{"id":5859,"date":"2016-02-05T02:09:18","date_gmt":"2016-02-05T07:09:18","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/celibato\/"},"modified":"2016-02-05T02:09:18","modified_gmt":"2016-02-05T07:09:18","slug":"celibato","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/celibato\/","title":{"rendered":"CELIBATO"},"content":{"rendered":"<p>El estado de ser soltero, particularmente cuando este estado se escoge deliberadamente. Juan el Bautista, por ejemplo, era soltero, pero Pedro era casado. Jes\u00fas mismo no se cas\u00f3, pero contribuy\u00f3 notablemente a las celebraciones de boda en Can\u00e1 (Joh 2:1-11). El se di\u00f3 cuenta que algunos han renunciado al matrimonio por causa del reino de los cielos (Mat 19:12), y en una ocasi\u00f3n advirti\u00f3 contra las prioridades equivocadas si el hecho de casarse era un estorbo positivo al discipulado (Luk 14:20). Pablo reconoci\u00f3 los peligros de los lazos terrenales y enfatiz\u00f3 los principios b\u00e1sicos: Dios tiene una misi\u00f3n para cada vida y cualquiera que sea nuestra situaci\u00f3n, casados o solteros, la cosa principal es poder ejercitar en su plenitud los dones dados por Dios (1Co 7:7-9, 1Co 7:17, 32-38).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Mundo Hispano<\/b><\/p>\n<p>(Soltero virgen).<\/p>\n<p> Algunos se hacen c\u00e9libes por amor del reino de los cielos: Mat 19:12.<\/p>\n<p> Es mejor que casarse.<\/p>\n<p> 1Co 7:38, hacer como Pablo, 1Co 7:8.<\/p>\n<p> La Virgen Mar\u00ed\u00ada es la \u00fanica persona a la que en la Biblia se le llama \u00abvirgen\u00bb, y cuatro veces: Luc 1:27 : (2), Mat 1:23, Isa 7:14.<\/p>\n<p> En la Iglesia Cat\u00f3lica, para ser sacerdote o monja hay que ser c\u00e9libe. Hoy d\u00ed\u00ada, hay 500,000 hombres y un mill\u00f3n de mujeres.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano<br \/>\nDr. J. Dominguez<\/p>\n<p>http:\/\/biblia.com\/diccionario\/<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano<\/b><\/p>\n<p>tip, LEYE COST TIPO<\/p>\n<p>ver, ANCIANO, DI\u00ed\u0081CONO, OBISPO<\/p>\n<p>vet, Si el matrimonio se halla en el orden de la creaci\u00f3n, \u00bfqu\u00e9 sucede con aquellos que permanecen solteros? Algunos entre ellos lo hacen voluntariamente, \u00abpor causa del reino de los cielos\u00bb (Mt. 19:12), como Pablo (1 Co. 9:5, 15). En efecto, el c\u00e9libe se halla menos implicado en los asuntos de la vida y menos limitado por el deseo de complacer a su c\u00f3nyuge; puede as\u00ed\u00ad consagrarse a un servicio determinado para el Se\u00f1or sin distracciones de ning\u00fan tipo (1 Co. 7:32-35). Ello no significa que el celibato sea puesto a un nivel m\u00e1s elevado en la escala de la santidad que el matrimonio. Cada uno tiene que discernir el llamamiento particular y el don personal que haya recibido del Se\u00f1or (1 Co. 7:7). El cap. 7 de 1 Corintios es el \u00fanico pasaje dedicado al celibato; se comprende que Pablo, al justificarlo plenamente, dice: \u00abEl que la da en casamiento hace bien, y el que no la da en casamiento hace mejor\u00bb (1 Co. 7:38); \u00e9l desear\u00ed\u00ada, desde su punto de vista, que todos los hombres fueran como \u00e9l y que se ahorraran muchos dolores (1 Co. 7:7, 26-31); pero afirma que no hay mal alguno en el matrimonio, sino todo lo contrario (1 Co. 7:27, 28, 36, 39). Cada uno debe buscar la voluntad de Dios de manera individual (1 Co. 7:7-9). Si alguien se siente llamado al celibato, es que el Se\u00f1or se lo ha dado como don; su solter\u00ed\u00ada podr\u00e1 quedar ricamente compensada, como en el caso de Pablo, con una gran familia espiritual (1 Co. 4:14-15). Si alguien se siente llamado al matrimonio, ser\u00e1 en este estado que glorificar\u00e1 verdaderamente a Dios.<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico Ilustrado<\/b><\/p>\n<p>[366]<br \/>\n    T\u00e9rmino de etimolog\u00ed\u00ada incierta, originario del lat\u00ed\u00adn tard\u00ed\u00ado (coelibes), que significa \u00abno desposado\u00bb, de vida continente. En griego se usa \u00abagamos\u00bb o \u00abagamia\u00bb, sin mujer, no desposado.  El celibato en s\u00ed\u00ad mismo refleja evidentemente una situaci\u00f3n social en la que se declara privaci\u00f3n voluntaria de ejercicio sexual.<\/p>\n<p>    En lenguaje religioso y tradicional implica una opci\u00f3n voluntaria de vida, acompa\u00f1ada o no de otros aspectos como el sacerdocio, la vida religiosa, la vida en comunidad o el apostolado.<\/p>\n<p>    Y se asocia ordinariamente a una motivaci\u00f3n virtuosa: llevar una vida de continencia o de virginidad, tener una mayor libertad adecuada para obras de apostolado, ser testigo escatol\u00f3gico de una vida de abnegada entrega a los dem\u00e1s. En este sentido el celibato es s\u00f3lo opci\u00f3n de personas adultas, que pudiendo convivir con esposo o esposa, eligen el no hacerlo. Tal es el caso de los que hacen p\u00fablica profesi\u00f3n de vivir as\u00ed\u00ad (religiosos) o de los que eligen esa forma de vida por motivos superiores.<\/p>\n<p>    Los ni\u00f1os pues no son c\u00e9libes por el hecho de no ser maduros sexualmente. La idea de celibato exige libertad, no necesidad o coacci\u00f3n. En eso se diferencia de solter\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>    El celibato fue conocido en religiones antiguas y en determinados estados sociales en que se exig\u00ed\u00ada m\u00e1s libertad y movilidad a los profesionales de ellos. Especial reconocimiento tuvo, como estado de perfecci\u00f3n, en el budismo y en el mahometismo. En el juda\u00ed\u00adsmo veterotestamentario fue mirado como una mutilaci\u00f3n, debido al valor que se dio siempre la fecundidad.<\/p>\n<p>    Con todo, en el cristianismo primitivo, el ejemplo de Cristo que no contrajo matrimonio dio al celibato un sentido prof\u00e9tico, escatol\u00f3gico y especialmente evang\u00e9lico, que se refleja en m\u00faltiples pasajes evang\u00e9licos y paulinos y que pas\u00f3 a los creyentes.<br \/>\n  Con todo el celibato en s\u00ed\u00ad no es m\u00e1s que un hecho personal y social no necesariamente piadoso o meritorio. Es la intenci\u00f3n lo que define su bondad \u00e9tica y espiritual. Un celibato por temor, por inter\u00e9s o por ego\u00ed\u00adsmo, no deja de ser una limitaci\u00f3n \u00e9tica<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>(v. castidad, espiritualidad sacerdotal, seguimiento evang\u00e9lico, vida apost\u00f3lica, virginidad)<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>DJN<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nSUMARIO: . Valoraci\u00f3n del celibato o virginidad seg\u00fan el Antiguo Testamento. -2. El celibato seg\u00fan Jes\u00fas y el Nuevo Testamento.<\/p>\n<p>1. Valoraci\u00f3n del celibato o virginidad seg\u00fan el Antiguo Testamento<br \/>\nEl ideal del hombre y mujer del AT respecto a la forma de vida concreta era el matrimonio con numerosa descendencia de conformidad con el mandato de Dios al principio de la creaci\u00f3n: \u00abSed fecundos y multiplicaos, poblad la tierra y sometedla\u00bb (G\u00e9n 1,28). Asimismo la bendici\u00f3n de Dios a Abrah\u00e1n, prometi\u00e9ndole una numerosa descendencia, significaba para el israelita que el matrimonio con hijos era la forma de vida querida por Dios, mientras que el celibato se consideraba como algo extra\u00f1o y no deseable. Con el incrementarse de las esperanzas mesi\u00e1nicas despu\u00e9s del exilio se acentu\u00f3 la aspiraci\u00f3n de todo israelita al matrimonio e hijos.<\/p>\n<p>La virginidad de la joven antes del matrimonio no s\u00f3lo se ten\u00ed\u00ada en gran estima (G\u00e9n 24, 16; 34,7.31; 1Re 1,2), sino que estaba protegida por la ley y era condici\u00f3n para contraer matrimonio (Ex 22,15-16; Dt 22,14-19.28-29). Pero se consideraba una deshonra para una mujer el que no pudiera contraer matrimonio (Is 4,1) o que una vez casada no tuviera hijos (1Sam 1, 6.11.15). El celibato de Jerem\u00ed\u00adas aparece como un signo negativo del juicio divino que amenza a Israel (Jer 16,2-4). Un cierto cambio se observa en el juda\u00ed\u00adsmo temprano cercano ya al NT: se consideraba honroso en una mujer viuda no volverse a casar (Jdt 16,22; Lc 2,36-37) y en ciertos grupos como en los terapeutas de Egipto (Fil\u00f3n de Alej., vita contemplativa 68) y, probablemente, la comunidad de Qumr\u00e1n se practicaba el celibato voluntario (1 QS; 1QSa; cf. FI. Josefo, 11,160).<\/p>\n<p>2. El celibato seg\u00fan Jes\u00fas y el Nuevo Testamento<br \/>\nLa forma de vida que Jes\u00fas escogi\u00f3 para s\u00ed\u00ad fue el celibato. Resulta extra\u00f1o que Jes\u00fas, var\u00f3n jud\u00ed\u00ado, viviera m\u00e1s de 30 a\u00f1os c\u00e9libe en una familia de un pueblo de Galilea, rodeado de familiares y vecinos cuyo ideal era casarse y tener hijos. Las circunstancias en que Jes\u00fas vivi\u00f3 c\u00e9libe en Nazaret eran bastante distintas de aquellas en que los terapeutas o la comunidad de Qumr\u00e1n practicaban su celibato, porque no es lo mismo vivir el celibato con personas que comparten el mismo ideal o forma de vida que entre familiares y ciudadanos para quienes lo natural era casarse y tener hijos. As\u00ed\u00ad como hay alguna probabilidad de que la forma celibataria de Juan el Bautista hubiera podido estar influenciada por los esenios, no hay raz\u00f3n alguna para afirmar lo mismo de Jes\u00fas, aunque esto no se pueda excluir tampoco absolutamente.<\/p>\n<p>Desde el punto de vista hist\u00f3rico cr\u00ed\u00adtico no hay indicio alguno en el NT, y fuera de \u00e9l, que permita sospechar que Jes\u00fas estuviera casado y en un determinado momento abandonase el matrimonio y familia para vivir celibatariamente. Las afirmaciones al respecto que alg\u00fan que otro autor de vidas de Jes\u00fas hace para atraer la atenci\u00f3n de sus lectores carecen de todo valor hist\u00f3rico-cr\u00ed\u00adtico. La narraci\u00f3n seg\u00fan la cual corr\u00ed\u00ada el rumor de que Jes\u00fas se hab\u00ed\u00ada vuelto loco y sus familiares vinieron a Cafarna\u00fam a buscarle con intenci\u00f3n de llev\u00e1rsele, no es ninguna invenci\u00f3n de los evangelistas; es, sin embargo, interesante que en ella no se mencionen otras personas que \u00absu madre y sus hermanos\u00bb (Mc 3,21.31-35 par.). De haber estado casado, \u00bfno se deber\u00ed\u00ada esperar que se mencionasen hijos, mujer? As\u00ed\u00ad como sabemos que Pedro estaba casado, no hay, en cambio, ning\u00fan indicio respecto a Jes\u00fas. El dicho que se suele llamar \u00abaforismo de los eunucos por el reino de los cielos\u00bb es una alabanza del celibato como forma radical de seguimiento de Jes\u00fas (Mt 19,11-12). El celibato de Jes\u00fas, por su parte, est\u00e1 en funci\u00f3n de su misi\u00f3n de hacer presente en su persona, palabras y obras el Reino de Dios. Ya antes de que Jes\u00fas fuera a hacerse bautizar por el Bautista en el Jord\u00e1n, viv\u00ed\u00ada totalmente entregado al Reino. Tal vez este aforismo denota la experiencia de la total falta de comprensi\u00f3n de sus paisanos y familiares. La expresi\u00f3n tan gr\u00e1fica y en\u00e9rgica del dicho quiere indicar que quien acepta libremente el consejo de Jes\u00fas no se puede volver atr\u00e1s. El que ha tenido la experiencia de la llegada del Reino no puede mirar para atr\u00e1s (Lc 9,62). El celibato de los disc\u00ed\u00adpulos representa la forma radical del seguimiento de Jes\u00fas, equiparable al martirio: \u00abNo tem\u00e1is a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma\u00bb (Mt 10,28\/Lc 12,4Q; Mt 10,39\/Lc 17,33Q). Como el seguimiento radical de Jes\u00fas exige la renuncia a poseer algo (Mt 8,19-20\/Lc 9,57-58Q), as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n el celibato como forma radical de seguimiento supone la renuncia a la familia (Mt 12,48-50; Mc 3,34-35; Lc 8,20-21; Mt 8,21-22\/Lc 9,59-60Q; Lc 9,61-62).<\/p>\n<p>Lc ha destacado positivamente el valor de la virginidad (Lc 2,36; He 21,9). El celibato de los disc\u00ed\u00adpulos por causa del Reino implica una orientaci\u00f3n total a Jes\u00fas, que supone \u00abdejarlo todo\u00bb (Mc 10,28 par.) y, seg\u00fan la interpretaci\u00f3n lucana, dejar no s\u00f3lo la familia, hermanos, padres e hijos sino, en primer lugar, la mujer, lo cual supone la renuncia al matrimonio (14,26; 18,29). Los otros dos sin\u00f3pticos curiosamente excluyen a la mujer de esa renuncia radical, a quien no mencionan: en estos dos evangelios sin\u00f3pticos no se dice que la mujer deba ser odiada, es decir, no amada o menos amada, o abandonada (Mt 10,37\/Lc 14,26; Mt 19,29; Mc 10,39; Lc 18,29). Estas afirmaciones tan radicales de Jes\u00fas respecto al seguimiento, dejando la comunidad familiar y abandonando, seg\u00fan Lc, incluso la mujer, plantean cuestiones a las que no es posible encontrar soluci\u00f3n satisfactoria por falta de datos hist\u00f3ricos. Nos tenemos que conformar con soluciones hipot\u00e9ticas. Por una parte, no es ninguna hip\u00f3tesis afirmar que la experiencia del Reino, que Jes\u00fas predica y hace presente en su persona y obras, fuera tan avasalladora que sus seguidores m\u00e1s radicales, como el grupo de los doce disc\u00ed\u00adpulos, de ahora en adelante no van a anteponer nada a la prioridad absoluta del seguimiento. Jes\u00fas les da ejemplo dando preferencia a la predicaci\u00f3n del reino sobre la familia (Mc 3,33-35 par.). Naturalmente la forma m\u00e1s radical y perfecta de realizar concretamente el seguimiento por medio del celibato y pobreza total son s\u00f3lo un consejo o recomendaci\u00f3n cuya excelencia pocos comprenden (Mt 19,11-12), pero no es un mandamiento que se imponga a todos los creyentes o disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas (Mt 19,16-30; Mc 10,17-30; Lc 18,18-30). Por otra parte, la radicalidad del seguimiento de Jes\u00fas parece contradecir la obligaci\u00f3n de algunos mandamientos, p. ej. el cuarto mandamiento (Mt 15,4-8; Mc 7,9-13) y la prohibici\u00f3n del divorcio (Mt 19,6; Mc 10,8-9). Lc ha pasado por alto estas dos per\u00ed\u00adcopas de Mc, tal vez porque no eran actuales en su comunidad cristianogentil, pero tambi\u00e9n porque ha percibido, tal vez, una cierta contradici\u00f3n con su forma m\u00e1s radical de concebir el celibato. Seg\u00fan esto podemos concluir que debemos distinguir entre la obligaci\u00f3n del seguimiento para todos los disc\u00ed\u00adpulos y las formas concretas de realizarlo. La historia posterior muestra c\u00f3mo la Iglesia rechaz\u00f3 formas asc\u00e9ticas rigurosas que condenaban el matrimonio absolutamente como algo malo para todos los cristianos.<\/p>\n<p>El ap\u00f3stol P ha renunciado al derecho de ser mantenido por la comunidad en que ejerce su ministerio apost\u00f3lico para no obstaculizar la eficacia del evangelio (1Cor 9,12) y es el \u00fanico ap\u00f3stol que conocemos haya escogido la vida c\u00e9libe como forma de vida apost\u00f3lica (7,7; 9,5), totalmente orientada a Cristo, ya que los valores de la vida presente son relativos y P espera ansiosamente la venida del se\u00f1or (1 Cor 7,25-35). El valor del celibato evang\u00e9lico seg\u00fan Jes\u00fas y el NT consiste en ser signo de la uni\u00f3n del disc\u00ed\u00adpulo con Cristo, sin que se interponga persona alguna de por medio, y de la vida futura (Mt 22,30; Mc 12,25; Lc 20,35-36).<\/p>\n<p>Rodr\u00ed\u00adguez Ruiz<\/p>\n<p>FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret<\/b><\/p>\n<p>(-> viudas, matrimonio). El concepto del celibato, tal como lo ha desarrollado la Iglesia posterior, no existe en la Biblia, ni en Antiguo ni en el Nuevo Testamento. La situaci\u00f3n ideal del hombre y de la mujer en el Antiguo Testamento es el matrimonio. Sin embargo, en el libro de la Sabidur\u00ed\u00ada se incluye un canto al eunuco y a la mujer soltera que son fieles a Dios (Sab 3,13-4,6). En esa l\u00ed\u00adnea, algunos movimientos jud\u00ed\u00ados del tiempo de Jes\u00fas (terapeutas*, esenios*) han podido llevar una vida de celibato, centrada en los valores que se juzgan superiores, relacionados con la presencia de Dios en el mundo. En ese contexto se sit\u00faa la opci\u00f3n de Jes\u00fas y de los primeros cristianos.<\/p>\n<p>(1) Jes\u00fas, hombre c\u00e9libe. Matrimonio mesi\u00e1nico. Entre los temas significativos de la figura de Jes\u00fas en los evangelios est\u00e1 su \u00abcelibato\u00bb, entendido como ausencia de familia exclusiva. Algunos investigadores marginales han elevado la hip\u00f3tesis de que pod\u00ed\u00ada ser viudo; otros han hablado de sus posibles amores como Mar\u00ed\u00ada Magdalena, afirmando, incluso, que estaba casado. Pero nada de eso encuentra apoyo en las fuentes. Jes\u00fas, lo mismo que Juan Bautista, su maestro, aparece como un \u00absolitario\u00bb, como alguien que renuncia a una familia propia (o prescinde de ella) para ponerse mejor al servicio de la obra de Dios o del Reino. En ese sentido podemos empezar diciendo que el celibato de Jes\u00fas se encuentra vinculado a su opci\u00f3n a favor de los \u00abpobres sexuales\u00bb, es decir, de aquellos que no pueden mantener una relaci\u00f3n familiar estable, socialmente reconocida, como los leprosos y las prostitutas, los enfermos y los ni\u00f1os sin protecci\u00f3n. En ese contexto puede inscribirse la expresi\u00f3n y experiencia de los \u00abeunucos por el reino de los cielos\u00bb (Mt 19,12), que sit\u00faa a los seguidores de Jes\u00fas en el espacio humano de los marginados sexuales, por raz\u00f3n biol\u00f3gica o social (aunque el texto parece haber sido creado por una comunidad pospascual con posibles tendencias asc\u00e9ticas). Por eso, el celibato de Jes\u00fas no es una forma de elevarse sobre los dem\u00e1s, en pureza y dignidad, sino de solidarizarse con el \u00faltimo estrato afectivo de la humanidad, con los sexualmente destruidos. De esa forma aparece como un gesto extra\u00f1amente peligroso y fuerte, como una opci\u00f3n a favor de los hombres y mujeres m\u00e1s problem\u00e1ticos para el buen sistema.<\/p>\n<p>(2) Una protesta. Eunucos por el Reino. En la l\u00ed\u00adnea anterior, el celibato de Jes\u00fas puede interpretarse como protesta en contra de una visi\u00f3n posesiva y legalista del matrimonio. Ese tema est\u00e1 ya en el fondo de Mt 19,12, donde  se habla de los \u00abeunucos por el Reino\u00bb, es decir, de aquellos que se sienten capaces de superar un matrimonio que somete a las mujeres (y de otra manera a los hombres) a un tipo de imposici\u00f3n que debe regularse por ley. Ese motivo se expresa de manera m\u00e1s intensa en Mc 12,15, donde Jes\u00fas afirma que, en la resurrecci\u00f3n, hombres y mujeres no se casar\u00e1n, es decir, no se esposar\u00e1n en la manera actual, sino que ser\u00e1n \u00abcomo \u00e1ngeles del cielo\u00bb, viviendo la plena libertad en el amor. Recordemos que el hermano del difunto esposo deb\u00ed\u00ada casarse con la viuda para darle descendencia, de manera que todos, viuda y nuevo esposo, estaban sometidos a una ley de posesi\u00f3n y reproducci\u00f3n; pues bien, por encima de eso, Jes\u00fas ha recordado un ideal de amor, en que hombres y mujeres son como \u00ab\u00e1ngeles del cielo\u00bb; pero debemos recordar que aqu\u00ed\u00ad los \u00e1ngeles no son esp\u00ed\u00adritus asexuados, sino seres capaces de una forma de vinculaci\u00f3n amorosa gratuita y universal. Dicho todo esto, debemos indicar que Jes\u00fas no ha rechazado el matrimonio, sino todo lo contrario: lo ha concebido como signo del reino de Dios (cf. Mc 2,19), lugar y camino de fidelidad definitiva en el amor (cf. Mc 10,7-9), por encima de toda imposici\u00f3n y legalismo. Eso significa que su celibato est\u00e1 al servicio de un matrimonio mesi\u00e1nico (y viceversa: el matrimonio evang\u00e9lico est\u00e1 al servicio de un celibato mesi\u00e1nico). En esa l\u00ed\u00adnea puede y debe interpretarse el signo de la mujer que le unge (Mc 14,2-9) y el de las bodas de Can\u00e1 (Jn 2,1-11).<\/p>\n<p>(3) Pablo. Un celibato dram\u00e1tico. Pablo ha interpretado el celibato (= virginidad) como un comportamiento que responde a la irrupci\u00f3n de los \u00faltimos tiempos (cf. 1 Cor 7,1-40) y que se expresa como signo de libertad para el Evangelio. Hay amores parciales, que atan al hombre o mujer al hacer y rehacer, al comprar y al vender, en el plano del tali\u00f3n, es decir, de la ley de intercambios sociales donde todo se paga y merece, dentro de un sistema bien organizado. Pues bien, superando ese nivel, inspirado en el testimonio de Jes\u00fas, Pablo ha descubierto y ofrecido a los creyentes (especialmente a las mujeres) la posibilidad de un amor que se manifiesta como poder de libertad. El no ha tenido ocasi\u00f3n o necesidad de elaborar una doctrina unitaria sobre el puesto de la mujer en la familia y en la Iglesia, pero ha elaborado unas reflexiones en las que asume y expande, en otra l\u00ed\u00adnea, la palabra de Jes\u00fas sobre el matrimonio: \u00abA los casados les ordeno, no yo sino el Se\u00f1or: que la mujer no se separe del marido&#8230; y que el marido no despida a la mujer\u00bb (1 Cor 7,10; cf. Mc 10,1-12; Mt 19,1-9). Var\u00f3n y mujer est\u00e1n vinculados en un mismo ideal (o exigencia) de fidelidad y as\u00ed\u00ad establecen una relaci\u00f3n sim\u00e9trica de amor en la que son iguales sus derechos y deberes. Sobre el celibato o virginidad Pablo no tiene precepto del Se\u00f1or (1 Cor 7,25), pero sabe dar un consejo que le parece fundamental. A su juicio, siguiendo la l\u00f3gica de la escatolog\u00ed\u00ada (= ha llegado el fin de los tiempos) y conforme a la exigencia de la uni\u00f3n con el Kyrios (de un amor ya liberado de las preocupaciones de este mundo), todos los cristianos deber\u00ed\u00adan ser c\u00e9libes: \u00abEn cuanto a lo que me hab\u00e9is escrito, bien le est\u00e1 al var\u00f3n abstenerse de mujer [1 Cor 7,1]&#8230; Lo que digo (respecto al matrimonio) es una concesi\u00f3n no un mandato. Mi deseo es que todos fueran como yo [c\u00e9libes]; pero cada cual tiene de Dios su carisma particular, unos de una maneras, otros de otra. No obstante, digo a los c\u00e9libes y a las viudas: bien les est\u00e1 quedarse como yo\u00bb (1 Cor 7,6-8). \u00abOs digo pues, hermanos, el tiempo es corto. Por tanto, los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran. Los que lloran como si no llorasen. Los que est\u00e1n alegres como si no lo estuviesen. Los que compran como si no poseyesen. Los que disfrutan del mundo como si no disfrutasen. Porque la apariencia de este mundo pasa. Yo os quisiera libres de preocupaciones. El c\u00e9libe se preocupa de las cosas del Se\u00f1or, de c\u00f3mo agradar al Se\u00f1or. El casado se preocupa de las cosas del mundo, de c\u00f3mo agradar a su mujer; est\u00e1, por tanto, dividido. La mujer no casada, lo mismo que la virgen (muchacha libre) se preocupa de las cosas del Se\u00f1or, de ser santa en el cuerpo y en el esp\u00ed\u00adritu. Pero la casada se preocupa de las cosas del mundo, de c\u00f3mo agradar a su marido. Os digo esto para vuestro provecho, no para tenderos un lazo, sino para moveros a lo m\u00e1s digno y al trato asiduo con el Se\u00f1or, sin divisi\u00f3n\u00bb (1 Cor 7,29-35).<\/p>\n<p>(4) Valores del celibato paulino. Conforme a la experiencia de Pablo, el celibato ofrece a los creyentes una libertad  especial que se halla vinculada al hecho de que les permite trascender un nivel de relaci\u00f3n humana en la que, a su juicio, hombres y mujeres corren el riesgo de vivir sometidos a la esclavitud de los deseos. En esa l\u00ed\u00adnea, el mismo matrimonio es para Pablo una concesi\u00f3n, de manera que \u00ablos casados no pecan, pero tendr\u00e1n su tribulaci\u00f3n en la carne\u00bb (1 Cor 7,28), porque han situado su existencia en ese nivel de carne. Por el contrario, los c\u00e9libes pueden vivir ya desde ahora la experiencia fundante de la libertad sin divisi\u00f3n (1 Cor 7,35), como personas liberadas, que no tienen m\u00e1s preocupaci\u00f3n que aquella que deriva del Se\u00f1or. Pablo vive bajo la urgencia de la llegada del fin de los tiempos, que libera al hombre y a la mujer de todas las preocupaciones del mundo, entre las cuales se encuentra, a su juicio, la vida matrimonial. El celibato, en cambio, pertenece al nivel del Kyrios, es decir, puede situarse mejor en la l\u00ed\u00adnea del encuentro con Jes\u00fas, en el plano de superaci\u00f3n de un mundo que tiende a dominar y oprimir a los hombres. Desde esa perspectiva se entienden sus valores, (a) Libertad. Conforme a la experiencia normal del mundo viejo, el ser humano se encuentra dividido entre Dios y el mundo, entre lo masculino y femenino&#8230;, de forma que no puede alcanzar su libertad personal y autonom\u00ed\u00ada. Pues bien, la experiencia cristiana significa para Pablo el descubrimiento de la individualidad radical: cada ser humano (var\u00f3n o mujer) es persona por s\u00ed\u00ad mismo en el encuentro con el Kyrios, de manera que puede ya vivir sin divisiones ni rupturas interiores. (b) Igualdad sexual. Varones y mujeres son iguales ante el celibato, de manera que puede superarse la visi\u00f3n de una humanidad sexualmente clasista donde la mujer se hallaba como sometida a los varones (primero al padre, luego al marido). La mujer c\u00e9libe aparece como liberada, due\u00f1a de s\u00ed\u00ad misma dentro de la Iglesia, en camino de fidelidad a su Se\u00f1or que es Cristo (el mismo Se\u00f1or de los varones).<\/p>\n<p>(5) Limitaciones del celibato patdino. La visi\u00f3n de Pablo est\u00e1 centrada en la certeza de que ha llegado el fin del mundo: \u00abel tiempo es corto; los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran&#8230;\u00bb (1 Cor 7,29). Es la hora final; ha culminado el proceso de los tiempos. Por eso, los hombres ya no tienen que ganar su vida o sostenerla a trav\u00e9s de sus acciones, porque est\u00e1n salvados por Cristo. Pues bien, entre las grandes acciones de este mundo se encuentra, conforme a la visi\u00f3n jud\u00ed\u00ada, el matrimonio. Pablo supone que los esposos asumen el orden de la creaci\u00f3n y se insertan en la obra c\u00f3smica de Dios, conformando por ella su existencia, como si este mundo no hubiera ya terminado. Pues bien, Pablo piensa que la resurrecci\u00f3n del Cristo permite superar ese nivel, porque ha llegado ya el fin de los tiempos. Por eso los creyentes (varones y mujeres) no se encuentran obligados a casarse, para vivir en plenitud, como personas. Ciertamente, Pablo valora el matrimonio (1 Cor 7,10), pero a\u00f1ade (conforme a su experiencia; cf. 1 Cor 7,25) que, de alg\u00fan modo, al menos para la mujer, el matrimonio se opone al servicio del Kyrios Jes\u00fas, quien, sin embargo, hab\u00ed\u00ada defendido el matrimonio, poniendo de relieve el car\u00e1cter definitivo de su amor (cf. 1 Cor 7,32-35). Parece que Pablo se encuentra demasiado impactado por la experiencia de la nueva libertad cristiana y por la urgencia del final (cf. 1 Cor 7,29-31) como para advertir la tensi\u00f3n (casi contradicci\u00f3n) entre sus dos afirmaciones. Por un lado, sabe que el Se\u00f1or avala el matrimonio y confirma su car\u00e1cter escatol\u00f3gico. Por otro lado, \u00e9l piensa que el matrimonio se opone al amor del Se\u00f1or. Pablo se hallaba ocupado por demasiados problemas y no pudo resolverlos todos, de manera que en el planteamiento del celibato pudo tomar posturas extremistas, que no se compaginaban del todo con su visi\u00f3n del matrimonio seg\u00fan Cristo. Por otro lado, su visi\u00f3n de que \u00abla mujer casada no puede ocuparse de las cosas del Se\u00f1or porque tiene que servir a su marido\u00bb forma parte de una antropolog\u00ed\u00ada posesiva, patriarcalista, que el mismo Evangelio debe hacer que superemos.<\/p>\n<p>(6) El celibato como protesta y como libertad. Conforme a la visi\u00f3n de Pablo, el celibato de la mujer no puede ser una simple protesta contra \u00abel esclavizamiento de las mujeres casadas\u00bb (aunque a veces ha tenido que serlo), sino una expresi\u00f3n de libertad cristiana. Libre ha de ser la mujer casada, libre la c\u00e9libe (y lo mismo el var\u00f3n casado o c\u00e9libe); distintas ser\u00e1n sus formas de expresar la universalidad y concreci\u00f3n del amor de Cristo, en sus cir  cunstancias particulares. Dicho esto, debemos a\u00f1adir que Pablo, desde el conjunto de su experiencia, abri\u00f3 unos temas y ofreci\u00f3 un comienzo de reflexi\u00f3n que puede ser muy importante para la Iglesia posterior, sobre todo desde la perspectiva de la libertad. Es muy posible que, en ciertos momentos, la Iglesia posterior haya tenido miedo de esta libertad rnesi\u00e1nica (personal y social) que el mensaje de Cristo ofrece a los creyentes (en especial a las mujeres), invirtiendo el mensaje de Pablo y convirtiendo la virginidad religiosa de algunas instituciones oficiales (con clausura obligatoria, bajo dominio de una jerarqu\u00ed\u00ada masculina) en una nueva forma de sometimiento.<\/p>\n<p>(7) Apocalipsis. (1) Bodas mesi\u00e1nicas. Un testimonio muy fuerte y discutido del tema del celibato lo ofrece el Apocalipsis, cuando presenta los dos grandes pecados de la Iglesia: la pomeia o prostituci\u00f3n, que significa la compraventa del amor para conseguir ventajas materiales; los idolocitos, que son la comida ofrecida a los \u00ed\u00addolos de Roma, es decir, un tipo de econom\u00ed\u00ada que nos hace esclavos del imperio (cf. Ap 2,14.20). En contra de ese doble y \u00fanico pecado (afectivo y social), el Apocalipsis ha puesto de relieve la fidelidad de los creyentes, que mantienen la confesi\u00f3n de fe y la palabra del amor, conforme a una experiencia que nos sit\u00faa en la l\u00ed\u00adnea del amor \u00abesponsal\u00bb que hab\u00ed\u00adan elaborado algunos grandes profetas (Oseas, Jerem\u00ed\u00adas, Isa\u00ed\u00adas&#8230;) cuando presentan la uni\u00f3n de Dios con los hombres en forma de experiencia nupcial o encuentro enamorado. Este motivo est\u00e1 en el fondo de Mc 2,18-22 (amigos del novio) y de Mt 25,1-13 (novias con aceite), lo mismo que en el simbolismo esponsal del conjunto de Jn 2 y 4 (bodas de Can\u00e1 y Samaritana) y de la tradici\u00f3n de Pablo (cf. Ef 5). Esta es una tradici\u00f3n parab\u00f3lica e incluso mistag\u00f3gica, que puede interpretarse (y se ha interpretado a veces) en formas patriarcales (de supremac\u00ed\u00ada del Cristo-var\u00f3n) o gn\u00f3sticas (de rechazo del mundo), pero que debe ser asumida y recreada desde su origen b\u00ed\u00adblico. En sentido radical, todos los cristianos (varones y mujeres, casados y solteros) han de ser c\u00e9libes para el Reino (han de superar un amor de pomeia o utilizaci\u00f3n posesiva), pudiendo ser, al mismo tiempo, novios o novias (esposos o esposas) en Cristo, viviendo as\u00ed\u00ad la fidelidad de Dios en formas de fidelidad interhumana.<\/p>\n<p>(8) Apocalipsis. 2 El esc\u00e1ndalo de los que \u00abno se han manchado con mujeres\u00bb. En el contexto anterior ha de entenderse una de las palabras m\u00e1s hirientes del Nuevo Testamento y de la Biblia, aquella donde se habla del triunfo de los 144.000 \u00absoldados del cordero\u00bb que no se han manchado con mujeres (Ap 14,4). En principio, en el Nuevo Testamento, la palabra mancha no significa sexo, ni implica erotismo. Pero, en cierto momento, por influjo de un dualismo helenista (y gn\u00f3stico), algunos cristianos varones han identificado la mancha con el gozo sexual, relacion\u00e1ndolo de un modo especial con las mujeres. En esa l\u00ed\u00adnea, ha podido influir una interpretaci\u00f3n sesgada de Ap 14,1-6, donde Jes\u00fas aparece como Cordero Batallador Inmaculado, que triunfa sobre el monte Si\u00f3n, seguido por un ej\u00e9rcito de soldados escogidos, que \u00abno se han manchado con mujeres\u00bb. Este es un texto duro y simb\u00f3licamente ofensivo para las mujeres; por eso, nos hubiera gustado que no estuviera en la Biblia. Pero dentro de su contexto apocal\u00ed\u00adptico puede y debe interpretarse desde la perspectiva del pecado de los \u00e1ngeles de 1 Henoc, donde el pecado no es de las mujeres, sino de los violadores varones, dentro de un mundo donde triunfa la violencia er\u00f3tica masculina: son los varones los que se manchan al violar a las mujeres; s\u00f3lo quienes superan esa violaci\u00f3n pueden acompa\u00f1ar en su triunfo al Cordero. De todas maneras, le\u00ed\u00addo al pie de la letra, este pasaje es contrario al Evangelio y ofensivo para las mujeres, a las que se toma, en contra de Jes\u00fas, como personas que manchan a los hombres. Pero, seg\u00fan el Evangelio, lo que mancha no son las mujeres, ni los varones, sino un tipo de ego\u00ed\u00adsmo y violencia, que puede darse tanto en varones como en mujeres, un ego\u00ed\u00adsmo que se opone a los principios del celibato de Jes\u00fas, cuyo sentido b\u00e1sico era la libertad para el servicio a los pobres y excluidos de la sociedad.<\/p>\n<p>(9) Conclusi\u00f3n. Celibato para el matrimonio, matrimonio para el celibato. La tarea b\u00e1sica de la Iglesia cristiana en este campo consiste en recuperar la gratuidad y universalidad de la opci\u00f3n celibataria de Jes\u00fas, a favor del reino de Dios, es decir, del proyecto de la  nueva humanidad. Jes\u00fas no ha hecho un voto de castidad, ni se ha propuesto ser c\u00e9libe de un modo legal (institucional). M\u00e1s a\u00fan, no sabemos el tipo de vida que \u00e9l hubiera asumido si no le hubieran matado: no podemos proyectar sobre ella ning\u00fan tipo de modelo antropol\u00f3gico antiguo o moderno&#8230; Lo \u00fanico cierto es que \u00e9l se ha entregado al servicio del Reino, en gesto de amor dirigido en concreto, de manera cercana y poderosa, hacia los expulsados y enfermos de su entorno. Su \u00fanico proyecto ha sido el reino de Dios y al servicio de ese Reino ha vivido y ha muerto, de manera que al final de su vida (en su pascua) todos los disc\u00ed\u00adpulos han podido descubrirse identificados con \u00e9l, recreados por su resurrecci\u00f3n. Por eso a\u00f1adimos que para Jes\u00fas el celibato no ha sido un punto de partida, sino una consecuencia. No ha buscado primero el celibato y despu\u00e9s la opci\u00f3n por los impuros y los excluidos, sino al contrario. Lo primero ha sido su opci\u00f3n a favor de aquellos que no ten\u00ed\u00adan familia (publicanos y prostitutas, leprosos y enfermos). Al servicio de esa opci\u00f3n se entiende su celibato, que no le a\u00ed\u00adsla en una casa, ni le encierra en un grupo, sino que le sit\u00faa en el cruce de todos los caminos, en el lugar donde puede dialogar con todos, no s\u00f3lo con publicanos y prostitutas, sino con fariseos y saduceos, con hombres y mujeres de toda condici\u00f3n. Esta capacidad de encarnarse en el centro del mundo, sin \u00abcasarse\u00bb con ning\u00fan poder establecido, define el celibato de Jes\u00fas, frente a la renuncia de los esenios c\u00e9libes de Qumr\u00e1n o de los jud\u00ed\u00ados terapeutas del lago Mareotis de Egipto, que abandonan un tipo de familia por ley sacral o por exigencia de una contemplaci\u00f3n separada del mundo. Tampoco el celibato de Pablo puede entenderse como finalidad en s\u00ed\u00ad, sino que est\u00e1 al servicio de la familia humana, es decir, del amor gratuito y gozoso de hombres, mujeres y ni\u00f1os. Tanto el celibato como el matrimonio, en su forma actual, marcan la limitaci\u00f3n de una forma de vida humana que no puede desarrollar todos los caminos del amor; por eso, los casados han de vivir como si no lo estuvieran y los c\u00e9libes como si no fueran c\u00e9libes, porque unos y otros, todos, s\u00f3lo pueden ser creyentes en la medida en que expresan y expanden el amor del Reino, en comunicaci\u00f3n no imposi tiva. Conforme a una lectura sesgada de la carta a los Hebreos, cuando presenta a Jes\u00fas como sacerdote seg\u00fan el orden de Melquisedec (cf. Heb 5,6.10; 6,20; 7,1-17), algunas tradiciones eclesiales han querido que los ministros de la Iglesia sean hombres separados, sin padre ni madre, personas que han roto con las genealog\u00ed\u00adas de este mundo (genealog\u00ed\u00ada que definen el sacerdocio de Aar\u00f3n o Sadoc), para poder vincularse mejor a todos los hombres, seg\u00fan el orden celeste, suprafamiliar, de Melquisedec. En esa l\u00ed\u00adnea, una Iglesia instituida ha impuesto el celibato para sus ministros, interpret\u00e1ndolo a veces en l\u00ed\u00adnea sacrificial, como si Dios necesitara la ofrenda y renuncia afectiva de sus servidores. Entendido as\u00ed\u00ad, un celibato sacrificial, vinculado a veces a la toma de poder en la Iglesia, puede ir en contra de la libertad de Cristo y del amor del Evangelio. Por el contrario, vivido al modo de Jes\u00fas, el celibato de algunos cristianos puede ser un testimonio fuerte de Evangelio.<\/p>\n<p>Cf. Th. Matura, El radicalismo evang\u00e9lico, Claretianas, Madrid 1980; J. M. R. T\u00ed\u008dllard, El proyecto de vida de los religiosos, Claretianas, Madrid 1974; L. Legrand, La doctrina b\u00ed\u00adblica sobre la virginidad. Verbo Divino, Estella 1976.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n<p>El celibato se define en general, de forma negativa, como el estado de los que no est\u00e1n unidos en matrimonio.<\/p>\n<p>Puede ser voluntario o forzoso, seg\u00fan se escoja libremente o est\u00e9 determinado por unas circunstancias que impiden casarse.<\/p>\n<p>En la perspectiva cristiana, el celibato libremente escogido adquiere un significado claramente positivo, como manera de vivir la sexualidad afectiva, como forma de amor, como vocaci\u00f3n especial.<\/p>\n<p>No sin ciertas incertidumbres de terminolog\u00ed\u00ada, se utiliz\u00f3 muchas veces la expresi\u00f3n \u00abvirginidad consagrada\u00bb para indicar en sentido comprensivo toda renuncia libre al matrimonio y a todo ejercicio de la sexualidad por una entrega particular al \u00abReino de los cielos\u00bb, mientras que se emplea el t\u00e9rmino \u00abcelibato\u00bb para indicar el celibato eclesi\u00e1stico.<\/p>\n<p>Mientras que en la Iglesia de los or\u00ed\u00adgenes, aun dentro de una mentalidad de preferencia acentuada por el celibato \u00abcon vistas al Reino de los cielos\u00bb, el ministerio presbiteral no estaba vinculado a la obligaci\u00f3n del celibato, a partir del s. 1V se introduce la lev del celibato para los presb\u00ed\u00adteros de &#8211; la Iglesia latina, con decretos aprobados por los concilios de Elvira (306) y de Roma (386). Esta ley can\u00f3nica encontr\u00f3 una confirmaci\u00f3n a lo largo de los siglos y, en nuestros d\u00ed\u00adas, en particular con el decreto Presbyterorum ordinis del Vaticano II y con&#8217;la carta apost\u00f3lica Sacerdotalis coelibatus de Pablo VI.<\/p>\n<p>Aunque entre el celibato y el presbiterado no existe un v\u00ed\u00adnculo absolutamente necesario, \u00abel celibato est\u00e1 en m\u00faltiple armon\u00ed\u00ada con el sacerdocio \u00bb (PO 16). Pablo VI, en la Sacerdotalis coelibatus (1967), expone las razones teol\u00f3gicas del celibato eclesi\u00e1stico resumi\u00e9ndolas en estas tres: significado cristol\u00f3gico, eclesiol\u00f3gico y escatol\u00f3gico. El celibato sacerdotal une m\u00e1s directamente al sacerdote con Cristo, lo hace m\u00e1s disponible a los hermanos, y es un testimonio esto es, a la Iglesia, de la vida futura.<\/p>\n<p>G. Cappelli<\/p>\n<p>Bibl.: E. Schillebeeckx, El celibato ministerial, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1968; F BOckle, Elcelibato, Herder, Barcelona 1970; W Bertrams, El celibato del sacerdote, Mensajero, Bilbao 1968; A. Marchetti, Celibato, en DE, 373-376; AA, VV Virginidad y celibato, Verbo Divino, Esteli~ 1969; E. ~ianchi, Celibato y virginidad, en NDE, 183-197.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>Por celibato no se entiende aqu\u00ed\u00ad un mero no casarse, aunque tambi\u00e9n esto puede tener importancia teol\u00f3gica y pastoral si sirve a la realizaci\u00f3n de un valor cristiano, sino la libre renuncia al matrimonio en aras de la fe cristiana, y sobre todo la obligaci\u00f3n de no casarse y de vivir en continencia perfecta que se impone a los sacerdotes de la Iglesia latina por raz\u00f3n de su estado.<\/p>\n<p>I. Desarrollo hist\u00f3rico<br \/>\n1. Entre los fundamentos b\u00ed\u00adblicos del c, se halla la frase del Se\u00f1or en que \u00e9l habla de una renuncia al matrimonio (castrarse) a causa del reino de los cielos (Mt 19, lOss), y aquella otra donde dice que desde la resurrecci\u00f3n no habr\u00e1 matrimonio (Mt 22, 30; Mc 12, 25 ),as\u00ed\u00ad como el deseo del ap\u00f3stol Pablo de que todos fueran como \u00e9l (1 Cor 7, 7 ), pues el c\u00e9libe cuida de las cosas del Se\u00f1or y el casado est\u00e1 dividido (1 Cor 7, 32s). El c. del que ah\u00ed\u00ad se habla ha de ser entendido como fruto de una llamada que aprehende la existencia humana y la lleva a una entrega incondicional (cf. Mt 5, 40; Lc 9, 60; 18, 22). Por jes\u00fas y su evangelio (Mc 10, 29) o por el &#8211;>reino de Dios hay que renunciar incluso a los bienes supremos. Pero ah\u00ed\u00ad todav\u00ed\u00ada no aparece una relaci\u00f3n directa del c. con el servicio eclesi\u00e1stico. M\u00e1s bien, en el cristianismo primitivo se estableci\u00f3 una relaci\u00f3n entre esos consejos y el bautismo, y algunos los siguieron. En ciertas comparaciones b\u00ed\u00adblicas se hall\u00f3 un apoyo para esta tendencia (Mt 9, 15; 22, 1-14; 24, 37-44; Mc 2, 19; 14, 33-37; Lc 5, 34; 12, 35ss; 14, 15-25; Jn 3, 29). S\u00f3lo poco a poco, en uni\u00f3n con el aprecio de la -> virginidad (cf. 2 Cor 11, 2; Ef 5, 25ss 30ss; Act 21, 9), ante la perspectiva de la consumaci\u00f3n final (Ap 14, 3s; 19, 7ss; 21, 2. 9; 22, 17.20s), por influencia de la forma de vida de los ascetas y monjes y apoy\u00e1ndose en preceptos del AT sobre impurezas a evitar antes del culto, surgi\u00f3 el c, como ley del estado sacerdotal. En el desarrollo jur\u00ed\u00addico del c. fue un punto de partida y un pensamiento director la prescripci\u00f3n de las cartas pastorales, discutida en su interpretaci\u00f3n, seg\u00fan la cual obispos, di\u00e1conos y presb\u00ed\u00adteros deben ser \u00abmaridos de una sola mujer (1 Tim 3, 2.12; Tit 1, 6s).<\/p>\n<p>2. Las disposiciones legales sobre el c. se remontan hasta principios del s. tv. Por af\u00e1n de una total entrega religiosa y tambi\u00e9n bajo el influjo de un dualismo gn\u00f3stico de tipo maniqueo, algunos sacerdotes despu\u00e9s de su ordenaci\u00f3n se sintieron obligados a renunciar a la prosecuci\u00f3n de su vida matrimonial. El canon 4 del s\u00ed\u00adnodo de Gangra (340) permite reconocer que esto respond\u00ed\u00ada tambi\u00e9n a una exigencia m\u00e1gica del pueblo. Mientras en la Iglesia oriental el celibato s\u00f3lo fue preceptuado para los obispos, que poseen la plenitud del sacerdocio (legislaci\u00f3n fijada en el s, vri por el emperador Justiniano t y por el segundo s\u00ed\u00adnodo de Trulla), en el oeste las disposiciones del s\u00ed\u00adnodo de Elvira quedaron generalizadas en gran parte gracias al papa Siricio (DS 118s, 185). Un intento del concilio de Nicea (325) de extender el c. a toda la Iglesia no lleg\u00f3 a cuajar. Le\u00f3n 1 y Gregorio t extendieron el c. a los subdi\u00e1mnos. Puesto que lo prohibido no era propiamente el matrimonio, sino su uso, en los s. v-vii se exigieron a los candidatos al sacerdocio (y a sus mujeres) promesas de continencia, y desde el s. vi se exigi\u00f3 tambi\u00e9n la separaci\u00f3n de los c\u00f3nyuges leg\u00ed\u00adtimos. El que los s\u00ed\u00adnodos debieran intervenir una y otra vez indica las dificultades f\u00e1cticas que se presentaban. En la edad media fue un motivo propulsor del c. el temor de que se perdieran los bienes eclesi\u00e1sticos por convertirse en posesi\u00f3n hereditaria de la familia; este problema se remonta a los s. v-vi. En el s. xii se lleg\u00f3 a decretar la nulidad de un matrimonio de mayoristas. A pesar de duras discusiones en el tiempo de la reforma, el concilio de Trento estableci\u00f3 en firme que quienes han recibido \u00f3rdenes mayores son incapaces de matrimonio (DS 1809). La f\u00f3rmula que el Niceno adopt\u00f3 \u00aben virtud de una tradici\u00f3n antigua\u00bb, \u00e1 saber: \u00abNing\u00fan matrimonio despu\u00e9s de haber recibido alguna orden mayor\u00bb, fundamentalmente ha sido mantenida por el magisterio como una norma apost\u00f3lica, incluso en el concilio Vaticano ii y en los documentos aparecidos posteriormente.<\/p>\n<p>3. Seg\u00fan el derecho vigente de la Iglesia latina, el cual est\u00e1 fijado en el CIC, los cl\u00e9rigos de \u00f3rdenes menores por el matrimonio abandonan el estado clerical (can. 132, \u00c2\u00a7 2). A los cl\u00e9rigos de \u00f3rdenes mayores les est\u00e1 prohibido contraer matrimonio. Ellos est\u00e1n obligados de manera especial a guardar castidad. Un pecado contra la castidad es sacrilegio (can. 132, \u00c2\u00a7 1) y, en caso de una infracci\u00f3n externa de la ley (can. 2195), constituye un delito punible (can. 2325). El intento de contraer matrimonio es nulo (can. 1072) e, incluso en el caso de contraerlo en forma meramente civil, acarrea la irregularidad (can. 985, n. 3), la p\u00e9rdida de los oficios eclesi\u00e1sticos (can. 188, n. 5) y la excomuni\u00f3n (can. 2388). Las disposiciones legales sobre la absoluci\u00f3n de la excomuni\u00f3n (can. 2252; Decreto de la sagrada penitenciar\u00ed\u00ada de 18-4-36 y 14-5-1937) y sobre la dispensa del impedimento matrimonial concedida a di\u00e1conos y subdi\u00e1conos en peligro de muerte (can. 1043s), as\u00ed\u00ad como sobre la reducci\u00f3n al estado secular con la dispensa del c. (can. 214, 1992-1998), han quedado completadas y mitigadas por \u00abactos de gracia\u00bb de la santa sede, y especialmente por los documentos del concilio Vaticano ri (Lumen gentium, n. 29, Presbyterorum ordinis, n. 16), e igualmente por el Motu propr\u00ed\u00ado Sacrum diaconatus ordinem (N\u00fam. 4, lls, 16) y por la Enc. Sacerdotales caelibatus (n\u00fams. 42, 84s, 87s). As\u00ed\u00ad, p. ej., se puede fundamentar las solicitudes de dispensa en motivos de falta de libertad y de aptitud, los cuales hasta ahora (can. 214) no estaban previstos, y tambi\u00e9n por otras razones puede alcanzarse la dispensa de toda clase de obligaciones. Para hombres casados es posible la ordenaci\u00f3n de di\u00e1cono, si la esposa consiente, los c\u00f3nyuges han convivido ya bastantes a\u00f1os en estado de matrimonio y los candidatos han cumplido los 35 a\u00f1os (cf. las condiciones de 1 Tim 3, l0ss). Pero despu\u00e9s de la ordenaci\u00f3n los di\u00e1conos no pueden casarse. El que a hombres casados se les conceda el presbiterado (cf. can. 132, \u00c2\u00a7 3; 987, n. 2), s\u00f3lo est\u00e1 previsto para ministros de otras Iglesias o comunidades cristianas que aspiran a la uni\u00f3n con la Iglesia cat\u00f3lica y quieren seguir ejerciendo su sagrado ministerio.<\/p>\n<p>II. Doctrina del magisterio de la Iglesia<br \/>\n1. En la doctrina del magisterio eclesi\u00e1stico sobre el c. parece ser caracter\u00ed\u00adstico el hecho de que ella se sabe obligada a la prescripci\u00f3n can\u00f3nica del c. y al mismo tiempo intenta mediar entre \u00e9sta y la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica acerca del problema ah\u00ed\u00ad implicado. Puesto que dentro de la Iglesia misma se levantan voces contra el c. y en todos los siglos ha habido importantes tendencias contrarias a \u00e9l, la elecci\u00f3n y exposici\u00f3n de los temas relativos al c. por parte del magisterio se muestra influenciada por los respectivos ataques y por el modo de su fundamentaci\u00f3n. As\u00ed\u00ad las afirmaciones doctrinales son con frecuencia apolog\u00e9ticas, pol\u00e9micas o exhortativas. El c. es tratado casi siempre desde el punto de vista de la castidad y en el mismo plano que la virginidad.<\/p>\n<p>2. El concilio de Trento, aunque acentu\u00f3 mucho la dignidad del &#8211;> matrimonio sacramental, sin embargo lanz\u00f3 el anatema contra quienes opinaren \u00abque el estado de matrimonio deba preferirse al de virginidad o al de celibato y que no es mejor y m\u00e1s bienaventurado perseverar en el celibato o en la virginidad que el contraer matrimonio\u00bb (DS 1810). Pero este juicio, que est\u00e1 formulado a base de la idea de los distintos estados, no niega que algunas personas casadas puedan estar m\u00e1s cerca de Dios que los obligados al c. P\u00ed\u00ado xii rechaz\u00f3 en su enc. Sacra virginitas, relativa tambi\u00e9n al c., la opini\u00f3n de que \u00abs\u00f3lo el matrimonio garantiza un desarrollo natural de la persona humana\u00bb y de que \u00abel sacramento de tal modo santifica el acto del matrimonio, que \u00e9ste se convierte en un medio de uni\u00f3n con Dios m\u00e1s eficaz que la virginidad misma\u00bb (DS 3911s). Con esta formulaci\u00f3n, m\u00e1s matizada que la del Tridentino, se da indirectamente un punto de partida para la elaboraci\u00f3n de las multiformes relaciones entre el matrimonio y el c., relaciones que no pueden valorarse bajo un solo aspecto.<\/p>\n<p>3. El concilio Vaticano II ha aportado una renovaci\u00f3n esencial y un desarrollo ulterior de la doctrina por el hecho de que, en la Constituci\u00f3n dogm\u00e1tica Lumen Gentium, se opone a la idea de que s\u00f3lo los celibatarios vivan con coraz\u00f3n \u00abno dividido\u00bb (n. 42). La llamada a la santidad sobre toda medida, a ser perfectos \u00abcomo vuestro Padre celestial es perfecto\u00bb (Mt 5, 48), la entiende el concilio como un llamamiento dirigido a todos los cristianos, y no s\u00f3lo a los que por motivos religiosos permanecen c\u00e9libes (n. 40). A pesar de todo, el decreto conciliar Optatam totius exige que los candidatos al sacerdocio vean claramente la preeminencia de la virginidad consagrada a Cristo sobre el matrimonio (n. 10). Seg\u00fan la constituci\u00f3n Lumen gentium la santidad de la Iglesia es promovida por los diversos consejos del Se\u00f1or que han de cumplir sus disc\u00ed\u00adpulos. Pero entre estos consejos destaca el don precioso y divino de la gracia que el Padre da a algunos para que, permaneciendo v\u00ed\u00adrgenes o c\u00e9libes, con m\u00e1s felicidad (!) se consagren plenamente a Dios con coraz\u00f3n no dividido. As\u00ed\u00ad el celibato es se\u00f1al y est\u00ed\u00admulo del amor (n. 42). En los decretos Optatam totius (n. 10) y Perfectae caritatis (n. 12) queda proclamado el c. \u00abpor el reino de los cielos\u00bb casi con las mismas palabras para sacerdotes y religiosos. Seg\u00fan Presbyterorum ordinis (n. 16) el celibato no es exigido por la esencia del sacerdocio, pero es adecuado a \u00e9l desde muchos puntos de vista y est\u00e1 fundamentado en el misterio de Cristo y de su misi\u00f3n. Por eso queda nuevamente roborada la ley del celibato en la Iglesia latina para aquellos que han sido escogidos para el sacerdocio. Esta f\u00f3rmula, limitada frente a las anteriores, deja el camino abierto para di\u00e1conos casados (&#8211;>diaconado). Pero queda sin tratar la pregunta de por qu\u00e9 raz\u00f3n, en determinadas circunstancias, ciertas formas de ministerio sacerdotal no ser\u00ed\u00adan compatibles con el matrimonio y no podr\u00ed\u00adan estar fundadas en el misterio de Cristo y de su misi\u00f3n.<\/p>\n<p>4. La enc\u00ed\u00adclica Sacerdotalis caelibatus desarrolla el pensamiento del c. de cara a Cristo, a la Iglesia y a la consumaci\u00f3n final, y resalta como no lo hab\u00ed\u00ada hecho antes ning\u00fan otro supremo jerarca algunos puntos de vista antropol\u00f3gicos. Aunque el documento pontificio rechaza toda modificaci\u00f3n en la obligaci\u00f3n del celibato y defiende claramente la legislaci\u00f3n de la Iglesia latina, pregunta, sin embargo, con aquellos que hacen objeciones si \u00abesta pesada ley\u00bb no deber\u00ed\u00ada dejarse a la libre elecci\u00f3n de cada uno (n. 3), y si no deber\u00ed\u00ada darse acceso al sacerdocio a quienes se sienten llamados a \u00e9l, pero no al c. (n. 7). En la elecci\u00f3n de los doce Jes\u00fas no exigi\u00f3 el c. (n. 5). El carisma del servicio sacerdotal se distingue del carisma del celibato, el car\u00e1cter obligatorio de \u00e9ste est\u00e1 condicionada por el tiempo (n\u00fams. 14s, 17); la pr\u00e1ctica de la Iglesia oriental se debe igualmente al soplo del Esp\u00ed\u00adritu (n. 38). Con todo, la Enc. espera que, por la inteligencia de un ministerio sacerdotal totalmente unido a Cristo, se ver\u00e1 cada vez m\u00e1s claramente el v\u00ed\u00adnculo entre el sacerdocio y el c. (n. 25). El matrimonio y la familia no son las posibilidades \u00fanicas de una madurez plena (n. 56). Pero la bondad paternal del obispo ha de extenderse tambi\u00e9n a los hermanos que sufren bajo el c., y no debe perder de vista a los que claudican en \u00e9l (n\u00fameros 87, 91-94).<\/p>\n<p>III. Situaci\u00f3n actual<br \/>\n1. El c. es actualmente objeto de discusi\u00f3n fuera y dentro de la Iglesia. Por su contenido y su forma las discusiones se reflejan tambi\u00e9n en la enc. Sacerdotalis caelibatus. IRsta ciertamente tiene el o\u00ed\u00addo atento a las cuestiones actuales, pero propiamente no les da una soluci\u00f3n, sino que ofrece un variado caudal doctrinal en el marco de distintas direcciones teol\u00f3gicas. Recoge tambi\u00e9n elementos de la tradici\u00f3n que el Vaticano ri dej\u00f3 atr\u00e1s o intent\u00f3 superar, p. ej.: la expresi\u00f3n castitas perfecta (n\u00fams. 6s, 13) y la identificaci\u00f3n m\u00ed\u00adstica del sacerdote con Cristo, as\u00ed\u00ad como su situaci\u00f3n peculiar que le convierte casi en un \u00abhombre excepcional\u00bb (n\u00fams. 13, 24s, 31s, 56). \u00bfQuiso la enc\u00ed\u00adclica exponer que la verdad religiosa y cristiana es m\u00e1s amplia que lo entendido y expresado en una \u00e9poca determinada? En todo caso el documento pontificio exhorta a una elaboraci\u00f3n cuidadosa de los problemas no resueltos y ofrece para ello valiosos puntos de apoyo, entre otras cosas por el reconocimiento de importantes hechos hist\u00f3ricos y de nuevos m\u00e9todos pastorales.<\/p>\n<p>2. Una objetiva discusi\u00f3n teol\u00f3gica que se sepa obligada, no a la defensiva o a la ofensiva, sino a la verdad, se ha hecho dif\u00ed\u00adcil en este momento. En la Iglesia misma se oponen dos frentes, cuyos representantes extremistas o bien convierten el problema en tab\u00fa o bien lo consideran zanjado en contra del c. Sin embargo, ning\u00fan partido puede alcanzar realmente ganancias a costa de la objetividad. Ser\u00ed\u00ada de desear una manifestaci\u00f3n sincera de las opiniones; discursos paneg\u00ed\u00adricos y cr\u00ed\u00adticas unilateralmente negativas lo \u00fanico que hacen es crear una oposici\u00f3n que oscurece los valores esenciales del c. Cu\u00e1n largo es el camino hasta una comprensi\u00f3n magn\u00e1nima lo muestra, p. ej., la postura poco cristiana de oposici\u00f3n que se advierte en algunos lugares frente a hermanos casados que se han convertido al catolicismo. La incapacidad de conceder sinceramente a otros aquello a que se ha renunciado voluntariamente hace muy dudosa la autenticidad carism\u00e1tica del propio c. Y en la alusi\u00f3n a la ley m\u00e1s suave del c. en la Iglesia oriental se omite con gusto que tambi\u00e9n all\u00ed\u00ad se exigen considerables sacrificios, especialmente de los sacerdotes viudos. Aunque podemos preguntarnos si la legislaci\u00f3n oriental en \u00faltimo t\u00e9rmino no significa una soluci\u00f3n \u00aba medias\u00bb, favorecida por antiguas concepciones acerca de la ilicitud de una \u00abbigamia sucesiva\u00bb.<\/p>\n<p>3. La problem\u00e1tica actual del c. crece en el plano teol\u00f3gico a causa de una nueva comprensi\u00f3n del ->matrimonio y del ministerio sacerdotal (-> sacerdote). Si el matrimonio fue considerado durante un tiempo como cosa meramente permitida, la constituci\u00f3n pastoral del Concilio Gaudium et spes afirma, en cambio, que el Se\u00f1or ha dignificado, sanado, perfeccionado y elevado la uni\u00f3n matrimonial mediante un don especial de su gracia y de su amor (n. 49), que el Se\u00f1or mismo permanece con los esposos y que \u00e9stos, en su Esp\u00ed\u00adritu, llegan a su propia perfecci\u00f3n, a la santificaci\u00f3n mutua y as\u00ed\u00ad, los dos juntos, a la glorificaci\u00f3n de Dios (n. 48). Acerca de los sacerdotes, tantas veces considerados como \u00abseres superiores\u00bb, el decreto conciliar Presbyterorum ordinis (n. 9) dice que ellos, a pesar de su alto y necesario oficio, junto con todos los creyentes, junto con aquellos que renacieron en la fuente del bautismo, son disc\u00ed\u00adpulos del Se\u00f1or, hermanos entre hermanos y miembros del \u00fanico cuerpo de Cristo, cuya edificaci\u00f3n est\u00e1 confiada a todos. Los argumentos en favor del c. que contradicen a tales afirmaciones del concilio (en cuanto se los transmite sin una nueva reflexi\u00f3n) carecen de valor y son rechazados con raz\u00f3n. A\u00f1\u00e1dese a esto que en el plano social actualmente el matrimonio se deja al juicio privado de cada hombre en casi todos los tipos de profesi\u00f3n. Frente a esto la ley eclesi\u00e1stica del c. se presenta como un resto de tiempos pasados. Tambi\u00e9n la estructura yo-t\u00fa del matrimonio, la paridad social de derechos de la mujer, la nueva experiencia de la corporalidad y la valoraci\u00f3n positiva de los contactos entre los sexos para el desarrollo y la madurez de todos los hombres (no s\u00f3lo de los casados) agudizan el problema y piden respuestas adecuadas a los tiempos. Por otro lado, s\u00f3lo los creyentes pueden enjuiciar adecuadamente el c. como forma especial de realizaci\u00f3n de la vida cristiana.<\/p>\n<p>4. Si finalmente preguntamos por el problema nuclear de la discusi\u00f3n actual acerca del c., hemos de advertir que topamos cada vez m\u00e1s con la cuesti\u00f3n de si el c. por el reino de los cielos, que seg\u00fan el NT es un don de la gracia, puede ser objeto de una obligaci\u00f3n legal. Por urgente que sea esta cuesti\u00f3n, advirtiendo por otro lado que lo pneum\u00e1tico en la Iglesia siempre ha quedado plasmado en lo institucional, el n\u00facleo de la problem\u00e1tica no est\u00e1 aqu\u00ed\u00ad, sino en la inseguridad de los sacerdotes j\u00f3venes con relaci\u00f3n a su \u00abfunci\u00f3n\u00bb y en la falta de claridad de la ciencia teol\u00f3gica en la concepci\u00f3n del oficio sacerdotal. La legislaci\u00f3n relativa al c. respond\u00ed\u00ada hasta ahora a una imagen del sacerdote centrada en la pureza, la santidad y la mediaci\u00f3n (-> \u00f3rdenes sagradas).<\/p>\n<p>Mas, por el retorno a las formas de la Iglesia en el primitivo cristianismo b\u00ed\u00adblico (i sacerdocio com\u00fan de todos los bautizados!), por el esfuerzo en orden a un di\u00e1logo con el mundo y por la creciente relaci\u00f3n de la teolog\u00ed\u00ada al momento presente, esa imagen del sacerdocio est\u00e1 tambale\u00e1ndose en gran parte, al menos para los sacerdotes j\u00f3venes. Muchos entienden su servicio \u00abfuncionalmente\u00bb, y a duras penas pueden entender por qu\u00e9 raz\u00f3n la ley vigente une indisolublemente el c. y el ministerio sacerdotal, y por qu\u00e9 motivo la Iglesia oficial (prescindiendo de singulares excepciones) s\u00f3lo considera aptos para el sacerdocio a aquellos a quienes Dios, junto con los otros signos de vocaci\u00f3n, les ha dado tambi\u00e9n el don del c. (Sacerdotales caelibatus, n\u00fams. 14s, 62). Esto es tanto m\u00e1s importante por el hecho de que la generaci\u00f3n joven subraya el car\u00e1cter carism\u00e1tico del c. y con ello nos da un testimonio de fe. Observemos, sin embargo, que el t\u00e9rmino \u00abcarisma\u00bb es ambiguo, y puede ser que tras \u00e9l se oculte una huida, quiz\u00e1 una crisis de fe.<\/p>\n<p>IV. Funciones pastorales<br \/>\n1. Merece especial atenci\u00f3n una reflexi\u00f3n pastoral. Si el c. es don de la gracia, en consecuencia no est\u00e1 en manos de hombres el que sean pocos o muchos los que participen de \u00e9l. Pero si se desata una disputa en torno a este don de la gracia, la pastoral ha de preguntar d\u00f3nde se hallan los obst\u00e1culos para su realizaci\u00f3n creyente. \u00bfEs que la semilla divina ha sido sofocada por la \u00abciza\u00f1a\u00bb de una motivaci\u00f3n demasiado humana? \u00bfO ha sido arrancada tambi\u00e9n la semilla por querer alejar la ciza\u00f1a? Tambi\u00e9n para el c. sacerdotal la imagen directiva es la experiencia apost\u00f3lica de la Iglesia primitiva, en virtud de la cual muchos creyentes en tal medida quedaron aprehendidos por la fuerza de la gracia del reino de Dios que estaba irrumpiendo, en tal medida se llenaron de ella, que ya no \u00abpod\u00ed\u00adan\u00bb casarse, pues por amor al Se\u00f1or \u00abten\u00ed\u00adan que\u00bb estar totalmente disponibles para la edificaci\u00f3n de las comunidades. \u00bfSigue siendo \u00e9ste el caso de los ministros c\u00e9libes en nuestros d\u00ed\u00adas? Y si la respuesta es negativa, \u00bfqu\u00e9 ha cambiado?<br \/>\n2. Para el servicio salv\u00ed\u00adfico es eficaz el c. vivido con sencilla naturalidad. Ese c. crece en el silencio (cf. Mc 4, 27), pertenece a los magnalia Dei y no de los hombres. La discusi\u00f3n tumultuosa sobre el c. es nociva, e igualmente lo es su condenaci\u00f3n y sobre todo la etiqueta de \u00abtab\u00fa\u00bb puesta sobre el problema. Lo mejor es enfocar el c. con toda serenidad. El no casarse a causa de tareas importantes que absorben plenamente al hombre puede experimentarse, incluso dentro del mundo, como algo lleno de sentido y como una naturalmente posible forma de realizaci\u00f3n del ser personal del hombre. Por eso es totalmente necesario hacer comprensible a los creyentes la frase del Se\u00f1or seg\u00fan la cual puede ser bueno no casarse por el reino de los cielos. No cabe negar sin m\u00e1s que en la continencia haya una fuente de fuerza, la cual pueda mostrarse creadora, pero ese aspecto es secundario, de poco relieve, para el c. por el reino de los cielos. Pero hemos de notar, sin embargo, c\u00f3mo el hecho de que el sacerdote viva en estado c\u00e9libe no significa todav\u00ed\u00ada que \u00e9l est\u00e9 plenamente disponible para el reino de Dios. Con todo el c. se muestra adecuado al sacerdote, ya que es un camino t\u00ed\u00adpico para ese estar plenamente disponible, y los que se hallan en el servicio sacerdotal deber\u00ed\u00adan realmente estar siempre \u00aba disposici\u00f3n\u00bb. Pero aqu\u00ed\u00ad hemos de hablar del c. con humilde reserva. Tambi\u00e9n muchos casados est\u00e1n a disposici\u00f3n de las exigencias de Cristo y del reino de Dios. Por eso la expresi\u00f3n castidad \u00abperfecta\u00bb, p. ej., es equ\u00ed\u00advoca para ellos y les parece presuntuosa, de modo que \u00abprueba\u00bb m\u00e1s en contra que a favor del celibato.<\/p>\n<p>3. La ley can\u00f3nica quiere fortalecer el carisma del celibato (Sacerdotales caelibatus, n. 62). Mas por su car\u00e1cter legal el c. muchas veces es aceptado solamente como condici\u00f3n para el sacerdocio. Hay ministros que se rebelan contra la necesidad de que el candidato al sacerdocio deba afirmar positivamente el c. como \u00abconditio sine qua non\u00bb. En consecuencia el c. pierde la fuerza persuasiva de la experiencia existencial del no poder casarse por amor a Cristo y por su reino, y deja de ser un \u00abtestimonio de la libertad\u00bb. El temor de que el celibato carism\u00e1tico desaparecer\u00ed\u00ada si no existiera la ley se presenta como un argumento peligroso. \u00bfNo ha vuelto a irrumpir este carisma en la Iglesia protestante sin necesidad de ley? Pero el problema tiene otro aspecto, que posibilita el car\u00e1cter legal. Puesto que la expresi\u00f3n b\u00ed\u00adblica jorein no s\u00f3lo puede traducirse por \u00abcomprender\u00bb o \u00abentender\u00bb: \u00abNo todos comprenden esto, sino solamente aquellos a quienes se les ha concedido&#8230; Quien es capaz de comprender, comprenda\u00bb (Mt 19, lls), sino que tambi\u00e9n tiene el sentido de \u00abhacer sitio\u00bb, \u00abrecibir\u00bb, \u00abprocurar\u00bb, \u00abatreverse>>, aqu\u00ed\u00ad entra en juego la totalidad de lo humano: \u00abNo todos son capaces&#8230; Mas quien se sienta con fuerzas, \u00c2\u00a1que lo intente con audacia!\u00bb En este sentido el c. no pertenecer\u00ed\u00ada a los carismas que, o se tienen, o no se tienen, sino a aquellos otros a los que seg\u00fan el adoctrinamiento del ap\u00f3stol Pablo es l\u00ed\u00adcito aspirar (1 Cor 12, 31). Esto es importante no s\u00f3lo para la predicaci\u00f3n acerca del c., sino tambi\u00e9n para la vida celibataria de todo sacerdote.<\/p>\n<p>4. En la formaci\u00f3n de los sacerdotes el c. de ning\u00fan modo puede fundamentarse en un desprecio de lo corporal y lo sexual o en proyectos irreales para la vida. El c. de un religioso contemplativo y el del sacerdote que est\u00e1 inmediatamente a servicio de la salvaci\u00f3n ajena se desarrollar\u00e1n en forma distinta. Pero en los dos se requerir\u00e1, no s\u00f3lo una responsable decisi\u00f3n personal con el prop\u00f3sito de mantenerla, sino tambi\u00e9n una madurez afectiva y una transformaci\u00f3n adecuada a los estadios de evoluci\u00f3n y a la edad. Puesto que la &#8211;> sexualidad del c\u00e9libe no puede quedar sin integrarse y la integraci\u00f3n s\u00f3lo es posible en una aut\u00e9ntica relaci\u00f3n mutua de sexos, hay que buscar y conceder caminos para este fin. Y, as\u00ed\u00ad como las distintas naciones han desarrollado el c. en modos diversos (en manera formalmente jur\u00ed\u00addica, o institucional, o espiritualizante), del mismo modo en la vida de cada sacerdote pueden darse distintos grados de realizaci\u00f3n, los cuales van desde una existencia solitaria en el amor a Cristo hasta una amistad muy individual entre personas de distinto sexo. Desde que la mujer es reconocida en la Iglesia como un laico con plenitud de derechos, el di\u00e1logo y la colaboraci\u00f3n pastoral del sacerdote con ella ya no se pueden evitar. Hay que atreverse a tal di\u00e1logo y colaboraci\u00f3n y es necesario ejercitarse en ellos. Una relaci\u00f3n fraternal de los sacerdotes entre s\u00ed\u00ad y una bien organizada vida com\u00fan, llevada con gozo y con confianza, pueden constituir una protecci\u00f3n en este \u00e1mbito. El c. nunca es solamente un mandato a cumplir, sino que adem\u00e1s es siempre una meta a alcanzar.<\/p>\n<p>5. Conociendo los peligros de una creciente falta de sacerdotes, en la actualidad incluso algunos defensores decididos del c. se inclinan por la ordenaci\u00f3n de hombres casados, probados en su testimonio creyente, p. ej., aquellos que en virtud de sus dotes sean designados por la comunidad para el oficio de presidente. Tambi\u00e9n se piensa en un \u00absegundo camino\u00bb hacia el sacerdocio. Si en un candidato, apto por lo dem\u00e1s, se pone de manifiesto que \u00e9l no re\u00fane las condiciones necesarias para el c., hay que animarle a que escoja una tarea adecuada del ministerio eclesi\u00e1stico &#8211; la cual podr\u00ed\u00ada llegar a encomendarse sacramentalmente -, e incluso a que contraiga matrimonio. Si por su servicio y por su vida matrimonial se ve que \u00e9l es digno de confianza, cabe pensar en conferirle la plenitud de la potestad sacerdotal. Hemos de reconocer, sin embargo, que tambi\u00e9n se contradice en\u00e9rgicamente a esas reflexiones. Pero el plan opuesto a \u00e9ste, el de elegir casados no ordenados para los distintos campos de la predicaci\u00f3n y de la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica, incluso para los organismos claves en que se decide la marcha de la Iglesia, reservando la direcci\u00f3n de la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica y la administraci\u00f3n de la penitencia sacramental y de la extremaunci\u00f3n al celibatario ordenado, parece igualmente arriesgado, pues as\u00ed\u00ad disminuir\u00ed\u00ada la importancia de los ordenados y podr\u00ed\u00ada desvanecerse la concepci\u00f3n de la ordenaci\u00f3n sacramental. Naturalmente se plantea aqu\u00ed\u00ad la cuesti\u00f3n decisiva de si la ordenaci\u00f3n de casados debe ser solamente una \u00absoluci\u00f3n de emergencia\u00bb o, adem\u00e1s, se trata de que la Iglesia comienza a reconocer que en el presente y en el futuro tanto los ministros casados como los c\u00e9libes pueden representar lo que se llama \u00abprofec\u00ed\u00ada real\u00bb. Pues casi todo lo que se puede afirmar del c. como signo cristiano y escatol\u00f3gico, se puede decir tambi\u00e9n del matrimonio. Ciertamente el matrimonio y el c. no son equiparables, pero la consumaci\u00f3n final, en la que el Se\u00f1or ser\u00e1 todo en todos, ha de describirse \u00abmatrimonial\u00bb y \u00abvirginalmente\u00bb a la vez. Es de esperar que la jerarqu\u00ed\u00ada eclesi\u00e1stica, movida por los sucesos de Holanda y con ocasi\u00f3n del segundo simposio europeo de obispos (Coira, 7-10 de julio de 1969), abordar\u00e1 el problema del celibato obligatorio y de su esclarecimiento, aunque la cuesti\u00f3n se plantea en forma distinta, e incluso contraria, en los distintos pa\u00ed\u00adses y continentes.<\/p>\n<p>6. En la l\u00ed\u00adnea de estas reflexiones se vislumbran nuevas modalidades en las tareas pastorales. Deber\u00e1 formarse una generaci\u00f3n de sacerdotes que con toda naturalidad se entreguen plenamente al Se\u00f1or y a su reino, al apostolado y a la misi\u00f3n, y que lo hagan con alegr\u00ed\u00ada y persuasi\u00f3n internas. Probablemente la futura decisi\u00f3n de fe de hombres j\u00f3venes en medio de un mundo secularizado incluir\u00e1 m\u00e1s decididamente que hasta ahora el c. sacerdotal. Pues hemos de contar con que los ministros eclesi\u00e1sticos ya no experimentar\u00e1n su ministerio como una profesi\u00f3n perfectamente encuadrada en la sociedad burguesa, sino como una forma de vida que de antemano est\u00e1 en contradicci\u00f3n con lo usual. E incluso prescindiendo de tales perspectivas, se tratar\u00e1 cada vez m\u00e1s claramente de un testimonio libre y de una respuesta libre a la llamada divina. En una situaci\u00f3n as\u00ed\u00ad el centro de gravedad no puede estar en el c., sino en la salvaci\u00f3n de todos en Cristo. Si anteriormente los sacerdotes secularizados y casados en general eran despreciados, la Iglesia actual para hacerse cre\u00ed\u00adble se ve obligada a servir a Cristo tambi\u00e9n en esos hermanos (cf. Mt 25, 40). Para juzgar de la aptitud o no aptitud para el c. sacerdotal, seg\u00fan la enc. Sacerdotalis caelibatus (n. 63ss) hay que recurrir a la ayuda de un m\u00e9dico o de un psic\u00f3logo, y tambi\u00e9n para el asesoramiento de sacerdotes que sufran ps\u00ed\u00adquica, profesional o moralmente se necesitar\u00e1 la ayuda del especialista. En Francia se ocupan de ello, aparte de c\u00ed\u00adrculos libres, dos instituciones (AMAR y AMAC, para religiosos y sacerdotes diocesanos). Tambi\u00e9n en otros pa\u00ed\u00adses como Alemania, Austria, Suiza y Espa\u00f1a (a nivel m\u00e1s bien particular) hay intentos de este tipo.<\/p>\n<p>Leonhard M. Weber<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\">La palabra espa\u00f1ola se deriva del lat\u00edn <em>caelebs<\/em> \u00abno casado\u00bb, y se refiere a la abstinencia del matrimonio por parte del clero y las \u00f3rdenes mon\u00e1sticas de la Iglesia Cat\u00f3lica Romana. Esta iglesia reconoce que antes del tiempo del Concilio de Nicea (325) el clero ten\u00eda libertad para casarse (<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">CE<\/a>, III, p. 483) de acuerdo con la pr\u00e1ctica de la iglesia apost\u00f3lica (1 Ti. 3:1\u201312). Sin embargo, a fines de este per\u00edodo se introdujo clandestinamente dentro de la iglesia una doble norma de espiritualidad. Se tom\u00f3 nota de las palabras de Jes\u00fas sobre algunos \u00abque a s\u00ed mismos se hicieron eunucos por causa del reino de los cielos\u00bb (Mt. 19:12). Su conclusi\u00f3n, \u00abEl que sea capaz de recibir esto, que lo reciba\u00bb, parec\u00eda dar a entender que el celibato era una norma voluntaria muy elevada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pablo, por las exigencias de esos momentos, aconsej\u00f3 a los Corintios (1 Co. 7:32\u201335) que uno podr\u00eda servir al Se\u00f1or m\u00e1s adecuadamente en estado de soltero. El crecimiento del sacerdotalismo de los primeros siglos transform\u00f3 una situaci\u00f3n excepcional en la preferible. La Constituci\u00f3n Apost\u00f3lica (<em>ca.<\/em> 400) forma la base de la ley can\u00f3nica de la iglesia Oriental, la cual permite al clero y obispos un contrato matrimonial antes de la ordenaci\u00f3n. El Concilio de Trullo (692) estipulaba que un obispo, una vez consagrado, deb\u00eda ser c\u00e9libe o separado de su esposa, regla que todav\u00eda rige en Oriente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Del cuarto al d\u00e9cimo siglo, en la Iglesia Cat\u00f3lica Romana se establecieron varios usos locales por medio de los s\u00ednodos locales que favorec\u00edan el celibato clerical, requiriendo a veces que los candidatos casados dejasen a sus esposas hasta obtener permiso para convivir con sus compa\u00f1eras, en algunos casos como esposo y esposa, en otros plat\u00f3nicamente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Papa Gregorio VII en 1075 inici\u00f3 una absoluta reforma que requer\u00eda el celibato total de los di\u00e1conos, sacerdotes, y obispos, lo cual fue confirmado por el Cuarto Concilio de Letr\u00e1n (1215) y el Concilio de Trento (1563). La Reforma Protestante del siglo diecis\u00e9is rechaz\u00f3 vigorosamente el celibato obligatorio del clero a favor de un regreso a la libertad apost\u00f3lica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">V\u00e9ase <em>Ascetismo<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">BIBLIOGRAF\u00cdA<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">H.C. Lea, <em>History of Sacerdotal Celibacy in the Christian Church<\/em>, 2 vols.; CE, III, pp. 481\u2013488.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Donald G. Davis<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\"><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">CE <\/a><em>Catholic Encyclopaedia<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\"><\/a>Harrison, E. F., Bromiley, G. W., &amp; Henry, C. F. H. (2006). <em>Diccionario de Teologi\u0301a<\/em> (101). Grand Rapids, MI: Libros Desafi\u0301o.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Teolog\u00eda<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El estado de ser soltero, particularmente cuando este estado se escoge deliberadamente. Juan el Bautista, por ejemplo, era soltero, pero Pedro era casado. Jes\u00fas mismo no se cas\u00f3, pero contribuy\u00f3 notablemente a las celebraciones de boda en Can\u00e1 (Joh 2:1-11). El se di\u00f3 cuenta que algunos han renunciado al matrimonio por causa del reino de &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/celibato\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abCELIBATO\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-5859","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5859","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=5859"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5859\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=5859"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=5859"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=5859"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}