{"id":5872,"date":"2016-02-05T02:09:57","date_gmt":"2016-02-05T07:09:57","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cisma\/"},"modified":"2016-02-05T02:09:57","modified_gmt":"2016-02-05T07:09:57","slug":"cisma","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cisma\/","title":{"rendered":"CISMA"},"content":{"rendered":"<p>(gr., squisma, una rasgadura o una divisi\u00f3n). Es usado una vez (1Co 12:25 VM-1893; desavenencia, RVA; \u2020\u0153desuni\u00f3n\u2020\u009d, DHH; \u2020\u0153divisi\u00f3n\u2020\u009d, BJ) para traducir squisma, para referir a las disensiones que amenazaban con un rompimiento, no siempre involucrando herej\u00ed\u00adas doctrinales (el significado m\u00e1s moderno). Squisma se usa tambi\u00e9n para vestimenta (Mat 9:16; Mar 2:21, rotura, RVA; \u2020\u0153desgarr\u00f3n\u2020\u009d, DHH, BJ), de una multitud (Joh 7:43; Joh 9:16; Joh 10:19, divisi\u00f3n), y otra vez acerca de divisiones o disensiones entre los creyentes (1Co 1:10; 1Co 11:18).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Mundo Hispano<\/b><\/p>\n<p>[269]<\/p>\n<p>      Etimol\u00f3gicamente el t\u00e9rmino cisma (del griego sjisma o schisma, corte) indica ruptura, separaci\u00f3n, disgregaci\u00f3n. Supone distanciamiento de un grupo respecto a otro mayor. El cisma se puede definir en lo eclesial como la ruptura de la unidad, por la negaci\u00f3n expl\u00ed\u00adcita o latente a someterse a la autoridad competente, manteniendo en lo fundamental la doctrina aut\u00e9ntica. En la Iglesia, misteriosa y escandalosamente, se han multiplicado los cismas a lo largo de los tiempos, a pesar de la voluntad de Cristo expresada con plena claridad en su oraci\u00f3n sacerdotal. (Jn. 17. 5-15)<\/p>\n<p>    El cisma implica cierta publicidad y con frecuencia actitud persistente de ruptura y rebeld\u00ed\u00ada. Determinadas posturas personales de insubordinaci\u00f3n, indocilidad, oposici\u00f3n, a la autoridad no implica necesariamente situaci\u00f3n de cisma, sino de alejamiento provisional o de rebeld\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>    La Iglesia consider\u00f3 siempre pecaminoso y destructor cualquier cisma que se produjo en su seno. Pero no pudo siempre evitar las causas que lo provocaron: ambiciones humanas de mando, incomunicaci\u00f3n, influencias sociales o pol\u00ed\u00adticas nefastas, dificultades doctrinales, etc.<\/p>\n<p>    El cisma religioso implic\u00f3 siempre determinada acci\u00f3n comunitaria, con un dirigente o promotor al frente y con determinados factores que crearon las circunstancias propicias para que se produjera. Y el cisma se consider\u00f3 consumado, cuando se lleg\u00f3 a una organizaci\u00f3n o iglesia paralela que consolid\u00f3 sus usos y sus autoridades propias y se mantuvo pertinazmente en el alejamiento de la autoridad central.<\/p>\n<p>    Algunos de los cismas significativos en la Iglesia cristiana son lo siguientes:<\/p>\n<p>    1. Grupos primitivos orientales<br \/>\n    El grupo de los cristianos armenios estuvo entre los primeros que rompieron los v\u00ed\u00adnculos con las otras Iglesias tanto de Roma como de Constantinopla y proclamaron su autocefalia, o independencia, en el a\u00f1o 466, en una \u00e9poca en la que el cristianismo estaba convulsionado por diversas doctrinas declaradas her\u00e9ticas (gnosticismo, manique\u00ed\u00adsmo, arrianismo, nestorianismo, monofisismo).<\/p>\n<p>    La dependencia civil, sobre todo del Emperador de Constantinopla, suscitaba diversas disensiones y discusiones en muchos lugares, seg\u00fan las decisiones y servilismos pol\u00ed\u00adticos.<\/p>\n<p>    En Armenia era f\u00e1cil que prendiera la separaci\u00f3n, debido al dominio de los persas en su tierra y a las dificultades de comunicaci\u00f3n con Constantinopla y mucho m\u00e1s con Roma.<\/p>\n<p>    Las iglesias armenias no pudieron participar en el Concilio de Calcedonia que el a\u00f1o 451 fij\u00f3 la ortodoxia. Se encontr\u00f3 fuera de las discusiones y por este hecho fue considerada cism\u00e1tica. La Iglesia armenia se prolong\u00f3 en el tiempo encerrada en su aislamiento y cuenta hoy con dos sedes cat\u00f3licas o patriarcados. El m\u00e1s importante, el de Echmiadzin, en Armenia.<\/p>\n<p>    Otras sectas, como las de los nestorianos y monofisitas se separaron de la Iglesia durante el siglo V, e iniciaron diversos movimientos opuestos a la autoridad del Pont\u00ed\u00adfice de Roma y con frecuencia a la misma autoridad tradicional de algunos de los Patriarcas reconocidos como jerarqu\u00ed\u00adas en Oriente: el Patriarca de Constantinopla, el de Antioqu\u00ed\u00ada y el de Alejandr\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>   2. Cisma de Focio (c. 820-891)<\/p>\n<p>    El primer gran cisma, organizado y sistem\u00e1tico, que rompi\u00f3 la unidad de la Iglesia, estuvo presidido por Focio, Patriarca de Constantinopla por dos veces: del 858 al 867, a\u00f1o en que fue desterrado, y del 877 al 886. Focio fue un te\u00f3logo celoso y profundo, el mayor erudito de los bizantinos de la Edad Media.<\/p>\n<p>    Era de familia noble de Constantinopla (hoy Bizancio en Turqu\u00ed\u00ada). Fue diplom\u00e1tico y result\u00f3 elegido patriarca en sustituci\u00f3n de Ignacio, enfrentado al Emperador Miguel III. Sus adversarios apelaron al Papa Nicol\u00e1s I.<\/p>\n<p>    Los delegados del Papa que acudieron a Constantinopla en 861 lo apoyaron, pero m\u00e1s tarde fue denunciado por el propio Pont\u00ed\u00adfice. El motivo de la disensi\u00f3n estuvo en la competencia entre los misioneros bizantinos y los occidentales que misionaban en Bulgaria, cristianizada en 864 por los orientales pero cuya jurisdicci\u00f3n reclamaba el Papa romano.<\/p>\n<p>    En 866 los misioneros romanos comenzaron a imponer la idea de la doble procesi\u00f3n divina del Esp\u00ed\u00adritu Santo, con el termino \u00abfilioque\u00bb a\u00f1adido en el Credo. Focio los acus\u00f3 de herej\u00ed\u00ada y convoc\u00f3 un Concilio en 867 que depuso al Papa Nicol\u00e1s.<\/p>\n<p>    Cuando Basilio I asesin\u00f3 a Miguel III y se convirti\u00f3 en emperador, Focio fue depuesto e Ignacio se reincorpor\u00f3 al patriarcado. Hubo reconciliaci\u00f3n entre ambos, pero a la muerte de Ignacio, Focio volvi\u00f3 a ser elegido Patriarca. El nuevo Papa, Juan VIII, lo acept\u00f3 y sus delegados sancionaron su triunfo en el concilio de Constantinopla (779-880).<\/p>\n<p>    En este Concilio tambi\u00e9n se reconoci\u00f3 la jurisdicci\u00f3n del Papa sobre Bulgaria, consolidando la influencia pol\u00ed\u00adtica y cultural bizantina gracias a la permanencia de obispos griegos.<\/p>\n<p>    El concilio conden\u00f3 las \u00abadiciones\u00bb al credo, el filioque, pero el t\u00e9rmino se mantuvo en gran parte de Occidente.<\/p>\n<p>    Durante los dos patriarcados de Focio el cristianismo bizantino conoci\u00f3 una r\u00e1pida expansi\u00f3n en Europa oriental. Dos de sus disc\u00ed\u00adpulos, san Cirilo y san Metodio, misionaron entre los eslavos y tradujeron las Escrituras y la liturgia a la lengua eslava en el 863.<\/p>\n<p>    Focio public\u00f3 diversos c\u00e1nones y leyes para la ordenaci\u00f3n de la Iglesia y multiplic\u00f3 sus escritos como \u00abMistagogia del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb, primera refutaci\u00f3n de la doctrina latina del filioque, y el \u00abMyriobiblion\u00bb o Biblioteca, colecci\u00f3n monumental con los ep\u00ed\u00adtomes de 280 importantes libros religiosos. Sus Homil\u00ed\u00adas fueron tambi\u00e9n brillantes y numerosas.<\/p>\n<p>    La ruptura con Roma aconteci\u00f3 en el segundo patriarcado, aunque no tuvo especiales estridencias ni excomuniones, sino m\u00e1s bien una separaci\u00f3n de relaciones y una autonom\u00ed\u00ada pr\u00e1ctica en decisiones doctrinales y lit\u00fargicas.<\/p>\n<p> 3. Cisma de Miguel Cerulario<br \/>\n    La verdadera y definitiva separaci\u00f3n de la iglesia oriental tard\u00f3 un par de siglos en llegar y tuvo ra\u00ed\u00adces culturales y pol\u00ed\u00adticas que aumentaron con el tiempo. Mientras la cultura occidental se transformaba, sobre todo por la influencia de los pueblos europeos ya estabilizados, como era el caso de los visigodos, de los francos y sobre todo de los germanos, en Oriente se manten\u00ed\u00ada el esp\u00ed\u00adritu helen\u00ed\u00adstico.<\/p>\n<p>    Aunque se reconoc\u00ed\u00ada en Constantinopla cierta primac\u00ed\u00ada honor\u00ed\u00adfica al Obispo de Roma, no se aceptaron ni por los Emperadores ni por Patriarcas de la Sede determinadas  exigencias jurisdiccionales de los Papas. Esas exigencias aumentaron con la llegada al pontificado de Le\u00f3n IX (1048-1054) y con sus sucesores.<\/p>\n<p>    El emperador bizantino Constantino IX Mon\u00f3maco derroc\u00f3 al anterior emperador, Miguel IV Paflagonio, y nombr\u00f3 a Focio Patriarca en 1043, tres a\u00f1os despu\u00e9s de hacerse monje. Inici\u00f3 entonces una dura campa\u00f1a contra las iglesias latinas de su propia ciudad y termin\u00f3 cerr\u00e1ndolas. Los pretextos eran nimios, como el uso de pan \u00e1cimo por los latinos en la Eucarist\u00ed\u00ada o el mantenimiento por ellos de la palabra \u00abfilioque\u00bb en el Credo.<\/p>\n<p>    Excomulgado en 1054, junto a toda la Iglesia oriental, Cerulario rechaz\u00f3 el primado del Le\u00f3n IX. Escribi\u00f3 una enc\u00ed\u00adclica en defensa de la independencia de la Iglesia bizantina en igualdad con la occidental. Afirm\u00f3 la primac\u00ed\u00ada de la Iglesia sobre el Estado, juicio que provoc\u00f3 su destituci\u00f3n y condena al exilio por el Emperador bizantino, entonces Isaac I Comneno.<\/p>\n<p>    El cardenal Humberto de Silva C\u00e1ndida fue enviado a Constantinopla desde Roma en 1054 para lograr la reconciliaci\u00f3n y la unidad, pero result\u00f3 tan intolerante como Cerulario y concluy\u00f3 su visita con la mutua excomuni\u00f3n entre ambas sedes episcopales.<\/p>\n<p>    El saqueo de Constantinopla durante la cuarta Cruzada (1204) aument\u00f3 la oposici\u00f3n a Occidente y anul\u00f3 los esfuerzos para restablecer la unidad. La separaci\u00f3n se consolid\u00f3 y tardar\u00ed\u00ada mil a\u00f1os en volver el esp\u00ed\u00adritu de di\u00e1logo.<\/p>\n<p>    El 7 de Diciembre de 1965 las mutuas excomuniones fueron anuladas por el papa Pablo VI y por el patriarca Aten\u00e1goras I, como s\u00ed\u00admbolo de acercamiento entre ambas Iglesias.<\/p>\n<p>    La Iglesia ortodoxa sigue hoy organizada como comunidad de iglesias independientes, autoc\u00e9falas, gobernadas por su propio obispo. Lo que var\u00ed\u00ada en cada pa\u00ed\u00ads es la lengua del culto. Cada Obispo en su Iglesia se llama patriarca, metropolitano o arzobispo. Es presidentes de los s\u00ed\u00adnodos episcopales que, en cada iglesia, constituyen la m\u00e1s alta autoridad doctrinal y administrativa.<\/p>\n<p>    Con el tiempo fueron surgiendo las otras Iglesias y Patriarcados ortodoxos independientes de Constantinopla y, por supuesto, alejados cada vez m\u00e1s de la Sede romana<br \/>\n    El patriarca de Constantinopla posee en la Ortodoxia cierta primac\u00ed\u00ada sobre las restantes Iglesias, debido a la condici\u00f3n de capital del Imperio romano de Oriente, llamado luego Imperio bizantino. Su autoridad con el tiempo perdi\u00f3 efectividad entre las dem\u00e1s Iglesias y hoy no ejerce ninguna atribuci\u00f3n administrativa sobre su propio territorio o patriarcado ni tampoco se considera infalible.<\/p>\n<p>    Las dem\u00e1s iglesias reconocen el papel que tiene en la preparaci\u00f3n de consultas y concilios panortodoxos y su autoridad se extiende sobre peque\u00f1as comunidades griegas en Turqu\u00ed\u00ada, sobre las di\u00f3cesis existentes en las islas griegas y sobre las comunidades griegas de Estados Unidos, Australia y Europa occidental que fueron aumentando desde el siglo XIX por efectos de la emigraci\u00f3n.<\/p>\n<p>    Hoy existen otros tres Patriarcados ortodoxos que deben su rango a la evoluci\u00f3n de la Historia: Alejandr\u00ed\u00ada en Egipto, Damasco en Siria heredero del antiguo t\u00ed\u00adtulo del patriarcado de Antioqu\u00ed\u00ada, y Jerusal\u00e9n. Los patriarcas de Alejandr\u00ed\u00ada y de Jerusal\u00e9n hablan griego.<\/p>\n<p>    El patriarca de Antioqu\u00ed\u00ada est\u00e1 a la cabeza de una importante comunidad de \u00e1rabes cristianos en Siria, L\u00ed\u00adbano e Irak. El patriarcado de Mosc\u00fa y de todas las Rusias lleg\u00f3 a ser la iglesia ortodoxa con mayor n\u00famero de fieles. Despu\u00e9s de la Revoluci\u00f3n rusa de 1917, tuvo un per\u00ed\u00adodo muy dif\u00ed\u00adcil a causa de las persecuciones.<\/p>\n<p>    Ocupa el quinto lugar en la jerarqu\u00ed\u00ada de iglesias ortodoxas, seguida por el patriarcado de la rep\u00fablica de Georgia, de Serbia, de Rumania y de Bulgaria. Las iglesias sin patriarca son, en este orden, los arzobispados de Chipre, Atenas y Tirana, la \u00faltima que se estableci\u00f3 en 1937, pero que fue suprimida durante el comunismo, como tambi\u00e9n los grupos metropolitanos de Polonia, Rep\u00fablica Checa, Eslovaquia y Am\u00e9rica.<\/p>\n<p>    Los intentos por restaurar la unidad esencial con la Iglesia de Oriente han sido persistentes a lo largo de la Historia. La postura ecum\u00e9nica de la Iglesia cat\u00f3lica durante el papado de Juan XXIII (postura postconciliar) ha sido muy bien recibida por la jerarqu\u00ed\u00ada ortodoxa, y ha conseguido que se establezcan relaciones nuevas y m\u00e1s amistosas entre ambas iglesias.<\/p>\n<p>    Hubo representantes de los ortodoxos en las sesiones del Concilio Vaticano II (1962-1965) y se realizaron asimismo encuentros entre los papas Pablo VI y Juan Pablo II por un lado, y los patriarcas Aten\u00e1goras y Demetrios por otro. Se produjo un gesto que simboliz\u00f3 ese acercamiento cuando los anatemas de 1054 fueron anulados en 1965 por ambas partes.<\/p>\n<p>    Las dos iglesias crearon una comisi\u00f3n mixta para que hubiera un di\u00e1logo entre ellas. Los dos grupos de representantes se reunieron al menos once veces entre 1966 y 1981 para discutir sus diferencias con respecto a la doctrina y a las pr\u00e1cticas religiosas.<\/p>\n<p>    El mayor obst\u00e1culo para la reconciliaci\u00f3n es la exigencia del Papado a acatar  la autoridad suprema y la infalibilidad del Papa.<\/p>\n<p> 4. Cisma de Occidente<br \/>\n    Se conoce con el nombre de Cisma de Occidente a la gran disensi\u00f3n que existi\u00f3 durante casi 40 a\u00f1os sobre la autenticidad del Papa, al existir elecciones antag\u00f3nicas entre dos grupos de cardenales enfrentados y alentados por intereses e influencias pol\u00ed\u00adticas.<\/p>\n<p>    Este cisma se super\u00f3 con el tiempo y la ayuda divina, pero dej\u00f3 en la conciencia de la Iglesia un amargo recuerdo de disensi\u00f3n y de peligro para los siglos siguientes. Sobre todo dio aliento a los movimientos conciliaristas.<\/p>\n<p>    Entre 1378 y 1417 en la iglesia occidental hubo dos papas elegidos por cardenales que reclamaba la autoridad pontificia. La dualidad se inici\u00f3 con la elecci\u00f3n de Urbano VI en 1378 en Roma, como respuesta a la elecci\u00f3n que los cardenales franceses hicieron de Clemente V, que se situ\u00f3 en Avignon, en donde los Papas resid\u00ed\u00adan desde hac\u00ed\u00ada casi 70 a\u00f1os.<\/p>\n<p>    La estancia de Avignon se hab\u00ed\u00ada iniciado por los ataques y humillaciones del rey Felipe IV de Francia contra el papa Bonifacio VIII (1294-1303). el Papa Clemente V (1305-1314) traslad\u00f3 la corte pontificia a esa ciudad, entonces parte de los Estados Pontificios. La estancia dur\u00f3 desde 1309 a 1377 y los papas que se sucedieron se vieron influidos por los intereses pol\u00ed\u00adticos franceses.<\/p>\n<p>    Los cardenales franceses que eligieron al papa Urbano VI en 1378 quedaron abrumados por su comportamiento err\u00e1tico y le retiraron su obediencia, declarando nula la elecci\u00f3n, por haberse realiz\u00f3 durante una \u00e9poca de disturbios en Roma. Nombraron en su lugar nuevo Papa, Clemente VII, que se traslad\u00f3 a Avignon. Urbano VI qued\u00f3 en Roma y respondi\u00f3 excomulgando a Clemente VII y a sus seguidores y creando su propio grupo de cardenales.<\/p>\n<p>    El apoyo a cualquiera de los dos papas estuvo determinado en los distintos reinos y naciones por los intereses y preferencias pol\u00ed\u00adticas.<\/p>\n<p>    Casi medio siglo dur\u00f3 el cisma y durante ese tiempo se propusieron una serie de soluciones, incluyendo el cese de los Papas. S\u00f3lo la convocatoria de un Concilio parec\u00ed\u00ada ofrecer esperanzas. Los cardenales y los Obispos de ambos bandos se reunieron en Pisa en 1409 y complicaron las cosas al elegir un Papa sin la renuncia de los anteriores; sus esfuerzos s\u00f3lo consiguieron a\u00f1adir un tercer Papa en las disensiones.<\/p>\n<p>    Los datos del cisma son los siguientes:<br \/>\n   &#8211; Los tres Papas de Roma: Urbano VI es elegido en Roma en 1378. En 1389 le sucede Bonifacio IX. En 1406 le sigue Gregorio XII. Fueron reconocidos en Italia y en el Oriente europeo.<\/p>\n<p>   &#8211; Los dos Papas de Avignon: Clemente VII fue elegido en 1378. En 1394 le sigue Benedicto XIII, que abdic\u00f3 obligado en 1417, pero sigui\u00f3 crey\u00e9ndose el verdadero Papa hasta su muerte en Pe\u00f1\u00ed\u00adscola en 1433. Fueron reconocidos por Francia, Inglaterra y los Reinos ib\u00e9ricos, junto con sus zonas de influencia.<\/p>\n<p>   &#8211; El Tercer Papa fue elegido en Pisa: Alejandro V en 1409; Fue seguido por Juan XXII en 1410, el cual dur\u00f3 hasta 1415. Su reconocimiento fue minoritario en Italia.<\/p>\n<p>   &#8211; El Papa final, nacido de Constanza, fue Mart\u00ed\u00adn V, que qued\u00f3 ya s\u00f3lo entre 1417 y 1431. El Concilio de Constanza (1414-1418) llev\u00f3 al cese o deposici\u00f3n de los Papas en pugna. Mart\u00ed\u00adn V cont\u00f3 con el reconocimiento casi universal.<\/p>\n<p>    El esc\u00e1ndalo del cisma reforz\u00f3 durante alg\u00fan tiempo la teor\u00ed\u00ada conciliarista de la Iglesia intensificando asimismo el deseo de reforma, deseo que se abord\u00f3 de diversa forma y que alentar\u00ed\u00ada pronto las convulsiones religiosas de la llamada Reforma protestante, precedida por movimientos como los de Juan Huss  (1371-1417) (husismo) en Bohemia o de Juan Wycliffe (1320-1384) en Inglaterra.<\/p>\n<p>   5. Cisma protestante<br \/>\n    La llamada Reforma protestante comenz\u00f3 siendo un simple cisma, motivado por los abusos que existieron en Roma durante el per\u00ed\u00adodo humanista que llamamos Renacimiento y por las demandas de donativos a cambio de indulgencias para el apoyo a las edificaciones religiosas de Roma.<\/p>\n<p>     Si al principio el monje agustino Mart\u00ed\u00adn Lutero (1483-1546) tuvo parte de raz\u00f3n en sus reclamos de moderaci\u00f3n y renovaci\u00f3n, el movimiento salt\u00f3 del cisma a la herej\u00ed\u00ada a medida que fueron vari\u00e1ndose los planteamientos doctrinales.<\/p>\n<p>    Comenz\u00f3 el 31 de Octubre de 1517  con las 95 tesis fijadas en la capilla del castillo de Wittenberg, acto que provoc\u00f3 la excomuni\u00f3n en 1520 con la Bula \u00abExurge Domine\u00bb de Le\u00f3n X. Desde su refugio del castillo de Wattburgo y protegido por Federico de Sajonia, su influencia fue aumentando y su labor creciendo en distanciamiento doctrinal del catolicismo. La \u00abConfesi\u00f3n de Ausburgo\u00bb, redactada en 1530, culmin\u00f3 la separaci\u00f3n no s\u00f3lo cism\u00e1tica sino doctrinal de Roma. Para entonces la actitud rebelde de sus primeras protestas (De Captivitate Babiloniae) hab\u00ed\u00ada evolucionado a una ruptura con la doctrina cat\u00f3lica en puntos esenciales: la justificaci\u00f3n, los sacramentos, el sacerdocio, la autoridad del Primado, el pecado, la redenci\u00f3n.<\/p>\n<p>    La Concordia, aceptada por la mayor\u00ed\u00ada de los primeros luteranos, pero luego rechazada, no resolvi\u00f3 la pol\u00e9mica. Y el intento del Concilio, reunido al fin en Trento el mismo a\u00f1o de la muerte de Lutero y al que ya no acudieron los protestantes, sell\u00f3 la ruptura total y definitiva e inici\u00f3 la disgregaci\u00f3n de los reformados en multitud de grupos aut\u00f3nomos e independientes, como el de la Iglesia de Calvino en Ginebra o la de Zwinglio en Zurich.<\/p>\n<p>    La Reforma protestante se abri\u00f3 a lo largo de los siglos en varios centenares de grupos, algunos muy numerosos.<\/p>\n<p>    6. Cisma anglicano<br \/>\n    La iglesia o comunidad anglicana naci\u00f3 con Enrique VIII (1491-1547), ante la negativa a recibir el divorcio de su esposa primera Catalina de Arag\u00f3n, hermana de Carlos V, con la cual aleg\u00f3 nulidad de matrimonio y la incapacidad de la reina para ofrecer un hijo var\u00f3n. Proclam\u00f3 el Acata de Supremac\u00ed\u00ada de 1532, por la que la Iglesia de Inglaterra se separaba de Roma.<\/p>\n<p>    Se cas\u00f3 en secreto con Ana Bolena, coronada reina por el obediente arzobispo de Canterbury, Tom\u00e1s Cranmer, el cual tambi\u00e9n declar\u00f3 nulo el matrimonio con Catalina. En 1536 acus\u00f3 a Ana de adulterio y la conden\u00f3 a muerte, siguiendo luego su matrimonio con otras cuatro esposas.<\/p>\n<p>    Excomulgado, repudi\u00f3 la jurisdicci\u00f3n papal en 1534; y se nombr\u00f3 a s\u00ed\u00ad mismo autoridad eclesi\u00e1stica suprema en Inglaterra. El pueblo ingl\u00e9s tuvo que reconocer, bajo juramento, la supremac\u00ed\u00ada de Enrique y la ley de sucesi\u00f3n. Tom\u00e1s Moro y el cardenal ingl\u00e9s Juan Fisher fueron ejecutados por negarse a aceptar la supremac\u00ed\u00ada religiosa del monarca. Enrique disolvi\u00f3 todas las comunidades mon\u00e1sticas y entreg\u00f3 sus propiedades a los nobles a cambio de su apoyo.<\/p>\n<p>    Aunque modific\u00f3 la Iglesia, no acept\u00f3 ninguno de los dogmas b\u00e1sicos de los luteranos. Impuso una disciplina r\u00ed\u00adgida y mand\u00f3 ejecutar a cuantos se opusieron a sus decisiones. Reclam\u00f3 una traducci\u00f3n de la Biblia al ingl\u00e9s, promulg\u00f3 diversas plegarias propias de la comunidad anglicana, exigi\u00f3 la fidelidad de todas las autoridades religiosas a su monarqu\u00ed\u00ada, orientada hacia un riguroso absolutismo. Estos elementos ser\u00ed\u00adan refrendados y convertidos en definitivos en el Reinado de la hija de Ana Bolena, Isabel I de Inglaterra.<\/p>\n<p>    A pesar de su actuaci\u00f3n dictatorial y cruel, Enrique VIII fue apoyado por la mayor parte de los ingleses, tanto cl\u00e9rigos como laicos, en quienes se manten\u00ed\u00adan resabios antirromanos y nacionalistas desde tiempos inmemoriales. No se introdujeron cambios dr\u00e1sticos ni en la fe cat\u00f3lica ni en las pr\u00e1cticas religiosas a las que estaban acostumbrados los s\u00fabditos ingleses.<\/p>\n<p>    Despu\u00e9s de la muerte del Enrique VIII, Inglaterra se acerc\u00f3 algo a la reforma protestante de la que recibi\u00f3 diversas influencias. En 1549 se public\u00f3 el primer libro de oraciones anglicanas, se oblig\u00f3 a los cl\u00e9rigos a seguirlo en exclusiva y se proclam\u00f3 el Acta de la Uniformidad. M\u00e1s tarde, en 1552, se edit\u00f3 el segundo libro de oraciones, con m\u00e1s influencia protestante, pero bastante alejado del esp\u00ed\u00adritu de Lutero.<\/p>\n<p>    Poco despu\u00e9s se publicaron los \u00abCuarenta y dos art\u00ed\u00adculos\u00bb, que fueron como un Credo anglicano. En ellos no hubo ninguna ruptura b\u00e1sica con Roma, por lo que se mantuvo su car\u00e1cter cism\u00e1tico sin excesivas resonancias her\u00e9ticas.<\/p>\n<p>     Con el ascenso al trono de Mar\u00ed\u00ada I Tudor en 1553, ambos libros fueron suprimidos y de nuevo Inglaterra volvi\u00f3 a someterse a la obediencia al papado. Pero en 1558, con la llegada al trono de Isabel I, sobrevino la ruptura definitiva con Roma y se impuso un f\u00e9rreo control de la Iglesia por parte de la Monarqu\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>    El cisma de Inglaterra se mantuvo en adelante. La doctrina anglicana se basa en el libro de oraciones, con los antiguos credos de un cristianismo no dividido. Se expl\u00ed\u00adcita en los Treinta y nueve art\u00ed\u00adculos que public\u00f3 la Reina y que son interpretados seg\u00fan el libro de las oraciones. Se reconocen las doctrinas de los cuatro primeros Concilios ecum\u00e9nicos. Se rechaza el libre examen de la Biblia y se da importancia a los Padres y la Tradici\u00f3n cat\u00f3lica.<\/p>\n<p>    La Iglesia anglicana difiere poco de la cat\u00f3lica, salvo por su oposici\u00f3n al Papado, tanto en el aspecto de su jurisdicci\u00f3n como en su infalibilidad doctrinal y moral. Tampoco difiere en lo esencial de la Ortodoxia oriental.<\/p>\n<p>    El Primado de Canterbury fue siempre considerado como la cabeza eclesi\u00e1stica, supeditada al monarca reinante.<\/p>\n<p>    El n\u00facleo estrictamente anglicano se mantuvo unido durante siglos, llegando a finales del siglo XX a contar con unos 90 millones de adeptos repartidos en 385 Di\u00f3cesis, con peque\u00f1as diferencias doctrinales.<\/p>\n<p>    En el siglo XIX se lleg\u00f3 a cierta unificaci\u00f3n con el llamado Cuadril\u00e1tero de Lambeth, de 1884. Este a\u00f1o se celebr\u00f3 en Londres, en el palacio de Lambeth, la primera Conferencia de todos los obispos de Comuni\u00f3n anglicana, presididos por el Arzobispo de Canterbury. El llamado Cuadril\u00e1tero es una declaraci\u00f3n de doctrinas esenciales. Se acoge la fe cat\u00f3lica y apost\u00f3lica y se declara que la Iglesia cristiana aparece como voluntad de Cristo en las Escrituras. Tambi\u00e9n se admiten los sacramentos del Bautismo y de la Eucarist\u00ed\u00ada, el Credo de los Ap\u00f3stoles, el de Nicea y el orden episcopal<br \/>\n    Todas las iglesias utilizan el Libro de la Oraci\u00f3n Com\u00fan, que fue adaptado y reformado seg\u00fan las necesidades del momento y de algunos lugares en particular.<\/p>\n<p>    Con el tiempo brotaron de esta Iglesia anglicana diversas confesiones nacionales y regionales, que prolongaron su influencia, sobre todo en el siglo XIX, en el vasto imperio colonial generado por el Reino Unido.<br \/>\n  7. Cisma Galicano<\/p>\n<p>     Es la actitud latente en la Iglesia cat\u00f3lica francesa de sentirse relativamente independiente de la autoridad pontificia. En algunas ocasiones hist\u00f3ricas estuvo a punto de llegar a la ruptura, pero siempre mantuvo la Iglesia francesa dirigentes con sentido com\u00fan que lo impidieron.<\/p>\n<p>    Estrictamente nunca se ha podido hablar de cisma, sino de propensi\u00f3n cism\u00e1tica. Pero se conoce esta actitud intelectual y afectiva como galicanismo, aunque ciertamente tal propensi\u00f3n no existi\u00f3 s\u00f3lo en Francia, sino que tambi\u00e9n brot\u00f3 en otros ambientes europeos (josefinismo, febronianismo).<\/p>\n<p>    La ra\u00ed\u00adz del galicanismo eclesi\u00e1stico tal vez haya que buscarla en el inicio de la Edad Media, cuando la Iglesia franca se consolid\u00f3 como dirigente e influyente en Europa. Luego se desarroll\u00f3 tal actitud y se acrecent\u00f3 con las luchas entre los reyes franceses y los Papas sobre los derechos para cubrir puestos eclesi\u00e1sticos y proceder al cobro de impuestos.<\/p>\n<p>    En el siglo XIV y a principios del XV, el galicanismo estuvo vinculado al movimiento conciliarista y a los esfuerzos para poner fin al Cisma de Occidente.  En la Iglesia francesa predomin\u00f3 la actitud conciliarista, en apoyo de los cardenales franceses, discordantes de los italianos en diversas ocasiones y elecciones pontificias.<\/p>\n<p>    En el Concordato de 1516, el monarca franc\u00e9s adquiri\u00f3 el derecho de nombrar Obispos en su reino. Eso abri\u00f3 la puerta a la creaci\u00f3n de la Asamblea General del clero franc\u00e9s, que reforz\u00f3 la independencia del episcopado nacional con respecto a Roma. Esta postura cuaj\u00f3 en algunas declaraciones, como la de los \u00abCuatro Art\u00ed\u00adculos Galicanos\u00bb (Declaraci\u00f3n del Clero de Francia de 1682), promulgados por diversos Obispos, dirigidos por el cortesano Jacques B. Bossuet y aceptados por el absolutista Luis XIV.<\/p>\n<p>    Condenados por el papa Alejandro VIII en la Constituci\u00f3n \u00abInter Multiplices\u00bb, del 4 de Agosto de 1690. El monarca renunci\u00f3 a ellos, pero se mantuvieron, e incluso se increment\u00f3 su esp\u00ed\u00adritu en algunos ambientes alentados por el jansenismo. Al llegar al poder absoluto Napole\u00f3n, se impusieron como doctrina en las universidades y seminarios.<\/p>\n<p>    Este esp\u00ed\u00adritu se transfundi\u00f3 a otros ambientes, como a la corte Austriaca del emperador Jos\u00e9 II (1741-1790) (josefinismo) o al \u00e1mbito germano con el Obispo auxiliar de Tr\u00e9veris, el intelectual Giustino Febronio (febronianismo), pseud\u00f3nimo de J. N. Hontheim (1710-1790) que defend\u00ed\u00ada en \u00abDe Statu Ecclasiae\u00bb, de 1763, la supremac\u00ed\u00ada del Concilio.<\/p>\n<p>    Cada uno de estos movimientos, que pon\u00ed\u00adan de relieve el af\u00e1n independencia del episcopado respecto del papado, fue condenado por Breve de P\u00ed\u00ado VI \u00abSuper soliditate\u00bb, del 28 de Noviembre de 1786.<\/p>\n<p>     8. Cisma de los viejos cat\u00f3licos<br \/>\n    Los Viejos cat\u00f3licos se autodenominaron as\u00ed\u00ad como reacci\u00f3n a la definici\u00f3n de la infalibilidad pontificia en el Concilio Vaticano I. Se organizaron en grupo libre e independiente y estuvieron dirigidos y sostenidos por 44 profesores y por los intelectuales alemanes, Johann Joseph Ignaz von D\u00f6llinger y Johannes Friedrichque, quienes divulgaron la llamada \u00abProtesta de Munich\u00bb.<\/p>\n<p>    La lucha intelectual se centr\u00f3 en la negaci\u00f3n de la autoridad pontificia como la entend\u00ed\u00ada el concilio Vaticano I. A la protesta se unieron diversos catedr\u00e1ticos de Bonn, Breslau, Friburgo y Giessen. En 1873, el te\u00f3logo Joseph H. Reinkens fue elegido Obispo de los viejos cat\u00f3licos en Colonia, siguiendo la f\u00f3rmula antigua \u00abpor el clero y el pueblo\u00bb.<\/p>\n<p>    Esto supuso la consumaci\u00f3n del cisma o separaci\u00f3n cat\u00f3lica del grupo, al cual se uni\u00f3 un n\u00famero no elevado de sacerdotes y laicos. Fue consagrado por el Obispo de Deventer en Rotterdam y reconocido por las autoridades alemanas de Prusia, Baden y Hesse.<\/p>\n<p>    D\u00f6llinger, aunque se mantuvo fiel a su idea contraria al dogma, se neg\u00f3 a formar parte de un cisma organizado, por lo que rompi\u00f3 sus relaciones con el movimiento. Interrumpido su ejercicio sacerdotal y sus declaraciones p\u00fablicas al sufrir la suspensi\u00f3n a divinis, regres\u00f3 a la Iglesia cat\u00f3lica m\u00e1s tarde.<\/p>\n<p>    Los cat\u00f3licos viejos actuales, escasos en n\u00famero y herederos de los antiguos, celebran los servicios religiosos en lengua vern\u00e1cula. A los sacerdotes les est\u00e1 permitido el matrimonio. En Julio de 1931, en Bonn, se estableci\u00f3 una intercomuni\u00f3n con la Iglesia de Inglaterra, m\u00e1s tarde ratificada por ambas partes. El numero actual de esos grupos, casi todos en Alemania y Austria, no sobrepasa los 200.000.<\/p>\n<p>    9. Cisma de Lefebre<br \/>\n    Con motivo del Concilio Vaticano II y sus normas disciplinares, sobre todo lit\u00fargicas, tambi\u00e9n se produjeron diversos movimientos secesionistas en algunos lugares, sobre todo en Francia y Austria. El m\u00e1s destacado de los llamados tradicionalistas, que rechaz\u00f3 las reformas establecidas por el Concilio Vaticano II, fue el Arzobispo franc\u00e9s jubilado de su Di\u00f3cesis de Dakar, Marcel Lef\u00e8bvre.<\/p>\n<p>    Le sigui\u00f3 un grupo peque\u00f1o en forma de cisma, aunque no careci\u00f3 de ciertos apoyos m\u00e1s numerosos en el \u00e1mbito afectivo. En 1970 fund\u00f3 un grupo internacional con el nombre de \u00abFraternidad Sacerdotal de San P\u00ed\u00ado X\u00bb. Declar\u00f3 las reformas del Concilio como desviaciones y se neg\u00f3 con sus seguidores a acatar la disciplina lit\u00fargica nacida del Concilio.<\/p>\n<p>    Fracasados los esfuerzos de reconciliaci\u00f3n entre Roma y el Arzobispo Lef\u00e8bvre, fue suspendido por Pablo VI en el ejercicio de sus funciones como sacerdote y Obispo en 1976.<\/p>\n<p>    Continu\u00f3 con sus actividades, ordenando incluso a los sacerdotes que serv\u00ed\u00adan en las iglesias tradicionalistas de Suiza, Austria y Alemania.<\/p>\n<p>    A su muerte en 1991 su grupo se mantuvo cada vez m\u00e1s minoritario, pero obstinado en su rebeld\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>DicEc<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nEn el C\u00f3digo de Derecho can\u00f3nico  se define el cisma como \u00abel rechazo de la sujeci\u00f3n al sumo pont\u00ed\u00adfice o de la comuni\u00f3n con los miembros de la Iglesia a \u00e9l sometidos\u00bb (CIC 751). Ya antes el C\u00f3digo  afirma la obligaci\u00f3n de permanecer en comuni\u00f3n (CIC 209 \u00c2\u00a7 1). Esta claridad no se encuentra siempre en la historia anterior, en la que a veces se usan las palabras \u00ab>herej\u00ed\u00ada\u00bb y \u00abcisma\u00bb como sin\u00f3nimos. Seg\u00fan el uso moderno, la herej\u00ed\u00ada afecta a la fe, y el cisma a la >comuni\u00f3n y la caridad. El segundo surge usualmente por desacuerdos en torno al orden y la autoridad eclesi\u00e1sticos.<\/p>\n<p>La palabra misma (del griego schisma)  significa desgarr\u00f3n, fractura o divisi\u00f3n. En este sentido la usa Pablo refiri\u00e9ndose a las divisiones de Corinto (1Cor 1,10; 11,18; cf 12,25). En el per\u00ed\u00adodo patr\u00ed\u00adstico el cisma se consideraba sobre todo la ruptura de la comunidad eucar\u00ed\u00adstica, \u00abaltar contra altar\u00bb. Se consideraba tambi\u00e9n una ruptura en el amor, como en las palabras de Agust\u00ed\u00adn: \u00abEl origen y la pertinacia del cisma no estriba sino en el odio a los hermanos\u00bb. En el per\u00ed\u00adodo escol\u00e1stico se producen dos desarrollos: el cisma no se ve tanto en t\u00e9rminos sacramentales en relaci\u00f3n con las Iglesias locales cuanto m\u00e1s bien como un pecado contra la Iglesia universal; se trata de un pecado contra la caridad. Santo Tom\u00e1s distingue la herej\u00ed\u00ada del cisma, de modo que toda herej\u00ed\u00ada es un cisma, pero no viceversa; sin embargo, el cisma conduce f\u00e1cilmente a la herej\u00ed\u00ada. A partir del siglo XVI se hizo com\u00fan considerar el cisma como un rechazo de la unidad con el papa, una negativa a formar parte del conjunto total de la Iglesia.<\/p>\n<p>El cisma puede producirse a trav\u00e9s de una serie de disputas, que conducen a la ruptura de la comuni\u00f3n. La palabra \u00abcisma\u00bb se usa tambi\u00e9n en relaci\u00f3n con la \u00e9poca en que eran varios los que pretend\u00ed\u00adan ser papas, durante el per\u00ed\u00adodo de residencia en >Avi\u00f1\u00f3n, en la expresi\u00f3n gran >Cisma de Occidente entre 1378-1417 (Concilio de >Constanza). A partir del siglo XVII ha habido un cisma en la Iglesia ortodoxa rusa (Viejos Creyentes: raskolniks)  como consecuencia del rechazo de los cambios lit\u00fargicos. En la Iglesia cat\u00f3lica, el movimiento cism\u00e1tico del arzobispo \/Lefebvre se produjo por el rechazo al Vaticano II y a los cambios que trajo consigo \u00absobre todo en el culto\u00bb.<\/p>\n<p>El cisma m\u00e1s serio de la historia de la Iglesia fue el que se produjo entre Oriente y Occidente, que se formaliz\u00f3 el a\u00f1o 1054, pero fue consecuencia de una separaci\u00f3n que ven\u00ed\u00ada acentu\u00e1ndose durante los 200 a\u00f1os anteriores. Despu\u00e9s del Vaticano II hubo un acercamiento cada vez mayor entre Pablo VI y los patriarcas ortodoxos Aten\u00e1goras y Dimitrios I, que llev\u00f3 al levantamiento de los anatemas lanzados en el siglo XI (7 de diciembre de 1965).<\/p>\n<p>El Vaticano II, aunque habl\u00f3 de las divisiones y separaciones (UR 3, 13), evit\u00f3 tanto la palabra \u00abcisma\u00bb como la palabra \u00abherej\u00ed\u00ada\u00bb. Formalmente la Iglesia cat\u00f3lica considera a la Iglesia ortodoxa como cism\u00e1tica, mientras que las Iglesias protestantes ser\u00ed\u00adan her\u00e9ticas.<\/p>\n<p>El Derecho can\u00f3nico establece duras penas contra los cism\u00e1ticos (CIC 1364); estas se aplican al cisma que es p\u00fablico (CIC 194 \u00c2\u00a7 1, n. 2). En la actualidad la presunci\u00f3n es que casi todos los que se encuentran materialmente en una situaci\u00f3n que se considera cism\u00e1tica, de acuerdo con los c\u00e1nones, tendr\u00ed\u00adan buena fe. No obstante, como se puso de manifiesto con ocasi\u00f3n de las ordenaciones episcopales del arzobispo Lefebvre, las penas can\u00f3nicas pueden llegar a aplicarse: fue excomulgado. Sin llegar a romper de hecho con la Iglesia, pueden encontrarse en ciertos individuos y grupos una actitud cism\u00e1tica con respecto a determinadas cuestiones.<\/p>\n<p>Christopher O\u00c2\u00b4Donell &#8211; Salvador Pi\u00e9-Ninot, Diccionario de Eclesiolog\u00ed\u00ada, San Pablo, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Eclesiolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p>(v. ecumenismo, unidad de la Iglesia)<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>El sentido dogm\u00e1tico es el de herej\u00ed\u00ada. Un cism\u00e1tico es uno que niega alg\u00fan dogma y, por tanto, est\u00e1 separado de la Iglesia: es un hereje. En los evangelios no tiene esta significaci\u00f3n; tiene la de rotura, de algo que se desgarra f\u00ed\u00adsicamente (Mt 9,16; Mc 2,21). Por extensi\u00f3n, significa desacuerdo (Jn 7,43; 9,16; 10,19). San Pablo entiende por cisma la absurda divisi\u00f3n, los diferentes partidos que surgen en la Iglesia de Corinto (1 Cor 1,10; 11,18).<\/p>\n<p>E. M. N.<\/p>\n<p>FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret<\/b><\/p>\n<p>Derivada del griego, la palabra \u00abcisma\u00bb significa literalmente corte, separaci\u00f3n. El C\u00f3digo de derecho can\u00f3nico, distingui\u00e9ndolo de la herej\u00ed\u00ada y de la apostas\u00ed\u00ada, que se oponen directamente a la fe, lo define como \u00abel rechazo de la sujeci\u00f3n al Sumo Pont\u00ed\u00adfice o de la comuni\u00f3n con los miembros de la Iglesia a \u00e9l sometidos\u00bb (c. 751). Es una forma grave de lesi\u00f3n y de violaci\u00f3n de la unidad de la Iglesia, un delito que supone la recepci\u00f3n del bautismo y que se castiga con la excomuni\u00f3n llamada latae sententiae. La disciplina can\u00f3nica de la Iglesia, sin embargo, tiene en cuenta las circunstancias atenuantes o eximentes por motivo de la edad; tiene tambi\u00e9n en cuenta lo que afirma el decreto sobre el ecumenismo del concilio Vaticano II: \u00abQuienes nacen ahora en esas Comunidades [separadas de la Iglesia cat\u00f3lica] y se nutren con la fe de Cristo no pueden ser acusados de pecado de separaci\u00f3n, y la Iglesia cat\u00f3lica los abraza con fraterno respeto y amor\u00bb (UR 3).<\/p>\n<p>La historia de la Iglesia estuvo marcada desde el principio por el drama de la divisi\u00f3n. Pero ha habido sobre todo dos acontecimientos que han originado la divisi\u00f3n entre los cristianos, que todav\u00ed\u00ada dura: la separaci\u00f3n entre la Iglesia oriental y la occidental sancionada en el a\u00f1o 1054 y la divisi\u00f3n que tuvo lugar en Occidente en el s. XVI con la Reforma protestante. El movimiento ecum\u00e9nico se propone superar estas divisiones y restablecer la unida~1 de todos los cristianos. Movido por el deseo de restaurar esta unidad entre todos los disc\u00ed\u00adpulos de Cristo, el concilio Vaticano II ha propuesto a los cat\u00f3licos, en un decreto especial sobre el ecumenismo (Unitatis redintegratio), \u00ablos medios, los caminos y las formas con los que puedan responder a esta vocaci\u00f3n y gracia divinas \u00bb (UR 1).<\/p>\n<p>M. Semerano<\/p>\n<p>Bibl.: Cism\u00e1ticos. en ERC, 11, 219-719&#8242;, Y Congar, Las propiedades de la Iglesia, en MS, VII, 429-440.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>A) Concepto. B) Historia de los cismas. C) Cisma de Occidente. D) Cisma oriental.<\/p>\n<p>A) CONCEPTO<br \/>\nLa palabra cisma expresa \u00abuna separaci\u00f3n voluntaria de la comuni\u00f3n eclesi\u00e1stica; es tambi\u00e9n el estado de separaci\u00f3n o el grupo cristiano constituido en tal estado. El cism\u00e1tico es el que produce c., ora sea su fautor o responsable, ora se adhiera simplemente a \u00e9l por convicci\u00f3n o simplemente de hecho\u00bb (Y. Congar: DThC xtv, 1286).<\/p>\n<p>En el griego cl\u00e1sico sjisma significa raja o desgarr\u00f3n. Pablo emplea la palabra en sentido moral, para designar las divergencias de opini\u00f3n o de tendencia, que ponen en peligro la concordia y unidad de la Iglesia en un lugar determinado (1 Cor 1, 10; 11, 18; 12, 25). La palabra es retenida por la primera generaci\u00f3n cristiana para calificar la rotura de comuni\u00f3n provocada por estas divergencias, la cual se manifiesta por la desobediencia a la autoridad leg\u00ed\u00adtima, que es el obispo.<\/p>\n<p>La ->herej\u00ed\u00ada, que implica tambi\u00e9n rotura con la comunidad, al principio no se distingui\u00f3 claramente del c. Sin embargo, ha prevalecido el uso de reservar la palabra c. a las roturas de comuni\u00f3n provocadas por los conflictos de orden personal o por simple negaci\u00f3n de la obediencia, mientras el t\u00e9rmino herej\u00ed\u00ada se aplica a las rupturas de comuni\u00f3n motivadas por divergencias graves en la inteligencia de la fe.<\/p>\n<p>Los c. se manifestaron primeramente dentro de la Iglesia local. Sin embargo, la necesaria cohesi\u00f3n de las Iglesias locales, obligadas a salvaguardar su unidad en la confesi\u00f3n de la fe y su mutua concordia, provoc\u00f3 medidas can\u00f3nicas que reservaban la absoluci\u00f3n de la excomuni\u00f3n, sanci\u00f3n impuesta por el delito de c., al obispo que la hab\u00ed\u00ada impuesto. En la iglesia cat\u00f3lica romana, por raz\u00f3n de la centralizaci\u00f3n progresiva en favor de la sede de Roma, y como efecto del desarrollo de una eclesiologia con visi\u00f3n mon\u00e1rquica de la Iglesia universal, el c. se define principalmente por la rotura de comuni\u00f3n con el papa. Donde ha seguido prevaleciendo una eclesiolog\u00ed\u00ada centrada en la uni\u00f3n y comuni\u00f3n entre las Iglesias locales (oriente ortodoxo), la noci\u00f3n de c. ha evolucionado de forma distinta. La historia muestra, por lo dem\u00e1s, que fracciones disidentes de una Iglesia local han permanecido a veces en comuni\u00f3n pac\u00ed\u00adfica con otras Iglesias locales (c. de Antioqu\u00ed\u00ada).<\/p>\n<p>El itinerario del desenvolvimiento de la noci\u00f3n de c. est\u00e1 jalonado sobre todo por los nombres de Cipriano y Agust\u00ed\u00adn (controversia con los donatistas); y tambi\u00e9n la -> reforma gregoriana (s. xi) influy\u00f3 notablemente en el desarrollo del concepto. En correlaci\u00f3n con la noci\u00f3n de unidad de la Iglesia, el concepto de c. ha evolucionado en funci\u00f3n de la eclesiolog\u00ed\u00ada. S\u00f3lo tard\u00ed\u00adamente apareci\u00f3 en teolog\u00ed\u00ada un tratado independiente de ecclesia, aunque elementos dispersos del mismo se hallaran ya antes en otros tratados. Tom\u00e1s estudia el c. no tanto en s\u00ed\u00ad mismo cuanto en los individuos y grupos que se hacen culpables del mismo o se adhieren a \u00e9l, y ve en la escisi\u00f3n un pecado contra la paz, que es un fruto del amor (ST II-II, q. 39).<\/p>\n<p>La teolog\u00ed\u00ada de la contrarreforma hab\u00ed\u00ada de aportar una modificaci\u00f3n profunda en la interpretaci\u00f3n teol\u00f3gica del c. Hasta entonces, mientras las graves discrepancias en la inteligencia de la fe (herej\u00ed\u00ada) y, sobre todo, la ruptura de la comuni\u00f3n con la autoridad considerada como leg\u00ed\u00adtima dejaran intacto en el grupo separado el organismo jer\u00e1rquico y sacramental de la Iglesia (episcopado, sacerdocio, sucesi\u00f3n apost\u00f3lica), ciertamente se juzgaba que el c. era un da\u00f1o para la unidad de la Iglesia, pero aun cuando el c. creara una situaci\u00f3n irregular en el grupo cism\u00e1tico, sin embargo, no se ten\u00ed\u00ada la persuasi\u00f3n de que esa rotura implicara una alejamiento del misterio de la Iglesia, con tal que los separados continuaran participando de las estructuras fundamentales (episcopado, sacramentos). La separaci\u00f3n era considerada como un drama dentro de la Iglesia, entendida esencialmente como una comunidad. Pero, al definir la Iglesia como sociedad jer\u00e1rquicamente constituida bajo la autoridad suprema del obispo de Roma, y al identificar pura y simplemente la Iglesia romana con la Iglesia universal, la contrarreforma hizo del c. una separaci\u00f3n de la Iglesia misma. Esta eclesiolog\u00ed\u00ada, nacida de la preocupaci\u00f3n por responder a las negaciones de los reformadores protestantes, modific\u00f3, sin darse cuenta, la actitud tradicional de las Iglesias de occidente respecto de sus hermanas de oriente (ortodoxos). Ella procur\u00f3, en efecto, una justificaci\u00f3n teol\u00f3gica para la as\u00ed\u00ad llamada pol\u00ed\u00adtica romana de las \u00abIglesias orientales cat\u00f3licas o unidas\u00bb, que sustituy\u00f3 la idea de la reunificaci\u00f3n por la de la conversi\u00f3n o absorci\u00f3n.<\/p>\n<p>El concilio Vaticano ii ha restablecido la perspectiva tradicional proclamando una eclesiolog\u00ed\u00ada de comuni\u00f3n que pone el acento, no sobre los constitutivos de orden jurisdiccional (que se mantienen, sin embargo, en su sitio), sino sobre los constitutivos de orden sacramental y espiritual: sacramentos (bautismo, orden, eucarist\u00ed\u00ada), gracia santificante, virtudes teologales, dones del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Con ello la realidad total del misterio de la Iglesia sobrepuja los l\u00ed\u00admites de su plena y \u00fanica realizaci\u00f3n leg\u00ed\u00adtima bajo la modalidad de la Iglesia cat\u00f3lica romana. Se admite que existen maneras desiguales de participar de esta realidad. Si bien ateni\u00e9ndonos a los principios del derecho can\u00f3nico es cierto que se est\u00e1 necesariamente o dentro o fuera de la Iglesia cat\u00f3lica romana, sin embargo, mirando al misterio de la Iglesia, es m\u00e1s verdadera la afirmaci\u00f3n de que el hombre puede pertenecer a ella en mayor o menor grado. De ah\u00ed\u00ad la distinci\u00f3n entre comuni\u00f3n plena y comuni\u00f3n parcial tanto con la Iglesia cat\u00f3lica romana como con la Iglesia como tal (cf. Lumen gentium, n .o 13, 15, 16; Unitatis redintegratio, n .o 3s). De ah\u00ed\u00ad se sigue que en el c. hay que distinguir un doble sentido: can\u00f3nicamente el c. es una rotura de relaciones jurisdiccionales con la sede de Roma; teol\u00f3gicamente el c., sin excluir toda participaci\u00f3n en el misterio de la Iglesia, pone \u00f3bice a la realizaci\u00f3n plena y visible de su unidad, pues la plena realizaci\u00f3n y visibilidad requiere la profesi\u00f3n un\u00e1nime de la fe, la inserci\u00f3n efectiva en un \u00fanico organismo jer\u00e1rquico y sacramental y la celebraci\u00f3n com\u00fan (recepci\u00f3n) de los mismos sacramentos, se\u00f1aladamente de la eucarist\u00ed\u00ada, que en manera singular constituye el v\u00ed\u00adnculo interno y el signo externo de la unidad de la Iglesia.<\/p>\n<p>El concepto de c. as\u00ed\u00ad definido en relaci\u00f3n con la Iglesia cat\u00f3lica romana, puede aplicarse de manera anal\u00f3gica a las roturas de comuni\u00f3n que se dan entre las diferentes Iglesias o comunidades eclesiales separadas de la sede romana. Sin embargo, en cada una de estas confesiones o denominaciones, el c. se define en funci\u00f3n de una concepci\u00f3n propia de la Iglesia y de su unidad. En la problem\u00e1tica compleja del movimiento ecum\u00e9nico el c. constituye una noci\u00f3n clave. En la perspectiva protestante se busca una soluci\u00f3n al problema de los c. por v\u00ed\u00ada de una inteligencia mutua sobre la pr\u00e1ctica de la intercomuni\u00f3n (cena y otras formas de culto), que dejar\u00ed\u00ada intactas las divergencias, incluso importantes, respecto al contenido de la fe y la estructura de la Iglesia. Por el contrario, las as\u00ed\u00ad llamadas Iglesias de tendencia \u00abcat\u00f3lica\u00bb en sentido lato (ortodoxos, viejos cat\u00f3licos, anglicanos), s\u00f3lo pueden tomar en consideraci\u00f3n el restablecimiento de la plena comuni\u00f3n en el plano sacramental, que presupone la unanimidad en la fe y la concordia mutua en el seno de una \u00fanica y com\u00fan estructura jer\u00e1rquica de orden sacramental (episcopado y plena sucesi\u00f3n apost\u00f3lica).<\/p>\n<p>Por mantener el v\u00ed\u00adnculo del amor se evita hoy en grado m\u00e1ximo calificar de cism\u00e1ticos a los miembros de Iglesias y comunidades cristianas en estado de disidencia respecto de la Iglesia cat\u00f3lica romana, sobre todo si, habiendo nacido en estas comunidades, han recibido en ellas su formaci\u00f3n religiosa. Tales miembros no pueden, en efecto, ser tenidos por responsables del estado de divisi\u00f3n en que viven hoy d\u00ed\u00ada con relaci\u00f3n a otros, sobre todo si pensamos que la responsabilidad pesa sobre ambas partes.<\/p>\n<p>Christophe Dumont<\/p>\n<p>B) HISTORIA DE LOS CISMAS<\/p>\n<p>I. Visi\u00f3n general<br \/>\nEn el NT se dan escisiones dentro de las Iglesias locales, las cuales son consecuencia de diferencias en la interpretaci\u00f3n y apropiaci\u00f3n del kerygma apost\u00f3lico ( I Cor 11, 9; G\u00e1l 5, 19; Rom 16, 17) y amenazan la koinonia que Cristo ha dado a la Iglesia (un Dios, un Se\u00f1or [1 Cor 12, 4ss], un evangelio [ 1 Cor 1, 10-13 ], un bautismo y un pan [ 1 Cor 12, 13; 10, 17; G\u00e1l 3, 27 ] ). No aparece all\u00ed\u00ad ninguna escisi\u00f3n que condujera a la ruptura total con la Iglesia universal. Sin embargo, es propia de los cismas reflejados en el NT la tendencia a un aislamiento frente a la comunidad, el cual puede hacerse bastante radical a consecuencia de discrepancias doctrinales. En la \u00e9poca postapost\u00f3lica el c. y la &#8211;>herej\u00ed\u00ada se presentan como los grandes enemigos de la comunidad cristiana primitiva; y se menciona entre sus causas la ambici\u00f3n, los celos, la maledicencia y la actitud rebelde contra la autoridad. Frente al oficio eclesi\u00e1stico y al servicio a la totalidad de la comunidad, para cuya edificaci\u00f3n se dan todos los ministerios y dones de la gracia, quedan acentuados y reciben un valor absoluto los matices personales. Formalmente, c. y herej\u00ed\u00ada todav\u00ed\u00ada no se distinguen tan claramente como despu\u00e9s; sin embargo, en la mayor\u00ed\u00ada de los casos, al c. va unido un error contra la fe. Por esto la historia de los c. se identifica en largos trechos con la historia de las &#8211;> herej\u00ed\u00adas (cons\u00faltense, pues, las reflexiones de este art\u00ed\u00adculo). Movimientos cism\u00e1ticos que desarrollan su propio orden eclesi\u00e1stico y fundan una contraiglesia se extienden a toda la historia de la Iglesia. De los primeros tiempos del cristianismo mencionamos: el c. de Marci\u00f3n en el s. ti (paulinismo exagerado y antinomismo que esgrim\u00ed\u00ada el evangelio contra la ley), el -> gnosticismo y el -> arrianismo, el movimiento milenarista del montanismo, la secta rigorista de los novacianos (s. iii), la \u00abIglesia de los m\u00e1rtires\u00bb del obispo Melecio de Lic\u00f3polis y, en su secuela la Iglesia de los donatistas, incomparablemente m\u00e1s importante, la cual rechazaba la Iglesia estatal de Constantinopla (c. iv). El c. de Acacio, en el s. iv, y el cisma del patriarca Focio, en el s. ix, preludiaban el &#8211;> c. oriental del s. xi.<\/p>\n<p>El largo y penoso proceso de asimilaci\u00f3n del cristianismo por los pueblos francos y germ\u00e1nicos, y la importancia capital de la lucha contra los sarracenos, normandos y h\u00fangaros, hicieron que a final de la \u00e9poca carolingia no surgieran movimientos sectarios de gran importancia. Por primera vez en el s. xi aparecen escisiones cism\u00e1ticas en los grandes movimientos religiosos populares de la -> edad media. La m\u00e1s importante fue la de los -> c\u00e1taros, influidos desde el oriente, los cuales crearon su propia Iglesia en el sur de Francia, con su jerarqu\u00ed\u00ada y su dogma unitario, que por su matiz dualista y contrario a la encarnaci\u00f3n se opon\u00ed\u00ada radicalmente a la doctrina de la Iglesia. En los valles alpinos del Piamonte y de Saboya han podido mantenerse hasta hoy comunidades de valdenses, los cuales, siguiendo la predicaci\u00f3n asc\u00e9tica y rigorista de Pedro Valdo, formaron una Iglesia de laicos que se orient\u00f3 seg\u00fan el modelo de la pobreza apost\u00f3lica y evang\u00e9lica. Mientras esta secta persever\u00f3 en el c., los papas (concretamente \u00ed\u008dnocencio iii) lograron la reincorporaci\u00f3n de los \u00abumiliati\u00bb, en el norte de Italia, movidos por los mismos ideales y condenados ya como herejes, as\u00ed\u00ad como la de otros grupos en el sur de Francia.<\/p>\n<p>Com\u00fan a estos movimientos de -> pobreza, a los cuales Gregorio vii dio su oportunidad hist\u00f3rica, por cuanto se apoy\u00f3 en ellos para la ejecuci\u00f3n de sus reformas (-> reforma gregoriana) contra nicola\u00ed\u00adtas y simonistas, era la cr\u00ed\u00adtica a las instituciones eclesi\u00e1sticas y a la vida muelle del clero. El hecho de que las instituciones eclesi\u00e1sticas pasaran a tener su fin en s\u00ed\u00ad mismas y la vida mundana del clero obscurec\u00ed\u00adan la misi\u00f3n de dar testimonio que tiene la Iglesia, y en la baja edad media provocaron una corriente ininterrumpida de movimientos eclesi\u00e1sticos de reforma, los cuales en Wicleff y Hus (-> husismo) derivaron hacia el c. La proyecci\u00f3n mundana del papa y de los cardenales fue sin duda la causa principal del -> c. de occidente, en el transcurso del cual coexistieron dos e incluso tres papas, cuya legitimidad estaba oculta para los coet\u00e1neos y sigue est\u00e1ndolos hoy. La -> reforma aprovech\u00f3 el dinamismo de los movimientos de espiritualidad seglar y, en su protesta contra los s\u00ed\u00adntomas de degeneraci\u00f3n de la vida eclesi\u00e1stica en la baja edad media, se presenta como una negaci\u00f3n de todo el sistema eclesi\u00e1stico medieval con su fusi\u00f3n de -> Iglesia y estado, con su centralismo papal y su -> escol\u00e1stica, petrificada en su formalismo. Tampoco la Iglesia fortalecida y regenerada en el Tridentino se vio libre de escisiones. Pero, a consecuencia de la paulatina desaparici\u00f3n general de la fe y de su estrecho punto de partida, estos cismas quedaron limitados a un nivel local, regional o nacional (c. de Utrecht del 1724; c. de la Petite 1~glise de la Vend\u00e9e, la cual no reconoci\u00f3 el concordato con Napole\u00f3n [-> viejos cat\u00f3licos]; c. de Gregorio Aglipay en las islas Filipinas [ 1902 ] ; Iglesia nacional checoslovaca [ 1920 ] ). El trasfondo de estos c. de la edad moderna es casi exclusivamente una tendencia nacionalista, que con m\u00e1s o menos raz\u00f3n se alz\u00f3 contra la curia romana y dio lugar a la organizaci\u00f3n de una Iglesia propia con ayuda estatal.<\/p>\n<p>Entre los c. desaparecidos y las disidencias que todav\u00ed\u00ada persisten (-> Iglesias orientales, -> protestantismo), apoy\u00e1ndonos en Y. Congar, podemos establecer las siguientes diferencias: 1) Mientras las herej\u00ed\u00adas y los c. antiguos discut\u00ed\u00adan la doctrina ortodoxa en cuestiones decisivas para la historia de la salvaci\u00f3n (doctrina de la Trinidad, soteriolog\u00ed\u00ada, posici\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada en el plan salv\u00ed\u00adfico, gracia de Dios) y ten\u00ed\u00adan un car\u00e1cter m\u00e1s bien \u00abparticular\u00bb, las disidencias que todav\u00ed\u00ada perduran son de \u00ed\u00adndole \u00abuniversal\u00bb, es decir, se basan en una concepci\u00f3n fundamental que repercute en toda la inteligencia del cristianismo. Tambi\u00e9n antes se dieron tales interpretaciones globales, como, p. ej., en el -> gnosticismo, en los bogomilos del oriente y en los -> c\u00e1taros, pero aqu\u00ed\u00ad lo espec\u00ed\u00adficamente cristiano retrocede sensiblemente, en total oposici\u00f3n a las disidencias universales de la actualidad, en las cuales el misterio de Cristo, por lo menos en principio, es afirmado plenamente. 2) En concreto las Iglesias ortodoxas orientales y el protestantismo no parten de la oposici\u00f3n a una determinada doctrina eclesi\u00e1stica, sino de la protesta contra un determinado estado hist\u00f3rico de la Iglesia: en el s. xi el alejamiento pol\u00ed\u00adtico entre oriente y occidente, y en el s. xvi el estado deplorable de la vida eclesi\u00e1stica en su sentido m\u00e1s amplio. 3) En su estructura interna los disidentes actuales ostentan un rasgo de catolicidad; se tiende conscientemente a la superaci\u00f3n de la escisi\u00f3n. 4) Las grandes comunidades disidentes de la actualidad custodian en mayor medida que los movimientos cism\u00e1ticos de los primeros tiempos del cristianismo valores fundamentales genuinamente cristianos, los cuales son indicio de la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo (Vaticano it Lumen gentium, n .o 15).<\/p>\n<p>II. Interpretaci\u00f3n hist\u00f3rica y teol\u00f3gica<br \/>\nEl punto de partida para una interpretaci\u00f3n escatol\u00f3gica de las escisiones eclesi\u00e1sticas lo tenemos en 1 Cor 11, 19: oportet et haereses esse. Aqu\u00ed\u00ad se acent\u00faa la necesidad de la escisi\u00f3n en el sentido de un fen\u00f3meno hist\u00f3ricamente inevitable. Con ello, los cismas y el movimiento ecum\u00e9nico que suprime el c. se sit\u00faan en el nivel de la historia, no en el del dogma supratemporal. La Iglesia peregrinante est\u00e1 bajo la ley del pecado, y por esto se halla expuesta a la escisi\u00f3n, cuyos motivos pueden ser de \u00ed\u00adndole personal, pol\u00ed\u00adtica, social, teol\u00f3gica o disciplinaria. Pero la Iglesia en su totalidad, lo mismo que cada uno de sus miembros, ha de luchar por un evangelio \u00ed\u00adntegro y sin fracturas. Para esto algunas veces tiene que pagar el precio de una escisi\u00f3n. Como la verdad que vive en la Iglesia entera sobrepuja el conocimiento creyente de sus miembros particulares, los guardianes oficiales de la doctrina tienen el derecho y el deber de oponerse al conocimiento parcial de algunos fieles en particular. Por tanto el c. no es mera expresi\u00f3n de una ca\u00ed\u00adda en lo mundano, sino que puede resultar tambi\u00e9n de una aut\u00e9ntica colisi\u00f3n de deberes.<\/p>\n<p>Prevalecen dos l\u00ed\u00adneas de interpretaci\u00f3n del citado pasaje de Pablo. La primera entendi\u00f3 haereses como tensiones entre grupos, las cuales hacen que resalte la pureza de la fe ortodoxa. Mientras que la interpretaci\u00f3n de tipo psicol\u00f3gico de Juan Cris\u00f3stomo concede un car\u00e1cter meramente casual a la escisi\u00f3n de que habla el Ap\u00f3stol, una funci\u00f3n hist\u00f3ricosalv\u00ed\u00adfica. Para \u00e9l las haereses fueron doctrinas formalmente err\u00f3neas, y en el oportet ve una decisi\u00f3n de Dios y una profec\u00ed\u00ada que debe cumplirse necesariamente. Sin los herejes nos dormir\u00ed\u00adamos sobre la sagrada Escritura, sin abrirla; necesitamos que los otros nos espoleen para abrirnos la palabra de la Escritura y vivir de ella. Aqu\u00ed\u00ad no se trata tanto de la fidelidad a la fe cuanto de su plenitud. La interpretaci\u00f3n de Agust\u00ed\u00adn se impuso a la Iglesia latina y la doctrina escol\u00e1stica de la \u00abpermisi\u00f3n divina\u00bb le dio su cimentaci\u00f3n teol\u00f3gica en el campo especulativo. La reforma descubri\u00f3 de nuevo la interpretaci\u00f3n de Juan Cris\u00f3stomo; pero la teolog\u00ed\u00ada calvinista enlaz\u00f3 directamente con Agust\u00ed\u00adn y vio en las escisiones la acci\u00f3n necesaria de poderes supramundanos que la soberana voluntad salv\u00ed\u00adfica de Dios dirige hacia el fin bueno que \u00e9l pretende. En las discusiones confesionales este lugar de la sagrada Escritura fue usado por representantes de las distintas direcciones, que bajo tal escudo se mantuvieron impert\u00e9rritas en su patrimonio confesional. La m\u00e1s reciente ex\u00e9gesis b\u00ed\u00adblica de los cat\u00f3licos y, sobre todo, la de los protestantes se apartan notablemente del rigor de la interpretaci\u00f3n agustiniana y tienden m\u00e1s bien hacia la interpretaci\u00f3n de Juan Cris\u00f3stomo.<\/p>\n<p>El c. no s\u00f3lo ostenta su aspecto negativo, la disoluci\u00f3n de la unidad, sino que, mediante una mirada retrospectiva, tambi\u00e9n descubrimos en \u00e9l aspectos constitutivos de Iglesia, propiedades prof\u00e9ticas y carism\u00e1ticas. As\u00ed\u00ad la lucha contra la -> gnosis despert\u00f3 en la Iglesia una mayor conciencia de sus problemas en toda una serie de importantes doctrinas teol\u00f3gicas y, directa o indirectamente, con su posici\u00f3n contraria los gn\u00f3sticos propulsaron la evoluci\u00f3n de los dogmas (fijaci\u00f3n del canon neotestamentario, doctrina de la encarnaci\u00f3n y de la de la gracia). La lucha contra el -> arrianismo llev\u00f3 la especulaci\u00f3n trinitaria a una mayor claridad conceptual. El donatismo oblig\u00f3 a la reflexi\u00f3n sobre el campo de la eclesiolog\u00ed\u00ada, casi totalmente descuidado por la cl\u00e1sica teolog\u00ed\u00ada griega. Los movimiontos de -> pobreza en la edad media, especialmente el de los -> c\u00e1taros, forzaron a las fuerzas cat\u00f3licas a una interpretaci\u00f3n dogm\u00e1tica de la concepci\u00f3n cristiana del mundo y contribuyeron a la realizaci\u00f3n de la vida apost\u00f3lica. La reforma del s. xvr dio el impulso decisivo para la -> reforma cat\u00f3lica en Trento. Pero a la vez hay que tener en cuenta c\u00f3mo la Iglesia, con su delimitaci\u00f3n frente a la herej\u00ed\u00ada y el c. se expuso constantemente al peligro y lleg\u00f3 a caer de hecho en el peligro de olvidar la verdad defendida por los disidentes, de modo que se enfrent\u00f3 con desconfianza a un leg\u00ed\u00adtimo testimonio prof\u00e9tico.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad la historia de los c. posee una cierta din\u00e1mica integrante, la cual en el transcurso hist\u00f3rico se pone cada vez m\u00e1s de manifiesto y termina disolviendo el c., pues la herej\u00ed\u00ada y el c. por su naturaleza son una acentuaci\u00f3n excesiva de una verdad parcial o de un aspecto olvidado de las estructuras eclesiales, y reciben su poder\u00ed\u00ado hist\u00f3rico de verdad unilateralmente resaltada en medio del error. Cabe perfectamente que la escisi\u00f3n en la fe y en la Iglesia sea un rodeo para llegar al reino de Dios, en primer lugar porque conduce a una reflexi\u00f3n reformadora y renovadora sobre el mensaje cristiano de salvaci\u00f3n, y en segundo lugar porque, como esbozos de una reforma de la Iglesia, poseen y siguen desarrollando elementos que pueden ser incorporados nuevamente a la plena comuni\u00f3n eclesi\u00e1stica. Mas hasta llegar a esto, la escisi\u00f3n es un castigo impuesto a la culpable claudicaci\u00f3n de los cristianos en su convivencia, en su amor y en su fe. Por tanto el sentido de su perduraci\u00f3n est\u00e1 en despertar de nuevo el amor unificante. En sus divisiones, la cristiandad se halla bajo el juicio de Dios; en cierto modo el juicio escatol\u00f3gico se anticipa en la historia (cf. Mt 24 y 25). Pero, bajo el juicio de la ira de Dios se esconde ya su gracia, que impulsa a las confesiones divididas a superar la separaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Viktor Conzemius<\/p>\n<p>C) CISMA DE OCCIDENTE<br \/>\nEl per\u00ed\u00adodo que va del a\u00f1o 1378 al 1417, o bien al 1449, es denominado en la historia de la Iglesia como la \u00e9poca del gran cisma de occidente. Fundamentalmente se trata de un cisma papal, pues nos encontramos con dos papas, y a veces con tres, que se presentan al mismo tiempo como titulares de la potestad suprema de la Iglesia y que de hecho la ejercen. La Iglesia no se ha pronunciado jam\u00e1s de una forma oficial acerca de la cuesti\u00f3n de cu\u00e1l de las dos o de las tres series de papas haya sido la leg\u00ed\u00adtima. Y tampoco la elecci\u00f3n del nombre papal \u00abJuan xxiil\u00bb por Angelo Roncalli, que el 28 de octubre de 1958 hab\u00ed\u00ada sido proclamado cabeza suprema de la Iglesia, quiso decidir autoritativamente una cuesti\u00f3n hist\u00f3rica discutida. No fue \u00e9sta realmente la intenci\u00f3n de Juan xxiii.<\/p>\n<p>I. Comienzo del cisma<br \/>\n1. El cisma de occidente comienza con la doble elecci\u00f3n realizada el a\u00f1o 1378. Gregorio xl hab\u00ed\u00ada muerto en Roma el 27-3-1378. Un a\u00f1o antes hab\u00ed\u00ada trasladado de Avi\u00f1\u00f3n a la ciudad eterna la sede del papado (destierro de ->Avi\u00f1\u00f3n). En Avi\u00f1\u00f3n hab\u00ed\u00adan quedado seis cardenales. S\u00f3lo 16 de los 23 cardenales tomaron parte en la elecci\u00f3n del papa. Entre los 16 hab\u00ed\u00ada 12 no italianos (11 franceses y 1 espa\u00f1ol). La elecci\u00f3n estuvo rodeada de circunstancias tumultuarias. Los electores se encontraban sometidos a una presi\u00f3n exterior. Hordas armadas penetraron en el conclave exigiendo un papa romano, o al menos italiano. A toda prisa, el d\u00ed\u00ada 8-4-1378 los cardenales eligieron como cabeza suprema de la Iglesia a Bartolomeo Prignano, director de la canciller\u00ed\u00ada romana. Este hab\u00ed\u00ada sido propuesto de antemano por diversas partes y era bien conocido de los electores. Sin embargo, \u00e9stos no se atrevieron a comunicar la elecci\u00f3n a la multitud. Simplemente anunciaron que hab\u00ed\u00adan elegido por papa a un romano y se dieron a la fuga. Cuando los romanos conocieron la realidad, se apaciguaron, pues el nuevo papa, Urbano vi (1378-89) era italiano. Los cardenales regresaron, asistieron a la coronaci\u00f3n y m\u00e1s tarde a los consistorios. As\u00ed\u00ad continuaron las cosas durante tres meses. Este reconocimiento t\u00e1cito ha podido ser considerado hasta ahora, y con suficientes motivos, como la legitimaci\u00f3n posterior de la elecci\u00f3n de Urbano. Pero seg\u00fan las \u00faltimas investigaciones, tambi\u00e9n este tacitus consensus se dio \u00abde una manera altamente imperfecta y bajo una coacci\u00f3n que continu\u00f3 existiendo\u00bb (K.A. Fink). Contra la validez de la elecci\u00f3n de Urbano se aduce adem\u00e1s, un segundo motivo: su alienaci\u00f3n mental. Hay indicios de que sufr\u00ed\u00ada una perturbaci\u00f3n mental, y seg\u00fan la doctrina de los canonicistas, las se\u00f1ales de locura afectaban a la legitimidad de la elecci\u00f3n. Pero no se puede llegar a una idea totalmente clara sobre el grado de perturbaci\u00f3n mental y tampoco sobre la gravedad del temor. Por tanto, seg\u00fan el conocimiento actual de la cuesti\u00f3n s\u00f3lo se puede decir que la elecci\u00f3n de Urbano vi no fue ni absolutamente v\u00e1lida ni absolutamente inv\u00e1lida.<\/p>\n<p>2. Los cardenales se sintieron legitimados para proceder a nueva elecci\u00f3n de papa. Motivos personales jugaron tambi\u00e9n un papel importante. Si Urbano vi no hubiera tratado de una manera tan hiriente a los mundanizados cardenales, seguramente no se habr\u00ed\u00ada llegado a la ruptura. Los doce cardenales no italianos abandonaron Roma y el d\u00ed\u00ada 9-8-1378 declararon, en un manifiesto a la cristiandad, que la elecci\u00f3n de Urbano hab\u00ed\u00ada sido inv\u00e1lida y el 20-9-1378 en Fondi, cerca de N\u00e1poles, eligieron un nuevo papa: Clemente vii. Incluso los cardenales italianos asintieron t\u00e1citamente a esta elecci\u00f3n y abandonaron a Urbano. Clemente vii se estableci\u00f3 en Avi\u00f1\u00f3n. Desde entonces la cristiandad tuvo dos papas. \u00bfC\u00faal de los dos era el sucesor leg\u00ed\u00adtimo de Pedro? Esta es la cuesti\u00f3n central. \u00abSi los contempor\u00e1neos se creyeron incapaces de decidir la cuesti\u00f3n de la legitimidad, imitemos nosotros su prudente reserva, y no pretendamos saber m\u00e1s que ellos.\u00bb Lo \u00fanico que se puede hacer es adherirse a este juicio del investigador franc\u00e9s G. Mollat. Las cosas son mucho m\u00e1s complejas de lo que parece a primera vista.<\/p>\n<p>3. La consecuencia inmediata de la doble elecci\u00f3n fue que la cristiandad se escindi\u00f3 en los campos opuestos: la obediencia romana y la de Avi\u00f1\u00f3n. En general los pa\u00ed\u00adses occidentales (rom\u00e1n\u00ed\u00adcos) se decidieron por el papa de Avi\u00f1\u00f3n, los restantes (germ\u00e1nicos e italianos) por el de Roma. La escisi\u00f3n alcanz\u00f3 a obispados y \u00f3rdenes religiosas. Toda la cristiandad se vio pr\u00e1cticamente sumergida en un mar de inseguridad y de angustias. Anteriormente hab\u00ed\u00ada habido santos que con el prestigio de su personalidad hab\u00ed\u00adan resuelto c. papales. San Bernardo de Claraval contribuy\u00f3, principalmente en Francia, a que se reconociera a Inocencio ii (1130-1143) cuando en 1130 fueron elegidos dos papas. Pero esta vez los santos de m\u00e1s prestigio se inclinaron unos por un papa y otros por el otro; mientras santa Catalina de Siena reconoci\u00f3 a Urbano vi, san Vicente Ferrer luch\u00f3 al lado de Clemente vii.<\/p>\n<p>II. Intentos de superaci\u00f3n<br \/>\nAl principio se les hech\u00f3 a los dos papas la culpa del c., pero los contempor\u00e1neos abandonaron pronto esta postura, concentr\u00e1ndose en la b\u00fasqueda de medios y caminos para restablecer la uni\u00f3n. Estos esfuerzos son los \u00fanicos rayos de luz en aquella \u00e9poca tan confusa. La iniciativa parti\u00f3 de la universidad de Par\u00ed\u00ads. Los caminos que la universidad de Par\u00ed\u00ads propuso el a\u00f1o 1394, despu\u00e9s de realizar una encuesta, se reducen fundamentalmente a tres: abdicaci\u00f3n voluntaria (via cessionis), decisi\u00f3n de un tribunal de arbitraje (via compromissi), o concilio (via conciIii). Los dos primeros apelaban a la buena voluntad del papa. Esta soluci\u00f3n, aparentemente la m\u00e1s f\u00e1cil, fracas\u00f3 por causa de los papas mismos. Clemente vii se hab\u00ed\u00ada opuesto a todo esfuerzo por lograr la uni\u00f3n. Su sucesor, Benedicto xiii (1394-1417 o bien 1424), estaba tan convencido de la legitimidad de su dignidad papal, que para \u00e9l una renuncia voluntaria constitu\u00ed\u00ada una infidelidad al papado. Cuando Francia, en 1398, le neg\u00f3 la obediencia para obligarle a que se retirara (via substractionis) no cedi\u00f3 ante esta coacci\u00f3n. Francia volvi\u00f3 en 1403 a prestar obediencia a Benedicto.<\/p>\n<p>Nuevas esperanzas de unidad surgieron con la elecci\u00f3n de Gregorio xii (1406-15) como papa romano, pues era tenido por amigo de la uni\u00f3n. Pero todos los esfuerzos realizados con miras a lograr que los dos papas entablaran negociaciones comunes y pudieran llegar a un acuerdo sobre la renuncia, fracasaron. Entonces 13 cardenales de los dos bandos dieron el paso decisivo, convocando para el 21-3-1409 un concilio en Pisa. Este deb\u00ed\u00ada destituir a los dos papas de legitimidad dudosa y abrir el camino a un papa reconocido por todos. Para esto, los cardenales encontraron apoyo en la doctrina de los canonistas. Si un papa se desviaba de la fe o bien se le culpaba de inmoralidad, pod\u00ed\u00ada ser corregido y, si era preciso, destitituido por una instituci\u00f3n. Esta fue la tarea que se propuso el concilio de Pisa (1409). La mayor\u00ed\u00ada de naciones cristianas enviaron delegados. En un proceso can\u00f3nico formal se les hizo responsables a los dos papas de la duraci\u00f3n del c. y se los destituy\u00f3 por cism\u00e1ticos y herejes notorios. A continuaci\u00f3n, el concilio eligi\u00f3 a un papa nuevo: Alejandro v (1409-1410), que fue reconocido por la mayor parte de la cristiandad como suprema cabeza leg\u00ed\u00adtima de la Iglesia. Es probable que los papas de Pisa se hubieran impuesto como los leg\u00ed\u00adtimos, si el segundo de ellos, Juan xxiri (1410-1415 ), no hubiera perdido su prestigio. Debido a esto, los otros dos papas continuaron manteniendo su posici\u00f3n, aunque sus obediencias hab\u00ed\u00adan disminuido considerablemente.<\/p>\n<p>III. Restablecimiento de la unidad en el concilio de Constanza<br \/>\nEl concilio de Pisa hab\u00ed\u00ada abierto el camino para la superaci\u00f3n del c. Pero hasta el concilio de Constanza (1414-1418) no se consigui\u00f3 restablecer la unidad. A instancias sobre todo del rey Segismundo, Juan xxrri hab\u00ed\u00ada convocado el Concilio que hab\u00ed\u00ada de celebrarse en la ciudad del lago de Constanza. Esperaba poderse imponer gracias a la ayuda del gran n\u00famero de obispos italianos. Pero las otras naciones se le opusieron, consiguiendo que se modificara el procedimiento que se hab\u00ed\u00ada seguido hasta entonces. Desde el 7-2-1415 no se vot\u00f3 ya por cabezas, sino por naciones (italianos, franceses, alemanes e ingleses). Con esto quedaba deshecha la preponderancia italiana. La situaci\u00f3n de Juan xxiir se hizo todav\u00ed\u00ada m\u00e1s insegura, cuando fue atacado desde sus propias filas por su conducta dudosa. El papa pisano crey\u00f3 que por su huida de Constanza (marzo de 1415) el concilio fracasar\u00ed\u00ada. Pero Segismundo lo salv\u00f3. Impidi\u00f3 que el concilio se disolviera y lo mantuvo reunido. Por el decreto de emergencia Haec sancta, del 30-3-1415, el papa huido fue depuesto el 29-5-1415. Con ello se suprimi\u00f3 el obst\u00e1culo mayor para la renuncia de Gregorio xii. El concilio se avino a la condici\u00f3n de \u00e9ste de dejarse convocar otra vez por \u00e9l. A trav\u00e9s de sus enviados, Gregorio renunci\u00f3 al papado el 4-7-1415. Quedaba s\u00f3lo el papa de Avi\u00f1\u00f3n, Benedicto xiii. A pesar de que Segismundo le visit\u00f3 personalmente, no se le pudo mover a renunciar. En cambio, el rey consigui\u00f3 separar de Benedicto y ganar para Constanza a Arag\u00f3n, Castilla, Navarra y Escocia. Se abri\u00f3 un proceso contra el papa, y Benedicto xiii fue destituido el 26-7-1417.<\/p>\n<p>La sede apost\u00f3lica qued\u00f3 entonces vacante. Como nuevo papa fue elegido Mart\u00ed\u00adn v (1417-1431). Con \u00e9l la Iglesia recibi\u00f3 otra vez una cabeza reconocida por todos. El cisma de occidente no fue definitivamente superado hasta 1449, cuando F\u00e9lix v, elegido ilegalmente por el s\u00ed\u00adnodo de Basilea (1439), se someti\u00f3 a Nicol\u00e1s v (1447-1455).<\/p>\n<p>IV. Interpretaci\u00f3n eclesiol\u00f3gica del tiempo del cisma<br \/>\nLa sobria enumeraci\u00f3n de los sucesos capitales del c. de occidente muestra ya que la Iglesia se encontr\u00f3 en una de las crisis m\u00e1s dif\u00ed\u00adciles de su historia, en la que corri\u00f3 peligro de derrumbarse. La crisis tuvo lugar en su cabeza jer\u00e1rquica. En aquel per\u00ed\u00adodo, en el que rigieron dos y hasta tres papas de legitimidad dudosa, el poder supremo de la Iglesia fue devuelto al colegio episcopal. As\u00ed\u00ad se garantiz\u00f3 la unidad formal, exactamente igual que, p. ej., en la situaci\u00f3n de sede vacante tras la muerte de un papa. El enorme peligro radic\u00f3 en el hecho de que este estado dur\u00f3 cuarenta a\u00f1os y de 1439 a 1449 volvi\u00f3 a revivir. La salvaci\u00f3n le lleg\u00f3 a la Iglesia a trav\u00e9s de la idea conciliar (no conciliarista). El concilio era pr\u00e1cticamente el \u00fanico camino para restablecer la unidad de la Iglesia. El discutido decreto Haec sancta (superioridad del concilio sobre el papa) fue \u00abuna medida de emergencia tomada para un caso excepcional totalmente determinado\u00bb (H. Jedin). Fue el s\u00ed\u00adnodo de Basilea el que pretendi\u00f3 declararlo norma de fe. Pero el ejemplo de Constanza muestra que \u00abun -> episcopalismo ligado al papa y guiado por el esp\u00ed\u00adritu de una aut\u00e9ntica colegialidad constituye un necesario complemento y una garant\u00ed\u00ada del primado\u00bb (A. Franzen). Precisamente a la luz del concilio Vaticano ri se puede decir que la peligrosa crisis del c. de occidente fue superada gracias a la estructura fundamental del colegio episcopal en la Iglesia (cf. tambi\u00e9n -> conciliarismo).<\/p>\n<p>Johann Baptist Villiger<\/p>\n<p>D) CISMA ORIENTAL<br \/>\nEn el origen del c.o. los acontecimientos y los postulados pol\u00ed\u00adticos han jugado un papel m\u00e1s importante que las diferencias dogm\u00e1ticas, consideradas frecuentemente como la verdadera causa del c. Las ra\u00ed\u00adces de todo el proceso hay que buscarlas en la ideolog\u00ed\u00ada pol\u00ed\u00adtica de la primitiva Iglesia cristiana. Los primeros fil\u00f3sofos pol\u00ed\u00adticos de la cristiandad -Clemente de Alejandr\u00ed\u00ada y Eusebio de Cesarea &#8211; adaptaron a la doctrina cristiana la concepci\u00f3n pol\u00ed\u00adtica del helenismo, \u00fanico sistema pol\u00ed\u00adtico que exist\u00ed\u00ada entonces; al emperador cristiano se le denegaba el car\u00e1cter divino que le hab\u00ed\u00ada atribuido el paganismo, pero, no obstante, se le miraba como representante de Dios en la tierra, con autoridad suprema respecto a los asuntos civiles y a los eclesi\u00e1sticos.<\/p>\n<p>La filosof\u00ed\u00ada pol\u00ed\u00adtica del helenismo, una vez cristianizada, fue admitida no s\u00f3lo por los emperadores cristianos sino tambi\u00e9n por toda la Iglesia. Por tanto, los emperadores cristianos &#8211; a partir de Constantino &#8211; cre\u00ed\u00adan que su primera obligaci\u00f3n era cuidar del bien de la Iglesia y defender la verdadera fe. De parte de la Iglesia, el primer resultado de esta aceptaci\u00f3n del sistema pol\u00ed\u00adtico hel\u00e9nico en forma cristianizada fue el deseo de adaptar la estructura y organizaci\u00f3n eclesi\u00e1sticas a las estructuras estatales del imperio romano, pues \u00e9ste, al reunir en s\u00ed\u00ad diversidad de pueblos, parec\u00ed\u00ada representar el preludio de la universalidad de la Iglesia. La divisi\u00f3n de la Iglesia en patriarcados y di\u00f3cesis segu\u00ed\u00ada el ejemplo de la divisi\u00f3n del imperio en distritos de mayor y menor magnitud. El obispo de Roma fue reconocido en todas partes de buen grado como la cabeza de la Iglesia, tanto m\u00e1s cuanto que resid\u00ed\u00ada en Roma, cabeza y centro intelectual del imperio. La elecci\u00f3n de Constantinopla como residencia del emperador no afect\u00f3 a la posici\u00f3n del obispo de Roma dentro de la Iglesia, posici\u00f3n que hab\u00ed\u00ada sido definida por los primeros concilios, especialmente por el de Nicea (325) y el de Calcedonia, y que hab\u00ed\u00ada sido confirmada solemnemente por el emperador Justiniano.<\/p>\n<p>Era tan patente el reconocimiento de esta posici\u00f3n excepcional del obispo de Roma en virtud de su car\u00e1cter apost\u00f3lico y petrino, que el mismo obispo de Roma apenas hizo resaltar este primado m\u00e1s que unas pocas veces por no creerlo necesario. La elevaci\u00f3n de Constantinopla al segundo puesto en la jerarqu\u00ed\u00ada de la Iglesia, hecho que se efectu\u00f3 en el segundo concilio de Constantinopla (581), fue considerada como una preeminencia honor\u00ed\u00adfica. En oriente fue vista como una consecuencia l\u00f3gica de la adaptaci\u00f3n a la estructura pol\u00ed\u00adtica. Por eso, D\u00e1maso t la acept\u00f3 sin oposici\u00f3n alguna. Pero cuando el concilio de Calcedonia concedi\u00f3 al patriarca de Constantinopla la jurisdicci\u00f3n sobre Tracia y toda el Asia Menor, Le\u00f3n i vio en ello un peligro para el primado de Roma y se neg\u00f3 a reconocer el canon 28 del concilio. Aunque el canon no fue incluido en las colecciones oficiales de c\u00e1nones de la Iglesia oriental, sin embargo, el patriarca de Constantinopla continu\u00f3 administrando las regiones que le hab\u00ed\u00ada confiado el concilio y conservando el rango supremo en la Iglesia de oriente.<\/p>\n<p>Debido a esto, Le\u00f3n 1 y sus sucesores acentuaron, m\u00e1s que los papas anteriores, el car\u00e1cter apost\u00f3lico y petrino del primado de Roma. Pero la Iglesia oriental daba poca importancia al hecho de que una sede episcopal apelara al car\u00e1cter apost\u00f3lico, ya que en su propio territorio hab\u00ed\u00ada muchas sedes que directa o indirectamente hab\u00ed\u00adan sido fundadas por los ap\u00f3stoles.<\/p>\n<p>Sin embargo, pronto aparecieron los inconvenientes que tuvo para la marcha de la Igles\u00ed\u00ada la adaptaci\u00f3n cristiana del sistema pol\u00ed\u00adtico. hel\u00e9nico. Los emperadores abusaron muchas veces de su obligaci\u00f3n de defender la verdadera doctrina, intentando continuamente subordinar los intereses de la Iglesia a sus intereses pol\u00ed\u00adticos y personales. Es verdad que los obispos reconoc\u00ed\u00adan el derecho que ten\u00ed\u00ada el emperador a convocar concilios, pero, por otra parte, defend\u00ed\u00adan, con m\u00e1s o menos \u00e9xito, su propio derecho hereditario a definir y explicar la doctrina ortodoxa.<\/p>\n<p>La tensi\u00f3n que, como consecuencia de esto, surgi\u00f3 entre el poder imperial y el eclesi\u00e1stico, se acentu\u00f3 de manera especial durante el gobierno del emperador Constancio (337-350), quien prest\u00f3 su apoyo al arrianismo, y en el gobierno de Anastasio i (491518), que indujo al patriarca Acacio a que favoreciera al monotelismo. Justiniano, que hab\u00ed\u00ada puesto fin al llamado cisma acaciano (485-519) en favor del papa Hormisdas y que se hab\u00ed\u00ada reservado el derecho a resolver las cuestiones teol\u00f3gicas, ante la oposici\u00f3n de los obispos se vio obligado a declarar solemnemente en la vi \u00abnovela\u00bb del a\u00f1o 535: \u00ablos mayores regalos que Dios, en su bondad infinita, ha concedido a la humanidad son el sacerdotium y el imperium\u00bb. En los asuntos divinos debe ser competente la autoridad espiritual, en los humanos la autoridad civil. Ambos poderes deben realizar su cometido con todo esmero y en colaboraci\u00f3n mutua para bien de la humanidad. Esa \u00abnovela\u00bb fue acogida en todas las colecciones de c\u00e1nones de la Iglesia oriental. Este es el motivo por el que todas las Iglesias orientales aspiraban siempre a unas relaciones arm\u00f3nicas con el poder civil.<\/p>\n<p>La protesta del papa Gregorio Magno contra el patriarca de Constantinopla por haberse arrogado el t\u00ed\u00adtulo de patriarca \u00abecum\u00e9nico\u00bb dio origen a un resentimiento entre oriente y occidente, resentimiento que incit\u00f3 al emperador Focas a confirmar nuevamente el a\u00f1o 607, a petici\u00f3n de Bonifacio iii, la primac\u00ed\u00ada de Roma en la Iglesia. El sexto concilio ecum\u00e9nico, que conden\u00f3 el -a monotelismo, fue un triunfo del papa Agato. El emperador Justiniano ri puso fin a las nuevas dificultades que hab\u00ed\u00adan surgido entre Roma y Constantinopla debido a la condena de ciertas costumbres occidentales en los sinodos de oriente. Con ocasi\u00f3n de la visita que el papa Celestino i hizo a Constantinopla, Justiniano ii confirm\u00f3 una vez m\u00e1s el primado de Roma en la Iglesia. Durante todo este tiempo los papas reconocieron la supremac\u00ed\u00ada pol\u00ed\u00adtica de los emperadores, comunic\u00e1ndoles su elecci\u00f3n a trav\u00e9s del representante del emperador en Ravena y solicitando de ellos la confirmaci\u00f3n. Acontecimientos pol\u00ed\u00adticos interrumpieron en el s. viii estas relaciones sinceras. Los papas tuvieron que defender con sus soldados la ciudad de Roma y el centro de Italia contra los ataques de los longobardos, que se hab\u00ed\u00adan establecido en el norte de Italia e intentaban extender su poder a toda Italia. Los emperadores, amenazados por los persas, los \u00e1varos y los eslavos, no pudieron conceder a los papas la ayuda militar que \u00e9stos les ped\u00ed\u00adan.<\/p>\n<p>El a\u00f1o 751, cuando el rey de los longobardos, Aistulfo, amenazaba la ciudad de Roma, el papa Esteban i recurri\u00f3 a Pipino, rey de los francos, en busca de ayuda. Pipino derrot\u00f3 a Aistulfo y entreg\u00f3 a la Santa Sede el exarcado de Ravena y el ducado de Roma. Estos acontecimientos agravaron de nuevo las relaciones entre el papa y Constantinopla; pero como, al menos externamente, la regi\u00f3n conquistada recibi\u00f3 el nombre de provincia imperial, no se produjo a\u00fan la ruptura. Las controversias iconoclastas tampoco empeoraron la situaci\u00f3n. Los defensores del culto a las im\u00e1genes buscaron ayuda en Roma y la encontraron. La emperatriz Irene en un documento que fue le\u00ed\u00addo ante el vii concilio ecum\u00e9nico (787), reconoci\u00f3 al papa como primer sacerdote que presid\u00ed\u00ada la Iglesia desde la sede de Pedro.<\/p>\n<p>La primera gran ruptura se debi\u00f3 a unos acontecimientos estrictamente pol\u00ed\u00adticos. El papa Le\u00f3n rii, amenazado por la aristocracia romana, recurri\u00f3 en busca de ayuda al sucesor de Pipino, a Carlomagno. Este no solamente prest\u00f3 al papa la ayuda requerida sino que puso fin al dominio longobardo en Italia. Para manifestar su agradecimiento a Carlomagno, el papa lo coron\u00f3 emperador en Roma el d\u00ed\u00ada de Navidad del a\u00f1o 800. En Bizancio fue considerado esto como una sublevaci\u00f3n contra el emperador leg\u00ed\u00adtimo de Constantinopla. Carlomagno era consciente de esto; sin embargo \u00e9l no ten\u00ed\u00ada prevista la coronaci\u00f3n. Para legitimar este suceso, Carlomagno quiso casarse con la emperatriz Irene y, de esta forma, unir nuevamente el antiguo imperio romano. Al ser destronada la emperatriz Irene por Nic\u00e9foro i (802-811), se produjo la guerra, que no termin\u00f3 hasta que el emperador Miguel i reconoci\u00f3 a Carlomagno como corregente de occidente (812).<\/p>\n<p>Estos acontecimientos influyeron notablemente en la evoluci\u00f3n posterior del papado y de las relaciones entre la Iglesia romana y la oriental. Los papas, liberados de su dependencia pol\u00ed\u00adtica frente a los emperadores de oriente, pod\u00ed\u00adan confiar en la ayuda de los emperadores francos y asegurar su posici\u00f3n en occidente, sin necesidad de tener en cuenta la situaci\u00f3n especial de la Iglesia de oriente. El papa Nicol\u00e1s t (858-867), apelando a la declaraci\u00f3n sobre la perfecci\u00f3n del poder papal que el papa Gelasio i hab\u00ed\u00ada hecho durante el cisma acaciano (484519), puso fin, empezando por occidente, a todos los intentos de autonom\u00ed\u00ada de las regiones eclesi\u00e1sticas de mayor extensi\u00f3n, despu\u00e9s de haber sometido al metropolitano de Ravena y a Hincmar de Reims. Despu\u00e9s, el papa quiso hacer valer su soberan\u00ed\u00ada directa sobre la Iglesia oriental.<\/p>\n<p>La controversia entre Focio y el patriarca Ignacio parec\u00ed\u00ada ofrecer una buena ocasi\u00f3n para conseguir esta meta. Ignacio, que hab\u00ed\u00ada sido nombrado patriarca por la emperatriz Teodora, sin elecci\u00f3n alguna por parte del s\u00ed\u00adnodo local, tuvo conflictos con el nuevo regente Bardas, al ser depuesta Teodora. Entonces, por consejo de los obispos, que quer\u00ed\u00adan evitar una tensi\u00f3n con el nuevo gobierno, renunci\u00f3 a la dignidad patriarcal. El s\u00ed\u00adnodo episcopal eligi\u00f3 como sucesor de Ignacio al seglar Focio, presidente de la canciller\u00ed\u00ada (856). Fste fue reconocido como patriarca leg\u00ed\u00adtimo incluso por los partidarios de Ignacio. Pero una minor\u00ed\u00ada del clero le neg\u00f3 al poco tiempo la obediencia, proclamando como patriarca nuevamente a Ignacio. A1 parecer, la oposici\u00f3n fue provocada por motivos pol\u00ed\u00adticos, a saber: la elevaci\u00f3n de Teodora el cargo de regente. La oposici\u00f3n fue condenada en un s\u00ed\u00adnodo, y Focio comunic\u00f3 su entronizaci\u00f3n al papa. rste, por su parte, envi\u00f3 dos legados a Constantinopla para que se informaran de los hechos. Los legados quedaron convencidos de la legalidad de la elecci\u00f3n de Focio y, juntamente con el s\u00ed\u00adnodo local (861), declararon nulo el patriarcado de Ignacio. Sin embargo, el abad Teognosto, jefe de la oposici\u00f3n, consigui\u00f3 escaparse hasta Roma y entregar al papa una carta de apelaci\u00f3n que \u00e9l mismo hab\u00ed\u00ada falsificado como si fuera de Ignacio.<\/p>\n<p>Por otra parte, Ignacio hab\u00ed\u00ada declarado expresamente en el s\u00ed\u00adnodo que \u00e9l no hab\u00ed\u00ada apelado a Roma y que tampoco ten\u00ed\u00ada intenci\u00f3n de hacerlo. Como Teognosto le hab\u00ed\u00ada prometido al papa obediencia incondicional de su partido, mientras que Focio, convencido de la justicia de su causa, rehusaba nuevas negociaciones, Nicol\u00e1s i se decidi\u00f3 en favor de la causa de Teognosto, condenando a sus propios legados, excomulgando a Focio y declarando a Ignacio patriarca leg\u00ed\u00adtimo. A1 enviar despu\u00e9s el papa misioneros a Bulgaria, que hab\u00ed\u00ada sido cristianizada desde Bizancio, Focio, juntamente con Miguel iir, reuni\u00f3 un s\u00ed\u00adnodo de la Iglesia oriental. En \u00e9l se acus\u00f3 al papa de haber violado los derechos del s\u00ed\u00adnodo tanto en Constantinopla como en Bulgaria y se ped\u00ed\u00ada al emperador de occidente, Luis ii, que depusiera a Nicol\u00e1s r. Pero entretanto, Basilio i hab\u00ed\u00ada hecho asesinar a su coemperador Miguel III, se hab\u00ed\u00ada proclamado emperador y, para ganarse el apoyo de Roma, hab\u00ed\u00ada depuesto a Focio y nombrado patriarca nuevamente a Ignacio. En estos acontecimientos vio Roma la confirmaci\u00f3n de lo acertada que hab\u00ed\u00ada sido la pol\u00ed\u00adtica oriental del papa Nicol\u00e1s i. Adriano ti conden\u00f3 de nuevo a Focio y envi\u00f3 legados a un concilio (869-870), que confirm\u00f3 la decisi\u00f3n del papa. Focio fue desterrado, pero la mayor\u00ed\u00ada de los obispos y del clero le permaneci\u00f3 fiel.<\/p>\n<p>Estos acontecimientos dieron ocasi\u00f3n al primer gran c. entre Roma y la Iglesia oriental, provocado por motivos pol\u00ed\u00adticos y malas interpretaciones por ambas partes. Pero el c. dur\u00f3 solamente unos a\u00f1os. Una investigaci\u00f3n m\u00e1s profunda de los documentos que se refieren a esta controversia ha demostrado que Focio e Ignacio se hab\u00ed\u00adan reconciliado y que el mismo Ignacio hab\u00ed\u00ada solicitado de Roma que enviara legados a un nuevo concilio con el fin de desterrar los malos entendidos. Pero el concilio no se llev\u00f3 a cabo hasta despu\u00e9s de la muerte de Ignacio (879880), y fue presidido por Focio, a quien se hab\u00ed\u00ada nombrado nuevamente patriarca de Constantinopla. Fueron declaradas nulas las decisiones del concilio que hab\u00ed\u00ada condenado a Focio y se afirm\u00f3 la uni\u00f3n dentro de la Iglesia oriental y su unidad con Roma. La Iglesia oriental pudo de esta forma defender su autonom\u00ed\u00ada en sus propios asuntos. En este punto estaban de acuerdo Focio e Ignacio. El papado no consigui\u00f3, por tanto, romper la autonom\u00ed\u00ada de la Iglesia oriental.<\/p>\n<p>En los documentos referentes a esta discusi\u00f3n se encuentra material suficiente para probar que la jerarqu\u00ed\u00ada oriental no neg\u00f3 el primado de Roma, ni siquiera Focio. En las cartas del concilio local del a\u00f1o 861, presidido por Focio, se encuentran expresiones que dan a entender que la Iglesia oriental reconoce el derecho de apelaci\u00f3n al obispo de Roma. Tambi\u00e9n los partidarios de Focio recurrieron al papa en contra de una decisi\u00f3n del patriarca Ignacio.<\/p>\n<p>Por el contrario, el acercamiento de los papas a los reyes y emperadores francos signific\u00f3 desde el principio un gran peligro para la libertad de la Iglesia. Carlomagno y sus sucesores crearon una teor\u00ed\u00ada, seg\u00fan la cual el rey cristiano es no solamente un soberano civil sino tambi\u00e9n sacerdote, a la manera de Melquisedec, que fue sacerdote y rey. Reclamaban, por esto, el derecho a intervenir no s\u00f3lo en los asuntos de la Iglesia sino tambi\u00e9n en la elecci\u00f3n de los papas. Algunos cl\u00e9rigos, sirvi\u00e9ndose de una falsificaci\u00f3n, la llamada \u00abdonaci\u00f3n de Constantino\u00bb, hab\u00ed\u00adan intentado probar en vano que Constantino el Grande -por tanto, antes de que la residencia imperial fuera trasladada a Constantinopla &#8211; hab\u00ed\u00ada entregado al papa los dominios de Roma y de toda Italia. Para los emperadores de occidente, Roma e Italia eran partes de su imperio. Sus intentos por someter tambi\u00e9n las provincias bizantinas del sur de Italia agudizaron la tensi\u00f3n entre oriente y occidente. Los bizantinos estaban dispuestos a reconocer a los papas elegidos por los romanos, pero se sintieron ofendidos ante la intromisi\u00f3n cada vez mayor de los emperadores francos en la elecci\u00f3n del papa y ante las reformas francas introducidas en Roma, y sobre todo ante la interpolaci\u00f3n del Filioque, la cual proced\u00ed\u00ada de Espa\u00f1a y hab\u00ed\u00ada pasado a la liturgia franca. Los papas rehusaron durante mucho tiempo admitir este t\u00e9rmino en el s\u00ed\u00admbolo niceno por no inquietar a los orientales; seg\u00fan la opini\u00f3n de estos \u00faltimos un cambio tal no pod\u00ed\u00ada llevarse a cabo m\u00e1s que a trav\u00e9s de un concilio.<\/p>\n<p>Es verdad que Focio defend\u00ed\u00ada que el Esp\u00ed\u00adritu Santo procede solamente del Padre, pero esta cuesti\u00f3n no fue la base de su c., ya que Roma no hab\u00ed\u00ada aceptado a\u00fan este t\u00e9rmino en el credo niceno. Pero en el s\u00ed\u00adnodo del a\u00f1o 867, Focio y sus obispos acusan a los misioneros francos de estar divulgando en Bulgaria el uso de este t\u00e9rmino. Con los papas francos se introduce esta costumbre tambi\u00e9n en Roma. Parece ser que fue el papa Sergio iv (1009-1012) el primero que &#8211; despu\u00e9s de su consagraci\u00f3n &#8211; envi\u00f3 al patriarca de Bizancio el s\u00ed\u00admbolo de la fe con el t\u00e9rmino Filioque, juntamente con su carta de entronizaci\u00f3n. Sergio ii, patriarca de Constantinopla, rechaz\u00f3 la carta y el s\u00ed\u00admbolo de fe adjunto. A1 parecer, desde ese momento no fue indicado ya m\u00e1s el nombre del obispo de Roma en los d\u00ed\u00adpticos orientales. Este acto tan poco amistoso muestra hasta d\u00f3nde hab\u00ed\u00ada llegado ya la hostilidad, pero no fue expresi\u00f3n de un c. declarado.<\/p>\n<p>Sin embargo, para la Iglesia occidental tuvo mayores consecuencias la reestructuraci\u00f3n de la administraci\u00f3n eclesi\u00e1stica al introducirse el derecho franco de \u00abiglesia propia\u00bb, derecho que restring\u00ed\u00ada la autoridad de los papas. Seg\u00fan el derecho romano, el propietario de una iglesia o fundaci\u00f3n, de un obispado o monasterio era una organizaci\u00f3n o una sociedad. Sin embargo, seg\u00fan el derecho consuetudinario de los germanos, el se\u00f1or de iglesia propia consideraba como propiedad suya el templo o monasterio construido en sus territorios, y los beneficios de este templo o monasterio los recaudaba \u00e9l. Este sistema de iglesia propia se extendi\u00f3 despu\u00e9s por toda la Iglesia oriental. Los fundadores reclamaban el derecho de elegir a los administradores de las iglesias y abad\u00ed\u00adas fundadas y dotadas por ellos. Este sistema, unido al derecho feudal, contribuy\u00f3 de una manera decisiva al aumento del poder de los reyes y de los se\u00f1ores de occidente; el poder del papa y de los obispos, en cambio, qued\u00f3 muy debilitado. Las consecuencias de esto fueron: simon\u00ed\u00ada, matrimonio de cl\u00e9rigos, investidura de laicos. Todos estos factores contribuyeron al estado calamitoso de la Iglesia occidental en los s. x y xi.<\/p>\n<p>Una reacci\u00f3n contra este estado de cosas fue la reforma del monacato iniciada en la abad\u00ed\u00ada de Cluny (-> reforma cluniacense). En Lorena y Borgo\u00f1a surgieron otros movimientos de reforma. Para estos movimientos la ra\u00ed\u00adz de todos los abusos consist\u00ed\u00ada en el sistema teocr\u00e1tico introducido por los francos, seg\u00fan el cual el rey, en cuanto sacerdote, ten\u00ed\u00ada autoridad no s\u00f3lo en los asuntos terrenos sino tambi\u00e9n en los espirituales. La salvaci\u00f3n de la Iglesia consist\u00ed\u00ada, seg\u00fan estos movimientos, \u00fanicamente en el robustecimiento del poder papal, elev\u00e1ndolo no s\u00f3lo por encima de todos los obispos, sino tambi\u00e9n por encima de los reyes y los pr\u00ed\u00adncipes. En la Iglesia oriental la evoluci\u00f3n fue completamente diferente: no se produjeron estos abusos, y, adem\u00e1s, los sacerdotes no estaban obligados al celibato. Pero como el occidente desconoc\u00ed\u00ada la situaci\u00f3n de la Iglesia oriental, quis\u00f3 aplicar las ideas de reforma tambi\u00e9n en oriente.<\/p>\n<p>El movimiento de reforma tom\u00f3 pie en Italia al ser nombrado papa Le\u00f3n ix (10491054), de esp\u00ed\u00adritu reformista, por el emperador Enrique iii (1039-56). El papa eligi\u00f3 como colaboradores a tres personas que estaban dedicadas al movimiento de reforma: los monjes Humberto y Hildebrando y el arzobispo de Lorena, Federico; con su ayuda pudo implantar el movimiento de reforma tambi\u00e9n en Italia. Le\u00f3n rx quiso reforzar tambi\u00e9n su autoridad en las Iglesias de rito latino del sur de Italia, sobre todo en Apulia. Estas regiones estaban bajo el dominio de Bizancio y en su mayor\u00ed\u00ada pertenec\u00ed\u00adan al rito griego.<\/p>\n<p>Por su parte, Miguel Cerular\u00ed\u00ado (1043-58 ), patriarca de Constantinopla, que desconfiaba de los latinos, quiso reforzar su autoridad en la regi\u00f3n del sur de Italia que pertenec\u00ed\u00ada a Bizancio. Por eso, segu\u00ed\u00ada con toda atenci\u00f3n la actividad que los reformadores ejerc\u00ed\u00adan en estas regiones. Creyendo que los intereses de su Iglesia estaban amenazados en Italia, decidi\u00f3 emprender un cotraataque; mand\u00f3 que las instituciones religiosas e iglesias de rito latino que exist\u00ed\u00adan en Constantinopla pasasen al rito griego; las iglesias y monasterios que se negaron a cumplir esta orden fueron cerrados. La brutalidad de este acto ciertamente no estaba justificada. A1 mismo tiempo, Cerulario pidi\u00f3 al obispo de Acrida que previniera a los s\u00fabditos bizantinos en Italia contra la actividad que los latinos desplegaban en esa regi\u00f3n. Le\u00f3n de Acrida envi\u00f3 entonces una carta al obispo latino de Trani, en Apulia, en la que criticaba algunas costumbres de la liturgia latina, sobre todo la de usar pan \u00e1zimo en la Eucarist\u00ed\u00ada. Esto caus\u00f3 una gran agitaci\u00f3n en la Iglesia bizantina, situaci\u00f3n que se agrav\u00f3 m\u00e1s a\u00fan con los acontecimientos pol\u00ed\u00adticos. Los normandos, llamados por un administrador de varias ciudades de Apulia que hab\u00ed\u00ada desertado de Bizancio, vinieron en ayuda, derrotaron al ej\u00e9rcito griego y se asentaron en gran parte de la provincia. Desde all\u00ed\u00ad, los normandos constitu\u00ed\u00adan una amenaza no s\u00f3lo para las otras posesiones bizantinas sino tambi\u00e9n para el patrimonio de los papas. El emperador Constantino rx nombr\u00f3 comandante supremo de Apulia a un latino, Argyros (1051). El patriarca, que consideraba a Argyros como un enemigo personal suyo, intent\u00f3 evitar este nombramiento, pero no lo logr\u00f3. Por deseo del emperador, Argyros propuso al papa una coalici\u00f3n militar para luchar contra los normandos, y Le\u00f3n ix la acept\u00f3. Pero las tropas de los dos aliados fueron vencidas por los normandos (1053), quienes tuvieron al papa internado durante un a\u00f1o en Benevento.<\/p>\n<p>Mientras tanto, el papa encarg\u00f3 a su colaborador, el cardenal Humberto de Silva Candida, que refutara las acusaciones de le\u00f3n de Acrida contra los latinos. Humberto redact\u00f3 un tratado muy hiriente, en el que condenaba con toda dureza las costumbres de la Iglesia griega. Pero como entretanto compareci\u00f3 ante la corte papal una nueva embajada del emperador, que tra\u00ed\u00ada adem\u00e1s una carta, breve pero cort\u00e9s, del patriarca, el papa decidi\u00f3 no publicar el tratado de Humberto. En lugar de esto, mand\u00f3 tres legados a Constantinopla: Humberto, Federico de Lorena y el obispo de Amalfi. Su misi\u00f3n era formar una nueva alianza con el emperador en contra de los normandos y entregar al patriarca una carta que hab\u00ed\u00ada sido formulada por Humberto. El patriarca, sin embargo, rehus\u00f3 recibir a los legados porque en la carta se le negaba el t\u00ed\u00adtulo de patriarca ecum\u00e9nico y el segundo puesto en la jerarqu\u00ed\u00ada eclesi\u00e1stica y, adem\u00e1s, se dudaba de la legitimidad de su elevaci\u00f3n al patriarcado.<\/p>\n<p>Ofendido por esta postura del patriarca, Humberto public\u00f3 su tratado contra los griegos y los acus\u00f3 p\u00fablicamente en una discusi\u00f3n de haber borrado del s\u00ed\u00admbolo niceno el t\u00e9rmino Filioque. Pero sus ataques, en contra de lo que \u00e9l esperaba, solidarizaron al clero griego en torno al patriarca. El emperador intent\u00f3 en vano mitigar la actitud antilatina de su clero, pues ten\u00ed\u00ada un gran inter\u00e9s en firmar la alianza con el papa. Irritado ante la postura hostil del patriarca y del clero, Humberto redact\u00f3 una bula, en la que excomulgaba al patriarca y condenaba las costumbres de la Iglesia griega; la deposit\u00f3 en el altar de la bas\u00ed\u00adlica de Santa Sof\u00ed\u00ada y, juntamente con sus acompa\u00f1antes, abandon\u00f3 la ciudad.<\/p>\n<p>Esta bula demuestra un gran desconocimiento de la evoluci\u00f3n hist\u00f3rica y de las costumbres de la Iglesia griega.<\/p>\n<p>El emperador se vio entonces obligado a mandar que el patriarca rechazara la bula en un s\u00ed\u00adnodo. Y este mismo s\u00ed\u00adnodo excomulg\u00f3 a los legados del papa. Resulta, por tanto, ir\u00f3nico que precisamente el escrito del papa que deb\u00ed\u00ada restablecer la armon\u00ed\u00ada, terminara en un c. entre Roma y la Iglesia oriental.<\/p>\n<p>La mayor parte de la responsabilidad de esta situaci\u00f3n recae sobre dos personas: Humberto, con su desconocimiento tr\u00e1gico de la Iglesia griega, y el soberbio patriarca Cerulario, con sus prejuicios antilatinos. Pero como el patriarca excomulg\u00f3 \u00fanicamente a los legados, y no al papa ni a la Iglesia occidental, no se puede hablar de un c. consumado. Adem\u00e1s, est\u00e1 muy en duda la legitimidad de la excomuni\u00f3n que Humberto hizo recaer sobre el patriarca, pues cuando Humberto la dict\u00f3, el papa Le\u00f3n lx estaba ya muerto. En todo caso, este triste acontecimiento muestra cu\u00e1n grande era la distancia que durante los siglos anteriores se hab\u00ed\u00ada ido creando entre la Iglesia oriental y la occidental. En esta \u00faltima fase fueron tambi\u00e9n cuestiones pol\u00ed\u00adticas, y no dogm\u00e1ticas, las que jugaron el papel definitivo. Los fieles no se enteraron de este c. hasta despu\u00e9s de mucho tiempo. En los a\u00f1os siguientes, ambas partes intentaron la reconciliaci\u00f3n varias veces. La idea de las cruzadas hizo renacer, al principio, la esperanza de una nueva uni\u00f3n, pero lo que en definitiva hizo fue ahondar m\u00e1s la brecha, sobre todo entre las grandes masas de la poblaci\u00f3n. El primer acto cism\u00e1tico ocurri\u00f3 en Antioqu\u00ed\u00ada, cuando a ra\u00ed\u00adz de la conquista de la ciudad por los cruzados fue nombrado, adem\u00e1s del patriarca griego, un patriarca latino.<\/p>\n<p>Las especulaciones pol\u00ed\u00adticas fueron en gran parte la causa del fracaso de todos los intentos de reconciliaci\u00f3n. Los griegos segu\u00ed\u00adan aferrados a su propio punto de vista, seg\u00fan el cual el papado, en cuanto cabeza de la Iglesia universal no tiene apenas ninguna misi\u00f3n que cumplir. Los occidentales, por su parte, desarrollaron la teor\u00ed\u00ada de la superioridad del poder espiritual sobre el temporal. Esta teor\u00ed\u00ada, que no fue conocida en la Iglesia oriental, ofusc\u00f3, a partir de Gregorio vii, toda la evoluci\u00f3n de la Iglesia durante el medioevo. Durante la \u00e9poca de las cruzadas fue creciendo la mutua desconfianza, hasta terminar con la conquista y el saqueo de Constantinopla el a\u00f1o 1204. A1 poner en Constantinopla un patriarca latino, el c. qued\u00f3 consumado. Este \u00faltimo acto de la tragedia hizo que fracasaran todos los intentos de uni\u00f3n que se realizaron despu\u00e9s.<\/p>\n<p>Las cuestiones teol\u00f3gicas, sobre todo la del Filioque, que al principio hab\u00ed\u00adan jugado \u00fanicamente un papel secundario, se convirtieron en grito de batalla. A pesar de esto, no se puede ocultar que los motivos que fundamentalmente han contribuido al c. oriental no fueron teol\u00f3gicos.<\/p>\n<p>El d\u00ed\u00ada 7 de diciembre de 1965, los representantes de la Iglesia griega ortodoxa y de la Iglesia romana, el patriarca Aten\u00e1goras y Pablo vi, obispo de Roma y patriarca de occidente, hac\u00ed\u00adan una declaraci\u00f3n en la ciudad de Constantinopla en la que se refer\u00ed\u00adan a las mutuas excomuniones de ambas Iglesias. Esta declaraci\u00f3n no puso fin al c., pero puede ser considerada como la base de una futura reconciliaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Francis Dvornik<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\">La palabra griega para \u00abcisma\u00bb (<em>schisma<\/em>) se usa ocho veces en el NT. El uso teol\u00f3gico se deriva de este uso. Debemos corregir de inmediato una creencia popular err\u00f3nea. Cisma y herej\u00eda (v\u00e9ase) no son la misma cosa, y no son t\u00e9rminos que puedan usarse intercambiablemente, pero as\u00ed se usan con frecuencia err\u00f3neamente. Herej\u00eda no es cisma, ya que la herej\u00eda es, en su base, doctrinal, oponi\u00e9ndose a la fe cristiana misma. Cisma se opone al amor y no es doctrinal en su m\u00e9dula.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con frecuencia la partida de reformadores como Mart\u00edn Lutero y Juan Calvino ha sido relegada al \u00e1rea de cisma. Esto est\u00e1 lejos de serverdad. Para la iglesia romana esto no era cisma sino herej\u00eda. Para los reformadores tambi\u00e9n era herej\u00eda, pero herej\u00eda que Roma sosten\u00eda, y que los oblig\u00f3 a salir de su seno. Por esto, Juan Calvino en su <em>Instituci\u00f3n de la Religi\u00f3n Cristiana<\/em> argumenta que la iglesia de Roma no era una verdadera iglesia ya que sufr\u00eda de la carencia de una verdadera predicaci\u00f3n del evangelio y administraci\u00f3n de los sacramentos. Por tanto, \u00e9l no estaba dejando la verdadera iglesia. De hecho, Calvino argument\u00f3 reciamente que no importaba cu\u00e1ntos defectos tuviese cualquier iglesia verdadera, mientras en ella contin\u00faen las marcas de la verdadera iglesia, nadie tiene derecho a alejarse de ella.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La iglesia de Roma permit\u00eda la distinci\u00f3n entre cisma y herej\u00eda. Un obispo cism\u00e1tico de aquella iglesia pod\u00eda continuar ordenando sacerdotes, y sacerdotes cism\u00e1ticos pod\u00edan continuar administrando la Eucarist\u00eda. Pero obispos y sacerdotes her\u00e9ticos no lo pod\u00edan hacer leg\u00edtimamente. Roma reconoci\u00f3 que cisma es romper el amor, es un esp\u00edritu sedicioso o una divisi\u00f3n sediciosa, pero no diferencias doctrinales. As\u00ed es como la Iglesia Romana ha reconocido siempre a la Iglesia Ortodoxa Griega como esencialmente ortodoxa, pero cism\u00e1tica. La Iglesia Griega ha pecado contra el amor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entre los varios cismas de la iglesia cristiana tres merecen mencionarse brevemente: el cisma donatista, el cisma entre la iglesia Oriental y la Occidental, y el Gran Cisma. En el caso de los donatistas (v\u00e9ase) el problema fue uno de disciplina eclesi\u00e1stica en la cual ellos se opusieron a la corrupci\u00f3n interna de la iglesia. Este partido se levant\u00f3 durante las persecuciones de Diocleciano cuando algunos cristianos renunciaron a las Escrituras. Agust\u00edn escribi\u00f3 contra los donatistas porque persistentemente se separaban de la comuni\u00f3n de la iglesia, insistiendo en el rebautismo de cat\u00f3licos como un requisito para tener comuni\u00f3n con ellos. Estrechos de pensamiento e intransigentes, a pesar de todo, los donatistas eran tenidos como conectados con la verdadera iglesia, pero se les consideraba cism\u00e1ticos o como pecando contra el amor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El segundo cisma tiene que ver con las iglesias Oriental y Occidental. Esto ocurri\u00f3 a causa del creciente poder de Roma en contraste con Constantinopla. Pasaron varios siglos antes de que la iglesia fuese dividida. La separaci\u00f3n lleg\u00f3 a ser realidad en 1054. El Papa Le\u00f3n IX se puso furioso por una enc\u00edclica del patriarca de Constantinopla. Cuando el patriarca rehus\u00f3 someterse, los enviados por el Papa le dieron una sentencia de anatema.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El tercer cisma, o Gran Cisma, ocurri\u00f3 en los siglos catorce y quince, y se complic\u00f3 por procedimientos extra\u00f1os. El cisma tuvo lugar poco despu\u00e9s de la muerte de Gregorio XI en 1378. Hab\u00eda un papa en Avi\u00f1\u00f3n y otro en Roma. En el concilio de Pisa en 1409 ambos papas fueron depuestos, y se eligi\u00f3 un tercero. En lugar de dos papas ahora la iglesia ten\u00eda tres. En el concilio de Constancia el papa leg\u00edtimo, Gregorio XII, abandon\u00f3 su cargo con la condici\u00f3n de que su pontificado fuese considerado como legal. En 1417 Oddo Colonna fue elegido como Papa reinando como Mart\u00edn V (141\u2013731).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">B\u00edblicamente es claro que dividir el cuerpo de Cristo es pecaminoso y que no existe excusa para el cisma que se refiere al amor y no a la doctrina. Pero cuando la doctrina est\u00e1 envuelta, toma otras dimensiones y ya no es tanto cisma como herej\u00eda. Los herejes deben de ser cortados de la iglesia o excomulgados, y esta distinci\u00f3n no es una de cisma.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En 1 Co. 1:10 se desarroll\u00f3 un cisma a causa del esp\u00edritu partidista o iracundo por el cual individuos se identificaban a s\u00ed mismos como a favor de Pablo, Apolos o Cefas. Exteriormente la iglesia era una, pero interiormente estaba marcada por el divisionismo. La tendencia cism\u00e1tica que se nota en 1 Co. 11:18 se basaba largamente en distinciones sociales m\u00e1s bien que en diferencias doctrinales. En 1 Co. 12, Pablo afirma que la sabidur\u00eda divina que estableci\u00f3 la armon\u00eda entre los miembros del cuerpo humano se\u00f1ala un prop\u00f3sito similar en el cuerpo de Cristo (v\u00e9ase v. 25). La diversidad de dones no debe ser una invitaci\u00f3n a la envidia sino a la cooperaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En resumen, se puede decir que una divisi\u00f3n basada sobre consideraciones primarias de una doctrina esencial no es cisma y no es malo <em>per se<\/em>. Pero las divisiones que no son por doctrina, sino que ceden a otras consideraciones, son reprensibles. Surgen de un pecado contra el amor y est\u00e1n en contra del Esp\u00edritu de Cristo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">BIBLIOGRAF\u00cdA<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">Blunt<\/a>; <em><a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">CE.<\/a><\/em> <em><a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">HERE<\/a><\/em>. <em><a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\">SHERK<\/a><\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Harold Lindsell<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\"><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">Blunt <\/a>Blunt\u2019s <em>Dictionary of Doctrinal and Historical Theology<\/em><\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\">\n<li><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\"> <\/a><em>Catholic Encyclopaedia<\/em><\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\"><em>HERE <\/em><\/a><em>Hastings\u2019 Encyclopaedia of Religion and Ethics<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\"><em>SHERK <\/em><\/a><em>The New Schaff-Herzog Encyclopaedia of Religious Knowledge<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\"><\/a>Harrison, E. F., Bromiley, G. W., &amp; Henry, C. F. H. (2006). <em>Diccionario de Teologi\u0301a<\/em> (107). Grand Rapids, MI: Libros Desafi\u0301o.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Teolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p><h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 Ideas generales, car\u00e1cter moral y sanciones penales<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-2\">2 El cisma a la luz de la Escritura y la tradici\u00f3n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-3\">3 Intentos de legitimar el cisma<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-4\">4 Principales cismas<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-5\">5 Bibliograf\u00eda<\/li>\n<\/ul>\n<h2>Ideas generales, car\u00e1cter moral y sanciones penales<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cisma (del griego schisma, separaci\u00f3n, divisi\u00f3n) es, en el lenguaje de la teolog\u00eda y el derecho can\u00f3nico, la ruptura de la unidad y uni\u00f3n eclesi\u00e1sticas, i.e. ya sea el acto por el cual uno de los fieles corta los v\u00ednculos que le unen a la organizaci\u00f3n social de la Iglesia y que le hacen miembro del cuerpo m\u00edstico de Cristo, o el estado de disociaci\u00f3n o separaci\u00f3n que resulta de dicho acto. En su sentido etimol\u00f3gico y pleno el t\u00e9rmino aparece en los libros del Nuevo Testamento. Mediante este nombre San Pablo caracteriza y condena los partidos formados en la comunidad de Corinto (I Cor x, 12)&#160;: \u00abOs ruego, hermanos\u00bb, escribe, \u00ab&#8230;. no haya cisma entre ustedes; antes sean acordes en el mismo pensar y en el mismo sentir\u00bb. La uni\u00f3n de los fieles, dice en otra parte, debe manifestarse en la mutua comprensi\u00f3n y la acci\u00f3n convergente de manera similar a la cooperaci\u00f3n armoniosa de nuestros miembros que Dios ha dispuesto \u00abde manera que no pueda haber cisma en nuestro cuerpo\u00bb (I Cor xii, 25). As\u00ed entendido, el cisma es un g\u00e9nero que abarca dos especies distintas: un cisma her\u00e9tico o mixto y un cisma puro y simple. El primero tiene como origen o acompa\u00f1amiento la herej\u00eda; el segundo, el cual la mayor\u00eda de los te\u00f3logos designa como cisma propia-mente dicho, es la ruptura del v\u00ednculo de subordinaci\u00f3n sin ir acompa\u00f1ado de un error persistente, directamente opuesto a un dogma definido. Esta distinci\u00f3n fue delineada por San Jer\u00f3nimo y San Agust\u00edn. \u00abEntre herej\u00eda y cisma\u00bb, explica San Jer\u00f3nimo, \u00abhay esta diferencia, que la herej\u00eda pervierte el dogma, mientras que el cisma, por la rebeli\u00f3n contra el obispo, separa de la Iglesia. Sin embargo, no hay cisma que no invente una herej\u00eda para justificar su alejamiento de la Iglesia (En Ep. ad Tit. iii, 10). Y San Agust\u00edn: \u00abMediante las falsas doctrinas referentes a Dios los her\u00e9ticos hieren la fe; mediante inicuas disensiones los cism\u00e1ticos se apartan de la caridad fraterna, aunque creen lo que nosotros creemos\u00bb (De fide et symbolo, ix). Pero como San Jer\u00f3nimo observa, pr\u00e1ctica e hist\u00f3ricamente, herej\u00eda y cisma casi siempre van de la mano; el cisma conduce casi invariablemente a la negativa de la primac\u00eda papal.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El cisma, por tanto, usualmente es mixto, en cuyo caso, considerado desde el punto de vista moral, su perversidad se debe principalmente a la herej\u00eda que contiene. En otro aspecto y siendo cisma puro, es contrario a la caridad y la obediencia; contra la primera porque corta los v\u00ednculos de la caridad fraterna, contra la segunda porque el cism\u00e1tico se rebela contra la jerarqu\u00eda divinamente constituida. Sin embargo, no toda desobediencia es un cisma; para que tenga este car\u00e1cter debe incluir aparte de la trasgresi\u00f3n a las \u00f3rdenes de los superiores, la negativa del derecho divino para ordenar. Por otra parte, el cisma no necesariamente implica adhesi\u00f3n, p\u00fablica o privada, a un grupo disidente o a una secta aparte, mucho menos la creaci\u00f3n de tal grupo. Llega a ser cism\u00e1tico cualquiera que, aunque desee permanecer siendo cristiano, se rebele contra la autoridad leg\u00edtima, sin llegar al rechazo de la Cristiandad como un todo, lo que constituye el delito de apostas\u00eda.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Anteriormente se consideraba correctamente que un hombre era cism\u00e1tico cuando hac\u00eda caso omiso de la autoridad de su obispo; de all\u00ed las palabras de San Jer\u00f3nimo citadas arriba. Antes de \u00e9l San Cipriano hab\u00eda dicho: \u00abDebe entenderse que el obispo est\u00e1 en la Iglesia y \u00e9sta en el obispo, y no est\u00e1 en la Iglesia qui\u00e9n no est\u00e9 con el obispo\u00bb (Epis., Ixvi, 8). Mucho tiempo antes, San Ignacio de Antioqu\u00eda asent\u00f3 este principio: \u00abDonde est\u00e1 el obispo, all\u00ed est\u00e1 la comunidad, as\u00ed como donde est\u00e1 Cristo all\u00ed est\u00e1 la Iglesia Cat\u00f3lica\u00bb (Smym., viii, 2). Ahora sin embargo la evoluci\u00f3n centralizadora que enfatiza el papel preponderante del Soberano Pont\u00edfice en la constituci\u00f3n de la unidad eclesi\u00e1stica, el mero hecho de rebelarse contra el obispo de la di\u00f3cesis es a menudo un paso hacia el cisma; no es un cisma en aqu\u00e9l que permanece, o reclama permanecer, sujeto a la Santa Sede. En el sentido material de la palabra existe un cisma, que es la ruptura del cuerpo social, si hubiera dos o m\u00e1s reclamantes del Papado, cada uno de los cuales, teniendo de su lado ciertas comparecencias de derecho y consecuentemente un n\u00famero m\u00e1s o menos numeroso de partidarios. Pero bajo estas circunstancias la buena fe puede, al menos por un tiempo, evitar un cisma forma; \u00e9ste se inicia cuando la legitimidad de uno de los pont\u00edfices llega a ser tan evidente como para hacer inexcusable la adhesi\u00f3n a un rival. El cisma es considerado por la Iglesia como una falla muy grave y se castiga con las mismas penas reservadas a la herej\u00eda, debido a que usualmente \u00e9sta lo acompa\u00f1a. Las penas son: excomuni\u00f3n en la que se incurre ipso facto y que queda reservada al Soberano Pont\u00edfice (cf. \u201cApostolicae Sedis, I, 3); \u00e9sta es seguida por la p\u00e9rdida de toda jurisdicci\u00f3n ordinaria e incapacidad de recibir cualesquier beneficios o dignidades eclesi\u00e1sticos. Comunicar in sacris con cism\u00e1ticos, p.e. recibir los sacramentos de sus ministros, asistir a los Oficios Divinos en sus templos, est\u00e1 estrictamente prohibido para los fieles.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Algunos te\u00f3logos distinguen entre cisma \u201cactivo\u201d y \u201cpasivo\u201d. Por el primero entienden apartarse deliberadamente del cuerpo de la Iglesia, renunciando libremente al derecho de formar parte de \u00e9l. Llaman cisma pasivo a la condici\u00f3n de aquellos que la Iglesia por s\u00ed misma rechaza de su seno en virtud de la excomunicaci\u00f3n, en vista de que emprenden esa separaci\u00f3n al hacerse merecedores de ella, independientemente de que la deseen o no. Por tanto, este art\u00edculo tratar\u00e1 directamente en forma exclusiva con el cisma activo, o cisma propiamente dicho. Es claro, sin embargo, que el llamado cisma pasivo no solamente no excluye el otro, sino que a menudo lo supone tanto en teor\u00eda como de hecho. Desde este punto de vista es imposible comprender la actitud de los protestantes que siguen responsabilizando de la separaci\u00f3n a la Iglesia que abandonaron. Se prueba a trav\u00e9s de todos los monumentos hist\u00f3ricos y especialmente mediante los escritos de Lutero y Calvino que, antes del anatema pronunciado contra ellos en el Concilio de Trento, los l\u00edderes de la Reforma hab\u00edan proclamado y repetido que la Iglesia Romana era la \u201cBabilonia del Apocalipsis, la sinagoga de Sat\u00e1n, la sociedad del Anticristo\u201d; que ellos deb\u00edan alejarse de ella y que lo ha-c\u00edan as\u00ed para re-entrar al camino de la salvaci\u00f3n. Y en esto ajustaron la acci\u00f3n a sus palabras. As\u00ed el cisma lo completaron cabalmente antes de que fuera solemnemente establecido por la autoridad que ellos rechazaban y que transformado por dicha autoridad en una justa sanci\u00f3n penal.\n<\/p>\n<h2>El cisma a la luz de la Escritura y la tradici\u00f3n<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como el cisma en su definici\u00f3n y pleno sentido es la negaci\u00f3n pr\u00e1ctica de la unidad eclesial, la explicaci\u00f3n del primero requiere una clara definici\u00f3n de la segunda y probar la necesidad de \u00e9sta para establecer la malicia intr\u00ednseca del cisma. En realidad los textos de la Escritura y la Tradici\u00f3n muestran que estos aspectos de la misma verdad est\u00e1n tan estrechamente unidos que el paso de uno a otro es constante y espont\u00e1neo. Cuando Cristo construy\u00f3 sobre Pedro como fundamento firme del edificio indestructible de su Iglesia, de ese modo \u00c9l indic\u00f3 su unidad esencial y especial mente su unidad jer\u00e1rquica (Mt xvi, 18). \u00c9l expres\u00f3 el mismo pensamiento cuando se refiri\u00f3 a los fieles como un Reino y como un reba\u00f1o: \u00abTengo otras ovejas, que no son de este redil: tambi\u00e9n debo traerlas y ellas oir\u00e1n mi voz y habr\u00e1 un solo reba\u00f1o y un solo pastor\u00bb (Jn x, 16). La unidad de la fe y adoraci\u00f3n es indicada m\u00e1s expl\u00edcitamente por las palabras que esbozan la solemne mi-si\u00f3n de los Ap\u00f3stoles: \u00abVayan pues, y ense\u00f1en a todas las naciones, bautiz\u00e1ndolas en el nombre del Padre, del Hijo y del Esp\u00edritu Santo\u00bb (Mt xxviii, 19). Estas diversas formas de unidad son el obje to de la oraci\u00f3n despu\u00e9s de la Ultima Cena, cuando Cristo ruega por \u00c9l mismo y pide \u00abque sean uno\u00bb como el Padre y el Hijo son uno (Jn xvii, 21-22). Aquellos que violan las leyes de la unidad llegar\u00e1n a ser extra\u00f1os a Cristo y a su familia espiritual: \u00abY si \u00e9l no escucha a la Iglesia, sea para ti como gentil o publicano\u00bb (Mt xviii, 17).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A imitaci\u00f3n fiel de la ense\u00f1anza de su Maestro, San Pablo a menudo se refiere a la unidad de la Iglesia, describi\u00e9ndola como un edificio, como un cuerpo, un cuerpo entre cuyos miembros existe la misma solidaridad que hay entre los miembros del cuerpo humano (1 Cor xii; Ef 4). \u00c9l ennumera sus diversos aspectos y fuentes: \u00abPorque en un solo Esp\u00edritu fuimos todos bautizados en un solo cuerpo&#8230;. y hemos bebido en un solo Esp\u00edritu\u00bb (1 Cor xii, 13); porque nosotros, siendo muchos, somos un solo pan, un solo cuerpo, todos los que participamos de un mismo pan\u00bb (1 Cor x, 17). \u00c9l lo resume en la siguiente f\u00f3rmula: \u00abUn solo cuerpo y un solo Esp\u00edritu&#8230;.un solo Se\u00f1or, una sola fe, un solo bautismo (Ef iv, 4-5). Finalmente llega a la conclusi\u00f3n l\u00f3gica cuando anatematiza las novedades doctrinales y a sus autores (Gal i, 9), igualmente cuando escribe a Tito: \u00abAl hombre que es hereje, despu\u00e9s de la primera y segunda amonestaci\u00f3n, ev\u00edtalo\u00bb (Tit iii, 10); y de nuevo cuando con tanta energ\u00eda condena las disensiones de la comunidad de Corinto: \u00abHay discordias entre ustedes&#8230; cada uno de ustedes dice: Yo, en realidad, soy de Pablo; y yo soy de Apolo; y yo de Cef\u00e1s; y yo de Cristo. \u00bfEst\u00e1 dividido Cristo? \u00bfEntonces Pablo fue crucificado por ustedes, o fueron bautizados en su nombre? (1 Cor i, 11-13). \u00abAhora, les ruego hermanos, por el nombre de nuestro Se\u00f1or Jesucristo, que todos hablen la misma cosa y no haya cismas entre uste- des; sino que tengan el mismo pensar y el mismo sentir\u00bb (1 Cor i, 10). San Lucas hablando en elogio de la primitiva Iglesia menciona su unanimidad de creencia, de obediencia y de adoraci\u00f3n: \u00abEllos perseveraban en la doctrina de los ap\u00f3stoles, en la uni\u00f3n, en la fracci\u00f3n del pan y en la oraci\u00f3n\u00bb (He ii, 42). Toda la primera carta de San Juan est\u00e1 dirigida contra los innovadores y cism\u00e1ticos contempor\u00e1neos; y el autor, en contraste a los miembros de la Iglesia, \u201clos Hijos de Dios\u201d,  los considera como extra\u00f1os a \u00e9sta y les llama \u201clos hijos del diablo\u201d (1 Jn iii, 10); los hi-jos \u201cdel mundo\u201d (iv, 5), e incluso Anticristo (ii, 22; y iv, 3).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La misma doctrina es encontrada en todas las evidencias de la Tradici\u00f3n, comenzando por las m\u00e1s antiguas. Antes del fin del primer siglo San Clemente escribiendo a la Iglesia de Corinto para restablecer la paz y la armon\u00eda fuertemente inculca la necesidad de la sumisi\u00f3n al \u201cheugomenos\u201d (1 Cor i, 3), \u00aba los gu\u00edas de nuestras almas\u00bb (lxiii, 1) y a los \u00abpresb\u00edteros\u00bb (xlvii, 6; liv, 2; lvii, 1). Es, dice, un \u00abgrave pecado\u00bb despreciar la autoridad de ellos como lo est\u00e1n haciendo los corintios (xliv, 3, 4, 6; xlvii, 6); es un deber honrarles (i, 3; xxi, 6). No debe haber divisi\u00f3n en el cuerpo de Cristo (xlvi, 6). La raz\u00f3n fundamental para todo esto es el orden jer\u00e1rquico divinamente instituio. La obra de Cristo es de hecho continuada por los Ap\u00f3stoles, a quienes envi\u00f3 Cristo como \u00c9l fue enviado por Dios (xlii, 1, 2). Fueron ellos quienes establecieron los \u00abepiscopi y di\u00e1conos\u00bb (xlii, 4) y decidieron que otros deber\u00edan sucederlos en su ministerio (xliv,2). As\u00ed explica \u00e9l la gravedad del pecado y la severidad de las reprimendas dirigidas a los fomentadores de problemas. \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 habr\u00eda de haber entre ustedes diputas, querellas, disensiones, cismas y guerra? \u00bfNo tenemos un \u00fanico y el mismo Dios, un \u00fanico y el mismo Cristo? \u00bfNo es el mismo esp\u00edritu de gracia que ha sido derramado sobre nosotros? \u00bfNo tenemos una vocaci\u00f3n com\u00fan en Cristo? \u00bfPor qu\u00e9 dividir y separar a los miembros de Cristo?, \u00bfpor qu\u00e9 estar en guerra con nuestro propio cuerpo?, \u00bfpor qu\u00e9 ser tan tontos como para olvidar que somos miembros un so lo cuerpo?\u00bb (xlvi, 5-7). San Ignacio insiste no menos en\u00e9rgicamente en la necesidad de la unidad y el peligro del cisma. \u00c9l es el primer autor en quien encontramos la unidad episcopal claramente delineada, y ruega a los fieles se coloquen al lado de los \u201cpresb\u00edteros\u201d y di\u00e1conos y especialmente a trav\u00e9s de ellos y con ellos se coloquen al lado del obispo: \u00abEs adecuado que ustedes tengan una misma mente con el obispo, como la tienen, porque el venerable presbiterado de ustedes est\u00e1 ad-herido al obispo como las cuerdas a la lira\u00bb (Eph, vi, 1); \u00abustedes no deben aprovecharse de la edad de su obispo, sino, estando atentos al poder de Dios Padre, mu\u00e9strenle de todas las maneras (posibles) el respeto, como lo hacen los santos sacerdotes\u00bb (Magn., iii, 1). El obispo es centro y pivote de la Iglesia: \u00abDonde est\u00e1 \u00e9l, all\u00ed deber\u00eda estar la comunidad\u00bb (Smyrn., xi, 1). Los deberes de los fieles hacia la jerarqu\u00eda est\u00e1n resumidos en uno: estar unidos a ella en sentimiento, fe y obediencia. Deben ser siempre sumisos al obispo, al presbiterado y a los di\u00e1conos (\u201cEph.\u201d, ii, 2; v, 3; xx, 2; \u201cMagn.\u201d, ii; iii, 1; vi, 1,2; xiii, 2; \u201cTrall.\u201d, ii, 1,2; xiii, 2; \u201cPhilad.\u201d, vii, 1; \u201cSmyrn.\u201d, viii, 1; \u201cPolyc.\u201d, vi, 1). Jesucristo siendo la palabra del Padre y el obispo estando en la doctrina de Cristo (en Iesou christou gnome) es adecuado adherirse a la doctrina del obispo (Eph., iii, 2; iv, 1); \u00abAquellos que pertenecen a Dios y a Jesucristo se al\u00edan ellos mismos con el obispo. Hermanos, no se dejen enga\u00f1ar; cualquiera que sigue a un cism\u00e1tico no heredar\u00e1 el Reino del Cielo\u00bb (Phi-lad., iii, 2,3). Finalmente como el obispo es el centro doctrinal y disciplinario as\u00ed tambi\u00e9n es el centro lit\u00fargico: \u00abQue la Eucarist\u00eda es l\u00edcita cuando la consagra el obispo o a qui\u00e9n \u00e9l designe&#8230;. est\u00e1 prohibido bautizar o celebrar el \u00e1gape sin el obispo; lo que \u00e9l aprueba es lo agradable a Dios, para que todo lo que se haga sea estable y v\u00e1lido\u00bb (Smyrn., viii, 1,2).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hacia el fin del siglo segundo San Ireneo alaba en t\u00e9rminos resplandecientes la unidad de la Iglesia universal \u00abla cual tiene un solo coraz\u00f3n y una sola alma, cuya fe est\u00e1 a su cuidado\u00bb y que parece \u00abcomo el \u00fanico sol que ilumina el mundo entero\u00bb (Adv. haeres., i, 10). Condena toda divisi\u00f3n doctrinal, basando sus argumentos en la autoridad magisterial de la Iglesia en general y de la Iglesia Romana en particular. La doctrina de salvaci\u00f3n, predicada por los Ap\u00f3stoles, es preservada en las Iglesias fundadas por ellos; pero puesto que tomar\u00eda demasiado tiempo preguntar a todas las Iglesias Apost\u00f3licas es suficiente volverse a la de Roma: \u00abPorque la Iglesia entera, que son todos los fieles del mundo, deber\u00edan estar de acuerdo con esta Iglesia Romana, debido a su preeminencia superior; y en la que todos los fieles han preservado la tradici\u00f3n Apost\u00f3lica\u00bb (iii, 2, 3). Es por tanto de la m\u00e1xima necesidad adherirse a esta Iglesia porque donde est\u00e1 ella, hay toda la gracia y el esp\u00edritu es la verdad (iii, 24). Pero adherirse a esta Iglesia es someterse a la jerarqu\u00eda, a su viviente e infalible magisterio: \u00abLos sacerdotes de la Iglesia han de ser obedecidos, aquellos que son los sucesores de los Ap\u00f3stoles y quienes con la sucesi\u00f3n episcopal han recibido un carisma cierto y seguro de verdad&#8230;. Aquellos que dejan a los sucesores de los Ap\u00f3stoles y se re\u00fanen en un lugar separado deben ser considerados con sospecha o como her\u00e9ticos, como hombres de malvadas doctrinas, o como cism\u00e1ticos. Los que rompen la unidad de la Iglesia recibir\u00e1n el castigo divino dado a Jeroboam; todos ellos deben ser evitados\u00bb (iv, 26).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al inicio del tercer siglo, Clemente de Alejandr\u00eda describe la Iglesia como la ciudad del Logos que debe ser buscada porque es la reuni\u00f3n de todos aquellos a quienes Dios desea salvar (\u201cStrom.\u201d, iv, 20; vii, v; \u201cPaedag.\u201d, i, 6; iii, 12). Or\u00edgenes es m\u00e1s expl\u00edcito; para \u00e9l la Iglesia es tambi\u00e9n la ciudad de Dios (Contra Cels., iii, 30), y agrega: \u00abQue nadie sea enga\u00f1ado; fuera de es ta morada, esto es fuera de la Iglesia, nadie se salva. Si alguien la deja, \u00e9l mismo ser\u00e1 responsable de u muerte\u00bb (In lib. Jesu Nave, Hom., iii, 5). En Africa, Tertuliano igualmente condena toda separaci\u00f3n de la Iglesia existente. Es famosa su \u201cDe praescriptionibus\u201d, y la tesis fundamental de la obra, inferida de su mismo t\u00edtulo, es resumida en la prioridad de la verdad y la relativa novedad del error (principalitatem veritatis et posteritatem mendacii), implicando as\u00ed la prohibici\u00f3n de retirarse de la gu\u00eda del magisterio viviente: \u00abSi el Se\u00f1or Jesucristo envi\u00f3 a Sus Ap\u00f3stoles a predicar, debemos concluir que no debemos recibir a otros predicadores m\u00e1s que los nombrados por \u00c9l. Lo que ellos han predicado, en otras palabras, lo que Cristo les revel\u00f3, solamente puede ser establecido por las Iglesias fundadas por los Ap\u00f3stoles mismos, a quienes ellos predicaron el Evangelio de palabra y por escrito\u00bb (De praescri., xxi).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero el gran campe\u00f3n africano de la unidad eclesi\u00e1stica fue San Cipriano, contra los cism\u00e1ticos de Roma y de Cartago. \u00c9l concibi\u00f3 esta unidad como descansando en la autoridad de los obispos, en su mutua uni\u00f3n y en la preeminencia del Romano Pont\u00edfice: \u00abDios es uno, Cristo es uno, una es la Iglesia y una la sede fundada sobre Pedro por la palabra del Se\u00f1or\u00bb (Epist. lxx); \u00abNosotros los obispos que gobernamos la Iglesia, debemos sostener y apoyar esta unidad, para mostrar que el episcopado en s\u00ed mismo es uno e indiviso\u00bb (De ecclesiae unit., v); \u00abSepan que el obispo est\u00e1 en la Iglesia y \u00e9sta en el obispo, y que si alguien no est\u00e1 con el obispo, tampoco est\u00e1 con la Iglesia&#8230;. La Iglesia Cat\u00f3lica es una sola, formada por la armoniosa uni\u00f3n de los pastores quienes se apoyan mutuamente\u00bb (Epist. lxxvi, 5). Para la unidad de la fe debe haber unidad lit\u00fargica: \u00abUn segundo altar y un nuevo sacerdocio no pueden establecerse al lado del \u00fanico altar y del \u00fanico sacerdocio\u00bb (Epist. lii, 24). Cipriano no ve\u00eda ninguna raz\u00f3n leg\u00edtima para el cisma porque \u00abque brib\u00f3n, que traidor, que loco estar\u00eda tan extraviado por el esp\u00edritu de discordia para creer que est\u00e1 permitido desgarrar, o qui\u00e9n se atrever\u00eda a rasgar la unidad divina, la vestimenta del Se\u00f1or, la Iglesia de Jesucristo?\u00bb (De eccles. unit., viii); \u00abLa esposa de Cristo es casta e incorruptible. Quienquiera que abandona la Iglesia para seguir a una ad\u00faltera, renuncia a las promesas de la Iglesia. El que abandona a la iglesia de Cristo no recibir\u00e1 las recompensas de Cristo. Llega a ser un extra\u00f1o, un imp\u00edo, un enemigo. Dios no puede ser el Padre para aquel quien la Iglesia no es su madre. Lo mismo que pudo salvarse alguien fuera del Arca de No\u00e9, as\u00ed puede salvarse fuera de la Iglesia&#8230;. Quien no respecta su unidad (de la Iglesia), no respetar\u00e1 la ley de Dios; \u00e9se no tiene fe en el Padre y el Hijo, sin vida, sin salvaci\u00f3n\u00bb (op.cit., viii).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde el siglo cuarto la doctrina de la unidad de la Iglesia fue tan clara y universalmente admitida que es casi superfluo citar testimonios particulares. Las largas pol\u00e9micas de Optato de Milevis (\u201cDe Schism. Don.\u201d, P. L. XI) y de San Agust\u00edn (especialmente en \u201cDe unit.eccl.\u201d, P.L., XLIII) contra los donatistas, a quienes acusa de estar separados del antiguo y primitivo tronco de la Cristiandad. Y para aquellos que representan su grupo como una porci\u00f3n de la Iglesia universal, San Agust\u00edn respondi\u00f3: \u00abSi ustedes est\u00e1n en comuni\u00f3n con el mundo cristiano, env\u00eden cartas a las Iglesias Apost\u00f3licas y ens\u00e9\u00f1enos sus respuestas\u00bb (Ep., xliv, 3). Estas cartas (litter\u00e6 format\u00e6) entonces constitu\u00edan una de las marcas y elementos aut\u00e9nticos de la unidad visible. Respecto a las diversas formas de esta unidad que \u00e9l explica, San Agust\u00edn concuerda con San Cipriano al mantener que fuera de ella no hay salvaci\u00f3n: \u00abSalus extra ecclesiam non est\u00bb (De bapt., iv, 24), y agrega en confirmaci\u00f3n de esto que fuera de la Iglesia los medios de salvaci\u00f3n, el bautismo y aun el martirio no servir\u00e1n para nada, porque el Esp\u00edritu Santo no es comunicado. Durante el mismo siglo la supremac\u00eda romana empez\u00f3 a enfatizarse como factor de unidad. Jesucristo, dice San Optato, quiso adjuntar la unidad a un centro definido; con este fin, El hizo a \u00abPedro cabeza de todos los Ap\u00f3stoles; a \u00e9l (Cristo) le dio primero la sede episcopal de Roma, en cuya \u00fanica sede debe preservarse la unidad para todos; es, por tanto, un pecador y cism\u00e1tico aquel que erige otra sede en oposici\u00f3n a ella\u00bb (De schism. Don., ii, 2);  \u00abEl cuidado por asegurar la unidad hizo que el bendito Pedro fuera preferido antes que todos los Ap\u00f3stoles y recibiera, \u00e9l solo, las llaves del Reino de los Cielos, para que pueda admitir a otros\u00bb (vii, 3). Paciano de Barcelo tambi\u00e9n dice que Cristo dio \u00fanicamente a Pedro el poder de las llaves \u00abpara hacerlo, a \u00e9l solo, fundamento y principio de la unidad\u00bb (ad unum ideo ut unitatem fundaret ex uno Epist., iii, 11).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Escritores m\u00e1s contempor\u00e1neos en la Iglesia Latina, Hilario, Victorino, San Ambrosio, el Ambrosiaster, San Jer\u00f3nimo, hablan de manera similar y bastante expl\u00edcita. Todos consideran a Pedro como el fundamento de la Iglesia, el Pr\u00edncipe de los Ap\u00f3stoles, que fue constituido cabeza perpetua para cortar cualquier intento de cisma. \u00abDonde est\u00e1 Pedro,\u00bb concluye San Ambrosio, \u00aball\u00ed est\u00e1 la Iglesia; donde est\u00e1 la Iglesia no hay muerte sino vida eterna\u00bb (In Ps., xl, 30). Y San Jer\u00f3nimo: \u00abEse hombre es mi elecci\u00f3n qui\u00e9n permanece en uni\u00f3n con la silla de Pedro\u00bb (Epist., xvi, 2). Ambos declaran, como San Optato, que estar fuera de la comuni\u00f3n romana es estar fuera de la Iglesia, pero ponen especial \u00e9nfasis en la autoridad jurisdiccional y magisterial del centro de la unidad. Sus textos son cl\u00e1sicos: \u00abDebemos tener recurso a tu clemencia, rog\u00e1ndote que no dejes la cabeza del mundo romano, la Iglesia Romana, y que no se altere la sant\u00edsima Fe Apost\u00f3lica; porque de ella derivan todos los derechos de la comuni\u00f3n cat\u00f3lica\u00bb (Ambrosio, \u201cEp.\u201d, xi, 4). \u00abYo, que no sigo otra gu\u00eda que Cristo, estoy en comuni\u00f3n con Su Santidad, esto es con la silla de Pedro. Yo s\u00e9 que la Iglesia est\u00e1 construida sobre esta roca. Quienquiera que comparte el Cordero fuera de esta casa comete sacrilegio. Quien contigo no recoge, desparrama: en otras palabras, qui\u00e9n no est\u00e1 con Cristo est\u00e1 con el Anticristo\u00bb (Jer\u00f3nimo, WEpist.\u201d, xv, 2).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Oriente tambi\u00e9n vio en Pedro y en la sede episcopal por \u00e9l fundada la piedra angular de la unidad. D\u00eddimo llama a Pedro \u00abel corifeo, la cabeza, quien fue primero entre los Ap\u00f3stoles, a trav\u00e9s de quien los dem\u00e1s recibieron las llaves\u00bb (De Trinit., i, 27, 30; ii, 10, 18). Epifanio tambi\u00e9n lo considera como \u00abel corifeo de los Ap\u00f3stoles, la roca firme sobre la que descansa la fe inamovible\u00bb (\u201cAnchor.\u201d, ix, 34; \u201cH\u00e6r.\u201d, lix, 7, 8) y San Cris\u00f3stomo habla incesantemente de los privilegios conferidos a Pedro por parte de Cristo. Adicionalmente los griegos reconocieron en la Iglesia Romana una preeminencia y consecuentemente un indiscutible papel unificador reconociendo su derecho a intervenir en las querellas de las Iglesias particulares, como est\u00e1 probado por los casos de Atanasio, Marcelo de Ancira y Cris\u00f3stomo. En este sentido San Gregorio Nazianceno llama a la antigua Roma \u00abel presidente del universo, ten proeodron ton olon\u201d (Carmen de vita sua), y es tambi\u00e9n la raz\u00f3n por la que aun los partidarios de Eusebio estuvieron dispuestos a que el caso de Atanasio, despu\u00e9s que ellos lo hab\u00edan aprobado, debiera ser sometido al juicio del Papa (Atan., \u201cApol.contra Arian\u201d, 20).\n<\/p>\n<h2>Intentos de legitimar el cisma<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los textos anteriores son suficientes para establecer la gravedad del cisma desde el punto de vista de la econom\u00eda de la salvaci\u00f3n y de la moral. A este respecto puede ser de inter\u00e9s citar la opini\u00f3n de Bayle, un escritor libre de la sospecha de parcialidad y de juicio tolerante: \u00abNo conozco\u00bb, escribe, \u00abun crimen m\u00e1s grave que el de desgarrar el cuerpo m\u00edstico de Jesucristo, Su Iglesia que \u00c9l compr\u00f3 con Su propia sangre, la madre que nos engendr\u00f3 para Dios, la que nos nutri\u00f3 con la le che de la comprensi\u00f3n, la que nos gu\u00eda a la vida eterna\u00bb (Supplement to Philosophical Comment, prefacio).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Varios motivos se han alegado para justificar el cisma:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(1) Algunos han reclamado que la introducci\u00f3n de abusos en la Iglesia, novedades dogm\u00e1ticas o lit\u00fargicas, supersticiones, con las cuales no se les permite, e incluso se les fuerza a no, aliarse. Sin entrar en los fundamentos de tales acusaciones deber\u00eda notarse que los autores citados arriba no mencionan ni admiten una sola excepci\u00f3n. Si aceptamos sus declaraciones, la separaci\u00f3n de la Iglesia es necesariamente un mal, un acto da\u00f1ino y culpable, el abandono del verdadero camino de salvaci\u00f3n y esto, independientemente de todas las circunstancias contingentes. Adem\u00e1s las doctrinas de los Padres excluyen a priori cualquier intento de justificaci\u00f3n; para usar sus palabras, est\u00e1 prohibido para los individuos o para las Iglesias nacionales o particulares, constituirse en jueces de la Iglesia universal; el mero hecho de tener tal intento conlleva su propia condenaci\u00f3n. San Agust\u00edn resumi\u00f3 toda su controversia contra los donatistas en la m\u00e1xima: \u00abEl mundo entero sin vacilar los declara equivocados a quienes por s\u00ed mismos se separan del mundo entero en cualquier porci\u00f3n del mismo\u00bb (quapropter secururs judicat orbis terrarum bonos non esse qui se dividunt ab orbe terrarum, in quacumque parteorbis terrarum). Aqu\u00ed puede citarse nuevamente a Bayle: \u00abLos protestantes presentan s\u00f3lo razones discutibles; no ofrecen nada convincente, ninguna demostraci\u00f3n: prueban y objetan, pero hay r\u00e9plicas a sus pruebas y objeciones; responden y se les contesta incesantemente; \u00bfpor esto vale la pena crear un cisma?\u00bb (Dict. crit., art. Nihusius).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(2) Otros cism\u00e1ticos han defendido la divisi\u00f3n de los art\u00edculos del Credo en fundamentales y no fundamentales. Bajo ARTICULOS FUNDAMENTALES se muestra que esta distinci\u00f3n, total-mente desconocida hasta el siglo diecis\u00e9is y repugnante a la concepci\u00f3n misma de la fe divina, es condenada en la Escritura y, queriendo una clara l\u00ednea de demarcaci\u00f3n, autoriza las m\u00e1s monstruosas divergencias. La indispensable unidad de la fe se extiende a todas las verdades reveladas por Dios y transmitidas por los Ap\u00f3stoles. La Tradici\u00f3n repite, a trav\u00e9s de diferentes formas, todo lo que Ireneo escribi\u00f3: \u00abLa Iglesia extendida por toda la tierra, recibi\u00f3 de los Ap\u00f3stoles y sus disc\u00ed-pulos la fe en un solo Dios\u00bb (aqu\u00ed siguen las palabras del Credo), luego el escritor contin\u00faa: \u00abDepositaria de esta predicaci\u00f3n y de esta fe, la Iglesia que se multiplica a trav\u00e9s de todo el mundo, las vigila tan diligentemente como si ella habitara en una sola casa. Ella cree un\u00e1nimemente en estas cosas como si tuviera un solo coraz\u00f3n y una sola alma; ella las predica, las ense\u00f1a y da testimonio de ellas como si no tuviera sino una sola boca. Aunque hay en el mundo diferentes lenguajes no hay sino una \u00fanica e id\u00e9ntica corriente de tradici\u00f3n. Ni las Iglesias fundadas en Galia, ni las establecidas entre los iberos, ni las de los pa\u00edses de los celtas, ni las del Oriente, ni las de Egipto, ni las de Libia, ni las del centro del mundo presentan alguna diferencia de fe o de predicaci\u00f3n; pero como el sol creado por Dios es uno y el mismo a trav\u00e9s de todo el mundo, as\u00ed una sola luz, una \u00fanica predicaci\u00f3n de la verdad, ilumina todos los lugares e ilustra  a todos los hombres que quieren lograr el conocimiento de la verdad\u00bb (Adv. H\u00e6r., i, 10). Se ha mostrado arriba c\u00f3mo el Obispo de Lyons declar\u00f3 que los continuadores del ministerio Apost\u00f3lico eran los \u00abpresb\u00edteros de la Iglesia\u00bb, y que un hombre era cristiano y cat\u00f3lico s\u00f3lo a condici\u00f3n de obedecerlos sin reservas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(3) La teor\u00eda del feliz punto medio o via media defendida por los anglicanos, especialmente por los l\u00edderes de Oxford a principios del siglo XIX como una v\u00eda de escape de las dificultades del sistema de art\u00edculos fundamentales, es igualmente inaceptable. Newman demostr\u00f3 y exalt\u00f3 al m\u00e1ximo de su talento su \u201cVia Media\u201d, pero pronto reconoci\u00f3 su debilidad, la abandon\u00f3 y rechaz\u00f3 aun antes de su conversi\u00f3n al Catolicismo. De acuerdo a esta teor\u00eda para salvaguardar la unidad y evitar el cisma bastaba permanecer firme mediante la Escritura como es interpretada por cada in-dividuo bajo la direcci\u00f3n, o con la ayuda de, la tradici\u00f3n. En cualquier caso la Iglesia no deber\u00eda ser considerada como infalible, sino s\u00f3lo como testigo digno de confianza con respecto al verdadero sentido del texto inspirado cuando ella testifica de una interpretaci\u00f3n recibida de los tiempos Apost\u00f3licos. Parece innecesario se\u00f1alar el car\u00e1cter iluso y casi contradictorio que tal regla asigna a la autoridad magistral viviente; obviamente no re\u00fane las condiciones para la unidad de creencia que requiere conformidad con la Escritura y, no menos, con la autoridad viviente de la Iglesia, o m\u00e1s exactamente, que implica la obediencia absoluta a la infalible autoridad magistral -tanto para la que interpreta la Escritura como para la que preserva y transmite bajo cualquier otra forma el dep\u00f3sito de la Revelaci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">San Ireneo es m\u00e1s expl\u00edcito en todos estos puntos: de acuerdo a \u00e9l la fe es probada, y sus enemigos confundidos igualmente, por la Escritura y la tradici\u00f3n (Adv. H\u00e6r., iii, 2), pero el aut\u00e9ntico guardi\u00e1n de ambas es la Iglesia, i.e. los obispos como sucesores de los Ap\u00f3stoles: \u00abLa tradici\u00f3n Apost\u00f3lica se manifiesta a trav\u00e9s de todo el mundo y en todas partes en la Iglesia est\u00e1 al alcance de aquellos que desean conocer la verdad; porque podemos enumerar los obispos establecidos por los Ap\u00f3stoles, as\u00ed como sus sucesores hasta el d\u00eda de hoy (op.cit., iii). A estos guardianes, y a ellos \u00fanicamente, deber\u00edamos recurrir con confianza: \u00abLa verdad que es f\u00e1cil de conocer a trav\u00e9s de la Iglesia no debe ser buscada en otro lado; en la Iglesia en la que como rico tesoro, los Ap\u00f3stoles depositaron la totalidad de lo que ata\u00f1e a la verdad: de ella quien lo desee recibir\u00e1 la poci\u00f3n de vida. Ella es la puerta de la vida; todos los dem\u00e1s son ladrones y salteadores\u00bb (iii, 4). Tal es la autoridad de la tradici\u00f3n viva que, a falta de Escritura, debe recurrirse a la tradici\u00f3n sola. \u00ab\u00bfQu\u00e9 ser\u00edamos si los Ap\u00f3stoles no nos hubieran dejado las Escrituras? \u00bfNo tendr\u00edamos que recurrir a la tradici\u00f3n que ellos confiaron a quien encargaron del gobierno de las Iglesias? Esto es lo que hacen muchos pueblos b\u00e1rbaros que creen en Cristo y que guardan la ley de la salvaci\u00f3n escrita en sus corazones por el Esp\u00edritu Santo, sin tinta o papel y que fielmente conservan la antigua tradici\u00f3n\u00bb (iii, 4). Es claro que con la asistencia del Esp\u00edritu Santo la autoridad did\u00e1ctica de la Iglesia es preservada del error; \u00abDonde est\u00e1 la Iglesia, all\u00ed est\u00e1 el Esp\u00edritu de Dios; y donde est\u00e1 el Esp\u00edritu de Dios, all\u00ed est\u00e1 la Iglesia con todas las gracias y con el Esp\u00edritu de verdad\u00bb (iii, 24). \u00abEsto es\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">el por qu\u00e9 debe darse obediencia a los presb\u00edteros que est\u00e1n en la Iglesia, y que habiendo sucedido a los Ap\u00f3stoles, junto con la sucesi\u00f3n episcopal han recibido por voluntad del Padre un cierto carisma de verdad\u00bb (iv, 26). Esto se encuentra bastante alejado de las afirmaciones del camino-medio y las restricciones de la Escuela de Oxford. La misma conclusi\u00f3n puede sacarse de la declaraci\u00f3n de Tertuliano sobre la imposibilidad de resolver una dificultad o terminar una querella recurriendo a la Escritura sola (De pr\u00e6script., xix), y de las palabras de Or\u00edgenes: \u00abPuesto que entre los muchos que presumen de una doctrina en conformidad con la de Cristo hay algunos que no concuerdan con sus predecesores, todos adhir\u00e1monos a la doctrina eclesi\u00e1stica trasmitida de los Ap\u00f3stoles v\u00eda la sucesi\u00f3n y preservada en la Iglesia hasta el d\u00eda de hoy: no tenemos ninguna ver-dad en la cual creer sino la que no se desv\u00eda de la tradici\u00f3n eclesi\u00e1stica y Apost\u00f3lica\u00bb (De princip., pr\u00e6f., 2).\n<\/p>\n<h2>Principales cismas<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">En este mundo la Iglesia es militante y como tal, expuesta a conflictos y prebas. Siendo la que es la condici\u00f3n humana, los cismas locales o parciales han de producirse: \u00abOigo\u00bb, dice San Pablo, \u00abque &#8230;. hay cismas entre ustedes; y en parte lo creo. Porque es preciso que haya herej\u00edas, a fin de que se destaquen los de probada virtud entre ustedes (1 Cor xi, 18-19). En el pleno y primitivo sentido de la palabra cada seria ruptura de la unidad y consecuentemente cada herej\u00eda es un cisma. Este art\u00edculo, sin embargo, pasar\u00e1 por alto la larga serie de herej\u00edas y tratar\u00e1 solamente aquellas deserciones o sectas religiosas a las que los historiadores com\u00fanmente dan el nombre espec\u00edfico de cismas, porque muy frecuentemente, y al menos al comienzo de cada una de tales divisiones sectarias, el error doctrinal solamente fue un accesorio. Ser\u00e1n tratadas en orden cronol\u00f3gico y las m\u00e1s importantes en forma breve, siendo \u00e9stas objeto de art\u00edculos especiales en la ENCICLOPEDIA.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(1) Ya se ha hecho menci\u00f3n de los \u201ccismas\u201d de la naciente Iglesia de Corinto, cuando se dijo entre sus miembros: \u00abYo, en realidad, soy de Pablo; y yo de Apolo; y yo de Cefas; y yo de Cristo\u00bb. La en\u00e9rgica intervenci\u00f3n de San Pablo les puso fin.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(2) De acuerdo a Hegesipo, la secci\u00f3n m\u00e1s avanzada de judaizantes o Ebionitas en Jerusal\u00e9n siguieron al obispo Thebutis contra San Sime\u00f3n y despu\u00e9s de la muerte de Santiago en el a\u00f1o 63 de nuestra era, se separaron de la Iglesia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(3) Hubo numerosos cismas locales en los siglos tercero y cuarto. En Roma el Papa San Calixto (217-22) fue combatido por un partido que tom\u00f3 de pretexto la suavidad con que \u00e9l aplicaba la disciplina penitencial. Hip\u00f3lito se coloc\u00f3 a s\u00ed mismo como obispo a la cabeza de estos malcontentos y el cisma se prolong\u00f3 bajo los dos sucesores de San Calixto, San Urbano I (222-30) y San Ponciano (230-35). No hay duda que Hip\u00f3lito volvi\u00f3 al redil de la Iglesia (cf. d\u2019Al\u00e8s, \u201cLa th\u00e9ol. de s.Hippolyte\u201d. Paris, 1906, introducci\u00f3n).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(4) En el 251 cuando San Cornelio fue electo a la Sede de Roma una minor\u00eda estableci\u00f3 a Novaciano como antipapa, siendo de nuevo el pretexto el perd\u00f3n que San Cornelio prometi\u00f3 a aquellos que despu\u00e9s de haber apostatado se arrepintieran. A trav\u00e9s de un esp\u00edritu de contradicci\u00f3n Novaciano fue tan lejos como para negar el perd\u00f3n aun a los agonizantes y la severidad fue extendida a otras categor\u00edas de pecados graves. Los novacianos buscaban formar una Iglesia de santos. En Oriente se denominaron a s\u00ed mismos katharoi, los puros. Grandemente bajo el influjo de esta idea administraron un segundo bautismo a los que hab\u00edan desertado del Catolicismo y retornado a sus filas. La secta se desarroll\u00f3 grandemente en los pa\u00edses de Oriente, donde subsistieron hasta el siglo VII, siendo reclutados no solamente de la defecci\u00f3n de cat\u00f3licos sino tambi\u00e9n del ascenso de los Montanistas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(5) Durante el mismo per\u00edodo la Iglesia en Cartago fue tambi\u00e9n presa de divisiones intestinas. San Cipriano sostuvo en medida razonable los principios tradicionales referentes a la penitencia y no dio a las cartas de los confesores, llamadas libelli pacis, la importancia deseada por algunos. Uno de los principales adversarios fue el sacerdote Donato Fortunato quien lleg\u00f3 a ser el obispo del partido, pero el cisma, que fue de corta duraci\u00f3n tom\u00f3 el nombre del di\u00e1cono Felic\u00edsimo quien jug\u00f3 un papel importante.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(6) Con la llegada del siglo IV Egipto fue el escenario del cisma de Melesio, obispo de Lyc\u00f3polis, en la Tebaida. Sus causas no son conocidas con certidumbre; algunos autores antiguos lo atribuyen a tendencias rigoristas en la penitencia, mientras que otros dicen que fue ocasionado por la usurpaci\u00f3n del poder por parte de Melesio, notablemente el hacer ordenaciones fuera de su di\u00f3cesis. El Concilio de Nicea trat\u00f3 con este cisma, pero no tuvo \u00e9xito en erradicarlo en su totalidad; y hubo vestigios de \u00e9l hasta el siglo V.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(7) Algo m\u00e1s tarde el cisma de Ant\u00edoco, originado por los problemas del Arrianismo, presenta complicaciones peculiares. Cuando el obispo Eustacio fue depuesto en el 330 una peque\u00f1a parte de su reba\u00f1o le permaneci\u00f3 fiel, aunque la mayor\u00eda sigui\u00f3 a los arrianos. El primer obispo creado por ellos fue sucedido (en el 361) por Melesio de Sebaste en Armenia, quien por la fuerza de las circunstancias lleg\u00f3 a ser l\u00edder de un segundo partido ortodoxo. De hecho Melesio no se apart\u00f3 fundamentalmente de la Fe de Nicea, y pronto fue rechazado por los arrianos; por otro lado, no fue reconocido por los eustacianos, quienes vieron en \u00e9l la elecci\u00f3n de los her\u00e9ticos y tambi\u00e9n lo censuraron por algunas diferencias meramente terminol\u00f3gicas. El cisma dur\u00f3 hasta cerca del 415. Paulino (m.388) y Evagrio (m.392), obispos eustacianos, fueron reconocidos en Occidente como los verdaderos pastores, mientras que en Oriente los obispos seguidores de Melesio fueron considerados como leg\u00edtimos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(8) Despu\u00e9s del destierro del Papa San Liberio en el 355, el di\u00e1cono F\u00e9lix fue escogido para reemplazarlo y tuvo seguidores aun despu\u00e9s del regreso del Papa leg\u00edtimo. El cisma, apagado un tiempo por la muerte de F\u00e9lix, fue revivido a la muerte de San Liberio y la rivalidad produjo sangrientos enfrentamientos. Tom\u00f3 varios a\u00f1os despu\u00e9s de la victoria de San D\u00e1maso para que la paz quedara totalmente restaurada.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(9) El mismo per\u00edodo testimoni\u00f3 el cisma de los Luciferianos. Lucifer, obispo de Calaris o Cagliari, se disgust\u00f3 con Atanasio y sus amigos quienes en el S\u00ednodo de Alejandr\u00eda (362) hab\u00edan perdonado a los semi-arrianos arrepentidos. \u00c9l mismo hab\u00eda sido culpado por Eusebio de Vercelli por su prisa en ordenar a Paulino, obispo de los eustacianos, en Antioqu\u00eda. Por estas dos razones, se separ\u00f3 de la comuni\u00f3n de los obispos cat\u00f3licos. Por alg\u00fan tiempo el cisma gan\u00f3 adherentes en Cerde\u00f1a, donde se hab\u00eda originado, y en Espa\u00f1a, donde Gregorio, obispo de Elvira, fue su principal instigador.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(10) Pero el cisma m\u00e1s importante de los cismas del siglo IV fue el de los Donatistas (q.v.). Estos sectarios fueron notables por su obstinaci\u00f3n y fanatismo, as\u00ed como por los esfuerzos y los escritos que m\u00e1s bien in\u00fatilmente multiplicaron contra ellos San Agust\u00edn y San Optato de Milevis.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(11) El cisma de Acacio pertence al final del siglo V. Est\u00e1 conectado a la promulgaci\u00f3n hecha por el emperador Zen\u00f3n del edicto conocido como Henoticon. Emitido con la intenci\u00f3n de poner fin a las querellas cristol\u00f3gicas, este documento no satisfizo ni a cat\u00f3licos ni a monofisitas. El Papa San F\u00e9lix II excomulg\u00f3 a sus dos verdaderos autores, Pedro Mongo, obispo de Alejandr\u00eda y a Acacio de Constantinopla. Sigui\u00f3 un rompimiento entre Oriente y Occidente que dur\u00f3 durante treinta y cinco a\u00f1os. A instancias del general Vitaliano, protector de la ortodoxia, Anastasio, sucesor de Zen\u00f3n, prometi\u00f3 satisfacci\u00f3n a los adherentes al Concilio de Calcedonia y la convocatoria de un concilio general, pero mostr\u00f3 tan poca voluntad en la cuesti\u00f3n de la uni\u00f3n que no se restaur\u00f3 hasta el 519 por medio de Justino I. La reconciliaci\u00f3n recibi\u00f3 sanci\u00f3n oficial en una profesi\u00f3n de Fe la cual fue suscrita por los obispos griegos y que, dado que fue enviada por el Papa San Hormisdas, es conocida en la historia como la F\u00f3rmula de Hormisdas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(12) En el siglo VI el cisma de Aquilea fue causado por el consentimiento del Papa Vigilio a la condenaci\u00f3n de los Tres Cap\u00edtulos (553). Las provincias eclesi\u00e1sticas de Mil\u00e1n y Aquilea se negaron a aceptar esta condena como v\u00e1lida y se separaron por un tiempo de la Sede Apost\u00f3lica. La invasi\u00f3n lombarda en Italia (568) favoreci\u00f3 la resistencia, pero desde el 570 los milaneses volvieron gradualmente a la comuni\u00f3n con Roma; la porci\u00f3n de Aquilea sujeta a los bizantinos volvi\u00f3 en el 607, despu\u00e9s del cual el cisma cont\u00f3 con pocas iglesias. Se extingui\u00f3 totalmente bajo el Papa San Sergio I, al final del siglo VII.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(13) El siglo IX trajo el cisma de Focio, el cual, aunque transitorio, prepar\u00f3 el camino nutriendo un esp\u00edritu de desaf\u00edo hacia Roma hasta la defecci\u00f3n final de Constantinopla.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(14) Este tuvo lugar menos de dos siglos despu\u00e9s bajo Miguel Cerulario (q.v.) quien de un golpe (1053) cerr\u00f3 todas las iglesias de los latinos en Constantinopla y confisc\u00f3 sus conventos. El deplorable cisma griego (ver IGLESIA GRIEGA), que aun subsiste y que a su vez se dividi\u00f3 en varias comuniones, qued\u00f3 consumado. Los dos acuerdos de reunificaci\u00f3n concluidos en el Segundo Concilio de Lyons en 1274 y el de Florencia en 1439, desafortunadamente no tuvieron resultados duraderos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(15) El cisma de Anacleto en el siglo XII, como el de F\u00e9lix V en el siglo XV, se debi\u00f3 a la existencia de un antipapa lado a lado con un Pont\u00edfice leg\u00edtimo. A la muerte de Honorio II (1130) Inocente II hab\u00eda sido electo en forma regular, pero una numerosa y poderosa facci\u00f3n se alz\u00f3 contra \u00e9l y escogi\u00f3 al cardenal Pedro de la familia Pierleoni. Inocente fue obligado a huir, dejando Roma en manos de sus adversarios. \u00c9l encontr\u00f3 refugio en Francia. San Bernardo defendi\u00f3 ardientemente su causa, como lo hizo tambi\u00e9n San Norberto. Dentro del lapso de un a\u00f1o casi toda Europa se hab\u00eda declarado en su favor, salvo Escocia, el sur de Italia y Sicilia, que constitu\u00edan el otro partido. El emperador Lotario trajo a Inocente II de regreso a Roma, pero apoyado por Roger de Sicilia el antipapa (Anacleto II) retuvo la Ciudad Leonina, donde muri\u00f3 en 1138. Su sucesor V\u00edctor IV, dos meses despu\u00e9s de su elecci\u00f3n, busc\u00f3 y obtuvo el perd\u00f3n y la reconciliaci\u00f3n con el leg\u00edtimo Pont\u00edfice. El caso de F\u00e9lix V fue m\u00e1s simple. F\u00e9lix V fue el nombre que tom\u00f3 Amadeo de Saboya, elegido por el Concilio de Basilea, cuando entr\u00f3 en rebeld\u00eda abierta contra Eugenio IV, neg\u00e1ndose a dispersar sus fuerzas e incurriendo as\u00ed en excomuni\u00f3n (1439). El antipapa no fue aceptado m\u00e1s que en Saboya y Suiza. \u00c9l continu\u00f3 por breve tiempo con el pseudoconcilio que lo hab\u00eda nombrado. Ambos se sometieron en 1449 a Nicol\u00e1s V, que hab\u00eda sucedido a Eugenio IV.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(16) El Gran Cisma de Occidente es objeto de un art\u00edculo especial (CISMA DE OCCIDENTE); v\u00e9ase tambi\u00e9n CONSTANZA, CONCILIO DE; PISA, CONCILIO DE.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(17) Todo mundo sabe los escandalosos or\u00edgenes del cisma de Enrique VIII, que fue el preludio de la introducci\u00f3n del Protestantismo en Inglaterra. El voluptuoso monarca se vio obstaculizado en sus proyectos de divorcio y nueva boda por la oposici\u00f3n del Papa, as\u00ed que se separ\u00f3 de \u00e9ste. Tuvo tanto \u00e9xito que en 1531 la asamblea general del clero y el Parlamento lo proclamaron cabeza de la Iglesia nacional. Warham, Arzobispo de Canterbury, hab\u00eda al principio originado la adopci\u00f3n de una cl\u00e1usula restrictiva: \u00abmientras la ley divina lo permita\u00bb. Pero esta importante reserva no fue respetada, porque la ruptura con la Corte Romana sigui\u00f3 casi inmediatamente. En 1534 el Acta de Supremac\u00eda fue votada conforme a los t\u00e9rminos de que el rey llegar\u00eda a ser la \u00fanica cabeza de la Iglesia de Inglaterra y que gozar\u00eda de todas las prerrogativas que hasta entonces hab\u00edan pertenecido al Papa. La negativa de reconocer la nueva organizaci\u00f3n fue castigada con la muerte. Varios cambios siguieron: supresi\u00f3n de los conventos, destrucci\u00f3n de reliquias y de numerosas pinturas y estatuas. Pero el dogma no fue de nuevo atacado bajo Enrique VIII, quien persigui\u00f3 con igual rigor la adhesi\u00f3n al Papa y a las doctrinas de los Reformadores.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(18) En los art\u00edculos JANSENIO Y JANSENISMO se han descrito la formaci\u00f3n y vicisitudes del cisma de Utretch, la infeliz consecuencia del jansenismo, no obstante que nunca se difundi\u00f3 m\u00e1s all\u00e1 de un pu\u00f1ado de fan\u00e1ticos. Los cismas subsecuentes pertenecen al fin del siglo XVIII y al siglo XIX.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(19) El primero fue causado en Francia por la Constituci\u00f3n Civil del clero de 1790. Por esta ley la Asamblea Nacional constituyente se propuso imponer sobre la Iglesia una nueva organizaci\u00f3n que esencialmente modificaba su condici\u00f3n y la regulaba mediante la ley eclesi\u00e1stica p\u00fablica. Los 134 obispos del reino fueron reducidos a 83, conforme a la divisi\u00f3n territorial en departamentos; la elecci\u00f3n de p\u00e1rrocos cay\u00f3 en electores nombrados por miembros de las asambleas distritales; la de obispos por electores nombrados por las asambleas de los departamentos; y la instituci\u00f3n can\u00f3nica devuelta al metropolitano o a los obispos de la provincia. Todos los beneficios sin cuidado de almas fueron suprimidos. Una ordenanza posterior hizo de la obediencia a estos art\u00edculos un requisito para la admisi\u00f3n a cualquier oficio eclesi\u00e1stico. Un gran n\u00famero de obispos y sacerdotes, en total, de acuerdo a algunas fuentes, cerca de un sexto del clero, y de acuerdo a otros documentos casi un tercio, fueron suficientemente d\u00e9biles para tomar el juramento. De all\u00ed en adelante el clero franc\u00e9s se dividir\u00eda en dos facciones: los juramentados y los no-juramentados, y el cisma fue llevado al m\u00e1ximo extremo cuando intrusos bajo el nombre de obispos reclamaron ocupar las sedes departamentales, durante el tiempo de vida y aun en desaf\u00edo a los derechos de los verdaderos titulares. La condena de la Constituci\u00f3n Civil por parte de P\u00edo VI en 1791 abri\u00f3 los ojos de algunos, pero otros persistieron hasta que su \u00abIglesia Constitucional\u00bb decay\u00f3 vergonzosamente y desapareci\u00f3 irremediablemente durante el torbellino de la Revoluci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(20) Un cisma de naturaleza diferente y de menor importancia fue el de la llamada Petit Eglise o los Incomunicantes, formada al principio del siglo XIX por grupos insatisfechos con el Concordato y el clero del mismo. En las provincias del occidente de Francia el partido adquiri\u00f3 cierta estabilidad desde 1801 hasta 1815; en esta \u00faltima fecha hab\u00eda llegado a ser una secta distinta. Languideci\u00f3 aun hasta 1830 y eventualmente se extingui\u00f3 por falta de sacerdotes que la perpetuaran. En B\u00e9lgica algunos de sus miembros se llaman a s\u00ed mismos Stevenistas, abusando as\u00ed del nombre de un reputado eclesi\u00e1stico, Corneille Stevens, quien fue vicario general capitular de la Di\u00f3cesis de Namur hasta 1802, qui\u00e9n despu\u00e9s escribi\u00f3 contra los Art\u00edculos Org\u00e1nicos, pero acept\u00f3 el Concordato y muri\u00f3 en 1828, como hab\u00eda vivido, en sumisi\u00f3n a la Santa Sede.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(21) En 1831 el abate Chatel fund\u00f3 la Iglesia Cat\u00f3lica Francesa, un peque\u00f1o grupo que nunca adquiri\u00f3 importancia. El fundador, quien al principio reclamaba haber retenido todos los dogmas, hab\u00eda sido consagrado obispo por Fabre Palaprat, un autoproclamado obispo del tipo \u201cConstitucional\u201d; Chatel pronto rechaz\u00f3 la infalibilidad de la ense\u00f1anza de la Iglesia, el celibato de los sacerdotes y la abstinencia. No reconoci\u00f3 ninguna regla de fe excepto la evidencia individual y ofici\u00f3 en franc\u00e9s. La secta estaba ya a punto de morir por el rid\u00edculo cuando sus lugares de reuni\u00f3n fue-ron cerrados por el gobierno en 1842.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(22) Aproximadamente en la misma \u00e9poca hubo en Alemania la escena de un cisma parecido. Cuando en 1844 el Manto Sagrado fue expuesto en Tr\u00e9veris para la veneraci\u00f3n de los fieles, un sacerdote suspendido, Johannes Ronge, aprovech\u00f3 la ocasi\u00f3n para publicar un violento panfleto contra Arnoldi, Obispo de Tr\u00e9veris. Algunos descontentos se pusieron de su lado. Casi simult\u00e1neamente Juan Czerski, un vicario despedido, fund\u00f3 en la provincia de Posen, una \u201ccomunidad Cat\u00f3lica Cristiana\u201d. Tuvo imitadores. En 1845 los \u201cCat\u00f3licos Alemanes\u201d, como se autodenomina ron estos cism\u00e1ticos, sostuvieron un s\u00ednodo en Leipzig en el cual rechazaron entre otras cosas la primac\u00eda del Papa, la confesi\u00f3n auricular, el celibato eclesi\u00e1stico, la veneraci\u00f3n de los santos y suprimieron el Canon en su Liturgia Eucar\u00edstica, la cual llamaron \u201cliturgia alemana\u201d. Ganaron adeptos en peque\u00f1a cantidad hasta 1848, pero luego de esa fecha decayeron, estando en malos t\u00e9rminos con los gobiernos quienes al principio los hab\u00edan apoyado pero luego les mostraron mala voluntad debido a sus agitaciones pol\u00edticas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(23) Mientras esta secta declinaba otra apareci\u00f3 en contra del Concilio Vaticano I. Los oponentes de la reci\u00e9n definida doctrina de infalibilidad, los viejos cat\u00f3licos, al principio se contentaron con una simple protesta; en el Congreso de Munich en 1871 resolvieron constituir una Iglesia separa-da. Dos a\u00f1os m\u00e1s tarde escogieron como obispo al profesor Reinkens de Breslau, quien fue reconocido como obispo por Prusia, Baden y Hesse. Gracias al apoyo oficial los rebeldes tuvieron \u00e9xito en apoderarse de un cierto n\u00famero de iglesias cat\u00f3licas y pronto, como los Cat\u00f3licos Alemanes y cism\u00e1ticos en general, introdujeron novedades disciplinarias y doctrinales; sucesivamente abandonaron el precepto de la confesi\u00f3n (1874), el celibato eclesi\u00e1stico (1878), la liturgia romana, que fue reemplazada (1880) por una liturgia alemana, etc. En Suiza tambi\u00e9n la oposici\u00f3n al Concilio Vaticano I result\u00f3 en la creaci\u00f3n de una comunidad separada, que tambi\u00e9n disfrut\u00f3 del apoyo gubernamental. Se fund\u00f3 una facultad Cat\u00f3lica Antigua en Berna para la ense\u00f1anza de teolog\u00eda y E. Herzog, un profesor de dicha facultad, fue electo obispo de la secta en 1876. Un congreso organizado en 1890, en el cual la mayor\u00eda de los grupos disidentes, jansenistas, viejos cat\u00f3licos, etc. tu-vieron representantes, resolvieron unir todos estos diversos elementos en la fundaci\u00f3n de una Iglesia. Como una cuesti\u00f3n de hecho, todos estos grupos est\u00e1n en la ruta del librepensamiento y el racionalismo. En Inglaterra un reciente intento de cisma bajo el liderazgo de Herbert Beale y Arthur Howarth, dos sacerdotes de Nottingham, y Arnold Mathew, han fallado en alcanzar proporciones dignas de un aviso serio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">ACTUALIZACION DE ESTE ULTIMO PUNTO:  Mathew cometi\u00f3 el error de invitar al Rev. Frederick Samuel Willoughby, un cl\u00e9rigo anglicano, a ingresar a la iglesia. Willoughby era miembro de la Sociedad Tes\u00f3fica y convenci\u00f3 a muchos miembros de \u00e9sta a participar en la Antigua Iglesia Cat\u00f3lica Romana. Pronto el obispo Willoughby tom\u00f3 el control y arruin\u00f3 la iglesia que se fraccion\u00f3 en multitud de grup\u00fasculos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<h2>Bibliograf\u00eda<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">STO.T.DE AQUINO, Summa, II-II (q-xxxix); TANQUEREY, Synopsis theologi, I (Roma, 1908); FUNK, Patres apostolici, I (T\u00fcbingen, 1902); TIXERONT, Histoire des dogmes (Paris, 1905-9); FUNK, Lehrb.der Kirchengesch (Paderborn, 1902); ALBERS, Enchirid. hist.. eccles. (Nimega, 1909-10); DUCHESNE, Hist.anccienne de l\u2019\u00c9glise (Paris, 1907-10); GUYOT, Dict.universel des h\u00e9r\u00e9sies (Paris, 1847).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Fuente<\/b>:   Forget, Jacques. \u00abSchism.\u00bb The Catholic Encyclopedia. Vol. 13. New York: Robert Appleton Company, 1912.  <br \/>http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/13529a.htm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Traducido por Eduardo Torres\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(gr., squisma, una rasgadura o una divisi\u00f3n). Es usado una vez (1Co 12:25 VM-1893; desavenencia, RVA; \u2020\u0153desuni\u00f3n\u2020\u009d, DHH; \u2020\u0153divisi\u00f3n\u2020\u009d, BJ) para traducir squisma, para referir a las disensiones que amenazaban con un rompimiento, no siempre involucrando herej\u00ed\u00adas doctrinales (el significado m\u00e1s moderno). Squisma se usa tambi\u00e9n para vestimenta (Mat 9:16; Mar 2:21, rotura, RVA; \u2020\u0153desgarr\u00f3n\u2020\u009d, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cisma\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abCISMA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-5872","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5872","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=5872"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5872\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=5872"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=5872"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=5872"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}