{"id":5502,"date":"2016-02-05T01:39:04","date_gmt":"2016-02-05T06:39:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/suicidio\/"},"modified":"2016-02-05T01:39:04","modified_gmt":"2016-02-05T06:39:04","slug":"suicidio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/suicidio\/","title":{"rendered":"SUICIDIO"},"content":{"rendered":"<p>acci\u00f3n de darse voluntariamente la muerte. El s. tiene poca ocurrencia en los textos sagrados. Sobre todo, se mencionan los casos de los guerreros que se matan a s\u00ed\u00ad mismos o mueren por medio de un subalterno al que le ordenan los mate ante la inminencia del enemigo.<\/p>\n<p>Sa\u00fal  en la guerra contra los filisteos, tras ser derrotado y descubierto por los flecheros, en la batalla de Gelbo\u00e9, se suicid\u00f3 arroj\u00e1ndose sobre su espada, 1 S 31, 4-5. Abim\u00e9lek, de la \u00e9poca de los jueces, autoproclamado rey de Siquem, fue herido por una mujer con la muela de un molino y orden\u00f3 a su escudero que lo matase, pues era deshonor que dijeran que lo hab\u00ed\u00ada matado una mujer, Jc 9, 52-54. Simr\u00ed\u00ad, usurpador del trono de Israel en 885 a. C., acosado por la tropas de Omr\u00ed\u00ad, incendi\u00f3 su palacio y muri\u00f3 all\u00ed\u00ad incinerado, 1 R 16, 18. Un funcionario de los sel\u00e9ucidas se envenen\u00f3 por honor, Tolomeo, llamado Macr\u00f3n, 2 M 10, 13. Raz\u00ed\u00adas, un anciano de Jerusal\u00e9n, llamado \u2020\u0153Padre de lo jud\u00ed\u00ados\u2020\u009d, en \u00e9poca de los Macabeos, fue perseguido por Nicanor y prefiri\u00f3 darse muerte antes que caer en manos de criminales y sufrir afrentas indignas de su nobleza, 2 M 14, 42-46.<\/p>\n<p>Un caso de s.  escaso en las p\u00e1ginas b\u00ed\u00adblicas, es de Ajit\u00f3fel, quien traicion\u00f3 al rey David y fue consejero de Absal\u00f3n cuando se rebel\u00f3 contra su padre. Fracasada la revuelta, Ajit\u00f3fel se ahorc\u00f3, 2 S 17, 23.<\/p>\n<p>En el N. T.  s\u00f3lo se encuentra el caso de Judas Iscariote, uno de los doce ap\u00f3stoles, el traidor de Jes\u00fas, Mt 27, 5. Un intento de s. se cuenta en los Hechos de los Ap\u00f3stoles. Pablo y Silas fueron puestos presos en Filipos,  pero un milagro, un terremoto, hizo que las puertas de la c\u00e1rcel se abrieran; el guardia, al despertar, pens\u00f3 que los dos hab\u00ed\u00adan huido y sac\u00f3 su espada para darse muerte, pero Pablo se lo impidi\u00f3, Hch 16, 27-28. Suk\u00ed\u00ades, grupo de soldados que apoy\u00f3 al fara\u00f3n Sosaq, cuando atac\u00f3  Palestina y saque\u00f3 a Jerusal\u00e9n y su Templo, en tiempos de del rey Roboam de Judea. No se sabe de los s. m\u00e1s all\u00e1 de la menci\u00f3n en 2 Cro 12, 3.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Digital, Grupo C Service &#038; Design Ltda., Colombia, 2003<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Digital<\/b><\/p>\n<p>(matarse a s\u00ed\u00ad mismo).<\/p>\n<p> Es un pecado grave, contra el quinto mandamiento: (Exo 20:13).<\/p>\n<p> &#8211; Dios, y solo Dios, da la vida y la muerte, Gen 32:39.<\/p>\n<p> &#8211; Hay suicidio f\u00ed\u00adsico, ps\u00ed\u00adquico y espiritual. El peor es el espiritual, cuya muerte produce, no la separaci\u00f3n del cuerpo y del alma, sino la separaci\u00f3n de la persona de Dios, Gen 2:17. Este suicidio es producido por el pecado, Rom 5:12. Ver \u00abMuerte\u00bb, \u00abPecado\u00bb.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano<br \/>\nDr. J. Dominguez<\/p>\n<p>http:\/\/biblia.com\/diccionario\/<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano<\/b><\/p>\n<p>[359]<\/p>\n<p>     Privaci\u00f3n de la propia vida por cualquier medio  y por cualquier motivo. Ordinariamente el suicidio acontece por carencia de razones \u00ed\u00adntimas para vivir o por incapacidad para superar las dificultades o los peligros de la vida.<\/p>\n<p>    En s\u00ed\u00ad mismo el suicidio es una acci\u00f3n natural, pues el hombre al igual que todos los seres vivos tienen por su misma naturaleza a conservar y prolongar la propia existencia y a evitar la propia destrucci\u00f3n, seg\u00fan el instinto de conservaci\u00f3n que, al igual que el de reproducci\u00f3n, el de posesi\u00f3n o el de propia realizaci\u00f3n, es radical en la naturaleza.<\/p>\n<p>    En la \u00e9tica cristiana, nunca y por ning\u00fan motivo est\u00e1 admitido el suicidio directo, ya que se entiende la vida como un don de Dios concedido para ser usado y del que se dar\u00e1 cuenta. Quitarse la vida a si o a los dem\u00e1s va contra la propia esencia del mensaje cristiano. En otras creencias el suicidio se admite como homenaje a Dios (en religiones orientales como el sinthoismo, en sectas mahometanas radicales).<\/p>\n<p>    En clave cristiana la idea del suicidio ha evolucionado desde una visi\u00f3n r\u00e1dicalmente \u00e9tica, en la que se privaba hasta de sepultura eclesi\u00e1stica al considerar al suicida un pecador p\u00fablico, a una visi\u00f3n psiqui\u00e1trica en la que  se supone alg\u00fan desequilibrio en quien realiza una acci\u00f3n que es la m\u00e1s opuesta a la naturaleza, a la recta raz\u00f3n, al equilibrio personal. Por eso se tiende, salvo clara prueba en contrario, a mirar al suicida como un desequilibrado vital y a orar por \u00e9l, dejando para el misterio de la conciencia de cada uno la realidad de las razones de su acto y a Dios, Justo Juez, el juicio de sus intenciones y libertad.<\/p>\n<p>    En la educaci\u00f3n moral y religiosa el suicido, o la simpat\u00ed\u00ada hacia el mismo, se deben tratar en el contexto de la vida y con la clara formulaci\u00f3n de lo que la vida significa para el creyente: don de Dios, responsabilidad de toda ella incluida la \u00faltima decisi\u00f3n, comprensi\u00f3n piadosa con los casos de suicidio y suspensi\u00f3n habitual del juicio \u00e9tico cuando de personas concretas se trata.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>(v. eutanasia, muerte, vida)<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>Es la muerte que uno se inflige voluntariamente a s\u00ed\u00ad mismo debido a un rechazo radical de la vida. Revela una situaci\u00f3n de crisis social, pero tambi\u00e9n \u00e9tica y religiosa del hombre. La mayor parte de los suicidios obedece actualmente a una restricci\u00f3n patol\u00f3gica de la conciencia ps\u00ed\u00adquica (depresi\u00f3n), para la que las dificultades, incluso objetivamente no graves, dan la impresi\u00f3n de ser catastr\u00f3ficas.<\/p>\n<p>Esta amenaza de la existencia no puede superarse normalmente sobre la base solamente de la fe, sino que requiere la ayuda de la psicoterapia. Los fuertes condicionamientos propios de nuestra sociedad ponen muchas veces al individuo en la imposibilidad de autorrealizarse. Para quien no sabe captar su relaci\u00f3n con el Absoluto, frente al cual toda vida adquiere un significado, la alternativa dram\u00e1tica puede ser la de encontrar la \u00fanica posibilidad de autoafirmaci\u00f3n en el gesto suicida. Esto revela cruelmente nuestro desorden social y crea un profundo sentido de desconcierto. Esta situaci\u00f3n es precisamente la que suscita desde un punto de vista te\u00f3rico el problema del derecho al suicidio, y desde un punto de vista pr\u00e1ctico el nacimiento de una serie de movimientos que defienden este derecho (Pellizzaro).<\/p>\n<p>A pesar de las numerosas descripciones literarias que presentan el suicidio como una muerte arrostrada libre y soberanamente, lo cierto es que se trata m\u00e1s bien de la expresi\u00f3n de una profunda desesperaci\u00f3n existencial, de una especie de enfermedad del alma, y tambi\u00e9n con frecuencia de una patolog\u00ed\u00ada ps\u00ed\u00adquica. Por eso, mientras que en el plano general y te\u00f3rico hay que condenar el suicidio, es preciso abstenerse de dar un juicio sobre la persona que lo atenta. El intento de suicidio debe interpretarse muchas veces como signo de un abandono y de una soledad profundamente sufridos, y por tanto como una llamada a la solidaridad del mundo circundante. Es distinta del suicidio la renuncia voluntaria a la vida por amor al pr\u00f3jimo o la exposici\u00f3n a un riesgo calculado de la propia vida, por ejemplo, en zonas castigadas por una epidemia. Esta autodonaci\u00f3n es un acto heroico, que trasciende toda valoraci\u00f3n moral y que s\u00f3lo puede comprenderse pensando en el ejemplo de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>B. Marra<\/p>\n<p>Bibl.: G, Pellizzaro, Suicidio, en NDTM; A. E, Kaufmann, Suicidio, en DSoc, 16281642; E. Rojas, Estudios sobre el suicidio, Salvat, Barcelona 1978; E, Durkheim, El suicidio, Akal, Madrid 1982; El suicidio ~, el derecho a la muerte: n\u00famero monogr\u00e1fico de Concilium 199 (1985).<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>TEOLOG\u00ed\u008dA MORAL<br \/>\nSUMARIO<br \/>\nI. Caracteres actuales del fen\u00f3meno.<br \/>\nII. Interpretaci\u00f3n de las ciencias positivas:<br \/>\n1. Sociolog\u00ed\u00ada;<br \/>\n2. Psicolog\u00ed\u00ada.<br \/>\nIII. Enfoque tradicional del problema.<br \/>\nIV. La reflexi\u00f3n \u00e9tica actual:<br \/>\n1. El problema;<br \/>\n2. Ubicaci\u00f3n del tema dentro de la nueva problem\u00e1tica sobre el<br \/>\n    derecho a vivir y a morir:<br \/>\n    a) El suicidio filos\u00f3fico,<br \/>\n    b) El suicidio por amor,<br \/>\n    c) La eutanasia.<br \/>\nV. Perspectivas.<\/p>\n<p>La noticia de una persona conocida que se quita la vida constituye una inquietante pregunta para los que siguen viviendo. \u00bfQu\u00e9 sentido tiene ese gesto? \u00bfDe qu\u00e9 motivaci\u00f3n ha surgido? \u00bfQu\u00e9 mensaje contiene? Casi siempre el suicida logra hacer que surja un sentimiento de profunda inquietud y de culpa en el que sobrevive, porque replantea de modo dram\u00e1tico el problema de la existencia.<\/p>\n<p>Ante tales interrogantes se buscan respuestas, que en parte intentan sondear la misteriosa intimidad de la v\u00ed\u00adctima y en parte tienden a tranquilizarse a s\u00ed\u00ad mismo. La filosof\u00ed\u00ada y la reflexi\u00f3n \u00e9tica han expresado tradicionalmente una valoraci\u00f3n abstracta del fen\u00f3meno, consider\u00e1ndolo desde un punto de vista objetivo como algo moralmente il\u00ed\u00adcito. La aproximaci\u00f3n al fen\u00f3meno mediante los instrumentos de la psicolog\u00ed\u00ada y de la sociolog\u00ed\u00ada desde hace alg\u00fan tiempo han alterado las respuestas inmediatas, pero tambi\u00e9n las reflexiones abstractas. Sin embargo, el aspecto que hace hoy m\u00e1s actual el fen\u00f3meno del suicidio est\u00e1 estrechamente ligado a las transformaciones culturales relativas al significado de la vida y de la muerte.<\/p>\n<p>La investigaci\u00f3n moral en cuanto \u00abre-flexi\u00f3n\u00bb, es decir, vuelta sobre la realidad, no puede separarse de los fen\u00f3menos sociales y de las interpretaciones culturales de nuestro tiempo, puesto que tales fen\u00f3menos cambian la imagen que el hombre tiene de s\u00ed\u00ad, de sus derechos y deberes, comprendidos los inherentes a la realidad del vivir y del morir. Esto significa que s\u00f3lo podemos reflexionar de modo v\u00e1lido desde un punto de vista \u00e9tico, partiendo de la base de un adecuado conocimiento del fen\u00f3meno a trav\u00e9s de los datos de la ciencia positiva.<\/p>\n<p>I. Caracteres actuales del fen\u00f3meno<br \/>\nPuede parecer poco \u00fatil una aproximaci\u00f3n fenomenol\u00f3gica al suicidio. Este se encuentra tan ligado a factores y elecciones personales, que encuadrarlo en los esquemas de la sociolog\u00ed\u00ada o de la psicolog\u00ed\u00ada parece surtir s\u00f3lo el efecto de una generalizaci\u00f3n que no puede explicar de ning\u00fan modo el drama concreto. En realidad, las indicaciones estad\u00ed\u00adsticas no trivializan los dramas particulares en una brutal superposici\u00f3n, sino que los iluminan de modo diverso, ayudando a superar las recriminaciones apresuradas y los prejuicios f\u00e1ciles.<\/p>\n<p>La fiabilidad de los datos se ha puesto a menudo en discusi\u00f3n: ante todo porque no siempre es f\u00e1cil establecer si se ha tratado de una desgracia o de un suicidio, especialmente si el difunto no ha dejado comunicaciones escritas que atestiguen su intenci\u00f3n de quitarse la vida; pero sobre todo a causa del sentido de culpa y de verg\u00fcenza que despierta el suicidio; en efecto, cuanto m\u00e1s cerrada y tradicionalista es una regi\u00f3n, tanto m\u00e1s se ocultan los datos sobre el suicidio. Por consiguiente, las estad\u00ed\u00adsticas s\u00f3lo pueden servir en parte, si se las utiliza como t\u00e9rminos de confrontaci\u00f3n con otras regiones; en cambio conservan validez, incluso en caso de subestimarlas, si se las usa para estudiar el fen\u00f3meno dentro de una misma regi\u00f3n.<\/p>\n<p>En lo que se refiere al fen\u00f3meno a escala mundial, seg\u00fan la estima de la Organizaci\u00f3n Mundial de la Salud (OMS) de 1975, se quitar\u00ed\u00adan la vida unas mil personas al d\u00ed\u00ada y cerca de medio mill\u00f3n al a\u00f1o.<\/p>\n<p>Por encima de los datos particulares y de su consistencia num\u00e9rica, hay algunas constantes que encontramos en todos los pa\u00ed\u00adses occidentales. Por ejemplo, respecto al sexo, son m\u00e1s los hombres que las mujeres los que se suicidan, mientras que son m\u00e1s las mujeres que intentan el suicidio que los hombres. Por orden de edad, aunque hoy la diferencia tiende a reducirse, es m\u00e1s elevado \u00e9l suicidio entre los ancianos que entre los j\u00f3venes, mientras que el intento de suicidio es m\u00e1s frecuente en los j\u00f3venes con relaci\u00f3n a los ancianos. Contrariamente a una opini\u00f3n seg\u00fan la cual \u00abla miseria protege\u00bb, como escribi\u00f3 Durkheim en 1897, el suicidio -observa P. Baudry (Fattori vecchi e fattori nuovi in materia di suicidio, 1929) no es un lujo de las personas ricas o famosas, sino que significa la miseria de los d\u00e9biles, es decir, de los debilitados. De hecho, en los intentos est\u00e1n sobrerrepresentados los desempleados, los que no tienen profesi\u00f3n y los inv\u00e1lidos; obreros y empleados andan cerca de la media, mientras que los funcionarios y las profesiones liberales est\u00e1n infrarrepresentadas. Hay que notar que no es s\u00f3lo la pobreza econ\u00f3mica lo que es determinante; no se puede, por ejemplo, deducir normas generales del hecho del desempleo o de situaciones de crisis.<\/p>\n<p>Un aspecto decisivo parece ser el aislamiento; pobre o acomodado, es el individuo en estado de soledad el que se suicida. A este prop\u00f3sito otra constante dice que el suicidio es tanto m\u00e1s frecuente cuanto m\u00e1s disminuye la dimensi\u00f3n de la comunidad de residencia. Contrariamente a lo que ocurr\u00ed\u00ada en el siglo pasado, el suicidio tiene lugar hoy con mayor frecuencia en el campo que en la ciudad.<\/p>\n<p>Otros factores parecen confirmar la misma constante; ante todo, en lo que ata\u00f1e a las condiciones de vida, los viudos, los divorciados y los c\u00e9libes se matan m\u00e1s que los hombres casados del orden de cinco, tres y dos veces. Es adem\u00e1s determinante la presencia de ni\u00f1os: al multiplicar las relaciones, constituyen un disuasor contra el suicidio. Finalmente, el tiempo mismo -estaciones o d\u00ed\u00adas de la semana- en que tienen lugar los suicidios parece estar determinado por factores de mayor o menor socializaci\u00f3n; por ejemplo, est\u00e1n infrarrepresentados los meses de vacaciones y los fines de semana, se\u00f1al de que un mayor intercambio reduce el estado de aislamiento y la tendencia suicida.<\/p>\n<p>II. Interpretaci\u00f3n de las ciencias positivas<br \/>\n1. SOCIOLOG\u00ed\u008dA. Es \u00fatil ver c\u00f3mo interpretan las teor\u00ed\u00adas sociol\u00f3gicas los datos estad\u00ed\u00adsticos. En su tiempo Durkheim, en la obra Le suicide (1897), distingu\u00ed\u00ada tres tipos de suicidio: suicidio ego\u00ed\u00adsta, se\u00f1al de debilitamiento de los lazos sociales; es decir, al no estar lo bastante vivo el sentimiento de solidaridad, con lo que se debilita la intensidad y la vitalidad de los grupos, se sigue una afirmaci\u00f3n excesiva del yo individual. Suicidio altruista, donde el exceso de integraci\u00f3n del individuo puede causar la muerte voluntaria, como en el caso de la esposa que sigue la suerte del marido difunto o del anciano que se deja morir. Suicidio an\u00f3mico: corresponde a momentos de profundo cambio, en los cuales la existencia colectiva se resquebraja en un estado de exacerbaci\u00f3n ilimitada de las necesidades. En sustancia, seg\u00fan Durkheim, el suicidio est\u00e1 en relaci\u00f3n con el grado de integraci\u00f3n social de un determinado grupo o de una sociedad.<\/p>\n<p>Intentando establecer el grado de integraci\u00f3n, Gibbs y Martin han modificado la teor\u00ed\u00ada de Durkheim en el sentido de la teor\u00ed\u00ada de la integraci\u00f3n en el status. En la sociedad una persona desempe\u00f1a roles diversos; cuanto m\u00e1s fuerte es el conflicto que surge entre esos roles en la fase de integraci\u00f3n en una imagen de status, tanto m\u00e1s elevada es la probabilidad de un caso de suicidio. Conflictos entre roles, choque entre posiciones diversas, contradictorias y no integrables tienen como efecto favorecer el suicidio.<\/p>\n<p>Mejor que seguir el desarrollo de las varias teor\u00ed\u00adas, es preferible reunir algunos datos establecidos. Siguiendo la investigaci\u00f3n citada de P. Baudry, el notable aumento del n\u00famero de suicidios en los j\u00f3venes, su sobrerrepresentaci\u00f3n entre las tentativas, lo destacado del \u00ed\u00adndice de suicidio de los ancianos, el car\u00e1cter desencadenante de dramas familiares (muerte del c\u00f3nyuge, divorcio, celibato forzoso), todo esto puede comprenderse en funci\u00f3n de cambios dif\u00ed\u00adciles que es preciso realizar. Se puede pensar que se produce el suicidio cuando el cambio se impone y se lo rechaza: tendr\u00ed\u00adamos entonces un mecanismo de fuga; pero tambi\u00e9n se puede decir que se produce el suicidio para modificar un estado de cosas y acelerar un cambio. Particularmente el suicidio y su intento en los j\u00f3venes pueden prestarse a esta lectura. Del mismo modo, el suicidio del anciano puede entenderse no tanto como la voluntad de acabar, cuanto m\u00e1s bien como una especie de exasperaci\u00f3n del estado de muerte social padecido.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, existe una profunda relaci\u00f3n entre el yo la sociedad, entre el cuerpo propio y el cuerpo social. \u00abEl cuerpo marginado, privado de compromiso social en un intercambio social, afectivo; el cuerpo patol\u00f3gico, es decir, el cuerpo que sufre, constituye una condici\u00f3n de vida insoportable, manifiesta la dificultad de un paso que no puede darse en un marco social. Parad\u00f3jicamente -pero el suicidio es indudablemente un proceder eminentemente parad\u00f3jico- es posible que se trate de matarse para conquistar un reconocimiento corporal. Se ve aqu\u00ed\u00ad la ambivalencia de una pr\u00e1ctica que, morbosa en apariencia, quiz\u00e1 sea la expresi\u00f3n interna de un deseo de vivir\u00bb (BAUDRY, 29).<\/p>\n<p>2. PSICOLOG\u00ed\u008dA: Una notable contribuci\u00f3n al conocimiento de la realidad del suicidio viene de la psicolog\u00ed\u00ada. La lectura psicol\u00f3gica del fen\u00f3meno parte de la perspectiva subjetiva, del interior de la historia de la persona, y pone ulteriormente en crisis la idea tradicional que no dudaba de la responsabilidad moral del sujeto. Incluso se corre en psiquiatr\u00ed\u00ada el riesgo contrario: el de ver el suicidio como una enfermedad fatal, antela cual los motivos que la desencadenan resultan irrelevantes, hasta el punto de descuidarlos en la consideraci\u00f3n terap\u00e9utica. El gesto suicida ser\u00ed\u00ada, pues, el \u00abt\u00e9rmino de una evoluci\u00f3n morbosa\u00bb (E. Ringel). El descubrimiento de los motivos inconscientes y la posibilidad de sacarlos a la luz por medio del psicoan\u00e1lisis (Freud, 1916) impide tanto un juicio moral apresurado como una actitud de resignaci\u00f3n terap\u00e9utica.<\/p>\n<p>Habitualmente el suicidio est\u00e1 motivado como fuga y liberaci\u00f3n de un estado de angustia debido a sufrimientos presentes o previstos, como acto de desesperaci\u00f3n por una resistencia estimada imposible, como gesto de expiaci\u00f3n o como \u00faltimo acto de libertad. Otras veces el suicidio se entiende como gesto agresivo contra personas a las que se est\u00e1 ligado sentimentalmente -como padres, el hijo o hija propios=, presuntos culpables del sufrimiento. Hoy, sobre todo a prop\u00f3sito de los j\u00f3venes o muchachos que se quitan o intentan quitarse la vida, sorprende la poca o nula importancia de los motivos aducidos: una mala nota en el colegio, la primera desilusi\u00f3n amorosa, un reproche de los padres, las dificultades de la vida militar. \u00bfEs posible que por cosas de tan escasa importancia haya de privarse del don inestimable de la vida?<br \/>\nLa perspectiva cl\u00ed\u00adnico-psicopatol\u00f3gica pone de relieve el verdadero fondo del hecho del suicidio; no se detiene en las motivaciones que el suicida declara, sino que dirige su atenci\u00f3n a las causas que dan origen a las tendencias suicidas. El resultado m\u00e1s interesante es que por lo regular el suicida no busca la muerte en cuanto tal, sino la soluci\u00f3n de los urgentes problemas de la vida. Seg\u00fan H. Henseler (Psicologib del suicidio, 49), \u00abla autoagresi\u00f3n se inicia cuando se ve amenazada la relaci\u00f3n con un objeto que es fuente de desilusi\u00f3n, pero que se vive como irrenunciable. Se trata, pues, no simplemente de un conflicto ligado a la agresi\u00f3n, sino de la salvaci\u00f3n de una relaci\u00f3n objetual. El furor hay que dirigirlo contra la propia persona de modo que no destruya tal relaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Resumiendo, el material de la investigaci\u00f3n emp\u00ed\u00adrica muestra claramente que la representaci\u00f3n del hombre que rechaza, con libertad y un l\u00facido balance, una vida que se le ha vuelto intolerable o carente de sentido, no es verdadera en la mayor\u00ed\u00ada de los casos. Los hombres que se arriesgan al suicidio se encuentran normalmente con dificultades externas o internas superiores a la media; est\u00e1n en una situaci\u00f3n en laque parad\u00f3jicamente querr\u00ed\u00adan seguir viviendo, pero no pueden hacerlo en las condiciones presentes.<\/p>\n<p>III. Enfoque tradicional del problema<br \/>\nLa moral tradicional se ha ocupado del suicidio \u00abdirecto\u00bb, entendido como el acto por el que la persona se da directamente la muerte con libertad y conocimiento de causa.<\/p>\n<p>Si se mira la historia, encontramos una doble valoraci\u00f3n del suicidio. Los estoicos formulaban en ciertos casos un juicio positivo; S\u00e9neca, por ejemplo, condenaba el suicidio cometido s\u00f3lo por deseo de morir, mientras que lo aprobaba cuando era un gesto de dignidad y de valor. En cambio, fueron contrarios al suicidio en la antig\u00fcedad Plat\u00f3n, que ve\u00ed\u00ada en \u00e9l un acto de insubordinaci\u00f3n contra la divinidad (Fed\u00f3n, 6); Arist\u00f3teles, que lo consideraba un acto vil, contrario al bien social (Eth. Nic. III, 11; V, 15); los neoplat\u00f3nicos, que ve\u00ed\u00adan en el suicidio un impedimento a la plena liberaci\u00f3n del alma y al cumplimiento en la vida terrena de la plena explicitaci\u00f3n de las posibilidades del hombre.<\/p>\n<p>Pero fue el cristianismo el que formul\u00f3 de modo claro la condena del suicidio. Para los Padres, la afirmaci\u00f3n de que la vida es un don de Dios y el hombre s\u00f3lo su administrador lleva a la conclusi\u00f3n de que no se puede disponer libremente de ella; el suicidio es siempre un \u00abautohomicidio\u00bb. Por otra parte, los Padres refieren numerosos casos de suicidio perpetrados en momentos dif\u00ed\u00adciles de la Iglesia para sustraerse a la maldad de los imp\u00ed\u00ados. El caso de la anciana Apolonia o el de algunos cristianos como Nicomedia, referidos por Eusebio, son t\u00ed\u00adpicos al respecto. El juicio positivo expresado en tales situaciones ha llevado a alguno a pensar que la Iglesia primitiva equipar\u00f3 el suicidio religioso con el martirio. En realidad, ese juicio est\u00e1 ligado al hecho de que aqu\u00ed\u00ad no se trata de una decisi\u00f3n orgullosa sobre la vida propia, sino m\u00e1s bien de un gesto realizado nutu divino, o sea, como respuesta heroica a una inspiraci\u00f3n divina en una situaci\u00f3n dram\u00e1tica.<\/p>\n<p>San Agust\u00ed\u00adn es el que trata m\u00e1s por extenso el tema, partiendo de la idea de que matarse es rechazar el dominio de Dios sobre nuestra existencia, y por tanto malo en todo caso. Agust\u00ed\u00adn est\u00e1 al corriente de las excepciones famosas honradas por la Iglesia; pero aunque nosotros no podemos conocer el consejo de Dios, que puede haber llamado a algunas personas con una vocaci\u00f3n particular, su comportamiento no constituir\u00e1 jam\u00e1s norma para la Iglesia.<\/p>\n<p>Santo Tom\u00e1s (S. Th., II-II, q. 65, a. 5) funda la ilicitud del suicidio en tres motivos. Ante todo en el hecho de que va contra la ley natural de la autoconservaci\u00f3n y del amor de s\u00ed\u00ad. En segundo lugar en la consideraci\u00f3n, derivada de Arist\u00f3teles, de que todo hombre es parte de un todo representado por la communitas en que est\u00e1 concretamente insertado; la vida humana tiene, pues, siempre significado y valor para los otros hombres; por lo que el suicidio es iniuria communitati. \u00daltimamente la no licitud del suicidio se funda en el hecho de que el hombre no es el due\u00f1o de su vida, por lo que no le corresponde a \u00e9l decidir sobre su fin. Darse la muerte se convierte entonces en -deserci\u00f3n individual de las tareas que nos esperan y que Dios nos ayuda a cumplir; -en deserci\u00f3n social de los servicios que estamos llamados a prestar a los dem\u00e1s; -en deserci\u00f3n religiosa del cometido que Dios nos ha fijado. Es, pues, un pecado grav\u00ed\u00adsimo contra Dios, la sociedad y contra nosotros mismos.<\/p>\n<p>Este planteamiento quedar\u00e1 sustancialmente inmutado tambi\u00e9n en la sucesiva exposici\u00f3n de los manuales. La Iglesia se ha expresado siempre de modo severo en este campo, y constantemente ha considerado el suicidio como un pecado particularmente grave, como \u00abun contrasigno de la ausencia de la fe o de la esperanza cristiana\u00bb (P\u00ed\u00ado XII, Discorsi e radiomessaggi, Ed. Pol. Vat., Roma 1958, XIX, 774) y como un gesto que \u00ablesiona en el m\u00e1s alto grado el honor del Creador\u00bb (GS 27). Adem\u00e1s, \u00faltimamente la declaraci\u00f3n sobre la eutanasia de la Congregaci\u00f3n para la doctrina de la fe ha afirmado que \u00abla muerte voluntaria, o sea el suicidio, es inaceptable, al igual que el homicidio\u00bb (\u00abAAS\u00bb 72 [1980] 545).<\/p>\n<p>Esto explica la severidad de las disposiciones can\u00f3nicas con los suicidas, a los que se consideraba pecadores p\u00fablicos, privados por el gesto mismo suicida de pedir perd\u00f3n a Dios de su pecado. De ah\u00ed\u00ad el rechazo de la sepultura eclesi\u00e1stica, decretada por el Il concilio de Braga (572) y mantenida casi hasta nuestros d\u00ed\u00adas (cf CIC de 1917, can. 1240, \u00c2\u00a7 1, 3.\u00c2\u00b0).<\/p>\n<p>El nuevo CIC (1983) no enumera a los suicidas entre los excluidos de la sepultura eclesi\u00e1stica y de la misa de exequias (c\u00e1nn. 1184-1185). \u00abEl problema de la justificaci\u00f3n o de la condena moral del suicida cae fuera del hecho de que se d\u00e9 una sepultura cristiana a quien se ha quitado la vida. El grado de lucidez y de responsabilidad con que una persona comete suicidio es sumamente diverso de un caso a otro; sin embargo, los que en vida han sido miembros de la Iglesia pueden ahora ser sepultados todos con ritos cristianos. Con todo, ser\u00ed\u00ada conveniente celebrar estos ritos con una cierta flexibilidad, teniendo en cuenta las ambig\u00fcedades inherentes a las varias situaciones\u00bb (D. POWER, Riti funebri per i suicidi&#8230;, 113).<\/p>\n<p>IV. La reflexi\u00f3n \u00e9tica actual<br \/>\n1. EL PROBLEMA. En la valoraci\u00f3n \u00e9tica debemos, pues, distinguir m\u00e1s cuidadosamente que en el pasado el plano de la valoraci\u00f3n abstracta y el aspecto existencial concreto. Al tratar la problem\u00e1tica del suicidio los argumentos aducidos en favor y en contra permenecen a menudo abstractos e incompletos si no se los ampl\u00ed\u00ada con los conocimientos de las dimensiones patol\u00f3gicas y tr\u00e1gicas del fen\u00f3meno del suicidio. La responsabilidad del sujeto es relativa a su efectiva libertad. Pero la valencia subjetiva del fen\u00f3meno no quita que el hombre tenga el derecho y el deber de reflexionar, abstrayendo de las situaciones inmediatas, para preguntarse c\u00f3mo se puede defender y realizar un determinado valor.<\/p>\n<p>El argumento que la \u00e9tica cristiana ha mirado siempre como fundamental para negar la licitud moral del suicidio lo ha constituido desde el principio la soberan\u00ed\u00ada de Dios, creador y se\u00f1or de la vida y de la muerte: el hombre es el administrador de su existencia, nunca su due\u00f1o, que puede ponerle fin a su antojo. En realidad, la Biblia refiere sin particular condena algunos suicidios, y a veces incluso alab\u00e1ndolos. Sa\u00fal y su escudero se traspasan con su propia espada para no caer en manos de los enemigos: 1Sa 31:3-5; Ajitofel se cuelga despu\u00e9s del fracaso de su intriga pol\u00ed\u00adtica: 2Sa 17:23; Sans\u00f3n hizo que el templo se derrumbara sobre \u00e9l y los filisteos: Jue 16:23-31; el sacerdote Razis es incluso alabado por haber elegido generosamente morir antes que caer en manos criminales y padecer ultrajes indignos de su cuna: 2Ma 14:37-46. Sin embargo, la tradici\u00f3n judeo-cristiana ha condenado siempre el suicidio como gesto en que el hombre se abroga unilateralmente un poder absoluto, sustray\u00e9ndose al di\u00e1logo con Dios.<\/p>\n<p>No obstante, el argumento de la soberan\u00ed\u00ada de Dios, que parece tan convincente y definitivo, si se lo analiza m\u00e1s a fondo aparece de hecho problem\u00e1tico para fundar un juicio apod\u00ed\u00adcticamente negativo sobre el suicidio. Seg\u00fan B. Sch\u00fcller (La fondazione dei giudizi morali, Cittadella, As\u00ed\u00ads 1975, 171ss), cuando se argumenta: Dios es el due\u00f1o de la vida y de la muerte, por tanto no el hombre, se habla de Dios y del hombre en t\u00e9rminos un\u00ed\u00advocos y no an\u00e1logos, con la consecuencia de que, sin darse cuenta, se concibe a Dios como un soberano humano. Entre los derechos de un soberano humano y los derechos de los s\u00fabditos existe una cierta relaci\u00f3n de concurrencia: partiendo de los derechos del soberano se puede deducir inmediatamente qu\u00e9 derechos no tienen los s\u00fabditos. Pero la gram\u00e1tica teol\u00f3gica prohibe sacar de ning\u00fan predicado de Dios conclusiones directas acerca del comportamiento del hombre. Si hablamos del amor de Dios y de la necesidad de obrar de acuerdo con \u00e9l, hemos de traducir este compromiso sirvi\u00e9ndonos de las categor\u00ed\u00adas humanas de solidaridad, benevolencia, etc. La soberan\u00ed\u00ada de Dios es, pues, s\u00f3lo una instancia dirigida a la responsabilidad del hombre. Por tanto, habr\u00e1 que concluir que el problema \u00e9tico no consiste en definir el suicidio como \u00abmalum in se\u00bb, sino m\u00e1s bien en tomar conciencia del hecho de que el hombre, suscitado como ser creado y libre por Dios, debe administrar responsablemente el bien \u00abvida\u00bb puesto en sus manos.<\/p>\n<p>El hecho mismo de fundar la dignidad humana en la relaci\u00f3n con Dios, sacando de ah\u00ed\u00ad la consecuencia de la ilicitud de disponer de la vida propia, replantea a su vez el interrogante de si es posible sacar inmediatemente de una afirmaci\u00f3n teol\u00f3gicosalv\u00ed\u00adfica principios normativos. Se plantea el problema de si del \u00abs\u00ed\u00ad\u00bb dador de sentido que Dios dirige al hombre es posible deducir la prohibici\u00f3n de quitarse la vida, o si no es cometido del hombre descubrir por s\u00ed\u00ad lo que es justo y tiene sentido.<\/p>\n<p>Concluyamos con A. Holderegger (Si ha diritto di scegliersi liberamente la propria morte? 139): \u00abSe podr\u00e1 decir&#8230; que el suicidio se vuelve transgresi\u00f3n culpable en la medida en que es rebeld\u00ed\u00ada voluntaria y negaci\u00f3n arbitraria del sentido que es fundamento de la libertad humana, aunque luego queda el problema de si en situaciones cr\u00ed\u00adticas extremas no se puede devolver la vida al Creador\u00bb. O sea, \u00bfes posible que la muerte sea una desgracia, pero que seguir viviendo en algunas circunstancias sea una desgracia mayor a\u00fan? Es \u00e9sta una pregunta que la cultura actual hace cada vez m\u00e1s dram\u00e1tica.<\/p>\n<p>2. UBICACI\u00ed\u201cN DEL TEMA DENTRO DE LA NUEVA PROBLEM\u00ed\u0081TICA SOBRE EL DERECHO A VIVIR Y A MORIR. En la edad moderna la realidad de la vida es sustra\u00ed\u00adda cada vez m\u00e1s a la consideraci\u00f3n meramente biol\u00f3gica y se experimenta como realidad confiada a la responsabilidad del hombre, y por tanto a su libertad. El mismo progreso cient\u00ed\u00adfico y t\u00e9cnico, al desmitizar la idea de la absoluta intangibilidad de la vida humana y de su fatalidad mediante la posibilidad de manipularla y de desplazar sus l\u00ed\u00admites naturales, ha acentuado la disponibilidad de la vida humana en orden a la calidad de la misma, pero tambi\u00e9n en orden a la calidad de la muerte; la vida humana parece ser algo de lo que se puede disponer en principio. En esta situaci\u00f3n, \u00abla antigua cuesti\u00f3n \u00e9tica del derecho al suicidio se ha emancipado de la problem\u00e1tica de los casos l\u00ed\u00admite, y se ha ligado mucho m\u00e1s imperiosamente que antes al problema de si y hasta qu\u00e9 punto es sensato, en caso de limitarse la capacidad de hacer frente a las necesidades fundamentales, seguir con una vida disminuida o que se va extinguiendo\u00bb (HOLDEREGGER, o. C., 130).<\/p>\n<p>No se trata ya del problema abstracto formulado por el iluminismo, que consideraba el suicidio como \u00abpiedra de toque de la autonom\u00ed\u00ada de la libertad\u00bb, como posibilidad de \u00abmorir libres frente a la muerte\u00bb, sino m\u00e1s bien del contraste entre una promesa de vida y una no vida de hecho. \u00bfCu\u00e1ntos se sienten hoy a gusto en su piel? Esta situaci\u00f3n es la que parece replantear hoy en t\u00e9rminos nuevos y dram\u00e1ticos algunas cuestiones cl\u00e1sicas: el suicidio filos\u00f3fico, el suicidio por amor, la eutanasia.<\/p>\n<p>a) El suicidio filos\u00f3fico. Las posibilidades de condicionamiento y de manipulaci\u00f3n de que goza nuestra sociedad colocan a menudo al individuo en la imposibilidad de vivir si no es dejando de vivir, o sea, renunciando a ser uno mismo y a ponerse como originalidad. Para una persona que no ha cultivado la relaci\u00f3n con el Absoluto, frente al cual toda vida adquiere significado, la alternativa dram\u00e1tica puede ser ver la \u00fanica posibilidad de ponerse como originalidad en el gesto suicida que se transforma de modo dram\u00e1tico en rechazo del car\u00e1cter imperioso del condicionamiento. Y quiz\u00e1 sea la intuici\u00f3n de que a menudo el suicida no anda equivocado, porque revela de modo cruel nuestro desorden social, lo que crea una profunda sensaci\u00f3n de turbaci\u00f3n. Es una pregunta que la cultura actual hace cada vez m\u00e1s dram\u00e1tica y que suscita desde un punto de vista te\u00f3rico el problema del derecho al suicidio, y desde un punto de vista pr\u00e1ctico toda una serie de movimientos que defienden tal derecho.<\/p>\n<p>\u00bfSe le puede pedir a una persona que no ve ya el sentido de la vida que siga viviendo? \u00bfSe puede deducir del hecho de existir el deber de hacerlo? Ante la invocaci\u00f3n del derecho a la muerte, la conciencia cristiana experimenta sin duda una sensaci\u00f3n de embarazo y de inquietud; y es cierto que no existe un derecho a la muerte en el sentido de que en otros existir\u00ed\u00ada el correspondiente deber de procurarla. Mas \u00bfc\u00f3mo negar que para los que actualmente no consiguen ver en su vida una posibilidad de sentido, el suicidio pueda parecer la v\u00ed\u00ada m\u00e1s l\u00f3gica para expresar la propia autonom\u00ed\u00ada frente a la falta de sentido y al condicionamiento social, aunque esta elecci\u00f3n se produzca por el procedimiento tr\u00e1gico de la renuncia y de la fuga?<br \/>\nb) El suicidio por amor. Si a veces puede considerarse el suicidio la \u00fanica salida para realizarse uno mismo, en algunas situaciones se ha realizado como \u00fanico modo de vivir el amor al pr\u00f3jimo. En la fe en Cristo, que se hace solidario del pobre y del oprimido, el creyente comprende que el sufrimiento, la lucha no violenta, la oraci\u00f3n tienen un significado y un poder de liberaci\u00f3n m\u00e1s fuerte en su debilidad que el medio violento del suicidio. Pero evidentemente no se puede deducir de la fe la absoluta irracionalidad de un comportamiento vivido como deseo de liberaci\u00f3n para los otros y como afirmaci\u00f3n de la propia fe en el bien.<\/p>\n<p>c) La eutanasia. Hoy, ante la posibilidad de la medicina de prolongar la vida en situaciones de sufrimiento extremo, se habla cada vez m\u00e1s de derecho a morir en paz. Esto no equivale a discutir el valor de la persona moribunda, sino m\u00e1s bien a preguntarse si constituye para ella un valor el seguir viviendo.<\/p>\n<p>La moral tradicional, al aceptar la naturaleza como medium cualificado de la acci\u00f3n de Dios, resolv\u00ed\u00ada la cuesti\u00f3n con la distinci\u00f3n entre medios ordinarios para conservar la vida (obligatorios) y medios extraordinarios (no obligatorios). Concretamente, el problema nace hoy de no permitir que la naturaleza siga su curso. Se trata entonces de ver c\u00f3mo dar sentido y verdad a una vida que, en cuanto recibida del amor salv\u00ed\u00adfico de Dios, conserva siempre un significado, pero que est\u00e1 por determinar concretamente en la situaci\u00f3n particular.<\/p>\n<p>La vida del hombre no es un mero acontecimiento f\u00ed\u00adsico, sino que adquiere su significado m\u00e1s profundo en cuanto historia de libertad. Si el inter\u00e9s viene dado por la b\u00fasqueda de sentido de la vida, no se debe preguntar cu\u00e1l es el medio que sirve para propugnarla de cualquier modo, sino cu\u00e1l es el modo de hacerla m\u00e1s significativa, m\u00e1s humana, m\u00e1s vivible en cada momento. Afrontando el problema en esta perspectiva, no hay que juzgar de manera demasiado apresurada en sentido negativo todas las intervenciones que tienen por fin permitir o dar mayor serenidad y libertad, en una palabra, \u00abespacio humano\u00bb, al individuo, aunque tuviesen como consecuencia acortar la vida f\u00ed\u00adsica del mismo. Es claro que el empleo de f\u00e1rmacos que pueden abreviar la vida no podr\u00e1 hacerse siguiendo una praxis rutinaria, puesto que ciertas personas pueden soportar m\u00e1s que otras el dolor o conseguir darle un significado m\u00e1s profundo. El verdadero peligro est\u00e1 m\u00e1s bien en el hecho de que esta problem\u00e1tica es afrontada a menudo con criterios utilitaristas e individualistas.<\/p>\n<p>V. Perspectivas<br \/>\nAs\u00ed\u00ad pues, el problema del suicidio parece plantear de modo dram\u00e1tico el tema de la existencia y de su significado dentro de las coordenadas de posibilidad y de condicionamiento de una sociedad dada. Ante este problema la reflexi\u00f3n filos\u00f3fica no encuentra argumentos apod\u00ed\u00adcticos para condenar siempre y en todo caso un gesto que a veces parece la \u00fanica posibilidad de escapar a la falta de sentido de una vida que se ha hecho imposible para el sujeto o que, en algunas circunstancias, parece incluso cargarse de significados positivos.<\/p>\n<p>La fe en Dios, se\u00f1or que da la vida, m\u00e1s que demostraci\u00f3n se convierte en llamada a administrar responsablemente el don recibido y a hacer perceptible su significado en cada situaci\u00f3n. En el intento de indicar modalidades concretas de ello, es particularmente interesante la intuici\u00f3n citada por santo Tom\u00e1s, seg\u00fan el cual el suicidio es \u00abiniuria communitati\u00bb. De hecho, al determinar los derechos y deberes, nuestra cultura occidental est\u00e1 atenta sobre todo a definir la autonom\u00ed\u00ada, la libertad y la dignidad del individuo. En este sentido no se comprende por qu\u00e9 en algunas condiciones o circunstancias (antes recordadas) el hombre no ha de tener derecho a disponer de su vida. En cambio, si, como en la visi\u00f3n de santo Tom\u00e1s, se considera a todo hombre parte de un \u00fanico designio salv\u00ed\u00adfico universal: recuperar este significado social, hist\u00f3rico y solidario de la persona -por el que cada uno, siempre y en cualquier situaci\u00f3n, est\u00e1 constitutivamente ligado, como don recibido y ofrecido, a la familia humana entera-, el suicidio se convierte negativamente en el rechazo a cumplir este deber social e hist\u00f3rico, mientras que positivamente constituye un profundo interrogante formulado a nuestra cualidad de vida, que condena a un n\u00famero cada vez m\u00e1s considerable de personas al aislamiento, a la soledad o, en cualquier caso, a la incapacidad de percibir el sentido mismo de la vida.<\/p>\n<p>La pregunta, falsa y tendenciosa, en labios de Ca\u00ed\u00adn: \u00ab\u00bfAcaso soy el guardi\u00e1n de mi hermano?\u00bb parece resultar hoy aceptable y leg\u00ed\u00adtima en labios del ciudadano de una sociedad impersonal y an\u00f3nima. En nuestra sociedad el otro es el consumidor, el rival, el t\u00e9rmino de confrontaci\u00f3n, un t\u00e9rmino de acercamiento insignificante y sin verdadero intercambio. Se ha establecido una distancia entre hombre y hombre que no permite ya percibir el significado de proximidad. Quiz\u00e1 tenemos aqu\u00ed\u00ad, como observa G. Angelini (Non uccidere: Per una rinnovata comprensione del quinto comandamento, en \u00abRTM\u00bb 72 [ 1986] 33-45) el interrogante \u00e9tico m\u00e1s importante de todo el argumento. Ya se ha advertido que el rechazo de la vida o la petici\u00f3n de morir encubre de hecho otra pregunta: la de vivir, o por lo menos la de no dejarle a uno morir, es decir, de no ser abandonado a una muerte vista como una agresi\u00f3n por parte de una potencia hostil y extra\u00f1a, con la que no tendr\u00ed\u00ada sentido alguno luchar. Si no deseo consentir a esa tr\u00e1gica demanda, es preciso que de alg\u00fan modo me empe\u00f1e en atestiguar nuevamente al otro la permanencia de mi presencia, la promesa de vida que tal presencia intenta expresar.<\/p>\n<p>\u00abCiertamente no se puede olvidar la distancia objetiva que las relaciones sociales introducen entre el individuo y el socio. Pero esa distancia no puede entenderse como si suspendiese la urgencia del imperativo de amar al pr\u00f3jimo, de hacerse pr\u00f3jimo de todo hombre; por tanto, de buscar el bien del otro como si fuese mi propio bien\u00bb (ANGELINI, 43-44). Sin embargo, es cierto que los criterios de ese bien no se pueden buscar en la evidencia espont\u00e1neamente suscitada de la relaci\u00f3n inmediata con el otro, sino que hay que determinarlos mediante una b\u00fasqueda refleja y en muchos aspectos compleja, que comprende tambi\u00e9n momentos de apreciaci\u00f3n t\u00e9cnica.<\/p>\n<p>En definitiva, no se trata de decir simplemente no al suicidio, demostrando de modo apod\u00ed\u00adctico su grave negatividad moral, sino de sentar las bases de una superaci\u00f3n de ese cansancio generalizado de la vida que llega a la negaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad, sobre todo a trav\u00e9s de la recuperaci\u00f3n de la \u00abprojimidad\u00bb, que ha de encarnarse en formas concretas de ejercicio, ya sea a nivel estructural, ya interpersonal.<\/p>\n<p>Ciertamente, uno de los grandes campos de intervenci\u00f3n es la familia. La actual situaci\u00f3n de crisis de muchas familias provoca situaciones de alejamiento y de falta de di\u00e1logo entre padres e hijos, que no s\u00f3lo no ayudan al normal crecimiento psicol\u00f3gico de los \u00faltimos, sino que provocan situaciones de soledad afectiva y de inseguridad, con consiguientes repliegues sobre s\u00ed\u00ad mismo y la dificultad de establecer relaciones correctas con la realidad circunstante. Si los problemas son m\u00e1s dram\u00e1ticos en las familias en apuros, tambi\u00e9n las familias unidas deben hoy reconsiderar su deber respecto a los hijos, sobre todo en lo referente a los valores que se persiguen. El privilegio otorgado generalmente a los valores adquisitivos no es evidentemente a prop\u00f3sito para dar sentido y estabilidad a la vida de muchos chicos; hay que revisar tambi\u00e9n algunos modelos educativos, pregunt\u00e1ndose cu\u00e1l es el modo m\u00e1s oportuno de formar caracteres fuertes y personas capaces de afrontar las inevitables dificultades de la vida.<\/p>\n<p>Por otra parte, la vivencia de la familia se inserta en la m\u00e1s amplia de la sociedad. Esto nos lleva a una pregunta m\u00e1s seria todav\u00ed\u00ada: \u00bfcu\u00e1l es la imagen de realizaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad y de felicidad que propone nuestra sociedad? El estilo de vida m\u00e1s generalizado se caracteriza por un hedonismo individualista en el que todos los valores humanos son instrumental\u00ed\u00adzados y mercantilizados. En este clima nada tiene sentido; mas un mundo sin significado s\u00f3lo puede vivirlo un hombre sin significado. Si se estima que la vida s\u00f3lo tiene sentido cuando es plena, realizada y &#8216;sin sufrimientos, puede parecer irrazonable seguir viviendo cuando hace acto de presencia el sufrimiento, la humillaci\u00f3n y el fracaso. S\u00f3lo la percepci\u00f3n de los valores fundamentales para el sentido de la vida puede darle al hombre la fuerza de soportar tambi\u00e9n las pruebas m\u00e1s dram\u00e1ticas. Se puede entonces afirmar que la prevenci\u00f3n m\u00e1s eficaz del suicidio es de orden moral y religioso.<\/p>\n<p>Mas si partimos de la tesis de que nuestra vida proviene de Dios, que le da un sentido, subsiste, seg\u00fan se ha visto, la pregunta: \u00bfC\u00f3mo ve todo esto el individuo en lo concreto de su existencia? Se abre aqu\u00ed\u00ad una ingente tarea \u00e9tica, porque de hecho somos acompa\u00f1ados tanto en la percepci\u00f3n de los valores como en ser pesimistas u optimistas frente a cuanto nos espera, igual que somos tambi\u00e9n educados en un cierto modo de entender la vida y su realizaci\u00f3n, precisamente por la familia, la escuela, la sociedad, por todo hombre que se convierte en compa\u00f1ero de viaje de nuestra existencia.<\/p>\n<p>[l Corporeidad; l Eutanasia; l Salud, enfermedad, muerte].<\/p>\n<p>BIBL.: AA.VV., todo el fasc\u00ed\u00adculo de \u00abCon\u00bb 199 (1985): El suicidio y el derecho a la muerte (en particular: BAUDRY P., Nuevos datos sobre el suicidio, 315-326; ID, Sociolog\u00ed\u00ada del suicidio a partir de Durkheim a nuestros d\u00ed\u00adas, 327-338; HENSEUR H., Psicolog\u00ed\u00ada del suicidio, 339-348; BLAZQUEz N., La moral tradicional de la Iglesia sobre el suicidio, 387-400; POWER D., Las exequias por un suicida y su desarrollo lit\u00fargico, 401-410; JOSSUA J.-P., \u00abLa vida no tiene ya sentido para m\u00ed\u00ad\u00bb; 411 -422; HOLDEREGGER A., \u00bfExiste un derecho a elegir libremente la muerte?, 423434); DURKHEIM E., El suicidio, Akal, Torrej\u00f3n de Ardoz 1982; ELIZARI F.L, El suicidio. Aproximaci\u00f3n moral, en \u00abIglesia Viva\u00bb 125 (1986) 439-455; ESTRUCH J. y CARDGS C., Los suicidios, Herder, Barcelona 1982; FRANCESCD A., Psicodinamica della colpa e del suicidio, Lalli, Siena 1985; HOLDEREGGERA., Suicidio, Cittadella, As\u00ed\u00ads 1979; KAUFMANN A.E, Suicidio, en Diccionario de sociolog\u00ed\u00ada, Paulinas, Madrid 1986, 16281642; L\u00f3PEz AZPITARTE E., El suicidio y la ofrenda de la propia vida, en \u00abRaz\u00f3n y Fe\u00bb 221 (1990) 589-599; MATHIS P., Percorsi del suicidio. II corpo e la scritto, Sugarco, Mil\u00e1n 1979; ROJAS E., Estudios sobre el suicidio, Salvat, Barcelona 1978; STENGEL E., Suicidio e il tentato suicidio, Feltrinelli, Mil\u00e1n 1977.<\/p>\n<p>G. Pellizzaro<\/p>\n<p>Compagnoni, F. &#8211; Piana, G.- Privitera S., Nuevo diccionario de teolog\u00ed\u00ada moral, Paulinas, Madrid,1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda Moral<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\">A trav\u00e9s de los diferentes tiempos y culturas se ha podido ver variadas y agudamente conflictivas actitudes hacia el <em>felo de se<\/em> (cf. <em>in loco <\/em><em><a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">HERE<\/a><\/em>). Aunque no hay ninguna prohibici\u00f3n expl\u00edcita contra el suicidio tanto en el AT (cf. los casos de Aitopel, Zimri, Sans\u00f3n, Sa\u00fal, y Abimelec) como en el NT (no obstante, se han deducido implicaciones prohibitivas de Ro. 14:7\u20139; 1 Co. 6:19; Ef. 5:29), el juda\u00edsmo y el cristianismo se han opuesto firmemente a la pr\u00e1ctica. Los Padres de la iglesia permitieron el tomar uno su propia vida bajo circunstancias muy estrictas, pero Agust\u00edn neg\u00f3 su legitimidad no importando las circunstancias, argumentando que excluye la posibilidad del arrepentimiento y que, como una especie de asesinato, viola el sexto mandamiento. Su posici\u00f3n fue adoptada por Tom\u00e1s de Aquino, qui\u00e9n sostuvo que el suicidio era (1) \u00abno-natural\u00bb, contrario al amor que todo hombre debe tener hacia s\u00ed mismo; (2) una ofensa contra la comunidad; (3) una usurpaci\u00f3n del poder de Dios para \u00abmatar y dar vida\u00bb. As\u00ed, tradicionalmente, te\u00f3logos cat\u00f3lico-romanos y protestantes han concordado en que Dios ha \u00abfijado su canon contra el suicidio\u00bb, aunque hoy en d\u00eda se pone m\u00e1s \u00e9nfasis en el factor mitigante de posible psicopat\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Adem\u00e1s, hoy en d\u00eda, la eutanasia voluntaria, que es claramente una forma de suicidio, encuentra apoyo entre el clero protestante. Los problemas morales en juego se discuten por Willard L. Sperry, <em>The Ethical Basis of Medical Practice<\/em>. Joseph Fletcher, en su libro, <em>Morals and Medicine<\/em>, defiende vigorosamente la eutanasia voluntaria.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Vernon C. Grounds<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\"><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\"><em>HERE <\/em><\/a><em>Hastings\u2019 Encyclopaedia of Religion and Ethics<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\"><\/a>Harrison, E. F., Bromiley, G. W., &amp; Henry, C. F. H. (2006). <em>Diccionario de Teologi\u0301a<\/em> (587). Grand Rapids, MI: Libros Desafi\u0301o.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Teolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p><h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 Concepto y divisi\u00f3n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-2\">2 Moralidad\n<ul>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-3\">2.1 El suicidio directo y definitivo<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-4\">2.2 El suicidio positivo e indirecto<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-5\">2.3 El suicidio negativo y directo<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-6\">2.4 El suicidio negativo e indirecto<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-7\">2.5 Aplicaci\u00f3n de los principios<\/li>\n<\/ul>\n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-8\">3 Frecuencia del suicidio; causas principales<\/li>\n<\/ul>\n<h2>Concepto y divisi\u00f3n<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify\">El suicidio es el acto en el cual uno mismo causa su propia muerte, sea destruyendo definitivamente la propia vida \u2014por ejemplo, ocasion\u00e1ndose una herida mortal\u2014, u omitiendo hacer lo necesario para escapar de la muerte \u2014como por ejemplo rehusar abandonar una casa en llamas\u2014. Por tanto, desde un punto de vista moral debemos tratar no s\u00f3lo la prohibici\u00f3n del suicidio definitivo, sino tambi\u00e9n la obligaci\u00f3n que le incumbe al hombre de preservar su vida.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El suicidio es directo cuando una persona tiene la intenci\u00f3n de causar su propia muerte, ya como fin, ya como medio para lograr otro fin, como cuando un hombre se suicida para escapar condenas, verg\u00fcenza, ruina, etc\u00e9tera. Es indirecto \u2014aunque normalmente no se llame por este nombre\u2014 cuando la persona no lo desea, ya como fin o como medio; no obstante, comete un acto que de hecho provoca la muerte, como cuando se consagra al cuidado de los aquejados de la peste y sabe que sucumbir\u00e1 en la tarea.\n<\/p>\n<h2>Moralidad<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify\">La ense\u00f1anza de la Iglesia cat\u00f3lica sobre la moralidad del suicidio puede resumirse como sigue:\n<\/p>\n<h3>El suicidio directo y definitivo<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify\">El suicidio definitivo y directo perpetrado sin el consentimiento de Dios constituye siempre una injusticia grave para con \u00c9l. Destruir una cosa es deshacerse de ella como amo absoluto y actuar como alguien que posee dominio total e independiente sobre ella; mas el hombre no posee este dominio total e independiente sobre su vida, ya que el due\u00f1o debe ser superior a su propiedad. Dios se ha reservado la potestad directa sobre la vida; \u00c9l es due\u00f1o de su sustancia y le ha dado al hombre s\u00f3lo el dominio pr\u00e1ctico, el derecho de uso, con el cometido de proteger y preservar dicha sustancia, esto es, la vida misma. Por consiguiente, el suicidio es una tentativa contra la autoridad y el derecho de propiedad del Creador. A esta injusticia se a\u00f1ade una ofensa grave contra la caridad que el hombre se debe a s\u00ed mismo, ya que por su acci\u00f3n se priva del m\u00e1ximo bien que posee y de la posibilidad de alcanzar su fin \u00faltimo. Adem\u00e1s, la gravedad del pecado empeora si al quitarse la vida se eluden las obligaciones existentes de la justicia o los actos de caridad, que pod\u00eda y deb\u00eda cumplir, tales como la piedad conyugal, paternal o filial. Que el suicidio es il\u00edcito es la ense\u00f1anza de la Sagrada Escritura y de la Iglesia, la cual condena el acto como el crimen m\u00e1s atroz y, por el odio que le tiene y para suscitar el horror en sus hijos, le niega al suicida el sepelio cristiano. (Actualmente esto ha sido cambiado y si se le da sepultura cristiana por lo que nos dice el Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica en el numero 2283; \u201cNo se debe desesperar de la salvaci\u00f3n eterna de aquellas personas que se han dado muerte. Dios puede haberles facilitado por v\u00edas que \u00e9l solo conoce la ocasi\u00f3n de un arrepentimiento saludable. La Iglesia ora por las personas que han atentado contra su vida.\u201d) Por otro lado, el suicidio se opone directamente a la tendencia m\u00e1s poderosa e invencible de toda criatura, especialmente del hombre: la conservaci\u00f3n de la vida. Finalmente, para que un hombre sensato se quite deliberadamente la propia vida, debe primero, como regla general, haber aniquilado en s\u00ed mismo todos los goces de la vida espiritual, puesto que el suicidio est\u00e1 en total oposici\u00f3n a todo lo que nos ense\u00f1a la religi\u00f3n cristiana sobre el fin y el objeto de la vida y, salvo en casos de locura, es la conclusi\u00f3n natural de una vida desordenada, d\u00e9bil y cobarde.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La raz\u00f3n que hemos presentado para probar la malicia del suicidio, a saber, el derecho y el dominio de Dios, justifica asimismo la modificaci\u00f3n del principio general: como Dios es se\u00f1or de nuestra existencia, \u00c9l puede con su propio consentimiento eliminar del suicidio todo lo que constituya su desorden. De este modo justifican algunas autoridades la conducta de ciertos santos, quienes, impelidos por el deseo del martirio y especialmente por el deseo de proteger su castidad, no esperaron que el verdugo los ejecutara, sino que de una manera u otra lo buscaron en s\u00ed mismos; no obstante, la voluntad divina deber\u00eda manifestarse claramente en cada caso particular.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Se ha formulado la pregunta: \u00bfpuede suicidarse un condenado si se lo ordena el juez? Algunos autores responden esta pregunta afirmativamente y basan su argumento en la facultad de la sociedad para castigar a ciertos malhechores con la muerte y de encargar el trabajo de verdugo a cualquiera; por consiguiente, tambi\u00e9n el malhechor puede llevar a cabo la sentencia. Nosotros compartimos la opini\u00f3n m\u00e1s ampliamente aceptada, a saber, que esta pr\u00e1ctica, frecuente en algunos pa\u00edses del Este, no es l\u00edcita. La justicia vengativa \u2014y, en realidad, toda justicia\u2014 requiere una distinci\u00f3n entre el sujeto de derechos y el de deberes; en el caso presente, entre el que castiga y el castigado. Finalmente, el mismo principio que prohibe a uno ocasionar su propia muerte tambi\u00e9n le prohibe aconsejar, mandar u ordenar \u2014con la intenci\u00f3n directa de suicidio\u2014 que otro le ejecute.\n<\/p>\n<h3>El suicidio positivo e indirecto<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify\">El suicidio positivo pero indirecto cometido sin el consentimiento divino tambi\u00e9n es il\u00edcito, a menos que, bien mirado, exista raz\u00f3n suficiente para hacer lo que traiga como resultado la muerte. De ah\u00ed que no sea pecado, sino un acto de virtud exaltada, el viajar a tierras salvajes para predicar el Evangelio o acudir a la cabecera de los aquejados por la peste y atenderlos, aun cuando los que eso hacen prev\u00e9n la posibilidad de una muerte pronta e inevitable; tampoco es pecado que los obreros, en cumplimiento de sus deberes, suban a los tejados y a los edificios y se expongan con ello a la muerte, etc\u00e9tera. Todo esto es l\u00edcito precisamente porque el acto mismo es bueno y recto, pues, al menos en teor\u00eda, las personas ya aludidas no persiguen, ni como fin ni como medio, el resultado funesto, es decir, la muerte; y, adem\u00e1s, si resultase un mal, ser\u00eda compensado en gran parte por el efecto bueno y provechoso que buscan. Por otro lado, es pecado exponerse al peligro de muerte para dar prueba de valor, para ganar una apuesta, etc\u00e9tera, porque en todos estos casos el fin no compensa de ninguna forma el peligro de muerte que se corre. Para juzgar si existe o no raz\u00f3n suficiente para una acci\u00f3n a la que aparentemente le seguir\u00e1 la muerte, deben considerarse todas las circunstancias, esto es, la importancia del resultado ben\u00e9fico, la mayor o menor certeza de que se lograr\u00e1, el mayor o menor peligro de muerte, etc\u00e9tera, problemas que en un caso espec\u00edfico pueden ser dif\u00edciles de resolver.\n<\/p>\n<h3>El suicidio negativo y directo<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify\">El suicidio negativo y directo sin el consentimiento de Dios constituye el mismo pecado que el suicidio positivo. De hecho, el hombre tiene sobre su vida \u00fanicamente el derecho de uso con las obligaciones correspondientes de preservar el objeto del dominio de Dios: la sustancia de su vida. Por consiguiente, obviamente falla en esta obligaci\u00f3n de usufructuario quien descuida los medios necesarios para la preservaci\u00f3n de la vida, esto con la intenci\u00f3n de destruirla, y, por tanto, viola los derechos de Dios.\n<\/p>\n<h3>El suicidio negativo e indirecto<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify\">El suicidio negativo e indirecto sin el consentimiento de Dios tambi\u00e9n es una tentativa contra los derechos del Creador y una injusticia para con \u00c9l cuando se descuidan sin causa suficiente todos los medios de conservaci\u00f3n que se deber\u00edan utilizar. Si una persona como usufructuaria est\u00e1 obligada en justicia a preservar su vida, es l\u00f3gico que est\u00e1 igualmente obligada a hacer uso de todos los medios ordinarios que se imponen en circunstancias normales, esto es:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">deber\u00eda emplear todos los medios ordinarios que la naturaleza misma facilita, tales como comer, beber, dormir y as\u00ed sucesivamente;\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">adem\u00e1s, deber\u00eda evitar todos los peligros que pueden evitarse f\u00e1cilmente; por ejemplo, huir de una casa en llamas, huir de un animal enfurecido cuando puede hacerse sin dificultad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">De hecho, descuidar los medios ordinarios para la preservaci\u00f3n de la vida equivale a suicidarse, mas lo mismo no puede decirse con respecto a los medios extraordinarios. As\u00ed, los te\u00f3logos ense\u00f1an que para preservar la vida uno no est\u00e1 obligado a emplear remedios que, teniendo en cuenta la salud propia, se consideran como extraordinarios y suponen gastos extraordinarios; no hay obligaci\u00f3n de someterse a operaciones quir\u00fargicas muy penosas ni a amputaciones considerables ni viajar al exilio para buscar un clima m\u00e1s ben\u00e9fico, etc\u00e9tera. Si hacemos una comparaci\u00f3n, el arrendatario de una casa est\u00e1 obligado a cuidar de ella como conviene a un buen padre de familia, a utilizar los medios ordinarios para la conservaci\u00f3n de la propiedad, por ejemplo, extinguir un fuego que sea f\u00e1cil de extinguir, etc\u00e9tera; pero no est\u00e1 obligado a emplear medios considerados extraordinarios, tales como procurar las \u00faltimas novedades que haya producido la ciencia para prevenir o extinguir un incendio.\n<\/p>\n<h3>Aplicaci\u00f3n de los principios<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify\">Los principios esbozados en las cuatro proposiciones o divisiones dadas arriba deber\u00edan servir para la soluci\u00f3n de casos particulares; sin embargo, la aplicaci\u00f3n puede que no siempre sea f\u00e1cil, y, de esta manera, una persona puede quitarse la vida mediante un acto objetivamente il\u00edcito y aun as\u00ed considerarse tolerable y hasta un acto de virtud exaltada.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Podr\u00eda preguntarse si una persona puede realizar u omitir un acto que pueda da\u00f1ar su salud y acortar su vida. Aplicando los principios anteriores: antes que nada est\u00e1 claro (por la 1.\u00aa y 3.\u00aa proposici\u00f3n, A y C) que no puede tener como objetivo adelantar la muerte; mas, haciendo a un lado esta hip\u00f3tesis, puede decirse, por una parte, que exponerse sin raz\u00f3n suficiente a un abreviamiento considerable de la vida constituye un da\u00f1o grave a los derechos del Creador; y por otro lado, si el peligro de muerte no es inminente, aunque es de temerse que la vida pueda acortarse a\u00fan por varios a\u00f1os, no es un pecado grave, sino venial. Este es el caso con el beodo, que por intemperancia causa su muerte prematura.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Nuevamente, debe tenerse en cuenta que, con la adici\u00f3n de un motivo razonable, la acci\u00f3n puede ser totalmente l\u00edcita y hasta un acto de virtud; as\u00ed, el obrero no peca al dedicarse a los trabajos pesados, y los santos realizaron un acto muy meritorio y altamente virtuoso cuando, a fin de vencer sus pasiones, laceraron y torturaron sus cuerpos con penitencia y ayuno, y, con ello, fueron la causa de su muerte prematura.\n<\/p>\n<h2>Frecuencia del suicidio; causas principales<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify\">La plaga del suicidio pertenece especialmente al per\u00edodo de la decadencia de las civilizaciones de la antig\u00fcedad: griegos, romanos y egipcios. La Edad Media cristiana no conoci\u00f3 esta tendencia morbosa, mas ha vuelto a aparecer en los \u00faltimos tiempos, se ha desarrollado constantemente desde el Renacimiento y actualmente ha alcanzado tal intensidad entre las naciones civilizadas que puede considerarse uno de los males especiales de nuestros tiempos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Este \u00edndice de suicidio obviamente incluye suicidios que se pueden atribuir a las enfermedades mentales, pero no podemos aceptar la opini\u00f3n de un gran n\u00famero de m\u00e9dicos, moralistas y juristas que, llevados al error por una filosof\u00eda errada, establecen como regla general que el suicidio siempre se debe a la demencia, ya que grande es el horror que este acto inspira en todo hombre cuerdo. La Iglesia rechaza esta teor\u00eda y, aunque acepta excepciones, considera que dichos desgraciados que intentan suicidarse, impelidos por la desesperaci\u00f3n o la ira, a menudo act\u00faan por malicia o cobard\u00eda culpable. De hecho, la desesperaci\u00f3n y la ira no son generalmente movimientos del alma imposibles de resistir, especialmente si uno no descuida la ayuda que ofrece la religi\u00f3n, la confianza en Dios, la creencia en la inmortalidad del alma y en la vida futura de recompensas y castigos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Se han presentado muchas y variadas razones para explicar el alto \u00edndice de suicidio, pero es m\u00e1s correcto decir que no depende de una causa particular, antes bien, en un conjunto de factores, tales como la situaci\u00f3n social y econ\u00f3mica, la miseria de un gran n\u00famero, una b\u00fasqueda m\u00e1s febril de lo que se considera la felicidad y que a menudo termina en crueles decepciones, la cada vez m\u00e1s refinada b\u00fasqueda del placer, un est\u00edmulo m\u00e1s precoz e intenso de la vida sexual, el agotamiento intelectual, la influencia de los medios de comunicaci\u00f3n y de las noticias sensacionalistas que provee a diario a sus lectores, las influencias de la herencia, los estragos del alcoholismo, etc\u00e9tera. Pero es innegable que el factor religioso es much\u00edsimo m\u00e1s importante, pues el aumento en los suicidios guarda relaci\u00f3n con la descristianizaci\u00f3n de una naci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Francia representa un ejemplo penoso paralelo a la descristianizaci\u00f3n sistem\u00e1tica; el n\u00famero de suicidios por cada 100 000 aument\u00f3 de 8.32 en 1852 a 29 en 1900. La raz\u00f3n es obvia. La religi\u00f3n por s\u00ed sola, y especialmente la religi\u00f3n cat\u00f3lica, nos instruye con respecto al seguro destino de la vida y de la importancia de la muerte; ella sola proporciona una soluci\u00f3n al enigma del sufrimiento, ya que presenta al hombre viviendo en el exilio y al sufrimiento como el medio para conseguir la gloria y la felicidad de una vida futura. Por sus doctrinas de la eficacia del arrepentimiento y la pr\u00e1ctica de la confesi\u00f3n, alivia el sufrimiento moral del hombre; prohibe y previene en gran medida los des\u00f3rdenes de la vida; en pocas palabras, es de una naturaleza que previene las causas que se calculan impelen al hombre a la acci\u00f3n extrema.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Obras generales de teolog\u00eda y de filosof\u00eda moral, especialmente en referencia a los principios, la frecuencia y las causas del suicidio: WALTER in Staatslexikon (2.\u00aa ed., Friburgo, 1903), s.v. Selbstmord; MASARYK, Der Selbstmord als sociale Massenerscheinung der modernen Civilisation (Viena, 1881); MORSELLI, Suicide, International Scientific Series (Nueva York, 1882); BAILEY, Modern Social Conditions (Nueva York, 1906); SCHNAPPER-ARNDT, Socialstatistik (Leipzig, 1906); KROSE, Des Selbstmord im 19en Jahrhundert (Friburgo, 1906); NIEUWBARN, Beknopt kerkelyk Handwoordenboek (Tilburgo, 1910); JACQUART, Essais de statistique morale: I, Le Suicide (Bruselas, 1908).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">A. VANDER HEEREN<br \/>\nTranscrito por Tomas Hancil<br \/>\nTraducci\u00f3n de Manuel Rodr\u00edguez Rmz.\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>acci\u00f3n de darse voluntariamente la muerte. El s. tiene poca ocurrencia en los textos sagrados. Sobre todo, se mencionan los casos de los guerreros que se matan a s\u00ed\u00ad mismos o mueren por medio de un subalterno al que le ordenan los mate ante la inminencia del enemigo. Sa\u00fal en la guerra contra los filisteos, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/suicidio\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abSUICIDIO\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-5502","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5502","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=5502"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5502\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=5502"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=5502"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=5502"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}