{"id":5754,"date":"2016-02-05T02:02:00","date_gmt":"2016-02-05T07:02:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/autoridad\/"},"modified":"2016-02-05T02:02:00","modified_gmt":"2016-02-05T07:02:00","slug":"autoridad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/autoridad\/","title":{"rendered":"AUTORIDAD"},"content":{"rendered":"<p>v. Dominio, Imperio, Poder, Potestad, Reino<br \/>\nMat 7:29; Mar 1:22 ense\u00f1aba como quien tiene a<br \/>\nMat 8:9; Luk 7:8 tambi\u00e9n yo soy hombre bajo a<br \/>\nMat 10:1; Mar 3:15; 6:7<\/p>\n<hr>\n<p>El derecho legal y\/o moral de ejercer poder, o poder que se posee con derecho. En la Biblia Dios es presentado como la autoridad m\u00e1xima, personal y la fuente de toda autoridad (Dan 4:34-35; compararDan 2:21; Dan 7:13-14; Rom 13:1). Dios dio autoridad a los reyes de Israel, a sacerdotes, a profetas y a la palabra escrita de Dios (Salmo 119).<\/p>\n<p>Autoridad (exousia) y poder (dynamis) se relacionan pero son diferentes (ver Luk 4:36). Jes\u00fas es un hombre bajo autoridad y con autoridad (Mat 7:29; Mat 8:9; Mar 1:27); da poder a sus disc\u00ed\u00adpulos de quitar demonios (Mat 10:1; Mar 3:15); hace lo que s\u00f3lo Dios puede hacer: perdona pecados (Mat 9:6); tiene control sobre la naturaleza (Mar 4:41); ejerce poder sobre la muerte (Joh 10:18); y como el Se\u00f1or resucitado tiene toda autoridad en la tierra y en el cielo (Mat 28:18).<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la exaltaci\u00f3n de Jes\u00fas, los ap\u00f3stoles desarrollaron el tema de la autoridad de Jes\u00fas, present\u00e1ndolo como un corregente con el Padre y poseyendo autoridad sobre todo el cosmos (Eph 1:20-23; Phi 2:1-11; Col 2:9-10; Rev 17:14).<\/p>\n<p>Otras formas de autoridad delegadas por Dios incluyen la del Estado (Rom 13:1 ss.), de los ap\u00f3stoles como pilares singulares de la iglesia y receptores de la revelaci\u00f3n divina (Luk 6:13; Eph 2:20) y del esposo como cabeza de la familia (1Co 11:3). Satan\u00e1s ha abusado de la autoridad y el poder que posee (Luk 22:53; Col 1:13) y ser\u00e1 castigado por ello.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Mundo Hispano<\/b><\/p>\n<p>(Jerarqu\u00ed\u00ada). Hay que obedecer a la autoridad.<\/p>\n<p> &#8211; De la Iglesia, porque quien desobedece a la Iglesia, desobedece a Jes\u00fas. Luc 10:16, Mat 16:19, Mat 18:18.<\/p>\n<p> &#8211; Civiles: Porque toda autoridad viene de Dios. Jua 19:11, Rom 13:1-6, 1Pe 2:13.<\/p>\n<p> &#8211; Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. Hec 4:19.<\/p>\n<p> &#8211; Autoridad como servicio. Luc 22:26, Mat 20:27-28, Jua 13:13-15.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano<br \/>\nDr. J. Dominguez<\/p>\n<p>http:\/\/biblia.com\/diccionario\/<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano<\/b><\/p>\n<p>Poder que tiene una persona para hacer o decir algo leg\u00ed\u00adtimamente. Eso que lo faculta para ello. El t\u00e9rmino est\u00e1 asociado a conceptos de fuerza y potencia, as\u00ed\u00ad como de jerarqu\u00ed\u00ada. \u2020\u0153La palabra del rey es con potestad, \u00bfy qui\u00e9n le dir\u00e1: \u00bfQu\u00e9 haces?\u2020\u009d (Ecl 8:4). A esas ideas de poder, fuerza, potencia y jerarqu\u00ed\u00ada se a\u00f1ade el concepto de legitimidad. As\u00ed\u00ad, cuando Dios env\u00ed\u00ada por Isa\u00ed\u00adas un mensaje al mayordomo y tesorero \u2020\u00a2Sebna, le dice: \u2020\u0153En aquel d\u00ed\u00ada llamar\u00e9 a mi siervo Eliaquim hijo de Hilc\u00ed\u00adas, y lo vestir\u00e9 de tus vestiduras, y lo ce\u00f1ir\u00e9 de tu talabarte, y entregar\u00e9 en sus manos tu potestad&#8230;\u2020\u009d (Isa 22:20-21). En el NT la palabra que se utiliza es exous\u00ed\u00ada, tom\u00e1ndose el significado com\u00fan de \u2020\u0153mando\u2020\u009d, como en el caso del centuri\u00f3n de Capernaum, que dijo al Se\u00f1or Jes\u00fas: \u2020\u0153Tambi\u00e9n yo soy hombre bajo a., y tengo bajo mis \u00f3rdenes soldados&#8230;\u2020\u009d (Mat 8:8-9).<\/p>\n<p>Dios es el \u00fanico que tiene el poder de hacer lo que quiere soberanamente. Y como creador de todo lo que existe, tiene el derecho de hacer lo que le plazca con su creaci\u00f3n. Por eso s\u00f3lo \u00e9l tiene plena y total a. Como un alfarero tiene a. para hacer con el barro lo que bien le parezca (\u2020\u0153\u00bfO no tiene potestad el alfarero sobre el barro&#8230;\u2020\u009d [Rom 9:21]), Dios tiene todo el derecho de actuar con soberan\u00ed\u00ada sobre su creaci\u00f3n, sin referencia a ning\u00fan otro poder y sin tener que contestar preguntas a nadie. Por eso, tambi\u00e9n tiene poder para delegar su a. Por lo cual ense\u00f1a Pablo que \u2020\u0153no hay a. sino de parte de Dios y las que hay, por Dios han sido establecidas\u2020\u009d (Rom 13:1).<br \/>\nmismo Satan\u00e1s es presentado en la Escritura con ejercicio de a. como \u2020\u0153pr\u00ed\u00adncipe de este mundo\u2020\u009d (Jua 12:31; Jua 14:30; Jua 16:11). Incluso se le llama \u2020\u0153el dios de este siglo\u2020\u009d (2Co 4:4). Cuando tent\u00f3 al Se\u00f1or Jes\u00fas mostr\u00e1ndole \u2020\u0153todos los reinos de la tierra\u2020\u009d, le dijo: \u2020\u0153A ti te dar\u00e9 toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque a m\u00ed\u00ad me ha sido entregada, y a quien quiero la doy\u2020\u009d (Luc 4:5-6). Cristo rechaz\u00f3 la propuesta, pero en Apo 13:2, Apo 13:4, Apo 13:12 aparece Satan\u00e1s delegando ese poder. Los hombres \u2020\u0153est\u00e1n cautivos a voluntad de \u00e9l\u2020\u009d (2Ti 2:26), pero \u2020\u0153para esto apareci\u00f3 el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo\u2020\u009d, y librarlos de su a. (1Jn 3:8). Esa a. del Se\u00f1or Jes\u00fas se vio en su forma de tratar a los demonios, por lo cual los que fueron testigos de sus hechos \u2020\u0153estaban todos maravillados, y hablaban unos a otros, diciendo: \u00bfQu\u00e9 palabra es esta, que con a. y poder manda a los esp\u00ed\u00adritus inmundos, y salen?\u2020\u009d (Luc 4:36). Aun los elementos se sujetan a su a., pues \u00e9l \u2020\u0153reprendi\u00f3 al viento y a las olas; y cesaron&#8230;\u2020\u009d, y se preguntaron los disc\u00ed\u00adpulos: \u2020\u0153\u00bfQui\u00e9n es \u00e9ste, que aun a los vientos y a las aguas manda, y le obedecen?\u2020\u009d (Luc 8:24-25).<\/p>\n<p>\u2020\u0153Los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo\u2020\u009d, al ver al Se\u00f1or Jes\u00fas ense\u00f1ar en el \u2020\u00a2templo, le preguntaron: \u2020\u0153\u00bfCon qu\u00e9 a. haces estas cosas? \u00bfy qui\u00e9n te dio esta a.?\u2020\u009d (Mat 21:23). Asombraba a los religiosos de su \u00e9poca que \u00e9l contrastara algunos mandamientos rab\u00ed\u00adnicos con \u00f3rdenes suyas, diciendo: \u2020\u0153Pero yo os digo&#8230;\u2020\u009d (Mat 5:18, Mat 5:20, Mat 5:22, Mat 5:28, etc\u00e9tera). Igualmente, cuando \u2020\u0153dijo al paral\u00ed\u00adtico: Hijo, tus pecados te son perdonados\u2020\u009d, pues \u2020\u0153cavilaban en sus corazones: &#8230; \u00bfQui\u00e9n puede perdonar pecados sino s\u00f3lo Dios?\u2020\u009d (Mar 2:1-12). El pueblo, por su parte, \u2020\u0153se admiraba\u2020\u009d de la doctrina del Se\u00f1or \u2020\u0153porque les ense\u00f1aba como quien tiene a., y no como los escribas\u2020\u009d (Mat 7:28-29). Esa a. le ven\u00ed\u00ada a Jes\u00fas como consecuencia de su condici\u00f3n de Mes\u00ed\u00adas, pues \u00e9l era el \u2020\u0153Hijo del Hombre\u2020\u009d, a quien Dios le hab\u00ed\u00ada dado \u2020\u0153a. de hacer juicio\u2020\u009d (Jua 5:27). Era tambi\u00e9n Hijo de Dios y su Padre le hab\u00ed\u00ada \u2020\u0153dado potestad sobre toda carne, para que d\u00e9 vida eterna a todos los\u2020\u009d que el mismo Dios le hab\u00ed\u00ada entregado (Jua 17:1-2). Por su vida de obediencia perfecta, su muerte en la cruz y su resurrecci\u00f3n, \u00e9l recibi\u00f3 \u2020\u0153toda potestad &#8230; en el cielo y en la tierra\u2020\u009d (Mat 28:18). Esto fue testificado por los ap\u00f3stoles. Pedro, en su serm\u00f3n del d\u00ed\u00ada de Pentecost\u00e9s, dijo: \u2020\u0153Sepa, pues, ciert\u00ed\u00adsimamente toda la casa de Israel, que a este Jes\u00fas a quien vosotros crucific\u00e1steis, Dios le ha hecho Se\u00f1or y Cristo\u2020\u009d (Hch 2:36), y escribi\u00f3 en una de sus ep\u00ed\u00adstolas que tras \u2020\u0153la resurrecci\u00f3n de Jesucristo\u2020\u009d \u00e9ste subi\u00f3 \u2020\u0153al cielo\u2020\u009d donde est\u00e1 \u2020\u0153a la diestra de Dios; y a \u00e9l est\u00e1n sujetos \u00e1ngeles, a. y potestades\u2020\u009d (1Pe 3:21-22).<br \/>\n, entonces, toda a., la delega en sus siervos, a los cuales env\u00ed\u00ada con el mensaje del evangelio, como sus representantes o embajadores (Mat 10:40; 2Co 5:20). \u00e9l dijo: \u2020\u0153Como t\u00fa me enviaste al mundo, as\u00ed\u00ad yo los he enviado al mundo\u2020\u009d (Jua 17:18). Por eso el ap\u00f3stol Pablo pod\u00ed\u00ada hablar de \u2020\u0153nuestra a.\u2020\u009d (2Co 10:8) y actuaba \u2020\u0153conforme a la a. que el Se\u00f1or\u2020\u009d le hab\u00ed\u00ada dado \u2020\u0153para edificaci\u00f3n y no para destrucci\u00f3n\u2020\u009d (2Co 13:10). Los ap\u00f3stoles, entonces, ejerc\u00ed\u00adan su ministerio \u2020\u0153en el nombre de nuestro Se\u00f1or Jesucristo\u2020\u009d (1Co 5:4). As\u00ed\u00ad daban \u00f3rdenes y organizaban las iglesias (\u2020\u0153Os ordenamos &#8230; en el nombre de nuestro Se\u00f1or Jesucristo&#8230;\u2020\u009d [2Te 3:6]). Estas \u00f3rdenes deb\u00ed\u00adan ser acatadas como \u2020\u0153mandamientos del Se\u00f1or\u2020\u009d (1Co 14:37).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Cristiano<\/b><\/p>\n<p>tip, TIPO<\/p>\n<p>ver, ATAR Y DESATAR<\/p>\n<p>vet, Potestad de dirigir u ordenar, inherente o delegada. Toda la autoridad pertenece a Dios (Ro. 13:1). Todas las autoridades establecidas lo han sido por Dios (Ro. 13:2). Son m\u00faltiples las esferas en las que se ejerce la autoridad, y todos los depositarios de ella tienen ante Dios una profunda responsabilidad por el modo de ejercerla (cp. Jn. 19:11). En el AT hallamos primero la autoridad de Dios dada a Ad\u00e1n para el dominio del mundo (Gn. 1:28; Sal. 8:4-8; He. 2:6-8); despu\u00e9s esta autoridad pasa a No\u00e9 (Gn. 9:2-6) en gobierno, y pasa a los patriarcas. Los cabezas de familia, las cabezas de tribus, ejercen la autoridad. Surgen tambi\u00e9n los l\u00ed\u00adderes especialmente llamados por Dios para momentos de crisis, como Mois\u00e9s, Josu\u00e9, los jueces. La autoridad se institucionaliza en Israel con el sacerdocio (cp. Dt. 17:8-13), aunque hab\u00ed\u00ada instancias inferiores, como la del consejo de ancianos de las ciudades. M\u00e1s tarde, en el r\u00e9gimen mon\u00e1rquico, la autoridad divina es delegada en el rey (1 S. 10:1; 12:1, 13), que es un tipo del Mes\u00ed\u00adas, el Rey que Dios ha de imponer sobre esta tierra (Is. 9:6, 7). El Se\u00f1or Jes\u00fas afirma claramente que le es dada toda autoridad (Mt. 28:18). Esta autoridad se hab\u00ed\u00ada evidenciado en su ense\u00f1anza (Mt. 7:29), y en su dominio de la creaci\u00f3n (cp. Mr. 1:23-27; 4:35-41); y moralmente, para perdonar los pecados, como Dios verdadero (Mr. 2:1-12). El Se\u00f1or deleg\u00f3 Su autoridad en sus ap\u00f3stoles e iglesia. (V\u00e9ase ATAR Y DESATAR). Ordena tambi\u00e9n a los suyos que se sujeten a las autoridades y magistrados (Ro. 13:1, 2; Tit. 3:1; 1 P. 3:22) por causa de la conciencia, no por temor (Ro. 13:5), con la limitaci\u00f3n expresa de que en caso de conflicto abierto entre la autoridad sujeta a Dios y la autoridad directa de Dios, el creyente se halla sujeto a obedecer a Dios antes que a los hombres (Hch. 4:18-20). Esto no puede nunca justificar la rebeli\u00f3n contra la autoridad ni la violencia (cp. Ro. 13:2; 1 P. 3:8-17). Llegar\u00e1 el d\u00ed\u00ada del reino directo del Se\u00f1or Jes\u00fas (Ap. 10:10; 1 Co. 15:24). En el seno de la iglesia tiene su ejercicio y conducci\u00f3n en el temor del Se\u00f1or (cp. 2 Co. 10:18; 13:10; Tit. 2:15; 1 Co. 11:10); no debe ser ejercida al modo de los gentiles (Lc. 22:25), sino a ejemplo del Se\u00f1or, sirviendo a los dem\u00e1s (Mt. 20:25-28). Despu\u00e9s de la partida de los ap\u00f3stoles, el creyente tiene como autoridad \u00faltima la de Dios expresada en Su palabra (Hch. 20:32; 1 P. 1:13-21; Jn. 20:31).<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico Ilustrado<\/b><\/p>\n<p>[800]<br \/>\n Es la capacidad de mando, superioridad o ascendiente que se posee en referencia a un grupo humano que se muestra dependiente y sumiso.<\/p>\n<p>     Hay autoridad natural, impuesta por exigencias de la naturaleza (padres, maestros, poderes p\u00fablicos) y la hay artificial (imposici\u00f3n, coacci\u00f3n)<\/p>\n<p>     Hay formas de autoridad convenientes e incluso imprescindibles (familia, escuela, sociedad) y las hay inconvenientes (manipulaci\u00f3n, prepotencia, opresi\u00f3n)<\/p>\n<p>     La autoridad es una exigencia de la naturaleza humana y el hombre deja de ser hombre social si se niega a someterse a la que se ejerce dentro del orden y de la conveniencia.<\/p>\n<p>     El educador debe forma a las personas para aceptarla y para ejercerla, seg\u00fan la situaci\u00f3n en que se halle cada uno. Y no hay mejor forma de prepararse para ejercerla que la aceptaci\u00f3n oportuna y gozosa de ella cuando se es dependiente por edad, cultura, trabajo o voluntad propia.<\/p>\n<p>     La autoridad tiene que ver con el 4\u00c2\u00ba Mandamiento de la Ley de Dios y se halla en la entra\u00f1a del cristianismo. Dios quiso la autoridad natural de los padres y de cuantos hacen sus veces, quiso la autoridad en la sociedad por el hecho creacional y quiso la autoridad al elegir al pueblo de Israel: culto, gobernantes.<\/p>\n<p>    El mismo Jes\u00fas quiso una autoridad en su Iglesia, designando Ap\u00f3stoles (Mt. 10.2; Lc. 9.1); y poniendo al frente de ellos a Pedro (Mt.16.18).<\/p>\n<p>     Educar en la autoridad es una necesidad imperiosa en el orden natural y en el orden religioso de la revelaci\u00f3n. Lo contrario, negar la autoridad, es anarquismo, dif\u00ed\u00adcilmente compatible con el Evangelio.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>(v. obediencia, obispos, Papa, sociedad)<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>DJN<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nEn los pueblos extrab\u00ed\u00adblicos la autoridad del gobernante era pr\u00e1cticamente ilimitada. En Israel la autoridad del rey estaba subordinada a la de Dios (Os 8,14; 13,11); incluso en decisiones importantes deb\u00ed\u00ada contar previamente con el consejo del pueblo (1 Re 11,17; 23,1-3). El A. T. establece el principio de que toda autoridad proviene de Dios, porque Dios mismo es el que elige expresamente rey (1 Sam 8,22; 10,24). Eso implica que una subversi\u00f3n, un atentado contra el rey, lo es contra el mismo Dios (Ex 22,28; Eclo 10,5). En el N. T. rigen pr\u00e1cticamente los mismos principios. Oponerse a la autoridad constituida es oponerse a Dios, pues hombre de gobierno es como un ministro de Dios. Esto comporta, al propio tiempo, que la autoridad no puede abusar nunca de su poder. La autoridad tiene siempre un modelo al que imitar: Jesucristo, que vino a servir, nunca a ser servido (Mc 10,45). El gobernante se debe a los gobernados, nunca al rev\u00e9s. La autoridad est\u00e1 limitada y regida por el orden jur\u00ed\u00addico, pol\u00ed\u00adtico, social y moral. El gobernante goza de una autoridad delegada (Jn 19,11) al servicio del pueblo donde de verdad reside el poder. La autoridad, por tanto, debe rechazar de plano la tentaci\u00f3n de despotismo o abuso arbitrario, parcial y caprichoso del poder que ostenta (Mc 10,42; Lc 22,25). El que manda debe ser como el que sirve (Lc 22,26). El que quiera ser grande y sobresalir por encima de todos, debe hacerse servidor de todos (Mc 10,43ss). Si estos principios valen para toda autoridad, civil o religiosa, deben aplicarse de una manera especial para esta \u00faltima, para los presb\u00ed\u00adteros, que deben apacentar el reba\u00f1o que Dios les ha confiado, no por la fuerza, ni por s\u00f3rdido lucro, como dominadores o tiranos, sino con prontitud generosa y como servidores del reba\u00f1o al que apacientan (1 Pe 5,1-4). El usurpador del poder de la autoridad divina es el diablo (Lc 4,6; 22,53). Jesucristo es el que de verdad tiene toda la autoridad de Dios, que ejerce en r\u00e9gimen de libertad plena (Mt 21,23-27; Mc 11,27-3 Lc 20,1-8). Una autoridad que delega en plenitud en sus disc\u00ed\u00adpulos (Mt 10,1) y que ellos deben ejercer como un servicio a todos los hombres (Mt 20,25-28; Mc 10,42-45; Lc 22,24-27). Pero Jesucristo no vino a derrocar la autoridad civil. Pablo dice que hay que obedecer a la autoridad establecida: \u00abTodos han de estar sometidos a las autoridades superiores, pues no hay autoridad sino bajo de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas, de suerte que quien resiste a la autoridad, resiste a la autoridad de Dios, y los que la resisten, se atraen sobre s\u00ed\u00ad la condenaci\u00f3n\u00bb (Rom 13,1-2). El cristiano goza de plena libertad y no debe someterse al yugo de la esclavitud y de la servidumbre (G\u00e1l 5,1), pero esto no le da pie para resistir sin m\u00e1s y para oponerse a la autoridad pol\u00ed\u00adtica. Esta libertad le exige la total sumisi\u00f3n a la voluntad divina (Rom 6,18-22; G\u00e1l 5,13). -> .<\/p>\n<p>E. M. N.<\/p>\n<p>FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret<\/b><\/p>\n<p>(-> amistad, jerarqu\u00ed\u00ada, exorcismos, Iglesia). Constituye uno de los motivos b\u00e1sicos de la Biblia, que es libro religioso y social, centrado en la creatividad gratuita, no impositiva, de Dios, que capacita a los hombres para \u00abcrecer, multiplicarse y actuar como se\u00f1ores de los animales y las cosas de la tierra\u00bb (cf. Gn 1,28). Est\u00e1 vinculada al tema del poder. La autoridad, que en griego tiende a decirse exousia (cf. Mc 1,22.27; Mt 28,18), es la capacidad liberadora del hombre que ayuda a otros a vivir, sin imponerse sobre ellos. Por el contrario, el poder, que tiende a  decirse en griego dynamis y kratos, est\u00e1 m\u00e1s vinculado a la capacidad de imposici\u00f3n. De todas formas, los t\u00e9rminos pueden tomar matices m\u00e1s precisos que en este diccionario (que no es de tipo exeg\u00e9tico, sino teol\u00f3gico) no vamos a recoger. Por eso, lo que aqu\u00ed\u00ad digo sobre la autoridad puede y debe completarse con lo que a\u00f1ado en el tema del poder. Aqu\u00ed\u00ad me ocupo de la autoridad creadora-liberadora de Jes\u00fas y de la Iglesia, entendida no como poder de imposici\u00f3n, sino como principio de creatividad y comuni\u00f3n.<\/p>\n<p>(1) Jes\u00fas y los exorcismos. Acusaci\u00f3n de los escribas. El tema aparece ya en el comienzo del evangelio de Marcos. Jes\u00fas entra en una sinagoga, donde los escribas interpretan la Ley, pero son incapaces de liberar a un poseso. Jes\u00fas lo hace y la gente se admira \u00abporque ense\u00f1a con autoridad, y no como los escribas\u00bb (Mc 1,22.27). Esta es su autoridad, su capacidad de romper la opresi\u00f3n de lo diab\u00f3lico, ayudando a los hombres a vivir en gratuidad. En ese contexto se sit\u00faa otro texto b\u00e1sico que trata sobre el origen y sentido de su autoridad, en relaci\u00f3n con los exorcismos: Mc 3,22-30 y par. Los escribas defienden la autoridad de la Ley y de las normas de vida nacionales (jud\u00ed\u00adas), como principio y garant\u00ed\u00ada de vida para el pueblo. Jes\u00fas sit\u00faa en primer lugar la autoridad para curar a los enfermos y posesos, integr\u00e1ndolos en su movimiento. Est\u00e1 en juego la forma de luchar contra Sat\u00e1n y edificar la comuni\u00f3n humana. Los escribas piensan que la Ley garantiza la unidad y santidad del pueblo, aunque ello exija la exclusi\u00f3n de los impuros. Jes\u00fas, en cambio, insiste en la grandeza y dignidad de esos excluidos, acogi\u00e9ndolos en su movimiento; por ello le acusan diciendo que su autoridad es sat\u00e1nica, de manera que expulsa a los demonios (= realiza los exorcismos) con el poder de Belceb\u00fa*, pr\u00ed\u00adncipe de los demonios (Mt 12,24; Mc 3,22; Lc 11,15).<\/p>\n<p>(2) Respuesta de Jes\u00fas. Desde ah\u00ed\u00ad podemos comentar la doble respuesta de Jes\u00fas, una m\u00e1s propia de Marcos, otra de Q. (a) Marcos. Lc han llamado agente de Belceb\u00fa o Satan\u00e1s (= Diablo), rey y jefe de los poderes destructores, que domina sobre demonios incontables y tiene as\u00ed\u00ad a los hombres sometidos. Eso significa que los exorcismos de Jes\u00fas ser\u00ed\u00adan una estratage ma del Diablo, que le permite curar a unos pocos enfermos, para enga\u00f1ar mejor a todo el pueblo, destruyendo as\u00ed\u00ad la Ley sagrada. Jes\u00fas contesta: no es agente sino enemigo del Diablo y sus exorcismos son expresi\u00f3n de la presencia bondadosa, sanadora de Dios que ofrece palabra y libertad a los posesos. S\u00f3lo puede curar enfermos alguien que es m\u00e1s fuerte que el Diablo; la curaci\u00f3n de los posesos no es nunca una obra sat\u00e1nica (Mc 3,23-26). (b) Q (Mateo y Lucas). Jes\u00fas afirma que Dios realiza su acci\u00f3n salvadora a trav\u00e9s de sus exorcismos. Con el Dedo de Dios (Le) que es su Esp\u00ed\u00adritu (Mt) cura a los enfermos, destruyendo as\u00ed\u00ad el poder del Diablo y ofreciendo a los hombres el reino de Dios (Mt 12,28; Lc 11,20). La autoridad queda seg\u00fan eso definida por el Esp\u00ed\u00adritu. Los escribas supon\u00ed\u00adan que el Esp\u00ed\u00adritu de Dios defiende la identidad de la Ley nacional. Jes\u00fas, en cambio, vincula el Esp\u00ed\u00adritu con el poder de curaci\u00f3n de los excluidos, pues el signo m\u00e1ximo de Dios no es la Ley nacional; seg\u00fan eso, el Esp\u00ed\u00adritu o autoridad de Dios act\u00faa a trav\u00e9s de sus exorcismos, es decir, por la liberaci\u00f3n de los posesos. Este es un problema de dominaci\u00f3n y autoridad. Ciertamente, la locura (y en general la enfermedad) constituye un fen\u00f3meno complejo, de tipo psicosom\u00e1tico. Jes\u00fas ha descubierto en ella rasgos sat\u00e1nicos: aspectos de opresi\u00f3n social, relacionados precisamente con el tipo de cultura y religi\u00f3n que defienden los poderes establecidos (jud\u00ed\u00ados y romanos); por eso, sus exorcismos buscan la salud y vida de los humanos. L\u00f3gicamente, los representantes del sistema le consideran peligroso, porque busca el bien del hombre, por encima de las normas de seguridad del orden social y religioso. Jes\u00fas act\u00faa con la autoridad del Esp\u00ed\u00adritu de Dios, al servicio de los hombres, especialmente de los expulsados y marginados del sistema (posesos), rechazando toda magia que utiliza el poder y religi\u00f3n para esclavizar a los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>(3) La autoridad de Jes\u00fas. En esto consiste su milagro, entendida como principio de liberaci\u00f3n, sobre el \u00abpoder de opresi\u00f3n\u00bb de los esp\u00ed\u00adritus impuros. Lc han llamado endemoniado, pose\u00ed\u00addo por uno que es Fuerte (Sat\u00e1n), pero \u00e9l se define como portador de uno que es a\u00fan M\u00e1s Fuerte, el Esp\u00ed\u00adritu  Santo: nadie puede entrar en casa del Fuerte y apoderarse de sus armas si primero no apresa al Fuerte y entonces se apodera de su casa (Mc 3,27; Mt 12,29). Si un Fuerte armado custodia su plaza, est\u00e1n seguras sus posesiones, pero si viene uno M\u00e1s Fuerte y le derrota, tomar\u00e1 sus armas&#8230; (Lc 17,22). El Diablo (Belceb\u00fa) parec\u00ed\u00ada el Due\u00f1o de la mala Morada del mundo. Pero ha venido Jes\u00fas con un Poder M\u00e1s Fuerte y ha ofrecido a los posesos la Libertad de Dios frente al sistema destructor del Diablo. Seg\u00fan Jes\u00fas, el poderoso Esp\u00ed\u00adritu no act\u00faa en la guerra sagrada de Qumr\u00e1n, ni en la dura batalla de los pretendientes mesi\u00e1nicos, ni en la austera ley de los escribas, sino en la m\u00e1s intensa y sencilla labor de liberar a los posesos, de manera que as\u00ed\u00ad llega el cumplimiento de los tiempos: \u00absi yo expulso a los demonios con el dedo [Esp\u00ed\u00adritu] de Dios, es que el reino de Dios ha llegado a vosotros\u00bb. As\u00ed\u00ad, a modo de conclusi\u00f3n, podemos decir que la autoridad de Jes\u00fas es Potencia (Gebur\u00e1, Dynamis) de Dios y se expresa en la curaci\u00f3n de los enfermos (cf. Mc 5,30; 6,14). La autoridad de Jes\u00fas es Libertad creadora (exousia), para ense\u00f1ar, animar y curar a los enfermos (cf. Mc 1,22.27), perdonando los pecados (cf. Mc 2,10 par). La autoridad de Jes\u00fas es el mismo Esp\u00ed\u00adritu Santo (cf. Lc 4,18; 5,17). Jes\u00fas ha conferido esa autoridad a sus disc\u00ed\u00adpulos en vida (cf. Mc 3,15; 6,7) y, de un modo especial, tras la pascua, d\u00e1ndoles toda exousia en cielo y tierra (cf. Mc 28,18). En esto se muestra su autoridad: en curar enfermos, en acoger a los excluidos del sistema; por eso, no puede apelar a ning\u00fan poder geneal\u00f3gico o legal, sacral o militar (que son sistema), sino al Esp\u00ed\u00adritu de Dios, que es autoridad sobre el sistema. Evidentemente, los representantes del poder legal y sacral (sacerdotes y escribas) tendr\u00e1n que condenarle, seg\u00fan Ley, pues as\u00ed\u00ad lo exige su \u00abbuena\u00bb autoridad sagrada.<\/p>\n<p>(4) La autoridad de la Iglesia. (1) Atar V desatar. Es la autoridad que Jes\u00fas ha dado a sus disc\u00ed\u00adpulos, como sabe el final de Mateo (cf. Mt 28,18: exousia). De ella habla Lucas en el relato de Pentecost\u00e9s* (Hch 2); de ella habla Pablo en todas sus cartas (cf. 2 Cor 10,8; 13,10). En ese sentido decimos que cada comunidad tiene autoridad de atar y desatar, como at\u00f3 y desat\u00f3 Pedro en el co mienzo de la Iglesia (cf. Mt 16,17-19), ratificando con su autoridad la libertad de la Iglesia. En esa misma l\u00ed\u00adnea se sit\u00faa la autoridad de cada Iglesia o grupo de cristiano, como ha puesto de relieve el discurso eclesial de Mateo: \u00abTodo lo que at\u00e9is en la tierra ser\u00e1 atado en el cielo; y todo lo que desat\u00e9is en la tierra ser\u00e1 desatado en el cielo. Pues de nuevo os digo: si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra acerca de cualquier cosa que pidan, les ser\u00e1 dado por mi Padre que est\u00e1 en los cielos, porque donde est\u00e1n dos o tres congregados en mi nombre, all\u00ed\u00ad estoy yo en medio de ellos\u00bb (Mt 18,18-20). Los del \u00abconcilio\u00bb de Jerusal\u00e9n hab\u00ed\u00adan dicho: \u00abnos ha parecido al Esp\u00ed\u00adritu Santo y a nosotros&#8230;\u00bb (Hch 15,28), sabiendo que el Esp\u00ed\u00adritu Santo fundaba y ratificaba el consenso de la comunidad cristiana. Mateo ha formulado esa experiencia en lenguaje m\u00e1s rab\u00ed\u00adnico, concediendo a cada iglesia aquella autoridad que Pedro* hab\u00ed\u00ada desplegado en el principio de la Iglesia, fundando su \u00abley\u00bb para siempre (cf. Mt 16,19). Lo que Pedro tuvo y ejerci\u00f3 lo ejerce ahora la comunidad, que puede atar y desatar (de\u00f3 y ly\u00f3), es decir, acoger y expulsar, afirmar y negar, confirmar y abrogar. Los judeocristianos sosten\u00ed\u00adan que nadie puede desatar (ly\u00f3) los mandamientos de la Ley (5,19); pero Pedro hab\u00ed\u00ada recibido las llaves del Reino, como primer escriba, int\u00e9rprete del Mes\u00ed\u00adas, y as\u00ed\u00ad pudo atar y desatar, marcando la novedad de la Iglesia de Jes\u00fas (cf. Mt 16,1819). Pues bien, lo que hizo Pedro (para la Iglesia entera) puede y debe hacerlo cada comunidad, avalada por el mismo Cielo, no para fundar una nueva Iglesia, que ya est\u00e1 fundada, sino para recrear su sentido: puede \u00abatar\u00bb, es decir, impedir el surgimiento de un poder opresor; puede \u00abdesatar\u00bb, es decir, ofrecer un espacio de libertad en amor a los creyentes. Esto significa que la autoridad fundante no la tiene aqu\u00ed\u00ad un posible obispo, ni siquiera un concilio de obispos, sino cada comunidad en cuanto tal, esto es, los cristianos reunidos. Ciertamente, ellos podr\u00e1n nombrar y nombrar\u00e1n a sus representantes (presb\u00ed\u00adteros, obispos) con la autoridad de Dios que ellos poseen. Pero esos representantes no pueden separarse de la comunidad que representan y en cuyo nombre act\u00faan. Signo y presencia de Dios es aqu\u00ed\u00ad y para siempre la misma  comunidad. Eso significa que el di\u00e1logo de amor y comuni\u00f3n de los cristianos instituye y define la Iglesia. Por encima de toda jerarqu\u00ed\u00ada aislada, sobre todo poder individual que intenta imponerse a los dem\u00e1s, ha establecido Mt el buen principio israelita de la comuni\u00f3n fraterna como revelaci\u00f3n y signo de Dios sobre la tierra. Una comunidad que no es capaz de reunirse, expresando su perd\u00f3n y trazando sus fronterascaminos en di\u00e1logo fraterno, no es cristiana. Esta es la experiencia clave de la Iglesia, \u00e9ste su razonamiento y su dogma inicial, que no se expresa de manera abstracta (a trav\u00e9s de un puro racionalismo cr\u00ed\u00adtico), sino como gracia ofrecida por Jes\u00fas, asumida y cultivada en las comunidades.<\/p>\n<p>(5) Autoridad de la Iglesia. (2) Di\u00e1logo comunitario. La presencia y autoridad eclesial de Jes\u00fas se identifica con el mismo di\u00e1logo comunitario. La esencia de la Iglesia es el amor dialogal, la fraternidad de aquellos que son capaces de abrirse, acogerse y perdonarse unos a otros. As\u00ed\u00ad ha fijado Mateo la verdad y acci\u00f3n comunicativa, que se fundamenta en el Padre del cielo y se identifica con Jes\u00fas, que se define como Dios con nosotros (cf. Mt 1,23; 28,10). Esa comuni\u00f3n fraterna no brota de un esfuerzo (no es resultado de obras, que pueden regularse por ley), ni se organiza en un sistema judicial, sino que emerge y se cultiva en forma de oraci\u00f3n contemplativa: es don del Padre, presencia compartida de Jes\u00fas. La autoridad suprema de la Iglesia es la misma oraci\u00f3n del amor mutuo, la contemplaci\u00f3n comunitaria que se expresa all\u00ed\u00ad donde concuerdan dos o tres (symph\u00f3nein), pues el mismo Dios Padre avala su plegaria. Esta es una comuni\u00f3n orante: los hermanos descubren su necesidad ante Dios y se vinculan en plegaria. Esta es una comuni\u00f3n expansiva, que se abre desde los hermanos, que han de ser al menos dos o tres, seg\u00fan la tradici\u00f3n jud\u00ed\u00ada (Mt 18,16.19; cf. Dt 19,15). En un primer momento, los creyentes no intentan resolver problemas, disensiones o pecados, sino simplemente vivir y formar comunidad ante Dios o desde Dios. De esa forma se hacen Iglesia, presencia compartida de Jes\u00fas, pues se re\u00fanen en amor y gratuidad y les escucha el mismo Dios, de forma que alcanzan lo que piden. La segunda parte del texto aplica y ex plica esta experiencia de forma cristol\u00f3gica, diciendo \u00abdonde est\u00e9n dos o tres reunidos en mi nombre all\u00ed\u00ad estoy yo&#8230;\u00bb. Est\u00e1 Jes\u00fas como autoridad pascual (Emmanuel, Dios con nosotros: Mc 1,23) all\u00ed\u00ad donde sus disc\u00ed\u00adpulos extienden su discipulado hacia los pueblos de la tierra (Mt 28,20) y dialogan entre s\u00ed\u00ad (18,20). Cada comunidad cristiana, en di\u00e1logo con otras, puede y debe organizarse a s\u00ed\u00ad misma, pues los mismos hermanos reunidos en nombre de Jes\u00fas y desde el Padre son autoridad para admitir nuevos miembros, celebrar la eucarist\u00ed\u00ada y declarar, si fuere necesario, la exclusi\u00f3n de aquellos que se excluyen a s\u00ed\u00ad mismos, pues no quieren ser Iglesia (no aceptan el perd\u00f3n), recorriendo para ello los caminos adecuados. La Iglesia posterior se ha vuelto sistema sacral muy eficaz, organizado de forma unitaria (jer\u00e1rquica), pero ha corrido el riesgo de perder esta ra\u00ed\u00adz fraterna y evang\u00e9lica de Mateo, que est\u00e1 en la l\u00ed\u00adnea de lo que est\u00e1 empezando a realizar tambi\u00e9n (a finales del I d.C.) el judaismo de la federaci\u00f3n de sinagogas. Ciertamente, las iglesias forman la \u00fanica Iglesia de Jes\u00fas, fundada en la Roca de Pedro (cf. Mt 16,18-19), pero cada una es campo de fraternidad completa, capaz de acoger nuevos miembros y vivir con ellos en gratuidad y comuni\u00f3n personal.<\/p>\n<p>Cf. X. PIKAZA, Sistema, libertad, iglesia. Las instituciones del Nuevo Testamento, Trotta, Madrid 2001; H. VON CAMPENHAUSEN, Ecclesiastical Authority and Spiritual Power, Hendrickson, Peabody MA 1997.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n<p>El concepto de autoridad se deriva del mundo romano, donde tiene una importancia fundamental tanto en el terreno jur\u00ed\u00addico como en el pol\u00ed\u00adtico.<\/p>\n<p>Derivada etimol\u00f3gicamente del verbo augere (aumentar), la autoridad se sit\u00faa en un nivel distinto del dominio y del poder, entendidos como opresi\u00f3n o coacci\u00f3n. El t\u00e9rmino \u00abautoridad\u00bb fue introducido en el lenguaje eclesial por Tertuliano. En la Iglesia tienen autoridad los ap\u00f3stoles y las tradiciones que se vinculan a ellos. Sucesivamente se atribuy\u00f3 a ciertas personas (el papa y los obispos) o a instituciones (el Concilio) que tienen en la Iglesia el poder de tomar decisiones. L\u00f3gicamente, el t\u00e9rmino en cuanto tal no puede encontrarse en el Nuevo Testamento, pero hay otros que expresan esta idea. Por ejemplo, el t\u00e9rmino epitagh\u00e9, que indica la autoridad en el mando, con poder de vincular a los otros (cf. Tit 2,15). M\u00e1s usado es el t\u00e9rmino exous\u00ed\u008da, que referido a Cristo indica la autoridad y la capacidad de obrar que le ha conf\u00e9rido el Padre y que \u00e9l comunica a sus disc\u00ed\u00adpulos. En algunos textos (como Mt 10,1; Mc 3,151 etc.) se trata de la autoridad de echar demonios; en otros se trata de la exous\u00ed\u008da indispensable para desarrollar la autoridad apost\u00f3lica. En este sentido, cf. 2 Cor 10,8 y 13,10, Cristo resucitado transmite a los Doce el poder apost\u00f3lico para el tiempo de la Iglesia (cf. Mt 28,18-20.<\/p>\n<p>Jn21).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, la colaci\u00f3n de una autoridad est\u00e1 impl\u00ed\u00adcita en la instituci\u00f3n del apostolado realizada por Cristo. El t\u00e9rmino que en el Nuevo Testamento describe la forma que debe asumir el ejercicio de la autoridad entre los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas es el de diakon\u00ed\u008da (servicio). Es un concepto que contiene siempre un reflejo cristol\u00f3gico. Es fundamental en este sentido el texto de Lc 22,26-27: \u00abEntre vosotros, el m\u00e1s importante ha de ser como el menor, y el que manda como el que sirve&#8230; yo estov entre vosotros como el que sirve \u00ab.<\/p>\n<p>En eclesiolog\u00ed\u00ada, el t\u00e9rmino \u00bb autoridad\u00bb se conjuga con el de \u00abpotestad\u00bb La reciben los sagrados pastores de 1~ ordenaci\u00f3n sacerdotal. Se trata de una autoridad \u00abformal\u00bb, entendida como participaci\u00f3n en la autoridad de Cristo y que es al mismo tiempo carism\u00e1tica ~ jur\u00ed\u00addica. Seg\u00fan la doctrina cat\u00f3lica, ia \u00absuprema autoridad\u00bb en la Iglesia reside en el obispo de Roma, sucesor de Pedro Y cabeza visible de la Iglesia universal.- El orden de los obispos, \u00abjunto con su cabeza, el romano pont\u00ed\u00adfice, y nunca sin esta cabeza, es tambi\u00e9n sujeto de la suprema y plena potestad sobre la Iglesia universal, si bien no puede ejercer dicha potestad sin el consentimiento del romano pont\u00ed\u00adfice\u00bb (LG 22). A cada uno de los obispos, \u00abbajo la autoridad del sumo pont\u00ed\u00adfice\u00bb, se le ha encomendado el cuidado de una Iglesia particular (CD 1 1). Ba s\u00e1ndose en el testimonio b\u00ed\u00adblico y en el fundamento cristol\u00f3gico, el concilio Vaticano II recuerda que el oficio confiado por el Se\u00f1or a los pastores de su pueblo \u00bb es un verdadero servicio, que en la sagrada Escritura se llama con toda propiedad diakon\u00ed\u00ada, o sea ministerion (LG 24). El tema de la autoridad en la Iglesia es de los temas centrales en el di\u00e1logo ecum\u00e9nico. Se trata inevitablemente de \u00e9l siempre que se reflexiona sobre el tema del ministerio eclesi\u00e1stico.<\/p>\n<p> M. Semeraro<\/p>\n<p> Bibl.: G, Alberigo, Autoridad y poder en  NDT 75-92; J L. McKenzie, La autoridad en la Iglesia, Mensajero, Bilbao 1968; K, Rahner Teologia delpoder, en Escritos de teolog\u00ed\u00ada, 1V, Madrid 1964, 495-517.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>I. La postura del hombre moderno frente a la autoridad<br \/>\nPor lo com\u00fan, el hombre moderno adopta una postura ambivalente frente a toda a. Por un lado, tiene una fe extraordinaria en la a. y est\u00e1 enormemente \u00e1vido de ella. Esto se ve, p. ej., en la confianza y en las esperanzas que tiene puestas en las posibilidades y la capacidad de los expertos, pero tambi\u00e9n en su af\u00e1n de encontrar grandes l\u00ed\u00adderes, que para \u00e9l, muchas veces tienen m\u00e1s importancia que los programas objetivos, y de los cuales espera un progreso y un bienestar insospechados. La raz\u00f3n de esto est\u00e1, sin duda alguna, en los colosales progresos y conquistas culturales que se han dado en tantos campos y que hemos de agradecer a los especialistas y a la gran socializaci\u00f3n actual, cuyo soporte son las autoridades y sus \u00e9xitos. Pero no hay que ignorar que frecuentemente se tiende a hacer de una a. particular una a. total (as\u00ed\u00ad, p. ej., cuando se concede un valor excesivo a las declaraciones que los cient\u00ed\u00adficos hacen en un campo que no es el suyo).<\/p>\n<p>Por otro lado, con la misma frecuencia nos encontramos con una actitud claramente defens\u00ed\u00adva y desconfiada frente a la a., especialmente cuando \u00e9sta atenta contra la existencia personal. Pero muchas veces es s\u00f3lo un vago sentimiento de amenaza lo que el hombre percibe frente a la autoridad, la cual entonces aparece como mala y esclavizadora del hombre. Pues el hombre ha acumulado experiencias o conocimientos, frecuentemente traum\u00e1ticos, acerca del abuso de la a., o ve el enorme crecimiento del poder de casi todas las autoridades y considera que esta fuerza excesiva es algo totalmente desproporcionado. Pero ese crecimiento del poder de la a. est\u00e1 necesariamente condicionado por el desarrollo t\u00e9cnico de nuestra civilizaci\u00f3n, desarrollo que nos presenta unas posibilidades de mando y unas necesidades de coordinaci\u00f3n hasta ahora desconocidas. Estas posibilidades de gobierno se derivan del hecho de que los avances de la biolog\u00ed\u00ada, de la medicina, de la psicolog\u00ed\u00ada y de las ciencias sociales, de la -> ciencia en general, y las conquistas de la &#8211;>t\u00e9cnica, con sus medios de comunicaci\u00f3n y de poder, permiten una manipulaci\u00f3n del individuo y de las masas en grado tal, que en ciertas circunstancias puede desaparecer en gran parte incluso el ejercicio de la libertad en la esfera \u00ed\u00adntima. Las mismas Iglesias, por ejemplo, tienen la posibilidad de manipular masivamente la opini\u00f3n dentro del \u00e1mbito mismo de la -> conciencia. De la creciente multiformidad de nuestra cultura y de la interdependencia cada vez m\u00e1s intensa entre cada uno de los portadores de la cultura, se desprende tambi\u00e9n la necesidad de una coordinaci\u00f3n cada vez mayor de las fuerzas. A eso va unido el hecho de que aumenta constantemente la impotencia del individuo para abarcar el todo y la red de relaciones que \u00e9ste implica (-> formaci\u00f3n). Por eso \u00e9l depende cada vez m\u00e1s de la autoridad de otros hombres que, o bien le hacen posible la participaci\u00f3n en los adelantos de nuestra cultura, o bien, si no est\u00e1n suficientemente capacitados, en ocasiones pueden causarle da\u00f1os funestos. Adem\u00e1s, el hombre tiene el presentimiento de que las mismas autoridades se sienten terriblemente inseguras frente a los problemas del futuro. Con esto podemos comprender ya la . profunda crisis de a. que actualmente se da.<\/p>\n<p>Se intenta poner remedio a esa crisis por diversos caminos, entre otros: concediendo mayor responsabilidad al individuo dentro de la &#8211;> sociedad, democratizando toda nuestra vida social, acentuando la mayor\u00ed\u00ada de edad del seglar dentro de la Iglesia y la relaci\u00f3n de compa\u00f1erismo entre el maestro y el educando, as\u00ed\u00ad como mediante una concepci\u00f3n nueva del papel de la autoridad en la educaci\u00f3n. Toda reflexi\u00f3n que no quiera desviarse de la problem\u00e1tica actual de la a. tiene que tener en cuenta este trasfondo.<\/p>\n<p>II. Concepto<br \/>\n1. La expresi\u00f3n y su contenido proceden del \u00e1mbito cultural romano: auctoritas viene de auctor (autor, fomentador, garante, fiador) y de augere (multiplicar, enriquecer, hacer crecer). La autoridad, naturalmente, se ha ejercido en todo tiempo, pero no se debe a una pura casualidad el que este concepto proceda del mundo romano, que era objetivamente sobrio y ten\u00ed\u00ada una visi\u00f3n clara del derecho. En un principio, para el mundo romano auctoritas era un concepto jur\u00ed\u00addico y significaba garant\u00ed\u00ada por un negocio, responsabilidad por un pupilo, el peso de una decisi\u00f3n, entre otras cosas. Despu\u00e9s la a. se convierte en la propiedad permanente del autor y significa prestigio, dignidad, importancia, etc\u00e9tera, de la persona respectiva. Entre los romanos la a. del senado se convirti\u00f3 m\u00e1s tarde en instituci\u00f3n, de manera que era un deber jur\u00ed\u00addico escucharla, pero ella no ejerci\u00f3 por s\u00ed\u00ad misma poder de gobierno, el cual resid\u00ed\u00ada en el magistrado.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n hoy d\u00ed\u00ada se aplica este t\u00e9rmino, de forma an\u00e1loga, a aquellas personalidades que, debido a sus conocimientos o capacidades especiales, debido a su prestigio, a su importancia o a su funci\u00f3n oficial en la sociedad, son reconocidas como los gu\u00ed\u00adas o modelos a seguir. Seg\u00fan esto, hay una distinci\u00f3n entre a. personal y subjetiva y a, objetiva por el oficio.<\/p>\n<p>2. Es propio de la a. personal que el sujeto de la misma la haga patente en forma directa a trav\u00e9s de su superioridad personal, de cualquier clase que \u00e9sta sea, y al mismo que \u00e9l incite connaturalmente al reconocimiento de dicha superioridad por parte de los dem\u00e1s. Consecuentemente, quien posee a. s\u00f3lo la tiene en cuanto otros la aceptan en virtud de una real o supuesta superioridad y respetan la exigencia que ella implica. Naturalmente, esto no incluye que el hombre se doblega espont\u00e1neamente ante \u00e9sta con fe, obediencia y otras actitudes semejantes. Para esto se requiere m\u00e1s bien una decisi\u00f3n moral propia, la cual, de todos modos, presupone el reconocimiento de la a. en cuanto tal.<\/p>\n<p>3. La autoridad oficial es la potestad que se le atribuye a una persona, no por su propia importancia, sino a causa de una funci\u00f3n comunitaria que la sociedad le ha encomendado o, por lo menos, reconoce con respeto. Naturalmente, es de desear que el sujeto de la a. oficial goce tambi\u00e9n de a. personal, pero lo caracter\u00ed\u00adstico de la a. por el oficio consiste precisamente en el hecho de que ella est\u00e1 basada en una funci\u00f3n oficial para bien de la sociedad. Y, por tanto, la extensi\u00f3n y los l\u00ed\u00admites de su poder se derivan de las exigencias del cargo, y no de una superioridad personal. As\u00ed\u00ad es posible el caso de que un cargo que est\u00e1 sancionado por la sociedad y que es por tanto legal, pueda ser desempe\u00f1ado obligatoria y en consecuencia autoritativamente por un hombre incapaz e indigno. Y, en general, las acciones oficiales s\u00f3lo pueden realizarse y exigir reconocimiento dentro de los m\u00e1rgenes de la funci\u00f3n social.<\/p>\n<p>4. Solamente por la relaci\u00f3n a la a. personal o a la oficial cabe hablar de una a. inherente a ciertas cosas, p. ej., cuando se atribuye autoridad a un libro, a una instituci\u00f3n, a leyes, a s\u00ed\u00admbolos, etc. Estas cosas reciben su dignidad, valor, e importancia de su relaci\u00f3n con la autoridad personal, de la cual son expresi\u00f3n o signo, o de la que dan testimonio. A trav\u00e9s de las obras se pone de relieve y se tributa honor al autor. Pero si alguna vez -especialmente en el c\u00ed\u00adrculo cultural americano &#8211; se concede m\u00e1s respeto a los s\u00ed\u00admbolos que a los sujetos investidos de a., sin duda esto se debe al miedo a caer en un culto injustificado a la persona.<\/p>\n<p>III. Esencia<br \/>\n1. Seg\u00fan esto la esencia formal de la a. se puede caracterizar como superioridad personal, subjetiva u objetiva, que implica un car\u00e1cter de obligatoriedad en los otros. La a. acredita por s\u00ed\u00ad misma su valor ante los hombres que conviven con los sujetos investidos de a. Vista ontol\u00f3gicamente, tiene valor en cuanto participa, en cada caso de una manera distinta, de la plenitud del ser divino. Y, por su propia perfecci\u00f3n \u00f3ntica, la a. est\u00e1 en condiciones de ayudar a los que est\u00e1n en relaci\u00f3n con ella en la consecuci\u00f3n de su perfeccionamiento humano, mediante la participaci\u00f3n en el ser inherente a la misma a. Se puede decir en este sentido que toda a. viene de Dios y que ella s\u00f3lo justifica su existencia en la medida en que tiene perfecci\u00f3n y la proporciona, esclareciendo as\u00ed\u00ad la exigencia divina de que seamos perfectos como nuestro Padre celestial es perfecto.<\/p>\n<p>2. S\u00f3lo se puede tener a. frente a seres dotados de esp\u00ed\u00adritu, pues por la a. se apela a la raz\u00f3n y a la -> libertad del hombre. La a. se dirige al -> hombre, en cuanto persona aut\u00f3noma, y reclama su libre asentimiento espiritual. Pues su cometido es ayudar al hombre a que se perfeccione exigi\u00e9ndole su acci\u00f3n aut\u00f3noma. Por tanto, la a. en todas sus dimensiones, deber\u00ed\u00ada integrarse claramente y sin reservas en la libre decisi\u00f3n del que est\u00e1 sujeto a ella.<\/p>\n<p>Seg\u00fan esto, la libertad se distingue del -> poder y de la coacci\u00f3n. Poder es la capacidad de ejercitar la libertad propia sin el asentimiento antecedente de aquel otro con quien se comparte un espacio com\u00fan de libertad y, con ello, la capacidad de influir, sin asentimiento precedente del otro, en las condiciones previas de sus decisiones libres. Coacci\u00f3n, violencia, es, adem\u00e1s de esto, la imposici\u00f3n de la voluntad propia a otro contra la voluntad de \u00e9ste. As\u00ed\u00ad, el saber otorga a., en cuanto uno, debido a su saber, puede contar con ser o\u00ed\u00addo. El saber confiere poder en cuanto lleva en s\u00ed\u00ad la posibilidad de intervenir en la situaci\u00f3n del otro sin su asentimiento, y de crear unas condiciones previas de pensamiento que ya no permiten al otro entender un problema a la manera tradicional o en la forma que \u00e9l quer\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Seg\u00fan esto, la a. comienza cuando su potestad es reconocida libremente y termina all\u00ed\u00ad donde ella se transforma en poder. De eso se deduce claramente que lo t\u00ed\u00adpico de la a. consiste en el hecho de que apela a la libertad. Esto significa que con relaci\u00f3n a ni\u00f1os y menores de edad s\u00f3lo se puede hablar de a. en cuanto \u00e9stos son capaces de ejercitar la raz\u00f3n y la libertad. Frente a los animales o los locos no se puede ejercer ninguna a. De esto se sigue, adem\u00e1s, que la a. no se puede obtener con violencia, sino que s\u00f3lo puede irradiar por su fuerza persuasiva. Por consiguiente, la a. siempre va dirigida al comportamiento moral del hombre. S\u00f3lo puede ser ejercida en la medida en que aquellos a quienes se dirige son capaces de obrar moralmente. Pero puesto que el hombre, por su imperfecci\u00f3n radicada en muy diversos motivos, no es capaz de obrar moralmente m\u00e1s que de una forma limitada (&#8211;> acto moral), a veces es absolutamente necesario y justificado influir sobre los dem\u00e1s por medio del poder y de la coacci\u00f3n; pero este modo de proceder no es precisamente un acto de a. Dominar, guiar, educar, ejercer poder y ser o poseer a. no es simplemente la misma cosa. Todas estas actitudes guardan entre s\u00ed\u00ad una mutua relaci\u00f3n dial\u00e9ctica, y deber\u00ed\u00adan transformarse en a. de dominio, de gobierno, etc.; pero hay que tener en cuenta que, en nuestra constituci\u00f3n terrena y pecadora, no se puede alcanzar totalmente esta meta y que, por tanto, es necesario recurrir a un uso complementario de esos procedimientos.<\/p>\n<p>A esto se debe el que la a. oficial, la cual siempre va rodeada de derechos, privilegios y poder, de suyo s\u00f3lo mediatamente habla a la libertad del hombre particular, mientras su prop\u00f3sito inmediato es el de exigir el reconocimiento de la legitimidad o incluso necesidad de que el grupo en cuesti\u00f3n exista; y, como consecuencia, mediatamente invita tambi\u00e9n al reconocimiento del oficio y de las acciones oficiales que est\u00e1n a servicio de una determinada organizaci\u00f3n, pues el fundamento inmediato de la importancia de la a. oficial es la preponderancia de la sociedad frente al hombre particular. As\u00ed\u00ad, cualquier cargo y su a. deben ser entendidos siempre desde la sociedad, y no a la inversa. Esto significa que la a. oficial va tan lejos como lo requieren las exigencias de la sociedad, y que no puede pretender que la reconozcan m\u00e1s all\u00e1 de ese l\u00ed\u00admite. Seg\u00fan que una persona pertenezca libremente a una organizaci\u00f3n determinada o que obligatoriamente sea miembro de la sociedad, ella reconocer\u00e1 voluntariamente la a. o por lo menos la respetar\u00e1 necesariamente. Mas s\u00f3lo se trata de verdadera autoridad, a diferencia del mero poder o de la coacci\u00f3n, en la medida en que los sometidos a la a. afirman voluntariamente el orden necesario de la sociedad. En oposici\u00f3n a los que espont\u00e1neamente se doblegan ante la necesaria a. oficial, el anarquista no reconoce la existencia de ninguna a. oficial, por la raz\u00f3n de que \u00e9l no admite un encauzamiento de su libertad por parte de la sociedad. Por consiguiente, de la a. oficial tambi\u00e9n se puede decir, aunque de manera diferente, que habla a la libertad del hombre.<\/p>\n<p>3. Del hecho de que la a. habla a la libertad de los hombres se deriva una tercera caracter\u00ed\u00adstica de la a. Est\u00e1 siempre al servicio de los otros hombres y de la libertad de \u00e9stos. Expresado de otra manera: tiene siempre como fin la realizaci\u00f3n de los valores humanos y debe ayudar a los hombres subordinados a ella a que realicen su ser humano en una forma m\u00e1s plena. Pues la a. transmite siempre la llamada de una meta a la cual ella misma est\u00e1 subordinada y hacia la cual orienta a sus s\u00fabditos. Pero esta meta es siempre un fin adecuado al hombre en cuanto tal y, por esto, tiene en s\u00ed\u00ad un valor personal. Precisamente de aqu\u00ed\u00ad recibe la a. su dignidad y su valor. As\u00ed\u00ad la a. de la raz\u00f3n transmite la llamada de la verdad, a la cual nosotros tendemos por ella misma, y est\u00e1 a su servicio en cuanto intenta fundamentarla. Y la a. paterna act\u00faa al servicio de las exigencias del hombre adulto, del hombre que aut\u00f3nomamente sabe llevar a cabo sus distintos cometidos. Y as\u00ed\u00ad la a. paterna sirve a una meta educativa, a saber, en cuanto arranca al ni\u00f1o de su aprisionamiento en las tendencias, de su ignorancia y de su torpeza, lo educa para hacerlo un hombre maduro y aut\u00f3nomo.<\/p>\n<p>El fundamento propiamente antropol\u00f3gico de esta estructura de la a. radica en el hecho de que el hombre, como ser creado y libre, no s\u00f3lo es persona, sino que al mismo tiempo, en cuanto ser dotado de posibilidades ilimitadas a lo largo de su desarrollo hist\u00f3rico ha de convertirse en personalidad. Como el hombre desde su ra\u00ed\u00adz es en igual medida un ser individual y social, \u00e9l est\u00e1 en principio orientado a conseguir su perfecci\u00f3n en dependencia de otros, y esto sucede de tal manera que, a trav\u00e9s de las funciones mutuamente complementarias de la direcci\u00f3n y la sumisi\u00f3n, se va logrando aquel perfeccionamiento que el hombre, como ser bipolar, s\u00f3lo puede conseguir dentro de la sociedad. Sin embargo, no hemos de perder de vista que la a., puesto que tambi\u00e9n ella yerra y peca, no siempre lleva autom\u00e1ticamente a la perfecci\u00f3n, tal como algunas interpretaciones cl\u00e1sicas de la a. sol\u00ed\u00adan suponer con excesiva precipitaci\u00f3n.<\/p>\n<p>4. Puesto que toda perfecci\u00f3n humana tiene su norma decisiva y su valor en la subordinaci\u00f3n a Dios, una a. es tanto m\u00e1s perfecta cuanto m\u00e1s logra la subordinaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad misma y de sus s\u00fabditos a Dios. Mas a este respecto hay que tener en cuenta c\u00f3mo, dada la relativa autonom\u00ed\u00ada de las realidades terrestres, esa subordinaci\u00f3n a Dios ha de producirse en conformidad con la ley propia del concreto y limitado campo de acci\u00f3n de la a. respectiva. Una acentuaci\u00f3n exagerada de la relaci\u00f3n que las a. terrenas dicen a la transcendencia, conducir\u00ed\u00ada a un pseudosacralismo de las mismas, y constituir\u00ed\u00ada una amenaza contra el desarrollo de la a. en conformidad con sus tareas espec\u00ed\u00adficas dentro del mundo. Por otro lado, si las a. terrenas y sus s\u00fabditos no quedaran subordinados a Dios, eso conducir\u00ed\u00ada a que ellas se revistieran de un car\u00e1cter absoluto y a que manipularan arbitrariamente a sus subordinados en nombre de valores contingentes, pero elevados a un rango supremo en virtud de una decisi\u00f3n positiva. No se puede determinar a priori c\u00f3mo debe realizarse concretamente esta subordinaci\u00f3n de las a. a Dios, puesto que s\u00f3lo a posteriori cabe precisar si y hasta qu\u00e9 punto una a. colabora a la perfecci\u00f3n del hombre y, en consecuencia, representa la voluntad de Dios. Esto se debe a que los respectivos cometidos reales de la a. dependen de unas posibilidades que var\u00ed\u00adan constantemente. Por otro lado, ese cambio continuo de las posibilidades est\u00e1 condicionado por la &#8211;>historia y la historicidad del hombre, que se desarrolla libremente.<\/p>\n<p>5. De la misi\u00f3n de la a., que es ayudar a los hombres a conseguir su perfecci\u00f3n, se deduce una doble funci\u00f3n de la misma:<br \/>\na) La a. ejerce un papel substitutivo, representativo, y en este sentido, realiza una funci\u00f3n inaut\u00e9ntica, pues se trata de una tarea de tipo tutelar. Esa funci\u00f3n entra en acci\u00f3n cuando la a., con su direcci\u00f3n y servicio, preserva a hombres que bajo alg\u00fan aspecto son impotentes o menores de edad o no tienen autonom\u00ed\u00ada de que, a causa de su deficiente autosuficiencia, dejen de alcanzar aquel fin a cuyo servicio est\u00e1 la a. y que los necesitados de auxilio no pueden conseguir en la forma deseable para ellos y en la medida necesaria, simplemente por la raz\u00f3n de que les falta la autonom\u00ed\u00ada necesaria, pues si la tuvieran ser\u00ed\u00ada superflua la intervenci\u00f3n de la a. P. ej., mientras los ni\u00f1os no puedan tomar en sus propias manos las riendas de su destino y en la medida en que no puedan tomarlas, tienen que hacerlo por ellos los padres, precisamente para que de esta manera lleguen a su independencia y no perezcan. O bien, mientras los hombres no est\u00e9n en condiciones de realizar por su cuenta sus derechos fundamentales, p. ej., los relativos a la salud, al trabajo y a la formaci\u00f3n, en el grado necesario para la conservaci\u00f3n del individuo dentro de la civilizaci\u00f3n y de la sociedad concretas, el estado puede y debe en la medida de lo congruente dictar e imponer leyes, por ejemplo, acerca de la escolaridad obligatoria, de la seguridad social y de la vejez, contra el alcoholismo, etc.; pues de otro modo los s\u00fabditos de la a. destruir\u00ed\u00adan con su conducta las condiciones previas para su propio desarrollo aut\u00f3nomo. Esta a. intenta convencer y a la vez amenaza en bien de los que est\u00e1n confiados a ella e incluso, manteni\u00e9ndose en el l\u00ed\u00admite de lo necesario, recurre a la fuerza.<\/p>\n<p>Esta funci\u00f3n representativa de la a., en inter\u00e9s de su propio fin, ha de tender a hacerse innecesaria. As\u00ed\u00ad los educadores deben procurar hacerse innecesarios por amor al fin de la educaci\u00f3n, y el estado, como toda otra a., ha de conceder desde el principio tanta libertad como sea posible y fomentar su progresivo desarrollo. Pero, por otra parte, debe recurrir a la coacci\u00f3n tanto como sea necesario, mas a la vez dejando el mayor margen posible de libertad dentro de la coacci\u00f3n, para ser justo con el fin y con los hombres a los que se quiere servir. En este sentido, la funci\u00f3n representativa de la a. s\u00f3lo impropiamente es un cometido suyo, ya que ella ha de tender a hacerse innecesaria, y, adem\u00e1s, consigue su fin mediante la amenaza de coacci\u00f3n, la cual de suyo aspira e aliminarse a s\u00ed\u00ad misma. Pero hay que tener en cuenta que en muchos casos esta autoeliminaci\u00f3n no se alcanzar\u00e1 jam\u00e1s, debido a la imperfecci\u00f3n de los hombres, por un lado, y a la necesidad de alcanzar la meta a que la a. aspira, por otro lado. Todos nosotros necesitamos, desde alg\u00fan punto de vista, cuidados de tipo paternal o maternal, y, por tanto, de tipo autoritario.<\/p>\n<p>b) De esta funci\u00f3n substitutiva de la a. hay que distinguir una misi\u00f3n permanente, irrevocable y, en este sentido, esencial de la misma. Es su misi\u00f3n de crear orden, la cual ha de entrar en acci\u00f3n siempre que la meta representada por ella exija una uni\u00f3n de sus s\u00fabditos de cara a esa meta. Quiz\u00e1 donde veremos esto con m\u00e1s claridad es en la misi\u00f3n que tiene el &#8211;> estado de realizar la cultura objetiva, es decir, de coordinar el conjunto de las aportaciones culturales subjetivas de los ciudadanos, poni\u00e9ndolas a servicio del bien de la -> comunidad. En efecto, la realizaci\u00f3n de dicha cultura objetiva s\u00f3lo es posible a base de la diversidad de tareas y funciones desarrolladas por cada uno de los ciudadanos. Mas para que esta diversidad no sea causa de oposici\u00f3n y divisi\u00f3n, hay que distribuir y orientar las distintas funciones conforme a las exigencias del fin. Es preciso que se realice una unidad de acci\u00f3n; m\u00e1s todav\u00ed\u00ada, se debe dirigir y orientar los bienes de la -> cultura objetiva de tal manera que fomenten la cultura subjetiva de todos los miembros. Dicho de otro modo: el elemento formal de la sociedad es el orden, es decir, una feliz adaptaci\u00f3n de la multiplicidad y diversidad al mismo y \u00fanico fin. Toda sociedad es, por su esencia, una unidad de orden, y as\u00ed\u00ad tiene raz\u00f3n Tom\u00e1s de Aquino cuando dice que el cometido principal de la a. social es la conservaci\u00f3n del orden.<\/p>\n<p>Pero de aqu\u00ed\u00ad se deduce tambi\u00e9n lo siguiente: cuanto m\u00e1s variada y polifac\u00e9tica sea una sociedad, tanto m\u00e1s necesario es un orden de los miembros en virtud de la a. Una sociedad cultivada dispone de muchas m\u00e1s posibilidades que un pueblo primitivo. Pero si el orden consiste en la acomodaci\u00f3n de elementos m\u00faltiples y diversos a las necesidades del mismo fin, est\u00e1 claro que este orden se ir\u00e1 haciendo m\u00e1s variado y complejo en el grado y medida en que progrese la cultura. En este sentido, todo progreso hace cada vez m\u00e1s dif\u00ed\u00adcil la conservaci\u00f3n del orden y exige, sin embargo, que la a. lo realice, lo haga realidad en el sentido literal. La a. ha de conseguir eso a trav\u00e9s del conjunto de medidas e instituciones, cada vez m\u00e1s complicado, que llamamos sociedad. El cometido esencial de la a. social no se funda, por consiguiente, en la insuficiencia y en la claudicaci\u00f3n de sus miembros, sino que crece con el progreso social.<\/p>\n<p>Con esto queda tambi\u00e9n claro c\u00f3mo aquellos miembros de la sociedad que por propia inciativa y perfeccionando sus disposiciones personales fomentan la realizaci\u00f3n de lbs distintos cometidos de la cultura objetiva, no est\u00e1n en oposici\u00f3n con la vida social, sino que, por el contrario, posibilitan el enriquecimiento de \u00e9sta. Por consiguiente, si la a., en lugar de fomentar la iniciativa personal, la reprime, reprime eo ipso la variedad y, con ella, la fuente de una vida rica y fruct\u00ed\u00adfera (L. Janssens).<\/p>\n<p>Cuanto m\u00e1s desarrollada est\u00e1 una sociedad, tanta m\u00e1s a. se necesita. Cuanto mayor es el grado de madurez de una cultura objetiva, tanto mejor y m\u00e1s libremente puede desarrollarse el individuo. Y cuanto m\u00e1s se desarrolle la iniciativa personal, tanto m\u00e1s crecer\u00e1 la cultura objetiva. De esto se deduce que entre libertad y a., si se usa de ellas correctamente, hay una relaci\u00f3n que no es de oposici\u00f3n, sino complementaria. Libertad y a. se condicionan mutuamente, pues ambas est\u00e1n a servicio del hombre por su vinculaci\u00f3n a las personas y a sus valores, as\u00ed\u00ad como, en \u00faltimo t\u00e9rmino, a Dios.<\/p>\n<p>IV. Postulados<br \/>\n1. Puesto que las autoridades, limitadas por ser humanas, est\u00e1n siempre a servicio de unos concretos &#8211; y por ende tambi\u00e9n limitados -valores personales, deben cumplir su servicio al -> valor en cuesti\u00f3n de un modo adecuado a \u00e9l. Por eso el formalmente un\u00ed\u00advoco concepto de a. bajo el aspecto del contenido se refiere a muy diversas realidades an\u00e1logas. As\u00ed\u00ad p. ej., en cuanto al contenido, la a. de los -> padres, que se refiere, por un lado, a la educaci\u00f3n de los hijos y, por otro lado, al orden social de la -> familia, es distinta de la del maestro, que ha de realizar precisamente las tareas que los padres no pueden cumplir; o la a. del estado, que debe garantizar y realizar el bien com\u00fan de orden temporal, es esencialmente distinta de la de la ->Iglesia, la cual est\u00e1 a servicio de la salvaci\u00f3n sobrenatural. El contenido de una a. determinada no se puede averiguar, por tanto, m\u00e1s que confrontando el concepto formal de la esencia de la a. con la meta de la a. respectiva, meta que hay que precisar a posteriori. Cuanto m\u00e1s concretamente se pueda comprender esta meta, con tanta mayor exactitud se podr\u00e1 determinar las medidas que ha de tomar la a. Por tanto, de la misi\u00f3n de la a. eclesi\u00e1stica o civil, etc., hay que tratar oportunamente cuando se hable de la doctrina de la Iglesia, del estado, etc.<\/p>\n<p>Nunca se insistir\u00e1 suficientemente en este car\u00e1cter tan dispar de las diversas a., puesto que el ejercicio de la a. deber\u00ed\u00ada adoptar rasgos totalmente distintos seg\u00fan las respectivas tareas de las diferentes a. Por tanto, las pretensiones justas de la a. en cuesti\u00f3n de ben ser determinadas por el fin al que ella sirve. Por ej., si en el transcurso de la historia de la Iglesia siempre se hubiera tenido suficiente conciencia de esta idea, la a. eclesi\u00e1stica jam\u00e1s habr\u00ed\u00ada podido tomar en tal grado de la a. civil sus formas externas y la autoconcepci\u00f3n misma (cf. Y. CONGAR, L&#8217;eccl\u00e9siologie de la R\u00e9volution f rangaise au Concile du Vatican sous le signe de l&#8217;af firmation de l&#8217;autorit\u00e9: RSR 34 [1960], 77-104; id. Power and Poverty in the Church, Baltimore 1964; cf. p. ej., la aplicaci\u00f3n del concepto de \u00absocietas perfecta\u00bb a la &#8211;> Iglesia y al estado). La reflexi\u00f3n sobre los cometidos espec\u00ed\u00adficos de las diversas a. no ha progresado en todos los campos al mismo ritmo.<\/p>\n<p>2. Si se intenta deducir el cometido de la a. partiendo de sus caracter\u00ed\u00adsticas formales, hemos de pensar adem\u00e1s que el ejercicio leg\u00ed\u00adtimo de la a. no s\u00f3lo debe respetar la libertad, sino que tambi\u00e9n ha de promoverla. En consecuencia, ella debe guardarse de medidas autoritarias que le degradar\u00ed\u00adan, convirti\u00e9ndola en mero poder o incluso en fuerza f\u00ed\u00adsica. El poder no fomenta la libertad; la fuerza la elimina. El fundamento de todo proceder autoritario hay que buscarlo por lo com\u00fan en un presuntuoso orgullo o en una debilidad reprimida. Pero la a. verdadera es consciente de sus l\u00ed\u00admites e intenta ganarse a las personas con su fuerza de persuasi\u00f3n. Ella respeta la dignidad personal y la igualdad fundamental de aqu\u00e9llos cuya obediencia pide, e intenta, en consecuencia, aminorar la distancia social que pueda surgir por el hecho de que los mutuamente interreferidos en virtud de la relaci\u00f3n de a. ocupan un puesto supraordenado o subordinado.<\/p>\n<p>3. La funci\u00f3n de servicio que la a. tiene frente al hombre consiste precisamente en el ejercicio de la a., es decir, seg\u00fan los casos, en el cumplimiento de su tarea educativa, o santificadora, u ordenadora, etc. En consecuencia, desde este punto de vista la claudicaci\u00f3n consiste siempre en la renuncia al verdadero ejercicio de una determinada a. Pero aqu\u00ed\u00ad hemos de advertir c\u00f3mo la a. tiene que determinar el devenir de la personalidad del individuo en una forma, no s\u00f3lo externa y casual, sino tambi\u00e9n interna y esencial. Pues la concepci\u00f3n del liberalismo cl\u00e1sico, con su laissex faire, y la de la &#8211;> ilustraci\u00f3n, con su idea naturalista de que la naturaleza se va desarrollando correctamente por s\u00ed\u00ad misma, olvidan precisamente que el hombre es realmente libre, y por eso ha de conseguir la integraci\u00f3n de la naturaleza en la personalidad dirigiendo las leyes propias de aqu\u00e9lla a base de decisiones aut\u00f3nomas, las cuales no siempre son de antemano rectas y buenas. Ahora bien, la a. con su peso y apelando a la raz\u00f3n y a la libertad del otro, debe contribuir a un mayor acercamiento a la verdad y al bien. Una negligencia en el cometido que la a. ha de realizar significar\u00ed\u00ada por tanto que, quien se encuentra sujeto a ella, se ver\u00ed\u00ada total o parcialmente impedido en el desarrollo de sus posibilidades. Como la a. est\u00e1 obligada en igual manera al valor que ella representa y al hombre, a quien ha de ganarse por medio de la persuasi\u00f3n, la regla de oro de su proceder es: fortiter in re et suaviter in modo. Cuanto mejor sea la s\u00ed\u00adntesis entre el valor representado y el hombre a quien la a. se dirige, con tanta mayor perfecci\u00f3n alcanzar\u00e1 ella su fin. La raz\u00f3n de la falta de cumplimiento de las funciones que recaen sobre la a. hay que buscarla, normalmente, en el desinter\u00e9s ego\u00ed\u00adsta por los que necesitan de la a. o en el hecho de que alguien cree no estar a la altura de su misi\u00f3n. Parad\u00f3jicamente, a pesar de la importancia que en la moral tradicional se da a la sujeci\u00f3n a la a., la moral de la a. y del mando est\u00e1 todav\u00ed\u00ada bastante descuidada (cf. A. M\u00fcller). En orden a una elaboraci\u00f3n de dicha moral habr\u00ed\u00ada que tener en cuenta las experiencias con el moderno personal directivo (cf. H. Hartmann). Evidentemente, la forma de ejercer la a. como servicio al hombre depende a su vez del servicio que haya de prest\u00e1rsele, pues el amor servicial adopta formas muy distintas. Precisamente en el NT se destaca de una forma especial la funci\u00f3n de servicio de la a., as\u00ed\u00ad cuando en Lc 22, 24-27 se recalca c\u00f3mo el que manda debe ser como el que sirve, y cuando en la narraci\u00f3n del lavatorio de los pies (Jn 13, 1-17) la actitud de servicio del Maestro es presentada como un ejemplo para los disc\u00ed\u00adpulos.<\/p>\n<p>4. La a., que procede de Dios y est\u00e1 ordenada a \u00e9l, lograr\u00e1 mantener sus diversas funciones en una tensi\u00f3n equilibrada, si consigue en la mayor medula posible que se haga transparente la dimensi\u00f3n de su transcendencia hacia Dios, y as\u00ed\u00ad pone la propia superioridad y dignidad bajo la luz que le corresponde. Por esto, la a. se esforzar\u00e1 constantemente por vincular a los hombres, no a s\u00ed\u00ad misma, sino a nuestro origen y a nuestra meta por antonomasia. Esto significa que, p. ej., en la democracia una sumisi\u00f3n absoluta a la voluntad del pueblo ser\u00ed\u00ada una sujeci\u00f3n a la posible arbitrariedad del mismo. El .pueblo puede, es verdad, designar a los sujetos de la a., pero la potestad encarnada en ella no procede del pueblo, sino de Dios (teor\u00ed\u00ada de la designaci\u00f3n), ante quien, en \u00faltimo t\u00e9rmino, uno es responsable por el ejercicio del cargo. En este sentido, tambi\u00e9n P\u00ed\u00ado ix, en oposici\u00f3n a determinadas concepciones positiv\u00ed\u00adstas, rechaza en el Syllabus la sentencia siguiente: \u00abLa a. no es otra cosa que la suma del n\u00famero y el conjunto de fuerzas materiales\u00bb (Dz 1760). Esto mismo tiene validez mutatis mutandis con relaci\u00f3n a toda clase de a., de manera que, a la inversa, se puede decir: Una a. terrena que no se base en algo superior, se convierte en demon\u00ed\u00adaca y en simple poder arbitrario. Y esto se da bajo envoltura \u00abdial\u00e9ctica\u00bb incluso cuando la a. no quiere desplegar \u00abtotalitariamente\u00bb su propio poder, sino que, en una pseudo-renuncia a la carga de la responsabilidad del gobierno, se quiere limitar a ser mera objetivaci\u00f3n y \u00f3rgano ejecutivo de los deseos e intereses de sus s\u00fabditos.<\/p>\n<p>5. La actitud que se debe adoptar frente a la a. es, seg\u00fan el tipo de a., la postura de -> fe, de &#8211;> obediencia, de respeto, etc. Tambi\u00e9n la a. ha de adoptar formas muy distintas, seg\u00fan el tipo de a. de que se trate. En todo caso, debido a la ambivalencia de las autoridades terrenas y a su dependencia de los cambios hist\u00f3ricos, la a. no puede prescindir nunca del di\u00e1logo con las personas que le est\u00e1n confiadas, si no quiere desviarse de su meta, la cual est\u00e1 en el servicio a los hombres y a la a. absoluta de Dios, que ella representa en un grado siempre muy imperfecto de analog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Waldemar Molinski<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n<p>1. asiarques (ajsiavrch\u00bb, 775), v\u00e9ase ASIA. 2. exousia (ejxousiva, 1849) denota autoridad (del verbo impersonal exesti, \u00abes v\u00e1lido\u00bb, o \u00abconforme a la ley\u00bb). Del significado de permiso, o de libertad para hacer como a uno le plazca, pas\u00f3 al de la capacidad o poder con el que uno ha sido investido (p.ej., Mat 9:6; 21.23; 2Co 10:8); o el poder de regir o gobernar, el poder de aquel cuya voluntad y mandatos deben ser obedecidos por los dem\u00e1s (p.ej., Mat 28:18; Joh 17:2; Jud_25; Rev 12:10; 17.13); m\u00e1s espec\u00ed\u00adficamente, de la autoridad apost\u00f3lica (2Co 10:8; 13.10); el poder de la decisi\u00f3n judicial (Joh 19:10); de gobernar los asuntos dom\u00e9sticos (Mc 13.34). Por metonimia, o cambio de nombre (sustituci\u00f3n de una palabra sugerente por el nombre de la cosa que se significa), se usa para denotar aquello que est\u00e1 sujeto a la autoridad o gobierno (Luk 4:6; RV, RVR; VM: \u00abpotestad\u00bb; RVR77: \u00abpoder\u00ed\u00ado\u00bb); o, como con el t\u00e9rmino castellano \u00abautoridad\u00bb, de uno que ostenta autoridad, un gobernante, magistrado (Rom 13:1; RV, VM: \u00abpotestades\u00bb; RVR, RVR77: \u00abautoridades\u00bb; y vv. 2 y 3; Luk 12:11; RV: \u00abpotestades\u00bb; RVR: \u00abautoridades\u00bb; Tit 3:1; RV: \u00abpotestades\u00bb; RVR: \u00abautoridades\u00bb); o un potentado espiritual (p.ej., Eph 3:10; 6.12; Col 1:16; 2.10, 15; 1Pe 3:22). En todos estos casos, tanto la RV como la RVR traducen \u00abpotestad\/es\u00bb, excepto en 1Pe 3:22, donde la RVR traduce \u00abautoridades\u00bb. En 1Co 11:10 se usa del velo con el que se ordena que se cubran las mujeres en una asamblea o iglesia, como se\u00f1al de la autoridad del Se\u00f1or sobre su Iglesia. V\u00e9anse DERECHO, LIBERTAD, PODER POTESTAD. 3. epitage (ejpitaghv, 2003), mandato (de epi, sobre; tasso, ordenar). Se traduce una vez como \u00abautoridad\u00bb en Tit 2:15 (RV y RVR). V\u00e9ase MANDATO. Nota: El verbo correspondiente es epistasso, mandar. V\u00e9ase MANDAR. 4. kuriotes (kuriovth\u00bb, 2963) denota se\u00f1or\u00ed\u00ado (kurios, se\u00f1or), poder, dominio, tanto ang\u00e9lico como humano (Eph 1:21  \u00abse\u00f1or\u00ed\u00ado\u00bb, RV y RVR; Col 1:16  \u00abdominios\u00bb, RV y RVR; 2Pe 2:10  \u00abse\u00f1or\u00ed\u00ado\u00bb, RVR; RV: \u00abpotestad\u00bb; Jud_8  \u00abautoridad\u00bb, RVR; RV: \u00abla potestad\u00bb). En Ef y Col indica un grado en los \u00f3rdenes ang\u00e9licos, estando en segundo lugar entre ellos. V\u00e9anse DOMINIO.\u00c2\u00b6 5. politarques (politavrch\u00bb, 4173), gobernador de una ciudad (polis, ciudad; arque, gobernar), politarca. Se usa en Act 17:6,8, de los magistrados en Tesal\u00f3nica, ante quienes los jud\u00ed\u00ados, con un grupo de gente ociosa del mercado, arrastraron a Jas\u00f3n y a los otros convertidos, bajo la acusaci\u00f3n de haber dado hospitalidad a Pablo y a Silas, y de conspiraci\u00f3n para la traici\u00f3n. Tesal\u00f3nica era una ciudad \u00ablibre\u00bb, y los ciudadanos pod\u00ed\u00adan elegir a sus propios politarcas. La precisi\u00f3n de Lucas ha sido vindicada por el uso de este t\u00e9rmino, porque en tanto que los autores cl\u00e1sicos utilizan los vocablos poliarcos y politarcos al referirse a autoridades similares, la forma usada por Lucas es confirmada por inscripciones descubiertas en Tesal\u00f3nica, una de las cuales menciona nombres como S\u00f3pater, Segundo, Gayo, entre los politarcas; nombres estos que tambi\u00e9n aparecen entre los compa\u00f1eros de Pablo. El profesor Burton, de Chicago, en un art\u00ed\u00adculo acerca de \u00abLos Politarcas\u00bb, ha registrado 17 inscripciones que dan testimonio de la existencia de ellos, trece de las cuales pertenecen a Macedonia, y cinco presumiblemente a la misma Tesal\u00f3nica, ilustrando la influencia de Roma en la organizaci\u00f3n municipal de la localidad. En la RVR: \u00abautoridades de la ciudad\u00bb; en la RV: \u00abgobernadores de la ciudad\u00bb.\u00c2\u00b6 Nota: El verbo exousiazo se traduce en Luk 22:25 con la frase verbal \u00abtienen autoridad\u00bb. V\u00e9ase TENER POTESTAD, etc.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Vine Nuevo testamento<\/b><\/p>\n<p>v\u00e9ase Poder<\/p>\n<p>AA. VV., Vocabulario de las ep\u00ed\u00adstolas paulinas, Verbo Divino, Navarra, 1996<\/p>\n<p><b>Fuente: Vocabulario de las Ep\u00edstolas Paulinas<\/b><\/p>\n<p>AT. I. \u00abTODA AUTORIDAD VIENE DE DIOS\u00bb. Este principio, que formular\u00e1 Pablo (Rm 13,1), se supone constantemente en el AT: el ejercicio de la autoridad aparece en \u00e9l sometido a las exigencias imperiosas de la voluntad divina.<\/p>\n<p>1. Aspectos de la autoridad terrenal. En la creaci\u00f3n que Dios ha hecho, todo poder procede de \u00e9l: el del hombre sobre la naturaleza (G\u00e9n 1,28), el del marido sobre la mujer (G\u00e9n 3,16), el de los padres sobre los hijos (Lev 19,3). Cuando se consideran las estructuras m\u00e1s complejas de la sociedad humana, todos los que mandan tienen tambi\u00e9n de Dios la responsabilidad del bien com\u00fan en cuanto al grupo que les est\u00e1 sometido: Yahveh ordena a Hagar la obediencia a su due\u00f1a (G\u00e9n 16,9); \u00e9l tambi\u00e9n es quien confiere a Hazael el gobierno de Damasco (IRe 19,15; 2Re 8,9-13) y a Nabucodonosor el de todo el Oriente (Jer 27,6). Si esto sucede entre los mismos paganos (cf. Eclo 10,4), con mayor raz\u00f3n en el pueblo de Dios. Pero aqu\u00ed\u00ad el problema planteado por la autoridad terrenal reviste un car\u00e1cter especial que merece ser estudiado aparte.<\/p>\n<p>2. Condiciones del ejercicio de la autoridad. La autoridad confiada por Dios no es absoluta; est\u00e1 limitada por las obligaciones morales. La *ley viene a moderar su ejercicio, precisando incluso los derechos de los *esclavos (Ex 21,1-6,26s; Dt 15,12-18; Eclo 33,30&#8230;). En cuanto a los ni\u00f1os, la autoridad del padre debe tener por fin su buena *educaci\u00f3n (Prov 23,13s; Eclo 7,22s; 30,1&#8230;). En materia de autoridad politica es donde el hombre propende m\u00e1s a traspasar los limites de su poder. Embriagado de su *poder, se atribuye el m\u00e9rito del mismo, como por ejemplo, Asiria victoriosa (Is 10,7-11.13s); se diviniza a si misma (Ez 98,2-5) y se alza contra el Se\u00f1or soberano (Is 14,13s), hasta enfrent\u00e1rsele en forma blasfematoria (Dan 11,36). Cuando llega a esto se asemeja a las *bestias sat\u00e1nicas que Daniel ve\u00ed\u00ada surgir del mar y a las que daba Dios poder por alg\u00fan tiempo (Dan 7,3-8.19-25). Pero una autoridad pervertida en esta forma se condena por si misma al *juicio divino, que no dejar\u00e1 de abatirla en el d\u00ed\u00ada prefijado (Dan 7,11s.26): habiendo asociado su causa a la de los poderes malvados, caer\u00e1 finalmente con ellos.<\/p>\n<p>II. LA AUTORIDAD EN EL PUEBLO DE DIOS.<\/p>\n<p>Todo lo que ha quedado dicho sobre el origen de la autoridad terrenal y las condiciones de su ejercicio, concierne al orden de la creaci\u00f3n. Ahora bien, este orden no lo ha respetado el hombre. Para restaurarlo inaugura Dios en la historia de su pueblo un designio de *salvaci\u00f3n, en el que la autoridad terrenal adquirir\u00e1 nuevo sentido, en la perspectiva de la redenci\u00f3n.<\/p>\n<p>1. Los dos poderes. A la cabeza de su pueblo establece Dios apoderados. No son en primer lugar personajes politicos, sino enviados religiosos, que tienen por *misi\u00f3n hacer de Israel \u00abun reino sacerdotal y una naci\u00f3n santa\u00bb (Ex 19,6). *Mois\u00e9s, los *profetas, los *sacerdotes, son as\u00ed\u00ad depositarios de un poder de esencia espiritual, que ejercen en forma visible por delegaci\u00f3n divina. Sin embargo, Israel es tambi\u00e9n una comunidad nacional, un Estado dotado de organizaci\u00f3n pol\u00ed\u00adtica. Esta es teocr\u00e1tica, pues el poder se ejerce en ella tambi\u00e9n en nombre de Dios, sea cual fuere su forma: poder de los ancianos que asisten a Mois\u00e9s (Ex 18,21 ss; N\u00fam 11,24s), de los jefes carism\u00e1ticos, como Josu\u00e9 y los jueces, finalmente de los *reyes.<\/p>\n<p>La doctrina de la alianza supone as\u00ed\u00ad una estrecha asociaci\u00f3n de los dos poderes, y la subordinaci\u00f3n del pol\u00ed\u00adtico al espiritual, en conformidad con la vocaci\u00f3n nacional. De ah\u00ed\u00ad resultan en la pr\u00e1ctica conflictos inevitables: de Sa\u00fal con Samuel (ISa 13,7-15; 15), de Ajab con El\u00ed\u00adas (IRe 21,17-24), y de tantos reyes con los profetas contempor\u00e1neos. As\u00ed\u00ad, en el pueblo de Dios, la autoridad humana est\u00e1 expuesta a los mismos abusos que en todas partes. Raz\u00f3n de m\u00e1s para que est\u00e9 sometida al juicio divino: el poder politico de la realeza israelita acabar\u00e1 por naufragar en la cat\u00e1strofe del destierro.<\/p>\n<p>2. Frente a los imperios paganos. Cuando el juda\u00ed\u00adsmo se reconstruye despu\u00e9s del exilio, sus estructuras recuperan las formas de la teocracia original. La distinci\u00f3n del poder espiritual y del poder pol\u00ed\u00adtico se afirma tanto mejor cuanto que este \u00faltimo est\u00e1 en manos de los imperios extranjeros, de los que los jud\u00ed\u00ados son actualmente s\u00fabditos. En esta nueva situaci\u00f3n, el pueblo de Dios adopta, seg\u00fan los casos, dos actitudes. La primera es de franca aceptaci\u00f3n: de Dios han recibido el imperio Ciro y sus sucesores (Is 45,1ss); puesto que favorecen la restauraci\u00f3n del culto santo, hay que servirlos lealmente y orar por ellos (Jer 29,7; Bar 1,10s). La segunda, cuando el imperio pagano se convierte en perseguidor, es un llamamiento a la *venganza divina y finalmente a la rebeli\u00f3n (Jdt; IMac 2,15-28). Pero la restauraci\u00f3n mon\u00e1rquica de la \u00e9poca macabea origina de nuevo una concentraci\u00f3n equivoca de los poderes. que se precipita r\u00e1pidamente en la peor de las decadencias. Con la intervenci\u00f3n de Roma el a\u00f1o 63, el pueblo de Dios se hall\u00f3 de nuevo bajo la f\u00e9rula de los detestados paganos.<\/p>\n<p>NT. I. JES\u00daS. 1. Jes\u00fas, depositario de la autoridad. Durante su vida p\u00fablica aparece Jes\u00fas como depositario de una autoridad (exus\u00ed\u00ada) singular: predica con autoridad (Mc 1,22 p), tiene poder para perdonar los pecados (Mt 9,6ss), es se\u00f1or del s\u00e1bado (Mc 2,28 p). Poder absolutamente religioso de un enviado divino, ante el cual los jud\u00ed\u00ados se plantean la cuesti\u00f3n esencial: \u00bfcon qu\u00e9 autoridad hace estas cosas (Mt 21.23 p)? Jes\u00fas no responde directamente a esta cuesti\u00f3n (Mt 21,27 p). Pero los signos que realiza orientan los espiritus hacia una respuesta: tiene poder (exus\u00ed\u00ada) sobre la enfermedad (Mt 8,8sp), sobre los elementos (Mc 4,41 p), sobre los demonios (Mt 12, 28 p). \u00bfNo es esto indicio, como \u00e9l mismo lo dir\u00e1, de que le ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra (Mt 28,18)? Su autoridad se extiende, por tanto, hasta a las cosas politicas; en este terreno, el poder que se neg\u00f3 a tener de *Sat\u00e1n (Lc 4,5ss), lo recibi\u00f3 en realidad de Dios. Sin embargo, no se prevale de este poder entre los hombres. Mientras que los jefes de este mundo muestran el suyo ejerciendo su dominio, \u00e9l se comporta entre los suyos como quien sirve (Lc 22,25ss). Es maestro y se\u00f1or (Jn 15,13); pero ha venido para *servir y para dar su vida (Mc 10.42ss p). Y precisamente porque adopta as\u00ed\u00ad la condici\u00f3n de *esclavo, toda *rodilla se doblar\u00e1 finalmente delante de \u00e9l (Flp 2.5-11).<\/p>\n<p>2. Jes\u00fas delante de las autoridades terrenas. Tanto m\u00e1s significativa es la actitud de Jes\u00fas frente a las autoridades terrenas. Ante las autoridades jud\u00ed\u00adas reivindica su calidad de *Hijo del hombre (Mt 26,63s p), base de un poder atestiguado por las Escrituras (Dan 7.14). Ante la autoridad politica, su posici\u00f3n es m\u00e1s matizada. Reconoce la competencia propia del c\u00e9sar (Mt 22,21 p); pero esto no le cierra los ojos para no ver la injusticia de los representantes de la autoridad (Mt 20,25; Lc 13.32). Cuando comparece delante de Pilato no discute su poder, cuyo origen divino conoce, pero destaca la iniquidad de que \u00e9l es victima (Jn 19,11) y reivindica para si mismo la realeza que no es de este mundo (Jn 18,36). Si, pues, lo espiritual y lo temporal. cada uno a su manera, dependen en principio de \u00e9l sin embargo, consagra su distinci\u00f3n neta y da a entender que por el momento lo temporal conserva verdadera consistencia. Los dos poderes se confundian en la teocracia israelita; en la Iglesia no suceder\u00e1 ya lo mismo.<\/p>\n<p>II. LOS AP\u00ed\u201cSTOLES.<\/p>\n<p>1. Los depositarios de la autoridad de Jes\u00fas. Jes\u00fas, al enviar a sus *disc\u00ed\u00adpulos en *misi\u00f3n, les deleg\u00f3 su propia autoridad (\u00abel que a vosotros escucha, a mi me escucha\u00bb, Lc 10,16s) y les confia sus poderes (cf. Mc 3,14sp; Lc 10,19). Pero les ense\u00f1\u00f3 tambi\u00e9n que el ejercicio de aquellos poderes era en realidad un *servicio (Lc 22,26 p; Jn 13,14s). Efectivamente, se ve luego a los *ap\u00f3stoles usar de sus prerrogativas, por ejemplo, para excluir de la comunidad a los miembros indignos (ICor 5,4s). Sin embargo, lejos de hacer sentir el peso de su autoridad, se preocupan ante todo por servir a Cristo y a los hombres (ITes 2,6-10). Es que, si bien se ejerce esta autoridad en forma visible. no por eso deja de ser de orden espiritual: concierne exclusivamente al gobierno de la Iglesia. Hay aqu\u00ed\u00ad una innovaci\u00f3n importante: contrariamente a los estados antiguos, se mantiene efectiva la distinci\u00f3n entre lo espiritual y lo politico.<\/p>\n<p>2. El ejercicio de la autoridad humana. Por lo que se refiere al valor de la autoridad humana y a las condiciones de su ejercicio, los escritos apost\u00f3licos confirman la doctrina del AT, pero d\u00e1ndole una nueva base. La *mujer debe estar sometida a su marido como la Iglesia a Cristo; pero por su parte el marido debe amar a su mujer como Cristo am\u00f3 a su Iglesia (Ef 5,22-33). Los hijos deben obedecer a sus padres (Col 3,20s; Ef 6,1ss) porque toda *paternidad recibe su nombre de Dios (Ef 3,15); pero los padres, al educarlos, deben guardarse de exasperarlos (Ef 6,4; Col 3,21). Los *esclavos deben obedecer a sus amos, incluso duros y molestos (IPe 2,18) como al mismo Cristo (Col 3,22; Ef 6,5&#8230;); pero los amos deben acordarse de que tambi\u00e9n ellos tienen un se\u00f1or en el cielo (Ef 6,9) y aprender a tratar a sus esclavos como a *hermanos (FIm 16). No basta con decir que esta moral social salvaguarda una justa concepci\u00f3n de la autoridad en la sociedad, sino que le da por base y por ideal el servicio de los otros realizado en la caridad.<\/p>\n<p>3. Las relaciones de la Iglesia con las autoridades humanas. Los ap\u00f3stoles, depositarios de la autoridad de Jes\u00fas, hallan frente a ellos autoridades humanas con las que hay que ponerse en relaci\u00f3n. Entre \u00e9stas, las autoridades jud\u00ed\u00adas no son autoridades como las otras: tienen un poder de orden religioso y tiene su origen en una instituci\u00f3n divina; as\u00ed\u00ad los ap\u00f3stoles las tratan con respeto (Act 4,9; 23,1-5) en tanto no es manifiesta su oposici\u00f3n a Cristo. Pero estas autoridades han contra\u00ed\u00addo grave responsabilidad al desconocer a Cristo y hacerlo condenar (Act 3,13ss; 13, 27s).<\/p>\n<p>Todav\u00ed\u00ada la agravan oponi\u00e9ndose a la predicaci\u00f3n del Evangelio; por eso los ap\u00f3stoles pasan por encima de sus prohibiciones, pues estiman que hay que obedecer a Dios antes que a los hombres (Act 5,29). Rechazando la autoridad de Cristo han perdido los jefes jud\u00ed\u00ados su poder espiritual.<\/p>\n<p>Las relaciones con la autoridad pol\u00ed\u00adtica plantean un problema diferente. Frente al imperio romano profesa Pablo perfecta lealtad, reivindica su calidad de ciudadano romano (Act 16,37; 22,25&#8230;) y apela al c\u00e9sar para obtener justicia (Act 25,12). Proclama que toda autoridad viene de Dios y que es dada con miras al bien com\u00fan; la sumisi\u00f3n a los poderes civiles es, pues, un deber de conciencia porque son los ministros de la justicia divina (Rm 13,1-7), y se debe orar por los reyes y por los depositarios de la autoridad (ITim 2,2). La misma doctrina en la 1.\u00bb ep\u00ed\u00adstola de Pedro (IPe 2,13-17). Esto supone que las autoridades civiles, por su parte, se someten a la ley de Dios. Pero en ninguna parte se ve reivindicar para las autoridades espirituales de la Iglesia un poder directo sobre las cosas pol\u00ed\u00adticas.<\/p>\n<p>Si, en cambio, la autoridad pol\u00ed\u00adtica, como en otro tiempo el imperio sirio, perseguidor de los jud\u00ed\u00ados, se eleva a su vez contra Dios y contra su Cristo, entonces la profec\u00ed\u00ada cristiana anuncia solemnemente su juicio y su ca\u00ed\u00adda: as\u00ed\u00ad lo hace el Apocalipsis ante la Roma de Ner\u00f3n y de Domiciano (Ap 17,1-19,10). En el imperio totalitario que pretende encarnar la autoridad divina, el poder pol\u00ed\u00adtico no es ya m\u00e1s que una caricatura sat\u00e1nica, frente a la cual ning\u00fan creyente deber\u00e1 inclinar la cabeza. -> &#8211; Ap\u00f3stol &#8211; Iglesia &#8211; Misi\u00f3n &#8211; Obediencia &#8211; Pastor &#8211; Padre &#8211; Poder &#8211; Servir<\/p>\n<p>LEON-DUFOUR, Xavier, Vocabulario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, Herder, Barcelona, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Vocabulario de las Ep\u00edstolas Paulinas<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\">La palabra <em>exousia<\/em>, traducida usualmente por \u00abautoridad\u00bb [46 veces en la <a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">RV60<\/a>] o \u00abpoder\u00bb [16 veces en RV60. M\u00e1s a menudo aparece \u00abpotestad\u00bb unas 22 veces], en el sentido de autoridad (<em>potestas<\/em>), se emplea en el NT para referirse a diferentes cosas. Puede se\u00f1alar al poder para perdonar pecados (Lc. 5:24, \u00abpotestad\u00bb en RV60), al poder para echar fuera demonios (Mr. 6:7, \u00abautoridad\u00bb en RV60), al privilegio de la filiaci\u00f3n divina (Jn. 1:12, \u00abpotestad\u00bb en RV60), a la autoridad de los gobernantes civiles (Jn. 19:10, \u00abautoridad\u00bb en RV60), al control de las posesiones (1 Co. 9:4, \u00abderecho\u00bb en RV60), al derecho o responsabilidad matrimonial (cf. 1 Co. 7:4), al privilegio apost\u00f3lico (1 Co. 9:6, al reino universal de Cristo (Mt. 28:18, \u00abpotestad\u00bb en la RV60), o, m\u00e1s espec\u00edficamente, a la autoridad de la palabra y obra de Cristo (Mt. 7:29 \u00abautoridad\u00bb en RV60, cf. los pasajes paralelos) comparada con la de los escribas. Las ideas de derecho, privilegio y poder compulsivo est\u00e1n todas agrupadas en el concepto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Biblia deja claramente sentado que la verdadera fuente y asiento de la autoridad est\u00e1 en Dios. Esto es verdad aun del poder civil (Ro. 13:1), aunque en la tierra y especialmente en el cielo hay poderes usurpadores que Dios frustra y destruye (cf. Ef. 3:10; Col. 2:15). Pero esto es mucho m\u00e1s cierto en cuanto a la esfera espiritual. Dios solo puede perdonar pecados (Mr. 2:7), revelar la verdad absoluta y hablar en un tono de mandato absoluto (cf. Lc. 7:8). Ninguna autoridad humana podr\u00eda permanecer, a no ser que se derive de Dios y lo sirva a \u00e9l.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, la autoridad divina se ejerce en el Hijo de Dios y a trav\u00e9s de \u00e9l. Si \u00e9l resiste la tentaci\u00f3n de recibir honor mundano del diablo, esto se debe a que \u00e9l ya es \u00abla cabeza de todo principado y potestad\u00bb (Col. 2:10), y porque est\u00e1 destinado a ser exaltado en esa forma por Dios. De esta manera, a\u00fan el gobierno civil volver\u00e1 a Cristo, as\u00ed como se deriva de \u00e9l. Pero \u00e9l tambi\u00e9n tiene el poder de perdonar pecados (Mr. 2:10), librar de las fuerzas demon\u00edacas (Mt. 9:8), vencer las enfermedades y la muerte (cf. Jn. 10:18), y para ense\u00f1ar y ordenar con todo el derecho y el constre\u00f1imiento de Dios mismo (Mr. 1:22, 27). La autoridad divina misma est\u00e1 contenida en Jesucristo, y por medio de esta autoridad absoluta es que se debe medir toda otra autoridad civil o eclesi\u00e1stica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, Cristo no ejercita directamente su autoridad en este tiempo entre sus dos venidas. Debido a esto, es justo y apropiado que existan autoridades relativas que tengan el derecho de ser obedecidas. Las fuerzas de la ley y el orden constituyen esta autoridad en el orden civil, y deben ser as\u00ed honradas, no en virtud de alguna validez inherente, sino en virtud de la comisi\u00f3n y funci\u00f3n que Dios les entreg\u00f3. Una posici\u00f3n similar, aunque menos equ\u00edvoca, ocupan los ap\u00f3stoles en la esfera eclesi\u00e1stica en su calidad de testigos primarios y autoritativos de las palabras y la obra de Jesucristo encarnado, crucificado y resucitado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfPero c\u00f3mo es que la autoridad apost\u00f3lica se ejerce en el per\u00edodo posapost\u00f3lico? Este es un tema cr\u00edtico en las discusiones que hoy se realizan sobre la autoridad espiritual o eclesi\u00e1stica, la que descansa en el presupuesto de que la autoridad absoluta pertenece a Cristo solo, y a los ap\u00f3stoles una autoridad secundaria; pero que despu\u00e9s ve esta autoridad ejerci\u00e9ndose hoy en una variedad de formas. As\u00ed pues, algunos argumentan que los ap\u00f3stoles trasmitieron su autoridad a sucesores episcopales, o que la iglesia misma es autoritativa, o de que existe una tradici\u00f3n apost\u00f3lica autoritativa, a\u00f1adida al testimonio escrito del NT, o que las primeras decisiones e interpretaciones de la iglesia antigua tienen una autoridad distintiva, de tal forma que, por lo menos hay una continua acci\u00f3n rec\u00edproca de autoridades en la iglesia bajo la direcci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ahora bien, debe admitirse que hay ciertas \u00e1reas de la vida de la iglesia en las cuales la iglesia misma, sea local o universal, tiene cierto derecho de tomar el control u orden, p. ej., en la forma de culto, el ejercicio de la disciplina, y hasta en la definici\u00f3n m\u00e1s precisa de la doctrina. Tambi\u00e9n podr\u00eda admitirse aun que lo que ha sido hecho en los siglos pasados en cumplimiento de este derecho, por ejemplo, en las decisiones y c\u00e1nones de los concilios antiguos, no dejan de tener su importancia. Hasta esta medida se debe tomar en cuenta apropiadamente las varias pretensiones de autoridad que se esgrimen en la discusi\u00f3n contempor\u00e1nea.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, parece que no hay ning\u00fan apoyo b\u00edblico para suponer que la autoridad apost\u00f3lica haya sido heredada por otros. Los ap\u00f3stoles solos son los testigos primarios de Cristo, y s\u00f3lo a ellos se les atribuye una autoridad mediata. As\u00ed que, si la autoridad apost\u00f3lica no ha pasado del todo, est\u00e1, entonces, preservada en sus escritos como el testimonio inspirado y normativo a trav\u00e9s del cual Jesucristo todav\u00eda habla y obra por su Esp\u00edritu. En otras palabras, es a trav\u00e9s de la Biblia que Cristo ahora ejerce su autoridad divina, imparte verdad autoritativa, promulga mandamientos autoritativos e impone una norma autoritativa por medio de la cual se deben plasmar y corregir todos los arreglos y afirmaciones de la iglesia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">BIBLIOGRAF\u00cdA<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">J.N. Geldenhuys, <em>Supreme Authority<\/em>; J. Gresham Machen, <em>The Christian Faith in the Modern World<\/em>, pp. 73\u201386; W.M. McPheeters en <em><a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">HDCG<\/a><\/em>; F.L. Patton, <em>Fundamental Christianity<\/em>, pp. 96\u2013173; A. Sabatier, <em>Religions of Authority and the Religion of the Spirit<\/em>; R.R. Williams, <em>Authority in the Apostolic Age<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">W.C.G. Proctor<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\"><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">RV60 <\/a>Reina-Valera, Revisi\u00f3n 1960<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\"><em>HDCG <\/em><\/a><em>Hastings\u2019 Dictionary of Christ and the Gospels<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\"><\/a>Harrison, E. F., Bromiley, G. W., &amp; Henry, C. F. H. (2006). <em>Diccionario de Teologi\u0301a<\/em> (69). Grand Rapids, MI: Libros Desafi\u0301o.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Teolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p><p style='text-align:justify;'><span lang=ES style=''>La palabra neotestamentaria es <\/span><span style='font-family: \"Charis SIL\"'>exousia<\/span><span lang=ES style=''>, que significa poder leg\u00edtimo, real, y pleno para actuar, o para poseer, controlar, usar o disponer de algo o de alguien. Mientras que <\/span><span style=''>dynamis<\/span><span lang=ES style=''> significa simplemente poder f\u00edsico, el vocablo <\/span><span style=' '>exousia<\/span><span lang=ES style=' '> significa, en rigor de verdad, poder que es, en alg\u00fan sentido, leg\u00edtimo. <\/span><span style=' '>exousia<\/span><span lang=ES style=' '> puede usarse con el acento en la legitimidad del poder realmente ejercido, o en la realidad del poder que se posee leg\u00edtimamente. En este \u00faltimo caso a menudo se traduce \u201cpotestad\u201d. <\/span><span style=''>exousia<\/span><span lang=ES style=''> a veces tiene un sentido secular general (p. ej. en 1 Co. 7.37, con referencia al dominio propio; Hch. 5.4, referido a la facultad de disponer de las propias rentas), pero su significado en la generalidad de los casos es teol\u00f3gico.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>La convicci\u00f3n b\u00edblica invariable es que el \u00fanico poder leg\u00edtimo y pleno en el seno de la creaci\u00f3n es, en \u00faltima instancia, el del Creador mismo. La autoridad que puedan ejercer los hombres es la que les delega Dios, a quien deben responder por la manera en que la ejercen. Ya que toda la autoridad es finalmente de Dios, el sometimiento a la autoridad es, en todos los \u00f3rdenes de la vida, un deber religioso, que forma parte del servicio a Dios.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>I. La autoridad de Dios<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>La autoridad de Dios es un aspecto de su dominio inalterable, universal y eterno sobre un mundo que le pertenece (para lo cual v\u00e9ase Ex. 15.18; Sal. 29.10; 93:1s; 146.10; Dn. 4.34s, etc.). Este reinado universal es distinto de (aunque b\u00e1sico para) la relaci\u00f3n pactada entre \u00e9l mismo e Israel, por medio de la cual Israel se convirti\u00f3 en su pueblo y reino (cf. Ex. 19.6), y consecuentemente en heredera de su bendici\u00f3n. Su autoridad real sobre la humanidad consiste en su inalienable derecho y potestad para disponer de los hombres como a \u00e9l le plazca (lo que Pablo compara a la <\/span><span style='font-family: \"Charis SIL\"'>exousia<\/span><span lang=ES style=''> del alfarero sobre la arcilla, Ro. 9.21; cf. Jer. 18.6), adem\u00e1s de su exigencia indiscutible de que los hombres le est\u00e9n sujetos y vivan para su gloria. A trav\u00e9s de toda la Biblia, la realidad de la autoridad de Dios se demuestra por el hecho de que todos aquellos que desprecian o hacen caso omiso de esta exigencia suya incurren en el juicio divino. El Juez regio tiene la \u00faltima palabra, y de esta manera queda justificada su autoridad.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>En la \u00e9poca del <etiqueta id=\"#_ftn1205\" name=\"_ftnref1205\" title=\"\">AT, Dios ejerc\u00eda autoridad sobre su pueblo por inter<\/etiqueta>medio de profetas, sacerdotes, y reyes, cuya respectiva misi\u00f3n consist\u00eda en proclamar sus mensajes (Jer. 1.7ss), hacer conocer sus leyes (Dt. 31.11; Mal. 2.7), y gobernar de acuerdo a dichas leyes (Dt. 17.18ss). Cuando cumpl\u00edan dichas funciones, deb\u00edan ser respetados como representantes divinos, con autoridad recibida de Dios. Del mismo modo, se aceptaba que las Escrituras proced\u00edan de Dios, y que por ello revest\u00edan autoridad, tanto para la instrucci\u00f3n (<\/span><span style=' '>t\u00f4r\u00e2<\/span><span lang=ES style=' '>), a fin de que los israeIitas conocieran el pensamiento de su Rey (cf. Sal. 119), como en el sentido de constituir el cuerpo de leyes por el que este los gobernaba y juzgaba (cf. 2 R. 22\u201323).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>II. La autoridad de Jesucristo<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>La autoridad de *Jesucristo es tambi\u00e9n un aspecto de la realeza. Es tanto personal como oficial, pues Jes\u00fas es, a la vez, Hijo de Dios e Hijo del hombre (<etiqueta id=\"#_ftn1206\" name=\"_ftnref1206\" title=\"\">e. d. el hombre mesi\u00e1nico). Como hombre y Mes\u00edas, su autoridad es de car\u00e1cter real porque le fue delegada por el Dios por cuyo mandato lleva a cabo su obra (Cristo alab\u00f3 al centuri\u00f3n p<\/etiqueta>orque se dio cuenta de esto, Mt. 8.9s). En su car\u00e1cter de Hijo su autoridad es tambi\u00e9n real porque \u00e9l mismo es Dios. A \u00e9l se le ha dado autoridad para juzgar, a fin de que sea honrado como el Hijo de Dios (ya que el *juicio es privativo de Dios) y tambi\u00e9n porque es el Hijo del hombre (ya que el jucio es tambi\u00e9n funci\u00f3n del Mes\u00edas) (Jn. 5.22s, 27). En resumen, su autoridad es la de un Mes\u00edas divino: la de un Dios-hombre, que hace la voluntad de su Padre en la doble capacidad de (<i>a<\/i>) siervo humano, en el que se unen los oficios salv\u00edficos de profeta, sacerdote, y rey, y (<i>b<\/i>) Hijo divino, cocreador y part\u00edcipe en todas las obras del Padre (Jn. 5.19ss).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Esta autoridad m\u00e1s que humana de Jes\u00fas se manifest\u00f3 de varias maneras durante su ministerio, como ser la irrevocabilidad e independencia de su ense\u00f1anza (Mt. 7.28s); su poder para exorcisar (Mr. 1.27); su dominio sobre las tormentas (Lc. 8.24s); su afirmaci\u00f3n de que ten\u00eda poder para perdonar pecados (cosa que, como se\u00f1alaron acertadamente los espectadores, era prerrogativa de Dios) y, cuando lo desafiaban, dando pruebas de la verdad de lo que afirmaba (Mr. 2.5\u201312; cf. Mt. 9.8). Despu\u00e9s de su resurrecci\u00f3n, declar\u00f3 que le hab\u00eda sido dada \u201ctoda <\/span><span style=' '>exousia<\/span><span lang=ES style=' '> \u2026 en el cielo y en la tierra\u201d, dominio c\u00f3smico de car\u00e1cter mesi\u00e1nico que ser\u00eda ejercido de tal manera que sus elegidos ser\u00edan trasladados efectivamente a su reino de salvaci\u00f3n (Mt. 28.18ss; Jn. 17.2; cf. Jn. 12.31ss; Hch. 5.31; 18.9s). El <etiqueta id=\"#_ftn1207\" name=\"_ftnref1207\" title=\"\">NT proclama al Jes\u00fas exaltado como \u201cSe\u00f1or y Cristo\u201d (Hch. 2.36) (soberano divino por <\/etiqueta>sobre todas las cosas), y como Rey-Salvador de su pueblo. El evangelio es en primera instancia una demanda de asentimiento a esta estimaci\u00f3n de su autoridad.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>III. Autoridad apost\u00f3lica<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>La autoridad apost\u00f3lica es autoridad mesi\u00e1nica delegada por cuanto los *ap\u00f3stoles fueron los testigos comisionados por Cristo, sus emisarios y representantes (cf. Mt. 10.40; Jn. 17.18; 20.21; Hch. 1.8; 2 Co. 5.20), a quienes \u00e9l dio <\/span><span style=''>exousia<\/span><span lang=ES style=''> para fundar, edificar y administrar su iglesia universal (2 Co. 10.8; 13.10; cf. G\u00e1. 2.7ss). Por consiguiente, vemos que dan instrucciones y prescriben normas de disciplina en el nombre de Cristo, e. d. como sus portavoces, y haciendo uso de la autoridad dada por \u00e9l (1 Co. 5.4; 2 Ts 3.6). Nombraban di\u00e1conos (Hch. 6.3, 6) y presb\u00edteros (Hch. 14.23). Presentaban su ense\u00f1anza como la de Cristo mismo, dada por el Esp\u00edritu, tanto en su contenido como en su forma de expresi\u00f3n (1 Co. 2.9\u201313; cf. 1 Ts. 2.13), como norma de fe (2 Ts. 2.15; cf. G\u00e1. 1.8) y conducta (2 Ts. 3.4, 6, 14). Esperaban que sus decisiones <\/span><span style=''>ad hoc<\/span><span lang=ES style=''> fuesen recibidas como \u201cmandamientos del Se\u00f1or\u201d (1 Co. 14.37). Ya que su autoridad depend\u00eda de la comisi\u00f3n personal y directa de Cristo, no tuvieron, hablando con propiedad, sucesores; pero cada generaci\u00f3n de cristianos debe evidenciar su continuidad con la primera generaci\u00f3n, y su lealtad a Cristo, sujetando su propia fe y conducta a la norma de ense\u00f1anza que proporcionaron y registraron los delegados nombrados por Cristo para todos los tiempos en los documentos del NT, a trav\u00e9s de los cuales la <\/span><span style=''>exousia<\/span><span lang=ES style=''> apost\u00f3lica sobre iglesia se ha constituido en una permamente realidad.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>IV. La autoridad delegada en el hombre<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>Adem\u00e1s de la iglesia, donde los \u201cl\u00edderes\u201d (presb\u00edteros) pueden reclamar obediencia porque son siervos de Cristo, cuidando la grey en sujeci\u00f3n a su autoridad (He. 13.17; 1 P. 5.1s), la Biblia menciona dos esferas m\u00e1s de autoridad divina delegada.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><i><span lang=ES style=''>a. El matrimonio y la familia<\/span><\/i><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>Los hombres tienen autoridad sobre las mujeres (1 Co. 11.3; cf. 1 Ti. 2.12) y los padres sobre los hijos (cf: 1 Ti. 3.4, 12). Por ello las esposas deben obedecer a sus maridos (Ef. 5.22; 1 P. 3.1\u20136) y los hijos a sus padres (Ef. 6.1ss). Este es el orden establecido por Dios.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><i><span lang=ES style=''>b. El gobierno civil<\/span><\/i><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>Los gobernantes seculares (romanos) se llaman <\/span><span style=' '>exousiai<\/span><span lang=ES style=' '>, y se los describe como los siervos de Dios para castigar al que hace lo malo y alentar al ciudadano que respeta la ley (Ro. 13.1\u20136). Los cristianos deben considerar a \u201clas autoridades constituidas\u201d como ordenadas por Dios (v\u00e9ase Jn. 19.11), y sujetarse debidamente a la autoridad civil (Ro. 13.1; 1 P. 2.13s; cf. Mt. 22.17\u201321) hasta donde fuere compatible con la obediencia a los mandamientos directos de Dios (Hch. 4.19; 5.29).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>V. El poder sat\u00e1nico<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>El ejercicio del *poder por parte de Satan\u00e1s y sus huestes se denomina a veces <\/span><span style=''>exousia<\/span><span lang=ES style=''> (p. ej. Lc. 22.53; Col. 1.13). Esto indica que, aun cuando el poder de Satan\u00e1s ha sido usurpado a Dios y es hostil a \u00e9l, Satan\u00e1s lo retiene tan s\u00f3lo con el permiso de Dios y como instrumento suyo.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=';text-transform:uppercase'>Bibliograf\u00eda.<\/span><span lang=ES style=''>Arndt; <etiqueta id=\"#_ftn1208\" name=\"_ftnref1208\" title=\"\"><i>MM<\/i><\/etiqueta>; T. Rees en <etiqueta id=\"#_ftn1209\" name=\"_ftnref1209\" title=\"\"><i>ISBE<\/i><\/etiqueta> y J. Denney en <etiqueta id=\"#_ftn1210\" name=\"_ftnref1210\" title=\"\"><i>DCG<\/i><\/etiqueta>, <etiqueta id=\"#_ftn1211\" name=\"_ftnref1211\" title=\"\">s.v. \u201cAutoridad\u201d; N. Gelden-huys, <\/etiqueta><i>Supreme Authority<\/i>, 1953; O. Betz, <etiqueta id=\"#_ftn1212\" name=\"_ftnref1212\" title=\"\"><i>NIDNTT<\/i><\/etiqueta> 2, pp. 606\u2013611; W. Foerster, <etiqueta id=\"#_ftn1213\" name=\"_ftnref1213\" title=\"\"><i>TDNT<\/i><\/etiqueta> 2, pp. 562\u2013575.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal align=right style='text-align:right;line-height:normal'><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><etiqueta id=\"#_ftn1214\" name=\"_ftnref1214\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size: 10.0pt;;color:green'>J.I.P.<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;'>Douglas, J. (2000). Nuevo diccionario Biblico : Primera Edicion. Miami: Sociedades B\u00edblicas Unidas.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>v. Dominio, Imperio, Poder, Potestad, Reino Mat 7:29; Mar 1:22 ense\u00f1aba como quien tiene a Mat 8:9; Luk 7:8 tambi\u00e9n yo soy hombre bajo a Mat 10:1; Mar 3:15; 6:7 El derecho legal y\/o moral de ejercer poder, o poder que se posee con derecho. 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