{"id":5408,"date":"2016-02-05T01:28:55","date_gmt":"2016-02-05T06:28:55","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/redencion\/"},"modified":"2016-02-05T01:28:55","modified_gmt":"2016-02-05T06:28:55","slug":"redencion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/redencion\/","title":{"rendered":"REDENCION"},"content":{"rendered":"<p>v. Rescate, Salvaci\u00f3n<br \/>\nExo 8:23 yo pondr\u00e9 r entre mi pueblo y el tuyo<br \/>\nJob 33:24 que lo libr\u00f3 de descender .. que hall\u00f3 r<br \/>\nPsa 49:8 porque la r de su vida es de gran precio<br \/>\n111:9<\/p>\n<hr>\n<p>los israelitas llamaban r. el acto de vengar la sangre de un pariente; al que lo hac\u00ed\u00ada, lo llamaban r., Nm 35, 12\/19\/21 y 27; Dt 19, 6\/12 y  13. Pagar para liberar a uno que estaba vendido era redimirlo o rescatarlo, Lv 25, 48. Redentor era tambi\u00e9n el que compraba las tierras de un pariente difunto, para que no se perdieran, Rt 4, 1-7. Entre los israelitas se pod\u00ed\u00ada redimir la vida de un hombre o un animal, como en el caso de un primog\u00e9nito, que se entregaba a Dios; para ello hab\u00ed\u00ada que pagar un precio, el cual se deb\u00ed\u00ada entregar a sacerdote, Ex 13, 13 y 15; Lv 27, 27; Nm 18, 15-16.<\/p>\n<p>El sentido de la r. es soltar o liberar. El pecado mantiene al hombre en  servidumbre y la salvaci\u00f3n se constituye en liberarlo de ese pecado.<\/p>\n<p>La primera r. llevada a cabo por Dios fue la liberaci\u00f3n de la esclavitud de  Egipto, del poder del Fara\u00f3n, rey de Egipto, Dt 7, 8.   A trav\u00e9s de Cristo, Dios pag\u00f3 la r. del g\u00e9nero humano, Col 1, 13. En \u00e9l tenemos, por medio de su sangre, la r., el perd\u00f3n de los delitos, seg\u00fan la riqueza de su gracia, Ef 1, 7. Refa\u00ed\u00adtas  \u00c2\u00ae Rafa\u00ed\u00adtas.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Digital, Grupo C Service &#038; Design Ltda., Colombia, 2003<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Digital<\/b><\/p>\n<p>(heb., gueulaj; gr., lutrosis, apolutrosis). Es una met\u00e1fora usada tanto en el AT como en el NT para describir la misericordia y acci\u00f3n costosa de Dios a favor de su pueblo (seres humanos pecaminosos). El significado b\u00e1sico de la palabra es soltar o dejar en libertad por el pago de un precio, liberaci\u00f3n o salvaci\u00f3n por medio de un m\u00e9todo costoso. Cuando se usa en relaci\u00f3n con Dios, ello no sugiere que \u00e9l haya pagado un precio a alguien, sino m\u00e1s bien que su misericordia requiri\u00f3 todo su poder e involucr\u00f3 la profundidad m\u00e1s grande de sufrimiento posible. De este modo, Dios redimi\u00f3 a Israel de Egipto liberando al pueblo de la esclavitud y coloc\u00e1ndolo en una nueva tierra (Exo 6:6; Exo 15:3; Psa 74:2; Psa 77:15 ss.; Psa 106:10; Isa 43:1, Isa 43:3, Isa 43:14-16; Isa 48:20; Isa 51:10-11; Isa 63:16; Jer 31:11).<\/p>\n<p>El verbo padaj, en su uso secular, se utiliza para expresar precio de rescate (p. ej. , Lev 27:27; Num 18:15-17; Psa 49:7). Cuando se usa en relaci\u00f3n con la obra de rescate del Se\u00f1or, 13 de las 39 referencias aluden al \u00e9xodo (p. ej., Deu 9:26; 2Sa 7:23; Neh 1:10). Tres referencias hablan espec\u00ed\u00adficamente del perd\u00f3n de pecados (Deu 21:8; Psa 130:8; Isa 1:27).<\/p>\n<p>Para apreciar el tema de la redenci\u00f3n del NT, tiene que asumirse la posici\u00f3n de los seres humanos como esclavos del pecado (Joh 8:33-34). Por lo tanto, ellos tienen que ser puestos en libertad para llegar a ser sirvientes liberados del Se\u00f1or (Mar 10:45). Esta redenci\u00f3n pagada por el costoso sacrificio de la vida de Jes\u00fas es un acto completo en cuanto a Dios ata\u00f1e. Mas los resultados de la redenci\u00f3n en cuanto a nosotros ata\u00f1e son experimentados en parte ahora y en su totalidad en la resurrecci\u00f3n de los muertos (Luk 21:27-28; Rom 8:23; Eph 4:30).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Mundo Hispano<\/b><\/p>\n<p>(rescatar, liberar, volver a la red).<\/p>\n<p> La liberaci\u00f3n de la esclavitud del pecado, y goce de una nueva libertad, viviendo la nueva vida de los hijos de Dios, por el sacrificio de nuestro Redentor Jesucristo: Hab\u00e9is sido comprados a precio; no os hag\u00e1is siervos de los hombres, 1Co 7:23.<\/p>\n<p> E1 vocablo contiene la idea de la liberaci\u00f3n, como el precio de la misma; el precio del rescate, fue la muerte de Cristo, Rom 3:24, Gal 3:13, Efe 1:7, 1Pe 1:17-18.<\/p>\n<p> Es \u00abgratis\u00bb, como las manos, y el sol, y el lugar de nacimiento, y los padres. . Cristo ya firm\u00f3 en el Calvario, con su Sangre, el cheque de la redenci\u00f3n de todo hombre y mujer, de ti y de m\u00ed\u00ad, Efe 2:8-10, Rom 3:24, Rev 22:17.<\/p>\n<p> zComo la hago propia, m\u00ed\u00ada?: por la \u00abfe\u00bb, cambiando mi cheque en el \u00fanico Banco de Cristo, que es su Iglesia, por el Sacramento del Bautismo, Ro.6, Col 2:12. porque si tengo fe en Cristo, hago to que El me manda hacer: (Mat 28:19, Mar 16:16).<\/p>\n<p> 1- Nos libera.<\/p>\n<p> &#8211; de todo mal, Gen 48:16.<\/p>\n<p> &#8211; del poder del pecado, Rom 6:18, Rom 6:22.<\/p>\n<p> &#8211; del cautiverio y maldici\u00f3n de la Ley Gal 3:13, Gal 4:5.<\/p>\n<p> &#8211; de todas las angustias y remordimientos del pecado> Sal 25:22.<\/p>\n<p> &#8211; de toda iniquidad, Tit 2:14, Sal 130<br \/>\n &#8211; del mundo malo, Gal 1:4.<\/p>\n<p> &#8211; de los enemigos, Jer 15:2, Sal 106:10<br \/>\n &#8211; del sepulcro y de la muerte, Sal 49.<\/p>\n<p> 15, Ose 13:14.<\/p>\n<p> 2-\u00bfQu\u00e9 nos da encima?.<\/p>\n<p> &#8211; Una \u00abnueva vida\u00bb, ser \u00abcriaturas nuevas\u00bb, de Jua 3:3 y 1Co 5:17, con la capacidad de amar y esperar con gozo y paz, llenos de la humildad, libertad, poder y seguridad de Cristo en nuestros corazones: (Ga12Cr 2:20). el poder hacer las mismas obras de Cristo, de Jua 14:12, el de expulsar demonios, sanar enfermos, resucitar los muertos de aburrimiento o desesperaci\u00f3n, de Mar 16:17-18 y Mat 10:8.<\/p>\n<p> &#8211; Ser \u00abhijos de Dios\u00bb, co-herederos de la misma herencia de Cristo: (Jua 1:12, Rom 8:15-17).<\/p>\n<p> &#8211; El tener \u00abvida eterna\u00bb, maravillosa, ya aqu\u00ed\u00ad, en la tierra: (Jua 3:36, Jua 5:24).<\/p>\n<p> Redentor: Nuestro Senor Jesucristo, Job 19:25, Sal 19:14, Pro 23:11, Isa 41:14, Isa 47:4, Isa 53:4-5, Jer 50:34, Mat 20:28, Gal 3:13, Efe 1:7, Rev 5:9.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano<br \/>\nDr. J. Dominguez<\/p>\n<p>http:\/\/biblia.com\/diccionario\/<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano<\/b><\/p>\n<p>[246]<\/p>\n<p>      El misterio de la Redenci\u00f3n es central en la Historia de la salvaci\u00f3n y esencial en el mensaje cristiano. Dios cre\u00f3 al hombre, hubo un pecado original, el hombre se alej\u00f3 por ese pecado de Dios, Dios decidi\u00f3 perdonar y redimir.<\/p>\n<p>    Cristo vino al mundo con esa misi\u00f3n. Los cristianos son conscientes de esa relaci\u00f3n pecadoredenci\u00f3n y de su referencia a la liberaci\u00f3n misericordiosa que han recibido. La destrucci\u00f3n del pecado que les afect\u00f3 desde el principio y de los pecados en que pueden incurrir por debilidad a lo largo de su vida es la verdad que se halla detr\u00e1s del misterio cristiano de la \u00abredenci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>    Culto, dogma, moral, asc\u00e9tica, arte, literatura, etc. que lleven el apellido de cristianos, hacen siempre referencia al misterio de Cristo Redentor.<\/p>\n<p>    El hecho de la Redenci\u00f3n se presenta a nuestra fe como una verdad revelada por Dios, no solo como un acontecimiento hist\u00f3rico. Jes\u00fas, Dios encarnado, logr\u00f3 con su muerte la restauraci\u00f3n de los hombres alejados de Dios.<\/p>\n<p>    En consecuencia, la catequesis mira esa verdad esencial como un centro de atenci\u00f3n preferente.<\/p>\n<p> 1. Conceptos de base<\/p>\n<p>    El mensaje redentor aparece continuamente en el transfondo del Nuevo Testamento. Y el t\u00e9rmino \u00abredenci\u00f3n\u00bb, o rescate, surge con frecuencia en los escritos apost\u00f3licos: Rom. 3. 24; 1. Cor. 1.30;  Ef. 1.7;  Col. 1. 14;  Hebr 1. 15, etc.<\/p>\n<p>    Muchos son los conceptos paralelos que sugieren esos escritos, al aludir a este misterio, el cual no puede encerrarse en ninguna palabra exacta.<\/p>\n<p>     Algunos son:<br \/>\n   &#8211; Compra o rescate (\u00abagoradso\u00bb) por Cristo: 1. Cor. 6.20; Gal. 3.13; 2. Pedr. 2. 1; Apoc. 14. 13.<\/p>\n<p>   &#8211; Liberaci\u00f3n, liberados (\u00aban-iemi\u00bb) del mal: Mt. 20. 28; Lc. 1. 68; Rom. 3. 24; 1 Cor. 1. 30; Ef. 1. 7.<\/p>\n<p>   &#8211; Recuperaci\u00f3n o rehabilitaci\u00f3n de la ca\u00ed\u00adda: Rom. 1. 16; Gal. 2. 16. Filip. 3. 9. Ef. 1. 13.<\/p>\n<p>   &#8211; Restauraci\u00f3n del bien, del estado de amistad divina: Rom. 3. 2.; Rom. 4. 16.<\/p>\n<p>   &#8211; Reparaci\u00f3n, superaci\u00f3n, reconstrucci\u00f3n.; Tit. 2. 14; Hebr. 9. 12; Lc. 4. 18.<\/p>\n<p>     1.1. El hecho de la Redenci\u00f3n<br \/>\n    La forma como el Verbo encarnado en el hombre Jes\u00fas nos rescat\u00f3 de nuestros pecados es objeto decisivo de fe. El nos liber\u00f3 del poder del mal y del maligno y nos mereci\u00f3 la eterna salvaci\u00f3n con su muerte, precedida de los sufrimientos de la pasi\u00f3n.<\/p>\n<p>    Con ella nos rescat\u00f3 y nos devolvi\u00f3 la justicia que hab\u00ed\u00adamos perdido. Pero, si el modo fue la muerte de Jes\u00fas, el dogma alude a la causalidad y al efecto de esa muerte: la causa fue el pecado; el efecto result\u00f3 el perd\u00f3n del pecado.<\/p>\n<p>    Sin la redenci\u00f3n, seguir\u00ed\u00adamos bajo el poder del mal, del maligno, del pecado. Gracias al acto redentor, que es un acto de misericordia divina, Cristo nos \u00abrescat\u00f3\u00bb del mal y nos devolvi\u00f3 el estado de \u00abhijos de Dios\u00bb que ten\u00ed\u00adamos al principio. Hoy, redimidos, podemos mirar con confianza a Dios como Padre, pues pertenecemos a su Reino como hijos y no tenemos el pecado en nosotros, a no ser que libremente regresemos al mal.<\/p>\n<p>    1.2. Sentido de la Redenci\u00f3n<br \/>\n    Etimol\u00f3gicamente redenci\u00f3n (del lat\u00ed\u00adn redimere: comprar, rescatar) expresa la acci\u00f3n de volver a adquirir algo que se hab\u00ed\u00ada enajenado y se recupera. Para ello se paga el precio que es preciso. El t\u00e9rmino latino se usaba en los primeros siglos para aludir a la compra de la libertad de los esclavos vendidos por derecho de guerra o por deudas.<\/p>\n<p>    Alguien les recuperaba, rescataba o redim\u00ed\u00ada, ya que ellos no pod\u00ed\u00adan hacerlo por no ser libres, por no tener nada en propiedad ni contar con derecho de que sus actos fueran legalmente v\u00e1lidos. Pertenec\u00ed\u00adan al due\u00f1o y nada pose\u00ed\u00adan para poderse comprar a s\u00ed\u00ad mismos. Su libertad estaba en manos ajenas.<\/p>\n<p>    Pero hay un aspecto m\u00e1s importante que el significado sem\u00e1ntico: es el teol\u00f3gico, que determina la realidad de la redenci\u00f3n. El hombre no es rescatado sin m\u00e1s, sino de nuevo identificado con su Creador, que le hizo a su imagen y semejanza. La redenci\u00f3n tiene sentido de \u00abrestauraci\u00f3n\u00bb, de recuperaci\u00f3n, de elevaci\u00f3n, de santificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    Es lo esencial de la redenci\u00f3n lograda por Jes\u00fas. Con ella se consigue una sublime superaci\u00f3n humanay no s\u00f3lo el regreso a lo que se hab\u00ed\u00ada perdido. Es la dimensi\u00f3n positiva de este misterio, la conquista de nuevo del estado de gracia, lo que llama la atenci\u00f3n a los te\u00f3logos. No basta, pues, hablar \u00fanicamente de la dimensi\u00f3n negativa, de la destrucci\u00f3n del pecado.<\/p>\n<p>    El efecto maravilloso de la redenci\u00f3n es que Cristo se hace mediador entre Dios y los hombres y entre los hombres y Dios. Nos trae a Dios, pues se encarna y se acerca como Dios. Pero nos lleva a Dios, es decir nos eleva a una sobrenaturaleza que nos diviniza.<\/p>\n<p>    San Pablo lo ten\u00ed\u00ada claro: \u00abNo hay m\u00e1s que un Dios y un mediador entre Dios y los hombres y ese es Jesucristo hombre, que se dio a s\u00ed\u00ad mismo como rescate por todos\u00bb. (1. Tim. 2. 5-6)<\/p>\n<p>     1.3. El acto redentor.<\/p>\n<p>    En s\u00ed\u00ad la redenci\u00f3n hace referencia a justificaci\u00f3n, a reparaci\u00f3n, a liberaci\u00f3n. Pero la forma como se adquieren la libertad y la justicia es la decisi\u00f3n de  Jes\u00fas de actuar como, \u00ab\u00fanico mediador en la Nueva Alianza.\u00bb (Hebr. 9.15)<\/p>\n<p>    En lenguaje cristiano la Redenci\u00f3n, como concepto de rescate por parte de Cristo, fue universal, voluntaria en El, eficaz y superabundante. Ella nos alcanz\u00f3 el perd\u00f3n total. Lo imprescindible era la liberaci\u00f3n del pecado. La forma pod\u00ed\u00ada variar. Jes\u00fas pod\u00ed\u00ada librarnos con cualquier acto de su vida, que era de valor infinito por ser de un Hombre Dios. Pero quiso otra cosa, sin que podamos decir por qu\u00e9 eligi\u00f3 el sufrimiento.<\/p>\n<p>    Jes\u00fas nos salv\u00f3 por el amor infinito que nos ten\u00ed\u00ada. Acept\u00f3 la muerte y el dolor que se le avecinaban, porque entraba en los planes misteriosos de Dios que, por ese camino cruento, discurriera su acto hist\u00f3rico de redenci\u00f3n.<\/p>\n<p>    Nuestro coraz\u00f3n, en la medida en que sea agradecido, reconocer\u00e1 la grandeza de la entrega de Jes\u00fas y responder\u00e1 con fidelidad y con amor a la misericordia divina. Y nuestra mente, en la medida en que est\u00e9 iluminada por la fe, se admirar\u00e1 intensamente de que tal acontecimiento se haya dado en la tierra.<\/p>\n<p>     1.4. Conceptos implicados<br \/>\n    La redenci\u00f3n tiene implicados en su entra\u00f1a otros conceptos condicionantes o concomitantes, cuya comprensi\u00f3n es imprescindible para entender su alcance.<\/p>\n<p>    1.4.1. M\u00e9rito.<\/p>\n<p>    Es la capacidad de tener derecho a algo por lo realizado. Cristo fue capaz de redimir, de adquirir a los hombres perdidos, porque sus acciones ten\u00ed\u00adan un m\u00e9rito infinito. Como Hijo de Dios no pod\u00ed\u00ada ser de otra forma y su m\u00e9rito abarcaba a todo lo que hac\u00ed\u00ada. Mereci\u00f3 el perd\u00f3n de los que quiso redimir, precisamente por esa capacidad infinita que posee como Verbo encarnado.<\/p>\n<p>     1.4.2. Perd\u00f3n.<\/p>\n<p>     Es el efecto de esa justificaci\u00f3n. El pecado y el mal quedan aniquilados, desaparecidos, borrados, no s\u00f3lo ocultados, disimulados u olvidados, como quer\u00ed\u00ada Lutero.<\/p>\n<p>     No es un perd\u00f3n afectivo el que Cristo obtiene de su Padre, sino entitativo, transformante, misteriosamente eficaz. Por eso es el sin\u00f3nimo de una nueva creaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    1.4.3. Justificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    Es la vuelta del hombre a la \u00abjusticia\u00bb original, entendiendo por tal el estado creacional de amistad divina en que el hombre apareci\u00f3 sobre la tierra.<\/p>\n<p>    Supone que la redenci\u00f3n devuelve la justicia original perdida. No s\u00f3lo la restaura como fue, sino la revitaliza con novedad, la afianza definitivamente, la incrementa al infinito, pues es justicia del mismo Cristo.<\/p>\n<p>     1.4.4. Liberaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    Gracias a la vuelta al estado de justicia original, nos liberamos del pecado, que fue un hecho y se convirti\u00f3 en estado de postraci\u00f3n. Pero tambi\u00e9n nos libera de los efectos radicales del pecado: condenaci\u00f3n, rechazo divino, aunque nos queden algunos efectos secundarios: debilitaci\u00f3n, concupiscencia, con todo lo que ello implica de peligro de reca\u00ed\u00adda, incluso de perdici\u00f3n.<\/p>\n<p>    1.4.5. Purificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    En consecuencia, quedamos limpios, puros, santos, sin la mancha profunda que el pecado supone y con el sentido de miseria que deteriora la belleza del alma amiga de Dios. Gracia al acto redentor, el alma se vuelve pura, aunque con el riesgo de impurificarse y regresar al mal, debido a la libertad que adorna al hombre.<\/p>\n<p>    1.4.6. Satisfacci\u00f3n.<\/p>\n<p>    Implica que todo lo que se deb\u00ed\u00ada reparar por el pecado queda reparado por los m\u00e9ritos de Cristo. No se debe ya nada respecto al pecado, aunque se mantiene el agradecimiento por parte del pecador.<\/p>\n<p>    1.4.7. Salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    Es la s\u00ed\u00adntesis de todos los conceptos anteriores. La redenci\u00f3n tiene el aspecto positivo de que ya no estamos condenados por el pecado, sino salvados por la luz, la limpieza y el amor de Dios.<\/p>\n<p>    2. Sacrificio y Redenci\u00f3n<br \/>\n    Dios pod\u00ed\u00ada haber realizado la redenci\u00f3n de los hombres de muchas formas. Y cualquiera de ellas hubiera sido suficiente, completa y total.<\/p>\n<p>    Desde el momento en que el Redentor era el Verbo divino, es decir el mismo Dios, todo val\u00ed\u00ada para realizar su plan redentor.<\/p>\n<p>    Sin embargo quiso que el acto redentor se realizara de forma sacrificial: cruenta, dolorosa, mortal. Es el misterio que subyace en el dogma de la Redenci\u00f3n y que los hombres nunca podremos comprender.<\/p>\n<p>    2.1. Concepto de sacrificio<br \/>\n    El concepto general de sacrificio supone ofrenda al Ser Supremo, como reconocimiento de su infinitud (latr\u00ed\u00ada, holocausto, inmolaci\u00f3n, ofrenda, homenaje) y como agradecimiento, propiciaci\u00f3n o impetraci\u00f3n de beneficios. El sacrificio es una forma de relaci\u00f3n con Dios.<\/p>\n<p>    Es respuesta a la revelaci\u00f3n de su existencia y de su voluntad comunicativa con el hombre. Todos los pueblos han tenido sacrificios, pues todos han sentido colectivamente la necesidad de depender de aquel Ser misteriosamente Superior que les ha creado.<\/p>\n<p>    2.2. El concepto cristiano.<\/p>\n<p>    Para los cristianos, el concepto de sacrificio est\u00e1 ya unido a la redenci\u00f3n de Jes\u00fas, pues han conocido y reconocido que su muerte para perdonar es el modelo y expresi\u00f3n m\u00e1xima de la acci\u00f3n sacrificial. La magnitud de la inmolaci\u00f3n de Cristo engloba de alguna manera todo otro gesto, concepto o pr\u00e1ctica de ofrenda.<\/p>\n<p>    En el cristianismo, la muerte de Cristo en la cruz se considera el \u00fanico sacrificio real, el modelo, el cauce de la salvaci\u00f3n, el tipo significativo de ofrenda que logra expiar los pecados de toda la humanidad. En la teolog\u00ed\u00ada de San Pablo, Cristo es sacerdote y v\u00ed\u00adctima; en ello radica su misteriosa singularidad.<br \/>\n  *  Es sacerdote, pues es el oferente al Padre y sabe que va a ser aceptado por el amor que el Padre le tiene. (Hebr. 7. 24; 1 Pedr. 2.5; Hebr 7. 12).<br \/>\n  * Es la misma v\u00ed\u00adctima del sacrificio, pues muere. (1 Cor. 5. 7; Ef. 5.2; Hebr. 10. 12-13).<\/p>\n<p>    V\u00ed\u00adctima y sacerdote se vinculan en la ofrenda de la Cruz, de la Ultima Cena y de la Eucarist\u00ed\u00ada o memorial del Se\u00f1or. Los tres aspectos han sido asociados desde el comienzo de la Iglesia cristiana con el sacrificio de Cristo.<\/p>\n<p>    En las comunidades de creyentes, de modo muy notable en la Iglesia cat\u00f3lica, la Eucarist\u00ed\u00ada se interpreta como un sacrificio y memorial secramental de la participaci\u00f3n en el sacrificio de Cristo. Por eso se identifica con la muerte en el Calvario.<\/p>\n<p>    Fue la \u00faltima acci\u00f3n simb\u00f3lica y conmemorativa de Cristo en la despedida del Jueves Santo y con la ofrenda del Redentor a su Padre eterno.<\/p>\n<p>    2.3. La Crucifixi\u00f3n.<\/p>\n<p>    La Redenci\u00f3n tiene que ver con la Cruz. Bajo el signo de la Cruz, se realizan todas las celebraciones lit\u00fargicas cristianas. Y en el signo d la Cruz los cristianos dan sentido a su vida entera. Pero no son meros gestos cultuales de homenaje a Dios, sino renovaciones perpetuas del mismo sacrificio de la Cruz. Aqu\u00ed\u00ad radica la grandeza sublime de la liturgia cristiana, especialmente de la Eucarist\u00ed\u00ada. Cristo redentor se hace presente en medio de sus elegidos y renueva su ofrenda salvadora.<\/p>\n<p>    Y ah\u00ed\u00ad reside el valor de las manifestaciones art\u00ed\u00adsticas de la Cruz, m\u00faltiples y variadas.<\/p>\n<p>   Hasta en el arte se derrocha la creatividad y se multiplican las formas de la \u00fanica y verdadera cruz: cruz latina, cruz griega, de san Andr\u00e9s, de Lorena, hasta \u00abcruz gamada\u00bb.<\/p>\n<p>    La crucifixi\u00f3n fue usual como ejecuci\u00f3n desde el siglo VI a. C. hasta el IV d. C., sobre todo entre los persas, egipcios, cartagineses y romanos.<\/p>\n<p>    Los romanos la reservaron para los esclavos y criminales, como suced\u00ed\u00ada en el siglo primero cuando Jes\u00fas fue crucificado. Por respeto a Jesucristo, tal forma de muerte fue abolida por Constantino I en 337, aunque siempre permaneci\u00f3 como gesto de condena.<\/p>\n<p>    La cruz se convirti\u00f3 permanentemente entre los cristianos en el emblema de la redenci\u00f3n; y la crucifixi\u00f3n entre dos ladrones es la visi\u00f3n que subyuga a los creyentes de todos los tiempos, quienes vuelven los ojos hacia los relatos de los Evangelios sobre este hecho final de Jes\u00fas: Mt. 27. 33-44;  Mc. 15. 22-32;  Lc. 23. 33-43;  Jn. 19. 17-30.<\/p>\n<p>    2.4. La muerte de Jes\u00fas<br \/>\n    No fueron s\u00f3lo los sufrimientos los que constituyeron el eje del acto redentor de Cristo, sino su muerte misma. Jes\u00fas muri\u00f3 realmente, lo que implica que su alma se separ\u00f3 de su cuerpo y termin\u00f3 su vida real y humana en el mundo.<\/p>\n<p>    Por otra parte, el acto redentor fue propio suyo. Se ofreci\u00f3 a s\u00ed\u00ad mismo a la muerte de cruz para salvar a todos los hombres. Los hombres se hab\u00ed\u00adan alejado del amor de Dios por el pecado.<\/p>\n<p>    Hac\u00ed\u00ada falta un acto de amor para recuperarlos. Precisamente fue el amor de Jes\u00fas el que compens\u00f3 el amor al pecado y fue m\u00e1s fuerte ese amor, tan fuerte que lleg\u00f3 hasta la muerte.<\/p>\n<p>   2.5. Cristo Sacerdote.<\/p>\n<p>     La exigencia de todo sacrificio es que sea ofrecida por un sacerdote (el que hace cosas sagradas). El Nuevo Testamento resalta ese car\u00e1cter singular de Jes\u00fas, el cual supera el sacerdocio del templo de una forma excelente, transformadora, liberadora.<\/p>\n<p>     El sacerdocio de Jes\u00fas es de otra manera que el ofrecido por los servidores del Templo de Jerusal\u00e9n. Jes\u00fas es de la tribu de Jud\u00e1, no de Lev\u00ed\u00ad. Su sacerdocio es diferente del que ofrecen los hijos de Aar\u00f3n. El mensaje es claro: \u00abT\u00fa eres sacerdote eternamente seg\u00fan el orden de Melquisedech.\u00bb (Mt. 22. 42 y  Hebr. 5. 6-10 y 7. 17)<\/p>\n<p>     El sacerdocio de Cristo, desde la perspectiva b\u00ed\u00adblica (Hebr. 3. 1. y 4. 14 y ss) ha sido insistentemente visto, comentado y profundizado desde los primeros momentos cristianos.<\/p>\n<p>    En ese sacerdocio se fundar\u00e1 el sacerdocio bautismal de todos los creyentes y el particularmente ministerial de quienes son llamados al servicio de los hermanos.<\/p>\n<p>     El principal efecto de ese sacerdocio de Cristo es que El se convierte en mediador, y mediador \u00fanico, entre los hombres y Dios y entre Dios y los hombres. Lleva a Dios las necesidades humanas. Trae a los hombres la plenitud de los mensajes de Dios.<\/p>\n<p>     Por eso se llama Redentor a Cristo, el Pont\u00ed\u00adfice de nuestra salvaci\u00f3n, el mediador, el camino, la ocasi\u00f3n del encuentro. La redenci\u00f3n es una plataforma de mediaci\u00f3n y por eso la humanidad queda infinitamente enriquecida.<\/p>\n<p>    3. Dogma de la redenci\u00f3n<br \/>\n    Es dogma central del cristianismo y expresa la intervenci\u00f3n de Dios en favor de los hombres perdidos por el pecado. Ellos no pod\u00ed\u00adan salir del estado dependiente y servil en que el pecado les ten\u00ed\u00ada hundidos. Dios interviene para devolver a los hombres la condici\u00f3n primera que tuvieron. Al decir eso, sugerimos con m\u00e1s o menos claridad: Dios se encarna, Dios se hace hombre, Dios se empe\u00f1a por amor en salvar.<\/p>\n<p>    3.1. Naturaleza del dogma<br \/>\n    La doctrina de la Iglesia es clara y sencilla. Cristo es nuestro redentor por medio de su muerte. Creemos firmemente que nuestro pecado se destruye por los m\u00e9ritos de su acci\u00f3n salvadora.<\/p>\n<p>    La redenci\u00f3n consiste en el perd\u00f3n, que es destrucci\u00f3n o aniquilaci\u00f3n y no s\u00f3lo olvido o no imputaci\u00f3n del pecado.<\/p>\n<p>    Se logr\u00f3 por medio de la muerte de Jes\u00fas, a quien llamamos por ello con toda propiedad nuestro Salvador y el Redentor del g\u00e9nero humano.<\/p>\n<p>    En la Teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica se ha insistido, quiz\u00e1s demasiado, en los aspectos jur\u00ed\u00addicos de la redenci\u00f3n. Se ha mirado el acto redentor como el pago de un rescate destinado a satisfacer a Dios. Como si Dios estuviera ofendido al estilo humano y s\u00f3lo pudiera perdonar al ofensor por medio de un desagravio o satisfacci\u00f3n. Se habla a la manera de los legisladores terrenos, que hacen leyes, exigen su cumplimiento y, si se quebrantan, reclaman reparaci\u00f3n. La justicia es reparar la ley, que es sagrada.<\/p>\n<p>    Pero evidentemente esta traslocaci\u00f3n de conceptos a Dios no es v\u00e1lida del todo. Dios, como Ser Supremo, est\u00e1 mucho m\u00e1s all\u00e1 de las ofensas de sus criaturas: ni se ofende como los hombres ni necesita reparaciones como ellos. Sin embargo, hay pecado, ofensa, perd\u00f3n y satisfacci\u00f3n. El c\u00f3mo se dan se halla en el alma del misterio.<\/p>\n<p>    Ese misterio precisa nuestros lenguajes humanos para ser expresado y entendido. Pero no se reduce a ellos.<\/p>\n<p>    La Teolog\u00ed\u00ada m\u00e1s reciente se siente inclinada a admirarse del misterio redentor m\u00e1s que a explicarlo. Lo asume, pues Dios lo ha revelado. Pero no se empe\u00f1an ya los te\u00f3logos en explicar lo inexplicable ni en asimilar a las categor\u00ed\u00adas humanas lo que transciende los usos del mundo legal de los hombres.<\/p>\n<p>    La correcta interpretaci\u00f3n debe ser mucho m\u00e1s din\u00e1mica. Dios supera el misterio del mal ofreciendo amorosamente al hombre el camino del bien. Hace gestos significativos ante el hombre, que es d\u00e9bil por ser criatura. Centra esos gestos en el amor total, para que el hombre responda con el mayor amor de que se capaz.<\/p>\n<p>    Por eso la Iglesia cat\u00f3lica canta gozosa en la liturgia pascual, en recuerdo de la muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo victorioso, que es el triunfo sobre el pecado y la muerte efecto del pecado: \u00abCon su muerte destruy\u00f3 nuestra muerte y con su resurrecci\u00f3n nos dio nueva vida, pues nos salv\u00f3 del pecado.\u00bb (Liturgia pascual)<\/p>\n<p>    La Teolog\u00ed\u00ada din\u00e1mica suele preferir una visi\u00f3n de la redenci\u00f3n al estilo de una recreaci\u00f3n (segunda creaci\u00f3n) y de una liberaci\u00f3n. Dios, misericordioso, vuelve a crear a los hombres en gracia, como en la primera creaci\u00f3n Dios poderoso los cre\u00f3 en vida.<\/p>\n<p>    No es que se niegue el pecado original, del cual se debe obtener el perd\u00f3n, y los pecados personales, que renuevan e incrementan el estado de enemistad del pecado original.<\/p>\n<p>    Pero es preferible mirar a Dios como alguien superior, a quien las ofensas no le disminuyen la capacidad de amor misericordioso, que es la vertiente por la que los hombres llegamos mejor a El.<\/p>\n<p>   3.2. Elementos del Dogma<br \/>\n    Si creemos en la Redenci\u00f3n en general y que ya no hay pecado para quien entra en el \u00e1mbito de la misericordia, tambi\u00e9n creemos en la libertad del hombre para aceptar y rechazar la justificaci\u00f3n y el perd\u00f3n.<\/p>\n<p>    Es preciso aceptar esta verdad como dogma y entender que es algo muy diferente de un perd\u00f3n general o indiferenciado. Jes\u00fas obtiene el perd\u00f3n para cada ser humano. Cada uno es libre de aplic\u00e1rselo o no. La dimensi\u00f3n corporativa, \u00abeclesial\u00bb, de la redenci\u00f3n, no puede eclipsar los aspectos singulares, personales, individuales.<\/p>\n<p>    Eso es lo que San Pablo tiene en mente cuando alega que \u00abalgo falta a la pasi\u00f3n de Cristo\u00bb (1 Cor. 3. 15; 2 Cor. 4. 10; Filip. 4. 12; 1 Tim. 5. 16).<\/p>\n<p>    Es tambi\u00e9n lo que S. Agust\u00ed\u00adn comenta en sus Confesiones: \u00abDios que te creo sin ti, no te salvar\u00e1 sin ti.\u00bb<br \/>\n    3.2.1. Ten\u00ed\u00ada que morir.<\/p>\n<p>    En la actual econom\u00ed\u00ada de la salvaci\u00f3n, la Redenci\u00f3n se halla vinculada de la pasi\u00f3n y muerte de Jes\u00fas. Jes\u00fas vino al mundo para salvar a los hombres de su pecado y para salvarlos muriendo por propia voluntad.<\/p>\n<p>    No s\u00f3lo vino a destruir el pecado original, que a todos los hombres afect\u00f3 por la desobediencia del primer hombre. Vino a salvar de todos los pecados personales de los hombres.<\/p>\n<p>    Pudo realizar la liberaci\u00f3n de muchos modos. Pero eligi\u00f3 la expresi\u00f3n m\u00e1s significativa del amor, la entrega de la vida. \u00abNadie tiene amor m\u00e1s grande que el que da la vida por los amigos\u00bb (Jn. 10. 18; Jn. 11.26).<\/p>\n<p>    Esa forma ser\u00ed\u00ada el signo del amor. Todos encontrar\u00ed\u00adan en ella el gesto del amor total, la abundancia de la gracia que iba a proporcionar, la soluci\u00f3n a los males y debilidades que llevan a la muerte. Siempre Jes\u00fas hablaba a sus seguidores con la esperanza de que la salvaci\u00f3n llegar\u00ed\u00ada al final para todos.<\/p>\n<p>    Les dec\u00ed\u00ada que era El quien iba a preparar los caminos del amor a Dios. \u00abEn la casa de mi Padre hay muchas moradas. Si no fuera as\u00ed\u00ad, yo os lo hubiera dicho desde el principio. Yo ahora voy a prepararos el lugar. Despu\u00e9s volver\u00e9 a vosotros y os llevar\u00e9 conmigo, para que donde yo estoy tambi\u00e9n est\u00e9is vosotros para siempre.\u00bb (Jn. 14. 2-4)<\/p>\n<p>    3.2.2  La voluntad divina.<\/p>\n<p>    Jes\u00fas prepar\u00f3 a sus seguidores para que entendieran lo que exist\u00ed\u00ada detr\u00e1s de esta decisi\u00f3n moral y real. Les dec\u00ed\u00ada que el precio iba a ser alto y cruento. El sab\u00ed\u00ada a d\u00f3nde se encaminaba y lo que iba a suceder. Sab\u00ed\u00ada la raz\u00f3n \u00faltima de su muerte y lo que dec\u00ed\u00adan las Escrituras sobre ella. Estaba dispuesto, con libertad, a que se cumplieran.<\/p>\n<p>    De las Escrituras y de los Profetas se hac\u00ed\u00ada eco en sus predicaciones y en sus mensajes. Hasta mostraba intenso deseo de que se cumplieran, pues sab\u00ed\u00ada que expresaban la voluntad misteriosa del Padre del cielo.<\/p>\n<p>    Todo esto escapa a nuestra comprensi\u00f3n humana. Aqu\u00ed\u00ad radica el misterio y lo que los cristianos deben asumir sin empe\u00f1arse en comprender.<\/p>\n<p>    Por eso dec\u00ed\u00ada con firme convicci\u00f3n: \u00abCon un bautismo de sangre tengo que ser bautizado. \u00c2\u00a1C\u00f3mo tengo en vilo mi coraz\u00f3n hasta que lo vea cumplido del todo!\u00bb (Lc. 12. 50) Tambi\u00e9n dec\u00ed\u00ada: \u00abNadie me quita la vida, son due\u00f1o de darla y recobrarla\u00bb (Jn.5.24)<\/p>\n<p>    Tambi\u00e9n dec\u00ed\u00ada, aludiendo al g\u00e9nero de muerte que present\u00ed\u00ada pr\u00f3xima, que iba a ser voluntaria, redentora, ventajosa; es decir, querida y aceptada para recuperar a los que se hab\u00ed\u00adan perdido por el pecado; y preparada para iluminar la mente de los que estaban en poder del mal: \u00abCuando levant\u00e9is en alto al Hijo del hombre, entonces reconocer\u00e9is qui\u00e9n soy yo. Entonces ver\u00e9is que nada de lo que hago sale de m\u00ed\u00ad, sino que todo lo que ense\u00f1o lo aprend\u00ed\u00ad del Padre.\u00bb (Jn. 8. 28)<\/p>\n<p>    3. 3. Alcance del misterio<br \/>\n    La muerte de Jes\u00fas no fue una fatalidad o una casualidad. Es decir, ni era algo obligado y resultado de una fuerza ciega que rompiera la libertad de Jes\u00fas, ni sucedi\u00f3 por azar irremediable. Todos los que intervinieron en esa muerte fueron personas libres. Aunque no entendamos c\u00f3mo, pudieron evitar lo que hicieron, pues lo hicieron porque quisieron; del mismo modo que Jes\u00fas fue libre al aceptar lo que acept\u00f3.<\/p>\n<p>    En la Carta a los Hebreos, en donde se recoge el pensamiento inspirado en S. Pablo, se dir\u00ed\u00ada m\u00e1s tarde en nombre de Jes\u00fas: \u00abAl entrar en este mundo dice Cristo: T\u00fa no has querido ofrendas y sacrificios. Por eso me has formado un cuerpo&#8230;. Y, como no quieres holocaustos ni v\u00ed\u00adctimas expiatorias, vengo yo para hacer tu voluntad.\u00bb (Hebr. 10 4-7)<\/p>\n<p>    Pero tambi\u00e9n fueron libres los que intervinieron en el proceso que llev\u00f3 a Jes\u00fas a la muerte.<\/p>\n<p>    Cuantos rechazaron, insultaron, condenaron, maldijeron y fueron causa de que el Justo sufriera fueron libres en sus hechos, no ciegos cumplidores de un destino preanunciado.<\/p>\n<p>    No solamente fueron ellos causa del sufrimiento de Jes\u00fas. Los que llevaron a Jes\u00fas a la cruz fuimos todos los pecadores. Si, en tiempos antiguos, se despert\u00f3 cierta aversi\u00f3n hacia el pueblo jud\u00ed\u00ado por haber sido el promotor de la muerte del Se\u00f1or, este sentimiento es injustificado.<\/p>\n<p>    El Concilio Vaticano II rechaz\u00f3 esas malas interpretaciones hist\u00f3ricas: \u00abLa Iglesia, que rechaza cualquier persecuci\u00f3n contra los hombres, deplora los odios, persecuciones y manifestaciones de antisemitismo de cualquier tiempo y persona\u00bb. (Nostra Aetate. 4)<\/p>\n<p>    La Iglesia recuerda que Jes\u00fas muri\u00f3 a causa de los pecados de todos los hombres. Todos fuimos causa de su pasi\u00f3n y muerte. Las actitudes hist\u00f3ricas contrarias no responden a la realidad teol\u00f3gica ni b\u00ed\u00adblica de la muerte el Se\u00f1or ante el rechazo del pueblo de Israel. Ni han tenido sentido en ning\u00fan momento de la historia ni lo tienen hoy. Es m\u00e1s, se oponen frontalmente a la visi\u00f3n cristiana del misterio redentor.<\/p>\n<p>   4. Rasgos de la redenci\u00f3n<br \/>\n    El m\u00e1s entra\u00f1able y emocionante de las verdades cristianas es la \u00abMuerte y la Pasi\u00f3n del Se\u00f1or\u00bb. Ni la sublimidad de la Trinidad santa de Dios, ni la ternura del Nacimiento y de la Encarnaci\u00f3n, ni la belleza de la Iglesia como Cuerpo M\u00ed\u00adstico de Jes\u00fas, nos conmueve tanto como el misterio de un Dios hecho hombre, despreciado por su pueblo, colgado de una cruz y encerrado en un sepulcro.<\/p>\n<p>    Esa verdad rompe todos los esquemas de la naturaleza y eleva la mente al misterio incomprensible de la cruz, sobre todo si el pensamiento se sit\u00faa en la perspectiva de los profetas que anunciaron tan portentosa realidad.<\/p>\n<p>    Por eso podemos indicar tres rasgos desafiantes de este misterio de la Redenci\u00f3n por medio de la Pasi\u00f3n del Hijo de Dios.<\/p>\n<p>    4.1. Misteriosa y desconcertante<br \/>\n    Fue una misteriosa voluntad de Dios la que llev\u00f3 a Jes\u00fas a la cruz. Por eso hablamos de misterio. \u00abResulta esc\u00e1ndalo para los jud\u00ed\u00ados y necedad para los gentiles.\u00bb (1. Cor 1. 23: Gal. 5. 11).<\/p>\n<p>    No podemos comprender c\u00f3mo, pudiendo Dios elegir otros caminos salvadores, determin\u00f3 que su Hijo amado, el hombre Jes\u00fas en quien se hab\u00ed\u00ada encarnado, pasara por la muerte de cruz.<\/p>\n<p>    Se entreg\u00f3 a esa muerte para salvar a los que se hab\u00ed\u00adan perdido. Es misteriosa esa realidad, pero tenemos que aceptarlo con humildad y agradecimiento, aunque nuestra mente no llegue a comprenderlo.<\/p>\n<p>    4.2. Libre y voluntaria.<\/p>\n<p>    Lo m\u00e1s emocionante de esa muerte redentora es la libertad y la conciencia que Jes\u00fas pose\u00ed\u00ada para hacer lo que hac\u00ed\u00ada. \u00abEl Padre me ama porque yo voy a entregar mi vida, aunque luego voy a recuperarla. Nadie tiene poder para quit\u00e1rmela. Soy yo el que la voy a dar libremente. Tengo poder para darla y poder para recuperarla. Esta es la misi\u00f3n que debo cumplir por encargo de mi Padre\u00bb. (Jn 10. 17-18)<\/p>\n<p>    El que fuera libre, no quiere decir que no fuera real. Jes\u00fas, como hombre, temi\u00f3 tremendamente el dolor y la muerte. Pero lo acept\u00f3, orando en medio de angustia indecible:<\/p>\n<p>    \u00abSi es posible, Padre, aparta de m\u00ed\u00ad este c\u00e1liz; pero que no se haga mi voluntad sino la tuya\u00bb. (Luc. 22.42)<\/p>\n<p>    4.3. Suficiente y universal.<\/p>\n<p>    Jes\u00fas sab\u00ed\u00ada que su muerte resultar\u00ed\u00ada im\u00e1n para que todos se sintieran atra\u00ed\u00addos hacia El. Se le entregar\u00ed\u00adan los que le amaban y segu\u00ed\u00adan y recordar\u00ed\u00ada con sorpresa que se lo hab\u00ed\u00ada predicho.<\/p>\n<p>    Pero, tambi\u00e9n muchos que le desconoc\u00ed\u00adan se sentir\u00ed\u00adan arrastrados por el misterio de su amor y orientar\u00ed\u00adan sus vidas por sus caminos de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    Por eso dec\u00ed\u00ada tambi\u00e9n palabras de consuelo, con estilo de profec\u00ed\u00ada: \u00abCuando sea levantado en alto, entonces atraer\u00e9 hacia m\u00ed\u00ad todas las cosas de la tierra\u00bb. (Jn 12. 32)<\/p>\n<p>    5. Ascesis y Redenci\u00f3n<br \/>\n    La Redenci\u00f3n supone en el creyente una sorpresa inmensa y un compromiso transformante. Ella recrea en el ser humano todo el dinamismo que Dios ha querido establecer para que los creyentes colaboren de una forma activa en el plan de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    A partir de la muerte de Jes\u00fas de Nazareth, la cruz se convierte en s\u00ed\u00admbolo para los seguidores de Cristo, que ven en ella un signo de liberaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    Por ello veneran la cruz, especialmente el Viernes Santo, la llevan sobre su pecho con frecuencia, la sit\u00faan en los lugares de culto (iglesias) y en sus hogares, y a veces en sitios muy visibles, como en las cimas de algunas monta\u00f1as.<\/p>\n<p>    En recuerdo de este misterio hacen m\u00faltiples veces sobre s\u00ed\u00ad mismos y sobre las personas y las cosas la se\u00f1al de la cruz diciendo: \u00abEn el nombre del Padre, del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo.\u00bb Con el signo de la cruz han fabricado su historia y han iluminado su convivencia 5.1. En la Liturgia<br \/>\n    Especial recuerdo existe en todos los creyentes los d\u00ed\u00adas que conocieron la muerte de Jes\u00fas en la cruz. Llaman \u00abSemana Santa\u00bb a esas jornadas dolorosas y gozosas en cada a\u00f1o conmemoran los acontecimientos de la salvaci\u00f3n.<br \/>\n  *  El Domingo de Ramos recuerda la entrada de Jes\u00fas en la ciudad santa de Jerusal\u00e9n.<\/p>\n<p> * Se entristecen con la despedida del Se\u00f1or el Jueves Santo y popularmente lo llaman el \u00abd\u00ed\u00ada del amor\u00bb.<\/p>\n<p> * Y se llenan de fervor impresionado el Viernes Santo que es el d\u00ed\u00ada en que Jes\u00fas sinti\u00f3 los dolores de su Pasi\u00f3n y de su Muerte.<\/p>\n<p>    La \u00abcuaresma\u00bb es el tiempo de cuarenta d\u00ed\u00adas en el que se preparan a esas conmemoraciones, en donde desarrollan sus sentimientos de penitencia y de arrepentimiento por sus pecados, que tales sufrimientos causaron a su Salvador. No es un recuerdo hist\u00f3rico, sino una celebraci\u00f3n viva e \u00ed\u00adntima, una renovaci\u00f3n espiritual.<\/p>\n<p>     Cada vez que los cristianos se juntan para recordar la muerte salvadora de Jes\u00fas, el mismo Se\u00f1or se hace presente en medio de ellos a trav\u00e9s de la conciencia y de la vida.<\/p>\n<p>     Han pasado los tiempos en que se consideraba al Procurador romano Poncio Pilato o al Sanedr\u00ed\u00adn jud\u00ed\u00ado los art\u00ed\u00adfices de la pasi\u00f3n y de la condena de Jes\u00fas. Si Jes\u00fas fue rechazado por las autoridades de su pueblo y fue martirizado por la crueldad de los romanos, no es menos cierto que son los pecadores los verdaderos asesinos del Justo Salvador de los hombres.<\/p>\n<p>     La muerte y la pasi\u00f3n del Se\u00f1or es un acto que compromete a todos los hombres, cualquiera que sea su raza y su situaci\u00f3n. Jes\u00fas muri\u00f3 por todos los hombres, no s\u00f3lo por los cristianos. Y fueron los pecados de todos los hombres los que aportaron la causa de sus sufrimientos. Cristo reconcilia con su muerte heroica a los hombres con Dios y hace de intermediario ante el Padre en el perd\u00f3n.<\/p>\n<p>     Por eso, el hecho hist\u00f3rico de mediar como \u00abPont\u00ed\u00adfice\u00bb entre el cielo y la tierra transciende al pueblo jud\u00ed\u00ado y el oscuro rinc\u00f3n de Judea o del a\u00f1o concreto en que acontece y se abre ecum\u00e9nicamente a la humanidad entera.<\/p>\n<p>    La historia de la Salvaci\u00f3n de los hombres no ha terminado ni terminar\u00e1 nunca. Se inicia cada vez que un hombre se aparta de Dios y vuelve a sentir el deseo de volver a la casa del Padre por medio del arrepentimiento. Es el car\u00e1cter vivo e interminable del Sacrificio de Cristo que sigue sufriendo por los hombres.<\/p>\n<p>    6. Catequesis de la Redenci\u00f3n<br \/>\n    El primer principio de una buena catequesis sobre la Redenci\u00f3n es reconocer  su car\u00e1cter misterioso. Hay que saber presentar tal misterio en el orden hist\u00f3rico, en su dimensi\u00f3n teol\u00f3gica y su referencia personal.<\/p>\n<p>    Y hay que presentarlo con serenidad, sin patetismos espectaculares, pero tambi\u00e9n con el calor humano compatible con la m\u00e1s rigurosa frialdad conceptual. Estudiar el misterio de la Redenci\u00f3n, y repasar la vida redentora y la muerte salvadora de Jes\u00fas, nos debe llenar de gozo y de esperanza, no s\u00f3lo de pena y de desconcierto, pues Cristo nos ha limpiado del pecado y nos ha hecho recuperar nuestra primera condici\u00f3n de Hijos de Dios.<\/p>\n<p>    S\u00f3lo en el amor est\u00e1 la explicaci\u00f3n de la vida y muerte de Jes\u00fas. S\u00f3lo la respuesta del amor nos puede salvar de nuestros pecados. S\u00f3lo el amor nos puede abrir los ojos a lo que Jes\u00fas representa en nuestra vida personal y colectiva.<\/p>\n<p>    Supuesto este principio, podemos condensar determinadas consignas o l\u00ed\u00adneas de acci\u00f3n en la presentaci\u00f3n del misterio redentor.<\/p>\n<p>    6.1. Asumir el misterio<br \/>\n    Implica superar los simples relatos de la pasi\u00f3n. En la medida en que cada persona, edad o situaci\u00f3n lo hacen posible, hay que ver en el misterio de la muerte y de la pasi\u00f3n de Jes\u00fas el desaf\u00ed\u00ado personal del perd\u00f3n.<\/p>\n<p>    Si el dolor nos deja a veces desconcertados por la crueldad de los verdugos, hay que ver lo hay detr\u00e1s del hecho del dolor: el pecado y el perd\u00f3n.<\/p>\n<p>    Se debe insistir m\u00e1s en esto que en lo espectacular de la pasi\u00f3n, costumbre en otros tiempos pastorales en los que se trataba de flagelar la sensibilidad del oyente m\u00e1s que de penetrar la grandeza del misterio teol\u00f3gico.<\/p>\n<p>    S\u00f3lo en la realidad incomprensible del misterio encontramos consuelo y explicaci\u00f3n a todos los dolores que nos acechan en la vida y a los que tantas veces buscamos con angustia explicaci\u00f3n sin hallarla por nuestros medios solos.<\/p>\n<p>   6.2. Protagonismo de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>   En el drama de la pasi\u00f3n no todos los personajes son iguales. No se debe limitar su presentaci\u00f3n a una \u00abdramatizaci\u00f3n sin m\u00e1s\u00bb. Detr\u00e1s del drama, est\u00e1 el hechos teol\u00f3gico del perd\u00f3n.<\/p>\n<p>   Jes\u00fas se ofreci\u00f3 a s\u00ed\u00ad mismo a la muerte de cruz para salvar a todos los hombres. Los hombres se hab\u00ed\u00adan alejado del amor de Dios por el pecado. Hab\u00ed\u00ada necesidad de un salvador que recuperara a los hombres de error.<\/p>\n<p>   El misterio de la Redenci\u00f3n presenta la raz\u00f3n profunda por la que era necesario que el mismo Dios nos rescatara del poder del mal. Y el relato de la pasi\u00f3n de Jes\u00fas nos indica c\u00f3mo Cristo se ofreci\u00f3 a la muerte y nos limpi\u00f3 de los pecados y nos libr\u00f3 del poder del mal y de la muerte.<\/p>\n<p>   Por eso Jes\u00fas ten\u00ed\u00ada que venir al mundo. Hay que relacionar estrechamente redenci\u00f3n y encarnaci\u00f3n.<\/p>\n<p>   Estudiar el misterio de la Redenci\u00f3n, y el repasar la vida redentora y la muerte salvadora de Jes\u00fas, nos debe llenar de gozo y de esperanza. S\u00f3lo el amor es la explicaci\u00f3n de la vida y muerte de Jes\u00fas, desde su nacimiento a su final. S\u00f3lo el amor nos puede salvar de nuestros pecados. S\u00f3lo el amor nos puede abrir los ojos a lo que Jes\u00fas representa en nuestra vida personal y colectiva.<\/p>\n<p>   6.3. Profundizar no humanizar<\/p>\n<p>   Es importante en la catequesis unir el concepto de redenci\u00f3n con el proceso de la pasi\u00f3n de Jes\u00fas. Se corre el riesgo de quedarse en ideas abstractas de justificaci\u00f3n y redenci\u00f3n y no alcanzar la realidad humana del dolor de Jes\u00fas. En catequesis es preciso personalizar.<\/p>\n<p>   6.4 Dimensi\u00f3n evang\u00e9lica.<\/p>\n<p>   Es bueno recordar que los textos evang\u00e9licos son los mejores modos de presentar la redenci\u00f3n, desde la perspectiva de la pasi\u00f3n.<\/p>\n<p>   &#8211; Con su realismo, ayuda a comprender serenamente la realidad.<br \/>\n   &#8211; Con su profetismo, sit\u00faan el hecho redentor en el contexto de toda la historia de la salvaci\u00f3n<br \/>\n   &#8211; Con su sobriedad, alejan de patetismos innecesarios y ayudan a clarificar las ideas y a serenas los sentimientos.<br \/>\n   &#8211; Con su serenidad, contribuyen a orientar la piedad de los que los exploran y ahondan suficientemente.<br \/>\n   &#8211; y con su cristocentrismo esencial sit\u00faan la figura y la persona de Jes\u00fas en la posici\u00f3n exacta en la que debe estar, que es la de ser protagonista \u00fanico del acto redentor.<\/p>\n<p>   El catequista hace bien en centrarse preferentemente en los textos evang\u00e9licos, en no decir m\u00e1s de lo que ellos dicen y en ayudar al catequizando a captar el mensaje maravilloso que estos textos encierran.<\/p>\n<p>  6.5. Catequesis objetiva.<\/p>\n<p>   Se debe tender a superar la dimensi\u00f3n egoc\u00e9ntrica de la redenci\u00f3n. Es importante ense\u00f1ar a aplicar a los dem\u00e1s las consecuencias del hecho redentor: arrepentimiento, perd\u00f3n, penitencia, conversi\u00f3n. etc.<\/p>\n<p>   Las experiencias humanas pueden ayudar a los ni\u00f1os a retener los hechos, a los preadolescentes o comprender las motivaciones, a los adultos a profundizar este misterio en s\u00ed\u00ad mismo, aunque para todos sea inalcanzable e incomprensible.<\/p>\n<p>   6.6. Dimensi\u00f3n pr\u00e1ctica.<\/p>\n<p>   Es bueno tambi\u00e9n relacionar la redenci\u00f3n y la muerte dolorosa de Jes\u00fas con los hechos de vida que a veces suelen reclamar alguna explicaci\u00f3n y ante los que el hombre se encuentra desconcertado.<\/p>\n<p>     &#8211; Es esperanzador, a la luz del misterio redentor, explicar el misterio de la muerte humana y responder a la pregunta de por qu\u00e9 Dios permite los dolores, los accidentes, las desgracias, etc.<br \/>\n     &#8211; Es consolador conocer a un enfermo, desahuciado por los m\u00e9dicos, y saber que es capaz de asociar sus dolores a los de Cristo, ofreci\u00e9ndolos a Dios por la salvaci\u00f3n del mundo.<br \/>\n     &#8211; Es dulce ayudar a alguien extraviado a reencontrar el sentido a sus vida y ver en el crucifijo una raz\u00f3n para volver al buen camino.<br \/>\n     &#8211; Es emocionante haber perdido un ser querido y ser capaz de ofrecer a Dios su ausencia por amor a Cristo.<br \/>\n     &#8211; Es maravilloso haber sufrido un fracaso y ofrecer a Dios los desenga\u00f1os y las frustraciones.<\/p>\n<p>    Estas experiencias y otras similares pueden hacer de la catequesis de la Redenci\u00f3n algo vivo,  cercano,  personalizado y asequible a todas las edades.<\/p>\n<p>    Comparar las actitudes buenas con las malas, los sentimientos nobles con los ruines, los gestos hostiles con los generosos, puede ser un buen camino para entender en la pr\u00e1ctica lo que hay detr\u00e1s de las transformaci\u00f3n del mundo por la Redenci\u00f3n de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>  Por ejemplo, se puede hacer una colecci\u00f3n de \u00abblasfemias antirredentoras\u00bb como: \u00abEl que la hace la paga\u00bb; \u00abNo hay perd\u00f3n para el enemigo\u00bb; \u00abOjo por ojo y diente por diente\u00bb; \u00abO venganza o muerte, es nuestra ley\u00bb, etc.<\/p>\n<p>  Y se puede comparar con otra lista de actitudes engendradas a la sombra de la Cruz: \u00abHaz bien sin mirar a quien\u00bb; \u00abPerdona a todos, aunque te equivoques\u00bb; \u00abVale m\u00e1s dar sin recibir, que recibir sin dar\u00bb; \u00abNo hay que tomarse la justicia por propia cuenta\u00bb, etc.<\/p>\n<p>   El mensaje de la Redenci\u00f3n ense\u00f1a a reemplazar unas por la por otras. Lo que vemos entre los hombres ayuda a veces a descubrir lo que late detr\u00e1s del perd\u00f3n de Dios.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>Dios libera a su Pueblo<\/p>\n<p>\tLa \u00abredenci\u00f3n\u00bb es la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica por la cual Dios \u00ablibera\u00bb a su pueblo de la esclavitud de Egipto, de las vicisitudes de la historia, del pecado y de la muerte. Dios se hace \u00abgoel\u00bb (redentor, que rescata) y garante de este liberaci\u00f3n, \u00abpagando\u00bb (como esposo enamorado) para liberar a su pueblo, con el que ha establecido una Alianza o pacto de amor, que ser\u00e1 el punto de referencia de toda la historia de salvaci\u00f3n. Los profetas y los salmos sostendr\u00e1n la esperanza en una liberaci\u00f3n definitiva (cfr. Is 52,9-10; Jer 31,33-34; Ez 36,25-36)<\/p>\n<p>\tJes\u00fas nuestro Redentor<\/p>\n<p>\tJes\u00fas es \u00abredentor\u00bb, es decir, \u00abliberador de su pueblo\u00bb (Lc 1,68), al que \u00abha comprado\u00bb o \u00abadquirido\u00bb a \u00abprecio\u00bb de su vida donada, \u00aba precio de su sangre\u00bb (1Pe 1,18-19; Hech 20,28). \u00abEn \u00e9l tenemos la redenci\u00f3n por medio de su sangre\u00bb (Ef 1,7). Es redenci\u00f3n que se hace \u00abjustificaci\u00f3n\u00bb y \u00abreconciliaci\u00f3n\u00bb. La redenci\u00f3n la realiza Jes\u00fas con su vida, su muerte y su resurrecci\u00f3n, asumiendo los pecados de la humanidad entera como si fueran propios. \u00abToda la vida de Cristo es misterio de redenci\u00f3n\u00bb (CEC 517). Por esto se puede decir que \u00absu pasi\u00f3n redentora es la raz\u00f3n de ser de su Encarnaci\u00f3n\u00bb (CEC 607).<\/p>\n<p>\tLa encarnaci\u00f3n del Verbo y la redenci\u00f3n obrada por \u00e9l dejan entender la verdadera salvaci\u00f3n del hombre en toda su integridad, que s\u00f3lo puede realizar quien es Dios y hombre al mismo tiempo, y que ha asumido como propios los pecados de la humanidad. \u00abA quien no conoci\u00f3 pecado, le hizo pecado por nosotros, para que vini\u00e9semos a ser justicia de Dios en \u00e9l\u00bb (2Cor 5,21). Por esto Jes\u00fas ha podido \u00abrescatar\u00bb o redimir con su \u00absangre\u00bb a todos los pueblos (cfr. Apoc 5,9) \u00abconsiguiendo una redenci\u00f3n eterna\u00bb (Heb 9,12). Su resurrecci\u00f3n es prenda de la redenci\u00f3n definitiva o escatol\u00f3gica en el m\u00e1s all\u00e1 (cfr. Rom 8,18-25).<\/p>\n<p>\tJes\u00fas es \u00abnuestra redenci\u00f3n\u00bb (1Cor 1,30), puesto que \u00abcon sus heridas\u00bb hemos sido rescatados (1Pe 2,24). Su entrega en manos del Padre fue \u00abpara redimirnos de toda iniquidad\u00bb (Tit 2,11-14). Jes\u00fas, imagen personal del Padre, con su redenci\u00f3n, ha recuperado para todo hombre el rostro primitivo que hab\u00ed\u00ada sido modelado como imagen e hijo de Dios. \u00abEl que es imagen de Dios invisible (Col 1,15) es tambi\u00e9n el hombre perfecto, que ha devuelto a la descendencia de Ad\u00e1n la semejanza divina, deformada por el primer pecado\u00bb (GS 22). En el preg\u00f3n de la noche de Pascua, recordando el pecado de la humanidad, se canta con audacia \u00abFeliz culpa que ha merecido tal Redentor\u00bb. Dios nos ha comunicado de nuevo la vida divina \u00aben atenci\u00f3n a Cristo Redentor\u00bb (LG 2).<\/p>\n<p>\tRedenci\u00f3n universal<\/p>\n<p>\tJes\u00fas cumple esta misi\u00f3n sin condicionamientos ni fronteras, \u00abpor la vida del mundo\u00bb (Jn 6,51), porque ha venido \u00abpara la redenci\u00f3n de todos\u00bb (Mc 10,48). Su redenci\u00f3n apunta a la salvaci\u00f3n verdadera, integral y plena del ser humano y de toda la humanidad. Es el \u00ab\u00fanico Mediador&#8230; que se entreg\u00f3 a s\u00ed\u00ad mismo para redenci\u00f3n de todos\u00bb (1Tim 2,5-6). El sacrificio redentor de Cristo se convierte en la oblaci\u00f3n de toda la humanidad. Los cristianos son llamados a hacer de toda la humanidad una donaci\u00f3n a Dios y a los hermanos, como \u00abv\u00ed\u00adctima viva, santa, agradable a Dios\u00bb (Rom 12,1).<\/p>\n<p>\tLa redenci\u00f3n realizada por Cristo es don divino y tiene su iniciativa en el mismo Dios que prepara a toda la humanidad para un encuentro con \u00e9l por la fe. La Iglesia es portadora de este mensaje e \u00abinstrumento de la redenci\u00f3n universal\u00bb (LG 9). \u00abSi Cristo se ha unido en cierto modo a todo hombre, la Iglesia, penetrando en lo \u00ed\u00adntimo de este misterio&#8230; vive tambi\u00e9n m\u00e1s profundamente la propia naturaleza y misi\u00f3n&#8230; En efecto, precisamente porque Cristo en su misterio de Redenci\u00f3n se ha unido a ella, la Iglesia debe estar fuertemente unida con todo hombre\u00bb (RH 18).<\/p>\n<p>Referencias Cruz, Encarnaci\u00f3n, historia de salvaci\u00f3n, Jesucristo, liberaci\u00f3n, Misterio pascual, Pascua, reconciliaci\u00f3n, sacrificio, salvaci\u00f3n, sangre.<\/p>\n<p>Lectura de documentos RH; RMi I; CEC 517, 599-623.<\/p>\n<p>Bibliograf\u00ed\u00ada A. BONORA, Redenci\u00f3n, en Nuevo Diccionario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica (Madrid, Paulinas, 1990) 1596-1609; J. ESQUERDA BIFET, Coraz\u00f3n abierto (Barcelona, Balmes, 1984); Idem, Redenci\u00f3n y misi\u00f3n Euntes Docete 37 (1984) 31-64; ST. LYONNET, De peccato et redemptione (Romae, Pont. Inst. Biblico, 1960); L. RICHARD, El misterio de la Redenci\u00f3n (Madrid, Pen\u00ed\u00adnsula, 1966); B SESBOUE, Jesucristo. el \u00fanico mediador. Ensayo sobre la redenci\u00f3n y la salvaci\u00f3n (Salamanca, Secretariado Trinitario, 1990-1993).<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>DJN<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nSUMARIO: 0. Redenci\u00f3n en el Antiguo Testamento. &#8211; 1. Redenci\u00f3n en el Nuevo Testamento. &#8211; 2. Jes\u00fas y la redenci\u00f3n. &#8211; 3. Redenci\u00f3n como juicio. &#8211; 4. Redenci\u00f3n como justicia. &#8211; 5. Redenci\u00f3n como liberaci\u00f3n. &#8211; 6. Redenci\u00f3n como reconciliaci\u00f3n. &#8211; 7. Redenci\u00f3n como salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El t\u00e9rmino redenci\u00f3n es uno de los de mayor contenido teol\u00f3gico de la literatura b\u00ed\u00adblica. El Antiguo Testamento utiliza el vocablo como sin\u00f3nimo de liberaci\u00f3n y salvaci\u00f3n. En la mayor\u00ed\u00ada de las ocasiones la redenci\u00f3n aparece vinculada a una situaci\u00f3n de opresi\u00f3n o cautividad en la que se encuentra sumergido el pueblo. El deseo de liberaci\u00f3n y superaci\u00f3n de las distintas formas de esclavitud y opresi\u00f3n dieron lugar en el Antiguo Testamento al nacimiento de la teolog\u00ed\u00ada de la redenci\u00f3n seg\u00fan la cual Dios estaba detr\u00e1s de la liberaci\u00f3n del pueblo de sus diferentes situaciones de cautividad.<\/p>\n<p>0. Redenci\u00f3n en el Antiguo Testamento<br \/>\nEn el Antiguo Testamento la redenci\u00f3n como rescate forma parte de la acci\u00f3n liberadora de Yahv\u00e9h que tiene sus momentos m\u00e1s destacados en la historia del pueblo hebreo en su liberaci\u00f3n de Egipto (Dt 7,8; 13,6) y en el regreso de los israelitas de la cautividad de Babilonia (Is 35,10; 43,1; 44,22-23; Jer 23,7-8).<\/p>\n<p>En la l\u00ed\u00adnea de la antigua teolog\u00ed\u00ada y experiencia de Israel, que ha descubierto la acci\u00f3n de Dios en unos \u00abjueces\u00bb (pacificadores) nacionales, Jes\u00fas puede y debe presentarse como redentor de la humanidad. En sentido m\u00e1s estricto, redentor es el que compra y libera a un esclavo, pagando por \u00e9l un precio; redimir significa rescatar lo que estaba enajenado (o perdido), pagando por ello lo que es justo. Tanto en el contexto gen\u00e9rico del antiguo oriente, como en el juda\u00ed\u00adsmo antiguo, se llamaba redentor (goel) al que rescataba a los esclavos para devolverles la libertad, especialmente en la fiesta o tiempo del a\u00f1o sab\u00e1tico y o jubilar.<\/p>\n<p>El tema de la redenci\u00f3n y del perd\u00f3n de las deudas (ofensas) nos sit\u00faa en el centro del a\u00f1o de la remisi\u00f3n (sab\u00e1tico) y del jubilar, que se celebraba cada 7 y 49\/50 a\u00f1os. La misma ley exig\u00ed\u00ada que se perdonaran gratuitamente las deudas, de manera que cada israelita alcanzara la libertad y volviera a poseer su heredad, como indican de un modo especial Dt 15 y Lev 25.<\/p>\n<p>1. Redenci\u00f3n en el Nuevo Testamento<br \/>\nEn el Nuevo Testamento el concepto de redenci\u00f3n viene determinado por la figura de Jes\u00fas como el redentor por excelencia, el que asume todos los atributos que el verbo ten\u00ed\u00ada en el Antiguo Testamento y lo convierten en su misi\u00f3n y raz\u00f3n de ser. La redenci\u00f3n es el objeto y la finalidad de la presencia de Jes\u00fas que como Hijo de Dios ha venido a redimir al mundo.<\/p>\n<p>El verbo redimir (en el griego lytroun) y sus derivados aparece en m\u00e1s de una veintena de ocasiones. En casi todas las ocasiones el verbo aparece como sin\u00f3nimo de salvaci\u00f3n y siempre vinculado a la persona de Jesucristo como el prototipo de redentor y el portador de su contenido. De manera especial la muerte y resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas son el punto central de la redenci\u00f3n dando el verdadero sentido y significado al t\u00e9rmino. Jes\u00fas muere y con su muerte redime -rescata, libera, salva- a todo el g\u00e9nero humano. Esta nueva concepci\u00f3n de la redenci\u00f3n da lugar a la teolog\u00ed\u00ada de la redenci\u00f3n cristiana que supera la fase humana de la redenci\u00f3n propia del Antiguo Testamento, para convertirse en el punto central y vital de la teolog\u00ed\u00ada del Nuevo Testamento. La redenci\u00f3n de Jes\u00fas tiene lugar a trav\u00e9s de su pasi\u00f3n, muerte y resurrecci\u00f3n. Esto hace que a trav\u00e9s de su muerte el t\u00e9rmino redenci\u00f3n adquiera un sentido m\u00e1s personalista, y definitivo ya que la redenci\u00f3n, tras la muerte de Jes\u00fas, tiene car\u00e1cter de eternidad. La redenci\u00f3n es definitiva y perpetua.<\/p>\n<p>Jes\u00fas entrega su vida en rescate y por su muerte nosotros alcanzamos esa redenci\u00f3n (Ef 1,7). Porque nos ha rescatado quedamos libres de todos nuestros pecados (Tit 2,14) porque para eso muri\u00f3 por nosotros (1Tim 2,6). El caso es que la redenci\u00f3n de Jes\u00fas es el eje de su vida y la raz\u00f3n de ser de su existencia. Redenci\u00f3n y perd\u00f3n de los pecados pasan a ser teol\u00f3gicamente sin\u00f3nimos a la luz de la figura de Jes\u00fas. Y su redenci\u00f3n es una liberaci\u00f3n personal de cada uno de nosotros y de todos en general.<\/p>\n<p>El concepto de redenci\u00f3n del Antiguo Testamento ten\u00ed\u00ada un sentido colectivo. La redenci\u00f3n venida directamente de Dios que, a trav\u00e9s de un liberador, redim\u00ed\u00ada a su pueblo como colectividad. Por el contrario, la redenci\u00f3n del Nuevo Testamento mantiene el sentido colectivo de redenci\u00f3n de todo el g\u00e9nero humano pero adquiere un sentido m\u00e1s personalista e individual a trav\u00e9s de la figura de Jes\u00fas que entrega su vida en rescate por cada uno de nosotros de forma individual y por quien son perdonados nuestros pecados, tambi\u00e9n de manera personal. La redenci\u00f3n del Antiguo Testamento era el mejor sin\u00f3nimo de la liberaci\u00f3n colectiva. La aportaci\u00f3n de Jes\u00fas a trav\u00e9s de los escritos del Nuevo Testamento convierte esta redenci\u00f3n-liberaci\u00f3n en redenci\u00f3n-salvaci\u00f3n de forma personal.<\/p>\n<p>2. Jes\u00fas y la redenci\u00f3n<br \/>\nLa figura de Jes\u00fas reflejada a trav\u00e9s de los escritos del Nuevo Testamento nos permite establecer cinco categor\u00ed\u00adas vinculadas a la redenci\u00f3n en las que su figura es centro y su mensaje objeto que nos permiten caracterizarlo. Juicio, redenci\u00f3n, liberaci\u00f3n, reconciliaci\u00f3n y salvaci\u00f3n son las cinco categor\u00ed\u00adas redentoras que ocupan desde hace alg\u00fan tiempo la atenci\u00f3n de los exegetas. Es evidente que no podemos precisar todos los matices, ni plantear los argumentos como se merecen, pero ofrecemos un esquema de conjunto, que servir\u00e1 de fondo teol\u00f3gico sobre el que viene a situarse el don y exigencia de la redenci\u00f3n dentro de la Iglesia. Como seguidores de Jes\u00fas, debemos actualizar su figura de redentor, transformando as\u00ed\u00ad el modelo del juicio en camino de redenci\u00f3n-liberaci\u00f3n que lleva a la salvaci\u00f3n definitiva, es decir, a la experiencia de la gratuidad y de la vida compartida en la Iglesia -como se pone de manifiesto en la declaraci\u00f3n de la Congregaci\u00f3n para la Doctrina de la Fe, Libertad cristiana y liberaci\u00f3n (1986), la Enc\u00ed\u00adclica de Juan Pablo II, Redemptor Hominis (1979) y el texto del Comit\u00e9 para el Jubileo del a\u00f1o 200, Jesucristo, Salvador del mundo (1997).<\/p>\n<p>3. Redenci\u00f3n como juicio<br \/>\nLa ex\u00e9gesis de los \u00faltimos decenios sigue manteniendo una fuerte controversia en torno al car\u00e1cter judicial o no judicial del mensaje y vida de Jes\u00fas. Se ha dicho y se sigue diciendo que el ministro del Sacramento del Perd\u00f3n act\u00faa como juez, en representaci\u00f3n del Cristo Juez. Por eso es necesario que empecemos presentando el modelo de juicio que est\u00e1 vinculado a Jesucristo. La perspectiva cl\u00e1sica ha pensado que Jes\u00fas fue mensajero del juicio de Dios, asumiendo -al menos al principio de su trayectoria- el mensaje de Juan Bautista. El mismo Jes\u00fas habr\u00ed\u00ada supuesto que los hombres de su pueblo, especialmente los m\u00e1s ricos e influyentes, han desobedecido a Dios, rechazando su ley, de manera que Dios quiere y debe castigarles. En esta l\u00ed\u00adnea, se vuelve necesaria la visi\u00f3n de un Mes\u00ed\u00adas juez: Dios vela por su honor, celosamente sanciona a los humanos por los males que han cometido; como representante del juicio de Dios ha de actuar su Mes\u00ed\u00adas. Ciertamente, suele a\u00f1adirse que el evangelio incluye otros aspectos, pero en su base seguir\u00ed\u00ada estando la justicia de Dios, tal como lo avala el mismo Credo cuando dice que Cristo \u00abha de venir a juzgar a vivos y muertos\u00bb.<\/p>\n<p>Una nueva ex\u00e9gesis, que vincula el mensaje de Jes\u00fas al de Pablo -justificaci\u00f3n del pecador-, reinterpreta el evangelio como gratuidad, afirmando que Jes\u00fas -a diferencia de Juan Bautista- fue mensajero de la gracia de Dios y no del juicio. S\u00f3lo en esta l\u00ed\u00adnea se entiende su vida, su anuncio de reino, su forma de relacionarse con los pecadores y expulsados del sistema: no vino a ponerles ante la amenaza del. juicio, sino a ofrecerles -a trav\u00e9s de gestos y palabras- el perd\u00f3n incondicional, la total solidaridad ante el reino. Jes\u00fas no fue profeta escatol\u00f3gico del juicio divino, mensajero de castigo, sino Mes\u00ed\u00adas del reino, portador de la gracia del Padre. Ciertamente, anunci\u00f3 el juicio, pero no para los pecadores (publicanos, prostitutas, leprosos, enfermos, expulsados&#8230;), sino para aquellos que rechazan el perd\u00f3n. Eso significa que, para Jes\u00fas, Dios es s\u00f3lo perd\u00f3n-redenci\u00f3n, de tal forma que s\u00f3lo aquellos que no aceptan ese perd\u00f3n (que no reciben en amor y concordia a los pecadores) se destruyen a s\u00ed\u00ad mismos, quedando en manos de un juicio, que no proviene de Dios, sino de ellos mismos. En esta perspectiva se sit\u00faa nuestra interpretaci\u00f3n redentora del evangelio.<\/p>\n<p>Este perd\u00f3n o gracia fundante de Jes\u00fas no es un simple sentimentalismo, ni evasi\u00f3n de la realidad, ni desinter\u00e9s por los males del mundo, ni ingenuidad social(como han pensado algunos exegetas jud\u00ed\u00ados como: J. Klausner y G. Vermes), sino expresi\u00f3n de su compromiso activo y fuerte en favor de los expulsados de la sociedad. El perd\u00f3n no es algo que viene despu\u00e9s, cuando el pecador se ha arrepentido y cambiado, sino punto de partida: don previo de Dios. Jes\u00fas no perdona y redime a los pecadores porque han hecho penitencia, sino porque Dios es gracia creadora. Desaparece as\u00ed\u00ad todo resquicio de tali\u00f3n, toda idea de venganza. La transcendencia radical de Dios se expresa a modo de perd\u00f3n y redenci\u00f3n. Si se permite este lenguaje parad\u00f3jico, el juicio y venganza de Dios se expresa en forma de perd\u00f3n incondicional. Desaparecen los elementos penitenciales, propios de cierta apocal\u00ed\u00adptica jud\u00ed\u00ada, cesan los terrores de la venganza&#8230; Emerge y se expresa el amor redentor (que es el perd\u00f3n) como evangelio que se encarna en la vida de Jes\u00fas. Ciertamente, \u00e9l sabe que en un plano sigue habiendo juicio de castigo, pero ese castigo ya no viene de Dios, sino de los propios humanos que rechazan el perd\u00f3n de Dios y de esa forma quedan en manos de su propia violencia, de la venganza del mundo, que responde al delito con venganza y al pecado con castigo.<\/p>\n<p>4. Redenci\u00f3n como justicia<br \/>\nComo hemos indicado al hablar del t\u00ed\u00adtulo anterior, Jes\u00fas se ha presentado como mensajero de un juicio de Dios que se realiza en forma de perd\u00f3n y absoluta gratuidad. No ha venido a pedir cuentas a los pecadores, sino a ofrecerles el jubileo supremo de la libertad y del perd\u00f3n, entendidos como gracia del amor de Dios. Pues bien, siguiendo en esa l\u00ed\u00adnea, descubrimos que \u00e9l mismo se ha presentado como redentor en forma de continuaci\u00f3n de la tradici\u00f3n sab\u00e1tica y jubilar de Israel: ha venido a rescatar lo que estaba perdido, ofreciendo dignidad y esperanza a los humanos que se hallaban dominados por el miedo de la muerte, sometidos al poder de la violencia, en manos de potencias diab\u00f3licas. Desde ese fondo se entiende su gran proclamaci\u00f3n jubilar de perd\u00f3n y gozo, de libertad y despliegue de la vida, seg\u00fan Lc 4, 18-19 y Mt 11, 5-6 par.<\/p>\n<p>La redenci\u00f3n implica entrega de la propia vida. Conforme a la visi\u00f3n del Antiguo Testamento, el redentor no exige que los redimidos hagan penitencia, sino todo lo contrario: \u00e9l mismo paga lo que deben, ofreciendo el precio del rescate. As\u00ed\u00ad aparece Jes\u00fas: no exige a los hombres que paguen la deuda que tienen con Dios, sino que les ofrece el amor y la vida gratuita de Dios, pagando por ellos el rescate de su propia vida. E\/ juez en cuanto tal no paga: dicta desde arriba la sentencia y exige que cada uno pague lo que debe. Pero Jes\u00fas no es juez sino redentor; por eso paga \u00e9l mismo lo que deben los humanos: da lo que es, regala lo que tiene, para redimir as\u00ed\u00ad a los dem\u00e1s (a los pecadores). Esto es lo que ha hecho Jes\u00fas, invirtiendo todos los principios de tali\u00f3n y justicia de este mundo.<\/p>\n<p>Ciertamente, la redenci\u00f3n puede convertirse en gesto esclavizador, all\u00ed\u00ad donde alguien se complace en perdonar la vida a los dem\u00e1s, quedando as\u00ed\u00ad por encima de ellos. Pues bien, Jes\u00fas act\u00faa de otra forma: no va perdonando a los pecadores en gesto de superioridad, sino de amor gratuito, no exigente, no impositivo. No perdona para humillar, sino para ayudarles a vivir en gozo, a celebrar la libertad. As\u00ed\u00ad nos ha redimido Jes\u00fas, en gesto de amor gratuito, para que podamos realizarnos como humanos. De esa forma nos ha rescatado del poder de la muerte, abriendo para nosotros un camino de esperanza. Gratuitamente lo ha hecho, sin pasarnos por ello la cuenta, sin exigir nada, ni humillarnos diciendo \u00abhe sido yo quien os ha dado la vida, me lo deb\u00e9is agradecer\u00bb. Por amor lo ha hecho, porque as\u00ed\u00ad lo ha querido, porque nos ha querido, sin obligarnos a nada, simplemente porque desea que vivamos en gozo y abundancia. De esa forma ha invertido la visi\u00f3n normal de la sacralidad: no somos nosotros quienes tenemos que servir a Dios, es Dios quien nos sirve en el Cristo, es el Hijo de Diosquien ha muerto para que nosotros vivamos, se ha perdido para que podamos encontrarnos.<\/p>\n<p>5. Redenci\u00f3n como liberaci\u00f3n<br \/>\nEl perd\u00f3n redentor ha de expandirse y expresarse en un signo y tarea de liberaci\u00f3n. Jes\u00fas no se contenta con \u00abpagar\u00bb por nosotros, asumiendo nuestras deudas, cargando con nuestras culpas o responsabilidades, sino que hace m\u00e1s: quiere llevarnos al lugar donde nosotros, especialmente los oprimidos y humillados, podamos desarrollar nuestra vida en libertad, superando la violencia y el miedo de la muerte&#8230; Cristo ha \u00abpagado\u00bb por nosotros, no para que as\u00ed\u00ad quedemos sin tarea, sino para que podamos asumir la m\u00e1s alta tarea de vivir en libertad.<\/p>\n<p>La redenci\u00f3n no es don externo, gracia que se nos imputa desde fuera, como una amnist\u00ed\u00ada que nos dan, sin que por ella (a partir de ella) tengamos que hacer nada. Al contrario: siendo totalmente gratuito, el perd\u00f3n y redenci\u00f3n se vuelve para nosotros principio de creatividad: nos libera para que podamos vivir en libertad. De esa forma, el mismo perd\u00f3n recibido nos conduce a la conversi\u00f3n, que puede incluir un elemento de arrepentimiento, e incluso alg\u00fan gesto penitencial, pero que se expresa b\u00e1sicamente en forma de nuevo nacimiento, de vida liberada para el amor. La redenci\u00f3n se vuelve as\u00ed\u00ad liberaci\u00f3n: Jes\u00fas nos ha \u00abrescatado\u00bb de la ira y del pecado no para tenernos luego sometidos, como esclavos para su servicio, sino para que podamos asumir en plenitud la tarea de la vida, ser nosotros mismos, en madurez. Nos redime sin imponer o exigir nada, pero ofreci\u00e9ndonos una capacidad nueva y m\u00e1s alta de amor, abierto hacia los otros. De esa forma culmina el camino sab\u00e1tico y jubilar del Antiguo Testamento (Ex 20,22-23): la redenci\u00f3n de las deudas se expand\u00ed\u00ada y expresaba en la liberaci\u00f3n de los esclavos, pues s\u00f3lo un hombre sin deudas puede vivir verdaderamente en libertad (Dt 15, 1-18). El perd\u00f3n de Cristo es liberador. No sirve para imponerse sobre los dem\u00e1s, no es principio de nueva ley religiosa, sino fuente de gozo, manantial de autonom\u00ed\u00ada creadora, pues supera la ley religiosa que ten\u00ed\u00ada a los hombres oprimidos, dej\u00e1ndoles en manos de su propia creatividad. El perd\u00f3n liberador es, al mismo tiempo, exigente, pero no por ley, sino por gracia. Quien asume la gracia del perd\u00f3n y de su redenci\u00f3n y vive en libertad no puede echar las culpas a los otros, ni descargar su responsabilidad sobre ellos, sino que ha de reconocer su propia tarea humana, personal y social. Eso significa que Jes\u00fas ha dejado que los mismos hombres (cristianos) asuman y desplieguen un camino de autonom\u00ed\u00ada creadora sobre el mundo. Redimir no es resguardar, tener a los dem\u00e1s bien protegidos, sino ofrecerles un camino de madurez. El Dios de Cristo no ha querido redimirnos para que sigamos siendo dependientes, de manera que tengamos que estarle siempre agradecidos por sus dones, sino que lo ha hecho para que seamos precisamente independientes, para que podamos expandir por el mundo la gracia de la libertad.<\/p>\n<p>6. Redenci\u00f3n como reconciliaci\u00f3n<br \/>\nLos momentos anteriores (justicia, redenci\u00f3n y liberaci\u00f3n) culminan y se expresan en la reconciliaci\u00f3n o comuni\u00f3n amistosa entre los fieles redimidos, y entre todos los hombres. No pueden dividirse y distinguirse dentro de la Iglesia dos tipos de personas: por un lado los que redimen, por otro los redimidos. Todos los cristianos redimen, todos son redimidos. Redenci\u00f3n y liberaci\u00f3n s\u00f3lo son verdaderas all\u00ed\u00ad donde suscitan un encuentro amistoso, creador, entre redentores y redimidos, que se vinculan mutuamente y de esa forma empiezan a ser hermanos.<\/p>\n<p>Jes\u00fas nos ha redimido haci\u00e9ndose \u00abPropiciaci\u00f3n\u00bb por nuestros pecados (Rom 3,24-25). Los ha hecho propios, y, en vez de condenarnos por ellos, nos ha ofrecido su amistad, la amistad de un Dios, que nos ha amado en Jes\u00fas de tal manera que nos ha dado en \u00e9l toda su vida, el don entero de su gracia: no lo ha reservado de un modo ego\u00ed\u00adsta, no se ha reservado nada para s\u00ed\u00ad, sino que ha querido entregarse (entregar a Jes\u00fas) por nosotros, para que podamos vivir en su amistad (cf. Rom 8,32).<\/p>\n<p>La reconciliaci\u00f3n es tarea y gracia doble: tarea de Dios, que la ha iniciado y la realiza en Cristo; tarea humana, que nos lleva, m\u00e1s all\u00e1 de la pura redenci\u00f3n y la libertad, al gozo fuerte del encuentro de amor entre los humanos. L\u00f3gicamente, los cristianos, que hemos conocido y aceptado la gracia de Cristo, debemos convertirnos en ministros de reconciliaci\u00f3n, testigos y portadores de una redenci\u00f3n que se expande hacia todos los humanos. Esta reconciliaci\u00f3n de Cristo es gesto compartido del conjunto de la Iglesia. No podemos empezar diciendo a los dem\u00e1s que se reconcilien con nosotros (haci\u00e9ndose as\u00ed\u00ad nuestros servidores), sino que debemos iniciar nosotros el camino de la reconciliaci\u00f3n. Jes\u00fas nos ha hecho embajadores o ministros de reconciliaci\u00f3n; eso significa que debemos regalar nuestra vida a los dem\u00e1s, para que ellos puedan recibir y desplegar la suya, superando toda imposici\u00f3n de unos sobre otros.<\/p>\n<p>7. Redenci\u00f3n como salvaci\u00f3n<br \/>\nLos elementos anteriores culminan y pueden condensarse en la salvaci\u00f3n, entendida como salud completa, vida desbordante. Ciertamente, la salvaci\u00f3n cristiana es un misterio, don supremo de Dios que nos regala en Jes\u00fas su misma vida divina; de esa forma nos eleva del abatimiento en que est\u00e1bamos, ofreci\u00e9ndonos su propia fecundidad, haci\u00e9ndonos hijos en su propio Hijo Jesucristo. La salvaci\u00f3n consiste en recibir y desplegar la vida de Dios. Pues bien, dando un paso m\u00e1s, podemos y debemos afirmar que la verdadera salvaci\u00f3n consiste en el despliegue de nuestra propia existencia de redimidos, en libertad, culminando as\u00ed\u00ad el camino comenzado por la redenci\u00f3n. De esta forma, la reconciliaci\u00f3n se vuelve salvaci\u00f3n: vivir en amistad con Dios, abrirse en gesto de amistad hacia todos los hermanos. As\u00ed\u00ad podemos afirmar que Dios nos ha ofrecido en Cristo la \u00absalud\u00bb de cuerpo y alma, la gracia de la vida personal y comunitaria para que podamos expresarnos en gozo y libertad, en esperanza y comuni\u00f3n, sobre la tierra, sin opresi\u00f3n de unos sobre otros, sin miedo a la condena. Esta salvaci\u00f3n tiene un elemento hist\u00f3rico: ella se expresa en la salud interior y exterior, en el amor mutuo y el pan compartido, en la palabra dialogada y en la casa de la fraternidad. Ella tiene, dentro de la Iglesia, un car\u00e1cter sacramental, que se vincula a los grandes momentos de la vida humana: bautismo o nacimiento a la gracia; eucarist\u00ed\u00ada o pan compartido en Cristo; matrimonio o celebraci\u00f3n del amor mutuo; etc. ->sacrificio; pasi\u00f3n y muerte; redentor.<\/p>\n<p>BIBL. &#8211; G. C. CHIRICHIGNO, Debt-Slavery in Israel and the Ancient Near East, JSOT SupSer 141, Scheffield 1993; O. GONZ\u00ed\u0081LEZ DE CARDEDAL, jes\u00fas de Nazaret. Aproximaci\u00f3n a la cristolog\u00ed\u00ada, BAC, Madrid 1975; O. GONZ\u00ed\u0081LEZ DE CARDEDAL, La entra\u00f1a del Cristianismo, Sec. Trinitario, Salamanca 1997; O. GONZ\u00ed\u0081LEZ DE CARDEDAL, \u00abJesucristo redentor del hombre\u00bb, EstTrin 20 (1986) 313-396; W. MUNDLE &#8211; J. SCHNEIDER, Redenci\u00f3n: DTNT 4, 54-68; B. SESBO\u00dcE, jesucristo, el \u00fanico Mediador. Ensayo sobre la redenci\u00f3n y la salvaci\u00f3n 1-11, Secretariado Trinitario, Salamanca 1990-1991.<\/p>\n<p>Jaime Vazquez Allegue<\/p>\n<p>FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret<\/b><\/p>\n<p>Categor\u00ed\u00ada fundamental de la experiencia religiosa y de la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica judeocristiana. Expresa la intervenci\u00f3n liberadora de Dios en favor del pueblo de Israel (Antiguo Testamento) y de la humanidad (Nuevo Testamento), que tiene su culminaci\u00f3n en el nacimiento, vida, muerte, resurrecci\u00f3n y retorno glorioso de Jesucristo. Su contenido responde poco m\u00e1s o menos al de liberaci\u00f3n, otra categor\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica que suele utilizarse hoy en lugar de la de redenci\u00f3n.<\/p>\n<p>Este t\u00e9rmino se deriva del verbo latino redimere, que significa adquirir por compra, readquirir algo que se hab\u00ed\u00ada tenido, rescatar; corresponde substancialmente a los verbos b\u00ed\u00adblicos hebreos padah (adquirir) y ga&#8217;al (rescatar una propiedad familiar enajenada o a un pariente reducido a esclavitud: el go&#8217;el era el pariente que efectuaba el rescate), y los verbos griegos s\u00f3zo y lytr\u00f3o. En el uso de la Biblia estos verbos adquieren fundamentalmente el significado de \u00bb liberar\u00bb y pierden mucho de su carga socio-jur\u00ed\u00addica. De todas formas, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento recurren a otros muchos verbos y a diversos substantivos para expresar la intervenci\u00f3n redentora de Dios. Por eso mismo, para captar la perspectiva de la redenci\u00f3n entendida en los pasajes b\u00ed\u00adblicos, es indispensable tener presente todo lo dicho, as\u00ed\u00ad como las diversas tradiciones y los diferentes contextos.<\/p>\n<p>En el Antiguo Testamento, el redentor es el Dios de los padres, en cuanto que libera a su pueblo de la esclavitud de Egipto y de sus diversos enemigos a lo largo de su historia. Los destinatarios son los padres (cf. Gn 12-49), las tribus en esclavitud (cf Ex 14-15; etc.), el pueblo de Israel en las diversas vicisitudes hist\u00f3ricas (cf. el libro de los Jueces, los libros hist\u00f3ricos, los profetas, especialmente los del tiempo del destierro), pero tambi\u00e9n el individuo liberado de sus angustias, de sus sufrimientos, de sus persecuciones, de las penas particulares y cotidianas (cf. especialmente los Salmos, Job). La redenci\u00f3n es hist\u00f3rica, nacional, pero tambi\u00e9n individual-existencial; se refiere al presente, pero tambi\u00e9n al futuro escatol\u00f3gico, inmanente a la historia para casi toda la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica, pero metahist\u00f3rico para la apocal\u00ed\u00adptica (cf. Daniel).<\/p>\n<p>En el Nuevo Testamento el actor es siempre Dios, el Dios de los padres (cf. Lc 1,68ss; Rom 3,21ss; Col 1,13-14); pero a trav\u00e9s de su Hijo (cf. Col 1,14.20. , Jn 3,16; 8,32), en la fuerza de su Esp\u00ed\u00adritu divino. Los sin\u00f3pticos sintetizan el contenido liberador divino de Jes\u00fas en la categor\u00ed\u00ada del Reino de Dios\/de los cielos, como espacio de soberan\u00ed\u00ada en el que Dios reina, ofreciendo al hombre una posibilidad de liberarse de las fuerzas del mal (cf. la 1ucha de Jes\u00fas contra Satan\u00e1s), que alienan su vida mediante la libertad del amor a Dios, al pr\u00f3jimo y a las realidades del mundo. San Pablo ve la soberana iniciativa redentora de Dios en Jesucristo expresada sobre todo con las categor\u00ed\u00adas de justificaci\u00f3n (cf. Rom 3-5; G\u00e1l 1-3) y reconciliaci\u00f3n (cf. 2 Cor 5,18-21), en la liberaci\u00f3n del hombre de la situaci\u00f3n de esclavitud bajo el pecado, la ley y la muerte (cf. Rom 1,323; 5,12-2i; etc.) y en su introducci\u00f3n en unas relaciones filiales con el Padre por Cristo en el Esp\u00ed\u00adritu, que es experiencia actual de una novedad de la existencia en la libertad del amor (cf Rom 5 y 8) y esperanza de una plenitud de existencia no alienada, de la que formar\u00e1 parte el hombre entero con la creaci\u00f3n (cf. Rom 8,19-23). Las cartas deuteropaulinas atienden especialmente al alcance redentor y reconciliador del acontecimiento Jesucristo para la historia humana (cf. Ef2,lss) y para la creaci\u00f3n entera (Col 1,20). El corpus de Juan presenta la iniciativa redentora de Dios en Jesucristo (cf. Jn 3,16) como liberaci\u00f3n del pecado del mundo (cf. Jn 1,29), como juicio del Maligno (cf. Jn 16,11; 1 Jn 3,8), como iluminaci\u00f3n (cf. Jn 1,4; 8,12), como don del conocimiento de la verdad (cf Jn 1,17. 8,32-34), como paso de la muerte a la vida, como nacimiento de lo alto, etc. (cf 3,5; 15,17. 173). El Apocalipsis se interesa en mostrar la victoria del Cordero sobre las fuerzas del mal en la historia (cf Ap 5,9-10), La \u00e9poca de los Padres no elabor\u00f3 una visi\u00f3n unitaria de la redenci\u00f3n, sino que hizo una descripci\u00f3n del acontecimiento liberador divino recurriendo a diversas categor\u00ed\u00adas, b\u00ed\u00adblicas o extrab\u00ed\u00adblicas, pero empleadas todas ellas para describir la econom\u00ed\u00ada entera de la salvaci\u00f3n, que abarca la creaci\u00f3n, el pecado, las intervenciones salv\u00ed\u00adficas de Dios en la historia de la humanidad y en la historia de Israel, el acontecimiento central y culminante de Jesucristo. Es frecuente en ellos el recurso a la imagen del rescate que pag\u00f3 Cristo con su muerte al diablo por los derechos adquiridos sobre el hombre por obra del pecado. En la caracterizaci\u00f3n de la obra redentora de Cristo se nota una diversidad de acentos entre los Padres griegos y los latinos: los primeros colocan el efecto de la misi\u00f3n de Cristo, concretada sobre todo en la encarnaci\u00f3n y resurrecci\u00f3n gloriosa, especialmente en el plano ontol\u00f3gico y m\u00ed\u00adstico: la redenci\u00f3n de Cristo es liberaci\u00f3n del hombre y del cosmos de la corrupci\u00f3n, de la caducidad y de la mortalidad del hombre y elevaci\u00f3n del hombre y del mundo a la esfera de la vida divina; los segundos insisten Sobre todo en el plano de la libertad y de la responsabilidad moral: Cristo libera a la libertad humana de la alienaci\u00f3n de la culpa y de sus consecuencias negativas ante Dios, ante el pr\u00f3jimo y ante el propio mundo.<\/p>\n<p>La teolog\u00ed\u00ada medieval, especialmente con san Anselmo, seguido substancialmente por los dem\u00e1s, se coloc\u00f3 en la l\u00ed\u00adnea de los Padres latinos, d\u00e1ndole una elaboraci\u00f3n sistem\u00e1tica (ver satisfacci\u00f3n). Esta \u00f3ptica es la que ha prevalecido hasta hace algunos decenios. El Magisterio de la Iglesia, a lo largo de los siglos, ha repetido sobre todo las expresiones de la Escritura: no ha promulgado ninguna definici\u00f3n en este sentido, aunque en algunos de sus textos resuenan m\u00e1s bien los acentos de la teor\u00ed\u00ada de la satisfactio (cf., por ejemplo, DS 1529; 1690).<\/p>\n<p>El pensamiento laico occidental moderno ha ido criticando gradualmente y desde diversas perspectivas la visi\u00f3n .b\u00ed\u00adblico-cristiana de la redenci\u00f3n. Es central su opci\u00f3n por encerrar al hombre en el mundo y en la historia, convirti\u00e9ndolo en producto de la evoluci\u00f3n del cosmos y de los procesos hist\u00f3ricos, haci\u00e9ndole al mismo tiempo responsable de todo lo que ocurre en el seno de la historia de humano y lo inhumano. de liberador y\/o de esclavizante en el plano social e individual, interior y estructural. Su visi\u00f3n del hombre fundamentalmente optimista en torno a las capacidades autoliberadoras y proyectistas del ser humano ha puesto radicalmente en discusi\u00f3n la visi\u00f3n b\u00ed\u00adblico-cristiana de la redenci\u00f3n divina en Jesucristo, neg\u00e1ndole plausibilidad, significado y . eficacia.<\/p>\n<p>La teolog\u00ed\u00ada, despu\u00e9s de siglos de descuido y de cerraz\u00f3n a este planteamiento del problema del hombre, se ha comprometido en estos \u00faltimos decenios en retraducir el anuncio de la redenci\u00f3n de la Biblia y de la gran tradici\u00f3n teol\u00f3gica en el horizonte de esta nueva visi\u00f3n antropoc\u00e9ntrica. Las l\u00ed\u00adneas de fuerza de esta relectura, que destaca la categor\u00ed\u00ada de liberaci\u00f3n por encima de la de redenci\u00f3n, son las siguientes: la libertad humana, forjadora de la historia, tiene que ser antes liberada (redimida) para poderse liberar a s\u00ed\u00ad misma y poder liberar a los otros; su liberaci\u00f3n le viene de aquel (Dios, por Jesucristo en el Esp\u00ed\u00adritu) que, conserv\u00e1ndola en su entidad, le da la capacidad del bien, del amor, fuente de aut\u00e9ntica libertad; esta liberaci\u00f3n tiene que concretarse en diversos planos: el plano interior-personal vertical hacia el Misterio (teolog\u00ed\u00ada trascendental), el plano interior-personal horizontal hacia uno mismo (teolog\u00ed\u00ada existencial), el plano estructural socio-pol\u00ed\u00adtico y c\u00f3smico (teolog\u00ed\u00ada pol\u00ed\u00adtica, de la liberaci\u00f3n hist\u00f3rica, del ambiente).<\/p>\n<p>G. Iammarrone<\/p>\n<p>Bibl.: 1. Sanna &#8211; c. Molari, Redenci\u00f3n, en DTI, 1V 15-45: L, Richard, El misterio de la redenci\u00f3n, Madrid 1966: B. Sesbou\u00e9, Jesucristo, el \u00fanico mediador, Ensayo sobre la redenci\u00f3n y la salvaci\u00f3n, 2 vols.,- Secretariado Trinitario, Salamanca 1990-1993; G. Guti\u00e9rrez, Teolog\u00ed\u00ada de la liberaci\u00f3n. Perspectivas, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1972: L. Boff, Jesucristo, liberador, Cristiandad, Madrid 1973.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. El problema en la cultura moderna. II. Tema y m\u00e9todo. III. Antiguo Testamento: 1. Los verbos \u00abga&#8217;al\u00bb y \u00abpadah\u00bb: solidaridad y redenci\u00f3n; 2. El Dios liberador en Exodo; 3. D\u00e9utero-lsa\u00ed\u00adas (Is 40-55) y otros profetas; 4. Los Salmos. IV. El Nuevo Testamento: 1. Problema terminol\u00f3gico; 2. Jes\u00fas redentor en los evangelios; 3. La muerte de Cristo es redentora; 4. La redenci\u00f3n en Pablo.<\/p>\n<p>I. EL PROBLEMA EN LA CULTURA MODERNA. La cultura contempor\u00e1nea es una cultura de la crisis; al hacer al hombre el redentor de s\u00ed\u00ad mismo, registrando por otra parte sus continuos fracasos, es incapaz de ofrecer esperanza y acent\u00faa las razones de la inseguridad, de la desorientaci\u00f3n y de la duda. Se convierte incluso en una cultura nihilista. El gran fil\u00f3sofo marxista heterodoxo E. Bloch ha trazado la figura del hombre de la crisis en su \u00abh\u00e9roe rojo\u00bb as\u00ed\u00ad descrito: \u00abConfesando hasta la muerte la causa por la cual ha vivido, avanza claramente, fr\u00ed\u00adamente, hacia la nada, en la que ha aprendido a creer en cuanto esp\u00ed\u00adritu libre. Por eso su sacrificio es diverso del de los antiguos m\u00e1rtires: \u00e9stos mor\u00ed\u00adan, sin excepci\u00f3n, con una oraci\u00f3n en los labios, creyendo as\u00ed\u00ad haber ganado el cielo. En cambio, el h\u00e9roe comunista, bajo los zares, bajo Hitler o bajo cualquier otro r\u00e9gimen, se sacrifica sin esperanza de resurrecci\u00f3n\u00bb. El h\u00e9roe rojo es el hombre adulto, racional, sin ilusiones, pero tambi\u00e9n nihilista de la cultura moderna, que lucha por un mundo m\u00e1s justo y humano, sabiendo que va hacia la nada. Es el hombre que pretende redimirse a s\u00ed\u00ad mismo, aqu\u00ed\u00ad y ahora, y no esperar la salvaci\u00f3n de otro.<\/p>\n<p>La \u00abredenci\u00f3n\u00bb cuyo sentido b\u00ed\u00adblico indagamos es, en cambio, la acci\u00f3n liberadora de Dios, que llega a nosotros aqu\u00ed\u00ad y ahora, confi\u00e1ndonos el don-cometido de testimoniar con una praxis renovada los nuevos cielos y la tierra nueva que est\u00e1n ya germinalmente presentes en esperanza, pero que encontrar\u00e1n pleno cumplimiento en la venida del Se\u00f1or Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Al h\u00e9roe rojo blochiano se contrapone la esperanza del ap\u00f3stol Pablo: \u00abSi lo que esperamos de Cristo es s\u00f3lo para esta vida, somos los hombres m\u00e1s desgraciados. Pero Cristo ha resucitado de entre los muertos como primicias de los que mueren. Porque como por un hombre vino la muerte, as\u00ed\u00ad por un hombre la resurrecci\u00f3n de los muertos; y como todos mueren en Ad\u00e1n, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n todos revivir\u00e1n en Cristo\u00bb (1Co 15:19-21). Del hombre viene la muerte, de Cristo viene la vida; del hombre no viene la esperanza, pero Cristo da motivo para esperar tambi\u00e9n m\u00e1s all\u00e1 de la muerte, porque \u00e9l ha vencido la muerte.<\/p>\n<p>Frente al desaf\u00ed\u00ado de la cultura moderna, el cristiano est\u00e1 llamado a responder de su fe en el redentor. La \/ fe cristiana, en efecto, no cree solamente en un Dios que da, como lo admit\u00ed\u00ada tambi\u00e9n Arist\u00f3teles, sino que perdona. Y del perd\u00f3n redentor de Dios nace la esperanza del cristiano. Pero Dios redime a trav\u00e9s del acontecimiento hist\u00f3rico, particular y singular\u00ed\u00adsimo, de la muerte-resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas; de ese acontecimiento brota la salvaci\u00f3n para todos. Es una redenci\u00f3n divina, verificada a trav\u00e9s de la mediaci\u00f3n humana e hist\u00f3rica de la vida de Jes\u00fas, para cuya comprensi\u00f3n hay que interrogar a toda la Biblia.<\/p>\n<p>II. TEMA Y METODO. \u00abRedenci\u00f3n\u00bb es un vocablo que arrastra consigo un racimo de otros t\u00e9rminos pertenecientes a la misma \u00e1rea sem\u00e1ntica: \/ liberaci\u00f3n, rescate, salvaci\u00f3n, expiaci\u00f3n, adquisici\u00f3n, \/ justicia, justificaci\u00f3n, purificaci\u00f3n, etc. La variedad y la riqueza del l\u00e9xico b\u00ed\u00adblico que interesa a este campo sem\u00e1ntico pone en guardia contra la absolutizaci\u00f3n de una sola categor\u00ed\u00ada o t\u00e9rmino o imagen, y es igualmente indicio del car\u00e1cter misterioso, inagotable y proteiforme de la acci\u00f3n inaferrable pero real\u00ed\u00adsima de Dios por el hombre pecador. Justamente el hombre pecador es el que es redimido; pero aqu\u00ed\u00ad no profundizaremos el concepto b\u00ed\u00adblico de \/ pecado.<\/p>\n<p>M\u00e1s que seguir la variedad terminol\u00f3gica con el intento filol\u00f3gico de determinar exactamente los diferentes aspectos de la aproximaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica a la \u00abrealidad\u00bb de la redenci\u00f3n, optamos por dejarnos guiar por la idea que est\u00e1 subyacente y es com\u00fan. Entendemos, pues, por \u00abredenci\u00f3n\u00bb la acci\u00f3n con la cual Dios, directamente o por medio de mediaciones\/mediadores, viene en socorro del hombre y lo libra de la culpa\/ pecado, entendido \u00faltimamente como rechazo de la oferta divina de hacernos participar de su vida. En otros t\u00e9rminos, redenci\u00f3n es el s\u00ed\u00ad victorioso y perennemente v\u00e1lido de Dios en su entrega absoluta y definitiva por la vida del hombre, el cual se opone, en cuanto pecador, a su Dios con su cierre y su negativa.<\/p>\n<p>Desde el punto de vista terminol\u00f3gico, para el AT estudiaremos sobre todo los textos donde aparece el verbo redimir (ga&#8217;al y padah) y salvar (js&#8217;), mientras que para el NT seguiremos los diversos modelos interpretativos puestos de manifiesto por un l\u00e9xico diversificado y propondremos breves s\u00ed\u00adntesis.<\/p>\n<p>III. ANTIGUO TESTAMENTO. 1. LOS VERBOS \u00abGA&#8217;AL\u00bb Y \u00abPADAH\u00bb: SOLIDARIDAD Y REDENCI\u00ed\u201cN. Dos ra\u00ed\u00adces hebreas: ga&#8217;al) (118 veces) y padah (70 veces) tienen una funci\u00f3n peculiar para determinar el concepto veterotestamentario de redenci\u00f3n. En ambos casos es com\u00fan la idea de \u00abrescate\u00bb de una situaci\u00f3n jur\u00ed\u00addica de esclavitud, de deuda; en general, de necesidad. Mas mientras que padah no es t\u00ed\u00adpico y exclusivo de un determinado sector del derecho, ga &#8216;al nace y se desarrolla sobre todo en el \u00e1mbito del derecho de familia, del clan, de la tribu. Trat\u00e1ndose de verbos \u00abjur\u00ed\u00addicos\u00bb, somos remitidos al contenido de la legislaci\u00f3n israelita, y por tanto a la \u00abliberaci\u00f3n\u00bb o al \u00abrescate\u00bb onerosos de propiedades o de personas por obra de otros hombres con vistas a la libertad o para salvar la misma vida.<\/p>\n<p>La historia humana de las relaciones sociales crea condiciones de esclavitud, de injusticia, de miseria, de las cuales el derecho israelita estimula a salir mediante una serie de obligaciones jur\u00ed\u00addicas. En particular, dos principios inspiran el derecho de Israel: a) la libertad del individuo supone un m\u00ed\u00adnimo de independencia econ\u00f3mica; b) solamente en una relaci\u00f3n armoniosa con la comunidad (familia, clan, tribu) est\u00e1 el individuo en condiciones de realizar su libertad. La \u00abredenci\u00f3n\u00bb es, pues, restituci\u00f3n de la libertad en un contexto de armoniosas relaciones con la comunidad.<\/p>\n<p>Por ejemplo, la ut\u00f3pica legislaci\u00f3n sobre el a\u00f1o sab\u00e1tico y sobre el a\u00f1o jubilar (Lev 25) tiende a garantizar la propiedad familiar, que con el jubileo vuelve a las familias de origen: \u00abSi tu hermano empobrece y tiene que vender una parte de su propiedad, venga su pariente m\u00e1s pr\u00f3ximo (go al\u00f3 haqqarob) a ejercer el derecho de rescate (ga&#8217;al) sobre cuanto vende el hermano\u00bb (Lev 25:25). Por tanto, la familia israelita vive libremente s\u00f3lo sobre la base de una propiedad de terreno. La instituci\u00f3n jur\u00ed\u00addica del go el (= pariente pr\u00f3ximo que rescata) -que encontramos en el estupendo relato de Rut- se funda bien sea en la solidaridad familiar, bien en el principio de la radicaci\u00f3n de la familia en la propiedad del terreno. La redenci\u00f3n es, pues, un acto de solidaridad con vistas a la restituci\u00f3n de la libertad de la miseria, de la esclavitud o, en una palabra, de la marginaci\u00f3n social de la comunidad de los hombres libres con plenos derechos.<\/p>\n<p>No solamente las propiedades, sino las mismas personas pueden ser vendidas, por lo cual tienen necesidad de rescate: \u00abSi el hu\u00e9sped o extranjero residente en medio de ti se enriquece, y un hermano tuyo empobrece contrayendo deuda con aqu\u00e9l y se ve obligado a venderse al hu\u00e9sped o al extranjero o a un descendiente de su familia, gozar\u00e1 del derecho de rescate (ge&#8217;ullah) una vez vendido; uno de sus hermanos, su t\u00ed\u00ado, su primo o un pariente cercano, lo podr\u00e1 rescatar; y si llega a tener medios, puede rescatarse a s\u00ed\u00ad mismo\u00bb (Lev 25:47-49). Es siempre la solidaridad familiar la que funda el derecho-deber del rescate, incluso en el caso de la \u00abvenganza de la sangre\u00bb (cf N\u00fam 35:9-29) [\/ Lev\u00ed\u00adtico].<\/p>\n<p>El sentido de la \u00abredenci\u00f3n\u00bb en las relaciones sociales se puede definir como \u00abliberaci\u00f3n del poder extra\u00f1o de lo que pertenece a la familia\u00bb (K. Koch). Si luego la gran familia es la naci\u00f3n, entonces el go&#8217;el de todos los oprimidos es el rey: \u00abEl liberar\u00e1 al pobre que suplica, al miserable que no tiene apoyo alguno; se cuidar\u00e1 del d\u00e9bil y del pobre; a los pobres les salvar\u00e1 la vida; \u00e9l los defender\u00e1 contra la explotaci\u00f3n y la violencia; su sangre tendr\u00e1 un gran precio a sus ojos\u00bb (Sal 72:12-14).<\/p>\n<p>La propiedad, la libertad de las personas, la vida humana son bienes fundamentales, que obligan a todos los miembros de la comunidad (familia, clan, tribu, naci\u00f3n) en la rec\u00ed\u00adproca corresponsabilidad y solidaridad. Sobre la base de la solidaridad de tipo familiar que une a los israelitas entre s\u00ed\u00ad nace y se afirma el derecho-deber de la redenci\u00f3n.<\/p>\n<p>Presentes sobre todo en los textos jur\u00ed\u00addicos, comprendida la legislaci\u00f3n cultual (cf, p.ej., Exo 34:19-20, sobre el rescate de los primog\u00e9nitos), las dos ra\u00ed\u00adces verbales mencionadas se usan tambi\u00e9n en el lenguaje religioso para designar el rescate por parte de Dios. Siendo el derecho israelita de car\u00e1cter religioso, es decir, estando considerado como ley divina, es l\u00f3gico que Israel considerara la redenci\u00f3n interhumana como reflejo e imitaci\u00f3n de la acci\u00f3n redentora de Dios. Sin embargo, hist\u00f3ricamente est\u00e1 demostrado que algunas costumbres de manumisi\u00f3n de cosas o personas (cf, p.ej., Exo 21:30) por medio de una suma de rescate corresponden a las leyes babil\u00f3nicas de Esnunna (\u00c2\u00a7 54) y del c\u00f3digo de Hammurabi (\u00c2\u00a7 251).<\/p>\n<p>2. EL Dios LIBERADOR EN \/EXODO. El uso religioso del t\u00e9rmino\/concepto de \u00abredenci\u00f3n\u00bb, expresado adem\u00e1s de por los verbos ga&#8217;al y padah, tambi\u00e9n por jasa&#8217; (= hacer salir), jasa` (= salvar) y nasal (= sustraer), pierde su connotaci\u00f3n jur\u00ed\u00addica y sobre todo deja caer la idea de pago de un contravalor por el rescate. Dios libra y salva gratuitamente, sin deber nada a nadie. Tambi\u00e9n en el uso religioso de los verbos indicados permanece, en cambio, la idea de la solidaridad como raz\u00f3n de la intervenci\u00f3n liberadora.<\/p>\n<p>En el \u00e1mbito religioso, el acontecimiento fundamental de salvaci\u00f3n-redenci\u00f3n es la liberaci\u00f3n de la esclavitud de Egipto orientada a la \u00abformaci\u00f3n\u00bb del pueblo de Dios. De hecho, es en las tradiciones del Exodo donde aparece con frecuencia el l\u00e9xico de la redenci\u00f3n.<\/p>\n<p>La liberaci\u00f3n del Exodo es una iniciativa totalmente libre y gratuita de Dios: \u00abDi a los israelitas: Yo soy el Se\u00f1or; yo os libertar\u00e9 Os) de la opresi\u00f3n de los egipcios; os librar\u00e9 (nsl) de su esclavitud y os rescatar\u00e9 (g&#8217;l) con gran poder y haciendo justicia. Yo os har\u00e9 mi pueblo, ser\u00e9 vuestro Dios, y vosotros reconocer\u00e9is que yo soy el Se\u00f1or, vuestro Dios, el que os libr\u00f3 (is) de la esclavitud egipcia\u00bb (Exo 6:6-7). Aqu\u00ed\u00ad la liberaci\u00f3n de Egipto es parangonada, en virtud del uso de los verbos indicados, a un rescate de la esclavitud, pero no hay pago alguno de precio; Dios obra como \u00abamo\u00bb, con gran fuerza y poder, tomando lo que es suyo. En el vers\u00ed\u00adculo 5 -\u00abMe he acordado de mi \/ pacto\u00bb- se afirma expl\u00ed\u00adcitamente que Dios encuentra en s\u00ed\u00ad mismo, en su libre promesa de salvaci\u00f3n, la raz\u00f3n de su intervenci\u00f3n redentora. Precisamente porque ha querido comprometerse con Israel, escogerlo como su \u00abfamilia\u00bb o \/ \u00abpueblo\u00bb (&#8216;am), estableciendo as\u00ed\u00ad una solidaridad familiar indisoluble, Dios se ha convertido en el go&#8217;el de Israel. Yhwh es el redentor porque es el \u00abcreador\u00bb de Israel; es decir, ha escogido y bendecido a Israel porque desde siempre, en su plan redentor, pensaba tomarlo como su pueblo y ser su \/ Dios. La comuni\u00f3n o alianza con Israel es el fin de toda la acci\u00f3n redentora divina.<\/p>\n<p>De la acci\u00f3n redentora de Dios aprende, pues, Israel a conocer qui\u00e9n es su Dios: \u00abSabr\u00e9is que yo soy el Se\u00f1or, vuestro Dios, que os ha sacado de la opresi\u00f3n de Egipto\u00bb. Por la soteriolog\u00ed\u00ada, es decir, por la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Yhwh, Israel tiene acceso al misterio ontol\u00f3gico de Dios: solamente Yhwh salva; por eso s\u00f3lo \u00e9l es Dios.<\/p>\n<p>La redenci\u00f3n del pueblo de Egipto tuvo lugar \u00abporque el Se\u00f1or os am\u00f3 y porque ha querido cumplir el juramento hecho a vuestros padres\u00bb (Deu 7:8). Israel ha sido salvado porque era la heredad de Yhwh, que lo ha redimido con su grandeza (Deu 9:26). El israelita debe, pues, recordar siempre la redenci\u00f3n del Exodo: \u00abRecuerda que fuiste esclavo en Egipto y que el Se\u00f1or tu Dios te dio la libertad (padah)\u00bb (Deu 15:15; cf 24,18). En el Dt el verbo preferido para indicar la liberaci\u00f3n del Exodo es padah: Dios aparece as\u00ed\u00ad como el que hace valer sus derechos sobre el pueblo que le pertenece.<\/p>\n<p>La epopeya del \u00e9xodo culmina, y es reasumida, en el canto de Exo 15:2 : \u00abMi fortaleza y mi c\u00e1ntico es el Se\u00f1or; \u00e9l ha sido mi salvaci\u00f3n\u00bb. Israel har\u00e1 continuamente \u00abmemoria\u00bb del \u00e9xodo para proclamar y afirmar su fe en el Dios que salva.<\/p>\n<p>La redenci\u00f3n de la esclavitud de Egipto no fue una liberaci\u00f3n s\u00f3lo socio-pol\u00ed\u00adtica, sino tambi\u00e9n \u00abinterior\u00bb, en el sentido de que miraba a crear al \u00abpueblo de Dios\u00bb, es decir, la comunidad de los que creen en Yhwh, su redentor. La esclavitud de Egipto no es solamente socio-pol\u00ed\u00adtica, sino que es tambi\u00e9n esclavitud de la idolatr\u00ed\u00ada y de los pecados, que son su fruto: Dios, en efecto, libera dando una ley en el Sina\u00ed\u00ad, instituyendo una relaci\u00f3n vital \u00ed\u00adntima con sus fieles (el culto), estableciendo su presencia en medio del pueblo (tienda sagrada). Interior y socialmente, por don gratuito de Dios, pero tambi\u00e9n mediante la llamada divina a la responsabilidad activa y al compromiso generoso, el pueblo liberado de la esclavitud de Egipto se convierte en una comunidad nueva, \u00ed\u00adntegramente renovada y estructurada por la acci\u00f3n de su Dios. El pueblo de Dios es, pues, simult\u00e1neamente \u00abmisterio\u00bb, en cuanto criatura de Dios, que escoge habitar en medio de \u00e9l, y \u00absujeto hist\u00f3rico\u00bb, en cuanto comunidad hist\u00f3rica que hace historia. Lo que caracteriza al pueblo de Dios es la memoria permanente y viva de la redenci\u00f3n divina que lo ha hecho nacer, y al mismo tiempo la misi\u00f3n de testimoniar, frente al mundo, las maravillas de su Dios.<\/p>\n<p>La redenci\u00f3n divina no excluye, antes bien implica, una mediaci\u00f3n humana: \u00abIsrael vio el prodigio que el Se\u00f1or hab\u00ed\u00ada obrado contra los egipcios, temi\u00f3 al Se\u00f1or y crey\u00f3 en \u00e9l y en Mois\u00e9s, su siervo\u00bb (Exo 14:31). As\u00ed\u00ad tambi\u00e9n Dios, en el desierto, da la \/ ley liberadora mediante \/ Mois\u00e9s. Y todo israelita creyente que observa la ley sobre el rescate se convierte de alg\u00fan modo en \u00abmediador\u00bb y representante de la redenci\u00f3n divina recibida en don.<\/p>\n<p>3. DEUTERO-ISA\u00ed\u008dAS (IS 40-55) Y OTROS PROFETAS. Con particular insistencia, el D\u00e9utero-Isa\u00ed\u00adas llama la atenci\u00f3n sobre el tema de Dios como redentor (go&#8217;\u00e9l), uno de los t\u00ed\u00adtulos preferidos junto con \u00abcreador\u00bb. Es m\u00e1s, se puede resumir el pensamiento del an\u00f3nimo profeta del exilio juntando la idea de creaci\u00f3n y de redenci\u00f3n: \u00abDe la nueva redenci\u00f3n de Israel a la creaci\u00f3n del entero mundo de Israel; de la creaci\u00f3n del entero mundo de Israel a la creaci\u00f3n del mundo entero simpliciter; de la creaci\u00f3n del mundo entero a la redenci\u00f3n de este mundo\u00bb (C. Stuhlmueller).<\/p>\n<p>Yhwh rescata a su pueblo porque es su go &#8216;el, ligado por una \u00abfamiliaridad\u00bb generadora-creadora: \u00abEsto dice el Se\u00f1or, tu redentor, el que te form\u00f3 desde el seno materno: Yo soy el Se\u00f1or, el que lo ha hecho todo; el que despliega, \u00e9l solo, los cielos; el que afirma la tierra sin ayuda alguna\u00bb (Isa 44:24). Yhwh est\u00e1 unido a Israel porque \u00e9l lo ha creado y redimido; es para \u00e9l como una madre (cf Isa 49:15).<\/p>\n<p>Sin embargo, la solidaridad casi familiar no es para Yhwh una necesidad de intervenir: \u00abPor m\u00ed\u00ad, s\u00f3lo por m\u00ed\u00ad lo har\u00e9\u00bb (Isa 48:11).<\/p>\n<p>Dios es movido \u00fanicamente por su amor lib\u00e9rrimo e incondicional. Nada fuera de \u00e9l le urge a obrar. El salva porque ama.<\/p>\n<p>Por la redenci\u00f3n de Israel, Dios no debe pagar ning\u00fan precio: \u00abEsto dice el Se\u00f1or: `Gratis hab\u00e9is sido vendidos, y tambi\u00e9n sin pagar ser\u00e9is rescatados (ga&#8217;al)'\u00bb(Isa 52:3). Pues Dios es el due\u00f1o soberano; no es deudor de nadie.<\/p>\n<p>La acci\u00f3n redentora equivale a un \u00abplasmar\u00bb, a un crear o un llamar a la existencia: \u00abPero ahora esto dice el Se\u00f1or, tu creador, Jacob; aquel que te form\u00f3, Israel: No temas, pues yo te he redimido; te he llamado por tu nombre; m\u00ed\u00ado eres\u00bb (Isa 43:1). La redenci\u00f3n conduce al \u00abmatrimonio\u00bb con el esposo divino: \u00abTu esposo es tu creador, cuyo nombre es Se\u00f1or todopoderoso; tu redentor, el Santo de Israel, que se llama Dios de toda la tierra\u00bb (Isa 54:5). Una relaci\u00f3n \u00ed\u00adntima, amorosa, esponsal une a Yhwh con su pueblo redimido. Pues Yhwh \u00absalva\u00bb a la viuda Israel cas\u00e1ndose con ella.<\/p>\n<p>En la redenci\u00f3n divina est\u00e1 en juego la situaci\u00f3n espiritual de Israel pecador: \u00abMas t\u00fa, Jacob, no me has invocado; t\u00fa, Israel, no te has inquietado por m\u00ed\u00ad&#8230;; s\u00f3lo con tus pecados me has oprimido, me has agobiado con tus iniquidades. Soy yo, soy yo, quien tengo que borrar tus faltas y no acordarme de tus pecados\u00bb (Isa 43:22.24-25).<\/p>\n<p>El inter\u00e9s principal del libro del D\u00e9utero-Isa\u00ed\u00adas es el de proclamar la capacidad de Yhwh de salvar de la necesidad, del pecado mortal simbolizado por la falta de agua: \u00abLos humillados y los pobres buscan agua y no la hay; su lengua de sed est\u00e1 reseca. Yo, el Dios de Israel, no los abandonar\u00e9\u00bb (Isa 41:17).<\/p>\n<p>Dios no cesa de ser poderoso, capaz de ayudar; la pol\u00e9mica del D\u00e9utero-Isa\u00ed\u00adas contra la inanidad y vacuidad de los \u00ed\u00addolos (cf, p.ej., Isa 41:21-29) y el recurso a la idea de la creaci\u00f3n tienen la funci\u00f3n de subrayar en\u00e9rgicamente la idea de que Yhwh quiere y puede realizar su plan de salvaci\u00f3n: \u00ab\u00bfSer\u00ed\u00ada acaso mi brazo demasiado corto para libertar (padah) o me faltar\u00ed\u00ada fuerza para salvar?\u00bb (Isa 50:2).<\/p>\n<p>Lo que opone resistencia a la redenci\u00f3n divina es el pecado, la rebeld\u00ed\u00ada de Israel. El mismo destierro no es solamente un asunto pol\u00ed\u00adtico, sino la consecuencia de una conducta pecaminosa: \u00abHablad al coraz\u00f3n de Jerusal\u00e9n y gritadle que se ha cumplido su servicio, que est\u00e1 perdonado su pecado, que ha recibido de la mano del Se\u00f1or el doble de castigo por todos sus pecados\u00bb (Isa 40:2; cf 50,1: \u00abPor vuestras culpas fuisteis vendidos\u00bb).<\/p>\n<p>El retorno espiritual de Israel producir\u00e1 tambi\u00e9n el retorno geogr\u00e1fico a la patria: \u00abel camino del Se\u00f1or\u00bb (40,3) es el camino por el cual viene el Se\u00f1or con poder para salvar, pero es tambi\u00e9n el camino de conversi\u00f3n por el cual el pueblo quita todo obst\u00e1culo que impide la venida redentora del Se\u00f1or. La redenci\u00f3n del Se\u00f1or es, pues, inseparable de la conversi\u00f3n religioso-moral y del perd\u00f3n.<\/p>\n<p>El poder salv\u00ed\u00adfico divino, que no se arredra ni siquiera ante la muerte, hab\u00ed\u00ada sido cantado por el profeta Oseas poniendo de manifiesto la fuerza irresistible de Dios: \u00abPero yo los librar\u00e9 (padah) del poder del abismo (se&#8217;ol); los salvar\u00e9 (ga&#8217;l) del poder de la muerte. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1n, muerte, tus estragos? \u00bfD\u00f3nde est\u00e1n, abismo, tus azotes?\u00bb (Ose 13:14). La redenci\u00f3n no ocurre porque el pueblo la necesita o la invoca, sino porque Dios es el redentor (go&#8217;el) de su pueblo. En Ose 7:13 se repite la promesa divina: \u00abCuando yo los quer\u00ed\u00ada salvar (padah), profer\u00ed\u00adan mentiras contra m\u00ed\u00ad\u00bb.<\/p>\n<p>Con el D\u00e9utero-Isa\u00ed\u00adas la salvaci\u00f3n de Yhwh se manifiesta como redenci\u00f3n para todos los hombres: \u00abY todo mortal sabr\u00e1 que yo, el Se\u00f1or, soy tu salvador y tu redentor, el fuerte de Jacob\u00bb (Isa 49:26). As\u00ed\u00ad en Isa 52:10 : \u00abEl Se\u00f1or desnuda su brazo santo ante los ojos de todos los pueblos, y todos los confines de la tierra ver\u00e1n la salvaci\u00f3n de nuestro Dios\u00bb. El horizonte universal de la redenci\u00f3n y su naturaleza divina en D\u00e9utero-Isa\u00ed\u00adas hacen comprender que no se trata obviamente de una liberaci\u00f3n solamente pol\u00ed\u00adtica de Israel. Es toda la historia humana la que est\u00e1 bajo el amor salv\u00ed\u00adfico de Dios, que libra al hombre del mal, no s\u00f3lo pol\u00ed\u00adtico, en sentido radical.<\/p>\n<p>Al Israel disperso en el destierro se le anuncia la liberaci\u00f3n del m\u00e1s fuerte que \u00e9l: \u00abEl que dispers\u00f3 a Israel lo re\u00fane, lo guarda como un pastor su reba\u00f1o. S\u00ed\u00ad, el Se\u00f1or ha redimido (padah) a Jacob, lo ha librado (ga &#8216;al) de una mano m\u00e1s fuerte\u00bb (Jer 31:10-11). La repatriaci\u00f3n de los exiliados, la reuni\u00f3n del pueblo, la liberaci\u00f3n del \u00abm\u00e1s fuerte\u00bb son el contenido de la redenci\u00f3n, vista en la perspectiva de la unidad y de la vida del pueblo de Dios, no tanto de la \u00abnaci\u00f3n\u00bb en sentido pol\u00ed\u00adtico.<\/p>\n<p>El pueblo de Dios est\u00e1 constituido por los que son liberados y se convierten a la justicia divina: \u00abSi\u00f3n ser\u00e1 redimida con el derecho y sus convertidos con la justicia\u00bb (Isa 1:27). Pues solamente el poder salv\u00ed\u00adfico divino puede establecer una vida comunitaria armoniosa y solidaria, es decir, la justicia. Inmediatamente, la \u00abredenci\u00f3n\u00bb es pol\u00ed\u00adtica; pero la perspectiva es \u00faltimamente escatol\u00f3gica, como en Zac 10:8 : \u00abDar\u00e9 un silbido y los reunir\u00e9, porque yo los he rescatado (padah), y los har\u00e9 tan numerosos como antes\u00bb. Una vez m\u00e1s la redenci\u00f3n se verifica con la reuni\u00f3n del pueblo de Dios.<\/p>\n<p>4. Los SALMOS. En los \/ Salmos [IV, 2], sobre todo en las s\u00faplicas o lamentaciones, se invoca con obstinada confianza la redenci\u00f3n. Ella da cuerpo al grito del orante: \u00abResc\u00e1tame (padah), Se\u00f1or, y ten piedad de m\u00ed\u00ad\u00bb (Sal 26:11); \u00abVen junto a m\u00ed\u00ad, resc\u00e1tame\u00bb (Sal 69:19); \u00abResc\u00e1tame de la opresi\u00f3n de los hombres\u00bb (Sal 119:134).<\/p>\n<p>El orante no da razones; no pretende, no avanza derechos: \u00abLev\u00e1ntate, ven a socorrernos; resc\u00e1tanos por tu misericordia\u00bb (Sal 44:27). Conf\u00ed\u00ada en la misericordia (hesed) divina, que es la \u00fanica raz\u00f3n a la que apelar para invocar la redenci\u00f3n. La misericordia de Dios, o sea su capacidad y disponibilidad para salvar es el fundamento de la confiada \/ oraci\u00f3n del israelita.<\/p>\n<p>El salmista, en las s\u00faplicas, se encuentra en estado de necesidad a causa de los \u00abenemigos\u00bb, proyecci\u00f3n de todos los males que le angustian y le amenazan. El grita: \u00abEn tus manos encomiendo mi esp\u00ed\u00adritu; t\u00fa me rescatar\u00e1s, Se\u00f1or, Dios verdadero\u00bb (Sal 31:6). La menci\u00f3n de los enemigos es clara en los vers\u00ed\u00adculos 9.12.14.19; en este caso probablemente los enemigos son la proyecci\u00f3n de la enfermedad (cf vv. 10-11) que le ha herido.<\/p>\n<p>Entre la culpa y los males que se abaten sobre el hombre existe una secreta conexi\u00f3n; m\u00e1s a\u00fan, el pecado es el mal m\u00e1s profundo: \u00abSi tienes en cuenta nuestros delitos, \u00bfqui\u00e9n podr\u00e1 resistir, Se\u00f1or? El redimir\u00e1 a Israel de todos sus delitos\u00bb (Sal 130:3.8). Perdonando los pecados y librando de las culpas, el Se\u00f1or lleva a cabo la redenci\u00f3n radical que pone t\u00e9rmino al estado de necesidad del orante. Por eso sus siervos, que conf\u00ed\u00adan en \u00e9l, experimentan la verdadera redenci\u00f3n: \u00abEl Se\u00f1or rescata la vida de sus siervos, los que en \u00e9l se refugian no ser\u00e1n castigados\u00bb (Sal 34:23).<\/p>\n<p>Las declaraciones de liberaci\u00f3n de los salmos se refieren en su mayor\u00ed\u00ada a estados de necesidad concretos y terrenos; entre ellos, adem\u00e1s de la enfermedad y de la muerte, est\u00e1n en primer plano los enemigos. Declaraciones generales que vayan m\u00e1s all\u00e1 del caso singular son raras. Las encontramos solamente en Sal 34:23, en un horizonte en el que a duras penas se puede decir que rebasa este mundo, y en Sal 130:7s en una visi\u00f3n t\u00ed\u00admidamente orientada en sentido escatol\u00f3gico. El hecho de que sea dominante la situaci\u00f3n concreta y terrestre no constituye un l\u00ed\u00admite. Es consecuencia de la conciencia de que el hombre en todo pone su confianza en Dios, el cual sale a su encuentro enla fortuna o en la desventura. Si bien de ese modo la desventura, el estado de necesidad y la hostilidad pierden su car\u00e1cter de callejones sin salida ni esperanza, no por eso sueltan la presa que aferran. De ello da la medida justamente el hecho de que su eliminaci\u00f3n es presentada no solamente como un salvar (nasal hifil\/malat piel), sino tambi\u00e9n como un rescatar o liberar\u00bb (J.J. Stamm).<\/p>\n<p>Los redimidos del Se\u00f1or cantan en la oraci\u00f3n de acci\u00f3n de gracias la misericordia del Dios que los salva: \u00abDad gracias al Se\u00f1or porque es bueno, porque es eterna su misericordia. Que lo digan los que el Se\u00f1or ha liberado, los que ha rescatado de la mano de los opresores\u00bb (Sal 107:1-2). La redenci\u00f3n divina experimentada hist\u00f3ricamente por Israel no s\u00f3lo se convierte en el objeto y en la raz\u00f3n del agradecimiento, sino tambi\u00e9n en la sustancia de la memoria cultual: \u00abYo te ensalzar\u00e9 con el arpa por tu fidelidad, Dios m\u00ed\u00ado, y con la c\u00ed\u00adtara tocar\u00e9 para ti, oh Santo de Israel; porque t\u00fa has rescatado mi vida, tocar\u00e9 para ti, mis labios cantar\u00e1n alegres\u00bb (Sal 71:22-23). La s\u00faplica tiene la garant\u00ed\u00ada de ser escuchada en el hecho de que el Se\u00f1or ya en el pasado rescat\u00f3 a sus siervos que recurrieron a \u00e9l con confianza. Y en la acogida y reconocimiento de la redenci\u00f3n divina, el hombre percibe concretamente y reconoce su necesidad de redenci\u00f3n y pasa por la experiencia m\u00e1s radical de su culpa frente al amor gratuitamente libre, no debido ni condicionado, de su Dios.<\/p>\n<p>IV. EL NUEVO TESTAMENTO. 1. PROBLEMA TERMINOL\u00ed\u201cGICO. La realidad de la redenci\u00f3n, es decir, el perd\u00f3n y la autocomunicaci\u00f3n liberadora y vivificadora de Dios al hombre, la expresa el NT con una notable riqueza de vocabulario, que indica ya sea el acontecimiento o el acto de la redenci\u00f3n, ya la condici\u00f3n objetiva de ser redimido. Limitamos nuestra reflexi\u00f3n al acontecimiento de la redenci\u00f3n y queremos ilustrar -obviamente dentro de los l\u00ed\u00admites que se nos imponen o remitiendo a otras voces [\/ Liberaci\u00f3n, \/ Justicia, \/ Fe, \/ Reconciliaci\u00f3n, \/ Pecado, \/ Misericordia]- la acci\u00f3n y la oferta de perd\u00f3n de Dios a la libertad del hombre.<\/p>\n<p>Los escritos del NT recurren a esquemas o modelos interpretativos diferentes:<br \/>\na) Modelo social: hace uso de los vocablos redimir\/ redenci\u00f3n (apolytro\u00fan), liberar\/ liberaci\u00f3n (eleuthero\u00fan), comprar (exagor\u00e1zein). El vocabulario mencionado remite a la experiencia de la liberaci\u00f3n de los esclavos o de los prisioneros, pero es innegable la evocaci\u00f3n de la instituci\u00f3n del go&#8217;el del AT. Por ejemplo, leemos en Rom 3:24; \u00abAhora son justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redenci\u00f3n de Cristo Jes\u00fas\u00bb. La redenci\u00f3n (apolytrosis) supone una condici\u00f3n de esclavitud, de la cual Cristo libra \u00abgratuitamente\u00bb). En Rom 6:18 leemos: \u00abLibres del pecado, os hab\u00e9is entregado al servicio de la justicia\u00bb. Liberaci\u00f3n-esclavitud, pecado justicia describen \u00e1mbitos de existencia opuestos.<\/p>\n<p>b) Modelo jur\u00ed\u00addico: hace uso de los vocablos justificar\/justificaci\u00f3n (dikaiosyne), justicia, juzgar, juicio. El vocabulario forense se pliega al servicio de la l\u00f3gica divina, que no condena al imp\u00ed\u00ado, sino que lo transforma y lo hace justo mediante la fe. As\u00ed\u00ad Rom 4:5 : \u00abDios justifica al culpable\u00bb; Rom 3:28 : \u00abDecimos con raz\u00f3n que el hombre es justificado por la fe sin la observancia d\u00e9 la ley\u00bb. En el \u00abproceso forense\u00bb entre Dios y el hombre no se da solamente la condena de los culpables y la absoluci\u00f3n de los inocentes, sino, mediante la fe, la redenci\u00f3n de los culpables, hechos justos por el juez divino.<\/p>\n<p>c) Modelo ritual: hace uso de los vocablos expiar\/expiaci\u00f3n (hil\u00e1skomai), purificar\/ purificaci\u00f3n. Estimamos que con expiaci\u00f3n se evoca la fiesta del kippur (cf Lev 16), es decir, la libre iniciativa con que Dios le ofrece a Israel la posibilidad de un intercambio como gesto de pacificaci\u00f3n con \u00e9l. Leemos, por ejemplo, Rom 3:25 : \u00abDios lo ha preestablecido (a Jes\u00fas) para servir como instrumento de expiaci\u00f3n [hilast\u00e9rion] por medio de la fe\u00bb. La expiaci\u00f3n no implica una sustituci\u00f3n del inocente que paga la pena en lugar del culpable, sino que indica la mutaci\u00f3n y la reducci\u00f3n de la pena hasta su cancelaci\u00f3n con vistas a la reconciliaci\u00f3n.<\/p>\n<p>d) Modelo interpersonal: hace uso de los vocablos reconciliar\/ reconciliaci\u00f3n (apokatall\u00e1ssein), pacificar\/pacificaci\u00f3n. Es un modelo que se inspira en las relaciones entre amigos, entre marido y mujer, entre grupos sociales, entre Estados. La iniciativa es de Dios, que elimina la ruptura, la separaci\u00f3n, el alejamiento. Leemos, por ejemplo, en 2Co 5:18-20 : \u00abTodo viene de Dios, que nos reconcili\u00f3 con \u00e9l por medio de Cristo y nos confi\u00f3 el ministerio de la reconciliaci\u00f3n. Pues Dios, por medio de Cristo, estaba reconciliando el mundo, no teniendo en cuenta sus pecados y haci\u00e9ndonos a nosotros depositarios de la palabra de la reconciliaci\u00f3n. Somos, pues, embajadores de Cristo, como si Dios os exhortase por nosotros. En nombre de Cristo os rogamos: reconciliaos con Dios\u00bb.<\/p>\n<p>e) Modelo sapiencial: hace uso de los verbos arrancar, sustraer (rhyomai) y salvar (s\u00f3zein). Se sobrentiende la amenaza de un peligro mortal del cual somos salvados. La redenci\u00f3n es, pues, un escapar a la muerte total gracias a una intervenci\u00f3n liberadora divina. L\u00e9ase, por ejemplo, Efe 2:5-8 : \u00ab(Dios) nos dio vida juntamente con Cristo (pues hab\u00e9is sido salvados por pura gracia) cuando est\u00e1bamos muertos por el pecado&#8230; Hab\u00e9is sido salvados gratuitamente por la fe; y esto no es cosa vuestra; es un don de Dios\u00bb. La redenci\u00f3n arranca de la muerte y hace vivir, hace pasar de la muerte a la vida (cf Jua 5:24 : \u00abEl que cree&#8230; ha pasado de la muerte a la vida\u00bb). El l\u00e9xico neotestamentario de vivir, vida, vida eterna entra tambi\u00e9n en el lenguaje de redenci\u00f3n; sobre todo san Juan recurre a \u00e9l abundantemente.<\/p>\n<p>La multiforme variedad del lenguaje de redenci\u00f3n posee dos puntos firmes fundamentales: en primer lugar, el acontecimiento redentor tiene su ra\u00ed\u00adz y principio en una libre voluntad divina de perd\u00f3n, que cambia las condiciones del hombre en el que termina; en segundo lugar, el amor misericordioso de Dios sale al encuentro de todo hombre partiendo de la particular existencia concreta y singular\u00ed\u00adsima de Jes\u00fas de Nazaret. Por consiguiente, Jes\u00fas es la figura hist\u00f3rica plena y definitiva de mediador de la salvaci\u00f3n divina para todos los hombres. Toda la vida hist\u00f3rica de Jes\u00fas es el \u00ablugar\u00bb particular y singular del cual brota la iniciativa salv\u00ed\u00adfica divina en favor de la humanidad.<\/p>\n<p>2. JES\u00daS REDENTOR EN LOS EVANGELIOS. LOS evangelios son el mensaje de la salvaci\u00f3n llevada a cabo por \/ Jes\u00fas, cuyo nombre significa \u00abYhwh salva\u00bb (Mat 1:21). La persona de Jes\u00fas, en los evangelios, se enfrenta con las varias formas de enfermedad y de pecado, de miseria y de opresi\u00f3n, de angustia y de muerte de la humanidad. Jes\u00fas viene a cambiar la calidad de la vida humana de las personas que encuentra mediante la liberaci\u00f3n sobre todo del pecado: \u00abEl salvar\u00e1 a su pueblo de sus pecados\u00bb (Mat 1:21).<\/p>\n<p>Es, pues, del acontecer hist\u00f3rico de la vida de Jes\u00fas de donde viene el perd\u00f3n de Dios: \u00abAnimo, hijo -dice Jes\u00fas-, tus pecados te son perdonados&#8230; Pues no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores\u00bb (Mat 9:2.13). No es la historia humana la que condiciona o determina de alg\u00fan modo la lib\u00e9rrima iniciativa divina de \/ amor: \u00abPorque tanto am\u00f3 Dios al mundo que dio a su Hijo \u00fanico, para que quien crea en \u00e9l no perezca, sino que tenga vida eterna\u00bb (Jua 3:16). La autocomunicaci\u00f3n vital de Dios es el fin de la misi\u00f3n y vida de Jes\u00fas: \u00abYo he venido para que tengan vida, y la tengan abundante\u00bb (Jua 10:10). Para darnos la vida divina, Jes\u00fas dio su propia vida hasta la muerte de cruz. El vivi\u00f3, muri\u00f3 y resucit\u00f3 \u00abpor nosotros\u00bb.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, la salvaci\u00f3n nace de la preexistencia hist\u00f3rica de Jes\u00fas; es la entrega de Dios a nosotros hasta modificar o cambiar las condiciones de vida del hombre (enfermedad, angustia, pecado, muerte). Con Jes\u00fas ha llegado a los hombres la salvaci\u00f3n de Dios, como se le dice a Zaqueo: \u00abHoy ha entrado la salvaci\u00f3n en esta casa\u00bb (Luc 19:9).<\/p>\n<p>Con Jes\u00fas, el Dios de Israel \u00abha visitado y redimido a su pueblo\u00bb (Luc 1:68): a la luz de la liberaci\u00f3n del \u00e9xodo (cf Sal 111:9), Lucas ve en Jes\u00fas al que da libertad al pueblo de Dios. Jes\u00fas, pues, lleva a su cumplimiento la espera de la redenci\u00f3n de Jerusal\u00e9n (Luc 2:38; cf Isa 52:3.9): la profetisa Ana representaba a los pobres de Yhwh, que esperaban la salvaci\u00f3n del pueblo de Dios. La redenci\u00f3n, llevada a cabo por Dios a trav\u00e9s de Jes\u00fas, tiene como mira no s\u00f3lo a los particulares, sino m\u00e1s bien al pueblo. Creemos no equivocarnos entendiendo estos pasajes en el sentido de que Jes\u00fas realiza la redenci\u00f3n reuniendo y juntando a su alrededor al pueblo de Dios, la \/ Iglesia.<\/p>\n<p>El nexo entre redenci\u00f3n y comunidad cristiana es reiterado por Mar 10:45 : \u00abEl Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por todos\u00bb (cf Mat 20:28). Estas palabras aparecen en el contexto de la regla comunitaria (vv. 43-44: \u00abEntre vosotros no debe ser as\u00ed\u00ad&#8230;\u00bb), cuya motivaci\u00f3n da (v. 45a: gar = pues). \u00abLa muerte expiadora de Jes\u00fas es indicada como fundamento de la comuni\u00f3n de vida y del estilo de la vida del cristiano. El mismo Jes\u00fas aparece como el &#8216;grande&#8217; (v. 43) y el `primero&#8217; (v. 44), que se ha manifestado como el siervo de la comunidad y el esclavo de todos en su misi\u00f3n de Hijo del hombre, que dio su vida en lugar y en favor de muchos, y en su servicio caracterizado por la muerte expiatoria indic\u00f3 el modelo de servicio que se ha de seguir dentro de la comunidad: `En esto hemos conocido el amor: en que \u00e9l ha dado su vida por nosotros; y nosotros debemos tambi\u00e9n dar la vida por nuestros hermanos&#8217; (Un 3,16). No la afirmaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo en la emulaci\u00f3n (cf 8,35-37), sino la abnegaci\u00f3n en favor de otros hace de la comunidad cristiana la nueva sociedad de la salvaci\u00f3n\u00bb (R. Pesch).<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n la comunidad cristiana est\u00e1 expuesta al odio y a la burla, a la calumnia y a la persecuci\u00f3n; pero est\u00e1 invitada a alzar la cabeza, \u00abporque la redenci\u00f3n vuestra est\u00e1 cerca\u00bb (Luc 21:28). El contexto es el comunitario, no el individual. La redenci\u00f3n est\u00e1 unida a la venida del Hijo del hombre con gran poder y gloria (v. 27). Lucas no deja ver claramente si se trata de la muerte-resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas o de los acontecimientos de la parus\u00ed\u00ada: la venida de Jes\u00fas en la carne y su venida en gloria no son independientes. Lo que importa aqu\u00ed\u00ad es la seguridad dada a la comunidad cristiana de la redenci\u00f3n como acontecimiento \u00fanico y definitivo realizado por la venida de Jes\u00fas, Hijo del hombre.<\/p>\n<p>3. LA MUERTE DE CRISTO ES REDENTORA. El amor misericordioso de Dios se manifiesta y se realiza espl\u00e9ndidamente y de modo hist\u00f3ricamente irreversible en la \/ muerte de Jes\u00fas, que da su vida: \u00abEl Hijo del hombre ha venido&#8230; a dar su vida como rescate por todos\u00bb (Mar 10:45). El acontecimiento hist\u00f3rico de la muerte de Jes\u00fas \u00abcumple\u00bb su servicio y su autoentrega incondicional por la \/ vida de los hombres. La \u00abverdad\u00bb de Jes\u00fas emerge y refulge en su amor hasta la muerte; y de \u00abaquella\u00bb muerte particular, fechada aunque singular\u00ed\u00adsima, viene la salvaci\u00f3n para todos.<\/p>\n<p>Jes\u00fas muri\u00f3 en la cruz como mediador de salvaci\u00f3n: \u00abHay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jes\u00fas, que se entreg\u00f3 a s\u00ed\u00ad mismo para liberarnos a todos\u00bb (1Ti 2:5-5). Es el hombre Cristo Jes\u00fas, es su muerte en la cruz lo que realiza la redenci\u00f3n, precisamente en cuanto don de s\u00ed\u00ad total e irreversible. \u00abRescate\u00bb no significa \u00abpago\u00bb a alguien, sino que es una met\u00e1fora de la liberaci\u00f3n llevada a cabo. Jes\u00fas dio su vida en cuanto es el hombre Cristo Jes\u00fas, en todo solidario de los hombres, excepto el pecado.<\/p>\n<p>La redenci\u00f3n tiene como resultado la pertenencia a Dios y la constituci\u00f3n del pueblo de Dios: \u00ab(Jes\u00fas) se entreg\u00f3 a s\u00ed\u00ad mismo por nosotros para redimirnos y hacer de nosotros un pueblo escogido, limpio de todo pecado y dispuesto a hacer siempre el bien\u00bb (Tit 2:14).<\/p>\n<p>Con su muerte, Jes\u00fas no es tanto el que \u00absacrifica\u00bb algo a Dios en el culto, sino el que se da a s\u00ed\u00ad mismo como sacrificio vivo y personal. La muerte de Jes\u00fas es el sacrificio \u00abexistencial\u00bb, real, y no ritual, porque no se ofrece una v\u00ed\u00adctima diversa del sacrificador. As\u00ed\u00ad pues, toda la existencia humana de Jes\u00fas, culminada en su muerte, es la que, d\u00e1ndose por nosotros, nos reconcilia con Dios.<\/p>\n<p>El don libre y voluntario de s\u00ed\u00ad hasta la muerte es un tema desarrollado sobre todo por Juan (18,4-8) en el momento del arresto de Jes\u00fas, el cual se entrega con soberana libertad a sus acusadores. El amor de Dios, encarnado en Jes\u00fas, ha llegado hasta el t\u00e9los y cumplimiento perfecto (tet\u00e9lestai) en la muerte de Jes\u00fas en cruz (Jua 19:30). Y Jes\u00fas muere por amor y para comunicar el amor de Dios, es decir, el Esp\u00ed\u00adritu, que brota, simbolizado por el agua (Jua 19:37), del costado traspasado del crucificado.<\/p>\n<p>La muerte de Jes\u00fas es una muerte \u00abparticular\u00bb, y no solamente un caso particular de la muerte de un justo; y la \/ resurrecci\u00f3n hace resaltar la singularidad de la muerte de Jes\u00fas. La singularidad de la muerte de Jes\u00fas la ponen de manifiesto las mismas palabras del crucificado: \u00abPadre, perd\u00f3nales, porque no saben lo que hacen\u00bb (Luc 23:34); \u00abPadre, en tus manos encomiendo mi esp\u00ed\u00adritu\u00bb (Luc 23:46). Es la muerte del Hijo, que puede gritarle Abba a Dios. La muerte de Jes\u00fas es salv\u00ed\u00adfica y redentora porque en ella no est\u00e1 Dios ausente, sino presente y operante como Dios que salva. \u00abPor la gracia de Dios gust\u00f3 la muerte en beneficio de todos\u00bb (Heb 2:9). Y la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas no es s\u00f3lo una ratificaci\u00f3n sucesiva, sino el \u00ababrirse\u00bb de la presencia divina victoriosa en la muerte de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>4. LA REDENCI\u00ed\u201cN EN PABLO. Ya se ha aludido a la riqueza terminol\u00f3gica del NT, y en particular de \/ Pablo, para expresar el misterio de la redenci\u00f3n. \u00bfEs posible intentar una breve s\u00ed\u00adntesis del pensamiento paulino? Nos atrevemos a proponer algunas l\u00ed\u00adneas de fondo.<\/p>\n<p>Ante todo, el protagonista de la redenci\u00f3n es Dios Padre: Jesucristo no recibe nunca el t\u00ed\u00adtulo de \u00abredentor\u00bb. Fuera del cuerpo paulino se da el t\u00ed\u00adtulo de \u00absalvador\u00bb ya sea a Dios (1Ti 1:1; Tit 1:3; Tit 2:10), ya a Jes\u00fas (Tit 1:4; 2Pe 1:11). En los escritos paulinos, solamente en Flp 3:20 se llama a Jes\u00fas \u00absalvador\u00bb. El autor de la redenci\u00f3n, que se lleva a cabo mediante Jes\u00fas como \u00abinstrumento\u00bb o mediador absoluto de pacificaci\u00f3n (kapporet), es Dios Padre: \u00ab(Todos) son ahora justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redenci\u00f3n de Cristo Jes\u00fas\u00bb (Rom 3:24). De Dios Padre tiene origen la libre iniciativa gratuita de suprimir todo obst\u00e1culo a la pacificaci\u00f3n con los hombres. \u00abPor obra de Dios (Padre) se ha convertido (Jes\u00fas) para nosotros en sabidur\u00ed\u00ada\u00bb (del Padre), que implica para nosotros \u00abjusticia, santificaci\u00f3n y redenci\u00f3n\u00bb (1Co 1:30). El \u00fanico deseo de Dios Padre es salvarnos: \u00abSi Dios (Padre) est\u00e1 con nosotros, \u00bfqui\u00e9n estar\u00e1 contra nosotros? El que no perdon\u00f3 ni a su propio Hijo, sino que lo entreg\u00f3 por todos nosotros, \u00bfc\u00f3mo no nos dar\u00e1 gratuitamente con \u00e9l todas las cosas? \u00bfQui\u00e9n podr\u00e1 acusar a los hijos de Dios? Dios (Padre) es el que absuelve\u00bb (Rom 8:33). A trav\u00e9s del don del Hijo se revela y se comunica a nosotros el amor del Padre: \u00ab(Nada) podr\u00e1 jam\u00e1s separarnos del amor de Dios (Padre), en Cristo Jes\u00fas, Se\u00f1or nuestro\u00bb (Rom 8:39).<\/p>\n<p>La redenci\u00f3n divina es cristoc\u00e9ntrica, es decir se realiza mediante Jesucristo, en cuya muerte y resurrecci\u00f3n obra Dios Padre, el redentor. Como se ha dicho en Rom 5:9, somos \u00abjustificados por su sangre\u00bb. Jes\u00fas, nuestro Se\u00f1or, \u00abfue entregado por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificaci\u00f3n\u00bb (Rom 4:25). Muerte y resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas son para Pablo el centro del acontecimiento redentor. En el acontecimiento hist\u00f3rico de la muerte y resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas entra definitivamente en la historia la voluntad de perd\u00f3n de Dios y se ofrece a todo hombre que cree. Pues Jes\u00fas \u00abse entreg\u00f3 a s\u00ed\u00ad mismo por nuestros pecados para sacarnos de este mundo perverso, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre\u00bb (G\u00e1l 1:4). Coherentemente afirma Pablo: \u00abMi vida presente la vivo en la fe en el Hijo de Dios, el cual me am\u00f3 y se entreg\u00f3 a s\u00ed\u00ad mismo por m\u00ed\u00ad\u00bb (G\u00e1l 2:20). La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas es el cumplimiento salv\u00ed\u00adfico de la muerte: el obrar redentor de Dios, que estaba presente en la muerte de Jes\u00fas, se manifiesta de forma definitiva y victoriosa en la resurrecci\u00f3n. Dios ha vencido la muerte, \u00abel \u00faltimo enemigo\u00bb (lCor 15,26).<\/p>\n<p>Los efectos de la redenci\u00f3n son la liberaci\u00f3n del pecado (\u00abEl nos ha obtenido con su sangre la redenci\u00f3n, el perd\u00f3n de los pecados, seg\u00fan la riqueza de su gracia\u00bb: Efe 1:7; cf Col 1:14; adem\u00e1s, cf Tit 2:14; Heb 9:12-13), del diablo (\u00abEl nos rescat\u00f3 del poder de las tinieblas y nos transport\u00f3 al reino de su Hijo querido, en quien tenemos la liberaci\u00f3n y el perd\u00f3n de los pecados\u00bb: Col 1:13-14; Col 2:15; cf Heb 2:14) y de la muerte (\u00abEl amor de Dios se ha manifestado ahora con la aparici\u00f3n de nuestro Se\u00f1or, Cristo Jes\u00fas, que destruy\u00f3 la muerte y ha hecho brillar la vida y la inmortalidad por el evangelio\u00bb: 2Ti 1:10; cf Heb 2:14-15). Diablo, pecado y muerte son, en el pensamiento paulino, y en general en el neotestamentario, situaciones negativas objetivas, potencias de destrucci\u00f3n, \u00abdatos objetivos\u00bb. La redenci\u00f3n de Jes\u00fas -con el cumplimiento de su destino en la resurrecci\u00f3n- cambia radicalmente la \u00absituaci\u00f3n\u00bb hist\u00f3rica de la humanidad: todo hombre, mediante la fe en el Se\u00f1or Jes\u00fas, puede hacer suya la nueva \u00absituaci\u00f3n\u00bb de salvaci\u00f3n realizada mediante Cristo. El pecado del que hemos sido redimidos es la condici\u00f3n de alienaci\u00f3n de Dios, que tiene relaci\u00f3n profunda con el diablo y conduce a la muerte total. La redenci\u00f3n es, pues, \u00abreconciliaci\u00f3n\u00bb con Dios (2Co 5:18-20) [\/Mal\/Dolor; \/ Angeles\/ Demonios].<\/p>\n<p>El efecto positivo fontal de la redenci\u00f3n es el don del Esp\u00ed\u00adritu de Cristo: \u00abTambi\u00e9n vosotros los que hab\u00e9is escuchado la palabra de la verdad, el evangelio de vuestra salvaci\u00f3n, en el que hab\u00e9is cre\u00ed\u00addo, hab\u00e9is sido sellados con el Esp\u00ed\u00adritu Santo prometido, el cual es garant\u00ed\u00ada de nuestra herencia, para la plena liberaci\u00f3n del pueblo de Dios y alabanza de su gloria\u00bb (Efe 1:13-14). El \/ Esp\u00ed\u00adritu de Cristo es una \u00abmarca de propiedad\u00bb puesta en el pueblo de Dios rescatado; como hijos mediante el Esp\u00ed\u00adritu (G\u00e1l 3:2-3; G\u00e1l 4:6-7; Rom 8:12-17), los redimidos forman el pueblo de Dios, es decir, el pueblo que es propiedad de Dios.<\/p>\n<p>Un texto no paulino, la carta a los Hebreos, en una solemne y profunda meditaci\u00f3n del misterio cristol\u00f3gico de la redenci\u00f3n, pone ante los ojos de los cristianos la figura de Jesucristo sacerdote y el acontecimiento de su sacrificio sacerdotal como acontecimiento de solidaridad con la humanidad: \u00abPor lo cual debi\u00f3 hacerse en todo semejante a sus hermanos, para convertirse en sumo sacerdote misericordioso y fiel ante Dios, para alcanzar el perd\u00f3n de los pecados del pueblo. Pues por el hecho de haber sufrido y haber sido probado, est\u00e1 capacitado para venir en ayuda de aquellos que est\u00e1n sometidos a la prueba\u00bb (Heb 2:17-18). Indudablemente, tambi\u00e9n para Pablo la solidaridad de Jesucristo, \u00abnacido de mujer, nacido bajo la ley\u00bb (G\u00e1l 4:4) para rescatarnos y hacernos hijos de Dios, es el horizonte en el cual hay que pensar correctamente la redenci\u00f3n.<\/p>\n<p>La solidaridad de Dios con los hombres pecadores ha llegado al punto de que \u00abal que no conoci\u00f3 pecado, le hizo pecado en lugar nuestro, para que nosotros seamos en \u00e9l justicia de Dios\u00bb (2Co 5:21). Jes\u00fas se solidariz\u00f3 tambi\u00e9n con los efectos nefastos del pecado, el poder productor de muerte y ruina. Y as\u00ed\u00ad Dios \u00abconden\u00f3 el pecado en la carne\u00bb (Rom 8:3) de Cristo, convertido en hombre pasible y mortal como nosotros pecadores, pero inocente y sin pecado.1609<br \/>\n\u00abLa creaci\u00f3n ser\u00e1 librada de la esclavitud de la destrucci\u00f3n para ser admitida a la libertad gloriosa de los hijos de Dios&#8230; No s\u00f3lo ella, sino tambi\u00e9n nosotros, que tenemos las primicias del Esp\u00ed\u00adritu, gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopci\u00f3n filial, la redenci\u00f3n de nuestro cuerpo\u00bb (Rom 8:21.23). El destino del hombre est\u00e1 ligado a su cosmos, y por consiguiente la creaci\u00f3n entera participar\u00e1 de la redenci\u00f3n definitiva del hombre realizada por Cristo. Aqu\u00ed\u00ad est\u00e1 sintetizada la visi\u00f3n paulina sobre el futuro del hombre y del cosmos.<\/p>\n<p>La salvaci\u00f3n, que se refiere al hombre solidario con el cosmos, es salvaci\u00f3n en la esperanza (Rom 8:24). \u00abEs la esperanza del hombre en la resurrecci\u00f3n (Rom 8:17-18.23.25) lo que permite a san Pablo hablar de la esperanza de toda la creaci\u00f3n: la esperanza cristiana lleva al universo al futuro de la salvaci\u00f3n\u00bb (J. Alfaro). La redenci\u00f3n del \u00abcuerpo\u00bb del hombre est\u00e1 ya presente, aunque a\u00fan no completada; y, mediante la corporeidad humana, el mismo cosmos est\u00e1 ya -si bien a\u00fan no perfectamente-integrado en el destino del hombre.<\/p>\n<p>La redenci\u00f3n de Jesucristo involucra a todo el hombre, tanto como individuo como comunidad, lo mismo como alma que como cuerpo ligado a su cosmos, tanto en su \u00abtiempo perdido\u00bb en el pecado como en la apertura de un futuro de esperanza. Mediante la redenci\u00f3n de Cristo, Dios est\u00e1 haciendo nuevas todas las cosas para hacer nacer \u00abun cielo nuevo y una tierra nueva\u00bb (Apo 21:1).<\/p>\n<p>BIBL.: AA.VV., La salvezza cristiana, Cittadella, As\u00ed\u00ads 1975; ALONSO SCHOKEL L., La R\u00e9demption oeuvre de solidarit\u00e9, en \u00abNRT\u00bb 93 (1971) 449-472; BENOIT P., Pasi\u00f3n y resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or, Fax, Madrid 1971; CONGAR Y., La mia parrocchia vasto mondo, Edizioni Paoline 19652; CROUZEL H., Le dogme de la R\u00e9demption dans l&#8217;Apocalypse, en \u00abBulletin de Litt\u00e9rature Eccl\u00e9siastique\u00bb 58 (1957) 65-92; DUPONT J., La r\u00e9conciliation dans la th\u00e9ologie de St. Paul, Brujas 1953; LEON-DUFOUR X., Redenci\u00f3n, en Vocabulario de teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica, Herder, Barcelona 1976; LYONNET S., De notione redemptionis, en \u00abVD\u00bb 36 (1958) 126-146; LYONNET S., SABOCRIN L., Sin, Redemption and Sacriftce, Roma 1970; MORALDI L., Espiazione sacrifica\/e e riti espiatori nell&#8217;ambiente biblico e nell&#8217;AT, Roma 1956; ID, Per una correcta lettura della soteriologia biblica, en \u00abLa Scuola cattolica\u00bb 108 (1980) 313-343; MUNDE W. y otros, Redenci\u00f3n, en DTNT, IV, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1984, 54-67; MOLTMANN J., El Dios crucificado, S\u00ed\u00adgueme 19772; \u00abParole di vita\u00bb, n. 1 del 1984: Cristo Redentore; RAHNER K., Redenci\u00f3n, Sacramentum mundi V, Herder 1976, 758-776; SABOCRIN E, Redenci\u00f3n sacrificial. Encuesta exeg\u00e9tica, DDB, Bilbao 1969; SCHENKER A., Koper et expiation, en \u00abBib\u00bb 63 (1982) 32-46; STAMM J.J., g7-redimir, en DTAT I, Cristiandad, Madrid 1978, 549-564; ID, Padh &#8211; redimir, liberar, ib, 11, 1985, 495-515; STUHLMUELLER, Creative Redeption in Deuterolsaiah, Roma 1970.<\/p>\n<p>A. Bonora<\/p>\n<p>P Rossano &#8211; G. Ravasi &#8211; A, Girlanda, Nuevo Diccionario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, San Pablo, Madrid 1990<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda B\u00edblica<\/b><\/p>\n<p>V\u00e9ase RESCATE.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia<\/b><\/p>\n<p>Sumario: 1. El problema en la cultura moderna. II. Tema y m\u00e9todo. III. Antiguo Testamento: 1. Los verbos \u2020\u0153ga\u2020\u2122al\u2020\u009d y \u2020\u0153padah\u2020\u009d: solidaridad y redenci\u00f3n; 2. El Dios liberador en Exodo; 3. D\u00e9utero-lsa\u00ed\u00adas (Is 40-55) y otros profetas; 4. Los Salmos. IV. El Nuevo Testamento: 1. Problema terminol\u00f3gico; 2. Jes\u00fas redentor en los evangelios; 3. La muerte de Cristo es redentora; 4. La redenci\u00f3n en Pablo.<br \/>\n2735<br \/>\n1. EL PROBLEMA EN LA CULTURA MODERNA.<br \/>\nLa cultura contempor\u00e1nea es una cultura de la crisis; al hacer al hombre el redentor de s\u00ed\u00ad mismo, registrando por otra parte sus continuos fracasos, es incapaz de ofrecer esperanza y acent\u00faa las razones de la inseguridad, de la desorientaci\u00f3n y de la duda. Se convierte incluso en una cultura nihilista. El gran fil\u00f3sofo marxista heterodoxo E. Bloch ha trazado la figura del hombre de la crisis en su \u2020\u0153h\u00e9roe rojo\u2020\u009d as\u00ed\u00ad descrito: \u2020\u0153Confesando hasta la muerte la causa por la cual ha vivido, avanza claramente, fr\u00ed\u00adamente, hacia la nada, en la que ha aprendido a creer en cuanto esp\u00ed\u00adritu libre. Por eso su sacrificio es diverso del de los antiguos m\u00e1rtires: \u00e9stos mor\u00ed\u00adan, sin excepci\u00f3n, con una oraci\u00f3n en los labios, creyendo as\u00ed\u00ad haber ganado el cielo. En cambio, el h\u00e9roe comunista, bajo los zares, bajo Hitler o bajo cualquier otro r\u00e9gimen, se sacrifica sin esperanza de resurrecci\u00f3n\u2020\u009d. El h\u00e9roe rojo es el hombre adulto, racional, sin ilusiones, pero tambi\u00e9n nihilista de la cultura moderna, que lucha por un mundo m\u00e1s justo y humano, sabiendo que va hacia la nada. Es el hombre que pretende redimirse a s\u00ed\u00ad mismo, aqu\u00ed\u00ad y ahora, y no esperar la salvaci\u00f3n de otro.<br \/>\nLa \u2020\u0153redenci\u00f3n\u2020\u009d cuyo sentido b\u00ed\u00adblico indagamos es, en cambio, la acci\u00f3n liberadora de Dios, que llega a nosotros aqu\u00ed\u00ad y ahora, confi\u00e1ndonos el don-cometido de testimoniar con una praxis renovada los nuevos cielos y la tierra nueva que est\u00e1n ya germinalmente presentes en esperanza, pero que encontrar\u00e1n pleno cumplimiento en la venida del Se\u00f1or Jes\u00fas.<br \/>\nAl h\u00e9roe rojo blochiano se contrapone la esperanza del ap\u00f3stol Pablo: \u2020\u0153Si lo que esperamos de Cristo es s\u00f3lo para esta vida, somos los hombres m\u00e1s desgraciados. Pero Cristo ha resucitado de entre los muertos como primicias de los que mueren. Porque como por un hombre vino la muerte, as\u00ed\u00ad por un hombre la resurrecci\u00f3n de los muertos; y como todos mueren en Ad\u00e1n, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n todos revivir\u00e1n en Cristo\u2020\u009d ico 15,19-21). Del hombre viene la muerte, de Cristo viene la vida; del hombre no viene la esperanza, pero Cristo da motivo para esperar tambi\u00e9n m\u00e1s all\u00e1 de la muerte, porque \u00e9l ha vencido la muerte.<br \/>\nFrente al desaf\u00ed\u00ado de la cultura moderna, el cristiano est\u00e1 llamado a responder de su fe en el redentor. La! fe cristiana, en efecto, no cree solamente en un Dios que da, como lo admit\u00ed\u00ada tambi\u00e9n Arist\u00f3teles, sino que perdona. Y del perd\u00f3n redentor de Dios nace la esperanza del cristiano. Pero Dios redime a trav\u00e9s del acontecimiento hist\u00f3rico, particular y singular\u00ed\u00adsimo, de la muerte-resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas; de ese acontecimiento brota la salvaci\u00f3n para todos. Es una redenci\u00f3n divina, verificada a trav\u00e9s de la mediaci\u00f3n humana e hist\u00f3rica de la vida de Jes\u00fas, para cuya comprensi\u00f3n hay que interrogar a toda la Biblia.<br \/>\n2736<br \/>\nII. TEMA Y METODO.<br \/>\n\u2020\u0153Redenci\u00f3n\u2020\u009d es un vocablo que arrastra consigo un racimo de otros t\u00e9rminos per-tenencientes a la misma \u00e1rea sem\u00e1ntica: \u00c2\u00a1liberaci\u00f3n, rescate, salvaci\u00f3n, expiaci\u00f3n, adquisici\u00f3n, \u00c2\u00a1justicia, justificaci\u00f3n, purificaci\u00f3n, etc. La variedad y la riqueza del l\u00e9xico b\u00ed\u00adblico que interesa a este campo sem\u00e1ntico pone en guardia contra la absolutiza-ci\u00f3n de una sola categor\u00ed\u00ada o t\u00e9rmino o imagen, y es igualmente indicio del car\u00e1cter misterioso, inagotable y pro-teiforme de la acci\u00f3n inaferrable pero real\u00ed\u00adsima de Dios por el hombre pecador. Justamente el hombre pecador es el que es redimido; pero aqu\u00ed\u00ad no profundizaremos el concepto b\u00ed\u00adblico de \u00c2\u00a1 pecado.<br \/>\nM\u00e1s que seguir la variedad terminol\u00f3gica con el intento filol\u00f3gico de determinar exactamente los diferentes aspectos de la aproximaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica a la \u2020\u0153realidad\u2020\u2122 de la redenci\u00f3n, optamos por dejarnos guiar por la idea que est\u00e1 subyacente y es com\u00fan. Entendemos, pues, por \u2020\u0153redenci\u00f3n\u2020\u2122 la acci\u00f3n con la cual Dios, directamente o por medio de mediaciones! mediadores, viene en socorro del hombre y lo libra de la culpa! pecado, entendido \u00faltimamente como rechazo de la oferta divina de hacernos participar de su vida. En otros t\u00e9rminos, redenci\u00f3n es el s\u00ed\u00ad victorioso y perennemente v\u00e1lido de Dios en su entrega absoluta y definitiva por la vida del hombre, el cual se opone, en cuanto pecador, a su Dios con su cierre y su negativa.<br \/>\nDesde el punto de vista terminol\u00f3gico, para el AT estudiaremos sobre todo los textos donde aparece el verbo redimir (ga \u2020\u02dca\/y padah) y salvar (js% mientras que para el NT seguiremos los diversos modelos interpretativos puestos de manifiesto por un l\u00e9xico diversificado y propondremos breves s\u00ed\u00adntesis.<br \/>\n2737<br \/>\nIII. ANTIGUO TESTAMENTO.<br \/>\n2738 1. LOS VERBOS GA\u2020\u2122AL Y \u2020\u0153PADAH\u2020\u2122: SOLIDARIDAD Y REDENCI\u00ed\u201cN.<br \/>\nDos ra\u00ed\u00adces hebreas: ga\u2020\u2122al) (118 veces) y padah (70 veces) tienen una funci\u00f3n peculiar para determinar el concepto veterotestamentario de redenci\u00f3n. En ambos casos es com\u00fan la idea de \u2020\u0153rescate\u2020\u009d de una situaci\u00f3n jur\u00ed\u00addica de esclavitud, de deuda; en general, de necesidad. Mas mientras que padah no es t\u00ed\u00adpico y exclusivo de un determinado sector del derecho, ga \u2020\u02dcal nace y se desarrolla sobre todo en el \u00e1mbito del derecho de familia, del clan, de la tribu. Trat\u00e1ndose de verbos jur\u00ed\u00addicos, somos remitidos al contenido de la legislaci\u00f3n israelita, y por tanto a la \u2020\u0153liberaci\u00f3n\u2020\u009d o al \u2020\u0153rescate\u2020\u009d onerosos de propiedades o de personas por obra de otros hombres con vistas a la libertad o para salvar la misma vida.<br \/>\nLa historia humana de las relaciones sociales crea condiciones de esclavitud, de injusticia, de miseria, de las cuales el derecho israelita estimula a salir mediante una serie de obligaciones jur\u00ed\u00addicas. En particular, dos principios inspiran el derecho de Israel: a) la libertad del individuo supone un m\u00ed\u00adnimo de independencia econ\u00f3mica; b) solamente en una relaci\u00f3n armoniosa con la comunidad (familia, clan, tribu) est\u00e1 el individuo en condiciones de realizar su libertad. La \u2020\u0153redenci\u00f3n\u2020\u2122 es, pues, restituci\u00f3n de la libertad en un contexto de armoniosas relaciones con la comunidad.<br \/>\nPor ejemplo, la ut\u00f3pica legislaci\u00f3n sobre el a\u00f1o sab\u00e1tico y sobre el a\u00f1o jubilar (Lv 25) tiende a garantizar la propiedad familiar, que con el jubileo vuelve a las familias de origen: \u2020\u0153Si tu hermano empobrece y tiene que vender una parte de su propiedad, venga su pariente m\u00e1s pr\u00f3ximo (go \u2020\u02dcal\u00f3 haq-qarob) a ejercer el derecho de rescate (ga\u2020\u2122al) sobre cuanto vende el hermano\u2020\u009d (Lv 25,25). Por tanto, la familia israelita vive libremente s\u00f3lo sobre la base de una propiedad de terreno. La instituci\u00f3n jur\u00ed\u00addica del go\u2020\u2122el (= pariente pr\u00f3ximo que rescata) -que encontramos en el estupendo relato de Rt- se funda bien sea en la solidaridad familiar, bien en el principio de la radicaci\u00f3n de la familia en la propiedad del terreno. La redenci\u00f3n es, pues, un acto de solidaridad con vistas a la restituci\u00f3n de la libertad de la miseria, de la esclavitud o, en una palabra, de la marginaci\u00f3n social de la comunidad de los hombres libres con plenos derechos.<br \/>\nNo solamente las propiedades, sino las mismas personas pueden ser vendidas, por lo cual tienen necesidad de rescate: \u2020\u0153Si el hu\u00e9sped o extranjero residente en medio de ti se enriquece, y un hermano tuyo empobrece contrayendo deuda con aqu\u00e9l y se ve obligado a venderse al hu\u00e9sped o al extranjero o a un descendiente de su familia, gozar\u00e1 del derecho de rescate (ge\u2020\u2122ullah) una vez vendido; uno de sus hermanos, su t\u00ed\u00ado, su primo o un pariente cercano, lo podr\u00e1 rescatar; y si llega a tener medios, puede rescatarse a s\u00ed\u00ad mismo\u2020\u009d (Lv 25,4 7-49). Es siempre la solidaridad familiar la que funda el derecho-deber del rescate, incluso en el caso de la \u2020\u0153venganza de la sangre\u2020\u2122 (cf N\u00fam 35,9-29) [1 Lev\u00ed\u00adtico].<br \/>\nEl sentido de la \u2020\u0153redenci\u00f3n\u2020\u2122 en las relaciones sociales se puede definir como \u2020\u0153liberaci\u00f3n del poder extra\u00f1o de lo que pertenece a la familia\u2020\u2122 (K. Koch). Si luego la gran familia es la naci\u00f3n, entonces el go\u2020\u2122elde todos los oprimidos es el rey: \u2020\u0153El liberar\u00e1 al pobre que suplica, al miserable que no tiene apoyo alguno; se cuidar\u00e1 del d\u00e9bil y del pobre; a los pobres les salvar\u00e1 la vida; \u00e9l los defender\u00e1 contra la explotaci\u00f3n y la violencia; su sangre tendr\u00e1 un gran precio a sus ojos\u2020\u009d (Sal 72,12-14).<br \/>\n2739<br \/>\nLa propiedad, la libertad de las personas, la vida humana son bienes fundamentales, que obligan a todos los miembros de la comunidad (familia, clan, tribu, naci\u00f3n) en la rec\u00ed\u00adproca corresponsabilidad y solidaridad. Sobre la base de la solidaridad de tipo familiar que une a los israelitas entre s\u00ed\u00ad nace y se afirma el derecho-deber de la redenci\u00f3n.<br \/>\nPresentes sobre todo en los textos jur\u00ed\u00addicos, comprendida la legislaci\u00f3n cultual (cf, p.ej., Ex 34,19-20, sobre el rescate de los primog\u00e9nitos), las dos ra\u00ed\u00adces verbales mencionadas se usan tambi\u00e9n en el lenguaje religioso para designar el rescate por parte de Dios. Siendo el derecho israelita de car\u00e1cter religioso, es decir, estando considerado como ley divina, es l\u00f3gico que Israel considerara la redenci\u00f3n interhumana como reflejo e imitaci\u00f3n de la acci\u00f3n redentora de Dios. Sin embargo, hist\u00f3ricamente est\u00e1 demostrado que algunas costumbres de manumisi\u00f3n de cosas o personas (cf, p.ej. Ex 21,30) por medio de una suma de rescate corresponden a las leyes babil\u00f3nicas de Es-nunna ( 54) y del c\u00f3digo de Ham-murabi(251).<br \/>\n2740<br \/>\n2. El Dios liberador en \/ \u00e9xodo.<br \/>\nEl uso religioso del t\u00e9rmino\/concepto de \u2020\u0153redenci\u00f3n\u2020\u2122, expresado adem\u00e1s de por los verbos ga\u2020\u2122al y padah, tambi\u00e9n por jasa\u2020\u2122 (= hacer salir), jasa\u2020\u2122 (= salvar) y nasal (= sustraer), pierde su connotaci\u00f3n jur\u00ed\u00addica y sobre todo deja caer la idea de pago de un contravalor por el rescate. Dios libra y salva gratuitamente, sin deber nada a nadie. Tambi\u00e9n en el uso religioso de los verbos indicados permanece, en cambio, la idea de la solidaridad como raz\u00f3n de la intervenci\u00f3n liberadora.<br \/>\nEn el \u00e1mbito religioso, el acontecimiento fundamental de salvaci\u00f3n-redenci\u00f3n es la liberaci\u00f3n de la esclavitud de Egipto orientada a la \u2020\u0153formaci\u00f3n\u2020\u009d del pueblo de Dios. De hecho, es en las tradiciones del Exodo donde aparece con frecuencia el l\u00e9xico de la redenci\u00f3n.<br \/>\nLa liberaci\u00f3n del Exodo es una iniciativa totalmente libre y gratuita de Dios: \u2020\u0153Di a los israelitas: Yo soy el Se\u00f1or; yo os libertar\u00e9 (\/s\u2020\u2122J de la opresi\u00f3n de los egipcios; os librar\u00e9 (nsl) de su esclavitud y os rescatar\u00e9 (gv con gran poder y haciendo justicia. Yo os har\u00e9 mi pueblo, ser\u00e9 vuestro Dios, y vosotros reconocer\u00e9is que yo soy el Se\u00f1or, vuestro Dios, el que os libr\u00f3 (js\u2020\u2122)de la esclavitud egipcia\u2020\u009d (Ex 6,6-7). Aqu\u00ed\u00ad la liberaci\u00f3n de Egipto es parangonada, en virtud del uso de los verbos indicados, a un rescate de la esclavitud, pero no hay pago alguno de precio; Dios obra como \u2020\u0153amo\u2020\u009d, con gran fuerza y poder, tomando lo que es suyo. En el vers\u00ed\u00adculo 5 -\u2020\u0153Me he acordado de mi \/ pacto\u2020\u009d- se afirma expl\u00ed\u00adcitamente que Dios encuentra en s\u00ed\u00ad mismo, en su libre promesa de salvaci\u00f3n, la raz\u00f3n de su intervenci\u00f3n redentora. Precisamente porque ha querido comprometerse con Israel, escogerlo como su \u2020\u0153familia\u2020\u009d o \/ \u2020\u0153pueblo\u2020\u009d (\u2020\u02dcam), estableciendo as\u00ed\u00ad una solidaridad familiar indisoluble, Dios se ha convertido en el go\u2020\u2122el de Israel. Yhwh es el redentor porque es el \u2020\u0153creador\u2020\u009d de Israel; es decir, ha escogido y bendecido a Israel porque desde siempre, en su plan redentor, pensaba tomarlo como su pueblo y ser su \/ Dios. La comuni\u00f3n o alianza con Israel es el fin de toda la acci\u00f3n redentora divina.<br \/>\nDe la acci\u00f3n redentora de Dios aprende, pues, Israel a conocer qui\u00e9n es su Dios: \u2020\u0153Sabr\u00e9is que yo soy el Se\u00f1or, vuestro Dios, que os ha sacado de la opresi\u00f3n de Egipto\u2020\u009d. Por la soteriolog\u00ed\u00ada, es decir, por la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Yhwh, Israel tiene acceso al misterio ontol\u00f3gico de Dios: solamente Yhwh salva; por eso s\u00f3lo \u00e9l es Dios.<br \/>\nLa redenci\u00f3n del pueblo de Egipto tuvo lugar \u2020\u0153porque el Se\u00f1or os am\u00f3 y porque ha querido cumplir el juramento hecho a vuestros padres\u2020\u009d (Dt 7,8). Israel ha sido salvado porque era la heredad de Yhwh, que lo ha redimido con su grandeza (Dt 9,26). El israelita debe, pues, recordar siempre la redenci\u00f3n del Exodo: \u2020\u0153Recuerda que fuiste esclavo en Egipto y que el Se\u00f1or tu Dios te dio la libertad (padah)\u2020\u009d (Dt 15,15 cf Dt 24,18). En el Dt el verbo preferido para indicar la Kberaci\u00f3n del Exodo es padah: Dios aparece as\u00ed\u00ad como el que hace valer sus derechos sobre el pueblo que le pertenece.<br \/>\nLa epopeya del \u00e9xodo culmina, y es reasumida, en el canto de Ex 15,2: \u2020\u0153Mi fortaleza y mi c\u00e1ntico es el Se\u00f1or; \u00e9l ha sido mi salvaci\u00f3n\u2020\u009d. Israel har\u00e1 continuamente \u2020\u0153memoria\u2020\u009d del \u00e9xodo para proclamar y afirmar su fe en el Dios que salva.<br \/>\n2741<br \/>\nLa redenci\u00f3n de la esclavitud de Egipto no fue una liberaci\u00f3n s\u00f3lo socio-pol\u00ed\u00adtica, sino tambi\u00e9n \u2020\u0153interior\u2020\u009d, en el sentido de que miraba a crear al \u2020\u0153pueblo de Dios\u2020\u009d, es decir, la comunidad de los que creen en Yhwh, su redentor. La esclavitud de Egipto no es solamente socio-pol\u00ed\u00adtica, sino que es tambi\u00e9n esclavitud de la idolatr\u00ed\u00ada y de los pecados, que son su fruto: Dios, en efecto, libera dando una ley en el Sina\u00ed\u00ad, instituyendo una relaci\u00f3n vital \u00ed\u00adntima con sus fieles (el culto), estableciendo su presencia en medio del pueblo (tienda sagrada). Interior y socialmente, por don gratuito de Dios, pero tambi\u00e9n mediante la llamada divina a la responsabilidad activa y al compromiso generoso, el pueblo liberado de la esclavitud de Egipto se convierte en una comunidad nueva, \u00ed\u00adntegramente renovada y estructurada por la acci\u00f3n de su Dios. El pueblo de Dios es, pues, simult\u00e1neamente \u2020\u0153misterio\u2020\u009d, en cuanto criatura de Dios, que escoge habitar en medio de \u00e9l, y \u2020\u0153sujeto hist\u00f3rico\u2020\u009d, en cuanto comunidad hist\u00f3rica que hace historia. Lo que caracteriza al pueblo de Dios es la memoria permanente y viva de la redenci\u00f3n divina que lo ha hecho nacer, y al mismo tiempo la misi\u00f3n de testimoniar, frente al mundo, las maravillas de su Dios.<br \/>\nLa redenci\u00f3n divina no excluye, antes bien implica, una mediaci\u00f3n humana: \u2020\u0153Israel vio el prodigio que el Se\u00f1or hab\u00ed\u00ada obrado contra los egipcios, temi\u00f3 al Se\u00f1or y crey\u00f3 en \u00e9l y en Mois\u00e9s, su siervo\u2020\u009d (Ex 14,31). As\u00ed\u00ad tambi\u00e9n Dios, en el desierto, da la \u00c2\u00a1ley liberadora mediante \u00c2\u00a1 Mois\u00e9s. Y todo israelita creyente que observa la ley sobre el rescate se convierte de alg\u00fan modo en \u2020\u0153mediador\u2020\u009d y representante de la redenci\u00f3n divina recibida en don.<br \/>\n2742<br \/>\n3. D\u00e9utero-lsa\u00ed\u00adas (Is 40-55) y otros profetas.<br \/>\nCon particular insistencia, el D\u00e9utero-lsa\u00ed\u00adas llama la atenci\u00f3n sobre el tema de Dios como redentor (go\u2020\u2122el), uno de los t\u00ed\u00adtulos preferidos junto con \u2020\u0153creador\u2020\u009d. Es m\u00e1s, se puede resumir el pensamiento del an\u00f3nimo profeta del exilio juntando la idea de creaci\u00f3n y de redenci\u00f3n: \u2020\u0153De la nueva redenci\u00f3n de Israel a la creaci\u00f3n del entero mundo de Israel; de la creaci\u00f3n del entero mundo de Israel a la creaci\u00f3n del mundo entero simpIiciter de la creaci\u00f3n del mundo entero a la redenci\u00f3n de este mundo\u2020\u009d (C. Stuhlmueller).<br \/>\nYhwh rescata a su pueblo porque es su go \u2020\u02dcel, ligado por una \u2020\u0153familiaridad\u2020\u009d generadora-creadora: \u2020\u0153Esto dice el Se\u00f1or, tu redentor, el que te form\u00f3 desde el seno materno: Yo soy el Se\u00f1or, el que lo ha hecho todo; el que despliega, \u00e9l solo, los cielos; el que afirma la tierra sin ayuda alguna\u2020\u009d (Is 44,24). Yhwh est\u00e1 unido a Israel porque \u00e9l lo ha creado y redimido; es para \u00e9l como una madre (Is 49,15).<br \/>\nSin embargo, la solidaridad casi familiar no es para Yhwh una necesidad de intervenir: \u2020\u0153Por m\u00ed\u00ad, s\u00f3lo por m\u00ed\u00ad lo har\u00e9\u2020\u009d (1s48,11).<br \/>\nDios es movido \u00fanicamente por su amor lib\u00e9rrimo e incondicional. Nada fuera de \u00e9l le urge a obrar. El salva porque ama.<br \/>\nPor la redenci\u00f3n de Israel, Dios no debe pagar ning\u00fan precio: \u2020\u0153Esto dice el Se\u00f1or: \u2020\u02dcGratis hab\u00e9is sido vendidos, y tambi\u00e9n sin pagar ser\u00e9is rescatados (ga\u2020\u2122al)\u2020\u009d (Is 52,3). Pues Dioses el due\u00f1o soberano; no es deudor de nadie.<br \/>\nLa acci\u00f3n redentora equivale a un \u2020\u0153plasmar\u2020\u009d, a un crear o un llamar a la existencia: \u2020\u0153Pero ahora esto dice el Se\u00f1or, tu creador, Jacob; aquel que te form\u00f3, Israel: No temas, pues yo te he redimido; te he llamado por tu nombre; m\u00ed\u00ado eres\u2020\u009d (Is 43,1). La redenci\u00f3n conduce al \u2020\u0153matrimonio\u2020\u009d con el esposo divino: \u2020\u0153Tu esposo es tu creador, cuyo nombre es Se\u00f1or todopoderoso; tu redentor, el Santo de Israel, que se llama Dios de toda la tierra\u2020\u009d (Is 54,5). Una relaci\u00f3n \u00ed\u00adntima, amorosa, esponsal une a Yhwh con su pueblo redimido. Pues Yhwh \u2020\u0153salva\u2020\u009d a la viuda Israel cas\u00e1ndose con ella.<br \/>\nEn la redenci\u00f3n divina est\u00e1 enjuego la situaci\u00f3n espiritual de Israel pecador: \u2020\u0153Mas t\u00fa, Jacob, no me has invocado; t\u00fa, Israel, no te has inquietado por m\u00ed\u00ad&#8230;; s\u00f3lo con tus pecados me has oprimido, me has agobiado con tus iniquidades. Soy yo, soy yo, quien tengo que borrar tus faltas y no acordarme de tus pecados\u2020\u009d (Is 43,22; Is 43,24-25).<br \/>\nEl inter\u00e9s principal del libro del D\u00e9utero-lsa\u00ed\u00adas es el de proclamar la capacidad de Yhwh de salvar de la necesidad, del pecado mortal simbolizado por la falta de agua: \u2020\u0153Los humillados y los pobres buscan agua y no la hay; su lengua de sed est\u00e1 reseca. Yo, el Dios de Israel, no los abandonar\u00e9\u2020\u009d (Is 41,17).<br \/>\nDios no cesa de ser poderoso, capaz de ayudar; la pol\u00e9mica del D\u00e9utero-lsa\u00ed\u00adas contra la inanidad y vacuidad de los \u00ed\u00addolos (cf, p.ej. Is 41,21-29) y el recurso a la idea de la creaci\u00f3n tienen la funci\u00f3n de subrayar en\u00e9rgicamente la idea de que Yhwh quiere y puede realizar su plan de salvaci\u00f3n: \u2020\u0153,Ser\u00ed\u00ada acaso mi brazo demasiado corto para libertar (pa-dah) o me faltar\u00ed\u00ada fuerza para salvar?\u2020\u009d (50,2).<br \/>\nLo que opone resistencia a la redenci\u00f3n divina es el pecado, la rebeld\u00ed\u00ada de Israel. El mismo destierro no es solamente un asunto pol\u00ed\u00adtico, sino la consecuencia de una conducta pecaminosa: \u2020\u0153Hablad al coraz\u00f3n de Je-rusal\u00e9n y gritadle que se ha cumplido su servicio, que est\u00e1 perdonado su pecado, que ha recibido de la mano del Se\u00f1or el doble de castigo por todos sus pecados\u2020\u009d (Is 40,2 cf Is 50,1, \u2020\u0153Por vuestras culpas fuisteis vendidos\u2020\u009d).<br \/>\nEl retorno espiritual de Israel producir\u00e1 tambi\u00e9n el retorno geogr\u00e1fico a la patria: \u2020\u0153el camino del Se\u00f1or\u2020\u009d (40,3) es el camino por el cual viene el Se\u00f1or con poder para salvar, pero es tambi\u00e9n el camino de conversi\u00f3n por el cual el pueblo quita todo obst\u00e1culo que impide la venida redentora del Se\u00f1or. La redenci\u00f3n del Se\u00f1or es, pues, inseparable de la conversi\u00f3n religioso-moral y del perd\u00f3n.<br \/>\nEl poder salv\u00ed\u00adfico divino, que no se arredra ni siquiera ante la muerte, hab\u00ed\u00ada sido cantado por el profeta Oseas poniendo de manifiesto la fuerza irresistible de Dios: \u2020\u0153Pero yo los librar\u00e9 (padah) del poder del abismo (ie\u2020\u2122ol); los salvar\u00e9 (ga\u2020\u2122al) del poder de la muerte. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1n, muerte, tus estragos? \u00bfD\u00f3nde est\u00e1n, abismo, tus azotes?\u2020\u009d (Os 13,14). La redenci\u00f3n no ocurre porque el pueblo la necesita o la invoca, sino porque Dios es el redentor (go \u2020\u02dcel) de su pueblo. En Os 7,13 se repite la promesa divina: \u2020\u0153Cuando yo los quer\u00ed\u00ada salvar (padah), profer\u00ed\u00adan mentiras contra m\u00ed\u00ad\u2020\u2122.<br \/>\n2743<br \/>\nCon el D\u00e9utero-lsa\u00ed\u00adas la salvaci\u00f3n de Yhwh se manifiesta como redenci\u00f3n para todos los hombres: \u2020\u0153Y todo mortal sabr\u00e1 que yo, el Se\u00f1or, soy tu salvador y tu redentor, el fuerte de Jacob\u2020\u009d (Is 49,26). As\u00ed\u00ad en Is 52,10: \u2020\u0153El Se\u00f1or desnuda su brazo santo ante los ojos de todos los pueblos, y todos los confines de la tierra ver\u00e1n la salvaci\u00f3n de nuestro Dios. El horizonte universal de la redenci\u00f3n y su naturaleza divina en D\u00e9utero-lsa\u00ed\u00adas hacen comprender que no se trata obviamente de una liberaci\u00f3n solamente pol\u00ed\u00adtica de Israel. Es toda la historia humana la que est\u00e1 bajo el amor salv\u00ed\u00adfico de Dios, que libra al hombre del mal, no s\u00f3lo pol\u00ed\u00adtico, en sentido radical.<br \/>\nAl Israel disperso en el destierro se le anuncia la liberaci\u00f3n del m\u00e1s fuerte que \u00e9l: \u2020\u0153El que dispers\u00f3 a Israel lo re\u00fane, lo guarda como un pastor su reba\u00f1o. S\u00ed\u00ad, el Se\u00f1or ha redimido (padah) a Jacob, lo ha librado (ga\u2020\u2122al) de una mano m\u00e1s fuerte\u2020\u2122 (Jr31,1O-11). La repatriaci\u00f3n de los exiliados, la reuni\u00f3n del pueblo, la liberaci\u00f3n del \u2020\u0153m\u00e1s fuerte\u2020\u2122 son el contenido de la redenci\u00f3n, vista en la perspectiva de la unidad y de la vida del pueblo de Dios, no tanto de la \u2020\u0153naci\u00f3n\u2020\u009d en sentido pol\u00ed\u00adtico.<br \/>\nEl pueblo de Dios est\u00e1 constituido por los que son liberados y se convierten a la justicia divina: \u2020\u0153Si\u00f3n ser\u00e1 redimida con el derecho y sus convertidos con la justicia (Is 1,27). Pues solamente el poder salv\u00ed\u00adfico divino puede establecer una vida comunitaria armoniosa y solidaria, es decir, la justicia. Inmediatamente, la \u2020\u0153redenci\u00f3n\u2020\u2122 es pol\u00ed\u00adtica; pero la perspectiva es \u00faltimamente escatol\u00f3gica, como en Za 10,8: \u2020\u0153Dar\u00e9 un silbido y los reunir\u00e9, porque yo los he rescatado (padah), y los har\u00e9 tan numerosos como antes\u2020\u2122. Una vez m\u00e1s la redenci\u00f3n se verifica con la reuni\u00f3n del pueblo de Dios.<br \/>\n2744<br \/>\n4. Los Salmos.<br \/>\nEn los \/ Salmos [IV, 2], sobre todo en las s\u00faplicas o lamentaciones, se invoca con obstinada confianza la redenci\u00f3n. Ella da cuerpo al grito del orante: \u2020\u0153Resc\u00e1tame (padah), Se\u00f1or, y ten piedad de m\u00ed\u00ad\u2020\u009d (Sal 26,11); \u2020\u0153Ven junto a m\u00ed\u00ad, resc\u00e1tame\u2020\u2122 (Sal 69,19); \u2020\u0153Resc\u00e1tame de la opresi\u00f3n de los hombres\u2020\u009d (Sal 119,134).<br \/>\nEl orante no da razones; no pretende, no avanza derechos: \u2020\u0153Lev\u00e1ntate, ven a socorrernos; resc\u00e1tanos por tu misericordia\u2020\u009d (Sal 44,27). Conf\u00ed\u00ada en la misericordia (hesed) divina, que es la \u00fanica raz\u00f3n a la que apelar para invocar la redenci\u00f3n. La misericordia de Dios, o sea su capacidad y disponibilidad para salvar es el fundamento de la confiada \/ oraci\u00f3n del israelita.<br \/>\nEl salmista, en las s\u00faplicas, se encuentra en estado de necesidad a causa de los \u2020\u0153enemigos\u2020\u009d, proyecci\u00f3n de todos los males que le angustian y le amenazan. El grita: \u2020\u0153En tus manos encomiendo mi esp\u00ed\u00adritu; t\u00fa me rescatar\u00e1s, Se\u00f1or, Dios verdadero\u2020\u009d (Sal 31,6). La menci\u00f3n de los enemigos es clara en los vers\u00ed\u00adculos 9.12.14.19; en este caso probablemente los enemigos son la proyecci\u00f3n de la enfermedad (cf vv. 10-11) que le ha herido.<br \/>\nEntre la culpa y los males que se abaten sobre el hombre existe una secreta conexi\u00f3n; m\u00e1s a\u00fan, el pecado es el mal m\u00e1s profundo: \u2020\u0153Si tienes en cuenta nuestros delitos, \u00bfqui\u00e9n podr\u00e1 resistir, Se\u00f1or? El redimir\u00e1 a Israel de todos sus delitos\u2020\u009d (Sal 130,3; Sal 130,8). Perdonando los pecados y librando de las culpas, el Se\u00f1or lleva a cabo la redenci\u00f3n radical que pone t\u00e9rmino al estado de necesidad del orante. Por eso sus siervos, que conf\u00ed\u00adan en \u00e9l, experimentan la verdadera redenci\u00f3n: \u2020\u0153El Se\u00f1or rescata la vida de sus siervos, los que en \u00e9l se refugian no ser\u00e1n castigados\u2020\u009d (Sal 34,23).<br \/>\nLas declaraciones de liberaci\u00f3n de los salmos se refieren en su mayor\u00ed\u00ada a estados de necesidad concretos y terrenos; entre ellos, adem\u00e1s de la enfermedad y de la muerte, est\u00e1n en primer plano los enemigos. Declaraciones generales que vayan m\u00e1s all\u00e1 del caso singular son raras. Las encontramos solamente en Ps 34,23, en un horizonte en el que a duras penas se puede decir que rebasa este mundo, y en Ps 130,7s en una visi\u00f3n t\u00ed\u00admidamente orientada en sentido es-catol\u00f3gico. El hecho de que sea dominante la situaci\u00f3n concreta y terrestre no constituye un l\u00ed\u00admite. Es consecuencia de la conciencia de que el hombre en todo pone su confianza en Dios, el cual sale a su encuentro en la fortuna o en la desventura. Si bien de ese modo la desventura, el estado de necesidad y la hostilidad pierden su car\u00e1cter de callejones sin salida ni esperanza, no por eso sueltan la presa que aferran. De ello da la medida justamente el hecho de que su eliminaci\u00f3n es presentada no solamente como un salvar (nasal hifillmalat piel), sino tambi\u00e9n como un rescatar o liberar\u2020\u009d (J.J. Stamm).<br \/>\nLos redimidos del Se\u00f1or cantan en la oraci\u00f3n de acci\u00f3n de gracias la misericordia del Dios que los salva:<br \/>\n\u2020\u0153Dad gracias al Se\u00f1or porque es bueno, porque es eterna su misericordia. Que lo digan los que el Se\u00f1or ha liberado, los que ha rescatado de la mano de los opresores\u2020\u009d (Sal 107,1-2). La redenci\u00f3n divina experimentada hist\u00f3ricamente por Israel no s\u00f3lo se convierte en el objeto y en la raz\u00f3n del agradecimiento, sino tambi\u00e9n en la sustancia de la memoria cultual: \u2020\u0153Yo te ensalzar\u00e9 con el arpa por tu fidelidad, Dios m\u00ed\u00ado, y con la c\u00ed\u00adtara tocar\u00e9 para ti, oh Santo de Israel; porque t\u00fa has rescatado mi vida, tocar\u00e9 para ti, mis labios cantar\u00e1n alegres\u2020\u009d (Sal 71,22-23). La s\u00faplica tiene la garant\u00ed\u00ada de ser escuchada en el hecho de que el Se\u00f1or ya en el pasado rescat\u00f3 a sus siervos que recurrieron a \u00e9l con confianza. Y en la acogida y reconocimiento de la redenci\u00f3n divina, el hombre percibe concretamente y reconoce su necesidad de redenci\u00f3n y pasa por la experiencia m\u00e1s radical de su culpa frente al amor gratuitamente libre, no debido ni condicionado, de su Dios.<br \/>\n2745<br \/>\nIV. EL NUEVO TESTAMENTO.<br \/>\n2746<br \/>\n1. Problema terminol\u00f3gico.<br \/>\nLa realidad de la redenci\u00f3n, es decir, el perd\u00f3n y la autocomunicaci\u00f3n liberadora y vivificadora de Dios al hombre, la expresa el NT con una notable riqueza de vocabulario, que indica ya sea el acontecimiento o el acto de la redenci\u00f3n, ya la condici\u00f3n objetiva de ser redimido. Limitamos nuestra reflexi\u00f3n al acontecimiento de la redenci\u00f3n y queremos \u00c2\u00a1lustrar -obviamente dentro de los l\u00ed\u00admites que se nos imponen o remitiendo a otras voces [1 Liberaci\u00f3n, \/ Justicia, \/ Fe, \/ Reconciliaci\u00f3n, \/ Pecado, \/ Misericordia]- la acci\u00f3n y la oferta de perd\u00f3n de Dios a la libertad del hombre.<br \/>\nLos escritos del NT recurren a esquemas o modelos interpretativos diferentes:<br \/>\na) Modelo social: hace uso de los vocablos redimir! redenci\u00f3n (apoly-tro\u00fcn), liberar\/liberaci\u00f3n (eleuthero\u00fcn), comprar (exagor\u00e1zein). El vocabulario mencionado remite a la experiencia de la liberaci\u00f3n de los esclavos o de los prisioneros, pero es innegable la evocaci\u00f3n de la instituci\u00f3n del go\u2020\u2122el del AT. Por ejemplo, leemos en Rom 3,24; \u2020\u0153Ahora son justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redenci\u00f3n de Cristo Jes\u00fas\u2020\u009d. La redenci\u00f3n (apolytrosis) supone una condici\u00f3n de esclavitud, de la cual Cristo libra \u2020\u0153gratuitamente\u2020\u009d). En Rom 6,18 leemos: \u2020\u0153Libres del pecado, os hab\u00e9is entregado al servicio de lajusticia\u2020\u009d. Liberaci\u00f3n-esclavitud, pecado-justicia describen \u00e1mbitos de existencia opuestos.<br \/>\nb) Modelo jur\u00ed\u00addico: hace uso de los vocablos justificar\/justificaci\u00f3n (dikaiosyne), justicia, juzgar, juicio. El vocabulario forense se pliega al servicio de la l\u00f3gica divina, que no condena al imp\u00ed\u00ado, sino que lo transforma y lo hace justo mediante la fe. As\u00ed\u00ad Rom 4,5: \u2020\u0153Dios justifica al culpable\u2020\u009d; Rom 3,28: \u2020\u0153Decimos con raz\u00f3n que el hombre es justificado por la fe sin la observancia de la ley\u2020\u009d. En el \u2020\u0153proceso forense\u2020\u009d entre Dios y el hombre no se da solamente la condena de los culpables y la absoluci\u00f3n de los inocentes, sino, mediante la fe, la redenci\u00f3n de los culpables, hechos justos por el juez divino.<br \/>\nc) Modelo ritual: hace uso de los vocablos expiar\/expiaci\u00f3n (hil\u00e1sko-mai), purificar\/purificaci\u00f3n. Estimamos que con expiaci\u00f3n se evoca la fiesta del kippur(Lv 16), es decir, la libre iniciativa con que Dios le ofrece a Israel la posibilidad de un intercambio como gesto de pacificaci\u00f3n con \u00e9l. Leemos, por ejemplo, Rom 3,25: \u2020\u0153Dios lo ha preestablecido (a Jes\u00fas) para servir como instrumento de expiaci\u00f3n (hilast\u00e9rion] por medio de la fe\u2020\u009d. La expiaci\u00f3n no implica una sustituci\u00f3n del inocente que paga la pena en lugar del culpable, sino que indica la mutaci\u00f3n y la reducci\u00f3n de la pena hasta su cancelaci\u00f3n con vistas a la reconciliaci\u00f3n.<br \/>\nd) Modelo interpersonal: hace uso de los vocablos reconciliar\/reconciliaci\u00f3n (apokatall\u00e1ssein), pacificar\/pacificaci\u00f3n. Es un modelo que se inspira en las relaciones entre amigos, entre marido y mujer, entre grupos sociales, entre Estados. La iniciativa es de Dios, que elimina la ruptura, la separaci\u00f3n, el alejamiento. Leemos, por ejemplo, en 2Co 5,18-20: \u2020\u0153Todo viene de Dios, que nos reconcili\u00f3 con \u00e9l por medio de Cristo y nos confi\u00f3 el ministerio de la reconciliaci\u00f3n. Pues Dios, por medio de Cristo, estaba reconciliando el mundo, no teniendo en cuenta sus pecados y haci\u00e9ndonos a nosotros depositarios de la palabra de la reconciliaci\u00f3n. Somos, pues, embajadores de Cristo, como si Dios os exhortase por nosotros. En nombre de Cristo os rogamos: reconciliaos con Dios\u2020\u009d.<br \/>\ne) Modelo sapiencial: hace uso de los verbos arrancar, sustraer (rhy\u2020\u2122omai) y salvar (s\u00f3zein). Se<br \/>\nsobrentiende la amenaza de un peligro mortal del cual somos salvados. La redenci\u00f3n es, pues, un escapar a la muerte total gracias a una intervenci\u00f3n liberadora divina. L\u00e9ase, por ejemplo, Ep 2,5-8: \u2020\u0153(Dios) nos dio vida juntamente con Cristo (pues hab\u00e9is sido salvados por pura gracia) cuando est\u00e1bamos muertos por el pecado&#8230; Hab\u00e9is sido salvados gratuitamente por la fe; y esto no es cosa vuestra; es un don de Dios\u2020\u009d. La redenci\u00f3n arranca de la muerte y hace vivir, hace pasar de la muerte a la vida (Jn 5,24, \u2020\u0153El que cree&#8230; ha pasado de la muerte a la vida\u2020\u009d). El l\u00e9xico neotestamentario de vivir, vida, vida eterna entra tambi\u00e9n en el lenguaje de redenci\u00f3n; sobre todo san Juan recurre a \u00e9l abundantemente.<br \/>\nLa multiforme variedad del lenguaje de redenci\u00f3n posee dos puntos firmes fundamentales: en primer lugar, el acontecimiento redentor tiene su ra\u00ed\u00adz y principio en una libre voluntad divina de perd\u00f3n, que cambia las condiciones del hombre en el que termina; en segundo lugar, el amor misericordioso de Dios sale al encuentro de todo hombre partiendo de la particular existencia concreta y singular\u00ed\u00adsima de Jes\u00fas de Nazaret. Por consiguiente, Jes\u00fas es la figura hist\u00f3rica plena y definitiva de mediador de la salvaci\u00f3n divina para todos los hombres. Toda la vida hist\u00f3rica de Jes\u00fas es el \u2020\u0153lugar\u2020\u009d particular y singular del cual brota la iniciativa salv\u00ed\u00adfica divina en favor de la humanidad.<br \/>\n2747<br \/>\n2. Jes\u00fas redentor en los evangelios.<br \/>\nLos evangelios son el mensaje de la salvaci\u00f3n llevada a cabo por \u00c2\u00a1Jes\u00fas, cuyo nombre significa \u2020\u0153Yhwh salva\u2020\u009d (Mt 1,21). La persona de Jes\u00fas, en los evangelios, se enfrenta con las varias formas de enfermedad y de pecado, de miseria y de opresi\u00f3n, de angustia y de muerte de la humanidad. Jes\u00fas viene a cambiar la calidad de la vida humana de las personas que encuentra mediante la liberaci\u00f3n sobre todo del pecado: \u2020\u0153El salvar\u00e1 a su pueblo de sus pecados\u2020\u009d (Mt 1,21).<br \/>\nEs, pues, del acontecer hist\u00f3rico de la vida de Jes\u00fas, de donde viene el perd\u00f3n de Dios: \u2020\u0153\u00ed\u0081nimo, hijo -dice Jes\u00fas-, tus pecados te son perdonados&#8230; Pues no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores\u2020\u009d Mt 9,2; Mt 9,13). No es la historia humana la que condiciona o determina de alg\u00fan modo la lib\u00e9rrima iniciativa divina de \u00c2\u00a1 amor: \u2020\u0153Porque tanto am\u00f3 Dios al mundo que dio a su Hijo \u00fanico, para que quien crea en \u00e9l no perezca, sino que tenga vida eterna\u2020\u009d (Jn 3,16). La autocomunicaci\u00f3n vital de Dios es el fin de la misi\u00f3n y vida de Jes\u00fas: \u2020\u0153Yo he venido para que tengan vida, y la tengan abundante\u2020\u009d (Jn 10,10). Para darnos la vida divina, Jes\u00fas dio su propia vida hasta la muerte de cruz. El vivi\u00f3, muri\u00f3 y resucit\u00f3 \u2020\u0153por nosotros\u2020\u009d.<br \/>\nAs\u00ed\u00ad pues, la salvaci\u00f3n nace de la preexistencia hist\u00f3rica de Jes\u00fas; es la entrega de Dios a nosotros hasta modificar o cambiar las condiciones de vida del hombre (enfermedad, angustia, pecado, muerte). Con Jes\u00fas ha llegado a los hombres la salvaci\u00f3n de Dios, como se le dice a Zaqueo: \u2020\u0153Hoy ha entrado la salvaci\u00f3n en esta casa\u2020\u009d (Lc 19,9).<br \/>\nCon Jes\u00fas, el Dios de Israel \u2020\u0153ha visitado y redimido a su pueblo\u2020\u009d (Lc 1,68): a la luz de la liberaci\u00f3n del \u00e9xodo (SaI 111,9), Lucas ve en Jes\u00fas al que da libertad al pueblo de Dios. Jes\u00fas, pues, lleva a su cumplimiento la espera de la redenci\u00f3n de Jerusal\u00e9n (Lc 2,38; Is 52,3; Is 52,9): la profetisa Ana representaba a los pobres de Yhwh, que esperaban la salvaci\u00f3n del pueblo de Dios. La redenci\u00f3n, llevada a cabo por Dios a trav\u00e9s de Jes\u00fas, tiene como mira no s\u00f3lo a los particulares, sino m\u00e1s bien al pueblo. Creemos no equivocarnos entendiendo estos pasajes en el sentido de que Jes\u00fas realiza la redenci\u00f3n reuniendo y juntando a su alrededor al pueblo de Dios, la \u00c2\u00a1 Iglesia.<br \/>\nEl nexo entre redenci\u00f3n y comunidad cristiana es reiterado por Mc 10,45: \u2020\u0153El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por todos\u2020\u009d (Mt 20,28). Estas palabras aparecen en el contexto de la regla comunitaria (Vv. 43-44: \u2020\u0153Entre vosotros no debe ser as\u00ed\u00ad&#8230;\u2020\u009d), cuya motivaci\u00f3n da (y. 45a: gar = pues). \u2020\u0153La muerte expiadora de Jes\u00fas es indicada como fundamento de la comuni\u00f3n de vida y del estilo de la vida del cristiano. El mismo Jes\u00fas aparece como el<br \/>\n\u2020\u02dcgrande\u2020\u2122 (y. 43) y el \u2020\u02dcprimero\u2020\u2122 (y. 44), que se ha manifestado como el siervo de la comunidad y el esclavo de todos en su misi\u00f3n de Hijo del hombre, que dio su vida en lugar y en favor de muchos, y en su servicio caracterizado por la muerte expiatoria indic\u00f3 el modelo de servicio que se ha de seguir dentro de la comunidad: \u2020\u02dcEn esto hemos conocido el amor: en que \u00e9l ha dado su vida por nosotros; y nosotros debemos tambi\u00e9n dar la vida por nuestros hermanos\u2020\u2122(Un 3,16). No la afirmaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo en la emulaci\u00f3n (cf 8,35-37), sino la abnegaci\u00f3n en favor de otros hace de la comunidad cristiana la nueva sociedad de la salvaci\u00f3n\u2020\u009d (R. Pesch).<br \/>\nTambi\u00e9n la comunidad cristiana est\u00e1 expuesta al odio y a la burla, a la calumnia y a la persecuci\u00f3n; pero est\u00e1 invitada a alzar la cabeza, \u2020\u0153porque la redenci\u00f3n vuestra est\u00e1 cerca\u2020\u009d (Lc 21,28). El contexto es el comunitario, no el individual. La redenci\u00f3n est\u00e1 unida a la venida del Hijo del hombre con gran poder y gloria (y. 27). Lucas no deja ver claramente si se trata de la muerte-resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas o de los acontecimientos de la parus\u00ed\u00ada: la venida de Jes\u00fas en la carne y su venida en gloria no son independientes. Lo que importa aqu\u00ed\u00ad es la seguridad dada a la comunidad cristiana de la redenci\u00f3n como acontecimiento \u00fanico y definitivo realizado por la venida de Jes\u00fas, Hijo del hombre.<br \/>\n2748<br \/>\n3. La muerte de Cristo es redentora.<br \/>\nEl amor misericordioso de Dios se manifiesta y se realiza espl\u00e9ndidamente y de modo hist\u00f3ricamente irreversible en la \/ muerte de Jes\u00fas, que da su vida: \u2020\u0153El Hijo del hombre ha venido.., a dar su vida como rescate por todos\u2020\u009d (Mc 10,45). El acontecimiento hist\u00f3rico de la muerte de Jes\u00fas \u2020\u0153cumple\u2020\u009d su servicio y su autoentrega incondicional por la \/ vida de los hombres. La \u2020\u0153verdad\u2020\u009d de Jes\u00fas emerge y refulge en su amor hasta la muerte; y de \u2020\u0153aquella\u2020\u009d muerte particular, fechada aunque singular\u00ed\u00adsima, viene la salvaci\u00f3n para todos.<br \/>\nJes\u00fas muri\u00f3 en la cruz como mediador de salvaci\u00f3n: \u2020\u0153Hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jes\u00fas, que se entreg\u00f3 a s\u00ed\u00ad mismo para liberarnos a todos\u2020\u009d (lTm 2,5). Es el hombre Cristo Jes\u00fas, es su muerte en la cruz lo que realiza la redenci\u00f3n, precisamente en cuanto don de s\u00ed\u00ad total e irreversible. \u2020\u0153Rescate\u2020\u009d no significa \u2020\u0153pago\u2020\u009d a alguien, sino que es una met\u00e1fora de la liberaci\u00f3n llevada a cabo. Jes\u00fas dio su vida en cuanto es el hombre Cristo Jes\u00fas, en todo solidario de los hombres, excepto el pecado.<br \/>\nLa redenci\u00f3n tiene como resultado la pertenencia a Dios y la constituci\u00f3n del pueblo de Dios: \u2020\u0153(Jes\u00fas) se entreg\u00f3 a s\u00ed\u00ad mismo por nosotros para redimirnos y hacer de nosotros un pueblo escogido, limpio de todo pecado y dispuesto a hacer siempre el bien\u2020\u009d (Tt 2,14).<br \/>\nCon su muerte, Jes\u00fas no es tanto el que \u2020\u0153sacrifica\u2020\u009d algo a Dios en el culto, sino el que se da a s\u00ed\u00ad mismo como sacrificio vivo y personal. La muerte de Jes\u00fas es el sacrificio \u2020\u0153exis-tencial\u2020\u009d, real, y no ritual, porque no se ofrece una v\u00ed\u00adctima diversa del sa-crificador. As\u00ed\u00ad pues, toda la existencia humana de Jes\u00fas, culminada en su muerte, es la que, d\u00e1ndose por nosotros, nos reconcilia con Dios.<br \/>\nEl don libre y voluntario de s\u00ed\u00ad hasta la muerte es un tema desarrollado sobre todo por Juan (18,4-8) en el momento del arresto de Jes\u00fas, el cual se entrega con soberana libertad a sus acusadores. El amor de Dios, encarnado en Jes\u00fas, ha llegado hasta el t\u00e9los y cumplimiento perfecto (tet\u00e9-lestal) en la muerte de Jes\u00fas en cruz (Jn 19,30). Y Jes\u00fas muere por amor y para comunicar el amor de Dios, es decir, el Esp\u00ed\u00adritu, que brota, simbolizado por el agua (Jn 19,37), del costado traspasado del crucificado.<br \/>\nLa muerte de Jes\u00fas es una muerte \u2020\u0153particular\u2020\u009d, y no solamente un caso particular de la muerte de un justo; y la \/ resurrecci\u00f3n hace resaltar la singularidad de la muerte de Jes\u00fas. La singularidad de la muerte de Jes\u00fas la ponen de manifiesto las mismas palabras del crucificado: \u2020\u0153Padre, perd\u00f3nales, porque no saben lo que hacen\u2020\u009d (Lc 23,34); \u2020\u0153Padre, en tus manos encomiendo mi esp\u00ed\u00adritu\u2020\u009d (Lc 23,46). Es la muerte del Hijo, que puede gritarle Abba a Dios. La muerte de Jes\u00fas es salv\u00ed\u00adfica y redentora porque en ella no est\u00e1 Dios ausente, sino presente y operante como Dios que salva. \u2020\u0153Por la gracia de Dios gust\u00f3 la muerte en beneficio de todos\u2020\u009d (Hb 2,9). Y la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas no es s\u00f3lo una ratificaci\u00f3n sucesiva, sino el \u2020\u0153abrirse\u2020\u009d de la presencia divina victoriosa en la muerte de Jes\u00fas.<br \/>\n2749<br \/>\n4. La redenci\u00f3n en Pablo.<br \/>\nYa se ha aludido a la riqueza terminol\u00f3gica del NT, y en particular de \/ Pablo, para expresar el misterio de la redenci\u00f3n. \u00bfEs posible intentar una breve s\u00ed\u00adntesis del pensamiento paulino? Nos atrevemos a proponer algunas l\u00ed\u00adneas de fondo.<br \/>\nAnte todo, el protagonista de la redenci\u00f3n es Dios Padre: Jesucristo no recibe nunca el t\u00ed\u00adtulo de \u2020\u0153redentor\u2020\u009d. Fuera del cuerpo paulino se da el t\u00ed\u00adtulo de \u2020\u0153salvador\u2020\u009d ya sea a Dios (lTm 1,1; Tt 1,3; Tt2,10), ya a Jes\u00fas (Tt 1,4; 2P 1,11). En los escritos paulinos, solamente en Ph 3,20 se llama a Jes\u00fas \u2020\u0153salvador\u2020\u009d. El autor de la redenci\u00f3n, que se lleva a cabo mediante Jes\u00fas como \u2020\u0153instrumento\u2020\u009d o mediador absoluto de pacificaci\u00f3n (kapporet), es Dios Padre: \u2020\u0153(Todos) son ahora justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redenci\u00f3n de Cristo Jes\u00fas\u2020\u009d(Rm 3,24). De Dios Padre tiene origen la libre iniciativa gratuita de suprimir todo obst\u00e1culo a la pacificaci\u00f3n con los hombres. \u2020\u0153Por obra de Dios (Padre) se ha convertido (Jes\u00fas) para nosotros en sabidur\u00ed\u00ada\u2020\u009d (del Padre), que implica para nosotros \u2020\u0153justicia, santificaci\u00f3n y redenci\u00f3n\u2020\u009d (1Co 1,30). El \u00fanico deseo de Dios Padre es salvarnos: \u2020\u0153Si Dios (Padre) est\u00e1 con nosotros, \u00bfqui\u00e9n estar\u00e1 contra nosotros? El que no perdon\u00f3 ni a su propio Hijo, sino que lo entreg\u00f3 por todos nosotros, \u00bfc\u00f3mo no nos dar\u00e1 gratuitamente con \u00e9l todas las cosas? \u00bfQui\u00e9n podr\u00e1 acusar a los hijos de Dios? Dios (Padre) es el que absuelve\u2020\u009d (Rm 8,33). A trav\u00e9s del don del Hijo se revela y se comunica a nosotros el amor del Padre: \u2020\u0153(Nada) podr\u00e1jam\u00e1s separarnos del amor de Dios (Padre), en Cristo Jes\u00fas, Se\u00f1or nuestro\u2020\u009d (Rm 8,39).<br \/>\nLa redenci\u00f3n divina es cristoc\u00e9n-trica, es decir se realiza mediante Jesucristo, en cuya muerte y resurrecci\u00f3n obra Dios Padre, el redentor. Como se ha dicho en Rom 5,9, somos \u2020\u0153justificados por su sangre\u2020\u2122. Jes\u00fas, nuestro Se\u00f1or, \u2020\u0153fue entregado por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificaci\u00f3n\u2020\u009d (Rm 4,25). Muerte y resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas son para Pablo el centro del acontecimiento redentor. En el acontecimiento hist\u00f3rico de la muerte y resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas entra definitivamente en la historia la voluntad de perd\u00f3n de Dios y se ofrece a todo hombre que cree. Pues Jes\u00fas \u2020\u0153se entreg\u00f3 a s\u00ed\u00ad mismo por nuestros pecados para sacarnos de este mundo perverso, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre\u2020\u009d (Ga 1,4). Coherentemente afirma Pablo: \u2020\u0153Mi vida presente la vivo en la fe en el Hijo de Dios, el cual me am\u00f3 y se entreg\u00f3 a s\u00ed\u00ad mismo por m\u00ed\u00ad\u2020\u2122 (Ga 2,20). La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas es el cumplimiento salv\u00ed\u00adfico de la muerte: el obrar redentor de Dios, que estaba presente en la muerte de Jes\u00fas, se manifiesta de forma definitiva y victoriosa en la resurrecci\u00f3n. Dios ha vencido la muerte, \u2020\u0153el \u00faltimo enemigo\u2020\u009d (1Co 15,26).<br \/>\nLos efectos de la redenci\u00f3n son la liberaci\u00f3n del pecado (El nos ha obtenido con su sangre la redenci\u00f3n, el perd\u00f3n de los pecados, seg\u00fan la riqueza de su gracia\u2020\u2122: Ef 1,7; Col 1,14 adem\u00e1s, Tt 2,14; Hb 9,12-13), del diablo (El nos rescat\u00f3 del poder de las tinieblas y nos transport\u00f3 al reino de su Hijo querido, en quien tenemos la liberaci\u00f3n y el perd\u00f3n de los pecados\u2020\u2122: Col 1,13-14; Col 2,15; Hb 2,14) y de la muerte (\u2020\u0153El amor de Dios se ha manifestado ahora con la aparici\u00f3n de nuestro Se\u00f1or, Cristo Jes\u00fas, que destruy\u00f3 la muerte y ha hecho brillar la vida y la inmortalidad por el evangelio\u2020\u009d: 2Tm 1,10; Hb 2,14-15). Diablo, pecado y muerte son, en el pensamiento paulino, y en general en el neotestamen-tario, situaciones negativas objetivas, potencias de destrucci\u00f3n, \u2020\u0153datos objetivos\u2020\u2122. La redenci\u00f3n de Jes\u00fas -con el cumplimiento de su destino en la resurrecci\u00f3n- cambia radicalmente la \u2020\u0153situaci\u00f3n\u2020\u009d hist\u00f3rica de la humanidad: todo hombre, mediante la fe en el Se\u00f1or Jes\u00fas, puede hacer suya la nueva \u2020\u0153situaci\u00f3n\u2020\u2122 de salvaci\u00f3n realizada mediante Cristo. El pecado del que hemos sido redimidos es la condici\u00f3n de alienaci\u00f3n de Dios, que tiene relaci\u00f3n profunda con el diablo y conduce a la muerte total. La redenci\u00f3n es, pues, \u2020\u0153reconciliaci\u00f3n\u2020\u009d con Dios (2Co 5,18-20) [\/Mal\/Dolor; \u00c2\u00a1 Angeles! Demonios].<br \/>\n2750<br \/>\nEl efecto positivo fontal de la redenci\u00f3n es el don del Esp\u00ed\u00adritu de Cristo: \u2020\u0153Tambi\u00e9n vosotros los que hab\u00e9is escuchado la palabra de la verdad, el evangelio de vuestra salvaci\u00f3n, en el que hab\u00e9is cre\u00ed\u00addo, hab\u00e9is sido sellados con el Esp\u00ed\u00adritu Santo prometido, el cual es garant\u00ed\u00ada de nuestra herencia, para la plena liberaci\u00f3n del pueblo de Dios y alabanza de su gloria\u2020\u009d (Ef 1,13-14). El \u00c2\u00a1Esp\u00ed\u00adritu de Cristo es una \u2020\u0153marca de propiedad\u2020\u009d puesta en el pueblo de Dios rescatado; como hijos mediante el Esp\u00ed\u00adritu (Ga 3,2-3; Ga 4,6-7; Rm 8,12-17), los redimidos forman el pueblo de Dios, es decir, el pueblo que es propiedad de Dios.<br \/>\nUn texto no paulino, la carta a los Hebreos, en una solemne y profunda meditaci\u00f3n del misterio cristol\u00f3gico de la redenci\u00f3n, pone ante los ojos de los cristianos la figura de Jesucristo sacerdote y el acontecimiento de su sacrificio sacerdotal como acontecimiento de solidaridad con la humanidad: \u2020\u0153Por lo cual debi\u00f3 hacerse en todo semejante a sus hermanos, para convertirse en sumo sacerdote misericordioso y fiel ante Dios, para alcanzar el perd\u00f3n de los pecados del pueblo. Pues por el hecho de haber sufrido y haber sido probado, est\u00e1 capacitado para venir en ayuda de aquellos que est\u00e1n sometidos a la prueba\u2020\u2122 Hb 2,17-18). Indudablemente, tambi\u00e9n para Pablo la solidaridad de Jesucristo, \u2020\u0153nacido de mujer, nacido bajo la ley\u2020\u009d (Ga 4,4) para rescatamos y hacernos hijos de Dios, es el horizonte en el cual hay que pensar correctamente la redenci\u00f3n.<br \/>\nLa solidaridad de Dios con los hombres pecadores ha llegado al punto de que \u2020\u0153al que no conoci\u00f3 pecado, le hizo pecado en lugar nuestro, para que nosotros seamos en \u00e9l justicia de Dios\u2020\u009d (2Co 5,21). Jes\u00fas se solidariz\u00f3 tambi\u00e9n con los efectos nefastos del pecado, el poder productor de muerte y ruina. Y as\u00ed\u00ad Dios \u2020\u0153conden\u00f3 el pecado en la carne\u2020\u009d (Rm 8,3) de Cristo, convertido en hombre pasible y mortal como nosotros pecadores, pero inocente y sin pecado.<br \/>\n\u2020\u0153La creaci\u00f3n ser\u00e1 librada de la esclavitud de la destrucci\u00f3n para ser admitida a la libertad gloriosa de los hijos de Dios&#8230; No s\u00f3lo ella, sino tambi\u00e9n nosotros, que tenemos las primicias del Esp\u00ed\u00adritu, gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopci\u00f3n filial, la redenci\u00f3n de nuestro cuerpo\u2020\u009d (Rm 8,21; Rm 8,23). El destino del hombre est\u00e1 ligado a su cosmos, y por consiguiente la creaci\u00f3n entera participar\u00e1 de la redenci\u00f3n definitiva del hombre realizada por Cristo. Aqu\u00ed\u00ad est\u00e1 sintetizada la visi\u00f3n paulina sobre el futuro del hombre y del cosmos.<br \/>\nLa salvaci\u00f3n, que se refiere al hombre solidario con el cosmos, es salvaci\u00f3n en la esperanza (Rm 8,24). \u2020\u0153Es la esperanza del hombre en la resurrecci\u00f3n (Rm 8,17-18; Rm 8,23; Rm 8,25)10 que permite a san Pablo hablar de la esperanza de toda la creaci\u00f3n: la esperanza cristiana lleva al universo al futuro de la salvaci\u00f3n\u2020\u009d (J. Alfaro). La redenci\u00f3n del \u2020\u0153cuerpo\u2020\u009d del hombre est\u00e1 ya presente, aunque a\u00fan no completada; y, mediante la corporeidad humana, el mismo cosmos est\u00e1 ya -si bien a\u00fan no perfectamente- integrado en el destino del hombre.<br \/>\nLa redenci\u00f3n de Jesucristo involucra a todo el hombre, tanto como individuo como comunidad, lo mismo como alma que como cuerpo ligado a su cosmos, tanto en su \u2020\u0153tiempo perdido\u2020\u009d en el pecado como en la apertura de un futuro de esperanza. Mediante la redenci\u00f3n de Cristo, Dios est\u00e1 haciendo nuevas todas las cosas para hacer nacer \u2020\u0153un cielo nuevo y una tierra nueva\u2020\u2122 (Ap 21, 1).<br \/>\n2751<br \/>\nBIBL.: AA.W., La salvezza cristiana, Citta-della, As\u00ed\u00ads 1975; Alonso Schokel L., La R\u00e9-demption oeuvre de solidante, en \u2020\u0153NRT\u2020\u2122 93 (197 i) 449-472; Benoit P., Pasi\u00f3n y resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or, Fax, Madrid 1971; CongarY., La mia parrocchia vasto mondo, Edizioni Paoline 19652; Crouzel H., Le dogme de \u00c2\u00a1a R\u00e9demption dans l\u2020\u2122Apocalypse, en \u2020\u0153Bulletin de Litt\u00e9rature Eccl\u00e9siastique\u2020\u2122 58 (1957) 65-92; Dupont J., La r\u00e9conciliation dans la th\u00e9ologie de St. Paul, Brujas 1953; L\u00e9on-Dufour X., Redenci\u00f3n, en Vocabulario de teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica, Herder, Barcelona 1976; Lyonnet S., De nolione redemplionis, en \u2020\u0153VD\u2020\u009d 36 (1958) 126-146; Lyonnet 5., Sabourin L., Sin, R\u00e9demption and Sacrifice, Roma 1970; Moraldi L., Espiazionesacrif\u00ed\u00adcale e riti espiatori nelI\u2020\u2122ambiente b\u00ed\u00adblico e nelI\u2020\u2122A T, Roma 1956; Id, Per una corretta Iettura della soteriolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica, en \u2020\u0153La Scuola cattolica\u2020\u009d 108(1980)313-343; Munde W. y otros, Redenci\u00f3n, en DTNT, IV, Sig\u00faeme, Salamanca 1984, 54-67; Moltmann J., El Dios crucificado. Sig\u00faeme 19772; \u2020\u0153Parole di vita\u2020\u2122, n. 1 del 1984:<br \/>\nCristo Redentore; Rahner K., Redenci\u00f3n, Sacramentum mundi V, Herder 1976, 758-776; Sabourin L., Redenci\u00f3n sacrificial. Encuesta exeg\u00e9tica, DDB, Bilbao 1969; Schenker ?., Koperel expiation, en \u2020\u0153Bib\u2020\u009d 63 (1982) 32-46; Stamm J.J.,g 1- redimir, en DTA? 1, Cristiandad, Madrid 1978, 549-564; Id, Padh &#8211; redimir, liberar, ib, II, 1985, 495-51 5; Stuhlmueller, Creative Redeptionin Deutero-Isaiah, Roma 1970.<br \/>\nA. Bonora<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Cat\u00f3lico de Teolog\u00eda B\u00edblica<\/b><\/p>\n<p>I. Introducci\u00f3n al problema fundamental<br \/>\n1. La r. supone, objetivamente, la necesidad de ser redimido y, subjetivamente (como reconocimiento de ese hecho), la aceptaci\u00f3n de tal necesidad por parte del hombre.<\/p>\n<p>a) Esta necesidad de r. quiere decir primeramente aquel estado en que inevitablemente se halla el hombre seg\u00fan su propia experiencia, y que \u00e9l vive como estado finito, plurivalente y doloroso en todas las dimensiones de su existencia, de forma que la experiencia de este estado como individual y colectivo es casi id\u00e9ntico con la existencia misma. Pero seg\u00fan la interpretaci\u00f3n cristiana de la existencia de tal estado no consiste s\u00f3lo en los inevitables \u00abfen\u00f3menos de fricci\u00f3n\u00bb de una evoluci\u00f3n material, biol\u00f3gica, personal y espiritual, ni s\u00f3lo, consiguientemente, en abusos sociales o en la finitud (de car\u00e1cter biol\u00f3gico o espiritual) de la existencia humana. Ahora bien, este estado no debe tampoco radicalizarse falsamente hasta la negaci\u00f3n de una capacidad de r., como lo hace un existencialismo pesimista, seg\u00fan el cual la existencia ser\u00ed\u00ada una falta de sentido absolutamente irremediable, y reconocerlo sin ilusiones ser\u00ed\u00ada la verdad propia del hombre. Sin embargo, esta quietud puede en verdad ser entendida como el reconocimiento de que el hombre no puede redimirse a sf mismo, y la opini\u00f3n contraria (entendida en sentido marxista-colectivista o individualista) es la forma moderna y reciente de superstici\u00f3n (Blondel).<\/p>\n<p>El cristianismo reconoce al hombre como capaz de r. (a la postre porque tambi\u00e9n su libertad es finita y est\u00e1 envuelta por el amor creador de Dios). Pero este hombre est\u00e1 tambi\u00e9n necesitado de r., la cual ha de referirse ante todo y sobre todo a su propia culpa. Cierto que un ser finito, que debe desarrollarse aun sin culpa, hubiera tambi\u00e9n sentido justamente el dolor de su imperfecci\u00f3n como deficiencia de su desenvolvimiento; pero la interpretaci\u00f3n cristiana de la existencia sabe que este dolor, en su concreci\u00f3n y radicalismo, es m\u00e1s que mero \u00abdolor de crecimiento\u00bb. Ese dolor es manifestaci\u00f3n de la culpa, y s\u00f3lo donde \u00e9sta es suprimida cabe hablar de redenci\u00f3n.<\/p>\n<p>Ahora bien, esta culpa, lo mismo como situaci\u00f3n culpable de pecado original que como acci\u00f3n de la libertad individual, no puede ser suprimida por el hombre. Porque no es s\u00f3lo pecado contra cualesquiera normas objetivas de car\u00e1cter inmanente, de suerte que cupiera pensar (si prescindimos de un an\u00e1lisis m\u00e1s profundo de la libertad como intercomunicaci\u00f3n humana, en que puede experimentarse el fen\u00f3meno de la culpa irreparable por parte del hombre) que el hombre reparara por s\u00ed\u00ad mismo las consecuencias de su pecado, y eliminara as\u00ed\u00ad la culpa y volviera a aliarse con Dios como guardi\u00e1n de estos \u00f3rdenes creados.<\/p>\n<p>La culpa, como \u00ab-> pecado\u00bb en el orden concreto, es el no libre (y como libre con tendencia a ser definitivo) al amor \u00ed\u00adntimo e inmediato de Dios que ofrece su propia comunicaci\u00f3n por la -> gracia increada y divinizante, y, por ende, es un acto absolutamente dialog\u00ed\u00adstico. Ahora bien, tal acto est\u00e1 dirigido al Dios absolutamente soberano y libre, y es esencialmente respuesta, que depende del llamamiento y oferta de Dios. Despu\u00e9s de un no a ese amor divino, no puede el hombre contar ya, de por s\u00ed\u00ad, con la conservaci\u00f3n de ese amor, tanto m\u00e1s porque es amor del Dios absolutamente santo y justo, que est\u00e1 en contradicci\u00f3n absoluta con aquel no. S\u00f3lo cuando este amor se afirma permanentemente a s\u00ed\u00ad mismo aun frente a ese no y, como amor divino de infinita fuerza liberadora, supera la culpa, es posible el perd\u00f3n, es decir, se da la posibilidad del libre amor del hombre (como amor que responde de forma esencialmente dialog\u00ed\u00adstica y recibe de Dios la capacitaci\u00f3n para ello). S\u00f3lo partiendo de ese perd\u00f3n de la culpa, cabe pensar en una salvaci\u00f3n definitiva como estado personal definitivo y superaci\u00f3n de la situaci\u00f3n dolorosa del hombre; pues, de una parte, el dolor y la muerte son manifestaciones de la culpa en el fondo de la existencia, y, de otra, la plena beatitud en todas sus disminuciones s\u00f3lo puede concederse como don escatol\u00f3gico de Dios mismo, no como meta o fin que pueda establecer el hombre.<\/p>\n<p>b) La experiencia de la culpa irreparable por obra del hombre mismo como raz\u00f3n de la necesidad de r., es hecha por el hombre concreto en grados muy diversos. El hecho se comprende desde el punto de vista de la existencia y de la situaci\u00f3n humanas en la historia de la salvaci\u00f3n, y no es, por tanto, objeci\u00f3n contra la fundamental apelaci\u00f3n a la necesidad de r. como supuesto para entender la -> soteriolog\u00ed\u00ada cristiana.<\/p>\n<p>Una inteligencia meramente rudimentaria de la culpa o una falta aparente de esta inteligencia puede incluso ser un culpable \u00abretener cautiva\u00bb la verdadera situaci\u00f3n del hombre (Rom 1, 18); puede simplemente proceder de un estadio muy primitivo de la evoluci\u00f3n de cada historia individual humana, en la que de hecho no es siquiera posible la verdadera experiencia de culpa; puede ser un indicio de que la experiencia (no refleja, pero intensa) hecha en la gracia de existir en el \u00e1mbito del amor &#8211; misericordioso &#8211; de Dios recubre la experiencia de la culpa (aunque, en principio, ambas crecen al mismo paso); puede ser que en una historia individual la posibilidad de culpa radical haya quedado, por la gracia preservante de Dios, en mera posibilidad, y que esta posibilidad como tal se realice existencialmente con menor facilidad que la culpa misma, aunque esto &#8211; comp\u00e1rese la conciencia de pecadores en los santos &#8211; no es necesariamente as\u00ed\u00ad. Es cierto finalmente que la experiencia existencial individual necesita de un ejemplar o modelo productivo, que haga de \u00abcatalizador\u00bb en la experiencia de la humanidad y de su historia de perdici\u00f3n (se\u00f1aladamente como interpretada por la historia revelada de la perdici\u00f3n y revelaci\u00f3n), y un hombre individual, culpable o inculpablemente, no se enfrenta suficientemente con esta experiencia total.<\/p>\n<p>Todos estos factores pueden combinarse de los modos m\u00e1s varios en el hombre particular, y no pueden distinguirse adecuadamente en una introspecci\u00f3n vigilante (as\u00ed\u00ad, p. ej., en la reflexi\u00f3n no pueden distinguirse adecuadamente la ->. concupiscencia, previa a la libertad, aun inculpable, y la concupiscencia culpablemente \u00abratificada\u00bb por la libertad). Todo esto significa una dificultad para la experiencia individual de la culpa (tanto m\u00e1s porque muchas cosas en la historia individual son culpa \u00abobjetivamente\u00bb, pero no \u00absubjetivamente\u00bb, y por tanto el reo mismo las puede tomar individual o socialmente en su descargo y as\u00ed\u00ad explicarlas). Pero con ello se da tambi\u00e9n, a la vez, una introducci\u00f3n met\u00f3dica para iniciar mistag\u00f3gicamente al hombre en el reconocimiento de su situaci\u00f3n de culpa. Mas para ello es a la postre decisivo comprender que este \u00abpermitir que comparezca\u00bb la culpa (la apocalipsis de la \u00abira de Dios\u00bb, cf. Rom 1, 18), es una actitud que s\u00f3lo puede adoptar real y radicalmente el hombre que acepta el perd\u00f3n de Dios; la necesidad de r. es concretamente aprehendida en el acontecimiento de la r. aceptada. En otro caso, el hombre no mide bien la radical experiencia de su culpa, la negar\u00e1 o tergiversar\u00e1. As\u00ed\u00ad a la postre, la mistagogia en la necesidad de r. es instrucci\u00f3n en la valent\u00ed\u00ada para creer en el amor de Dios y aceptarlo como indebido y absoluto (y como tal no suprimido ni aun por la culpa), sabiendo adem\u00e1s que la aceptaci\u00f3n misma es tambi\u00e9n obra del poder de ese mismo amor.<\/p>\n<p>2. La r., tal como la concibe el cristianismo, se entiende \u00abobjetivamente\u00bb, es decir, como acontecimiento (acci\u00f3n redentora) y como consecuencia del mismo (r. objetiva) que preceden efectivamente a la \u00ab-> justificaci\u00f3n\u00bb y santificaci\u00f3n del hombre (r. subjetiva) y que, por tanto, han de distinguirse de esta r. subjetiva. La raz\u00f3n de esa distinci\u00f3n (que a menudo es negada en una moderna antropolog\u00ed\u00ada cristiana existencialista, seg\u00fan la cual la r. se cumple simplemente en el acontecimiento de la sola fe, sin referenciaa un acontecimiento de la historia que le preceda) consiste sencillamente en que la libertad creada y finita, aun en el acto de su salvaci\u00f3n, supone como condici\u00f3n una \u00absituaci\u00f3n\u00bb que no se identifica con la esencia necesaria del hombre y de su libertad, una situaci\u00f3n que es hist\u00f3ricamente concreta y, sin embargo, entra como elemento interno en la esencia realmente actuada de la libertad.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad, pues, la r. objetiva significa la constituci\u00f3n operada por Dios de aquella situaci\u00f3n de la libertad, hist\u00f3ricamente concreta, en que la voluntad salvadora y misericordiosa de Dios se hace hist\u00f3ricamente presente, con una irreversibilidad escatol\u00f3gica, como oferta a la libertad del hombre; y s\u00f3lo en ella y por ella puede el hombre aceptar el perd\u00f3n que se le ofrece. Por qu\u00e9 esta situaci\u00f3n de salvaci\u00f3n y perd\u00f3n no consiste simplemente en una voluntad trascendental de perd\u00f3n por parte de Dios, que s\u00f3lo llegar\u00e1 al hombre desde arriba, es una cuesti\u00f3n que luego habremos de explicar m\u00e1s exactamente.<\/p>\n<p>3. En una exposici\u00f3n de la soteriolog\u00ed\u00ada cristiana no es por lo menos forzosamente necesario, y hoy no es aconsejable en la pedagog\u00ed\u00ada de la religi\u00f3n, distinguir con excesiva precisi\u00f3n entre la gracia de Dios como divinizaci\u00f3n y santificaci\u00f3n sobrenatural y la gracia de Dios como perd\u00f3n de la culpa (y, por ende, entre la gracia primigenia de Dios y la gracia del perd\u00f3n por Cristo). Existe ciertamente una distinci\u00f3n formal entre divinizaci\u00f3n indebida y disposici\u00f3n, indebida tambi\u00e9n, a perdonar por parte de Dios; pero, en el orden concreto de la salvaci\u00f3n, no s\u00f3lo hay perd\u00f3n por la gracia divina como sobrenaturalmente elevante, sino que est\u00e1 tambi\u00e9n de todo punto justificado admitir que: a) la gracia divinizante como tal se da tambi\u00e9n desde el principio intuitu Christi como Verbo hecho carne y, por tanto esta gracia incluye el perd\u00f3n, pues la voluntad salvadora de Dios que mira de antemano a Cristo como a su culminaci\u00f3n hist\u00f3rica fue tambi\u00e9n absoluta (libremente) aun respecto del pecador; y b) el pecado que &#8211; sin atentar contra la libertad humana, Dios hubiera podido impedir en la creaci\u00f3n &#8211; s\u00f3lo fue permitido por \u00e9l como superado ya para siempre por su gracia, pues quer\u00ed\u00ada mostrar victorioso su amor absoluto aun por encima del no de la criatura y en el abismo de muerte de su nada. Desde este punto de vista, la divinizaci\u00f3n y el perd\u00f3n son dos factores, de hecho siempre unidos, de la comunicaci\u00f3n \u00fanica de Dios al mundo por la gracia increada, que, dentro de su \u00fanica marcha hist\u00f3rica, abarca la culpa para mostrarse, al superarla, como el amor m\u00e1s fuerte y poderoso.<\/p>\n<p>4. Para una inteligencia de la r. que haya de tener \u00abrealidad\u00bb hoy d\u00ed\u00ada, es de la mayor importancia que su predicaci\u00f3n se exponga para siempre de forma que aparezca c\u00f3mo siempre y dondequiera, la historia entera de la humanidad est\u00e1 bajo el amor misericordioso de Dios en Cristo, y c\u00f3mo este acontecimiento de la cruz de Cristo es de tal forma causa de la r., que produce tambi\u00e9n la salvaci\u00f3n de la humanidad precristiana (y por cierto en forma esencialmente id\u00e9ntica). De lo contrario, el predicador se expone a la pregunta esc\u00e9ptica sobre qu\u00e9 ha cambiado en el mundo desde Cristo.<\/p>\n<p>Pero si la comunicaci\u00f3n misericordiosa de Dios (con miras a Cristo) ha estado actuando desde siempre en el mundo, la pregunta sobre qu\u00e9 se ha mejorado en el mundo desde Cristo est\u00e1 de antemano mal planteada, o es en todo caso secundaria. No tenemos siquiera posibilidad de salirnos emp\u00ed\u00adricamente fuera del experimentum Christi, para ver c\u00f3mo habr\u00ed\u00ada sido el mundo sin Cristo. Por lo menos una buena parte de la mejora del estado social y humano \u00abdesde Cristo\u00bb, no puede demostrarse que haya de ponerse en la cuenta del cristianismo, aunque ser\u00ed\u00ada igualmente antihist\u00f3rico desconocer un \u00ab\u00e9xito\u00bb hist\u00f3rico del mensaje cristiano, tanto m\u00e1s porque muchos elementos de la evoluci\u00f3n profana se remontan por lo menos de hecho, a motivaciones a la postre cristianas.<\/p>\n<p>5. Kerygm\u00e1ticamente se producir\u00e1n con necesidad malas inteligencias si en la soteriolog\u00ed\u00ada se separan demasiado la persona y la obra (muerte) de Cristo. Si en una doctrina encarnacionista de la r. se acent\u00faa unilateralmente que el Logos divino toma una \u00abnaturaleza\u00bb como miembro de la humanidad (quod assumptum est, redemptum est), cae en aspectos meramente c\u00f3smicos y objetivos, y ya no se toma en serio la Escritura, que ve el acontecimiento redentor en el amor y en la obediencia de Jes\u00fas hasta la muerte de cruz. Pero si este hecho s\u00f3lo es visto en una soteriolog\u00ed\u00ada \u00abstaurol\u00f3gica\u00bb (de la cruz: cf.1 Cor 1, 18), de forma que la -> encarnaci\u00f3n no es sino la constituci\u00f3n de un sujeto que puede redimir bajo la condici\u00f3n de que ponga la acci\u00f3n correspondiente, entonces la soteriolog\u00ed\u00ada cae forzosamente bajo conceptos puramente jur\u00ed\u00addicos de una teor\u00ed\u00ada de la satisfacci\u00f3n exclusivamente, la encarnaci\u00f3n misma en cuanto tal no aparece ya como factor \u00ed\u00adntimamente formal del acontecimiento mismo de la r., y la r. se queda en una dimensi\u00f3n meramente \u00abmoral\u00bb, ocult\u00e1ndose su profundidad transformadora del mundo. En una teolog\u00ed\u00ada del sujeto y de la libertad deber\u00ed\u00ada esclarecerse la unidad espec\u00ed\u00adficamente personal de ser y obrar de la persona (unidad que no puede expresarse bajo la relaci\u00f3n de substancia y accidente). La asunci\u00f3n de una naturaleza humana por el Logos es ya la asunci\u00f3n de una naturaleza que se realiza necesariamente a s\u00ed\u00ad misma como libertad y destino; la encarnaci\u00f3n misma, por ende, es ya un movimiento divino hacia el mundo, movimiento que s\u00f3lo llega a su plena esencia en el hecho de la muerte y resurrecci\u00f3n (cf. Jn 3, 17; 1 Tim 11, 15; Dz 86: el descensus mismo existe ya propter nos homines et propter nostram salutem).<\/p>\n<p>II. La doctrina sobre la redenci\u00f3n en la Escritura, en la tradici\u00f3n y en el magisterio de la Iglesia<br \/>\n1. La Escritura<br \/>\nSu soteriolog\u00ed\u00ada s\u00f3lo puede exponerse aqu\u00ed\u00ad en sus puntos m\u00e1s fundamentales; muchos otros se explican en art\u00ed\u00adculos como -> Jesucristo, -> mediaci\u00f3n, -> pecado y culpa, -> gracia, -> justificaci\u00f3n, -> Esp\u00ed\u00adritu Santo, -> virtudes, -> resurrecci\u00f3n, -> ascensi\u00f3n de Cristo&#8230;<\/p>\n<p>a) El t\u00e9rmino r. significa negativamente \u00e1polytrosis = redemptio, liberaci\u00f3n de se\u00f1or\u00ed\u00ado del pecado, de las virtudes y potestades, de la ley y de la muerte (Rom 3, 24; 1 Cor 1, 30; Ef 1, 7; Col 1, 14; Heb 9, 15), y positivamente katallag\u00e9 = reconciliatio, instauraci\u00f3n de la paz con Dios y entre los hombres mismos (Rom 5, 10ss; 11, 15; 2 Cor 5, 18ss; Col 1, 20). Este proceso redentor se caracteriza bajo conceptos cultuales, como sacrificio (prosfor\u00e1, thus\u00ed\u00ada: Ef 5, 2; 1 Cor 5, 7; Heb 9, 25ss), como medio de expiaci\u00f3n (ilast\u00e9rion: Rom 3, 25), como efusi\u00f3n de la sangre redentora de la alianza por los muchos (Mt 26, 28 par; Act 20, 28; Rom 5, 9; Ef 1, 7; Col 1, 20; Heb 9, 12 14; 10, 19; 13, 12 20; 1 Pe 1, 19; 1 Jn 1, 7; Ap 5, 9); y, bajo conceptos m\u00e1s jur\u00ed\u00addicos, como \u00abrescate\u00bb (cf. antes; Mc 10, 45; 1 Tim 2, 6); o, bajo otros m\u00e1s generales, como \u00absalvaci\u00f3n\u00bb (Mt 1, 21; Jn 3, 17; 12, 47; 1 Tim 1, 15; 2 Tim 2, 10; Heb 5, 9, etc.), siendo de notar que no se distingue muy reflejamente entre la r. \u00abobjetiva\u00bb y su efecto: la r. \u00absubjetiva\u00bb.<\/p>\n<p>b) Esa r. se produce por la muerte de Cristo (cf. a), en cuanto esta misma es efecto del amor redentor de Dios (Jn 3, 16) y libre acci\u00f3n de Cristo (Jn 10, 15-18) como realizaci\u00f3n de su obediencia a Dios en la aceptaci\u00f3n de la humillaci\u00f3n de una muerte humana (Flp 2, 7ss), como servicio y prueba de amor a los hombres (Mc 10, 45; Mt 20, 28; Lc 18, 27; Jn 13, 1). Esta acci\u00f3n es la del siervo de Yahveh, que, como segundo Ad\u00e1n (Rom 5, 12ss, etc.), interviene vicariamente, \u00abseg\u00fan las Escrituras\u00bb, por la comunidad de sus hermanos (Mc 10, 45; Mt 26, 28, como alusi\u00f3n al Ebed Yahveh en Is 53, 12, etc.). De importancia decisiva es que el mismo Jes\u00fas hist\u00f3rico prepascual interpreta su muerte como tal acci\u00f3n redentora (Mt 26, 28 par), aunque su comunidad s\u00f3lo a partir de la resurrecci\u00f3n vea claramente esto.<\/p>\n<p>c) Efectos de esta acci\u00f3n redentora son: la liberaci\u00f3n de la servidumbre del -> pecado (Tit 2, 14; Ef 1, 7; Col 1, 14; Heb 9, 12ss), de la servidumbre de la -> ley (G\u00e1l 3, 13; 4, 5; Rom 7, Iss), del diablo (Jn 16, 11; Col 1, 13; 2, 15; Heb 2, 14), y de la muerte (2 Tim 1, 10; Heb 2, 14ss, etc.); nueva creaci\u00f3n y regeneraci\u00f3n (2 Cor 5, 17; G\u00e1l 6, 15; Ef 4, 24; Jn 3, Iss); justificaci\u00f3n (Rom 5, 1 9, etc.); posesi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu y filiaci\u00f3n divina (G\u00e1l 3, 2ss; 4, 6ss; Rom 8, 12-17); verdad, vida, luz, paz, gozo (as\u00ed\u00ad particularmente Jn).<\/p>\n<p>Esos bienes de la r., que, naturalmente, el individuo debe aprehender por la fe y el amor, en parte se dan ya ahora (perd\u00f3n del pecado, justificaci\u00f3n, posesi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, filiaci\u00f3n divina), y en parte son futuros (resurrecci\u00f3n de la carne: Lc 14, 14; 1 Cor 15; glorificaci\u00f3n: Rom 8, 17; visi\u00f3n de Dios: 1 Cor 13, 12; vida eterna: Mc 9, 43; 10, 17 30; G\u00e1l 6, 8; Rom 6, 22), aunque tambi\u00e9n estos \u00faltimos son pose\u00ed\u00addos ya en el Esp\u00ed\u00adritu Santo y por la esperanza, de suerte que s\u00f3lo falta a\u00fan su posesi\u00f3n sin velos y sin posibilidad de perderse (2 Cor 1, 22; 3, 18; 5, 5; Rom 5, 8ss). No debe pasar desapercibida la importancia soteriol\u00f3gica de la -> resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas (p. ej., Flp 3, 10; Rom 4, 25; 8, 11; 1 Cor 6, 14; 2 Cor 4, 14). Se resaltan expresamente la universalidad de la r., contra el particularismo judaico de la salvaci\u00f3n (cf. voluntad salv\u00ed\u00adfica universal de Dios [-> salvaci\u00f3n]) y su gratuidad (Rom; G\u00e1l), de suerte que no se corresponde a ella por una justicia de obras lograda mediante el propio esfuerzo, sino s\u00f3lo por la fe.<\/p>\n<p>2. Magisterio y tradici\u00f3n<br \/>\na) En conjunto, el magisterio de la Iglesia repite simplemente la doctrina de la Escritura: Dz 122 319 550 790 795 938 940 951, rechazando el -> modernismo, seg\u00fan el cual en los Evangelios, a diferencia de Pablo, no hay a\u00fan una soteriolog\u00ed\u00ada (Dz 2038), y el -> jansenismo, que negaba la universalidad del ofrecimiento de la salvaci\u00f3n eterna (Dz 1096, 1294). A veces se formula la r. bajo el concepto de satisfactio, sin que se d\u00e9 una explicaci\u00f3n m\u00e1s exacta del concepto (y con ello una definici\u00f3n de la teor\u00ed\u00ada escol\u00e1stica de la satisfacci\u00f3n): Dz 799 2318, o bajo el de -> m\u00e9rito: Dz 552 795 799 800 802 820; DS 3329. La -> apocat\u00e1stasis no puede ense\u00f1arse apelando a la cruz de Cristo (Dz 211). El concilio Vaticano i intent\u00f3 una definici\u00f3n sobre Cristo: vere et proprie satisfecisse nobisque gratiam et gloriam meruisse (ColLac vii 566c).<\/p>\n<p>b) La historia del dogma de la r. no es muy rica en aportaciones. En la era patr\u00ed\u00adstica (aparte de la transmisi\u00f3n de la doctrina b\u00ed\u00adblica), lo m\u00e1s importante es la teor\u00ed\u00ada de la recapitulaci\u00f3n (teor\u00ed\u00ada m\u00ed\u00adstico-encarnatoria de la r.) en Ireneo, seg\u00fan la cual (sin negar la doctrina paulina del rescate y de la reconciliaci\u00f3n por la cruz), partiendo de Ef 1 10, la uni\u00f3n de la humanidad con Dios se cumple en Cristo como cabeza que lo recapitula todo en s\u00ed\u00ad mismo. Junto a esto (yendo m\u00e1s all\u00e1 de la Escritura) en la era patr\u00ed\u00adstica, para la que el concepto de sacrificio expiatorio, tomado de la experiencia religiosa, era sin m\u00e1s evidente, s\u00f3lo hay una teor\u00ed\u00ada (ciertamente muy figurada, pero de fuerte cu\u00f1o mitol\u00f3gico) de un rescate del hombre del poder del demonio, que, por el pecado, tiene derecho de propiedad sobre el hombre; derecho que pierde porque, enga\u00f1ado en cierto modo por Cristo, trata de extender sin raz\u00f3n a Cristo su dominio sobre la muerte (as\u00ed\u00ad ya Or\u00ed\u00adgenes).<\/p>\n<p>En la edad media desarrolla luego la teolog\u00ed\u00ada, inspirada por Anselmo, la teor\u00ed\u00ada propiamente dicha de la satisfacci\u00f3n. La r. se refiere primariamente a la culpa como tal. Esta significa una ofensa infinita a Dios, pues la ofensa se mide por la dignidad del ofendido. Si la culpa ha de ser reparada (y no s\u00f3lo perdonada por un libre acto gracioso de Dios, posibilidad te\u00f3rica por parte de Dios que no se impugna ni discute), en tal caso esta reparaci\u00f3n condigna (de valor pleno: satisfactio como iniuriae alteri illatae compensatio: CatRom ir 5, 59) s\u00f3lo es posible por obra de una persona divina, pues el valor de la satisfacci\u00f3n se mide por la dignidad del que satisface, no por la de su destinatario. Tal satisfacci\u00f3n s\u00f3lo puede ser prestada por una persona distinta del ofensor en el supuesto de que el ofendido est\u00e9 dispuesto a aceptar libremente la satisfacci\u00f3n vicaria (vicaria satisfactio). En este sentido, por su obediencia hasta la muerte de cruz, Cristo prest\u00f3 una satisfacci\u00f3n condigna, infinita y vicaria por la ofensa infinita, infligida por el pecado, a la santidad y justicia de Dios, de suerte que, por ella, Dios est\u00e1 dispuesto a perdonar la culpa al hombre. Los te\u00f3logos est\u00e1n en desacuerdo hasta hoy d\u00ed\u00ada en la interpretaci\u00f3n m\u00e1s precisa de la satisfacci\u00f3n prestada por Cristo. Se discute concretamente hasta qu\u00e9 punto entra en la verdadera esencia de la satisfacci\u00f3n de Cristo (que esencialmente se entiende siempre como acci\u00f3n libre de Cristo y, por tanto, formalmente no como \u00abpunici\u00f3n\u00bb suya en lugar nuestro) s\u00f3lo la dignidad moral de su acci\u00f3n, que honra a Dios, o tambi\u00e9n formalmente su car\u00e1cter (efectivo) como dolor y muerte, que se dirige expiatoriamente a la justicia vindicativa de Dios como tal.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, echando mano de conceptos que se explican sobre todo en relaci\u00f3n con la doctrina del sacrificio de la misa, la teolog\u00ed\u00ada trata de mostrar por qu\u00e9 y de qu\u00e9 manera tambi\u00e9n el sacrificio de la cruz tiene car\u00e1cter de sacrificio cultual, que el sumo y eterno sacerdote, sacerdote y v\u00ed\u00adctima a la vez, ofreci\u00f3 sobre el altar de la cruz (cf. tambi\u00e9n sobre esto Dz 122 333 430 938 940 2195 2274, textos que, a la postre, s\u00f3lo repiten lo que dice la Escritura, sin decidir la cuesti\u00f3n de hasta qu\u00e9 punto la obediencia y muerte de Cristo pueden considerarse como sacrificio cultual en sentido propio).<\/p>\n<p>III. Soteriolog\u00ed\u00ada sistem\u00e1tica<br \/>\n1. Juicio sobre la teor\u00ed\u00ada de la satisfacci\u00f3n<br \/>\nEn lo que dice positivamente habr\u00e1 que reconocerla de todo punto como explicaci\u00f3n de la significaci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de la muerte de Cristo, explicaci\u00f3n f\u00e1cilmente inteligible y que supera m\u00e1s de una mala inteligencia \u00abmitol\u00f3gica\u00bb (rescate de un dominio justificado del demonio, \u00abcastigo\u00bb de Cristo en lugar nuestro). Tambi\u00e9n puede interpretarse formalmente de tal modo que en esta abstracci\u00f3n formal cabe incluir en cierto modo la totalidad de la soteriolog\u00ed\u00ada: la obediencia amorosa del Hijo es la suprema glorificaci\u00f3n imaginable de Dios en el mundo, y, por ella, mirando a ella (intuitu meritorum Christi), se da el amor misericordioso de Dios a los pecadores, pues los ama en la unidad del hombre Jesucristo. Sin embargo, tampoco se puede decir que la teor\u00ed\u00ada de la satisfacci\u00f3n resalte en igual manera y de forma clara todos los factores de una soteriolog\u00ed\u00ada adecuada. Ya desde el punto de vista hist\u00f3rico, parte de categor\u00ed\u00adas del derecho germ\u00e1nico (offensa-satisfactio; dignitas offensi, satisfacientis) que no pueden f\u00e1cilmente \u00abpersonalizarse\u00bb y recibir una acepci\u00f3n an\u00e1loga, de modo que sea posible aplicarlas con sentido a la relaci\u00f3n Dios-pecador.<\/p>\n<p>Tampoco puede responderse muy f\u00e1cilmente la cuesti\u00f3n (a diferencia de lo que pasa en una satisfacci\u00f3n entre hombres) de c\u00f3mo sea posible considerar una acci\u00f3n moral como compensaci\u00f3n por una ofensa a Dios, si esa acci\u00f3n, ya con anterioridad a su funci\u00f3n satisfactoria, es de uno u otro modo absolutamente debida a Dios. Pero \u00e9se es justamente el caso con toda tarea y toda acci\u00f3n morales, pues en este aspecto el hombre nada tiene que no deba a Dios y a la exigencia absoluta de su amor, y no cabe insertar en esta cuesti\u00f3n una apelaci\u00f3n a cualesquiera opera supererogatoria (obras de supererogaci\u00f3n), sobre todo porque entonces la pasi\u00f3n de Cristo s\u00f3lo tendr\u00ed\u00ada significaci\u00f3n satisfactoria en ciertos elementos, relativamente accidentales, y no como destino total de vida y muerte.<\/p>\n<p>En la teor\u00ed\u00ada de la satisfacci\u00f3n, la muerte de Cristo es una manera a la postre casual, sin nexo esencial con la r., de una prestaci\u00f3n cualquiera del Dios-hombre. Ahora bien, esto no hace realmente justicia ni a la muerte de Cristo como acontecimiento salv\u00ed\u00adfico tal como lo ve la Escritura, ni a una teolog\u00ed\u00ada real de la muerte en general. La teor\u00ed\u00ada de la satisfacci\u00f3n tampoco hace ver claro en su primer punto de partida que la iniciativa salv\u00ed\u00adfica parte de Dios y de su insondable voluntad salvadora; la cruz, por tanto, es efecto y manifestaci\u00f3n de este amor gratuito, y no causa del mismo. Aqu\u00ed\u00ad el \u00abofendido\u00bb mismo, perdonando hasta lo \u00faltimo, opera por propia iniciativa la satisfacci\u00f3n de la ofensa, de suerte que en este esquema, por s\u00ed\u00ad solo, no se comprende c\u00f3mo la satisfacci\u00f3n no est\u00e1 ya comprendida en el perd\u00f3n. Si se alude a otros casos teol\u00f3gicos paralelos (p. ej., la oraci\u00f3n de petici\u00f3n como operada por la gracia misma y, sin embargo, dotada de sentido), el problema no hace sino desplazarse, pero no se resuelve.<\/p>\n<p>Finalmente, en la teor\u00ed\u00ada de la satisfacci\u00f3n, s\u00f3lo puede establecerse un nexo externo entre la satisfacci\u00f3n como tal y muchos efectos de la r. (p. ej., la resurrecci\u00f3n de los hombres, la transfiguraci\u00f3n del cosmos, etc.). Sin embargo, el acontecimiento de la r., en su origen y sus efectos, debiera tener una unidad esencial, si ha de aparecer realmente como el acontecimiento central de la historia sagrada y profana. El mismo tiene que atravesar de antemano todas las dimensiones de la -a creaci\u00f3n pecadora y redimible. Por lo dem\u00e1s, algunas explicaciones m\u00e1s concretas de la teor\u00ed\u00ada de la satisfacci\u00f3n parten de ideas no del todo claras acerca de la esencia de los castigos del -+ pecado y sobre la iustitia Dei vindicativa, punto que no puede exponerse aqu\u00ed\u00ad m\u00e1s despacio.<\/p>\n<p>2. El problema fundamental de la soteriolog\u00ed\u00ada<br \/>\nEl verdadero problema fundamental de la soteriolog\u00ed\u00ada radica sin duda en que el acontecimiento de la cruz no puede ciertamente interpretarse (como quisieran algunos te\u00f3logos protestantes modernos, remiti\u00e9ndose a 2 Cor 5, 18-21) como mera testificaci\u00f3n, con miras a nosotros mismos, del -> amor misericordioso de Dios que nos mueve a creer, sino que debe reconocerse como causa de nuestra salvaci\u00f3n. Por otra parte (si no queremos caer en un antropomorfismo primitivo), ha de quedar claro que la historia no mueve a Dios ni le hace \u00abcambiar de planes\u00bb; y que, por tanto, el acontecimiento de la cruz procede, como efecto, de la voluntad de perd\u00f3n por parte de Dios, la cual no queda constituida por primera vez en virtud de tal acontecimiento. Por qu\u00e9 entonces esta primigenia voluntad de perd\u00f3n por parte de Dios no opera simplemente, bajando \u00abvertical de arriba\u00bb, el perd\u00f3n de la misma manera e inmediatamente en todos los puntos del tiempo y del espacio, sino que sale al paso al hombre partiendo de un determinado acontecimiento hist\u00f3rico, que es la causa del perd\u00f3n&#8230;; ah\u00ed\u00ad est\u00e1 el verdadero problema, por lo menos para entender la soteriolog\u00ed\u00ada cristiana en la situaci\u00f3n actual.<\/p>\n<p>3. Reflexiones sobre la soteriolog\u00ed\u00ada sistem\u00e1tica<br \/>\na) Esta debiera partir de una delimitaci\u00f3n te\u00f3rica de la relaci\u00f3n general entre la voluntad salv\u00ed\u00adfica de Dios (-> salvaci\u00f3n), voluntad \u00abtrascendental\u00bb que en el existencial sobrenatural determina siempre y dondequiera al hombre por el ofrecimiento de la comunicaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo a la libre existencia humana &#8211; comunicaci\u00f3n que diviniza y perdona -, de una parte, y la historia de la salvaci\u00f3n y de la revelaci\u00f3n, de otra. Esa \u00abtrascendental\u00bb voluntad salv\u00ed\u00adfica de Dios no es operada por la historia, sino que ella misma opera la historia, de suerte que \u00e9sta es la historia (de acuerdo con la universal relaci\u00f3n entre la trascendencia humana y la historia humana) justamente de dicha voluntad salv\u00ed\u00adfica trascendental de Dios (por lo menos vista terminativamente). La voluntad salv\u00ed\u00adfica adquiere realidad y llega a nosotros al hacerse hist\u00f3ricamente concreta, de suerte que, en este sentido, su manifestaci\u00f3n hist\u00f3rica es su efecto y su fundamento. La voluntad salvadora y su manifestaci\u00f3n hist\u00f3rica no se comportan entre s\u00ed\u00ad como causa y efecto que se relacionan desde fuera, sino como elementos internos de un todo, los cuales se condicionan y fundan rec\u00ed\u00adprocamente.<\/p>\n<p>b) Esta historia de la salvaci\u00f3n como realizaci\u00f3n concreta de la voluntad salv\u00ed\u00adfica trascendental de Dios, voluntad terminativamente hist\u00f3rica en s\u00ed\u00ad misma, es una, y est\u00e1 constituida en su unidad por todas las dimensiones del hombre (unidad de la materia como \u00abcampo\u00bb espacio-temporal de la historia personal; unidad de origen [Dios]; unidad en la necesaria intercomunicaci\u00f3n personal por la comunidad y la sociedad; unidad en la meta de esta historia [-> reino consumado de Dios] como aut\u00e9ntica causa final). En esta unidad de la historia como unidad de la comunicaci\u00f3n trascendental de Dios que crea y constituye historia, para comunicarse a s\u00ed\u00ad mismo (unidad de -> naturaleza y gracia), cada factor de la historia (por lo tanto tambi\u00e9n toda historia individual y personal) depende de cada uno de los dem\u00e1s factores; la totalidad de esta historia (que est\u00e1 unida por un principio real, no por una \u00abidea\u00bb o por un \u00abdesignio\u00bb de Dios) es la situaci\u00f3n de la historia de la salvaci\u00f3n (de la r. \u00absubjetiva\u00bb) del ser libre individual.<\/p>\n<p>c) La historia de la salud as\u00ed\u00ad entendida como una, no consiste en una mera serie de acontecimientos particulares homog\u00e9neos y del mismo valor, sino que tiende a un punto culminante, el cual hace tambi\u00e9n irreversible la direcci\u00f3n de dicha historia como dirigida a la victoria de la voluntad salv\u00ed\u00adfica de Dios y, por ende, a un punto culminante escatol\u00f3gico. Este punto culminante que, como fin, como causa finalis, sustenta la historia entera de la comunicaci\u00f3n divina y por su poder victoriosa la convierte en manifestaci\u00f3n definitiva, se da: 1\u00c2\u00ba., si Dios mismo hace suya esa historia en el \u00abDios-hombre\u00bb (como autor absoluto de la salvaci\u00f3n), y esto aunque sea una historia del pecado y de sus objetivaciones hist\u00f3ricas (consecuencias del pecado: se\u00f1or\u00ed\u00ado de la muerte y de la ley); y 2\u00c2\u00b0, si tal aceptaci\u00f3n del mundo pecador por parte de Dios recibe tambi\u00e9n como respuesta el s\u00ed\u00ad de la realidad mundana (s\u00ed\u00ad que est\u00e1 predestinado por la aceptaci\u00f3n divina del mundo), y as\u00ed\u00ad se da y aparece objetiva y subjetivamente en la historia la irreversible aceptaci\u00f3n redentora como unidad de Dios y del mundo (en todas sus dimensiones).<\/p>\n<p>Ahora bien, la radical aceptaci\u00f3n por la criatura de la comunicaci\u00f3n divinizante seda por la muerte en cuanto \u00e9sta (como acci\u00f3n) es la autoaceptaci\u00f3n definitiva del ser libre, y se da (como pasi\u00f3n) aceptando y sufriendo la situaci\u00f3n de culpa de dicho ser. Ambas \u00abaceptaciones\u00bb acontecen y aparecen en su condici\u00f3n definitiva por la resurrecci\u00f3n como consumaci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de la muerte. En cuanto ser y destino de este Dios-hombre, como punto culminante de la historia de la voluntad salv\u00ed\u00adfica trascendental de Dios, son un factor de la historia \u00fanica de la salvaci\u00f3n de todos; por la resurrecci\u00f3n la historia como situaci\u00f3n victoriosa de salvaci\u00f3n entra para todos en su estadio escatol\u00f3gico y en su manifestaci\u00f3n escatol\u00f3gica (sin que importe la manera como esta situaci\u00f3n es respondida por el individuo en su libertad; mientras la historia corre, sigue en pie &#8211; cosa que no es obvia ni necesaria &#8211; la posibilidad de salvaci\u00f3n, como insistentemente ofrecida e ineludiblemente dada).<\/p>\n<p>d) Por ah\u00ed\u00ad se comprende tambi\u00e9n en qu\u00e9 sentido tan radical el Dios-hombre en su ser y destino es la \u00abgloria\u00bb de Dios, la cual significa la salvaci\u00f3n del mundo. La -> gloria de Dios en el mundo no es una cualidad formal y abstracta de cualquier acci\u00f3n moral, hecha conforme a la voluntad de Dios, sino la aparici\u00f3n hist\u00f3ricamente irreversible de Dios que se comunica a s\u00ed\u00ad mismo como amor misericordioso, el cual se impone victoriosamente y aparece en una manifestaci\u00f3n concreta all\u00ed\u00ad donde convierte la forma visible del no a \u00e9l, la muerte, en una aparici\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo por la obediencia hasta la muerte del Dios-hombre.<\/p>\n<p>e) Si y en cuanto: 1\u00c2\u00ba., la historia de la comunicaci\u00f3n trascendental de Dios en el sentido explicado antes (en a) es fundamento de la voluntad salv\u00ed\u00adfica (como factor interno de la misma) y 2\u00c2\u00b0, esta historia est\u00e1 sostenida en todas sus fases por su fin irreversible y su punto de culminaci\u00f3n (como causa finalis), es decir, se produce en cuanto se mueve hacia ese su eskhaton; Cristo y la consumaci\u00f3n de su destino (consumaci\u00f3n que aparece en la resurrecci\u00f3n) es la causa de la salvaci\u00f3n, como constituci\u00f3n hist\u00f3rica de la situaci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica para todos, que no es ya hist\u00f3ricamente reversible. Y, sin embargo, la historia de la salvaci\u00f3n en su totalidad entra tambi\u00e9n a constituir (en dependencia de su causa fina] interna) la situaci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica del individuo (como, p. ej., se ve claro en la doctrina de la -> Iglesia como cuerpo m\u00ed\u00adstico de Cristo y universale salutis sacramentum [Vaticano II, Lumen gentium, n.0 48], y en la del tesoro de la Iglesia, etc.).<\/p>\n<p>Cabr\u00ed\u00ada el intento de entender m\u00e1s precisamente esta causalidad salv\u00ed\u00adfica de la cruz de Cristo mediante conceptos ontol\u00f3gicamente m\u00e1s exactos. Baste aludir aqu\u00ed\u00ad al problema an\u00e1logo de la causalidad de los -> sacramentos, que son aparici\u00f3n hist\u00f3rica de la gracia y as\u00ed\u00ad precisamente causa tambi\u00e9n de la misma. Si en la teolog\u00ed\u00ada de los sacramentos se forja el concepto de la estricta causalidad sacramental del signo, es decir, si en ella se afirma que el signo (s\u00ed\u00admbolo real) y la causa en el sacramento no s\u00f3lo son dos propiedades acopladas de hecho en \u00e9l, sino que tiene una unidad primigenia (signo como causa &#8211; causa como signo); del mismo modo este concepto de causa podr\u00ed\u00ada tambi\u00e9n aplicarse al acontecer salv\u00ed\u00adfico de Cristo, como sacramento originario de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA:<br \/>\nAL II 1: J. K\u00f6berle, S\u00fcnde und Gnade im religi\u00f6sen Leben des Volkes Israel (Mn 1905); R. G. Bandas, The Master-Idea of Pauls Epistles an the Redemption (Brujas 1925); J. B. Colon, La conception du Salut d&#8217;apr\u00e9s les \u00e9vangiles synoptiques: RSR 10 s (1930 s); W. Staerk, Soter I: BFChTh I1\/31 (1933); F. B\u00fcchse!: ThW I 125-128, IV 337-359; H. Schlier: ThW II 484-500; O. Proksch: ThW IV 329-337; J. Hempel, Gott und Mensch im AT (St 21936); G. Wiencke, Paulus \u00fcber Jesu Tod (G\u00fc 1939; J. J. Stamm, Erl\u00f6sen und Vergeben im AT (Berna 1940); H. M. Biedermann, Die Erl\u00f6sung der Sch\u00f6pfung beim Apostel Paulus (W\u00fc 1940); E. Driejten, Promissio Redemptoris apud s. Paulum: VD 21 (1941); O. Tiilil\u00e4, Das Strafleiden Christi (He 1941); J. Rivi\u00e9re, Expiation et R\u00e9demption dans l&#8217;AT: BLE 47 (1946) 3-22; Ch. Barth, Die Errettung vom Tode in den individuellen Klage- und Dankliedern des AT (Zollikon 1947); A. Kirchg\u00e4ssner, Erl\u00f6sung und S\u00fcnde im NT (Fr 1950); B. Brinkmann, Die kosmische Stellung des Gottmenschen in paulinischer Sicht: WiWei 13 (1950) 6-33; D. a Conchas, Redemptio acquisitionis: VD 30 (1952) 14- 29 81-91 154-169; Meinertz I 39-56 220-225, II 88-114 286-306; Bonsirven NT 292-327; Haag DB 1655-1663; J. Dupont, La r\u00e9conciliation dans la th\u00e9ologie de St. Paul (Brujas-P 1953); E. 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Rivi\u00e9re (la redenci\u00f3n en Ces\u00e1reo de Arles): BLE 44 (1943) 3-20; A. Madeo, La dottrina soteriologica di S. Ambrogio (B\u00e9rgamo 1943); J. Rivi\u00e9re (doctrina de la redenci\u00f3n en el pelagianismo): RHE 41 (1946) 5-43; \u00ed\u00addem, (doctrina de la redenci\u00f3n en el siglo xn): RMA 2 (1946) 101-112 219-230; E. Lengeling, Die Heilstat des Logos-Christos bei Hippolyt (R 1947); J. Rivi\u00e9re (El m\u00e9rito de Cristo en el magisterio sobre los santos Padres): RSR 21 (1947) 53-89, 22 (1948) 213-239; O. Semmelroth (la redenci\u00f3n en Dionisio Areopagita): Scholastik 24 (1949) 367-379; H. E. W. Turner, The Patristic Doctrine of Redemption (Lo 1952); B. de San Pablo, El Doctor Juan Rivi\u00e9re, te\u00f3logo de la redenci\u00f3n: RET 14 (1954) 79-103 (bibl.); P. Paren-te: ECatt X 615-623; P. Hartmann, Le sens pl\u00e9nier de la R\u00e9paration du P\u00e9ch\u00e9 (Lv 1955); P. 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Tschipke, Die Menschheit Christi als Heilsorgan der Gottheit (Fr 1940); J. Rivi\u00e9re, Redemption: DThC XIII 1912-2004 (1992-2004 bibl.); G. Lef\u00e9bvre, La R\u00e9demption par le Sang de J\u00e9sus (Brujas 1944); J. Del\u00e9piere, J\u00e9sus-Christ notre sauveur (Tou 1945); S de Dietrich, Le dessein de Dien (P 1945); R. Garrigou-Lagrange, De Christo Salvatore. Commentarius in III S. Th. S. Thomae (Tn &#8211; P 1945); P. Galtier, Les deux Adam (P 1947); idem, De incarnatione ac redemptione (P 21947); E. Brunner, Der Mittler (Z 41947); G. Aulen, Christus Victor (P 1949); E. Brunner, Dogmatik II: Die christliche Lehre von Sch\u00f6pfung und Erl\u00f6sung (Z 1950); J. Solano, Actualidades cristol\u00f3gico-soteriol\u00f3gicas: EE 24 (1950) 43-69; R. Schottlaender, Der philosophische Heilsbegriff (Meisenheim 1952); H. Bouess\u00e9, Le sauveur du monde, 4 vols. (P 1951-53); A. Vonier, Collected Works, 1: The Incarnation and Redemption (Lo 1954); M. 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Is 63,9) y constituy\u00e9ndolo su \u00abpueblo particular\u00bb (Ex 19,5; Dt 26, 18); en el NT un texto como Tit 2, 13s, reflejo visible de la catequesis primitiva, revela claramente la fuente a que se refiere el autor para describir la obra de Cristo : Jes\u00fas es \u00absalvador\u00bb en cuanto que nos \u00abrescata de toda iniquidad\u00bb y \u00abpurifica a un pueblo que le pertenece en propiedad\u00bb. As\u00ed\u00ad aparece la continuidad del designio salv\u00ed\u00adfico, sin que por ello se niegue lo que ofrece de nuevo y de imprevisible el cumplimiento de toda verdadera profec\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>I. LA REDENCI\u00ed\u201cN EN EL AT. 1. Exodo y alianza. Cuando el AT habla de \u00abredenci\u00f3n\u00bb es las m\u00e1s de las veces a prop\u00f3sito del *Exodo: la experiencia religiosa que entonces hizo Israel permite percibir lo mejor posible el contenido de esta noci\u00f3n. En efecto, en &#8216;la conciencia jud\u00ed\u00ada el Exodo no puede disociarse de la *alianza: Dios no arranca a su pueblo de la *esclavitud sino para gan\u00e1rselo: \u00abYo soy Yahveh, &#8230;yo os he liberado de la servidumbre&#8230; y os liberar\u00e9 (\u00abrescatar\u00e9\u00bb) golpeando fuerte&#8230; Yo os adoptar\u00e9 como mi pueblo y ser\u00e9 vuestro Dios\u00bb (Ex 6,6s; cf. 2Sa 7,23s). En virtud de la alianza viene a ser Israel un pueblo \u00absanto\u00bb, \u00abconsagrado a Yahveh\u00bb, el \u00abpueblo particular\u00bb de Dios (Ex 19,5s). \u00abPueblo santo\u00bb y \u00abrescatados de Yahveh\u00bb son dos equivalentes (Is 62, lls), y Jerem\u00ed\u00adas puede hacer remontar la fecha de la Alianza al d\u00ed\u00ada en que \u00abDios tom\u00f3 a su pueblo por la mano para sacarlo de Egipto\u00bb (Jer 31,32).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad la noci\u00f3n de redenci\u00f3n es esencialmente positiva: en ella no se afirma menos la uni\u00f3n con Dios que la *liberaci\u00f3n de la esclavitud del pecado. Por lo dem\u00e1s, tal es el sentido etimol\u00f3gico del t\u00e9rmino latino redemptio: designa en primer lugar una \u00abcompra\u00bb (entere) que no nos \u00ablibera\u00bb (cf. red-) sino para \u00abadquirirnos\u00bb para Dios; y lo mismo se diga del t\u00e9rmino ingl\u00e9s alonement, por el que se traduce habitualmente y cuyo sentido original es \u00abreuni\u00f3n\u00bb, \u00abreconciliaci\u00f3n\u00bb (\u00abat-one-mena\u00bb).<\/p>\n<p>2. La redenci\u00f3n mesi\u00e1nica. Los profetas recurren intencionadamente a las mismas f\u00f3rmulas a prop\u00f3sito de la liberaci\u00f3n del *exilio, y entonces el \u00abredentor\u00bb viene a ser uno de los t\u00ed\u00adtulos preferidos por Yahveh, particularmente en el segundo Isa\u00ed\u00adas. A nadie sorprender\u00e1 que el objeto de la grande esperanza mesi\u00e1nica se exprese todav\u00ed\u00ada en t\u00e9rminos de \u00abredenci\u00f3n\u00bb: \u00abEn Yahveh est\u00e1 la gracia, en \u00e9l la abundancia del \u00abrescate\u00bb, El \u00abrescatar\u00e1\u00bb a Israel de todas sus faltas\u00bb (Sal 130,7s). M\u00e1s que todos Ezequiel subraya la absoluta gratuidad de tal \u00abredenci\u00f3n\u00bb otorgada a los pecadores (Ez 16,60-63; 36,21ss); y usando los t\u00e9rminos del or\u00e1culo de Jerem\u00ed\u00adas (Jer 31,33) precisa la naturaleza de esta \u00abnueva alianza\u00bb : no ya el don de una *ley, por perfecta que sea, sino la comunicaci\u00f3n del propio *esp\u00ed\u00adritu de Yahveh (Ez 36,27).<\/p>\n<p>II. LA REDENCI\u00ed\u201cN EN EL NT. 1. La continuidad con el AT. La referencia a este contexto mesi\u00e1nico es a veces expl\u00ed\u00adcita: Zacar\u00ed\u00adas celebra al Dios que \u00abha rescatado a su pueblo\u00bb, y la profetisa Ana habla del ni\u00f1o a \u00abtodos los que aguardaban la redenci\u00f3n de Jerusal\u00e9n\u00bb (Le 1,68; 2,38). As\u00ed\u00ad, como la mayor\u00ed\u00ada de las nociones mesi\u00e1nicas derivadas del AT que pueden aplicarse ya al primero ya al segundo advenimiento de Cristo, el t\u00e9rmino de \u00abredenci\u00f3n\u00bb no sirve solamente para designar la obra llevada a cabo por Cristo en el Calvario (Rom 3,24; Col 1,14; Ef, 1,7), sino igualmente la que realizar\u00e1 al final de los tiempos en el momento de la parus\u00ed\u00ada y de la resurrecci\u00f3n gloriosa de los cuerpos (Lc 21,28; Rom 8,23; Ef 1,14; 4,30;  probablemente lCor 1,30); y en los dos casos se trata de una liberaci\u00f3n, pero quiz\u00e1 todav\u00ed\u00ada m\u00e1s de una \u00abadquisici\u00f3n\u00bb, de una \u00abtoma de posesi\u00f3n por Dios\u00bb.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, por eso es por lo que el NT pudo expresar esta misma noci\u00f3n por medio del verbo \u00abcomprar\u00bb (gr. agoradsein, ICor 6, 20; 7,23; cf. G\u00e1l 3,13; 4,5). No ya que quisiera asimilar la redenci\u00f3n a una transacci\u00f3n comercial regida por la ley de la equivalencia o de la compensaci\u00f3n, en la que el carcelero no consiente en entregar a su prisionero o el vendedor su mercanc\u00ed\u00ada sino a condici\u00f3n de no perder nada&#8230; Seguramente pretend\u00ed\u00ada significar que hemos venido a ser propiedad de Dios en virtud de un contrato, cuyas condiciones todas se han cumplido, particularmente la que no se dejaba nunca de se\u00f1alar: se ha pagado la suma (lCor 6,20; 7,23; cf. IPe 1,18). Pero hay que notar que aqu\u00ed\u00ad termina la met\u00e1fora; no se trata nunca de un personaje que haya de reclamar o de recibir el precio de la compra. En efecto, aqu\u00ed\u00ad tambi\u00e9n parece que el NT se refiere a la noci\u00f3n de adquisici\u00f3n tal como la conoc\u00ed\u00ada el A&#8217;T; en todo caso el Apocalipsis con el mismo verbo \u00abcomprar\u00bb se refiere expl\u00ed\u00adcitamente al pacto del Sina\u00ed\u00ad: en la *sangre del cordero los hombres de todas las naciones han venido a ser propiedad particular de Dios. como en otrostiempo Israel lo hab\u00ed\u00ada sido en virtud de la alianza, sellada tambi\u00e9n en la sangre (Ap 5,9); mientras que Act 20,28, para evocar la misma realidad conserva el t\u00e9rmino propio del AT y habla de \u00abla Iglesia de Dios que \u00e9l se ha adquirido con su sangre\u00bb (cf. IPe 2,9; Tit 2,14).<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, la interpretaci\u00f3n se remonta a Cristo en persona: el marco pascual escogido deliberadamente y la menci\u00f3n expl\u00ed\u00adcita de la sangre de la alianza eran bastante claros para que nadie pudiera enga\u00f1arse (Mt 26,28 p; ICor 11,25).<\/p>\n<p>2. La muerte voluntaria de Cristo. Pero el NT no subraya menos marcadamente la distancia que separa a la *figura y su realizaci\u00f3n o *cumplimiento. La nueva alianza, como la antigua, es sellada en la sangre; pero esta sangre es la del propio Hijo de Dios (lPe 1,18s; Heb 9,12; cf. Act 20,28; Rom 3,25).<\/p>\n<p>Redenci\u00f3n \u00abcostosa\u00bb: a la inmolaci\u00f3n de v\u00ed\u00adctimas irracionales sucede el *sacrificio personal y voluntario del Siervo de Yahveh que \u00abentreg\u00f3 su vida a la muerte\u00bb (Is 53, 12) y sirvi\u00f3 bien a la comunidad\u00bb (53,11 LXX). Jes\u00fas \u00abno vino para ser servido, sino para *servir y dar su vida en rescate por la comunidad\u00bb (Mt 20,28; Mc 10,45): su sacrificio ser\u00e1 el instrumento de nuestra liberaci\u00f3n (lytron). Este car\u00e1cter voluntario de la muerte de Cristo pretende destacar el relato jo\u00e1nnico de la pasi\u00f3n (p.e. Jn 18,4-8), como lo hace todav\u00ed\u00ada m\u00e1s claramente, si es posible, en los sin\u00f3pticos el relato de la cena *eucar\u00ed\u00adstica, donde Cristo se entrega literalmente por adelantado a la muerte.<\/p>\n<p>III. INTELIGENCIA CRISTIANA DEL MISTERIO. 1. Cristo victorioso de la muerte. Para los disc\u00ed\u00adpulos hab\u00ed\u00ada sido esta *muerte un esc\u00e1ndalo, la prueba de que Cristo no era el \u00abredentor\u00bb esperado (Le 24,21). Ilustrados por la experiencia de pascua y por la de pentecost\u00e9s, hechos testigos de la *resurrecci\u00f3n (Act 1,8; 2,31s; etc.), comprenden que la pasi\u00f3n y la muerte de su maestro, lejos de frustrar el plan salv\u00ed\u00adfico de Dios, lo realizan \u00abseg\u00fan las Escrituras\u00bb (lCor 15,4); la *piedra desechada por los constructores se ha convertido en piedra angular (Act 4,11 = Sal 118,22; IPe 2,7), fundamento dei nuevo *templo (Mt 21,42); el *siervo ha sido verdaderamente \u00abexaltado\u00bb (Act 2, 33; 5,31) y \u00ab*glorificado\u00bb (3,13) seg\u00fan los dos t\u00e9rminos tomados de Is 52,13. M\u00e1s a\u00fan: lo ha sido \u00abpor haber entregado su *alma a la muerte\u00bb (Is 53,12; Flp 2,9). Aparentemente una derrota, la muerte de Cristo era en realidad una *victoria sobre la muerte y sobre *Sat\u00e1n, autor de la muerte (cf. Heb 2,14).<\/p>\n<p>2. Muerte y resurrecci\u00f3n. En la primera predicaci\u00f3n del misterio redentor desempe\u00f1a la *resurrecci\u00f3n un papel tal que a veces es la \u00fanica que se menciona (p.e. lPe 1,3) juntamente con la parus\u00ed\u00ada (lTes 1,10). Pero los ap\u00f3stoles, guiados por el Esp\u00ed\u00adritu Santo van a discernir cada vez m\u00e1s netamente en la pasi\u00f3n y en la resurrecci\u00f3n dos acontecimientos no s\u00f3lo ordenados el uno al otro (p.e. Flp 2;9), sino que se compenetran mutuamente hasta el punto de constituir dos aspectos indisociables de un \u00fanico misterio de *salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad Lucas pone cuidado en situar bajo el signo de la *ascensi\u00f3n (Lc 9,51) todo el largo relato de la subida de Jes\u00fas a Jerusal\u00e9n, y por el contrario, cuando describe la vida \u00abgloriosa\u00bb de Cristo, recuerda con una insistencia deliberada su pasi\u00f3n y su muerte (24,7.26.39.46; cf. 9,31). Igualmente Pablo, incluso cuando s\u00f3lo menciona la muerte, piensa tambi\u00e9n constantemente en la resurrecci\u00f3n : la vida a la que hace alusi\u00f3n con tanta frecuencia, es siempre concebida como una participaci\u00f3n en la del resucitado (p.e. G\u00e1l 2,20; 6,14s; Rom 6,4.11; 8,2.5). Finalmente, en Juan es tan profunda la unidad del misterio que los t\u00e9rminos que en la catequesis primitiva designaban la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas pudieron ser empleados para designar a la vez la pasi\u00f3n y la glorificaci\u00f3n de Cristo (Jn 12,23.32.34); asimismo el cordero del Apocalipsis aparece al vidente de Patinas \u00abde pie\u00bb, en signo de resurrecci\u00f3n, y a la vez \u00abcomo degollado\u00bb, en signo de inmolaci\u00f3n (Ap 5,6).<\/p>\n<p>3. Misterio de amor.<\/p>\n<p>a) San Juan. Es que para Juan el misterio redentor es esencialmente un misterio de amor y por consiguiente de vida divina, puesto que \u00abDios es amor\u00bb (lJn 4,8). Amor del Padre, ciertamente, que \u00abam\u00f3 al mundo hasta darle a su Hijo \u00fanico\u00bb (Jn 3,16; 17,23; Un 4,9); pero igualmente amor del Hijo a su Padre (Jn 14,31) y a los hombres (10,11; 1 Jn 3,16; Ap 1,5); amor que \u00e9l recibe de su Padre, del que en todo depende, y por consiguiente amor \u00abobediente\u00bb (Jn 14,31); amor, en fin, tal que no existe otro mayor (15,13). Porque si toda la vida de Cristo fue \u00abamor a los suyos\u00bb, la pasi\u00f3n es el momento en que \u00ablos am\u00f3 hasta el fin\u00bb, hasta la \u00abconsumaci\u00f3n\u00bb gr. Le-los) del amor (13,1): lo cual significa concretamente hasta consentir en ser traicionado por uno de los doce (18, 2s), renegado por su jefe (18,25ss), condenado como blasfemo en el nombre mismo de &#8216;la ley (19,7), y en morir con el suplicio m\u00e1s infamante, el de la cruz, como un facineroso cuyo cad\u00e1ver colgado del pat\u00ed\u00adbulo contaminaba la tierra de Israel (19,31). En este momento preciso puede declarar con toda verdad que \u00abse ha consumado\u00bb (19,30: gr. tetelestai), &#8211; ha alcanzado su \u00abactuaci\u00f3n\u00bb suprema &#8211; el amor del Padre tal como estaba revelado en las Escrituras y se hab\u00ed\u00ada encarnado en el coraz\u00f3n humano de Jes\u00fas. Y si muere por amor es para comunicar este amor a los hombres, sus hermanos: del costado \u00abtraspasado\u00bb, (19,37; Zac 12,10) ve Juan brotar \u00abla fuente abierta a la casa de David y a los habitantes de Jerusal\u00e9n, para el pecado y la impureza\u00bb (Zas 13,1), preludio de la efusi\u00f3n del *Esp\u00ed\u00adritu (Jn 20,22) que Juan Bautista hab\u00ed\u00ada visto descender en el *bautismo y reposar sobre el Mes\u00ed\u00adas (1,32s).<\/p>\n<p>b) San Pablo. Ahora bien, este aspecto no tiene menos relieve en san Pablo. Tambi\u00e9n \u00e9l discierne primero en la muerte de Cristo un misterio de amor: amor del Padre (Rom 5,5-8; 8,39; Ef 1,3-6; 2,4; cf. Col 1,13), \u00abcuando todav\u00ed\u00ada \u00e9ramos pecadores\u00bb (Rom 5,8), sus \u00abenemigos\u00bb (5,10); amor del Hijo a la vez para con su Padre, bajo la forma de *obediencia, para reparar as\u00ed\u00ad la desobediencia del primer Ad\u00e1n (5,19; Flp 2,6) y para con los hombres (Rom 5,7s; 8,34). A este prop\u00f3sito Pablo no s\u00f3lo recurre a la f\u00f3rmula de la catequesis primitiva (cf. Me 10,45) inspirada probablemente en Is 53,10.12, y declara que \u00abCristo se entreg\u00f3 por nosotros\u00bb o \u00abpor nuestros pecados\u00bb (G\u00e1l 1,4; lTim 2,6; Tit 2,14), sino que tiene empe\u00f1o en precisar que lo hizo \u00abporque me am\u00f3\u00bb (G\u00e1l 2,20; Ef 5,2.25).<\/p>\n<p>Como Juan, sabe que no hay mayor amor que el de morir por los que se ama (Jn 15,13); con otras palabras, que todo amor humano est\u00e1 condicionado, \u00abmediatizado.\u00bb por las circunstancias en que se act\u00faa. A circunstancias excepcionales corresponde necesariamente un amor excepcional; m\u00e1s exactamente: recibiendo Cristo este amor de su Padre lo recibi\u00f3 en este grado supremo en funci\u00f3n de las circunstancias mismas en que le hab\u00ed\u00ada colocado su Padre.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad, en la afirmaci\u00f3n de que \u00abDios no perdon\u00f3 a su Hijo, sino que lo entreg\u00f3 por nosotros\u00bb (Rom 8,32) ve Pablo la prueba por excelencia de la \u00abcaridad de Cristo\u00bb (8,35) o, mejor dicho, de la \u00abcaridad de Dios en Cristo nuestro Se\u00f1or\u00bb (8,39).<\/p>\n<p>Entre todas estas circunstancias Pablo, como Juan, evoca particularmente la infamia del suplicio de la cruz, cuya verg\u00fcenza parecen haber sentido especialmente los primeros cristianos (cf. Act 5,30; 10,39): como en otro tiempo el Siervo, al que \u00abse miraba como herido y castigado por Dios\u00bb (Is 53,4), el \u00abjusto\u00bb consinti\u00f3 en pasar a los ojos del mundo por un \u00abmaldito\u00bb, violador de la ley (G\u00e1l 3,1.3). Para Cristo no se pod\u00ed\u00ada concebir humillaci\u00f3n m\u00e1s profunda (Flp 2,8), pero por el mismo caso tampoco acto m\u00e1s sublime de obediencia y de amor, una vez que tal muerte era aceptada, querida. As\u00ed\u00ad es como Cristo \u00abrescata\u00bb a la humanidad, \u00abla adquiere para su Padre\u00bb.<\/p>\n<p>Como por otra parte se trata del acto de un miembro de nuestra humanidad, que comparte plenamente nuestra condici\u00f3n mortal, si bien la trasciende por su divinidad, la humanidad queda \u00abrescatada\u00bb, \u00abadquirida para Dios\u00bb por una transformaci\u00f3n que se opera en el interior de la misma. Seg\u00fan Juan, en la cruz \u00abfue condenado el pr\u00ed\u00adncipe de este mundo\u00bb (Jn 16,11), es decir, fue \u00abderrocado\u00bb (12,31; cf. Ap 12,9s), despose\u00ed\u00addo de su imperio. Pablo, al declarar que \u00abDios conden\u00f3 al pecado en la carne\u00bb (Rom 8,3), precisa que esta victoria de Dios por su Cristo sobre el pecado se efectu\u00f3 all\u00ed\u00ad mismo donde Sat\u00e1n cre\u00ed\u00ada reinar para siempre, \u00aben la carne\u00bb ; explica que a este objeto \u00abenvi\u00f3 Dios a su Hijo en la semejanza de una carne de pecado\u00bb, es decir, una condici\u00f3n en la que la carne de Cristo, sin ser comola nuestra \u00abinstrumento de pecado\u00bb, era, sin embargo, como la nuestra, pasible y mortal a causa del pecado; y el contexto muestra que para el Ap\u00f3stol Dios triunf\u00f3 del pecado en la carne comunicando la vida del Esp\u00ed\u00adritu (8,2.4) a esta misma carne, a la carne de Cristo, venido a ser a trav\u00e9s de su muerte y de su resurrecci\u00f3n \u00abEsp\u00ed\u00adritu vivificante\u00bb (lCor 15,45), y a la nuestra tambi\u00e9n, puesto que ahora ya \u00abno estamos m\u00e1s en la carne sino en el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (Rom 8,9; cf. 8,4). El \u00abretorno a Dios\u00bb, la \u00abredenci\u00f3n\u00bb se ha efectuado en cuanto que Cristo ha pasado del estado \u00abcarnal\u00bb al estado \u00abespiritual\u00bb, y nosotros en \u00e9l.<\/p>\n<p>En otro lugar, en una f\u00f3rmula particularmente atrevida, declara Pablo que \u00abDios hizo a su Hijo pecador por nosotros, a fin de que en \u00e9l fu\u00e9ramos nosotros justicia de Dios\u00bb (2Cor 5,21). Estas expresiones, de las que con frecuencia se ha abusado, parecen poder interpretarse en funci\u00f3n del mismo contexto: a fin de que en Cristo, por solidaridad con \u00e9l que se hizo uno de nosotros, nosotros fu\u00e9semos sometidos a los efectos de ese poder de vida, al que la Biblia y Pablo llaman la \u00ab*justicia de Dios\u00bb, quiso el Padre que su Hijo, por solidaridad con los hombres pecadores, fuera sometido a los efectos mal\u00e9ficos de ese poder de muerte que es el *pecado; estos efectos constituir\u00ed\u00adan, pues, la \u00abconditio optima\u00bb del acto m\u00e1s grande de amor que se pueda concebir.<\/p>\n<p>De este modo la obra nefasta del pecado queda reparada, la humanidad restaurada, \u00abrescatada\u00bb, reunida con Dios, nuevamente en posesi\u00f3n de la vida divina. Seg\u00fan el viejo or\u00e1culo (Ez 36,27), a la carne se ha comunicado el Esp\u00ed\u00adritu mismo de Yahveh. Pero la profec\u00ed\u00ada se ha cumplido, con una plenitud insospechada, por mediaci\u00f3n del acto supremode amor del propio Hijo de Dios hecho hombre.<\/p>\n<p>&#8211;> Cordero &#8211; Cruz &#8211; Expiaci\u00f3n &#8211; Liberaci\u00f3n &#8211; Pecado &#8211; Reconciliaci\u00f3n &#8211; Sacrificio &#8211; Salvaci\u00f3n &#8211; Sangre.<\/p>\n<p>LEON-DUFOUR, Xavier, Vocabulario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, Herder, Barcelona, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Vocabulario de las Ep\u00edstolas Paulinas<\/b><\/p>\n<p><h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 Definici\u00f3n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-2\">2 Necesidad de redenci\u00f3n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-3\">3 Modo de redenci\u00f3n\n<ul>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-4\">3.1 Satisfacci\u00f3n de Cristo<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-5\">3.2 M\u00e9ritos de Cristo<\/li>\n<\/ul>\n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-6\">4 Suficiencia de la redenci\u00f3n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-7\">5 Universalidad de la redenci\u00f3n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-8\">6 T\u00edtulo y oficios del Redentor<\/li>\n<\/ul>\n<h2>Definici\u00f3n<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify\">Es la restauraci\u00f3n del hombre, de la esclavitud del pecado a la libertad de los hijos de Dios, a trav\u00e9s de las satisfacciones y m\u00e9ritos de Cristo. La palabra redemptio es del Latin Vulgata, derivada del hebreo kopher y del griego lytron que en el Antiguo Testamento significa, generalmente, precio de rescate. En el Nuevo Testamento, es el t\u00e9rmino cl\u00e1sico que designa el \u00abgran precio\u00bb (I Cor. 6,20) que el Redentor pag\u00f3 por nuestra liberaci\u00f3n. La redenci\u00f3n presupone la elevaci\u00f3n original del hombre a un estado sobrenatural y su ca\u00edda a trav\u00e9s del pecado; y puesto que el pecado hace descender la ira de Dios y provoca la servidumbre del hombre bajo la direcci\u00f3n del mal y Satan\u00e1s, la redenci\u00f3n es con referencia a Dios y al hombre. Por parte de Dios, es con la aceptaci\u00f3n de compensaciones satisfactorias que el honor Divino se repara y la ira Divina se apacigua. Por parte del hombre, es doble, liberaci\u00f3n de la esclavitud del pecado y restauraci\u00f3n a la anterior adopci\u00f3n Divina y esto incluye el completo proceso de vida sobrenatural de la primera conciliaci\u00f3n, a la salvaci\u00f3n final. Ese doble resultado, a saber la satisfacci\u00f3n de Dios y la restauraci\u00f3n del hombre, es provocado por el oficio vicario de Cristo que trabaja a causa de las acciones satisfactorias y meritorias realizadas en nuestro nombre.\n<\/p>\n<h2>Necesidad de redenci\u00f3n<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify\">Cuando Cristo lleg\u00f3, hab\u00eda en todo el mundo una profunda conciencia de depravaci\u00f3n moral y un vago anhelo de un restaurador, apuntando a una necesidad de rehabilitaci\u00f3n, sentida universalmente, (vea Le Camus, \u00abLife of Christ\u00bb, I, i). De ese sentido subjetivo de necesidad nosotros no debemos, apresuradamente concluir en la necesidad objetiva de redenci\u00f3n. Si como normalmente se sostiene, contra la Escuela Tradicionalista, la baja condici\u00f3n moral de la humanidad en el paganismo o incluso en la Ley jud\u00eda no era todav\u00eda, en s\u00ed misma y aparte de revelaci\u00f3n, prueba positiva de la existencia del pecado original, menos pod\u00eda ser necesaria la redenci\u00f3n. Trabajando en datos de la revelaci\u00f3n que involucran al pecado original y a la redenci\u00f3n, algunos Padres griegos, como San Atanasio (De incarnatione, en P. G., XXV, 105), San Cirilo de Alejandr\u00eda (Contra Julianum en P. G., LXXV, 925) y San Juan Damasceno (De fide orthodoxa, en P. G, XCIV, 983), enfatizaron, la aptitud de redenci\u00f3n, no solo, como un remedio para el pecado original, sino tambi\u00e9n, para evidenciar los \u00fanicos y necesarios medios de rehabilitaci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Sus refranes, aunque calificados por la declaraci\u00f3n, tantas veces repetida, que la redenci\u00f3n es un trabajo voluntario de misericordia, probablemente inducido por San Anselmo (Cur Deus homo, I) la declaran necesaria, en la hip\u00f3tesis del pecado original. Esa consideraci\u00f3n es ahora usualmente rechazada, puesto que Dios no tuvo ning\u00fan l\u00edmite de medios para rehabilitar a la humanidad ca\u00edda. Incluso en el caso de Dios decretando la rehabilitaci\u00f3n del hombre, fuera de su propia y libre volici\u00f3n, los te\u00f3logos se\u00f1alan otros medios, adem\u00e1s de la redenci\u00f3n, v.g. la condonaci\u00f3n Divina pura y simple, con la sola condici\u00f3n de arrepentimiento del hombre, o, si alguna medida de satisfacci\u00f3n fuera requerida, la mediaci\u00f3n de un, todav\u00eda no creado, elevado inter-agente. En una hip\u00f3tesis s\u00f3lo es redenci\u00f3n, como se describi\u00f3 anteriormente, juzgada completamente necesaria y eso, si Dios debe exigir una compensaci\u00f3n adecuada para el pecado de la humanidad. El axioma jur\u00eddico \u00abhonor est in honorante, injuria in injuriato\u00bb (el honor es medido por la dignidad de qui\u00e9n lo da, la ofensa por la dignidad de qui\u00e9n la recibe) muestra que el pecado mortal lleva, en cierto modo, una malicia infinita y que nada menos que una persona que posea valor infinito, es capaz de elaborar completas reparaciones para eso.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Verdaderamente, se ha sugerido que semejante persona pudiera ser un hipost\u00e1tico \u00e1ngel unido a Dios, pero sean cuales sean los m\u00e9ritos de esta noci\u00f3n en lo abstracto, San Pablo pr\u00e1cticamente se deshace de ella con este comentario: \u00ab\u00e9l que santifica y los que son santificados, son todos de uno\u00bb (Heb., ii, 11), apuntando as\u00ed al Dios-Hombre como el verdadero Redentor.\n<\/p>\n<h2>Modo de redenci\u00f3n<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify\">El verdadero redentor es Cristo Jes\u00fas, seg\u00fan el credo de Nicea, \u00bb para nosotros los hombres y para nuestra salvaci\u00f3n descendida del Cielo; y fue encarnado por el Esp\u00edritu Santo en la Virgen Mar\u00eda y se volvi\u00f3 hombre. \u00c9l tambi\u00e9n fue crucificado por nosotros, sufri\u00f3 bajo Poncio Pilatos y fue sepultado\u00bb. Las en\u00e9rgicas palabras del texto griego [Denzinger-Bannwart, n. 86 (47)], enanthropesanta, pathonta, apuntan a la encarnaci\u00f3n y al sacrificio como el fundamento de la redenci\u00f3n. La Encarnaci\u00f3n, es decir, la uni\u00f3n personal de la naturaleza humana con la Segunda Persona de la Santa Trinidad, es la base necesaria de la redenci\u00f3n porque para ser eficaz, debe incluir como atribuciones del Redentor, ambas, la humillaci\u00f3n del hombre, sin la cual no habr\u00eda satisfacci\u00f3n y la dignidad de Dios sin la cual, la satisfacci\u00f3n no ser\u00eda adecuada.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u00abPara una satisfacci\u00f3n adecuada\u00bb, dice Santo Tom\u00e1s, \u00abes necesario que el acto de \u00e9l que satisface deba poseer un valor infinito y deba proceder de uno que es, al mismo tiempo, Dios y Hombre\u00bb (III:1:2 ad 2um). El Sacrificio que implica siempre la idea de sufrimiento e inmolaci\u00f3n (ver Lagrange, \u00abReligions semitiques\u00bb, 244), es el complemento y la entera expresi\u00f3n de la Encarnaci\u00f3n. Aunque una sola acci\u00f3n te\u00e1ndrica (Nota del traductor: te\u00e1ndrico, adj.- relativo a la uni\u00f3n en Cristo de la naturaleza divina y humana), debido a su valor infinito habr\u00eda bastado para la Redenci\u00f3n, todav\u00eda agrad\u00f3 al Padre demandar y al Redentor ofrecer, Su esfuerzo, pasi\u00f3n, y muerte (Juan, x, 17-18). Santo Tom\u00e1s (III:46:6 ad 6um) se\u00f1ala que Cristo desea liberar al hombre, no solo por v\u00eda del poder, sino tambi\u00e9n por v\u00eda de justicia, buscando el alto grado de poder que fluye de Su Deidad y el m\u00e1ximo sufrimiento que, seg\u00fan la norma humana, ser\u00eda considerado satisfacci\u00f3n suficiente. Es en esta doble luz de encarnaci\u00f3n y sacrificio que siempre debemos ver, los dos factores concretos de la Redenci\u00f3n, a saber, la satisfacci\u00f3n y los m\u00e9ritos de Cristo.\n<\/p>\n<h3>Satisfacci\u00f3n de Cristo<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify\">Satisfacci\u00f3n, o pago completo de una deuda, significa, en el orden moral, una aceptable reparaci\u00f3n de la honra ofrecida a la persona ofendida y, por supuesto, implica un trabajo penal y doloroso. Es la inequ\u00edvoca ense\u00f1anza de la Revelaci\u00f3n, que Cristo ofreci\u00f3 a Su Padre celestial, Sus esfuerzos, sufrimientos y muerte como expiaci\u00f3n por nuestros pecados. El cl\u00e1sico pasaje de Isa\u00edas (lii-liii), car\u00e1cter Mesi\u00e1nico que es reconocido tanto por int\u00e9rpretes rab\u00ednicos como por escritores del Nuevo Testamento (ver Condamin, \u00abLe livre d&#8217;Isaie\u00bb Par\u00eds, 1905), gr\u00e1ficamente describe al sirviente de Yahveh que es el Mes\u00edas, Asimismo inocente y castigado por Dios, porque \u00c9l tom\u00f3 nuestras iniquidades sobre Si, Su propia oblaci\u00f3n se convirti\u00f3 en nuestra paz y el sacrificio de Su vida, un pago por nuestras transgresiones. El Hijo de Hombre se propone asimismo como un modelo de sacrificio amoroso porque \u00c9l \u00abno vino a ser servido, sino para servir y dar su vida en redenci\u00f3n por muchos\u00bb (lytron anti pollon) (Matt., xx, 28,; Mark, x, 45).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Una declaraci\u00f3n similar se repite en la vigilia de la Pasi\u00f3n en la \u00daltima Cena: \u00abBebamos todos esto. Porque esta es mi sangre del nuevo pacto que por muchos se derramar\u00e1 para remisi\u00f3n de pecados\u00bb (Mateo, xxvi, 27, 28). En vista de esto y de la aserci\u00f3n muy expl\u00edcita de San Pedro (I Pet., i, 11) y San Juan (I John, ii, 2) los Modernistas no est\u00e1n justificados en contender que \u00abel dogma de la muerte expiatoria de Cristo no es evang\u00e9lica sino Paulina\u00bb (prop. xxxviii condenado por el Santo Oficio en el Decreto \u00abLamentabili\u00bb 3 julio, 1907). San Pablo desconoce dos veces (I Cor., xi, 23, xv, 3) la paternidad literaria del dogma. Es, sin embargo, de todos los escritores del Nuevo Testamento, quien lo expone mejor. El sacrificio redentor de Jes\u00fas es tema y estribillo de la Ep\u00edstola completa a los hebreos y en las otras Ep\u00edstolas, que los cr\u00edticos m\u00e1s exigentes consideran ciertamente como Paulinas, hay de todo menos una teor\u00eda fija. El pasaje principal es Rom., III, 23 sq.: \u00abPorque todos han pecado, y necesitan la gloria de Dios. Estando libremente justificados por su gracia, a trav\u00e9s de la redenci\u00f3n que es en Cristo Jes\u00fas, a Quien Dios ha propuesto para propiciaci\u00f3n, a trav\u00e9s de la fe en su sangre, para manifestaci\u00f3n de su justicia, para remisi\u00f3n de pecados anteriores.\u00bb<br \/>\nOtros textos, como Ef. 2,16; Col. 1,20,; y Gal. 3,13, repiten y enfatizan la misma ense\u00f1anza. Los primeros Padres, absorbidos como estaban por problemas de cristolog\u00eda han agregado, sino poco, al sostenimiento del Evangelio y San Pablo. No es verdad, al decir de Ritschl (\u00bb Die christliche Lehre von der Rechtfertigung und Versohnung\u00bb, Bonn, 1889), Harnack (\u00abPrecisde de l&#8217;histoire des dogmes\u00bb, tr. Par\u00eds, 1893), Sabatier (\u00abLa doctrine de l&#8217;expiation et son evoluti\u00f3n historique\u00bb, Par\u00eds, 1903) que s\u00f3lo vieron la Redenci\u00f3n como la deificaci\u00f3n de la humanidad a trav\u00e9s de la encarnaci\u00f3n y que no conocieron la satisfacci\u00f3n delegada de Cristo. \u00abUna investigaci\u00f3n imparcial\u00bb, dice Riviere, \u00abclaramente muestra dos tendencias: una idealista, que considera la salvaci\u00f3n m\u00e1s como la restauraci\u00f3n sobrenatural de la humanidad a una vida inmortal y Divina y otra realista, que prefiere considerar la expiaci\u00f3n de nuestros pecados, a trav\u00e9s de la muerte de Cristo. Las dos tendencias corrieron juntas con alg\u00fan contacto ocasional, pero en ning\u00fan momento, la anterior absorbi\u00f3 completamente a la \u00faltima, y con el curso del tiempo, la visi\u00f3n realista predomin\u00f3\u00bb (Le dogme del la redemption, p\u00e1g. 209).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El famoso tratado de San Anselmo \u00abCur Deus homo\u00bb puede tomarse como la primera presentaci\u00f3n sistem\u00e1tica de la doctrina de la Redenci\u00f3n, y, aparte de la exageraci\u00f3n notada anteriormente, contiene la s\u00edntesis que predomin\u00f3 en teolog\u00eda cat\u00f3lica. Lejos de ser adversos a la satisfactio vicaria popularizado por San Anselmo, los primeros Reformadores la aceptaron sin cuestionar e incluso fueron tan lejos como suponer que Cristo soport\u00f3 los sufrimientos del infierno en nuestro lugar. Exceptuando las interpretaciones err\u00e1ticas de Abelardo Socino (d. 1562) en su \u00abde Deo servatore\u00bb fue el primero que intent\u00f3 reemplazar, el dogma tradicional de la satisfacci\u00f3n delegada de Cristo, por una especie de ejemplarismo puramente \u00e9tico. \u00c9l fue, y todav\u00eda es, seguido por la Escuela Racionalista que ve en la teor\u00eda tradicional definida totalmente por la Iglesia, un esp\u00edritu de venganza indigno de Dios y una subversi\u00f3n de la justicia sustituyendo al inocente por el culpable.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El cargo de vengativo, una pieza de grosero antropomorfismo, viene de confundir el pecado de venganza y la virtud de justicia. El cargo de injusticia ignora el hecho que Jes\u00fas, la cabeza jur\u00eddica de humanidad (Ef., i 22), voluntariamente se ofreci\u00f3 (Juan, x, 15) y que pudimos ser salvados por la gracia de un Salvador, a\u00fan cuando hemos estado perdidos por la falta de un Ad\u00e1n (Rom., v, 15). Ser\u00eda en verdad una concepci\u00f3n cruda suponer que la culpa o culpabilidad de los hombres pas\u00f3 de sus conciencias a la conciencia de Cristo: la pena solo fue asumida voluntariamente por el Redentor y, pag\u00e1ndola, \u00c9l lav\u00f3 nuestros lejanos pecados y nos restaur\u00f3 a nuestro anterior estado sobrenatural y destino.\n<\/p>\n<h3>M\u00e9ritos de Cristo<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify\">La satisfacci\u00f3n no es el \u00fanico objeto y valor de las acciones te\u00e1ndricas y sufrimientos de Cristo; pero estos, adem\u00e1s de aplacar Dios, tambi\u00e9n benefician al hombre de varias maneras. Ellos poseen, en primer lugar, el poder de impetraci\u00f3n o intercesi\u00f3n que son propios a la oraci\u00f3n, seg\u00fan Juan, xi, 42,: \u00bb y yo sab\u00eda que siempre me oyes\u00bb. Sin embargo, como la satisfacci\u00f3n es el factor principal de Redenci\u00f3n con respecto al honor de Dios, entonces la restauraci\u00f3n del hombre es debida, principalmente, a los m\u00e9ritos de Cristo. Ese m\u00e9rito, o cualidad que hace a los actos humanos merecedores de una recompensa a manos de otro, unidos a los trabajos del Redentor, hace evidentemente f\u00e1cil determinar la presencia, en ellos, de los requisitos necesarios del m\u00e9rito, a saber,<br \/>\n\u2022\t la condici\u00f3n pasajera (Juan 1,14);<br \/>\n\u2022\tlibertad moral (Juan 10,18);<br \/>\n\u2022\tconformidad a la norma \u00e9tica (Juan 8,29); y<br \/>\n\u2022\tpromesa divina (Is. 53,10).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Cristo mereci\u00f3 para \u00c9l, no en verdad, gracia ni gloria esencial pues ambas ven\u00edan adheridas debido a la Uni\u00f3n Hipost\u00e1tica, sino el honor accidental (Heb., ii, 9) y la exaltaci\u00f3n de Su nombre (Phil., ii, 9-10). Tambi\u00e9n los mereci\u00f3 en favor de nosotros. Frases B\u00edblicas semejantes sobre recibir \u00abde su abundancia\u00bb (John, i, 16), ser bendecido con Sus bendiciones (Eph., i 3), ser hecho vivo en \u00c9l (I Cor., xv, 22), deberle nuestra salvaci\u00f3n eterna (Heb., v, 9) claramente implican una comunicaci\u00f3n de \u00c9l hacia nosotros, al menos, por v\u00eda de m\u00e9rito. El Concilio de Florencia [Decretum pro Jacobitis, Denzinger-Bannwart, n. 711 (602)] acredita la liberaci\u00f3n de hombre de la dominaci\u00f3n de Satan\u00e1s por m\u00e9rito del Mediador, y el Concilio de Trento (Sess. V, c.c.p.. iii, vii, xvi y canons iii, x) repetidamente conecta, los m\u00e9ritos de Cristo con el desarrollo de nuestra vida sobrenatural, en sus varias fases. Canon iii de Sesi\u00f3n V dice anatema a quien afirme que el pecado original puede ser cancelado, de distinta manera que por los m\u00e9ritos de un Mediador, Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, y el Canon x de Sesi\u00f3n VI define que ese hombre no puede merecer, sin la justicia a trav\u00e9s de la que Cristo mereci\u00f3, nuestra justificaci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Los objetos de los m\u00e9ritos de Cristo son, para nosotros, los dones sobrenaturales perdidos por el pecado, es decir, la gracia (Juan I, 14, l6) y la salvaci\u00f3n (I Cor., xv, 22); los dones extraordinarios gozados por nuestros primeros padres en estado de inocencia no son, por lo menos en este mundo, restaurados por los m\u00e9ritos de la Redenci\u00f3n, pues Cristo anhela que suframos con \u00c9l para que podamos glorificarnos con \u00c9l (Rom., viii, 17). Santo Tom\u00e1s explica c\u00f3mo los m\u00e9ritos de Cristo pasan a nosotros, dice: Cristo merece por otro como otros hombres en estado de gracia merecen a causa de ellos mismos (III:48:1). As\u00ed que nuestros m\u00e9ritos son esencialmente personales. No as\u00ed en Cristo que, siendo la cabeza de nuestra raza (Eph., iv, 15 v, 23), tiene, como se\u00f1al, la \u00fanica prerrogativa de comunicar a los miembros personales subordinados, la vida Divina cuya fuente \u00c9l es. \u00abEl mismo impulso del Esp\u00edritu Santo\u00bb, dice Schwalm, \u00bb que nos impele individualmente a trav\u00e9s de los varios estados de gracia, hacia la vida eterna, impele a Cristo, pero como el l\u00edder de todos; de modo que la misma ley del eficaz impulso Divino, gobierna la individualidad de nuestros m\u00e9ritos y la universalidad de los m\u00e9ritos de Cristo\u00bb (Le Christ, 422).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Es verdad, que el Redentor asocia otros a \u00c9l \u00bb para perfecci\u00f3n de los santos. . . para edificar (moralmente) el cuerpo de Cristo\u00bb (Ef., iv, 12), pero su m\u00e9rito subordinado (el de los santos) es s\u00f3lo una cuesti\u00f3n de aptitud y no crea ning\u00fan derecho, mientras que Cristo, por la sola raz\u00f3n de Su dignidad y misi\u00f3n puede reclamar para nosotros una participaci\u00f3n en Sus privilegios Divinos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Todos admiten, en las acciones meritorias de Cristo, una influencia moral que transfiere Dios para conferir en nosotros la gracia a trav\u00e9s de la cual somos merecedores. \u00bfEs esa influencia meramente moral o concurre efectivamente en la producci\u00f3n de la gracia? De pasajes como Lucas, vi 19, \u00abla virtud sali\u00f3 de \u00e9l\u00bb, los Padres griegos insisten mucho en el dynamis zoopoios o vis vivifica, de la Sagrada Humanidad, y Santo Tom\u00e1s (III:48:6) habla de una especie de efficientia, por medio de la cual, las acciones y pasiones de Cristo, como veh\u00edculo del poder Divino, causan la gracia, por v\u00eda de la fuerza instrumental. Esos dos modos de acci\u00f3n no se excluyen entre s\u00ed: el mismo acto o conjunto de actos de Cristo, puede estar probablemente dotado de doble eficacia, uno meritorio a causa de la dignidad personal de Cristo, otro din\u00e1mico a causa de Su investidura con poder Divino.\n<\/p>\n<h2>Suficiencia de la redenci\u00f3n<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify\">La redenci\u00f3n es llamada por el \u00bb Catecismo del Concilio de Trento\u00bb (1, v, 15) \u00abcompleta, \u00edntegra en todos los puntos, perfecta y verdaderamente admirable\u00bb. Semejante es la ense\u00f1anza de San Pablo: \u00abdonde el pecado abund\u00f3, la gracia abund\u00f3 m\u00e1s\u00bb (Rom., v, 20), es decir, el mal como los efectos de pecado, son m\u00e1s que compensados por los frutos de la Redenci\u00f3n. Haciendo un comentario sobre ese pasaje, San Cris\u00f3stomo (Hom. X en Rom., en P.G., LX, 477) compara nuestra responsabilidad con una gota de agua y el pago de Cristo con el inmenso oc\u00e9ano. La verdadera raz\u00f3n para la suficiencia e incluso la superabundancia de la Redenci\u00f3n es dada por San Cirilo de Alejandr\u00eda: \u00abUno muri\u00f3 por todos. . . pero hab\u00eda en aquel m\u00e1s valor que en todos los hombres juntos, m\u00e1s incluso, que en la creaci\u00f3n completa, porque adem\u00e1s de ser hombre perfecto, \u00c9l segu\u00eda siendo el \u00fanico hijo de Dios\u00bb (Quod unus sit Christus, en P. G., LXXV, 135fi). San Anselmo (Cur Deus homo, II, el xviii) probablemente es el primer escritor que us\u00f3 la palabra \u00bb infinito,\u00bb en relaci\u00f3n con el valor de la Redenci\u00f3n: \u00abut sufficere possit ad solvendum quod pro peccatis totius mundi debetur et plus in infinitum.\u00bb\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Esta manera de hablar fue opuesta fuertemente por Juan Duns Scoto y su escuela en el doble alegato que la Humanidad de Cristo es finita y que la calificaci\u00f3n de \u00abinfinito\u00bb har\u00eda todas las acciones de Cristo iguales, colocando a cada una de ellas en el mismo nivel con Su sublime entrega en el Jard\u00edn y en el Calvario. Sin embargo la palabra y la idea pas\u00f3 a la teolog\u00eda actual e incluso fue adoptada oficialmente por Clemente VI (Extravag. Com. Unigenitus, V, IX, 2), la raz\u00f3n dada por el \u00faltimo, \u00abpropter unionem ad Verbum\u00bb, siendo id\u00e9ntica a la aducida por los Padres.<br \/>\nSi es verdad que; seg\u00fan el axioma \u00abactiones sunt suppositorum\u00bb, el valor de las acciones es medido por la dignidad de la persona que las realiza y de cuya expresi\u00f3n y coeficiente ellas son, entonces acciones te\u00e1ndricas deben llamarse y son infinitas porque ellas proceden de una persona infinita. La teor\u00eda de Scoto en que el valor intr\u00ednseco infinito, de las acciones te\u00e1ndricas, es reemplazado por la extr\u00ednseca aceptaci\u00f3n de Dios, no es en conjunto ninguna prueba contra el cargo de Nestorianismo igualado en eso por cat\u00f3licos como Schwane y Racionalistas como Harnack.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Sus argumentos proceden de una doble confusi\u00f3n entre la persona y la naturaleza, entre el agente y las condiciones objetivas del acto. La Sagrada Humanidad de Cristo es, sin ninguna duda el principio inmediato de las satisfacciones y m\u00e9ritos de Cristo, pero ese principio (principium quo) estando subordinado a la Persona de la Palabra (principium quod), se apropia de esto \u00faltimo fijando un valor, en el presente caso, infinito, de las acciones ejecutadas. Por otro lado, hay en las acciones de Cristo, como en las nuestras, un doble aspecto, el personal y el objetivo: en el primer aspecto, solamente, ellas son uniformes e iguales, mientras, consideradas objetivamente, deben necesariamente diferenciarse de la naturaleza, circunstancias, y finalidad del acto.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">De la suficiencia e incluso superabundancia de la Redenci\u00f3n mientras consideramos a Cristo nuestra Cabeza, podr\u00eda inferirse que no hay necesidad ni utilidad de esfuerzo personal por nuestra parte, en la ejecuci\u00f3n de trabajos satisfactorios o la adquisici\u00f3n de m\u00e9ritos. Pero la inferencia ser\u00eda enga\u00f1osa. La ley de cooperaci\u00f3n que alcanza todo a causa del orden providencial, gobierna esta materia particularmente. Es solamente a trav\u00e9s de, y en la medida de, nuestra co-acci\u00f3n (o cooperaci\u00f3n) que destinamos para nosotros las satisfacciones y m\u00e9ritos de Cristo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Cuando Lutero, despu\u00e9s de negar la libertad humana en que descansan todos los buenos trabajos, indujo la artificial \u00abfe fiduciaria\u00bb como \u00fanico medio de recibir los frutos de Redenci\u00f3n, no s\u00f3lo se qued\u00f3 corto, sino tambi\u00e9n ejecut\u00f3 lo opuesto a la clara ense\u00f1anza del Nuevo Testamento que, nos llama a negarnos a nosotros mismos y llevar nuestra cruz (Mat., xvi, 24), caminar en los pasos del Crucificado (I Pedro. &#8216; ii, 21), sufrir con Cristo para ser glorificado con \u00c9l (Rom. el viii, 17), en una palabra, llenar a esas cosas que estamos deseando por los sufrimientos de Cristo (Col, i, 24). Nuestros esfuerzos diarios hacia la imitaci\u00f3n de Cristo, lejos de disminuir desde la perfecci\u00f3n de la Redenci\u00f3n, son la prueba de su eficacia y los frutos de su fecundidad. \u00abToda nuestra gloria\u00bb, dice el Concilio de Trento, \u00abest\u00e1 en Cristo en quien vivimos, y merecemos, y satisfacemos, haciendo dignos frutos de penitencia, de \u00c9l deriva nuestra virtud, por \u00c9l somos presentados al Padre, y a trav\u00e9s de \u00c9l encontramos aceptaci\u00f3n con Dios\u00bb (Comprende. XIV, c. el viii)\n<\/p>\n<h2>Universalidad de la redenci\u00f3n<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify\">Si los efectos de la redenci\u00f3n se extendieron al mundo ang\u00e9lico o al para\u00edso terrenal, es tema de disputa entre te\u00f3logos. Cuando la pregunta se limita al hombre ca\u00eddo, tiene respuesta clara en pasajes como I Juan, ii, 2; I Tim. ii, 4, iv, 10; II Cor., v, 16; etc., todo lo sostenido en la intenci\u00f3n del Redentor incluye en Su trabajo salvador, la universalidad de los hombres, sin excepci\u00f3n. Algunos textos aparentemente restrictivos como Mat., xx, 28 xxvi, 28; Rom., v, 15; Heb., ix, 28, donde las palabras \u00abmuchos\u00bb (Multi), \u00abm\u00e1s\u00bb (plural), son usadas en referencia a la magnitud de la Redenci\u00f3n, debe interpretarse en el sentido de la frase griega no pollon que quiere decir la generalidad de los hombres, o por v\u00eda de comparaci\u00f3n, no entre una porci\u00f3n de humanidad incluida en, y otra dejada fuera de, la Redenci\u00f3n, sino entre Ad\u00e1n y Cristo. En la determinaci\u00f3n de los muchos problemas que de vez en cuando se levantaron en esta dificultosa materia, la Iglesia fue guiada por el principio extendido en el S\u00ednodo de Quercy [Denzinger-Bannwart n. 319 (282)] y el Concilio de Trento [Sess. VI, c. el iii, DenzingerBannwart, n. 795 (677)] en que una afilada l\u00ednea fue trazada entre el poder de Redenci\u00f3n y su aplicaci\u00f3n de hecho, a casos particulares.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El poder universal se ha mantenido contra los predestinarianos y calvinistas quienes limitan la redenci\u00f3n a los predestinados (cf. los concilios nombrados anteriormente), y contra los Jansenistas que lo restringieron al creyente o aquellos que realmente llegaron a la fe [prop. 4 y 5, condenados por Alejandro VIII, en Denzinger-Bannwart, 1294-5 (1161-2)] y la \u00faltima disputa, que es un error de los Semipelagianos decir que Cristo muri\u00f3 para todos los hombres, se ha declarado her\u00e9tica [Denzinger-Bannwart, n.1096 (970)]. La opini\u00f3n de V\u00e1zquez y algunos te\u00f3logos, que colocan a los ni\u00f1os moribundos y sin bautismo fuera del \u00e1mbito de la Redenci\u00f3n, normalmente es rechazada por las escuelas cat\u00f3licas. En tales casos no puede mostrarse ning\u00fan efecto tangible de la Redenci\u00f3n, pero \u00e9sta no es raz\u00f3n para pronunciarlos fuera de la virtud redentora de Cristo. Ellos no est\u00e1n excluidos por ning\u00fan texto B\u00edblico. V\u00e1zquez apela a Tim., ii, 3-6, para el efecto que esos ni\u00f1os, no teniendo ning\u00fan significado o incluso posibilidad de llegar al conocimiento de la verdad, no parecen estar incluidos en el salvador legado de Dios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Aplicado absolutamente a los infantes, el texto excluir\u00eda tambi\u00e9n a quienes, de hecho, reciben el bautismo. No es probable, que la Redenci\u00f3n buscar\u00eda, \u00fanicamente, a adultos abrumados con pecados personales y omitir\u00eda a infantes sufriendo bajo el pecado original. Lejos, es mejor decir con San Agust\u00edn: \u00abNumquid parvuli homines non sunt, ut non pertineat ad eos quod dictum est: vult omnes salvos fieri\u00bb? (Contra Julianum, IV, el xiii). Con respecto a la aplicaci\u00f3n de facto de la Redenci\u00f3n en casos particulares, est\u00e1 sujeta a muchas condiciones, siendo primeras: la libertad humana y las leyes generales que gobiernan el mundo natural y sobrenatural. La disputa de los Universalistas, que todos deben salvarse finalmente para que la Redenci\u00f3n no sea un fracaso, no s\u00f3lo es, sin apoyo, sino tambi\u00e9n opuesta a la Nueva Dispensaci\u00f3n, que lejos de suprimir las leyes generales del orden natural, coloca en la v\u00eda de salvaci\u00f3n muchas condiciones indispensables o leyes de un orden sobrenatural establecido libremente.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Ni debemos ser inducidos a menudo por los reproches de fracaso lanzados a la Redenci\u00f3n con el pretexto que, despu\u00e9s de diecinueve siglos de Cristiandad, una porci\u00f3n, comparativamente, peque\u00f1a de la humanidad ha o\u00eddo la voz del Buen Pastor (Juan, x, 16) y un fragmento, a\u00fan m\u00e1s peque\u00f1o, ha entrado en el verdadero reba\u00f1o. No estaba dentro el plan de Dios, iluminar al mundo con la luz de la Palabra Encarnada, de una vez, puesto que esper\u00f3 miles de a\u00f1os para enviar al Deseado de las Naciones. Las leyes de progreso que prevalecen en todas partes tambi\u00e9n gobiernan el Reino de Dios. Nos falta el criterio para discernir con certeza, el \u00e9xito o fracaso de la Redenci\u00f3n. La influencia misteriosa del Redentor puede alargarse a\u00fan m\u00e1s de lo pensado en el presente, puesto que tiene, ciertamente, un efecto retroactivo en el pasado.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">No puede haber ning\u00fan otro significado a los muy comprensivos t\u00e9rminos de la Revelaci\u00f3n. Las gracias otorgadas por Dios a las incontables generaciones que precedieron la era Cristiana, si jud\u00edos o Paganos, fueron por anticipaci\u00f3n, las gracias de la Redenci\u00f3n. Hay poca cordura en el trivial dilema que la Redenci\u00f3n no podr\u00eda beneficiar a aquellos que ya fueron salvados, ni a quienes se perdieron para siempre. Para los justos de la Ley Antigua, su salvaci\u00f3n se debi\u00f3 a los m\u00e9ritos anticipados del pr\u00f3ximo Mes\u00edas, y la condena a perder sus almas fue porque rechazaron, con desprecio, las gracias de iluminaci\u00f3n y buena voluntad que Dios les concedi\u00f3, en previsi\u00f3n de los esfuerzos salvadores del Redentor.\n<\/p>\n<h2>T\u00edtulo y oficios del Redentor<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify\">Adem\u00e1s de los nombres Jes\u00fas, Salvador, Redentor que directamente expresan el trabajo de Redenci\u00f3n, hay otros t\u00edtulos normalmente atribuidos a Cristo debido a ciertas funciones o oficios que est\u00e1n impl\u00edcitos o en conexi\u00f3n con la Redenci\u00f3n, siendo los principales Sacerdote, Profeta, Rey y Juez.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><b>Sacerdote<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El oficio sacerdotal de Redentor es descrito as\u00ed por Manning (El Sacerdocio Eterno, 1): \u00bfCu\u00e1l es el Sacerdocio del Hijo Encarnado? Es el oficio que \u00c9l asumi\u00f3 para la Redenci\u00f3n del mundo por oblaci\u00f3n de \u00c9l en la vestidura de nuestra masculinidad. \u00c9l es Altar, V\u00edctima y Sacerdote por consagraci\u00f3n eterna de \u00c9l, que persigue para siempre el sacerdocio del orden de Melquisedec que es sin principio de d\u00edas o fin de vida, car\u00e1cter del sacerdocio eterno del hijo de Dios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Como el sacrificio, si no por la naturaleza de cosas, al menos por la ordenanza positiva de Dios, es parte de la Redenci\u00f3n, el Redentor debe ser un sacerdote, porque es funci\u00f3n del sacerdote ofrecer sacrificio. En un esfuerzo para inducir a los jud\u00edos recientemente convertidos a abandonar el defectuoso sacerdocio Aar\u00f3nico y aferrarse al Gran Sacerdote Superior que entr\u00f3 en el Cielo, San Pablo en su Ep\u00edstola a los hebreos, exalta la dignidad del oficio sacerdotal de Cristo. Su consagraci\u00f3n como sacerdote tuvo lugar, no desde toda la eternidad y a trav\u00e9s de la procesi\u00f3n de la Palabra del Padre, como algunos te\u00f3logos parecen significar, sino en la plenitud del tiempo y a trav\u00e9s de la Encarnaci\u00f3n, la unci\u00f3n misteriosa que lo hizo sacerdote, que no es nadie m\u00e1s que la Uni\u00f3n Hipost\u00e1tica. Su gran acto sacrificatorio que se cumpli\u00f3 en el Calvario por oblaci\u00f3n de \u00c9l en la Cruz, es continuado en tierra por el Sacrificio de la Misa y consumado en el Cielo a trav\u00e9s de la intenci\u00f3n sacrificatoria del sacerdote y las heridas glorificadas de la v\u00edctima. El sacerdocio Cristiano, comprometido en la dispensaci\u00f3n de los misterios de Dios, no es un sustituto sino la prolongaci\u00f3n del sacerdocio de Cristo: \u00c9l contin\u00faa siendo el oferente y la oblaci\u00f3n; todos aquellos sacerdotes consagrados y ungidos realizan su facultad ministerial, para \u00abmostrar en adelante la muerte del Se\u00f1or\u00bb y aplicar los m\u00e9ritos de Su Sacrificio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><b>Profeta<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El t\u00edtulo de Profeta aplicado por Mois\u00e9s (Deut., xviii 15) al Mes\u00edas pr\u00f3ximo y reconocido como derecho v\u00e1lido por aquellos que oyeron a Jes\u00fas (Lucas, vii, 10), no significa, solamente, la predicci\u00f3n de eventos futuros, sino adem\u00e1s y de una manera general, la misi\u00f3n de ense\u00f1ar a los hombres en el nombre de Dios. Cristo fue un Profeta en ambos sentidos. Sus profec\u00edas acerca de \u00c9l, Sus disc\u00edpulos, Su Iglesia, y la naci\u00f3n jud\u00eda, est\u00e1n tratados en los manuales de apolog\u00e9tica (ver McIlvaine, \u00abEvidences of Christianity\u00bb, lect. V-VI, Lescoeur, \u00abJ\u00e9sus-Christ\u00bb, 12e conf\u00e9er.: Le Proph\u00e8te). Su poder de ense\u00f1anza (Mat., vii, 29), un atributo necesario de Su Divinidad, tambi\u00e9n fue una parte integrante de la Redenci\u00f3n. \u00c9l que vino a \u00abbuscar y a salvar a quienes estaban perdidos\u00bb (Lucas, xix, 10) debi\u00f3 poseer ambas calidades, Divina y humana, que hicieron eficaz al maestro. La predicci\u00f3n de Isa\u00edas (Iv, 4), \u00abmiren yo lo he dado para testimonio a los pueblos, para l\u00edder y maestro de los Gentiles\u00bb, halla su completa realizaci\u00f3n en la historia de Cristo. Un conocimiento perfecto de las cosas de Dios y de las necesidades del hombre, la autoridad Divina y simpat\u00eda humana, precepto y ejemplo, se combinaron para arrancar de todas las generaciones la alabanza otorgada en \u00c9l por Sus oidores &#8211; \u00abning\u00fan hombre habl\u00f3 como este hombre\u00bb (Juan, vii 46).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><b>Rey<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El t\u00edtulo real frecuentemente fue atribuido al Mes\u00edas por los escritores del Antiguo Testamento (Ps. ii, 0,; Is. ix, 6, etc.) y abiertamente reivindicado por Jes\u00fas en la Corte de Pilatos (Juan, xviii, 37) no s\u00f3lo pertenece a \u00c9l en virtud de la Uni\u00f3n Hipost\u00e1tica sino tambi\u00e9n por v\u00eda de conquista y como resultado de la Redenci\u00f3n (Lucas, i, 32). Si o no, el dominio temporal del universo perteneci\u00f3 a Su poder real y es cierto que \u00c9l concibi\u00f3 Su Reino por ser de un orden m\u00e1s alto que los reinos del mundo (Juan, xviii, 36). La realeza espiritual de Cristo est\u00e1 caracterizada, esencialmente, por su objeto final que es la felicidad sobrenatural de los hombres, su conducto y medios que son la Iglesia y los sacramentos, sus miembros, que s\u00f3lo son, a trav\u00e9s de la gracia, han adquirido el t\u00edtulo de hijos adoptivos de Dios. Supremo y universal, no es subordinado de ning\u00fan otro y tampoco conoce limitaci\u00f3n de tiempo o lugar. Mientras las funciones reales de Cristo no siempre se realizan visiblemente como en los reinos terrenales, ser\u00eda equivocado pensar Su Reino como un sistema meramente ideal de pensamiento. Si considerado en este mundo o en el pr\u00f3ximo, \u00abel Reino de Dios\u00bb es esencialmente jer\u00e1rquico, su primer y \u00faltimo estado, es decir, su constituci\u00f3n en la Iglesia y su consumaci\u00f3n en el Juicio Final, constituyen los actos oficiales y visibles del Rey.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><b>Juez<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El oficio judicial aseverado tan enf\u00e1ticamente en el Nuevo Testamento (Mat., xxv, 31,; xxvi, 64,; Juan, v, 22 sq.; Acts, x, 42) y los primeros s\u00edmbolos [Denzinger-Bannwart, nn. 1-41 (1-13)] corresponden a Cristo en virtud de Su Divinidad y Uni\u00f3n Hipost\u00e1tica y tambi\u00e9n como recompensa de la Redenci\u00f3n. Sentado a la derecha de Dios, en se\u00f1al no s\u00f3lo de reposo, despu\u00e9s de los esfuerzos de Su vida mortal o de gloria, despu\u00e9s de las humillaciones de Su Pasi\u00f3n o de felicidad despu\u00e9s de la prueba del G\u00f3lgota, sino tambi\u00e9n de verdadero poder judicial (San Agust\u00edn, \u00abDe fide et symbolo\u00bb, en P.L., XL, 188), \u00c9l juzga al que vive y al que muere. Su veredicto instalado en cada conciencia individual devendr\u00e1 final, en el juicio particular y recibir\u00e1 un reconocimiento solemne y definitivo, en las sesiones del \u00daltimo Juicio. (Vea EXPIACI\u00d3N.)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<b>Bibliograf\u00eda<\/b>:  OXENHAM, The Atonement (Londres, 1881); RlVIERE, Le dogme de la Redemption (Par\u00eds 1905); HUGON, Le mystere de la Redemption (Par\u00eds, 1910); GRIMAL, Le sacerdoce et 1e sacrifice (Par\u00eds, 1911); HUNTER, Outlines of dogmatic theology (Nueva York 1894); WILHELM AND SCANNELL, Manual of Catholic theology (Londres,&#160;;901); TANQUERET, Synopsis theologiae dogmaticae specialis (Roma, Tournai Par\u00eds, 1909); with a good bibliography II, 404, and passim; RITTER, Christus der Erloser (Linz, 1903); MUTH, Heilstadt Christi als stelloertretende Genugthuung (Ratisbona, 1904)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><b>Fuente<\/b>:  Sollier, Joseph. \u00abRedemption.\u00bb The Catholic Encyclopedia. Vol. 12. New York: Robert Appleton Company, 1911. <br \/>http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/12677d.htm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Traducido por Jos\u00e9 Luis Anastasio\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>v. Rescate, Salvaci\u00f3n Exo 8:23 yo pondr\u00e9 r entre mi pueblo y el tuyo Job 33:24 que lo libr\u00f3 de descender .. que hall\u00f3 r Psa 49:8 porque la r de su vida es de gran precio 111:9 los israelitas llamaban r. el acto de vengar la sangre de un pariente; al que lo hac\u00ed\u00ada, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/redencion\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abREDENCION\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-5408","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5408","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=5408"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5408\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=5408"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=5408"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=5408"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}