{"id":5584,"date":"2016-02-05T01:48:03","date_gmt":"2016-02-05T06:48:03","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/virtud\/"},"modified":"2016-02-05T01:48:03","modified_gmt":"2016-02-05T06:48:03","slug":"virtud","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/virtud\/","title":{"rendered":"VIRTUD"},"content":{"rendered":"<p>Exo 18:21 escoge t\u00fa de entre .. varones de v<br \/>\nPhi 4:8 si hay v alguna, si algo digno de alabanza<br \/>\n2Pe 1:5 a\u00f1adid a .. fe v; a la v, conocimiento<\/p>\n<hr>\n<p>lat\u00ed\u00adn, virtute. Disposici\u00f3n habitual del alma para las acciones conformes a la ley moral. La enumeraci\u00f3n de las normas de obra y comportamiento de los cristianos: \u2020\u0153Todo cuanto hay de verdadero, de noble, de justo, de puro, de amable,  de honorable, de todo cuanto sea virtud y cosa digna de elogio, todo eso tenedlo en cuenta\u2020\u009d, Flp 4, 8.<\/p>\n<p>Seg\u00fan  2 P 1  5; 7, de una v. debe inferirse otra: \u2020\u0153De la fe, la virtud; de la virtud, el conocimiento; del conocimiento, la templanza; de la templanza, la tenacidad; de la tenacidad, la piedad; de la piedad, el amor fraterno; del amor fraterno, la caridad\u2020\u009d. Las obras de la carne son los vicios, mientras el fruto del Esp\u00ed\u00adritu es la v., Ga 5, 19-23.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Digital, Grupo C Service &#038; Design Ltda., Colombia, 2003<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Digital<\/b><\/p>\n<p>(heb., hayil, vigor, habilidad, a menudo involucrando valor moral; gr., arete, cualquier excelencia de una persona o cosa, dinamis, poder, influencia). La expresi\u00f3n mujer virtuosa (Rth 3:11; Pro 12:4; Pro 31:10) significa lit. una mujer valiosa. Algunas veces la palabra se usa en el sentido de poder (Mar 5:30; Luk 6:19; Luk 8:46; 2Co 12:9) y fuerza (Heb 11:11).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Mundo Hispano<\/b><\/p>\n<p>Es la bondad, castidad y probidad de Pro 21:10-31. la raz\u00f3n del \u00abpoder\u00bb de Mar 5:30, Luc 6:19.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano<br \/>\nDr. J. Dominguez<\/p>\n<p>http:\/\/biblia.com\/diccionario\/<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano<\/b><\/p>\n<p>En el AT se usa este t\u00e9rmino con la idea de \u2020\u0153capacidad\u2020\u009d, \u2020\u0153habilidad\u2020\u009d, unida a un sentido de lo recto (\u2020\u0153Adem\u00e1s escoge t\u00fa de entre todo el pueblo varones de v., temerosos de Dios\u2020\u009d [Exo 18:21]). Rut era \u2020\u0153mujer virtuosa\u2020\u009d (Rut 3:11). Ese sentido de habilidad mezclada con lo recto, justo y santo es de alto aprecio cuando se trata de buscar esposa (\u2020\u0153Mujer virtuosa \u00bfqui\u00e9n la hallar\u00e1? Porque su estima sobrepasa largamente la de las piedras preciosas\u2020\u009d [Pro 31:10]).<\/p>\n<p>En el NT se traduce el t\u00e9rmino aret\u00eb, equivalente al concepto griego de la excelencia, lo mejor. Pablo recomienda a los creyentes que est\u00e9n siempre pensando en las cosas excelentes, las mejores cosas (\u2020\u0153&#8230; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad\u2020\u009d [Flp 4:8]). Ellos son \u2020\u0153linaje escogido, real sacerdocio &#8230;. para que anuncien las virtudes de aquel que os llam\u00f3 de las tinieblas a su luz admirable\u2020\u009d (1Pe 2:9). En algunas versiones de la Biblia la palabra v. traduce a dunamis, equivalente a \u2020\u0153poder\u2020\u009d.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Cristiano<\/b><\/p>\n<p>vet, Este t\u00e9rmino denota una excelencia moral motora de acciones rectas y dignas. En el AT, Mois\u00e9s escogi\u00f3 varones virtuosos para que le ayudaran en la tarea de juzgar al pueblo de Israel (Ex. 18:21-25). Rut recibe el calificativo de mujer virtuosa (Rt. 3:11). La mujer virtuosa es la corona de su marido (Pr. 31:10), y en Pr. 31:10 ss. se describen sus excelencias. Las virtudes cristianas deben ser lo que llene la mente del cristiano (Fil. 4:8); en 2 P. 1:5, la virtud es efecto de la fe en acci\u00f3n; los cristianos somos \u00abpueblo adquirido por Dios\u00bb con el objeto de anunciar \u00ablas virtudes de aquel que os llam\u00f3 de las tinieblas a su luz admirable\u00bb (1 P. 2:9).<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico Ilustrado<\/b><\/p>\n<p>Es un h\u00e1bito operativo que santo Tom\u00e1s define como \u2020\u0153buena cualidad de la mente, por la que se vive rectamente y de la que nadie puede servirse para el mal\u00bb. La actitud o el h\u00e1bito contrario es el vicio. En las virtudes podemos distinguir: a) virtudes naturales. que se adquieren con la repetici\u00f3n constante de actos buenos, Y se dividen en diano\u00e9ticas o intelectuales Y morales; b) virtudes cardinales, qu\u00e9 son la prudencia, la justicia, la fortaleza Y la templanza; c) virtudes sobrenaturales, que son h\u00e1bitos infusos por Dios en las facultades humanas junto con la gracia santificante que se infunde en la esencia del alma mediante el bautismo. La doctrina com\u00fan pone tambi\u00e9n entre estas virtudes a las cardinales, que perfeccionan y elevan a las adquiridas por el esfuerzo humano. Sin embargo, las principales virtudes infusas siguen siendo las teologales, ya que tienen a Dios como objeto formal, mientras que las cardinales tienden a un bien finito. Las teologales son la fe, la esperanza y la caridad. Esta \u00faltima es considerada como la reina de todas las dem\u00e1s virtudes, seg\u00fan afirma san Pablo (1 Cor 13). La caridad est\u00e1 \u00ed\u00adntimamente relacionada con la gracia santificante y se pierde con el pecado, mientras que la fe y la esperanza pueden permanecer en el pecador sin la gracia Y la caridad. En el momento de la infusi\u00f3n de la gracia santificante se infunden tambi\u00e9n los dones del Esp\u00ed\u00adritu Santo.<\/p>\n<p>G. Bove<\/p>\n<p>Bibl.: A, de Sutter, Virtud, en DE, 600-607. G, Germ\u00e1n Su\u00e1rez, La vida teologal, Madrid 1962; J. Pieper, Las virtudes fundamentales, Rialp, Madrid 1976; Ch. Bernard, teolog\u00ed\u00ada espiritual, Atenas, Madrid 1994, 141-171.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>TEOLOG\u00ed\u008dA MORAL<br \/>\nSUMARIO<br \/>\nI. La virtud:<br \/>\n1. La historia del t\u00e9rmino;<br \/>\n2. Valoraciones contrastantes contempor\u00e1neas sobre la importancia de la virtud;<br \/>\n3. El problema.<br \/>\nII. El organismo virtuoso:<br \/>\n1. Los elementos que estructuran la virtud:<br \/>\n    a) La virtud est\u00e1 ordenada al obrar,<br \/>\n    b) La virtud connaturaliza con el bien,<br \/>\n    c) La virtud es estilo de b\u00fasqueda y de fidelidad;<br \/>\n2. Personas y part\u00ed\u00adcipes de la naturaleza divina (2Pe 1:4). Virtudes infusas y adquiridas: distinci\u00f3n y relaci\u00f3n;<br \/>\n3. Las principales categor\u00ed\u00adas de virtud:<br \/>\n    a) Las virtudes teologales y los dones del Espirita Santo,<br \/>\n    b) La virtud en la inteligencia,<br \/>\n    c) Las virtudes morales-cardinales.<br \/>\nIII. Educarse en la virtud: ser virtuosos.<\/p>\n<p>I. La virtud<br \/>\n1, LA HISTORIA DEL TERMINO. En el lenguaje \u00e9tico y religioso, virtud indica ya sea los bienes que las personas justas y rectas persiguen, ya las prerrogativas de que est\u00e1n dotadas y las cualidades en virtud de las cuales realizan el bien. Es preferentemente esta \u00faltima la acepci\u00f3n que aqu\u00ed\u00ad se analiza.<\/p>\n<p>La historia del t\u00e9rmino es muy compleja. La virtud para los griegos es la aret\u00e9, el calificativo de las personas cultivadas rectamente. Los fil\u00f3logos han descubierto sus huellas en algunas antiqu\u00ed\u00adsimas ra\u00ed\u00adces indoeuropeas. O. Bauerfeind (GLNT I, 1219-1227) indica seis acepciones diversas de este polisema: operaci\u00f3n o dote excelente; coraje, valor militar, m\u00e9rito, t\u00ed\u00adtulo honor\u00ed\u00adfico; acto por el cual Dios se da a conocer; gloria y felicidad; bien al que hay que tender. Ya Plat\u00f3n (427-347 a.C.) usa aret\u00e9 en la acepci\u00f3n que luego se har\u00e1 preferente, de prerrogativa del esp\u00ed\u00adritu humano. Arist\u00f3teles (384-322 a.C.), en la Etica a Nic\u00f3maco, presenta su elaboraci\u00f3n m\u00e1s completa. La describe como la actitud permanente para realizar bien el bien, por ejemplo para ser justos. \u00abDebe decirse, pues, que toda virtud (aret\u00e9) perfecciona el buen conducirse de aquel ser del que es virtud, y hace estimable su operaci\u00f3n\u00bb (1I, 6, 1106a, 14ss): La aret\u00e9 es una forma espec\u00ed\u00adfica de ex\u00e9s, habitus: la propensi\u00f3n pronta y estable a obrar (I, 13, 1103a, 9) es el habitas del justo medio (II,6,11066,36).<\/p>\n<p>El equivalente latino de aret\u00e9 es virtus, que, por ejemplo, en Cicer\u00f3n (106-43 a.C.) connota contempor\u00e1neamente madurez y fuerza: vir y vis: la persona madura y fuerte es la que es plenamente ella misma y goza de las prerrogativas necesarias para realizar sus propios deberes civiles y humanos, a pesar de los obst\u00e1culos y las dificultades. \u00abAppelata est enim ex viro virtus: viri autem propria maxime est fortitudo\u00bb(Tusculane II,18).<\/p>\n<p>Es de gran inter\u00e9s la reconstrucci\u00f3n de la evoluci\u00f3n y de la elaboraci\u00f3n de este concepto; ellas manifiestan el camino recorrido por el pensamiento humano para llegar a una visi\u00f3n org\u00e1nica del proceso a trav\u00e9s del cual el ser humano tiende a su perfecci\u00f3n.<\/p>\n<p>En la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica se encuentran abundantemente todos los elementos que integran el concepto de virtud. Sin embargo, el t\u00e9rmino como tal est\u00e1 casi ausente. En el NT se encuentra s\u00f3lo en Flp 4:8; 2Pe 1:5; 1Pe 2:9. El t\u00e9rmino m\u00e1s af\u00ed\u00adn es dynamis, traducido tambi\u00e9n \u00e9l no al azar, en lat\u00ed\u00adn, por, virtus.<\/p>\n<p>La situaci\u00f3n cambia con los Padres griegos y latinos. Estos usan el t\u00e9rmino en una acepci\u00f3n muy variada. Denominan virtud los frutos del Esp\u00ed\u00adritu, las obras bellas y buenas de los creyentes. En la l\u00ed\u00adnea de una tradici\u00f3n atestiguada ya por Fil\u00f3n (20 a.C.-50 d.C.), (Legum Alleg., I, 1Pe 52:48.49), que consideraba estas prerrogativas-como las dotes plantadas y perfeccionadas en el alma por la potencia de Dios, comienzan a dar aula virtud un importante realce en su ense\u00f1anza relativa al progreso -en el bien y a la lucha contra los vicios y las pasiones (if en bib1. T. Spidlik).<\/p>\n<p>Agust\u00ed\u00adn (334-430) (II de Libero Arbitrio, c. 19: PL 2Cr 32:1268; VI de Trinitate; c. 4: PL 42,927); Ambrosio 1339-397) (Super Lucam,1. 5, c. 6, 20ss: PL 15,1653C); Gregorio (540604) (Morelia: PL 76) son los testigos m\u00e1s importantes de la atenci\u00f3n, cada vez m\u00e1s expl\u00ed\u00adcita y detallada, a la realidad de la virtud.<br \/>\nLa introducci\u00f3n del t\u00e9rmino en la tradici\u00f3n teol\u00f3gica fue tambi\u00e9n lenta. O. Lottiri ha descrito algunas etapas de este proceso (if Les premi\u00e9res d\u00e9finitions el classifications des vertus au Moyen Age).<\/p>\n<p>Las definiciones m\u00e1s comunes en aquel tiempo fueron la ya citada, de origen aristot\u00e9lico: \u00abVirtud es lo que hace bueno al que la posee y buena la obra que realiza\u00bb, y otra, inspirada en Agust\u00ed\u00adn (De libero arbitrio II 19: PL 32,1268), es conocida en la formulaci\u00f3n que tuvo en las Sentencias de Pedro Lombardo: \u00abLa virtud es una buena cualidad de la mente, por la cual se vive rectamente, de la que nadie usa mal, que Dios obra en nosotros sin nosotros\u00bb (11 S., d. 27, a. 2; cf SANTO ToM.4s, S. Th., I-II; q. 55, a. 4).<\/p>\n<p>El alcance y el valor de estas descripciones var\u00ed\u00adan seg\u00fan la concepci\u00f3n teo-antropol\u00f3gica de los autores que las adoptan en su s\u00ed\u00adntesis. Tom\u00e1s de Aquino trata de la virtud en diversos contextos. Es el tema de una \u00abquaestio disputata\u00bb: De Virtutibus in communi; habla de ella en el Cvmentario al libro II de las Sentencias (II S., d. 27, a. 1; III S., 23, q. 1). Sin embargo es en la S. Th., I-II (qq. 5570) y en la II-II (qq. 1-170) donde expone del modo m\u00e1s completo su visi\u00f3n sobre el organismo virtuoso.<\/p>\n<p>Seg\u00fan ha ido avanzando la-reflexi\u00f3n teol\u00f3gica, los t\u00e9rminos virtud y h\u00e1bito han adquirido una cualificaci\u00f3n cada vez m\u00e1s espec\u00ed\u00adfica, t\u00e9cnica, variada y rica. Se dice, por ejemplo, que todas las virtudes son h\u00e1bitos, pera no todos los h\u00e1bitos son.virtudes: La gracia se considera un habitas entitatvo, distinto de los operativos de las virtudes, pero no se la llama virtud.<\/p>\n<p>Las virtudes intelectuales son virtudes, aunque en s\u00ed\u00ad mismas no dicen relaci\u00f3n al bien moral. En el campo opuesto, los vicios son h\u00e1bitos que corrompen, no constituyen al sujeto.<\/p>\n<p>Se trata, pues, de t\u00e9rminos an\u00e1logos, que en los diversos casos asumen una connotaci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica que contextualiza su alcance y que, en conjunto, evidencian la rica pregnancia de estas prerrogativas del esp\u00ed\u00adritu humano.<\/p>\n<p>En espa\u00f1ol los t\u00e9rminos que expresan estas realidades son costumbre, h\u00e1bito y virtud; los dos primeros m\u00e1s que traducir descubren su pregnante riqueza (cf S. PINeKAERS, La virtud es todo menos una costumbre). La \u00fanica afinidad . entre costumbre y h\u00e1bito la constituye la referencia a la constancia y estabilidad impl\u00ed\u00adcita en los dos t\u00e9rminos. La costumbre, sin embargo; se sit\u00faa- en la l\u00ed\u00adnea del instinto, de la reiteraci\u00f3n, de la no voluntariedad; en cambio, el h\u00e1bito connota esencialmente dominio de s\u00ed\u00ad y de los dinamismos propios, capacidad de acci\u00f3n responsable, humana y humanizadora; libertad liberada en la orientaci\u00f3n al bien, en el asentimiento a \u00e9l, en estar en las propias manos de modo que se realicen con fidelidad sus exigencias. R. Guardini, a prop\u00f3sito de Tugend (virtud), observaba: \u00abSi tuvi\u00e9semos en nuestra lengua otra palabra, la habr\u00ed\u00adamos usado; pero no tiene m\u00e1s que \u00e9sta. Queremos, sin embargo, ponernos de acuerdo sobre el hecho de que oculta un significado vivo y hermoso. \u00bfQu\u00e9 significa, pues?\u00bb (La virt\u00fa, 21-32).<\/p>\n<p>2. VALORACIONES CONTRASTANTES CONTEMPOR\u00ed\u0081NEAS SOBRE LA IMPORTANCIA DE LA VIRTUD. a) Hace algunos a\u00f1os, muchos hubieran suscrito la observaci\u00f3n de P. Val\u00e9ry: \u00abLa palabra virtud ha muerto, o al menos est\u00e1 muriendo. No se pronuncia casi nunca&#8230; Por lo que a m\u00ed\u00ad respecta&#8230; no la he o\u00ed\u00addo sino muy rara vez, y siempre en tono ir\u00f3nico\u00bb (Vari\u00e9t\u00e9 en Oeuvres I, Par\u00ed\u00ads 1957, 940). Y Lalande le hac\u00ed\u00ada eco: \u00abLas palabras virtud y virtuoso tienden, seg\u00fan parece, a desaparecer del lenguaje moral contempor\u00e1neo. Se las usa s\u00f3lo en las expresiones consagradas o bien se a\u00f1ade una f\u00f3rmula que recuerda esta semifalta de costumbre\u00bb (Dizionario critico di filosof\u00ed\u00ada, Ist. ed. Internazionale, 1971, voz Virtud).<\/p>\n<p>La ausencia de la voz virtud en muchos diccionarios teol\u00f3gicos y el papel del todo secundario que se le reserva en diversas obras contempor\u00e1neas de teolog\u00ed\u00ada moral confirman estas valoraciones.<\/p>\n<p>Esta mengua de consenso y la resonancia extra\u00f1a y moralista de este fuerte t\u00e9rmino son fruto de la compleja metamorfosis que ha experimentado en el curso de la historia y que lo ha llevado a adoptar las connotaciones que todav\u00ed\u00ada hoy le son inherentes. Es un fen\u00f3meno que constituye la confluencia de muchos factores.<\/p>\n<p>En muchos contextos, la virtud se ha convertido en la prerrogativa reservada de las personas virtuosas, dedicadas a la vida devota, inculcada muy a menudo en una perspectiva pietista e intimista, presentada como sin\u00f3nimo de renuncia y de control de los sentimientos, de obediencia a las directrices, etc. En otros, la actividad moral ha sido vista en la \u00f3ptica de la teor\u00ed\u00ada de los deberes de Kant (Cr\u00ed\u00adtica de la raz\u00f3n pr\u00e1ctica), o bien valorada en sus efectos transitivos m\u00e1s que como actuaci\u00f3n de toda la persona en el bien, en relaci\u00f3n con los fines con los que se relaciona, a saber: la uni\u00f3n con Dios y el bien interhumano; se la ha reducido a una regulaci\u00f3n de actos, desconociendo la maduraci\u00f3n y la formaci\u00f3n de las personas que lo realizan (cf O. H. PESCH, Teolog\u00ed\u00ada de las virtudes y virtudes teol\u00f3gicas, 459-480). Otras veces la virtud ha adoptado una connotaci\u00f3n preferentemente psicol\u00f3gica, como si el intento que se ha de perseguir fuese el equilibrio ps\u00ed\u00adquico m\u00e1s que el consentimiento, amoroso e inteligente, al bien, entendido no como sin\u00f3nimo de deber abstracto, sino como mundo de personas con las cuales permanecer en relaci\u00f3n, por fidelidad a la propia vocaci\u00f3n humana (cf F. GARELLI, Una morale senza virt\u00fa).<\/p>\n<p>Precomprensiones de este o de otro tipo prejuzgan la propuesta sobre la virtud y no favorecen las condiciones en las cuales la referencia a ella desaf\u00ed\u00ada a comunidades y a personas a permanecer en la realidad para compartir gozos y temores en la l\u00ed\u00adnea de la misi\u00f3n humana en la historia. Es siempre una tarea abierta la operaci\u00f3n indicada por Max Scheler \u00abpara una rehabilitaci\u00f3n de la virtud\u00bb (en Crisi dei valori, trad. F. STERNHEIM, Bompiani, Mil\u00e1n 1938):<br \/>\nb) En estos \u00faltimos a\u00f1os la situaci\u00f3n est\u00e1 cambiando. Se revisa el tema con nueva atenci\u00f3n. La bibliograf\u00ed\u00ada recogida por J.-C. Wolf (Bibliograf\u00ed\u00ada sobre \u00abvirtud\u00bby \u00abvirtudes\u00bb ; 507-511), evidencia un inter\u00e9s atento y creciente, que, sobre todo en la cultura angloamericana, se desarrolla respecto a esta categor\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Diversos autores no se limitan a destacar la importancia de una \u00e9tica de la virtud; buscan las condiciones en las cuales puede realizarse. J. Coleman, por ejemplo, siguiendo a A. Mac Intyre, R. Bellah, S. Hauerwas (cf bibl.), estima que esta categor\u00ed\u00ada moral est\u00e1 descuidada, porque sus supuestos (comunidad aut\u00e9ntica, comprensi\u00f3n teleol\u00f3gica de la realidad, unidad narrativa de la existencia considerada en su globalidad, tradici\u00f3n) no est\u00e1n en sinton\u00ed\u00ada con los fundamentos ideol\u00f3gicos predominantes en la sociedad posmoderna y con las instituciones industriales avanzadas. La vuelta a la virtud no puede realizarse si no es en \u00e9l contexto de la decisi\u00f3n de ser una contracultura que desenmascara y critica los caracteres b\u00e1sicos de la sociedad moderna avanzada. \u00abPara renovar el lenguaje de la virtud es preciso renovar la sociedad\u00bb (J. Coleman, Valores y virtudes en las sociedades avanzadas en Con 211 [1987], 365-380). Tambi\u00e9n, O.H. Pesch (a.c., 459ss), reflexionando espec\u00ed\u00adficamente sobre las virtudes teologales, estima que la teor\u00ed\u00ada del h\u00e1bito y de la virtud es decisiva para fundar una \u00e9tica teol\u00f3gica, o sea para hacer concreto el obrar humano.<\/p>\n<p>3. EL PROBLEMA. La realidad es compleja. Ni la ausencia ni la presencia del t\u00e9rmino virtud en autores, \u00e1reas culturales y per\u00ed\u00adodos de la historia son \u00ed\u00adndice adecuado de la importancia reconocida a la realidad que indica.<\/p>\n<p>En general, los t\u00e9rminos del lenguaje moral en uso se cargan de valores negativos, y la tendencia com\u00fan lleva a no usarlos en vez de aclarar su verdad. De este modo se evita una incomprensi\u00f3n, pero se permanece privados de la aportaci\u00f3n de la tem\u00e1tica que el lenguaje transmite.<\/p>\n<p>Para conocer y comunicar, tenemos necesidad de t\u00e9rminos adecuados; su falta o su uso indebido incide en la relaci\u00f3n con la realidad que connotan. Esta exigencia en el mundo contempor\u00e1neo se impone con rigor y urgencia in\u00e9ditos. Es preciso replantear la educaci\u00f3n de las personas y de los pueblos e indicar los caminos para ser capaces de vivir en paz, para alimentar el coraje y la alegr\u00ed\u00ada de vivir juntos dentro de las indiferencias, para hacer frente a las exigencias ecol\u00f3gicas, biol\u00f3gicas y existenciales. Esto no puede verificarse si no madura el consenso com\u00fan sobre los proyectos de vida, los fines pr\u00f3ximos y \u00faltimos y los caminos del bien humano.<\/p>\n<p>Los problemas verdaderos son ineludibles. Resolverlos significa afrontarlos racionalmente, no emotivamente, en la complejidad y en verdad. El consenso verbal, el silencio o la represi\u00f3n, la alternativa acr\u00ed\u00adtica: virtud s\u00ed\u00ad, virtud no, impiden que se aclaren los problemas relativos a la perfecci\u00f3n humana. En el contexto teol\u00f3gico-moral la cuesti\u00f3n es antropoteol\u00f3gica, no l\u00e9xica; es de contenido, no formal.<\/p>\n<p>La visi\u00f3n cristiana de la vida orient\u00f3 y legitim\u00f3 la operaci\u00f3n que la teolog\u00ed\u00ada realiz\u00f3 en los siglos xi y xii, cuando se sirvi\u00f3 de la virtud para interpretar y reproponer el mensaje revelado dirigido al crecimiento de un pueblo obediente a Dios y responsable en la historia.<\/p>\n<p>La revelaci\u00f3n habla a la humanidad para educarla en responder conscientemente a la llamada que Dios le dirige en la creaci\u00f3n y en Jesucristo. El pueblo regenerado en la resurrecci\u00f3n de Jesucristo actualiza su propia realidad de imagen cuando es responsable de s\u00ed\u00ad, cuando se acepta como principio de su dinamismo y lo orienta concretamente, no de modo veleidoso, por el camino del bien en un querer que se hace proyecto y que se encarna en la actuaci\u00f3n justa y amistosa. La sinton\u00ed\u00ada entre esta intuici\u00f3n teol\u00f3gica y las opciones antropol\u00f3gicas (p.ej., la de Arist\u00f3teles, que estructura tambi\u00e9n la propuesta sobre el obrar justo bas\u00e1ndose en la referencia a la virtud) es un dato que hace reflexionar. El favorece el evidenciar y profundizar los valores y el alcance de esta convergencia, sobre todo en el actual giro de la historia, caracterizado por la dimensi\u00f3n planetaria que asumen los problemas humanos y por la urgencia de hacer convergentes y comunicantes las propuestas relativas a su soluci\u00f3n..<\/p>\n<p>La Iglesia se proyecta como Iglesia de Iglesias, llamada a crecer como misterio, comuni\u00f3n y misi\u00f3n; ella repite de modo inequ\u00ed\u00advoco que todos los fieles est\u00e1n llamados a la santidad vivida en las fronteras de la historia; la humanidad, en la m\u00faltiple variedad de los pueblos y de las culturas, se siente cada vez m\u00e1s atra\u00ed\u00adda y atemorizada por el futuro y se ve desafiada por la urgencia a educarse en nuevos estilos personales de vida, en nuevos \u00f3rdenes de comunicaci\u00f3n entre los pueblos para una nueva presencia en la creaci\u00f3n. Las exigencias de esta tendencia planetaria al bien humano y la necesidad de cooperar para secundarla y realizarla llevan a considerar en perspectiva diversa los elementos que han estructurado diversas tradiciones culturales, a liberarlos de las incrustaciones- que los deforman para asumir los est\u00ed\u00admulos que -transportan.<\/p>\n<p>La propuesta sobre la virtud se vuelve pregnante en las.comunidades si toman conciencia de su vocaci\u00f3n en el contexto del designio de Dios revelado en Jesucristo y si obedecen a la misi\u00f3n de autenticar estilos concretos de fidelidad a la condici\u00f3n humana superando la alternativa entre realizaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad, consenso a Dios y solicitud por el bien humano.<br \/>\nEl contexto de la teolog\u00ed\u00ada sobre la virtud es el misterio manifestado en Cristo Jes\u00fas (Efe 1:10), el crecimiento de la humanidad y la liberaci\u00f3n de la creaci\u00f3n. La vida en Cristo crece en la sinton\u00ed\u00ada permanente, espont\u00e1nea y efectiva, no veleidosa, con todas las realidades; se desarrolla armonizando la uni\u00f3n con Dios y el compromiso convergente, constante y gozoso por el crecimiento personal en el bien.<\/p>\n<p>Moral del objeto, del fin, de la persona, de la contextualidad hist\u00f3rica deben convertirse en contexto indiviso de la perfecci\u00f3n varia y m\u00faltiple de los dinamismos que estructuran la persona.<\/p>\n<p>La humanidad no nace perfecta; puede llegar a serlo; no llega a serlo por herencia o al azar; no renuncia impunemente a la alta responsabilidad de caminar en la verdad y en la bondad. Se trata de una responsabilidad que nadie puede delegar, de la cual nadie puede verse exonerado, que nadie realiza si trampea consigo mismo o con la realidad-, que nadie desatiende en vano. El que se sustrae a su cometido humano \u00c2\u00a1lo se realiza y traiciona su vocaci\u00f3n, perjudica a la comunidad y frustra el plan de Dios. Aspira a ser humano y fiel el que con valor, perseverancia y alegr\u00ed\u00ada se construye como persona, se sustrae a los arbitrios de las tendencias irracionales, se vincula a la creatividad fiel en Dios, \u00aben el cual vivimos, nos movemos y existimos\u00bb (Heb 17:28), mantiene relaciones justas y amistosas, discierne y afronta los obst\u00e1culos que se oponen y retrasan el bien humano, piensa, ama y realiza proyectos humanizantes. Personas y pueblos, como las catedrales, difieren por el estilo de armonizar estos elementos estructurales suyos.<\/p>\n<p>La dificultad de proponer hoy la virtud es de signo opuesto a la que contrast\u00f3 su entrada en el mundo teol\u00f3gico. Entonces parec\u00ed\u00ada que dejaba demasiado espacio a la inventiva e imped\u00ed\u00ada subrayar adecuadamente la obra de Dios; ahora parece que vincula a las personas, inhibe la espontaneidad, como si \u00e9sta existiera s\u00f3lo en un contexto de total indeterminaci\u00f3n. La llamada a realizarse, a expresarse libremente, es com\u00fan a los diversos movimientos de autoafirmaci\u00f3n. La cuesti\u00f3n es otra. Se trata de discernir las condiciones que contextualizan la verdad del vivir, y de decidir, bas\u00e1ndose en ellas, el camino del pueblo de Dios.<\/p>\n<p>La paz entre los pueblos est\u00e1 subordinada a la fidelidad a la verdad sinceramente buscada, amada y seguida. Es el n\u00facleo de la teolog\u00ed\u00ada sobre la virtud.<\/p>\n<p>II. El organismo virtuoso<br \/>\n1. LOS ELEMENTOS QUE ESTRUCTURAN LA VIRTUD. a) La virtud est\u00e1 ordenada al obrar. Uno de los datos m\u00e1s importantes en la teor\u00ed\u00ada de la virtud es el que la considera ordenada al obrar, bien: es principio de actos humanos buenos, hace bueno al que obra y las obras que realiza. Es un dato complejo, y hay que precisarlo.<\/p>\n<p>El obrar del que se trata, antes del transitivo (facere), a trav\u00e9s del cual la persona transforma y perfecciona la realidad, es el agere en el que ella se realiza en la relaci\u00f3n al bien con todas sus facultades y posibilidades; se cualifica en la prerrogativa de principio verdadero, aunque no primero y \u00fanico, de la propia orientaci\u00f3n existencial.<\/p>\n<p>La persona, en cuanto imagen de Dios, est\u00e1 estructurada para ser en acto ella misma. \u00abSiendo la sustancia de Dios su acci\u00f3n, la suma asimilaci\u00f3n del ser humano a Dios se realiza seg\u00fan la operaci\u00f3n. Y por esto se dice que la felicidad o bienaventuranza, en la cual el ser humano se conforma a Dios del modo supremo, y que es el fin de la vida humana, consiste en una operaci\u00f3n\u00bb (SANTO TOM\u00ed\u0081S, S. Th., 1-11, q. 55, a. 2, ad 3).<\/p>\n<p>La virtud pertenece al g\u00e9nero de la cualidad; realiza a la persona de acuerdo con su propia vocaci\u00f3n personal; le confiere dominio de s\u00ed\u00ad, sinton\u00ed\u00ada con el bien, capacidad para vivir relaciones inteligentes y libres en la humanidad, con Dios, para promover la perfecci\u00f3n del universo.<\/p>\n<p>El agere realiza a la persona a trav\u00e9s de la transformaci\u00f3n que se opera en ella por el hecho de ratificar la pertenencia a la condici\u00f3n humana; se deja amar, habitar, transformar por el bien supremo al que asiente, se acoge a la vitalidad de quien la atrae y la funda en su condici\u00f3n en el contexto de las relaciones que configuran su presencia en la realidad.<\/p>\n<p>Asentir libremente, al bien es querer orientar la vida propia en conformidad con sus exigencias. La acci\u00f3n buena no es una actividad cualquiera; es fundamentalmente comuni\u00f3n de conocimiento y de amor con el bien supremo, tal como el agente lo conoce y lo acoge. La acci\u00f3n moral no es adhesi\u00f3n a un sistema de pensamiento o la adquisici\u00f3n de una t\u00e9cnica; es gravitar personalmente en el mundo de Dios, dejarse conformar a \u00e9l, secundar su moci\u00f3n, crecer en la disponibilidad de la escucha, en la decisi\u00f3n de orientar la vida propia seg\u00fan los indicativos que acepta de \u00e9l. Esta actitud compleja cualifica al agente y las obras que realiza en coherencia con su condici\u00f3n.<\/p>\n<p>Cuando la persona sigue este planteamiento de vida, adquiere estabilidad y rigor, y los actos que realiza, m\u00e1s que momentos puntuales, se convierten en expresi\u00f3n de relaci\u00f3n, en estilo de comuni\u00f3n, en tendencia a la verdad y al bien. Los dinamismos a trav\u00e9s de los cuales se cualifica la capacidad de obrar bien tienen valor y estructura propia y se distinguen de acuerdo con las metas que los especifican. Las relaciones amistosas, de confianza, de justicia, de gratitud y de respeto son todas ellas humanas y difieren de modo inequ\u00ed\u00advoco unas de otras. Esta orientaci\u00f3n al bien es permanente; perdura tambi\u00e9n cuando la persona, como; por ejemplo, en el sue\u00f1o, no realiza concretamente sus exigencias. Obrar en acto no es el \u00fanico momento humanizante: Son tales tambi\u00e9n los par\u00e9ntesis de silencio; las fases en las cuales la persona vive la gestaci\u00f3n de una disponibilidad m\u00e1s intensa al bien. Este silencio vigilante no hay que confundirlo con el rechazo y la omisi\u00f3n de la actividad, \u00ed\u00adndice de indiferencia, tibieza (Apo 3:16) y falta de vitalidad (cf Jua 15:2-6) que caracterizan a quienes, aunque no abdiquen del todo de sus propias responsabilidades, desatienden de hecho sus exigencias.<\/p>\n<p>A pesar de ello, es cierto que la virtud crece cuando la persona obra de hecho y se abre con aportaci\u00f3n personal al influjo del bien. El obrar perfecciona a quien al vivirlo actualiza en verdad y sinceridad sus propias virtualidades de acci\u00f3n, en la docilidad a la realidad y al bien.<\/p>\n<p>El acto moral tiene estructura relacional; la madurez que confiere se realiza bajo el influjo de aquellos con quienes la persona entra en relaci\u00f3n. Este dato adquiere importancia espec\u00ed\u00adfica en las actuaciones en las cuales la persona consiente a Dios que la une a s\u00ed\u00ad. La perfecci\u00f3n humana es perfecci\u00f3n de comuni\u00f3n y crece en la interrelaci\u00f3n de quienes concurren a construirla.<\/p>\n<p>Para la persona, quererse a s\u00ed\u00ad misma es querer el bien de la comunidad-en que vive, y -viceversa. Obrar virtuosamente es crecer en verdad, avanzaren el camino de la concienciaci\u00f3n, explicar y actualizar el consenso al proyecto que inspira la propia historia y la articula en la de todos, en la fidelidad a la vocaci\u00f3n a crecer juntos en el mundo, proyectados hacia el todav\u00ed\u00ada no de la historia, orientados al bien de todos y todos en Dios. El obrar virtuoso se actualiza en este contexto, tiende a robustecerlo y se cualifica cuando la atenci\u00f3n de la persona, habiendo interiorizado el dinamismo del obrar, puede abrirse libremente a la intensidad y verdad de la comunicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Es virtuosa la persona que se libera en el bien, que libera el poder de expresarse en verdad, de secundar las exigencias de la relaci\u00f3n, de cultivar la madurez de las relaciones, de ser principio del propio obrar, o sea de tender con espontaneidad y creatividad al bien. Pi\u00e9nsese, por ejemplo, en los virtuosismos de los artistas que en su madurez pueden asentir con plena libertad a la inspiraci\u00f3n; en la pregnanpia y ductilidad de comunicaci\u00f3n de quien conoce bien aquello de que se trata. Esto se ve con mayor inmediatez en el campo del bien. S\u00f3lo el que es justo puede realizar de modo justo lo que es justo (Arist\u00f3teles). Cuanto m\u00e1s la atenci\u00f3n est\u00e1 secuestrada por las din\u00e1micas del obrar, menos la acci\u00f3n es espont\u00e1nea, libre y creativa.<\/p>\n<p>La virtud es la expresi\u00f3n del dominio de s\u00ed\u00ad; es fruto de la libertad libre para dirigir las inclinaciones y las potencialidades humanas al bien, para asentir a la atracci\u00f3n que \u00e9l ejerce, para seguir el bien amado en la variedad articulada de sus expectativas y propuestas. Cuanto m\u00e1s la persona es due\u00f1a de s\u00ed\u00ad, m\u00e1s puede asentir a la atracci\u00f3n del bien y realizarse en comuni\u00f3n con tensi\u00f3n unificada.<\/p>\n<p>La virtud es una cualidad; es un modo de tenerse, de poseerse, de estar en las propias manos, y, a la vez, es disponibilidad a dejarse tener, coger, a secundar con espontaneidad lo bello, lo bueno y lo verdadero, a vivir en las relaciones de comuni\u00f3n. La expresi\u00f3n m\u00e1s alta de esta potencialidad se ve en la relaci\u00f3n con Dios. Convertirse en personas libres para hacer cuanto a \u00e9l le place, encontrar la propia complacencia en hacer lo que le agrada, en vivir juntos, en caminar por sus senderos, es meta que polariza las aspiraciones y hacia la cual se est\u00e1 siempre en tensi\u00f3n. La virtud hay que concebirla en esta perspectiva, en orden a esta liberaci\u00f3n. Esta disponibilidad no puede perseguirse por sectores. En el campo del saber o del arte se puede cultivar un aspecto; el bien o se lo realiza del todo o no se lo ama de verdad. No se puede ser seres humanos en parte o durante alg\u00fan tiempo; no se llega a serlo si no se tiende con sinceridad a serlo.<\/p>\n<p>La tradici\u00f3n ha connotado esta prerrogativa en el dato com\u00fanmente reconocido, seg\u00fan el cual las virtudes de la afectividad se relacionan y capacitan para buscar y seguir en :las diversas circunstancias el bien verdadero de la persona y de las relaciones. Conexiones y mediaci\u00f3n son prerrogativas distintas e inseparables de la virtud moral.<\/p>\n<p>b) La virtud connaturaliza con el bien. La virtud- cualifica a la persona en dinamismo y en su modo de situarse ante la realidad; capacita para hacer personal y libre la inclinaci\u00f3n al bien; plasma las facultades cognoscitivas y afectivas, racionales y sensibles, las hace d\u00f3ciles a la atracci\u00f3n y a la consecuci\u00f3n del bien. La persona virtuosa se relaciona no con realidades abstractas, sino con el nosotros de la solidaridad en que vive y que acrecienta cuando realiza sus exigencias con inteligencia, amor y perseverancia.<\/p>\n<p>Como categor\u00ed\u00ada moral, la virtud hay que verla en el contexto de la visi\u00f3n de la realidad en que se sit\u00faa quien la practica y de la aspiraci\u00f3n a que obedece. En la perspectiva cristiana, el bien con el cual la persona virtuosa se relaciona es la uni\u00f3n, en el pueblo de Dios y en la humanidad, con Dios, del cual se deriva, en el cual vive y al cual tiende, en Jesucristo y en el Esp\u00ed\u00adritu. En el fiel las virtudes se derivan de la gracia, radican en ella y hacen crecer en la filiaci\u00f3n adoptiva, la cual no s\u00f3lo no compromete la pertenencia a la familia humana y la radicaci\u00f3n en la historia, sino que robustece la decisi\u00f3n de hacer humana la realidad que Dios reconcilia consigo. El organismo virtuoso, en la compleja y arm\u00f3nica variedad de sus expresiones, es fruto de la trasformaci\u00f3n que la gracia realiza en las personas que; en el pueblo de Dios, asienten a Dios mismo y cooperan a la actualizaci\u00f3n de su designio.<\/p>\n<p>La vida virtuosa, en su expresi\u00f3n m\u00e1s genuina, es eminentemente teologal. Dios convierte a s\u00ed\u00ad a la humanidad y a la creaci\u00f3n, y revela el camino a trav\u00e9s del cual la reconcilia consigo. En esta perspectiva la perfecci\u00f3n humana es fruto y expresi\u00f3n de la respuesta a la vocaci\u00f3n \u00faltima de la persona, que es la divina (GS 22) y que se articula en el camino que es Cristo. Dios mismo, de un modo que \u00e9l solo conoce, da a todos la posibilidad de ponerse en contacto con \u00e9l; en \u00e9l los seres humanos reciben los g\u00e9rmenes de la virtud (\u00abnascentia virtutum\u00bb, Liturgia de las horas del 22 de diciembre, preces de laudes), es decir aquellas prerrogativas que permiten perseverar en la confianza mediante la cual la persona deja obrar al Esp\u00ed\u00adritu, vive bajo la acci\u00f3n de la gracia, secunda las iniciativas que potencian y hacen permanente la conversi\u00f3n.<\/p>\n<p>La virtud exige la personalizaci\u00f3n del potencial de inclinaciones y tendencias de que est\u00e1n dotados los seres humanos, y no lo destruye; lo sustrae a los procesos de masificaci\u00f3n y de indeterminaci\u00f3n, y no anula sus dinamismos; es la historia de la fecundidad de la relaci\u00f3n con el bien, con el cual la persona se convierte en ella misma y madura las elecciones cotidianas.<\/p>\n<p>Para captar el alcance de esta sublime prerrogativa de la persona no basta hacer referencia a las escuelas filos\u00f3ficas o teol\u00f3gicas que tratan de ello; hay que referirse a quienes lo viven, a los santos y alas santas, que encarnan sus exigencias. En \u00e9stos no se confunden con la teor\u00ed\u00ada que la interpreta. Cuando se verifica una separaci\u00f3n entre doctrina y vida, a \u00e9sta hay que referirse para captar la verdad; ella muestra c\u00f3mo la virtud no tiene nada en com\u00fan con las formas enga\u00f1osas de c\u00e1lculo, con las actitudes elitistas, con las tendencias espiritualistas e intimistas, con las cuales a menudo se la confunde. La virtud crece en quienes elaboran sus potencialidades para hacerlas converger en la responsabilidad en, con y por el pueblo de Dios, y en quienes se preocupan de lo que contrasta con el bien humano y retrasa la conversi\u00f3n a sus exigencias.<\/p>\n<p>Es fundamental en la virtud la tenacidad en perseverar en el bien y en procurarse las condiciones para realizarlo con coherencia. El que razona, crece en el conocimiento de la verdad; el que practica \u00c2\u00a1ajusticia, se cualifica en la pertenencia a la comunidad de los justos; el que espera y ama, vive y crece en el pueblo de Dios.<\/p>\n<p>La virtud se nutre de fidelidad, gratuidad, inventiva, solidaridad y participaci\u00f3n. Se es virtuoso no aisladamente, sino en el contexto cotidiano del bien, vivido en la familia y en el pueblo de Dios y realizado en el ejercicio de las propias responsabilidades por y en la creaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Los seres humanos son todos potencialmente libres y solidarios; sin embargo, de hecho obran en verdad s\u00f3lo los que sin trampear responden a las exigencias del todav\u00ed\u00ada no de las posibilidades humanas.<\/p>\n<p>La virtud dice relaci\u00f3n a todo el bien y comprende la convergencia en \u00e9l de toda la persona. El que no tiene la virtud puede alguna que otra vez obrar rectamente. Pero s\u00f3lo el que no desatiende las potencialidades que estructuran la propia historia se connaturaliza con la comuni\u00f3n interhumana en Dios.<\/p>\n<p>Seg\u00fan la tradici\u00f3n, las virtudes principales son la justicia, la sabidur\u00ed\u00ada, la caridad, y todas ellas actualizan la conciencia de querer introducirse en la familia humana que Dios reconcilia consigo. Este camino lleva a discernir de qu\u00e9 historia se forma parte, qu\u00e9 historia se construye, a qu\u00e9 historia se es fiel.<\/p>\n<p>c) La virtudes estilo de b\u00fasqueda y de fidelidad. Los elementos que concurren a construir la persona recta son muchos y se articulan en el principio que unifica la existencia, plasma e informa sus actividades y dinamismos. La virtud orienta al fin \u00faltimo, no hace impecables, infalibles, omniscientes y omnipotentes; sostiene en la decisi\u00f3n de llegar a ser humanos y fieles, en la imploraci\u00f3n del perd\u00f3n, en la esperanza de adaptarse a las expectativas del bien, tal c\u00f3mo se proponen y como la persona las percibe con los criterios y los medios de que dispone.<\/p>\n<p>La persona recta dispone de v\u00e1lidos criterios de discernimiento, que alimentan la regeneraci\u00f3n de la tenacidad de perseverar en el bien y de permanecer en camino hacia la plenitud de la verdad. El obrar virtuoso, en lo que tiene de espec\u00ed\u00adfico, no se sustrae al control de los an\u00e1lisis; pero no se puede valorar con el metro con que se analizan los comportamientos externos. A menudo la persona virtuosa se siente llevada en su camino a avanzar reservas inspiradas en la propia conciencia, y \u00e9stas no son menos v\u00e1lidas por el hecho de no recibir siempre reconocimiento social.<\/p>\n<p>Este dato es importante, sobre todo cuando se intenta valorar los reflejos socio-pol\u00ed\u00adticos de la vida virtuosa. No todas las personas virtuosas son reconocidas en su valor y no siempre inciden de modo importante en la realidad social. Su vida est\u00e1 oculta con Cristo en Dios (Col 3:3) y a menudo no polariza la atenci\u00f3n com\u00fan. No por eso su camino es menos recto. La persona justa no es testaruda; pero no desiste de realizar lo que juzga hermoso y justo por el mero hecho de que es la \u00fanica en perseguirlo. No reniega de la meta, ni siquiera cuando pierde y est\u00e1 en minor\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>La contribuci\u00f3n del rico al templo se valora mucho m\u00e1s que las pocas monedas de la viuda; sin embargo, s\u00f3lo ella atrae la mirada del Se\u00f1or y encuentra su complacencia (cf Mar 12:41-44; Luc 21:1-4). La preferencia de Dios por los \u00faltimos y por los pobres, a la vez que desaprueba los c\u00e1lculos y las resistencias de los ego\u00ed\u00adstas y de los perezosos, indica el camino a trav\u00e9s del cual la historia entra en el reino. Los indicativos evang\u00e9licos no son normas de cortes\u00ed\u00ada; confirman a los elegidos de Dios en seguir la inspiraci\u00f3n, incluso cuando \u00e9sta lleva a tomar senderos impracticables y a perseverar en el camino de la locura de la cruz (cf 1Co 1:18-25).<\/p>\n<p>El fin primario de la virtud es teologal: es la adhesi\u00f3n convencida al benepl\u00e1cito de Dios, la obediencia al Esp\u00ed\u00adritu, que en su iniciativa conduce a personas y comunidades a elegir las v\u00ed\u00adas misteriosas que se juntan en la recorrida por Cristo, al que el Padre glorific\u00f3 en la resurrecci\u00f3n (cf Flp 2:5-11).<\/p>\n<p>La virtud no es un c\u00e1lculo de probabilidades para fij ar la elecci\u00f3n vencedora; es confianza, docilidad, consenso. Crecer en ella es resultado, no premisa; se consigue y madura por la interacci\u00f3n con la realidad amada; es estilo de consenso y contexto de iniciativa.<\/p>\n<p>2. PERSONAS Y PART\u00ed\u008dCIPES DE LA NATURALEZA DIVINA (2PE 1,4): VIRTUDES INFUSAS Y ADQUIRIDAS: DISTINCI\u00ed\u201cN Y RELACI\u00ed\u201cN.-La visi\u00f3n teol\u00f3gica de la realidad reitera como fundamental el dato relativo a la estructura compleja de la persona, que es, ser humano y part\u00ed\u00adcipe de la naturaeza divina, llamada a realizarse como criatura -y adoptada en la vida trinitaria. Los textos neotestamentarios hablan de la condici\u00f3n de creaci\u00f3n nueva, en la cual, la humanidad es reconciliada (2Co 5:16s); regenerada (1Pe 1:3), y en virtud de la cual es:part\u00ed\u00adcipe de la naturaleza divina (2Pe 1:4).<\/p>\n<p>La toma de conciencia expl\u00ed\u00adcita e inequ\u00ed\u00advoca de los reflejos de este dato madur\u00f3 lentamente en la comunidad cristiana. S\u00f3lo en el siglo xii se comenz\u00f3 a tratar expl\u00ed\u00adcitamente de las virtudes infusas, llamadas tambi\u00e9n sobrenaturales, y se hizo en, el contexto de la profundizaci\u00f3n de la reflexi\u00f3n sobre la gracia y sobre las posibilidades que ella confiere al ser humano [l Virtudes teologales I, 2]. Los te\u00f3logos consideraban la categor\u00ed\u00ada virtud la menos inadecuada para expresar en un plano de analog\u00ed\u00ada la gran riqueza que la revelaci\u00f3n descubre al ser humano. Ella permite subrayar algunos rasgos de la novedad de vida de la cual los fieles son hechos part\u00ed\u00adcipes. La virtud infusa brota directamente de la gracia y de la caridad, capacita para crecer y obrar en la familia de Dios (Efe 2:19) en el momento mismo en que potencia y exige una vida en sinton\u00ed\u00ada con la condici\u00f3n de, criatura.<\/p>\n<p>La convicci\u00f3n que orient\u00f3 el an\u00e1lisis teol\u00f3gico es que Dios en el orden de la gracia provee a sus criaturas de modo no menos perfecto que lo hace en el plano de la naturaleza. Habiendo elevado a la humanidad a la filiaci\u00f3n adoptiva, ha dotado a las personas de capacidad de acci\u00f3n que habilita para vivir con fidelidad la nueva condici\u00f3n e inicia ya en el tiempo en la vida de Dios que resplandecer\u00e1 plenamente en la gloria. Estas cualidades habilitan para corresponder a las expectativas de la filiaci\u00f3n adoptiva y, en virtud del estado de gracia al que est\u00e1n unidas, refuerzan el poder de contrastar el \u00abmal antiguo\u00bb (Liturgia de las horas, martes de la I.a semana de adviento, oraci\u00f3n de laudes), que oscurece la inteligencia y debilita la tendencia a amar, decidir y obrar el bien. Este influjo se consigue con un proceso que puede denominarse reconciliador. Las personas amigos de Dios tienden a hacerse cargo de las miserias e imperfecciones que experimentan en s\u00ed\u00ad y en la realidad en que est\u00e1n inmersas. No se convierten en v\u00ed\u00adctimas suyas, no se dejan bloquear en el camino de la fidelidad; se cogen de la mano, perseveran con confianza en sus deberes sin desaliento y sin presunci\u00f3n. El consenso sincero a vivir en Dios se refleja en toda la persona y la dispone a cooperar con inteligencia y participaci\u00f3n en el bien humano. Este influjo no tiene nada de autom\u00e1tico; funda una posibilidad, no ofrece resultados; capacita para conseguirlos, pero no dispensa de vivir el proceso fatigoso y perseverante que lleva a ellos. El crecimiento en las virtudes adquiridas, aunque de modo diverso, compromete no menos que el que lleva a la madurez de las infusas. Es un camino que las personas justas est\u00e1n llamadas y capacitadas para recorrer, y que dura cuanto la vida; est\u00e1 lleno de sospresas, riesgos, tentativas, expectativas, arrepentimientos, recuperaciones, etc.<\/p>\n<p>Las personas fieles, incluso cuando realizan la experiencia del mal, vigilan para no decaer; sacan continuamente recursos de racionalidad y de gracia y resisten a la tendencia de caer en una vida disociada, desordenada, que lleva a vivir como alternativas las potencialidades que deben convertirse en centr\u00ed\u00adpetas.<\/p>\n<p>El mal en la variedad de sus expresiones acecha constantemente el camino humano e impone vivirlo con vigilancia y temblor. Es verdad que su poder no es ilimitado, se ejerce en el tiempo y en las realidades ligadas al tiempo; sin embargo es muy insidioso y ataca a todo y a todos. El fiel sabe que el mal no tiene poder de separar de Dios (Rom 8:35s), pero que la uni\u00f3n con Dios expone m\u00e1s a sus acechanzas (Apo 12:17); por eso vigila para no ser v\u00ed\u00adctima suya y para hacer efectivamente que quien lo comete se convierta y viva.<\/p>\n<p>La virtud es a la vez epicl\u00e9tica, vigilante y creativa; sostiene en el hacerse pr\u00f3jimo (Luc 10:36) y en el caminar por el sendero de la reconciliaci\u00f3n descubierta y recorrida por Cristo (2Co 5:16-21).<\/p>\n<p>Ser humano y bueno significa reconocer y secundar a la vez la seriedad y el rigor del proceso racional, la docilidad a la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu y la fidelidad al dinamismo de la gracia. No se trata de reg\u00ed\u00admenes alternos de vida, sino de secundar la estructura unitaria y compleja de la condici\u00f3n humana tal como se desprende de la revelaci\u00f3n. Las existencias de una sola dimensi\u00f3n son siempre pobres. Las de quienes presumen ser fieles a la gracia descuidando las responsabilidades humanas no lo son menos que las de quienes, atentos y diligentes en cultivar las prerrogativas humanas, desatienden las cualidades de los miembros de la familia de Dios.<\/p>\n<p>A partir de la reforma protestante, la reflexi\u00f3n sobre la gracia se acrecent\u00f3 constantemente en valencias nuevas. Experiment\u00f3 un salto cualitativo en el Vat. I con las decisiones relativas a la distinci\u00f3n y a la relaci\u00f3n entre orden de la creaci\u00f3n y de la revelaci\u00f3n, raz\u00f3n y fe (const. Dei Filius, c. 4: DS 3015-3020; 3041-3043). En el Vat. II ha tenido una nueva estructuraci\u00f3n, sobre todo en la perspectiva de la relaci\u00f3n Iglesia-mundo, de la vocaci\u00f3n misionera de la comunidad cristiana, de las responsabilidades que de ah\u00ed\u00ad se siguen en orden a la promoci\u00f3n humana y a la colaboraci\u00f3n en la soluci\u00f3n de los complejos problemas relativos a la paz del mundo, a la vida y al ambiente.<\/p>\n<p>La Iglesia en sus miembros es cada vez m\u00e1s frecuentemente interpelada como experta en humanidad; dialoga y coopera con las diversas religiones y con hombres y mujeres de buena voluntad que luchan por el reconocimiento de los derechos humanos. Esto supone la urgencia de capacitarse para conjugar las valencias espec\u00ed\u00adficas de la condici\u00f3n cristiana y las de la dignidad humana.<\/p>\n<p>El creyente es desafiado para vivir, activa y sensatamente, a nivel planetario, la solicitud del bien humano. Responder a la llamada a la santidad en las fronteras de la historia (s\u00ed\u00adnodo de los laicos 1987) supone capacitarse para dar raz\u00f3n de la esperanza (1Pe 3:15), saber vivir en la justicia, aprender a administrar la creaci\u00f3n. Se trata de asentir a la estructura unitaria y compleja de la persona y de actualizar estilos de vida ejemplares que sostengan el hacer frente con valor y habilidad a las responsabilidades humanas, c\u00ed\u00advicas y pol\u00ed\u00adticas. La urgencia de ser hombres y mujeres en el mundo y en la ciudad de Dios en la rec\u00ed\u00adproca comunicaci\u00f3n es un desaf\u00ed\u00ado para todos. En esta \u00f3ptica la cuesti\u00f3n de las virtudes infusas y adquiridas aparece estrechamente relacionada con la de la continuidad, sin confusiones y exclusiones, entre los dones de Dios. Hoy es m\u00e1s existencial que te\u00f3rica; desaf\u00ed\u00ada a los pueblos y a las comunidades, y no s\u00f3lo a las personas particulares; exige propuestas de estilo de relaci\u00f3n, no soluciones verbales. Se sabe que es posible superar la dualidad, pero no se ve c\u00f3mo hacerlo todos concretamente en el contexto del mundo contempor\u00e1neo. La multiplicaci\u00f3n de las iniciativas, de las propuestas, de las discusiones, evidencia que en este nivel es donde se experimenta la cruz de la fidelidad.<\/p>\n<p>La capacitaci\u00f3n para las tareas humanas dentro del rigor de sus exigencias debe multiplicarse con la vocaci\u00f3n para vivir en todas las manifestaciones de la existencia con Cristo en Dios. Es el aspecto m\u00e1s radical de la armon\u00ed\u00ada entre vida de gracia y fidelidad a lo humano. El impulso del Esp\u00ed\u00adritu y las expectativas actuales convergen en favorecer estilos de vida en los cuales las perfecciones hurrianas se armonicen y no se desarrollen en alternativa. El camino que Dios invita a seguir en Jesucristo es enteramente humano y todo \u00e9l filial, y estos dos aspectos interact\u00faan rec\u00ed\u00adprocamente. La meta es una humanidad de acuerdo en el consenso a la adopci\u00f3n filial, vivida por personas fieles a su humanidad.<\/p>\n<p>Esta propuesta permanece te\u00f3rica o elitista mientras no se convierte en estilo com\u00fan de vida. El aspecto m\u00e1s interesante de la discusi\u00f3n sobre la autonom\u00ed\u00ada moral y la \u00e9tica de la fe hay que verlo en esta prospectiva (cf O. BERNASCONI, Morale autonoma e etica della fede). Las dos propuestas consideradas por separado no son imperfectas por lo que afirman, sino por los aspectos de verdad que cada una de ellas descuida. Ambas deben asumir lo que en la otra es dominante. La distinci\u00f3n de las virtudes, fundada en la formalidad de bien, permite valorizar estas diversas gravitaciones.<\/p>\n<p>Los signos de los tiempos convalidan esta visi\u00f3n de la realidad. La laicidad exige que los cristianos y los creyentes compartan la vida de todos, sin reductivismos y privilegios. Al mismo tiempo es cada vez m\u00e1s expl\u00ed\u00adcita la llamada dirigida a ellos para que permanezcan fieles a su inspiraci\u00f3n. La vocaci\u00f3n cristiana hade vivirse dentro de la historia; en la solidaridad sincera con todo lo humano y en la fidelidad inc\u00f3ndicionada a la comuni\u00f3n con Dios.<\/p>\n<p>La participaci\u00f3n en Cristo de la filiaci\u00f3n divina no dispensa de las tareas humanas; compromete a vivirlas. Capacitarse para hacerlo es tarea que, nunca termina. No basta ilustrarlo; es preciso disponer de estructuras de capacitaci\u00f3n que sostengan al aclarar las propias responsabilidades y, precisar los caminos concretos para h\u00e1t\u00e9rles f\u00ed\u00adente. Las personas virtuosas lo son seres-aislados; crecen y obrad encarnadas en la realidad, se preocup4n de ella, fieles a su condici\u00f3n ya Dios, fin \u00faltimo de la, creaci\u00f3n, de la humanidad &#8216;y de su peblo: Creador es el que s\u00e9 ha revelado en Jesucristo: Asentir aluno es asentir al otro.<\/p>\n<p>En el contexto del asentir a Dios que revela, las, virtudes adquiridas son plenamente perfectivas del ser humano y concurren a la total expansi\u00f3n de sus potencialidades y posibilidades. S\u00f3lo en contexto de gracia la virtud es perfectiva, porque s\u00f3lo en y por la gracia la persona asiente en verdad a Dios, fuente y v\u00e9rtice de la perfecci\u00f3n de todo lo humano en todo ser humano. El asentimiento a Dios funda y convierte todos los dinamismos humanos y hace centr\u00ed\u00adpetas las relaciones que las personas establecen en la familia humana, solidaria de la divina. As\u00ed\u00ad como la fe no suprime a la raz\u00f3n, sino que la supone, la potencia y exige su actividad, del mismo modo la adhesi\u00f3n a Dios salvador no anula las diversas formalidades del bien humano, las exige, las dinamiza y las orienta.<\/p>\n<p>La relaci\u00f3n infuso-adquirida es el desarrollo de lo que une filiaci\u00f3n adoptiva y condici\u00f3n criatural. Es necesario que caiga la barrera que aisla estas dos dimensiones de la persona, si se quiere que la humanidad sea verdadera y buena. La filiaci\u00f3n no se desarrolla en perjuicio de la creaturalidad, sino que la potencia y le abre los horizontes sublimes de la ternura del amor filial. Eliminar las barreras de separaci\u00f3n no significa confundir los \u00f3rdenes de la realidad, sino promover la unificaci\u00f3n de las personas en la fidelidad a la propia verdad en Dios, que lo ha creado todo en el Verbo y lo reconcilia todo en s\u00ed\u00ad, en Jesucristo, el Verbo hecho carne, que da el Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>La uni\u00f3n salv\u00ed\u00adfica con Dios es siempre y s\u00f3lo teologal, pero no anula la relaci\u00f3n inteligente y libre de la criatura con el Creador. Los dos modos de representarse a Dios y de situarse en la historia -el que se inspira en las exigencias de la racionalidad de criatura y el que se desarrolla en la l\u00ed\u00adnea de comuni\u00f3n- est\u00e1n .unidos, pero no son inseparables. Se puede tener las virtudes adquiridas y no las infusas, pero no las infusas sin la disponibilidad sincera a las primeras.<\/p>\n<p>La uni\u00f3n con Dios exige el pleno reconocimiento de las exigencias de la creaturalidad y de la humanidad, aunque \u00e9stas, por la perfecci\u00f3n misma del orden creado, pueden actualizarse sin e1 pleno y expl\u00ed\u00adcito sentimiento a Dios.<\/p>\n<p>Los que aman a Dios y creen en \u00e9l deben contrastar la ilusi\u00f3n de poder ignorar -impunemente las responsabilidades racionales o de ser sus \u00e1rbitros; igual que los que persiguen el bien humano no prescinden sin perjuicio de referirse a la verdad evidenciada por la- intervenci\u00f3n expl\u00ed\u00adcita de Dios en la historia. La uni\u00f3n con Dios no- dispensa del esfuerzo racional; y \u00e9ste es aut\u00f3nomo, aut\u00e9ntico, pero. no \u00fanico ni exclusivo.<\/p>\n<p>Los grados de la realidad son aut\u00f3nomos, y la perfectibilidad de cada uno de ellos se verifica seg\u00fan din\u00e1micas espec\u00ed\u00adficas. Toda realidad est\u00e1 ordenada a la perfecci\u00f3n que le compete, y \u00e9sta es tanto menos fija y un\u00ed\u00advoca cuanto m\u00e1s se realiza en relaci\u00f3n aut\u00e9ntica con la verdad primera, que se participa a s\u00ed\u00ad misma seg\u00fan los planes de su providencia. Los fundamentalismos, los integrismos, los sectarismos, cualesquiera que sean las matrices que los inspiran, falsean la realidad y comprometen la verdad del bien humano. Las posibilidades humanas son finitas s\u00f3lo por el error y la falsedad; en s\u00ed\u00ad mismas son reflejo de la perfecci\u00f3n de Dios, el cual funda la realidad en la variedad de sus formas y en la inagotable potencialidad de las riquezas que permiten obedecer al \u00absed perfectos como vuestro Padre es perfecto\u00bb (Mat 5:48).<\/p>\n<p>3. LAS PRINCIPALES CATEGOR\u00ed\u008dAS DE VIRTUD. -a) Las virtudes teologales y los dones del Esp\u00ed\u00adritu Santo. &#8211; El aspecto teologal. El origen de la tendencia a aislar la \u00absanta tr\u00ed\u00adada\u00bb (CLEMENTE DE ALEJANDRIA, Strom. IV, 7: PG 8,1265) y a presentarla como -fruto y expresi\u00f3n de la vida nueva , en Cristo (2Co 5:16) se remonta a los or\u00ed\u00adgenes de la tradici\u00f3n cristiana; ciertamente es anterior a Pablo. El habla expl\u00ed\u00adcitamente de fe, esperanza y caridad; las indica con esta misma secuencia en 1Co 13:13 y las menciona en otros varios escritos, si bien con diversas variaciones en el orden: ITes 5,8; lCor 13 7; G\u00e1l 5:5ss; Rom 5:1-5; Rom 12:6-12; Col 1:4-5; Efe 1:15; Efe 4:2-5; 1Ti 6:11; Tit 2:2; cf Heb 6:10-12; Heb 10:22-24; 1Pe 1:3-9; 21ss. En su conjunto, cualifican y sintetizan las diversas expresiones del obrar de los fieles. La inteligencia que de ellas tiene la comunidad, el modo de cultivarlas es reflejo del conocimiento del plan de Dios y del modo de secundar sus exigencias en la era salv\u00ed\u00adfica inaugurada en la resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p>La tradici\u00f3n teol\u00f3gica, al menos desde el siglo xiii en adelante, fue cada vez m\u00e1s un\u00e1nime en reconocerlas, en llamarlas teologales y en valorar su car\u00e1cter unitario. Los elementos que las caracterizan se reducen sustancialmente a los siguientes: -son el reflejo de la iniciativa salv\u00ed\u00adfica de Dios; est\u00e1n estrechamente unidas a la vida de gracia, se infunden con ella; -capacitan para conducirse como conciudadanos de los santos (Efe 2:19) en el pueblo que Dios reconcilia consigo en Jesucristo y que en el Esp\u00ed\u00adritu inicia en la conformaci\u00f3n plena en la gloria; -su dinamismo se ilustra y orienta por la revelaci\u00f3n y se cualifica bas\u00e1ndose en la inteligencia que la comunidad creyente tiene de ellas bajo la gu\u00ed\u00ada del Esp\u00ed\u00adritu (Jua 14:26).<\/p>\n<p>La uni\u00f3n de la humanidad con Dios es por s\u00ed\u00ad misma condici\u00f3n y contexto de fidelidad y de autenticidad. Hechos para Dios; s\u00f3lo en y con \u00e9l los seres humanos son ellos mismos. Las categor\u00ed\u00adas activo-pasiva, que a menudo se adoptan para connotar este dinamismo, no describen adecuadamente la atm\u00f3sfera vital en la cual son transformados los fieles y se hacen part\u00ed\u00adcipes de la ternura trinitaria (cf .I Jua 4:16).<\/p>\n<p>Las virtudes teologales son contexto y v\u00e9rtice de esta compleja novedad. Son prerrogativas de los particulares, porque lo son del pueblo en el que ellos son personas, del que son conciudadanos y en cuya comuni\u00f3n son vivificados. Vivir teologalmente es obedecer al Esp\u00ed\u00adritu, asentir a \u00e9l, que con sus intervenciones hace que personas y pueblos, dentro de la diversidad de sus condiciones y en las varias fases de la historia, vivan en uni\u00f3n con Dios-Trinidad. Este contexto es personal y personalizador, pero no siempre implica la actividad de todas estas tres virtudes. La tradici\u00f3n reconoce la posibilidad de un asenso cognoscitivo que no desemboca en la comuni\u00f3n amorosa y que no se expresa en la plena observancia de los mandamientos (Jua 15:1 s); sin embargo afirma que la uni\u00f3n en caridad crece en el contexto de fe y esperanza.<\/p>\n<p>El aspecto teologal es fruto del s\u00ed\u00ad a Dios; se nutre de consenso y de inventiva; convierte a la persona en sus dinamismos cognoscitivos, afectivos y operativos; obliga a hacer personales las relaciones que en sus exigencias concretas var\u00ed\u00adan seg\u00fan los estados de vida y las fases de la historia de la salvaci\u00f3n. La vida teologal es antes&#8217;que nada mentalidad, modo de situarse frente a Dios; se concretiza en el vaciamiento de las actitudes rebeldes e id\u00f3latras; hace d\u00f3ciles para reconocerse originados, atra\u00ed\u00addos por Dios y viviendo en \u00e9l; capacita para mantenerse en misi\u00f3n, sobre todo con quienes viven en el error y en la indigencia (cf Mar 2:17; Luc 5:31), para hacer que despierten a la propia vocaci\u00f3n, asuman sus responsabilidades hist\u00f3ricas, se sustraigan a la pasividad y a los mimetismos desresponsabilizadores, potencien voluntad e inteligencia para proyectar, realizar y verificar el camino hacia la plena manifestaci\u00f3n de la gloria (Rom,Luc 8:19), cuando Dios lo ser\u00e1 todo en todos (ICor 15,28).<\/p>\n<p>Los iniciados en la vida trinitaria se nutren de palabra, crecen en la celebraci\u00f3n del misterio, viven la misi\u00f3n ordenada a la conciliaci\u00f3n del mundo con Dios (2Co 5:16ss). En lo teologal misterio, comuni\u00f3n y misi\u00f3n est\u00e1n indisociablemente unidas (IPe 2,21 ss). El aspecto teologal es trinitario en la fuente y en el v\u00e9rtice, misionero y comunional en el dinamismo hist\u00f3rico, encarnado y liberador en la irradiaci\u00f3n. Es suscitado por Dios Trinidad y convierte a Dios Trinidad (S. Th, I-II, 9..109 a. 3; a.-6, ad 1); inicia para vivir en la morada (Jua 14:23), en la luz, en la vida (Jua 1:4). Los elegidos, regenerados (1Pe 1:3) en la esperanza, abren los ojos (Luc 24:31); ven todo lo que la luz ilumina y asienten con coraz\u00f3n d\u00f3cil (cf DV 5) al Esp\u00ed\u00adritu de consolaci\u00f3n y de verdad. Dios Trinidad atrae a las criaturas que asienten a su motivaci\u00f3n; las acoge en s\u00ed\u00ad, las transforma con un proceso que, cualquiera que sea la forma concreta en que se verifica, brota de la participaci\u00f3n de la naturaleza divina (2Pe 1:2) yest\u00e1 ordenado a hacer expl\u00ed\u00adcito y radical el consenso a ella (cf S. Th., I-II, q. 110, a. 3, ad 1). El movimiento propio de la vida teologal es de&#8217;conversi\u00f3n al principio del que se deriva y en el que se injerta.<\/p>\n<p>&#8211; El contexto de las virtudes teologales. La perfecci\u00f3n humana en el tiempo tiene car\u00e1cter filial (G\u00e1l 4:4s) y esponsal (Efe 5:25ss). Esta ampliaci\u00f3n de horizonte potencia todos los dinamismos humanos, cualifica las responsabilidades personal, c\u00ed\u00advica y de criatura, valoriza y unifica toda actividad.<\/p>\n<p>El bien humano es teologal, humano y creatural. Estas diversas gravitaciones est\u00e1n articuladas, y cada una de ellas se realiza seg\u00fan su propia l\u00f3gica. El aspecto teologal constituye su coronaci\u00f3n, no lo vac\u00ed\u00ada; influye en \u00e9l y, a trav\u00e9s del ethos de la racionalidad prudencial y de la justicia, impregna y potencia de \u00e9l sus expresiones.<\/p>\n<p>Las virtudes teologales causan todas las virtudes infusas (S. Th., II-Il, q.. 161, a. 4, ad 1; q. 10, a. 1, ad 3); influyen en ellas por fundaci\u00f3n e iluminaci\u00f3n y, a trav\u00e9s de ellas, inciden en todo el obrar humano.<\/p>\n<p>La realidad moral es tan compleja como la antropol\u00f3gica, que en Jesucristo resucitado destaca en toda su grandeza. Por eso son falsas tanto las propuestas que desatienden la filiaci\u00f3n adoptiva como las que anulan la condici\u00f3n creatural y las que no valorizan la interacci\u00f3n entre la una y las dem\u00e1s, como si la vocaci\u00f3n de la persona no fuera una o la unicidad se afirmara en perjuicio de la variedad de sus componentes, los cuales, juntos todos ellos, deben armonizarse en el ser final. \u00abDe alg\u00fan modo somos padres de nosotros mismos&#8230; al darnos libremente la forma que queremos..: en consideraci\u00f3n de la virtud o del vicio\u00bb(SAN GREGORIO DE NISA, De vita Moysi lI, 3).<\/p>\n<p>Vivir de la fe que obra en la caridad (cf G\u00e1l 5:6) no significa conocer verdades antes ignoradas, sino arraigarse (Efe 3:18) en el conocimiento que Jesucristo tiene del Padre (Mat 11:27) y de su designio de salvaci\u00f3n y que participa por el Esp\u00ed\u00adritu (Jua 16:13). En el hoy de la Iglesia peregrina en el mundo c\u00f3mo sacramento de salvaci\u00f3il; la vida teologal es esperanza (Rom 8:24) y experiencia de comuni\u00f3n con el Padre; por el camino de la cruz conduce a la resurrecci\u00f3n. En esta actitud radica el discernimiento, dirigido a la transformaci\u00f3n d\u00e9 la realidad, a la realizaci\u00f3n de estructuras justas y humanas, a la superaci\u00f3n de las divisiones qu\u00e9 impiden la solidaridad de todos y anulan el bien humano.<\/p>\n<p>El camino hacia el crecimiento y la autenticidad del aspecto teologal pasa a trav\u00e9s de la escucha de la Palabra, la contemplaci\u00f3n, el hablar de Dios y con Dios, el reconocerse nacidos de Dios y llamados a vivir en \u00e9l, y se expresa en el di\u00e1logo sincero con las religiones y las culturas que encarnan la creatividad de los pueblos y en la participaci\u00f3n del esfuerzo por la paz, encaminado a convertir a los que fomentan las injusticias y dividen a los pueblos. &#8216;<br \/>\n&#8211; La tradici\u00f3n antropol\u00f3gica cristiana une a las virtudes teologales los dones del Esp\u00ed\u00adritu Santo, es decir, aquellas cualidades que ha le\u00ed\u00adda en Isa 2:1.3 y que en el curso de los siglos n0 ha cesado nunca de profundizar e inculcar (cf M.M. PHILIPPON, Los dones del Esp\u00ed\u00adritu Santo). La gracia de Dios no s\u00f3lo funda al ser humano en la posibilidad de hacer personal la comuni\u00f3n de fe, esperanza y amor con \u00e9l, sino tambi\u00e9n de asentir a las intervenciones que el Esp\u00ed\u00adritu realiza para cualificar su dinamismo y orientar las relaciones interhumanas. Estas son o de car\u00e1cter intelectivo: ciencia y entendimiento, o intelectivo afectivo: sabidur\u00ed\u00ada, consejo, o preferentemente afectivo: piedad, fortaleza y temor. Ellos potencian las virtudes teologales, connaturalizan la inteligencia y la afectividad con la vida en Dios (entendimiento, ciencia, temor, sabidur\u00ed\u00ada), potencian y cualifican las virtudes intelectuales y morales. El bien supremo al que todo tiende es la uni\u00f3n amorosa y sabrosa con Dios. En ella convergen todas las actividades humanas y de ella obtiene vigor e impulso toda la vida moral y el esfuerzo por la justicia y la paz entre los pueblos. La vida de los santos, dentro de la indefinida variedad de sus prerrogativas, constituye el testimonio m\u00e1s inequ\u00ed\u00advoco de la obra admirable que el Esp\u00ed\u00adritu lleva a cabo en la Iglesia para que sea en el mundo luz de las gentes (cf Luc 2:32).<\/p>\n<p>b) La virtud en la inteligencia. &#8211; La teolog\u00ed\u00ada contempor\u00e1nea no trata de modo sistem\u00e1tico el tema de la \u00e9tica de la inteligencia, de las cualidades que acompa\u00f1an a la b\u00fasqueda cient\u00ed\u00adfica, filos\u00f3fica y teol\u00f3gica, a la actividad t\u00e9cnica y a la cualificaci\u00f3n del bien humano vivida en verdad y con perseverancia. A algunos, incluso en contexto cristiano, les cuesta reconocer el valor de la perfecci\u00f3n intelectiva, a veces en el campo mismo de la conducta moral (cf I. COLOSIO, Sono possibili eventuali conflitti tta intensa vita di studio e intensa vita di pregMera?). El argumento es de gran importancia y merece mucha atenci\u00f3n. Cultivar la inteligencia es responsabilidad diaria imprescindible para todos; no s\u00f3lo para los que se dedican a las tareas espec\u00ed\u00adficas en la investigaci\u00f3n, en la actividad cultural o en la socio-pol\u00ed\u00adtica. La racionalidad y la inteligencia son dimensiones de la persona humana; valorizarlas es vocaci\u00f3n com\u00fan. Toda persona debe cotidianamente afrontar el problema de vivir y capacitarse para responder con competencia y sabidur\u00ed\u00ada a sus cometidos; est\u00e1 estructurada para conocer.<\/p>\n<p>&#8211; La tradici\u00f3n \u00e9tica cl\u00e1sica ha profundizado mucho esta tem\u00e1tica. En un c\u00e9lebre contexto escribe Arist\u00f3teles: \u00abAdmitamos que los medios con cuyo auxilio alcanza el alma la verdad (al\u00e9theuei), ya sea afirmando, ya negando, son cinco: arte, ciencia, sabidur\u00ed\u00ada (prudencia), sabidur\u00ed\u00ada y entendimiento\u00bb (Eth. VI, 3, III39b,15). Son las virtudes diano\u00e9ticas: dos de ellas radican en la raz\u00f3n pr\u00e1ctica: el arte y la prudencia (\u00e9sta es tambi\u00e9n virtud moral); las otras, en la te\u00f3rica. En la tradici\u00f3n cristiana todas estas virtudes, adem\u00e1s de adquiridas, son tambi\u00e9n infundidas con la gracia. En ella, alguna de estas perfecciones (sabidur\u00ed\u00ada, entendimiento, ciencia) designan tambi\u00e9n dones del Esp\u00ed\u00adritu Santo, a los cuales se puede a\u00f1adir el don del consejo, que perfecciona la prudencia y la virtud de la fe.<\/p>\n<p>A este complejo sector de la perfectibilidad humana se lo ha distinguido seg\u00fan tres campos espec\u00ed\u00adficos, que conciernen al conocimiento te\u00f3rico, el operativo relativo al fin, a la transformaci\u00f3n de la realidad y al que est\u00e1 ligado al desarrollo de la vida virtuosa. En este campo entra, seg\u00fan hemos indicado, el rico patrimonio relacionado con la vida de gracia. Los diversos sectores de este vasto dinamismo cognoscitivo hay que estudiarlos con un an\u00e1lisis diferenciado. Cada uno de ellos se desarrolla siguiendo una din\u00e1mica propia. Aqu\u00ed\u00ad nos limitamos a poner de relieve la aportaci\u00f3n del conocimiento al crecimiento de la humanidad y de la realidad, y la interacci\u00f3n, profunda y permanente, entre vida virtuosa y actividad cognoscitiva.<\/p>\n<p>El conocimiento de la verdad y la investigaci\u00f3n cient\u00ed\u00adfica, el desarrollo t\u00e9cnico-art\u00ed\u00adstico, el discernimiento del obrar evidencian la ductilidad, variedad y dignidad de la inteligencia, sit\u00faan y destacan la importancia que tiene en la fidelidad a la vocaci\u00f3n y \u00e1 la misi\u00f3n humana. La pasi\u00f3n por la verdad es vocaci\u00f3n que hay que liberar, potenciar e irradiar. Nadie la descuida en vano; seguirla es conocer sus dinamismos, permanecer a la escucha de la realidad, valorar sus potencialidades, mantener despierta la capacidad de maravilla y d\u00e9 \u00e1tenci\u00f3n. S\u00e9 trata -de un estilo de vida inequ\u00ed\u00advoco. Nadie lo evita impunemente y todos cogen fruto y participan de los beneficios de la fidelidad a sus exigencias.<\/p>\n<p>Antes de decidir qu\u00e9 saber, c\u00f3mo saber, qu\u00e9 uso hacer del propio saber, hay que tomar conciencia de que el ser humano, e inteligente, traiciona su propia condici\u00f3n humana si desatiende la perfecci\u00f3n de esta dimensi\u00f3n suya. La virtud no es un atajo en el camino de la b\u00fasqueda ni una metodolog\u00ed\u00ada in\u00e9dita; es fruto de la docilidad a la verdad y de la decisi\u00f3n de perseguirla, seg\u00fan las propias posibilidades y condiciones, incluso cuando se muestra rigurosa y se impone en la complejidad de sus valores. La persona virtuosa no se limita a deso\u00ed\u00adr el error, asiente a la creatividad y ordena a ella tiempo, energ\u00ed\u00adas y facultades. La perfecci\u00f3n de la inteligencia exige atenci\u00f3n atenta a la realidad, ascesis de la fantas\u00ed\u00ada, capacidad de s\u00ed\u00adntesis; disponibilidad a investigar y a seguir la inspiraci\u00f3n, comunicaci\u00f3n con quienes buscan, decisi\u00f3n de no trampear consigo mismo y con la realidad.<\/p>\n<p>La tradici\u00f3n cultural para connotar esta perfecci\u00f3n ha asumido la categor\u00ed\u00ada virtud, entendida no en su acepci\u00f3n de relaci\u00f3n consciente y libre al bien, sino de cualificaci\u00f3n estable y refleja de la actividad cognoscitiva. La perfecci\u00f3n intelectiva no es un fen\u00f3meno neutro; no ocurre al azar, progresa en la disponibilidad a la reflexi\u00f3n y a raciocinar en el desarrollo de la dimensi\u00f3n comunicante de la condici\u00f3n humana. Las formalidades bajo las cuales puede ser conocida la realidad son innumerables: profundizar una significa a menudo descuidar las otras. Ninguna persona abraza todos los campos del saber; pero ninguna llega a la verdad si no la busca con sinceridad y perseverancia. S\u00f3lo la humanidad puede conocer toda la verdad, y \u00fanicamente la comunicaci\u00f3n entre los seres humanos permite compartir su riqueza. Esto ocurre cuando la aspiraci\u00f3n a la verdad vence los obst\u00e1culos que retrasan su b\u00fasqueda e impiden su irradiaci\u00f3n. El conocimiento reflejo potencia la facultad cognoscitiva. Aunque el que se dedica a buscar no es por este solo hecho una persona justa, la b\u00fasqueda como tal perfecciona la condici\u00f3n humana, est\u00e1 potencialmente ordenada a convertirse en un bien universal y permite penetrar la belleza y la armon\u00ed\u00ada de la realidad.<\/p>\n<p>Cuando el t\u00e9rmino virtud se toma con connotaci\u00f3n \u00e9tico-moral exclusiva, se tiende a no valorizar su alcance en orden al aspecto perfectivo de la fidelidad a la verdad y al valor humanizante de la educaci\u00f3n en ella: no es posible ser bueno omitiendo cultivar la inteligencia y resisti\u00e9ndose a adquirir las prerrogativas que capacitan para la cooperaci\u00f3n, libre y solidaria, en el,desarrollo humano. El hecho de que las virtudes intelectuales no tengan las mismas prerrogativas que las morales no significa que no constituyan perfecciones humanas y que no haya que sentirse responsables de ellas.<\/p>\n<p>&#8211; Nadie desatiende aspectos de la actividad intelectiva sin comprometer su bien propio y el de la comunidad en que vive. En comunidades altamente tecnificadas es una grave irresponsabilidad no adquirir el m\u00ed\u00adnimo de conocimientos relativos al ejercicio de las propias obligaciones. Obrar bien es ejercitar la responsabilidad respecto a s\u00ed\u00ad mismo, al propio crecimiento, y por tanto conocer el fin al que hay que tender, el modo de referir (armonizar) lo cotidiano y lo eterno, lo inmediato y lo remoto. El que no sabe nada, no sabe hacer nada, no puede amar, ser justo, hacerse \u00fatil, cooperar al crecimiento humano de las comunidades de las que es miembro y al desarrollo de la creaci\u00f3n de la que forma parte. El ser humano es el responsable primero e insustituible del bien propio. Nadie puede por s\u00ed\u00ad solo activar sus poten= cialidades; pero nadie las cultiva realmente si se sustrae al rigor de la comunicaci\u00f3n interhumana en la relaci\u00f3n con,la realidad. Para tender personalmente al fin, cada uno debe conocerlo y valorar las condiciones de la rectitud humana en la m\u00faltiple gama de sus expresiones. El que es bueno conoce lo que est\u00e1 bien, y el que quiere el bien penetra sus dinamismos y potencia sin manipulaci\u00f3n su desarrollo.<\/p>\n<p>Ninguna persona se realiza aut\u00e9ntica si omite el conocimiento de s\u00ed\u00ad y de la realidad que es indispensable para vivir, para hacerse \u00fatil en la comunidad humana y para ordenar el saber al bien. La perfecci\u00f3n t\u00e9cnica, art\u00ed\u00adstica y cient\u00ed\u00adfica es inadecuada si no se abre al conocimiento de la realidad en su riqueza y variedad y si no induce a reflexionar cr\u00ed\u00adtica y aut\u00f3nomamente sobre el modo de situarse uno mismo en la vida y sobre la orientaci\u00f3n personal y solidaria de la historia. La omisi\u00f3n de esta dimensi\u00f3n falsea inevitablemente toda orientaci\u00f3n de vida. El conocimiento que prescinde de la relaci\u00f3n a la rectitud moral corre el riesgo de convertirse en contexto de manipulaci\u00f3n y en instrumento de opresi\u00f3n. Lo mismo que la presunta rectitud que se desarrolla sin conocimiento, se vuelve emocional y da pie a todas las expresiones de lo irracional. Para amar verdaderamente es preciso conocer la realidad y la condici\u00f3n humana, adaptarse a sus expectativas, vigilar para discernir y contrastar las situaciones negativas que retrasan el camino hacia el bien.<\/p>\n<p>La relaci\u00f3n entre rectitud humana y conocimiento de la verdad es particularmente estrecha en el campo del conocimiento de fe y de la valoraci\u00f3n prudencial. Su desarrollo va unido a la relaci\u00f3n de la persona con el bien. No percibir y valorar lo negativo de algunas actitudes y orientaciones vitales es a menudo indicio de relaci\u00f3n defectuosa con el bien y con los fines de la condici\u00f3n humana. Estas conexiones e incongruencias son percibidas por quien es fiel a la vocaci\u00f3n humana, igual que algunos silencios son por s\u00ed\u00ad mismos s\u00ed\u00adntoma de desorden.<\/p>\n<p>Cuando se trata de situaciones menos estrechamente ligadas al bien humano, la percepci\u00f3n de su valor positivo o negativo se libera m\u00e1s lentamente, se desarrolla con el consejo de los expertos y con la reflexi\u00f3n sobre los hechos y las condiciones de bienestar de los pueblos. Estas aportaciones, si son aut\u00e9nticas y no est\u00e1n manipuladas, no descomprometen ni desautorizan la racionalidad de la persona, sino que la sostienen en la maduraci\u00f3n de las convicciones que potencian la capacidad valorativa y de decisi\u00f3n y la fidelidad cotidiana al bien humano.<\/p>\n<p>Sin conocimiento del bien no hay virtud, y sin virtud la atenci\u00f3n al bien se dispersa, anda errante, no centra los problemas y los capta de modo fraccionario y desarticulado. Rectitud e inteligencia del vivir se potencian rec\u00ed\u00adprocamente. En la persona que asiente efectivamente al verdadero bien, la inteligencia se vuelve d\u00f3cil, atenta, vigilante, recordativa y convergente; capta la realidad en las conexiones que la hacen verdadera y arm\u00f3nica; desarrolla sus valores en tensi\u00f3n creciente.<\/p>\n<p>La inteligencia no orientada se agita, es dispersa y fragmentaria; vuela de una realidad a otra, no percibe la jerarqu\u00ed\u00ada de las realidades y su correlaci\u00f3n, desatiende el bien humano y las dimensiones profundas del mismo, atribuye valor primario a realidades accesorias, por lo cual potencia la dispersi\u00f3n y lo gen\u00e9rico, t\u00ed\u00adpicos de quienes no saben lo que quieren y no quieren lo que concurre al bien humano.<\/p>\n<p>Cuanto m\u00e1s positivamente la persona est\u00e1 ordenada al bien, m\u00e1s sus sentimientos se vuelven convergentes, d\u00f3ciles y creativos. Es manifiesto lo infundado de los sofismas que pretenden legitimar la pereza y la irresponsabilidad. La ignorancia no es nunca una prerrogativa positiva; sobre todo no lo es cuando versa sobre lo que cada uno debe saber para vivir en comuni\u00f3n, para no comprometer la paz social y para no hacer injusta y nociva la vida asociada.<\/p>\n<p>Calificarse a s\u00ed\u00ad mismo de veras no es un hobby y no ha de ser herencia de pocos y prerrogativa de iniciados; es derecho y deber de todo ser humano. Una persona madura debe sentir la obligaci\u00f3n de crecer en solidaridad responsable con todos, en fidelidad a Dios. Se realiza positivamente cuando obra por sentirse movida y atra\u00ed\u00adda por el fin conocido y cuando personaliza las relaciones, robustece los lazos de comuni\u00f3n, asiente al bien y secunda sus directrices. El ser humano no es el principio primero de su obrar; pero tiene el poder de conocer a quien es su verdadera fuente, de reconocerlo, de asentir a su influjo: es coagente. A trav\u00e9s del conocimiento, el bien amado influye en la actividad y se convierte en principio vital de dinamismo. Perseverar en este camino, cualificar y potenciar sus expresiones, hacer expl\u00ed\u00adcitas sus exigencias es prerrogativa espec\u00ed\u00adfica e inalienable de la persona y es la perfecci\u00f3n que la hace, amiga del bien amado.<\/p>\n<p>&#8211; El desarrollo de la inteligencia tiene v\u00ed\u00adnculos profundos con la actividad sapiencial, la cual lleva a la valoraci\u00f3n del ser dentro &#8216;de la riqueza y la pregnancia de sus prerrogativas. La sabidur\u00ed\u00ada contempla y penetra la realidad en sus valores supremos, sostiene la ciencia en su actividad espec\u00ed\u00adfica, pero es Aut\u00f3noma frente mella; percibe el valor profundo del ser, y esta percepci\u00f3n cualifica la experiencia hist\u00f3rica y los contextos en los. cuales se actualiza la presencia humana. Ella permite ver a una luz y perspectiva espec\u00ed\u00adfica la realidad, penetra su fecundidad, captalas correlaciones y hace que todo converja hacia la visi\u00f3n del vivir y del obrar que califica el camino de las personas y de las comunidades y que constituye el patrimonio m\u00e1s precioso de la cultura de los pueblos. En este contexto es donde madura el aspecto m\u00e1s cualificador de la inteligencia; el que libera las potencialidades rec\u00f3nditas del ser, las hace salir a la luz, permite a la realidad revelarse y a las personas crecer en el orden y convertirse en fuente de orden, en parte cualitativa y no s\u00f3lo cuantitativa de la realidad; contemplarla de modo unitario y articulado; verificar sus aspectos y sectores. Las dimensiones espec\u00ed\u00adficas del dinamismo sapiencial convergen todas ellas hacia la potenciaci\u00f3n de la capacidad de vivir la maravilla en y de la realidad y de abrirse a la comunicaci\u00f3n fecunda en y con el misterio.<\/p>\n<p>La inteligencia es un bien que la fe fecunda. En Jes\u00fas es la participaci\u00f3n del Verbo, que admite al conocimiento del Padre (Mat 11:25) y otorga el Esp\u00ed\u00adritu que gu\u00ed\u00ada a la verdad entera (Jua 17:13). La revelaci\u00f3n es fundamento y contexto de toda la vida cristiana y es don que introduce en la luz misma de Dios (Jua 1:9ss). El que vive en ella es d\u00f3cil al Esp\u00ed\u00adritu, que es amor; adquiere el poder de convertirse en hijo de Dios, en creyente (Jua 1:12); de gustar y penetrar el misterio; de conocerlo por connaturafdad. Amar la verdad es estar en la luz, convertirse en sabio. Es el tema dominante de la tradici\u00f3n sapiencial; engasta y hace refulgir lo que es central en la mentalidad hebreo-cristiana, a saber: que Dios se revela a su pueblo para fundarlo en la comunicaci\u00f3n y en el conocimiento amoroso de s\u00ed\u00ad y de la realidad, en la comuni\u00f3n con el misterio trinitario. La sabidur\u00ed\u00ada es conocimiento gustoso, sabroso; el que disfruta de \u00e9l experimenta la dulzura, el gozo, la paz (cf S. Th., 1111, q. 45, a. 2, ad 1).<\/p>\n<p>Desear ser inteligente y sabio es expresi\u00f3n de fidelidad a la vida en Cristo, a aqu\u00e9l en el cual todo ha sido creado (Jua 1:3; Col 1:15-20) con sabidur\u00ed\u00ada, orden y medida a aquel que, revelando el misterio del Padre, revela el ser humano a s\u00ed\u00ad mismo (GS 22) y lo capacita para ser en la historia providencia para s\u00ed\u00ad y para los dem\u00e1s (cf S.Th., I1-11, q. 91, a. 2).<\/p>\n<p>c) Las virtudes morales-cardinales. &#8211; La tradici\u00f3n moral occidental. Con la expresi\u00f3n virtudes morales se suele designar las prerrogativas que cualifican la rectitud humana y constituyen su \u00abquicio\u00bb. Tratar de ellas es indicar cu\u00e1les son, y por lo mismo enumerarlas al mismo tiempo que describir las actitudes que contrastan su dinamismo.<\/p>\n<p>La tradici\u00f3n plat\u00f3nico-aristot\u00e9lica reconoce cuatro virtudes fundamentales: \u00abla prudencia, que perfecciona la mente; el valor, que es la fuerza del apetito irascible contra el mal; la templanza, que resiste a la concupiscencia; la justicia, que lo armoniza todo en la justa proporci\u00f3n\u00bb (Plat\u00f3n). Esta enumeraci\u00f3n ha inspirado, con variantes m\u00e1s o menos importantes, a la tradici\u00f3n cl\u00e1sica griega y latina. Tambi\u00e9n en el NT se encuentran listas de prerrogativas buenas y de actitudes negativas (ef p.ej., Mat 15:19), pero no se las denomina virtudes y vicios. Casi con seguridad han brotado de la tradici\u00f3n del l dec\u00e1logo.<\/p>\n<p>De contenido y alcance diverso son las listas que se, leen en el cuerpo paulino y petrino. Se las ha relacionado con los cat\u00e1logos que se encuentran en los estoicos y en los esenios y han estructurado la didaj\u00e9 primitiva de la comunidad cristiana. Pablo habla de las obras de la carne (G\u00e1l 5:19-21) y de los frutos del Esp\u00ed\u00adritu (ib; G\u00e1l 22:26), y en otros contextos describe los comportamientos que los creyentes deben evitar (cf 1Co 5:10-11; 1Co 6:9-10; 2Co 12:20;  Rom 1:29-31; Rom 13:13) y las obras que deben realizar (2Co 6:6; Col 3:12-15; Ef 4,lss; cf 1Pe 1:22). Algunas de estas listas tienen una estructura espec\u00ed\u00adfica. Los estudiosos que las han puesto de relieve las han denominado c\u00f3digos, exhortaciones dom\u00e9sticas o familiares. Pi\u00e9nsese, por ejemplo, en , Col 3:1; ,9; 1Pe 2:133, 1Pe 2:9; 1Pe 5:5; Mm 2,1-3,13; 6,1-2; Tit 1:79; Tit 2:1-10; Tit 3:1-10 (cf E. BOSETTI, Quale etica nei codici domestici [\u00abHaustafeln&#8217;l del Nuovo Testamento?).<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n los Padres griegos y latinos registran y desarrollan listas de virtudes y, correlativamente, de vicios. Un eco elocuente de esta tradici\u00f3n es la segunda parte de la Summa Theologiae, estructurada sobre la base de las virtudes teologales y morales, de los vicios que se oponen a cada una de ellas, de los dones del Esp\u00ed\u00adritu que corresponden a cada virtud, de las bienaventuranzas, de los frutos y de los preceptos.<\/p>\n<p>Hoy, de hecho, no se atiende a estas clasificaciones. Sin embargo, no parece que se consiga sustituirlas de modo v\u00e1lido y significativo. Se inspiran en la exigencia de proveer a la educaci\u00f3n de la familia humana y del pueblo de Dios; en la obediencia al mandato del Se\u00f1or de ense\u00f1ar a poner en pr\u00e1ctica todas sus esperanzas (Mat 28:20) y a dejarse llevar por el Esp\u00ed\u00adritu que gu\u00ed\u00ada a la verdad entera (Jua 15:13). Las soluciones simplistas, no menos que los rigorismos fixistas, impiden esta fidelidad, que no pide transmitir esquemas,. sino educar en el bien humano en conexi\u00f3n vital con la comunidad, que en el curso de los siglos ha expresado en estos t\u00e9rminos la inteligencia de la verdad sobre el bien humano. Es una operaci\u00f3n ardua, pero imprescindible.<\/p>\n<p>Los autores con aguda sutileza han descrito de modo unitario y articulado las actitudes fundamentales de la vida moral, y con habilidad y maestr\u00ed\u00ada han destacado su interdependencia. Se las denomina virtudes morales por sin\u00e9cdoque, no porque constituyan las \u00fanicas o las principales prerrogativas de la existencia moral (en la perspectiva cristiana \u00e9sta recibe su cualificaci\u00f3n primaria de las virtudes teologales). Se trata de una operaci\u00f3n no infrecuente en el lenguaje moral, que est\u00e1 muy ligado a la tradici\u00f3n de los pueblos y que, en vez de sustituir los t\u00e9rminos tradicionales, los asume, los transforma para \u00c2\u00a1levarlos a expresar lo que quiere transmitir. .<\/p>\n<p>&#8211; La virtud actualiza las potencialidades de la persona en el contexto de la realidad a la que est\u00e1 ordenada. Querer el bien es quererlo bien, es amarlo en su complejidad y totalidad, proyectarlo y practicarlo. Es virtuosa la persona que no se detiene a medio camino, y realiza el bien, todo el bien, porque lo ama y quiere situarse toda ella en la realidad, en la historia, en orden a Dios. La debilidad hace vivir la experiencia de la incoherencia, pero no legitima infidelidades y miserias. Es propio de la virtud capacitar y perseguir el verdadero bien humano en la conexi\u00f3n articulada de sus prerrogativas y en sus modalidades espec\u00ed\u00adficas.<\/p>\n<p>Raz\u00f3n y revelaci\u00f3n est\u00e1n de acuerdo en orientar al bien personal y comunitario y en hacer a las personas responsables en la creaci\u00f3n, en la comunidad humana y en la obediencia religiosa a Dios. Se trata de competencias que no se improvisan y que hay que perseguir siempre. Ellas implican: -la aspiraci\u00f3n sincera y permanente a amar, discernir .y realizar las condiciones para el crecimiento de la familia humana en la justicia y en la amistad, en sus relaciones internas y en la relaci\u00f3n con Dios (l justicia, religiosidad, equidad, con todas las dem\u00e1s actitudes que estas tres fundan y potencian); -la disponibilidad a fortalecerse a fin de poder hacer converger hacia esta meta todas las energ\u00ed\u00adas de la afectividad (l templanza); -la fuerza de elaborar las situaciones negativas para no ser v\u00ed\u00adctima suya y perseverar hasta la meta en el camino del bien (l fortaleza); -la habilitaci\u00f3n para discernir el verdadero bien; para proveer y decidir las condiciones de su realizaci\u00f3n (l prudencia).<\/p>\n<p>Estas perfecciones se expresan concretamente en una gama muy variada de comportamientos. Discernirlos y denominarlos con precisi\u00f3n es evocar y subrayar su importancia e indicar la aportaci\u00f3n que suponen al crecimiento y cualificaci\u00f3n humana. El lenguaje moral de los pueblos es un \u00ed\u00adndice inequ\u00ed\u00advoco del cuidado que ponen en discernir y potenciar el patrimonio de su crecimiento. Cuantas m\u00e1s personas y comunidades son responsables de la propia salud, m\u00e1s diferenciado es el an\u00e1lisis de las prerrogativas del esp\u00ed\u00adritu humano.<\/p>\n<p>Una cuesti\u00f3n frecuentemente descuidada, pero a la cual los expertos del bien humano conceden importancia, es la relativa a la jerarqu\u00ed\u00ada de las virtudes y de los bienes que perfeccionan las relaciones interhumanas y los vicios que lo comprometen. Por un motivo o por otro se indica a diversas prerrogativas y diversos vicios como principales, y con raz\u00f3n. La vida moral no es un c\u00famulo de deberes; es un organismo vivo con funciones diversas. Cada una de ellas est\u00e1 destinada a articularse en el todo de modo que sostenga e irradie la orientaci\u00f3n fundamental del vivir. La funci\u00f3n de virtud piloto puede variar tambi\u00e9n seg\u00fan el proyecto espec\u00ed\u00adfico y el carisma que cualifica los diversos planteamientos de vida. La b\u00fasqueda de la verdad, la misericordia, la humildad, la simplicidad, la magnificencia, el discernimiento, el compromiso por la justicia -y la paz de los pueblos, etc., constituyen algunas de estas prerrogativas que orientan a los peregrinos que avanzan por los caminos del mundo, todos hacia la misma meta, siguiendo cada uno su itinerario e intentando sintonizar con el de los dem\u00e1s. Aspirar a esta meta significa capacitarse para obrar con justicia, de modo que el bien de todos se realice, participe y comparta por todos. El que ama la justicia se modera, se educa, se cultiva en el hambre y sed de la paz (cf Mat 5:6.9), discierne sus caminos, contrasta los obst\u00e1culos que la amenazan y persevera en realizar las condiciones que hacen la vida digna de ser vivida. El que quiere el bien secunda en s\u00ed\u00ad y en los dem\u00e1s la alegr\u00ed\u00ada de vivir, trabaja para que la condici\u00f3n humana sea paratodos pac\u00ed\u00adfica y amistosa. Ama el fin quien decide y recorre los caminos que tienden a \u00e9l y contrasta las miras individualistas que llevan a buscar el propio inter\u00e9s y a perseguirlo con ma\u00f1as y astucias.<\/p>\n<p>&#8211; La virtud no es un comportamiento intermitente o improvisado; es orientaci\u00f3n conocida, amada y seguida con constancia y firmeza, sin dejarse arrastrar por las situaciones negativas que impiden abrirse a las metas transhist\u00f3ricas que orientan a la humanidad en el tiempo de su peregrinar.-La personalidad buena no opone resistencia a ser plasmada por el objeto de amor, por el bien, por el fin. Se deja cautivar por \u00e9l, se connaturaliza con sus exigencias y lo realiza:. En esta fidelidad crece la experiencia que lleva a discernir el verdadero bien y cualifica el gusto y el gozo del obrar. Discernimiento y decisi\u00f3n, autodominio, constancia en perseverar justo son las prerrogativas rec\u00ed\u00adprocamente conexas de las personas buenas. Estas hacen bien el bien porque aman y quieren hacer personal la relaci\u00f3n -con el bien-fin; se dejan \u00absecuestrar&#8217;~-por \u00e9l; tienden a cultivar la virtualidad de que disponen, apoy\u00e1ndose en las potencialidades de acci\u00f3n fundadas por la promesa de Dios en un clima de imploraci\u00f3n, de confianza, de perd\u00f3n acogido y compartido.<\/p>\n<p>El ejercicio de las virtudes morales est\u00e1 ordenado a hacer que la familia humana se convierta en el contexto dentro del cual viven las personas libres que disciernen la capacidad de amar de sus falsificaciones o de sus realizaciones imperfectas, que son conscientes de las represiones, de las defensas y de las r\u00e9moras que impiden quererse y sentirse solidarios compartiendo las responsabilidades inherentes a la pertenencia a la misma familia. llamada a crecer como pueblo de Dios.<\/p>\n<p>Esta perspectiva no es para nadie una conquista estabilizada; es para todos meta; debe convertirse en aspiraci\u00f3n, proyecto y realizaci\u00f3n en orden a la liberaci\u00f3n de la capacidad de amar y de la habilitaci\u00f3n para vivir sus exigencias, para recorrer concretamente el itinerario de la vida que, compartiendo la esperanza, lleva a crecer en el hambre y sed de justicia y en la construcci\u00f3n de la paz.<\/p>\n<p>En la escucha de la Palabra, entendida en la amplia gama de sus variedades, personas y comunidades maduran las actitudes que sostienen en el vivir juntos y diversos en la ciudad y en el pueblo de Dios.<\/p>\n<p>El amor aut\u00e9ntico es abierto a todos, lleva a no considerar enemigos ni siquiera a los que quieren ser tales (cf Mat 5:44); es est\u00ed\u00admulo a crecer en la condici\u00f3n de personas que, insertas en la familia humana, perseveran en desenmascarar y vencer las acechanzas que se oponen a la paz. Y todo ello en un proceso nunca acabado de acogida, de personalizaci\u00f3n, de comunicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>&#8211; La comunidad cristiana asume el fruto de la experiencia humana, sintetizado en la doctrina sobre las virtudes morales y cardinales, para indicar los elementos fundamentales de un estilo de vida inspirado y orientado por la obediencia a Jesucristo (1Pe 1:3), vivido dentro del pueblo de Dios, que en el tiempo apresura la manifestaci\u00f3n del reino. Reinterpretar constantemente sus exigencias a la luz del evangelio y de la experiencia humana (GS 46) es tarea y responsabilidad personal y solidaria; hay que ejercerla siempre; todos y cada uno deben afrontarla en sus&#8217;diversos contextos culturales.<\/p>\n<p>Las enc\u00ed\u00adclicas de los papas en materia social constituyen un ejemplo de esta hermen\u00e9utica siempre en curso (JUAN PABLO Il, Sollicitudo re\u00c2\u00a1 socialis, 1 a parte) y del intento de continuar leyendo la realidad y de penetrar sus valores, siempre los mismos, pero nunca plenamente desarrollados. Permanecer insertos en este proceso es responsabilidad que, para vivirla, exige el ejercicio constante de todas las virtudes morales, el amor al bien de todo el ser humano en todo ser humano; la lectura de la realidad a fin de discernir y decidir el verdadero bien, la cualificaci\u00f3n de las tendencias apetitivas y agresivas de que est\u00e1 dotada la persona, la realizaci\u00f3n concreta de lo que es justo. Signo inequ\u00ed\u00advoco de la vitalidad de este complejo dinamismo es la disponibilidad a valorar los resultados de las ciencias antropol\u00f3gicas e hist\u00f3ricas, la atenci\u00f3n a los signos de los tiempos,, la solicitud por la paz y la tenacidad en perseguir estas metas.<\/p>\n<p>Las personas justas consienten en ser discutidas y discuten. Est\u00e1n atentas a secundar las tendencias humanizadoras y potencian su vigor: Se dejan fecundar, fecundan, avanzan sin. ceremonias ni victimismos en el bien; vigilan sobre todo para curar los procesos inflamatorios que ponen en crisis las relaciones y los vuelven t\u00f3xicos. Es una de las funciones m\u00e1s vitales de la templanza, la cual tonifica la higiene del vivir y favorece la desintoxicaci\u00f3n de las relaciones. Como las personas son siempre acechadas por el cansancio y el desaliento, por las man\u00ed\u00adas fatalistas y depresivas que agudizan las tendencias al victimismo y a la irresponsabilidad, es vital potenciar las energ\u00ed\u00adas de agresi\u00f3n de los obst\u00e1culos al bien humano (fortaleza). Se trata de un planteamiento de vida cuyo valor es dif\u00ed\u00adcil combatir y negar su alcance.<\/p>\n<p>La humanizaci\u00f3n de los dinamismos ligados a la corporeidad constituye una gran fuente de .energ\u00ed\u00adas en el camino moral. Es sobre todo recurso de equilibrio (fortaleza); la actitud adecuada frente a la muerte y el miedo que infunde la imaginaci\u00f3n. Vivir en paz con la condici\u00f3n de llamados a la vida en Dios, con la precariedad de la existencia en el tiempo, con lo inevitable del Morir y con la importancia de una sabia orientaci\u00f3n de vida, es para todos vocaci\u00f3n y misi\u00f3n.<\/p>\n<p>La armon\u00ed\u00ada entre esfuerzo por vivir bien y moderaci\u00f3n del miedo al sufrimiento, al dolor y sobre todo a la muerte es fruto de vigilancia, imploraci\u00f3n, solicitud e inteligencia. Son las aliadas del valor de existir y del gozo de vivir. A ellas se vincula la personalizaci\u00f3n de las tendencias relacionales y el esfuerzo para sustraerlas a la posesividad, a la insensibili= dad, a la dependencia y a la capacidad de relacionarse y converger. Esta madurez se configura con prerrogativas inequ\u00ed\u00advocas cuando tiene por objet\u00f3 los dinamismos sexuales y la relaci\u00f3n interpersonal. Es un dominio de la responsabilidad moral, en el cual inciden sobre todo tendencias, somatizaciones y h\u00e1bitos; pero s\u00f3lo si se consigue vivirlo pueden realizarse en verdad las exigencias de la vida justa y amiga: Estas prerrogativas no son abstractas y ahist\u00f3ricas; maduran en las personas y se coloran de tonos diversos en los contextos y en las fases de la existencia, en los estados de vida y en las profesiones.<\/p>\n<p>Cada era de la historia tiene sus ventajas y presenta dificultades especificas que es preciso afrontar y superar. La vida virtuosa no se repite nunca. Es siempre fruto de inteligencia valorativa, de inserci\u00f3n en el contexto hist\u00f3rico, de fuerza, de perseverancia y de autodominio. Las personas justas responden todas a la misma vocaci\u00f3n y cada una de ellas tiene un nombre; no existen dos iguales y ninguna difiere en la convergencia a la perfecci\u00f3n humana.<\/p>\n<p>La virtud moral no es nunca contexto de manipulaci\u00f3n de consenso o de aval indebido del poder; exige por su mismo dinamismo la constante tendencia a buscar la verdad sobre el bien, que sea tal no s\u00f3lo en relaci\u00f3n a las expectativas comunes, sino tambi\u00e9n a las posibilidades reales y concretas de las personas. La valoraci\u00f3n concreta de estas exigencias es cometido siempre nuevo. Est\u00e1 sostenido por la disponibilidad a querer ser personas sincera y aut\u00e9nticamente justas (epiqueya) y a reconocer personal y comunitariamente los derechos de Dios (religi\u00f3n) y de todos aqu\u00e9llos con quienes se comparten las responsabilidades hist\u00f3ricas (virtudes conexas con la justicia).<\/p>\n<p>La persona no est\u00e1 sola en la realizaci\u00f3n de esta tarea. Est\u00e1 sostenida por la comuni\u00f3n con Dios vivida en su pueblo (virtudes teologales) y por la solidaridad en la comunidad creyente y en la familia humana. Nadie puede realizar por s\u00ed\u00ad solo el bien humano y nadie deber\u00ed\u00ada sustraerse a la responsabilidad de perseguirlo juntos, con aportaci\u00f3n personal. La capacidad de amar que estas prerrogativas liberan est\u00e1 en proporci\u00f3n de la perfecci\u00f3n de Dios (cf Mat 5:48), el amor supremo, que obra en la historia para unir y hacer semejantes a s\u00ed\u00ad a los seres humanos en Jesucristo y en el Esp\u00ed\u00adritu. El es el pedagogo de su pueblo y lo sostiene para que se construya concretamente como sujeto de comuni\u00f3n: perdona los fracasos y los cansancios que mancillan las relaciones y distraen de la iniciaci\u00f3n en la comuni\u00f3n trinitaria. Por esta unidad de vida or\u00f3 Jes\u00fas, y en ella asimila a quienes no resisten a la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu (cf Jua 17:1ss). Hoy, como siempre, la tarea que se propone a las personas sensibles al desaf\u00ed\u00ado del bien es la construcci\u00f3n de comunidades en las cuales se vivan las relaciones interpersonales, no bajo el signo de la sospecha, de la manipulaci\u00f3n, de la injusticia y de todas las actitudes que las hacen inhumanas.<\/p>\n<p>La humanidad contempor\u00e1nea encuentra a nivel planetario el desaf\u00ed\u00ado de la atracci\u00f3n por ciudades y civilizaciones justas, amistosas, en las cuales sea posible ser uno mismo, estar juntos, sin descuidar las diferencias. La revelaci\u00f3n cristiana refuerza y avala esta aspiraci\u00f3n, atestiguando que la historia tiende a la parus\u00ed\u00ada y que \u00e9sta es la plena transformaci\u00f3n en el ya de la pascua del Se\u00f1or. La cruz de los creyentes es el reflejo de los obst\u00e1culos que encuentra la conversi\u00f3n a esta espera.<\/p>\n<p>Una vez m\u00e1s el problema afecta a la esfera de los comportamientos; pero se deriva de la radicaci\u00f3n en la familia humana y en la comunidad de salvaci\u00f3n, e inquieta a personas y comunidades que creen en la remisi\u00f3n del pecado, es decir, en la posibilidad de existencias humanas y humanizantes. Est\u00e1 en cuesti\u00f3n la posibilidad y la identidad de una sociedad justa y amistosa en el contexto de la realidad contempor\u00e1nea. La agon\u00ed\u00ada de Cristo en la historia y la pasi\u00f3n de las personas justas y moderadas, fuertes y prudentes, no tendr\u00e1 tregua -mientras que la humanidad no consienta en ser una familia de pueblos llamados a crecer y a realizar juntos las condiciones en virtud de las cuales la vida justa sea una posibilidad concreta para todos, el modo de existir de la familia de los pueblos, aspiraci\u00f3n y solicitud com\u00fan.<\/p>\n<p>El problema de las virtudes morales afecta a la estructura, la identidad y la responsabilidad de la familia humana y del pueblo de Dios. Es planteado y resuelto por quien hace de la b\u00fasqueda de la solidaridad y de la justicia con todos la solicitud primaria de su vida.<\/p>\n<p>III. Educarse en la virtud: ser virtuosos<br \/>\nLa virtud, seg\u00fan una conocida definici\u00f3n de inspiraci\u00f3n agustiniana, es ordo amoris, es consentimiento en ser piedras vivas (1Pe 2:4) en la construcci\u00f3n que en Cristo crece bien ordenada (Efe 2:21). S\u00f3lo el que ama hace bien lo que hace, y ama de veras el que est\u00e1 vitalmente inserto en la realidad y potencia de modo arm\u00f3nico su desarrollo. Amar es amarse; es capacitarse para vivir juntos dentro del orden; es vencer las resistencias que impiden avanzar hacia el \u00e9sjaton y anticiparlo en el tiempo. Amar es prerrogativa personal, no an\u00f3nima; personalizadora, no masificante o amorfa; din\u00e1mica, no mon\u00f3tona y repetitiva. Es habilitarse para perseguir iniciativas con gratuidad y responsabilidad; es hacerse capaz de libertar actividad inventiva en lo concreto de la historia.<\/p>\n<p>Asentir a esta condici\u00f3n lleva a querer que la inteligencia se arraigue en la verdad, la contemple, se deje orientar por ella; que la afectividad asienta al bien conocido y lo asuma en la operaci\u00f3n cotidiana en verdad y fidelidad; que la persona se abra a Dios en el pueblo que \u00e9l reconcilia consigo.<\/p>\n<p>Atribuir a la virtud la tarea de actualizar y armonizar este dinamismo significa tener en cuenta la diversidad de los talentos de cada uno (cf Mat 25:15ss); de las situaciones en que las personas se encuentran, de la posibilidad que tienen de no trampear consigo mismas y de no reducir arbitrariamente las propias responsabilidades. La virtud es libertad liberada, no distribuidora autom\u00e1tica de comportamientos. \u00abDios no manda lo que es imposible; pero, al mandar, exhorta a hacer todo lo que se puede, a pedir lo que no se puede y ayuda para que se pueda\u00bb, observa sabiamente el concilio de Trento (La giustificazione, c. 11: DS 1536) refiri\u00e9ndose a un c\u00e9lebre pensamiento de san Agust\u00ed\u00adn (De natura et gratia, c. 43,50: PL 44,271).<\/p>\n<p>La virtud une estos diversos aspectos; es la convergencia de los dinamismos de la persona en la adhesi\u00f3n al bien en lo concreto de las situaciones. Es algo muy distinto de un camino al \u00e9xito. Es la docilidad a la verdad, al todav\u00ed\u00ada no que manifiesta sus exigencias conforme se lo secunda; encarna e irradia obediencia al Creador y fidelidad a la condici\u00f3n final de la historia; es iniciaci\u00f3n en la gloria, aprendizaje de lo definitivo, imploraci\u00f3n de vida en lo eterno, en Dios. El dinamismo virtuoso tiene una orientaci\u00f3n centr\u00ed\u00adpeta; contrasta con la dispersi\u00f3n, descuida los procesos fusionales e inspira el bien humano en una actitud justa frente a Dios y que se cualifica a trav\u00e9s de los acontecimientos de la vida, se nutre de admiraci\u00f3n, alabanza y silencio; lleva a contrastar las tendencias al c\u00e1lculo y a la seguridad. Todo esto pone a la persona en estado de recepci\u00f3n, de docilidad y de responsabilidad.<\/p>\n<p>Para vivir estas prerrogativas no es necesario conocer espec\u00ed\u00adficamente todos y cada uno de los aspectos del dinamismo humano; es indispensable saber de qui\u00e9n nos fiamos; cultivarse en la confianza en Dios para ser, obrar y vivir juntos; querer superar las autodefensas y las sospechas que llevan a autogarantizarse, a fortificarse en las propias autosuficiencias y en formas de fatalismo irresponsable que impiden crecer en la disponibilidad afectiva a hacer que el bien se realice, se participe, se goce juntos, de modo que todos puedan experimentar el gozo de vivir y disfrutar de las condiciones que hacen la vida digna de ser vivida.<\/p>\n<p>El problema humano es hist\u00f3rico y cultural. Las personas est\u00e1n en la historia, no son realidad a la cual accede una historia; la historicidad estructura y condiciona su presencia en el tiempo; la responsabilidad de la historia de la familia humana cualifica la actitud de toda persona recta. El que persevera en este camino madura la conciencia de los valores destructivos que act\u00faan en el tiempo y cultiva la esperanza de la liberaci\u00f3n y la confianza en la misericordia que salva y hace nueva la realidad.<\/p>\n<p>La virtud alimenta la disponibilidad efectiva a hacerse cargo de lo negativo de la historia, a no padecerlo y no evadirse de ello, y a promover la transformaci\u00f3n en el \u00e1mbito del proyecto de vida, que es tanto m\u00e1s verdadero cuanto m\u00e1s asume las diversas dimensiones de la verdad humana. Esta comprende la capacitaci\u00f3n para salvaguardar la consistencia de la realidad (perspectiva cosmol\u00f3gica); para garantizar el vivir asociado y promover su desarrollo (aspecto pol\u00ed\u00adtico); la actualizaci\u00f3n de la propia humanidad en la variedad de sus prerrogativas (aspecto personal); la disponibilidad a asumir la historicidad de la realidad para ser y crecer en la historia de la salvaci\u00f3n (aspecto hist\u00f3rico salv\u00ed\u00adfico).<\/p>\n<p>Estas dimensiones deben coexistir y converger para corresponder al plan de Dios, que reconcilia el mundo consigo seg\u00fan un designio que se verifica en la historia y que contempor\u00e1neamente afecta a la comunidad humana, a la creaci\u00f3n y al tiempo.<\/p>\n<p>Las personas se hacen existencialmente conscientes del hecho de que el bien no es una representaci\u00f3n subjetiva; es la fidelidad a la propia vocaci\u00f3n en la comunidad. de las personas que interact\u00faan en el mundo-, y sobre todo viven, en Dios, del cual proviene la humanidad y al cual tiende. Nadie puede vivir esta gama de relaciones sin represent\u00e1rselas de alg\u00fan modo; pero nadie las vive bien si confunde la representaci\u00f3n con la realidad. El conocimiento de la verdad acompa\u00f1a a todas las fases del camino recto. Es aut\u00e9ntico cuando las personas se reconocen como pertenecientes a la misma humanidad y consienten en amarse y en compartir la presencia en el tiempo, la responsabilidad de lo creado y viven en Dios. Las virtudes no son te\u00f3ricas; son fruto y contexto de relaciones aut\u00e9nticas. Describirlas es narrar c\u00f3mo viven las personas que en el tiempo cultivan sus prerrogativas y se dejan guiar por el Esp\u00ed\u00adritu de verdad, que convierte los corazones humanos y los lleva a tenerse en sus manos, plasmar y orientar los dinamismos propios, a superar las man\u00ed\u00adas depresivas o las veleidades an\u00e1rquicas o de omnipotencia, a actuar en la realidad y abandonarse a Dios. Todo esto exige .armon\u00ed\u00ada entre conocimiento de s\u00ed\u00ad, de la realidad y de las situaciones; educaci\u00f3n de la efectividad, de las propias inclinaciones y tendencias; decisi\u00f3n y realizaci\u00f3n de las actitudes que estructuran lo cotidiano.<\/p>\n<p>Llevar esto a cabo significa saber qu\u00e9 hacer, c\u00f3mo hacerlo, querer hacerlo, perseverar en hacerlo, hacerlo concretamente, cada d\u00ed\u00ada, sin dejarse bloquear o paralizar por las dificultades que con met\u00f3dica monoton\u00ed\u00ada obstaculizan el camino. La perseverancia en el bien exige que la inteligencia, la afectividad y la ejeeutividad converjan; que la persona explicite el estilo de fidelidad al cual consentir y lo asuma como par\u00e1metro por el cual rectifica el camino.<\/p>\n<p>Dominio de s\u00ed\u00ad, constancia, continuidad, prontitud, perfecci\u00f3n del obrar, gozo son las caracter\u00ed\u00adsticas de las personas que valoran el todav\u00ed\u00ada no de su potencialidad; distinguen la capacidad de amar de las falsificaciones y de sus realizaciones imperfectas; son conscientes de las represiones, de las defensas y de los miedos que hacen esclavos de s\u00ed\u00ad e impiden quererse y sentirse solidarios compartiendo en justicia y amistad las metas comunes. Esta perspectiva es para todos llamada, y debe hacerse estilo y proyecto de vida.<\/p>\n<p>El estudioso teoriza sobre las virtudes; el virtuoso ama y, atra\u00ed\u00addo por el amor, trabaja en s\u00ed\u00ad para llegara ser el que la vocaci\u00f3n le permite ser en el compromiso por la gesti\u00f3n de la realidad. La solicitud de la persona virtuosa se, orienta a la comuni\u00f3n; est\u00e1 proyectada a vivir comportamientos inspirados en el amor, en la justicia y en la verdad. Como en este campo el enga\u00f1o no es abstracto o ilusorio, las personas justas est\u00e1n siempre vigilantes para discernir las expresiones aut\u00e9nticas de la existencia recta.<\/p>\n<p>La vida virtuosa no es una actitud intermitente o improvisada; es modo de existir en la libertad; es orientaci\u00f3n tendencialmente estable y fiel. Esto no significa que las personas virtuosas sean impecables; sin embargo, la experiencia de la imperfecci\u00f3n y del l\u00ed\u00admite no las induce a legitimarse, a ser indulgentes consigo mismas y severas con los dem\u00e1s; a tolerar su propia miseria; sufren por ella, impiden sus manifestaciones y vigilan para que no aumente su dominio.<\/p>\n<p>La perfectibilidad humana es fruto de la donaci\u00f3n de Dios, que en Jesucristo y en el Esp\u00ed\u00adritu llama a promover comunidades en las cuales se vivan las relaciones interpersonales no bajo el signo de la sospecha, y en las que el compromiso por una sociedad m\u00e1s justa haga que los excluidos y los marginados puedan llegar a ser ellos mismos y a disfrutar de condiciones humanas de existencia.<\/p>\n<p>La virtud es problema personal y comunitario; afecta a las personas en sus comportamientos y las arraiga en la. familia humana y en la comunidad de salvaci\u00f3n; se plantea de modo aut\u00e9ntico cuando es en todos voluntad de vivir juntos, diferentes, respetando la condici\u00f3n espec\u00ed\u00adfica de cada uno y en la corresponsabilidad por la comunidad de todos.<\/p>\n<p>Considerar las virtudes prerrogativas de personas aisladas y no, como son efectivamente, expresi\u00f3n del v\u00ed\u00adnculo que una a quienes gravitan y viven en la comunidad de que forman parte es uno de los mayores obst\u00e1culos para su afirmaci\u00f3n. La docilidad efectiva a moderarse, a ser fuertes para no tolerar y no eliminar los obst\u00e1culos que impiden el crecimiento en la justicia y en la paz, es medida inequ\u00ed\u00advoca de la madurez humana, es estilo de vida virtuosa.<\/p>\n<p>[\/Consejos evang\u00e9licos (del cristiano); \/Gracia; \/Libertad y responsabilidad; \/Prudencia; \/Virtudes teologales<br \/>\nBIBL.: AANV., Virtue and Moral Goodness, en \u00abThe Monist\u00bb 54 (1970) 1; AANV., La virtud ante el cambio de valores, en \u00abCon\u00bb 211 (1987) 507-511 (en J.-C. WOLF, Bibliograf\u00ed\u00ada sobre virtud y virtudes, 507-511); ABBA G., Lex et virtus. Studi sull \u00e9voluzione della dottrina morale di s. Tommaso d Aquino, Las, Roma 1983; BELLAH R. 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Mongillo<\/p>\n<p>Compagnoni, F. &#8211; Piana, G.- Privitera S., Nuevo diccionario de teolog\u00ed\u00ada moral, Paulinas, Madrid,1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda Moral<\/b><\/p>\n<p>arete (ajrethv, 703), denota propiamente todo aquello que procura una estimaci\u00f3n preeminente para una persona o cosa; de ah\u00ed\u00ad, eminencia intr\u00ed\u00adnseca, bondad moral, virtud: (a) de Dios (1Pe 2:9  \u00abvirtudes\u00bb; VM: \u00abexcelencias\u00bb); aqu\u00ed\u00ad el sentido original y general parece ir unido a la impresi\u00f3n hecha sobre otros, esto es, renombre, excelencia o alabanza (Hort). En 2Pe 1:3  \u00abpor su gloria y excelencia\u00bb (RV, VHA: \u00abvirtud\u00bb; VM: \u00abpoder\u00bb), esto es, la manifestaci\u00f3n de su poder divino (la construcci\u00f3n es dativa instrumental). Este significado se ilustra frecuentemente en los papiros y era evidentemente com\u00fan en el griego corriente; (b) de cualquier excelencia moral determinada (Phi 4:8; 2Pe 1:5, dos veces), donde se ordena la virtud como una cualidad esencial en el ejercicio de la fe: \u00aba\u00f1adid a vuestra fe virtud\u00bb.\u00c2\u00b6 Notas: (1) Para dunamis, traducido \u00abvirtud\/virtudes\u00bb en la RV en Mat 14:2 (RVR: \u00abpoderes\u00bb); 24.29 (RVR: \u00abpotencias\u00bb); Mc 5.30 (RVR: \u00abpoder\u00bb); 6.14 (RVR: \u00abpoderes\u00bb); 13.25 (RVR: \u00abpotencias\u00bb); Luk 1:17 (RVR: \u00abpoder\u00bb); 1.35 (RVR: \u00abpoder\u00bb); 4.14 (RVR: \u00abpoder\u00bb); 5.17 (RVR: \u00abel poder\u00bb); 6.19 (RVR: \u00abpoder\u00bb); 8.46 (RVR: \u00abpoder\u00bb); 9.1 (RVR: \u00abpoder\u00bb); 21.26 (RVR: \u00abpotencias\u00bb); Act 1:8 (RVR: \u00abpoder\u00bb); 3.12 (RVR: \u00abpoder\u00bb); 8.10 (RVR: \u00abpoder\u00bb); Rom 15:13 (RVR: \u00abel poder\u00bb); 15.19b (RVR: \u00abpoder\u00bb); 1 Cor 4.19 (RVR: \u00abpoder\u00bb); v. 20 (RVR: \u00abpoder\u00bb); Phi 3:10 (RVR: \u00abpoder\u00bb); 2Ti 1:8 (RVR: \u00abpoder\u00bb); Heb 6:5 (RVR: \u00abpoderes\u00bb); 7.16 (RVR: \u00abel poder\u00bb); 1Pe 1:5 (RVR: \u00abel poder\u00bb); 3.22 (RVR: \u00abpotencias\u00bb); Rev 4:11 (RVR: \u00abpoder\u00bb); 12.10 (RVR: \u00abpoder\u00bb), v\u00e9anse PODER, A, N\u00c2\u00ba 1, POTENCIA, N\u00c2\u00ba 1; v\u00e9ase tambi\u00e9n MILAGRO, N\u00c2\u00ba 1. (2) Iscus, traducido \u00abvirtud\u00bb en 1Pe 4:11 (RV; RVR: \u00abpoder\u00bb), se trata bajo FORTALECER, B, N\u00c2\u00ba 1, PODER, A, N\u00c2\u00ba 5, etc.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Vine Nuevo testamento<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\">La palabra <em>aret\u0113<\/em> aparece cinco veces en el NT: Fil. 4:8; 1 P. 2:9; 2 P. 1:3; dos veces en 2 P. 1:5. En la <a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">RV60<\/a> la palabra es traducida como \u00abvirtud\u00bb en cada referencia con la excepci\u00f3n de 2 P. 1:3, donde se traduce \u00abexcelencia\u00bb. Todas estas traducciones son apropiadas dentro del alcance de <em>aret\u0113<\/em> pero los int\u00e9rpretes difieren sobre sus varios significados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La <a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">LXX<\/a> traduce <em>h\u00f4\u1e0f<\/em> (\u00abesplendor, majestad, vigor\u00bb) por <em>aret\u0113<\/em> en Hab. 3:3 y Zac. 6:13, y <em>t\u04d9hill\u0101h<\/em> (\u00abalabanza, adoraci\u00f3n, acci\u00f3n de gracias\u00bb) por <em>aret\u0113<\/em> en Is. 42:8, 12; 43:21; 63:7. La influencia de <em>t\u04d9hill\u0101h<\/em> sobre <em>aret\u0113<\/em> puede ser un buen argumento para reproducir <em>aret\u0113<\/em> como alabanza(s) tanto en 1 P. 2:9 como en 2 P. 1:3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">MM hace la interesante observaci\u00f3n de que el uso no frecuente de <em>aret\u0113<\/em>, una palabra de la que deber\u00eda esperarse que apareciera m\u00e1s frecuentemente, se debe a la extensi\u00f3n del significado de la palabra en la \u00e9tica no cristiana. La idea es que la palabra no es suficientemente precisa para un t\u00e9rmino \u00e9tico cristiano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">BIBLIOGRAF\u00cdA<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Arndt, referencia dada anteriormente a <em><a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">IB<\/a><\/em>; MM.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ralph A. Gwinn.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\"><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">RV60 <\/a>Reina-Valera, Revisi\u00f3n 1960<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">LXX <\/a>Septuagint<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\"><em>IB <\/em><\/a><em>Interpreter\u2019s Bible<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\"><\/a>Harrison, E. F., Bromiley, G. W., &amp; Henry, C. F. H. (2006). <em>Diccionario de Teologi\u0301a<\/em> (641). Grand Rapids, MI: Libros Desafi\u0301o.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Teolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p><p style='text-align:justify;'><span lang=ES style=''>La palabra que se usa en el AT es el heb. <\/span><span style=' '>&#7717;ayil<\/span><span lang=ES style=''>, \u2018habilidad\u2019, \u2018eficiencia\u2019, frecuentemente con el agregado de valor moral, como en Rt. 3.11; Pr. 12.4; 31.10 (<\/span><span style=''>&#722;&#375;\u0161e&#7791; &#7717;ayil<\/span><span lang=ES style=''>, \u2018mujer de valor\u2019, \u2018mujer virtuosa\u2019); cf. Pr. 31.29 (<\/span><span style=''>&#723;&#257;&#347;\u00e2 &#7717;ayil<\/span><span lang=ES style=''>, \u2018hacer dignamente\u2019).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>1. En el NT el gr. <\/span><span style=' '>aret&#275;<\/span><span lang=ES style=' '>, que significa cualquier excelencia ya sea de personas o cosas, se traduce \u201cvirtud\u201d en <\/span><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green; text-transform:uppercase'>\u00b0vrv2<\/span><span lang=ES style=' '> (1 P. 2.9; 2 P. 1.5), salvo en 2 P. 1.3, donde tiene \u201cexcelencia\u201d. En Homero esta palabra se usa especialmente para las cualidades varoniles (cf. Fil. 4.8). En la <span style='text-transform:uppercase'>LXX<\/span> es el equivalente del heb. <\/span><span style='font-family: \"Charis SIL\"'>h\u00f4&#7695;<\/span><span lang=ES style=''>, \u2018esplendor\u2019, \u2018majestad\u2019 (de Dios, Hab. 3.3), y <\/span><span style=''>t<sup>e<\/sup>hiil\u00e2<\/span><span lang=ES style=''>, \u2018alabanza\u2019 (Is. 42.12; 43.21, citado en 1 P. 2.9). 2. <\/span><etiqueta id=\"#_ftn153\" name=\"_ftnref153\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green;text-transform:uppercase'>\u00b0vrv1<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style=''> traduce \u201cvirtud\u201d para <\/span><span style=''>dynamis<\/span><span lang=ES style=''> (\u2018poder\u2019, \u2018influencia\u2019) en, p. ej., Mr. 5.30; Lc. 6.19; 8.46, casos en los que <\/span><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green; text-transform:uppercase'>\u00b0vrv2<\/span><span lang=ES style=' '> traduce \u201cpoder\u201d; en estos casos se usa con respecto a la influencia sanadora que nace de nuestro Se\u00f1or. No obstante, esta palabra generalmente se traduce \u201cpoder\u201d, \u201cfuerza\u201d (p. ej. 2 Co. 12.9; He. 11.11).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal align=right style='text-align:right;line-height:normal'><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><etiqueta id=\"#_ftn154\" name=\"_ftnref154\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt; ;color:green'>D.O.S.<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;'>Douglas, J. (2000). Nuevo diccionario Biblico : Primera Edicion. Miami: Sociedades B\u00edblicas Unidas.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico<\/b><\/p>\n<p><h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 Definiciones<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-2\">2 Sujetos de la Virtud<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-3\">3 Divisiones de la Virtud\n<ul>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-4\">3.1 Virtudes Intelectuales<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-5\">3.2 Virtudes Morales<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-6\">3.3 Virtudes Teologales<\/li>\n<\/ul>\n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-7\">4 Causas de la Virtud<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-8\">5 Propiedades de las Virtudes\n<ul>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-9\">5.1 La Media de las Virtudes<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-10\">5.2 Conexi\u00f3n de las Virtudes<\/li>\n<\/ul>\n<\/li>\n<\/ul>\n<h2>Definiciones<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify\">Seg\u00fan su etimolog\u00eda la palabra virtud  (lat\u00edn virtus) significa hombr\u00eda o coraje.  \u201cAppelata est enim a viro virtus: viri autem propria maxime est fortitudo\u201d (\u201cEl t\u00e9rmino virtud viene de la palabra que significa hombre; la principal cualidad de un hombres es su fortaleza\u201d; Cicero, Tuscul.\u201d, I, XI, 18).  Tomada en su sentido m\u00e1s amplio virtud significa la excelencia de perfecci\u00f3n de una cosa, justo como vicio, su contrario, denota un defecto o ausencia de la perfecci\u00f3n debida a una cosa.  Sin embargo, en su sentido estricto, seg\u00fan usada por los fil\u00f3sofos morales y te\u00f3logos, significa un h\u00e1bito sobrea\u00f1adido a la facultad del alma, que la dispone a obtener con prontitud actos conformes a nuestra naturaleza racional.  \u201cVirtud\u201d, dice Agust\u00edn, \u201ces un buen h\u00e1bito consonante con nuestra naturaleza.\u201d  De la Cuesti\u00f3n completa de Santo Tom\u00e1s de Aquino sobre la esencia de la virtud se puede deducir su breve pero completa definici\u00f3n de virtud: &#160;: \u00abhabitus operativus bonus\u00bb, un h\u00e1bito operativo esencialmente bueno, en contraposici\u00f3n a vicio y h\u00e1bito operativo esencialmente malo.  Ahora bien, el h\u00e1bito es una cualidad dif\u00edcil de cambio en s\u00ed mismo, disponiendo bien o mal al sujeto en el cual reside, ya sea directamente en s\u00ed mismo o en relaci\u00f3n a su operaci\u00f3n.  Un h\u00e1bito operativo es una cualidad que reside en un poder o facultad indiferente en s\u00ed mismo a esta o aquella l\u00ednea de acci\u00f3n, pero determinada por el h\u00e1bito a esta en lugar de aquella clase de actos (Vea h\u00e1bito).  La virtud entonces tiene esto en com\u00fan con el vicio, que dispone a una potencia a cierta actividad determinada; pero difiere espec\u00edficamente de ella en que la dispone a actos buenos, es decir, actos en consonancia con la recta raz\u00f3n.  As\u00ed, la templanza inclina el apetito sensual a actos de moderaci\u00f3n conformes a la recta raz\u00f3n justo como la intemperancia impele el mismo apetito a actos de exceso contrarios a los dictados de nuestra naturaleza racional.\n<\/p>\n<h2>Sujetos de la Virtud<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify\">Antes de determinar los sujetos o potencias en los cuales residen las diferentes virtudes, ser\u00e1 necesario distinguir dos clases de virtudes:  las que son virtudes absolutas (simpliciter) y las que son virtudes s\u00f3lo en un sentido restringido (secundum quid).  La \u00faltima confiere s\u00f3lo una facultad para hacer el bien, y hace bueno al poseedor s\u00f3lo en un sentido restringido, por ejemplo, un buen l\u00f3gico.  La primera, adem\u00e1s de la facilidad para hacer el bien, hace que uno use la facilidad correctamente, y hace al poseedor completamente bueno.  Ahora bien, el intelecto puede ser el sujeto de esos h\u00e1bitos que son llamados virtudes en un sentido restricto, tal como la ciencia y el arte.  Pero s\u00f3lo la voluntad, o cualquier otra facultad s\u00f3lo en la medida que es movida por la voluntad, puede ser el sujeto de los h\u00e1bitos que son llamados virtudes en el sentido absoluto.  Pues es funci\u00f3n propia de la voluntad mover a sus respectivos actos todos los otros poderes que son racionales de cualquier manera.  As\u00ed el intelecto y el apetito sensual, movidos por la voluntad, son los sujetos de la prudencia y la templanza, mientras que la voluntad misma es el sujeto de la justicia, una virtud en el sentido absoluto.\n<\/p>\n<h2>Divisiones de la Virtud<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify\">Las virtudes se pueden clasificar en morales, intelectuales y teologales.\n<\/p>\n<h3>Virtudes Intelectuales<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify\">La virtud intelectual puede ser definida como un h\u00e1bito que perfecciona el intelecto para producir con prontitud actos que son buenos en referencia a su propio objeto, a saber, la verdad.  Puesto que el intelecto es llamado especulativo o pr\u00e1ctico seg\u00fan se confine a s\u00ed mismo a la sola contemplaci\u00f3n de la verdad o considere la verdad en referencia a la acci\u00f3n, las virtudes intelectuales pueden ser clasificadas de acuerdo a esta doble funci\u00f3n de la facultad mental.  Las virtudes intelectuales especulativas son la sabidur\u00eda, la ciencia y el entendimiento.\n<\/p>\n<ul>\n<li> Sabidur\u00eda es el conocimiento de conclusiones a trav\u00e9s de sus causas supremas.  As\u00ed, la filosof\u00eda, y particularmente la metaf\u00edsica, es propiamente designada como sabidur\u00eda, puesto que considera la verdad del orden natural de acuerdo a sus m\u00e1s altos principios.  <\/li>\n<\/ul>\n<ul>\n<li> Ciencia es el conocimiento de conclusiones adquiridas por demostraci\u00f3n a trav\u00e9s de causas o principios que son finales en una clase u otra.  As\u00ed hay diferentes ciencias, matem\u00e1ticas, f\u00edsica, etc., pero s\u00f3lo una sabidur\u00eda, el juicio supremo de todas.  <\/li>\n<\/ul>\n<ul>\n<li> Entendimiento se define como el h\u00e1bito de los primeros principios; como h\u00e1bito o virtud se debe distinguir, por lo menos l\u00f3gicamente, de la facultad de la inteligencia.  Tambi\u00e9n es llamado intuici\u00f3n, puesto que tiene como objeto verdades que son evidentes, cuya percepci\u00f3n no requiere un proceso discursivo.  Se debe se\u00f1alar que estas virtudes difieren de los dones del Esp\u00edritu Santo, designados por el mismo nombre, considerando que son cualidades del orden natural, mientras que los dones son intr\u00ednsecamente del orden sobrenatural.  <\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify\">Las virtudes intelectuales pr\u00e1cticas son dos, a saber, el arte y la prudencia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><b>Arte<\/b>:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Arte, seg\u00fan los escol\u00e1sticos, significa el m\u00e9todo correcto respecto a las producciones externas (recta ratio factibilium).  As\u00ed como la ciencia perfecciona y dirige el intelecto correctamente a la raz\u00f3n respecto a su propio objeto en vista a la consecuci\u00f3n de la verdad, as\u00ed tambi\u00e9n el arte perfecciona y dirige el intelecto en la aplicaci\u00f3n de ciertas reglas en vista a la producci\u00f3n de obras externas, ya sean \u00e9stas de un car\u00e1cter \u00fatil o est\u00e9tico; de ah\u00ed la divisi\u00f3n en bellas artes y artes \u00fatiles.  El arte tiene en com\u00fan con los tres h\u00e1bitos intelectuales especulativos que todos son virtudes s\u00f3lo en un sentido restricto.  Por lo tanto hacen al hombre bueno s\u00f3lo en un sentido limitado, por ejemplo, un buen ge\u00f3metra, un buen escultor. Pues la funci\u00f3n propia de la ciencia, como arte, como tal, no es conferir bondad moral, sino dirigir el intelecto en sus procesos cient\u00edficos o art\u00edsticos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><b>Prudencia<\/b>:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">As\u00ed como el arte es el m\u00e9todo correcto de producci\u00f3n, la prudencia, seg\u00fan definida por Santo Tom\u00e1s, es el m\u00e9todo correcto de conducta (recta ratio abigilium).  Difiere de todas las dem\u00e1s virtudes intelectuales en que es una virtud en el sentido absoluto, no s\u00f3lo confiere disposici\u00f3n para las buenas obras, sino que nos hace usar esa disposici\u00f3n correctamente.  Considerada m\u00e1s espec\u00edficamente, es esa virtud la que nos dirige a escoger los medios m\u00e1s aptos, bajo las circunstancias existentes, para el logro de un fin esperado.  Difiere de las virtudes morales en que reside no en los poderes del apetito, sino en el intelecto, siendo su acto propio, no escoger los medios adecuados, sino la direcci\u00f3n de esa selecci\u00f3n.  Pero aunque la prudencia es esencialmente una virtud intelectual, sin embargo, bajo cierto respecto (materialiter) puede ser considerada una virtud moral, puesto que tiene como su materia los actos de las virtudes morales.  Pues si el fin es vicioso, aunque se manifieste cierta astucia en el discernimiento de los medios, tal astucia no es prudencia real, sino semejante a la prudencia (vea prudencia).\n<\/p>\n<h3>Virtudes Morales<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify\">Las virtudes morales son aquellas que perfeccionan las facultades apetitivas del alma, es decir, la voluntad y el apetito sensual.  La virtud moral es llamada as\u00ed por la palabra mos, que significa cierta inclinaci\u00f3n natural o cuasi natural a hacer una cosa.  Pero la inclinaci\u00f3n a actuar se atribuye propiamente a la facultad apetitiva, cuya funci\u00f3n es mover a los dem\u00e1s poderes a la acci\u00f3n.  En consecuencia esa virtud llama moral porque perfecciona la facultad apetitiva.  Pues como el apetito y la raz\u00f3n realizan distintas actividades, es necesario que no s\u00f3lo la raz\u00f3n est\u00e9 bien dispuesta por el h\u00e1bito de la virtud intelectual, sino que los poderes apetitivos est\u00e9n tambi\u00e9n bien dispuestos por el h\u00e1bito de la virtud moral.  De esta necesidad de las virtudes morales vemos la falsedad de la teor\u00eda de S\u00f3crates, quien afirmaba que toda virtud era conocimiento, as\u00ed como sosten\u00eda que todo vicio es ignorancia.  Adem\u00e1s, las virtudes morales aventajan a las intelectuales, excepto la prudencia, en que ellas no s\u00f3lo dan la facilidad, sino tambi\u00e9n el recto uso de la facilidad para actuar bien.  De ah\u00ed que las virtudes morales son virtudes absolutas; y cuando decimos que un hombre es completamente bueno, denotamos moralmente bueno.  Puesto que la funci\u00f3n propia de las virtudes morales es rectificar los poderes apetitivos, es decir, disponerlos a actuar seg\u00fan la recta raz\u00f3n, hay principalmente tres virtudes morales:  (a) justicia, que perfecciona el apetito racional o la voluntad; (b) la fortaleza y (c) templanza, que moderan los apetitos inferiores o sensuales.  La prudencia, como hemos observado, es llamada una virtud moral, no s\u00f3lo esencialmente, sino debido a su materia, en la medida en que dirige los actos de las virtudes morales.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><b>Justicia<\/b>:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La justicia, una virtud esencialmente moral, regular las relaciones del hombre con su pr\u00f3jimo.  Nos dispone a respetar los derechos de los dem\u00e1s, a dar cada cual lo que le pertenece (vea justicia).  Entre las virtudes anexas a la justicia est\u00e1n:\n<\/p>\n<ul>\n<li> la religi\u00f3n, que regula las relaciones del hombre con Dios, y lo dispone a darle el culto debido a su Creador;<\/li>\n<li> la piedad, que nos dispone al cumplimiento de los deberes debidos a nuestros padres y a la patria (patriotismo);<\/li>\n<li> la gratitud, que nos inclina a reconocer los beneficios recibidos:<\/li>\n<li> la liberalidad, que restringe el desmedido af\u00e1n por la riqueza;<\/li>\n<li> afabilidad, por la cual uno est\u00e1 adecuadamente adaptado a sus cong\u00e9neres en las relaciones sociales para tratarlos apropiadamente.   <\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify\">Todas estas virtudes morales, as\u00ed como la justicia misma, regula al hombre en sus tratos con los dem\u00e1s.  Pero adem\u00e1s de estas hay virtudes morales que regulan al hombre respecto a sus propias pasiones.  Ahora bien, hay pasiones que impelen al hombre a desear lo que la raz\u00f3n le ordena; de ah\u00ed que hay principalmente dos virtudes morales, a saber, la templanza y la fortaleza, cuya funci\u00f3n es regular los bajos apetitos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><b>Templanza<\/b>:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La templanza es la que restringe el impulso indebido de concupiscencia por el placer sensible, mientras que la fortaleza hace al hombre fuerte cuando de otro modo huir\u00eda, contrario a la raz\u00f3n, de peligros y dificultades inherentes a aquellos actos por los cuales la naturaleza humana se preserva en el individuo o se propaga en la especie.  La templanza, entonces, considerada m\u00e1s particularmente, es esa virtud moral que modera de acuerdo a la raz\u00f3n los deseos y placeres del apetito sensual   Las clases subordinadas de templanza son:\n<\/p>\n<ul>\n<li> abstinencia, que dispone a la moderaci\u00f3n en el uso de la comida;<\/li>\n<li> sobriedad, que nos inclina a la moderaci\u00f3n en el uso de bebidas espiritosas;<\/li>\n<li> castidad, que regula el apetito respecto a los placeres sexuales; a la castidad se puede reducir la modestia, la cual se relaciona con los actos subordinados al acto de reproducci\u00f3n. <\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify\">Las virtudes anexas a la templanza son:\n<\/p>\n<ul>\n<li>continencia, que de acuerdo a los escol\u00e1sticos, le proh\u00edbe a la voluntad consentir a movimientos violentos o concupiscencia.   <\/li>\n<li> humildad, que restringe los deseos desordenados de la propia excelencia;<\/li>\n<li> mansedumbre, que vigila los movimientos desordenados de la ira;<\/li>\n<li> modestia o decoro, que consiste en ordenar debidamente los movimientos externos de la ira; a la direcci\u00f3n de la raz\u00f3n.<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify\">A esta virtud de puede reducir lo que Arist\u00f3teles llama eutrapelia, o buen \u00e1nimo, buen humor, el cual dispone a la moderaci\u00f3n en los deportes, juegos y justas, seg\u00fan los dictados de la raz\u00f3n, tomando en consideraci\u00f3n la circunstancia de persona, temporada y lugar.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><b>Fortaleza<\/b>:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Seg\u00fan la templanza y sus virtudes anexas remueven de la voluntad los obst\u00e1culos al bien racional que surge de los placeres sensuales, as\u00ed la fortaleza remueve de la voluntad aquellos obst\u00e1culos que surgen de dificultades en hacer lo que requiere la raz\u00f3n.  Por lo tanto, la fortaleza, que implica cierto coraje y fuerza moral, es la virtud por la cual uno se enfrenta y padece peligros y dificultades, incluso la muerte misma, y nunca nos desalienta el miedo a perseguir el bien que dicta la raz\u00f3n.  (Vea fortaleza.)  Las virtudes anexas a la fortaleza son:\n<\/p>\n<ul>\n<li> Paciencia, que nos dispone a sobrellevar los males presentes con ecuanimidad; pues como el hombre valiente es el que reprime los miedos que lo hacen retraerse de enfrentar los peligros que la raz\u00f3n le dicta que debe arrostrar, as\u00ed tambi\u00e9n el hombre paciente es uno que sobrelleva los males presentes de tal modo de no dejarse abatir excesivamente por ellos;<\/li>\n<li> Munificencia, la que nos dispone a incurrir en grandes gastos para realizar adecuadamente una gran obra.  Difiere de la mera liberalidad en que no se refiere a gastos y donativos ordinarios, sino a aquellos que son grandes.  De ah\u00ed que el hombre munificiente es uno que da con generosidad reeal, que no hace las cosas en una escala mezquina sino magn\u00edfica, siempre, sin embargo, de acuerdo con la recta raz\u00f3n.  <\/li>\n<li> Magnanimidad; que implica el alcance del alma a grandes cosas, es la virtud que regula al hombre respecto a los honores.  El hombre magn\u00e1nimo tiene por objeto hacer grandes obras en toda l\u00ednea de virtud, por lo que es su prop\u00f3sito hacer cosas dignas de gran honor.  Ni la magnanimidad es incompatible con la verdadera humildad.  \u201cLa magnanimidad\u201d, dice Santo Tom\u00e1s, \u201chace a un hombre considerarse digno de grandes honores en consideraci\u00f3n a los dones divinos que posee; mientras que la humildad lo hace pensar poco de s\u00ed mismo en consideraci\u00f3n a sus propios defectos\u201d.<\/li>\n<li> Perseverancia es la virtud que nos dispone a continuar en la realizaci\u00f3n de buenas obras a pesar de las dificultades inherentes a ellas.  Como una virtud moral no se debe confundir precisamente con lo que se designa como perseverancia final, ese don especial de los predestinados por el cual uno se halla en el estado de gracia al momento de la muerte.  Se usa aqu\u00ed para designar la virtud que nos dispone a continuar cualquier obra buena no importa cu\u00e1l sea.  <\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify\">(Para un tratamiento m\u00e1s detallado de las cuatro principales virtudes morales, vea virtudes cardinales)\n<\/p>\n<h3>Virtudes Teologales<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify\">Todas las virtudes tienen como su \u00e1mbito final disponer al hombre a actos conducentes a su verdadera felicidad.  Sin embargo, la felicidad de la cual es capaz el hombre es doble, a saber:  natural, la cual se consigue por los poderes naturales del hombre, y sobrenatural, la cual excede la capacidad de la naturaleza humana sin ayuda. Dado que, por lo tanto, los principios meramente naturales de la acci\u00f3n humana son insuficientes para un fin sobrenatural, es necesario que el hombre sea dotado de poderes sobrenaturales que le permitan alcanzar su destino final.  Ahora bien, estos principios sobrenaturales no son m\u00e1s que las virtudes teologales.  Se llaman teologales\n<\/p>\n<ul>\n<li> 1. porque tienen a Dios por objeto inmediato y apropiado; <\/li>\n<li> 2.  porque son infundidas divinamente; <\/li>\n<li> 3. porque s\u00f3lo se conocen a trav\u00e9s de la Revelaci\u00f3n Divina.  <\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify\">Las virtudes teologales son tres, a saber:  fe, esperanza y caridad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><b>Fe<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La fe es una virtud infusa, por la que el intelecto se perfecciona por una luz sobrenatural, en virtud de la cual, en virtud de un movimiento sobrenatural de la voluntad, asiente con firmeza a las verdades de la Revelaci\u00f3n sobrenatural, no sobre el motivo de la evidencia intr\u00ednseca, sino sobre la \u00fanica raz\u00f3n de la autoridad infalible de Dios que revela.  Puesto que el hombre se orienta en el logro de la felicidad natural por principios de conocimiento conocidos por la luz natural de la raz\u00f3n, tambi\u00e9n en el logro de su destino sobrenatural su intelecto debe ser iluminado por ciertos principios sobrenaturales, es decir, las verdades reveladas divinamente.  (Vea fe).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><b>Esperanza<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Pero no s\u00f3lo el intelecto del hombre debe ser perfeccionado con respecto a su fin sobrenatural, sino que su voluntad tambi\u00e9n debe tender a ese fin, como un bien posible de alcanzar.  Ahora, la virtud, por la que se perfecciona la voluntad, es la virtud teologal de la esperanza.  Se define com\u00fanmente como una virtud divinamente infundida, por la que confiamos, con una confianza inquebrantable basada en la ayuda divina, para alcanzar la vida eterna.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><b>Caridad<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Pero la voluntad no s\u00f3lo debe tender hacia Dios, su fin \u00faltimo, sino que tambi\u00e9n debe estar unida a \u00e9l por una cierta conformidad.  Esta uni\u00f3n espiritual o conformidad, por la cual el alma est\u00e1 unida a Dios, el soberano bien, se realiza por la caridad.  La caridad es, pues, la virtud teol\u00f3gica por la cual Dios, nuestro fin \u00faltimo, conocido por la luz sobrenatural, es amado por raz\u00f3n de su bondad intr\u00ednseca o amabilidad, y nuestro querido vecino a causa de Dios.  Se diferencia de la fe, en que no considera a Dios bajo el aspecto de la verdad, sino del bien.  Se diferencia de la esperanza en la medida en que se refiere a Dios no como nuestro bien, precisamente (nobis bonum), sino como bien en s\u00ed mismo (in se bonum).  Pero este amor de Dios tan bueno en s\u00ed mismo no excluye, como afirmaban los quietistas, el amor de Dios, puesto que \u00c9l es nuestro bien (v\u00e9ase quietismo).    Con respecto al amor al pr\u00f3jimo, cae dentro de la virtud teologal de la caridad en la medida en que su motivaci\u00f3n es el amor sobrenatural de Dios, y se distingue as\u00ed del simple afecto natural.  De las tres virtudes teologales, la caridad es la m\u00e1s excelente.  La fe y la esperanza, que envuelven como lo hacen una cierta imperfecci\u00f3n, a saber, la oscuridad de luz y la ausencia de posesi\u00f3n, cesar\u00e1n con esta vida, pero la caridad que no implica ning\u00fan defecto esencial durar\u00e1 para siempre.  Adem\u00e1s, como la caridad excluye todo pecado mortal, la fe y la esperanza son compatibles con el pecado mortal; pero, como tales, son s\u00f3lo virtudes imperfectas; es s\u00f3lo cuando son informadas y vivificadas por la caridad que sus actos son meritorios de la vida eterna (v\u00e9ase virtud teologal de la caridad).\n<\/p>\n<h2>Causas de la Virtud<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify\">Para el intelecto humano, los principios b\u00e1sicos del conocimiento, tanto especulativos como morales, son connaturales; para la voluntad humana la tendencia al bien racional es connatural.  Ahora bien, estos principios conocibles naturalmente y estas tendencias naturales al bien constituyen las semillas o g\u00e9rmenes de donde surgen las virtudes intelectuales y morales.  Adem\u00e1s por razones del temperamento natural individual, resultante de las condiciones fisiol\u00f3gicas, los individuos particulares est\u00e1n mejor dispuestos que otros a las virtudes particulares.  As\u00ed, ciertas personas tienen una aptitud natural respecto a la ciencia, otros a la templanza y otros a la fortaleza.  Por lo tanto se puede asignar la naturaleza misma como la causa radical de las virtudes intelectuales y morales, o la causa de esas virtudes vistas en su estado embrionario.  En su estado perfecto y completamente desarrollado, sin embargo, las antedichas virtudes son causadas o adquiridas por actos repetidos frecuentemente.  As\u00ed, por actos m\u00faltiples las virtudes morales se generan en las facultades del apetito en la medida en que la raz\u00f3n act\u00faa sobre ellas, y la determinaci\u00f3n de los primeros principios (v\u00e9ase h\u00e1bito).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Las virtudes sobrenaturales son inmediatamente causadas o infundidas por Dios.  Sin embargo, una virtud puede llamarse infusa de dos maneras: en primer lugar, cuando por su misma naturaleza (per se) puede ser efectivamente producida s\u00f3lo por Dios; en segundo lugar, de forma accidental (per accidens) en que puede ser adquirida por nuestros propios actos, pero es infundida por un designio divino, como en el caso de Ad\u00e1n y Cristo.  Ahora bien, adem\u00e1s de las virtudes teologales, de acuerdo con la doctrina de Santo Tom\u00e1s, hay tambi\u00e9n virtudes morales e intelectuales de su misma naturaleza infundidas divinamente, como la prudencia, justicia, fortaleza y templanza.  Estas virtudes infusas difieren de las virtudes adquiridas\n<\/p>\n<ul>\n<li> en cuanto a su principio de eficacia, siendo causadas inmediatamente por Dios, mientras que las virtudes adquiridas son causadas por actos de una fuerza vital creada;<\/li>\n<li>  por raz\u00f3n de su principio radical, pues las virtudes infusas se derivan de la gracia santificante como su fuente, mientras que las virtudes adquiridas no est\u00e1n esencialmente relacionadas con la gracia;<\/li>\n<li> por raz\u00f3n de los actos que provocan, al ser los de virtudes infundidas intr\u00ednsecamente sobrenaturales y los de las adquiridas no exceden la capacidad de la naturaleza humana; <\/li>\n<li> mientras que un pecado mortal destruye las virtudes infusas, los actos de pecado mortal no son necesariamente incompatibles con las virtudes adquiridas, puesto que los actos contrarios no se oponen directamente al correspondiente h\u00e1bito contrario. <\/li>\n<\/ul>\n<h2>Propiedades de las Virtudes<\/h2>\n<h3>La Media de las Virtudes<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify\">Una de las propiedades de las virtudes es que consisten en el justo medio, es decir, en lo que se encuentra entre el exceso y el d\u00e9ficit.   Porque as\u00ed como la perfecci\u00f3n de las cosas sujetas a la norma consiste en la conformidad con esta norma, as\u00ed tambi\u00e9n el mal en esas mismas cosas resulta de la desviaci\u00f3n de esta norma, ya sea por exceso o defecto.   De ah\u00ed que la perfecci\u00f3n de las virtudes morales consiste en conformar los movimientos de los poderes del apetito a su propia regla, que es la raz\u00f3n, ni m\u00e1s all\u00e1 ni por debajo de ella.   As\u00ed, la fortaleza, que hace a uno valiente para enfrentar los peligros, evita por un lado la audacia temeraria y por el otro la timidez excesiva.  Este justo medio, que consiste en la conformidad con la recta raz\u00f3n, a veces coincide con la media de la cosa objetivo (medium rei), como en el caso de la virtud de la justicia, lo que da a cada hombre lo debido, ni m\u00e1s ni menos.   Sin embargo, el justo medio a veces se toma en referencia a nosotros mismos, como en el caso de las dem\u00e1s virtudes morales, a saber, la fortaleza y la templanza.   Puesto que estas virtudes se refieren a las pasiones interiores, en el que no se puede fijar invariablemente la norma de lo correcto, en diferentes individuos var\u00edan con respecto a las pasiones.   As\u00ed, lo que ser\u00eda la moderaci\u00f3n en uno ser\u00eda el exceso en otro.    Aqu\u00ed tambi\u00e9n cabe se\u00f1alar que el medio y los extremos en las acciones y las pasiones se determinar\u00e1n seg\u00fan las circunstancias, que pueden variar.   Por lo tanto, con respecto a cierta virtud, lo que puede ser un extremo de acuerdo a una circunstancia puede ser una media de acuerdo a otra.   As\u00ed, la castidad perpetua, que renuncia a todos los placeres sexuales, y la pobreza voluntaria, que renuncia a todos los bienes temporales, son virtudes verdaderas, cuando son ejercidas por el motivo de ganar m\u00e1s seguramente la vida eterna.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Con respecto a las virtudes intelectuales, su justo medio es la verdad o la conformidad a la realidad, mientras que el exceso consiste en una falsa afirmaci\u00f3n, y el defecto en una falsa negaci\u00f3n.   Las virtudes teologales no constituyen una media absolutamente (per se), ya que su objeto es algo infinito.   As\u00ed que nunca podremos amar a Dios en exceso.   Accidental (per accidens), sin embargo, lo que es extremo o media en las virtudes teologales puede considerarse relativamente a nosotros mismos.   As\u00ed, aunque nunca se puede amar a Dios tanto como lo merece, todav\u00eda le podemos amar de acuerdo a nuestras fuerzas.\n<\/p>\n<h3>Conexi\u00f3n de las Virtudes<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify\">Otra caracter\u00edstica de las virtudes es su relaci\u00f3n entre s\u00ed.   Esta relaci\u00f3n rec\u00edproca existe entre las virtudes morales en su estado perfecto estado.   \u00abLas virtudes\u00bb, dice San Gregorio, \u00absi se separan, no puede ser perfectas en la naturaleza de la virtud, pues no es verdadera prudencia la que no es justa y templado y valiente\u00bb.  La raz\u00f3n de esta conexi\u00f3n es que la virtud moral no puede lograrse sin la prudencia, porque es la funci\u00f3n de la virtud moral, al ser un h\u00e1bito electivo, hacer una elecci\u00f3n correcta, cuya rectitud de elecci\u00f3n debe ser dirigida por la prudencia.  Por otra parte la prudencia no puede existir sin las virtudes morales; porque la prudencia, siendo un m\u00e9todo correcto de conducta, tiene como principios de procedencia los extremos de conducta, a cuyos extremos uno se inclina debidamente a trav\u00e9s de las virtudes morales.   Las virtudes morales imperfectas, sin embargo, es decir, las inclinaciones a la virtud que resultan del temperamento natural, no est\u00e1n necesariamente conectadas entre s\u00ed.   As\u00ed, vemos a un hombre de temperamento natural presto a actos de liberalidad y no presto a los actos de castidad.  Las virtudes morales naturales o adquiridas tampoco est\u00e1n necesariamente relacionadas con la caridad, aunque pueden ser de manera ocasional.   Pero las virtudes morales sobrenaturales son infundidas simult\u00e1neamente con la caridad.   Porque la caridad es el principio de todas las buenas obras referibles al destino sobrenatural del hombre.   Por lo tanto es necesario que se infundan al mismo tiempo con la caridad todas las virtudes morales por las que uno realiza los distintos tipos de buenas obras.   As\u00ed, las virtudes morales infusas no s\u00f3lo est\u00e1n conectadas debido a la prudencia, sino tambi\u00e9n debido a la caridad.   De ah\u00ed que el que pierde la caridad por el pecado mortal pierde toda la infusi\u00f3n, pero no las virtudes morales adquiridas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">A partir de la doctrina de la naturaleza y propiedades de las virtudes es muy claro el importante papel que desempe\u00f1an en la perfecci\u00f3n verdadera y real del hombre.   En la econom\u00eda de la Divina Providencia todas las criaturas, por el ejercicio de su actividad propia, deben tender a ese fin destinado para ellos por la sabidur\u00eda de una inteligencia infinita.   Pero, como la Sabidur\u00eda divina gobierna a las criaturas conforme a su naturaleza, el hombre debe tender a su destino final, no por un \u00edmpetu ciego, sino por el ejercicio de la raz\u00f3n y el libre albedr\u00edo.   Pero a medida que estas facultades, as\u00ed como las facultades sujetas a ellos, pueden ser ejercidas para las facultades sujetas a ellas, pueden ser ejercidas para bien o mal, las funciones propias de las virtudes es disponer estas diversas actividades ps\u00edquicas a actos conducentes al verdadero fin \u00faltimo del hombre, as\u00ed como la parte que el vicio juega en la vida racional del hombre es hacerle desistir de su destino final.  Si, pues, la excelencia de una cosa se mide por el fin para el cual est\u00e1 destinada, sin duda, entre los principios de acci\u00f3n m\u00e1s elevados del hombre, el que juega un papel m\u00e1s importante en su vida racional, espiritual y sobrenatural es el que en el verdadero sentido de la palabra son justamente llamadas virtudes.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<b>Bibliograf\u00eda<\/b>:  ARIST\u00d3TELES, \u00c9tica; PEDRO LOMBARDO, Sent., III, dist.XXV-XXXVI; SANTO TOM\u00c1S, Suma Teol. I-II., Q. LV-LXXXI, tr. RICKABY, Aquinas Ethicus; SUAREZ, De virtutibus; JOANNES A. S. THOMA, Cursus theologicus, Comment. in I-II; SALAMANTICENSES, Tractatus XII de virtutibus; BARRE, Tractatus de virtutibus; LEQUEUX, Man. Comp. doct. mor de virtut; BILLOT, De virtut, infusis; PESCH, De virtutibus theologicis et moralibus (Friburgo, 1900); JANVIER, Conf. de Notre Dame: La vertu (Par\u00eds, 1906); RICKABY, Moral Fil. (Londres, 1910); CRONIN, Ciencia de la \u00c9ica; ULLATHORNE, Base de las Virtudes Cristianas (Londres, 1888); MING, Examen de la Data de la \u00c9tica Moderna.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><b>Fuente<\/b>:  Waldron, Martin Augustine. \u00abVirtue.\u00bb The Catholic Encyclopedia. Vol. 15. New York: Robert Appleton Company, 1912.<br \/>\n<br \/>http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/15472a.htm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Traducido por Luz Mar\u00eda Hern\u00e1ndez Medina.\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Exo 18:21 escoge t\u00fa de entre .. varones de v Phi 4:8 si hay v alguna, si algo digno de alabanza 2Pe 1:5 a\u00f1adid a .. fe v; a la v, conocimiento lat\u00ed\u00adn, virtute. Disposici\u00f3n habitual del alma para las acciones conformes a la ley moral. 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