof\u00e9tico\u00bb que Jes\u00fas anunciaba. Luego se dieron cuenta de que el Se\u00f1or vendr\u00ed\u00ada, pero no de forma inminente y se lanzaron por el mundo a anunciar esa esperanza.<\/p>\n<p>    San Pablo precisaba a los que cre\u00ed\u00adan inminente la venida del Se\u00f1or, que no era tan pronta. En la primera carta conocida que sali\u00f3 de su pluma dice: \u00abEsto os decimos como palabra del Se\u00f1or: que nosotros, los vivos, los que quedamos para la venida del Se\u00f1or, no nos anticiparemos a los que se durmieron; pues el mismo Se\u00f1or, a una orden, a la voz del arc\u00e1ngel, al sonido de la trompeta de Dios, descender\u00e1 del cielo, y los muertos en Cristo resucitar\u00e1n primero; despu\u00e9s nosotros, los vivos, los que quedamos, junto con ellos, seremos arrebatados en las nubes, al encuentro del Se\u00f1or en los aires, y as\u00ed\u00ad estaremos siempre con el Se\u00f1or.\u00bb (1 Tes. 4. 15-17).<\/p>\n<p>     El fin de esa segunda venida del Se\u00f1or se presenta con triple referencia: resucitar, juzgar, sancionar. Es la idea que van desarrollando los primeros cristianos y se refleja en los textos apost\u00f3licos del Nuevo Testamento (1 Cor. 1. 8; 1 Tes. 3. 13; 5. 23; 2 Petr. 1. 16; 1 Jn. 2. 28; Sant. 5. 7; Jd. 14)<\/p>\n<p>     Los escritores no b\u00ed\u00adblicos se asociaron a esa esperanza, enlazados con los escritores b\u00ed\u00adblicos. Desde el primer catecismo cristiano conocido, la Didaj\u00e9, posiblemente del a\u00f1o 80 o 90, que habla de la venida del Se\u00f1or: \u00abEl mundo ver\u00e1 venir al Se\u00f1or sobre las nubes del cielo\u00bb. (16. 8), hasta la escatolog\u00ed\u00ada m\u00e1s completa de los Padres te\u00f3logos del siglo IV, la idea eje se mantiene inconmovible: El Se\u00f1or Jes\u00fas vendr\u00e1.<\/p>\n<p>    Hasta qu\u00e9 punto esa esperanza se identificaba con una venida f\u00ed\u00adsica y espectacular o respond\u00ed\u00ada a una visi\u00f3n m\u00e1s simb\u00f3lica, significativa, incluso m\u00ed\u00adtica, es algo que permanece en el misterio.  Pero, que existi\u00f3 en los primeros cristianos la idea de la venida \u00faltima y que se esperaba no muy lejana hoy parece evidente.<\/p>\n<p>     2. El modo de la venida<br \/>\n    La descripci\u00f3n de la venida del Se\u00f1or fue entendida siempre como gesto prof\u00e9tico y apocal\u00ed\u00adptico, m\u00e1s que como espect\u00e1culo f\u00ed\u00adsico. Con respecto a los pormenores de esa venida, desde los primeros tiempos cristianos se han contrapuesto las interpretaciones metaf\u00f3ricas y las creencias m\u00e1s naturales y realistas.<\/p>\n<p>    El com\u00fan denominador de tales creencias es la majestad ostensiva de esa llegada de Jes\u00fas. La terminolog\u00ed\u00ada hay que buscarla en la literatura prof\u00e9tica y en el g\u00e9nero apocal\u00ed\u00adptico que, sin duda, exist\u00ed\u00ada con profusi\u00f3n en escritos de los siglos I y II, sobre todo en las zonas orientales del Imperio romano.<\/p>\n<p>     El torrente de pormenores se superpone en los textos evang\u00e9licos. Es Mateo el que m\u00e1s resalta la espectacularidad de la venida: \u00abNo quedar\u00e1 piedra sobre piedra&#8230;\u00bb (Mt 24. 1.2). \u00abMuchos dir\u00e1n: \u00absoy el Mes\u00ed\u00adas\u00bb; y enga\u00f1ar\u00e1n a los dem\u00e1s&#8230;\u00bb (Mt. 24. 5). \u00abHabr\u00e1 hambre y terremotos&#8230; y entregar\u00e1n a muchos a la tortura&#8230;\u00bb (Mt. 24. 8). \u00abEl \u00ed\u00addolo abominable, anunciado por Daniel, se instalar\u00e1 en el lugar santo&#8230; (Mt. 24. 15). \u00abEntonces vendr\u00e1, como el rel\u00e1mpago que sale de Oriente hacia Occidente, el Hijo del Hombre\u00bb (Mt. 24. 27).<\/p>\n<p>    Pero no es s\u00f3lo Mateo el que recoge estos datos, sino que los otros Sin\u00f3pticos coinciden en las mismas advertencias: \u00abVer\u00e1n venir al Hijo del hombre entre nubes, con gran poder y gloria.\u00bb (Mc. 13. 24-26 y Lc. 21.27)<\/p>\n<p>    3. Las se\u00f1ales de la venida<br \/>\n    Recogiendo todos los datos que tenemos en los Sin\u00f3pticos, se perfila un mapa interesante de se\u00f1ales sobre la venida del Se\u00f1or. Con frecuencia se han se\u00f1alado esos rasgos como prueba de que la venida no parecer\u00ed\u00ada entonces tan inmediata.<\/p>\n<p>     3.1. Evangelio para el mundo<br \/>\n    La predicaci\u00f3n del Evangelio por todo el mundo parece el hecho m\u00e1s significativo en la mente de los evangelistas. El cumplimiento del mandato: \u00abId y predicad a todas las naciones\u00bb (Mc. 16. 15) debi\u00f3 quedar muy grabado en la mente de los Ap\u00f3stoles. Y evidentemente esa predicaci\u00f3n no pareci\u00f3 poder hacerse de forma f\u00e1cil.<\/p>\n<p>    Con los medios de comunicaci\u00f3n que ellos conocieron y emplearon, no era cuesti\u00f3n de pocos a\u00f1os. Sin embargo ellos deber\u00ed\u00adan llevar el mensaje hasta el final del mundo. El mismo Se\u00f1or les avis\u00f3 de que algunos de sus hechos se predicar\u00ed\u00adan por \u00abtodo el mundo\u00bb. Tal fue la unci\u00f3n de la Magdalena, que adelant\u00f3 su embalsamamiento y suscit\u00f3 la cr\u00ed\u00adtica de los avariciosos que andaban cerca de la bolsa de Jes\u00fas. (Jn. 12. 7)<\/p>\n<p>    En otras ocasiones Jes\u00fas mismo afirm\u00f3 que su mensaje habr\u00ed\u00ada de llegar muy lejos y antes de que El volviera a los suyos: \u00abSer\u00e1 predicado este evangelio (o noticia) del Reino en todo el mundo, siendo testimonio para todas las naciones; entonces vendr\u00e1 el fin.\u00bb (Mt. 24. 14; Mc. 13, 10). Esta frase no parece significar que el fin est\u00e9 inmediato, sino que el mensaje se extender\u00e1 por todo el mundo y que habr\u00e1 tiempo para ello.<\/p>\n<p>    3.2. Conversi\u00f3n de los jud\u00ed\u00ados<\/p>\n<p>    Fue idea que rond\u00f3 la mente de los Ap\u00f3stoles que, al fin y al cabo, eran jud\u00ed\u00ados de raza y de coraz\u00f3n y lamentaban la incredulidad de su pueblo. Se debi\u00f3 hacer m\u00e1s viva a medida que el Israel elegido en otro tiempo se mostr\u00f3 cada vez m\u00e1s alejado del Evangelio y persigui\u00f3 a los que lo segu\u00ed\u00adan.<\/p>\n<p>    S. Pablo mostr\u00f3 claramente el dolor de la obstinaci\u00f3n de sus hermanos de raza en palabras entra\u00f1ables: \u00ab\u00bfEs que Dios ha rechazado a su pueblo? De ninguna manera, que yo soy israelita&#8230; Ha quedado un resto&#8230; Y con su ca\u00ed\u00adda ha llegado la salvaci\u00f3n a los paganos.\u00bb (Rom. 11. 1-7 y 11. 25-32). Y alude a ese \u00abmisterio\u00bb tan lacerante para \u00e9l: \u00abEl endurecimiento Israel no es definitivo. Durar\u00e1 hasta que se conviertan los paganos. Luego, todo Israel se salvar\u00e1, porque ellos siguen siendo muy amados por Dios, pues los dones de Dios son irrevocables&#8230;\u00bb (Rom. 11. 25-37)<\/p>\n<p>    La segunda venida del Mes\u00ed\u00adas acontecer\u00e1, pues, cuando el pueblo de Israel se incline hacia Cristo y reconozca que es el Se\u00f1or. Entonces habr\u00e1 llegado el tiempo de la nueva venida. No deja esta interpretaci\u00f3n de ofrecer determinadas dificultades exeg\u00e9ticas. Por una parte recoge reminiscencias prof\u00e9ticas de salvaci\u00f3n al estilo antiguo, con expresiones mesi\u00e1nicas de profetas como Malaqu\u00ed\u00adas: \u00abMirad, que yo mandar\u00e9 a El\u00ed\u00adas, el profeta, antes de que venga el d\u00ed\u00ada de Yahv\u00e9, grande y terrible; y entonces se reconciliar\u00e1n padres e hijos, de manera que, cuando yo venga, no se exterminar\u00e1 la tierra entera.\u00bb (Mal. 3. 22-23)<\/p>\n<p>    Por otra, el juda\u00ed\u00adsmo hab\u00ed\u00ada entendido este pasaje como una segunda venida corporal de El\u00ed\u00adas (Eccli. 48. 10).<\/p>\n<p>    La fecha de su venida estaba en su mente asociada al comienzo de la era mesi\u00e1nica, dando la idea de que El\u00ed\u00adas era el precursor del Mes\u00ed\u00adas (Jn. 1. 21; Mt. 16. 14). Sin embargo, los escritores cristianos primitivos lo entendieron del final de los tiempos y del mundo.<\/p>\n<p>    Miraron ese augurio como el emblema del regreso de los jud\u00ed\u00ados al buen camino y la se\u00f1al del fin de los tiempos.<\/p>\n<p>    Jes\u00fas mismo aludi\u00f3 a esa significaci\u00f3n y clarific\u00f3 el sentido de tal expectativa sobre la venida de El\u00ed\u00adas. Desvi\u00f3 la atenci\u00f3n desde un personaje del pasado hacia otro del presente. \u00abOs digo que El\u00ed\u00adas ya vino y no le reconocieron; antes bien, hicieron con \u00e9l lo que quisieron.\u00bb (Mt. 17. 12; Mc. 9. 13). Por lo tanto indicaba que el signo de un profeta del pasado deb\u00ed\u00ada ser reemplazado en la mente de la gente por la palabra de uno que dec\u00ed\u00ada de s\u00ed\u00ad mismo: \u00abYo soy la voz del que clama en el desierto: preparad los caminos del Se\u00f1or.\u00bb (Jn. 1. 23)<\/p>\n<p>    3.3. Apostas\u00ed\u00ada de la fe<br \/>\n    Jes\u00fas predijo que antes del fin del mundo suceder\u00ed\u00ada una apostas\u00ed\u00ada general. Avis\u00f3 que aparecer\u00ed\u00adan falsos profetas, que lograr\u00ed\u00adan enga\u00f1ar a muchos ingenuos (Mt. 24. 4). Y previno a sus disc\u00ed\u00adpulos para que se dispusieran en actitud defensiva. San Pablo asegur\u00f3 que, antes de la venida del Se\u00f1or, tendr\u00ed\u00ada lugar \u00abla apostas\u00ed\u00ada de la gente\u00bb (2 Tes. 2. 3)<\/p>\n<p>    Los comentarios de los Padres y escritores antiguos abundaron en la idea de que el Evangelio habr\u00ed\u00ada de predicarse a todo el mundo, pero que muchos lo menospreciar\u00ed\u00adan y se alejar\u00ed\u00adan por completo del bien y de la verdad. El mundo es traidor y f\u00e1cilmente abandona el buen camino, seducido por el mal.<\/p>\n<p>    La queja de Jes\u00fas: \u00ab\u00bfPens\u00e1is que cuando venga el Hijo del hombre va a encontrar fe sobre la tierra?\u00bb (Lc. 18. 8) pes\u00f3 mucho en la conciencia evangelizadora de sus primeros seguidores.<\/p>\n<p>    3.4. Aparici\u00f3n del Anticristo<br \/>\n    Esa apostas\u00ed\u00ada, o abandono de la fe, aparece con frecuencia relacionada de alguna manera con las fuerzas del mal, personalizadas en un misterioso personaje denominado \u00abel contrario a Cristo\u00bb, el Anticristo. Ese \u00abenemigo\u00bb se describe como un \u00absatan\u00e1s\u00bb (adversario), un \u00abdemonio\u00bb (genio), un \u00abpr\u00ed\u00adncipe de las tinieblas\u00bb poderoso, obstinado y destructor. A veces parece intuirse cierto sentido metaf\u00f3rico alusivo a las fuerzas del mal. Otras veces se presenta como un personaje real, singular y concreto, que viene al mundo en actitud de lucha y con pretensi\u00f3n e victoria.<\/p>\n<p>     San Pablo dice claramente a los Tesalonicenses: \u00abAntes ha de venir la apostas\u00ed\u00ada, ha de manifestarse el hombre de iniquidad, el hijo de la perdici\u00f3n, que se opone y se alza contra todo lo que se dice Dios o es adorado, hasta sentarse en el templo de Dios y proclamarse Dios a s\u00ed\u00ad mismo.\u00bb (2 Tes. 2. 3).<\/p>\n<p>    Sea personal y f\u00ed\u00adsico o sea representaci\u00f3n simb\u00f3lica del mal, queda claro que, antes de la venida \u00faltima del Se\u00f1or, ese misterioso personaje se har\u00e1 presente en la tierra y se adue\u00f1ar\u00e1 de la mente de muchos seguidores de Cristo.<\/p>\n<p>    Se presentar\u00e1 con el poder de Satan\u00e1s (del adversario, del enemigo). Obrar\u00e1 milagros portentosos que arrastrar\u00e1n a los hombres a la apostas\u00ed\u00ada de la verdad. Har\u00e1 lo posible por \u00abprecipitarlos en la injusticia y la iniquidad\u00bb. (2 Tes. 2. 11)<\/p>\n<p>    Pero Jes\u00fas, en su venida, triunfar\u00e1, como no podr\u00ed\u00ada ser por menos, trat\u00e1ndose del Hijo de Dios: \u00abLo destruir\u00e1 con el aliento de su boca.\u00bb (2. Tes. 2. 8).<\/p>\n<p>    La idea de \u00abanticristo\u00bb la emplea por vez primera el autor de las cartas llamadas de Juan (1 Jn. 2. 15 y 22; 4. 3; 2 Jn. 2. 7). Estas fueron escritas a\u00f1os despu\u00e9s de las cartas a los Tesalonicenses: pero la terminolog\u00ed\u00ada y el contexto simb\u00f3lico de esos escritos hacen m\u00e1s f\u00e1cil la idea del citado personaje. En S. Pablo se personaliza la figura. En los escritos jo\u00e1nicos se llama \u00abanticristos\u00bb a todos los falsos maestros que ense\u00f1an con el esp\u00ed\u00adritu del Anticristo.<\/p>\n<p>    La idea pasar\u00ed\u00ada a otros escritores, como el autor de la Didaj\u00e9, que tambi\u00e9n aludi\u00f3 con esa expresi\u00f3n al \u00abseductor del mundo.\u00bb (cap. 16. 4)<\/p>\n<p>    No es f\u00e1cil aceptar que la idea del \u00abanticristo\u00bb se refer\u00ed\u00ada en la mente de los primeros cristianos a alguno de los grandes perseguidores del Evangelio: Ner\u00f3n, Cal\u00ed\u00adgula, Claudio&#8230; tal vez Domiciano. Y es dif\u00ed\u00adcil saber de d\u00f3nde procedi\u00f3 la imagen magnificada de ese personaje destructor, aunque hubo mitos similares en tradiciones y mitolog\u00ed\u00adas procedentes de Persia, Egipto o Babilonia. Los Padres posteriores siguieron cultivando su sentido simb\u00f3lico de adversario, incluso con alg\u00fan estudio muy personalizado sobre su identidad, como la primera monograf\u00ed\u00ada sobre esta figura atribuida a S. Hip\u00f3lito de Roma<\/p>\n<p>     3.5. Grandes calamidades<br \/>\n    Se encuentran entre los avisos de Jes\u00fas la predicci\u00f3n de guerras, hambres, terremotos, convulsiones, calamidades y persecuciones contra sus disc\u00ed\u00adpulos: \u00abEntonces os entregar\u00e1n a los tormentos y os matar\u00e1n; y ser\u00e9is abominados de todos los pueblos a causa de mi nombre\u00bb (Mt. 24. 9).  Las im\u00e1genes catastr\u00f3ficas tienen el m\u00e1s genuino sabor de los or\u00e1culos prof\u00e9ticos: Is. 13. 10; 34. 4-3; Dan. 2. 28-29 y 9.29; Os. 9.20. etc. La convulsiones se presentan como f\u00ed\u00adsicas y c\u00f3smicas, pero tambi\u00e9n sociales y morales. Destrozar\u00e1n el nuevo pueblo elegido.<\/p>\n<p>    Pero se intuye subterr\u00e1neamente que no lograr\u00e1n destruir el Reino del bien, pues \u00abaquellos d\u00ed\u00adas se abreviar\u00e1n por amor a los elegidos\u00bb. (Mt. 24. 22) No ser\u00e1n m\u00e1s que se\u00f1ales de la venida del Se\u00f1or y signos de que \u00abla libertad est\u00e1 cerca&#8230; Entonces ver\u00e1n al Hijo del hombre.\u00bb (Lc. 21. 28).<\/p>\n<p>    4. El tiempo de la venida<br \/>\n    Los hombres desconocen el momento en que Jes\u00fas vendr\u00e1. Es un secreto y un misterio. Lo importante es estar preparados y en actitud de permanente alerta, que evang\u00e9licamente es m\u00e1s \u00abesperanza\u00bb que simple \u00abespera\u00bb. El mismo Evangelio testifica que Jes\u00fas lo oculta, porque, como Dios, no desea revelarlo y, como hombre, no llega a ello. Expl\u00ed\u00adcitamente lo advierte: \u00abEn cuanto al d\u00ed\u00ada o a la hora, nadie lo sabe, ni los \u00e1ngeles del cielo ni el Hijo, sino s\u00f3lo el Padre.\u00bb (Mc. 13. 32; Mt. 24. 36).<\/p>\n<p>    En otros lugares se parece adivinar que s\u00ed\u00ad lo sabe, pero no entra en su plan el comunicarlo todav\u00ed\u00ada a los disc\u00ed\u00adpulos, pues lo importante es \u00abel env\u00ed\u00ado a proclamar la buena nueva\u00bb y no ponerse al tanto de secretos. Lo sugiere el mismo Jes\u00fas camino del Huerto de los Olivos, donde, seg\u00fan la tradici\u00f3n jerosolimitana, subi\u00f3 al cielo. (Lc. 24.51). En esa despedida Jes\u00fas les dijo: \u00abNo os toca a vosotros conocer los tiempos ni los momentos que el Padre ha fijado en virtud de su poder soberano\u00bb (Hech. 1. 7)<\/p>\n<p>    En la otra tradici\u00f3n, que pone la Ascensi\u00f3n en Galilea (Mt. 28.16 y Mc. 16.19), no se hacen alusiones a estas precisiones.<\/p>\n<p>    Lo que parece claro, al armonizar los diversos textos de los evangelistas, es que Jes\u00fas no contaba con que estuviera pr\u00f3xima su nueva venida. As\u00ed\u00ad lo prueban varias expresiones de sus discursos escatol\u00f3gicos (Mt. 24. 14, 21 Y 31; Lc 21. 24; Lc. 17. 22; Mt. 12. 41).<\/p>\n<p>    Adem\u00e1s, en las diversas par\u00e1bolas en las que simboliza el final del mundo y la segunda venida, se sugiere una larga ausencia del Se\u00f1or (Mt. 24. 48; 25. 5; 25. 16). \u00abPasado \u00abmucho tiempo\u00bb volvi\u00f3 el amo de aquellos siervos y les tom\u00f3 cuentas\u00bb&#8230; (Mt. 13. 24-33). \u00abNinguno de estos invitados vendr\u00e1n a probar bocado en la cena.\u00bb (Lc. 14. 24). \u00abDejad que crezcan ambos hasta el tiempo de la siega.\u00bb (Mt. 13.30)   La idea contrar\u00ed\u00ada, la de la inminencia de su llegada, que recoge Mt. 24. 34: \u00abEn verdad os digo que no pasar\u00e1 esta generaci\u00f3n antes de que todo esto suceda\u00bb, no es dif\u00ed\u00adcil de interpretar como alusi\u00f3n a la destrucci\u00f3n de Jerusal\u00e9n que, por otra parte, cualquier esp\u00ed\u00adritu perspicaz ve\u00ed\u00ada venir, dada la creciente aversi\u00f3n antirromana de los jud\u00ed\u00ados y el incremento progresivo de los fan\u00e1ticos guerrilleros zelotes o sicarios.<\/p>\n<p>    De igual forma se interpretan otras alusiones a la inmediatez: \u00abOs aseguro que alguno de los presentes no morir\u00e1 hasta que haber visto el Reino de Dios.\u00bb (Lc. 9.27), pues precede al relato de la transfiguraci\u00f3n.<\/p>\n<p>   El aviso de que \u00aba la hora en que menos pens\u00e9is, ser\u00e1 cuando venga el Hijo del hombre\u00bb (Lc. 12. 40) es el m\u00e1s significativo en relaci\u00f3n al momento de la venida. Que esa demora fue entendida por los Ap\u00f3stoles, lo acreditan textos al estilo de las ense\u00f1anzas paulinas a los Tesalonicenses: \u00abCuanto al tiempo y a las circunstancias no hay, hermanos, para qu\u00e9 escribir. Sab\u00e9is bien que el d\u00ed\u00ada del Se\u00f1or llegar\u00e1 como el ladr\u00f3n en la noche\u00bb. (1 Tes. 5. 1-2).<\/p>\n<p>    Ante esta comunidad de Tesal\u00f3nica insiste con m\u00e1s claridad en la segunda Carta: 2 Tes. 2. 1, declarando que la venida del Se\u00f1or tiene que hallarse precedida de diversas se\u00f1ales que tardar\u00e1n en verse cumplidas: 2 Tes. 2. 1-3.<\/p>\n<p>    Tambi\u00e9n la Carta de San Pedro alude a esa demora y la justifica aludiendo a la misericordia divina, que siempre da tiempo a los pecadores para su conversi\u00f3n y posible penitencia. (2 Petr. 3. 9). Recuerda que \u00abante Dios, mil a\u00f1os son como un solo d\u00ed\u00ada&#8230;\u00bb(2. Petr. 3. 8 y Salm. 90.4). Y proclama repitiendo la idea de Pablo, que \u00abel d\u00ed\u00ada del Se\u00f1or vendr\u00e1 como ladr\u00f3n.\u00bb: (2 Petr 3. 10)<\/p>\n<p>    A pesar de todas estas consideraciones, la venida del Se\u00f1or fue con toda claridad una inquietud de los primeros cristianos, como se advierte latente en multitud de referencias: Fil. 4. 5;  Hebr. 10. 37;  Sant. 5. 8; 1 Petr. 4. 7; 1. Jn. 2. 15. Entre ellos resonaba con frecuencia la esperanza de su venida. La proclama aramea \u00abMaranna tha = \u00abVen, Se\u00f1or nuestro.\u00bb (1 Cor. 16. 22; Apoc. 22. 20; Didaj\u00e9 10. 6) es testimonio del ansia con que suspiraban por la Parus\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>   4. Pastoral y Parusia<br \/>\n    La importancia de la Parusia est\u00e1 en su fuerza referencial a Cristo Se\u00f1or, que vino y va a volver para juzgar a los hombres sobre el amor. El significado hay que buscarlo en las exigencias de vida cristiana.  La Parus\u00ed\u00ada no es un principio o misterio cristiano para suscitar la curiosidad o el termo, sino la esperanza. Es un grito sobre la fugacidad del tiempo y un reclamo sobre la necesidad de vivir bien.<\/p>\n<p>    Quien pretenda ver en ella referencias misteriosas de acontecimientos amedrentadores o avisos sobre un juicio espectacular debe saber que se aleja del sentido cristiano del misterio<br \/>\n  .<\/p>\n<p>   Para entender este sentido de la Parus\u00ed\u00ada hay que acudir, ante todo, a la asombrosa y emotiva par\u00e1bola del juicio final. Jes\u00fas va a preguntar por el amor, es decir por la fidelidad al \u00fanico mandamiento dado por el Maestro: \u00abAmaos los unos a los otros como yo os he amado: en esto conocer\u00e1n que sois mis disc\u00ed\u00adpulos.\u00bb (Jn 13. 33). Cuando juzgue a los suyos les preguntar\u00e1 por el amor: \u00abCuando venga el Hijo del hombre con toda su gloria y todos sus \u00e1ngeles, se sentar\u00e1 en su trono&#8230; pondr\u00e1 a las ovejas a una parte y a los cabritos a la otra y dir\u00e1 a unos. \u00abVenid benditos de mi Padre, tomad posesi\u00f3n del Reino prometido desde la creaci\u00f3n&#8230; porque tuve hambre y me disteis de comer&#8230; (Mt. 25. 31-46). A los malos les dir\u00e1 lo contrario.<\/p>\n<p>    Es importante esa dimensi\u00f3n de vida cristiana, ya que se corre el riesgo de interpretar la Parus\u00ed\u00ada como un misterio insondable con resonancias escatol\u00f3gicas m\u00e1s que con exigencias de compromiso y de fidelidad.<\/p>\n<p>    Por eso hay que tener cuidado con no asociar la venida del Se\u00f1or con ideas milenaristas de acontecimientos luctuosos o con figuras amedrentadoras de castigos y de sorpresas. Las figuras del arte medieval, con el Cristo juez (pantocrator de las fachadas catedralicias rom\u00e1nicas) o los montajes maravillosos del arte renacentista o barroco, al estilo del Juicio final de Miguel Angel en la Capilla Sixtina del Vaticano, reflejan la hondura teol\u00f3gica de un Cristo que vino a salvar en la primera venida y vendr\u00e1 a salvar, no a condenar, tambi\u00e9n en la segunda.<\/p>\n<p>    5. Catequesis y Parus\u00ed\u00ada<br \/>\n    Es conveniente recordar que la Parus\u00ed\u00ada requiere una buena catequesis centrada en esa figura misericordiosa de Jes\u00fas. Es tanto m\u00e1s necesaria cuanto que la piedad tradicional de tiempos pasados resalt\u00f3 la dimensi\u00f3n judicial de ese misterio cristiano, eclipsando en parte la otra dimensi\u00f3n soteriol\u00f3gica y benevolente.<\/p>\n<p>    Es cierto que una interpretaci\u00f3n literal de los textos evang\u00e9licos conduce a esa visi\u00f3n. Pero es preciso interpretar esos textos con la regla de la equivalencia.<\/p>\n<p>    Es la regla de la armon\u00ed\u00ada con los dem\u00e1s texto evang\u00e9licos: con la par\u00e1bola del Buen Pastor, con la del buen samaritano o con la del Hijo prodigo. Leer los textos escatol\u00f3gicos del Evangelio despu\u00e9s de las par\u00e1bolas de la misericordia es el mejor criterio catequ\u00ed\u00adstico, sobre todo trat\u00e1ndose de ni\u00f1os y adolescentes.<\/p>\n<p>    Esta catequesis debe vincularse con la realidad total de Cristo vivo, Redentor y misericordioso, justo y sabio, salvador.<\/p>\n<p>   &#8211; Los cristianos de todo tiempo tuvieron inter\u00e9s en presentar la vida como un camino y no como un ideal. Cristo, que prometi\u00f3 venir al final y se hace presente al terminar la vida de cada cristiano, debe ser contemplado como motivo de consuelo y aliento amoroso y no como causa de temor y temblor.<\/p>\n<p> &#8211; Su acto judicial se debe relacionar m\u00e1s con el cielo como premio que con el infierno como castigo, a pesar de que predomine este segundo aspecto en determinadas formas de piedad y ascesis propensas al rigorismo \u00e9tico.<\/p>\n<p> &#8211; La fugacidad de la vida peregrina del cristiano se compensar\u00e1 con la eternidad del amor misericordioso del Se\u00f1or al hacerlo presente con su \u00faltima venida en la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p> &#8211; No se debe ocultar la dimensi\u00f3n judicial, pues el \u00abtemor del Se\u00f1or es el comienzo de la sabidur\u00ed\u00ada\u00bb (Prov. 1. 7). Pero no se debe exagerar, si se quiere descubrir lo que verdaderamente significa esa venida salvadora de Jes\u00fas.<\/p>\n<p> &#8211; En todo caso, se debe pensar que, con su \u00faltima venida, los cristianos le conocer\u00e1n y amar\u00e1n de forma definitiva. Y al fin al cabo, \u00abla vida eterna consiste en conocerte a Ti, s\u00f3lo Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien T\u00fa has enviado.\u00bb (Jn. 17.2)<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>(v. adviento, escatolog\u00ed\u00ada, juicio divino, resurrecci\u00f3n de los muertos)<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>DJN<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nLa palabra naci\u00f3 con fortuna. La escasa semilla prosper\u00f3 en proporciones desmedidas. Casi como el grano de mostaza. Dentro de los evangelios es utilizada, de forma directa, tres veces (Mt 24, 27: la venida, parous\u00ed\u00ada, del Hijo del hombre es imprevisible, como el rayo; en las otras dos ocasiones es comparada con la situaci\u00f3n en que viv\u00ed\u00adan las gentes en los d\u00ed\u00adas de No\u00e9, Mt 24, 37. 39, se acent\u00faa tambi\u00e9n la imprevisibilidad). La forma indirecta es utilizada por Jes\u00fas cuando, al ser invitado por los disc\u00ed\u00adpulos a contemplar, desde el monte de los olivos, las magn\u00ed\u00adficas construcciones del templo, \u00e9l contest\u00f3: \u00abno quedar\u00e1 piedra sobre piedra\u00bb. Entonces ellos le preguntaron: Dinos cu\u00e1ndo ser\u00e1nestas cosas, y cu\u00e1l ser\u00e1 la se\u00f1al de tu venida (= parous\u00ed\u00adas) y del fin del mundo. La frecuent\u00ed\u00adsima obsesi\u00f3n y constantes preocupaciones por la parus\u00ed\u00ada o segunda venida del Se\u00f1or nacieron de esta semilla que, en su origen, no ten\u00ed\u00ada la pretensi\u00f3n de producir cosecha tan abundante.<\/p>\n<p>La soluci\u00f3n de los problemas que ha creado su utilizaci\u00f3n debe comenzar por el reconocimiento de su contexto y lenguaje apocal\u00ed\u00adpticos. Ante la expectativa de una intervenci\u00f3n de Dios para el futuro, los apocal\u00ed\u00adpticos acentuaron el pensamiento de la vigilancia. As\u00ed\u00ad lo hicieron tanto el juda\u00ed\u00adsmo como el cristianismo. En este contexto habla Lucas de \u00ablos d\u00ed\u00adas del Hijo del hombre\u00bb (Lc 17, 26), se los compara con los d\u00ed\u00adas de No\u00e9 y surgen espont\u00e1neamente las cat\u00e1strofes inevitables que acompa\u00f1ar\u00e1n su venida. Tal vez lo m\u00e1s importante sea reconocer que, en el origen de toda esta especulaci\u00f3n, tenemos una par\u00e1bola, la de los siervos vigilantes (Mc 13, 3-37).<\/p>\n<p>Los textos sobre la parus\u00ed\u00ada coinciden con las amonestaciones frecuentes de los evangelios, de Jes\u00fas, a la vigilancia: \u00abLo mismo vosotros, ten\u00e9is que estar preparados, porque el Hijo del hombre vendr\u00e1 a la hora en que menos pens\u00e9is\u00bb (Mt 24, 44: estas palabras vienen despu\u00e9s de las relativas a la venida del Hijo del hombre con la del ladr\u00f3n&#8230;).<\/p>\n<p>Teniendo en cuenta estos antecedentes nos resultar\u00e1 f\u00e1cil descongestionarnos de las angustias producidas por la parus\u00ed\u00ada. El texto m\u00e1s coercitivo para interpretar la venida del Hijo del hombre al final de los tiempos, es el siguiente: \u00abY Jes\u00fas le dijo: S\u00ed\u00ad, lo soy; y vosotros ver\u00e9is al Hijo del hombre sentado a la derecha del Poder y viniendo sobre las nubes del cielo\u00bb (Mc 14, 62).<\/p>\n<p>La venida sobre las nubes del cielo es una imagen que nos introduce en el mundo de lo divino. Las nubes del cielo pertenecen a la jurisdicci\u00f3n de Dios. La visi\u00f3n del Hijo del hombre sobre las nubes del cielo es la contemplaci\u00f3n del mismo sentado a la derecha de Dios.<\/p>\n<p>El texto copiado de Marcos considera la exaltaci\u00f3n y la parus\u00ed\u00ada del Hijo del hombre formando un \u00fanico acto. El mejor comentario al texto nos lo ofrece un pasaje del evangelio de san Juan. El discurso de despedida gira en torno a dos verbos: \u00abir\u00bb o partir, marcharse y \u00abvolver\u00bb: \u00abMe voy y vuelvo a vosotros\u00bb (Jn 14, 1 ss). En el evangelio de Juan no existe la parus\u00ed\u00ada en el sentido tradicional. La parus\u00ed\u00ada es la pascua. La vuelta, el retorno o la parus\u00ed\u00ada jo\u00e1nica coincide con la resurrecci\u00f3n. La resurrecci\u00f3n corporal: al fin de los tiempos (Jn 5, 29) no perteneci\u00f3 al evangelio en su forma original. Fue a\u00f1adido a modo de puente para armonizar sus afirmaciones con las de los evangelios sin\u00f3pticos.<\/p>\n<p>El tiempo indefinido nunca es signo de consuelo. \u00bfPodr\u00ed\u00ada ser un signo de triunfo y de victoria, para los amigos o para los enemigos de Jes\u00fas, un acontecimiento tan remoto que nadie se atrever\u00ed\u00ada hoy a calcular los millones de a\u00f1os que tardar\u00ed\u00ada en producirse? Naturalmente que los contempor\u00e1neos de Jes\u00fas no med\u00ed\u00adan la duraci\u00f3n del mundo por unidades de mill\u00f3n. No obstante, el acontecimiento al que hace referencia Jes\u00fas obligaba a pensar a sus contempor\u00e1neos en un tiempo m\u00e1s o menos lejano, en un acontecimiento remoto e impredecible, que no pod\u00ed\u00ada servir de consuelo ni de argumento para nadie, ni para los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas ni para sus enemigos.<\/p>\n<p>En cuanto a parus\u00ed\u00ada y al juicio, se trata de algo absoluto, de lo totalmente otro, que ha penetrado en el espacio y en el tiempo. Y as\u00ed\u00ad como el reino de Dios y el Hijo del hombre han llegado, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n ha llegado -sin esperar al cl\u00e1sico fin del mundo y el juicio universal- el juicio existencial, dependiente de la actitud del hombre ante dicha realidad divina y la bienaventuranza. Lo anunciado apocal\u00ed\u00adpticamente para el futuro comienza a hacerse realidad en el presente. Pero este presente hist\u00f3rico es incapaz de contener todo el significado de lo absoluto. Por eso, las im\u00e1genes conservan su significado como s\u00ed\u00admbolos de las realidades eternas, lascuales, aunque penetran en la historia, no se agotan nunca en ella. El Hijo del hombre ha venido, viene y seguir\u00e1 viniendo. ->resurrecci\u00f3n; literatura apocal\u00ed\u00adptica.<\/p>\n<p>Felipe F. Ramos<\/p>\n<p>FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret<\/b><\/p>\n<p>(-> apocal\u00ed\u00adptica, Hijo del Hombre, guerra fincd, Pablo, Tesalonicenses). Significa \u00abvenida\u00bb o \u00abmanifestaci\u00f3n\u00bb y as\u00ed\u00ad se emplea en sentido normal, refiri\u00e9ndose a la venida de diversas personas, como Esteban (cf. 1 Cor 16,17) o Tito (2 Cor 7,6.7) o el mismo Pablo (Flp 2,12). Suele aplicarse en un sentido pol\u00ed\u00adtico y religioso especial, aludiendo a la llegada vencedora del emperador o a la manifestaci\u00f3n de un Dios. En el Nuevo Testamento se aplica b\u00e1sicamente a la revelaci\u00f3n gloriosa de Jes\u00fas, que ha de venir, como Hijo del Hombre, de una forma repentina o inesperada (Mt 24,27.37.39; Sant 5,8; cf. 1 Jn 2,28). Pues bien, los textos b\u00e1sicos de la parus\u00ed\u00ada o manifestaci\u00f3n final de Cristo, con la llegada de los \u00faltimos tiempos, se encuentran en la tradici\u00f3n de Pablo.<\/p>\n<p>(1) Parus\u00ed\u00ada inminente. Primero resucitar\u00e1n los muertos (1 Tes). Pablo no ha desarrollado ning\u00fan libro o texto apocal\u00ed\u00adptico expresamente destinado a fijar el despliegue del fin de los tiempos, pues el orden general de ese despliegue hab\u00ed\u00ada sido ya fijado por el judaismo apocal\u00ed\u00adptico, en cuyo fondo se sit\u00faa su mensaje, como recuerda a los tesalonicenses: \u00abOs hab\u00e9is convertido a Dios, dejando los \u00ed\u00addolos, para servir al Dios vivo y verdadero y para esperar a su Hijo, que vendr\u00e1 de los cielos, al que (Dios) ha resucitado de entre los muertos, a Jes\u00fas, que nos ha de liberar de la ira venidera\u00bb (1 Tes 1,9-10). Los pros\u00e9litos jud\u00ed\u00ados ten\u00ed\u00adan que abandonar a los \u00ed\u00addolos y servir a Dios. Pero Pablo a\u00f1ade que los cristianos esperan a Jes\u00fas, que vendr\u00e1 de los cielos&#8230; Esta esperanza apocal\u00ed\u00adptica, modelada sobre un esquema jud\u00ed\u00ado (vendr\u00e1 el Hijo de Hombre&#8230;), ha recibido densidad o identidad pascual: el que vendr\u00e1 es el mismo Jes\u00fas resucitado y su tarea consiste en liberarnos de la ira venidera o de la destrucci\u00f3n que brota del pecado. En ese contexto se entiende su afirmaci\u00f3n b\u00e1sica sobre el fin de los tiempos: \u00abNo quiero que ignor\u00e9is, hermanos, lo referente a los que han muerto, para que nos os entristezc\u00e1is, como los otros, los que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jes\u00fas muri\u00f3 y ha resucitado, de esa forma, Dios tomar\u00e1 tambi\u00e9n consigo a los que han muerto en Jes\u00fas. Pues esto os decimos, como palabra del Se\u00f1or: que nosotros, los vivientes, los que permanezcamos hasta la venida del Se\u00f1or no llevaremos ventaja a los que han muerto. Porque cuando suene la orden, a la voz del arc\u00e1ngel y a la trompeta de Dios, el mismo Se\u00f1or descender\u00e1 del cielo y los muertos en Cristo resucitar\u00e1n primero; despu\u00e9s, nosotros, los vivientes, los que permanezcamos, seremos arrebatados en las nubes, al encuentro del Se\u00f1or en el aire, y de esa manera estaremos siempre con el Se\u00f1or. Por lo tanto, consolaos unos a los otros con estas palabras\u00bb (1 Tes 4,13-18). Pablo hab\u00ed\u00ada anunciado ya la cercan\u00ed\u00ada del final (la venida del Se\u00f1or) y los fieles de Tesal\u00f3nica pensaron que no morir\u00ed\u00adan, pues parec\u00ed\u00ada que el tiempo se acortaba y quedaban ya s\u00f3lo unos instantes hasta la parus\u00ed\u00ada del Cristo. Pero algunos cristianos de la comunidad hab\u00ed\u00adan muerto y surgi\u00f3 la pregunta: \u00bfQu\u00e9 pasa con ellos cuando llegue Cristo? Esta es la pregunta a la que Pablo quiere responder ahora. El se sigue incluyendo todav\u00ed\u00ada en la \u00faltima generaci\u00f3n, en la de aquellos que no morir\u00e1n, pues vendr\u00e1 a llevarles en persona el mismo  Se\u00f1or, Hijo de Hombre (cf. Mc 9,1 par). Pero algunos han muerto antes de la llegada de Jes\u00fas y hay que saber lo que pasar\u00e1 con ellos. Desde esa base, teniendo en cuenta a los difuntos anteriores, Pablo distingue dos tiempos en la parns\u00ed\u00ada de Jes\u00fas, (a) Primer tiempo: descenso al lugar de los muertos. El Se\u00f1or bajar\u00e1 de la altura del cielo, para introducirse en el espacio de aquellos que han muerto y as\u00ed\u00ad resucitarles. Parece indudable que este descenso ha de entenderse desde la experiencia de la muerte rnesi\u00e1nica de Jes\u00fas, pero Pablo no lo ha explicitado. De todas maneras, entre la pascua de Jes\u00fas y su venida final, los hombres siguen estando bajo el riesgo de la destrucci\u00f3n; siguen muriendo los creyentes. L\u00f3gicamente, cuando Jes\u00fas venga deber\u00e1 resucitar primero a los que han muerto, (b) Segundo tiempo: elevaci\u00f3n de los vivos. Dentro de un contexto de apocal\u00ed\u00adptica jud\u00ed\u00ada, Pablo cree que los miembros de la \u00faltima generaci\u00f3n (entre ellos \u00e9l mismo) no tendr\u00e1n que morir, sino que ser\u00e1n arrebatados a las \u00abnubes\u00bb de la gloria, en el aire celeste, para as\u00ed\u00ad recibir el triunfo del Se\u00f1or. Normalmente, la \u00faltima generaci\u00f3n suele aparecer marcada por las grandes crisis y dolores del fin de los tiempos. En contra de eso, Pablo la presenta como generaci\u00f3n gozosa de hombres y mujeres que no mueren, sino que pasan directamente (se elevan) de esta forma de vida terrena a la vida de la gloria. Los diversos motivos del texto (voz del arc\u00e1ngel y trompeta de Dios, descenso del Se\u00f1or al lugar de los muertos y ascenso de los vivos en las nubes&#8230;) pertenecen a la simbolog\u00ed\u00ada apocal\u00ed\u00adptica y s\u00f3lo se pueden contar simb\u00f3licamente, superando as\u00ed\u00ad el plano de la pura raz\u00f3n existencial o discursiva. La gram\u00e1tica (y semi\u00f3tica) jud\u00ed\u00ada (de tipo apocal\u00ed\u00adptico) pertenece a la entra\u00f1a de la predicaci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>(2) El orden apocal\u00ed\u00adptico (1 Cor). Tanto la tradici\u00f3n jud\u00ed\u00ada como la cristiana tienden a ser apof\u00e1ticas: saben que es necesario el silencio parad\u00f3jico ante la manifestaci\u00f3n final de Dios. Pero ese silencio se puede romper y se rompe en un momento, como hace el mismo Pablo: \u00abPorque as\u00ed\u00ad como en Ad\u00e1n mueren todos, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n en Cristo ser\u00e1n todos vivificados. Pero cada uno en su orden: la primicia, Cristo; luego los que son de Cristo, en su parns\u00ed\u00ada; despu\u00e9s el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando ya haya destruido todo principado, y todo poder\u00ed\u00ado y potestad&#8230; Cuando lo someta todo (al Padre), entonces tambi\u00e9n el Hijo se someter\u00e1 al que le ha sometido todo, para que Dios sea todo en todos\u00bb (1 Cor 15,22-24.28). Pablo sabe ya que todos los hijos de Ad\u00e1n (es decir, los hombres) tienen que morir, rectificando quiz\u00e1 la idea de 1 Tes 4,13-18, donde afirmaba que los miembros de la \u00faltima generaci\u00f3n no morir\u00ed\u00adan. La muerte no proviene del influjo de poderes sat\u00e1nicos (invasi\u00f3n de los vigilantes: 1 Hen y Jub), sino de la misma realidad y pecado (= condici\u00f3n) de Ad\u00e1n, que Cristo ha tomado como propia, para as\u00ed\u00ad vencerla. Desde esa perspectiva a\u00f1ade que todos resucitar\u00e1n: alcanzar\u00e1n la aut\u00e9ntica existencia, como don de gracia, en unidad con Dios (1 Cor 15,20-21), seg\u00fan un orden o tagma que define el proceso apocal\u00ed\u00adptico cristiano: (a) Primero Cristo, como primicia. Los jud\u00ed\u00ados saben que las primicias (primog\u00e9nitos, primeros frutos) han de ser dedicados a Dios, pues santifican y consagran el resto de la cosecha o familia. La resurrecci\u00f3n de Cristo, realizada ya, es punto de partida y comienzo (fundamento) de la resurrecci\u00f3n de todos, (b) Despu\u00e9s: los que son de Cristo, en su parns\u00ed\u00ada. Estos son los que forman parte de su comunidad o cuerpo mesi\u00e1nico. De alguna forma (como dir\u00e1n Ef y Col), los que son de Cristo se encuentran integrados ya en su pascua, aunque s\u00f3lo resucitar\u00e1n plenamente en su parns\u00ed\u00ada. (c) Despu\u00e9s ser\u00e1 el telos o culminaci\u00f3n, entendida como victoria apocal\u00ed\u00adptica, con la destrucci\u00f3n de los poderes perversos (Principados, Poder\u00ed\u00ados y Potestades) y la plenitud teol\u00f3gica o reintegraci\u00f3n total, por la que el mismo Cristo, como Hijo, vuelve al Padre. Estos son los elementos fundamentales del despliegue apocal\u00ed\u00adptico cristiano, donde pueden destacarse dos tensiones parad\u00f3jicas: una entre el \u00abya\u00bb de la pascua de Jes\u00fas (ha resucitado) y el \u00abtodav\u00ed\u00ada no\u00bb de los suyos (resucitar\u00e1n); otra entre la destrucci\u00f3n de los poderes adversarios (Principados, Poder\u00ed\u00ados&#8230;) y la inserci\u00f3n o comuni\u00f3n de todo en Cristo. La obra de Jes\u00fas se inscribe as\u00ed\u00ad dentro de la gran batalla apocal\u00ed\u00adptica entre el enviado o salvador de Dios y los principios c\u00f3smico-sat\u00e1nicos del mal. Todos  los intentos que la teolog\u00ed\u00ada existencial ha hecho por diluir el car\u00e1cter apocal\u00ed\u00adptico de estos s\u00ed\u00admbolos han resultado fallidos: Pablo introduce la obra de Cristo y su culminaci\u00f3n en un esquema apocal\u00ed\u00adptico y desde ah\u00ed\u00ad escribe. Ciertamente, hoy podemos reinterpretar algunos de sus s\u00ed\u00admbolos en categor\u00ed\u00adas m\u00e1s existenciales (como ha hecho desde antiguo la gnosis), pero no los diluimos, pues de lo contrario perdemos su m\u00e1s hondo mensaje.<\/p>\n<p>(3) Parus\u00ed\u00ada de Cristo: \u00bfqui\u00e9n detiene al Inicuo? (2 Tes). Pablo hab\u00ed\u00ada sido muy sobrio al evocar los elementos apocal\u00ed\u00adpticos, pero es normal que algunos de sus sucesores hayan destacado el aspecto simb\u00f3lico del gran drama apocal\u00ed\u00adptico, presentando as\u00ed\u00ad de forma imaginativa la batalla final entre Cristo y los poderes de la perdici\u00f3n. El ejemplo m\u00e1s significativo es 2 Tes, carta escrita por un disc\u00ed\u00adpulo de Pablo que asume los datos b\u00e1sicos de 1 Tes y quiere recrearlos (y de alg\u00fan modo invertirlos) desde la m\u00e1s honda certeza de la parus\u00ed\u00ada de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo. 1 Tes supon\u00ed\u00ada la venida inminente de Jes\u00fas y planteaba el problema de los que ya han muerto: \u00bfQu\u00e9 pasar\u00e1 con ellos? \u00bfC\u00f3mo se integrar\u00e1n con los vivos de la \u00faltima generaci\u00f3n? Por el contrario, 2 Tes ha ensanchado el tiempo, suponiendo que Jes\u00fas tarda en venir y por eso invita a los creyentes a la espera, para que se mantengan fieles, sin turbarse ante anuncios enga\u00f1osos de la vuelta inminente de Jes\u00fas. Por eso ofrece un nuevo \u00aborden\u00bb final: \u00abCon respecto a la parus\u00ed\u00ada de nuestro Se\u00f1or Jesucristo y a nuestra reuni\u00f3n con El&#8230; No suceder\u00e1 sin que venga primero la apostas\u00ed\u00ada y se manifieste el Hombre de iniquidad, el Hijo de perdici\u00f3n, el que se opone y se alza contra todo lo que es Dios o es adorado, de manera que se sentar\u00e1 en el templo de Dios haci\u00e9ndose pasar por Dios. Ahora sab\u00e9is Qui\u00e9n lo detiene, a fin de que a su debido tiempo sea revelado. Porque ya est\u00e1 obrando el misterio de la iniquidad, pero debe ser quitado del medio Aquel que ahora lo detiene. Y entonces ser\u00e1 manifestado el Inicuo, a quien el Se\u00f1or Jes\u00fas matar\u00e1 con el soplo (= esp\u00ed\u00adritu) de su boca y destruir\u00e1 con la epifan\u00ed\u00ada (= resplandor) de su parus\u00ed\u00ada. Y la parus\u00ed\u00ada del Inicuo es por operaci\u00f3n de Satan\u00e1s, con todo poder, se\u00f1ales y prodigios falsos&#8230;\u00bb (2 Tes 2,1.3-4.6-9). Este pasaje supone que estamos en un tiempo amenazado, definido por la inminencia del Inicuo y el retraso de la ira. Vivimos ya bajo el imperio de la Iniquidad (anom\u00ed\u00ada). L\u00f3gicamente, la historia deber\u00ed\u00ada terminar, destruida por el poder de Satan\u00e1s. Pero hay alguien que le detiene, un katejon, un poder disuasorio, que impide por ahora el despliegue total de lo perverso: \u00bfQui\u00e9n es ese katejon? \u00bfLa misericordia de Dios, la estructura militar del Imperio romano, la predicaci\u00f3n cristiana&#8230;? No sabemos. Aqu\u00ed\u00ad se produce seg\u00fan 2 Tes el gran milagro, que no consiste en la existencia e influjo del mal (del Perverso), sino en el hecho de que tarde en llegar y en expresar su poder de destrucci\u00f3n. M\u00e1s que el retraso de la venida de Jes\u00fas, nuestro autor destaca el retraso de la parus\u00ed\u00ada del perverso (quiz\u00e1 en la l\u00ed\u00adnea de Ap 7). Eso significa que podemos seguir viviendo y viviremos por un tiempo, porque Dios impide que el mal se manifieste en toda fuerza. Estos son los elementos fundamentales de este tiempo de espera: (a) Apostas\u00ed\u00ada general y parus\u00ed\u00ada del Hombre de la iniquidad (= el Inicuo), el Adversario de Dios, que actuar\u00e1 con el poder de Satan\u00e1s, realizando prodigios, se\u00f1ales y milagros falsos&#8230; Esta revelaci\u00f3n plena del mal, entendida como paroxismo de violencia y lucha contra Dios, est\u00e1 narrada con signos de la tradici\u00f3n jud\u00ed\u00ada (de Dn 11,36; Ez 28,2), recreados desde un fondo cristiano. Frente a Jes\u00fas, revelaci\u00f3n de Dios, se eleva aqu\u00ed\u00ad el Contrario (revelaci\u00f3n de Satan\u00e1s). Nos hallamos ante la batalla final, ante el gran exorcismo a\u00fan pendiente. La venida de Jes\u00fas ha suscitado, como por contraste, la venida y despliegue del poder sat\u00e1nico, que aqu\u00ed\u00ad aparece humanizado, pues el contrario de Jes\u00fas (Hombre perfecto, Hijo del Humano) ya no es el Diablo, sino el Hombre perverso (Hijo de la perdici\u00f3n), que aparece como causante de la destrucci\u00f3n final de la historia. Han cambiado evidentemente los signos, pero el esquema es claramente apocal\u00ed\u00adptico. (b) Mesianismo sat\u00e1nico, pecado pleno. Quiz\u00e1 el rasgo m\u00e1s notable del texto est\u00e1 en el hecho de que el Perverso se sentar\u00e1 en el Trono del Templo, haci\u00e9ndose pasar por Dios. Este es un tema que proviene de la tradici\u00f3n del libro de Daniel (Ant\u00ed\u00adoco quiere colocar su imagen\/altar en el santuario de  Yahv\u00e9) y de la historia m\u00e1s reciente de Cal\u00ed\u00adgula (el 40-41 d.C.), que quiso elevar su estatua imperial (de Dios del mundo) en el templo de Jerusal\u00e9n. Este Hombre perverso recibe su fuerza del mismo anti-Dios, pues se dice que actuar\u00e1 \u00abpor operaci\u00f3n de Satan\u00e1s\u00bb. As\u00ed\u00ad aparece como un anti-Cristo: es la violencia del poder absolutizado, el mes\u00ed\u00adas invertido que s\u00f3lo puede expresarse y se expresa en su total perversi\u00f3n all\u00ed\u00ad donde ha empezado a revelarse el Cristo. Estos temas han recibido un tratamiento m\u00e1s extenso en Ap 13, pero el esquema de fondo es el mismo. Estamos ante el gran pecado, \u00e9sta es la maldad m\u00e1s grande de la historia humana. M\u00e1s all\u00e1 de ese pecado y maldad s\u00f3lo existe la muerte. Sobre (en contra de) ese pecado se eleva, de forma salvadora, la parus\u00ed\u00ada del Mes\u00ed\u00adas Jesucristo, que en nombre de Dios destruir\u00e1 todo el mal del mundo, (c) Lucha final. Parus\u00ed\u00ada y Victoria de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo&#8230; La venida de Jes\u00fas no se narra por s\u00ed\u00ad misma, como supon\u00ed\u00adan 1 Tes y 1 Cor 15, sino que aparece m\u00e1s bien como reacci\u00f3n frente al poder perverso, conforme a un esquema que tambi\u00e9n encontraremos en el Ap. Cuando parezca que el Contrario se eleva para siempre victorioso, cuando enga\u00f1e a casi todos los humanos con prodigios falsos, aparecer\u00e1 el Cristo y le destruir\u00e1 con el esp\u00ed\u00adritu de su boca (con su misma palabra: cf. Ap 19,15; 4 Esd 13,10) y le aniquilar\u00e1 con la epifan\u00ed\u00ada de su parus\u00ed\u00ada, es decir, con la fuerza y gloria de su presencia. Esta lucha final de Cristo contra el Perverso constituye el motivo central de la apocal\u00ed\u00adptica cristiana. Los hombres vivimos en medio de un gran drama: estamos oprimidos bajo el poder de lo perverso, hay sufrimiento sobre el mundo, la comunidad cristiana sufre amenazada por males exteriores e interiores. Pues bien, el mismo paroxismo del mal, que parece llevarnos a la angustia de la destrucci\u00f3n completa, nos permite abrir los ojos y mirar (descubrir en esperanza) la salvaci\u00f3n definitiva. Esos elementos (despliegue del mal, triunfo del Cristo) forman la trama central del mito apocal\u00ed\u00adptico cristiano, que va centr\u00e1ndose en la parus\u00ed\u00ada y lucha de dos figuras centrales: Jes\u00fas, el Cristo vencedor, y el Anticristo. De esa manera se personalizan y humanizan, de forma hist\u00f3rica, los signos apocal\u00ed\u00adpticos jud\u00ed\u00ados. Lo pu ramente sat\u00e1nico queda en el fondo. La lucha final se ha de dar entre el Cristo resucitado (que es el mismo Jes\u00fas de la historia) y los poderes malvados del mundo que se oponen a su manifestaci\u00f3n definitiva; en medio de ellos queda la figura misteriosa del katejon, de aquel que impide, por ahora, la manifestaci\u00f3n perversa del Perverso a quien el Cristo, Mes\u00ed\u00adas de la palabra, destruir\u00e1 con el aliento (esp\u00ed\u00adritu y mensaje) que proviene de su boca.<\/p>\n<p>Cf. F. HAHN, Christologische Hoheitstitel. Ihre Geschichte im friihen Christentum, FRLANT, 83, Gotinga 1962; P. E. LANGEVIN, J\u00e9sus Seigneur et l\u2020\u2122eschatologie, Descl\u00e9e de Brouwer, Par\u00ed\u00ads 1967; J. MOLTMANN, Teolog\u00ed\u00ada de la esperanza, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1971; A. STROBEL, Kerygma und Apocalyptik. Eine religionsgeschichtlicher und theologischer Beitrag zur Christusfrage, Vandenhoeck, Gotinga 1967; H. E. TODT, Der Menschensohn in der synoptischen Ueberlieferung, Mohn, G\u00fctersloh 1959; R. T\u00dcHSING, \u00abErhohungsvorstellung und Parusierwartung in der altesten nachosterlichen Christologie\u00bb, BZ 11 (1967) 95-108 y 205-222; 12 (1968) 54-80 y 223-240; S. VIDAL, La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas en las cartas de Pablo, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1982.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n<p>Del griego parous\u00ed\u00ada, significa presencia, llegada. Se trata de la venida de Cristo en poder y en gloria al final de la historia. En el terreno pol\u00ed\u00adtico, en el mundo grecorromano indicaba la llegada, la visita oficial de los emperadores, como manifestaci\u00f3n de su soberan\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>En el Antiguo Testamento, entre los profetas, se utilizaba la expresi\u00f3n \u00abd\u00ed\u00ada del Se\u00f1or\u00bb (Am 4,18; Sof 1,14. 1s 2,1222) para significar la manifestaci\u00f3n triunfal y judicial de Dios en la historia. En Dn 7 13ss aparece en relaci\u00f3n con el Hijo del hombre que recibe la soberan\u00ed\u00ada universal.<\/p>\n<p>En el Nuevo Testamento el t\u00e9rmino tiene un car\u00e1cter cristol\u00f3gico: se usa para designar la venida de Cristo al fin de los tiempos; es el d\u00ed\u00ada de nuestro Se\u00f1or Jesucristo (1 Tes 2,19; 1 Cor 1,81, En las cartas pastorales aparece el t\u00e9rmino \u00abepifan\u00ed\u00ada\u00bb (1 Tim 6,14; Tit2,131, que indica tanto la primera venida de Cristo en la pobreza como la llegada del Cristo glorioso. En los or\u00ed\u00adgenes de la Iglesia, los cristianos pensaban que era inminente la venida gloriosa del Se\u00f1or (1 Tes 4,17. Ap 22,20), pero el mismo Se\u00f1or nos dej\u00f3 sin saber el d\u00ed\u00ada ni la hora (Mt 24,36). Si parece que Cristo tarda, es porque \u00e9l no mide el tiempo como los hombres y espera con paciencia la conversi\u00f3n de todos (2 Pe 3,8).<\/p>\n<p>La Iglesia vive en la espera de la parus\u00ed\u00ada, en la vigilancia y la oraci\u00f3n, con la certeza de que despu\u00e9s de Pascua la salvaci\u00f3n est\u00e1 ya en acto y de que nuestra vida est\u00e1 va desde ahora escondida con Cristo en Dios (Col 3,351, habiendo comenzado ya los \u00faltimos tiempos.<\/p>\n<p>En la tradici\u00f3n de la Iglesia hay otras afirmaciones escatol\u00f3gicas relacionadas con la plena manifestaci\u00f3n de Cristo al final de la historia: la resurrecci\u00f3n de los muertos (1 Tes 4,161, el juicio final y universal (Mt 24,37-431, los nuevos cielos y la nueva tierra (Ap 21,1). En la escritura y corrientemente en la Tradici\u00f3n, la parus\u00ed\u00ada va precedida de algunos signos precursores, como la predicaci\u00f3n del Evangelio en lodo el mundo (Mt 24,14: Mc 13,10), la conversi\u00f3n de los jud\u00ed\u00ados (Rom 1 1,25ss), la difusi\u00f3n de la apostas\u00ed\u00ada y la aparici\u00f3n del Anticristo (2 Tes 2,8-11 ), grandes aflicciones y calamidades (Mt 24,29). Estos signos apocal\u00ed\u00adpticos deben interpretarse seg\u00fan las reglas hermen\u00e9uticas, distinguiendo entre el signo y el significado. Adem\u00e1s, su repetici\u00f3n a lo largo de la historia indica que no se trata de hechos que sea posible fechar cronol\u00f3gicamente, sino m\u00e1s bien de la expresi\u00f3n de ese continuo y profundo esfuerzo de la historia que se encamina ya desde ahora, bajo la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu y a trav\u00e9s de sucesivas etapas, hacia la nueva creaci\u00f3n. La salvaci\u00f3n est\u00e1 va en acto y con ella el desarrollo paraalelo del Anticristo como misterio de incredulidad.<\/p>\n<p>La parus\u00ed\u00ada dirige a la historia y al cosmos hacia su cumplimiento, recapitul\u00e1ndolo todo en Cristo (Ef 1,10), y marca el establecimiento pleno del Reino, en el que la humanidad ser\u00e1 definitivamente glorificada, las potencias del mal ser\u00e1n derrotadas, el cosmos quedar\u00e1 plenamente transfigurado y Dios ser\u00e1 todo en todos (1 Cor 15,28).<\/p>\n<p>E. C Rava<\/p>\n<p>Bibl.: AA. vv., Parus\u00ed\u00ada, en DTNT III, 295304: K. Berger &#8211; K. Rahner Parus\u00ed\u00ada, en SM, Y 237-248:  L, Ruiz de la Pe\u00f1a, La otra dimensi\u00f3n, Sal Terrae, Santander 1986. 153181. Ch, Duquoc, Cristolog\u00ed\u00ada, 11, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1972, 375-424.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>I. Datos b\u00ed\u00adblicos<br \/>\nEl vocablo helen\u00ed\u00adstico p. significa llegada, visita y presencia de ej\u00e9rcitos, empleados, soberanos o divinidades. En el AT falta un equivalente hebreo, y los LXX no muestran contacto alguno con la terminolog\u00ed\u00ada neotestamentaria. Pero el concepto fue ya empleado en sentido escatol\u00f3gico en la apocal\u00ed\u00adptica greco-judaica, concretamente en Test XII y en TestAbr. Tambi\u00e9n en el NT se unen en el concepto de p. elementos griegos antiguos con ideas veterotestamentarias sobre el d\u00ed\u00ada de Yahveh. En el NT la p. es en gran parte intercambiable con \u00abd\u00ed\u00ada de Dios\u00bb (cf. Am 5, 18; Sal 96, 13; 98, 9; etc.). Lc, Jn, Heb, Jds y Ap emplean s\u00f3lo \u00e9m\u00e9ra. Parus\u00ed\u00ada y \u00e9m\u00e9ra son t\u00e9rminos que aparecen juntos en Pablo, Santiago, 2 Pe y 1 Jn. Seg\u00fan esto, \u00e9m\u00e9ra era originariamente el t\u00e9rmino m\u00e1s antiguo, que luego fue desplazado m\u00e1s y m\u00e1s por p. Este proceso muestra adem\u00e1s que p. fue referido sobre todo al momento del juicio y por tanto asumi\u00f3 la significaci\u00f3n de \u00e9m\u00e9ra. De los lugares paralelos Mt 24, 3, Lc 21, 7 (D) se desprende que p. equivale tambi\u00e9n a \u00abvenir\u00bb. Todos los documentos muestran que p. nunca significa segunda venida, sino que siempre significa venida simplemente, pero en el NT no la llegada de Jes\u00fas en la carne, sino la llegada del Hijo del hombre en el juicio universal.<\/p>\n<p>De una segunda venida de Dios habla Hen(eslav) 32, donde la venida de Dios en la resurrecci\u00f3n se contrapone al comienzo de la creaci\u00f3n. Tambi\u00e9n en el NT se trata originariamente &#8211; de acuerdo con la tradici\u00f3n veterotestamentaria &#8211; de una expectaci\u00f3n de la venida de Dios (as\u00ed\u00ad la funci\u00f3n del Bautista, particularmente en Mc 1, 7ss). Es posible que las formas verbales par\u00e9n &#8211; par\u00e9san en Dan 7, 13 (Hijo del hombre) dieran el impulso para hablar tambi\u00e9n de una p. del Hijo del hombre. Pero es decisivo que ya en la tradici\u00f3n jud\u00ed\u00ada (Hen[et]) la funci\u00f3n judicial del Hijo del hombre concurre con la de Dios o la suplanta. En las cartas tard\u00ed\u00adas del NT la palabra p. es sustituida por \u00e9pif\u00e1nein (cartas pastorales), que luego tambi\u00e9n es aplicada consecuentemente a la venida de Jes\u00fas en la carne (2 Tim 1, 10). Respecto del mensaje de Jes\u00fas se da por cierta la expectaci\u00f3n &#8211; com\u00fan con la apocal\u00ed\u00adptica y expresada ya en el AT (Jl 2, 1) &#8211; de la basileia en un pr\u00f3ximo futuro. Este car\u00e1cter escatol\u00f3gico del mensaje de Jes\u00fas, reconocido de nuevo desde J. Weiss y A. Schweitzer, implicaba para Jes\u00fas mismo: a) la expectaci\u00f3n del juicio desde el punto de vista particular de la inversi\u00f3n de las condiciones existentes de dicha y grandeza; b) el juicio hace necesaria para ahora una conversi\u00f3n a la penitencia; su aceptaci\u00f3n y \u00e9xito est\u00e1n estrictamente ligados a la persona de Jes\u00fas. Esta conversi\u00f3n opera el perd\u00f3n. Que Jes\u00fas juntara tambi\u00e9n con la expectaci\u00f3n del reino de Dios la expectaci\u00f3n de un venidero Hijo del hombre, es punto que se discute desde Ph. Vielhauer. Ambas expectaciones, que de suyo no tienen nada que ver entre s\u00ed\u00ad, nos salen ya al paso juntas en la fuente Q. Pero es seguro que los m\u00e1s recientes vaticinia ex eventu sobre la pasi\u00f3n y resurrecci\u00f3n del Hijo del hombre no mencionan la p., mientras que se habla de ella precisa y exclusivamente en aquellas palabras m\u00e1s antiguas sobre el Hijo del hombre que se refieren tan s\u00f3lo al venidero Hijo del hombre.<\/p>\n<p>Entre ambos grupos de logia se ha llevado a cabo una identificaci\u00f3n de Jes\u00fas con el Hijo del hombre y se ha vuelto la mirada a la pasi\u00f3n, muerte y resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas. Frente a estos acontecimientos palidece la funci\u00f3n central que la p. del Hijo del hombre hab\u00ed\u00ada tenido inicialmente. La comparaci\u00f3n de ambos grupos de logia nos dice adem\u00e1s por qu\u00e9 raz\u00f3n en el NT se hablaba s\u00f3lo de la venida, y no de la segunda venida del Hijo del hombre: El hijo del hombre ejerc\u00ed\u00ada su funci\u00f3n en el pasado o la ejercer\u00e1 enteramente en el futuro. Adem\u00e1s, s\u00f3lo ahora, en tiempo pospascual, por la identificaci\u00f3n del Jes\u00fas terreno con el venidero Hijo del hombre, Jes\u00fas mismo pasa a ser juez futuro. Consecuentemente, el Bautista &#8211; que seg\u00fan Is 40, 3 originariamente era precursor de Dios y, por tanto, El\u00ed\u00adas (Mal 3, 1) &#8211; viene a ser precursor de Jes\u00fas y tiene que abdicar en \u00e9l la funci\u00f3n del restaurador mesi\u00e1nico El\u00ed\u00adas (en Lc y Jn eliminaci\u00f3n en la figura del Bautista de los rasgos propios de El\u00ed\u00adas y descripci\u00f3n de Jes\u00fas seg\u00fan la imagen de El\u00ed\u00adas).<\/p>\n<p>La expectaci\u00f3n pr\u00f3xima, todav\u00ed\u00ada dentro de la generaci\u00f3n presente, formulada por Jes\u00fas en logia como Mt 10, 23; Mc 9, 1; 13, 30; 14, 25, no se cumpli\u00f3 en todo caso en el sentido de una imagen apocal\u00ed\u00adptica del mundo, orientada cosmol\u00f3gicamente.<\/p>\n<p>Del hecho de que la comunidad esperaba en gran parte la p. pr\u00f3xima, hay que concluir que ella s\u00f3lo cont\u00f3 con un aplazamiento de la misma y super\u00f3 su retraso o el tiempo intermedio a base de construcciones interpretativas. Y as\u00ed\u00ad algunos opinan que particularmente el pensamiento helen\u00ed\u00adstico, est\u00e1tico, espacial y sacramental, y en general todo pensamiento eclesi\u00e1stico en el cristianismo primitivo son productos nacidos por el problema que presentaba el retraso de la p. Mientras que M. Goguel todav\u00ed\u00ada admit\u00ed\u00ada en la vida de Jes\u00fas mismo una evoluci\u00f3n, en la que a trav\u00e9s de Mt 10, 23 y Mc 9, 1 se habr\u00ed\u00ada llegado a Mc 13, 32, M. Werner y luego m\u00e1s acentuadamente E. Gr\u00e4sser sostienen que despu\u00e9s de pascua la originaria expectaci\u00f3n pr\u00f3xima de Jes\u00fas, que no se cumpli\u00f3, fue recibiendo progresivamente rasgos apocal\u00ed\u00adpticos m\u00e1s fuertes y adquiri\u00f3 nuevamente un matiz judaico.<\/p>\n<p>Este proceso habr\u00ed\u00ada sido una soluci\u00f3n del aplazamiento de la p., porque las imaginaciones apocal\u00ed\u00adpticas a su juicio son independientes de la expectaci\u00f3n pr\u00f3xima en sentido cronol\u00f3gico. Un camino de efecto semejante habr\u00ed\u00ada sido el seguido por Pablo, porque \u00e9ste explica la idea de la salvaci\u00f3n partiendo de la muerte y resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, o sea, partiendo del pasado, y as\u00ed\u00ad la despoja de su car\u00e1cter escatol\u00f3gico. Una posibleconsecuencia de estas tesis condujo en la investigaci\u00f3n anglosajona a la llamada realized eschatology para la conciencia de Jes\u00fas: Toda especie de escatolog\u00ed\u00ada futurista ser\u00ed\u00ada una tergiversaci\u00f3n de la comunidad, y, por tanto, tambi\u00e9n lo ser\u00ed\u00ada la expectaci\u00f3n pr\u00f3xima frente a la afirmaci\u00f3n de una mera presencia. Ahora bien, hay que sostener con E. Gr\u00e4sser que la expectaci\u00f3n pr\u00f3xima es la \u00fanica forma de esperanza escatol\u00f3gica que puede admitirse en Jes\u00fas. El problema no ha de resolverse en el sentido de que se excluya toda expectaci\u00f3n pr\u00f3xima en Jes\u00fas o se tenga por formaci\u00f3n secundaria de la comunidad la concreta expectaci\u00f3n pr\u00f3xima. Hay que preguntar m\u00e1s bien c\u00f3mo fue posible trasmitir \u00ed\u00adntegros y sin grandes tensiones los logia sobre el fin pr\u00f3ximo.<\/p>\n<p>1. El problema de la dilaci\u00f3n de la p. es conocido ya en el juda\u00ed\u00adsmo (p. ej., Hen [et] 47, 2; lQpHab vsi 7-12; frecuentemente en relaci\u00f3n con la exposici\u00f3n de Hab 2, 3), y se resuelve desde distintos puntos de partida, que recibe el cristianismo como posibilidades de explicaci\u00f3n. E. Gr\u00e4sser ha mostrado con qu\u00e9 medios se supera la dilaci\u00f3n de la p., presupuesta continuamente en el NT: por la acentuaci\u00f3n de la incertidumbre del momento (Mc 13, 32; Act 1, 6ss en contraste con Mt 10, 23, etc.), por exhortaciones a la vigilancia (par\u00e1bolas del amo ausente; Mc 13, 33-36 par), por la petici\u00f3n de que venga el reino de Dios y, finalmente, por la directa formulaci\u00f3n del aplazamiento (Mt 24, 45-51 par: jron\u00ed\u00adpsei mou \u00f3 Kyrios; Lc 20, 9; Mt 25, 1-30, part. v. 19); adem\u00e1s, por la nueva interpretaci\u00f3n de par\u00e1bolas aplicadas a la misi\u00f3n cristiana (p. ej., Mc 4, 30ss), por las f\u00f3rmulas de dilaci\u00f3n de los apocalipsis sin\u00f3pticos (Mc 13, 7-10: m\u00e9 throe\u00ed\u00adsthe de\u00ed\u00ad gen\u00e9sthai o\u00fapo, t\u00f3 t\u00e9los se usa en 2 Tes 2, 2 en el mismo contexto), y por la admisi\u00f3n de un tiempo en que el Hijo del hombre es concebido como el glorificado (Mc 14, 62), lo cual excluye una p. inmediata. Este empe\u00f1o teol\u00f3gico por rechazar una expectaci\u00f3n cercana habr\u00ed\u00ada hallado &#8211; a juicio de competentes exegetas &#8211; su formulaci\u00f3n m\u00e1s acentuada por una parte en 21, 8, donde se previene expresamente contra los que dicen \u00f3 kair\u00f3s \u00e9ggiken, y, por otra, en 2 Pe 3, 4 y 1 Clem 23, 3, donde el problema de la dilaci\u00f3n de la p. es planteado por el adversario.<\/p>\n<p>2. La destrucci\u00f3n de Jerusal\u00e9n tenia todav\u00ed\u00ada para Mc 13, 2ss el car\u00e1cter de comienzo de la basileia, y por cierto como castigo contra los jud\u00ed\u00ados por la muerte de Jes\u00fas y la repulsa a sus mensajeros.<\/p>\n<p>3. La afirmaci\u00f3n de que el mensaje de Jes\u00fas est\u00e9 exento de elementos jud\u00ed\u00ados o apocal\u00ed\u00adpticos es un postulado apolog\u00e9tico, que tiene por objeto demostrar la singularidad de Jes\u00fas. Pero todo hace pensar que el mensaje de Jes\u00fas estuvo fuertemente marcado por elementos apocal\u00ed\u00adpticos. De este campo proceden tambi\u00e9n las representaciones sobre la expectaci\u00f3n pr\u00f3xima y la dilaci\u00f3n de la parus\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>4. La comunidad trasmite las palabras de Jes\u00fas sobre el fin inmediato juntamente con otras sobre la incertidumbre y el no cumplimiento del eskhaton, porque en ellas aparece una unidad lograda de hecho, aunque no elaborada intelectualmente, de puntos de partida pospascuales originariamente diversos. Declaraciones sobre la expectaci\u00f3n cercana son mantenidas porque en un sector de comunidades judeo-helen\u00ed\u00adsticas, con la &#8211; resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, la venida del Esp\u00ed\u00adritu Santo y la evangelizaci\u00f3n de los gentiles, se daba ya por comenzado el fin. As\u00ed\u00ad lo muestran el concepto paulino de kain\u00e9 ktisis y la persuasi\u00f3n de que han sido comunicados los bienes salv\u00ed\u00adficos (paz, justicia, concordia y amor) al comienzo de los Act, e igualmente la escatolog\u00ed\u00ada presente de la Iglesia prepaulina de Corinto y el evangelio de Juan. Aqu\u00ed\u00ad se incluyen afirmaciones sobre la presencia de la basileia (Lc 11, 20; 17, 21; Mt 11, 5). El cambio de e\u00f3n (tiempo) se realiza con el bautismo, y la decisi\u00f3n sobre la salvaci\u00f3n eterna se toma ya ante los mensajeros de Jes\u00fas como una sentencia definitiva que procede de uno mismo. Las afirmaciones sobre la expectaci\u00f3n pr\u00f3xima se han cumplido ya para esta teolog\u00ed\u00ada. La afluencia de los gentiles lo demuestra. La salvaci\u00f3n se entiende como renovaci\u00f3n pneum\u00e1tica del hombre y se manifiesta hacia afuera sobre todo por la abolici\u00f3n de la ley. La resurrecci\u00f3n y glorificaci\u00f3n de Jes\u00fas es aqu\u00ed\u00ad el comienzo de su dignidad celeste de Kyrios y, por ende, de la p. (cf. la interpretaci\u00f3n de Dan 7, 13ss). As\u00ed\u00ad, la visi\u00f3n del Hijo del hombre en la gloria o de la basileia en Lc 9, 27 (D) se interpreta ya en v. 28ss como visi\u00f3n del Se\u00f1orglorificado y exaltado. La misma tendencia aparece en la sustituci\u00f3n del t\u00e9rmino p. por \u00abepifan\u00ed\u00ada\u00bb en las cartas tard\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>Esta soluci\u00f3n de la cuesti\u00f3n de la p. procede de la tradici\u00f3n prof\u00e9tica (Jer, Ez) y apocal\u00ed\u00adptica. Como esta p. se ha cumplido ante todo de manera pneum\u00e1tica, no escatol\u00f3gica, aqu\u00ed\u00ad se da en germen la existencia de la -> Iglesia y se pone la base para toda helenizaci\u00f3n. Esa teolog\u00ed\u00ada se remonta sin duda a los llamados helenistas de Jerusal\u00e9n y posteriormente de Antioqu\u00ed\u00ada, y se ha conservado parcialmente en Juan y Pablo. En cuanto se cuenta a\u00fan con una p. no cumplida todav\u00ed\u00ada, \u00e9sta no es un \u00absegundo advenimiento\u00bb de Jes\u00fas, sino la manifestaci\u00f3n de la dignidad de Kyrios ya existente ahora.<\/p>\n<p>En cambio, en sectores judeocristianos de Palestina sin duda se da una apocal\u00ed\u00adptica de orientaci\u00f3n m\u00e1s cosmol\u00f3gica, que s\u00f3lo cuenta con el fin del mundo cuando cielo y tierra se hayan cambiado. As\u00ed\u00ad se explica que aqu\u00ed\u00ad se insista en la perduraci\u00f3n de este e\u00f3n y se vuelva la mirada a la pasi\u00f3n y muerte de Jes\u00fas. Esta manera de apocal\u00ed\u00adptica es caracter\u00ed\u00adstica de las tradiciones sobre la pasi\u00f3n, de los apocalipsis sin\u00f3pticos y se\u00f1aladamente de Mt. Mientras en la escatolog\u00ed\u00ada presente la \u00ab\u00e9tica\u00bb se concentra en la confesi\u00f3n del Se\u00f1or glorificado (Kyrios Jesus) y en el precepto del amor al pr\u00f3jimo, el esquema \u00faltimamente nombrado piensa partiendo de la validez de la ley (-> ley y evangelio). Seg\u00fan esa concepci\u00f3n, el galard\u00f3n futuro se asegura soportando a este e\u00f3n, como el \u00abprofeta\u00bb Jes\u00fas perseguido y muerto, y esperando la inversi\u00f3n venidera, dej\u00e1ndose perseguir y humillar aqu\u00ed\u00ad de mil maneras para ser tanto m\u00e1s glorificado como justo en la parus\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Si se pregunta por la imagen del futuro que ten\u00ed\u00ada Jes\u00fas mismo, \u00e9sta habr\u00e1 de buscarse en la dise\u00f1ada por Mt (-> Jesucristo, C iv, 5), debiendo dejarse de lado aqu\u00ed\u00ad el problema de la evangelizaci\u00f3n de los gentiles. As\u00ed\u00ad, pues, si las representaciones sobre la p. en Jes\u00fas fueron de car\u00e1cter cosmol\u00f3gico y apocal\u00ed\u00adptico, el puente con la versi\u00f3n pneum\u00e1tica de una expectaci\u00f3n de la p. ya cumplida, propia de los helenistas, est\u00e1 en que los acontecimientos que condujeron a admitir una p. ya cumplida se realizaron en la persona de Jes\u00fas mismo. En todo caso, para este tipo de soluci\u00f3n la expectaci\u00f3n pr\u00f3xima de Jes\u00fas ya se cumpli\u00f3 de hecho, aun cuando no de manera cosmol\u00f3gica, sino de manera pneum\u00e1tica. El estudio sistem\u00e1tico de esta interpretaci\u00f3n de las palabras de Jes\u00fas por los acontecimientos pascuales, as\u00ed\u00ad como la manera de enjuiciar la correspondencia entre mensaje y destino, dependen de c\u00f3mo se entienda la historia de la -> salvaci\u00f3n, y son un problema de teolog\u00ed\u00ada fundamental. Las posteriores teolog\u00ed\u00adas neotestamentarias mezclaron constantemente ambos esquemas, aunque en parte admitiendo s\u00f3lo escasos elementos de la otra soluci\u00f3n (p. ej., Jn). En todo caso, en tiempo de Pablo y de Mc la repulsa a la escatolog\u00ed\u00ada exclusivamente presente est\u00e1 en plena marcha. Pero luego la resurrecci\u00f3n vino a ser s\u00f3lo conditio sine qua non para la p. del Hijo del hombre, y dej\u00f3 de ser la glorificaci\u00f3n que la sustitu\u00ed\u00ada. En la soluci\u00f3n de Lc se alcanza exactamente la posici\u00f3n media: Hasta el fin es el \u00abtiempo de la Iglesia\u00bb, y el momento de llegar la p. depende de los creyentes mismos, de su conversi\u00f3n (Act 3, 19ss) y de su oraci\u00f3n (Lc 18, 7 8).<\/p>\n<p>El hecho de que todos los escritos del NT cuentan con un final no cumplido todav\u00ed\u00ada, es una prueba de la superposici\u00f3n de las dos tradiciones principales. As\u00ed\u00ad, junto a la afirmaci\u00f3n de que con la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas ha comenzado ya el nuevo -a e\u00f3n, hallamos la de que s\u00f3lo la p. del Hijo del hombre traer\u00e1 el cielo nuevo y la tierra nueva. Esta yuxtaposici\u00f3n &#8211; y no la mera dilaci\u00f3n de la p. &#8211; fue la tarea impuesta a las teolog\u00ed\u00adas del cristianismo primitivo.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: E. Teichmann, Die paulinischen Vorstellungen von Auferstehung und Gericht und ihre Beziehung zur j\u00fcdischen Apokalyptik (Fr &#8211; L 1896); E. Cremer, Die Wiederkunft Christi und die Aufgabe der Kirche (Gil 1902); K. Weiss, Exegetisches zur Irrtumslosigkeit und Eschatologie Jesu Christi (Mn 1916); M. Werner, Die Entstehung des christlichen Dogmas (L 1941, 21954); W. Michaelis, Der Herr verzieht nicht die Verhei\u00dfung. Die Aussagen Jesu \u00fcber die N\u00e4he des j\u00fcngsten Tages (Berna 1942); A. 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Strobel, Untersuchungen zum eschatologischen Verz\u00f6gerungsproblem (Lei &#8211; K\u00f6 1961); idem, Die apokalyptische Sendung Jesu (Rothenburg 1962); T. F. Glasson, The Second Advent. The Origin of the NT Doctrine (Lo 1963); N. Perrin, The Kingdom of God in the Teaching of Jesus (Lo 1963); Ph. Vielhauer, Jesus und der Menschensohn: ZThK 60 (1963) 133-177; J. A. Sint, Parusieerwartung und Parusieverz\u00f6gerung im paulinischen Briefkorpus: ZKTh 86 (1964) 47-79; K. Schubert, Die Entwicklung der eschatologischen Naherwartung im Fr\u00fchjudentum: Vom Messias zum Christus (W 1964); W. G. K\u00fcmmel, Die Naherwartung in der Verk\u00fcndigung Jesu: Zeit und Geschichte (homenaje a R. Buitmann) (T 1964) 31-46; A. V\u00f6gtle, Exegetische Erw\u00e4gungen \u00fcber das Wissen und Selbstbewu\u00dftsein Jesu: Rahner GW I 608-667; J. Ernst, Die eschatologischen Gegenspieler in den Schriften des NT (Rb 1967).<\/p>\n<p>Klaus Berger<br \/>\nII. Explicaci\u00f3n teol\u00f3gica<br \/>\n1. La p., teol\u00f3gicamente entendida, es la permanente presencia salv\u00ed\u00adfica de Cristo en el estadio definitivo, manifestado como tal, de la historia sagrada y de la historia universal, que han quedado superadas y consumadas en el destino de Cristo; es la consumaci\u00f3n de la historia de la humanidad y del mundo a trav\u00e9s de la humanidad glorificada de Cristo (que se ha manifestado inmediatamente con su gloria) en Dios (Mt 24, 36; 25, 31ss; 1 Tes 5, 2; 2 Tes 2, 2ss; Ap 20, 11ss; 22, 17 20). La -> resurrecci\u00f3n y ascensi\u00f3n de Cristo y la misi\u00f3n del Pneuma (-> Esp\u00ed\u00adritu Santo) son el comienzo de este acontecimiento, el cual, siendo ya irreversible, prosigue en la historia salv\u00ed\u00adfica de la humanidad y del individuo y llega a su final consumado precisamente en lo que la Escritura llama parous\u00ed\u00ada. La consumaci\u00f3n de este proceso, cuya duraci\u00f3n intramundana nadie sabe, porque es acci\u00f3n incalculable de la libertad de Dios (Mc 13, 32), la llamamos p. de Cristo, por cuanto en ella se har\u00e1 patente para todos (porque todos estar\u00e1n consumados en la salvaci\u00f3n o perdici\u00f3n definitivas, operadas por Dios) que el comienzo de la irreversibilidad, el fundamento y soporte del proceso, su centro y sentido, su punto culminante y la raz\u00f3n permanente de la consumaci\u00f3n misma es la realidad del Se\u00f1or resucitado, que retorna en cuanto por su acci\u00f3n todos llegan en \u00e9l a su consumaci\u00f3n en la salvaci\u00f3n o perdici\u00f3n eternas. Ese retorno se hace para el juicio (Dz 6 40 86 429), y objetivamente no puede pensarse como separado del juicio en cuanto triunfo y manifestaci\u00f3n definitiva del resultado eterno de la historia, pues en tal manifestaci\u00f3n aparece con claridad precisamente que esta historia ha sido la obra de Dios, la cual ten\u00ed\u00ada el centro de su sentido en Jesucristo.<\/p>\n<p>2. S\u00ed\u00adguese que este juicio final debe acontecer en el contexto de la consumaci\u00f3n del mundo y de la historia en cuanto totalidad, y, por ende, como momento interno de la p. de Cristo y de la -> resurrecci\u00f3n de la carne. En cuanto, por una parte, esta consumaci\u00f3n comprende en s\u00ed\u00ad como momento interno que se revele radicalmente la consumaci\u00f3n de la historia entera del mundo hecha en libertad, y, por otra parte, dicha consumaci\u00f3n no es simplemente resultado de la evoluci\u00f3n inmanente del mundo, sino que depende de la soberana disposici\u00f3n de Dios (fin puesto, no fin alcanzado partiendo de un -> principio), la p. se llama juicio de Dios. En cuanto a la postre est\u00e1 determinada esencialmente por la esencia y acci\u00f3n de Dios en -> Jesucristo, esta consumaci\u00f3n se llama juicio de Cristo. Por el hecho de que esa consumaci\u00f3n afecta a todos (en reciproca referencia y, por cierto, en la consumaci\u00f3n definitiva tanto del bien como del mal), se llama juicio universal. Por cuanto es la consumaci\u00f3n definitiva con que termina la historia, se llama juicio final (cf. -> nov\u00ed\u00adsimos).<\/p>\n<p>La relaci\u00f3n entre el juicio universal y el juicio particular y, por tanto, en parte tambi\u00e9n el contenido de lo que se dice sobre el juicio final, deben determinarse partiendo de los principios generales de la escatolog\u00ed\u00ada: La \u00abesencia del -> hombre (iii)\u00bb condiciona una unidad dial\u00e9ctica de los enunciados acerca de su ser unitario, cuyos momentos no pueden confundirse entre s\u00ed\u00ad, ni tampoco dividirse simplemente entre las dos \u00abpartes\u00bb (-> alma y -> cuerpo); es decir, el hombre es un ente espiritual, singular, \u00abque subsiste en s\u00ed\u00ad mismo\u00bb (y por tanto no puede reducirse a mero momento o factor del todo c\u00f3smico y de su historia) y un ser mundanal social, \u00abque subsiste en la materia\u00bb, que est\u00e1 ligado al destino de la humanidad una y del mundo uno.<\/p>\n<p>De acuerdo con la indisoluble unidad dial\u00e9ctica de estos dos grupos de enunciados, que no son reductibles a una unidad superior, ni pueden simplemente repartirse en dos \u00f3rdenes (porque las \u00abpartes\u00bb de la unidad sustancial del hombre son principios reales \u00f3nticos y no entes que existan por s\u00ed\u00ad mismos), tampoco la consumaci\u00f3n de este hombre uno puede expresarse en principio m\u00e1s que en dos enunciados dial\u00e9cticamente referidos uno a otro y coherentes entre s\u00ed\u00ad: en las proposiciones de una escatolog\u00ed\u00ada individual (cf. sobre ello -> muerte) y en las de una escatolog\u00ed\u00ada c\u00f3smica. De ah\u00ed\u00ad que no hagan justicia a la naturaleza pluridimensional (pero no divisible en partes) del hombre y a su consumaci\u00f3n, ni el intento moderno de lograr, por la \u00abdesmitizaci\u00f3n\u00bb, una escatolog\u00ed\u00ada meramente individual (tratando de entender las proposiciones sobre escatolog\u00ed\u00ada general como expresiones figuradas sobre escatolog\u00ed\u00ada individual), ni la tendencia (que aparece una y otra vez en la historia antigua del dogma antes de Benedicto xii y en la teolog\u00ed\u00ada protestante) a eliminar la escatolog\u00ed\u00ada individual a favor de una escatolog\u00ed\u00ada c\u00f3smica (en la que el individuo es s\u00f3lo un factor de este acontecimiento). Mas por eso tampoco puede exigirse ni est\u00e1 justificado el intento de repartir adecuada y claramente los factores o momentos materiales de la \u00fanica consumaci\u00f3n del hombre simplemente uno en dos acontecimientos separados por un intervalo de tiempo y sin relaci\u00f3n entre s\u00ed\u00ad. Pues la consumaci\u00f3n del hombre como ser social y mundano (p. ej., en la -> resurrecci\u00f3n de la carne) es un ingrediente de la consumaci\u00f3n de su singularidad individual (de suerte que, aun como esp\u00ed\u00adritu, \u00e9l solo est\u00e1 consumado en aquel acontecimiento colectivo), y la consumaci\u00f3n del hombre singular en cuanto \u00e9l mismo (p. ej., en la -> visi\u00f3n de Dios) es un momento de la historia universal del mundo. Esta relaci\u00f3n que media entre lo distinto y, sin embargo, no adecuadamente divisible en los enunciados acerca de la escatolog\u00ed\u00ada universal y de la individual, media tambi\u00e9n entre el juicio universal y el particular.<\/p>\n<p>3. Pero esta p. de Cristo para el juicio es manifestaci\u00f3n del -> amor de Dios, pues \u00e9l juzga al mundo por la acci\u00f3n del amor, que atrae a todos los que quieren dejarse atraer, y concede esta voluntad seg\u00fan una disposici\u00f3n que ahora nos es desconocida, pero se nos revelar\u00e1 en la p., y que tiene tambi\u00e9n su centro y sentido en Cristo. Si se aplican rectamente los principios (dogm\u00e1ticamente ciertos) de la hermen\u00e9utica de las declaraciones escatol\u00f3gicas a las representaciones de la Escritura y de la tradici\u00f3n sobre la p. (venir sobre las nubes, signo del Hijo del hombre en el cielo, etc.), o sea, si se tiene idea clara de que nuestras afirmaciones escatol\u00f3gicas no son un relato anticipado de acontecimientos futuros, sino la traslaci\u00f3n prospectiva de la actual situaci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica y de su experiencia creyente al modo de su consumaci\u00f3n, hemos de decir que apenas puede afirmarse con certeza sobre la p. de Cristo m\u00e1s de lo que abstractamente acabamos de formular, aunque debemos dejar en firme que esta esencia de la p. abstractamente formulada tendr\u00e1 una concreci\u00f3n, pero una concreci\u00f3n que escapa a nuestras representaciones terrenas. Usando los t\u00e9rminos del magisterio eclesi\u00e1stico, lo dicho hasta aqu\u00ed\u00ad puede resumirse en los siguientes enunciados: Es dogma de fe que Cristo vendr\u00e1 para juzgar a los vivos y a los muertos (Dz 6 40 86 y 429); es doctrina cierta que no puede calcularse el momento de esta p. (-> milenarismo: Dz 2296, -> escatologismo). Los signos precursores que una y otra vez se alegan en la tradici\u00f3n (predicaci\u00f3n del evangelio en todo el mundo [Mt 24, 14], conversi\u00f3n de Israel [Rom 11, 25ss], aparici\u00f3n y triunfo del -> anticristo [2 Tes 2, 3], cambio f\u00ed\u00adsico del mundo [Mt 24, 29ss; Lc 21, 25, etc.]), han de entenderse con cautela cr\u00ed\u00adtica de acuerdo con los principios hermen\u00e9uticos de las afirmaciones escatol\u00f3gicas, y en ellos hay que distinguir entre la cosa afirmada y la imagen.<\/p>\n<p>Autorizada por el ejemplo de Jes\u00fas, la Iglesia anticipa y prefigura en la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica la -> comuni\u00f3n de los santos con el Se\u00f1or resucitado de la gloria.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: Cf. bibl. -> escatolog\u00ed\u00ada -> novisimos &#8211; L. Billot, La Parousie (P 1920); G. Hoffmann, Das Problem der letzten Dinge in der neueren evangelischen Theologie (GIl 1929); A. Derden, Der Zeitpunkt der Wiederkunft Jesu (W 1947); M. Schmaus, Von den letzten Dingen (Mr 1948) 257-283; R. Guardini, Die letzten Dinge (W\u00fc 21949); J. Dani\u00e9lou, Christologie et eschatologie: Chalkedon III 269-286; P. Althaus, Die letzten Dinge (G\u00fc 61956); Schmaus D IV\/2 89-111 (bibl.); Barth KD III\/2 524-780; L. Scheffczyk, Das besondere Gericht im Licht der gegenw\u00e4rtigen Diskussion: Scholastik 32 (1957) 526-541; P. Sch\u00fctz, P. &#8211; Hoffnung und Prophetie (Hei 1960); H. U. v. Balthasar, Eschatologie: FPhH 403-422; 11. Dolch, Zukunftsvision und Parusie: Wahrheit und Verk\u00fcndigung (homenaje a M. Schmaus) (Mn &#8211; Pa &#8211; W 1967) 327-339; J. Timmermann, Nachapostolisches Parusiedenkefn Untersucht im Hinblick auf seine Bedeutung Dr. einen Parusiebegriff christlichen Philosophierens (Mn 1968); E. Krebs, El m\u00e1s all\u00e1 (Herder Ba 1964); A. Royo Mar\u00ed\u00adn, El misterio del m\u00e1s all\u00e1 (Rialp Ma 21965); M. Schmaus, El problema escatol\u00f3gico del cristianismo (Herder Ba 1964); J. Staudinger, La vida eterna (Herder Ba 1965); G. Uscatescu, Escatolog\u00ed\u00ada e historia (Guad Ma 1964); S. Zedda, Escatolog\u00ed\u00ada y Apocalipsis (Lit Esp Ba 1964); Escatolog\u00ed\u00ada cristiana (P Socorro Ma 1965); H. E. Hengstenberg, Soma y escatolog\u00ed\u00ada. El cuerpo y los nov\u00ed\u00adsimos (Eler Ba 1967); E. Pozo, Teolog\u00ed\u00ada del m\u00e1s all\u00e1 (Ed Cat Ma 1968); A. Salas, Discurso escatol\u00f3gico prelucano. Estudio de Lc 21, 20-36 (El Escorial Ma 1967); O. Cullmann, La inmortalidad del alma o la resurrecci\u00f3n de los cuerpos (Studium Ma 1970); F. Gaboriau, El hombre y la muerte; Di\u00e1logo con K. Rahner (Apostolado Ma 1969); R. Mart\u00ed\u00adn-Achard, De la muerte a la resurrecci\u00f3n (Marova Ma 1969); J. Pieper, Muerte e inmortalidad (Herder Ba 1970).<\/p>\n<p>Karl Rahner<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n<p>v\u00e9ase D\u00ed\u00ada del Se\u00f1or<\/p>\n<p>AA. VV., Vocabulario de las ep\u00ed\u00adstolas paulinas, Verbo Divino, Navarra, 1996<\/p>\n<p><b>Fuente: Vocabulario de las Ep\u00edstolas Paulinas<\/b><\/p>\n<p><div><span lang=\"es\">V\u00e9ase <\/span><i><span lang=\"es\">Escatolog\u00eda<\/span><\/i><i><span lang=\"es\">, <\/span><\/i><i><span lang=\"es\">Segunda Venida de Cristo<\/span><\/i><span lang=\"es\">.<\/span><\/div>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Teolog\u00eda<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>segunda venida de Cristo en la que se juzgar\u00e1 a los vivos y a los muertos. Diccionario B\u00ed\u00adblico Digital, Grupo C Service &#038; Design Ltda., Colombia, 2003 Fuente: Diccionario B\u00edblico Digital ver ESCATOLOG\u00ed\u00adA Fuente: Diccionario B\u00edblico Mundo Hispano (venida, presencia). Palabra usada para referirse a la Segunda venida de Cristo; la palabra no est\u00e1 en &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/parusia\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abPARUSIA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-5306","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5306","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=5306"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5306\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=5306"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=5306"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=5306"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}