{"id":5327,"date":"2016-02-05T01:20:45","date_gmt":"2016-02-05T06:20:45","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/perdon\/"},"modified":"2016-02-05T01:20:45","modified_gmt":"2016-02-05T06:20:45","slug":"perdon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/perdon\/","title":{"rendered":"PERDON"},"content":{"rendered":"<p>v. Remisi\u00f3n<br \/>\nLev 4:20 har\u00e1 .. expiaci\u00f3n por ellos, y obtendr\u00e1n p<br \/>\nPsa 130:4 pero en ti hay p, para que seas<br \/>\nMar 3:29 blasfeme contra el .. no tiene jam\u00e1s p<br \/>\nLuk 1:77 salvaci\u00f3n a su .. para p de sus pecados<br \/>\nLuk 3:3 del arrepentimiento para p de pecados<br \/>\nLuk 24:47 que se predicase en .. el p de pecados<br \/>\nAct 5:31 para dar a Israel arrepentimiento y p<br \/>\nAct 10:43 recibir\u00e1n p de pecados por su nombre<br \/>\nAct 13:38 que por medio de \u00e9l se os anuncia p de<br \/>\nAct 26:18 que reciban, por la fe .. p de pecados<br \/>\nEph 1:7 el p de pecados seg\u00fan las riquezas de su<br \/>\nCol 1:14 en quien tenemos .. p de pecados<\/p>\n<hr>\n<p>restablecimiento de la relaci\u00f3n rota entre Dios y el hombre que ha pecado.<\/p>\n<p>En el A. T.  el p. era otorgado \u00fanicamente por Dios, quien lo daba a todo aqu\u00e9l que volv\u00ed\u00ada a \u00e9l arrepentido. Son innumerables los actos de p. otorgados por Dios; entre ellos el que dio al pueblo de Israel cuando ador\u00f3 al becerro de oro en el desierto, habiendo Mois\u00e9s intercedido ante Yahv\u00e9h por su pueblo, Ex 32, 30-35. En la Biblia se afirma que Dios es quien perdona, Ne 9, 17.<\/p>\n<p>En el N. T.  se declara que Cristo tiene la autoridad para perdonar, Mc 2,    10. Jes\u00fas perdona a trav\u00e9s de sus disc\u00ed\u00adpulos, quienes recibieron el poder de \u00e9l: \u2020\u0153A quienes perdon\u00e9is los pecados, les quedan perdonados; a  quienes se los reteng\u00e1is, les ser\u00e1n retenidos\u2020\u009d, Mt 18, 18; Jn 20, 23.<\/p>\n<p>Pero  tambi\u00e9n los cristianos deben imitar a Dios  perdon\u00e1ndose entre ellos, Ef 4, 32; y confes\u00e1ndose sus faltas, St 5, 16.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Digital, Grupo C Service &#038; Design Ltda., Colombia, 2003<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Digital<\/b><\/p>\n<p>(heb., kaphar, nasa\u2020\u2122, salach; gr., apoluein, charizesthai, aphesis, paresis). En el NT frecuentemente se usa remisi\u00f3n como equivalente de perd\u00f3n. Significa dejar de lado el resentimiento o el derecho de compensaci\u00f3n por una ofensa. La ofensa puede ser una privaci\u00f3n de la propiedad, los derechos o el honor de una persona; o puede ser una violaci\u00f3n de la ley moral.<\/p>\n<p>Las condiciones normales para el perd\u00f3n son el arrepentimiento y la voluntad de hacer reparaci\u00f3n o expiaci\u00f3n; y el efecto del perd\u00f3n es la restauraci\u00f3n de ambas partes al estado de relaci\u00f3n anterior. El perd\u00f3n es un deber y no debe ponerse un l\u00ed\u00admite al mismo (Luk 17:4). Un esp\u00ed\u00adritu que no perdona es uno de los pecados m\u00e1s serios (Mat 18:34-35; Luk 15:28-30).<\/p>\n<p>Dios perdona los pecados del hombre por la muerte expiatoria de Cristo. El perd\u00f3n de los humanos por Dios est\u00e1 estrechamente relacionado con el perd\u00f3n de los semejantes por los hombres (Mat 5:23-24; Mat 6:12; Col 1:14; Col 3:13). Aquellos perdonados por Dios antes de la encarnaci\u00f3n fueron perdonados debido a Cristo, cuya muerte estuvo predestinada desde la eternidad (Heb 11:40). La deidad de Cristo incluye el poder de perdonar los pecados (Mar 2:7; Luk 5:21; Luk 7:49).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Mundo Hispano<\/b><\/p>\n<p>Olvido del pecado u ofensa del hombre a Dios, y del hombre a otro hombre, borrando el precio que se ha de pagar por el pecado, y los resentimientos, rencillas, odios.<\/p>\n<p> E1 perd\u00f3n de los pecados se basa en la muerte expiatoria de Cristo,: (Col 1:14, Col 3:13), por la Sangre de Jesus que nos borra todos los pecados: (1Jn 1:7).<\/p>\n<p> \u00bfQu\u00e9 tengo que hacer para que se me borren?: Ver \u00abConfesi\u00f3n\u00bb, \u00abPecado\u00bb. Perdonar al vecino es algo esencial en el Cristianismo.<\/p>\n<p> &#8211; Jes\u00fas nos ensen\u00f3 a rezar diciendo al Padre que \u00abnos perdone tal como nosotros perdonamos a los que nos han ofendido\u00bb. \u00c2\u00a1as\u00ed\u00ad es que si yo no perdono, le estoy pidiendo a Dios que no me perdone!, Mat 6:12-15, Mat 5:38-48.<\/p>\n<p> &#8211; Jes\u00fas nos ensena que tenemos que perdonar 70 veces 7, \u00c2\u00a1siempre!. \u00c2\u00a1vez tras vez!, Mat 18:21-35. porque si no perdonamos \u00absiempre\u00bb, el Senor no nos va a perdonar \u00absiempre\u00bb, \u00c2\u00a1y el justo peca 7 veces al d\u00ed\u00ada!. \u00c2\u00a1t\u00fa y yo pecamos, al menos, 7 veces cada d\u00ed\u00ada!: (Pro 24:16).<\/p>\n<p> Quien no perdona, \u00c2\u00a1o perdona, pero no olvida!, y guarda celos, rencores o resentimientos. no le est\u00e1 haciendo dano al que le hizo el mal, sino a s\u00ed\u00ad mismo, \u00c2\u00a1est\u00e1 corroyendo, y amontonando basura en su propio coraz\u00f3n!<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano<br \/>\nDr. J. Dominguez<\/p>\n<p>http:\/\/biblia.com\/diccionario\/<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano<\/b><\/p>\n<p>Es el acto de no retribuir las ofensas con el castigo merecido. Diferentes palabras en hebreo se utilizan para comunicar la idea de p. En la misma forma que el verbo bara (crear), que solamente se usa en relaci\u00f3n con Dios, el t\u00e9rmino salah, equivalente al verbo \u2020\u0153perdonar\u2020\u009d, se aplica al acto divino de perdonar los pecados. No se utiliza para el caso de humanos que est\u00e9n perdonando las ofensas de otros.<\/p>\n<p>Los sacrificios del AT ten\u00ed\u00adan por prop\u00f3sito obtener el p. de Dios (\u2020\u0153&#8230; as\u00ed\u00ad har\u00e1 el sacerdote expiaci\u00f3n por ellos, y obtendr\u00e1n perd\u00f3n\u2020\u009d [Lev 4:20]; \u2020\u0153&#8230; as\u00ed\u00ad el sacerdote har\u00e1 expiaci\u00f3n por el pecado de aquel que lo cometi\u00f3, y ser\u00e1 perdonado\u2020\u009d [Lev 5:10]). La frase \u2020\u0153y ser\u00e1 perdonado\u2020\u009d se repite una y otra vez (Lev 4:31, Lev 4:35; Lev 5:10, Lev 5:13, Lev 5:16, Lev 5:18). Es evidente que una condici\u00f3n para el p. era la humillaci\u00f3n del culpable (\u2020\u0153Y el sacerdote har\u00e1 expiaci\u00f3n por la persona que haya pecado por yerro; cuando pecare por yerro delante de Jehov\u00e1, la reconciliar\u00e1, y le ser\u00e1 perdonado&#8230;. Mas la persona que hiciere algo con soberbia &#8230; ser\u00e1 cortada de en medio de su pueblo\u2020\u009d [Num 15:28-30]).<br \/>\nLev 6:1-7 se mencionan pecados por los cuales se pod\u00ed\u00ada obtener p. de Dios a trav\u00e9s de los sacrificios (\u2020\u0153Cuando una persona pecare e hiciere prevaricaci\u00f3n contra Jehov\u00e1&#8230;). Se incluye robo, calumnia, perjurio y otros. Tambi\u00e9n hab\u00ed\u00ada provisi\u00f3n para los pecados \u2020\u009dpor yerro\u00bb o de ignorancia. En el d\u00ed\u00ada de la expiaci\u00f3n se hac\u00ed\u00ada un sacrificio por \u2020\u0153todas las iniquidades de los hijos de Israel\u2020\u009d (Lev 16:21), en un sentido corporativo o nacional. Cuando Salom\u00f3n or\u00f3 en la inauguraci\u00f3n del \u2020\u00a2templo, le habl\u00f3 de ese tipo de p. (\u2020\u0153&#8230; si se humillare mi pueblo &#8230; yo oir\u00e9 desde los cielos, y perdonar\u00e9 sus pecados\u2020\u009d [2Cr 7:14]). Pero en el nivel individual el israelita ten\u00ed\u00ada que entender que los delitos graves, que ten\u00ed\u00adan condena de muerte, como el adulterio, el asesinato, la hechicer\u00ed\u00ada, etc\u00e9tera, no estaban incluidos en el sistema de sacrificios.<br \/>\nNT explica que \u2020\u0153la sangre de los toros y de los machos cabr\u00ed\u00ados no puede quitar los pecados\u2020\u009d (Heb 10:4). Y que los sacrificios del AT eran una \u2020\u0153sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas\u2020\u009d (Heb 10:1). La realidad, entonces, es que el p. otorgado a los ofertantes del antiguo pacto, se conced\u00ed\u00ada sobre la base del sacrificio de Cristo, quien fue \u2020\u0153destinado antes de la fundaci\u00f3n del mundo\u2020\u009d como \u2020\u0153un cordero sin mancha y sin contaminaci\u00f3n\u2020\u009d que vino a ser \u2020\u0153manifestado en los postreros tiempos\u2020\u009d (1Pe 1:18-20).<br \/>\nla Biblia presenta a Dios como perdonador (\u2020\u0153Jehov\u00e1, tardo para la ira y grande en misericordia, que perdona la iniquidad y la rebeli\u00f3n\u2020\u009d [Num 14:18]; \u2020\u0153Porque t\u00fa, Se\u00f1or, eres bueno y perdonador\u2020\u009d [Sal 86:5]). As\u00ed\u00ad, en innumerable ocasiones perdon\u00f3 al pueblo de Israel (\u2020\u0153Pero \u00e9l, misericordioso, perdonaba la maldad, y no los destru\u00ed\u00ada\u2020\u009d [Sal 78:38]). Los israelitas, sin embargo, persistieron en su pecado, aunque el Se\u00f1or les exhort\u00f3 siempre al arrepentimiento, asegur\u00e1ndoles que si hab\u00ed\u00ada sinceridad en su coraz\u00f3n y se volv\u00ed\u00adan a \u00e9l, les perdonar\u00ed\u00ada. Finalmente, con la encarnaci\u00f3n del Hijo de Dios y su muerte en la cruz, se revel\u00f3 a todo el universo cu\u00e1l era la base que permit\u00ed\u00ada esa oferta de p. Puesto que no es de la naturaleza de Dios el dejar el pecado sin castigo, el p. no era posible, a menos que alguien que no mereciera ese castigo se dispusiera a recibirlo en lugar de los responsables. La \u2020\u00a2expiaci\u00f3n, entonces, era necesaria para que el p. fuera posible. Pero ahora, tras la muerte de Cristo en la cruz, Dios ofrece a todos los hombres un perd\u00f3n amplio y total, a condici\u00f3n de que se arrepientan de sus pecados y ejerzan la fe en su Hijo.<br \/>\nt\u00e9rmino griego aphiemi es el m\u00e1s usado para la idea de \u2020\u0153perdonar\u2020\u009d en el NT. Como el hombre, por su pecado, ha perdido la relaci\u00f3n con Dios, es necesario obtener su p. para restablecerla. Ese p. lo ofrece Dios en Cristo, \u2020\u0153en quien tenemos redenci\u00f3n por su sangre, el p. de pecados\u2020\u009d (Efe 1:7; Col 1:14). Con esta oferta, Dios cumple lo prometido por medio de los profetas (\u2020\u0153&#8230; porque perdonar\u00e9 la maldad de ellos&#8230;\u2020\u009d [Jer 31:34]; \u2020\u0153&#8230; y perdonar\u00e9 todos sus pecados con que contra mi pecaron\u2020\u009d [Jer 33:8]).<br \/>\nvez que cualquier persona experimenta el p. de Dios, estar\u00e1 dispuesta a perdonar a los dem\u00e1s humanos que le ofendan. Esto debe hacerlo en la misma medida con la cual Dios le perdon\u00f3 (\u2020\u0153Y perd\u00f3nanos nuestras deudas, como tambi\u00e9n nosotros perdonamos a nuestros deudores&#8230;. mas si no perdon\u00e1is a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonar\u00e1 vuestras ofensas\u2020\u009d [Mat 6:12-14]). Por eso el ap\u00f3stol Pablo escrib\u00ed\u00ada a los efesios: \u2020\u0153&#8230; perdon\u00e1ndoos unos a otros, como Dios tambi\u00e9n os perdon\u00f3 a vosotros en Cristo\u2020\u009d (Efe 4:32).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Cristiano<\/b><\/p>\n<p>tip, DOCT<\/p>\n<p>ver, EXPIACI\u00ed\u201cN<\/p>\n<p>vet, Hay cuatro t\u00e9rminos heb. que se traducen perd\u00f3n: (a) \u00abkaphar\u00bb, \u00abcubrir\u00bb (Dt. 21:8; Sal. 78.38, Jer. 18.23). Este t\u00e9rmino se traduce tambi\u00e9n \u00abexpiaci\u00f3n\u00bb (v\u00e9ase EXPIACI\u00ed\u201cN). (b) \u00abNasa\u00bb, llevar, quitar (culpa). Fue usada por los hermanos de Jos\u00e9 cuando le pidieron que les perdonara (Gn. 50:17; Dios la usa al proclamar que El es un Dios \u00abque perdona la iniquidad la rebeli\u00f3n y el pecado\u00bb: Ex. 34:7; Nm. 14:18) y al describir la bienaventuranza del hombre, \u00abcuya transgresi\u00f3n ha sido perdonada, cubierto su pecado\u00bb (Sal. 32:1). (c) \u00abSalach\u00bb, \u00abperdonar\u00bb, se usa s\u00f3lo del perd\u00f3n que da Dios. Se emplea con referencia al perd\u00f3n relacionado con los sacrificios: \u00abobtendr\u00e1n perd\u00f3n (Lv. 4:20, 26), \u00abser\u00e1 perdonado (Lv. 4:31, 35; 5:10, 13, 16, 18, etc.). Aparece en la oraci\u00f3n de Salom\u00f3n en la dedicaci\u00f3n del Templo (1 R. 8:30, 34, 36, 39, 50). Tambi\u00e9n en el Sal. 103; Jer. 31:34; 36:3; Dn. 9:19. En el NT se usan varios t\u00e9rminos: (a) \u00abaphesis\u00bb, de \u00abaphi\u00eami\u00bb, \u00abenviar de, liberar, remitir\u00bb, que se traduce en varias ocasiones \u00abremisi\u00f3n\u00bb. (b) \u00abAphi\u00eami\u00bb se traduce \u00abperdonar\u00bb que adem\u00e1s de \u00abdespedir\u00bb, \u00abentregar\u00bb, \u00abremitir\u00bb, se traduce tambi\u00e9n por el verbo \u00abperdonar\u00bb. (c) \u00abApolu\u00f5\u00bb, que adem\u00e1s de significar \u00abdejar\u00bb, \u00abdespedir\u00bb, etc., se traduce tambi\u00e9n \u00abperdonar\u00bb. (d) \u00abPheidomai\u00bb, \u00abdejar\u00bb, \u00abescatimar\u00bb, se traduce tambi\u00e9n como \u00abser indulgente\u00bb y \u00abperdonar\u00bb. (e) \u00abCharizomai\u00bb se traduce, en varias ocasiones, como \u00abperdonar\u00bb (entregar, dar, conceder, dar gratuitamente). Todas estas palabras se aplican al perd\u00f3n concedido por Dios, as\u00ed\u00ad como al dado por una persona a otra. Hay varios aspectos del perd\u00f3n que nos son presentados en las Escrituras: (a) La mente y el pensamiento de Dios mismo hacia el pecador al que El perdona. Sobre la base del sacrificio de Cristo, Dios no s\u00f3lo deja de considerar culpables a aquellos que tienen fe en la sangre de Cristo, sino que adem\u00e1s les concede Su favor. \u00abNunca m\u00e1s me acordar\u00e9 de sus pecados y transgresiones\u00bb (He. 10:17). As\u00ed\u00ad, todo sentido de imputaci\u00f3n de pecado desaparece de la mente de Dios. \u00abDios tambi\u00e9n os perdon\u00f3 a vosotros en Cristo\u00bb (\u00abecharisato\u00bb, perdonado en gracia; Ef. 4:32). Igualmente en el AT: \u00abYo sanar\u00e9 su rebeli\u00f3n, los amar\u00e9 de pura gracia\u00bb (Os. 14:4). (b) El culpable es liberado, perdonado. \u00abPara que reciban, por la fe que es en m\u00ed\u00ad, perd\u00f3n de pecados\u00bb (Hch. 26:18). \u00abCuanto est\u00e1 lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones\u00bb (Sal. 103:12). \u00abVuestros pecados os han sido perdonados por su nombre\u00bb (1 Jn. 2:12). Esto es cierto de todos los cristianos: que sus pecados les han sido perdonados. Hay otro concepto incluido en el perd\u00f3n de los pecados, esto es, que al tener redenci\u00f3n en Cristo, lo que introduce al creyente a un nuevo estado, se olvida todo el pasado de culpa, y es eliminado de \u00e9l, de manera que no hay obst\u00e1culo alguno para el goce de aquello a lo que introduce la redenci\u00f3n. El principio general en cuanto al perd\u00f3n aparece en 1 Jn. 1:9: \u00abSi confesamos nuestros pecados, \u00e9l es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad\u00bb. Ello involucra honestidad de coraz\u00f3n, tanto si se trata de un pecador que acude por vez primera a Dios, o de uno que ya es hijo de Dios, y que ha contristado el coraz\u00f3n del Padre al pecar. Los dos aspectos anteriormente mencionados se dan tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad. La fidelidad y justicia de Dios en perdonar, y nuestra purificaci\u00f3n de toda injusticia. Dios es fiel a Su propio car\u00e1cter de gracia revelado en Su Hijo, y justo por medio de la propiciaci\u00f3n que El ha hecho. (c) Si un cristiano es \u00abexcomunicado\u00bb de la comuni\u00f3n de la iglesia, y se arrepiente, es perdonado y restaurado (2 Co. 2:7, 10). Esto, naturalmente, es distinto del acto de Dios en el perd\u00f3n de los pecados, y puede recibir el nombre de perd\u00f3n administrativo en la iglesia; y si la actuaci\u00f3n en disciplina es conducida por el Esp\u00ed\u00adritu, queda ratificada en el cielo (cfr. Jn. 20:22, 23). Esto es totalmente diferente de cualquier pretendida \u00ababsoluci\u00f3n\u00bb que pueda ser pronunciada pretendiendo un poder para el perd\u00f3n judicial o paternal de los pecados, lo cual es competencia exclusiva de Dios, bien acogiendo al pecador arrepentido, bien perdonando al hijo extraviado. (d) Hay tambi\u00e9n el perd\u00f3n \u00abgubernamental\u00bb en relaci\u00f3n con el gobierno de Dios aqu\u00ed\u00ad en la tierra en el tiempo, tanto por parte de Dios como entre los mismos creyentes, unos a otros (Is. 40:1, 2; Lc. 17:3; Stg. 5:15, 16; 1 Jn. 5:16). Somos llamados a perdonarnos unos a otros; si nos entregamos a un esp\u00ed\u00adritu duro e implacable, no debemos esperar que nuestro Padre nos perdone en Sus tratos en gobierno (Mt. 6:14, 15).<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico Ilustrado<\/b><\/p>\n<p>[347]<\/p>\n<p>      En general es la actitud de la voluntad y del sentimiento de borrar una deuda, una ofensa o una situaci\u00f3n molesta para una persona. El perd\u00f3n supone una opci\u00f3n de la voluntad por la cual implica una superaci\u00f3n suficiente de los instintos naturales que tienden a responder con las mismas formas como uno ha sido tratado. Es sin\u00f3nimo de indulgencia, remisi\u00f3n, tolerancia, comprensi\u00f3n y olvido.<\/p>\n<p>     El perdonar es un valor humano de gran arraigo cristiano, pues es la disposici\u00f3n que Jes\u00fas reclam\u00f3 al decir que hay que perdonar \u00abhasta setenta veces siete.\u00bb (Mt. 18.22).<\/p>\n<p>     El perd\u00f3n en clave mundana es sin\u00f3nimo de debilidad. Pero en clave cristiana es equivalente a fortaleza. En ese sentido aparece en los escritos del Nuevo Testamento: 17 veces como olvido generoso (afesis) y 149 como capacidad de olvidar (afiemi).<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>La caracter\u00ed\u00adstica de la bondad misericordiosa de Dios<\/p>\n<p>\tEs una nota constante y caracter\u00ed\u00adstica de toda la Biblia Dios siempre perdona cuando se le pide sinceramente perd\u00f3n. La historia de salvaci\u00f3n y los textos s\u00e1lmicos son ofrecen abundantes ejemplos (cfr. Sal 50, en la Vulgata). La actitud de perd\u00f3n es nota esencial y caracter\u00ed\u00adstica de la vida y del mensaje de Jes\u00fas. El vino \u00abpara buscar y salvar lo que estaba perdido\u00bb (Lc 19,10). Ofreci\u00f3 siempre el perd\u00f3n, instando al arrepentimiento y a la recuperaci\u00f3n del amor (cfr. Mt 9,2; Lc 7,47). En el momento de su muerte pidi\u00f3 al Padre perd\u00f3n por quienes le hab\u00ed\u00adan crucificado (cfr. Lc 23,34). Al resucitar, dej\u00f3 a su Iglesia el sacramento del perd\u00f3n (cfr. Jn 20,23).<\/p>\n<p>\tEn el Credo, se profesa esta fe \u00abCreo en el perd\u00f3n de los pecados\u00bb. Aunque en todo momento Dios concede su perd\u00f3n cuando se le pide con arrepentimiento, Jes\u00fas quiso establecer dos sacramentos principales que conceden de modo especial el perd\u00f3n el bautismo y el sacramento de la reconciliaci\u00f3n o de la penitencia. \u00abCristo, que ha muerto por todos los hombres, quiere que, en su Iglesia, est\u00e9n siempre abiertas las puertas del perd\u00f3n a cualquiera que vuelva del pecado\u00bb (CEC 982).<\/p>\n<p>\tPerdonar a los hermanos<\/p>\n<p>\tEn esta realidad de perd\u00f3n por parte de Dios, se inspira la Iglesia y todo creyente para adoptar la actitud de perd\u00f3n para con los dem\u00e1s. Dios est\u00e1 siempre dispuesto a perdonar si hay arrepentimiento. No ser\u00ed\u00ada posible gozar de este perd\u00f3n sin la actitud de perd\u00f3n hacia los hermanos. \u00abEl perd\u00f3n es adem\u00e1s la condici\u00f3n fundamental de la reconciliaci\u00f3n, no s\u00f3lo en la relaci\u00f3n de Dios con el hombre, sino tambi\u00e9n en las rec\u00ed\u00adprocas relaciones entre los hombres\u00bb (DM 14). La actitud de perd\u00f3n es una gracia de Dios, que supone conversi\u00f3n de la propia persona a los nuevos planes de Dios Amor en Cristo. Esta actitud se inspira en la propia experiencia de haber sido perdonado por Dios. La venganza, abierta o solapada, es se\u00f1al de no estar suficientemente abierto a la misericordia de Dios. El perd\u00f3n invita a la retractaci\u00f3n y a la reparaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\tAl darnos el \u00abPadre nuestro\u00bb, Jes\u00fas inst\u00f3 a perdonar a los dem\u00e1s para alcanzar perd\u00f3n (cfr. Mt 6,12). Perdonar es la nota caracter\u00ed\u00adstica del cristiano que vive de la fe. Al terminar el anuncio de las \u00abbienaventuranzas\u00bb, Jes\u00fas explic\u00f3 la actitud de perd\u00f3n antes de ofrecer sacrificios a Dios (Mt 6,23-24), y llam\u00f3 a amar y hacer el bien a los enemigos, para imitar la actitud amorosa y misericordiosa de Dios (cfr. Mt 6,44-45; Lc 6,35-36). Es la caracter\u00ed\u00adstica del m\u00e1rtir cristiano, sin la cual no constar\u00ed\u00ada del verdadero martirio (cfr. Hech 7,60).<\/p>\n<p>\tAnuncio del evangelio, anuncio del perd\u00f3n<\/p>\n<p>\tEl perd\u00f3n es la mejor manera de practicar la justicia, en vistas a recuperar a las personas. La justicia no ser\u00ed\u00ada tal sin esta perspectiva de restauraci\u00f3n y perd\u00f3n. \u00abEl perd\u00f3n atestigua que en el mundo est\u00e1 presente el amor m\u00e1s fuerte que el pecado&#8230; Un mundo, del que se eliminase el perd\u00f3n, ser\u00ed\u00ada solamente un mundo de justicia fr\u00ed\u00ada e irrespetuosa, en nombre de la cual uno reivindicar\u00ed\u00ada sus propios derechos respecto a los dem\u00e1s; as\u00ed\u00ad los ego\u00ed\u00adsmos de distintos g\u00e9neros, adormecidos en el hombre, podr\u00ed\u00adan transformar la vida y la convivencia humana en un sistema de opresi\u00f3n de los m\u00e1s d\u00e9biles por parte de los m\u00e1s fuertes o en una arena de lucha permanente de los unos contra los otros&#8230; Es obvio que una exigencia tan grande de perdonar no anula las objetivas exigencias de la justicia. La justicia rectamente entendida constituye por as\u00ed\u00ad decirlo la finalidad del perd\u00f3n\u00bb (DM 14).<\/p>\n<p>\tEl anuncio del evangelio, que tendr\u00e1 siempre las caracter\u00ed\u00adsticas de piedra de esc\u00e1ndalo, tiene su m\u00e1xima expresi\u00f3n en la actitud de perd\u00f3n por parte de Jes\u00fas crucificado, por parte de todo creyente que quiere practicar las \u00abbienaventuranzas\u00bb y por parte de todo m\u00e1rtir que d\u00e9 la vida por los dem\u00e1s por amor a Cristo. La fuerza evangelizadora del martirio est\u00e1 en la donaci\u00f3n sacrificial y en el perd\u00f3n. \u00abLa Iglesia considera justamente como propio deber, como finalidad de la propia misi\u00f3n, custodiar la autenticidad del perd\u00f3n, tanto en la vida y en el comportamiento como en la educa\u00c2\u00acci\u00f3n y en la pastoral. Ella no la protege de otro modo m\u00e1s que custodiando la fuente, esto es, el misterio de la misericordia de Dios mismo, revelado en Jesucristo\u00bb (DM 14).<\/p>\n<p>Referencias Bautismo, conversi\u00f3n, misericordia, Padre nuestro, penitencia, reconciliaci\u00f3n, redenci\u00f3n, salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Lectura de documentos DM 14; CEC 976-987 (perd\u00f3n de pecados), 2838-2845 (perdonar).<\/p>\n<p>Bibliograf\u00ed\u00ada AA.VV., El misterio del pecado y del perd\u00f3n (Santander, Sal Terrae, 1972); D. BOROBIO, Perd\u00f3n, en Conceptos fundamentales del cristianismo (Madrid, Trotta, 1993) 1019-1030; B. H\u00e4RING, Shalom Paz (Barcelona, Herder, 1970).<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>(pecado, pena de muerte, juicio, gracia, [a\u00f1o] sab\u00e1tico, jubileo). La justicia en s\u00ed\u00ad misma no perdona, sino que se expresa en sistemas de juicio o racionalidad conmutativa y distributiva, pero Jes\u00fas ha revelado una autoridad de perd\u00f3n que supera la justicia sin negarla. Hab\u00ed\u00ada perd\u00f3n en el judaismo, pero, en tiempos de Jes\u00fas, tend\u00ed\u00ada a estar controlado por sacerdotes y templo, al servicio del sistema; Jes\u00fas, en cambio, ha ofrecido el perd\u00f3n de un modo gratuito, por encima de la ley y del sistema. El perd\u00f3n sagrado del templo se expresa y expande a trav\u00e9s de sacrificios rituales, celebrados por los sacerdotes, regulados seg\u00fan ley por los escribas; de esa manera, el sistema social y religioso de los sacerdotes de Jerusal\u00e9n monopolizaba la expiaci\u00f3n por los pecados, como \u00abm\u00e1quina de perd\u00f3n\u00bb, que sit\u00faa a los sacerdotes (funcionarios sacrales) sobre el resto del pueblo; el templo y su culto les daba poder de perd\u00f3n, autoridad expiatoria, sagrada. Jes\u00fas, en cambio, ofrece su perd\u00f3n mesi\u00e1nico, superando el sistema del temp\u00ed\u00ado, acogiendo de un modo gratuito a los expulsados y excluidos de la comunidad sagrada de Israel. Actuando de esa manera, Jes\u00fas ha sido el m\u00e1s jud\u00ed\u00ado de todos los jud\u00ed\u00ados: el heredero de las tradiciones israelitas m\u00e1s profundas del Dios de la misericordia* (Jon\u00e1s*). Pero, al mismo tiempo, al desvincular su perd\u00f3n del orden sagrado del templo, Jes\u00fas ha corrido el riesgo de romper la identidad nacional del judaismo.<\/p>\n<p>(1) Novedad del Evangelio. Actualidad del perd\u00f3n. Jes\u00fas ha radicalizado y unlversalizado la experiencia b\u00ed\u00adblica del perd\u00f3n, no s\u00f3lo ofreci\u00e9ndolo en nombre de Dios, sino pidiendo a los hombres que se perdonen entre s\u00ed\u00ad. En esa l\u00ed\u00adnea, debemos a\u00f1adir que la experiencia pascual es una experiencia de perd\u00f3n radical y de nuevo nacimiento. Frente a la ley del sistema, donde sigue rigiendo el tali\u00f3n (\u00c2\u00a1a cada uno seg\u00fan su merecido!), el Evangelio de Jes\u00fas resucitado sit\u00faa a los hombres ante el don y tarea del perd\u00f3n, que supera el legalismo, haci\u00e9ndonos capaces de desactivar la bomba de violencia que amenaza con destruir la vida de la humanidad. As\u00ed\u00ad lo ha destacado la antrop\u00f3loga jud\u00ed\u00ada H. Arendt: \u00abEl descubridor del papel del perd\u00f3n en la esfera de los asuntos humanos fue Jes\u00fas de Nazaret. El hecho de que hiciera este descubrimiento en un contexto religioso y lo articulara en un lenguaje religioso no es raz\u00f3n para tomarlo con menos seriedad en un sentido estrictamente secular\u00bb. El primer requisito para alcanzar la paz, en las condiciones actuales de la humanidad, dividida por la imposici\u00f3n de unos, el deseo de revancha de otros y el odio de todos, es el perd\u00f3n, que viene a revelarse como el \u00fanico poder que rompe el c\u00ed\u00adrculo del eterno retorno del pasado (con su ley de acci\u00f3n y reacci\u00f3n) que encierra a los hombres en su destino de violencia. El perd\u00f3n rompe la l\u00f3gica de la venganza (del tali\u00f3n que siempre se repite: ojo por ojo, diente por diente); de esa forma libera al hombre del automatismo de la violencia y permite que su vida trascienda el nivel de la ley, donde nada se crea ni destruye, sino que s\u00f3lo se transforma. S\u00f3lo el perd\u00f3n nos sit\u00faa en un nivel de gratuidad creadora. El perd\u00f3n es gracia; de esa forma supera el pasado y abre un comienzo de vida all\u00ed\u00ad donde la vida se cerraba en sus contradicciones y luchas de poder.<\/p>\n<p>(2) Perd\u00f3n gratuito. Por encima de la expiaci\u00f3n. Jes\u00fas ha introducido su libertad y perd\u00f3n para el amor en el mundo sacral de escribas y sacerdotes, superando el plano de los sacrificios rituales. Pues bien, invirtiendo el camino de Jes\u00fas, la Iglesia posterior ha interpretado a veces el perd\u00f3n de forma sacral, como expresi\u00f3n de los m\u00e9ritos de su muerte expiatoria, en una l\u00ed\u00adnea cercana a los sacrificios del templo. Expiar es pagar por una culpa, someti\u00e9ndose al juicio de Dios. Sin duda, el Nuevo Testamento asume a veces un lenguaje expiatorio, como se esperaba en un contexto marcado por el templo, pero lo hace de un modo simb\u00f3lico. Pero, en sentido estricto, la muerte de Jes\u00fas no ha sido un sacrificio expiatorio (\u00c2\u00a1ciertamente, mejor que los anteriores!), sino el despliegue de la gracia salvadora de un Dios que no necesita que le exp\u00ed\u00aden o aplaquen, porque \u00e9l mismo es perd\u00f3n, \u00e9l mismo exp\u00ed\u00ada (si vale ese lenguaje) a favor de los hombres (cf. Rom 3,24-25). El Evangelio invierte as\u00ed\u00ad la experiencia y tarea de las religiones sacrificiales y entre ellas la de cierto judaismo: Dios no exige expiaci\u00f3n o sometimiento para afianzar de esa manera su poder, sino que ofrece gratuitamente su perd\u00f3n, porque \u00e9l es gracia y as\u00ed\u00ad se manifiesta en Cristo. Seg\u00fan eso, el perd\u00f3n nace del amor mesi\u00e1nico y pascual, no de un ritual de sometimiento y violencia victimista. En ese contexto ha de entenderse la actitud de Jes\u00fas, que ha perdonado a los pecadores, sent\u00e1ndose a la mesa con ellos, invit\u00e1ndoles a compartir su camino (cf. Mc 2,15-17 par; Mt 11,29 par; Lc 15,1). De esa forma ha ofrecido el reino de Dios a los excluidos: no s\u00f3lo a los simples de mente (am ha aretz), incapaces de cumplir la ley por falta de conocimiento, y a los pobres (plano econ\u00f3mico) o ritualmente manchados (por lepra y flujos de semen o sangre), sin acceso al culto, sino tambi\u00e9n a los pecadores estrictamente dichos, seg\u00fan la perspectiva israelita, es decir, a los separados de la alianza de Dios por su conducta (publicanos, prostitutas). Precisamente a ellos ha ofrecido solidaridad y perd\u00f3n supralegal.<\/p>\n<p>(3) Perd\u00f3n humano, antes de conversi\u00f3n. Sacerdotes y escribas perdonaban a los convertidos, que volv\u00ed\u00adan a cumplir la Ley, como mandaban los ritos y las buenas tradiciones. El proce  so era claro: los manchados deb\u00ed\u00adan limpiar su impureza, los pecadores dejar el pecado y volver a la alianza. La misma ley que condenaba al pecador le ofrec\u00ed\u00ada, al mismo tiempo, un camino de perd\u00f3n, si se convert\u00ed\u00ada y volv\u00ed\u00ada al pacto. En contra de eso, Jes\u00fas no exige a los pecadores que se conviertan primero, sino que empieza ofreci\u00e9ndoles el perd\u00f3n y solidaridad del Reino. De esa manera ha entrado en conflicto con la Ley sagrada del templo, pues ha recibido en su mesa y comuni\u00f3n a leprosos y hemorro\u00ed\u00adsas, publ\u00ed\u00adcanos y prostitutas (pecadores), lo mismo que a los pobres de la tierra (poco cumplidores), ofreci\u00e9ndoles su Reino. Con eso deval\u00faa la ley de purezas y pecados y el conjunto del ritual del templo, pues lo considera innecesario. No mantiene discusiones sobre leyes o rituales: no ha querido sustituir una sacralidad por otra, sino que ha suscitado, desde el centro de Israel, una comuni\u00f3n escatol\u00f3gica y rnesi\u00e1nica, fundada en la gratuidad de Dios. No ha sido profeta de conversi\u00f3n, no ha pedido a los pobres, manchados y pecadores que cambien, para recibir despu\u00e9s (por ese cambio) el perd\u00f3n de Dios, sino que ha ofrecido comuni\u00f3n mesi\u00e1nica o perd\u00f3n precisamente a los que, seg\u00fan Ley, siguen siendo pecadores o manchados, sin exigirles conversi\u00f3n antecedente. As\u00ed\u00ad ha sustituido el sistema sacral por la gracia liberadora de Dios, como muestran sus gestos y palabras: sus relaciones con Lev\u00ed\u00ad, Zaqueo y los publ\u00ed\u00adcanos y la pecadora agradecida (cf. Mc 2,13-17; Lc 7,36-50; 19,110)\t; sus par\u00e1bolas sobre el deudor inmisericorde (Mt 18,21-23) y el hijo pr\u00f3digo (Lc 15,11-32). En ese contexto presentamos algunos textos fundamentales sobre el perd\u00f3n de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>(4) Perdonad y ser\u00e9is perdonados. Estas palabras forman parte de la expansi\u00f3n lucana de la superaci\u00f3n del juicio*: \u00abNo juzgu\u00e9is, y no ser\u00e9is juzgados. No conden\u00e9is, y no ser\u00e9is condenados. Perdonad, y ser\u00e9is perdonados. Dad y se os dar\u00e1\u00bb (Lc 6,37-38). El texto de Mateo (7,1) no contiene las tres concreciones de Lucas, pero las supone, pues es imposible no juzgar a no ser que se supere la condena, se ofrezca el perd\u00f3n y se d\u00e9 generosamente a los dem\u00e1s, (a) La primera concreci\u00f3n, no conden\u00e9is y no ser\u00e9is condenados, parece innecesaria: donde se impide lo m\u00e1s (juzgar), sobra lo menos (condenar). Sea como fuere, el texto nos sit\u00faa dentro de una paradoja: al decir no conden\u00e9is se supone que podemos empezar juzgando; nos ponemos ante un caso, analizamos, sopesamos&#8230;, pero luego se a\u00f1ade que no podemos dictar nunca sentencia negativa. Eso significa que no podemos juzgar, (b) La segunda es perdonad. Donde no se juzga no hay siquiera lugar para el perd\u00f3n: todo lo llena el amor antecedente y creador. Pero all\u00ed\u00ad donde se inicia el juicio o donde alguno ha sido ya juzgado, condenado, marginado, se vuelve necesario el perd\u00f3n que consiste en ofrecer palabra y vida a quien se encuentra ca\u00ed\u00addo o rechazado por los otros. Perdonar es invertir la corriente de violencia y de pecado, regalando amor y vida all\u00ed\u00ad donde triunfaba el odio, (c) La tercera es dad y se os dar\u00e1, una medida buena, remecida&#8230; Ante la objeci\u00f3n de aquel que dice: \u00abPerdono pero no hablo\u00bb, \u00abperdono pero eludo\u00bb, el texto indica que el perd\u00f3n aut\u00e9ntico ha de abrirnos de manera generosa hacia los otros. Estas tres aplicaciones (no condenar, perdonar, dar) han sido formuladas posiblemente por Lucas a partir de tradiciones previas. Con ellas interpreta y expl\u00ed\u00adcita el tema del no juzgar, haciendo as\u00ed\u00ad que pueda aplicarse ya mejor dentro de su iglesia. La palabra sobre el perd\u00f3n quiere fundar la tarea del no juicio en la experiencia precedente del perd\u00f3n que recibimos de Dios y debemos ofrecer a los enemigos (cf. 6&#8242;,27-36).<\/p>\n<p>(5) El Padrenuestro: \u00abPerdona nuestras deudas como nosotros perdonamos a nuestros deudores\u00bb (Mt 6,12). Esta palabra clave del Padrenuestro* nos sit\u00faa en el centro de la oraci\u00f3n de Jes\u00fas, que viene a presentarse en principio como una experiencia de perd\u00f3n: porque tenemos la experiencia del perd\u00f3n de Dios podemos perdonar a los dem\u00e1s, no s\u00f3lo las \u00abofensas\u00bb, como dice la traducci\u00f3n lit\u00fargica actual, sino todas las deudas, como dice el texto original de Mateo. Lucas, al trasladar la experiencia jud\u00ed\u00ada que est\u00e1 en el fondo del texto primitivo de Mateo en un contexto de origen pagano, se atreve a cambiar el contenido del primer perd\u00f3n, pero deja intacto el segundo: \u00abperdona nuestros pecados, como nosotros perdonamos a todos los que nos deben algo\u00bb (Lc 11,4). Nuestras deudas con Dios pue  den llamarse pecados (hamart\u00ed\u00ada); nuestras ofensas a los otros son ante todo deudas, no s\u00f3lo en sentido monetario, pero tambi\u00e9n en sentido monetario. Jes\u00fas pide el perd\u00f3n por todo, es decir, la gratuidad, entendida como principio de conducta. M\u00e1s all\u00e1 de la ley, en el principio de todo lo que puede decirse y hacerse est\u00e1 el perd\u00f3n, como gratuidad creadora de vida.<\/p>\n<p>(6) Pues si no perdon\u00e1is las ofensas de los hombres tampoco el Padre celestial os perdonar\u00e1&#8230; (Mt 6,14-15). De esta manera ha reasumido y ampliado el evangelio de Mateo la palabra del perd\u00f3n final del Padrenuestro, ofreciendo en ese contexto la m\u00e1s alta revelaci\u00f3n de Dios Padre que perdona pidiendo a los hombres que perdonen. M\u00e1s antigua a\u00fan es la versi\u00f3n del texto que ofrece Marcos 11,24-25, comentando la se\u00f1al que Jes\u00fas ha realizado contra el templo. Ha expulsado a cambistas de dinero, a vendedores de animales. El antiguo templo de los sacrificios y tributos econ\u00f3micos ya no es necesario, porque Dios Padre perdona por amor y gracia, no por ley ritual. Pues bien, ese perd\u00f3n de Dios se expande y expresa en la exigencia del perd\u00f3n interhumano: \u00abTodo lo que pidiereis orando, creed que ya lo hab\u00e9is recibido y as\u00ed\u00ad ser\u00e1. Y cuando or\u00e9is, perdonad si ten\u00e9is algo contra alguien, para que tambi\u00e9n vuestro Padre celestial os perdone vuestras culpas\u00bb (Mc 11,24-25). Marcos supone que el templo sacral de los sacrificios y ritos de Jerusal\u00e9n ha perdido ya su funci\u00f3n, pues era una cueva de bandidos elitistas, que comercian con el pecado y perd\u00f3n de los dem\u00e1s (Mc 11,15-17). Los seguidores de Jes\u00fas no necesitan santuario nacional, ni sacerdocio controlado por la ley de los escribas: ellos pueden dialogar y dialogan directamente con Dios, en gesto de confianza, teniendo la certeza de que el Padre les ha concedido ya (cf. elabete: 11,24) aquello que piden. Frente al negocio del templo sacral, que divide a los hombres seg\u00fan ley (jud\u00ed\u00ados y gentiles, laicos y levitas, vendedores y compradores&#8230;), perdonando por sacrificio y tarifa a los que piden perd\u00f3n, ha situado Mc la experiencia revolucionaria y creadora de la reconciliaci\u00f3n directa de unos hombres y mujeres que pueden perdonarse mutuamente, como el Padre Dios les perdona. Siglos hab\u00ed\u00adan tardado los jud\u00ed\u00ados en construir una na ci\u00f3n fundada en leyes y sacralidades encamadas en un pueblo, centradas en un templo. Pues bien, Jes\u00fas ha superado ese nivel, proclamando, sobre el santuario est\u00e9ril de Jerusal\u00e9n (cf. Mc 11,11), su palabra de condena y nueva creaci\u00f3n. En lugar del viejo templo emerge la comunidad mesi\u00e1nica donde todos son sacerdotes y pueden perdonar y perdonarse sin necesidad de sacrificios ni templos exteriores. La nota primera y m\u00e1s alta del Dios Padre de Jes\u00fas es el perd\u00f3n. Los restantes gestos de protecci\u00f3n sacral que se le atribuyen los podr\u00ed\u00ada realizar, de alguna forma, un \u00ed\u00addolo religioso. Pero s\u00f3lo un Padre Dios puede y quiere perdonar, concediendo a los humanos la fuerza para hacerlo, es decir, para acogerse en gratuidad unos a otros.<\/p>\n<p>(7) Setenta veces siete. La experiencia del perd\u00f3n est\u00e1 en el centro del gran mensaje eclesial de Mt 18, donde s\u00f3lo se formulan dos principios o mandatos eclesiales: la acogida a los m\u00e1s peque\u00f1os y el perd\u00f3n mutuo. Se trata de un perd\u00f3n exigente, vinculado a la experiencia de una comunidad, que puede y debe decir al \u00abpecador\u00bb que est\u00e1 rompiendo la unidad de los hermanos, que est\u00e1 rompiendo la Iglesia y que debe dejarla (Mt 18,15-20). Pues bien, al lado de esa norma que sirve para salvaguardar la identidad de la Iglesia, se eleva otra, a\u00fan m\u00e1s importante, que se expresa en la respuesta de Jes\u00fas a Pedro: \u00bfcu\u00e1ntas veces tengo que perdonar? \u00c2\u00a1No te digo siete veces, sino setenta veces siete!, es decir, siempre (Mt 18,21-22). En este contexto ha recogido y ha citado Mateo la par\u00e1bola del rey que perdona a su deudor una deuda inmensa, esperando que el deudor perdone tambi\u00e9n a quien le debe algo (Mt 18,23-35). Este perd\u00f3n inmerecido, absoluto, incondicionado, de Dios que puede expresarse y se expresa de un modo gratuito en el perd\u00f3n entre los hombres, constituye el centro del mensaje de Jes\u00fas, tal como se ha expresado por ejemplo en la par\u00e1bola llamada del hijo pr\u00f3digo (cf. Lc 15,1131). Esta es la experiencia clave de la pascua: Dios ha perdonado a los asesinos de su Hijo, iniciando con ellos (con los perdonados) un camino de perd\u00f3n y esperanza sobre el mundo. Seg\u00fan eso, la Iglesia que puede expulsar a los pecadores es la misma Iglesia que debe perdonarles siempre.    (8) El perd\u00f3n como experiencia pascual. La experiencia del perd\u00f3n gratuito, ofrecido sin condiciones, durante el tiempo de la vida de Jes\u00fas, ha venido a expresarse y concretarse en forma de perd\u00f3n impartido y compartido a trav\u00e9s de la misma Iglesia. As\u00ed\u00ad lo muestran algunos textos b\u00e1sicos, especialmente vinculados a la experiencia pascual, (a) Lucas: era necesario&#8230; El evangelio de Lucas ha identificado la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas con la experiencia del perd\u00f3n, pero de un perd\u00f3n que ahora est\u00e1 vinculado con la conversi\u00f3n: \u00abDe esa forma, era necesario que el Cristo padeciese y resucitase de los muertos al tercer d\u00ed\u00ada; y que en su nombre se predicase la conversi\u00f3n y el perd\u00f3n de los pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusal\u00e9n\u00bb (Lc 24,47). El perd\u00f3n (aphesis) constituye el primer elemento del kerigma pascual de la Iglesia, es la expresi\u00f3n y consecuencia primera de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas: \u00e9sta es la novedad, \u00e9sta la revelaci\u00f3n fundante del Evangelio. Pero es un perd\u00f3n que est\u00e1 vinculado con la conversi\u00f3n (metanoia), lo mismo que en el comienzo del mensaje de Jes\u00fas: \u00abSe ha cumplido el tiempo, ha llegado el reino de Dios; convertios y creed en el Evangelio\u00bb (Mc 1,15). Conforme a la din\u00e1mica de Mc 1,15 resulta claro que lo primero es el Evangelio, la buena nueva del reino de Dios y que, despu\u00e9s, desde el mismo evangelio del Reino, se puede y debe hablar de la conversi\u00f3n o metanoia, entendida como transformaci\u00f3n del hombre. En este final del evangelio de Lucas puede haber cambiado el orden del proceso, de manera que se pone primero la conversi\u00f3n y despu\u00e9s, como una consecuencia, el perd\u00f3n. En el caso de que ello fuera as\u00ed\u00ad, como despu\u00e9s lo ha entendido a veces la Iglesia, el perd\u00f3n de Dios ya no ser\u00ed\u00ada incondicional, sino que depender\u00ed\u00ada de una condici\u00f3n humana: ser\u00ed\u00ada consecuencia del cambio de los hombres. De todas formas, dentro del texto de Lucas, ese condicionamiento del perd\u00f3n no se puede tomar en sentido absoluto, porque el perd\u00f3n forma parte del kerigma, de una proclamaci\u00f3n de Dios, anterior a toda experiencia de justicia humana. Por otra parte, la proclamaci\u00f3n del perd\u00f3n deriva de la presencia del Esp\u00ed\u00adritu Santo que los disc\u00ed\u00adpulos deben recibir, para poder as\u00ed\u00ad anunciarlo y realizarlo entre los hombres (cf. Lc 24,49). Los disc\u00ed\u00adpu los de Jes\u00fas no son jueces del mundo, sino testigos del perd\u00f3n, signo del Esp\u00ed\u00adritu de Dios, (b) Juan: recibid el Esp\u00ed\u00adritu Santo: a quienes perdonareis los pecados&#8230; De un modo impl\u00ed\u00adcito, Lucas hab\u00ed\u00ada interpretado el perd\u00f3n como signo y presencia del Esp\u00ed\u00adritu Santo. En esa l\u00ed\u00adnea avanza el evangelio de Juan, identificando ya de manera expresa pascua (resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas), Pentecost\u00e9s (venida del Esp\u00ed\u00adritu Santo) y perd\u00f3n de los pecados: \u00abJes\u00fas les dijo: \u00c2\u00a1Paz a vosotros! Como me ha enviado el Padre as\u00ed\u00ad os env\u00ed\u00ado a vosotros. Y diciendo esto sopl\u00f3 sobre ellos y les dijo: Recibid el Esp\u00ed\u00adritu Santo. A quienes perdonareis los pecados les quedar\u00e1n perdonados. A quienes los retuviereis les quedar\u00e1n retenidos\u00bb (Jn 20,21-23). Jes\u00fas aparece as\u00ed\u00ad directamente como emisor del Esp\u00ed\u00adritu, en gesto de nueva creaci\u00f3n que se define por el perd\u00f3n. La primera creaci\u00f3n estaba mantenida en t\u00e9rminos de ley y juicio: el G\u00e9nesis dec\u00ed\u00ada que Dios \u00absopl\u00f3 en el hombre aliento de vida\u00bb (Gn 2,7), haci\u00e9ndole as\u00ed\u00ad capaz de vivir seg\u00fan Ley. La segunda creaci\u00f3n se encuentra definida por el Esp\u00ed\u00adritu del perd\u00f3n, haciendo a los hombres capaces de vivir en una nueva dimensi\u00f3n de gratuidad. Jes\u00fas resucitado sopla sobre los hombres, ofreci\u00e9ndoles su Esp\u00ed\u00adritu de perd\u00f3n, la vida que brota de su gracia y haci\u00e9ndoles capaces de perdonarse. Quienes reciben el Esp\u00ed\u00adritu del perd\u00f3n pueden perdonar, viniendo a presentarse sobre el mundo como portadores de la reconciliaci\u00f3n de Cristo. El mismo perd\u00f3n interhumano, que Jes\u00fas ha situado en la ra\u00ed\u00adz del Evangelio (cf. Mt 6,12 y par), viene a presentarse ahora como perd\u00f3n pascual, que los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas pueden y deben ofrecer, con su propia vida, sobre todo el mundo. El Esp\u00ed\u00adritu de Cristo, que es perd\u00f3n gratuito y gracia que perdona, rompe las viejas ataduras y los lazos nacionales de Israel, haciendo que todos los hombres y mujeres de la tierra puedan vincularse entre s\u00ed\u00ad, de un modo gratuito. Este perd\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu es poder de nuevo nacimiento, como se dice al comienzo del Evangelio: los que creen en Jes\u00fas reciben la potestad de ser hijos de Dios; ya no provienen de la carne y de la sangre ni tampoco de la voluntad humana, porque nacen desde Dios (Jn 1,12-13). Juan vuelve de esa forma a la ra\u00ed\u00adz del Evangelio. Jes\u00fas ha convocado a los enfermos, a los publ\u00ed\u00adcanos y a las  prostitutas, para convertirles en hijos de Dios, haciendo as\u00ed\u00ad posible su nuevo nacimiento para el Reino. Por eso les ha dado su palabra, les ense\u00f1a a decir Padre. Esta misma experiencia de filiaci\u00f3n y nuevo nacimiento es la que hallamos ahora, pero con una novedad: \u00aba quienes se los reteng\u00e1is les quedan retenidos\u00bb. El perd\u00f3n no es un simple ofrecimiento vac\u00ed\u00ado, sino poder de transformaci\u00f3n. Por eso, all\u00ed\u00ad donde no se acoge ni comparte, de manera voluntaria, su poder queda frustrado, como sabe tambi\u00e9n Mt 18,15-16: la Iglesia no s\u00f3lo ofrece el perd\u00f3n, sino que lo visibiliza. Por eso, all\u00ed\u00ad donde el perd\u00f3n no se expresa y comparte queda roto, se frustra y destruye. Este es por tanto el perd\u00f3n de Dios, gracia suprema, que se ofrece sin condiciones a todos los hombres y mujeres de la tierra. Pero es, al mismo tiempo, un perd\u00f3n que los hombres pueden compartir y expresar en la Iglesia, que as\u00ed\u00ad aparece como signo de perd\u00f3n universal sobre el mundo. Esta es, quiz\u00e1, la tarea m\u00e1s importante de la Iglesia actual: mostrar el perd\u00f3n de Jes\u00fas de forma compartida, concreta, en medio de una tierra donde no existe perd\u00f3n.<\/p>\n<p>Cf. J. ALONSO, Ra\u00ed\u00adces b\u00ed\u00adblicas del sacramento de la penitencia, PPC, Madrid 1980; H. ARENDT, La condici\u00f3n humana, Paid\u00f3s, Barcelona 1993, 258; H. VON CAMPENHAUSEN, Ecclesiastical Authority and Spiritual Power, Hendrickson, Peabody MA 1997; W. D. DaVIES, El Serm\u00f3n de la Monta\u00f1a, Cristiandad, Madrid 1975; J. EQUIZA (ed.), Para celebrar el sacramento de la penitencia, Verbo Divino, Estella 2000; V. JANKELEVITCH, El Perd\u00f3n, Seix Barral, Barcelona 1999; J. LAMBRECHT, Pero yo os digo&#8230; el Serm\u00f3n program\u00e1tico de Jes\u00fas (Mt 5-7; Lc 6,20-49), S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1994; G. LOHFINK, El serm\u00f3n de la monta\u00f1a \u00bfpara qui\u00e9n?, Herder, Barcelona 1988; J. J. MATEOS, El Serm\u00f3n del Monte, Ega, Bilbao 1993; X. PIKAZA, Antropolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 2006; J. RAMOS REGIDOR, El sacramento de la penitencia, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1997; E. P. SANDERS, Jes\u00fas y el judaismo, Trotta, Madrid 2004; Judaism. Practice and Belief. 63BCE-66CE, SCM, Londres 1992.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n<p>En la alegr\u00ed\u00ada de ser perdonados y de perdonar empieza a hacerse presente la novedad del evangelio, que es el gozoso anuncio de la misericordia del Padre para nosotros, pecadores.  Cuando el perd\u00f3n derrite la dureza de nuestro coraz\u00f3n y nos abre a la alegr\u00ed\u00ada evang\u00e9lica, empezamos a ver las cosas con ojos nuevos. Los cinco panes y los dos peces, una vez que los disc\u00ed\u00adpulos abandonaron el imposible proyecto de resolver por sus propios medios el problema del hambre de la gente, dejaron de ser la prueba de su impotente pobreza y empezaron a mostrarse como el humilde ofrecimiento humano en el que iba a revelarse la prodigiosa riqueza de Dios.  As\u00ed\u00ad tambi\u00e9n las tensiones de la comunidad, los fatigosos intentos misioneros,  nuestros y de los46  hermanos, unas iniciativas que tal vez dejen mucho que desear y necesiten ser revisadas, empiezan a parecemos \u2014purificadas por ia humildad y el perd\u00f3n\u2014 el signo inicial, el germen de una presencia de Dios que siempre est\u00e1 actuando. El camino que nos acerca a Dios se hace oraci\u00f3n. Celebramos, adoramos, damos gracias a Dios por su presencia multiforme en medio de nosotros, y lo invocamos para que nuestros pobres panes y peces \u2014las incertidumbres, las pobrezas, las limitaciones de nuestras personas y de nuestras comunidades\u2014 no sean un obst\u00e1culo para su presencia, sino que se dejen atravesar y transformar por ella. Empezamos a morar en el misterio de Dios, en el mundo espiritual de Jes\u00fas, en la riqueza inagotable del evangelio.<\/p>\n<p> Carlo Mar\u00ed\u00ada Martini, Diccionario Espiritual, PPC, Madrid, 1997<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Espiritual<\/b><\/p>\n<p>El perd\u00f3n, por parte del que ha sufrido un da\u00f1o o una injusticia, es propiamente el acto de olvidar qui\u00e9n ha sido su autor, Toda la Biblia pone de relieve particularmente la generosidad del perd\u00f3n de Dios, su actitud de paciencia, de indulgencia, de misericordia: Dios olvida y deja tras de s\u00ed\u00ad el recuerdo del pecado, perdona la deuda no imputa la culpa, Pero el perd\u00f3n e s posible s\u00f3lo con la condici\u00f3n de que el hombre pecador vuelva a encontrar la contrici\u00f3n del coraz\u00f3n, consciente de haber ofendido a Dios: se trata del \u00abcoraz\u00f3n contrito y humillado\u00bb que es al principio de una novedad de vida, premisa necesaria para que Dios otorgue su perd\u00f3n.<\/p>\n<p>En el Nuevo Testamento se nos presenta a Jes\u00fas como \u00abel cordero que quita el pecado del mundo\u00bb, consiguiendo con el sacrificio de su vida el perd\u00f3n de todos los pecados de la humanidad, Reivindica para s\u00ed\u00ad el poder de perdonar los pecados y perdona a sus mismos enemigos. Dice que hay que perdonar \u00bb setenta veces siete \u00bb y en la oraci\u00f3n que ense\u00f1\u00f3 a los disc\u00ed\u00adpulos les ense\u00f1a a decir: \u00abperdona nuestras ofensas, as\u00ed\u00ad como nosotros perdonamos a los que nos ofenden\u00bb (Mt 6,12) El perd\u00f3n no es solamente un elemento fundamental de la historia de la salvaci\u00f3n, sino tambi\u00e9n \u00abun elemento\u00bb indispensable para plasmar las mutuas relaciones entre los hombres, en el esp\u00ed\u00adritu del respeto m\u00e1s profundo a lo que es humano y a la fraternidad mutua, Es imposible obtener este v\u00ed\u00adnculo entre los hombres si se quieren regular las relaciones mutuas \u00fanicamente con la medida de la justicia. Esta, en cada una de las esferas de las relaciones interhumanas, tiene que sufrir por as\u00ed\u00ad decirlo una notable \u00abcorrecci\u00f3n\u00bb por parte de aquel amor que -como proclama san Pablo- es paciente y benigno, o, en otras palabras, lleva en s\u00ed\u00ad los caracteres del amor misericordioso, que tan esencial es para el Evangelio y para el cristianismo. El perd\u00f3n atestigua que en el mundo est\u00e1 presente el amor m\u00e1s poderoso que el pecado. El perd\u00f3n es adem\u00e1s la condici\u00f3n fundamental de la reconciliaci\u00f3n, no solamente en la relaci\u00f3n de Dios con los hombres, sino tambi\u00e9n en las relaciones mutuas entre los hombres. Un mundo del que se eliminase el perd\u00f3n ser\u00ed\u00ada solamente un mundo de justicia fr\u00ed\u00ada y falta de respeto, en nombre de la cual cada uno reivindicar\u00ed\u00ada sus propios derechos respecto al otro&#8230;\u00bb (Juan Pablo II, Dives in misericordia, 14).<\/p>\n<p>El perd\u00f3n no puede ciertamente entenderse como complicidad con el mal, como acto de condescendencia, de tolerancia o de resignaci\u00f3n. El perd\u00f3n es rechazo de la venganza; es el acto gratuito que restituye la libertad a aquel que se acusa, en cuanto que le abre un porvenir nuevo, d\u00e1ndole la posibilidad de cambiar. El perd\u00f3n es conceder cr\u00e9dito a la libertad del otro, rechazando tanto la actitud de connivencia con el mal como la de venganza. El perd\u00f3n es don, gracia, pero a un precio caro. M\u00e1s a\u00fan, el perd\u00f3n es m\u00e1s costoso que el don, va que el obst\u00e1culo que hay que superar requiere un esfuerzo d\u00e9 m\u00e1s amor. Es por consiguiente un acto exigente, que tiende por su propia naturaleza a la conversi\u00f3n y al cambio del otro. Con el perd\u00f3n se pone de manifiesto la caridad de Dios y su justicia misericordiosa. Para el hombre consiste, en \u00faltimo an\u00e1lisis, en ver el mal antes dentro de s\u00ed\u00ad mismo, y luego en los dem\u00e1s supone la conciencia del propio pecado y de la propia precariedad, vivida no en t\u00e9rminos de desesperaci\u00f3n, sin\u00f3 de apertura hacia la posibilidad del cambio,<br \/>\nR. Gerardi<\/p>\n<p>Bibl.: D. Borobio, Perd\u00f3n, CFC, 1019-1030; J Scharbert, Perd\u00f3n, en CFT III, 434-444; AA, VV El misterio del pecado y del perd\u00f3n, Sal Terrae, Santander 1972; B Haring, Shalom: paz, Herder Barcelona 1970; S. Sabugal, Pecado \u00bb reconciliaci\u00f3n en el mensaje de Jes\u00fas, Palermo 1985<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>El acto de disculpar a un ofensor, sin guardarle resentimiento debido a su ofensa y renunciando a todo derecho de recompensa.<br \/>\nEl verbo hebreo na\u00c2\u00b7s\u00e1\u00c2\u00b4, que a veces se traduce \u2020\u0153perdonar\u2020\u009d, tambi\u00e9n se emplea en las Escrituras con el sentido de \u2020\u0153alzar\u2020\u009d (G\u00e9 45:19; Ex 6:8; 2Re 2:16) y \u2020\u02dctomar\u2020\u2122 (G\u00e9 27:3; N\u00fa 16:15). Sin embargo, su significado primario es \u2020\u02dcsacar\u2020\u2122, \u2020\u0153llevar\u2020\u009d. (G\u00e9 47:30; 1Re 2:26; Eze 44:12, 13.) En aquellos casos en los que na\u00c2\u00b7s\u00e1\u00c2\u00b4 se traduce apropiadamente \u2020\u0153perdonar\u2020\u009d, su sentido primario se halla impl\u00ed\u00adcito, como ocurre en relaci\u00f3n con el macho cabr\u00ed\u00ado para Azazel, que llevaba el pecado sobre s\u00ed\u00ad fuera del campamento, igual que, seg\u00fan se predijo, har\u00ed\u00ada Jes\u00fas con los pecados del pueblo. (Le 16:8, 10, 22; Isa 53:12.) As\u00ed\u00ad que al sacar o llevar sobre s\u00ed\u00ad los pecados del pueblo, era posible el perd\u00f3n. (V\u00e9ase AZAZEL.)<br \/>\nSi bien el verbo na\u00c2\u00b7s\u00e1\u00c2\u00b4 se refiere al perd\u00f3n que tanto Dios como cualquier humano pueden otorgar (G\u00e9 18:24, 26; 50:17), el verbo hebreo sa\u00c2\u00b7l\u00e1j (perdonar) se emplea exclusivamente con referencia al acto por el que se restablece al pecador al favor divino en respuesta a su s\u00faplica sincera por el perd\u00f3n de sus pecados o a la oraci\u00f3n de intercesi\u00f3n de otra persona. (N\u00fa 14:19, 20; 1Re 8:30.)<br \/>\nCuando el verbo hebreo na\u00c2\u00b7s\u00e1\u00c2\u00b4 tiene el sentido expl\u00ed\u00adcito de perdonar, la Septuaginta griega a veces lo traduce por el t\u00e9rmino griego a\u00c2\u00b7f\u00ed\u00ad\u00c2\u00b7e\u00c2\u00b7mi, que significa literalmente \u2020\u0153dejar marchar\u2020\u009d, y puede significar tambi\u00e9n \u2020\u0153perdonar\u2020\u009d. Cuando en Romanos 4:7 el ap\u00f3stol Pablo cit\u00f3 del Salmo 32:1 (Sl 31:1, LXX), donde se dice que Jehov\u00e1 perdona la \u2020\u0153sublevaci\u00f3n\u2020\u009d, emple\u00f3, al igual que la Septuaginta griega, una forma del verbo a\u00c2\u00b7f\u00ed\u00ad\u00c2\u00b7e\u00c2\u00b7mi para traducir el hebreo na\u00c2\u00b7s\u00e1\u00c2\u00b4. Este verbo griego aparece en diversos lugares de las Escrituras Griegas Cristianas, y se aplica al perd\u00f3n de pecados que brindan tanto Dios como el hombre, lo que abarca la cancelaci\u00f3n de deudas. (Mt 6:12, 14, 15; 18:32, 35.)<br \/>\nDe acuerdo con la ley de Dios dada a la naci\u00f3n de Israel, para que a un hombre se le perdonasen sus pecados contra Dios o contra su pr\u00f3jimo, primero ten\u00ed\u00ada que rectificar el mal, como prescrib\u00ed\u00ada la Ley, y luego, en la mayor\u00ed\u00ada de los casos, presentar una ofrenda cruenta a Jehov\u00e1. (Le 5:5\u20136:7.) De aqu\u00ed\u00ad el principio enunciado por Pablo: \u2020\u0153S\u00ed\u00ad, casi todas las cosas son limpiadas con sangre seg\u00fan la Ley, y a menos que se derrame sangre no se efect\u00faa ning\u00fan perd\u00f3n\u2020\u009d. (Heb 9:22.) No obstante, en realidad la sangre de los sacrificios de animales no pod\u00ed\u00ada quitar los pecados y dar a la persona una conciencia perfectamente limpia. (Heb 10:1-4; 9:9, 13, 14.) En cambio, el predicho nuevo pacto s\u00ed\u00ad hac\u00ed\u00ada posible un verdadero perd\u00f3n, basado en el sacrificio de rescate de Jesucristo. (Jer 31:33, 34; Mt 26:28; 1Co 11:25; Ef 1:7.) Incluso cuando estuvo en la Tierra, Jes\u00fas demostr\u00f3 que ten\u00ed\u00ada autoridad para perdonar pecados al sanar a un paral\u00ed\u00adtico. (Mt 9:2-7.)<br \/>\nJehov\u00e1 perdona \u2020\u0153en gran manera\u2020\u009d, seg\u00fan se indica en las ilustraciones de Jes\u00fas del hijo pr\u00f3digo y del rey que perdon\u00f3 una deuda de 10.000 talentos a un esclavo (60.000.000 de denarios [c. 40.000.000 de d\u00f3lares (E.U.A.)]), mientras que ese esclavo no estaba dispuesto a perdonar a un coesclavo una deuda de simplemente 100 denarios (c. 70 d\u00f3lares [E.U.A.]). (Isa 55:7; Lu 15:11-32; Mt 18:23-35.) No obstante, el perd\u00f3n de Jehov\u00e1 no est\u00e1 impulsado por sentimentalismo, pues El no deja que los hechos escandalosos queden sin castigo. (Sl 99:8; Ex 34:6, 7.) Josu\u00e9 advirti\u00f3 a Israel que Jehov\u00e1 no perdonar\u00ed\u00ada la apostas\u00ed\u00ada. (Jos 24:19, 20; comp\u00e1rese con Isa 2:6-9.)<br \/>\nDios tiene prescrita una manera de buscar y recibir su perd\u00f3n. La persona debe admitir su pecado, reconocer que es una ofensa contra Dios, confesarlo sin reserva, sentir un profundo pesar en el coraz\u00f3n por el mal cometido y estar determinado a volverse de tal proceder. (Sl 32:5; 51:4; 1Jn 1:8, 9; 2Co 7:8-11.) Adem\u00e1s, debe hacer lo que pueda para corregir el mal o el da\u00f1o causado (Mt 5:23, 24), y ha de orar a Dios, pidiendo perd\u00f3n sobre la base del sacrificio de rescate de Cristo. (Ef 1:7; v\u00e9ase ARREPENTIMIENTO.)<br \/>\nPor otra parte, es un requisito cristiano perdonar ofensas personales, sin importar la cantidad de veces que sea necesario. (Lu 17:3, 4; Ef 4:32; Col 3:13.) Dios no concede su perd\u00f3n a los que reh\u00fasan perdonar a otros (Mt 6:14, 15) ni a los que se oponen a El o a Sus justos caminos deliberadamente. (Ex 34:6, 7.) Incluso cuando se cometen males serios en la congregaci\u00f3n cristiana y se hace necesario \u2020\u02dcremover al hombre inicuo\u2020\u2122, puede conced\u00e9rsele el perd\u00f3n al debido tiempo, si prueba que est\u00e1 verdaderamente arrepentido; entonces toda la congregaci\u00f3n puede confirmarle su amor. (1Co 5:13; 2Co 2:6-11.) Sin embargo, no se requiere que los cristianos perdonen a los que practican el pecado de manera maliciosa, deliberada e impenitente. Estos se hacen enemigos de Dios. (Heb 10:26-31; Sl 139:21, 22.)<br \/>\nEs apropiado orar por el perd\u00f3n de Dios en favor de otros, incluso de toda una congregaci\u00f3n. As\u00ed\u00ad lo hizo Mois\u00e9s con respecto al pueblo de Israel, confesando el pecado de la naci\u00f3n y pidiendo perd\u00f3n, y Jehov\u00e1 lo oy\u00f3 favorablemente. (N\u00fa 14:19, 20.) Tambi\u00e9n Salom\u00f3n or\u00f3 en la dedicaci\u00f3n del templo para que Jehov\u00e1 perdonase a Su pueblo cuando este pecara y se volviese de su mal proceder. (1Re 8:30, 33-40, 46-52.) Esdras represent\u00f3 a los jud\u00ed\u00ados repatriados y confes\u00f3 en p\u00fablico los pecados de estos. Su sincera oraci\u00f3n y exhortaci\u00f3n resultaron en que el pueblo tomara medidas con el fin de recibir el perd\u00f3n de Jehov\u00e1. (Esd 9:13\u201310:4, 10-19, 44.) Santiago anim\u00f3 al que estuviese enfermo espiritualmente a que mandase llamar a los ancianos de la congregaci\u00f3n para que orasen sobre \u00e9l, y \u2020\u0153si hubiera cometido pecados, se le perdonar\u00e1\u2020\u009d. (Snt 5:14-16.) Sin embargo, hay un \u2020\u0153pecado que s\u00ed\u00ad incurre en muerte\u2020\u009d, el pecado contra el esp\u00ed\u00adritu santo, una pr\u00e1ctica deliberada de pecado para la que no hay perd\u00f3n. El cristiano no deber\u00ed\u00ada orar por los que pecan de esta manera. (1Jn 5:16; Mt 12:31; Heb 10:26, 27; v\u00e9anse ESP\u00ed\u008dRITU; PECADO.)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia<\/b><\/p>\n<p>En la Biblia es el pecador un deudor cuya deuda condona Dios (heb. salah: N\u00fam 14,19); condonaci\u00f3n tan eficaz que Dios no ve ya el pecado, que queda como echado detr\u00e1s de \u00e9l (Is 38,17), que es quitado (heb. nasa&#8217;; Ex 32,32), expiado, destruido (heb. kipper: Is 6,7). Cristo, utilizando el mismo vocabulario, subraya que la condonaci\u00f3n o remisi\u00f3n es gratuita y el deudor insolvente (Lc 7,42; Mt 18,25ss). La predicaci\u00f3n primitiva tiene por objeto, al mismo tiempo que el don del Esp\u00ed\u00adritu, la remisi\u00f3n de los pecados, que es su primer efecto, y a la que llama aphesis (Le 24,47; Act 2,38; cf. poscomuni\u00f3n del martes de pentecost\u00e9s). Otras palabras, como purificar, lavar, justificar, aparecen en los escritos apost\u00f3licos que insisten en el aspecto positivo del perd\u00f3n, reconciliaci\u00f3n y reuni\u00f3n.<\/p>\n<p>I. EL DIOS DE PERD\u00ed\u201cN. Frente al pecado es donde el Dios celoso (Ex 20,5) se revela un Dios de perd\u00f3n. La apostas\u00ed\u00ada subsiguiente a la alianza, que merecer\u00ed\u00ada la destrucci\u00f3n del pueblo (Ex 32,30ss) es para Dios ocasi\u00f3n de proclamarse \u00abDios de ternura y de piedad, lento a la ira, rico en gracia y en fidelidad&#8230;, que tolera falta, transgresi\u00f3n y pecado, pero no deja nada impune&#8230;\u00bb; as\u00ed\u00ad Mois\u00e9s puede orar con confianza y seguridad: \u00abEs un pueblo de dura cerviz. Pero perdona nuestras faltas y nuestros pecados y haz de nosotros tu heredad\u00bb (Ex 34,6-9).<\/p>\n<p>Humana y jur\u00ed\u00addicamente no se justifica el perd\u00f3n. El Dios santo \u00bfno debe revelar su santidad por su justicia (ls 5,16) y descargarla sobre los que le desprecian (5,24)? \u00bfC\u00f3mo podr\u00ed\u00ada contar con el perd\u00f3n la esposa infiel a la alianza, ella que no se ruboriza por su prostituci\u00f3n (Jer 3,1-5)? Pero el coraz\u00f3n de Dios no es el del hombre, y el santo no gusta de destruir (Os 11,8s): lejos de querer la muerte del pecador, quiere su conversi\u00f3n (Ex 18,23) para poder prodigar su perd\u00f3n; porque \u00absus caminos no son nuestros caminos\u00bb, y \u00absus pensamientos rebasan nuestros pensamientos\u00bb en toda la altura del cielo (Is 55,7ss).<\/p>\n<p>Esto es lo que hace tan confiada la oraci\u00f3n de los salmistas: Dios perdona al pecador que se acusa (Sal 32,5; cf. 2Sa 12,13); lejos de querer perderlo (Sal 78,38), lejos de despreciarlo, lo recrea, purificando y colmando de gozo su coraz\u00f3n contrito y humillado (Sal 51,10-14.19; cf. 32,1-11); fuente abundante de perd\u00f3n, es un padre que perdona todo a sus hijos (Sal 103,3.8-14). Despu\u00e9s del exilio no se cesa de invocar al \u00abDios de los perdones\u00bb tNeh 9,17) y \u00abde las misericordias\u00bb (Dan 9,9), siempre pronto a arrepentirse del mal con que ha amenazado al pecador, si \u00e9ste se convierte (Jl 2,13); pero Jon\u00e1s, que es el tipo del particularismo de Israel, queda desconcertado al ver que este perd\u00f3n se ofrece a todos los hombres (Jon 3, 10; 4,2); por el contrario, el libro de la Sabidur\u00ed\u00ada canta al Dios que ama todo lo que ha hecho y que tiene piedad de todos, que cierra los ojos a los pecados de los hombres a fin de que se arrepientan, que los castiga poco a poco y les hace presente en qu\u00e9 pecan a fin de que crean en \u00e9l (Sab 11,23-12,2); manifiesta as\u00ed\u00ad que es el todopoderoso, del que es propio perdonar (Sab 11,23. 26; cf. colecta del 10.\u00c2\u00b0 domingo despu\u00e9s de pentecost\u00e9s y oraci\u00f3n de las letan\u00ed\u00adas de los santos).<\/p>\n<p>II. EL PERD\u00ed\u201cN DE DIOS POR CRISTO. As\u00ed\u00ad pues, como Israel (Le 1,77), Juan Bautista aguarda la remisi\u00f3n de los pecados y predica un bautismo que es su condici\u00f3n: \u00abHaced penitencia; de lo contrario, el que viene os bautizar\u00e1 en el fuego; para \u00e9l, este fuego es el de la ira y del juicio, el que consume la barcia una vez separado el buen grano\u00bb (Mt 3,1-12). Esta perspectiva es la de los disc\u00ed\u00adpulos de Juan que siguieron a Jes\u00fas; quieren hacer que caiga el fuego del cielo sobre los que se cierran a la predicaci\u00f3n del maestro (Le&#8217; 9.54). Y Juan Bautista se hace sus preguntas (cf. Le 7,19-23) al oir a Jes\u00fas no s\u00f3lo invitar a los pecadores a convertirse y a creer (Mc 1,:5), sino proclamar que ha venido \u00fanicamente para jurar y perdonar.<\/p>\n<p>1. El anuncio del perd\u00f3n. En efecto, si bien Jes\u00fas vino a traer fuego a la tierra (Le 12,49), sin embargo, no fue enviado por su Padre como juez. sino como salvador (Jn 3,17s; 12. 47). Invita a la conversi\u00f3n a todos los que la necesitan (Le 5,32 p) y suscita esta conversi\u00f3n (Le 19,1-10) revelando que Dios es un Padre que tiene su gozo en perdonar (Lc 15) y cuya voluntad es que nada se pierda (Mt I8,12ss). Jes\u00fas no s\u00f3lo anuncia este perd\u00f3n, al que se abre la fe humilde, mientras que el orgullo se cierra al mismo (Lc 7,47-50; 18,9-14), sino que adem\u00e1s lo ejerce y testimonia con sus obras que dispone de este poder reservado a Dios (Me 2,5-11 p; cf. Jn 5,21).<\/p>\n<p>2. El sacrificio para la remisi\u00f3n de los pecados. Cristo corona su obra obteniendo a los pecadores el perd\u00f3n de su Padre Ora (Lc 23,34) y derrama su sangre (Mc 14,24) en remisi\u00f3n de los pecados (Mt 26,28). Verdadero siervo de Dios, \u00c2\u00a1ustifica a la multitud con cuyos pecados carga (IPe 2,24; cf. Mc 10,45; Is 53, Ils), pues es el cordero que quita los pecados del mundo (Jn 1,29) salvando al mundo. Por su sangre somos purificados, lavados de nuestras faltas (UJn 1,7; Ap 1,5).<\/p>\n<p>3. La comunicaci\u00f3n del poder de perdonar. Cristo resucitado, que tiene todo poder en el cielo y en la tierra, comunica a los ap\u00f3stoles el poder de perdonar los pecados (Jn 20,22s; cf. Mt 16,19; 18,18). La primera remisi\u00f3n de los pecados se otorgar\u00e1 en el bautismo, a todos los que se conviertan y crean en el nombre de Jes\u00fas (Mt 28,19; Mc 16,16; Act 2.38: 3,19).<\/p>\n<p>Los ap\u00f3stoles predican por tanto la remisi\u00f3n de los pecados (Act 2, 38; 5,31; 10,43; 13,38; 26,18), pero en sus escritos insisten menos en el aspecto jur\u00ed\u00addico del perd\u00f3n que en el amor. divino que por Jes\u00fas nos salva y nos santifica (p.e. Rom 5,1-11). N\u00f3tese el papel de la oraci\u00f3n de la Iglesia y de la confesi\u00f3n mutua de las faltas como medio para obtener la curaci\u00f3n y el perd\u00f3n de los pecados (Sant 5,15s).<\/p>\n<p>III. EL PERD\u00ed\u201cN DE LAS OFENSAS. Ya en el AT, la ley no s\u00f3lo pone un l\u00ed\u00admite a la *venganza con la norma del tali\u00f3n (Ex 21,25), sino que adem\u00e1s prohibe el odio del hermano, la venganza y el rencor contra el pr\u00f3jimo (Lev 19,17s). El sabio Ben Sira medit\u00f3 sobre estas prescripciones; descubri\u00f3 el nexo que une el perd\u00f3n otorgado por el hombre a su semejante con el perd\u00f3n que \u00e9l mismo pide a Dios: \u00abPerdona a tu pr\u00f3jimo la injuria, y tus pecados, a tus ruegos, te ser\u00e1n perdonados. \u00bfGuarda el hombre rencor contra el hombre e ir\u00e1 a pedir perd\u00f3n al Se\u00f1or? \u00bfNo tiene misericordia &#8216;de su semejante y va a suplicar por sus pecados?\u00bb (Eelo 28,2-5). El libro de la Sabidur\u00ed\u00ada completa esta lecci\u00f3n recordando al justo que. en sus juicios debe tomar como modelo la misericordia del Se\u00f1or (Sab 12,19.22).<\/p>\n<p>Jes\u00fas reasumir\u00e1 y transformar\u00e1 esta doble lecci\u00f3n. Como el Sir\u00e1cida. ense\u00f1a que Dios no puede perdonar al que no perdona, y que para implorar el perd\u00f3n de. Dios hay que perdonar al propio hermano. La par\u00e1bola del deudor inexorable inculcacon fuerza esta verdad (Mt 18,23-35), en la que insiste Cristo (Mt 6,14s) y que nos impide olvidar haci\u00e9ndonosla repetir cada d\u00ed\u00ada: en el padrenuestro debemos poder decir que perdonamos; esta afirmaci\u00f3n est\u00e1 enlazada con nuestra petici\u00f3n, bien por un \u00abporque\u00bb, que hace de ella la condici\u00f3n del perd\u00f3n divino (Lc 11,4), o por un \u00abcomo\u00bb, que fija su medida (Mt 6,12).<\/p>\n<p>Jes\u00fas va m\u00e1s lejos: como el libro de la Sabidur\u00ed\u00ada, da a Dios por modelo de misericordia (Lc 6,35s) a aqu\u00e9llos cuyo Padre es y que han de imitarle para ser sus verdaderos hijos (Mt 5,43ss.48). El perd\u00f3n no es s\u00f3lo una condici\u00f3n previa de la vida nueva, sino uno de sus elementos esenciales: Jes\u00fas prescribe por tanto a Pedro que perdone sin intermisi\u00f3n, al rev\u00e9s del pecador, que tiende a vengarse desmesuradamente (Mt 18,21s; cf. G\u00e9n 4.24). Esteban. siguiendo el *ejemplo del Se\u00f1or (Lc 23,34), muri\u00f3 perdonando (Act 7,60). El cristiano, para vencer como ellos el mal con el bien (Rom 12,21; cf. lPe 3,9), debe perdonar siempre, y perdonar por amor, como Cristo (Col 3,13), como su Padre (Ef 4.32).<\/p>\n<p>-> Amor &#8211; Ira &#8211; Expiaci\u00f3n &#8211; Misericordia &#8211; Pecado &#8211; Penitencia &#8211; Reconciliaci\u00f3n &#8211; Venganza.<\/p>\n<p>LEON-DUFOUR, Xavier, Vocabulario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, Herder, Barcelona, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Vocabulario de las Ep\u00edstolas Paulinas<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\">Hay siete palabras en las Escrituras que denotan la idea de perd\u00f3n: tres en hebreo y cuatro en el griego. En el AT hebreo son: <em>k\u0101p\u0304ar<\/em>, \u00abcubrir\u00bb; <em>n\u0101\u015b\u0101\u02be<\/em>, \u00abllevar\u00bb\u2014\u00abquitar\u00bb (la culpa); y <em>s\u0101la\u1e25<\/em>, \u00abperdonar\u00bb. <em>N\u0101\u015b\u0101\u02be<\/em> se usa tanto para el perd\u00f3n divino como para el humano. Las otras dos, <em>k\u0101p\u0304ar<\/em> y <em>s\u0101la\u1e25<\/em>, se usan solamente para el perd\u00f3n divino. En el NT griego, las palabras que tienen el sentido de perd\u00f3n son <em>apolouein<\/em>, <em>charidseszai<\/em>, <em>afesis<\/em>, y <em>paresis<\/em>. <em>Apoluein<\/em> se encuentra numerosas veces como \u00abrepudiar\u00bb, por ejemplo, a una esposa (Mt. 5:31); pero solamente una vez para significar perd\u00f3n (Lc. 6:37). <em>Paresis<\/em> tambi\u00e9n aparece solamente una vez (Ro. 3:25), y sugiere la idea de \u00abpasar por alto\u00bb, pero sin ninguna indicaci\u00f3n de indiferencia. <em>Charidseszai<\/em> lo usan solamente Lucas y Pablo, y s\u00f3lo el \u00faltimo en el sentido de \u00abperdonar pecados\u00bb (2 Co. 2:7; Ef. 4:32; Col. 2:13; 3:13, etc.). Expresa en forma especial la gracia del perd\u00f3n divino.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el NT la palabra m\u00e1s com\u00fan para expresar el perd\u00f3n es <em>afesis<\/em>. Da la idea de \u00abenviar lejos\u00bb o \u00abdejar ir\u00bb. El sustantivo aparece quince veces. El verbo con el mismo sentido se usa unas cuarenta veces.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ning\u00fan libro de religi\u00f3n, salvo la Biblia, ense\u00f1a que Dios perdona completamente el pecado. En ella leemos: \u00abYo sanar\u00e9 su rebeli\u00f3n, los amar\u00e9 de pura gracia\u00bb (Os. 14:4); \u00abDios os perdon\u00f3 a vosotros en Cristo\u00bb (<em>echarisato<\/em>, \u00abperdon\u00f3 mostrando su gracia\u00bb, Ef. 4:32); y \u00abNunca m\u00e1s me acordar\u00e9 de sus pecados y transgresiones\u00bb (Heb. 10:17). La iniciativa de este perd\u00f3n tambi\u00e9n es de Dios, especialmente en el uso que Pablo hace de <em>charidseszai<\/em> (2 Co. 12:13; Col. 2:13). Es un perd\u00f3n pronto y de buen grado como lo muestra la par\u00e1bola del hijo pr\u00f3digo o del \u00abPadre de gracia\u00bb (Lc. 15:11\u201332).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">S\u00f3lo hay un pecado por el cual el Padre no promete perd\u00f3n: la blasfemia contra el Esp\u00edritu Santo (Mr. 3:28; Mt. 12:32). El contexto sugiere que esto consiste en el pecado de atribuir a los esp\u00edritus inmundos la obra del Esp\u00edritu Santo, pero muchos int\u00e9rpretes (incluso San Agust\u00edn) entienden que incluye una deliberada persistencia en ese mal. Otros consideran que se trata del esp\u00edritu no perdonador (v\u00e9ase Mt. 18:34\u201335). Podr\u00eda ser el \u00abpecado de muerte\u00bb de 1 Jn. 5:16 (v\u00e9ase Westcott; cf. Heb. 6:4\u20136).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No debe haber limitaciones de ning\u00fan tipo al perd\u00f3n de un semejante. En Lc. 17:4 debe ser \u00absiete veces en un d\u00eda\u00bb, y hasta \u00absetenta veces siete\u00bb en Mt. 18:22; ambas expresiones que significan sin l\u00edmites. Debe ser una actitud de la mente aun antes que la parte ofensora pida perd\u00f3n, como se sobreentiende en las palabras de Jes\u00fas \u00absi no perdon\u00e1is de todo coraz\u00f3n cada uno de vosotros a su hermano\u00bb (Mt. 18:35).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para que el hombre reciba el perd\u00f3n es necesario el arrepentimiento (Lc. 17:3\u20134). Para que el santo Dios otorgue el perd\u00f3n, es requisito indispensable el derramamiento de sangre (Heb. 9:22) hasta que no haya quedado vida (Lv. 17:11)\u2014en el fondo, el derramamiento de la sangre de Cristo de una vez para siempre (Heb. 9:26) y su resurrecci\u00f3n (Ro. 4:25).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">BIBLIOGRAF\u00cdA<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Bruder, <em>Greek Concordance<\/em>; W.C. Morro en <em><a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">ISBE<\/a><\/em>; Paul Lehmann <em>Forgiveness<\/em>; H.R. Mackintosh, <em>The Christian Experience of Forgiveness<\/em>; E.B. Redlich, <em>The Forgiveness of Sins<\/em>; Vincent Taylor, <em>Forgiveness and Reconciliation<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Joseph Kenneth Grider<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\"><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\"><em>ISBE <\/em><\/a><em>International Standard Bible Encyclopaedia<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\"><\/a>Harrison, E. F., Bromiley, G. W., &amp; Henry, C. F. H. (2006). <em>Diccionario de Teologi\u0301a<\/em> (467). Grand Rapids, MI: Libros Desafi\u0301o.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Teolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p><p style='text-align:justify;'><span ><\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>I. En el Antiguo Testamento<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>En el AT el concepto del perd\u00f3n se expresa principalmente por medio de palabras de tres ra\u00edces diferentes. <\/span><span style=''>kpr<\/span><span style=''> <span lang=ES>generalmente trasmite la idea de expiaci\u00f3n, y frecuentemente se emplea en relaci\u00f3n con los sacrificios. Su uso para \u201cperdonar\u201d implica que se lleva a cabo una expiaci\u00f3n. El verbo <\/span><\/span><span style=''>n&#347;&#722;<\/span><span lang=ES style=''> significa b\u00e1sicamente \u201clevantar\u201d, \u201cllevar\u201d, y nos presenta un cuadro gr\u00e1fico en que el pecado es retirado del pecador e inmediatamente llevado. La tercera es <\/span><span style=''>sl&#7717;<\/span><span lang=ES style=''>, de derivaci\u00f3n desconocida, pero que en su uso se asemeja mucho a nuestro \u2018perdonar\u201d. La primera y la \u00faltima se utilizan siempre para el perd\u00f3n de Dios, pero <\/span><span style=''>n&#347;&#722;<\/span><span lang=ES style=''> se aplica tambi\u00e9n al perd\u00f3n humano.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>No se considera el perd\u00f3n como algo obvio, algo que est\u00e1 en la naturaleza de las cosas. Abundan los pasajes que nos hablan de que el Se\u00f1or no perdona ciertas ofensas (Dt. 29.20; 2 R. 24.4; Jer. 5.7; Lm. 3.42). Cuando se obtiene perd\u00f3n se trata de algo que debemos recibir con gratitud, y considerar con temor y admiraci\u00f3n. El pecado merece el castigo, mientras que el perd\u00f3n es una gracia asombrosa. \u201cPero en ti hay perd\u00f3n\u201d, dice el Salmista, y a\u00f1ade (lo que quiz\u00e1s nos resultar\u00e1 sorprendente) \u201cpara que seas reverenciado\u201d (Sal. 130.4).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>El perd\u00f3n es algo que est\u00e1 relacionado con la expiaci\u00f3n, mientras que <\/span><span style=''>sl&#7717;<\/span><span lang=ES style=''> muchas veces tiene que ver con los sacrificios. Como ya hemos visto, el verbo originado en la ra\u00edz <\/span><span style=''>kpr<\/span><span lang=ES style=''> tiene el significado esencial de \u201chacer expiaci\u00f3n\u201d. Quiz\u00e1s no sea coincidencia el que, adem\u00e1s de emplearse para el perd\u00f3n de los pecados, <\/span><span style=''>n&#347;&#722;<\/span><span lang=ES style=''> se use tambi\u00e9n para soportar la pena por el pecado (Nm. 14.33s; Ez. 14.10). Aparentemente los dos est\u00e1n relacionados. Esto no quiere decir que Dios sea un ser severo que no perdona sin un <\/span><span style=' '>quid pro quo<\/span><span lang=ES style=''>. Dios es un Dios de gracia, y los medios para llevar el pecado fueron instituidos por \u00e9l mismo. Los sacrificios tienen valor solamente porque \u00e9l ha proporcionado la sangre como medio de expiaci\u00f3n (Lv. 17.11). En ninguna parte nos dice el AT que se haya obtenido el perd\u00f3n de Dios a rega\u00f1adientes, o que se lo haya comprado por medio del soborno.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>El perd\u00f3n es posible, en consecuencia, solamente porque Dios es un Dios de gracia; o si empleamos la hermosa expresi\u00f3n de Neh. 9.17, \u201cun Dios que perdona\u201d (<\/span><etiqueta id=\"#_ftn486\" name=\"_ftnref486\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt;; color:green;text-transform:uppercase'>\u00b0ci<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style=''>, \u201cun Dios pronto a perdonar\u201d). \u201cDe Jehov\u00e1 nuestro Dios es el tener misericordia y el perdonar\u201d (Dn. 9.9). Pasaje muy instructivo para entender el perd\u00f3n en todo el AT es Ex. 34.6s, \u201c\u00a1Jehov\u00e1! \u00a1Jehov\u00e1! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebeli\u00f3n y el pecado, y que de ning\u00fan modo tendr\u00e1 por inocente al malvado\u201d. El perd\u00f3n se origina en la naturaleza benevolente de Dios. Pero su perd\u00f3n no es indiscriminado. De ninguna manera \u201ctendr\u00e1 por inocente al malvado\u201d. Del lado del hombre tiene que haber penitencia para ser perdonado. Aunque esto no aparece como exigencia formal, est\u00e1 impl\u00edcito en todas partes. Los pecadores penitentes son perdonados. Los impenitentes, que todav\u00eda siguen en sus malos caminos, no lo son.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Debemos tener presente que la idea del perd\u00f3n se trasmite de un modo sumamente gr\u00e1fico por otras im\u00e1genes, aparte del uso de nuestros tres t\u00e9rminos para perd\u00f3n. El Salmista, por ejemplo, dice que \u201ccuanto est\u00e1 lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones\u201d (Sal. 103.12). Isa\u00edas dice que Dios ech\u00f3 tras sus espaldas todos los pecados del profeta (Is. 38.17), y que \u201cborr\u00f3\u201d las transgresiones del pueblo (Is. 43.25; cf. Sal. 51.1, 9). En Jer. 31.34 el Se\u00f1or dice, \u201cno me acordar\u00e9 m\u00e1s de su pecado\u201d, y en Miqueas vemos que echar\u00e1 \u201cen lo profundo del mar\u201d todos nuestros pecados (Mi. 7.19). Lenguaje tan gr\u00e1fico pone de relieve cu\u00e1n completo es el perd\u00f3n de Dios. Cuando \u00e9l perdona hace desaparecer completamente los pecados de los hombres. No vuelve a verlos m\u00e1s.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>II. En el Nuevo Testamento<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>En el NT hay dos verbos principales que debemos considerar: <\/span><span style=''>jarizomai<\/span><span lang=ES style=''> (que significa \u201ctratar ben\u00e9volamente\u201d) y <\/span><span style=' '>afi&#275;mi<\/span><span lang=ES style=''> (\u2018despachar\u2019, \u2018soltar\u2019). El sustantivo <\/span><span style=''>afesis<\/span><span lang=ES style=''>, \u2018remisi\u00f3n\u2019, tambi\u00e9n se encuentra con alguna frecuencia. Hay, tambi\u00e9n, dos palabras m\u00e1s: <\/span><span style=''>apoly&#333;<\/span><span lang=ES style=''>, \u2018liberar\u2019, que se utiliza en Lc. 6.37, \u201cperdonad, y ser\u00e9is perdonados\u201d; y <\/span><span style=''>paresis<\/span><span lang=ES style=''>, \u2018un pasar por alto\u2019, empleado en Ro. 3.25 en el sentido de que Dios pasa por alto los pecados anteriores.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>En el NT se aclaran varios puntos. Uno es que el pecador perdonado debe perdonar a otros, lo que se manifiesta en Lc. 6.37, anteriormente citado, en el Padrenuestro, y en otros lugares. La disposici\u00f3n a perdonar a otros es parte de la indicaci\u00f3n de que verdaderamente nos hemos arrepentido. Adem\u00e1s, el arrepentimiento debe ser completamente sincero. Emana del perd\u00f3n de Cristo hacia nosotros, y debe ser como el perd\u00f3n de Cristo: \u201cde la manera que Cristo os perdon\u00f3, as\u00ed tambi\u00e9n hacedlo vosotros\u201d (Col. 3.13). Varias veces Cristo insiste en lo mismo, como lo hace en la par\u00e1bola de los dos deudores (Mt. 18.23\u201335).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>No siempre se relaciona directamente el perd\u00f3n con la cruz, aunque a veces ocurre as\u00ed, como en Ef. 1.7, \u201cen quien tenemos redenci\u00f3n por su sangre, el perd\u00f3n de pecados\u201d. Igualmente, en Mt. 26.28 encontramos que la sangre de Cristo fue vertida \u201cpor muchos \u2026 derramada para remisi\u00f3n de los pecados\u201d. M\u00e1s usual es encontrarlo directamente relacionado con Cristo mismo. \u201cDios tambi\u00e9n os perdon\u00f3 a vosotros en Cristo\u201d (Ef. 4.32). \u201cA \u00e9ste, Dios ha exaltado con su diestra por Pr\u00edncipe y Salvador \u2026 para dar a Israel arrepentimiento y perd\u00f3n de pecados\u201d (Hch. 5.31). \u201c\u2026 por medio de \u00e9l se os anuncia perd\u00f3n de pecados\u201d (Hch. 13.38). Junto a estos deber\u00edamos colocar pasajes en los que Jes\u00fas, durante los d\u00edas que permaneci\u00f3 en la carne, declar\u00f3 que los hombres eran perdonados. En el incidente de la curaci\u00f3n del paral\u00edtico que fue bajado a trav\u00e9s del tejado, el Se\u00f1or realiz\u00f3 el milagro expresamente \u201c\u2026 para que sep\u00e1is que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados\u201d (Mr. 2.10). Pero la persona de Cristo no ha de ser separada de su obra. El perd\u00f3n por, o a trav\u00e9s de, Jesucristo significa un perd\u00f3n que emana de lo que \u00e9l es y lo que \u00e9l hace. En particular, no debe entenderse como algo separado de la cruz, especialmente desde el momento en que a menudo se dice que su muerte fue una muerte \u201cpor el pecado\u201d (* <span style='text-transform: uppercase'>Expiaci\u00f3n<\/span>). Adem\u00e1s de los pasajes espec\u00edficos que unen el perd\u00f3n con la muerte de Cristo, tenemos todo el impacto de los pasajes neotestamentarios que tratan la muerte expiatoria del Salvador.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>El perd\u00f3n descansa b\u00e1sicamente, entonces, en la obra expiatoria de Cristo, lo que equivale a decir que es un acto de pura gracia. \u201c\u00c9l es fiel y justo para perdonar nuestros pecados\u201d (1 Jn. 1.9). Una y otra vez se insiste en que el hombre tiene que arrepentirse. Juan el Bautista predic\u00f3 \u201cel bautismo de arrepentimiento para perd\u00f3n de pecados\u201d (Mr. 1.4), tema que adopta Pedro con referencia al bautismo cristiano (Hch. 2.38). Cristo mismo orden\u00f3 que se predicase en su nombre \u201cel arrepentimiento y el perd\u00f3n de pecados en todas las naciones\u201d (Lc. 24.47). Igualmente, se relaciona el perd\u00f3n con la fe (Hch. 10.43; Stg. 5.15). No debemos pensar en la fe y el arrepentimiento como m\u00e9ritos que nos hacen merecer el perd\u00f3n. M\u00e1s bien son los medios por los cuales hacemos nuestra la gracia de Dios.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Debemos mencionar dos puntos dif\u00edciles. Uno es el del pecado contra el Esp\u00edritu Santo, que nunca puede ser perdonado (Mt. 12.31s; Mr. 3.28s; Lc. 12.10; cf. 1 Jn. 5.16). Nunca se define este pecado. Pero a la luz de la ense\u00f1anza neotestamentaria, en general es imposible pensar en \u00e9l como un acto pecaminoso espec\u00edfico. La referencia es m\u00e1s bien a la continua blasfemia contra el Esp\u00edritu de Dios de aquel que sistem\u00e1ticamente rechaza su misericordioso llamado. Esto por cierto es blasfemia.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>El otro es Jn. 20.23, \u201ca quienes remitiereis los pecados, les son remitidos\u201d. Es extremadamente dif\u00edcil pensar que Cristo habr\u00eda de dejar en manos de los hombres la determinaci\u00f3n de si deben perdonarse los pecados de otra persona o no. Los puntos importantes son el plural \u201cquienes\u201d (plural gr. que se refiere a categor\u00edas y no a individuos), y el tiempo perfecto traducido \u201cson remitidos\u201d (que quiere decir \u201chan sido\u201d y no que \u201cser\u00e1n remitidos\u201d). De modo que el pasaje puede significar que, al ser inspirados por el Esp\u00edritu Santo (v. 22), los que siguen a Jes\u00fas podr\u00e1n decir con precisi\u00f3n a qu\u00e9 categor\u00eda de hombres les son perdonados los pecados y a cu\u00e1les no.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=';text-transform:uppercase'>Bibliograf\u00eda.<\/span><span lang=ES style=''> H. Vorl\u00e4nder, \u201cPerd\u00f3n\u201d, <etiqueta id=\"#_ftn487\" name=\"_ftnref487\" title=\"\"><i>\u00b0DTNT<\/i><\/etiqueta>, t(t). III, pp. 340\u2013344; J. J. Stamm, \u201cPerdonar\u201d, <etiqueta id=\"#_ftn488\" name=\"_ftnref488\" title=\"\"><i>\u00b0DTMAT<\/i><\/etiqueta>, t(t). II, cols. 201\u2013212; W. Eichrodt, <i>Teolog\u00eda del Antiguo Testamento<\/i>, 1975, t(t). II, pp. 379\u2013489; J. Scharbert, \u201cPerd\u00f3n\u201d, <i>Conceptos fundamentales de teolog\u00eda<\/i>, 1967, t(t). III, pp. 434\u2013444.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>W. C. Morro en <etiqueta id=\"#_ftn489\" name=\"_ftnref489\" title=\"\"><i>ISBE<\/i><\/etiqueta>; V. Taylor, <i>Forgiveness and Reconciliation<\/i>, 1941; H. R. Mackintosh, <i>The Christian Experience of Forgiveness<\/i>, 1947; <etiqueta id=\"#_ftn490\" name=\"_ftnref490\" title=\"\"><i>TDNT <\/i><\/etiqueta>1, pp. 509\u2013512; 3, pp. 300\u2013301; 4, pp. 295\u2013307; 9, pp. 372\u2013402; H. Vorl\u00e4nder, <etiqueta id=\"#_ftn491\" name=\"_ftnref491\" title=\"\"><i>NIDNTT<\/i><\/etiqueta> 1, pp. 697\u2013703.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal align=right style='text-align:right;line-height:normal'><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><etiqueta id=\"#_ftn492\" name=\"_ftnref492\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt; ;color:green'>L.M.<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;'>Douglas, J. (2000). Nuevo diccionario Biblico : Primera Edicion. Miami: Sociedades B\u00edblicas Unidas.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>v. Remisi\u00f3n Lev 4:20 har\u00e1 .. expiaci\u00f3n por ellos, y obtendr\u00e1n p Psa 130:4 pero en ti hay p, para que seas Mar 3:29 blasfeme contra el .. no tiene jam\u00e1s p Luk 1:77 salvaci\u00f3n a su .. para p de sus pecados Luk 3:3 del arrepentimiento para p de pecados Luk 24:47 que se &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/perdon\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abPERDON\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-5327","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5327","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=5327"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5327\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=5327"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=5327"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=5327"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}