{"id":5422,"date":"2016-02-05T01:30:25","date_gmt":"2016-02-05T06:30:25","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/revelacion\/"},"modified":"2016-02-05T01:30:25","modified_gmt":"2016-02-05T06:30:25","slug":"revelacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/revelacion\/","title":{"rendered":"REVELACION"},"content":{"rendered":"<p>v. Manifestaci\u00f3n, Venida<br \/>\n1Ki 14:6 he aqu\u00ed yo soy enviado a ti con r dura<br \/>\nLuk 2:32 luz para r a los gentiles, y gloria de tu<br \/>\nRom 16:25 seg\u00fan la r del misterio que .. oculto<br \/>\n1Co 14:6 no os hablare con r, o con ciencia<br \/>\n2Co 12:1 vendr\u00e9 a las .. y a las r del Se\u00f1or<br \/>\n2Co 12:7 y para que la grandeza de las r no me<br \/>\nGal 1:12 ni lo recib\u00ed .. sino por r de Jesucristo<br \/>\nGal 2:2 pero sub\u00ed seg\u00fan una r, y para no correr<br \/>\nEph 1:17 Padre de gloria, os d\u00e9 esp\u00edritu .. de r<br \/>\nEph 3:3 que por r me fue declarado el misterio<br \/>\n1Pe 4:13 en la r de su gloria os goc\u00e9is con gran<br \/>\nRev 1:1 la r de Jesucristo, que Dios le dio, para<\/p>\n<hr>\n<p>griego apocalypsis, acci\u00f3n y efecto de correr el velo que encubre lo desconocido. El t\u00e9rmino es utilizado en la Biblia, casi exclusivamente en relaci\u00f3n con Dios, convirti\u00e9ndose en un t\u00e9rmino teol\u00f3gico. Dios es el que nos r. los misterios de su ser y de sus obras, Dt 29, 29; Am 3, 7; Jn 1, 18; 1 Tm 6, 16. La b\u00fasqueda, independientemente de Dios, de conocimiento acerca de El, est\u00e1 destinada al fracaso, Jr 23,  28; 1 Co 1, 21. La r. no satisface la curiosidad humana acerca de la cosmolog\u00ed\u00ada, la metaf\u00ed\u00adsica o el futuro, sino que comunica los designios divinos, que incluyen normas de conducta y ciertas instituciones sociales,  Nm 11, 16, pol\u00ed\u00adticas, 1 S 9, 17, y religiosas, Ex 25, 40. Adem\u00e1s Dios revela los significados de los acontecimientos vividos por su pueblo,  interpret\u00e1ndolos como oportunidades de salvaci\u00f3n. As\u00ed\u00ad, se revela el secreto de los \u00faltimos tiempos, y la promesa divina. En el N. T. la r. se desarrolla a trav\u00e9s de Jes\u00fas. Sus milagros resultar\u00ed\u00adan incomprensibles si no definiera con palabras el sentido exacto que encierran.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Digital, Grupo C Service &#038; Design Ltda., Colombia, 2003<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Digital<\/b><\/p>\n<p>El llamar a la Biblia la Palabra de Dios es afirmar que ella es la \u00fanica y fiel declaraci\u00f3n de la revelaci\u00f3n de Dios de s\u00ed\u00ad mismo a la humanidad (Joh 10:34-35; 2Ti 3:15-16; Heb 3:7-11; 2Pe 1:19-21). Dios se revela a s\u00ed\u00ad mismo con el prop\u00f3sito de que su pueblo pueda conocerle, amarle, confiar en \u00e9l, servirle y obedecerle como Se\u00f1or. En el pasado, Dios habl\u00f3 a los patriarcas y a los profetas en muchas y variadas maneras, mas su palabra completa y final ha sido dada en y a trav\u00e9s de Jes\u00fas, el Logos (Joh 1:1; Heb 1:1). La presencia, palabras, hechos y exaltaci\u00f3n de Jes\u00fas constituyen la revelaci\u00f3n (Mat 11:27; Luk 2:32; Tit 2:11; Tit 3:4). Los ap\u00f3stoles se refieren al recibimiento de la revelaci\u00f3n no solamente en t\u00e9rminos de las realidades c\u00e9ntricas de la fe, sino tambi\u00e9n en la forma de instrucciones personales y gu\u00ed\u00ada para sus propias vidas y ministerio (p. ej., 2Co 12:1-10; Gal 2:2). Cristo revelar\u00e1 a Dios cuando \u00e9l vuelva a la tierra a juzgar a los vivos y a los muertos; los creyentes deber\u00ed\u00adan esperar la gloriosa aparici\u00f3n de su Salvador (2Th 2:8; 1Ti 6:14; 2Ti 4:1).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Mundo Hispano<\/b><\/p>\n<p>(dar a conocer).<\/p>\n<p> Dios se da a conocer a todos los hombres y mujeres, y les hace conocer las verdades transcendentes, especialmente su gradeza y divinidad. y lo hace por medio de sus obras, de tal forma que quien se dice \u00abateo\u00bb o \u00abagn\u00f3stico\u00bb es un \u00abnecio\u00bb, \u00abinsensato\u00bb, que es \u00abinexcusable\u00bb, Rom 1:19-22, Sa114. y si no crees en Dios \u00abpreg\u00fantaselo a las bestias\u00bb, Job 12:7-11.<\/p>\n<p> E1 Sal 19 habla de los 2 libros con los que Dios se revela, se da a conocer.<\/p>\n<p> 1- La Naturaleza, sus obras: (1-7).<\/p>\n<p> 2- La Escritura, sus Leyes: (8-15).<\/p>\n<p> Dios se nos revela en muchas maneras y muchas veces: (Heb 1:1-2.<\/p>\n<p> 1- A toda persona.<\/p>\n<p> &#8211; por sus obras, la Naturaleza.<\/p>\n<p> &#8211; por la conciencia.<\/p>\n<p> &#8211; por la historia.<\/p>\n<p> 2- Por la Biblia: Profetas, leyes. y especialmente por Jesucristo: (Heb 1:1-2).<\/p>\n<p> 3- Por su Iglesia, que es el mismo Jes\u00fas presente, \u00c2\u00a1hoy d\u00ed\u00ada! en la tierra, Mat 16:19, Mat 18:18, Luc 10:16.<\/p>\n<p> 4- Revelaci\u00f3n especial a ciertas personas, en apariciones, revelaciones interiores. a Pablo, a Anan\u00ed\u00adas, a Pedro, a Cornelio: (Hec 9:5, Hec 9:11, Hec 9:10.<\/p>\n<p> 10-19, 30-33.<\/p>\n<p> Revelaci\u00f3n: Ver \u00abApocalipsis\u00bb .<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano<br \/>\nDr. J. Dominguez<\/p>\n<p>http:\/\/biblia.com\/diccionario\/<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano<\/b><\/p>\n<p>El t\u00e9rmino hebreo gala significa \u2020\u0153quitar la cubierta\u2020\u009d, \u2020\u0153descubrir\u2020\u009d, \u2020\u0153quitar el velo\u2020\u009d, \u2020\u0153revelar\u2020\u009d. Se utiliza en pasajes como 1Sa 9:15 (\u2020\u0153Y un d\u00ed\u00ada antes que Sa\u00fal viniese, Jehov\u00e1 hab\u00ed\u00ada revelado al o\u00ed\u00addo de Samuel, diciendo&#8230;\u2020\u009d). Tambi\u00e9n aparece en Num 24:3-4, donde \u2020\u00a2Balaam se describe a s\u00ed\u00ad mismo como \u2020\u0153el var\u00f3n de los ojos abiertos. Dijo el que oy\u00f3 los dichos de Dios, el que vio la visi\u00f3n del Omnipotente\u2020\u009d. \u2020\u0153Ver la visi\u00f3n\u2020\u009d es el t\u00e9rmino gala. De manera que el sentido de la palabra se refiere al acto de hacer de conocimiento humano algo que estaba antes s\u00f3lo en el conocimiento de Dios y que el hombre no pod\u00ed\u00ada, de no ser por esa acci\u00f3n, obtenerlo por s\u00ed\u00ad mismo. Los hebreos estaban conscientes de que en vista de la grandeza de Dios y la imposibilidad humana de conocerle en su totalidad, Dios mismo tomaba la iniciativa de revelarse a los hombres. Otra expresi\u00f3n que se usa es nir\u2020\u2122ah, que significa \u2020\u0153mostrarse, aparecerse, manifestarse, revelarse\u2020\u009d (Y apareci\u00f3 Jehov\u00e1 a Abram&#8230;. Y edific\u00f3 all\u00ed\u00ad un altar a Jehov\u00e1, quien le hab\u00ed\u00ada aparecido\u00bb [Gen 12:7]). Lo que pas\u00f3 a \u2020\u00a2Jacob en Bet-el fue una r. de Dios (\u2020\u0153Y edific\u00f3 all\u00ed\u00ad un altar, y llam\u00f3 aquel lugar El-bet-el, porque all\u00ed\u00ad le hab\u00ed\u00ada aparecido Dios\u2020\u009d [Gen 35:7]). Se sab\u00ed\u00ada que la r. de Dios que recib\u00ed\u00adan era parcial, porque \u2020\u0153las cosas secretas pertenecen a Jehov\u00e1 nuestro Dios, mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre\u2020\u009d (Deu 29:29).<\/p>\n<p>La r. siempre es una iniciativa de Dios, quien dijo a Mois\u00e9s: \u2020\u0153Y aparec\u00ed\u00ad a Abraham, a Isaac y a Jacob como Dios Omnipotente, mas en mi nombre JEHOV\u00ed\u0081 no me di a conocer a ellos\u2020\u009d (Exo 6:3). Nabucodonosor dijo a Daniel: \u2020\u0153Ciertamente el Dios vuestro es Dios de dioses, y Se\u00f1or de los reyes, y el que revela los misterios, pues pudiste revelar este misterio\u2020\u009d (Dan 2:47). La actividad prof\u00e9tica es el resultado de una r. directa de Dios a un ser humano. Se dice de Samuel, cuando era joven, \u2020\u0153que no hab\u00ed\u00ada conocido a\u00fan a Jehov\u00e1, ni la palabra de Jehov\u00e1 le hab\u00ed\u00ada sido revelada\u2020\u009d (1Sa 3:7). Y despu\u00e9s de su primera experiencia personal con Dios, se se\u00f1ala: \u2020\u0153Y Jehov\u00e1 volvi\u00f3 a aparecer en Silo; porque Jehov\u00e1 se manifest\u00f3 [revel\u00f3] a Samuel en Silo por la palabra de Jehov\u00e1\u2020\u009d (1Sa 3:21). Tambi\u00e9n en las relaciones entre humanos se usa el vocablo. \u2020\u00a2Jonat\u00e1n prometi\u00f3 a David revelarle lo que su padre Sa\u00fal hiciera (\u2020\u0153&#8230; si resultare bien para con David, entonces enviar\u00e9 a ti para hac\u00e9rtelo saber\u2020\u009d [1Sa 20:12]). Sa\u00fal se quejaba, diciendo: \u2020\u0153&#8230; y no haya quien me descubra al o\u00ed\u00addo c\u00f3mo mi hijo ha hecho alianza con el hijo de Isa\u00ed\u00ad\u2020\u009d (1Sa 22:8).<br \/>\nel NT el sustantivo griego apokalupsis y el verbo apokalupt\u00f6 se traducen como r. y revelar, respectivamente. Se ratifica que el conocimiento de Dios s\u00f3lo es posible si \u00e9l mismo inicia el proceso (\u2020\u0153&#8230; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar\u2020\u009d [Mat 11:27]). Cuando Pedro dijo al Se\u00f1or: \u2020\u0153T\u00fa eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente\u2020\u009d, el Se\u00f1or le respondi\u00f3: \u2020\u0153&#8230; no te lo revel\u00f3 carne ni sangre, sino mi Padre que est\u00e1 en los cielos\u2020\u009d (Mat 16:17).<br \/>\nes vano el \u00e9nfasis que se pone en este hecho: es Dios quien se revela a s\u00ed\u00ad mismo. La raz\u00f3n humana no puede por su propio esfuerzo llegar a conocer a Dios. Los eruditos gustan de decir que existen dos clases de revelaci\u00f3n: la general y la especial. Algunos la llaman \u2020\u0153natural\u2020\u009d y \u2020\u0153sobrenatural\u2020\u009d. La r. general es la que vemos en la creaci\u00f3n y en el sentido de conciencia que tienen los hombres (\u2020\u0153Porque las cosas invisibles de \u00e9l, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creaci\u00f3n del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas\u2020\u009d [Rom 1:20]; \u2020\u0153Si bien no se dej\u00f3 a s\u00ed\u00ad mismo sin testimonio, haciendo bien, d\u00e1ndonos lluvias del cielo y tiempos fruct\u00ed\u00adferos, llenando de sustento y de alegr\u00ed\u00ada nuestros corazones\u2020\u009d [Hch 14:17]). Pero hay que recordar que esa r. de Dios en la creaci\u00f3n tiene su origen en Dios mismo, que se muestra en ella. La raz\u00f3n humana puede llegar a ciertas conclusiones sobre Dios basada en los resultados del acto creador. Pero nunca estar\u00ed\u00ada en capacidad de llegar a saber algo de \u00e9l dependiendo s\u00f3lo de su propia fuerza o recursos. La r. especial se refiere a lo que Dios ense\u00f1a de s\u00ed\u00ad mismo sobre su actividad redentora. Para lograr que el hombre la comprenda, Dios concede al hombre el don de la fe, que es el \u00fanico medio de conocimiento para ello.<br \/>\nhabla de cierto desarrollo en la r. Adem\u00e1s de lo creado, Dios fue revelando cosas acerca de \u00e9l a hombres santos y a su pueblo escogido, mediante una serie de lecciones objetivas, leyes, estatutos, ceremonias y ritos. Debe notarse que la r. siempre viene acompa\u00f1ada de una responsabilidad del que la recibe, es decir, siempre es normativa. Dios no se manifiesta solamente para satisfacer la curiosidad humana. El acto de r. siempre produce un mandamiento o un deber. Todas esas manifestaciones de Dios eran, como se ha dicho, parciales e imperfectas. Por eso, en el cumplimiento de los tiempos, decidi\u00f3 revelarse m\u00e1s ampliamente en la persona de Jesucristo, quien hace m\u00e1s comprensible a nuestros ojos el car\u00e1cter de Dios (\u2020\u0153El que me ha visto a m\u00ed\u00ad, ha visto al Padre\u2020\u009d [Jua 14:9]; \u2020\u0153Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros d\u00ed\u00adas nos ha hablado por el Hijo\u2020\u009d [Heb 1:1-2]).<br \/>\ninstrumento que Dios usa ahora para su r. es el Esp\u00ed\u00adritu Santo. Porque as\u00ed\u00ad como lo que sabemos de nosotros mismos nos lo dice nuestro propio esp\u00ed\u00adritu, lo que se quiera saber de Dios tiene que ser revelado por el Esp\u00ed\u00adritu de Dios (\u2020\u0153\u00bfQui\u00e9n de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el esp\u00ed\u00adritu del hombre que est\u00e1 en \u00e9l? As\u00ed\u00ad tampoco nadie conoci\u00f3 las cosas de Dios, sino el Esp\u00ed\u00adritu de Dios\u2020\u009d [1Co 2:11]). Por eso el Se\u00f1or Jes\u00fas dijo a sus disc\u00ed\u00adpulos: \u2020\u0153Mas el Consolador, el Esp\u00ed\u00adritu Santo, a quien el Padre enviar\u00e1 en mi nombre, \u00e9l os ense\u00f1ar\u00e1 todas las cosas\u2020\u009d (Jua 14:26).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Cristiano<\/b><\/p>\n<p>(V\u00e9anse DIOS, INSPIRACI\u00ed\u201cN, JESUCRISTO, PROFEC\u00ed\u008dA, PROFETA, APOCALIPSIS.)<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico Ilustrado<\/b><\/p>\n<p>[226]<br \/>\n  Es la comunicaci\u00f3n de una verdad por Dios a una criatura inteligente. Dios puede hacer esas comunicaciones y el hombre recibirlas. La Escritura no habla de \u00abrevelaci\u00f3n\u00bb, pero la presupone en cuanto comunica misterio inalcanzable por la inteligencia sola: divinidad de Jes\u00fas, redenci\u00f3n, Eucarist\u00ed\u00ada, etc.<\/p>\n<p>    Hay verdades reveladas inaccesibles por s\u00ed\u00ad mismos a la mente humana y otros que pueden ser alcanzados por la mente, pero que Dios ha querido comunicar. Ambos conjuntos de verdades constituyen el Dep\u00f3sito de la Revelaci\u00f3n.  El Concilio Vaticano I, en su Constituci\u00f3n dogm\u00e1tica \u00abDe Fide Catholica\u00bb y el Decreto \u00abLamenatabili\u00bb del 3 de Julio de 1907, condenaron la idea de que los dogmas que la Iglesia presenta como revelados son \u00abverdades descendidas del cielo\u00bb. El concepto de revelaci\u00f3n es m\u00e1s amplio. Abarca a lo que Dios ha comunicado.<\/p>\n<p>    La inspiraci\u00f3n es otra cosa diferente. Es todo lo que Dios ha querido que se escribiera en los libros sagrados, sea revelado o no. Es pues m\u00e1s amplia el concepto de inspiraci\u00f3n que el de revelaci\u00f3n. La revelaci\u00f3n abarca pues tres grandes campos o conjuntos de verdades, seg\u00fan como se nos presenta: 1. Verdades de la ley natural, 2. Misterios de la fe, 3. Preceptos positivos.<\/p>\n<p>    La Iglesia ense\u00f1\u00f3 siempre que la Revelaci\u00f3n divina es un acto de amor y de misericordia de Dios con el hombre. Y afirm\u00f3 que era necesaria para que el hombre llegara a conocer la verdad. El te\u00f3logo Antonio G\u00fcnther (1783-1863), con muchos racionalistas del XIX, negaron esa necesidad, ensalzando la capacidad de la inteligencia humana para conseguir con sus fuerzas la luz divina. Pero el Concilio Vaticano I conden\u00f3 tal pensamiento y reclam\u00f3 esa necesidad de la luz divina.<\/p>\n<p>     Sus escritos fueron incluidos en el \u00ed\u008dndice en 1857. El Decreto \u00abLamentabili\u00bb y la Enc\u00ed\u00adclica \u00abPascendi\u00bb del 8 de Septiembre de 1907, firmados por P\u00ed\u00ado X, renovaron tal rechazo y recordaron la necesidad de confesar que Dios nos ayuda a los hombres con sus luces misericordiosas.  (Ver Biblia y catequesis 1.1  y ver B\u00ed\u00adblico. Vocabulario 3)<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>Dios ha hablado de muchas maneras<\/p>\n<p>\tDesde el inicio de la historia humana, Dios se ha comunicado al hombre de modo especial. Es lo que llamamos la \u00abrevelaci\u00f3n\u00bb (\u00abapocalipsis\u00bb, \u00abre-velar\u00bb o levantar-descorrer el velo). Dios se ha manifestado a los primeros hombres, a No\u00e9, a Abraham, a Mois\u00e9s, a los profetas&#8230; La \u00abrevelaci\u00f3n c\u00f3smica\u00bb se ha hecho \u00abhist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfica\u00bb (por medio de acontecimientos salv\u00ed\u00adficos) y, en cierto modo, ha pasado a toda la humanidad (al menos desde Ad\u00e1n y No\u00e9). Pero la revelaci\u00f3n hecha a Abraham, Mois\u00e9s y los profetas (revelaci\u00f3n prof\u00e9tica veterotestamentaria) es peculiar, por su profundidad y por orientarse directamente hacia la revelaci\u00f3n definitiva en Cristo, el Hijo de Dios, el \u00abVerbo\u00bb o Palabra personal de Dios (revelaci\u00f3n cristiana).<\/p>\n<p>\tEstas diversas manifestaciones y comunicaciones del mismo Dios, son fruto de su amor, una manifestaci\u00f3n libre y gratuita, comunicando al hombre su \u00abmisterio\u00bb. Por esto todas las manifestaciones tienden a la manifestaci\u00f3n plena y definitiva en Cristo, aunque todav\u00ed\u00ada no ha llegado la visi\u00f3n en el encuentro del m\u00e1s all\u00e1. \u00abDios, creando y conservando el universo con su Palabra (cfr. Jn 1,3), ofrece a los hombres en la creaci\u00f3n un testimonio perenne de s\u00ed\u00ad mismo (cfr. Rom 1,19-20); queriendo adem\u00e1s abrir el camino de la salvaci\u00f3n sobrenatural, se revel\u00f3 desde el principio a nuestros primeros padres&#8230; De este modo fue preparando, a trav\u00e9s de los siglos, el camino del evangelio\u00bb (DV 3). \u00abSu Hijo, la Palabra eterna&#8230; lleva a plenitud toda la revelaci\u00f3n\u00bb (DV 4).<\/p>\n<p>\tLa revelaci\u00f3n estricta del Antiguo y del Nuevo Testamento<\/p>\n<p>\tEl concepto que se tenga de \u00abrevelaci\u00f3n\u00bb (o de la \u00abpalabra\u00bb revelada por Dios) puede oscilar entre lo \u00abirreversible\u00bb de los acontecimientos (como en la l\u00ed\u00adnea materialista de Hegel) y un espiritualismo desencarnado que no quiere insertarse en la historia ni comprometerse en ella. Pero la revelaci\u00f3n estricta del Antiguo y del Nuevo Testamento  ayuda a comprender cualquier otra manifestaci\u00f3n y comunicaci\u00f3n de Dios, puesto que Dios se manifiesta con rasgos personales es la Verdad y el Amor, entiende y ama. Esta revelaci\u00f3n aut\u00e9ntica supera tanto el materialismo como el espiritualismo.<\/p>\n<p>\tLa revelaci\u00f3n es el fundamento de la fe. Dios ha revelado su propia misterio y, en \u00e9l, tambi\u00e9n la revelado en misterio del hombre (cfr. GS 22). Toda reflexi\u00f3n teol\u00f3gica aut\u00e9ntica parte de este presupuesto de fe, para elaborar conceptos que ayuden a profundizar, aclarar, sintetizar y comunicar la revelaci\u00f3n objetiva. A la revelaci\u00f3n se la ha llamado tambi\u00e9n \u00abtradici\u00f3n\u00bb, y \u00abregla de fe\u00bb, porque se \u00abentrega\u00bb o comunica a la Iglesia de todos los tiempos y a toda la humanidad. Es siempre un don \u00absobrenatural\u00bb, que se respeta tal como es en el misterio de Dios Amor.<\/p>\n<p>\tExiste una gran armon\u00ed\u00ada en los contenidos de la revelaci\u00f3n, que fundamenta la armon\u00ed\u00ada de todas las verdades de la fe. Esta armon\u00ed\u00ada se hace patente, cuando no se hacen reducciones a su dimensi\u00f3n universalista. Es el mismo Dios, Creador de todos, quien se ha manifestado en Cristo su Hijo, como Padre de todos. La revelaci\u00f3n, cuando se recibe, se convierte en misi\u00f3n o invitaci\u00f3n a compartirla con los dem\u00e1s hermanos.<\/p>\n<p>\tEl anuncio de la revelaci\u00f3n cristiana<\/p>\n<p>\tLa revelaci\u00f3n cristiana, gracias al Verbo Encarnado, es \u00abel cumplimiento del anhelo presente en todas las religiones de la humanidad\u00bb (TMA 6), pero, de modo especial, es el cumplimiento de la revelaci\u00f3n estricta del Antiguo Testamento (cfr. Heb 1,1-2). Es el mismo y \u00fanico Dios, quien se ha revelado a s\u00ed\u00ad mismo como \u00abDios Amor\u00bb (1Jn 4,8), por el hecho de habernos \u00abdado a su Hijo\u00bb para que el hombre pudiera participar en su misma vida filial (Jn 3,16; 1Jn 4,9). Es revelaci\u00f3n de Dios uno y trino, Padre, Hijo y Esp\u00ed\u00adritu Santo (Lc 1,35; Mt 28,18; 1Jn 4,7-21).<\/p>\n<p>\tLa misi\u00f3n que deriva de la revelaci\u00f3n cristiana es anuncio, llamada y oferta. Pero para aceptar esta revelaci\u00f3n definitiva de Dios en Cristo, se necesita la gracia del mismo Dios, como ha dicho el mismo Jes\u00fas \u00abNadie puede venir a m\u00ed\u00ad, si el Padre que me ha enviado no le atrae\u00bb (Jn 6,44); \u00abnadie conoce qui\u00e9n es el Hijo sino el Padre; y qui\u00e9n es el Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar\u00bb (Lc 10,22).<\/p>\n<p>Referencias Alianza, Antiguo Testamento, Escritura, historia de salvaci\u00f3n, inspiraci\u00f3n, magisterio, Nuevo Testamento, Palabra de Dios, semillas del Verbo, tradici\u00f3n.<\/p>\n<p>Lectura de documentos DV; CEC 50-141.<\/p>\n<p>Bibliograf\u00ed\u00ada AA.VV., Comentarios a la constituci\u00f3n \u00abDei Verbum\u00bb sobre la divina revelaci\u00f3n ( BAC, Madrid, 1969); J. ALFARO, Revelaci\u00f3n cristiana, fe y teolog\u00ed\u00ada (Salamanca, S\u00ed\u00adgueme, 1985); J. AUDINET, R\u00e9v\u00e9lation de Dieu et langage des hommes (Paris, 1972); R. FISICHELA, La revelaci\u00f3n evento y credibilidad (Salamanca, S\u00ed\u00adgueme, 1989); R. LATOURELLE, Teolog\u00ed\u00ada de la revelaci\u00f3n (Salamanca, S\u00ed\u00adgueme, 1982); B. MAGGIONI, Revelaci\u00f3n, en Nuevo Diccionario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica (Madrid, Paulinas, 1990) 1674-1692; G. OBERHAMMER, La Revelaci\u00f3n como Historia (Salamanca, S\u00ed\u00adgueme, 1977); K. RAHNER, J. RATZINGER, Revelaci\u00f3n y Tradici\u00f3n (Barcelona 1971); C. TRESMONTANT, Le probl\u00e8me de la R\u00e9v\u00e9lation (Paris 1969).<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>(-> Dios, conocimiento, sue\u00f1os, Apocalipsis). En contra de lo que puede suponer cierta antropolog\u00ed\u00ada racionalista, el conocimiento* no es pura acci\u00f3n del hombre, sino que proviene de la manifestaci\u00f3n de Dios o de la \u00abrealidad\u00bb, que se despliega a s\u00ed\u00ad misma, a trav\u00e9s de la misma vida humana. Eso significa que el hombre es un ser que debe mantenerse a la escucha de s\u00ed\u00ad mismo, que es escucha de la Voz superior que le va guiando. En esa l\u00ed\u00adnea podemos definirle como \u00aboyente de la Palabra*\u00bb de Dios, pero de una Palabra que s\u00f3lo se escucha y acoge acogiendo la palabra de otros hombres, en un proceso de comunicaci\u00f3n y revelaci\u00f3n compartida. En ese sentido, toda la antropolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica puede entenderse como revelaci\u00f3n o despliegue de Dios que se va manifestando a s\u00ed\u00ad mismo a trav\u00e9s del despliegue o revelaci\u00f3n de la historia de los hombres. Este es el sentido de la palabra Apocalipsis, que podemos traducir por des-velamiento (en ingl\u00e9s Revelation). Toda la Biblia es un libro de la revelaci\u00f3n de Dios en la historia y vida de los hombres. Evidentemente, esa revelaci\u00f3n o desvelamiento b\u00ed\u00adblico de Dios ha de verse en el contexto de la revelaci\u00f3n universal de lo divino, no s\u00f3lo en la historia de las religiones, sino tambi\u00e9n en el conjunto de la historia humana, como ha destacado Heb 1,1-3.<\/p>\n<p>Cf. W. PANNENBERG (ed.), La revelaci\u00f3n como historia, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1977; J. M. ROVIRA BELLOSO, Revelaci\u00f3n de Dios, salvaci\u00f3n del hombre, Sec. Trinitario, Salamanca 1988; G. SCHOLEM, Conceptos b\u00e1sicos del judaismo: Dios, creaci\u00f3n, revelaci\u00f3n, tradici\u00f3n, salvaci\u00f3n, Trotta, Madrid 1998; A. TORRES QUEIRUGA, La revelaci\u00f3n de Dios en la realizaci\u00f3n del hombre, Cristiandad, Madrid 1987.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n<p>La revelaci\u00f3n divina, que se ha realizado en Jes\u00fas, nos dice qu\u00e9 es lo que Dios \u2014como Dominus historiae\u2014 ha querido, quiere y querr\u00e1 realmente hacer en la historia: Dios ha querido, ante todo y sobre todo, que uno de los acontecimientos de la historia, es decir, la vida de Jes\u00fas, fuera la manifestaci\u00f3n plena de su amor, la historia de una libertad verdadera y plenamente humana, que se deja llenar de Dios con una total obediencia filial, y llena de s\u00ed\u00ad el universo, atrayendo a todas las criaturas hacia la unidad: \u00abY yo una vez que haya sido elevado sobre la tierra, atraer\u00e9 a todos hacia m\u00ed\u00ad\u00bb; \u00abJes\u00fas iba a morir&#8230; para conseguir la uni\u00f3n de todos los hijos de Dios que estaban dispersos\u00bb.  La historia humana de Jes\u00fas no solamente est\u00e1 llena de Dios y nos llena de Dios, sino que es una prueba tan intensa del amor de Dios por la humanidad, que constituye realmente una sola cosa con el mismo Dios, ya que es la historia humana del Hijo eterno de Dios. Una historia que culmina en la pascua, cuando Jes\u00fas, con su muerte y resurrecci\u00f3n, revela hasta qu\u00e9 punto est\u00e1 dispuesto a hacer la voluntad del Padre y hasta qu\u00e9 punto el amor del Padre es capaz de comunicar vida, alegr\u00ed\u00ada y paz a toda la humanidad.<\/p>\n<p> Carlo Mar\u00ed\u00ada Martini, Diccionario Espiritual, PPC, Madrid, 1997<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Espiritual<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Raz\u00f3n y revelaci\u00f3n: 1. Distinci\u00f3n entre r. natural y r. sobrenatural; 2. Reinterpretaci\u00f3n transcendental de la r. natural; 3. La raz\u00f3n iluminada por la fe alcanza los misterios divinos; 4. Crisis del concepto de r. sobrenatural e idea de una r. primitiva. El problema de la unidad, del conocimiento de Dios.-II. Revelaci\u00f3n del Dios Trino y su transmisi\u00f3n.-III. Plenitud escatol\u00f3gica de la revelaci\u00f3n.<\/p>\n<p>I. Raz\u00f3n y revelaci\u00f3n<br \/>\n1. LA DIF\u00ed\u008dCIL DISTINCI\u00ed\u201cN ENTRE R. NATURAL Y R. SOBRENATURAL. Tradicionalmente se ha distinguido entre r. natural y r. sobrenatural. Se trazaba as\u00ed\u00ad una l\u00ed\u00adnea divisoria entre la exploraci\u00f3n racional del concepto de r. y aquel otro dominio sem\u00e1ntico debido a la autocomunicaci\u00f3n de Dios en la historia de la salvaci\u00f3n. Con ello se indica de entrada que de estos dos conceptos es sem\u00e1ntica y conceptualmente m\u00e1s amplio o abarcador el de r. que el de salvaci\u00f3n, por lo que hace a su rec\u00ed\u00adproca referibilidad. Hoy en d\u00ed\u00ada la distinci\u00f3n teol\u00f3gica tradicional entre r. natural y sobrenatural precisa ciertas matizaciones, justificadas por la forma en que queda afectada la doctrina cl\u00e1sica sobre la relaci\u00f3n entre raz\u00f3n y r., tanto por la permeabilidad de la teolog\u00ed\u00ada a la cr\u00ed\u00adtica de la Ilustraci\u00f3n y de la modernidad al concepto de r. sobrenatural, como por la atenci\u00f3n prestada a dicha cr\u00ed\u00adtica por la Iglesia. Todo ello motiva nuevos planteamientos, que contribuyen a salvar los nucleos que el Magisterio trat\u00f3 hist\u00f3ricamente de asegurar como acervo cristiano irrenunciable.<\/p>\n<p>El contenido sem\u00e1ntico m\u00e1s inmediato de r. es desvelamiento, manifestaci\u00f3n de algo oculto, conforme a su etimolog\u00ed\u00ada latina: revelare. quitar el velo, dar a ver, descubrir, dar a conocer; de donde se deriva el sustantivo revelatio. Es el mismo contenido sem\u00e1ntico de los vocablos griegos apokalypt\u00f3 y apok\u00e1lypsis, de los que se sirve de forma m\u00e1s com\u00fan la versi\u00f3n de los LXX, que conoce otros (phaner\u00f3, epipha\u00ed\u00adn\u00f3, d\u00e9lo, s\u00e9ma\u00ed\u00adn\u00f3, khr\u00e9mat\u00ed\u00adds\u00f3) para traducir vocablos hebreos como galah, de contenido sem\u00e1ntico y conceptual parejo. Seg\u00fan esto la noci\u00f3n de r. natural incluye la manifestaci\u00f3n de Dios en el mundo creado, lo que de hecho lleva impl\u00ed\u00adcita la afirmaci\u00f3n de la voluntad de automanifestaci\u00f3n de Dios por sus obras, m\u00e1s que aludir inmediatamente a la noci\u00f3n de hallazgo por parte de la capacidad cognoscitiva del hombre para superar la dificultad del proceso de descubrimiento que lleva \u00e9l.<\/p>\n<p>Esto explica que la doctrina de la Iglesia sobre la r. natural no se identifica sin m\u00e1s con la teolog\u00ed\u00ada natural o filos\u00f3fica. Con la modernidad esta teolog\u00ed\u00ada filos\u00f3fica pas\u00f3 a ser denominada de forma general y sin duda impropiamente teodicea, pero esta denominaci\u00f3n (presente en la tradici\u00f3n filosof\u00ed\u00adca occidental a partir de Leibniz, defensor de la bondad de Dios y de la existencia del mejor mundo posible) hac\u00ed\u00ada originalmente alusi\u00f3n, seg\u00fan su etimolog\u00ed\u00ada griega (the\u00f3s: Dios; d\u00ed\u00adk\u00e9: justicia), a la necesidad de justificaci\u00f3n [de la bondad] de Dios ante la raz\u00f3n filos\u00f3fica, a causa de la constataci\u00f3n del mal como realidad que afecta al mundo y resulta insoslayable.<\/p>\n<p>Se trata en esta r. natural de un saber de Dios que procede de la voluntad revelante de Dios mismo y que de alg\u00fan modo se remite a la r. protol\u00f3gica, a aquella notitia dei dada al hombre por Dios en su misma condici\u00f3n creatural. Esta noticia divina ha alimentado y orientado de modo general el saber del hombre sobre Dios como causa y fundamento, origen y fin del mundo y del hombre, y ha alumbrado la raz\u00f3n filos\u00f3fica. Por consiguiente, al hablar de r. natural es dificil teol\u00f3gicamente relacionar el saber de Dios que ella acumula con la supuesta capacidad de una racionalidad natural pura, que de hecho jam\u00e1s ha existido como tal.<\/p>\n<p>Esto no significa, empero, sostener la identidad entre el orden de la naturaleza y de la gracia,&#8217;porque tampoco el orden de la creaci\u00f3n y de la redenci\u00f3n se pueden reducir el uno al otro. Te\u00f3ricamente no es lo mismo el orden de la naturaleza que el orden de la creaci\u00f3n, pero ambos constituyen una realidad dada \u00fanica. No existe una naturaleza pura porque la que existe es creaci\u00f3n divina puesta bajo la \u00abgracia de la creaci\u00f3n\u00bb y en s\u00ed\u00ad misma abierta a la \u00abgracia de la redenci\u00f3n\u00bb. El hombre fue creado en Cristo, por \u00e9l y para \u00e9l (Jn 1,3; Ef 1,4; Col 1,16; Heb 1,2), de forma que no es posible soslayar el fundamento cristol\u00f3gico de la protolog\u00ed\u00ada. Rahner entiende el concepto de naturaleza como un concepto l\u00ed\u00admite, \u00abresidual\u00bb, referido a \u00ablo que queda\u00bb, filos\u00f3ficamente concebido, como soporte de la acci\u00f3n divina: su condici\u00f3n de posibilidad&#8217;.<\/p>\n<p>2. REINTERPRETACI\u00ed\u201cN TRANSCENDENTAL DE LA R. NATURAL. De esta suerte Rahner ha ensayado una reinterpretaci\u00f3n filos\u00f3fica y teol\u00f3gica del concepto de r. natural, tradicionalmente vinculado a la doctrina del Concilio Vaticano 1 acerca de la capacidad natural de conocimiento de Dios (DS 3004. 3026). Esta reinterpretaci\u00f3n es calificada de transcendental, porque con ella se alude a la condici\u00f3n apri\u00f3ricamente dada de la criatura constituida libre, \u00abpuesta fuera de Dios\u00bb en alteridad verdadera frente a \u00e9l, otra que \u00e9l, distinta de Dios, y abierta a la r. natural; esto es, a la percepci\u00f3n refleja de la autocomunicaci\u00f3n de Dios. Esto significa que la r. natural pasa por la experiencia del mundo alimentada y sustentada por la pregunta por su misterio. Es as\u00ed\u00ad porque el hombre realiza esta experiencia del mundo en el estado actual de su situaci\u00f3n infralapsaria, posterior al pecado original, ante Dios; es decir, en clara dependencia de una situaci\u00f3n de ceguera culpable. Tal es la situaci\u00f3n dial\u00e9ctica del hombre: aunque abierto a la autocomunicaci\u00f3n divina, ontol\u00f3gicamente dada en su ser creatural (lo que le coloca en un estadode permanente determinaci\u00f3n por la gracia o existencial sobrenatural, como quiere Rahner), el hombre no alcanza un saber de Dios sin dificultades, que provienen de su culpable alejamiento de Dios.<\/p>\n<p>3. LA RAZ\u00ed\u201cN ILUMINADA POR LA FE ALCANZA LOS MISTERIOS DIVINOS. La r. natural no es resultado de una idea innata sobre Dios, pues, tal como piensa santo Tom\u00e1s, la proposici\u00f3n \u00abDios existe\u00bb no posee una evidencia inmediata (SumTh I, q.2, a.l). Lo que significa que la r. natural, a\u00fan aceptando que permite un saber siempre posible y suficiente sobre la existencia de Dios y su acci\u00f3n providente en favor del hombre, en el estado actual del hombre ante Dios la realidad divina queda en su insondable misterio, haci\u00e9ndose precisa la fe. De ah\u00ed\u00ad que sea posible dar raz\u00f3n teol\u00f3gica de la existencia de las religiones y de la posibilidad de que sirvan a una aut\u00e9ntica experiencia de gracia, en virtud de la voluntad universal divina de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Se impone, en consecuencia, una lectura de los textos b\u00ed\u00adblicos y neotestamentarios relativos a la r. natural, que apoyan la doctrina del Vaticano I, en conformidad con su alcance teol\u00f3gico. S\u00f3lo por la Sagrada Escritura es clara para el hombre la posibilidad de acceso a Dios por la r. natural (Sab 13,1-9; Eclo 17,8; He 17,24-29; Rom 1, 19-20; cf. 1 Cor 1,21), de modo que tal posibilidad est\u00e1 incluida en la imagen que del hombre se desprende de la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica. Gracias a ella puede el hombre estar seguro de la posibilidad de llegar naturalmente a Dios. En realidad, s\u00f3lo por la r. conoce el hombre supropia identidad y cu\u00e1l sea su situaci\u00f3n ante Dios; y s\u00f3lo por la fe en la r. alcanza aquella certeza religiosa acerca del designio divino de salvaci\u00f3n que le coloca teologalmente ante Dios. De esta suerte, la raz\u00f3n iluminada por la fe llega a conseguir incluso \u00abuna cierta inteligencia muy fructuosa de los misterios [divinos], bien sea por analog\u00ed\u00ada con lo que conoce por v\u00ed\u00ada natural [analog\u00ed\u00ada del ser], bien sea por la conexi\u00f3n de unos misterios con otros y con el \u00faltimo fin del hombre [analog\u00ed\u00ada de la fe]\u00bb, aunque la esencia divina nunca pueda ser objeto inmediato del conocimiento finito. As\u00ed\u00ad, los misterios divinos nunca podr\u00e1n ser penetrados por el conocimiento finito en estado de peregrinaci\u00f3n \u00abcomo verdades que constituyen su objeto propio\u00bb, ense\u00f1a el Vaticano I (DS 3016).<\/p>\n<p>4. CRISIS DEL CONCEPTO DE R. SOBRENATURAL E IDEA DE UNA R. PRIMITIVA. EL PROBLEMA DE LA UNIDAD DEL CONOCIMIENTO DE DIOS. La universalidad de la religi\u00f3n como fen\u00f3meno humano plante\u00f3 desde la irrupci\u00f3n de la Modernidad la dificultad de conciliar el saber natural sobre Dios y el saber por r. de los misterios divinos. Sobre todo despu\u00e9s de la cr\u00ed\u00adtica de la teolog\u00ed\u00ada natural de la Escol\u00e1stica cristiana, medieval y barroca, por la demoledora impugnaci\u00f3n de M. Kant en la \u00abdial\u00e9ctica transcendental\u00bb de la Cr\u00ed\u00adtica de la raz\u00f3n pura (1781); y tras su propuesta de reconvertir la religi\u00f3n de r. en religi\u00f3n de la raz\u00f3n (o religi\u00f3n natural), en la obra La religi\u00f3n dentro de los l\u00ed\u00admites de la mera raz\u00f3n (1793). Este programa ilustrado de desdogmatizaci\u00f3n del concepto de r. sobrenatural y su sustituci\u00f3n por el de religi\u00f3n natural, promovido por la Aufkldrung alemana, encontr\u00f3 en Lessing una formulaci\u00f3n paradigm\u00e1tica de lo que habr\u00ed\u00ada de ser el paso de una cristolog\u00ed\u00ada dogm\u00e1tica a otra protot\u00ed\u00adpica, que renuncia a ver en Cristo la sobrenatural de Dios, para ver la del pedagogo divinamente inspirado, pero que en realidad no es sino la encarnaci\u00f3n del ideal, del paradigma de lo humano, posible para la raz\u00f3n ilustrada. El cambio de perspectiva hab\u00ed\u00ada sido promovido desde la segunda mitad del siglo XVII y en el XVIII por la Ilustraci\u00f3n inglesa (E.H. de Cherbury, M. Tindal, J. Toland) y el empirismo de J. Locke y D. Hume, partidarios de una cr\u00ed\u00adtica del cristianismo como religi\u00f3n revelada m\u00e1s moderada que la de librepensadores y materialistas franceses.<\/p>\n<p>La Ilustraci\u00f3n supuso, en consecuencia, un verdadero reto para la teolog\u00ed\u00ada cristiana, tentada por el racionalismo de la \u00e9poca como forma de superaci\u00f3n de la crisis. El racionalismo ven\u00ed\u00ada a asimilar el conocimiento sobrenatural de Dios al conocimiento natural, fundado sobre una cierta idea innata de Dios que poseer\u00ed\u00ada la mente, por lo cual fue condenada la doctrina de su principal defensor, Frohschammer (DS 2850-2861), e incluida con la de Hermes (DS 2738-2740) en el Syllabus (DS 2901-2914). El votum de Franzelin De erroribus nonnullis circa Dei cognitionem naturalem et supernaturalem, presentado a la Com. Teol. del Vaticano I, se hace eco de las opiniones ya entonces condenadas.<\/p>\n<p>Al racionalismo se contrapusieron corrientes como el fide\u00ed\u00adsmo y el tradicionalismo (J. de Maistre, L. de Bonald, D. Cort\u00e9s, H.F.R. de Lamennais), que atraviesan el siglo XVIII y llegan al Vaticano 1. Convencidos de la imposibilidad del conocimiento natural de Dios, sus defensores propugnaron como \u00fanica v\u00ed\u00ada de acceso a Dios la r. Para fide\u00ed\u00adstas y tradicionalistas: 1) por s\u00ed\u00ad misma, la raz\u00f3n es incapaz de alcanzar una certeza clara de la verdad moral y religiosa; 2) una y otra tienen su origen en una r. primitiva, que ha sido transmitida fielmente por la tradici\u00f3n a lo largo de los siglos, y que halla en la Iglesia el medio org\u00e1nico querido por Dios para su custodia y transmisi\u00f3n&#8217;. La universalidad de la religi\u00f3n no tendr\u00ed\u00ada otra explicaci\u00f3n posible que la de esta r. primitiva. L. Bautain (m\u00e1s moderado, igual que A. Bonetty) no dejaba de sostener que \u00abla raz\u00f3n sola no puede demostrar la existencia de Dios; la raz\u00f3n no puede fundamentar los motivos de credibilidad de la fe cristiana\u00bb, vi\u00e9ndose obligado a modificar sus afirmaciones a propuesta del Magisterio (DS 2751-2756). El fide\u00ed\u00adsmo fue condenado en el s\u00ed\u00adnodo de Tolosa de Languedoc (1832) y fue descalificado por Gregorio XVI (DS 2730-2732), doctrina que recoge el Vaticano I al afirmar: 1) que la raz\u00f3n tiene capacidad para conocer naturalmente a Dios (DS 3004); y 2) que la raz\u00f3n puede explorar y fundamentar los pre\u00e1mbulos de la fe (DS 3019).<\/p>\n<p>La idea, empero, de una r. primitiva tuvo en el siglo XIX eco particular entre los te\u00f3logos de la escuela de Tubinga. J.S. Drey vio en ella el fundamento del desarrollo de la conciencia religiosa hist\u00f3rica, finalizada a la r. sobrenatural que halla mediaci\u00f3n en ella. Esta idea teol\u00f3gica ha sido sostenida por diversos te\u00f3logos, hasta nuestros d\u00ed\u00adas, cat\u00f3licos` (P. Schanz, Parente, Lombardi, De Letter, E. de Par\u00ed\u00ads), igual que protestantes. Entre \u00e9stos, P. Althaus y E. Brunner&#8217;, que sostienen que la r. primitiva da raz\u00f3n del \u00abconocimiento natural\u00bb de Dios que est\u00e1 en el origen de las religiones. Participaron de esta opini\u00f3n estudiosos de la religi\u00f3n de la escuela de Viena, particularmente W. Schmidt (Der Ursprung der Gottesidee, 1912ss.), que vio en ella el fundamento del monote\u00ed\u00adsmo como forma originaria de toda religi\u00f3n. Contrario a la explicaci\u00f3n evolucionista de la religi\u00f3n propuesta por los estudiosos, finiseculares y de principios del s. XX, de las nacientes ciencias de la religi\u00f3n. Ya materialistas como J. Lubbock, que sosten\u00ed\u00ada el ate\u00ed\u00adsmo como mentalidad primitiva del hombre, ya espiritualistas, como E.B. Tylor, partidario del animismo originario de la religi\u00f3n, u otros. F. Ratzel y L. Frobenius profundizaron en las exigencias de una historia de las religiones basada en el \u00abm\u00e9todo hist\u00f3rico\u00bb, para aplicarlo a la reconstrucci\u00f3n del pasado religioso. F. Graeber, B. Ankermann y el propio Schmidt, seguido despu\u00e9s por P. Schebesta&#8217; y otros, trazaron \u00e1mbitos culturales y sus rec\u00ed\u00adprocas influencias, hasta reconstruir las formas primitivas de monote\u00ed\u00adsmo posible (Urmonotheismus)&#8217;. Sin embargo, la insuficiencia del m\u00e9todo hist\u00f3rico para alcanzar la r. originaria es patente.<\/p>\n<p>La teolog\u00ed\u00ada de Rahner permite una reinterpretaci\u00f3n transcendental de esta categor\u00ed\u00ada hist\u00f3rico-religiosa, pudiendo verse en esta r. del origen la formulaci\u00f3n literaria de la realidad, no hist\u00f3rica sino ontol\u00f3gica, de la inmediatez creatural de Dios al hombre y de su situaci\u00f3n ante Dios. El designio de salvaci\u00f3n universal afecta de forma \u00abexistencialmente sobrenatural\u00bb a la realidad \u00abnatural\u00bb del hombre, capaz de acceder a Dios y por eso mismo capaz de experiencia religiosa y salv\u00ed\u00adfica. En gran medida tambi\u00e9n los te\u00f3logos protestantes mencionados sostienen, contra el cristomonismo de Barth una comprensi\u00f3n ontol\u00f3gica de la r. primitiva. Entre los cat\u00f3licos, H. Fries, siguiendo a Rahner, ve en la r. primitiva la constataci\u00f3n de la coexistencia de la historia universal y la historia expl\u00ed\u00adcita de la salvaci\u00f3n, aunque sus diferencias sean sustantivas, haciendo de esta suerte posible una teolog\u00ed\u00ada de las religiones positiva.<\/p>\n<p>Es, pues, sostenible la posibilidad de una filosof\u00ed\u00ada de la religi\u00f3n, presupuesto necesario de una teolog\u00ed\u00ada cristiana de la misma. Aunque cabe una filosof\u00ed\u00ada de la r. y de la fe cristianas (Rahner), sin embargo, contra ciertas reticencias, hay que sostener la posibilidad de una filosof\u00ed\u00ada de la religi\u00f3n en general (B. Welte\u00bb), ya que es posible el conocimiento natural de Dios atestiguado por el hecho universal de la religi\u00f3n y de la existencia de religiones acristianar. Esta filosof\u00ed\u00ada es posible incluso sin ninguna vinculaci\u00f3n a una confesi\u00f3n religiosa concreta (H. Fries). No parece posible estar de acuerdo con quienes sostienen una postura pareja a la de la teolog\u00ed\u00ada radical anglosajona de la secularizaci\u00f3n y de la muerte de Dios, que imagin\u00f3 una formulaci\u00f3n irreligiosa del cristianismo (los americanos Hamilton, Altizer, Vahanian), como respuesta a una cultura secular&#8217;. Tampoco parece aceptable el extremo de Barth, partidario de la \u00ababolici\u00f3n de la religi\u00f3n\u00bb por la r. Todo planteamiento teol\u00f3gico-formal que afronta las condiciones de posibilidad de la r. cuenta con una teodicea y una filosof\u00ed\u00ada de la religi\u00f3n al menos impl\u00ed\u00adcitas, aunque expl\u00ed\u00adcitamente se renuncie a ellas; como renuncian a la fundamentaci\u00f3n teor\u00e9tica del conocimiento que sustenta a una y otra, e incluso al mismo proceder epistemol\u00f3gico de la teolog\u00ed\u00ada, todos los que piensan que a la teolog\u00ed\u00ada fundamental no compete otra cosa que la fundamentaci\u00f3n del cristianismo como religi\u00f3n revelada y la fundamentaci\u00f3n del acto de la fe.<\/p>\n<p>Si as\u00ed\u00ad no fuera, la teolog\u00ed\u00ada negar\u00ed\u00ada lo que afirma el Vaticano I: la posibilidad de explorar racionalmente los presupuestos de la fe. Esta es anterior a la r. hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfica, aunque su universalidad halle en esta \u00faltima su raz\u00f3n teol\u00f3gica, porque en ella conoce el hombre el designio eterno de salvaci\u00f3n. J.H. Newman sostuvo tambi\u00e9n esta valoraci\u00f3n de la religi\u00f3n, resultado de la unidad de Dios y del conocimiento humano: el conocimiento natural de Dios es presupuesto de la r., que la naturaleza nos proporciona por tres canales diferentes, \u00aba saber, nuestra propia mente, la voz de la humanidad y el curso del mundo\u00bb. De ah\u00ed\u00ad que siguiera la opini\u00f3n del obispo anglicano J. Butler&#8217; respecto a la fundamental analog\u00ed\u00ada entre religi\u00f3n natural y revelada. Newman cree que la religi\u00f3n natural crea expectaci\u00f3n de que se nos dar\u00e1 una r.\u00bb, que alienta la convicci\u00f3n de que la historia humana ha sido finalizada por Dios hacia su meta. Idea pr\u00f3xima a la que en la actualidad desarrolla la teolog\u00ed\u00ada del proceso, inspirada en la filosofia del proceso de A.N. Whitehead y la teologia de la esperanza'\u00bb. Postura \u00e9sta bien lejana de la de Barth, que excluye toda consideraci\u00f3n de la historia como teodicea igual que toda otra teolog\u00ed\u00ada natural&#8217;.<\/p>\n<p>II. La revelaci\u00f3n del Dios Trino y su transmisi\u00f3n.<\/p>\n<p>La r. b\u00ed\u00adblica m\u00e1s antigua es ofrecida en un conjunto de representaciones y f\u00f3rmulas, pr\u00f3ximas a ciertas concepciones del entorno religioso, que perviven en las diversas tradiciones literarias. La sacralizaci\u00f3n de los lugares teof\u00e1nicos (G\u00e9n 12,7-8; 28,13.17; 18,1; Ex 3,5; 16,7.10; 24,15ss.; Ez 11,22) no llega a mundanizar a Dios al ubicar su presencia. La circunlocuci\u00f3n del aparecerse del angel de Yahweh (G\u00e9n 18,1) defiende la transcendencia divina, no comprometida por los antropomorfismos con que se expresan sus acciones salv\u00ed\u00adficas (Dt 3,24; Jer 16,21; Is 53,1; 66,14), manifestaci\u00f3n del poder divino y de su soberan\u00ed\u00ada, que reconocen los salmos (48,4; 8,lss.). Acaece as\u00ed\u00ad la r. del \u00abYo soy&#8230;\u00bb como r. del nombre divino (9,2-3; 76,2), siempre remitido a los hechos salv\u00ed\u00adficos en favor de los padres (G\u00e9n 26,24), a la liberaci\u00f3n presente (3,6.14), acontecida (G\u00e9n 15,7; Ex 20,2; Dt 5,6; Os 31,13) y esperada (Is 40; Jer 16,21).<\/p>\n<p>Aunque el dogma trinitario no hubiera podido desarrollarse sin la r. de Jesucristo, el AT lo prepara al desarrollar los atributos de Dios: creador y redentor, autor de una promesa de salvaci\u00f3n que hace de la palabra la categor\u00ed\u00ada por excelencia de la r. por la historia. Con los profetas, la palabra de promesa abre la esperanza a la r. del misterio divino en la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica del Mes\u00ed\u00adas, actor de la redenci\u00f3n (Is 42,1-8; 49,3-9; 50,4-9; 52,13-53,12). La apocal\u00ed\u00adptica especular\u00e1 sobre el misterio que conmover\u00e1 al mismo cosmos y que permitir\u00e1 interpretar a Jes\u00fas resucitado como el ser divino cuya venida se anuncia (Mt 24,30, 26,64; cf. Dan 7,13 y He 2,33). La pol\u00e9mica entre quienes han visto en la palabra de promesa (Rendtorff y J. Moltmann, apoyados en G. von Rad) la categor\u00ed\u00ada por excelencia de la r. y quienes no (W. Zimmerli) ha permitido aclarar que, aunque la r. en el AT tiene su mediaci\u00f3n en la historia, el \u00abpoder de la historia\u00bb no es sin\u00f3nimo del poder transcendente de Dios. El fracaso es tambi\u00e9n lugar hist\u00f3rico de la r., manifestaci\u00f3n del juicio divino y lugar privilegiado de la misericordia de Dios, que da origen a la lectura teol\u00f3gica del destierro y de la restauraci\u00f3n. La misericordia es la forma propia de la fidelidad de Dios, su capacidad de perd\u00f3n, el fundamento \u00fanico (Is 43, 25; 44,21.24) de la continuidad de la alianza, objetivo de la historia salv\u00ed\u00adfica (Ex 20ss.; 24,3.7), renovada con miras al futuro escatol\u00f3gico (Ez 36,25-28ss.; Jer 31,31ss.). Las acciones salv\u00ed\u00adficas de Dios y su soberan\u00ed\u00ada absoluta sobre la creaci\u00f3n y la historia (Is 48,12-13) acreditan su palabra y su exigencia de reconocimiento de parte de Israel y universal (1 Re 18,39; Ez 36, 6-7.23; 39,28).<\/p>\n<p>La palabra es adem\u00e1s categor\u00ed\u00ada de la r. como palabra legal: la Ley es la objetivaci\u00f3n \u00fanica intramundana de Dios, que prohibe toda imagen suya (cf. Ex 20,4-5; Lv,19,4; Dt 4,15-20). Es verdad que la teolog\u00ed\u00ada postex\u00ed\u00adlica defiendela atemporalidad y cuasi personificaci\u00f3n de la Ley, pero \u00e9sta es ya anterior al exilio y expresi\u00f3n de la voluntad divina, condici\u00f3n y contenido de la alianza (Zimmerli). San Pablo polemizar\u00e1 contra la absolutizaci\u00f3n rab\u00ed\u00adnica de esta objetivaci\u00f3n de la r. divina, oponi\u00e9ndole como topos nuevo y definitivo: Jesucristo (Rom 3,20; G\u00e1l 2,16). Cristo no cierra la historia salv\u00ed\u00adfica, la abre hacia la \u00fanica consumaci\u00f3n posible: la escatol\u00f3gica, de la cual \u00e9l es Mediador (Heb 8,6), porque s\u00f3lo en \u00e9l, el Hijo, la ley encuentra satisfacci\u00f3n y Dios ve cumplida su voluntad en la obediencia de Cristo (Flp 2,8) .<\/p>\n<p>La palabra divina se hace tambi\u00e9n palabra sapiencial en la corriente veterotestamentaria de este nombre, dando pie a la especulaci\u00f3n de los escritos jo\u00e1nicos sobre el Logos divino, raz\u00f3n protol\u00f3gica de toda la creaci\u00f3n, humanado en Jesucristo, id\u00e9ntico con el Hijo eterno y preexistente. Este antecedente del AT (Hengel, Sanders) no obsta al helenismo de ciertas reflexiones jo\u00e1nicas sobre el Verbo divino, a las que por lo dem\u00e1s son sensibles autores del juda\u00ed\u00adsmo helenista como Fil\u00f3n.<\/p>\n<p>Los Padres hablaron de la estructura trinitaria del hombre (S. Agust\u00ed\u00adn) creado \u00aba imagen de Dios\u00bb (G\u00e9n 1,27 ). La noci\u00f3n trinitaria de Dios es debida a la r. del NT y a su desarrollo dogm\u00e1tico en el cristianismo antiguo, pero su elaboraci\u00f3n cuenta con el predente del AT. El NT recupera la r. trinitaria del AT al ver a Cristo contenido en las Escrituras (Lc 24,27) al objetivar en \u00e9l la realidad divinamente pretendida por la historia de la r. en todas las &#8216;figuras&#8217; (cf. 1 Cor 10,4; 15,3-40: kat\u00e1 t\u00e1s graph\u00e1s). Aun con el precedente del AT y el de las religiones que han visto a Dios bajo la figura paterna, la encarnaci\u00f3n del Hijo eterno es la categor\u00ed\u00ada cristol\u00f3gica fundante de la r. de Dios como Padre (S. Ireneo, Tertuliano, S. Agust\u00ed\u00adn, Sto. Tom\u00e1s)\u00bb, aunque la penetraci\u00f3n epistemol\u00f3gica en el \u00abmisterio de Cristo\u00bb (Ef 1,9) s\u00f3lo sea posible desde la resurrecci\u00f3n, con la cual est\u00e1 dada la raz\u00f3n pneumatol\u00f3gica del dogma cristol\u00f3gico y de la constituci\u00f3n de la Iglesia como comunidad de Jesucristo. El Esp\u00ed\u00adritu media la presencia de Dios sobre la creaci\u00f3n (G\u00e9n 1,2; Sal 104,29-30); alienta en los mediadores de la r.; funda creadoramente la humanidad del Hijo y su investidura mesi\u00e1nica (Mc 1,10 y par.); y es agente de su glorificaci\u00f3n (Rom 1,4; 8,11s.) y de la novedad de vida y gloria de los que siguen a Jes\u00fas (Rom 8,13-17). Desde el acceso \u00aben el Esp\u00ed\u00adritu&#8217; a las Escrituras, los Padres ven en las teofan\u00ed\u00adas e historia de la r. del AT, las huellas de la Trinidad de la antigua econom\u00ed\u00ada, a la que aplican la ex\u00e9gesis espiritual. Penetran en el proceso gen\u00e9tico-b\u00ed\u00adblico del desarrollo dogm\u00e1tico, estableciendo la prueba escritur\u00ed\u00adstica contando con los sentidos de la Escritura (H. de Lubac).<\/p>\n<p>La transmisi\u00f3n de la r. en Cristo encontr\u00f3 desde el principio esta dificultad, que amenazaba la comprensi\u00f3n de la unidad de la r.: \u00bfc\u00f3mo salvar la irreconciliaci\u00f3n entre el mensaje de Jes\u00fas y su muerte bajo la ley de Israel? La respuesta qued\u00f3 dada en la confesi\u00f3n de la fe que ve en Cristo el sentido de las Escrituras, sin restar nada a la gradualidad hist\u00f3rica de la r., ni entregar a la pura tipolog\u00ed\u00ada la r. de la econom\u00ed\u00ada antigua. En ella aparece no s\u00f3lo el typos de Cristo, sino su realidad (cf. Lc 24, 27), conforme a cada momento de la econom\u00ed\u00ada salv\u00ed\u00adfica, lo cual impide la disoluci\u00f3n del AT en la historia de las religiones, raz\u00f3n de la condena de marcionitas y gn\u00f3sticos. La teolog\u00ed\u00ada antigua y medieval salvaron la unidad de la r. interpret\u00e1ndola de formas diversas: dial\u00e9ctica \u00abcontinuidad en la discontinuidad\u00bb del esp\u00ed\u00adritu y la letra (S. Agust\u00ed\u00adn); sucesi\u00f3n anal\u00f3gica de la lex vetera en la lex nova (Sto. Tom\u00e1s); o dial\u00e9ctica entre Ley y Evangelio que atraviesa ambos testamentos (Lutero). Se excluy\u00f3 el literalismo mesianista del ala izquierda de la Reforma (anabaptistas) y ha resultado inaceptable el punto de vista del neoprotestantismo, desde Schleiermacher, que ha visto en el AT tan s\u00f3lo el marco religioso hist\u00f3rico-gen\u00e9tico del NT.<\/p>\n<p>La teolog\u00ed\u00ada protestante contempor\u00e1nea ha retornado a la lectura trinitaria plena de la Escritura, contenido de la r. y fundamento del dogma cristiano (K. Barth). Contra la cristolog\u00ed\u00ada protot\u00ed\u00adpica de los te\u00f3logos liberales la reacci\u00f3n neoortodoxa propone: 1) la confesi\u00f3n de la divinidad del Hijo. Una reacci\u00f3n dirigida contra la disoluci\u00f3n de la r. en el dinamismo inmanente de la historia, que explicita su condici\u00f3n divina en la culminaci\u00f3n del hombre id\u00e9ntico consigo mismo, acorde con su medida, cuyo prototipo la teolog\u00ed\u00ada liberal ve en Cristo. Propone adem\u00e1s 2) la aceptaci\u00f3n de la gratuidad e indisponibilidad de la redenci\u00f3n; y 3) la confesi\u00f3n del valor soteriol\u00f3gico exclusivo de la muerte y resurrecci\u00f3n del Redentor. La teolog\u00ed\u00ada federal31 (&#8216;de la alianza&#8217;) protestante vio en la &#8216;alianza&#8217; la clave de la r. del misterio salv\u00ed\u00adfico desde el siglo XVII (J. Coccejus) hasta desembocar en la moderna teolog\u00ed\u00ada hist\u00f3ricosalv\u00ed\u00adfica protestante (O. Cullmann32). La teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica ha explorado las condiciones transcendentales de la theologia como historia salutis (K. Rahner, A. Darlap), descartando la reducci\u00f3n de la r. a la experiencia existencial y actualista de la salvaci\u00f3n, intemporalmente percibida en la predicaci\u00f3n (R. Bultmann). La teolog\u00ed\u00ada moderna ha visto en la Trinidad la raz\u00f3n dogm\u00e1tica de la historizaci\u00f3n de la r. (W. Pannenberg, J. Moltmann, R. Belloso, B. Forte) implicada en las misiones del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu. Por el acceso en el Esp\u00ed\u00adritu a Cristo tanto el proceso cognitivo de la fe como la vida teologal plena, experiencia continuada de la vida divina e inicio de su consumaci\u00f3n eterna, toda la r. se actualiza en quien vive de ella; si bien le es entregada en estado de peregrino, en el tiempo de la Iglesia, y \u00abcomo en un espejo\u00bb (1 Cor,13, 12).<\/p>\n<p>III. Plenitud escatol\u00f3gica de la r.<\/p>\n<p>De modo que la doctrina sobre la r. como anticipaci\u00f3n escatol\u00f3gica de esta raz\u00f3n divina de la historia (W. Pannenberg) no es sino expresi\u00f3n de la fe a la que induce el conocimiento natural de Dios: que es imposible separar de la noci\u00f3n de Dios, fundamento del mundo, la idea de su poder soberano frente a los poderes del mundo y del mal. El hombre, abierto a lo fundamentante (X. Zubiri) y ser de creencias (J. Ortega y Gasset), fiado en su natural saber, cree por eso en la bondad originaria y radical de Dios; y espera de \u00e9l la r. de la justicia contra la prepotencia aparente del absurdo, del mal y de la congoja, que Unamuno ve\u00ed\u00ada en su Agon\u00ed\u00ada del cristianismo como cualificaci\u00f3n del existir cristiano. Porque es as\u00ed\u00ad el hombre, animal de esperanza (P. La\u00ed\u00adn Entralgo), espera en Dios. Se puede decir que la raz\u00f3n antropol\u00f3gica de la fe constituye de esta suerte el n\u00facleo de los proleg\u00f3menos que llevan a ella. Sobre esta raz\u00f3n natural de la esperanza se entender\u00e1 la esperanza teologal como movilizadora de la inteligencia y no s\u00f3lo de su acci\u00f3n esperanzada. J. Moltmann modifica el axioma de san Anselmo y habla de la spes quaerens intellectum, explorando la noci\u00f3n reformada de la fe fiducial, eficaz en la existencia cristiana. No es separable la r. natural de Dios de la sobrenatural sin escindir al hombre y la realidad misma de Dios, sujeto transcendente del orden creado y del redimido.<\/p>\n<p>[ -> Agust\u00ed\u00adn, san; Alejandrinos (Padres); Analog\u00ed\u00ada; Anselmo, san; Ate\u00ed\u00adsmo; Autocomunicaci\u00f3n; Barth, K; Biblia; Comuni\u00f3n; Concilios; Confesi\u00f3n de fe; Conocimiento; Creaci\u00f3n; Credos trinitarios; Encarnaci\u00f3n; Escatolog\u00ed\u00ada; Esperanza; Esp\u00ed\u00adritu Santo; Experiencia; Fe; Filosofia; Gnosis, gnosticismo; Gracia; Hijo; Historia; Iglesia; Ireneo, san; Jesucristo; Logos; Misi\u00f3n, misiones; Misterio; Monote\u00ed\u00adsmo; Muerte de Dios; Naturaleza; Newman, J. H.; Nombres de Dios; Padre; Pascua; Racionalismo; Rahner, K; Redenci\u00f3n; Religi\u00f3n, religiones; Salvaci\u00f3n; Teodicea; Teolog\u00ed\u00ada y econom\u00ed\u00ada; Tertuliano; Tom\u00e1s de Aquino, sto.; Transcendencia; Trinidad; Unamuno; Zubiri.]<br \/>\nAdolfo Gonz\u00e1lez Montes<\/p>\n<p>PIKAZA, Xabier &#8211; SILANES, Nereo,  Diccionario Teol\u00f3gico. El Dios Cristiano,  Ed. Secretariado Trinitario, Salamanca 1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico El Dios Cristiano<\/b><\/p>\n<p>Acto libre por el que Dios comunica su misterio a la humanidad invit\u00e1ndola a compartirlo. La revelaci\u00f3n constituye el fundamento de la fe y su referencia constante; la teolog\u00ed\u00ada, que nace de la revelaci\u00f3n. intenta comprender su misterio a la luz de la inteligencia.<\/p>\n<p>El t\u00e9rmino \u00abrevelaci\u00f3n\u00bb debe su origen al griego apokalyptein, que significa quitar el velo, hacer manifiesto; sin embargo, el uso que hace de este t\u00e9rmino la Escritura no puede reducirse a la terminolog\u00ed\u00ada. En el Antiguo Testamento la revelaci\u00f3n se expresa preferentemente por la expresi\u00f3n \u00abpalabra de Yahv\u00e9\u00bb; en efecto, seg\u00fan la concepci\u00f3n jud\u00ed\u00ada es imposible ver a Dios y s\u00f3lo puede escucharse su voz. El Nuevo Testamento utiliza al menos 15 t\u00e9rminos diferentes para hablar de la revelaci\u00f3n, pero su referencia es siempre Jes\u00fas de Nazaret y su actividad; por tanto, la revelaci\u00f3n es principalmente la descripci\u00f3n de su persona, de su actividad y de su ense\u00f1anza.<\/p>\n<p> Es posible verificar una historia o  una econom\u00ed\u00ada de la revelaci\u00f3n, que tiene su origen en la creaci\u00f3n y culmina en el acontecimiento Jesucristo.<\/p>\n<p> 1. La primera revelaci\u00f3n, que se ex presa a trav\u00e9s de la naturaleza, puede llamarse revelaci\u00f3n c\u00f3smica o natural. Se refiere al acto creativo de Dios, que  permite ya un conocimiento de s\u00ed\u00ad como de un Dios que ama. A trav\u00e9s de esta revelaci\u00f3n, se puede llegar a conocer a Dios (Rom 1,20); por tanto, lo creado se convierte en el escenario en el que el hombre b\u00ed\u00adblico ve c\u00f3mo Dios sale por primera vez del silencio de su misterio.<\/p>\n<p>  2. Hay una segunda revelaci\u00f3n llamada hist\u00f3rica. Se refiere sobre todo a las peripecias que constituyen la historia de Israel: la llamada de Abrah\u00e1n con la promesa de una tierra y de un pueblo, la esclavitud en Egipto, la alianza y el don de la Tor\u00e1, la deportaci\u00f3n y las m\u00e1s variadas vicisitudes del pueblo se convierten en \u00abpalabras \u00bb con las que Israel comprende qui\u00e9n es Dios y qu\u00e9 relaci\u00f3n lo une a \u00e9l. La historia de este pueblo constituye el horizonte ineliminable de toda posible comprensi\u00f3n de la revelaci\u00f3n; parece como si se llegara a una identificaci\u00f3n entre los dos, de manera que en las mismas peripecias de la historia Dios se manifiesta en su realidad personal.<\/p>\n<p>  3. La tercera expresi\u00f3n de la revelaci\u00f3n es la prof\u00e9tica. Se reconoce en los diversos or\u00e1culos o en los signos prof\u00e9ticos que se realizan. Esta revelaci\u00f3n pasa a trav\u00e9s de la mediaci\u00f3n personal de algunos hombres llamados a expresar las palabras mismas de Yahv\u00e9; escuchar o rechazar su palabra coincide con escuchar o rechazar a Dios. La revelaci\u00f3n prof\u00e9tica recorre las grandes etapas de la historia de Israel, como la alianza, la Tor\u00e1 y la fidelidad a Yahveh, pero las inserta en una perspectiva m\u00e1s profunda y m\u00e1s espiritual, para que nadie se quede en una relaci\u00f3n puramente formal con Dios.<\/p>\n<p> 4. La cima de la revelaci\u00f3n es la re velaci\u00f3n cr\u00ed\u00adstica. La revelaci\u00f3n de la palabra se hace ella misma \u00abcarne\u00bb y el alfabeto de Dios toma cuerpo en e1 lenguaje de Jes\u00fas de Nazaret. Esta revelaci\u00f3n, como indica la Dei Verbum en el n. 4, debe considerarse \u00abdefinitiva\u00bb y \u00abcompleta\u00bb, ya que en Jes\u00fas Dios nos dice todo lo que, en su misterio de amor, quer\u00ed\u00ada comunicar a la humanidad.<\/p>\n<p>La revelaci\u00f3n que lleva a cabo Jes\u00fas  es definitiva, porque en \u00e9l se da a conocer plenamente el misterio de Dios. En efecto, \u00e9l manifiesta que Dios es Padre, Hijo y Esp\u00ed\u00adritu; esta revelaci\u00f3n s\u00f3lo pod\u00ed\u00ada hacerla \u00e9l, que comparte con Dios su misma naturaleza. Por tanto, la dimensi\u00f3n trinitaria de la revelaci\u00f3n es fundamental, ya que permite alcanzar la unicidad de la naturaleza divina y su relacionalidad diversificada en la econom\u00ed\u00ada de la revelaci\u00f3n. Esta perspectiva trinitaria es la que permite ver la revelaci\u00f3n de Jes\u00fas de Nazaret completa, pero al mismo tiempo abierta, ya que remite siempre al misterio m\u00e1s grande de Dios. Dios, aun revel\u00e1ndose, no se deja aprisionar en las redes de lo humano; las asume en plenitud y se hace conocer por medio de ellas, pero todo el lenguaje humano es incapaz de expresar la grandeza de su misterio.<\/p>\n<p>La revelaci\u00f3n constituye el fundamento de la fe porque en ella Dios no s\u00f3lo se comunica a s\u00ed\u00ad mismo, sino que en la persona del Hijo hace evidente su proyecto sobre el hombre. Al revelarse a s\u00ed\u00ad mismo en la naturaleza humana, Dios revela al hombre a s\u00ed\u00ad mismo: le permite descubrir el plan de salvaci\u00f3n original m\u00e1s all\u00e1 de la desobediencia del pecado y le invita de nuevo a reconciliarse con \u00e9l. La revelaci\u00f3n, que es ante todo signo del amor que quiere darse a conocer para que el amado sea feliz, supone tambi\u00e9n la dimensi\u00f3n soteriol\u00f3gica en cuanto que la condici\u00f3n real de la persona humana es la del pecado y de la desobediencia. As\u00ed\u00ad pues, al revelarse. Dios no s\u00f3lo se da a conocer a s\u00ed\u00ad mismo y su misterio de amor, sino que al mismo tiempo salva a los hombres de la condici\u00f3n de esclavitud.<\/p>\n<p>Puesto que Dios entra en la historia,  su revelaci\u00f3n se dirige hacia un cumplimiento definitivo que s\u00f3lo se dar\u00e1 al final de los tiempos. As\u00ed\u00ad pues, la revelaci\u00f3n posee en s\u00ed\u00ad misma una din\u00e1mica creciente que mueve a entrar en la plenitud del misterio sabiendo que \u00e9ste s\u00f3lo podr\u00e1 ser conocido plenamente en la visi\u00f3n final. Esto significa que la verdad comunicada y expresada por la revelaci\u00f3n se ha dado una vez para siempre, pero tiene necesidad de ir creciendo hasta alcanzar la plenitud en el acontecimiento escatol\u00f3gico (Jn 16,13).<\/p>\n<p>La Iglesia ha reflexionado siempre  sobre el misterio de la revelaci\u00f3n; esto ha hecho que en las diversas \u00e9pocas hist\u00f3ricas haya explicitado algunos de sus aspectos, que permit\u00ed\u00adan tener una visi\u00f3n m\u00e1s global del misterio. En el per\u00ed\u00adodo patr\u00ed\u00adstico, la revelaci\u00f3n comienza a ser llamada tambi\u00e9n \u00abtraditio\u00bb, \u00abregula fidei\u00bb o \u00abregula evangelii\u00bb, para indicar que es la Palabra de Dios la que gu\u00ed\u00ada la vida de la comunidad. La Edad Media lee la revelaci\u00f3n m\u00e1s bien como una \u00abiluminaci\u00f3n&#8217;. se convierte en \u00abluz para la raz\u00f3n\u00bb y progresivamente se inclina hacia una comprensi\u00f3n de la revelaci\u00f3n como un \u00abconjunto de doctrinas\u00bb. A partir del siglo XVl, la Iglesia se ve obligada a defender el car\u00e1cter sobrenatural de la revelaci\u00f3n contra los errores de diversos movimientos culturales que negaban su origen divino. Este movimiento alcanz\u00f3 su cima en el concilio Vaticano I, donde por primera vez se tiene una Constituci\u00f3n dogm\u00e1tica sobre la revelaci\u00f3n: la Dei Filius. Las perspectivas personalistas asumidas por el concilio Vaticano I y sobre todo el retorno a las fuentes b\u00ed\u00adblicas y patr\u00ed\u00adsticas llevaron a una lectura de la revelaci\u00f3n sumamente original y coherente por medido de la Constituci\u00f3n Dei Verbum, del concilio Vaticano II La revelaci\u00f3n sigue siendo el misterio central, no s\u00f3lo de la fe cristiana, sino de la historia de la humanidad, ya que constituye la exigencia esencial que encuentro al hombre abierto a entrar en una relaci\u00f3n con lo divino. Sin embargo, la revelaci\u00f3n posee su propia  naturaleza que hay que respetar. en efecto, \u00abrevelar\u00bb, si por una parte indica levantar el velo, por otra parte se\u00f1ala tambi\u00e9n que hay . que volver a poner el velo sobre lo que se hab\u00ed\u00ada desvelado. La dial\u00e9ctica del desvelar y del velar es constitutiva de la revelaci\u00f3n cristiana. si no se quiere perder el car\u00e1cter sobrenatural de su contenido.<\/p>\n<p> R. Fisichella<\/p>\n<p> Bibl.: R. Latourelle, Revelaci\u00f3n. en DTF  1232-1289: \u00ed\u008dd\u00bb Teolog\u00ed\u00ada de la Revelaci\u00f3n, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 51982; J. Alfaro. Revelaci\u00f3n cristiana, fe y teolog\u00ed\u00ada, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1985; R, Fisichella, La Revelaci\u00f3n: evento y credibilidad, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca  1989; 1d\u00bb Introducci\u00f3n a la teolog\u00ed\u00ada fundamental, Verbo Divino, Estella 1993.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. \u00abDios ha hablado muchas veces y en diversas formas\u00bb. II. La revelaci\u00f3n en el AT.: 1. El \u00e9xodo: historia y palabra; 2. Revelaci\u00f3n y conocimiento de Dios; 3. Salvaci\u00f3n, ley y promesa; 4. El relato de los or\u00ed\u00adgenes: revelaci\u00f3n y reflexi\u00f3n; 5. Revelaci\u00f3n y profetismo; 6. Revelaci\u00f3n y sabidur\u00ed\u00ada. III. La revelaci\u00f3n en el NT: 1. La revelaci\u00f3n en los evangelios sin\u00f3pticos; 2. Pablo: el misterio en otro tiempo escondido es ahora desvelado; 3. La Palabra se hizo carne: la revelaci\u00f3n en san Juan. IV. Las estructuras de la revelaci\u00f3n.<\/p>\n<p>No es posible en esta exposici\u00f3n reconstruir la g\u00e9nesis y el desarrollo de la concepci\u00f3n b\u00ed\u00adblica de la revelaci\u00f3n. Ser\u00ed\u00ada un trabajo demasiado largo y delicado. Es mejor limitarnos a poner de manifiesto las articulaciones y las estructuras b\u00e1sicas.<\/p>\n<p>Nuestra exposici\u00f3n debe tener enseguida en cuenta dos datos. El primero es que el concepto de revelaci\u00f3n no est\u00e1 terminol\u00f3gicamente fijado en la Biblia. No hay, pues, un vocabulario fijo al que atenerse, aunque no faltan expresiones privilegiadas; la primera de todas es la expresi\u00f3n palabra de Dios. El segundo es que la revelaci\u00f3n es un concepto b\u00ed\u00adblicamente complejo, que abarca acciones y realidades diversas entre s\u00ed\u00ad, aunque, obviamente, todas dentro de un cuadro com\u00fan, a saber: la convicci\u00f3n de un mensaje que proviene, de un modo u otro, de la libre iniciativa de Dios, que manifiesta su voluntad y, por tanto, se presenta al hombre con valor obligatorio. Dentro de este cuadro com\u00fan se dan, sin embargo, modalidades diferentes: todas las p\u00e1ginas de la Biblia son consideradas en la tradici\u00f3n jud\u00ed\u00ada y cristiana l palabra de Dios; pero una cosa son los profetas, otra los libros hist\u00f3ricos, otra los sapienciales, otra el AT y otra el NT.<\/p>\n<p>Teniendo esto presente, me parece que el camino a recorrer es examinar algunas p\u00e1ginas significativas, elegidas entre g\u00e9neros diversos, capaces de mostrar tanto las diferentes modalidades de la revelaci\u00f3n como sus constantes.<\/p>\n<p>I. \u00abDIOS HA HABLADO MUCHAS VECES Y EN DIVERSAS FORMAS\u00bb. Un texto que sintetiza admirablemente los m\u00faltiples aspectos y el camino entero de la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica, a manera de promontorio desde el cual se puede observar todo el panorama, es el pr\u00f3logo de la carta a los Hebreos (1,1-4): \u00abDios, despu\u00e9s de haber hablado muchas veces y en diversas formas a nuestros padres por medio de los profetas, en estos d\u00ed\u00adas, que son los \u00faltimos, nos ha hablado por el Hijo, a quien ha constituido heredero de todas las cosas, por quien hizo tambi\u00e9n el universo. El, que es el resplandor de su gloria y la impronta de su ser, sostiene todas las cosas con su palabra poderosa, y, una vez que realiz\u00f3 la purificaci\u00f3n de los pecados, se sent\u00f3 a la derecha de la majestad en lo m\u00e1s alto del cielo, llegando a ser superior a los \u00e1ngeles en la medida en que los aventaja el nombre que ha recibido en herencia\u00bb.<\/p>\n<p>En la ra\u00ed\u00adz de la revelaci\u00f3n est\u00e1 la iniciativa gratuita y libre de Dios (\u00abDios ha hablado\u00bb). La revelaci\u00f3n es un puro don de Dios, que sale de su misterio para encontrarse con el hombre. Ya por esto la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica aparece como un movimiento completamente diverso de aquel encumbramiento de s\u00ed\u00ad al que muchas investigaciones religiosas invitan al hombre. El camino que conduce a Dios es la disposici\u00f3n a acoger, y no una penetraci\u00f3n en el mundo celestial mediante t\u00e9cnicas asc\u00e9ticas o contemplativas o m\u00ed\u00adsticas.<\/p>\n<p>La Biblia se sirve de diversas locuciones para expresar el manifestarse de Dios, pero la locuci\u00f3n m\u00e1s frecuente e importante es la palabra (\u00abDios ha hablado\u00bb). La palabra es interpersonal y dial\u00f3gica: va de persona a persona, interpela y espera respuesta, tiende por su naturaleza al di\u00e1logo. La revelaci\u00f3n no s\u00f3lo manifiesta el misterio de Dios y, a la luz de este misterio, revela al hombre a s\u00ed\u00ad mismo, sino que tambi\u00e9n llama al hombre a la escucha y obediencia, a la fe y a la acci\u00f3n.<\/p>\n<p>Mas subrayar que la revelaci\u00f3n es palabra no significa devaluar la acci\u00f3n, la historia. La palabra b\u00ed\u00adblica, a la cual se refiere ciertamente el pr\u00f3logo de la carta a los Hebreos (v. 3), puede decir que el Hijo \u00absostiene todas las cosas con su palabra poderosa\u00bb Y m\u00e1s adelante (4,12) la misma carta describir\u00e1 la palabra de Dios como \u00abviva y eficaz\u00bb.<\/p>\n<p>La revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica no es atemporal ni est\u00e1 inmediatamente dirigida a cada uno, sino que es hist\u00f3rica y mediata: Dios ha hablado en tiempos determinados y acabados (el verbo \u00abhablar\u00bb est\u00e1 en aoristo: vv. 1-2) y a trav\u00e9s de mediadores (\u00ablos profetas\u00bb y \u00abel Hijo\u00bb). Y se trata de una revelaci\u00f3n p\u00fablica, dirigida a los \u00abpadres\u00bb y \u00aba nosotros\u00bb; no de un saber secreto y reservado, como se pensaba, en cambio, en c\u00ed\u00adrculos apocal\u00ed\u00adpticos y gn\u00f3sticos.<\/p>\n<p>Dios ha hablado \u00abmuchas veces\u00bb y \u00aben diversas formas\u00bb: son diversos los tiempos y las circunstancias de la manifestaci\u00f3n de Dios, diversos los instrumentos expresivos (visiones, gestos y palabras) y los mediadores: Dios se ha manifestado en la creaci\u00f3n y en la historia, en los or\u00e1culos de los profetas y en las investigaciones de los sabios.<\/p>\n<p>Pero la variedad de los tiempos y de los modos no impide que la revelaci\u00f3n sea profundamente unitaria. Es siempre el mismo Dios el que revela. Y las \u00abmuchas veces\u00bb y las \u00abdiversas formas\u00bb son fragmentos complementarios de un \u00fanico discurso y etapas de una historia \u00fanica, encaminada a un cumplimiento, que es la revelaci\u00f3n \u00aben el Hijo\u00bb. El autor de Hebreos marca fuertemente la diferencia -aun sabiendo que se da una continuidad fundamental- entre la revelaci\u00f3n veterotestamentaria (\u00abdespu\u00e9s de haber hablado\u00bb) y la revelaci\u00f3n en Cristo (\u00aben estos d\u00ed\u00adas, que son los \u00faltimos\u00bb). Las m\u00faltiples palabras de la revelaci\u00f3n antigua se unifican y encuentran su sentido definitivo en la palabra \u00faltima y definitiva, que es el Hijo. A la multitud de revelaciones del tiempo antiguo se contrapone en el NT la revelaci\u00f3n \u00fanica del Hijo. Emerge con fuerza la conciencia escatol\u00f3gica. \u00abQue son los \u00faltimos\u00bb no significa s\u00f3lo que la revelaci\u00f3n en el Hijo es la \u00faltima ocurrida, sino que es la revelaci\u00f3n definitiva, la del tiempo \u00faltimo, del tiempo escatol\u00f3gico. La raz\u00f3n de este car\u00e1cter definitivo est\u00e1 en el hecho de que el Hijo no es un mediador cualquiera, sino el \u00abresplandor\u00bb de la gloria de Dios y la \u00abimpronta\u00bb de su ser. Cristo es la transcripci\u00f3n hist\u00f3rica, visible e insuperable de Dios.<\/p>\n<p>Esto nos permite dos \u00faltimas anotaciones. La primera es que el sujeto \u00faltimo de la revelaci\u00f3n es la \u00abgloria\u00bb y el \u00abser\u00bb de Dios -de ellos precisamente es el Hijo resplandor e impronta-, es decir, Dios mismo, su misterio, y no s\u00f3lo su acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica. La segunda es que la revelaci\u00f3n de Dios no es s\u00f3lo una palabra que hay que escuchar, sino una persona a la que \u00abver\u00bb: resplandor e impronta no se refieren solamente a las palabras de Cristo, sino ante todo a su persona y a su vida.<\/p>\n<p>II. LA REVELACI\u00ed\u201cN EN EL AT. Las primeras l\u00ed\u00adneas de la carta a los Hebreos, de rara densidad teol\u00f3gica, nos han permitido entrar inmediatamente en lo vivo de la concepci\u00f3n b\u00ed\u00adblica de la revelaci\u00f3n. Mas no podemos contentarnos con ello. Debemos tomar el discurso desde el principio y de un modo m\u00e1s articulado.<\/p>\n<p>El ambiente oriental se serv\u00ed\u00ada de diversas t\u00e9cnicas para intentar comprender los secretos de los dioses y del destino: sue\u00f1os, adivinaci\u00f3n, presagios, consultas de la suerte a sacerdotes y adivinos. Tambi\u00e9n el AT conserva mucho tiempo vestigios de estas t\u00e9cnicas, que en algunos pasajes parecen admitidas, o por lo menos toleradas. Sin embargo, no faltan textos de condena expl\u00ed\u00adcita, como, por ejemplo, este pasaje del Deuteronomio (18,10-12): \u00abNo haya en medio de ti quien queme en sacrificio a su hijo o a su hija, ni quien practique la adivinaci\u00f3n, el sortilegio, la superstici\u00f3n, el encantamiento, ni quien consulte a los adivinos y a los que invocan a los esp\u00ed\u00adritus, ni quien interrogue a los muertos, pues todo esto es abominable a los ojos del Se\u00f1or\u00bb. Se trata, en todo caso, de aspectos arcaicos y marginales; y no es cierto que se capte aqu\u00ed\u00ad el verdadero aspecto de la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica, aunque aparece ya una de sus caracter\u00ed\u00adsticas, a saber: su solidaridad con el hombre y su ambiente cultural. La revelaci\u00f3n no cae en el vac\u00ed\u00ado, sino en lo concreto de un ambiente, que asume, critica, purifica y renueva.<\/p>\n<p>1. EL EXODO: HISTORIA Y PALABRA. Los hombres de la Biblia est\u00e1n profundamente convencidos de que Dios se revela tambi\u00e9n en la naturaleza. El Sal 19 dice que el cielo y la tierra \u00abnarran\u00bb la gloria del Se\u00f1or; y podr\u00ed\u00adamos citar a este respecto otros muchos testimonios. Pero la orientaci\u00f3n m\u00e1s profunda, t\u00ed\u00adpica y original del pensamiento b\u00ed\u00adblico es otra: Israel ha encontrado a Dios en su historia, y la misma creaci\u00f3n es vista como un acontecimiento hist\u00f3rico, como el primer gesto de la historia de la salvaci\u00f3n (cf Sal 136:5-9). Esto explica por qu\u00e9 la Biblia concede tanto espacio a la historia y a los relatos. Cuando se interroga por el contenido de su fe, Israel responde generalmente con relatos y frases informativas. El conocimiento del Se\u00f1or est\u00e1 precedido por su acci\u00f3n en la historia. Dios se revela obrando. Por eso la Biblia no concede mucho espacio a un conocimiento de Dios que surgir\u00ed\u00ada de alg\u00fan modo de la meditaci\u00f3n del hombre replegado sobre s\u00ed\u00ad mismo o del an\u00e1lisis del mundo.<\/p>\n<p>Israel comprendi\u00f3 adem\u00e1s que no solamente los acontecimientos excepcionales de su historia -como las llamadas de Abrah\u00e1n y Mois\u00e9s, la liberaci\u00f3n de Egipto, la promulgaci\u00f3n de la ley en el Sina\u00ed\u00ad- revelan un designio divino, sino tambi\u00e9n la historia en su totalidad. Toda la historia b\u00ed\u00adblica est\u00e1 sostenida por esta convicci\u00f3n.<\/p>\n<p>Es, pues, importante la historia; sin embargo, la tesis de la revelaci\u00f3n como historia es unilateral. La historia va acompa\u00f1ada por la palabra que la interpreta. Los gestos de Dios tienen necesidad de la palabra que los anuncia y los comenta. Sin la palabra permanecer\u00ed\u00adan mudos. Por eso los relatos b\u00ed\u00adblicos son un entrelazado inseparable de acci\u00f3n y palabra, historia e interpretaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En el centro del credo b\u00ed\u00adblico est\u00e1n los grandes acontecimientos del \u00e9xodo, que la conciencia de Israel percibi\u00f3 como gestas de Dios, irreducibles al puro juego de las causas hist\u00f3ricas y de los protagonistas humanos. Los acontecimientos del \u00e9xodo son las \u00abobras maravillosas\u00bb de Dios. Sobre todo recordando y meditando estos acontecimientos descubri\u00f3 Israel los atributos de Dios y el estilo de su acci\u00f3n (Sal 136:10-15), y en estos acontecimientos centrales de su historia -no fuera de ella o en el mito-encontr\u00f3 Israel la clave de lectura de los acontecimientos acaecidos luego. Los acontecimientos del \u00e9xodo son vistos como punto de partida, modelo y promesa de los gestos futuros de Dios (Mar 7:14-17; Isa 10:20-26; Eze 20:32-44; el motivo vuelve con frecuencia en el D\u00e9utero-Isa\u00ed\u00adas). L\u00e9ase entero el Sal 136: la liberaci\u00f3n de Egipto (vv. 10-15) proyecta su luz hacia atr\u00e1s, a la creaci\u00f3n (vv. 5-9), y, hacia adelante, a la historia entera de Israel (vv. 16-24). En el \u00e9xodo, en la creaci\u00f3n yen toda la historia del pueblo, lo mismo que tambi\u00e9n en la providencia cotidiana (\u00abEl da el alimento a todo viviente\u00bb: v. 25), es siempre la misma cualidad de Dios la que se revela: \u00abPara siempre es su misericordia\u00bb.<\/p>\n<p>El libro del Exodo cuenta que Dios llam\u00f3 a Mois\u00e9s \u00abdesde la zarza\u00bb y le dijo: \u00abHe visto la opresi\u00f3n de mi pueblo en Egipto, he o\u00ed\u00addo el clamor que le arranca su opresi\u00f3n y conozco sus angustias; voy a bajar a liberarlo\u00bb (Eze 3:7-8). La historia comienza con esta intervenci\u00f3n libre y gratuita de Dios. La iniciativa es suya. El hombre del AT es profundamente consciente del car\u00e1cter ins\u00f3lito y gratuito de la revelaci\u00f3n, como lo atestigua un bell\u00ed\u00adsimo pasaje del Deuteronomio (Eze 4:32-34): \u00ab\u00bfDesde uno a otro extremo del cielo se ha visto jam\u00e1s cosa tan grande o se ha o\u00ed\u00addo cosa semejante? \u00bfHay pueblo que haya o\u00ed\u00addo la voz de su Dios hablar en medio del fuego, como la has o\u00ed\u00addo t\u00fa, y quede todav\u00ed\u00ada con vida?\u00bb<br \/>\nDios no revela a Mois\u00e9s una verdad eterna, una verdad universal de la vida, un principio general, sino que anuncia un hecho hist\u00f3rico: \u00abVoy a bajar a liberarlo de la mano de Egipto\u00bb (Exo 3:8). Un hecho hist\u00f3rico preciso y circunscrito, pero que trasciende el tiempo y el espacio. Debe revelarse a todas las generaciones, porque su fuerza de revelaci\u00f3n es para todos y para siempre: \u00ab&#8230;Para que cuentes a tus hijos y a tus nietos c\u00f3mo trat\u00e9 yo a los egipcios y los prodigios que hice en medio de ellos, y sep\u00e1is que yo soy el Se\u00f1or\u00bb (Exo 10:2). Dios se revela en un momento particular de la historia; sin embargo se revela como el se\u00f1or de la historia. Lo universal est\u00e1 implicado en lo particular.<\/p>\n<p>Rasgo esencial de la revelaci\u00f3n es tambi\u00e9n la presencia de un mediador. Dios obra en favor de todo Israel, quiere ser reconocido por todo Israel, pero su palabra no llega directamente a todo Israel; pasa a trav\u00e9s de la mediaci\u00f3n del profeta (Mois\u00e9s): \u00abAs\u00ed\u00ad responder\u00e1s a los israelitas: Yo soy me ha enviado a vosotros\u00bb (Exo 3:14). La Biblia conoce tambi\u00e9n mediaciones institucionalizadas, como el sacerdote y el rey; pero el profeta\/mediador (como Mois\u00e9s) es elegido libremente por Dios. Naturalmente, Dios no se limita a escoger el mediador y darle el encargo, sino que le acompa\u00f1a con su propia presencia y con el poder de los \u00absignos\u00bb, garantizando de ese modo el origen divino de las palabras que \u00e9l comunica al pueblo (cf Exo 3:12; Exo 4:5).<\/p>\n<p>2. REVELACI\u00ed\u201cN Y CONOCIMIENTO DE DIOS. Dios obra ante todo para darse a conocer. La primera direcci\u00f3n de la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica es teol\u00f3gica: \u00abPara que sep\u00e1is que yo soy el Se\u00f1or\u00bb (Exo 10:2). Esta idea se subraya repetidamente. Los prodigios del \u00e9xodo son la respuesta de Dios a la pregunta despectiva del fara\u00f3n: \u00ab\u00bfQui\u00e9n es el Se\u00f1or para que yo obedezca su voz y deje ir a Israel? No conozco al Se\u00f1or y no dejar\u00e9 ir a Israel\u00bb (Exo 5:2). Dios le dice a Mois\u00e9s: \u00abCuando haya extendido mi mano contra Egipto y haya sacado a los israelitas de en medio de ellos, conocer\u00e1n los egipcios que yo soy el Se\u00f1or\u00bb (Exo 7:5; cf 7,17; 14,4; 16,7). En otros pasajes la afirmaci\u00f3n es a\u00fan m\u00e1s expl\u00ed\u00adcita: \u00abAs\u00ed\u00ad se har\u00e1 para que sepas que no hay_ otro como el Se\u00f1or, nuestro Dios\u00bb (Exo 8:6); \u00ab&#8230; para que sepas que no hay otro como yo en toda la tierra\u00bb (Exo 9:13-14); \u00abTe he hecho ver todo esto para que sepas que el Se\u00f1or es el verdadero Dios y que no hay otro\u00bb (Deu 4:35). Al obrar, Dios revela su presencia, su se\u00f1or\u00ed\u00ado sobre Israel y sobre el mundo entero, su fidelidad y su misericordia, su justicia y su amor. Atributos todos ellos activos. La revelaci\u00f3n no es una mirada en el interior de la verdad atemporalmente est\u00e1tica de Dios, sino una mirada a Dios que se inclina sobre Israel y sobre el mundo.<\/p>\n<p>Dios se revela para darse a conocer y para entablar un di\u00e1logo con el hombre; sin embargo, su ser \u00ed\u00adntimo es un misterio inaccesible. El libro del Exodo cuenta con complacencia que Dios \u00abhablaba a Mois\u00e9s cara a cara, como se habla entre amigos\u00bb (Deu 33:11). Pero ni siquiera a Mois\u00e9s le mostr\u00f3 Dios su rostro: \u00abMi rostro no puedes verlo. Nadie puede verme y quedar con vida&#8230;; me ver\u00e1s de espaldas, mas mi rostro no puede verse\u00bb (Exo 33:18-25). El rostro en la concepci\u00f3n antigua significa el aspecto m\u00e1s profundo de la personalidad. Dios revela el esplendor que rodea su presencia, la bondad y misericordia que acompa\u00f1an a su acci\u00f3n (Exo 34:6), pero no la plenitud de su ser. Ver el rostro de Dios es la aspiraci\u00f3n profunda de toda la Biblia, objeto de una b\u00fasqueda apasionada y siempre insatisfecha: \u00abEs tu rostro, Se\u00f1or, lo que yo busco\u00bb (Sal 27:8). La misma revelaci\u00f3n del nombre \u00abYhwh\u00bb (Exo 3:14) parece ambivalente; revela y oculta. \u00abYo soy\u00bb significa que Dios est\u00e1 presente y es activo, un Dios con el pueblo y para el pueblo. Pero, en el enigm\u00e1tico juego de palabras \u00abYo soy el que soy\u00bb hay tambi\u00e9n la sombra de una reserva, como de un tener para s\u00ed\u00ad el nombre propio.<\/p>\n<p>Hay autores que creen descubrir en el AT una evoluci\u00f3n de la revelaci\u00f3n como \u00abvisi\u00f3n\u00bb (m\u00e1s antigua) a la revelaci\u00f3n como \u00abpalabra\u00bb. Los verbos de \u00abdecir\u00bb son ciertamente los m\u00e1s numerosos, y sin duda alguna la actitud primaria frente a la revelaci\u00f3n es la escucha. Pero tambi\u00e9n los verbos de visi\u00f3n son numerosos; y no se ha de contraponer visi\u00f3n y palabra, como si la palabra representase un estadio m\u00e1s elevado y espiritual y la visi\u00f3n un estadio m\u00e1s tosco y arcaico. En realidad, incluso cuando se usa el verbo \u00abver\u00bb, no es nunca Dios en s\u00ed\u00ad el objeto de la visi\u00f3n, Dios directamente, sino sus acciones hist\u00f3ricas, su \u00abgloria\u00bb, es decir, el esplendor visible que circunda y acompa\u00f1a a su presencia activa.<\/p>\n<p>3. SALVACI\u00ed\u201cN, LEY Y PROMESA. Dios interviene en la historia no s\u00f3lo para darse a conocer, sino para salvar. La segunda direcci\u00f3n de la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica es la salvaci\u00f3n. La f\u00f3rmula de autopresentaci\u00f3n: \u00abYo soy el Se\u00f1or,.tu Dios, el que te sac\u00f3 de Egipto\u00bb(Exo 20:1), significa dos cosas: Dios es el que domina y exige (\u00abYo soy tu Dios\u00bb), pero es tambi\u00e9n el que da (\u00abte sac\u00f3 de Egipto\u00bb). Dios le revela al hombre un designio de salvaci\u00f3n y responde a sus peticiones m\u00e1s acuciantes: c\u00f3mo vivir y para qu\u00e9 vivir. La revelaci\u00f3n no es para s\u00ed\u00ad misma, sino para el hombre que la necesita. Para la Biblia, Dios es ante todo el salvador, un \u00abaliado\u00bb fiel, apoy\u00e1ndose en el cual se encuentran vida y seguridad.<\/p>\n<p>La tercera direcci\u00f3n de la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica es la ley. Dios manifiesta a Israel su voluntad, las exigencias de la nueva alianza, el camino que ha de recorrer. La liberaci\u00f3n de Egipto ser\u00ed\u00ada incompleta sin la gran revelaci\u00f3n del Sina\u00ed\u00ad (Ex 19-20). La naturaleza y la historia solas no est\u00e1n en condiciones de indicar las profundas exigencias morales que Yhwh impone a Israel. Es precisa una revelaci\u00f3n. Las \u00abdiez palabras\u00bb (Exo 34:28), escritas por orden de Dios, muestran rasgos de sorprendente novedad, que impiden reducirlas simplemente a la cultura ambiente. Sin embargo, una mirada atenta descubre tambi\u00e9n claras afinidades con el ambiente, lo cual demuestra que la revelaci\u00f3n de Dios, aun dentro de su innegable originalidad, entra en di\u00e1logo con la cultura circunstante y asume sus valores [1 Dec\u00e1logo; l Cultura t Aculturaci\u00f3n].<\/p>\n<p>La cuarta dimensi\u00f3n de la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica es la promesa. Los gestos y las palabras de Dios est\u00e1n siempre abiertos al futuro. Mois\u00e9s anuncia a los israelitas un acontecimiento a\u00fan no cumplido; y todo el acontecimiento del \u00e9xodo aparece, especialmente en la meditaci\u00f3n de los profetas, como promesa de una salvaci\u00f3n futura, escatol\u00f3gica. Este aspecto de promesa est\u00e1 clar\u00ed\u00adsimo &#8211; por dar un ejemplo conocido en la revelaci\u00f3n de Dios a \/ Abrah\u00e1n (G\u00e9n 12:1-3): \u00abEl Se\u00f1or dijo a Abrah\u00e1n: `Sal de tu tierra, de tu patria y de la casa de tu padre, y vete al pa\u00ed\u00ads que yo te indicar\u00e9. Yo har\u00e9 de ti un gran pueblo; te bendecir\u00e9 y engrandecer\u00e9 tu nombre. Tu ser\u00e1s una bendici\u00f3n. Yo bendecir\u00e9 a los que te bendigan y maldecir\u00e9 a los que te maldigan. Por ti ser\u00e1n bendecidas todas las comunidades de la tierra\u00bb&#8216;. La palabra dirigida a Abrah\u00e1n es simult\u00e1neamente orden y promesa. Por consiguiente, la respuesta de Abrah\u00e1n es obediencia y confianza. Justamente por ser promesa, la revelaci\u00f3n obliga al hombre no s\u00f3lo a la escucha y a la obediencia, sino tambi\u00e9n, y sobre todo, al abandono confiado.<\/p>\n<p>No se comprender\u00ed\u00ada nada de la experiencia de Israel -en particular su expectativa mesi\u00e1nica- sin esta categor\u00ed\u00ada de la promesa. El jud\u00ed\u00ado est\u00e1 convencido de que la historia de Dios y del hombre est\u00e1 abierta, y que no ha manifestado a\u00fan completamente su significado. Est\u00e1 convencido de que la explicaci\u00f3n de la historia se encuentra adelante. La continua comprobaci\u00f3n de una distancia entre la promesa de Dios (amplia) y la dura realidad del presente (siempre decepcionante), en vez de poner en discusi\u00f3n la verdad de la palabra de Dios, impuls\u00f3 a Israel a purificarla y a diferirla, a proyectarla engrandecida en el futuro escatol\u00f3gico. En la comprobaci\u00f3n de que el presente no puede ser la realizaci\u00f3n de la promesa, \u00e9sta se abre al futuro. Abierta al futuro, la revelaci\u00f3n es siempre fiel a s\u00ed\u00ad misma y a la vez nueva, memoria y novedad: \u00abNo os acord\u00e9is de anta\u00f1o, de lo pasado no os cuid\u00e9is\u00bb (Isa 43:18).<\/p>\n<p>4. EL RELATO DE LOS OR\u00ed\u008dGENES: REVELACI\u00ed\u201cN Y REFLEXI\u00ed\u201cN. La revelaci\u00f3n procede siempre de la iniciativa divina, pero no es siempre necesariamente una ca\u00ed\u00adda en vertical. La revelaci\u00f3n de Dios puede pasar tambi\u00e9n a trav\u00e9s de la reflexi\u00f3n y la meditaci\u00f3n del hombre, que lee su propia historia a la luz de la fe. Los relatos de los or\u00ed\u00adgenes (G\u00e9n 2-3), para dar un ejemplo, se presentan a la conciencia del jud\u00ed\u00ado y del cristiano como revelaci\u00f3n; sin embargo, probablemente son fruto de la reflexi\u00f3n hist\u00f3rico-teol\u00f3gica del yahvista.<\/p>\n<p>Confrontados con el ambiente humano y religioso circunstante, estos relatos muestran una vasta consonancia cultural, existencial y expresiva con los problemas y las ideas de los pueblos vecinos. Pero al mismo tiempo muestran una profunda originalidad. Es un dato constante de toda la revelaci\u00f3n: una profunda solidaridad con el ambiente, y a la vez la presencia de un elemento irreductible a \u00e9l.<\/p>\n<p>Pero lo m\u00e1s importante es que en los revestimientos mitol\u00f3gicos que se le ofrec\u00ed\u00adan, el yahvista introduce su experiencia hist\u00f3rico-religiosa: la fe en el Dios \u00fanico y salvador y la convicci\u00f3n, verificada muchas veces en Israel, de que el mal viene del pecado y de la ruptura de la alianza, pero no del capricho de Dios. Se trata de una experiencia particular: la experiencia religiosa de Israel sobre el fin del reinado de Salom\u00f3n, que el yahvista ensancha, sin embargo, hacia atr\u00e1s, hasta los or\u00ed\u00adgenes, y que extiende a toda la humanidad. La experiencia de un pueblo se convierte en la clave interpretativa de toda la historia.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad aparece de nuevo el doble aspecto de la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica: por una parte, la historicidad, la particularidad; por otra, la pretensi\u00f3n de expresar un valor universal y absoluto. Particularidad: el yahvista asume los interrogantes de su tiempo y los lee a la luz de la particular experiencia religiosa de su comunidad. Universalidad: la experiencia particular de Israel del tiempo se convierte en interpretaci\u00f3n de toda la historia.<\/p>\n<p>5. REVELACI\u00ed\u201cN Y PROFETISMO.<\/p>\n<p>Un fil\u00f3n esencial, incluso central, para comprender la revelaci\u00f3n veterotestamentaria es el profetismo. En la \/ profec\u00ed\u00ada la revelaci\u00f3n es concebida normalmente como palabra: palabra de condenaci\u00f3n y de salvaci\u00f3n, palabra que lee el designio de Dios en el presente y descubre sus planes para el destino de Israel en el futuro; palabra que vela sobre cualquier rebajamiento de la experiencia religiosa, criticando toda falsa interpretaci\u00f3n de la revelaci\u00f3n y oponi\u00e9ndose a todos sus falsos mediadores.<\/p>\n<p>En la ra\u00ed\u00adz de toda misi\u00f3n prof\u00e9tica hay una experiencia de vocaci\u00f3n. El profeta es un llamado y un enviado. No es Am\u00f3s el que decide ser profeta, sino Dios el que irrumpe en su vida (3,8). Esto vale tambi\u00e9n para cualquier otro profeta. La autoridad de la palabra prof\u00e9tica estriba precisamente en el hecho de que no procede de una iniciativa personal, ni de la pertenencia a una escuela de profetas, sino de una iniciativa libre y gratuita de Dios. La concisa expresi\u00f3n de Am\u00f3s (\u00abEl Se\u00f1or me tom\u00f3 de detr\u00e1s del reba\u00f1o, dici\u00e9ndome: Vete, profetiza a mi pueblo\u00bb: 7,15) expresa muy bien el n\u00facleo de toda aut\u00e9ntica experiencia prof\u00e9tica: una llamada de pura gracia, de eficacia irresistible. El verbo \u00abtomar\u00bb, referido a Dios, es cl\u00e1sico en el AT para indicar la acci\u00f3n divina, que escoge a un hombre, lo transforma radicalmente y le conf\u00ed\u00ada una misi\u00f3n. La acci\u00f3n de Dios se expresa en dos frases, que designan, respectivamente, el momento de la elecci\u00f3n (\u00abEl Se\u00f1or me tom\u00f3\u00bb) y el momento del env\u00ed\u00ado (\u00abVete, profetiza\u00bb).<\/p>\n<p>Junto a la eficacia irresistible de la iniciativa divina y al sentido agudo de la misi\u00f3n, hay un tercer elemento que caracteriza al profeta: la certeza de que la palabra que anuncia es de Dios, y no suya. Dios no es el objeto de su discurso, sino el sujeto. Dios es el que habla. En los libros prof\u00e9ticos son particularmente frecuentes algunas expresiones como \u00e9stas: \u00abPalabra del Se\u00f1or\u00bb, \u00abEl Se\u00f1or ha dicho\u00bb, \u00abEl Se\u00f1or me ha hecho ver\u00bb. \u00bfC\u00f3mo entenderlas? Sin duda est\u00e1 en juego una experiencia religiosa profunda, un encuentro personal con Dios, bajo diversos aspectos \u00fanico y privilegiado. El profeta tiene, por as\u00ed\u00ad decir, un conocimiento inmediato de la voluntad de Dios. Es un inspirado. Mas esto no significa que todas las palabras pronunciadas por el profeta como palabras de Dios haya que hacerlas proceder siempre de una revelaci\u00f3n divina directa. Gran parte del mensaje de los profetas es deducci\u00f3n e interpretaci\u00f3n. Si se leen con atenci\u00f3n sus palabras, se cae en la cuenta de que muchas son debidas a su formaci\u00f3n sapiencial e hist\u00f3rica. Actualizan en el hoy las exigencias de Dios reveladas en la ley y en el patrimonio com\u00fan y tradicional de la fe. Incluso la esperanza mesi\u00e1nica, que en cierto sentido es la espina dorsal del mensaje prof\u00e9tico, aunque es fruto de la revelaci\u00f3n, no se debe pensar en \u00e9sta como en un acto mec\u00e1nico de Dios. Como ya hemos notado, la esperanza mesi\u00e1nica tiene sus ra\u00ed\u00adces en una experiencia al mismo tiempo hist\u00f3rica y religiosa: la distancia entre la promesa de Dios, por una parte, y la decepci\u00f3n del presente, por otra. Por tanto, tambi\u00e9n en el momento prof\u00e9tico -que es, sin duda, uno de los momentos m\u00e1s altos y decisivos de la revelaci\u00f3n- revelaci\u00f3n y experiencia, revelaci\u00f3n e interpretaci\u00f3n no son realidades contrapuestas, sino la una dentro de la otra.<\/p>\n<p>6. REVELACI\u00ed\u201cN Y \/ SABIDUR\u00ed\u008dA. La reflexi\u00f3n sapiencial es muy antigua y ha acompa\u00f1ado a toda la experiencia de Israel. Gracias sobre todo a los sabios entra la revelaci\u00f3n tem\u00e1ticamente en di\u00e1logo con la raz\u00f3n, y la experiencia con el patrimonio cultural com\u00fan a los pueblos circunstantes. Es muy interesante observar que la Biblia conoce no s\u00f3lo la escucha expl\u00ed\u00adcita de la palabra de Dios, sino tambi\u00e9n la escucha de las cosas, del hombre, de la experiencia y de la raz\u00f3n. Y al final tambi\u00e9n todo esto es considerado palabra de Dios.<\/p>\n<p>Diversamente que los profetas, los sabios no presentan su doctrina como el resultado de una revelaci\u00f3n directa. No dicen: \u00abHabla al Se\u00f1or\u00bb. Apelan a la reflexi\u00f3n, a la inteligencia y a la experiencia, y se inspiran en un patrimonio que va m\u00e1s all\u00e1 de los confines de Israel. Qoh\u00e9let, por ejemplo, se expresa en primera persona y se esfuerza en penetrar el misterio de la existencia sirvi\u00e9ndose de la raz\u00f3n y de la experiencia. Su camino es una investigaci\u00f3n: \u00abConsagr\u00e9 mi coraz\u00f3n a investigar y a observar con sabidur\u00ed\u00ada todo lo que se hace bajo los cielos\u00bb (1,13). Y en el libro de los Proverbios se lee: \u00abVi aquello y reflexion\u00e9, y de cuanto contempl\u00e9 saqu\u00e9 lecci\u00f3n\u00bb (24,32).<\/p>\n<p>Pero el sabio es un creyente, sabedor de que tambi\u00e9n la verdad que proviene de la investigaci\u00f3n y de la raz\u00f3n es siempre una luz que viene de Dios. El mismo Dios que ilumina a los profetas se sirve de la experiencia humana para revelar al hombre a s\u00ed\u00ad mismo. La sabidur\u00ed\u00ada es don de Dios (Pro 2:6; Qo 2,26), ense\u00f1ada por Dios (Sal 51:6), revelada (Sir 1:15; Sir 39:6). Naturalmente, no se trata de una sabidur\u00ed\u00ada cualquiera, abandonada a s\u00ed\u00ad misma, sino siempre de una sabidur\u00ed\u00ada que se mueve dentro de la fe de Israel. La palabra de Dios est\u00e1 encerrada tambi\u00e9n en la creaci\u00f3n, en la experiencia, en el patrimonio cultural de la humanidad, y por eso hay que escrutarla; pero con la conciencia de que se trata de una palabra de Dios y proveniente de \u00e9l. Por tanto, una investigaci\u00f3n que es al mismo tiempo una escucha. Tambi\u00e9n en la investigaci\u00f3n sapiencial -como siempre frente a la revelaci\u00f3n- est\u00e1 en juego la apertura del coraz\u00f3n y la libertad de esp\u00ed\u00adritu, y no s\u00f3lo la inteligencia.<\/p>\n<p>De ese modo los sabios echaron un puente entre fe y raz\u00f3n, revelaci\u00f3n y experiencia, Israel y humanidad. Y aqu\u00ed\u00ad est\u00e1 su gran m\u00e9rito. No simplemente raz\u00f3n y revelaci\u00f3n como dos caminos paralelos, sino la revelaci\u00f3n a trav\u00e9s de la raz\u00f3n. Aunque el sabio sabe muy bien que la verdad de Dios y del hombre es m\u00e1s amplia de lo que consigue alcanzar y comprender con la propia raz\u00f3n. Es el caso de Job: \u00abPongo la mano en la boca. He hablado una vez&#8230;, no volver\u00e9 a empezar; dos veces&#8230;; ya nada a\u00f1adir\u00e9\u00bb (Sir 40:4-5).<\/p>\n<p>La investigaci\u00f3n racional de los sabios no ha eliminado el misterio de Dios, sino que, por el contrario, lo ha liberado y exaltado. Y ello porque la raz\u00f3n sapiencial ha impedido que la teolog\u00ed\u00ada se salga de la historia. Raz\u00f3n y experiencia fuerzan a la teolog\u00ed\u00ada a enfrentarse con los hechos, cualesquiera que sean; con los hechos positivos que confirman la revelaci\u00f3n y con los hechos negativos que parecen contradecirla. Esta fidelidad a la historia real es esencial, pues aqu\u00ed\u00ad es donde Dios se revela y se oculta y permanece en el \u00abmisterio\u00bb. Ese es tambi\u00e9n el caso, por aducir un ejemplo, del libro de Job. Aceptando lealmente las contradicciones de la vida, Job supera de un salto no s\u00f3lo las estrecheces de la sabidur\u00ed\u00ada tradicional, fundada toda ella en un concepto mec\u00e1nico de retribuci\u00f3n, sino tambi\u00e9n las estrecheces y los estereotipos de una teolog\u00ed\u00ada que encerraba a Dios y su justicia dentro de esquemas abstractos y ahist\u00f3ricos. As\u00ed\u00ad la revelaci\u00f3n queda abierta de nuevo y Dios reaparece en todo su misterio. Las contradicciones de la historia se convierten en la investigaci\u00f3n sapiencial en camino de revelaci\u00f3n; no s\u00f3lo en una prueba para la fe, sino en una purificaci\u00f3n de la fe.<\/p>\n<p>III. LA REVELACI\u00ed\u201cN EN EL NT. La intuici\u00f3n b\u00e1sica del NT, que le confiere unidad dentro de la misma variedad de las voces, es que en Cristo se ha manifestado la verdad de Dios, la verdad del hombre y el sentido de la historia. En Cristo se ha revelado qui\u00e9n es Dios para nosotros y qui\u00e9nes somos nosotros para \u00e9l. Al decir \u00aben Cristo\u00bb, se deben entender no solamente sus palabras, sino tambi\u00e9n la historia que \u00e9l vivi\u00f3 y la estructura de su persona. Jes\u00fas de Nazaret es la transcripci\u00f3n humana e hist\u00f3rica de Dios. El hombre Jes\u00fas -verdadero hombre en medio de la historia de los hombres- es la palabra de Dios. El himno de Col 1:15-20 (un antiguo himno lit\u00fargico) define a Cristo \u00abimagen del Dios invisible\u00bb. Jes\u00fas es el icono visible de Dios invisible. La invisibilidad de Dios se ha desvanecido en la aparici\u00f3n hist\u00f3rica de Jes\u00fas de Nazaret. En \u00e9sta se encierra un esc\u00e1ndalo, y los autores del NT son conscientes de ello: la relaci\u00f3n con el absoluto se hace depender de un acontecimiento hist\u00f3rico. Mas este esc\u00e1ndalo, lejos de ser atenuado, es celosamente guardado y continuamente reafirmado [\/ Jesucristo II-III; \/ Evangelio 1, 2; \/ Marcos II; \/ Mateo III-IV; \/ Lucas 11-III].<\/p>\n<p>1. LA REVELACI\u00ed\u201cN EN LOS EVANGELIOS SIN\u00ed\u201cPTICOS. Al contar la historia de Jes\u00fas, los sin\u00f3pticos est\u00e1n persuadidos de que narran la historia de la manifestaci\u00f3n de Dios. Jes\u00fas es el revelador. El ha hablado de Dios, y sus palabras son una explicaci\u00f3n\/comentario de la vida que ha vivido. Este es realmente el lugar m\u00e1s denso (y pol\u00e9mico) de la epifan\u00ed\u00ada de Dios, y los evangelistas la cuentan con rasgos muy precisos.<\/p>\n<p>El evangelista Marcos (pero el razonamiento vale tambi\u00e9n sustancialmente para Mateo y Lucas) cuenta la vida de Jes\u00fas evidenciando una especie de contradicci\u00f3n que constituye justamente el nudo que hay que desatar; por una parte, palabras y gestos de Jes\u00fas en los cuales se manifiesta el poder de Dios; por otra, una desconcertante debilidad que parece desmentirlo. Los milagros de Jes\u00fas no se sustraen al disenso. Jes\u00fas decepciona la pretensi\u00f3n farisea de un milagro que pruebe su origen divino por encima de toda duda (Mar 8:10-13). Y sobre todo, los gestos de poder disminuyen conforme se acerca a la cruz. Los milagros mueren en la cruz, y es aqu\u00ed\u00ad donde hay que comprenderlos. Los milagros est\u00e1n al servicio de la cruz. Los gestos de poder de Jes\u00fas confirman que Dios est\u00e1 con \u00e9l, por lo cual hacen cre\u00ed\u00adble la cruz; pero a su vez la cruz revela que el rostro de Dios es diverso de como suelen los hombres bosquejarlo partiendo de los milagros.<\/p>\n<p>Los sin\u00f3pticos evidencian con fuerza un segundo rasgo de la historia de Jes\u00fas: \u00e9l busca perennemente a los pobres y los pecadores, no establece diferencias entre los hombres, distribuye a manos llenas el perd\u00f3n. Para los fariseos es una praxis escandalosa e irritante: trastorna los criterios pastorales m\u00e1s obvios y est\u00e1 en contraste con la concepci\u00f3n m\u00e1s com\u00fan de Dios. En carnbio, para Jes\u00fas es una praxis que revela el verdadero rostro de Dios. Esto aparece con claridad, por ejemplo, en las tres par\u00e1bolas del cap\u00ed\u00adtulo 15 de Lucas: en la praxis de misericordia de Jes\u00fas se revela y se hace presente la misericordia del Padre.<\/p>\n<p>La revelaci\u00f3n pasa, pues, a trav\u00e9s de las modalidades hist\u00f3ricas precisas de la vida de Jes\u00fas. Si el Hijo de Dios hubiera vivido una vida diversa, hubiese sido diversa la revelaci\u00f3n de Dios. Como tambi\u00e9n ser\u00ed\u00ada diversa la lectura de la epifan\u00ed\u00ada de Dios ocurrida en Jes\u00fas, si tom\u00e1ramos como centro hermen\u00e9utico de su historia los milagros, en lugar de la cruz-resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p>Para los sin\u00f3pticos, Jes\u00fas es el \u00fanico revelador de Dios, y ello porque \u00e9l solo es el Hijo. Esta convicci\u00f3n, subyacente a todo el discurso evang\u00e9lico, se tematiza en un c\u00e9lebre l\u00f3ghion de la fuente Q, citada por Mateo y Lucas: \u00abMi Padre me ha confiado todas las cosas; nadie conoce perfectamente al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar\u00bb (Mat 11:27; cf Lev 10:22). \u00abNadie conoce\u00bb: el concepto b\u00ed\u00adblico de conocimiento no es s\u00f3lo intelectual, sino vital; incluye experiencia, amor y comuni\u00f3n. Conocer es una relaci\u00f3n vital y circular entre personas. El conocimiento entre el Padre y el Hijo es rec\u00ed\u00adproco y exclusivo (\u00abnadie\u00bb); pero no es un c\u00ed\u00adrculo cerrado, sino abierto: \u00abY a quien se lo quiera revelar\u00bb. El hombre puede ser admitido en el di\u00e1logo entre el Padre y el Hijo, pero como puro don. Y s\u00f3lo Jes\u00fas puede admitirlo. Por el poder recibido (\u00abMi Padre me ha confiado todas las cosas\u00bb) y por el conocimiento del Padre que posee (\u00abNadie conoce al Padre sino el Hijo\u00bb), Jes\u00fas es el revelador \u00fanico, verdadero, diverso de todos los dem\u00e1s maestros. Habla de un misterio de Dios que conoce profundamente. Diversamente del modo de transmitir de los rabinos de hombre a hombre, Jes\u00fas recibe el conocimiento directamente del Padre.<\/p>\n<p>El objeto directo de la revelaci\u00f3n de Jes\u00fas es el Padre; pero el l\u00f3ghion que estamos examinando afirma que tambi\u00e9n el Hijo es un misterio que el hombre por s\u00ed\u00ad solo no es capaz de conocer: \u00abNadie conoce al Hijo sino el Padre\u00bb. Esto nos lleva a otra convicci\u00f3n sin\u00f3ptica: Jes\u00fas no es s\u00f3lo el revelador, sino el revelado. El misterio de su persona es inaccesible a la \u00abcarne\u00bb y a la \u00absangre\u00bb; imposible percibirlo sin una revelaci\u00f3n del Padre (Mat 16:17), negada a los sabios y a los h\u00e1biles y concedida a los \u00abpeque\u00f1os\u00bb (Mat 11:25). Objeto de revelaci\u00f3n es la persona de Jes\u00fas, su filiaci\u00f3n divina, su misi\u00f3n de salvaci\u00f3n, su destino de muerte y resurrecci\u00f3n. Es emblem\u00e1tica a este respecto la teofan\u00ed\u00ada del bautismo en el Jord\u00e1n (Mar 1:9-11), con la cual se podr\u00ed\u00ada relacionar tambi\u00e9n el relato de la transfiguraci\u00f3n (Mar 9:2-8). Los cielos que se abren, el Esp\u00ed\u00adritu que desciende y la voz del cielo son rasgos que hacen af\u00ed\u00adn el relato del bautismo a las visiones apocal\u00ed\u00adpticas. Pero hay una profunda diferencia. En las visiones apocal\u00ed\u00adpticas el hombre es admitido como espectador a ver el desarrollo del designio de Dios y el misterio de la historia de la salvaci\u00f3n. Tambi\u00e9n en el relato del bautismo se abren los cielos y Jes\u00fas \u00abve\u00bb; pero la visi\u00f3n tiene por objeto a \u00e9l mismo: \u00abT\u00fa eres mi Hijo amado, mi predilecto\u00bb.<\/p>\n<p>Finalmente, no faltan en los evangelios sin\u00f3pticos algunos indicios de gran inter\u00e9s respecto al lenguaje de la revelaci\u00f3n. Para hablar de Dios, del reino y de s\u00ed\u00ad mismo, Jes\u00fas se ha servido ampliamente d\u00e9 par\u00e1bolas. Mateo incluso generaliza: \u00abLes hablaba s\u00f3lo en par\u00e1bolas\u00bb (Mar 13:34). Y Marcos insin\u00faa que la historia de Jes\u00fas es una par\u00e1bola, y no s\u00f3lo sus ense\u00f1anzas: \u00abTodo ocurre en par\u00e1bolas\u00bb (Mar 4:11b). No se trata, pues, solamente de las par\u00e1bolas en sentido espec\u00ed\u00adfico, sino de toda la revelaci\u00f3n de Jes\u00fas. El lenguaje de la revelaci\u00f3n es necesariamente parab\u00f3lico. No podemos hablar del misterio de Dios y de su reino directamente, sino s\u00f3lo parab\u00f3licamente, indirectamente, mediante realidades tomadas de nuestra experiencia. Aqu\u00ed\u00ad radican las propiedades del lenguaje parab\u00f3lico. Es un lenguaje inadecuado, porque est\u00e1 tomado de la realidad cotidiana; sin embargo, pretende conducir a algo que est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 y en el fondo. Pero es al mismo tiempo un lenguaje abierto, capaz no ciertamente de expresar el misterio de Dios, pero s\u00ed\u00ad de aludir a \u00e9l; porque si es verdad que el reino no se identifica con nuestra experiencia, sin embargo tiene una profunda relaci\u00f3n con ella. Es un lenguaje que fuerza a pensar; no define, sino que alude, invita a ir m\u00e1s all\u00e1. La par\u00e1bola es un discurso global que deja intacto el misterio de Dios, pero que nos muestra con fuerza su impacto en nuestra existencia. De ah\u00ed\u00ad la ambig\u00fcedad del lenguaje parab\u00f3lico: es luminoso y oscuro, descubre y oculta. Requiere interpretaci\u00f3n y decisi\u00f3n. Como dice Marcos (Mar 4:11), es luminoso para el que se deja arrastrar; oscuro para el que se queda fuera mirando. Las par\u00e1bolas (pero hemos de decir, de manera m\u00e1s general, el lenguaje de la revelaci\u00f3n) utilizan la experiencia humana como una lumbrera que permite entrever el misterio de Dios y abrirse a la novedad evang\u00e9lica. Sin embargo, no nos conducen directamente de nuestra experiencia a Dios; nos hacen pasar a trav\u00e9s de la experiencia de Jes\u00fas. Las par\u00e1bolas evang\u00e9licas son todas cristol\u00f3gicas. La historia de Jes\u00fas es el paso obligado para acceder al misterio del reino.<\/p>\n<p>2. PABLO: EL MISTERIO EN OTRO TIEMPO ESCONDIDO ES AHORA DESVELADO. Es sabido que la teolog\u00ed\u00ada de Pablo es una soteriolog\u00ed\u00ada. Por consiguiente, tambi\u00e9n la revelaci\u00f3n es vista sobre todo como acontecimiento de salvaci\u00f3n. En el rico vocabulario paulino de la revelaci\u00f3n, el t\u00e9rmino que m\u00e1s expresa su intuici\u00f3n fundamental es \u00abmisterio\u00bb. Aparece en algunos pasajes de gran importancia: ICor 2,6-10; Rom 16:25-26; Col 1:25-27; Efe 3:2-12 [\/ Pablo III; \/ Misterio II-11I; \/ Corintios (l.a) III, 1; \/ Romanos III, 1; \/ Colosenses III; \/ Efesios III, 1].<\/p>\n<p>En los pasajes citados, la palabra \u00abmisterio\u00bb est\u00e1 acompa\u00f1ada de una amplia constelaci\u00f3n de t\u00e9rminos de revelaci\u00f3n: evangelio, kerigma, revelaci\u00f3n, Escrituras prof\u00e9ticas, conocimiento, palabra de Dios. Y los verbos se alinean en dos coordenadas: Dios revela seg\u00fan disposici\u00f3n, manifiesta, da a conocer, conf\u00ed\u00ada la misi\u00f3n de anunciar; en cambio, el ap\u00f3stol anuncia, evangeliza, ejerce un ministerio de gracia, ilustra. Revelaci\u00f3n de Dios y predicaci\u00f3n de la Iglesia son vistas como dos caras de un \u00fanico acontecimiento. Revelaci\u00f3n no es el gesto de Dios en s\u00ed\u00ad, sino el gesto de Dios anunciado y actualizado hoy en la predicaci\u00f3n y en la existencia misma de la Iglesia (Efesios). Sin la predicaci\u00f3n que lo anuncia y hace presente, el gesto de Dios permanecer\u00ed\u00ada encerrado en su pasado. Por eso habla Pablo de \u00abpalabra de la cruz\u00bb (1Co 1:18), expresi\u00f3n pregnante que liga estrechamente el acontecimiento (cruz) con el anuncio que lo transmite y lo actualiza (palabra). Pablo est\u00e1 convencido de que Dios no es s\u00f3lo el objeto de la predicaci\u00f3n, sino el protagonista. En este sentido se debe entender la expresi\u00f3n \u00abpalabra de Dios\u00bb, como se ve por 1Ts 2:13 y 2Co 5:20 (\u00abComo si Dios exhortase por nosotros\u00bb). Dios est\u00e1 presente y activo en la predicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La revelaci\u00f3n del misterio es, pues, contempor\u00e1neamente un hecho teol\u00f3gico y eclesial (\u00abpor medio de la Iglesia\u00bb: Efe 3:10). A\u00f1adamos que es un hecho trinitario. Los protagonistas son Dios, Cristo y el Esp\u00ed\u00adritu: \u00abSe ha manifestado por medio del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (Efe 3:5). En los pasajes que estamos examinando Pablo no explora a fondo este aspecto. Se comprende, sin embargo, que al Esp\u00ed\u00adritu se lo coloca en la vertiente de la predicaci\u00f3n, que transmite y actualiza el acontecimiento. El misterio se ha manifestado en Cristo, y es transmitido e ilustrado por los ap\u00f3stoles y por la Iglesia; pero el protagonista interior que lo revela y actualiza es el Esp\u00ed\u00adritu. Su funci\u00f3n es indispensable, porque s\u00f3lo el Esp\u00ed\u00adritu puede medir la profundidad de Dios (ICor 2,10).<\/p>\n<p>El misterio es en su origen una realidad oculta e inaccesible, encerrada en Dios. Existe desde siempre en la mente de Dios; pero ha sido \u00abmantenido en secreto desde tiempo eterno\u00bb (Rom 16:25), \u00abescondido desde los siglos y las generaciones pasadas\u00bb (Col 1:26). Tampoco en el AT fue dado a conocer. S\u00f3lo ahora, en la revelaci\u00f3n de Cristo y en la predicaci\u00f3n de la Iglesia, ha salido a la luz. Para poner de relieve la unicidad y la novedad de la revelaci\u00f3n de Cristo, Pablo subraya fuertemente la contraposici\u00f3n entre pasado y hoy, entre el tiempo antes de Cristo (\u00ablas generaciones pasadas\u00bb) y el tiempo despu\u00e9s de Cristo (\u00abnosotros\u00bb). Sin embargo, Pablo es consciente de que se trata de una novedad en la continuidad: \u00abManifestado ahora por los escritos prof\u00e9ticos\u00bb (Rom 16:26). El misterio se ha dado a conocer ahora (novedad), pero por medio de los escritos prof\u00e9ticos (continuidad). De alg\u00fan modo, pues, el misterio estaba ya presente en las Escrituras, pero se necesitaba la luz de Cristo para descubrirlo.<\/p>\n<p>Aunque el misterio se ha descubierto ahora -y esto distingue el tiempo presente del tiempo antiguo-, sin embargo la vida cristiana permanece todav\u00ed\u00ada esperando la manifestaci\u00f3n del Se\u00f1or Jes\u00fas (2Ts 1:7; 1Co 1:7) y la manifestaci\u00f3n de los hijos de Dios (Rom 8:18-19.21; Col 3:4). La espera escatol\u00f3gica es muy viva en Pablo. El misterio manifestado es accesible s\u00f3lo en la fe, no en una visi\u00f3n inmediata (1Co 13:12; 2Co 5:7).<\/p>\n<p>La revelaci\u00f3n del misterio no est\u00e1 reservada a unos pocos, sino que es para todos. La expresi\u00f3n \u00absantos, ap\u00f3stoles y profetas\u00bb (Efe 3:5) se refiere a todos los creyentes, no a categor\u00ed\u00adas particulares. Es m\u00e1s; el misterio tiende a la universalidad; est\u00e1 destinado al mundo entero; en Rom 16:27 habla Pablo de \u00abtodas las naciones\u00bb; y en el contexto de la carta a los Colosenses, y a\u00fan m\u00e1s expl\u00ed\u00adcitamente en la carta a los Efesios, las dimensiones del misterio son incluso c\u00f3smicas: el misterio es anunciado tambi\u00e9n \u00aba los principados y potestades celestiales\u00bb (Efe 3:10). La misionariedad y la universalidad son intr\u00ed\u00adnsecas al misterio. El misterio est\u00e1 como empujado por un movimiento irresistible; no ha permanecido encerrado en el silencio de Dios, y mucho menos soporta quedar confinado en la comunidad cristiana.<\/p>\n<p>Mas \u00bfcu\u00e1l es el contenido del misterio? Diversas expresiones lo indican como el proyecto divino de salvaci\u00f3n (1Co 2:7; Efe 3:8-11), un proyecto sobre el hombre y sobre el mundo; no un proyecto parcial, sobre esto o sobre lo otro, sino el proyecto global, el sentido \u00faltimo de toda la creaci\u00f3n. Seg\u00fan Colosenses (1,27), el proyecto es \u00abCristo entre vosotros, la esperanza de la gloria\u00bb. Seg\u00fan Efesios, el misterio es un proyecto de comuni\u00f3n, la reunificaci\u00f3n de la humanidad en Cristo y en la Iglesia; no ya los jud\u00ed\u00ados por una parte y los gentiles por otra, sino un cuerpo \u00fanico: \u00abLos paganos comparten la misma herencia con los jud\u00ed\u00ados, son miembros del mismo cuerpo y, en virtud del evangelio, participan de la misma promesa en Jesucristo\u00bb (3,6).<\/p>\n<p>3. LA PALABRA SE HIZO CARNE: LA REVELACI\u00ed\u201cN EN SAN JUAN. La revelaci\u00f3n es el tema central del evangelio de \/ Juan [II, 1]. M\u00e1s precisamente: la revelaci\u00f3n, la \/ fe y la incredulidad. En el cuarto evangelio Jes\u00fas es por excelencia el revelador; habla y testimonia, cuenta lo que ha visto y o\u00ed\u00addo directamente. Es el Hijo que habla del Padre: \u00abHablamos de lo que sabemos y atestiguamos lo que hemos visto\u00bb (3,11); \u00abOs digo lo que he visto junto al Padre\u00bb (8,38; cf 3,32; 8,26.40). A su vez, el Padre testimonia en favor del Hijo, testimonio a la vez exterior e interior. Ante todo, testimonia con las obras: el Padre obra en el Hijo, el cual puede as\u00ed\u00ad hacer las obras que muestran su origen divino (5,36; 10,25). Secundariamente, el Padre ejerce una atracci\u00f3n interior en las personas, invit\u00e1ndolas a adherirse a la revelaci\u00f3n de Jes\u00fas (6,44-45).<\/p>\n<p>Un punto panor\u00e1mico privilegiado para observar nuestro tema es sin duda el pr\u00f3logo (1,1-18), que presenta algunas afirmaciones de excepcional densidad, a manera de s\u00ed\u00adntesis de todo el evangelio. Como lo muestra una simple mirada al vocabulario, su hilo conductor es la revelaci\u00f3n: l\u00f3gos (palabra), luz, gloria, verdad, manifestar, ver, comprender, creer, testimoniar. Revelaci\u00f3n que no est\u00e1 nunca separada de una finalidad de salvaci\u00f3n: junto a la presencia masiva del vocabulario de la revelaci\u00f3n, est\u00e1 tambi\u00e9n la presencia del vocabulario de la salvaci\u00f3n (vida, gracia, ser hijos de Dios, plenitud). Revelaci\u00f3n, sobre todo, no atemporal y abstracta, sino hist\u00f3rica, concreta: la persona de Jes\u00fas, la Palabra hecha carne.<\/p>\n<p>Dec\u00ed\u00adamos que el tema del cuarto evangelio es la revelaci\u00f3n, la fe y la incredulidad; por una parte, l\u00e1 palabra que se manifiesta; por otra, el hombre que acoge o rechaza. Hasta tres veces subraya el pr\u00f3logo la respuesta negativa: las tinieblas (v. 5), el mundo (v. 10), los suyos (v. 11). El contraste constante entre revelaci\u00f3n e incredulidad es el marco dentro del cual se desarrolla todo el drama evang\u00e9lico. La visi\u00f3n juanista de la revelaci\u00f3n es fuertemente dram\u00e1tica.<\/p>\n<p>Tres son los planos en los cuales se desarrolla la historia de la revelaci\u00f3n: la historia universal, la historia de Israel, la historia de Jes\u00fas. Tres aconteceres que constituyen una profundizaci\u00f3n progresiva, pero en todos los cuales se encuentra una misma dial\u00e9ctica: revelaci\u00f3n y rechazo. Por aqu\u00ed\u00ad se ve que para Juan la historia de Jes\u00fas es interpretativa de la historia universal. Aunque el movimiento literario del pr\u00f3logo es inverso, en realidad Juan parte del drama de Jes\u00fas y se eleva a la historia de Israel y a la historia del mundo, y no viceversa.<\/p>\n<p>\u00abEl L\u00f3gos se hizo carne&#8230; y vimos su gloria\u00bb (1,14): tenemos una primera afirmaci\u00f3n grandiosa, henchida de muchos significados. Jes\u00fas es el revelador porque es la Palabra hecha carne. En \u00e9l el mundo de Dios se ha hecho humano, visible, accesible. La palabra de Dios se ha hecho presente en la fragilidad, en el devenir y en la historicidad de la carne. Jes\u00fas es la revelaci\u00f3n de Dios; pero es una revelaci\u00f3n que ocurre en la \u00abcarne\u00bb, es decir, de una forma velada, en muchos aspectos cargada de relatividad y debilidad. Dios no ha elegido una manifestaci\u00f3n gloriosa en el sentido de una transparencia l\u00facida a trav\u00e9s de la cual ser\u00ed\u00ada posible contemplar directamente lo divino; al contrario, es una gloria oculta, que hay que captar a trav\u00e9s de los \u00absignos\u00bb, que hay que alcanzar penetrando dentro de la historia.<\/p>\n<p>La segunda parte de la afirmaci\u00f3n (\u00abvimos su gloria\u00bb) est\u00e1 firmemente unida con la primera (\u00ab&#8230; Y el L\u00f3gos se hizo carne\u00bb). Al gesto de Dios sigue la respuesta de la fe, aqu\u00ed\u00ad descrita en t\u00e9rminos de visi\u00f3n. Pero es una visi\u00f3n justamente en la fe. Contemplar no indica un ver m\u00ed\u00adstico, que tiene lugar huyendo de la realidad y de la historia; indica, al contrario, un ver hist\u00f3rico y real, como hist\u00f3rico y real es el advenimiento de Jes\u00fas. Pero un ver que se hace penetrante por la fe y posible s\u00f3lo en la fe. Para percatarse de la gloria hay que superar el desconcierto de la encarnaci\u00f3n y de la cruz. Pues el t\u00e9rmino \u00abgloria\u00bb conduce rectamente a la humanidad de Jes\u00fas y a los signos de que ha sembrado \u00e9l su vida; pero sobre todo conduce a la cruz y la resurrecci\u00f3n, que Juan llama justamente \u00abglorificaci\u00f3n\u00bb. En su humanidad y en toda su existencia, Jes\u00fas ha revelado a Dios; pero esta manifestaci\u00f3n (\u00abgloria\u00bb) alcanz\u00f3 su punto culminante en la cruz. Por eso el recuerdo fijo del creyente de todos los tiempos es Cristo traspasado: \u00abVer\u00e1n al que traspasaron\u00bb (19,37).<\/p>\n<p>La Palabra hecha carne est\u00e1 llena de \u00abgracia y verdad\u00bb. La expresi\u00f3n se reitera en 1,17: \u00abLa gracia y la verdad vinieron (egh\u00e9neto) por Jesucristo\u00bb. La realidad divina -enti\u00e9ndasela como quiera, la verdad juanista no es simplemente el plano de salvaci\u00f3n, sino que involucra tambi\u00e9n la vida de Dios- se ha manifestado mediante un acontecimiento hist\u00f3rico. El camino es inverso respecto al plat\u00f3nico. En Plat\u00f3n hay que abandonar la historia para refugiarse en el mundo de las ideas invisibles; ah\u00ed\u00ad est\u00e1 la verdad. Para Juan, en cambio, lo invisible se ha hecho historia; y la verdad no es la conclusi\u00f3n del discurso (l\u00f3gos) del hombre, sino del don del discurso (L\u00f3gos) de Dios.<\/p>\n<p>Dios se revela en Jes\u00fas, y solamente en Jes\u00fas. \u00abLa ley fue dada por Mois\u00e9s, pero la gracia y la verdad vinieron por Cristo Jes\u00fas\u00bb (v. 17): es una afirmaci\u00f3n pol\u00e9mica frente a los jud\u00ed\u00ados y a su absolutizaci\u00f3n de la ley; no la ley, sino Jes\u00fas es la revelaci\u00f3n \u00faltima y defir&#8217;tiva de Dios. La afirmaci\u00f3n sucesiva (v. 18) prolonga la pol\u00e9mica, excluyendo toda pretensi\u00f3n de revelaci\u00f3n: \u00abA Dios nadie lo ha visto jam\u00e1s; el Hijo \u00fanico, que est\u00e1 en el Padre, nos lo ha dado a conocer\u00bb. Es una afirmaci\u00f3n muy densa; ante todo dice que el hombre por s\u00ed\u00ad, en su estado de confusi\u00f3n, no sabe qui\u00e9n es Dios; luego, que la revelaci\u00f3n hasta Cristo no lo ha revelado a\u00fan plenamente; finalmente, que en Cristo Dios se ha dado a conocer plenamente. El esfuerzo del hombre, sus investigaciones filos\u00f3ficas y religiosas no son capaces de arrancar a Dios de su invisibilidad. S\u00f3lo el Hijo de Dios, justamente porque viene de Dios (\u00abvive en su seno\u00bb) puede levantar el velo. La legitimaci\u00f3n de la misi\u00f3n reveladora de Jes\u00fas radica en su vida en el seno de la Trinidad (v. 1): \u00e9l es la Palabra junto a Dios y dirigida al Padre en actitud de escucha. La escucha y la obediencia son la estructura \u00ed\u00adntima del Hijo. Por eso en su aventura humana no har\u00e1 otra cosa que obedecer a la voluntad del Padre (4,34). En el seno de la Trinidad, lo mismo que en su existencia humana, el Hijo es la transparencia del Padre.<\/p>\n<p>Se nota en la obra juanista una paradoja del mayor inter\u00e9s. Por una parte, la gran importancia concedida a la visi\u00f3n como instrumento de b\u00fasqueda religiosa. \u00abVen y ver\u00e1s\u00bb (1,46) es la primera invitaci\u00f3n que hace Jes\u00fas al disc\u00ed\u00adpulo. Y en los discursos de adi\u00f3s: \u00abDentro de poco el mundo no me ver\u00e1 m\u00e1s, pero vosotros me ver\u00e9is\u00bb (14,18-19); \u00abAl que me ama lo amar\u00e1 mi Padre, y yo tambi\u00e9n lo amar\u00e9 y me manifestar\u00e9 a \u00e9l\u00bb (14,21); \u00abUn poco, y ya no me ver\u00e9is; y otro poco, y me ver\u00e9is\u00bb (16,16). Todos estos pasajes aluden no s\u00f3lo a las apariciones del resucitado, sino m\u00e1s en general al tiempo de la Iglesia; y no se refieren s\u00f3lo a los disc\u00ed\u00adpulos, sino a los creyentes.<\/p>\n<p>Por otra parte est\u00e1n las reiteradas afirmaciones de que \u00aba Dios nadie lo ha visto\u00bb (1,18; 5,37; 6,46; cf 1Jn 3:6; 1Jn 4:12; 1Jn 4:20). Con esta aparente contradicci\u00f3n Juan intenta responder a una pregunta, y al mismo tiempo corregirla: \u00bfC\u00f3mo y d\u00f3nde puedo encontrar a Dios? No en una visi\u00f3n directa y personal, como algunos afirmaban que la hab\u00ed\u00adan tenido, ni a trav\u00e9s de las t\u00e9cnicas de la contemplaci\u00f3n helen\u00ed\u00adstica, sino \u00fanicamente en el Cristo hist\u00f3rico, que en el tiempo de la Iglesia es el Cristo predicado en la comunidad y consignado por escrito en el evangelio. En 1,18 afirma el evangelista la invisibilidad de Dios no como principio filos\u00f3fico, sino m\u00e1s bien como la comprobaci\u00f3n de un hecho permanente (el verbo est\u00e1 en perfecto). La afirmaci\u00f3n parece inspirarse en la tradici\u00f3n sapiencial (cf Sir 18:4; Sir 43:31; Sab 9:16-17; Pro 30:4) y parece responder a ella y concluirla. Se preguntaba el Sir\u00e1cida: \u00ab\u00bfQui\u00e9n ha contemplado a Dios y podr\u00e1 describirlo?\u00bb Juan responde: el Hijo unig\u00e9nito que viene de Dios, que ha visto a Dios y sigue vi\u00e9ndolo, nos ha hablado de \u00e9l (el verbo est\u00e1 en aoristo; por tanto, una revelaci\u00f3n hist\u00f3rica, ocurrida en un tiempo determinado). El Hijo, y s\u00f3lo \u00e9l, es el exegeta del Padre. A Felipe, que aspiraba a una iniciaci\u00f3n religiosa m\u00e1s alta y m\u00e1s convincente (\u00abMu\u00e9stranos al Padre\u00bb) la responde Jes\u00fas: \u00abEl que me ve a m\u00ed\u00ad ve al Padre\u00bb (14,8-9). El Padre no es accesible m\u00e1s que al Hijo y en el Hijo.<\/p>\n<p>Pero en este punto hay que tomar en consideraci\u00f3n una tercera afirmaci\u00f3n del pr\u00f3logo; pues, de lo contrario, el discurso ser\u00ed\u00ada gravemente unilateral: \u00abExist\u00ed\u00ada la luz verdadera, que con su venida a este mundo ilumina a todo hombre\u00bb (1,9). La luz de la Palabra est\u00e1 presente en el mundo entero y se manifiesta a todo hombre, ofreci\u00e9ndole una posibilidad concreta de encuentro que hace responsable el rechazo (v. 10). Decir que s\u00f3lo en Jes\u00fas se ha revelado Dios no significa afirmar que en las dem\u00e1s partes s\u00f3lo hay tinieblas. Pero no est\u00e1 la plenitud de la verdad. La Palabra hecha carne es el momento de m\u00e1xima condensaci\u00f3n de una luz que brilla ante todo hombre. En cierto sentido, la universalidad de la revelaci\u00f3n precede a la encarnaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El pr\u00f3logo no nos dice en qu\u00e9 consiste el secreto \u00ed\u00adntimo de Dios, que s\u00f3lo en Jes\u00fas se ha manifestado. La revelaci\u00f3n de este secreto est\u00e1 confiada a la narraci\u00f3n evang\u00e9lica en su totalidad, que tiene su punto de m\u00e1xima claridad en la oraci\u00f3n sacerdotal (c. 17). En el centro de la oraci\u00f3n hay un n\u00facleo yo\/t\u00fa, es decir, la mutua inmanencia entre el Padre y el Hijo, n\u00facleo que se abre en un movimiento de expansi\u00f3n: los disc\u00ed\u00adpulos (17,11), todos los que han de creer a trav\u00e9s de su palabra (17,20-21), el mundo (17,23). Obs\u00e9rvese que lo que se revela no es solamente una verdad relativa a Dios, sino una verdad que nos concierne a nosotros; pues se trata, no s\u00f3lo del di\u00e1logo entre el Padre y el Hijo, sino de nuestra inserci\u00f3n en aquel di\u00e1logo suyo: \u00abQue todos sean una sola cosa, como t\u00fa, Padre, est\u00e1s en m\u00ed\u00ad y yo en ti&#8230; Yo en ellos y t\u00fa en m\u00ed\u00ad, para que sean perfectos en la unidad&#8230; El amor que t\u00fa me tienes est\u00e9 en ellos y yo tambi\u00e9n est\u00e9 con ellos\u00bb (17,21.23.26). El objeto de la revelaci\u00f3n es, pues, al mismo tiempo la verdad de Dios y la verdad del hombre: la unidad entre el Padre y el Hijo y nuestra participaci\u00f3n en su di\u00e1logo de conocimiento y de amor.<\/p>\n<p>Nos queda un \u00faltimo tema esencial. No se puede comprender la concepci\u00f3n juanista de la revelaci\u00f3n, si no se capta la centralidad del [\/ Esp\u00ed\u00adritu II]. Para el evangelista no hay posibilidad de comprender a Jes\u00fas y su palabra, de ser testigos suyos, de participar en la vida divina, de entrar en comuni\u00f3n con el Padre sin el don del Esp\u00ed\u00adritu. Funci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu es interiorizar y actualizar la palabra de Jes\u00fas: \u00abEl defensor, el Esp\u00ed\u00adritu Santo, el que el Padre enviar\u00e1 en mi nombre, \u00e9l os lo ense\u00f1ar\u00e1 todo y os recordar\u00e1 todo lo que os he dicho\u00bb (14,26); \u00abMuchas cosas tengo que deciros todav\u00ed\u00ada, pero ahora no est\u00e1is capacitados para entenderlas. Cuando venga \u00e9l, el Esp\u00ed\u00adritu de la verdad, os guiar\u00e1 a la verdad completa. Pues no os hablar\u00e1 por su cuenta, sino que os dir\u00e1 lo que ha o\u00ed\u00addo&#8230; El me honrar\u00e1 a m\u00ed\u00ad, porque recibir\u00e1 de lo m\u00ed\u00ado y os lo anunciar\u00e1\u00bb (16,12-14). La relaci\u00f3n entre el Esp\u00ed\u00adritu y la palabra de Jes\u00fas es profunda y circular. Por una parte, sin el Esp\u00ed\u00adritu las palabras de Jes\u00fas quedan incomprendidas (\u00abahora no est\u00e1is capacitados para entenderlas\u00bb), inertes; no aparecen como verdaderamente son, palabras de Dios (cf 6,62-64). Por otra parte, el Esp\u00ed\u00adritu est\u00e1 ligado a las palabras de Jes\u00fas en un cierto sentido y subordinado a ellas; no dice palabras propias, sino que repite las dichas ya por Jes\u00fas (\u00abNo hablar\u00e1 por su cuenta, sino que os dir\u00e1 lo que ha o\u00ed\u00addo\u00bb). El Esp\u00ed\u00adritu no se aparta de la tradici\u00f3n hist\u00f3rica de Jes\u00fas y de la tradici\u00f3n eclesial que la contin\u00faa. La ense\u00f1anza del Esp\u00ed\u00adritu es la misma ense\u00f1anza de Jes\u00fas (\u00abos recordar\u00e1&#8230;\u00bb). Mejor, la ense\u00f1anza que es Jes\u00fas. Pues lo que importa comprender (y que el Esp\u00ed\u00adritu descubre) es la persona de Jes\u00fas y su comuni\u00f3n con el Padre. Sin embargo, la ense\u00f1anza del Esp\u00ed\u00adritu no es recuerdo repetido, no es simple memoria. No a\u00f1ade nada a la revelaci\u00f3n de Jes\u00fas, pero la interioriza y la hace presente en toda su plenitud. Por esto precisa Juan: \u00abOs guiar\u00e1 hacia y dentro de la plenitud de la verdad\u00bb (tal es el sentido de la expresi\u00f3n griega). Por tanto, una revelaci\u00f3n interior, viva, actual y progresiva. No una progresiva acumulaci\u00f3n de conocimientos, sino un progresivo viaje hacia el centro: desde el exterior hacia el interior, desde la periferia al centro, desde un conocimiento de o\u00ed\u00addas a una comprensi\u00f3n personal, actual y transformante. El Esp\u00ed\u00adritu transforma la revelaci\u00f3n de Jes\u00fas de objetiva en personal, de hist\u00f3rica en contempor\u00e1nea. As\u00ed\u00ad como Jes\u00fas es la verdad, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n el Esp\u00ed\u00adritu es la verdad: Jes\u00fas, porque es la encarnaci\u00f3n hist\u00f3rica de la verdad; el Esp\u00ed\u00adritu, porque nos la comunica.<\/p>\n<p>IV. LAS ESTRUCTURAS DE LA REVELACI\u00ed\u201cN. Al t\u00e9rmino de esta lectura anal\u00ed\u00adtica de muchas p\u00e1ginas b\u00ed\u00adblicas, en la cual hemos visto articularse la concepci\u00f3n de la revelaci\u00f3n, es oportuno recoger en s\u00ed\u00adntesis sus rasgos m\u00e1s cualificados y constantes.<\/p>\n<p>La revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica tiene una estructura hist\u00f3rica. Ha ocurrido en la historia, tiene una historia y se manifiesta por medio de la palabra. Aunque pretende ser universal y est\u00e1 destinada a los hombres de todos los tiempos, la Biblia registra un discurso de Dios situado: sucedido en un tiempo y en un ambiente, encarnado en un determinado lenguaje y en una determinada cultura. Su origen divino y su vocaci\u00f3n a la universalidad no eximen a la revelaci\u00f3n de las leyes de la historia, y de esto la Biblia no siente el menor embarazo. Origen divino y universalidad no eliminan la presencia de elementos caducos y particulares, contingentes, por lo cual no sustraen a la palabra de Dios a continuas exigencias de mediaci\u00f3n y de interpretaci\u00f3n. En esta profunda historicidad de la revelaci\u00f3n encuentran su justificaci\u00f3n las estructuras de mediaci\u00f3n tales como la Escritura, la Iglesia y el magisterio. Protagonista invisible y principal de la interpretaci\u00f3n y de la transmisi\u00f3n de la revelaci\u00f3n es, sin embargo, siempre el Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de situado en la historia, el discurso de Dios es progresivo, diseminado en el tiempo. La revelaci\u00f3n no apareci\u00f3 de golpe, ya concluida, sino que sigui\u00f3 la progresi\u00f3n de un camino, con un principio, un desarrollo y un t\u00e9rmino, solicitado cada vez por el mismo cambio de las situaciones hist\u00f3ricas. El camino de la revelaci\u00f3n es progresivo y coherente, y encuentra su cumplimiento en Cristo. Mas esto no significa que el progreso de la revelaci\u00f3n se haya verificado sin tensiones ni retrocesos. Tambi\u00e9n en esto la revelaci\u00f3n ha aceptado plenamente las leyes de la historia. Por su parte, el camino no se ha hecho tanto en virtud de revelaciones siempre nuevas, a\u00f1adidas cada vez desde el exterior, sino m\u00e1s bien en virtud de un desarrollo interior, a partir de un n\u00facleo b\u00e1sico, rico en virtualidades y orientado ya hacia su plenitud.<\/p>\n<p>Situada en la historia y encaminada hacia un cumplimiento, la revelaci\u00f3n ha tenido lugar mediante la historia y la `palabra\u00bb estrechamente unidas. Dios obra y comenta su acci\u00f3n. La revelaci\u00f3n no es una simple serie de palabras, pero tampoco simplemente una serie de acciones. No existe antagonismo alguno entre la historia y la \u00abpalabra\u00bb. Los hechos son ciertamente siempre m\u00e1s ricos que las palabras que los interpretan; pero permanecer\u00ed\u00adan mudos o ambiguos sin la palabra que los interpreta. En cierto sentido es la palabra la que est\u00e1 en el centro. Pues la palabra de Dios hace la historia, la dirige y la interpreta. Simplificando, podemos describir de este modo el proceso revelador: el acontecimiento hist\u00f3rico, la iluminaci\u00f3n interior que da al profeta o a la comunidad la inteligencia del acontecimiento, la palabra oral o escrita que relata y transmite el acontecimiento interpretado.<\/p>\n<p>La revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica tiene una estructura de mediaci\u00f3n. No est\u00e1 directa e inmediatamente dirigida a cada hombre, aunque no le falta una dimensi\u00f3n interior y personal (la atracci\u00f3n del Padre y la presencia del Esp\u00ed\u00adritu). Mediata, no s\u00f3lo porque llega a nosotros a trav\u00e9s de los profetas y de los ap\u00f3stoles; no s\u00f3lo por ser hist\u00f3rica y particular, y por tanto necesitada de mediaciones para ser transmitida y actualizada, sino tambi\u00e9n porque -ya en su mismo formarse-est\u00e1 mediatizada por la experiencia del hombre que la acoge. No hay contraposici\u00f3n entre la iniciativa de Dios y la experiencia del hombre. La revelaci\u00f3n es un entrelazado, por as\u00ed\u00ad decirlo, de movimiento horizontal y vertical, de iniciativa libre y gratuita de Dios y de reflexi\u00f3n del hombre. Los acentos, obviamente, son diferentes seg\u00fan los casos.<\/p>\n<p>La revelaci\u00f3n tiene una estructura dial\u00f3gica y personal. Es un encuentro dial\u00f3gico entre dos personas que hablan y se comunican entre s\u00ed\u00ad, una (Dios) como autopresentaci\u00f3n y la otra (el hombre) como escucha obediencial. Es un di\u00e1logo profundo, vital; y no s\u00f3lo intercambio de conocimientos. Dios habla con el hombre para salvar al hombre y hacerlo part\u00ed\u00adcipe de su propia vida. Por eso la revelaci\u00f3n es simult\u00e1neamente teol\u00f3gica y antropol\u00f3gica: revela el pensamiento de Dios sobre el hombre; o mejor, el misterio de Dios y la vocaci\u00f3n del hombre. Los dos aspectos se identifican; el hombre es llamado justamente a conocer y participar del misterio de Dios. Esto sobre todo en el NT. Dios revela su designio sobre el hombre y sobre la historia, dicta las normas de conducta, explica los acontecimientos en los cuales le es dado al hombre vivir; pero no s\u00f3lo eso. Dios se revela a s\u00ed\u00ad mismo. En Cristo, Dios se revela como una comuni\u00f3n de personas, un di\u00e1logo de conocimiento y de amor; y el hombre, en la fe, es insertado en ese di\u00e1logo. La revelaci\u00f3n manifiesta con ello una estructura trinitaria. El di\u00e1logo de Dios con el hombre, es decir, la revelaci\u00f3n, es la traducci\u00f3n al exterior de un di\u00e1logo de Dios en el interior. Las tres personas est\u00e1n en el origen, con modalidades propias, de la revelaci\u00f3n: la iniciativa del Padre, la manifestaci\u00f3n en Cristo, la interpretaci\u00f3n y la actualizaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu. Y son el objeto \u00faltimo de la revelaci\u00f3n, el punto hacia el cual tend\u00ed\u00ada todo el camino.<\/p>\n<p>La revelaci\u00f3n tiene una estructura cristol\u00f3gica. Cristo es el revelador y el revelado. Es la perfecta manifestaci\u00f3n de Dios; y por eso en \u00e9l encuentra la revelaci\u00f3n su cumplimiento. El largo camino del AT encuentra en \u00e9l su punto de llegada. Los esquemas -sustancialmente b\u00ed\u00adblicos- que intentan expresar esta relaci\u00f3n son m\u00faltiples y signo de su complejidad: continuidad\/novedad, preparaci\u00f3n\/cumplimiento, figura\/realidad, promesa\/realizaci\u00f3n. Todos estos esquemas ponen en claro dos cosas: que el AT es una espera de Cristo; que, sin embargo, el AT no es s\u00f3lo espera, sino ya realidad, aunque sea abierta e incompleta [\/ Teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica III-IV].<\/p>\n<p>Aunque revelaci\u00f3n definitiva, escatol\u00f3gica y \u00faltima, la de Cristo es siempre una revelaci\u00f3n en la fe. Por eso subsiste la tensi\u00f3n hacia la plenitud de la visi\u00f3n. Un pasaje de la primera carta de Juan expresa mejor que ning\u00fan otro esta tensi\u00f3n entre el presente y el futuro, lo que ya somos y lo que se manifestar\u00e1. \u00abDesde ahora somos hijos de Dios, y a\u00fan no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a \u00e9l, porque le veremos tal y como es\u00bb (3,2).<\/p>\n<p>BIBL.: AA.VV., R\u00e9v\u00e9lation deDieu et langage des hommes, Cerf, Par\u00ed\u00ads 1972; AA.VV., La r\u00e9v\u00e9lation dans 1 \u00e9criture, la patristique, la scolastique, Cerf, Par\u00ed\u00ads 1974; ALFARO J., Revelaci\u00f3n cristiana. 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Maggioni<\/p>\n<p>P Rossano &#8211; G. Ravasi &#8211; A, Girlanda, Nuevo Diccionario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, San Pablo, Madrid 1990<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda B\u00edblica<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO:<br \/>\n1. Introducci\u00f3n;<br \/>\n2. Premisas metodol\u00f3gicas;<br \/>\n3. Revelaci\u00f3n veterotestamentaria;<br \/>\n4. La revelaci\u00f3n en el NT;<br \/>\n5. El tema de la revelaci\u00f3n en los padres de la Iglesia;<br \/>\n6. Las declaraciones del magisterio;<br \/>\n7. Reflexi\u00f3n sistem\u00e1tica: singularidad de la revelaci\u00f3n cristiana;<br \/>\n8. Rasgos espec\u00ed\u00adficos de la revelaci\u00f3n cristiana;<br \/>\n9. Conclusiones<br \/>\nR. Latourelle<\/p>\n<p>1. INTRODUCCI\u00ed\u201cN. En el contexto del pensamiento contempor\u00e1neo, el tema de la revelaci\u00f3n se encuentra en la encrucijada de todas las cuestiones y de todas las discusiones. En efecto, el hombre occidental discute la pretensi\u00f3n del cristianismo, que se presenta como la revelaci\u00f3n absoluta. Por otra parte, el juda\u00ed\u00adsmo, el islam y el hinduismo tienen la misma pretensi\u00f3n. El hombre poscristiano, sobre todo occidental, ateo o indiferente, decepcionado, amargado o rebelde, que procede de una civilizaci\u00f3n forjada por el cristianismo, pero que se ha vuelto exang\u00fce y es incapaz de engendrar otra cosa que no sea el vac\u00ed\u00ado y el sinsentido, no ve ya lo que el cristianismo podr\u00ed\u00ada todav\u00ed\u00ada aportarle, teniendo en cuenta sobre todo que muestra una ignorancia abismal.<\/p>\n<p>Una crisis de tales dimensiones no puede superarse con paliativos, sino con un redescubrimiento de esa intervenci\u00f3n desconcertante, inaudita, de Dios en la carne y el lenguaje de Cristo. En tiempos del imperio romano, el cristianismo tuvo que enfrentarse con el paganismo; esta vez se las tiene que ver con el hombre poscristiano, que ha abandonado o traicionado a Cristo. El primero ven\u00ed\u00ada a Cristo; el segundo tiene que convertirse y volver a \u00e9l. Como se dijo en el s\u00ed\u00adnodo de 1985 y en la exhortaci\u00f3n Christifideles laici, el hombre occidental necesita una \u00absegunda evangelizaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Efectivamente, el cristianismo tiene algo que decir al hombre de hoy, en particular al hombre de Occidente, y ese algo es decisivo. Si no fuera capaz de dec\u00ed\u00adrselo, ning\u00fan poder en la tierra, ninguna ideolog\u00ed\u00ada, ninguna religi\u00f3n ser\u00ed\u00ada capaz de suplantarlo. Por ser Cristo la teofan\u00ed\u00ada suprema,&#8217;el Dios revelador y el Dios revelado, el \u00abuniversal concreto\u00bb, ocupa una posici\u00f3n \u00fanica que distingue al cristianismo de todas las dem\u00e1s religiones que se dicen reveladas y que le discuten sus pretensi\u00f3n central. Es la \u00fanica religi\u00f3n cuya revelaci\u00f3n se encarna en una persona que se presenta como la verdad viva y absoluta, que recoge y unifica en s\u00ed\u00ad todos los aspectos de la verdad que jalonan la historia de la humanidad: la trascendencia de la verdad que caracteriza a las corrientes plat\u00f3nicas, la historicidad de la verdad que caracteriza al pensamiento moderno y contempor\u00e1neo, la interioridad de la verdad destacada por las diversas formas del existencialismo. Cristo no es un simple fundador de religi\u00f3n; es a la vez inmanente a la historia de los hombres y el trascendente absoluto. Por eso es el \u00fanico mediador de sentido, el \u00fanico exegeta del hombre y de sus problemas.<\/p>\n<p>Ayudar al hombre contempor\u00e1neo a descubrir en todo su frescor esa realidad primordial del cristianismo que es la revelaci\u00f3n, captar su especificidad, no es una cuesti\u00f3n de opci\u00f3n libre para el te\u00f3logo que quiera ser a la vez contextual y sistem\u00e1tico, sino una necesidad natural.<br \/>\n2. PREMISAS METODOL\u00ed\u201cGICAS.<\/p>\n<p>Pero no es una tarea f\u00e1cil lo que parece ser un servicio necesario. La primera dificultad proviene del distinto \u00e1ngulo de aproximaci\u00f3n que escogen los propios te\u00f3logos. En efecto, cierto n\u00famero de te\u00f3logos, cat\u00f3licos o protestantes, a fuerza de \u00abproblematizar\u00bb, han \u00abentenebrecido\u00bb tanto la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica que han logrado \u00abvelar\u00bb esa realidad que, parad\u00f3jicamente, se llama \u00abrevelaci\u00f3n\u00bb o \u00abdesvelamiento\u00bb. El hecho es que han escogido, como punto de partida, lo inexplicado para iluminar lo explieante. En vez de dejarse llevar por la corriente misma de la revelaci\u00f3n para escuchar lo que ella dice de s\u00ed\u00ad misma, han partido de presupuestos teol\u00f3gicos.<\/p>\n<p>1) Tal es el caso de te\u00f3logos protestantes como K. Barth, R. Bultmann, W. Pannenberg. Desde el principio, su reflexi\u00f3n est\u00e1 condicionada por una teolog\u00ed\u00ada de la fe, de la historia, de la existencia humana. Algunos te\u00f3logos cat\u00f3licos, excesivamente influidos por esta teolog\u00ed\u00ada reciente, han elaborado su reflexi\u00f3n sobre la revelaci\u00f3n dentro de las perspectivas de la teolog\u00ed\u00ada dial\u00e9ctica, de la hermen\u00e9utica existencial, de la teolog\u00ed\u00ada de la praxis, en vez de acudir a las tradiciones b\u00ed\u00adblicas y patr\u00ed\u00adsticas, menos sistem\u00e1ticas sin duda, pero m\u00e1s cercanas a la fuente en su brotar original.<\/p>\n<p>2) Otros te\u00f3logos han escogido como punto de partida el fen\u00f3meno universal de las religiones. Observando que todas ellas se dicen religiones de revelaci\u00f3n, con modelos parecidos (mediadores, ritos, instituciones), concluyen que la revelaci\u00f3n cristiana es la forma superior de una experiencia com\u00fan. Este comparatismo religioso corre el riesgo de caer en las posiciones reductivas de Schleiermacher y de Sabatier o en las posiciones m\u00e1s avanzadas del modernismo. La fe cristiana tiene \u00ablugares\u00bb normativos -como el don de Cristo- que desaf\u00ed\u00adan toda espera y toda experiencia humana.<\/p>\n<p>3) Otros, en vez de partir del \u00abuniversal concreto\u00bb, a saber: Cristo, creen preferible poner primero un tel\u00f3n de fondo, a saber: la \u00abrevelaci\u00f3n trascendental\u00bb, la gracia universal de la salvaci\u00f3n concedida a todo hombre que viene a este mundo. La revelaci\u00f3n cr\u00ed\u00adstica o \u00abespecial\u00bb aparece entonces como un episodio m\u00e1s importante, un momento m\u00e1s intenso de esta revelaci\u00f3n universal. En vez de partir del universal concreto y conocido, se parte del universal oculto e indeterminado, que escapa a la comprensi\u00f3n de la conciencia humana. Ni la Escritura ni los documentos del magisterio adoptan esta perspectiva.<\/p>\n<p>4) Finalmente, otros se dejan guiar por los vocablos, concretamente por la palabra revelar (apokalyptein). Pero tambi\u00e9n los vocablos son un terreno con trampas. Si es verdad que el t\u00e9rmino \u00abrevelaci\u00f3n\u00bb se ha convertido en el t\u00e9rmino t\u00e9cnico para designar la automanifestaci\u00f3n y la autodonaci\u00f3n de Dios en Jesucristo, no ocurre lo mismo en las fuentes b\u00ed\u00adblicas. As\u00ed\u00ad, en el AT, revelar-revelaci\u00f3n tiene un eco apocal\u00ed\u00adptico indiscutible y cubre tan s\u00f3lo parcialmente una realidad mucho m\u00e1s amplia. En el NT hay una constelaci\u00f3n de unas treinta palabras que sirven para describir la revelaci\u00f3n en su aspecto activo o pasivo. En el AT el t\u00e9rmino palabra prevalece sobre el de revelaci\u00f3n, ampli\u00e1ndose en el NT hasta convertirse en el Logos de san Juan. La verdad es que el t\u00e9rmino evangelio es el que m\u00e1s se acerca al sentido actual de revelaci\u00f3n. Si la presencia de los vocablos tiene que mantenernos alerta, no puede ser suficiente.<\/p>\n<p>5) \u00bfEstamos, entonces, en un callej\u00f3n sin salida? \u00bfEs imposible definir esa realidad polivalente que llamamos revelaci\u00f3n? Creo que podemos apelar a dos criterios de discernimiento:<br \/>\na) \u00bfEncontramos en la tradici\u00f3n cristiana lo que hoy se indica con el t\u00e9rmino preciso y t\u00e9cnico de revelaci\u00f3n, tal como se propone, por ejemplo, en la Dei Verbum? No se trata de forzar los textos para hacerles decir lo que comprendemos hoy, sino de ver si, ya en el origen, no habr\u00e1 un surco luminoso, lejano al principio, apenas perceptible, como una serie de puntos claroscuros y separados, cuya unidad percibe con dificultad el ojo, pero que acaban estableciendo unos puentes, luego una l\u00ed\u00adnea cada vez m\u00e1s firme, cada vez m\u00e1s brillante, hasta convertirse en la luz deslumbradora que es Cristo, mediador y plenitud de la revelaci\u00f3n (DV 2,4). La l Dei Verbum, que es un punto de llegada, se parece a un faro que al que busca le evita perderse por caminos sin salida: va \u00abjalonando\u00bb su b\u00fasqueda.<\/p>\n<p>b) El segundo criterio llama la atenci\u00f3n sobre la realidad que responde a lo que llamamos revelaci\u00f3n. Comprobamos entonces con sorpresa la extra\u00f1a diversidad de vocablos que corresponden a la fe. As\u00ed\u00ad Jes\u00fas proclama el evangelio y dice: \u00abCreed en el evangelio\u00bb (Mc 1,15); predica, ense\u00f1a e invita a la fe (Mc 6,2.5); da testimonio, .aunque no se crea en su testimonio (Jn 1,1; 3,32); habla y dice la verdad, pero los jud\u00ed\u00ados no creen (Jn 8,46-47). A su vez; los ap\u00f3stoles dan testimonio, predican, ense\u00f1an e invitan a la fe en Cristo resucitado (He 2,41). San Pablo dice: \u00abPues bien, tanto ellos como yo, esto es lo que predicamos y lo que hab\u00e9is cre\u00ed\u00addo\u00bb (1Cor 15,11). El misterio oculto y luego revelado se manifiesta y se notifica a todos los pueblos \u00abpara que abracen la fe\u00bb (Rom 16,25-26). Tanto en el AT como en el NT, Dios habla para ser escuchado (Heb 12,25) y cre\u00ed\u00addo (Heb 4,2). Tan s\u00f3lo un t\u00e9rmino designa la respuesta del hombre: la fe, que responde a la acci\u00f3n reveladora de Dios, que se expresa por m\u00faltiples conceptos, ya que ante el misterio de Dios el hombre no puede hacer m\u00e1s que multiplicar los intentos de aproximaci\u00f3n y balbucear lo que capta de \u00e9l.<\/p>\n<p>Para definir la revelaci\u00f3n utilizaremos el doble criterio que hemos propuesto. No se trata evidentemente de repetir, en el marco de un art\u00ed\u00adculo, las encuestas b\u00ed\u00adblicas, patr\u00ed\u00adsticas, teol\u00f3gicas ya hechas en el TW, en el DBS, en los dos fasc\u00ed\u00adculos del Handbuch der Dogmengeschichte o en las monograf\u00ed\u00adas elaboradas sobre la teolog\u00ed\u00ada de la revelaci\u00f3n. Por otra parte, una sistematizaci\u00f3n de la revelaci\u00f3n sin una perspectiva diacr\u00f3nica ser\u00ed\u00ada muy pobre. Adem\u00e1s, los lectores de un diccionario no siempre tienen acceso a esas obras de gran envergadura, ni siquiera tiempo para recorrerlas. Escogemos una soluci\u00f3n media: la que consiste en subrayar los puntos de continuidad y de discontinuidad, en indicar los \u00e1ngulos de aproximaci\u00f3n, los puntos de relieve, los exegetas principales, responsables de nuevas orientaciones. No siempre se ha efectuado este tipo de operaci\u00f3n, a pesar de que suele ser el primer objeto de las peticiones del lector; as\u00ed\u00ad pues, sincron\u00ed\u00ada y diacron\u00ed\u00ada a la vez, prioridad de la sistematizaci\u00f3n, pero a partir de fuentes seriamente inventariadas.<\/p>\n<p>3. REVELACI\u00ed\u201cN VETEROTESTAMENTARIA. El AT no posee un t\u00e9rmino t\u00e9cnico para designar lo que llamamos \u00abrevelaci\u00f3n\u00bb, sino que utiliza un lenguaje variado. Tomada en su totalidad, como fen\u00f3meno complejo que incluye una multiplicidad de formas, de medios, de vocablos, esta revelaci\u00f3n se presenta como la experiencia de la acci\u00f3n de una fuerza inesperada, pero soberana; que modifica el curso de la historia de los pueblos y de los individuos. Sin embargo, esta acci\u00f3n no es una manifestaci\u00f3n brutal de poder, sino que se presenta como un encuentro entre uno que comunica y otro que recibe. En sentido amplio, se trata de un proceso de di\u00e1logo entre seres inteligentes, entre personas.<\/p>\n<p>1) Etapas y formas de la revelaci\u00f3n. a) Terminolog\u00ed\u00ada. El mundo oriental se serv\u00ed\u00ada de ciertas t\u00e9cnicas para intentar conocer los secretos de los dioses: adivinaci\u00f3n, sue\u00f1os, consultas de la suerte, presagios, etc. El AT conserv\u00f3 mucho tiempo algo de estas t\u00e9cnicas, purific\u00e1ndolas de sus adherencias polite\u00ed\u00adstas o m\u00e1gicas (Lev 19,26; Dt 18,10s; 1 Sam 15,23. 28), pero atribuy\u00e9ndoles cierto valor. Tambi\u00e9n es significativo que Israel se negara siempre a aceptar ciertas formas cl\u00e1sicas de t\u00e9cnicas destinadas a hacer conocer el pensamiento divino, concretamente la hepatoscopia, usada en todas partes en la m\u00e1ntica sacrificial del antiguo Oriente. Como en la mayor parte de los pueblos antiguos, los hebreos admitieron que Dios pod\u00ed\u00ada servirse de los sue\u00f1os para dar a conocer sus deseos (G\u00e9n 20,3; 28,12-15; 37,5-10; 1Sam 28,6). Jos\u00e9 posee una copa adivinatoria y destaca en la interpretaci\u00f3n de los sue\u00f1os (G\u00e9n 40-41). Pero progresivamente se distingue entre los sue\u00f1os que Dios env\u00ed\u00ada a los aut\u00e9nticos profetas (N\u00fam 12,6; Dt 13,2) y los de los adivinos profesionales, que se basan en sue\u00f1os mentirosos (Jer 23,25-32; Is 28,7-13). El AT se muestra muy reservado en lo que concierne a las visiones de Dios, directas o indirectas. En las teofan\u00ed\u00adas lo primero no es el hecho de ver a Dios, sino el de o\u00ed\u00adr su palabra. La llamada de Dios a Abrah\u00e1n se presenta como pura palabra divina (Gen 15,1 ss). Igualmente es significativo que Mois\u00e9s, que pod\u00ed\u00ada tratar con Dios como un amigo con su amigo (Ex 33,11), no pod\u00ed\u00ada ver su rostro (Ex 33,21-23). En los profetas, incluso en las visiones, las palabras son lo esencial. La revelaci\u00f3n concedida a Samuel es una audici\u00f3n (1Sam 3). En el lenguaje revelador del AT, las ra\u00ed\u00adces m\u00e1s empleadas guardan relaci\u00f3n con la acci\u00f3n de comunicar, decir, hablar, contar, de modo que la expresi\u00f3n palabra de Dios sigue siendo la expresi\u00f3n privilegiada para significar la comunicaci\u00f3n divina. Por su palabra es como Dios va introduciendo progresivamente al hombre en el conocimiento de su ser \u00ed\u00adntimo, hasta el don supremo de su Palabra hecha carne.<\/p>\n<p>b) Revelaci\u00f3n patriarcal. La revelaci\u00f3n recibe sus primeros contornos con Abrah\u00e1n y los patriarcas. Sin embargo, los relatos patriarcales no son hist\u00f3ricos\u00bb en el sentido moderno de la palabra: no son ni biograf\u00ed\u00adas, ni mitos, ni cuentos populares, ni leyendas, sino \u00abrelatos populares religiosos\u00bb: quieren hacer compartir la experiencia de un Dios de tipo particular, ya que ella fundamenta la experiencia de Israel como pueblo creyente. Habr\u00ed\u00ada podido concebirse esta experiencia como la de una iluminaci\u00f3n y un conocimiento sobre Dios, a la manera de Buda. Pero no hay nada parecido en la vida de Abrah\u00e1n, sino una serie de acontecimientos y de decisiones provocadas por Dios y por su llamada: \u00abLa palabra del Se\u00f1or fue dirigida a Abr\u00e1n\u00bb (Gen 15,1). Ese Dios es un Dios \u00abdesconcertante\u00bb, que \u00abpone en camino\u00bb: \u00abSal de tu tierra&#8230; y vete al pa\u00ed\u00ads que yo te indicar\u00e9\u00bb (Gen 12,1; 22,1-2). Abr\u00e1n vive la experiencia de una partida hacia lo desconocido, con una sola garant\u00ed\u00ada: la promesa de Dios. El sabe que Dios lo gu\u00ed\u00ada, pero en una direcci\u00f3n insospechada (Gen 15,5.6.12.17). En lo m\u00e1s profundo de esta noche de fe surge una promesa gratuita, unilateral, incondicionada: la de una descendencia innumerable (Gen 17), seguida de un cambio de nombre: Abr\u00e1n se convierte en Abrah\u00e1n, \u00abpadre de una multitud\u00bb. Esta promesa parece incluso estar en contradicci\u00f3n con los hechos, ya que Abrah\u00e1n y Sara no tienen descendencia. Pero Dios es fiel m\u00e1s all\u00e1 de lo improbable y hasta de lo imposible. Sara engendra un hijo. Mas apenas nacido Dios lo pide en sacrificio (Gen 22,1-19). En medio de las tinieblas, Abrah\u00e1n se pone en manos de Dios \u00abque ve\u00bb (Gen 22,1-14). Al Dios que se le hab\u00ed\u00ada manifestado como se\u00f1or de la historia y de la vida y como el Dios de la promesa, Abrah\u00e1n responde con una disponibilidad total: su reacci\u00f3n es la de la fe y la obediencia. Por eso Abrah\u00e1n es el \u00abpadre de los creyentes\u00bb (Rom 4,16). En esta primera etapa de la revelaci\u00f3n, prototipo de toda la revelaci\u00f3n venidera, Dios se manifiesta por su obrar en la historia: un obrar que es promesa y cumplimiento, palabra eficaz que realiza la salvaci\u00f3n que promete. Consiguientemente, a la promesa responde, no ya una \u00abgnosis sobre Dios\u00bb, sino una fe obediente.<\/p>\n<p>c) Revelaci\u00f3n mosaica. La segunda etapa decisiva de la revelaci\u00f3n se cumpli\u00f3 en el acontecimiento vivido del \u00e9xodo: un acontecimiento de salvaci\u00f3n, que libera a Israel de la esclavitud de los egipcios y que va acompa\u00f1ado de la autopresentaci\u00f3n de su autor. A1 revelar su nombre a Israel por mediaci\u00f3n de Mois\u00e9s, Dios revela no solamente que existe, sino que es el \u00fanico Dios y el \u00fanico salvador: \u00abYo soy el que soy\u00bb (Ex 3,14).<\/p>\n<p>Yhwh est\u00e1 siempre presente, activo, siempre dispuesto a salvar, y s\u00f3lo \u00e9l. Al revelar su nombre, Dios toma partido por Israel, que se convierte en su elegido y luego en su aliado. La liberaci\u00f3n, la elecci\u00f3n, la alianza, la ley, forman un todo indivisible. En efecto, la alianza y la ley no se comprenden m\u00e1s que a la luz de todo el proceso liberador que tiene en ellas su consumaci\u00f3n. Por la alianza, Yhwh, que prob\u00f3 a Israel su poder y su fidelidad, hace de este pueblo su propiedad y se convierte en el jefe de la naci\u00f3n. Las \u00abpalabras de la alianza\u00bb (Ex 20,1-17), o las \u00abdiez palabras\u00bb (los debarim: Ex 34,28), expresan el exclusivismo del Dios de Israel y las exigencias morales del Dios \u00absanto\u00bb que se al\u00ed\u00ada con un \u00abpueblo santo\u00bb. Al aceptar la alianza, Israel acepta el estilo de vida que responde a su vocaci\u00f3n. Pero la salvaci\u00f3n precede a la elecci\u00f3n, a la alianza y a la ley. En adelante, el destino de Israel est\u00e1 ligado a la voluntad de Dios hist\u00f3ricamente expresada y basada en el acontecimiento de la liberaci\u00f3n. En el \u00e9xodo, Israel ha tenido la experiencia de un encuentro; pero Yhwh no puede reducirse al acontecimiento. Por medio de Mois\u00e9s, revela su nombre y el sentido del acontecimiento. Israel emprende una existencia dialogada, situada en un contexto de llamada y de respuesta. Desde su origen, la revelaci\u00f3n posee ya su estructura de acontecimiento-significante. La dial\u00e9ctica de la promesa y del cumplimiento sigue adelante. Al revelarse como el Dios de la historia. a los patriarcas, y luego a Israel, Dios confiere ya a la revelaci\u00f3n hist\u00f3rica su dimensi\u00f3n universal.<\/p>\n<p>d) Revelaci\u00f3n prof\u00e9tica. La palabra va dirigida al pueblo; no directamente, sino por unos \u00abmediadores\u00bb (Ex 20,18). Mois\u00e9s, mediador de la . alianza y del dec\u00e1logo, es el prototipo de los profetas (Dt 34,10-12; 18, 15-18). Aunque Josu\u00e9 aparece ya como el confidente y el portavoz de Yhwh, tan s\u00f3lo a partir de Samuel (1Sam 3,1-21) se impone el profetismo, haci\u00e9ndose casi permanente, bajo una forma m\u00e1s bien carism\u00e1tica que institucional, hasta el siglo v.<\/p>\n<p>Los profetas anteriores al destierro (Am\u00f3s, Oseas, Miqueas, Isa\u00ed\u00adas) son los guardianes y los defensores de la alianza y, de la ley. Su predicaci\u00f3n es una llamada a la justicia, a la fidelidad al Dios tres veces santo; pero como Israel es infiel a las condiciones de la alianza; el dabar divino pronuncia las m\u00e1s de las veces condenaciones y anuncia castigos (Am 4,1; 5,1; Os 8,7-14; Miq 6=7; Is 1,1020; 16,13; 28,13-14; 30,12-14). Estos castigos no ser\u00e1n revocados. El tema de la irreversibilidad y de la eficacia de la palabra.de Dios se afirma claramente en Is 9,7: \u00abEl Se\u00f1or ha lanzado una orden contra Jacob y va a caer sobre Israel\u00bb. Puro dinamismo, la palabra se dispara como una flecha y produce sus efectos por etapas sucesivas.<\/p>\n<p>En la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica sobre la revelaci\u00f3n, Jerem\u00ed\u00adas ocupa un lugar importante, ya que intent\u00f3 determinar los criterios de la palabra aut\u00e9ntica de Dios. Estos criterios son: el cumplimiento de la palabra del profeta (Jer 28,9; 32,6-8), la fidelidad a Yhwh y a la religi\u00f3n tradicional (Jer 23,13-32), y, finalmente, el testimonio, muchas veces heroico, del propio profeta en su vocaci\u00f3n (Jer 1,4-6; 26,12-15).<\/p>\n<p>El Deuteronomio, que se deriva de los ambientes del norte, influidos por la predicaci\u00f3n prof\u00e9tica de los siglos ix y vIII, se encuentra en la confluencia de dos corrientes: la corriente legalista, que es la expresi\u00f3n del sacerdocio, y la corriente prof\u00e9tica. Bajo esta doble influencia se profundiza la teolog\u00ed\u00ada de la ley. El Deuteronomio vincula m\u00e1s que nunca la ley al tema de la alianza. Si Israel quiere vivir, tiene que poner en pr\u00e1ctica todas las palabras de la ley (Dt 29,28), ya que esta ley, salida de la boca de Yhwh, es fuente de vida (Dt 32,47). Pero el Deuteronomio incluye adem\u00e1s en la ley mosaica todas las cl\u00e1usulas de la alianza (Dt 28,69), es decir, todo el corpus de leyes morales, civiles, religiosas, criminales. Por fin, la palabra de la ley se \u00abinterioriza\u00bb: \u00abLa palabra est\u00e1 muy cerca de ti; est\u00e1 en tu boca, en tu coraz\u00f3n, para que la pongas en pr\u00e1ctica\u00bb (Dt 30,11-14). La ley consiste en amar a Dios con todo el coraz\u00f3n y con toda el alma (Dt 4,29).<\/p>\n<p>Paralelamente a las corrientes prof\u00e9tica y deuteron\u00f3mica, se elabora una literatura hist\u00f3rica (Jueces, Samuel, Reyes), que es de hecho una historia de la salvaci\u00f3n y una teolog\u00ed\u00ada de la historia. La alianza establecida con Yhwh y las condiciones puestas por \u00e9l suponen que el curso de los acontecimientos est\u00e1 regulado por la voluntad divina, en funci\u00f3n de las actitudes del pueblo elegido. Desde entonces, Israel no ha dejado de pensar en. su religi\u00f3n dentro de las categor\u00ed\u00adas de la historia. En definitiva, es la palabra de Dios la que hace la historia y la vuelve inteligible. Un texto importante de esta literatura hist\u00f3rica es la profec\u00ed\u00ada de Nat\u00e1n (2Sam 7), que establece el mesianismodel rey. Por esta profec\u00ed\u00ada, la dinast\u00ed\u00ada de David se convierte directamente y par\u00f3 siempre en 1a aliada de Yhwh (2Sam 7,16; 23,5), en el eje de la salvaci\u00f3n. En adelante, la esperanza de Israel se basa en el rey: el rey presente primero; y luego, un rey futuro, escatol\u00f3gico, a medida que las infidelidades del rey hist\u00f3rico van retrasando las esperanzas en un rey seg\u00fan el ideal dav\u00ed\u00addico. Esta profec\u00ed\u00ada es el punto de partida de una teolog\u00ed\u00ada, elaborada por los profetas, que es eminentemente promesa, vuelta hacia el futuro, m\u00e1s bien que una teolog\u00ed\u00ada de la alianza que presenta unas exigencias ante todo cotidianas.<\/p>\n<p>En tiempos del destierro la palabra prof\u00e9tica, sin dejar de ser palabra viva, se hace cada vez m\u00e1s palabra escrita. En este sentido, es significativo que la palabra confiada a Ezequiel est\u00e9 inscrita en un rollo que el profeta tiene que asimilar para predicar su contenido (Ez 3,1s). Un car\u00e1cter importante de la profec\u00ed\u00ada de Ezequiel es su tono pastoral. Tras la ca\u00ed\u00adda de Jerusal\u00e9n (Ez 33,1-21), Israel deja de existir como naci\u00f3n. La palabra de Yhwh se hace entonces palabra de aliento y de esperanza para los desterrados abatidos. Ezequiel emprende la formaci\u00f3n del nuevo Israel, a la manera de un director espiritual (Ez 33,1-9). Dejando entrever que la palabra que decret\u00f3 y realiz\u00f3 el castigo sigue siendo todav\u00ed\u00ada promesa fiel, Ezequielvela, sin embargo, para que nadie se enga\u00f1e sobre su naturaleza: no basta con escuchar la palabra, hay que vivir de ella (Ez 33,31).<\/p>\n<p>El D\u00e9utero-Isa\u00ed\u00adas (Is 40-55), que hay que leer en el marco del destierro, considera el dabar divino en su dinamismo a laven c\u00f3smico e hist\u00f3rico. Su soberan\u00ed\u00ada absoluta sobre la creaci\u00f3n es el fundamento y la garant\u00ed\u00ada de su acci\u00f3n omnipotente en la historia; Yhwh es el se\u00f1or de las naciones, lo mismo que de las fuerzas naturales, porque con su palabra lo ha suscitado todo de la nada. El est\u00e1 en el punto de partida y en el t\u00e9rmino de los acontecimientos: su palabra predice, suscita, cumple. Dios mantiene los polos extremos de la historia (Is 41,4; 44,6; 48,12). Y \u00e9sta es inteligible porque se desarrolla seg\u00fan un plan que la Palabra va revelando progresivamente a los hombres, sin que deje nunca de alcanzar su resultado (Is 55,10-12).<\/p>\n<p>Como vemos, si la revelaci\u00f3n del Sina\u00ed\u00ad sigue siendo el bloque central de la revelaci\u00f3n; si perdura a trav\u00e9s del AT, sobre todo en la \u00e9poca real y durante el destierro; si se va profundizando, es sobre todo gracias al profetismo. Pues bien, lo que constituye la originalidad del profeta es que ha sido objeto de una experiencia privilegiada, ordinariamente en el momento de su vocaci\u00f3n: conoce a Yhwh porque Yhwh le ha hablado y le ha confiado su palabra. Ha sido llamado a una intimidad especial con Dios; llamado a conocer sus secretos (N\u00fam 24,16-17), sus designios (Am 3,7), para convertirse en su int\u00e9rprete ante los hombres.<\/p>\n<p>Esta experiencia es la experiencia fundamental del profeta: la palabra de Yhwh est\u00e1 en \u00e9l (Jer 5,13). El profeta tiene conciencia de que no ha creado \u00e9l esta palabra; de que esta palabra no es suya, sino de Dios. Si la ha recibido, es paca transmitirla, para publicarla, anunciarla. El.es la boca de Yhwh (Jer 15,19; Ez 7,1-2), el hombre de la palabra (Jer 18,18). Vive entre los hombres como el int\u00e9rprete autorizado por Dios de todo lo que sucede en el universo (tempestades, cataclismos, hambres, prosperidad), en el mundo de los humanos (pecados, muertes, obstinaci\u00f3n) y en la historia (derrotas, \u00e9xitos, sucesi\u00f3n de los imperios). Conviene subrayar el car\u00e1cter objetivo y din\u00e1mico de esta palabra. Su primer efecto est\u00e1 en el profeta mismo que la recibe. Act\u00faa en \u00e9l como un fuego devorador (Jer 20,8-9), como una fuerza irresistible (Jer 20,8-9), como una luz deslumbradora. Yhwh ha hablado: el profeta ha de dar testimonio de ello. Tal es la experiencia de Am\u00f3s (Am 3,8); de Jerem\u00ed\u00adas (Jer 20,7-8), de Isa\u00ed\u00adas (Is 8, 11), de Ezequiel (Ez 3,14), de El\u00ed\u00adas (1 Re 18,46), de Eliseo (2Re 3,15). Palabra de Dios en una palabra humana, la palabra prof\u00e9tica participa de su eficacia. No es nunca est\u00e9ril. Sin embargo, Dios es siempre el Se\u00f1or y su palabra act\u00faa seg\u00fan sus designios, que \u00e9l va descubriendo poco a poco, y que son un proyecto de salvaci\u00f3n y de vida. Por eso, en todo el AT, Dios tiene paciencia, escucha, se ablanda, perdona.<\/p>\n<p>El campo de acci\u00f3n de la palabra prof\u00e9tica es la historia; esta palabra es creadora e int\u00e9rprete de la historia. Porque es en la historia, a trav\u00e9s de las intervenciones de Dios, donde el pueblo hebreo tuvo la experiencia de la acci\u00f3n divina en su favor. La fe de Israel se apoya en estos acontecimientos fundadores, y su credo consiste en recitarlos (Dt 26,5-10). La acci\u00f3n de Dios que anuncian los profetas es por partida doble obra de la palabra: primero, porque es la palabra de Yhwh la que suscita y dirige los acontecimientos: \u00abEl Se\u00f1or Dios no hace nada sin que manifieste su plan a sus siervos los profetas\u00bb (Am 3,7); para Israel, la historia es un proceso dirigido por Yhwh hacia un t\u00e9rmino querido por \u00e9l. Pero el profeta no s\u00f3lo anuncia la historia, sino que la interpreta; percibe el sentido divino de los acontecimientos y lo notifica a los hombres: interpreta la historia desde el punto de vista de Dios. El acontecimiento y la interpretaci\u00f3n son como las dos dimensiones de la \u00fanica palabra de Dios. La historia de la salvaci\u00f3n es una serie de intervenciones divinas interpretadas por el profeta. As\u00ed\u00ad, a trav\u00e9s de los acontecimientos del \u00e9xodo, interpretados por Mois\u00e9s, el pueblo hebreo conoci\u00f3 a Yhwh como el Dios vivo, personal, \u00fanico, omnipotente, fiel, que salva a su pueblo y hace alianza con \u00e9l con vistas a una obra com\u00fan de salvaci\u00f3n (Dt 6,20-24). De aqu\u00ed\u00ad se sigue que Dios, sus atributos, sus designios se revelan no ya de forma abstracta, sino en la historia y por la historia. Hay un progreso en el conocimiento de Dios; pero ese progreso est\u00e1 ligado a unos acontecimientos que la palabra de Dios anuncia, realiza e interpreta por medio de los profetas; es una historia-significante.<\/p>\n<p>e) Revelaci\u00f3n sapiencial. Aunque la literatura sapiencia\u00c2\u00a1 del AT pertenece a una corriente de pensamiento internacional (Grecia, Egipto, Babilonia, Fenicia), atestiguada ya en el segundo milenio, esa corriente de pensamiento se transform\u00f3 muy pronto en Israel en instrumento de revelaci\u00f3n. El mismo Dios que ilumina a los profetas se sirvi\u00f3 de la experiencia humana para revelar al hombre a s\u00ed\u00ad mismo (Prov 2,6; 20,27). Is, rael asume la experiencia humana, pero la interpreta y profundiza en ella a la luz de su fe en Yhwh. M\u00e1s a\u00fan, los datos sobre los que se ejerce la reflexi\u00f3n sapiencial pertenecen muchas veces a la revelaci\u00f3n: la historia, la ley y los profetas. La sabidur\u00ed\u00ada, como la palabra, sali\u00f3 de la boca del alt\u00ed\u00adsimo. Tambi\u00e9n ella finalmente se identifica con la palabra de Dios. El salterio, que se fue formando poco a, poco, a lo largo de la historia, es sobre todo respuesta a la revelaci\u00f3n; pero es tambi\u00e9n revelaci\u00f3n, ya que la oraci\u00f3n de los hombres, por los sentimientos que expresa, le da a la revelaci\u00f3n toda su dimensi\u00f3n. La majestad, el poder, la fidelidad, la santidad de Yhwh reveladas poi los profetas se reflejan en las actitudes del creyente y en la intensidad de su plegaria. Espejo de la revelaci\u00f3n, los salmos son tambi\u00e9n su actualizaci\u00f3n cotidiana, en el culto del templo.<\/p>\n<p>Con la revelaci\u00f3n sapienci\u00e1l se relaciona el tema de la revelaci\u00f3n c\u00f3smica -es decir, a trav\u00e9s de la creaci\u00f3n-, que representa una etapa bastante tard\u00ed\u00ada de la revelaci\u00f3n inspirada. En efecto, por la historia conoci\u00f3 Israel a Yhwh cuando experiment\u00f3 en Egipto su fuerza liberadora. La meditaci\u00f3n incesante en esta fuerza ilimitada de Yhwh, que utilizaba a su antojo los elementos de la naturaleza para salvar a su pueblo, desemboc\u00f3, por medio de una maduraci\u00f3n org\u00e1nica y homog\u00e9nea, en la creencia en la creaci\u00f3n. Israel comprendi\u00f3 que Dios que suscit\u00f3 a su pueblo de la nada de la esclavitud, suscit\u00f3 tambi\u00e9n el cosmos de la nada. Su soberan\u00ed\u00ada es universal: \u00abCon su palabra hizo el Se\u00f1or los cielos y con el soplo de su boca todo lo que hay en ellos&#8230; Porque \u00e9l lo dijo, y todo fue hecho; \u00e9l lo orden\u00f3, y todo existi\u00f3\u00bb (Sal 33 6.9). Cuando la palabra se impone a los hombres, se convierte en ley; cuando se impone a las cosas, crea. Como la creaci\u00f3n es la cosa dicha por Dios, es tambi\u00e9n revelaci\u00f3n (Job; Prov; Si; Sab; Sal; Rom 1,16).<\/p>\n<p>2) Objeto y car\u00e1cter de la revelaci\u00f3n veterotestamentaria. La revelaci\u00f3n del AT tiene rasgos espec\u00ed\u00adficos que la distinguen de cualquier otro tipo de conocimiento:<br \/>\na) La revelaci\u00f3n es esencialmente interpersonal. Es manifestaci\u00f3n de alguien a otro. Yhwh es a la vez el Dios que revela y el Dios revelado; se da a conocer y se hace conocer. Hace alianza con el hombre, primero como un se\u00f1or con su siervo, luego progresivamente como un padre con su hijo, como un amigo con su amigo, como el esposo con la esposa. La revelaci\u00f3n introduce en una comuni\u00f3n con Dios para la salvaci\u00f3n del hombre.<\/p>\n<p>b) La revelaci\u00f3n veterotestamentaria procede de la iniciativa de Dios. No es el hombre el que descubre a Dios: es Yhwh el que se manifiesta cuando quiere, a quien quiere y porque quiere. Yhwh es libertad absoluta. Fue el primero en escoger, prometer, hacer alianza. Y su palabra, que desbarata las ideas humanas y carnales de Israel, hace brillar m\u00e1s a\u00fan la libertad de su designio. Esta libertad se manifesta adem\u00e1s en la variedad de medios escogidos por \u00e9l para revelarse: v\u00ed\u00adas de la naturaleza, de la historia, de la experiencia humana; variedad de personalidades elegidas (sacerdotes, sabios, profetas, reyes y arist\u00f3cratas, aldeanos y pastores); diversidad de modos de comunicaci\u00f3n (teofan\u00ed\u00adas, sue\u00f1os, consultas, visiones, \u00e9xtasis, raptos, cte.); diversidad de g\u00e9neros literarios (or\u00e1culos, exhortaciones, autobiograf\u00ed\u00adas, descripciones, himnos, poes\u00ed\u00ada, reflexi\u00f3n sapiencia) cte.)<br \/>\nc) Lo que da su unidad a la econom\u00ed\u00ada de la revelaci\u00f3n es la palabra. Las filosof\u00ed\u00adas griegas y las religiones del per\u00ed\u00adodo helenista tienden a la visi\u00f3n de la divinidad. La religi\u00f3n del AT, por el contrario, es la religi\u00f3n de la palabra escuchada. Este predominio del o\u00ed\u00adr sobre el ver es uno de los rasgos esenciales de la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica. Dios le habla al profeta y lo env\u00ed\u00ada a hablar; \u00e9ste comunica los designios de Dios e invita a los hombres a la obediencia de la fe. Sin embargo, esta palabra inicia en la visi\u00f3n. Si los hombres no penetran todav\u00ed\u00ada en lo m\u00e1s hondo del misterio, tienen ya por la palabra una primera idea de \u00e9l. Notemos adem\u00e1s que la palabra manifiesta, por parte de Dios, un gran respeto a la libertad del hombre. Dios se dirige al hombre, lo interpela,. pero \u00e9ste sigue siendo libre de adherirse a su palabra o de rechazarla. Finalmente, la palabra, que es el intercambio m\u00e1s espiritual entre los hombres, es tambi\u00e9n el medio por excelencia de trato espiritual entre Dios y el hombre. El pecado consiste en endurecerse para no o\u00ed\u00adr la palabra. Seg\u00fan se la acoja o no, la revelaci\u00f3n se convierte para el hombre en muerte o en vida.<\/p>\n<p>d) Pero la finalidad de la revelaci\u00f3n es la vida y la salvaci\u00f3n del hombre, una alianza con vistas a una comuni\u00f3n. La revelaci\u00f3n del AT arranca de la promesa hecha a Abrah\u00e1n y tiende a su cumplimiento. Para el profeta, el presente no es m\u00e1s que la realizaci\u00f3n parcial del futuro anunciado, esperado, preparado, pero todav\u00ed\u00ada oculto. Lo que est\u00e1 presente no adquiere todo su peso m\u00e1s que por la promesa, en el pasado, de lo que ocurrir\u00e1 en el futuro. Cada revelaci\u00f3n prof\u00e9tica marca un cumplimiento de la palabra, pero al mismo tiempo hace esperar un cumplimiento m\u00e1s decisivo todav\u00ed\u00ada. La historia tiende as\u00ed\u00ad hacia la plenitud de los tiempos, que ser\u00e1 el cumplimiento del designio de salvaci\u00f3n en Cristo y por Cristo.<\/p>\n<p>3) Noci\u00f3n veterotestamentaria de la revelaci\u00f3n. La revelaci\u00f3n se nos presenta en el AT como la intervenci\u00f3n gratuita y libre por la que el Dios santo y oculto -en el terreno de la historia y en relaci\u00f3n con los acontecimientos de la historia, interpretados aut\u00e9nticamente por la palabra de Yhwh dirigida a los profetas, seg\u00fan modos de comunicaci\u00f3n muy diferentes- se va dando poco a poco a conocer, a s\u00ed\u00ad mismo y el designio de salvaci\u00f3n que tiene .que aliarse con Israel y, a trav\u00e9s de \u00e9l, con todas las naciones, para cumplir en la persona de su ungido o mes\u00ed\u00adas la promesa hecha anta\u00f1o a Abrah\u00e1n de bendecir en su posteridad a todas las naciones de la tierra. Esta acci\u00f3n es concebida como palabra de Dios que invita al hombre a la fe y a la obediencia: una palabra esencialmente din\u00e1mica, que realiza la salvaci\u00f3n al mismo tiempo que la anuncia y la promete.<\/p>\n<p>4. LA REVELACI\u00ed\u201cN EN EL NT. La intuici\u00f3n central del NT es que se ha producido un acontecimiento capital entre las dos alianzas: \u00abDios, despu\u00e9s de haber hablado muchas veces y en diversas formas a nuestros padres por medio de los profetas, en estos d\u00ed\u00adas, que son los \u00faltimos, nos ha hablado por el Hijo\u00bb (Heb 1,1-2). En Jesucristo, la Palabra interior, en la que Dios conoce todas las cosas y se expresa totalmente, asume la carne y el lenguaje del hombre, se hace evangelio, palabra de salvaci\u00f3n para llamar al hombre a la vida que no pasa. En Jesucristo, Verbo encarnado, el Hijo est\u00e1 presente entre nosotros y, en unos t\u00e9rminos humanos que nosotros podemos comprender y asimilar, habla, predica, ense\u00f1a, da testimonio de lo que ha visto y o\u00ed\u00addo en e seno del Padre. Cristo es la cima y plenitud de la revelaci\u00f3n, el que revela a Dios y el que revela al hombre s\u00ed\u00ad mismo: tal es la gran novedad, e misterio inagotable, cuyo esplendor despliegan los escritores sagrados, insistiendo cada uno en un aspecto. Luego es preciso recomponer en la unidad esas perspectivas diferentes para captar su complejidad y la riqueza del todo, algo as\u00ed\u00ad como ocurre con las vistas complementarias de una misma catedral.<\/p>\n<p>1) La tradici\u00f3n sin\u00f3ptica. En Marcos est\u00e1n ausentes las palabras clave del vocabulario de revelaci\u00f3n (P.ej., apokalypt6, apokalypsis). M\u00e1s que en otros lugares, una atenci\u00f3n exclusiva al logion de Mt 11,25-27; Le 10,21-22, y a los binomios ocultar-manifestar, conocer-revelar puede dar pie a caer en el equ\u00ed\u00advoco. Al narrar la historia de Jes\u00fas, los evangelistas no hacen m\u00e1s que contarla manifestaci\u00f3n de Dios en Jesucristo, ya que Cristo es el lugar m\u00e1s denso de esta epifan\u00ed\u00ada de Dios. El evangelio de Marcos, en concreto, es la manifestaci\u00f3n progresiva de Jes\u00fas, mes\u00ed\u00adas e Hijo del Padre, que se revela y revela al Padre por sus palabras, sobre todo las par\u00e1bolas y por sus obras, concretamente sus milagros, sus ejemplos, su pasi\u00f3n, su muerte, pero que choca con el rechazo de los suyos.<\/p>\n<p>Los t\u00e9rminos que describen la acci\u00f3n reveladora de Cristo son: predicar (keryssein) y ense\u00f1ar (didaskein). Cristo predica la buena nueva del reino y la conversi\u00f3n como medio para entrar en \u00e9l: \u00abEl reino de Dios est\u00e1 cerca. Arrepent\u00ed\u00ados y creed en el evangelio\u00bb (Me 1,15; Mt 4,17). Esta buena nueva decisiva apunta directamente hacia Jes\u00fas, a quien designa como si fuera en persona la inauguraci\u00f3n del reino: es \u00abhoy\u00bb (Le 4,21)<br \/>\n&#8211; cuando llega la era de gracia anunciada por los profetas. Al hoy del anuncio del reino responde el he aqu\u00ed\u00ad: el rabbi el maestro que ense\u00f1a con autoridad; su ense\u00f1anza es nueva, su autoridad es \u00fanica (Mt 7,29), I una autoridad que lo sit\u00faa en el rango r de Dios: \u00abAm\u00e9n\u00bb, \u00abPero yo os digo\u00bb (Mt 5,22.28.32). Bas\u00e1ndose en Dt 18,18 la gente designa a Jes\u00fas como el profeta esperado para el fin de los tiempos (Me 6,14s; 8,28; Mt 21,11). Sin embargo, cuando Jes\u00fas habla de s\u00ed\u00ad mismo, no reivindica nunca este t\u00ed\u00adtulo de profeta, ya que como revelador supera a los profetas (Mt 12,40; Me 9 2-10; Mt 17,1-13; Le 7,18-23; 9,28.36). El predica y ense\u00f1a pero como Hijo del Padre (Mt 7,21;10,3233; 11 25-27): \u00abNadie conoce perfectamente al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aqu\u00e9l a quien el Hijo se lo quiera manifestar\u00bb (Mt 11,27). Nadie conoce (Le: gign\u00f3skein; Mt: epigign\u00f3skein), con ese conocimiento que es tambi\u00e9n experiencia, el car\u00e1cter y la vida \u00ed\u00adntima, profunda, del Hijo sino el Padre; y nadie conoce la vida intima, profunda, del Padre sino el Hijo. Los dos se conocen, simplemente porque est\u00e1n el uno frente al otro, como dos magnitudes iguales, del mismo orden. Y nadie puede participar de ese misterio de conocimiento mutuo sin una revelaci\u00f3n gratuita. Cristo, que es el Hijo, es el perfecto revelador del Padre. A los disc\u00ed\u00adpulos que ha escogido se les ha dado, como una gracia, conocer los misterios del reino de los cielos. Tambi\u00e9n el Padre revela el misterio de la persona de Cristo \u00aba los peque\u00f1os\u00bb que reconocen su indigencia ante Dios; pero esta revelaci\u00f3n es tambi\u00e9n un don de Dios, una luz interior concedida por el Padre, que se niega al orgullo de \u00ablos sabios\u00bb. Este anuncio del reino, as\u00ed\u00ad como la revelaci\u00f3n de la identidad de Cristo como Hijo del Padre, se realiza mediante \u00abhechos y palabras\u00bb, por medio de par\u00e1bolas y de milagros, seg\u00fan una econom\u00ed\u00ada rigurosa de encarnaci\u00f3n.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad, en la tradici\u00f3n sin\u00f3ptica, Cristo es revelador en cuanto que proclama la buena nueva del reino de los cielos y ense\u00f1a con autoridad la palabra de Dios. En definitiva, si Cristo revela es por ser el Hijo, que conoce la vida \u00ed\u00adntima del Padre. El contenido esencial de la revelaci\u00f3n es la salvaci\u00f3n ofrecida a los hombres bajo la figura del reino de Dios anunciado e instaurado por Cristo. Cristo es a la vez aquel (ecce) que anuncia el reino y aquel en quien el reino se realiza (hodie).<\/p>\n<p>2) Los Hechos de los Ap\u00f3stoles. Los Hechos, en continuidad con la tradici\u00f3n sin\u00f3ptica, presentan a los ap\u00f3stoles como los testigos de Jes\u00fas, que proclaman la buena nueva y ense\u00f1an lo que han recibido del maestro. Atestiguar, proclamar el evangelio, ense\u00f1ar, pertenece a la funci\u00f3n apost\u00f3lica.<\/p>\n<p>La palabra testigo designa a los ap\u00f3stoles y s\u00f3lo a ellos, ya que s\u00f3lo ellos estuvieron asociados a Cristo durante toda su vida .y despu\u00e9s de su resurrecci\u00f3n. Siguieron a Cristo por todas partes; fueron sus comensales antes y despu\u00e9s de su resurrecci\u00f3n. S\u00f3lo ellos tienen de Cristo una experiencia directa, viva; de su persona, de su mensaje, de su obra. Son ante todo testigos de su resurrecci\u00f3n (He 1,22; 2,32; 3,13-16; 4,2.33; 5,30-31; 10,39.41.42; 13,31); pero, m\u00e1s en general, de toda su carrera (He 1,21), desde el bautismo hasta la resurrecci\u00f3n; de toda su obra: de la que tiende hacia la pasi\u00f3n-resurrecci\u00f3n y de la que se inaugura en la resurrecci\u00f3n. El testimonio de los ap\u00f3stoles se realiza con la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu (He 1,8), que les da coraje y constancia y que act\u00faa en el coraz\u00f3n de sus oyentes para hacer que la palabra de Dios llegue hasta su alma y sea acogida por la fe (He 16 14). Como Cristo, los ap\u00f3stoles proclaman la buena nueva de la salvaci\u00f3n (He 2,14; 8,5; 10,42); no dejan de \u00abense\u00f1ar y proclamar la buena nueva de Jes\u00fas\u00bb (He 15,35; 18,25; 28,31). Por tanto, su funci\u00f3n es la de ser testigos y heraldos. Su palabra es din\u00e1mica, explosiva; no pueden callar la salvaci\u00f3n dada por Cristo, ya que \u00e9sta es la \u00fanica noticia v\u00e1lida, la \u00fanica capaz de transformar los corazones, de incendiar al mundo para encender en \u00e9l el amor. La deposici\u00f3n de los ap\u00f3stoles-testigos constituye el objeto de nuestra fe: una deposici\u00f3n hecha no s\u00f3lo de palabras, sino tambi\u00e9n de ejemplos de vida, de actitudes, de ritos. Este testimonio concreto, englobarte, realiza el crecimiento de la Iglesia bajo la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>3) El \u00abcorpus \u00abpaulino. El binomio misterio-evangelio nos sit\u00faa en el coraz\u00f3n del pensamiento de san Pablo sobre la revelaci\u00f3n. Este misterio, primero oculto, fue luego manifestado, predicado, notificado con vistas a la fe. Este vocabulario evoca la literatura sapiencial y apocal\u00ed\u00adptica; adem\u00e1s, subraya m\u00e1s el contenido de la revelaci\u00f3n que la misma acci\u00f3n reveladora.<\/p>\n<p>El misterio, como intuici\u00f3n fundamental de Pablo adquiere en sus cartas una ampliaci\u00f3n de sentido claramente perceptible. En 1 Cor 2,6-10, el misterio es ya el designio de salvaci\u00f3n realizado en Cristo; pero aparece como una \u00absabidur\u00ed\u00ada\u00bb que tiene por objeto los bienes destinados por Dios a los elegidos y que s\u00f3lo pueden comprender los hombres animados por el Esp\u00ed\u00adritu, ya que esta sabidur\u00ed\u00ada gene su fuente en el Esp\u00ed\u00adritu de Dios (1Cor 2,10-16).<\/p>\n<p>En Col 1,26, el misterio, oculto en otro tiempo, se ha desvelado y realizado ahora. Se convierte en acontecimiento hist\u00f3rico: concierne a la participaci\u00f3n de los gentiles, tanto como de los jud\u00ed\u00ados, en los bienes de la salvaci\u00f3n (Rom 16,25). La carta a los Efesios ampl\u00ed\u00ada m\u00e1s a\u00fan esta visi\u00f3n (Ef 1,9-10): el misterio es la reuni\u00f3n de todas las cosas en Jesucristo, la agrupaci\u00f3n de todos los seres terrenos y celestiales, bajo un mismo Se\u00f1or, Cristo. El misterio del que habla san Pablo es el plan divino de la salvaci\u00f3n, oculto en Dios desde toda la eternidad y desvelado ahora, por el cual Dios establece a Cristo como centro de la nueva econom\u00ed\u00ada y lo constituye, por su muerte y resurrecci\u00f3n, en el \u00fanico principio de salvaci\u00f3n, tanto para los gentiles como para los jud\u00ed\u00ados, en la cabeza de todos los seres, \u00e1ngeles y hombres; es el plan divino total (encarnaci\u00f3n, redenci\u00f3n, participaci\u00f3n en la gloria) que, en definitiva, se reduce a Cristo, con sus insondables riquezas (Ef 3,8). Concretamente, el misterio es Cristo (Rom 16,25; Col 1,26-27;1Tim3,16). En su descripci\u00f3n del misterio, san Pablo pone al principio el acento en la vocaci\u00f3n de los gentiles, de la que \u00e9l es ministro por vocaci\u00f3n especial (Ef 3,8-9; 1Tim 2,7; Rom 15,6); luego, en las cartas de la cautividad, el misterio se convierte principalmente en Cristo y en la participaci\u00f3n en Cristo: todo se \u00abrecapitula\u00bb en \u00e9l. Creado en la unidad, el mundo vuelve a la unidad por Cristo, salvador y Se\u00f1or universal.<\/p>\n<p>Una vez revelado a los testigos escogidos (Ef 3 5; Col 1,25-26), el misterio es notificado a todos los hombres. San Pablo establece una equivalencia pr\u00e1ctica entre evangelio y misterio (Rom 16,25; Col 1,25-26; Ef 1,9-13; 3,5-6). En los dos casos se trata de la misma realidad, a saber: el designio divino de salvaci\u00f3n, pero vista desde dos \u00e1ngulos distintos. Por un lado, se trata de un secreto oculto, luego manifestado, desvelado; por otro, de una buena nueva, de un mensaje anunciado, proclamado. Plan divino oculto y revelado, plan divino proclamado: evangelio y misterio tienen el mismo objeto o contenido. Este objeto es doble: soteriol\u00f3gico, a saber: toda la econom\u00ed\u00ada de la salvaci\u00f3n por Jesucristo (Ef 1,1-10), y escatol\u00f3gico, a saber: la promesa de la gloria, con todos los bienes de la salvaci\u00f3n, destinados tanto a los gentiles como a los jud\u00ed\u00ados (Col 1,28; 1Cor 2,7; Ef 1,18). El misterio notificado a los hombres por la predicaci\u00f3n del evangelio se convierte en el plan de salvaci\u00f3n que ha llegado a la etapa d\u00e9 acontecimiento personal. En lugar de evangelio, pero con el mismo sentido, Pablo utiliza tambi\u00e9n el t\u00e9rmino de palabra (Col 1 25-26; 1Tes 1,6) o palabra de Dios (1Tes 2,13; Rom 9,6; 1Cor 14,26) o palabra de Cristo (Rom 10,17). Por esta palabra, que es mensaje de Dios en labios humanos, sigue siendo Dios el que habla e interpela a la humanidad (Roen 10, 14), invit\u00e1ndola a la \u00abobediencia de la fe\u00bb (Rom 16,26; 2Cor 10,5). \u00abEsto es lo que predicamos y lo que hab\u00e9is cre\u00ed\u00addo\u00bb (ICor 15,11).<\/p>\n<p>Por ser el misterio la reuni\u00f3n en Cristo de los jud\u00ed\u00ados y de los gentiles, la Iglesia se presenta como el t\u00e9rmino definitivo del misterio, la realizaci\u00f3n esplendorosa de la econom\u00ed\u00ada divina, su expresi\u00f3n visible y estable. El designio de salvaci\u00f3n no s\u00f3lo es revelado y proclamado por el evangelio, sino que se realiza adem\u00e1s efectivamente en la Iglesia, \u00abcuerpo de Cristo\u00bb (Ef 4,13). El establecimiento de la Iglesia significa que ha llegado ya el tiempo de la sumisi\u00f3n de todas las cosas a Cristo (Col 1,16). Lo mismo que Cristo es el misterio de Dios hecho visible, tambi\u00e9n la Iglesia es el misterio de Cristo hecho visible. Los tiempos se han cumplido; se ha dado ya la salvaci\u00f3n anunciada.<\/p>\n<p>Sin embargo, para Pablo sigue habiendo una tensi\u00f3n entre la revelaci\u00f3n hist\u00f3rica y la revelaci\u00f3n escatol\u00f3gica, entre la primera y la \u00faltima epifan\u00ed\u00ada de Cristo, aqu\u00e9lla velada y \u00e9sta gloriosa (Flp 2,5-11). No cabe duda de que es \u00abahora\u00bb cuando se revela el misterio, antes oculto (Rom 16,25), y de que \u00abahora\u00bb se cumple la predicaci\u00f3n del evangelio. Pero san Pablo desea a\u00fan m\u00e1s vivamente la revelaci\u00f3n escatol\u00f3gica, cuando se realizar\u00e1 en plenitud la \u00abrevelaci\u00f3n de nuestro Se\u00f1or Jesucristo\u00bb (1Cor 1,7; 2Tes 1,7) y cuando aparecer\u00e1 tambi\u00e9n la gloria de todos los que se han configurado con Cristo (Rom 8,1719). Esta tensi\u00f3n entre historia y escatolog\u00ed\u00ada, entre fe y visi\u00f3n, entre humildad y gloria, es caracter\u00ed\u00adstica de san Pablo.<\/p>\n<p>La revelaci\u00f3n, seg\u00fan san Pablo, se concibe como la acci\u00f3n libre y gratuita por la que Dios, en Cristo y por Cristo, manifiesta al mundo la econom\u00ed\u00ada de la salvaci\u00f3n, es decir, su designio eterno de reunir todas las cosas en Cristo, salvador y cabeza de la nueva creaci\u00f3n. La comunicaci\u00f3n de este designio se hace por la predicaci\u00f3n del evangelio, confiada a los ap\u00f3stoles y profetas del NT. La obediencia de la fe es la respuesta del hombre a la predicaci\u00f3n evang\u00e9lica, bajo la acci\u00f3n iluminadora del Esp\u00ed\u00adritu. Esta fe inaugura un proceso de conocimiento cada vez mayor del misterio, que s\u00f3lo acabar\u00e1 en la revelaci\u00f3n de la visi\u00f3n.<\/p>\n<p>4) La ep\u00ed\u00adstola a los Hebreos. El t\u00e9rmino prevaleciente para designar la revelaci\u00f3n es el de palabra. En una comparaci\u00f3n entre las dos fases de la econom\u00ed\u00ada de la salvaci\u00f3n, la ep\u00ed\u00adstola subraya la continuidad entre las dos alianzas, al mismo tiempo que la excelencia de la nueva revelaci\u00f3n inaugurada por el Hijo. La novedad de la ep\u00ed\u00adstola a los Hebreos, para la historia de la revelaci\u00f3n, radica en dos puntos: cotejo entre la antigua y la nueva alianza, grandeza de las exigencias de la palabra de Dios.<\/p>\n<p>Desde los dos primeros vers\u00ed\u00adculos, la ep\u00ed\u00adstola pone de relieve la autoridad de la revelaci\u00f3n del NT, aunque manteniendo la relaci\u00f3n hist\u00f3rica entre las dos fases de la historia de la salvaci\u00f3n: entre las dos econom\u00ed\u00adas hay una continuidad (Dios ha hablado), una diferencia (tiempos, modos, mediadores, destinatarios) y una excelencia (superioridad de la nueva econom\u00ed\u00ada).<\/p>\n<p>El elemento de continuidad es Dios y su palabra. La ausencia de complemento directo del verbo lalefn subraya que, ,por su palabra, Dios quiere ante todo entrar en comunicaci\u00f3n, en di\u00e1logo personal con el hombre, con vistas a una comuni\u00f3n con \u00e9l. La ep\u00ed\u00adstola no indica el contenido de esta comunicaci\u00f3n, sino los destinatarios (los padres, los profetas, nosotros). Sin embargo, esta palabra est\u00e1 marcada por la historicidad: hay una diferencia en las \u00e9pocas (los tiempos pasados y el tiempo presente), en los modos de expresi\u00f3n (palabra sucesiva, parcial, fragmentaria, multiforme del AT), en los mediadores (pluralidad de inspirados en el AT, en comparaci\u00f3n con la unidad del NT, en donde todo se resuelve en la persona del Hijo, heredero de todas las cosas, irradiaci\u00f3n de la gloria del Padre, mediador \u00fanico, tanto en el plano de la revelaci\u00f3n como en el del sacerdocio). En \u00faltimo an\u00e1lisis, es la Palabra la que hace la unidad de las dos alianzas, y es la persona del Hijo la que constituye la superioridad de la revelaci\u00f3n nueva sobre la antigua.<\/p>\n<p>El segundo tema en que insiste la carta a los Hebreos es el de la grandeza y las exigencias de la palabra de Dios, siempre en una perspectiva de confrontaci\u00f3n de las dos alianzas. Hay que obedecer al evangelio m\u00e1s a\u00fan que a la ley (Heb 2,1), en virtud de la superioridad absoluta de Cristo. La palabra de Dios, en la carta a los Hebreos, se presenta con unos rasgos que evocan los del AT, pero con un car\u00e1cter de mayor urgencia, debido a la presencia del Hijo entre nosotros.<\/p>\n<p>Activa, eficaz m\u00e1s tajante que una espada de doble filo (Heb 4,12-13), siempre actual (Heb 3,7.15; 4,7), resuena en los o\u00ed\u00addos del cristiano en un hoy permanente que le invita a entrar en el descanso del Se\u00f1or (Heb 3,7.15; 4,11). La palabra del NT exige una fidelidad, una obediencia en proporci\u00f3n con el origen y la autoridad de su mediador, el Hijo.<\/p>\n<p>5) San Juan: evangelio y cartas. Juan, como Marcos, ignora los t\u00e9rminos de revelaci\u00f3n como apokalypt\u00f3, apokalypsis, igual que el binomio oculto-manifestado. No utiliza el vocabulario de Pablo sobre el mysterion, sino m\u00e1s bien el lenguaje de los ambientes helenistas: z\u00f3\u00e9, logos, ph\u00f3s, al\u00e9theia, doxa, substantivados todos ellos en Jesucristo. Se encuentra en \u00e9l phanero6, y sobre todo un conjunto de t\u00e9rminos que apelan a la misma reacci\u00f3n de fe como mandamiento (11 veces), testimonio (14 veces), atestiguar (33 veces), hablar (59 veces), gloria (18 veces), verdad (25 veces), palabra (40 veces), y vocablos que subrayan la acogida de la revelaci\u00f3n, como escuchar (58 veces), creer (98 veces). Si san Juan lleva a cabo una reclasificaci\u00f3n de los vocablos de revelaci\u00f3n, esto se debe a la novedad tra\u00ed\u00adda por Cristo, que es ya Dios-entre-nosotros. El es en persona la verdad, el Logos, la luz, la vida. Se trata de un salto cualitativo. Cristo manifiesta al Dios invisible. La encarnaci\u00f3n es la revelaci\u00f3n realizada.<\/p>\n<p>Para san Juan Cristo es el Hijo que manifiesta al Padre: \u00abDa testimonio de lo que ha visto y o\u00ed\u00addo\u00bb (Jn 3,32; 8,38). A su vez, el Padre da testimonio del Hijo por las obras de poder que le ha concedido realizar (Jn 5,36) y por el atractivo que ejerce en las personas haci\u00e9ndolas consentir en el testimonio de Cristo (Jn 6, 44-45).<\/p>\n<p>Ya en el pr\u00f3logo, Juan establece una ecuaci\u00f3n entre Cristo, Hijo del Padre, y el Logos. Cristo es la Palabra eterna, subsistente, y la revelaci\u00f3n se cumple porque esta Palabra se ha hecho carne para darnos a conocer al Padre. El pr\u00f3logo se presenta como la gesta del Logos, como un resumen de toda la historia de la revelaci\u00f3n, en un texto de densidad nuclear. Aunque esta gesta comienza por la acci\u00f3n creadora del Logos, lo primero y lo que explica todo es el drama del Logos que se ha hecho carne, que habita entre los hombres, manifiesta su gloria y choca con el rechazo de los suyos. En una visi\u00f3n retrospectiva, el pr\u00f3logo ve en la creaci\u00f3n una primera manifestaci\u00f3n de Dios y del Logos y un primer rechazo a los hombres. La luz brill\u00f3 en las tinieblas (G\u00e9n 1,3), pero los hombres no comprendieron y ofuscaron aquella primera manifestaci\u00f3n del Verbo (Jn 1,10; Rom 1,19-23; Sab 13,1-9). Dios se escogi\u00f3 luego un pueblo y se manifest\u00f3 a \u00e9l por la ley y los profetas; pero esta manifestaci\u00f3n, como la primera, se sald\u00f3 con un fracaso. El Verbo vino a los suyos, a su casa, \u00aby los suyos no lo recibieron\u00bb (Jn 1,11). Finalmente, el Logos se hizo carne y plant\u00f3 su tiedda entre nosotros. \u00abA Dios nadie lo ha visto jam\u00e1s; el Hijo \u00fanico, que est\u00e1 en el Padre, nos lo ha dado a conocer\u00bb (Jn 1,18). Nadie puede ver lo. invisible: si conocemos a Dios, es porque en Cristo la Palabra se hizo carne, se hizo acontecimiento hist\u00f3rico y, al mismo tiempo, exegeta del Padre y de su designio de amor.<\/p>\n<p>Tres elementos constituyen a Cristo perfecto revelador del Padre: su preexistencia como Logos de Dios (Jn 1,1-2), su entrada en la carne y en la historia (Jn 1,14) y su intimidad permanente de vida con el Padre, tanto antes como despu\u00e9s de la encarnaci\u00f3n (Jn 1,18). De este modo, san Juan le confiere a la revelaci\u00f3n su mayor grado de significado y de extensi\u00f3n.<\/p>\n<p>En virtud de su misi\u00f3n reveladora, que se arraiga en su vida misma en el seno de la Trinidad, Cristo habla y da testimonio: es el Hijo que da a conocer al Padre (Jn 1,18), el testigo que declara lo que ha visto y o\u00ed\u00addo, y un testigo fiel (Ap 1,5; 3,14). En la tradici\u00f3n sin\u00f3ptica, Jes\u00fas es el meslas que ense\u00f1a, predica y anuncia la buena nueva del reino. En san Juan, el Mes\u00ed\u00adas se identifica plenamente como el Hijo del Padre. Lo que cuenta el Hijo es la vida intima, el amor mutuo entre el Padre y el Hijo: un amor que el Padre quiere comunicar a todos los hombres, para que todos sean uno. La finalidad de la revelaci\u00f3n es que \u00ablos hombres lleguen a la unidad perfecta\u00bb y que, as\u00ed\u00ad, los hombres sepan que el Padre ha enviado al Hijo y que ama a los hombres como a su Hijo (Jn 1,23-25).<\/p>\n<p>San Juan dice la \u00faltima palabra sobre la revelaci\u00f3n: obra de amor, de salvaci\u00f3n, que tiene su origen en la Trinidad. Pero al presentar la revelaci\u00f3n como acontecimiento hist\u00f3rico del Verbo que toma carne, la revelaci\u00f3n aparece como un esc\u00e1ndalo. Desconcierta todas las concepciones humanas, incluso las del AT. Lo tr\u00e1gico de la revelaci\u00f3n es que los hombres se cierran a la luz, se encierran en su \u00ed\u00addolo de Dios y prefieren correr hacia su perdici\u00f3n. Drama descrito en el pr\u00f3logo, recogido e ilustrado luego en el milagro del ciego de nacimiento (Jn 9).<\/p>\n<p>Tras este recorrido, podemos describir la revelaci\u00f3n neotestamentaria como la acci\u00f3n soberanamente amorosa y libre por la cual Dios, a trav\u00e9s de una econom\u00ed\u00ada de encarnaci\u00f3n, se da a conocer a s\u00ed\u00ad mismo, en su vida \u00ed\u00adntima, as\u00ed\u00ad como el designio de amor que concibi\u00f3 eternamente de salvar y de traer a todos los hombres hacia \u00e9l . en Jesucristo. Acci\u00f3n que realiza por el testimonio exterior de Cristo y de los, ap\u00f3stoles y por el testimonio interior del Esp\u00ed\u00adritu, que realiza por dentro la conversi\u00f3n de los hombres a Cristo. As\u00ed\u00ad, por la acci\u00f3n conjunta del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu, el Padre declara y lleva a cabo su designio de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>5. EL TEMA DE LA REVELACI\u00ed\u201cN EN LOS PADRES DE LA IGLESIA. Ser\u00ed\u00ada in\u00fatil buscar en los padres de la Iglesia de los primeros siglos el equivalente de un tratado moderno sobre la revelaci\u00f3n, ya que ellos no ven en la revelaci\u00f3n un hecho que establecer ni un problema en el que ahondar. Las primeras generaciones cristianas est\u00e1n a\u00fan bajo la impresi\u00f3n de la gran epifan\u00ed\u00ada de Dios en Jesucristo. La revelaci\u00f3n es una realidad obvia. La reflexi\u00f3n entonces se preocupa menos de \u00abdemostrar\u00bb la posibilidad de la revelaci\u00f3n que de proclamar al mundo entero el acontecimiento desconcertante, inaudito, de la irrupci\u00f3n de Dios en la carne y en el mensaje de Cristo. As\u00ed\u00ad pues, el primer problema que se plantea es el de la inculturaci\u00f3n en la revelaci\u00f3n cristiana en el seno del mundo griego. La reflexi\u00f3n de ah\u00ed\u00ad resultante no est\u00e1 sistematizada todav\u00ed\u00ada, sino ligada directamente a las exigencias de las comunidades evangelizadas o por evangelizar: es esencialmente una teolog\u00ed\u00ada \u00abcontextual\u00bb, en relaci\u00f3n con las corrientes de pensamiento de la \u00e9poca: objeciones jud\u00ed\u00adas, gnosis, etc. No se duda de la realidad de la revelaci\u00f3n; m\u00e1s bien se remite a ella como al \u00fanico criterio de interpretaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En esta reflexi\u00f3n contextual y ocasional de los primeros padres de la Iglesia hay a la vez menos y m\u00e1s que en la reflexi\u00f3n actual sobre la revelaci\u00f3n. No cabe duda de que algunos problemas de hoy ni siquiera asoman a la conciencia de esos cristianos. Por otra parte, hay en el pensamiento patr\u00ed\u00adstico unos principios de fecundidad inagotable, de los que puede sacar partido la sistem\u00e1tica actual: a) Muy cerca del acontecimiento, el pensamiento patr\u00ed\u00adstico evoluciona dentro de una visi\u00f3n de conjunto del misterio cristiano. Se inspira en la Escritura y sigue en contacto con los primeros testigos; bebe y se elabora en la fuente; todo discurso es discurso sobre Dios que crea, que salva, que revela; en cada reflexi\u00f3n hay siempre una teolog\u00ed\u00ada impl\u00ed\u00adcita de la revelaci\u00f3n. b) Para responder a las objeciones, a las herej\u00ed\u00adas, a las visiones reductivas, los padres de la Iglesia se ven movidos a componer \u00abgrandes planos\u00bb para ilustrar mejor los puntos de encuentro con las culturas y las religiones, pero tambi\u00e9n la singularidad, la especificidad del fen\u00f3meno cristiano; as\u00ed\u00ad se desarrollan con especial intensidad los temas de la relaci\u00f3n entre AT y NT en la diferencia y en la unidad, el del car\u00e1cter gradual de las etapas de la revelaci\u00f3n, el de la econom\u00ed\u00ada y pedagog\u00ed\u00ada del plan divino, el de la centralidad de Cristo, el de la tensi\u00f3n entre el misterio de Dios revelado pero siempre oculto, el de la acci\u00f3n necesaria del Esp\u00ed\u00adritu tanto para acceder a la revelaci\u00f3n como para comprenderla. Estos \u00abgrandes planos\u00bb, representados peri\u00f3dicamente, acaban por imponer una imagen de la revelaci\u00f3n cristiana en su totalidad: un paisaje del que cada detalle ha sido iluminado por un flash en un momento de la historia. El impacto sobre los esp\u00ed\u00adritus es m\u00e1s intenso que el de un punteado uniforme. Siguiendo otra comparaci\u00f3n, podr\u00ed\u00ada decirse que la reflexi\u00f3n patr\u00ed\u00adstica, al hacer surgir a lo largo de los siglos bloques de pensamiento, acab\u00f3 formando archipi\u00e9lagos y luego continentes de contornos y relieves bien definidos. El contexto de esta reflexi\u00f3n, con todos sus imprevistos, nos conduce muchas veces a tomas de conciencia m\u00e1s fuertes que un pensamiento teol\u00f3gico lineal y demasiado bien organizado. Por eso, m\u00e1s que presentar un desfile de padres de la Iglesia, creemos que ser\u00e1 \u00fatil indicar algunos de los aspectos de la revelaci\u00f3n que ellos iluminaron. La Iglesia posapost\u00f3lica, en un primer tiempo, vivi\u00f3 en la espera del retorno inmediato del Se\u00f1or. Por este motivo la revelaci\u00f3n tom\u00f3 un tinte escatol\u00f3gico. Pero muy pronto fue el problema de la articulaci\u00f3n de los dos Testamentos el que moviliz\u00f3 la atenci\u00f3n.<\/p>\n<p>1) Los dos Testamentos: unidad y progreso. Los judaizantes quer\u00ed\u00adan conservar la primac\u00ed\u00ada de la revelaci\u00f3n prof\u00e9tica, mientras que los marcionistas opon\u00ed\u00adan los dos Testamentos. Representaban a Cristo como el revelador de un Dios absolutamente nuevo, desconocido del mundo jud\u00ed\u00ado. Establec\u00ed\u00adan una oposici\u00f3n radical entre el Dios del AT y el del NT. Entre estas dos actitudes -no captar suficientemente la novedad del evangelio (tentaci\u00f3n de los ambientes jud\u00ed\u00ados tradicionales), o bien subestimar el AT y romper con \u00e9l (a la manera de Marci\u00f3n)-, Justino, Ireneo, Clemente de Alejandr\u00ed\u00ada y Or\u00ed\u00adgenes subrayan la continuidad y la unidad profunda de los dos Testamentos. Un mismo y \u00fanico Dios es el autor de la revelaci\u00f3n por su Verbo o Logos; la creaci\u00f3n, las teofan\u00ed\u00adas, la ley, los profetas, la encarnaci\u00f3n, son las etapas de esta manifestaci\u00f3n \u00fanica y continua de Dios a trav\u00e9s de la historia humana. Por otra parte, subrayan con no menor claridad el progreso realizado de una econom\u00ed\u00ada a la otra. Progreso que cada uno de ellos considera de forma un tanto diferente. Para Justino, manifestaci\u00f3n parcial y oscura del Logos en el AT; clara y en plenitud en el NT. Seg\u00fan Ireneo, preparaci\u00f3n, educaci\u00f3n de la humanidad, esbozos y promesas de la encarnaci\u00f3n en el AT; luego, cumplimiento y don de Cristo en el NT. Seg\u00fan Clemente de Alejandr\u00ed\u00ada, enigmas y misterio en el AT; explicaci\u00f3n de la profec\u00ed\u00ada en el NT. Seg\u00fan Or\u00ed\u00adgenes, conocimiento del misterio en el AT; realizaci\u00f3n y posesi\u00f3n en el NT; paso de las sombras y de las im\u00e1genes a la verdad, de la letra y de la historia al Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>2) La teolog\u00ed\u00ada del Logos: punto de encuentro de las culturas. La predicaci\u00f3n a los paganos significaba la confrontaci\u00f3n del mensaje cristiano con una corriente de pensamiento marcada por categor\u00ed\u00adas no b\u00ed\u00adblicas, sino filos\u00f3ficas. Para hacer el evangelio accesible a los paganos, la reflexi\u00f3n cristiana adopt\u00f3 una filosof\u00ed\u00ada elaborada por el \/platonismo y el estoicismo, con el riesgo de invertir la noci\u00f3n de revelaci\u00f3n en el sentido de un conocimiento, de una gnosis superior, en detrimento de su car\u00e1cter hist\u00f3rico. Para Plat\u00f3n, Dios es inefable, y por tanto no interviene en la historia. Para echar un puente entre la idea de la trascendencia radical de Dios y su revelaci\u00f3n en la historia, Justino llama la atenci\u00f3n sobre la funci\u00f3n mediadora de Cristo; pues el Jes\u00fas de la historia se identifica con el Logos, con el Verbo de Dios, que se apareci\u00f3 primero a Mois\u00e9s y a los profetas y luego se hizo carne para la salvaci\u00f3n de todos los hombres. Justino concibe la revelaci\u00f3n como un proceso soteriol\u00f3gico, pero tiende a atribuir al Cristo-Logos un alcance universal. Esta doctrina aparece en el tema del Logos spermatikos: antes de Cristo hab\u00ed\u00ada spermata tou Logou; esas semillas son la participaci\u00f3n de un conocimiento \u00ed\u00adnfimo, parcial, del que s\u00f3lo Cristo, Logos encarnado, dar\u00e1 la perfecci\u00f3n. En virtud de esta participaci\u00f3n, los pensadores paganos pudieron percibir algunos rayos de verdad y merecer el t\u00ed\u00adtulo de cristianos (1 Apol. 46,2-3). Situando as\u00ed\u00ad al Logos Domo centro de perspectiva, Justino pone a la revelaci\u00f3n bajo el signo del conocimiento.<\/p>\n<p>Este aprecio y este recurso a la filosof\u00ed\u00ada griega, que existe ya en Justino, es m\u00e1s visible todav\u00ed\u00ada en Clemente de Alejandr\u00ed\u00ada (muerto antes de 21 S), cuyo sistema de pensamiento se basa en la teolog\u00ed\u00ada del Logos salvador y revelador. Clemente no vacila en conceder la prioridad al conocimiento de Dios sobre la salvaci\u00f3n (Strom. IV, 136,5). Al optar por un Logos, fuente de luz y de verdad, Clemente propone la revelaci\u00f3n como una \u00abgnosis\u00bb cristiana, respondiendo as\u00ed\u00ad al deseo de conocimiento que animaba a su ambiente cultural. \u00abEl rostro del Padre es el Logos, por el que el Dios se ilumina y revela\u00bb (Paed. I, 57,2; Strom. VII, 58,3-4). Luz del Padre, el Logos revela todo lo que hay en el mundo, todo lo que hace al hombre capaz de comprenderse a s\u00ed\u00ad mismo y de participar de la vida de Dios. Este conocimiento ofrecido por Dios en plenitud, que procura al hombre la salvaci\u00f3n: tal es el contexto de la revelaci\u00f3n. S\u00f3lo el Logos encarnado confiere la \u00abiniciaci\u00f3n reveladora de Cristo\u00bb, y no los sistemas gn\u00f3sticos. No cabe duda de que, fiara Clemente, el conocimiento de Dios est\u00e1 en el primer plano de su reflexi\u00f3n, m\u00e1s a\u00fan que la historia de la salvaci\u00f3n. En consecuencia, nuestro \u00fanico pedagogo es el Logos. Somos \u00abalumnos de Dios; su propio Hijo nos da una instrucci\u00f3n verdaderamente santa\u00bb (Strom. I, 98,4; Prot. 112,2). La incomparable superioridad del cristianismo se debe a que tiene al Logos por maestro (Strom. II, 9,4-6), de quien recibe una ense\u00f1anza superior. Antes de Cristo, la filosof\u00ed\u00ada se les dio a los griegos como un tercer testamento para conducirlos a Cristo. En adelante, la filosof\u00ed\u00ada est\u00e1 al servicio de la fe. Es el Logos encarnado el que nos ense\u00f1a c\u00f3mo puede el hombre hacerse hijo de Dios; \u00e9l es el pedagogo universal, que re\u00fane la ley, los profetas y el evangelio. La dimensi\u00f3n de la historia de la salvaci\u00f3n se mantiene en sus etapas, pero subordinada al principio de la gnosis total. No hay verdadera gnosis m\u00e1s que en el cristianismo; pero su fuente es Dios que, por esta gnosis, conduce a una salvaci\u00f3n indisolublemente ligada a Cristo.<\/p>\n<p>Or\u00ed\u00adgenes (muerto en el 253-254) elabora tambi\u00e9n una reflexi\u00f3n sobre la revelaci\u00f3n a partir del Logos, imagen fiel del Padre. \u00abEn el Verbo se ve al que es Dios e imagen del Dios invisible, del Padre que lo engendr\u00f3\u00bb (Com. Joh. 32,29). La revelaci\u00f3n se lleva a cabo porque el Verbo se encarna y, a trav\u00e9s de la encarnaci\u00f3n, o sea, por la carne de su cuerpo y la carne de la Escritura, nos permite comprender al Padre invisible y espiritual. El Logos es mediador de una revelaci\u00f3n que va de la creaci\u00f3n a la ley, a los profetas y al evangelio. La revelaci\u00f3n alcanza su primera cima en la encarnaci\u00f3n del Logos. Sin embargo, a los ojos de Or\u00ed\u00adgenes, la encarnaci\u00f3n no es tanto un brusco descenso del Logos a la historia como una promoci\u00f3n de todas las cosas al Esp\u00ed\u00adritu. La encarnaci\u00f3n del Logos inaugura un conocimiento progresivo seg\u00fan la tr\u00ed\u00adada sombras-imagenverdad. M\u00e1s a\u00fan que el paso de las preparaciones al cumplimiento, Or\u00ed\u00adgenes subraya el paso de los signos a la realidad: de la carne al esp\u00ed\u00adritu, de las sombras y de las im\u00e1genes a la verdad, de la letra al esp\u00ed\u00adritu, del evangelio temporal al evangelio eterno. Lo que importa no es tanto el hecho de la encarnaci\u00f3n como el hecho de captar, de reconocer la venida de Dios bajo la acci\u00f3n de la gracia. Por eso Or\u00ed\u00adgenes subraya m\u00e1s que Clemente de Alejandr\u00ed\u00ada la subjetividad de la revelaci\u00f3n. La iluminaci\u00f3n, inaugurada por la fe, lleva consigo un proceso de progreso en la inteligencia de la revelaci\u00f3n: tensi\u00f3n del evangelio temporal, captado cada vez mejor, al evangelio eterno; realidad de los misterios esbozados en el evangelio temporal. No es el conterfido lo que cambia, sino su manifestaci\u00f3n progresiva, su espirituafiz\u00e1ci\u00f3n, hasta el cumplimiento definitivo en la visi\u00f3n. Or\u00ed\u00adgenes, como Clemente, acoge el esfuerzo de inculturaci\u00f3n de la filosof\u00ed\u00ada griega, pero no llega a hablar de un testamento de los gentiles.<\/p>\n<p>La reflexi\u00f3n de los alejandrinos, al hacer salir a la Iglesia de su aislamiento y marchar al encuentro de la cultura helen\u00ed\u00adstica, representa un esfuerzo positivo de reconciliaci\u00f3n con el mundo antiguo; pero tambi\u00e9n un peligro de \u00abintelectualizaci\u00f3n\u00bb excesiva de la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica, concebida como una gnosis, una ense\u00f1anza, una doctrina superior. Esta corriente, que corre el riesgo de desenganchar la revelaci\u00f3n de sus lazos hist\u00f3ricos, tuvo repercusi\u00f3n en toda la teolog\u00ed\u00ada ulterior, y hasta en el reciente concilio. Ya en el per\u00ed\u00adodo postridentino, con Su\u00e1rez y De Lugo, la revelaci\u00f3n se fue comprendiendo cada vez m\u00e1s como una doctrina, como un conjunto de verdades sobre Dios. Las quejas que se manifestaron en v\u00ed\u00adsperas del Vaticano II subrayan todo el empobrecimiento de la noci\u00f3n de revelaci\u00f3n, afectada de intelectualismo, reduci\u00e9ndola a la comunicaci\u00f3n de un sistema de ideas m\u00e1s que a la manifestaci\u00f3n y a la entrega de una persona que es la verdad personificada.<\/p>\n<p>3) Econom\u00ed\u00ada y pedagog\u00ed\u00ada de la revelaci\u00f3n. Si el pensamiento patr\u00ed\u00adstico de los primeros siglos supo evitar estos peligros, es porque nunca perdi\u00f3 el contacto con las categor\u00ed\u00adas b\u00ed\u00adblicas y, sobre todo, porque nunca dej\u00f3 de reflexionar en la historia de la salvaci\u00f3n. Esta vinculaci\u00f3n a la historia sirvi\u00f3 de contrapeso a una revelaci\u00f3n concebida como puro conocimiento. En este sentido, la teolog\u00ed\u00ada de san Ireneo, provocada por los gn\u00f3sticos, constituye un punto de referencia insoslayable.<\/p>\n<p>En cierto sentido los gn\u00f3sticos llevan a su apogeo la idea de revelaci\u00f3n, porque para ellos el conocimiento 0 gnosis viene de arriba, por iluminaci\u00f3n. La gnosis entra as\u00ed\u00ad en competencia con el cristianismo, ya que se aleja de la historia. Se aparta del Jes\u00fas hist\u00f3rico para aferrarse al Cristo pneum\u00e1tico. Cristo conserva su papel mediador, pero desfigurado; la Iglesia tuvo que redeflnir y precisar este papel en la historia de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En el contexto antign\u00f3stico, que opone el AT al NT, Ireneo subraya la unidad de la historia de la salvaci\u00f3n. Consiguientemente, el tema de la revelaci\u00f3n. se relaciona con el tema m\u00e1s amplio de la acci\u00f3n del Verbo de Dios, ala vez creador y salvador. Con su concepto de \u00abeconom\u00ed\u00ada\u00bb o \u00abdisposici\u00f3n\u00bb, Ireneo insiste en la unidad org\u00e1nica de la historia de la salvaci\u00f3n. El mismo Dios realiza, por su \u00fanico Verbo, un \u00fanico plan de salvaci\u00f3n, desde la creaci\u00f3n hasta la visi\u00f3n. Bajo la gu\u00ed\u00ada del Verbo, la humanidad nace, crece y va madurando hasta la plenitud de los tiempos (Adv. Haer, IV, 38,3).<\/p>\n<p>A los gn\u00f3sticos, que distinguen entre el Cristo y Jes\u00fas seg\u00fan la carne, Ireneo opone el tema de la econom\u00ed\u00ada y propone la encarnaci\u00f3n como la cima de la econom\u00ed\u00ada que comenz\u00f3 ya en el AT. M\u00e1s a\u00fan, como el Verbo est\u00e1 presente a la totalidad de los tiempos, es ese Verbo el que ya desde el comienzo, desde la creaci\u00f3n, revela al Dios creador (Adv. Haer. II, 6,1; 27,2; IV, 6,6). \u00abIgualmente, por la ley y los profetas el Verbo se proclamaba a s\u00ed\u00ad mismo y proclamaba a su Padre\u00bb (Adv. Haer. IV, 6,6; 9,3). Finalmente, el Hijo vino a este mundo y \u00abnos dio toda la novedad al darse a s\u00ed\u00ad mismo\u00bb (Adv. Haer. IV, 34,1).<\/p>\n<p>La novedad del cristianismo es la vida humaiya del Verbo: no hay un Dios nuevo, sino una manifestaci\u00f3n nueva de Dios en Jesucristo. La encarnaci\u00f3n es una teofan\u00ed\u00ada del Verbo de Dios, y el progreso consiste en la presencia humana y carnal del Verbo, hecho visible y palpable entre los hombres, a fin de manifestar al Padre, que sigue siendo invisible (Adv. Haer. IV, 24,2). El AT es el tiempo de la promesa; el NT es la realizaci\u00f3n de la promesa y el don del Verbo encarnado. Los dos Testamentos forman una trama indesgarrable. Ireneo pone de relieve los acontecimientos de la historia de la salvaci\u00f3n y vincula estrechamente el AT al \u00abevangelio tetramorfo\u00bb. Los ap\u00f3stoles son el eslab\u00f3n entre Cristo y la Iglesia (Adv. Haer. I, 27,2; IV, 37,7), pero Cristo es la clave de b\u00f3veda de todo el edificio.<\/p>\n<p>Casi todos los padres, especialmente Justino, Clemente, Or\u00ed\u00adgenes, Basilio, Gregorio de Nisa y Agust\u00ed\u00adn, insisten, como Ireneo, en este car\u00e1cter de \u00abeconom\u00ed\u00ada\u00bb de la revelaci\u00f3n. Esta se presenta como un plan de salvaci\u00f3n, infinitamente sabio, que Dios concibe desde toda la eternidad y realiza pacientemente por caminos previstos por \u00e9l, preparando y educando ala humanidad, haci\u00e9ndola madurar y revel\u00e1ndole progresivamente lo que ella es capaz de comprender. Los padres, sobre todo Ireneo, se complacen en trazar la historia de los pasos que Dios ha dado para \u00abacostumbrar\u00bb al hombre a su presencia.<\/p>\n<p>Con esta idea se relaciona la de los plazos de la venida de Cristo. La Carta a Diogneto afirma que los hombres ten\u00ed\u00adan que pasar por la experiencia de su impotencia antes de conocer la plenitud de la salvaci\u00f3n (perspectiva dram\u00e1tica). Ireneo, Clemente, Or\u00ed\u00adgenes (en algunos textos) desarrollan la tesis de la pedagog\u00ed\u00ada divina. Dios educa a la humanidad para que reciba la plenitud de los dones divinos de la encarnaci\u00f3n (perspectiva optimista). Para Agust\u00ed\u00adn y Or\u00ed\u00adgenes (en otros textos) apenas se plantea este problema, ya que la Iglesia tiene la extensi\u00f3n de toda la humanidad. Comenz\u00f3 ya con los patriarcas. La verdad de Cristo era ya conocida por los profetas del AT.<\/p>\n<p>Evocando constantemente las etapas de esta econom\u00ed\u00ada y de esta pedagog\u00ed\u00ada, los padres no dejan de afirmar el car\u00e1cter hist\u00f3rico de la revelaci\u00f3n: su vinculaci\u00f3n profunda a la historia en su preparaci\u00f3n, en su anuncio y en su plenitud en Jesucristo, en su extensi\u00f3n a todo el mundo por medio de los ap\u00f3stoles y de la Iglesia. Este esquema conoce algunas variantes concretamente en el lugar que se concede a los profetas y a los ap\u00f3stoles, as\u00ed\u00ad como en la importancia que se le atribuye a la filosof\u00ed\u00ada. Pero, para todos, la revelaci\u00f3n culmina en Cristo, Hijo del Padre, Verbo o Logos encarnado y, por consiguiente, perfecto revelador.<br \/>\n4) Centralidad de Cristo. Todos los padres de la Iglesia ven en Cristo la cima, la consumaci\u00f3n de la historia de la salvaci\u00f3n. Verbo de Dios, Hijo del Padre, asume todos los caminos de la encarnaci\u00f3n, tanto la palabra como la acci\u00f3n, para darnos a conocer al Padre y su designio de salvaci\u00f3n. Sin embargo, ordinariamente es a la palabra humana de Cristo a la que atribuye el papel principal. Prioridad que se expresa en los vocablos que emplean: palabra de Dios, palabra de Cristo, buena nueva o evangelio, ense\u00f1anza, doctrina de la fe, de la salvaci\u00f3n, prescripciones, mandamientos, \u00f3rdenes de Dios o de Cristo, regla de verdad, regla de fe, ete. Para Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada, Ireneo y Atanasio, la encarnaci\u00f3n y la revelaci\u00f3n forman una unidad.<\/p>\n<p>Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada ve en la persona de Cristo el todo de la revelaci\u00f3n y de la salvaci\u00f3n: \u00abNo hay m\u00e1s que un solo Dios que se manifest\u00f3 por Jesucristo, su Hijo, que es su Verbo, salido del silencio\u00bb (Magn: 8,2; 6,1-2). Todas las manifestaciones del AT se orientan hacia la manifestaci\u00f3n definitiva de la encarnaci\u00f3n: \u00abEl conocimiento de Dios es Jesucristo\u00bb (Eph. 15,1; Magn. 9,1). A los judaizantes, que oponen el evangelio y los profetas y que subordinan el evangelio a los archivos del AT, Ignacio les presenta la persona de Cristo, en el que todo se resuelve en la unidad, esperanza y cumplimiento: \u00abPara m\u00ed\u00ad, mis archivos son Jesucristo; mis archivos inviolables son su cruz, su muerte y su resurrecci\u00f3n y la fe que viene de \u00e9l\u00bb (Phil. 8,1-2). Cristo es \u00abla puerta por la que entran Abrah\u00e1n, Isaac y Jac\u00f3b y los profetas y los ap\u00f3stoles de la Iglesia; todo esto conduce a la unidad con Dios\u00bb (Phil. 9,1). Cristo es el \u00fanico salvador y revelador.<\/p>\n<p>Ireneo polariza igualmente todo el acontecimiento de la revelaci\u00f3n en la encarnaci\u00f3n del Hijo: \u00abPor el Verbo hecho visible y palpable aparec\u00ed\u00ada el Padre\u00bb (Adv. H\u00e1er. IV, 6,6). El Hijo encarnado no procura solamente un conocimiento abstracto del Padre; es su manifestaci\u00f3n viva: No es que el Hijo sea naturalmente visible; es invisible por naturaleza, lo mismo que el Padre; pero la encarnaci\u00f3n lo hace visible y a trav\u00e9s de m\u00faltiples caminos le permite manifestar al Padre (Adv. Haer. IV, 6,6). La revelaci\u00f3n por consiguiente, a los ojos de Ireneo, se presenta como la epifan\u00ed\u00ada del Padre a trav\u00e9s del Verbo encarnado. Cristo o el Verbo encarnado es el visible, el palpable, el que manifiesta al Padre, mientras que el Padre es el invisible que manifiesta al Hijo encarnado y visible. As\u00ed\u00ad pues, Ireneo establece una equivalencia pr\u00e1ctica entre la encarnaci\u00f3n tomada en concreto y la revelaci\u00f3n: las dos pueden intercambiarse.<\/p>\n<p>Atanasio distingue dos aspectos en la manifestaci\u00f3n del Verbo por la encarnaci\u00f3n: la manifestaci\u00f3n de Cristo como persona divina, imagen del Padre y la comunicaci\u00f3n por medio de \u00e9l de la doctrina de la salvaci\u00f3n. A pesar de la ley y de los profetas, los hombres se han olvidado de Dios y han pecado. Por \u00abcondescendencia\u00bb, por \u00abfilantrop\u00ed\u00ada\u00bb y para restaurar en el hombre la imagen del Padre, el Verbo de Dios se ha encarnado (De Inc. 8), \u00abdivina epifan\u00ed\u00ada a los hombres\u00bb (De Inc. 1). Capta a los hombres en su nivel: as\u00ed\u00ad podr\u00e1n reconocer \u00aben sus obras hechas corporalmente al Verbo de Dios que est\u00e1 en- el cuerpo y, por medio de \u00e9l, al Padre\u00bb (De Inc. 14). Lo mismo que el Verbo invisible se manifestaba por la obra de su creaci\u00f3n, el Verbo encarnado se hace reconocer por sus obras de poder, los milagros (De Inc. 16). Atanasio afirma, como Or\u00ed\u00adgenes: \u00abEl Verbo&#8230; se ha hecho visible en su cuerpo para que tuvi\u00e9ramos una idea de su Padre invisible\u00bb (De Inc. 54). En segundo lugar, la encarnaci\u00f3n le permiti\u00f3 a Cristo dar a conocer al hombre la doctrina de la salvaci\u00f3n (De Ine. 52) e invitarlo a la fe.<\/p>\n<p>Aunque reconoce el papel central de Cristo, la teolog\u00ed\u00ada griega se muestra menos atenta al papel de la encarnaci\u00f3n. As\u00ed\u00ad, Justino y Clemente ven sobre todo en Cristo al maestro, fuente de toda verdad; y en la revelaci\u00f3n, la comunicaci\u00f3n de la verdad absoluta, de la verdadera filosof\u00ed\u00ada. Or\u00ed\u00adgenes se sit\u00faa en la uni\u00f3n de estas dos teolog\u00ed\u00adas; Para \u00e9l, Cristo revela en el sentido de que, por medio de la carne, podemos hacernos una idea del Verbo y, por el Verbo, imagen del Padre, una idea de Dios mismo. Los alejandrinos ven en Cristo al que trae la luz a las inteligencias sumergidas en las tinieblas. Nostalgia plat\u00f3nica del mundo de la luz y de su contemplaci\u00f3n por la inteligencia.<\/p>\n<p>5) Inaccesibilidad y conocimiento de Dios! La herej\u00ed\u00ada de Eunomio, en el siglo iv, obliga a los eapadocios :a tratar de nuevo el problema de la centralidad de Cristo, pero desde una perspectiva distinta. En efecto, Eunomio pretend\u00ed\u00ada que la esencia divina, una vez revelada, no presenta ya ning\u00fan misterio. Frente a este error, Gregorio de Nacianzo, Basilio y Gregorio de Nisa confiesan que Dios sigue siendo el inefable, el inaccesible, incluso despu\u00e9s de haberse revelado; es la tiniebla misteriosa que nadie puede penetrar por entero. Incluso los grandes confidentes de Dios, como Mois\u00e9s, David, Isa\u00ed\u00adas, Pablo, declaran que la esencia de Dios sigue siendo misterio. Lo que sabemos de los secretos de Dios nos viene de Cristo. S\u00f3lo \u00e9l atraviesa la opacidad de las tinieblas de nuestra ignorancia. Nuestra fe, dice Gregorio de Nisa, viene \u00abde nuestro Se\u00f1or Jesucristo, que es el Verbo de Dios, vida, luz y verdad, Dios y sabidur\u00ed\u00ada, y todo esto por naturaleza\u00bb. \u00abConvencidos de que Dios se ha aparecido en la carne; creemos este solo verdadero misterio de piedad, que se nos ha transmitido por el mismo Verbo, que por s\u00ed\u00ad mismo habl\u00f3 a los ap\u00f3stoles\u00bb (C. Eunom. 11,45,466-467).<\/p>\n<p>Lo mismo que los capadocios, san Juan Cris\u00f3stomo insiste en el hecho de que Dios, aun revelado, sigue siendo el Dios invisible, inenarrable, inescrutable, inaccesible, indefinible, irrepresentable; sigue siendo el abismo, la tiniebla. Lo que sabemos de Dios, se nos ha revelado por Cristo y su Esp\u00ed\u00adritu (Job. hom. 15,1).<\/p>\n<p>Los capadocios, como los alejandrinos, atienden particularmente a la apropiaci\u00f3n subjetiva de la verdad y a su fructificaci\u00f3n en el alma por la fe y los dones del Esp\u00ed\u00adritu. Bajo su acci\u00f3n iluminadora, el alma penetra cada vez m\u00e1s en los misterios del Padre y del Hijo: una b\u00fasqueda de la verdad que nunca acaba y que es cada vez m\u00e1s ardorosa. El Esp\u00ed\u00adritu irradia su luz en el alma, que, bajo los efectos de esta irradiaci\u00f3n, se va haciendo cada vez m\u00e1s transparente y espiritual. S\u00f3lo el Esp\u00ed\u00adritu, observa san Basilio, \u00abconoce las profundidades de Dios y la criatura recibe de \u00e9l la revelaci\u00f3n de sus misterios\u00bb (De Sp. S. 24).<\/p>\n<p>6) Doble dimensi\u00f3n de la revelaci\u00f3n. Esta insistencia en la acci\u00f3n iluminadora del creyente por el Esp\u00ed\u00adritu nos introduce en un \u00faltimo rasgo de la revelaci\u00f3n, que subrayan la mayor parte de los padres de la Iglesia: un tema especialmente ilustrado por san Agust\u00ed\u00adn, inspirado en san Juan y tambi\u00e9n en\u2020\u00a2 la filosof\u00ed\u00ada plat\u00f3nica y neoplat\u00f3nica. A la acci\u00f3n exterior de Cristo, que habla, predica y ense\u00f1a, corresponde una acci\u00f3n interior de la gracia, que los padres, siguiendo a la Escritura, designan como una revelaci\u00f3n, una atracci\u00f3n, una audici\u00f3n interior, una iluminaci\u00f3n, una unci\u00f3n, un testimonio. A1 mismo tiempo que la Iglesia proclama la buena nueva de la salvaci\u00f3n, el Esp\u00ed\u00adritu act\u00faa por dentro para hacer asimilable y fecunda la palabra o\u00ed\u00adda.<\/p>\n<p>Los alejandrinos insisten en esta segunda dimensi\u00f3n de la revelaci\u00f3n, pero es sobre todo Agust\u00ed\u00adn el que explica su funci\u00f3n y su mecanismo. La palabra de Cristo no es ya una palabra humana; est\u00e1 dotada de una doble dimensi\u00f3n, exterior e interior, en virtud de la gracia que la acompa\u00f1a y vivifica. Agust\u00ed\u00adn desarrolla esta idea sobre todo en su comentario a Juan 6,44: \u00abNadie puede venir a m\u00ed\u00ad si el Padre que me envi\u00f3 no lo atrae\u00bb, y en su De gratia Christi, dirigido contra Pelagio: \u00abVenir a Cristo\u00bb es sufrir la atracci\u00f3n del Padre, es creer. Si Pedro pudo confesar a Cristo como mes\u00ed\u00adas, fue en virtud de esta atracci\u00f3n, que es un don. Cristo hace o\u00ed\u00adr su palabra, pero es el Padre el que concede al hombre acogerla, en virtud de la atracci\u00f3n hacia el Hijo que \u00e9l produce en el alma. Recibir las palabras de Cristo, observa tambi\u00e9n Agust\u00ed\u00adn, es no solamente o\u00ed\u00adrlas exteriormente \u00abcon los o\u00ed\u00addos del cuerpo, sino en el fondo del coraz\u00f3n\u00bb, como los ap\u00f3stoles (Joh. Tr. 106,6). O\u00ed\u00adr con los o\u00ed\u00addos interiores, obedecer a la voz de Cristo y creer es todo la misma cosa (Joh. Tr. 115,4). Agust\u00ed\u00adn insiste en ello: la palabra o\u00ed\u00adda exteriormente no es nada si el Esp\u00ed\u00adritu de Cristo no act\u00faa interiormente para hacer que reconozcamos como palabra dirigida personalmente a nosotros la palabra o\u00ed\u00adda: \u00abJesucristo es nuestro maestro y su unci\u00f3n nos instruye. Si esta inspiraci\u00f3n y esta unci\u00f3n fallan, las palabras resonar\u00e1n in\u00fatilmente a nuestros o\u00ed\u00addos\u00bb (Ep. Joh. Tr. 3,13). Esta gracia es al mismo tiempo atractivo y luz. Atractivo que solicita las fuerzas del deseo; luz que hace ver en Cristo a la verdad en persona.<\/p>\n<p>El concilio de Orange, expres\u00e1ndose seg\u00fan las ideas de Agust\u00ed\u00adn, dir\u00e1 que nadie puede adherirse a la ense\u00f1anza del evangelio y poner un acto salv\u00ed\u00adfico sin \u00abuna iluminaci\u00f3n y una inspiraci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, que da a todos la suavidad de la adhesi\u00f3n y de la creencia a la verdad\u00bb (DS 377). El hombre recibe de Dios un doble don: el del evangelio y el de la gracia, para adherirse a \u00e9l en la fe (De gr. Christi I, 10,11; 26,27; 31,34). De forma m\u00e1s universal, Cristo, como Verbo de Dios, es la luz \u00fanica del hombre, el principio de todo conocimiento, tanto natural como sobrenatural. En t\u00e9rminos jo\u00e1nicos, Agust\u00ed\u00adn se complace en definir a Cristo como el camino, la verdad, la luz y la vida.<\/p>\n<p>En conclusi\u00f3n, la tem\u00e1tica desarrollada por los padres de la Iglesia sobre los puntos que hemos indicado es demasiado importante para que pueda prescindir de ella una teolog\u00ed\u00ada de la revelaci\u00f3n. En varios puntos disipa las tinieblas acumuladas por una reflexi\u00f3n construida fuera de las categor\u00ed\u00adas b\u00ed\u00adblicas o tributaria de una filosof\u00ed\u00ada de inspiraci\u00f3n racionalista.<\/p>\n<p>Para el per\u00ed\u00adodo medieval cf. Tom\u00e1s de Aquino.<\/p>\n<p>6. LAS DECLARACIONES DEL MAGISTERIO. En una perspectiva diacr\u00f3nica, las declaraciones del magisterio suceden naturalmente a la reflexi\u00f3n de la \u00e9poca patr\u00ed\u00adstica y medieval. El magisterio no interviene generalmente m\u00e1s que para enderezar o condenar una desviaci\u00f3n grave. Pues bien, durante los primeros siglos y durante toda la Edad Media jam\u00e1s se discuti\u00f3 la existencia de la revelaci\u00f3n. En todo caso, nunca se pronunci\u00f3 un anatema o una condenaci\u00f3n que hiciera creer e\u00ed\u00adi la negaci\u00f3n del hecho o en una contaniin\u00e1ci\u00f3n del concepto. Las controversias que ocupan la atenci\u00f3n de la Iglesia se refieren principalmente a la Trinidad,,a la encarnaci\u00f3n, a los misterios de Cristo. Nadie piensa en negar o .poner en duda el hecho de que Dios hablara a los hombres por Mois\u00e9s y los profetas, y luego por Cristo y los ap\u00f3stoles.<\/p>\n<p>La expresi\u00f3n m\u00e1s completa en la \u00e9poca medieval de la noci\u00f3n de revelaci\u00f3n es sin duda la que nos ofrece el IV concilio de Letr\u00e1n, en el a\u00f1o 1215: \u00abEsta santa Trinidad&#8230;, primero por Mois\u00e9s y los santos profetas y por sus dem\u00e1s servidores, seg\u00fan una disposici\u00f3n muy sabia de las circunstancias, dio al g\u00e9nero humano una doctrina de salvaci\u00f3n. Y finalmente el Hijo \u00fanico de Dios, Jesucristo&#8230;, hizo ver de manera m\u00e1s manifiesta el camino de la vida\u00bb (DS 800-801). El concilio, como los padres de la Iglesia, subraya los temas de la econom\u00ed\u00ada y del progreso de la revelaci\u00f3n, que culmina en Jesucristo. Como san Buenaventura y santo Tom\u00e1s,. habla de doctrina de la salvaci\u00f3n. La revelaci\u00f3n es la acci\u00f3n-fuente de donde procede esta doctrina, pero es la doctrina la que retiene la atenci\u00f3n. Todav\u00ed\u00ada no aparece el t\u00e9rmino revelaci\u00f3n.<\/p>\n<p>1) El concilio de Trento y el protestantismo. El protestantismo del primer per\u00ed\u00adodo, aunque no pone directamente en discusi\u00f3n la noci\u00f3n de revelaci\u00f3n, supone una amenaza para la misma. As\u00ed\u00ad Calvino, en su Institution de la religion chr\u00e9tienne (1, 5,2), admite que Dios se manifiesta a los hombres por las obras de su creaci\u00f3n, pero a\u00f1ade inmediatamente despu\u00e9s que la raz\u00f3n humana qued\u00f3 tan gravemente tocada por el pecado de Ad\u00e1n, que esta manifestaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo es in\u00fatil para nosotros. Por eso Dios regal\u00f3 a la humanidad no s\u00f3lo \u00abmaestros mudos\u00bb, sino tambi\u00e9n su divina palabra (ib, I, 6,1). As\u00ed\u00ad, de los dos tipos de conocimiento de Dios reconocidos tradicionalmente, a saber: por la creaci\u00f3n y por la revelaci\u00f3n hist\u00f3rica, el primero se ve marginado en beneficio del segundo. Muy pronto, el protestantismo tendi\u00f3 a desvalorizar todo conocimiento de Dios que no fuera por revelaci\u00f3n en Jesucristo. Adem\u00e1s, al mismo tiempo que afirmaba el principio de la salvaci\u00f3n por la gracia y la fe solamente, el protestantismo asentaba el de la autoridad soberana de la Escritura. La regla de fe es la Escritura sola, con la asistencia individual del Esp\u00ed\u00adritu, que permite captar lo que se ha revelado, y por tanto lo que hay que creer. El testimonio del Esp\u00ed\u00adritu en las almas es inseparable de la palabra de Dios en la Escritura. S\u00f3lo el Esp\u00ed\u00adritu ilumina la palabra.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, a primera vista, el protestantismo parece exaltar el car\u00e1cter trascendente de la revelaci\u00f3n, al suprimir todo intermediario entre la palabra de Dios y el alma que la recibe. Pero de hecho la compromete, pues al mismo tiempo que establece el principio de la autoridad soberana de la Escritura, se opone a la autoridad de la Iglesia (DS 1477), bien en su tradici\u00f3n, bien en las decisiones actuales de su magisterio. Corre el peligro de caer en una inspiraci\u00f3n incontrolable, encamin\u00e1ndose hacia el individualismo o el racionalismo. Un proceso que aparece con toda su desnuda claridad con el protestantismo liberal, pero que comenz\u00f3 ya en el siglo xvii. Por su parte, el concilio de Trento intent\u00f3 apartar el peligro m\u00e1s inmediato que constitu\u00ed\u00ada una atenci\u00f3n demasiado exclusiva a la Escritura, en detrimento de la Iglesia y de su tradici\u00f3n viva. El decreto sobre esta materia fue publicado el 15 de abril de 1546; dice as\u00ed\u00ad:<br \/>\n\u00abEl sacrosanto, ecum\u00e9nico y universal concilio de Trento&#8230;, poni\u00e9ndose perpetuamente ante sus ojos que, quitados los errores, se conserve en la Iglesia la pureza misma del evangelio que, prometido antes por obra de los profetas en las Escrituras santas, promulg\u00f3 primero por su propia boca nuestro Se\u00f1or Jesucristo, Hijo de Dios y mand\u00f3 luego que fuera predicado por ministerio de sus ap\u00f3stoles a toda criatura (Mt 28, 19s; Mc 16,15) como fuente de toda saludable verdad y de toda disciplina de costumbres; y viendo perfectamente que esta verdad y disciplina se contiene en los libros escritos y tradiciones no escritas que, transmitidas como de mano en mano, han llegado hasta nosotros -desde los ap\u00f3stoles, quienes las recibieron o bien de labios del mismo Cristo o bien por inspiraci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo; siguiendo los ejemplos de los padres ortodoxos, con igual afecto de piedad e igual reverencia recibe y venera todos los libros, as\u00ed\u00ad del Antiguo como del Nuevo Testamento, como quiera que un solo Dios es autor de ambos, y tambi\u00e9n las tradiciones mismas que pertenecen ora a la fe, ora a las costumbres, como oralmente por Cristo o por el Esp\u00ed\u00adritu Santo dictadas y por continua sucesi\u00f3n conservadas en la Iglesia Cat\u00f3lica\u00bb (DS 1501).<\/p>\n<p>Se\u00f1alemos, en primer lugar, que en este p\u00e1rrafo no aparece el t\u00e9rmino de revelaci\u00f3n: el que est\u00e1 en primer plano es el de evangelio, que representa un uso neotestamentario ampliamente utilizado, a saber: la buena nueva o el mensaje de salvaci\u00f3n tra\u00ed\u00addo y realizado por Cristo y predicado a toda criatura (Mc 16,15-16). El concilio se alinea entonces con el uso medieval y con el concilio de Letr\u00e1n.<\/p>\n<p>El evangelio, la doctrina de la salvaci\u00f3n, es el objeto propuesto a nuestra fe. De forma m\u00e1s sistem\u00e1tica, el texto encierra una triple afirmaci\u00f3n: a) El evangelio se nos ha dado de forma progresiva: anunciado primero por los profetas, promulgado luego por Cristo, predicado finalmente por orden suya, por los ap\u00f3stoles, a toda criatura. En \u00e9l est\u00e1 \u00abla fuente de toda saludable verdad y de toda disciplina de costumbres\u00bb. b) Esta verdad salv\u00ed\u00adfica y esta ley &#8216;de nuestro obrar moral, que tienen su \u00fanica fuente en el evangelio, est\u00e1n contenidas en los libros inspirados de la Escritura y en las tradiciones no escritas. c) El concilio acoge con la misma piedad y respeto la Escritura (AT y NT) y las tradiciones \u00abque vienen de labios de Cristo o bien por inspiraci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo&#8217;.&#8217; y \u00abse conservan en la Iglesia cat\u00f3lica por continua sucesi\u00f3n\u00bb. Por eso hay que creer todo lo que est\u00e1 contenido en la palabra de Dios, escrita o transmitida (DS 3011). El mensaje evang\u00e9lico \u00fanico, la buena nueva \u00fanica encuentra su expresi\u00f3n en dos formas distintas: escrita y oral. En el decreto sobre la justificaci\u00f3n se presenta de nuevo el objeto de fe como. una doctrina ense\u00f1ada por Cristo, transmitida por los ap\u00f3stoles, conservada por la Iglesia y defendida por ella contra todo error (DS 1520). No cabe duda: lo que est\u00e1 en el primer plano de la revelaci\u00f3n es el mensaje de salvaci\u00f3n; la doctrina ense\u00f1ada por Cristo. La centralidad de Cristo, corno persona, fuente, mediador y plenitud de la revelaci\u00f3n, pasa a un segundo plano.<\/p>\n<p>2) El concilio Vaticano I y el racionalismo. Por primera vez un concilio emplea expresamente el t\u00e9rmino revelaci\u00f3n. Pero lo que est\u00e1 en discusi\u00f3n no es todav\u00ed\u00ada la naturaleza y los rasgos espec\u00ed\u00adficos de esta revelaci\u00f3n, como en el Vaticano II, sino el hecho de su existencia, de su posibilidad, de su objeto. Como en el concilio de Trento, lo que llama la atenci\u00f3n no es tanto la acci\u00f3n reveladora original como el resultado, el objeto de esta acci\u00f3n, a saber: la doctrina de fe y su contenido: Dios y sus decretos, sus misterios.<\/p>\n<p>Para comprender el \/Vaticano 1 hay que recordar el contexto hist\u00f3rico precedente. Con la ilustraci\u00f3n europea de los siglos xvti y xviit llegan a ocupar el primer plano de la conciencia occidental las exigencias del sujeto pensante. Inevitablemente ten\u00ed\u00ada que plantearse el problema de una intervenci\u00f3n divina de modo trascendente.<br \/>\nAparte de la posici\u00f3n cat\u00f3lica, se pod\u00ed\u00ada te\u00f3ricamente pensar en tres respuestas diferentes, que existieron de hecho: o bien rechazar la hip\u00f3tesis de una revelaci\u00f3n y de una acci\u00f3n trascendente de Dios en la historia humana (respuesta del de\u00ed\u00adsmo y del progresismo -DS 3027-3028-,que exigen para la raz\u00f3n una autonom\u00ed\u00ada absoluta: la fe en una religi\u00f3n revelada representa un desprecio de la raz\u00f3n humana; el hombre ha de cesar de portarse como un \u00abni\u00f1o\u00bb, siempre sometido, siempre a remolque de la Iglesia), o bien reducir la revelaci\u00f3n a una forma especialmente intensa del sentimiento religioso universal (respuesta del protestantismo liberal y de las posiciones extremas del modernismo), o bien, finalmente, suprimir uno de los dos t\u00e9rminos: Dios (as\u00ed\u00ad los partidarios del evolucionismo absoluto, como los hegelianos, que conservan todav\u00ed\u00ada la palabra revelaci\u00f3n, pero vac\u00ed\u00ada de todo sentido tradicional; el cristianismo no representa m\u00e1s que un momento, ya superado, de la evoluci\u00f3n de la raz\u00f3n hacia su devenir total).<\/p>\n<p>Frente al pante\u00ed\u00adsmo y el de\u00ed\u00adsmo, el Vaticano I declara el hecho de una revelaci\u00f3n sobrenatural, su posibilidad, su conveniencia, su finalidad, su discernibilidad, su objeto. Para captar el alcance de su intervenci\u00f3n, hay que recordar los nombres que desde hace dos siglos dominan el pensamiento occidental: protestantes en su mayor\u00ed\u00ada, que fueron derivando poco a poco hacia las diversas formas del racionalismo y del materialismo. En Alemania, VVolf (16791754), Kant (1724-1804), Fichte (1762-1810), Schelling (1775-1854), Hegel (1770-1831), Schopenhauer (1788-1860), Schleiermacher (17681834), Strauss (1808-1874), Baur (1792-1860). El racionalismo ingl\u00e9s se relaciona con la filosof\u00ed\u00ada de Bacon (1561-1626), con el materialismo de Hobbes (1588-1679), con el sensualismo de Locke (1631-1704); en continua deriva, aparecieron el positivismo de Stuart Mill (17721836), el evolucionismo sabio de Spencer (1820-1903) y de Darwin (1809-1882). En Francia, Voltaire (1694-1778) y Rousseau (1712-1778) fueron, con la Enciclopedia, los maestros del laicismo moderno. Las teor\u00ed\u00adas de Locke penetraron all\u00ed\u00ad a trav\u00e9s de Condillac (1715-1780), mientras que el positivismo ingl\u00e9s, con Hume, Spencer y Darwin, se introduc\u00ed\u00ada por medio de Comte (1798-1857), Taine (1828-1893) y Littr\u00e9 (1801-1880).<\/p>\n<p>Ateni\u00e9ndonos al contexto inmediato del concilio, recordemos que el siglo xlx, excepto un corto per\u00ed\u00adodo de religiosidad rom\u00e1ntica, sufri\u00f3 sobre todo la influencia de los de\u00ed\u00adstas ingleses y de los enciclopedistas franceses. Se discuten en los ambientes cultos las nociones de sobrenatural, de revelaci\u00f3n, de misterio, de milagro, y se rechazan los t\u00ed\u00adtulos del cristianismo en nombre de la cr\u00ed\u00adtica hist\u00f3rica y de la filosof\u00ed\u00ada. La ciencia de las religiones, nueva por entonces, rechaza incluso su car\u00e1cter de trascendencia. La izquierda hegeliana, con Feuerbach, prepara el camino al ate\u00ed\u00adsmo de Marx, mientras que las explicaciones materialistas del mundo y de la vida van ganando r\u00e1pidamente .el favor del p\u00fablico, bajo la influencia de Spencer y de Darwin.<\/p>\n<p>En cuatro cap\u00ed\u00adtulos, la constituci\u00f3n Dei Filius, del Vaticano 1, expone la doctrina de la Iglesia sobre Dios, la revelaci\u00f3n, la fe, las relaciones entre la fe y la raz\u00f3n. Nos quedaremos sobre todo con la.contribuci\u00f3n del segundo cap\u00ed\u00adtulo, que se refiere a la revelaci\u00f3n; no tanto a su naturaieza como al hecho de su existencia, de su posibilidad, de su objeto.<\/p>\n<p>a) En el primer p\u00e1rrafo de este cap\u00ed\u00adtulo, el concilio distingue dos caminos por los que el hombre puede acceder al conocimiento de Dios: el camino ascendente, que arranca de la creaci\u00f3n (per ea quae Jacta sunt), tiene por instrumento la luz de la raz\u00f3n y alcanza a Dios, no en su vida \u00ed\u00adntima, sino en su relaci\u00f3n causal con el mundo; el segundo camino tiene por autor al Dios que habla, autor del orden sobrenatural, que se da a conocer a s\u00ed\u00ad mismo y los decretos de, ,su voluntad. A1 hablar del primer camina de acceso al conocimiento de Dios a trav\u00e9s de lo creado, el concilio no dice si este conocimiento se logra de hecho con o sin la ayuda de la gracia. Si el concilio afirma que la raz\u00f3n humana puede acceder al conocimiento de Dios por lo contingente, es ante todo porque ve esta verdad afirmada en la Escritura (Rom 1,18-32; Sab 13,1-9) y en toda la tradici\u00f3n patr\u00ed\u00adstica, y tambi\u00e9n porque la negaci\u00f3n de esta verdad conducir\u00ed\u00ada al escepticismo religioso.<\/p>\n<p>El segundo camino de acceso a Dios es el camino sobrenatural de la revelaci\u00f3n: \u00abSin embargo, plugo a la sabidur\u00ed\u00ada y a la bondad de Dios revelar al g\u00e9nero humano por otro camino, sobrenatural esta vez, a s\u00ed\u00ad mismo y los decretos eternos de su voluntad; as\u00ed\u00ad lo dice el ap\u00f3stol: `Despu\u00e9s de haber hablado Dios en otro tiempo en varias ocasiones y de diversas formas a los padres,por los profetas, en estos d\u00ed\u00adas, que son los \u00faltimos, nos ha hablado por el. Hijo\u00bb&#8216; (DS 3004). Aunque sumario, este texto nos ofrece varios datos importantes sobre la revelaci\u00f3n: 1. E1 texto establece el hecho de la revelaci\u00f3n sobrenatural y .positiva, tal como la proponen, el AT y el NT. 2. Esta operaci\u00f3n es esencialmente gracia, don del amor, efecto del \u00abbenepl\u00e1cito\u00bb de Dios (placuisse). 3. Iniciativa de Dios, la revelaci\u00f3n no se ha dado sin embargo sin motivo: conven\u00ed\u00ada a la sabidur\u00ed\u00ada y a .la bondad de Dios: a la sabidur\u00ed\u00ada de Dios, creador y providencia (DS 3001, 3003), para que las verdades religiosas de orden natural \u00abpudieran ser conocidas por todos, sin dificultad, con firme certeza y sin mezcla de error\u00bb (3005); y tambi\u00e9n a su sabidur\u00ed\u00ada de autor del orden sobrenatural, ya que si Dios elev\u00f3 al hombre a ese orden, ten\u00ed\u00ada que darle a conocer el fin y los medios para alcanzarlo. Conven\u00ed\u00ada adem\u00e1s a la bondad de Dios: ya la. misma iniciativa por la que Dios sale de su misterio, se dirige al hombre, lo interpela, entra en comunicaci\u00f3n personal con \u00e9l, es un signo de su benevolencia; el que esta comunicaci\u00f3n no s\u00f3lo haga m\u00e1s f\u00e1cil el camino natural del hombre hacia \u00e9l, sino que lo asocie a los secretos de su vida \u00ed\u00adntima, a \u00abla participaci\u00f3n en los-bienes divinos\u00bb (DS 3005), es lo que conviene al amor infinito. 4. El objeto material de la revelaci\u00f3n es Dios mismo y los decretos eternos de su libre voluntad. Los p\u00e1rrafos siguientes (DS 3004, 3005) indican que este objeto comprende tanto las verdades accesibles a la raz\u00f3n como los misterios que la superan. Por Dios hay que entender su existencia, sus atributos, as\u00ed\u00ad como la vida \u00ed\u00adntima de las tres personas; por decretos, los que conciernen a la creaci\u00f3n y al gobierno natural del mundo, as\u00ed\u00ad como los que se refieren a nuestra elevaci\u00f3n al orden sobrenatural, la encarnaci\u00f3n, la redenci\u00f3n, la vocaci\u00f3n de los elegidos. 5. Todo el g\u00e9nero humano es beneficiario de la revelaci\u00f3n; \u00e9sta es tan universal como la salvaci\u00f3n. 6. El texto de la carta a los Hebreos viene a confirmar esta doctrina del hecho de la revelaci\u00f3n y a marcar el progreso de una alianza a otra. La cita, estrechamente vinculada al texto, da a entender que la revelaci\u00f3n se concibe como palabra de Dios a la humanidad: Deus loqu\u00e9ns&#8230; locutus est. Lo que establece la unidad y la continuidad de las dos alianzas es la palabra de Dios: la del Hijo es la continuaci\u00f3n y la consumaci\u00f3n de la de los profetas:<br \/>\nb) 1. El segundo p\u00e1rrafo aporta a estos elementos de definici\u00f3n unas nuevas determinaciones relativas a la necesidad, la finalidad y el objeto de la revelaci\u00f3n. Si la revelaci\u00f3n es absolutamente necesaria, dice el concilio, es \u00abporque Dios, en su bondad infinita, ha ordenado al hombre a un fin sobrenatural, es decir, a la participaci\u00f3n de los bienes divinos\u00bb (DS 3005). Por tanto, es en definitiva la intenci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Dios lo que explica el car\u00e1cter necesario de la revelaci\u00f3n de las verdades de orden sobrenatural. Respecto a las verdades religiosas del orden natural, el concilio, recogiendo los mismos t\u00e9rminos de santo \/Tom\u00e1s, la describe con unos rasgos propios de la necesidad moral: esta necesidad no depende ni del objeto, ni del poder activo de la raz\u00f3n, sino de la condici\u00f3n actual de la humanidad. Sin la revelaci\u00f3n, esas verdades no \u00abpueden ser conocidas por todos, sin dificultad, con una firme certeza, sin mezcla de error\u00bb (S.Th. I, 1-1; II-II, 2-4, c).<\/p>\n<p>La enc\u00ed\u00adclica Humani generis, en el 1950, habla expresamente de \u00abnecesidad moral\u00bb. Se trata siempre del mismo objeto que en el p\u00e1rrafo anterior, pero considerado esta vez bajo su aspecto de proporci\u00f3n o desproporci\u00f3n con las fuerzas de la raz\u00f3n.<\/p>\n<p>2. Una palabra como \u00abrevelaci\u00f3n\u00bb evoca tanto la acci\u00f3n como el t\u00e9rmino de esa acci\u00f3n, a saber: el don recibido, la verdad revelada. Por eso el concilio se ve llevado, por una transici\u00f3n normal; a considerar la revelaci\u00f3n bajo su aspecto objetivo de palabra dicha o expresada. Lo que contiene esa revelaci\u00f3n, dice el concilio recogiendo las mismas palabras del concilio de Trento, son los libros escritos o las tradiciones que \u00abhabiendo sido recibidas por los ap\u00f3stoles de labios de Jesucristo en persona; o habiendo sido transmitidas por as\u00ed\u00ad decirlo de mano en mano por los mismos ap\u00f3stoles, a quienes se las dict\u00f3 el Esp\u00ed\u00adritu Santo, han llegado hasta nosotros\u00bb (DS 3006). Pero, con una precisi\u00f3n nueva que no aparec\u00ed\u00ada en el concilio de Trento, el Vaticano I emplea expresamente el t\u00e9rmino \u00abrevelaci\u00f3n\u00bb para designar el contenido de la palabra divina: haec porro supernaturalis revelatio. Esta palabra dicha por Dios, contenida en la Escritura y en la tradici\u00f3n, es el objeto de nuestra fe. Por eso el concilio declara en el cap\u00ed\u00adtulo III que debemos creer \u00abtodo lo que est\u00e1 contenido en la palabra de Dios escrita o transmitida\u00bb (DS 3011).<\/p>\n<p>c) A la revelaci\u00f3n de parte de Dios responde la fe de parte del hombre. El motivo de esta fe es la autoridad de Dios que habla. La fe, dice el concilio, se adhiere a las cosas reveladas, \u00abno por su verdad intr\u00ed\u00adnseca percibida a la luz natural de la raz\u00f3n, sino por la autoridad de Dios mismo que no puede ni enga\u00f1arse ni enga\u00f1ar\u00bb (DS 3008). La declaraci\u00f3n va dirigida evidentemente contra los racionalistas. Al distinguir as\u00ed\u00ad entre fe y ciencia, evidencia natural y asentimiento de fe, el concilio dice equivalentemente -aunque no aparece el t\u00e9rmino- que la palabra de Dios pertenece al orden del testimonio. En efecto, una palabra que exige una reacci\u00f3n de fe, es decir, que invita a admitirla s\u00f3lo por la autoridad del que habla, es propiamente un \u00abtestimonio\u00bb. ero la fe misma es un don de Dios. Recogiendo el texto del concilio de Orange (DS 377) y las afirmaciones vanas veces repetidas de la Escritura, de la tradici\u00f3n patr\u00ed\u00adstica y medieval, es concilio declara: nadie puede adherirse a la ense\u00f1anza del evangelio como es preciso para llegar ala salvaci\u00f3n, sin una iluminaci\u00f3n y una inspiraci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, que da a todos la suavidad de la adhesi\u00f3n y de la creencia en la verdad (DS 3010). El s\u00ed\u00ad de la fe en la predicaci\u00f3n del evangelio es al mismo tiempo abandono libre a la moci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>De este modo; el Vaticano I concibe la. revelaci\u00f3n, en sentido activo, como acci\u00f3n de Dios con vistas a la salvaci\u00f3n del hombre, por la que \u00e9l se da a conocer: a s\u00ed\u00ad mismo y los decretos de su voluntad. Sin embargo, est\u00e1 claro que es la revelaci\u00f3n en sentido objetivo lo que atrae su atenci\u00f3n. En la constituci\u00f3n sobre la Iglesia, el Vaticano I establece una ecuaci\u00f3n entre revelaci\u00f3n y&#8217;\/ dep\u00f3sito de la fe: \u00abA los sucesores de Pedro se les ha, prometido el Esp\u00ed\u00adritu Santo para que conserven santamente y expongan fielmente la revelaci\u00f3n transmitida por los ap\u00f3stoles o el dep\u00f3sito de la fe\u00bb(DS 3070).<\/p>\n<p>La contribuci\u00f3n del Vaticano I se reduce a los puntos siguientes: 1, afirmaci\u00f3n de la existencia de la revelaci\u00f3n sobrenatural de su posibilidad, de su necesidad, de su finalidad; 2, determinaci\u00f3n de su objeto material principal: Dios mismo y los decretos de su voluntad de salvaci\u00f3n;<br \/>\n3, la adopci\u00f3n del t\u00e9rmino \u00abrevelaci\u00f3n\u00bb en sentido activo y en sentido objetivo, que pasa a ser desde entonces un t\u00e9rmino oficias y t\u00e9cnico; 4, el recurso a las analog\u00ed\u00adas de la palabra y del testimonio (impl\u00ed\u00adcitamente) para describir esta realidad in\u00e9dita; 5, la fe adhesi\u00f3n libre a la predicaci\u00f3n del evangelio, es- sostenida par una acci\u00f3n interior del Esp\u00ed\u00adritu, que. fecunda la palabra escuchada. Esta contribuci\u00f3n, comparada con la del Vaticano II, parece todav\u00ed\u00ada muy peque\u00f1a, pero hay que apreciarla en su contexto.<\/p>\n<p>3) La crisis modernista. El modernismo, en su aspecto m\u00e1s profundo, es la manifestaci\u00f3n \u00abcontextual\u00bb de un esfuerzo, que hay que reanudar continuamente, por armonizar los datos de la revelaci\u00f3n con la historia, las ciencias y las culturas. Problema demasiado grave para resolverse de un solo golpe. El esfuerzo del modernismo no se comprende m\u00e1s que a la luz de los cambios que deb\u00ed\u00ada arrostrar la Iglesia de la \u00e9poca ante un mundo que se transformaba en todos los niveles. El proyecto de los modernistas se sit\u00faa en el nivel religioso e intelectual, pero tuvo la mala fortuna de llegar en un momento en que la Iglesia, mal preparada, inquieta ante un pensamiento cada vez m\u00e1s sedicioso, se sent\u00ed\u00ada desbordada por todas partes. En vez de abrirse \u00abal mundo de su tiempo\u00bb, como en es Vaticano I3, s\u00f3lo pens\u00f3 en defender= se, en condenar: produjo la Pascendi en vez de la Gaudium et spes. \u00c2\u00a1Qu\u00e9 contraste entre estos dos momentos de la historia de la Iglesia!<br \/>\nLos factores que estaban en juego en esta toma de conciencia de una nueva cultura en gestaci\u00f3n eran demasiado complejos para ser comprendidos por los mismos que se agruparon bajo el nombre de modernistas. \u00bfC\u00f3mo reunir bajo una misma etiqueta y acercar a pensadores tan distintos como M. Blondel, monse\u00f1or Mignot, L. Laberthonni\u00e9re, G. Tyrrell, el bar\u00f3n von H\u00fcgel y A. Loisy?Ciertamente, ning\u00fan modernista se habr\u00ed\u00ada reconocido en ese cuerpo doctrinal tan fuertemente estructurado que presenta la Pascendi. No existe un modernismo com\u00fan, sino tendencias que en aquella \u00e9poca parec\u00ed\u00adan conducir a graves y seguras desviaciones.<\/p>\n<p>En el movimiento de reflexi\u00f3n sobre la revelaci\u00f3n, los documentos antimodernistas representan un momento de la crisis de una Iglesia perdida todav\u00ed\u00ada en el \u00ablaberinto de la modernidad\u00bb (E. Poulat) y que deb\u00ed\u00ada aventurarse por pistas inexploradas. Los documentos de la \u00e9poca dan \u00abtestimonio\u00bb de una transici\u00f3n: se preocuparon m\u00e1s de proteger, de defender, que de crear y renovar. Por lo dem\u00e1s, no podemos concederla misma autoridad, a las decisiones de la Comisi\u00f3n b\u00ed\u00adblica, al decreto Lamentabili, ala enc\u00ed\u00adclica Pascendi, al,motu proprio Sacrorum antistitutn, que a un concilio de la amplitud del Vaticano II.<\/p>\n<p>Esencialmente, lo que tem\u00ed\u00ada la Iglesia en las tendencias avanzadas hasta el extremo del modernismo era ver c\u00f3mo se disolv\u00ed\u00ada la revelaci\u00f3n hist\u00f3rica en un sentimiento religioso ciego, surgido de las profundidades del subconsciente, bajo la presi\u00f3n del coraz\u00f3n y el impulso de la voluntad. En ese momento se caer\u00ed\u00ada en las posiciones de A. Sabatier. La revelaci\u00f3n se reducir\u00ed\u00ada a una vaga experiencia religiosa, de la que las diversas religiones son otros tantos puntos de emergencia en la conciencia de cada una. Se concibe que el magisterio, ante semejantes desviaciones, defendiera con vigor el car\u00e1cter a la vez hist\u00f3rico y trascendente de la revelaci\u00f3n y su contenido doctrinal. Sin negar sus rasgos de inmanencia, se niega s aeducirla a una pura inmanencia.Contra los excesos del modernismo, que se opon\u00ed\u00ada a !a noci\u00f3n de revelaci\u00f3n como \u00abdep\u00f3sito divino\u00bb o \u00abconjunto de verdades definidas\u00bb, para sustituirla por una revelaci\u00f3n, creaci\u00f3n humana, nacida de las profundidades de la subconsciencia, que se iba elaborando paulatinamente de lo oscuro a lo claro, de lo informulado a lo formulado, \u00e9l juramento antimodernista declara que el objeto de fe es \u00abtodo lo que Dios ha dicho, atestiguado y revelado\u00bb (DS 3542). La revelaci\u00f3n es el contenido de una palabra, de un testimonio, Ese contenido se llama en otros lugares doctrin\u00e1, palabra revelada, evangelio (DS 3538-3550). Por primera vez en un documento oficial, se encuentran reunidos los tres t\u00e9rminos de palabra (dicta), testimonio (testctta) y revelaci\u00f3n (revelttta). Cada uno de estos tres t\u00e9rminos recoge ,y precisa al anterior: palabra, la revelaci\u00f3n se dirige al hombre y le comunica los designios de Dios: testimonio, exige la reacci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica de la fe. La revelaci\u00f3n es palabra de testimonio: de ah\u00ed\u00ad la definici\u00f3n de locutip Dei attestans, que har\u00e1 fortuna durante varios decenios y que condensa en una f\u00f3rmula las declaraciones de la Escritura, de la tradici\u00f3n patr\u00ed\u00adstica y de la teolog\u00ed\u00ada. Lo que Dios ha dicho, atestiguado, revelado, la Iglesia lo llama: palabra revelada, doctrina de fe, dep\u00f3sito divino confiado a ella para ser conservado sin a\u00f1adidos, sin alteraciones, sin cambios de sentido o de interpretaci\u00f3n. Esta doctrina no es del hombre, sino de Dios.<\/p>\n<p>Sobre el tema de la revelaci\u00f3n, los documentos antimodernistas aportan una terminolog\u00ed\u00ada m\u00e1s precisa, al mismo tiempo que se caracterizan por una evidente inflaci\u00f3n del car\u00e1cter doctrinal de la revelaci\u00f3n, en perjuicio de su car\u00e1cter hist\u00f3rico y personal. Se comprende mejor entonces la alergia de la teolog\u00ed\u00ada preconciliar, representada por hombres c\u00f3mo De Lubac, Dani\u00e9lou, Brouillard, V\u00f3n Balthasar, Chenu, que se elevan contra cierto intelectualismo que tender\u00ed\u00ada a hacer de la revelaci\u00f3n la comunicaci\u00f3n de un sistema de ideas m\u00e1s bien que la manifestaci\u00f3n de una persona que es verdad personificada, punto de llegada de una historia que culmina en Jesucristo. Los excesos de los te\u00f3logos antimodernistas provocaron una reacci\u00f3n que se manifest\u00f3 en la l Dei Verbum. Las quejas de la teolog\u00ed\u00ada preconciliar se reduc\u00ed\u00adan a dos: temor de reducir el cristianismo a un intelectualismo exagerado; positivamente, deseo de una mayor fidelidad a los datos de la Escritura y de la tradici\u00f3n.<\/p>\n<p>7. REFLEXI\u00ed\u201cN SISTEM\u00ed\u0081TICA: SINGULARIDAD DE LA REVELACI\u00ed\u201cN CRISTIANA. I) Contexto. La teolog\u00ed\u00ada actual de la revelaci\u00f3n concilar y posconciliar no es fruto de una generaci\u00f3n espont\u00e1nea, sino m\u00e1s bien el resultado de un camino laboriosamente recorrido, a lo largo de muchos a\u00f1os, en medio de tensiones dram\u00e1ticas. Esta reflexi\u00f3n ha nacido en un contexto de cambios acelerados, muy bien descrito por la Gaudium et spes (nn. 4-10). El esp\u00ed\u00adritu cient\u00ed\u00adfico ha extendido su imperio sobre todo el mundo del conocimiento: sobre las ciencias f\u00ed\u00adsicas, biol\u00f3gicas, psicol\u00f3gicas, econ\u00f3micas y sociales. Adem\u00e1s, esta ciencia no se ha constituido fuera de la filosof\u00ed\u00ada. Las- filosof\u00ed\u00adas de moda son las de la existencia, la persona, la historia, el lenguaje, la praxis (R. WINLING, La teolog\u00ed\u00ada del siglo XX, Salamanca 1987).<\/p>\n<p>El inter\u00e9s por la teolog\u00ed\u00ada de la revelaci\u00f3n en el mundo cat\u00f3lico se vio estimulado por la renovaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica y patr\u00ed\u00adstica. La vuelta a las fuentes b\u00ed\u00adblicas tuvo como corolario la primac\u00ed\u00ada de la palabra y de la acci\u00f3n reveladora. Efectivamente, en las enciclopedias y diccionarios recientes, los art\u00ed\u00adculos bajo las r\u00fabricas \u00abpalabra\u00bb, \u00ablenguaje\u00bb, \u00abrevelaci\u00f3n\u00bb, \u00abfe\u00bb constituyen muchas veces por su amplitud y la riqueza de su informaci\u00f3n verdaderas monograf\u00ed\u00adas. Adem\u00e1s, se han multiplicado los trabajos sobre las nociones fundamentales necesarias para la inteligencia de la revelaci\u00f3n (p.ej., gnosis, misterio, epifan\u00ed\u00ada, testigo, testimonio, palabra, verdad). Aunque la teolog\u00ed\u00ada patr\u00ed\u00adstica sobre el tema de la revelaci\u00f3n no ha progresado al mismo ritmo, la teolog\u00ed\u00ada de la revelaci\u00f3n ha podido aprovecharse ya de la renovaci\u00f3n de los estudios patr\u00ed\u00adsticos, bien a nivel de las grandes colecciones (Sources chr\u00e9tiennes, Handbuch der Dogmengeschichte), bien a nivel de las monograf\u00ed\u00adas (p.ej., sobre, Or\u00ed\u00adgenes, Ireneo, la escuela de Alejandr\u00ed\u00ada, Gregorio de Nisa, Hilario de Poitiers, Agust\u00ed\u00adn, etc.). Por su parte, la teolog\u00ed\u00ada protestante, por su abundancia y su calidad, ha contribuido notablemente a la renovaci\u00f3n de la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica. Baste recordar algunos de los nombres m\u00e1s importantes: t K. Barth, 1 R. Bultmann, E. Brunner, H.W. Robinson, l P. Tillich, H. R. Niebuhr, G. Kittel, J. Baillie. Acci\u00f3n, acontecimiento, historia, encuentro, significatividad, son otros tantos aspectos que la teolog\u00ed\u00ada protestante se complace en subrayar. En el mundo cat\u00f3lico son las reflexiones sobre el estatuto de la teolog\u00ed\u00ada, sobre el sentido de la predicaci\u00f3n (teolog\u00ed\u00ada kerigm\u00e1tica, teolog\u00ed\u00ada de la predicaci\u00f3n), sobre el desarrollo del dogma, sobre la fe, las que han servido de catalizadores. Luego, despu\u00e9s de la guerra, aparecieron los primeros ensayos de sistematizaci\u00f3n, que fueron el punto de partida de una prodigiosa proliferaci\u00f3n de monograf\u00ed\u00adas sobre la revelaci\u00f3n misma, sobre la Dei Verbum, sobre la teolog\u00ed\u00ada fundamental.<\/p>\n<p>Esta toma de conciencia de la importancia del tema de la revelaci\u00f3n no se ha producido sin sufrimientos y sin v\u00ed\u00adctimas. En efecto, la teolog\u00ed\u00ada de la revelaci\u00f3n se ha construido en un clima de tensi\u00f3n entre la ense\u00f1anza oficial y una investigaci\u00f3n marcada por las nuevas corrientes de pensamiento. La teolog\u00ed\u00ada de los manuales no era bastante sensible al movimiento de la historia, al car\u00e1cter interpersonal de la revelaci\u00f3n y de la fe. Su atenci\u00f3n se dirig\u00ed\u00ada m\u00e1s bien al aspecto objetivo de la revelaci\u00f3n que a la acci\u00f3n reveladora en s\u00ed\u00ad misma. Estaba m\u00e1s preocupada por conservar la doctrina que por hacer fructificar el tesoro. La libertad de investigaci\u00f3n estaba severamente controlada por el Santo Oficio. En este sentido es t\u00ed\u00adpico el debate que rode\u00f3 ala \u00abnueva teolog\u00ed\u00ada\u00bb, que se desarroll\u00f3 en medio de sospechas, de denuncias, de suspensiones de ense\u00f1anza.<\/p>\n<p>2): Tipolog\u00ed\u00ada de la revelaci\u00f3n. La verdad es que muchas de estas tomas deposici\u00f3n aparentemente irreductibles se deben ala complejidad misma de la revelaci\u00f3n, a sus paradojas, a la multiplicidad de sus aspectos. Lo cierto es que la revelaci\u00f3n es de una riqueza inagotable: a la vez acci\u00f3n, historia, conocimiento, encuentro, comuni\u00f3n, trascendencia e inmanencia, progreso, econom\u00ed\u00ada y consumaci\u00f3n definitiva. La polivalencia misma de la realidad expone constantemente al te\u00f3logo a valorar un aspecto en detrimento del otro, falseando as\u00ed\u00ad el equilibrio. \u00bfQui\u00e9n puede pretender recoger todo el esplendor de una catedral desde un solo \u00e1ngulo de perspectiva? Esta diversidad de perspectiva es lo que legitima ciertos ensayos como el de A. Dulles Models of Revelation (Nueva York 1983).<\/p>\n<p>En un estudio diacr\u00f3nico hemos constatado ya c\u00f3mo la reflexi\u00f3n contextual de cada \u00e9poca privilegi\u00f3 alg\u00fan que otro aspecto, pero sin excluir o negar los dem\u00e1s. As\u00ed\u00ad, bajo la influencia griega se desarroll\u00f3 una reflexi\u00f3n que subray\u00f3 en la revelaci\u00f3n sobre todo el car\u00e1cter de conocimiento, de gnosis superior, en detrimento de una revelaci\u00f3n centrada en la manifestaci\u00f3n de la persona. Luego, el per\u00ed\u00adodo gregoriano, que culmina con Melchor Cano, estableci\u00f3 una diferencia -que se convirti\u00f3 casi en ruptura- entre el per\u00ed\u00adodo constitutivo de la revelaci\u00f3n y el per\u00ed\u00adodo siguiente, dedicado a exponer, a explicar, a interpretar el dato revelado concebido, ddeforma est\u00e1tica y jur\u00ed\u00addica. As\u00ed\u00ad se brra la contemporaneidad de la revelaci\u00f3n y de la fe actual. Con la Ilustraci\u00f3n, la raz\u00f3n se convierte en el Absoluto, capaz de conocerlo todo: el hombre no tiene ya nada que recibir de Dios. La reacci\u00f3n del Vaticano I fue reafirmar el don sobrenatural de la revelaci\u00f3n, sin liberarse sin embargo de cierto extrinsecismo, que separa la acci\u00f3n y el contenido de la revelaci\u00f3n, signos de una revelaci\u00f3n concebida sobre todo como doctrina. Con el Vaticano II, la revelaci\u00f3n recobra su centro en Jesucristo: Dios revelante, Dios revelado, signo de la revelaci\u00f3n. Cristo es el universal concreto, que estamos invitados a acoger en la fe.<\/p>\n<p>A. Dulles, en una perspectiva a la vez diacr\u00f3nica y sincr\u00f3nica, propone cinco modelos fundamentales de la revelaci\u00f3n, que comprenden todos los dem\u00e1s: a) El primer modelo es el de la revelaci\u00f3n concebida principalmente como una doctrina formulada en unas proposiciones que la Iglesia ofrece a nuestra fe. Este modelo pone de relieve el aspecto objetivo de la revelaci\u00f3n, identificada con el dep\u00f3sito de la fe confiado a la Iglesia. El origen divino de esta ense\u00f1anza est\u00e1 atestiguado por unos signos exteriores. Este modelo es el que comparten los evangelistas conservadores y la neoescol\u00e1stica; se encuentra igualmente en el ala integrista actual de la Iglesia cat\u00f3lica. b) Frente al primer modelo, el segundo pone en el primer plano de la revelaci\u00f3n los grandes acontecimientos de la historia de la salvaci\u00f3n, que culminan en la muerte y la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, y que permiten interpretar la historia anterior y la venidera. Esta revelaci\u00f3n pide una respuesta de indefectible esperanza en el Dios de la promesa y de la salvaci\u00f3n. Con acentuaciones muy diversas, este modelo est\u00e1 representado por O. Cullmann, W. Pannenberg, G.-E. Wright. c) En un tercer modelo, representado por Schleiermacher, Sabatier y Tyrrel, la revelaci\u00f3n se concibe sobre todo como una experiencia interior de gracia y de comuni\u00f3n con Dios, que se realiza en un encuentro directo e inmediato de cada uno con lo divino. Dios se comunica a s\u00ed\u00ad mismo al alma que se abandona a su acci\u00f3n: esta experiencia es portadora de salvaci\u00f3n y de vida eterna. Para algunos, Cristo sigue siendo el mediador de esta experiencia. En cualquier hip\u00f3tesis, la respuesta del hombre a esta experiencia m\u00ed\u00adstica es la del afecto piadoso, la de la plegaria del coraz\u00f3n. d) El cuarto modelo, representado por K. Barth, R. Bultmann, E. Brunner, G. Ebeling, concibe la revelaci\u00f3n como \u00abmanifestaci\u00f3n dial\u00e9ctica\u00bb. Puesto que Dios es el trascendente, el totalmente otro, es \u00e9l el que sale al encuentro del hombre que lo reconoce en la fe. La palabra de Dios revela y oculta al mismo tiempo la manifestaci\u00f3n de Dios. La primac\u00ed\u00ada de Dios es absoluta. Los bultmannianos, sin embargo, subrayan que el desvelamiento de Dios es al mismo tiempo desvelamiento al hombre de su condici\u00f3n de pecador. e) Seg\u00fan un quinto modelo, la revelaci\u00f3n encuentra su lugar privilegiado en un cambio del horizonte \u00faltimo del hombre. Se trata de una nueva toma de conciencia del hombre frente a la acci\u00f3n trascendente de Dios que se revela y frente al compromiso del hombre en la historia humana. Los acontecimientos del pasado s\u00f3lo tienen inter\u00e9s en cuanto que interpretan el presente. La revelaci\u00f3n tiene un poder salv\u00ed\u00adfico en cuanto que contribuye a restructurar incesantemente nuestra experiencia y el mundo mismo. La fe es la toma de conciencia de este proceso transformador de la revelaci\u00f3n. Este modelo est\u00e1 representado, con matices diferentes, por M. Blondel, P. Tillich, K. Rahner, G. Baum, G. Moran, D. Tracy, A. Darlap y por la teolog\u00ed\u00ada de la liberaci\u00f3n bajo la gu\u00ed\u00ada de G. Guti\u00e9rrez y L. Boff.<\/p>\n<p>A. Dalles intenta recuperar los valores de cada uno de estos modelos, no por la opci\u00f3n privilegiada de uno de ellos, o por una agrupaci\u00f3n selectiva de los mismos, o por medio de una armonizaci\u00f3n, sino por el camino de una \u00absuperaci\u00f3n\u00bb, que \u00e9l descubre en la mediaci\u00f3n simb\u00f3lica: concretamente, en el Cristo-s\u00ed\u00admbolo, que integra todos los modelos precedentes y los completa.<\/p>\n<p>Nosotros pensamos igualmente que Cristo es el \u00fanico camino de aproximaci\u00f3n a la revelaci\u00f3n: es su persona de Verbo encarnado la que lo asume todo, lo reclasifica todo, lo interpreta todo, lo descifra todo. Optamos por una aproximaci\u00f3n totalizante a la revelaci\u00f3n cristiana que permita expresar su \u00absingularidad\u00bb, sus rasgos \u00abespec\u00ed\u00adficos\u00bb, ofreciendo as\u00ed\u00ad la posibilidad de identificarla como tal, y al mismo tiempo distinguirla de las otras religiones que tienen la misma pretensi\u00f3n de ser \u00abreveladas\u00bb. Presentamos a continuaci\u00f3n estos rasgos que nos parecen pertenecer a la especificidad de la revelaci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>8. RASGOS ESPEC\u00ed\u008dFICOS DE LA REVELACI\u00ed\u201cN CRISTIANA. 1) Principio de historicidad. El primer rasgo espec\u00ed\u00adfico de la revelaci\u00f3n cristiana es el v\u00ed\u00adnculo org\u00e1nico que la vincula a la historia. En un sentido muy general, todas las religiones son hist\u00f3ricas, es decir, coexisten con la historia; pero lo que especifica a la religi\u00f3n cristiana es no solamente que se dio en la historia y que posee ella misma una historia, sino que se despliega a partir de unos acontecimientos hist\u00f3ricos, cuyo sentido profundo fue notificado por unos testigos autorizados, y que se acaba en un acontecimiento por excelencia, el de la encarnaci\u00f3n del Hijo de Dios: un suceso cronol\u00f3gicamente definido, puntual, en situaci\u00f3n y en contexto respecto a la historia universal. As\u00ed\u00ad, a diferencia de las filosof\u00ed\u00adas orientales, del pensamiento griego y de los misterios hel\u00e9nicos, que no conceden ning\u00fan lugar a la historia o le hacen poco caso, la fe cristiana est\u00e1 esencialmente referida a unos \u00abacontecimientos\u00bb que han \u00absucedido\u00bb. La Escritura narra hechos, presenta a unas personas, describe unas instituciones. En otras palabras, el Dios de la revelaci\u00f3n cristiana no es simplemente el Dios del cosmos, sino el Dios de las intervenciones, de las irrupciones inesperadas en la historia humana; es un Dios que viene, interviene, act\u00faa, salva. No se hablar\u00ed\u00ada de revelaci\u00f3n, ni de AT ni de NT, ni de promesa ni de cumplimiento, sin una serie de acontecimientos situados en el tiempo, en un ambiente cultural determinado y sin unos mediadores que notifican de parte de Dios la \u00absignificatividad\u00bb de esa historia, proyectada hacia un cumplimiento definitivo en Jesucristo.<\/p>\n<p>Nunca se ha negado ni olvidado este v\u00ed\u00adnculo org\u00e1nico de la revelaci\u00f3n con la historia, aunque a lo largo de los siglos a veces ha sido poco subrayado. As\u00ed\u00ad el Vaticano I, como hemos visto, presenta la revelaci\u00f3n como un obrar divino por el que se nos comunica la doctrina revelada o el dep\u00f3sito de la fe. Cita a Heb 1,1; pero las implicaciones de este texto no entran de manera significativa en la descripci\u00f3n de la revelaci\u00f3n: \u00e9sta se presenta como una acci\u00f3n vertical, cuya conclusi\u00f3n es una doctrina sobre Dios, pero esta acci\u00f3n apenas roza la historia. La conciencia cristiana no se ha olvidado nunca de este rasgo fundamental de la revelaci\u00f3n: la prueba est\u00e1 en que la Iglesia ha rechazado constantemente todas las formas de gnosis que renacen continuamente: desde Marci\u00f3n hasta Bultmann. El Vaticano II ha cre\u00ed\u00addo oportuno reafirmar con energ\u00ed\u00ada este car\u00e1cter hist\u00f3rico de la revelaci\u00f3n.<\/p>\n<p>2) Estructura sacramental. La DV subraya con la misma energ\u00ed\u00ada que la revelaci\u00f3n no se identifica con la trama opaca de los acontecimientos de la historia. Afirma que se trata al mismo tiempo de una historia y de su interpretaci\u00f3n aut\u00e9ntica, incluyendo a la vez la horizontalidad del hecho y la verticalidad del sentido salv\u00ed\u00adfico, querido por Dios y notificado por sus testigos autorizados: los profetas, Cristo, los ap\u00f3stoles. La revelaci\u00f3n es al mismo tiempo acontecimiento y comentario. Decir que Dios se revela verbis gestisque es decir que Dios interviene en la historia, pero por unas mediaciones: mediaci\u00f3n de los acontecimientos, de las obras, de los gestos y mediaci\u00f3n de algunos elegidos para interpretar estos acontecimientos. Dios entra verdaderamente en comunicaci\u00f3n con el hombre, le habla; pero por la mediaci\u00f3n de una historia significante&#8217;y aut\u00e9nticamente interpretada. El acontecimiento no entrega todo su sentido m\u00e1s que por la mediaci\u00f3n de la palabra. Sin Mois\u00e9s; como ya hemos visto, el \u00e9xodo no seria m\u00e1s que una emigraci\u00f3n como otras muchas. Esta estructura sacramental de la revelaci\u00f3n distingue a la revelaci\u00f3n cristiana de cualquier otra forma de revelaci\u00f3n, as\u00ed\u00ad como de toda apariencia de gnosis o de ideolog\u00ed\u00ada. La afirmaci\u00f3n de esta estructura, claramente expresada en la DV, constituye una revelaci\u00f3n cuyas implicaciones se hacen sentir en todos los niveles. Por ejemplo, si es verdad que la revelaci\u00f3n cristiana se realiza por los verba y los gesta de Cristo, se sigue que la transmisi\u00f3n de esta revelaci\u00f3n no puede reducirse a la comunicaci\u00f3n de un cuerpo doctrinal. En ese caso la revelaci\u00f3n se convertir\u00ed\u00ada en un discurso sobre Dios, pero sin impacto en la vida.<\/p>\n<p>3). Progreso dial\u00e9ctico del AT: La dimensi\u00f3n hist\u00f3rica afecta a la revelaci\u00f3n en su progreso tanto como en su estructura. Est\u00e9 progreso se efect\u00faa seg\u00fan un doble movimiento dial\u00e9ctico: promesa y cumplimiento por parte de Dios, atenci\u00f3n meditativa y confiada por parte de Israel.<\/p>\n<p>a) A los ojos de Israel, lo que cuenta no es tanto el ciclo anual, en el que toda comienza de nuevo, como lo que Dios hizo, hace y har\u00e1 seg\u00fan sus promesas. La,promesa y el cumplimiento constituyen el dinamismo de este tiempo en tres dimensiones. Pero lo que pone en movimiento-esta historia y mantiene su impulso es la intervenci\u00f3n del Dios de la promesa. En efecto, es la promesa, con la esperanza que suscita en el acontecimiento que la, colmar\u00e1, lo que sensibiliza a la historia. Como Dios es fiel a sus promesas, cada nuevo cumplimiento hace esperar un cumplimiento m\u00e1s decisivo todav\u00ed\u00ada y constituye una especie de relevo en el desarrollo continuo de la historia hacia su t\u00e9rmino final. Por eso Israel no s\u00f3lo conmemora el pasado, sino que lo considera como promesa. del porvenir. La misma salvaci\u00f3n escatol\u00f3gica se describe en la categor\u00ed\u00ada de la promesa; pero de una promesa ampliada, de un cumplimiento que ser\u00e1 la transfiguraci\u00f3n del pasado. El acontecimiento decisivo ser\u00e1 un nuevo \u00e9xodo, una nueva alianza, ,una salvaci\u00f3n universal. As\u00ed\u00ad, gracias a la promesa, toda la historia est\u00e1 en marcha hacia el futuro, hacia un cumplimiento definitivo de esa historia, sin que pueda sin embargo anticiparla m definirla con claridad. Aunque desde el punto de vista fenomenal la historia de Israel parece ir en declive, caminando hacia un fracaso, realmente en el nivel m\u00e1s profundo de la promesa y de la historia de la salvaci\u00f3n, la revelaci\u00f3n se encamina hacia el tiempo de la plenitud, que, es el tiempo de Cristo.<\/p>\n<p>b) A la dial\u00e9ctica de la promesa y del cumplimiento de la palabra de Dios responde por parte de Israel una actitud de atenci\u00f3n meditativa y de confianza en la promesa. En efecto, puesto que la historia es el lugar de la revelaci\u00f3n de Yhwh, Israel no deja de meditar en los acontecimientos que marcaron su nacimiento y su desarrollo como pueblo. En particular, los acontecimientos del \u00e9xodo; de la elecci\u00f3n, de la alianza y de la ley constituyen una especie de prototipo de las relaciones de Yhwh y de su pueblo, que es como la clave de toda interpretaci\u00f3n ulterior. El AT, en su forma actual, es el fruto del rumiar multisecular del pueblo de Dios, bajo la gu\u00ed\u00ada de los profetas y de los escritores inspirados, pero a partir de los mismos acontecimientos. Las .grandes recopilaciones que llamamos el Yahvista, el Eloh\u00ed\u00adsta, la tradici\u00f3n sacerdotal, el Deuteronomio, el Cronista, nacieron de esta reflexi\u00f3n: representan otras tantas relecturas de la historia de la salvaci\u00f3n. As\u00ed\u00ad pues, la unificaci\u00f3n del AT se hizo no sobre la base de una sistematizaci\u00f3n l\u00f3gica, sino a partir de la sucesi\u00f3n de los acontecimientos prometidos y cumplidos por Dios. El principio de unificaci\u00f3n es ante todo el obrar de Dios en la historia, seg\u00fan una concepci\u00f3n del tiempo, no solamente lineal, sino m\u00e1s bien en espiral, por c\u00ed\u00adrculos cada vez m\u00e1s amplios y ricos de inteligibilidad. En fin, al ser la revelaci\u00f3n sobre todo promesa y cumplimiento, el tiempo presente aparece como un tiempo de espera vigilante, de esperanza y de confianza. Para Israel, creer es obedecer y confiarse; es reconocer a Yhwh como el \u00fanico Dios salvador y confiar en sus promesas. A medida que va avanzando Israel en el tiempo, pasando dolorosamente por la experiencia de su fracaso y su pecado, va viviendo en la esperanza de Aquel que viene y de la salvaci\u00f3n definitiva que trae consigo. La esperanza va creciendo al ritmo de la desgracia.<\/p>\n<p>4) Principio encarnacional. Si la revelaci\u00f3n cristiana es hist\u00f3rica, hay que a\u00f1adir inmediatamente un segundo rasgo, m\u00e1s espec\u00ed\u00adfico a\u00fan que el primero, a saber: el de la encarnaci\u00f3n del Hijo de Dios entre los hombres. La encarnaci\u00f3n es el tiempo de la plenitud, el momento en que el ritmo de la historia se precipita y se concentra en la persona del Verbo hecho carne. La novedad es radical y absoluta. Dios no solamente entra en la historia, sino que, para manifestarse, asume lo que hay m\u00e1s distinto de \u00e9l: el cuerpo y la carne del hombre, con todos los riesgos y los l\u00ed\u00admites del lenguaje, de la cultura y de la instituci\u00f3n. Cristo no trae consigo solamente la revelaci\u00f3n: es \u00e9l mismo la revelaci\u00f3n, la epifan\u00ed\u00ada de Dios. Sin embargo, esta oscuridad de la carne se convierte en el medio privilegiado por el que Dios quiere manifestarse y darse definitivamente a nosotros en una revelaci\u00f3n que no pasar\u00e1. La gracia de Dios, dice san Pablo, \u00abahora se ha manifestado con la aparici\u00f3n de nuestro Se\u00f1or, Cristo Jes\u00fas\u00bb (2Tim 1,10). Es decir, en Jesucristo, la agape de Dios, \u00abDios ha manifestado su bondad y su amor por los hombres\u00bb (Tit 3,4). En Jesucristo, \u00abla vida se ha manifestado\u00bb (1Jn 1,2-3). Gracias al signo de la humanidad de Cristo, Juan pudo ver, escuchar y palpar al Verbo encarnado. As\u00ed\u00ad pues, seg\u00fan los t\u00e9rminos de la Escritura, la encarnaci\u00f3n es, en su realizaci\u00f3n concreta, la revelaci\u00f3n de Dios mismo en persona. Cristo es la palabra epif\u00e1nica de Dios. La humanidad de Cristo es la ex-presi\u00f3n de Dios. En Cristo, el signo alcanza su punto m\u00e1s alto de expresividad, ya que est\u00e1 presente y activo por la plenitud del significado, a saber: Dios mismo. Cristo es el sacramento de Dios, el signo de Dios. Este principio encarnacional de la revelaci\u00f3n est\u00e1 indicado en la DV en un texto de rara densidad y concisi\u00f3n; \u00abPues \u00e9l (Jesucristo; Verbo hecho carne), con su presencia y manifestaci\u00f3n&#8230;, lleva a plenitud toda la revelaci\u00f3n y la confirma con testimonio divino, a saber: que Dios est\u00e1 con nosotros\u00bb (DV 4).<\/p>\n<p>Este principio encarnacional tiene m\u00faltiples consecuencias para la inteligencia de la revelaci\u00f3n:<br \/>\na) En primer lugar hay que subrayar que la funci\u00f3n reveladora de Cristo es el resultado inmediato de la encarnaci\u00f3n. La revelaci\u00f3n y la encarnaci\u00f3n pertenecen al mismo misterio de la elevaci\u00f3n de la naturaleza humana y del lenguaje humano. La encarnaci\u00f3n subraya c\u00f3mo el Hijo tom\u00f3 la carne del hombre por la uni\u00f3n hipost\u00e1tica, mientras que la revelaci\u00f3n subraya la manifestaci\u00f3n de Dios por los caminos de la carne y del lenguaje. Pero la encarnaci\u00f3n, como la revelaci\u00f3n, es automanifestaci\u00f3n y autodonaci\u00f3n de Dios. Al revelarse, Dios se da; y al darse por la encarnaci\u00f3n, Dios se revela.<\/p>\n<p>b) En segundo lugar, si por la encarnaci\u00f3n hay una verdadera \u00abinhumanizaci\u00f3n\u00bb de Dios, se sigue que todas las dimensiones del hombre son asumidas y utilizadas para servir de expresi\u00f3n a la persona absoluta. No solamente las palabras de Cristo, su predicaci\u00f3n, sino tambi\u00e9n sus acciones, sus ejemplos, sus actitudes, su comportamiento con los peque\u00f1os, con. los pobres, con los marginales, con todos los que la humanidad ignora, desprecia o rechaza, as\u00ed\u00ad como su pasi\u00f3n y su muerte, su existencia entera, es una perfecta actuaci\u00f3n para revelarnos su propio misterio, el misterio de la vida trinitaria y nuestro misterio de hijos. Cristo se compromete por entero en la revelaci\u00f3n del Padre y de su amor. Por tanto, hay que decir que el amor de Cristo es el amor de Dios en visibilidad, que las palabras y acciones de Cristo son las acciones y las palabras humanas de Dios.<\/p>\n<p>c) Ampliando la aplicaci\u00f3n de este principio encarnacional, podemos decir que el Verbo de Dios, al encarnarse asume las diversas culturas de la. humanidad para decir la salvaci\u00f3n cristiana a cada pueblo y para llevar a esas culturas a su perfecci\u00f3n. Por otra parte, si es verdad que Cristo pertenece a una cultura determinada, es en virtud de su trascendencia, en cuanto absoluto, como salva a las culturas, incluso a la suya, de sus desviaciones y escorias; como las purifica, las endereza, las eleva y las perfecciona. .<\/p>\n<p>d) Comprendemos mejor el sentido de esta econom\u00ed\u00ada de la encarnaci\u00f3n, si observamos que lo que Cristo viene a revelar a los hombres, es decir, su condici\u00f3n de hijos, es un nuevo estilo de vida, una praxis. Pues bien, la revelaci\u00f3n de este nuevo estilo de vida por el \u00fanico camino de una ense\u00f1anza oral hubiera sido muy poco eficaz y sin un verdadero impacto. Hab\u00ed\u00ada que \u00abilustrar\u00bb, \u00abejemplificar\u00bb, vivir ese nuevo estilo de vida. Por eso Cristo, Hijo del Padre en el seno de la Trinidad, vino a los hombres para revelarles su condici\u00f3n de hijos tomando \u00e9l mismo una condici\u00f3n de hijo. Escuchando a Cristo y contempl\u00e1ndolo, vi\u00e9ndole obrar, es como se nos revela nuestra condici\u00f3n de hijos y aprendemos con qu\u00e9 amor ama el Padre al Hijo y a los hombres, sus hijos adoptivos.<\/p>\n<p>5) Centralidad absoluta de Cristo. Si Cristo es a la vez el misterio revelante y el misterio revelado, el mediador y la plenitud de la revelaci\u00f3n (DV 2 y 4), se sigue que \u00e9l ocupa en la fe cristiana una posici\u00f3n absolutamente \u00fanica, que distingue al cristianismo de todas las otras religiones, incluido el juda\u00ed\u00adsmo. El cristianismo es la \u00fanica religi\u00f3n cuya revelaci\u00f3n se encarna en una persona que se presenta como la verdad viva y absoluta. Otras religiones tuvieron sus fundadores; pero ninguno de ellos (Buda, Confucio, Zoroastro, Mahoma) se propuso como objeto de la fe de sus disc\u00ed\u00adpulos. Creer en Cristo es creer en Dios. Cristo no es un simple fundador de una religi\u00f3n; es a la vez inmanente a la historia y el trascendente absoluto; uno entre millones, pero como el \u00fanico, el totalmente otro.<\/p>\n<p>Si Cristo est\u00e1 entre nosotros como el Verbo encarnado, los signos que permiten identificarlo como tal no son exteriores a \u00e9l, a la manera de un pasaporte o un sello de consulado, sino que emanan de ese centro personal de irradiaci\u00f3n que es Cristo. Como \u00e9l es en su persona, en su ser interno, luz y fuente de luz, Jes\u00fas puede hacer gestos, proclamar un mensaje, introducir en el mundo una calidad de vida y de amor jam\u00e1s vista, jam\u00e1s imaginada, jam\u00e1s vivida, y hacer surgir la cuesti\u00f3n de su identidad real. En efecto,, las obras, el mensaje, el comportamiento de Jes\u00fas son de otro orden: manifiestan en nuestro mundo la presencia del totalmente otro: El cercano es realmente el trascendente; el uno entre millones es el \u00fanico; el predicador sin techo es el omnipotente; el condenado a muerte es.el tres veces santo. Esta presencia simult\u00e1nea nos pone alerta y nos interpela. En \u00e9l hubo signos de debilidad, pero tambi\u00e9n signos de gloria, suficientes para ayudarnos a penetrar hasta el misterio de su identidad real. Jes\u00fas mismo es el signo que hay que descifrar, y todos los signos particulares apuntan hacia \u00e9l como un haz convergente. Este misterio del discernimiento de la epifan\u00ed\u00ada del Hijo entre los hombres, por la mediaci\u00f3n de los signos de su gloria, es otro rasgo distintivo y al mismo tiempo escandaloso de la revelaci\u00f3n cristiana.<br \/>\n6) Principio de la \u00abeconomia\u00bb. Uno de los principales m\u00e9ritos de la DV ha sido presentar la revelaci\u00f3n cristiana no como un misterio aislado, sino (siguiendo la tradici\u00f3n patr\u00ed\u00adstica) como una amplia \u00abeconom\u00ed\u00ada\u00bb, es decir, como un designio infinitamente sabio, que Dios descubre y realiza seg\u00fan unos caminos previstos por \u00e9l. Iniciativa del Padre, esta econom\u00ed\u00ada afecta a la historia y culmina en Jesucristo, plenitud de la revelaci\u00f3n, para perpetuarse luego, bajo la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, en la comunidad eclesial, a trav\u00e9s de la tradici\u00f3n y de la Escritura, en la espera de la consumaci\u00f3n escatol\u00f3gica. Todas las piezas de esta econom\u00ed\u00ada se sostienen y se iluminan mutuamente, se organizan en una s\u00ed\u00adntesis de la que Cristo y el Esp\u00ed\u00adritu son el principio de unificaci\u00f3n y de irradiaci\u00f3n. Ilustremos brevemente este otro rasgo de la- revelaci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>En esta econom\u00ed\u00ada, el AT ejerce una triple funci\u00f3n de preparaci\u00f3n, de profec\u00ed\u00ada y de prefiguraci\u00f3n, ya que al asumir la carne y el tiempo, el Verbo de Dios cualifica todo el tiempo de la econom\u00ed\u00ada de la salvaci\u00f3n. Todo lo que precede es preparaci\u00f3n de su venida: preparaci\u00f3n de una familia seg\u00fan la carne, preparaci\u00f3n de un ambiente social, preparaci\u00f3n de un lenguaje como medio de expresi\u00f3n, preparaci\u00f3n de unas instituciones (alianza, ley, templo, sacrificios, etc.) y de unos grandes acontecimientos (\u00e9xodo, conquista, monarqu\u00ed\u00ada, destierro, restauraci\u00f3n), que hicieron de la aparici\u00f3n,de Cristo una revelaci\u00f3n situada, \u00aben contexto\u00bb. En segundo lugar, el AT, como totalidad, es una profec\u00ed\u00ada del acontecimiento de Cristo, es decir, un esbozo del acontecimiento escatol\u00f3gico que se va constituyendo en el curso de los siglos, y que suscita la espera y el deseo del acontecimiento mismo, imprevisible e inaudito en su determinaci\u00f3n concreta. Cuando se da el acontecimiento, s\u00f3lo entonces adquiere la profec\u00ed\u00ada todo su sentido y todo su peso. Finalmente, el AT ejerce una funci\u00f3n de prefiguraci\u00f3n o de representaci\u00f3n simb\u00f3lica del eschaton: representaci\u00f3n en la que el hecho antiguo (acontecimiento, instituciones, personajes) mantiene toda su consistencia de hecho hist\u00f3rico, pero se encuentra al mismo tiempo incrementado, superado, trascendido por la presencia de Cristo entre nosotros, el Enmanuel.<\/p>\n<p>En efecto, cuando el Hijo est\u00e1 presente entre nosotros, se. nos da la novedad total. El acontecimiento colma y desborda la espera.<\/p>\n<p>Sin embargo, si es verdad que el AT comprendido, a la luz del evangelio adquiere un sentido nuevo, el AT confiere a su vez al NT una densidad y un peso temporal que no podr\u00ed\u00ada tener por s\u00ed\u00ad mismo. No se puede comprender el NT sin el discurso del AT, siempre presente como en filigrana. Sin la clave hermen\u00e9utica del AT, ciertos pasajes del NT (la cena,_pascual, la copa de la alianza nueva y eterna) siguen estando en la penumbra. Caminando con los disc\u00ed\u00adpulos de Ema\u00fas, Cristo inaugur\u00f3 una nueva era en la ex\u00e9gesis: El es en persona la ex\u00e9gesis del AT, pues es su culminaci\u00f3n y su cumplimiento.<\/p>\n<p>Con Cristo, la revelaci\u00f3n fundadora alcanza todo su apogeo y su car\u00e1cter definitivo. Sin embargo, tiene que transmitirse y perpetuarse a trav\u00e9s de los siglos, tan presente y tan actual como el primer d\u00ed\u00ada. Con el tiempo&#8217;de la Iglesia, la revelaci\u00f3n entra en su fase de expansi\u00f3n, de despliegue espacio-temporal. Bajo su aspecto de \u00abeconom\u00ed\u00ada\u00bb, esta nueva fase de asimilaci\u00f3n y de inculturaci\u00f3n de la revelaci\u00f3n no es menos admirable en sabidur\u00ed\u00ada que la fase constitutiva.<\/p>\n<p>En efecto, as\u00ed\u00ad como la plenitud de la revelaci\u00f3n en Jesucristo estuvo preparada por la elecci\u00f3n de un pueblo, por una larga, paciente y progresiva formaci\u00f3n de ese pueblo, por una preparaci\u00f3n del lenguaje y de las categor\u00ed\u00adas que sirven para expresar el evangelio, tampoco la transmisi\u00f3n de la revelaci\u00f3n se deja al azar de la historia y de la interpretaci\u00f3n individual. Hay que notar desde ahora que la plenitud de la revelaci\u00f3n se nos ha dado, no por el medio relativamente ordinario de un profeta, sino por el medio extraordinario del Verbo encarnado. Igualmente, la transmisi\u00f3n de la revelaci\u00f3n est\u00e1 protegida por un conjunto de carismas que son obra del Esp\u00ed\u00adritu: carisma del origen apost\u00f3lico de la tradici\u00f3n, carisma de la inspiraci\u00f3n de la Escritura, carisma.de la infalibilidad confiado al magisterio de la Iglesia. No solamente estos carismas est\u00e1n al servicio de la revelaci\u00f3n para asegurar su transmisi\u00f3n fiel, sino que ellos mismos est\u00e1n ligados entre s\u00ed\u00ad y se ofrecen un mutuo servicio (DV, c. II).<\/p>\n<p>No cabe duda de que esta \u00abeconom\u00ed\u00ada\u00bb es algo inaudito, algo \u00fanico en la historia; pero, \u00bfacaso Cristo y el cristianismo no son igualmente \u00fanicos? Por tanto, si es verdad que una revelaci\u00f3n dada en la historia y por la mediaci\u00f3n de la historia no puede, por lo visto, librarse de las vicisitudes del devenir hist\u00f3rico, nunca hay qu\u00e9 perder sin embargo de vista la singularidad de la revelaci\u00f3n cristiana y la especificidad de su \u00abeconom\u00ed\u00ada\u00bb: en su preparaci\u00f3n (elecci\u00f3n), su progreso (profetismo), su comunicaci\u00f3n definitiva (Cristo, Verbo encarnado), en su transmisi\u00f3n (tradici\u00f3n y Escritura inspirada), en su conservaci\u00f3n e interpretaci\u00f3n (Iglesia y carisma de infalibilidad). En definitiva, lo mismo que Cristo preside la fase constitutiva d\u00e9 la revelaci\u00f3n, el Esp\u00ed\u00adritu de Cristo preside su fase de expansi\u00f3n a lo largo de los siglos. Esta econom\u00ed\u00ada tan singular y tan espec\u00ed\u00adfica proh\u00ed\u00adbe asimilar la revelaci\u00f3n cristiana a cualquier gnosis humana y a las otras religiones que se dicen igualmente \u00abreveladas\u00bb.<\/p>\n<p>7) Unicidad y gratuidad. Si la revelaci\u00f3n se presenta como una intervenci\u00f3n del obrar de Dios en la historia humana que culmina en la encarnaci\u00f3n del Hijo, es f\u00e1cil comprender su car\u00e1cter de gratuidad y de unicidad.<\/p>\n<p>Efectivamente, la revelaci\u00f3n no se presenta bajo la forma de un conocimiento que se debe descubrir, comunicada por un ser m\u00e1s inteligente, sino como una novedad absoluta. Su punto de partida es una iniciativa del Dios vivo, cuya libertad infinita no se agota en el acto creador del cosmos. Esta vez se trata de un acontecimiento creador de una creaci\u00f3n nueva, de un hombre nuevo, de una vocaci\u00f3n nueva y de un estilo de vida nuevo. Se trata de un nuevo estatuto de la humanidad que hace del hombre un hijo de Dios y de la humanidad el cuerpo de Cristo. Semejante iniciativa escapa a toda exigencia y a toda imposici\u00f3n del hombre.<\/p>\n<p>Si se admite que la historia es un elemento constitutivo del hombre en cuanto esp\u00ed\u00adritu encarnado, se sigue que la historia es el lugar de una manifestaci\u00f3n eventual de Dios y que el hombre tiene que interrogar a la historia para descubrir en ella el tiempo y el lugar donde la salvaci\u00f3n quiz\u00e1 ha tocado a la humanidad. Pero que Dios salga efectivamente de su misterio para invitar al hombre a compartir su vida y que intervenga en el terreno de la historia humana, aqu\u00ed\u00ad y no all\u00ed\u00ad, ahora y no despu\u00e9s, esto pertenece al misterio de su libertad.<br \/>\nEste es ya uno de los rasgos subrayados, m\u00e1s vigorosamente por la revelaci\u00f3n veterotestamentana. No es el hombre el que descubre a Dios; es Yhwh el que se manifiesta cuando quiere, a quien quiere y como quiere. Yhwh es libertad absoluta. Fue el primero en escoger, en prometer, en hacer alianza. Y su palabra, en contradicci\u00f3n con las ideas humanas y carnales de Israel, hace brillar m\u00e1s a\u00fan la libertad y la continuidad de su designio. Esta libertad se sigue manifestando tambi\u00e9n en la variedad y multiplicidad de los medios escogidos por \u00e9l para revelarse, Pero se palpa sobre todo en la intervenci\u00f3n decisiva de la encarnaci\u00f3n. El que Dios decretara revelarse y salvar al hombre asumiendo la carne .y el lenguaje del hombre, y que decretara prolongar esta econom\u00ed\u00ada, por una econom\u00ed\u00ada de signos que fuera homog\u00e9nea, esto es algo que pertenece al misterio insondable de su amor. La revelaci\u00f3n no es menos gratuita y sobrenatural que la encarnaci\u00f3n y la redenci\u00f3n: todas ellas pertenecen al misterio de la elevaci\u00f3n gratuita de la naturaleza humana.<\/p>\n<p>Finalmente, el que Dios revelara al hombre las dimensiones del amor divino (del que le invita a participar) mediante la econom\u00ed\u00ada de la cruz, esta iniciativa no puede menos de presentarse como, locura y delirio a los ojos del hombre. Sin embargo, sumergi\u00e9ndose en el abismo m\u00e1s profundo y m\u00e1s incre\u00ed\u00adble de esa muerte en la cruz es como el amor de Dios, en Jesucristo, se revela como el amor del totalmente otro. En ninguna parte mejor que aqu\u00ed\u00ad aparece la absoluta libertad y gratuidad de la revelaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Epifan\u00ed\u00ada de Dios en Jesucristo, la revelaci\u00f3n cristiana es luz vertical del misterio de Dios sobre el misterio del hombre. No es el hombre el que sirve de par\u00e1metro a Dios y le dicta las formas m\u00e1s aceptables de su acci\u00f3n, sino que Dios es el que mide al hombre y le invita a la obediencia de la fe.<\/p>\n<p>Esta es la perspectiva constante de la Escritura. Por eso una concepci\u00f3n de la revelaci\u00f3n que tendiera a reducirla al sentido que el hombre quisiera reconocerle en la comprensi\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo, ser\u00ed\u00ada una perversi\u00f3n de uno de los rasgos m\u00e1s claramente atestiguados en el AT y en el NT. La revelaci\u00f3n es gracia del Dios absolutamente libre. Y san Pablo, para hablar de ello, no sabe m\u00e1s que balbucear y glorificar (Ef 1). Renunciando a sus ideas y dej\u00e1ndose llevar por el Esp\u00ed\u00adritu que murmura en \u00e9l, es como podr\u00e1 el hombre captar algo, de ese misterio de gracia y de liberad.<\/p>\n<p>Con este car\u00e1cter de gratuidad y de libertad de la revelaci\u00f3n podemos relacionar el de su unicidad. En efecto, si Cristo es la palabra de Dios hecha carne, el Hijo del Padre presente entre nosotros, aqu\u00e9l en quien s\u00e9 expresa y agota el amor de Dios a la humanidad, hay que.deducir, con el Vaticano I y el Vaticano II, que la econom\u00ed\u00ada. tra\u00ed\u00adda en \u00e9l y por \u00e9l no puede cosiderarse como un simple episodio de la historia de la revelaci\u00f3n (DV 4): La revelaci\u00f3n de Cristo hace in\u00fatil un tercer testamento. Hemos entrado ya en el tiempo del fin. En Jesucristo, Dios nos ha dicho su \u00fanica palabra y nos ha dado a su Hijo \u00fanico. Todo lo. que Dios quer\u00ed\u00ada decirle al hombre sobre el misterio de Dios y el misterio humano ha sido ya dicho y consumado en la palabra total y definitiva del Verbo de Dios.<\/p>\n<p>8) Car\u00e1cter dialogal. Para designar esta relaci\u00f3n \u00fanica que establece la revelaci\u00f3n entre Dios y el, hombre por la mediaci\u00f3n de los acontecimientos y de su interpretaci\u00f3n, el Vaticano II, siguiendo. a la Escritura y a toda la tradici\u00f3n patr\u00ed\u00adstica y teol\u00f3gica, conserva la analog\u00ed\u00ada de la palabra: Dios ha hablado a la humanidad. Palabra di\u00e1logo, trato de amistad.con los hombres; la analog\u00ed\u00ada de la palabra incluye aqu\u00ed\u00ad todas esas formas y medios de comunicaci\u00f3n que atestigua la Escritura. Pero \u00c2\u00a1qu\u00e9 profundidad revela esta analog\u00ed\u00ada cuando, aplicada a Dios y purificada de todas sus imperfecciones, sirve para describir ese encuentro inaudito del Dios vivo con su criatura por la mediaci\u00f3n de Mois\u00e9s y de los profetas, y luego por la carne, el rostro y la voz de Cristo, Palabra interna del Padre hecha carne para llamar a los hombres e invitarles a la \u00abcomuni\u00f3n\u00bb con \u00e9l! Palabra articulada, hecha evangelio, Palabra dada, inmolada hasta el silencio de la cruz, en donde se dijo la palabra suprema con los brazos extendidos y el coraz\u00f3n traspasado: Dios es amor. Esta estructura dialogal caracteriza toda la revelaci\u00f3n del AT y del NT.<\/p>\n<p>Pero hablar de l analog\u00ed\u00ada es hablar de desemejanza tanto o m\u00e1s que de semejanza. Por una parte, es verdad que la revelaci\u00f3n, como la fe, se abre al misterio de una persona y no de una cosa: de un yo que se dirige a un t\u00fa; de- un yo que, al descubrir el misterio de su vida, descubre al hombre que todo el sentido de la existencia humana reside en el encuentro con ese yo y en la acogida del don que hace de s\u00ed\u00ad mismo. Tambi\u00e9n es verdad que el evangelio no es simplemente encuentro \u00abinefable\u00bb con el Dios vivo, sin rostro ni contenido, sino notificaci\u00f3n de la salvaci\u00f3n en Jesucristo. Por este doble aspecto de mensaje y de interpelaci\u00f3n, dentro de un desvelamiento del misterio personal de Dios con vistas a una comuni\u00f3n de vida, la palabra de Dios evoca evidentemente lo que los hombres designan con el nombre de \u00abpalabra\u00bb, es decir, esa forma superior de trato entre los hombres por la que una persona se expresa y se dirige a otra persona con vistas a una comunicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero, por otra parte, \u00c2\u00a1qu\u00e9 abismo entre esa palabra humana y la palabra de revelaci\u00f3n! El que se dirige al hombre en Jesucristo no es un simple profeta, sino el trascendente que se hace el totalmente cercano, el intocable que se hace palpable, el eterno que invade el tiempo, el tres veces santo que se dirige en la amistad a su criatura, que se hab\u00ed\u00ada vuelto por el pecado miserable y rebelde contra \u00e9l. Dios encuentra a ese pecador en su nivel, hombre entre los hombres, y se dirige a \u00e9l con los gestos y las palabras que puede captar. Cristo inicia a ese pecador en lo que hay de m\u00e1s \u00ed\u00adntimo en \u00e9l, es decir, el misterio de su intimidad con el Padre y con el Esp\u00ed\u00adritu. En efecto, todo el evangelio se presenta corno una confidencia de amor (Jn 13,1). Dios prosigue esta confidencia hasta el t\u00e9rmino del amor. Cuando Cristo agot\u00f3 todos los recursos de la palabra, del gesto y del comportamiento, llev\u00f3 su testimonio hasta la consumaci\u00f3n del martirio, que es el testimonio supremo. Todo lo que hay de inefable en el amor del Padre a los hombres se expresa entonces en el don de su Hijo. A1 hombre no le queda m\u00e1s que mirar y comprender. Juan, que vio los brazos extendidos, que vio correr el agua y la sangre, que vio el coraz\u00f3n traspasado por la lanza, atestigua que Dios es amor. El amor, en Jesucristo, se expresa y se entrega a la vez.<\/p>\n<p>El hombre pecador no puede abrirse a este abismo del amor sin una acci\u00f3n interior que recree al hombre por dentro y le permita acoger al totalmente otro (Jn 6,44; 2Cor 4,4-6; He 16,14). El hombre no puede consentir en la revelaci\u00f3n y asimilarla en la fe m\u00e1s que cuando se ve movido por un nuevo principio de conocimiento y de amor. Mensaje del evangelio y acci\u00f3n interior del Esp\u00ed\u00adritu constituyen, por tanto, las dos caras, las dos dimensiones de la \u00fanica revelaci\u00f3n cristiana: dos dimensiones complementarias, que a veces separan las circunstancias hist\u00f3ricas, pero que en la econom\u00ed\u00ada de la salvaci\u00f3n est\u00e1n destinadas a encontrarse y vivificarse mutuamente. En efecto, sin el mensaje, el hombre no podr\u00ed\u00ada saber que la salvaci\u00f3n viene a \u00e9l, conocer lo que Dios realiza en las profundidades del hombre por Cristo y en su Esp\u00ed\u00adritu; y, por otra parte, sin la palabra interior, dirigida personalmente a \u00e9l, no podr\u00ed\u00ada abandonarse al Dios invisible y poner en \u00e9l el todo de su vida. Porque hay siempre un abismo que separa al hombre de Dios. El hombre tiene necesidad de seguridad, y encuentre esta seguridad en lo que toca y en lo que ve, en la comprensi\u00f3n del universo en que habita y en la domesticaci\u00f3n de sus fuerzas. Pues bien, por la revelaci\u00f3n el hombre se ve invitado a fundamentar su vida, no ya en la seguridad que le procuran sus sentidos, sino en la palabra del Dios. invisible. Sin la acci\u00f3n interior del Esp\u00ed\u00adritu el hombre no podr\u00ed\u00ada \u00abconvertirse\u00bb, renunciar a apoyarse en lo que ve, para abandonarse, a partir de una palabra, en lo que no ve. As\u00ed\u00ad, la revelaci\u00f3n se da objetivamente en Jesucristo como una realidad, pero no es asimilada por el hombre m\u00e1s que gracias al Esp\u00ed\u00adritu. La revelaci\u00f3n cristiana&#8217;es al mismo tiempo automanifestaci\u00f3n y autodonaci\u00f3n de Dios en Jesucristo, pero bajo la acci\u00f3n finteriorizante del Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>Por su estructura dialogal, que la asemeja y la distingue a la vez de la palabra de los hombres, la revelaci\u00f3n cristiana, como palabra de Dios, constituye una realidad absolutamente original y espec\u00ed\u00adfica.<\/p>\n<p>9) Revelaci\u00f3n de Dios, revelaci\u00f3n del hombre. El hombre es para s\u00ed\u00ad mismo un enigma, un misterio. Porque lo que hay de m\u00e1s profundo en el hombre, lo que constituye el primer horizonte sobre el que destaca todo su ser y su devenir, es el misterio mismo de Dios que se inclina hacia el hombre, lo cubre con su amor y lo invita a una intimidad de vida con las personas divinas. \u00abEn realidad -declara la Gaudium el spes- el misterio del hombre no se ilumina de verdad m\u00e1s que en el misterio del Verbo encarnado&#8230; Cristo, el nuevo Ad\u00e1n, en la revelaci\u00f3n misma del Padre y del misterio de su amor, manifiesta plenamente al hombre a \u00e9l mismo y le descubre la sublimidad de su vocaci\u00f3n\u00bb (GS 22). \u00abTodo el que sigue a Cristo, hombre perfecto, se hace tambi\u00e9n m\u00e1s humano\u00bb (GS 41).<\/p>\n<p>La revelaci\u00f3n, seg\u00fan Bultmann, no hace m\u00e1s que notificar el sentido de nuestra existencia de pecadores salvados por la fe. Hablar de la revelaci\u00f3n es hablar del hombre en su relaci\u00f3n con Dios; es ante todo un discurso sobre el hombre. Es verdad que la revelaci\u00f3n nos descubre el sentido de la condici\u00f3n humana, pero hay que a\u00f1adir enseguida que lo hace revel\u00e1ndonos ante todo el misterio de Dios y de la vida trinitaria; as\u00ed\u00ad es c\u00f3mo se le revela al hombre su propio misterio. Cristo es la luz que ilumina a todo hombre, no con una claridad que le fuera extra\u00f1a, sino en el acto mismo por. el que nos descubre el misterio de la uni\u00f3n del Hijo con el Padre en el Esp\u00ed\u00adritu. En efecto, Dios no puede revelar el secreto de su vida \u00ed\u00adntima si no es para que comulguemos de \u00e9l y compartamos su vida.<\/p>\n<p>Sin ser en primer lugar una antropolog\u00ed\u00ada, la revelaci\u00f3n tiene un destino antropol\u00f3gico en la misma medida en que es luz que brota del misterio divino, proyectada sobre el misterio del hombre. La grandeza del hombre est\u00e1 en ser llamado a conocer a Dios y a compartir su vida. Para discernir la especificidad de la revelaci\u00f3n cristiana en su relaci\u00f3n con el hombre, hay que partir por tanto de la fuente de luz, de Cristo; y no de las tinieblas que hay que iluminar.<\/p>\n<p>En este caos y en estas tinieblas, Cristo se presenta como mediador de sentido: aqu\u00e9l en quien el hombre llega a situarse, a descifrarse, a com-<br \/>\nprenderse, a acabarse e incluso a superarse. Cuando el hombre escucha a Cristo, aprende algo del motivo por el que se siente aislado, desorientado, ansioso, desesperado. Ante \u00e9l se abre un camino de luz que ilumina la vida, el sufrimiento, la muerte. El mensaje d\u00e9 Cristo es misterioso, pero es fuente siempre viva de sentido.<\/p>\n<p>Lo esencial de este mensaje es que el hombre, dejado a s\u00ed\u00ad mismo, no es m\u00e1s que odio y pecado, ego\u00ed\u00adsmo y muerte; pero que, por gracia, el amor absoluto se ha introducido en el coraz\u00f3n del hombre para darle, si el hombre lo acepta, su propia vida y su propio amor. Cristo es aqu\u00e9l por el cual y en el cual se nos da este don. Hijo del Padre en el seno de la Trinidad, Dios en la carne entre los hombres, hace de nosotros hijos del Padre, que tiene en s\u00ed\u00ad el Esp\u00ed\u00adritu del Padre y del Hijo, que es Esp\u00ed\u00adritu de amor y re\u00fane a todos los hombres en este amor. En Cristo aflora igualmente el \u00abmisterio de los otros\u00bb en su verdad profunda. \u00abLos otros\u00bb son el hijo del hombre, el siervo doliente, que tiene hambre y sed, que est\u00e1 desnudo, enfermo, abandonado, pero destinado ala gloria del Hijo amado. En Cristo no hay nadie \u00abextra\u00f1o\u00bb: todos son hijos del mismo Padre y hermanos del mismo Cristo. No hay nada m\u00e1s que el amor del Padre y del Hijo y el amor de todos los hombres reunidos por el mismo Esp\u00ed\u00adritu. La libertad, a su vez, es consentimiento en el. amor que invade al hombre, apertura a la amistad divina, que invita a compartir la vida. Y la misma muerte no es tanto una ruptura como un acabamiento y una maduraci\u00f3n, un paso del hijo a la casa del Padre, el encuentro definitivo del amor acogido en la fe. En eso est\u00e1 la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La presencia de Cristo en el mundo se presenta as\u00ed\u00ad como una plenitud de amor. Este es su sentido y el sentido que confiere a la condici\u00f3n humana. Si Dios es amor (Un 4,8-10), nunca<br \/>\nel amor de Dios, en Cristo, ha sido m\u00e1s parecido a este amor; nunca lo ha se\u00f1alado \u00e9l de forma m\u00e1s impresionante. En un mundo de intereses y ego\u00ed\u00adsmos, Cristo aparece como el amor puro y sin sombra, ardiente y fiel, dado, entregado hasta el sacrificio de su vida por la salvaci\u00f3n de todos: dilexit&#8230; tradidit seipsum. En Cristo, los hombres descubren la existencia de un amor absoluto, que ama al hombre en \u00e9l mismo y por \u00e9l mismo, sin la menor sombra de rechazo, y la posibilidad de un di\u00e1logo y de una comuni\u00f3n con ese amor. Tienen de pronto la revelaci\u00f3n de que el verdadero sentido del hombre est\u00e1 en entrar libremente en la corriente de la vida trinitaria: entrar \u00ablibremente\u00bb, como una persona, sin disolverse o perderse en el absoluto: El sentido \u00faltimo del hombre es responder al don de Dios, acoger esa incomprensible y desconcertante amistad, responder a ese ofrecimiento de alianza del infinito con nuestra ruindad. En la perspectiva cristiana, el hombre no se realiza finalmente a s\u00ed\u00ad mismo m\u00e1s que en la espera y en la acogida del don de Dios, del amor.<\/p>\n<p>10) Tensi\u00f3n presente pisado. El mensaje de la fe ha quedado definitivamente constituido por la deposici\u00f3n de los testigos y confidentes de Cristo; los ap\u00f3stoles. Sin embargo, para que no se convierta en una palabra sin eco, ese mensaje debe seguir estando tan vivo como el d\u00ed\u00ada de su proclamaci\u00f3n. El hombre del siglo xx tiene que sentirse afectado por la palabra de Cristo tan vivamente como el jud\u00ed\u00ado, el griego o el romano del siglo i, ya que el proyecto del evangelio es suscitar en la humanidad un di\u00e1logo que no acabar\u00e1 m\u00e1s que cuando acabe la historia. Palabra dirigida a un ambiente determinado, en un momento preciso de la duraci\u00f3n, tiene que llegar sin embargo a los hombres de todos los tiempos, en su situaci\u00f3n hist\u00f3rica siempre \u00fanica, y responder a sus preguntas, a sus inquietudes, para encaminarlos hacia Dios. La Iglesia transmite el mensaje; pero al mismo tiempo tiene que reexpresarlo en funci\u00f3n de la cultura, del lenguaje y de las necesidades de cada generaci\u00f3n.<\/p>\n<p>De, aqu\u00ed\u00ad se sigue una tensi\u00f3n inevitable entre el presente y el pasado. En efecto, por una parte la Iglesia no tiene que apegarse a la letra del pasado, hasta llegar a caer en una especie de primitivismo o romanticismo de las fuentes. Pero, por otra parte, tampoco debe, .bajo el pretexto de responder a las aspiraciones del mundo contempor\u00e1neo, sacrificar a Cristo y su mensaje; al estilo de Bultmann o del protestantismo liberal del siglo pasado.<\/p>\n<p>En este trabajo de interpretaci\u00f3n y de actualizaci\u00f3n indefinida del mensaje, la Iglesia se ve constantemente expuesta a este doble peligro: prescindir de la adaptaci\u00f3n necesaria en nombre de -la fidelidad al pasado o comprometer`el mismo mensaje so pretexto de un revisionismo perpetuo. Puede ser v\u00ed\u00adctima del estancamiento, del inmovilismo, o v\u00ed\u00adctima de las formas pasajeras de la moda y del tiempo. Lo cierto es que hay una tensi\u00f3n inevitable entre el pasado, dado y tranquilamente pose\u00ed\u00addo, y la adaptaci\u00f3n todav\u00ed\u00ada oscura, incierta, al presente y al futuro inminente. La Iglesia est\u00e1 condenada a vivir en la precariedad.<\/p>\n<p>Los binomios de tradici\u00f3n y de interpretaci\u00f3n (a nivel del mensaje), de evangelio y de inculturaci\u00f3n (en la presentaci\u00f3n del mensaje), de tradici\u00f3n y desarrollo (a nivel de la inteligencia y de la formulaci\u00f3n), expresan cada uno a su modo esta condici\u00f3n singular de la revelaci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>De hecho, la. Iglesia manifiesta en su predicaci\u00f3n la voluntad de no dejar caer nada del mensaje recibido, de no alterarlo, de no introducir en \u00e9l ninguna novedad, sino de guardarlo intacto y proponerlo seg\u00fan su verdadero sentido. Pero, por otra parte, siente la obligaci\u00f3n de comprender el evangelio con un frescor siempre nuevo para sacar de \u00e9l respuestas in\u00e9ditas a preguntas in\u00e9ditas. Tiene que predicar el evangelio como buena nueva para hoy. La Ecclesiam suam declara que la Iglesia \u00abdebe insertar el mensaje cristiano en, la circulaci\u00f3n de pensamiento, de expresi\u00f3n, de cultura, de usos, de tendencias de la humanidad, tal como vive y se agita hoy sobre la faz de la tierra\u00bb [\u00abAAS\u00bb (1964) 640.641]. Por su parte, la Gaudium et spes reconoce que la Iglesia est\u00e1 atravesando una nueva \u00e9poca de la historia y que tiene la obligaci\u00f3n en todo momento de \u00abescrutar los signos de los tiempos e interpretarlos a la luz del evangelio\u00bb para responder a las cuestiones de los hombres de cada generaci\u00f3n (GS 4). Y a\u00f1ade: \u00abLa investigaci\u00f3n teol\u00f3gica no debe perder el contacto con los hombres de su tiempo\u00bb; de esta manera har\u00e1 un gran servicio a los pastores, que \u00abpodr\u00e1n presentar la doctrina de la Iglesia sobre Dios, sobre el hombre y sobre el mundo de una manera m\u00e1s adaptada a nuestros contempor\u00e1neos, que de este modo acoger\u00e1n con mayor agrado su palabra\u00bb (GS 62). Este trabajo de actualizaci\u00f3n y de presentaci\u00f3n de la palabra de Dios se articula con una tradici\u00f3n que comenz\u00f3 en los or\u00ed\u00adgenes de la Iglesia y no se ha interrumpido jam\u00e1s. De esta forma, el Vaticano II ha confrontado en una serie de puntos el evangelio con unos problemas que las \u00e9pocas anteriores no pod\u00ed\u00adan ni siquiera plantear por haber surgido en un contexto diferente.<\/p>\n<p>Esta fidelidad al pasado sin ser su esclavo, esta fidelidad en la actualizaci\u00f3n constituye, al mismo tiempo que una paradoja, un rasgo espec\u00ed\u00adfico de la revelaci\u00f3n cristiana. Para apreciar la gravedad de esta tensi\u00f3n basta con pensar en las dificultades de varias comuniones protestantes: unas, obstinadamente apegadas a la letra del evangelio, pero sin verdadera creatividad (comunidades protestantes de tipo fundamentalista), y otras, por el contrario, demasiado preocupadas del hombre contempor\u00e1neo y de su filosof\u00ed\u00ada y dispuestas a sacrificarle puntos esenciales del mensaje. La Iglesia quiere ser guardiana de un pasado que no es un museo, sino fuente siempre viva y vivificante. Se apoya en el pasado para comprender el presente; permanece fiel a la revelaci\u00f3n, sin desvirtuarla; fiel a Cristo, sin eliminarlo; y, por otra parte, no deja de repetir: Cristo est\u00e1 vivo y presente hoy.<br \/>\n11) Tensi\u00f3n historia-escatolog\u00ed\u00ada. Lo mismo que existe una tensi\u00f3n entre el pasado y el presente, existe tambi\u00e9n otra tensi\u00f3n entre la revelaci\u00f3n de la historia y la revelaci\u00f3n de la parus\u00ed\u00ada. Muchos te\u00f3logos actuales dirigen especialmente su inter\u00e9s a este acto final de la revelaci\u00f3n, hasta el punto de romper a veces el equilibrio, dif\u00ed\u00adcil de mantener, entre los dos t\u00e9rminos de esta nueva tensi\u00f3n.<\/p>\n<p>No cabe duda de que, para la Escritura, el acontecimiento decisivo de la revelaci\u00f3n fue dado en Jesucristo. En \u00e9l se ha notificado y cumplido la salvaci\u00f3n y ha comenzado el futuro. En efecto, decir que la revelaci\u00f3n culmina y acaba en Jesucristo es decir que, al ser Cristo Dios-entre-nosotros como palabra del Padre, el di\u00e1logo de Dios ha llegado a su cima, porque en este di\u00e1logo no se trataba tanto para Dios de comunicar a los hombres cierta cantidad de verdades como de comunicarse a s\u00ed\u00ad mismo por su Palabra. As\u00ed\u00ad pues, se consigue el objetivo buscado por la revelaci\u00f3n cuando, a trav\u00e9s de la Palabra, \u00abaparece\u00bb el amor y cuando, en esa Palabra, Dios y el hombre se encuentran y comulgan entre s\u00ed\u00ad. Pues bien, en Jesucristo, Dios se ha dado y comunicado por entero. Por eso la revelaci\u00f3n dada hist\u00f3ricamente en Jesucristo es la revelaci\u00f3n decisiva, la que alimenta nuestra fe, nuestra esperanza y nuestra caridad.<\/p>\n<p>Lo que caracteriza a la revelaci\u00f3n hist\u00f3rica es la categor\u00ed\u00ada del ahora (nunc) y del hoy (hodie). Con la&#8217;presencia de Cristo, \u00abel tiempo se ha cumplido\u00bb (Me 1,15), ha llegado \u00abla plenitud de los tiempos\u00bb (G\u00e1l 4,4). San Pablo, que desea vehementemente la manifestaci\u00f3n final de Cristo, no deja sin embargo de repetir: es \u00abahora\u00bb cuando se revela el misterio antes&#8217;oculto (Ron 16&#8217;,25); es \u00abahora\u00bb cuando se manifiesta la justicia de Dios (Ron 3,21); es \u00abahora\u00bb cuando se cumple la predicaci\u00f3n del evangelio para \u00abpresentar a todos los hombres perfectos en Cristo\u00bb (Coi 1,2528). La revelaci\u00f3n del NT se presenta taxnbi\u00e9n,&#8217;sobre&#8217;todo en san Juan, \u00e9omo el he aqu\u00ed\u00ad. (ecce) de-una persona, a saber: Cristo, con la salvaci\u00f3n que \u00e9l manifiesta y aporta. A este he aqu\u00ed\u00ad responde \u00e9l Yo soy de Cristo. En \u00e9l la revelaci\u00f3n se ha hecho una persona, presente entre nosotros.<\/p>\n<p>Este car\u00e1cter decisivo de la revelaci\u00f3n hist\u00f3rica no excluye sin embargo la esperanza y el anhelo del Cristo glorioso. El cumplimiento incluye un ya y un todav\u00ed\u00ada no. San Pablo, que predica con tanto celo la revelaci\u00f3n tra\u00ed\u00adda por Cristo, sigue deseando la revelaci\u00f3n escatol\u00f3gica (1Cor 1,7; 2Tes 1,7). Beneficiario en el momento de su conversi\u00f3n de un \u00abapocalipsis\u00bb del Hijo de Dios, aguarda la plena manifestaci\u00f3n de la gloria de su Se\u00f1or y de la gloria de todos los que se han configurado con Cristo (Rom 8,17-19). Porque \u00abtodav\u00ed\u00ada no se ha manifestado lo que somos\u00bb (Jn 3,2). Finalmente, la Iglesia sigue anunciando que el Se\u00f1or viene, que va a venir. Espera el regreso del esposo y la manifestaci\u00f3n esplendorosa de lo que ya existe bajo el velo de la fe.<\/p>\n<p>No obstante, hay que subrayar que existe una diferencia esencial entre la primera y la \u00faltima espera de Cristo, entre la revelaci\u00f3n de la historia y la de la escatolog\u00ed\u00ada. En el AT la promesa encuentra su cumplimiento en un porvenir que no se ha producido todav\u00ed\u00ada. Con Cristo, por el contrario, el porvenir ya se ha dado y ha comenzado. La historia conoce un umbral, un jal\u00f3n inesperado en Cristo, vida eterna entre nosotros. La revelaci\u00f3n no define .simplemente a Dios y al hombre como estando en el \u00abno-mundo\u00bb, sino que anuncia que Dios est\u00e1 en el mundo, para que los hombres vivan en el mundo, pero orientados hacia Dios en un aqu\u00ed\u00ad que es ya la vida eterna, inaugurando en el tiempo la vida fuera de los l\u00ed\u00admites del tiempo, pero pasando, como Cristo, por la muerte temporal y la resurrecci\u00f3n a la vida eterna. El cristianismo tiene su. porvenir detr\u00e1s de \u00e9l, puesto que por el bautismo ha pasado de la muerte a la vida. Si la esperanza y el anhelo del Se\u00f1or es tan vivo en san Pablo y en la Iglesia, es precisamente porque el acontecimiento decisivo ya ha tenido lugar y garantiza lo que ha de venir. Si esperamos el retorno de Cristo, es porque ya ha venido. No es la parus\u00ed\u00ada la que ilumina el NT, sino m\u00e1s bien es el acontecimiento de Cristo, con todo lo que incluye, el que ilumina el futuro. El futuro es cierto porque el acontecimiento de Cristo ha iluminado e irradiado el antes y el despu\u00e9s, entenebrecidos hasta entonces. Es la epifan\u00ed\u00ada en la historia la que garantiza el apocalipsis y la que relanza continuamente a la Iglesia por los caminos de la conversi\u00f3n, del rejuvenecimiento y de la santidad, a fin de que sea digna de encontrarse con su Se\u00f1or. Todo futuro, el de Cristo y el de los cristianos, ser\u00e1 el futuro de este ahora. Todo porvenir es el porvenir de la revelaci\u00f3n ya cumplida en Jesucristo.<\/p>\n<p>Por eso nos parece excesivo presentar la revelaci\u00f3n como si fuera tan s\u00f3lo promesa, esperanza, escatolog\u00ed\u00ada, apocalipsis. En este sentido creemos que la teolog\u00ed\u00ada de J. Moltmann est\u00e1 demasiado influida por la pattern de la revelaci\u00f3n veterotestamentaria. Es verdad que no llegaremos nunca a suprimir la tensi\u00f3n real que existe entre lo que ocurri\u00f3 y lo que vendr\u00e1. La misma revelaci\u00f3n hist\u00f3rica atestigua tanto el apocalipsis final de Cristo corno su epifan\u00ed\u00ada en la historia. Reducir o eliminar la una o la otra ser\u00ed\u00ada, por tanto, una infidelidad al dato revelado.<\/p>\n<p>Para el Vaticano II, la revelaci\u00f3n que corresponde a nuestra condici\u00f3n real de viatores, de peregrinos, es la que podemos captar y asimilar en Cristo, que \u00abcon su presencia y manifestaci\u00f3n&#8230; lleva a plenitud toda la revelaci\u00f3n y la confirma con testin\u00ed\u00adonio divino\u00bb (DV 4). I~1 concilio reserva el t\u00e9ririino de revelaci\u00f3n pasa designar ante todo la manifestaci\u00f3n hist\u00f3rica de Dios por el Verbo -hecho carne. Para designar la manifestaci\u00f3n de Dios por su creaci\u00f3n, el concilio habla d\u00e9 su \u00abtestimonio permanente en las cosas creadas\u00bb (DV.3); y para designar el acontecimiento final de la parus\u00ed\u00ada, habla de la \u00abmanifestaci\u00f3n gloriosa\u00bb de Cristo (DV 4). La revelaci\u00f3n es un t\u00e9rmino reservado para la manifestaci\u00f3n y la comunicaci\u00f3n hist\u00f3rica de Dios en Jesucristo. Tambi\u00e9n la creaci\u00f3n y la parus\u00ed\u00ada se llaman \u00abmanifestaci\u00f3n\u00bb de Dios; pero s\u00f3lo la manifestaci\u00f3n hist\u00f3rica de Dios por la encarnaci\u00f3n del Verbo encarnado recibe el nombre de revelaci\u00f3n, que sigue siendo el t\u00e9rmino consagrado. La fe y la esperanza tienden hacia el retorno glorioso de Cristo, pero en Cristo el futuro ya es nuestro. Entonces descubriremos, con un asombro lleno de gozo, a Aquel que, en la fe, era ya el compa\u00f1ero de todos nuestros d\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>12) Cristo, norma de toda interpretaci\u00f3n de la salvaci\u00f3n. El punto de partida de toda consideraci\u00f3n teol\u00f3gica sobre la salvaci\u00f3n y la revelaci\u00f3n es Cristo. El es el \u00fanico punto de referencia y de inteligibilidad de la historia de la salvaci\u00f3n y de la historia de la revelaci\u00f3n. Arj\u00e9 y Telos, es \u00e9l el que da a todas las cosas su sentido \u00faltimo e inequ\u00ed\u00advoco. El es la clave de interpretaci\u00f3n de los tiempos que preceden y.siguen a su venida, as\u00ed\u00ad como de todas las formas de salvaci\u00f3n anteriores; contempor\u00e1neas y ulteriores a su venida hist\u00f3rica. Tomar as\u00ed\u00ad la revelaci\u00f3n cr\u00ed\u00adstica como criterio universal en materia de salvac\u00ed\u00ad\u00f3n y de revelaci\u00f3n no es un signo de desprecio o desconfianza de las otras religiones, sino m\u00e1s bien el \u00fanico medio de situarlas y de valorarlas. As\u00ed\u00ad pues, esa partir de Cristo, el \u00abUniversal concreto\u00bb, como hemos de intentar precisar las relaciones de la revelaci\u00f3n, en el sentido \u00abt\u00e9cnico\u00bb que se le reconoce despu\u00e9s del Vaticano II y de la DV, con unas realidades estrechamente emparentadas con \u00e9l y que a veces, abusivamente, se llaman tambi\u00e9n \u00abrevelaci\u00f3n\u00bb. Aqu\u00ed\u00ad, como en otros lugares, las confusiones terminol\u00f3gicas conducen con frecuencia a la confusi\u00f3n en el plano de las realidades.<\/p>\n<p>13) Revelaci\u00f3n e historia de la salvaci\u00f3n. La historia de la salvaci\u00f3n es coextensiva con la historia de la humanidad. \u00abDios cuid\u00f3 continuamente del g\u00e9nero humano, para dar la vida eterna a todos los que buscan la salvaci\u00f3n\u00bb (DV 3). Sin embargo, el concilio no identifica la revelaci\u00f3n con la salvaci\u00f3n. Cada fase de la historia, antes de Cristo, es historia de la salvaci\u00f3n; pero no es estrictamente historia de la revelaci\u00f3n, ya que se ignora a s\u00ed\u00ad misma, incluso como historia de la salvaci\u00f3n. Sin la revelaci\u00f3n cristiana no podemos saber con certeza lo que ocurre en el coraz\u00f3n de la historia profana. Repit\u00e1moslo: la emigraci\u00f3n de Israel. sin la interpretaci\u00f3n de Mois\u00e9s, en nombre de Dios, no pertenecer\u00ed\u00ada a la historia de la revelaci\u00f3n, sino que se confundir\u00ed\u00ada con la serie de emigraciones de la historia universal. La salvaci\u00f3n est\u00e1 presente por todas partes, pero no est\u00e1 \u00abplenamente revelada\u00bb m\u00e1s que en Jesucristo. En efecto, es Cristo con el AT quien la anuncia y la prepara el que da a la historia de la salvaci\u00f3n conciencia de s\u00ed\u00ad misma y de especificidad respecto a la historia profana (pol\u00ed\u00adtica, jur\u00ed\u00addica social, econ\u00f3mica, militar, cultural). Si esto es as\u00ed\u00ad, \u00bfno ser\u00ed\u00ada mejor, siguiendo la tradici\u00f3n de la Iglesia, reservar el tema de revelaci\u00f3n y de historia de la revelaci\u00f3n para designar ante todo la revelaci\u00f3n en y por Jesucristo?<\/p>\n<p>14) Revelaci\u00f3n trascendental (o universal) y revelaci\u00f3n especial (o cristiana, hist\u00f3rica, categorial). Entonces, \u00bfc\u00f3mo designar la gracia de la salvaci\u00f3n concedida a todos los hombres (que algunos autores llaman tambi\u00e9n revelaci\u00f3n trascendental o universal) y c\u00f3mo precisar su relaci\u00f3n con la revelaci\u00f3n cristiana?<\/p>\n<p>Empecemos por describir e identificar la realidad de que se trata. Por \u00abrevelaci\u00f3n trascendental o universal\u00bb se entiende la autocomunicaci\u00f3n directa y gratuita que Dios hace de s\u00ed\u00ad mismo a todo hombre que viene a este mundo (en la econom\u00ed\u00ada actual). Esta acci\u00f3n \u00abelevante\u00bb de Dios se inserta misteriosamente en el dinamismo cognoscitivo y volitivo del hombre. Aunque no sea objeto de conciencia refleja y discursiva, es sin embargo como el horizonte primero que se da con la existencia, en el que se inscribe el obrar humano. Cuando el hombre, en el fondo de su conciencia, se entrega a esta gracia, aunque ignore su existencia, su nombre y su autor, realiza su salvaci\u00f3n. Pero una cosa es reconocer esta acci\u00f3n interior de la gracia y otra cualificarla de \u00abrevelaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>La Escritura, por su parte, atestigua que la revelaci\u00f3n hist\u00f3rica-, dada en Jesucristo, no puede ser acogida m\u00e1s que en el contexto de una subjetividad tocada por la gracia. Llama a esta acci\u00f3n interior una \u00abatracci\u00f3n\u00bb (Jn 6,44), una \u00abiluminaci\u00f3n\u00bb similar a la luz de la creaci\u00f3n en la primera ma\u00f1ana (2Cor 4 4-6), una \u00abunci\u00f3n\u00bb de Dios (2Cor 1,22), un \u00abtestimonio\u00bb del Esp\u00ed\u00adritu (Un 5,6) y -tan s\u00f3lo en una ocasi\u00f3n&#8211; una \u00abrevelaci\u00f3n\u00bb interior (Mt 11,25; 16,17). En el movimiento hacia Cristo, que es la acogida de la revelaci\u00f3n por la fe, hay alguien que es el primero en obrar. Esta acci\u00f3n interior conserva, sin embargo, el inc\u00f3gnito; deforma que en Mt 16,17 se observa que es el mismo Cristo el que tiene que notificar a Pedro esta acci\u00f3n de la gracia en \u00e9l.<\/p>\n<p>Esta acci\u00f3n interior de Dios, que es id\u00e9nticamente la gracia de la salvaci\u00f3n y de la fe, es como la dimensi\u00f3n interior de la revelaci\u00f3n cristiana: porque no hay dos revelaciones, dos evangelios, sino dos caras o dos dimensiones de una misma y \u00fanica revelaci\u00f3n, de una misma y \u00fanica palabra de Dios. La gracia interior es la salvaci\u00f3n ofrecida, pero no identificada. La acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Dios se hace consciente y notificada en categor\u00ed\u00adas humanas por la revelaci\u00f3n hist\u00f3rica y categorial solamente. S\u00f3lo por el evangelio conocemos la voluntad salv\u00ed\u00adfica universal de Dios, as\u00ed\u00ad como los medios de salvaci\u00f3n puestos a disposici\u00f3n de todos los hombres. Pues bien, pertenece a la econom\u00ed\u00ada de la salvaci\u00f3n que el designio de Dios en Jesucristo sea conocido, notificado y llevado al conocimiento de las naciones. Peftenece tambi\u00e9n a la naturaleza del hombre, criatura racional, que la opci\u00f3n de fe, en la que se compromete toda su vida, surja en el seno de una conciencia plenamente ilustrada sobre la gravedad y la rectitud de esa opci\u00f3n.<\/p>\n<p>De esta forma la revelaci\u00f3n no alcanza su punto de madurez m\u00e1s que cuando la historia de la salvaci\u00f3n se conoce de forma positiva y cierta como querida por Dios. Pues bien, s\u00f3lo el acontecimiento de Cristo es el acontecimiento pleno y definitivo, que se escapa no s\u00f3lo del anonimato, sino tambi\u00e9n de toda falsa interpretaci\u00f3n de la historia de la salvaci\u00f3n, de toda ambig\u00fcedad. La revelaci\u00f3n trascendental sigue siendo fundamentalmente ambigua sin la luz de la revelaci\u00f3n hist\u00f3rica y categorial. El horizonte del hombre hacia el futuro es apertura a un horizonte indefinido que puede recibir una interpretaci\u00f3n de tipo pante\u00ed\u00adsta, te\u00ed\u00adsta o ate\u00ed\u00adsta. Tan s\u00f3lo la revelaci\u00f3n de Dios en la historia puede disolver la ambig\u00fcedad de fondo que rodea a la revelaci\u00f3n trascendental.<\/p>\n<p>En consecuencia, nos parece abusivo, a nivel del lenguaje teol\u00f3gico, confundir simplemente historia de la salvaci\u00f3n, gracia de la salvaci\u00f3n e historia de la revelaci\u00f3n, creando as\u00ed\u00ad la impresi\u00f3n de que la revelaci\u00f3n es ante todo la gracia de la salvaci\u00f3n otorgada a los hombres de todos los siglos, mientras que la revelaci\u00f3n cristiana, hist\u00f3rica, categorial, no ser\u00ed\u00ada m\u00e1s que un episodio m\u00e1s importante, un momento m\u00e1s intenso de la revelaci\u00f3n universal, una especie de revelaci\u00f3n sectorial o filial de la revelaci\u00f3n trascendental. La verdad es que esta distinci\u00f3n entre revelaci\u00f3n universal (gracia de la salvaci\u00f3n) y revelaci\u00f3n especial (en Jesucristo) es una traici\u00f3n de la realidad. La revelaci\u00f3n universal aut\u00e9ntica no es an\u00f3nima; es la que se realiza en Jesucristo y la que confiere al hombre la gracia de la salvaci\u00f3n, antes y despu\u00e9s de \u00e9l. Lo que es especial no es el cristianismo, que es el l universal concreto, en Jesucristo, el universal absoluto. Este universalismo cristiano incluye el AT, que es el desarrollo progresivo de la revelaci\u00f3n plena, germinaci\u00f3n de la revelaci\u00f3n total, hasta Jesucristo. Invertir las perspectivas es oscurecer la luz, prolongar una confusi\u00f3n que no encuentra ning\u00fan apoyo en la Escritura ni en el magisterio, para los cuales la revelaci\u00f3n se presenta como una irrupci\u00f3n hist\u00f3rica, de Dios entre nosotros. Confundir esta irrupci\u00f3n puntual con la gracia salv\u00ed\u00adfica, an\u00f3nima y universal, que invade al hombre sin saberlo es aumentar el n\u00famero ya demasiado elevado de las ambig\u00fcedades que estorban a la teolog\u00ed\u00ada. La DV se mantiene cuidadosamente al margen de estos equ\u00ed\u00advocos. Si buscamos un t\u00e9rmino apto para definir la acci\u00f3n de esta gracia de la salvaci\u00f3n, podemos hablar, siguiendo a la Escritura, de atracci\u00f3n, de iluminaci\u00f3n, de testimonio, o -como santo Tom\u00e1s- de instinto interior, de palabra interior. M\u00e1s a\u00fan,. si queremos subrayar que la revelaci\u00f3n cristiana es a la vez evangelio exterior y gracia interior, acci\u00f3n conjunta de Cristo y de su Esp\u00ed\u00adritu, podemos hablar de la dimensi\u00f3n interior de la \u00fanica,revelaci\u00f3n, .de la \u00fanica palabra de Dios.<\/p>\n<p>15) Revelaci\u00f3n e historia de las religiones. Si Cristo es la plenitud de la revelaci\u00f3n, Dios-entre-nosotros, se sigue que \u00e9l es la \u00fanica interpretaci\u00f3n aut\u00e9ntica de todas las formas de salvaci\u00f3n, anteriores, contempor\u00e1neas o posteriores a su venida hist\u00f3rica. Es verdad que la gracia de la salvaci\u00f3n, al actuar en un esp\u00ed\u00adritu marcado por la historicidad, tiende a objetivarse en unos ritos, en unas pr\u00e1cticas, en un lenguaje. Bajo la acci\u00f3n de esta gracia, los hombres buscan como a tientas, presienten vagamente un misterio de salvaci\u00f3n. Las grandes religiones (p.ej., el \/ hinduismo, el 1 budismo), cuyo principal objetivo es la liberaci\u00f3n del hombre, son intentos de interpretaci\u00f3n de esta gracia que act\u00faa sin que ellas lo sean y sin que tengan de ello una conciencia refleja; pero, como carecen de un criterio de discernimiento, la interpretaci\u00f3n que dan del inc\u00f3gnito de la salvaci\u00f3n encierra junto con algunos elementos v\u00e1lidos- ciertos ingredientes humanos, ciertas ambig\u00fcedades, desviaciones y errores. Las grandes religiones de la historia mantienen una relaci\u00f3n positiva con la revelaci\u00f3n cristiana, pero la calidad de su contenido y su exactitud tienen necesidad de ser precisados. Pues bien, s\u00f3lo Cristo es la \u00abplenitud de la vida religiosa\u00bb (Nostra aetate, 2). Aun el AT, tomado aisladamente, no tiene de su propia revelaci\u00f3n una interpretaci\u00f3n absoluta e infalible, porque no conoce todav\u00ed\u00ada la Palabra definitiva que disuelva sus propias ambig\u00fcedades, que ilumine sus figuras y disipe sus sombras. S\u00f3lo Cristo hace posible la inteligencia perfecta del AT, as\u00ed\u00ad como la de todas las experiencias religiosas de la humanidad. S\u00f3lo el evangelio de Cristo, proclamado por la Iglesia, constituye un acontecimiento que se interpreta infaliblemente a s\u00ed\u00ad mismo, ya que aqu\u00ed\u00ad el principio de interpretaci\u00f3n es Dios mismo en Jesucristo. Pues bien, el Verbo ilumina de forma diferente las diversas religiones, que se presentan como rayos de esta verdad que ilumina a todo hombre que viene a este mundo (NA 2). Se puede hablar a prop\u00f3sito de esto de la iluminaci\u00f3n o de la manifestaci\u00f3n que Dios hace de s\u00ed\u00ad mismo a trav\u00e9s del cosmos, del camino de la inteligencia o de otras experiencias, para significar as\u00ed\u00ad la acci\u00f3n del Verbo sobre la humanidad: no hay nada que se escape a esa acci\u00f3n, que es fuente y norma de toda verdad. Pero la revelaci\u00f3n cristiana es una realidad muy espec\u00ed\u00adfica, que no debe confundirse con otras realidades connexas o que presentan algunos elementos parciales de la misma.<\/p>\n<p>16) Revelaci\u00f3n y experiencia. En estos \u00faltimos tiempos la teolog\u00ed\u00ada de la revelaci\u00f3n se ha confrontado a veces con el concepto de experiencia, un concepto tambi\u00e9n muy ambiguo cuando se lo aplica a la revelaci\u00f3n. En el origen de esta relaci\u00f3n revelaci\u00f3n-experiencia hay que poner al protestantismo liberal de F. Schleiermacher y de A. Sabatier. Reaccionando contra Kant, Schleiermacher (1768-1834) se dedic\u00f3 a revalorizar el sentimiento y la experiencia religiosa. Para \u00e9l la revelaci\u00f3n se confunde con la experiencia religiosa e imanente del hombre. Lo que ocurre en el creyente es la repetici\u00f3n personal e imperfecta de la conciencia de Dios que Jes\u00fas ten\u00ed\u00ada en estado perfecto. Para A. Sabatier, como para Schleiermacher, de quien depende, la esencia del cristianismo se encuentra \u00aben una experiencia religiosa, en una revelaci\u00f3n interior de Dios, que tuvo lugar por primera vez en el alma de Jes\u00fas de Nazaret, pero que se verifica y se repite, menos luminosa sin duda, pero no impalpable, en el alma de todos sus verdaderos disc\u00ed\u00adpulos\u00bb (Esquisse d \u00fane philosophie de la religion, Par\u00ed\u00ads 1897, 187-188). La revelaci\u00f3n es \u00abuna experiencia religiosa\u00bb que \u00abdebe poder repetirse. y continuarse como revelaci\u00f3n actual y experiencia individual\u00bb en la conciencia de todos los hombres de todas las generaciones (ib, 58-59). M\u00e1s recientemente, G. Moran, en The Present Revelation. The Search of religious Foundations (Nueva York 1972), ha asumido, consciente o inconscientemente, las posiciones de Schleiermacher y de Sabatier, identificando revelaci\u00f3n y experiencia interior personal. Esta experiencia personal no est\u00e1 sometida a ninguna norma. La Escritura merece respeto, pero la gu\u00ed\u00ada suprema es la experiencia. La revelaci\u00f3n es una experiencia que se realiza entre dos personas, de sujeto a sujeto. Desde que empieza a subrayarse el lado objetiva del t\u00e9rmino, se cae -seg\u00fan Moran- en.la idea de revelaci\u00f3n \u00abcristiana\u00bb, obst\u00e1culo insuperable. La revelaci\u00f3n se llena a cabo en la experiencia de cada d\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>En estas posturas sobre la relaci\u00f3n, revelaci\u00f3n-experiencia aparece de nuevo una ambig\u00fcedad de fondo. Se olvida que la revelaci\u00f3n supone siempre un doble don: Dios se manifiesta y se da,pero tenemos adem\u00e1s aquello por lo cual podemos nosotros recibir ese don, a saber: la experiencia original y fundadora que es la autoconciencia de Jes\u00fas, la iluminaci\u00f3n del profeta, la experiencia de Jes\u00fas vivida por las ap\u00f3stoles. Por otra parte, tenemos la acogida de la revelaci\u00f3n fundadora mediante la fe en los testigos qu\u00e9 est\u00e1n en el origen de la revelaci\u00f3n. En las posiciones que acabamos de describir se confunde la fe en los testigos con la experiencia de la revelaci\u00f3n fundadora. Antes de ser experiencia de la palabra de Dios siempre actual en nuestra conciencia y en nuestra vida de hoy, la revelaci\u00f3n fue en su origen experiencia de esa palabra en la conciencia de Jes\u00fas, de los profetas y de los ap\u00f3stoles. Nuestra experiencia se vive por completo bajo el r\u00e9gimen de la fe, a saber: la fe y la mediaci\u00f3n de la experiencia de los testigos de la revelaci\u00f3n constitutiva. La revelaci\u00f3n cristiana no es solamente paso de una experiencia com\u00fan a una experiencia m\u00e1s intensa, sino un salto cualitativo, una novedad absoluta, realizada por la presencia personal de Dios entre nosotros en su Hijo. La categor\u00ed\u00ada de experiencia no basta para explicar la revelaci\u00f3n; hay que a\u00f1adir a ella la mediaci\u00f3n hist\u00f3rica de Cristo, de los profetas, de los ap\u00f3stoles, y la mediaci\u00f3n de la fe en esos testigos autorizados. No se pueden confundir y asimilar esos dos tipos de experiencia. Una justa concepci\u00f3n de la revelaci\u00f3n cristiana evita los dos extremos: el inmanentismo, que elimina pr\u00e1cticamente la revelaci\u00f3n en Jesucristo, y el extrinsecismo, que la hace objeto de un puro asentimiento del esp\u00ed\u00adritu a unas verdades que le son inaccesibles.<\/p>\n<p>Si se puede hablar propiamente de experiencia viva y consciente, es primero en el nivel de la revelaci\u00f3n fundadora. As\u00ed\u00ad, la autoconciencia de Jes\u00fas como Hijo del Padre es la revelaci\u00f3n en su fuente. Se nos escapa la profundidad de esta autoconciencia. En Jes\u00fas hay un santo de los santos, un santuario, ya que \u00e9l tiene su origen en la misma vida trinitaria, que se expresa en y por la humanidad de Jes\u00fas. Sin embargo, esta autoconciencia nos es accesible por los indicios o radiaciones que nos dan de ella los evangelios a trav\u00e9s de unos t\u00e9rminos como l Abba, que indica una intimidad \u00fanica y exclusiva con el Padre; en las par\u00e1bolas sobre la relaci\u00f3n Padre-Hijo (como la de los vi\u00f1adores homicidas), o en el Logion de Mt 11,27; Le 10,21-22, que manifiesta entre el Padre y el Hijo un conocimiento mutuo que es tambi\u00e9n comuni\u00f3n de vida (t Cristolog\u00ed\u00ada). El profeta goza, por su parte, de una experiencia privilegiada gracias a la luz que lo invade, que levanta su esp\u00ed\u00adritu y le permite discernir lo que \u00e9l ser\u00ed\u00ada incapaz de descubrir por s\u00ed\u00ad mismo. El resplandor de esta luz es tal que el profeta capta, sin un razonamiento expl\u00ed\u00adcito, que Dios es el autor de la luz recibida y de la verdad que le descubre. El profeta no es s\u00f3lo un receptor de la revelaci\u00f3n por la fe, como nosotros, sino tambi\u00e9n \u00f3rgano de la revelaci\u00f3n y fuente de su crecimiento. Sin embargo, no podemos comprender c\u00f3mo se articulan en la conciencia del profeta estos dos planos de la revelaci\u00f3n constitutiva y de la revelaci\u00f3n acogida por la fe. Finalmente, los ap\u00f3stoles tienen de Cristo una experiencia \u00fanica, privilegiada (1Jn 1,1-3). No comulgamos de su experiencia del Verbo de vida m\u00e1s que a trav\u00e9s de su testimonio y de la fe en ese testimonio. La experiencia que atestiguan es de una riqueza inagotable. Nadie puede rivalizar con los ap\u00f3stoles en el conocimiento de Cristo, momento \u00fanico de la historia de la revelaci\u00f3n, alba de la creaci\u00f3n nueva. De esta plenitud de experiencia, los ap\u00f3stoles no lo transmitieron todo ni lo pod\u00ed\u00adan transmitir. Su predicaci\u00f3n y hasta su estilo de vida no pod\u00ed\u00adan agotar la parte de inefable que ten\u00ed\u00ada esta experiencia personal \u00fanica. A nosotros lo que se nos propone creer es el testimonio apost\u00f3lico, o sea, la disposici\u00f3n de los que vieron y oyeron y que dan testimonio de lo que vieron y oyeron. La fe en el testimonio de Cristo y de los ap\u00f3stoles no es, sin embargo, un puro asentimiento del esp\u00ed\u00adritu, sino el fruto conjugado de la predicaci\u00f3n y de la gracia interior. Mas esta gracia, en la econom\u00ed\u00ada habitual, no es objeto de una experiencia consciente y refleja, ni puede llamarse estrictamente revelaci\u00f3n.<br \/>\n17) Revelaci\u00f3n y luz de la fe. Siguiendo a la Escritura, la tradici\u00f3n patr\u00ed\u00adstica y la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica subrayaron siempre c\u00f3mo la revelaci\u00f3n afecta a la subjetividad del hombre, la eleva y la transforma para que \u00e9ste perciba como palabra viva, dirigida personalmente a \u00e9l, el mensaje del evangelio. Nunca se deja de ver la acci\u00f3n conjugada de la palabra exterior y de la palabra interior. Esta gracia interior, que hace eco a la palabra exterior y la hace soluble en el alma, \u00bfpuede, sin embargo, recibir el nombre de \u00abrevelaci\u00f3n\u00bb? Como hemos visto, la Escritura habla de atracci\u00f3n, de testimonio, de ense\u00f1anza, de iluminaci\u00f3n, de apertura del coraz\u00f3n y, a veces, de revelaci\u00f3n. Santo Tom\u00e1s habla de instinto interior (S. Th. II-Il, 2-9, ad 3) y de palabra interior.<\/p>\n<p>La atracci\u00f3n interior y la buena nueva del evangelio est\u00e1n en estrecha relaci\u00f3n, pero esta atracci\u00f3n no es estrictamente revelaci\u00f3n; m\u00e1s a\u00fan, s\u00f3lo conocemos su existencia por las fuentes de la revelaci\u00f3n, m\u00e1s bien que por una reflexi\u00f3n psicol\u00f3gica sobre la experiencia viva de nuestra fe. La atracci\u00f3n de la verdad y de la verdad personal est\u00e1n ligadas en el dinamismo intelectual que, fuera de los casos de m\u00ed\u00adstica extraordinaria, no se les puede distinguir por conciencia refleja. La influencia de esta atracci\u00f3n es real, decisiva en la adhesi\u00f3n de fe, puesto que es ella la que da al creyente poder adherirse al evangelio y al Dios del evangelio. Ella es primera en el orden de la eficiencia; pero no es el evangelio ni una palabra nueva. En un discurso teol\u00f3gico riguroso no se la puede designar con el nombre de revelaci\u00f3n; invita a creer, concede creer, pero sin levantar el anonimato; es m\u00e1s bien una inspiraci\u00f3n o una iluminaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu (DS 3010). Se le puede dar, sin embargo, el nombre de l testimonio (en un sentido amplio, pero no impropio) de Dios, que act\u00faa por dentro, con la garant\u00ed\u00ada de la verdad increada. Pero ese testimonio sigue siendo indistinto.<\/p>\n<p>Precisemos ahora la relaci\u00f3n que une a las dos realidades. Se trata de dos realidades complementarias, ordenadas la una a la otra y que constituyen como las dos dimensiones de la \u00fanica palabra de Dios. Este interpela e invita a creer por medio del evangelio de Cristo, de la predicaci\u00f3n de los ap\u00f3stoles y de la Iglesia y, complementariamente, por la inclinaci\u00f3n y la atracci\u00f3n interior que produce en el alma. Hay una acci\u00f3n conjugada entre el anuncio exterior y la atracci\u00f3n interior. La atracci\u00f3n, adapt\u00e1ndose al testimonio exterior, lo sostiene, lo asume, lo vivifica, lo fecunda. Cristo y los ap\u00f3stoles declaran lo que el Esp\u00ed\u00adritu insin\u00faa y fija en las almas. La atracci\u00f3n interior se da para connaturalizar al hombre con ese mundo nuevo, inconcebible, que es el reino de Dios: est\u00e1 al servicio del evangelio. En el orden de la revelaci\u00f3n, la misi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu completa y acaba la misi\u00f3n de Cristo. La manifestaci\u00f3n de Cristo y de su designio de salvaci\u00f3n proviene del evangelio; la eficiencia (disposici\u00f3n para o\u00ed\u00adr y fuerza para captar) proviene de la atracci\u00f3n. En virtud de esta dimensi\u00f3n interior, la revelaci\u00f3n constituye una palabra de una especie \u00fanica. A su eficacia de palabra exterior se a\u00f1ade una eficacia particular, que alcanza al hombre en lo m\u00e1s \u00ed\u00adntimo de su subjetividad, en el coraz\u00f3n de su acci\u00f3n cognoscitiva y volitiva, para suscitar la respuesta de la fe. Esta gracia que mueve, excita, llama, previene, suscita, aunque pertenezca al orden de la iluminaci\u00f3n, no puede, sin embargo, postular para s\u00ed\u00ad el t\u00ed\u00adtulo de revelaci\u00f3n.<\/p>\n<p>18) Esc\u00e1ndalo y sobreabundancia. Todos estos rasgos que acabamos de describir, juntos y cualitativamente contrastantes, m\u00faltiples y complejos, componen el rostro de la revelaci\u00f3n cristiana y constituyen su especificidad. Por tanto, .la revelaci\u00f3n cristiana no carece de rostro ni de relieve, apenas distinto de las otras formas de religi\u00f3n, de modo que deber\u00ed\u00adamos contentarnos con un vago pre-revelacionismo. Al contrario, se la puede descubrir en el tiempo y reconocer en sus rasgos bien definidos. M\u00e1s a\u00fan. El conjunto de los rasgos mencionados nos manifiestan en la revelaci\u00f3n cristiana dos caracteres nuevos que re ultan de la consideraci\u00f3n de su tot lidad misma, a saber: un car\u00e1cter de esc\u00e1ndalo y un car\u00e1cter de sobreabundancia.<\/p>\n<p>a) En efecto, la revelaci\u00f3n cristiana se prese ta a los ojos del hombre contempor\u00e1neo sobre todo como algo escandaloso y hasta ininteligible. Este car\u00e1cter afecta a la revelaci\u00f3n en todos sus niveles. Primeramente, esc\u00e1ndalo de una revelaci\u00f3n que nos viene en la fragilidad y la caducidad del acontecimiento, expuesta a todas las fluctuaciones de la historia; luego, esc\u00e1ndalo de una revelaci\u00f3n que nos llega por los caminos de la carne y del lenguaje del Verbo encarnado, figura tenue, punto perdido en la historia de una cultura, de una naci\u00f3n que no es a su vez nada entre las potencias de este mundo. Esc\u00e1ndalo, finalmente, de una revelaci\u00f3n confiada en su expansi\u00f3n a trav\u00e9s de los siglos a una Iglesia integrada por miserables pecadores. La k\u00e9nosis de Dios en la historia de Israel, la k\u00e9nosis del Hijo en la carne de Cristo, la k\u00e9nosis del Esp\u00ed\u00adritu en la debilidad de los hombres de la Iglesia: esos anonadamientos sucesivos de Dios, consumados en la forma escandalosa de la revelaci\u00f3n suprema del amor en la forma visible y tangible de un crucificado, desconciertan toda concepci\u00f3n humana. Realmente, no es \u00e9se el tipo de singularidad que habr\u00ed\u00adamos esperado del absoluto y del trascendente. Sin embargo, en esa misma confusi\u00f3n de nuestras concepciones humanas, en ese esc\u00e1ndalo hay un rasgo fundamental de la revelaci\u00f3n de Dios como el totalmente otro. El hombre jam\u00e1s lograr\u00e1 superar este esc\u00e1ndalo si no elimina su autosuficiencia para abrirse al amor que se le ofrece.<\/p>\n<p>b) El segundo car\u00e1cter que afecta a la revelaci\u00f3n en la totalidad de sus rasgos es la sobreabundancia de salvaci\u00f3n que manifiesta: sobreabundancia de los medios de comunicaci\u00f3n y de expresi\u00f3n; sobreabundancia de los caminos que anuncian y preparan el acontecimiento culminante de la encarnaci\u00f3n del Hijo; sobreabundancia de los carismas que acompa\u00f1an y protegen la expansi\u00f3n de la revelaci\u00f3n a trav\u00e9s de las edades (tradici\u00f3n, inspiraci\u00f3n, infalibilidad); sobreabundancia, finalmente, de los dones y de los medios de salvaci\u00f3n. Esta sobreabundancia, que es ya la marca de Dios en el universo, es tambi\u00e9n un rasgo de la historia de la salvaci\u00f3n. Lo que extra\u00f1a no es la salvaci\u00f3n ofrecida a todos los hombres; es m\u00e1s bien la sobreabundancia de salvaci\u00f3n que acompa\u00f1a a la revelaci\u00f3n cristiana. Ella representa, respecto a la salvaci\u00f3n universal y respecto a las religiones hist\u00f3ricas, un plus, una sobreabundancia en los dones de la salvaci\u00f3n, que es la prodigalidad de Dios en la nueva creaci\u00f3n. Lo que extra\u00f1a es la sobreabundancia del amor de Dios al hombre pecador. Se concibe que Dios salga de su silencio y que le declare al hombre su amor; pero que exprese este amor hasta el agotamiento de su expresi\u00f3n, es decir, hasta el don de s\u00ed\u00ad mismo y hasta el abismo de la cruz, es algo que manifiesta un amor que abunda y sobreabunda. Ante esta \u00absobreabundancia\u00bb, que \u00abse\u00f1ala\u00bb la revelaci\u00f3n cristiana a la atenci\u00f3n de todos los hombres, no cabe m\u00e1s respuesta que la del amor: \u00abNosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene, y hemos cre\u00ed\u00addo\u00bb (Un 4,16).<\/p>\n<p>19) Revelaci\u00f3n y Trinidad. La clave hermen\u00e9utica que descifra la revelaci\u00f3n se encuentra, en \u00faltimo an\u00e1lisis, en el misterio de los misterios: la l Trinidad, particularmente en la teolog\u00ed\u00ada de las misiones trinitarias y de la apropiaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La revelaci\u00f3n es obra de la Trinidad entera: Padre, Hijo y Esp\u00ed\u00adritu. La fecundidad espiritual de la Trinidad se despliega seg\u00fan la doble l\u00ed\u00adnea del pensamiento y del amor: de ah\u00ed\u00ad la pronunciaci\u00f3n del Verbo y la espiraci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu. La pronunciaci\u00f3n ad intra se,prolonga en una pronunciaci\u00f3n ad extra: es la revelaci\u00f3n. La palabra de Cristo tiene su origen en la comuni\u00f3n de vida del Padre y del Hijo; por eso es palabra de Dios. El Esp\u00ed\u00adritu prolonga la misi\u00f3n de Cristo, pero no la prolonga hablando de s\u00ed\u00ad mismo: ilumina la palabra de Cristo en comuni\u00f3n de vida con el Hijo, que est\u00e1 tambi\u00e9n en comuni\u00f3n de vida con el Padre. La revelaci\u00f3n no es la verdad de una persona, sino la verdad de las tres personas. Se arraiga en la comuni\u00f3n de vida de las tres personas y traduce esta comuni\u00f3n.<\/p>\n<p>Aunque el Padre, el Hijo y el Esp\u00ed\u00adritu son un mismo y \u00fanico principio de la revelaci\u00f3n, no se sigue que la Trinidad como tal no influya de ning\u00fan modo en la revelaci\u00f3n. Cada una de las personas act\u00faa seg\u00fan unos efectos que responden misteriosamente a lo que son, respectivamente, el Padre, el Hijo y el Esp\u00ed\u00adritu en el seno de la Trinidad.<\/p>\n<p>Como en todas las cosas, es al Padre a quien le corresponde la iniciativa, ya que el Hijo lo recibe todo del Padre, naturaleza y misi\u00f3n. Es el Padre el que env\u00ed\u00ada al Hijo como revelador de su designio de amor (Un 4,910; Jn 3,16); es el Padre el que da testimonio del Hijo y de su misi\u00f3n reveladora por las obras que concede realizar al Hijo (Jn 10,25; 5,36-37; 15,24; 9,41), y es el Padre el que atrae a los hombres hacia el Hijo por la atracci\u00f3n interior que produce en los corazones (Jn 6,44).<\/p>\n<p>Siendo ya el Hijo en el seno del Padre la Palabra eterna del Padre, en quien el Padre se expresa adecuadamente, est\u00e1 ontol\u00f3gicamente cualificado para ser entre los hombres la revelaci\u00f3n suprema del Padre y para iniciarlos en su vida de hijos. Cristo es el perfecto revelador del Padre y de su designio. Pues bien, el designio del Padre es la extensi\u00f3n a la humanidad de la vida misma de la Trinidad. El Padre quiere reengendrar a su propio Hijo en cada uno de los hombres, infundir en ellos su Esp\u00ed\u00adritu y asoci\u00e1rselos en la comuni\u00f3n m\u00e1s \u00ed\u00adntima, para que todos sean uno, como el Padre y el Hijo son uno, en un mismo Esp\u00ed\u00adritu de amor. Si acogemos el testimonio que el Padre nos dirige por el Hijo, el Padre hace de nosotros sus propios hijos (Jn 1,12). Entonces recibimos en nosotros un esp\u00ed\u00adritu de hijos, un esp\u00ed\u00adritu de amor: \u00abDios ha enviado a vuestros corazones el Esp\u00ed\u00adritu de su Hijo, que clama: \u00c2\u00a1Abba, Padre!\u00bb (G\u00e1l 4,6).<\/p>\n<p>Mientras que el Hijo \u00abhace conocer\u00bb, el Esp\u00ed\u00adritu \u00abinspira\u00bb. Es el soplo y el calor del pensamiento divino. Da fuerza y eficacia a la palabra. Cristo propone la palabra de Dios; el Esp\u00ed\u00adritu nos la aplica y la interioriza, para que permanezca en nosotros. Hace a la palabra &#8216;soluble en el alma por la unci\u00f3n que derrama en ella. Hace efectivo el don de la revelaci\u00f3n. Es tambi\u00e9n el Esp\u00ed\u00adritu el que actualiza la revelaci\u00f3n para cada generaci\u00f3n, a trav\u00e9s de los siglos. A las cuestiones de cada \u00e9poca, el Esp\u00ed\u00adritu responde por una sugerencia que es su presente.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad el Padre, por la acci\u00f3n conjugada del Verbo y del Esp\u00ed\u00adritu, por sus dos brazos de amor, se revela a la humanidad y la atrae hacia s\u00ed\u00ad. El movimiento de amor por el que el Padre se descubre a los hombres por Cristo y la devoluci\u00f3n que le hacen los hombres de ese amor por la fe y la caridad aparecen como inmersos en el flujo y reflujo de amor que une al Padre y al Hijo en el Esp\u00ed\u00adritu. La revelaci\u00f3n es una acci\u00f3n que compromete a la vez a la Trinidad y a la humanidad; que entabla un di\u00e1logo ininterrumpido entre el Padre y sus hijos, adquiridos por la sangre de Cristo. Se desarrolla a la vez en el plano del acontecimiento hist\u00f3rico y en el plano de la eternidad. Se inaugura por la palabra y la fe, y se acabar\u00e1 en el cara a cara de la visi\u00f3n.<\/p>\n<p>9. CONCLUSIONES. Subrayaremos tres conclusiones. La primera se refiere, evidentemente, a la noci\u00f3n misma de la revelaci\u00f3n.<\/p>\n<p>1) Noci\u00f3n de revelaci\u00f3n. La revelaci\u00f3n cristiana es la automanifestaci\u00f3n y la autodonaci\u00f3n de Dios en Jesucristo, en la historia, como historia, por la mediaci\u00f3n de la historia, es decir, de unos acontecimientos y de unos gestos interpretados por los testigos autorizados de Dios. Esta manifestaci\u00f3n tiene unos rasgos absolutamente espec\u00ed\u00adficos, que hacen de la revelaci\u00f3n cristiana una realidad \u00fanica y sin precedentes: historicidad, estructura sacramental, progreso dial\u00e9ctico de un tiempo en espiral, principio encarnacional, centralidad absoluta de Cristo, Verbo hecho carne, \u00abeconom\u00ed\u00ada\u00bb y pedagog\u00ed\u00ada, di\u00e1logo de amor, revelaci\u00f3n al mismo tiempo de Dios y del hombre a s\u00ed\u00ad mismo, realidad siempre en tensi\u00f3n (presente-pasado, historia-escatolog\u00ed\u00ada). La singularidad de esta revelaci\u00f3n hace de Cristo la clave de la interpretaci\u00f3n de todas las realidades conexas con \u00e9l o que se le parecen: gracia universal de la salvaci\u00f3n, experiencia de las religiones hist\u00f3ricas, iluminaci\u00f3n de la fe. Todos estos rasgos de la revelaci\u00f3n se parecen a una inmensa galaxia que tiene su centro en Cristo, punto universal de interpretaci\u00f3n. Esta singularidad de la revelaci\u00f3n cristiana permite identificarla y al mismo tiempo distinguirla de todas las religiones que se dicen igualmente \u00abreveladas\u00bb.<\/p>\n<p>2) Implicaciones en el terreno de la \u00abcomunicaci\u00f3n\u00bb: Despu\u00e9s de lo dicho sobre la revelaci\u00f3n y sus rasgos espec\u00ed\u00adficos, es evidente que su ! \u00abcomunicaci\u00f3n\u00bb difiere de la de un sistema filos\u00f3fico, la de un descubrimiento cient\u00ed\u00adfico, la de una t\u00e9cnica artesanal. La comunicaci\u00f3n de la revelaci\u00f3n pertenece al orden del testimonio. Lo mismo que el testimonio de Cristo fue indisolublemente un docere y un facere, tambi\u00e9n la comunicaci\u00f3n del evangelio incluye no s\u00f3lo la praxis de un estilo de vida filial, sino la proclamaci\u00f3n de la fe. De hecho, por el testimonio conjugado de su ense\u00f1anza y de su vida, los ap\u00f3stoles transmitieron lo que hab\u00ed\u00adan aprendido de Cristo \u00abviviendo con \u00e9l y vi\u00e9ndolo actuar\u00bb (DV 7). A su vez; la Iglesia \u00abperpet\u00faa en su doctrina, su vida y su culto, y transmite a cada generaci\u00f3n todo lo que ella es y todo lo que cree\u00bb (DV 8 y 10). Comunicar la revelaci\u00f3n significa que \u00abel que comunica y proclama la salvaci\u00f3n\u00bb es al mismo tiempo el testigo vivo de una fe que ilumin\u00f3 y transform\u00f3 antes su vida. Si no, el evangelio corre el riesgo de convertirse en una ideolog\u00ed\u00ada, en un sistema, en una gnosis, en una \u00e9tica.<\/p>\n<p>En r\u00e9gimen cristiano, la \u00abcomunicaci\u00f3n participa de la elevaci\u00f3n del hombre por la encarnaci\u00f3n y la gracia. Los medios de comunicaci\u00f3n social se ven de alguna manera \u00abagraciados\u00bb con una dimensi\u00f3n nueva, que se debe a la especificidad de la revelaci\u00f3n cristiana. En efecto: a) lo que se comunica es el evangelio, palabra revelada e inspirada, palabra eficaz; b) el que comunica e invita a la fe es \u00e9l mismo testigo viviente del evangelio que propone; c) el oyente de la palabra es un hombre en quien act\u00faa el Esp\u00ed\u00adritu de Cristo. Las t\u00e9cnicas son las mismas (radio, televisi\u00f3n, cine, prensa), pero la realidad comunicada, el que comunica y el que \u00abescucha\u00bb, representan una condici\u00f3n \u00fanica.<br \/>\n3) El \u00abhoy\u00bb de la revelaci\u00f3n. El \u00abhoy\u00bb de la palabra de salvaci\u00f3n proclamada por Cristo sigue siendo actual y se dirige a todos los hombres. Hoy viene la salvaci\u00f3n; hoy llega el tiempo de la conversi\u00f3n. La salvaci\u00f3n no est\u00e1 al final del camino, sino en cada instante de nuestra vida: hoy, ahora. Las injusticias actuales, la guerra omnipresente, el terrorismo, el genocidio, deber\u00ed\u00adan contribuir \u00e1 reactivar en cada uno el sentimiento del hoy de la salvaci\u00f3n notificado por la revelaci\u00f3n. El hombre no es hoy menos \u00abodioso\u00bb que ayer. La injusticia y el odio son una llamada desesperada del siervo doliente a un reino de justicia y de amor. Como en tiempos de los patriarcas y de los profetas, Dios dirige la historia. Cuando nos sentimos aplastados; sofocados por tanta violencia, el silencio de Dios nos proyecta hacia la revelaci\u00f3n. Los hombres de hoy se parecen a los del AT: esperan la paz, la justicia, la verdad, la vida, el amor, la salvaci\u00f3n. En el secreto de sus corazones buscan un sentido a todas las cosas en un mundo aparentemente desprovisto de sentido. A estos extraviados, a estos hombres que caminan en las tinieblas; Cristo, plenitud de la revelaci\u00f3n, lesresponde: Yo soy el camino, la verdad, la luz, la vida, el amor. A todos les dice: Yo soy. Para Dios no hay nada imposible, con tal de que se encuentre con nuestra \u00abbuena voluntad\u00bb.<\/p>\n<p>BIBL.: ENCICLOPEDIAS, DICCIONARIOS,COLECCIONES. Sobre la constituci\u00f3n Dei Verbum, del Vaticano II, hay una bibliograf\u00ed\u00ada completa en el Handbuch der Dogmengeschichte I, fas. 1 b, 193194; COLOMBO C., Rivelazione, en \u00abEne. Cattolica\u00bb 10 (1953) 1018-1025 DIDIOT J., R\u00e9v\u00e9lation divine, en DAFC IV, 1004-1009; DULLES A., Theology of Revelation, en New Catholic Eneyclopedia XII, 441-444; DuQuoc C~, Alianza y revelaci\u00f3n, en E. LAURET y F. REFOULE, Iniciaci\u00f3n a la pr\u00e1ctica de la teolog\u00ed\u00ada 2, Madrid 1984, 19-86; EICHRODT W. 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La mayor\u00ed\u00ada de estas obras contienen uno o varios cap\u00ed\u00adtulos sobre el tema de la revelaci\u00f3n. Indicamos los m\u00e1s recientes; ALEU J., Teolog\u00ed\u00ada fundamental, Madrid 1973; BENI A., Teolog\u00ed\u00ada fondamentale, Florencia 1980; BOF G., Teolog\u00ed\u00ada fondamentale, Roma 1984; CAVIGLIA G., Le ragioni della speranza. Teologia fondamentale, Tur\u00ed\u00adn 1979; FISICHELLA R., La revelaci\u00f3n: evento y credibilidad, Salamanca 1989; FRIEs H., Teolog\u00ed\u00ada fundamental, Barcelona 1987; JOEST W., Fundamentaltheologie. Theologische Grundlagen und Methodenproblem, Stutgart 1974; KOLPING A., Fundamentaltheologie, 3 vols., M\u00fcnster 1968-1974-1981; O&#8217;COLLINS G., Fundamental Theology, Nueva York 1981; PIE NINOT S., Tratado de Teolog\u00ed\u00ada fundamental, Salamanca 1991$; SCHUSSLER FIORENZA F., Foundational Theology, Jesus and the Church, Nueva York 1985; SKALICKY C., Teologiafondamentale, Roma 1979; WAGNER H., Einfiihrung in die Fundamentaltheologie, Darmstadt 1981; WALDENFELS H., Kontextuelle Fundamentaltheologie, Paderborn 1985.<br \/>\nR. Latourelle<\/p>\n<p>LATOURELLE &#8211; FISICHELLA, Diccionario de Teolog\u00ed\u00ada Fundamental, Paulinas, Madrid, 1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda Fundamental<\/b><\/p>\n<p>(GR. A\u00c2\u00b7PO\u00c2\u00b7K\u00ed\u0081\u00c2\u00b7LY\u00c2\u00b7PSIS).<br \/>\nEl significado literal del sustantivo griego a\u00c2\u00b7po\u00c2\u00b7k\u00e1\u00c2\u00b7ly\u00c2\u00b7psis es \u2020\u0153descubrimiento\u2020\u009d o \u2020\u0153revelaci\u00f3n\u2020\u009d, y se suele utilizar para hacer referencia a manifestaciones de asuntos espirituales o de la voluntad y los prop\u00f3sitos divinos. (Lu 2:32; 1Co 14:6, 26; 2Co 12:1, 7; G\u00e1l 1:12; 2:2; Ef 1:17; Rev 1:1; NTI.) Tales revelaciones son posibles gracias a la acci\u00f3n del esp\u00ed\u00adritu de Dios. Con respecto a la revelaci\u00f3n del \u2020\u0153secreto sagrado\u2020\u009d, el ap\u00f3stol Pablo escribi\u00f3: \u2020\u0153En otras generaciones este secreto no fue dado a conocer a los hijos de los hombres como ahora ha sido revelado a sus santos ap\u00f3stoles y profetas por esp\u00ed\u00adritu, a saber, que gente de las naciones hubieran de ser coherederos y miembros del cuerpo y participantes con nosotros de la promesa en uni\u00f3n con Cristo Jes\u00fas mediante las buenas nuevas\u2020\u009d. (Ef 3:1-6; Ro 16:25.)<br \/>\nEl libro de Hechos confirma con claridad que esta revelaci\u00f3n del secreto sagrado era el resultado de la acci\u00f3n del esp\u00ed\u00adritu de Dios. Guiados por el esp\u00ed\u00adritu, Pedro, Pablo y Bernab\u00e9 predicaron a los no jud\u00ed\u00ados. Los no jud\u00ed\u00ados, o \u2020\u0153gente de las naciones\u2020\u009d, que se hicieron creyentes recibieron esp\u00ed\u00adritu santo aunque eran incircuncisos, y de este modo pasaron a formar parte del pueblo para el nombre de Dios. (Hch 10:9-48; 13:2-4.) El profeta Am\u00f3s hab\u00ed\u00ada predicho este acontecimiento bajo inspiraci\u00f3n, y en el siglo I E.C., se hizo patente el cumplimiento de su profec\u00ed\u00ada mediante la acci\u00f3n del esp\u00ed\u00adritu de Dios. (Hch 15:7-20; comp\u00e1rese con Am 9:11, 12, LXX.)<br \/>\nLa Biblia tambi\u00e9n habla de la \u2020\u0153revelaci\u00f3n del justo juicio de Dios\u2020\u009d (Ro 2:5), la \u2020\u0153revelaci\u00f3n de los hijos de Dios\u2020\u009d (Ro 8:19) y la \u2020\u0153revelaci\u00f3n de Jesucristo\u2020\u009d y \u2020\u0153de su gloria\u2020\u009d. (1Pe 1:13; 4:13.) Para determinar cu\u00e1ndo tienen lugar estas revelaciones, es \u00fatil examinar el contexto y otros textos relacionados. En cada caso, la revelaci\u00f3n es un tiempo en el que los justos reciben recompensas y bendiciones particulares, o en el que los inicuos sufren destrucci\u00f3n.<\/p>\n<p>De los hijos de Dios. El ap\u00f3stol Pablo explic\u00f3 en la carta a los Romanos que los \u2020\u0153hijos\u2020\u009d de Dios eran los que hab\u00ed\u00adan recibido el esp\u00ed\u00adritu de adopci\u00f3n. Como son coherederos con Cristo, estos hijos de Dios tambi\u00e9n ser\u00e1n glorificados. (Ro 8:14-18.) El Se\u00f1or Jesucristo \u2020\u02dcamoldar\u00e1 de nuevo sus cuerpos humillados\u2020\u2122 para que se conformen al cuerpo glorioso de \u00e9l (Flp 3:20, 21), y reinar\u00e1n con \u00e9l. (2Ti 2:12.) De modo que la \u2020\u0153revelaci\u00f3n de los hijos de Dios\u2020\u009d indica el tiempo en que ser\u00e1 obvio que han sido realmente glorificados y que reinan con Cristo Jes\u00fas. La gloria que ser\u00e1 revelada en ellos ser\u00e1 tan magn\u00ed\u00adfica como para hacer que todos los sufrimientos que hayan tenido antes en la Tierra parezcan insignificantes. (Ro 8:18, 19.) Esta revelaci\u00f3n va acompa\u00f1ada de magn\u00ed\u00adficas bendiciones, pues el ap\u00f3stol Pablo escribe: \u2020\u0153La creaci\u00f3n misma tambi\u00e9n ser\u00e1 libertada de la esclavitud a la corrupci\u00f3n y tendr\u00e1 la gloriosa libertad de los hijos de Dios\u2020\u009d. (Ro 8:21.)<\/p>\n<p>Del justo juicio de Dios. En Romanos 2:5 la \u2020\u0153revelaci\u00f3n del justo juicio de Dios\u2020\u009d se relaciona con el \u2020\u02dcd\u00ed\u00ada de la ira de Dios\u2020\u2122. Por lo tanto, el justo juicio de Dios se revela cuando \u2020\u02dc\u00e9l da a cada uno seg\u00fan sus obras\u2020\u2122: vida eterna a los que aguantan en la obra que es buena y destrucci\u00f3n a los que obedecen la injusticia. (Ro 2:6-8.)<\/p>\n<p>De Jesucristo. La \u2020\u0153revelaci\u00f3n de Jesucristo\u2020\u009d y \u2020\u0153de su gloria\u2020\u009d es un tiempo para recompensar a sus seguidores fieles y ejecutar venganza sobre los imp\u00ed\u00ados. El se revela como Rey glorioso, con autoridad para recompensar y castigar. Las Escrituras muestran que los cristianos ungidos por esp\u00ed\u00adritu que aguantan fielmente el sufrimiento tendr\u00e1n \u2020\u0153gran gozo\u2020\u009d durante la revelaci\u00f3n de la gloria de Cristo. (1Pe 4:13.) En ese tiempo, la cualidad probada de su fe ser\u00e1 hallada una causa de alabanza, gloria y honra, y estos cristianos recibir\u00e1n bondad inmerecida. (1Pe 1:7, 13.) Por otro lado, los que no conocen a Dios y no obedecen las buenas nuevas acerca del Se\u00f1or Jes\u00fas ser\u00e1n destruidos para siempre, una acci\u00f3n que aliviar\u00e1 a quienes hab\u00ed\u00adan sufrido tribulaci\u00f3n por su causa. (2Te 1:6-10.)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia<\/b><\/p>\n<p>Sumario: 1. \u2020\u0153Dios ha hablado muchas veces yen diversas formas \u2020\u0153. II. La revelaci\u00f3n en el A T: 1. El \u00e9xodo: historia y palabra; 2. Revelaci\u00f3n y conocimiento de Dios; 3. Salvaci\u00f3n, ley y promesa; 4. El relato de los or\u00ed\u00adgenes: revelaci\u00f3n y reflexi\u00f3n; 5. Revelaci\u00f3n y profetismo; 6. Revelaci\u00f3n y sabidur\u00ed\u00ada. ???. La revelaci\u00f3n en el NT: 1. La revelaci\u00f3n en los evangelios sin\u00f3pticos; 2. Pablo: el misterio en otro tiempo escondido es ahora desvelado; 3. La Palabra se hizo carne: la revelaci\u00f3n en san Juan. IV. Las estructuras de la revelaci\u00f3n.<br \/>\nNo es posible en esta exposici\u00f3n reconstruir la g\u00e9nesis y el desarrollo de la concepci\u00f3n b\u00ed\u00adblica de la revelaci\u00f3n. Ser\u00ed\u00ada un trabajo demasiado largo y delicado. Es mejor limitarnos a poner de manifiesto las articulaciones y las estructuras b\u00e1sicas.<br \/>\nNuestra exposici\u00f3n debe tener enseguida en cuenta dos datos. El primero es que el concepto de revelaci\u00f3n no est\u00e1 terminol\u00f3gicamente fijado en la Biblia. No hay, pues, un vocabulario fijo al que atenerse, aunque no faltan expresiones privilegiadas; la primera de todas es la expresi\u00f3n palabra de Dios. El segundo es que la revelaci\u00f3n es un concepto b\u00ed\u00adblicamente complejo, que abarca acciones y realidades diversas entre s\u00ed\u00ad, aunque, obviamente, todas dentro de un cuadro com\u00fan, a saber: la convicci\u00f3n de un mensaje que proviene, de un modo u otro, de la libre iniciativa de Dios, que manifiesta su voluntad y, por tanto, se presenta al hombre con valor obligatorio. Dentro de este cuadro com\u00fan se dan, sin embargo, modalidades diferentes: todas las p\u00e1ginas de la Biblia son consideradas en la tradici\u00f3n jud\u00ed\u00ada y cristiana \/ palabra de Dios; pero una cosa son los profetas, otra los libros hist\u00f3ricos, otra los sapienciales, otra el AT y otra el NT.<br \/>\nTeniendo esto presente, me parece que el camino a recorrer es examinar algunas p\u00e1ginas significativas, elegidas entre g\u00e9neros diversos, capaces de mostrar tanto las diferentes modalidades de la revelaci\u00f3n como sus constantes.<br \/>\n2857<br \/>\n1. \u2020\u0153DIOS HA HABLADO MUCHAS VECES Y EN DIVERSAS FORMAS\u2020\u009d.<br \/>\nUn texto que sintetiza admirablemente los m\u00faltiples aspectos y el camino entero de la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica, a manera de promontorio desde el cual se puede observar todo el panorama, es el pr\u00f3logo de la carta a los Hebreos (1,1-4): \u2020\u0153Dios, despu\u00e9s de haber hablado muchas veces y en diversas formas a nuestros padres por medio de los profetas, en estos d\u00ed\u00adas, que son los \u00faltimos, nos ha hablado por el Hijo, a quien ha constituido heredero de todas las cosas, por quien hizo tambi\u00e9n el universo. El, que es el resplandor de su gloria y la impronta de su ser, sostiene todas las cosas con su palabra poderosa, y, una vez que realiz\u00f3 la purificaci\u00f3n de los pecados, se sent\u00f3 a la derecha de la majestad en lo m\u00e1s alto del cielo, llegando a ser superior a los \u00e1ngeles en la medida en que los aventaja el nombre que ha recibido en herencia\u2020\u009d.<br \/>\nEn la ra\u00ed\u00adz de la revelaci\u00f3n est\u00e1 la iniciativa gratuita y libre de Dios (\u2020\u0153Dios ha hablado\u2020\u009d). La revelaci\u00f3n es un puro don de Dios, que sale de su misterio para encontrarse con el hombre. Ya por esto la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica aparece como un movimiento completamente diverso de aquel encumbramiento de s\u00ed\u00ad al que muchas investigaciones religiosas invitan al hombre. El camino que conduce a Dios es la disposici\u00f3n a acoger, y no una penetraci\u00f3n en el mundo celestial mediante t\u00e9cnicas asc\u00e9ticas o contemplativas o m\u00ed\u00adsticas.<br \/>\nLa Biblia se sirve de diversas locuciones para expresar el manifestarse de Dios, pero la locuci\u00f3n m\u00e1s frecuente e importante es la palabra (\u2020\u0153Dios ha hablado\u2020\u009d). La palabra es interpersonal y dial\u00f3gica: va de persona a persona, interpela y espera respuesta, tiende por su naturaleza al di\u00e1logo. La revelaci\u00f3n no s\u00f3lo manifiesta el misterio de Dios y, a la luz de este misterio, revela al hombre a s\u00ed\u00ad mismo, sino que tambi\u00e9n llama al hombre a la escucha y obediencia, a la fe y a la acci\u00f3n.<br \/>\nMas subrayar que la revelaci\u00f3n es palabra no significa devaluar la acci\u00f3n, la historia. La palabra b\u00ed\u00adblica, a la cual se refiere ciertamente el pr\u00f3logo de la carta a los Hebreos (y. 3), puede decir que el Hijo \u2020\u0153sostiene todas las cosas con su palabra poderosa\u2020\u2122 Y m\u00e1s adelante (4,12) la misma carta describir\u00e1 la palabra de Dios como \u2020\u0153viva y eficaz\u2020\u009d.<br \/>\nLa revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica no es atem-poral ni est\u00e1 inmediatamente dirigida a cada uno, sino que es hist\u00f3rica y mediata: Dios ha hablado en tiempos determinados y acabados (el verbo \u2020\u0153hablar\u2020\u009d est\u00e1 en aoristo: VV. 1-2) y a trav\u00e9s de mediadores (\u2020\u0153los profetas\u2020\u009d y \u2020\u0153el Hijo\u2020\u009d). Y se trata de una reve-\u00ed\u00adaci\u00f3n p\u00fablica, dirigida a los \u2020\u0153padres\u2020\u009d y \u2020\u0153a nosotros\u2020\u009d; no de un saber secreto y reservado, como se pensaba, en cambio, en c\u00ed\u00adrculos apocal\u00ed\u00adpticos y gn\u00f3sticos.<br \/>\n2858<br \/>\nDios ha hablado \u2020\u0153muchas veces\u2020\u009d y \u2020\u0153en diversas formas\u2020\u009d: son diversos los tiempos y las circunstancias de la manifestaci\u00f3n de Dios, diversos los instrumentos expresivos (visiones, gestos y palabras) y los mediadores: Dios se ha manifestado en la creaci\u00f3n y en la historia, en los or\u00e1culos de los profetas y en las investigaciones de los sabios.<br \/>\nPero la variedad de los tiempos y de los modos no impide que la revelaci\u00f3n sea profundamente unitaria. Es siempre el mismo Dios el que revela. Y las \u2020\u0153muchas veces\u2020\u009d y las \u2020\u0153diversas formas\u2020\u009d son fragmentos complementarios de un \u00fanico discurso y etapas de una historia \u00fanica, encaminada a un cumplimiento, que es la revelaci\u00f3n \u2020\u0153en el Hijo\u2020\u009d. El autor de Hebreos marca fuertemente la diferencia -aun sabiendo que se da una continuidad fundamental- entre la revelaci\u00f3n veterotestamentaria (\u2020\u0153despu\u00e9s de haber hablado\u2020\u009d) y la revelaci\u00f3n en Cristo (\u2020\u0153en estos d\u00ed\u00adas, que son los \u00faltimos\u2020\u009d). Las m\u00faltiples palabras de la revelaci\u00f3n antigua se unifican y encuentran su sentido definitivo en la palabra \u00faltima y definitiva, que es el Hijo. A la multitud de revelaciones del tiempo antiguo se contrapone en el NT la revelaci\u00f3n \u00fanica del Hijo. Emerge con fuerza la conciencia escatol\u00f3gica. \u2020\u0153Que son los \u00faltimos\u2020\u009d no significa s\u00f3lo que la revelaci\u00f3n en el Hijo es la \u00faltima ocurrida, sino que es la revelaci\u00f3n definitiva, la del tiempo \u00faltimo, del tiempo escatol\u00f3gico. La raz\u00f3n de este car\u00e1cter definitivo est\u00e1 en el hecho de que el Hijo no es un mediador cualquiera, sino el \u2020\u0153resplandor\u2020\u009d de la gloria de Dios y la \u2020\u0153impronta\u2020\u009d de su ser. Cristo es la transcripci\u00f3n hist\u00f3rica, visible e insuperable de Dios.<br \/>\nEsto nos permite dos \u00faltimas anotaciones. La primera es que el sujeto \u00faltimo de la revelaci\u00f3n es la \u2020\u0153gloria\u2020\u009d y el \u2020\u0153ser\u2020\u009d de Dios -de ellos precisamente es el Hijo resplandor e impronta-, es decir, Dios mismo, su misterio, y no s\u00f3lo su acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica. La segunda es que la revelaci\u00f3n de Dios no es s\u00f3lo una palabra que hay que escuchar, sino una persona a la que \u2020\u0153ver\u2020\u009d: resplandor e impronta no se refieren solamente a las palabras de Cristo, sino ante todo a su persona y a su vida.<br \/>\n2859<br \/>\nII. LA REVELACION EN EL AT.<br \/>\nLas primeras l\u00ed\u00adneas de la carta a los Hebreos, de rara densidad teol\u00f3gica, nos han permitido entrar inmediatamente en lo vivo de la concepci\u00f3n b\u00ed\u00adblica de la revelaci\u00f3n. Mas no podemos contentarnos con ello. Debemos tomar el discurso desde el principio y de un modo m\u00e1s articulado.<br \/>\nEl ambiente oriental se serv\u00ed\u00ada de diversas t\u00e9cnicas para intentar comprender los secretos de los dioses y del destino: sue\u00f1os, adivinaci\u00f3n, presagios, consultas de la suerte a sacerdotes y adivinos. Tambi\u00e9n el AT conserva mucho tiempo vestigios de estas t\u00e9cnicas, que en algunos pasajes parecen admitidas, o por lo menos toleradas. Sin embargo, no faltan textos de condena expl\u00ed\u00adcita, como, por ejemplo, este pasaje del Deutero-nomio (18,10-1 2): \u2020\u0153No haya en medio de ti quien queme en sacrificio a su hijo o a su hija, ni quien practique la adivinaci\u00f3n, el sortilegio, la superstici\u00f3n, el encantamiento, ni quien consulte a los adivinos y a los que invocan a los esp\u00ed\u00adritus, ni quien interrogue a los muertos, pues todo esto es abominable a los ojos del Se\u00f1or\u2020\u009d. Se trata, en todo caso, de aspectos arcaicos y marginales; y no es cierto que se capte aqu\u00ed\u00ad el verdadero aspecto de la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica, aunque aparece ya una de sus caracter\u00ed\u00adsticas, a saber: su solidaridad con el hombre y su ambiente cultural. La revelaci\u00f3n no cae en el vac\u00ed\u00ado, sino en lo concreto de un ambiente, que asume, critica, purifica y renueva.<br \/>\n2860 1. EL EXODO: HISTORIA Y PALABRA.<br \/>\nLos hombres de la Biblia est\u00e1n profundamente convencidos de que Dios se revela tambi\u00e9n en la naturaleza. El Ps 19 dice que el cielo y la tierra \u2020\u0153narran\u2020\u009d la gloria del Se\u00f1or; y podr\u00ed\u00adamos citar a este respecto otros muchos testimonios. Pero la orientaci\u00f3n m\u00e1s profunda, t\u00ed\u00adpica y original del pensamiento b\u00ed\u00adblico es otra: Israel ha encontrado a Dios en su historia, y la misma creaci\u00f3n es vista como un acontecimiento hist\u00f3rico, como el primer gesto de la historia de la salvaci\u00f3n (Sal 136,5-9). Esto explica por qu\u00e9 la Biblia concede tanto espacio a la historia y a los relatos. Cuando se interroga por el contenido de su fe, Israel responde generalmente con relatos y frases informativas. El conocimiento del Se\u00f1or est\u00e1 precedido por su acci\u00f3n en la historia. Dios se revela obrando. Por eso la Biblia no concede mucho espacio a un conocimiento de Dios que surgir\u00ed\u00ada de alg\u00fan modo de la meditaci\u00f3n del hombre replegado sobre s\u00ed\u00ad mismo o del an\u00e1lisis del mundo.<br \/>\nIsrael comprendi\u00f3 adem\u00e1s que no solamente los acontecimientos excepcionales de su historia -como las llamadas de Abrah\u00e1n y Mois\u00e9s, la liberaci\u00f3n de Egipto, la promulgaci\u00f3n de la ley en el Sina\u00ed\u00ad- revelan un designio divino, sino tambi\u00e9n la historia en su totalidad. Toda la historia b\u00ed\u00adblica est\u00e1 sostenida por esta convicci\u00f3n.<br \/>\nEs, pues, importante la historia; sin embargo, la tesis de la revelaci\u00f3n como historia es unilateral. La historia va acompa\u00f1ada por la palabra que la interpreta. Los gestos de Dios tienen necesidad de la palabra que los anuncia y los comenta. Sin la palabra permanecer\u00ed\u00adan mudos. Por eso los relatos b\u00ed\u00adblicos son un entralaza-do inseparable de acci\u00f3n y palabra, historia e interpretaci\u00f3n.<br \/>\nEn el centro del credo b\u00ed\u00adblico est\u00e1n los grandes acontecimientos del \u00e9xodo, que la conciencia de Israel percibi\u00f3 como gestas de Dios, irreducibles al puro juego de las causas hist\u00f3ricas y de los protagonistas humanos. Los acontecimientos del \u00e9xodo son las \u2020\u0153obras maravillosas\u2020\u2122 de Dios. Sobre todo recordando y meditando estos acontecimientos descubri\u00f3 Israel los atributos de Dios y el estilo de su acci\u00f3n SaI 136,10-15), y en estos acontecimientos centrales de su historia -no fuera de ella o en el mito- encontr\u00f3 Israel la clave de lectura de los acontecimientos acaecidos luego. Los acontecimientos del \u00e9xodo son vistos como punto de partida, modelo y promesa de los gestos futuros de Dios (Mc 7,14-17; Is 10,20-26; Ez 20,32-44 el motivo vuelve con frecuencia en el D\u00e9utero-lsa\u00ed\u00adas). L\u00e9ase entero el Ps 136: la liberaci\u00f3n de Egipto (Vv. 10-15) proyecta su luz hacia atr\u00e1s, a la creaci\u00f3n (vv. 5-9), y, hacia adelante, a la historia entera de Israel (Vv. 16-24). En el \u00e9xodo, en la creaci\u00f3n yen toda la historia del pueblo, lo mismo que tambi\u00e9n en la providencia cotidiana (El da el alimento a todo viviente\u2020\u2122: y. 25), es siempre la misma cualidad de Dios la que se revela: \u2020\u0153Para siempre es su misericordia\u2020\u2122.<br \/>\nEl libro del Exodo cuenta que Dios llam\u00f3 a Mois\u00e9s \u2020\u0153desde la zarza\u2020\u009d y le dijo: \u2020\u0153Ac visto la opresi\u00f3n de mi pueblo en Egipto, he o\u00ed\u00addo el clamor que le arranca su opresi\u00f3n y conozco sus angustias; voy a bajar a liberarlo\u2020\u2122 (3,7-8). La historia comienza con esta intervenci\u00f3n libre y gratuita de Dios. La iniciativa es suya. El hombre del AT es profundamente consciente del car\u00e1cter ins\u00f3lito y gratuito de la revelaci\u00f3n, como lo atestigua un bell\u00ed\u00adsimo pasaje del Deuteronomio (4,32-34): cDesde uno a otro extremo del cielo se ha visto jam\u00e1s cosa tan grande o se ha o\u00ed\u00addo cosa semejante? \u00bfHay pueblo que haya o\u00ed\u00addo la voz de su Dios hablar en medio del fuego, como la has o\u00ed\u00addo t\u00fa, y quede todav\u00ed\u00ada con vida?\u2020\u2122<br \/>\nDios no revela a Mois\u00e9s una verdad eterna, una verdad universal de la vida, un principio general, sino que anuncia un hecho hist\u00f3rico: \u2020\u0153Voy a bajar a liberarlo de la mano de Egipto\u2020\u009d (Ex 3,8). Un hecho hist\u00f3rico preciso y circunscrito, pero que trasciende el tiempo y el espacio. Debe revelarse a todas las generaciones, porque su fuerza de revelaci\u00f3n es para todos y para siempre: \u2020\u0153&#8230; Para que cuentes a tus hijos y a tus nietos c\u00f3mo trat\u00e9 yo a los egipcios y los prodigios que hice en medio de ellos, y sep\u00e1is que yo soy el Se\u00f1or\u2020\u009d (Ex 10,2). Dios se revela en un momento particular de la historia; sin embargo se revela como el se\u00f1or de la historia. Lo universal est\u00e1 implicado en lo particular.<br \/>\nRasgo esencial de la revelaci\u00f3n es tambi\u00e9n la presencia de un mediador. Dios obra en favor de todo Israel, quiere ser reconocido por todo Israel, pero su palabra no llega directamente a todo Israel; pasa a trav\u00e9s de la mediaci\u00f3n del profeta (Mois\u00e9s): \u2020\u0153As\u00ed\u00ad responder\u00e1s a los israelitas: Yo soy me ha enviado a vosotros\u2020\u009d (Ex 3,14). La Biblia conoce tambi\u00e9n mediaciones institucionalizadas, como el sacerdote y el rey; pero el profeta! mediador (como Mois\u00e9s) es elegido libremente por Dios. Naturalmente, Dios no se limita a escoger el mediador y darle el encargo, sino que le acompa\u00f1a con su propia presencia y con el poder de los \u2020\u0153signos, garantizando de ese modo el origen divino de las palabras que \u00e9l comunica al pueblo Ex 3,12; Ex 4,5).<br \/>\n2861<br \/>\n2. Revelaci\u00f3n y conocimiento de Dios.<br \/>\nDios obra ante todo para darse a conocer. La primera direcci\u00f3n de la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica es teol\u00f3gica:<br \/>\n\u2020\u0153Para que sep\u00e1is que yo soy el Se\u00f1or\u2020\u009d (Ex 10,2). Esta idea se subraya repetidamente. Los prodigios del \u00e9xodo son la respuesta de Dios a la pregunta despectiva del fara\u00f3n: \u2020\u0153,Qui\u00e9n es el Se\u00f1or para que yo obedezca su voz y deje ir a Israel? No conozco al Se\u00f1or y no dejar\u00e9 ir a Israel\u2020\u009d (Ex 5,2). Dios le dice a Mois\u00e9s: \u2020\u0153Cuando haya extendido mi mano contra Egipto y haya sacado a los israelitas de en medio de ellos, conocer\u00e1n los egipcios que yo soy el Se\u00f1or (Ex 7,5 cf Ex 7,17; Ex 14,4; Ex 16,7). En otros pasajes la afirmaci\u00f3n es a\u00fan m\u00e1s expl\u00ed\u00adcita: \u2020\u0153As\u00ed\u00ad se har\u00e1 para que sepas que no hay otro como el Se\u00f1or, nuestro Dios\u2020\u009d (Ex 8,6); \u2020\u0153&#8230; para que sepas que no hay otro como yo en toda la tierra\u2020\u009d (Ex 9,13-14); \u2020\u0153Te he hecho ver todo esto para que sepas que el Se\u00f1or es el verdadero Dios y que no hay otro\u2020\u009d (Dt 4,35). Al obrar, Dios revela su presencia, su se\u00f1or\u00ed\u00ado sobre Israel y sobre el mundo entero, su fidelidad y su misericordia, su justicia y su amor. Atributos todos ellos activos. La revelaci\u00f3n no es una mirada en el interior de la verdad atemporalmente est\u00e1tica de Dios, sino una mirada a Dios que se inclina sobre Israel y sobre el mundo.<br \/>\nDios se revela para darse a conocer y para entablar un di\u00e1logo con el hombre; sin embargo, su ser \u00ed\u00adntimo es un misterio inaccesible. El libro del Exodo cuenta con complacencia que Dios \u2020\u0153hablaba a Mois\u00e9s cara a cara, como se habla entre amigos\u2020\u2122 (33,11). Pero ni siquiera a Mois\u00e9s le mostr\u00f3 Dios su rostro: \u2020\u0153Mi rostro no puedes verlo. Nadie puede yerme y quedar con vida&#8230;; me ver\u00e1s de espaldas, mas mi rostro no puede verse\u2020\u009d (Ex 33,18-25). El rostro en la concepci\u00f3n antigua significa el aspecto m\u00e1s profundo de la personalidad. Dios revela el esplendor que rodea su presencia, la bondad y misericordia que acompa\u00f1an a su acci\u00f3n (Ex 34,6), pero no la plenitud de su ser. Ver el rostro de Dios es la aspiraci\u00f3n profunda de toda la Biblia, objeto de una b\u00fasqueda apasionada y siempre insatisfecha: \u2020\u0153Es tu rostro, Se\u00f1or, lo que yo busco\u2020\u009d (SaI 27,8). La misma revelaci\u00f3n del nombre \u2020\u0153Yhwh\u2020\u009d (Ex 3,14) parece ambivalente; revela y oculta. \u2020\u0153Yo soy significa que Dios est\u00e1 presente y es activo, un Dios con el pueblo y para el pueblo. Pero, en el enigm\u00e1tico juego de palabras \u2020\u0153Yo soy el que soy hay tambi\u00e9n la sombra de una reserva, como de un tener para s\u00ed\u00ad el nombre propio.<br \/>\nHay autores que creen descubrir en el AT una evoluci\u00f3n de la revelaci\u00f3n como \u2020\u0153visi\u00f3n (m\u00e1s antigua) a la revelaci\u00f3n como \u2020\u0153palabra. Los verbos de \u2020\u0153decir\u2020\u009d son ciertamente los m\u00e1s numerosos, y sin duda alguna la actitud primaria frente a la revelaci\u00f3n es la escucha. Pero tambi\u00e9n los verbos de visi\u00f3n son numerosos; y no se ha de contraponer visi\u00f3n y palabra, como si la palabra representase un estadio m\u00e1s elevado y espiritual y la visi\u00f3n un estadio m\u00e1s tosco y arcaico. En realidad, incluso cuando se usa el verbo \u2020\u0153ver, no es nunca Dios en s\u00ed\u00ad el objeto de la visi\u00f3n, Dios directamente, sino sus acciones hist\u00f3ricas, su \u2020\u0153gloria\u2020\u009d, es decir, el esplendor visible que circunda y acompa\u00f1a a su presencia activa.<br \/>\n2862<br \/>\n3. Salvaci\u00f3n, ley y promesa.<br \/>\nDios interviene en la historia no s\u00f3lo para darse a conocer, sino para salvar. La segunda direcci\u00f3n de la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica es la salvaci\u00f3n. La f\u00f3rmula de autopresentaci\u00f3n: \u2020\u0153Yo soy el Se\u00f1or, Au Dios, el que te sac\u00f3 de Egipto\u2020\u009d (Ex 20,1), significa dos cosas: Dios es el que domina y exige (\u2020\u0153Yo soy tu Dios\u2020\u009d), pero es tambi\u00e9n el que da (\u2020\u0153te sac\u00f3 de Egipto\u2020\u009d). Dios le revela al hombre un designio de salvaci\u00f3n y responde a sus peticiones m\u00e1s acuciantes: c\u00f3mo vivir y para qu\u00e9 vivir. La revelaci\u00f3n no es para s\u00ed\u00ad misma, sino para el hombre que la necesita. Para la Biblia, Dios es ante todo el salvador, un \u2020\u0153aliado\u2020\u009d fiel, apoy\u00e1ndose en el cual se encuentran vida y seguridad.<br \/>\nLa tercera direcci\u00f3n de la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica es la ley. Dios manifiesta a Israel su voluntad, las exigencias de la nueva alianza, el camino que ha de recorrer. La liberaci\u00f3n de Egipto ser\u00ed\u00ada incompjeta sin la gran revelaci\u00f3n del Sina\u00ed\u00ad (Ex 19-20). La naturaleza y la historia sDIAS no est\u00e1n en condiciones de indicar las profundas exigencias morales que Yhwh impone a Israel. Es precisa una revelaci\u00f3n. Las \u2020\u0153diez palabras\u2020\u009d Ex 34,28), escritas por orden de Dios, muestran rasgos de sorprendente novedad, que impiden reducirlas simplemente a la cultura ambiente. Sin embargo, una mirada atenta descubre tambi\u00e9n claras afinidades con el ambiente, lo cual demuestra que la revelaci\u00f3n de Dios, aun dentro de su innegable originalidad, entra en di\u00e1logo con la cultura circunstante y asume sus valores [1 Dec\u00e1logo; \u00c2\u00a1 Cultura \u00c2\u00a1 Acultura-ci\u00f3n].<br \/>\nLa cuarta dimensi\u00f3n de la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica es la promesa. Los gestos y las palabras de Dios est\u00e1n siempre abiertos al futuro. Mois\u00e9s anuncia a los israelitas un acontecimiento a\u00fan no cumplido; y todo el acontecimiento del \u00e9xodo aparece, especialmente en la meditaci\u00f3n de los profetas, como promesa de una salvaci\u00f3n futura, escatol\u00f3gica. Este aspecto de promesa est\u00e1 clar\u00ed\u00adsimo -por dar un ejemplo conocido- en la revelaci\u00f3n de Dios a \u00c2\u00a1Abrah\u00e1n (Gn 12,1-3): \u2020\u0153El Se\u00f1or dijo a Abrah\u00e1n: \u2020\u02dcPs de tu tierra, de tu patria y de la casa de tu padre, y vete al pa\u00ed\u00ads que yo te indicar\u00e9. Yo har\u00e9 de ti un gran pueblo; te bendecir\u00e9 y engrandecer\u00e9 tu nombre. Tu ser\u00e1s una bendici\u00f3n. Yo bendecir\u00e9 a los que te bendigan y maldecir\u00e9 a los que te maldigan. Por ti ser\u00e1n bendecidas todas las comunidades de la tierra\u2020\u009d. La palabra dirigida a Abrah\u00e1n es simult\u00e1neamente orden y promesa. Por consiguiente, la respuesta de Abrah\u00e1n es obediencia y confianza. Justamente por ser promesa, la revelaci\u00f3n obliga al hombre no s\u00f3lo a la escucha y a la obediencia, sino tambi\u00e9n, y sobre todo, al abandono confiado.<br \/>\nNo se comprender\u00ed\u00ada nada de la experiencia de Israel -en particular su expectativa mesi\u00e1nica- sin esta categor\u00ed\u00ada de la promesa. El jud\u00ed\u00ado est\u00e1 convencido de que la historia de Dios y del hombre est\u00e1 abierta, y que no ha manifestado a\u00fan completamente su significado. Est\u00e1 convencido de que la explicaci\u00f3n de la historia se encuentra adelante. La continua comprobaci\u00f3n de una distancia entre la promesa de Dios (amplia) y la dura realidad del presente (siempre decepcionante), en vez de poner en discusi\u00f3n la verdad de la palabra de Dios, impuls\u00f3 a Israel a purificarla y a diferirla, a proyectarla engrandecida en el futuro escatol\u00f3gico. En la comprobaci\u00f3n de que el presente no puede ser la realizaci\u00f3n de la promesa, \u00e9sta se abre al futuro. Abierta al futuro, la revelaci\u00f3n es siempre fiel a s\u00ed\u00ad misma y a la vez nueva, memoria y novedad: \u2020\u0153No os acord\u00e9is de anta\u00f1o, de lo pasado no os cuid\u00e9is\u2020\u009d (Is 43,18).<br \/>\n2863<br \/>\n4. El relato de los or\u00ed\u00adgenes: revelaci\u00f3n y reflexi\u00f3n.<br \/>\nLa revelaci\u00f3n procede siempre de la iniciativa divina, pero no es siempre necesariamente una ca\u00ed\u00adda en vertical. La revelaci\u00f3n de Dios puede pasar tambi\u00e9n a trav\u00e9s de la reflexi\u00f3n y la meditaci\u00f3n del hombre, que lee su propia historia a la luz de la fe. Los relatos de los or\u00ed\u00adgenes (Gn 2-3), para dar un ejemplo, se presentan a la conciencia del jud\u00ed\u00ado y del cristiano como revelaci\u00f3n; sin embargo, probablemente son fruto de la reflexi\u00f3n hist\u00f3rico-teol\u00f3gica del yahvista.<br \/>\nConfrontados con el ambiente humano y religioso circunstante, estos relatos muestran una vasta consonancia cultural, existencial y expresiva con los problemas y las ideas de los pueblos vecinos. Pero al mismo tiempo muestran una profunda originalidad. Es un dato constante de toda la revelaci\u00f3n: una profunda solidaridad con el ambiente, y a la vez la presencia de un elemento irreductible a \u00e9l.<br \/>\nPero lo m\u00e1s importante es que en los revestimientos mitol\u00f3gicos que se le ofrec\u00ed\u00adan, el yahvista introduce su experiencia hist\u00f3rico-religiosa: la fe en el Dios \u00fanico y salvador y la convicci\u00f3n, verificada muchas veces en Israel, de que el mal viene del pecado y de la ruptura de la alianza, pero no del capricho de Dios. Se trata de una experiencia particular: la experiencia religiosa de Israel sobre el fin del reinado de Salom\u00f3n, que el yahvista ensancha, sin embargo, hacia atr\u00e1s, hasta los or\u00ed\u00adgenes, y que extiende a toda la humanidad. La experiencia de un pueblo se convierte en la clave interpretativa de toda la historia.<br \/>\nAs\u00ed\u00ad aparece de nuevo el doble aspecto de la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica: por una parte, la historicidad, la particularidad; por otra, la pretensi\u00f3n de expresar un valor universal y absoluto. Particularidad: el yahvista asume los interrogantes de su tiempo y los lee a la luz de la particular experiencia religiosa de su comunidad. Universalidad: la experiencia particular de Israel del tiempo se convierte en interpretaci\u00f3n de toda la historia.<br \/>\n2864<br \/>\n5. Revelaci\u00f3n y profetismo.<br \/>\nUn fil\u00f3n esencial, incluso central, para comprender la revelaci\u00f3n vete-rotestamentaria es el profetismo. En la \/ profec\u00ed\u00ada la revelaci\u00f3n es concebida normalmente como palabra: palabra de condenaci\u00f3n y de salvaci\u00f3n, palabra que lee el designio de Dios en el presente y descubre sus planes para el destino de Israel en el futuro; palabra que vela sobre cualquier rebajamiento de la experiencia religiosa, criticando toda falsa interpretaci\u00f3n de la revelaci\u00f3n y oponi\u00e9ndose a todos sus falsos mediadores.<br \/>\nEn la ra\u00ed\u00adz de toda misi\u00f3n prof\u00e9tica hay una experiencia de vocaci\u00f3n. El profeta es un llamado y un enviado. No es Amos el que decide ser profeta, sino Dios el que irrumpe en su vida (3,8). Esto vale tambi\u00e9n para cualquier otro profeta. La autoridad de la palabra prof\u00e9tica estriba precisamente en el hecho de que no procede de una iniciativa personal, ni de la pertenencia a una escuela de profetas, sino de una iniciativa libre y gratuita de Dios. La concisa expresi\u00f3n de Amos (\u2020\u02dcEl Se\u00f1or me tom\u00f3 de detr\u00e1s del reba\u00f1o, dici\u00e9ndome: Vete, profetiza a mi pueblo: 7,15) expresa muy bien el n\u00facleo de toda aut\u00e9ntica experiencia prof\u00e9tica: una llamada de pura gracia, de eficacia irresistible. El verbo \u2020\u0153tomar\u2020\u2122, referido a Dios, es cl\u00e1sico en el AT para indicar la acci\u00f3n divina, que escoge a un hombre, lo transforma radicalmente y le conf\u00ed\u00ada una misi\u00f3n. La acci\u00f3n de Dios se expresa en dos frases, que designan, respectivamente, el momento de la elecci\u00f3n (\u2020\u0153El Se\u00f1or me tom\u00f3\u2020\u009d) y el momento del env\u00ed\u00ado (\u2020\u0153Vete, profetiza\u2020\u009d).<br \/>\nJunto a la eficacia irresistible de la iniciativa divina y al sentido agudo de la misi\u00f3n, hay un tercer elemento que caracteriza al profeta: la certeza de que la palabra que anuncia es de Dios, y no suya. Dios no es el objeto de su discurso, sino el sujeto. Dios es el que habla. En los libros prof\u00e9ticos son particularmente frecuentes algunas expresiones como \u00e9stas: \u2020\u0153Palabra del Se\u00f1or\u2020\u009d, \u2020\u0153El Se\u00f1or ha dicho\u2020\u009d, \u2020\u0153El Se\u00f1or me ha hecho ver\u2020\u009d. \u00bfC\u00f3mo entenderlas? Sin duda est\u00e1 enjuego una experiencia religiosa profunda, un encuentro personal con Dios, bajo diversos aspectos \u00fanico y privilegiado. El profeta tiene, por as\u00ed\u00ad decir, un conocimiento inmediato de la voluntad de Dios. Es un inspirado. Mas esto no significa que todas las palabras pronunciadas por el profeta como palabras de Dios haya que hacerlas proceder siempre de una revelaci\u00f3n divina directa. Gran parte del mensaje de los profetas es deducci\u00f3n e interpretaci\u00f3n. S\u00ed\u00ad se leen con atenci\u00f3n sus palabras, se cae en la cuenta de que muchas son debidas a su formaci\u00f3n sapiencial e hist\u00f3rica. Actualizan en el hoy las exigencias de Dios reveladas en la ley y en el patrimonio com\u00fan y tradicional de la fe.<br \/>\nIncluso la esperanza mesi\u00e1nica, que en cierto sentido es la espina dorsal del mensaje prof\u00e9tico, aunque es fruto de la revelaci\u00f3n, no se debe pensar en \u00e9sta como en un acto mec\u00e1nico de Dios. Como ya hemos notado, la esperanza mesi\u00e1nica tiene sus ra\u00ed\u00adces en una experiencia al mismo tiempo hist\u00f3rica y religiosa:<br \/>\nla distancia entre la promesa de Dios, por una parte, y la decepci\u00f3n del presente, por otra. Por tanto, tambi\u00e9n en el momento prof\u00e9tico -que es, sin duda, uno de los momentos m\u00e1s altos y decisivos de la revelaci\u00f3n- revelaci\u00f3n y experiencia, revelaci\u00f3n e interpretaci\u00f3n no son realidades contrapuestas, sino la una dentro de la otra.<br \/>\n2865<br \/>\n6. Revelaci\u00f3n y \u00c2\u00a1sabidur\u00ed\u00ada.<br \/>\nLa reflexi\u00f3n sapiencial es muy antigua y ha acompa\u00f1ado a toda la experiencia de Israel. Gracias sobre todo a los sabios entra la revelaci\u00f3n tem\u00e1ticamente en di\u00e1logo con la raz\u00f3n, y la experiencia con el patrimonio cultural com\u00fan a los pueblos circunstantes. Es muy interesante observar que la Biblia conoce no s\u00f3lo la escucha expl\u00ed\u00adcita de la palabra de Dios, sino tambi\u00e9n la escucha de las cosas, del hombre, de la experiencia y de la raz\u00f3n. Y al final tambi\u00e9n todo esto es considerado palabra de Dios.<br \/>\nDiversamente que los profetas, los sabios no presentan su doctrina como el resultado de una revelaci\u00f3n directa. No dicen: \u2020\u0153Habla al Se\u00f1or\u2020\u009d. Apelan a la reflexi\u00f3n, a la inteligencia y a la experiencia, y se inspiran en un patrimonio que va m\u00e1s all\u00e1 de los confines de Israel. Qoh\u00e9let, por ejemplo, se expresa en primera persona y se esfuerza en penetrar el misterio de la existencia sirvi\u00e9ndose de la raz\u00f3n y de la experiencia. Su camino es una investigaci\u00f3n: \u2020\u0153Consagr\u00e9 mi coraz\u00f3n a investigar y a observar con sabidur\u00ed\u00ada todo lo que se hace bajo los cielos\u2020\u009d (1,13). Y en el libro de los Proverbios se lee: \u2020\u0153Vi aquello y reflexion\u00e9, y de cuanto contempl\u00e9 saqu\u00e9 lecci\u00f3n\u2020\u009d (24,32).<br \/>\nPero el sabio es un creyente, sabedor de que tambi\u00e9n la verdad que proviene de la investigaci\u00f3n y de la raz\u00f3n es siempre una luz que viene de Dios. El mismo Dios que ilumina a los profetas se sirve de la experiencia humana para revelar al hombre a s\u00ed\u00ad mismo. La sabidur\u00ed\u00ada es don de Dios (Pr 2,6; Qo 2,26), ense\u00f1ada por Dios (SaI 51,6), revelada (Si 1,15; Si 39,6). Naturalmente, no se trata de una sabidur\u00ed\u00ada cualquiera, abandonada a s\u00ed\u00ad misma, sino siempre de una sabidur\u00ed\u00ada que se mueve dentro de la fe de Israel. La palabra de Dios est\u00e1 encerrada tambi\u00e9n en la creaci\u00f3n, en la experiencia, en el patrimonio cultural de la humanidad, y por eso hay que escrutarla; pero con la conciencia de que se trata de una palabra de Dios y proveniente de \u00e9l. Por tanto, una investigaci\u00f3n que es al mismo tiempo una escucha. Tambi\u00e9n en la investigaci\u00f3n sapiencial -como siempre frente a la revelaci\u00f3n- est\u00e1 en juego la apertura del coraz\u00f3n y la libertad de esp\u00ed\u00adritu, y no s\u00f3lo la inteligencia.<br \/>\nDe ese modo los sabios echaron un puente entre fe y raz\u00f3n, revelaci\u00f3n y experiencia, Israel y humanidad. Y aqu\u00ed\u00ad est\u00e1 su gran m\u00e9rito. No simplemente raz\u00f3n y revelaci\u00f3n como dos caminos paralelos, sino la revelaci\u00f3n a trav\u00e9s de la raz\u00f3n. Aunque el sabio sabe muy bien que la verdad de Dios y del hombre es m\u00e1s amplia de lo que consigue alcanzar y comprender con la propia raz\u00f3n. Es el caso de Jb: \u2020\u0153Pongo la mano en la boca. Ac hablado una vez&#8230;, no volver\u00e9 a empezar; dos veces&#8230;; ya nada a\u00f1adir\u00e9\u2020\u009d (40,4-5).<br \/>\nLa investigaci\u00f3n racional de los sabios no ha eliminado el misterio de Dios, sino que, por el contrario, lo ha liberado y exaltado. Y ello porque la raz\u00f3n sapiencial ha impedido que la teolog\u00ed\u00ada se salga de la historia. Raz\u00f3n y experiencia fuerzan a la teolog\u00ed\u00ada a enfrentarse con los hechos, cualesquiera que sean; con los hechos positivos que confirman la revelaci\u00f3n y con los hechos negativos que parecen contradecirla. Esta fidelidad a la historia real es esencial, pues aqu\u00ed\u00ad es donde Dios se revela y se oculta y permanece en el \u2020\u0153misterio\u2020\u009d. Ese es tambi\u00e9n el caso, por aducir un ejemplo, del libro de Jb. Aceptando lealmente las contradicciones de la vida, Jb supera de un salto no s\u00f3lo las estrecheces de la sabidur\u00ed\u00ada tradicional, fundada toda ella en un concepto mec\u00e1nico de retribuci\u00f3n, sino tambi\u00e9n las estrecheces y los estereotipos de una teolog\u00ed\u00ada que encerraba a Dios y su justicia dentro de esquemas abstractos y ahist\u00f3ricos. As\u00ed\u00ad la revelaci\u00f3n queda abierta de nuevo y Dios reaparece en todo su misterio. Las contradicciones de la historia se convierten en la investigaci\u00f3n sapiencial en camino de revelaci\u00f3n; no s\u00f3lo en una prueba para la fe, sino en una purificaci\u00f3n de la fe.<br \/>\n2866<br \/>\nIII. LA REVELACION EN EL NT.<br \/>\nLa intuici\u00f3n b\u00e1sica del NT, que le confiere unidad dentro de la misma variedad de las voces, es que en Cristo se ha manifestado la verdad de Dios, la verdad del hombre y el sentido de la historia. En Cristo se ha revelado qui\u00e9n es Dios para nosotros y qui\u00e9nes somos nosotros para \u00e9l. Al decir \u2020\u0153en Cristo\u2020\u009d, se deben entender no solamente sus palabras, sino tambi\u00e9n la historia que \u00e9l vivi\u00f3 y la estructura de su persona. Jes\u00fas de Nazaret es la transcripci\u00f3n humana e hist\u00f3rica de Dios. El hombre Jes\u00fas -verdadero hombre en medio de la historia de los hombres- es la palabra de Dios. El himno de Col 1,15-20 (un antiguo himno lit\u00fargico) define a Cristo \u2020\u0153imagen del Dios invisible\u2020\u009d. Jes\u00fas es el icono visible de Dios invisible. La invisibilidad de Dios se ha desvanecido en la aparici\u00f3n hist\u00f3rica de Jes\u00fas de Nazaret. En \u00e9sta se encierra un esc\u00e1ndalo, y los autores del NT son conscientes de ello: la relaci\u00f3n con el absoluto se hace depender de un acontecimiento hist\u00f3rico. Mas este esc\u00e1ndalo, lejos de ser atenuado, es celosamente guardado y continuamente reafirmado [1 Jesucristo 11-111; \/ Evangelio 1, 2; \/ Marcos II \/ Mateo 111-1V; \/ Lucas 11-111].<br \/>\n2867<br \/>\n1. LA REVELACION EN LOS EVANGELIOS sin\u00f3pticos.<br \/>\nAl contar la historia de Jes\u00fas, los sin\u00f3pticos est\u00e1n persuadidos de que narran la historia de la manifestaci\u00f3n de Dios. Jes\u00fas es el revelador. El ha hablado de Dios, y sus palabras son una explicaci\u00f3n\/comentario de la vida que ha vivido. Este es realmente el lugar m\u00e1s denso (y pol\u00e9mico) de la epifan\u00ed\u00ada de Dios, y los evangelistas la cuentan con rasgos muy precisos.<br \/>\nEl evangelista Marcos (pero el razonamiento vale tambi\u00e9n sustancial-mente para Mateo y Lucas) cuenta la vida de Jes\u00fas evidenciando una especie de contradicci\u00f3n que constituye justamente el nudo que hay que desatar; por una parte, palabras y gestos de Jes\u00fas en los cuales se manifiesta el poder de Dios; por otra, una desconcertante debilidad que parece desmentirlo. Los milagros de Jes\u00fas no se sustraen al disenso. Jes\u00fas decepciona la pretensi\u00f3n farisea de un milagro que pruebe su origen divino por encima de toda duda (Mc 8,10-13). Y sobretodo, los gestos de poder disminuyen conforme se acerca a la cruz. Los milagros mueren en la cruz, y es aqu\u00ed\u00ad donde hay que comprenderlos. Los milagros est\u00e1n al servicio de la cruz. Los gestos de poder de Jes\u00fas confirman que Dios est\u00e1 con \u00e9l, por lo cual hacen cre\u00ed\u00adble la cruz; pero a su vez la cruz revela que el rostro de Dios es diverso de como suelen los hombres bosquejarlo partiendo de los milagros.<br \/>\nLos sin\u00f3pticos evidencian con fuerza un segundo rasgo de la historia de Jes\u00fas: \u00e9l busca perennemente a los pobres y los pecadores, no establece diferencias entre los hombres, distribuye a manos llenas el perd\u00f3n. Para los fariseos es una praxis escandalosa e irritante: trastorna los criterios pastorales m\u00e1s obvios y est\u00e1 en contraste con la concepci\u00f3n m\u00e1s com\u00fan de Dios. En cambio, para Jes\u00fas es una praxis que revela el verdadero rostro de Dios. Esto aparece con claridad, por ejemplo, en las tres par\u00e1bolas del cap\u00ed\u00adtulo 15 de Lucas: en la praxis de misericordia de Jes\u00fas se revela y se hace presente la misericordia del Padre.<br \/>\nLa revelaci\u00f3n pasa, pues, a trav\u00e9s de las modalidades hist\u00f3ricas precisas de la vida de Jes\u00fas. Si el Hijo de Dios hubiera vivido una vida diversa, hubiese sido diversa la revelaci\u00f3n de Dios. Como tambi\u00e9n ser\u00ed\u00ada diversa la lectura de la epifan\u00ed\u00ada de Dios ocurrida en Jes\u00fas, si tom\u00e1ramos como centro hermen\u00e9utico de su historia los milagros, en lugar de la cruz-resurrecci\u00f3n.<br \/>\n2868<br \/>\nPara los sin\u00f3pticos, Jes\u00fas es el \u00fanico revelador de Dios, y ello porque \u00e9l solo es el Hijo. Esta convicci\u00f3n, subyacente a todo el discurso evang\u00e9lico, se tematiza en un c\u00e9lebre I\u00f3ghion de la fuente Q, citada por Mateo y Lucas: \u2020\u0153Mi Padre me ha confiado todas las cosas; nadie conoce perfectamente al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar\u2020\u009d (Mt 11,27; Lc 10,22 ). \u2020\u0153Nadie conoce\u2020\u009d: el concepto b\u00ed\u00adblico de conocimiento no es s\u00f3lo intelectual, sino vital; incluye experiencia, amor y comuni\u00f3n. Conocer es una relaci\u00f3n vital y circular entre personas. El conocimiento entre el Padre y el Hijo es rec\u00ed\u00adproco y exclusivo (\u2020\u0153nadie\u2020\u009d); pero no es un c\u00ed\u00adrculo cerrado, sino abierto: \u2020\u0153Y a quien se lo quiera revelar\u2020\u009d. El hombre puede ser admitido en el di\u00e1logo entre el Padre y el Hijo, pero como puro don. Y s\u00f3lo Jes\u00fas puede admitirlo. Por el poder recibido (\u2020\u0153Mi Padre me ha confiado todas las cosas\u2020\u009d) y por el conocimiento del Padre que posee (\u2020\u0153Nadie conoce al Padre sino el Hijo\u2020\u009d), Jes\u00fas es el revelador \u00fanico, verdadero, diverso de todos los dem\u00e1s maestros. Habla de un misterio de Dios que conoce profundamente. Diversamente del modo de transmitir de los rabinos de hombre a hombre, Jes\u00fas recibe el conocimiento directamente del Padre.<br \/>\nEl objeto directo de la revelaci\u00f3n de Jes\u00fas es el Padre; pero el I\u00f3ghion que estamos examinando afirma que tambi\u00e9n el Hijo es un misterio que el hombre por s\u00ed\u00ad solo no es capaz de conocer: \u2020\u0153Nadie conoce al Hijo sino el Padre\u2020\u009d. Esto nos lleva a otra convicci\u00f3n sin\u00f3ptica: Jes\u00fas no es s\u00f3lo el revelador, sino el revelado. El misterio de su persona es inaccesible a la \u2020\u0153carne\u2020\u009d y a la \u2020\u0153sangre\u2020\u009d; imposible percibirlo sin una revelaci\u00f3n del Padre (Mt 16,17), negada a los sabios y a los h\u00e1biles y concedida a los \u2020\u0153peque\u00f1os\u2020\u009d Mt 11,25). Objeto de revelaci\u00f3n es la persona de Jes\u00fas, su filiaci\u00f3n divina, su misi\u00f3n de salvaci\u00f3n, su destino de muerte y resurrecci\u00f3n. Es emblem\u00e1tica a este respecto la teo-fan\u00ed\u00ada del bautismo en el Jord\u00e1n Mc 1,9-11), con la cual se podr\u00ed\u00ada relacionar tambi\u00e9n el relato de la transfiguraci\u00f3n (Mc 9,2-8). Los cielos que se abren, el Esp\u00ed\u00adritu que desciende y la voz del cielo son rasgos que hacen af\u00ed\u00adn el relato del bautismo a las visiones apocal\u00ed\u00adpticas. Pero hay una profunda diferencia. En las visiones apocal\u00ed\u00adpticas el hombre es admitido como espectador a ver el desarrollo del designio de Dios y el misterio de la historia de la salvaci\u00f3n. Tambi\u00e9n en el relato del bautismo se abren los cielos y Jes\u00fas \u2020\u0153ve\u2020\u2122; pero la visi\u00f3n tiene por objeto a \u00e9l mismo: \u2020\u0153T\u00fa eres mi Hijo amado, mi predilecto.<br \/>\nFinalmente, no faltan en los evangelios sin\u00f3pticos algunos indicios de gran inter\u00e9s respecto al lenguaje de la revelaci\u00f3n. Para hablar de Dios, del reino y de s\u00ed\u00ad mismo, Jes\u00fas se ha servido ampliamente de par\u00e1bolas. Mateo incluso generaliza: \u2020\u0153Les hablaba s\u00f3lo en par\u00e1bolas\u2020\u2122 (13,34). Y Marcos insin\u00faa que la historia de Jes\u00fas es una par\u00e1bola, y no s\u00f3lo sus ense\u00f1anzas: \u2020\u0153Todo ocurre en par\u00e1bolas\u2020\u009d,! Ib). No se trata, pues, solamente de las par\u00e1bolas en sentido espec\u00ed\u00adfico, sino de toda la revelaci\u00f3n de Jes\u00fas. El lenguaje de la revelaci\u00f3n es necesariamente parab\u00f3lico. No podemos hablar del misterio de Dios y de su reino directamente, sino s\u00f3lo parab\u00f3licamente, indirectamente, mediante realidades tomadas de nuestra experiencia. Aqu\u00ed\u00ad radican las propiedades del lenguaje parab\u00f3lico. Es un lenguaje inadecuado, porque est\u00e1 tomado de la realidad cotidiana; sin embargo, pretende conducir a algo que est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 y en el fondo. Pero es al mismo tiempo un lenguaje abierto, capaz no ciertamente de expresar el misterio de Dios, pero s\u00ed\u00ad de aludir a \u00e9l; porque si es verdad que el reino no se identifica con nuestra experiencia, sin embargo tiene una profunda relaci\u00f3n con ella. Es un lenguaje que fuerza a pensar; no define, sino que alude, invita a ir m\u00e1s all\u00e1. La par\u00e1bola es un discurso global que deja intacto el misterio de Dios, pero que nos muestra con fuerza su impacto en nuestra existencia. De ah\u00ed\u00ad la ambig\u00fcedad del lenguaje parab\u00f3lico:<br \/>\nes luminoso y oscuro, descubre y oculta. Requiere interpretaci\u00f3n y decisi\u00f3n. Como dice Marcos (4,11), es luminoso para el que se deja arrastrar; oscuro para el que se queda fuera mirando. Las par\u00e1bolas (pero hemos de decir, de manera m\u00e1s general, el lenguaje de la revelaci\u00f3n) utilizan la experiencia humana como una lumbrera que permite entrever el misterio de Dios y abrirse a la novedad evang\u00e9lica. Sin embargo, no nos conducen directamente de nuestra experiencia a Dios; nos hacen pasar a trav\u00e9s de la experiencia de Jes\u00fas. Las par\u00e1bolas evang\u00e9licas son todas cristol\u00f3gicas. La historia de Jes\u00fas es el paso obligado para acceder al misterio del reino.<br \/>\n2869<br \/>\n2. Pablo: el misterio en otro tiempo escondido es ahora desveLADO.<br \/>\nEs sabido que la teolog\u00ed\u00ada de Pablo es una soteriolog\u00ed\u00ada. Por consiguiente, tambi\u00e9n la revelaci\u00f3n es vista sobre todo como acontecimiento de salvaci\u00f3n. En el rico vocabulario paulino de la revelaci\u00f3n, el t\u00e9rmino que m\u00e1s expresa su intuici\u00f3n fundamental es \u2020\u0153misterio. Aparece en algunos pasajes de gran importancia:<br \/>\n1 Cor2,6-1O; Rom 16,25-26; Col 1,25-27; Ep 3,2-12 [1 Pablo III; \u00c2\u00a1Misterio??-??; \u00c2\u00a1Corintios (la) III, 1; \u00c2\u00a1Romanos III, 1; \/ Colosenses III; \/ Efe-sios III, 11.<br \/>\nEn los pasajes citados, la palabra \u2020\u0153misterio\u2020\u009d est\u00e1 acompa\u00f1ada de una amplia constelaci\u00f3n de t\u00e9rminos de revelaci\u00f3n: evangelio, kerigma, revelaci\u00f3n, Escrituras prof\u00e9ticas, conocimiento, palabra de Dios. Y los verbos se alinean en dos coordenadas: Dios revela seg\u00fan disposici\u00f3n, manifiesta, da a conocer, conf\u00ed\u00ada la misi\u00f3n de anunciar; en cambio, el ap\u00f3stol anuncia, evangeliza, ejerce un ministerio de gracia, ilustra. Revelaci\u00f3n de Dios y predicaci\u00f3n de la Iglesia son vistas como dos caras de un \u00fanico acontecimiento. Revelaci\u00f3n no es el gesto de Dios en s\u00ed\u00ad, sino el gesto de Dios anunciado y actualizado hoy en la predicaci\u00f3n y en la existencia misma de la Iglesia (Efesios). Sin la predicaci\u00f3n que lo anuncia y hace presente, el gesto de Dios permanecer\u00ed\u00ada encerrado en su pasado. Por eso habla Pablo de \u2020\u0153palabra de la cruz (1Co 1,18), expresi\u00f3n pregnante que liga estrechamente el acontecimiento (cruz) con el anuncio que lo transmite y lo actualiza (palabra). Pablo est\u00e1 convencido de que Dios no es s\u00f3lo el objeto de la predicaci\u00f3n, sino el protagonista. En este sentido se debe entender la expresi\u00f3n \u2020\u0153palabra de Dios, como se ve por lTh 2,13 y 2Co 5,20 (\u2020\u0153Como si Dios exhortase por nosotros). Dios est\u00e1 presente y activo en la predicaci\u00f3n.<br \/>\nLa revelaci\u00f3n del misterio es, pues, contempor\u00e1neamente un hecho teol\u00f3gico y eclesial (\u2020\u02dcpor medio de la Iglesia\u2020\u2122: Ef 3,10). A\u00f1adamos que es un hecho trinitario. Los protagonistas son Dios, Cristo y el Esp\u00ed\u00adritu:<br \/>\n\u2020\u0153Se ha manifestado por medio del Esp\u00ed\u00adritu (Ef 3,5). En los pasajes que estamos examinando Pablo no explora a fondo este aspecto. Se comprende, sin embargo, que al Esp\u00ed\u00adritu se lo coloca en la vertiente de la predicaci\u00f3n, que transmite y actualiza el acontecimiento. El misterio se ha manifestado en Cristo, y es transmitido e ilustrado por los ap\u00f3stoles y por la Iglesia; pero el protagonista interior que lo revela y actualiza es el Esp\u00ed\u00adritu. Su funci\u00f3n es indispensable, porque s\u00f3lo el Esp\u00ed\u00adritu puede medir la profundidad de Dios (1Co 2,10).<br \/>\nEl misterio es en su origen una realidad oculta e inaccesible, encerrada en Dios. Existe desde siempre en la mente de Dios; pero ha sido \u2020\u0153mantenido en secreto desde tiempo eterno\u2020\u009d(Rm 16,25), \u2020\u0153escondido desde los siglos y las generaciones pasadas\u2020\u009d (Col 1,26). Tampoco en el AT fue dado a conocer. S\u00f3lo ahora, en la revelaci\u00f3n de Cristo y en la predicaci\u00f3n de la Iglesia, ha salido a la luz. Para poner de relieve la unicidad y la novedad de la revelaci\u00f3n de Cristo, Pablo subraya fuertemente la contraposici\u00f3n entre pasado y hoy, entre el tiempo antes de Cristo (las generaciones pasadas\u2020\u009d) y el tiempo despu\u00e9s de Cristo (\u2020\u0153nosotros\u2020\u2122). Sin embargo, Pablo es consciente de que se trata de una novedad en la continuidad:<br \/>\n\u2020\u0153Manifestado ahora por los escritos prof\u00e9ticos\u2020\u2122 (Rm 16,26). El misterio se ha dado a conocer ahora (novedad), pero por medio de los escritos prof\u00e9ticos (continuidad). De alg\u00fan modo, pues, el misterio estaba ya presente en las Escrituras, pero se necesitaba la luz de Cristo para descubrirlo.<br \/>\nAunque el misterio se ha descubierto ahora -y esto distingue el tiempo presente del tiempo antiguo-, sin embargo la vida cristiana permanece todav\u00ed\u00ada esperando la manifestaci\u00f3n del Se\u00f1or Jes\u00fas (2Ts 1,7; ico l,7\u2020\u2122)y la manifestaci\u00f3n de los hijos de Dios (Rm 8,18-19; Rm 8,21; Col 3,4). La espera escatol\u00f3gica es muy viva en Pablo. El misterio manifestado es accesible s\u00f3lo en la fe, no en una visi\u00f3n inmediata ico 13,12; 2Co 5,7).<br \/>\nLa revelaci\u00f3n del misterio no est\u00e1 reservada a unos pocos, sino que es para todos. La expresi\u00f3n \u2020\u0153santos, ap\u00f3stoles y profetas\u2020\u009d (Ef 3,5) se refiere a todos los creyentes, no a categor\u00ed\u00adas particulares. Es m\u00e1s; el misterio tiende a la universalidad; est\u00e1 destinado al mundo entero; en Rom 16,27 habla Pablo de \u2020\u0153todas las naciones\u2020\u009d; y en el contexto de la carta a los Colosenses, y a\u00fan m\u00e1s expl\u00ed\u00adcitamente en la carta a los Efesios, las dimensiones del misterio son incluso c\u00f3smicas: el misterio es anunciado tambi\u00e9n \u2020\u0153a los principados y potestades celestiales\u2020\u009d (Ef 3,10). La misionarie-dad y la universalidad son intr\u00ed\u00adnsecas al misterio. El misterio est\u00e1 como empujado por un movimiento irresistible; no ha permanecido encerrado en el silencio de Dios, y mucho menos soporta quedar confinado en la comunidad cristiana.<br \/>\n2870<br \/>\nMas \u00bfcu\u00e1l es el contenido del misterio? Diversas expresiones lo indican como el proyecto divino de salvaci\u00f3n (1Co 2,7; Ef 3,8-11), un proyecto sobre el nombre y sobre el mundo; no un proyecto parcial, sobre esto o sobre lo otro, sino el proyecto global, el sentido \u00faltimo de toda la creaci\u00f3n. Seg\u00fan Colosenses (1,27), el proyecto es \u2020\u0153Cristo entre vosotros, la esperanza de la gloria\u2020\u009d. Seg\u00fan Efesios, el misterio es un proyecto de comuni\u00f3n, la reunificaci\u00f3n de la humanidad en Cristo y en la Iglesia; no ya los jud\u00ed\u00ados por una parte y los gentiles por otra, sino un cuerpo \u00fanico: \u2020\u0153Los paganos comparten la misma herencia con los jud\u00ed\u00ados, son miembros del mismo cuerpo y, en virtud del evangelio, participan de la misma promesa en Jesucristo\u2020\u009d (3,6).<br \/>\n2871<br \/>\n3. La Palabra se hizo carne: la revelaci\u00f3n en san Juan.<br \/>\nLa revelaci\u00f3n es el tema central del evangelio de \u00c2\u00a1 Juan [II, 1]. M\u00e1s precisamente: la revelaci\u00f3n, la \u00c2\u00a1fe y la incredulidad. En el cuarto evangelio Jes\u00fas es por excelencia el revelador; habla y testimonia, cuenta lo que ha visto y o\u00ed\u00addo directamente. Es el Hijo que habla del Padre: \u2020\u0153Hablamos de lo que sabemos y atestiguamos lo que hemos visto\u2020\u009d (3,11); \u2020\u0153Os digo lo que hevistojuntoalPadre\u2020\u009d(8,38;cf3,32; 8,26.40). A su vez, el Padre testimonia en favor del Hijo, testimonio a la vez exterior e interior. Ante todo, testimonia con las obras: el Padre obra en el Hijo, el cual puede as\u00ed\u00ad hacer las obras que muestran su origen divino (5,36; 10,25). Secundariamente, el Padre ejerce una atracci\u00f3n interioren las personas, invit\u00e1ndDIAS a adherirse a la revelaci\u00f3n de Jes\u00fas (6,44-45).<br \/>\nUn punto panor\u00e1mico privilegiado para observar nuestro tema es sin duda el pr\u00f3logo (1,1-18), que presenta algunas afirmaciones de excepcional densidad, a manera de s\u00ed\u00adntesis de todo el evangelio. Como lo muestra una simple mirada al vocabulario, su hilo conductor es la revelaci\u00f3n: lagos (palabra), luz, gloria, verdad, manifestar, ver, comprender, creer, testimoniar. Revelaci\u00f3n que no est\u00e1 nunca separada de una finalidad de salvaci\u00f3n: junto a la presencia masiva del vocabulario de la revelaci\u00f3n, est\u00e1 tambi\u00e9n la presencia del vocabulario de la salvaci\u00f3n (vida, gracia, ser hijos de Dios, plenitud). Revelaci\u00f3n, sobre todo, no atemporal y abstracta, sino hist\u00f3rica, concreta: la persona de Jes\u00fas, la Palabra hecha carne.<br \/>\nDec\u00ed\u00adamos que el tema del cuarto evangelio es la revelaci\u00f3n, la fe y la incredulidad; por una parte, la palabra que se manifiesta; por otra, el hombre que acoge o rechaza. Hasta tres veces subraya el pr\u00f3logo la respuesta negativa: las tinieblas (y. 5), el mundo (y. 10), los suyos (y. 11). El contraste constante entre revelaci\u00f3n e incredulidad es el marco dentro del cual se desarrolla todo el drama evang\u00e9lico. La visi\u00f3n juanista de la revelaci\u00f3n es fuertemente dram\u00e1tica.<br \/>\nTres son los planos en los cuales se desarrolla la historia de la revelaci\u00f3n: la historia universal, la historia de Israel, la historia de Jes\u00fas. Tres acon-teceres que constituyen una profun-dizaci\u00f3n progresiva, pero en todos los cuales se encuentra una misma dial\u00e9ctica: revelaci\u00f3n y rechazo. Por aqu\u00ed\u00ad se ve que para Juan la historia de Jes\u00fas es interpretativa de la historia universal. Aunque el movimiento literario del pr\u00f3logo es inverso, en realidad Juan parte del drama de Jes\u00fas y se eleva a la historia de Israel y a la historia del mundo, y no viceversa.<\/p>\n<p>\u2020\u0153El Lagos se hizo carne.., y vimos su gloria\u2020\u009d (1,14): tenemos una primera afirmaci\u00f3n grandiosa, henchida de muchos significados. Jes\u00fas es el revelador porque es la Palabra hecha carne. En \u00e9l el mundo de Dios se ha hecho humano, visible, accesible. La palabra de Dios se ha hecho presente en la fragilidad, en el devenir y en la historicidad de la carne. Jes\u00fas es la revelaci\u00f3n de Dios; pero es una revelaci\u00f3n que ocurre en la \u2020\u0153carne\u2020\u009d, es decir, de una forma velada, en muchos aspectos cargada de relatividad y debilidad. Dios no ha elegido una manifestaci\u00f3n gloriosa en el sentido de una transparencia l\u00facida a trav\u00e9s de la cual ser\u00ed\u00ada posible contemplar directamente lo divino; al contrario, es una gloria oculta, que hay que captar a trav\u00e9s de los \u2020\u0153signos\u2020\u009d, que hay que alcanzar penetrando dentro de la historia.<br \/>\nLa segunda parte de la afirmaci\u00f3n (\u2020\u0153vimos su gloria\u2020\u009d) est\u00e1 firmemente unida con la primera (\u2020\u0153&#8230; Y el Lagos se hizo carne\u2020\u009d). Al gesto de Dios sigue la respuesta de la fe, aqu\u00ed\u00ad descrita en t\u00e9rminos de visi\u00f3n. Pero es una visi\u00f3n justamente en la fe. Contemplar no indica un ver m\u00ed\u00adstico, que tiene lugar huyendo de la realidad y de la historia; indica, al contrario, un ver hist\u00f3rico y real, como hist\u00f3rico y real es el advenimiento de Jes\u00fas. Pero un ver que se hace penetrante por la fe y posible s\u00f3lo en la fe. Para percatarse de la gloria hay que superar el desconcierto de la encarnaci\u00f3n y de la cruz. Pues el t\u00e9rmino \u2020\u0153gloria\u2020\u009d conduce rectamente a la humanidad de Jes\u00fas y a los signos de que ha sembrado \u00e9l su vida; pero sobre todo conduce a la cruz y la resurrecci\u00f3n, que Juan llama justamente \u2020\u0153glorificaci\u00f3n\u2020\u009d. En su humanidad y en toda su existencia, Jes\u00fas ha revelado a Dios; pero esta manifestaci\u00f3n (\u2020\u0153gloria\u2020\u009d) alcanz\u00f3 su punto culminante en la cruz. Por eso el recuerdo fijo del creyente de todos los tiempos es Cristo traspasado: \u2020\u0153Ver\u00e1n al que traspasaron\u2020\u009d (19,37).<br \/>\nLa Palabra hecha carne est\u00e1 llena de \u2020\u0153gracia y verdad\u2020\u009d. La expresi\u00f3n se reitera en 1,17: \u2020\u0153La gracia y la verdad vinieron (egh\u00e9neto) por Jesucristo\u2020\u009d. La realidad divina -enti\u00e9ndasela como quiera, la verdad juanista no es simplemente el plano de salvaci\u00f3n, sino que involucra tambi\u00e9n la vida de Dios- se ha manifestado mediante un acontecimiento hist\u00f3rico. El camino es inverso respecto al plat\u00f3nico. En Plat\u00f3n hay que abandonar la historia para refugiarse en el mundo de las ideas invisibles; ah\u00ed\u00ad est\u00e1 la verdad. Para Juan, en cambio, lo invisible se ha hecho historia; y la verdad no es la conclusi\u00f3n del discurso (lagos) del hombre, sino del don del discurso (Lagos) de Dios.<br \/>\n2872<br \/>\nDios se revela en Jes\u00fas, y solamente en Jes\u00fas. \u2020\u0153La ley fue dada por Mois\u00e9s, pero la gracia y la verdad vinieron por Cristo Jes\u00fas\u2020\u009d (y. 17): es una afirmaci\u00f3n pol\u00e9mica frente a los jud\u00ed\u00ados ya su absolutizaci\u00f3n de la ley; no la ley, sino Jes\u00fas es la revelaci\u00f3n \u00faltima y defir;tiva de Dios. La afirmaci\u00f3n sucesiva (y. 18) prolonga la pol\u00e9mica, excluyendo toda pretensi\u00f3n de revelaci\u00f3n: \u2020\u0153A Dios nadie lo ha visto jam\u00e1s; el Hijo \u00fanico, que est\u00e1 en el Padre, nos lo ha dado a conocer\u2020\u009d. Es una afirmaci\u00f3n muy densa; ante todo dice que el hombre por s\u00ed\u00ad, en su estado de confusi\u00f3n, no sabe qui\u00e9n es Dios; luego, que la revelaci\u00f3n hasta Cristo no lo ha revelado a\u00fan plenamente; finalmente, que en Cristo Dios se ha dado a conocer plenamente. El esfuerzo del hombre, sus investigaciones filos\u00f3ficas y religiosas no son capaces de arrancar a Dios de su invisibilidad. S\u00f3lo el Hijo de Dios, justamente porque viene de Dios (\u2020\u02dcvive en su seno\u2020\u009d) puede levantar el velo. La legitimaci\u00f3n de la misi\u00f3n reveladora de Jes\u00fas radica en su vida en el seno de la Trinidad (y. 1): \u00e9l es la Palabrajunto a Dios y dirigida al Padre en actitud de escucha. La escucha y la obediencia son la estructura \u00ed\u00adntima del Hijo. Por eso en su aventura humana no har\u00e1 otra cosa que obedecer a la voluntad del Padre (4,34). En el seno de la Trinidad, lo mismo que en su existencia humana, el Hijo es la transparencia del Padre.<br \/>\nSe nota en la obra juanista una paradoja del mayor inter\u00e9s. Por una parte, la gran importancia concedida a la visi\u00f3n como instrumento de b\u00fasqueda religiosa. \u2020\u0153Ven y ver\u00e1s\u2020\u2122 (1,46) es la primera invitaci\u00f3n que hace Jes\u00fas al disc\u00ed\u00adpulo. Y en los discursos de adi\u00f3s: \u2020\u0153Dentro de poco el mundo no me ver\u00e1 m\u00e1s, pero vosotros me ver\u00e9is\u2020\u009d (14,18-1 9); \u2020\u0153Al que me ama lo amar\u00e1 mi Padre, y yo tambi\u00e9n lo amar\u00e9 y me manifestar\u00e9 a \u00e9l\u2020\u009d (14,21); \u2020\u0153Un poco, y ya no me ver\u00e9is; y otro poco, y me ver\u00e9is\u2020\u009d (16,16). Todos estos pasajes aluden no s\u00f3lo a las apariciones del resucitado, sino m\u00e1s en general al tiempo de la Iglesia; y no se refieren s\u00f3lo a los disc\u00ed\u00adpulos, sino a los creyentes.<br \/>\nPor otra parte est\u00e1n las reiteradas afirmaciones de que \u2020\u0153a Dios nadie lo ha visto\u2020\u2122(l,18; 5,37; 6,46; cf Un 3,6; 4,12; 4,20). Con esta aparente contradicci\u00f3n Juan intenta responder a una pregunta, y al mismo tiempo corregirla: \u00bfC\u00f3mo y d\u00f3nde puedo encontrar a Dios? No en una visi\u00f3n directa y personal, como algunos afirmaban que la hab\u00ed\u00adan tenido, ni a trav\u00e9s de las t\u00e9cnicas de la contemplaci\u00f3n helen\u00ed\u00adstica, sino \u00fanicamente en el Cristo hist\u00f3rico, que en el .tiempo de la Iglesia es el Cristo predicado en la comunidad y consignado por escrito en el evangelio. En 1,18 afirma el evangelista la invisibilidad de Dios no como principio filos\u00f3fico, sino m\u00e1s bien como la comprobaci\u00f3n de un hecho permanente (el verbo est\u00e1 en perfecto). La afirmaci\u00f3n parece inspirarse en la tradici\u00f3n sapiencial (Si 18,4; Si 43,31; Sb 9,16-17; Pr 30,4) y parece responder a ella y concluirla. Se preguntaba el Sir\u00e1ci-da: \u2020\u02dc,Qui\u00e9n ha contemplado a Dios y podr\u00e1 describirlo?\u2020\u009d Juan responde: el Hijo unig\u00e9nito que viene de Dios, que ha visto a Dios y sigue vi\u00e9ndolo, nos ha hablado de \u00e9l (el verbo est\u00e1 en aoristo; por tanto, una revelaci\u00f3n hist\u00f3rica, ocurrida en un tiempo determinado). El Hijo, y s\u00f3lo \u00e9l, es el exegeta del Padre. A Felipe, que aspiraba a una iniciaci\u00f3n religiosa m\u00e1s alta y m\u00e1s convincente (\u2020\u0153Mu\u00e9stranos al Padre\u2020\u009d) la responde Jes\u00fas: \u2020\u0153El que me ve a m\u00ed\u00ad ve al Padre\u2020\u009d (14,8-9). El Padre no es accesible m\u00e1s que al Hijo y en el Hijo.<br \/>\nPero en este punto hay que tomar en consideraci\u00f3n una tercera afirmaci\u00f3n del pr\u00f3logo; pues, de lo contrario, el discurso ser\u00ed\u00ada gravemente unilateral: \u2020\u0153Exist\u00ed\u00ada la luz verdadera, que con su venida a este mundo ilumina a todo hombre\u2020\u009d (1,9). La luz de la Palabra est\u00e1 presente en el mundo entero y se manifiesta a todo hombre, ofreci\u00e9ndole una posibilidad concreta de encuentro que hace responsable el rechazo (y. 10). Decir que s\u00f3lo en Jes\u00fas se ha revelado Dios no significa afirmar que en las dem\u00e1s partes s\u00f3lo hay tinieblas. Pero no est\u00e1 la plenitud de la verdad. La Palabra hecha carne es el momento de m\u00e1xima condensaci\u00f3n de una luz que brilla ante todo hombre. En cierto sentido, la universalidad de la revelaci\u00f3n precede a la encarnaci\u00f3n.<br \/>\nEl pr\u00f3logo no nos dice en qu\u00e9 consiste el secreto \u00ed\u00adntimo de Dios, que s\u00f3lo en Jes\u00fas se ha manifestado. La revelaci\u00f3n de este secreto est\u00e1 confiada a la narraci\u00f3n evang\u00e9lica en su totalidad, que tiene su punto de m\u00e1xima claridad en la oraci\u00f3n sacerdotal (c. 17). En el centro de la oraci\u00f3n hay un n\u00facleo yo! t\u00fa, es decir, la mutua inmanencia entre el Padre y el Hijo, n\u00facleo que se abre en un movimiento de expansi\u00f3n: los disc\u00ed\u00adpulos (17,11), todos los que han de creer a trav\u00e9s de su palabra (17,20-21), el mundo (17,23). Obs\u00e9rvese que lo que se revela no es solamente una verdad relativa a Dios, sino una verdad que nos concierne a nosotros; pues se trata, no s\u00f3lo del di\u00e1logo entre el Padre y el Hijo, sino de nuestra inserci\u00f3n en aquel di\u00e1logo suyo: \u2020\u0153Que todos sean una sola cosa, como t\u00fa, Padre, est\u00e1s en m\u00ed\u00ad y yo en ti&#8230; Yo en ellos y t\u00fa en m\u00ed\u00ad, para que sean perfectos en la unidad&#8230; El amor que t\u00fa me tienes est\u00e9 en ellos y yo tambi\u00e9n est\u00e9 con ellos\u2020\u009d (17,21 .23.26). El objeto de la revelaci\u00f3n es, pues, al mismo tiempo la verdad de Dios y la verdad del hombre: la unidad entre el Padre y el Hijo y nuestra participaci\u00f3n en su di\u00e1logo de conocimiento y de amor.<br \/>\n2873<br \/>\nNos queda un \u00faltimo tema esencial. No se puede comprender la concepci\u00f3n juanista de la revelaci\u00f3n, si no se capta la centralidad del [!Esp\u00ed\u00adritu II]. Para el evangelista no hay posibilidad de comprender a Jes\u00fas y su palabra, de ser testigos suyos, de participar en la vida divina, de entrar en comuni\u00f3n con el Padre sin el don del Esp\u00ed\u00adritu. Funci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu es interiorizar y actualizar la palabra de Jes\u00fas: \u2020\u0153El defensor, el Esp\u00ed\u00adritu Santo, el que el Padre enviar\u00e1 en mi nombre, \u00e9l os lo ense\u00f1ar\u00e1 todo y os recordar\u00e1 todo lo que os he dicho\u2020\u009d(14,26); \u2020\u0153Muchas cosas tengo que deciros todav\u00ed\u00ada, pero ahora no est\u00e1is capacitados para entenderlas. Cuando venga \u00e9l, el Esp\u00ed\u00adritu de la verdad, os guiar\u00e1 a la verdad completa. Pues no os hablar\u00e1 por su cuenta, sino que os dir\u00e1 lo que ha o\u00ed\u00addo&#8230; El me honrar\u00e1 a m\u00ed\u00ad, porque recibir\u00e1 de lo m\u00ed\u00ado y os lo anunciar\u00e1\u2020\u009d (16,12-14). La relaci\u00f3n entre el Esp\u00ed\u00adritu y la palabra de Jes\u00fas es profunda y circular. Por una parte, sin el Esp\u00ed\u00adritu las palabras de Jes\u00fas quedan in-comprendidas (\u2020\u0153ahora no est\u00e1is capacitados para entenderlas\u2020\u009d), inertes; no aparecen como verdaderamente son, palabras de Dios (cf 6,62-64). Por otra parte, el Esp\u00ed\u00adritu est\u00e1 ligado a las palabras de Jes\u00fas en un cierto sentido y subordinado a ellas; no dice palabras propias, sino que repite las dichas ya por Jes\u00fas (\u2020\u0153No hablar\u00e1 por su cuenta, sino que os dir\u00e1 lo que ha o\u00ed\u00addo\u2020\u009d). El Esp\u00ed\u00adritu no se aparta de la tradici\u00f3n hist\u00f3rica de Jes\u00fas y de la tradici\u00f3n eclesial que la contin\u00faa. La ense\u00f1anza del Esp\u00ed\u00adritu es la misma ense\u00f1anza de Jes\u00fas (\u2020\u0153os recordar\u00e1&#8230;\u2020\u009d). Mejor, la ense\u00f1anza que es Jes\u00fas. Pues lo que importa comprender (y que el Esp\u00ed\u00adritu descubre) es la persona de Jes\u00fas y su comuni\u00f3n con el Padre. Sin embargo, la ense\u00f1anza del Esp\u00ed\u00adritu no es recuerdo repetido, no es simple memoria. No a\u00f1ade nada a la revelaci\u00f3n de Jes\u00fas, pero la interioriza y la hace presente en toda su plenitud. Por esto precisa Juan: \u2020\u0153Os guiar\u00e1 hacia y dentro de la plenitud de la verdad\u2020\u009d (tal es el sentido de la expresi\u00f3n griega). Por tanto, una revelaci\u00f3n interior, viva, actual y progresiva. No una progresiva acumulaci\u00f3n de conocimientos, sino un progresivo viaje hacia el centro: desde el exterior hacia el interior, desde la periferia al centro, desde un conocimiento de o\u00ed\u00addas a una comprensi\u00f3n personal, actual y transformante. El Esp\u00ed\u00adritu transforma la revelaci\u00f3n de Jes\u00fas de objetiva en personal, de hist\u00f3rica en contempor\u00e1nea. As\u00ed\u00ad como Jes\u00fas es la verdad, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n el Esp\u00ed\u00adritu es la verdad: Jes\u00fas, porque es la encarnaci\u00f3n hist\u00f3rica de la verdad; el Esp\u00ed\u00adritu, porque nos la comunica.<br \/>\n2874<br \/>\nIV. LAS ESTRUCTURAS DE LA REVELACION.<br \/>\nAl t\u00e9rmino de esta lectura anal\u00ed\u00adtica de muchas p\u00e1ginas b\u00ed\u00adblicas, en la cual hemos visto articularse la concepci\u00f3n de la revelaci\u00f3n, es oportuno recoger en s\u00ed\u00adntesis sus rasgos m\u00e1s cualificados y constantes.<br \/>\nLa revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica tiene una estructura hist\u00f3rica. Ha ocurrido en la historia, tiene una historia y se manifiesta por medio de la palabra. Aunque pretende ser universal y est\u00e1 destinada a los hombres de todos los tiempos, la Biblia registra un discurso de Dios situado: sucedido en un tiempo y en un ambiente, encarnado en un determinado lenguaje y en una determinada cultura. Su origen divino y su vocaci\u00f3n a la universalidad no eximen a la revelaci\u00f3n de las leyes de la historia, y de esto la Biblia no siente el menor embarazo. Origen divino y universalidad no eliminan la presencia de elementos caducos y particulares, contingentes, por lo cual no sustraen a la palabra de Dios a continuas exigencias de mediaci\u00f3n y de interpretaci\u00f3n. En esta profunda historicidad de la revelaci\u00f3n encuentran su justificaci\u00f3n las estructuras de mediaci\u00f3n tales como la Escritura, la Iglesia y el magisterio. Protagonista invisible y principal de la interpretaci\u00f3n y de la transmisi\u00f3n de la revelaci\u00f3n es, sin embargo, siempre el Esp\u00ed\u00adritu.<br \/>\nAdem\u00e1s de situado en la historia, el discurso de Dios es progresivo, diseminado en el tiempo. La revelaci\u00f3n no apareci\u00f3 de golpe, ya concluida, sino que sigui\u00f3 la progresi\u00f3n de un camino, con un principio, un desarrollo y un t\u00e9rmino, solicitado cada vez por el mismo cambio de las situaciones hist\u00f3ricas. El camino de la revelaci\u00f3n es progresivo y coherente, y encuentra su cumplimiento en Cristo. Mas esto no significa que el progreso de la revelaci\u00f3n se haya verificado sin tensiones ni retrocesos. Tambi\u00e9n en esto la revelaci\u00f3n ha aceptado plenamente las leyes de la historia. Por su parte, el camino no se ha hecho tanto en virtud de revelaciones siempre nuevas, a\u00f1adidas cada vez desde el exterior, sino m\u00e1s bien en virtud de un desarrollo interior, a partir de un n\u00facleo b\u00e1sico, rico en virtualidades y orientado ya hacia su plenitud.<br \/>\nSituada en la historia y encaminada hacia un cumplimiento, la revelaci\u00f3n ha tenido lugar mediante la historia y la \u2020\u0153palabra\u2020\u009destrechamente unidas. Dios obra y comenta su acci\u00f3n. La revelaci\u00f3n no es una simple serie de palabras, pero tampoco simplemente una serie de acciones. No existe antagonismo alguno entre la historia y la \u2020\u0153palabra. Los hechos son ciertamente siempre m\u00e1s ricos que las palabras que los interpretan; pero permanecer\u00ed\u00adan mudos o ambiguos sin la palabra que los interpreta. En cierto sentido es la palabra la que est\u00e1 en el centro. Pues la palabra de Dios hace la historia, la dirige y la interpreta. Simplificando, podemos describir de este modo el proceso revelador: el acontecimiento hist\u00f3rico, la iluminaci\u00f3n interior que da al profeta o a la comunidad la inteligencia del acontecimiento, la palabra oral o escrita que relata y transmite el acontecimiento interpretado.<br \/>\nLa revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica tiene una estructura de mediaci\u00f3n. No est\u00e1 directa e inmediatamente dirigida a cada hombre, aunque no le falta una dimensi\u00f3n interior y personal (la atracci\u00f3n del Padre y la presencia del Esp\u00ed\u00adritu). Mediata, no s\u00f3lo porque llega a nosotros a trav\u00e9s de los profetas y de los ap\u00f3stoles; no s\u00f3lo por ser hist\u00f3rica y particular, y por tanto necesitada de mediaciones para ser transmitida y actualizada, sino tambi\u00e9n porque -ya en su mismo formarse- est\u00e1 mediatizada por la experiencia del hombre que la acoge. No hay contraposici\u00f3n entre la iniciativa de Dios y la experiencia del hombre. La revelaci\u00f3n es un entrelazado, por as\u00ed\u00ad decirlo, de movimiento horizontal y vertical, de iniciativa libre y gratuita de Dios y de reflexi\u00f3n del hombre. Los acentos, obviamente, son diferentes seg\u00fan los casos.<br \/>\n2875<br \/>\nLa revelaci\u00f3n tiene una estructura dial\u00f3gica y personal. Es un encuentro dial\u00f3gico entre dos personas que hablan y se comunican entre s\u00ed\u00ad, una (Dios) como autopresentaci\u00f3n y la otra (el hombre) como escucha obediencial. Es un di\u00e1logo profundo, vital; y no s\u00f3lo intercambio de conocimientos. Dios habla con el hombre para salvar al hombre y hacerlo part\u00ed\u00adcipe de su propia vida. Por eso la revelaci\u00f3n es simult\u00e1neamente teol\u00f3gica y antropol\u00f3gica: revela el pensamiento de Dios sobre el hombre; o mejor, el misterio de Dios y la vocaci\u00f3n del hombre. Los dos aspectos se identifican; el hombre es llamado justamente a conocer y participar del misterio de Dios. Esto sobre todo en el NT. Dios revela su designio sobre el hombre y sobre la historia, dicta las normas de conducta, explica los acontecimientos en los cuales le es dado al hombre vivir; pero no s\u00f3lo eso. Dios se revela a s\u00ed\u00ad mismo. En Cristo, Dios se revela como una comuni\u00f3n de personas, un di\u00e1logo de conocimiento y de amor; y el hombre, en la fe, es insertado en ese di\u00e1logo. La revelaci\u00f3n manifiesta con ello una estructura trinitaria. El di\u00e1logo de Dios con el hombre, es decir, la revelaci\u00f3n, es la traducci\u00f3n al exterior de un di\u00e1logo de Dios en el interior. Las tres personas est\u00e1n en el origen, con modalidades propias, de la revelaci\u00f3n: la iniciativa del Padre, la manifestaci\u00f3n en Cristo, la interpretaci\u00f3n y la actualizaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu. Y son el objeto \u00faltimo de la revelaci\u00f3n, el punto hacia el cual tend\u00ed\u00ada todo el camino.<br \/>\nLa revelaci\u00f3n tiene una estructura cristol\u00f3gica. Cristo es el revelador y el revelado. Es la perfecta manifestaci\u00f3n de Dios; y por eso en \u00e9l encuentra la revelaci\u00f3n su cumplimiento. El largo camino del AT encuentra en \u00e9l su punto de llegada. Los esquemas -sustancialmente b\u00ed\u00adblicos- que intentan expresar esta relaci\u00f3n son m\u00faltiples y signo de su complejidad: continuidad\/novedad, preparaci\u00f3n! cumplimiento, figura\/realidad, promesa! realizaci\u00f3n. Todos estos esquemas ponen en claro dos cosas: que el AT es una espera de Cristo; que, sin embargo, el AT no es s\u00f3lo espera, sino ya realidad, aunque sea abierta e incompleta [1 Teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica 111-1V].<br \/>\nAunque revelaci\u00f3n definitiva, es-catol\u00f3gica y \u00faltima, la de Cristo es siempre una revelaci\u00f3n en la fe. Por eso subsiste la tensi\u00f3n hacia la plenitud de la visi\u00f3n. Un pasaje de la primera carta de Juan expresa mejor que ning\u00fan otro esta tensi\u00f3n entre el presente y el futuro, lo que ya somos y lo que se manifestar\u00e1. \u2020\u0153Desde ahora somos hijos de Dios, y a\u00fan no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a \u00e9l, porque le veremos tal y como es\u2020\u009d (3,2).<br \/>\nBIBL.: AA.W., R\u00e9v\u00e9lation deDieu et langage des hommes, Cerf, Par\u00ed\u00ads 1972; AA.W., La r\u00e9v\u00e9lation dans l\u2020\u2122\u00e9criture, la patristique, la scDIAS-tique, Cerf, Par\u00ed\u00ads 1974; Alfaro J., Revelaci\u00f3n cristiana. Fe y teolog\u00ed\u00ada, Sig\u00faeme 1985; Alonso Schoicel L., II dinamismo della Tradizione, Pai-deia, Brescia 1970; Id. La palabra inspirada. Cristiandad, Madrid 19863; Berten L., Histoire, r\u00e9v\u00e9lation et fot, Cerf, Par\u00ed\u00ads 1969; Bret\u00f3n S., Ecruture et R\u00e9v\u00e9lation, Cerf, Par\u00ed\u00ads 1979; Citrini T., Gesu Cristo rivelazione di Dio, Venegono 1969; Conzelmann, Teolog\u00ed\u00ada del Nuovo Testamemo, Paideia, Brescia 1972; DubarleA.M., La manifestation naturelle de Dieu d\u2020\u2122apr\u00e9s G?-crilure, Cerf, Par\u00ed\u00ads 1976; Fextorazzi, Rivelazione b\u00ed\u00adblica di Dio, en A A. VV., \/ leologi del Dio vivo, Ancora, Mil\u00e1n 1968, 65-1 25; Latolrelle R., Teolog\u00ed\u00ada dela revelaci\u00f3n, Sig\u00faeme, Salamanca 19825; Ljpinsk] E., Essais sur la r\u00e9v\u00e9lalionetla bible, Cerf, Par\u00ed\u00ads 1970; Maggioni B., Experiencia espiritual en la Biblia, en ? 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Si bien los investigadores de la religi\u00f3n no pueden confirmar la tesis de una -> revelaci\u00f3n primitiva, sin embargo, tampoco es recta, por otra parte, la hip\u00f3tesis seg\u00fan la cual todas las representaciones sobre una r. en religiones fuera de la jud\u00ed\u00ada y cristiana son filosof\u00ed\u00ada. El que en la cr\u00ed\u00adtica de la religi\u00f3n se decide a considerar como no religiosos los procedimientos de redenci\u00f3n por s\u00ed\u00ad mismo &#8211; sean de car\u00e1cter interior o exterior -, puede decir, contra una estimaci\u00f3n negativa de las religiones fuera del juda\u00ed\u00adsmo y cristianismo, que la r. pertenece al modo de entenderse a s\u00ed\u00ad misma toda religi\u00f3n que pretenda ser creaci\u00f3n divina y no mera obra humana (RGG3 Iv 1597). La fenomenolog\u00ed\u00ada de la religi\u00f3n confirma esa tesis.<\/p>\n<p>2. As\u00ed\u00ad en el -> islam, el Dios personal es el autor de la r., y el contenido de la misma es la voluntad insondable de Dios, cuyo designio gobierna las realidades del mundo y las dispone como mandato. Pero no se promete all\u00ed\u00ad una r. de Dios mismo y una participaci\u00f3n en la vida divina, las cuales fundamentar\u00ed\u00adan la historia de -> salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>3. A un acto de voluntad del Dios personal se remonta tambi\u00e9n la r. en Zarathustra. En la religi\u00f3n ir\u00e1nica tard\u00ed\u00ada, esta resoluci\u00f3n de Dios se torna llamamiento a una irrevocable responsabilidad espiritual y \u00e9tica de todos los hombres ante el mundo dualista de la historia. La historia se torna lucha, cuyo desenlace para Dios y para los hombres que se han decidido por \u00e9l tiene un car\u00e1cter definitivo.<\/p>\n<p>4. En la religi\u00f3n revelada indio-v\u00e9dica, una palabra increada se expresa en los Vedas dentro del tiempo de los hombres. En esta manifestaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo la palabra sigue siendo fundamento trascendente del ser y como tal es transmitida por la r., que se convierte en ley sagrada positiva para el orden social y el culto.<\/p>\n<p>5. En las dem\u00e1s religiones fuera del juda\u00ed\u00adsmo y cristianismo se aten\u00faa tanto m\u00e1s el car\u00e1cter revelado, cuanto m\u00e1s domina el conocimiento racional de ocultas leyes del ser o la participaci\u00f3n irracional en la vida como tal. Sin embargo, hasta en etapas arcaicas de la conciencia religiosa queda a\u00fan no s\u00f3lo un anhelo de experimentar el fundamento originario de un mundo m\u00e1s humano, sino tambi\u00e9n un conocimiento revelado del fundamento primero, que se presenta como un \u00abalgo\u00bb universal, m\u00e1s raramente como persona, y en cuanto fin da sentido a toda inducci\u00f3n y as\u00ed\u00ad abre caminos de vida salv\u00ed\u00adfica no s\u00f3lo en una b\u00fasqueda a manera de tanteo, sino tambi\u00e9n mostr\u00e1ndose a s\u00ed\u00ad mismo. La naturaleza de la Iglesia exige, por ser signo universal, que se admita la existencia de representaciones no cristianas sobre la r. all\u00ed\u00ad donde se menciona y fomenta a su manera la paz universal (Vaticano II, Lumen gentium, n.\u00c2\u00b0 13-17 y Declaratio de Ecclesiae habitudine ad religiones non christianas; cf. tambi\u00e9n RAHNER v 135-156: El cristianismo y las religiones no cristianas; J. RATZINGER, Der christliche Glaube und die Weltreligionen, en RAHNER GW II 207-305; J. FEINER, Kirche und Heilsgeschichte, ibid. 317-345; G. THIIS, La valeur salvi\/ique des religions non-chr\u00e9tiennes [Bru 1965] 197-211; cf. tambi\u00e9n -> religiones no cristianas; teolog\u00ed\u00ada de la -> religi\u00f3n).<\/p>\n<p>II. \u00abRevelar\u00bb y \u00abrevelarse\u00bb en la terminolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica<br \/>\n1. Contra la tendencia del hombre, que se da tambi\u00e9n en la Iglesia, a afirmarse a s\u00ed\u00ad mismo, el concilio Vaticano II pone a la Iglesia y al creyente en la situaci\u00f3n de oyente de la r. Escuchar la r. significa por de pronto o\u00ed\u00adr la sagrada Escritura de la antigua y nueva alianza, que por su parte remite a Dios, el cual se revela a s\u00ed\u00ad mismo en su bondad y sabidur\u00ed\u00ada. Cabe, pues, interrogar a la sagrada Escritura por la r. de Dios, pues por ella habla Dios hoy con la Iglesia y con el hombre (Vaticano It, Dei verbum, n.\u00c2\u00b0 2, 8, 9, 25; H. DE LUBAC, en BARA\u00daNA I 15-22). La sagrada -> Escritura se define seg\u00fan esta funcionalidad como el obrar y el hablar de Dios fijados por escrito en favor de los hombres y de la Iglesia, como r. de Dios que se comunica a si mismo por la palabra.<\/p>\n<p>2. La Escritura del Antiguo Testamento no piensa en Dios mediante categor\u00ed\u00adas abstractas. Dios s\u00f3lo es conocido si \u00e9l se da a conocer, si quiere revelarse (Dt 4, 32ss), porque se ha manifestado a Israel (Sal 147, 19s). Sin embargo, como Israel viv\u00ed\u00ada de la r. de Dios, la posterior literatura sapiencial no puede ya imaginar verdadera vida sin r. (Sal 1, Iss; 19, 8s; 119). La r. posibilita, y hasta es, vida real.<\/p>\n<p>Est\u00e1 en relaci\u00f3n con esa referencia a la vida el que, en el AT, la r. no se halla significada mediante sustantivos, sino que se describe por verbos, y los tres verbos usuales (\u00abdescubrir\u00bb, \u00abmanifestar\u00bb, \u00abaclarar un hecho ante alguien\u00bb) no est\u00e1n exclusivamente reservados a la r. divina, sino que designan tambi\u00e9n funciones de conocer o dar a conocer en el orden interhumano (Est 4, 14; Prov 20, 19; G\u00e9n 31, 20). Es evidente que, a pesar de toda la sublimidad divina, el revelarse de Dios y el conocer del hombre no divergen hasta tal punto que, la r. por la que Dios manifiesta su nombre (Is 64, 1s), su poder (Jer 16, 21), su obrar (Hab 3, 2) y su ayuda (Sal 98, 2) sea mero decreto de su voluntad. M\u00e1s bien, el manifestarse de Dios no s\u00f3lo se refiere a su obrar en la historia y con los hombres (EICHRODT 1147-150), sino que es tambi\u00e9n entendido por los hombres que oyen y puesto en pr\u00e1ctica o sufrido como historia (1 Sam 16, 3; 2 Sam 7, 21; Jer 11, 18; Dt 8, 19). La r. de Dios acontece en la historia, y la historia de Dios con los hombres es a la vez objeto y medio de su r. (HAAG BL2 1244). A la referencia hist\u00f3rica de la r. de Dios corresponden las formas en que Dios se manifiesta: la tormenta, la columna de nube y fuego, el murmullo de los \u00e1rboles y el susurro del viento. En general la majestad de las obras creadas no se presenta como magia de una r., sino como comentarios de una manifestaci\u00f3n de Dios en el mundo, que despiertan la atenci\u00f3n, como lo hacen de otro modo los m\u00e9todos hist\u00f3ricamente m\u00e1s eficaces de la percepci\u00f3n interna, del contacto con los hombres y de los conmovedores acontecimientos de la historia (Ex 19, 16; 14, 24; 2 Sam 5, 24; 1 Re 19, 12; Sal 8, 4; 19, 2; Job 38ss). Aqu\u00ed\u00ad, lo mismo que en las prendas o garant\u00ed\u00adas de la r. &#8211; arca, tienda, templo, vara de Dios, sacrificio -, la cr\u00ed\u00adtica prof\u00e9tica de los medios de la r. (Is 28, 7; 29, 9s; 30, 10; Jer 23, 16.25; Ez 13, 6; Zac 13, 4) hace que, como fin de la r. aparezca con claridad creciente la elecci\u00f3n de Israel para pueblo de la alianza (\u00e9xodo y alianza del Sina\u00ed\u00ad) como voluntad revelada de Dios en la historia. Bajo esta voluntad de Dios en la historia, puesta de manifiesto por la cr\u00ed\u00adtica, la historia se torna lugar de la decisi\u00f3n humana. El hombre tiene que responder, tiene que decidirse por la direcci\u00f3n y los designios de Dios, dar gracias por esta ayuda y estar dispuesto a ponerse al servicio de la gracia divina en la historia: Dios hace historia juntamente con Israel \u00abpara que conozcan que yo soy Yahveh\u00bb (Jer 31, 34; Ez 36, 38; 37, 28; Is 43, 10).<\/p>\n<p>Sin embargo, la repartici\u00f3n de la historia de Dios con los hombres entre lugares de salvaci\u00f3n (Sina\u00ed\u00ad, murallas de Jerusal\u00e9n, Egipto [Dt 33, 2; Sam 7, 8-16; Is 11, 11]; H. GROSS, Zur O.entwicklung im AT, en RAHNER GW I 407-422), lo mismo que entre d\u00ed\u00adas de salvaci\u00f3n y tribulaci\u00f3n (Is 9, 1; 49, 8; 10, 3; 61, 2; Jer 46, 10; 50, 27), dificulta el conocimiento del plan revelado de salvaci\u00f3n divina para la historia, hasta tal punto que es menester una clave para encontrar en el vaiv\u00e9n de los fragmentos hist\u00f3ricos particulares acceso al estar de Dios con el mundo, que es su r. La historia de la humanidad como tal no es reconocible en el AT como historia de salvaci\u00f3n ni siquiera para los israelitas escogidos. Lo es s\u00f3lo con ayuda de la experiencia clave de la palabra de Dios, que cre\u00f3 el mundo y al hombre, y como palabra en acci\u00f3n hace vivir en una historia que es interpretada desde Dios por los profetas y la ley (G\u00e9n 1; Sal 147, 15-18; Dt 8, 3; Sal 106, 9; 107, 20.25; Is 50, 2; Jer 18, 18; Dt 1, 1.18).<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n el que advierta que en Ezequiel se presentan como r. acontecimientos de la historia sin palabras de interpretaci\u00f3n (Ez 17, 24; 29, 6; 37, 28; 39, 7.23; R. RExDTORFE, Die O.vorstellungen im Alten Israel: O. als Geschichte, ed. por W. Pannenberg [G\u00f6 21963] 21-41; cf. A. GAMPER: ZKTh 86 [1964] 186), deber\u00e1 considerar igualmente que aqu\u00e9llos est\u00e1n propuestos por la palabra prof\u00e9tica. Y la uni\u00f3n de palabra e historia en la idea de r. del AT deber\u00e1 interpretarse de tal forma que \u00abla historia de Yahveh con Israel aparezca como el lugar en que puede reconocerse en su realizaci\u00f3n la verdad de su palabra que revela\u00bb (W. ZIMMERLI, Gottes O. [Mn 1961]22). Dios se presenta a s\u00ed\u00ad mismo en las palabras reveladas, que, dentro de \u00abf\u00f3rmulas de conocimiento\u00bb, aparecen como f\u00f3rmulas de \u00abpresentaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo\u00bb (Dt 7, 8s), y que en la literatura prof\u00e9tica est\u00e1n dentro de las promesas y valen luego como \u00abpalabra de prueba\u00bb de Dios (1 Re 20, 28; 2 Sam 7, 12; ZIMMERLI, ibid., 14.41-119.121). Por operar en la historia (Is 55, 10s), la palabra de Dios abre la historia como promesa, y tiende as\u00ed\u00ad en aqu\u00e9lla el arco &#8211; decisivo para el AT &#8211; que va desde la promesa al cumplimiento, arco que, como voluntad revelada de Dios, hace de la historia una historia de salvaci\u00f3n y, desde Daniel, introduce una inteligencia apocal\u00ed\u00adptica de la historia, la cual opera hasta dentro del NT (A. OEPKE, apokalypto, apocalypsys: ThW III 565-597; H. RINGGREN, J\u00fcdische Apokalyptik: RGG3 I 464ss).<\/p>\n<p>Mas si en el AT la palabra de Dios en cuanto opera se convierte en historia, y la historia se torna palabra que remite a la r. de Dios en su cumplimiento, consecuentemente, no obstante la ocasional opulencia de visiones apocal\u00ed\u00adpticas, la diferencia entre o\u00ed\u00adr y ver la r. se relativiza bajo el modelo universal: la r. de Dios por s\u00ed\u00ad mismo, que permanece incognoscible en un plano puramente humano, es experimentada en aquella realizaci\u00f3n humana que se llama historia. Como actor de la historia, Dios se revela seg\u00fan el AT como promesa para los hombres de Israel y para todos los pueblos (Miq 4, 5; 6, 3ss; Jer 11, 5; 33; Dt 4, 37; Ex 32, 13; Is 41, 8ss; G\u00e9n 9, 1). Dios revela el fin de los hombres y de su historia al manifestarse a s\u00ed\u00ad mismo en la historia como un factor de \u00e9sta.<\/p>\n<p>3. Dentro del Nuevo Testamento, en Pablo y en Juan aparecen concepciones diferentes de la r., seg\u00fan lo indica ya la terminolog\u00ed\u00ada. Pablo designa la r. con los verbos \u00abdescubrir-desvelar\u00bb (Rom 1, 17s; 2, 5; 1 Cor 1, 7; G\u00e1l 3, 23) y \u00abponer de manifiesto ante alguien\u00bb (Rom 3, 21; 2 Cor 4, 10s), que conoce el AT, lo mismo que con el sustantivo mysterium (Ef 1, 9) de la literatura sapiencial y de la apocal\u00ed\u00adptica del juda\u00ed\u00adsmo (Sab 6, 22ss; Hen [et] 9, 6; 81, 1; 103, 2s; 4 Esd 2, 1; L. CERFAUX, La th\u00e9ologie de l&#8217;Eglise suivant St. Paul [P 31965] 265-270). La teolog\u00ed\u00ada de Juan, en cambio, no emplea el sustantivo r., aunque est\u00e1 completamente dominada por el concepto de r., y el verbo correspondiente s\u00f3lo lo usa una vez en una cita del AT (Jn 12, 38). Esto, as\u00ed\u00ad como la ausencia de las expresiones mysterium y \u00abdesvelar\u00bb y el uso general de \u00abponer de manifiesto\u00bb, indica una aceptaci\u00f3n deliberada de la terminolog\u00ed\u00ada religiosa del helenismo tard\u00ed\u00ado. Cierto que todav\u00ed\u00ada es jud\u00ed\u00ado el punto de partida de la teolog\u00ed\u00ada jo\u00e1nica de la r.: la esencial \u00abinvisibilidad\u00bb de Dios (Jn 1, 18; 6, 46; 1 Jn 4, 20); pero, al acentuar que Dios se hahecho visible en la encarnaci\u00f3n de Cristo, en las obras y palabras de Jes\u00fas (Jn 1, 14; 1 Jn 1, ls; 4, 7ss; Jn 5, 36; 9, 4; 10, 37s; 14, 10; 1, 18; 3, 11; 17, 6ss), se traza una clara l\u00ed\u00adnea de separaci\u00f3n entre la r. del AT y la r. en Cristo. En Juan, Jes\u00fas es el que revela, la luz, la verdad, el revelador (BULTMANN GV III 22.29; H. ZIMMERMANN: BZ NF 4 [1960] 54-69; H. SCHLIER, Besinnung auf das NT [Fr 21967] 254-263).<\/p>\n<p>Por lo contrario en Pablo, que enlaza con el AT, el que revela sigue siendo Dios, en quien estaba oculto el misterio de su voluntad, que \u00e9l realiza en el tiempo por la muerte y resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas y en la uni\u00f3n de \u00e9ste con la Iglesia como cuerpo, as\u00ed\u00ad como en la recapitulaci\u00f3n del universo en Cristo (Rom 3, 25; 16, 25s; 1 Cor 15, 28; Ef 1, 9s; 3, 9s; Col 1, 18). En la visi\u00f3n paulina Cristo es el contenido del misterio de Dios (Rom 3, 21-24; G\u00e1l 1, 16; Ef 3, 3.5; 1 Tim 3, 16), no tanto el que revela cuanto el revelado (W. GRossouw, Offenbarung, en HAAG DB, 1708ss).<\/p>\n<p>Mas de pararse en la distinci\u00f3n entre \u00abJes\u00fas revelante y Jes\u00fas revelado\u00bb, no se har\u00ed\u00ada justicia a Juan, para quien la salvaci\u00f3n viene tambi\u00e9n de los jud\u00ed\u00ados (cf. Jn 5, 39.46s; 8, 56; 12, 41), ni a los sin\u00f3pticos (Mc 8, 1; Lc 1, 19.72; 2, 25. 38; 19, 9), ni a los restantes escritores del NT (Act 2, 36; 13, 32s; 26, 16; Heb 8, 8ss; 1 Pe 1, 3.10ss) ni a Pablo, para quien Cristo es el fin de la ley (Rom 10, 3s). Estos pasajes neotestamentarios y la ex\u00e9gesis de ideas fundamentales, comunes al AT y al NT, como \u00abalianza\u00bb (Jer 31, 31s; Ez 37, 26ss; Heb 8, 8-12; 10, 16s), \u00abreino de Dios\u00bb (Sal 47; 93; Is 52, 7; Mc 1, 14s), \u00abpueblo de Dios\u00bb (Ex 4, 4s; 5, 22s; 17, 4; N\u00fam 11, 41-34; 1 Pe 2, 9s), hacen ver que con la imagen veterotestamentaria de Dios est\u00e1 tambi\u00e9n dada la promesa divina de la antigua alianza en la nueva alianza, es decir, en Cristo (Ef 3, 6), como plenitud de la revelaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Este cumplimiento de todas las promesas en Cristo (2 Cor 1, 20) no puede desde luego probarse hist\u00f3rica y cr\u00ed\u00adticamente por medio de la tipolog\u00ed\u00ada de las pruebas prof\u00e9ticas aducidas por el NT (Zac 9, 9 en Mt 21, 5; Is 7, 14 en Mt 1, 23; Is 59, 20 en Rom 11, 26s; Jer 31, 31-34 en Heb 8, 8-11). Y el cumplimiento de todas las promesas de la r. en Cristo tampoco hace de Jes\u00fas el \u00abcentro\u00bb de una inteligencia hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfica del tiempo, visto en forma c\u00ed\u00adclica o lineal; ni la plenitud de la r. en Cristo se traga finalmente de manera definitiva y escatol\u00f3gica la historia de los hombres, por raz\u00f3n de una historicidad en que la fe se decide en forma \u00fanica y definitiva. Tales modelos corresponden m\u00e1s a una preinteligencia filos\u00f3fica &#8211; a la de la alegor\u00ed\u00ada estoica, o de la filosof\u00ed\u00ada hegeliana de la historia, o de la ontolog\u00ed\u00ada existencial -, que a la inteligencia b\u00ed\u00adblica de la historia de la revelaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Si Rom 9ss une a Cristo y la historia de Israel, si Jn 5, 39 presenta las Escrituras de AT como testimonios del Hijo, y G\u00e1l 3, 15 considera a los creyentes como herederos de las promesas de Abraham, puede decirse bajo la perspectiva neotestamentaria que Jes\u00fas es la r. de Dios a la luz de las promesas del Antiguo Testamento, el cumplimiento anticipado de todas las promesas (W. PANNENBERG, Heilsgeschehen und Geschichte: Grundfragen systematischer Theologie [G\u00f6 1967] 22ss). Jes\u00fas es la r. de Dios porque trae el cumplimiento de todas las promesas; pero lo trae en una historia de salvaci\u00f3n cuyas obras, como obras de Dios, se extienden desde el AT hasta la acci\u00f3n decisiva de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, en la que a su vez se anticipa la resurrecci\u00f3n &#8211; todav\u00ed\u00ada venidera &#8211; de los creyentes en la r. Por eso no se desvirt\u00faa el presente, sino que \u00e9ste, estando determinado por el cumplimiento actual de un pasado de promesa, permanece como futuro abierto (J. MOLTMANN, Theologie der Hof fnung [Mn 1965] 101.125s). La palabra operante en el Jes\u00fas resucitado toma la forma de la historia que llega a su plenitud en la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, y se torna promesa de la reconciliaci\u00f3n de la vida y del amor de Dios mismo, que se manifest\u00f3 en Cristo (2 Cor 5, 20; 6, 2; 1 Jn 1, 2; 3, 5.8; 4, 7ss). La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas es la r. personal del Dios vivo, que quiere la vida para los hombres. Dios se revela a s\u00ed\u00ad mismo en la historia, que, entre los polos de la palabra de promesa y la obra de cumplimiento se tiende como un arco tenso desde el pasado a trav\u00e9s del presente hacia el futuro abierto, hacia la definitiva y vigorosa participaci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica en la vida de Dios. La r. es, seg\u00fan el NT, historia de la salvaci\u00f3n, que no va m\u00e1s all\u00e1 de Jes\u00fas porque se cumpli\u00f3 ya en \u00e9l, pero sigue operando para los hombres, cuya salvaci\u00f3n es promesa en el cumplimiento de Jes\u00fas. La r. es palabra de Dios dirigida a la historia, y, como palabra fiel, historia de la palabra de Dios en el hombre.<\/p>\n<p>III. Interpretaci\u00f3n del sentido de la historia de la revelaci\u00f3n<br \/>\nEvidentemente, con la ordenaci\u00f3n lograda b\u00ed\u00adblicamente de la r. a la palabra y a la historia, s\u00f3lo est\u00e1 elaborado el punto de partida, pero todav\u00ed\u00ada no la interpretaci\u00f3n del sentido de la r. En el an\u00e1lisis ling\u00fc\u00ed\u00adstico una palabra con sentido consta de palabras; y la historia se presenta ante la cr\u00ed\u00adtica hist\u00f3rica en datos particulares. En el aqu\u00ed\u00ad y hoy concreto tiene lugar la coordinaci\u00f3n del sujeto existencial con la historia, en lo cual se traspasan todas las acciones particulares, pues la historia es m\u00e1s que la suma de las acciones de todos los individuos. Partiendo de la conducta humana, el todo de palabra e historia no puede hallarse, mediante una metodolog\u00ed\u00ada cient\u00ed\u00adfica, por un recuento de palabras, datos y hechos particulares, ni por mera inducci\u00f3n sin un principio que gu\u00ed\u00ada la v\u00ed\u00ada inductiva. Una inteligencia sin principios de la r. conducir\u00ed\u00ada a positivismos revelados y, seg\u00fan los puntos de partida, disociar\u00ed\u00ada irremediablemente el AT y el NT y, por ende, el juda\u00ed\u00adsmo y el cristianismo; o conducir\u00ed\u00ada a que dentro del cristianismo se formaran escuelas de la palabra, de las obras o de la antropolog\u00ed\u00ada existencial, las cuales, como lo prueba la experiencia, se petrifican en confesiones. Los positivismos de la r., hechos escuela, producen y mantienen el problema ecum\u00e9nico.<\/p>\n<p>La Iglesia y la teolog\u00ed\u00ada est\u00e1n empe\u00f1adas en evitar parejo desmenuzamiento por el destrozo de la r. una en muchas revelaciones, dirigiendo una y otra su mirada a Jesucristo, en quien apareci\u00f3 la plenitud de la r. como \u00abcomunicaci\u00f3n de Dios mismo\u00bb. Sin embargo, si en este contexto la unidad de la r. se mantuviera en el marco sistem\u00e1tico del mero monote\u00ed\u00adsmo, solamente por la atribuci\u00f3n de su origen al Dios uno, la r. vendr\u00ed\u00ada a ser un decreto promulgado por Jes\u00fas y en favor de jes\u00fas, que podr\u00ed\u00ada ejecutarse fielmente, pero no cumplirse con libre responsabilidad. Frente a tal inteligencia meramente jur\u00ed\u00addica de la r. previene el concilio Vaticano II, al insertar de nuevo los art\u00ed\u00adculos doctrinales de la r. (que el Vaticano I, siguiendo al Tridentino, presentaba como informaciones intelectuales que deb\u00ed\u00adan \u00abtenerse por verdaderas\u00bb) en la revelatio una de la plenitud en Cristo, que manifiesta en palabra y obra el di\u00e1logo salv\u00ed\u00adfico como comunicaci\u00f3n de persona a persona (el Vaticano II, Dei verbum, n\u00c2\u00b0 5, cambia revelata [Dz 1789] en revelatio; y habla, en el n.\u00c2\u00b0 6 [a diferencia de Dz 1785s], de manifestare y communicare; J. RATZINGER: LThK Vat u 512-515).<\/p>\n<p>Si en esta visi\u00f3n es Cristo como Hijo del Padre mismo el hablar de Dios, porque al fin de la r. Dios mismo se ha expresado y mostrado en Cristo (A. OEPICE: ThW III 596; IgnMagn 8, 2; Vaticano I [Dz 1785]; Vaticano II, Dei verbum, n.\u00c2\u00b0 4), queda superado un cristocentrismo aislado en la inteligencia de la r. mediante una concepci\u00f3n trinitaria: el movimiento de la r. parte de Dios Padre, llega a nosotros por Cristo y crea un acceso a la comunidad con Dios por el Esp\u00ed\u00adritu Santo (G\u00e1l 3, 26ss; Rom 8, 9-11, 29; 2 Cor 3, 17s; Vaticano II, Dei verbum, n.\u00c2\u00b0 2; W. TH\u00dcSING, Per Christum in Deum [Pa 1965]). Si se admite esta concepci\u00f3n trinitaria de la r., se plantea evidentemente la cuesti\u00f3n de la interpretaci\u00f3n del sentido de la r., de forma que debe preguntarse c\u00f3mo se revel\u00f3 Dios a s\u00ed\u00ad mismo en Cristo. Si Dios sigue siendo, de acuerdo con la inteligencia b\u00ed\u00adblica, inexperimentable para el hombre por sus propias fuerzas, pues la naturaleza y la historia s\u00f3lo nos ense\u00f1an por de pronto que no tenemos a\u00fan la r., si no es visto el cumplimiento de Cristo para todo (J. RATZINGER: LThK Vat u 506 514; BULTMANN GV II 103), h\u00e1cese apremiante la pregunta de c\u00f3mo Dios, no experimentable por nosotros, se pueda comunicar tan inmediatamente que lo experimentemos. La respuesta de un positivismo de la r., que, partiendo de la obediencia a a la fe de la Iglesia, s\u00f3lo afirma que la r. es un hecho, aun cuando no pueda explicarse, se queda evidentemente demasiado corta, pues en la experiencia de la r. no importan las explicaciones, sino el entender, por el que los creyentes son llamados a dar cuenta de su esperanza por la r. (1 Pe 3, 15; 1 Cor 14, 20-25; I.A. PHILLIPS, The Form of Christ in the World [NY 1967] 156-172). Este dar cuenta debe comenzar por el cumplimiento de la obra de Cristo, es decir, por la -> resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, pues en el Se\u00f1or resucitado se pone de manifiesto c\u00f3mo la vida diaria y no diaria recibe nuevo sentido por el hablar de Dios como podr\u00ed\u00ada mostrarlo aquella per\u00ed\u00adcopa final del evangelio de Juan, que comienza en estilo de r. con las palabras: \u00abdespu\u00e9s se manifest\u00f3 Jes\u00fas de nuevo\u00bb, y narra luego una inesperada pesca milagrosa y el nuevo destino de Pedro y Juan (Jn 21, Iss).<\/p>\n<p>Si aqu\u00ed\u00ad, como en otras composiciones de los Evangelios, se insertan milagros particulares en el gran milagro singular de Dios, que es Jesucristo mismo, sobre todo en su resurrecci\u00f3n (1 Jn 1, 2; 3, 5,8; 1 Pe 1, 20; Heb 9, 20; Vaticano II, Dei verbum, n.0 4), con esta alusi\u00f3n al milagro en el hecho de la r. se indica ya ciertamente que Jes\u00fas \u00abhabl\u00f3 las palabras de Dios\u00bb (Jn 3, 34), pero todav\u00ed\u00ada no que \u00e9l revelara a Dios Padre como palabra suya, que fue enviada como \u00abhombre a los hombres\u00bb (cf. Jn 1, 1-18; Diog vii 4). El que quiera dar raz\u00f3n de la venida de Dios Padre en la Palabra, que es el Hijo y que interpreta el Esp\u00ed\u00adritu Santo, puede referirse a dos fen\u00f3menos fundamentales de la realidad humana, que, como horizontes de inteligencia, son a la vez realidades de la r. de Dios mismo en el mundo: el lenguaje y la historia. Podr\u00e1 experimentar con R. Bultmann que la vida est\u00e1 patente en la palabra; pero en la palabra sabedora de que la vida est\u00e1 orientada a la muerte, aunque el -> lenguaje guarece tambi\u00e9n aquel ser m\u00e1s profundo del hombre que es existencial e hist\u00f3rico y, por tanto, est\u00e1 destinado a la vida. Si esto puede entenderlo aun todo hombre interior, la predicaci\u00f3n del acontecimiento de la r. en el hecho de Jes\u00fas es, sin embargo, aquella parad\u00f3jica afirmaci\u00f3n de que ese acontecimiento hist\u00f3rico es a la vez vida escatol\u00f3gica que se hace visible en la vida del Se\u00f1or resucitado, y, para quien cree en esta palabra, puede percibirse ya ahora como futuro que llega (BULTMANN GV III 14ss, Iv 190-198).<\/p>\n<p>La interpretaci\u00f3n verbal y existencial de Bultmann ofrece una base para una inteligencia de s\u00ed\u00ad mismo que, afectada por la r. de la vida desde Dios, acepta por la fe ya aqu\u00ed\u00ad y ahora la paradoja racional de la victoria de la vida sobre la muerte. Pero, aunque la inteligencia bultmanniana de la r., manteniendo la paradoja, no se desliza hacia la problem\u00e1tica \u00abcristiandad an\u00f3nima\u00bb, sin embargo la aceptaci\u00f3n de la fe propugnada por Bultmann estriba sobre una decisi\u00f3n individual existencial, que privatiza la r. en la fe y el entender, y est\u00e1 por lo menos en la tentaci\u00f3n de hacerse ciega para la historia (W. PANNENBERG, Heilsgeschehen und Geschichte: Grundfragen systematischer Theologie [G\u00f6 1967] 37 72s).<\/p>\n<p>El reparo de una privatizaci\u00f3n de la r., para la cual, por a\u00f1adidura, la historia de la r. veterotestamentaria cristol\u00f3gicamente queda sin valor (BULTMANN GV II 32ss), nos hace pensar sobre la historia como un segundo fen\u00f3meno fundamental de la realidad humana e inherente a la r. La historia, como lugar de la decisi\u00f3n humana particular, no s\u00f3lo es m\u00e1s amplia que \u00e9sta, sino que como nexo de tradici\u00f3n, es adem\u00e1s un pasado en el presente, el cual, lejos de hacer parar la historia ni tornarla penetrable, se orienta hacia un futuro que, como condici\u00f3n a\u00fan no conocida para nuevas experiencias, exige la confianza de quienes se ponen en camino (J. MOLTMANN, Theologie der Hoffnung [Mn 1965] cap. ii). A tal experiencia de la historia se abre una -> hermen\u00e9utica que, en el nexo de la tradici\u00f3n y a trav\u00e9s de \u00e9ste, supera la moderna separaci\u00f3n de facticidad y significaci\u00f3n (W. PANNENBERG, Kerygma und Geschichte: Grundfragen systematischer Theologie [G\u00f6 1967] 88s). Y precisamente esta hermen\u00e9utica es aplicable tambi\u00e9n a la r. personal de Dios, que se extiende desde las palabras de promesa de las f\u00f3rmulas de manifestaci\u00f3n divina en el AT, pasando por la profec\u00ed\u00ada y la apocal\u00ed\u00adptica, hasta aquel futuro prometido que se abri\u00f3 a la mirada en la plenitud de Cristo. La r. est\u00e1 en esta visi\u00f3n dentro de un contexto tradicional de instrucci\u00f3n divina y promesa asegurada por Dios, desde el cual lo que acontece se hace cognoscible como obrar divino y aceptable de cara a una participaci\u00f3n en la vida de Dios consumada en lo futuro. En la contradicci\u00f3n de la resurrecci\u00f3n a la cruz, la historia se torna definitivamente escatolog\u00ed\u00ada, la cual hace hablar al futuro se\u00f1alando a todos los predicados de Cristo, que dicen: \u00abEl es nuestra esperanza\u00bb (Col 1, 27). Seg\u00fan esto, lo que los hombres hayan de esperar de la r. de Dios mismo en la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, partiendo de esta resurrecci\u00f3n no se descubre tanto en un riesgo de la fe, que habr\u00ed\u00ada de calificarse como paradoja de la raz\u00f3n, cuanto en una confianza de la fe, que entra por un camino cuyo t\u00e9rmino es a\u00fan desconocido, pero que por eso cabalmente no es sistema doctrinal, sino precisamente historia de los que esperan (J. MOLTMANN, ibid. 13).<\/p>\n<p>Partiendo de Cristo, el primer resucitado de entre todos los muertos, la r. se entiende como cercana a la historia, no por el supuesto conocimiento de la realidad en el todo de una \u00abhistoria universal\u00bb, sino por raz\u00f3n de la condici\u00f3n de posibilidad (en principio inasequible para el hombre) de la realidad como historia, a saber, la promesa y el cumplimiento de una vida eterna divina, que hacen perdurar la historia y son r. de Dios mismo (H.U. v. BALTHASAR, Prometheus [Hei 1947] 91ss; J. MOLTMANN, ibid. 38ss 69s). De donde se sigue que la \u00abhistoria como tal\u00bb en sentido idealista no es a\u00fan r. o epifan\u00ed\u00ada de Dios. Y tampoco la \u00abprofundidad del hombre\u00bb, ni la \u00abpalabra m\u00e1s humana\u00bb son por s\u00ed\u00ad mismas r. de Dios. Pero la r. como promesa de Dios afecta a la historia, al ser humano y a la palabra humana. Y la r. es entendida dondequiera la historia y el ser y la palabra del hombre no quedan encapsulados tradicional\u00ed\u00adsticamente, sino que est\u00e1n dirigidos al futuro, dondequiera, consiguientemente, se consideran como no consumados todav\u00ed\u00ada y, por tanto, como abiertos. La r. de Dios sale al encuentro como palabra de Dios, y de la paradoja del entendimiento que se da en la pregunta de si en el hecho del existir humano hay a\u00fan esperanza, por ser vida, hace un entender de la esperanza de que en el mundo crece cada vez m\u00e1s la vida (H.G. GEYER: EvTh 22 [1962] 103; W. PANNENBERG, Grundfragen systematischer Theologie [G\u00f6 1967] 229ss).<\/p>\n<p>La r. como manifestaci\u00f3n de Dios en los escritores veterotestamentarios, en Jes\u00fas y a trav\u00e9s de los ap\u00f3stoles no define a Dios ni al hombre simplemente como \u00abno mundo\u00bb (K. JASPERS, Philosophie ii [B 1932] 1), sino que anuncia que Dios est\u00e1 en el mundo, para que los hombres puedan estar para Dios en la historia y, partiendo de esta orientaci\u00f3n, criticar sus tradiciones ya adquiridas. Por la r. de Dios, que permanece siempre promesa presente, las obras, las palabras y las invenciones propias del hombre est\u00e1n bajo el juicio de Dios, lo mismo que bajo la promesa en este juicio; promesa que en la contradicci\u00f3n de la resurrecci\u00f3n a la cruz de Jes\u00fas se hizo cumplimiento (Rom 1, 17-3, 20). Como palabra una de Dios, la r. se da siempre como \u00ab-> ley y evangelio\u00bb; no como ideolog\u00ed\u00ada atemporal, sino como \u00abobrar hist\u00f3rico de Dios que llega en este tiempo al hombre y lo remite al contexto de esta historia concreta como lugar de su salvaci\u00f3n espiritual\u00bb (J. RArzINGER: LThK Vat II 508). La r. de Dios como \u00abmisterio de la voluntad\u00bb (Ef 1, 9), es manifestaci\u00f3n de la \u00abfundaci\u00f3n\u00bb de Dios para el mundo como historia de los hombres. La r. como el estar de Dios en el mundo, puede interpretarse en lenguaje eclesi\u00e1stico &#8211; con la Vulgata y el Vaticano II &#8211; como \u00absacramento\u00bb de su voluntad para con nosotros, como cumplimiento de la comunicaci\u00f3n de la vida de Dios mismo en Cristo. En Jes\u00fas como palabra prometida y cumplida del Padre, que el Esp\u00ed\u00adritu recuerda en el tiempo para hacer posible la aceptaci\u00f3n de la historia pasada, Dios mismo ha venido a ser para nosotros juicio y evangelio. Dios mismo se hizo, es y seguir\u00e1 siendo para nosotros r., para que mantengamos como hombres la -> esperanza en el mundo.<\/p>\n<p>B) EXPLICACI\u00ed\u201cN TEOL\u00ed\u201cGICA Observaciones metodol\u00f3gicas previas<br \/>\nHemos de plantearnos aqu\u00ed\u00ad la cuesti\u00f3n de qu\u00e9 es teol\u00f3gicamente la r. y por qu\u00e9, no obstante su inmediato origen divino, pueda ser lo m\u00e1s \u00ed\u00adntimo de la historia humana; de c\u00f3mo la r. est\u00e1 presente siempre y en todas partes para poder ser la salvaci\u00f3n de todos los hombres en todos los tiempos, sin dejar por ello de ser la libre acci\u00f3n de Dios, que no puede calcularse por la historia desde abajo, el milagro de su gracia en un hic et nunc con car\u00e1cter de evento, y al mismo tiempo en un \u00abde una vez por todas\u00bb, en la carne de Cristo, en la palabra de un profeta que habla aqu\u00ed\u00ad precisamente, en la letra de la Escritura. Para indicar el principio fundamental hermen\u00e9utico en orden a la soluci\u00f3n de esa cuesti\u00f3n, hemos de resaltar que la relaci\u00f3n m\u00e1s universal entre Dios y un mundo en devenir consiste en que aqu\u00e9l, como el ser m\u00e1s \u00ed\u00adntimo del mundo y as\u00ed\u00ad precisamente como el absolutamente superior al mismo, concede al ente finito una verdadera y activa trascendencia de s\u00ed\u00ad mismo en su devenir, cosa que en definitiva equivale a la concesi\u00f3n de un futuro, que es la causa final, la cual constituye la verdadera y aut\u00e9ntica causa eficiente en todo devenir. As\u00ed\u00ad la pregunta sobre la esencia de la r. es la cuesti\u00f3n sobre el caso m\u00e1s alto y radical de aquel pensamiento en que se muestra c\u00f3mo la evoluci\u00f3n real operada desde abajo, la cual llega a lo superior partiendo de la inferior, que se supera a s\u00ed\u00ad mismo, y, por otro lado, la creaci\u00f3n permanente desde arriba, son s\u00f3lo dos caras &#8211; ambas igualmente verdaderas y reales &#8211; del prodigio \u00fanico del devenir y de la historia.<\/p>\n<p>O tambi\u00e9n, dicha pregunta es el caso supremo del pensamiento de que Dios, en su libre relaci\u00f3n con su creaci\u00f3n, no es una causa categorial junto a otras en el mundo, sino la raz\u00f3n viva, permanente y trascendental del propio movimiento del mundo mismo. Y esto precisamente tiene validez a su manera tambi\u00e9n respecto de la relaci\u00f3n entre Dios y el mundo en el acontecer y en la historia de la r.; y hasta tiene validez all\u00ed\u00ad en grado supremo, porque esa historia debe ser en m\u00e1ximo grado acci\u00f3n de Dios y a la vez acci\u00f3n del hombre, puesto que es la m\u00e1s alta realidad en el ser y evoluci\u00f3n del mundo.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad quedan tambi\u00e9n mencionadas las posiciones para superar en principio el muerto contraste entre el inmanentismo del modernismo y el extrinsecismo en la concepci\u00f3n de la r. Para el modernismo (por lo menos en la forma sistematizada de la condenaci\u00f3n eclesi\u00e1stica) la r. no es m\u00e1s que la evoluci\u00f3n, inmanente y necesaria en la historia humana, de la necesidad religiosa, que se objetiva en las m\u00e1s varias formas de la historia de las religiones y lentamente se eleva a una pureza superior y a una plenitud m\u00e1s universal hasta objetivarse en el juda\u00ed\u00adsmo y el cristianismo. Seg\u00fan el extrinsecismo en la concepci\u00f3n de la r., \u00e9sta es el acontecimiento de una intervenci\u00f3n extr\u00ed\u00adnseca de Dios, que habla a los hombres y por los profetas les comunica verdades en proposiciones que de otro modo les son inaccesibles, y les imparte instrucciones &#8211; de orden moral y de otros \u00f3rdenes &#8211; que el hombre debe seguir puntualmente.<\/p>\n<p>Teologia de la revelaci\u00f3n<br \/>\na) Si la teolog\u00ed\u00ada toma en serio la doctrina (obvia para ella) sobre la -> gracia divinizante y la \u00abuniversal voluntad salv\u00ed\u00adfica de Dios\u00bb (cf. salvaci\u00f3n), as\u00ed\u00ad como la necesidad de la gracia interna elevante para la fe y la teor\u00ed\u00ada tomista sobre la trascendental significaci\u00f3n ontol\u00f3gica de la gracia entitativa, y aplica eficazmente esas doctrinas al tratarse del concepto de r., en tal caso, sin caer en el modernismo, puede y debe reconocer la historia de la r. y todo lo que acostumbra a llamar simplemente r. como la propia interpretaci\u00f3n categorial hist\u00f3rica de Dios en su relaci\u00f3n con el hombre o, m\u00e1s sencillamente y exactamente, como la historia de aquella relaci\u00f3n trascendental entre Dios y el hombre que est\u00e1 dada por la comunicaci\u00f3n sobrenatural y gratuita de -> Dios mismo a todo esp\u00ed\u00adritu, la cual, a pesar de su sobrenaturalidad, se halla ineludiblemente inserta en el hombre y con raz\u00f3n merece llamarse ya r. Si la -> trascendencia se realiza siempre hist\u00f3ricamente y se da a trav\u00e9s de la mediaci\u00f3n hist\u00f3rica, y si hay una constituci\u00f3n trascendental del hombre a manera de -> existencial HI) permanente, consistente en lo que llamamos gracia divinizante por la comunicaci\u00f3n de Dios mismo y no por eficiencia causal de otro ser, en tal caso esta trascendencia absoluta precisamente con miras a la cercan\u00ed\u00ada absoluta del misterio inefable que hace donaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo al hombre, tiene una historia, que llamamos historia de la r. (cf. historia de la -> salvaci\u00f3n II).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad el acontecimiento mismo de la r. tiene siempre un doble aspecto: la constituci\u00f3n de la trascendencia del hombre sobrenaturalmente elevada como su existencial permanente, aunque gratuito, y eficaz siempre y en todas partes, pues se halla presente incluso a modo de repulsa; lo cual implica la experiencia trascendental de la cercan\u00ed\u00ada absoluta y clemente de Dios, aun cuando aqu\u00e9lla no pueda objetivarse para cualquiera ni de cualquier modo, de una parte. Y, por otra parte, la mediaci\u00f3n hist\u00f3rica, la objetivaci\u00f3n de esta experiencia sobrenatural y trascendental, que acontece en la historia y en su totalidad constituye la historia entera (de forma que la arbitraria reflexi\u00f3n teol\u00f3gica del individuo pertenece tambi\u00e9n a esta historia, pero no la funda ni constituye primariamente), y que se llama historia de la r. en sentido usual all\u00ed\u00ad donde es realmente historia de la verdadera interpretaci\u00f3n de esta experiencia sobrenatural y trascendental, y no su tergiversaci\u00f3n, all\u00ed\u00ad donde, por eso, es realmente resultado de la comunicaci\u00f3n trascendental de Dios por la gracia y acontece por tanto bajo la voluntad de esta comunicaci\u00f3n, o sea, bajo una sobrenatural providencia salvadora de Dios, y, adem\u00e1s, all\u00ed\u00ad donde es comprendida como tal. Si se ve as\u00ed\u00ad la unidad y el rec\u00ed\u00adproco condicionamiento entre la r. trascendental y la categorial e hist\u00f3rica o, mejor dicho, entre el momento trascendental y el hist\u00f3rico (mediador) de la r. una y de su historia una, se hace tambi\u00e9n visible una distinci\u00f3n realmente originaria en lo revelado en ella:<br \/>\nEst\u00e1 revelado Dios como el que, en absoluta y misericordiosa cercan\u00ed\u00ada, se comunica a si mismo como Dios y, consiguientemente, como misterio absoluto; est\u00e1 revelada la mediaci\u00f3n hist\u00f3rica de esta experiencia trascendental como experiencia de Dios v\u00e1lida y absoluta que acontece y se acredita en cuanto tal; est\u00e1 revelada, en el ya acontecido punto culminante, singular y definitivo de esta historia de la r., la absoluta e irrevocable unidad de la comuni\u00f3n de Dios a la humanidad y de su mediaci\u00f3n hist\u00f3rica en la unidad del Dios-hombre, -> Jesucristo, que es Dios mismo como comunicado y la aceptaci\u00f3n humana de tal comunicaci\u00f3n y, a la vez, la definitiva aparici\u00f3n hist\u00f3rica de esa donaci\u00f3n y de su aceptaci\u00f3n. Y en esa unidad de la comunicaci\u00f3n trascendental de Dios y de su definitiva mediaci\u00f3n y aparici\u00f3n hist\u00f3rica, comoquiera que est\u00e1 en obra la comunicaci\u00f3n de Dios en s\u00ed\u00ad mismo, se revela tambi\u00e9n el misterio fundamental del Dios trino, pues en este misterio s\u00f3lo se trata del \u00aben-s\u00ed\u00ad\u00bb del \u00abpara-nosotros\u00bb de Dios en historia y trascendencia, de Dios en su siempre incomprensible primigenidad, de Dios en su poder real de venir a la trascendencia del hombre y a su historia: Padre, Esp\u00ed\u00adritu e Hijo. En cuanto aqui la historia es mediadora de trascendencia, el Hijo env\u00ed\u00ada al Esp\u00ed\u00adritu; en cuanto la trascendencia crea historia, el Esp\u00ed\u00adritu opera la -\u00bb encarnaci\u00f3n del Logos; en cuanto la aparici\u00f3n en la historia significa el desencubrimiento de la realidad, el Logos encarnado est\u00e1 en verdad patente como lugar en que el Padre se expresa a si mismo; en cuanto la venida de Dios entre nosotros en el centro de nuestra existencia significa su amor y nuestro amor, el Pneuma se revela en su \u00aben-si\u00bb como -> amor. Al hacer nosotros, en la mediaci\u00f3n hist\u00f3rica, la experiencia de la trascendental y absoluta cercan\u00ed\u00ada de Dios en la comunicaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo, y al aceptarla gracias a su propia acci\u00f3n, sabemos en absoluto en este acto de fe lo que decimos cuando hablamos de la -> Trinidad y en ella expresamos brevemente la forma y el contenido de nuestra fe cristiana, de su r. y de la historia de esa r. y cuando somos bautizados en estos tres nombres.<\/p>\n<p>b) Lo que as\u00ed\u00ad ha quedado resaltado como s\u00ed\u00adntesis de la r., ha de aclararse respecto de su fundamento y sus consecuencias por algunas reflexiones ulteriores.<\/p>\n<p>Si lo dicho es exacto, s\u00ed\u00adguese que la r. trascendental y la categorial, junto con la historia de la r., coexisten con la historia espiritual de la humanidad en general. Esto no es un error del modernismo, sino una verdad cristiana, la cual puede documentarse por el hecho de que la historia de la salvaci\u00f3n sobrenatural se opera por doquier en la historia; hecho cierto que ha entrado con m\u00e1s claridad a\u00fan en la conciencia cristiana por las declaraciones del Vaticano ii (Lumen gentium, n.\u00c2\u00b0 16); ahora bien, no puede darse salvaci\u00f3n espiritual sin -> fe, ni fe sin r. propiamente dicha. No es menester explicar esta posibilidad de r. y de fe fuera de la historia de la r. y de la fe en el AT y el NT por una teor\u00ed\u00ada especial, ni apelar a una tradici\u00f3n categorial expl\u00ed\u00adcita de la -> revelaci\u00f3n primitiva, en la que tem\u00e1tica y doctrinalmente se hubiera transmitido la experiencia categorial de Ad\u00e1n, cosa no muy veros\u00ed\u00admil ante el actual conocimiento de la historia de las religiones y la duraci\u00f3n de la historia de la humanidad. Basta admitir lo que es atestiguado por los datos de la teolog\u00ed\u00ada actual, que cada hombre por la gracia est\u00e1 elevado de manera no refleja en su espiritualidad trascendental, y que esa divinizaci\u00f3n \u00abentitativa\u00bb (dada previamente a la libertad, aunque \u00e9sta no es aceptada por la fe) significa una divinizaci\u00f3n trascendental de la situaci\u00f3n fundamental del hombre, de su postrer horizonte de conocimiento y libertad, bajo el cual \u00e9l realiza su existencia.<\/p>\n<p>Eso supuesto, por el existencial sobrenatural del hombre, de todo hombre en general, se da ya una r. de Dios por la gratuita comunicaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo. Y dicha situaci\u00f3n fundamental gratuita del hombre, que est\u00e1 dirigida al Dios de la vida trinitaria, puede de todo punto entenderse ya como palabra revelada, supuesto, por una parte, que ese concepto de palabra no se limite a una dimensi\u00f3n fon\u00e9tica, y que no se olvide, por otra parte, c\u00f3mo la r. trascendental se comunica siempre hist\u00f3ricamente, y c\u00f3mo la realidad hist\u00f3rica del hombre nunca puede carecer de palabras, nunca consiste en hechos muertos, pues la interpretaci\u00f3n de los mismos es un factor constitutivo en todo acontecer hist\u00f3rico. Por la sola apertura del hombre trascendentalmente experimentada hacia el Dios trino de la vida eterna no se da ya una r. objetiva de verdades o proposiciones particulares, pero s\u00ed\u00ad algo m\u00e1s importante y latente en todos los enunciados de la fe como condici\u00f3n de su posibilidad, algo que por primera vez puede hacerlos palabras reales de Dios: el horizonte sobrenatural de experiencia con car\u00e1cter aprior\u00ed\u00adstico, la luz de la fe como tal, usando t\u00e9rminos de la tradici\u00f3n. Todo ello no quiere decir, naturalmente, que esta aprior\u00ed\u00adstica apertura trascendental del hombre al Dios de la vida eterna y de la comunicaci\u00f3n absoluta pueda darse por s\u00ed\u00ad sola en forma ahist\u00f3rica, y que ella por s\u00ed\u00ad misma, en una introspecci\u00f3n individualista y ajena a la historia, divague sin controles en una esfera m\u00ed\u00adstica. Se realiza necesariamente en la historia de la acci\u00f3n y del pensamiento de la humanidad, donde puede realizarse muy expresa o muy ocultamente. En este sentido no hay nunca una historia de la r. trascendental por s\u00ed\u00ad misma, sino que la historia concreta es siempre individual y colectivamente la historia de la r. trascendental de Dios.<\/p>\n<p>Naturalmente, tal historia concreta nunca es simplemente la pura historia de la r. en s\u00ed\u00ad misma. Esta acontece siempre en aqu\u00e9lla; en medio de una unidad indisoluble de error, falsa interpretaci\u00f3n, culpa y abuso, es historia a la vez justa y pecadora, en que se compenetran inseparablemente, hasta el juicio de Dios, la historia de la culpa y la historia de la gracia. Esto de ning\u00fan modo excluye una aut\u00e9ntica historia de la r. en la historia de la humanidad, de modo que, p. ej., para el cristiano una posibilidad diacr\u00ed\u00adtica de distinci\u00f3n en la historia religiosa veterotestamentaria entre aut\u00e9ntica historia de la r. e historia de la religi\u00f3n culpablemente sellada por la propia gloria s\u00f3lo es posible partiendo de Cristo, y nunca partiendo \u00fanicamente de los criterios que nos procura la antigua alianza misma, tanto m\u00e1s por el hecho de que los escritos del AT s\u00f3lo en Cristo tienen un canon interno y externo como norma de su hermen\u00e9utica. Pero, no obstante, esos escritos deben ser reconocidos por el cristiano como aut\u00e9ntica historia de la r. del Padre de nuestro Se\u00f1or (-> Escritura I-III).<\/p>\n<p>c) Mas tambi\u00e9n el que quiera desarrollar la noci\u00f3n de r. partiendo totalmente del encuentro con la palabra de Dios predicada o escrita, se encuentra a la postre con el lado trascendental del acontecimiento de la r. Porque exige un canon dentro del -> canon, ya que para \u00e9l la palabra pronunciada o escrita de Dios s\u00f3lo se torna simplemente palabra de Dios en el interior acontecimiento gratuito de la fe, y con ello el que as\u00ed\u00ad procede desmitologiza el mensaje exterior de la fe mediante una forma trascendental. Si la historia de las -> religiones es la parte de la historia humana en general donde la naturaleza teol\u00f3gica del hombre no s\u00f3lo se realiza de hecho (como en toda historia), sino que se hace tambi\u00e9n tem\u00e1tica, s\u00ed\u00adguese que la historia de las religiones es a la vez la parte m\u00e1s expl\u00ed\u00adcita de la historia de la r. y el lugar espiritual en que aparecen de la manera m\u00e1s clara y con las m\u00e1s graves consecuencias las falsas interpretaciones hist\u00f3ricas de la experiencia trascendental de Dios. Pero siempre ambas cosas. Y siempre en una duplicidad indisoluble para nosotros.<\/p>\n<p>d) En la teolog\u00ed\u00ada de los \u00faltimos decenios, en contraste con la teolog\u00ed\u00ada medieval, que trataba preferentemente la cuesti\u00f3n de la acreditaci\u00f3n del portador de la r. por medio de -> milagros ante el oyente llamado a la fe, apenas se trata o s\u00f3lo se trata al margen la cuesti\u00f3n del hecho de la r. en su portador, que es el profeta mismo (cf. -> profetismo). De lo dicho se sigue que la teolog\u00ed\u00ada del proceso de la fe y la del acontecimiento de la r. son en gran parte id\u00e9nticas, y que, consiguientemente, la teolog\u00ed\u00ada fundamental tiene met\u00f3dicamente toda la raz\u00f3n al tratar dentro de su campo el analysis fidei, con la sola condici\u00f3n de que lo haga all\u00ed\u00ad donde la &#8211; fe y la recepci\u00f3n de la r. pueden a\u00fan ser vistas en su primigenia unidad, pues el aspecto trascendental de la recepci\u00f3n originaria de la r. y el de la fe son una y misma cosa: la constituci\u00f3n del hombre como gratuitamente determinado por la comunicaci\u00f3n ontol\u00f3gica que Dios hace de s\u00ed\u00ad mismo, y la radical y libre entrega del hombre a este existencial de su existencia (cf. tambi\u00e9n acceso a la -> fe, A).<\/p>\n<p>Respecto de la desmitizaci\u00f3n, que para la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica se concreta en gran parte en la cuesti\u00f3n sobre la posibilidad, el sentido y la cognoscibilidad de lo que la teolog\u00ed\u00ada fundamental llama milagro, partiendo de la idea fundamental que acabamos de insinuar ha de plantearse expresamente la cuesti\u00f3n de si en este contexto no habr\u00e1 de hacerse valer con m\u00e1s claridad el pensamiento de que la mediaci\u00f3n misma de una experiencia trascendental de Dios no puede de nuevo mediarse (transmitirse) adecuadamente, sino que tambi\u00e9n cuenta siempre con que el sujeto receptor est\u00e1 en lo inmediato. Por eso no es en principio posible ni necesaria una distinci\u00f3n entre la mediaci\u00f3n por el factum brutum de la as\u00ed\u00ad llamada realidad objetiva y la mediaci\u00f3n por la representaci\u00f3n que interpreta aquel factum brutum, porque la mediaci\u00f3n tiene su \u00faltima verdad en lo mediado mismo; por eso, consiguientemente, tanto el que desmitizando separa puramente como el que identifica absolutamente la mediaci\u00f3n y lo mediado, pasan por alto la diferencia y la unidad ontol\u00f3gica entre lo categorial y lo trascendental, y la diferencia e indisoluble unidad en la mediaci\u00f3n entre lo que se llama hecho hist\u00f3rico y su interpretaci\u00f3n. Claro que en este punto hay que recordar tambi\u00e9n que, como hist\u00f3rica, la mediaci\u00f3n tambi\u00e9n es siempre social, es decir, \u00abeclesial\u00bb en el m\u00e1s profundo sentido de la palabra y, por tanto, tambi\u00e9n un entregarse a la fe de la Iglesia, que la reflexi\u00f3n no penetrar\u00e1 nunca adecuadamente, o de la comuni\u00f3n de los creyentes, a la fe de la Iglesia que en el cuerpo colectivo y en el individuo es siempre la unidad de signo y verdad, los cuales, como en la palabra del sacramento y en el Logos hecho carne, se dan previamente sin divisi\u00f3n y sin mezcla y no se unen primeramente por obra del creyente.<\/p>\n<p>e) Partiendo de aqu\u00ed\u00ad puede resultar claro qu\u00e9 sea la fides implicita: en el fondo esta expresi\u00f3n quiere decir que toda fe expresada categorialmente como tal es una aprehensi\u00f3n del signo, y, por tanto, s\u00f3lo es realmente fe cuando aprehende el signo al ser aprehendida por el misterio inefable de la presencia del Dios que misericordiosamente se comunica a s\u00ed\u00ad mismo, y cuando entienden tambi\u00e9n la mediaci\u00f3n categorial como un signo, que es el de la Iglesia y se da en la Iglesia. Comoquiera que por la r. no se levantan las tinieblas sagradas del Dios incomprensible, sino que cobran car\u00e1cter definitivo y son recibidas en s\u00ed\u00ad mismas por el hombre con adoraci\u00f3n y amor, la \u00abcondici\u00f3n impl\u00ed\u00adcita\u00bb de lo propiamente revelado en la palabra de la r. y la \u00abcondici\u00f3n impl\u00ed\u00adcita\u00bb de la propia fe en la de la Iglesia pertenecen a la esencia de la r. y de la fe, y no son simplemente un momento que s\u00f3lo se d\u00e9 cuando los incultos o los tontos aceptan la r. por la fe.<\/p>\n<p>f) Partiendo de aqu\u00ed\u00ad puede entenderse mejor un fen\u00f3meno conocido en la historia de la religi\u00f3n y en la historia de los dogmas cristianos: el intento reiterado una y otra vez de reducir la totalidad de una polifac\u00e9tica y amplia dogm\u00e1tica y de las instituciones de una religi\u00f3n a un n\u00facleo, a lo real y \u00fanicamente importante, ll\u00e1mese y ev\u00f3quese como se quiera ese n\u00facleo \u00fanico y decisivo. Desde el punto de vista de la indicada unidad entre la r. categorial y la trascendental, cabe decir sobre ese intento: que realmente se da en la religi\u00f3n tal n\u00facleo uno y \u00fanico, pero \u00e9ste no puede ser sustituido por ninguna reducci\u00f3n que se quede en lo categorial, ni experimentarse por ello m\u00e1s inmediata y seguramente; que el -> cristianismo, si quiere ser la religi\u00f3n absoluta de todos y no s\u00f3lo una alianza particular de un pueblo determinado con Dios, no puede renunciar a confesar a Cristo como mediador y salvador de tal manera que, en su verdadera corporeidad y car\u00e1cter intramundano, integra en s\u00ed\u00ad toda mediaci\u00f3n imaginable a trav\u00e9s de todo lo real, y as\u00ed\u00ad la relativiza y pone simult\u00e1neamente como v\u00e1lida. Consiguientemente, no hay ning\u00fan \u00ablugar\u00bb en esta mediaci\u00f3n que en principio pueda excluir por completo lo otro, ni la palabra, ni el signo ritual, ni la socializaci\u00f3n eclesi\u00e1stica, ni el ministerio, ni la imagen, ni siquiera lo profano. Pero, sin perjuicio de la pluralidad de la mediaci\u00f3n y de su legitimidad y obligaci\u00f3n en s\u00ed\u00ad misma bajo todos los aspectos, puede suceder que, en los distintos tiempos y espacios que el Dios \u00fanico ha puesto a la gracia aun en la nueva alianza, la urgencia y la perceptibilidad de las mediaciones particulares, aun donde \u00e9stas son permanentemente v\u00e1lidas, tengan a su vez una historia. Y esa historia de la r. hecha definitiva en Cristo dentro del \u00faltimo y eterno e\u00f3n, puede tambi\u00e9n refiejarse como leg\u00ed\u00adtima y querida por Dios en la tr\u00e1gica historia de la cristiandad dividida, en cuya escisi\u00f3n la aut\u00e9ntica pluralidad de las muchas mediaciones hist\u00f3ricas de la r. una se reproduce, nos acusa y, no obstante, nos promete la gracia de Dios.<\/p>\n<p>g) De esta unidad y distinci\u00f3n entre la r. trascendental y la r. categorial e hist\u00f3rica, que implican la misma diferencia y la misma unidad en la fe, resulta tambi\u00e9n la referencia a la credulidad (disposici\u00f3n para creer), tal como \u00e9sta ha de pensarse como distinta de la fe y en unidad con ella. Si se prescinde de lo que se dice sobre la gracia (por lo general en un plano accesorio) en la descripci\u00f3n teol\u00f3gica de la fe, el car\u00e1cter de \u00e9sta como o\u00ed\u00adr es interpretado tan a posteriori y emp\u00ed\u00adricamente desde determinadas proposiciones reveladas de fe, que ese car\u00e1cter de \u00abaudici\u00f3n\u00bb inherente a la fe aparece casi con una facultad formal (la cual no tiene necesidad de reflexi\u00f3n ulterior) de aprehender cualesquiera proposiciones, que se entienden con tal sean propuestas de manera recta, leg\u00ed\u00adtima y adecuada. La capacidad misma \u00aba priori\u00bb de la fe, la credulidad precisamente, apenas es tema de reflexi\u00f3n en la teolog\u00ed\u00ada. Naturalmente, esta credulidad como capacidad aprior\u00ed\u00adstica de la r. y de la fe no debe pensarse a manera de una facultad regional junto a otros, p. ej., como un determinado sentimiento, como una \u00abnecesidad\u00bb delimitada por s\u00ed\u00ad misma. Debiera m\u00e1s bien entenderse como unidad de lo que hemos llamado el aspecto trascendental en la r. y de la capacidad aprior\u00ed\u00adstica (id\u00e9ntica con la trascendentalidad del hombre entero) para la comunicaci\u00f3n de Dios en la gracia, por la que es constituida la apertura trascendental de Dios. Una y otra cosa deben entenderse en un sentido no \u00f3ntico, sino ontol\u00f3gico.<\/p>\n<p>h) Todo an\u00e1lisis de la fe declara la autoridad de Dios como el supremo, \u00faltimo y \u00fanico \u00abobjeto formal\u00bb y \u00abmotivo\u00bb de la fe. Luego, l\u00f3gicamente, llega por lo general a un verdadero e insuperable callej\u00f3n sin salida, pues piensa esta \u00abautoridad\u00bb misma como mediada categorialmente por un conocimiento a posteriori, o sea como condicionada en su cognoscibilidad por el horizonte de conocimiento humano, que tal an\u00e1lisis quiere superar para que la palabra permanezca realmente palabra de Dios y no se desvirt\u00fae por el apriorismo humano hasta un nivel puramente creado. Pero si en el acontecimiento de la r. y de la fe Dios mismo es en su propia comunicaci\u00f3n lo cre\u00ed\u00addo y el principio aprior\u00ed\u00adstico de la fe, si la l\u00f3gica de la fe no es aprehendida categorialmente desde fuera, sino (exactamente como la l\u00f3gica natural originariamente actualizada) una estructura ontol\u00f3gica interna del acto mismo de fe, si el mensaje exterior de fe no transmite el motivo a posteriori de la fe, sino el aprior\u00ed\u00adstico para la inmediatez consigo mismo, en tal caso el problema mencionado carece de objeto. As\u00ed\u00ad resulta tambi\u00e9n mucho m\u00e1s comprensible por qu\u00e9 un acto de fe materialmente falso puede ser, no s\u00f3lo un reconocimiento humano de un objeto formal aposterior\u00ed\u00adstico, aprehendido bajo un apriorismo puramente humano, sino tambi\u00e9n un aut\u00e9ntico acto de fe.<\/p>\n<p>3. La revelaci\u00f3n y el magisterio<br \/>\nDonde se da la presencia escatol\u00f3gica y refleja de la comunicaci\u00f3n revelante de Dios por Cristo (como punto culminante y definitivo de esta comunicaci\u00f3n), con una constituci\u00f3n social expl\u00ed\u00adcita y una definitividad escatol\u00f3gica, se da lo que llamamos Iglesia. La Iglesia es la destinataria y anunciadora de esta r. absoluta. En cuanto la verdad de esa absoluta manifestaci\u00f3n de Dios es la definitiva y, por cierto, como victoriosa, como dada en Cristo de manera real y permanente y no s\u00f3lo de manera ideol\u00f3gica, la Iglesia es infalible en su profesi\u00f3n de la verdad, es decir, su credo, en que est\u00e1 la verdad objetiva y real de la donaci\u00f3n de Dios mismo en Cristo, no puede perecer, no puede errar, cuando se realiza con absoluto compromiso de la Iglesia, pues de lo contrario ya no estar\u00ed\u00ada all\u00ed\u00ad la verdad misma de Cristo (-> infalibilidad). En cuanto esta victoria de la verdad de Cristo en la Iglesia es la verdad &#8211; que la constituye &#8211; de una Iglesia estructurada jer\u00e1rquicamente, la funci\u00f3n de servicio de la \u00abinfalibilidad\u00bb debecorresponder a su direcci\u00f3n jer\u00e1rquica, a su magisterio (-> papa y -> episcopado). Misi\u00f3n de \u00e9ste es guardar la permanente presencia de la verdad de Cristo en la actualizaci\u00f3n y el desarrollo de la misma para cada nuevo presente hist\u00f3rico.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: J. Brunsmann, Lehrbuch der Apologetik, I: Religion und O. (W 21930); R. Garrigou-Lagrange, De revelatione per ecclesiam catholicam proposita (R 1931); G. Quell &#8211; G. Kittel &#8211; R. Bultmann, &#038;\u00ed\u201eA0eta y simil. ThW I 233-251; H. H. Huber, Der Begriff der Offenbarung im Jo (G\u00f6 1934); E. F. Scott, The NT Idea of Revelation (NY 1935); A. Oepke, &#038;noxaa\u00fanTai, &#038;nox&#038;7tutl,t5: ThW III 565-597; J. 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Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n<p>La religi\u00f3n de la Biblia est\u00e1 fundada en una revelaci\u00f3n hist\u00f3rica; este hecho la sit\u00faa aparte en medio de las religiones. Algunas de ellas no recurren en absoluto a la revelaci\u00f3n: el budismo tiene como punto de partida la iluminaci\u00f3n completamente humana de un sabio. Otras presentan su contenido como una revelaci\u00f3n celeste, pero atribuyen su transmisi\u00f3n a un fundador legendario o m\u00ed\u00adtico, como Hermes Trismegisto para la gnosis herm\u00e9tica. En la Biblia, por el contrario, la revelaci\u00f3n es un hecho hist\u00f3rico perceptible: sus intermediarios son conocidos, sus palabras se han conservado, ya directamente, ya en una *tradici\u00f3n s\u00f3lida. El Cor\u00e1n estar\u00ed\u00ada en el mismo caso. Pero, sin hablar de los signos que autentizan la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica, esta no reposa en la ense\u00f1anza de un fundador \u00fanico; se la ve desarrollarse durante quince o veinte siglos, antes de alcanzar su plenitud en el hecho de Cristo, revelador por excelencia. Para un cristiano creer es acoger esta revelaci\u00f3n que llega a los hombres tra\u00ed\u00adda por la historia.<\/p>\n<p>AT. \u00bfPor qu\u00e9, pues, esta revelaci\u00f3n? Es que Dios est\u00e1 infinitamente p\u00f3r encima de los pensamientos y de las palabras del hombre (Job 42,3). Es un Dios escondido (Is 45,15), tanto m\u00e1s inaccesible cuanto que el pecado hizo perder al hombre su familiaridad con \u00e9l. Su designio es un *misterio (cf. Am 3,7); dirige los pasos del hombre sin que \u00e9ste comprenda el camino (Prov 20,24). En conflicto con los enigmas de su existencia (cf. Sal 73,21s) no puede el hombre hallar por s\u00ed\u00ad mismo las claridades necesarias. Le es necesario volverse hacia aqu\u00e9l \u00abcuyas son las cosas ocultas\u00bb (Dt 29,28), para que \u00e9l le descubra estos secretos en que no es posible penetrar (cf. Dan 2, 17s), para que le haga \u00abver su gloria\u00bb (Ex 33,18). Ahora bien, aun antes de que el hombre se vuelva hacia Dios, Dios mismo toma la iniciativa y le habla el primero.<\/p>\n<p>I. C\u00ed\u201cMO REVELA Dios. 1. T\u00e9cnicas arcaicas. El medio oriental usaba de ciertas t\u00e9cnicas para tratar de penetrar los secretos del cielo: adivinaci\u00f3n, presagios, sue\u00f1os, consulta de la suerte, astrolog\u00ed\u00ada, etc. El AT conserv\u00f3 durante largo tiempo algo de estas t\u00e9cnicas, purific\u00e1ndolas de sus adherencias polite\u00ed\u00adstas o m\u00e1gicas (Lev 19,26; Dt 18,10s; lSa 15, 23; 28,3), pero atribuy\u00e9ndoles todav\u00ed\u00ada cierto valor. Dios, condescendiendo con la mentalidad imperfecta de su pueblo, conf\u00ed\u00ada efectivamente su revelaci\u00f3n a estos canales tradicionales. Los sacerdotes lo consultan por medio de los Urim y los Tummim (N\u00fam 27,21; Dt 33,8; ISa 14, 41; 23,10ss) y sobre esta base pronuncian or\u00e1culos (Ex 18,15s; 33.7-11 ; Jue 18,5s). Jos\u00e9 posee una copa adivinatoria (G\u00e9n 44,2.5) y es perito en la interpretaci\u00f3n de sue\u00f1os (G\u00e9n 40-41). En efecto, los sue\u00f1os se consideran como portadores de las indicaciones del cielo (G\u00e9n 20,3; 28.12-15; 31,Ilss: 37,5-10), y esto hasta una \u00e9poca bastante baja (Jue 7,13s; ISa 28,6; 1 Re 3,5-14); pero progresivamente se van distinguiendo los que Dios mismo env\u00ed\u00ada a los profetas aut\u00e9nticos (N\u00fam 12,6; Dt 13,2) y los de los adivinos profesionales (Lev 19,26; Dt 18,20), contra los cuales batallan los profetas (Is 28,7-13; Jer 23,25-32) y los sabios (Ecl 5,2; Eclo 34,1-6).<\/p>\n<p>2. La revelaci\u00f3n prof\u00e9tica. Estas t\u00e9cnicas son habitualmente superadas por los *profetas. En ellos se traduce de dos maneras la experiencia de la revelaci\u00f3n : por visiones y por la audici\u00f3n de la *palabra divina (cf. N\u00fam 23,3s.15s). Las visiones en s\u00ed\u00ad mismas ser\u00ed\u00adan enigm\u00e1ticas: ni siquiera un profeta podr\u00ed\u00ada *ver directamente las realidades divinas ni el desenvolvimiento futuro de la historia. Lo que ve queda envuelto en s\u00ed\u00admbolos, unas veces tomados del acervo com\u00fan de las religiones orientales (p.e. lRe 22,16; Is 6,lss; Ez 1), otras veces creadas en forma original (p.e. Am 7,1-9; Jer 1,11s; Ez 9). De todas formas se requiere la palabra de Dios para suministrar la clave de estas visiones simb\u00f3licas (p. e. Jer 1,14ss; Dn 7,15-18; 8,15.. ); las m\u00e1s de las veces llega la palabra a los profetas sin que la acompa\u00f1e visi\u00f3n alguna, y hasta sin que puedan decir de qu\u00e9 manera les ha llegado (p.e. G\u00e9n 12,1s; Jer 1, 4s). Tal es la experiencia fundamental, que en el AT caracteriza a la revelaci\u00f3n.<\/p>\n<p>3. La reflexi\u00f3n de sabidur\u00ed\u00ada. Los sabios, a diferencia de los profetas, no presentan su doctrina como resultado de una revelaci\u00f3n directa. La *sabidur\u00ed\u00ada recurre a la reflexi\u00f3n humana, a la inteligencia, a la&#8217; comprensi\u00f3n (Prov 2,1-5; 8,12.14). Sin embargo. es un don de Dios (2,6), pues todo saber dimana de una Sabidur\u00ed\u00ada trascendente (8,15-21.32-36; 9,1-6). M\u00e1s a\u00fan: los datos sobre los que se ejercita esta reflexi\u00f3n guiada por Dios pertenecen con pleno derecho a la revelaci\u00f3n divina: la *creaci\u00f3n, que manifiesta a su manera al creador (cf. Sal 19,1 ; Eclo 43); la historia, que da a conocer sus caminos (Eclo 44-50, sin contar los libros hist\u00f3ricos) la *Escritura, que contiene la *ley divina y las palabras de los profetas (Eclo 39,1ss). Semejante sabidur\u00ed\u00ada no es, pues, cosa humana; en s\u00ed\u00ad misma es un modo de revelaci\u00f3n que prolonga el modo prof\u00e9tico; porque la Sabidur\u00ed\u00ada divina que la gu\u00ed\u00ada es, como el Esp\u00ed\u00adritu, una realidad trascendente, \u00abun reflejo de la esencia de Dios\u00bb (Sab 7,15-21); igualmente la luz que aporta a los hombres es la de un conocimiento sobrenatural (Sab 7,25s; 8, 4-8).<\/p>\n<p>4. El apocalipsis. Al final mismo del AT profec\u00ed\u00ada y sabidur\u00ed\u00ada se entrecruzan en la literatura apocal\u00ed\u00adptica, que es por definici\u00f3n una revelaci\u00f3n de los secretos divinos. Esta revelaci\u00f3n est\u00e1 en conexi\u00f3n tanto con la Sabidur\u00ed\u00ada (Dan 2,23; 5,11.14) como con el Esp\u00ed\u00adritu divino (Dan 4,5s.15; 5,11.14). Puede tener como fuentes sue\u00f1os y visiones; pero puede tambi\u00e9n proceder de una meditaci\u00f3n de las Escrituras (Dan 9,lss). En todo caso la palabra de Dios es la que da, por conocimiento sobrenatural, la clave de estos sue\u00f1os, de estas visiones, de estos textos sagrados.<\/p>\n<p>II. LO QUE Dios REVELA. El objeto de la revelaci\u00f3n divina es siempre de orden religioso. No se carga ni con el f\u00e1rrago cosmol\u00f3gico ni con las especulaciones metaf\u00ed\u00adsicas de que est\u00e1n llenos los libros sagrados de la mayor\u00ed\u00ada de las religiones antiguas (as\u00ed\u00ad los Vedas de la India y las obras gn\u00f3sticas, como tambi\u00e9n ciertos ap\u00f3crifos jud\u00ed\u00ados). Dios revela sus designios, que trazan para el hombre la v\u00ed\u00ada de la salvaci\u00f3n; se revela \u00e9l mismo para que el hombre pueda encontrarlo.<\/p>\n<p>1. Dios revela sus designios. El hombre, nacido en una raza pecadora, no sabe siquiera exactamente lo que Dios quiere de \u00e9l. Dios le revela por tanto reglas de conducta: su palabra toma forma de ense\u00f1anza y de *ley (Ex 20,1&#8230;), y el hombre\u2020\u00a2 posee as\u00ed\u00ad \u00abcosas reveladas\u00bb que debe poner en pr\u00e1ctica (Dt 29,28). La ley saca todo su valor de este origen divino, que la arranca del plano jur\u00ed\u00addico para hacer de ella la delicia de las almas religiosas (cf. Sal 119, 24.97&#8230;). Igualmente, las instituciones del pueblo de Dios son objeto de revelaci\u00f3n: instituciones sociales (N\u00fam 11,16s) y pol\u00ed\u00adticas (1Sa 9,17), as\u00ed\u00ad como instituciones cultuales (Ex 25,40). Es que, aun conservando un car\u00e1cter provisional, como todo el estatuto del *pueblo de Dios en el AT, no por eso dejan de tener significado positivo respecto a la realizaci\u00f3n de la salvaci\u00f3n en el NT: son sus *figuras prof\u00e9ticas.<\/p>\n<p>En segundo lugar, Dios revela a su pueblo el sentido de los acontecimientos que le es dado vivir. Estos acontecimientos constituyen la materia visible del *designio de salvaci\u00f3n ; preparan su realizaci\u00f3n final y son ya su prefiguraci\u00f3n. Por esta doble raz\u00f3n tienen una faz secreta que el ojo humano no es capaz de descubrir; pero Dios \u00abno hace nada sin descubrir su secreto a sus servidores los profetas\u00bb (Am 3,7). Historiadores, profetas, salmistas, sabios se aplican a porf\u00ed\u00ada a esta inteligencia religiosa de la historia, que nace del contacto entre la palabra divina y los hechos, queridos y dirigidos por Dios. Los hechos acreditan la palabra y conducen a los hombres a la *fe, pues tienen valor de signos (Ex 14,30s). La palabra esclarece los hechos, que sustrae a la banalidad cotidiana y al azar (p. e. Jer 27,4-11; Is 45,1-6) para hacerlos entrar en un plan establecido.<\/p>\n<p>Finalmente, Dios revela progresivamente el secreto de los \u00ab\u00faltimos tiempos\u00bb. Su palabra es *promesa. A este t\u00ed\u00adtulo enfoca, m\u00e1s all\u00e1 del presente y hasta del futuro pr\u00f3ximo, el t\u00e9rmino de su designio de salvaci\u00f3n. Revela el futuro del linaje de David (2Sa 7,4-16), la gloria final de Jerusal\u00e9n y del templo (Is 2,1-4; 60; Ez 40-48), el incre\u00ed\u00adble papel del siervo doliente (Is 52,13-53, 12), etc. Este aspecto de la revelaci\u00f3n prof\u00e9tica da a los hombres un conocimiento anticipado del NT, revestido todav\u00ed\u00ada de figuras por una parte, pero esbozando ya los rasgos de la alianza escatol\u00f3gica.<\/p>\n<p>2. Dios mismo se revela tambi\u00e9n a trav\u00e9s de lo que realiza ac\u00e1 en la tierra. Su *creaci\u00f3n ya lo manifiesta, en su sabidur\u00ed\u00ada y en &#8216;su poder soberano (Job 25,7-14; Prov 8,23-31; Eclo 42,15-43,33). Est\u00e1 como tejida de signos que permiten representarlo simb\u00f3licamente, velado en la *nube (Ex 13,21), ardiente como un *fuego (Ex 3,2; G\u00e9n 15,17), tronando en la *tormenta (Ex 19,16), suave como la brisa ligera (lRe 19,12s)&#8230; Estos signos, observados por los paganos, eran con frecuencia interpretados por ellos torcidamente (Sab 13,1s); la revelaci\u00f3n permite ahora al pueblo de Dios contemplar por analog\u00ed\u00ada al creador a trav\u00e9s de la grandeza y la belleza de las criaturas (Sab 13,3ss).<\/p>\n<p>Sin embargo, por la historia de Israel es como Dios se revela sobre todo en forma espec\u00ed\u00adfica. Sus actos muestran qui\u00e9n es: el Dios terrible que juzga y combate; el Dios compasivo que consuela (Is 40,1) y que cura; el Dios fuerte que libera y que triunfa&#8230; Su definici\u00f3n b\u00ed\u00adblica (Ex 34,6s) no es consecuencia de una especulaci\u00f3n filos\u00f3fica; resulta de una experiencia vivida. Y este conocimiento concreto, profundizado a lo largo de los siglos, determina la actitud que los hombres deben tomar frente a \u00e9l: fe y confianza, temor y amor. Actitud compleja, que rectifica y completa la que adoptar\u00ed\u00ada espont\u00e1neamente el hombre religioso. Este Dios es creador y due\u00f1o, rey y se\u00f1or; pero para con Israel se muestra igualmente padre y esposo. As\u00ed\u00ad el *temor religioso que le es debido debe matizarse con una *piedad cordial (Os 6,6) que puede conducir a la intimidad m\u00ed\u00adstica.<\/p>\n<p>\u00bfSe puede decir m\u00e1s? \u00bfRevela Dios en el AT el secreto \u00ed\u00adntimo de su ser? Aqu\u00ed\u00ad entramos en el terreno de lo inefable. El AT conoce misteriosas manifestaciones del *\u00e1ngel de Yahveh, en las que el Dios invisible adopta en cierto modo una forma accesible a los sentidos (G\u00e9n 16,7; 21,17; 31,11; Jue 2,1). Conoce las visiones de Abraham, de Mois\u00e9s, de El\u00ed\u00adas, de Miqueas ben Yimla, de Isa\u00ed\u00adas, de Ezequiel, de Zacar\u00ed\u00adas&#8230; Sin embargo, la gloria divina se vela siempre en ellas bajo s\u00ed\u00admbolos: s\u00ed\u00admbolos c\u00f3smicos del fuego y de la tormenta, s\u00ed\u00admbolos que traducen la realeza divina (IRe 22,19; Is 6,lss), s\u00ed\u00admbolos inspirados en el arte babil\u00f3nico (Ez 1). De todos modos, a Yahveh mismo no se le describe nunca (cf. Ez 1,27s); su *rastro no se ve nunca (Ex 33,20), ni siquiera por Mois\u00e9s que le habla \u00abcara a cara\u00bb (Ex 33,11; N\u00fam 12,8), y los hombres se velan instintivamente el semblante para no fijar sus ojos en \u00e9l (Ex 3,6; 1Re 19,9s). A Mois\u00e9s le otorga la revelaci\u00f3n suprema, la de su *nombre (Ex 3,14). Pero \u00e9sta mantiene intacto el misterio de su ser; en efecto, su respuesta &#8212; \u00abYo soy el que es\u00bb o \u00abYo soy el que soy\u00bb &#8211; puede interpretarse como una declaraci\u00f3n de *misterio: Israel no poseer\u00e1 el nombre de su Dios de modo que pueda tenerlo dominado, como los paganos circunvecinos ten\u00ed\u00adan cogidos a sus dioses. As\u00ed\u00ad Dios se mantiene en su trascendencia absoluta, aun concediendo a los hombres cierta aproximaci\u00f3n concreta a su misterio. Si no penetran todav\u00ed\u00ada hasta lo \u00ed\u00adntimo de su ser, est\u00e1n ya ilustrados por su *palabra, por la acci\u00f3n de su *sabidur\u00ed\u00ada; est\u00e1n santificados por su &#8216;Esp\u00ed\u00adritu. En los \u00ab\u00faltimos tiempos\u00bb ir\u00e1 m\u00e1s adelante. Entonces \u00abse revelar\u00e1 su *gloria y toda carne la ver\u00e1\u00bb (Is 40,5; 52,8; 60,1). Revelaci\u00f3n suprema, cuyo modo no se precisa anticipadamente. S\u00f3lo el acontecimiento dir\u00e1 c\u00f3mo debe realizarse.<\/p>\n<p>NT. La revelaci\u00f3n comenzada en el AT se consuma en el NT. Pero en lugar de ser transmitida por m\u00faltiples intermediarios, ahora se concentra en Jesucristo, que es a la vez su autor y su objeto. En ella hay que distinguir tres estadios. En el primero es comunicada por Jes\u00fas mismo a sus ap\u00f3stoles. En el segundo es comunicada a los hombres por los ap\u00f3stoles, luego por la Iglesia bajo la direcci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo. En el tercero hallar\u00e1 su consumaci\u00f3n final cuando la visi\u00f3n directa del misterio de Dios suceder\u00e1 en los hombres al conocimiento de fe. Para caracterizar estos estadios sucesivos usa el NT un vocabulario variado: revelar (apokalyp\u00ed\u00ado), manifestar (phaneroo), dar a conocer (gnorizo), poner en claro (photizo), explicar (exegomai), mostrar (deiknyo \/ -mi), o sencillamente: decir; y los ap\u00f3stoles proclaman (kerysso), ense\u00f1an (didasko) esta revelaci\u00f3n que constituye ahora la *palabra, el *Evangelio, el *misterio de fe. Todos estos temas reaparecen en los diferentes grupos de escritos del NT.<\/p>\n<p>I. LOS SIN\u00ed\u201cPTICOS Y LOS HECHOS.<\/p>\n<p>1. La revelaci\u00f3n de Jesucristo.<\/p>\n<p>a) Revelaci\u00f3n por los hechos. Incluso en el AT el conocimiento del designio de Dios segu\u00ed\u00ada envuelto en sombras; su consumaci\u00f3n final, aunque prometida, s\u00f3lo se evocaba en *figuras. Lo que desgarra actualmente los velos y disipa la ambig\u00fcedad de la promesa es el acontecimiento de Cristo. El destino hist\u00f3rico de Jes\u00fas, coronado por su muerte y su resurrecci\u00f3n da, en efecto, a conocer el contenido real de esta promesa realiz\u00e1ndola en los hechos.<\/p>\n<p>b) Revelaci\u00f3n por las palabras. Sin embargo, la revelaci\u00f3n por los hechos resultar\u00ed\u00ada incomprensible si Jes\u00fas no explicitara con sus palabras el sentido de sus actos y de su vida. En las *par\u00e1bolas del reino \u00abproclama las cosas ocultas desde el comienzo del mundo\u00bb (Mt 13,35); si para la multitud vela todav\u00ed\u00ada su ense\u00f1anza bajo s\u00ed\u00admbolos, descubre clara-mente a sus disc\u00ed\u00adpulos el *misterio de este reino (Mc 4,11 p), que es el t\u00e9rmino del designio de Dios. Asimismo les revela el sentido oculto de las Escrituras cuando les muestra que el Hijo del hombre debe sufrir, ser entregado a muerte y resucitar al tercer d\u00ed\u00ada (Mt 16,21 p). As\u00ed\u00ad pues, gracias a \u00e9l la revelaci\u00f3n camina hacia su plenitud: \u00abNo hay nada velado que no se haya de revelar, nada oculto que no haya de ser conocido\u00bb (Mc 4,22 p).<\/p>\n<p>c) Revelaci\u00f3n por la persona de Jes\u00fas. M\u00e1s all\u00e1 de las palabras de Jes\u00fas, m\u00e1s all\u00e1 de los hechos de su vida, tienen los hombres acceso hasta el centro misterioso de su ser; all\u00ed\u00ad es donde hallan finalmente la revelaci\u00f3n divina. Jes\u00fas no s\u00f3lo contiene en s\u00ed\u00ad mismo el reino y la salvaci\u00f3n que anuncia, sino que es la revelaci\u00f3n viva de *Dios. Siendo el *Hijo del Dios vivo (Mt 16,16), \u00e9l es el \u00fanico que conoce al Padre y puede revelarlo (Mt 11,27 p). Por el contrario, el misterio de su persona es inaccesible a la \u00ab*carne y a la sangre\u00bb: imposible de penetrarlo sin una revelaci\u00f3n del Padre (Mt 16,17), que se niega a los sabios y a los prudentes, pero se otorga a los peque\u00f1os (Mt 11,25 p). Estas relaciones \u00ed\u00adntimas del Hijo y del *Padre, de que no ten\u00ed\u00ada conocimiento el AT, constituyen el punto culminante de la revelaci\u00f3n aportada por Jes\u00fas. Y todav\u00ed\u00ada el misterio del Hijo se vela bajo una humilde apariencia: la del *Hijo del hombre llamado a sufrir (Mt 8,31ss p). Aun despu\u00e9s de su resurrecci\u00f3n no se manifestar\u00e1 Jes\u00fas al mundo en la plenitud de su gloria. 2. La revelaci\u00f3n comunicada.<\/p>\n<p>a) La revelaci\u00f3n en la Iglesia. Los actos y las palabras de Jes\u00fas no fueron conocidos directamente sino por un peque\u00f1o n\u00famero de personas. Todav\u00ed\u00ada m\u00e1s peque\u00f1o fue el n\u00famero de los que creyeron en \u00e9l y se hicieron sus disc\u00ed\u00adpulos. Ahora bien, la revelaci\u00f3n que aportaba estaba destinada al mundo entero. Por eso la confi\u00f3 Jes\u00fas a sus *ap\u00f3stoles con *misi\u00f3n de comunicarla a los otros hombres (cf. ya Mt 10,26s); ir\u00e1n por el mundo entero a llevar el Evangelio a todas las *naciones (Mt 28,19s; Mc 16,15). Por eso inmediatamente despu\u00e9s de su resurrecci\u00f3n hace de ellos sus *testigos (Act 1,8). No s\u00f3lo en cuanto que habi\u00e9ndole visto con sus propios ojos y habiendo o\u00ed\u00addo sus palabras podr\u00e1n referir exactamente la que \u00e9l hab\u00ed\u00ada dicho y hecho (cf. Le 1,2), sino en cuanto que Jes\u00fas autentica su testimonio: \u00abEl que os escucha me escucha\u00bb (Le 10,16). El libro de los Hechos muestra c\u00f3mo, gracias a estos testigos, la revelaci\u00f3n de Jesucristo arraig\u00f3 en la historia del mundo entero. En \u00e9l vemos c\u00f3mo se difunde la palabra desde Jerusal\u00e9n hasta las extremidades de la tierra. Esbozo concreto que anunciaba la acci\u00f3n de la *Iglesia, prolongaci\u00f3n de la de los *ap\u00f3stoles, desde pentecost\u00e9s hasta el fin de los tiempos.<\/p>\n<p>b) La revelaci\u00f3n y la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Los Hechos muestran adem\u00e1s la estrecha relaci\u00f3n que hay entre la comunicaci\u00f3n de la revelaci\u00f3n en la Iglesia y la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo ac\u00e1 en la tierra. Desde el d\u00ed\u00ada de pentecost\u00e9s se da el Esp\u00ed\u00adritu Santo y \u00e9l es el que garantiza la validez del testimonio apost\u00f3lico (Act 1,8; 2,1-21). Rajo su luz descubren al mismo tiempo los ap\u00f3stoles el significado total de las Escrituras y el de la existencia de Jes\u00fas, y sobre este doble objeto versa ya su testimonio (cf. 2,22-41). Siendo as\u00ed\u00ad notificada la revelaci\u00f3n a los hombres, los que son d\u00f3ciles al Esp\u00ed\u00adritu Santo la acoger\u00e1n con fe, y con su *bautismo entrar\u00e1n por la v\u00ed\u00ada de la salvaci\u00f3n (2,41.47).<\/p>\n<p>3. Hacia la revelaci\u00f3n perfecta. La revelaci\u00f3n dada por Jes\u00fas y comunicada por sus ap\u00f3stoles y su Iglesia es todav\u00ed\u00ada imperfecta, pues las realidades divinas est\u00e1n veladas en ella bajo signos. Pero anuncia ya la revelaci\u00f3n total que sobrevendr\u00e1 al final de la historia. Entonces el Hijo del hombre se revelar\u00e1 en su gloria (Le 17,30; cf. Mc 13,26 p) y los hombres pasar\u00e1n del \u00abmundo presente\u00bb al \u00abmundo venidero\u00bb.<\/p>\n<p>II. LAS EP\u00ed\u008dSTOLAS APOST\u00ed\u201cLICAS. 1. La revelaci\u00f3n de Jesucristo.<\/p>\n<p>a) Revelaci\u00f3n de la salvaci\u00f3n. Si las alusiones a las palabras de Jes\u00fas son raras en las ep\u00ed\u00adstolas apost\u00f3licas, en cambio el hecho de Cristo, y particularmente su muerte y su resurrecci\u00f3n, ocupan en ellas un puesto central. Es que en este hecho se revel\u00f3 la salvaci\u00f3n prometida en otro tiempo a Israel. Cristo, *cordero sin mancha escogido desde la fundaci\u00f3n del mundo, se ha manifestado en los \u00faltimos tiempos por causa nuestra (IPe 1,20). Se ha manifestado de una vez para siempre a fin de abolir el pecado por su sacrificio (Heb 9,26). Por esta aparici\u00f3n de nuestro salvador Cristo Jes\u00fas se ha manifestado la *gracia de Dios (2Tim 1,10). En \u00e9l se ha manifestado la *justicia salv\u00ed\u00adfica de Dios, que testimoniaban la ley y los profetas (Rom 3,21; cf. 1,17). En \u00e9l se ha revelado el \u00abmisterio oculto a las generaciones de tiempos anteriores (Rom 16,26; Col 1,26; lTim 3,16); Dios nos lo hadado a conocer (Ef 1,9), como lo ha notificado tambi\u00e9n a los principados y a las potestades (3,10). Este misterio es el \u00faltimo secreto del designio de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>b) Revelaci\u00f3n del misterio de Dios. Incluso m\u00e1s all\u00e1 del misterio de la salvaci\u00f3n se nos revela en Cristo el ser mismo de *Dios. La creaci\u00f3n hab\u00ed\u00ada sido una primera manifestaci\u00f3n de sus perfecciones invisibles, que no tard\u00f3 en borrarse en el esp\u00ed\u00adritu de los hombres pecadores (Rom 1,19ss). Luego el AT hab\u00ed\u00ada aportado una revelaci\u00f3n, todav\u00ed\u00ada parcial, de su *gloria. Finalmente \u00abDios hizo resplandecer el conocimiento de su gloria en la faz de Cristo Jes\u00fas\u00bb (2Cor 4,6), realizando as\u00ed\u00ad el or\u00e1culo prof\u00e9tico de Is 40,5. Tal es el sentido profundo de Cristo, en sus actos y en su persona.<\/p>\n<p>2. La revelaci\u00f3n comunicada. Los ap\u00f3stoles no comprendieron todo esto por s\u00ed\u00ad mismos, sino gracias a una revelaci\u00f3n interior que les dio su inteligencia (cf. Mt 16,17). Pablo recibi\u00f3 su Evangelio de una revelaci\u00f3n de Jesucristo, cuando plugo a Dios revelar en \u00e9l a su Hijo (G\u00e1l 1,12.16). El Esp\u00ed\u00adritu que escudri\u00f1a hasta las profundidades de Dios le revel\u00f3 el sentido de la *cruz, que es la verdadera sabidur\u00ed\u00ada (ICor 2,10). Por revelaci\u00f3n le fue notificado el misterio de Cristo, como a todos los ap\u00f3stoles y profetas, en el Esp\u00ed\u00adritu (Ef 3,3ss).<\/p>\n<p>He aqu\u00ed\u00ad por qu\u00e9 el Evangelio del Ap\u00f3stol no es a medida humana (G\u00e1l 1,11): eco de la *palabra de Dios mismo, es \u00abuna fuerza divina para la salvaci\u00f3n de los creyentes\u00bb (Rom 1,16). Notificando el misterio del Evangelio (Ef 6,19) pone Pablo en claro a los ojos de todos la dispensaci\u00f3n de este misterio, en otro tiempo oculto y ahora revelado (3,9s). Tal es el sentido de la palabra apost\u00f3lica: comunica a los hombresla revelaci\u00f3n divina para llevarlos a la *fe que les procurar\u00e1 la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>3. Hacia la revelaci\u00f3n perfecta. Sin embargo, el r\u00e9gimen de la fe durar\u00e1 un tiempo limitado. Tiene como fundamento \u00abla aparici\u00f3n del amor de Dios nuestro salvador\u00bb en la vida terrenal de Jes\u00fas (Tit 3,4). Se prosigue aun cuando Jes\u00fas ha entrado ya en la gloria. Tendr\u00e1 fin con \u00abla aparici\u00f3n en gloria, de nuestro gran Dios y salvador, Cristo Jes\u00fas\u00bb (Tit 2,13; Le 17,30). Esta revelaci\u00f3n final de Jes\u00fas (IPe 1,7.13), esta manifestaci\u00f3n del cabeza de los pastores (lPe 5,4), forma el objeto de la *esperanza cristiana (2Tes 1,7; 1Cor 1,7; cf. Tit 2,13). En efecto, cuando se manifieste Cristo, que es nuestra vida, tambi\u00e9n nosotros seremos manifestados con \u00e9l en la gloria (Col 3,4). A esta revelaci\u00f3n escatol\u00f3gica de los hijos de Dios aspira con nosotros la creaci\u00f3n entera (Rom 8,19-23). Acontecimiento misterioso, imposible de describir, despu\u00e9s del cual la visi\u00f3n directa suceder\u00e1 al r\u00e9gimen de la fe (iCor 13,12; 2Cor 5,7).<\/p>\n<p>III. SAN JUAN. En el vocabulario jo\u00e1nnico se expresa el tema de la revelaci\u00f3n sobre todo por el verbo manifestar (phaneroo), pero la idea asoma en todas partes en los textos.<\/p>\n<p>1. La revelaci\u00f3n de Jesucristo.<\/p>\n<p>a) La manifestaci\u00f3n sensible de Jes\u00fas. En el centro de la revelaci\u00f3n se halla la persona de *Jes\u00fas, *Hijo de Dios venido en carne. Juan Bautista hab\u00ed\u00ada testimoniado \u00aba fin de que se manifestara a Israel\u00bb (Jn 1,31). Efectivamente \u00abse manifest\u00f3\u00bb (IJn 3,5.8), es decir, se hizo objeto de experiencia sensible. No fue una manifestaci\u00f3n fulgurante a los ojos del mundo, como la que habr\u00ed\u00adan deseado sus hermanos (Jn 7,4), sino una manifestaci\u00f3n cuasi-secreta, parad\u00f3jica, que culmin\u00f3 en la elevaci\u00f3n en *cruz (Jn 12,32), pues miraba esencialmente a quitar el pecado y a destruir la obra del diablo (Un 3,5.8). S\u00f3lo despu\u00e9s de su resurrecci\u00f3n se manifest\u00f3 Jes\u00fas en gloria; y entonces no lo hizo sino para sus disc\u00ed\u00adpulos (Jn 21,1.14).<\/p>\n<p>b) La manifestaci\u00f3n de Dios en Jesucristo. La manifestaci\u00f3n sensible de Jes\u00fas ten\u00ed\u00ada un alcance trascendente: era la revelaci\u00f3n suprema de *Dios. Revelaci\u00f3n por las palabras de Jes\u00fas: \u00e9l que, como Hijo, ha visto a Dios, explica a los hombres (Jn 1,18), primero en t\u00e9rminos velados, luego, en v\u00ed\u00adsperas de su partida, claramente y sin figuras (16,29). Revelaci\u00f3n por los actos: sus *milagros eran signos, por los que manifestaba su gloria a fin de que se creyera en \u00e9l (2,11), pues tal *gloria era la que ten\u00ed\u00ada del Padre como Hijo \u00fanico (1,14). Por este doble camino manifest\u00f3 a los hombres el *nombre de Dios (17,6), es decir, el misterio de su ser, coronando as\u00ed\u00ad toda la revelaci\u00f3n del AT (cf. 1,17). El evangelista, que ha visto, o\u00ed\u00addo, palpado al Verbo de vida (IJn 1,1), resume as\u00ed\u00ad el misterio de su experiencia : en Jes\u00fas se manifest\u00f3 la *vida (1,2), en Jes\u00fas se manifest\u00f3 el *amor de Dios para con nos-otros (4,9).<\/p>\n<p>2. La revelaci\u00f3n comunicada. La revelaci\u00f3n de Jesucristo no fue recibida por todos los hombres. No solamente porque tan s\u00f3lo un peque\u00f1o n\u00famero la conoci\u00f3, sino sobre todo porque su aceptaci\u00f3n requer\u00ed\u00ada una *gracia interior : \u00abNadie viene a m\u00ed\u00ad si no lo atrae el Padre que me envi\u00f3\u00bb (Jn 6,44). Ahora bien, pocos son los que \u00aboyen la ense\u00f1anza del Padre\u00bb (6,45); muchos esquivan la luz y prefieren las tinieblas (3,19ss) porque pertenecen al *mundo maligno. As\u00ed\u00ad pues, Jes\u00fas no manifest\u00f3 el nombre del Padre sino a los que el Padre mismo hab\u00ed\u00ada retirado del mundo para d\u00e1rselos (17,6).<\/p>\n<p>Pero a \u00e9stos confi\u00f3 una misi\u00f3n: la de dar *testimonio de El (16,27). Misi\u00f3n dif\u00ed\u00adcil, que exigir\u00e1 una inteligencia profunda de lo que dijo e hizo Jes\u00fas. Por esto precisamente despu\u00e9s de su partida les enviar\u00e1 el Esp\u00ed\u00adritu Santo, para que los gu\u00ed\u00ade hacia la verdad entera (16,12ss). Gracias al Esp\u00ed\u00adritu el testimonio apost\u00f3lico dar\u00e1 a conocer a todos los hombres la revelaci\u00f3n de Jesucristo, a fin de que crean y posean la vida: \u00abLa vida se manifest\u00f3, nosotros la hemos visto y damos testimonio de ella\u00bb (1Jn 1,2): \u00abnosotros hemos visto y testimoniamos que el Padre envi\u00f3 a su Hijo, salvador del mundo\u00bb (4,15). Todo hombre podr\u00e1, acogiendo este testimonio, como los primeros testigos, \u00abentrar en comuni\u00f3n con el Padre y su Hijo, Jesucristo\u00bb (1,3s).<\/p>\n<p>3. Hacia la revelaci\u00f3n perfecta. A trav\u00e9s del misterio del Verbo hecho carne no se contempla todav\u00ed\u00ada la gloria divina, sino en la fe. El hombre \u00ab*permanece en Dios\u00bb, pero todav\u00ed\u00ada no ha alcanzado el t\u00e9rmino. \u00abAhora ya somos hijos de Dios, pero a\u00fan no se ha manifestado lo que seremos.\u00bb D\u00ed\u00ada llegar\u00e1 en que Cristo se manifestar\u00e1 en gloria, en el momento de su advenimiento (cf. 2,28); entonces tambi\u00e9n nosotros seremos manifestados con \u00e9l y \u00abseremos semejantes a Dios porque le veremos tal cual es\u00bb (3,2). Tal es el objeto de la esperanza cristiana.<\/p>\n<p>IV. EL APOCALIPSIS. El Apocalipsis de Juan es, por su misma definici\u00f3n, una revelaci\u00f3n (Ap 1,1). No ya centrada en la vida terrena de Jes\u00fas, sino orientada hacia su manifestaci\u00f3n final, cuyos pr\u00f3dromos est\u00e1n contenidos en la historia de la Iglesia y del mundo. Es una profec\u00ed\u00ada cristiana (1,3), que supone conocida la revelaci\u00f3n de la salvaci\u00f3n por la cruz y por la resurrecci\u00f3n de Cristo. A esta luz lee el vidente las antiguas Escrituras prof\u00e9ticas (cf. 5,1 ; 10.8ss).<\/p>\n<p>Una vez que ya posee su cifra, la utiliza para exponer el misterio de Cristo en todo su desarrollo, desde su nacimiento (12,5) y su inmolaci\u00f3n en la cruz (1,18; 5,6) hasta su advenimiento en gloria (19,11-16). Lo esencial de su testimonio versa sobre este \u00faltimo objeto, esta venida de Cristo a la que aspira la Iglesia (22,17).<\/p>\n<p>Su libro nace as\u00ed\u00ad en la confluencia de dos revelaciones divinas, igual-mente ciertas: la que condensa las Escrituras y la de Cristo que las realiz\u00f3. El vidente, iluminando una por otra estas dos fuentes del conocimiento de fe, les aporta un \u00faltimo complemento. Gracias a esto, la Iglesia puede ver claro en su destino hist\u00f3rico, donde la *persecuci\u00f3n sirve parad\u00f3jicamente de medio para la *victoria de Dios sobre el mundo y sobre Sat\u00e1n. Los cristianos, en medio de su prueba, contemplan ya en la fe la Jerusal\u00e9n celeste en espera de que se les revele plenamente (22,2&#8230;). As\u00ed\u00ad la revelaci\u00f3n de Jesucristo, que es ((\u00e9l mismo ayer, hoy y para siempre\u00bb (Heb 13,8), ilumina toda la historia del mundo, desde el principio hasta el fin.<\/p>\n<p>-> Conocer &#8211; Designio de Dios &#8211; Escuchar &#8211; Escritura &#8211; Misterio &#8211; Par\u00e1bola &#8211; Palabra de Dios &#8211; Sabidur\u00ed\u00ada &#8211; Tiempo &#8211; Ver.<\/p>\n<p>LEON-DUFOUR, Xavier, Vocabulario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, Herder, Barcelona, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Vocabulario de las Ep\u00edstolas Paulinas<\/b><\/p>\n<p><p style='text-align:justify;'><span ><\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>I. El concepto de revelaci\u00f3n<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>El vocablo \u201crevelar\u201d, del <etiqueta id=\"#_ftn178\" name=\"_ftnref178\" title=\"\">lat. <\/etiqueta><i>revelo<\/i>, se usa normalmente para traducir el heb. <\/span><span style=' '>g&#257;l\u00e2<\/span><span lang=ES style=' '> y el gr. <\/span><span style=''>apokalypt&#333;<\/span><span lang=ES style=''> (sustantivo, <\/span><span style=''>apokalypsis<\/span><span lang=ES style=''>), que corresponde a <\/span><span style=''>g&#257;l\u00e2<\/span><span lang=ES style=''> en la <span style='text-transform:uppercase'>LXX<\/span> y en el NT. <\/span><span style=''>g&#257;l\u00e2<\/span><span lang=ES style=''>, <\/span><span style=''>apokalypt&#333;<\/span><span lang=ES style=''> y <i>revelo <\/i>expresan todos la misma idea: la de dar a conocer algo oculto, a fin de que pueda verse y conocerse por lo que es. De conformidad, cuando la Biblia habla de revelaci\u00f3n, el pensamiento que se quiere expresar es el de Dios el Creador dando a conocer activamente a los hombres su poder y gloria, su naturaleza y car\u00e1cter, su voluntad, su modo de proceder y sus planes\u2014en pocas palabras, su propia persona\u2014a fin de que puedan conocerlo. El l\u00e9xico de la revelaci\u00f3n, en ambos testamentos, es amplio, y abarca la idea de hacer claras las cosas oscuras, la de dar a conocer las cosas ocultas, la de mostrar se\u00f1ales, la de pronunciar palabras, y la de hacer que las personas a quienes se habla vean, oigan, perciban, entiendan, y conozcan. Ninguno de los vocablos veterotestamentarios es t\u00e9rmino espec\u00edficamente teol\u00f3gico\u2014todos ellos tienen su uso profano a la vez\u2014pero en el NT <\/span><span style=' '>apokalypt&#333;<\/span><span lang=ES style=''> y <\/span><span style=''>apokalypsis<\/span><span lang=ES style=''> se usan \u00fanicamente en contextos teol\u00f3gicos, y el uso profano ordinario de los mismos no aparece, ni siquiera en circunstancias en que se lo podr\u00eda esperar (cf. 2 Co. 3.13ss); esto sugiere que para los escritores neotestamentarios ambos t\u00e9rminos pose\u00edan significaci\u00f3n cuasi t\u00e9cnica.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Otros vocablos neotestamentarios que expresan la idea de revelaci\u00f3n son <\/span><span style=''>fanero&#333;<\/span><span lang=ES style=''>, \u2018manifestar, aclarar\u2019; <\/span><span style=''>epifain&#333;<\/span><span lang=ES style=''>, \u2018dar a conocer\u2019 (sustantivo, <\/span><span style=''>epifaineia<\/span><span lang=ES style=''>, \u2018manifestaci\u00f3n\u2019); <\/span><span style=''>deiknu&#333;<\/span><span lang=ES style=''>, \u2018mostrar\u2019; <\/span><span style=''>exegemai<\/span><span lang=ES style=''>, \u2018desplegar, explicar, mediante narraci\u00f3n\u2019, cf. Jn. 1.18; <\/span><span style=''>jr&#275;mati&#333;<\/span><span lang=ES style=''>, \u2018instruir, amonestar, advertir\u2019 (usado en el gr. secular para los or\u00e1culos divinos, cf. Arndt, <etiqueta id=\"#_ftn179\" name=\"_ftnref179\" title=\"\"><i>MM<\/i><\/etiqueta>, <etiqueta id=\"#_ftn180\" name=\"_ftnref180\" title=\"\">s.v.; sustantivo, <\/etiqueta><\/span><span style=''>jr&#275;matismos<\/span><span lang=ES style=''>, \u2018respuesta de Dios\u2019, Ro. 11.4).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Desde la perspectiva de su contenido, la revelaci\u00f3n divina es tanto indicativa como imperativa, y en ambos sentidos normativa. Las revelaciones de Dios se hacen siempre en el contexto de una demanda de confianza en lo que se revela, y de obediencia a lo que ella determina; vale decir una respuesta que el contenido de esa revelaci\u00f3n determina y rige totalmente. En otras palabras, la revelaci\u00f3n llega al hombre, no como informaci\u00f3n sin obligaci\u00f3n, sino como regla obligatoria de fe y conducta. La vida del hombre debe gobernarse, no por antojos y fantasias personales, ni tratando de adivinar cosas divinas no reveladas, sino por una reverente aceptaci\u00f3n de lo que Dios le haya dado a conocer, lo cual debe llevar a un cumplimiento cabal de todos los imperativos que evidencie contener la revelaci\u00f3n (Dt. 29.29).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>La revelaci\u00f3n gira en torno a dos puntos centrales: (1) los prop\u00f3sitos de Dios; (2) la persona de Dios.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>1. Por un lado, Dios informa al hombre acerca de s\u00ed mismo: qui\u00e9n es, lo que ha hecho, est\u00e1 haciendo, y va a hacer, y lo que quiere que haga \u00e9l. As\u00ed, tom\u00f3 a No\u00e9, Abraham, y Mois\u00e9s y les brind\u00f3 confianza, cont\u00e1ndoles lo que hab\u00eda pensado hacer, y cu\u00e1l iba a ser el lugar de ellos en lo que hab\u00eda planeado (Gn. 6.13\u201321; 12.1ss; 15.13\u201321; 17.15\u201321; 18.17ss; Ex. 3.7\u201322). Adem\u00e1s, dio a conocer a Israel las leyes y promesas de su pacto (Ex. 20\u201333, etc.; Dt. 4.13s; 28, etc.; Sal. 78.5ss; 147.19). Revel\u00f3 sus intenciones a los profetas (Am. 3.7). Cristo habl\u00f3 a sus disc\u00edpulos acerca de \u201ctodas las cosas que o\u00ed de mi Padre\u201d (Jn. 15.15), y les prometi\u00f3 el Esp\u00edritu Santo para que completara la obra de instruirlos (Jn. 16.12ss). Dios revel\u00f3 a Pablo el \u201cmisterio\u201d de su prop\u00f3sito eterno en Cristo (Ef. 1.9ss; 3.3\u201311). Cristo le revel\u00f3 a Juan \u201clas cosas que deben suceder pronto\u201d (Ap. 1.1). Desde este punto de vista, como *revelaci\u00f3n precisa emanada de Dios mismo, relativa a sus prop\u00f3sitos y su obra salv\u00edfica, Pablo llama al evangelio \u201cla verdad\u201d, en contraste con el error y la falsedad (2 Ts. 2.11\u201313; 2 Ti. 2.18; etc.). De all\u00ed el uso de la frase \u201cverdad revelada\u201d en la teolog\u00eda cristiana para denotar lo que Dios ha dado a conocer a los hombres acerca de s\u00ed mismo.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>2. Por otro lado, cuando Dios manda su palabra a los hombres, al mismo tiempo los enfrenta con su propia Persona. La Biblia no concibe la revelaci\u00f3n como mera difusi\u00f3n de informaci\u00f3n, divinamente garantizada, sino como un acercamiento personal de Dios a los individuos, destinado a hacerse conocer por ellos (cf. Gn. 35.7; Ex. 6.3; Nm. 12.6\u20138; G\u00e1. 1.15s). Esta es la lecci\u00f3n que se ha de aprender de las teofan\u00edas del NT (cf. Ex. 3.2ss; 19.11\u201320; Ez. 1; etc.), y del lugar que representa el enigm\u00e1tico \u201c\u00e1ngel (mensajero) de Yahv\u00e9h\u201d, que resulta ser, tan evidentemente, manifestaci\u00f3n de Yahv\u00e9h mismo (cf. Gn. 16.10; Ex. 3.2ss; Jue. 13.9\u201323): la lecci\u00f3n, vale decir, de que Dios no es s\u00f3lo el autor y el tema de sus mensajes a los hombres, sino que es, tambi\u00e9n, su propio mensajero. Cuando el hombre se encuentra con la palabra de Dios, por casual y accidental que pueda parecer ese encuentro, Dios se encuentra con ese hombre, le dirige la palabra a \u00e9l personalmente, y le exige una respuesta personal como Autor de ella.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Hablando en general, los primeros te\u00f3logos protestantes analizaban la revelaci\u00f3n enteramente en funci\u00f3n de la comunicaci\u00f3n por parte de Dios de verdades relativas a s\u00ed mismo. Sab\u00edan, por supuesto, que Dios orden\u00f3 la historia b\u00edblica, y que ahora ilumina a los hombres a fin de que acepten el mensaje b\u00edblico, pero consideraban lo primero bajo el encabezamiento de providencia, y lo segundo bajo el encabezamiento de iluminaci\u00f3n, y no relacionaban formalmente su concepto de revelaci\u00f3n con ninguno de los dos. Su doctrina de la revelaci\u00f3n giraba en torno a la Biblia; para ellos las Sagradas Escrituras constitu\u00edan la verdad revelada confiada a la pluma, y la revelaci\u00f3n la actividad divina que llevaba a su producci\u00f3n. Correlacionaban revelaci\u00f3n con inspiraci\u00f3n, definiendo la primera como la comunicaci\u00f3n divina, a los escritores b\u00edblicos, de verdades acerca de Dios mismo, que de otro modo resultaban inaccesibles, y la segunda como la capacitaci\u00f3n necesaria para que pudieran escribir lo revelado con veracidad, seg\u00fan su voluntad. (Es evidente que esta formulaci\u00f3n tiene sus ra\u00edces en el libro de Daniel: cf. Dn. 2.19, 22, 28ss, 47; 7.1; 10.1; 12.4.)<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Muchos te\u00f3logos modernos, por reacci\u00f3n contra esta perspectiva, debido a una supuesta necesidad de abandonar la noci\u00f3n de la Escritura como verdad revelada, hablan de la revelaci\u00f3n como la acci\u00f3n por la cual Dios dirige la historia b\u00edblica y hace que el individuo tome conciencia de su presencia, actividad, y pretensiones. El foco central de la doctrina de la revelaci\u00f3n se desplaza as\u00ed hacia la historia de la redenci\u00f3n que registra la Biblia. Esto generalmente va aparejado a la afirmaci\u00f3n de que no hay, hablando con propiedad, tal cosa como verdad comunicada (\u201crevelaci\u00f3n proposicional\u201d) por Dios; la revelaci\u00f3n es esencialmente no verbal en car\u00e1cter. Pero esto equivale a decir en efecto que el concepto b\u00edblico de que Dios <i>habla <\/i>(el acto revelatorio m\u00e1s com\u00fan y fundamental que le atribuye la Escritura) no es m\u00e1s que una met\u00e1fora que confunde; lo cual parece improbable. Sobre esta base, adem\u00e1s, se sostiene que la Biblia no es, estrictamente hablando, revelaci\u00f3n, sino respuesta humana a la revelaci\u00f3n. Esto, sin embargo, parecer\u00eda no ser b\u00edblico, ya que el NT invariablemente cita afirmaciones veterotestamentarias\u2014prof\u00e9ticas, po\u00e9ticas, legales, hist\u00f3ricas, admonitorias, y relativas a hechos\u2014como autorizadas expresiones divinas (cf. Mt. 19.4s; Hch. 4.25s; He. 1.5ss; 3.7ss; etc.). La perspectiva b\u00edblica es la de que Dios se revela tanto mediante hechos como mediante palabras: primero ordenando la historia redentora, luego inspirando un registro explicativo escrito de esa historia a fin de que las generaciones posteriores pudiesen ser \u201csabias para la salvaci\u00f3n\u201d (cf. 2 Ti. 3.15ss; 1 Co. 10.11; Ro. 15.4), y finalmente iluminando a los hombres de todas las edades para que puedan discernir la significaci\u00f3n de la revelaci\u00f3n as\u00ed entregada y registrada, y reconocer su autoridad (cf. Mt. 16.17; 2 Co. 4.6). As\u00ed, al destacar positivamente los dos conjuntos de ideas que se contrastan arriba resultan complementarios antes que contradictorios; deben combinarse ambos a fin de cubrir todo el campo del concepto b\u00edblico de la revelaci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>II. Necesidad de la revelaci\u00f3n<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>La Biblia da por sentado en todo momento que Dios tiene que darse a conocer antes que los hombres puedan conocerlo. La idea aristot\u00e9lica de un Dios inactivo a quien el hombre puede descubrir mediante el razonamiento es totalmente antib\u00edblica. Hace falta la iniciativa revelatoria, primero, porque <i>Dios es trascendente<\/i>. Est\u00e1 tan lejos del hombre en su modo de ser que el hombre no puede verlo (Jn. 1.18; 1 Ti. 6.16; cf. Ex. 33.20), ni descubrirlo escudri\u00f1ando (cf. Job 11.7; 23.3\u20139), ni leer sus pensamientos mediante h\u00e1biles conjeturas (Is. 55.8s). Aun si el hombre no hubiera pecado, por lo tanto, no hubiera conocido a Dios sin la revelaci\u00f3n. De hecho, vemos que Dios le habla al Ad\u00e1n no ca\u00eddo en el Ed\u00e9n (Gn. 2.16). Hay, sin embargo, una segunda raz\u00f3n que hace que el conocimiento de Dios por parte del hombre deba depender de la iniciativa revelatoria divina. El <i>hombre es pecador<\/i>. Su poder de percepci\u00f3n en el reino de lo divino se ha embotado tanto por influencia de Satan\u00e1s (2 Co. 4.4) y el pecado (cf. 1 Co. 2.14), y su mente est\u00e1 tan ocupada con su propia y fantasiosa \u201csabidur\u00eda\u201d, que se desenvuelve en sentido contrario al verdadero conocimiento de Dios (Ro. 1.21ss; 1 Co. 1.21), que con sus facultades naturales no puede aprehender a Dios, cualquiera sea la forma en que le sea presentado. En efecto, seg\u00fan Pablo, Dios se presenta constantemente a s\u00ed mismo a todos los hombres por medio de sus obras de creaci\u00f3n y providencia (Ro. 1.19ss; Hch. 14.17; cf. Sal. 19.1ss), y por la acci\u00f3n espont\u00e1nea de la conciencia natural (Ro. 2.12\u201315; cf. 1.32); y sin embargo no es reconocido ni conocido. La presi\u00f3n de esta constante autorrevelaci\u00f3n de parte de Dios produce idolatr\u00eda, por cuanto en su perversidad la mente ca\u00edda procura apagar la luz, transform\u00e1ndola en oscuridad (Ro. 1.23ss; cf. Jn. 1.5), pero no lleva al conocimiento de Dios, ni a la santidad de vida. La \u201crevelaci\u00f3n general\u201d (como se la suele llamar) de su eternidad, su poder, y su gloria (Ro. 1.20; cf. Sal. 19.1), de su bondad para con los hombres (Hch. 14.17), de su ley moral (Ro. 2.12ss), de su demanda de culto y obediencia (Ro. 1.21), y de su ira para con el pecado (Ro. 1.18, 32), sirve, por lo tanto, s\u00f3lo para que el hombre \u201cno tenga excusa\u201d por toda su \u201cimpiedad e injusticia\u201d (Ro. 1.18\u201320).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Esto demuestra que la necesidad que tiene el hombre ca\u00eddo de la revelaci\u00f3n va mas all\u00e1 de la de Ad\u00e1n en dos sentidos. Primero, necesita una revelaci\u00f3n de Dios como redentor y restaurador, alguien que evidencie misericordia para con los pecadores. La revelaci\u00f3n de Dios a trav\u00e9s de la creaci\u00f3n y la conciencia habla de ley y juicio (Ro. 2.14s; 1.32), pero no de perd\u00f3n. Segundo, suponiendo que Dios otorgue esa revelaci\u00f3n (la Biblia es toda ella una larga proclamaci\u00f3n de lo que hace), el hombre ca\u00eddo todav\u00eda necesita iluminaci\u00f3n espiritual antes de que pueda entenderla; de otro modo la ha de pervertir, as\u00ed como ha pervertido la revelaci\u00f3n natural. Los jud\u00edos recibieron revelaci\u00f3n de la misericordia divina en el AT, que los orientaba hacia Cristo, pero sobre el coraz\u00f3n de la mayor\u00eda de ellos hab\u00eda un velo que les imped\u00eda entenderla (2 Co. 3.14ss), y por esto fueron v\u00edctimas de un entendimiento legalista y err\u00f3neo de ella (Ro. 9.31\u201310.4). Hasta Pablo, que lllama la atenci\u00f3n a estos hechos, hab\u00eda \u00e9l mismo conocido el evangelio cristiano antes de su conversi\u00f3n, y hab\u00eda tratado de eliminarla; s\u00f3lo cuando \u201cagrado a Dios \u2026 revelar a su Hijo en m\u00ed\u201d\u2014<i>en<\/i>, o sea dentro de \u00e9l, ilumin\u00e1ndolo interiormente\u2014la reconoci\u00f3 como palabra de Dios. Ocasionalmente se hace alusi\u00f3n en el AT (Sal. 119.12, 27, etc.; Jer. 31.33ss) a la necesidad de la iluminaci\u00f3n divina para que le sea revelada al individuo la realidad, la autoridad, y el significado de la revelaci\u00f3n dada objetivamente, y para que conforme a ella su vida; en el NT Pablo es quien la destaca m\u00e1s, como tambi\u00e9n lo hace la ense\u00f1anza de Cristo (Mt. 11.25; 13.11\u201317; Jn. 3.3ss; 6.44s, 63ss; 8.43\u201347; 10.26ss; cf. 12.37ss).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>III. Contenido de la revelaci\u00f3n<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><i><span lang=ES style=''>a. Antiguo Testamento<\/span><\/i><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>El marco y fundamento de la perspectiva religiosa de Israel lo constitu\u00eda la concertaci\u00f3n del pacto que Dios anunci\u00f3 entre \u00e9l mismo y la simiente de Abraham (Gn. 17.1ss). Un *pacto es una relaci\u00f3n de promesa y obligaci\u00f3n conjunta que se define entre dos partes. Este pacto fue una imposici\u00f3n de tipo mon\u00e1rquico mediante el cual Dios se comprometi\u00f3 ante el clan de Abraham a ser su Dios, autoriz\u00e1ndolo por ello a invocarlo como nuestro Dios y mi Dios.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>El hecho de que Dios diera a conocer su nombre (Yahv\u00e9h) a Israel (Ex. 3.11\u201315; 6.2ss; sobre la ex\u00e9gesis, cf. J. A. Motyer, <i>The Revelation of the Divine Name<\/i>, 1960) daba testimonio de esa relaci\u00f3n. El \u201cnombre\u201d representa todo lo que es la persona que lo lleva, y el que Dios le dijera su nombre a los israelitas era se\u00f1al de que, con todo lo que \u00e9l representaba, con todo su poder y gloria, se estaba obligando a s\u00ed mismo para bien de ellos. El objetivo de su relaci\u00f3n con Israel era el perfeccionamiento de la relaci\u00f3n misma: es decir, el que Dios bendijera la simiente de Abraham con la plenitud de sus dones, y que la simiente de Abraham bendijese en forma perfecta a Dios mediante adoraci\u00f3n y obediencia perfectas. Por ello Dios sigui\u00f3 revel\u00e1ndose a la comunidad del pacto mediante las palabras de la ley y la promesa, y mediante sus hechos redentores como Se\u00f1or de la historia para la realizaci\u00f3n de la escatolog\u00eda que se desprende del pacto.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Dios hizo m\u00e1s expl\u00edcito el car\u00e1cter mon\u00e1rquico de su pacto en Sina\u00ed, donde, habiendo demostrado dram\u00e1ticamente su poder salvador en el \u00e9xodo de Egipto, fue formalmente reconocido como Soberano de Israel (Ex. 19.3\u20138; Dt. 33.4s), y por boca de Mois\u00e9s, profeta arquet\u00edpico (cf. Dt. 18.15), promulg\u00f3 las leyes del pacto, dejando en claro que el disfrute de las bendiciones del mismo estaban condicionadas a la obediencia a ellas (Ex. 19.5; cf. Lv. 26.3ss; Dt. 28). Dichas leyes fueron escritas, el Dec\u00e1logo en primera instancia por Dios mismo (Ex. 24.12; 31.18; 32.15s), el c\u00f3digo completo finalmente por Mois\u00e9s, en realidad como amanuense de Dios (Ex. 34.27s; Dt. 31.9ss, 24ss; cf. Ex. 24.7). Es de notar que Dios, hablando m\u00e1s tarde por boca de Oseas, se expres\u00f3 como si la tarea de escribir toda la ley hubiese sido su propia obra, aunque la tradici\u00f3n aceptaba un\u00e1nimemente que lo hab\u00eda hecho Mois\u00e9s (Os. 8.12); he aqu\u00ed algunas de las ra\u00edces del concepto de la *inspiraci\u00f3n b\u00edblica. La ley, una vez escrita, fue considerada como la revelaci\u00f3n definitiva y permanentemente v\u00e1lida de la voluntad de Dios para la vida de su pueblo, y a los sacerdotes se les asign\u00f3 la responsabilidad permanente de ense\u00f1arla (Dt. 31.9ss; cf. Neh. 8.1ss; Hag. 2.11s; Mal. 2.7s).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Dios prohibi\u00f3 a los israelitas practicar la brujer\u00eda la adivinaci\u00f3n para la gu\u00eda diaria, cosa que hac\u00edan los cananeos (Dt. 18.9ss); hab\u00edan de ped\u00edrsela \u00fanicamente a \u00e9l (Is. 8.19). \u00c9l les prometi\u00f3 una sucesi\u00f3n de profetas, hombres en cuyos labios pondr\u00eda sus propias palabras (Dt. 18.18; cf. Jer. 1.9; 5.14; Ez. 2.7\u20133.11; Nm. 22.35, 38; 23.5), para darle a su pueblo la direcci\u00f3n peri\u00f3dica que pudiera necesitar (Dt. 18.15ss). Los profetas de Israel cumplieron un ministerio vital. Los grandes profetas, por mandato de Yahv\u00e9h, hablaban las palabras de Dios e interpretaban su pensamiento para los reyes y la naci\u00f3n; expon\u00edan y aplicaban su ley, urgiendo arrepentimiento y amenazando juicio en su nombre, y declaraban lo que \u00e9l har\u00eda, tanto a modo de juicio como tambi\u00e9n en el cumplimiento de la escatolog\u00eda pactual, instaurando su reino una vez cumplido el juicio. Los profetas tambi\u00e9n pueden haber cumplido funciones c\u00falticas como videntes, como hombres que pod\u00edan contestar de parte de Dios a las personas que hac\u00edan preguntas individuales sobre c\u00f3mo deb\u00edan proceder, como tambi\u00e9n acerca del futuro (cf. 1 S. 9.6ss; 28.6\u201320; 1 R. 22.5ss; v\u00e9ase A. R. Johnson, <i>The Cultic Prophet in Ancient Israel<\/i>, 1944). Otro medio de orientaci\u00f3n en la \u00e9poca preex\u00edlica lo constitu\u00eda la suerte sagrada, *Urim y Turnim, manejada por los sacerdotes (Dt. 33.8ss; cf. 1 S. 14.36\u201342; 28.6). Gu\u00eda divina para la vida en sentido m\u00e1s general pod\u00eda obtenerse tambi\u00e9n de las m\u00e1ximas de los \u201csabios\u201d, cuya sabidur\u00eda se consideraba emanada de Dios (cf. Pr. 1.20; 8).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Adem\u00e1s de estas disposiciones para la comunicaci\u00f3n verbal o cuasi verbal de Dios, Israel conoci\u00f3 ciertas manifestaciones teof\u00e1nicas y experimentales que indicaban la proximidad de Dios: la *\u201cgloria\u201d (cf. Ex. 16.10; 40.34; Nm. 16.19; 1 R. 8.10s; Ez. 1, etc.); la tormenta el\u00e9ctrica (Sal. 18.6\u201315; 29); la visi\u00f3n de su \u201crostro\u201d y la gozosa conciencia de su \u201cpresencia\u201d, a la que aspiraban los adoradores fieles (Sal. 11.7; 16.11; 17.15; 51.11s).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Los aspectos m\u00e1s destacados de la revelaci\u00f3n divina veterotestamentaria se refieren a: (<i>a<\/i>) la unicidad de Dios, como Hacedor y Gobernador de todas las cosas; (<i>b<\/i>) su *santidad, e. d. la conjunci\u00f3n de sobrecogedoras caracter\u00edsticas que lo colocan aparte de los hombres: majestad, grandeza, y fortaleza, por un lado, y pureza, amor a la justicia, y odio al mal obrar, por otro; (<i>c<\/i>) su fidelidad al pacto, su paciencia y misericordia, y la lealtad a sus propios prop\u00f3sitos de gracia para con el pueblo del pacto.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><i><span lang=ES style=''>b. Nuevo Testamento<\/span><\/i><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>En el NT Cristo y los ap\u00f3stoles son \u00f3rganos de la nueva revelaci\u00f3n, correspondientes a Mois\u00e9s y los profetas del AT. El cumplimiento de la escatolog\u00eda del pacto veterotestamentario se da en el reino de Cristo, y en la esperanza cristiana de gloria. El Dios \u00fanico del AT se revela como trino, por la venida de Cristo primero y del Esp\u00edritu luego, y por la revelaci\u00f3n del prop\u00f3sito redentor divino como algo para lo cual las tres personas de la deidad obran en conjunto (cf. Ef. 1.3\u201314; Ro. 8). Dos acontecimientos que har\u00e1n que el plan divino relacionado con la historia humana llegue a su culminaci\u00f3n se mencionan como actos de revelaci\u00f3n que todav\u00eda tienen que producirse (la aparici\u00f3n del anticristo, 2 Ts. 2.3, 6, 8, y de Cristo, 1 Co. 1.7; 2 Ts. 1.7\u201310; 1 P. 1.7, 13). El NT afirma que la revelaci\u00f3n del AT se ha visto aumentada en dos sentidos principales.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-top:0cm;margin-right:0cm;margin-bottom:0cm; margin-left:18.0pt;margin-bottom:.0001pt;text-indent:-18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>(i)<\/span><span style=''>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/span><i><span lang=ES style=''>La revelaci\u00f3n de Dios en Cristo.<\/span><\/i><span lang=ES style=' '> El NT proclama que \u201cDios \u2026 en estos postreros d\u00edas nos ha hablado por el Hijo\u201d (He. 1.1s). Esta es la revelaci\u00f3n culminante y final de Dios, su \u00faltima palabra al hombre. Por medio de sus palabras y sus obras, y por medio del car\u00e1cter total de su vida y ministerio, Jesucristo revel\u00f3 perfectamente a Dios (Jn. 1.18; 14.7\u201311). Su vida personal fue una revelaci\u00f3n perfecta del car\u00e1cter de Dios; porque el Hijo es la imagen de Dios (2 Co. 4.4; Col. 1.15; He. 1.3), su <i>logos <\/i>(\u201cpalabra\u201d, considerada como expresi\u00f3n de su pensamiento, Jn. 1.1ss), en el cual, como encarnado, habit\u00f3 toda la plenitud de la divinidad (Col. 1.19; 2.9). Igualmente, su obra mesi\u00e1nica revel\u00f3 perfectamente los prop\u00f3sitos salv\u00edficos de Dios; porque Cristo es sabidur\u00eda de Dios (1 Co. 1.24), por el cual, como Mediador (1 Ti. 2.5), se llevan a cabo todos los prop\u00f3sitos salv\u00edficos de Dios y se puede encontrar toda la sabidur\u00eda que el hombre necesita para su salvaci\u00f3n (Col. 2.3; 1 Co. 1.30; 2.6s). La revelaci\u00f3n del Padre por el Hijo, a quien los jud\u00edos condenaron como impostor y blasfemo por declararse Hijo de Dios, es uno de los temas principales del Evangelio de Juan.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-top:0cm;margin-right:0cm;margin-bottom:0cm; margin-left:18.0pt;margin-bottom:.0001pt;text-indent:-18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>(ii)<\/span><span style=''>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/span><i><span lang=ES style=''>La revelaci\u00f3n del plan de Dios mediante Cristo<\/span><\/i><span lang=ES style=''>. Pablo declara que el \u201cmisterio\u201d (secreto) de la \u201cbuena voluntad\u201d de Dios para la salvaci\u00f3n de la iglesia y la restauraci\u00f3n del cosmos por medio de Cristo ha sido revelada ahora, luego de haber sido mantenida oculta hasta el momento de la encarnaci\u00f3n (Ro. 16.25s; 1 Co. 2.7\u201310; Ef. 1.9ss; 3.3\u201311; Col. 1.19ss). Pablo muestra que esta revelaci\u00f3n elimina la antigua pared divisoria entre jud\u00edo y gentil (Ro. 3.29ss; 9\u201311; G\u00e1. 2.15\u20133.29; Ef. 2.11\u20133.6); en forma semejante, el escritor de la carta a los Hebreos muestra la forma en que anula el antiguo culto judaico sarerdotal y de sacrificios (He. 7\u201310).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>IV. El car\u00e1cter de la revelaci\u00f3n<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>Est\u00e1 claro por lo que antecede que la Biblia concibe la revelaci\u00f3n como comunicaci\u00f3n verbal primeramente y fundamentalmente: la <\/span><span style=' '>t\u00f4r\u00e2<\/span><span lang=ES style=' '> (\u2018ense\u00f1anza, introducci\u00f3n, ley\u2019), o los <\/span><span style=''>d<sup>e<\/sup>&#7687;&#257;rim<\/span><span lang=ES style=''> (\u2018palabras\u2019), de Dios en el AT, y su <i>logos <\/i>o <\/span><span style=''>rh&#275;ma<\/span><span lang=ES style=''>, \u2018palabra, dicho\u2019, en el NT. El pensamiento de Dios como se revela en sus acciones es secundario, y para su validez depende de la presuposici\u00f3n de la revelaci\u00f3n verbal. Porque el hombre puede \u201csaber que \u00e9l es Yahv\u00e9h\u201d al observar sus obras en la historia solamente si habla para aclarar que son obras suyas, y para explicar lo que significan. Igualmente, los hombres nunca hubieran podido adivinar o deducir qui\u00e9n era y qu\u00e9 era Jes\u00fas de Nazaret, si no mediaban las declaraciones de Dios acerca de \u00e9l en el AT, y el propio testimonio que de s\u00ed mismo ofreci\u00f3 Jes\u00fas (cf. Jn. 5.37\u201339; 8.13\u201318). (* <span style='text-transform: uppercase'>Inspiraci\u00f3n<\/span>, * <span style='text-transform:uppercase'>Profec\u00eda<\/span> )<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=';text-transform:uppercase'>Bibliograf\u00eda.<\/span><span lang=ES style=''> H. H. Rowley, <i>La fe de Israel<\/i>, 1973; \u00b0B. Ramm, <i>La revelaci\u00f3n especial y la Palabra de Dios<\/i>, 1967; R. Latourelfe, <i>Teolog\u00eda de la revelaci\u00f3n<\/i>, 1977; L. Morris, <i>Creo en la revelaci\u00f3n<\/i>, 1976; C. Tresmontant, <i>El problema de la revelaci\u00f3n<\/i>, 1973; J. M. Lewis, <i>La revelaci\u00f3n e inspiraci\u00f3n de las Escrituras <\/i>, 1986; W. Mundle, B. Gartner, L. Coenen, \u201cRevelaci\u00f3n\u201d, <i>\u00b0DTNT<\/i>, t(t). IV, pp. 98\u2013107; K. H. Schelkle, <i>Teolog\u00eda del Nuevo Testamento<\/i>, 1977, t(t). II, pp. 15\u201395; H. Fries, \u201cLa revelaci\u00f3n\u201d, <i>Mysterium salutis<\/i>, 1981, pp. 207\u2013287.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Arndt; A. Oepke, <i>TDNT <\/i>3, pp. 563\u2013592; C. F. D. Moule, <etiqueta id=\"#_ftn181\" name=\"_ftnref181\" title=\"\"><i>IDB<\/i><\/etiqueta>, 4, pp. 54\u201358; B. B. Warfield, <i>The Inspiration and Authority of the Bible<\/i>, 1951; H. H. Rowley, <i>The Faith of Israel<\/i>, 1956; L. K\u00f6hler, <i>Old Testament Theology<\/i>, trad. ing. 1953; H. W. Robinson, <i>Inspiration and Revelation in the Old Testament<\/i>, 1946; E. F. Scott, <i>Revelation in the New Testament<\/i>, 1935; J. Orr, <i>Revelation and Inspiration<\/i>, 1910; B. Ramm, <i>Special Revelation and the Word of God<\/i>, 1961; G. C. Berkouwer, <i>General Revelation<\/i>, 1955.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal align=right style='text-align:right;line-height:normal'><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><etiqueta id=\"#_ftn182\" name=\"_ftnref182\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt; ;color:green'>J.I.P.<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;'>Douglas, J. (2000). Nuevo diccionario Biblico : Primera Edicion. Miami: Sociedades B\u00edblicas Unidas.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico<\/b><\/p>\n<p><h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 Significado de revelaci\u00f3n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-2\">2 Posibilidad de la Revelaci\u00f3n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-3\">3 Necesidad de la revelaci\u00f3n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-4\">4 Criterios de la revelaci\u00f3n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-5\">5 La revelaci\u00f3n cristiana<\/li>\n<\/ul>\n<h2>Significado de revelaci\u00f3n<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify\">El t\u00e9rmino \u201crevelaci\u00f3n\u201d puede ser definido como la comunicaci\u00f3n de una verdad por Dios a una criatura racional por medios que est\u00e1n m\u00e1s all\u00e1 del comportamiento ordinario de la naturaleza.  Las verdades reveladas pueden ser tales que de otro modo sean inaccesibles a la mente humana&#8212;misterios que, aun siendo revelados, el intelecto del hombre es incapaz de penetrar completamente&#8212;pero la Revelaci\u00f3n no se restringe a \u00e9stas.  Dios puede juzgar conveniente utilizar medios  sobrenaturales para afirmar verdades cuyo descubrimiento no se encuentra por s\u00ed mismo fuera de las facultades de la raz\u00f3n.  La esencia de la revelaci\u00f3n radica en el hecho de que es el di\u00e1logo directo de Dios al hombre.  Sin embargo, el modo de comunicaci\u00f3n puede ser mediato.  La revelaci\u00f3n no deja de ser tal si el mensaje divino nos es transmitido por un  profeta, quien es el \u00fanico que recibe la comunicaci\u00f3n inmediata.  Esto es sucintamente lo que dice de la revelaci\u00f3n el Concilio Vaticano I en su Constituci\u00f3n \u00abDe Fide Catholica\u00bb.  El  decreto \u00abLamenatabili\u00bb (3 de julio de 1907), condenando una proposici\u00f3n contraria, declara que los dogmas que la Iglesia presenta como revelados son \u00abverdades descendidas del cielo\u00bb (veritates e coelo delapsoe) y no \u00abuna cierta interpretaci\u00f3n de hechos religiosos que la mente humana ha logrado mediante un laborioso esfuerzo\u00bb (prop. 22).  Se podr\u00e1 ver que la revelaci\u00f3n, de la forma en que se ha presentado, difiere claramente de:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u2022\tla  inspiraci\u00f3n tal como es otorgada al autor de un libro sagrado; pues esta, mientras conlleva una iluminaci\u00f3n especial de la mente en virtud de la cual el autor concibe los pensamientos que Dios desea que ponga por escrito, no supone necesariamente una comunicaci\u00f3n sobrenatural de estas verdades;\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u2022\tlas \u201cilustraciones\u201d que Dios puede conceder de vez en cuando a cualquiera de los fieles para exponer de manera conveniente a la mente comprenda el sentido de alguna verdad  religiosa hasta el momento captada en forma confusa; y\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u2022\tla  ayuda divina, por la cual el Papa, cuando act\u00faa como maestro supremo de la Iglesia, es preservado de todo error en materia de fe o moral.  La funci\u00f3n de esta ayuda es meramente negativa:  no necesita llevar consigo ning\u00fan don positivo de luz a la mente.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Gran parte de la confusi\u00f3n en que se sume la discusi\u00f3n de la revelaci\u00f3n en obras no cat\u00f3licas proviene de la negligencia en distinguirla de una u otra de \u00e9stas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En el siglo XIX la Iglesia debi\u00f3 rechazar como err\u00f3neas varias concepciones de la revelaci\u00f3n irreconciliables con la creencia  cat\u00f3lica.  Aqu\u00ed se se\u00f1alan tres de ellas:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u2022\tLa opini\u00f3n de Anton G\u00fcnther (1783-1863).  Este autor negaba que la revelaci\u00f3n pudiera abarcar misterios propiamente dichos, en vista de que el intelecto es capaz de penetrar completamente toda verdad revelada.  Ense\u00f1aba, adem\u00e1s, que el significado a ser asignado a las  doctrinas reveladas experimenta un cambio constante a medida que el conocimiento humano progresa y la mente del hombre se desarrolla; de manera que las f\u00f3rmulas  dogm\u00e1ticas que ahora son ciertas dejar\u00e1n de serlo gradualmente.  Sus escritos fueron incluidos en el  \u00cdndice en 1857, y sus proposiciones err\u00f3neas fueron condenadas definitivamente en los decretos del Concilio Vaticano I.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u2022\tEl punto de vista  modernista (Loisy, Tyrrell).  Seg\u00fan esta  escuela, no existe tal cosa como la revelaci\u00f3n en el sentido de una comunicaci\u00f3n directa de Dios al hombre.  El alma humana, en su intento de alcanzar al Dios incognoscible, procura permanentemente interpretar sus sentimientos en f\u00f3rmulas intelectuales.  Las f\u00f3rmulas que construye de ese modo son nuestros dogmas eclesi\u00e1sticos.  Estos s\u00f3lo pueden simbolizar lo incognoscible; no nos pueden ofrecer un conocimiento real acerca de ello.  Tal error es manifiestamente subversivo de toda creencia, y fue condenado expl\u00edcitamente por el Decreto \u00abLamentabili\u00bb y la Enc\u00edclica \u00abPascendi\u00bb (8 de septiembre de 1907).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u2022\tCon el punto de vista antes mencionado est\u00e1 estrechamente conectada la opini\u00f3n  pragm\u00e1tica de M. Leroy (\u00abDogme et Critique\u00bb, Par\u00eds, 2da ed., 1907).  Como los modernistas, \u00e9l ve en los dogmas revelados simplemente los resultados de una experiencia espiritual, pero afirma que su valor reside no en el hecho de que simbolizan lo incognoscible, sino que tienen valor pr\u00e1ctico al se\u00f1alar el camino por el que podemos disfrutar mejor la experiencia de lo divino.  Esta concepci\u00f3n fue condenada en los mismos documentos que las anteriores.\n<\/p>\n<h2>Posibilidad de la Revelaci\u00f3n<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify\">La posibilidad de revelaci\u00f3n seg\u00fan se ha expuesto fue rechazada en\u00e9rgicamente desde varios puntos de vista en el siglo XIX.  Por esta raz\u00f3n la Iglesia juzg\u00f3  necesario promulgar  decretos espec\u00edficos sobre el asunto en el Concilio Vaticano I.  Sus antagonistas pueden ser separados en dos clases, de acuerdo a los diferentes puntos de vista desde los que dirigen su ataque, a saber:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u2022\tRacionalistas:  Bajo esta denominaci\u00f3n incluimos tanto a autores de\u00edstas como  agn\u00f3sticos.  Aquellos que adoptan esta postura se apoyan principalmente sobre dos objeciones fundamentales:  o pretenden que lo milagroso es imposible, y que la revelaci\u00f3n implica una intervenci\u00f3n milagrosa por parte de la Deidad, o recurren a la autonom\u00eda de la raz\u00f3n, que, seg\u00fan se sostiene, puede \u00fanicamente aceptar como verdades los efectos de sus propias actividades.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u2022\tInmanentistas.  Puede asignarse a esta clase a todos aquellos cuyas objeciones se basan en doctrinas  kantianas o  hegelianas acerca del car\u00e1cter subjetivo de todo nuestro conocimiento.  Las perspectivas de estos escritores suponen frecuentemente una doctrina puramente pante\u00edsta.  Pero incluso quienes repudian el pante\u00edsmo sustituyen al Dios personal, gobernante y juez del mundo, a quien el cristianismo predica, por la vaga noci\u00f3n del \u00abEsp\u00edritu\u00bb inmanente en todos los hombres, y consideran todos los credos religiosos como intentos del alma humana de hallar expresi\u00f3n para su experiencia interior.  Por lo tanto ninguna religi\u00f3n,  pagana o cristiana, es totalmente  falsa, mas ninguna puede pretender ser un mensaje de Dios libre de cualquier mezcla de error (Cf. Sabatier, \u00abEsquisse, etc.\u00bb, Lib.  I, cap. II) Aqu\u00ed tambi\u00e9n se invoca la autonom\u00eda de la raz\u00f3n como fatal para la  doctrina de la revelaci\u00f3n propiamente dicha.  En vista de estas objeciones, es evidente que la cuesti\u00f3n sobre la posibilidad de la revelaci\u00f3n es uno de los puntos m\u00e1s vitales de la apolog\u00e9tica cristiana.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Una vez establecida la  existencia de un Dios personal, al menos la posibilidad f\u00edsica de la revelaci\u00f3n es innegable.  Dios, quien ha dotado al hombre de los medios de comunicar sus pensamientos a sus semejantes, no puede carecer de la facultad de comunicarnos sus propios pensamientos.  [Martineau, por cierto, niega que poseamos las facultades de recibir o de autenticar una revelaci\u00f3n divina acerca del pasado o el futuro (\u00abSeat of Authority in Religion\u00bb, p. 311); pero tal declaraci\u00f3n es sumamente arbitraria y extravagante.] Sin embargo, se han planteado numerosas dificultades sobre fundamentos distintos de los de la posibilidad f\u00edsica.  Para estimar su valor parece conveniente distinguir tres aspectos de la revelaci\u00f3n, es decir, seg\u00fan se nos da a conocer:\n<\/p>\n<ul>\n<li> 1.  verdades de la ley natural;<\/li>\n<li> 2.  misterios de la fe;<\/li>\n<li> 3.  preceptos positivos, por ejemplo, respecto al  culto divino.   <\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify\">(1)  La revelaci\u00f3n de las verdades de la ley natural ciertamente no es inconsistente con la sabidur\u00eda de Dios.  \u00c9l cre\u00f3 al hombre de manera de concederle dotes ampliamente suficientes para que alcance su fin \u00faltimo. Si hubiera sido de otra manera, la creaci\u00f3n habr\u00eda sido imperfecta.  Si adem\u00e1s de esto Dios decret\u00f3 que el logro de la bienaventuranza fuera m\u00e1s f\u00e1cil a\u00fan para el hombre al poner a su alcance un modo m\u00e1s simple y mucho m\u00e1s seguro de conocer la ley de cuya observancia depend\u00eda su suerte, esto es una prueba de la generosidad divina; no contradice la sabidur\u00eda de Dios. Asumir, como ciertos racionalistas, que la intervenci\u00f3n excepcional de Dios s\u00f3lo puede explicarse sobre la base de que Dios haya sido incapaz de incluir su designio \u00faltimo en su plan original es una mera petitio principii.   M\u00e1s a\u00fan, la doctrina del pecado original proporciona una raz\u00f3n adicional para tal revelaci\u00f3n de la ley natural.  Esa  doctrina nos ense\u00f1a que el hombre, por el abuso de su libre albedr\u00edo, ha tornado dif\u00edcil la consecuci\u00f3n de su salvaci\u00f3n. Aunque sus facultades intelectuales no est\u00e1n radicalmente viciadas, su comprensi\u00f3n de la verdad se ha debilitado; su reconocimiento de la ley moral es oscurecido constantemente por dudas y cuestionamientos.  La revelaci\u00f3n le otorga a su mente la certeza que \u00e9l hab\u00eda perdido, y hasta cierto punto repara los males resultantes de la cat\u00e1strofe que le hab\u00eda sobrevenido.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">(2)  Mayor dificultad todav\u00eda ha habido respecto a los misterios. Se afirma generalmente que un misterio es algo que repugna a la raz\u00f3n, y, en consecuencia, algo intr\u00ednsecamente imposible.  Esta objeci\u00f3n se apoya sobre un simple malentendido acerca de lo que significa un misterio. En la terminolog\u00eda  teol\u00f3gica, una concepci\u00f3n supone un misterio cuando es tal que las facultades naturales de la raz\u00f3n son incapaces de ver c\u00f3mo sus elementos pueden unirse. Pero esto no implica nada contrario a la raz\u00f3n. Una concepci\u00f3n es contraria a la raz\u00f3n solamente cuando la mente puede reconocer que sus elementos son mutuamente excluyentes, y consecuentemente, encierra una contradicci\u00f3n en los t\u00e9rminos. Una objeci\u00f3n m\u00e1s sutil es la planteada por el Dr. J. Caird, al efecto de que toda verdad que puede ser comunicada parcialmente a la mente por analog\u00edas es, en \u00faltima instancia, capaz de ser comprendida completamente por el entendimiento. \u00abDe todas estas representaciones, a menos que sean puramente ilusorias, debe tenerse por cierto que, impl\u00edcitamente y en forma no desarrollada, contienen pensamiento racional y por lo tanto pensamiento que la inteligencia puede finalmente liberar de su velo sensorio&#8230; Nada que sea absolutamente inescrutable a la raz\u00f3n puede ser conocido por la fe.\u00bb (\u00abPhilosophy of Religion\u00bb, p. 71). La objeci\u00f3n descansa sobre una visi\u00f3n totalmente exagerada de las capacidades del intelecto humano. La facultad cognitiva de cualquier naturaleza se corresponde con el grado de esta \u00faltima en la escala del ser. La inteligencia de un intelecto finito puede penetrar solo un objeto finito; es incapaz de comprehender el infinito.  Los tipos finitos a trav\u00e9s de los cuales el Infinito se le manifiesta bajo ninguna circunstancia pueden conducir a algo mayor que un conocimiento an\u00e1logo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Se alega frecuentemente, adem\u00e1s, que la revelaci\u00f3n de lo que la mente no puede comprender ser\u00eda un acto de violencia contra el entendimiento, y que esta facultad puede aceptar \u00fanicamente aquellas verdades cuya racionalidad intr\u00ednseca reconoce. Esta afirmaci\u00f3n, basada en la alegada autonom\u00eda de la raz\u00f3n, solo puede alcanzarse con la negaci\u00f3n.  La funci\u00f3n de la inteligencia es reconocer y admitir cualquier verdad que se le presente adecuadamente, ya sea que esa verdad est\u00e9 garantizada por criterios internos o externos. La raz\u00f3n no se ve despojada de su actividad leg\u00edtima porque los criterios sean externos. Halla una amplia esfera de acci\u00f3n al ponderar los argumentos para establecer la credibilidad del hecho afirmado. La existencia de misterios en la religi\u00f3n cristiana fue ense\u00f1ada expresamente por el Concilio Vaticano I (De Fide Cath., cap. IV, can. I): \u00abSi alguno dijere que en la revelaci\u00f3n divina no est\u00e1 contenido ning\u00fan misterio verdadero y propiamente dicho, sino que todos los dogmas de la fe pueden ser comprendidos y demostrados a partir de los principios naturales por una raz\u00f3n humana rectamente cultivada, sea anatema.\u00bb\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">(3)  La escuela ( de\u00edsta) de racionalistas m\u00e1s antigua negaba la posibilidad de una revelaci\u00f3n divina que impusiera cualesquier leyes distintas a las que la religi\u00f3n natural le impone al hombre. Estos autores consideraban la religi\u00f3n natural como, por as\u00ed decirlo, una constituci\u00f3n pol\u00edtica que determina el gobierno divino del universo, y sosten\u00edan que Dios pod\u00eda actuar \u00fanicamente seg\u00fan prescrib\u00edan sus t\u00e9rminos. Como el anterior, este error fue proscrito al mismo tiempo (De Fide Cath., cap. II, can. II): \u00abSi alguno dijere que es imposible, o inconveniente, que el ser humano sea instruido por medio de la revelaci\u00f3n divina respecto a Dios y el culto que debe tribut\u00e1rsele por revelaci\u00f3n divina, sea anatema.\u00bb\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Apenas puede ponerse en duda que la \u00abautonom\u00eda de la raz\u00f3n\u00bb surta la fuente principal de dificultades que se perciben contra la revelaci\u00f3n en el sentido cristiano. Parece conveniente indicar muy brevemente los diversos modos en que se entiende aquel principio. M. Blondel, un miembro eminente de la escuela inmanentista, lo explica dando a entender que \u00abnada puede entrar en el hombre que no proceda de \u00e9l, y que no se corresponda de alguna manera con una necesidad interior de expansi\u00f3n; y que ni en la esfera de los hechos hist\u00f3ricos ni en la de la doctrina tradicional, ni en las \u00f3rdenes impuestas por la autoridad, puede una verdad considerarse v\u00e1lida para un hombre o cualquier precepto como  obligatorio, a menos que sea de alg\u00fan modo aut\u00f3nomo y aut\u00f3ctono.\u00bb (\u00abLettre sur les Exigences, etc.\u00bb, p. 601). Aunque M. Blondel en su propio caso ha reconciliado este principio con la aceptaci\u00f3n del credo cat\u00f3lico, puede verse f\u00e1cilmente que abona un terreno obvio para la negaci\u00f3n no solamente de la posibilidad de una revelaci\u00f3n externa, sino de la entera base hist\u00f3rica del cristianismo. El origen de esta doctrina err\u00f3nea se encuentra en el hecho de que, dentro de la esfera de la raz\u00f3n natural especulativa, las verdades que se reciben meramente por autoridad externa, y que de ninguna manera est\u00e1n conectadas con principios ya admitidos, dif\u00edcilmente pueda decirse que formen parte de nuestro conocimiento. La  ciencia requiere la raz\u00f3n interna de las cosas, y no puede hacer uso de las verdades a menos que alcance los principios de los que estas fluyen. Extender esto a las verdades religiosas es un error que se remonta directamente a la suposici\u00f3n de los  fil\u00f3sofos del siglo XVIII de que no hay verdades religiosas salvo aquellas a las que el intelecto humano puede acceder por s\u00ed mismo. A veces, sin embargo, se aplica el principio con una significaci\u00f3n menos extensiva. Puede entenderse meramente como que la raz\u00f3n no puede ser forzada a admitir una doctrina religiosa cualquiera o una obligaci\u00f3n moral cualquiera solo porque poseen garant\u00edas extr\u00ednsecas de verdad; aquellas deben ser capaces en todos los casos de justificar su validez con fundamentos intr\u00ednsecos. De esta suerte escribe el Prof, J. Caird: \u00abNi las ideas morales ni las religiosas pueden ser transferidas sin m\u00e1s al esp\u00edritu humano en forma de hecho, ni pueden ser verificadas por cualquier evidencia fuera de o menor que ellas mismas.\u00bb (\u00abFundamental Ideas of Christianity\u00bb, p. 31). Un significado un tanto diferente se implica en el canon del Concilio Vaticano I en el que se niega al intelecto el derecho de independencia absoluta (autonom\u00eda): \u00abSi alguno dijere que la raz\u00f3n humana es de tal modo independiente que no puede serle imperada la fe por Dios, sea anatema.\u00bb (De Fide Cath., cap. III, can. I). Este canon est\u00e1 dirigido contra la posici\u00f3n mantenida, como se ha dicho ya, por los viejos racionalistas y los de\u00edstas, de que la raz\u00f3n humana se basta sobradamente para llegar a la verdad absoluta en todas las cuestiones religiosas sin ayuda exterior (cf. Vacant, \u00ab\u00c9tudes Th\u00e9ologiques\u00bb, I, 573; II, 387).\n<\/p>\n<h2>Necesidad de la revelaci\u00f3n<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify\">\u00bfPuede decirse que la revelaci\u00f3n es necesaria para el hombre?  No hay lugar a duda en cuanto a su necesidad si se admite que Dios destina al hombre para lograr una beatitud  sobrenatural que sobrepasa las posibilidades de sus capacidades naturales.  En ese caso, Dios debe revelar igualmente la existencia de ese fin sobrenatural y los medios por los cuales hemos de conseguirlos.  Pero \u00bfes la revelaci\u00f3n necesaria incluso para que el hombre observe los preceptos de la ley natural?  Si se ve a nuestra especie en su condici\u00f3n actual como la historia la expone, la respuesta solo puede ser que, moralmente hablando, es imposible para los hombres, sin ayuda de la revelaci\u00f3n, obtener por sus facultades naturales un conocimiento de aquella ley en la medida que es suficiente para la recta ordenaci\u00f3n de la vida.  En otras palabras, la revelaci\u00f3n es moralmente necesaria; aunque no decimos que sea absolutamente necesaria.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Seg\u00fan ense\u00f1a la  teolog\u00eda  cat\u00f3lica, el hombre posee las facultades indispensables para descubrir la ley natural.   Lutero, de hecho, afirmaba que el intelecto del hombre se hab\u00eda opacado irremediablemente por el pecado original, de manera que hasta la verdad natural estaba fuera de su alcance.  Y los  tradicionalistas del siglo XIX ( Bautain, Augustin Bonnetty | Bonnetty]], etc.) tambi\u00e9n cayeron en error, al ense\u00f1ar que el hombre era incapaz de acceder a la verdad moral y religiosa sin contar con la revelaci\u00f3n. La Iglesia, por el contrario, reconoce la capacidad de la raz\u00f3n humana, y conviene en que aqu\u00ed y all\u00e1 pueden haber existido  paganos que se liberaron de los errores prevalecientes, y que lograron tal conocimiento de la ley natural que les haya bastado para llevarlos al logro de la bienaventuranza. Pero ella ense\u00f1a, no obstante, que este puede ser el caso solo de unos pocos, y que para el grueso de la humanidad la revelaci\u00f3n es necesaria. Que esto es as\u00ed puede verse por los hechos de la historia y por la naturaleza del caso.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En cuanto al testimonio de la historia, es  notorio que hasta las m\u00e1s civilizadas de las culturas paganas han ca\u00eddo en los m\u00e1s crasos errores acerca de la ley natural; y se puede decir sin duda que nunca habr\u00edan emergido de ellos. Ciertamente, las escuelas  filos\u00f3ficas no lo habr\u00edan hecho posible, pues muchas de ellas negaban incluso principios fundamentales de la ley natural como la personalidad de Dios y el libre albedr\u00edo.. Asimismo, por la naturaleza del caso en s\u00ed, las dificultades envueltas en el logro del conocimiento necesario son insuperables. Para que los hombres sean capaces de obtener el conocimiento de la ley natural que les permita ordenar rectamente su vida, las verdades de esa ley deben ser tan sencillas que la masa de los hombres pueda descubrirla sin dilaci\u00f3n y poseer un conocimiento de ellas a la vez libre de toda incertidumbre y resguardado de error grave. Ning\u00fan hombre sensato sostendr\u00e1 que esto es posible para la mayor parte de la humanidad. Hasta las verdades m\u00e1s vitales se cuestionan y objetan seriamente. Separar la verdad del error es una obra que implica tiempo y esfuerzo, y la mayor\u00eda de los hombres no tiene inclinaci\u00f3n ni oportunidad para ello. Sin la seguridad que otorga la revelaci\u00f3n, se desentender\u00edan de una obligaci\u00f3n tediosa e incierta. Se sigue, entonces, que una revelaci\u00f3n incluso de la ley natural es, para el hombre en su estado actual, una necesidad moral.\n<\/p>\n<h2>Criterios de la revelaci\u00f3n<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify\">El hecho de que la revelaci\u00f3n es no solo posible sino moralmente  necesaria es en s\u00ed mismo un poderoso argumento a favor de la existencia de una revelaci\u00f3n, e impone a todos los hombres la obligaci\u00f3n estricta de examinar las credenciales de una religi\u00f3n que a primera vista se presenta con se\u00f1ales de veracidad. Por otro lado, si Dios ha conferido a los hombres una revelaci\u00f3n, es razonable que haya unido a ella criterios simples y evidentes que permitan incluso a los iletrados reconocer su mensaje por lo que es, y distinguirlo de todos los  falsos reclamantes.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Los criterios de la revelaci\u00f3n son externos o internos:\n<\/p>\n<ul>\n<li> (1) Los criterios externos consisten en ciertas se\u00f1ales ligadas a la revelaci\u00f3n como un testimonio de su verdad; por ejemplo, los milagros. <\/li>\n<li> (2) Los criterios internos son aquellos que se encuentran en la naturaleza de la  doctrina misma en la manera en que fue presentada al mundo, y en los efectos que produce en el alma. Estos se distinguen en criterios negativos y positivos:\n<ul>\n<li> (a) La inmunidad de la alegada revelaci\u00f3n contra cualquier ense\u00f1anza, especulativa o moral, que sea manifiestamente err\u00f3nea o contradictoria en s\u00ed; la ausencia de todo fraude por parte de los que la transmiten al mundo, proveen criterios internos negativos. <\/li>\n<li> (b) Los criterios internos positivos son de varios tipos. Puede observarse uno de ellos en los efectos ben\u00e9ficos de la doctrina y en su capacidad de cumplir incluso las m\u00e1s altas aspiraciones que el hombre pueda forjarse. Otro consiste en la convicci\u00f3n interna que siente el alma frente a la verdad de la doctrina (Su\u00e1rez, \u00abDe Fide\u00bb, IV, sec. 5 n. 9). <\/li>\n<\/ul>\n<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify\">En el siglo XIX, en ciertas escuelas de pensamiento hubo una tendencia expresa a negar el valor de todo criterio externo. Esto se debi\u00f3 en gran medida a la pol\u00e9mica  racionalista en contra de los milagros. No pocos  te\u00f3logos no cat\u00f3licos, ansiosos de llegar a acuerdos con el enemigo, adoptaron esta actitud. Aceptaban que los milagros son in\u00fatiles como cimiento de la fe, y que constituyen por el contrario uno de los mayores obst\u00e1culos que yacen en su camino. La fe, admit\u00edan, debe presuponerse antes de que el milagro pueda ser aceptado. De aqu\u00ed que estos autores hayan mantenido que el \u00fanico criterio de la fe radica en la experiencia interna&#8212;en el testimonio del \u00bb Esp\u00edritu\u00bb. As\u00ed, dice Schleiermacher: \u00abRehusamos por completo cualquier intento de demostrar la verdad y la necesidad de la religi\u00f3n  cristiana. Por el contrario, asumimos que cada cristiano antes de realizar inquisiciones de esta naturaleza est\u00e1 ya convencido de que ninguna otra forma de religi\u00f3n sino la cristiana puede armonizar con su  piedad.\u00bb (\u00abGlaubenslehre\u00bb, n. 11). Los  tradicionalistas, al negar la potestad de la raz\u00f3n  humana de poner a prueba los fundamentos de la fe, se vieron obligados a recurrir al mismo criterio (cf. Lamennais, \u00abPens\u00e9es Diverses\u00bb, p. 488).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Esta posici\u00f3n es del todo insostenible. El testimonio provisto por la experiencia interna sin duda no debe ser dejado de lado. Los doctores cat\u00f3licos han reconocido siempre su valor. Pero su virtud se limita al individuo sujeto de la misma. No puede ser utilizada como un criterio v\u00e1lido para todos, ya que su ausencia no es prueba de que la doctrina no es verdadera. M\u00e1s a\u00fan, de todos los criterios, este es el que acarrea mayor posibilidad de enga\u00f1o. Cuando se presenta a la mente la verdad mezclada con el error, sucede a menudo que se cree que toda la ense\u00f1anza, lo cierto y lo falso por igual, tiene una garant\u00eda divina, toda vez que el alma ha reconocido y acogido la verdad de alguna que otra doctrina, por ejemplo, la Expiaci\u00f3n. Tomado aisladamente y sin contar con una prueba objetiva, encierra solo una probabilidad de que la revelaci\u00f3n sea verdadera. De ah\u00ed que el Concilio Vaticano I condena expresamente el error de quienes ense\u00f1an que es el \u00fanico criterio (De Fide Cath., cap. III, can. III).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La concordancia perfecta de una doctrina religiosa con las ense\u00f1anzas de la raz\u00f3n y la ley natural; su facultad de satisfacer, y colmar, las aspiraciones humanas m\u00e1s sublimes, su influencia ben\u00e9fica sobre la vida p\u00fablica y privada, nos proporcionan una prueba m\u00e1s confiable. Este es un criterio que se ha aplicado a menudo contundentemente al alegar que la Iglesia Cat\u00f3lica es la sola custodia de la Revelaci\u00f3n de Dios. Ciertamente, estas cualidades ata\u00f1en en grado tan trascendente a la ense\u00f1anza de la Iglesia que el argumento necesariamente transmite convicci\u00f3n a una mente seria y que busca celosa la verdad. Otro criterio que a primera vista guarda semejanza con este merece menci\u00f3n aqu\u00ed. Se basa en la teor\u00eda de la inmanencia, y fue defendido en\u00e9rgicamente por algunos de los miembros m\u00e1s moderados de la escuela  modernista. Estos autores insist\u00edan en que las necesidades vitales del alma demandan, como su necesario complemento, la co-operaci\u00f3n divina, la gracia  sobrenatural, e incluso el supremo  magisterio de la Iglesia. A estas necesidades solo corresponde la religi\u00f3n cat\u00f3lica. Y esta correspondencia con nuestras necesidades vitales es, dicen, el \u00fanico criterio de verdad. Esta teor\u00eda es del todo inconsistente con el dogma cat\u00f3lico. Supone que la revelaci\u00f3n cristiana y el don de la gracia no son  d\u00e1divas gratuitas de Dios, sino algo que la naturaleza del hombre exige en forma absoluta, y sin lo cual estar\u00eda incompleta. Esto es un retorno a los errores de  Bayo (Denz. 1021, etc.).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Aunque la Iglesia, como hemos dicho, est\u00e1 lejos de subestimar los criterios internos, siempre ha considerado los criterios externos como los m\u00e1s f\u00e1cilmente reconocibles y m\u00e1s decisivos. Por ello ense\u00f1a el Concilio Vaticano I: \u00ab&#8230;para que la obediencia de nuestra fe sea conforme a  la raz\u00f3n, quiso Dios que a la asistencia interna del Esp\u00edritu Santo est\u00e9n unidas pruebas externas de su revelaci\u00f3n, esto es, hechos divinos (facta divina), y, ante todo, milagros y profec\u00edas, que, mostrando claramente la omnipotencia y conocimiento infinitos de Dios, son signos cert\u00edsimos de la revelaci\u00f3n divina y son adecuados al entendimiento de todos.\u00bb (De Fide Cath., cap. III). Como un ejemplo de una obra evidentemente divina y no obstante distinta del milagro o profec\u00eda, el Concilio cita a la Iglesia Cat\u00f3lica, la cual, \u00aben raz\u00f3n de su admirable propagaci\u00f3n, su sobresaliente santidad y su incansable fecundidad en toda clase de  buenas  obras, por su unidad cat\u00f3lica y su invencible estabilidad, es un gran y perpetuo motivo de credibilidad y un testimonio irrefragable de su misi\u00f3n divina.\u00bb (1. c). La verdad de la ense\u00f1anza del Concilio en referencia a los criterios externos es clara para cualquier mente imparcial. Una vez asentida la presencia de los criterios negativos, las garant\u00edas externas establecen el origen divino de una revelaci\u00f3n como nada m\u00e1s podr\u00eda hacerlo. Son, por as\u00ed decirlo, un sello fijado por la mano de Dios mismo, autenticando la obra como suya. (Para una exposici\u00f3n m\u00e1s completa de su valor apolog\u00e9tico, y para una discusi\u00f3n de las objeciones, ver milagro, apolog\u00e9tica.)\n<\/p>\n<h2>La revelaci\u00f3n cristiana<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify\">Resta a\u00fan distinguir la revelaci\u00f3n  cristiana o \u00abdep\u00f3sito de la fe\u00bb de lo que se denomina revelaciones privadas.  Esta distinci\u00f3n es importante, ya que, aunque la Iglesia reconoce que Dios ha hablado a sus siervos en todas las edades, y contin\u00faa haci\u00e9ndolo a favor de unas almas privilegiadas, ella distingue con cuidado estas revelaciones de la revelaci\u00f3n que le ha sido encomendada, y que propone a sus miembros para su aceptaci\u00f3n.  Esta revelaci\u00f3n ha sido concedida en su integridad a  Nuestro Se\u00f1or y  sus Ap\u00f3stoles.  Luego de la muerte del \u00faltimo de los Doce, no sufri\u00f3 incremento alguno.  Era, seg\u00fan lo llama la Iglesia, un dep\u00f3sito&#8212;\u00abla fe que ha sido transmitida a los  santos de una vez para siempre\u00bb ( Judas 3)&#8212;por el cual la Iglesia deb\u00eda \u00abcombatir\u00bb, pero al que no pod\u00eda a\u00f1adir nada.  De esta manera, siempre que ha debido definir una  doctrina, sea en  Nicea, en  Trento, o en el  Vaticano, el punto excluyente de debate ha sido si la doctrina se halla en la Escritura o en la  Tradici\u00f3n apost\u00f3lica.  El  don de la asistencia divina, confundido a veces con la revelaci\u00f3n por los menos informados de los escritores anticat\u00f3licos, \u00fanicamente preserva al  supremo pont\u00edfice de error al definir la fe; no permite que le a\u00f1ada ni un \u00e1pice.  Todas las revelaciones posteriores otorgadas por Dios se conocen como revelaciones privadas, en raz\u00f3n de que no se dirigen a toda la Iglesia sino que son meramente para el bien de miembros  individuales.  Ellas pueden en verdad ser un objeto leg\u00edtimo de nuestra fe, pero esto depender\u00e1 de la evidencia en cada caso particular.  La Iglesia no nos las propone como parte de su mensaje.  Es cierto que en unos casos ha dado su aprobaci\u00f3n a algunas revelaciones privadas.  Esto, sin embargo, solo significa:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u2022\tque nada en ellas es contrario a la fe  cat\u00f3lica o a la ley moral, y<br \/>\n\u2022\tque hay suficientes indicios de su  veracidad como para justificar que los fieles les den cr\u00e9dito sin hacerse culpables de superstici\u00f3n o de imprudencia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Se podr\u00eda plantear, no obstante, si la revelaci\u00f3n cristiana no sufre incremento a trav\u00e9s del desarrollo de la doctrina.  Durante la segunda mitad del siglo XIX esta cuesti\u00f3n del desarrollo doctrinal fue debatida ampliamente.  Debido a la ense\u00f1anza err\u00f3nea de  G\u00fcnther de que las doctrinas de la fe asumen un nuevo sentido conforme la  ciencia humana progresa, el Concilio Vaticano I declar\u00f3 de una vez por todas que el significado de los dogmas de la Iglesia es inmutable (De Fide Cath., cap. IV, can. III). Por otro lado, reconoce expl\u00edcitamente que existe un modo leg\u00edtimo de desarrollo, y cita a tal efecto (op. cit., cap. IV) las palabras de San Vicente de L\u00e9rins: \u00abQue el entendimiento de la ciencia y la sabidur\u00eda [acerca de la doctrina de la Iglesia] crezcan con el correr de las \u00e9pocas y los siglos, y que florezcan grandes y vigorosos, en cada uno y en todos, en cada individuo y en toda la Iglesia: pero esto solo de manera apropiada, esto es, reteniendo el mismo dogma, el mismo sentido y el mismo contenido.\u00bb (Commonit. 28). Dos de los m\u00e1s eminentes escritores  teol\u00f3gicos del per\u00edodo, el Cardenal  Franzelin y el cardenal  Newman, han reflexionado en l\u00edneas muy diferentes sobre el progreso y la naturaleza de este desarrollo. El Cardenal Franzelin en su \u00abDe Divina Traditione et Scriptura\u00bb (parte XXII VI) tiene a la vista principalmente las teor\u00edas  hegelianas de G\u00fcnther. Por consiguiente, pone el \u00e9nfasis principal sobre la identidad en todos los puntos del dato  intelectual, y explica el desarrollo casi exclusivamente como un proceso de deducci\u00f3n l\u00f3gica.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El Cardenal Newman escribi\u00f3 su \u00abEssay on the Development of Christian Doctrine\u00bb en el curso de los dos a\u00f1os (1843-45) previos a su admisi\u00f3n a la Iglesia Cat\u00f3lica. Le hab\u00edan solicitado que se encargara de otros adversarios, a saber, los  protestantes que justificaban su separaci\u00f3n del cuerpo principal de los cristianos sobre la base de que Roma hab\u00eda corrompido la ense\u00f1anza primitiva con una serie de a\u00f1adiduras. En esa obra \u00e9l examina en detalle la diferencia entre una corrupci\u00f3n y un desarrollo. Muestra c\u00f3mo una idea verdadera y f\u00e9rtil ostenta una peculiar energ\u00eda vital y asimilativa en virtud de la cual, sin sufrir el menor cambio sustantivo, llega a una expresi\u00f3n cada vez m\u00e1s completa, seg\u00fan el paso del tiempo la pone en contacto con nuevos aspectos de la verdad o la fuerza a enfrentar nuevos errores: la vida de la idea se percibe como an\u00e1loga a un desarrollo org\u00e1nico.  Newman aporta una serie de pruebas que distinguen un verdadero desarrollo de una corrupci\u00f3n, siendo las m\u00e1s importantes la preservaci\u00f3n del tipo y la continuidad de principios; y luego, aplicando las pruebas al caso de las adiciones de la ense\u00f1anza de Roma, demuestra que estas tienen las se\u00f1ales no de corrupciones sino de desarrollos verdaderos y leg\u00edtimos. La teor\u00eda, aunque menos  escol\u00e1stica en su forma que la de Franzelin, est\u00e1 en perfecta conformidad con la creencia  ortodoxo. Newman, no menos que su contempor\u00e1neo  jesuita, ense\u00f1a que la doctrina en su totalidad, lo mismo en sus formas ulteriores que en las iniciales, estaba contenida en la revelaci\u00f3n original transmitida a la Iglesia por  Nuestro Se\u00f1or y  sus Ap\u00f3stoles, y que esa identidad nos est\u00e1 garantizada por el  magisterio  infalible de la Iglesia.  Es mera ficci\u00f3n la pretensi\u00f3n de ciertos autores  modernistas de que sus opiniones sobre la evoluci\u00f3n del dogma est\u00e1n en conexi\u00f3n con la teor\u00eda del desarrollo de Newman.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<b>Bibliograf\u00eda<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">OTTIGER, Teolog\u00eda fundamentalis (Friburgo, 1897); VACANT, \u00c9tudes Th\u00e9ologiques sur la Concile du Vatican (Par\u00eds, 1895); LEBACHELET, De l&#8217;apolog\u00e9tique moderne (Par\u00eds, 1897); DE BROGLIE, Religion et Critique (Par\u00eds, 1906); BLONDEL, Lettre sur les Exigences de la Pens\u00e9e moderne en mati\u00e8re apolog\u00e9tique en Annales de la Philos.: Chr\u00e9tienne (Par\u00eds, 1896). Sobre las revelaciones privadas: SU\u00c1REZ, De Fide, disp. III, sec. 10; FRANZELIN, De Scriptura et Traditione, tesis xxii (Roma, 1870); POULAIN, Graces of Interior Prayer, parte IV, trad. (Londres, 1910). Sobre el desarrollo de la doctrina:. BAINVEL, De Magisterio vivo et Traditione (Par\u00eds, 1905); VACANT, op. cit., II, p. 281 s.; PINARD, art. Dogme en Dict. Apolog\u00e9tique de la Foi Catholique, ed. D&#8217;Ales (Par\u00eds, 1910); O&#8217;DWYER, Cardinal Newman and the Encyclical Pascendi (Londres, 1908).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Entre aquellos que desde un punto de vista u otro han contradicho la doctrina cristiana de la Revelaci\u00f3n, cabe mencionar a los siguientes: PAINE, Age of Reason (ed. 1910) 1 30; F. W. NEWMAN, Phases of the Faith (4ta ed., Londres, 1854); SABATIER, Esquisse d&#8217;une philosophie de la religion, I, ii (Par\u00eds, 1902); PFLEIDERER, Religionsphilosophie auf geschichtlicher Grundlage (Berl\u00edn, 1896), 493 s.; LOISY, Autour d&#8217;un petit livre (Par\u00eds, 1903), 192 ss.&#160;; WILSON, art. Revelation and Modern Thought en Cambridge Theol. Essays (Londres, 1905); TYRRELL, Through Scylla and Charybdis (Londres, 1907), ii; MARTINEAU, Seat of Authority in Religion, III, ii (Londres, 1890).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><b>Fuente<\/b>:  Fuente:  Joyce, George. \u00abRevelation.\u00bb The Catholic Encyclopedia. Vol. 13. New York: Robert Appleton Company, 1912. <br \/>http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/13001a.htm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Traducido por Emilce S. F\u00e9kete.  L M H.\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>v. 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